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-The Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias (2 de 5), by
-Bartolomé de las Casas
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
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-
-Title: Historia de las Indias (2 de 5)
-
-Author: Bartolomé de las Casas
-
-Release Date: October 31, 2015 [EBook #50351]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS (2 DE 5) ***
-
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-
-
-Produced by Giovanni Fini, Josep Cols Canals and the Online
-Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
-file was produced from images generously made available
-by The Internet Archive/American Libraries.)
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- NOTA DEL TRANSCRIPTOR:
-
-—Los errores obvios de impresión y puntuación han sido corregidos.
-
-—Se ha mantenido la acentuación del libro original, que difiere
- notablemente de la utilizada en español moderno.
-
-—El libro original falta del Capítulo CXXXI; ésta particularidad ha
- sido mantenida en éste proyecto.
-
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-
-
- HISTORIA
-
- DE
-
- LAS INDIAS.
-
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-
-
- HISTORIA
-
- DE
-
- LAS INDIAS
-
- ESCRITA POR
-
- FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS
-
- OBISPO DE CHIAPA
-
- AHORA POR PRIMERA VEZ DADA Á LUZ
-
- POR
-
- EL MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE
-
- Y D. JOSÉ SANCHO RAYON.
-
- TOMO II.
-
- MADRID
-
- IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA
-
- calle de Campomanes, núm. 8
-
- 1875
-
-
-
-
-ADVERTENCIA PRELIMINAR.
-
-
-Siendo muy pocos los capítulos que, del 83 en adelante, tienen
-sumarios, hemos creido conveniente, para facilitar el uso del Indice,
-dar aquí un ligerísimo extracto de lo más importante que se contiene en
-este tomo.
-
-Sale de Cádiz para su segundo viaje, el Almirante, D. Cristóbal Colon,
-y llega á Santo Domingo, donde da principio á la fundacion de la
-Isabela (capítulos 83 al 88). Descríbese parte de la isla; relátase el
-viaje á Cuba y descubrimiento de Jamáica (89 al 96), la vuelta de Colon
-á la Española, donde encuentra á su hermano D. Bartolomé (97 al 100),
-que poco ántes habia llegado (101), y la visita del rey Guacanagarí
-al Almirante, enfermo, con la prision de Caonabo por Hojeda (102).
-Batalla en la Vega Real, contra cien mil indios (104), y escursion del
-Almirante por la isla, hasta sojuzgarla casi por completo (105 y 106).
-
-Para averiguar la verdad de ciertas quejas dadas en Castilla contra
-Colon, mandan los Reyes á Juan Aguado; vuelve éste á dar cuenta (107
-al 109), y poco despues el Almirante, dejando hechas varias fortalezas
-y encargado el gobierno á su hermano (110). Llegado á la presencia de
-los Reyes, le confirman sus privilegios, le hacen nuevas mercedes y le
-dan instrucciones para el gobierno (111-112 y 123 al 126); entre tanto,
-D. Bartolomé va á la provincia de Xaraguá, y hace tributario al rey
-Behechio (113 al 116); sublévasele el Alcalde de la Isabela, Francisco
-Roldan, con 70 españoles (117): cuéntanse otros varios sucesos
-ocurridos en la isla (118 y 119) y la guerra con los reyes Guarionex y
-Mayobanex, á quienes vence y prende el Adelantado, D. Bartolomé Colon
-(120 y 121).
-
-Disertacion histórico-crítica del autor sobre el monte Sopora, la
-provincia de Ofir y la isla Taprobana (128); otra científica, sobre el
-nacimiento del Nilo y su creciente y menguante (129), y otra, sobre el
-Paraíso terrenal y sus rios (141 al 146).
-
-Tercer viaje del Almirante (127 y 130 al 139), en el cual descubre la
-tierra firme; su vuelta á la Española (147 al 149), donde, sabido el
-levantamiento de Francisco Roldan (148 y 150), trata de reducirle por
-medios pacíficos (152 al 154). No lo consigue por entónces, y da cuenta
-de ello á los Reyes y del estado de la isla (155). Por fin, despues
-de varias tentativas infructuosas (156 y 158 al 160), conciértanse, y
-concluye el levantamiento de Roldan (161), acerca del cual y de una
-carta de Colon á los Reyes, expone nuestro autor varias consideraciones
-(162 y 163).
-
-Viaje á tierra firme de Hojeda con Américo Vespucio (164 al 168), del
-cual ya ántes (140) se habia tratado; paso de Hojeda, á la vuelta, por
-la isla de Santo Domingo, y disturbios que en ella causa (168 al 170).
-Viajes de Peralonso Niño y Cristóbal Guerra (171 y 172), de Vicente
-Yañez Pinzon (173), y de Diego de Lepe (174).
-
-Nombran los Reyes Gobernador al comendador Bobadilla, con poderes
-extraordinarios (177). Llega á Santo Domingo, prende al Almirante y
-á sus hermanos, y los manda á España con grillos (178 al 181). Carta
-notable de Colon, al ama del príncipe D. Juan (182), y su llegada á
-presencia de los Reyes, quienes manifiestan gran sentimiento por lo que
-con él se habia hecho (183).
-
-
-
-
-HISTORIA DE LAS INDIAS.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXIII.
-
-
-Cuando se partió de Barcelona el Almirante, dejó á los Reyes un libro;
-no pude saber qué libro fuese, sino que presumo que debia ser donde
-tenia colegidas muchas cosas secretas de los antiguos autores, por las
-cuales se guiaba, ó el libro de toda su navegacion y rumbos ó caminos
-que habia llevado y traido, en aquel su descubrimiento y primer viaje,
-para que se sacase un traslado que quedase en los Archivos reales,
-y, despues de trasladado, quedaron de enviárselo. Por este libro los
-Reyes, y las personas que de su Consejo llamaban, colegian más firmeza
-y daban más crédito á las cosas que el Almirante les afirmaba, y
-mayores las que habian de suceder esperaban. Y, porque los Embajadores
-de Portugal mucho insistian en los conciertos, y en impedir el camino
-segundo del Almirante, y, por otra parte, los Reyes eran informados
-que el rey de Portugal hacia armada, los Reyes los entretenian cuanto
-convenia y daban priesa en el despacho del Almirante, y, juntamente, de
-todo lo que se hacia le avisaban. Finalmente, la respuesta que llevaron
-los Embajadores fué que ellos enviarian los suyos al Rey, sobre ello,
-los cuales fueron dos caballeros, D. Pedro de Ayala y D. García de
-Carbajal, hermano del Cardenal de Sancta Cruz; y fué la respuesta,
-segun dice la dicha Historia portoguesa, que los Reyes enviaban agora á
-saber del todo la cualidad y ser destas tierras, y que á la vuelta de
-los navíos se trataria más dello, y se tomaria con el rey de Portugal
-el concierto final y resolucion de todo ello. Desta embajada no hobo
-el rey de Portugal placer alguno, y dijo á los Embajadores que aquella
-embajada de los Reyes, sus primos, no traia piés ni cabeza; y como los
-Reyes eran avisados del desabrimiento y dolor del rey de Portugal por
-haber perdido tal lance, proveian en todo lo que les parecia convenir
-para referirlo al Almirante, y, á este propósito, la Reina le escribió
-la siguiente carta:
-
-«La Reina.—D. Cristóbal Colon, mi Almirante del mar Océano, Visorey
-é Gobernador de las islas nuevamente halladas en las Indias: Con este
-correo vos envio un traslado del libro que acá dejastes, el cual ha
-tardado tanto porque se escribiese secretamente, para que estos que
-están aquí, de Portugal ni otro alguno, no supiese dello; y, á causa
-desto, porque más presto se hiciese, vá de dos letras, segun vereis.
-Ciertamente, segun lo que en este negocio acá se ha platicado y visto,
-cada dia se cognosce ser muy mayor y de gran calidad y substancia,
-y que vos nos habeis en ello mucho servido, y tenemos de vos grande
-cargo; y así, esperamos en Dios, que, demas de lo asentado con vos,
-que se ha de hacer y cumplir muy enteramente, que vos recibais de Nos
-mucha más honra, merced y acrecentamiento, como es razon y lo adeudan
-vuestros servicios y merecimientos. La carta del marear que habíades
-de hacer, si es acabada, me enviad luego, y por servicio mio deis gran
-priesa en vuestra partida, para que aquella, con la gracia de Nuestro
-Señor, se ponga en obra sin dilacion alguna, pues vedes cuanto cumple
-al bien del negocio; y de todo de allá nos escribid é faced siempre
-saber, que, de acá, de todo lo que hobiere vos avisaremos é vos lo
-faremos saber. En el negocio de Portugal no se ha tomado, con estos
-que aquí están, determinacion; aunque yo creo que el Rey se allegará
-á razon en ello, querria que pensásedes lo contrario, porque por ello
-no vos descuidedes ni dejeis de ir sobre aviso, á recaudo, que cumple,
-para que, en manera alguna, no podais recibir engaño. De Barcelona
-á cinco dias del mes de Setiembre de noventa y tres años.—Yo la
-Reina.—Por mandado de la Reina, Juan de la Parra.»
-
-Esta parece haber sido la postrera carta que el Almirante recibió de
-los Reyes, por aquel tiempo, ántes que se partiese, la cual recibida,
-como andaba ya al cabo de aprestarse, allegado el número de la gente,
-ordenados los Capitanes, hecha su alarde, mándalos todos embarcar, dada
-á cada uno de los pilotos su derrota y camino que habia de hacer, con
-su instruccion. Miércoles, á 25 dias de Setiembre del mismo año 1493,
-ántes que saliese el sol, hizo soltar las velas y salieron todos 17
-navíos y carabelas de la bahía de Cáliz; mandó gobernar los navíos al
-Sudueste, camino de las Canarias islas, y el miércoles siguiente, que
-se contaron 2 dias de Octubre, llegó á surgir en la isla de la Gran
-Canaria, que es la principal de las siete, pero no quiso parar allí, y
-por eso, á media noche, tornó á alzar las velas, y el sábado siguiente,
-á 5 de Octubre, tomó la isla de la Gomera, donde estuvo dos dias, en
-los cuales se proveyó á mucha priesa de algunos ganados, que él, y los
-que acá venian, compraban, como becerras, y cabras, y ovejas; y, entre
-otros, ciertos de los que venian allí, compraron ocho puercas á 70
-maravedís la pieza. Destas ocho puercas se han multiplicado todos los
-puercos que, hasta hoy, ha habido y hay en todas estas Indias, que han
-sido y son infinitos; metieron gallinas tambien, y esta fué la simiente
-de donde, todo lo que hoy hay acá de las cosas de Castilla, ha salido,
-lo mismo de las pepitas y simientes de naranjas, limones y cidras,
-melones y de toda hortaliza; proveyéronse de agua, y leña, y refrescos
-para toda el armada. Allí dió á cada piloto su instruccion cerrada y
-sellada, donde se contenia la derrota y camino que habian de hacer
-para hasta llegar á la tierra del rey Guacanagarí, donde dejó hecha la
-fortaleza y los 39 cristianos. Mandó á los pilotos que en ningun caso
-abriesen la dicha instruccion, sino, en caso que el tiempo les forzase
-apartarse de su compañía, entónces la abriesen para que supiesen donde
-habian de ir; en otra manera nó, porque no queria que nadie supiese
-aquellos caminos, porque no acaeciese, por ventura, ser avisado dellos
-el rey de Portugal.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXIV.
-
-
-Lúnes, á 7 de Octubre, mandó hacer alzar velas á toda su flota y
-armada, pasó la isla del Hierro, que está cerca de la Gomera y es la
-postrera de las Canarias; de allí tomó su vía, y caminó más á la parte
-austral, que es el primer viaje, cuando vino á descubrir; anduvo, hasta
-24 del mismo mes, que sentia que habria andado 450 leguas. Vieron
-una golondrina venir á los navíos, y más adelante comenzaron á venir
-algunos nublados y aguaceros ó turbiones de agua del cielo; sospechó
-que aquella mudanza no debia ser sino haber por allí cerca alguna
-tierra, por lo cual mandó quitar algunas velas, y estar sobre el aviso
-en la guarda del velar de noche. Domingo, 3 dias de Noviembre, ya que
-amaneció, vieron tierra toda la flota, con harto regocijo y alegría de
-todos, como si les abrieran los cielos. Esta tierra era una isla, á la
-cual puso nombre la Dominica, porque la descubrió dia de domingo; luego
-vido otra isla á la mano derecha de la Dominica, luego vieron otra, y
-escomenzaron á aparecer muchas. Dando todos infinitas gracias á Dios,
-cantan la _Salve regina_, luego, como la suelen cantar en los navíos
-cuando navegan, á prima noche; comienzan á salir olores de las flores
-de las islas, de que se maravillaban todos; ven infinitos papagayos
-verdes, que andan juntos como zorzales en su tiempo, con mucha grita
-que siempre van dando. Juzgaban que, desde la Gomera, en veintiun dias
-que la Dominica vieron, hasta 750 leguas, ó pocas más, habrian andado.
-No pareció haber puerto en la Dominica, por la parte del Levante, y por
-esto atravesó el Almirante á otra isla, que fué la segunda á que puso
-nombre, y fué Marigalante, porque la nao en que iba el Almirante así
-se llamaba. Salió allí en tierra con gente de su nao, y tomó posesion
-jurídica por los reyes de Castilla y Leon, ante todos, y autorizóla
-con fe de escribano. Partió de allí, otro dia, lúnes, y vido otra
-gran isla, y á esta puso nombre Guadalupe, á la cual se llegaron; y,
-hallando puerto, surgieron ó echaron anclas, y mandó que fuesen ciertas
-barcas á tierra, y ver un poblezuelo que parecia en la costa junto
-al mar, donde no hallaron á nadie, porque, como vieron los navíos,
-huyeron todos los vecinos dél á los montes. Allí hallaron los primeros
-papagayos que llamaban guacamayos, tan grandes como gallos, de muchos
-colores, y lo más es colorado, poco azul y blanco; estos nunca chirrían
-ni hablan, sino de cuando en cuando dan unos gritos desgraciados,
-y solamente se hallan en tierra firme en la costa de Paria, y por
-allí adelante. Hallaron en las casas un madero de navío, que llaman
-los marineros quodaste, de que todos se maravillaron, y no supieron
-imaginar como hobiese allí venido, sino que los vientos y los mares lo
-hobiesen allí traido, ó de las islas de Canaria, ó de la Española, de
-la nao que allí perdió el Almirante el primer viaje. Mártes, 5 dias del
-mes de Noviembre, mandó el Almirante salir dos barcas á tierra para ver
-si pudiesen tomar alguna persona, para saber los secretos de la gente
-y de la tierra, y para si le diesen nueva que tan léjos estaban de la
-isla Española; trujeron dos mancebos, y, por señas, hicieron entender
-al Almirante, que no eran de aquella isla, sino de Boriquen, y esta es
-la que agora llamamos la isla de Sant Juan; afirmaban, cuanto ellos
-podian con manos y ojos, y ménos, mostrar, y con gestos de amargas
-ánimas, que los de aquella isla eran caribes, y que los habian preso y
-traido de Boriquen para los comer, como lo solian acostumbrar. Tornaron
-las barcas por ciertos cristianos que se habian quedado, y hallaron
-con ellos seis mujeres que se venian huidas de los caribes, á ellos,
-por se escapar. El Almirante, no creyéndolo y por no alterar la gente
-de la isla, dió á las indias cuentas, y cascabeles, y espejos y otras
-cosas de rescate, y tornólas á enviar á tierra, las cuales los caribes
-despojaron de las cosas que les habia dado el Almirante, á vista de los
-de las barcas; tornando las barcas por agua, tornaron las mujeres á
-huirse con otros dos muchachos y un mozo, y rogaron á los cristianos
-que las llevasen á las naos. Dellas se coligió haber por allí otras
-muchas islas, y tierra grande que parecian significar á tierra firme,
-y nombraban á cada una por su nombre. Preguntóseles tambien por señas
-por la isla Española, que en lengua della y de las comarcanas, se
-llamaba Haytí, la última sílaba aguda; señalaron á la parte donde
-caia, y, aunque el Almirante, por su carta del descubrimiento primero,
-entendia y podia ir derecho allá, pero holgóse de óir dellas el paraje
-donde le demoraba. Quisiera luego alzar las velas, sino que le dijeron
-que Diego Marquez, el veedor, que iba por Capitan de un navío, habia
-saltado en tierra con ocho hombres, sin su licencia, y, aún con harta
-indiscrecion, ántes que amaneciese, y no era vuelto á los navíos. El
-Almirante hobo mucho enojo, y con justa razon; envió luego cuadrillas
-de gente para lo buscar, fueron aquel dia y no lo hallaron por la
-espesura de los muchos montes; acordó esperarlos todo aquel dia porque
-no se perdiesen, y, porque si dejaba el navío, despues no acertase á
-ir á la Española. Torna á enviar cuadrillas, cada una con su trompeta,
-porque oyesen donde estaban, y tambien tirar espingardas; andando
-perdidas aquel dia las cuadrillas, volviéronse, sin hallarlos, á los
-navíos. Hacíasele al Almirante cada hora un año, y, con gran pena,
-quiso dejarlos, pero al cabo no lo quiso hacer por no desmampararlos
-y los indios no los matasen ó padeciesen algun gran desastre; y por
-no aventurar el navío y la gente dél, si, por esperarlos, lo dejasen,
-mandó que todos los navíos se proveyesen de agua y leña, y los que
-quisiesen salir, á se recrear en tierra y lavar su ropa, saliesen, y
-determina enviar á Alonso de Hojeda, que iba por Capitan de una de las
-carabelas, que con 40 hombres los fuese á buscar, y de camino indagase
-lo que habia en la tierra. Díjose que habian hallado almástiga, y
-jengibre, y cera, y incienso, y gándalos, y otras cosas aromáticas,
-pero hasta agora no se ha sabido que tales cosas haya, ni allí ni en
-las otras islas; algodon hallaron mucho, como lo hay en todas estas
-islas y en tierra firme, donde es la tierra caliente y no fria. Dijeron
-que vieron alcones, y niblíes; milanos hay hartos en todas estas
-partes, y garzas, y grajas, palomas, tórtolas y dorales, ansares y
-ruiseñores; perdices, dijeron que habian visto, pero estas no se han
-hallado, sino solamente en la isla de Cuba. Certificaban que en seis
-leguas habian pasado veintiseis rios, muchos dellos hasta la cinta;
-bien podia ser uno y pasarle muchas veces, como el rio que se pasa
-cuatrocientas veces y más, del Nombre de Dios á Panamá. Finalmente, se
-volvieron aquestos sin hallarlos, y ellos, el viernes á 8 de Noviembre,
-vinieron y aportaron á los navíos; dijeron, que por los grandes montes
-y breñas se perdieron y no acertaron á volverse. El Almirante mandó
-prender al Capitan, y á los demas dar alguna pena. Salió el Almirante á
-tierra á unas casas que estaban por allí cerca, en las cuales hallaron
-mucho algodon hilado y por hilar, y una manera nueva de telares en
-que lo tejian, vieron muchas cabezas de hombres colgadas, y restos de
-huesos humanos. Debian ser de señores ó personas que ellos amaban,
-porque, decir que eran de los que comian, no es cosa probable, la razon
-es, porque si ellos comian tantos como dicen algunos, no cupieran en
-las casas los huesos y cabezas, y parece, que despues de comidos no
-habia para qué guardar las cabezas y huesos por reliquias, si quizá no
-fuesen de algunos sus muy capitales enemigos, y todo esto es adevinar.
-Las casas, dijeron que eran las de mejor hechura, y más llenas de
-comida y cosas necesarias, que se habian visto en las otras partes del
-primer viaje.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXV.
-
-
-El domingo siguiente, á 10 dias de Noviembre, mandó levantar las anclas
-y dar las velas, y fué costeando la misma isla de Guadalupe, la via
-del Norueste, en busca de la Española, y llegó á una isla muy alta, y
-nombróla Monserrate, porque parecia que tenia la figura de las peñas
-de Monserrate, y de allá descubrió cierta isla muy redonda, tajada por
-todas partes, que, sin escalas ó cuerdas hechadas de arriba, parece
-que es imposible subir á ella, y por esto púsole nombre Sancta María
-la Redonda, á otra llamó Sancta María de la Antigua, que tenia 15 ó 20
-leguas de costa; parecian por allí otras muchas islas, hácia la banda
-del Norte, muy altas y de grandes arboledas y frescuras; surgió en
-una, á la cual llamó Sant Martin, y cuando alzaban las anclas salian
-pegados á las uñas dellas pedazos de coral, segun les parecia; no dice
-el Almirante si era blanco ó colorado. El jueves, 14 de Noviembre,
-surgió en otra isla que llamó Sancta Cruz; mandó allí salir en tierra
-gente y que tomasen algunas personas para tomar lengua. Tomaron cuatro
-mujeres y dos niños, y á la vuelta con la barca toparon una canoa,
-dentro de la cual venian cuatro indios y una india, los cuales, visto
-que no podian huir, se comenzaron á defender y la india tambien con
-ellos, y tiraron sus flechas y hirieron dos cristianos de los de la
-barca, y la mujer pasó con la suya una adarga; embistieron con la
-canoa, y trastornáronla, y tomáronlos, y uno dellos, no perdiendo
-su arco, nadando tiraba los flechazos tan reciamente, poco ménos,
-que si estuviera en tierra. Uno destos vieron que tenia cortado su
-instrumento generativo, creian los cristianos que para que engordase
-mejor, como capon, y despues comerlo los caribes. Desde allí, andando
-el Almirante su viaje para la Española, vido muchas islas juntas que
-parecian sin número, á la mayor dellas puso nombre Sancta Ursula, y á
-todas las otras las Once mill Vírgenes; llegó de allí á otra grande,
-que llamó de Sant Juan Baptista, que ahora llamamos de Sant Juan, y
-arriba digimos que llamaban Boriquen los indios, en una bahía della,
-al Poniente, donde pescaron todos los navíos diversas especies de
-pescados, como sábalos, y sardinas algunas, y, en mucha cantidad,
-lizas, porque destas es la mayor abundancia que hay en estas Indias, en
-la mar y en los rios. Salieron en tierra algunos cristianos y fueron
-á unas casas por muy buen artificio hechas, todas, empero, de paja y
-madera, que tenian una plaza, con un camino, desde ella hasta la mar,
-muy limpio y seguido, hecho como una calle, y las paredes de cañas
-cruzadas ó tejidas, y por lo alto tambien con sus verduras graciosas,
-como si fueran parras, ó verjeles de naranjos ó cidros, como los hay
-en Valencia ó en Barcelona, y junto á la mar estaba un miradero alto,
-donde podian caber diez ó doce personas, de la misma manera bien
-labrado; debia ser casa de placer del señor de aquella isla, ó de
-aquella parte della. No dice aquí el Almirante que hobiesen visto allí
-alguna gente; por ventura, debian de huir cuando los navíos vieron.
-El viérnes, á 22 del mismo mes de Noviembre, tomó el Almirante la
-primera tierra de la isla Española, que está á la banda del Norte, y
-de la postrera de la isla de Sant Juan, obra de 15 leguas, y allí hizo
-echar en tierra un indio de los que traia de Castilla, encargándole
-que induciese á todos los indios de su tierra, que era la provincia de
-Samaná, que estaba de allí cerca, al amor de los cristianos, y contase
-la grandeza de los reyes de Castilla y las grandes cosas de aquellos
-reinos; él se ofreció de lo hacer, con muy buena voluntad, despues
-no se supo deste indio más, creyóse que se debió morir. Prosiguió su
-camino el Almirante y viniendo al Cabo, que, cuando el primer viaje lo
-descubrió, le puso nombre el cabo del Angel, como arriba en el capítulo
-67 se dijo, vinieron á los navíos algunos indios en sus canoas con
-comida y otras cosas, para rescatarlas con los cristianos, y, yendo á
-surgir á _Monte-Christi_ la flota, salió una barca, hácia tierra, á
-un rio que allí parecia; vido muertos dos hombres, el uno mancebo y el
-otro viejo, á lo que parecia, y el viejo tenia una soga de esparto,
-de las de Castilla, á la garganta, tendidos los brazos y atadas las
-manos á un palo como en cruz, pero no cognoscieron que fuesen indios ó
-cristianos, de donde el Almirante tomó gran sospecha y pena que fuesen
-muertos los 39 cristianos, ó dellos alguna parte. Otro dia, mártes, 26
-de Noviembre, tornó á enviar el Almirante por algunas partes algunos
-hombres, para saber qué nuevas habia de los de la fortaleza, vinieron
-muchos indios á hablar con los cristianos; muy segura y libremente, sin
-temor alguno, llegábanse á los cristianos y tocábanles al jubon y á la
-camisa diciendo, «jubon, camisa,» mostrando que sabian los nombres de
-aquellas cosas; con estas palabras y con no temer los indios aseguróse
-algo el Almirante de que no fuesen los de la fortaleza muertos. A la
-entrada del puerto de la Navidad surgió con los navíos, miércoles, á
-27 de Noviembre; hácia la media noche vino una canoa llena de indios
-y llegó á la nao del Almirante y preguntáronles por él, diciendo,
-«¡Almirante, Almirante!» respondiéronles que entrasen que allí estaba,
-ellos no quisieron hasta que el Almirante se paró al bordo de la
-nao, y desque lo cognoscieron, que era harto bien cognoscible por su
-autorizada persona, luego entraron en la nao dos dellos, y dánle sendas
-carátulas, que llaman guayças, muy bien hechas y con algun oro, como
-arriba fué dellas dicho, presentándoselas de parte del rey Guacanagarí
-con grandes encomiendas, las que pudieron significar; preguntándoles
-el Almirante por los cristianos, que era lo que le dolia, respondieron
-que algunos eran muertos de enfermedad, y otros se habian ido la
-tierra dentro con sus mujeres y áun con muchas mujeres. Bien sintió
-el Almirante que debian ser todos muertos, pero disimuló por entónces
-y tornólos á enviar, dándoles un presente de bacinetas de laton que
-siempre tuvieron en mucho, y otras menudencias que habian de agradar
-al señor Guacanagarí, y tambien á ellos dió cosas conque se fueron
-alegres, luego, aquella noche.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXVI.
-
-
-Entróse luego, el jueves, 28 de Noviembre, á la tarde, con toda su
-flota, dentro del puerto de la Navidad, acerca de donde habia dejado
-hecha la fortaleza, la cual vido toda quemada, de donde recibió
-grandísimo pesar y tristeza, viendo cierto argumento de la muerte de
-todos los 39 cristianos que en ella habia dejado, y por aquel dia no
-pareció persona alguna por todo aquello; otro dia salió en tierra el
-Almirante, por la mañana, con grande tristeza y angustia de ver quemada
-la fortaleza, y ninguno de los que con tanto placer y contentamiento de
-todos habia dejado. Habia algunas cosas de los cristianos, como arcas
-quebradas, y bornias, y unos que llaman arambeles, que ponen sobre las
-mesas los labradores; no viendo persona ninguna á quien preguntar, el
-Almirante, con ciertas barcas entró por un rio arriba, que cerca de
-allí estaba, y dejó mandado que limpiasen un pozo que dejó hecho en la
-fortaleza, para ver si los cristianos habian escondido allí algun oro,
-pero no se halló nada; el Almirante tampoco halló á quien preguntar,
-porque los indios todos huian de sus casas. Hallaron, empero, en ellas
-vestidos algunos de los cristianos, y dió la vuelta. Hallaron por cerca
-de la fortaleza siete ú ocho personas enterradas, y cerca de allí, por
-el campo, otras tres, y cognoscieron ser cristianos por estar vestidos,
-y parecia haber sido muertos de un mes atras, ó poco más. Andando por
-allí buscando escripturas ó otras cosas, de que pudiesen haber lengua
-de lo que habia pasado, vino un hermano del rey Guacanagarí, con
-algunos indios que ya sabian hablar y entender nuestra lengua algo,
-y nombraban por su nombre todos los cristianos que en la fortaleza
-quedaron, y tambien por lengua de los indios que traia de Castilla el
-Almirante, diéronle nuevas y relacion de todo el desastre. Dijeron
-que, luego que el Almirante se partió dellos, comenzaron entre sí á
-reñir é tener pendencias, y acuchillarse, y tomar cada uno las mujeres
-que queria y el oro que podia haber, y apartarse unos de otros; y que
-Pero Gutierrez y Escobedo mataron á un Jacome, y aquellos, con otros
-nueve, se habian ido con las mujeres que habian tomado y su hato, á la
-tierra de un señor que se llamaba Canabo, que señoreaba las minas (y
-creo que está corrupta la letra, que habia de decir Caonabo, señor y
-Rey muy esforzado de la Maguana, de quien hay bien que decir abajo),
-el cual los mató á todos diez ú once; dijeron más, que, despues de
-muchos dias, vino el dicho rey Caonabo con mucha gente á la fortaleza,
-donde no habia más de Diego de Arana, el Capitan, y otros cinco que
-quisieron permanecer con él para guarda de la fortaleza, porque todos
-los demas se habian desparcido por la isla, y de noche puso fuego á
-la fortaleza y á las casas donde aquellos estaban, porque no estaban,
-por ventura, en la fortaleza, las cuales, huyendo hácia la mar, se
-ahogaron. El rey Guacanagarí salió á pelear con él por defender los
-cristianos; salió mal herido, de lo que no estaba sano. Esto concordó
-todo con la relacion que trajeron otros cristianos, que el Almirante
-habia enviado por otra parte á saber nuevas de los 39 cristianos, y
-llegaron al pueblo principal de Guacanagarí, el cual vieron que estaba
-malo de las heridas susodichas, por lo cual se excusó que no pudo
-venir á ver al Almirante y darle cuenta de lo sucedido, despues que
-se partió para Castilla; y que la muerte dellos habia sido, porque
-luego que el Almirante se fué comenzaron á rifar y á tener discordias
-entre sí, tomaban las mujeres á sus maridos y iban á rescatar oro cada
-uno por sí. Juntáronse ciertos vizcainos contra los otros, y ansí se
-dividieron por la tierra, donde los mataron por sus culpas y malas
-obras; y esto es cierto, que si ellos estuvieran juntos estando en
-la tierra de Guacanagarí, é so su proteccion, y no exacerbaran los
-vecinos, tomándoles sus mujeres, que es con lo que más se injurian y
-agravian, como donde quiera, nunca ellos perecieran. Envió á rogar
-Guacanagarí al Almirante, con aquellos cristianos, que le fuese á ver
-porque él no salia de su casa por aquella indispusicion. El Almirante
-fué allá, el cual, con rostro muy triste contó al Almirante todo lo que
-dicho es, mostrando sus heridas, y de mucha de su gente que en aquella
-defensa habian sido heridos; y bien parecian las heridas ser de las
-armas que los indios usaban, que eran las tiraderas, como dardos, con
-un hueso de pescado por punta. Pasada la plática hizo un presente al
-Almirante de ochocientas cuentas menudas de piedra, que ellos preciaban
-mucho y las llamaban cibas, y ciento de oro, y una corona de oro y
-tres calabacillas, que llaman hibueras, llenas de granos de oro, que
-todo pesaria hasta cuatro marcos, que eran doscientos castellanos
-ó pesos de oro; el Almirante dió á Guacanagarí muchas cosas de las
-nuestras de Castilla, como cuentas de vidro, y cuchillos, y tijeras,
-cascabeles, alfileres, agujas, espejuelos, que valdria todo hasta
-cuatro ó cinco reales, y con ello pensaba Guacanagarí que quedaba muy
-rico. Quiso acompañar al Almirante á donde tenia su real; hiciéronle
-muy gran fiesta, donde se regocijó mucho, admirándose de los caballos,
-y de lo que los hombres con ellos hacian. Dice aquí el Almirante, que
-entendió allí que uno de los 39, que dejó, habia dicho á los indios y
-al mismo Guacanagarí algunas cosas en injuria y derogacion de nuestra
-sancta fe, y que le fué necesario rectificarle en ella, y le hizo
-traer al cuello una imágen de Nuestra Señora, de plata, que ántes no
-habia querido recibir. Dice más aquí el Almirante, que aquel padre
-fray Buil, y todos los demas, quisieran que lo prendiera, más no lo
-quiso hacer, aunque dice que bien pudiera, considerando que, pues los
-cristianos eran muertos, que la prision del rey Guacanagarí, ni los
-podia resucitar, ni enviar al Paraíso, si allá no estaban, y dice que
-le pareció que aquel Rey debia ser acá como los otros Reyes, entre los
-cristianos, que tienen otros Reyes parientes á quien con su prision
-injuriara, y que los Reyes lo enviaban á poblar, en lo que tanto habian
-gastado, y que sería impedimento para la poblacion, porque le saldrian
-de guerra y no dejarle asentar pueblo, y mayormente seria gran estorbo
-para la predicacion y conversion á nuestra sancta fe, que era á lo que
-principalmente los Reyes lo enviaban. Por manera, que, si era verdad
-lo que Guacanagarí decia, hiciérale gran injusticia, y toda la tierra
-lo tuviera en odio y rencor con todos los cristianos, teniendo al
-Almirante por ingrato del gran bien que habia recibido de aquel Rey,
-en el primer viaje, y más en defenderle los cristianos, con riesgo
-suyo, como sus heridas lo testificaban, y, finalmente, queria primero
-poblar, y que, despues de poblado y hecho en la tierra fuerte, y sabida
-la verdad, podria castigarlo si lo hallase culpado, etc. Estas son
-las razones que, para no seguir el parecer de los que le aconsejaban
-prenderle, dió el Almirante; y fué harta prudencia la suya, más que la
-del parecer contrario.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXVII.
-
-
-Antes que pasemos más adelante, porque, por ventura, no habrá otro
-lugar donde tan bien convenga ponerse, miéntras el Almirante hacia
-esta su segunda navegacion, concertóse entre los reyes de Castilla é
-Portugal que hobiese junta de la una parte y de la otra, para tratar
-de concierto y dar asiento en lo que destas mares y tierras habia
-de quedar por de cada uno de los reinos y de cada uno dellos; segun
-impropia y corrupta, y no ménos injustamente se ha acostumbrado á
-nombrar, lo que, en la verdad, si habemos de hablar y obrar como
-cristianos, no se ha de llamar conquista sino comision y precepto de
-la Iglesia y del Vicario de Cristo, que á cada uno destos señores se
-les manda y encarga que tengan cargo de convertir las gentes destos
-mundos de por acá; otra cosa diferente es la conquista de los infieles
-que nos impugnan y angustian cada dia. Así que, el rey de Portugal
-envió sus solenes Embajadores, con mucha compañía y autoridad, á los
-católicos reyes, que ya eran venidos de Barcelona y estaban en Medina
-del Campo, y presentada su embajada y finalmente, dando y tomando,
-yendo postas y viniendo posta, de Portugal á Castilla, hobo de haber
-fin y concluirse la siguiente determinacion y concierto, entre los
-reyes de Castilla D. Fernando y Doña Isabel y el rey D. Juan II de
-Portugal. El lugar que eligió para tratarse deste negocio fué la
-villa de Simancas, dos leguas y media de Valladolid; allí mandaron ir
-los reyes de Castilla á muchas personas que sabian de cosmografía y
-astrología, puesto que habia harto pocos entónces en aquellos reinos, y
-las personas de la mar que se pudieron haber (no pude saber los nombres
-dellas ni quién fueron), y allí envió el rey de Portugal las suyas,
-que debian tener, á lo que yo juzgué, más pericia y más experiencia
-de aquellas artes, al ménos de las cosas de la mar, que las nuestras.
-Ayuntáronse todos en la dicha villa de Simancas, y determinaron y
-asentaron, en conformidad, lo siguiente, en 20 dias de Junio, año del
-Señor de 1494. Fué el concierto y asiento: «Que si hasta los dichos 20
-dias de Junio hobiesen descubierto tierras algunas la gente ó navíos
-de los reyes de Castilla, dentro de 250 leguas, de 370 que se habian
-señalado, que fuesen y quedasen para el rey de Portugal, y si las
-descubriesen dentro de las 120 que restaban de las 370, quedasen para
-los reyes de Castilla. Item, fué concierto y asiento, que dentro de
-diez meses enviasen cuatro carabelas, una ó dos de cada parte, ó más
-ó ménos segun se acordase, las cuales se juntasen en la isla de Gran
-Canaria, y en cada una enviasen, de cada una de las partes, pilotos y
-astrólogos y marineros, con tanto que sean tantos de una parte como de
-otra; y que algunas personas de las dichas vayan, de las de Castilla,
-en los navíos de los portogueses, y otras de los portogueses vayan en
-los navíos de Castilla, tantos de una parte como de otra. Los cuales
-juntamente puedan ver y cognoscer la mar, y los vientos, y los rumbos,
-y los grados del sol y del Norte, y señalar las 370 leguas y límites,
-segun se pudiese hacer; á lo cual concurran todos juntos, y lleven
-los poderes de los Reyes. Y todos los navíos concurran juntamente y
-vayan á las islas de cabo Verde, y desde allí tomen su derrota derecha
-al Poniente, hasta las dichas 370 leguas, medidas como las dichas
-personas acordaren que se deben medir, é allí, donde se acabaren, se
-haga el punto é señal que convenga, por grados del sol ó del Norte, ó
-por singladuras de leguas, ó como mejor se pudiere concordar; la cual
-dicha raya, señalen de polo á polo. Y si caso fuere que la dicha raya
-ó límite de polo á polo topare en algunas islas ó tierra firme, que,
-al comienzo della ó dellas, se haga alguna señal ó torre donde topare
-la dicha raya, é que, en derecho de la tal señal ó torre, se continúen
-dende adelante otras señales por la tal isla ó tierra firme en derecha
-de la dicha raya, las cuales partan lo que á cada una de las partes
-perteneciere della, etc.» Este fué el concierto y asiento que en
-Simancas por aquel tiempo se hizo. Y es aquí de considerar la bondad de
-los reyes de Castilla y amor de la paz que tuvieron, que, como el Papa
-les concediese que todo lo que se contuviese del Occidente y Austro,
-despues de pasadas 100 leguas, de las islas de Cabo Verde, por bien de
-paz cedieron su derecho á concertarse con lo que se contuviese pasadas
-las 370 leguas, con las demas condiciones á que quisieron subiectarse
-por su propia voluntad. El traslado de los capítulos de este asiento
-enviaron los Reyes al Almirante en los primeros navíos que enviaron,
-despues que él partió con los 17 navíos, y quisieran que se hallaran él
-ó su hermano en tratar de aquello y asentar los dichos límites ó torre
-que se habia de hacer, hecha la línea que habian de imaginar, como
-abajo parecerá. Despues muchos años, el tiempo andando, en tiempo del
-Emperador D. Cárlos y Rey nuestro señor, se tractó de otra junta que se
-hizo en la ciudad de Badajoz, sobre los límites destas Indias, entre
-castellanos y portogueses, decirse ha abajo, con el favor de Dios, lo
-que en ello supiéremos que decir. Tratando deste asiento la Historia
-portoguesa, que refiere la vida del dicho rey D. Juan, y que escribió
-el susonombrado autor García de Reesende, en el cap. 166 dice, que
-deste asiento y conclusion se hicieron por los Reyes contratos jurados,
-y, con gran seguridad corroborados, de que mostraron ambas partes gran
-contentamiento, por excusar las diferencias y discordias que ya se
-comenzaban á revolver, contrarias de la paz que tenian asentada, y que
-cuando volvieron sus Embajadores, por Julio, el rey de Portugal los
-recibió con mucha alegría.....[1] Este historiador dice en el siguiente
-cap. 167, una cosa que quiero referir aquí, para aviso de los Reyes,
-porque es muy notable, y es, que tenia el rey de Portugal tanta parte
-en el Consejo de los reyes católicos de Castilla, Rey é Reina, que
-ninguna cosa se trataba en él, por secreta é importante que fuese,
-que no la supiese luego el rey de Portugal, y por esto, andando en
-estos tratos y conciertos, tenia el rey de Portugal muchas postas y
-gran industria desta manera: Trataban el Rey y la Reina en su Consejo
-lo que convenia tratar y determinarse; algunos traidores del Consejo,
-que allí tenia el rey de Portugal bien salariados, avisábanle luego de
-todo lo que pasaba; escribia luego el Rey á sus Embajadores, «mañana ó
-tal dia os han de decir ó responder el Rey é la Reina tal y tal cosa,
-respondereis de mi parte tal y tal cosa, y direis tales palabras;» los
-Embajadores, como veian que salia así todo, sin faltar palabra, estaban
-espantados, y no ménos el Rey y la Reina miraban en ello, viendo que
-los Embajadores daban tan determinadamente respuesta en cosas que
-requerian que con su Rey las consultasen. Y tenia esta industria el rey
-de Portugal, que enviaba al duque del Infantadgo y á otros Grandes, que
-sabia que no le ayudaban ni habian de ayudar, muchas joyas y presentes,
-públicamente para hacerlos sospechosos con los Reyes, y á los que tenia
-por sí en el Consejo de los Reyes, enviaba muchos dones y dádivas muy
-secretas, y pagaba sus salarios; y así no habia cosa que los Reyes
-hiciesen que no se lo revelaban. De donde parece cuanta es la maldad de
-los infieles consejeros, y como los Reyes viven y gobiernan en mucho
-trabajo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXVIII.
-
-
-Visto por el Almirante que aquella provincia del Marien era tierra muy
-baja, y que no le parecia que habia piedra y materiales para hacer
-edificios, puesto que tenia muy buenos puertos y buenas aguas, deliberó
-de tornar hácia atras la costa arriba, al leste, á buscar un buen
-asiento donde provechosamente poblase; y, con este acuerdo, sábado, 7
-dias de Diciembre, salió con toda su flota del puerto de la Navidad, y
-fué á surgir aquella tarde cerca de unas isletas que están cerca del
-_Monte-Christi_, y, otro dia, domingo, sobre el monte, yendo mirando
-por la tierra donde Dios le deparase la dispusicion que buscaba para
-poblar, pero su intincion, principalmente, iba enderezada al Monte
-de Plata, porque se le figuraba, segun él dice, que era tierra más
-cercana á la provincia de Cibao, donde, segun el viaje primero habia
-entendido, estaban las minas ricas de oro, y quél estimaba ser Cipango,
-como arriba se dijo. Fuéronle los vientos muy contrarios despues que
-salió del puerto de _Monte-Christi_, que con muy grande trabajo y de
-muchos dias, y con toda el armada, se vido en gran pena y conflicto,
-porque la gente y los caballos venian todos con grande fatiga; por
-estas dificultades, no pudo pasar del puerto de Gracia, en el cual
-arriba digimos que habia estado Martin Alonso Pinzon, cuando en el
-primer viaje se apartó del Almirante, y que agora se llama el puerto
-ó rio de Martin Alonso, y está cinco ó seis leguas del puerto de la
-Plata; puesto que dice aquí el Almirante que está once, pero entónces
-no se sabia la tierra como agora. Este puerto dice el Almirante ser
-singularísimo, y quisiera, diz que, poblar en él, si sintiera que tenia
-rio suficiente de agua, ó fuente (y creo que tiene un arroyo pequeño),
-ó si supiera la buena tierra y comarca que alrededor tenia, como
-despues la supo. Por manera, que hobo de tornar atras tres leguas de
-allí, donde sale á la mar un rio grande y hay un buen puerto, aunque
-descubierto para el viento Norueste, pero para los demas bueno, donde
-acordó saltar en tierra, en un pueblo de indios que allí habia; y vido
-por el rio arriba una vega muy graciosa, y que el rio se podia sacar
-por acequias que pasasen por dentro del pueblo, y para hacer tambien
-en él aceñas y otras comodidades convenientes para edificar. Lo cual
-visto, en el nombre de la Sancta Trinidad, dice él, que determinó de
-poblar allí, é así mandó luego desembarcar toda la gente, que venia muy
-cansada y fatigada y los caballos muy perdidos, bastimentos y todas
-las otras cosas de la armada, lo cual todo mandó poner en un llano,
-que estaba junto á una peña bien aparejada para edificar en ella su
-fortaleza; en este asiento comenzó á fundar un pueblo ó villa que
-fué la primera de todas estas Indias, cuyo nombre quiso que fuese la
-Isabela, por memoria de la reina Doña Isabel, á quien él singularmente
-tenia en gran reverencia, y deseaba más servirla y agradarla que
-á otra persona del mundo. Dice aquí el Almirante, que, despues de
-haber asentado allí, daba infinitas gracias á Dios, por la buena
-dispusicion, que, para la poblacion, por aquel sitio hallaba; y tenia
-razon, porque hobo por allí muy buena piedra de cantería, y para hacer
-cal, y tierra buena para ladrillo y teja, y todos buenos materiales,
-y es tierra fertilísima y graciosísima y bienaventurada. Por este
-aparejo dióse grandísima prisa, y puso suma diligencia en edificar
-luego casa para los bastimentos y municiones del armada, é iglesia y
-hospital, y para su morada una casa fuerte, segun se pudo hacer; y
-repartió solares, ordenando sus calles y plaza, y avecindáronse las
-personas principales, y manda que cada uno haga su casa como mejor
-pudiere; las casas públicas se hicieron de piedra, las demas cada
-uno hacia de madera y paja, y como hacerse podia. Mas, como la gente
-venia fatigada de tan largo viaje, y no acostumbrado, de la mar, y
-luego, mayormente la trabajadora y oficiales mecánicos, fueron puestos
-en los grandes trabajos corporales de hacer las obras y edificios
-susodichos, y materiales para ellos, y la tierra, de necesidad, por la
-distancia tan grande que hay de España hasta aquí, é mudanza de los
-aires y diferentísimas regiones, los habia de probar, puesto que ella
-en sí es de naturaleza sanísima, como abajo se dirá en los capítulos
-90 y 91, á lo cual se llegó la tasa de los bastimentos, que todos se
-daban por estrecha órden y medida, como cosa que se traia de España,
-y que de los de la tierra, por ser tan diferentes de los nuestros,
-mayormente el pan, no habia esperanza que por entónces á ellos se
-arrostrase, comenzó la gente, tan de golpe, á caer enferma, y, por el
-poco refrigerio que habia para los enfermos, á morir tambien muchos
-dellos, que apénas quedaba hombre de los hidalgos y plebeyos, por muy
-robusto que fuese, que, de calenturas terribles, enfermo no cayese;
-porque á todos era igual, casi, el trabajo, como podrán bien adivinar
-todos aquellos que saben qué cosa sea, en especial en estas tierras,
-poblar de nuevo, lo cual en aquel tiempo, sin ninguna comparacion, más
-que en otro ni en otra parte, fué laborioso. Sobreveníales á sus males
-la grande angustia y tristeza que concebian de verse tan alongados
-de sus tierras, y tan sin esperanza de haber presto remedio, y verse
-defraudados tambien del oro y riquezas que se prometió á sí mismo, al
-tiempo que acá determinó pasar, cada uno. No se escapó el Almirante de
-caer, como los otros, en la cama, porque como por la mar solian ser sus
-trabajos incomparables, mayormente de no dormir, que es lo que más en
-aquella arte se requiere que tengan los que llevan oficio de pilotos,
-y el Almirante, no sólo llevaba sobre sí cargo de piloto, como quiera
-y como los pilotos suelen llevar en las navegaciones, adonde muchas
-veces han ido, pero en tal como esta, en aquel tiempo tan nueva y tan
-nunca otra tal vista ni oida, y que ninguno la sabia sino él, y por
-consiguiente, sobre sus hombros iba el cuidado de toda la flota, y
-que todos los otros pilotos habian de llevar, y, sin esto, lo mucho
-que ya más le iba que á todos, teniendo suspenso á todo el mundo, que
-esperaban como habia de responder la cosa comenzada; que, cierto, no
-era ménos, sino ántes más y mayor la obligacion, que de satisfacer á
-los reyes de Castilla y á toda la cristiandad, tenia, como mayores
-prendas se hobiesen ya metido, así de gastos como de gente, que la del
-primer viaje, así que todas estas consideraciones, que pasaban cada
-hora por su pensamiento, le compelian á que fuese mártir por la mar;
-y, sin duda, sus cuidados, vigilias, solicitud, temores, trabajos y
-angustias, no creo que se podrán comparar, de donde necesariamente se
-habia de seguir caer en grandes enfermedades, como abajo parecerá.
-Y de una cosa me parece que todos los que deste negocio tuvimos y
-tenemos noticia, entre todas las demas, nos debiamos más que de otras
-maravillar, y cognoscer la infalible providencia de Dios haber tenido
-singular modo de proveer aquesta negociacion, conviene á saber, que no
-solamente hobiese hecho tan fácil y breve, ansí en lo de la mar, sin
-tempestades, como en la clemencia y suavidad y favor de los vientos,
-en el primer descubrimiento y viaje, siendo, por la mayor parte, todos
-ó cuasi todos, los que despues se han hecho y hacen, tan peligrosos,
-impetuosos y llenos de tantos trabajos, como habemos muchas veces en
-nos y en otros experimentado, pero que nunca el Almirante, por todo él,
-á ida ni á venida, ni en la estada de España, ni agora en esta tornada
-de este segundo viaje, hasta que hobo enseñado á todos los demas á
-navegar estas mares, y puso en estas tierras la gente que trajo, cuasi
-como por arras de los que despues habian de venir á efectuar lo que
-Dios tenia determinado, nunca, digo, el Almirante, caudillo y guiador
-de aquesta divina hazaña, en todos los peligros y dificultades pasadas
-enfermase; y así, creo que es particular cosa esta, de las muchas que
-podemos hallar en el descubrimiento de estas Indias, no la menor que
-otra digna de profunda consideracion.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXIX.
-
-En el cual se tracta como el Almirante envió á un Alonso de Hojeda con
-15 hombres á descubrir la tierra, y saber de las minas de Cibao.—Como
-recibian los indios á los cristianos con mucha alegría.—Volvió Hojeda
-con nuevas de oro.—Alegróse el Almirante y toda la gente.—Como
-despachó el Almirante, de los 17, los 12 navíos para Castilla, con la
-relacion larga para los Reyes; y á quién envió por Capitan dellos, etc.
-
-
-Miéntra él ordenaba y entendia en la edificacion de la villa de la
-Isabela, porque no se perdiese tiempo ni se gastasen los mantenimientos
-en balde, y se supiese alguna nueva de lo que en la tierra habia,
-especialmente de su Cipango, informado de los indios que allí en un
-pueblo junto vivian, quienes afirmaban estar cerca de allí Cibao,
-determinó de enviar descubridores que supiesen lo que todos tanto
-deseaban, conviene á saber, las minas del oro, y para este ministerio
-eligió á Alonso de Hojeda, de quien arriba en el cap. 84 se hizo
-mencion. Con 15 hombres, luego, por el mes de Enero siguiente, mandó el
-Almirante que fuese á buscar y saber donde eran las minas de Cibao, y
-ver la dispusicion de la tierra, poblaciones y gentes della. Entretanto
-que Hojeda iba, entendió tambien el Almirante en despachar con brevedad
-los navíos que habian de ir á Castilla, y estos fueron 12 dejando 5,
-dos naos grandes y tres carabelas, que dejó consigo, de los 17, para
-las necesidades que se ofreciesen, y para ir á descubrir, como abajo se
-dirá. Volvió Alonso de Hojeda, á pocos dias, con buenas nuevas que á
-todos, en alguna manera, entre sus trabajos y enfermedades, alegraron,
-puesto que más quisieran, muchos y los más, y quizá todos, hallarse en
-el estado que estaban cuando se embarcaron en Castilla, como ya viesen
-que el poder ser ricos de oro iba á la larga, porque no pensaban sino
-que, á la costa de la mar, habian de hallar el oro, para hinchir
-sus costales, arrollado. Dió relacion Hojeda, que hasta los dos dias
-que habia hecho de camino, salido de la Isabela, habia tenido algun
-trabajo por ser despoblado, pero que, descendido un puerto, habia
-hallado muchas poblaciones á cada legua, y que los señores dellas y
-toda la gente los recibian como á ángeles, saliéndolos á recibir, y
-aposentándolos, y dándoles de comer de sus manjares, como si fueran
-todos sus hermanos. Este puerto es la sierra, que arriba digimos,
-fertilísima, que hace la vega por la parte del Norte, la cual toda era
-poblada, sino que, por aquella parte por donde fueron, debia ser el
-camino despoblado; como quiera que era todo poca distancia, porque no
-podian ser obra de ocho ó diez leguas hasta descender la vega abajo,
-la cual era, en admirable manera, poblada. Continuó Hojeda su camino,
-llegó á la provincia de Cibao en cinco ó seis dias, que está de la
-Isabela obra de 15 ó 20 leguas, porque se detenia por los pueblos por
-ser tan bien hospedado; llegado á la provincia, que luego comienza,
-pasado el rio grande que se llama Yaquí, al cual puso el Almirante Rio
-del Oro, cuando vido la boca dél en el puerto del _Monte-Christi_, el
-primer viaje, andando por los rios y arroyos della, los vecinos que
-en los puertos cercanos estaban y los que consigo por guias llevaban,
-en presencia del Hojeda y de los cristianos, cogian y cogieron muchas
-muestras de oro, que bastaron para creer y afirmar que era tierra
-de mucho oro; como en la verdad lo fué despues, de donde se sacó
-innumerable, y de lo más fino que hobo en el mundo, como, si Dios
-quiere, abajo se contará más largo. Con esta nueva, todos, como dije,
-recibieron un mezclado alegron; pero el Almirante fué el que más dello
-gustó, y determinó, despachados los navíos para Castilla, ir á ver la
-dicha provincia de Cibao, por los ojos, y dar á todos motivo de creer
-lo que viesen y palpasen, como Sancto Tomás. Hecha relacion larga de
-la tierra y del estado en que quedaba, y donde habia poblado, para los
-Reyes católicos, y enviándoles la muestra del oro que Guacanagarí le
-habia presentado, y la que Hojeda habia traido, é informándoles de todo
-lo que vido ser necesario, despachó á los 12 navíos dichos, poniendo
-por Capitan de todos ellos al susodicho Antonio de Torres, hermano del
-ama del príncipe D. Juan, á quien entregó el oro y todos sus despachos.
-Hiciéronse á la vela á los 2 dias de Febrero de 1494. Alguno dijo que
-envió con estos navíos á un Capitan que se decia Gorbalan pero no es
-así, lo cual ví, como está dicho, en una carta del mismo Almirante para
-los Reyes, cuyo traslado tuve yo en mi poder escrito de su propia mano.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XC.
-
-En el cual se tracta como el Almirante salió por la tierra, con
-cierta gente española.—Dejó la gobernacion de la Isabela á su
-hermano D. Diego.—Como salió en forma de guerra, y así entraba y
-salia en los pueblos para mostrar su potencia y poner miedo en la
-gente indiana.—Como se quiso amotinar un contador, Bernal de Pisa,
-y hurtar ciertos navíos.—Los recibimientos que hacian los indios al
-Almirante y á los cristianos.—De su bondad y simplicidad en la manera
-que tenian.—De la hermosura de la vega á que puso nombre la Vega
-Real.—Los rios tan grandes y hermosos que habia, y el oro que en ellos
-se hallaba, etc.
-
-
-Partidos los navíos para España, y el Almirante, de su indispusicion y
-enfermedad mejorado, acordando de salir á ver la tierra, en especial
-la provincia de Cibao, porque, estando enfermos algunos de los
-descontentos y trabajados, quisieron hurtar ó tomar por fuerza los
-cinco navíos que quedaban, ó algunos dellos, para se volver á España,
-cuyo movedor, diz que, habia sido un Bernal de Pisa, Alguacil de corte,
-á quien los Reyes habian hecho merced del oficio de Contador de aquesta
-isla, puesto quel Almirante, no pudiéndose la rebelion encubrir, hechó
-preso al Bernal de Pisa, y mandólo poner en una nao para enviarlo á
-Castilla con el proceso de lo que habia ordenado, y á los demas mandó
-castigarlos; por esta causa mandó poner toda la municion y artillería,
-y cosas más necesarias de la mar de los cuatro navíos, en la nao
-_Capitana_, y puso en ellas personas de buen recaudo. Y esta fué la
-primera rebelion que en estas Indias fué intentada, aunque luego,
-ántes que se perfeccionase, fué apagada. Tambien parece haber sido el
-origen de la contradiccion, que el Almirante y sus sucesores siempre
-tuvieron, de los que los Reyes proveian en estas tierras por sus
-oficiales, los cuales le hicieron, como se verá, grandísimos daños.
-Hallóse á este Bernal de Pisa una pesquisa escondida dentro de una
-boya, (que es un palo muy grueso que se echa con una cuerda, para que
-se sepa donde está el ancla, por si se le rompiere el cable) hecha
-contra el Almirante; y no se yo qué podia el Almirante haber cometido
-ó agravios hecho en tan pocos dias, que no habia dos meses que en la
-tierra estaba. Asimismo de los castigos, que, quizá por esto, hizo en
-los que por esta conjuracion halló culpados, comenzó la primera vez
-á ser tenido por riguroso juez, y, delante de los Reyes, y cuasi en
-todo el reino, por insufrible y cruel infamado; de lo cual yo bien
-me acuerdo, y áun ántes que pasase á estas partes ni cognosciese al
-Almirante, por tal en Castilla publicarse, y dado que no he visto los
-testigos que entónces hizo para certificarlos, pero he leido cartas
-suyas escritas á los Reyes, excusándose del rigor de la justicia que
-le imponian, de donde colijo que algun testigo debiera en aquellos
-de haber ejecutado; y, en la verdad, digno era de gran castigo aquel
-delito, siendo el primero y de tan mala y peligrosa especie y así
-muy grave, pero como los delincuentes, por gravemente que ofendan,
-querrian, del todo de las penas que merecen, escaparse, cuando se
-las ejecutan escuéceles, y siempre sus causas justifican y repútanse
-por agraviados. Volviendo al propósito, puesto recaudo en los cinco
-navios, y dejado cargo de la gobernacion á D. Diego, su hermano,
-con personas que en ella le aconsejasen y ayudasen, escogió toda la
-más gente y más sana que le pareció que habia de pié y de caballo,
-y trabajadores, albañiles y carpinteros, y otros oficiales, con las
-herramientas é instrumentos necesarios, así para probar á sacar oro,
-como para hacer alguna casa fuerte donde los cristianos se pudiesen
-defender si los indios intentasen algo. Salió de la Isabela, con toda
-su gente cristiana y con algunos indios del pueblo que habia junto á
-la Isabela, miércoles, á 12 de Marzo de 1494 años, y, por poner temor
-en la tierra, y mostrar que si algo intentasen eran poderosos para
-ofenderlos y dañarlos los cristianos, á la salida de la Isabela, mandó
-salir la gente en forma de guerra, con las banderas tendidas, y con sus
-trompetas, y, quizá, disparando espingardas, con las cuales quedarian
-los indios harto asombrados; y así hacia en cada pueblo al entrar y
-al salir, de los que en el camino hallaba. Fué aquel dia tres leguas
-de allí á dormir, al pié de un puerto harto áspero, todas de tierra
-llana, y porque los caminos, que los indios andaban, eran no más anchos
-que los que llamamos sendas, como ellos tengan poco embarazo de ropa
-ni de recuas ó carretas para tenerlos anchos, porque no lo son más de
-cuanto les caben los pies, mandó el Almirante ir á ciertos hidalgos,
-con gente de trabajo, delante, la sierra arriba, que dura obra de dos
-tiros buenos de ballesta, que con sus azadas y azadones lo ensanchasen,
-y, donde habia árboles, los cortasen y escombrasen, y por esta causa,
-puso nombre á aquel puerto, el Puerto de los Hidalgos. Otro dia,
-jueves, 13 de Marzo, subido el Puerto de los Hidalgos, vieron la gran
-vega, cosa que creo yo, y que creo no engañarme, ser una cosa de las
-más admirables cosas del mundo, y más digna, de las cosas mundanas y
-temporales, de ser encarecida con todas alabanzas, y por ella ir á
-prorumpir en bendiciones é infinitas gracias de aquel Criador della
-y de todas las cosas que tantas perfecciones, gracias y hermosura en
-ella puso; ella es de 80 leguas, y las 20 ó 30 dellas de una parte y
-de otra, de lo alto de aquella sierra, donde el Almirante y la gente
-estaban, se descubre; la vista della es tal, tan fresca, tan verde, tan
-descombrada, tan pintada, toda tan llena de hermosura, que ansí como
-la vieron les pareció que habian llegado á alguna region del Paraíso,
-bañados y regalados todos en entrañable y no comparable alegría, y
-el Almirante, que todas las cosas más profundamente consideraba, dió
-muchas gracias á Dios, y púsole nombre la Vega Real. Cuanto bien
-merezca este nombre y otro más digno si en la tierra lo hobiese, y que
-pudiese provocar las criaturas á nunca cesar de bendecir al Criador,
-despues parecerá cuando habláremos della en la descripcion desta isla.
-Descendieron luego la sierra abajo, que dura mucho más que la subida,
-con grande regocijo y alegría, y atravesaron la felicísima vega, cinco
-leguas que tiene de ancho por allí, pasando por muchas poblaciones,
-que, como á venidos del cielo, los recibian hasta que llegaron al
-rio grande y graciosísimo que los indios llamaban Yaquí, de tanta
-agua y tan poderoso como Ebro, por Tortosa, ó como por Cantillana,
-Guadalquivir; al cual llamó el Almirante el Rio de las Cañas, no se
-acordando que en el primer viaje lo nombró el Rio del Oro, cuando
-estuvo á su boca, que sale á _Monte-Christi_. A la ribera deste rio
-durmieron aquella noche todos, muy alegres y placenteros, lavándose
-y holgándose en él, y gozando de la vista y amenidad de tan felice y
-graciosa tierra y deleitosos aires, mayormente por aquel tiempo, que
-era Marzo, porque, aunque hay poca diferencia de un tiempo á otro
-en todo el año, en esta isla, como en otros muchos lugares y por la
-mayor parte destas Indias, pero aquellos meses desde Setiembre hasta
-Mayo, es su vivienda como de Paraiso, segun que, placiendo á Dios, más
-largo abajo será dicho. Cuando llegaban y pasaban por los pueblos, los
-indios de la Isabela que consigo el Almirante llevaba, entraban en
-las casas y tomaban todo lo que bien les parecia, con mucho placer de
-los dueños, como si todo fuera de todos, y los de los pueblos adonde
-entraban se iban á los cristianos, y les tomaban lo que les agradaba,
-creyendo que tambien se debia de usar entre nosotros en Castilla; de
-donde parece manifiesto, aunque despues se cognosció y experimentó más
-claro en diez mil partes destas Indias, cuanta era la paz, y amor, y
-liberalidad, y comunicacion benigna y fraternidad natural que, entre
-estas gentes, viviendo sin cognoscimiento del verdadero Dios, habia, y
-cuanto aparejo y dispusicion en ellos Dios habia puesto para imbuirlos
-en todas las virtudes, mayormente con la católica y cristiana doctrina,
-si los cristianos por fin principal lo tomáramos segun debiamos. Así
-que, otro dia, jueves, 14 de Marzo, pasado el rio Yaquí, con canoas
-y balsas, gente y fardaje, y los caballos por un vado hondo, aunque
-no nadando, sino fuera que viniera avenido, legua y media de allí
-llegaron á otro gran rio que llamó Rio del Oro, porque, diz que,
-hallaron ciertos granos de oro, en él, á la pasada; este rio parece
-ser, ó el que llamaban los indios Nicayagua, que está del rio Yaquí,
-el grande de atras y entra en él, obra de legua y media, pero este no
-es grande, salvo que debia de venir á la sazon, por ventura, avenido.
-Con este rio Nicayagua, que por sí es pequeño arroyo, se juntan tres
-otros arroyos; el uno Buenicún, que los cristianos, el tiempo andando,
-llamaron Rio Seco, el otro Coateniquím, el tercero Cibú, las últimas
-sílabas agudas; los cuales fueron riquísimos y del oro más fino, y
-estos fueron la principal riqueza de Cibao. Ó por ventura, era otro
-muy grande que en lengua de indios se nombraba Mao, que tambien mete
-su agua en el grande Yaquí. Este rio es muy gracioso y deleitable, y
-tuvo tambien muchas y ricas minas de oro; y más creo que fué Mao que no
-Nicayagua, considerando el camino del Puerto de los Hidalgos, por donde
-pudo á la Vega Real descender. Pasado, pues, este rio, segun cuenta
-el Almirante, con mucha dificultad, porque, cierto, debia de venir
-por las avenidas muy crecido, como algunas veces yo lo vide, allende
-ser por sí grande, fué á dar á una gran poblacion; de la cual, gran
-parte de la gente dió á huir, metiéndose en los más cercanos montes,
-como sintió los cristianos, otra parte de la gente quedó en el pueblo
-y se metian en sus casas de paja, y atravesaban con toda simplicidad
-unas cañuelas á las puertas, como si pusieran algunos carretones con
-culebrinas por las troneras de la muralla, haciendo cuenta, que, visto
-aquel impedimento de las cañuelas atravesadas, habian de cognoscer
-los cristianos que no era voluntad de los dueños que en sus casas
-entrasen, y que luego se habian de comedir á no querer entrar. ¿Qué
-mayor argumento de su inocencia y buena simplicidad? ¿qué más pudiera
-usarse en aquella edad dorada de que tantas maravillas y felicidades
-cantan los antiguos auctores, mayormente poetas? pero el Almirante,
-mandando que nadie entrase en las casas, y asegurando, en cuanto podia,
-los indios, iban perdiendo el temor y salian poco á poco á ver los
-cristianos; y porque pasando el rio Yaquí primero, grande, luego están
-sierras, debian guiar los indios que llevaba por el rio abajo, porque
-es todo llano, entre el rio y la sierra, obra de una legua, y á veces
-media, por llevar los cristianos por las poblaciones principales
-y grandes. Partió de aquella poblacion y llegó á otro hermoso rio,
-que era de tanta frescura, que le puso nombre Rio Verde; y tenia el
-suelo y ribera de unas piedras lisas guijeñas, todas redondas ó cuasi
-redondas, que lucian, y desta manera son cuasi los rios de Cibao; en
-este descansó toda la gente aquella noche. Otro dia, sábado, 15 de
-Marzo, entró por algunas poblaciones grandes, y la gente toda dellas,
-sin la que se ausentaba, ponian tambien palos atravesados á las puertas
-porque no entrase nadie, como en los pueblos pasados; llegaron aquella
-noche al pié de un gran puerto que llamó Puerto de Cibao, porque desde
-encima dél comienza la provincia de Cibao, por aquella parte, que es
-cuasi lo postrero della, porque atras, sobre la mano izquiérda, hácia
-el Mediodia, queda la mayor parte, y ellos iban la parte del rio Yaquí
-abajo, que tiraba el camino hácia el Norte ó polo Ártico; hicieron allí
-noche, porque ya la gente de pié iba fatigada. Estarian 11 leguas de la
-descendida del puerto pasado que nombró, por la parte de la subida en
-él, cuando salió de la Isabela, de los Hidalgos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCI.
-
-En el cual se tracta como el Almirante subió á la provincia de Cibao, y
-de la etimología della, segun la lengua de los indios; de su hermosura,
-puesto que es aspérrima; los admirables y graciosísimos rios que tiene;
-los pinos infinitos de que está adornada; de su sanidad, salubérrimas
-aguas y aires, y alegría; del grandor della.—De los recibimientos y
-servicios que los indios en los pueblos le hacian.—Como en un gracioso
-rio y tierra halló minas de oro y de azul, y de cobre, y de ámbar, y
-especería.—Edificó una fortaleza.—De unos nidos de aves que hallaron
-en las cavas que hicieron, de que el Almirante se admiró, de lo cual
-tomó ocasion el auctor de decir como pudieron estar sin podrirse,
-y descubre muchos secretos de naturaleza.—Colige argumento de ser
-antiguas en estas tierras estas gentes.
-
-
-Antes que subiese aquel puerto envió á hacer el camino, como mejor
-adobarse pudo, para que los caballos pasasen, y desde aquí despachó
-ciertas bestias de carga para que tornasen á traer bastimentos de la
-Isabela; porque, como la gente no podia comer áun de los bastimentos
-de la tierra, gastábase mucho pan y vino, que era lo principal, y
-dello era necesario socorrerlos. Domingo, pues, de mañana, 16 de
-Marzo, subido el puerto, de donde tornaron á gozar de la graciosísima
-vista de la vega, porque se parece desde aquel puerto mejor áun que
-del primero, de cada banda sobre 40 leguas, entraron por la tierra de
-Cibao, tierra aspérrima, de grandes y aspérrimas sierras, todas de
-piedras grandes y chicas, cuan altas son; y bien la llamaron los indios
-Cibao, de ciba, que es piedra, cuasi pedregal, ó tierra de muchas
-piedras. Sobre la piedra hay nacida una corta hierba, que áun no cubre
-las piedras, puesto que en unas partes la hay más que en otras crecida;
-tiene toda aquella provincia infinitos rios y arroyos, en todos los
-cuales se halla oro; hay en ella pocas arboledas frescas, ántes es
-sequísima, comunmente, si no es en los bajos de los rios, salvo que
-abunda de infinitos pinos, muy raros y esparcidos y altísimos, que no
-llevan piñas, por tal órden por natura compuestos, como si fueran los
-aceitunos del Ajarafe de Sevilla, es toda esta provincia sanísima, los
-aires suavísimos, y las aguas, sin comparacion, delgadas y dulcísimas.
-Dice aquí el Almirante, que sería tan grande como el reino de Portugal
-esta provincia, pero yo, que la he andado y sé harto más y mejor que
-él, digo que creo ser mayor que tanto y medio que aquel reino. En
-cada arroyo que pasaban, hallaban granos de oro chiquitos, porque
-comunmente todo el oro de Cibao es menudo, puesto que en algunas partes
-y arroyos se han hallado granos crecidos, y uno se halló de 800 pesos
-de oro, que son diez y seis libras; y porque, como arriba en el cap.
-89 se dijo, habia enviado el Almirante á Alonso de Hojeda, pocos dias
-habia, que viese aquella provincia, y la gente della estaba ya avisada
-de la venida de los cristianos, y supieron que el Guamiquina de los
-cristianos venia (Guamiquina, llamaban al señor grande), por esta
-causa, por todos los pueblos que pasaban, salian á recibir al Almirante
-y á sus cristianos con grande alegría, trayéndoles presentes de comida
-y de lo que tenian, y, en especial, de oro en grano, que habian cogido
-despues que tuvieron noticia que aquella era la causa de su venida.
-Llegó desta hecha el Almirante hasta distar de la Isabela 18 leguas;
-halló y descubrió por allí, segun él dice en una carta que escribió á
-los Reyes, muchos mineros de oro, y uno de cobre, y otro de azul fino,
-y otro de ámbar, y algunas maneras de especería; destas no sabemos que
-haya otras sino la pimienta, que llamaban los indios desta isla axí.
-El azul fué poco, y el ámbar tambien, el oro, cierto, ha sido mucho; y
-como viese que cuanto más dentro de Cibao entraba, más áspera tierra
-y dificilísima de andar, mayormente para los caballos, se le ofrecia,
-porque no se pueden encarecer las sierras y altura, y aspereza dellas,
-que Cibao tiene, deliberó de hacer por allí donde estaba una casa
-fuerte, para que los cristianos tuviesen refugio y señoreasen aquella
-tierra de las minas, y escogió un sitio alegrísimo, en un cerro, cuasi
-poco ménos que cercado de un admirable y fresquísimo rio, no muy grande
-rio; el agua dél parece destilada, el sonido de sus raudales, á los
-oidos, suavísimo, la tierra enjuta, desabahada, airosa, que puede
-causar toda alegría, llámase Xanique aqueste rio, y de donde se ha
-sacado mucho oro, pero está en medio y comarca de muchos rios ricos.
-Allí mandó edificar una casa de madera y tapias, muy bien hecha, y,
-por la parte que no la cercaba el rio, cercóla de una cava, que, para
-contra indios, la casa ó torre era fortísima; al pié del asiento de
-esta fortaleza está un llano gracioso, que los indios llaman çabana, en
-la cual, algunos años despues de despoblada, hice y tuve yo, viviendo
-en otro estado, una heredad ó labranza, y, de un pequeño arroyo que
-estaba de cara de la fortaleza y que entraba en el dicho rio Xanique,
-hice coger algun oro; este arroyuelo hace á la entrada del rio una
-isleta de muy fértil y gruesa tierra, en la cual se hicieron entónces,
-de la semilla que aquellos primeros cristianos sembraron, traida de
-Castilla, las primeras cebollas de toda esta isla Española. Puso nombre
-á esta fortaleza el Almirante, la fortaleza de Sancto Tomás, dando
-á entender que la gente, que no creia que en esta isla hobiese oro,
-despues que lo vido con los ojos y palpó con sus mesmas manos, habia
-creido, como arriba se tocó. De una cosa hobo admiracion el Almirante y
-los que con él estaban, conviene á saber, que, abriendo los cimientos
-para una fortaleza, y haciendo la cava, cavando hondo bien un estado,
-y áun rompiendo á partes alguna peña, hallaron unos nidos de paja,
-como si hobiera pocos años que allí hobieran sido puestos, y, como por
-huevos, entre ellos, habia tres ó cuatro piedras redondas, casi como
-unas naranjas, de la manera que las pudieran haber hecho para pelotas
-de lombardas. Bien podia ser que la virtud mineral hobiese convertido
-los huevos en aquellas piedras, y ellas, despues, haber crecido, y los
-huevos estuviesen dentro dellas, por la misma virtud mineral, conforme
-á lo que arriba, en el capítulo 6.º, trujimos de Alberto Magno, puesto
-que, segun se puede colegir de Alberto Magno, las piedras no crecen,
-porque no viven, pero segun otros, sí; Alberto Magno en el libro I.
-cap. 7.º _De Mineralibus_, dice tambien, que en su tiempo en la mar de
-Dácia, cerca de la ciudad lubicense, se halló un ramo grande de árbol,
-en el cual estaba un nido de picazas, y en él picazas convertidas en
-piedras, que declinaban algo á color bermejo, lo que no pudo ser,
-segun dice, sino que, con alguna tormenta, las olas derrocaron el
-árbol al tiempo que tenia el nido, y cayeron las avecillas chiquitas
-en el agua, que no pudieron volar, y despues, por virtud del lugar en
-que cayeron, fué todo convertido en piedra; cuenta más, de una fuente
-que hay en Gotia, de la cual por virtud se certifica, que todo lo que
-en ella cae lo convierte en piedra, en tanto grado, que el emperador
-Frederico envió un guante suyo, sellado con su sello, para saber la
-verdad, del cual, como estuviese la mitad en el agua, y la mitad del
-sello, algunos dias, fué convertida aquella mitad, quedando la otra
-mitad cuero, como de ántes se era; y las gotas que caen á la orilla
-de aquella fuente se hacen piedras del tamaño de la gota, y ella no
-deja de correr. Vémoslo tambien manifiestamente, dice Alberto, en las
-altas sierras que perpétuamente tienen nieve, lo cual no podria ser
-sino por virtud mineral que abunda en aquellos lugares ó sierras; y
-Aristóteles en el libro _De Mineralibus_ dice, que algunas hierbas y
-plantas, y algunos animales tambien, se convierten en piedras por la
-virtud mineral, que tiene tal fuerza y virtud lapidificativa, conviene
-á saber, de convertir aquellas cosas en piedras, y esto dice que acaece
-en los lugares pedregosos; y como aquella provincia de Cibao fuese
-tan pedregosa, y tuviese y tenga tanta virtud mineral, fácil cosa
-era, segun natura, convertir los huevos de aquellos nidos en aquellas
-piedras, y despues, como dije, hacerse más grandes, si fuese verdad
-que viviesen, ó que las piedras los abrazasen y concluyesen dentro de
-sí, y esto parece lo más cierto, por lo que luego se dirá. La razon de
-engendrarse las piedras es esta: que como las concavidades, que las
-sierras ó montes tienen, sean naturalmente receptivas ó dispuestas
-para recibir en sí las aguas, como parece que de las sierras ó montes
-altos vemos salir fuentes y exprimir ó producir arroyos, ó caños de
-agua, y el agua cause ó haga lodo de la tierra, mayormente cuando la
-tierra es gruesa en sí é pegajosa como el barro, por tanto, deste lodo
-jugoso, y grueso, y pegajoso, y del calor ó vapor del lugar caliente
-que de su naturaleza es congregativo y conservativo del calor, ó que
-aquel calor se engendre por el movimiento de los vapores de la tierra,
-ó se engendre de los rayos del sol, destas dos cosas del lodo grueso
-y pegajoso, y del dicho vapor, son engendradas las piedras; y porque
-desto abundan los montes altos ó altas sierras, por eso en ellas se
-hallan grandes y muchas piedras, lo cual, cierto, se verifica bien en
-las sierras de Cibao. Esto es de Alberto Magno, en el cap. 5.º del
-tercero tratado «De las propiedades de los elementos.» Y dice más, que
-la señal y argumento de lo dicho es, que algunos miembros ó partes de
-animales de agua, como son pescados, y algunos instrumentos de navíos,
-así como timon ó gobernario, se han hallado dentro de algunas peñas,
-en lo hueco ó entrañas de algunas sierras ó montes, los cuales, sin
-duda, dice él, el agua con el lodo grueso y pegajoso allí los puso, y,
-por la frialdad y sequedad de la tal piedra ó peña, fueron conservadas
-aquellas cosas que no se pudriesen ó corrompiesen; y así pudieron estar
-dentro de las piedras los huevos, y si advirtiera el Almirante en esto
-y las hiciera quebrar, quizá se halláran dentro. A lo cual ayuda lo
-que el filósofo trae en el libro _De propietatibus elementorum_, que
-un filósofo, haciendo un pozo en su casa, llegando cavando al barro
-muy duro, y ahondando por él, halló un timon ó gobernario de una nao
-grande, como si allí se hobiera nacido, sobre lo cual dice Alberto,
-que aquello pudo acaecer, ó porque allí lo pusieron siendo entónces
-suelo aquel lugar ó la superficie de tierra, y despues, por tiempos,
-por causa de terremotos, ó por otra causa, echarse ó caer sobre aquel
-suelo mucha tierra, y, por la frialdad della, haber sido allí sin
-corromperse conservado, ó que antiguamente hobiese sido aquello mar, y
-por alguna causa accidental haberse desviado de allí la mar y quedar
-el lugar seco; y testifica él, que en Colonia vido cavar grandísimos
-hoyos, y, en lo más hondo dellos, hallarse paramentos con figuras
-de gran artificio y hermosura, de los cuales, ninguna duda hay que
-antiguamente los hobiesen puesto allí hombres, sino que despues, con
-los tiempos, caerse los edificios y sobrevenir mucha tierra, y así,
-lo que solia ser la superficie del suelo parecer y estar en hondura
-profunda. Por esta razon no son imposibles muchas cosas que se cuentan,
-puesto que, á los que no leen y saben estos principios, lo parecen;
-como lo que cuenta Fulgoso en el libro I de sus _Coletáneas_, que en el
-año de 1072, en los montes ó sierras de Suiza, léjos de la mar, cavando
-bien hondo, más de cient brazas, en unas minas de metales hallaron un
-navío enterrado con masteles y anclas de hierro, y, dentro del navío,
-los huesos de 40 hombres; algunos de los que lo vieron, diz que, decian
-que debia de quedar allí aquel navío desde el Diluvio, pero yo no lo
-creo, porque áun no se tenia tanta experiencia de navegar en la Edad
-del mundo primera. Otros afirmaban, que, anegado el navío, por las
-concavidades de la tierra la mar lo debió llevar allí, é despues, por
-discurso de luengos tiempos, crecer la tierra, desviándose el agua, y
-así quedar seca aquella comarca; y esto parece llegarse á lo susodicho
-y tener más color de verdad. Otros cuentan haberse hallado en una
-piedra de mármol una piedra preciosa, diamante, labrada y polida, y en
-otra, un sapo vivo; todo lo cual se debe reducir á la manera susodicha,
-y puede ser todo posible y certísimo. Yo he visto en las mismas minas
-de Cibao, á estado y dos estados en hondo de tierra vírgen, en llanos,
-al pié de algunos cerros, haber carbones y ceniza, como si hobiera
-pocos dias que se hobiera hecho allí fuego, y por la misma razon hemos
-de concluir que, en otros tiempos, iba por allí cerca el rio, y en
-aquel lugar hicieron fuego, y despues, apartándose más el agua del rio,
-amontonóse la tierra sobre él que con las lluvias descendia del cerro,
-y porque esto no pudo ser sino por gran discurso de años y antiquísimo
-tiempo, por eso es grande argumento que las gentes destas islas y
-tierra firme son antiquísimas. Tornando al propósito de los nidos, que
-en la cava de la fortaleza de Sancto Tomás halló el Almirante, queda
-bien averiguado, por los ejemplos naturales y razonables susodichos,
-que pudieron conservarse y no corromperse, aunque de paja eran, por la
-frialdad y sequedad de las piedras ó de la tierra. Dejó por Capitan y
-Alcaide á un caballero aragonés, y Comendador, que se llamaba D. Pedro
-Margarite, persona de mucha estima, y con él 52 hombres; despues envió
-más, y estuvieron hasta 300, entre oficiales, para que la fortaleza
-se acabase, y otros que la defendiesen. Y, dejada su instruccion y lo
-demas ordenado, tornó á tomar el camino para la Isabela, con intincion
-de se despachar lo más presto que pudiese para ir á descubrir, como
-se dirá; por lo cual, viérnes, 21 de Marzo, se partió, y en el camino
-halló la recua, que volvia con los bastimentos por qué habia enviado,
-la cual envió á la fortaleza, y porque los rios venian muy grandes con
-las avenidas, porque llovia mucho en las sierras, hobo de andar por los
-pueblos más despacio de lo que quisiera, y comenzó á comer la gente del
-caçabí, ó pan y ajes, y de los otros mantenimientos de los indios, que
-los indios les daban de muy buena voluntad, y mandábales dar por ellos
-de las contezuelas y otras cosillas de poco valor, que llevaba.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCII.
-
-En el cual se tracta como halló el Almirante la gente cristiana muy
-enferma, y muerta mucha della.—Como por hacer molinos y aceñas
-compelió á trabajar la gente, y por la tasa de los mantenimientos,
-que ya muy pocos habia, comenzó á ser aborrecido, y fué principio de
-ir siempre su estado descreciendo y áun no habiendo crecido.—De los
-que mucho daño le hicieron fué fray Buil, el legado que arriba se
-dijo.—Persuádese no tener hasta entónces el Almirante culpas por qué
-lo mereciese.—Dícense muchas angustias que allí los cristianos, de
-hambre, padecieron, y como morian cuasi desesperados.—De cierta vision
-que se publicó que algunos vieron.—Como vino mensajero de la fortaleza
-que un gran señor venia á cercarla.—De lo que el Almirante por remedio
-hizo.
-
-
-Sábado, 29 dias de Marzo, llegó el Almirante á la Isabela, donde halló
-toda la gente muy fatigada, porque, de muertos ó enfermos, pocos
-se escapaban, y los que del todo estaban sanos, al ménos estaban,
-de la poca comida, flacos, y cada hora temian venir al estado de
-los otros; y que no vinieran, sólo el dolor y compasion que habian
-en ver la mayor parte de todos en tan extrema necesidad y angustia
-era cosa triste, llorosa é incurable. Tantos más caian enfermos y
-morian, cuanto los mantenimientos eran ménos, y las raciones dellos
-más delgadas; estas se adelgazaban más de dia en dia, porque, cuando
-los desembarcaron, se hallaron muchos dañados y podridos; la culpa
-desto cargaba el Almirante, ó mucha parte della, á la negligencia ó
-descuido de los Capitanes de los navíos. Tambien los que restaron,
-con la mucha humedad y calor de la tierra, ménos que en Castilla sin
-corrupcion se detenian, y porque ya se acababa el bizcocho, y no
-tenian harina sino trigo, acordó hacer una presa en el rio grande de
-la Isabela para una aceña, y algunos molinos, y dentro de una buena
-legua no se hallaba lugar conveniente para ellos; y, porque de la
-gente de trabajo y los oficiales mecánicos, los más estaban enfermos y
-flacos, y hambrientos, y podian poco, por faltarles las fuerzas, era
-necesario que tambien ayudasen los hidalgos y gente del Palacio, ó
-de capa prieta, que tambien hambre y miseria padecia, y á los unos y
-á los otros se les hacia á par de muerte ir á trabajar con sus manos,
-en especial no comiendo; fuéle, pues, necesario al Almirante añadir
-al mando violencia, y, á poder de graves penas, constreñir á los unos
-y á los otros para que las semejantes obras públicas se hiciesen. De
-aquí no podia proceder sino que de todos, chicos y grandes, fuese
-aborrecido, de donde hobo principio y orígen ser infamado, ante los
-Reyes y en toda España, de cruel y de odioso á los españoles, y de
-toda gobernacion indigno, y que siempre fuese descreciendo, ni tuviese
-un dia de consuelo en toda la vida, y, finalmente, desta semilla se
-le originó su caida; por esta causa debió de indignarse contra él
-aquel padre, que, diz que, venia por legado, fray Buil, de la órden
-de Sant Benito, ó porque, como hombre perlado y libre, le reprendia
-los castigos que en los hombres hacia, ó porque apretaba más la mano,
-el Almirante en el repartir de las raciones de los bastimentos, que
-debiera, segun al padre fray Buil parecia, ó porque á él y á sus
-criados no daba mayores raciones como se las pedian. Y como ya fuese
-á todos ó á los más, por las causas susodichas, odioso, en especial
-al contador Bernal de Pisa, y así debia ser á los otros oficiales y
-caballeros, que más auctoridad en sí mismos presumian que tenian, á
-todos los cuales, sobre todo, creo yo que desplacia la tasa de los
-bastimentos, como parece por las disculpas que el Almirante á los
-Reyes por sus cartas de sí traia, que como muchos le importunaron en
-Castilla que los trajese consigo, y ellos trajesen más criados de los
-que podian mantener, no dándoles las raciones tantas ó tan largas como
-las quisieran, consiguiente cosa era, que los habia en ello, quien
-habia de cumplir con tantos, de desabrir. Allegábase otra calidad que
-hacia más desfavorable su partido, conviene á saber, ser extranjero y
-no tener en Castilla favor, por lo cual, de los españoles, mayormente
-de la gente de calidad, que en sí son altivos, como no le amasen, era
-en poco estimado; así que todo esto, junto con el descontento del padre
-fray Buil, hobo de hacer harto efecto para dañarle, y dende adelante
-su favor fuese disminuido. Y verdaderamente, yo, considerando lo que
-desto por mí sé, y á lo que á otros de aquellos tiempos he oido, y de
-propósito algo inquirido, y lo que la razon que juzguemos nos dicta,
-yo no sé qué culpas en tan poco tiempo (porque no habian pasado sino
-tres meses, y con tantas dificultades y necesidad involuntaria, y que
-sólo el tiempo y la novedad del negocio y de las tierras ofrecia), el
-Almirante, contra los españoles que consigo trujo, por entónces hobiese
-cometido, para que tanta infamia y desloor con razon incurriese, sino
-que fué guiado por oculto divino juicio. Tornando á la infelicidad de
-los cristianos que allí estaban, como fuese creciendo de dia en dia
-y de hora en hora, y disminuyéndoseles todo el socorro y refrigerio,
-no sólo de los manjares que para enfermos y de graves enfermedades
-se requerian, porque acaecia purgarse cinco con un huevo de gallina
-y con una caldera de cocidos garbanzos, pero los necesarios para no
-morir aunque estuvieran sanos, y lo mismo de cura y medicinas, puesto
-que algunas habia traido, pero no tantas ni tales que hobiese para
-tantos, ni conviniesen á todas complisiones, sobrevenia la carencia de
-quien los sirviese, porque ellos mesmos se habian de guisar la comida,
-ya que alguna tuviesen, aunque, por falta de la cual, era este su
-menor cuidado, y, finalmente, á sí mismos habian de hacer cualquiera
-necesario servicio. Y lo que en estos dias, en aquella gente, mas
-llorosa y digna de toda compasion hacia su desastrada suerte, fué,
-que como se veian, distantísimos de todo remedio y consuelo, morir,
-principalmente de hambre y sin quien les diese un jarro de agua, y
-cargados de muy penosas dolencias, que más, cierto, la hambre y falta
-de refrigerio para enfermos, les causó allí, é siempre (como se dirá
-placiendo á Dios), á los que han muerto y enfermado en todas estas
-Indias se les ha causado; así que, con todo género de adversidad
-afligidos, y que muchos dellos eran nobles y criados en regalos, y que
-no se habian visto en angustias semejantes, y, por ventura, que no
-habia pasado por ellos en toda su vida un dia malo, por lo cual, la
-menor de las penas que padecian, les era intolerable, morian muchos
-con grande impaciencia, y á lo que se teme totalmente desperados. Por
-esta causa, muchos tiempos, en esta isla Española, se tuvo por muchos
-ser cosa averiguada, no osar, sin gran temor y peligro, pasar alguno
-por la Isabela, despues de despoblada, porque se publicaba ver y oir de
-noche y de dia, los que por allí pasaban ó tenian que hacer, así como
-los que iban á montear puercos (que por allí despues hobo muchos), y
-otros que cerca de allí en el campo moraban, muchas voces temerosas
-de horrible espanto, por las cuales no osaban tornar por allí. Díjose
-tambien públicamente y entre la gente comun, al ménos, se platicaba
-y afirmaba, que una vez, yendo de dia un hombre ó dos por aquellos
-edificios de la Isabela, en una calle aparecieron dos rengleras, á
-manera de dos coros de hombres, que parecian todos como de gente noble
-y del Palacio, bien vestidos, ceñidas sus espadas, y rebozados con
-tocas de camino, de las que entónces en España se usaban, y estando
-admirados aquel ó aquellos, á quien esta vision parecia, como habian
-venido allí á aportar gente tan nueva y ataviada, sin haberse sabido en
-esta isla dellos nada, saludándolos y preguntándoles cuando y de donde
-venian, respondieron callando, solamente, echando mano á los sombreros
-para los resaludar, quitaron juntamente con los sombreros las cabezas
-de sus cuerpos, quedando descabezados, y luego desaparecieron; de la
-cual vision y turbacion quedaron los que los vieron cuasi muertos,
-y por muchos dias penados y asombrados. Tornando á tomar donde la
-historia dejamos, estando en estos principios de sus tribulaciones y
-angustias el Almirante, vínole un mensajero de la fortaleza de Sancto
-Tomás, enviado por el capitan Mosen Pedro Margarite, avisándoles como
-todos los indios de la tierra se huian y desamparaban sus pueblos, y
-que un señor de cierta provincia, que se llamaba Caonabo, se apercibia
-para venir sobre la fortaleza y matar los cristianos. Oidas estas
-nuevas por el Almirante, acordó enviar 70 hombres de los más sanos,
-y la recua cargada de bastimentos y armas, y otras cosas necesarias;
-los 25 para guarda de la recua, y los restantes para engrosar los que
-la fortaleza guardaban, y, de camino, hiciesen camino por otra parte,
-porque por el que habian comenzado á ir era muy áspero. Junto con esto
-deliberó enviar toda la gente que no estaba enferma, y la que podia
-andar, aunque no del todo muy sana, dejando solamente los oficiales
-mecánicos, y dióles por Capitan á Alonso de Hojeda, para que los
-llevase hasta la fortaleza de Sancto Tomás, y los entregase al dicho
-Mosen Pedro Margarite, para que con ella anduviesen por la tierra y la
-allanasen, mostrando las fuerzas y poder de los cristianos para que los
-indios temiesen y comenzasen á enseñarse á obedecerlos, mayormente por
-la Vega Real, donde, dice el Almirante, que habia innumerables gentes,
-y muchos Reyes y señores (y así era gran verdad, como se dijo en el
-cap. 90), y así tambien andando, se hiciesen los cristianos á comer de
-los mantenimientos de la tierra, pues ya todos los de Castilla se iban
-acabando, pero el Hojeda quedase por Alcaide de la dicha fortaleza.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCIII.
-
-En el cual se tracta como Alonso de Hojeda salió de la Isabela con 400
-hombres, para poner miedo á la gente de la tierra y sojuzgarla.—Como
-en llegando á un pueblo, pasado el Rio del Oro, prendió á un
-Cacique y señor, y á su hermano y sobrino por una cosa que hizo un
-indio.—Como cortó las orejas á un vasallo del mismo Cacique en su
-presencia.—Como condenó á muerte á los mismos, Cacique, hermano y
-sobrino.—Dánse razones como ya tenian los indios justa guerra contra
-los cristianos.—Cuán culpable fué deste hecho el Almirante, y cuan al
-revés entró y comenzó en estas tierras del camino de la ley evangélica,
-etc.
-
-
-Miércoles, 9 de Abril del mismo año de 1494, salió de la Isabela Alonso
-de Hojeda con la gente, que pasarian de 400 hombres, y, en llegando
-que llegó, al rio, y pasado de la otra parte, que el Almirante habia
-puesto Rio del Oro, que arriba digimos ser Mao, á lo que conjeturamos,
-porque sabemos muy bien aquella tierra, y cuantos y cuales rios tiene,
-y como se llamaban en lengua de indios, como, placiendo á Dios, abajo
-se nombrarán, prendió Hojeda al Cacique y señor del pueblo que allí
-estaba, y á un hermano y sobrino suyo, y presos, en cadenas, los
-envió á la Isabela, al Almirante; hizo más, que á un indio ó vasallo
-del dicho Cacique y señor, mandó cortar las orejas en medio de la
-plaza de su pueblo; la causa de hacer esta obra, diz que, fué porque
-viniendo tres cristianos de la dicha fortaleza para la Isabela, el
-dicho Cacique les dió cinco indios que les pasasen la ropa por el
-vado, y al medio del rio los dejaron, y volviéronse con ella á su
-pueblo, y, diz que, el Cacique no los castigó por ello, ántes la ropa
-se tomó para sí. Estaba otro pueblo destotra parte del rio, y el
-Cacique y señor dél, como vido que llevaban presos á aquel señor, su
-vecino, y á su hermano y á su sobrino, quísose ir con ellos á rogar
-al Almirante que no los hiciese mal, confiando que habia hecho muy
-buenas obras cuando el Almirante pasó, y ántes cuando Hojeda tambien,
-y que el Almirante recebiria sus ruegos. Llegados los presos á la
-Isabela, y él con ellos, mandó el Almirante que los presos llevasen á
-la plaza, y con voz de pregonero, les cortasen las cabezas; ¡hermosa
-justicia y sentencia, para comenzar en gente tan nueva á ser amados
-los cristianos, para traerlos al cognoscimiento de Dios, prender y
-atar á un Rey y señor en su mismo señorío y tierra, y, pared por medio
-della, condenarlos á muerte y á su hermano y sobrino, por una cosa
-en que, quizá, ninguna culpa tuvieron, y ya que la tuviesen, siendo
-tan leve, y habiendo de preceder mil comedimientos y justificaciones
-primero! Tambien ¿como se pudo averiguar, prendiéndolos luego como
-Hojeda llegó, y no sabiendo cosa ninguna de la lengua, que el Cacique
-tuviese la culpa, y su hermano y su sobrino que no fuesen inocentes?
-lo mismo fué gentil ejecucion de justicia, la cual hizo en presencia
-del mismo Cacique, y en su pueblo y señorío, cortando las orejas al
-vasallo ajeno, Hojeda; ¡buenas nuevas cundirian de la mansedumbre y
-bondad de los cristianos por toda la tierra! Así que, como vido el otro
-Cacique que llevaban al señor, su vecino, y quizá su padre, ó hermano y
-pariente, á la muerte, con muchas lágrimas rogaba al Almirante que no
-lo hiciese, prometiendo por señas, en cuanto él podia dar á entender,
-que nunca más otro tanto se haria; condescendió el Almirante á sus
-ruegos y alcanzólos la vida. En esto llegó uno de caballo que venia
-de la fortaleza, y dió nueva, como pasando por el pueblo del Cacique
-preso, sus vasallos tenian en mucho aprieto cercados, para matar, á
-cinco cristianos, y él con su caballo los descercó y le huyeron más
-de 400 indios, fué tras ellos é hirió algunos, é yo no dudo sino que
-habria otros muertos. Tambien se derramaría por toda la tierra buen
-rumor y buena fama de los cristianos, que un poco ántes estimaban haber
-descendido del cielo. Esta fué la primera injusticia, con presuncion
-vana y errónea de hacer justicia, que se cometió en estas Indias contra
-los indios, y el comienzo del derramamiento de sangre, que despues tan
-copioso fué en esta isla, como abajo parecerá, placiendo á Dios, y
-despues desta en todas las otras infinitas partes dellas. Ya, desde
-este dia, ninguna duda se puede tener por hombre que tenga buen seso,
-sino que aquel Cacique y su pueblo tenia justo título y derecho para
-contra los cristianos mover y sostener justa guerra, y este derecho
-comenzaban los indios de aquel pueblo justamente contra los cinco
-cristianos á ejercer; pues veian que les habian llevado su Rey é señor
-á la Isabela, preso, quisieron, por ventura, prenderlos, porque, por
-haberlos el Almirante, creian ser en su señor restituidos. ¿Qué título,
-ó qué derecho, ó qué razones tan necesarias que los convenciese, los
-podia haber dado el Almirante cuando llegó á su pueblo, en obra de dos
-ó tres horas que estuvo en él, mayormente los unos ni los otros no se
-entendiendo, para que no creyese el Cacique que le hacia muy buena
-obra en dejarle pasar por su tierra, y hacelle, como le hizo, buen
-recibimiento, entrando en ella sin pedirle licencia, mayormente siendo
-los cristianos gente tan nueva y de su vista primera feroz, y entrando
-en modo de armado ejército, y con caballos, animales tan fieros, que en
-viéndolos les tiemblan las carnes, creyendo que los habian de sorber?
-lo cual, en la verdad, injuria que se les hizo fué, y no hay gente hoy
-en el mundo ni la hobo en tónces que por injuria no lo tuviera, y, de
-_jure gentium_, resistir y vengar ó castigar por derecho natural no lo
-pudiera ó debiera. ¿Y qué, no se estimaría tambien por superior suyo
-y de los cristianos que traia, y á quién habia de ocurrir Hojeda que
-le hiciera justicia del indio que, del medio del rio, con la ropa de
-los cristianos, afirmaba que se les habia vuelto, y no hacerse juez
-supremo en tierra y jurisdiccion ajena, y, lo peor y gravísimo que es,
-prender al mismo señor y Rey, y estando seguro y pacífico, y en su
-señorío y jurisdiccion, casa y tierra, que fué hacer más atroz y feo
-el crímen, echarle en cadenas? La razon clara lo muestra, que no se
-habia de entrar tan de rondon ni como en su casa en estas tierras, ni
-en forma de guerra, y que no habia de salir el Almirante tan presto de
-la Isabela, sin primero enviar sus mensajeros por toda la tierra, dando
-cuenta de su venida á todos los Reyes y señores della, notificándoles
-venir por su bien, convidándolos á que viniesen á verlo, y que para
-los ir á ver le diesen licencia, enviándoles dádivas, como áun trajo
-en la instruccion y mandado que le dieron los Reyes, y hacer todos
-cuantos comedimientos, y tomar todos cuantos medios de paz, y amor, y
-dulzura, y para evitar escándalo y turbacion de los pusilos inocentes,
-nos enseña y manda la suave ley evangélica, cuyo ministro y mensajero
-él era; pero luego entrar poniendo temores y mostrar potencia, y en
-forma de guerra, y violar la jurisdiccion y preeminencia que de ley
-natural no era suya, sino ajena, paréceme á mí que no fué entrar por
-la puerta. No parece, cierto, esta primera entrada, que fué otra sino
-como si nó de los hombres, salvo de bestias fieras, estuvieran pobladas
-estas tierras; y, verdaderamente, yo no osaria culpar la intincion
-del Almirante, por lo mucho que dél conocí, porque, cierto, siempre
-la juzgué por buena, pero, como digimos en el cap. 41, el camino que
-llevó, y muchas cosas que hizo, dellas, creyendo que acertaba, de su
-voluntad, dellas, constreñido por las angustias que le sucedieron,
-como, placiendo á Dios, diremos, fué por error grandísimo que tuvo
-cerca del derecho. Es aquí mucho de considerar, para que se vea mejor
-el principio que siempre llevó este negocio de las Indias, que, como ha
-parecido en los capítulos precedentes, el Almirante y sus cristianos,
-y despues todos cuantos en todas estas tierras y reinos entraron y
-anduvieron, lo primero que trabajaron siempre, como cosa estimada
-dellos por principal y necesaria para conseguir sus intentos, fué
-arraigar y entrañar en los corazones de todas estas gentes su temor
-y miedo, de tal manera que, en oyendo cristianos, las carnes les
-extremeciesen; para lo cual, efectuar hicieron cosas hazañosas, nunca
-otras tales, ni tantas, vistas ni oidas, ni áun pensadas ni soñadas,
-como, Dios queriendo, se verá. Obra muy manifiesta ser contraria y
-enemiga de la por donde han de comenzar su camino, y su entrada, y
-su negociacion para inducir los infieles á que vengan á la fe, los
-que profesan la verdad y la benignidad, la suavidad y mansedumbre
-cristiana.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCIV.
-
- En el cual se tracta como el Almirante determinó de ir á descubrir,
- como los Reyes le habían mucho encargado, cuando volvió el segundo
- viaje.—Como constituyó un Presidente y un Consejo para el regimiento
- desta isla.—Como partió de la Isabela y llegó á Cuba, por la parte
- del Sur.—Llegó á surgir á un puerto.—Vinieron á los navíos muchos
- indios á traer á los cristianos de lo que tenian, estimando que habian
- venido del cielo.—Como desde allí descubrió la isla de Jamáica;
- púsole nombre Santiago.—Salieron muchas canoas de indios, con
- alegría, para los navíos.—En un puerto salieron de guerra, queriendo
- impedir á los cristianos la entrada.—Como lo hacian con razon y
- justicia.—Como los cristianos asaetearon á ciertos indios, y cuan mal
- hecho fué, y como no se habian de ganar por esta via.—Como no se han
- de hacer males por algun fin bueno, aunque salgan dellos bienes.
-
-
-Porque, como el rey de Portugal vido descubiertas estas Indias, y
-hallarse burlado de no haber aceptado la empresa que la fortuna le
-habia ofrecido y puesto en sus manos, alegaba que este orbe caia debajo
-de su demarcacion y division que la Iglesia, los tiempos pasados,
-hecho habia, entre los reyes de Castilla y Portugal (no se cual ella
-entónces pudo ser, no teniendo de cosa, que por este mar Océano
-hobiese, noticia, más de Guinea), por lo cual pretendia mover pleito,
-y áun tenia una armada aparejada para venir acá, como arriba se dijo;
-por esta causa, el Rey é la Reina, al tiempo que este segundo viaje
-de los 17 navíos para poblar despacharon, al Almirante le mandaron
-y encargaron muy mucho, que lo más presto que pudiese trabajase de
-se despachar para ir á descubrir, mayormente á la isla de Cuba, que
-hasta entónces fué estimada por tierra firme, y descubriese cuanta
-más tierra firme ó islas pudiese, porque el rey de Portugal fuese en
-tiempo y posesion, y en derecho por consiguiente, prevenido, mayormente
-habiendo ya concedido la Sede Apostólica en especie todo este orbe de
-las Indias, y puesto límites y demarcacion, ó distribuido este mundo de
-por acá, entre ambos reyes de Portugal y de Castilla, segun que arriba
-queda en el capítulo 79 escrito. Así que, por cumplir el mando de Sus
-Altezas, y ejercitar el apetito é inclinacion que Dios le habia dado, y
-para lo que le habia escogido, determinó el Almirante de se despachar
-para descubrir, y para dejar la gobernacion de los Españoles ordenada,
-y lo demas que tocaba á los indios desta isla, segun la estima y
-opinion que dellos, para sujetarlos, tenia. Instituyó un Consejo de
-las personas que de mayor prudencia, y ser, y auctoridad le pareció,
-entre las cuales puso á su hermano, D. Diego Colon, por Presidente.
-Las personas fueron, el dicho padre fray Buil, que se dijo tener poder
-del Papa, como su legado, y Pero Hernandez Coronel, Alguacil mayor,
-y Alonso Sanchez de Carabajal, Regidor de Baza, y Juan de Luxan,
-de los caballeros de Madrid, criado de la Casa real; á estos cinco
-encomendó toda la gobernacion, y á Mosen Pedro Margarite, que con la
-gente que tenia, que eran, como dije, 400 hombres, anduviese y hollase
-y sojuzgase toda la isla, dando á todos sus instrucciones, segun que
-por entónces le pareció que, para el servicio de Dios y de Sus Altezas
-(como él dice, hablando dello), convenia; el cual, con un navío ó nao
-grande y dos carabelas, todos los tres bien aparejados, dejando los
-dos en el puerto para las necesidades que se ofreciesen, partió, en
-nombre de la Sancta Trinidad, dice él, jueves, 24 de Abril del mismo
-año de 1494, despues de comer, la vía del Poniente, y fué al puerto de
-_Monte-Christi_ á surgir. Otro dia fué al puerto de la Navidad, donde
-dejó los 39 cristianos, tierra del rey Guacanagarí, que tanta humanidad
-y buen acogimiento y caridad en el primer viaje, señaladamente en la
-pérdida de la nao, le hizo; el cual, con miedo, porque quizá no le
-viniese á hacer mal por la muerte de los cristianos, de que no tuvo
-culpa, como se dijo arriba, se escondió, puesto que preguntando por
-él el Almirante á los indios, sus vasallos, que luego á los navíos
-en sus canoas vinieron, fingieron que habia ido cierto camino, y que
-luego vernia. Finalmente, no curó de más esperar sino alzó sus velas
-el sábado; fué seis leguas de allí á la isla de la Tortuga, en par
-de la cual estuvo con calma y mucha mar, que venia del Oriente, y las
-corrientes, por el contrario, venian del Occidente, por lo cual toda
-la noche estuvo en harto trabajo. El domingo, con viento contrario,
-que creo que era Norueste, y con las corrientes que le venian por la
-proa, del Occidente, fué forzado tornar á surgir atras en el rio que
-en el viaje primero llamó Guadalquivir, de que arriba digimos; llegó
-al fin al puerto de Sant Nicolás, martes, 29 dias de Abril. De allí
-vido la punta ó cabo de Cuba, que él llamó el primer viaje, cuando la
-descubrió, _Alpha et Omega_, y agora se llama la Punta de Bayatiquirí,
-en lengua de los indios; atravesó por aquel golfo, entre Cuba y esta
-Española, que es de 18 leguas de punta á punta ó de cabo á cabo, y
-comienza á costear la isla de Cuba por la parte del Sur ó Austro.
-Vido luego una gran bahía y puerto grande, y así lo nombró Puerto
-Grande, cuya entrada era muy honda; ternia de boca 150 pasos. Surgió
-allí, donde los indios vinieron con canoas á los navios y trajeron
-mucho pescado, y de aquellos conejos de la isla, que llamamos arriba,
-capítulo 46, guaminiquinajes. Tornó á alzar sus velas, domingo, 1.º de
-Mayo, y fué costeando la isla, y vía, cada hora, maravillosos puertos,
-cuales los tiene, cierto, aquella isla; vian montañas muy altas y
-algunos rios que salian á la mar, y, porque iba muy cerca de tierra,
-eran sin número los indios de la isla que venian con sus canoas á los
-navíos, creyendo que habian descendido del cielo, trayéndoles del pan
-caçabí suyo, y agua, y pescado, y de lo que tenian, ofreciéndoselo á
-los cristianos con tanta alegría y regocijo, sin pedir cosa por ello,
-como si por cada cosa hobieran de salvar las ánimas, puesto que el
-Almirante mandaba que todo se lo pagasen dándoles cuentas de vidro, y
-cascabeles, y otras cosas de poco valor, de lo cual iban contentísimos,
-pensando que llevaban cosas del cielo. Y porque los indios que llevaba
-el Almirante consigo (que era, á lo que yo creo, un Diego Colon, de los
-que el viaje primero habia tomado en la isla de Guanahaní y lo habia
-llevado á Castilla y vuelto, el cual, despues vivió en esta isla muchos
-años conversando con nosotros), hacian mucho caso señalando hácia la
-parte donde estaba la isla Jamáica, afirmando que habia mucho oro, (y
-creo, cierto, que es la que llamaban el viaje primero Baneque, que
-tantas veces la nombraban, puesto que no veo que aquí el Almirante haga
-mencion de Baneque), así que, acordó el Almirante dar una vuelta hácia
-el Sueste, tomando parte del Sur, sábado, 13 de Mayo, y el domingo,
-luego, la vido, y el lúnes llegó á ella y surgió, aunque no en puerto.
-Desque la vido, dice el Almirante, que le pareció la más hermosa y
-graciosa de cuantas hasta entónces habia descubierto; eran sin número
-las canoas grandes y chicas que venian á los navíos. El lúnes procuró
-de buscar puerto, yendo la costa abajo, y, como enviase las barcas
-para que sondasen (esto es, echar la plomada para ver cuantas brazas
-tiene el fondo), las entradas de los puertos, salieron muchas canoas
-llenas de gente armada para les defender la tierra, y que en ella no
-saltasen; como gente prudente, que, de ley natural, puede defender
-su tierra de cualquiera gente no conocida, hasta ver quién es ó qué
-es lo que pretende, porque cada una república ó persona particular
-puede temer y proveer en el daño que le puede venir, de gente nueva
-ó personas que no conoce, como Josepho, con razon pudo decir á sus
-hermanos, como á gente de otro reino, extraña y fingiendo que no la
-conocia, «vosotros espías debeis de ser deste reino de Egipto para
-ver lo mas flaco dél, etc.,» como parece en el Génesis, cap. 42. Por
-esta razon se hicieron leyes por los Emperadores, que los romanos no
-fuesen osados, aunque fuese con títulos de llevar mercaduría, de ir á
-tierra de persas con quien no tenian paz ni que hacer, y la razon de
-la ley asignase en ella: «porque no parezca ó se diga que los romanos
-son espías ó especuladores de los reinos extraños.» Así lo dice la ley
-_Mercatores_, capítulo _De mercatoribus_. Así que, visto por los que
-iban en las barcas que los indios venian denodados para los impedir
-que no saltasen en tierra, y con armas, tornáronse á los navíos en su
-paz. De allí fué á otro puerto, el cual nombró Puerto Bueno, y como
-saliesen asimismo los indios con sus armas á resistir la entrada á los
-de las barcas, diz que, porque, mostrando temor los cristianos, sería
-causa que tuviesen mayor atrevimiento, acordaron de darles tal refriega
-de saetadas con las ballestas, que, habiéndoles herido seis ó siete
-(y Dios sabe cuantos más serian los heridos y muertos), que tuvieron
-por bien de cesar de la resistencia, y vinieron de las comarcas gran
-número de canoas llenas de indios á los navíos, pacíficos y humildes.
-Este fué otro yerro no chico; cierto, mejor fuera por otras vías
-darles á entender como no iban á hacerles mal ni daño, ó por señas,
-ó enviándoles de los indios que en los navíos llevaban, como muchas
-veces se aseguraron en muchos lugares de Cuba y desta isla Española y
-de las de los lucayos, en el primer viaje, como en diversos capítulos
-arriba ha parecido, que no matar ni herir, ni quebrar por ninguna
-manera con ellos; y cuando no pudieran por todas vías, eran obligados
-á irse á otra parte y dejarlos, porque los indios tenian justo título
-y justicia para defender su tierra de toda gente, y nunca se ha de
-hacer mal alguno, por chico que sea, por fin que del hayan de salir
-cuan grandes bienes los hombres pretendieren, cuanto más, que ya se
-tenia larga experiencia de la bondad y pacabilidad de los indios, cuan
-fáciles eran de aplacar y contentar, dándoles razon ó señales de que no
-venian á hacerles algun perjuicio, aunque al principio se ponian, de
-puro miedo, en resistir la entrada. Traian aquí de sus bastimentos y de
-lo que tenian, y lo daban á los cristianos por cualquiera cosa que les
-daban; en este se adobó el navío del Almirante de un agua que hacia por
-la quilla. Era este puerto de la forma de una herradura; puso nombre
-á esta isla de Jamáica, el Almirante, Santiago. Viernes, 9 de Mayo,
-tornó á salir deste puerto, yendo la costa de Jamáica abajo, la vía del
-Poniente, yendo tan junto con la costa, que muchas canoas iban con los
-navíos dando de sus cosas y recibiendo de las nuestras, con toda paz y
-alegría.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCV.
-
- En el cual se cuenta como el Almirante dejó á Jamáica y tornó sobre la
- isla de Cuba.—De un indio, que, dejados sus parientes, llamando, se
- quiso ir con los cristianos.—Como yendo por la costa de Cuba abajo
- tuvo grandes aguaceros y bajos para encallarle los navíos, donde
- padecieron grandes trabajos y peligros.—Hallaron infinitas islas
- pequeñas; púsoles nombre el Jardin de la Reina.—Vieron unas aves
- coloradas de la manera y hechura de grullas.—Vieron grullas, muchas
- tortugas, y de cierta pesquería dellas.—De la mansedumbre de los
- indios.—Toparon otros indios mansísimos.—Detuvo uno.—Informóle ser
- isla de Cuba, y nuevas que le dió de un Cacique que habla por señas á
- su gente, sin ser mudo.—De otros peligros que por allí padecieron.
-
-
-Y porque tenia los vientos muy contrarios, que no le dejaron más
-costear aquella isla, por esto acordó de dar la vuelta sobre la de
-Cuba, y ansí tornóse, mártes, 18 de Mayo, con intincion de andar por
-ella 500 ó 600 leguas, hasta experimentar si era isla ó tierra firme.
-El dia que dió la vuelta, vino un indio mancebo á los navíos, hablando
-por señas que se queria ir con ellos, tras él vinieron muchos parientes
-suyos y sus hermanos para rogarle que no fuese con los cristianos,
-pero no lo pudieron acabar con él, puesto que con muchas lágrimas
-se lo persuadian, ántes se metia en los lugares secretos del navío,
-donde no los viese llorar, y finalmente se quedó, y ellos se fueron
-desconsolados y tristes. Cierto, es de considerar, que no sin misterio
-esta inclinacion le quiso dar Dios para salvarlo por esta vía, porque
-es de creer que el Almirante le haria enseñar en las cosas de la fé y
-baptizarle, lo que no alcanzara si en su tierra quedara. Partido, pues,
-de Jamáica el Almirante con sus navíos, llegó á un Cabo de la isla de
-Cuba, que nombró cabo de Cruz, miércoles, 18 de Mayo. Yendo la costa
-abajo, tuvo grandes y contínuos aguaceros, con truenos y relámpagos, y
-con esta topaba muchos bajos, donde á cada paso temia encallar; estas
-dos cosas, concurriendo juntas, le pusieron en grandísimos peligros y
-trabajos, porque los remedios de ambas son contrarios, y, habiéndose
-de poner juntos, es imposible, sino por casi milagro, salvarse; la
-razon es, porque el remedio de los aguaceros, tan impetuosos como
-los hay en estas tierras, y de gran peligro, si en muy presto no se
-pone, es amainar las velas muy luego, y para no encallar, ó para
-despues de encallados salir de los bajos, es añadir á las veces velas;
-por manera, que si ambos á dos peligros concurren en un tiempo, es
-necesario, en uno dellos, y áun en ambos, perderse, sino por milagro.
-Cuanto más andaba la costa abajo, tanto más espesas parecian infinitas
-islas bajas, unas todas de arena, otras de arboleda, y muchas que no
-sobreaguaban nada; cuanto más estaban más cerca de la isla de Cuba, más
-altas, y más verdes, y graciosas parecian. Eran de una legua, y de dos,
-y de tres, y de cuatro; este dia vido muchas, y el siguiente muchas más
-y más grandes, y porque eran innumerables y no podia á cada una ponerle
-nombre, llamólas á todas juntas, el Jardin de la Reina; contáronse
-aquesta dia más de 160, de una parte y de otra, digo, de la parte del
-Norte, y del Norueste, y del Sudueste, y áun canales por entre ellas,
-con hondura, que podian pasar los navíos, de dos brazas, y de tres,
-y más. En muchas dellas hallaron unas aves como grullas, coloradas;
-estas aves no son grullas, sino de la misma manera y tan grandes como
-grullas, excepto que son al principio blancas (digo al principio,
-cuando áun no han llegado á cierta edad), y poco á poco se van tornando
-coloradas, y cuando comienzan á colorarse no parecen, de un poco léjos,
-sino manadas de obejas almagradas; solamente las hay estas aves en
-Cuba y en estas isletas, y no se mantienen sino del agua salada y de
-alguna cosa que en ella ó con ella hallan, y cuando alguna se toma y
-se tiene en casa, no la mantienen sino echándole un poco de caçabí,
-que es el pan de los indios, en un tiesto de agua con una escudilla de
-sal en ella. Hallaban eso mismo muchas tortugas, tan grandes como una
-gran rodela, y poco ménos que una adarga; destas hay infinitas entre
-aquellas isletas, de las cuales y de su nacimiento, ó como se crian,
-diremos, placiendo á Dios, cuando de la isla de Cuba hablaremos.
-Vieron grullas de las mismas de Castilla, y cuervos, y diversas aves
-que cantaban suavemente, y de las isletas salian suavísimos olores que
-los deleitaban. En una destas isletas vieron una canoa de indios que
-estaban pescando, los cuales, viendo á los cristianos que iban en la
-barca á ellos, se estuvieron seguros como si vieran á sus hermanos, y
-hiciéronles señas que se detuviesen; detuviéronse hasta que pescaron,
-y la pesquería era, que toman unos peces que se llaman revesos, que
-los mayores serán como una sardina, los cuales tienen en la barriga
-una aspereza, con la cual, donde quiera que se pegan, primero que se
-despeguen los hacen pedazos; estos ataban de la cola un hilo delgado,
-luengo de ciento y doscientas brazas, y váse el pece cuasi por encima
-del agua ó poco más bajo, y en llegando que llega adonde están las
-tortugas en el agua, pégansele en la concha baja, y tiran del cordel y
-traen una tortuga que pesa cuatro y cinco arrobas, y, en fin, allí se
-queda el pece pegado, si, como dije, no le despedazan; no sé si quizá
-él despues se despegaria por sí, si le dejasen. Lo mismo vemos cuando
-se toman tiburones, que son unas bestias crueles, carniceras, que comen
-hombres cuando los hallan, que vienen muchos de los peces revesos, que
-dije, en las barrigas de los tiburones pegados. Acabada la pesquería,
-vinieron los indios á la barca y hicieron los cristianos señas, que
-se viniesen con ellos á los navíos, los cuales vinieron de muy buena
-gana, y el Almirante les hizo dar de los rescates, y supo dellos
-haber adelante, de aquellas isletas, infinitas; daban todo cuanto
-tenian liberalísimamente, y así, se tornaron muy alegres. Prosiguió
-su camino todavía al Poniente por las islas inmensas que habia, y por
-los aguaceros y tormentas de aguas y truenos y relámpagos, cada tarde
-hasta el salir de la luna, y con todos los susodichos peligros, con
-lo cual pasó grandes trabajos y angustias, que sería dificultoso,
-como fueron, decirlas; y, puesto que ponia grandísima diligencia, y
-guarda, y vigilias suyas, y de atalayas que ponia en el mastel, muchas
-veces tocaba y áun atollaba la nao en que él venia, donde padecian
-nuevos trabajos y peligros para sacar la nao, tornando atras, y otras
-veces yendo adelante. Llegó a una isla mayor que las otras, la cual
-llamó Sancta María, en la cual habia una poblacion, y ninguno de los
-indios della osó parar por miedo de los cristianos. Hallaron en ella
-mucho pescado, y perros de los mudos que no ladran; vian por todas
-las islas muchas manadas de las grullas, muy coloradas, y papagayos y
-otras muchas aves. Teniendo falta de agua, dejó de andar por aquellas
-isletas, y llegóse á la costa de Cuba, á 3 dias de Junio, donde habia
-mucha espesura de árboles, por lo cual no pudieron cognoscer si habia
-poblacion alguna; saliendo un marinero con una ballesta, para matar
-alguna ave, topó con obra de 30 hombres con sus armas de lanzas y
-flechas, y unas como espadas, de forma de una paleta hasta el cabo, y
-del cabo hasta la empuñadura se viene ensangostando, no aguda de los
-cabos, sino chata; estas son de palma, porque las palmas no tienen las
-pencas como las de acá, sino lisas ó rasas, y son tan duras y pesadas,
-que de hueso y, cuasi de acero, no pueden ser más: llámanlas macanas.
-Dijo aquel marinero, que entre aquellos habia visto un indio con una
-túnica blanca vestido, y que hasta los piés le cubria. Dió voces el
-marinero á sus compañeros viéndose solo cerca de tantos, los cuales
-dieron á huir, como si vieran mil hombres tras ellos; y aunque otro
-dia envió el Almirante algunos cristianos para ver si hallaban algo,
-y llagaron obra de media legua dentro en la tierra, no pudieron, sino
-con trabajo, penetrar, por los montes ser espesos, y mayormente que
-habia cienagas que duraban cuasi dos leguas, segun les parecia, hasta
-llegar á los cerros y montañas. De allí prosigue al Poniente, y,
-andadas 10 leguas con sus navíos, vieron en la costa algunas casas, y
-la gente dellas vinieron en sus canoas á los navíos con comida y con
-muchas calabazas llenas de agua, todo lo cual mandó el Almirante que se
-les pagase, y hizo detener un indio, rogándole á él y á ellos, por la
-lengua, que lo tuviesen por bien hasta que les mostrase el camino y le
-preguntasen algunas cosas, y que despues le dejarian volver á su casa;
-los cuales, aunque con alguna tristeza, mostraron tenerlo por bueno,
-pues podian juzgar, que si no quisieran poco les aprovechara. Este
-le certificó que Cuba era isla que la mar cercaba, y, segun entendió
-el Almirante, que el Rey della, de la costa del Poniente abajo, con
-su gente, sino era por señas, no hablaba, pero que luego era hecha
-cualquiera cosa que mandase; si el señor que entónces vivía era ó no
-era mudo, ó quizá este hablar por señas acostumbraba, esto debe ser
-fábula, porque los que primero fuimos á descubrir por dentro de la
-tierra y á poblarla de cristianos, desde á quince á diez ó seis años,
-nunca tal cosa ni nueva de ella hallamos. Andando ansí, entran los
-navíos en un banco de arena que ternia una braza de agua, y de longura
-tanto trecho como dos navíos, donde se vieron en grande angustia
-y trabajo, tanto, que para pasarlos á una canal honda, tuvieron
-necesidad de armar con mucha dificultad todos los cabrestantes. Vieron
-innumerables tortugas muy grandes, que parecia dellas estar la mar
-cuajada; sobrevino una nubada de cuervos marinos, que cubrian la lumbre
-del sol, venian de hácia la mar, y daban consigo en tierra de Cuba; lo
-mismo pasaban innumerables palomas y gaviotas, y, de diversas especies,
-muchas aves. Otro dia vinieron á los navíos tan espesas las mariposas,
-que parecian espesar el aire; duraron hasta la noche y las disipó un
-gran aguacero de agua.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCVI.
-
- En el cual se tracta como determinó el Almirante dar la vuelta para
- la Española.—De las leguas que descubrió de Cuba.—Que halló por las
- reglas de la Astronomía, como se halló de Cáliz tantas otras por la
- esfera.—Encalló con los navíos, padeció grandes angustias.—Del olor
- de estoraque que sintieron.—De un indio viejo que vino á hablar al
- Almirante, y de un teológico razonamiento que le hizo cerca de la otra
- vida; cosa es muy notable, aunque breve, por ser dicha por un indio.
-
-
-Como supo el Almirante por aquel indio, que duraban por aquella costa
-tanta infinidad de islas, y que tantos peligros y daños cada hora se le
-ofrecian, y tambien que los mantenimientos se le iban acabando, acordó
-de dar la vuelta por la Española y visitar la gente, y proseguir la
-villa de la Isabela, que dejó al mejor tiempo comenzada y no acabada,
-de lo cual tenia noches y dias intenso cuidado; para proveerse de
-agua, y de lo que pudiese haber de comida, fuése á una isla de hasta
-30 leguas en torno, á la cual habia puesto el Evangelista, y dice el
-Almirante, que distaba de la isla de la Dominica, al pié de 700 leguas.
-Esta isla del Evangelista creo que es la isla que despues llamamos,
-y hoy se llama, la isla de Pinos, que está cuasi frontero Norte-sur
-del principio de la Habana, y terná de luengo 20 leguas, porque, por
-toda la costa de la mar del Sur de Cuba, no hay isla sino aquella que
-sea tan grande, por manera, que poco le quedaba de descubrir del cabo
-de Cuba, al Almirante; quedar le habian obra de 35 ó 36 leguas por
-navegar hasta el cabo de Cuba. Esto tambien parece, por lo que dice el
-Almirante, en la relacion que deste descubrimiento de Cuba envió á los
-Reyes, que navegó y descubrió della 333 leguas, y midiendo su viaje
-por las reglas de la Astronomía, dice: «que desde el cabo de Cuba que
-se ve con la Española, que llamó Fin de Oriente, y por otro nombre
-_Alpha et Omega_, navegó hácia el Poniente, de la parte del Austro,
-hasta haber pasado el término de diez horas en la esfera, en manera
-que, estando él allí, cuando se le ponia el sol á él, se levantaba á
-los que vivian en Cáliz, en España, desde á dos horas, y dice que no
-pudo haber yerro alguno, porque hobo entónces eclipse de la luna, á
-14 de Setiembre, y que él estaba bien apercibido de instrumentos, y
-fué muy claro el cielo aquella noche.» Todas estas son sus palabras.
-Tornando al propósito, viernes, 13 de Junio, dió la vuelta por la
-vía del Sur ó del Austro, por salir de aquella espesura de islas,
-y saliendo por una canal que le pareció más honda y desembarazada,
-navegando por ella un poco del dia, hallaron la canal cerrada y los
-navíos, de islas y tierras, como en un corral, todos cercados; la gente
-toda quedó muy turbada y desmayada, viéndose en tanto peligro y con
-falta de bastimentos: bien es de creer que su miedo y angustia era muy
-grande, y la del Almirante mucho más que doblada. Confortóles á todos
-con las mejores palabras que pudo, y con harto trabajo tornaron á salir
-por donde entraron, y fueron á parar á la isla del Evangelista, donde
-habia reparádose de agua. Miércoles, 25 de Junio, partió della por
-la vía del Norueste, por ver unas isletas, que parecian de allí obra
-de cinco leguas, y, un poco más adelante, dieron en una mar manchada
-de verde y blanco, que parecia todo bajos, aunque habia de hondo dos
-brazas; desde á siete leguas, dan consigo en otra mar muy blanca,
-que aína les parecia ser toda cuajada; de allí á siete leguas, topan
-otra prieta como tinta, en que habia cinco brazas de fondo; por esta
-anduvo hasta que se llegó á Cuba. Todas estas diferencias de mar eran
-á los marineros grande espanto, como cosas que nunca habian visto ni
-experimentado, y por tanto, en cada una temian ser perdidos y anegados.
-Salió de Cuba la vía del Leste con vientos escasos, por canales, y
-todas llenas de bajos, y, estando escribiendo, como solia, todo lo
-que le acaecia en su viaje, á 30 de Junio, encalló su nao, la cual,
-no pudiéndola sacar con anclas y cables por popa, sacáronla por proa,
-y, por los golpes que dió en el arena, con harto daño; de allí, no
-llevando vía ordenada, sino segun los bajos y ranales y tambien el
-viento le daban lugar, navegaba todavía por la mar muy blanca, y, sobre
-todos aquellos reveses é inconvenientes, cada dia eran visitados al
-poner el sol de aguaceros terribles que los fatigaban. Con todo esto
-el Almirante andaba muy penado y angustiado; llegóse á la tierra de
-Cuba, por donde aquel camino hácia el Oriente habia comenzado, donde
-sintieron unos suavísimos olores como los habian sentido de ántes, y,
-cierto, estos olores mucho más se sienten y gozan en aquella isla que
-en ninguna destas otras, y creíamos que debia haber por ella, como sea
-muy montuosa, árboles de estoraque, porque ansí nos parecia olerlos,
-cuando en el descubrimiento della andábamos, cuasi todas las mañanas,
-y era de los palos ó leña que los indios quemaban. En 7 de Julio,
-salió el Almirante á tierra por oir Misa, y estándola oyendo, llegó un
-Cacique ó señor viejo, que parecia ser señor de toda aquella tierra ó
-provincia, el cual, mirando todos aquellos actos y ceremonias que el
-sacerdote hacia, y las señales de adoracion, y reverencia, y humildad
-que los cristianos mostraban, viendo dar la paz al Almirante y las
-reverencias por los que le servian, y tambien por la auctoridad de
-su persona, conoció que debia ser aquel la persona á quien los demas
-obedecian, y ofreciéndole una calabaza de las que llaman hibueras por
-aquellas islas, que sirven de escudillas, llena de cierta fruta de
-la tierra, asentóse cabe el Almirante en coclillas, porque así era
-la manera de asentar cuando no tenian los duhos, que eran unas bajas
-sillas, y comenzó á hacer este razonamiento: «Tú has venido con gran
-poder á estas tierras que nunca tú ántes viste, y, con tu venida, en
-todos los pueblos y gentes dellas has puesto gran temor, hágote saber,
-que, segun lo que acá sentimos, dos lugares hay en la otra vida donde
-van las ánimas de los cuerpos salidas, uno malo y lleno de tinieblas,
-guardado para los que turban y hacen mal al linaje de los hombres; otro
-lugar es alegre y bueno, donde se han de aposentar los que, miéntras
-acá vivieren, aman la paz y quietud de las gentes, y por tanto, si tú
-sientes que has de morir, y que á cada uno, segun lo que acá hiciere
-acullá le debe de responder el premio, no harás mal ni daño á quien
-contra tí mal ó daño no cometiere; y esto que aquí habeis hecho es
-muy bueno, porque me parece que es manera de dar gracias á Dios:»
-añidió, diz que, tambien como habia estado en la isla Española, y en
-la de Jamáica, y que habia ido la isla abajo de Cuba, y que el señor
-de aquella parte andaba como sacerdote vestido. Todo esto entendió
-el Almirante, segun le pudieron interpretar los indios que desta
-isla llevaba, mayormente Diego Colon, que habia llevado y tornado de
-Castilla. Maravillado el Almirante de tan prudente oracion del indio
-viejo, más alta, cierto, que la pudiera orar un filósofo gentil, sin
-fe, muy estudioso en filosofía, respondióle, que de muchos dias atras
-tenia, lo que habia dicho, bien entendido, conviene á saber, las ánimas
-vivir para siempre despues desta vida, y las malas ir á mal lugar, que
-se llamaba infierno, y las buenas á bueno, que los cristianos nombraban
-Paraíso, y que se holgaba mucho haber sabido que él y la gente de
-aquella tierra tenian de las cosas del otro siglo tan buena noticia, lo
-que ántes él no creia, y que le hacia saber que él era enviado por unos
-Reyes grandes, ricos y poderosos, sus señores, que eran señores de los
-reinos de Castilla, para buscar y saber de aquellas tierras, no para
-otro fin, sino para saber si algunos hobiese que hiciesen mal á otros,
-como habia oido decir que habia por estas mares algunas gentes que
-llaman caníbales ó caribes, que á otros mal hacian, para los refrenar
-é impedir que no lo hiciesen, y á los buenos honrarlos y defenderlos,
-y trabajar que todos viviesen, sin perjuicio de otros, pacíficos.
-Rescibió las palabras del Almirante, el prudente viejo, con lágrimas y
-mucha alegría, afirmando, que si no tuviera mujer y hijos se fuera con
-él á Castilla, y recibidas del Almirante algunas cosillas de rescates,
-hincábase de rodillas, haciendo meneos de grande admiracion, repitiendo
-muchas veces si era cielo ó si era tierra el lugar donde aquellos tales
-hombres nascian; todo esto en sentencia saqué, de lo que escribe D.
-Hernando Colon, hijo del dicho primer Almirante, y de las Décadas de
-Pedro Mártir, que lo dice más largo que D. Hernando, porque en aquel
-tiempo don Hernando era muy niño, y Pedro Mártir lo pudo muy bien
-saber del mismo Almirante, como supo mucho de lo que escribió, porque
-entónces Pedro Mártir residia en la corte, y era de los Reyes bien
-favorecido. No es de maravillar que aquel viejo dijese al Almirante
-tales cosas de la otra vida, porque comunmente todos los indios destas
-Indias tienen opinion de las almas no morir, mayormente aquellos de
-Cuba, de quien en su lugar, placiendo á Dios, diremos cosas de notar de
-las opiniones que tenian.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCVII[2].
-
-
-Arriba hemos apuntado y dicho, algunas veces, los incomparables
-trabajos que el Almirante padeció en estos descubrimientos, y despues,
-cuando pensaba que habia servido y que podia descansar en la tierra
-ó en alguna parte ó rincon de los reinos que habia descubierto,
-muy mayores angustias y tormentos de espíritu, como se verá, se le
-ofrecieron; de tal manera, que en toda su vida fué como un luengo
-martirio. De donde los hombres, si quisieren, cognoscerán, cuan poco
-fruto y cuan poco descanso se halla, y, puesto que alguno parezca
-hallarse, cuan poco dura el placer dél en estos bienes terrenos,
-mundanos y temporales, si dentro del espíritu no se negocia y conversa
-el ánima con Dios; y porque aún restaban al Almirante otros pocos de
-más amargos peligrosos trabajos, ántes que llegase á la Española,
-donde pensaba un poquillo descansar, contaremos agora lo que, más que
-lo pasado, duro y angustioso le sucedió. Salido de aquel lugar donde
-aquel indio viejo le habló, parecia que todos los vientos y aguas se
-habian concordado para le fatigar y añadir angustias sobre angustias,
-penas sobre penas, y sobresaltos á sobresaltos, porque no tuviese
-tiempo ni sazon para poder resollar; entre muchos que padeció, vino
-sobre él un tan súpito y tan horrible y peligroso aguacero, que le hizo
-poner el bordo debajo del agua, y, con gran dificultad y que pareció
-sólo socorro de Dios, poder amainar las velas, y, juntamente, con las
-más pesadas anclas surgir. Entrábales mucha agua por el plan, que es
-lo más bajo de la nao, que acrecentaba sus peligros, y apénas los
-marineros podian vencerla con la bomba, porque, allende que andaban
-todos muy cansados de los continuos trabajos, faltábales la comida,
-que no comian sino una libra de podrido bizcocho, y un cuartillo de
-vino, ó de su brebaje, sino era cuando algun pescado acaso tomaban;
-esta era necesidad grande que padecian, y muy mayor la del Almirante,
-sobre quien la de los otros y la suya cargaba. Desta, dice él mismo
-en lo que escribió á los Reyes, desta navegacion, estas palabras:
-«Yo estoy tambien á la mesma razon, plega á Nuestro Señor que sea
-para su servicio, porque, por lo que á mí toca, no me pornia más á
-tantas penas é peligros, que no hay dia que no vea que llegamos todos
-á dar por tragada nuestra muerte.» Con estos peligros y aflicciones
-continuas llegó al Cabo que llamó al principio cabo de Cruz, á 18 de
-Julio, adonde los indios le hicieron muy buen recibimiento y luego
-le trujeron de su pan caçabí, y pescado, y frutas de la tierra y de
-todo lo que tenian, con grande alegría y placer, donde holgaron y
-descansaron dos ó tres dias. Y, mártes, 22 de Julio, aunque siempre con
-vientos contrarios, que no le dejaron volver su camino derecho para la
-Española, dió la vuelta sobre la isla de Jamáica; siguió la costa della
-por el Occidente abajo, y, yendo mirando y alabando á Dios todos de
-ver tanta frescura, y tan hermosa y felice tierra, vian toda la costa
-y tierra llena de pueblos y los puertos bonísimos, de legua á legua;
-seguian los navíos infinitos indios con sus canoas, trayéndoles y
-sirviéndoles con muchas cosas de comer, como si fueran todos sus padres
-y ellos hijos. Dice el Almirante, que juzgaba la gente ser muy mejores
-aquellos mantenimientos que cuantos hasta allí habian visto, pero cada
-tarde les sucedian los sobresaltos y penas de los aguaceros. Echábalo
-el Almirante á las muchas arboledas, y no hay duda dello; y dice, que
-á los principios así acaecia en las islas de Canaria, y de la Madera,
-y de los Azores, pero despues que fueron desmontadas y las humidades
-enjutas y consumidas, cesaron en mucha parte los aguaceros, y desto,
-en esta isla Española, tenemos larga experiencia. Encarecidamente
-loaba el Almirante la hermosura, y fertilidad, y frutas, y lo demas
-que traian los indios para comer, y la muchedumbre de pueblos de
-la isla de Jamáica, diciendo que ninguna otra se le igualaba de las
-que hasta entónces habia visto. Vido una bahía muy hermosa con siete
-isletas á la ribera de la mar, y que tenia la isla tierra altísima,
-que le parecia que excedia la media region del aire, donde se congelan
-las impresiones; toda la tierra muy poblada por todas partes. Juzgaba
-que bojaba 800 millas, pero despues que la vido bien, á otro viaje,
-declaró que ternía de largo 50 leguas y de ancho 20; mucho quisiera
-descubrirla y verla más, segun le parecia tan bien, sino por la falta
-de bastimentos y la mucha agua que los navíos hacian. Hízole buen
-tiempo y volvió hacia el leste, camino desta isla Española, mártes,
-19 de Agosto, y la postrera tierra della, que fué un Cabo que se mira
-con esta isla, le puso nombre el cabo del Farol; y miércoles, 20 de
-Agosto, vido el cabo ó punta occidental desta isla Española, al cual
-puso nombre cabo de Sant Miguel, que agora se llama el cabo ó punta del
-Tiburon, dista de la punta oriental de Jamáica 25 ó 30 leguas. Sábado,
-23 de Agosto, vino á los navíos un señor ó Cacique de aquella tierra,
-nombrando «Almirante, Almirante,» y otras palabras, de donde coligió el
-Almirante que aquella tierra que llamó cabo de Sant Miguel debia ser
-toda una con esta isla, porque hasta entónces no sabia que fuese esta
-isla Española. En fin deste mes de Agosto fué á surgir á una isleta
-que está junto á esta isla, que parece desde la mar como vela, porque
-es alta, y llamóla el Almirante Alto Velo, y dista de la isleta Beata,
-que así se llama, 12 leguas; mandó subir en lo alto de aquella isleta
-para descubrir los otros dos navíos que se le habian perdido de vista,
-y volviéndose los marineros á embarcar, mataron ocho lobos marinos que
-dormian en el arena descuidados, y muchas aves, porque no huian de la
-gente por no estar poblada, y así esperaban que las tomasen ó matasen;
-esperó allí á los otros dos navíos, los cuales, á cabo de seis dias,
-vinieron, y todos juntos, los navíos, fueron á la Beata, isleta, y de
-allí, costeando, pasaron hasta llegar á una ribera que tenia una muy
-hermosa vega toda llena de pueblos, y tan espesos que parecian todos
-ser uno, y esta tierra debia ser la que agora llaman de Cathalina, por
-una Cacica ó señora, que despues cognoscieron los cristianos, señora
-de aquella tierra; y es tierra hermosísima. Vinieron los indios de por
-allí en sus canoas, y dijeron que habian venido allí de los cristianos
-de la Isabela y que todos estaban buenos, de lo cual el Almirante
-recibió gran gozo y consolacion. Pasado del paraje del rio Hayna, que
-está tres leguas de Sancto Domingo, y por ventura fué allí cerca, mandó
-echar nueve hombres en tierra que atravesasen á la Isabela, que está
-derechamente de aquella costa Norte-sur, para que diesen nuevas de
-como venia bueno y de su compañía; de allí pasó adelante, todavía por
-el camino del leste ó Oriente, y parecia por allí una gran poblacion
-hácia la cual envió las barcas, por agua, y salieron los indios contra
-los cristianos en sus canoas, con arcos y flechas herboladas con hierba
-ponzoñosa, traian tambien unas cuerdas, haciendo ademanes que los
-habian de atar con ellas, y por esto creo, cierto, que esta tierra era
-la provincia de Higuey, porque la gente della era más belicosa, y tenia
-de la dicha hierba, y tambien por la distancia que habia andado y el
-paraje donde estaba; pero llegadas las barcas á tierra, dejaron los
-indios todas las armas, y vinieron muy pacíficos á traer agua y pan, y
-todo lo que tenian; preguntando que si venia allí el Almirante. Es de
-creer que salieron con armas creyendo que fuese otra gente extraña y no
-cristianos, pero, despues de cognoscido que era el Almirante y gente
-suya, tornaron á obras de paz y amistad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCVIII.
-
-
-De allí pasaron adelante la costa del leste arriba, y ocurrióles, segun
-dice el Almirante, un pece admirable, tan grande como una ballena
-mediana; tenia en el pescuezo una concha grande como una de tortuga,
-que es poco ménos, como arriba se dijo, que un adarga; la cabeza dél,
-y que tenia de fuera, era tan disforme, que poco ménos grande era que
-una pipa ó bota, la cola como de atun y muy crecida, y con dos alas muy
-grandes á los costados. Cognosció el Almirante por aparecer este pece
-y por otras señales del cielo, que el tiempo queria hacer mudanza, por
-lo cual, trabajó de buscar algun puerto para surgir y estar seguro si
-tormenta se recreciese, y plugo á Dios que alcanzó á tomar una isleta
-que los indios llamaban Adamaney, que agora llamamos la Saona, el cual
-nombre creo que le puso el mismo Almirante ó su hermano el Adelantado.
-Esta isleta hace un estrecho de obra de una legua, ó poco más, entre
-ella y esta isla Española, y paréceme, si no me he olvidado, que durará
-en luengo este estrecho dos leguas, porque he estado yo en él, aunque
-há muchos años; allí entró, ya con recia tormenta, él sólo y surgió,
-á 15 de Setiembre; los otros dos navíos no pudieron entrar, y por
-eso pasaron harto peligro y trabajo. Aquella noche vido el Almirante
-eclipse de la luna, y afirma que hobo diferencia desde allí hasta
-Cáliz cinco horas y veintitres minutos, por lo cual, decia que duró
-tanto el temporal recio ó la tormenta dicha; estuvo en aquel puerto,
-por la tormenta, siete ó ocho dias, dentro de los cuales entraron los
-otros dos navíos, y, á 24 de Setiembre, partieron juntos y llegaron al
-cabo desta isla Española que agora se llama el cabo del Engaño, y el
-Almirante en su primer viaje le puso nombre el cabo de Sant Rafael,
-como arriba se dijo. De allí llegaron á una isleta que está cerca
-desta isla diez leguas, y ocho de la isla de Sant Juan, que llamaban
-los indios, á lo que yo creo, la Mona, y así se llama hoy la isla
-de la Mona; ó quizá le puso el Almirante aquel nombre Mona, por una
-isla que está cerca de Inglaterra, que tiene el mismo nombre, de la
-cual hace mencion Cornelio Tácito, libro XIV, página 320, _et in Vita
-Agricolæ_, página 693. Será de hasta seis leguas en circuitu; es toda
-peñas, y en las peñas tiene unos hoyos con tierra bermeja, y en estos
-hoyos se hacen las raíces de yuca y ajes, de que se hace el pan caçabí,
-tan gruesas, que cuan grande y capaz es el hoyo tan grande es el aje
-ó la yuca, por manera, que, partido por medio, acaece ser la mitad ó
-poco más, carga de un indio. Hácense tambien los melones de España tan
-grandes como botijas de las de media arroba de aceite, y finísimos;
-cierto, son cosa de ver y mejores de gustar. De donde parece que es
-grande la humidad que causan aquellas peñas que tienen cercada aquella
-tierra colorada, y por consiguiente, que la hacen ser tan fértil; desto
-digimos arriba cap. 98, hablando de la provincia de Higuey.
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-CAPÍTULO XCIX.
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-Dice el Almirante en una carta que escribió á los Reyes, que traia
-propósito deste viaje ir á las islas de los caníbales para las
-destruir, pero como habian sido tan grandes y tan contínuos los
-trabajos y vigilias, de noche y de dia sin una hora de descanso, que
-habia padecido en este descubrimiento de Cuba y Jamáica, y rodear
-esta Española hasta llegar á esta isleta de la Mona, especial, cuando
-andaba entre las muchas isletas y bajos cercanas á Cuba, que nombró el
-Jardin de la Reina, donde anduvo treinta y dos dias sin dormir sueño,
-que, salido de la Mona y ya que llegaba cerca de la isla de Sant Juan,
-súpitamente le dió una modorra pestilencial, que totalmente le quitó el
-uso de los sentidos y todas las fuerzas, y quedó muerto, y no pensaron
-que un dia durara; por esta causa los marineros, con cuanta diligencia
-pudieron, dejaron el camino que llevaba ó queria llevar el Almirante,
-y, con todos tres navíos, lo llevaron á la Isabela, donde llegó á 29
-dias de Setiembre del mismo año 1494. Lo que aquí dice el Almirante,
-que iba por destruir las islas de los caníbales, que eran de los que
-habia fama que comian carne humana, por ventura no aplacia á Dios que
-los habia criado y con su sangre redimido, porque ir á destruirlos
-no era el remedio que Dios pretendia para salvarlos, los que con
-el tiempo, por medio de la predicacion de la fe y con industrias
-humanas, como se tienen y saben tener muchas para alcanzar las cosas
-temporales, pudieran ser reducidos á tal vida, que pudieran algunos
-dellos ser salvos, ¿quién duda que dellos no tenga Dios algunos, y
-áun quizá muchos predestinados? Así que, por ventura, por esta razon
-quiso Dios, con esta enfermedad, estorbarlo, y por ventura está errada
-la letra, que por descubrir, dijo el que la escribió, destruir, lo
-cual parece tener semejanza de verdad, porque no venia la gente ni él
-en disposicion de destruir á nadie, por flaco que fuese, sino para
-descansar.
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-CAPÍTULO C.
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-Llegado á la Isabela de la manera dicha, estuvo cinco meses malo,
-y, al cabo dellos, dióle Nuestro Señor salud, porque áun le quedaba
-mucho de hacer por medio dél, y tambien, porque áun, con muchas más
-angustias y tribulaciones, habia de ser ejercitado y golpeado, cuando
-creyó que de sus tantos y tales trabajos con descanso habia de gozar
-y reposar. Dos cosas halló, de que llegó, nuevas, que le causaron
-diversas afecciones en su ánimo; la una, que era venido su hermano, D.
-Bartolomé Colon, con quien recibió grande alegría, y la otra, que la
-tierra estaba toda alborotada, espantada y puesta en horror y odio, y
-en armas contra los cristianos, por las violencias y vejaciones y robos
-que habian dellos recebido, despues de haberse partido el Almirante
-para este descubrimiento de Cuba y de Jamáica; por manera, que se le
-aguó bien el alegría que habia recebido con la venida de D. Bartolomé
-Colon, su hermano. La causa del alborotamiento y espanto de todas las
-gentes de la isla, bien pudiera bastar la justicia é sinjusticia que
-habia hecho Hojeda el año pasado, como se contó arriba en el cap.
-93, como quiera que, por aquel agravio y prision de los Caciques que
-allí se prendieron y trajeron á la Isabela, y que el Almirante queria
-justiciar, y que al cabo, con dificultad, por ruego del otro Cacique,
-hobo de soltar; pudieran todos los demas reconocer ó adivinar lo
-que á todos, el tiempo andando, les podia y habia de venir; por lo
-cual, cuanto más prudentes gentes fueran, tanto mayor diligencia y
-solicitud, y con mayor título de justicia, pudieran y debieran poner
-en no sufrir en sus tierras gente tan feroz, extraña y tan pesada, y
-de quien tan malos principios comenzaban á ver, y agravios á recibir,
-lo cual era señal harto evidente del perjuicio que á sus reinos y
-libertad y vidas se les podia recrecer. Que fuesen gentes sabias y
-prudentes, los indios vecinos y moradores de esta isla, parece por
-lo que el mismo Almirante dellos testifica en una carta que escribió
-á los Reyes, donde dice así: «Porque era de creer, dice él, que esta
-gente trabajaria de se volver á su libertad primera, y que bien que
-ellos sean desnudos de ropa, que en saber, sin letras, ninguna otra
-generacion los alcanza.» Estas son palabras del Almirante. Así que,
-como dejase proveidas las personas del Consejo el Almirante, al tiempo
-que para el dicho descubrimiento y para hacer lo que de suso en el cap.
-94 queda dicho, y á Mosen Pedro Margarite por Capitan general de los
-400 hombres, que anduviese por la tierra y sojuzgase las gentes de la
-isla; el Almirante partido, fuése á la Vega Real con ella, que está de
-la Isabela dos jornadas pequeñas, que son obra de diez leguas; como
-estuviese plenísima de innumerables gentes, pueblos y grandes señores
-en ella, y la tierra, como en el cap. 90 se dijo, fuese felicísima y
-delectabilísima, y la gente sin armas, y de su naturaleza mansísima y
-humilde, diéronse muy de rondon á la vida que suelen tener los hombres
-ociosos y que hallan materia copiosa y sin resistencia de sensuales
-deleites, no teniendo freno de razon ni de ley viva ó muerta que, á
-tanta libertad absoluta como gozaban, órden ni límites les pusiese. Y,
-porque los indios comunmente no trabajaban ni querian tener más comida
-de la que habian, para sí é para sus casas, menester (como la tierra
-para sus mantenimientos fuése fertilísima, que, con poco trabajo, donde
-quiera, tenian, cuanto al pan cumplido, y cuanto á la carne cabe casa,
-como en corral habian las hutias ó conejos, y del pescado llenos los
-rios), y uno de los españoles comia más en un dia, que toda la casa de
-un vecino en un mes, (¿qué harian cuatrocientos?) porque, no solo se
-contentaban ni se contentan tener lo necesario, pero mucho sobrado,
-y mucho que echan sin por qué ni para qué á perder, y sobre que los
-indios cumpliesen con ellos á su voluntad lo que les pedian, sobraban
-amenazas, y no faltaban bofetadas y palos, no solo á la gente comun,
-pero tambien á los hombres nobles y principales que llamaban nitaynos,
-hasta llegar tambien á poner amenazas y hacer grandes desacatos á los
-señores y Reyes; parecióles que aquella gente no habia nacido sino
-para comer, y que en su tierra no debian tener mantenimientos, y para
-salvar las vidas se vinieron á estas islas para se socorrer, allende
-de sentirlos por intolerables, terribles, feroces, crueles y de toda
-razon ajenos. Esto fué lo primero porque comenzaron á sentir los indios
-la conversacion de los cristianos serles horrible, conviene á saber,
-maltratarlos y angustiarlos por comerles y destruirles los bastimentos;
-y, porque no para y sosiega el vicio y pecado en sola la comida, porque
-con ella, faltando templanza y temor y amor de Dios, se derrueca y
-va á parar á los otros sensuales vicios, y más injuriosos, por ende,
-lo segundo con que mostraron los cristianos quién eran á los indios,
-fué tomarles las mujeres y las hijas por fuerza, sin haber respeto
-ni consideracion á persona ni dignidad, ni á estado, ni á vínculo de
-matrimonio, ni á especie diversa con que la honestidad se podia violar,
-sino sólamente á quien mejor le pareciese, y más parte tuviese de
-hermosura: tomábanles tambien los hijos para se servir, y todas las
-personas que habian menester, teniéndolas siempre en su casa. Viendo
-los indios tantos males, injurias y vejaciones sobre sí, no sufribles,
-haciendo tanto buen acogimiento y servicios á los cristianos, y
-recibiendo dellos obras de tan mal agradecimiento y galardon, y sobre
-todo, los señores y Caciques verse afrentados y menospreciados, y con
-doblado dolor y angustia de ver padecer sus súbditos y vasallos tan
-desaforados agravios é injusticias, y no los poder remediar; dellos,
-se iban y ausentaban, escondiéndose por no ver lo que pasaba; dellos,
-disimulaban, porque por la mucha gente cristiana y los caballos, que
-era lo principal que les hacia temblar, no se atrevian ni curaban de
-resistirles ni ponerse en armas para se vengar; y porque á los que no
-andan en el camino de Dios no les han de faltar ocasiones, por el mismo
-juicio divino, que son ofendículos en que caigan ó de pecados, porque
-un pecado permite Dios que se incurra en pena de otro pecado, ó de
-penas corporales ó espirituales, lo cual todo es pena por las ofensas
-que se hacen á Dios, y así paguen y áun en esta vida, ó para purgar
-en ella los crímines, ó para comenzar á penar lo que se ha de penar
-para siempre, en este tiempo comenzó á tener Mosen Pedro Margarite sus
-pundonores, y á se desgraciar con los del Consejo, que el Almirante
-para gobernar dejó, ó porque no queria ser mandado dellos, ó porque
-los queria mandar, ó porque le reprendian lo que hacia y consentia
-hacer contra los indios, ó porque se estaba quedo no andando por la
-isla señoreándola como el Almirante le habia dejado mandado por su
-instruccion. Esta discordia fué causa de otros mayores daños, y de gran
-parte, ó de la mayor, de la sedicion y despoblacion de esta isla que
-despues se siguió; y porque se habia desmesurado en cartas contra los
-que gobernaban, y mostrado quizá otras insolencias y cometido defectos
-dignos de reprehension; venidos ciertos navíos de Castilla, que creo
-que fueron los tres que trajo el dicho Adelantado, por no esperar al
-Almirante, dejó la gente que tenia consigo, que eran los 400 hombres, y
-viénese á la Isabela para se embarcar, y, con él, tambien se determinó
-de ir el padre fray Buil, que era uno de los del Consejo, y otros
-muchos, y ciertos religiosos con ellos. No sé si fueron los que arriba
-dije que eran borgoñones, y pudiéralo yo bien saber dellos mismos, pero
-no miré entónces en ello; los cuales, llegados á la corte, pusieron en
-mucho abatimiento é infamia las cosas destas Indias, publicando que
-no habia oro ni cosa de que se pudiese sacar provecho alguno, y que
-todo era burla cuanto el Almirante decia. Viéndose la gente sin el
-capitan Mosen Pedro, desparciéronse todos entre los indios, entrándose
-la tierra dentro de dos en dos y de tres en tres, y no porque fuesen
-pocos dejaban de cometer las fuerzas é insultos, é agravios en los
-indios que cuando estaban juntos cometian. Viendo los indios crecer
-sus agravios, daños é sinjusticias, y que no tenian remedio para los
-atajar, comenzaron á tomar por sí la venganza, y hacer justicia los
-Reyes y Caciques, cada uno en su tierra y distrito, como les competiese
-de derecho natural y de derecho de las gentes, confirmado, cierto, por
-el divino, la jurisdiccion; y así, mandaban matar á cuantos cristianos
-pudiesen, como á malhechores nocivos á sus vasallos y turbadores de
-sus repúblicas. Considere aquí el prudente lector, si aquellos Reyes
-y señores, siendo señores, y teniendo verdadera jurisdiccion, como,
-sin duda, como dije, por derecho natural y de las gentes, y confirmada
-por el divino les competia, hacian lo que debian á buenos y rectos
-jueces y señores, mandando hacer justicia de gente que tantos daños,
-y afrentas, y fuerzas, y turbaciones les causaban, y de su paz, y
-sosiego, y libertad eran usurpadores ¿qué gente, por bárbara ó por
-mansa y paciente, ó, por mejor decir, bestial, en el mundo fuera que lo
-mismo no hiciera? Así que, por esta razon, un Cacique que se llamaba
-Guatiguaná, cuyo pueblo era grande, puesto á la ribera del rio poderoso
-Yaquí, que, por ser graciosísimo asiento, hizo el Almirante hacer cerca
-ó junto dél una fortaleza que llamó la Magdalena, y estaba 10 ó 12
-leguas de donde fué y es agora asentada la villa de Santiago, mandó
-matar diez cristianos que pudo haber y envió secretamente á poner fuego
-á una casa de paja donde habia ciertos enfermos. En otras partes de la
-isla mandaron matar otros Caciques hasta seis ó siete cristianos que
-se habian derramado, por los robos y fuerzas que les hacian. Por estas
-obras excesivas, y tan contra razon natural y derecho de las gentes,
-(que naturalmente dicta á todos que vivan en paz, y á poseer sin daño
-ni turbacion sus tierras y casas, y haciendas suyas, pocas ó muchas,
-y que nadie les haga fuerza, injuria, ni otro algun mal), que hacian
-los cristianos á los vecinos naturales desta isla en cualquiera parte
-que estaban, ó por donde quiera que andaban; derramáronse por todos
-los reinos, provincias, lugares y rincones desta isla tan horribles y
-espantosas nuevas de la severidad y aspereza, iniquidad, inquietud é
-injusticia de aquella gente recien venida, que se llamaban cristianos,
-que toda la multitud de la gente comun temblaba, y sin verlos los
-aborrecia y deseaba nunca verlos ni oirlos, mayormente los cuatro
-reyes, Guarionex, Caonabo, Vehechio y Higuanamá, con todos los otros
-infinitos Reyes ó señores menores que á aquellos seguian y obedecian,
-deseaban echarlos desta tierra y por la muerte sacarlos del mundo. Sólo
-Guacanagarí, el rey del Marien, donde vino á perder la nao el Almirante
-el primer viaje, y dejó la fortaleza y lugar que llamó la Navidad,
-nunca hizo cosa penosa á los cristianos, ántes en todo este tiempo tuvo
-cien cristianos manteniéndolos en su tierra, como si cada uno fuera su
-hijo ó su padre, sufriéndoles sus injusticias ó fealdades, ó porque su
-bondad y virtud era incomparable, como parece, por el acogimiento y
-obras que hizo el dicho primer viaje al Almirante y á los cristianos, ó
-porque quizá era de ánimo flaco y cobarde que no se atrevia á resistir
-la ferocidad de los cristianos; pero, cierto, de creer es, que vivia
-harto amargo, y que de continuo sus aflicciones y de sus vasallos gemia
-y las lloraba.
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-CAPÍTULO CI.
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-Tornando á la venida de Bartolomé Colon, hermano del Almirante,
-ya digimos, mucho arriba, en el cap. 29, como cuando el Almirante
-determinó de buscar un Rey cristiano, que le favoreciese y ayudase
-para el descubrimiento que entendia hacer, envió á su hermano,
-Bartolomé Colon, que fuese por su parte á proponer su demanda al rey
-Enrico, que entónces reinaba en la isla de Inglaterra, el cual, por
-los naufragios é infortunios y tribulaciones que le ocurrieron, no
-pudo llegar allá sino despues de muchos años; dentro de los cuales,
-el Almirante, aunque tambien gastó años muchos estando siete en la
-corte, fué acogido, favorecido y despachado de los Reyes Católicos, y
-descubrió estas Indias, y despues tornó con los 17 navíos á poblar,
-que es del negocio que agora tratamos. Propuesta, pues, su empresa,
-Bartolomé Colon ante el rey de Inglaterra, no sabemos qué repulsas ó
-contrarios tuvo, ó cuanto tiempo tardó en su despacho, despues que lo
-comenzó (puesto que nos vimos en tiempo con D. Bartolomé Colon, que si
-nos ocurriera pensar escribir esta Historia lo pudiéramos bien saber),
-mas de que al fin el Rey se lo admitió y capituló con él, segun de
-ambas partes se concertaron; viniendo, pues, para Castilla en busca de
-su hermano, don Cristóbal Colon, que ya era Almirante y él no lo sabia
-(porque, cierto, debia el Almirante de tenerlo por muerto, pues en los
-siete años no habia sabido dél, ó por sus enfermedades ó porque, por
-sus infortunios, no habia todo aquel tiempo podido ir á Inglaterra),
-viniendo por París, como ya estuviese tendida la fama de haberse
-descubierto este Nuevo Mundo, el mismo rey de Francia Charles ó Cárlos,
-el que decian el Cabezudo, le dijo como su hermano habia descubierto
-unas grandes tierras que se decian las Indias: y, porque los Reyes
-sabian primero las nuevas que otros, pudo haber sido que el mismo rey
-de Inglaterra lo debia tambien saber, y no lo quiso decir al dicho
-Bartolomé Colon, ó por lo atraer á sí, y él atrajese al Almirante, su
-hermano, para su servicio, ó por dar á entender que para aceptar tan
-sumo y tan incierto negocio no le faltaba magnanimidad. Besando las
-manos, Bartolomé Colon, al rey de Francia por las buenas nuevas que
-le plugo dar, el Rey le mandó dar 100 escudos para ayuda á su camino.
-Oido que su hermano habia descubierto las tierras que buscaban, dióse
-prisa creyendo de lo alcanzar, pero no pudo, porque el Almirante ya
-era partido con sus 17 navíos, halló empero una instruccion que le
-dejaba el Almirante para si en algun tiempo Bartolomé Colon pareciera.
-Vista esta instruccion, partióse de Sevilla para la corte, que estaba
-en Valladolid, por el principio del año de 1494, y llevó consigo á
-dos hijos que tenia el Almirante, D. Diego Colon, el mayor, y que le
-sucedió en el estado y fué el segundo Almirante de las Indias, y á
-D. Hernando Colon, hijo menor, para que fuesen á servir al príncipe
-D. Juan, de pajes, porque así le habia hecho merced la Reina al
-Almirante. Llegado á besar las manos á los Reyes, Bartolomé Colon
-con los sobrinos, y ofrecidos todos á su servicio, recibiéronlo los
-católicos Reyes con mucha alegría y benignidad; llamáronle luego D.
-Bartolomé, y mandaron que fuese á servirles ayudando al Almirante, su
-hermano; para lo cual, le mandaron aparejar tres navíos con bastimentos
-y recaudo para engrosar las provisiones que habian dado al Almirante,
-su hermano; á los niños mandaron los Reyes que sirviesen al príncipe
-don Juan, de pajes. Llegó á esta isla Española en 14 dias de Abril
-del año de 1494. Así que, convalecido ya el Almirante de su gravísima
-enfermedad, y consolado mucho con la venida de su hermano D. Bartolomé
-Colon, acordó, como Visorey, pareciéndole tener auctoridad para ello,
-de criarlo é investirlo de la dignidad ó oficio real de Adelantado de
-las Indias como él lo era Almirante; pero los Reyes, sabido, no lo
-aprobaron, dando á entender al Almirante no pertenecer al oficio de
-Visorey criar tal dignidad, sino sólo á los Reyes, pero, por hacer á
-ambos merced, Sus Altezas, por sus cartas reales, lo intitularon de las
-Indias Adelantado, y, hasta que murió, por tal fué tenido y nombrado.
-La provision real de la institucion desta dignidad de Adelantado,
-concedida por los Reyes al dicho Bartolomé Colon, se hizo en Medina del
-Campo, á 22 dias del mes de Julio de 1497 años, el tenor de la cual
-quizá ponemos abajo. Era persona de muy buena dispusicion, alto de
-cuerpo, aunque no tanto como el Almirante, de buen gesto, puesto que
-algo severo, de buenas fuerzas y muy esforzado, muy sabio y prudente
-y recatado, y de mucha experiencia, y general en todo negocio; gran
-marinero, y creo, por los libros y cartas de marear glosados y notados
-de su letra, que debian ser suyos ó del Almirante, que era en aquella
-facultad tan docto, que no le hacia el Almirante mucha ventaja. Anduvo
-viajes al cabo de Buena Esperanza, cuando luego se descubrió, si no me
-olvido, el año de 1485, no sé si sólo él ó en compañía del Almirante;
-era muy buen escribano, mejor que el Almirante, porque en mi poder
-están muchas cosas de las manos de ambos. Parecíame á mí, cuanto á
-la condicion del Adelantado, las veces que le comunicaba, que era de
-más recia y seca condicion, y no tanta dulzura y benignidad como el
-Almirante. Ayudóse mucho de su consejo y parecer, en las cosas que le
-pareció emprender y en los trabajos del campo, el Almirante, y no hacia
-cosa sin él, y, por ventura, en las cosas que se imputaron despues al
-Almirante de rigor y crueldad, fué el Adelantado la causa; puesto que,
-como el Almirante y sus hermanos eran extranjeros y solos, y gobernaban
-á gente española, que aunque á sus naturales señores es subyectísima,
-pero ménos humilde y paciente y más dura de cerviz para tener sobre sí
-superiores de estraña nacion que otra, mayormente hallándose fuera de
-sus tierras, donde más muestran su dureza y ferocidad que ninguna, y
-por tanto, cualquiera cosa que no fuese á sabor de todos, en especial
-de muchos caballeros que con el Almirante habian ido y mucho más de
-los oficiales del Rey, que suelen subir con sus pensamientos más que
-otros, habia de serles juzgada y tenida por dura y ménos sufrible que
-si la hicieran ó ordenaran otros gobernadores de nuestra propia nacion,
-y así, quizá parecia al Adelantado convenir, por entónces, usar de
-aquellos rigores: cuanto al castigo de los españoles digo; porque, en
-los daños que se hicieron á los indios, poco cuidado siempre hobo de
-sentir que fuesen daños, y pocas acusaciones les pusieron dello.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CII.
-
-
-En este tiempo de la indispusicion del Almirante, pocos dias despues
-de llegado de su descubrimiento de Cuba y Jamáica, vínole á visitar
-el rey del Marien, Guacanagarí, mostrando gran pesar de su enfermedad
-y trabajos, y dando disculpa de sí, afirmando que él no habia sido
-en la muerte de los cristianos, que se habian muerto por mandado de
-los otros Reyes y señores, ni de los ayuntamientos de las gentes que
-estaban, en la Vega y en las otras partes, de guerra; y que no podia
-traer argumento de su buena voluntad y amor que tenia á él y á sus
-cristianos, que los tratamientos que les habia mandado hacer en su
-tierra, y las obras buenas que de sus vasallos habian recebido siempre,
-teniendo á la contina cient cristianos en ella, y siendo proveidos y
-servidos de todas las cosas necesarias que ellos tenian, como si fueran
-sus propios hijos, y que por esta causa estaba odioso á todos los Reyes
-y señores y gentes de la isla, y le trataban y perseguian su persona
-y nombre y vasallos como á enemigos, y habia recibido dellos muchos
-daños con este título. Y, en tocando en hablar en los 39 cristianos
-que quedaron en la fortaleza, en su tierra, cuando el Almirante tornó
-con las nuevas del descubrimiento destas tierras á Castilla, lloraba
-como si fueran todos sus hijos, excusándose de culpa, y acusándose por
-desdichado en no haberlos podido guardar hasta que viniera, que los
-hallara vivos. El Almirante le recibia su satisfaccion y cumplia con él
-lo mejor que le parecia, y no tenia duda de que no fuese verdad todo, ó
-lo más y lo principal de lo que decia; y porque el Almirante determinó
-de salir por la isla con la más gente cristiana que pudiese de guerra,
-para derramar las gentes ayuntadas y sojuzgar toda la tierra, ofrecióse
-á ir con él el rey Guacanagarí é llevar toda la gente suya que
-pudiese, para favor y ayuda de los cristianos, y así lo hizo. Es aquí
-de notar, para las personas que aman la verdad y justicia, que no son
-otras más, sino las que están desnudas de toda pasion, mayormente de
-temporal interese, que aunque para bien de los cristianos y para que
-pudiesen permanecer en la isla, el rey Guacanagarí les echase cargo
-en favorecerles y ayudarlos, y así, parezca en la superficie, á los
-que no penetran la razon del negocio, que el dicho Guacanagarí hacia
-bien y virtuosamente, pero en la verdad, considerada la obligacion que
-de ley natural todos los hombres tienen al bien comun, y libertad, y
-conservacion de su patria y estado público della (como parece por la
-Ley _Veluti_, párrafo _De justitia et jure_, donde dice que de derecho
-de las gentes, y así, por natural razon, la religion se debe á Dios, y
-la obediencia á los padres y á la patria, y así es uno de los preceptos
-naturales, que somos obligados á guardar, so pena de gravísimo pecado
-mortal), este rey Guacanagarí ofendia y violaba mucho la ley natural,
-y era traidor y destruidor de su patria y de las de los Reyes de la
-isla y de toda su nacion, y pecaba mortalmente ayudando y manteniendo,
-favoreciendo y conservando á los cristianos, y por consiguente, todos
-los Reyes y señores, y toda la otra gente de aquellos reinos, justa
-y lícitamente lo perseguian y tenian justa guerra contra él y contra
-su reino, como á capital enemigo suyo y público de todos, traidor
-y disipador de su patria y nacion, pues ayudaba, y favorecia, y
-conservaba á los hostes ó enemigos públicos de la suya, y de todas las
-otras de los otros reinos y repúblicas; gente áspera, dura, fuerte,
-extraña, que los inquietaba, turbaba, maltrataba, oprimia, ponia en
-dura servidumbre y, al cabo, los consumia, destruia y mataba, y era
-cosa probabilísima y certísima, que aquella gente extraña y que tales
-obras hacia, y tales indicios de sí en cada parte donde entraban daban,
-que, desque más se arraigasen y asentasen en la tierra, todo el estado
-de sus repúblicas de todos los reinos desta isla, como finalmente lo
-hicieron (segun es ya bien manifiesto), habian de subvertir ó destruir
-é asolar, y lo que más es, que su mismo reino, y sus mismos vasallos
-y súbditos, como á tal proditor y destruidor de su patria, y de todo
-el estado público de su reino, lo podian lícitamente matar, y tenian
-justa guerra contra él, y él, si se defendiera, injusta contra ellos
-y contra los otros Reyes que por esta causa le persiguieran. Por las
-razones dichas, se pone cuestion entre los doctores teólogos, si
-Raab, meretriz, pecó mortalmente encubriendo y salvando las espías ó
-exploradores de la tierra de promision que habia enviado Josué, y el
-ejército de los hijos de Israel, y concluyese que, en la verdad, fué
-traidora y destruidora de su patria y ciudad, Hiericó, en encubrir y
-salvar los dichos exploradores, y hizo contra el precepto del derecho
-natural, siendo obligada por el mismo derecho á entregarlos al Rey
-ó al pueblo, y áun matarlos ella, porque por ello merecian bien la
-muerte, por las leyes de cada república tácitas ó expresas que, sobre
-este caso, por ley natural tiene promulgadas, y pecára mortalmente, si
-no concurrieran otras causas que la excusaron; una de las cuales fué,
-porque, movida é inspirada por Dios, cognosció clarísimamente que el
-Dios de los judíos era omnipotentísimo, y que habia determinado de dar
-toda la tierra de los cananeos á los judíos, pueblo suyo, y por esto,
-siendo para ello alumbrada, quiso ayudar en ello y no repugnar á la
-voluntad de Dios, y tambien, ya que no podia escapar su ciudad toda,
-quiso al ménos escaparse á sí é á su casa de la muerte que esperaba
-que todos habian de pasar. Esto parece por el mismo texto de la
-Escriptura divina, Josué, II; dijo ella: _Novi quod Dominus tradiderit
-vobis terram.... Audivimus quod siccaverit Dominus aquas Maris Rubri
-ad vestrum introitum ..._ Et infra: _Dominus enim Deus vester ipse
-est Deus in cœœœlo sursum et in terra deorsum_, etc. Así que, por lo
-dicho, podrán cognoscer los leyentes algo de la justificacion que
-podrán tener las obras que los cristianos hicieron en aquellas gentes,
-de que estaba plenísima esta isla, que abajo se referirán. En estos
-dias envió el Almirante á hacer guerra al Cacique ó rey Guatigana,
-porque habia mandado matar los 10 cristianos, en cuya gente hicieron
-cruel matanza los cristianos, y él huyó. Tomáronse mucha gente á
-vida, de la cual envió á vender á Castilla más de 500 esclavos en los
-cuatro navíos que trujo Antonio de Torres, y se partió con ellos para
-Castilla, en 24 de Febrero de 1495. Hobo esta determinacion entre los
-españoles, dende adelante, la cual guardaban por ley inviolable, que
-por cada cristiano que matasen los indios hobiesen los cristianos
-de matar 100 indios; y pluguiera á Dios que no pasáran de 1.000 los
-que, por uno, desbarrigaban y mataban, y sin que alguno matasen, como
-despues, inhumanamente, yo vide muchas veces. Por ventura, poco ántes
-de lo dicho, fué Alonso de Hojeda, de quien arriba en el cap. 82
-hicimos mencion, y, si á Dios pluguiere, haremos adelante más larga;
-enviado por el Almirante disimuladamente con nueve cristianos él solo,
-á caballo, para visitar de su parte al rey Caonabo, de quien arriba
-digimos ser muy gran señor y muy más esforzado que otro alguno de
-esta isla, y á rogarle que le fuese á ver á la Isabela, y si pudiese
-prenderlo con un ardid que habia pensado. Porque á este Rey ó Cacique
-temia más que á otro de la isla el Almirante y los cristianos, porque
-tenia nuevas que trabajaba mostrar su valor y estado, en guerras y
-fuera dellas, preciándose de que se viese y estimase su magestad y
-auctoridad real en obras, y palabras, y gravedad; ayudábale á esto
-tener dos ó tres hermanos, muy valientes hombres, y mucha gente que lo
-corroboraba, por manera que, por guerra no se pensaba poderlo tan aína
-sojuzgar. El ardid fué aqueste: que como los indios llamasen al laton
-nuestro, turey, é á los otros metales que habiamos traido de Castilla,
-por la grande estima que dello tenian como cosa venida del cielo,
-porque llamaban turey al cielo, y ansí hacian joyas dellos, en especial
-de laton, llevó el dicho Alonso de Hojeda unos grillos y unas esposas
-muy bien hechas, sotiles y delgadas, y muy bruñidas y acicaladas, en
-lugar de presente que le enviaba el Almirante, diciéndole que era turey
-de Vizcaya, como si dijera cosa muy preciosa venida del cielo, que se
-llamaba turey de Vizcaya. Llegado Hojeda á la tierra y pueblo del rey
-Caonabo, que se decia la Maguana, y estaria de la Isabela obra de 60
-leguas ó 70, apeado de su caballo, y espantados todos los indios de
-lo ver, porque al principio pensaban que era hombre y caballo todo un
-animal, dijeron á Caonabo que eran venidos allí cristianos que enviaba
-el Almirante, Guamiquina de los cristianos, que queria decir, el señor
-ó el que era sobre los cristianos, y que le traian un presente de su
-parte, que llamaban turey de Vizcaya. Oido que le traian turey alegróse
-mucho, mayormente que como tenia nueva de una campana que estaba en
-la iglesia de la Isabela, y le decian los indios que la habian visto,
-que un turey que tenian los cristianos hablaba, estimando que, cuando
-tañían á misa y se allegaban todos los cristianos á la iglesia por el
-sonido della, que, porque la entendian, hablaba, y por eso deseábala
-mucho ver y porque se la trajesen á su casa la habia algunas veces,
-segun se dijo, enviado al Almirante á pedir; así que, holgó que Hojeda
-entrase donde él estaba, y dícese que Hojeda se hincó de rodillas y
-le besó las manos, y dijo á los compañeros: «hacé todos como yo.»
-Hízole entender que le traia turey de Vizcaya, y mostróle los grillos
-y esposas muy lucías y como plateadas, y, por señas y algunas palabras
-que ya el Hojeda entendia, hízole entender que aquel turey habia venido
-del cielo y tenia gran virtud secreta, y que los Guamiquinas ó reyes
-de Castilla se ponian aquello por gran joya cuando hacian areytes, que
-eran bailes, y festejaban, y suplicóle que fuese al rio á holgares y
-á lavarse, que era cosa que mucho usaban (y estaria del pueblo media
-legua y más por ventura, y era muy grande y gracioso, llamado Yaquí,
-porque nace de una sierra con el otro que digimos arriba, que sale
-á _Monte-Christi_, y el Almirante le puso el Rio del Oro), y que
-allí se los pondria donde los habia de traer, y que despues vernia
-caballero en el caballo, y pareceria ante sus vasallos como los Reyes
-ó Guamiquinas de Castilla. Determinó de lo hacer un dia, y fuese, con
-algunos criados de su casa y poca gente, al rio, harto descuidado y
-sin temor que nueve cristianos ó diez le podian hacer mal, estando en
-su tierra, donde tenia tanto poder y vasallos. Despues de se haber
-lavado y refrescado, quiso, de muy cudicioso, ver su presente de turey
-de Vizcaya y probar su virtud, y así Hojeda hace que se aparten, los
-que con él habian venido, un poco, y sube sobre su caballo, y al Rey
-pónenle sobre las ancas, y allí échanle los grillos y las esposas, los
-cristianos, con gran placer y alegría, y dá una ó dos vueltas cerca
-de donde estaban por disimular, y da la vuelta, los nueve cristianos
-juntos con él, al camino de la Isabela, como que se paseaban para
-volver, y, poco á poco, alejándose, hasta que los indios que lo miraban
-de léjos, porque siempre huian de estar cerca del caballo, lo perdieron
-de vista; y así le dió cantonada y la burla pasó á las veras. Sacan
-los cristianos las espadas y acometen á lo matar, sino calla y está
-quedo á que lo aten bien al Hojeda, con buenas cuerdas que llevaban,
-y, con toda la prisa que se podrá bien creer, dello por camino, dello
-por las montañas, fuera dél, hasta que despues de muchos trabajos,
-peligros y hambre, llegaron y lo pusieron en la Isabela, entregándolo
-al Almirante. Desta manera, y con esta industria, y por este ardid,
-del negro turey de Vizcaya, prendió al gran rey Caonabo, uno de los
-cinco principales reyes y señores desta isla, Alonso de Hojeda, segun
-era público y notorio, y así se platicaba, y muchas veces, como por
-cosa muy cierta lo hablábamos de que yo llegué á esta isla, que fué
-seis ó siete años despues desto acaecido. Pudieron pasar otras más ó
-ménos particularidades, sin las que yo aquí cuento, ó en otra manera,
-que en el rio lo prendiesen y echasen los grillos y esposas, pero al
-ménos esto lo escribo como lo sé, y que por cosa cierta teniamos en
-aquel tiempo, que el Hojeda lo habia preso y traido á la Isabela con
-la dicha industria de los grillos, turey de Vizcaya; D. Hernando dice,
-que cuando salió el Almirante á hacer guerra á la gente que estaba
-junta en la Vega (de que luego se dirá), lo prendió con otros muchos
-señores Caciques, pero yo, por lo dicho y por otras razones que hay, no
-lo tengo por cierto; y una es, que no habia de venir Caonabo tan léjos
-de su tierra 70 y 80 leguas, y en tierra ajena, de Guarionex, y con
-grandes dificultades, á dar guerra á los Españoles, no teniendo bestias
-para traer los bastimentos, cosa muy contraria de la costumbre y
-posibilidad de los indios, al ménos los destas islas. De otra manera lo
-cuenta esto Pedro Mártir en la primera de sus Décadas, que el Almirante
-envió á Hojeda, solamente á rogarle que le fuese á ver, y que determinó
-de irlo á ver con mucha gente armada, para si pudiera matarlo con todos
-los cristianos, y que le amenazaba Hojeda para provocarlo á que lo
-fuese á ver, con decirle, que sino tenia amistad con el Almirante, que
-por guerra él y los suyos serian muertos y destruidos. Estas no son
-palabras que sufriera Caonabo, segun era gran señor y esforzado, y no
-habia experimentado las fuerzas y lanzas y espadas de los españoles;
-y al cabo dice, Pedro Mártir, que yendo con su gente armado, en el
-camino Hojeda le prendió y llevó al Almirante, pero todo esto es imágen
-de verdad, por muchas razones, que de lo susodicho pueden sacarse;
-lo que platicábamos, el tiempo que digo, era que Caonabo respondió á
-Hojeda; «venga él acá y tráigame la campana ó turey que habla, que yo
-no tengo de ir allá;» esto concuerda más con la gravedad y auctoridad
-de Caonabo. Confírmase lo que yo digo por una cosa notable, que, por
-tan cierta como la primera se contaba dél, y es esta: que estando el
-rey Caonabo preso con hierros y cadenas en la casa del Almirante, donde
-á la entrada della todos le veian, porque no era de muchos aposentos,
-y cuando entraba el Almirante, á quien todos acataban y reverenciaban,
-y tenia persona muy autorizada (como al principio desta Historia
-se dijo), no se movia ni hacia cuenta dél, Caonabo, pero cuando
-entraba Hojeda, que tenia chica persona, se levantaba á él y lloraba,
-haciéndole gran reverencia, y como algunos españoles le dijesen que
-por qué hacía aquello siendo el Almirante Guamiquina y el señor, y
-Hojeda súbdito suyo como los otros, respondia, que el Almirante no
-habia osado ir á su casa á lo prender sino Hojeda, y por esta causa, á
-sólo Hojeda debia él esta reverencia y no al Almirante. Determinó el
-Almirante llevarlo á Castilla y con él otros muchos para esclavos que
-hinchiesen los navíos, por lo cual envió 80 cristianos hácia Cibao y
-á otras provincias, que tomasen por fuerza los que pudiesen, y hallo
-en mis memoriales que trajeron 600 indios, y la noche que llegó á la
-Isabela esta cabalgada, y teniendo ya embarcado al rey Caonabo en un
-navío de los que estaban para partir, en la Isabela, para mostrar Dios
-la injusticia de su prision y de todos aquellos inocentes, hizo una tan
-deshecha tormenta, que todos los navios que allí estaban con toda la
-gente que habia en ellos (salvo los españoles que pudieron escaparse),
-y el Rey Caonabo cargado de hierros, se ahogaron y hobieron de perecer;
-no supe si habian embarcado aquella noche los 600 indios. Vista por
-los hermanos de Caonabo su prision, y consideradas las obras que los
-cristianos, en todas las partes donde entraban ó estaban, hacian, y que
-los mismos, cuando no se catasen, habian de padecer, juntaron cuanta
-gente pudieron y determinaron de hacer á los cristianos guerra, cuan
-cruel pudiesen, para librar su hermano y señor, que ya era ahogado,
-y echarlos de la tierra y del mundo si pudiesen hacerlo. Perdidos
-los navíos, que fué gran angustia y dolor para el Almirante, dispuso
-luego de que se hiciesen dos carabelas, la una de las cuales yo vide,
-y llamóse la _India_, y él, porque era muy devoto de Sant Francisco,
-vistióse de pardo, y yo le vide en Sevilla al tiempo que llegó de acá,
-vestido cuasi como fraile de Sant Francisco.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CIII.
-
- En el cual se tracta de la llegada á Castilla, con los 12 navíos, de
- Antonio de Torres.
-
-
-Llegó á Castilla con sus 12 navíos Antonio de Torres, con muy buen
-viaje y breve, porque salió del puerto de la Isabela á 2 de Febrero,
-y llegó á Cáliz cuasi entrante ó á los 8 ó 10 de Abril. Recibieron
-los Reyes inestimable alegría con la venida de Antonio de Torres, por
-saber que el Almirante, con toda la flota, hobiese llegado á esta isla
-en salvamento, y más con las cartas y relacion del Almirante, y el
-oro que les enviaba, cogido de las mismas minas de Cibao con la gente
-que él habia enviado con Hojeda para verlas é descubrirlas, y, por
-vista de ojos, experimentar que lo hobiese en la misma tierra y sacado
-por mano dellos; y porque ya los Reyes, por ventura, habian mandado
-aparejar tres navíos para que fuesen tras el Almirante y su flota, por
-el deseo que tenian de saber dél, por el temor, quizá, quel armada que
-se decia tener el rey de Portugal no hobiese topado con él, los dichos
-tres navíos; llegado Antonio de Torres, mandaron, con muchas cosas de
-las que el Almirante pidió por sus cartas, despacharlos. Y en aquestos
-creo que vino Bartolomé Colon, porque por entónces no habian venido acá
-otros, y eran todos bien contados y deseados cada vez que acá venian,
-como se verá. En ellos escribieron los Reyes al Almirante, la presente
-carta ó epístola:
-
-«El Rey é la Reina.—D. Cristóbal Colon, nuestro Almirante del mar
-Océano, é nuestro Visorey é Gobernador de las islas nuevamente falladas
-en la parte de las Indias: Vimos las cartas que nos enviastes con
-Antonio de Torres, con las cuales hobimos mucho placer, y damos muchas
-gracias á Nuestro Señor Dios que tan bien lo ha hecho, y en haberos
-en todo tan bien guiado. En mucho cargo y servicio vos tenemos lo que
-allá habeis fecho, que no puede ser mejor, y asimismo oimos al dicho
-Antonio de Torres, y recibimos todo lo que con él nos enviastes y Nos
-esperábamos de ver, segun la mucha voluntad y aficion que de vos se
-ha cognoscido y cognosce en las cosas de nuestro servicio. Sed cierto
-que nos tenemos de vos por mucho servidos y encargados en ello, para
-vos hacer mercedes, y honra, y acrecentamiento como vuestros grandes
-servicios lo requieren y adeudan; y porque el dicho Antonio de Torres
-tardó en venir aquí hasta agora, y no habiamos visto vuestras cartas,
-las cuales no nos habia enviado por las traer él á mejor recaudo, y
-por la prisa de la partida destos navíos que agora van, los cuales, á
-la hora que lo aquí supimos, los mandamos despachar con todo recaudo
-de las cosas que de allá enviastes por memorial, que cuanto más
-cumplidamente se pudiera facer sin detenerlos, y así se hará y cumplirá
-en todo lo otro que trujo á cargo, al tiempo y como él lo dijere.
-No há lugar de os responder como quisiéramos, pero cuando él vaya,
-placiendo á Dios, vos responderemos y mandaremos proveer en todo ello,
-como cumple. Nos habemos habido enojo de las cosas que allá se han
-hecho fuera de vuestra voluntad, las cuales mandaremos bien remediar é
-castigar. En el primer viaje que para acá se hiciere enviad á Bernal de
-Pisa, al cual Nos enviamos á mandar que ponga en obra su venida, y en
-el cargo que él llevó entienda en ello la persona que á vos y al padre
-fray Buil pareciere, en tanto que de acá se provee, que por la prisa
-de la partida de los dichos navíos no se pudo agora proveer en ello,
-pero en el primer viaje, si place á Dios, se proveerá de tal persona
-cual conviene para el dicho cargo. De Medina del Campo á diez y ocho de
-noventa y cuatro años.—Yo el Rey.—Yo la Reina.—Por mandado del Rey é
-de la Reina, Juan de la Parra.»
-
-Parece por esta carta de los Reyes, que Antonio de Torres debia haber
-traido las quejas de Bernal de Pisa, y á esto contradice lo que arriba
-en el cap. 90 se dijo, que despues de partido de la Isabela con los
-12 navíos, Antonio de Torres, se quiso amotinar, con los cinco que
-quedaron, Bernal de Pisa. No tiene concordia ninguna, sino es que él
-debia de causar algunas inquietudes y alborotos, estando áun allí
-Antonio de Torres, y desto escribió quejas el Almirante á los Reyes,
-y, despues de partido Antonio de Torres, pasó adelante en quererse
-alzar con los cinco navíos; la razon es, porque no hobo navío alguno
-que volviese á Castilla, sino los 12 que volvieron y los cinco que
-quedaron. Mandaron los Reyes que, con toda la priesa y diligencia que
-posible fuese, se aparejasen cuatro navíos en que tornase Antonio
-de Torres, con todas las provisiones y recaudos que el Almirante,
-por su memorial, envió á suplicar y pedir á los Reyes, todo lo cual,
-hizo muy cumplidamente el Arcediano de Sevilla susodicho, D. Juan de
-Fonseca, y fué todo puesto á punto, por manera, que al fin de Agosto
-ó en principio de Setiembre, á lo que creo, se hizo Antonio de Torres
-con los cuatro navíos á la vela, con el cual escribieron los Reyes al
-Almirante la carta siguiente.
-
-«El Rey é la Reina.—D. Cristóbal Colon, Almirante mayor de las islas
-de las Indias: Vimos vuestras letras é memoriales que nos enviastes
-con Torres, y habemos habido mucho placer de saber todo lo que por
-ellas nos escribistes, y damos muchas gracias á Nuestro Señor por todo
-ello, porque, con su ayuda, este negocio vuestro será causa que nuestra
-sancta fe católica sea mucho más acrecentada. Y una de las principales
-cosas porque esto nos ha placido tanto, es, por ser inventada,
-principiada y habida por vuestra mano, trabajo é industria, y parécenos
-que todo lo que al principio nos dixistes que se podia alcanzar, por
-la mayor parte, todo ha salido cierto como si lo hobiérades visto
-ántes que nos lo dixérades; esperanza tenemos en Dios, que, en lo
-que queda por saber, así se continuará, de que por ello vos quedamos
-en mucho cargo para vos facer mercedes, por manera que vos seais muy
-bien contento: y, visto todo lo que nos escribistes, como quiera que
-asaz largamente decís todas las cosas, de que es mucho gozo y alegría
-verlas, pero algo más querriamos que nos escribiésedes, ansí en que
-sepamos cuantas islas fasta aquí se han fallado, y, á las que habeis
-puesto nombres, qué nombre á cada una, porque aunque nombrais algunas
-en vuestras cartas, no son todas, y á las otras, los nombres que les
-llaman los indios, y cuanto hay de una á otra, y todo lo que habeis
-fallado en cada una dellas, y lo que dicen que hay en ellas, y en lo
-que se ha enviado despues que allá fuistes, qué se ha habido, pues ya
-es pasado el tiempo que todas las cosas sembradas se han de coger; y
-principalmente, deseamos saber todos los tiempos del año qué tales son
-allá en cada mes por sí, porque á Nos parece, que, en lo que decís que
-hay allá, hay mucha diferencia en los tiempos á los de acá: algunos
-quieren decir si en un año hay dos inviernos y dos veranos. Todo nos
-lo escribid por nuestro servicio, y enviadnos todos los más halcones
-que de allá se pudieren enviar, y de todas las aves que allá hay y se
-pudieren haber, porque querríamoslas ver todas; y cuanto á las cosas
-que nos enviastes por memorial que se proveyesen y enviasen de acá,
-todas las mandamos proveer, como del dicho Torres sabreis y vereis por
-lo que él lleva. Querriamos, si os parece, que así para saber de vos y
-de toda la gente que allá está, como para que cada dia pudiésedes ser
-proveidos de lo que fuese menester, que cada mes viniese una carabela
-de allá, y de acá fuese otra, pues que las cosas de Portugal están
-asentadas, y los navíos podrán ir y venir seguramente; veldo, y si os
-pareciere que se debe hacer, haceldo vos, y escribidnos la manera que
-os pareciere, qué se debe enviar de acá. Y en lo que toca á la forma
-que allá debeis tener con la gente que allá teneis, bien nos parece lo
-que hasta agora habeis principiado, y así lo debeis continuar, dándoles
-el más contentamiento que ser pueda, pero no dándoles lugar que excedan
-en cosa alguna de las que hobieren de hacer é vos les mandedes de
-nuestra parte; y cuanto á la poblacion que hicistes, en aquello no hay
-quien pueda dar regla cierta ni enmendar cosa alguna desde acá, porque
-allá estariamos presentes, y tomariamos vuestro consejo y parecer en
-ello, cuanto más en absencia; por eso á vos lo remitimos. A todas las
-otras cosas contenidas en el memorial que trajo el dicho Torres, en
-las márgenes dél va respondido lo que convino que vos supiésedes la
-respuesta, á aquella vos remitimos; y cuanto á las cosas de Portugal,
-acá se tomó cierto asiento con sus Embajadores, que nos parecia que era
-más sin inconvenientes, y porque dello seais bien informado largamente,
-vos enviamos el treslado de los capítulos que sobre ello se hicieron,
-y por eso, aquí no conviene alargar en ello, sino que mandamos y
-encargamos que aquello guardeis enteramente, é fagais que por todos sea
-guardado, así como en los capítulos se contiene; y en lo de la raya
-ó límite que se ha de hacer, porque nos parece cosa muy dificultosa
-y de mucho saber y confianza, querriamos, si ser pudiese, que vos os
-hallásedes en ello, y la hiciésedes con los otros que por parte del
-rey de Portugal en ello han de entender, y si hay mucha dificultad
-en vuestra ida á esto, ó podria traer algun inconveniente en lo que
-ende estais, ved si vuestro hermano, ó otro alguno teneis ende que lo
-sepan, é informadlos muy bien por escripto, y áun por palabra, y por
-pintura, y por todas las maneras que mejor pudieran ser informados, é
-inviádnoslos acá luego con las primeras carabelas que vinieren, porque
-con ellos enviaremos otros de acá para el tiempo que está asentado; y
-quier hayais vos de ir á esto, ó nó, escribidnos muy largamente todo lo
-que en esto supiéredes y á vos pareciere que se debe hacer para nuestra
-informacion y para que todo se provea como cumple á nuestro servicio, y
-faced de manera que vuestras cartas y las que habeis de enviar vengan
-presto, porque puedan volver á donde se ha de hacer la raya, ántes
-que se cumpla el tiempo que tenemos asentado con el rey de Portugal,
-como vereis por la capitulacion. De Segovia á diez y seis de Agosto de
-noventa y cuatro años.—Yo el Rey.—Yo la Reina.—Por mandato del Rey é
-de la Reina, Fernandalvarez.»
-
-Lo que en esto despues se hizo no lo pude saber, sólo esto fué
-cierto, que ni el Almirante ni su hermano pudieron ir á ello por el
-descubrimiento que hizo de Cuba y Jamáica, y enfermedad del Almirante,
-y otras adversidades que luego les vinieron, ó porque el tiempo del
-asiento era pasado, y áun creo que, principalmente, por lo que se dirá
-en los capítulos siguientes.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CIV[3]
-
-
-El Almirante, como cada dia sentia toda la tierra ponerse en armas,
-puesto que armas de burla en la verdad, y crecer en aborrecimiento de
-los cristianos, no mirando la grande razon y justicia que para ello
-los indios tenian, dióse cuanta más priesa pudo para salir al campo
-para derramar las gentes y sojuzgar por fuerza de armas la gente de
-toda esta isla, como ya digimos; para efecto de lo cual, escogió hasta
-200 hombres españoles, los más sanos (porque muchos estaban enfermos
-y flacos), hombres de pié y 20 de á caballo, con muchas ballestas y
-espingardas, lanzas y espadas, y otra mas terrible y espantable arma
-para con los indios, despues de los caballos, y esta fué 20 lebreles
-de presa, que luego en soltándolos ó diciéndolos «tómalo,» en una
-hora hacian cada uno á cien indios pedazos; porque como toda la gente
-desta isla tuviesen costumbre de andar desnudos totalmente, desde lo
-alto de la frente hasta lo bajo de los piés, bien se puede fácilmente
-juzgar qué y cuales obras podian hacer los lebreles ferocísimos,
-provocados y esforzados por los que los echaban y açomaban en cuerpos
-desnudos, ó en cueros, y muy delicados: harto mayor efecto, cierto,
-que en puercos duros de Carona ó venados. Esta invencion comenzó aquí
-escogitada, inventada y rodeada por el diablo, y cundió todas estas
-Indias, y acabará cuando no se hallare más tierra en este orbe, ni más
-gentes que sojuzgar y destruir, como otras exquisitas invenciones,
-gravísimas y dañosísimas á la mayor parte del linaje humano, que aquí
-comenzaron y pasaron y cundieron adelante para total destruccion de
-estas naciones, como parecerá. Es tambien aquí de notar, que como los
-indios anduviesen, como es dicho, desnudos en estas islas y en muchas
-partes de tierra firme, y en todas las demas no pase su vestido de una
-mantilla delgada de algodon, de vara y media, ó dos cuando más, en
-cuadro, y estas sean cuasi en todas las Indias (los pellejos suyos,
-digo, y las dichas mantillas), sus armas defensivas, las ballestas de
-los cristianos y las espingardas de los tiempos pasados, y más sin
-comparacion los arcabuces de agora, son para los indios increiblemente
-nocivas; pues de las espadas que cortaban y cortan hoy un indio desnudo
-por medio, no hay necesidad que se diga; los caballos, á gentes que
-nunca los vieron y que imaginaban ser todo, el hombre y caballo, un
-animal, bastaban de miedo enterrarse dentro de los abismos, vivos, y,
-por su mal, despues que los cognoscieron, vieron y ven hoy por obra
-en sus personas, casas, pueblos y reinos, lo que padecen dellos ó por
-ellos temian. Esto es cierto, que solos 10 de caballo, al ménos en
-esta isla (y en todas las demas partes destas Indias, si no es en las
-altas sierras), bastan para desbaratar y meterlos todos por las lanzas,
-100.000 hombres que se junten, contra los cristianos, de guerra, sin
-que 100 puedan huir; y esto se pudo bien efectuar en la Vega Real desta
-isla, por ser tierra tan llana como una mesa, como arriba en el cap.
-90 se dijo. Por manera, que ninguna de nuestras armas podemos contra
-los indios mover que no les sea perniciosísima: de las suyas, ofensivas
-contra nosotros, no es de hablar, porque, como arriba digimos, son las
-más como de juegos de niños.
-
-Teniendo, pues, la gente aparejada y lo demas para la guerra necesario,
-el Almirante, llevando consigo á D. Bartolomé Colon, su hermano, y
-al Rey Guacanagarí (no pude saber qué gente llevó de guerra, de sus
-vasallos), en 24 del mes de Marzo de 1495, salió de la Isabela, y á dos
-jornadas pequeñas, que son diez leguas como se dijo, entró en la Vega,
-donde la gente se habia juntado mucha, y dijeron que creian habia sobre
-100.000 hombres juntos. Partió la gente que llevaba con su hermano,
-el Adelantado, y dieron en ellos por dos partes, y soltando las
-ballestas y escopetas y los perros bravisimos, y el impetuoso poder
-de los de caballo con sus lanzas, y los peones con sus espadas, así
-los rompieron como si fueran manada de aves; en los cuales no hicieron
-ménos estragos que en un hato de ovejas en su aprisco acorraladas.
-Fué grande la multitud de gente que los de á caballo alancearon, y
-los demas, perros y espadas hicieron pedazos; todos los que le plugo
-tomar á vida, que fué gran multitud, condenaron por esclavos. Y es de
-saber que los indios siempre se engañan, señaladamente los que áun no
-tienen experiencia de las fuerzas y esfuerzo y armas de los cristianos,
-porque, como por sus espías que envian, les traen por cuenta cuantos
-son en número los cristianos, que es lo primero que hacen, y les traen
-por granos de maíz, que son como garbanzos, contados los cristianos,
-y por muchos que sean, no suben ó subian entónces de 200 ó 300, ó
-400, cuando más, y caben en el puño esos granos, como ven tan poco
-número dellos y de sí mismos son siempre tan innumerables, paréceles
-que no es posible que tan pocos puedan prevalescer contra tantos,
-pero despues, cuando vienen á las manos, cognoscen cuan con riesgo y
-estrago suyo se engañaron. Aquí es de advertir lo que en su Historia
-dice D. Hernando Colon en este paso, afeando primero la ida de Mosen
-Pedro Margarite, y despues las fuerzas é insultos que hacian en los
-indios los cristianos, por estas palabras: «De la ida de Mosen Pedro
-Margarite provino que cada uno se fuese entre los indios por do quiso,
-robándoles la hacienda, y tomándoles las mujeres, y haciéndoles tales
-desaguisados, que se atrevieron los indios á tomar venganza en los que
-tomaban solos ó desmandados; por manera que el Cacique de la Magdalena,
-llamado Guatiguana, mató 10 cristianos, etc.» Aunque despues, vuelto
-el Almirante se hizo gran castigo, y bien que él no se pudo haber,
-fueron presos y enviados á Castilla con los cuatro navíos que llevó
-Antonio de Torres, más de 500 esclavos y son sus vasallos; asimismo
-se hizo castigo por otros seis ó siete, que, por otras partes de la
-isla, otros Caciques habian muerto. Y más abajo, dice D. Hernando así:
-«Los más cristianos cometian mil excesos, por lo cual los indios les
-tenian entrañable ódio, y reusaban de venir á su obediencia, etc.»
-Estas son sus formales palabras; y dice más, que despues de vuelto
-el Almirante, hizo gran castigo por la muerte de los cristianos, y
-por la rebelion que habian hecho. Si confiesa D. Hernando que los
-cristianos robaban las haciendas y tomaban las mujeres, y hacian
-muchos desaguisados, y otros mil excesos á los indios, y no vian juez
-que lo remediase, otro, de ley natural y derecho de las gentes, sino
-á sí mismos (cuanto más que esta era defension natural que áun á las
-bestias y á las piedras insensibles es conocida, como prueba Brecio
-en el libro I, _De consolatione_, prosa 4.ª; y lo pudieron hacer,
-aunque recognoscieran por superior al Almirante ó á otro, pues él no
-lo remediaba), ¿como el Almirante pudo en ellos hacer castigo? Item,
-si áun entónces llegaba el Almirante y no lo habian visto en la isla
-sino solos los diez, ó doce, ó quince pueblos que estaban en 18 leguas,
-que anduvo cuando fué á ver las minas, ni habia probado á alguno por
-razon natural, ni por escriptura auténtica, ni le podia probar que le
-eran obligados á obedecer por superior, porque ni podia ni la tenia,
-ni tampoco los entendia, ni ellos á él, ¿como iba y fué y pudo ir por
-alguna razon divina ó humana á castigar la rebelion que D. Hernando
-dice? Los que no son súbditos ¿como pueden ser rebeldes? ¿Podrá decir,
-por razon, el rey de Francia á los naturales de Castilla, si, haciendo
-fuerzas y robos, insultos y excesos, usurpándoles sus haciendas, y
-tomándoles sus mujeres y hijos en sus mismas tierras y casas los
-franceses, si volviendo por sí ó por escaparse de quien tantos males
-vienen á hacerles, podrá, digo, el rey de Francia, con razon, decir
-que los Españoles le son rebeldes? Creo que no confesara esta rebelion
-Castilla. Luego, manifiesto es, que el Almirante ignoró en aquel
-tiempo, y áun mucho despues, como parecerá, lo que hacer debia, y á
-cuanto su poder se extendia, y D. Hernando Colon estuvo bien remoto del
-fin, ignorando muy profundamente el derecho humano y divino, al cual
-fin, el descubrimiento que su padre en estas tierras hizo, y el estado
-y oficio (aunque bien trabajado y bien merecido), que por ella alcanzó,
-y la comision y poderes que les Reyes le dieron y todo lo demas, se
-ordenaba y habia de ordenar y enderezar, como medios convenientes,
-segun arriba en el cap. 93 digimos. Si este fin D. Hernando
-cognosciera, y penetrara la justicia y derecho que los indios á
-defenderse á sí é á su patria tenian, mayormente experimentando tantos
-males é injusticias cada dia, de nueva y extraña gente á quien nunca
-ofendieron, ántes quien muchas y buenas obras les debia, y la poca ó
-ninguna que los cristianos pudieron tener para entrar por sus tierras y
-reinos por aquella vía, ciertamente, mejor mirara y ponderara lo que en
-este paso habia de decir, y así, callara lo que incautamente para loa
-del Almirante dijo, conviene á saber: «Que dieron los caballos por una
-parte y los lebreles por otra, y todos, siguiendo y matando, hicieron
-tal estrago, que en breve fué Dios servido tuviesen los nuestros tal
-victoria, que, siendo muchos muertos y otros presos y destruidos, etc.»
-Cierto, no fué Dios servido de tan execrable injusticia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CV.
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-Anduvo el Almirante por gran parte de toda la isla, haciendo guerra
-cruel á todos los Reyes y pueblos que no le venian á obedecer,
-nueve ó diez meses, como él mismo, en cartas diversas que escribió
-á los Reyes y á otras personas, dice. En los cuales dias ó meses,
-grandísimos estragos ó matanzas de gentes y despoblaciones de pueblos
-se hicieron, en especial en el reino de Caonabo, por ser sus hermanos
-tan valientes, y porque todos los indios probaron todas sus fuerzas
-para ver si pudieran echar de sus tierras á gente tan nociva y cruel,
-y que totalmente vian que, sin causa ni razon alguna, y sin haberlos
-ofendido, que los despojaban de sus reinos y tierras, y libertad, y de
-sus mujeres y hijos, y de sus vidas y natural ser; pero como se viesen
-cada dia tan cruel é inhumanamente perecer, alcanzados tan fácilmente
-con los caballos y alanceados en un credo tantos, hechos pedazos con
-las espadas, cortados por medio, comidos y desgarrados de los perros,
-quemados muchos dellos vivos y padecer todas maneras exquisitas de
-inmisericordia é impiedad, acordaron muchas provincias, mayormente las
-que estaban en la Vega Real, donde reinaba Guarionex, y la Maguana,
-donde señoreaba Caonabo, que eran de los principales reinos y Reyes
-desta isla, como se ha dicho, de sufrir su infelice suerte, poniéndose
-en manos de sus enemigos á que hiciesen dellos lo que quisiesen, con
-que del todo no los extirpasen como quien no podia más; quedando muchas
-gentes de muchas partes y provincias de la isla huidos por los montes,
-y otras que áun los cristianos no habian tenido tiempo de llegar á
-ellas y las sojuzgar. Desta manera (como el Almirante mismo escribió
-á los Reyes), allanada la gente de la isla, la cual, dice, que era
-sin número, con fuerza y con maña, hobo la obediencia de todos los
-pueblos en nombre de Sus Altezas y como su Visorey, é obligacion de
-como pagarian tributo cada Rey ó Cacique, en la tierra que poseia,
-de lo que en ella habia; y se cogió el dicho tributo hasta el año
-de 1496. Estas todas son palabras del Almirante. Bien creo que los
-prudentes y doctos lectores cognoscerán aquí, cuan justamente fueron
-impuestos estos tributos, y cuan válidos de derecho, y como los eran
-los indios obligados á pagar, pues con tantas violencias, fuerzas y
-miedos, y precediendo tantas muertes y estragos, y disminucion de
-sus estados, de sus personas, mujeres y hijos, y libertad de todo
-su ser, y aniquilacion de su nacion, les fueron impuestos y ellos
-concedieron á los pagar. Impuso el Almirante á todos los vecinos de
-la provincia de Cibao y á los de la Vega Real, y á todos los cercanos
-á las minas, todos los de catorce años arriba, de tres en tres meses
-un cascabel de los de Flandes, digo lo hueco de un cascabel, lleno de
-oro, y sólo el rey Manicao ex daba cada mes una media calabaza de oro,
-llena, que pesaba tres marcos, que montan y valen 150 pesos de oro, ó
-castellanos; toda la otra gente no vecina de las minas, contribuyese
-con una arroba de algodon cada persona. Carga, cierto, y exaccion
-irracional, dificilísima, imposible é intolerable, no sólo para gente
-tan delicada y no usada á trabajos grandes, y cuidados tan importunos,
-y tan libre, y á quien no debia nada, y que se habia de traer y ganar
-por amor y mansedumbre, y dulzura, y blanda conversacion, á la fe y
-religion cristiana, pero áun para crueles turcos y moros, y que fueran
-los hugnos ó los vándalos que nos hobieran despojado de nuestros
-reinos y tierras, y destruido nuestras vidas, les fuera onerosísimo é
-imposible, y en sí ello irracionable y abominable. Ordenóse despues
-de hacer una cierta moneda de cobre ó de laton en la cual se hiciese
-una señal, y esta se mudase á cada tributo, para que cada indio de los
-tributarios la trajese al cuello, porque se cognosciese quién la habia
-pagado y quién no; por manera que, el que no la trajese habia de ser
-castigado, aunque, diz que, moderadamente, por no haber pagado el
-tributo. Pero esta invencion que parece asemejarse á la que hizo, en
-tiempo de nuestro Redentor, Octaviano Augusto, no pasó adelante, por
-las novedades y turbaciones que luego sucedieron, con que, para mostrar
-Dios haber sido deservido con tan intempestivas imposiciones, todo lo
-barajó, y así las deshizo; y es aquí de saber, que los indios desta
-isla no tenian industria ni artificio alguno para coger el oro, en los
-rios y tierra que lo habia, porque no cogian ni tenian en su poder
-más de lo que en las veras ó riberas de los arroyos ó rios, echando
-agua con las manos juntas y abiertas, de entre la tierra y cascajo,
-como acaso, se descubria, y esto era muy poquito, como unas hojitas ó
-granitos menudos, y granos más grandes que topaban, cuando acaecia; por
-lo cual, obligarlos á dar cada tres meses un cascabel de oro, lleno,
-que cabria por lo poco tres y cuatro pesos de oro, que valia y vale
-hoy cada peso 450 maravedís, érales de todo punto imposible, porque
-ni en seis ni en ocho meses, y hartas veces en un año, por faltarles
-la industria, no lo cogian, ni por manera alguna cogerlo ni allegarlo
-podian Por esta razon el rey Guarionex, señor de la gran vega, dijo
-muchas veces al Almirante, que si queria que hiciese un conuco, que
-era labranza de pan, para el Rey de Castilla, tan grande que durase ó
-llegase desde la Isabela hasta Sancto Domingo, que es de mar á mar, y
-hay de camino, buenas, 55 leguas, (y esto era tanto, que se mantuviera,
-cuanto al pan, diez años toda Castilla), que él la haría con su gente,
-con que no le pidiese oro porque sus vasallos cogerlo no sabian. Pero
-el Almirante, con el gran deseo que tenia de dar provecho á los reyes
-de Castilla para recompensar los grandes gastos que hasta entónces
-habian hecho y hacian, y eran menester cada dia hacerse en este negocio
-de las Indias, y por refrenar los murmuradores y personas que estaban
-cercanos á los Reyes, y que siempre desfavorecieron este negocio, que
-disuadian á Sus Altezas que no gastasen, porque era todo mal empleado
-y perdido, y que no habian de sacar fruto dello, y finalmente, daban
-al negocio cuantos disfavores y desvíos podian, no creo sino que con
-buena intencion, aunque, á lo que siento, con harto poco celo y sin
-consideracion de lo que los Reyes, aunque no sacaran provecho alguno,
-á la conversion y salud de aquellas ánimas, como católicos, debian,
-querer cumplir el Almirante con esto temporal, y como hombre extranjero
-y sólo (como él decia, desfavorecido), y que no parecia depender todo
-su favor sino de las riquezas que á los Reyes destas tierras les
-proviniesen, juntamente con su gran ceguedad é ignorancia del derecho
-que tuvo, creyendo que por sólo haberlas descubierto y los reyes de
-Castilla enviarlo á los traer á la fe y religion cristiana, eran
-privados de su libertad todos, y los Reyes y señores de sus dignidades
-y señoríos, y pudiera hacer dellos como si fueran venados ó novillos en
-dehesas valdías, como, y muy peor, lo hizo, le causó darse más prisa y
-exceder en la desórden que tuvo que quizá tuviera; porque, ciertamente,
-él era cristiano y virtuoso, y de muy buenos deseos, segun dél, los que
-amaban la verdad ó no tenian pasion ó aficion á sus propios juicios,
-cognoscian, así que no curaba de lo que Guarionex le importunaba y de
-las labranzas que ofrecia, sino del cascabel de oro que impuesto habia.
-Despues, cognosciendo el Almirante que los más de los indios, en la
-verdad, no lo podian cumplir, acordó de partir por medio el cascabel,
-y que aquella mitad llena diesen por tributo; algunos lo cumplian, y
-á otros no les era posible, y así, cayendo en más triste vida, unos
-se iban á los montes, otros, no cesando las violencias y agravios
-é injurias en ellos de los cristianos, mataban algun cristiano por
-especiales daños y tormentos que recibian, contra los cuales luego
-se procedia á la venganza que los cristianos llaman castigo, con el
-cual, no sólo los matadores, pero cuantos podian haber en aquel pueblo
-ó provincia, con muertes y con tormentos se punian, no considerando
-la justicia y razon natural humana y divina, con cuya auctoridad lo
-hacian.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CVI.
-
-
-Viendo los indios cada dia crecer sus no pensadas otras tales,
-calamidades, y que hacian fortalezas ó casas de tapias y edificios y no
-algunos navíos en el puerto de la Isabela, sino ya comidos y perdidos,
-cayó en ellos profundísima tristeza, y nunca hacian sino preguntar
-si pensaban en algun tiempo tornarse á su tierra. Consideraban que
-ninguna esperanza de libertad ni de blandura, ni remision, ni remedio
-de sus angustias, ni quien se doliese dellos, tenian, y como ya habian
-experimentado que los cristianos eran tan grandes comedores, y que solo
-habian venido de sus tierras á comer, y que ninguno era para cavar y
-trabajar por sus manos en la tierra, y que muchos estaban enfermos
-y que les faltaban los bastimentos de Castilla, determinaron muchos
-pueblos dellos de ayudarlos con un ardid ó aviso, ó para que muriesen
-ó se fuesen todos, como sabian que muchos se habian muerto y muchos
-ido; no cognosciendo la propiedad de los españoles, los cuales, cuanto
-más hambrientos tanto mayor teson tienen, y más duros son de sufrir
-y para sufrir. El aviso fué aqueste (aunque les salió al revés de lo
-que pensaron), conviene á saber, no sembrar ni hacer labranzas de su
-conuco, para que no se cogiese fruto alguno en la tierra, y ellos
-recogerse á los montes donde hay ciertas y muchas y buenas raíces,
-que se llaman guayaros, buenas de comer, y nascen sin sembrarlas, y
-con la caza de las hutias ó conejos de que estaban los montes y los
-llanos llenos, pasar como quiera su desventurada vida. Aprovechóles
-poco su ardid, porque, aunque los cristianos, de hambre terrible y de
-andar á montear y perseguir los tristes indios padecieron grandísimos
-trabajos y peligros, pero ni se fueron, ni se murieron, aunque algunos
-morian por las dichas causas, ántes, toda la miseria y calamidad hobo
-de caer sobre los mismos indios, porque, como anduviesen tan corridos
-y perseguidos con sus mujeres é hijos á cuestas, cansados, molidos,
-hambrientos, no se les dando lugar para cazar, ó pescar, ó buscar su
-pobre comida, y por las humidades de los montes y de los rios, donde
-siempre andaban huidos, y se escondian, vino sobre ellos tanta de
-enfermedad, muerte y miseria, de que murieron infelicemente de padres
-y madres y hijos, infinitos. Por manera, que, con las matanzas de las
-guerras, y por las hambres y enfermedades que procedieron por causa
-de aquellas, y de las fatigas y opresiones que despues sucedieron, y
-miserias, y sobre todo mucho dolor intrínseco, angustia y tristeza,
-no quedaron de las multitudes que en esta isla, de gentes, habia,
-desde el año de 94 hasta el de 6, segun se creia, la tercera parte de
-todas ellas. ¡Buena vendimia, y hecha harto bien apriesa! Ayudó mucho
-á esta despoblacion y perdicion, querer pagar los sueldos de la gente
-que aquí los ganaba, y pagar los mantenimientos y otras mercadurías
-traidas de Castilla, con dar de los indios por esclavos, por no pedir
-las costas y gastos; y tantos gastos y costas, á los Reyes, lo cual el
-Almirante mucho procuraba, por la razon susodicha, conviene á saber,
-por verse desfavorecido y porque no tuviesen tanto lugar los que
-desfavorecian este negocio de las Indias ante los Reyes, diciendo que
-gastaban y no adquirian: pero debiera más pesar el cumplimiento de la
-ley de Jesucristo, que el disfavor de los Reyes; mas la justicia contra
-tanta injuria y sinjusticia; mas la caridad y amor de los prójimos,
-que enviar á los Reyes dineros; mas el fin, que era la prosperidad y
-crecimiento temporal, y la conversion y salvacion espiritual destas
-gentes, para la consecucion del cual se ordenaba el descubrimiento que
-hizo destas Indias, y la vuelta suya á ellas, y todo lo demas, que
-todos eran medios, que hacer por fuerza y violentamente y con tantas
-matanzas y perdicion de ánimas y de cuerpos, y con tanta ignominia del
-nombre cristiano, que diesen, los que eran Reyes y señores naturales y
-todos sus súbditos, la obediencia y subyeccion y tributos al Rey, que
-nunca ofendieron, ni vieron, ni oyeron, ni le eran obligados por razon
-alguna jurídica á lo hacer, pues los infestaban sin causa, estando
-seguros en sus tierras, y sin darles razon por qué, y probársela, cosa
-tan dura y tan nueva y con tanta violencia é imperio durísimo, les
-pedian. Y puesto que se sacaron y enviaron muchos indios por esclavos
-á Castilla para lo susodicho, y sin voluntad de los Reyes, sin alguna
-duda, como abajo se mostrará, pero si nuestro Señor no ocurriera y á la
-mano fuera al Almirante, con las adversidades que luego le sucedieron
-(que se contarán, si Dios quisiere), para comenzar á mostrar ser
-injusto é inícuo cuanto contra estas inocentes gentes, vidas y estados
-y ser, se hacia, por esta sola vía de hacer esclavos para suplir las
-necesidades dichas, y relevar los Reyes de tantos gastos, en muy más
-breves dias se despoblara y consumiera la más de la gente desta isla,
-de la que restaba de la vendimia. Bien podria cualquiera que sea
-cuerdo, y mayormente si fuere medianamente letrado, cognoscer y juzgar
-como los tales indios padecian injusto captiverio, y uno ni ninguno no
-ser esclavo justamente, pues todas las guerras que se les hacian eran
-injustísimas, condenadas por toda ley humana, natural y divina.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CVII.
-
-
-Antes que tratemos de la materia de los capítulos siguientes, dos
-cosas quiero aquí referir, que debemos, cierto, á mí juicio, muy bien
-de notar. La una es, que como ántes que el Almirante volviese de
-descubrir, el cual, llegó á la Isabela, como arriba se dijo, á 29 dias
-de Setiembre del año de 94, se fueron á Castilla en los tres navíos
-en que habia venido don Bartolomé Colon, hermano del Almirante, aquel
-padre fray Buil y Mosen Pedro Margarite, y otros principales, estos
-tales fueron los que informaron y, con sus relaciones, atibiaron á
-los Reyes en la esperanza que tenian de las riquezas destas Indias,
-diciendo que era burla, que no era nada el oro que habia en esta
-isla, y que los gastos que Sus Altezas hacian eran grandes, nunca
-recompensables, y otras muchas cosas en deshacimiento del negocio y del
-crédito que los Reyes tenian del Almirante, porque luego, en llegando,
-no se habian vuelto cargados de oro en los navíos en que habian venido;
-no considerando que el oro no estaba ya sacado y puesto en las arcas,
-ó era fruta que habian de coger de los árboles (como se queja y con
-razon el Almirante), sino en minas y debajo de la tierra, y que nunca
-en parte del mundo, plata ni oro, ni otro metal, se sacó sin grande
-trabajo, sino fuese á sus dueños de sus arcas robado. Para testimonio
-de lo haber, bastaba y sobrebastaba las grandes muestras de oro que
-el primer viaje habia el Almirante llevado, y lo que con Antonio de
-Torres, cogido de las minas por propias manos de los cristianos y de
-lo que le dió Guacanagarí cuando tornó, habia enviado. Y ántes que
-fuese á descubrir, que fué á 24 de Abril del año de 94, como arriba
-queda dicho en el cap. 94, habiendo llegado á donde dispuso hacer la
-poblacion que llamó la Isabela, por el mes de Diciembre, año de 93,
-por manera, que no estuvo el Almirante en esta isla, estando presentes
-el padre fray Buil y Mosen Pedro y los demas que se fueron ántes que
-él volviese de descubrir, sino cuatro meses ó pocos dias más, ¿qué
-pudo el Almirante hacer de malos tratamientos á los españoles, y qué
-mala gobernacion pudo tener para que aquellos que así se fueron,
-y á los Reyes informaron, fuesen causa de que la fortuna y estado
-del Almirante, tan presto, y tan recientes y frescos sus grandes é
-incomparables servicios, diese la vuelta y á declinar comenzase? Pero
-cierto, si consideramos la providencia del muy Alto, que sabe las cosas
-futuras mucho ántes, y que á todas provee su reguardo, poco hay de
-que maravillarnos. Parece que en los cuatro navíos que trujo Antonio
-de Torres, y en que tornó á Castilla y llevó 500 indios, injustamente
-hechos esclavos, como se dijo, debieran de ir muchas más quejas contra
-el Almirante y sus hermanos de los agravios que decian que hacia á los
-españoles, lo cual ayudaria y moveria con mas eficacia á los Reyes para
-lo que luego se dirá. La segunda cosa digna de notar es esta: que en
-el mismo tiempo que el Almirante salia y salió á hacer en los indios,
-contra toda justicia y verdad los grandes estragos, se le urdia en
-Castilla la primera sofrenada y el primero, harto amargo, tártago.
-Él salió de la Isabela en 24 de Marzo del año de 495, segun parece
-arriba en el cap. 104, y en aquel mismo mes y año, estaban los Reyes
-(porque escrito está: _Cor regis in manu domini_, etc.), despachando
-á un repostero suyo de camas, que se llamó Juan Aguado, natural de
-Sevilla, ó al ménos allí despues avecindado, enviado sin jurisdiccion
-alguna, sino cuasi por espía y escudriñador de todo lo que pasaba, con
-cartas de gran crédito para todos los que aquí estaban. Este comenzó á
-aguar todos los placeres y prosperidad del Almirante, por manera, que
-cuando el Almirante iba á ofender á Dios en las guerras injustas que
-contra los indios mover queria, y así las movió, por las cuales tantas
-gentes mató y echó á los infiernos, habiendo venido para convertirlos,
-en aquellos mismos dias le ordenaba el comienzo de su castigo; y
-desta manera lo provee y ordena Dios con todos los hombres, y por eso
-todos, en no ofenderle, debemos estar muy sobre aviso, y deberíamos
-suplicarle íntimamente que nos dé á cognoscer por qué pecados contra
-nos se indigna, porque, cognosciéndolo, sin duda nos enmendariamos más
-aína, pero cuando Dios nos azota y aflige y el por qué no lo sentimos,
-verdaderamente mucho mayor y más cierto es nuestro peligro. Tornando
-al propósito de nuestra historia, los Reyes mandaron aparejar cuatro
-navíos y cargarlos de bastimentos y cosas que el Almirante habia
-escrito, para la gente que ganaba su sueldo en esta isla, y ordenaron
-que el dicho Juan Aguado, su repostero, fuese por Capitan dellos;
-diéronle sus provisiones é instruccion de lo que habia de hacer,
-y, para todos los que acá estaban, le dieron la siguiente carta de
-creencia:
-
-«El Rey é la Reina.—Caballeros y escuderos y otras personas que por
-nuestro mandado estais en las Indias, allá vos enviamos á Juan Aguado,
-nuestro repostero, el cual, de nuestra parte, vos hablará. Nos vos
-mandamos que le dedes fe y creencia. De Madrid á nueve de Abril de mil
-cuatro cientos noventa y cinco años.—Yo el Rey.—Yo la Reina.—Por
-mandado del Rey é de la Reina, nuestros Señores, Hernandalvarez.»
-
-Llegó Juan Aguado á la Isabela por el mes de Octubre del dicho año de
-1495, estando el Almirante haciendo guerra á los hermanos y gente del
-Caonabo, en la provincia de la Maguana, que era su reino y tierra,
-donde agora está poblada, y siempre despues lo estuvo, una villa de
-españoles que se llamaba Sant Juan de la Maguana; el cual mostró,
-por palabras y actos exteriores de su persona, traer de los Reyes
-muchos poderes y autoridad mayor de la que le dieron, y con esto se
-entremetía en cosas de jurisdiccion que no tenia, como prender á
-algunas personas de la mar, de las que habian con él venido, y en
-reprender los oficiales del Almirante, mayormente haciendo muy poca
-cuenta y teniendo poca reverencia, á D. Bartolomé Colon, que habia
-dejado por Gobernador el Almirante, por su ausencia, como despues yo
-vide, con muchos testigos, probado. Quiso ir luego el dicho Juan Aguado
-en busca del Almirante, y tomó cierta gente de pié y de caballo. Díjose
-que por los caminos y pueblos de los indios, él, ó los que con él iban,
-echaban fama que era venido otro nuevo Almirante que habia de matar
-al viejo que acá estaba, y como los señores y gentes desta isla, en
-especial las de la comarca de la Isabela y de la Vega Real, y todos
-los vecinos y gentes de las minas, estaban agraviados y atribulados
-con las matanzas que en ellos habia hecho el Almirante, y los tributos
-del oro que les habia puesto, que como no tenian industria de cogerlo
-y ello se coge, donde quiera que está, con grandes trabajos, les era
-intolerable, bien creo que de la venida del nuevo Almirante se gozaban;
-porque apetito es comun de todos los que son pobres, y de los que
-padecen adversidades y servidumbre injusta, y más de los que están
-muy opresos y tiranizados, querer ver cada dia novedades, la razon es
-porque les parece, por el apetito natural y ansía que tienen salir de
-sus trabajos, que es más cierta la esperanza de que han de ser, poco
-que mucho, relevados, que el temor de que vernán con la novedad á más
-trabajoso estado. Por esta causa se hicieron algunos ayuntamientos
-de gentes de unos Caciques y señores con otros, en especial en casa
-de un gran señor que se llamó Manicaotex, que yo bien conocí y por
-muchos años, que señoreaba la tierra cerca del gran rio de Yaquí, tres
-leguas ó poco más de donde se fundó la fortaleza y ciudad, que despues
-diremos, de la Concepcion, donde trataban del Almirante viejo que los
-habia con tantos daños subiectado y atributado, y del nuevo, de quien
-esperaban ser aliviados; pero engañados estaban, porque cualquiera que
-fuera, y todos los que despues fueron, segun la ceguedad que Dios por
-nuestros pecados y los suyos en esta materia permitió, no librarlos ni
-darles lugar para resollar, sino añidirles tormentos á sus males y á su
-trabajosa y calamitosa vida (vida infernal siempre, hasta consumirlos
-á todos) procuraron. En este año de 1495, pidieron algunos marineros
-y otras personas, vecinos de Sevilla, licencia á los Reyes para poder
-venir á descubrir á estas Indias, islas y tierra firme que estuviesen
-descubiertas, la cual concedieron los Reyes con ciertas condiciones:
-La primera, que todos los navíos que hobiesen de ir á descubrir se
-presentasen ante los oficiales del Rey, que para ello estaban puestos
-en la ciudad y puerto de Cáliz, para que de allí vayan una ó dos
-personas por veedores; la segunda, que habian de llevar la décima parte
-de las toneladas con cargazon de los Reyes, sin que se les pagase por
-ello cosa alguna; la tercera, que aquello lo descargasen en la isla
-Española; la cuarta, que de todo lo que hallasen, diesen á los Reyes
-la décima parte cuando volviesen á Cáliz; la quinta, que habian de dar
-fianzas que así lo cumplirian todo; la sexta, que con cada siete navíos
-pudiese el Almirante cargar uno para sí para rescatar, como los otros
-que á ello fuesen, por la contratacion y merced hecha al Almirante que
-en cada navío pudiese cargar la octava parte. En esta provision tambien
-se contenia, que quien quisiese llevar mantenimientos á vender á los
-cristianos que estaban en esta isla Española, y en otras partes que
-estuviesen, los vendiesen francos de todo derecho, etc. Fué hecha en
-Madrid de diez dias de Abril de mil y cuatrocientos y noventa y cinco
-años.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CVIII.
-
-
-Sabido por el Almirante la venida de Juan Aguado, determinó de volverse
-á la Isabela, y no creo que anduvo mucho camino para ir donde estaba
-el Almirante, Juan Aguado. Despues de llegado dióle las cartas que
-le traia de los Reyes, y, para que presentase la creencia y otras
-cartas de los Reyes que traia, mandó el Almirante juntar toda la gente
-española que en la Villa habia y tocar las trompetas, porque con
-toda solemnidad, cuanta fué por entónces posible, la Cédula Real de
-su creencia, delante de todos y á todos se notificase. Muchas cosas
-pasaron en estos dias y tiempo que Juan Aguado estuvo en esta isla, en
-la Isabela, y todas de enojo y pena para el Almirante, porque el Juan
-Aguado se entrometía en cosas, con fiucia y color de su creencia, quel
-Almirante sentia por grandes agravios; decia y hacia cosas en desacato
-del Almirante y de su auctoridad, oficios y privilegios. El Almirante,
-con toda modestia y paciencia, lo sufria, y respondia y trataba al
-Juan Aguado siempre muy bien, como si fuera un Conde, segun vide de
-todo esto, hecha con muchos testigos, probanza. Decia Juan Aguado que
-el Almirante no habia obedecido ni recibido las Cédulas y creencia de
-los Reyes, con el acatamiento y reverencia debida, sino que, al tiempo
-que se presentaban, habia callado, y despues de presentadas, cinco
-meses habia, pedia á los escribanos la fe de la presentacion; y de la
-poca cuenta quel Almirante habia hecho dellas, y queria llevar los
-escribanos á su posada porque le diesen la fe en su presencia. Ellos
-no quisieron, sino que les enviase las Cédulas á su posada y que allí
-se la darian, él decia que no habia de fiar de nadie las cartas del
-Rey, y así, de dia en dia lo disimulaba; al cabo de cinco meses que
-se las envió, y dieron la fe y testimonio de como el Almirante las
-habia obedecido y reverenciado, como á cartas de sus Reyes y señores,
-fuélos á deshonrar con palabras injuriosas, diciendo que habian
-mentido y hecho y cometido falsedad, y que ellos serian castigados.
-Los escribanos dieron la fe, y despues, con juramento, confirmaron de
-nuevo el dicho testimonio y fe que habian dado haber sido verdadero,
-y probáronse las injurias que Juan Aguado les habia dicho. Destas y
-otras muchas cosas, y de la presuncion y auctoridad que mostraba el
-Juan Aguado, y de atreverse al Almirante más de lo que debiera, y de
-las palabras y amenazas que le hacia con los Reyes, toda la gente se
-remontaba y alteraba, por manera que ya no era el Almirante ni sus
-justicias tan acatado y obedecido como de ántes. Toda la gente que en
-toda esta isla entónces estaba, increiblemente estaba descontenta, en
-especial la que estaba en la Isabela, y, toda la más, por fuerza, por
-las hambres y enfermedades que padecian, y no se juraba otro juramento
-sino, «así Dios me lleve á Castilla;» no tenian otra cosa que comer
-sino la racion que les daban de la alhóndiga del Rey, que era una
-escudilla de trigo que lo habian de moler en una atahona de mano (y
-muchos lo comian cocido), y una tajada de tocino rancioso ó de queso
-podrido, y no se cuantas habas ó garbanzos, vino, como si no lo hobiera
-en el mundo; y con esto, como habian venido á sueldo de los Reyes, y
-tenia en ello parte el Almirante, mandábalos trabajar, hambrientos
-y flacos, y algunos enfermos, en hacer la fortaleza y la casa del
-Almirante y otros edificios, por manera que estaban todos angustiados y
-atribulados y desesperados, por lo cual se quejaban al Juan Aguado, y
-de allí tomaba él ocasion de tener que decir del Almirante y amenazarlo
-con los Reyes. La gente sana era la mejor librada cuanto á la comida,
-puesto que, á lo que tocaba al ánima, era la más malaventurada, porque
-andaban por la isla haciendo guerra y fuerzas, y robando, y todos los
-que tomaban á vida hacian esclavos. En este tiempo se perdieron en el
-puerto los cuatro navíos que trajo Juan Aguado, con gran tempestad, que
-era lo que llamaban los indios en su lengua huracan, y agora todos
-las llamamos huracanes, como quien, por la mar y por la tierra, cuasi
-todos los habemos experimentado; y porque estoy dudoso si entre los
-seis navíos, que arriba en fin del cap. 102 dijimos se perdieron en el
-puerto de la Isabela, fueron los cuatro de Juan Aguado, porque se me
-ha pasado de la memoria como há ya cincuenta y nueve años, no quiero
-afirmar que fuesen otros ó ellos, mas de que, á lo que me parece,
-que en los tiempos que yo allá estaba, que fué pocos años despues de
-perdidos, platicábamos que dos veces se perdieron navíos en el dicho
-puerto, y si así es, como me parece que es así, los postreros que
-se perdieron fueron los de Juan Aguado; pero que sea lo uno que sea
-lo otro, para tornar á Castilla ningun navío habia, sino solas las
-dos carabelas que mandó hacer allí, en el puerto de la Isabela, el
-Almirante.
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-
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-CAPÍTULO CIX.
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-No dudando el Almirante que Juan Aguado habia de llevar muchas quejas
-de los españoles que allí por fuerza estaban, y tan necesitados, á los
-Reyes, contra el Almirante, y que no dejaria de añadir y encarecer
-mucho sus defectos, y que de secreto llevaria informaciones hechas
-contra él, y que sobre las relaciones ásperas y demasiadas, y por
-entónces, cierto, segun yo creo, no muy verdaderas, que pudieron decir,
-si las dijeron (lo cual se presume por haberse ido, tan sin tiempo y
-sin licencia del Almirante, y descontentos), y tambien porque no parece
-que los Reyes enviaran á Juan Aguado tan presto, sino por la relacion
-que harian en infamia desta isla y destas tierras, y en deshacimiento
-y disfavor del servicio que el Almirante habia hecho á los Reyes en su
-descubrimiento, el susodicho padre fray Buil y Mosen Pedro Margarite,
-y los demas que, ántes que el Almirante volviese de descubrir las
-islas, Cuba y Jamáica y las demas, se habian desta isla ido á Castilla,
-moverian y exasperarian los ánimos de los Reyes y disminuírseles ía la
-voluntad de hacer los gastos que eran necesarios para proseguir esta
-empresa, determinó el Almirante de ir á Castilla para informar á los
-Reyes del estado desta isla y del descubrimiento de Cuba y Jamáica,
-y de las cosas sucedidas, y responder á los obiectos que se habian
-puesto contra la bondad y felicidad y riquezas destas tierras, porque
-no hallaron tan á mano los montes de oro, como en España (al ménos
-los seglares, salvando al dicho padre fray Buil) se habian prometido,
-y, finalmente, para satisfacer á los Reyes y darles cuenta de sí, é
-tractar esomismo sobre ir á descubrir lo que mucho deseaba, por topar
-con tierra firme; por ventura, tambien pudo ser que los Reyes le
-escribieron en la carta que el dicho Juan Aguado le trujo, que así
-lo hiciese, porque se querian informar dél en todo lo susodicho. Pero
-que los Reyes le escribiesen que fuese á Castilla, nunca hombre lo
-supo ni tal he podido descubrir, ántes, por cosas que pasaron entre
-el Almirante y Juan Aguado públicas, que yo he visto en probanzas con
-autoridad de escribanos, parece el contrario, porque el Almirante decia
-públicamente, «yo quiero ir á Castilla á informar al Rey é á la Reina,
-nuestros señores, contra las mentiras que los que allá han ido les han
-dicho,» y no tuve yo á Juan Aguado por tal, que si él tuviera tal carta
-ó noticia della, qué no le dijera, cuando reñian y él se desmesuraba
-contra el Almirante, que iba á Castilla á su pesar, porque los Reyes
-así lo querian. Al ménos parece por esta razon claro un error que
-dice en su Historia, entre otros muchos, Gonzalo Hernandez de Oviedo
-en el cap. 13 del II, libro donde dice, que desde á pocos dias que
-llegó Juan Aguado, apregonada la creencia de los Reyes y ofrecidos los
-españoles á le favorecer en lo que de parte de los Reyes se dijese,
-dijo al Almirante que se aparejase para ir á España, lo cual dice que
-el Almirante sintió por cosa muy grave, é vistióse de pardo como fraile
-y dejóse crecer la barba, y que fué en manera de preso, puesto que no
-fué mandado prender; y que mandaron los Reyes tambien llamar al dicho
-padre fray Buil y á Mosen Pedro Margarite, y á otros que allí cuenta,
-que fuesen á Castilla entónces cuando el Almirante fué. Dice mas, que
-venido el Almirante de descubrir á Cuba y Jamáica, y pasados dos meses
-y medio, mandó llamar á Mosen Pedro Margarite, que era Alcaide de la
-fortaleza de Santo Tomás, y á otros que estaban con él, y venidos á
-esta ciudad de Santo Domingo, donde por la fertilidad y abundancia de
-la tierra se repararon y cobraron salud, y despues que todos fueron
-juntos, comenzaron á tener discordias entre si el Almirante y el
-padre fray Buil, y que hobieron estas discordias principio, porque el
-Almirante ahorcó á un aragonés que se llamaba Gaspar Ferim, por lo
-cual, cuando el Almirante hacia cosa que al fray Buil no pluguiese,
-ponia entredicho y cesacion del divino oficio; el Almirante quitaba
-la racion al fray Buil y á su familia, y que Mosen Pedro y otros los
-hacian amigos, pero que duraba el amistad pocos dias: todo esto dice
-Oviedo en el susodicho capítulo. Que todo sea falso, cuanto cerca desto
-dice, no serán menester muchos testigos, pues parecerá por muchas
-cosas arriba dichas; lo uno, porque cuando el Almirante partió para
-descubrir, áun no habia, en obra de cinco meses que estuvo en esta
-isla despues que llegó de España y enfermó, ahorcado hombre ninguno,
-ni nunca oí que tal dél se dijese, ni en las culpas que le opusieron
-despues y hombres que le acusaron que ahorcó y nombrados, el catálogo
-de los cuales yo vide y tuve en mi poder, pero nunca tal hombre vide
-nombrado entre ellos; lo otro, porque como arriba en los capítulos 99 y
-100 pareció, cuando el Almirante llegó á la Isabela de descubrir á Cuba
-y Jamáica, que fué á 29 de Abril del mismo año de 1494, ya eran idos
-el dicho padre fray Buil y Mosen Pedro Margarite, y otros, á Castilla,
-sin licencia del Almirante, luego no tuvieron pendencias ni discordias
-el Almirante y el padre fray Buil, para que el uno descomulgase y
-pusiese entredicho, y el otro negase las raciones y la comida al padre
-fray Buil y á su familia; lo otro, porque Oviedo, dice, que pasados
-dos meses y medio, poco más ó ménos, el Almirante envió á llamar á D.
-Pedro Margarite, y no tornó en sí de la grande enfermedad con que tornó
-del dicho descubrimiento de Cuba, en cinco meses, como parece arriba
-en el cap. 100; lo otro, porque Oviedo dice que vino el Almirante, del
-dicho descubrimiento, aquí á este puerto de Sancto Domingo, y no vino
-sino á la Isabela, porque este puerto áun no se sabia si lo habia en el
-mundo, ni jamás ántes el Almirante lo habia visto hasta el año de 1498
-que volvió de Castilla, y descubierta ya por él tierra firme, segun que
-parecerá abajo; lo otro, porque dice Oviedo que llegó el Adelantado D.
-Bartolomé Colon á este puerto, dia de Sancto Domingo, á 5 de Agosto
-del año 1494, y esto parece manifiesto ser falso, porque él llegó á
-esta isla, en 14 dias de Abril del mismo año 94, ántes que el Almirante
-viniese de descubrir á Cuba, como parece en el cap. 101, y no habia
-de volar luego á este puerto en tres meses, sin ver al Almirante,
-ni sin tener cargo alguno, como si hubiera rebeládosele estando en
-Castilla. Lo que dice de Miguel Diaz, que huyó del Adelantado por
-cierta travesura, y vino á parar aquí á este puerto y provincia, pudo
-ser, pero nunca tal oí, siendo yo tan propincuo á aquellos tiempos; mas
-de tener por amiga á la Cacica ó señora del pueblo que aquí estaba,
-y rogarle que fuese á llamar á los cristianos para que se pasasen
-de la Isabela á vivir aquí, es tan verdad, como ser el sol obscuro
-á medio dia. Donosa fama los españoles, por sus obras tan inhumanas
-tenian para que la Cacica ni hombre de todos los naturales desta isla
-los convidasen á venir á vivir á su tierra, ántes se quisieran meter
-en las entrañas de la tierra por no verlos ni oirlos. Así que, esto
-es todo fábula y añadiduras que hace Oviedo suyas, ó de los que no
-sabian el hecho, que se lo refirieron, fingidas; lo que desto yo puedo
-decir, es, que dejó mandado el Almirante cuando se partió esta segunda
-vez á Castilla, que el Adelantado enviase á Francisco de Garay y á
-Miguel Diaz á que poblasen á Sancto Domingo, y esto siento ser más
-verdad, vistos mis memoriales que tengo de las cosas que acaecieron
-ántes que yo viniese, de qué, los que las vieron ó supieron y tuvieron
-por ciertas, me informaron. Lo postrero, porque dice Oviedo que el
-Almirante, y el padre fray Buil, y Mosen Pedro Margarite, y Bernal de
-Pisa, y otros caballeros fueron juntos en la misma flota á Castilla;
-esto no es así, segun parece claramente por todo lo dicho, y mucho
-ménos es verdad que el Almirante fuese á manera de preso, porque áun
-no estaban tan olvidados en los corazones de los católicos Reyes sus
-grandes y tan recientes servicios.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CX.
-
-
-En estos tiempos el Almirante ya habia mandado hacer dos fortalezas,
-una que llamó la Magdalena, como dijimos en el cap. 100, en la
-provincia del Macorix, que llamábamos el Macorix de abajo, dentro de
-la Vega Real, que creo que fué asentada en un lugar y tierra de un
-señor que se llamaba Guanaoconel, tres ó cuatro leguas, ó poco más, de
-donde está agora asentada la villa de Santiago, en la cual puso por
-Alcaide á aquel hidalgo, que arriba en el cap. 82 dijimos, Luis de
-Artiaga. Nombrábamos el Macorix de abajo, á diferencia de otro Macorix
-de arriba, que era la gente de que estaba poblada la cordillera de las
-sierras que cercaban la Vega por la parte del Norte, y vertian las
-aguas en la misma provincia del Macorix de abajo; decíase Macorix en
-la lengua de los indios mas universal de esta isla, cuasi como lengua
-extraña y bárbara, porque la universal era mas pulida y regular ó
-clara, segun que dijimos en la descripcion desta isla, puesta arriba
-en los capítulos 90 y 91. Hizo otra, cerca de donde fué puesta despues
-la villa de Santiago, en la ribera ó cerca del rio Yaquí; otra hizo
-que llamó Sancta Catherina, fué Alcaide della un Fernando Navarro,
-natural de Logroño; esta no sé donde la edificó, por inadvertencia de
-en aquellos tiempos no preguntarlo. Otra hizo que llamó Esperanza,
-creo que la puso en la ribera del rio Yaquí, á la parte de Cibao. La
-otra fortaleza se edificó en la provincia y reino de Guarionex, 15
-leguas, ó algunas más, en la misma Vega, más al Oriente de la otra,
-donde se pobló despues la ciudad que se dijo y dice de la Concepcion,
-que ya está cuasi del todo despoblada, que tomó nombre de la misma
-fortaleza, á la cual el Almirante puso nombre la Concepcion; en esta
-puso por Alcaide á un hidalgo que se llamó Juan de Ayala, despues la
-tuvo un Miguel Ballester, catalan, natural de Tarragona, viejo y muy
-venerable persona. Por manera, que hobo en esta isla tres fortalezas,
-despues que el Almirante vino el segundo viaje á poblar con gente
-española, y si añidimos la que dejó hecha en el Puerto de la Navidad,
-donde quedaron los 39 cristianos, fueron cuatro; pero desta no es de
-hacer mencion, pues tan poco duró y ménos aprovechó, por culpa de los
-que en ella quedaron. La mejor de todas ellas fué la de la Isabela,
-porque fué de piedra ó cantería, de la cual, siendo yo Prior en Sancto
-Domingo de la villa de Puerto de Plata, hice traer una piedra grande,
-la cual hice poner por primera piedra del Monesterio que allí yo
-comencé á edificar, por memoria de aquella antigüedad. Está la dicha
-piedra en la esquina oriental del cuarto de abajo, que fué el primero
-que comencé á edificar más propincuo á la porteria y á la iglesia.
-Despues de aquella fortaleza de la Isabela fué la mejor la de la
-Concepcion de la Vega, que era de tapias y con sus almenas y buena
-hechura, la cual duró muchos años, hasta el año de 1512, si bien me
-acuerdo; todas las demas, muchos años ántes habia que se cayeron, y no
-hobo memoria dellas, como se fueron consumiendo los indios, con las
-crueles guerras, contra quien se procuraron hacer; la menor y ménos
-fuerte de las cuales, como no fuese de madera, sino de tierra, era más
-inespugnable para los indios que Salsas para franceses. Despues mandó
-hacer otra en la provincia del Bonao, que dista de la Concepcion ocho
-ó diez leguas, camino de Sancto Domingo, en la ribera del rio, que se
-llama en lengua de los indios desta isla, Yuna, pegada á la sierra que
-recibe el sol luego en naciendo á la mañana; por manera, que tuvo el
-Almirante, ántes que tornase á Castilla, hechas siete fortalezas en
-esta isla. Desta postrera, que fué la quinta, no estoy cierto, que la
-mandase hacer ántes ó despues de venido de Castilla el Almirante, y
-ántes creo, que despues de partido él la hizo D. Bartolomé Colon, su
-hermano. Como Guarionex y los otros señores se viesen tan fatigados
-con la carga de los tributos del cascabel de oro, que el Almirante
-á contribuir les forzaba, tenian todas las maneras que podian para
-excusarse, afirmando que sus gentes no tenian industria de cogerlo,
-sino lo que hallaban á caso ó buscándolo en las riberas de los arroyos
-ó rios, como arriba se dijo, sobre la arena, y finalmente lo que podian
-haber con poco trabajo. Avisaron al Almirante, que, hácia la parte
-del Mediodia ó del Sur, habia minas de mucho oro, que enviase allá de
-sus cristianos para buscallo. Deliberó el Almirante de hacerlo así,
-y díjose que habia enviado á Francisco de Garay y á Miguel Diaz, con
-cierto número de gente, para lo cual les dieron guías que los llevasen;
-partieron de la Isabela y vinieron á la fortaleza de la Magdalena, y de
-allí á la de la Concepcion, todo por la Vega Real, llano como la palma
-de la mano. De allí llegaron al puerto grande, de sierra muy hermosa,
-por la misma vega, que está tres leguas, buenas, de la dicha fortaleza
-de la Concepcion, la vega abajo por el pié de la sierra; subidos arriba
-del puerto, vieron de allí gran pedazo, y más se parecen de 30 leguas
-della, cosa dignísima para della sacar materia de dar muchas gracias
-á Dios, como arriba se dijo, hablando della. Dura el puerto hasta
-tornarlo á buscar á la parte de la provincia del Bonao, dos leguas, no
-grandes. Asomaron luego á otra vega, bien de 10 ó 12 leguas de largo y
-ancho, que, como arriba en la descripcion destas islas dijimos, que se
-llamaba en lengua de indios el señor della Bonao, y de aquí llamamos
-los españoles el pueblo que allí se hizo la villa del Bonao. En todos
-los pueblos que topaban de indios, les hacian muy buen acogimiento,
-dándoles de comer y haciéndoles todo el servicio, aunque los tenian por
-hombres infernales. Del Bonao, las guías los llevaron hasta otras 12
-leguas, las tres ó cuatro por tierra harto lodosa y áspera de cuestas
-y muchos rios y arroyos, que despues llamamos las lomas del Bonao;
-llegaron á un rio caudal que se llamaba y hoy le nombramos Hayna,
-gracioso y fertilísimo rio, en el cual les dijeron que habia mucho oro,
-ó por aquella comarca, y así fué, porque cavando en muchos lugares
-de los arroyos que entraban en el rio grande de Hayna, hallaron muy
-gran muestra de oro, de manera que juzgaron que un hombre trabajador,
-podia coger tres pesos de oro, y más adelante. Estas minas llamó el
-Almirante las minas de Sant Cristóbal, por una fortaleza que allí
-mandó hacer á su hermano, cuando se partió para Castilla, so este
-nombre, despues se llamaron las minas viejas, y hoy se llaman ansí,
-por respecto de otras que despues se descubrieron á la otra parte del
-rio Hayna, frontero destas, que se nombraron las minas nuevas; las
-viejas estaban al Poniente del rio, y las nuevas á la parte oriental.
-Estaba de allí la costa de la mar, y el rio, en cuya boca despues se
-edificó la ciudad, que hoy permanece, de Sancto Domingo, no más de
-ocho leguas. Anduvieron en este camino, desde la Isabela hasta las
-dichas minas viejas y primeras, como se dijo, 45 leguas. Finalmente,
-trujeron gran muestra de oro y granos algunos grandes, de los cuales
-despues, muchos y grandes, por la mayor parte, en estas y en las minas
-nuevas (como abajo parecerá), se hallaron, lo que no acaeció en las de
-Cibao, donde todo el oro que se halló allí, por la mayor parte, no fué
-sino como sal, menudo, puesto que hobo tambien algunos, buenos granos.
-Algunos granos grandes se hallaron, los tiempos andando, adelante de la
-tierra que propiamente se llamó Cibao, al cabo de las sierras mismas y
-cordillera que es continua de Cibao, que va á parar á la parte de la
-isla del Norte ó septentrional, mayormente en la provincia de Guahava,
-como, placiendo á Dios, abajo tambien se dirá.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXI.
-
-
-Acabadas las dos carabelas que habia mandado hacer el Almirante, y
-guarnecidas de bastimentos y agua, y de las otras cosas, segun que
-se pudo aparejar, necesarias, ordenadas las que convenian á la isla,
-encomendadas las fortalezas á las personas que le pareció ser para
-ellas, constiyó por Gobernador y Capitan general desta isla, en su
-lugar, con plenísimo poder, á D. Bartolomé Colon, su hermano, y
-desques dél á D. Diego Colon, su segundo hermano, rogando y mandando
-á todos que los obedeciesen, y á él, que, con su prudencia, con todo
-el contentamiento que se sufriese de la gente, á todos agradase y
-gobernase, y bien tratase; dejó por Alcalde mayor de la Isabela y de
-toda la isla, para el ejercicio de la justicia, á un escudero, criado
-suyo, bien entendido aunque no letrado, natural de la Torre de don
-Ximeno, que es cabe Jaen, que se llamó Francisco Roldan, porque le
-pareció que lo haria segun convenia, y lo habia hecho siendo Alcalde
-ordinario, y en otros cargos que le habia encomendado. Y porque los
-Reyes habian mandado que el Almirante dejase ir á Castilla los más
-enfermos y necesitados que en la isla estaban, y otros cuyos parientes
-y deudos y sus mujeres se habian á los Reyes quejado que no les daba
-licencia el Almirante para irse á sus tierras y casas, y otros por
-otros por ella suplicádoles, allegáronse hasta doscientos veinte y
-tantos hombres que en ambas carabelas se embarcaron; sobre muchos
-dellos, quién irian ó quién quedarian, teniendo iguales necesidades, y
-otros, que se encomendaban á Juan Aguado, Juan Aguado creia que, por
-la creencia Real que trujo, debia el Almirante conceder que fuesen los
-que nombraba ó queria, otras veces parecia que lo rogaba, aunque no con
-mucha humildad, para con el Almirante, otras, que con que irian ante
-los Reyes, lo amenazaba. Finalmente, tuvieron hartos enojos y barajas,
-pero al cabo no se hacia ni podia hacer más que lo que el Almirante
-mandaba, lo que no acaeciera, si Juan Aguado de los Reyes trajera,
-para ello, ni para otras cosas, en lo público, alguna autoridad. Al
-cabo de todos estos contrastes, se hobo de embarcar el Almirante en
-una destas dos carabelas, la principal, y Juan Aguado en la otra,
-repartidos los doscientos y veinte y tantos hombres, y más 30 indios,
-segun la órden que el Almirante dió, en ambas. Salió del puerto de la
-Isabela, jueves, á 10 dias de Marzo del año de 1496 años, y porque
-tenia noticia ya del puerto de Plata, que estaba siete ú ocho leguas
-de la Isabela, desde el primer viaje, quiso irlo á ver, y que fuese
-con él el Adelantado, y mandóle salir en tierra con 10 hombres para
-ver si habia agua, con intincion de hacer allí una poblacion. Hallaron
-dos arroyos de muy buen agua, pero el Adelantado, dijeron, que negó
-haber agua, porque no se impidiese la poblacion de Sancto Domingo;
-salióse para tornarse por tierra á la Isabela el Adelantado, y fuése
-su camino el Almirante. Subió hácia el Oriente con gran dificultad
-por los vientos contrarios Levantes y corrientes, que le desayudaban,
-hasta el Cabo de la isla, que creo es el que hoy llamamos el cabo del
-Engaño; y, mártes, 22 de Marzo, perdió de vista el dicho Cabo y tierra
-desta isla, y por tomar algun caçabí y bastimento de comida, porque
-no sacó tanta cuanta hobiera menester de la Isabela, quiso volver
-hácia el Sur por tomar las islas de por allí, é á 9 de Abril, sábado,
-surgió en la isla de Marigalante. De allí, otro dia, domingo, fué á
-parar y surgir á la isla de Guadalupe; envió las barcas en tierra bien
-armadas, y, ántes que llegasen, salieron del monte muchas mujeres con
-sus arcos y flechas para defender que no desembarcasen, y porque hacia
-mucha mar no quisieron llegar á tierra, sino enviaron dos indios de
-los que llevaban desta Española, que fuesen á nado, los cuales dijeron
-á las mujeres, que no querian sino cosas de comer, y no hacer mal á
-nadie; respondieron las mujeres que se fuesen á la otra parte de la
-isla donde estaban sus maridos en sus labranzas, y que allá hallarian
-recaudo. Yendo los navíos junto con la playa, salieron infinitos indios
-dando alaridos y echando millares de flechas á los navíos, aunque no
-alcanzaban; fueron las barcas á tierra, los indios resistieron con
-sus armas, tiráronles de los navíos ciertas lombardas, que derrocaron
-algunos; huyen todos á los montes viendo el daño, desamparadas sus
-casas. Entran los cristianos destruyendo y asolando cuanto hallaban,
-sino era lo que á ellos les habia de aprovechar; hallaron papagayos de
-los grandes, colorados, que arriba dijimos llamarse guacamayos, que son
-como gallos, aunque no tienen las piernas grandes, y dice el Almirante
-que hallaron miel y cera. Esta no creo que fuese de la misma isla,
-porque nunca, que yo sepa, se halló miel ni cera que en isla, sino en
-tierra firme, se criase; hallaron aparejo para hacer caçabí y cerca las
-labranzas. Dánse todos prisa, los indios que llevaba desta isla y los
-cristianos, á hacer pan; entretanto envió el Almirante 40 hombres que
-entrasen en la tierra á especularla, y tornaron otro dia con 10 mujeres
-y tres muchachos; la una era la señora del pueblo, y, por ventura,
-de toda la isla, que cuando la tomó un canario que el Almirante allí
-llevaba, corria tanto, que no parecia sino un gamo, la cual, viendo
-que la alcanzaba, vuelve á él como un perro rabiando y abrázalo y dá
-con él en el suelo, y, si no acudieran cristianos, lo ahogara. Creyó
-el Almirante que estas mujeres debian tener las costumbres que se
-cuentan de las Amazonas, por cosas que dice que allí vido y supo, las
-indias preguntadas; estuvo en esta isla de Guadalupe nueve dias, en
-los cuales hicieron mucho pan caçabí, é proveyéronse de agua y leña, y
-por dejar no tan agraviados los vecinos de la isla, porque, diz que,
-aquella isla estaba en el paso, envió las mujeres á tierra, con algunas
-cosillas de Castilla, de dádivas, sino sola la señora y una hija suya
-que, dijo el Almirante, habia quedado de su voluntad; esta voluntad
-sabe Dios que tal sería y qué consolados y satisfechos quedarian los
-vecinos, llevándoles sus enemigos á su señora. Finalmente, hizo vela el
-Almirante, de aquella isla, miércoles, á 20 dias de Abril, é comienza
-á seguir su camino, segun le daban lugar los vientos contrarios; fué
-mucho camino por 22°, más y ménos, segun el viento lugar le daba,
-no cognosciendo aún la cualidad del aquel viaje, porque como cuasi
-siempre todo el año corran por estas mares vientos brisas, y boreales
-y levantes, para huir dellos conviene meterse los navíos en 30° y
-más, donde se hallan los tiempos frescos y fríos, y así navegan por
-su propio camino hasta dar en las islas de los Azores las naos: esta
-navegacion no pudo fácilmente y luego en aquellos tiempos alcanzarse,
-la cual solamente la experiencia ha mostrado, así que, por esta falta
-hízosele más largo al Almirante su viaje, y, como iban mucha gente,
-padecieron última necesidad, de hambre, de manera que pensaron perecer.
-Vieron la isla de Santiago, una de los Azores, no la debian de poder
-tomar, segun creo; finalmente, plugo á Dios de darles la tierra,
-habiendo habido diferentes pareceres de los pilotos, donde estaban,
-el Almirante afirmando que se hallaba cerca del cabo de Sant Vicente,
-y así fué como él lo certificaba. Llegó y surgió en la bahía de Cáliz
-á 11 de Junio, por manera que tardó en el viaje tres meses menos un
-dia; halló en Cáliz tres navíos, ó dos carabelas y una nao, para
-partir, cargados de bastimentos, trigo, vino, tocinos y carne salada,
-habas y garbanzos, y otros cosas que los Reyes habian mandado cargar y
-enviar para mantenimiento de la gente que en esta isla estaba. Vistas
-las cartas y despachos que los Reyes enviaban al Almirante, proveyó
-y escribió largo todo lo que convenia hacer allá, á D. Bartolomé
-Colon, su hermano, con un Peralonso Niño, Maestre y Capitan de las
-dos carabelas y nao; y, dados los despachos, partiéronse cuatro dias
-despues quel Almirante á Cáliz habia llegado.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXII.
-
-
-El Almirante, con la mayor presteza que pudo, se partió de Cáliz
-para Sevilla, y de Sevilla para Búrgos, donde la corte estaba, ó los
-Consejos; el Rey estaba en Perpiñan en la guerra con Francia, porque
-el rey de Francia pasaba otra vez á Italia; la Reina era en Laredo
-ó en Vizcaya, despachando á la infanta Doña Juana para Flandes, que
-iba por archiduquesa de Austria, á casar con el archiduque D. Felipe,
-hijo del emperador Maximiliano, los cuales, despues fueron príncipes y
-reyes de Castilla, y engendraron al emperador y rey D. Cárlos, nuestro
-señor, con los demas señores Rey é Reinas, sus hermanos. La flota
-en que fué aquella señora Infanta y Archiduquesa, y despues Reina,
-nuestra señora, Doña Juana, era de 120 naos. Desde algunos dias que el
-Almirante llegó, los Reyes se volvieron á Búrgos á esperar á madama
-Margarita, hermana del susodicho señor Archiduque, para casar con el
-príncipe D. Juan. El Almirante besó las manos á Sus Altezas, con la
-venida del cual en grande manera se holgaron, porque mucho lo deseaban
-por saber las cosas desta isla y tierras, en particular de su misma
-persona, porque no lo habian sabido sino por sus cartas. Hiciéronle
-mucha honra, mostrándole mucha alegría y gran clemencia y benignidad.
-Dióles cuenta muy particular del estado en que estaba esta isla, del
-descubrimiento de Cuba y Jamáica, y de las otras muchas islas que
-descubiertas dejaba, y de lo que en aquel viaje habia pasado, y de la
-dispusicion dellas, y lo que de cada una sentia y esperaba; dió tambien
-á Sus Altezas noticia de las minas del oro y de las partes donde las
-habia hallado. Hízoles un buen presente de oro, por fundir, como de las
-minas se habia cogido, dello menudo, dello en granos como garbanzos,
-y dello mayores los granos, segun se dijo, que habas, y algunos,
-como nueces; presentóles muchas guayças ó carátulas de las que arriba
-dijimos en el cap. 60, con sus ojos y orejas de oro, y muchos papagayos
-y otras cosas de los indios, todo lo cual con mucha alegría los Reyes
-recibieron, y daban á Nuestro Señor, por todo, muchas gracias, y al
-Almirante, tenérselo todo en servicio, y en señalado servicio, en
-palabras y honrarle se lo mostraban. De cada cosa de las dichas,
-muchas particularidades y dudas le preguntaban, y á todas el Almirante
-les respondia, y con sus respuestas les satisfacia y contentaba. De
-las informaciones que Juan Aguado trujo y hizo á los Reyes contra el
-Almirante, muy poco se airaron, y así no hay qué más contar ni gastar
-tiempo de Juan Aguado. Propuso á Sus Altezas la intencion que tenia
-de servirlos mucho más de lo servido, yendo á descubrir otra vez,
-afirmando que, segun esperaba en Dios, les habia de dar descubierta,
-sin islas, grande tierra, que fuese otra, quizá, tierra firme (aunque
-ya tenia creido que la habia descubierto, teniendo á Cuba por tierra
-firme), lo cual les certificó que seria tan verdad como lo que les
-afirmó ántes que comenzase el primer viaje. Mandaron los Reyes que
-diese sus memoriales de todo lo que habia menester, así para su
-descubrimiento, como para las provisiones de la gente que en esta
-isla estaba, y la que de nuevo decia que convenia traer. Pidió ocho
-navíos; los dos, que viniesen luego cargados de bastimentos derechos
-á esta isla, con el ansia que tenia de que la gente de los cristianos
-estuviesen acá proveidos y contentos, para que la contratacion y
-prosperidad del negocio destas Indias creciese, y en fama y obra se
-prosperase, y los seis, tambien llenos de bastimentos, con la gente que
-habia de traer, él los trujese, y en el viaje que entendia de camino
-hacer, descubriendo, le acompañasen. Acordaron los Reyes, con parecer
-del Almirante, que estuviesen siempre en esta isla á sueldo y costa
-de Sus Altezas, por su voluntad empero, 330 personas desta calidad y
-oficios, y forma siguiente: 40 escuderos, 100 peones de guerra é de
-trabajo, 30 marineros, 30 grumetes, 20 artífices, ó que supiesen labrar
-de oro, 50 labradores del campo, 10 hortolanos, 20 oficiales de todos
-oficios y 30 mujeres. Á estos se mandó dar 600 maravedís de sueldo
-cada mes, y una hanega de trigo cada mes, y para lo demas 12 maravedís
-para comer cada dia; y, porque mejor se pudiesen gozar, mandaron que
-se buscasen alguna persona ó personas que se obligasen á traer y tener
-mantenimientos en esta isla, para que pudiesen la gente dellos, los que
-hobiesen menester comprar. Habíaseles de prestar á las tales personas
-ó mercaderes algunos dineros del Rey, segun pareciese al Almirante,
-para emplear en los dichos bastimentos, dando fianzas que traerian los
-dichos mantenimientos á esta isla, pero al riesgo de los Reyes, cuanto
-al riesgo de la mar, y despues de hechos dineros, habian de volver
-al Tesorero de los Reyes lo que se les habia prestado. Poníaseles
-tasa en los precios de las cosas que habian de vender; el vino á 15
-maravedís el azumbre, la libra de tocino é carne salada á 8 maravedís,
-é los otros mantenimientos y legumbres á los precios que al Almirante
-pareciese, ó á su Teniente, por manera que ellos hobiesen alguna
-ganancia y no perdiesen, y la gente no recibiese agravio comprando
-lo que hobiesen menester muy caro. Mandaron asimismo los Reyes, que
-viniesen religiosos é clérigos, buenas personas, para que administrasen
-los Sanctos Sacramentos á los cristianos que acá estuviesen, y para
-que procurasen convertir á nuestra sancta fe católica á los indios
-naturales destas Indias, é que trajese el Almirante, para ello, los
-aparejos é cosas que se requerian para el servicio del culto divino.
-Mandaron tambien traer un físico, é un boticario, é un herbolario, y
-tambien algunos instrumentos músicos, para que se alegrasen y pasasen
-tiempo la gente que acá habia de estar. Mandaron que en la Isabela y
-en la poblacion que despues se edificase, se hiciese alguna labranza y
-crianza para que mejor se mantuviese la gente que aquí estuviese, para
-lo cual, se habian de prestar á los labradores 50 hanegas de trigo para
-que lo sembrasen, y, á la cosecha, lo volviesen y pagasen el diezmo
-á Dios, y de lo demas se aprovechasen, vendiéndolo á los vecinos y
-gente que allá estuviese al precio razonable; para esto le mandaron
-librar en las tercias del Arzobispado de Sevilla 600 cahices de trigo.
-Mandaron tambien traer 50 cahices de harina, y 1.000 quintales de
-bizcocho para que comiese la gente, entretanto que se hacian molinos y
-atahonas para moler el trigo que traia, y el que se esperaba que daria
-la tierra; lo mismo se le mandó que, sobre las vacas y yeguas que habia
-en esta isla, trajese para cumplimiento de 20 yuntas de vacas y yeguas
-y asnos, para poder labrar los labradores la tierra. Dieron comision
-los Reyes al Almirante, para que, si le pareciese que convenia traer
-más gente de los 330 hombres, pudiese subir el número hasta 500, con
-tanto que á los demas de 330, se les pagase el sueldo y mantenimiento
-de cualesquier mercaderías é otras cosas de valor que hobiese en estas
-tierras, sin que los Reyes mandasen proveer y pagarles de otra parte
-alguna. Hicieron merced á todos los que quisiesen venir á estar y morar
-en esta isla, sin llevar sueldo alguno de sus Altezas, con tanto que
-no pasasen acá sin su licencia ó del que tuviese cargo de darla, que,
-de todo el oro que cogiesen y sacasen de las minas, con que no fuese
-de rescate ó conmutacion con los indios, llevasen la tercia parte, y
-con las dos acudiesen á los oficiales de sus Altezas. Bien parece por
-esto el poco dinero que habia por aquellos tiempos en Castilla, y por
-consiguiente, cuanto caso hacian los Reyes del oro destas Indias, lo
-poco que hasta entónces habia parecido; poco digo por respecto de lo
-que despues vimos. Hiciéronles tambien merced á los tales vecinos, que
-de todas las otras cosas de provecho que hallasen, que no fuese oro, en
-esta isla, diesen á los Reyes no más del diezmo. Estas cosas postreras
-se concedieron el año de 95 en Madrid, á 10 dias de Abril; y porque
-el Almirante consideraba que habia menester gente para su propósito
-en esta isla, y que la española era mal contentadiza, y que no habia
-mucho de perseverar la que acá estaba y la que agora traia, y por otra
-parte, temia que los Reyes se hartasen ó estrechasen en los gastos que
-con los sueldos hacian, pensó esta industria, para traer alguna parte
-de gente sin sueldo, y que tuviesen por bien, por trabajos que se
-les recreciesen, de vivir en esta isla: suplicó, pues; á los Reyes,
-que tuviesen por bien, de que los malhechores que en estos reinos
-hobiese, les perdonase sus delitos con tal condicion que viniesen á
-servir algunos años en esta isla, en lo que el Almirante, de su parte,
-les mandase. Proveyeron Sus Altezas dos provisiones sobre esto: la
-primera, que porque de la poblacion de cristianos en estas tierras,
-esperaban en Dios que saldria mucho fruto en la conversion destas
-gentes, y dilatacion, y ensalzamiento de nuestra santa fe, y sus reinos
-ensanchados, y para esto era más gente menester, sin la que daban
-sueldo, que acá viniese, y por usar tambien de clemencia, que todas é
-cualesquiera personas, hombres y mujeres, delincuentes, que hobiesen
-cometido hasta el dia de la publicacion de sus cartas, cualquiera
-crímen de muerte ó heridas, y otros cualesquiera delitos de cualquiera
-natura ó calidad que fuesen, salvo de herejía, ó _lesæ majestatis_, ó
-_perdulionis_, ó traicion, ó aleve, ó muerte segura, ó hecha con fuego
-ó con saeta, ó de falsa moneda, ó de sodomía, ó de sacar moneda, ó
-oro, ó plata, ó otras cosas vedadas fuera del reino, viniesen á servir
-acá, en lo que el Almirante, de parte de los Reyes, les mandase, y
-sirviesen á su costa en esta isla, los que mereciesen muerte, dos años,
-y los que no, un año, les perdonaban cualesquiera delitos, y pasado el
-dicho tiempo se pudiesen ir á Castilla libres. Destos cognoscí yo en
-esta isla á algunos, y áun alguno desorejado, y siempre le cognoscí
-harto hombre de bien. La otra provision fué, que mandaron los Reyes á
-todas las justicias del Reino, que todos los delincuentes que por sus
-delitos mereciesen ser desterrados á alguna isla ó á cavar metales,
-segun las leyes, los desterrasen para esta isla de la misma manera, y,
-lo mismo que los que no mereciese pena de muerte pero que mereciesen
-ser desterrados para esta isla, los desterrasen por el tiempo que les
-pareciese. Estas dos provisiones fueron despachadas en Medina del
-Campo, á 22 de Junio de 1497. Concedieron tambien los Reyes á los que
-se avecindasen en esta isla, de los que en ella estaban, y los que
-viniesen á ella de Castilla para se avecindar, que el Almirante les
-repartiese tierras, y montes, y aguas, para hacer casa, heredades,
-huertas, viñas, algodonales, olivares, cañaverales para hacer azúcar
-y otros árboles, molinos é ingenios para el dicho azúcar, y otros
-edificios necesarios para sí propios, y que dellos, en cualquiera
-manera, por venta ó donacion, ó trueque ó cambio, se aprovechasen,
-con que estuviesen y morasen en esta isla con su casa poblada cuatro
-años; con tanto, que las tales tierras, y montes, y aguas, no tengan
-jurisdiccion alguna civil ni criminal, ni cosa acotada, ni término
-redondo, más de aquello que tuvieren cercado de una tapia en alto, y
-que todo lo otro descercado, cogidos los fructos y esquilmo dellos,
-sea para pasto comun é valdío á todos. Reservaron para sí el oro y
-plata, y brasil, é otro cualquiera metal que en las tales tierras se
-hallase, ni que no hiciesen en ellas cargo ni descargo de oro y plata,
-ni de brasil, ni de otras cosas que á los Reyes perteneciesen. Esta
-provision fué hecha en Medina del Campo, mes é año susodicho. Para
-estos despachos, mandaron librar los Reyes al Almirante seis cuentos,
-los cuatro, para los bastimentos susodichos, y los dos para pagar la
-gente; estos seis cuentos, con grandísima dificultad y con grandes
-trabajos suyos y angustias, por las grandes necesidades de los Reyes,
-de guerras y los casamientos de sus hijas las señoras Infantas, se le
-libraron; pero porque despues para cobrarlos, tuvo mayores trabajos
-y dificultades, como se dirá adelante, dejemos aquí su despacho, y
-contemos lo que se hizo en esta isla despues que los tres navíos, que
-halló en Cáliz el Almirante para partir á la Isabela, llegaron.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXIII.
-
-
-Tornando á lo que en esta isla sucedió, ido el Almirante y llegados
-los tres navíos que halló de partida, decimos que llegaron al puerto
-de la Isabela por principio de Julio, con los cuales, y con lo que
-dentro traian, que todo era bastimentos, y con saber que habia llegado
-el Almirante con salud á Castilla, la gente y D. Bartolomé Colon y
-su hermano D. Diego recibieron regocijo inestimable é incomparable
-alegría. No habia cosa en aquellos tiempos que á la gente que acá
-estaba en tanto grado alegrase, aunque fuese abundancia de oro, como
-saber que venian navíos, y bastimentos en ellos, de Castilla; porque
-todos sus principales males eran de hambre, mayormente, como arriba
-dijimos, los que no andaban por la tierra guerreando, sino que estaban
-de contino en la Isabela en los trabajos en que allí los ocupaban, que
-comunmente eran trabajadores y oficiales. Estas hambres y desventuras
-causaron los malos tratamientos y angustias, que, desde luego que
-los cristianos entraron en esta isla, comenzaron y prosiguieron
-siempre á hacer á los indios, y querer el Almirante darse tanta prisa
-á subiectar Reyes y súbditos, y á todos hacer tributarios de quien
-nunca cognoscieron, ni oyeron, ni supieron causa ni razon por qué se
-los debian; porque si se entrara en esta isla como Cristo quiso, y
-entrarse debia, los indios vinieran á mantener y ayudar y servir en
-todas sus enfermedades y trabajos á los cristianos, con sus mujeres y
-hijos. Bien se prueba esto por el humanísimo y admirable, y más que de
-hombres comunes, hospedaje y obras paternales que hizo en el primer
-viaje al Almirante aquel tan virtuoso rey Guacanagarí, en quien tanto
-abrigo, ayuda, favor, mamparo y consuelo halló, pudiéndolo matar y que
-nunca hobiera memoria en el mundo dél ni de todos los cristianos que
-con él iban. Así que, volviendo á tejer nuestra historia, recibidas
-las cartas del Almirante, y con ellas las que convino enviar de los
-Reyes, su hermano, D. Bartolomé, con los dichos tres navios determinó
-de despacharlos con brevedad, hinchirlos de indios, hechos esclavos
-con la justicia y razon que arriba se ha dicho (y estos fueron 300
-inocentes indios), porque dijeron que el Almirante habia á los Reyes
-escrito que ciertos Reyes ó Caciques desta isla habian muerto ciertos
-cristianos, y no dijo cuantos él y los cristianos habian hecho pedazos;
-y los Reyes le respondieron, que todos los que hallase culpados los
-enviase á Castilla, creo yo que por esclavos como en buena guerra
-captivos, no considerando los Reyes ni su Consejo con qué justicia las
-guerras y males el Almirante habia hecho contra estas gentes pacíficas,
-que vivian en sus tierras sin ofensa de nadie, y de quien el mismo
-Almirante á Sus Altezas, pocos dias habia, en su primer viaje, tantas
-calidades de bondad, paz, simplicidad y mansedumbre habia predicado.
-Al ménos parece que se debiera de aquella justicia ó injusticia dudar,
-pero creyeron solamente al Almirante, y como no hobiese quien hablase
-por los indios, ni su derecho y justicia propusiese, defendiese y
-alegase, como abajo parecerá más largo y claro, quedaron juzgados y
-olvidados por delincuentes, desde el principio de su destruccion hasta
-que todos se acabaron, sin que nadie sintiese su muerte y perdicion, ni
-la tuviese por agravio. Debiera tambien haber escrito el Almirante á
-los Reyes como habia hallado muy buenas minas de oro á la parte desta
-isla austral, y que entendia de buscar por aquella costa de la mar
-algun puerto donde pudiesen las naos estar, y poblar en él un pueblo,
-y que, si se hallaba, traería grandes comodidades, porque, viniendo
-por aquella costa del descubrimiento de las islas Cuba y Jamáica, le
-habia parecido muy hermosa tierra, como lo es, y algunas entradas de la
-mar en la tierra, donde creia que habia muchos puertos; especialmente
-que no podian estar léjos de allí las minas que últimamente habian
-descubierto, á las cuales, como arriba se dijo, puso su nombre de Sant
-Cristóbal. Los Reyes le respondieron que hiciese lo que en ello mejor
-le pareciese, y que aquello ternian Sus Altezas por bueno, y se lo
-recibirian por servicio. Vista esta respuesta en Cáliz, el Almirante,
-escribió á su hermano D. Bartolomé Colon que luego lo pusiese por la
-obra y caminase á la parte del Sur, y con toda diligencia buscase
-algun puerto por allí para poblar en él, y, si tal fuese, pasase todo
-lo de la Isabela en él y la despoblase; el cual, visto el mandado del
-Almirante, determinó luego de se partir para la parte del Sur, y,
-dejado concierto y órden en la Isabela, y en su lugar, á su hermano
-D. Diego, como el Almirante hobo ordenado, y con la gente más sana
-que habia y el número que le pareció, se partió derecho á las minas
-de Sant Cristóbal. De allí, preguntando por lo más cercano de la mar,
-fué á aportar al rio de la Hoçama, que así lo llaman los indios, rio
-muy gracioso, y que estaba todo poblado de la una y de la otra parte;
-y este es el rio donde agora está el puerto y la ciudad de Sancto
-Domingo. Entró en canoas, que son los barquillos de los indios, sondó,
-que es decir experimentó con algun plomo ó piedra y cordel la hondura
-que el rio tenia, vido que podian entrar en el rio no sólo navíos
-pequeños, pero naos de 300 toneles, y más grandes, y, finalmente,
-cognosció ser muy buen puerto; fué grande el gozo que él hobo y los que
-con él iban. Determinó de comenzar allí una fortaleza de tapias sobre
-la barranca del rio y á la boca del puerto, á la parte del Oriente, no
-donde agora está la ciudad, porque está de la del Occidente; provee
-luego á la Isabela que se vengan los que señaló, para que se comience
-una poblacion la cual quiso que se llamase Sancto Domingo, porque el
-dia que llegó allí, fué domingo, y por ventura, dia de Sancto Domingo;
-aunque el Almirante, segun creo, quiso que se llamase la Isabela Nueva,
-porque así la nombró hasta que, el tercero viaje que hizo á estas
-Indias, cuando descubrió á tierra firme, vino á desembarcar en ella,
-como abajo parecerá. Quedaron en la Isabela los enfermos y oficiales
-de ribera que hacian dos carabelas; dejó allí 20 hombres comenzando á
-cortar madera y aparejando lo demas para hacer la fortaleza, y, venida
-la gente de la Isabela que mandó venir, la prosiguiesen, y él, con los
-demas, toma guías de los indios, por allí vecinos, para ir á la tierra
-y reino del rey Behechio, cuyo reino se llamaba Xaraguá, la última
-sílaba luenga, de quien y de su estado y policía, y de una su hermana,
-notable mujer, llamada Anacaona, maravillas habia oido.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXIV.
-
-
-Partido del rio de la Hoçama y por otro nombre, ya nuestro, Sancto
-Domingo, D. Bartolomé Colon con su compañía, y, andadas 30 leguas,
-llegó á un rio muy poderoso, que se llamaba y hoy llamamos como los
-indios, Neyba, donde halló un ejército de infinitos indios con sus
-arcos y flechas, armados en son de guerra, puesto que desnudos en
-cueros; y notad qué guerra pueden hacer con las barrigas desnudas
-por broqueles. Parece que como el rey Behechio tuvo nueva que los
-cristianos venian, y habia oido las nuevas de sus obras, contra el rey
-Caonabo y su reino, hechas, envió aquella gente ó vino él tambien en
-persona con sus juegos de niños á resistirlos (que todas sus guerras,
-comunmente, son tales, mayormente las desta isla). Los cristianos,
-viendo el ejército, hizo D. Bartolomé señales de que no los venia á
-hacer mal, sino á verlos y holgarse con ellos, y que deseaba ver á
-su rey Behechio y su tierra, luego los indios se aseguraron como si
-ya tuvieran grandes prendas dellos y fuera imposible faltarles la
-palabra. Van luego volando mensajeros al rey Behechio, ó él, si allí
-iba, invia á mandar que salgan toda su corte y gente con su hermana
-Anacaona, señalada y comedida señora, á rescibir á los cristianos,
-y que les hagan todas las fiestas y alegrías que suelen á sus Reyes
-hacer, con cumplimiento de sus acostumbrados regocijos. Andadas
-otras 30 leguas, llegan á la ciudad y poblacion de Xaraguá, porque
-60 leguas dista de Sancto Domingo, como arriba queda dicho; salen
-infinitas gentes, y muchos señores y nobleza, que se ayuntaron de toda
-la provincia con el rey Behechio y la Reina, su hermana, Anacaona,
-cantando sus cantares y haciendo sus bailes, que llamaban areitos,
-cosa mucho alegre y agradable para ver, cuando se ayuntaban muchos
-en número especialmente; salieron delante 30 mujeres, las que tenia
-por mujeres el rey Behechio, todas desnudas en cueros, sólo cubiertas
-sus vergüenzas con unas medias faldillas de algodon, blancas y muy
-labradas, en la tejedura dellas, que llamaban naguas, que les cubrian
-desde la cintura hasta media pierna; traian ramos verdes en las manos,
-cantaban y bailaban, y saltaban con moderacion como á mujeres convenia,
-mostrando grandísimo placer, regocijo, fiesta y alegría. Llegáronse
-todas ante don Bartolomé Colon, y, las rodillas hincadas en tierra,
-con gran reverencia, dánle los ramos y palmas que traian en las manos;
-toda la gente demas, que era innumerable, hacen todos grandes bailes
-y alegrías, y, con toda esta fiesta y solemnidad, que parece no poder
-ser encarecida, llevaron á D. Bartolomé Colon á la casa real ó palacio
-del rey Behechio, donde ya estaba la cena bien larga aparejada, segun
-los manjares de la tierra, que era el pan de caçabí é hutias, los
-conejos de la isla, asadas y cocidas, é infinito pescado de la mar
-y del rio, que por allí pasa. Despues de cenar, vánse los españoles
-cada tres ó cuatro á las posadas que les habian dado, donde tenian
-ya sus camas puestas, que eran las hamacas de algodon, muy hermosas,
-y, para de lo que eran, ricas; destas, ya en el capítulo 42, queda,
-como son hechas, dicho. El D. Bartolomé con media docena de cristianos
-quedóse aposentado en la casa del rey Behechio. Otro dia tuvieron
-concertado en la plaza del pueblo hacerle otras muchas maneras de
-fiestas, y así llevaron al D. Bartolomé Colon y cristianos á verlas.
-Estando en ella salen súpitamente dos escuadrones de gente armada
-con sus arcos y flechas, desnudos empero, y comienzan á escaramuzar
-y jugar entre sí, al principio como en España cuando se juega á las
-cañas, poco á poco comienzan á encenderse, y, como si pelearan contra
-sus muy capitales enemigos, de tal manera se hirieron, que cayeron en
-breve espacio cuatro dellos muertos, y muchos bien heridos. Todo, con
-todo el regocijo y placer y alegría del mundo, no haciendo más caso
-de los heridos y muertos que si les dieran un papirote en la cara;
-durara más la burla y cayeran hartos más sin vida, sino que, á ruego
-de D. Bartolomé Colon y de los cristianos, mandó cesar el juego el rey
-Behechio. Esta manera de juegos escaramuzales se usaban antiguamente
-en Castilla, la que decimos Vieja, puesto que intervenian en Castilla
-caballos, que Estrabo llama _Gymnica certamina_, y debia ser más que
-juegos de cañas: y dice así en el libro III, pág. 104, de su Geografía:
-_Gymnica etiam conficiunt certamina, armis exercent ludos, et equis, et
-cæstibus, et cursibus, et tumultuaria pugna, et instructo per cohortes
-prœœœœlœio._
-
-Esta su hermana, Anacaona, fué una muy notable mujer, muy prudente, muy
-graciosa y palanciana en sus hablas, y artes, y meneos, y amicísima
-de los cristianos; fué tambien reina de la Maguana, porque fué mujer
-del rey Caonabo susodicho, como arriba todo esto fué á la larga
-dicho, cap. 86. Despues de todas estas fiestas y regocijos, habló D.
-Bartolomé Colon al rey Behechio y á esta señora, su hermana, Anacaona,
-como su hermano, el Almirante, habia sido enviado por los reyes de
-Castilla, que eran muy grandes Reyes y señores, y tenian muchos reinos
-y gentes debajo de su imperio, y que habia tornado á Castilla á verlos
-y notificarles, que muchos señores y gente desta isla le eran ya
-tributarios, y los tributos les pagaban, y por tanto, él venia á él
-y á su reino, para que lo mismo hiciese y los recibiese por señores,
-en señal de lo cual en cosas convenientes les tributasen. Pero de oir
-es, y notar, la respuesta que le dió (que como habian oido que el rey
-Guarionex y Guacanagarí, é los reyes de Cibao y sus gentes, tributaban
-oro, como si ya le hobiera mostrado y demostrado por naturales razones,
-que él no pudiera negar, sino que convencido del todo quedaba ser
-obligado, á Reyes ó gentes que nunca oyó ni creyó que eran en el mundo,
-tributar), respondió: «¿como puedo yo dar tributo, que en todo mi reino
-ni en alguna parte ni lugar dél nace ni se coge oro, ni saben mis
-gentes qué se es?» Creia, y no sin razon que no buscaban ni venian por
-otro fin los cristianos, sino por llevar oro á sus Reyes y señores.
-Respondió D. Bartolomé Colon: «no queremos ni es nuestra intencion
-imponer tributo á nadie, que no sea de aquellas cosas que tengan en sus
-tierras y puedan bien pagar; de lo que en vuestra provincia y reinos
-sabemos que abundais, que es mucho algodon y pan caçabí, queremos
-que tributeis é de lo que más en esta tierra hobiese, pero no de lo
-que no hay.» Oidas estas palabras, alegróse mucho, y respondió: «que
-de aquello cuanto él quisiese le daria hasta que no quisiese más.»
-Mandó luego, enviando mensajeros á todos los otros señores y pueblos,
-sus subiectos, que todos hiciesen sembrar y sembrasen en sus tierras
-y heredades mucho algodon para que hobiese grande abundancia dello,
-porque se habia de dar tributo á los reyes de Castilla, cuyo criado
-y enviado era el Almirante y su hermano, que agora venido habia y
-estaba en su casa. Dos cosas podemos aquí considerar y notar; la una,
-la innata bondad y simplicidad del rey Behechio, la cual manifiesta
-dos cosas muy claras; la una, que pudiera matar á D. Bartolomé y á
-todos los cristianos, los cuales, no creo que podian llegar á número
-de ciento, y él tenia millones de gentes, porque de gente, y términos
-de tierra larga, y corte y en muchas ventajas, era en esta isla el Rey
-más principal; la otra, en conceder tan fácilmente, recognoscer por
-superior y tributar á otro Rey extraño, que no sabia quién era ni quién
-no. ¿Quién de los reyes libres del mundo á la primer demanda ó palabra
-se querrá á otro Rey que nunca vido ni oido subiectar, y servirle como
-súbdito y vasallo, repugnando al apetito natural? Y si dijeres que
-fué por miedo y temor que hobo de D. Bartolomé y de los cristianos
-que consigo llevaba, por haber oido las guerras crueles, y estragos y
-muertes que el Almirante habia hecho en el Rey é gente de Caonabo y
-en otras partes, parece que no, pues pudiera sin duda matarlos, ó al
-ménos, acometerles y hacerles harto daño, lo cual nunca intentaron;
-y si porfiares que sí, por ende fueron más injustos y más contra ley
-natural los tributos que D. Bartolomé Colon le impuso, haciendo Rey
-libre, tributario por miedo, contra su voluntad, no siendo su súbdito
-ni debiéndole algo, lo que es propio de tiranos. La otra cosa que aquí
-se debe notar, es, cuan al revés y preposteramente hizo su entrada D.
-Bartolomé Colon en este reino de Xaraguá, dando, primeramente noticia
-á los infieles simplicísimos de los reyes de Castilla y de su grandeza
-y merecimientos que del verdadero Dios, y echarles ántes carga de
-tributos, que dándoles algo que en su provecho y utilidad resultase; no
-habiendo otra causa legitima para entrar cristianos en estos reinos y
-tierras, sino sólo para darles noticias y cognoscimiento de un solo y
-verdadero Dios y de Jesucristo, su hijo, universal Redentor; manifiesto
-es que aquellas gentes, ó habian de tener á los reyes de Castilla por
-dioses, pues se les predicaba primero que otra cosa su merecimiento
-y valor, y que se les debian de otros Reyes, tan grandes señores
-en tierras y gentes como ellos, recognoscimiento de superioridad y
-tributos, ó habian de creer que el fin que acá los cristianos, y no
-otro, traian, como cosa dellos amada sobre todo, era su propio interese
-y llevar á sus tierras, de los bienes agenos, tributos y oro. Muy por
-el contrario del camino que Cristo llevó y sus Apóstoles para traer
-á sí al mundo, que ante todas cosas predicaban á Dios, y no sólo no
-pedian tributo ni tomaban de hombre cosa, mas hacíanles grandes bienes,
-y daban sus vidas y dieron, por atraer y salvar á los que predicaban,
-y el hijo de Dios la suya por todos. Pero entró por la misma puerta y
-llevó el mesmo camino D. Bartolomé Colon, que su hermano el Almirante
-al principio entró y anduvo, cierto engañados no sé con qué; mas creo
-que sí sé, de una culpabilísima, que á ninguno excusa, del derecho
-natural y divino ignorancia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXV.
-
-
-Dejó D. Bartolomé Colon muy contento, á lo que parecia, y Dios sabe
-si era así, al rey Behechio, y tributario y solícito de cumplir los
-tributos que se le habian pedido; y, con ánsia de saber lo que en la
-Isabela y aquestas partes desta isla de la Vega y Cibao habia sucedido,
-acordó partirse de Xaraguá para acá, y, llegado á la Isabela, halló
-que cerca de 300 hombres habian fallecido de diversas enfermedades.
-Rescibió desto D. Bartolomé grande trabajo, y aunmentábaselo tener muy
-pocos bastimentos y no venir navíos de Castilla; determinó de repartir
-y enviar todos los enfermos y flacos por las fortalezas que habia
-desde la Isabela hasta Sancto Domingo, y á los pueblos de los indios
-que cerca dellas estaban, porque al ménos ternian, sino médicos y
-boticarios, comida que los indios les darian y no les faltaria, y así
-pelearian solamente con la enfermedad, y no con ella y juntamente con
-la hambre: las fortalezas fueron la Magdalena, Santiago, la Concepcion,
-el Bonao, como se dijo en el cap. 110. Dejó en la Isabela los hombres
-más sanos, en especial oficiales, haciendo dos carabelas, y él tornó
-á visitar la fortaleza que dejó haciendo sobre el rio de Sancto
-Domingo, yendo cogiendo los tributos, por el camino, de los señores
-y sus vasallos á quien el Almirante y él los habian impuesto; donde,
-como estuviese algunos dias, los señores y gentes de la Vega y de las
-provincias comarcanas, no pudiendo sufrir la importuna carga de los
-tributos del oro que cada tres meses se les pedia, y la más onerosa y
-á ellos más intolerable, y aspérrima conversacion de los cristianos,
-de comerles cuanto tenian y no se contentar con lo que se les daban,
-sino, con malos tratamientos, miedos, amenazas, palos y bofetadas,
-llevarlos de unas partes á otras cargados, andarles tras las hijas é
-las mujeres, é otras vejaciones é injusticias semejantes, acordaron de
-se quejar al rey Guarionex y á inducirle á que mirase y considerase
-su universal captiverio y opresion, y vida tan malaventurada que
-pasaban con aquellos cristianos, que trabajasen de matarlos si pudiesen
-y libertarse. Hacian cuenta que mayor era el tormento que sufrian
-cuotidiano é inacabable que podian ser las muertes de pocos dias, que,
-si no salian con lo pensado, esperaban; y en fin, siempre creian de sí
-mismo haber vitoria de los cristianos, en lo cual siempre se engañaban.
-Guarionex, como era hombre de su naturaleza bueno y pacífico, y
-tambien prudente, y via y cognoscia las fuerzas de los cristianos, y
-la ligereza de los caballos, y lo que habian hecho al rey Caonabo y á
-su reino é á muchos otros de la provincia de Cibao, mucho lo rehusaba;
-pero al cabo, importunado de muchos, y, por ventura, amenazado de
-que harian Capitan otro que á él le pesase, con gran dificultad hobo
-de aceptarlo. Sintiéronse destos movimientos algunas señales por los
-cristianos que estaban en la fortaleza de la Concepcion; avisaron con
-indios que les fueron fieles á los cristianos de la fortaleza del
-Bonao, y aquellos despacharon otros mensajeros á Sancto Domingo, donde
-don Bartolomé estaba, el cual, á mucha prisa, vino á la Vega, ó á la
-Concepcion, que así se llamaba.
-
-Quiero contar una industria que tuvo un indio mensajero, que creo que
-fué esta vez, para salvar las cartas que llevaba de los cristianos
-de la Concepcion á los del Bonao. Diéronselas metidas en un palo que
-tenian para aquello, hueco por una parte, y como los indios ya tenian
-experiencia de que las cartas de los cristianos hablaban, ponian
-diligencia en tomarlas; el cual, como cayó en manos de las espías,
-que los caminos tenian tomados, fué cosa maravillosa la prudencia de
-que usó, que no fué á la del rey David muy desemejable. Hízose mudo y
-cojo, mudo para que no le pudiesen constreñir á que, lo que traia,
-ó de donde venia ó qué hacian ó qué pensaban hacer los cristianos,
-hablase, y cojo, porque el palo en que iban las cartas, que fingia
-traer por bordon necesario, no le quitasen; finalmente, hablando y
-respondiendo por señas, y cojeando, como que iba á su tierra con
-trabajo, hobo de salvarse á sí é á las cartas que llevaba, las cuales,
-si le tomaran y á él prendieran ó mataran, por ventura, no quedara, de
-los cristianos derramados por la Vega y aún de los de la fortaleza de
-la Concepcion, hombre vivo ni sano. Llegó, pues, D. Bartolomé con su
-gente á la fortaleza del Bonao, y allí fué, de lo que habia, avisado.
-De allí trasnocha y vá á entrar en la fortaleza de la Concepcion, que
-10 leguas buenas distaba; sale con toda la gente sanos y enfermos á
-dar en 15.000 indios que estaban con el rey Guarionex y otros muchos
-señores ayuntados, y, como estas tristes gentes vivian pacíficos, sin
-pendencias, rencillas, ni trafagos, no tenian necesidad de con muros
-y barbacanas, ni fosas de agua, tener sus pueblos cercados. Dieron en
-ellos de súbito, á media noche, porque los indios, nunca de noche, ni
-acometen, ni para guerra están muy aparejados, puesto que no dejan de
-tener sus velas y espías, y, en fin, para contra españoles harto poco
-recaudo; hicieron en ellos, como suelen, grandes estragos. Prenden
-al rey Guarionex y á otros muchos; mataron á muchos señores de los
-presos, de los que les pareció que habian sido los primeros movedores,
-no con otra pena, segun yo no dudo, sino con vivos quemarlos, porque
-esta es la que comunmente, y siempre y delante de mis ojos yo vide,
-muy usada. Traidos presos á la fortaleza de la Concepcion, vinieron
-5.000 hombres, todos desarmados, dando alaridos y haciendo dolorosos y
-amargos llantos, suplicando que les diesen á su rey Guarionex y á los
-otros sus señores, temiendo no los matasen ó quemasen. D. Bartolomé
-Colon, habiendo compasion dellos, y viendo la piedad suya para sus
-señores naturales, cognosciendo la bondad innata de Guarionex, cuan más
-inclinado era á sufrir y padecer con tolerancia inefable los agravios,
-fuerzas é injurias que le hacian los cristianos, que á pensar en hacer
-vengaza, dióles su Rey é á los otros sus señores, con que quedaron de
-sus angustias y miserias algo consolados, no curando del captiverio y
-opresion y vida infelice en que quedaban, ni de sus, cierto, futuras
-mayores calamidades.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXVI.
-
-
-Pasados algunos dias, poco despues que aqueste alboroto fué asosegado,
-aunque las gentes de aquella comarca de la Vega, con las cargas y
-trabajos que los cristianos continuamente les daban, por tenerlos
-en ménos, por haberlos guerreado y hostigado, como siempre lo han
-acostumbrado hacer, no muy alegres ni descansadas, vinieron mensajeros
-del rey Behechio y de Anacaona, su hermana, á D. Bartolomé Colon;
-haciéndole saber como los tributos del algodon y caçabí, que habia
-impuesto ó pedido á su reino, estaban aparejados, que viese lo que
-cerca dello mandaba; si no me he olvidado, creo que dentro de seis
-ó ocho meses, sembradas las pepitas del algodon, dan fruto; los
-arbolillos que dellos nacen, llegan á ser tan altos, los mayores, como
-un buen estado, puesto que desde más chicos comienzan á darlo. Acordó
-luego D. Bartolomé ir á Xaraguá, lo uno, por ver lo que Behechio,
-rey de aquel reino, le avisaba, y como habia cumplido su palabra; lo
-otro, por ir á comer á aquella tierra que no estaba trabajada, como
-tenian los cristianos la Vega y sus comarcas, puesto que les daba Dios
-siempre el pago, en los descontentos que siempre tenian por la falta de
-vestidos y de las cosas de Castilla, por las cuales siempre suspiraban
-y vivian todos, ó todos los más, como desesperados. Llegado al pueblo
-ó ciudad del rey Behechio, D. Bartolomé, sálenle á recibir el Rey y
-Anacaona, su hermana, y 32 señores muy principales, que para cuando
-viniese habian sido convocados, cada uno de los cuales habia mandado
-traer muchas cargas de algodon en pelo y hilado, con su presente de
-muchas hutias, que eran los conejos desta isla, y mucho pescado,
-todo asado; lo cual todo, cada uno le presentó, de que se hinchió,
-de algodon digo, una grande casa. Dióles á todos los señores muchas
-gracias, y al rey Behechio y á la señora su hermana, muchas más y más
-grandes, mostrando señales de grande agradecimiento, como era razon
-dárselas; ofreciéronse á traerle tanto pan caçabí que hinchiese otra
-casa y casas. Envia luego mensajeros á la Isabela, que, acabada la una
-de las dos carabelas, viniese luego á aquel puerto de Xaraguá, que es
-una grande ensenada ó entrada que hace la mar, partiendo esta isla
-en dos partes; la una, como arriba se dijo cap. 50, hace el cabo de
-Sant Nicolás, que tiene más de 30 leguas, y la otra tenia más de 60,
-que hace el Cabo que ahora se llama del Tiburon, y que llamaban de
-Sant Rafael cuando vino del descubrimiento de Cuba el Almirante. El
-rincon desta particion ó abertura que la mar por allí hace, distaba de
-la poblacion y casa real de Behechio, dos leguas, no más largo; allí
-mandó venir la carabela, y que la tornarian llena de caçabí. Desto
-recibieron los españoles, que en la Isabela estaban, grande alegría,
-por el socorro que para su hambre esperaban; diéronse priesa, vinieron
-al puerto de Xaraguá, donde los deseaban. Sabido por la señora reina
-Anacaona persuade al Rey, su hermano, que vayan á ver la canoa de los
-cristianos, de quien tantas cosas se les contaban. Tenia un lugarejo
-en medio del camino, Anacaona, donde quisieron dormir aquella noche;
-allí tenia esta señora una casa llena de mil cosas de algodon, de
-sillas y muchas vasijas y cosas de servicio de casa, hecha de madera,
-maravillosamente labradas, y era este lugar y casa, como su recámara.
-Presentó esta señora á D. Bartolomé muchas sillas, las más hermosas,
-que eran todas negras y bruñidas como si fueran de azabache; de todas
-las otras cosas para servicio de mesa, y naguas de algodon (que eran
-unas como faldillas que traian las mujeres desde la cinta hasta media
-pierna, tejidas y con labores del mismo algodon) blanco á maravilla,
-cuantas quiso llevar y que más le agradaban. Dióle cuatro ovillos de
-algodon hilado que apénas un hombre podia uno levantar; cierto, si
-oro tuviera y perlas, bien se creia entónces que lo diera con tanta
-liberalidad, segun todos los indios desta isla eran de su innata
-condicion dadivosos y liberales. Vánse á la playa ó ribera de la mar,
-manda D. Bartolomé venir la barca de la carabela á tierra; tenian al
-Rey é la Reina, su hermana, sendas canoas, muy grandes y muy pintadas y
-aparejadas, pero la señora, como era tan palanciana, no quiso ir en la
-canoa, sino con D. Bartolomé en la barca. Llegando cerca de la carabela
-sueltan ciertas lombardas; turbáronse los Reyes y sus muchos criados y
-privados en tanto grado, que les pareció que el cielo se venia abajo,
-y aína se echaran todos al agua, pero como vieron á D. Bartolomé
-reirse, algo se asosegaron. Llegados, como dicen los marineros, al
-bordo, que es junto á la carabela, comienzan á tañer un tamborino y la
-flauta, y otros instrumentos que allí llevaban, y era maravilla como
-se alegraban; miran la popa, miran la proa, suben arriba, descienden
-abajo, están, como atónitos, espantados. Manda D. Bartolomé alzar las
-anclas, desplegar las velas, dar la vuelta por la mar: aquí creo yo
-que no les quedó nada de sangre, temiendo no se los llevasen; pero
-desque dieron la vuelta hácia casa, quedaron sin temor y demasiadamente
-admirados, que sin remos, la carabela, tan grande, parecia que volase,
-y, sobre todo, que con un viento sólo fuese á una parte, y á otra
-contraria tornase. Tornáronse á Xaraguá; vinieron infinitos indios de
-todo el reino del pan caçabí cargados. Hinchen la carabela del pan y
-del algodon y de las otras cosas que el Rey é la Reina y los otros
-señores habian dado; partióse la carabela para hacer á la Isabela su
-viaje, y D. Bartolomé, con su gente, tambien acordó irse para allá con
-su compañía por tierra; dejó alegres al Rey é á la Reina, y, á todos
-los señores y gentes suyas, muy contentos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXVII.
-
-
-Entretanto que D. Bartolomé Colon estaba en el reino de Xaraguá con el
-Behechio y hacia lo que en el precedente capítulo se dijo, Francisco
-Roldan, á quien, como arriba en el capítulo 111 dijimos, dejó el
-Almirante por Alcalde mayor en la Isabela, y, como tambien dije, de
-toda la isla, por descontentos que tuvo del Gobernador, D. Bartolomé
-Colon, ó por no sufrir las reglas y estrechura de los bastimentos de la
-Isabela, y querer vivir más á lo largo andando por la isla (ó tambien,
-hallo en mis memoriales, que tuvo principio este levantamiento porque
-uno de los principales, que consigo siempre trujo, se echó con la
-mujer del rey Guarionex, y porque le quiso el Adelantado castigar), ó
-porque era bullicioso y pretendia subir á más de lo que era, imaginando
-que el Almirante nunca volveria, porque hacia ya quince meses que era
-partido desta isla, y que era señal que los Reyes no lo dejarian volver
-acá, segun, por ventura, debiera Juan Aguado haber dicho y así se
-decia, acordó quitar la obediencia al dicho D. Bartolomé y levantarse
-contra él con hasta 70 hombres, los más sanos, gente comun, y algunos
-principales que él pudo atraer á sí, que pretendian lo mismo que él,
-de los cuales yo cognoscí los más, ó cuasi todos. Este Francisco
-Roldan fué, como dije, criado del Almirante y ganó su sueldo, y debia
-ser su oficio, á lo que entendí, como hombre que tenia cargo de andar
-sobre los trabajadores y oficiales para los hacer trabajar, salvo
-que, como fuese hombre entendido y hábil, cognosciendo el Almirante
-que era para tener cargos, y, por honrarlo y hacer en él, hízolo
-primero Alcalde ordinario de la Isabela, y despues Mayor de toda la
-isla, y él quiso, por agradecimiento, levantándose le dar el pago. La
-ocasion que para se desvergonzar tomar quiso, fué en dos maneras,
-para indignar é allegar y atraer á sí á los indios y á los cristianos
-contra el Adelantado y el Almirante. Para ganar los cristianos, fué
-esta su cálida industria: la carabela que habia traido el algodon y
-pan, y otras cosas de la provincia de Xaraguá, mandóla luego varar ó
-sacar en tierra fuera del agua, D. Diego Colon, porque, como la gente
-estaba siempre demasiadamente descontenta, temíase que no la tomasen
-y se fuesen muchos sin licencia y á pesar del D. Bartolomé, y de don
-Diego, y del Almirante tambien, con ella á Castilla; Francisco Roldan
-comienza á murmurar con la gente trabajadora y marineros, y la demas
-gente baja y que más descontenta estaba, porque la carabela no estaba
-en el agua, y que sería bien enviarla á Castilla con cartas á los
-Reyes, pues el Almirante no venia, para hacerles saber sus hambres y
-necesidades y los proveyesen, y que sino se hacia, que todos habian
-en esta isla de perecer, ó de hambre, ó que los indios los habian de
-consumir, é que D. Diego ni D. Bartolomé no la querian enviar por
-alzarse con la isla y tenerlos á todos ellos por esclavos, sirviéndose
-dellos en hacer sus casas y fortalezas, y acompañarse y coger los
-tributos de los indios y hacerse ricos del oro de la tierra, y,
-finalmente, para sólo su provecho é particular interese. Viendo la
-gente que el Alcalde mayor y quien lo mandaba todo, y á quien por la
-vara del Rey, como Justicia mayor, todos obedecian, que estaba de la
-opinion dellos, comienzan despues con mayor desenvuelta osadía y ménos
-temor, lo que en sí secretamente gruñian y no osaban, sino por los
-rincones, boquear, públicamente y sin miedo ninguno á decirlo. Vista la
-gente ya de su bando, persuadióles que le diesen las firmas para que
-se pudiese dar á entender como era sentencia de todos, que convenia
-al bien y salud comun de los cristianos que la carabela se echase al
-agua, aunque pesase al D. Diego y á quien más se lo quisiese estorbar;
-y todo esto, que este trabajaba ó porfiaba de echar la carabela al
-agua, no era porque se echase al agua ni fuese á Castilla, porque á él
-no le convenia que supiesen los Reyes su alzamiento y desobediencia á
-su Justicia mayor, que era D. Bartolomé y D. Diego, que al presente
-la Isabela gobernaba, sino por indignar y mover á la gente contra el
-Almirante y los que gobernaban, y que él tuviese gente y fuerzas para
-levantarse, y en su tiranía conservarse; hay desto muchos argumentos
-claros, como parecerá abajo. La otra ocasion ó título que tomó para
-atraer á sí, juntamente, indios y cristianos, fué, que decia á los
-cristianos que para que los indios sirviesen mejor á los cristianos,
-estando en paz con ellos, era cosa necesaria que se le quitasen los
-tributos que les habia impuesto el Almirante, y esto muchas veces
-lo decia él á D. Bartolomé Colon platicando; y, ciertamente, si él
-lo dijera con celo de virtud y de piedad para con los indios, decia
-gran verdad, porque los indios y los Reyes y señores suyos, vivian
-con los tributos que se les pedian cada tres meses, desesperados;
-y áun fuera, sin comparacion, grande utilidad para los cristianos,
-porque ni murieran de hambre ni padecieran de necesidad alguna en sus
-enfermedades, ni anduvieran en guerras por sierras y valles á cazar y
-matar indios, ni dellos algunos, los indios, como mataron, mataran,
-ántes los sirvieran de rodillas y adoraran, pero no lo decia el pecador
-sino por robar más á los indios y más señorearlos, y que á esto no
-le fuese Dios ni el Rey ni sus Ministros á la mano. Finalmente, D.
-Diego mandó al dicho Francisco Roldan que fuese con cierta gente á
-la Concepcion, por que se sonaba y temia que los indios y gente de
-Guarionex andaba mal segura y alborotada, como no podian sufrir los
-tributos; el cual se fué al pueblo del cacique Marque, donde tuvo
-lugar Roldan de concluir é publicar su traicion, de donde se vinieron
-muchos, que no quisieron consentir en ella, á la fortaleza de la
-Concepcion, á los cuales trató mal y tomó todas las armas. De aquí
-del pueblo Marque, tornó á la Isabela, y váse á la Alhóndiga del Rey,
-donde estaban los bastimentos y la municion de las armas, y, tomada
-la llave por fuerza á quien la tenia, que era un criado de D. Diego
-Colon (ó hizo las cerraduras pedazos, con 50 hombres, diciendo «viva
-el Rey»), toma todas las armas que le pareció haber menester para sí
-é para sus compañeros tiranos; y de los bastimentos, que con la guarda
-y regla y estrechura, porque así convenia, se guardaban y daban, y de
-todas cuantas cosas allí habia, sin medida repartia, y para sí tomaba.
-Sale D. Diego á le ir á la mano con ciertos hombres honrados á afearle
-tan grande insolencia y alboroto, al ménos, de palabra; vino tras él,
-y el D. Diego se retrujo con ellos á una casa fuerte, y miéntra en la
-Isabela estuvo Francisco Roldan y habia de hablar D. Diego con él,
-habia de ser con seguro que primero Roldan le daba. De allí fueron al
-hato de las vacas del Rey y mataron lo que dellas quisieron; que matar
-una en aquel tiempo era por gran daño estimado, porque las tenian para
-criar. Van tambien al hato de las yeguas, que eran tambien del Rey, y
-tomaron las yeguas ó potros ó caballos que á todos plugo tomar. Esto
-hecho, vánse por los pueblos de los indios, y á los señores y Caciques
-dellos, publícanles que el Almirante y sus hermanos les han cargado de
-tributos, y que Francisco Roldan y ellos han reñido con el D. Bartolomé
-Colon y D. Diego porque no se los quitaban, y que han acordado ellos
-de se los quitar y que no curen dende adelante darlos, que ellos se
-los defenderán del Almirante y sus hermanos, y para ello, si fuere
-menester, los matarán. Desde allí, diciendo «viva el Rey,» van por
-toda la Isla, y por toda se suena que el Alcalde Roldan es el que los
-liberta; y así, el Roldan decia que los habia recibido debajo de su
-mamparo, segun que un poco abajo se verá, y por todos los pueblos de
-los indios que pasaba, publicaba mal de don Bartolomé y del Almirante,
-y á todos los cristianos que topaba detraia y blasfemaba de D.
-Bartolomé, diciendo que era hombre duro, áspero y cruel, y cudicioso,
-y que con él no podia alguno medrar, y todos cuantos males podia decir
-acumulaba, dando por causas de se apartar dél. Y cosa fué esta, cierto,
-maravillosa y juicio de Dios muy claro, si con ojos limpios entónces lo
-vieran y agora lo miramos, que aquel Roldan, sin saber quien lo movia
-mediatamente, que era la divina Providencia, pero inmediata su propia
-ambicion cudicia y maldad, fuese profeta en la obra, como Caifás lo
-fué en la palabra, y á ambos movió la voluntad y providencia de Dios;
-Caifás, diciendo que convenia que Cristo muriese por todo el pueblo,
-porque toda la gente no pereciese, más por el odio que á Cristo tenia
-que por la salud comun, empero, sin saber lo que decia, profetizó;
-Roldan, por su propia malicia, permitida de lo alto, y por se hacer
-rico y señor, tomó y se arreó del oficio y título, sin saber lo que
-hacia, de los pueblos y gentes desta isla opresas, llamándose defensor
-y librador; manifiesto es por la lumbre natural sola que tuviésemos,
-cuanto más añidida la ley divina de justicia y de caridad, y aqueste
-Roldan y otro cualquiera cristiano, y áun gentil que fuera ó moro, si
-por el bien sólo y liberacion destas gentes, por la piedad natural se
-moviera, para las librar de las injurias y daños y tiranía que padecian
-con los insoportables é, sin justicia, impuestos tributos, tenia
-justísima guerra contra el Almirante y contra D. Bartolomé y D. Diego
-Colon; y muy mayor justicia y mérito le favoreciera, si con la piedad
-natural juntara hacerlo por la honra de Dios, porque como para entrar y
-tener que hacer en estos reinos y gentes los cristianos, no haya habido
-otro título ni derecho, chico ni grande, sino sólo la predicacion de la
-fe y conversion dellos, y traerlos á Cristo, en lo cual, nunca se dió
-puntada, grande ni chica, sino imponerles y cargarles y pedirles oro,
-y lo que se creia que valia oro, ¿quién de los que fuesen cristianos
-osará dudar que juntamente con las injurias y agravios tan grandes que
-hacian á los prójimos, no se ofendiese gravísimamente Dios? Luego,
-mucho mereciera Roldan delante de Dios, allende ser obligado de ley
-natural, moviendo guerra contra los que á estas gentes, con tantos y
-tan graves tributos, impuestos tan sin justicia, oprimian y amargaban,
-por su redencion, luego en tomar el oficio y apellido de redemptor;
-aunque por robar él y ser señor, como Caifás diciendo y él haciendo,
-profetizó. Pero fueron tantas las tiranías y maldades opresivas que en
-estas gentes despues hizo él y su compañía, que no con celo de piedad,
-sino con título para se levantar y señorear haberse movido, bien
-manifiestamente mostró.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXVIII.
-
-
-De la Isabela vino Francisco Roldan y su compañía á la Vega, al
-pueblo de un señor Cacique, que se llamaba Marque (que habia tomado
-el nombre de Diego Marque, el que dijimos arriba, cap. 82, que habia
-venido á esta isla por Veedor), el cual pueblo estaba dos leguas de la
-fortaleza de la Concepcion, para buscar tiempo y sazon para tomarla;
-la cual tomada, pensaba mejor señorearse de toda esta isla y haber al
-Bartolomé Colon á las manos, al cual temia él más que á otro, porque
-era hombre muy esforzado y de mucho valor, y por esto era público que
-lo andaba por matar. Vino Francisco Roldan con 60 ó 70 hombres, muy
-armados en forma de guerra, al pueblo del gran señor y rey Guarionex
-(cuya mujer y reina, se dijo, y el Almirante lo escribió á los
-Reyes, este Roldan tomó y usó mal della), el cual pueblo distaba de
-la fortaleza de la Concepcion obra de dos tiros de ballesta, donde
-estaba un capitan, García de Barrantes, que yo bien cognoscí, é tenia
-30 hombres á cargo (porque habia el Almirante, y despues su hermano
-D. Bartolomé Colon, como arriba se ha tocado, repartido la gente por
-los pueblos de los indios para comer, y tambien porque sintiesen los
-indios que velaban sobre ellos), y dijo allí á algunos que se pasasen
-á él. El capitan Barrantes metió dentro en una casa, por importunidad,
-ó por fuerza, ó por grado, á los 30 hombres, requiriendo al Francisco
-Roldan que se fuese con Dios, que ellos estaban en servicio del Rey,
-y él andaba como le placia; y respondióle Roldan, que juraba á Dios
-que lo habia de quemar á él y á todos los 30 que allí tenia dentro
-en la casa, y tomóle todas las cosas que tenia de comer, por fuerza.
-Fué á la fortaleza de la Concepcion, y quisiera entrar en ella; el
-Alcaide, que era Miguel Ballester, le cerró las puertas y no le
-quiso admitir, viéndole venir con tanta gente y tan armada. En estos
-dias llegó Bartolomé Colon á la fortaleza de la Magdalena, y allí
-supo la alteracion de Francisco Roldan, y á un Diego de Escobar que
-allí estaba, y creo que era Alcaide entónces della, el cual se habia
-desmesurado en palabras contra él (sospecho que porque sintió excusar
-al Francisco Roldan, ó algo semejante á esto, porque este Diego de
-Escobar fué de los principales alzados con Francisco Roldan), mandóle
-prender, y despues dióle la fortaleza por cárcel, aquel dia, y mandóle
-que otro dia se fuese tras él á la Isabela; el cual no curó de su
-mandado, sino envió un hombre de caballo, y debia ser á llamar á un
-Pedro de Valdivieso, el cual topó en el camino, y ambos se fueron al
-pueblo del Cacique Marque á juntar con el Francisco Roldan, y desde
-á pocos dias, vino un hidalgo que se llamaba Adrian de Muxica, con
-cierta gente, á la Magdalena, y toma al Diego de Escobar y vánse á
-juntar, en el dicho pueblo, con el dicho Francisco Roldan. De donde
-parece, que habia concierto entre todos ellos, dias habia ya tratado,
-de alzarse. Este Pedro de Valdivieso y el Adriano y Diego de Escobar
-eran de los principales hombres desta isla, los cuales yo cognoscí
-bien cognoscidos, y despues diré cosas dellos. Ido D. Bartolomé á
-la Isabela, como halló robada el Alhóndiga del Rey, é á su hermano
-desobedecido y maltratado, y supo los que seguian á Roldan, y que
-cada dia sentia que crecian en número, no osaba salir de la Isabela,
-temiendo que todos debian ser en la rebelion. Escribió á D. Bartolomé
-el Alcaide Ballester, de la Concepcion, que se guardase, porque,
-cierto, creia que lo habian de trabajar de matar, y que, si pudiese, lo
-más presto se viniese á su fortaleza de la Concepcion. Hízolo así, é á
-mucha priesa vínose y metióse en la fortaleza, que dista de la Isabela,
-como dije arriba, 15, ó pocas más leguas. Desque lo supo Roldan, vínose
-al Guaricano, que así se llamaba el asiento donde se puso primero y
-estaba entónces la villa de los cristianos, que llamaron especialmente
-la Vega, puesto que todo esto era en la Vega, y era pueblo aquello del
-rey Guarionex; distaba de la Concepcion ó fortaleza, media legua de
-muy llana tierra, que es alegría verlo, y parecíase lo uno de lo otro.
-Sabido por D. Bartolomé, envió á un caballero que se llamaba Malaaver,
-que yo cognoscí muy bien, al Francisco Roldan, que le hablase y de
-su parte le dijese que ¿por qué causaba tan grande daño y escándalo
-y confusion en toda la isla? que mirase cuanto deservicio se hacia á
-los Reyes haciendo cesar los tributos, y cuan mal contado le seria de
-todos los que lo supiesen, y el daño que hacia á todos los cristianos,
-porque los indios se ensoberbecerian y cobrarian ánimos mayores para
-les hacer guerra, y otras cosas á éste propósito, que le podian mover á
-cesar de su sedicioso propósito. Finalmente, le persuadió á que fuese
-á hablar á la fortaleza con D. Bartolomé, y dióle para ello seguro,
-de lo cual llevaba el dicho Malaaver comision. Vino á la fortaleza
-con su gente bien armado, y habló con D. Bartolomé, debia ser por las
-ventanas, D. Bartolomé, parado. Díjole, que ¿por qué juntaba con tanto
-escándalo aquella gente y inquietaba la isla? respondió Roldan, que no
-la juntaba para de servicio de los Reyes, sino para se defender del que
-le habian dicho que les queria cortar las cabezas; responde que no le
-habian dicho verdad; añadió Francisco Roldan, que él y sus compañeros
-estaban en servicio del Rey, por eso, que le dijese donde mandaba que
-fuesen á servir al Rey. Dice D. Bartolomé, que se vayan y estén en
-los pueblos del Cacique que tenia por nombre Diego Colon; responde
-Roldan, que no queria ir allí, porque no habia que comer; mandóle y
-prohibióle que no fuese mas Alcalde ni se llamase Alcalde, y que lo
-privaba del tal oficio, pues andaba contra el servicio del Rey. De
-aquí se fué mofando y más soberbio que vino, porque no pretendia sino
-proseguir su rebelion con los demas, y ser libres para que sus vicios
-y ambicion alcanzasen impunidad, é colora su alzamiento con alegar y
-sembrar, mentirosamente, que D. Bartolomé lo queria matar, estando
-70 ó 80 leguas de allí, en Xaraguá, como ha parecido, cuando ellos se
-alzaron. Tomando tambien por título y causa de su traicion, que porque
-no se echaba la carabela al agua, y que á los indios no se quitaban
-los tributos de que estaban muy cargados, como si se compadecieran
-más dellos que quien se los habia impuesto, pues ellos los robaban,
-y despues mucho más los robaron y hicieron incomparables daños y
-agravios, cuando el rey Manicaotex (de quien arriba hemos hablado que
-daba una calabaza llena, o media, de oro por tributo cada tres meses,
-que pesaba tres marcos), le daba otra tal medida, y mayor que aquella,
-al dicho Francisco Roldan, porque, como era Alcalde y con vara, y todos
-temblaban dél, no osaba hacer otra cosa. Desto hobo muchos testigos de
-oidas, que lo habian sabido de indios, y viéronse muchas conjeturas y
-argumentos dello; y una era, que tenia un hijo y un sobrino consigo
-del dicho rey Manicaotex, como en rehenes de su tributo, y otra, que
-buscaba todas las joyuelas y cositas que podia haber de Castilla, el
-Francisco Roldan, para darle al dicho Cacique, y llamábalo su hermano.
-Cosa pareció muy pensada y platicada de propósito, de muchos dias ántes
-y de algunas personas principales, con el Francisco Roldan, este motin
-ó alzamiento, creyendo que el Almirante nunca á esta isla volviera,
-segun lo que Juan Aguado habia dicho; y para mí tengo creido, que dió
-el Juan Aguado harta ocasion para ello, de donde procedió á toda esta
-tierra y gentes della tan grande daño y peligro. Luego que el Almirante
-de la Isabela partió, procuró Francisco Roldan hacer gran cantidad de
-herraje para los caballos, clavos y herraduras, lo que nunca ántes
-habia hecho, ni era entónces tan necesario como de ántes lo fué, segun
-parecia, y así lo juraron los testigos, en cierta probanza que, sobre
-esto de muchas y muy honradas personas que yo cognoscí, que fueron
-testigos, se hizo, la cual yo tuve muchos dias conmigo, y della saqué
-todo ó lo más que desta rebelion y alzamiento de Francisco Roldan y sus
-secuaces aquí digo. Visto D. Bartolomé en cuanto peligro estaba, por
-aficionar más á sí á los españoles mandóles que daria á cada uno un
-esclavo ó tantos esclavos; de aquí tomaron los que seguian á Francisco
-Roldan atrevimiento á más robar y oprimir á los tristes indios. Lo
-mismo hacian los que seguian al D. Bartolomé, y no osaba irles á la
-mano porque no lo dejasen y se alzasen con Francisco Roldan.
-
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-CAPÍTULO CXIX.
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-Cada dia se le allegaba más gente á Francisco Roldan y más se engrosaba
-su partido, como su vida y la de los que con él andaban era tan ancha,
-gozando de todos los vicios que querian y, sobre todo, libertad y
-señorío, porque temblaban dellos los indios, por lo cual los adoraban y
-servian, y, con esto, él más soberbio y obstinado se hacia; y con esta
-pujanza, segun dijeron muchas veces muchos de su compañía, de terminaba
-de poner cerco á D. Bartolomé Colon, que estaba en la fortaleza de la
-Concepcion susodicha; y hombre de los suyos, que se llamaba Gonzalo
-Gomez Collado, tomó juramento á otro que habia nombre Gonzalo de
-la Rambla, y este fué de los que no quisieron seguir á Roldan, que
-dijese á don Bartolomé, y sino pudiese á D. Bartolomé, á D. Diego de
-Salamanca, que le avisase que mirase por sí, é que por ninguna manera
-saliese de la fortaleza, y en ella de quién se fiaba, por que supiese
-de cierto, que, de cualquiera manera que hacerlo pudiesen, lo habian
-de matar. Estando en este estado estas cosas, y D. Bartolomé en medio
-destos peligros y de sus angustias, cada dia esperando cuando habia de
-llegar Francisco Roldan á cercarlo, como Dios en esta vida no da todos
-los trabajos juntos, sino siempre, cognosciendo nuestra flaqueza, con
-alguna interpolacion, quiso dar algun resuello á D. Bartolomé y á los
-que con él perseveraban, y así, ordenó que llegaron dos carabelas con
-bastimentos llenas, y con 90 hombres de trabajo, de Castilla, que el
-Almirante, con el ánsia que tenia de enviar provision á los que acá
-estaban, creyendo que al ménos entre sí vivian en paz, inviaba; el
-Capitan de las cuales fué un caballero que se llamó Pero Hernandez
-Coronel, Alguacil mayor desta isla, que habia llevado consigo el
-Almirante, del cual, en el cap. 82, se hizo mencion. Así como el D.
-Bartolomé supo la venida de las carabelas, fué grande el consuelo que
-recibió él y los que con él estaban, y determinó de partirse para
-Sancto Domingo á poner recaudo en ellas y en lo que en ellas venia,
-y para saber nuevas del Almirante y recibir las cartas del Rey é lo
-que más convenia; súpolo tambien Francisco Roldan, y juntó la gente
-toda de sus alzados y rebeldes, que le seguian, y acuerda de ir
-tambien á Sancto Domingo para saber qué nuevas venian del Almirante y
-de Castilla, y qué gente de nuevo, y así proveer lo que le cumplia.
-Detúvose cinco ó seis leguas de la villa, porque no osó llegar allá,
-temiendo que contra D. Bartolomé no prevalesceria, por la gente que
-allí habia y la que en las carabelas venia. Rescibidas las cartas del
-Almirante, y visto el favor que los Reyes le habian dado, y mercedes
-de nuevo á él hechas, que abajo diremos, y entre ellas fué una, que
-instituian al dicho don Bartolomé por Adelantado de todas estas Indias,
-y como á mucha priesa el Almirante entendia en se despachar con otros
-seis navíos; rescibió el Adelantado, D. Bartolomé, ya constituido
-Adelantado, grandísimo favor y alegría, y los que le seguian, como si
-resucitaran de muerte á vida; y, porque el Almirante hallase la tierra
-sin los alborotos, confusion y daños en que estaba, como ya le esperase
-cada dia, y venido pudiese descansar de sus tan prolijos trabajos algo,
-con alegría, envió al dicho Capitan de las dichas carabelas y Alguacil
-mayor desta isla, Pero Hernandez Coronel, porque era hombre prudente
-y de auctoridad, y con él algunos otros que lo acompañasen, á que
-hablase á Francisco Roldan y á los demas que le seguian, sobre que se
-redujesen á la obediencia y so la gobernacion del dicho D. Bartolomé,
-que ya le podemos llamar el Adelantado, y para ello les diese seguro y
-prometiese perdon de la desobediencia y escándalos y daños pasados, y
-los que sustentaban de presente. Llegado á ellos, queriéndoles hablar,
-dijeron los principales, temiendo que la gente comun no se persuadiese
-oyéndolo, que se apartase y no hablase sino con quien habia de hablar,
-y se probó que habian dicho, «apartaos allá traidores,» si nó, que
-les tirarian con las ballestas y que si se tardaran las carabelas ocho
-dias, hobieran preso ó muerto al Adelantado, y que todos fueran ya
-unos; el Coronel habló con el Francisco Roldan y con los principales,
-encareciéndoles la desobediencia y escándalo, peligro y detrimento en
-que ponian toda la isla, y lo que Dios se ofendia y eran deservidos
-los Reyes, y otras cosas que les pudieron mover, pero, al cabo, con
-solas respuestas, no honestas y áun más que deshonestas, y de soberbios
-y obstinados, Pero Hernandez Coronel y los que fueron con él, se
-volvieron. Francisco Roldan y sus alzados tomaron el camino del reino
-y provincia de Xaraguá, donde, para cumplimiento de todos los vicios,
-hallaron el aparejo y paraíso, libertad é impunidad que buscaban.
-Desque D. Bartolomé vido que por bien no podia reducirlos, hizo proceso
-contra él y los que con él se alzaron, y, llamados por sus pregones, al
-cabo sentenciólos en rebeldía dándolos por traidores. Estos 90 hombres
-de trabajo, que en estos dos navíos envió el Almirante, vinieron con
-pacto y conveniencia de trabajar en todos los trabajos de las minas
-y en cortar brasil, lo que entónces se creia que habia mucho, y así,
-escribió el Almirante al Adelantado, su hermano, y yo ví la carta, que
-si hallase alguna persona de los que estaban acá y sabian de las minas,
-que le diese una cuadrilla de aquellos trabajadores, que sacasen oro,
-y que diesen cada dia cierta cantidad de oro, y lo demas que sacasen
-fuese para ellos; 14 dellos venian señalados para cultivar y labrar
-la tierra, y sembrar trigo y lo demas. De donde parece que nunca
-pensó el Almirante echar indios á las minas, como despues la maldad y
-cudicia inventó, sino que diesen tributo de oro ó de lo que tuviesen,
-como arriba pareció. Parece tambien que en aquel tiempo no habia la
-soberbia en los hombres de trabajo y labradores, que á estas tierras
-venian, como despues hobo, que, en pasando acá, luego presumieron, y
-hoy presumen, por gañanes y rústicos que sean, de no trabajar, sino
-holgazanear y comer de ajenos sudores; pero la causa desta desórden,
-soberbia y ambicion, y haraganía desproporcionada de sus estados y
-de toda razon, fué la tupida y cudiciosa y no excusable ceguedad del
-infelice inventor de aquella pestilencia vastativa de tanta parte y
-tan grande del linaje humano, que fué repartir los indios desta isla
-á los cristianos, como si fueran vacas ó cabras, como en el libro II,
-placiendo á Dios, se contará. Esta levantó los corazones de las viles y
-serviles personas á pensar y presumir de sí mismos, que habiendo nacido
-para servir y trabajar corporalmente y ser mandados, en poniendo el
-pié en esta tierra no asentaban con nadie, y ya que querian asentar,
-no para abajar el lomo en servicio alguno corporal, sino para estar y
-andar enhiestos, y, con una varilla en la mano, ser verdugos de los
-mansos y humildes indios, y mandar.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXX.
-
-
-Todos estos levantamientos y disensiones de entre estos alzados y no
-alzados, resultaban en grandes aflicciones, angustias, trabajos y
-daños de los indios, porque, donde quiera que llegaban los unos ó los
-otros, les comian los bastimentos, los llevaban con cargas de tres ó
-cuatro arrobas á cuestas, los hacian mil fuerzas y violencias en las
-personas y hijos y mujeres, mayormente los de Francisco Roldan, que más
-perdida y desenfrenada, en esto y en todo, tenian la vergüenza; en fin,
-los unos y los otros, sin temor de Dios ni mancilla destas inocentes
-gentes, los mataban y destruian por esquisitas y nuevas maneras de
-crueldad, y acaecia, no muy raras veces sino muchas y cada dia, que
-por su pasatiempo, asaeteaba el indio para probar si le pasaba con su
-ballesta, y hacian pasar un indio, para con su espada cortarlo por
-medio; pasaba el cordero y dábale un revés, y, porque no le cortaba de
-un golpe, tornaba á hacer que pasase otro y otros, y así despedazaban
-cuantos se les antojaba, riendo. Si con la carga de cuatro arrobas
-que llevaban se cansaban, dejarretábanlos, y echaban las cargas por
-sobrecargas á otros, y tambien á las mujeres, las cuales, por no poder
-llevar la carga, darle de estocadas y echar la carga de aquella sobre
-las otras, y caer otra con la que llevaba, y luego tambien matarla; y
-otras execrables crueldades, que nunca fueron por hombres imaginadas.
-Con estas vejaciones y malos tratamientos que sobrevinieron á las
-cargas de los tributos, pasadas y presentes, y á otras muchas que se
-les habian hecho (aunque Roldan publicaba santidad, que no tributasen,
-y que por aquesta causa se apartaban del Adelantado él y aquella su
-gente), los indios de toda la comarca de la Vega y del señorío del rey
-Guarionex, viendo tambien que por parte del Adelantado les pedian y
-amonestaban que pagasen el tributo al Rey, queriendo, de aborridos, dar
-en el suelo con la carga, no quisieran hacer guerra á los cristianos,
-ó porque tenian ya experimentado que les caia al cabo el daño sobre
-la cabeza, ó porque, en la verdad, Guarionex era hombre pacífico y
-manso; finalmente, acordó el Guarionex, é mucha de su gente, de se ir
-huyendo á guarecer al reino de otro Rey, señor de las sierras y tierra,
-aguas vertientes hasta la mar del Norte, pasado el anchor de la Vega,
-porque aguas vertientes al Mediodia, que es el Sur, era el reino de
-Guarionex. Aquel Rey é señor de las dichas sierras y tierra hasta la
-dicha mar, tenia por nombre Mayobanex, por otro nombre le llamaban los
-españoles el Cabron no sé otra causa, sino por escarnio, como solian
-poner nombres, á los señores, vituperiosos como los hallaron desnudos;
-segun que yo cognoscí hombre español, que al Cacique y señor con quien
-él pudiera vivir por mozo de espuelas llamaba Aon, que en la lengua
-de los indios quiere decir perro. Pedro Mártir dice en su Década
-primera, que Cabron se nombraba la casa, ó título de la casa, ó pueblo
-principal real del dicho Mayobanex, lo cual, yo que muchas veces lo oí
-nombrar, y yo, yéndome al hilo de la gente, lo nombré, no por honra
-sino por escarnio, Cabron entendí que le habian puesto. Este era señor
-de gran número de gente, que habitaba toda aquella grande serranía,
-que llamaban ciguayos, cuasi nazarenos como entre los judíos, porque
-nunca se cortaban ó pelaban pelo alguno de sus cabellos, y así traian
-las cabelleras crecidas hasta la cinta, y más abajo de sus cuerpos,
-y desta manera solian en Castilla la Vieja, hácia el reino de Leon,
-los leoneses, ó castellanos, antiguamente criar los cabellos como las
-mujeres, hasta abajo; ansí lo cuenta en su libro III Strabo: _longas ut
-fæminæ inferius diffundunt comas_. Estos ciguayos eran muy esforzados,
-aunque todos eran gallinas, al ménos para con los nuestros, como ni
-tuviesen armas y anduviesen desnudos en cueros, segun arriba, en la
-descripcion desta isla, de los ciguayos dijimos. Llegado Guarionex á
-la casa de Mayobanex, las quejas de las calamidades que padecia él
-y sus gentes de los cristianos, con lágrimas y dolor de su corazon,
-encarecidamente refiere, ruégale que le tome y reciba so su amparo
-y fe, porque ya no quiere sino salvar su persona sola y su mujer, y
-hijos, y parientes, desmamparados sus vasallos todos, pues no los
-podia defender, ni á los cristianos resistir; tambien se platicaba
-entre nosotros que cierto español le habia forzado y violado la mujer.
-Recíbele Mayobanex con gran benignidad y placer, óyele bien la relacion
-de sus fatigas, servidumbre y persecucion dél y los suyos tan cruel, y
-él, que se las sabia por las nuevas que cada dia le iban de las obras
-los cristianos, llora con él y prométele de lo defender y hacer todo
-cuanto pudiere por lo libertar; dónde y con quien halló más gracia y
-defensa, con benigno acogimiento, que en Alejandría con Ptolomeo, rey
-de Egipto, halló Pompeyo, como cuenta Julio César en sus Comentarios
-de las guerras civiles, un poco ántes del fin del lib. III. Hallado
-ménos Guarionex por los cristianos, y visto que mucha gente faltaba
-de los pueblos, y cada dia se iba más, escriben de la fortaleza de
-la Concepcion á Santo Domingo, al Adelantado, que era alzado el rey
-Guarionex. Rescibidas las cartas, como Guarionex era tan gran señor
-y toda su gente era vecina de las minas y de donde se cogia el mayor
-tributo, y, faltando él de acudir con ello, todo lo de los demas era
-poco, tomó luego con gran priesa el Adelantado 90 hombres de pié de los
-más sanos que habia en Sancto Domingo y algunos de caballo, y partióse
-para la Vega ó fortaleza de la Concepcion. Comienza luego á preguntar á
-los indios que topaba, y á otros que hacia buscar, dónde se habia ido
-Guarionex, responden que no saben; constríñenlos con amenazas, y, á lo
-que yo no dudo, con tormentos, como en estas tierras á cada paso se
-hizo y suele hacer, y descubren que está en la tierra de los ciguayos
-con el rey Mayobanex. Vá el Adelantado luego allá, sube las sierras con
-su gente, desciende á un valle grande por donde corre un rio caudaloso;
-halló dos indios espías, el uno se fué y el otro tomaron, quiérele dar
-tormento, confiesa sin él la verdad, y esta era, que poco despues de
-pasado el rio estaba gran multitud de gente, ciguayos, en un monte para
-dar en ellos esperándolos. Salieron con gran grita, y esta es, cierto,
-muy temerosa, disparan millares de flechas juntas, que parecia lluvia,
-pero como las tiran de léjos (porque, al ménos en esta isla, no osaban
-de, como cognoscieron el cortar de las espadas y más el correr de los
-caballos, llegarse mucho), ya llegaban cansadas y hacian poco fruto;
-van tras ellos, mayormente los de caballo, matan algunos, porque los
-montes tenian cerca por refugio. Desaparecieron aquella noche todos,
-y los cristianos durmieron en aquellos montes. Otro dia, tórnanse á
-la sierra en busca de los indios, llegaron á un pueblo que hallaron
-vacío, prendieron un indio que les dijo que de allí á tres ó cuatro
-leguas estaba el pueblo de Mayobanex, y él allí con gran escuadron de
-ciguayos, para pelear aparejado; llegaron á donde estaban. Desde los
-montes en que estaban, muchos flecharon á los cristianos y hirieron
-á algunos que no les dieron lugar á arrodelarse; fueron tras ellos,
-mataron muchos y asaetearon muchos con las ballestas, y con las espadas
-desbarrigaron y cortaron brazos y piernas á hartos, y no fueron pocos
-los que prendieron por esclavos; de los presos envió el Adelantado uno
-que dijese á Mayobanex, que no venia á hacerle guerra ni á los suyos,
-ántes deseaba tener su amistad, y la ternia siempre que él quisiese,
-sino en busca de Guarionex, el cual sabia que tenia escondido, y á su
-persuasion hacia á los cristianos guerra, por tanto, que le rogaba
-y requería que le entregase á Guarionex, y que le seria siempre su
-buen amigo y favoresceria siempre en lo que tocase á su reino y
-gentes dél, y si nó, que creyese que lo habia de perseguir á fuego y
-á sangre hasta destruirlo. Bien será, cierto, notar la respuesta de
-Mayobanex; respondió: «decidles á los cristianos, que Guarionex es
-hombre bueno y virtuoso, nunca hizo mal á nadie, como es público y
-notorio, y por eso dignísimo es de compasion de ser en sus necesidades
-y corrimiento ayudado, socorrido y defendido; ellos, empero, son malos
-hombres, tiranos, que no vienen sino á usurpar las tierras ajenas, y
-no saben sino derramar la sangre de los que nunca los ofendieron,
-y por eso, decidles que ni quiero su amistad, ni verlos, ni oirlos,
-ántes, en cuanto yo pudiere, con mi gente, favoresciendo á Guarionex,
-tengo de trabajar de destruirlos y echarlos desta tierra;» y porque
-aquesta respuesta deste Rey no piense alguno que la finjo de mi casa,
-verla han los que quisieren, en el cap. 6.º de la primera Década
-por Pedro Mártir, donde hace mencion della. ¿Qué mayor humanidad,
-hospitalidad, y clemencia, y compasion de la fortuna adversa ajena,
-pudo ser que aquesta? Cierto, no fué mayor la que el Senado romano
-tuvo con el rey Ptolomeo, que, despojado del reino por un su hermano
-menor, injustamente, viniendo por socorro á Roma, disimulado con viles
-vestidos y con pocos criados suyos, como se fué á posar á casa de un
-pintor, natural de Alejandría, sabido por el Senado, enviáronse á
-excusar de no haber enviado un Questor, como era costumbre en Roma,
-ni hecho todo el recibimiento que se debia, no por negligencia del
-Senado haber sido el defecto, sino por no saber con tiempo su venida;
-el cual, venido, mandáronlo aposentar segun merecia, y que le vistiesen
-de reales vestiduras, y cada dia se le diese lo que convenia á su
-sustentacion y de los suyos, suntuosa y abundantemente, prometiéndole
-tambien todo el favor y ayuda para recuperar su reino. Este ejemplo
-cuenta Valerio Máximo, lib. V, cap. 4.º, y otro semejante de Tigrano,
-rey de Armenia la mayor, al cual, como Mithridates, rey de Ponto, por
-el gran Pompeyo vencido y echado del reino, huyendo, fuese á pedir
-socorro, no sólo con benignidad señalada lo recibió, pero prometióle
-todo el favor necesario para cobrar su reino, y como lo prometió así
-lo cumplió, que, juntado grande ejército, hizo grandes estragos en los
-romanos ejércitos, segun cuenta Tullio en la «Oracion Pompeyana,» y
-Valerio en el libro susocitado, cap. 481, hace tambien mencion dello.
-Ciertamente, para entre aquellas gentes tan políticas y delgadas en
-ingenio, y enseñadas en ciencias y doctrinas, no parece mucho de
-maravillar todo esto, pero en estas tan ocultas y tan apartadas acá,
-desnudas, en cueros, sin letras, sin doctrina, bárbaras, aunque no sin
-suficiente policía, hallarse tanto socorro y abrigo, tanta defensa y
-clemencia con tanto su peligro, cosa es de admiracion, y de creencia
-que no carecen de razon y humanidad como cualesquiera otros hombres,
-harto digna.
-
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-CAPÍTULO CXXI.
-
-
-Tornando á la prosecucion de la guerra, oida por el Adelantado la
-intencion del rey Mayobanex, mandó quemar y destruir cuanto hallasen;
-quemaron los pueblos que allí é por los alrededores habia. Fueron
-adelante; tornó el Adelantado á embiar mensajeros á Mayobanex, diciendo
-que le enviase algunas personas de sus mas privados, para tratar
-de paz, porque no queria destruirle su gente y su tierra. Envióle
-un principal y otros dos que le acompañasen, al cual el Adelantado
-habló largo, diciéndole que dijese á su señor Mayobanex que ¿por qué
-queria, por Guarionex, perder á sí é á su gente y á su reino, que era
-locura? no le pedia otra cosa, sino que le entregase á Guarionex,
-que habia incurrido en muchas penas, porque no pagaba los tributos
-que debia á los reyes de Castilla, impuestos por el Almirante, su
-hermano, y, demás desto, habíase huido y escondido, y que si se lo
-entregase siempre serian amigos, y que si nó que supiese de cierto que
-lo habia de destruir. Gentil título alegaba el Adelantado, y grandes
-culpas habia Guarionex cometido contra los reyes de Castilla; no
-haberles pagado los tributos que el Almirante le habia impuesto, con
-violencia y tiránicamente, y huirse y esconderse por no poder sufrir
-tan execrables injusticias, teniendo siempre justa guerra Guarionex
-contra él y contra los que con él andaban, y contra los reyes de
-Castilla, si, con su autoridad ó ratihabicion el Almirante se los
-imponia. Pero yo tengo por cierto, que si los Reyes advirtieran en
-ello y supieran con cuanto derramamiento de sangre humana, y escándalo
-de la fe y escarnio de la natural justicia, y cuan contra razon de
-hombres se les impusieron, que ni los consintieran, ni quisieran, ni
-de la aprobacion dellos ratihabicion tuvieran. Así que, oidas las
-palabras del mensajero, llamó Mayobanex á su gente; dáles parte de la
-mensajería y sentencia del Adelantado y de los cristianos, todos á una
-voz dicen que les entregue á Guarionex, pues por él los cristianos los
-persiguen y destruyen. Respondió Mayobanex, que no era razon entregarlo
-á sus enemigos, pues era bueno y á ninguno jamás hizo daño, y allende
-desto, él lo tenia y habia sido siempre su amigo, y le era en mucho
-cargo, porque á él y á la Reina, su mujer, habia enseñado el areyto de
-la Magua, que es á bailar los bailes de la Vega, que era el reino de
-Guarionex, que no se tenia ni estimaba en poco, mayormente habiéndose
-venido á socorrer dél y de su reino, y él haberle prometido defenderlo
-y guardarlo, y por tanto, que por ningun riesgo ni daño que le viniese,
-no lo habia de desmamparar. Llamó luego á Guarionex y comienzan ambos á
-llorar; consuélalo Mayobanex y esfuérzalo á no temer á los cristianos,
-porque él lo defenderá aunque sepa perder su Estado con la vida. Mandó
-poner sus espías y gente aparejada en todos los caminos por donde
-los cristianos podian venir, é cualesquiera mensajeros cristianos ó
-indios, no dejasen alguno con la vida. Envió luego el Adelantado dos
-mensajeros indios, uno de los captivos que habian tomado en la guerra,
-natural ciguayo, vasallo de Mayobanex, y otro cognoscido suyo de los
-de la Vega, y súbdito de Guarionex, y el Adelantado adelántase, algo
-tras ellos, con 10 hombres de pié y cuatro de caballo; desde á poco
-rato halla los dos mensajeros muertos en el camino. Rescibió dello
-el Adelantado grande enojo y aceleracion de ira contra Mayobanex y
-determina de lo destruir; allega toda la gente, y vá al puelo principal
-de Mayobanex, donde estaba con mucha gente para pelear, segun sus pocas
-ó ningunas armas, y en cueros vivos, con buen denuedo dispuesto. Llega
-el furor de los cristianos cerca, desmampara toda la gente á su propio
-Rey, como los que sabian por esperiencia que contra las ballestas y
-espadas, y ménos contra los caballos, no podian prevalecer, sino todos
-perecer; de que se vido sólo Mayobanex con los pocos que le quedaron,
-que eran sus deudos y más allegados, acuerda tambien en las montañas
-se valer. Indignada la gente de los ciguayos contra Guarionex, por
-ser causa de sus corrimientos y miserias, determinan de lo matar ó
-entregarlo á los cristianos, porque cesen sus tribulaciones; pero
-Guarionex tuvo modo sólo de escaparse, metiéndose entre peñas comiendo
-hierbas crudas ó unas raíces que se llaman guayaros, llorando su
-infelicidad y que tan sin causa ni razon padecia. En estas entremedias,
-los cristianos de deleites no curaban, quisieran mucho tener sólo
-caçabí en abundancia, padecian mucha hambre y andaban muy trabajados,
-porque, aunque ellos persiguen y fatigan los indios en aquellas
-estaciones andando, Dios, que es juez justo, con sus mismas obras
-dellos los azota y atribula, puesto que les parezca que andan de los
-míseros desnudos triunfando. Padecen grandísimas necesidades de sed y
-hambre por los montes y sierras (que son el refugio de los perseguidos
-y atribulados indios), padecen increibles trabajos, los cuales, cierto,
-son tales y tan duros y tan intolerables, que con ningun encarecimiento
-podrán ser significados; y, si como los pasan, por haber dineros y
-buscar con dineros el temporal descanso, y al cabo por llevar el camino
-del infierno, desembarazado, los padeciesen por conseguir el fin por
-el cual les fué lícito, y no para otro, entrar en estas partes, que
-no es otro sino traer á Cristo estas gentes, verdaderamente iguales
-se harian de verdaderos mártires. Así que, como anduviesen ya estos,
-que en esta caza y muertes de hombres andaban, cansados, hambrientos,
-y por tres meses muy fatigados, importunaban al Adelantado, que pues
-los indios iban ya desbaratados, que les diese licencia para irse á la
-Vega los que allí moraban, á descansar algun poco á sus casas; dióles
-licencia, y quedóse con 30 hombres, con los cuales andaba de pueblo en
-pueblo y de monte en monte buscando á ambos á dos señores, Mayobanex
-y Guarionex, y, entretanto que no los hallaban, matando y captivando
-todas las gentes que encontraban. El Adelantado traia indios hartos que
-le llevaban sus cargas y buscaban de comer, cazando de las hutias, que
-dijimos que eran los conejos desta isla, y los demas cristianos tambien
-traian los indios que podian, donde quiera que llegaban, por fuerza ó
-por grado haber, y si hallaban un perro de los de Castilla, inviaban á
-cazar miéntras ellos andaban hombres cazando; y acaso, ciertos destos
-cazadores topan con dos espías, y, sino eran espías, dos hombres que
-enviaba Mayobanex por pan y comida á algun lugar de sus vasallos, y
-estos tomáronlos. Tráenlos al Adelantado, amenázalos con tormentos, y
-quizá dáselos, lo que ha sido siempre en estas partes muy usado, porque
-los indios comunmente son tan obedientes á sus señores, y guárdanles
-tanto secreto de lo que les mandan, mayormente que no descubran donde
-están, que padecen y sufren grandes tormentos, ántes que confiesen algo
-de lo que les mandan callar, y muchos consienten que por ello los hagan
-pedazos; finalmente, á poder de tormentos ó de amenazas, confiesan
-que saben donde su señor Mayobanex está. Ofrécense á ir á traerlo
-preso 12 cristianos; desnúdanse en cueros, y úntanse con tinta ó tizne
-negra, y parte de colorado, que es una fruta de árboles que bixa se
-llama, como arriba se ha tocado, de la manera que andan los indios
-cuando se ocupan en guerras y ahuyentados. Tomaron sus guías con buen
-recaudo, llegaron á donde Mayobanex, con sola su mujer é hijos y poca
-familia, estaba bien descuidado; echan mano á sus espadas que llevaban
-envueltas en unas hojas de palmas que llamaban yaguas, que llevaban en
-los hombros como que llevasen á cuestas cargas, segun los indios las
-llevaban. Mayobanex, espantado, déjase prender por no verse á sí mismo
-ó á su mujer y hijos hacerse pedazos; llévanlos todos al Adelantado
-atraillados Rey é Reina é Infantes; huélgase de la presa más que puede
-ser relatado. Viénense á la Concepcion con ellos, y echan en grillos
-y cadenas al Rey é señor que por dar socorro é defensa y favor (segun
-que por la ley natural y la virtud, y la piedad tambien, que debia á
-su patria, era obligado), á otro Rey su vecino en suprema miseria y
-calamidad puesto, inhumanamente contra toda razon y justicia, por lo
-que habia de ser loado de moros y judíos, y gentiles y de bárbaros,
-y mucho más de los cristianos, era tan mal tractado, de su reino y
-señorío y libertad, con impiedad cruel, despojado. Andaba en estos
-corrimientos, trabajos, y persecucion, con Mayobanex y con su mujer
-é hijos, una su prima, ó hermana, que la habia dado por mujer á otro
-señor, su vecino, de cierta parte de aquella provincia de los ciguayos;
-díjose que era la más hermosa mujer de cuantas en esta isla se habian
-visto, aunque en ella hobo muchas de hermosura señalada; esta fué presa
-cuando Mayobanex y su casa, su marido della vivia por los montes,
-llorando y gimiendo noches y dias, que ningun remedio de su angustia ni
-consuelo en cosa ninguna hallaba. Determina de irse á la Vega y ponerse
-en las manos del Adelantado, rogándole y suplicándole, con lágrimas y
-tristísimo semblante, que le diese su mujer, y que él y toda su gente
-y casa le servirian como esclavos. Dióle libremente su mujer y algunos
-principales, que le trajeron presos al Adelantado. Comenzó luego á
-ser agradecido, y, de su propia voluntad, trae 4 ó 5.000 hombres, sin
-armas, sino solamente con sus coas, que son unos palos tostados que
-usan por azadas, y pide al Adelantado, que dónde quiere que le haga
-una gran labranza de pan. Señalándole el lugar, hinche de labranza un
-gran campo, que en quince ó veinte dias que pudo estar, le pudieron
-hacer tanta labranza de pan, que valiese entónces 30.000 castellanos.
-Sabido por la provincia de los ciguayos que se habia restituido la
-señora, mujer de aquel señor, que en toda la tierra era tan nombrada
-y tan estimada, parecia á todos los señores y principales de toda la
-tierra, que tambien alcanzarian libertad á su Rey é señor Mayobanex.
-Acuerdan de venir gran número dellos, y traen sus presentillos de pan,
-y hutias, y pescado, todo asado, porque no tenian otras riquezas, y
-porque nunca los indios jamás vienen á los cristianos, mayormente
-cuando han de pedir algo, vacías las manos; llegados, ruegan, suplican,
-importunan que su señor Mayobanex sea de las prisiones librado, y que
-siempre serán obedientes, y servirán al Adelantado y á los cristianos.
-Soltó el Adelantado á la Reina y á todos los presos de su casa, hijos
-y deudos y criados, pero, en que se soltase su Rey é señor de las
-prisiones, ninguna cosa los ruegos y lágrimas aprovecharon. Desde á
-pocos dias, como el rey Guarionex entre las peñas y cavernas de la
-tierra habitaba, y no pudiese sufrir más la triste vida que vivia, ni
-disimular, mayormente la hambre, salió á buscar de comer, donde no pudo
-sino mostrarse á alguno. Como venian cada dia gentes de los ciguayos
-á visitar al Rey, su señor, Mayobanex á la fortaleza de la Vega ó
-de la Concepcion, y traerle de comer, no faltó quien diese aviso al
-Adelantado que Guarionex estaba en tal parte. Envia cierta cuadrilla
-de españoles, y indios algunos, á buscarle; no con mucha dificultad
-le hallan, y preso á buen recaudo le traen. Métenlo en la fortaleza
-de la Concepcion, apartado de Mayobanex, y tiénenlo allí, de hierros,
-cadenas y grillos, y de grandes angustias, cargado, el que la mayor y
-mejor parte de toda esta grande isla señoreaba, sin culpa, y sin razon
-y justicia, en los lugares y tierras de su jurisdiccion, sobre otras
-mil y diez mil vejaciones, agravios y daños que desque los cristianos
-en esta isla entraron habia sufrido y pasado; y así, en aquel argástulo
-y cárcel estrechísima y amarga vida, lo tuvieron tres años, hasta que
-el año de 502 lo enviaron á Castilla en hierros, y fueron causa que
-en la mar pereciese, muriendo ahogado, segun que, placiendo á Nuestro
-Señor, en el libro siguiente será relatado. Del otro buen Rey é piadoso
-Mayobanex no advertí en preguntar, cuando pudiera y tractábamos de
-ambos, en qué habia parado, creo que murió en la cárcel; habria dos
-años que habia su prision y miseria acaecido, cuando yo á esta isla
-llegué.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXII.
-
-
-Estas cosas se hacian en tanto quel Almirante negociaba en Castilla
-su despacho para venirse, y fueron semilla de donde nació su caida,
-como parecerá; y parece que Dios las permitia (salvos sus secretos y
-rectos juicios), por afligir al Almirante y á sus hermanos, por la
-injusticia, injurias, daños y crueldad que en las guerras con estas
-inocentes gentes habian cometido, y, despues dellas, en les imponer los
-tributos que no debian, y para obviar tambien, que, en lo porvenir, más
-no le ofendiesen, y la total consumacion dellas, que otros hicieron,
-á él ni á ellos no se imputase, usando de misericordia con él y con
-ellos. Porque, segun el ánsia que tenia el Almirante de que hobiesen
-provecho los Reyes, para que los gastos que habian hecho recompensasen,
-y los que hacian no los sintiesen, (de donde procedia gran disfavor
-y abatimiento y cuasi aniquilacion de la negociacion destas Indias,
-tomando dello los émulos del Almirante, á quien nunca él habia
-ofendido, ocasion para abatirlo, diciendo á los Reyes que era todo
-burla cuanto de las riquezas y oro destas Indias afirmaba y ofrecia,
-pues no hacian sino gastar en los sueldos de la gente que acá enviaban,
-y mantenimientos que proveian, y no sacaban provecho alguno de todo
-ello, de donde temia que los Reyes alzasen las manos del negocio, y
-así, sus grandes trabajos, y angustias, y malas noches, y peores dias
-que en los descubrimientos destas partes habia padecido, pereciesen,
-y él quedase ó cayese, del estado á que Dios le habia subido, en
-perpétua pobreza y sin abrigo), tengo por cierto, que, si no le fuera
-impedido con la gran adversidad que al cabo le vino, con hacer injusta
-y tiránicamente destas gentes esclavos, y sacarlos y pagar con ellos
-la gente que acá venia, y enviar dellos dineros á los Reyes, ó al
-ménos suplir los gastos que los Reyes hacian, él acabará en muy poco
-tiempo de consumir toda la gente desta isla, porque tenia determinado
-de cargar los navíos que viniesen de Castilla de esclavos, y enviarlos
-á vender á las islas de Canarias y de los Azores, y á las de Cabo
-Verde, y á donde quiera que bien se vendiesen; y sobre esta mercadería
-fundaba principalmente los aprovechamientos para suplir los dichos
-gastos y excusar á los Reyes de costa, como en principal grangería. Y
-en este error y ceguedad caia por ignorancia, como arriba creo que he
-dicho, no excusable, haciendo quizá cuenta que la gente destas tierras,
-por ser solamente infieles, eran de derecho más nuestras que las de
-Berbería, como, ni áun aquellas, si en paz con nosotros viviesen,
-tratarlas como á estas, haciéndoles guerra y captivándolas, no chica
-sino grande ofensa de Dios, ciertamente, sería. Pero pues ignoraban
-tan escura y perniciosamente aquesta injusticia los que los Reyes por
-ojos y lumbre tenian, que el Almirante la ignorase, que no era letrado,
-cierto, no era gran maravilla, puesto que, pues ninguno experimentó
-primero la bondad, mansedumbre, y humildad, y simplicidad y virtud
-destas gentes, ni la publicó á los Reyes, ni al Papa, ni al mundo,
-sino él, juzgado sólo por la razon natural y por sí mismo, segun las
-obras que al principio recibió dellas, y las que él despues, primero
-que otro, les hizo, él mismo y á sí mismo de gran culpa convencería;
-y verdaderamente, yo creo, segun que tambien arriba pienso que he
-dicho, que la intincion del Almirante, simplemente considerada, sin
-aplicarla á la obra, sino supuesto su error é ignorancia del derecho,
-que era rectísima. Y cosa es de maravillar, y, si fuera otra materia
-que no requiriera lloro, de reir, que escribia á su hermano sobrecargar
-los navíos de esclavos, y, para con la parte que habia de caber á los
-Reyes, decia estas palabras: «En esto y en todo es de tener muy justa
-cuenta, sin tomar á Sus Altezas nada, ni á otra persona, y mirar en
-todo el cargo de la conciencia, porque no hay otro bien salvo servir
-á Dios, que todas las cosas deste mundo son nada, y el otro es para
-siempre.» Estas son sus formales palabras en la carta que escribió al
-Adelantado en los dos susodichos navíos, y yo la vide, y de su misma
-letra y mano firmada; y no hacia cuenta, ni tenia por deservicio de
-Dios ni tomar á persona nada, hacer tantos inocentes esclavos, y
-que para tener por principal grangería y enviar los navíos llenos
-de esclavos, no sintiese que habia de tener con los tristes indios
-continuas guerras, ó tomarlos seguros de sus pueblos (como despues
-sucedió en muchas destas partes), para hinchir los navíos de esclavos.
-Y, para que se vea cuanto fundada estaba esta grangería en esta isla,
-de hacer esclavos, digo lo que ví é oí por mis mismos ojos y oidos:
-que el dia que yo llegué á esta isla con otros que veniamos, y echamos
-anclas en este puerto de Sancto Domingo, ántes que hombre de nosotros
-saltase en tierra, llegáronse á la playa algunos de los aquí vecinos,
-y los de la nao, algunos que habian estado acá, preguntando á los que
-cognoscian, á voz alta, «enhorabuena esteis;» responden los de tierra,
-«enhorabuena vengais;» los de la nao, «¿qué nuevas, qué nuevas hay
-en la tierra?» responden, «buenas, buenas, que hay mucho oro, que se
-cogió un grano de tantas libras, y que hay guerra con los indios porque
-habrá hartos esclavos, etc.» De las cuales nuevas hobo en la nao harta
-alegría y regocijo, porque veniamos á buen tiempo. Por aquí se verá
-la ceguedad que se habia, en todos los que aquí estaban, entablado,
-habiendo su orígen de la del Almirante. Y es verdad que, cognosciendo
-lo que cognoscí é noticia que tuve, fuera desta materia, de la bondad
-del Almirante y de su intincion, que parecia todas las cosas referirlas
-y encaminarlas á Dios, á mi me hace grandísima lástima verle, en
-esto, de la verdad y de la justicia tan remoto y desviado. Toda esta
-digresion he hecho aquí para mostrar, como tambien, si place á Dios,
-diré ó tocaré adelante, que no por lo que algunos pensaban, que era
-por el mal tratamiento de los españoles y otros defectos y culpas que
-le imponian y levantaban maliciosamente, los Reyes le desfavorecieron
-y quitaron el cargo y administracion de la justicia, que tan digna,
-agradecida y remuneratoriamente le habian concedido, y él, tan
-justamente y con tanta industria, sudores y laboriosísimos y ciertos
-peligros é incomparables trabajos habia merecido y ganado, sino que de
-lo alto le vino el castigo, divinalmente ordenado, por las injusticias
-susodichas, guerras primeras, y muertes, y captiverios sin causa ni
-razon alguna, ántes contra toda razon y ley natural, é imposicion de
-tributos indebidos que hizo y cometió, y fué causa que otros hiciesen,
-contra éstas y en éstas é inocentes naciones, que á él ni á otro del
-mundo nada debian, ántes él á ellos debia gran deuda, por el muy
-señalado recibimiento y hospedaje que le hicieron en el puerto de la
-Navidad, cuando se le perdió la nao, y Guacanagarí, el Rey de aquel
-reino, tanto lo remedió y consoló, como el mismo Almirante, arriba en
-el cap. 59, lo ha bien confesado y encarecido, pudiéndole, á él y á
-todos los cristianos que con él venian, hacer pedazos, sin que hombre
-del mundo supiera dellos, le quiso Dios, que es justo juez, afligir y
-derrocar en esta vida, y á sus hermanos, y áun á su casa y sucesores
-en ella, hasta la segunda, al ménos, generacion (de que somos testigos
-y adelante se verá, y tengo por cierto que ha de llegar á la cuarta),
-y quitarle la posibilidad de hacer más daños que, cierto, hiciera y
-es manifiesto, por lo que está dicho, con su buena intencion. Y es
-buena señal que Dios le quiso para sí en la otra vida, pues en esta le
-corrigió, y placerá á nuestro Señor, que es en todo bueno y piadoso
-para con los hombres, que acabado de lastar y purgar los sucesores del
-Almirante, por algunas generaciones, lo que les cupiere de las culpas
-pasadas, segun la medida del divino beneplácito, su casa será crecida
-y prosperada en suma futura sucesion; porque tan ilustre y preclara
-hazaña, que la Divina providencia quiso efectuar por él, parece ser
-cosa creible que su memoria no la ha de consentir perder.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXIII.
-
-
-Tornando, pues, al hilo de la historia, contado lo que en esta isla
-sucedió, absente y en Castilla el Almirante, tornemos á coser lo que se
-hizo en su despacho, con lo que arriba en el cap. 112 dejamos. Dijimos
-allí como para el despacho del Almirante le mandaron librar los Reyes
-seis cuentos, para ocho navíos que habia pedido que pudiese traer
-llenos de bastimentos, y con 300 hombres y 30 mujeres, que acordaron
-los Reyes que siempre habitasen en esta isla y ganasen sueldo de los
-Reyes, á 600 maravedís cada mes, y 12 maravedís cada dia para su
-comida, y cada mes tambien una hanega de trigo, como arriba se dijo;
-puesto que no trajo deste viaje todos 300, considerando que algunos
-de los que acá estaban querrian por entónces quedar. Para todos los
-más de 300 traia mandado que los dejase irse á Castilla, si irse
-quisiesen, pagándoles los sueldos del tiempo que acá habian estado, y
-si quisiesen quedar más de los 300, se quedasen, pero que sueldo no
-ganasen, sino que trabajasen en la tierra de granjear y ayudarse de su
-industria y trabajo, pues la isla era tan fértil, y, de grangerías y
-muchos bienes y riquezas de oro y metales, capaz. Los cuatro cuentos,
-destos seis, eran para emplearlos en bastimentos, y los dos para pagar
-la gente (porque á los que venian en los navios, pagaron los seis
-meses), y lo que desto sobrase, para pagar á los que acá estaban que se
-hobiesen de ir á Castilla. Librados estos cuentos, aunque no cobrados,
-llegaron los tres navíos, que en el cap. 111 dijimos que halló el
-Almirante en la bahía de Cáliz, para acá, donde vino por piloto y
-Capitan Peralonso Niño, y en el cap. 113, que el Adelantado los habia
-hinchido de indios por esclavos; estos navíos llegaron de vuelta en
-Cáliz á 29 de Octubre de aquel año de 1496 años. Escribió luego, á
-priesa, el dicho Peralonso Niño á los Reyes y al Almirante, pidiendo
-albricias porque traia cantidad de oro, y debia llamar oro á los muchos
-indios que traia por esclavos, como quien dijera, oro es lo que oro
-vale; hizo dos grandes faltas y liviandades, indiscretamente, como
-marinero, y no como hombre criado en la corte ó en palacio; el uno,
-que se fué luego á la villa de Moguer á holgar á su casa, guardando
-siempre consigo las cartas que traia del Adelantado, y no llegó á la
-corte hasta fin de Deciembre, que estaban los Reyes ya enhadados de
-esperarlas, y el Almirante como de una escarpia colgado, porque no
-sabian cosa de lo que acá habia ó pasaba; el otro fué, hacer grandes
-asonadas que traia cantidad de oro, y despues hallóse que no traia
-cuasi nada. No sirvió su escribir pidiendo albricias sino de que, como
-el rey de Francia tomó aquellos dias una villa, creo que de Salses,
-del Condado, pienso, de Ruisellon, y tuvieron los Reyes necesidad
-de proveer gente de nuevo para fortalecer á Perpiñan, y no tenian
-dineros para ello, dijeron los Reyes al Almirante, que, «pues el piloto
-Peralonso traia oro en cantidad, dello se suplirá lo que os estaba
-librado, y más.» Tómanse los seis cuentos y gástanse para Perpiñan;
-llega el piloto, dá las cartas, y parece su liviandad. Hobieron harto
-enojo los Reyes, no tanto por no traer oro, cuanto por haber detenido
-tantos dias las cartas, segun escribió el Adelantado, en los dos
-navíos que arriba, cap. 119, se dijeron, al Almirante; y, á lo que yo
-conjeturo, hobieron, no alegría, sino aumento de su enojo por saber
-que traian tantos indios por esclavos, como en el libro II, placiendo
-á Dios, por buenos argumentos se cognoscerá. Pero el enojo y pena que
-el Almirante rescibió de la burla y vanidad del piloto, por no salir lo
-que habia escrito, de traer cantidad de oro, verdad, bien creo que fué
-mayor, que aguó y enturbió el placer que pensó recibir, ó recibió de
-haber enviado el Adelantado, su hermano, los navíos llenos de esclavos.
-Aquí dió otro vaiven la negociacion indiana, y sobrevinieron no chicos
-disfavores, de ser burla las cosas destas partes, como los émulos y
-no émulos estimaban ó murmuraban, al Almirante; y así lo escribió el
-Almirante á su hermano, el Adelantado, que este negocio de las Indias
-estaba en tanta infamia que era maravilla. ¿Como le habia de dar Dios
-favor ni alegría con la venida de los tres navíos, viniendo como venian
-llenos de inocentes hechos esclavos, que tantos moririan por la mar,
-sin fé y sin sacramentos, y que tantos, despues de llegados allá,
-sin cognoscimiento de su Criador, morian ántes que supiesen entender
-nuestra lengua, ni cosa hablar, como es cierto morir los más luego,
-por ser gente tan delicada? Tornó el Almirante á procurar los cuentos
-gastados para Perpiñan, con grandes angustias y trabajos y amarguras,
-tanto, que dijo que le habian hecho aborrecer la vida. A cabo de mucho
-tiempo, por las grandes necesidades que los Reyes tenian, dieron saca
-de trigo para Génova, y, con venderla, se pudieron juntar dos cuentos y
-ochocientos mil maravedís; faltaba lo demás para los cuatro cuentos que
-se habian de emplear en los bastimentos de las ocho naos ó navíos que
-habia de aparejar y llevar cargados; faltaban tambien los dineros, que
-se habian de dar, de los sueldos y fletamentos de los navíos y soldadas
-de marineros. Parecióme poner aquí las palabras que escribe cerca desto
-á su hermano: «Sabe nuestro Señor cuantas angustias por ello he pasado,
-por saber como estaríades; así que, estos inconvenientes, bien que yo
-los diga, prolijos, con péndola, muchos más fueron en ser, atanto que
-me hicieron aborrir la vida por la gran fatiga que yo sabia en que
-estaríades; en la cual me debeis de contar con vos juntamente, porque,
-cierto, bien que yo estuviese acá absente, allá tenia y tengo el ánima
-presente, sin pensar en otra cosa alguna, de contino, como nuestro
-Señor dello es testigo, ni creo que vos pongais ni vuestra ánima duda
-en ello, porque, allende la sangre y grande amor, el efecto del caso y
-la calidad del peligro y trabajo, en tan longincuas partes, amonesta y
-constrinje más el espíritu y sentido á doler cualquier fatiga que allá
-se pueda imaginar, que nó si fuese en otra parte. Aprovecharia mucho á
-esto si este sufrimiento se sufriese por cosa que redundase al servicio
-de nuestro Señor, por el cual deberíamos trabajar con alegre ánimo;
-ni desayudaría á pensar que ninguna cosa grande se puede llegar á
-efecto salvo con pena, y asimismo consuela á creer que todo aquello que
-se alcanza trabajosamente se posée y cuenta con mayor dulzura. Mucho
-habria que decir en esta causa, mas porque de vos no es la primera que
-hayais pasado ni yo visto, dejaré para hablar en ello más despacio y
-de palabra, etc.» Esto escribió el Almirante á su hermano. Ciertamente
-son de notar estas palabras, y, sobre todo, como todas sus cosas ponia
-en Dios; y, allende desto, podemos notar que nunca hombre, en muchos
-tiempos pasados, tanto trabajo padeció ni bebió tantas amarguras por
-hacer grande hazaña y obras heróicas, que ménos con dulzura ni con más
-amargura sus trabajos y sudores contase, ni pudiese contar, sino el
-Almirante. Del poseer lo que habia ganado con aquellos trabajos, cuan
-poco y momentáneo fué el tiempo desde que lo comenzó á gozar hasta que
-se lo quitaron, y aquello con cuantas zozobras y vida tan amarga y
-atribulada, por lo que está dicho y por lo que se dirá, se podrá bien
-adevinar. Finalmente, lo más que pudo trabajó, con los dineros primeros
-que le libraron, de hacer aparejar las dos carabelas, que arriba
-dijimos, que llevó Pero Hernandez Coronel con los 90 hombres, cargadas
-de bastimentos, y que llegaron á buen tiempo, cuando bien hobo menester
-el favor que llevaban el Adelantado, que Francisco Roldan determinaba
-en la fortaleza de la Concepcion cercarlo; y estas despachadas, dió
-priesa en lo demas que restaba para su despacho, que consistia en
-aparejar los seis navíos que quedaban.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXIV.
-
-
-Los católicos Reyes, como muy agradecidos y virtuosísimos Príncipes,
-cognosciendo el gran servicio que habian del Almirante recibido, y
-vistos y considerados sus grandes trabajos y el poco provecho que habia
-hasta entónces habido, hiciéronle nuevas mercedes en todo aquello
-que él les suplicó, y áun otras que él no habia pedido, allende que
-le confirmaron de nuevo las viejas que le habian hecho, y todos sus
-privilegios al principio concedidos; y, lo primero, confirmáronle todos
-los capítulos y mercedes del contrato que hizo con los Reyes, ántes que
-viniese á descubrir, y todos los títulos y preeminencias que en Sancta
-Fé le concedieron, y despues, desde á pocos dias, se las ratificaron,
-entrados en la ciudad de Granada, y confirmaron en la ciudad de
-Barcelona, segun que en los capítulos 33 y 80 largamente pusimos; todo
-lo cual, agora de nuevo, en una Patente real referido y supuesto, los
-Reyes dicen así:
-
-«E agora, por cuanto vos el dicho D. Cristóbal Colon, nuestro Almirante
-del mar Océano é nuestro Visorey é Gobernador de la tierra firme
-é islas, nos suplicastes y pedistes por merced que, porque mejor
-é mas cumplidamente vos fuese guardada la dicha Carta de merced á
-vos é á vuestros hijos é descendientes, que vos la confirmásemos é
-aprobásemos é vos mandásemos dar nuestra Carta de privilegio della,
-ó como la nuestra merced fuese, é Nos, acatando lo susodicho é los
-muchos é buenos, é leales é grandes é continuos servicios que vos, el
-dicho D. Cristóbal Colon, nuestro Almirante é Visorey é Gobernador
-de las islas é tierra firme descubiertas é por descubrir en el mar
-Océano, en la parte de las Indias, nos habedes hecho y esperamos que
-nos fareis, especialmente en descubrir é traer á nuestro poder é so
-nuestro servicio las dichas islas é tierra firme, mayormente porque
-esperamos que, con ayuda de Dios, nuestro Señor, redundará en mucho
-servicio suyo, é honra nuestra, é pro, é utilidad de nuestros reinos,
-porque esperamos que los pobladores indios de las dichas Indias,
-se convertirán á nuestra sancta fe católica, tuvímoslo por bien, é
-por esta nuestra Carta de privilegio, ó por el dicho su treslado
-signado, como dicho es, de nuestro propio motivo é cierta sciencia é
-poderio real absoluto, de que en esta parte queremos usar, é usamos,
-é confirmamos, é aprobamos para agora é para siempre jamás, á vos el
-dicho D. Cristóbal Colon é á los dichos vuestros fijos é nietos é
-descendientes de vos é de los vuestros herederos, la sobredicha Carta
-nuestra Carta, suso encorporada, é la merced en ella contenida. É
-queremos é mandamos, y es nuestra merced é voluntad, que vos vala y sea
-guardada á vos é á los dichos vuestros fijos é descendientes, agora é
-de aquí adelante, inviolablemente para agora y para siempre jamás, é
-por todo bien é cumplidamente, segun é por la forma é manera que en
-ella se contiene. Y, si necesario es, agora de nuevo vos facemos la
-dicha merced, é defendemos firmemente que ninguno ni algunas personas
-no sean osadas de vos ir ni venir contra ella, ni contra parte della,
-por vos la quebrantar ni menguar, por tiempo alguno, ni por alguna
-manera, sobre lo cual mandamos al príncipe D. Juan, nuestro muy caro
-y muy amado hijo, é á los Infantes, Duques, Prelados, Marqueses,
-Condes, Ricos-homes, Maestres de las Órdenes, Priores, Comendadores,
-é Socomendadores, é á los de nuestro Consejo, Oidores de la nuestra
-Audiencia, Alguaciles é á otras Justicias cualesquiera de la nuestra
-casa é corte é Chancellería, é Alcaides de los castillos de casas
-fuertes é llanas, é todos los Concejos é Asistentes, é Corregidores,
-Alcaldes, Alguaciles, Merinos, Prebostes é otras Justicias de todas las
-ciudades, villas é lugares de los nuestros reinos é señoríos, é á cada
-uno dellos, que vos guarden é fagan guardar esta dicha nuestra Carta de
-priviligio é confirmacion, é la Carta de merced en ella contenida, é
-contra el tenor é forma de ella non vos vayan ni pasen, ni consientan
-ir ni pasar, en tiempo alguno, ni por alguna manera, so las penas,
-etc. Dada en la ciudad de Búrgos á veintitres dias del mes de Abril,
-año de mil y cuatrocientos y noventa y siete años.—Yo el Rey.—Yo la
-Reina.—Yo Fernandalvarez de Toledo, Secretario del Rey é de la Reina,
-nuestros señores, lo hice escribir por su mandado, etc.»
-
-Y porque el Almirante se agravió de haber dado los Reyes licencia
-general para venir á descubrir los que quisiesen á estas Indias (la
-cual licencia parece arriba en el cap. 107), alegando el Almirante
-haber sido dada en perjuicio de las mercedes que le habian sido
-hechas y privilegios sobre ellas concedidos, y los Reyes, como
-cristianísimos y agradecidos á tan señalados servicios, no entendian
-ni querian perjudicarle ni substraerle cosa de las concedidas, ántes
-confirmárselas, como ha parecido, por ende sobre esta razon, hecha
-relacion de _verbo ad verbum_ de la dicha licencia, dieron la presente
-Carta, y dice así:
-
-«La cual dicha nuestra Carta y provision, y lo en ella contenido, el
-dicho Almirante D. Cristóbal Colon dice, que fué dada en perjuicio
-de las dichas mercedes que de Nos tiene, é de las facultades que por
-ellas les dimos, é nos suplicó é pidió por merced que cerca dello
-mandásemos proveer de remedio como la nuestra merced fuese. É porque
-nuestra intincion é voluntad no fué ni es en perjudicar en cosa alguna
-al dicho D. Cristóbal Colon, nuestro Almirante del mar Océano, ni ir,
-ni en que se vaya, ni pase contra los dichos asientos é privilegios é
-mercedes que le hicimos, ántes, por los servicios que nos ha fecho, le
-entendemos de facer más mercedes, por esta nuestra Carta, si necesario
-es, confirmamos é aprobamos los dichos asientos é privilegios, é
-mercedes por Nos al dicho Almirante fechas, é es nuestra merced é
-mandamos que en todo y por todo le sean guardadas y cumplidas segun
-en ellas se contienen. É defendemos firmemente que alguna ni algunas
-personas no sean osadas de ir ni pasar contra ellas ni contra parte
-dellas, en tiempo alguno, ni por alguna manera, so las penas en ellas
-contenidas. É si el tenor é forma della parte dello en algo perjudica
-la dicha provision que así mandamos dar, que de suso vá encorporada,
-por el presente la revocamos é queremos é mandamos que no haya fuerza
-ni efecto alguno en tiempo alguno, ni por alguna manera, en cuanto es
-en perjuicio del dicho Almirante é de lo que así tenemos otorgado é
-confirmado. De lo cual mandamos dar la presente, firmada de nuestros
-nombres é sellada con nuestro sello. Dada en la villa de Medina del
-Campo á dos dias del mes de Junio de mil cuatrocientos noventa y siete
-años.—Yo el Rey.—Yo la Reina.—Yo Fernandalvarez de Toledo, etc.»
-
-Por esta provision como ha parecido, confirmaron los Reyes los
-privilegios y mercedes y asiento que hicieron con él y al mismo
-Almirante; y así son cinco veces las que, con la primera, cuando
-se hizo y celebró el dicho asiento y capitulacion los Reyes las
-ratificaron y confirmaron; la una, en la villa de Sancta Fé; la
-segunda, dentro en la ciudad de Granada; la tercera, en la ciudad
-de Barcelona; la cuarta, en la ciudad de Búrgos; la quinta, en la
-villa de Medina del Campo, sin otras muchas por cédulas y cartas que
-le enviaban, certificándole que las mercedes hechas se le habian de
-guardar y con otras acrecentárselas. La primera y segunda fueron
-en el año de 1492; la tercera en el año de 1493; la cuarta y la
-quinta en el de 1497, como está visto en los capítulos precedentes.
-Hiciéronle merced los Reyes, de nuevo, sin las concedidas al tiempo
-de la capitulacion y primero asiento, de 50 leguas de tierra en esta
-isla Española, del leste al gueste, que quiere decir de Levante hácia
-el Poniente; y de 25 del Ártico al Antártico, que es del Norte al
-Sur, ó Setentrion al Meridion ó Mediodia, con acrecentamiento de
-título, Duque ó Marqués y esto era grande y señalada merced. Y fuera
-mayor, los tiempos andando, porque tuviera dueño aquella tierra, y
-pudiera crecer y ser poblada de españoles, y lo estuviera ya y fuera
-riquísima, y esto, supuesto que los indios se hobieran de acabar como
-se acabaron; cuanto más, que si fuera suya propia y no hobiera de
-acudir á dar cuenta á los Reyes, y á darse prisa en suplir los gastos
-que hacian y darles provechos, que fué causa, como arriba es dicho, de
-usar mal della, imponiéndoles los tributos injustos é intempestivos,
-él la curara mejor y temiera que los indios, sus naturales vecinos y
-pobladores, haciéndoles guerra y captivándolos por esclavos, perecieran
-y menoscabaran. Dije «tuvieran dueño», porque nunca las Indias jamás
-lo tuvieron, como parecerá adelante. Dije «suya propia», entendiendo
-con esta condicion, si los Reyes la pudieran dar al Almirante por suya
-propia, pero no podian, porque era ajena, conviene á saber, de los
-indios vecinos y moradores naturales dellas y de los Reyes naturales
-suyos que en ellas reinaban; las cuales, ni los Reyes ni el Papa que
-les dió poder para entrar en ellas (lo cual con toda reverencia quiero
-que sea dicho), no los pudieron despojar de sus señoríos públicos y
-particulares, estados y libertad, porque no eran moros ó turcos que
-tuviesen nuestras tierras usurpadas, ó trabajasen de destruir la
-religion cristiana, ó con guerras injustas nos fatigasen é infestasen;
-y la ceguedad de aqueste error hizo al Almirante mucho mal, y á otros
-muchos que despues dél se han querido cegar, pero mucho mayor á estas
-naciones desventuradas, que por el susodicho error las han venido
-á estirpar. Suplicó el Almirante á Sus Altezas, que aquesta merced
-que le hacian de las 50 leguas no se la mandasen aceptar, no porque
-hobiese salido del dicho error y temiese tomar lo ajeno, sino por
-evitar pendencias con los oficiales del Rey, las cuales sentia bien
-que no le habian de faltar, levantándole que poblaba mejor su tierra y
-50 leguas que no la del Rey, ó que habia escogido la mejor; y en esto
-tenia, ciertamente, razon, porque, principalmente oficiales del Rey,
-le perseguian siempre con harta falta de justicia, y le quitaron su
-estado, y á su primer heredero despues dél, como yo sé harta parte,
-y así dice él: «Supliqué á Sus Altezas que no me las mandasen tomar,
-por evitar escándalo de maldecir y por no perder el resto, porque, por
-poco que en ellas se poblase, siempre dirian las malas lenguas que
-yo poblaba el mio y dejaba el suyo, y asimismo que habia tomado del
-mejor, por lo cual, nacerian enojos que redundarian á mi daño, que
-pues Sus Altezas me tienen hecha merced del diezmo y ochavo del mueble
-de todas las Indias, que no queria yo más.» Estas son sus palabras, y
-no muy polidas en nuestro romance, pero, cierto, no por eso dignas de
-despreciar.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXV.
-
- Este capítulo prosigue las mercedes que los Reyes le hicieron este año
- de 1497.
-
-
-Hiciéronle los Reyes otra merced, que, porque habiéndose ocupado el
-Almirante hasta aquí en descubrir tierra por tierra y por mar, como el
-descubrimiento de Cuba y Jamáica, y en esta isla Española, por tierra,
-las provincias della, y otras ocupaciones que tuvo en ella (puesto
-que las más fueron de injustas guerras, que hizo á estas gentes, como
-arriba está dicho, lo cual los Reyes, ó no sabian cuantas y cuan
-malas eran, ó no lo entendian), y así, no habia habido el Almirante
-sino poco provecho é interese, y deseaban ayudarle y prosperarle,
-tuvieron por bien de le hacer merced, que, puesto que era obligado á
-contribuir en los gastos que los Reyes hacian, por la capitulacion
-primera, en la ochava parte, pues habia de gozar la ochava parte de los
-provechos, que no pagase cosa alguna de los gastos hasta allí hechos,
-sino que solamente bastase lo que puso en el primer viaje cuando vino
-á descubrir estas Indias, que puso, sobre un cuento que los Reyes
-pusieron, como se dijo arriba en el cap. 33, lo que más fué menester,
-que pasó de medio cuento, para aparejar y despacharse con la nao y dos
-carabelas con que descubrió esta isla y las demas, con que de lo que
-hasta entónces habia venido á los Reyes, no pidiese diezmo ni ochavo,
-que si pusiera el ochavo de los gastos, lo habia de haber de los
-provechos, y de lo que él se habia aprovechado hasta entónces le hacian
-tambien merced dello; asimismo le hicieron merced de que lo mismo
-fuese, que no pagase ochavo, de los gastos que en aqueste viaje que
-llevaba los ocho navíos, con los dos que habia enviado adelante, como
-ya hemos dicho, hasta llegar á esta isla. Item, le hicieron merced,
-que puesto que por la dicha primera capitulacion, de los provechos que
-se hobiesen se habian de sacar primero los gastos y costas, y despues
-habia de haber el Almirante el diezmo, y despues el ochavo, pero,
-por hacerle merced, quisieron que, por tres años, se sacase primero
-el ochavo, de los provechos de las cosas muebles, para él, sin costa
-alguna, y despues se sacasen las costas, y de lo restante se sacase
-el diezmo para el Almirante, pero pasados los tres años, quedase la
-órden dada en la dicha primera capitulacion; y con tanto que ningun
-derecho se le añidiese ni quitase por esta merced, sino que la dicha
-capitulacion quedase en su fuerza y vigor, como, ántes que se hiciese,
-estaba; la Cédula destas mercedes fué hecha en Medina del Campo á 2
-dias de Junio de 1497 años.
-
-Hiciéronle tambien merced, que, porque en el primer capítulo de la
-dicha primera capitulacion se contenia, que le hacian y criaban
-su Almirante, en todas las islas y tierras firmes que por su mano
-é industria se descubriesen ó ganasen en las mares Océanas, para
-durante su vida, y de sus sucesores perpétuamente, con todas aquellas
-preeminencias é prerogativas pertenecientes al tal oficio, é segun
-que D. Alonso Enriquez, Almirante mayor de Castilla y los otros
-predecesores lo tenian en sus distritos, mandáronle dar treslado
-autorizado de las mercedes y privilegios, honras, prerogativas,
-libertades, derechos é salarios que tenia y tiene y goza el dicho
-Almirante de Castilla, porque le habian hecho merced que las tuviese
-é gozase dellas en las Indias, como las gozaba el de Castilla en
-Castilla. Fué hecha esta Cédula en Búrgos á 23 de Abril de 1497 años,
-cuya substancia fué, que mandaba á Francisco de Soria, Lugarteniente
-del Almirante de Castilla, que residia en Sevilla, que, luego, sin
-dilacion, le diese un treslado autorizado, en manera que hiciese fe,
-de todos los privilegios é cartas de merced é confirmaciones que el
-Almirante de Castilla tenia, pertenecientes al dicho cargo y oficio
-de Almirante, por donde el Almirante de las Indias, é otros por él,
-llevasen é cogiesen los derechos é otras cosas á él pertenecientes
-con el dicho cargo; porque habia hecho merced al dicho D. Cristóbal
-Colon que hobiese é gozase de las mercedes, é honras, é prerogativas, é
-libertades, é derechos, é salarios, en el Almirantazgo de las Indias,
-que habia y tenia y gozaba el Almirante de Castilla, etc. Todo estaba
-y se contenia en la Cédula. Está una claúsula en el dicho privilegio
-rodado del Almirante de Castilla, entre otras, por la cual le hace
-merced el rey D. Juan, que, de todas las ganancias que en cualquiera
-flota ó armada que por mandado del Rey se hiciese, yendo la persona
-en ella del dicho Almirante, aunque la dicha flota, ó parte della
-se apartase por su mandado, ó sin su mandado, llevase y ganase la
-tercera parte, y las dos otras terceras partes fuesen del Rey. Por
-esta cláusula tuvo por cierto el Almirante don Cristóbal Colon, que
-le pertenecia la tercia parte de las ganancias, no solamente de los
-muebles, pero tambien de las tierras de todas las Indias; y así de la
-tercera parte de todas ellas, si esto fuera verdad, era Señor. Pero á
-esto se puede responder, que áun si fueran algunas dehesas de ganados
-que hallara en la mar ó tierras despobladas, habia duda si por la dicha
-cláusula de los privilegios del Almirante de Castilla le pertenecia la
-dicha tercia parte, porque, por la dicha cláusula, no parece que se
-conceden al Almirante de Castilla sino los muebles que por la mar se
-ganaren, como suelen ser los despojos de los enemigos, y aquellas cosas
-que en las batallas navales los que vencen suelen haber ó adquirir;
-ántes, creo yo, tener ménos duda que por los mismos privilegios
-concedidos al mesmo Almirante D. Cristóbal Colon, le perteneciera
-muy mejor la octava parte de las dichas dehesas, tierras, y raíces y
-ganados, y otras cosas, que sin dueños se hallaran por su persona en la
-mar, pero tener que le perteneciesen por cualquiera de los privilegios
-ó al Almirante de Castilla, ó al de las Indias, la tercia, ni ochava,
-ni décima parte destas tierras y gentes dellas, es error intolerable.
-La razon es clara: porque son ajenos y tienen dueños y señores propios
-naturales dellas, y cuanto al señorío particular de las cosas que
-cada persona privada tiene, y cuanto á los bienes y cosas públicas
-y jurisdicciones de los pueblos y de los Reyes, que les competen de
-derecho natural, y de todas las gentes, y conviniera que se le pidiera
-al Almirante, que ¿dónde halló tal derecho y quién se lo pudo haber
-concedido, por el cual, solamente por descubrir estos reinos y tierras,
-llenas de pacíficas y mansas gentes, que tienen sus señores y Reyes
-libres, que á ninguno jámas, fuera de sí, por Rey ni señor superior
-recognoscieron, se le trespasase luego todo el señorío particular y
-público, y el ser y vidas, en él, de todos ellos? Todas las causas que
-algunos asignar, de lo contrario desto, quisieron, son frívolas, vanas
-y de hombres sin razon y áun sin Dios, como ya por la misericordia de
-Dios se va entendiendo, así que, ni por la capitulacion de los Reyes
-que con el dicho Almirante D. Cristóbal Colon hicieron, ni por la que
-pertenece de los Reyes pasados al Almirante de Castilla, ni por los
-unos ni por otros privilegios, no compete al Almirante de las Indias,
-ni se le pudo dar por nadie, destas tierras ni reinos, ni de las gentes
-dellos, ni de otra cosa que sea raíz y se halle en ellos, un sólo pelo
-ni valor dello; lo que á él pertenece y se le debe por descubrirlas,
-es tanto, ante Dios y ante el mundo, y señaladamente ante los reyes
-de Castilla, que, salvo el premio que Dios le dará en el cielo, como
-yo espero, jámas en este mundo se le dará ni podrá dar digna ó igual
-recompensa.
-
-Fué otra merced que Sus Altezas le hicieron esta: que ninguna cosa
-se hiciese ni proveyese en los reinos de Castilla, tocante á la
-negociacion destas Indias, sin que asistiesen á ella, con los oficiales
-de los Reyes, la persona ó personas que el Almirante para ello nombrase
-y deputase, y su poder para ello tuviesen, con que se hiciese saber á
-Sus Altezas como tal ó tales personas eran deputadas y nombradas por
-el Almirante para ello; y esto pidió y suplicó el Almirante, porque
-hobiese mejor recaudo en la hacienda que á él pertenecia y habia de
-haber. Despachóse esta merced en Medina del Campo á 30 de Mayo el mismo
-año de 1497.
-
-Hicieron otra merced sin estas, que le dieron licencia y facultad
-que pudiese hacer instituir uno y muchos mayorazgos, cada y cuando
-quisiese; así en vida, por simple contrato y manda, como por donacion
-entre vivos, como por su testamento y postrimera voluntad, ó codicilo,
-por una ó dos ó tres escrituras, etc., de sus bienes, vasallos,
-heredamientos, oficios perpétuos, para que quedase memoria dél y de
-su casa y linaje, y porque los que dél viniesen fuesen honrados,
-acatando los muchos y buenos, y leales, y grandes, y continuos
-servicios que dél habian rescibido y rescibian cada dia, especialmente
-en descubrir y atraer á su poder y señorío las islas y tierra firme
-que habia descubierto en el mar Océano, mayormente porque esperaban
-que redundaria en mucho servicio de Dios, é á honra de los Reyes, é
-pró y utilidad de sus reinos, é porque se esperaba que los pobladores
-destas Indias se convertirian á nuestra sancta fe católica, y porque
-consideraban que de los Reyes y Príncipes, que no recognoscen
-superior, es propia cosa honrar y sublimar sus súbditos y naturales,
-especialmente aquellos que fiel y lealmente les sirven, y porque
-tambien en se hacer los tales mayorazgos es honra de la Corona real,
-etc. Y entre otras cláusulas, muchas necesarias y favorables dicen,
-que los bienes que incluyese en el mayorazgo ó mayorazgos, fuesen
-imprescriptibles é impartibles para siempre jamás, y que la persona
-ó personas en quien les hiciere ó instituyere, no los puedan vender,
-ni dar, ni donar, ni amenguar, ni dividir, ni apartar, ni los puedan
-perder ni pierdan por ninguna deuda que deban, ni por otra razon ni
-causa, ni por ningun delito ni crímen, ni exceso que cometan, salvo
-crímen _lesæ majestatis_, ó _perdulionis_, ó traicion, ó crímen de
-herejía, etc. Fué hecha en la ciudad de Búrgos á 23 de Abril del mismo
-año de 1497. Y hemos aquí de notar, que en esta provision y otras
-muchas, como de alguna parece arriba, hacen mencion los Reyes que les
-habia descubierto y dado á tierra firme, y no era así, porque no habia
-descubierto sino solas islas, cuasi teniendo por cierto que se la habia
-de descubrir, como agora en este viaje lo hizo.
-
-Finalmente, le hicieron los Reyes otra merced, que instituyeron á su
-hermano D. Bartolomé Colon, Adelantado de todas estas Indias islas y
-tierra firme, y la provision comienza:
-
-«D. Hernando y doña Isabel, etc., por Nos vistos y considerados los
-muchos y buenos y leales servicios que vos don Bartolomé Colon, hermano
-de D. Cristóbal Colon, nuestro Almirante del mar Océano, é Visorey,
-é Gobernador de las islas nuevamente halladas en las Indias, nos
-habedes hecho é facedes de cada dia, é esperamos que nos hareis de
-aquí adelante, tenemos por bien y es nuestra merced y voluntad, que de
-aquí adelante vos llameis é intituleis Adelantado de las islas dichas
-nuevamente halladas en las dichas Indias, é podades usar é ejercer, é
-facer en las dichas islas é en cada una dellas, todas las cosas que
-los otros Adelantados de los dichos nuestros reinos pueden facer,
-é que hallades é gocedes, é vos sean guardadas todas las honras, y
-gracias, y mercedes, y preeminencias, y prerogativas que son debidas
-é se deben facer é guardar, segun las leyes por Nos fechas en las
-Córtes de Toledo, ó las otras leyes de nuestros reinos, á los otros
-nuestros Adelantados dellos, etc. Y Nos, por esta nuestra Carta, os
-criamos y facemos Adelantado de las dichas islas y tierra firme que así
-nuevamente se han hallado y descubierto en las Indias, é vos recibimos,
-é habemos por recibido al dicho oficio é al uso y ejercicio dél, y
-mandamos que en ello, ni en parte dello, embargo ni impedimento alguno
-vos non pongan, etc.»
-
-Fué hecha en Medina del Campo á 22 de Julio del dicho año 1497.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXVI[4].
-
-
-Estando el Almirante para se despachar de la corte, y los Reyes
-que lo deseaban ver partido, acaeció que murió el rey D. Juan de
-Portogal, y sucedió en aquel reino el rey don Manuel, que era Duque
-de Verganza. Tractaron los Reyes de casar la princesa Doña Isabel,
-que fué reina de Portugal y princesa de Castilla, con el dicho rey
-D. Manuel, y, concluido, la Reina Católica, su madre, la llevó en
-fin de Setiembre deste año de 97 á Valencia de Alcántara, donde vino
-el rey de Portugal, y la recibió sin fiestas ningunas. La razon fué,
-porque yendo el Rey y la Reina juntos á llevar la dicha señora Reina
-Princesa á Ávila, por ver el monasterio de Sancto Tomás de Ávila, de
-la órden de Sancto Domingo, y que habia hecho el Prior de Sancta Cruz,
-fraile de la mesma órden, Inquisidor mayor, y el primero que hobo en
-España, como obra insigne y señalada y hecha de los bienes que se
-habian confiscado á los herejes que se habian quemado, supieron los
-Reyes que el príncipe D. Juan, que de Medina del Campo, de donde salió
-la corte, se habia ido con la Princesa, madama Margarita, su mujer,
-á Salamanca, se habia sentido enfermo; volvióse luego el Rey, é sola
-la Reina prosigió el camino con la Princesa, como dije, para Valencia
-de Alcántara. Desde á pocos dias ántes que la Reina volviese, plugo á
-nuestro Señor de atribular y poner en luto y en lloro á toda España,
-con la muerte del príncipe D. Juan, y desde á algunos dias, por el
-mes de Deciembre, permitió la divina clemencia otro azote, que poco
-ménos amargó á los Reyes y á los reinos que el primero, que quedando
-la princesa Margarita preñada, movió una hija muerta de siete meses.
-Los Reyes mostraron grandes ánimos de paciencia, y, como prudentísimos
-y animosos Príncipes, consolaban todos los pueblos por escrito y por
-palabra. Nombraron y declararon luego al rey de Portugal y á la Reina,
-su mujer, por Príncipes de aquellos reinos de Castilla, y así, aquella
-señora, Doña Isabel, hija de los católicos Reyes, fué llamada la
-Reina Princesa. El luto que se mandó poner por la muerte del Príncipe
-fué jerga blanca muy basta, que ver los grandes y pequeños que la
-traian era cosa extraña y penosísima de ver; despues desto, nunca se
-acostumbró más en España, por muerte de Rey ó Príncipe, traer por luto
-jerga. Todos estos trabajosos acaecimientos que venian á los Reyes
-y á aquellos reinos, eran penosísimos para el Almirante, por ser de
-su despacho retardativos, no viendo la hora de su partida, como que
-sospechara la confusion y perdicion que, por la rebelion de Francisco
-Roldan, en esta isla, entre los cristianos y en destruccion de los
-humildes y desamparados indios, habia. É fuele tambien impedimento,
-que acordaron los Reyes que no tuviese ya el cargo de las cosas destas
-Indias, en Sevilla, el susodicho Arcediano de aquella iglesia, D.
-Juan Rodriguez de Fonseca, que ya era Obispo de Badajoz, sino que lo
-tuviese el hermano del ama del Príncipe, Antonio de Torres, y porque
-pidió tantas condiciones y preeminencias si habia de tener aquel cargo,
-se enojaron los Reyes y lo aborrescieron; tornaron á confirmar en el
-encargo al dicho Obispo D. Juan de Fonseca, y como estaban hechos los
-despachos, suponiendo que habia de tener el encargo dicho Antonio de
-Torres, y rezaban con él muchas de las Cédulas y Cartas de los Reyes,
-hubiéronse de tornar á hacer, por manera que hobo de tener más tardanza
-el despacho. Finalmente, hóbose de despachar de la corte á 21 de Julio
-del dicho año de 1497, con sus provisiones é instrucciones de los Reyes.
-
-El primer capítulo de la Instruccion principal decia desta manera:
-
-Capítulo primero de la Instruccion que dieron los Reyes al Almirante
-el año de 1497.—Primeramente, que como seais en las dichas islas,
-Dios queriendo, proveereis con toda diligencia de animar é atraer á
-los naturales de las dichas Indias á toda paz é quietud, é que nos
-hayan de servir y estar so nuestro señorío é sujeccion benignamente. É
-principalmente que se conviertan á nuestra sancta fé católica, y que á
-ellos, y á los que han de ir á estas tierras en las dichas Indias, sean
-administrados los Sanctos Sacramentos por los religiosos y clérigos que
-allá están y fueren, por manera, que Dios nuestro Señor sea servido y
-sus conciencias se aseguren.»
-
-Por este capítulo y por el de la Instruccion primera del segundo viaje,
-que se puso arriba en el cap. 82 desta historia, parece claro que nunca
-la intencion de los Reyes fué que se hiciese guerra á estas gentes,
-ni tal jamás mandaron, por que fuera injustísima su entrada en estas
-tierras, ni tal intincion y mando fuera digno de tales y tan católicos
-Reyes, y no sólo ellos, pero ni sus sucesores, hasta estos tiempos del
-año de 1530, que su nieto, el rey D. Cárlos reina, como parecerá por
-el discurso desta historia; sino sola la cudicia y ambicion de los que
-á estas tierras vinieron, mayormente de los Gobernadores, fué la causa
-de inventar y mover las guerras contra estas desarmadas y pacíficas
-naciones, con las cuales han destruido este nuevo mundo.
-
-Otra cláusula llevó en esta Instruccion, que dice así:
-
-«Item, se debe procurar que vengan á las dichas Indias algunos
-religiosos y clérigos, buenas personas, para que allá administren los
-Sanctos Sacramentos á los que allá están, é procuren de convertir á
-nuestra sancta fé católica á los dichos indios naturales de las dichas
-Indias, é llevar para ello los aparejos é cosas que se requieren para
-el servicio del culto divino, é para la administracion de los Sanctos
-Sacramentos.»
-
-Otros capítulos, cuanto á la sustancia dellos, aunque no por órden,
-pusimos arriba en el cap. 113.
-
-Llegado el Almirante á la ciudad de Sevilla, juntóse con el Obispo
-de Badajoz, D. Juan Rodriguez de Fonseca, y, cuan presto pudieron,
-despacharon las dos carabelas, de que arriba, en el cap. 120,
-dijimos haber llegado á buen tiempo para favor del Adelantado contra
-Francisco Roldan, y partiéronse de Sanlúcar, mediado Enero, año de
-1498. Despachadas las dos carabelas, daba priesa en proveer los seis
-navíos que quedaban, que él habia de llevar consigo, y porque los
-negocios destas Indias iban cayendo, de golpe, en fama y disfavores de
-muchos, como arriba se ha tocado, en especial de los que más cercanos
-estaban de los Reyes, porque no iban los navíos cargados de oro (como
-si se hobiera de coger, como fruta, de los árboles, segun el Almirante
-se quejaba, y arriba se dijo); el acabar de cargar los seis navíos
-de los bastimentos, y lo demas que los Reyes habian mandado, fuéle
-laboriosísimo y dificilísimo, pasó grandes enojos, grandes zozobras,
-grandes angustias y fatigas; y porque de los oficiales de los Reyes
-algunos suelen ser más exentos y duros de atraer á la expedicion de
-los negocios, sino es cuando ellos quieren, por presumir de mayor
-auctoridad de la que quizá requieren sus oficios, algunos de los que en
-el despacho del Almirante, con él y con el Obispo entendian, diéronle
-más pena y más trabajo y dilacion que debieran, y quizá ponian de
-industria impedimentos en su partida, no considerando ni temiendo el
-daño y riesgo que á los que acá estaban se recrecia, y los gastos que
-con la gente que en Sevilla para pasar acá tenia, y los desconsuelos
-y aflicciones que causaban al mismo Almirante. Parece que uno debiera
-de, en estos reveses, y, por ventura, en palabras contra él y contra
-la negociacion destas Indias, más que otro señalarse, y segun entendí,
-no debiera ser cristiano viejo, y creo que se llamaba Ximeno, contra
-el cual debió el Almirante gravemente sentirse y enojarse, y aguardó
-el dia que se hizo á la vela, y, ó en la nao que entró, por ventura,
-el dicho oficial, ó en tierra cuando queria desembarcarse, arrebatólo
-el Almirante, y dále muchas coces ó remesones, por manera que lo trató
-mal; y á mi parecer, por esta causa principalmente, sobre otras quejas
-que fueron de acá, y cosas que murmuraron dél y contra él los que bien
-con él no estaban y le acumularon; los Reyes indignados proveyeron
-de quitarle la gobernacion, enviando al comendador Francisco de
-Bobadilla, que esta isla y todas estas tierras gobernase; y bien lo
-temió él, como parece por un capítulo de la carta primera que escribió
-á los Reyes desque llegó á esta isla, donde dice:
-
-«Tambien suplico á Vuestras Altezas, que manden á las personas que
-entienden en Sevilla en esta negociacion, que no le sean contrarios,
-y no la impidan; yo no sé lo que allá pasaria Ximeno, salvo que es de
-generacion que se ayudan á muerte y vida, é yo ausente y invidiado
-extranjero: no me desechen Vuestras Altezas, pues que siempre me
-sostuvieron.»
-
-Estas son sus palabras, donde parece temer lo que luego le vino, lo
-cual cansó al Almirante su total calamidad y caida, que es harta
-lástima de oir, como se verá, con el favor de nuestro Señor, en el
-principio del libro II.
-
-En este año de 1497, envió el rey D. Manuel de Portugal á descubrir
-la India, por la mar, cuatro navíos; salieron de Lisboa, sábado, á
-8 de Julio, habiendo primero el rey don Juan, su antecesor, enviado
-ciertos hombres por tierra, el año 1487, á que hobiesen y le trajesen
-alguna noticia del Preste Juan de las Indias, de quien tantas cosas
-y riquezas, por fama, oia decir. Pasadas las islas de Cabo Verde,
-anduvieron en Agosto y Setiembre y Octubre por la mar engolfados, por
-doblar el cabo de Buena Esperanza, con grandes tormentas; cuando vido
-que era tiempo, dieron la vuelta los cuatro navíos sobre la tierra, y
-á 4 de Noviembre, vieron tierra y gente, pequeños de cuerpo, de color
-bazos, los vestidos que traian eran de pieles de animales, como capas
-francesas, traian sus naturas y vergüenzas metidas en unas vainas de
-palo, muy bien labradas; las armas que tenian eran varas tostadas, con
-unos cuernos tostados por hierros; su mantenimiento era de unas raíces
-de hierbas y de lobos marinos, etc.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXVII.
-
-
-Embarcado el Almirante y toda la gente, que seria cerca de 200 hombres,
-sin los marineros, en seis navíos, hízose á la vela en el puerto de
-Sant Lúcar, el dia que abajo se dirá, y comenzó, como solia, á escribir
-este su tercero viaje, hablando con los Reyes desta manera:
-
-«Serenísimos é muy altos é muy poderosos Rey é Reina, nuestros
-señores.—La Sancta Trinidad movió á Vuestras Altezas á esta empresa
-de las Indias, y, por su infinita bondad, hizo á mí mesajero dello,
-al cual vine con el embajada á su real conspectu, movido, como á los
-más altos Príncipes de cristianos, y que tanto se ejercitaban en la
-fé y acrecentamiento della. Las personas que entendieron en ello lo
-tuvieron por imposible, y el caudal hacian sobre bienes de fortuna, y
-allí echaron el clavo. Pasé en esto seis ó siete años de grave pena,
-amostrando, lo mejor que yo sabia, cuanto servicio se podia hacer á
-nuestro Señor en esto, en divulgar su sancto nombre y fé á tantos
-pueblos, lo que era todo cosa de tanta excelencia y buena fama y gran
-memoria para grandes Príncipes. Fué tambien necesario de hablar del
-temporal, á donde se les amostró el escrebir de tantos sabios dignos
-de fé, los cuales escribieron historias, los cuales contaban que en
-estas partes habia muchas riquezas; y asimesmo fué necesario traer á
-esto el decir y opinion de aquellos que escribieron y situaron este
-mundo. En fin, Vuestras Altezas determinaron que esto se pusiese en
-obra, á que mostraron el grande corazon que siempre ficieron en toda
-cosa grande, porque todos los que habian entendido en ello y oido esta
-plática, todos á una mano, lo tenian por burla, salvo dos frailes que
-siempre fueron constantes. Yo, bien que llevase fatiga, estaba bien
-seguro que esto no vernia á ménos, y estoy de contino, porque es
-verdad que todo pasará, y no la palabra de Dios, y se complirá todo lo
-que dijo; el cual tan claro habló destas tierras por la boca de Isaías
-en tantos lugares de su Escritura, afirmando que de España les sería
-divulgado su sancto nombre. É partí en nombre de la Sancta Trinidad, y
-volví muy presto, con la experiencia, de todo cuanto dije, en la mano.
-Tornáronme á enviar Vuestras Altezas, y en poco espacio digno, no de[5]
-le descubrí, por virtud divina, 333 leguas de la tierra firme, fin de
-Oriente, y 700 islas de nombre, allende de lo descubierto en el primer
-viaje, y le allané la isla Española, y boxa más que España, en que la
-gente della es sin cuento, y que todos le pagasen tributo. Nació allí
-maldecir y menosprecio de la empresa cometida en ello, porque no habia
-yo enviado luego los navíos cargados de oro, sin considerar la brevedad
-del tiempo, y lo otro, que yo dije, de tantos inconvenientes; y en
-esto, por mis pecados ó por mi salvacion creo que será, fué puesto en
-aborrecimiento y dado impedimento á cuanto yo decia y demandaba, por
-lo cual, acordé venir á Vuestras Altezas y maravillarme de todo, y
-mostrarles la razon que en todo habia, y les dije de los pueblos que yo
-habia visto, en qué, ó de qué, se podian salvar muchas ánimas; y les
-truje las obligaciones[6] de la gente de la isla Española, de como se
-obligaban á pagar tributo, y les tenian por sus Reyes y señores; y les
-truje abastante muestra de oro, y que hay mineros y granos muy grandes,
-y asimesmo de cobre; y les truje de muchas maneras de especería de que
-sería largo de escrebir, y les dije de la gran cantidad de brasil, y
-otras infinitas cosas. Todo no aprovechó para con algunas personas que
-tenian gana y dado comienzo á maldecir del negocio, ni entrar con
-fabla del servicio de nuestro Señor, con se salvar tantas ánimas[7], ni
-á decir que esto era grandeza de Vuestras Altezas, de la mejor calidad
-que hasta hoy haya usado Príncipe, porque el ejercicio é gasto era para
-el espiritual y temporal, y que no podia ser que, andando el tiempo,
-no hobiese la España de aquí grandes provechos, pues que se veian las
-señales que escribieron de lo de estas partidas, tan manifiestas,
-que tambien se llegaria á ver todo el otro cumplimiento, ni á decir
-cosas que usaron grandes Príncipes en el mundo para crecer su fama,
-así como Salomon, que envió desde Jerusalen, en fin de Oriente, á ver
-el monte Sopora, en que se detuvieron los navíos tres años, el cual
-tienen Vuestras Altezas agora en la isla Española. Ni de Alexandre,
-que envió á ver el regimiento de la isla de Taprobana en India, y Nero
-César á ver las fuentes de Nilo, y la razon porque crecian en el verano
-cuando las aguas son pocas, y otras muchas grandezas que hicieron
-Príncipes, y que á Príncipes son aquestas cosas dadas de hacer; ni
-valia decir que yo nunca habia leido que príncipes de Castilla jamás
-hobiesen ganado tierra fuera della, y que esta de acá es otro mundo en
-que se trabajaron romanos, y Alexandre, y griegos para la haber con
-grandes ejércitos, ni decir del presente, de los reyes de Portogal, que
-tuvieron corazon para sostener á Guinea, y del descubrir della, y que
-gastaron oro y gente, atanta, que quien contase toda la del reino, se
-hallaria que otra tanta como la mitad son muertos en Guinea, y todavia
-la continuaron hasta que les salió dello lo que parece; lo cual, todo,
-comenzaron de largo tiempo, y há muy poco que les da renta. Los cuales
-tambien osaron conquistar en œœÁfrica, y sostener la empresa, de Cepta,
-Tanjar, y Arguin, y Angola, y de contino dar guerra á los moros, y
-todo esto con grande gasto, sólo por hacer cosa de Príncipes, servir
-á Dios y acrecentar su señorío. Cuanto yo más decia, tanto más se
-doblaba á poner esto á vituperio, amostrando en ello aborrecimiento,
-sin considerar cuanto bien pareció en todo el mundo, y cuanto bien se
-dijo en todos los cristianos de Vuestras Altezas por haber tomado esta
-empresa, que no hobo grande ni pequeño que no quisiese dello carta;
-respondiéronme Vuestras Altezas riéndose y diciendo que yo no curase de
-nada, porque no daban auctoridad á quien mal les decia desta empresa.»
-
-Cerca de lo que hasta aquí ha dicho el Almirante con su simple y
-humilde manera de hablar, es bien apuntar y notar y declarar, para
-los que no tienen mucha noticia de antiguas historias, algunas cosas.
-Lo primero reza lo que dice, que los antiguos que escribieron que en
-estas tierras habia muchas riquezas, se ha de entender, segun que
-aquestas tierras son parte de la India, y lo último della, de que á
-mí duda ninguna queda, y así el Almirante lo sintia y en busca dellas
-venia; y dello se pueden colegir muchos argumentos, y uno es, por la
-grandeza de la India, que, segun Pomponio Mela, lib. III, cap. 7.º
-de su «Cosmografía,» y Plinio, que fué despues dél, libro VI de su
-«Natural Historia,» que desde derecho del monte Tauro, yendo hácia el
-Austro y volviendo al Occidente, tenian de ribera, de costa de mar,
-tanto camino cuanto los navíos podian andar en sesenta dias con sus
-noches, que, al ménos, podian ser más de 1.500 leguas y podian llegar
-á 2.000, (puesto que en Plinio se diga cuarenta dias, puede haberse
-errado en poner cuarenta por sesenta, poniendo la letra _X_ atras de
-la letra _L_); y por esta su grandeza fué muchos tiempos estimada la
-India por la tercera parte de todas las tierras, como dice Plinio, lib.
-VI, cap 17, y Solino en su Polistor, cap. 65. Dice más Pomponio Mela:
-que tanto se extienden las Indias hácia el Mediodia, que en alguna
-parte dellas no se pueden ver la Osa Menor, que llamamos la Bocina ó
-las Guardas, ni la Mayor, que es el Carro, que ambas á dos, en veinte y
-cuatro horas, dan una vuelta á la estrella del Norte y al mismo polo.
-Esto bien averiguado es ya en las islas de Mallorca y en algunas
-partes de nuestra tierra firme y en otras descubiertas por nos y por
-los portogueses. Es otro argumento, haber en estas islas y tierra firme
-papagayos verdes, los cuales, en ninguna parte del mundo se halla que
-sean verdes, segun dice Plinio, lib. X, cap. 42, y Solino en el lugar
-ya dicho. El otro argumento es, las grandes riquezas de oro, y plata, y
-perlas, y piedras que hay en estas islas y tierras firmes; y otro, las
-costumbres destas gentes, que concuerdan con muchas de las que cuentan
-los historiadores y cosmógrafos de las gentes de las tierras que se
-llamaron siempre Indias; desto, mucho más largo queda dicho en otros
-capítulos. Dice más, que estaba profetizado claro, por Isaías, que de
-España habia de ser el nombre de Cristo divulgado en estas Indias. Bien
-creemos que está profetizado por Isaías y por otros profetas, que de
-España habia de ser predicada nuestra sancta fé de Jesucristo en ellas,
-porque ningun misterio, tocante á la universal Iglesia, así ántes del
-advenimiento de Cristo, como despues de venido, se obró en su principio
-y edad primera, como en su augmento, que se celebra y perfecciona
-cuando los infieles son por conocimiento de Dios convertidos, ya á
-Cristo por la fé unidos, que por los profetas, y principalmente por
-Isaías, que más claro que otro, segun San Agustin y San Jerónimo, de la
-conversion de las gentes hablo, no haya sido ántes dicho; y á esto hace
-lo que dice San Gregorio en el lib. XXIII, cap. 19 de los Morales sobre
-aquellas palabras de Job: _Semel loquitur Deus, et secundo idipsum non
-repetit_, Job 33: _Non ergo Dominus ad omnia verba nobis respondet,
-quia semel loquitur et secundo idipsum non repetit, id est: his quæ
-per Scripturam sacram ad patres protulit, nos erudire curavit._ Por
-manera, que ninguna cosa en su Iglesia se hace, ni á persona particular
-acaece, que ya en la Sagrada Escriptura no esté comprehendida, y
-esto á la larga tracta San Gregorio en aquel capítulo; y así, hemos
-de creer, que el Espíritu Sancto, por boca de Isaías, habló que de
-España vernian los primeros que á estas gentes convertirian, pero que
-lo podamos señalar con cierto lugar de su profecía, no pienso que sin
-presuncion, sino fuese con nueva lumbre y nueva inteligencia divina,
-hacerlo podriamos. Dice otra cosa el Almirante, que del viaje segundo,
-quiere decir del que descubrió á Cuba y á Jamáica, dejó descubiertas
-333 leguas de tierra firme, fin de Oriente, y 700 islas; de las islas,
-ser muchas y casi no numerables las que vido por el renglen de la isla
-de Cuba, á las cuales puso nombre Jardin de la Reina, y que fuesen 700,
-él que las vido, y le costaron tantos trabajos, las contaria, pero en
-la verdad, estas leguas no fueron de tierra firme, sino de isla, y esta
-era la isla de Cuba, que agora llaman Fernandina, de donde parece que
-el Almirante, como no pudo pasar adelante de las 333 leguas della, por
-faltarle los bastimentos, y las grandes dificultades y peligros en que
-se vido cuando fué á descubrirla, como en el cap. 97 queda escrito,
-siempre creyó que la isla de Cuba era tierra firme, y nunca se averiguó
-ser isla, hasta que el Comendador mayor de Alcántara, Gobernador desta
-isla, envió á un caballero gallego, de que arriba se hizo mencion, que
-se llamaba Sebastian de Campo, á rodearla toda y descubrirla, como,
-placiendo á Dios, se dirá en el siguiente libro. La especería que dijo,
-no sabemos otra en estas islas de por aquí, sino la pimienta que los
-indios desta isla Española llamaban axí, la sílaba postrera aguda.
-Almáciga creo yo que hay mucha, digo árboles della, pero poco cuidado
-ha habido de gozar della, por que siempre se ha tenido el oro por mas
-lucido; del brasil, creyó ser mucho el Almirante y alguno se llevó á
-Castilla, pero despues no vide que se hiciese cuento dello, como ni del
-almáciga se hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXVIII.
-
-
-Dice tambien, que para provocar é inducir á las personas, que este su
-negocio desfavorescian, creyesen habian de salir dél muchos y grandes
-provechos, así de las ánimas que podian ganarse destas gentes, como
-tambiem utilidad corporal para los Reyes y para Castilla, persuadíalo
-asimesmo con traer á la memoria hechos hazañosos, que hicieron con
-costas y trabajos grandes y poderosos Príncipes, donde toca algunas
-historias que será bien aquí, en particular, referirlas. La primera,
-es de Salomon, que enviaba su flota de naos al monte Sopora, en fin de
-Oriente, desde Jerusalen, donde tardaban tres años; deste monte Sopora,
-no he podido hallar donde sea, ni autor cristiano ni gentil que dél
-haga mencion; lo que desta ida de la flota de Salomon, y traida de
-oro en gran cantidad, se puede decir, que, segun la Escritura Sagrada
-della refiere, ó á ella no contradiga, lo siguiente podemos tener: la
-Escritura no dice que las naos de Salomon fuesen al monte Sopora sino
-en Ophir; este Ophir, segun la glosa, era una provincia de las Indias,
-nombrada de Ophir, uno de los del linaje de Heber, de quien hubo
-principio el linaje de los judíos. Otros dicen que es isla, y Jacobo de
-Valencia, dice sobre aquel verso _Reges Tarsis et insule_, del salmo
-LXXI, y afirma ser la isla nominatisísima y riquísima de la Taprobana,
-de la cual Ptolomeo, Solino, Pomponio, Plinio y Strabon, maravillas
-dicen; que sea isla, que sea provincia, Salomon enviaba su flota que
-cargaba las naos de oro, y plata, y piedras preciosas, y pavones, y
-dientes de elefantes, que es marfil. Josepho en el libro III, _De
-Antiquitatibus_, cap. 7.º, dice, que tambien traian elefantes y simias,
-que llamamos gatos paules ó monas. Y porque dice Josepho que traian
-elefantes, y que trajese sólo los dientes dellos, parece concordar con
-lo susodicho, que aquella isla ó provincia de donde se traia el oro
-fuese la isla Taprobana, por lo que San Isidro dice en el libro XIV,
-cap. 3.º de las Etimologías, que la isla Taprobana hierve de perlas
-y de elefantes; tambien lo dice Plinio, libro VI, cap. 22, y que los
-elefantes de allí son mayores que los de las Indias, y el oro más fino,
-y las margaritas y perlas más preciosas: tambien lo afirma Solino, en
-el cap. 66 de su Polistor, en comarca de la Taprobana, ó al ménos por
-el sitio de las Indias. Estas dos islas, la una, se llamaba Chrisa,
-que abundaba en oro, y la otra, Argyra, en abundancia de plata; destas
-dos islas hacen mencion Pomponio Mela, libro III, cap. 7.º, y Plinio,
-libro VI, capítulo 21, y Solino, cap. 65, y tambien Sant Isidro, donde
-arriba se alegó, y todos los autores las ponen ó hablan de ellas,
-junto, ántes, ó despues de la Taprobana, y es argumento que deben estar
-juntas. En estas islas, como algunos dicen, y dellos es Sant Anselmo,
-donde abajo se alegará, ó en la Taprobana, por lo que dice Solino, que
-parte della de bestias y de elefantes es llena, y parte de hombres
-poblada, ó en cierta parte de la misma tierra firme de las Indias ya
-dichas, como refiere Pomponio, donde arriba, y concuerda la glosa
-última sobre el libro III, cap. 9.º de los Reyes, y Sant Isidro, libro
-XIV, cap. 3.º, de las Etimologías, y Sant Anselmo, libro I, cap. 10 _De
-Imagine mundi_, que aquella tierra se llama de oro ó dorada, porque
-tiene los montes de oro por abundar tanto dél, que como sea habitada
-de unas hormigas mayores que perros muy grandes, como dice Pomponio,
-(Herodoto, libro III, de su Historia, dice que son mayores que zorras,
-dellas hace mencion Strabon, libro II, y libro XV, y de grifos
-terribles y otras bestias venenosísimas); sacan con las uñas inmenso
-oro debajo la tierra, y puesto encima de la superficie, parécese
-desde la mar ser los montones todos de oro. Llegaban las naos de la
-flota de Salomon, y aguardaban cuando las bestias salian á buscar de
-comer, y con ímpetu, á gran priesa, cogian el oro y tierra que estaba
-pegada en él, y tornábanse de presto á las naos; y así, por veces y
-dias, cargaban las naos de oro y plata, ó de aquella tierra dorada y
-plateada, la cual despues con fuego, quemaban y apuraban. Esto siente
-la dicha glosa última que es de Rábano, en el libro III, cap, 9.º, de
-los Reyes; y Josepho dice que no se compraba ni vendia el oro y la
-plata, luego, tomábase como á escondidas y hurtado de dichos animales.
-Por lo susodicho parece que estos montes de oro y plata, debian estar
-en las dichas dos islas, Chrise, que en griego significa oro, y Argyra,
-plata; y de ellas llevarse el oro y la plata, y de la Taprobana
-los elefantes ó dientes dellos, que es el marfil, y las perlas y
-margaritas, y pavos, y los ximios, y la madera de tina, preciosísima,
-la cual, despues de labrada y acepillada, era tan blanca y tan lucia,
-que se miraban en ella como en espejo. Y dice la Escritura que hacian
-un viaje en tres años las naos, no porque estuviese tan léjos de
-Jerusalen que tardase tres años en la ida y venida (porque en un año se
-podria navegar hasta en cabo del mundo), sino que, ó no enviaba Salomon
-la flota sino de tres en tres años, ó cuando los enviaba tardaban
-aquel tiempo, aguardando que las bestias saliesen de sus cuevas para
-hurtarles el oro y la plata, y en contratar con los habitadores de
-la Taprobana, y haber dellos sus perlas y piedras, madera de tina,
-elefantes, ximios y pavos; lo que dice la Escritura que iban las naos
-en Tharsis, más debia ser nombre de la region que de la ciudad, por lo
-que dice Josepho, libro III, cap. 7.º _De Antiquitatibus_, que iba en
-el mar társico, dentro el cual debian estar las dichas islas. Aquella
-isla de Ophir ó monte de Sopora, dice aquí el Almirante ser aquesta
-isla Española que ya tenian Sus Altezas, pero engañóse, como por lo
-dicho parece, aunque tuvo alguna causa de se engañar, por ver esta
-isla tan grande y tan felice, y hermosa, y él hobiese en ella tan poco
-estado, que no habia sino poco más de año y medio, y eso en guerras y
-enfermedades ocupado; y creia que debia haber muy gran cantidad de oro
-y otros secretos de riquezas en ella. Alega tambien el Almirante á los
-Reyes el ejemplo de Alexandre, diciendo que habia inviado á saber el
-regimiento de la isla susomemorada Taprobana. Esta historia muchos de
-los antiguos la tocan, pero en especial Plinio libro VI, cap. 22, y
-Solino, cap. 66, y Strabo, libro XV y en otros lugares, hace mencion
-della, los cuales dice (y algo toca tambien Pomponio, libro III, cap.
-7.º), que ántes que la isla Taprobana fuese descubierta, por nuevas
-algunas que de ella se tenian, estimada era por el otro orbe todo
-entero y tierra firme que habitaban los antípodas, y esto fué hasta
-el tiempo de Alexandre Magno, el cual envió primero á descubrirla que
-otro, con una gran flota, por Capitan un filósofo muy su querido, que
-se llamaba Onesecritus, del cual, dice Diógenes, le creyó ser semejante
-á Xenofonte, en la privanza con Alexandre, que aquel con Ciro, y en
-seguirlo y en escribir su vida y alabanzas. Fué, pues, Onesecritus,
-enviado por Alexandre con su flota macedónica, para que supiese si era
-isla ó tierra firme, qué gente habitaba en ella, qué criaba y en sí
-contenia. Halló que isla era, y que tenia de luengo 7.000 estadios,
-que hacen 300 leguas, ó cerca dellas, y de anchura 5.000 estadios, que
-llegan á 200; halló que una parte de ella era llena de elefantes y
-otras bestias, como arriba se dijo, y lo demas poblada de gentes; Sant
-Isidro y otros dicen haber diez notables ciudades en ella. Contiene
-abundancia de margaritas y de perlas de todas especies; dista veinte
-dias de navegacion de la tierra firme, pero más camino seria, dice
-Strabon, si las naos fueran de las nuestras; hay entre ella y la tierra
-firme muchas otras islas, las cuales, segun refiere Ptolomeo en la
-tabla 12 de Asia, son mil y trescientas y setenta y ocho, puesto que
-ella es de todas australísima; su sitio es, parece ser, de la otra
-parte del trópico de Capricornio, porque dice Solino que en ella no
-se ven los Septentriones, que son la Osa Menor, y esta es la Bocina
-cuya boca son las Guardas que llamamos del Norte, y la Osa Mayor que
-llamamos el Carro; las cuales, ambas, se forman de siete estrellas que
-rodean en veinticuatro horas una vez el polo y la estrella dicha del
-Norte. Tampoco, segun Solino, se parecen las Siete Cabrillas en ella,
-puesto que hay quien desto dude; y esto baste cuanto á la historia que
-el Almirante toca de Alexandre, y de la Taprobana. Trae tambien otro
-ejemplo el Almirante á los Reyes, del emperador Nero, el cual envió
-á ver las fuentes del Nilo, rio señalado en el mundo, y el secreto de
-donde nascia, y como y por qué causas, contra la propiedad y naturaleza
-de todos los rios, en el verano crescia y hoy crece, trayendo tanta
-abundancia de aguas, que riega todo el reino de Egipto, como quiera
-que veamos todos los otros rios y fuentes, y pozos, en aquel tiempo
-menguar por la sequedad; y mengüe los inviernos cuando abundan las
-lluvias, que causan humidad grande, por cuya causa, todos los otros del
-mundo vienen crecientes, rios y fuentes. Aquesta Historia pone Séneca,
-en el libro VI, cap. 8.º, de las «Naturales Cuestiones,» bien á la
-larga, donde dice así: Que Nero, deseoso y curioso por saber la verdad
-de aquel secreto, envió dos Centuriones para inquirir el nacimiento
-del dicho Nilo, y las causas de aquella novedad; estos fueron al rey
-de Etiopía, y, dada cuenta de su embajada, el Rey los encaminó, y
-dió favor, barcas y compañía para los otros Reyes por cuyos reinos y
-tierras el rio pasaba, y, subiendo por él mucho arriba, llegaron á
-ciertos pueblos donde habia ciertos lagos ó lagunas muy grandes, de
-hondura profundísima, tan cubiertos y ocupados de hierba espesa, que
-les impidieron adelante pasar: vieron, empero, donde estaban grandes
-piedras dentro del agua, por las cuales, ó debajo dellas, manaba el
-agua con gran ímpetu, en abundancia, y preguntados los vecinos de la
-comarca, si sabian que aquellas lagunas ó lagos comenzaban allí, ó les
-viniese el agua de otra parte, respondieron que no sabian, y con sola
-esta noticia se volvieron á Roma. Y esto dice Séneca que oyó de los
-mismos Centuriones.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXIX.
-
-
-Porque habemos dado en el augmento y descrecimiento del rio Nilo, y es
-una de las cosas que en el mundo hay admirables (admirable á los que la
-ven, increible á los que la oyen, como dice Diodoro), pues el Almirante
-D. Cristóbal Colon dió la ocasion á ello, donde muestra en esto y en
-las otras historias tocadas tener noticia de muchas antigüedades, y
-así convino, pues Dios le eligió para, por medio suyo, mostrar al
-mundo tan oculta hazaña, paréceme no ser cosa inconveniente á nuestra
-Historia, enjerir en ella lo que los antiguos sintieron diversamente
-del nascimiento del rio Nilo, y de su creciente y menguante, y, al
-cabo de muchas y varias opiniones referidas, colegir la falta que
-tuvieron ignorando la Divina Escritura, y dellas conocer cual fué
-la más probable y más allegada á lo natural. Egipto es toda tierra
-muy llana y campestre, y por eso la puede muy bien regar toda el rio
-Nilo; las ciudades, villas y lugares, los cortijos de los labradores
-y majadas de los ganados, están todas cercadas de valladares, no
-paredes de mucha resistencia, por no haberlo menester para se defender
-de la creciente del rio, que nunca crece sino con gran mansedumbre,
-suavemente. Cuando crece, como baña toda la tierra, parecen todas las
-ciudades y habitaciones de los hombres como si fuesen distintas islas;
-en tanto que dura la creciente tienen los ganados en establos, ó dentro
-de sus cercadas, donde les tienen para aquel tiempo su hierba y su
-comida; las otras bestias, no domésticas, si no se van con tiempo á
-buscar lugares altos, todas se ahogan con el agua. Dos veces en el año
-cresce y mengua el Nilo: la primera, comienza cuando el sol entra en
-el signo Cáncer, y esto es á 16 de Junio, y dura esta creciente por
-todo aquel signo, hasta que entra en el signo Leo; despues de entrado,
-y llega á la estrella Canícula, que es cuando comienzan los dias
-caniculares, cuasi mediado Julio, comienza poco á poco á descrecer de
-la manera que fué creciendo, hasta quedar en su curso y agua ordinaria.
-La segunda creciente hace, cuando entra el sol en el primer grado del
-signo Virgo, que es cuasi mediado Agosto, y dura por un mes, hasta
-que el sol entra en Libra; de allí se torna despues á su acostumbrado
-estado. Strabon dice que dura el agua más de cuarenta dias, y, pasados
-sesenta, queda la tierra enjuta y dispuesta para labrarla. Son estas
-crecientes tan necesarias para la tierra de Egipto, que sino las
-hobiese tan abundantes, segun el calor grande que allí hay por ser
-la tierra muy austral, y como nunca jamás llueva, la tierra seria
-toda polvo y estéril arena, como es alguna parte del mismo Egipto. La
-justa creciente es, cuando sube el agua de su curso ordinario 16 codos
-en alto; si son menores aguas, no lo riegan todo; si mayores, no se
-enjuga con tiempo la tierra y detiénese el fruto. Cuando sube no más
-de 12 padecen hambre, y cuando 13 lo mismo; 14 codos causa alegría; 15
-seguridad; 16 traen deleites con el abundancia. La mayor creciente, fué
-cuando llegó á 18 codos, en tiempo que imperaba Claudio, Emperador; y
-la más chica, de cinco, cuando andaba la guerra Pharsálica, conviene
-á saber, la de entre César y Pompeyo, segun dice Plinio. Los egipcios
-honran y adoran como Dios al rio Nilo, atribuyéndole algo de deidad,
-lo cual prueban porque por sus crecientes y menguantes pronostican
-los males ó bienes futuros, ó por mucha cantidad de agua, ó con la
-falta della. Con el limo mucho que siempre trae el Nilo, queda la
-tierra engrosada, pingüísima y fertilísima, de manera, que, con poco
-trabajo y costa ninguna, se reciben ubérrimos frutos de pan y vino,
-y frutas y todas las otras cosas; por la virtud y abundancia de la
-hierba paren dos veces las ovejas, y otras dos dan de sí lana. Entre
-tanto que dura la creciente y menguante, los Reyes y los que gobiernan,
-navegan por el rio: es cosa no decente; la gente comun toda se emplea
-en bailes, placeres y deleites. Cuán presto la tierra se enjuga, luego
-se ara y se siembra, y más presto en aquella parte donde más calor
-hace: todo lo susodicho es sacado de Plinio, libro V. cap. 9.º, y
-de Solino, cap. 45 de su Polistor, y de Estrabon, libro XVII, y de
-Diodoro, libro X, cap. 3.º En lo que toca al nascimiento deste rio
-Nilo, concluyó Séneca, despues de haber mucho disputado, en el lugar
-en el precedente capítulo dicho: Que como la tierra que está debajo
-de la superficie sea limosa y llena de humidades, cuando concurren
-juntamente en un lugar son causa que se hagan las grandes lagunas de
-mar, y donde los rios, despues, con impetuoso curso manan, y desta
-manera siente Séneca que todos los rios tienen su principio; pero como
-sea esta proposicion contra la Divina Escritura que suena otra cosa,
-mayormente cerca deste rio Nilo, falso es lo que dice Séneca; pero no
-es de maravillar, pues no se avalanzaba á más de lo que le parecia,
-segun su natural juicio. Así que, como aquel rio Nilo sea uno de los
-cuatro que salen del terrenal Paraíso y se llama Geon (como parece,
-Génesis, II, capítulo 4.º), que comunmente se llama Nilo, deste
-vocablo _nilon_, griego, que quiere decir, limoso, porque su agua es
-muy limosa, por lo cual hace por donde pasa fertilísima la tierra;
-por ende las lagunas ó lagos que los Centuriones vieron no era el
-nascimiento del Nilo, sino que salian allí sus aguas, que, más arriba,
-debajo de tierra se habian sumido, y desta manera se sume en muchas
-partes el mismo Nilo; y este discurso llevan Pomponio Mela, libro I,
-cap. 9.º, y Plinio, libro V, cap. 9.º, y Solino, cap. 45, puesto que
-no atinan de dónde traiga su orígen; y acá vemos en Castilla en el rio
-de Guadiana, que nasce bien léjos de Estremadura, donde á ratos se
-sume y va por bajo de tierra mucho camino, y, cuando sale descubierto,
-parece tener allí su principio. Cuanto á la razon de por qué en verano
-crece, mayormente en el principio de los meses y en sus fines, segun
-dice el Filósofo en el fin del libro II, de Metheoros, fueron las
-opiniones de los antiguos como dijimos; segun cuenta el Filósofo en el
-tractado especial que hizo del acrecentamiento del Nilo, y Solino en
-su Polistor, cap. 45, Herodoto, en el segundo libro de su Historia,
-y Diodoro en el primer libro, y Séneca en las dichas Cuestiones
-naturales, y Strabon en el libro XVII de su Geografía. Tales Milesius,
-uno de los siete sabios de Atenas, dice que los vientos que cada año
-corren por aquel tiempo allegaban las aguas de una parte á otra, y
-así parecian las aguas en mayor cantidad, puesto que, en la verdad,
-no fuesen mayores, como en una olla que hierve; Anaxágoras y otros
-dijeron que la causa es por las muchas nieves que están en los montes
-de Etiopía, que con el calor del sol en verano se derriten, y aquellas
-hacen crecer tanto el Nilo; y esta opinion fácilmente se derrueca,
-porque no podia haber tantas nieves, que tan gran cantidad de agua en
-el Nilo causasen; y esta opinion, dice Herodoto, ser falsísima puesto
-que, segun él dice, segun las otras, sea modestísima. La sentencia
-de Thalero, filósofo, fué que cuando vientan los vientos etesios,
-que son los que corren en los dias caniculares, los cuales, por su
-frialdad, espesan las nubes que están sobre la fuente que imagina en
-Etiopía, en el monte que se dice de la Luna, aquellas, con el aire, se
-convierten en agua, y que de allí proviene en aquel tiempo crecer el
-Nilo, y en el invierno que los dichos vientos no corren, menguar; á
-esto se dice que no parece posible, por viento alguno, que tanto aire
-se pueda convertir en agua, porque como de un puño de agua, cuando se
-convierte agua en aire, salgan diez de aire, manifiesto es que si tal
-conversion se hiciese, habria de hacerse gran cantidad de aire agua,
-lo que parece ser falso. Otra razon mejor: si aquellos vientos tanta
-cantidad de aire y de nubes convirtiesen en agua que hiciesen crecer
-al Nilo, como aquellos vientos no corran indivisiblemente, necesario
-se seguiria que las fuentes, arroyos y los rios que estuviesen cerca,
-un tiro de ballesta y de piedra, del Nilo, tambien crecerian; pues
-esto es falso, porque ninguna agua, por cercana que esté al Nilo,
-cresce, sino sola del Nilo. Pomponio dice, que los vientos etesios, ó
-ventando recio, detienen las aguas del Nilo que no salgan á la mar, y
-entónces suben en alto las aguas del Nilo, ó que los mismos vientos
-sean causa que cieguen las bocas del Nilo, por donde sale á la mar,
-con mucha arena, y así, lo hagan subir en alto; esta razon refiere
-Herodoto. Lo mismo afirma el historiador Amianno en el lib. XXII de su
-Historia. Esta sentencia siguió Beda en el libro de _De Natura rerum_,
-capítulo 43: _.....mense enim majo, dum ostiacius quibus in mare
-influit zephiro flante, undis ejectis arenarum cummulo præstruuntur,
-paulatim intumescens ac retro propulsus plana irrigat Egipti: vento
-autem cesante ruptisque arenarum cumulis suo redditur alveo._ Pero á
-esto se puede responder con la razon de arriba, que lo mismo acaesceria
-en los otros rios, pero pues no se hace no debe ser aquesta la causa
-en el Nilo, y esta respuesta es de Herodoto, diciendo que muchos rios
-están en Siria y muchos en África, que aquestos impedimentos padezcan;
-la misma respuesta da Diodoro, lib. I, cap. 4.º. San Gerónimo, sobre
-el profeta Amós, cap[8], cuasi parece declinar en esta sentencia; dice
-allí que el rio Nilo, una vez en el año, viene mucho avenido, tanto
-que riega toda Egipto, pero que esto se hace por divino milagro, sin
-algun aumento de agua, sino que se hacen grandes montones de arena en
-las bocas del Nilo por donde entra en la mar, y así el agua de arriba
-vuelve atras, y por acequias grandes que están hechas en la tierra
-de Egipto, vá el agua á la bañar. Solino da otra razon, y es, que el
-calor derribado del sol y de los otros planetas, levantan el agua del
-Nilo, haciéndola más sotil, de la manera que se levanta en la olla
-que hierve y hace parecer más de la que es, pero no lo es; á esto se
-dice que no es suficiente razon porque si por el calor que levanta el
-agua en alto, en tiempo de verano, el Nilo cresce, luego en todas las
-partes donde hobiere calor crescerán los rios; esto es falso, porque
-ántes vemos, con el calor, menguar los rios. Ephorus decia, que la
-causa era esta: que como la tierra de Egipto fuese toda de su natura
-seca y árida, y tenga muchas hendiduras y resquebrajaduras, rescibe
-y atrae los inviernos la humedad y frio del cielo, la cual como en
-el verano, por manera de sudor, la produzca, este sudor y humedad
-hace crecer al Nilo en el verano; pero desta burla Diodoro diciendo
-que no solamente Ephoro ignoró la region y la naturaleza de Egipto,
-pero ni áun oyó á los que la sabian, donde tambien prueba contra él
-haber mal dicho. Agatharchides Cnidius, allegándose más cerca de la
-verdad, segun opinion de Diodoro que lo recita, dice: que porque en
-los montes de Etiopía llueve grandes aguas desde el solsticio estival,
-que es á 14 de Junio ó á 14 dél, hasta el equinoccio del Otoño, que
-es á 14 de Setiembre, por esto no ser maravilla que en el invierno
-traiga el Nilo sola el agua ordinaria natural que mana de sus fuentes,
-y en el verano venga muy pujante; y en esta sentencia parece Diodoro
-declinar. Herodoto, en el segundo libro de su Historia, desta duda
-esta sentencia puso: que tiene quel sol en el verano, cuando está
-en medio del cielo, conviene á saber, en la equinoccial, vientos
-frios causa y trae á sí mucho humor, el cual humor derrama sobre la
-tierra hácia las fuentes del Nilo, que están puestas so el circuito
-de Capricornio, cuando viene al solsticio estival, que es, como se
-dijo, á 14 de Junio, cuando vientan los vientos Austro y áfricos, que
-naturalmente son pluviosos, y de aquí el Nilo cobra su creciente en
-los veranos; de aquí, cuando el sol torna al equinoccio autumnal, que
-es á 14 de Setiembre, trae á sí las lluvias y las aguas de la tierra
-y de los rios, pero no las derrama sobre las fuentes dichas, porque
-hácia allá va el sol y hace seca, secando los aires y las tierras, y
-en este tiempo, que es invierno, es necesario menguar el Nilo en su
-agua. Desta sentencia tambien murmura Diodoro, pero no responde á ella.
-Lucano, en el libro X, estima que deste crecimiento del Nilo ninguna
-otra razon suficiente se puede dar, sino que Dios quiso proveer al
-reino de Egipto del agua necesaria, por vía maravillosa, pues allí
-no quiso que lloviese, sin la cual no podia pasar; y esta no es muy
-indigna razon, y no discrepa mucho de la de San Jerónimo. Aristóteles
-en el dicho Tractado de la inundacion ó creciente y menguante del
-Nilo, recitadas muchas opiniones, dice la suya, y es: que en la madre
-del rio Nilo hay muchas secretas fuentes que en el invierno están
-cerradas sin manar, y en el verano se abren y manan, dando de sí tanta
-agua, que hacen al Nilo avenir con gran pujanza que toda la tierra
-de Egipto pueda bañar; pero ni Aristóteles, ni Solino, ni Herodoto,
-ni Séneca, ni los demás, dan suficientes razones, por ignorar el
-principio, que es el orígen del Nilo, el cual estimaban estar en
-alguno de los lugares desta nuestra tierra habitable, como nazca del
-Paraíso terrenal, el que todos ignoraron. Lo que más verdad parece, y
-ser causa de esta creciente y menguante en ciertos tiempos, es alguna
-virtud secreta natural, la cual se consigue allí inmediatamente, en
-su misma fuente, en el Paraíso, de donde nasce. Otro rio hay en el
-mundo que sólo á semejanza del Nilo cresce y mengua una vez en el año,
-conviene á saber, cuando el sol está en el vigésimo grado del signo
-de Cancrio, y dura esta cresciente por todo el Cancrio y el signo de
-Leon, hasta tanto que el sol quiere pasar al signo de Virgen; la causa
-desto, dice Solino en el cap. 50 de su Polistor, hablando del rio
-Euphrates, es porque Euphrates y el Nilo están constituidos debajo de
-semejantes paralelos del mundo, aunque en diversos lugares, y de aquí
-es que la misma virtud, en ambos á dos rios, el sol y todo el cielo
-influyen. Alguno contradice que estén debajo de semejantes, y á Solino
-responden que habla por opinion de otros, y así parece: _Quod gnomonici
-similibus paralellis accidere contendunt, quos pares et cœœœli et
-terrarum positione æqualitas normalis efecit lineæ, unde apparet ista
-duo flumina, scilicet, Nilus et Euphrates, admodum ejusdem perpendiculi
-constituta, licet e diversis manent plagis easdem incrementi causas
-habere._ Pero como, en la verdad, ambos á dos, estos rios, más juntos
-sean entre sí que los otros rios del Paraíso, parece que á la salida
-del Paraíso la misma virtud se les comunique; por manera que, segun
-nos, el principio y orígen del Nilo, cierto es ser en el Paraíso,
-pero segun los gentiles autores, que ingnoraron la Divina Escritura,
-diversas y dudosas opiniones tuvieron de su origen, y así dice Solino:
-_Ignari siderum et locorum varias de excesibus ejus (excesus vocat Nili
-incrementum), causas dederunt_. Y Diodoro tambien lo mismo afirma:
-_Itaque locorum inscitia errandi materiam priscis scriptoribus præbuit,
-Nili fontes locaque ex quibus fluit nullus ad hoc tempus neque vidisse
-se dicit, neque audisse ab aliis qui se assererent aspexisse, ex quo
-res ad opiniones et conjeturas pervenit._ La razon de la diversidad
-de opiniones es la que se ha tocado, que aunque aquellos cuatro rios
-su primer origen sea en el Paraíso pero como, despues de salidos dél,
-por algun espacio se oculten debajo de tierra y otra vez parezcan,
-por esta causa los gentiles creyeron que en aquellas bocas por donde
-salian estaban sus fuentes. Así que, segun la opinion de los gentiles,
-certísima y famosísima, segun declara Solino, cap. 45 _De Egipto_,
-cuanto á lo que ellos pudieron saber, ignorando la Divina Escritura,
-el rio Nilo tiene su origen en el monte de Mauritania la inferior, más
-cercana del mar Océano, que se llama el monte de la Luna, y hace allí
-un profundo lago que Nilides se nombra; y así lo dice Plinio, libro V,
-capítulo 9.º: _Nilus incertis ortus fontibus_; et infra: _Lacu protinus
-stagnante quem vocant Nilidem_; y esto prueba, porque las mismas
-hierbas y los mismos peces y bestias que cria y produce el Nilo, se
-hallan en el lago dicho, do sale y corre por algunos dias, despues se
-torna á encubrir, yendo por debajo de la tierra, y tórnase á descubrir
-en una gran cueva de Mauritania cesariense, con mucho más ímpetu de
-aguas y con las mismas señales de hierbas y peces y otras bestias, y
-allí se torna á encubrir, y no sale hasta llegar á Etiopía, y de allí
-saliendo, aparece todo el rio negro como la pez. Allí es el término
-y fin de África, y los vecinos de aquella region le llaman Astapun,
-que quiere decir agua de las tinieblas salida; de allí, corriendo por
-muchos y diversos lugares, hace muchas y diversas islas, la principal
-y más nombrada de las cuales es la isla Menor, donde se situa el clima
-primero, segun la division de los climas que hicieron los antiguos, que
-se dice Diameroes; despues entra en la tierra de Egipto, y hace las
-maravillas dichas, y al fin entra en la mar por siete bocas ó puertas,
-de las cuales se verá por Plinio en el cap. X del libro 5.º Y esto
-baste cuanto á la historia que toca al rio Nilo.
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-CAPÍTULO CXXX.
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-Dejada la digresion donde referimos algunas historias que tocó en
-sus palabras el Almirante, para dar noticia á quien no las sabia, y
-acordarlas á los que las leyeron, mayormente los secretos del Nilo, el
-fin que pretendemos dicta que tornemos á tomar nuestro hilo. Partió,
-pues, nuestro primer Almirante en nombre de la Santísima Trinidad
-(como él dice, y así siempre solia decir), del puerto de Sant Lúcar
-de Barrameda, miércoles, 30 dias de Mayo, año de 1498, con intento de
-descubrir tierra nueva, sin la descubierta, con sus seis navíos. Bien
-fatigado, dice él, de mi viaje, que donde esperaba descanso cuando yo
-partí destas Indias, se me dobló la pena; esto dice por los trabajos
-y nuevas resistencias y dificultades con que habia habido los dineros
-para despacharse, y los enojos recibidos sobre ello con los oficiales
-del Rey, y los disfavores y mal hablar que, las personas que le podian
-con los Reyes dañar, á estos negocios de las Indias daban; para remedio
-de lo cual le parecia que no le bastaba lo mucho trabajado, sino que
-de nuevo le convenia, para cobrar nuevo crédito, trabajar; y, porque
-entónces estaba rota la guerra con Francia, túvose nueva de una armada
-de Francia, que aguardaba sobre el cabo de Sant Vicente al Almirante,
-para tomarlo, por esta causa, deliberó de hurtarles el cuerpo, como
-dicen, y hace un rodeo enderezando su camino derecho á la isla de la
-Madera. Llegó á la isla del Puerto Sancto, jueves, 7 de Junio, donde
-paró á tomar leña, y agua, y refresco, y oyó misa, y hallóla toda
-alborotada y alzadas todas las haciendas, muebles, y ganados, temiendo
-no fuesen franceses; y luego, aquella noche, se partió para la isla
-de la Madera, que, como arriba dejamos dicho, está de allí unas 12
-ó 15 leguas, y llegó á ella el domingo siguiente, á 10 de Junio. En
-la villa le fué hecho muy buen recibimiento y mucha fiesta, por ser
-allí muy conocido, que fué vecino de ella en algun tiempo; estuvo allí
-proveyéndose cumplidamente de agua y leña, y lo demas necesario para
-su viaje, seis dias. El sábado, á 16 de Junio, partió con sus seis
-navíos de la isla de la Madera, y llegó, mártes siguiente, á la isla
-de la Gomera; en ella halló un corsario francés, con una nao francesa
-y dos navíos que habia tomado de castellanos, y, como vido los seis
-navíos del Almirante, dejó las anclas y el un navío, y dió de huir
-con el otro, el francés; envia tras él un navío, y como vieron, seis
-españoles que iban en el navío que llevaba tomado, ir un navío en su
-favor, arremeten con otros seis franceses que los iban guardando, y,
-por fuerza, métenlos debajo de cubierta, y así los trajeron. Aquí, en
-la isla de la Gomera, determinó el Almirante enviar los tres navíos
-derechos á esta isla Española, porque, si él se detuviese, diesen nueva
-de sí, é alegrar y consolar los cristianos con la provision de los
-bastimentos, mayormente dar alegría á sus hermanos, el Adelantado y D.
-Diego, que estaban por saber dél harto deseosos; puso por Capitan de
-un navío á un Pedro de Arana, natural de Córdoba, hombre muy honrado,
-y bien cuerdo, el cual yo muy bien cognoscí, hermano de la madre de
-D. Hernando Colon, hijo segundo del Almirante, y primo de Arana, el
-que quedó en la fortaleza con los 38 hombres que halló á la vuelta
-muertos el Almirante; el otro Capitan del otro navio, se llamó Alonso
-Sanchez de Carabajal, Regidor de la ciudad de Baeza, honrado caballero.
-El tercero, para el otro navío, fué Juan Antonio Columbo, ginovés,
-deudo del Almirante, hombre muy capaz y prudente, y de autoridad, con
-quien yo tuve frecuente conversacion; dióles sus instrucciones segun
-convenia, y en ellas les mandó, que, una semana uno, otra semana otro,
-fuese cada uno Capitan general de todos tres navíos, cuanto á la
-navegacion y á poner farol de noche, que es una lanterna con lumbre que
-ponen en la popa del navío, para que los otros navíos sepan y sigan por
-donde vá y guía la Capitana. Mandóles que fuesen al Oeste, cuarta del
-Sudueste, 850 leguas, y que entónces serian con la isla Dominica; de la
-Dominica, que navegasen Oest-Noroeste, y tomarian la isla de Sant Juan,
-y que fuesen por la parte del Sur della, porque aquel era el camino
-derecho para ir á la Isabela Nueva, que agora es Sancto Domingo. La
-isla de Sant Juan pasada, que dejasen la isla Mona al Norte, y de allí
-toparian luego la punta desta Española, que llamó de Sant Rafael, el
-cual agora es el cabo del Engaño; de allí á la Saona, la cual dice que
-hace buen puerto entre ella y esta Española. Siete leguas hay otra isla
-adelante, que se llama Sancta Catherina, y de allí á la isla Nueva,
-que es el puerto de Sancto Domingo, como dicho es, hay 25 leguas.
-Mandóles que donde quiera que llegasen y descendiesen á se refrescar,
-por rescate comprasen lo que hobiesen menester, y que á poco que diesen
-á los indios, aunque fuesen á los caníbales, que decian comer carne
-humana, habrian lo que quisiesen, y les darian los indios todo lo que
-tuviesen, pero si fuese por fuerza, lo esconderian y quedarian en
-enemistad. Dice más en la Instruccion, que él iba por las islas de Cabo
-Verde (las cuales, dice, que antiguamente se llamaban Gorgodes, ó segun
-otros, Hespéridos), y que iba, en nombre de la Santísima Trinidad,
-con propósito de navegar al Austro dellas hasta llegar debajo de la
-línea equinoccial, y seguir el camino del Poniente hasta que esta isla
-Española le quedase al Norueste, para ver si hay islas ó tierras.
-Nuestro Señor, dice él, me guie y me depare cosa que sea su servicio y
-del Rey y la Reina, nuestros señores, y honra de los cristianos, que
-creo que este camino jamás le haya hecho nadie, y sea esta mar muy
-incógnita. Y aquí acaba el Almirante su Instruccion.
-
-Tomada, pues, agua y leña y otras provisiones, quesos en especial,
-los cuales hay allí muchos y buenos, hízose á la vela el Almirante
-con sus seis navíos, jueves, 21 dias de Junio, la vía de la isla del
-Hierro, que dista de la Gomera obra de 15 leguas, y es, de las siete
-de las Canarias, hácia el Poniente, la postrera. Pasando della, tomó
-el Almirante su derrota, con una nao y dos carabelas, para las islas
-del Cabo Verde, y despidió los otros tres navíos en nombre de la Sancta
-Trinidad, y dice que le suplicó tuviese cargo dél y de todos ellos; y
-al poner del Sol se apartaron, y los tres navíos tomaron su vía para
-esta isla. Aquí el Almirante hace mencion á los Reyes del asiento que
-habia tomado con el rey de Portugal, que no pasasen los portugueses
-al Oeste de las islas de los Azores y Cabo Verde, y hace tambien
-mencion como los Reyes lo enviaron á llamar para que se hallase en
-los conciertos, con los que á la particion habian de concurrir, y que
-no pudo ir por la grave enfermedad que incurrió en el descubrimiento
-de la tierra firme de las Indias, conviene á saber, de Cuba, que tuvo
-siempre, como no la pudo rodear, aún hasta agora, por tierra firme;
-añide más, que luego sucedió la muerte del rey don Juan, ántes que
-pudiese aquello poner en obra. Debia ser, que como aquello se trató
-el año de 93 y 94, habria entretanto de entrambas partes impedimentos
-hasta el año de 97 que murió el rey D. Juan de Portugal, como arriba se
-vido, cap. 126, y por esto dice aquí el Almirante, que por la muerte
-del rey D. Juan no se pudo poner en obra. Siguiendo pues su camino
-el Almirante, llegó á las islas de Cabo Verde, las cuales, segun él
-dice, tienen falso nombre, porque nunca vido cosa alguna verde, sino
-todas secas y estériles. La primera que vido fué la isla de la Sal,
-miércoles, 27 de Junio, y es una isla pequeña; de allí fué á otra
-que tiene por nombre Buenavista, y es esterilísima, donde surgió
-en una bahía, y cabe ella esta una isleta chiquita; á esta isla se
-vienen á curar todos los leprosos de Portugal, y no hay en ella mas
-de seis ó siete casas. Mandó el Almirante sacar las barcas á tierra
-para se proveer de sal y carne, porque hay en ella gran número de
-cabras. Vino un Mayordomo, de cuya era aquella isla, llamado Rodrigo
-Alonso, escribano de la Hacienda del rey en Portugal, á los navíos á
-ofrecer al Almirante lo que en ella hobiese, que él hobiese menester;
-agradescióselo é hízole dar del refresco de Castilla con que se gozó
-mucho. Aquel le hizo relacion de como venian allí los leprosos á se
-curar de su lepra, por la abundancia grande que hay de tortugas en
-aquella isla, que comunmente son tan grandes como adargas; comiendo del
-pescado dellas, y lavándose con la sangre dellas muchas veces, sanan
-de la lepra; vienen allí tres meses del año, Junio, Julio y Agosto,
-infinitas tortugas de hácia la tierra firme, que es Etiopía, á desovar
-en la arena, las cuales, con las manecillas y piés, escarban en el
-arena y desovan sobre quinientos huevos y más, tan grandes como de
-gallina, salvo que no tienen la cáscara dura, sino un hollejo tierno
-que cubre la yema, como el hollejo que tienen los huevos de la gallina
-quitada la cáscara dura; cubren los huevos con el arena como si lo
-hiciese una persona, y allí el sol los ampolla, y, formados y vivos
-los tortuguitos, luego se van á buscar la mar, como si vivos y por sus
-piés hubieran salido della. Tomaban allí las tortugas de esta manera;
-que con lumbre de noche, que son hachas de leña seca, van buscando el
-rastro de la tortuga, que no lo hace chico, y hállanla durmiendo de
-cansada; llegan de presto y trastórnanla, volviendo la concha de la
-barriga arriba, y la del lomo abajo, y déjanla, porque segura queda que
-ella se pueda volver, y luego van á buscar otra: y lo mismo hacen los
-indios en la mar, que si llegan estando durmiendo y la vuelven, queda
-segura para tomarla cuando quisieren, puesto que otro mejor arte tienen
-los indios en tomarlas en la mar, como se dirá, si Dios quisiere,
-cuando trataremos de la descripcion de Cuba. Los sanos que vivian en
-aquella isla de Buenavista, como ni áun agua no tienen, sino salobre
-de unos pozos, eran seis ó siete vecinos, cuyo ejercicio era matar
-cabrones y salar los cueros para inviar á Portogal en las carabelas
-que allí por ellos vienen, de los cuales, les acaescia en un año matar
-tantos, y enviar tantos cueros, que valian 2.000 ducados al Escribano,
-cuya era la isla; habíanse criado tanta multitud de cabras y machos de
-solas ocho cabezas. Acaecíales á aquellos que allí vivian, estar cuatro
-y cinco meses que ni comian pan ni bebian vino, ni otra cosa, sino
-aquella carne cabruna, ó pescado, ó las tortugas; todo esto dijeron
-aquellos al Almirante. Partióse de allí, sábado, de noche, 30 de
-Junio, para la isla de Santiago, y domingo, á hora de vísperas, llegó
-á ella, porque dista 28 leguas; y esta es la principal de las de Cabo
-Verde. Quiso en esta tomar ganado vacuno, para traer á esta Española,
-porque los Reyes se lo habian mandado, y para ello estuvo allí ocho
-dias y no pudo haberlo; y porque la isla es enfermísima, porque se asan
-en ella los hombres, y le comenzaba su gente á enfermar, acordó de
-partirse. Torna el Almirante á decir que quiere ir al Austro, porque
-entiende, con ayuda de la Santísima Trinidad, hallar islas y tierras,
-con que Dios sea servido, y sus Altezas y la cristiandad hayan placer,
-y que quiere ver cual era la intincion del rey D. Juan de Portogal,
-que decia que al Austro habia tierra firme; y por esto dice que tuvo
-diferencias con los reyes de Castilla, y en fin, dice, que se concluyó
-que el rey de Portogal hobiese 370 leguas de las islas de los Azores y
-Cabo Verde, del Oeste al fin del Norte, de polo á polo; y dice más, que
-tenia el dicho rey D. Juan por cierto, que dentro de sus límites habia
-de hallar cosas y tierras famosas. Viniéronle á ver ciertos principales
-de aquella isla de Santiago, y dijéronle que al Sudoeste de la isla
-del Fuego, que es una de las mismas de Cabo Verde, que está desta 12
-leguas, se veia una isla, y que el rey D. Juan tenia gran inclinacion
-de enviar á descubrir al Sudoeste, y que se habian hallado canoas, que
-salian de la costa de Guinea, que navegaban al Oeste con mercadurías.
-Aquí torna el Almirante á decir, como que hablara con los Reyes: «Aquel
-que es trino y uno me guie, por su piedad y misericordia, en que yo
-le sirva, y á Vuestras Altezas dé algun placer grande y á toda la
-Cristiandad, así como fué de la fallada de las Indias, que sonó en todo
-el mundo.»
-
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-CAPÍTULO CXXXII.
-
-
-Miércoles, 4 dias de Julio, mandó alzar y dar las velas de aquella
-isla de Santiago, en la cual, dice que, despues que á ella llegó,
-nunca vido el sol ni las estrellas, sino los cielos cubiertos de tan
-espesa neblina, que parecia que la podian cortar con cuchillo, y
-calor intensísimo que los angustiaba, y mandó gobernar por la vía del
-Sudueste, que es camino que lleva desde aquellas islas al Austro y
-Mediodia, en nombre, dice él, de la Santa é individua Trinidad, porque
-entónces estaria Leste-Oeste con la tierra de la Sierra Leona y cabo
-de Sancta Ana, en Guinea, que es debajo de la línea equinoccial, donde
-dice que debajo de aquel paralelo del mundo se halla más oro y cosas
-de valor; y que despues navegarian, placiendo á Nuestro Señor, al
-Poniente, y de ahí pasaria á esta Española, en el cual camino veria
-la opinion del rey D. Juan, susodicha. Y que pensaba experimentar lo
-que decian los indios de esta Española, que habia venido á ella, de la
-parte del Austro y del Sueste, gente negra, y que trae los hierros de
-las açagayas de un metal que llaman guanin, de lo cual habia enviado
-á los Reyes hecho el ensayo, donde se halló que de las treinta y dos
-partes, las diez y ocho eran de oro, y las seis de plata, y las ocho
-de cobre. Prosiguiendo por este su camino del Sudoeste, comenzó á
-hallar hierbas de las que se topan camino derecho destas Indias; y
-dice aquí el Almirante, despues que anduvo 480 millas, que hacen 120
-leguas, que, en anocheciendo, tomó el altura, y halló que el estrella
-del Norte estaba en 5°; pero á mí parece, que debia haber andado más
-de 200 leguas, y que está errada la letra, porque más camino hay por
-aquel rumbo de 200, desde las islas de Cabo Verde y de la de Santiago,
-de donde partió, hasta ponerse un navío en 5° de la equinoccial, como
-verá cualquiera marinero que lo mirare por la carta y por el altura
-lo mismo. Y dice que allí, viernes, 13 dias de Julio, le desmamparó
-el viento, y entró en tanto calor y ardor, y tan vehemente, que temió
-que los navíos se le encenderian y la gente pereceria; fué todo tan
-de golpe y súbito, cesar el viento y sobrevenir el calor excesivo y
-desordenado, que no habia persona que osase asomar á entrar abajo de
-cubierta, para remediar la vasija del vino y agua, que se le reventaba
-rompiéndose los aros de las pipas; el trigo ardia como fuego; los
-tocinos y carne salada se asaban y podrecian; duróle aqueste ardor y
-fuego ocho dias. El primero fué claro con sol que los asaba; proveyóle
-Dios con menor daño, porque los siete siguientes llovió y hizo nublado,
-pero con todo esto no hallaban remedio para que esperasen que no habian
-de perecer de quemados, y si, como el primer dia hizo sol y claro, los
-siete lo hiciera, dice aquí el Almirante, que fuera imposible escapar
-con vida hombre dellos, y así, fueron divinalmente socorridos con
-lloverles algunos aguaceros y hacer aquellos dias nublados. Determinó,
-de que si Dios le diese viento para salir de aquella angustia, correr
-al Poniente algunos dias, y despues que se viese en alguna templanza,
-tornar hácia el Austro, que era el camino que proseguir deseaba.
-Nuestro Señor, dice él, me guie y dé gracia, que yo le sirva, y á
-Vuestras Altezas traiga nuevas de placer; dice que se acordó estando en
-estas ardientes brasas, que cuando venia á estas Indias en los viajes
-pasados, siempre que llegaba hácia el Poniente 100 leguas, en paraje
-de las islas de los Azores, hallaba mudamiento en la templanza de
-Septentrion al Austro, y por esto se queria ir al Poniente á poner en
-el dicho paraje. En el mismo paralelo debia de ir el Almirante, ó por
-mejor decir, meridiano, que llevó Hanon, Capitan de los cartagineses,
-con su flota, que saliendo de Cáliz y pasando al Océano, á la siniestra
-de Libia ó Etiopía, despues de treinta dias, yendo hácia el Mediodia,
-entre otras angustias que pasó, fué tanto el calor y fuego que padeció,
-que parescia que se asaban; oyeron tantos truenos y relámpagos, que
-los oidos les atormentaban y los ojos les cegaban, y no parecia sino
-que llamas de fuego caian del cielo. Esto dice Amiano, entre los
-historiadores griegos, seguidor de verdad, muy nombrado en la «Historia
-de la India» hácia el cabo, y refiérelo Ludovico Celio, en el lib.
-I, cap. 22 de las «Lectiones antiguas.» Así que, tornando á los dias
-trabajosos, el sábado, que se contaron 14 de Julio, estando las Guardas
-en el brazo izquierdo, dice que tenia el Norte en 7.º; vido grajos
-negros y blancos, que son aves que no se alejan mucho de la tierra, y
-por esto tiénense por señal de tierra. Enfermó en este camino de gota
-y de no dormir, pero no por eso dejaba de velar y trabajar con gran
-cuidado y diligencia. Domingo y lúnes vieron las mismas aves y más
-golondrinas, y parecieron unos peces que se llaman botos, que son poco
-más ó ménos que grandes terneras, que tienen la cabeza muy roma ó bota.
-Dice aquí el Almirante, incidentemente, que las islas de los Azores,
-que antiguamente se llamaban Casetérides, están situadas en fin del
-quinto clima. Juéves, 19 de Julio, hizo tan grande é intenso calor,
-que pensaron arderse los hombres con las naos; pero porque nuestro
-Señor, á vueltas de las aflicciones que dá, suele, con interpolacion
-del contrario, alivianarlas; socorrióle con su misericordia al cabo
-de aquellos siete ú ocho dias, dándole muy buen tiempo para desviarse
-de aquel fuego, con el cual buen viento navegó hácia Poniente diez
-y siete dias, siempre con intincion de tornar al Austro y ponerse,
-como arriba dijo, en tal region, que le quedase aquesta Española al
-Norte ó Setentrion donde pensaba que habia de hallar tierra, ántes ó
-despues del dicho paraje; y así entendia remediar los navíos que ya
-iban abiertos del calor pasado, y los bastimentos que en mucho tenia,
-por la necesidad que dellos tenia para traerlos á esta isla, y los
-muchos trabajos que al sacar de Castilla le costaron, é iban perdidos
-cuasi y dañados. El Domingo, 22 de Julio, á la tarde, ya que iba con
-el buen tiempo, vieron pasar innumerables aves del Oesudueste hácia
-el Nordeste; dice que era gran señal de tierra. Lo mismo vieron el
-lúnes siguiente y los dias despues, uno de los cuales vino á la nao
-del Almirante un alcatraz y otros muchos parecieron otro dia, y las
-otras aves que se llaman rabihorcados. Al décimo séptimo dia del buen
-tiempo que llevaba esperaba el Almirante ver tierra, por las dichas
-señales de las aves vistas, y como no la vido el lúnes, otro dia,
-mártes, 31 dias de Julio, como le faltase ya el agua, deliberó de mudar
-derrota, y esta era el Oeste y se acostar á la mano derecha, é ir á
-tomar á la isla Dominica, ó alguna de los caníbales, que hoy llaman los
-caribes; y así mandó gobernar al Norte, cuarta del Nordeste, y anduvo
-por aquel camino hasta medio dia, pero como su divina Majestad, dice
-él, haya siempre usado de misericordia conmigo, por acertamiento, y
-acaso, subió un marinero de Huelva, criado mio, que se llamaba Alonso
-Perez, á la gavia, y vido tierra al Oeste, y estaba 15 leguas della,
-y lo que pareció della fueron tres mogotes, ó tres montañas. Puso
-nombre á esta tierra, la isla de la Trinidad, porque así lo llevaba
-determinado, que la primera tierra que descubriese así se llamase, y
-plugo, dice él, á Nuestro Señor, por su alta Magestad, que la vista
-primera fueron todos juntos tres mogotes, digo, tres montañas, todas
-á un tiempo y en una vista. Su alta potencia por su piedad me guie,
-dice él, y en tal manera, que haya él mucho servicio, y Vuestras
-Altezas mucho placer; que es cierto que la fallada desta tierra, en
-esta parte, fué gran milagro, atanto como la fallada del primer viaje.
-Estas son sus palabras. Dió infinitas gracias á Dios, como tenia de
-costumbre, y todos alabaron á la bondad Divina, y con gran regocijo y
-alegría, dijeron, cantada, la _Salve Regina_, con otras coplas y prosas
-devotas que contienen alabanzas de Dios y de Nuestra Señora, segun la
-costumbre de los marineros, al ménos los nuestros de España, que con
-tribulaciones y alegrías suelen decirla. Aquí hace una digresion y
-epílogo de los servicios que ha hecho á los Reyes, y de la voluntad
-que siempre tuvo encendida de les servir, no como malas lenguas, dice
-él, y falsos testigos por invidia dijeron; y cierto yo creo que estos
-tales tomó Dios por instrumentos para le afligir, porque le quiso bien,
-porque muchos, sin por qué ni para qué, le infamaron y estorbaron estos
-negocios, y hicieron que los Reyes se atibiasen y cansasen de gastar y
-tener aficion y estima de que estas Indias habian de dar provecho, al
-ménos que fuese más que los gastos con augmento les viniesen. Repite
-el calor que padeció, y como áun iba hoy por el mismo camino paralelo,
-sino que por se llegar á la tierra por la vía que tomó cuando mandó
-gobernar al Poniente, porque la tierra echa de sí frescores que salen
-de sus fuentes y rios, y de sus aguas, causan templanza y suavidad, y
-por esta causa, dice que pueden navegar los portogueses que van á la
-Guinea, que está debajo de la línea equinoccial, porque van de luengo
-de tierra ó de costa, como es comun hablar; dice más, que agora estaba
-en el mismo paralelo de donde llevan el oro al rey de Portogal, por lo
-cual creyó que quien buscase aquellos mares hallaria cosas de valor.
-Confiesa aquí que no hay hombre en el mundo á quien Dios haya echo
-tanta merced, y le suplica que le depare cosa con que Sus Altezas
-reciban mucho placer y toda la cristiandad; y dice que, aunque otra
-cosa de provecho no hobiese, sino estas tierras tan hermosas, que son
-tan verdes y llenas de arboledas y palmas, que llevan ventaja á las
-huertas de Valencia por Mayo, se deberian mucho de estimar, y dice en
-esto verdad, y adelante lo encarecerá, con mucha razon, más. Dice, que
-cosa es de milagro que tan cerca de la equinoccial, como á 6°, tengan
-los reyes de Castilla tierras, estando la Isabela de la dicha línea
-distante 24°.
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-CAPÍTULO CXXXIII.
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-Vista, pues, la tierra, con gran consuelo de todos, deja el camino
-que queria llevar en busca de alguna de las islas de los caníbales
-para proveerse de agua, de que tenia gran necesidad, y da la vuelta
-sobre la tierra que habian visto, hácia un cabo que parecia estar al
-Poniente, al cual llamó cabo de la Galera, por una peña grande que
-tenia que desde léjos parecia galera que iba á la vela; llegaron allí á
-hora de completas; vieron buen puerto, sino que era hondo y pesóle al
-Almirante, por no poder en él entrar, siguió su camino á la punta que
-habia visto, que era hácia el Austro siete leguas, y no halló puerto.
-En toda la costa halló que las arboledas llegaban hasta la mar, la
-cosa mas hermosa que ojos vieron. Dice que esta isla debe ser grande;
-gente pareció, y una canoa cargada dellos de léjos, que debian estar
-pescando, fuéronse huyendo á tierra á unas casas que allí parecian; la
-tierra era muy labrada y alta, y hermosa. Miércoles, 1.º de Agosto,
-corrió la costa abajo hácia el Poniente, cinco leguas, y llegó á una
-punta, donde surgió con todos tres navíos, y tomaron agua de fuentes y
-de arroyos; hallaron rastro de gente, instrumento de pescar, y rastro
-de cabras, pero no eran sino de venados, que hay mucho por aquellas
-tierras; dice que hallaron lignaloes, y palmares grandes, y tierras muy
-hermosas, de que sean dadas infinitas gracias á la Sancta Trinidad;
-estas son sus palabras. Vido muchas labranzas por luengo de costa, y
-muchas poblaciones; vido desde allí, hácia la parte del Sur ó Austro,
-otra isla, que el luengo della iba más de 20 leguas; y bien pudiera
-decir 500, porque esta es la tierra firme, de la cual, como vido un
-pedazo, parecióle que seria isla, á esta puso nombre la isla Sancta.
-Dice aquí, que no quiso tomar algunos indios por no escandalizar
-la tierra. Del cabo de la Galera á la punta donde tomó el agua, que
-creo que la nombró la Punta de la Playa, dice que, habiendo sido gran
-camino, y corríase leste gueste (debe decir de Levante á Poniente se
-andaba), no habia puerto en todo aquel camino, pero era tierra muy bien
-poblada y labrada, y de muchas aguas y arboledas muy espesas, la cosa
-más hermosa del mundo, y los árboles hasta la mar. Es aquí de saber,
-que cuando los árboles de la tierra llegan hasta la mar, es señal que
-aquella costa de mar no es brava, porque cuando es brava, no hay árbol
-por allí ninguno, escombrado arenal. La corriente surgente, que es la
-que viene de arriba, y la montante, que es la que para arriba sube de
-abajo, dice que parece ser grande. La isla que le queda al Sur, dice
-ser grandísima, porque va ya descubriendo la tierra firme, aunque no
-estimaba sino que isla era. Dice que vino á buscar puerto de luengo
-de la isla de la Trinidad, jueves, 2 dias de Agosto, y llegó hasta el
-Cabo de la isla de la Trinidad, que es una punta, á la cual puso por
-nombre la Punta del Arenal, que está al Poniente; por manera que ya era
-entrado en el Golfo que llamó de la Ballena, donde padeció gran peligro
-de perder todos los navíos, y él aún no sabia que estaba cercado de
-tierra, como se verá. Este Golfo es cosa maravillosa, y peligrosa por
-el rio grandísimo que entra en él, que se llama Yuyaparí, la última
-sílaba luenga, este viene de más de 300 y creo que de 400 leguas, y las
-300 se han ido por él arriba, dello con nao, y dello con bergantines,
-y dello con grandes canoas; y como sea grandísimo el golpe del agua
-que trae siempre, mayormente en este tiempo de Julio y Agosto, en que
-por allí el Almirante andaba, que es tiempo de muchas aguas, como en
-Castilla por Octubre y Noviembre, y así queria naturalmente salir á
-la mar, la mar con su ímpetu grande, de su misma naturaleza, querria
-quebrar en la tierra, y como aquel Golfo esté cercado de tierra
-firme por una parte, y por otra la isla de la Trinidad, y así sea
-estrechísimo para tan impetuoso poder de aguas contrarias, es necesario
-que cuando se junten, haya entre ellas terrible pelea, y peligrosísimo
-para los que allí se hallaren, el combate. Dice aquí que la isla de la
-Trinidad es grande, porque desde el cabo de la Galera hasta la Punta
-del Arenal, donde al presente estaba, dice que habia 35 leguas; digo
-yo que hay más de 45, como verá el que lo quisiere ver por las cartas
-del marear, puesto que no tiene agora aquellos nombres escritos en
-las cartas, porque ya se han olvidado, y verlo hán, considerando el
-camino que el Almirante trujo hasta llegar allí, é por qué parte vido
-la primera tierra della, y de allí dónde fué á parar, y así coligirá
-cual llamó el cabo de la Galera, y cual la Punta del Arenal. No es de
-maravillar que el Almirante no tasase puntualmente las leguas de la
-isla, porque iba bajándola pedazo á pedazo. Mandó salir en esta Punta
-del Arenal y fin de la isla, hácia el Poniente, la gente en tierra
-para que se holgasen y recreasen, porque venian cansados y fatigados,
-los cuales hallaron la tierra muy hollada de venados, aunque ellos
-creian que eran cabras. Este jueves, 2 de Agosto, vino de hácia
-Oriente una gran canoa, en que venian 25 hombres, y llegados á tiro de
-lombarda dejaron de remar, y á voces dijeron muchas palabras; creia
-el Almirante, y yo así lo creo, que preguntarian qué gente eran, así
-como suelen los otros de las Indias, á lo cual respondieron, no con
-palabras, sino mostrándoles ciertas bacinetas de laton, y otras cosas
-lucias, para que se llegasen á la nao, con meneos y señas halagándoles.
-Acercáronse algo, y despues venian arredrados del navío; y, como no
-se quisiesen allegar, mandó el Almirante subir al castillo de popa
-un tamborino, y á los mancebos de la nao que bailasen, creyendo
-agradarles, pero no lo sintieron así, ántes como vieron tañer y bailar,
-tomáronlo por señal de guerra, y como si fuera desafiarlos; dejaron
-todos los remos y echaron mano á sus arcos y flechas, embrazó cada uno
-su tablachina, y comenzaron á tirarles una buena nubada de flechas.
-Visto esto por el Almirante, mandó cesar la fiesta de tañer y bailar, y
-sacar sobre cubierta algunas ballestas, y tirarles con dos ballestas,
-no más de para asombrarlos; los cuales, luego, tiradas las flechas, se
-fueron á una de las dos carabelas, y, de golpe, sin temor, se pusieron
-debajo la popa, y el piloto de la carabela, sin temor tambien alguno,
-se descolgó de la popa abajo, y entróse con ellos en la canoa con
-algunas cosas que les dió; y entre ellas dió un sayo y un bonete á uno
-dellos que parecia hombre principal. Ellos le tornaron en ella, y, como
-en reagradecimiento de lo que les habia dado, por señas, le dijeron
-que se fuese á tierra y que allí le traerian de lo que ellos tenian.
-Él aceptó que iria y ellos se fueron á tierra; el Piloto entró en la
-barca y fué á pedir licencia al Almirante á la nao, y desque vieron que
-no iba derecho á ellos, no lo esperaron más, y así se fueron y nunca
-más el Almirante ni otro los vido. Por haberse así alterado y enojado
-del tamborino y de los bailes, parece que aquello debian de tener entre
-sí por señal de guerra. Díjome un criado del Almirante, que se llamó
-Bernaldo de Ibarra, que vino este viaje allí con él, y me lo dió por
-escrito, y hoy lo tengo de su letra en mi poder, que vino al navío del
-Almirante un señor y Cacique desta isla de la Trinidad, que traia una
-diadema de oro en la cabeza, y váse al Almirante que tenía una gorra
-de carmesí, é hácele acatamiento é besa su diadema, y con la otra
-mano quita la gorra al Almirante y él pónele la diadema, y él puso en
-su cabeza la gorra de carmesí quedando muy rico y muy contento. Dice
-aquel Almirante, que estos todos eran mancebos, y muy bien dispuestos
-y ataviados, aunque no creo que traian mucha seda ni brocado, de lo
-cual, tambien creo que los españoles y el Almirante más se gozaran,
-pero venian ataviados de arcos y flechas y tablachinas; no eran tan
-bazos como otros, ántes más blancos que otros que hobiese visto en
-estas Indias, y de muy buenos gestos y hermosos cuerpos, los cabellos
-largos y llanos, cortados á la guisa de Castilla, traian la cabeza
-atada con un pañezuelo de algodon tejido de labores y colores, el cual
-creia el Almirante que era almaizar; otro destos pañezuelos, dice, que
-traian ceñido, y se cobijaban con él en lugar de pañetes; dice que no
-son negros, puesto que estan cerca de la equinoccial, sino de color
-indio, como todos los otros que ha hallado. Son de muy linda estatura,
-andan desnudos, son belicosos, traen los cabellos muy largos como las
-mujeres en Castilla, traen arcos y flechas con plumas, y al cabo dellas
-un hueso agudo con espina, como un anzuelo, y traen tablachinas, lo que
-hasta aquí no habia visto; y segun de las señas y meneos que hacian,
-dice que, lo pudo comprender, ellos creian que venia el Almirante de la
-parte del Sur, por lo cual juzgaba que á la parte del Sur debia haber
-tierras grandes, y decia bien, pues tan grande es la tierra firme que
-gran parte ocupa del Sur. La templanza desta tierra, dice que es muy
-grande, y muéstralo, segun él, la color de la gente y los cabellos que
-son todos correntios, y el arboleda muy espesa, que en toda parte hay;
-dice que es de creer, que pasada la comarca, 100 leguas al Oeste de
-los Azores, que muchas veces ha dicho que hace mudamiento el cielo, y
-la mar, y la templanza, y esto, dice, es manifiesto, porque aquí donde
-estaba, tan llegado á la equinoccial, cada mañana dice que habia frio,
-y era el sol en Leon. Dice gran verdad, porque yo que escribo esto, he
-estado allí ó cerca de allí, é habia menester ropa las noches y las
-mañanas, en especial por Navidad. Las aguas corrian al Poniente más
-que el rio de Sevilla, crecia y menguaba el agua de la mar 65 pasos
-y más, que en Barrameda, que podian poner á monte carracas; dice que
-aquella corriente va tan recia por ir entre aquellas dos islas, la
-Trinidad y la que llamó Santa, y despues adelante llamó isla de Gracia.
-Y dice isla á tierra firme, porque ya entraba por entrambas, que estan
-apartadas dos leguas, que es como un rio, como parece por la carta;
-hallaron fuentes de las desta Española, y los árboles y las tierras,
-y la templanza del cielo; en esta Española, pocas frutas se hallaron
-de las naturales de la tierra. La templanza mucha más es la de aquella
-tierra que no la desta Española sino es en las minas de Cibao y en
-algunas otras provincias della, como ya arriba queda dicho. Hallaron
-ostias ú ostras muy grandes, pescado infinito, papagayos grandes como
-pollas; dice que en esta tierra y en toda la tierra firme son los
-papagayos mayores que ninguno de los destas islas, y son verdes, la
-color muy clara como blancaza, pero los de las islas son más verdes,
-y color algo más oscuro; tienen todos los de la tierra firme los
-pescuezos de color amarillo como manchas, y las puntas de arriba de las
-alas con manchas coloradas, y algunas plumas amarillas por las mismas
-alas; los de estas islas, ninguna cosa tienen amarilla, los pescuezos
-tienen colorados á manchas; los de esta Española, tienen un poco blanco
-encima del pico; los de Cuba tienen aquello colorado y son más lindos;
-los de la isla de Sant Juan, creo que tiran á los desta isla, y no he
-mirado si tambien los de Jamáica; finalmente, parece que son en algo
-diferentes los de cada isla. En esta tierra firme, donde agora está el
-Almirante, hay una especie de papagayos que creo que no hay en otra
-parte, muy grandes, poco ménos que gallos, todos colorados con algunas
-plumas, en las alas, azules y algunas prietas; estos jamás hablan, no
-tienen otra cosa de que se goce dellos, sino de la vista, en lo demas
-son desgraciados; llámanse por los indios guacamayas: todos los demas
-es cosa maravillosa lo que parlan, si no son los muy chiquitos, que se
-llaman xaxaues, como arriba dijimos.
-
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-
-CAPÍTULO CXXXIV.
-
-
-Estando en esta Punta del Arenal, que es fin de la isla de la Trinidad,
-vido hácia el Norte, cuarta del Nordeste, á distancia de 15 leguas, un
-cabo ó punta de la misma tierra firme y esta fué la que se llama Paria.
-El Almirante, creyendo que era otra isla distinta, púsola nombre la
-isla de Gracia; la cual, dice que va al Oeste, que es el Poniente, y
-que es altísima tierra, y dijo verdad, porque por toda aquella tierra
-firme van grandes cordilleras de sierras muy altas. Sábado, 4 dias de
-Agosto, determina ir á ver la isla de Gracia, y levantó las anclas y
-dió las velas de la dicha Punta del Arenal, donde surgido estaba; y por
-aquella como angostura, por donde entró en el golfo de la Ballena (no
-era más de dos leguas, porque de una parte la Trinidad y de otra la
-tierra firme), salia el agua dulce muy corriente. Vino de hácia la del
-Arenal, de la isla de la Trinidad, una tan gran corriente, por la parte
-del Sur, como pujante avenida (y era del poder grande del rio Yuyaparí
-que al Sur está, y el áun no lo via), con tan grande estruendo y ruido
-que á todos espantó, del cual no pensaron escapar; y como el agua del
-mar resistió, viniendo por el contrario, se levantó la mar, haciendo
-una muy gran loma y muy alta, la cual levantó la nao y púsola encima de
-la loma, cosa que nunca jamás ni oyó ni vido, y al otro navío alzó las
-anclas, que áun debia de tener echadas, y echólo más á la mar, y con
-las velas anduvo hasta que salió de la dicha loma. Plugo á Dios que no
-les hizo daño, dice aquí el Almirante, y, cuando escribió este caso á
-los Reyes, dijo: «Áun hoy en dia tengo el miedo en el cuerpo, que no me
-trabucó la nao cuando llegó debajo della; por este gran peligro puse
-á esta boca nombre, la Boca de la Sierpe.» Llegado á la tierra firme
-que via por aquella parte, y creia que era isla, vido cabe aquel Cabo
-dos isletas en medio de otra boca, que hacen aquel Cabo de la tierra
-firme, el cual llamó cabo Boto por ser grueso y romo, y otro cabo de la
-Trinidad que nombró Boto; la una isleta nombró el Caracol, la otra el
-Delfin. Esta estrechura de la Punta ó cabo de la Punta de Paria, y el
-cabo Boto de la Trinidad, no tiene sino cinco leguas, y están en medio
-las dichas isletas; por la cual estrechura y el ímpetu del gran rio
-Yuyaparí, é las olas procelosas de la mar, hacen esta entrada y salida
-en grande manera peligrosa, y porque el Almirante con trabajo y peligro
-suyo tambien, lo experimentó, llamó aquella entrada angostura la Boca
-del Drago, y así se llama comunmente hoy. Fué de luengo de costa de la
-tierra firme de Paria, quél creia ser isla, y la nombró isla de Gracia,
-hácia la parte del Oeste, á buscar puerto. Desde la Punta del Arenal,
-que es el un cabo de la Trinidad, como se dijo, y está la vuelta del
-Sur, hasta el otro cabo Boto, que es de la misma isla de la Trinidad,
-que está á la mar, dice el Almirante haber 26 grandes leguas, y por
-aquesta parte parece ser el ancho de la dicha isla, y están los dichos
-cabos Norte y Sur. Habia grandes hileros de corrientes, el uno al
-contrario del otro; sobrevenian muchos aguaceros como era el tiempo de
-las aguas, como arriba dijimos. La isla de Gracia es, como está dicho,
-tierra firme, y dice el Almirante que es tierra altísima y toda llena
-de árboles, que llega hasta la mar; esto porque como aquel golfo está
-cercado de tierra, no hay resaca ni olas que quiebren en la tierra
-como donde están descubiertas las playas. Dice que, estando á la punta
-ó cabo della, vido una isla altísima al Nordeste, que estaría dél 26
-leguas, púsole nombre la Bellaforma, porque debia tener de léjos buen
-parecer, pero todo esto es la tierra firme, que como se mudaba con
-los navíos de una parte á otra dentro del golfo, cercado de tierra,
-hacíanse algunas abras que parecian hacer distincion de tierras que
-estuviesen apartadas, y estas llamaba el Almirante islas, porque ansí
-lo juzgaba. Navegó, domingo, 5 de Agosto, cinco leguas de la punta
-del cabo de la Paria, que es el cabo oriental desta isla de Gracia;
-vido muy buenos puertos, juntos unos de otros, y casi toda esta mar
-dice que es puerto, porque está cercada de islas y no hace ola alguna.
-Llamaba islas á las partes que se le abrian de tierra firme, porque no
-hay más de sola la isla de la Trinidad, y tierra firme, que cercan á
-este golfo quél dice agora mar. Envió á tierra las lanchas, y hallaron
-pescado y fuego, y rastro de gente, y una casa grande descubierta; de
-allí anduvo ocho leguas, donde halló puertos buenos. Esta parte desta
-isla de Gracia dice ser tierra altísima y hace muchos valles, y todo
-debe de ser poblado, dice él, porque lo vido todo labrado; los rios
-son muchos, porque cada valle tiene el suyo de legua á legua; hallaron
-muchas frutas y unas como uvas y de buen sabor, y mirabolanos muy
-buenos, y otras como manzanas, y otras, dice, como naranjas y lo de
-dentro es como higos; hallaron infinitos gatos paules; las aguas, dice,
-las mejores que se vieron. Esta isla, dice, es toda llena de puertos,
-esta mar es dulce, puesto que no del todo, sino salobre como la de
-Cartagena; más abajo dice que es dulce como la del rio de Sevilla, y
-esto causaba cuando topaba con alguna hilera del agua de la mar, que
-salobraba la del rio. Navegó á un ancon, lúnes, 6 dias de Agosto, cinco
-leguas, donde salió y vido gente, y vino luego una canoa con cuatro
-hombres á la carabela que estaba más cercana á tierra, y el piloto
-della llamó los indios como que queria ir á tierra con ellos, y, en
-allegando y entrando, anególes la canoa, y ellos andando nadando,
-cogió y trújolos al Almirante. Dice que son de la color de todos los
-otros de las Indias; traen dellos los cabellos muy largos, otros así
-como nosotros, ninguno hay tresquilado como en la Española y en las
-otras tierras. Son de muy linda estatura, y todos sobrecrecidos;
-traen el miembro genital atado y cubierto, y las mujeres van todas
-desnudas, como sus madres las parieron. Esto dice el Almirante, pero
-yo he estado, como arriba dije, cerca de aquella tierra, 30 leguas,
-pero nunca vide que las mujeres no tuviesen sus vergüenzas, al ménos,
-cubiertas; debe de querer decir el Almirante, que andaban como sus
-madres las parieron cuanto á lo demas del cuerpo. Estos indios, dice
-el Almirante, luego que aquí fueron, diles cascabeles y cuentas, y
-azúcar, y los invié á tierra, á donde estaba dellos una gran batalla,
-y despues que supieron el buen tratamiento todos querian venir á los
-navíos; vinieron los que tenian canoas, y fueron muchos, y á todos
-se les hizo buen acogimiento, y se les mostró amorosa conversacion,
-dándoles de las cosas que les agradaban; preguntábales el Almirante,
-y ellos respondian, pero no se entendian; trujéronles pan y agua, y
-unos brebajes, como vino verde; andan muy ataviados de arcos, flechas
-y tablachinas y las flechas traen casi todos con hierba. Mártes, 7 de
-Agosto, vinieron infinitos indios por mar y por tierra, y todos traian
-de su pan y maíz, y cosas de comer, y cántaros de brebaje, dello blanco
-como leche, de sabor de vino; dello verde, y dello de color colorado;
-cree que todo sea de frutas. Lo más ó todo hacen de maíz, sino que
-el maíz es blanco y morado y colorado, de aquí viene ser el vino de
-diversas colores; el verde, no sé de qué se haga. Traian todos sus
-arcos y flechas con hierba, muy á punto; no se daban nada por cuentas,
-dieran cuanto tuvieran por cascabeles, y otra cosa no demandaban.
-Hacian mucho por el laton; esto es cierto que lo estimaban mucho, y
-daban en esta Española por un poco de laton cuanto les pidieran de
-oro, que tuvieran, y así creo que fué siempre en todas estas Indias,
-á los principios; llamábanlo turey, cuasi venido del cielo, porque al
-cielo llamaban tureyro; hallan en él no se qué olor que á ellos mucho
-les agrada. Aquí dice ahora el Almirante que todo cuanto les daban, de
-Castilla, lo olian luego que se lo daban. Trajeron papagayos de dos
-ó tres maneras, en especial de los muy grandes que hay en la isla de
-Guadalupe, dice él, con la cola larga; trajeron pañizuelos de algodon
-muy labrados y tejidos, con colores y labores como los llevan de
-Guinea, de los rios á la Sierra Leona, sin diferencia, y dice que no
-debe comunicar con aquellos, porque hay de aquí donde él agora está,
-allá, más de 800 leguas; abajo dice que parecen almayzares.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXV.
-
-
-Deseaba, dice, tomar media docena de indios para llevar consigo, y
-dice que no pudo tomarlos, porque se fueron todos de los navíos ántes
-que anocheciese; pero mártes, luego, 8 de Agosto, vino una canoa con
-12 hombres á la carabela, y tomáronlos todos, y trajéronlos á la nao
-del Almirante, y dellos escogió seis y los otros seis invió á tierra;
-esto parece que lo hacia el Almirante sin escrúpulo, como otras muchas
-veces en el primer viaje lo hizo, no le pareciendo que era injusticia
-y ofensa de Dios y del prójimo, llevar los hombres libres contra su
-voluntad, quitando los padres á los hijos, y las mujeres á sus maridos,
-y que segun ley natural estaban casados, y que ellas otros, ni otras
-ellos, podian tomar sin pecar y quizá mortalmente, de lo cual era el
-Almirante causa eficaz; y otra circunstancia, que venian á los navíos
-aquellos so tácita seguridad y confianza prometida, la cual les debian
-guardar, allende el escándalo y aborrecimiento de los cristianos,
-que se podia seguir, no sólo en los de allí, pero de toda la tierra
-y gentes que lo supiesen. Dió luego la vela hácia una punta que dice
-del Aguja, el cual nombre no dice cuando le puso, y de allí, dice, que
-descubrió las más hermosas tierras que hayan visto y las más pobladas,
-y, en llegando á un lugar, al cual por su hermosura llamó Jardines,
-donde habia infinitas casas y gentes, los que habia tomado dijéronle
-que habia gente vestida, por lo cual acordó de surgir, y vinieron á los
-navíos infinitas canoas. Estas son sus palabras. Cada uno, dice, que
-traia su pañezuelo tan labrado de colores, que parecia un almayzar,
-con uno atada la cabeza, y con el otro cubrian lo demas, como ya se
-ha tocado; destas gentes que hoy vinieron á los navíos, algunos,
-dice, que traian algunas hojas de oro al pescuezo, y uno de aquellos
-indios que habia tomado le dijo que por allí habia mucho oro, y que
-hacian dello espejos grandes, y mostraba como lo cogian; dice espejos,
-porque debia dar el Almirante algunos espejos, y por señas debia el
-indio decir que del oro hacian de aquellos, no porque les entendiesen
-palabra. Dice que, porque andaba por allí de corrida, porque se le
-perdian los bastimentos que tanto trabajo alcanzar le habian costado,
-y esta isla Española estaba más de 300 leguas de allí, no se detenia,
-lo cual mucho él quisiera por descubrir mucha más tierra, y dice que
-todo es lleno de islas, y muy hermosas, y muy pobladas, y tierras muy
-grandes; la gente muy más política que la desta Española y guerreros,
-y casas hermosas. Si el Almirante hobiera visto el reino de Xaraguá
-como su hermano el Adelantado, y la corte del rey Behechio alguna
-excepcion hiciera en esto. Llegando á la Punta de la Aguja, dice que
-vido otra isla al Sur, 15 leguas, que iba al Sueste Norueste, muy
-grande, y tierra muy alta y llamóla Sabeta, y en la tarde vido otra al
-Poniente, tierra muy alta; todas estas islas entiendo ser pedazos de
-la tierra firme, por las abras y valles que se abrian, que parecian
-islas distintas, como quiera que él anduviese todavía por dentro del
-golfo que llamó de la Ballena, cercado, como dicho es, de tierra; y
-esto parece claro, porque estando como estaba dentro del dicho golfo
-ninguna tierra tenia al Sur, sino la tierra firme, luego las islas que
-decia no eran islas, sino pedazos de la misma tierra firme, que juzgaba
-ser islas. Surgió adonde llamó los Jardines, y luego vinieron infinitas
-canoas, grandes y pequeñas, llenas de gente, segun dice. Despues, á la
-tarde, vinieron más de toda la comarca, muchos de los cuales traian al
-pescuezo piezas de oro de hechura de herraduras; pareció que lo tenian
-en mucho, pero todo lo dieran, dice, por cascabeles y no los llevaba, y
-fué cosa esta de notar que un hombre tan proveido como el Almirante, y
-teniendo voluntad de venir á descubrir, no trujese rescates de diversas
-maneras, como trujo el primer viaje: todavía hobo alguno dellos, y era
-muy bajo que parescia sobredorado. Decian, segun podian entender por
-señas, que habia por allí algunas islas, donde habia mucho de aquel
-oro, pero que la gente eran caníbales, y dice aquí el Almirante, que
-este vocablo caníbales, tenian todos por allí por causa de enemistad,
-ó quizá porque no querian que fuesen allá los cristianos, sino que
-se estuviesen allí toda su vida. Vieron los cristianos á un indio un
-grano de oro tan grande como una manzana. Vinieron otra vez infinitas
-canoas cargadas de gente, y todos traian oro y collares, y cuentas de
-infinitas maneras, y atados los pañezuelos á las cabezas que les tienen
-los cabellos, y bien cortados, y paréceles muy bien; llovió mucho, y
-por eso cesaban gentes de ir y venir. Vinieron unas mujeres que traian
-en los brazos sartales de contezuelas, y entre ellas perlas ó aljófar,
-finísimas, no como las coloradas que se hallaron en las islas de
-Babueca; rescatáronse aquellas, y dice que las inviaria á Sus Altezas.
-Nunca supe destas perlas que se hallaron en las islas de Babueca, que
-son cerca del Puerto de Plata, en esta Española, y estas más son bajos
-debajo del agua, que no islas, que hacen harto daño á los navíos que
-por allí pasan, si no están sobre el aviso, y así tienen título Abre el
-Ojo. Preguntó el Almirante á los indios dónde las hallaban ó pescaban,
-y mostráronle de las nácaras donde nacen, y respondiéronle, por bien
-claras señas, que nacian y se cogian hácia el Poniente detras de
-aquella isla, que era el cabo de la playa de la Punta de Paria y tierra
-firme, que creia ser isla; y decian verdad, que 25 ó 30 leguas de allí,
-hácia el Poniente, está la isla de Cubagua, de que luego se dirá,
-donde las cogian. Envió las barcas á tierra para saber si habia cosa
-nueva que no hubiesen visto, y hallaron la gente tan tratable, dice el
-Almirante, que, «aunque los marineros no iban con propósito de salir
-en tierra, pero vinieron dos personas principales con todo el pueblo
-y les hicieron salir; llegaron á una casa grande, hecha á dos aguas,
-y no redonda, como tienda de campo, de la manera que son las de las
-islas, donde los recibieron muy bien y les hicieron fiesta y les dieron
-colacion, pan y frutas de muchas maneras, y el beber fué un brevaje
-blanco que tienen en gran precio, de que todos estos dias trujeron
-allí, y hay dello tinto, y mejor uno que otro, como entre nosotros el
-vino. Los hombres todos estaban juntos á un cabo de la casa, y las
-mujeres á otro. Recibida la colacion en aquella casa del más viejo,
-llevóles el más mozo á otra casa é hizo otro tanto; pareció que el uno
-debia ser el Cacique y señor, y el otro debia ser su hijo; despues se
-volvieron los marineros á las barcas, y con ellas á los navíos muy
-contentos desta gente.» Estas todas son palabras del Almirante. Dice
-más: «ellos son de muy linda estatura, y todos grandes á una mano,
-y más blanca gente que otra que hobiese visto en estas islas, y que
-ayer vido muchos tan blancos como nosotros, y mejores cabellos y bien
-cortados, y de muy buena conversacion; las tierras, en el mundo, no
-pueden ser más verdes y hermosas y pobladas; la templanza, otra tal,
-que desque estoy en esta isla, dice él, hé cada mañana frio, digo,
-para ropon enforrado, bien que esté tan cerca de la línea equinoccial;
-la mar todavía dulce; á la isla llaman Paria.» Todas son palabras del
-Almirante. Llama isla á tierra firme todavía, porque así lo creia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXVI.
-
-
-Viérnes, 10 de Agosto, mandó dar las velas y fué al Poniente de la
-que pensaba ser isla, y anduvo cinco leguas y surgió; por temor de no
-hallar fondo, andaba á buscar boca por donde saliese de aquel golfo,
-dentro del cual andaba cercado de tierra firme y de islas, aunque él
-no creia ser tierra firme, y dice que es cierto que aquella era isla,
-que así lo decian los indios y así parece que no los entendian. De allí
-vido otra isla frontero al Sur, á la cual llamó Isabela, que va del
-Sueste á Norueste, despues otra que llamó la Tramontana, tierra alta y
-muy hermosa, y parecia que iba de Norte á Sur, parecia muy grande; todo
-esto era tierra firme. Decíanle los indios que él habia tomado, á lo
-quél entendia, que la gente de allí eran caníbales, y que allí habia ó
-nascia el oro, y las perlas de la parte del Norte de Paria, la vía del
-Poniente, se pescaban y habian habido las que al Almirante dieron. El
-agua de aquella mar era tan dulce, dice, como la del rio de Sevilla,
-y así turbia. Quisiera ir á aquellas islas, sino por no volver atras,
-por la prisa que tenia que se le perdian los bastimentos que llevaba
-para los cristianos de la Española, que con tanto trabajo, dificultad
-y gran fatiga los habia alcanzado; y, como cosa en que padeció grandes
-aflicciones, repite esto de estos bastimentos muchas veces. Dice,
-que cree que en aquellas islas que habia visto debe haber cosas de
-valor, porque todas son grandes y tierras altas, y valles y llanos, y
-de muchas aguas, y muy labradas, y pobladas, y la gente de muy buena
-conversacion, así como lo muestran sus gestos. Estas son palabras del
-Almirante. Dice tambien, que si las perlas nacen como dice Plinio del
-rocío que cae en las ostias que están abiertas, allí mucha razon hay
-para las haber, porque allí cae mucha rociada y hay infinitísimas
-ostias y muy grandes, y porque allí no hace tormenta, sino la mar esta
-siempre sosegada, señal de lo cual es haber los árboles hasta entrar
-en la mar, que muestran nunca entrar allí tormenta, y cada rama de
-los árboles que entran (y están tambien ciertas raíces de árboles
-en la mar, que, segun la lengua desta Española, se llaman mangles),
-estaban llenos de infinitas ostias, y tirando de una rama sale llena
-de ostias á ella pegadas; son blancas de dentro y el pescado dellas, y
-muy sabrosas, y no saladas sino dulces y que han menester alguna sal,
-y dice que no sabe si nacen en nácaras; donde quiera que nazcan, son,
-dice, finísimas, y las horadan como dentro, en Venecia; á esto que dice
-el Almirante que están llenas las ramas de ostias por allí, decimos que
-no son aquellas ostias que él vido, y están por aquellas ramas fuera de
-la mar y un poco dentro en el agua, las que crian las perlas, sino de
-otra especie, porque las que paren las perlas más cuidado tienen, por
-su natural instinto, de se esconder cuanto más bajo del agua pueden,
-que aquellas que vido en las ramas. Tomada ocasion desto que dice aquí
-el Almirante, quiero mezclar un poco de los secretos naturales que hay
-cerca del criar ó nacer de las perlas, lo que no creo que será á los
-leyentes desagradable; las perlas de que hablamos, en latin se llaman
-propiamente margaritas, porque se hallan en las conchas de la mar,
-segun dice Sant Isidro, libro XVI, cap. 10 de las «Ethimologías,» y es
-la primera y más principal de las piedras preciosas que son blancas, y
-las más blancas son las más finas y ménos rubias.
-
-Engéndranse desta manera: En ciertos tiempos del año, cuando tienen
-la inclinacion y apetito de concebir, sálense á la playa y ábrense, y
-allí esperan el rocío del cielo, cuasi como si esperasen y deseasen
-su marido; reciben aquel rocío del cual conciben y se empreñan, y
-tales producen sus hijos, que son las perlas ó margaritas, cual fuere
-la calidad del rocío; si puro fuere, nascen las perlas blancas,
-si fuere turbio, salen pardas ó escuras, y de aquí, dice Plinio y
-Solino, se colije tener el cielo más parte en este concebimiento que
-el agua de la mar tiene. Cuanto más el rocío fuere del alba ó de
-la mañana, tanto más blancas salen ellas, y cuanto más á la tarde ó
-noche llegaren á recebirlo, tanto más serán escuras; la edad tambien
-mucho ayuda á la blancura: cuanto más viejas fueren, tanto ménos
-blancas, y tanto más blancas, cuanto las conchas fueren más mozas ó
-más nuevas, y cuanto mayor cantidad de rocío recibieren, tanto mayor
-ternán la grandeza. Nunca mayores se dice hallarse que pesen más de
-media onza, ni pase de media nuez su medida; tienen las conchas tal
-sentido, naturalmente, que siempre temen no salgan maculadas sus
-perlas, y por tanto, cuando hace sol recio, porque no salgan negras
-ó rubias ó pardillas, ó su blancor en alguna manera se amancille,
-vánse al profundo huyendo del calor del sol cuanto más pueden; si
-hace relámpagos ó truena ántes que las conchas estén cerradas y del
-todo estén las perlas formadas, súbitamente, de temor, se afligen y
-aprietan y malparen, ó del todo echándolas de sí ó saliendo al cabo
-las perlas imperfectas y muy chiquitas. En el agua están las perlas
-tiernas, y sacadas de la ostia se endurecen; temen mucho las conchas
-la diligencia é instrumentos de los pescadores, y por eso se afijan
-y apegan y esconden siempre dentro de las más ásperas peñas; andan ó
-nadan en compañia, y tienen su rey como las abejas, segun dice Plinio
-y Solino, y otros filósofos. El rey ó guiador dellas es la mas vieja y
-la mayor; presa la guiadora ó guiadoras que van delante, fácilmente las
-demás con las redes son presas, y si se escapan algunas, á sus comarcas
-se vuelven. Desto dice Megastenes, filósofo: _Conchas in quibus
-margaritæ el uniones gignuntur retibus capi gregatimque multas veluti
-apes depasci, regemque suum habere. Ac si contingat regem comprehendi
-á piscatoribus, eas protinus circumfundi nec vim effugere: fugiente
-rege et ipsas effugere._ Cuando una sola perla se halla en la ostia
-es mas fina, y por esto se llama _unio_, y nunca se hallan dos juntas
-de aquella especie y excelencia; cuando muchas, no son uniones, sino
-gemas ó margaritas, pero no dejan de ser preciosas si son blancas, y
-redondas y pesadas, y mas preciosas si de sí mesmas son horadadas.
-Crecen y descrecen con la luna miéntras están vivas en las conchas;
-nacen dentro de la pulpa de la carne y debajo, y en cualquiera parte
-de la ostia; cuando la concha siente la mano de la persona, luego se
-encoge y cubre cuanto puede de sus riquezas, y porque siente que por
-ellas le tocan, apriétase cuanto puede, lastima y muerde. La virtud
-dellas es, que confortan los espíritus, y para restriñir el flujo de
-sangre y contra el flujo lientérico, y contra cardiaca, y sincopin
-y contra diaria; nacen las mejores en las Indias, y, no tales, en
-Bretaña, que es agora Inglaterra, y por haberlas tomó ocasion Julio
-César de pasar á ella, y por tiranía y violencia sojuzgarla. Todas las
-cosas dichas son sacadas de Fisiólogo, de Arnoldo, de Megastenes, de
-Plinio, lib. VI, cap. 35; de Solino, cap. 16 de su Polistor; de Sant
-Isidro, lib. XVI, cap. 10; de Alberto el Magno, lib. II, cap. 2.º _De
-mineralibus_; del Vincencio, _Speculo natural_, lib. IX, capítulos
-81 y 82, y del libro _De propietatibus rerum_, lib. XVI, cap. 62; y
-lo que dice postrero de Julio César, refiérelo Suetonio, en la vida
-del mismo Julio César, cap. 47, _Britanniam petisse spe margaritarum,
-quarum complitudinem conferentem interdum sua manu egisse pondus_.
-Algunos hay que duden, modernos, empero, y no de mucha auctoridad,
-criarse las perlas del rocío del cielo, como arriba se ha dicho,
-diciendo ser mas fábula que verdad; pero ni dan razon en contrario,
-ni asignan la causa de donde tengan orígen las perlas ó margaritas,
-y por tanto parece temeridad refragar sentencia de tantos y tales
-autores, que tan diligentes y solícitos fueron en inquirir é manifestar
-los secretos de la naturaleza. Pudieran, los que no admiten que del
-rocío se crien las perlas, asignar algunas causas naturales de donde
-pudiesen proceder; y es una, poderse criar en las mismas conchas por
-virtud de algun lugar, en el cual impriman los cuerpos celestiales
-virtud mineral y de la misma agua de la mar, de la manera que se
-crian las otras piedras preciosas y comunes. Para entendimiento desto
-débese saber, segun Alberto Magno en el lib. I, capítulos 7.º, 8.º y
-9.º, que las estrellas, por su cantidad y su lumbre, y por su sitio y
-por su movimiento, mueven y ordenan el mundo, segun toda materia y
-todo lugar, de las cosas que se engendran y corrompen. Esta virtud,
-así determinada, de las estrellas, se infunde y derrama en el lugar
-de la generacion de cada cosa que se engendra; el lugar recibe las
-virtudes de las estrellas, cuasi como la matriz ó la madre, que dicen,
-de las mujeres, rescibe la virtud formativa del embrion. Embrion es
-la criatura que tiene la hembra en el vientre, luego que comienza á
-vivir ántes que tenga la figura señalada de macho ó de hembra, segun
-su especie, y puédese decir, que es el parto crudo é imperfecto que
-la hembra tiene en el vientre; de aquí es que, segun los filósofos,
-el lugar es principio activo de la generacion. Esta virtud de las
-estrellas no en todas partes es una, ni es igual en todos los lugares,
-que sea tierra ó que sea agua, porque en unos lugares se influye y
-derrama más que en otros indiferentemente, como parece, que en unos
-se crian leones y no elefantes y en otros elefantes y no leones, y
-en unos oro y en otros plata y por el contrario; por esta manera, en
-unos lugares se halla virtud mineral para engendrar perlas y piedras
-preciosas, ó de las otras comunes, y en otras no, como es manifiesto.
-La virtud, pues, determinada á la generacion de las piedras en materia
-terrestre ó en materia de agua, es en la cual concurren todos los
-lugares, en los cuales las piedras se engendran; y así como en los
-animales que son engendrados de putrefaccion ó pudrimento y cosas
-podridas, como los ratones, segun la materia que se trata en el libro
-IV de los «Metauros,» las estrellas infunden su virtud vivificativa que
-les dá vida, por esta manera acaesce en la materia de que se engendran
-las piedras, sea agua ó sea tierra, se les infunde virtud formativa
-ó lapidificativa. Obra por esta manera la dicha virtud, conviene á
-saber, que así como los elementos se trasmutan ó traspasan unos en
-otros, como cuando la tierra convierte al agua en sí para que sea
-tierra, lo primero que se hace es, que la virtud de la tierra entra en
-la sustancia del agua, y altérala, y lo segundo, cuasi señoreándose
-de ella, tiénela, y entónces comienza el agua á estar queda y ponerse
-términos, como encogiéndose y embebiéndose, y hasta entónces no
-pierde su perspicuidad ó clareza, ó traslucimiento, pero de allí vá
-corrompiéndose, y así se hace tierra que ya rescibe las calidades de
-la tierra, que son, ser opaca ó espesa, y escura y seca, lo mismo es
-de los otros elementos. Por esta misma manera acaece de la virtud
-lapidificativa cuando se infunde en algun lugar, sea agua ó sea tierra,
-porque la materia agua ó tierra que la dicha virtud toca, primeramente
-la altera, y lo segundo señoréala y tiénela, y despues que la tiene y
-vence señoreándola, conviértela en piedra; por esta manera se pueden
-engendrar y criar las margaritas, uniones y perlas sin ser de rocío,
-como los autores nombrados dicen, que dentro de las ostias, ó en la
-misma peña, ó en el arena, ó en aquellos lugares donde las conchas
-se apacientan, infundan virtud, que comunmente se llama mineral, las
-estrellas; que la misma agua de la mar, ó alguna cosa que las mismas
-ostias coman para su mantenimiento altere y entre en la sustancia
-de aquella, y detenga y venza y señoree, y al cabo la convierta en
-margarita ó perla, porque como Platon dice, y Alberto, donde arriba en
-el cap. 5.º, lo alega, que, segun los méritos y disposicion de cada
-materia, se influyen las virtudes celestiales que obran las cosas de
-naturaleza, _secundum merita (inquit) materiæ infunduntur virtutes
-cœœœlestes quæ res naturæ operantur_, ó tambien la misma agua de la
-mar suele tener tal virtud, en sólo aquel lugar y comarca, que dentro
-de las ostias, de sus mismas gotas ó de otras cosas que en ellas haya,
-engendre las perlas. Y la señal desto Alberto Magno allí refiere,
-que hay algunas aguas, por la virtud mineral que aquel lugar donde
-corren contiene, tan fuertes, que corriendo por tales materias se
-embeben en las cosas minerales, ó que tienen vecindad con ellas, por
-lo cual el agua misma y las cosas que están en ella se convierten en
-piedras más presto ó más tarde, segun que es más fuerte ó más débil la
-virtud que forma las piedras, ó lapidificativa; pero si aquella misma
-agua la sacan de aquel lugar y la echan en otro, no se convertirá
-en piedras: la causa es, porque como esté fuera del lugar donde hay
-virtud mineral, evapórase y corrómpese, así como cualquiera otra cosa
-se corrompe estando fuera del lugar de su propia generacion. Por esta
-manera, dice Alberto allí, en el cap. 7.º, haberse experimentado en los
-montes Pirineos, que dividen á España de Francia, ser algunos lugares
-en los cuales el agua lluvia que cae se convierte en piedras, y si la
-misma lluvia cae ó echan en otro lugar, fuera de aquellos, quédase
-en agua como era. Por la misma razon hay algunas plantas y palos que
-están dentro de algunas aguas ó mares que se convierten en piedras,
-quedándoles la figura de palos ó de plantas, y algunas veces las
-plantas y arbolillos nascidas dentro de la mar son tan vecinas de la
-naturaleza de las piedras, que un poco secas al aire, se convierten en
-piedras; y la señal desto es bien manifiesto en el coral, el cual, sin
-duda ninguna, se engendra de palillos y plantas que están dentro de la
-mar. Plinio, en el libro XXXI, cap. 2.º, pone haber una fuente en Asia
-la Menor, que regando la tierra con su agua la torna piedra, y un rio,
-que los árboles con sus hojas hacia lo mismo. Ésto no puede en alguna
-manera ser sino por la virtud mineral en aquella tierra ó piedras ó
-peñas que están dentro del agua ó en la misma mar, como tambien vemos
-en sierras muy altas, que siempre hay perpétuas nieves, y en ellas
-se engendra el cristal, lo cual no seria posible, si no fuese por la
-virtud mineral que allí las estrellas infunden y derraman; desto, algo
-dejamos ya dicho arriba. Así que no es cosa imposible criarse las
-perlas en aquella mar sin rocío, de la manera que es dicha de suso. Las
-perlas que aquí el Almirante hobo se criaban y crian en la mar de una
-isleta, y al derredor della, que se llama Cubagua, que no tiene agua
-dulce, sino estéril y seca, y en toda ella habrá obra de dos leguas
-de tierra inhabitable, puesto que las perlas la hicieron habitada con
-más de 50 vecinos, españoles; miéntras duraron, iban por el agua siete
-leguas de allí, á la tierra firme. Dista esta isleta, de donde el
-Almirante agora andaba, 50 leguas abajo al Poniente; podia ser que allí
-en aquel golfo de la Ballena, por donde andaba, ó en la mar allegada á
-la Trinidad, ó á la tierra firme, que llamaba isla de Gracia, hobiese
-quizá algunas perlas, pero parece que no, pues los indios señalaban
-que al Poniente las cogian. Yo estuve en la dicha isleta y vide las
-conchas, y en ellas las perlas que tenian debajo de la carne; no era
-uniones sino margaritas, porque tenian cuatro ó cinco juntas, unas
-grandes y otras chicas; las ostias son del tamaño que las de Castilla,
-y la carne ó pescado dellas la misma, bien sabrosa: yo comí hartas de
-ellas. Adelante, placiendo á Dios, en el libro IV se dirá más desta
-isleta de Cubagua, y de las perlas, y lo que en ella en los tiempos
-pasados se ha hecho y ha acaecido.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXVII.
-
-
-Tornando á donde quedó el hilo de la historia, en este paso hace
-mencion el Almirante de muchas puntas de tierra é islas, é nombres que
-les habia puesto, pero no parece cuando, y en esto y en otras cosas
-que hay en sus Itinerarios, parece ser natural de otra lengua, porque
-no penetra del todo la significacion de los vocablos de la lengua
-castellana, ni del modo de hablar della; hace mencion aquí de la Punta
-Seca, de la isla Isabela, de la isla Tramontana, de la Punta Llana,
-de la Punta Sara, suponiéndolas, empero ninguna cosa ha dicho dellas,
-ó de alguna dellas. Dice que toda aquella mar es dulce, y que no sabe
-de donde proceda, porque no parecia haber disposicion de grandes rios
-(y que los hobiese, dice, que no dejaria de ser maravilla), pero
-engañábase en pensar que no habia rios, porque aquel rio Yuyaparí era
-tan caudal y poderoso, como está dicho, y otros que salen por allí.
-Deseando ya salir deste golfo de la Ballena, donde andaba cercado de
-tierra firme y de la Trinidad, como dicho queda, navegando al Poniente
-por aquella costa de tierra firme, que él llamaba de Gracia, hácia
-la Punta Seca, que no dice donde era, halló dos brazos de agua no
-más; envió la carabela pequeña para ver si habia salida al Norte,
-porque, frontero de la tierra firme y de la otra que llamó Isabela,
-al Poniente, parecia una isla muy alta y hermosa; volvió la carabela,
-y dijo que halló un golfo grande y en él cuatro grandes aberturas que
-parecian golfos pequeños, y á cabo de cada uno un rio. Á este golfo
-puso nombre Golfo de las Perlas, aunque no hay, creo yo, ninguna.
-Esto parece que era al rincon de todo este golfo grande, donde andaba
-el Almirante cercado de la tierra firme y de la isla de la Trinidad;
-aquellas cuatro abras ó oberturas, creia el Almirante que eran cuatro
-islas, y que no parecia que hobiese señal de rio que hiciese todo
-aquel golfo, de más de 40 leguas de mar todo dulce; pero los marineros
-afirmaban que aquellas aberturas eran bocas de rio, y decian verdad,
-al ménos en las dos, porque por la una salia el gran rio Yuyaparí,
-y por la otra sale otro grande que hoy se llama el rio de Camarí.
-Quisiera en gran manera el Almirante ver la verdad de este secreto,
-cual era la causa de haber 40 leguas en luengo y 26 de ancho, como
-tiene el dicho golfo, de agua dulce, lo cual, dice él, era cosa de
-admiracion, y razon, cierto, tenia; y tambien por penetrar los secretos
-de aquellas tierras, que no creia ser posible que no tuviesen cosas de
-valor, ó que no las habia en las Indias, mayormente habiendo hallado
-allí muestra de oro y de perlas, y las nuevas dellas, y descubierto
-tales tierras y tantas y tales gentes en ellas, por lo cual fácilmente
-las cosas dellas, y riquezas que habia se supieran; pero porque los
-mantenimientos que llevaba para la gente que estaba en esta Española,
-y la que traia para que comiesen en las minas, cogiendo oro, se le
-perdian, los cuales habia alcanzado con gran dificultad y fatiga, no
-le dejaban detenerse, y dice que, si tuviera esperanza de haber otros
-tan presto, todos los pospusiera, por descubrir más tierras y ver
-los secretos dellas. Y al fin acuerda seguir lo más cierto, y venir
-á esta isla y enviar della dineros á Castilla para traer bastimentos
-y gente á sueldo, y lo más presto que pudiese enviar tambien á su
-hermano el Adelantado á proseguir su descubrimiento y hallar grandes
-cosas, como esperaba que se hallarian, por servir á Nuestro señor y á
-los Reyes; pero al mejor tiempo se le cortó el hilo, como parescerá,
-destos sus buenos deseos, y dice así: «Nuestro Señor me guie por su
-piedad y me depare cosa con que él sea servido y Vuestras Altezas hayan
-mucho placer; y, cierto, débenlo de haber, porque acá tienen cosa tan
-notable y real para grandes Príncipes, y es gran yerro creer á quien
-les dice mal desta empresa, salvo aborrecerles, porque no se halla que
-Príncipe haya habido tanta gracia de Nuestro Señor, ni tanta victoria
-de cosa tan señalada, y dé tanta honra á su alto Estado y reinos, y
-por donde pueda recibir Dios eterno más servicios, y la gente de España
-más refrigerio y ganancias, que visto está que hay infinitas cosas de
-valor, y bien que agora no se conozca esto que yo digo, verná tiempo
-que se contará por grande excelencia, y á grande vituperio de las
-personas que á Vuestras Altezas son contra esto, que bien que hayan
-gastado algo en ello, ha sido en cosa más noble y de mayor estado que
-haya sido cosa de otro Príncipe hasta agora, ni era de se quitar de
-ella secamente, salvo proceder y darme ayuda y favor, porque los reyes
-de Portugal gastaron y tuvieron corazon para gastar en Guinea, fasta
-cuatro ó cinco años, dineros y gente, primero que recibiesen provecho,
-y despues les deparó Dios ganancias y oro. Que, cierto, si se cuenta la
-gente del reino de Portugal y las personas de los que son muertos en
-esta empresa de Guinea, se fallaria que son más de la mitad del reino;
-y, cierto, fuera grandísima grandeza atajar una renta en España, que
-se gastase en esta empresa, que ninguna cosa dejaran Vuestras Altezas
-de mayor memoria, y miren en ello; y que ningun Príncipe de Castilla
-se halla, ó yo no he hallado por escrito ni por palabra, que haya
-ganado jamás tierra alguna fuera de España, y Vuestras Altezas ganaron
-estas tierras que son otro mundo, y adonde habrá la cristiandad tanto
-placer, y nuestra fé, por tiempo, tanto acrecentamiento. Todo esto
-digo con muy sana intincion, y porque deseo que Vuestras Altezas sean
-los mayores señores del mundo, digo señores de todo él; y sea todo con
-mucho servicio y contentamiento de la Santísima Trinidad, porque en fin
-de sus dias hayan la gloria del Paraíso, y no por lo que á mí propio
-toca, que espero en su alta Majestad, que Vuestras Altezas presto
-verán la verdad dello, y cual es mi cudicia.» Todas estas son palabras
-formales del Almirante, sobre las cuales habria mucho que hablar,
-pero en breve quiero anotar algunas cosas: lo primero, es manifiesto
-la buena intincion que siempre tuvo el Almirante, para con Dios y con
-los Reyes, y con cuanta simplicidad de ello hablaba, y creo para mí
-que algo y mucho excedió en la intencion de agradarles á los Reyes,
-y por esta ser nimia demasiada no se agradó mucho Dios; y él mismo lo
-confiesa en una carta que escribió á los Reyes y á otras personas, que
-dice así: «Torno á decir con juramento, que yo he puesto más diligencia
-á servir á Vuestras Altezas, que no á ganar el Paraíso.» Estas son sus
-palabras. Lo segundo, se debe notar, que cerca de lo que dice aquí el
-Almirante, ser cosa real y notable estas tierras y riquezas dellas que
-habia descubierto, ciertamente, para encarecer la grandeza y dignidad
-destas cosas de las Indias, que Dios puso en manos de los Reyes de
-Castilla, necesario fuera tener la elocuencia y eficacia de Demóstenes,
-y para escribirlo, la mano de Ciceron; un orbe tantos siglos escondido,
-amplísimo y longuísimo, tan lleno y rebosante de inmensas y quietas
-gentes, todo él á una mano, felicísimas, fertilísimas, sanísimas y
-riquísimas tierras, ¿quién lo podrá explicar, loar y dar á entender?
-Lo tercero, que haya sido especial gracia y don señalado de Dios, y no
-comparable á cualquiera concedido á los Reyes de Castilla para grande
-honra suya y favor, y engrandecimiento de su alto Estado y reinos,
-como el Almirante dice, mayor suficiencia que la dicha se requiere
-para lo saber engrandecer, y esto, porque por disposicion divina
-fueron elegidos, más que otros ningunos Reyes, para ser ministros
-medianeros de los mayores servicios que Reyes cristianos á Dios eterno
-jamás hicieron. Desto se sigue lo cuarto que notarse debe; la razon
-que tuvieron de se alegrar y haber mucho placer, como el Almirante
-dice, y yo añido, que tienen estrechísima obligacion de referir por
-ello inmensos loores y gracias á Dios. Lo quinto es, que se note cuan
-indiscretamente se habian con los Reyes, y cuanto les deservian los que
-á Sus Altezas disuadian, por unos pocos de gastos que se hacian, que se
-dejasen desta empresa, pues habiendo parecido tierras tan grandes y tan
-felices, y que habian dado muestra de oro, no chica, y de temporales
-riquezas, mayormente no habiendo experimentado más de lo desta isla,
-debieran creer y áun tener por cierto, que en tantos reinos grandes
-bienes haber podria; y ciertamente, no ménos insensibles parece que
-eran, y que no les rebosaba mucho el cuidado, de la dilatacion de la
-fe por estas tierras y gentes dellas, ni su celo, pues no tenian el
-ojo á otro hito sino á que gastaban los Reyes y no recibian provecho,
-faltándoles consideracion de aquestas tierras y gentes, no para
-esquilmar el oro y riquezas temporales dellas, sino para divulgar
-el divino nombre, y convertir todas estas racionales ánimas de que
-están llenas, y las habia puesto Dios y su Iglesia en las manos de
-los católicos Reyes, y esto bien lo sentia y lloraba el Almirante.
-Y con razon, de los tales émulos tenia grande queja, y, como aquel
-que tantos sudores y trabajos le habia costado y costaba de presente
-aqueste mundo nuevo que descubria, y habia descubierto, y juntamente la
-buena intincion que en todo ello tenia; por lo cual todo le daba Dios
-claro cognoscimiento para que acertase en lo que estaba por venir, como
-hombre de gran prudencia, pues decia bien, «si que agora no se cognosce
-lo que yo digo, verná tiempo que se contará por gran escelencia.» ¿Qué
-se podrá contar en todo lo poblado del mundo, en este género, que se
-iguale con lo sucedido y procedido en las Indias y de las Indias en
-nuestros tiempos? lo cual, todo, ántes y despues de su descubrimiento,
-era estimado por vanísimo é increible, pero, como dije, dábalo Dios á
-cognoscer y á decir ántes que se cumpliese, al que, para lo principiar,
-y mostrar, con el dedo habia elegido. El ejemplo que trae de los Reyes
-de Portugal, que gastaron muchos dineros y gentes en el descubrimiento
-y trato de Guinea, ántes que della hobiesen provecho, verdad es; pero
-de las ganancias que de allí ha habido y hoy hay, ruego yo á Dios
-que no tenga yo parte ni quien bien ó mal me quiera. En aquello que
-dice que fuera grandísima grandeza atajar (pone atajar por señalar ó
-reservar), alguna renta en España para que se gastase en esta empresa,
-dice la mayor y más sustancial y prudente razon de cuantas ha dicho,
-el fundamento de todo el bien y causa de evitar el mal, mayormente á
-los principios, de todas estas Indias; porque si los católicos Reyes,
-aunque siempre vivian con necesidad, situaran ó señalaran cierta renta
-(que no era menester muy mucha), para que se gastara en la comunicacion
-y contratacion cristiana, humana, pacífica y razonable de Castilla con
-estas gentes, y no hobiera tanta priesa en los que les aconsejaban
-que fueran riquezas á aquellos reinos, ó en estimar que debian ir
-limpias de polvo y de paja, como si estos reinos, no por otra razon ni
-título, sino solamente porque acaeció ser descubiertos, lo debieran
-á aquellos, sin alguna duda los gastos que los Reyes hicieran, les
-fueran, cuando ménos provecho en estas tierras hubo, recompensados, y
-sobrepujara la recompensa, y poco á poco se fueran descubriendo las
-grandes riquezas que en estas tierras habia, y se ganaran todas para
-Castilla, ganadas primero las voluntades de los dueños dellas que con
-antiguo derecho y justicia las poseian, y entrando por esta puerta, que
-era la justa, verdadera y legítima, en estas tierras, estos reinos y
-aquellos fueran felicísimos. Pero harto hicieron los católicos Reyes
-teniendo consejeros, y los que en estos negocios entendian, tan ciegos,
-en no desmamparar del todo la prosecucion de esta demanda, como ellos,
-precipitándose inconsideradamente, les persuadian. Callo la ignorancia
-ó la inadvertencia no muy saludable que tuvieron en no entender que
-á estas naciones, solamente por ser hombres y gentiles, carecientes
-de lumbre de nuestra católica fé, de precepto divino de la caridad el
-celo y obra de darlos doctrina y convertirlos por la forma que Cristo
-estableció, se les debia; con tal parecer y consejo fueran causa
-que, con ninguna otra hazaña (puesto que fueron muchas y dignísimas
-las suyas), dejaran los Reyes mayor memoria, ni la cristiandad tanto
-placer, y nuestra fé, por tiempo, tanto acrescentamiento, y la
-Santísima Trinidad recibiera tanto servicio y contentamiento, como el
-Almirante con sus sinceras palabras dice.
-
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-
-CAPÍTULO CXXXVIII.
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-
-Así que, para salir deste golfo dentro del cual estaba de tierra
-por todas partes cercado, con el propósito ya dicho de salvar los
-bastimentos que traia, que se le perdian, viniéndose á esta isla
-Española, sábado, 11 de Agosto, al salir de la luna, levantó las
-anclas, y tendió las velas y navegó hácia el leste, que es hácia donde
-sale el sol (porque estaba en el rincon del rio Yuyaparí, como arriba
-se dijo), para ir á salir, por entre la Punta de Paria y tierra firme,
-que llamó la Punta ó cabo de la Playa, á la tierra isla de Gracia, y
-entre el Cabo á que dijo cabo Boto de la isla de la Trinidad, como
-parece arriba en el cap. 134. Llegó hasta un puerto muy bueno, que
-llamó Puerto de Gatos, que está junto con la boca donde están las dos
-isletas del Caracol y Delfin, entre los cabos de Lapa y cabo Boto; y
-esto, domingo, 12 de Agosto, surgió cerca del dicho puerto, para por
-la mañana salir por la dicha boca. Halló otro puerto cerca de allí,
-donde envió á verlo la barca; era muy bueno; hallaron ciertas casas de
-pescadores, y agua mucha y muy dulce, y púsole por nombre el Puerto
-de las Cabañas; hallaron, dice, mirabolanos en la tierra; junto á la
-mar, infinitas ostias pegadas á las ramas de los árboles que entran
-en la mar, las bocas abiertas para recibir el rocío que cae de las
-hojas, hasta que cae la gotera de que se engendran las piedras, segun
-dice Plinio y alega al Vocabulario que se llama _Catholicon_; pero
-ya queda dicho arriba en el cap. 136, que aquellas ostias no parece
-que son de la especie que crian las perlas. Lúnes, 13 de Agosto, en
-saliendo la luna, levantó las anclas de donde surgido estaba, y vino
-hácia el cabo de la Playa, que es el de Paria, para salir al Norte
-por la boca que llamó del Drago, por la siguiente causa y peligro en
-que allí se vido; la boca del Drago, dice, que es un estrecho que
-está entre la Punta de la Playa que es el fin de la isla de Gracia,
-que como muchas veces está dicho, es la punta de la tierra firme y de
-Paria, al Oriente, y entre el cabo Boto, que es el fin de la isla de la
-Trinidad, al Poniente; dice, que habrá entre medias de los dos cabos
-legua y media. Este debe ser pasadas cuatro isletas que dice haber
-allí en medio, atravesadas, aunque agora no vemos más de dos, por las
-cuales no debe haber salida, y sólo debe de quedar la angostura de la
-legua y media para poder salir los navíos por ella, porque de la Punta
-de la Lapa al cabo Boto cinco leguas hay, como en el cap. 134 dijimos.
-Llegando á la dicha boca á la hora de tercia, halló una gran pelea
-entre el agua dulce por salir á la mar, y el agua salada del mar por
-entrar dentro en el golfo, y era tan recia y temerosa, que levantaba
-una gran loma, como un cerro muy alto, y con esto traian un estruendo
-y ruido ambas aguas, de Levante á Poniente, muy largo y espantoso, con
-hilero de aguas, y tras uno venian cuatro hileros uno tras otro, que
-hacian corrientes que peleaban; donde pensaron perecer, no ménos que
-en la otra boca de la Sierpe del cabo del Arenal, cuando entraban en
-el golfo. Fué doblado este peligro más que el otro, porque les calmó
-el viento con que esperaban salir, y quisieran surgir, que les fuera
-algun remedio, aunque no sin peligro por los combates de las aguas,
-pero no hallaron fondo, porque era muy honda allí la mar; temieron,
-calmado el viento, no les echase el agua dulce ó salada á dar en las
-peñas con sus corrientes, donde no hubiesen algun remedio. Dicen, que
-dijo aquí el Almirante, aunque no lo hallé escrito de su mano, como
-hallé lo susodicho, que si de allí se escapaban, podian hacer cuenta
-que se escapaban de la boca del drago, y por esto se le quedó este
-nombre, y con razon. Plugo á la bondad de Dios que del mismo peligro
-les salió la salud y liberacion, porque la misma agua dulce, venciendo
-á la salada, echó sin sentir los navíos fuera, y así fueron puestos
-en salvo; porque cuando Dios quiere que uno ó muchos sean de vida, el
-agua les es medicina. Así que, salió, lúnes á 13 de Agosto, del dicho
-golfo y de la boca del Drago, peligrosa. Dice que hay desde la primera
-tierra de la Trinidad hasta el golfo que descubrieron los marineros que
-invió en la carabela, donde vieron los rios y él no los creia, al cual
-golfo llamó de las Perlas, y esto es al rincon de todo el golfo grande,
-que nombró de la Ballena, donde tantos dias anduvo, de tierra cercado,
-48 leguas; yo le añido que son buenas 50, como aparece de la carta del
-marear. Salido del golfo y de la boca del Drago y su peligro, acuerda
-de ir al Poniente por la costa abajo de la tierra firme, creyendo
-todavía que era isla de Gracia, para emparajar en el derecho de dicho
-golfo de las Perlas, Norte Sur, y rodearla y ver aquella abundancia
-de agua tan grande, de dónde venia, y si procedia de rios, como los
-marineros afirmaban, lo que él dice que no creia, porque ni el Ganjes,
-ni el Euphrates, ni el Nilo, no ha oido que tanta agua dulce trajesen.
-La razon que le movia era, porque no habia tierras tan grandes de donde
-pudiesen nacer tan grandes rios, salvo, dice él, si esta no es tierra
-firme; estas palabras son suyas. Por manera, que ya va sospechando que
-es tierra firme la tierra de Gracia que él creia ser isla, pero era y
-es, cierto, tierra firme, y los marineros habian dicho bien; de la cual
-procedia tanto golpe de agua por los rios Yuyaparí y el otro que sale
-cerca del que llamamos hoy Camarí, é otros que por allí deben salir.
-Así que, yendo en busca de aquel golfo de las Perlas, donde salen los
-dichos rios, creyendo de hallarlos rodeando la tierra, por estimar ser
-isla y ver si habia entrada por allí, ó salida para el Sur, y si no
-la hallase, dice, que afirmaria entónces que era rio, y que lo uno y
-lo otro era gran maravilla, fué la costa abajo aquel lúnes hasta el
-sol puesto. Vido que la tierra era llena de buenos puertos y tierra
-altísima; por aquella costa abajo, vido muchas islas hácia el Norte y
-muchos cabos en la tierra firme, á los cuales, todos, puso nombres: á
-uno, cabo de Conchas; á otro, cabo Luengo; á otro, cabo de Sabor; á
-otro, cabo Rico, tierra alta y muy hermosa; dice que en aquel camino
-hay muchos puertos y golfos muy grandes que deben ser poblados, y
-cuanto más iba al Poniente, via la tierra más llana y más hermosa. Al
-salir de la boca, vido una isla, al Norte, que estaria de la boca 26
-leguas, púsole nombre la isla de la Asuncion; vido otra isla y pusóle
-la Concepcion, y á otras tres isletas juntas llamó los Testigos, y
-estas, se llaman hoy así; á otra cabe ellas, llamó el Romero; á otras
-isletas pequeñas, nombró las Guardias. Despues llegó cerca de la isla
-Margarita, y llamóla Margarita, y á otra cerca della, puso nombre el
-Martinet. Esta Margarita es una isla que tiene de luengo 15 leguas, y
-de ancho cinco ó seis, y es muy verde y graciosa por de fuera, y por
-dentro es harto buena, por lo cual está poblada; tiene cabe sí, á la
-luenga, leste gueste, tres isletas, y dos detras dellas, Norte-Sur: el
-Almirante no vido más de las tres, como iba de la parte del Sur de la
-Margarita. Está seis ó siete leguas de la tierra firme, y por esto hace
-un golfete entre ella y la tierra firme, y en medio del golfete están
-dos isletas, leste gueste, que es de Levante á Poniente, junto la una
-á la otra; la una se llama Coche, que quiere decir venado, y la otra
-Cubagua, que es la que arriba en el cap. 136 dije, donde se han cogido
-infinitas perlas. De manera, que el Almirante, aunque no sabia que en
-aqueste golfete se criaban las perlas, parece que adivinó en llamarla
-Margarita; estuvo muy cerca della, puesto que no lo expresa, porque
-dice estaba nueve leguas de la isla Martinet, la cual estaba junto,
-dice él, á la Margarita, de la parte del Norte, y dice junto, porque
-como iba por la parte del Sur de la Margarita, parecia estar junto,
-aunque estaba ocho ó nueve leguas: y esta es la isleta de la parte
-del Norte, cercana á la Margarita, que agora se llama isla Blanca, y
-dista las ocho ó nueve leguas de la Margarita, como dije; por aquí
-parece que debia estar junto ó cerca de la Margarita, el Almirante, y
-creo que, porque le faltó el viento, por allí surgió. Finalmente, de
-todos los nombres que puso á islas y cabos de la tierra firme que tenia
-por isla de Gracia, no han quedado ni se platican hoy sino la isla
-de la Trinidad, y la boca del Drago, y los Testigos, y la Margarita.
-Aquí andaba el Almirante muy malo de los ojos, de no dormir, porque
-siempre, como andaba entre tantos peligros dentre islas, así lo tenia
-de costumbre, y lo debe de tener cualquiera que trae cargos de navío,
-por la mayor parte, como son pilotos, y dice, que más fatigado se vido
-aquí que cuando descubrió la otra tierra firme, que es la isla de Cuba
-(la cual áun pensaba que era tierra firme hasta agora), porque se
-le cubrieron los ojos de sangre, y así eran por la mar sus trabajos
-incomparables; por esta causa estuvo esta noche en la cama y luego
-se halló más fuera en la mar de lo que se hallara si él velara, por
-lo cual, no se descuidaba ni fiaba de los marineros, ni debe fiarse
-de nadie el que es diligente y perfecto piloto, porque á su cuenta y
-sobre su cabeza están todos los que van en la nao, y lo más propio y
-necesario que al ejercicio de su oficio pertenece es velar y no dormir,
-todo el tiempo que navega.
-
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-
-CAPÍTULO CXXXIX.
-
-
-Parece haber andado el Almirante la costa abajo desde que salió de la
-boca del Drago, ayer lúnes y hoy mártes, hasta 30 ó 40 leguas cuando
-más, puesto que no lo dice, porque (como él se queja que no escrebia
-todo lo que debia describir), no podia por andar por aquí tan malo;
-y como via que la tierra iba muy extendida para abajo al Poniente, y
-parecia más llana y más hermosa, y el golfo de las Perlas que quedaba
-en la culata del golfo ó mar dulce, donde salia el rio de Yuyaparí, en
-cuya busca iba, no tenia salida, la cual esperaba ver, creyendo que
-esta tierra firme era isla, vino ya en cognoscimiento que tierra tan
-grande no era isla, sino tierra firme, y, como hablando con los Reyes,
-dice así: «Yo estoy creido que esta es tierra firme, grandísima, de
-que hasta hoy no se ha sabido, y la razon me ayuda grandemente por
-esto deste tan grande rio y mar, que es dulce, y despues me ayuda
-el decir de Esdras en el libro IV, cap. 6.º, que dice que las seis
-partes del mundo son de tierra enjuta, y la una de agua, el cual libro
-aprueba Sant Ambrosio en su _Examenon_, y Sant Agustin sobre aquel
-paso, _Morietur filius meus Christus_, como lo alega Francisco de
-Mayrones, y despues desto me ayuda el decir de muchos indios caníbales
-que yo he tomado otras veces, los cuales decian que al Austro dellos
-era tierra firme, y entónces estaba yo en la isla de Guadalupe, y
-tambien lo oí á otros de la isla de Sancta Cruz y la de Sant Juan, y
-decian que habia mucho oro, y, como Vuestras Altezas saben, muy poco
-ha que no se sabia otra tierra más de la que Ptolomeo escribió, y no
-habia en mi tiempo quien creyese que se podia navegar de España á las
-Indias, sobre lo cual anduve siete años en su corte, y no fueron pocos
-los que entendieron en ello; y en fin, sólo el grandísimo corazon de
-Vuestras Altezas lo hizo experimentar contra el parecer de cuantos
-lo contradecian, y agora parece la verdad, y parecerá ántes de mucho
-tiempo más larga: y, si esta es tierra firme, es cosa de admiracion, y
-será entre todos los sabios, pues tan grande rio sale que haga una mar
-dulce de 48 leguas.» Estas son sus palabras. Por manera, que la primera
-razon que le persuadia ser tierra firme, la que llamó Sancta cuando
-entró en el golfo por la boca de la Sierpe, cuando vido la Trinidad,
-y la que despues llamó isla de Gracia, fué salir tanta agua dulce
-que endulzaba tan grande golfo, y argüia muy bien, porque gran golpe
-de agua ó rio muy grande no se puede congregar, si no es de muchas
-fuentes, las muchas fuentes causan muchas quebradas, son causa de
-muchos arroyos, hacen muchos rios chicos y despues se ayuntan grandes;
-todo lo cual presupone necesariamente, grandísimo discurso y longura
-de tierra. Esta parece que no puede ser isla por grande que sea, luego
-parece que debe ser tierra firme; y era bonísima la conjetura por
-este argumento. La segunda razon tomaba de la autoridad de Esdras,
-que dice que las seis partes de la tierra quedaron enjutas, mandando
-Dios que todas las aguas se encerrasen en un lugar, que es la mar, y
-aquel testo dice así: _Et tertia die imperasti aquis congregari in
-septima parte terræ, sex vero partes siccasti et conservasti_, etc.
-Arguye, pues, así: la auctoridad de Esdras afirma ser las seis partes
-del mundo tierra, y la una de agua; toda la tierra que sabemos parece
-ser poca, segun la mar vemos tan grande; luego esta tierra debe ser
-grande, más que isla, que llamamos firme para que concuerde con la
-autoridad de Esdras, que tenga seis partes la tierra, respectivamente
-comparadas á una que ha de tener el agua, y por esto no es mucho ni
-difícil creer que esta sea tierra firme. No solamente el Almirante por
-la autoridad de Esdras se movia y argüia ser la tierra seis veces más
-grande que el agua, pero tambien doctísimos varones en todas ciencias
-hacian lo mismo, y della argüian ser la mayor parte del mundo tierra
-y habitable, contra Ptolomeo, que tuvo que solamente la sexta parte
-del mundo era habitable, y las otras cinco partes estaban cubiertas de
-agua, como parece en el libro de Ptolomeo, «De la disposicion de la
-esfera,» y en el «Almagesto,» libro II; y de ellos es Pedro de Aliaco,
-doctísimo varon en todas ciencias, el cual, en el libro _De imagine
-mundi_, cap. 8.º, alega la dicha autoridad de Esdras, diciendo que
-aquel libro los Santos tuvieron en reverencia, y por él las verdades
-sagradas confirmaron. Estas son sus palabras. Desto dijimos en el
-capítulo 6.º Lo mismo de Esdras alega Jacobo de Valencia, no poco docto
-en cosmografía, en el Salmo CIII, sobre el verso _Hoc mare magnum et
-spatiosum_, etc., probando que la tierra es seis veces mayor que la
-mar. Puede alguno decir á la autoridad de Esdras, que aquel libro IV es
-apócrifo y de ninguna autoridad, y á lo que dice Pedro de Aliaco, que
-los Santos lo tuvieron en reverencia, no lo probara con San Jerónimo,
-el cual, en la «Epístola contra Vigilancio,» dice que nunca aquel
-libro leyó, porque no conviene tomar en las manos lo que la Iglesia
-no recibe; estas son sus palabras. Sant Agustin, libro XVIII, cap. 36
-_De Civitate_, no aprueba aquel lib. IV de Esdras, sino el III, cap.
-3.º, diciendo que, por aventura, Esdras fué profeta en aquello que
-dijo, «que la verdad es más fuerte y poderosa que el Rey é las mujeres
-é el vino,» profetizando de Cristo, Nuestro Señor y Redentor, que es
-la verdadera verdad. Esto es lo que dice Sant Agustin; que escribiendo
-sobre aquellas palabras, _morietur filius meus Christus_, tratase de
-Esdras y lo aprobase, no sé donde Francisco Mairones lo halló. Y aquel
-lib. III tambien se pone por apócrifo, aunque no tanto como el IV, por
-no tenerse por cierto que Esdras lo escribió; Sant Ambrosio, no en el
-_Examenon_, como el Almirante dice, sino en el libro de _Bono mortis_,
-cap. 10, contra los gentiles que creian morir las ánimas juntamente
-con los cuerpos, parece aprobar tambien el IV, aunque da á entender
-con alguna condicion, sobre aquel artículo de nuestra fé, que en el
-tiempo del universal juicio, los muertos han, en sus cuerpos, propios,
-de resucitar; el cual toca allí en el cap. 7.º, Esdras, hablando del
-juicio, y que la tierra los ha de restituir á las ánimas: _Terra
-reddet quæ in ea dormiunt et pulvis quæ in eo silentio habitant et
-promptuaria reddent quæ in eis comendatæ sunt animæ et revelabitur
-Altissimus super sedem judicii_, etc. Donde dice así Sant Ambrosio:
-_Animarum autem superiora esse habitacula scriptura testimoniis valde
-probatur, siquidem in Esdræ libris legimus, quod cum venerit judicii
-dies reddet terra defunctorum corpora; et pulvis reddet eas quæ in
-tumulis requiescunt reliquas mortuorum_. Et infra. _Sed Esdræ usus
-sum scriptis ut cognoscant gentiles ea quæ in philosophiæ libris
-mirantur translata de nostris_, etc.; en esto que Sant Ambrosio dice,
-á la postre, usado he de los escritos de Esdras, porque cognoscan los
-gentiles que, de lo que se admiran de nuestras Escripturas salió,
-parece, algo, que si no fuera por confundirlos á ellos, lo de aquel
-libro IV alegará, pero puédese decir que ni contra los gentiles lícito
-era traer testimonio de lo que no tenia autoridad. Finalmente, aunque
-aquel libro sea apócrifo, que es tanto como sospechoso de contener
-algunos errores, no se sigue que no tenga algunas y muchas verdades,
-como es aquella del final juicio, y aquella _morietur filius meus
-Christus_; y así puede haber sido de la dicha autoridad, que la tierra
-sea seis veces mayor que la mar, é por esta razon se puede muy bien en
-esto alegar. Tuvo el Almirante otra razon para más se persuadir á que
-esta era tierra firme: las nuevas que dice que le dieron los vecinos de
-la isla de Guadalupe, y desta Española, y de la de Sant Juan.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXL.
-
-
-Por todo lo susodicho en los capítulos precedentes, asaz parece
-manifiesto haber sido el primero el Almirante D. Cristóbal Colon,
-por quien la divina Providencia tuvo por bien de descubrir aquesta
-nuestra grande tierra firme, así como lo tomó por instrumento y eligió
-por medio de que al mundo se mostrasen todas estas, tantos siglos,
-encubiertas océanas Indias. Vídola, miércoles, 1.º dia de Agosto, un
-dia despues que descubrió la isla de la Trinidad, año del nacimiento
-de nuestra salud, Jesucristo, de 1498 años, á la cual llamó la isla
-Santa, creyendo que era isla, desque comenzó á llegarse para entrar por
-la boca que llamó de la Sierpe, en el golfo de la Ballena, que nombró,
-que halló todo dulce, la cual boca hace la isla de la Trinidad, por
-aquella parte, y la misma tierra firme que llamó Santa; y el viérnes
-siguiente, que se contaron 3 dias del dicho mes de Agosto, descubrió la
-Punta de Paria, que llamó la Punta de la Paria, á la cual, estimando
-que tambien era isla, púsole nombre la isla de Gracia; como todo fuese
-tierra firme, como por sus dias y horas arriba ha parecido, y hoy
-más claramente, por la apariencia y vista de ojos, ser toda inmensa
-tierra firme, parece. Y es bien aquí de considerar, la injusticia y
-agravio que aquel Américo Vespucio parece haber hecho al Almirante,
-ó los que imprimieron sus cuatro navegaciones, atribuyendo á sí, ó
-no nombrando sino á sí sólo, el descubrimiento desta tierra firme;
-y por esto todos los extranjeros que destas Indias en latin ó en su
-lenguaje materno escriben, y pintan, ó hacen cartas ó mapas, llámanla
-América, como descubierta y primero hallada por Américo. Porque como
-Américo era latino y elocuente, supo encarecer el primer viaje que
-hizo, y aplicarlo á sí mismo, como si fuera él por principal y Capitan
-dél, habiendo ido por uno de los que fueron con el capitan Alonso de
-Hojeda, del que arriba hemos hablado, ó por marinero, ó porque puso
-como mercader alguna parte de dineros en el armada, mayormente cobró
-autoridad y nombre por haber dirigido las navegaciones que hizo al rey
-Renato, de Nápoles. Cierto, usurpan injustamente al Almirante la honra
-y honor y privilegios, que, por ser el primero que con sus trabajos,
-sudores y industria dió á España y al mundo el conocimiento desta
-tierra firme, como lo habia dado de todas estas occidentales Indias;
-merece, el cual privilegio y honor reservó la divina Providencia para
-el Almirante D. Cristóbal Colon, y no para otro, y por esto nadie
-debe presumir de se lo usurpar ni dar á sí ni á otro, sin agravio é
-injusticia y pecado, cometida en el Almirante, y, por consiguiente, sin
-ofensa de Dios.
-
-Y porque esta verdad manifiesta sea, referiré aquí fielmente la noticia
-verídica y no aficionada que dello tengo. Para entender esto, conviene
-presuponer la partida de Sant Lúcar del Almirante para hacer este
-viaje, que fué á 30 de Mayo del año 1498, como arriba queda dicho, y
-llegó á las islas de Cabo Verde, á 27 de Junio; y vido la isla de la
-Trinidad, mártes 31 dias de Julio, y luego, miércoles, 1.º de Agosto,
-vido al Sur la tierra firme por la angostura de dos leguas, que hace
-con la isla de la Trinidad, que llamó la boca de la Sierpe, y á la
-tierra firme, creyendo que era isla, nombró la isla Sancta, y luego,
-el viérnes siguiente, vido y descubrió á Paria, y llamóla isla de
-Gracia, por creer que tambien era isla. Toda esta navegacion y la
-figura y la pintura de la tierra, envió el Almirante á los Reyes. Esto
-así supuesto, veamos cuando partió Américo Vespucio, y con quién,
-para descubrir ó negociar en estas partes; para entendimiento de lo
-cual, sepan los que esta Historia leyeren, que en este tiempo estaba
-el susodicho Alonso de Hojeda en Castilla, y llegó la relacion deste
-descubrimiento y la figura de la tierra que el Almirante envió luego
-á los Reyes, lo cual todo venia á manos del Obispo D. Juan Rodriguez
-de Fonseca, que ya creo que era Obispo de Palencia, que tenia cargo
-de la expedicion y negocios destas Indias desde su principio, siendo
-él Arcediano de Sevilla, como arriba queda asaz dicho. El dicho Alonso
-de Hojeda era muy querido del Obispo, y como llegó la relacion del
-Almirante y la pintura dicha, inclinóse Alonso de Hojeda ir á descubrir
-más tierra por aquel mismo camino que el Almirante llevado habia,
-porque, descubierto el hilo y en la mano puesto, fácil cosa es llegar
-hasta el ovillo; ayudóle á ello haber él colegido de los avisos que
-el Almirante procuraba saber de los indios, cuando con el Almirante
-al primer viaje vino, que habia por estas tierras, y despues destas
-islas, tierra firme; y como tuvo el favor y voluntad del Obispo,
-buscó personas que le armasen algun navío ó navíos, porque á él no le
-sobraban los dineros, y halló en Sevilla (y por ventura en el puerto
-de Sancta María, y de allí partió para el dicho descubrimiento),
-donde él era cognoscido, y porque por sus obras de hombre esforzado
-valeroso era señalado, quien cuatro navíos le armase. Dánle los Reyes
-sus provisiones é instrucciones y constitúyenle por Capitan para que
-descubriese y rescatase oro y perlas y lo demas que hallase, dándoles
-el quinto á los Reyes, y tratase de paz y amistad con las gentes adonde
-llegar le acaeciese. Y así, el primero que despues del Almirante fué á
-descubrir, no fué otro sino Alonso de Hojeda; y, los que llevó y quiso
-llevar en su compañía, trabajó de llevar todas las personas que pudo,
-marineros, y que más de las navegaciones destas tierras sabian, que
-no eran otros sino los que habian venido y andado con el Almirante.
-Estos fueron los principales, en aquel tiempo: uno dellos, Juan de la
-Cossa, vizcaino, que vino con el Almirante cuando descubrió esta isla,
-y despues fué tambien con él al descubrimiento de las islas de Cuba
-y Jamáica, laboriosísimo viaje hasta entónces; llevó tambien Hojeda
-consigo al piloto Bartolomé Roldan, que en esta ciudad de Sancto
-Domingo fué muy nombrado y todos cognoscimos, el cual edificó desde
-sus cimientos gran parte de las casas que se hicieron y son vivas en
-las cuatro calles, y este habia venido con el Almirante en el viaje
-primero, y despues tambien al descubrimiento de Paria y tierra firme;
-trujo tambien Hojeda al dicho Américo, no sé si por piloto ó como
-hombre entendido en las cosas de la mar y docto en cosmografía, porque
-parece que el mismo Hojeda lo pone entre los pilotos que trujo consigo.
-Y lo que creo y colijo del prólogo que hace al rey Renato de Nápoles
-en el libro de sus «Cuatro navegaciones,» el dicho Américo, él era
-mercader, y así lo confiesa; debia, por aventura, poner algunos dineros
-en la armada de los cuatro navíos y tener parte en los provechos
-que de allí se hubiesen, y aunque Américo encarama mucho que el rey
-de Castilla hizo la armada y por su mandado iban á descubrir, no es
-así, sino que se juntaban tres ó cuatro, ó diez que tenian algunos
-dineros, y pedian y áun importunaban por licencia á los Reyes, para
-ir á descubrir é granjear, procurando sus provechos é intereses. Así
-que Hojeda, por traer la figura que el Almirante habia enviado, de
-la tierra firme que habia descubierto, á los Reyes, y por pilotos á
-los marineros que habian venido con el Almirante, vino á descubrir
-é descubrió la parte que abajo, cap. 166, se dirá, de tierra firme.
-Que haya ido Américo con Alonso de Hojeda, y Hojeda despues de haber
-descubierto la tierra firme el Almirante, es cosa muy averiguada y
-probada con muchos testigos, y por el mismo Alonso de Hojeda, el cual
-fué presentado por el Fiscal por testigo en favor del fisco, cuando
-el Almirante, D. Diego Colon, legítimo y primero sucesor del dicho
-Almirante D. Cristóbal Colon, movió pleito al Rey por todo su Estado
-de que habia su padre sido desposeido, y él lo estaba por esta causa;
-el cual Alonso de Hojeda dice así en su dicho á la segunda pregunta,
-por la cual era preguntado, ¿si sabia que el Almirante D. Cristóbal
-Colon no habia descubierto en lo que agora llaman tierra firme, sino
-una vez que tocó en la parte de la tierra que llaman Paria? etc.,
-responde Hojeda, que el Almirante D. Cristóbal Colon tocó en la isla
-de la Trinidad y pasó por entre la isla dicha y Boca del Drago, que es
-Paria, é que vió la isla de la Margarita; preguntado ¿como lo sabe?
-dijo, que lo sabe porque vió este testigo la figura que el dicho
-Almirante envió á Castilla, el dicho tiempo, al Rey é Reina, nuestros
-señores, de lo que habia descubierto, y porque este testigo luego vino
-á descubrir y halló que era verdad lo que dicho tiene, que el dicho
-Almirante descubrió; á la quinta pregunta, que contiene lo que el mismo
-Hojeda habia descubierto desde Paria abajo, dice así Hojeda, que la
-verdad desta pregunta es, que él vino á descubrir el primero despues
-que el Almirante descubrió, y que él fué hácia el Mediodia de la tierra
-firme, cuasi 200 leguas, y descendió despues hasta Paria y salió por
-la Boca del Drago, y allí conoció que el Almirante habia estado en la
-isla de la Trinidad, junto con la Boca del Drago; y abajo dice, que
-este viaje, que este testigo hizo, trujo consigo á Juan de la Cossa y
-á Américo Vespucio, é otros pilotos, etc. Esto dice Alonso de Hojeda,
-entre otras cosas, en su dicho y deposicion; por manera, que quedan
-averiguadas por el mismo Hojeda dos cosas: la una, que trujo á Américo
-consigo, y la otra, que vino á descubrir por la tierra firme despues de
-la haber descubierto el Almirante; y esta postrera está muy probada,
-conviene á saber, que el Almirante haya sido el primero que descubrió á
-Paria, y que en ella estuvo ántes que cristiano alguno llegase á ella
-ni á parte alguna de toda la tierra firme, ni tuviese noticia de cosa
-de ella, y esto tiene probado el Almirante, don Diego, su hijo, con
-60 testigos de oidas y 25 de vista, como parece por el proceso deste
-negocio y pleito, el cual yo he visto, y bien visto. Probó asimismo,
-que por haber el dicho Almirante D. Cristóbal Colon descubierto estas
-Indias é islas, y despues á Paria, que es la tierra firme, primero
-que otro alguno, se atrevieron á ir á descubrir los otros que despues
-dél fueron descubridores, y que creen y tienen por cierto, que nunca
-hombre se moviera á ir á descubrir, ni las Indias ni parte de ellas se
-descubrieran, si el Almirante descubierto no las hobiera. Esto prueba
-con 16 testigos de oidas y con 41 que lo creen, y con 20 que lo saben,
-y con 13 que afirman que descubrió primero que otro alguno, y que
-por aquello lo creen; testifícalo tambien Pedro Martir en su primera
-Década, capítulos 8.º y 9.º, al cual se le debe más crédito que á otro
-ninguno de los que escribieron en latin, porque se halló en Castilla
-por aquellos tiempos y hablaba con todos, y todos se holgaban de le dar
-cuenta de lo que vian y hallaban, como á hombre de autoridad, y él que
-tenia cuidado de preguntarlo, pues trataba de escribir, como dijimos
-en el prólogo de la Historia. De haber llegado á Paria el Américo en
-este su primer viaje, él mismo lo confiesa en su primera navegacion,
-diciendo: _Et provincia ipsa Parias ab ipsis nuncupata est_. Despues
-hizo tambien con el mismo Hojeda la segunda navegacion, como en el cap.
-162 parecerá. Aquí es agora mucho de notar y ver claro el error que
-cerca de Américo por el mundo hay, y digo así: que como ninguno ántes
-del Almirante hobiese llegado ni visto á Paria, ni cosa de aquella
-tierra, ni despues dél no llegó primero otro sino Hojeda, síguese, que
-Américo, ó fué con Hojeda, ó despues dél; si fué con Hojeda, y Hojeda
-despues del Almirante, y el Almirante partió de Sant Lúcar á 30 de
-Mayo, y llegó á ver la Trinidad y la tierra firme postrero de Julio, y
-primero y tercero de Agosto, como todo queda y es ya manifiesto, ¿como
-con la verdad se compadece que Américo diga en su primera navegacion,
-que partió de Cáliz á 20 de Mayo, año de nuestra salud, de 1497? Clara
-parece la falsedad, y si fué de industria hecha, maldad grande fué, y
-ya que no lo fuese, al ménos parécelo, pues muestra llevar diez dias de
-ventaja en el mes al Almirante, cerca de la partida de Cáliz, porque
-el Almirante partió de Sant Lúcar á 30 de Mayo, y Américo dice haber
-partido de Cáliz á 20 del dicho mes, y usúrpale tambien un año, porque
-el Almirante partió el año de 1498, y Américo finje que partió para
-su primera navegacion el año de 97. Verdad es que parece haber habido
-yerro y no malicia en esto, porque dice Américo que tardó en aquella su
-primera navegacion diez y ocho meses, y al cabo della dice que tornó
-á entrar de vuelta en Cáliz á 15 de Octubre, año de 499. Claro está,
-que si partieran de Cáliz á 20 de Mayo, año de 497, que tardaran en el
-viaje veintinueve meses; siete del año de 97 y todo el año de 98, y más
-diez meses del año de 99. Tambien se pudo errar la péndola en poner el
-año de 99 por el de 98 al fin, cuando trata de su vuelta á Castilla,
-y, si así fuera, era cierta la malicia. Desta falsedad ó yerro de
-péndola, ó lo que haya sido, y de saber bien, por buen estilo, relatar
-y parlar y encarecer Américo sus cosas y navegacion, y callar el nombre
-de su Capitan, que fué Hojeda, y no hacer más mencion que de sí mesmo,
-y escribir al rey Renato, han tomado los escritores extranjeros de
-nombrar la nuestra tierra firme América, como si Américo sólo, y no
-otro con él, y ántes que todos la hobiera descubierto; parece, pues,
-cuanta injusticia se hizo, si de industria se le usurpó lo que era
-suyo, al Almirante D. Cristóbal Colon, y con cuanta razon al Almirante
-D. Cristóbal Colon (despues de la bondad y providencia de Dios, que
-para esto le eligió), este descubrimiento y todo lo sucedido á ello se
-le debe, y como le pertenecia más á él, que se llamara la dicha tierra
-firme Columba, de Colon ó Columbo que la descubrió, ó la tierra Sancta
-ó de Gracia, que él mismo por nombre le puso, que no, de Américo,
-denominarla América.
-
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-CAPÍTULO CXLI.
-
-
-Tornando al Almirante, no podia quitar de su imaginacion la grandeza
-de aquella agua dulce que halló y vido en aquel golfo de la Ballena,
-entre la tierra firme y la isla de la Trinidad, y dándose á pensar
-mucho en ello, y hallando sus razones, viene á parar en opinion que
-hácia aquella parte debia estar el Paraíso terrenal. De las razones que
-le movian, una era la grande templanza que andaba por aquella tierra
-y mar donde andaba, estando tan cerca de la línea equinoccial, la
-cual era juzgada de muchos autores como inhabitable, ó por habitable
-con dificultad; ántes, por allí, estando el sol en el signo Leo, por
-las mañanas hacia tanto frescor, que le sabia bien tomar un ropon
-enforrado. Otra razon era, que hallaba que, pasando 100 leguas de las
-islas de los Azores y en aquel paraje del Septentrion, al Austro,
-nordesteaban una cuarta las agujas y más, y, con ellas yendo al
-Poniente, iba creciendo la templanza y mediocridad de los tiempos
-suaves, y juzgaba que la mar iba subiendo y los navíos alzándose hácia
-el cielo suavemente; y la causa desta altura, dice ser la variedad
-del círculo que describe la estrella del Norte con las Guardas, y
-cuanto más van los navíos al Poniente, tanto más van alzándose, y
-subirán más en alto y más diferencia habrá en las estrellas y en los
-círculos dellas, segun dice. De aquí vino á concebir que el mundo no
-era redondo, contra toda la machina comun de astrólogos y filósofos,
-sino que el hemisferio que tenian Ptolomeo y los demas era redondo,
-pero este otro de por acá, de que ellos no tuvieron noticia, no lo era
-del todo, sino imaginábalo como media pera que tuviese el pezon alto,
-ó como una teta de mujer en una pelota redonda, y que esta parte deste
-pezon sea más alta y más propincua del aire y del cielo, y sea debajo
-la equinoccial; y sobre aquel pezon, le parecia podia estar situado
-el Paraíso terrenal, puesto que de allí, donde él estaba, estuviese
-muy léjos. Daba otra razon: hallar, dice él, esta gente más blanca ó
-ménos negra, y los cabellos largos y llanos, y gente más astuta y de
-mayor ingenio, é no cobardes; y da razon de esta razon, porque cuando
-en este viaje llegó en 20°, era la gente negra, y cuando á las islas
-de Cabo Verde, más negra, y cuando á los 5°, en derecho la línea de la
-Sierra Leona, muy más negra, pero cuando declinó hácia el Poniente y
-llegó á la Trinidad y tierra firme, que creyó ser el cabo de Oriente,
-por respecto del lugar donde estaba, donde acababan la tierra toda y
-las islas, halló mucha templanza y serenidad, y por consiguiente, de
-la manera que ha dicho la gente. Otra razon es, la multitud y grandeza
-desta agua dulce del golfo de la Ballena, que tiene 48 leguas della,
-la cual parece que podia venir de la fuente del Paraíso terrenal y
-descender á este golfo, aunque viniese desde muy léjos, y deste golfo
-nacer los cuatro rios Nilo, Tigre, Euphrates y Gánges, ó ir á ellos
-por sus cataratas debajo de tierra y de la mar tambien. Ciertamente,
-para estar este mundo destas Indias tan oculto y ser tan reciente su
-descubrimiento, y ver las cosas tan nuevas que via, no es de maravillar
-que el Almirante tanta, y de tan diversas y nuevas cosas, sospecha
-imaginaciones y sentencia nueva tuviese. A lo que en la segunda razon
-dijo, que yendo al Poniente iban los navíos alzándose, contradice lo
-que el Filósofo dice en el II, de los «Mechaoros», cap. 1.º, conviene
-á saber, que la tierra y la mar de Septentrion es más alta que la del
-Austro, y pruébalo, porque las mares y corrientes dellas, que vienen
-de aquellas partes, corren á otras mares más bajas, y de aquellas á
-este Océano; y da dello otra señal, que aquella tierra es más alta,
-porque los meteorológios, que quiere decir los estudiosos de las cosas
-altas, creyeron que el sol no andaba por debajo de aquella tierra,
-sino por cerca della, porque en el Septentrion los lugares de la
-tierra son altos; esto es del Filósofo. A lo que el Almirante infiere,
-que la tierra no es redonda, Aristóteles en el II, _De cœlo_, cap.
-14, y Ptolomeo en su _Almagesto_, _dictione_ 5.ªœ, cap. 16, Plinio,
-libro II, capítulos 66 y 67, y Alberto Magno, II, _De cœœlo_, tractado
-III, capítulos 9, 10 y 11, y el autor de la «Esphera,» y comunmente
-todos los más aprobados filósofos y astrólogos y matemáticos son en
-contrario, lo cual se muestra y prueba por razones demostrativas que
-no pueden por alguna manera negarse. Y una razon quiero aquí decir
-que experimentamos en las Indias cada dia, y es, que cuando pasamos
-por la latitud de los climas, que es del Norte ó Septentrion al Sur ó
-Austro, por poco que andemos, descubrimos algunas estrellas que están
-en aquella parte, y que perpétuamente no vemos y nunca vimos, y si
-tornamos de Austro al Septentrion, por poco que á él nos acerquemos,
-se nos descubren estrellas que nunca vimos, y esto parece, porque en
-Egipto y en la isla de Chipre y en Persia, que están hácia el Mediodia
-ó Austro, vénse muchas estrellas meridionales, las cuales no ven los
-que están en el sétimo clima, y por el contrario, muchas ven aquestos
-que los habitadores del Austro no ven ni verán jamás, estando en sus
-tierras. Así parece arriba, cap. 128, donde hablando de la isla de la
-Taprobana, dijimos, por sentencia de los antiguos, que no se vian los
-Septentriones, que son las Osas Mayor y Menor, ni las Cabrillas. Esto
-en ninguna manera podia ser si no fuese la tierra redonda, porque la
-misma redondez y cuesta y lomo que hace, se interpone entre las vistas
-nuestras y de los que están en aquellas partes, porque, sin duda, si
-la tierra fuese llana, de igual superficie, como algunos hubieron,
-grandes filósofos, y de los cristianos fué Lactancio en el libro de
-_Falsa sapitia_, cap. 24, donde quiera que el hombre estuviese, y en
-cualquiera parte de la tierra veria ambos á dos polos y todas las
-estrellas que están cerca dellos. Esta razon es del Filósofo, en el
-libro II, _De cœœœlo_, cap. 14, y Sancto Tomás, allí en la leccion
-última, y de Alberto Magno, donde arriba, cap. 11, y del autor de
-la«Esphera.» Ponen otra razon, de los eclipses, porque si la tierra
-fuera llana, en la misma hora que apareciera el eclipse á los de
-Oriente lo vieran los habitadores de Occidente, pero porque unos á
-una y otros á otra lo ven, los de Occidente lo ven ántes y los de
-Oriente despues, y por el contrario, porque primero les anochece á
-estos que á aquellos, lo cual no seria sino por el lomo ó altor ó
-embarazo que hace la tierra por ser redonda. Y ansí parece que el
-Almirante no argüia bien, por aquellas razones, que la tierra no fuese
-redonda, pero no es de maravillar, como viese tantas novedades, como
-dice, y tan admirables; y, por ventura, se movia tambien por razon de
-que no total y propia y perfectamente la tierra es esférica, de tal
-manera como lo es la propia y perfecta figura esférica, de cuyo punto
-medio, todas las líneas rectas que proceden y van á la superficie son
-iguales, como una bola que sea perfectamente redonda, pero la figura
-redonda es, que va ó se quiere asemejar á lo esférico, puesto que no
-sea esférico perfectamente como lo sea una manzana, aunque se puede
-decir redonda, pero no se dirá propiamente esférica; y esta es la
-diferencia entre lo esférico y lo redondo, y así, la tierra se dice
-redonda y no propiamente esférica. Esto parece que siente Plinio en el
-cap. 66 del libro II, _Orbem certe dicimus terræ globum quem verticibus
-includi fatemur. Neque absoluti orbis est forma in tanta montium
-excelsitate tanta camporum planicie._ Las mismas palabras dice Beda en
-el libro _De natura rerum_, cap. 46. En aquello que dice, no de forma
-absoluta, da á entender, que absolutamente no es la tierra esférica,
-sino con condicion, conviene á saber, si todas las partes de la tierra
-juntamente se ayuntasen con el anchura de las líneas, de tal manera,
-que las líneas vayan sobre toda la tierra en circuito, no descendiendo
-á los llanos ni campos y montes, resultaria entonces un ayuntamiento
-que seria de esférica figura; y porque el Almirante no ignoraba las
-razones que los antiguos daban de la redondez de la tierra, segun él
-dice aquí: «Yo siempre leí que el mundo, tierra y agua, era esférico,
-y las autoridades y esperiencias que Ptolomeo y todos los otros que
-escribieron deste sitio daban y amostraban para ello, así por eclipses
-de la luna y otras demostraciones que hacen de Oriente hasta Occidente,
-como de la elevacion del polo de Septentrion al Austro; agora ví tanta
-deformidad, como ya dije, y por eso me puse á tener eso del mundo, y
-fallé que no era redondo de la forma que escriben, salvo que es de
-forma de una pera que sea toda muy redonda, salvo que allí donde tiene
-el pezon allí tiene más alto, etc.» Estas son sus palabras. Donde
-muestra no ignorar en este caso lo que otros de la redondez de la
-tierra sabian, así que, como esto supiese, tambien habria visto esto
-que se dijo de Plinio, y con ello ayuntadas las mudanzas y novedades
-maravillosas que en la mar y en la tierra veia, no parece que será
-razon de imputarle á falta de saber porque dijese, que aunque sabia
-afirmar los pasados ser la tierra redonda, que no ser del todo esférica
-le parecia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLII.
-
-
-Cuanto á sospechar que podia ser que el Paraíso terrenal estuviera en
-parte de aquella region, tampoco el Almirante opinaba fuera de razon,
-supuestas las novedades y mudanzas que se le ofrecian, mayormente, la
-templanza y suavidad de los aires, y la frescura, verdura y lindeza
-de las arboledas, la disposicion graciosa y alegre de las tierras,
-que cada pedazo dellas parece un paraíso, la muchedumbre y grandeza
-impetuosa de tanta agua dulce, cosa tan nueva; la mansedumbre y bondad,
-simplicidad, liberalidad, humana y afable conversacion, blancura y
-compostura de la gente. De lo cual dice así: «La Sacra Escriptura
-significa que Nuestro Señor hizo el Paraíso terrenal, y en él puso
-el árbol de la vida, y dél sale una fuente de donde resultan en este
-mundo cuatro rios principales, Ganges y Euphrates, Tígris y Nilo. Yo
-no hallo ni jamás he hallado escritura de latinos ni de griegos que
-certificadamente diga el sitio en este mundo del Paraíso terrenal,
-ni he visto en ninguna mapamundi, salvo situado con autoridad de
-argumento; algunos le ponian allí donde son las fuentes del Nilo en
-Etiopía, mas otros anduvieron todas estas tierras, y no hallaron
-conformidad dello en la temperancia del cielo, en la altura hácia el
-cielo, porque se pudiese comprender que era allí. Algunos gentiles
-quisieron decir, por argumentos, que él era en las islas Fortunadas,
-que son las Canarias, etc.; Sant Isidro, y Beda, y Strabon y el Maestro
-de la «Historia escolástica,» y Sant Ambrosio, y Scoto, y todos los
-santos teólogos conciertan que el Paraíso está en el Oriente. Ya dije
-lo que yo hallaba deste hemisferio y de la hechura, y creo que si yo
-pasara por debajo de la línea equinoccial, que en llegando allí, en
-esto más alto, que hallara muy mayor temperancia y diversidad en las
-estrellas y en las aguas, no porque yo crea que allí donde es el altura
-del estremo sea navegable, ni agua, ni que se pueda subir allá, porque
-creo que allí es el Paraíso terrenal, á donde no puede llegar nadie,
-salvo por voluntad divina; y creo que esta tierra que agora mandaron
-descubrir Vuestras Altezas, sea grandísima, y haya otras muchas en el
-Austro, donde jamás se hobo noticia. Yo no tomo quel Paraíso terrenal
-sea en forma de montaña alta, áspera, como el escribir dello nos
-amuestra, salvo que sea en el colmo, allí donde dije la figura del
-pezon de la pera, y que poco á poco, andando hácia allí desde muy
-léjos, se va subiendo á él, y creo que pueda salir de allí esa agua,
-bien que sea léjos, y venga á parar allí, de donde yo vengo, y faga
-este lago. Grandes indicios son estos del Paraíso terrenal, porque
-el sitio es conforme á la opinion destos santos é sacros teólogos,
-y asimismo las señales son muy conformes, que nunca jamás leí ni oí
-que tanta cantidad de agua dulce fuese así, dentro é vecina de la
-salada, y en ello ayuda asimismo la suavísima temperancia; y si de
-allí del Paraíso no sale, parece aún mayor maravilla, porque no creo
-que se sepa en el mundo de rio tan grande y tan fondo.» Todas estas
-son palabras del Almirante, con su humilde, y falto de la propiedad de
-vocablos, estilo, como que en Castilla no habia nacido, por las cuales
-no parece muy oscuro, el Almirante no ser poco experimentado en la
-lectura divina y de historias antiguas y doctrina de santos doctores,
-y de autores tambien profanos. Para mostrar de esto algo, y para que
-se vea que no irracionablemente, sino con probables y razonables
-motivos, podia opinar y sospechar, al ménos, estar por aquella tierra
-firme, ó cerca, ó léjos della, la region donde está situado el Paraíso
-terrenal, cuatro cosas cerca dello quiero aquí, declarando algunas
-que toca el Almirante, decir: la una, lo que por los autores, de la
-altura del Paraíso terrenal, se dice; la otra, en qué sitio region ó
-parte de la tierra está, ó si en isla ó en tierra firme; la tercera,
-de la grandeza ó tamaño y capacidad dél; la cuarta, de las calidades
-(algunas, empero), que al propósito hacen, que tenia y hoy tiene.
-Cerca de lo primero, esta es sentencia comun de todos los doctores, que
-es el más alto lugar de la tierra, y así lo dice Damasceno, libro II,
-cap. 2.º, _De ortodoxa fide: In Oriente quidem omni terra celsior_,
-etc. Strabo, que fué hermano de Beda, sobre el «Génesis,» é pónese
-en la glosa ordinaria, dice, que tan alto, que llega al cielo de la
-Luna: _Locus remotissimus pertingens usque ad circulum Lunæ_, etc;
-y el Maestro de las historias, en el cap. 13, sobre el «Génesis,»
-afirma lo mismo; el Maestro de las Sciencias, en el II, distincion
-17, lo refiere. Muchas sentencias y diversas, nacieron de la altura
-del Paraíso, pero la verdadera es, que pues la Sagrada Escritura no
-explica cuanta sea, ninguno puede naturalmente definirla, y por esto
-lo que se ha de tener es, que tanta es su altura, cuanta convenia á
-la buena y salubre vivienda de los hombres en el Paraíso; esta era la
-templanza del lugar, que delectablemente allí se viviese, esto que ni
-hubiese calor ni afligiese el frio, sino que estas calidades fuesen
-reducidas á el medio, de donde procediese la sanidad, y las cosas que
-allí hobiese no se corrompiesen, ó no fácilmente fuesen corrompidas. La
-corrupcion se hace por la accion de la contrariedad, y, para impedir
-esta contrariedad, necesario era no estar el Paraíso en lugar de accion
-vehemente para causar contrariedad; y porque en el fuego hay extremo
-de contrariedad, que es el gran calor, y en el aire tambien caliginoso
-hay extremo de contrariedad, que es gran frio, y en la tierra, puesto
-que no hay extremo de contrariedad, sino una mezcla de frio y calor por
-la incidencia y reflexion de los rayos del sol, y por esta causa hay
-alguna templanza, pero es poca, y es con accion de contrariedad, por
-esta razon ni pudo ponerse el Paraíso terrenal que llegase al cielo
-de la luna, porque el elemento del fuego que llega al cóncavo de la
-luna quemara todas las cosas y á todo el Paraíso terrenal, ni tampoco
-ponerse entre el aire turbio y caliginoso, por la mucha frialdad, que
-todo tambien lo mortificara. En la tierra estuviera con ménos daño,
-porque hay en ella un poco de templanza, pero todavía por la mucha
-accion de contrariedad, muy presto en ella las cosas se corrompen,
-porque este lugar de nuestra habitacion tiene el aire turbulento, por
-los vapores y exhalaciones que salen de la tierra y del agua, por
-lo cual no puede haber mucha sanidad en él. Fué, luego, necesario
-dar tal sitio y lugar al Paraíso donde no hobiese alguna accion de
-contrariedad, pero mayor y menor temperancia y serenidad; este lugar,
-no es otro sino la tercera region del aire, que está luego sobre la del
-aire caliginoso y turbio, porque allí hay poca accion de contrariedad,
-la que basta para alguna generacion y corrupcion. Que este lugar se
-pueda, como es dicho, persuadir el Paraíso donde esté situado, conviene
-á saber, la tercera region del aire, parece así, porque otros montes
-hay en la tierra que llegan hasta allí; uno es, aquel tan nombrado y
-celebratísimo, y así admirable en altura, Olimpo, el cual es tan alto
-que parece llegar al cielo, y por esta causa, entre los griegos, el
-nombre del cielo y el del monte Olimpo, uno no más es, y así, la cumbre
-dél, llaman las gentes de aquella tierra, cielo; dice Olimpo, cuasi
-_olo lampus_, que quiere decir, cielo. Deste dice Sant Isidro, libro
-XIV, cap. 8º, de las «Etimologías,» que Olimpo es un monte de Macedonia
-demasiadamente alto, que las nubes se vean debajo dél; del cual canta
-Virgilio: _Et nubes excesit Olimpus_, y así parece que aquel monte suba
-sobre las nubes que están en la segunda region del aire, ó en el aire
-caliginoso; y más, se dice, que todas las pasiones y turbulencias del
-aire sobrepuje, por lo cual los filósofos que allí subian á contemplar
-los sitios y cursos de las estrellas, no podian vivir en aquel monte
-sino llevaban consigo esponjas con agua bien imbuidas y empapadas, de
-las cuales chupando y atrayendo á sí el agua, dice que espesaban el
-aire para lo atraer y poder respirar y vivir, porque por su sotileza
-de aquel aire superior y puro, no se podia atraer para respirar ó
-resollar, y así no podian los hombres vivir, ni las aves pudieran
-allí volar, por no poder sostener el peso del cuerpo dellas; así lo
-dice Sant Agustin sobre el _Genesi, ad literam_, cap. 14, en la obra
-imperfecta. Esto se trata tambien en el libro _De propietatibus rerum_,
-libro XIV, cap. 29, hablando del monte Olimpo, y alega al Maestro
-de las Historias, y no señala en qué lugar. Y que este monte Olimpo
-trascienda el aire caliginoso parece por un cierto argumento, porque
-allí ni hay jamás viento ni lluvias, y estaba en él un templo dedicado
-á Júpiter, donde, cuando se ofrecian los sacrificios, escribian
-ciertas letras en la ceniza ó en el polvo, y cuando volvian otro año,
-al tiempo de hacer las ceremonias de los sacrificios, se hallaban las
-mismas letras en la ceniza, sin haberse deshecho, lo que no pudiera
-ser si viento ó lluvia allí cayera; así lo toca Sant Agustin, donde
-dije arriba, y más largo lo dice Solino en su Polistor, cap. 13, y
-así parece que el monte Olimpo sobrepuja las impresiones del aire
-caliginoso y oscuro, y por consiguiente, llega á la tercia region del
-aire, que es toda serena, y con todo eso, no es tanta su altura que
-no pudiesen subir á él los filósofos á especular y los sacerdotes á
-ofrecer sacrificios. Y no solamente Olimpo, monte, sobrepuja las nubes,
-pero tambien el monte Athos en Macedonia ó en Tracia, del cual dice
-el mismo Solino en el cap 21, y Pomponio Mela, libro II, cap. 2.º,
-que es más alto que el lugar de donde descienden las lluvias, y este
-lugar es la media region del aire, de tal manera que: _capit opinio
-fidem quod de aris quas in vertice sustinet, non abluitur cinis sed
-quo relinquitur aggere manet_. Y tiene otra cosa que se tiene por una
-de las maravillas del mundo, que llega con su sombra hasta la isla
-Lemno, una de las del Archipiélago, que está dél 86 millas, que son más
-de 28 leguas. _Quod non frustra inter miracula notaverunt cum Athos
-Lemno sex et octoginta millibus pasuum separaretur._ Lo mismo dice Sant
-Isidro, libro XIV, cap. 8.º de las «Etimologías». Y, cierto, la isla
-de Tenerife en las Canarias, y la isla del Pico en las de los Azores,
-no creo que son muy ménos altas que las dichas, como quiera que las
-veamos, á lo ménos la del Pico, 40 leguas en la mar, y mucho más alta
-la cumbre dellas que las nubes, y que parecen por debajo dél. Pues si
-estas sierras ó montes ya dichos llegan á la tercera region del aire,
-que es toda serena y suave, no es difícil cosa de creer y conceder que
-el Paraíso terrenal suba encima de los vientos y de las lluvias en la
-region tercera del aire, al cual, con más razon podemos dar mayor
-altura que á los montes comunes de que ya tenemos cierta noticia.
-Finalmente, es de concluir que el Paraíso terrenal está en lo más
-alto de toda la tierra, y sobrepuja todos los otros altos montes por
-altos que sean, donde las aguas del Diluvio no pudieron llegar, ó por
-su altura, ó porque no convino que llegasen, las cuales sobrepujaron
-15 codos á todos los más altos, parece. _Génesis_, 7. Pues trayendo
-lo dicho al propósito, como el Almirante considerase la tierra no ser
-esférica del todo, como ya se probó, y la necesidad del lugar ó altura
-del Paraíso, pudo imaginar el dicho monte ó lugar ser como el pezon de
-la pera, como lo más alto de toda la tierra, puesto que la semejanza de
-las cosas en todas las particularidades no se pueda ni deba guardar,
-porque de otra manera, una cosa no seria semejante á otra sino ella
-misma.
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-CAPÍTULO CXLIII.
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-
-Cuanto á lo segundo que propuse decir, en qué sitio ó region ó parte de
-la tierra, ó si en isla ó tierra firme, puesto sea el Paraíso terrenal,
-decimos: que en qué lugar ó debajo de qué parte del cielo sea su
-sitio, cierta, determinada y precisamente, nadie de los que vivimos y
-vivieron ántes de nos, miéntras vivian, ni lo sabemos ni lo supieron,
-sino fuesen aquellos á quien la divina voluntad quiso revelarlo, porque
-la Escritura divina no lo declara. Y por esta causa de incertidumbre,
-hubo diversas opiniones, no sólo entre gentiles, pero tambien entre
-católicos. Lo que la Escritura Sancta dice, es esto: _Plantaverat auten
-dominus Deus Paradisum voluptatis, à principio_ «Génesis. II.» Algunos
-exponen _à principio_, por en el Oriente, porque de allí comienza el
-movimiento del cielo que primero se mueve, ó que se llama _primum
-mobile_. De aquí entienden que el Paraíso sea situado en Oriente, y
-así lo dice Sant Isidro, cap. 3.º del libro XIV, de las «Etimologías:»
-_Paradisus est locus in Orientis partibus constitutus, cujus vocabulum
-ex græco in latinum vertitur, hortus. Porro hebraice Edem dicitur,
-quod in nostra lingua delitiæ interpretatur, quod utrumque junctum
-facit hortum delitiarum_, etc. San Juan Damasceno, _De ortodoxa fide_,
-libro II, cap. 2.º, _inter cetera_, dice: _Hic locus divinus est
-Paradisus, Dei manibus in Edem, id est delitiis el voluptate, plantatus
-in Oriente quidem omni terra celsior_, etc. La «Historia scolástica,»
-en el cap. 13, sobre el Génesis: _Plantavit Deus Paradisum herbis
-et arboribus insitum, à principio creationis, scilicet cum aparuit
-árida, et germinare terram fecit. Vel à principio id est à prima orbis
-parte unde alia translatio habet Paradisum. In Edem ad Orientem. In
-Edem, id est delitiis: à principio id est ad Orientem est autem locus
-amenissimus longo terræ et maris tractu á nostra habitabili zona
-secretus_, etc. Strabo tambien á lo mismo concuerda: _Paradisus est
-locus in Oriente positus, interjecto Oceano et montibus appositis,
-à regionibus quas incolunt homines secretus et remotissimus._ Lo
-mismo afirma Josefo, libro I, cap. 2.º, _De Antiquitatibus_: _Dicit
-autem etiam Deum plantasse ad Orientem Paradisum_, etc. Todas estas
-sentencias pretenden ser su asiento en las partes de Oriente, y ser
-secretísimo y apartado de toda poblacion de hombres por mucha lejura
-de tierra y de mar que esté en medio. Sancto Tomás dice en la primera
-parte, cuestion CII, art. 1.º, y en otros lugares, que convenientemente
-se afirma estar puesto el Paraíso terrenal en el Oriente, porque es de
-creer que en el más notable lugar de la tierra esté situado, y este es
-el Oriente, como sea la diestra parte del cielo, segun el Filósofo,
-en el libro II, _De cœœœlo et mundo_, y la diestra es más noble que
-la siniestra, y así, fué cosa conveniente que Dios allí lo pusiese.
-Estas son palabras de Sancto Tomás. Cerca de este punto es de notar,
-que, en cualquiera sitio que el Paraíso esté, se puede entender estar
-al Oriente; la razon es, porque cualquiera punto en la tierra se puede
-entender estar al Oriente, por respecto y en comparacion del cielo,
-ó por respecto de diversos sitios de la tierra, sino es por respecto
-de los dos polos, por ser inmovibles ó movibles; y por eso, por decir
-estar al Oriente, no por eso se determina cierto y preciso lugar de la
-tierra en que tenga su sitio el Paraíso. Otros hobo que tuvieron por
-opinion que estaba el Paraíso terrenal en alguna parte del Occidente,
-y este fué error de los gentiles que siguieron los versos y ficciones
-de los poetas, los cuales afirmaron estar en las islas de Canaria,
-por lo cual las llamaron Fortunadas y Bienaventuradas, cuasi diciendo
-que los que en ellas vivian eran felices y bienaventurados. Así lo
-testifica Sant Isidro en el libro XIV, cap. 6.º, de las Etimologias:
-_Fortunatarum insulæ vocabulo suo significant omnia fere bona quasi
-felices et beatæ fructuum ubertate: sua enim natura pretiosarum poma
-silvarum parturiunt, fortuniis vitibus juga colium vestiuntur. Ad
-herbarum vicem messis et olus vulgo est, unde gentilium error et
-secularium carmina poetarum, propter soli fecunditatem, easdem esse
-Paradissum putaverunt_, etc. Estas son sus palabras. Hesiodus, poeta
-que segun Plinio, en principio del libro XIV de la «Natural Historia,»
-fué el primero que dió preceptos ó reglas de agricultura, hace mencion
-que en las islas Canarias estaba el Paraíso, que llamaban los gentiles
-los Campos Elíseos, como arriba en el capítulo 20 largamente dijimos.
-Strabo, en el principio de su «Geografía,» hace la misma mencion destas
-islas Canarias, y tambien que en España, por su fertilidad, ponia
-Homero y tambien Platon los dichos Campos Elíseos, que llamamos el
-Paraíso. Pero podrá preguntar alguno, ¿como adivinaban los gentiles
-nuestro Paraíso por la suavidad y amenidad ó templanza y aspecto
-favorable de los cielos, que trataban de los Campos Elíseos, donde
-creian ir las ánimas de los que en esta vida justamente vivian?
-Responde Gregorio Nacianceno, en la oracion octava sobre la muerte de
-Sant Basilio y Eusebio, en el libro XII _De Evangelica preparatione_,
-que los griegos, y señaladamente Platon, aquello y otras muchas cosas
-tomaron de los libros de Moisén y de nuestra antigua Sagrada Escritura.
-_Sapientes (inquit Gregorius), qui fuissent in Eliseos Campos receptos
-aserebant terram sicilicet inmortalem, quo nomine appellabant
-nostrum Paradisum ex Mosaicis libris edocti: licet in apellando eo
-discreparent, Campum Elisium vel pratum herbosum illum vocantes_, etc.
-Pero dejado el lugar ó el sitio del Paraíso que aquestos decian, gran
-diferencia es la que hay entre la felicidad del Paraíso á las islas
-de Canaria, que llamaban Fortunadas, porque aunque muchas cualidades
-se cuentan por los antiguos dellas, fué por la gran licencia que los
-poetas se tomaron de fingir muchas más de las que en la verdad eran; lo
-cual se averigua, lo uno, por lo poco que las alaba de bienaventuradas
-Solino en el capítulo último de su Polistor, donde dice, que mucho
-más dice la fama que por sus nombres en la verdad tienen: _De harum
-nominibus expectari magnum mirum iror, sed infra famam vocabuli res
-est_, y referidas algunas buenas calidades suyas, dice al cabo:
-_Ideoque non penitus ad nuncupationem suam congruere insularum
-calitatem_. Y así, no son aquellas islas del nombre de Paraíso dignas,
-y por esto parece claro, los muy antiguos ninguna noticia haber tenido
-destas Indias sino fuese atinando, porque, si la tuvieran, con muy
-mayor razon pusieran en ellas los Campos Elíseos que en las islas
-de Canaria, ni en España, pues es manifiesta la ventaja, como cien
-mil partes á una, que á todas las del mundo, en felicidad, templanza
-de aires, aspecto de los cielos, aguas, frutas, frescura, suelo,
-disposicion de la misma tierra y otras naturales riquezas hacen estas
-Indias, como arriba en muchos capítulos ha parecido, y es harto buen
-argumento; y porque allí, donde el Almirante andaba, era maravillosa la
-frescura y temperancia de aires, y alegría de la tierra, cielo, aguas y
-arboledas, que por los ojos via, no era mucho que por allí concibiese,
-aunque habia navegado hácia el Poniente (puesto que tambien sentia ser
-el fin de Oriente), estar, no los Campos Elíseos como los gentiles,
-sino, como católico, el terrenal Paraíso.
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-CAPÍTULO CXLIV.
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-
-Fueron algunos otros que tuvieron opinion que estaba el Paraíso
-terrenal debajo de la línea ó en la línea equinoccial, y, para
-prueba dello, señalaban algunas razones: una era, porque, segun
-muchos filósofos, aquel lugar es temperatísimo por las razones que
-al principio el Almirante propuso ante los Reyes católicos, probando
-ser posible el descubrimiento deste orbe, las cuales pusimos en los
-capítulos 6.º y 7.º, y la verdad desta temperancia, cierto, más vemos
-por nuestros ojos que podemos leer en ningunos libros. Pues como el
-Paraíso haya de tener el más templado y felice lugar que se pueda
-hallar en la tierra, segun que arriba se ha visto, parecíales que
-allí debia estar situado el Paraíso terrenal, y confírmase por esta
-razon, y sea la segunda, porque en la línea equinoccial, ó cerca
-della, entre los trópicos, que se llama, segun Virgilio en el primero
-de las «Georgicas,» y Sant Jerónimo en la _Epistola ad Paulinum_, al
-principio, la Mesa del sol, está la ciudad de los filósofos, nombrada
-Arim, y otros lugares cuyos habitadores todos, por la mayor parte,
-se ocupan en ciencia de astrología y en especular los secretos de
-las cosas naturales; pues como, para entender y ejercitarse en esta
-especulacion y estudio, se requiriese vivir ó habitar en lugar suave
-y templado, ajeno de las perturbaciones é inquietudes que causan el
-excesivo frio y calor, como en el capítulo 142, hablando del monte
-Olimpo, se dijo, por esto les parecia que por aquella region debia de
-estar el Paraíso; y porque el Almirante habia ejercitado estas antiguas
-lecturas, y se via 5° de la línea equinoccial, y con tan maravillosa
-frescura, verdura, templanza, y tan sensible serenidad, pudo no sin
-mucha causa ser movido, al ménos, á sospechar que aquella tierra de
-Paria ó cerca della debia estar el Paraíso terrenal. Dícese allí la
-Mesa del sol, por una manera de metáfora, porque los filósofos, como en
-mesa de dulces manjares, se mantenian y recreaban del suave y deleitoso
-manjar de la sabiduría y ciencia de filosofía, penetrando y entendiendo
-los secretos, por ella, de los movimientos é influencias y virtudes de
-los cielos y estrellas, y de las otras cosas naturales; pero, en el
-sentido literal, la Mesa del sol se dice y dijo, porque en Etiopía,
-cerca de la isla Meroc, que hace el rio Nilo, la cual está cerca de la
-línea equinoccial, donde viven la gente que se llaman macrobios, gente
-amicísima de justicia, de verdad y de virtud, y que se adornan con
-joyas hechas de cobre, y las prisiones á los delincuentes hacen de oro,
-por tener en ménos estima el oro quel cobre, hay un prado ó campo en el
-cual de noche, los que gobiernan, mandan proveer y hinchir de muchas y
-diversas carnes asadas, en suma y grande abundancia, y, salido el sol,
-cada uno de los que quiere van á él y toman lo que dellas quieren, á
-su voluntad; piensan los ignorantes pueblos, que divinalmente aquello
-se les provee y nasce en aquel campo, y porque adoran al sol, llaman
-la Mesa del sol, estimando que el sol se lo provee. De aquí salió
-entre los antiguos este proverbio ó refran, que á toda abundancia ó
-provision copiosa de comida, ó cuando los ricos daban en sus casas bien
-de comer á los menesterosos, llamaban Mesa del sol. Por esto la llama
-Sant Jerónimo, donde dije arriba, _Famosissimam solis mensam_. Della
-hace mencion Herodoto en el libro III de su «Historia,» y Pomponio
-Mela, libro III, cap. 10, y Solino, cap. 43. Por ver á esta Mesa del
-sol envió Embajadores Cambises, rey de Persia, al rey de Etiopía,
-diciendo que la deseaba ver como cosa tan maravillosa; pero hacíalo por
-usurpar aquel señorío de Etiopía; el cual enviando sus Embajadores,
-más por espías para especular la tierra por dónde habia de entrar con
-su ejército, que con embajada, dióles muchos dones, ciertas vestiduras
-de carmesí, é collar de oro y ajorcas, que usaban los hombres en
-aquellos tiempos, y un alabastro de ungüento, y vino de Fenicia, muy
-precioso, que le presentasen de su parte y dijesen así: «Cambises,
-Rey de los persas, deseando ser tu amigo, querria tambien ser huesped
-tuyo; nos ha enviado y mandado que vengamos á te hablar de su parte,
-y te presentásemos estos dones, los cuales él tenia por muy preciosos
-y usa dellos como en cosa de que él se deleita, y porque te ama quiso
-con ellos agradarte.» Pero el rey de Etiopía, entendiendo que más por
-escudriñarle su reino, para usurpárselo los enviaba, respondióles:
-«Vuestro señor, el Rey de los persas, ni os envia porque él tenga
-en mucho ser mi huesped, ni vosotros decís verdad, porque no venís
-sino á especular nuestro imperio, ni vuestro Rey, que os envia, es
-bueno ni justo, porque, si justo fuese, no desearia usurpar el reino
-y region ajena, sino estaria con la suya contento, ni á los hombres
-que mal nunca le hicieron querria poner en servidumbre, y por tanto,
-vosotros tomad este arco y decidle: «El rey de Etiopía da este consejo
-al Rey de los persas, que cuando los persas trujeren tan fácilmente
-sus arcos, tan grandes como este, entónces con mayores ejércitos mueva
-guerra contra los macrobios etiopes, y, entretanto, haga gracias á
-los dioses que no inspiran ni mueven á los hijos de los etiopes, que,
-fuera de la suya, cudicien adquirir otra region.» Y dicho esto, dióles
-el arco. Y esto decia, porque eran todos aquellos macrobios hombres
-de gran estatura, y los arcos usaban muy gruesos y grandes, y el Rey
-siempre era elegido el que era mayor de cuerpo. Tomó la vestidura de
-púrpura, y sabido que con sangre de ciertas conchas se teñia, dijo:
-«Los hombres dolosos engañadores, de dolosos y engañosos vestidos se
-visten.» Preguntado para qué eran aquellas ajorcas y collar de oro,
-y respondido que para atavío de los Reyes, rióse creyendo que eran
-prisiones, y dijo: «Más fuertes son las prisiones de mis cárceles.»
-Preguntado por el ungüento, y le dijesen que de ciertas confecturas se
-hacia, dijo lo mismo que de la púrpura; cuando vinieron al vino gustólo
-y maravillosamente se deleitó. Preguntó qué cosas tenia por manjares
-su Rey, y qué tanto vivian en su tierra los hombres; respondiéronle
-que comian pan de trigo, dándole á entender qué era y como se hacia,
-y que á lo más que llegaba la vida eran ochenta años; respondió: «No
-es maravilla, pues comen estiércol, que vivan tan poco.» Preguntado
-el Rey por los Embajadores, que tantos vivian los hombres en aquel su
-reino, respondió, que ciento y veinte años, y más, porque no comian
-otra cosa sino carne cocida y bebian leche. Finalmente, tornados los
-Embajadores al rey Cambises, y sabida la respuesta, hecho furibundo
-y sin considerar lo que debiera hacer, junta grande ejército para
-ir contra el rey de Etiopía, que mal nunca le habia hecho; y, no
-proveyendo los mantenimientos necesarios, ántes que la quinta parte del
-camino anduviese, pasando por dificultosísimos lugares, acabáronseles
-las talegas; comenzó el ejército á comer hierba, y él no por eso dejó
-el camino hasta que llegaron á ciertos arenales, donde faltándole del
-todo la comida, acuerda el ejército de echar suertes sobre que de cada
-diez uno, dellos mismos, se comiesen. Oido por Cambises, acuerda de
-tornarse, habiendo muchos del ejército perecido. Vuelto á Thebas y de
-allí á Memphis, ciudad de Egipto, envió por la mar otro grande ejército
-contra los etiopes, que nunca le habian, como dicho es, ofendido,
-adonde hizo desatinos, y al cabo, allí, con rabia de no haber con su
-locura salido, del todo perdió el seso. Todo esto cuenta Herodoto en
-su libro III. Esto hemos referido por ocasion de la Mesa del sol que
-dijimos. De otra manera, y por otros efectos hablan los astrólogos y
-astrónomos de la Mesa del sol, y es esta: que partiendo y dividiendo la
-tierra toda en tres partes, la una es la parte austral, la segunda la
-aquilonar, la tercera la Mesa del sol. Todo lo que hay de tierra de esa
-parte del trópico de Capricornio hiemal, nombran austral; toda la parte
-que hay desta de trópico de Cancro estival, aquilonar; y todo lo que se
-contiene entre ambos á dos trópicos, llamaron la Mesa del sol; la razon
-es, porque el sol no sale de entre los dos trópicos, y entre ambos,
-cada dia natural de veinticuatro horas de Oriente á Poniente, por el
-movimiento del primer movible, parece que se apascienta y recrea como
-en una mesa; y en seis meses del año, con el movimiento propio, ándase
-del trópico hiemal al estival, y los otros seis meses del estival al
-hiemal; y así, por una manera de metáfora, llaman todo aquel aspacio
-de tierra de entre ambos trópicos la Mesa del sol, como dicho es. La
-tercera razon, que los que afirmaban estar el Paraíso en la línea
-equinoccial daban, colegian de los nascimientos del rio Nilo, arguyendo
-así: cierto es que el rio Nilo es Gion, uno de los cuatro que salen del
-Paraíso, pues vemos que este rio aparece y mana teniendo sus principios
-y fuentes de la etiopal, cerca de la línea equinoccial, el cual cerca
-toda la tierra de Etiopía, como dice la Escritura «Génesis» cap. 2.º, y
-despues allí riega la tierra de Egipto; luego señal es que debe allí,
-ó cerca de allí (conviene á saber, de la línea equinoccial), estar el
-Paraíso terrenal, y parece venir derecho camino de hácia allá. Destas
-tres razones aquí dichas, que alegan los que afirman estar el Paraíso
-en la línea equinoccial, las dos, primera y tercera, refiere, con
-aquellos, Sancto Tomás en el segundo escripto sobre las «Sentencias,»
-distincion 17, cuestion 3.ª, art. 2.º _In corpore_. Y aunque la razon
-postrera parece que arguye, con alguna sospecha, que por allí estará
-el Paraíso, por aparecer Nilo cerca de la equinoccial, pero no es muy
-eficaz; la razon es, porque muchos rios hay é fuentes que nacen en unas
-tierras y islas, y viénense á tornar á nacer á otras, aunque ellas
-estén muy apartadas, y entre ellas haya mucha distancia de tierra ó
-de mar, porque si la distancia es de tierra, puede venir, é de hecho
-viene, el agua por venas y soterráneos ocultos de la tierra, y en unas
-tierras aparecen, y en otras se sumen y corren sin verse ni sentirse,
-y en otras parece que de nuevo nacen, como si allí fuese su primer
-orígen; y si la distancia tambien es de mar, lo mismo acaece, porque
-viene, ó por los caminos soterráneos de la tierra que está debajo de la
-mar, ó por encima de la misma agua salada, porque el agua dulce anda
-siempre por encima de la salada por ser más liviana, y va su camino,
-y si algo toma de lo salobre, despues, pasando por las venas de la
-tierra, se torna á endulzorar. Desto un asaz patente ejemplo tenemos
-del rio Alpheo, que su fuente y nascimiento es en la Peloponense,
-provincia de Grecia, que se solia llamar Acaya, donde predicó Sant
-Andrés, agora se llama la Morea, y está entre dos mares Jonio y Egeo,
-cuasi como isla, de allí corre aquel rio Alpheo y va por la ciudad de
-Elide y por la de Pisa, ciudad de Arcadia; de allí se sume y va mucho
-camino por debajo la tierra, despues por debajo de la mar por grandes
-honduras, como son las del Archipiélago, y va á salir en la isla
-Oritigia, que tambien se llama Délos, la principal del Archipiélago,
-en manera de fuente, como si allí tuviese su primer nascimiento;
-despues deja á la Grecia, y va por debajo de la mar y sale por la
-fuente Aretusa, muy nombrada, que está en la isla de Cecilia, cerca
-de la ciudad Siracusana, y de allí entra en la mar, lo cual es cosa
-admirable. Esto se experimenta echando pajas ó otra cosa liviana en
-el principio y fuente del rio Alpheo, que es en Grecia, viene á salir
-por la dicha fuente Aretusa, en Sicilia. Así lo cuenta Virgilio en el
-III de las «Eneidas,» _Alpheum fama est Elidis amnen ocultas egisse
-vias subter mare; qui nunc ore Arethusa tuo confunditur undis_, y en
-el VII de «Las Bucólicas,» en la égloga última; y Ovidio, en el V de
-_Metamorphoseos_, al fin, y Strabo en el libro VIII, y Séneca tambien
-en el libro V de las «Cuestiones naturales.» Lo mismo y más eficazmente
-se prueba por los rios Tigris y Euphrates que salen del Paraíso
-terrenal, los cuales no se nos manifiestan luego como salen, ántes,
-por debajo de tierra y por mar, con luengo discurso, y no salen hasta
-la region de Armenia, donde ambos juntos se muestran por una fuente,
-como si allí fuese su primer principio, y de allí luego se dividen, y
-el Tigris va más al Oriente, hácia los Asirios, y Euphrates hácia los
-Caldeos; desto hace mencion Salustio y Boecio, libro V, metro primero,
-_De consolatione_: _Tigris et Euphrates uno se fonte resolvunt et mox
-adjunctis disociantur aquis; si coeant cursumque iterum revocentur in
-unum, confluat alterni quod trahit unda vadi_, etc. Y Sant Agustin,
-libro IX, cap. 6.º, sobre _Genesim ad literam_. Lo mismo parece del
-mismo rio Nilo, que en muchas partes se encierra y en muchas aparece, y
-nunca se ha podido tener certidumbre dónde sea su nacimiento, despues
-de que sale del Paraíso, segun arriba se ha visto. De todo lo dicho se
-sigue, que podrá estar el Paraíso en alguna isla cercada de mar, porque
-ninguna razon repugna, ántes parece apuntarse por el dicho de Strabo, y
-que dicen, que, _interjecto Oceano et montibus appositis_, etc., estar
-cercado de mar, y así ser isla; pero que sea en isla, ó esté situado en
-tierra firme, ni se ha sabido ni se puede saber, si Dios, que lo asentó
-en su lugar, no lo revela.
-
-Tambien hace á la prueba de lo arriba dicho, lo que refiere Sant
-Anselmo en el libro I, cap. 22, _De imagine mundi_, concuerda Sant
-Augustin, sobre _Genesim ad literam_, libro V, cap. 10, el cual dice,
-que el agua, de todas las fuentes y rios del mundo, dulce, de la fuente
-y cuatro rios del Paraíso procede, y que al abismo, que es la madre de
-donde la dicha fuente nasce, otra vez se torna; la cual, puesto que por
-todos los mares ande, no, empero, con el agua de la mar se mezcla, sino
-que como el agua dulce sea liviana, corre por encima de la salada, que
-es pesada, y por el discurso suyo, secreto, se torna; de aquí es lo que
-se dice _Ecclesiastes I_: _Ad locum unde exeunt flumina revertuntur ut
-iterum fluant: omnia flumina intrant in mare et mare non redundat_. Y
-así parece, que la postrera de las tres razones que traen para probar
-que el Paraíso terrenal está en la línea equinoccial, por nacer por
-allí cerca el rio Nilo, no urge mucho, puesto que podria estar so ella.
-Desta opinion hace mencion Sancto Tomás, primera parte, cuestion 102,
-art. 2.º, _in fine_, donde dice: _Quidquid autem de hoc sit credendum
-est: Paradisum in loco temperatissimo constitutum esse, vel sub
-equinocciali ut alibi_.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLV.
-
-
-No faltaron algunos otros que sintieron estar el terrenal Paraíso á la
-parte austral de Mediodia, pasados ambos trópicos, y para persuadirlo
-trajeron algunas razones no fuera de razon, y principalmente hacen
-esta razon y es la misma que arriba, cap. 143, trujimos de Sancto
-Tomás: A la más noble parte de la tierra, como es el Paraíso terrenal,
-débensele, segun toda órden y razon natural, la cual guarda siempre la
-divina Providencia, la más noble parte del cielo, pues la más noble
-parte de toda la redondez de la tierra es el Paraíso terrenal, como
-arriba se ha visto, y abajo, de aquí á poco, en el cuarto artículo,
-se verá; luego el Paraíso terrenal está situado y constituido en
-la parte del mundo austral. Que se le deba la más noble parte del
-cielo á la más noble parte de la tierra, pruébase lo primero por
-el Filósofo en el IV de los «Físicos,» que el lugar y lo que se ha
-de poner en él han de ser ambas á dos cosas proporcionadas: _Locus
-et locatum debent proportionari_. Lo segundo se prueba, porque la
-nobleza, bondad, fertilidad y felicidad de la tierra, no le viene á
-la tierra principalmente, ni procede, sino de las nobles y felices
-influencias de las estrellas y aspecto favorable y benévolo del cielo,
-como de la causa universal, segun parece por lo que en los capítulos
-84 y otros se ha tractado, luego á la noble y felice tierra, noble y
-felice parte se le debe del cielo, y á la más noble más noble, y á la
-nobilísima nobilísima; pues el Paraíso y su tierra es la nobilísima
-parte del mundo, luego nobilísimo asiento se le debe por respecto del
-cielo. Que la más noble parte y más felice y felicísima del cielo
-sea la parte austral, de la otra parte de los trópicos y Mesa del
-sol, como lo llamaban los poetas y astrólogos, esto será menester
-probarlo; para la prueba de lo cual, debemos presuponer: Primero, que
-segun el Aristótel y Alberto Magno, en el II _De cœœœlo et mundo_, y
-segun Ptolomeo y todos los filósofos y astrólogos, comunmente todo el
-orbe juntamente es dividido con la tierra en dos partes principales,
-iguales, segun que la línea equinoccial lo divide en dos hemisferios,
-austral y aquilonar; y dicen que el austral es la cabeza y eminencia
-del mundo, y el aquilonar son los piés y lo bajo y cuasi sentina
-del mundo. La mano derecha es el Oriente, ó parte oriental donde
-comienza el movimiento del primer móvile, como ya se ha tocado; y la
-izquierda es el Occidente ó Poniente, donde va el movimiento. Esto
-supuesto, manifiesto es que la cabeza de todas las cosas naturales
-y artificiales, y áun civiles, siempre vemos ser más adornadas y de
-mejor hechura, y más dignas de donde procede la virtud é influencia á
-los otros miembros del cuerpo, en las cosas, al ménos, que viven, como
-una hormiga y un gusanito y en un árbol, que aunque tiene la cabeza
-debajo de la tierra, si aquella cabeza no tuviese vida, no la ternia
-todo el árbol, pues della depende al árbol el nutrimento y sustentacion
-con que vive, y, porque el arte imita la naturaleza en cuanto puede,
-vemos en las cosas artificiales tambien, que un pintor que pinta una
-imágen, cuanto más adorna y se esmera en hacer más perfecto el rostro
-y la cabeza, y el carpintero una arca, la cabeza, que parece ser la
-tapadera de encima, hace de mejor tabla y madera, y más dolada y limpia
-y labrada parece. En las civiles ó inanimadas ó ayuntamientos naturales
-de las gentes, tambien lo habemos experimentado y cada dia vemos,
-las ciudades que son cabezas de los reinos, cuanto más excelentes
-edificios y fuerzas, cuanto más labores y adornos tienen, cuanto más
-privilegiadas y ennoblecidas y exentas de pechos, cargas y servicios
-y derechos suelen ser por los Príncipes. Pues las civiles animadas,
-como entre los hombres, no es menester tardar en esto más, como veamos
-cuan más nobles y dignos son los que rigen, los Magistrados, los
-Príncipes, los Reyes, no por más sino por ser cabezas de los pueblos;
-por manera, que en las cosas naturales y en las artificiales, y en
-las civiles inanimadas y animadas, y, finalmente, en todas las cosas
-criadas, las cabezas son las más nobles, de más virtud y más dignas.
-Pues como los cielos sean la más excelente parte de todo el universo
-(de las cosas que no son racionales ni intelectuales hablando, y que
-no viven), como sin sus movimientos, ni los árboles, ni los animales,
-ni tampoco los hombres podrian tener vida, y otras muchas cosas
-no ternian ser, manifestísimo es que la parte que fuere su cabeza
-será, sobre todas las otras sus partes, necesariamente nobilísima,
-virtuosísima, y del mesmo Hacedor con abundancia de virtudes naturales
-y vigorosas privilegiatísima; pues esta es la parte austral y que los
-marineros llaman el Sur, luego aquella parte será y debe ser la más
-noble y más felice y más digna que el Oriente, ni el Occidente, ni
-la del Norte ó Septentrional. De aquí es, que Aristóteles y Alberto
-Magno en el II, cap. 2.º, _De cœœœlo et mundo_, y todos los filósofos
-de Etiopía que se llaman Bragmanes, y Gimnosophistas, que especulan
-aquella parte austral, mayormente Ptolomeo, afirman que las estrellas
-de aquella parte son mayores y más resplandecientes y más nobles y
-más perfectas, y, por consiguiente, de mayor virtud y felicidad y
-eficacia que las aquilonares. Y asimismo, que aquel polo Antártico
-y austral, es de mucha mayor cantidad y claridad y virtud que el
-nuestro, que llamamos el Norte; y la razon es, porque toda aquella
-parte es cabeza del mundo, luego las influencias y virtudes de allí
-son más nobles, y, por consiguiente, de mayor felicidad, eficacia y
-virtud. Es luego manifiesto ser la más felice y noble y digna parte del
-cielo la parte austral, y, por consiguiente, allí debe estar situado
-el Paraíso terrenal, y no al Occidente ni al Norte ó Septentrion, ni
-tampoco á la parte oriental, porque todas aquellas partes del cielo no
-tienen tanta nobleza, ni tanta virtud natural que cause y corresponda
-á la suavidad, templanza, deleite y felicidad que tuviéramos y hoy
-gozan Elías y Enoc en el Paraíso terrenal. Y á esto parece consonar
-aquellas palabras del «Génesis,» cap. 3.º, conviene á saber: que
-como Adan oyese la voz del Señor, que andaba paseándose, _ad auram
-post meridiem_, hacia el aire suavísimo de esa parte de Mediodia,
-escondióse, etc., porque el aire de aquel lugar dice aura, que es
-blandísimo, suavísimo, y delectabilísimo aire, y de temperatísima luz
-y deleitable. Dícese tambien estar despues del Mediodia, por razon
-del lugar, porque aquella region está situada de esa parte de ambos á
-dos trópicos, que decian los astrólogos Mesa del sol, como fué arriba
-dicho, la cual se dice _meridies_ ó Mediodia al ménos, segun imaginaban
-los antiguos que hacian la línea equinoccial tórrida zona, y calurosa
-demasiadamente. Esta es la diferencia por aquel respecto entre el
-Mediodia y la region que allí parece la Escriptura llamar aura, que
-el Mediodia es lo mismo que lumbre intensísima, con calor excesivo,
-lo cual imaginaban ser entre los trópicos, pero el aura es lo mesmo
-que aire suavísimo y vital, y templadamente lucido y cálido, como es
-el de aquel hemisferio, por el favor é favorables influencias de las
-estrellas y cuerpos celestiales, y así parece que por el aura, despues
-del Mediodia, donde aquestos afirmaban estar el Paraíso terrenal, se
-entiende la parte austral que es situada desa parte del Mediodia, que
-está pasado el trópico de Capricornio, en el cual se engendra fuego,
-mayormente cuando el sol está en los signos australes y se apropincua
-al opósito de auge. Y aquel trópico piensan algunos que es el gladio
-y cuchillo ígneo versátil que puso Dios entre nosotros y el Paraíso,
-para que Adan ni Eva, ni alguno de sus hijos pueda entrar allá. Pero
-el contrario es la verdad, que vemos por experiencia, que debajo del
-mismo trópico hay tierra excelentísima y muy poblada, en las provincias
-del Perú. Por todo lo que dicho es, parece quedar harto probable la
-opinion que tienen los que ponen el Paraíso de los deleites, de donde
-fueron echados nuestros primeros padres en este valle de lágrimas
-y amarguras, en la parte y hemisferio austral. Y pues hobo varones
-doctos que con tan probables razones quisiesen persuadirnos estar el
-Paraíso en aquella parte del mundo austral, y el Almirante viese que
-la tierra firme, ó, segun estimaba entónces, isla de Gracia, parecia
-en la parte austral, y la tierra tan felice y aires tan suaves y
-aguas tan dulces, y juntas tantas, no absurda ni no razonablemente,
-pudo pensar y juzgar, ó al ménos sospechar, estar por aquella parte
-el Paraíso terrenal. A lo que estos opinadores dicen, que el trópico
-de Capricornio engendra fuego, y que este debe ser ó es la espada
-ó cuchillo ígneo que defiende la entrada del Paraíso terrenal, el
-contrario podemos afirmar los que habemos pasado el dicho trópico, por
-estas Indias andando hácia la parte austral, donde no vemos el exceso
-del fuego ó del calor, ántes, hallamos tierra y mar bien templada.
-Puede ser por esta vía la contrariedad concordar: que, como luego se
-dirá, no parece que todo aquel hemisferio era necesario, segun algunos
-quisieron decir, ocupar el Paraíso terrenal, sino que alguna gran parte
-y aquella que ocupa, debe criar el dicho fuego ó calor, y no lo más,
-pues no hay necesidad, y porque, segun algunos escritores, en la region
-del Paraíso, fuera dél, muchos pueblos se cree morar.
-
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-
-CAPÍTULO CXLVI.
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-
-Cuanto á lo tercero que dije en el cap. 142, que entendia tratar,
-conviene á saber, de la grandeza ó tamaño y capacidad del Paraíso,
-esto parece que es lo más probable: que aquel lugar del Paraíso es
-muy grande, porque están en él inmensidad de árboles de todos géneros
-y de todas especies, con toda amenidad y frescura; es tambien el rio
-que riega todo el Paraíso muy grande, y dél se reparten los cuatro
-rios poderosos que arriba se han nombrado, y esto, por fuerza es que
-requiera lugar de capacidad grande. Item, si Adan no pecara habia de
-vivir y habitar en él todo el linaje de los hombres, porque ninguno
-habia de vivir en el mundo, donde agora moramos, porque esto se dejaba
-para habitacion de las bestias, pues para vivir y morar todos los
-hombres juntos, gran capacidad de lugar era menester. Por esta razon
-tuvieron algunos que el Paraíso terrenal era de tanta capacidad,
-cuanta tiene una gran provincia ó una parte de las principales, como
-es África ó Europa; otros, que todo aquel austral hemisferio era dado
-por Paraíso terrenal, por la razon en el precedente capítulo dicha,
-por la cual sentian ser toda aquella parte amenísima y felice; pero
-á estos se puede, segun parece, responder, que si tan grande y tan
-capaz fuera el Paraíso, no se pudiera de algunas gentes, y áun de la
-mayor parte de los hombres, encubrir. Item, lo de la multiplicacion de
-los hombres, no fuerza á tener que por ello hobiese de ser tan capaz
-como una provincia grande; la razon es, porque los hombres, aunque
-multiplicaran como ahora multiplican y quizas más, no habian siempre de
-permanecer juntos, hasta cumplido el número que Dios tenia determinado
-de salvar y fenecer el mundo, sino que, de generacion en generacion,
-los habia Dios de traspasar en la vida eterna y estado celestial, por
-dos ó de dos maneras, segun dice Sant Augustin en el libro IX, cap.
-6.º sobre _Genesim ad literam_, y tráelas el Maestro en el segundo de
-las «Sentencias,» distincion vigésima. La una es, ó que nascidos los
-hijos, é instruidos y llegando á la edad de los padres, los padres
-sin muerte fuesen transferidos; la otra, que á cabo de cierto tiempo
-y número, unos fuesen y otros quedasen, y desta manera no fuera tanta
-multitud de hombres en el Paraíso como es agora en el mundo. Puédese
-tambien decir, que aunque hubiese entónces grande número de hombres
-habitando en el Paraíso, no era necesario tener gran lugar como agora
-ocupamos, porque agora tenemos necesidad de tener con nosotros muchos
-animales para poder vivir, é para los animales tierra larga para en
-que quepan y hallen sus pastos, y tierra tambien para labrarla y haber
-los frutos della, y esta suele ser por tiempo estéril, y es menester
-por algunos dias mudar las labores y reservarla, y así, para pocos
-hombres, grande tierra y espaciosa es necesaria; todo lo cual, en el
-Paraíso cesaba, como los hombres se hubiesen de mantener de los frutos
-de los árboles, y así, poca tierra les bastaba, puesto que el Paraíso
-tiene un lugar bien capaz y grande, para que se pudiesen los hombres,
-con alegría, gozo, delectacion y consuelo, por muchas partes espaciar.
-Algunos sienten que terná espacio de 100 leguas en todo su ámbito, por
-manera que si así es su longura, será 30 leguas ó poco más, porque en
-el círculo ó figura redonda, desta manera sea la longura que es el
-diámetro á la línea circunferencial. Finalmente, ninguna cosa de las
-dichas tiene certidumbre, como quiera que la divina Escritura desto no
-haga mencion alguna, ni haya hombre que lo haya visto ni pueda ver ni
-saber, si no le fuese divinalmente revelado, porque segun Beda sobre
-el «Genesis,» de creer es que aquel lugar es remotísimo de la noticia
-de los hombres. Puesto que hay quien diga que cerca dél haya pueblos y
-poblaciones de hombres, sentencia es que no contradice á la Escritura,
-pues presupone poder algunos venir á él, pero no entrar por el muro de
-fuego, que llama Espada en manos del Cherubin. Parece que, si cerca
-de allí no hobiera pueblos algunos, no era necesario sino supérfluo
-poner guarda para que no osara entrar ninguno; parece tambien esto,
-porque segun el texto hebreo, «Genesis,» II, plantó Dios el Paraíso
-en Edem, que significa la tierra ó lugar donde lo plantó, la cual
-estaba poblada y habitada de gentes, como parece «Genesis,» cap. 4.º
-_Egresus Cain habitavit profugus ad Orientalem plagam Edem_; salió
-Caín huyendo y fué á morar á la provincia Edem, que está al Oriente:
-y en «Ezequiel,» cap. 27, donde se cuentan muchos pueblos y naciones
-que traian mercadurías á Jerusalen, entre ellos se nombran los pueblos
-de Edem y Charan, de donde se averigua ser provincia ó region poblada
-por entónces. Dícese así en Ecequiel: _Charam et Edem negotiatores
-tui_, etc., Edem cuasi provincia y region, donde está el Paraíso. Así
-dice Sant Juan Damasceno: _Hic locus divinus est Paradisus Dei manibus
-in Edem, id est, delitiis et voluptatibus_, etc. Y Sant Agustin, en
-el libro VIII, cap. 3.º, sobre _Genesim ad literam_: _Plantavit ergo
-Dominus Paradisum in delitiis, hoc est enim in Edem, ad Orientem_.
-Donde se da á entender que toda aquella provincia ó region era
-delectable y felice, donde moraban los hombres, pero, sobre todas las
-partes della, era felicísimo y delectabilísimo el Paraíso que plantó
-el Señor donde puso el hombre, el cual comunmente se nombra por los
-que escriben, Monte altísimo, como ha parecido arriba. Toman tambien
-otro argumento para decir que cerca del Paraíso estuvo, y por ventura
-está hoy, gente poblada, porque segun dicen que refiere Sant Basilio
-en su _Exameron_, y Sant Ambrosio en el suyo, que como el Paraíso esté
-constituido en monte altísimo, puesto que arriba sea él todo llano, cae
-el agua de la fuente que sale dél en un lago grande, de donde proceden
-despues los cuatro rios caudales, y es tanto y tan grande el estruendo
-y sonido que hace al caer, que todos los moradores de los pueblos
-vecinos del dicho lago ó laguna en que cae, nacen todos sordos por el
-exceso grande, que corrompe el sentido del oir. Pero esto no lo dicen
-Sant Basilio ni Sant Ambrosio en sus _Examerones_, ni en los libros que
-ambos hicieron del Paraíso terrenal; si en otra parte quizá de sus
-obras no está escrito, que yo no haya visto, solamente hallo que esto
-afirmaron decirlo los Sanctos susodichos á Bartolomé Anglico, autor del
-libro _De propietatibus rerum_, en el libro XV, cap. 112, y á otros que
-lo tomaron dél: como quiera que ello sea y cualquiera que lo diga, como
-no lo contradiga la Escritura, bien podemos pasar con ello. Todas estas
-cosas, puesto que remotas de nuestra Historia, he querido engerir aquí
-ofrecida ocasion de haber hablado el Almirante del Paraíso, para que
-los que no saben latin, de cosas que no leyeron tengan alguna noticia.
-Y por concluir con esta intincion cerca de lo cuarto que arriba en el
-cap. 142 prometí, digo, que de las cualidades del Paraíso dicen los
-Sanctos maravillas, porque en él habia copia de todos los bienes que
-pueden al hombre, para su consuelo, gozo, alegría y felice vida, en
-cuanto al cuerpo, convenir, de tal manera, que ninguna cosa pudiese
-desear que no la tuviese, ni aborrecer que no estuviese ausente dél,
-segun Sant Agustin, libro XIV, cap. 10, _De civitate Dei_: _¿Quid
-timere aut dolere poterant in tantorum tanta affluencia bonorum, ubi
-non aberat quicumque quod bona voluntas non adipisceretur; neque erat
-quod carnem vel animam hominis feliciter viventis ofenderet vel mali
-quo molestaret?_ Allí todos los sentidos se deleitaban, los ojos, con
-admirable claridad y en ver la hermosura de los árboles y frutas y
-otras cosas; los oidos, del cantar y música de las aves; el sentido
-del oler, con los aromáticos y diversos y suaves olores, y así los
-demas, todos juntos, con la templanza y suavidad del aire y amenidad
-del lugar, y templatísima concordia de los tiempos, donde concurrian
-la frescura del aire, los alimentos del verano, la alegría del otoño,
-la quietud de la primavera, la tierra gruesa y fructífera, las aguas
-delgadas y en gran manera dulces y apacibles. Allí, no violencia de
-vientos, no molestia de tiempos, no granizo ni nieve, no truenos ni
-relámpagos, no hielo de invierno, no calor de verano, ni otra cosa
-que les pudiese dar angustia ni afliccion ó fastidio; allí dicen que
-ninguna cosa puede morir. Estas y otras muchas, dulcísimas y alegres
-calidades pone Sant Basilio en el libro suso tocado del Paraíso,
-lo demas se lea en los lugares donde copiosamente, de propósito, la
-materia se escribe. Y así, queda largamente persuadido de haber tenido
-el Almirante muy urgentes razones para entre sí considerar, ó al ménos
-sospechar, que podia estar por allí, ó cerca, ó léjos de allí, en aquel
-paraje ó region de tierra firme, que él juzgaba ser isla, aunque ya
-iba creyendo que era tierra firme, el terrenal Paraíso; pues por otra
-parte habia leido y entendido, que unos lo ponian al Oriente, otros al
-Occidente, otros en la línea equinoccial, otros al Austro y Mediodia, y
-por otra sabia que habia navegado al Occidente, y despues tornado algo
-al Oriente, y por esto pensaba que aquello era el fin del Asia. Otra
-vez volvia al Sur ó Austro, y la tierra grande que primero vido despues
-de la isla de la Trinidad, y que llamó isla de Gracia, le pareció de
-hácia el Mediodia; de otra parte, hallábase 5° de la línea; por otra,
-experimentaba tanta frescura de tierras, tan verdes y deleitosas
-arboledas, tanta clemencia y amenidad de sotiles aires, tanta y tan
-impetuosa grandeza, y lago y ayuntamiento tan capaz y tan largo de
-tan delgadas y dulcísimas aguas, y allende todo esto, la bondad,
-liberalidad, simplicidad y mansedumbre de las gentes, ¿qué podia otra
-cosa juzgar ni determinar, sino que allí ó por allí, y áun cerca de
-allí, habia la divina Providencia constituido el Paraíso terrenal, y
-que aquel lago tan dulce era donde caia el rio y fuente del Paraíso
-y de donde se originaban los cuatro rios Euphrates, Gánges, Tigris y
-Nilo? Y quien todas estas razones considerara, y hobiera lo que el
-Almirante habia experimentado, leido y entendido, y entre sí, lo mismo
-no determinara ó al ménos sospechara, de ser juzgado por mentecapto
-fuera digno.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLVII.
-
-
-Tornemos, pues, acabada esta digresion, á nuestra historia y á lo que
-el Almirante hacer, del lugar donde estaba, determina, y es que, á más
-andar, quiere venirse á esta Española por algunas razones que mucho
-le impelian; la una, porque andaba con grandísima pena y sospecha,
-como no habia tenido nueva del estado desta isla, tantos dias habia, y
-parece que le daba el ánima la desórden y los daños y trabajos, que,
-con el alzamiento de Francisco Roldan, toda esta tierra y sus hermanos
-padecian; la otra, por despachar luego á su hermano el Adelantado con
-tres navíos, para proseguir el descubrimiento que él dejaba comenzado
-de tierra firme. Y es cierto, que si Francisco Roldan con su rebelion
-y desvergüenza no lo impidiera, el Almirante, ó su hermano por él, la
-tierra firme hasta la Nueva España descubriera; pero no era llegada
-la hora de su descubrimiento, ni se habia de revocar la permision,
-por la cual muchos habian de señalarse en obras injustas, con color
-de descubrir, por la Providencia divina establecida. La tercera causa
-de darse priesa el Almirante á venir á esta isla, era ver que se le
-dañaban y perdian los bastimentos, de que tanta necesidad, para el
-socorro de los que aquí estaban, tenia, los cuales torna á llorar,
-encareciendo que los hobo con grandes angustias y fatigas, y dice,
-que si se le pierden que no tiene esperanzas de haber otros, por la
-gran contradiccion que siempre padecia de los que consejaban á los
-Reyes, los cuales, dice él aquí: «no son amigos ni desean la honra del
-Estado de Sus Altezas las personas que les han dicho mal de tan noble
-empresa, ni el gasto era tanto que no se pudiese gastar, puesto que tan
-presto no hubiese provecho para se recompensar, pues era grandísimo el
-servicio que se hacia á Nuestro Señor en divulgar su santo nombre en
-tierras incógnitas; y, allende desto, fuera para más gran memoria, que
-Príncipe hobo dejado, espiritual y temporal.» Dice más el Almirante:
-«y para esto fuera bien gastado la renta de un buen Obispado ó
-Arzobispado, y digo (dice él), la mejor de España, donde hay tantas
-rentas y no ningun Prelado, que, aunque han oido que acá hay pueblos
-infinitos, que se haya determinado de enviar acá personas doctas y
-de ingenio, y amigos de Cristo á tentar de los tornar cristianos ó
-dar comienzo á ello; el cual gasto, bien soy cierto, que placiendo á
-Nuestro Señor, presto saldrá de acá y para llevar allá.» Estas son
-sus palabras. Cuanta verdad diga y cuan claro argumento haya sido
-de la inadvertencia y remision, y atibiado hervor de caridad de los
-hombres de aquel tiempo, espirituales ó eclesiásticos y temporales, que
-tenian poder y facultad, no proveer al remedio y conversion destas tan
-dispuestas y aparejadas gentes para recibir la fe, el dia del universal
-Juicio parecerá. Fué la cuarta causa de venirse á esta isla y no
-detenerse en descubrir más, lo que mucho quisiera, como dice él, porque
-no venian para descubrir proveidos, la gente de la mar, porque dice,
-que no les osó decir en Castilla que venia con propósito de descubrir,
-porque no le pusiesen algun estorbo y porque no le pidiesen más dineros
-que él no tenia, y dice que andaba la gente muy cansada. La quinta
-causa, porque los navíos que traia eran grandes para descubrir, que el
-uno era de más de 100 toneles y el otro de más de 70, y no se requiere
-para descubrir sino de ménos; y por ser grande la nao que trajo el
-primer viaje, se le perdió en el Puerto de la Navidad, reino del rey
-Guacanagarí, como pareció arriba en el cap. 59. Fué tambien la sexta,
-que mucho le constriñó á dejar el descubrir é venirse á esta isla,
-tener los ojos cuasi del todo perdidos de no dormir, por las luengas y
-continuas velas ó vigilias que habia tenido; y en este paso dice así:
-«Plega á Nuestro Señor de me librar dellos (de los ojos dice), que bien
-sabe que yo no llevo estas fatigas por atesorar ni fallar tesoros para
-mí, que, cierto, yo conozco que todo es vano cuanto acá en este siglo
-se hace, salvo aquello que es honra y servicio de Dios, lo cual, no
-es de ayuntar riquezas ni soberbias, ni otras cosas muchas que usamos
-en este mundo, en las cuales más estamos inclinados que en las cosas
-que nos pueden salvar.» Estas son sus palabras. Verdaderamente este
-hombre tenia buena y cristiana intincion, y estaba harto contento con
-el estado que tenia, y quisiera con mediana pasada en el sustentarse
-y de tantos trabajos reposar, al cual habia subido tan meritamente,
-pero lo que sudaba y trabajaba era por echar mayor cargo á los Reyes;
-y no se qué mayor era necesario del que habia echado, y áun él los
-habia obligado, sino que via hacer tan poco caso de los señalados
-servicios que habia hecho, y que de golpe iba cayendo y aniquilándose
-la estimacion que destas Indias se habia comenzado, por los que á los
-oidos de los Reyes estaban, que temia cada dia mayores disfavores,
-y que del todo desmamparasen el negocio los Reyes, y así viese sus
-sudores y trabajos perdidos, y él, al cabo, muriese en pobreza.
-Determinando, pues, de venirse cuan presto pudiese á esta isla,
-miércoles, á 15 de Agosto, que fué de la Asuncion de Nuestra Señora,
-despues del sol salido, mandó alzar las anclas de donde habia surgido,
-que debia ser dentro del golfete que hace la Margarita y otras isletas
-con la tierra firme (y debia estar cerca de la Margarita, como dijimos
-arriba, cap. 139), y dió la vela camino desta isla; y, viniendo su
-camino, vido bien vista la Margarita y las isletas que por allí habia,
-y tambien, cuanto más se iba alejando, más tierra alta descubria de
-la tierra firme, y anduvo aquel dia, desde el sol salido hasta el sol
-puesto, 63 leguas, por las grandes corrientes que ayudaban al viento.
-Dejémosle agora venir hácia acá, donde pensaba de tener algun poco de
-descanso y placer de su tan laborioso camino é indisposicion corporal,
-holgándose con sus hermanos y amigos, lo que no hallará sino materia
-con que se le doblen nuevas y mayores angustias y amarguras, de donde
-se cognoscerá, lo que arriba alguna ó algunas veces habemos dicho,
-conviene á saber, que toda su vida fué un trabajoso martirio.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLVIII.
-
-
-Ya dejamos salido el Almirante de la tierra firme y de sus comarcanas
-islas; conviene al órden de nuestra historia, que contemos el viaje
-que hicieron los tres navíos que el Almirante despachó de las
-islas de Canaria, viniéndose él á las de Cabo Verde, para hacer el
-descubrimiento de la tierra firme, que agora hizo. Ya dijimos arriba en
-el cap. 120, como Francisco Roldan con los de su rebelion se fueron á
-la provincia de Xaraguá, reino del rey Behechio, estando allí haciendo
-vida nefanda, y espurcísima y tiránica, teniendo cada uno las mujeres
-que queria, tomadas por fuerza ó por grado á sus maridos, y á los
-padres sus hijas para camareras, lavanderas cocineras, y cuantos indios
-les parecia para servirse, y traer consigo, que le acompañasen, como
-si hobieran nacido de ilustres padres, haciendo fuerzas é importunas
-violencias donde quiera que estaban y andaban; matando y acuchillando
-fácilmente á cualesquiera tristes indios por cualquiera desabrimiento
-que dellos tuviesen. Así que, obrando estas heróicas obras y tales
-ejemplos de bien vivir á los infieles, que por las obras de los
-cristianos debieran bendecir al Padre celestial, dando por permision
-de Dios, que suele, segun los desmerecimientos de los que están en
-pecados, desampararlos de su mano, y ponerles ocasiones para que,
-perseverando en su malicia más profundamente, caigan, por la ignorancia
-de los pilotos, que entónces era harta, y por las corrientes grandes
-que por esta isla, al ménos por esta costa del Sur, van abajo, habiendo
-de venir á este puerto de Sancto Domingo, los dichos tres navíos fueron
-más de 170 leguas abajo, á donde estaban todos los alzados, donde se
-hallaron sin saber dónde estaban ni por dónde venian; y paréceme á mí,
-que aunque adrede lo quisieran hacer, no pudieran peor errarlo. Y,
-cierto, si hubiera sido posible deste alzamiento en Castilla haberse
-sabido algo, gran sospecha pudiera tenerse de malicia de los pilotos ó
-de los Capitanes, pero no pudo haberse algo sabido. Pues como Francisco
-Roldan y su compañía supieron de los navíos, parte temiendo y parte
-se alegrando, y algo dudando, quedaron espantados; fueron al puerto,
-que estaba dos leguas, disimularon estar en obediencia del Adelantado,
-preguntan como aportaron allí y qué nuevas habia del Almirante;
-responden que por yerro y por las corrientes, y que el Almirante sería
-presto en esta isla con otros tres navíos, que tantos dias habia que
-se apartó para ir á descubrir tierra hácia el Austro: entraron en los
-navíos y hablaron, y regocijáronse con los Capitanes, dos dias. Dióles
-el Capitan Alonso Sanchez refresco, y tornados á salir con buena paz
-en tierra como si no estuvieran rebelados, parecióles á los Capitanes
-que debia salir la gente que traian de sueldo para trabajar, y que se
-viniese por tierra á esta ciudad de Sancto Domingo, por la dificultad
-grande que habian de tener los navíos por las corrientes y brisas que
-siempre corrian, y, para guiarla, acordaron que el Capitan del un
-navío, Juan Antonio Columbo, los llevase, y el Capitan Arana trujese
-los navíos á este puerto. Saltaron 40 hombres, todos con sus ballestas,
-lanzas y espadas bien aderezadas, á los cuales fácilmente provocó
-Francisco Roldan y los suyos á que con él se quedasen, afirmándoles que
-los habian de hacer trabajar y cavar por fuerza, y con mucha hambre y
-laceria, pero allí en su compañía habian de tener la vida que vian que
-ellos tenian, la cual no era otra sino andar de pueblo en pueblo de los
-indios, cada uno con las mujeres que le placia tener, y los sirvientes
-cuantos querian, fuesen hijas ó hijos de los señores y Caciques, aunque
-les pesase, y haciendo cuanto querian sin que nadie les fuese á la
-mano, y del todo corrompiendo y alborotando la tierra y las gentes
-della, robándoles cuanto oro tenian y cualquiera cosa que tuviesen
-de valor, y cortando las orejas y matando á los que no les servian á
-su sabor, y otras cosas semejantes, infinitas. Con los cuales hobo
-poco que trabajar para haberlos de inducir, porque algunos, y hartos,
-eran homicianos, delincuentes, condenados á muerte por graves delitos,
-como en el cap. 112 dijimos, sino fueron siete ó ocho que no quisieron
-cometer tan gran vileza. Desque cognoscieron los Capitanes que estaban
-rebelados y andaban sin obediencia, perpetrando los daños que hacian,
-y desvergonzándose á sosacar los que nuevamente venian de Castilla,
-fueron á Francisco Roldan, en especial Juan Antonio, el Capitan, que
-parecia que más de veras aquella maldad sentia, y díjole que por qué
-hacia cosa tan contraria al servicio de los Reyes, pues tanto él
-afirmaba estar allí y andar en servicio dellos, que mirase que aquella
-gente enviaban los Reyes, que ganaban su sueldo, del cual en Castilla
-habian la mitad de un año recibido, para que le sirviesen en sacar oro
-de las minas y en otras cosas y oficios, para los cuales dedicados
-venian, y cuanto estorbo al servicio de los Reyes se causaria, por eso
-que no diese lugar á tanto daño, escándalo y confusion como dello se
-creceria. Roldan no curó de sus palabras ni de los daños que le ponian
-delante futuros, sino del provecho que al presente con tan buen lance
-se le ofrecia, porque se engrosaba y fortificaba para se defender
-del Almirante, á quien él harto temia (como á quien tanto habia sido
-ingrato y ofendido), allegándosele gente más de la que tenia. Estaban
-con él 75, y creo que algunos más hombres, y 40, pocos ménos, que allí
-le habian recrescido, tenia ya 100 y más, por manera que Juan Antonio
-acordó de volverse á los navíos, y él y Pedro de Arana pusieron recaudo
-en la otra gente que quedaba en ellos no se les saliese; y acordaron
-partir para este Puerto de Sancto Domingo, quedándose el Capitan
-Alonso Sanchez de Carvajal para venirse por tierra y trabajar con el
-Roldan, si pudiera á la obediencia reducirlo. En este tiempo alcanzó
-el Adelantado á saber, por nuevas y relacion de indios, como andaban
-tres navíos hácia el Poniente, luego sospechó que debian venir de
-Castilla y haber errado el camino; despachó luego una carabela para
-buscarlos y traerlos. Antes que estos tres navíos llegasen, habia
-escrito Francisco Roldan y los que con él estaban, á algunos amigos
-suyos de los que estaban con el Adelantado, que tuviesen manera con
-el Almirante, si viniese, de lo aplacar y reconciliar con él, y que
-él queria á la obediencia pristina reducirse; aunque despues tuvo mil
-mundanzas y engaños.
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-CAPÍTULO CXLIX.
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-Volvamos á la navegacion del Almirante, que dejamos partido del
-paraje de la isla Margarita, y anduvo aquel dia, miércoles, 63 leguas
-de sol á sol, como dicen. Otro dia, jueves, 16 de Agosto, navegó al
-Norueste, cuarta del Norte, 26 leguas, con la mar llana, gracias á
-Dios, como él siempre decia. Dice aquí una cosa maravillosa, que cuando
-partia de Canaria para esta Española, pasando 300 leguas al Oueste,
-luego nordesteaban las agujas una cuarta, y la estrella del Norte no
-se alzaba sino 5°, y agora en este viaje nunca le ha nordesteado,
-hasta anoche, que nordesteaba más de una cuarta y media, y algunas
-agujas nordesteaban medio viento, que son dos cuartas; y esto fué,
-todo de golpe, anoche. Y dice que cada noche estaban sobre el aviso
-maravillándose de tanto mudamiento del cielo, y de la temperancia dél,
-allí, tan cerca de la línea equinoccial, en todo este viaje, despues
-de haber hallado la tierra; mayormente estando el sol en Leo, donde,
-como arriba ha dicho, por las mañanas se vestia un ropon, y la gente de
-allí de Gracia ser más blancos que otros que haya visto en las Indias.
-Halló tambien allí, donde agora venia, que la estrella del Norte tenia
-en 14° cuando las Guardas habian pasado de la cabeza el término de
-dos horas y media. Aquí torna á exhortar á los Reyes que tengan este
-negocio en mucho, pues les ha mostrado haber en estas tierras oro, y
-mineros ha visto sin número dél, y que se quiere sacar con ingenio,
-industria y trabajo, porque áun el hierro, habiendo tanto como hay, no
-se saca sin él; y les ha llevado granos de veinte onzas y otros muchos,
-y que donde hay esto, algo se debe creer que hay: y que llevó á Sus
-Altezas grano de cobre de nacimiento, de seis arrobas, azul, lacar,
-ámbar, algodon, pimienta, canela, brasil infinito, estoraque, sándalos
-blancos y cetrinos, lino, aloes, jengibre, incienso, mirabolanos de
-toda especie, perlas finísimas y perlas bermejas, de que dice Marco
-Paulo que valen más que las blancas, y esto bien puede ser allá en
-algunas partidas, así como de las conchas que se pescan en Canaria
-y se venden en tanto precio en la Mina de Portugal; otras infinitas
-cosas he visto y hay de especería que no curo agora de decir por la
-prolijidad. Todas estas son sus palabras. Cerca de lo que dice de la
-canela, y aloes, y jengibre, incienso, mirabolanos, sándalos, nunca
-los ví en esta isla, al ménos, no los conocí; lo que dice del lino,
-debe querer decir la cabuya, que son unas pencas como las çavila, de
-que se hace hilo y se puede hacer tela ó lienzo dello, pero más se
-asemeja al cáñamo que al lino; hay dos maneras dello, cabuya y nequen:
-la cabuya es más gruesa y áspera, y el nequen más suave y delgado;
-ambos son vocablos desta isla Española. Estoraque, nunca lo olí sino en
-la isla de Cuba, pero no lo vide, y esto es cierto, que en Cuba debe
-haber árboles dello ó de resina que huela como ello, porque nunca lo
-olíamos sino en los fuegos que hacen los indios, de la leña que queman
-en sus casas, el cual es olor perfectísimo, cierto; incienso, nunca yo
-supe que en estas islas se hallase. Volviendo al camino, viernes, 17
-de Agosto, anduvo 37 leguas, la mar llana, á Dios nuestro señor, dice
-él, sean dadas infinitas gracias. Dice, que con no hallar ya islas se
-certifica, que aquella tierra de donde viene sea gran tierra firme,
-ó á donde está el Paraíso terrenal, porque todos dicen, dice él, que
-está en fin de Oriente, y es este, dice él. Sábado, entre dia y noche,
-andaria 39 leguas. Domingo, 19 de Agosto, anduvo en el dia y la noche
-33 leguas, y llegó á la tierra; y esta era una isleta chiquita que
-llamó Madama Beata, y hoy comunmente la nombran la Beata; es isleta
-de obra de legua y media, junto con esta isla Española, y dista deste
-puerto de Sancto Domingo cerca de 50 leguas, y del puerto de Yaquino
-15, que está más al Poniente. Está junto á ella otra más chiquita que
-tiene una serrezuela altilla, que desde léjos parece vela, y púsole
-nombre Alto Velo; creyó que la Beata era una isleta que llamó él Sancta
-Catherina cuando vino por esta costa del Sur, del descubrimiento de
-la isla de Cuba, y dista deste puerto de Sancto Domingo 25 leguas, y
-está junto á esta isla. Pesóle de haber tanto decaido, y dice que no se
-debe alguien de maravillar, porque como en las noches estaba al reparo
-barloventeando, por miedo de topar algunas islas ó bajos, como hasta
-entónces no estaban estos alrededores descubiertos, si habia en ellos
-en qué tropezar, y así, no andaba camino, las corrientes, que por aquí
-son muy grandes, que van para abajo hácia tierra firme y el Poniente,
-hobieron de llevar los navíos, sin sentirse, tan abajo. Corren tanto
-por allí hácia la Beata, que ha acaecido estar navío ocho meses en ella
-y por ella, que no pudo venir á este puerto, y esto de tardar mucho de
-allí aquí ha acaecido muy muchas veces; así que, surgió agora entre la
-Beata y esta isla, que hay dos leguas de mar entremedias, lúnes, 20 de
-Agosto. Envió luego las barcas á tierra á llamar indios, que por allí
-estaban poblaciones, para escribir al Adelantado su venida; venidos á
-medio dia, los despachó. Vinieron á la nao seis indios, en dos veces, y
-uno de ellos trujo una ballesta con su cuerda, y nuez y armatostes, que
-no le causó chico sobresalto, y dijo, plega á Dios que no sea de algun
-muerto, y porque debian de ver desde Sancto Domingo pasar los tres
-navíos hácia abajo, teniendo por cierto que era el Almirante, como cada
-dia lo esperaban, saltó el Adelantado luego en una carabela y alcanzó
-aquí al Almirante. Holgáronse muy mucho de verse ambos; preguntado
-por el estado de la tierra, dióle cuenta como Francisco Roldan era
-con 80 hombres levantado, con todo lo demas que en esta isla, despues
-que salió de ella, habia pasado. Lo que con tales nuevas sentiria,
-poca necesidad se ofrece de encarecerlo ni recitarlo. Partióse de
-allí, miércoles, 22 de Agosto, y, finalmente, con alguna dificultad
-por las muchas corrientes y las brisas que por allí son continuas y
-contrarias, llegó á este puerto de Sancto Domingo, viérnes, postrero
-dia de Agosto del dicho año de 1498, habiendo partido de la Isabela
-para Castilla, jueves, 10 dias del mes de Marzo, año de 1496 años. Por
-manera que tardó en volver á esta isla dos años y medio ménos nueve
-dias.
-
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-
-CAPÍTULO CL.
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-
-Llegado el Almirante á este dicho puerto de Sancto Domingo, todos sus
-amigos y criados salieron al desembarcadero, á esperarlo, con D. Diego,
-su hermano; con su venida hobieron grande alegría y placer, puesto
-que todo con gran tristeza, de partes dél y tambien dellos mezclado,
-porque creyendo que venia á descansar de sus tan grandes trabajos, via
-por delante cuanto para su descanso le faltaba, porque la Providencia
-divina tenia ordenado, que no sólo sus angustias y fatigas no se
-le acabasen, pero que de nuevo otras más duras y aflictivas, y de
-mayores desconsuelos y ménos sufribles se le aparejasen. Quiso ver la
-informacion y proceso que el Adelantado contra los alzados habia hecho,
-y las causas de su rebelde porfía, y, no contento con ella, deliberó
-de hacer otra por sí mismo; la cual yo vide y cognoscí muchos de los
-testigos, y todos confirmaron que nunca habian visto ni oido que el
-Adelantado hubiere hecho injuria ni mal tratamiento á Francisco Roldan,
-sino siempre honra y hacer mucha cuenta dél, y lo mismo afirmaron de
-los que con él se alzaron, y como, estando el Adelantado ausente en la
-provincia y reino de Xaraguá, se rebelaron é hicieron los desatinos y
-alborotos que arriba referimos, en los capítulos donde hablamos de su
-alzamiento. Desde á pocos dias que el Almirante llegó á este puerto
-y lugar, que entónces era villa y agora es ciudad, llegaron los tres
-navíos y la carabela que el Adelantado habia enviado para buscarlos. El
-uno dió en unos bajos y perdió el gobernario, y vino muy maltratado;
-y, porque se detuvieron muchos dias por las corrientes y vientos
-contrarios, perdiéronse cuasi todos los bastimentos que traian. Con
-la relacion que los Capitanes trujeron de como Francisco Roldan les
-habia tomado los 40 hombres, y se habia más ensoberbecido y maleado,
-rescibió el Almirante doblado pesar y vídose muy atribulado; comenzó á
-pensar si pudiese traerlos por bien perdonándoles su maldad, mayormente
-que le dijeron algunos de los que allí estaban, que, sin alguna duda
-Francisco Roldan, sabiendo que su señoría era venido, se vernia á
-poner en sus manos, porque habian escrito algunas cartas á sus amigos
-que fuesen intercesores, venido el Almirante, para que lo perdonase,
-y que se queria meter por sus puertas como criado, y de quien habia
-recibido siempre muchas honras y mercedes. En esto llega de Xaraguá
-Alonso Sanchez Carvajal, y rectificó la pertinacia de Francisco Roldan,
-diciendo lo que con él habia pasado. Como Francisco Roldan entendió
-que ya no podia tardar en venir el Almirante, ó por ventura, luego
-que supo que era venido, porque él tenia amigos en esta villa que le
-avisaban de todo lo nuevo que sucedia, ó porque tenia sus espías de
-indios ó de cristianos, y los indios vuelan donde quiera que están con
-nuevas, acordó de se acercar con buena parte de su gente á esta villa;
-y así se vino hácia la provincia del Bonao, donde hay una muy fértil
-y graciosa vega muy llena y poblada de gente de indios, abundantísima
-de comida y pan caçabí, donde ya estaban algunos cristianos poblados
-y despues se pobló la villa del Bonao. Esta provincia dista de Sancto
-Domingo 20 leguas, y de la Vega grande, digo, de la fortaleza de la
-Concepcion, que está en la Vega, 10. Y porque el Almirante deseaba
-por todas las vías y maneras que le fuesen posibles, quitar tan gran
-escándalo y turbacion como halló en esta isla, reduciendo aquellos á
-toda paz y obediencia suya, porque siempre temblaba, en la verdad,
-de que los Reyes supiesen cosa de esta isla de que hobiesen pesar, y
-via cada dia descrecer la estima desta su negociacion destas Indias,
-que tantos sudores y angustias le habian costado, y descreciendo la
-estima, como tenia tantos adversarios junto á los oidos de los Reyes,
-de necesidad habian de menguar los favores y socorros reales, los
-cuales menguando todo su estado se habia de deshacer; pensó comenzarlo
-desta manera. Ya está dicho arriba, que el mayor deseo que reinaba en
-todos los que en esta isla estaban, de nuestra nacion, era que se les
-diese licencia para se ir á Castilla, y que el juramento que más se
-usaba fué, «así Dios me lleve á Castilla», porque estaban por fuerza,
-contra su voluntad, y no se les daba licencia, por que no quedase la
-isla sola y los indios no matasen los pocos que quedaran, si alguno
-quisiera de voluntad quedar con el Almirante; así que, para dar alegría
-á todos los que habia en ella, y por consiguiente á los alzados con
-Francisco Roldan, mandó el Almirante pregonar en 12 dias de Setiembre,
-siguiente al mes de Agosto que él habia llegado, que en nombre de Sus
-Altezas daba licencia á todos los que se quisiesen ir á Castilla, y
-que les daria los bastimentos necesarios y navíos en que fuesen. Fué
-grande alegría la que todos, chicos y grandes, recibieron en este
-pueblo, y por toda la isla despues que lo supieron, mayormente que
-habia en este puerto de Sancto Domingo ocho ó diez navíos, los seis que
-el Almirante habia sacado consigo de Sant Lúcar y las dos carabelas
-que envió primero, y otra ó otras dos que el Adelantado aquí tenia;
-destos estaban cinco ya cuasi despachados y de camino para Castilla,
-y dos las vergas dalto, como dicen, ó al ménos muy propincuos á la
-partida, conque el Adelantado estaba para ir á proseguir lo que el
-Almirante dejaba comenzado de la tierra de Paria, para descubrir toda
-la tierra firme. Fué avisado el Almirante como Francisco Roldan venia
-hacia la fortaleza de la Concepcion de la Vega, y hácia el Bonao,
-donde tenian haciendas algunos de los de su cuadrilla. Avisó luego el
-Almirante al Alcaide della, que se llamaba Miguel Ballester, persona,
-como arriba me acuerdo haber dicho, muy honrada y venerable, porque
-bien viejo y lleno de canas, que estuviese sobre aviso teniendo en la
-fortaleza buen recaudo, y que, viniendo Francisco Roldan, de su parte
-le hablase, que él habia recibido mucho enojo de que él, á quien habia
-dejado en tan preeminente cargo de la justicia, que habia de tener y
-poner á los demas en paz y sosiego, anduviese de la manera que andaba
-con tanto escándalo, por sí, en daño y confusion de toda la isla, de
-donde gran deservicio resultaba á los Reyes; pero que no embargante
-todo lo acaecido, que él lo queria dar como si no hobiera pasado, y
-que le rogaria que se viniese á él, que él le recibiria como á criado
-que habia siempre amado como el más que todos, y todos eran dello
-testigos, y que si le parecia ser necesario que le enviase seguro, que
-lo escribiese él y se lo enviaria, conforme á su voluntad, firmado. El
-dicho Alcaide rescibió esta carta del Almirante, y fué al Bonao y no
-halló nada; tornóse á su fortaleza, y supo en la Vega como venian, uno
-que se llamaba Gomez, y Riquelme, y Adriano, que eran los principales,
-que cada uno traia gente, y Francisco Roldan venia por otra parte á la
-Vega con los demas, todos los cuales se habian de juntar en casa de
-Riquelme, que la tenia en el Bonao. Todo esto respondió el Alcaide al
-Almirante, y que él haria lo que más le mandaba, venidos que fuesen; y
-yo tengo en mi poder hoy, originalmente, esta respuesta ó carta.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLI.
-
-
-Porque el Almirante, ántes que se fuese á Castilla, el año de 96,
-por Marzo, ó el Adelantado, despues del Almirante ido, allende los
-tributos que los reyes y gentes suyas daban, ó quizá por tributos
-principales (porque esto no lo pude averiguar), imponia á ciertos Reyes
-y señores que tuviesen cargo de hacer las labranzas de los pueblos de
-los cristianos españoles, y les sirviesen con toda su gente para su
-mantenimiento y otros servicios personales, de aquí hobo orígen la
-pestilencia del repartimiento y encomienda que ha devastado y consumido
-todas estas Indias, como se verá, placiendo á Dios, en los libros
-siguientes. Cuando estos servicios cesaban los Reyes y sus gentes de
-dar, porque no los podian sufrir ó porque no los querian dar, porque se
-veian privados de su libertad y puestos en dura servidumbre, allende
-mil otras ordinarias vejaciones y aflicciones crueles y bestiales, é
-importunos tratamientos que de los cristianos cada hora padecian, luego
-los tenian por rebeldes y que se alzaban, y, por consiguiente, luego
-era la guerra tras ellos; y, muertos los que en ellas con increible
-inhumanidad se mataban, todos los que se podian tomar á vida se hacian
-esclavos, y esta era la principal granjeria del Almirante, con que
-pensaba y esperaba suplir los gastos que hacian los Reyes sustentando
-la gente española acá, y ofrecia por provechos y rentas á los Reyes,
-y por manera de que se aficionasen mercaderes á venir con mercadurías
-y gente á vivir acá, sin que quisiesen sueldo del Rey, ni de darlo
-á alguno hobiese necesidad. La segunda granjeria, decia, que era el
-brasil que habia en la provincia de Yaquimo, que es en esta costa
-del Sur, 80 ó pocas ménos leguas de aquí de Sancto Domingo, la costa
-abajo; y de ambas á dos granjerías escribió á los Reyes, agora con
-estos cinco navíos, que abajo diremos, que despachó, que de 4.000
-esclavos y de otros 4.000 quintales de brasil le habian certificado
-que se habrian 40 cuentos, y que fuesen 20 cuentos sería gran cosa;
-y dice así en aquella carta el trasumpto, de la cual, escrito de su
-misma mano, tengo en mi poder. «De acá se pueden, con el nombre de la
-Santísima Trinidad, enviar todos los esclavos que se pudiesen vender,
-y brasil, de los cuales, si la informacion que yo tengo es cierta,
-me dicen que se podrán vender 4.000, y que, á poco valer, valdrán 20
-cuentos, y 4.000 quintales de brasil, que pueden valer otro tanto, y
-el gasto puede ser aquí seis cuentos; así que, á prima haz, buenos
-serian 40 cuentos, si esto saliese así. Y cierto la razon que dan
-á ello parece auténtica, porque en Castilla y Portugal, y Aragon y
-Italia, y Sicilia, y las islas de Portugal, y Aragon y las Canarias,
-gastan muchos esclavos, y creo que de Guinea ya no vengan tantos;
-y que viniesen, uno destos vale por tres, segun se ve, é yo, estos
-dias que fuí á las islas de Cabo Verde, de donde la gente dellas
-tienen gran trato en los esclavos, y de contino envian navíos á los
-rescatar, y están á la puerta, yo ví que por el más ruin demandaban
-8.000 maravedís, y estos, como dije, para tener en cuenta, y aquellos
-no para que se vean. Del brasil, dicen que en Castilla, Aragon, Génova
-y Venecia hay grande suma, en Francia y en Flandes y en Inglaterra;
-así que, destas dos cosas, segun su parecer, se pueden sacar estos
-40 cuentos, sino hubiese falta de navíos que viniesen por esto, los
-cuales creo, con el ayuda de Nuestro Señor, que no habrá, si una vez
-se ceban en este viaje.» Y un poco más abajo dice: «así que aquí hay
-estos esclavos y brasil, que parece cosa viva, y aún oro, si place á
-Aquel que lo dió y lo dará cuando viere que convenga, etc.;» y más
-abajo dice: «acá no falta para haber la renta que encima dije, salvo
-que vengan navíos muchos para llevar estas cosas que dije, y yo creo
-que presto será la gente de la mar cebados en ello, que agora los
-Maestres y marineros (de los cincos navíos habia de decir), van todos
-ricos y con intencion de volver luego y llevar los esclavos á 1.500
-maravedís la pieza, y darles de comer, y la paga sea de los mesmos, de
-los primeros dineros que dellos salieren; y bien que mueran agora, así
-no será siempre desta manera, que así hacian los negros y los canarios
-á la primera, y áun aventajen estos (quiere decir que los indios hacen
-ventaja á los negros), que uno que escape no lo venderá su dueño por
-dinero que le den, etc.» Estas son sus palabras, puesto que defectuosas
-cuanto á nuestro lenguaje castellano, el cual no sabia bien, pero más
-insensiblemente dichas; y cosa es de maravillar, como algunas veces
-arriba he dicho, que un hombre, cierto no puedo decir sino bueno de
-su naturaleza, y de buena intincion, estuviese tan ciego en cosa tan
-clara; bien se me podia responder no ser maravilla que él se cegase,
-pues se cegaron tantos letrados que los Reyes cabe si tenian, en no
-alumbrarlo á él y reprenderle tanta ceguedad como tenia, en poner el
-principal fundamento de las rentas y provechos temporales de los Reyes
-y suyos, y de los españoles, y la prosperidad deste su negocio que
-habia descubierto, en la cargazon de indios inocentes (mejor diria en
-la sangre), malísima y detestablemente hechos esclavos como si fueran
-piezas, como él los llama, ó cabezas de cabras, como las que dijimos en
-el cap. 131 que habia monteses en las islas de Cabo Verde, y hinchir á
-Castilla, y á Portugal, y Aragon y Italia, y Sicilia, é las islas de
-Portugal y de Aragon, y las Canarias, donde dicen que gastan muchos
-esclavos; hinchir, digo, tantos reinos y provincias de indios con la
-dicha justicia y sanctidad hechos esclavos, y no tener escrúpulo de que
-se muriesen al presente algunos (y es cierto que de cada 100, á cabo
-de un año, no escapaban 10), porque así morian, dice él, los negros y
-los canarios, ¿qué mayor ni más supina insensibilidad y ceguedad que
-esta? Y lo bueno dello es, que dice que, con el nombre de la Sanctísima
-Trinidad se podian enviar todos los esclavos que se pudiesen vender
-en todos los dichos reinos; y muchas veces creí que aquesta ceguedad
-y corrupcion aprendió el Almirante y se le pegó de la que tuvieron y
-hoy tienen los portogueses en la negociacion, ó por verdad decir,
-execrabilísima tiranía en Guinea, como arriba, hablando della, se
-vido. Deste paso y de otros muchos en esta materia y granjería de
-esclavos que se dél, tuve para mí por averiguado que deseaba que los
-tristes inocentes indios dejasen de acudir con los tributos y servicios
-personales que les imponia, ó se huyesen ó alzasen, como él y los
-demas decian, y hoy dicen los españoles, ó resistiesen á él y á los
-demas cristianos, como justísimamente podian y debian hacerlo, como
-contra sus capitales hostes y manifiestos enemigos, por tener ocasion
-de hacerlos esclavos y cargar todos los navíos dellos, y engrosar y
-prosperar su granjería; y porque los letrados que estaban á par de los
-Reyes, que eran obligados á no ignorar tan gran tiranía y abyeccion
-y perdicion del linaje humano, habiéndose cometido á los Reyes, como
-á cristianísimos, aquesta parte dél tan sin número para atraerla y
-convertirla á Cristo, no alumbraron á Sus Altezas de la verdad y de
-la justicia; los Reyes no se lo reprendieron, pero proveyó por otra
-vía y con otra color, quitárselo de las manos al Almirante, la divina
-Providencia, el negocio, porque con tan vehemente vendimia no asolase
-en breve toda esta isla, sino que quedase algo para que se fuesen al
-infierno muchos otros matadores destas gentes, cayendo de ojos en tan
-lamentable ofendículo. He traido todo lo dicho en este capítulo para
-que se suponga á lo que agora quiero decir, y lo que dijere á lo que se
-dirá en el siguiente capítulo, y es: que porque cierto Cacique y gente
-suya, no se si el dedicado al servicio de la fortaleza de la Vega, ó á
-otra parte donde habia cristianos españoles, cesó de servir ó de traer
-la comida ó tributos, ó las cosas que les eran impuestas, ó se fué á
-los montes huyendo, ó no quiso más venir, luego, como el Almirante
-desembarcó, que lo supo, envió gente allá, y traenle una buena presa
-ó cabalgada de inocentes, para echar en estos cinco navíos, que agora
-cargar de esclavos y despachar para Castilla queria, y enviarlos á no
-dudosa, sino certísima, carnecería.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLII.
-
-
-Venido Francisco Roldan, y Pedro de Gamez, y Adrian de Muxica y
-otras principales, al Bonao, á la casa del Riquelme, donde se habian
-concertado juntar, fué luego el Alcaide Miguel Ballester á hablarles,
-como el Almirante le habia escrito, el cual les habló todo lo que
-convenia, ofreciéndoles de parte del Almirante todo perdon y buen
-tratamiento y olvido de todos los yerros pasados, exhortándolos con
-todas las razones que pudo, poniéndole convenientes é inconvenientes,
-y daños y escándolos delante, y cuanto, de la reduccion y obediencia
-dellos al Almirante, los Reyes serian servidos, y deservidos de lo
-contrario; pero el Francisco Roldan y los demas mostraron venir de
-otro propósito, diciéndole palabras, contra el Almirante, desvariadas,
-y de gran soberbia obstinada; entre las cuales fueron, que no venian
-á buscar paz sino guerra, y que él tenia al Almirante y á todo su
-estado en el puño para sostenerle ó deshacerle, que ninguno le hablase
-en cosa que tocase á hacer concierto y partido, hasta tanto que el
-Almirante le enviase la cabalgada que habia hecho llevar de indios
-presos por esclavos, porque él los tenia, so su mamparo y palabra,
-asegurados, y á él pertenecia el librarlos de quien tanto agravio les
-hacia injustamente; por eso, que luego se los enviasen, sino que haria
-y conteceria. Bien hay que notar aquí, como se dijo arriba en el cap.
-117, que si este Francisco Roldan y los que con él andaban robando
-los indios, y destruyendo por su parte toda la isla, se movieran
-contra el Almirante, _bona fide_, solamente por celo de la justicia,
-ó de librar aquellos sus prójimos de la servidumbre injusta en que el
-Almirante los condenaba, y de la muerte cierta que habian de padescer
-llevándolos á vender á Castilla, justísima fuera su guerra contra él,
-y merescieran que en esta vida los Reyes se lo agradecieran y hicieran
-mercedes, y en la otra que Dios les remunerara con eterno galardon; y
-así tuvieran mucha razon de no querer tomar partido ni asiento de paz
-y amistad con el Almirante, hasta que les enviara y restituyera en su
-libertad todos los indios de aquella cabalgada. Pero como Francisco
-Roldan y todos los que con él andaban eran, cierto, tiranos y rebeldes
-á su verdadero y jurídico superior, el Almirante, y no pretendian sino
-libertad por andar triunfando de los indios y de toda la isla, señores
-y súbditos, y gozar en sus vicios sin que hobiese quien les fuese á la
-mano, y buscar ocasiones y colores para justificar y dorar su rebelion
-y desobediencia, ni excusaban sus grandes pecados que, contra los
-indios, robándolos y afligiéndolos por otras mil partes y vías y contra
-el Almirante y sus mandamientos, que era su propio juez y superior,
-cometian; ni podian dorar ni colorar la causa que alegaban de no venir
-en concierto y partido, que se les diese la cabalgada por alguna vía.
-Tomada ocasion y color de su nueva pertinacia deste pedir la cabalgada
-(digo nueva pertinacia, porque los amigos que tenia con el Almirante
-le habian con instancia suplicado que les perdonase, y creia que se
-acercaban para más presto venir á su obediencia y besarle las manos),
-acuerda Roldan y otros tres, los principales, que eran propiamente
-criados del Almirante y ganaban su sueldo, de se desistir y renunciar
-el ser sus criados y el sueldo que ganaban, alegando muchos achaques, y
-estos fueron Roldan, y Adriano, y Pedro Gamez, y Diego de Escobar, los
-cuales le escribieron la siguiente carta:
-
-«Ilustre y muy magnífico señor: Vuestra señoría sabrá que por las cosas
-pasadas entre el Adelantado é mí, Francisco Roldan, é Pedro Gamez, é
-Adrian de Muxica, é Diego de Escobar, criados de vuestra señoría, é
-otros muchos que en esta compañía están, fué necesario de nos apartar
-de la ira del Adelantado, é segun los agravios habiamos rescibido, la
-gente que acá está proponia de ir contra él para le destruir; é mirando
-el servicio de vuestra señoría, los dichos Pedro de Gamez, é Adrian
-de Muxica, é Diego de Escobar, é Francisco Roldan, hemos trabajado de
-sostener en concordia y en amor toda la gente que en esta compañía
-está, poniéndoles muchas razones é diciendo cuanto complia al servicio
-del Rey é de la Reina, nuestros señores, no se entendiese en cosa
-ninguna, hasta que vuestra señoría viniese, porque entendíamos, que,
-venido que fuese, miraria la razon que ellos é nosotros teniamos de nos
-apartar, é con muchas razones que aquí no se dicen, hemos estado á una
-parte de la isla esperando su venida, é agora, há ya más de un mes que
-vuestra señoría está en la tierra y no nos ha escrito, mandándonos qué
-es lo que hubiésemos de hacer; por lo cual creemos está muy enojado de
-nosotros, é por muchas razones que se nos han dicho que vuestra señoría
-dice de nosotros, deseándonos maltratar é castigar, no mirando cuanto
-le hemos servido en evitar algun daño que pudiera hallar hecho. É pues
-que así es, hemos acordado, por remedio de nuestras honras é vidas, de
-no nos consentir maltratar, lo cual no podemos hacer limpiamente si
-fuésemos suyos, por ende suplicamos á vuestra señoría nos mande dar
-licencia, que de hoy en adelante no nos tenga por suyos, é así, nos
-despedimos de la vivienda que con vuestra señoría teniamos asentada,
-aunque se nos hace muy grave, pero ésnos forzado por cumplir con
-nuestras honras. Nuestro Señor guarde y prospere el estado de vuestra
-señoría como por él es deseado. Del Bonao, hoy miércoles, 17 dias del
-mes de Octubre de 98 años.—Francisco Roldan.—Y por Adrian de Muxica,
-Francisco Roldan.—Pedro de Gamez.—Diego de Escobar.»
-
-Esta es á la letra su carta, la cual originalmente tuve yo en mi poder
-firmada de sus nombres y propias firmas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLIII.
-
-
-Hablado que hobo el Alcaide Ballester á Roldan y á su gente alzada,
-vínose para esta ciudad de Sancto Domingo á dar cuenta al Almirante de
-la respuesta que dieron, y, por ventura, trujo él la dicha su carta.
-Desque el Almirante supo la respuesta y cognosció no concordar con lo
-que los amigos de Roldan le habian rogado y suplicado y certificado,
-que queria venirse á él, y tambien porque habian dicho al Alcaide
-Ballester, que no querian que alguno viniese á ellos, ni tratase
-con ellos de parte del Almirante, sino Alonso Sanchez de Carvajal,
-comenzó el Almirante á sospechar vehementemente contra la fidelidad
-del Carvajal, y los que con el Almirante estaban, lo mismo, acumulando
-muchos indicios y conjeturas que parecian concluir é averiguar lo que
-sospechaban; y uno fué, no haber hecho tanto como parece que debiera,
-en no recobrar los 40 hombres, que de los que traia de Castilla se
-le habian pasado; lo segundo, por muchas pláticas que ambos habian
-tenido en el navío, estando juntos, y refrescos que le habia dado; el
-tercero, porque habia, segun parece por una carta que el Almirante
-escribió á los Reyes, habia procurado traer poder para ser acompañado
-del Almirante, como Juan Aguado debia de haber referido muchas quejas
-de los malos tratamientos que decian que habia hecho á los cristianos,
-y debia entónces, quizá, desto algo tratarse, y donde quiera que el
-Carvajal se hallaba, dijeron que se jactaba, publicando que venia por
-acompañado del Almirante; lo cuarto, porque idos los dos Capitanes con
-los tres navíos, y el Carvajal quedado para se venir por tierra á esta
-ciudad, envió Francisco Roldan con él cierta gente, y con ella por
-capitan á Pedro de Gamez, que era de los principales con quien habia
-mucho hablado y comunicado, cuando estuvo en los navíos, para que le
-acompañasen y guardasen, hasta seis leguas desta ciudad, por los indios
-que habia en el camino; lo quinto, porque se dijo que el mismo Carvajal
-indujo y provocó al Roldan y á los demas á que se viniesen hácia el
-Bonao, para que si el Almirante se tardase ó nunca viniese, que el
-Carvajal, como acompañado del Almirante, y Francisco Roldan, como
-Alcalde mayor, gobernasen esta isla, aunque pesase al Adelantado; lo
-sexto, porque venidos al Bonao, se carteaba con el Roldan, y los demas,
-y les enviaba cosas de las traidas de Castilla; lo sétimo, porque
-decian que no querian que interviniese otro con ellos sino Carvajal,
-y áun que lo tomarian por Capitan. Todos estos indicios parecian ser
-eficaces para dél sospechar; pero con todo esto, el Almirante, creyendo
-que pues era caballero haria como bueno, y tambien porque no podia
-más, porque se lo pedian ellos, acordó enviarlo juntamente con el
-Alcaide Ballester, para que les hablase de su parte y redujese á la
-razon, proponiéndoles los bienes que dello se siguirian y los daños del
-contrario delante; y ántes que supiese la respuesta de los dos escribió
-la presente carta á Francisco Roldan:
-
-«Caro amigo: Rescibí vuestra carta luego que aquí llegué. Despues de
-haber preguntado por el señor Adelantado y D. Diego, pregunté por vos
-como por aquel en quien tenia yo harta confianza, é dejé con tanta
-certeza de haber bien de temporar y asentar todas cosas que menester
-fuesen, y no me supieron dar nuevas de vos, salvo que todos á una
-voz me dijeron, que de algunas diferencias que acá habian pasado que
-por ello deseábades mi venida, como la salvacion del ánima; y yo,
-ciertamente, así lo creí, porque áun lo viera con el ojo y no creyera
-que vos habíades de trabajar hasta perder la vida, salvo en cosa que
-á mí cumpliese, y á esta causa fablé largo con el Alcaide, con mucha
-certeza que, segun las palabras que yo le habia dicho y os dijo, que
-luego verníades acá. Allende la cual venida, creí ántes desto que
-aunque acá se hobiesen pasado cosas más graves de las que estas puedan
-ser, que áun bien no llegaria, cuando seríades conmigo á me dar cuenta
-con placer de las cosas de vuestro cargo, así como lo hicieron todos
-los otros á quien cargo dejé, y como es de costumbre y honra dellos;
-veramente, si en ello habia impedimentos por palabras que le farian
-por escrito, y que no era menester seguro ni carta: y que fuera así,
-yo dije, luego que aquí llegué, que yo aseguraba á todos que cada uno
-pudiese venir á mí y decir lo que les placia, y de nuevo lo torno
-á decir y los aseguro. Y cuanto á lo otro que decís de la ida de
-Castilla, yo á vuestra causa y de las personas que están con vos,
-creyendo que algunos se querrian ir, he detenido los navíos diez y
-ocho dias más de la demora, y detuviera más, salvo que los indios que
-llevan les daban gran costa y se les morian; paréceme que no os debeis
-creer de ligero y debeis mirar á vuestras honras más de lo que me dicen
-que faceis, porque no hay nadie á quien más toque, y no dar causa que
-las personas que os quieren mal acá ó en vuestra tierra, hayan en qué
-decir, y evitar que el Rey é la Reina, nuestros señores, no hayan enojo
-de cosas en que esperaban placer. Por cierto, cuando me preguntaron por
-las personas de acá, en quien pudiese tener el señor Adelantado consejo
-y confianza, yo os nombré primero que á otro, y les puse vuestro
-servicio tan alto, que agora estoy con pena que con estos navíos haya
-de oir lo contrario; agora ved que es lo que se puede ó convenga al
-caso, y avisadme dello pues los navíos partieron. Nuestro Señor os haya
-en su guarda. De Sancto Domingo á 20 de Octubre.»
-
-Esto contiene aquella carta, por la cual parece que otra debiera el
-Almirante haber recibido de Roldan, la cual no vino á mis manos.
-Llegados el alcaide Ballester y Alonso Sanchez de Carvajal al Bonao,
-hablóles Carvajal muy elocuentemente á todos, y con tanta eficacia,
-que movió á Francisco Roldan y á los más principales á que fuesen á
-hablar al Almirante, donde todo se concluyera y asosegara sin duda,
-segun se creia; pero como la gente que traia, toda por la mayor parte,
-no tomaba placer de dejar la vida haragana y libre que traia, por ser
-gente viciosa y baja, mayormente los que habia tomado en Xaraguá, de
-los condenados que el Almirante habia enviado, ya que queria Roldan
-y los demas venir aquí á Sancto Domingo con Carvajal y el Almirante,
-saltan todos con voces altas, diciendo, «que juraban á tal que no
-habia de ser así, y que no habian de consentir que fuesen Roldan ni
-los demas, sino que si concierto se habia de hacer fuese allí público
-á todos, pues á todos tocaba»; porfiando Carvajal y el Alcaide por
-meterlos en razon por algunos dias, al cabo no aprovecharon nada.
-Finalmente, acordó Roldan de escribir al Almirante, como quisiera
-venir con Carvajal á le hacer reverencia él y otros de su compañía y
-que los demas no le consintieron que fuese, pero que porque él tenia
-que el Adelantado, ó otro por él, le haria alguna afrenta ó daño, no
-embargante el seguro que de palabra le enviaba, y porque las cosas
-despues de hechas, dijo él, no tienen remedio, por tanto, que le
-enviase un seguro firmado de su nombre, la forma del cual él enviaba
-escrito para él y para algunos mancebos de los que él tenia consigo y
-habia de traer; y allende desto, Carvajal y otros de los principales
-criados del Almirante, tomasen la fe y palabra fuerte y firme al
-Adelantado, que él, ni otra persona por él, les hará mal ni daño ni
-enojo alguno durante el seguro, y lo firmasen de sus nombres, y con
-esto así concedido, él vernia á besarle las manos y á hacer todo lo que
-mandase en el negocio, y que veria cuanto dél sería servido en ello.
-
-Con esta carta que debia traer Carvajal escribió el alcaide Ballester
-al Almirante la siguiente carta, cuyos traslados originales y firmados
-de sus propios nombres, tengo yo en mi poder; la cual dice así:
-
-«Ilustre y muy magnífico señor: Ayer lúnes, al medio dia, llegamos
-acá en el Bonao, y luego á la hora Carvajal habló largamente á toda
-esta gente, y su habla fué tan allegada al servicio de Dios y de Sus
-Altezas y de vuestra señoría, que Salomon ni doctor ninguno no hallara
-enmienda ninguna, y como quiera que la mayor parte desta gente hayan
-mas gana de guerra que de paz, á los tales no les parece bien, mas los
-que no querian errar á vuestra señoría, sino servirle, les pareció que
-era razon y justa cosa todo lo que Carvajal decia, los cuales eran
-Francisco Roldan, y Gamez, y Escobar, y dos ó tres otros, los cuales
-juntamente acordaron que fuese el Alcaide y Gamez á besar las manos á
-vuestra señoría y á concertar cosa justa y posible, por excusar y matar
-el fuego que se va encendiendo, más de lo encendido; y acordado esto,
-que ya queriamos cabalgar, y yo con ellos, porque á todos les pareció
-que yo debia volver con Carvajal y ellos; en aquel instante vinieron
-todos á requerir á Francisco Roldan y á Gamez, que habian acordado que
-no fuesen, sino que por escrito llevase Carvajal lo que pedian; y si en
-aquello vuestra señoría viniese, que aquello se hiciese, y otra cosa
-no. Y yo, señor, por lo que debe criado á su señoría, suplico á vuestra
-señoría concierte con ellos en todo caso, especialmente para que se
-vayan á Castilla, como ellos piden, porque otramente creo cierto que no
-se harian los hechos de vuestra señoría como era de razon, y querria,
-porque me parece que lo que dicen es verdad, que se han de pasar los
-más á ellos; y así me parece que se vá mostrando por la obra, que
-despues que yo pasé para ir á vuestra señoría se les han venido unos
-ocho, y diciéndoles que por qué no se acercan allá, que ellos saben
-que se pasarán más de 30; y esto les ha dicho García, aserrador y otro
-valenciano que se han pasado con ellos. Y yo, cierto, creo que despues
-de los hidalgos y hombres de pró que vuestra señoría tiene junto con
-sus criados, que aquellos que los terná vuestra señoría muy ciertos
-para morir en su servicio, y la otra gente de comun yo pornia mucha
-duda. Y á esta causa, señor, conviene al estado de vuestra señoría
-concierte su ida de una manera ú otra, pues ellos lo piden, y quien
-otra cosa á vuestra señoría consejare no querrá su servicio ó vivirá
-engañado, y si en algo de lo dicho he errado, será por dolerme del
-estado de vuestra señoría viéndolo en tan gran peligro, no haciendo
-iguala con esta gente; y quedo rogando á Nuestro Señor dé seso y
-saber á vuestra señoría, que las cosas se hagan á su sancto servicio y
-con acrecentamiento y dura del estado de vuestra señoría. Fecha en el
-Bonao, hoy mártes, á 16 de Octubre.—Miguel Ballester.»
-
-Esta es su carta, y bien parece que era catalan, porque hablaba
-imperfectamente, pero hombre virtuoso y honrado y de voluntad sincera y
-simple; yo le cognoscí mucho.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLIV.
-
-
-Vista esta carta y la relacion que Carvajal dió, grande fué el angustia
-que el Almirante recibió, y él sintió bien claro ser verdad que tenia
-pocos consigo que en la necesidad le siguiesen, porque, haciendo alarde
-para si conviniese ir al Bonao á prender á Francisco Roldan, no halló
-70 hombres que dijesen que harian lo que les mandase, de muchos de los
-cuales no tenia confianza, sino que al mejor tiempo le habian de dejar;
-y de los otros, uno se hacia cojo, y otro enfermo, y otro se excusaba
-con decir que tenia con Francisco Roldan su amigo y otro su pariente,
-por manera que ningun favor ni consuelo de alguna parte tenia.
-
-Por esta necesidad extrema que padecia, y por el ánsia que tenia de
-asentar la tierra, y que los indios tornasen á pagar los tributos,
-injustamente impuestos, como arriba se dijo, por enviar dineros á los
-Reyes y suplir, con rentas que acá tuviesen, los gastos que en proveer
-las cosas desta isla hacian, todo cuanto razonablemente los alzados le
-pidiesen, estaba para concederlo aparejatísimo; luego, pues, ordenó
-dos cosas, la una, puesto que fué la postrera, y pónese aquí primera
-por ser más general, y es, que hizo una carta de seguro general que
-todas las personas que se hobiesen llegado y seguido á Francisco Roldan
-en las diferencias pasadas, y el dicho Francisco Roldan, juntamente ó
-apartada, que quisiesen venir á servir á Sus Altezas como de ántes,
-pudiesen venir juntamente ó cada uno de por sí, que él, como Visorey
-de Sus Altezas, y en su nombre los aseguraba sus personas y bienes, y
-les prometia de no entender en cosa alguna de los casos pasados hasta
-el dia de la fecha; y en los casos venideros, si acaesciesen, les
-prometia que la justicia se habria humana y piadosamente con ellos, y
-les daba licencia que los que quisiesen irse á Castilla, cada y cuando
-ellos quisiesen irse, y les daria sus libranzas de los sueldos que se
-les debiesen; los cuales viniesen á gozar deste seguro dentro de diez y
-seis dias, y los que estuviesen primeros, siguientes, y si estuviesen
-algunos dellos distantes más de 30 leguas, fuesen obligados á venir
-dentro de treinta dias; donde no viniesen dentro los dichos términos,
-juntos ó cada uno por sí, que procederia contra ellos por la guisa que
-hallase que cumplia al servicio de Sus Altezas y á su justicia. Y mandó
-que se apregonase públicamente y estuviese fijada la dicha carta de
-seguro en la puerta de la fortaleza. Fué hecha en esta ciudad de Sancto
-Domingo, que estaba entónces de la otra parte del rio, viernes, 9 dias
-de Noviembre de 1498.
-
-Lo segundo que proveyó fué, que envió otra carta de seguro particular
-al dicho Roldan y á los que con él viniesen, del tenor que se la envió
-el dicho Roldan, y decia así: «Yo D. Cristóbal Colon, Almirante del
-Océano, Visorey y Gobernador perpétuo de las islas y tierra firme
-de las Indias, por el Rey é la Reina nuestros señores, é su Capitan
-general de la mar y del su Consejo: Por cuanto entre el Adelantado, mi
-hermano, y el Alcalde Francisco Roldan y su compañía ha habido ciertas
-diferencias en mi ausencia, estando yo en Castilla, é para dar medio
-en ello de manera que Sus Altezas sean servidos, es necesario que el
-dicho Alcalde venga ante mí é me faga relacion de todas las cosas,
-segun que han pasado, caso que yo de algo dello esté informado por el
-dicho Adelantado. E porque dicho Alcalde se recela por ser el dicho
-Adelantado, como es, mi hermano, por la presente, doy seguro en nombre
-de Sus Altezas al dicho Alcalde y á los que con él vinieren aquí á
-Sancto Domingo, donde yo estó, por venida y estada y vuelta al Bonao,
-donde él agora está, que no será enojado ni molestado por cosa alguna,
-ni de los que con él vinieren durante el dicho tiempo; lo cual prometo
-y doy mi fe y palabra, como caballero, segun uso de España, de lo
-cumplir y guardar este dicho seguro, como dicho es; en firmeza de lo
-cual, firmé esta escritura de mi nombre. Fecha en Sancto Domingo á 26
-dias del mes de Octubre.—El Almirante.»
-
-Andando en estos tratos, porque los cinco navíos no traian demora, por
-concierto que se suele hacer cuando les fletan, si no un mes, dentro
-del cual quedó el Almirante de despacharlos, y por esperar cada dia
-que se concluyera el concierto de que se trataba y el Almirante tanto
-deseaba, con venir Francisco Roldan y su compañía á la obediencia y
-sosiego que debian, los habia detenido diez y ocho dias más por enviar
-á los Reyes buenas nuevas de quedar la isla pacífica y dispuesta para
-tornar á enhilar los tributos en los indios della, que era lo que
-mucho dolia y deseaba, como está dicho, el Almirante; y los navíos
-tambien habia cargado de esclavos, de los cuales se morian muchos
-y los echaban á la mar por este rio abajo, lo uno, por la grande
-tristeza y angustia de verse sacar de sus tierras y dejar sus padres y
-mujeres y hijos, perder su libertad, y cobrar su servidumbre, puestos
-en poder de gente inhumana y cruel, como estimaban, y con justísima
-razon, los cristianos, y que los llevaban á donde y de donde jamás
-habian de volver; lo otro, por la falta de los mantenimientos, que
-no les daban sino un poco de caçabí seco, que, para sólo y sin otra
-cosa, es intolerable, y áun agua no les daban cuanta habian menester
-para remojarlo, porque, para el viaje tan largo, á los marineros no
-faltase; lo otro, porque como metian mucha gente y la ponian debajo
-de cubierta, cerradas las escotillas, que es como si en una mazmorra
-cerrasen todos los agujeros, juntamente con las ventanas, y la tierra
-caliente, y debajo de cubierta arden los navíos como vivas llamas,
-del ardor y fuego que dentro tenian, sin poder resollar, de angustia
-y apretamiento de los pechos se ahogaban; y desta manera han sido
-infinitos el número de las gentes destas Indias que han perecido, como
-en el libro III, si place á Dios, será relatado. Así que, por las
-razones susodichas fué constreñido el Almirante á despachar los dichos
-cinco navíos de indios cargados, los cuales fueron en tal hora, que,
-de su llegada á Castilla y de la relacion que á los Reyes hizo por sus
-mismas cartas el Almirante, luego se originó y proveyó que perdiese su
-estado, y le sucedieron mayores amarguras y disfavores y desconsuelos
-que hasta entónces habia padecido trabajos; no, cierto, por lo que
-habia ofendido á Francisco Roldan ni á los que con él andaban alzados,
-sino por las injusticias grandísimas, y no oidas otras tales, que
-contra estas inocentes gentes cometia y habia perpetrado, y, por su
-ejemplo, Francisco Roldan y los demas, quizá fué causa ocasional que
-perpetrasen. Porque, por ventura y áun sin ventura, si él no hubiera
-impuesto los tributos violentos é intempestivos, é para estas gentes
-más que insoportables, los Reyes desta isla y súbditos suyos no
-desamaran su venida y estada de los cristianos en sus tierras, ni
-exasperados de las vejaciones y fatigas que padecian, por defenderse
-de quien los oprimia, no se pusieran en armas, si armas se podian
-decir las suyas, y no más armillas de niños, por título que se alzaban
-á quien no debian nada, él no les hiciera guerras, en las cuales,
-comenzaron y mediaron y perfeccionaron diversas maneras, y muy nuevas,
-de crueldades en estos corderos, los cristianos, y para presumir
-más de sí, como se vian contra las gallinas gallos tan aventajados,
-crecíanles con la cruel ferocidad los ánimos, ni quizá cayera en él
-tanta ánsia de enviar, de indios hechos esclavos tan malamente, los
-navíos cargados; y así, lo primero cesante, lo último con lo del medio
-cesara, y, todo cesando, quizá no permitiera Dios que Francisco Roldan
-ni los demas rebeldes y tiranos contra él se levantaran, ni cometieran
-en estas mansas y humildes gentes tantos y tan grandes extragos, lo
-cual, no obstante él, floreciera y gozara felicemente del estado que
-misericordiosamente (como él siempre recognoscia y confesaba, y por
-ello á Dios alababa), le habia concedido, que al fin permitió, para su
-salvacion, cierto, segun creo, por las dichas causas fuese dél privado.
-Pero es de haber gran lástima que no advirtiese cual fuese de sus
-angustias y caimiento en la estima y nombre deste su negocio de las
-Indias, y de sus disfavores y adversidades, la causa; porque si la
-sintiera, no hay duda sino que, como era de buena intincion y deseaba
-no errar, y todo lo enderezaba á honor de Dios, y, como él siempre
-decia, de la Sanctísima Trinidad, todo lo enmendara, y tambien la
-bondad divina su sentencia y castigo ó lo revocara ó lo templara.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLV.
-
-
-Haciéndose á la vela los cinco navíos á 18 dias del mes de Octubre de
-aquel año de 498, en los cuales fué mi padre á Castilla, desta isla, y
-pasaron grandes trabajos y peligros, fueron, como es dicho, cargados
-de indios hechos esclavos; y serian por todos 600, y, por los fletes
-de los demas, dió á los Maestres 200 esclavos. En ellos escribió el
-Almirante á los Reyes muy largo, en dos cartas, haciéndoles relacion de
-la rebelion de Francisco Roldan y de los con él alzados, de los daños
-que habian hecho y hacian por la isla, haciendo robos y violencias, y
-que mataba á los que se les antojaba por no nada, tomando las mujeres
-ajenas y hijas, y otros muchos males perpetrando por donde andaban; y
-escribióles que le habian dicho, que cuasi toda la parte del Poniente
-desta isla, que es la donde reinaba el rey Behechio, que se llamaba
-Xaraguá, tenian muy alborotada y maltratada: y no dudo yo dello y que
-era mucho más que podia ser la fama. En todas las cartas que escribia,
-decia que esta tierra era la más fértil y abundosa que habia en el
-mundo, y para todos los vicios aparejada, y, por tanto, propia para
-hombres viciosos y haraganes; y en todo decia gran verdad, porque
-despues que se hicieron á la tierra los españoles, saliendo de las
-enfermedades que por fuerza los habia de probar, no por ser enferma,
-como arriba en el cap. 88 dijimos, sino por ser los aires más sotiles,
-y las aguas más delgadas, y los manjares de otras calidades, y en fin,
-por estar de las nuestras tan distantes, andando de pueblo en pueblo,
-y de lugar en lugar, comian á discrecion, tomaban los indios para su
-servicio, que querian, y las mujeres que bien les parecia, y hacíanse
-llevar á cuestas en hombros de hombres en hamacas, de las cuales ya
-dije qué tales son; tenian sus cazadores que les cazaban, y pescadores
-que les pescaban, y cuantos indios querian, como recuas, para les
-llevar las cargas, y sobre todo, de puro miedo, por las crueldades
-que en los tristes indios hacian, eran reverenciados y adorados, pero
-no amados, ántes aborrecidos como si fueran demonios infernales; y
-porque esta vida el Almirante sabia que aquí los españoles vivian,
-y hallaban en la tierra para ello aparejo cuanto desear podian, con
-razon juzgaba que era la mejor del mundo para hombres viciosos y
-haraganes. Entre otras viciosas desórdenes que en ellos abominaba, era
-comer los sábados carne, á lo cual no podia irles á la mano, por cuya
-causa suplicaba á los Reyes en muchas cartas, que enviasen acá algunos
-devotos religiosos, porque eran muy necesarios, más para reformar la
-fe en cristianos que para á los indios darla, y dice así: «Acá son muy
-necesarios devotos religiosos para reformar la fe en nos, más que por
-la dar á los indios, que ya sus costumbres nos han conquistado y les
-hacemos ventaja; y con esto un letrado, persona experimentada para
-la justicia, porque sin la justicia real creo que aprovecharán los
-religiosos poco.» Estas son sus palabras. Y en otra carta dice á los
-Reyes: «Presto habrá vecinos acá, porque esta tierra es abundosa de
-todas las cosas, en especial de pan y carne; aquí hay tanto pan de lo
-de los indios, que es maravilla, con el cual está nuestra gente más
-sanos que con el de trigo, y la carne es, que ya hay infinitísimos
-puercos y gallinas, y hay unas alimañas que son atanto como conejos,
-y mejor carne, y dellos hay tantos en toda la isla, que un mozo indio
-con un perro trae cada dia 15 ó 20 á su amo; en manera que no falta
-sino vino y vestuario, en lo demas es tierra de los mayores haraganes
-del mundo; é nuestra gente en ella, no hay bueno ni malo que no tenga
-dos y tres indios que le sirvan, y perros que le cacen, y bien que no
-sea para decir, y mujeres atan fermosas, que es maravilla. De la cual
-costumbre estoy muy descontento, porque me parece que no sea servicio
-de Dios, ni lo puedo remediar, como del comer de la carne en sábado,
-y otras malas costumbres que no son de buenos cristianos; para los
-cuales, acá aprovecharia mucho algunos devotos religiosos, más para
-reformar la fe en los cristianos que para darla é los indios; ni yo
-jamás lo podré bien castigar, salvo si de allá se me envia gente, en
-cada pasaje 50 ó 60, y yo envie allá otros tantos de los haraganes y
-desobedientes, como agora fago, y este es el mayor y mejor castigo, y
-con ménos cargo del ánima, que yo, vea, etc.» Esto todo repite en otras
-cartas, como via que cada dia se iban corrompiendo más la vida mala y
-nefanda de los españoles; y en la verdad, como fueron grandes quejas y
-debialas de llevar Juan Aguado, de quien en el cap. 107 hicimos larga
-mencion, de que habia tratado mal los españoles, ahorcando ó azotando
-muchos, como en fin deste libro ó al principio del segundo, placiendo
-á Dios, se verá, y tambien por estar levantado Francisco Roldan y los
-demas, estaba acobardado y no osaba corregir las malas costumbres ni
-castigar ó impedir los delitos y obras pésimas, de robos y crueldades,
-que tambien cometian en los indios los españoles que le seguian, como
-los de Francisco Roldan, y así llora mucho esto en sus cartas, y en una
-dice: «Yo he sido culpado en el poblar, en el tratar de la gente, y en
-otras cosas muchas, como pobre extranjero envidiado, etc.» Dice en el
-poblar, porque le imputaban por malo haber poblado el primer pueblo
-en la Isabela, como si él hobiera visto y andado toda esta isla, y de
-industria escoger aquel por el peor lugar; nunca él hobiera herrado en
-otra cosa sino en aquello, porque él vino á dar allí con los 17 navíos,
-cansados y molidos del viaje de Castilla, y los caballos y bestias que
-traia, y toda la gente afligida y medio enferma de tan luengo viaje,
-no acostumbrado, y tan nunca en la mar, sin ver tierra tantos dias,
-hasta entónces hombres se haber hallado; y es muy excelente y graciosa
-tierra, y harta digna de ser poblada, y más propincua y frontera de las
-minas de Cibao, por lo cual, cierto, más merecia gracias que serle á
-mal poblar imputado, sino que, segun le desfavorecian, los que podian
-hacerle daño de todo cuanto podian hechaban mano.
-
-Escribió tambien á los Reyes en la angustia en que quedaba con el
-levantamiento y rebelion de Francisco Roldan, y en los tratos que por
-atraerlo á obediencia y servicio de Sus Altezas andaba; escribió más
-á los Reyes, que porque decia Francisco Roldan que no tenia necesidad
-de perdon, porque no tenia culpa, y que el Almirante era hermano del
-Adelantado y era juez sospechoso, que trabajaba de concertar con él que
-fuese á Castilla, y que Sus Altezas fuesen los jueces; y que cuanto
-á la pesquisa é informacion sobre esto, para enviar á Sus Altezas,
-para que se hiciese con ménos duda y sospecha, estuviesen á hacerla
-presentes Alonso Sanchez de Carvajal con quien tenia pláticas, y el
-Alcaide Miguel Ballester, y esta pesquisa fuese á Castilla, y Roldan
-y sus compañeros enviasen un mensajero á la corte, y en tanto que
-volviese respuesta de los Reyes, se viniesen á servir como de ántes
-solian, y si esto no querian, que se fuesen á la isla de Sant Juan,
-que estaba cerca de aquí, porque no anduviesen destruyendo esta isla,
-como robando de continuo la tenian destruida. Dice más, que si estos
-Alcaides no venian en concierto, para que cesasen tantos males, que
-habia de trabajar de poner diligencia para los destruir; yo sospecho
-que esta cláusula y palabra, dió más prisa á los Reyes para enviar muy
-más presto á quitarle el cargo, creyendo que como le habian acusado de
-riguroso y cruel en la ejecucion de la justicia, que, si él pudiese,
-habia de hacer grandes estragos en aquellos rebeldes. Dice asimismo en
-una de sus cartas á los Reyes así: «Siempre temí del enemigo de nuestra
-sancta fe en esto, porque se ha puesto á desbaratar este tan grande
-negocio con toda su fuerza; él fué tan contrario en todo, ántes que se
-descubriese, que todos los que entendian en ello lo tenian por burla;
-despues la gente que vino conmigo acá, que del negocio y de mí dijeron
-mil testimonios, y agora se trabajó allá, que hubiese tanta dilacion é
-impedimentos á mi despacho, y poner tanta cizaña á que Vuestras Altezas
-hobiesen de temer la costa, la cual podia ser ya tan poca ó nada, como
-será, si place á Aquel que lo dió y que es superior dél y de todo el
-mundo, y el cual le sacará al fin por qué hizo el comienzo, y del cual
-se ve tan manifiesto que le sostiene y aumenta, que es cierto, si se
-mirasen las cosas que acá han pasado, se podria decir como y tanto como
-del pueblo de Israel.» Quiere decir, que así como los hijos y pueblos
-de Israel eran incrédulos contra Moisén y Aaron, así todos los que
-dudaron y creyeron ser burla y de poco fruto el descubrimiento destas
-Indias y desta negociacion; y añide más. «Podria yo todo replicarlo,
-mas creo que no hace mengua, porque hartas veces los he escrito bien
-largo, como agora, de la tierra que nuevamente dió Dios este viaje á
-Vuestras Altezas, la cual se debe creer que es infinita, de la cual y
-desta deben tomar grande alegría y darle infinitas gracias, y aborrecer
-quien diz que no gasten en ello, porque no son amigos de la honra de
-su alto Estado; porque allende de las tantas ánimas que se pueden
-esperar que se salvarán, de que son Vuestras Altezas causa, y que es el
-principal del caudal desto (y quiero fablar á la vana gloria del mundo,
-la cual se debe tener en nada, pues que la aborrece Dios poderoso), y
-digo que me respondan quién leyó las historias de griegos y romanos, si
-con tan poca cosa ensancharon su señorío tan grandemente, como agora
-hizo Vuestra Alteza aquel de la España con las Indias. Esta sola isla,
-que boja más de 700 leguas; Jamáica, con otras 700 islas, y tanta
-parte de la tierra firme, de los antiguos muy cognoscida y no ignota,
-como quieren decir los envidiosos ó ignorantes, y despues desto, otras
-islas muchas y grandes de aquí hácia Castilla, y agora esta, que es
-de grande excelencia, de la cual creo que se haya de hablar entre
-todos los cristianos por maravilla, con alegría. ¿Quién dirá, seyendo
-hombre de seso, que fué mal gastado, y que mal se gasta lo que en ello
-se despende? ¿qué memoria mayor en lo espiritual y temporal quedó ni
-pueda más quedar de Príncipes? Yo soy atónito y pierdo el seso cuando
-oigo y veo que esto no se considera, y que nadie diga que Vuestras
-Altezas deban hacer caudal de plata ó oro, ó otra cosa valiosa, salvo
-de proseguir tan alta y noble empresa, de que habrá Nuestro Señor
-tanto servicio, y los sucesores de Vuestras Altezas y sus pueblos
-tanto gozo: mírenlo bien Vuestras Altezas, que, á mi juicio, más le
-relieva (relieva dice por importa) que hacian las cosas de Francia
-ni de Italia.» Estas todas son sus palabras, y, en verdad, dignas de
-mucha consideracion, porque llenas de prudencia y de verdad, y testigos
-de pecho harto virtuoso, y de muy recta intincion, y hiciera grandes
-cosas y fruto inestimable en estas tierras, si no ignorara que estas
-gentes no le debian nada á él ni á otra persona del mundo, sólo porque
-los descubrió, aunque casi atinaba y confesaba el fin de haber podido
-jurídicamente volver acá, que no era otro que el bien destas gentes,
-salud y conversion; y finalmente ayudó á quél errase los disfavores que
-tenia de muchos, por zaherir los gastos que los Reyes hacian, y por
-excusarlos ó recompensarlos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLVI.
-
- El cual trata del principio ó principios de donde hobo su orígen
- y procedió el repartimiento de los indios, que llamaron despues
- encomiendas, que han destruido estas Indias, donde se prueba que nunca
- los indios jamás se dieron para que los españoles los enseñasen, sino
- para que se sirviesen dellos y aprovechasen.
-
-
-Dice, allende lo susodicho, que ha de trabajar de tornar á asentar
-la gente desta isla, en que tornen á la obediencia y que paguen los
-tributos que solian pagar, y que Dios perdone á los que en la corte y
-en Sevilla fueron causa de tardar él tanto en se despachar, porque si
-él viniera con tiempo, como pudiera venir dentro de un año, y mucho
-ántes, ni se alzaran los indios, ni dejaran de pagar los tributos
-como los pagaban, porque siempre yo dije (dice él), que era necesario
-de andar sobre ellos tres ó cuatro años, hasta que lo tuvieran bien
-en uso, porque se debia de creer que se les haria fuerte. Mira que
-duda, digo yo, y añido, que aunque acá se hallara ántes, no dejara
-de haber los inconvenientes que hobo, y quizá mayores, porque tenia
-Dios determinado de lo afligir y quitarle el cargo, pues con tanta
-opresion y jactura destas gentes, que no le debian nada, dél usaba;
-donde tambien añide, haciendo relacion de que esta isla se iba en
-los mantenimientos mejorando, porque los ganados iban creciendo y
-los españoles haciéndose al pan de la tierra, que lo querian más que
-al de trigo, dice que agora tenian vida muy descansada, segun la
-pasada, porque ellos no trabajaban ni hacian cosa, sino que los indios
-lo trabajaban y hacian todo, casas y todo, y cuanta hacienda era
-necesaria, y que no habia necesidad de otra cosa sino de gente que los
-tuviese subyectos, por que si ellos viesen que éramos pocos, alzarian
-la obediencia, y ellos nos siembran el pan y los ajes y todo otro
-mantenimiento suyo, y el Adelantado tiene aquí más de 80.000 matas de
-yuca, de que hacen el pan, plantadas. Estas son palabras del Almirante.
-Dijo que hacian pozos, porque como estaba junto á la mar este pueblo,
-de la otra, como agora está desta, banda, no tenian agua dulce de rio,
-sino salada, y por eso hacian pozos, no para beber, porque es algo
-salobre ó gruesa, sino para el servicio de casa; para beber tenian
-una fuente, de que tambien hoy beben los que no tienen algibes, que
-es buen agua. Es aquí de notar, que estos fueron los principios de
-donde nació poco á poco el repartimiento que agora llaman encomiendas,
-y, por consiguiente, la total perdicion de todas estas tan infinitas
-naciones; porque como se enseñaron los españoles, áun los labradores,
-y que venian asoldados para cavar y labrar la tierra y sacar el oro
-de las minas (como arriba queda dicho), á haraganear y andar el lomo
-enhiesto, comiendo de los sudores de los indios, usurpando cada uno por
-fuerza tres y cuatro y diez que le sirviesen, por la mansedumbre de los
-indios que no podian ni sabian resistir (y, segun dice el Almirante
-en una destas cartas), Francisco Roldan y su gente alzada, traian más
-de 500 indios, y cuando se mudaban de una parte á otra, serian más de
-1.000 para llevarles las cargas, y los que estaban con el Adelantado, y
-despues de venido el Almirante, hacian lo mismo por aquella semejanza;
-y porque no se les pasasen á Roldan, todo esto y mucho más, y otras
-cosas peores, como eran violencias y matanzas, é infinitos desafueros,
-disimulaban, y no les osaban ir á la mano. Despues, cuando Roldan se
-redujo á la obediencia del Almirante, como quedaban del holgar y de
-la libertad que traian, y, de ser servidos de los indios y mandarles,
-mal vezados, comenzó Roldan á pedir al Almirante que tuviese por
-bien de que el rey Behechio, que, andando alzado el Roldan, lo tenia
-por sus tiranías amedrentado y hacia lo que queria dél con su gente,
-tuviese cargo de le hacer sus labranzas, como abajo, placiendo á Dios,
-se verá; ni poco ni mucho, como dicen, sino el rey Behechio, siendo
-de los mayores Reyes y señores de toda esta isla, y la corte de toda
-ella, como arriba en el cap. 114 se dijo, lo cual el Almirante no le
-pudo negar, porque todo estaba reciente y vedriado y en peligro, al
-ménos duraba el temor, y no sin causa, que no hobiese otra rebelion,
-y tambien hobo principio esta iniquidad, de aplicar el Almirante ó
-el Adelantado, como se dijo arriba, ciertos Caciques y señores que
-tuviesen cargo de hacer las labranzas y mantenimientos á las fortalezas
-y pueblos de los españoles, como parece en las 80.000 matas ó montones
-que arriba dijo el Almirante que habia hecho plantar el Adelantado
-aquí, cerca de Sancto Domingo, y tenia cargo deste servicio, creo que
-un gran Cacique y señor, cuya tierra y señorío era cinco ó seis leguas
-de aquí, la costa arriba hácia el Oriente, y llamábase Agueybana,
-y otros hacian que tuviesen cargo de enviar gente á las minas, así
-que despues de cesada la rebelion, mayormente cuando se comenzaron
-á avecindar y hacer pueblos, cada uno de ambas partes, así los que
-habian seguido á Roldan, como los que permanecido en la obediencia del
-Almirante, aunque fuese un gañan, y de los desorejados y homicianos
-que, por sus delitos, se habian desterrado de Castilla para acá, pedian
-que les diesen tal señor y Cacique con su gente para que le labrasen
-sus haciendas ayudase á granjear; y por le agradar y tener contento
-y seguro el Almirante, y porque asentase en la tierra sin sueldo del
-Rey, lo que él mucho deseaba y trabajaba, se lo concedia liberalmente,
-y á este fin enderezaba lo que en estas cartas de agora, con los cinco
-navíos, escrebia á los Reyes, que les suplicaba tuviesen por bien de
-que la gente que acá estaba se aprovechase un año ó dos, hasta que
-este negocio de las Indias se levantase, porque ya se enderezaba; y
-cerca desto dice así: «Suplico á Vuestras Altezas tengan por bien que
-esta gente se aproveche agora un año ó dos, fasta que este negocio
-esté en pié, que ya se endereza, que ven agora que esta gente de la
-mar y casi toda la de la tierra están contentos, y salieron agora
-dos ó tres Maestres de navíos que pusieron á la puerta cédulas para
-quién se queria obligar á les dar 1.500 maravedís en Sevilla, que
-les llevarian allí tantos esclavos y les farian la costa, y la paga
-seria de los dineros que dellos se sacasen. Plugo mucho á la gente
-toda, y yo lo acepté por todos y les protesto de les dar la carga, y
-así vernán y traerán bastimentos y cosas que son acá necesarias, y se
-aviará este negocio, el cual agora está muy perdido, porque la gente
-no sirve, ni los indios pagan tributo con esto que pasó y mi absencia,
-ni el Adelantado pudo más hacer, porque no tenia nadie consigo que no
-fuese en tal guisa que no se podia fiar, que todos se congojaban y
-maldecian, diciendo que eran cinco años que estaban acá y que no tenian
-para una camisa. Agora les he ensanchado la voluntad y les parece
-que lleva razon lo que les digo, que serán pagados presto, y podrán
-llevar su paga adelante.» Estas son sus palabras. Y en otra cláusula dá
-por nuevas buenas á los Reyes, que ya todos los españoles no querian
-estar por sueldo del Rey, sino avecindarse, y porque lo hiciesen, les
-ayudaba en cuanto podia á costa de los desventurados indios; así que,
-por lo dicho, parece que el aprovecharse la gente que acá estaba,
-española, era darles esclavos para que enviasen á Castilla á vender,
-los cuales llevaban los Maestres á 1.500 maravedís, y que les darian
-de comer; y negra comida seria la que ellos les darian, pues lo es
-siempre la que suelen dar á los pasajeros de su misma nacion. Item, el
-aprovechamiento tambien era dar Reyes y señores con sus gentes á los
-desorejados y desterrados (por ser dignos de muerte por sus pecados),
-que, sacada la crisma y ser bautizados, eran muy mejores que no ellos,
-para que les sirviesen haciendo sus labranzas y haciendas, y en todo
-cuanto ellos querian y decian que habian menester; concedida licencia
-que tal Cacique ó señor á este fulano le hiciese tantas labranzas,
-porque no se le daban para más, ellos se apoderaban y señoreaban tanto
-dellos, que á cabo de un mes eran ellos los Caciques y los Reyes, y
-temblaban los mismos señores delante dellos; de aquí tambien usurpaban
-enviarlos á las minas que les sacasen oro, y en todos los otros
-servicios de que juzgaban poder cebar sus codicias y ambiciones.
-De las vejaciones y aperreamientos y maltratarlos en todo género de
-rigor y austeridad, no quiero aquí decir más de lo que abajo se dirá;
-finalmente, todo el interese y utilidad temporal de los españoles,
-ponia en la sangre y sudores, y al cabo en perdicion y muerte desta
-gente desmamparada, y aunque, segun parece, la intincion del Almirante
-debia ser darles licencia para que les hiciesen las labranzas por algun
-tiempo, y no para más, pues dice á los Reyes que tengan por bien que
-sean aprovechados un año ó dos, en tanto que la negociacion estaba en
-pié ó se levantaba, pero como al Almirante, luego quitaron el cargo
-y gobernacion, y sucedió otro, como parecerá, ellos se encaminaron
-y apoderaron tanto de aquella licencia y posesion tiránica, que los
-sucesores en esta gobernacion, no de quitarla ni limitar, ántes
-cumplirla y confirmarla y estragarla más de lo que estaba, y hacerla
-universal, estudiaron. Y así, parece claro, de dónde y cuando tuvo su
-orígen y principio, y cuan sin pensarlo aquesta pestilencia vastativa
-de tan gran parte del linaje humano, que tanta inmensidad de gentes ha
-estirpado, el dicho repartimiento y encomiendas, digo, en el cual se
-encierran, y para sustentarlo se han cometido, todos los males, como
-claramente parecerá abajo. Tambien consta de lo arriba relatado, que
-nunca se dieron los indios á los españoles para que los enseñasen,
-sino para que se sirviesen dellos, y de sus sudores, y angustias, y
-trabajos se aprovechasen; porque manifiesto es, que, pues el Almirante
-decia á los Reyes que enviasen devotos religiosos, más para reformar
-la fe en los cristianos que para á los indios darla, que cognoscia
-el Almirante no ser, los tan pecadores cristianos, para doctrinar y
-dar la fe á los indios, capaces; luego no se los daba sino para que
-adquiriesen con ellos las riquezas porque rabiaban. Lo mismo hicieron
-los siguientes gobernadores, los cuales no ignoraban la vida que acá
-siempre hicieron los españoles, y sus vicios públicos y malos ejemplos,
-que siempre fueron de hombres bestiales, y si cuando se los daban les
-decian que con cargo que en las cosas de la fe los enseñasen, no era
-otra cosa sino hacer de la misma fe y religion cristiana, sacrílego
-y inesplicable escarnio; y merecieran los mismos gobernadores que los
-hicieran, no cuatro sino catorce cuartos. Todo esto, placiendo á Dios,
-se cognoscerá mucho mejor en el lib. II y más abajo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLVII.
-
-
-Suplicaba encarecidamente á los Reyes muchas veces, y en todas sus
-cartas, que mandase á las personas que en Sevilla tenian cargo de las
-cosas destas Indias, que las favoreciesen, ó al ménos, que no las
-estorbasen ni infamasen, y esto creo yo que decia principalmente por
-el dicho D. Juan Rodriguez de Fonseca, que ya era Obispo de Badajoz, y
-de los otros oficiales; y, cierto, yo siempre oí y creí, y algo ví al
-dicho Obispo, haber sido y ser contrario á las cosas del Almirante, no
-sé con qué espíritu ni por qué causa, puesto que oí que dijo un dia el
-Almirante, cuando supo que era ya Obispo: «Dovos á Dios (este era su
-comun hablar), no seais fator de las Indias y non vos faran Obispo.»
-Y como tuvo el Almirante acá tantos desabridos, mayormente despues
-que vino Juan Aguado, debíanselo de decir ó escribir al Obispo (si,
-empero, lo uno y lo otro es verdad, que puede ser que no lo sea), y
-de allí haberle tomado, como dicen, ojeriza. Quiero decir, que pudo
-ser no ser por aquella causa ni con mal espíritu, pero de que justa ó
-injustamente el Obispo le desfavoreciese, yo no dudo; y tambien que el
-Obispo, como era hombre de linaje y de generoso ánimo, y de los Reyes
-muy privado y crecia cada dia en mayor estado, bastábale tomar opinion
-siniestra, sin otra causa y con título de que los Reyes gastaban y
-no se aprovechaban, para menospreciar ó no tener en la estima que
-debiera los trabajos del Almirante; por lo cual, dice á los Reyes el
-Almirante así: «Suplico á Vuestras Altezas manden á las personas que
-entienden en Sevilla en esta negociacion, que no le sean contrarios
-y no la impidan, porque ella estuviera más preciosa si mi dicha
-acertara á que allí hobiera persona en el cargo deste negocio, que lo
-tuviera amor, ó al ménos que no fuera contra ello y no se pusiera á
-lo destruir é lo difamar, y favorecer á quien otro tanto hacia, y ser
-contrario á quien decia bien dello, que, como se ve, la buena fama es
-aquella que despues de Dios hace las cosas, y yo he sido culpado en el
-poblar, en el tratar de la gente y en otras cosas muchas, como pobre
-extranjero envidiado, de lo cual todo se veia el contrario, y que era
-por voluntad, y con malicia, y atrevimiento, como ya parece en muchas
-cosas.» Estas son sus palabras. Escribió tambien á sus Altezas, como
-tenia aparejados tres navíos para enviar al Adelantado á la tierra de
-Paria que dejaba descubierta, y que estuviese por allá seis meses,
-dentro de los cuales, cierto, creyó que hiciera el Adelantado gran
-descubrimiento, y llevar al cabo la costa hasta la Nueva España, ó al
-ménos bien cerca, y partiérase con los cinco navíos juntamente el mismo
-dia, segun dice, sino por esperar la resolucion del concierto en que
-andaba con Roldan, porque el Adelantado era muy esforzado y hombre de
-guerra, y hasta que Roldan fuese reducido, no convenia al Almirante ni
-al bien de toda esta isla que estuviese ausente. Finalmente, concluyó
-sus cartas, y con ellas envió á los Reyes, un envoltorio en que iban
-unos pañezuelos de aquellos pintados que traian los indios de Paria,
-que dejaba descubierta, y ciertas perlas, y creo, segun entendí de
-otras partes, no de carta ni relacion del Almirante, fueron las perlas
-que envió 160 ó 170, y ciertas piezas de oro y el envoltorio sellado;
-y aquí dice, que aunque las perlas y oro que de allí envia sea en
-cantidad poco, pero por la calidad las envia, pues, hasta entónces,
-ninguno vido llevar perlas del Poniente; y así quiere dar á entender,
-que se deben tener en mucho. Envió tambien á los Reyes la pintura ó
-figura de la tierra que dejaba descubierta, con las islas distintas que
-cerca estaban, y, por escrito, todo su viaje. Por esta pintura ó debujo
-que á los Reyes envió de la dicha tierra de Paria, y por los rumbos y
-caminos que desde las islas de Cabo Verde habia llevado, vino Alonso
-de Hojeda y ordenó su viaje hasta dar en la isla de la Trinidad y la
-tierra firme de Paria, y allí halló rastro y nuevas del Almirante,
-como el mismo Hojeda confiesa y depone en su dicho juramentado, segun
-arriba en el cap. 140 habemos declarado, y no segun Américo, parece que
-quiso aplicarse á sí el descubrimiento de la dicha tierra firme, Paria,
-de donde provino poner nombre á la dicha tierra firme, América, los
-escritores que escriben fuera de España, lo cual, como allí se probó,
-es muy grande engaño. Con las cartas y la figura ó pintura y relacion
-de aquel viaje, y del estado en que todo lo de acá quedaba, se hicieron
-los dichos cinco navíos, á la vela, á 18 de Octubre de 1498, en los
-cuales, sospecho yo, que irian cartas de Francisco Roldan y de otras
-personas muchas, que eran sus amigos ocultos ó públicos, llenas de
-quejas del Adelantado que no hicieron al Almirante y á su estado, poco
-daño.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLVIII.
-
-
-Volviendo la pluma á contar el trato de Francisco Roldan y sus
-secuaces, recibida pues la carta del Almirante, Roldan, segun el cap.
-155, salió del Bonao con algunos de los de su compañía, y vino aquí
-á Sancto Domingo con su poca vergüenza, debajo del seguro, á hablar
-con el Almirante, y segun pareció (porque no concluyó nada), más para
-sacar gente que se le pasase, que para dar órden y concierto en su vida
-desordenada. No pude saber lo que con su venida, cuando pareció ante
-su amo y señor, el Almirante, y lo que dijo, ni como el Almirante le
-rescibió, porque de creer es que pasarian cosas notables. Finalmente,
-hablaron y trataron de concierto y de medios, y de creer es que él
-dió las quejas que tenia ó fingia tener del Adelantado, y que el
-Almirante le satisfaria á todas ellas y exhortaria á la obediencia y
-reconciliacion del Adelantado, y ofreceria largamente cuantos honestos
-partidos hallar pudiese, para verlo á él reducido y á la isla asentada,
-como parece por muchas cartas que ántes y despues desta vista le
-escribió el Almirante, algunas de las cuales, y las respuestas del
-mismo Francisco Roldan, de su nombre firmadas, he tenido é leido en
-mis manos. Despues de muy bien entre ambos, y delante de muchos de
-los que aquí estaban personas principales, platicado, pidiendo Roldan
-cosas que graves eran al Almirante, y respondídole lo que parecia
-razonable, quedó que lo platicaria con su compañía, y, segun lo que
-acordasen, su señoría lo sabria, y así se tornó al Bonao. Porque no
-se enfriase lo que tanto el Almirante deseaba concluir, envió con él
-un mayordomo suyo que se llamaba Diego de Salamanca, hombre cuerdo y
-bien honrado; llegados, trataron dello, y al fin acuerdan de enviar
-al Almirante ciertos capítulos muy indiscretos, no honestos, sino de
-hombres que no se daban mucho por vivir en paz y sosiego, ántes no
-querian dejar la vida que tenian de desmandados. El Almirante, desque
-los vió, cognoscido su atrevimiento y presuncion, no quiso aceptarlos,
-porque ni á su honra, ni autoridad, ni á servicio de los Reyes era
-cosa conveniente ni razonable, y para dárselo á entender, acordó
-enviar al susodicho Alonso Sanchez de Carvajal, señalándole razones
-claras y evidentes, por las cuales demostraba no ser cosa honesta ni
-servicio de los Reyes que él aquellos capítulos firmase; pero que
-mirasen cuanto él pudiese, salvo su honor y el servicio de los Reyes,
-firmar, firmaria de buena gana, y les haria todo el bien y tratamiento
-que debiese pidiendo cosas razonables. Fué Carvajal á la Concepcion,
-donde ya estaban y trataban de tomar la fortaleza cercando al Alcaide,
-para lo cual dicen que habian tirádole el agua; pero llegado Carvajal,
-moderáronse. Trató con Francisco Roldan y con los principales, y al
-cabo con todos, y concluyeron ciertos capítulos, el fin de los cuales,
-y que más deseaba el Almirante, fué, que se fuesen á Castilla por
-quitar de sí y desta isla gente ya tan corrupta y desmandada, con
-que les diese el Almirante dos navíos en el puerto de Xaraguá, bien
-aparejados, con bastimentos, y que les dejase á cada uno un esclavo y
-las mancebas que tenian preñadas y paridas en lugar de los esclavos que
-se les habian de dar, y que les diese carta de bien servidos ó haber
-servido bien, y se les restituyesen algunos bienes que se les habian
-tomado y otras cosas semejantes. El Almirante se las otorgó y firmó
-con que no recibiesen más españoles en su compañía de todos cuantos
-habia en la isla, y que dentro de cincuenta dias se embarcarian, y
-que no llevarian esclavo alguno por fuerza de los que se les habian
-de dar á merced, y que darian cuenta y razon á las personas que el
-Almirante enviase al dicho puerto de lo que en los navíos metiesen, y
-les entregarian todo lo que tuviesen de la hacienda del Rey. Firmólo
-todo esto Roldan en nombre de todos los de su compañía en sábado, 17
-de Noviembre de 1498, pero porque el Almirante estaba en esta villa
-de Sancto Domingo y los capítulos se hicieron en la Vega ó Concepcion
-con Alonso Sanchez de Carvajal y Diego de Salamanca, y habian de venir
-á que el Almirante los firmase, dijo Roldan, que cuanto á no admitir
-más gente en su compañía, lo firmaba con condicion, que, dentro de diez
-dias, le viniese la respuesta de como el Almirante lo firmaba, lo cual
-hizo á 21 del dicho mes. Envióles dentro de los diez dias la respuesta
-y firmados los capítulos, y ellos partiéronse para Xaraguá, diciendo,
-que iban á aparejar su partida, puesto que segun pareció, no tenian tal
-pensamiento; por ventura, el Roldan era el que lo queria, y los otros
-no. El Almirante, por el ánsia que tenia de verse libre de tan gran
-impedimento, para lo que queria y entendia hacer en la gobernacion y
-asiento desta isla, y tornar á hacer tributarios á los indios della,
-suspendió la ida del Adelantado á descubrir la tierra firme, que dejaba
-comenzada, como no tenia más de aquellos tres navíos, y mandó luego
-aderezar los dos, sacado dellos lo que tenia el Adelantado aparejado
-para su viaje, y puesto lo que les era obligado por la capitulacion á
-dar, y porque supo que algunos de aquellos de la compañía de Roldan
-decian que no querian ir á Castilla, mandó hacer un seguro muy cumplido
-y general, diciendo y prometiendo, que todos los que no quisiesen
-ir á Castilla y quedarse en esta isla, á sueldo, si sueldo del Rey
-quisiesen ganar, darles vecindad si se quisiesen avecindar; y por cosas
-y embarazos que ocurrieron, no se pudieron despachar los navíos hasta
-Enero del año siguiente de 1499. Mandó que Carvajal se fuese á Xaraguá
-por tierra, que, entretanto que los navíos llegaban, entendiese con él
-Francisco Roldan, en su despacho y aparejo para su partida. Partióse
-tambien el Almirante para la Isabela y la tierra dentro, á visitar
-la tierra y asegurar las gentes y disponerlas para que tornasen á
-servir con los tributos que solian, para ellos muy sabrosas nuevas.
-Dejó por su Teniente aquí en Sancto Domingo á su hermano D. Diego,
-con su instruccion de lo que habia de hacer. Partidos los dos navíos,
-dióles una dura tormenta que les hizo mucho daño, en especial al
-uno, por manera que se recogieron al puerto Hermoso, que está, deste
-de Sancto Domingo, 16 leguas, ó al de Azua, que está 20 ó pocas más,
-donde no pudieron reformarse para proseguir su viaje hasta Marzo y
-fin dél, y como ni el Roldan ni todos, ó al ménos los más dellos,
-tenian poco deseo de ir á Castilla, porque temian ser castigados por
-los Reyes, tomaron achaque de haber sido libres del asiento dado, y
-no ser obligados á cumplirlo, diciendo ser pasado el término de los
-cincuenta dias, é haber quedado por culpa é industria del Almirante,
-porque los queria engañar é buscar maneras para prenderlos, y otras
-alegaciones harto frívolas y desvariadas, y muy claramente contrarias
-de la intencion y fin del Almirante, como no desease cosa más que
-reducirlos, ó echarlos desta isla; y en todas estas dilaciones gastaba
-bastimentos y ocupaba gente, y cesaba de enviar al Adelantado, y se
-impedia de muchas cosas que hacer deseaba, mayormente asentar los
-tributos en los Caciques é indios. Esto no podia hacer ni otra cosa de
-provecho estando toda la isla turbada y desasosegada, estando ellos
-levantados y cometiendo en los indios cada dia tantos insultos y
-tantos daños; ¿en qué juicio podia caer que se pusiese el Almirante,
-en quedar, que enviaria los navíos con tantos gastos á Xaraguá, 200
-y más leguas por la mar, donde ellos estaban fuertes y eran señores,
-y despues, de industria, detenerlos y retardarlos? Bien parece claro
-que ellos eran los que andaban con cautelas mañosas, procrastinando
-y vacilando, ó engañando. Esto escribió, afirmándolo, Alonso Sanchez
-de Carvajal, que con ellos trataba su despacho, el cual les hizo
-requirimiento en forma, delante de Francisco de Garay, á quien dió
-poder y crió para esto el Almirante por escribano; pero ellos, como
-moros sin Rey, no curaron. Dice así Alonso de Carvajal en su carta,
-la cual firmada de su firma, tuve en mis manos: «Juntos Francisco
-Roldan y su compañía, yo acabé de cognoscer su voluntad, que era de no
-ir á Castilla por agora en estos navíos, y en fin de muchas pláticas
-pasadas entre ellos y mí, le requerí por ante Francisco Garay, y dije,
-como yo iba allí por mandado de vuestra señoría, á cumplir con él y
-con ellos, etc.» Estas son sus palabras. Escribió todo esto y la poca
-verdad que guardaban, y como huian de concierto, al Almirante; á 15
-de Mayo, el Almirante escribió una carta á Roldan y otra á Adrian de
-Muxica, con toda modestia, rogándoles y amonestándoles, que se quitasen
-de tan dañosa opinion como seguian, porque cesasen tantos escándalos,
-que se destruia la isla y cesaba el servicio de los Reyes, y otras
-muchas cosas buenas que moverlos podian; pero el Roldan, como serpiente
-sorda á los consejos, respondió al Almirante una carta harto arrogante
-y llena de presuncion, que le besaba las manos por su consejo, pero
-que no tenia necesidad dél, y otras cosas que mostraban su esencion y
-temeridad. Despues, dice Carvajal en aquella carta, que pasaron muchas
-cosas que por vía de consejo les dijo, que mirasen los daños que hacian
-en la tierra, y que les convenia tomar medios y reducirse; dice, que
-se persuadieron, y que dijeron que les placia, trataron dellas, pero
-ninguno, sino los que ellos daban, les agradaban. Pidieron una carabela
-para que enviasen sus mensajeros á los Reyes, concedióselo, de partes
-del Almirante, Alonso Sanchez de Carvajal, y venido, que se lo diesen
-por escrito, no quisieron, diciendo, que él no tenia poderes para ello.
-Finalmente, partiéndose Carvajal por tierra para aquí, donde ya estaba
-de vuelta de la tierra dentro el Almirante, y mandó á los dos navíos
-que se tornasen á este puerto de Sancto Domingo, salió Roldan con él
-á comer donde Carvajal comiese, despues no quiso llegar tanto léjos;
-apeáronse debajo de una sombra, y, hablando mucho en ello, dijo Roldan
-que queria tomar el consejo que muchas veces le habia dado, y que le
-enviase el Almirante un seguro firme con provision Real y sellado con
-el Real sello, y otro firmado de algunas personas principales que
-con el Almirante estaban, y que él iria á hablar con el Almirante, y
-concluiria el medio y concierto para que esto del todo se acabase, y
-que esto le decia en secreto, que no lo supiese nadie. Plúgole dello
-mucho á Carvajal, y quedó de enviárselo.
-
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-CAPÍTULO CLIX.
-
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-Creyendo el Almirante que el concierto hecho de las dos carabelas ó
-navíos que les envió se efectuara, acordó de escribir ciertas cartas á
-los Reyes de todo lo que habia pasado con Francisco Roldan y los demas,
-y avisando á Sus Altezas como lo que habia firmado habia sido contra
-su voluntad, y porque todas las personas principales que deseaban el
-servicio de Sus Altezas se lo habian aconsejado, segun vian en peligro
-esta isla de perderse, en indios y en cristianos, si aquellos no se
-iban de la tierra ó no se reducian, y aquel fuego desvergonzado, que
-cada dia se multiplicaba más, no se atajaba. Estas cartas habian de
-ir en los dos navíos escondidas por alguna persona fiel, que no lo
-sintiese Francisco Roldan ni alguno de su compañía: escribió que habia
-quitado á todos los indios el tributo, con título que los indios
-estaban para levantarse, para despues él haberlos por fuerza ó por
-grado, ó por rescate, y que habian hecho, y agora hacen, más grandes
-males en la tierra, porque roban y matan los indios, para los dejar
-todos alzados é indignados contra los cristianos, para que, despues
-de idos ellos, á los que quedasen matasen; y avisaba que era fama que
-llevaban mucho oro, porque habian andado por toda la isla rescatándolo,
-y no sólo ellos, pero que tenian ya indios amostrados que enviaban por
-otras partes á rescatarlo. Item, avisaba que llevaban muchas mujeres,
-hijas de señores Caciques, y que los que vinieron desterrados para
-acá por sus delitos, que él llama homicianos, eran los más crueles
-y desmandados, y decia que debian Sus Altezas de mandar estar sobre
-aviso, para que lo más presto que pudiere hacerse, les prendiesen y
-secuestrasen lo que llevaban, oro y esclavos, y lo demas que se les
-hallase, hasta que diesen cuenta de lo que acá habian cometido, y
-por qué causas; puesto que tenia, segun dicen, que no habian de osar
-ir al puerto de Cáliz, sino que forzarian los marineros para que los
-llevasen á otra parte, porque segun los crímenes que habian cometido,
-habian de rehusar que no los tomasen cuenta. Que ha padecido grandes
-angustias, enojos y trabajos despues que agora vino, por causa deste
-Roldan, y que áun agora era por el mes de Mayo de 1499, y no lo via
-comenzado. Llegado, pues, Carvajal á esta villa, donde estaba el
-Almirante, dióle cuenta de todo lo que en Xaraguá, con Roldan y los
-demas, habia pasado, y la última resolucion y secreta de Roldan. El
-Almirante, como no viese la hora de ver el negocio acabado, luego
-mandó hacer la patente real por D. Hernando y Doña Isabel, como se
-acostumbraba, para lo cual le habian concedido los Reyes poder y
-facultad, y sellada con el sello real, en que le daba el seguro muy
-cumplidamente, como Roldan la demandaba; y allende la provision real,
-que no se pone aquí por ser grande; ciertos caballeros de calidad,
-de los que estaban con el Almirante, por su mandado, le enviaron el
-presente seguro, que yo vide de sus propias firmas firmado: «Cognoscida
-cosa sea á todos los que la presente vieren, como, porque cumple al
-servicio del Rey y de la Reina, nuestros señores, que venga Francisco
-Roldan á Sancto Domingo á hablar é tomar asiento é concierto con el
-señor Almirante, el cual se teme del dicho señor Almirante y de su
-justicia, y del señor Adelantado, y los que aquí firmamos nuestros
-nombres, decimos que protestamos y damos nuestra fe, cada uno de nos
-como quien es, de no hacer mal ni daño al dicho Francisco Roldan ni á
-ninguno de los de su compañía, que con él vinieren, ni á sus bienes,
-ni consentiremos, á toda nuestra posibilidad, que le sea hecho ningun
-daño á las dichas sus personas y bienes, en todo el tiempo que él y
-ellos vinieren y estuvieren en el dicho Sancto Domingo, con condicion
-que él ni ninguno dellos no hagan cosa que sea deservicio de Sus
-Altezas ni del dicho señor Almirante. Fecha en la villa de Sancto
-Domingo á 3 de Agosto de 1499 años.—Alonso Sanchez de Carvajal.—Pero
-Fernandez Coronel.—Pedro de Terreros.—Alonso Malaver.—Diego de
-Alvarado.—Rafael Cataño.» Estos seguros, despachados á Francisco
-Roldan, porque más presto Roldan al concierto viniese, y el negocio tan
-deseado y necesario para la paz y sosiego desta isla se concluyese,
-acordó el Almirante de que lo hallasen más cercano, como lo era en
-el cuidado de verlo todo apaciguado, y así, metióse en un navío á 22
-dias de Agosto; llevó tambien otro navío con él, en los cuales llevó
-consigo algunas personas principales, como fué, Pero Hernandez Coronel,
-Miguel Ballester, Alcaide, García de Barrantes, Alcaide, Juan Malaver,
-Diego de Salamanca, Juan Dominguez, clérigo, Alonso Medel, piloto, y
-Cristóbal Rodriguez, la lengua, y otros muchos, y vase la costa abajo,
-hácia el Poniente, 20 ó 25 leguas desta villa, al puerto que se llama
-Azua, todas las cuales fué acercárseles. Donde vino Roldan y entró con
-algunos de los suyos en la carabela donde estaba el Almirante, y allí
-platicaron en su reduccion y sosiego; y el Almirante, induciéndoles y
-rogándoles á ellos que viniesen á servir á los Reyes como de ántes, y
-que él les haria toda honra y ayudaria en todo lo que pudiese que fuese
-servicio de los Reyes, como si ninguna cosa de las pasadas y presentes
-hobiera pasado, respondieron que les placia, dando buena respuesta,
-con que su señoría le concediese cuatro cosas, allende las otras que
-primero le habian enviado á demandar, que sumariamente se pusieron
-en el precedente capítulo. La primera, que en aquellos navíos queria
-enviar y fuesen á Castilla algunas personas, que no pasarian de 15;
-la segunda, que á todos los que quedasen, el Almirante les diese sus
-vecindades y tierras para labrar, y á cada uno su labranza, para que
-se les pagase el sueldo del Rey que se averiguase debérseles, como si
-todo el tiempo que habian sido rebeldes y anduvieron robando hobieran
-servido; la tercera, que el Almirante mandase apregonar públicamente,
-que si el dicho Francisco Roldan y su compañía habian hecho lo que
-hicieron, fué por falsos testimonios que les levantaron, personas que
-mal los querian y que no amaban el servicio de Sus Altezas; la cuarta,
-que el Almirante constituyese de nuevo, al dicho Francisco Roldan,
-Alcalde mayor por provision real. Esto, así concertado en la carabela,
-y el Almirante concedidas estas cosas por la necesidad en que se via,
-y asentadas por escrito, salió Roldan de la carabela á tierra, donde
-estaban aposentados él y su gente en el pueblo de los indios, donde
-dió parte á sus secuaces de lo que traia concedido del Almirante. A
-cabo de dos dias, usando de las industrias y reveses acostumbrados,
-que dél, ó quizá de los que con él andaban, salian, los cuales no
-querian paz, sino andar como andaban, por desbaratar lo concertado y
-nunca venir de conformidad, enviaron un tenor de una provision real que
-ellos ordenaron, llena de muchas cláusulas que añidieron, deshonestas
-y absurdas, creyendo que en ninguna manera las otorgara el Almirante,
-segun él siempre creyó y afirmó. Contenia todos los capítulos, arriba
-en el capítulo precedente y estas otras susodichas cuatro, y las que
-demas añidieron, intolerables; la postrera de las cuales, fué, que si
-el Almirante no cumpliese lo concertado cumplidamente á su voluntad,
-que les fuese lícito á él y á ellos juntarse y poner todas sus fuerzas
-por cualquiera forma é guisa que mejor pudiesen, para constreñir al
-Almirante para se las hacer por fuerza cumplir é guardar. De donde
-parecia colegirse argumento claro, que no tenian gana de se reducir á
-la obediencia del Almirante, por no tener superior que á la vida que
-traian les estorbase, y así, el Almirante, con razon parece que lo
-podia juzgar, pues tantas veces los asientos que se hacian, con nuevos
-motivos ó colores, desbarataban.
-
-Viéndose, pues, el Almirante, cercado de tantas angustias y de todas
-partes, porque por una parte via perderse la isla con los daños que
-aquellos hacian á los indios, por otra, cesar los provechos y tributos
-de los Reyes, que él tenia en el ánima por hacer los gastos que acá
-hacian con tanta dificultad y tan pesadamente; por otra, los disfavores
-y émulos grandes que tenia; por otra, que la gente comun que estaba
-con él, ó que no seguia actualmente á Roldan, andaba inquieta y en
-corrillos, y fué avisado que estaban dos cuadrillas dellos para se
-alzar é ir robando por la tierra, diciendo con despecho, que habiéndose
-alzado Francisco Roldan y los demas, cometiendo tan grandes crímenes y
-habiendo destruido esta isla, estaban ricos y se salian con todo ello,
-tambien ellos querian hacer lo mismo, y no andar en la obediencia del
-Almirante, perdidos, y via que no tenia gente de quien se fiase, sino
-era de muy pocos para les ir á la mano, prenderlos ó resistirlos, y
-queríanse ir á la provincia de Higuey, que está esta costa del Sur,
-al Levante, al Cabo que llamó el Almirante, de Sant Rafael, hácia la
-Saona, porque habian imaginado que allí serian ricos de oro. Item,
-porque debia haber venido algun navío de Castilla en el cual debia
-escribir el Obispo de Badajoz, don Juan Fonseca, al Almirante que
-estuviese la cosa suspensa, porque los Reyes presto lo remediarian,
-y esto debia ser por las nuevas que llevaron los cinco navíos, y
-esta suspension via el Almirante que no podia sufrirse, pues tanto
-los daños y escándalos crescian. Así que, considerando el Almirante
-todos estos inconvenientes, en medio de los cuales se hallaba, como
-entre las ondas de la mar, que algunas veces habia experimentado,
-cuasi zambullido, acordó de escoger, como menor mal, conceder todas
-las cosas, que contra toda razon y honestidad y justicia le pedian,
-con esperanza que tenia que los Reyes ternian informaciones de todo
-y cognoscerian las culpas dellos y la fuerza que á él se hacia, y á
-la justicia real desacato, pidiéndole cosas, estando en tan extrema
-necesidad, que toda razon aborrecian, y al fin, por concedérselas no
-le culparian. Todavía puso una cláusula el Almirante, que todo aquello
-que otorgaba, fuese con condicion que cumpliesen los mandamientos de
-Sus Altezas, y suyos, y de sus justicias, y á este propósito, dice el
-Almirante estas palabras: «Así que, por evitar este mal, con esperanza
-que Sus Altezas remediarian todo, y que será bien visto y manifiesto
-á quien leyere la dicha provision, que el tenor della ni lo que en
-ella está no lleva razon, y es contra toda órden de justicia y fuera
-della, y que forzosamente se les firmó y otorgó, así como la otra del
-oficio de Alcaldia, sobre lo cual, despues de asentado todo y firmado
-esta primera provision, porque él no queria que en ella fablase que
-habia de tener el dicho Roldan superior, se alzó con toda la gente
-dando voces, y que ahorcaria á mi gente que estaba en tierra, si luego
-no se embarcasen, por lo cual, hobe de firmar la dicha provision, como
-quiso, por el tiempo y causas susodichas.» Estas son sus palabras.
-Ciertamente, manifiesta parece la ambicion y malos respetos que aquel
-pobre Roldan pretendia, y la necesidad extrema en que el Almirante se
-via, y, cuan contra su voluntad, lo que firmaba concedia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLX.
-
-
-Firmadas á su voluntad las provisiones en que se contenian los
-susodichos capítulos, y el Roldan Alcalde mayor constituido, aunque
-ninguna jurisdiccion tenia, y siempre fué persona privada y no pública,
-y tirano en todo cuanto hacia, porque determinacion es universal de
-todos los juristas, que para dar ó transferir ó prorogar jurisdiccion,
-ha de haber en el que la confiera, da ó proroga, consentimiento puro y
-totalmente libre, porque de otra manera, mezclándose cualquiera fuerza
-ó miedo, por chica que sea, es ninguna, y de ningun valor cosa que
-con ella se haga y _nihil_; pero no curó Roldan destos escrúpulos de
-juristas, ni de mirar ó tener dello escrúpulo fué digno, todo lo cual
-le trajo al fin que despues hizo. Así que, alcanzado del Almirante
-todo lo que Roldan y los demas que se alzaron querian, luego comenzó
-Francisco Roldan á usar el oficio de Alcalde mayor, y venido aquí
-á Sancto Domingo, y con las gentes que trujo consigo, allegó mucha
-otra de la que aquí estaba de su compañía, cuasi mostrando no estar
-descuidado, sino sobre aviso cada y cuando se le ofreciese, y con esta
-presuncion y soberbia, por que el Almirante tenia aquí un Teniente
-que se llamaba Rodrigo Perez, no lo consintió Roldan, diciendo al
-Almirante que no habia de haber Teniente ni tener vara ninguno en toda
-la isla sino los que el pusiese. El Almirante calló y sufrió, y y
-mandó al dicho su Teniente, Rodrigo Perez, que no trujese más la vara;
-por aquí se podrá ver la protervia y maldad de aquel, y la paciencia
-ó sufrimiento y angustias del Almirante. Miéntras estuvieron aquí,
-nunca se juntaban ni conversaban sino con los de su compañía, para
-con los otros siempre se mostraban zahareños, no se fiando de nadie,
-y velándose de noche, y no dejaban de hacer fieros y decir palabras
-temerarias y de alboroto, por lo cual mostraban bien claro no estar
-arrepentidos de sus maldades; y habiendo de enviar el Almirante cierta
-gente fuera á ver ciertas labranzas y traer pan, ninguno dellos quiso
-ir ni hacer lo que el Almirante enviaba á mandar; bien parece la vida
-quel Almirante podia entónces tener, y lo que sufria, y por esto aunque
-mataban y hacian fuerzas y robos á los indios, no osaba á ninguno
-castigar ni áun reprender. En 28 dias de Setiembre de aquel año de
-1499, se pregonó la provision del asiento que el Almirante habia tomado
-con Roldan y con ellos; díjose que Francisco Roldan habia repartido
-mucha cantidad de oro entre los que habian sido de su compañía.
-Despachó el Almirante navíos á Castilla, no supe cuantos, para cumplir
-con lo capitulado, y á los que Francisco Roldan envió, y se quisieron
-ir de su voluntad, repartió el Almirante, á tres esclavos á algunos,
-y á otros á uno, segun le pareció. En estos estuvo determinado el
-Almirante de se ir á Castilla y llevar consigo el Adelantado, segun
-entendí, para informar á los Reyes de todo lo que habia pasado con
-este Roldan, temiendo lo que no sabia que le estaba aparejado, y en
-gran manera lo acertara, como abajo se verá; pero porque sintió que
-una provincia desta isla, que era la de los Ciguayos, de que arriba
-se ha hecho mencion, á la cual el Adelantado habia hecho cruel guerra
-é injusta, y prendido al Rey della como se vido en el cap. 121, vino
-sobre los cristianos que estaban esparcidos por la Vega, dice el
-Almirante, que se quedó, y por su quedada, deliberó de enviar á Miguel
-Ballester, Alcaide de la Concepcion, y á García de Barrantes, Alcaide
-de Santiago, por procuradores é informadores de las cosas pasadas y
-presentes, como personas que habian sido testigos oculares de todo;
-con estos envió los procesos y testimonios que se habian hecho contra
-Roldan y los secuaces suyos, y escribió largo á los Reyes con ellos.
-Suplicaba á los Reyes que viesen aquellos procesos y mandasen inquirir
-y examinar de todo la verdad, y cognosciesen sus penas y trabajos, y
-hiciesen en ello lo que fuese su servicio; escribióles las razones por
-las cuales no debian de ser guardadas á Francisco Roldan, y demas
-que le siguieron en aquella tan escandalosa y dañosa rebelion, las
-condiciones y asiento que con ellos hizo el Almirante, y para esto
-daba nueve razones. La primera, porque si las concedió, no las hizo ni
-concedió de su propio motu y voluntad, sino, hechas y dictadas por él
-y por ellos, se las envió hechas, y le constriñó la necesidad en que
-se vido extrema, como ha parecido, á las firmar. La segunda, porque se
-firmaron en la carabela, y así en la mar, donde no se usa el oficio de
-Visorey, sino de Almirante. La tercera, porque sobre este alzamiento y
-rebelion estaban hecho dos procesos y dada una sentencia contra Roldan
-y los de su compañía, condenándoles por traidores, en lo cual no pudo
-el Almirante dispensar ni quitarles la infamia. Cuarta, porque en la
-provision trata sobre cosas de la hacienda de Sus Altezas, lo cual no
-se pudo hacer sin los oficiales de los Contadores mayores, como estaba
-por los Reyes ordenado y mandado. La quinta, porque pidieron que se
-diese pasaje á todos para Castilla y no se exceptuaron ni sacaron los
-delincuentes que habia enviado de Castilla y homicianos. La sexta,
-porque querian ser pagados del sueldo del Rey todos, y de todo el
-tiempo que anduvieron alzados y en deservicio de Sus Altezas, siendo
-como son obligados á pagar todos los daños y menoscabos que han hecho á
-los indios y á los cristianos, y á toda la isla, y á la hacienda real,
-y el cesar de los tributos que habian de pagar los indios, y la pérdida
-de las dos carabelas que fueron por ellos, por el primer asiento
-que ellos quebrantaron, á Xaraguá, y el sueldo y bastimento de los
-marineros, lo cual todo por su causa se perdió, y en ello ni en parte
-dello el Almirante no pudo dispensar. La sétima, porque son obligados
-á pagar, mayormente Roldan, los gastos que se hicieron en Castilla con
-pagar el sueldo de seis meses á los 40 hombres que tomó en los tres
-navíos, y los que despues se pasaron á él, venido el Almirante, los
-cuales venian cogidos y á sueldo de los Reyes para servir ó trabajar en
-las minas, y en otras cosas que se les mandasen para servicio de los
-Reyes, y más los bastimentos que comieron y los fletes de los navíos,
-trayéndolos acá, y fué causa que se engrosase con ellos y que no
-viniesen á obedecer muchos de los de su compañía, como habian escrito
-sobre ello cartas, y el mismo Roldan, y los primeros por quien negocia
-y pide partido é impunidad son aquellos, y con ellos los homicianos. La
-octava, por que el Roldan no mostró, ni señaló, ni nombró las personas
-de su compañía, porque, para que la provision que sobre este asiento el
-Almirante les dió, tuviese valor y alcanzase efecto, requeríase, segun
-dice el Almirante, que mostrase, por escritura firmada por ellos, como
-se ayuntaban y por qué fin hacian su ayuntamiento, y en qué tiempo, y
-las condiciones que todos pedian, los cuales se entenderian ser de la
-compañía de Roldan y no otros. La novena, porque el dicho Francisco
-Roldan, al tiempo que partió de Castilla él y los otros que entónces
-en el segundo viaje á estas Indias vinieron, hicieron juramento sobre
-un crucifijo y un misal, y dió la fe y hizo pleito homenaje de ser
-leal á Sus Altezas y guardar el bien y pró de su hacienda, por ante
-el Obispo de Badajoz, é yo y otros muchos (dice aquí el Almirante),
-que allí estaban, como más largo parecerá por el dicho juramento, el
-cual está escrito en el libro de los señores Contadores mayores; de
-lo cual, toda ha incurrido en el contrario, porque no han sido leal
-ni leales, y ha echado á perder la hacienda y sido causa que se haya
-perdido el tributo, y no solamente este, más el algodon de Sus Altezas,
-que estaba en Xaraguá, le han tomado, y quemado el brasil que estaba
-cogido y tomadas las velas y aparejos de los navíos y el ganado: estas
-son palabras del Almirante. Pone tambien á lo que Roldan y los que se
-alzaron eran obligados á guardar por virtud de la provision que del
-asiento dicho les dió: lo primero, á pagar todos los daños y menoscabos
-que se han recibido en la hacienda de Sus Altezas y las dos carabelas,
-por una cláusula que está, en ella, que dice que sean obligados á pagar
-todo lo que por derecho se hallare que deben; por otra cláusula son
-obligados á nunca jamás decir que fué bien hecho se alzar; por otra
-cláusula son obligados á cumplir los mandamientos de Sus Altezas y
-del Almirante, y si no lo cumpliesen no era nada el asiento ni seguro,
-y podiase proceder contra ellos, y por todos los delitos y alzamiento
-pasados, é incurrian en las penas que contenia la provision, y estas
-eran, perdimiento de la vida, de los bienes, de los oficios. Por manera
-que, por el primer mandamiento que no obedeciesen, dice el Almirante,
-que incurrian en todas las dichas penas, en perder las vidas, y todo
-lo que en su favor les fué concedido por la provision no les vale
-nada, y el Roldan pierde el Alcaldia. Puesto que por aquello no la
-perdiese, dice el Almirante, no podia usar della, porque se le dió por
-fuerza, lo cual es contra derecho, y tambien porque no habia de mandar
-en casos de justicia á la gente que estaba y habia siempre seguido al
-Adelantado y al Almirante, y estado en su obediencia y en servicio de
-los Reyes contra Roldan y sus secuaces, de los cuales habian recibido
-muchos agravios. Suplicaba en estas cartas muy afectuosamente á los
-Reyes que le enviasen un letrado, persona experimentada para ejercer
-el oficio de la justicia, porque la gente que en esta isla estaba,
-dice el Almirante, era muy desmandada, y como cognoscian quél no osaba
-irles á la mano ni castigarlos, por los testimonios que en Castilla
-injustamente le habian levantado, y fueron creidos (dice él), por
-tanto les suplicaba que tuviesen por bien de se lo enviar, y que él
-queria pagarle el salario, y que tambien con él juntamente proveyesen
-de dos personas virtuosas para Consejo, y que pluguiese á Sus Altezas
-de no darles sus preeminencias. Tambien avisaba que convenia enviar
-con ellos un Teniente de Contadores mayores y otro del Tesorero, que
-fuesen personas cuales conviniese, con quien se negociasen las cosas
-de la Hacienda real; por manera, que en aquel tiempo no habia en esta
-isla oficiales del Rey principales ó propios, sino tenientes de los de
-Castilla. Torna otra vez á decir en estas cartas, que muy necesaria
-era la justicia en esta isla, y, para administrarla, la persona que
-habia dicho, y con ella, dice, que suplicaba á Sus Altezas que mandasen
-mirar por su honra y guardar sus preeminencias: «yo no sé (dice
-él), si yerro, mas mi parecer es que los Príncipes deben hacer mucho
-favor á sus gobernadores en cuanto los tienen en el cargo, porque con
-disfavor todo se pierde.» Por estas palabras parecen dos cosas: la
-una, que, cierto, el Almirante deseaba tener ayuda en la gobernacion,
-mayormente cuanto á la administracion de la justicia, porque no
-tuviesen los españoles que decir mal dél, y porque via que, como
-extranjero, era dellos en ménos de lo que debieran tenido; porque esta
-es, creo que, peculiar condicion ó soberbia de España. La otra era,
-que él temia que los Reyes no le limitasen su oficio y preeminencia
-que le habian concedido, que resultase en agravio suyo y violencia de
-sus privilegios, que con tantos sudores y aflicciones habia ganado,
-como al fin aquello que temia, y mucho más que aquello adverso, fué lo
-que le vino. Estando en esto, vinieron nuevas al Almirante como habia
-llegado Alonso de Hojeda con ciertos navíos al puerto de Yaquimo, que
-está, la costa abajo, 80 leguas deste puerto de Sancto Domingo, donde
-hay ó habia brasil, y que habia llegado allí á 5 de Setiembre, y así
-lo escribió el Almirante á los Reyes en estas cartas. Desta venida de
-Hojeda tratará la historia en el cap. 164 y en el siguiente. Suplicó
-asimismo á los Reyes, que porque él estaba ya muy quebrantado y pasaba
-la peor vida que hombre del mundo, por lo cual iba descreciendo, y
-su hijo D. Diego Colon, que está en la corte, crescia en fuerza,
-haciéndose hombre para poder acá servirles, que le hiciesen merced le
-mandar que viniese acá á ayudarle, para que él descansase algo y Sus
-Altezas fuesen mejor servidos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXI.
-
-
-Partidos estos navíos con los mensajeros ó procuradores del Almirante,
-que fueron los dos Alcaides, Ballester y Barrantes, de mí bien
-cognoscidos, y los de Francisco Roldan, que no ménos cognoscí, con
-quien es de creer que se alargó en escribir sus quejas y ofensas, que
-partieron cuasi al principio de Octubre; á los 19 del dicho mes vino
-Francisco Roldan al Almirante con un memorial de toda la gente que
-habia andado con él, y entónces áun estaba en su compañía, que eran 102
-personas, y díjole que todos querian vecindad, y que la escogian en
-Xaraguá, donde habian harto más reinado que el Rey natural de aquella
-provincia, Behechio; y era la razon, porque allí, como algunas veces
-se ha dicho, era cuasi la corte real de toda esta isla, donde en la
-policía, y en la lengua, y en la conversacion, y en la hermosura de
-las gentes, hombres y mujeres, y en los aires, y amenidad y templanza
-de la tierra, á todas las provincias desta isla (aunque todas son
-admirables y dignísimas), excedia, y así, en aquella más que en las
-otras (puesto que tambien en todas), habia grande aparejo para vivir
-desenfrenadamente los pecadores hombres, zabullidos en vicios. Por
-entónces no quiso el Almirante darle licencia para se avecindar, porque
-temió quizá, que estando juntos no moviesen algun motin ó rebelion,
-como despues algo desto paresció y decirse ha. Avecindáronse algunos
-en el Bonao, y de aquí se comenzó allí la villa del Bonao; otros en la
-Vega, en medio della, donde tenia Guarionex, Rey della, que llamaban
-el guaricano, media legua abajo de la fortaleza que se nombraba la
-Concepcion, frontero cuasi hácia el Norte de la sierra, á la ribera
-del rio que llamaron Verde; á otros dió vecindad en Santiago, seis
-leguas de allí en la misma Vega, hácia el Norte, derechamente donde
-al presente está. A estos que se avecindaban repartia el Almirante
-tierras en los mismos términos y heredades de los indios, y de las
-mismas heredades y labranzas hechas y trabajadas por los indios, que
-tenian para sustentacion suya y de sus mujeres y hijos, repartia entre
-ellos, á uno 10.000, á otro 20.000, á otro más, á otro ménos, montones
-ó matas, como si dijésemos, tantas mil cepas de viña; sólo en esto
-diferia, porque las cepas de las viñas son perpetuas ó cuasi, pero las
-matas no duran ni dan más de fruto de pan, y esto puede durar uno y
-dos y hasta tres años, que pueden comer dello, como ya arriba dejamos
-dicho. Y este repartimiento destas labranzas y tierras, dábalas el
-Almirante por sus cédulas, diciendo que daba á fulano en el Cacique
-fulano tantas mil matas, ó montones, que es lo mismo, y lo peor y
-miserando que es y era, de donde comenzó la tiránica pestilencia, como
-arriba se dijo, del repartimiento que despues llamaron encomiendas,
-que decia en la cédula «que mandaba que aquel Cacique fulano é sus
-gentes le labrasen aquellas tierras», esto era, que acabadas aquellas
-matas y montones de comer, le plantasen otras, sin señalar número ni
-cuento ni medida; y á los que señalaba y daba de las labranzas de los
-indios ya plantadas, daba solo tierras y los indios que se las hiciesen
-y plantasen en ellas, y juntaba dos españoles ó tres en compañía, y
-aplicábales tal Cacique que les hiciese las dichas labranzas de comun,
-y despues el provecho dellas repartiesen. De aquí nacieron entre los
-españoles unas sanctas é inmaculadas compañías. Esta licencia dada
-por el Almirante teníanse ellos cargo de gastar aquellas labranzas en
-las minas, forzando á los indios que fuesen á coger oro, aunque les
-pesase, puesto que no iban sin otra licencia expresa del Almirante,
-dada por escrito, que decia que se daba licencia desde tal mes á tal
-mes, despues pedian que se les acrecentase la dicha licencia, en tal
-dia á tantos de tal mes se le acrecentó la licencia á fulano para
-coger oro hasta tal mes. Dada la licencia y señalado que tal Cacique
-hiciese las labranzas de fulano, español, de tal manera del Cacique
-y de su pueblo ó pueblos ó gente aquel hidalgo español se apoderaba,
-como si se los dieran todos por esclavos, ó por mejor decir, si fueran
-bestias cazadas y habidas del campo, no haciendo más cuenta del
-Cacique y señor natural que de sus vasallos; azotes, palos, cortar
-las orejas, y á otros matarlos si en tantito dellos se enojaban ó no
-acudian á hacer tan presto lo que se les mandaba; si los Caciques y
-señores tenian hijas, luego con ellas eran abarraganados, y desta
-manera estuvieron todos, yo presente, muchos años. Eran de todos los
-indios, por temor violentísimo, adorados, y, como de los demonios,
-delante dellos temblaban, y guay de aquellos que se huian, ó, como
-los españoles decian en su lenguaje, se alzaban, porque luego iban á
-buscarlos y guerrearlos, y hacian en ellos crueles matanzas, y los que
-á vida se tomaban vendian por esclavos, y destos iban á Castilla los
-navíos cargados; y porque Francisco Roldan no era el postrero en deseo
-de ser rico y querer aprovecharse, pidió al Almirante que le hiciese
-merced de las tierras que estaban en cierta parte, cerca de la Isabela,
-que se llama el Bauruco, tierra de cierto Cacique, y de las labranzas
-que en ellas estaban, porque dijo que ántes que se levantase eran
-suyas. De ver fuera si las labró él ó los esclavos moros de su padre, y
-tambien qué poder tenia el Almirante para darle las tierras ó labranzas
-ó haciendas ajenas de los tristes indios; pero no embargante todo
-esto, el Almirante se las dió en 29 de Octubre como hacia á los otros.
-Dióle tambien otras labranzas que estaban hechas por los indios en una
-tierra ó pago, en que habia hecho una estancia que en Castilla creo que
-llamaran casería, ó cortijo, ó heredad, donde se hacian las labranzas y
-dellas el pan, y se criaban gallinas, y hacian huertas, y todo lo demas
-que era menester para tener hacienda ó heredad los españoles, y buena
-vida, excepto los ganados que se tenian en otra parte; pienso que esta
-estancia era hecha en nombre del Rey, y con este título mandaban á los
-indios que la labrasen, y pusiéronle nombre Esperanza. Concedióle más
-el Almirante al Roldan, que el Cacique y señor que habia desorejado
-Alonso de Hojeda, como se dijo en el cap. 93, y su gente se las
-labrasen; veis aquí como se va entablando aquella tan justa gobernacion
-que llamaron repartimiento, y despues las honestas encomiendas. Dice
-aquí el Almirante, que todo esto hacia y daba para que hobiese tiempo
-de saber de Sus Altezas, qué es lo que mandaban hacer dél y de su
-compañía, pues, como prometieron, no se apartaban. Dióle asimismo dos
-vacas, y dos becerros, y dos yeguas, y veinte puercas, todo de lo del
-Rey, para comenzar á criar, porque se lo pedia, y áun creo que fueron
-dos pavos de los de Castilla; y no le osaba negar nada. Pero lo que más
-él pretendió por hinchir mejor las manos, y le concedió el Almirante,
-fué aquel gran rey Behechio con sus gentes y vasallos, en la provincia
-de Xaraguá, donde él, como dije, habia más que Behechio reinado, porque
-aunque por allí no habia oro, tenia infinitas gentes que pudiera enviar
-á las minas, donde todos los matara y cogiera entónces mucho dello, si
-del estado que como Rey tenia tan presto el hilo no se le cortara.
-
-Partióse de aquí de Santo Domingo, para visitar, la tierra adentro, con
-licencia del Almirante, la cual Dios sabe con qué corazon se la daba,
-y, llegando al Bonao, instituyó por Alcalde de aquella provincia, en
-su lugar, á Pedro de Riquelme, uno de los más á él llegados de los con
-él alzados, reservando para sí la jurisdiccion en lo criminal, y que,
-siendo necesario prender alguno en los criminales casos, lo prendiese y
-enviase á la fortaleza de la Concepcion, donde, hasta que él mandase lo
-que se habia de hacer, con prisiones le guardasen; cosa muy temeraria,
-y que él no podia hacer, aunque en la verdad se le hobiera dado el
-oficio jurídica y voluntariamente por el Almirante, cuanto más que
-ni en lo uno ni en lo otro tenia ni podia nada. Mucho sintió esto el
-Almirante, porque le usurpaba la superioridad de Visorey y Gobernador,
-y en la capitulacion y concierto hecho, y la provision á él dada, no
-se le habia concedido sino que sólo fuese Alcalde, y no que criase á
-otros Alcaldes. El Riquelme trabajaba, despues de ido Roldan, de hacer
-una fortaleza en un lugar fuerte en aquella provincia del Bonao, lo
-que debia ser artificio de ambos para se hacer más fuertes, cuando
-fuera menester, contra el Almirante; contradíjole un Pedro de Arana,
-hombre muy honrado, tio de D. Hernando, segundo hijo del Almirante,
-y escribiólo al Almirante, é yo vide la carta: luego el Almirante le
-envió á mandar que no hiciese cosa en ello hasta que se lo mandase.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXII.
-
-
-Quiero aquí volver el rayo de la consideracion, ántes que pase
-adelante, á la infalible y menuda providencia de Dios y sabiduría
-sempiterna, la cual, puesto que parece que no habla, clamores da,
-empero, en las plazas y en las puertas de las ciudades, en medio de las
-compañas, y en todas partes y lugar levanta su voz, como dice Salomon
-en el primero de sus «Proverbios,» ¿en qué habia ofendido de nuevo el
-Almirante, salido de Castilla con mucha gracia de los Reyes, y con
-poderes, favores y mercedes más abundantes, de camino haber descubierto
-la tierra de Paria, principio de toda la gran tierra firme de este
-orbe, con perlas y oro, con tan inmensos sudores, peligros y trabajos?
-Despues de llegado á esta isla, donde pensaba resollar y consolarse,
-halló materia de tanta tristeza y amarguras, sabido el levantamiento
-de Francisco Roldan, sin haber sido causa del; con cuanta diligencia,
-paciencia, solicitud, sufrimiento y cuidado trabajó de asegurarlo,
-perdiendo tanto de su autoridad, recibiendo muchos descomedimientos de
-los alzados, disimulando muchos defectos de los que consigo estaban,
-dignos de castigar, padeciendo cada dia nuevos temores de que los que
-tenia consigo le habian de dejar, como se ha contado. El dolor que
-sufria por el enojo que habian de recibir los Reyes, que era lo que
-más le solia atormentar, el disfavor que le habia de crecer de parte
-de los émulos y adversarios grandes que tenia en la corte sin por qué
-ni para qué, á los cuales, con estos reveses, se les ofrecia ocasion
-para, del todo, como lo hicieron, poderlo derrocar; finalmente, con
-su mucha prudencia y perseverante sufrimiento, hobo de concluir el
-reducimiento de Francisco Roldan. ¿En qué, pues, ofendió, y á quién de
-los españoles que allá estaban, y á los Reyes, desirvió despues que de
-aquí salió hasta que tornó acá, y en los trabajos y cuidado que tuvo,
-miéntras duró el atraimiento y reduccion de Roldan, que á 21 de Mayo
-estuviese leyendo, con angustia de su ánima, la carta de Alonso Sanchez
-de Carvajal, de como Roldan no cumplia el asiento de irse en las dos
-carabelas con sus alzados á Castilla, y que aquí, el mismo año, mes y
-dia, firmasen los Reyes las provisiones para quitarle la gobernacion,
-y por consiguiente le sucediesen (sacada la muerte), todos los otros
-desastrados é infelices males y daños, y que no bastasen para mover á
-los Reyes, á no del todo derrocarle, los servicios tan irrecompensables
-pasados, y este de agora tan grande, como fué haber descubierto la
-tierra firme y oro de nuevo hallado en ella, y más las perlas que hasta
-entónces no habian parecido, y pudieran esperar que tambien habian de
-haber de allí otras piedras y cosas preciosas? Esta cuestion no tiene
-otra respuesta que cuadre, sino que la divina sapiencia, en esto que á
-nosotros parece, parecia que callaba, y, en deponerle del estado que
-le habian dado, clamaba y levantaba su voz en las plazas, que no por
-los daños é injusticias que hacia á los cristianos (porque dado que le
-habian acusado de muchos que habia justiciado de ántes, quizá lo habian
-bien merecido, y eran 10 ó 12, ó quizá no tantos), sino por las grandes
-injusticias, y guerras, y imposicion de tributos, y agravios y no por
-persona humana, ni con haber ni riquezas del mundo, recompensables,
-que habia hecho á los indios, y actualmente hacia y tenia propósito
-de hacerles, con la granjería que trataba, de querer hinchir toda la
-Europa de estos inocentes indios, inícuamente hechos esclavos, aunque á
-él parecia que con intincion santa, y es cierto, yo creer, quél creia
-que no erraba. Por esta, digo, causa, verdaderamente no fué en mano de
-los Reyes, los cuales sin duda, como agradecidos Príncipes, le amaban,
-sino por voluntad y disposicion divina, el regimiento de este orbe, que
-muy bien al principio merecido tenia, le quitaron de las manos. ¡Oh
-cuan léjos y distantes, son los pensamientos y juicios de los hombres,
-de los del eterno é inmenso Dios! ¡Cuán engañosa ó engañable, incierta
-y variable suele salir la sentencia de nuestro parecer! ¡Cuán cierta é
-infalible, la provision universal de la divina sapiencia, que por una
-parte permitiendo y disimulando calle, y por otra parte, obrando hable,
-por otra, callando parece que aprueba, por otra, castigando, cuando
-ménos los hombres ofenden y más seguros están, sin duda reprueba, por
-otra, quitándonos las ocasiones de ofenderle, á los que no sienten por
-qué el azote les viene, concede señalado bien para que lastar tanto
-en esta ó en la otra vida no tengan, y á los que por don de su gracia
-lo entienden, misericordiosamente consuela! Así creo que se hobo, en
-disponer el estado del Almirante, la divina Providencia, porque cuando
-le permitia y disimulaba los males que á los indios hacia, parecia que,
-callando se los aprobaba, y él, así creo que lo creia, pero cuando
-ménos ofendia y en mayores angustias estaba, juntamente con enviarle
-algun castigo, le quitó la ocasion certísima y veemente de su damnacion
-eterna, si mucho tiempo más se lo disimulara. De aquí es de creer
-piadosamente, y dello hay hartas conjeturas, que como Nuestro Señor le
-concedió tener buena voluntad, y que todo lo que hacia y obraba parece
-que lo enderezaba finalmente al honor divino, que despues le diese
-cognoscimiento para que sintiese, que, por los grandes pecados que
-cometió contra estas gentes, y daños gravísimos, que con su ignorancia
-no excusable, les hizo, privacion de su estado (aunque no por sentencia
-pronunciada en contradictorio juicio, sino por voluntad de los Reyes),
-y las otras calamidades con todo lo demas, le vino. Y este es el primer
-principio, por el cual, de los celestiales bienes y de nuestra final
-salvacion, supuesta la gracia divina, nos hacemos dignos. Teniendo
-ya determinado los Reyes de quitarle la gobernacion, no creo que
-perpétuamente, y firmado las provisiones á 21 de Mayo de aquel año de
-1499, como dije, solamente movidos por las nuevas que tuvieron, que
-él escribió en los cinco navíos, de que llegado á esta isla halló que
-Francisco Roldan era levantado, puesto que creo tambien que debiera
-de escribir Francisco Roldan ó sus amigos, llegaron estos dos navios
-postreros, donde fueron los mensajeros, por cerca de Navidad. Los del
-Almirante hacen relacion á los Reyes del levantamiento y desobediencia
-de Francisco Roldan, y de los que le siguieron ser hombres facinerosos,
-viciosos, robadores, violentos, ladrones, forzadores de mujeres
-casadas, corrompedores de vírgenes, homicidas, falsos, perjuros,
-fementidos; de los robos, muertes, daños grandes y escándalos que
-en toda esta isla habian hecho, y de los trabajos y peligros que,
-sobre esto, el Adelantado, y despues el Almirante, padecieron. Los
-de Roldan, por el contrario, dieron del Almirante y de sus hermanos
-terribles quejas, llamándolos tiranos, injustos, crueles, que por
-cosas fáciles atormentaban los españoles, los degollaban, ahorcaban,
-azotaban, cortaban manos, sediendo la sangre castellana como capitales
-enemigos, deservidores de los Reyes, y que no procuraban sino alzarse
-con el imperio destas Indias, y daban esta conjetura: que no dejaban
-cojer el oro de las minas por haberlo todo ellos, y otras muchas
-abominaciones que afirmaban contra ellos para excusar su alzamiento y
-desvergüenza, diciendo que por estas causas se absentaron y apartaron
-dellos. Cerca de lo que yo sentí y entiendo de todo esto, abajo diré
-mi sentencia. Oidos los clamores y quejas de ambas partes, los Reyes,
-de lo que habian proveido y aún estaban proveyendo, en ningun cosa se
-arrepintieron, ántes se confirmaron en su propósito, y muchas otras
-cosas para el remedio, segun juzgaron ser necesario, proveyeron.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXIII.
-
-
-Por este tiempo, en aquestos dos navíos ó en otros que envió poco
-despues, escribió el Almirante á los Reyes una carta muy larga, en la
-cual hizo un epílogo y abreviatura de todas las cosas que le habian
-acaecido despues que vino y estuvo en la corte, y propuso su empresa
-ante los Reyes de descubrir estas Indias, hasta estos presentes dias,
-de la cual quiero aquí referir algunos pedazos, porque me parece
-convenir é testificar con él mismo muchas cosas de las arriba dichas,
-y tambien porque sepan las quejas que de su fortuna y adversarios, con
-razon, tenia, y las razones y disculpas que para ello traia. Hablando
-de su venida deste viaje tercero que hizo, y de como llegó á esta
-isla Española y halló levantado á Roldan, entre otras cosas, dice:
-«Despues que vine, y, con tanta gente y poderes de Vuestras Altezas,
-él se mudase de su primero propósito y dijese esto, yo quisiera salir
-á él, más hallé que era la verdad, que la mayor parte de la gente que
-yo tenia eran de su bando; y como fuese gente de trabajo, y yo para
-trabajo los hobiese asueldado, este Roldan y los que con él eran, y
-los otros que ya estaban de su parte, tuvieron forma de los emponer
-que se pasasen con ellos porque no trabajarian y ternian rienda suelta
-y mucho comer y mujeres, y, sobre todo, libertad á hacer todo lo que
-quisieren; é así, fué necesario que yo disimulase, y en fin, vine en
-concierto que yo les diese, de las tres carabelas que habia de llevar
-el Adelantado á descubrir, las cuales estaban de partida, las dos,
-y cartas para Vuestras Altezas de bien servido y su sueldo, y otras
-cosas muchas deshonestas; é así se las envié allá al cabo del Poniente
-desta isla, allí donde ya tenian su asiento; é así he estado siempre
-en fatiga, de que yo vine hasta hoy dia, que es el mes de Mayo del
-99, porque áun no se ha ido, y tiene allá los navíos, y cada dia me
-hacen saltos y enojos: nuestro Señor lo remedie como fuere su servicio.
-Muy altos Príncipes, cuando yo vine acá, traje mucha gente para la
-conquista destas tierras, los cuales recibí todos por importunidad,
-diciendo ellos que servirian en ello muy bien y mejor que nadie, y
-era al revés, segun despues se ha visto; porque no venian, salvo con
-creencia que el oro que se decia que se hallaba, y especerías, que
-era á coger con pala, é las especias que eran dellas los lios hechos
-liados, y todo á la ribera de la mar, que no habia más salvo hecharlo
-en las naos, tanto los tenia ciegos la cudicia: é no pensaban, que,
-bien que hobiere oro, que sería en minas, y los otros metales, y las
-especias en los árboles, y que el oro seria necesario de cavarlo, y
-las especias cogerlas y curarlas. Lo cual todo les predicaba yo en
-Sevilla, porque eran tantos los que querian venir, é yo les cognoscia
-su fin, que hacia decirles esto, y todos los trabajos que suelen sufrir
-los que van á poblar nuevamente tierras de muy léjos. Á lo cual todos
-me respondian que á eso venian, y por ganar honra en ello, más como
-fuese el contrario, como yo dije, ellos, en llegando acá, que vieron
-que yo les habia dicho la verdad, é, que su cudicia no habia lugar de
-hartarse, quisiéranse volver luego, sin ver que fuera imposible de
-conquistar y señorear esto, y porque yo no se lo consentí, me tomaron
-odio, y no tenian razon, pues que por importunidad los habia traido y,
-hablado claro que yo venia á conquistar, y no por volver luego como
-aquel que ya habia visto otras semejantes, y que tenia cognoscida su
-intincion; y asimismo me tomaron odio porque yo no los consentia ir por
-la sierra adentro, derramados de dos en dos, ó tres en tres, y algunos
-solos, por lo cual los indios habian muerto muchos, á esta causa, por
-andar así derramados, y mataran más si yo no le remediara, como dije,
-y llegara su osadía á tanto, que me echaran sin debate de la tierra,
-si Nuestro Señor no lo proveyera. Rescibí en esto grande pena, así
-como en los bastimentos que yo les habia de proveer; y algunos que no
-podian dar de comer en Castilla á un mozo, querrian tener acá seis é
-siete hombres, y que yo se los gobernase y pagase sueldo, que no habia
-razon ni justicia que los hiciese satisfechos. Otros habian venido sin
-sueldo, digo (bien la cuarta parte), escondidos en las naos, á los
-cuales me fué necesario de contentar así como los otros; en manera,
-que, desde entónces, en mayor pena con los cristianos que con los
-indios, y hoy en dia no acabo, ántes por una parte se ha doblado y por
-otra se me alivia. Dóblaseme por este ingrato desconocido, Roldan, que
-vivia conmigo y los que con él son, á los cuales yo tenia hecha tanta
-honra, y á este Roldan (que no tenia nada), dado en tan pocos dias,
-que tenia ya más de un cuento, y á estotros que agora nuevamente se
-fueron allegando de Castilla, dado dineros y buena compañía, así que
-estos me tienen en pena; de otra parte estoy aliviado, porque la otra
-gente siembran y tienen ya muchos bastimentos, é saben ya la costumbre
-de la tierra, é se comienza á gustar de la nobleza della y fertilidad,
-muy al contrario de lo que hasta aquí se decia: que creo que no haya
-tierra en el mundo tan aparejada para haraganes como esta, é muy mejor
-para quien quisiere ayuntar hacienda, como despues diré, por no salir
-del propósito. Así que nuestra gente que vino acá, visto que no podian
-hinchir su cudicia, la cual era desordenada, y áun tanto que muchas
-veces he pensado y creido, que ella haya sido causa que Nuestro Señor
-nos haya cubierto el oro y las otras cosas; porque luego que acá salí
-al campo hice experimentar á los indios cuanto dello podian coger,
-y hallé que algunos que sabian bien dello cogian en cuatro dias una
-medida que cabia una onza y media, y así tenia yo asentado con todos
-los desta provincia de Cibao, y les aplacia de dar de tributo cada
-persona, hombre y mujer, de catorce años arriba hasta setenta, una
-medida destas que yo dije de tres en tres lunas, y le cogí yo este
-tributo hasta que fuí á Castilla, así que esto tengo yo imaginado que
-la cudicia haya sido causa que se pierda. Mas estoy muy cierto que
-Nuestro Señor, por su piedad, no mirará á nuestros pecados, é que en
-viendo tiempo para ello, luego lo volverá con ventaja; la cual gente
-nuestra, despues que vido que su parecer no les salia como tenian
-imaginado, siempre despues estaban con congoja para se volver á España,
-é así les daba yo lugar que fuesen en cada pasaje, y por mi desdicha,
-bien que de mi hobiesen recibido mucha honra y buen tratamiento, ellos,
-en llegando allá, decian de mí peor que de un moro, sin dar á ello
-ninguna razon, y me levantaron mil testimonios falsos, y dura esto
-hoy en dia: mas Dios Nuestro Señor, el cual sabe bien mi intencion
-y la verdad de todo, me salvará, ansí como hasta aquí hizo, porque
-hasta hoy no ha habido persona contra mí con malicia que no le haya él
-castigado, y por esto es bien de echar todo el cuidado en su servicio,
-que él le dará gobierno. Allá dijeron que yo habia asentado el pueblo
-en el peor lugar de la isla, y es el mejor della, y dicho de boca de
-todos los indios de la isla; y estos que esto decian, muchos dellos no
-habian salido fuera del cerco de la villa un tiro de lombarda: no sé
-qué fe podian dar dello. Decian que morian de sed, y pasa el rio allí
-junto por la villa, áun no tan léjos como de Sancta María, en Sevilla,
-al rio; decian que este lugar es el más doliente, y es el más sano;
-bien que toda esta tierra es la más sana y de más aguas y mejores
-aires, que otra que sea debajo del cielo, y se debe creer que es así,
-pues que en un paralelo y en una distancia de la línea equinoccial
-con las islas de Canaria: las cuales en esta distancia son conformes,
-mas no en las tierras, porque son todas sierras secas y altísimas,
-sin agua, ni sin fruto y sin cosa verde, las cuales fueron alabadas
-de sábios por estar en tan buena temperancia, debajo de tan buena
-parte del cielo, distantes de la equinoccial, como ya dije, mas esta
-Española es grandísima, que boja más que España, y muy llena de vegas,
-y campiñas, y montes, y sierras, y rios grandísimos, y otras muchas
-aguas y puertos, como la pintura della, que aquí irá, hará manifiesto,
-y toda populatísima de gente muy industriosa; así que creo que debajo
-del cielo no hay mejor tierra en el mundo. Dijeron que no habia
-bastimentos, y hay carne y pan y pescado, y de otras muchas maneras,
-en tanta abundancia, que despues de llegar acá, peones que se traen de
-allá para trabajar acá, que no quieren sueldo, y se mantienen á ellos
-y á indios que les sirven, y como se puede tomar por este Roldan, el
-cual va al campo, y es más de un año, con 120 personas, las cuales
-traen más de 500 indios que los sirven, é á todos los mantienen con
-mucha abundancia. Dijeron que yo habia tomado el ganado á la gente que
-lo trujo acá, y no trajo nadie dello, salvo yo ocho puercas, que eran
-de muchos; y porque estos eran personas que se querian volver luego á
-Castilla y las mataban, yo se lo defendí porque multiplicasen, mas no
-que no fuesen suyas, de que se ve agora que hay acá dellos sin cuento,
-que todos salieron desta casta, y los cuales yo truje en los navíos y
-les hice la costa, salvo el primer gasto, que fué 70 maravedís la pieza
-en la isla Gomera. Dijeron que la tierra de la Isabela, adonde es el
-asiento, que era muy mala y que no daba trigo; yo lo cogí y se comió
-el pan dello, y es la más fermosa tierra que se pueda cudiciar: una
-vega de 14 leguas de largo y dos de ancho, y tres y cuatro, entre dos
-sierras, y un rio muy caudaloso que pasa al luengo por medio della, y
-otros dos, no grandes, así como muchos arroyos que de la sierra vienen
-á ellos, ni por pan de trigo cura nadie, porque estotro es mucho y
-mejor para acá y se hace con ménos trabajo. De todo esto me acusaban
-contra toda justicia, como ya dije, y todo esto era porque Vuestras
-Altezas me aborreciesen á mí y al negocio; mas no fuera así si el
-autor del descubrir dello fuera converso, porque conversos, enemigos
-son de la prosperidad de Vuestras Altezas y de los cristianos, mas
-echaron esta fama y tuvieron forma que llegase á se perder del todo; y
-estos que son con este Roldan, que agora me da guerra, dicen que los
-más son dellos. Acusáronme de la justicia, la cual siempre hice con
-tanto temor de Dios y de Vuestras Altezas, más que los delincuentes
-sus feos y brutos delitos, por los cuales Nuestro Señor ha dado en el
-mundo tan fuerte castigo, y de los cuales tienen aquí los Alcaldes los
-procesos. Otros infinitos testimonios dijeron de mí y de la tierra,
-la cual se ve que Nuestro Señor la dió milagrosamente, y la cual es
-la más hermosa y fértil que haya debajo del cielo, en la cual hay oro
-y cobre, y de tantas maneras de especias y tanta cantidad de brasil,
-del cual, sólo con esclavos, me dicen estos mercaderes, que se puede
-haber cada año 40 cuentos, y dan razon dello, porque es la carga ahí
-más de tres veces tanto cada año; y en la cual puede vivir la gente
-con tanto descanso, como todo se verá muy presto. Y creo, que, segun
-las necesidades de Castilla y la abundancia de la Española, se haya de
-venir á ella muy presto de allá grande pueblo, y será el asiento en la
-Isabela, adonde fué el comienzo, porque es el más idóneo lugar y mejor
-que otro ninguno de la tierra, como se debe de creer pues que Nuestro
-Señor me llevó allí milagrosamente, que fué que no pude ir atras ni
-adelante con las naos, salvo descargar y hacer asiento; y la cual razon
-me movió á escribir esta escritura, por la cual dirán algunos que no
-era necesario de relatar fechos pasados, y los ternán por prolijos
-y son tan breves, mas yo comprendí que todo era necesario, así para
-Vuestras Altezas, como para otras personas que habian oido el maldecir
-con tanta malicia y engaño, lo cual se ha dicho sobre cada cosa de las
-escritas, y no solamente de las personas que fueron de acá, é más, con
-mucha crueldad, de algunos que no salieron de Castilla, los cuales
-tenian facultad de probar su malicia al oido de Vuestras Altezas, y
-todo con arte, y todo por me hacer mala obra, por envidia, como pobre
-extranjero; mas en todo me ha socorrido y socorre Aquel que es eterno,
-el cual siempre ha usado misericordia conmigo, pecador muy grande.»
-Todo lo dicho es del Almirante, y dice más abajo, describiendo ciertas
-sierras: «Estas sierras, ambas, son pobladas y eran populatísimas
-cuando yo vine acá, y se han algo despoblado, porque la gente dellas
-probaron guerra conmigo y nuestro Señor me dió victoria siempre, las
-cuales sierras, ambas, lo más dello son labradas y de preciosas tierras
-fertilísimas, etc.»
-
-Muchas cosas habia en esta carta de notar, pero porque algunas quedan
-dichas en otros capítulos, y por abreviar, solamente aquesta postrera
-que dice el Almirante se debe notar: que la tierra halló populatísima
-cuando vino, pero que estaba algo despoblada, porque probaron guerra
-contra él los indios; y quiere decir, que por la guerra que él les
-hizo la habia despoblado algo. Y no es maravilla que la despoblase,
-pues enviaba los navíos cargados de esclavos, y lo tenia y entendia
-tener por granjería, ignorando tan malamente la justicia que los indios
-tenian de hacerle á él guerra y echarlo de la tierra á él y á todos
-los cristianos, y tambien del mundo, pues tantos agravios y males,
-él y ellos, les hacian, y la servidumbre durísima en que los ponian
-estragándoles y desordenándoles totalmente su mansedumbre, su concierto
-pacífico, su ser todo, y humilde y natural policía, y finalmente con
-tanto daño de sus vidas, y de mujeres, y hijos; y él ni los cristianos
-contra ellos no tenian alguna justicia, ántes iniquísima y contra
-toda razon natural injusticia. A lo otro que dijo arriba, que habia
-avisado en Sevilla á los que querian venir acá, que no venia á esta
-isla, sino á conquistar, etc.; no mostrará el Almirante provision ni
-mandado de los Reyes, que le mandasen conquistar estas gentes, por
-vía de hacerles guerra y destruirlas por guerras, porque no se las
-encomendaba la Sede Apostólica para esto, sino para convertirlas y
-salvarlas, trayéndolas á Jesucristo muerto y vivo por ellas. Esto claro
-parece por el primer capítulo de la Instruccion que le dieron, que
-arriba en el cap. 81 pusimos. Item, ¿como habian de mandar los Reyes
-católicos y píos, que conquistase por guerras á gente que el Almirante
-mismo habia loado, predicado y encarecido por humilísimas, graciosas,
-humanas, hospitales, liberales, dadivosas, caritativas, bonísimas y
-simplicísimas? Manifiesto es que no se debe creer, que teniendo tal
-noticia, dada por el mismo Almirante, y con verdad y mucha razon, pues
-tan buen acogimiento halló en todos los lugares destas islas donde
-llegó, mayormente cuando perdió la nao en el puerto de la Navidad,
-reino del Rey piadoso Guacanagarí, como parece en los capítulos 59 y 60
-y en los siguientes, y esta relacion hicieron los Reyes al Papa, de la
-bondad y mansedumbre de estas naciones, que no le habian de mandar que
-las conquistase con guerra; y si los Reyes le dieron tal provision, él
-no la habia, como injusta, de cumplir, arbitrando que habian sido mal
-informados.
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-CAPÍTULO CLXIV.
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-
-Necesario es, ántes que pasemos adelante, tornar un poco atras para
-que la historia no deje olvidada cosa de las que son señaladas.
-Volviendo, pues, al efecto que salió, sin lo dicho, de los cinco navíos
-que despachó con las nuevas, el Almirante, del descubrimiento de la
-tierra de Paria y firme, y perlas, y del acaecimiento que mezcló el
-alegría que los Reyes recibieran de las tales nuevas, sino supieran la
-rebelion de Francisco Roldan; como Alonso de Hojeda, que ya estaba en
-Castilla, el cual, creo yo, que debiera de irse cuando mi tio Francisco
-de Peñalosa, supo que el Almirante habia la dicha tierra descubierto y
-las perlas, y vido la figura que el Almirante envió á los Reyes della,
-y decia en sus cartas que era isla, y con duda (ó alguna creencia)
-que era tierra firme, como le favorecia y era aficionado el Obispo de
-Badajoz, D. Juan de Fonseca, que todo lo rodeaba y proveia, suplicóle
-que le diese licencia para venir á descubrir por estas partes, islas
-ó tierra firme, ó lo que hallase. El Obispo se la dió firmada de su
-nombre y no de los Reyes, ó porque los Reyes se lo cometieron que él
-diese las tales licencias ó aquella sola, lo cual es duro de creer,
-ó porque de su propia autoridad se la quiso dar no dando parte á los
-Reyes dello, porque como el año de 95 el Almirante se habia quejado
-á los Reyes ser contra sus privilegios dar licencia á alguno para
-descubrir, porque muchos la pedian, y le dieron sobrecarta para que
-cerca de aquello se le guardasen sus privilegios, si era contra ellos,
-y así se suspendió, segun arriba en el cap. 125 dijimos, y dar esta
-licencia al Obispo de esta manera, no sé como lo pudo hacer; puesto
-que tambien siento, que como era hombre muy determinado y acelerado, y
-no estaba bien con las cosas del Almirante, que darla temerariamente,
-sin consultar los Reyes, pudo ser, pero todavía dudo de ello, porque,
-aunque era muy privado de los Reyes, cosa era esta que no osara por
-sola su autoridad hacer. Dióla, empero, con esta limitacion, que no
-tocase en tierra del rey de Portugal, ni en la tierra que el Almirante
-habia descubierto hasta el año de 95. Tambien ocurre aquí otra
-dificultad, que ¿porqué no salvaba la tierra que agora el Almirante
-habia descubierto, pues constaba por la pintura y cartas que della
-enviaba á los Reyes? A esto no sabré responder. De traer su licencia
-solamente firmada del dicho Obispo y no de los Reyes, ninguna duda
-hobo, porque Francisco Roldan la vido y lo escribió al Almirante, y yo
-vide la carta original, como luego se dirá. Habida, pues, la licencia
-Hojeda, hobo personas en Sevilla que le armasen cuatro carabelas ó
-navíos, porque habia muchos ávidos y codiciosos de ir á descubrir el
-ovillo por el hilo que le puso en las manos el Almirante, por haber
-sido el primero que abrió las puertas deste, cerrado tantos siglos
-habia, mar Océano. Partió del puerto de Sancta María ó de Cáliz, por el
-mes de Mayo, y, sino dice contra la verdad Américo Vespucio en los dias
-del mes, como no la dice cuanto al año, fué su partida á 20 de Mayo de
-499; no de 97 como Américo dice, usurpando la gloria y honra que al
-Almirante pertenecia, y aplicándosela á sí mismo sólo, queriendo dar á
-entender al mundo, que él habia sido el primer descubridor de la tierra
-firme de Paria, y no el Almirante, á quien todo el descubrimiento de
-todas estas Indias, islas y tierra firme, justa y debidamente se le
-debe, como arriba en el cap. 140 queda probado. En el cual capítulo
-trabajé de poner por dudoso, si el Américo habia de industria negado,
-tácitamente, este descubrimiento primero haber sido hecho por el
-Almirante y aplicado á sí sólo, porque no habia mirado lo que despues
-colegí de los mismos escritos del Américo, con otras escrituras que de
-aquellos tiempos tengo y he hallado, por lo cual digo haber sido gran
-falsedad y maldad la del Américo, queriendo usurpar, contra justicia,
-el honor debido al Almirante, y la prueba desta falsedad por esta
-manera y por el mismo Américo quedará clarificada. Supongamos lo que
-arriba en el cap. 140 queda probado, conviene á saber: Lo primero,
-el testimonio de tanta multitud numerosa de testigos, que de vistas
-sabian que el Almirante fué el primero que descubrió la tierra firme
-de Paria, y por consiguiente, ninguno por toda la tierra firme llegó
-ántes, y esto afirma tambien Pedro Mártir, en los capítulos 3.º y 9.º
-de su primera Década. Item, el mismo Hojeda, en su deposicion, tambien
-lo testifica sin poder negarlo, diciendo que, desque vido la figura ó
-pintura en Castilla, vino él á descubrir, é halló que habia llegado
-á Paria y salido por la Boca del Drago el Almirante. Lo segundo, que
-Américo vino con Hojeda, ó por piloto, ó que sabia algo de la mar,
-pues lo cuenta junto con Juan de la Cosa y otros pilotos, ó, por
-ventura, que vino como mercader poniendo algunos dineros y teniendo
-parte en el armada. Lo tercero, supongamos lo que Américo confiesa en
-su primera navegacion, y es, que llegó á la tierra que llamaban los
-indios moradores della, Paria; item, que en cierta parte ó provincia de
-la costa de la tierra firme, ó en la isla donde hicieron guerra, los
-indios della le hirieron 22 hombres y matáronle uno, y esto acaesció
-en el año 99, como luego se probará. Pues digamos así: el Almirante
-fué el primero que descubrió á tierra firme y Paria, Hojeda fué el
-primero despues del Almirante, y Américo fué con Hojeda, y confiesa que
-llegaron á Paria. Pues el Almirante partió de Sant Lúcar á 30 de Mayo
-de 98 años, luego Hojeda y Américo partieron de Cáliz el año siguiente
-de 99 años, porque si el Almirante partió á 30 de Mayo de Sant Lúcar, y
-Hojeda y Américo á 20 de Mayo de Cáliz, y el Almirante partió primero,
-no pudo ser la partida de Hojeda y Américo en aquel año de 98, sino en
-el siguiente de 99 años; ni se pudo decir en contra que pudo ser haber
-partido Hojeda y Américo primeramente á 20 de Mayo el año mesmo de
-98, que partió el Almirante, puesto que fuese verdad que el Almirante
-llegase primero y descubriese á Paria, porque ya terniamos confesado
-el intento, conviene á saber, que el Almirante hobiese descubierto á
-Paria, y quedaria el dicho de Américo falso tambien, por él confesado,
-que dice que partió el año de 97 años; luego, sin duda, ni partieron
-de Cáliz el año de 97, ni tampoco el de 98, sino el de 99, y por
-consiguiente, queda manifiesto que no fué Américo el que descubrió
-primero la tierra firme de Paria, ni otro ninguno sino el Almirante.
-Esto se confirma, por lo que arriba en el capítulo 140 se vido, que
-Hojeda en su deposicion tomado por testigo en favor del Fisco, dijo,
-conviene á saber, que despues que vido la pintura de la tierra, que el
-Almirante habia descubierto, en Castilla, vino á descubrir y halló ser
-verdad la tierra como en pintura la habia visto, y pues esta pintura
-y relacion envió el Almirante á los Reyes el mismo año de 98, á 18
-de Octubre que partieron los dichos navíos y llegaron por Navidad, y
-en ellos fué mi padre, como parece en el cap. 155, arriba. Luego si
-partió Hojeda y Américo por Mayo, á 20 dél, como escribe Américo mismo,
-no pudo ser sino al año siguiente del 99. Item, por otra razon se
-confirma: el Almirante fué avisado de los cristianos que estaban por
-la provincia de Yaquimo, que se decia la tierra del Brasil, que habia
-llegado allí Hojeda, á 5 de Setiembre, y así lo escribió el Almirante á
-los Reyes en los navíos donde fueron los Procuradores del Almirante y
-de Roldan; y esto fué en el año de 99, al tiempo que andaba acabándose
-ó era acabada la reduccion de Francisco Roldan y de su compañía á la
-obediencia del Almirante, y este es el primer viaje que Américo hizo
-con Hojeda; luego no pudo haber partido Hojeda ni Américo de Cáliz el
-año de 97, sino de 99. Que fuese este el primer viaje que hizo Hojeda
-y Américo en busca de la tierra firme, parece por las dos cosas que
-arriba se pusieron, que el mismo Américo en su primera navegacion
-dice; la una, que llegaron á la tierra que llamaban los moradores
-della, Paria; la segunda, que les hirieron los indios en cierta isla
-22 hombres y los mataron uno, y esto dijeron á Francisco Roldan los de
-la compañía de Hojeda cuando entró en los navíos de Hojeda el mismo
-Francisco Roldan, el cual envió el Almirante á ello luego que supo que
-habia llegado Hojeda á la tierra del Brasil, desta isla, como se dirá
-en el cap. 168. Escribió Francisco Roldan al Almirante, desde allá,
-estas, entre otras palabras, las cuales yo vide, firmadas del Francisco
-Roldan, y era su firma bien cognoscida de mí; comienza así la carta:
-«Hago saber á vuestra señoría, como yo llegué adonde estaba Hojeda, el
-domingo, que se contaron 29 de Setiembre, etc.» Y más abajo: «Así que,
-señor, yo hobe de ir á las carabelas y fallé en ellas á Juan Velazquez
-y á Juan Vizcaino, el cual me mostró una capitulacion que traian para
-descubrir, firmada del señor Obispo, en que le daba licencia para
-descubrir en estas partes, tanto que no tocase en tierra del señor rey
-de Portugal, ni en la tierra que vuestra señoría habia descubierto
-fasta el año de 95. Descubrieron en la tierra que agora nuevamente
-vuestra señoría descubrió; dice que pasaron por luengo de costa 600
-leguas, en que hallaron gente que peleaba, tantos con tantos, con
-ellos, y hirieron 20 hombres y mataron uno; en algunas partes saltaron
-en tierra y les hacian mucha honra, y en otras no les consentian saltar
-en tierra, etc.» Estas son palabras de Francisco Roldan al Almirante.
-Américo en su primera navegacion, dice aquestas: _Ex nostris autem
-interempto duntaxat uno, sed vulneratis vigint duobus; qui omnes ex Dei
-adjutorio sanitatem recuperaverunt_. Que Hojeda y Américo llegasen á
-esta isla Española, cuenta luego el mismo Américo, como luego parecerá.
-Resta, luego, claro, por el Américo dicho, y la concordancia de lo que
-dijeron sus compañeros á Francisco Roldan, conviene á saber, que le
-habian herido 20 ó 22 y muerto uno, que aqueste fué su primer viaje; y
-tambien por ambos que habian ido y visto á Paria, y tierra nuevamente
-por el Almirante descubierta. Pues si este fué su primer viaje de
-Américo y vino á esta isla el año de 99, á 5 de Setiembre, partido de
-Castilla á 20 de Mayo en el mismo año de 99, como queda claramente
-visto, síguese quedar Américo, de haber falsamente puesto que partió
-de Cáliz el año de 97, confusamente convencido. Á este propósito hace
-lo que escribió tambien á los Reyes el Almirante, como supo que era
-Hojeda venido y que habia partido por Mayo cinco meses habia, habiendo
-tan poco tiempo, y dijo así: «Hojeda llegó há cinco dias al puerto
-adonde es el brasil; dicen estos marineros que, segun la brevedad del
-tiempo que partió de Castilla, que no puede haber descubierto tierra,
-bien pudieran cargar de brasil ántes que se lo pudieran prohibir, é así
-como es él, así pueden hacer otros extranjeros.» Estas son palabras del
-Almirante, y yo las vide escritas de su propia mano; quiso decir, que
-en cinco meses poca tierra podia haber descubierto, y tambien, que si
-él no enviara á Francisco Roldan para que le prohibiera que no cargase
-los navíos de brasil, que pudiera cargarlos é irse, y que así podian
-hacer cualesquiera extranjeros, sino se ponia en ello remedio. Todas
-estas probaciones traidas de las cartas de Roldan y del Almirante,
-no pueden ser calumniadas porque son ciertísimas, y no hay que dudar
-de algunas dellas, porque nunca se pensó haberse de alegar y traer á
-este propósito, como haya cincuenta y seis ó cincuenta y siete años
-que fueron á otro propósito, refiriendo la verdad, escritas, ni habia
-para qué fingirlas. Pero lo que Américo escribia para cobrar nombre
-y aplicar á sí, usurpando tácitamente el descubrimiento de la tierra
-firme, que al Almirante pertenecia, de industria lo hacia; esto, por
-muchas razones puestas en este capítulo y en el 140, arriba, se colije,
-y dejadas las dichas, quiero asignar otras manifestísimas: una es, que
-trastrocó los viajes que hizo, aplicando lo del primero al segundo, y
-las cosas que en el uno les acaescian, como si en el otro acaescieran,
-las referia. Cuenta que en el primer viaje tardaron diez y ocho meses,
-y esto no es posible, porque á los cinco meses que habia partido de
-Castilla vino á esta isla, y de esta isla no podia volver á la tierra
-firme, para andar tanto por ella, por los vientos que siempre corren
-contrarios, que son las brisas y las corrientes, sino con grandísima
-dificultad y en mucho tiempo, por manera, que lo que anduvo por
-tierra firme, fué dentro de cinco meses, dentro de los cuales vino á
-ella, puesto que, como abajo se dirá, dijo el Hojeda á algunos de los
-españoles que aquí estaban, ántes que desta isla se partiesen, que iba
-á hacer una cabalgada, la cual hizo salteando los indios de algunas
-de las islas de estos alredadores, de las cuales llevó á Castilla,
-segun cuenta el mismo Américo, 222 esclavos, y esto dice en fin de su
-primera navegacion: _Nosque, Hispaniæ viam sequentes, Calicium tandem
-repetivimus portum, cum ducentis viginti duobus captivatis personis_,
-etc. Otra es, que ciertos daños y fuerzas que Hojeda hizo y los que
-con él vinieron, á indios y á los españoles en Xaraguá, en su primer
-viaje, púsolos en el segundo y segunda navegacion, en el fin de ella,
-donde dice: _Obplurimarun rerum nostrarum indigentiam venimusque ad
-Antigliæ insulam, quam paucis nuper ab annis Christophorus Columbus
-discooperuit: in qua reculas nostras ac navalia reficiendo, mensibus
-duobus et diebus totidem permansimus: plures interdum Christicolarum
-in ibi conversantium contumelias perpetrando, quas prolixas ne
-nimium fiam hic omitto_. Antilla llamaban los portugueses entónces
-esta isla Española, y porque este Américo escribia esto en Lisboa,
-la llama Antiglia. Que estas injurias que dicen que pasaron allí de
-los españoles, las cuales se excusa decir, porque no le cumple, y la
-causa por qué se las hicieron, lo cual luego se dirá en el capítulo
-siguiente, acaesciesen en el primer viaje, claro, luego, asimismo se
-verá. Otra es, que llegaron por 5 de Setiembre, como se dijo, á esta
-isla, y dice que estuvieron dos meses y dos dias en ella, y estos, de
-necesidad, habian de ser todo Setiembre y Octubre, y algun dia andado
-de Noviembre; y dice allí, que salieron desta isla á 22 de Julio y que
-tornaron al puerto de Cáliz á 8 de Setiembre; todo esto consta ser
-falsísimo. Lo mismo se puede averiguar de todos los otros números de
-los años, meses y dias que asigna de sus navegaciones, facilísimamente,
-y así, parece que de industria quiso llevar sólo la gloria y nombre
-del descubrimiento de la tierra firme, áun callando el nombre de su
-Capitan, Alonso de Hojeda, usurpando tácitamente, como queda dicho,
-el honor y gracias que al Almirante se le debe por este insigne
-hecho, engañando al mundo, como escribia en latin, y al rey Renato
-de Nápoles, y para fuera de España, y no habia (cubiertos los que
-entónces esto sabian), quien los resistiese y declarase. Y maravíllome
-yo de D. Hernando Colon, hijo del mismo Almirante, que siendo persona
-de muy buen ingenio y prudencia, y teniendo en su poder las mismas
-navegaciones de Américo, como lo sé yo, no advirtió en este hurto y
-usurpacion que Américo Vespucio hizo á su muy ilustre padre.
-
-
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-CAPÍTULO CLXV.
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-Vista queda, porque largamente declarada, la industriosa cautela,
-no en la haz ni, segun creo, con facilidad pensada, sino por algun
-dia rumiada de Américo Vespucio, para que se le atribuyese haber
-descubierto la mayor parte deste indiano mundo, habiendo concedido Dios
-este privilegio al Almirante. De aquí conviene proseguir la historia
-de lo que acaesció á Alonso de Hojeda, con quien iba el Américo, su
-primer viaje. Partió, pues, con cuatro navíos, por el mes de Mayo, del
-puerto de Cáliz, Alonso de Hojeda, y Juan de la Cosa por piloto ya
-experimentado por los viajes que habia ido con el Almirante, y otros
-pilotos y personas que tambien se habian hallado en los dichos viajes,
-y tambien Américo, el cual, como arriba queda dicho en el cap. 140,
-ó fué como mercader ó como sabio en las cosas de cosmosgrafía y de
-la mar; partieron, digo, por Mayo, segun dice Américo, pero no como
-él dice año de 1497, sino el año de 99, como asaz queda averiguado.
-Su camino enderezaron hácia el Poniente, primero, desde las islas
-Canarias, despues la vía del Austro. En veintisiete dias llegaron
-(segun dice el mismo Américo) á vista de tierra, la cual juzgaron ser
-firme, y no estuvieron en ello engañados; llegados á la más propincua
-tierra, echaron anclas, obra de una legua de la ribera, por miedo de no
-dar en algun bajo. Echaron las barcas fuera y aparéjanse de sus armas,
-llegan á la ribera, ven infinito número de gente desnuda; ellos reciben
-inestimable gozo. Los indios páranselos á mirar como pasmados, pónense
-luego en huida al más propincuo monte; los cristianos, con señales
-de paz y amistad, los alagaban, pero ellos no curaban de creerlos, y
-porque habian echado las anclas en la playa y no en puerto, temiendo
-no padeciesen peligro, si viniese algun recio tiempo, alzaron y vánse
-la costa abajo á buscar puertos, viendo toda la ribera llena de gente,
-y al cabo de dos dias lo hallaron bueno. Surgieron media legua de
-tierra, pareció infinita multitud de gentes que venian á ver cosa tan
-nueva. Saltaron en tierra 40 hombres bien aparejados, llamaron las
-gentes como con señuelos, mostrándoles cascabeles y espejuelos y otras
-cosas de Castilla; ellos, siempre temiendo no fuesen cebo de anzuelo ó
-carne de buitrera no los creian, pero al cabo, algunos de los indios
-que se atrevieron, llegáronse á los cristianos, y las cosillas que les
-daban recibieron. Sobrevino la noche, volviéronse á las naos y los
-indios á sus pueblos, y, en esclaresciendo, estaba la playa llena de
-gente, hombres y mujeres con sus niños en los brazos, como unas ovejas
-y corderos, que era grande alegría verlos. Saltan los cristianos en
-sus barcas para salir en tierra, échanse los indios al agua, nadando,
-vienen á recibirlos un gran tiro de ballesta; llegados á tierra de tal
-manera, los recibieron, y con tanta confianza y seguridad ó descuido
-se juntaban los indios con ellos, como si fueran sus padres los unos
-de los otros, y toda su vida hubieran vivido y conversado con ellos.
-Era esta gente de mediana estatura, bien proporcionados, las caras
-no muy hermosas por tenerlas anchas; la color de la carne que tira á
-rubia como los pelos del leon, de manera que, á ser y andar vestidos,
-serian poco ménos blancos que nosotros; pelo alguno no le consienten
-en todo su cuerpo, porque lo tienen por cosa bestial; ligerísimos,
-hombres y mujeres, grandes nadadores, y más las mujeres que los
-hombres, más que puede ser encarecido, porque nadan dos leguas sin
-descansar. Entendieron los nuestros ser muy guerreros; sus armas son
-arcos y flechas muy agudas de huesos de peces, y tiran muy al cierto;
-llevaban sus mujeres á la guerra, no para pelear, sino para llevarles
-las comidas, y lo que más suelen consigo llevar; no tienen Reyes, ni
-señores, ni capitanes en las guerras, sino unos á otros se llaman
-y convocan y exhortan cuando han de pelear contra sus enemigos; la
-causa de sus guerras entendieron ser contra los de otra lengua, si
-les mataron algun pariente y amigo, y el querelloso, que es el más
-antiguo pariente, en las plazas llama y convoca á los vecinos que le
-ayuden contra los que tiene por enemigos. No guardan hora ni regla en
-el comer, sino todas las veces que lo han gana, y esto es porque cada
-vez comen poco, y siéntanse en el suelo á comer; la comida, carne ó
-pescado, pónenla en ciertas escudillas de barro que hacen, ó en medias
-calabazas; duermen en hamacas hechas de algodon, de las que arriba,
-hablando de esta isla dijimos; son honestísimos en la conversacion de
-las mujeres, como dijimos de los desta isla, que ninguna persona del
-mundo lo ha de sentir, y, cuanto en aquello son honestos, usan de gran
-deshonestidad en el orinar ellos y ellas, porque no se apartan, sino en
-presencia de todos; y lo mismo no se curan de hacer el estruendo del
-vientre. No tenian órden ni ley en los mantenimientos; tomaban ellos
-cuantos querian y ellas tambien, y dejábanse cuando les placia, sin
-que á ninguno se haga injuria ni la reciba del otro. No eran celosos
-ellos ni ellas, sino todos vivian á su placer, sin recibir enojo del
-otro. Multiplicaban mucho, y las mujeres preñadas no por eso dejan de
-trabajar; cuando paren tienen muy chicos y cuasi insensibles dolores.
-Si hoy paren, mañana se levantan, tan sin pena, como si no parieran;
-en pariendo, vánse luego al rio á lavar, y luego se hallan limpias y
-sanas. Si se enojan de sus maridos, fácilmente, con ciertas hierbas
-ó zumos, abortan, echando muertas las criaturas; y, aunque andan
-desnudas, lo que es vergonzoso de tal manera lo tienen cubierto con
-hojas, ó con tela, ó con cierto trapillo de algodon, que no se parece,
-y los hombres y las mujeres no se mueven más porque todo lo secreto
-y vergonzoso se vea ó ande descubierto, que nosotros nos movemos
-viendo los rostros ó manos de los hombres. Son limpísimos en todos sus
-cuerpos ellos y ellas, por lavarse muchas veces. Religion alguna no
-les vieron que tuviesen, ni templos ó casas de oracion. Las casas en
-que moraban eran comunes á todos, y tan capaces, que cabian y vieron
-en ellas 600 personas, y ocho dellas que cupieran 10.000 ánimas. Eran
-de madera fortísimas, aunque cubiertas de hojas de palmas; la hechura
-como á manera de campana; de ocho á ocho años, dicen que se mudaban
-de unos lugares á otros, porque con el calor del sol excesísimo se
-inficionaban los aires y causaban grandes enfermedades. Todas sus
-riquezas eran plumas de aves de colores diversos, y unas cuentas hechas
-de huesos de peces y de unas piedras verdes y blancas, las cuales se
-ponian en las orejas y labios; el oro y perlas y otras cosas ricas, ni
-las buscan ni las quieren, ántes las deshechan como cosas que tienen
-en poco. Ningun trato y compra ni venta ni conmutaciones usan, sino
-sólo aquellas cosas que para sus necesidades naturales les produce y
-ministra la naturaleza; cuanto tienen y poseen dan liberalísimamente á
-cualquiera que se lo pide; y así como en el dar son muy liberales, de
-aquella manera de pedir y recibir, de los que tienen por amigos, son
-cupidísimos. Por señal de gran amistad tienen entre sí, comunicar sus
-mujeres é hijas con sus amigos y huéspedes. El padre y la madre tienen
-por gran honra que cualquiera tenga por bien de llevarles su hija,
-aunque sea vírgen, y tenerla por amiga, y esto estiman por confirmacion
-de amistad entre sí. Diversas maneras de enterrar los difuntos entre sí
-tienen; unos los entierran con agua en las sepulturas, poniéndoles á la
-cabecera mucha comida, creyendo que para el camino de la otra vida, ó
-en ella, de aquello se mantengan; lloro, ninguno, ni sentimiento hacen
-por los que se mueren. Otros tienen aqueste uso, que cuando les parece
-que el enfermo está cercano á la muerte, sus parientes más cercanos
-lo llevan en una hamaca al monte, y allí, colgada la hamaca de dos
-árboles, un dia entero les hacen muchos bailes y cantos, y viniendo la
-noche, pónenle á la cabecera agua y de comer cuanto le podrá bastar
-para tres ó cuatro dias, y, dejándolo allí, vánse, y nunca más lo
-visitan. Si el enfermo come y bebe de aquello, y al cabo convalece y se
-vuelve, de su casa con grandes alegrías y ceremonias lo reciben; pero
-pocos deben ser los que escapan, pues nadie, despues de puestos allí,
-los ayuda y visita. En el curar los enfermos se han desta manera:
-que cuando están con el mayor calor de calentura, métenlo en agua muy
-fria, y allí lo bañan; despues pónenlo al fuego, que hacen muy grande,
-por dos horas buenas, hasta que esté bien caliente; de aquí hácenle,
-aunque le pese, dar grandes carreras en ida y venida; despues échanlo
-á dormir. Con esta medicina y modo de curar, muchos escapan y sanan;
-usan mucho de la dieta, porque se están tres y cuatro dias sin comer
-ni beber. Sángranse muchas veces, no de los brazos, sino de los lomos
-y de las pantorrillas; tambien acostumbran vómitos con ciertas hierbas
-que traen en la boca; abundan en mucha sangre y flemático humor, por
-ser su comida de raíces y hierbas y cosas terrestres, y de pescado;
-hacen el pan de las raíces que en esta Española llamaban yuca; grano,
-dijeron que no tenian; carne pocas veces comian, sino era la humana,
-lo cual mucho tenian en uso, y esta era la de sus enemigos, los cuales
-se maravillaban de que los cristianos la de sus enemigos no comiesen.
-Hallaron en esta tierra poca señal de oro, aunque alguna, ni de otra
-cosa que fuese de valor; echábanlo á que no entendian la lengua,
-mayormente, que hallaban diversas lenguas en una provincia. Del sitio
-y disposicion y hermosura de la tierra, dicen que no puede ser mejor.
-Todas estas cosas cuenta Américo en su primera navegacion, muchas de
-las cuales no era posible en dos ni tres, ni en diez dias que podian
-estar ó estaban entre los indios, no entendiéndoles palabra una ni
-ninguna, como él aquí confiesa, saberlas, como es aquella de que en
-ocho años se mudaban de tierra en tierra por el ardor del sol, y que
-cuando se enojaban de sus maridos, movian las criaturas las mujeres,
-y que no tenian ley ni órden en los matrimonios, y ni Rey, ni señor,
-ni Capitan en las guerras, y otras semejantes; y por eso, sólo aquello
-que por los ojos vian, y podian ver, como era lo que comian y bebian,
-y andaban desnudos y eran de color tal, y grandes nadadores, y otros
-actos exteriores, es lo que podemos creer; lo demas parece todo
-ficciones.
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-CAPÍTULO CLXVI.
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-Dejaron estas gentes y vánse la costa abajo, muchas veces saltando en
-tierra y viendo y conversando diversas gentes, hasta que llegaron á
-un puerto, en el cual, como entraron, vieron un pueblo sobre el agua
-fundado como Venecia; en el cual, dice Américo, que habia 20 casas muy
-grandes de la hechura de las otras, en forma de campana, puestas sobre
-postes validísimos, á las puertas de las cuales tenian sus puentes
-levadizas, por los cuales, como por calles, pasaban y andaban de una
-casa á otra. Los vecinos della, así como vieron los navíos y la gente
-dellos, á lo que pareció, alzaron luego sus puentes todas, y luego en
-sus casas se recogieron, y estando los cristianos mirando y admirándose
-desto, ven venir 12 canoas ó barquillos de los de un madero, llenas de
-gente que se venian á ellos; y, llegados, páranselos á mirar rodeando
-los navíos de una parte á otra, maravillados y como pasmados de verlos.
-Hiciéronles los cristianos señas de amistad y que se viniesen á ellos,
-no quisieron; vánse los cristianos hácia ellos, pero no quisieron
-esperar, sino dándose priesa á huir, y con las manos haciendo señas
-como que los esperasen y volverian, salen de sus canoas y vánse á
-una sierra, y vuelven con 16 doncellas, y viénense con ellas á los
-navíos en sus canoas, y poniendo en cada navío cuatro, ofrécenselas,
-y así de buena amistad, dentro de sus canoas, entrando y saliendo á
-los navíos, conversaron con ellos. En esto salen de las casas que
-habian visto mucha gente, y échanse á la mar, nadando veníanse hácia
-los navíos, y ya que llegaban cerca, páranse ciertas mujeres viejas
-y dan tantos gritos y voces, hacen tantos clamores, mesábanse los
-cabellos, mostraban tanto dolor y angustia, que parecia que rasgaban
-los cielos; viendo esto las doncellas, súbito, se dejan caer á la
-mar, y los indios que estaban en las canoas comenzaron á apartarse
-de los navíos y á tirarles flechazos muy á menudo, y los que venian
-nadando, diz que, traian sus lanzas con el agua encubiertas. Debia ser
-tirar las flechas y traer las lanzas por defensa de las muchachas, ya
-que se arrepentian de se las haber dado, porque no se las tornasen á
-tomar. Visto esto, los cristianos que no sufren á los indios muchos
-juguetes, saltan en las barcas y van tras ellos; embisten las canoas
-y anéganselas, matan 20 dellos, y acuchillan y alancéanles muchos,
-no del todo muertos. Sálvanse á nado todos los que pudieron; de los
-cristianos quedaron heridos cinco, pero no padecieron peligro alguno.
-Cogieron de las muchachas dos, y tres de los hombres prendieron; van
-luego á las casas, no hallaron más de dos viejas y un hombre enfermo;
-no quisieron quemar las casas porque les pareció tener escrúpulo de
-conciencia, dice Américo. Harto fuera mejor, y con ménos escrúpulo de
-conciencia se hiciera, dejarlos ir y mostrarles mansedumbre, y darles
-á entender que no les querian hacer mal, por señas, ni venian á eso,
-enviándoles de las cosillas de Castilla, y vencieran el mal con bien,
-é fuera cristiano ejemplo, pero no iban á esto sino á buscar oro y
-perlas. Volviéronse á sus navíos con sus cinco captivos, echaron los
-tres hombres en hierros; una noche, las dos muchachas y uno de los
-presos, que se soltó sotilmente, se echaron en la mar y dellos se
-descabulleron. Alzan las velas de este puerto, y vánse 80 leguas la
-costa abajo, y esta fué la tierra de Paria, que habia descubierto el
-Almirante, como pareció arriba, donde hallaron otra gente, de aquella,
-en lengua y conversacion, muy diversa; surgieron con sus anclas,
-saltaron en las barcas para ir á tierra, vieron sobre 4.000 personas
-en la ribera. No esperaron los indios de miedo, ántes á los montes,
-dejando cuanto que tenian, huyeron. Salidos los cristianos á tierra
-vánse por unos caminos, hallaron ciertas chozas y muchas, que fuesen
-de pescadores creyeron; hallaron muchos fuegos, y en ellos pescados de
-diversas maneras, y asándose una de las iguanas que arriba dijimos,
-de que se asombraron, creyendo que era alguna bravísima sierpe. El pan
-que comia esta gente, dice Américo, que lo hacian de pescado en agua
-hirviente algo cocido, despues lo golpean y amasan, y, hecho de aquella
-masa panecillos, pónenlo sobre las ascuas, y así allí los cuecen, y
-era muy buen pan, á su juicio. Muchas maneras de manjares y de hierbas
-y de frutas de árboles hallaron, y ninguna cosa dellas les tomaron,
-ántes les dejaron en sus ranchos y chozas cosillas de las de Castilla,
-para, si pudiesen, asegurarles del miedo que tenian, y volviéronse á
-sus navíos. Otro dia, en saliendo el sol, comienza á venir á la playa
-infinita gente; salieron á tierra los cristianos de los navíos, esperan
-los indios, aunque todavía muy tímidos; lléganse los cristianos, y poco
-á poco pierden el miedo, y por señas les dicen que aquellas chozas no
-son sus casas principales, más de para venir á pescar hechas, y que
-les rogaban fuesen con ellos á sus pueblos. Vista la instancia que
-hacian é su importunidad, y que parecia proceder de buena voluntad,
-acordaron de ir 23 hombres, bien armados, con determinacion de morir
-cuando la necesidad les compeliese, empleando primero en ellos bien sus
-personas. Estuvieron allí con ellos tres dias en gran conversacion de
-amistad, puesto que ni una palabra se entendian. Fuéronse con ellos la
-tierra dentro, tres leguas, á un pueblo que estaba allí, donde fueron
-recibidos con tantos bailes, cantares, alegría y regocijos, y servidos
-de tantos manjares y comida de los que tenian, que dice Américo que
-no tenia péndola que lo pudiese escribir. Dice más, que aquella noche
-durmieron allí, y que sus propias mujeres, con toda prodigalidad les
-ofrecian, y esto con tanta importunidad que no bastaban á resistirles;
-como allí estuviesen aquella noche y otro dia hasta medio dia, fué
-tanto y tan admirable el pueblo que á verlos de otras poblaciones de
-la tierra vino, y verlos absortos en mirarlos, rodearlos y tocarlos,
-que era una cosa de maravilla. Ciertos hombres ancianos, que debian
-ser los señores, les rogaron con la misma importunidad que se fuesen
-con ellos á sus pueblos, lo cual les concedieron, donde fácil cosa de
-contar no es, dice Américo, cuantos honores y buen tratamiento les
-hicieron. Estuvieron en muchas poblaciones suyas, por nueve dias,
-dentro de los cuales los que quedaron en los navíos estuvieron harto
-penados, temiendo no les hobiese la ida sucedido mal. Despues de los
-nueve dias, que gastaron andando por muchos pueblos, acordaron á sus
-navíos volverse; fué cosa cuasi increible la gente que con ellos en
-su compañía vino hasta la mar, hombres y mujeres; cuando se cansaba
-alguno de los cristianos, ellos los levantaban, y en las hamacas los
-traian á cuestas, como quien anda en litera, y áun con harto ménos
-peligro y más descanso, ellos los llevaban. Á las pasadas de los rios,
-que habia muchos y muy grandes, con balsas y otros sus artificios,
-con tanta seguridad y enjuteza los pasaban como si fueran por tierra.
-Vinieron con muchas cosas cargados muchos, que á los cristianos en sus
-pueblos dieron, como muchos arcos y flechas, muchas cosas de pluma; de
-papagayos gran número, de diversas colores; otros traian sus alhajas
-cuantas tenian para darles y dejarles cuando á sus casas se volviesen;
-otros, dice Américo, traian sus animales consigo; estos animales no
-puedo yo entender cuales fuesen. Y cuenta una cosa, entre las otras,
-muy admirable: que cada uno de los indios se tenia por felice, si á las
-pasadas de los rios que se vadeaban, pasa el cristiano en sus hombros,
-y aquel que más veces ó más cristianos pasaba por más bienaventurado
-se estimaba. Así como llegaron á la playa, que vinieron las barcas
-de los navíos á tomar los cristianos, y quisieron entrar en ellas, y
-tanta gente cargó y con tanta prisa entrar quisieran, unos primero que
-otros, que aína se anegáran las barcas; fueron tantos los que entraron
-en las barcas con los cristianos y los que iban nadando, que pasaban
-de mil, y daban alguna molestia con su importunidad y frecuencia á
-los cristianos. Entraron en los navíos y estuvieron en ellos, aunque
-desnudos y sin armas, dice Américo; de ver los navíos y las járcias
-y todos los instrumentos y aparatos de las naos, y de su grandeza,
-no acababan de se admirar. Estando así admirados, acuerdan los de
-un navío, y debia de ser del navío del capitan Hojeda, burlando ó de
-veras espantarlos más; soltaron ciertas lombardas, pegando fuego, y,
-con el terrible tronido que dieron, la mayor parte de todos ellos
-dan consigo en la mar, de la misma manera que las ranas que estan en
-seco en la ribera, oyendo algun estruendo, súbitamente saltan luego
-á zabullirse en el agua; y de tal manera quedaron atónitos y sin
-habla, que ya á los cristianos de la burla les comenzaba á pesar;
-comenzáronse á reir y alagarlos, hasta que vieron que aquello era
-burlando, haciéndoles entender por señas, que aquellas armas eran para
-las guerras que solian tener contra sus enemigos. Estuvieron allí
-todo aquel dia, con gran contentamiento, y que no los podian despedir
-de sí hasta que les dijeron por señas que se fuesen, porque aquella
-noche se querian partir; fuéronse muy alegres y contentos, y con gran
-amor y benevolencia de los cristianos. Dice Américo aquí, que aquella
-tierra era de gente muy poblada y de muchos y diversos animales llena,
-pocos que se parecian á los nuestros de España, sacados los leones,
-osos, ciervos, puercos, cabras monteses y gamos, que tenian cierta
-deformidad, diferentes de los nuestros; pero, en la verdad, yo no
-creo que él vido leones ni osos, porque leones son muy raros, y no
-pudieron estar tanto que los viesen, ni osos; cabras, nunca hombre en
-estas Indias las vido, ni sé como pudo ver la diferencia que hay de
-ciervos á los gamos, si alguna es, ni puercos porque no los hay en
-estas partes; ciervos ó gamos, de léjos, bien pudo ver muchos, porque
-los hay infinitos en toda la tierra firme; caballos, mulas, asnos,
-vacas, ni ovejas, ni perros, dice que no hay y dice verdad, puesto
-que perros de cierta especie, que no la de acá, háilos en algunas
-partes. De otros muchos animales de varios géneros, silvestres, dice
-que hay gran abundancia; pero si no eran conejos, pudo él dar poco
-verdadero testimonio de haberlos visto. De aves de diversas colores y
-especies y hermosura, dice que vieron muchas, y así lo creo, porque
-las hay infinitas. De la region de la tierra, dice ser amenísima y
-fructífera, de selvas y florestas grandes llena, las cuales en todo
-el tiempo del año están verdes y con sus hojas que jamás se caen;
-frutos, innumerables y diversos de los nuestros: y todo es verdad.
-Torna á repetir (no sé si lo dice de aquella misma tierra, que parece
-que sí, ó de otra, y parece que su decir confunde la relacion por
-lo que ha dicho arriba, que se habian de partir aquella noche), que
-vino mucho pueblo á los contemplar por ver sus gestos, personas y
-blancura, y que les preguntaban que de dónde venian, ellos respondian
-que habian descendido del cielo por ver las cosas de la tierra, lo
-cual sin duda los indios creyeron. Cometieron aquí los cristianos un
-grande sacrilegio, estimando hacer á Dios agradable sacrificio, que
-como vieron aquellas gentes tan tratables, mansuetas y benignas, no
-las entendiendo, ni ellas á ellos, ni sola una palabra, por lo cual
-no pudieron darles alguna chica ni grande doctrina, baptizaron, dice
-Américo, infinitos; de donde parece lo poco que Américo y los que
-allí iban, de la práctica de los Sacramentos y la reverencia que se
-les debia tener, y la disposicion y idoneidad que para recibirlos se
-requeria, sabian, porque si el Sacramento del baptismo recibieron y
-el carácter se les imprimió, como parece que sí, porque no tuvieron
-ficion alguna, sino ántes voluntad positiva, expresa, de recibir lo que
-aquellos hombres cristianos les daban, é implícita de lo que la Iglesia
-les diera si fueran los ministros discretos, y si ellos supieran qué
-cosa era Iglesia y baptismo, precediendo en ellos suficiente doctrina,
-sin duda tuvieran la voluntad é intencion expresa. Es manifiesto que
-cometieron aquellos cristianos, en baptizarlos, contra Dios gran
-ofensa; la razon es clara, porque fueron causa aquellos que fueron
-ministros del baptismo, que aquellos indios ya cristianos, que poco
-que mucho eran idólatras, y que estarian en muchos pecados, quizá de
-diversas especies, como gente careciente de lumbre de fe y de doctrina,
-desde adelante fuesen á idolatrar con injuria del Sacramento, y así,
-con gran sacrilegio, imputable á los que tan indiscretamente los
-baptizaron, no á los baptizados indios; y si no recibieron el carácter
-y baptismo, tambien ofendieron á Dios, porque administraron fuera
-del caso de necesidad en cuanto en sí era el Sacramento en balde é
-indebidamente, por faltar la necesaria disposicion en el sujeto,
-por lo cual se instituyeron, con culpable indiscrecion, en idóneos
-ministros. Dice Américo, que, despues de baptizados, decian los indios,
-charaybí, que suena en su lengua, llamando á sí mismos, varones de
-gran sabiduría; cosa es esta de reir, porque áun no entendian qué
-vocablo tenian por pan ó por agua, que es lo primero que de aquellas
-lenguas á los principios aprendemos, y en dos dias ó diez que allí
-estuvieron, que quizá no llegaron á seis, quiere Américo hacer entender
-que entendia que charaybí queria decir varones de gran sabiduría. Aquí
-declara Américo, que aquella tierra llamaban los naturales de ella,
-Paria, y disimula lo que allí pasó de las nuevas que supieron, como
-habia estado allí tantos dias el Almirante, y vieron las cosas que les
-habia dado de las de Castilla, y fuera razon que no lo callara. Bien
-será que todos los que aqueste paso leyeren, y todo el discurso de
-aquesta historia, hagan aquí pié, y noten como verdaderos cristianos y
-prudentes, desembarazados y libres de afeccion, la bondad y mansedumbre
-y hospitalidad natural de estas gentes, todas, digo, las de estas
-Indias, y como resciben los cristianos en sus tierras al principio,
-ántes que los cognoscan por sus obras no cristianas ni de cristianos,
-sino de hombres, puros hombres, inventadas y adquiridas por sus
-corruptas costumbres; consideren tambien los lectores, la disposicion
-tan buena y tan propíncua que tenian para recibir nuestra católica fe,
-y con cuan poco trabajo, y con ninguna resistencia se hicieran todas
-las naciones deste orbe, infinitas, cristianas, y se convirtieran á su
-Criador y Redentor, Jesucristo, si entráramos en ellas como verdaderos
-cristianos. Pero pasemos adelante, porque antigua cuestion y lamentable
-materia es esta.
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-CAPÍTULO CLXVII.
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-Acordaron de salir deste puerto, y debia ser el golfo dulce, de que
-arriba se ha hecho larga mencion, que hace la isla de la Trinidad con
-la tierra de Paria, dentro de la boca del Drago, y sospecho que, como
-cosa que era señalada y notorio haberla descubierto el Almirante, calló
-Américo, de industria, el nombre de la boca del Drago; porque esto es
-cierto, que Hojeda y Américo estuvieron dentro deste puerto, como el
-mismo Hojeda, en la susodicha su deposicion, con juramento lo confiesa,
-y otros muchos testigos, asimismo con juramento, en la probanza que
-hizo el Fiscal, lo afirman; y aquí dice Américo, que habia ya trece
-meses que andaban por allí, pero yo no lo creo, y si dice verdad en
-los meses, fueron en el segundo viaje, que despues con el mismo Hojeda
-hizo, á lo que tengo entendido, y no en este primero, como parece
-por muchas razones arriba traidas, y por las que más se trujeren.
-Finalmente, salidos, desde Paria vánse la costa abajo, y llegan á la
-Margarita, que el Almirante habia visto y nombrado Margarita, puesto
-que no llegó á ella, y saltó en ella Hojeda, y paseó parte della por
-sus piés, como él mismo dice, y estos mismos testigos, que con él
-fueron, tambien dicen que llegó á ella, puesto que no niegan ni lo
-afirman que saltase en ella; y desto no hay que dudar, sino que la
-pasearia, porque es muy graciosa isla, y tenia espacio para ello:
-y poco hace al caso esto. Allí es de creer que rescataron perlas,
-puesto que no lo dice, pues otros descubridores que luego despues de
-él vinieron, las rescataron en la dicha Margarita. Extendió su viaje
-Hojeda hasta la provincia y golfo de Cuquibacoa, en lengua de indios,
-que agora se llama en nuestro lenguaje, Venezuela, y de allí al cabo de
-la Vela, donde agora se pescan las perlas, y él le puso aquel nombre,
-cabo de la Vela, y hoy permanece, con una renglera de islas que van de
-Oriente á Poniente, alguna de las cuales llamó Hojeda de los Gigantes.
-Por manera que anduvo costeando por la tierra firme 400 leguas, 200 al
-Levante de Paria, donde recognosció la primera tierra, y esta, él sólo
-primero que otro alguno, con los que con él iban y fueron, la descubrió
-y descubrieron; y 200 que hay de Paria al cabo de la Vela. Paria
-estaba descubierta, y la Margarita, por el Almirante, ocularmente, y
-grande parte de las dichas 200 leguas de la Margarita al cabo de la
-Vela, porque el Almirante vido como iba la tierra y la cordillera de
-las sierras hácia el Poniente, y así todo este descubrimiento á él se
-le debe, porque no se sigue que para que se dijese haber descubierto
-una tierra ó isla, era menester que la paseara toda; como la isla de
-Cuba, claro está que la descubrió por su persona, pero no se requeria
-que anduviese todos los rincones della, y lo mismo desta isla Española
-y de las demas, y así de toda la tierra firme, cuanto grande sea
-y cuanto más se extienda, el Almirante la descubrió. De lo dicho
-parece, manifiestamente, que Américo se alargó en lo que en su primera
-navegacion afirma, que costearon 860 leguas: esto no es verdad, por
-confesion del mismo Hojeda, el cual no quiso perder algo de su gloria
-y derecho, empero, dice en su dicho, como pareció en el cap. 140, que
-arriba de Paria descubrió 200 leguas, y de Paria á Cuquibacoa, que hoy
-es Venezuela; yo le añido hasta el cabo de la Vela, porque lo hallé
-así depuesto en el susodicho proceso por algunos testigos que supieron
-bien despues toda aquella tierra, é trataban con los descubridores é
-iban en los descubrimientos, aunque no aquel viaje con Hojeda, pero
-era todo esto entónces muy reciente, y por esto muy manifiesto. No
-hizo mencion Hojeda del cabo de la Vela, porque está cerca del golfo
-de la Venezuela y es toda una tierra, y del golfo y provincia, como
-cosa señalada y notable, que, como se dijo, se llamaba por los indios
-Cuquibacoa, principalmente la hizo. De toda esta tierra ó ribera de
-mar que anduvo Hojeda y Américo y su compañía, oro y perlas, por
-rescates y conmutaciones, hobieron; la cantidad no la supe ni las obras
-que por la tierra hicieron. Dejada, pues, la Margarita, vinieron á
-Cumaná y Maracapana, que está de la Margarita, 7 leguas el primero y
-20 el segundo. Estos son pueblos que están á ribera de la mar, y ántes
-del Cumaná entra un golfo, haciendo un gran rincon el agua del mar, de
-14 leguas, dentro en la tierra; estaba cercado de pueblos de infinita
-gente, y el primero, cuasi á la boca ó entrada, estaba Cumaná, que dije
-ser el primer pueblo. Sale un rio junto al pueblo, poderoso, y hay en
-él infinitos que llamamos lagartos, pero no son sino naturalísimos
-cocodrilos de los del rio Nilo. Y, porque tenian necesidad de adobar
-los navíos, porque estaban defectuosos para navegar á España tanto
-camino, y de bastimentos para la mayor parte de su viaje, llegaron á
-un puerto que el Américo dice que era el mejor del mundo, y no dice á
-qué parte ó lugar, ni tampoco lo toca Hojeda, y segun yo me quiero, de
-cuarenta y tres años atras, acordar, cuando hablábamos en el viaje de
-Hojeda (y áun quizá son más de cincuenta años), sospecho que debia ser
-en el golfo que arriba dije de Cariaco, que entra 14 leguas la tierra
-dentro, y está la boca de él 7 leguas de la Margarita, en la tierra
-firme, junto á Cumaná. Por otra parte, me parece que oí en aquel tiempo
-que habia Hojeda entrado y adobado los navíos y hecho un bergantin en
-el puerto y pueblo que nombré Maracapana; pero este, aunque es puerto,
-no es el mejor del mundo.
-
-Finalmente, surgieron allí donde quiera que sea, dentro de aquellas 200
-leguas de tierra firme, de Paria abajo; fueron recibidos y servidos
-de las gentes de aquella comarca, que dice Américo eran infinitas,
-como si fueran ángeles del cielo, y ellos, como Abrahan cognosció los
-tres, por ángeles los conocieran. Descargaron los navíos, y llegáronlos
-á tierra, todo con ayuda y trabajos de los indios; limpiáronlos y
-diéronles carena, y hacen un bergantin de nuevo. Diéronles todo el
-tiempo que en esto estuvieron, que fueron treinta y siete dias, de
-comer de su pan y venados y pescado, y otras cosas de sus comidas, que
-gastar de sus mantenimientos de Castilla ninguna necesidad tuvieron,
-por manera que, sino no les proveyeran, dice Américo, que no tuvieran
-para tornar en España, sin gran necesidad de bastimentos, que comieran.
-En todo el tiempo que estuvieron, se iban por la tierra dentro á los
-pueblos, en los cuales les hacian caritativos recibimientos, honras,
-servicios y fiestas. Y esto es cierto, como abajo, en el discurso
-desta historia, se verá, placiendo á Dios todo poderoso, que todas
-estas gentes de las Indias, como sean de su naturaleza mitíssimas y
-simplicísimas, así saben servir é agradar á los que en sus casas y
-tierras, cuando los tienen por amigos, resciben, que ninguna otra les
-hace en esto ventaja, y quizá ni llega á serles en esto vecina. Ya que
-determinaban, remediados sus navíos y hecho el bergantin, partirse para
-Castilla, dice aquí Américo, que aquellos sus buenos huéspedes les
-dieron grandes quejas de otra cierta gente feroz y cruel, habitadora de
-cierta isla, que de allí 100 leguas estaria, que venia en cierto tiempo
-del año por la mar á hacerles guerra y los cautivaba, y llevándolos
-consigo, los mataba y los comia. Con tanta instancia y afeccion y dolor
-parece que lo representaban, dice Américo, que los movió á compasion
-y se ofrecieron á vengarlos dellos. Holgáronse, dice Américo, en gran
-manera, y dijeron que querian ir con ellos, pero los cristianos, por
-muchas consideraciones, consentir no lo quisieron, sino siete dellos,
-con tal condicion que no fuesen obligados á volverlos á sus tierras,
-sino que ellos con sus canoas sólos se volviesen, y así, dice que, con
-la condicion los unos y los otros consintieron. No sé yo quién era
-destos contratos y de todas las demas palabras, pues en treinta y siete
-dias no pudieron saber su lengua, el intérprete. ¿Y qué sabian Hojeda
-y Américo y los de su compañía, si tenian los de aquella isla contra
-estos, por alguna justa causa, justa guerra? ¿tan ciertos estuvieron
-de la justicia destos, sólo porque se les quejaron, que luego, sin
-más tardar, á vengarlos se se les ofrecieron? Plega á Dios que no les
-pluguiese tener achaques, para hinchir los navíos de gente, para
-venderlos por esclavos, como al cabo en Cáliz lo hicieron; obra que
-siempre en estas desdichadas gentes y tierras, por los nuestros, á
-cada paso se usó. Salieron, pues, de allí, y, en siete dias, topando
-en el camino muchas islas, dellas pobladas y dellas despobladas, dice
-Américo, llegaron á la donde iban. Estas islas no pudieron ser otras,
-sino las que topamos viniendo de Castilla, como son la Dominica y
-Guadalupe, y las otras que están en aquella renglera. Vieron luego en
-ella, dice él, gran monton de gente, la cual, como vió los navíos y las
-barcas que iban á tierra, puesto que bien aparejadas con sus tiros de
-pólvora, y los cristianos bien armados, llegáronse á la ribera obra de
-400 indios, desnudos, y muchas mujeres, con sus arcos y flechas, y con
-sus rodelas, y, todos de diversos colores pintados, y con unas alas y
-plumas de aves grandes, que parecian muy belicosos y fieros, y, como
-se acercasen las barcas á un tiro de ballesta, entran en el agua y
-disparan infinitas flechas para resistirles la entrada. Los cristianos,
-que no les popan, disparan los tiros de pólvora en ellos, y derruecan
-muertos muchos dellos. Vistos los muertos, y el estruendo del fuego y
-de los tiros, luego dejan el agua y se meten todos en tierra. Saltan
-42 hombres de las barcas, y van tras dellos; ellos varonilmente, no
-huyeron, sino, como leones, hacen cara y resisten y pelean fuertemente,
-defendiendo á sí y á su patria. Pelearon dos horas grandes, y con las
-ballestas y espingardas, y despues con las espadas y lanzas, mataron
-muy muchos, y no pudiéndolos más sufrir, por no perecer todos, los
-que pudieron huyeron á los montes, y así quedaron los cristianos
-victoriosos. Tornáronse á los navíos con gran alegría de haber echado
-al infierno los que nunca les habian ofendido. Otro dia, de mañana,
-vieron venir copiosa multitud dellos, atronando los aires con cuernos
-y bocinas, pintados y aparejados para la segunda pelea, puesto que las
-barrigas y pellejos de fuera, porque desnudos como suelen andar en
-cueros.
-
-Determinaron salir á ellos 57 hombres hechos cuatro cuadrillas, cada
-una con su Capitan, con intencion, dice Américo, que si los pudiese
-hacer sus amigos, bien, pero si no que como á hostes y enemigos los
-tratarian y, cuantos dellos haber pudiesen, harian sus esclavos
-perpétuos. Esto dice así Américo, y es de notar aquí el escarnio que
-quiere hacer Américo de la verdad y justicia, y de los leyentes, como
-si cuando se movieron á venir 100 leguas, habiendo prometido á los
-otros de los vengar y hacer guerra, vinieran á tratar amistad con
-ellos, ó para tener ocasion de cumplir con sus cudicias, que era á lo
-que de Castilla venian. Estas son las astucias y condenadas cautelas
-que siempre se han tenido para consumir estas gentes.
-
-Salieron, pues, en tierra, pero los indios, por los tiros de fuego,
-no les osaron impedir la salida, sino espéranlos con gran denuedo:
-pelearon los desnudos contra los vestidos, fortísimamente, por mucho
-tiempo, mataron é hirieron de los desnudos los vestidos, inmensos,
-porque las espadas empléanse bien en los desnudos cuerpos; viéndose
-así hacer pedazos, huyeron el resto. Van tras ellos hasta un pueblo;
-prenden los que pudieron, que fueron 25; vuélvense con su victoria,
-puesto que aguada todavía, por dejar de su compañía uno muerto y
-traer 22 heridos. Despidieron á los 7 que habian venido con ellos de
-la tierra firme; partieron, dice Américo, con ellos la presa, porque
-les dieron 7 personas, 3 hombres y 4 mujeres de los cautivos, y los
-enviaron muy alegres, admirados de aquella hazaña que los cristianos
-hicieron y de sus fuerzas. Todo esto cuenta Américo, añidiendo que de
-allí se volvieron á España y llegaron á Cáliz con 222 indios cautivos,
-donde fueron, segun él dice, con mucha alegría recibidos, y allí sus
-esclavos todos vendieron. ¿Quién le preguntara agora que de dónde
-robaron y hobieron ó saltearon los 200 de aquellos? porque esto, como
-otras cosas, pásalo en silencio Américo. Nótese, pues, aquí, por los
-leyentes, que saben algo de lo que contiene en sí la recta y natural
-justicia, aunque sean sin fe, gentiles, con qué derecho y causa
-hicieron estos, con quien Américo iba, guerra á los de aquella isla,
-y hicieron y llevaron estos esclavos, sin les haber injuria hecho,
-ni en cosa chica ni grande ofendido, ignorando tambien si justa ó
-injustamente los de la tierra firme acusaban á los desta isla, y qué
-fama y amor quedaria derramada y sembrada de los cristianos en las
-gentes, y por los moradores della y de las comarcanas, quedando tan
-asombrados, lastimados y ofendidos; pero vamos adelante, que, acerca
-desto, _grandis restat nobis via_.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXVIII.
-
-
-De aquí queda nuestro Américo asaz claramente de falsedad convencido,
-porque, de aquesta isla que escandalizó y en ella tan gran daño hizo,
-dice que se volvieron á Castilla, no haciendo mencion de haber venido
-primero á esta Española, como vino; la cual venida á su segundo viaje
-aplica, pero no es verdad, como en el cap. 162 probé arriba. Puesto que
-pudo decir verdad, que de aquella isla que guerrearon y maltrataron
-fuese su venida para Castilla, pero no por el discurso que hasta
-agora ha dicho; lo cual pruebo y parece así, por los testigos que se
-tomaron por parte del Fiscal del Rey en el pleito que el almirante D.
-Diego Colon trujo con el Rey, sobre la guarda y cumplimiento de sus
-privilegios, de que he hecho muchas veces mencion arriba; depusieron
-que Alonso de Hojeda, con quien venia Américo en su primer viaje,
-corrió la costa de la mar hasta Cuquibacoa, que es Venezuela, y el
-cabo de la Vela, y que de allí se vino á esta isla, y así lo juró un
-testigo que se llamó Andrés de Morales, que yo bien cognoscí, principal
-piloto y viejo en estas Indias, vecino desta ciudad de Sancto Domingo,
-el cual, en su dicho dice así: «Andrés de Morales etc.,» á la quinta
-pregunta dijo: «Que la sabe como en ella se contiene»; preguntado como
-la sabe, dijo: «Que la sabe porque se ha hallado muchas veces con Juan
-de la Cosa é con Alonso de Hojeda en las navegaciones de aquel viaje
-etc., y que los sobredichos partieron desta isla de Roquemes, en las de
-Canaria, é fueron á dar en la tierra firme encima de la provincia de
-Paria, é descubrieron por la costa abajo á la dicha provincia de Paria,
-é pasaron más abajo á la dicha isla Margarita, y de ahí á Maracapana,
-descubriendo la costa hasta el dicho Cacique Ayarayte, y desde allí,
-de puerto en puerto, hasta la isla de los Gigantes, y desde allí
-descubrieron á la provincia de Cuquibacoa hasta el cabo de la Vela, el
-cual nombre le pusieron el dicho Juan de la Cosa é Hojeda, é que de
-allí se vinieron á la isla Española.» Estas son sus palabras. Luego no
-pudo de allí tan abajo tornar á la isla que alborotaron, porque aquella
-no pudo ser sino alguna de las que están hácia el Oriente, comenzando
-de donde ellos estaban, como es la de Guadalupe y sus comarcanas,
-como arriba dijimos; y era dificilísimo subir de bajo arriba, por las
-grandes corrientes y contrarios vientos que por allí son continuos. Y
-esto se confirma porque fueron á parar al Brasil desta isla, que es al
-puerto de Yaquimo, esta costa abajo de Sancto Domingo, y es la propia y
-buena navegacion desde el cabo de la Vela hasta allí. Item, si habian,
-en aquel puerto ó tierra susodicha, adobado tan poco, habia sus navíos
-y tomado bastimentos, ¿como traian necesidad de adobarlos y de comida,
-como luego se dirá, á esta isla? Item, ¿como los testigos, y especial
-el piloto Andrés de Morales, que parece decir que iba con ellos, como
-no tocó ni otro ninguno en decir que Hojeda habia en algun puerto de
-aquella tierra firme hecho el bergantin y adobado sus navíos, siendo
-cosa señalada, y que daba más vigor á la verdad de sus dichos, que les
-pedian para que constase haber él descubierto aquella tierra firme, que
-era el fin que el Fiscal contra el Almirante pretendia? Luego, cierto,
-Américo trastrueca las cosas que les acaecieron y obraron en el primer
-viaje, al segundo, y las del segundo atribuye al primero, como arriba
-en el cap. 142 mostramos evidentemente, callando muchas y añidiendo
-otras que no convienen. De aquí parece, que el hacer del bergantin y
-adobar los navíos en aquella tierra firme, lo cual cierto fué, y yo lo
-sé por ser en aquel tiempo notoriamente manifiesto, esto hicieron en el
-segundo viaje y no en el primero; y venir á esta isla Española, y donde
-acaecieron ciertos escándalos que causó Hojeda en ella, que luego se
-dirán, fué en el primero y no en el segundo, como quiso fingir Américo,
-y más digo, que nunca vino Hojeda á descubrir é rescatar, é á poblar en
-tierra firme, que de vuelta no viniese á parar á esta isla, como abajo
-parecerá, y la venida del viaje primero niega ó disimula Américo debajo
-de silencio. Item, despues que Hojeda salió de España, hasta llegar
-á esta isla, no pasaron más de cinco meses, como arriba ha parecido,
-luego no tuvo tiempo para todo lo que dice que hicieron en aquel primer
-viaje.
-
-Tornando, pues, á proseguir el primer viaje de Hojeda, con quien iba
-Américo, por recta vía, y no por el camino torcido ó interpolado y
-confuso, como Américo lo escribe, decimos que, de la provincia de
-Cuquibacoa, que ahora se nombra Venezuela, y del cabo de la Vela,
-vino á tomar esta isla Española, y fué á surgir á 5 del mes de
-Setiembre, como arriba queda dicho en el cap. 164, al Brasil, que es
-á la provincia de Yaquimo, y áun creo que más abajo, cerca de la que
-se llama ahora la Çabana, tierra y reino de un Rey y señor que se
-llamaba Haniguayabá; supiéronlo luego los españoles que estaban por
-aquella provincia de Yaquimo, por indios, ó porque vieron venir los
-navíos por la mar, y supieron que era Hojeda, y hacen luego mandado
-al Almirante, que estaba aquí en Sancto Domingo, recien hecha la paz
-con Francisco Roldan y su compañía; luégo el Almirante mandó aparejar
-dos carabelas ó tres, y envió á Francisco Roldan con gente para que le
-prohibiese cortar brasil, sospechando que los cargaria dello, y que no
-hiciese algun otro daño, como sabia que Hojeda era más atrevido de lo
-que él quisiera, y dicho y hecho, como dicen. Llegó Roldan al puerto
-de Yaquimo, ó, por allí cerca, más abajo, con sus carabelas ó navíos,
-y saltó en tierra en 29 de aquel mes de Setiembre, y allí supo, de
-los indios, como estaba cerca de allí Hojeda; Roldan, con 26 hombres
-de su gente, púsose dél legua y media, y envió de noche por espías
-cinco hombres para ver qué gente estaba con él; halláronlo alborotado
-y que venia ya camino á ver á Francisco Roldan, porque le habian dado
-aviso los indios que habian venido tres carabelas y en ellas Francisco
-Roldan con mucha gente; como Roldan era por toda aquella tierra tan
-cognoscido, que temblaban dél, y dijeron al Hojeda, que Roldan lo
-enviaba á llamar y que fuese á donde él estaba, lo cual no fué así.
-Hojeda, como no tenia consigo sino 15 hombres, porque los demas habia
-dejado en sus cuatro navíos, que estaban en un puerto ocho leguas de
-allí, porque habia venido á hacer en aquel pueblo del Cacique y señor
-Haniguayabá, pan, y lo estaba haciendo hacer, no osó hacer otra cosa,
-y temió harto no lo viniese Roldan á prender. Hojeda, con cinco ó seis
-hombres, venido á donde Roldan estaba, y habladas cosas generales,
-pregúntale Roldan, que como venia á esta isla, y mayormente por aquella
-trasera parte, sin licencia del Almirante, y no ir primero á la parte
-donde el Almirante estaba; respondió Hojeda, que él venia de descubrir
-é traia gran necesidad de comida, y los navíos para adobar y habia de
-remediarlos, y no pudo ir á otra más cercana parte. Tornó Roldan á
-preguntarle, que con qué licencia venia á descubrir, si traia provision
-Real que se la mostrase para poder proveerse en esta isla, sin demandar
-licencia al que la gobernaba; dijo que sí traia, pero que la traia en
-las carabelas, ocho leguas de allí; dijo Roldan que se la mostrase,
-porque de otra manera no podia dar buena cuenta, segun debia, al
-Almirante, pues para aquello habia sido por él enviado. Cumplió Hojeda
-con él cuanto pudo, diciendo que, en despachándose de allí, habia de
-ir á hacer reverencia al Almirante, y á hablarle muchas cosas que le
-tocaban, de las cuales dijo algunas al Roldan; y estas eran, segun yo
-no dudo, las que ya en la corte se trataban, quitar la gobernacion al
-Almirante, porque segun le escribió el Roldan, eran cosas que no se
-habian de fiar de cartas.
-
-Roldan dejó allí á Hojeda, y váse con sus carabelas á los navíos del
-Hojeda, y halló algunas personas de las que habian estado en esta isla
-con el Almirante y venido al descubrimiento de Paria, y que se habian
-tornado en los cinco navíos, en especial á un Juan Velazquez y Juan
-Vizcaino, los cuales le mostraron la provision ó capitulacion, firmada
-del Obispo D. Juan de Fonseca, que arriba en el cap. 164 dijimos, y
-allí le informaron de todo su viaje, y lo que habian por la tierra
-firme bojado y navegado, y las señas de un hombre que les habian
-muerto, y los veinte y tantos heridos, como pareció en el dicho 164
-capítulo, en el cual se probó haber aportado á esta isla el Hojeda, y
-la guerra, donde le mataron al hombre y los demas heridos, en el primer
-viaje de Hojeda todo haber acaecido. Supo tambien Francisco Roldan
-dellos, haber hallado oro y traerlo en guanines, que eran ciertas joyas
-muy bien hechas y artificiadas, como se supieran labrar en Castilla,
-puesto que el oro era bajo de valor; trujeron cuernos de venado, y
-dijeron que los vieron, y conejos, y un cuero de onza, que debia de
-ser de tigre, y un collar hecho de uñas de animales; todo lo cual fué
-muy nuevo de oir para ellos y todos los que estaban en esta isla.
-Roldan, esto sabido, creyendo que Hojeda cumpliera lo que le dijo, que
-en haciendo pan en aquel pueblo se habia de partir á ver al Almirante,
-á este puerto de Sancto Domingo, debióse de tornar al Almirante por
-tierra, ordenado á las carabelas lo que habian de hacer, y creo yo que
-sería que se cargasen del brasil. Él vino de Yaquimo á Xaraguá, que son
-18 leguas, y visitó la gente de los cristianos, que repartida estaba
-por los pueblos de los indios, y hizo lo que más le pareció, y vínose
-á dar cuenta al Almirante de las cosas que le habia dicho Hojeda, que
-no debian ser las mejores nuevas del mundo, pues se trataba entónces
-en la corte, despues de llegados los cinco navíos con las nuevas de la
-rebelion de Roldan, la deposicion del estado del Almirante; cosa que no
-fué Hojeda el postrero que lo supiese, como fué favorecido del Obispo
-D. Juan de Fonseca, y ambos no aficionados á las cosas del Almirante.
-Del Obispo, arriba queda dicho que así era cuasi notorio, y yo lo vide
-con mis ojos, y sentí con mis sentidos, y entendí con mi entendimiento.
-Del Hojeda, despues pareció que debia de irse desta isla, del Almirante
-descontento.
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-CAPÍTULO CLXIX.
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-Despedido Roldan de Hojeda, creyendo que era todo oro lo que relucia,
-Hojeda, hecho su pan segun vido que le convenia, en lugar de tomar la
-vía de Sancto Domingo, á ver al Almirante y darle cuenta de lo que
-habia hecho en su viaje, como mostró y quedó con Roldan, y á darle
-relacion de las nuevas que habia en Castilla, váse con sus cuatro
-navíos hácia el Poniente y da la vuelta al golfo y puerto de Xaraguá;
-los cristianos que por allí estaban, por los pueblos de los Caciques,
-lo recibieron con alegría y le dieron todo lo que hobo menester él y
-los suyos, aunque no de sus sudores propios, sino del de los indios,
-porque deste suelen acá ser los españoles muy liberales. Y, porque
-una de sus carabelas traia muy perdida, que no se podia tener sobre
-el agua, hicieron hacer pez á los indios, y ayudáronle mucho hasta
-que la restauró, con todo lo demas que menester hobo. Entre tanto que
-allí estaba, como debia de haber por allí la gente mal vezada de las
-reliquias, que áun eran muy frescas, de la vida suelta que tuvieron con
-Roldan, maldiciendo de las cosas del Almirante, mayormente que siempre
-andaban descontentos, como no hinchian las manos de lo que deseaban (y
-una queja ordinaria suya era, que no se les pagaba el sueldo), comienza
-Hojeda, ó movido por el aparejo que en aquellos halló, ó porque él lo
-tenia de su cosecha en voluntad, á derramar mucha simiente de cizaña,
-diciendo que se juntasen con él, y, con la gente que él traia, vernian
-al Almirante y le requeririan que les pagase, de parte de los Reyes, y
-le constreñirian á pagar aunque no quisiese. Para lo cual, dijo, que
-él traia poder de Sus Altezas para lo hacer, y que se lo habian dado
-á él y á Alonso de Carvajal, cuando el Almirante tornó el año de 98,
-para que viniesen con él á constreñirle que luego pagase; y otras
-muchas razones añidió, y palabras dijo demasiadas, segun dijeron,
-en mucho perjuicio del Almirante, y para provocar la gente á lo que
-pretendia inclinarla, de la cual, toda la mayor parte trujo á sí, como
-á hombres mal asentados, amigos de bullicios é inquietud, y sin temor
-de Dios ni de los daños y escándalos que, en esta isla, á indios y á
-cristianos habian de suceder. Y porque algunos hobo que no quisieron
-seguir la locura y maldad de Hojeda, y destos estaba parte en cierta
-estancia ó lugar cerca de Xaraguá, como todos, segun dije, andaban y
-estaban á manadas, repartidos por los pueblos y lugares de los indios,
-por comer y ser servidos dellos, porque muchos juntos no los podian
-sufrir ni mantener, ó porque aquellos le debian de haber contradicho
-cuando los provocaba por cartas ó por palabra, ó porque tenia entre
-ellos á quien él bien no queria desde los tiempos pasados, acordó una
-noche, con el favor de los que ya habia allegado á sí, dar en ellos y
-prenderlos ó hacer dellos alguna venganza ó otro semejante mal recaudo,
-y así lo puso por obra; de manera, que mató y le mataron, hirió y le
-hirieron ciertos hombres de ambas partes. Causó grande escándalo en la
-tierra en indios y en cristianos, de donde se comenzó otra turbacion
-muy peor que la pasada de Roldan, si Dios, por medio del mismo Roldan,
-no la obviara. Tornaba ya Roldan de Sancto Domingo para Xaraguá, y,
-ó porque el Almirante sospechó que Hojeda todavía podia revolver
-algo y causar algunos daños á indios y á cristianos, como estuviese
-cierto que era ido desta isla, ó porque dello fué avisado, porque en
-ocho dias y á cada ocho dias lo podia saber por mensajeros indios que
-enviaban algunos cristianos de los que le obedecian, envió, finalmente,
-al dicho Roldan á Xaraguá, el cual en el camino supo el insulto, y
-daño y escándalo que habia intentado y causado Hojeda, y el fin que
-pretendia. Proveyó luego Roldan de avisar á un Diego de Escobar, hombre
-principal, de los que le habian siempre seguido, y que recogiese la
-más gente que pudiese de los que creyese que no estaban inficionados
-de Hojeda, y se viniese á Xaraguá; y él, de camino recogió, por los
-pueblos donde estaban derramados los cristianos, los que pudo, y así
-llegaron los dos un dia despues del otro á Xaraguá: Hojeda ya se
-habia recogido á los navíos. Escribióle una carta Francisco Roldan,
-exajerando aquellos escándalos, muertes y daños que habia hecho, que
-mirase el deservicio que recibian los Reyes, la turbacion y alborotos
-de la tierra, la voluntad que tenia el Almirante para con él, que era
-buena, no quisiese dar causa que todos se perdiesen, y, por tanto, que
-le rogaba que diese manera para que se viesen ambos, porque los daños
-hechos se olvidasen, pues no se podian restaurar, y, al ménos, los por
-venir se excusasen. No curó Hojeda de ponerse en aquel peligro, porque
-debia cognoscer á Roldan, que era hombre bien esforzado y astuto,
-y no poco entendido. Envió Francisco Roldan á Diego de Escobar, á
-hablarle, y este no era ménos sábio que ambos, el cual yo bien y por
-muchos años conocí, el cual afeó á Hojeda lo que habia hecho lo mejor
-que él pudo, y persuadióle que se viese con Roldan; respondióle que
-él lo deseaba y queria. Volvióse Escobar sin poder hacer concierto:
-creyendo Roldan que lo haria, envióle, para entender en las vistas, á
-un Diego de Trujillo, al cual, entrando en los navíos, prendió y echó
-en unos grillos. Sale luego con 20 hombres armados, y viene á Xaraguá,
-donde estaba un Toribio de Linares, que tambien yo bien conocí, al
-cual prendió, y llévalo consigo á los navíos, donde le echó otro par
-de grillos; vánlo á decir los indios luego á Roldan, que estaba una
-legua de allí. Salió de presto Roldan con la gente que tenia, bien
-aparejado, tras él, pero Hojeda ya estaba en su guarida. Tornó á
-enviar un Hernando de Estepa, lo mismo muy conocido de mí, al cual
-respondió, que si no le daban un Juan Pintor, que se le habia salido
-de los navíos, que no ménos yo que á los demas conocí, y áun no tenia
-sino una mano, juraba que habia de ahorcar á los dos que tenia, de
-la manera dicha, con grillos. Mirad qué culpa tenian los otros, que
-mereciesen que él los ahorcase, porque el Juan Pintor se le hubiese
-salido. Hízose á la vela Hojeda con sus navíos, y váse la costa abajo,
-hácia unos pueblos y provincia que llamaba el Cahay, tierra y gente
-graciosísima, que estaria de Xaraguá 10 ó 12 leguas, donde salió en
-tierra con 40 hombres y tomó por fuerza todo el bastimento que quiso,
-en especial, ajes y batatas, que son las raíces de que arriba hablamos
-en el cap. 45, y allí son las más nobles y delicadas de toda la isla,
-dejando á los indios y cristianos, que allí estaban, muy desabridos.
-Viendo que se hacia á la vela, envia Roldan tras él, por la ribera de
-la mar, á Diego de Escobar con 25 hombres, y, porque llegaron noche, ya
-el Hojeda era en sus navíos recogido; otro dia, luego, pártese Roldan
-tras él con 20 hombres, y llegado al Cahay, Roldan halló una carta que
-Hojeda habia escrito á Diego de Escobar, en la cual afirmaba que habia
-de ahorcar los susodichos, si su Juan Pintor no se le restituia. Rogó
-Roldan á Diego de Escobar que entrase en una canoa esquifada, como los
-marineros dicen, de remadores indios, y fuese hácia los navíos atanto
-cerca que le oyesen, y dijese á Hojeda, de partes de Roldan, que pues
-él no se queria fiar de él y venir á hablar con él, que él lo queria
-hacer, é ir á los navíos, confiándose de él mismo, y para esto que le
-enviase un batel. Pareció á Hojeda que tenia ya su juego hecho, pero
-otro piensa el que lo ensilla, y este era Francisco Roldan, que los
-atabales á cuestas, como dicen, traido habia. Envió, pues, Hojeda, un
-muy buen batel, que otro tal no tenia, con ocho hombres muy valientes
-de la mar, dentro, con sus lanzas y espadas y tablachinas, los cuales,
-llegando con su batel un tiro de piedra de la ribera, dijeron que
-entrase Roldan. Preguntó Roldan, ¿cuantos mandó el señor Capitan que
-entrasen conmigo? respondieron: cinco ó seis hombres. Mandó luego
-Roldan que entrasen primero Diego de Escobar, y Pero Bello, y Montoya,
-y Hernan Brabo, y Bolaños, y no consentian que entrasen más. Entónces
-dijo Roldan á un Pedro de Illanes que le metiese acuestas en la barca,
-y, como que le iba teniendo de un lado, llevaba otro que se decia
-Salvador. Entrados en el batel todos, disimuladamente dijo Roldan á
-los que remaban que remasen hácia tierra; ellos no quisieron. Echan
-él y los suyos mano á las espadas, y dan tan de golpe en ellos, que,
-acuchillados y muertos, á lo que se dijo, algunos, hácenlos saltar al
-agua y tórnanlos presos á todos, y á un indio flechero que traia de las
-islas robado, escapándoseles otro nadando, y llévanlos á tierra; y así,
-queda sin la principal barca ó batel de que mayor necesidad tenia, y
-juntamente sin tanta soberbia y presuncion, Hojeda. Visto Hojeda que
-se le habia desecho su artificio y salido en vano sus pensamientos,
-acordó de llevar el negocio por más mansedumbre, y métese en un
-barquillo que traia, y Juan de la Cosa, su principal piloto, con él,
-y un espingardero y otros cuatro con él que remaban, y viénese hácia
-tierra. Francisco Roldan, como le conocia ser travieso y valiente y
-atrevido, áun pensando que los osara acometer, hace aparejar el batel
-con siete remeros y 15 hombres para pelear, y una buena canoa en que
-podian ir otros 15, todos á pique, como es lenguaje de marineros, ó
-aparejados, estuvieron á la lengua del agua. Teniéndose á fuera en
-el agua, cuanto podia ser oido, dijo Hojeda, que queria hablar con
-Francisco Roldan; llegóse más, y Francisco Roldan le dijo, que por
-qué hacia aquellas cosas tan escandalosas y culpables; respondió,
-que porque le habian dicho que tenia mandamiento del Almirante para
-lo prender. Roldan le certificó ser falsedad, y que el Almirante no
-tenia propósito de dañarle, sino ántes de le ayudar y honrar en lo que
-pudiera, y si él viniera á Sancto Domingo, como le habia prometido, por
-experiencia lo viera; finalmente, vino á rogarle que le restituyese
-su batel y sus hombres, que en él le habia prendido, no curando ya
-del Juan Pintor, pues via que sin el batel no le era posible volver á
-Castilla. Francisco Roldan, viendo la necesidad que Hojeda tenia, y
-porque en estos dias habia hecho terrible tormenta y habia garrado, que
-quiere decir, arrastrado el ancla, de donde la primera vez la echaron,
-el navío mayor que Hojeda tenia, más de dos tiros de ballesta hácia
-la tierra, donde y cuando se suelen los navíos perder y la gente con
-ellos, y porque, si daban al través y Hojeda y su gente se quedaban
-allí, era quedar la confusion en la isla para que fuera peor que la
-pasada del mismo Roldan, acordó Roldan darle el batel y sus hombres,
-y que él restituyese los dos que él habia malamente, al uno detenido
-y al otro salteado, y así se hizo que destrocaron. Partióse luego á
-hacer una cabalgada que decia que habia de hacer, y segun dijo un
-clérigo que traia consigo, y otros tres ó cuatro hombres de bien que
-se quedaron, la cabalgada que traia fabricada, era la que pensaba
-hacer en la persona y en las cosas del Almirante, y este atrevimiento,
-creo yo, que cobró él, de saber que los Reyes trataban de remover al
-Almirante de su estado, y con el favor que él tenia del Obispo Fonseca,
-y, por el contrario, el disfavor que el mismo Obispo dió siempre á el
-Almirante, justa ó injustamente, cuanto á los hombres digo, Dios lo
-sabe. Y, á lo que yo sospecho, salido de allí Hojeda, fué á cargar los
-navíos de indios en alguna parte desta isla, ó de la isla de Sant Juan,
-ó de otra de las comarcanas, pues llevó á Castilla y vendió en Cáliz
-222 esclavos, como Américo arriba tiene y en su primera navegacion
-confesado; y esta fué, con los otros daños y escándalos que á los
-indios y cristianos dejó hechos Hojeda, su cabalgada. Por lo que en
-este capítulo se ha visto, parece la falsedad industriosa de Américo,
-y su encubrir las tiranías que en aquel su primer viaje hicieron, en
-las cuales él á Hojeda acompañaba, y su trastrocar de los hechos que
-hicieron en sus dos viajes, como ya hemos dicho, más que el sol clara.
-Dice de esta brega y escándalos que Hojeda causó, Américo, en el fin de
-su segunda navegacion, y acaeció en la primera, desta manera: _Necnon
-gente illa quam nobis amicam efeceramus relicta hinc, ab eis excessimus
-ob plurimarum rerum nostrarum indigentiam; venimus ad Antigliæ insulam,
-quam paucis nuper ab annis Christophorus Columbus discooperuit; in
-qua reculas nostras ac navalia reficiendo mensibus duobus et diebus
-totidem permansimus: plures interdum Christicolarum inibi conversantium
-contumelias perpendimus, quas, prolixus ne nimium fiam, hic omitto:
-eandem vero insulam vigessima secunda Julii deserentes_, etc. Todo esto
-es falso, porque dice, que las injurias ó afrentas que padecieron
-no las dice por no ser prolijo, dando á entender que injustamente se
-le hicieron, y no dice por qué, y qué fueron los insultos que ellos
-cometieron; lo segundo, cuanto á poner estos escándalos en el segundo
-viaje, es muy falso, como arriba demasiadamente queda probado; lo
-tercero, asimismo, decir que partieron desta isla á 22 de Julio, es más
-que falso, porque no partieron sino cuasi en fin de Febrero, entrante
-el año de 500, y áun creo que en Marzo, como parece por las cartas que
-yo vide y tuve en mi poder, y cognosco la firma de Francisco Roldan que
-escribia cada ocho ó quince dias, cuando andaba revuelto con Hojeda,
-hasta que se fué, al Almirante. De manera, que la fecha que debió ser
-en el segundo puso en el primero, y los alborotos y daños que hicieron
-en el primero, puso por afrentas y contumelias, recibidas sin culpa, en
-el segundo viaje.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXX.
-
-
-Partido de allí del Cahay, donde le tomaron la barca con sus navíos,
-Hojeda, Francisco Roldan, como hombre astuto, diligente y de guerra,
-estúvose por allí algunos dias hasta ver si volvia á hacer algun
-salto Hojeda en la tierra, porque cognoscia dél que era hombre para
-hacerlo, y desde á pocos dias recibió aviso que habia saltado en
-cierta parte, la costa abajo, creo yo, donde procuró de hacer pan para
-su camino. Escribiólo Roldan luego al Almirante, y determina de ir á
-prenderle, y apareja seis canoas, en las cuales dijo que podian caber
-80 hombres; y, porque envió dos mancebos hábiles y sueltos en una
-canoa por la mar para espiar y especular lo cierto dello, y vide otras
-cartas de Roldan para el Almirante, escritas despues, luego, desto,
-y no hacian mencion de la estada de Hojeda, estimo que debia de ser
-ya ido cuando llegaron los mancebos. Con este favor de haber echado á
-Hojeda de la tierra, dijeron algunos, ó los más que allí estaban, á
-Francisco Roldan, que se querian allí avecindar; Roldan les dijo que se
-escribiesen y que enviaria al Almirante la memoria, y enviaria quien
-les repartiese las tierras en que hobiesen de labrar, y porque se les
-hacia grave esperar tanto, señálales él á cada uno en que labrase,
-como si aquellas tierras no tuvieran dueños; y ¡ojalá aquí parara la
-tiranía! Pidiéronle más, porque ellos no entendian abajar el lomo, que
-les diese quien les ayudase á labrar; él, viendo, dice él, que era
-bien contentarlos, díjoles que queria hacer con ellos una liberalidad,
-conviene á saber, que el Almirante le habia hecho merced de que el rey
-Behechio con toda su gente le sirviesen de las cosas de sus labores,
-y no á otro ninguno, que los tomasen ellos y se sirviesen dellos en
-sus labores y los contentasen: estas son palabras del mismo Roldan
-al Almirante, que yo vide firmadas de su nombre. El contentamiento
-era, que les habian de servir aunque les pesase, y darles despues un
-espejuelo y un cuchillo, ó unas tijeras; veis aquí el repartimiento
-claro como se va entablando. Y que se diga que á un tan gran Rey
-como Behechio, que el Almirante diese para que sirviese á Roldan, y
-Roldan lo diese á los hombres viles, y quizá entre ellos azotados,
-para los servir, é que repartiesen entre sí sus vasallos, ¿qué mayor
-tiránica maldad? Pero pasemos adelante. Así que, tornando al propósito,
-todavía mandó el Almirante á Roldan que estuviese por allí algunos
-dias, porque se queria ir á donde el Almirante estaba, sospechando el
-Almirante que tornaria Hojeda. Muy bien lo hizo Francisco Roldan en
-todo este negocio en aventar á Hojeda de la tierra, porque, cierto,
-si Hojeda prevaleciera, yo creo que fueran peores los escándalos y
-turbaciones, daños y destruccion más vehemente de indios que la hobo,
-aunque mucha fué, en tiempo del alzamiento de Roldan, porque todos
-los más de los españoles que acá estaban, estaban corruptísimos y
-depravados, y cudiciosísimos de alborotos y guerras, enemigos de toda
-concordia y paz, y esto no era sino porque Dios los habia dejado de
-su mano, por las guerras y agravios, opresiones y muertes injustas,
-y violencias que hacian sin cesar á los indios; la razon es, porque
-tiene Dios esta regla en su universal é infalible providencia, que
-cada uno sea punido por lo que, y de la manera que, peca y le ofende,
-y en aquello que él damnifica á su prójimo. El medio é instrumento que
-aquellos tenian para nunca dejar de tratar de revueltas y desasosiegos
-entre sí mismos, era la ociosidad y vida deliciosa y holgada que
-tenian, y el señorío que habian usurpado sobre los indios humildes y
-mansísimos, por lo cual se hacian elatos y soberbios y presumidores
-de sí mismos, y menospreciadores de los otros, de donde se habia de
-seguir, de necesidad, las disensiones, reyertas y confusion entre
-sí, y no pensar en otra cosa sino en reñir y en supeditar los unos á
-los otros, como vemos cada dia en la gente de guerra; y esta excedia
-todas las otras de aquella calidad y oficio, en tanto grado, cuanto
-más ofendian á Dios en destruir estas inocentes gentes, sin causa ni
-razon, y más alongados estaban de su Rey, á quien temiesen, y con mayor
-licencia y libertad estaban atollados y zabullidos en las espurcicias
-y fealdades de los vicios bestiales, en que conversaban con grandísima
-injuria de sus prójimos, tomándoles sus propias mujeres y hijas, con
-toda ignominiosa violencia. Por aquí considerará cualquiera, que sea
-fiel y verdadero cristiano, qué doctrina, qué ejemplo, qué fama, qué
-estima cobrarian estas gentes de la religion cristiana, y qué amor, y
-afeccion, y cudicia temian para recibirla, y cuan al revés, y por el
-contrario de como se debia, se entró en estas tierras y reinos ajenos,
-no siendo otra la causa legítima para poderse entrar en ellos, sino
-la paz, sosiego, edificacion, conversion y salvacion dellos. Y porque
-no falte otro testigo de todo esto, estaba entónces en esta isla un
-caballero que tenia por nombre D. Hernando de Guevara, primo de Adrian
-de Muxica, que arriba nombramos y abajo diremos, y este Adrian era uno
-de los alzados con Roldan; no me acuerdo si el D. Hernando, que yo
-bien cognoscí en esta isla, y á sus hermanos en Castilla, si anduvo
-alzado con Roldan; finalmente, por no andar muy quieto, el Almirante
-le mandó que saliese de la tierra, y, en cumplimiento de su mandado,
-sabiendo como Hojeda andaba por la provincia de Xaraguá, fuése allá,
-por irse con él, pero cuando llegó ya Hojeda era ido. Francisco Roldan
-le dijo que viese y escogiese la estancia donde le placia estar, con
-los cristianos que estaban por los pueblos de los indios, haciendo la
-vida que arriba dijimos, repartidos, y que allí se fuese hasta que
-el Almirante mandase otra cosa. El cual eligió el Cahay, que arriba
-nombramos (donde Hojeda perdió el batel y blandeó su entereza), porque
-Adrian, dijo D. Hernando, tiene allí ciertas aves y perros; estos
-perros, traidos de Castilla, eran acá muy preciosos para cazar las
-hutias, que arriba dijimos ser los conejos. Aceptada por Roldan la
-eleccion de su estado, díjole que se fuese en hora buena á holgar á
-allí, é con esto se despidió D. Hernando de Roldan. D. Hernando se
-fué por casa de la señora Anacaona, hermana del rey Behechio, y tomóle
-una hija muy hermosa que tenia, que se llamó Higueymota, puesto que
-dijo D. Hernando que su madre se la dió, y es de creer, porque creia
-que la daba por su mujer, y D. Hernando era muy gentil hombre y de
-autoridad, y parecia bien ser de generosa casta. Recibida ó tomada
-la señora Higueymota, detúvose allí con ella dos dias, sin saberlo
-Roldan, y envió por un clérigo, para que la bautizase, porque desta
-manera se administraban entónces los Sanctos Sacramentos, en especial
-el del bautismo. Sabido por Roldan hobo mucho enojo, de quien tambien
-me dijeron que la tenia el Roldan por amiga, y porque estaba enfermo
-de los ojos, envióle á decir que se maravillaba dél, y lo mal que lo
-hacia, y que le rogaba que se fuese á la estancia que habia escogido,
-y que mirase que habia defendido aquella señora siempre, que no le
-fuese hecha injuria, y el daño que le hacia, y cuanto enojo dello
-recibiria el Almirante. Vino D. Hernando, con poco sentimiento y con
-poca vergüenza de su pecado, á contar á Francisco Roldan con mucho
-placer lo que le habia acaecido, y que le rogaba que le dejase estar
-allí; Roldan le dijo, como hombre prudente, que aquello era en sí malo,
-y, allende de esto, que el Almirante se indignaria contra él porque
-se lo habia consentido, y más, que como él estuviese en desgracia del
-Almirante, á él no le convenia que allí estuviese con él porque el
-Almirante no sospechase que no andaba en su obediencia con simplicidad,
-y otras razones con que se convenció D. Hernando, y así se fué á donde
-le estaba señalado; pero, porque los que están fuera de la gracia de
-Dios y en un pecado no pueden asosegar sin que cometan otros peores
-y más graves, desde á tres dias, con cuatro ó cinco hombres, tórnase
-á su querencia, como animal bruto, D. Hernando. Sabida por Roldan la
-tornada de D. Hernando, envióle con dos hombres á decir cuan mal lo
-hacia, y que le rogaba y mandaba, de parte de la justicia, que se
-fuese de allí adonde le estaba señalado; D. Hernando comenzó á hablar
-desmandado, y, entre otras palabras, decia que Roldan tenia necesidad
-de tener amigos, porque él sabia de cierto que el Almirante le andaba
-tras cortar la cabeza, y otras semejantes, indiscretas, escandalosas
-palabras y desvariadas. Dícenlo á Roldan, envíale á mandar que se vaya
-luego de la provincia, y se vaya á se presentar al Almirante. Humíllase
-á Roldan y ruégale que lo deje por agora hasta que el Roldan fuese á
-donde el Almirante estaba; concédeselo Roldan para más justificar su
-causa. Era necesario, por la regla arriba dicha, que Dios dejase á D.
-Hernando derrumbarse á mayores pecados. Acuerda de matar á Francisco
-Roldan, ó sacarle los ojos, por vengarse de la injuria que le hizo
-en no haberle castigado y desterrado, luego que supo que á la señora
-Higueymota habia por manceba tomado, y porque, para hacer cosa tan
-atrevida y para salvarse, habia menester no pocos que contra el
-Almirante y la justicia le ayudasen, él, por su parte, y otros que
-habia por sí y á sí allegado, anduvieron persuadiendo y solevantando
-á muchos (que habia poco que trabajar, para á rebelion cualquiera
-levantarlos), y así comenzaba otra peor que las pasadas. No quiso Dios
-permitirlo, puesto que los unos y los otros merecian que se consumieran
-y despedazaran, como habian hecho y hacian en los indios á cada paso.
-Fué avisado Roldan, y, como diligente y astutísimo, y bien proveido,
-prevínolos, y, con buena manera que en ello tuvo, prendió luego á D.
-Hernando y siete de los más principalmente culpados. Hácelo saber
-al Almirante para que le escriba lo que manda; porque, como hombre
-muy bien sabido, no quiso hacer cosa por su autoridad; lo uno, por
-el acatamiento y preeminencia del Almirante, la cual, mucho, despues
-de reducido, guardaba, lo otro, porque reusaba ser juez en su causa
-propia, y con razon lo consideraba. El Almirante le escribió mandándole
-que se los enviase presos á la fortaleza desta villa ó ciudad de
-Sancto Domingo. Entretanto, como supiese Adrian de Muxica que estaba
-preso su primo D. Hernando, andaba por la Vega y por los lugares donde
-estaban los cristianos, por los pueblos de los indios; derramados,
-haciendo juntas y bullicios, provocándolos á levantamiento, ó sólo
-para libertar á D. Hernando, ó con otros intentos que él hoy se sabe,
-donde quiera que Dios le haya puesto, si es salvo ó condenado; la fama
-pública fué, que tenia propósito de soltar á D. Hernando, y matar á
-Francisco Roldan y al Almirante. Juntó en pocos dias muchos de pié y de
-caballo; el Almirante, que estaba en la fortaleza de la Concepcion, fué
-avisado de uno dellos, que se llamó Villasancta, que yo bien cognoscí
-por muchos años, y, no teniendo consigo sino seis ó siete criados de
-su casa y tres escuderos de los que ganaban sueldo del Rey, supo dónde
-estaban, y va una noche, y dá sobre ellos y desbarátalos, donde prendió
-al Adrian y á otros, y, traidos á la fortaleza, mandó luego al Adrian
-ahorcar; y, diciendo él que le dejasen confesar, dijo el Almirante que
-le confesase un clérigo que allí estaba, y, cuando el clérigo se ponia
-á confesarle, se detenia y no queria confesar, y esto hizo algunas
-veces. Viendo el Almirante que lo hacia por dilatar su muerte, mandó
-que lo echasen de una almena abajo, y así lo hicieron; daba voces que
-lo dejasen confesar, porque, por temor de la muerte, no se acordaba de
-sus pecados, y que dejaba condenados á muchos que no tenian culpa, pero
-no le aprovechó nada. Esto era entre nosotros público, y se platicaba
-así por muchos como cosa cierta y fresca, porque no habia obra de año
-y medio ó dos que habia acaecido cuando yo vine á esta isla. Otros
-mandó tambien ahorcar, y prendió muchos el Adelantado, de los del
-concierto, y fué tras otros que se huyeron, cuando prendió á Adrian,
-á Xaraguá; despues vide yo cierto proceso, donde hobo muchos testigos
-que dijeron lo que aquí he dicho. Prendió en Xaraguá, el Adelantado,
-muchos, y creo que oí muchas veces que habian sido 16, los cuales metió
-en un hoyo, como pozo, hecho para aquel fin, é los tenia para ahorcar,
-sino que vino á la sazon quien se lo impidió, como se dirá, queriendo
-Dios. Mandó prender el Almirante á Pedro de Riquelme, el muy amigo de
-Francisco Roldan, que tenia su casa en el Bonao, y á otros, y ponerlos
-en la fortaleza de Sancto Domingo, los cuales estaban muy propincuos
-para ahorcarlos con D. Hernando; todas estas cosas se hacian por el
-mes de Junio, y Julio, y Agosto del año de 1500. Y dejemos agora aquí
-el estado desta isla en estas inquietudes, y como andaba el Almirante
-y el Adelantado á caza de los que se huian, que debian de haber
-consentido, ó al ménos presumíase, en los alborotos que habia renovado
-Adrian, y á todos los que tomaban se daban priesa en despacharlos; y
-será bien tornar un poco atras, á lo que más sucedió en el año de 1499,
-y tratar de los otros descubridores ó cudiciosos allegadores, que se
-movian en el tiempo que Hojeda se movió, por las nuevas que fueron en
-los cinco navíos, de haber descubierto á tierra firme y las perlas, el
-Almirante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXI.
-
-
-Publicado en Sevilla el descubrimiento de la tierra firme y de las
-perlas, hecho por el Almirante, las nuevas del cual llevaron, como
-se ha dicho muchas veces, los cinco navíos, y visto que Hojeda tenia
-licencia del Obispo Fonseca, y aparejaba navíos para venir por acá,
-hobo en Sevilla algunos que se hallaban con alguna hacienda, más que
-otros, vecinos especialmente de Triana, que presumieron de se atrever á
-tomar el hilo en la mano que el Almirante les habia mostrado, y venir
-por este Océano á descubrir adelante, más por allegar oro y perlas,
-como creo que no será pecado sospechar, que por dar nuevas de las
-mercedes que de Dios habian recibido en traerlos primero á su sancta
-fe, que á estas naciones que tuvo por bien llamar tan á la tarde; y
-ojalá, ya que no iban á hacerles bien, no les hicieran males y daños.
-Unos de los primeros que, á par cuasi de Hojeda, vinieron á descubrir,
-fueron, un Peralonso Niño y un Cristóbal Guerra, vecinos, el Guerra, de
-Sevilla, y el Peralonso, creo que era del Condado. Este Peralonso Niño,
-vino, cierto, con el Almirante al descubrimiento de Paria, y debióse de
-tornar á Castilla en los cinco navíos, y esto está probado con testigos
-contestes, y yo he visto sus dichos en el susodicho proceso; y uno que
-dijo, que no habia ido en aquel viaje Peralonso Niño con el Almirante,
-yo se que, para contra el Almirante, por derecho de juicio, podia ser
-repelido. Así que, Peralonso Niño, habida licencia del Rey ó del Obispo
-para descubrir, con instruccion y mandado que no surgiese con su navío
-ni saltase en tierra, con 50 leguas, de la tierra que habia descubierto
-el Almirante, como no tuviese dineros como habia menester, ó quizá
-ningunos, tractó con un Luis Guerra, vecino de Sevilla, que tenia
-hacienda, que le armase un navío; el Luis Guerra se ofreció á hacerlo,
-y, entre otras condiciones, fué con tanto que su hermano Cristóbal
-Guerra fuese por Capitan dél. Partió, pues, Peralonso Niño por piloto,
-y Cristóbal Guerra por Capitan, del Condado, que debia de ser de Palos
-ó de Moguer, poco tiempo despues que Hojeda y Juan de la Cosa y Américo
-partieron del puerto de Sancta María ó de Cáliz, y así lo testificaron
-los testigos que se tomaron por parte del Fiscal en el su susodicho
-proceso. Fueron estos, como Hojeda, hácia el rastro 200 ó 300 leguas,
-y allí vieron tierra, y, por la costa abajo descendiendo, llegaron
-obra de quince dias despues que habia llegado Hojeda á la provincia ó
-tierra de Paria, y, segun dice un testigo en su dicho, allí saltaron en
-tierra, como los indios habia dejado el Almirante pacíficos, y despues
-el mismo Hojeda, y cortaron brasil, contra lo que por la instruccion
-llevaban mandado; de allí van la costa de la mar abajo, entraron en
-el golfo, que llamó Hojeda de las Perlas, que hace la isla de la
-Margarita, y en ella rescataron muchas perlas. De allí, lléganse á
-Cumaná, pueblo y provincia de la tierra firme, siete ú ochos leguas de
-la Margarita; ven la gente toda desnuda, escepto lo principal de las
-vergüenzas, que lo traen metido en unas calabacitas, con un cordelejo
-delgado que las tienen ceñido al rededor de los lomos, y así los vide
-yo, despues algunos años que estuve por algun tiempo en aquella tierra.
-Vieron ellos tambien, y yo despues, que acostumbran los hombres traer
-en la boca cierta hierba todo el dia mascando, la que, teniendo los
-dientes blanquísimos comunmente, se les pone una costra en ellos más
-negra que la más negra azabaja que puede ser; traen esta hierba en
-la boca por sanidad, y fuerzas, y mantenimiento, segun yo entendido
-tengo, pero es muy sucia cosa y engendra grande asco verla, á nosotros,
-digo; cuando la echan, despues de muy bien mascada, lávanse la boca y
-tornan á tomar otra, y teniéndola en la boca hablan, harto oscuramente,
-como quien la lengua tiene tan ocupada. Venian sin temor alguno á
-los navíos con collares hechos de perlas, y dellas en las narices y
-en las orejas. Comenzaron á cebarlos los cristianos con cascabeles,
-y anillos, y manillas de laton, agujas, y alfileres, y espejuelos,
-cuentas de vidrio de diversos colores; dábanlas por casi no nada, no
-curaban de regatear, ni de muchas contiendas, sino daban todas las que
-traian, y tomaban por ellas lo que les daban. De allí, de Cumaná y
-Maracapana, que está de Cumaná 15 leguas, hobieron mucha cantidad de
-perlas. Navegan la costa abajo, y llegaron hasta unas poblaciones que
-llamaban los indios Curianá, junto donde agora es Coro; finalmente,
-hasta cerca de la provincia que agora llamamos Venezuela, obra de 130
-leguas abajo de Paria y de la boca del Drago. Aquí surgieron en una
-bahía como la de Cáliz, donde en las gentes desta tierra hallaron
-humanísima hospitalidad y gracioso recogimiento; vieron en tierra pocas
-casas, que serian ocho ó diez, pero vinieron de una legua de allí, la
-costa abajo, hasta 50 hombres desnudos, con una persona principal que
-debia ser el señor, ó enviado por el señor, el cual, de parte de todos,
-le ruega con importunidad al capitan Cristóbal Guerra y á los demas,
-que vayan con el navío á surgir á su pueblo. Saltaron en tierra, dánles
-de sus cascabeles, cuentas y bujerías; diéronles cuantas perlas, en los
-brazos y gargantas, y en todo su cuerpo traian; pesaron, solas aquellas
-que en obra de una hora les dieron, quince onzas, valdria lo que les
-dieron por ellas, obra de 200 maravedís. Levantaron las anclas otro
-dia, y fueron á surgir junto con el pueblo. Concurre todo el pueblo,
-rogando á los cristianos que salten en tierra, pero ellos, como no
-eran más de 33, viendo gran multitud de gente, no osaron salir, ni
-fiarse dellos, sino por señas les decian que viniesen al navío con sus
-canoas ó barquillos; vinieron muchos sin temor alguno, trayendo consigo
-cuantas perlas tenian, por haber los diges de Castilla. De que vieron
-su simplicidad, su inocencia y humanidad, salieron los cristianos en
-tierra; hácenles mil caricias, mil regalos, en tanta manera, que no lo
-sabian encarecer. Estuvieron veinte dias con ellos dentro de sus mismas
-casas, como si fueran padres y hijos; la abundancia de la comida, de
-venados, de conejos, ansares, ánades, papagayos, pescados, y el pan
-de maíz, no se podria fácilmente todo decir; cuantos venados y conejos
-y otras cosas les pedian que trujesen, tantos luego les traian. De
-ver ciervos ó venados y conejos, que fuese tierra firme aquella, por
-cierto, creian, como aquellos animales no se hobiesen visto hasta
-entónces en las islas; hallaron que tenian estos sus mercados ó ferias
-donde, cada pueblo y vecinos dél, á vender lo que tenian, traian.
-Traian tinajas, cántaros, ollas, platos y escudillas, y otros vasos
-de diversas formas, para su servicio, á vender. Entre otras cosas,
-traian, á vueltas de las perlas, hechas avecitas, ranas, y otras
-figuras muy bien artificiadas, de oro; ver esto, no pesó á quien por
-haberlo pasaba tantas mares, y con tantos peligros. Preguntaban á los
-indios, que dónde se cogia aquel estiercol; respondieron que seis dias
-de allí, de andadura. Acordaron de ir allá con su navío, y dijeron que
-hallaron la misma provincia; esta no supe dónde seria, sino creo que
-fuese la provincia de Venezuela, que habria de Curianá los seis dias de
-andadura de un indio, á siete ó ocho leguas cada dia, dijeron que se
-llamaba Cauchieto. Como vieron venir el navío, sin sospecha ni temer
-mal alguno, como si fueran sus hermanos, así se descolgaban con sus
-canoas llenas dellos, y se entraban seguros en el navío, por verlos;
-el dia y la noche, nunca cesaban de venir unos, y ir otros, entrar
-unos, y salir otros, con grande alegría, seguridad y regocijo. Parecian
-celosos, cuando alguno que no cognoscian les venia á visitar, siempre
-las mujeres ponian detras de sí. Trajéronles algun oro, que rescataron,
-y joyas hechas dél, no tanto cuanto los que lo buscaban querian; traian
-consigo perlas, pero estas no las querian vender, como ni los de
-Curianá conmutaban el oro. Diéronles aquí gatos paules, muy hermosos, y
-papagayos muchos, de diversas colores. Dejada esta provincia, quisieron
-pasar más adelante, y llegaron á cierta parte, donde les salieron,
-segun dijeron, sobre 2.000 hombres desnudos, con sus arcos y flechas,
-á defenderles la saltada. Ellos, por señas, y mostrándoles las cosas
-de Castilla, trabajaron de halagarlos, pero nunca pudieron, y con
-esto dijeron que se tornaron á Curianá, donde, con harta alegría y
-placer, y abundancia de comidas, estuvieron otros veinte dias. Quiero
-aquí decir una cosa graciosa que se me olvidaba, que cuando daban los
-alfileres y agujas á los desta provincia de Curianá, cognoscian los
-indios que aquellos eran instrumentos para coser ó tener una cosa con
-otra; decian á los cristianos por señas, que aquello no sabian para qué
-lo habian menester, pues andaban desnudos. Respondieron los cristianos,
-señalando, que aquellos eran buenos para sacarse las espinas de los
-piés ó de otra parte, porque allí habia muchas, y es así verdad; de
-que cayeron en ello, comenzáronse á reir, é á pedir más, y por este
-aviso fueron dellos los alfileres y agujas, no ménos que las otras
-cosas, estimadas. Toda esta tierra está en 7° y 8°; por Noviembre y
-por Navidad no hace frio, ántes es temperatísima. Quedando los indios
-muy contentos, pensando que iban los cristianos engañados, porque les
-habian dado gran número de perlas, que, sino me engaño, pesaban más de
-ciento cincuenta libras ó marcos, entre ellas, muchas eran tan grandes
-como avellanas, muy claras y hermosas, puesto que mal horadadas por
-los indios, no tenian convenientes instrumentos para las horadar, como
-careciesen de hierro, y habíanles dado por ellos valor de hasta 10 ó 12
-ducados, y los noventa y seis marcos ó libras, se dijo que les costaron
-en Curianá obra de cinco reales, en aquellas cosillas de Castilla, y
-los cristianos, teniéndose por bien pagados y cada hora consintieran
-en tal engaño; acuérdanse de volver á Castilla, y dan la vuelta hácia
-Paria y la boca del Drago. En el camino, subiendo la costa arriba, por
-donde habian bajado, está una punta que se llama la Punta de Araya,
-Norte Sur con la puerta occidental de la isla de la Margarita, donde
-vieron unas salinas, y las hay hoy, porque son perpétuas, dignas de
-harta maravilla. Está en aquella punta una laguna, á diez ó quince
-pasos de la ribera y agua de la mar toda salada, y siempre debajo del
-agua llena de sal y encima tambien, cuando há dos dias que no llueve.
-Algunos pensaron que el agua que está dentro la sacan los vientos de
-la mar, como está tan propincua, y la echan en la laguna, pero no
-parece que es así, sino que tiene ojos, á cuanto yo puedo entender, por
-los cuales sube el agua y se ceba de la mar. Esta sal es muy blanca y
-sala mucho, y, cuando hace tiempo de buenos soles, se pueden cargar y
-cargan muchos navíos, y yo, en otro tiempo que estuve allí, los hice
-cargar. Vienen á sus tiempos del año, de hácia abajo, á parar á esta
-punta infinitas multitudes de lizas, que acá es muy bueno y sabroso
-pescado, y otra infinidad de sardinas, como las que traen á Sevilla
-de Setubal y del Condado, salvo que son pequeñas pero muy sabrosas,
-mayormente las lizas y ellas recien saladas; en los barcos y por allí
-suelen andar. Saltan de la mar las lizas muchas veces, que no es
-menester pescarlas, tantas hay. A cabo de dos meses que partieron de
-Curianá, que fué á 6 de Febrero de 1501, llegaron á Galicia, donde
-Hernando de Vega, varon en prudencia y virtud en Castilla señalado, era
-Gobernador, ante el cual fué acusado Peralonso Niño, y no sé si tambien
-Cristóbal Guerra, de los mismos que venian en su compañía, que habia
-encubierto cierto número de perlas de gran precio, y así, defraudado el
-quinto que pertenecia á los Reyes; mandólo prender Hernando de Vega, y
-estuvo mucho tiempo preso. Al cabo lo soltaron, y vino á Sevilla, y no
-sé en qué paró lo que le imponian.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXII.
-
-
-Cerca de este Cristóbal Guerra, quiero aquí referir algunas cosas
-estrañas que hizo por aquella costa de tierra firme, porque despues,
-quizá, no caerán en su lugar, por no saber yo la certidumbre del año en
-que las hizo, aunque tambien no dudo que no fuesen cometidas despues
-del año de 500 y dentro de los diez, y perteneceria la historia dellas
-al libro siguiente; pero, pues el capítulo precedente se ha ocupado en
-él, parecióme que este presente no hable sino dél. Algunos indicios
-tengo que me daban sospecha que, lo que diré, lo hobiese hecho en este
-primer viaje, porque, aunque parece, por lo dicho en el precedente
-capítulo, que dejaba contentas las gentes que tanta hospitalidad
-le hacian, como nunca los que cometian insultos, y robos, y daños
-á los indios, en Castilla lo decian, sino que solos eran ellos los
-malhechores juntamente, y testigos, y ellos no se acusaban delante de
-los Reyes ni de otros jueces á sí mismos, podian estos en este viaje
-haber, las abominaciones que hicieron, cometido, y publicado que
-dejaban muy contentos y pagados, y en mucha amistad consigo unidos, los
-indios. Un indicio y conjetura vehemente, hay de esto que aquí digo,
-conviene á saber, que, habiendo dejado el Almirante la gente de la
-provincia de Paria en amistad de los cristianos, segura y muy contenta,
-y á lo que yo he juzgado, de la mesma manera la dejó Hojeda, puesto
-que no estoy muy seguro dello, el cual fué despues del Almirante, como
-arriba se ha dicho, el que llegó á la dicha provincia primero (lo mismo
-digo de Rodrigo de Bastidas, que fué tercero, como se dirá abajo),
-cuando vino á ella, en breve, Vicente Yañez, de quien se tratará
-despues desto, hallóla toda puesta en armas y brava, porque les habian
-muerto mucha gente, no parece que hiciese otro matanza sino Cristóbal
-Guerra. Así lo dicen los testigos en el susodicho proceso, conviene á
-saber, que cuando vinieron Vicente Yañez y su compañía á Paria, querian
-saltar en ella, y que no osaron, porque les habian muerto mucha gente
-ántes que llegasen á ella; y dicen más, que los indios de allí no
-querian entrar dentro de los navíos, salvo que decian, sal, Capitan,
-como si los llamaran para vengarse dellos, á lo que parece; y dice más
-un testigo, que en esto vino otro descubridor, que se dice Diego de
-Lepe, allí, é para probar el Fiscal, que Diego de Lepe habia tambien
-descubierto tierra, y no toda el Almirante, dicen los testigos, que
-llegaron á Paria el dicho Diego de Lepe y su compañía, y que tomaron
-allí ciertos indios, los cuales despues él entregó en Sevilla al Obispo
-D. Juan de Fonseca. Estos no los pudo él tomar sino haciendo escándalo,
-injusticia y violencia, y fuera bien, que el Obispo lo examinara y áun
-ahorcara sobre ello, pero nunca el señor Obispo de esto tuvo mucho
-cuidado en todo su tiempo.
-
-Así que, como Vicente Yañez fuese el cuarto descubridor, y hallase así
-maltratados, y amedrentados, y escandalizados los vecinos de aquella
-provincia, y hecha matanza en ella, y parezca haber presuncion contra
-Cristóbal Guerra, por lo que contaremos que hizo, y de los otros que
-ántes dél á aquella tierra fueron, haya probabilidad alguna que no lo
-hicieron, parece que podria haber sido, aunque lo disimulase, y en
-Castilla, entónces cuando él fué, no se supiese, como otras infinitas
-maldades, daños y menoscabos, muertes y estragos execrables, allí, por
-muchos han sido encubiertos, que tambien agora en este viaje Cristóbal
-Guerra, lo que diré, hiciese y estuviese hasta hoy encubierto. Lo que
-haya en contrario son tres cosas: la una, que, cierto, en el viaje,
-cuando cometió los daños y agravios que diremos, traia dos navíos,
-y los testigos no afirman sino que trujo un navío en este; la otra,
-el llevar á Castilla agora tantas perlas, porque en el otro viaje se
-cree que no llevó ninguna, porque todas se le perdieron, segun creo;
-la tercera, que en aquel viaje trujo á su hermano, Luis Guerra, y
-murió en la mar, y en este primero no haberle traido, por el dicho
-que los testigos depusieron, parece que suena. Pero, como quiera y
-cuando quiera que ello haya sido, el Almirante, quejándose á los Reyes
-por cierto memorial que les dió de los daños que habia incurrido,
-por haber dado los Reyes licencia para ir á rescatar sin que á él
-se le diese parte, como se le debia de dar por sus privilegios, y
-por los escándalos que habian en la tierra aquellos causado, señala
-el Almirante al dicho Cristóbal Guerra, y, despues de otros, dice:
-«Las cuales personas que llevaron licencia para rescatar, han hecho
-grandísimo daño en la tierra firme y islas, porque, en llegando
-que llegaban, mataban los indios y los prendian por fuerza, y los
-atormentaban porque se rescatasen, y algunos, cuando no hallaban
-rescate, acuchillábanlos y matábanlos, diciendo, «pese á tal, pues de
-aquí no llevamos provecho, hagamos que si aquí vinieren otros navíos
-tampoco lo hallen, como nosotros.» Otros hobo, que despues que los
-indios humanamente les daban lo que tenian, y les cargaban los navíos
-de brasil y de lo que mandaban, estando seguros, como personas que les
-habian bien servido, y muy alegres y contentos, los mataron y pusieron
-todos á espada, sin otra causa. Otros cargaban los navíos dellos, por
-manera, que en cuanto vivan los vivos, los indios de aquella tierra
-no obedecerán á Sus Altezas, ni serán amigos de los cristianos; por
-donde, dice el dicho Almirante, que le redunda mucho daño, etc.» Estas
-son palabras formales del dicho memorial que dió el Almirante; por
-aquí se verá qué principios llevaron las cosas destas Indias. Vamos,
-pues, á contar el caso, segun que me lo contó, más há de treinta
-años, persona que se halló en ello, y si fué en el segundo viaje, lo
-que más probable parece, guióse desta manera: Como Cristóbal Guerra
-y Peralonso Niño fueron riquillos á Castilla, y con el paladar dulce
-ó endulzorado de las perlas, acordaron de tornar á armar, y armaron,
-dos buenas carabelas; no sé si Peralonso Niño vino este segundo viaje
-con el Cristóbal Guerra, porque no me acuerdo. Entónces, como era
-el principal en este negocio su hermano, Luis Guerra, porque él era
-rico, y puso los gastos primeros del primer viaje, de su hacienda,
-determinó en el segundo, con la hacienda arriesgar la vida. Partieron
-de Cáliz, ó de Sant Lucar, el Luis Guerra, en un navío ó carabela, y
-el Cristóbal Guerra en el otro, y llegados á Paria, porque aquella
-tierra llevaban todos por terrero é hito, van la costa abajo, al
-golfo de las Perlas, que, como ya dijimos, aquel golfo hace la isleta
-Margarita, de una parte, y de la otra tierra firme, y comienzan á
-rescatar perlas y oro, y en la Margarita, y por Cumaná, y Maracapana, y
-todos aquellos pueblos; y no sólo se contentaban con lo que rescataban,
-pero hacian muchas fuerzas y robaban lo que podian, segun creo queme
-informaron (porque, como creo há ya cerca de cuarenta años, porque sin
-duda son treinta y nueve, y no lo oso afirmar esto absolutamente);
-por manera que allegaron cuasi un costal de perlas. Pero lo que hace
-al caso, y dello no tengo duda, porque bien me acuerdo, llegaron á
-cierta provincia, y creo que fué entre la que llamamos Sancta Marta
-y Cartagena, y como los indios no habian experimentado por allí las
-obras de los nuestros, veníanse á los navíos como gentes simples y
-confiadas, como en muchos lugares desta historia habemos visto. Vínose
-un señor ó Cacique, y creo que era el señor de aquella tierra de
-Cartagena, á los navíos, con ciertas gentes, y á la entrada le recibió
-el Cristóbal Guerra muy bien y halagadamente; y dijéronle por señas que
-trajese oro y que le daria cosas de Castilla. Dijo el Cacique, que sí
-traeria, y queríase salir fuera, pero prendiólo el Cristóbal Guerra,
-y díjole que enviase de aquellos indios, sus criados, por ello, y que
-él no habia de salir de allí hasta que lo trujesen, y hasta que le
-hinchiesen de piezas de oro un cesto de los de uvas, grande, con que
-hacen las vendimias en Castilla, que traian en el navío; y atraviesan
-un palo por el gollete del cesto, dándole aquello por medida que
-hasta allí hinchiesen, y que luego lo soltarian. Desque el inocente
-y confiado Cacique, más de lo que debiera, se vido preso, y que se
-habia de rescatar con hinchir de oro el cesto hasta el gollete, mandó
-á sus criados que allí tenia, que fuesen luego y trujesen el oro que
-hallar pudiesen para el cesto; van llorando y angustiados, y con gran
-diligencia, y apellidan toda la tierra que el Rey y señor habian los
-cristianos preso, y, que si querian verlo vivo y suelto, que habia de
-ser con rescatarlo á oro, dando tanto que se hinchiese cierta gran
-medida. Traen sus criados de su casa todo el oro que él tenia; vienen
-muchos de sus vasallos, cada uno con su pedacillo de oro, segun que
-cada cual poseia, ofrécenlo en el gazofilacio del cesto, pero apénas
-el suelo del cesto se cubria; tornan á salir fuera del navío é ir
-pregonando por toda la tierra que trujesen todos el oro que tuviesen,
-si querian ver á su señor vivo. Andan todos de noche y de dia; tornan
-al navío con más oro, hecho muy lindas figuras y hermosas piezas,
-échanlas en el cesto, y era poco lo que crecia, segun era barrigudo
-el cesto. Tornánse á tierra más tristes y llorosos que venian, y
-entretanto, bien es de considerar, su mujer, la Reina, y sus hijos,
-los Infantes, qué sentirian. Para meterlos mayor temor, y porque se
-diesen más prisa á hinchir el cesto, ó para llegarse quizá más cerca de
-algunos pueblos, de hácia donde venian los indios de buscar oro para
-ofrecer al cesto, alzan las velas; el triste señor comienza á llorar y
-á plantear, diciendo que por qué lo llevan. Sus gentes, que lo veian,
-daban gritos pidiendo á Dios lícitamente, aunque no lo cognoscian, que
-le hiciese justicia, pues, tan injustamente, tan gran injusticia le
-hacian. Tornan á cargar los navíos ciertas leguas de allí, vienen los
-indios con su ofrenda para el cesto; finalmente, yendo unos y viniendo
-otros, llegan con sus piezas de oro al gollete del cesto, donde estaba
-el palo atravesado, por medida. No por eso sueltan al Rey de la tierra,
-ni cumplieron la palabra de soltarlo como habian prometido, ántes
-les dicen, que, pues tampoco les quedaba por hinchir del cesto, que
-trujesen lo demas y que luego le soltarian. Van llorando y gimiendo
-de nuevo, angustiados, no sabiendo qué se hacer, porque no tenian ni
-hallaban que traer, y decir que no tenian ni hallaban má sera por demas
-creérselo. Buscan por las casas y por los rincones dellas, anclan
-por toda la tierra escudriñando el oro que pueden haber, traen lo que
-hallaron, y entre ello, algunas piezas mohosas y escuras, que toparon
-por los rincones, de muchos años ya olvidadas, afirmando con lágrimas
-que no tenian ni podian haber más, que les diesen su señor. Desque vido
-Cristóbal Guerra que traian aquellas piezas ahumadas y como cogidas del
-estiercol, acordó creerlos que no tenian más, y sueltan al Cacique,
-y, en una canoa, sólo, con un hacha de hierro que por satisfaccion le
-dieron, se fué á tierra; y por esto creo habérseme dicho, cuando este
-caso se me contaba, que áun no quisieron darles, á los que trujeron el
-oro postrero, á su señor, sino que fuesen por más, y desque tan aína no
-volvieron, dejáronlo, como es dicho, ir sólo, creyendo que no tenian
-más que dar. Y es cierto, que creo que yo dejo mucho por decir de las
-fealdades y crueldad que con este Cacique usaron, porque, como há tanto
-tiempo que lo supe, se me ha mucho más olvidado, y siempre tuve aqueste
-caso, aunque muchos he visto y se han hecho crueles en estas gentes,
-é inhumanos, como abajo asaz parecerá, por uno de los más injustos,
-feos, y en maldad más calificado. Pesaria el oro del cesto seiscientos
-marcos, que valen 30.000 pesos de oro, ó castellanos de á 450
-maravedís. Pero porque no dormia Dios cuando estas injusticias aquellos
-pecadores Guerras cometian, mayormente Cristóbal Guerra, que debia ser
-el más sin piedad, ó, al ménos, el que debia guiar la danza, porque no
-se fuesen mucho gozando de tanta impiedad, quiso la divina justicia,
-luego, por el castigo temporal sin el eterno, si despues no les valió
-penitencia, obra tan perversa y nefanda, reprobar. Debia de estar
-enfermo el Luis Guerra, hermano mayor, y que habia dado los dineros y
-puesto de su hacienda para armar la primera vez, y la segunda ayudar;
-luego, alzadas las anclas y hechos á la vela, espiró, perdida la vida,
-y su sepultura fué en un seron, y fuera mejor ponerlo en el cesto, en
-que le echaron á la mar. Desde á pocos dias, navegando ambos navíos
-para España, por allí, cerca de la tierra que habian robado, como
-andaban poco, y forcejando contra viento y corrientes, como entónces no
-sabian tanto como ahora navegar, ni habia rodeos para la Habana, el un
-navío tropieza, creo que de noche, ó de dia, en una peña ó isleta que
-no vieron, ni cognoscian en aquel tiempo los peligros de por allí, y
-ábrese por medio, y vuestro cesto, de oro lleno, y el costal de perlas,
-y la mucha parte de la gente, vá todo á los abismos á parar. Divino y
-manifestísimo juicio de Dios, todo poderoso, por el cual, quiso que tan
-poco se gozase lo que con tanta ignominia de la cristiana religion, y
-contra la natural justicia, se habia usurpado, cometiendo contra su
-simple y pacífico prójimo, y áun Rey, tanta fealdad. ¿Qué concepto
-formarian aquellas gentes simplicísimas de nuestra cristiandad? ¿Qué
-nuevas volverian por la tierra dentro, de nuestra justicia y bondad?
-Alguna gente de la del navío quedó asida en la mitad dél, porque se
-abrió por medio, y otros algunos asiéronse á las tablas, que cada uno
-cerca de sí pudo hallar. Como el otro navío vido perdido á el otro,
-aunque estaba dél bien apartado, tuvo este aviso é industria de ponerse
-hácia el medio, por donde las corrientes venian de la mar, y andando
-barloventeando, llega el medio navío, con la gente que encima traia, y
-cógenla toda, y cuantos venian en tablas desta manera se hobieron de
-salvar. Destos acaeció, que un padre y un hijo, juntamente, tomaron una
-tabla, y no era tan larga ó capaz que por ella, juntos ambos, pudiesen
-escapar; dijo el padre al hijo: «hijo, sálvate tú con la bendicion de
-Dios, y déjame á mí, que soy viejo, ahogar;» y así fué, que el hijo
-tomó la tabla y se salvó, y el padre se ahogó: y este mismo hijo me
-refirió todo cuanto arriba he dicho deste caso, y otras muchas cosas
-más.
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-CAPÍTULO CLXXIII.
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-Despues de Cristóbal Guerra, ó poco despues que salió de Castilla
-para su primer viaje, por el mes de Diciembre y fin del año de 1499,
-Vicente Yañez Pinzon, hermano de Martin Alonso Pinzon, que vinieron con
-el Almirante al principio del descubrimiento de estas Indias, segun
-que arriba se há largamente contado, con cuatro navíos ó carabelas,
-proveidas á su costa porque era hombre de hacienda, salió del puerto
-de Palos, para ir á descubrir, por principio de Diciembre, año de
-1499; el cual, tomado el camino de las Canarias, y de allí á las de
-Cabo Verde, y salido de la de Santiago, que es una dellas, á 13 dias
-de Enero de 1500 años, tomaron la vía del Austro y despues al Levante,
-y andadas, segun dijeron, 700 leguas, perdieron el Norte y pasaron la
-línea equinoccial. Pasados della, tuvieron una terribilísima tormenta
-que pensaron perecer; anduvieron por aquella vía del Oriente ó Levante
-otras 240 leguas, y á 26 de Enero vieron tierra bien léjos; esta fué
-el Cabo que agora se llama de Sant Agustin, y los portugueses la
-tierra del Brasil: púsole Vicente Yañez, entónces, por nombre, cabo de
-Consolacion. Hallaron la mar turbia y blancaza como de rio, echaron la
-sonda, que es una plomada con su cordel ó volantin, y halláronse en 16
-brazas; van á la tierra y saltaron en ella, y no pareció gente alguna,
-puesto que rastros de hombres, que, como vieron los navíos, huyeron.
-Allí Vicente Yañez tomó posesion de la tierra en nombre de los reyes de
-Castilla, cortando ramas y árboles, y paseándose por ella, y haciendo
-semejantes actos posesionales jurídicos; aquella noche, hicieron cerca
-de allí muchos fuegos, como que se velaban. El sol salido, otro dia, de
-los cristianos 40 hombres, bien armados, salieron en tierra, y van á
-los indios; de los indios salen á ellos treinta y tantos con sus arcos
-y flechas, con grande denuedo, para pelear, y tras estos otros muchos.
-Los cristianos comenzaron á halagarlos, por señas, y mostrándoles
-cascabeles, espejos y cuentas, y otras cosas de rescates, pero ellos
-no curaban dello, ántes se mostraban muy feroces y á cada momento se
-denodaban para pelear; eran, segun dijeron, muy altos de cuerpo, más
-que ninguno de los que allí iban de los cristianos. Finalmente, sin
-reñir, se apartaron los unos y los otros, los indios se volvieron la
-tierra dentro, y los cristianos á sus navíos; venida la noche, los
-indios huyeron, que por todo aquel pedazo de tierra, no pareció persona
-alguna; afirmaba Vicente Yañez, que la pisada de los piés de aquellos
-era tan grande como dos piés medianos de los de nosotros. Alzaron las
-velas y fueron más adelante, y hallaron un rio bajo, donde no pudieron
-entrar los navíos; surgieron en la boca ó cerca della, salieron en las
-barcas, con que entraron en el rio, la gente que pudo caber, bien á
-recaudo, para tomar lengua y saber los secretos de la tierra; vieron
-luego en una cuesta mucha gente desnuda, como es por allí toda ella,
-hácia la cual enviaron un hombre bien aderezado de las armas que pudo
-llevar, para que, con los meneos y señas de amistad que pudiese,
-los halagase y persuadiese á que se llegasen á conversacion. El que
-enviaron, llegóse algo á ellos, y echóles un cascabel para que con
-él se cebasen y se allegasen; ellos echáronle una vara de dos palmos
-dorada, y, como él se abajase á tomarla, arremeten todos ellos á lo
-prender, cercándolo todos al derredor, pero, con su espada y rodela,
-de tal manera se dió priesa á se defender, que no les dejó llegar,
-hasta que los de las barcas, que estaban á vista y cerca, vinieron á
-le socorrer; pero los indios vuelven sobre los cristianos con tanta
-priesa, y disparan sus flechas tan espesas, que, ántes que se pudiesen
-unos á otros guarecer, mataron dellos 8 ó 10, y algunos dijeron que
-11, y otros muchos hirieron. Van luego á las barcas, y, dentro en el
-agua, las cercan; llegan con gran esfuerzo hasta tomar los remos
-dellas. Tomáronles una barca y asaetearon al que la guardaba dentro,
-y muere; pero los cristianos con sus lanzas y espadas, desbarrigan y
-matan los más dellos, como no tuviesen otras armas defensivas, sino
-los pellejos. Bien pudieran excusar los cristianos estas muertes y
-revueltas; ¿qué necesidad tenian de poner aquel cristiano en aquel
-peligro, y por consiguiente, á todos ellos, sino que, si vian que no
-querian los indios trato ni conversacion con ellos, fuéranse? pero
-como no iban por fin de Dios alguno, sino pretendiendo su provecho
-temporal, así curaban de llevar los medios, y, por tanto, fueron
-reos de la perdicion suya y de aquellos. Viendo, pues, los nuestros
-que tan mal les iba con aquellos, con harta tristeza de perder los
-compañeros, alzaron las velas, y, por la costa abajo, 40 leguas al
-Poniente descendieron; allí hallaron tanta abundancia, dentro en la
-mar, de agua dulce, que todas las vasijas que tenian vacías hincheron.
-Llegaba este agua dulce, como Vicente Yañez depone en su dicho, en el
-muchas veces alegado proceso, dentro en la mar, 40 leguas, y otros
-de los que fueron con él, dicen 30 (y áun muchas más es cuasi comun
-opinion de los que yo via tratar deste rio en aquellos tiempos);
-admirados de ver tan gran golpe de agua dulce, y, queriendo saber el
-secreto della, llegáronse á tierra, y hallan muchas islas que están en
-ella, todas graciosísimas, frescas y deleitables, y llenas de gentes
-pintadas, segun dicen los que allí fueron, las cuales se venian á
-ellos tan seguras como si toda su vida hobieran conversado amablemente
-con ellos. Este rio es aquel muy nombrado Marañon; no sé por quién ni
-por qué causa se le puso aquel nombre; tiene de boca y anchura, á la
-entrada, segun dicen, 30 leguas, y algunos dicen muchas más. Estando
-en él surtos los navíos, con el gran ímpetu y fuerza del agua dulce y
-la de la mar, que le resistia, hacian un terrible ruido, y levantaba
-los navíos cuatro estados en alto, donde no padecieron chico peligro;
-parece aquí lo que acaeció al Almirante cuando entró por la boca de
-la Sierpe y salió por la boca del Drago, y el mismo combate y pelea
-juntamente, y peligro, hay donde el agua dulce se junta con la de
-la mar, cuando la dulce corre con ímpetu y es mucha, y la playa es
-descubierta, mayormente si la mar es de tumbo. Visto que por aquella
-tierra y rio de Marañon, y gente della, no habia oro ni perlas, ni cosa
-de provecho, que era el fin que los traia, acuerda tomar captivos 36
-personas, que tomar pudieron, de aquellos humildes y mansos inocentes,
-confesado por ellos, que á los navíos seguramente se les venian, para
-que no quedase pedazo de tierra ni gente della, que no pudiese bien,
-y con verdad, contar sus obras pésimas, y los que hoy, sin ceguedad,
-las oimos podamos afirmar, sin escrúpulo de conciencia, haberse movido
-estos á hacer estos descubrimientos, más por robar y hacerse ricos,
-con daños y escándalos, captiverios y muertes destas gentes, que por
-convertirlos; harto ciego, sin duda, de malicia será el que dudare
-desto, aunque poco ménos les dió Dios el pago que á Cristóbal Guerra.
-De allí, del rio Marañon, vinieron la costa abajo, la vuelta de Paria,
-y en el camino hallaron otro rio poderoso, aunque no tan grande como el
-Marañon, y, porque se bebió el agua dulce otras 25 ó 30 leguas en la
-mar, le pusieron el rio Dulce. Creo que es este rio un brazo grande del
-gran rio Yuyaparí, el cual dijimos en el cap. 134, que hace la mar ó
-golfo Dulce que está entre Paria y la isla de la Trinidad, que estimaba
-el Almirante salir del Paraíso terrenal; y aquel brazo y rio dulce que
-de aqueste camino halló Vicente Yañez, tambien juzgo que es el rio
-donde habita aquella gente buena, que nombramos los aruacas. Pasaron
-adelante y entraron en Paria, y creo que tomaron allí brasil; aunque,
-como hallaron la gente de Paria escandalizada por haberles muerto mucha
-gente Cristóbal Guerra, ó otro salteador de los que allí llegaron,
-segun arriba dijimos, y lo dijeron con juramento los mismos que fueron
-con Vicente Yañez, y no osaban saltar en tierra, no sé como lo pudieron
-tomar. De Paria navegaron á ciertas islas de las que están por el
-camino de la Española, no supe con qué intencion, ni si en la costa de
-Paria, ó en alguna de las islas dichas, le acaeció la tribulacion que
-le vino: por el mes de Julio, estando surtos todos cuatro navíos en la
-parte ó tierra donde era, súbitamente vino una tan desaforada tormenta,
-que, á los ojos de todos, se hundieron los dos navíos con la gente;
-el otro, arrebatólo el viento, rompiendo las amarras de las anclas, y
-llévalo el viento con 18 hombres, y desaparece. El cuarto, sobre las
-anclas, que debian ser grandes y buenos cables, tantos golpes dió en
-él la mar, que, pensando que se hiciera pedazos, saltaron en la barca
-y viniéronse á tierra, no les quedando de él alguna esperanza. Dijeron
-que comenzaron á tratar, los pocos que allí estaban, que seria bien
-matar á todos los indios que por allí moraban, porque no convocasen
-los comarcanos y los viniesen todos á matar. Ellos pensaban en aquella
-tierra buscar manera para vivir y remediarse; gentil remedio habian
-hallado matando las gentes que no les habian ofendido en nada, por
-ellos imaginar por aquella vía de salvarse, para que Dios les ayudase;
-pero la bondad del misericordioso Dios no dió lugar á que cometiesen
-tanta maldad, porque el navío que se habia desaparecido con los 18
-hombres, volvió, y el que estaba allí presente, amansando la tormenta,
-no se hundió. Con los dos navíos, vinieron á esta isla Española,
-donde se rehicieron de lo que habian menester, y de aquí tomaron el
-camino y llegaron á España en fin de Setiembre de 1500 años, tristes,
-angustiados, lesas las conciencias, pobres, gastados los dineros que
-puso de su hacienda Vicente Yañez en el armada, muertos los más de los
-compañeros, dejando alborotada y escandalizada la tierra por donde
-habian andado, é infamado la gente cristiana, y agraviados los que
-habian hecho pedazos, y echándoles al infierno las ánimas, sin causa, y
-los demas inocentes que captivaron, sacados y traidos de sus tierras,
-privándoles de su libertad y de sus mujeres y hijos, padres y madres,
-y de las vidas, por esclavos, solamente, que habian descubierto 600
-leguas de costa de mar hasta Paria, gloriándose.
-
-
-
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-CAPÍTULO CLXXIV.
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-
-Tras Vicente Yañez salió otro descubridor, ó quizá destruidor, por
-el mismo mes de Diciembre y año de 1499 años. Este fué un Diego de
-Lepe, vecino del Condado, no sé si de Lepe ó de Palos y Moguer, pero
-la más gente que fué con él, dicen, haber sido de Palos; llevó dos
-navíos aderezados. De la isla del Fuego, que es una de las de Cabo
-Verde, siguió hácia el Mediodia algo, y despues al Levante, por el
-camino que hizo Vicente Yañez; llegaron al cabo de Sant Agustin, y
-dicen que lo doblaron, pasando adelante algo. El Diego de Lepe tomó
-posesion por los reyes de Castilla, haciendo en todos los lugares que
-llegaba actos que se llaman posesionales, segun derecho necesarios; uno
-dellos fué, que escribió su nombre en un árbol de grandeza extraña,
-del cual, dijeron, que 16 hombres asidos de las manos, extendidos los
-brazos, no pudieron abarcarlo. Cosa es esta increible pero posible,
-porque los mayores los hay en estas islas y tierra firme, que parece no
-haberlos en otras partes del mundo hallado, y todos los que por ellas
-hemos andado, y visto las ceynas, que son muchos y grandes árboles,
-como los hay, no nos espantamos. Entraron en el rio Marañon, y allí
-robaron y saltearon la gente que pudieron, donde Vicente Yañez habia
-tambien tomado con injusticia las 36 ánimas, que se venian pacíficos
-é confiados á los navíos, y traídolos por esclavos. Parece, que como
-quedaron del Vicente Yañez agraviados y experimentados, llegando el
-Diego de Lepe, pusiéronse en armas, matáronle 11 hombres, y porque
-siempre han de quedar los indios más lastimados, debian de matar muchos
-dellos y prender los que más pudiesen por esclavos. Del rio Marañon,
-viniéronse costeando la tierra firme por el camino que habia hecho
-Vicente Yañez; de creer es que saltaria en algunos lugares, y lo
-que allí saltearon y mal hicieron ellos se lo saben, y áun hoy mejor
-que entónces, que ya son todos en la mar ó en la tierra sepultados.
-Llegaron á Paria, y como hallaron las gentes della extrañadas y
-alborotadas, por los muchos que le habian muerto, en pocos dias habia,
-de los pasados (segun lo dice hombre de los mismos de Diego de Lepe y
-en el cap. 171 fué tocado), debian de hacerles guerra y captivar los
-que pudieron haber á las manos; y así lo confiesa otro de los que con
-ellos se hallaron, y debia el Obispo de Badajoz de sabello, D. Juan
-de Fonseca digo, y tomárselos, por eso dice aquel en su dicho, que
-en la Paria tomó Diego de Lepe ciertos indios, los cuales, el dicho
-Diego de Lepe, trajo en los navíos y los entregó al Obispo D. Juan de
-Fonseca en esta ciudad de Sevilla. Estas son sus palabras; y fuera
-justo que el Obispo lo castigara, y quizá lo hizo, si por ventura su
-ceguedad, que en este negocio de las Indias siempre tuvo, no se lo
-estorbaba. No supe destos qué más hicieron ni en qué pararon, porque,
-en estos dias mismos, despues de los dichos descubridores castellanos
-de aquella tierra firme, acaeció hacer el rey de Portugal armada para
-ir á la India, y acaso descubrir la misma tierra, que ya los nuestros
-habian descubierto y bojado, como dicen los marineros, y parecióme
-no dejar de dar aquí noticia dello, puesto que sea obra de los
-portugueses, porque al ménos no pretendan, por sólo su descubrimiento,
-aquella tierra pertenecerles, y en Castilla no lo ignoremos. Envió,
-pues, el rey de Portugal, D. Manuel, el primero de aquel nombre,
-una bien proveida armada de trece velas grandes y menores, en las
-cuales irian hasta 1.200 hombres, entre marineros y gente de armas,
-toda gente muy lucida, y á vueltas de las armas materiales, dice
-su historia, que mandó proveer de las espirituales, y estas fueron
-ocho religiosos de la órden de San Francisco, cuyo Guardian fué fray
-Enrique, el cual, despues, fué Obispo de Cepta y confesor del Rey,
-varon de vida muy religiosa y gran prudencia. Envió eso mismo ocho
-Capellanes y un Vicario para que administrasen los Santos Sacramentos
-en una fortaleza que el rey de Portugal mandaba hacer, todos varones
-escogidos, cuales convenia para aquella obra evangélica. Y dice el
-historiador portugués, Juan de Barros, que el principal capítulo de
-la instruccion que llevaba el Capitan de la Armada, que se llamaba
-Pedro Álvarez Cabral, era, que primero que acometiese á los moros y á
-los idólatras, con el cuchillo material y seglar, haciéndoles guerra,
-dejase á los religiosos y sacerdotes usar del suyo espiritual, que
-era denunciarles el Evangelio con amonestaciones y requirimientos de
-partes de la Iglesia romana, pidiéndoles que dejasen sus idolatrías,
-y diabólicos ritos y costumbres, y se convirtiesen á la fe de Cristo,
-para que todos fuésemos unidos y ayuntados en caridad de ley y amor,
-pues todos éramos obra de un Criador y redimidos por un Redentor,
-que era Jesucristo, prometido por los Profetas y esperado por los
-Patriarcas tantos mil años ántes que viniese, para lo cual, trujesen
-todas las razones naturales y legales, usando de aquellas ceremonias y
-actos que el derecho canónico dispone; y cuando fuesen tan contumaces
-que no aceptasen esta ley de fe, y negasen la ley de paz que se debe
-tener entre los hombres para conservacion de la especie humana, y
-defendiesen el comercio ó conmutacion, que es el medio por el cual se
-adquiere, y trata y conserva la paz y amor entre todos los hombres,
-por ser este comercio el fundamento de toda humana policía, pero
-con que los contratantes no difieran en ley y creencia de la verdad
-que cada uno es obligado á tener y creer de Dios, que, en tal caso,
-les pudiesen hacer guerra cruel á fuego y sangre. Esto dice aquella
-Historia de Juan de Barros, libro V, cap. 1.º de su primera Década.
-Por manera, que á porradas habian de recibir la fe, aunque les pesase,
-como Mahoma introdujo en el mundo su secta, y tambien que, aunque
-no quisiesen, habian de usar el comercio y trocar sus cosas por las
-ajenas, si no tenian necesidad dellas. Miedo tengo que los portugueses
-buscaban achaques, con color de dilatar la religion cristiana, para
-despojar la India del oro y plata y especería que tenia, y otras
-riquezas, y usurpar á los Reyes naturales sus señoríos y libertad,
-como nosotros los castellanos habemos hallado para estirpar y asolar
-nuestras Indias, y todo procede de la grande y espesa ceguedad, que,
-por nuestros pecados, en Portugal y Castilla caer há Dios permitido;
-y es manifiesto, que primero comenzó en Portugal que en Castilla,
-como parece clarísimo en los principios, y medios, y fines que han
-tenido los portugueses en la tierra de Guinea, como pareció arriba en
-los capítulos 19, 22, 24 y 25. Gran ceguedad es, y plega á Dios que
-no intervenga grande malicia, querer que los infieles de cualquiera
-supersticiosa religion que puedan ser, fuera de herejes, que la fe
-católica una vez hayan voluntariamente recibido, la reciban con
-requerimientos y protestaciones y amenazas que si no la reciben,
-aunque les sea persuadida por cuantas razones naturales quisiéremos,
-por el mismo caso pierdan las haciendas, los cuerpos y las ánimas,
-perdiendo miserandamente, por guerras crueles, las vidas; ¿qué otra
-cosa esta se puede nombrar, sino que la paz, mansedumbre, humildad
-y benignidad de Jesucristo, que, señaladamente y en particular, nos
-mandó que de él aprendiésemos, y usásemos con todos los hombres
-indiferentemente, y la religion cristiana, sin cesar, cada dia nos lo
-acuerda, amonesta y predica, las convertiamos en la furibunda y cruel
-ferocidad y costumbre espurcísima mahomética? Gentiles milagros se
-hallaban los portugueses para confirmar la doctrina que los religiosos
-habian predicado, roballos, captivallos, quemallos y hacellos pedazos;
-fuera bien preguntalles, si fueron por esta vía y con estas amenazas,
-ellos á la fe llamados: perniciosísima y muy palpable insensibilidad
-fué á los principios y agora es esta. Poco ménos materia es decir ó
-creer que los comercios y conmutaciones hayan de hacer las gentes
-con otros no cognoscidos hombres, no voluntaria, sino contra toda su
-voluntad y libertad; pero porque desta materia y destos errores, y
-de la averiguacion y claridad dellos, habemos, con el favor divino,
-largamente grandes volúmenes escrito, no es cosa conveniente á la
-historia, en ello más alargar de lo dicho.
-
-Partió, pues, la flota portuguesa, cuyo capitan fué Pedro Álvarez
-Cabral, de Lisboa, lunes, á 9 dias del mes de Marzo, año de 1500, y
-tomó su derrota para las islas de Cabo Verde, y de allí, por huir de la
-costa Guinea, donde hay muchas y prolijas calmerías, metióse mucho á
-la mar, que quiere decir á la mano derecha, hácia el Austro, y tambien
-porque como sale muy mucho en la mar el cabo de Buena Esperanza, para
-podello mejor doblar; y habiendo ya un mes que navegaba, siempre
-metiéndose á la mar, en las ochavas de Pascua, que entónces fueron á
-24 de Abril, fué á dar en la costa de tierra firme, la cual, segun
-estimaban los pilotos, podia distar de la costa de Guinea 450 leguas,
-y en altura del Polo antártico, de la parte de Sur, 10°. No podian
-creer los pilotos que aquella era tierra firme, sino alguna gran
-isla, como esta isla Española, que llamaban los portugueses Antella,
-y para experimentallo, fueron por luengo de la costa un dia; echaron
-un batel fuera, llegaron á la tierra y vieron infinita gente desnuda,
-no prieta ni de cabellos torcidos como los de Guinea, sino luengo y
-correntio y como el nuestro, cosa que les pareció muy nueva. Tornóse
-luego el batel á dar nuevas dello, y que parecia buen puerto donde
-podian surgir; llegóse la flota á tierra, y el Capitan mandó que
-tornase allá, y, si pudiese, tomase alguna persona, pero ellos fuéronse
-huyendo á un cerro, y juntos, esperaban qué querrian los portugueses
-hacer; queriendo echar más bateles fuera y gente, vino un grande viento
-y alzaron las anclas, y vánse por luengo de costa la vuelta del Sur,
-donde les servia el viento, y surgieron en un buen puerto. Envió un
-batel y tomó dos indios en una canoa; mandólos vestir de piés á cabeza
-y enviólos á tierra: vinieron gran número de gente cantando, bailando
-y tañendo ciertos cuernos y bocinas, haciendo saltos y bailes de
-grande alegría y regocijo, que verlo era maravilla. Salió en tierra el
-Capitan con la más de la gente, dia de Pascua, y al pié de un grande
-árbol hicieron un altar, y dijo misa cantada el susodicho Guardian;
-llegáronse los indios muy pacíficos y confiados, como si fuesen los
-cristianos de ántes sus muy grandes amigos, y como vieron que los
-cristianos se hincaban de rodillas y daban en los pechos, y todos los
-otros actos que les veian hacer, todos ellos los hacian. Al sermon que
-predicó el Guardian estaban atentísimos, como si lo entendieran, y
-con tanta quietud y sosiego y silencio, que dice el historiador, que
-movia á los portugueses á contemplacion y devocion, considerando cuan
-dispuesta y aparejada estaba aquella gente para recibir doctrina y
-religion cristiana. Despachó luego de allí el Capitan un navío al rey
-de Portugal, el cual dice que recibió grande alegría con las nuevas
-de la tierra nuevamente descubierta, y todo el reino. Dió licencia el
-Capitan á la gente de los navíos aquel dia, despues de comer, para que
-saliesen en tierra y se holgasen, y rescatasen con los indios cada uno
-lo que quisiese; á trueque de papel y de pedazos de paño, y de otras
-cosillas, les daban los indios papagayos y otras aves muy pintadas y
-muy hermosas, de que habian muchas, de las plumas de las cuales tenian
-sombreros y otras cosas muy lindas y hermosas hechas: dábanles ajes ó
-patatas, y otras frutas, que habian, muchas. Fueron algunos portugueses
-á las poblaciones, vieron infinitas arboledas, aguas y frescuras, y
-tierra viciosísima y deleitable, muy abastada de maíz y otras cosas de
-comer, y donde se hacia mucho algodon. Vieron allí un pece más grueso
-que un tonel, de longura de dos toneles, la cabeza y ojos como de
-puerco, las orejas como de elefante, no tenia dientes, en la parte de
-abajo tenia dos agujeros, la cola de un codo y de ancho otro tanto, el
-cuero era como de puerco de gordor de un dedo. En esta tierra mandó el
-Capitan poner una cruz muy alta y muy bien hecha, y por esto se llamó
-aquella tierra de Sancta Cruz, por los portugueses, algunos de años;
-despues, el tiempo andando, como hallaron en ella brasil, llamaron
-y hoy se llama la tierra del Brasil. Traia el Capitan 20 hombres
-desterrados por malhechores, y acordó dejar allí dos dellos para que
-supiesen los secretos de la tierra y aprendiesen la lengua, los cuales
-los indios trataron muy bien, y, despues, el uno dellos sirvió de
-lengua ó intérprete mucho tiempo en Portugal. Todo lo que aquí desto
-he dicho, lo saqué de dos historiadores portugueses que escribieron
-toda la historia, desde su principio, de la India; el uno es Juan de
-Barros, en el libro V, cap. 2.º de su primera Década, y el otro es
-Fernan Lopez de Castañeda, en el libro I, cap. 29 de la «Historia de la
-India.» Parece, pues, bien probada manifiestamente la bondad natural,
-simplicidad, hospitalidad, paz y mansedumbre de los indios y gente
-de cuasi toda esta nuestra tierra firme, y cuan aparejados estaban,
-ántes que hobiesen recibido agravios y daños de los cristianos, y
-experimentado sus injusticias, para recibir la doctrina de nuestra
-fe, y ser imbuidos en la religion cristiana, y á Cristo, criador
-universal, todos atraidos, no solamente por testimonio de infinitos
-que los hemos experimentado y visto, y abajo, en muchas partes desta
-historia, larguísimamente se verá, y de todos los mismos castellanos
-descubridores, de los cuales muchos eran dellos escandalizadores y
-destruidores, que para que lo confesasen de su propio motivo, la
-misma razon y fuerza de la verdad los constreñia, pero tambien ordenó
-Dios que los portugueses fuesen desta verdad, por vista de ojos y
-experiencia, testigos. Y esto se verá bien claro en los siguientes
-capítulos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXV.
-
-
-Si bien miramos, en todas las cosas que en este mundo visible acaecen,
-hallaremos por experiencia lo que la Escritura divina nos enseña cerca
-de la infalible providencia de Dios, conviene á saber, que uno de los
-principales cuidados que Dios tiene, si se puede decir, porque con un
-cuidado y un sólo acto lo gobierna y rige todo, es cerca de la prueba
-y de la guarda y conservacion de la verdad; de aquí es lo que dice el
-salmista David: _qui custodit veritatem in sæculum_, y por Esdras:
-_veritas manet, et invalescit in æternum et vivit et obtinet in sæcula
-sæculorum_. Por manera, que para que esta verdad, de ser estas gentes
-dóciles, pacíficas, benignas de su natural, y aparejadas, tan bien
-y muy más que otras, para ser doctrinadas y acostumbradas en toda
-virtud moral, y, por consiguiente, capaces y fácilmente atraibles á
-la fe católica y religion cristiana, si les es propuesta y predicada
-como Cristo lo estableció, y á todas las otras naciones del mundo
-la Iglesia universal la ha propuesto siempre y predicado, ha tenido
-por bien la divina Providencia, de que no sólo por experiencia los
-religiosos y siervos de Dios castellanos, y descubridores seglares y
-profanos, que sólo han venido á estas tierras por cudicia de amontonar
-riquezas temporales, y no sólo tambien habiendo llegado á una parte
-destas Indias y visto una gente, pero á muchas, y en muchas varias y
-diversas lenguas y naciones, pero que la gente portuguesa, seglares
-y religiosos, y personas de todo trato y profesion, confiesen todos,
-sin lo poder negar, que aquestas gentes no son otras sino aquellas
-que sucedieron de nuestro primer padre Adan, y esto basta para que
-con ellas se deban guardar los preceptos divinos y naturales, y las
-reglas de caridad que han sido guardadas y usadas con nosotros,
-á quien Dios ha hecho tantos bienes y mercedes, que primero que
-ellas fuésemos llamados y traidos á la cristiandad. Vista, pues,
-la disposicion tan afable y apta para recibir todo bien moral y
-espiritual, que de aquellas gentes, moradores y habitadores en aquella
-tierra firme, aquestos portugueses, primeros que allí llegaron este
-año de 500, testificaron conforme á la que hallaron, y no callaron
-nuestros castellanos, refiramos en este capítulo y en el siguiente,
-la que vieron y trataron y experimentaron, y el fruto que por ella,
-con el divino favor, hicieron ciertos predicadores portugueses, que se
-llamaban de la Compañía de Jesus, despues deste tiempo muchos años;
-ciertos de los cuales, haciendo relacion del fruto que Dios sacaba de
-sus manos, escribieron á Portugal, á los de su profesion, las cosas
-siguientes, por muchas cartas, y dicen así:
-
-«La informacion que de aquestas partes del Brasil se puede dar, padres
-y hermanos carísimos, es que tiene esta tierra 1.000 leguas de costa,
-poblada de gente que anda desnuda, así mujeres como hombres, tirando
-algunas partes muy léjos, donde yo estoy, á donde las mujeres andan
-vestidas al traje de gitanas, con paños de algodon, por la tierra
-ser más fria que esta, la cual aquí es muy templada, de tal manera,
-que el invierno no es frio ni caliente, y el verano, aunque sea más
-caliente, bien se puede sufrir; empero, es tierra muy húmeda, por las
-muchas aguas que llueve en todo tiempo, muy á menudo, por lo cual los
-árboles y las hierbas están siempre verdes, y por aquesto es la tierra
-muy fresca. En parte es muy áspera, por los montes y matas que siempre
-están verdes; hay en ella diversas frutas, que comen los de la tierra,
-aunque no sean tan buenas como las de allá, las cuales tambien creo
-se darian acá si se plantasen, porque veo darse parras, uvas, y áun
-dos veces en el año, empero, son pocas, por causa de las hormigas, que
-hacen mucho daño, así en esto como en otras cosas. Cidras, naranjas,
-limones, dánse en mucha abundancia, y higos tan buenos como los de
-allá; el mantenimiento comun de la tierra es una raíz de palo, que
-llaman mandioca, del cual hacen una harina de que comemos todos, y da
-tambien mijo (este debe ser maíz), el cual, mezclado con la harina,
-hace un pan que excusa el de trigo. Hay mucho pescado, y tambien
-marisco, de que se mantienen los de la tierra, y mucha caza de matos y
-gansos, que crian los indios; bueyes, vacas, ovejas, cabras y gallinas,
-se dan tambien en la tierra, y hay dellos mucha copia. Los gentiles
-son de diversas castas, unos se llaman goyaneces, otros carijos; este
-es un gentío mejor que hay en esta costa, á los cuales fueron, no há
-muchos años, dos frailes castellanos á los enseñar, y tan bien tomaron
-su doctrina que tenian ya casas de recogimiento para mujeres, como
-monjas, y otra de hombres, como de frailes, y esto duró mucho tiempo,
-hasta que el demonio llevó allí una nao de salteadores y captivaron
-muchos dellos. Trabajamos por recoger los salteados, y algunos tenemos
-ya para los llevar á su tierra, con los cuales iba un padre de los
-nuestros. Hay otra casta de gentiles, que se llama caymures, y es
-gente que habita por los montes; ninguna comunicacion tienen con los
-cristianos, por lo cual se espantan cuando nos ven, y dicen que somos
-sus hermanos, por cuanto traemos barba como ellos, la cual no traen
-todos los otros, ántes se rapan hasta las pestañas, y hacen agujeros en
-los bezos y ventanas de las narices, y ponen unos huesos en ellos que
-parecen demonios, y así, algunos, principalmente los hechiceros, traen
-el rostro lleno dellos. Estos gentiles son como gigantes, traen un arco
-muy fuerte en la mano, y en la otra un palo muy grueso, con que pelean
-con los contrarios, y fácilmente los despedazan, y huyen para los
-montes, y son muy temidos entre todos los otros. Los que comunican con
-nosotros, hasta agora, son dos castas, unos se llaman tupeniques y los
-otros tupinambas. Estos tienen casas de palmas muy grandes, y dellas
-en que posarán 50 indios casados con sus mujeres é hijos. Duermen en
-redes de algodon, sobre sí, junto de los fuegos, que en toda la noche
-tienen encendidos, así por el frio, porque andan desnudos, como tambien
-por los demonios, que dicen huir del fuego, por la cual causa traen
-tizones de noche cuando van fuera. Esta gentilidad á ninguna cosa
-adora, ni cognosce á Dios, solamente á los truenos llaman tupana, que
-es como quien dice cosa divina; y así, nos no tenemos otro vocábulo más
-conveniente, para los traer al cognoscimiento de Dios, que llamarle
-Padre Tupana. Solamente, entre ellos, se hacen unas ceremonias de la
-manera siguiente: de ciertos en ciertos años, vienen unos hechiceros
-de luengas tierras, fingiendo traer santidad, y, al tiempo de su
-venida, los mandan á limpiar los caminos y vánlos á recibir con danzas
-y fiestas segun su costumbre, y, ántes que lleguen al lugar, andan las
-mujeres de dos en dos por las casas, diciendo públicamente las faltas
-que hicieron á sus maridos, y unas á otras pidiendo perdon dellas; en
-llegando el hechicero, con mucha fiesta, al lugar, éntrase en una casa
-oscura, y pone una calabaza que trae en figura humana, en parte más
-conveniente para sus engaños, y mudando su propia voz, como de niño,
-y junto de la calabaza, les dice, que no curen de trabajar ni vayan á
-la roca, que el mantenimiento por sí crescerá y que nunca les faltará
-que comer y que por sí vendrá á casa, y que las aguijadas se irán á
-cavar, y las flechas se irán al monte por caza para su señor, y que
-han de matar muchos de sus contrarios, y captivarán muchos para sus
-comeres, y promételes larga vida, y que las viejas se han de tornar
-mozas, y que las hijas que las den á quien quisieren; y otras cosas
-semejantes les dice y promete, con que los engaña, de manera, que
-creen haber dentro, en la calabaza, alguna cosa santa y divina, que
-les dice aquellas cosas. Y acabando de hablar el hechicero, comienzan
-á temblar, principalmente las mujeres, con grandes temblores en su
-cuerpo que parecen demoniadas, como de cierto lo son, echándose en
-tierra, espumando por las bocas, y en aquesto les suade el hechicero
-que entónces les da santidad; y á quien esto no hace tiénenlo á mal, y
-despues le ofrecen muchas cosas, y en las enfermedades de los gentiles
-usan tambien estos hechiceros de muchos engaños y hechicerías. Estos
-son los mayores contrarios que acá tenemos, y hacen creer algunas
-veces á los dolientes que nosotros les metemos en el cuerpo cuchillos,
-tijeras y cosas semejantes, y que con esto los matamos. En sus guerras,
-aconséjanse con ellos, allende de agüeros que tienen de ciertas aves;
-cuando captivan alguno, tráenle con grande fiesta, con una soga á la
-garganta, y dánle por mujer la hija del principal ó cualquiera otra
-que más le contenta, y pónenlo á cebar como puerco, hasta que lo han
-de matar, para lo cual se ajuntan todos los de la comarca á ver la
-fiesta, y, un dia ántes que lo maten, lávanlo todo, y el dia siguiente
-lo sacan y pónenlo en un terrero, atado por la cintura con una cuerda,
-y viene uno dellos muy bien ataviado, y le hace una plática de sus
-antepasados, y, acabada, el que está para morir le responde, diciendo,
-que de los valientes es no temer la muerte, y que él tambien matara
-muchos de los suyos, y que acá quedaban sus parientes que lo vengarán,
-y otras cosas semejantes, y, muerto, córtanle luego el dedo pulgar,
-porque con aquel tiraba las flechas, y lo demas hacen en pedazos para
-lo comer asado ó cocido. Cuando muere alguno de los suyos, pónenles
-sobre las sepulturas platos llenos de viandas, y una red en que ellos
-duermen, muy bien lavada, esto porque creen, dicen, que despues que
-mueren, tornan á comer y descansar sobre su sepultura; échanlos en
-cuevas redondas, y si son principales, hácenlos una choza de palma.
-No tienen cognoscimiento de gloria ni infierno, solamente dicen, que,
-despues de morir, van á descansar á un buen lugar, y en muchas cosas
-guardan la ley natural. Ninguna cosa propia tienen que no sea comun,
-y lo que uno tiene ha de partir con los otros, principalmente si son
-cosas de comer, de las cuales ninguna cosa guardan para otro dia, ni
-curan de atesorar riquezas. A sus hijos ninguna cosa dan en casamiento,
-ántes los yernos quedan obligados á servir á sus suegros; cualquier
-cristiano que entra en sus casas, dánle á comer de lo que tienen y
-una red lavada en que duerma. Son castas las mujeres á sus maridos;
-tienen memoria del diluvio, empero, falsamente, porque dicen, que,
-cubriéndose la tierra de agua, una mujer con su marido subieron en
-un pino, y despues de menguadas las aguas descendieron, y de aquestos
-procedieron todos los hombres y mujeres. Tienen muy pocos vocablos para
-les poder bien declarar nuestra fe, mas con todo, dámossela á entender
-lo mejor que podemos, y algunas cosas los declaramos por rodeos. Están
-muy apegados con las cosas sensuales; muchas veces me preguntan, si
-Dios tiene cabeza, y cuerpo, y mujer, y si come, y de qué se viste, y
-otras cosas semejantes. Dicen ellos, que Sancto Tomás, á quien llaman
-Zome, pasó por aquí; esto les quedó por dicho de sus antepasados, y que
-sus pisadas, están señaladas cabe un rio, las cuales yo fuí á ver por
-más certeza de la verdad, y ví, con los propios ojos, cuatro pisadas
-muy señaladas, con sus dedos, las cuales, algunas veces, cubre el rio
-cuando hinche; dicen tambien, que cuando dejó estas pisadas iba huyendo
-de los indios que le querian flechar, y llegando allí, se le abrió el
-rio y pasara por medio dél, sin se mojar, á la otra parte, y de allí
-fué para la India: asimismo cuentan, que cuando le querian flechar
-los indios, las flechas se volvian para ellos, y los montes le hacian
-camino por do pasase. Otros cuentan esto como por escarnio. Dicen
-tambien, que les prometió que habia de tornar otra vez á verlos, ¡él
-los vea del cielo y sea intercesor por ellos á Dios, para que vengan
-en cognoscimiento suyo y reciban la sancta fe, como esperamos!» Todas
-estas son palabras de la dicha carta de los predicadores portugueses.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXVI.
-
-
-Por esta carta, en el capítulo precedente referida, parecen algunas
-malas costumbres de estas gentes, aunque otras hobo en el mundo más
-depravadas, como arriba en el capítulo 7.º y en otros mostramos
-bien largo; agora digamos el fructo que Dios sacó, por medio de sus
-ministros, de aquellos que crió con ánimas racionales, capaces de su
-bienaventuranza, y por consiguiente, del medio para alcanzalla, que
-es la fe y doctrina cristiana, refiriendo otras cartas ó pedazos de
-cartas; y dice así otra carta: «La gracia y amor de Nuestro Señor
-sea siempre en nuestro contino favor y ayuda, amen. Por algunas
-cartas que el año pasado os escribimos, os dimos larga informacion
-destas partes del Brasil, y de algunas cosas que Nuestro Señor, por
-sus siervos, que, por la santa obediencia, de esas partes han sido
-enviados, ha querido obrar, los cuales, al presente, estan repartidos
-por diversas Capitanías desta costa; ya de las cosas quel Señor, por
-cada uno dellos, obra, sereis por sus cartas sabidores, solamente os
-quiero yo dar cuenta de lo que en la Bahía se ha acontecido despues
-que los postreros navíos se han partido, y tambien desta Capitania
-de Perambuco, adonde habia pocos dias quel padre Nobrega y yo somos
-llegados. Primeramente, sabreis quel padre Nobrega ha llegado á
-esta Bahía de visitar y correr las Capitanías, y luego ordenó quel
-padre Navarro fuese al puerto Seguro, á trasladar las oraciones y
-sermones en la lengua desta tierra, con algunos buenos intérpretes,
-las cuales trasladó bien; y es mucho para dar alabanzas al Señor,
-viéndole predicar, en lo cual á todos nos lleva la ventaja, y en esto
-tenemos todos mucha falta en carecer de la lengua y no saber declarar
-á los indios lo que queremos, por falta de intérpretes. Muchos de los
-gentiles piden el agua del baptismo, mas el padre Nobrega ha ordenado,
-que primero se les hagan los catecismos y exhorcismos, hasta tanto que
-cognoscamos en ellos firmeza y que de todo corazon crean en Cristo,
-y tambien que primero enmienden sus malas costumbres; son tales los
-baptizados que perseveran, que es mucho para dar gracias á Nuestro
-Señor, porque, aunque deshonrados y vituperados de los suyos, no dejen
-de perseverar en nuestra obediencia y crecer en buenas costumbres.
-El pueblo gentil, al principio, nos daba poco crédito, y le parecia
-que les mentiamos y engañábamos, que los padres y tambien los legos,
-ministros de satanás, que al principio á esta tierra vinieron, les
-predicaban y decian por interés de sus abominables rescates; agora que
-comienzan á cognoscer la verdad y ver el continuo amor con que los
-padres los tratan y conversan (los padres llama aquí los predicadores),
-y el trabajo que por la salvacion de sus ánimas resciben, van cayendo
-en la cuenta y quieren ser cristianos con muy mayor voluntad y más
-firme intencion que al principio. Tambien Nuestro Señor ha mostrado
-cosas, y muestra cada dia, por donde se van desengañando á no nos
-tener en la cuenta que ántes tenian; los cristianos que permanecen
-son tan nuestros, que contra sus naturales hermanos pelearan por nos
-defender, y están tan subjetos, que no tienen cuenta con padres ni
-parientes; saben muy bien las oraciones, y tienen mejor cuenta con los
-domingos y fiestas que otros muchos cristianos. En nuestra casa se
-disciplinan todos los viérnes, y algunos de los nuevamente convertidos
-se vienen á disciplinar con grandes deseos. En la procesion de la
-Semana Santa se disciplinaron algunos, así de los nuestros como de los
-nuevos convertidos, y de aquí adelante se comenzarán á confesar con
-el padre Navarro en su lengua, porque hay ya muchos que lo quieren y
-desean. Estos han de ser un fundamento grande para todos los otros se
-convertir; ya empiezan á ir por las aldeas con los padres, predicando
-la fe y desengañando á los suyos de las malas costumbres en que viven.
-Muchas cosas en particular pudiera escribir, que, por mi grande frieza
-y por no pensar haber de ser yo el escriptor, no las escribo, así
-por no las tener en la memoria, como por no las saber estimar por
-falta de caridad. Grande es la envidia que los gentiles tienen á estos
-nuevos convertidos, porque ven cuan favorecidos son del Gobernador y
-de otras principales personas, y si quisiésemos abrir la puerta al
-baptismo, cuasi todos se vernian, lo cual no hacemos si no cognoscemos
-ser aptos para eso, y que vienen con devocion y contricion de las
-malas costumbres en que se han criado, y tambien, porque no tornen
-á retroceder, sino que queden contentos y firmes. Mucho más fructo
-se pudiera hacer si hobiera obreros, así que mucha es la mies que se
-pierde por falta de segadores. Entre otras cosas, os quiero contar una
-de un principal desta tierra, el cual há algunos dias que pedia el agua
-del baptismo, y porque tenia dos mujeres no se la queriamos dar, aunque
-sabiamos que la una dellas no la tenia sino para se servir della; un
-dia con gran priesa y eficacia pidió el baptismo, al cual baptizó el
-padre Navarro, y de ahí á seis ó siete dias enfermó de cámaras, y se
-iba consumiendo hasta que cognosció que habia de morir, y dos noches
-ántes que muriese envió á llamar al padre Navarro para lo acompañar y
-enseñar como habia de morir, y decíale que nombrase muchas veces el
-nombre de Jesus y de Sancta María, Nuestra Señora, y él tambien decia
-con el padre estos santos nombres, hasta perder la habla, y, ántes
-que la perdiese, vistió una ropa que tenia y mandó á los suyos que le
-enterrasen con ella y en sagrado, como era costumbre de los cristianos,
-y dió el espíritu á Dios, estando el padre Navarro diciendo misa por
-él, por lo cual no se pudo hallar presente á su muerte. Dijo una su
-hermana, que se halló presente á su muerte, al padre Navarro, que le
-habia dicho el muerto, ántes que perdiese el habla: «hermana, ¿no
-veis?» y ella respondió que no veia nada, y tornándole á preguntar lo
-mismo, ella respondió de la misma manera, hasta que él, con grande
-alegría, le dijo: «veo, hermana mia, los gusanos holgando en la tierra,
-y en los cielos grandes alegrías y placeres, quédate enhorabuena,
-que me quiero ir»; y así acabó. Enterrámoslo en una iglesia que
-teniamos hecha para los nuevamente convertidos. Este nos ha dado
-entrada en esta tierra, y en su manera de vivir no era fuera de la
-ley natural y de razon; quedó un hermano suyo por principal, el cual
-há por nombre Simon, y el muerto don Juan, con el cual metemos acá en
-vergüenza á los malos cristianos, porque es muy virtuoso y fuera de
-las costumbres de los otros, y tambien su mujer y hijos, los cuales
-nos tiene prometidos para que los enseñemos, y, por falta de casa y
-mantenimientos, no lo podemos hacer.» Dice más abajo: «Ya comienzan
-los hijos de los gentiles á huir de sus padres y venirse á nos, y, por
-más que hacen, no los pueden apartar de la conversacion de los otros
-niños, y vino un niño descalabrado y sin comer un dia todo, huyendo de
-su padre, á nos. Cantan todos una misa cada dia, y ocúpanse en otras
-cosas semejantes. Es tan grande el temor en algunos destas aldeas, y
-reverencia que tienen á los padres, que no osan abiertamente comer
-carne humana; de manera, que están estos gentiles, principalmente
-los de la Bahía, aparejados para se hacer en ellos grande fruto, mas
-estamos acá tan pocos, y tan repartidos, y las necesidades son tantas
-entre los cristianos, á las cuales somos más obligados á acudir, que
-no sé como sufrís, carísimos hermanos, estar tanto tiempo en esa
-casa, estando acá tantas necesidades esperando por vos, etc.» Otras
-muchas y notables cosas dice aquesta carta, que por no alargar mucho,
-no las quiero referir. Otro de aquellos predicadores dice así en
-otra: «En estas partes, despues que acá estamos, carísimos padres y
-hermanos, se ha hecho mucho fruto. Los gentiles, que parece que ponian
-la bienaventuranza en matar sus contrarios y comer carne humana, y
-tener muchas mujeres, se van mucho enmendando, y todo nuestro trabajo
-consiste en los apartar desto, porque todo lo demas es fácil, pues no
-tienen ídolos, aunque hay entre ellos algunos que se hacen santos, y
-les prometen salud y victoria contra sus enemigos. Con cuantos gentiles
-tengo hablado en esta costa, en ninguno hallé repugnancia á lo que le
-decia, todos quieren y desean ser cristianos, pero dejar sus costumbres
-les parece áspero; van, con todo, poco á poco, cayendo en la verdad,
-hácense muchos casamientos entre los gentiles, los cuales, en la Bahía
-están junto á la ciudad y tienen su iglesia cabe una casa á donde nos
-recogemos. Estos determinamos tomar por medio de otros muchos, los
-cuales esperamos, con la ayuda del Señor, hacer cristianos, etc.» Otro
-en otra carta dice: «Fuimos á una aldea de los gentiles y procuramos
-que se ayuntasen todos, y, despues de juntos, les hicimos una plática
-por una lengua, y acabada les enseñamos la doctrina cristiana, y
-queriéndonos dellos despedir, yo les hice primero santiguar, y viendo
-las piedras preciosas que traian en los bezos y en el rostro, les
-dije, como riendo, que les estorbaban á se persignar, lo cual, ellos,
-tomaron de veras, y siendo de mucho precio, las echaron á donde nunca
-más parecieron, lo cual me consoló mucho. El dia del Angel se determinó
-que se baptizasen los que quisiesen, y baptizamos muchos, así hombres
-como mujeres, y cuasi nos faltaban nombres de santos para dar á cada
-uno el suyo. Entre ellos baptizamos un hechicero, asaz viejo, y le
-pusimos por nombre Amaro.» Otro dice, en otra epístola, estas palabras:
-«Despues desto nos fuimos dar con los indios á sus aldeas, que estaban
-cuatro ó cinco leguas de ahí, y, yendo, hallamos haciendo el camino
-por donde habiamos de ir, y quedaron muy tristes porque no lo tenian
-acabado; llegando al aldea, se vino el principal de ahí y me llevó por
-fuerza á su casa, y luego se hinchió la casa de indios, y otros que
-no cabian quedaron fuera, y trabajaron mucho por me ver. Considerad
-vos, hermanos mios en Cristo, lo que mi ánima sentiria, viendo tantas
-ánimas perdidas por falta de quien las socorriese; algunas pláticas
-les hice aparejándolos para el cognoscimiento de la fe, y les dije,
-por la tristeza que mostraban por me yo haber luego de ir, que no
-iba sino á verlos, y que otras muchas veces los visitaria si tuviese
-tiempo, etc.» Estas son las palabras. Otras muchas cosas notables se
-dicen en las susodichas cartas, y en otras que no he querido relatar
-por dar fin á esta relacion y testimonio de los portugueses, tocante
-á la prueba desta verdad, conviene á saber, que estas gentes gentiles
-destas nuestras Indias, son naciones humanas, razonables, dóciles,
-conversables con otros hombres, reducibles á toda ley de razon y
-convertibles á nuestra santa fe católica, si se les propone por el
-modo que la razon natural dicta y enseña que debe ser propuesta y
-persuadida, á los principios, cualquiera cosa nueva, mayormente difícil
-á los hombres racionales, los cuales naturalmente son aptos y nacidos
-para ser atraidos á la virtud por bien, por blandura y mansedumbre, y
-desta propiedad humana y universal ninguna nacion del mundo excluyó
-la divina Providencia, por bárbaros, brutos, y agrestes y corruptos
-en costumbres que sean, con que sean hombres; y esto más copiosa
-é irrefragablemente pareció arriba, por razones, y parecerá en el
-discurso desta historia, por obras y por ejemplos tan patentes y tan
-sin número, que no se pueda más dudar dello, que dudar que todos los
-hombres desciendan de Adan.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXVII.
-
-
-Referido habemos los descubridores ó rescatadores que vinieron el año
-de 1499 y 500 á la tierra firme, despues que supieron que el Almirante
-la habia descubierto (aunque, creyendo que era isla, nombróla isla
-ó tierra de Gracia, como se ha visto arriba), y tambien, como acaso
-descubrieron los portugueses, yendo á la India, un pedazo della,
-que llaman ellos hoy el Brasil, y nosotros el cabo de Sant Agustin,
-el cual, por concierto de los reyes de Castilla y Portugal, cupo, y
-así es hoy, de los portugueses; incidentemente, tambien trujimos lo
-que manifestaron de la condicion y hospitalidad pacífica, y humana
-conversacion, que en los vecinos y moradores de aquella tierra
-hallaron, conformándose con lo que los nuestros castellanos, Vicente
-Yañez y Diego de Lepe, dellos, en la misma materia, dijeron; de allí
-añadimos, infiriendo y probando por ejemplos, que testifican los
-predicadores tambien portugueses, la disposicion é idoneidad para
-recibir nuestra sancta fe que hay en ellos, por el fruto grande que
-Dios siempre saca, por medio de los trabajos de sus predicadores:
-requiere, pues, la órden de los dias y meses del dicho año de 500,
-tornar á tratar y continuar las angustias, y adversidades y caida total
-del Almirante, y que, más amargas y aflictivas, entre todas las que
-toda su vida tuvo, le lastimaron y afligieron. Ya dijimos arriba, en
-el cap. 161, como despues de llegados los cinco navíos á Castilla quel
-Almirante despachó, venido del descubrimiento de Paria, con las nuevas
-del levantamiento de Francisco Roldan, luego, por Mayo, determinaron
-los Reyes de enviar otro Gobernador á esta isla, y quitalle á él la
-gobernacion, y tomaron los Reyes color de que él mismo escribió á Sus
-Altezas, que les suplicaba que enviasen Juez pesquisidor, para que
-hiciese informacion de los delitos é insultos y levantamiento del
-dicho Roldan y de sus secuaces, y tambien juez que tuviese cargo de
-la administracion de la justicia, como se dijo en el cap. 159, y allí
-les suplicaba que tuviesen respecto á sus servicios, y que no se le
-perjudicase á sus preeminencias; donde parece que temia lo que le vino
-y no lo habia él por tanto. Eligieron á un Comendador de la órden de
-Calatrava, que se llamó Francisco de Bobadilla, y diéronle provisiones
-y nombre de Pesquisidor, con que al principio en esta isla entrase, y
-tambien de Gobernador, que, cuando fuese tiempo, publicase y usase.
-Comenzáronse los despachos en Madrid, por Mayo del año de 99, luego
-que llegaron los cinco navíos, como algunas veces se ha dicho, pero
-no lo despacharon hasta el mes de Junio del año siguiente de 1500,
-que vinieron el Rey y la Reina á Sevilla, y de allí á la ciudad de
-Granada, sobre el levantamiento de los moros ó moriscos del Lanjarón,
-ó Sierra Bermeja, donde acaesció, que yendo sobre ellos D. Alonso de
-Aguilar, caballero muy señalado en prudencia y esfuerzo, de quien
-procede la casa de Aguilar y marqués de Pliego, lo mataron, desastre
-que mucho pesar dió á los Reyes y á todo el reino. Por manera, que
-tardó su despacho todo un año, porque debian los Reyes, por ventura,
-ó de esperar algun navío que fuese de acá con nueva de estar Roldan y
-su compañía reducidos, y esta isla sosegada, ó, que como enviasen á
-deponer al Almirante de su estado, quitándole la gobernacion, cosa,
-cierto, muy grande para quien tanto se le debia y les habia merecido,
-y con tan inmensos trabajos, querian muy bien mirallo, y hacíaseles
-de mal efectuallo; pero como llegaron las dos carabelas donde venian
-los procuradores de los alzados y del Almirante, aunque ya quedaba
-Francisco Roldan reducido y asosegado, vistas las quejas que dieron del
-Almirante y los daños pasados, y supieron cosas muchas que los unos
-y los otros relataban, y que convenia remediallas, determinaron, que
-el comendador Bobadilla prosiguiese su viaje; diéronle muy cumplidos
-despachos, y, entre ellos, muchas cartas y cédulas en blanco. Como
-por las cartas postreras del Almirante, que vinieron en los dos dichos
-navíos, supiese la Reina, de gloriosa memoria, que el Almirante habia
-dado á cada uno de los que allí venian un indio por esclavo, y que, si
-no se me ha olvidado, eran 300 hombres, hobo muy gran enojo, diciendo
-estas palabras: «¿qué poder tiene mio el Almirante para dar á nadie
-mis vasallos?» y otras semejantes; mandó luego apregonar en Granada
-y en Sevilla, donde ya estaba la corte, que todos los que hobiesen
-llevado indios á Castilla, que les hobiese dado el Almirante, los
-volviesen luego acá, so pena de muerte, en los primeros navíos, ó los
-enviasen; y mi padre, á quien el Almirante habia dado uno y lo habia
-llevado en el susodicho viaje de los dos navíos ó carabelas, que yo
-en Castilla tuve, y algunos dias anduvo conmigo, tornó á esta isla,
-con el mismo comendador Bobadilla, y lo trajo, y despues yo lo vide
-y traté acá. Yo no sé por qué más estos 300 indios quel Almirante
-habia dado por esclavos, mandó la Reina tornar con tanto enojo y
-rigor grande, y no otros muchos que el Almirante habia enviado, y
-el Adelantado, como arriba puede verse; no hallo otra razon, sino
-que los que hasta entónces se habian llevado, creia la Reina, por
-las informaciones erradas que el Almirante á los Reyes enviaba, que
-eran en buena guerra tomados, pero esta ceguedad del Almirante, y
-suponer la Reina que podia el Almirante hacelles guerra, procedia y
-siempre procedió de la del Consejo, y letrados que en él los Reyes
-tenian, la cual en ellos era intolerable y más que culpable, porque
-no les era lícito ellos ignorar el derecho y justicia destas gentes,
-que consistia en ser pueblos libres que tenian sus reinos y Reyes y
-señores, dominios y jurisdicciones, y que les pertenecian de derecho
-natural y de las gentes, y que no los perdian solamente por carecer
-de fe y no ser cristianos, ni los podian los reyes de Castilla dellos
-privar, solamente por habellos descubierto el Almirante, ni tampoco
-porque la Sede apostólica se los hobiese encomendado para convertillos,
-y que vivian en su paz en sus tierras y casas, sin ofensa de nadie,
-y, por consiguiente, que no debian, por guerra, ó daño, ó injuria,
-que fuera de sí mismos hobiesen otros hecho, algo á alguien. Y si por
-300 indios que dió el Almirante, injustamente, á los españoles que por
-entónces vinieron, por esclavos, la Reina, de buena memoria, tanto
-enojo recibió, y tan grave pena como la de muerte mandó poner, porque
-todos los tornasen, y áun quizá fué aqueste enojo, de indignarse más
-contra el Almirante, harta causa; ¿como sintiera, y como sufriera, y
-qué indignacion recibiera, y qué penas pusiera cuando llegara á su
-noticia que se hacian y se hicieron iniquísimamente, sobre más de seis
-cuentos de ánimas, esclavos? Pero pasemos adelante, porque la historia
-lo referirá, si á Dios place. Tornando al ristre la lanza, enviaron
-los Reyes con el dicho comendador Bobadilla cierta gente á sueldo,
-para que viniese acompañado, no supe el número cuanto; y, como dije,
-hízose á la vela con dos navíos ó carabelas, creo que, mediado ó en
-fin de Junio de 1500 años. Entre tanto andaba el Almirante, con toda
-solicitud, haciendo prender los nuevamente alzados, como arriba dije,
-y el Adelantado por su parte, y, los que podian prender, ahorcando, y
-para ahorcarlos, donde quiera que los hallase, traia un clérigo consigo
-para confesarlos; todo á fin de, teniendo en obediencia los cristianos,
-sojuzgar los indios y constreñilles á que pagasen el tributo á que los
-habia obligado, y el Francisco Roldan hobo por su rebelion quitado.
-Y el fin de los fines del Almirante no era otro, sino dar y enviar á
-los Reyes dinero, por servillos y contentallos, y recompensarles los
-gastos que hacian, para que tambien cerrasen las bocas sus adversarios.
-Y así, dijo él á los Reyes que este año de 500, que habia traido toda
-la gente desta isla Española, porque era, dice él, sin número, por
-virtud divinal, á que estuviese debajo de su real señorío y obediendía,
-en tanto grado, que se iba por toda ella, que es mayor, dice él, que
-toda España, sin temor alguno, un sólo cristiano, y mandaba al mayor
-Cacique que en ella habia, y era obedecido; y dice más, que en este
-año mismo de 500, tenia ordenado de juntar los pueblos de los indios
-en pueblos gruesos, y que se tornasen todos cristianos y sirviesen á
-Sus Altezas como los vasallos de Castilla, en manera que, sin agravio
-suyo, y sin premia desordenada, sino con muy mucha templanza, rentarian
-cada un año 60 cuentos; y que el año de 503, hobiesen los Reyes de
-renta, en oro, 120.000 pesos, y que hace juramento (y esta era su
-manera de jurar, «hago juramento»), que lo tenia esto por tan cierto,
-como tener 10.000 pesos. Más pensaba hacer en este año de 500; enviar
-á edificar una fortaleza en la tierra de Paria, por la pesquería de
-las perlas, de donde pudiese á Sus Altezas enviar cada un año una gran
-cantidad dellas, porque no se podia decir el número y peso y valor que
-tenian, y que cuando las descubrió, sino fuera por los bastimentos que
-se le dañaban, tenia por cierto que enviara una pipa, dellas llena; y
-entónces, á mi parecer, no fuera mucho enviar grande número dellas.
-Todo lo susodicho, y otras muchas cosas, dice el Almirante que habia
-de hacer aqueste año de 500, sino que, cuando urdia, cortóle Dios la
-urdiente de la tela que disponia tejer.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXVIII.
-
-
-Estando el Almirante en estos pensamientos, y en la Vega, ó la
-Concepcion de la Vega, que era la fortaleza, ó en el Guaricano, que
-estaba media legua, el llano abajo, donde habia algunas casas hechas
-en que moraban algunos cristianos, y donde fué primero el asiento de
-la villa que llamaron de la Concepcion, y el Adelantado en Xaraguá
-con Francisco Roldan, prendiendo á los que podian haber de los que
-se conjuraron con D. Hernando para matar á Francisco Roldan, y D.
-Diego, hermano del Almirante y Adelantado, en esta ciudad, ó villa
-que entónces era, de Sancto Domingo, recogiendo los que prendian y
-enviaban acá, y ahorcando, domingo que se contaron 23 de Agosto del
-mismo año de 500, á la hora de las siete ó de las ocho de la mañana,
-asomaron los dos navíos ó carabelas, que se llamaban, la una, la
-_Gorda_, y la otra, el _Antigua_, donde venia el comendador Bobadilla;
-y andando barloventeando de una parte á otra, porque no podian entrar
-en el puerto á aquella hora, porque es el viento terral, ó de la
-tierra, hasta las diez ó las once, que torna de la mar, mandó luego
-D. Diego que fuese una canoa; y en ella tres cristianos: un Cristóbal
-Rodriguez, que tenia por sobrenombre, la Lengua, porque fué el primero
-que supo la lengua de los indios desta isla, y era marinero, el cual
-habia estado ciertos años, de industria, entre los indios, sin hablar
-con cristiano alguno, por la aprender, y los otros se llamaban Juan
-Arraez y Nicolás de Gaeta, y los indios que fueron menester para remar,
-y fuesen á los navíos ó carabelas, que andaban obra de una legua de
-tierra, y supiesen quién venia en ellas, y si venia el hijo mayor del
-Almirante, D. Diego; porque, como arriba dijimos, el Almirante, por
-sus cartas, envió á suplicar á los Reyes que se lo enviasen, porque
-él se hallaba cansado, y para que le ayudase á servirles, pues le
-habia en sus oficios de suceder. Llegaron, pues, en su canoa, los
-tres, y preguntando quién venia en las carabelas, y si venia D. Diego,
-asomóse el comendador Bobadilla, que venia en la carabela _Gorda_, y
-dijo que él venia enviado por los Reyes, por Pesquisidor sobre los que
-andaban alzados en esta isla; el Maestre de la carabela _Gorda_, que
-se llamaba Andrés Martin de la Gorda, preguntóles por nuevas de la
-tierra, respondieron que aquella semana habian ahorcado siete hombres
-españoles, y que en la fortaleza de aquí estaban presos otros cinco
-para los ahorcar, y estos eran D. Hernando de Guevara y Pedro Riquelme,
-y otros tres, que todos eran de los levantados. El comendador Bobadilla
-preguntó á los de la canoa si estaba aquí el Almirante, y sus hermanos;
-dijeron que no, sino sólo D. Diego, y el Almirante habia ido á la Vega
-ó Concepcion, y el Adelantado á la provincia de Xaraguá tras los que
-andaban alzados, para prendellos, y con propósito de, donde quiera
-que hallasen á cada uno, ahorcallo, para lo cual llevaban un clérigo
-que los confesase. Cristóbal de la Lengua preguntó al Pesquisidor,
-como se llamaba y quién diria que era; respondió que tenia por nombre
-Francisco de Bobadilla, y así, se tornó la canoa á dar nuevas á D.
-Diego y á los que las esperaban. Todos los que aquí estaban, ó los
-más dellos, como se suele decir, de los pobres, que siempre desean
-novedades, porque silogizan que no les puede venir cosa nueva que sea
-peor que la pobreza que tienen á cuestas, y siempre se prometen con lo
-nuevo mejoría, estaban muy ávidos y solícitos de que volviese la canoa
-por saber las nuevas, porque pocos eran los que no estaban entónces
-por esta isla descontentos, y muchos, por fuerza más que por voluntad,
-detenidos. Sabido que venia Pesquisidor, los que sabian que cognoscian
-en sí culpas, no les faltó temor y tristeza; los que se tenian por
-agraviados del Almirante y sus hermanos, y todos los involuntarios,
-mayormente los que ganaban sueldo del Rey, porque no se les pagaba,
-y padecian gran necesidad de comida y vestidos y cosas necesarias
-de Castilla, reventábales el alegría, y así andaba toda la gente á
-cada paso haciendo corrillos. Desde á tres ó cuatro horas, que cesó,
-como es ordinaria cosa, el viento terral, y tornó el embate que llama
-virazon ó marero, entraron las carabelas en este rio y puerto, y luego
-parecieron dos horcas, la una desta parte del rio, donde agora está
-edificada esta ciudad, que es de la parte del Occidente, y la otra de
-la otra banda, donde entónces estaba la villa, en las cuales estaban
-dos hombres cristianos ahorcados, frescos de pocos dias; iban y venian
-gentes á los de los navíos, hacian sus comedimientos y reverencia al
-pesquisidor Bobadilla, preguntaban y respondian, pero todos siempre con
-recatamiento, hasta ver qué mundo sucedia. No quiso salir el Comendador
-aquel dia, hasta otro dia, lúnes, 24 de Agosto, que mandó salir toda
-la gente que consigo traia, y con ellos fuese á la iglesia á oir misa,
-donde halló á D. Diego, hermano del Almirante, y á Rodrigo Perez, que
-era Teniente ó Alcalde mayor por el Almirante, y otros muchos desta
-isla; y acabada la misa, salidos á la puerta de la iglesia, estando
-presente D. Diego y Rodrigo Perez, y mucha gente de la isla, y la que
-el Comendador traia, mandó leer el Comendador al Escribano del Rey, que
-consigo trujo, que se llamaba Gomez de Rivera, una Patente firmada de
-los Reyes, y sellada con su real sello, del tenor siguiente:
-
-«D. Hernando y Doña Isabel, por la gracia de Dios, Rey y Reina de
-Castilla y Leon, etc.: A vos, el comendador Francisco Bobadilla, salud
-y gracia: Sepades, que D. Cristóbal Colon, nuestro Almirante del mar
-Océano de las islas y tierra firme de las Indias, nos envió á hacer
-relacion, diciendo, que estando él absente de las dichas islas en
-nuestra corte, diz que, algunas personas de las que estaban en ellas
-y un Alcalde con ellas, se levantaron en las dichas islas contra el
-dicho Almirante y las Justicias que en nuestro nombre tiene puestas en
-ellas, y que no embargante que fueron requeridas las tales personas y
-el dicho Alcalde, que no hiciesen el dicho levantamiento y escándalo,
-diz que, no lo quisieron dejar de hacer, ántes se estuvieron y están
-en la dicha rebelion, y andan por las dichas islas robando y haciendo
-otros males, y daños y fuerzas en deservicio de Dios, Nuestro Señor, y
-nuestro; lo cual, por Nos visto, porque fué y es cosa de mal ejemplo
-y digno de punicion y castigo, y á Nos como Rey y Reina y señores en
-ello pertenece proveer y remediar, mandamos dar esta nuestra Carta
-para vos en la dicha razon, por la cual, vos mandamos que luego vades
-á las dichas islas y tierra firme de las Indias, y hagais vuestra
-informacion, y, por cuantas partes y maneras mejor y más cumplidamente
-lo pudiéredes saber, vos informeis y sepais la verdad de todo lo
-susodicho, quién y cuales personas fueron las que se levantaron contra
-el dicho Almirante y nuestras justicias, y por qué causa y razon, y
-qué robos, y males y daños han hecho, y de todo lo otro que cerca
-desto vos viéredes ser menester saber para ser mejor informado, y, la
-informacion habida y la verdad sabida, á los que por ella halláredes
-culpantes, prendedles los cuerpos y secrestadles los bienes, y así
-presos, procedades contra ellos y contra los absentes, á las mayores
-penas civiles y criminales que halláredes por derecho. Y mandamos
-á las personas, de quien cerca de lo susodicho entendiéredes ser
-informado, que vengan y parezcan ante vos á vuestros llamamientos y
-emplazamientos, y digan sus dichos y deposiciones á los plazos y so
-las penas que vos de nuestra parte les pusiéredes, las cuales Nos, por
-la presente, les ponemos y habemos por puestas; para lo cual, todo
-que dicho es, y para cada una cosa y parte dello, vos damos nuestro
-poder complido por esta nuestra Carta con todas sus incidencias, etc.;
-y si para hacer, y cumplir y ejecutar todo lo susodicho, menester
-hobiéredes favor y ayuda, por esta nuestra Carta mandamos al dicho
-nuestro Almirante y á los Concejos, Justicias, Regidores, Caballeros,
-Escuderos, Oficiales y homes buenos de las dichas islas y tierra firme,
-que vos lo den y hagan dar, y que en ello, ni en parte dello, embargo
-ni contrario alguno vos no pongan, ni consientan poner, y vos ni los
-otros, no fagades ni fagan ende al por alguna manera, so pena de la
-nuestra pena y de la nuestra merced, y de 10.000 maravedís para la
-nuestra Cámara, etc. Dada en la noble villa de Madrid, á 21 dias del
-mes de Marzo año del nascimiento de Nuestro Señor Jesucristo de 1499
-años.—Yo el Rey.—Yo la Reina.—Yo Miguel Perez de Almazán, Secretario
-del Rey y de la Reina, nuestros señores, la hice escribir por su
-mandado.—Registrada.—Gomez Xuarez, Chanciller.»
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXIX.
-
-
-Notificada la dicha Carta patente real, dijo luego el comendador
-Bobadilla, como Pesquisidor, que, pues allí no estaba el Almirante, que
-requeria al dicho D. Diego, su hermano, y al Alcalde y Alcaldes, en
-nombre de los Reyes, que por cuanto habia sabido que en la fortaleza
-de aquella villa de Sancto Domingo estaban presos, para ahorcar, D.
-Hernando de Guevara y Pedro de Riquelme y otros tres, que se los
-diesen y entregasen luego, con los procesos que contra ellos estaban
-hechos, y pareciesen las partes que los acusaban, y por cuyo mandado
-estaban presos, porque Sus Altezas lo enviaban acá á sólo esto para
-los redimir; porque, vistos los dichos procesos y causas de cada
-uno, él, como Pesquisidor, en nombre de Sus Altezas, queria tomar el
-cognoscimiento de las causas y estaba presto de hacer todo cumplimiento
-de justicia. Respondieron D. Diego y Rodrigo Perez, quel Almirante
-tenia de Sus Altezas otras Cartas, y poderes mayores y más fuertes que
-podian mostrar, y que allí no habia Alcalde alguno, y que D. Diego no
-tenia poder del Almirante para hacer cosa alguna, y que pedian que les
-diese traslado de la Carta de Sus Altezas para la enviar al Almirante,
-á quien todo aquello competia. Respondió el Comendador, que pues no
-tenian poder para ninguna cosa, que no era menester darles traslado,
-y que se lo denegaba; y como vido el Comendador que el nombre y uso
-de Pesquisidor parecia que no tenia mucha eficacia, quiso darles á
-entender á todos el nombre y obra de Gobernador, para que cognosciesen
-que ya el Almirante allí no tenia nada en la jurisdiccion, y que sólo
-él habia de tener la gobernacion, y les podia en todo mandar y vedar,
-no solamente á ellos, pero tambien al Almirante, como á su súbdito,
-para lo cual, otro dia, mártes, 25 del mismo mes de Agosto, acabada la
-misa, saliéndose á la puerta de la iglesia, estando presentes D. Diego
-y Rodrigo Perez, y todos los demas, porque en estos dias era grande la
-devocion que todos tenian de oir y ver novedades, y por eso ninguno ó
-pocos faltaban á la misa, sacó el Comendador otra Patente ó provision
-Real, y mandóla leer y notificar en presencia de todos, la cual decia
-así:
-
-«D. Hernando y Doña Isabel, por la gracia de Dios, etc.: A vos, los
-Concejos, Justicias, Regidores, Caballeros y Escuderos, Oficiales y
-homes buenos de todas las islas y tierra firme de las Indias, y á
-cada uno de vos, salud y gracia: Sepades que Nos, entendiendo ser
-así complidero al servicio de Dios y nuestro, y á la ejecucion de
-la nuestra justicia y á la paz y sosiego y buena gobernacion desas
-dichas islas y tierra firme, nuestra merced y voluntad es, que el
-comendador Francisco de Bobadilla tenga, por Nos, la gobernacion y
-oficio del Juzgado desas dichas islas y tierra firme, por todo el
-tiempo que nuestra merced y voluntad fuere, con los oficios de justicia
-y jurisdiccion civil y criminal, Alcaldias y alguacilazgos dellas, por
-que vos mandamos á todos y á cada uno de vos, que luego, vista esta
-nuestra Carta, sin otra alegacion ni tardanza ni jusion, recíbades
-del dicho Comendador el juramento y solemnidad que en tal caso se
-acostumbra hacer, el cual por él hecho, le rescibais por nuestro Juez
-Gobernador desas dichas islas y tierra firme, y lo dejeis y consintais
-libremente usar y ejercer el dicho oficio de Gobernador, y cumplir y
-ejecutar la nuestra justicia en esas dichas islas y tierra firme, y en
-cada una dellas, por sí y por sus Oficiales y Lugares tenientes, que
-es nuestra merced que los dichos oficios de Alcaldias y alguacilazgos,
-y otros oficios á la dicha gobernacion anejos, pueda poner, los cuales
-pueda quitar y remover, cada y cuando viere que al nuestro servicio
-y á la ejecucion de la nuestra justicia cumpla, y poner y subrogar
-otros en su lugar, y oir y librar y determinar, y oigan y libren y
-determinen todos los pleitos y causas, así civiles como criminales,
-que en las dichas islas y tierra firme están pendientes, comenzados y
-movidos, y se movieren y comenzaren de aquí adelante cuando por Nos el
-dicho oficio trujere, y haber y llevar los salarios acostumbrados y
-á los dichos oficios justamente pertenecientes, y se hagan cualquier
-pesquisas en los casos de derecho, permisos y todas las otras cosas
-al dicho oficio pertenecientes, y que entienda él, ó quien su poder
-hobiere, que á nuestro servicio y á la ejecucion de nuestra justicia
-cumpla; y para usar y ejercer el dicho oficio, y cumplir y ejecutar
-la nuestra justicia, todos vos conformedes con él, y, con vuestras
-personas y gentes, le dedes y fagades dar todo el favor y ayuda que vos
-pidiere y menester hobiere, y que en ello, ni en parte dello, embargo
-ni contrario alguno le non pongades ni consintades poner, ca Nos, por
-la presente, le rescibimos y habemos por rescibido al dicho oficio
-y al uso y ejercicio dél, y le damos poder cumplido para lo usar y
-ejercer y cumplir, y ejecutar la nuestra justicia en las dichas islas
-y tierra firme, y en cada una dellas, caso que por vosotros, ó por
-alguno de vos, no sea rescibido. Y, por esta nuestra Carta, mandamos
-á cualesquier persona ó personas que tienen las varas de nuestra
-justicia y de los oficios de Alcaldias y alguacilazgos de todas las
-dichas islas y tierra firme, y de cada una dellas, que luego que por
-el dicho comendador, Francisco de Bobadilla, fueren requeridos, se las
-entreguen y no usen más dellas sin nuestra licencia y especial mandado,
-so las penas en que caen é incurren las personas privadas que usan de
-oficios públicos para que no tienen poder ni facultad, ca Nos por la
-presente los suspendemos y habemos por suspensos. Y otrosi es nuestra
-merced, que si el dicho comendador Francisco de Bobadilla entendiere
-ser cumplidero á nuestro oficio y á la ejecucion de nuestra justicia,
-que cualesquier caballeros y otras personas de los que agora están y
-de aquí adelante en las dichas islas y tierra firme, salgan dellas
-y que no entren ni estén en ellas, y que se vengan y presenten ante
-Nos, que lo él pueda mandar de nuestra parte y los haga dellas salir;
-á los cuales, y á quien lo él mandáre, Nos por la presente mandamos,
-que luego, sin sobre ello nos requerir ni consultar, ni esperar
-otra nuestra Carta ni mandamiento, y sin interponer dello apelacion
-ni suplicacion, lo pongan en obra, segun que lo él dijere y mandáre,
-so las penas que les pusiere de nuestra parte, las cuales, Nos, por
-la presente, les ponemos y habemos por puestas, y le damos poder y
-facultad para las ejecutar en los que remisos é inobedientes fueren, y
-en sus bienes. Para lo cual todo, que dicho es, y para cada una cosa
-y parte dello, y para usar y ejercer el dicho oficio, y cumplir y
-ejecutar la nuestra justicia en esas dichas islas y tierra firme, y en
-cada una dellas, le damos, por esta nuestra Carta, poder cumplido, con
-todas sus incidencias y dependencias, anexidades y conexidades, etc.
-Dada en la noble villa de Madrid, á 21 dias del mes de Mayo, año del
-nascimiento de Nuestro Señor Jesucristo de 1499 años.—Yo el Rey.—Yo
-la Reina.—Yo Miguel Perez de Almazán, Secretario, etc.»
-
-Despues de leida la susopuesta Carta, juró en forma de derecho, y
-hizo la solemnidad que se requeria, el Comendador, como los Reyes lo
-mandaban; y luego requirió al don Diego y á Rodrigo Perez, teniente
-del Almirante, y á la otra gente que allí estaba, que la obedeciesen y
-cumpliesen, y que, en cumplimiento della, el dicho D. Diego y Rodrigo
-Perez le diesen y entregasen los presos que tenian para ahorcar, en la
-fortaleza, con los procesos que contra ellos habia. Respondieron D.
-Diego y Rodrigo Perez, que la obedecian como á Carta de sus Reyes y
-señores, y, cuanto al cumplimiento, que decian lo que dicho tenian á
-la primera, que ellos no tenian poder del Almirante para cosa ninguna,
-y que otras Cartas y poderes tenia el Almirante más firmes y fuertes
-que aquella. Y porque parecia que la gente ponia duda en todas las
-provisiones y requerimientos dichos, para provocalla y atraella más á
-sí, y quitalle el temor que sospechaba que tenian del Almirante y de
-sus hermanos, y porque lo que más ansiaban, por entónces, era que se
-les pagase lo que se les debia del sueldo, y pagárselo era para ellos
-alegrísima nueva, y que les podia mover á negar al Almirante, aunque
-mucho le quisiesen, mandó leer en presencia de todos las Provision y
-Cédula que se siguen:
-
-«D. Fernando y Doña Isabel, por la gracia de Dios, etc.: A vos, D.
-Cristobal Colon, nuestro Almirante del mar Océano, de todas las
-islas y tierra firme de las Indias, y á vos, los hermanos del dicho
-Almirante, que estais en ellas, y á otras cualesquier personas en cuyo
-poder están las fortalezas, y casas, y navíos, y armas, y pertrechos,
-y mantenimientos, y caballos, y ganados, y otras cualesquier cosas
-nuestras, que Nos tenemos en las dichas islas y tierra firme, y á
-cada uno de vos, salud y gracia: Sepades que Nos enviamos por nuestro
-Gobernador desas islas y tierra firme, al comendador Francisco de
-Bobadilla, y es nuestra merced y voluntad, que el tiempo que él tuviere
-por Nos el dicho oficio, tenga por Nos y en nuestro nombre las dichas
-fortalezas, y casas y navíos, y las otras cosas susodichas, por que vos
-mandamos á todos y á cada uno de vos, que luego que con esta nuestra
-Carta fuéredes requeridos, que, sin otra excusa ni dilacion alguna,
-dedes y entreguedes y fagades dar y entregar las dichas fortalezas, y
-casas, y navíos, y armas, y pertrechos, y mantenimientos, y caballos,
-y ganados, y otras cualesquier cosas nuestras que Nos tenemos en
-las dichas islas y están en vuestro poder, al dicho Comendador ó á
-las personas ó persona que su poder tuvieren para las rescibir, y
-lo apodereis en lo alto y bajo, y fuerte de las dichas fortalezas,
-y casas, y navíos, y en todo lo otro susodicho, á toda su voluntad;
-lo cual, todo, mandamos al dicho Comendador que tome y resciba por
-inventario, y ante Escribano público, y no acuda con ello ni con cosa
-alguna, ni parte dello á persona alguna sin nuestra licencia especial:
-lo cual todo vos mandamos que hagades y cumplades, no embargante que
-en la dicha entrega de las dichas fortalezas no intervenga portero
-cognoscido de nuestra Casa, ni las otras solemnidades ni cosas que
-en tal caso se requieren. Y haciéndolo y cumpliéndolo así, Nos, por
-la presente, vos alzamos cualquier pleito homenaje, y seguridad, y
-solemnidad que á Nos ó á otra cualquier persona tengais fecho, y
-vos damos por libres y quitos de todo ello, á vosotros y á vuestros
-descendientes, y á vuestros bienes, y á los suyos, para agora y para
-siempre jamás; lo cual, todo, vos mandamos que fagades, so pena de caer
-en mal caso, y en las otras penas y casos en que caen y incurren los
-que no entregan fortalezas y otras casas, siéndoles demandadas por su
-Rey y Reina, y señores naturales, y los unos y los otros no fagades ni
-fagan ende al, por alguna manera, so pena de la nuestra merced, y de
-10.000 maravedís para la nuestra Cámara, etc. Dada en la noble villa
-de Madrid, á 21 dias del mes de Mayo, año del nascimiento de Nuestro
-Salvador, Jesucristo, de 1499 años.—Yo el Rey.—Yo la Reina, etc.»
-
-«Comendador Francisco de Bobadilla: Por que de la gente que ha estado
-y está en las islas y tierra firme de las Indias, á donde vais por
-nuestro mandado, ha estado y está alguna á nuestro sueldo, y la otra
-está á cargo de pagar del Almirante, segun lo que con él se asentó por
-nuestro mandado, y nuestra merced es que la que fuere á nuestro cargo,
-hasta agora, y la que agora llevais á nuestro sueldo, se pague de lo
-que se ha cogido y cobrado, y se cogiere y cobrare en las dichas islas
-de aquí adelante, y pertenece y perteneciere á Nos; vos mandamos que
-averigüeis la gente que ha estado á nuestro sueldo hasta aquí, y lo que
-le fuere debido de su sueldo, y, así averiguado, lo pagueis, con la
-gente que agora llevais, de lo que se ha cogido para Nos en las dichas
-islas, y cogiéredes y cobráredes de aquí adelante; y la que halláredes
-que es á cargo de pagar del dicho Almirante la pague él, por manera
-que la dicha gente cobre lo que le fuere debido, y no tenga razon de
-quejarse, para lo cual, si necesario es, vos damos poder cumplido por
-esta nuestra Cédula, y no fagades ende al. De Sevilla, á 30 dias de
-Mayo, de 500 años.—Yo el Rey.—Yo la Reina, etc.»
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXX.
-
-
-Leidas esta Carta y Cédula reales, mucho gozo rescibieron los que
-llevaban sueldo del Rey, porque esperaban ser pagados, y se ofrecieron
-á todo lo que el Comendador mandase de parte de Sus Altezas, porque
-no pudiera por entónces venirles otra mejor nueva. Tornó de nuevo una
-y más veces el Comendador á requerir á D. Diego y á Rodrigo Perez,
-teniente del Almirante, y á otros Alcaldes, si alguno más habia,
-que le diesen los presos y los procesos, y que él queria determinar
-su justicia como los Reyes le mandaban, donde no que protestaba de
-sacallos por fuerza; á todo y todas las veces respondia D. Diego y
-Rodrigo Perez, que obedecian las provisiones y Cédula de Sus Altezas,
-pero que, cuanto al cumplimiento, no tenian poder para los dar,
-por estar presos por el Almirante, y que el Almirante tenia otras
-mejores y más firmes Cartas y poderes que él traia, etc. De aquí
-fué á la fortaleza, y mandó que las provisiones se notificasen al
-Alcaide, que era Miguel Diaz, el cual se paró entre las almenas, y
-oida, y recognoscidas las firmas y sello de los Reyes, desde arriba,
-y requerido que diese los presos y la fortaleza, como los Reyes lo
-mandaban, respondió que le diesen traslado dellas: dijo el Comendador,
-que no era tiempo, ni sufria dilacion para dalle traslado, porque
-aquellos presos estaban en peligro de ser ahorcados, porque, segun
-habia sabido, el Almirante habia mandado que los ahorcasen, por tanto
-que luego los diese y entregase, sino que él haria lo que debia hacer
-hasta sacallos, por lo cual le protestaba que, si daños ó muertes
-se siguiesen, fuese á su culpa, etc. Responde el Alcaide, que pedia
-plazo y traslado para responder á dicha Carta, por cuanto él tenia la
-dicha fortaleza por el Rey, por mandado del Almirante, su señor, el
-cual habia ganado estas tierras y isla, y que viniendo él, él haria
-todo lo que le mandase. Despues que vido que no tenia remedio que le
-diesen los presos por los requerimientos y protestaciones y diligencias
-hechas, juntó toda la gente que de Castilla traia á sueldo del Rey, é
-los marineros de las carabelas, y requirióles y mandóles, y á todas
-las otras personas que en la villa estaban, que fuesen con él con sus
-armas, y le diesen todo el favor y ayuda, y guardasen su persona, para
-entrar la fortaleza sin hacer daño en ella ni en persona alguna, si
-no le fuese defendida la entrada. Luego, toda la gente, dijeron que
-allí estaban prestos y aparejados para hacer todo lo que de parte de
-los Reyes les mandase, con toda buena voluntad; y así, aquel mártes,
-á hora de vísperas, fué con toda la gente á la fortaleza, y mandó
-y requirió al Alcaide que le abriese las puertas. Paróse entre las
-almenas el Alcaide, y con él, Diego de Alvarado, con las espadas
-sacadas, y dijo el Alcaide que respondia lo que tenia dicho y en
-ello se retificaba; y como la fortaleza no tenia tanta costilla como
-Salsas, por ser hecha contra gente desnuda y sin armas, desventurada,
-llegó el Comendador y la gente, y, con el gran ímpetu que dieron á la
-puerta principal, quebraron luego el cerrojo y cerradura que tenia por
-de dentro; puestas escalas tambien por otras partes para entrar por
-las ventanas, pero no fueron necesarias porque la puerta dió libre,
-luego, la entrada. El Alcaide y Diego de Alvarado, que estaban dentro,
-y que se mostraron á las almenas con las espadas sacadas, ninguna
-resistencia hicieron. El Comendador, luego entrando, preguntó á dónde
-los presos estaban, y hallólos en una cámara, con sus grillos á los
-piés; subióse á lo alto de la fortaleza, é hízolos subir allá, donde
-les hizo algunas preguntas; despues los entregó con los grillos al
-alguacil, Juan de Espinosa, mandándole que los tuviese á buen recaudo.
-Cuando el Almirante supo la venida de Bobadilla, y lo que comenzó hacer
-en Sancto Domingo y las provisiones que mostraba, y haber tomado la
-fortaleza y lo demas, porque luego le avisaba de todo su hermano D.
-Diego, no podia creer que los Reyes tales cosas hobiesen proveido, por
-las cuales, así totalmente lo quisieron deshacer sin haber de nuevo
-en cosa ofendido, ántes obligádolos con nuevos trabajos y servicios
-con el descubrimiento de la tierra firme, y perlas de Paria, y otras
-islas, y sospechó no fuese algun fingimiento del Bobadilla, como fué
-el de Hojeda, que, para revolver la gente contra el Almirante, fingia
-que traia poderes de los Reyes para gobernar con él y constreñille á
-que pagase los sueldos á los que lo ganaban del Rey, como arriba en el
-cap. 169 pareció. Y, ciertamente, cosa fué aquesta de gran turbacion
-y sobresalto y amargura para el Almirante, y fuera para cualquiera
-otra persona, por prudente que fuera, que habiendo servido de nuevo
-tanto, y no delinquido hasta entónces de nuevo más de lo que Juan
-Aguado habia á los Reyes notificado, el cual llevó cuanto llevar
-pudo, de quejas y de los agravios que hasta entónces decian que habia
-hecho á los cristianos, horribilísima y dolorosísima cosa era verse
-así, sin ser oido ni vencido, de todo su estado, absolutamente, por
-los Reyes tan católicos, á quien tanto tenia obligados, desposeido y
-despojado; pero como arriba en algunos capítulos se ha dicho, hacello
-los Reyes no fué en su mano, ántes para bien del mismo Almirante,
-divinal y misericordiosamente ordenado. Y por la sospecha que hobo, de
-no fuese, por ventura, otra invencion como la de Hojeda, dijeron que
-habia mandado apercibir á los Caciques y señores indios, que tuviesen
-apercibida gente de guerra para cuando él los llamase; porque de los
-cristianos, cuanto á la mayor parte, poco confiaba, como anduviese
-tras muchos á caza que andaban levantados, y cada dia temia que se le
-habian de levantar más, siendo tambien tan fresco el levantamiento de
-Francisco Roldan que tanto habia durado. Finalmente acordó de acercarse
-á Sancto Domingo, para lo cual se vino al Bonao, 10 leguas más cerca
-de la Vega donde estaba, donde estaban algunos cristianos como
-avecindados, que tenian por allí labranzas que tomaban á los indios, y
-otras que les forzaban á hacérselas aunque les pesase, y comenzaba ya á
-llamarse la villa del Bonao. El comendador Bobadilla, que ya era y lo
-llamaban á boca llena, Gobernador, despachó un Alcalde con vara, con
-sus poderes y los traslados de las provisiones, la tierra adentro, para
-que las notificase al Almirante y á los que por allá hallase, el cual
-lo tomó ya venido al Bonao: no le escribió carta ninguna notificándole
-su venida. El Almirante le escribió diciéndole que fuese bien venido,
-y nunca hobo respuesta dél, lo cual fué grande descomedimiento y señal
-de traer contra el Almirante propósito muy malo; y lo peor que es, que
-escribió á Francisco Roldan, que estaba en Xaraguá, y á otros quizá
-de los alzados, de lo que mucho el Almirante se quejaba. Notificadas
-las provisiones reales, dijeron que respondió el Almirante, que él era
-Visorey y Gobernador general, y que las provisiones y poderes que el
-Comendador traia no eran sino para lo que tocaba á la administracion de
-la justicia, y por tanto requirió al mismo Alcalde que el Comendador
-enviaba, y á la otra gente del Bonao, que se juntasen con él y á él
-obedeciesen en lo universal, y al Comendador en lo que le perteneciese
-como á Juez y administrador de justicia, y que todo lo que respondió
-fué por escrito. Desde á pocos dias llegaron, un religioso de San
-Francisco, que se llamaba fray Juan de Trasierra, y Juan Velazquez,
-Tesorero de los Reyes, con quien el Comendador le envió una carta de
-los Reyes que decia lo siguiente:
-
-«D. Cristóbal Colon, nuestro Almirante del mar Océano: Nos habemos
-mandado al comendador Francisco de Bobadilla, llevador de esta, que vos
-hable de nuestra parte algunas cosas que él dirá; rogamos os que le
-deis fe y creencia, y aquello pongais en obra. De Madrid á 26 de Mayo
-de 99 años.—Yo el Rey.—Yo la Reina.—Y por su mandado, Miguel Perez
-de Almazán.»
-
-Rescibida esta carta y platicadas muchas cosas entre él y el religioso
-y el Tesorero, que fueron los mensajeros, determinó de venirse con
-ellos á Sancto Domingo; entretanto, el Comendador hizo gran pesquisa
-y examinacion de testigos, sobre la hacienda que era del Rey, y quién
-la tenia en cargo, y lo que era del Almirante, al cual tomó las arcas
-y toda la hacienda que tenia de oro, y plata, y joyas, y aderezos
-de su casa, y áun se aposentó en su misma casa y se apoderó en ella
-y en todo lo que del Almirante era. Tomóle ciertas piedras doradas,
-que eran como madres de oro, que por tiempo se convirtieran en oro,
-todas, como hemos visto muchas dellas que, partiéndose por medio, está
-el oro entreverado, en unas partes más oro que piedra, y en otras
-más piedra que oro, por manera que á la clara parece que toda la tal
-piedra se va convirtiendo en oro; tomóle tambien las yeguas y caballos
-y todo lo que más halló ser suyo, con todos los libros y escrituras
-públicas y secretas que tenia en sus arcas, lo que más dolor le dió
-que todo, y nunca le quiso dar una ni ninguna. Esto dijo que tomaba
-para pagar el sueldo á los que se les debia, que pagarlo era á cargo
-del Almirante, por las cláusulas que venian en los poderes que arriba
-quedan recitados. En estos dias, toda la gente española que habia
-en la Vega y en el Bonao, y en otras partes comarcanas, cuanto más
-podia, se descolgaba hácia Sancto Domingo á ver al Gobernador nuevo
-y gozar de las novedades. Para atraer á toda la gente á sí, mandó
-apregonar franqueza del oro, conviene á saber, que todos los que
-quisiesen ir á cogerlo no pagasen al Rey más de la undécima parte por
-veinte años, pero caro le costó, como en el siguiente libro se verá;
-la misma franqueza concedió de los diezmos que entónces se pagaban al
-Rey. Item, apregonó que venia á pagar los sueldos que se les debia
-por el Rey, y constreñir que pagase el Almirante los que eran á su
-cargo; con estas nuevas negaban y renegaban de sus padres. Vido buen
-aparejo el Comendador, como todos los más estuviesen descontentos y
-muy indignados del Almirante y de sus hermanos, y lo viesen ya caido
-de la Gobernacion y de su estado, y fuesen al Gobernador con quejas y
-acusaciones, y representasen sus agravios; hizo de su oficio pesquisa
-secreta contra él y ellos, para la cual halló á todos voluntarios y
-bien aparejados. Y porque, como dice Boecio, lo primero que desmampara
-á los infelices es la buena estimacion, y sucede el menosprecio y
-corrimiento y disfavores, comenzando á tomar testigos, las piedras
-se levantaban contra sus hermanos y él: _Quo fit ut existimatio
-bona prima omnium deserat infelices. Qui nunc populi rumores, quam
-dissonæ, multiplicesque sententiæ, piget reminisci. Hoc tantum
-dixerim, ultimam esse adversæ fortunæ sarcinam, quod dum miseris
-aliquod crímen affingitur, quæ perferunt, meruisse creduntur._ Boecio,
-cuarta prosa del libro I; la cual sentencia hace harto al propósito
-de la infelicidad y desdicha del Almirante, que, desque se comenzó la
-pesquisa, no sólo secretamente pero pública, era acusado y vituperado,
-y se decian y clamaban sus defectos, afirmando que de todo mal y pena
-era dignísimo. Acusáronlo de malos y crueles tratamientos que habia
-hecho á los cristianos en la Isabela, cuando allí pobló, haciendo por
-fuerza trabajar los hombres sin dalles de comer, enfermos y flacos, en
-hacer la fortaleza y casa suya, y molinos, y aceña, y otros edificios,
-y en la fortaleza de la Vega, que fué la de la Concepcion, y en
-otras partes, por lo cual murió mucha gente de hambre, y flaqueza,
-y enfermedades, de no darles los bastimentos segun las necesidades
-que cada uno padecia; que mandaba azotar y afrentar muchos hombres
-por cosas livianísimas, como porque hurtaban un celemin de trigo,
-muriendo de hambre, ó porque iban á buscar de comer. Item, porque se
-iban algunos á buscar de comer, á donde andaban algunas Capitanías
-de cristianos, habiéndole pedido licencia para ello, y él negándola,
-y no pudiendo sufrir la hambre, que los mandaba ahorcar; que fueron
-muchos los que ahorcó por ésto, y por otras causas, injustamente. Que
-no consentia que se baptizasen los indios que querian los clérigos
-y frailes baptizar, porque queria más esclavos que cristianos; pero
-esto podia impedir justamente, si los querian baptizar sin doctrina,
-porque era gran sacrilegio dar el baptismo á quien no sabia lo que
-rescibia. Acusáronle que hacia guerra á los indios, ó que era causa
-della injustamente, y que hacia muchos esclavos para enviar á Castilla.
-Item, acusáronle que no queria dar licencia para sacar oro, por
-encobrir las riquezas desta isla y de las Indias, por alzarse con ellas
-con favor de algun otro Rey cristiano. La falsedad desta acusacion
-está bien clara, por muchas razones arriba dichas, y algunas veces
-referidas, donde parece que ántes moria y trabajaba por enviar á los
-Reyes nuevas de minas ricas, y por envialles oro para suplir los gastos
-que hacian; y esto tenia por principal interés y provecho suyo, porque
-via que todos los que lo desfavorecian para con los Reyes no alegaban
-otra causa sino que gastaban y que no recibian utilidad ninguna, y
-así, estaba infamada y caida toda la estimacion deste negocio de las
-Indias, de donde todo el mal y daño suyo procedia: y así, no parece
-tener color de verdad este delito que le imputaban. Acusáronle más, que
-habia mandado juntar muchos indios armados para resistir al Comendador
-y hacelle tornar á Castilla, y otras muchas culpas é injusticias y
-crueldades en los españoles cometidas, pero en la honestidad de su
-persona ninguno tocó, ni cosa contra ella dijo, porque ninguna cosa
-dello que decir habia; pero poca cuenta tenian los que le acusaban de
-hacer mencion de las que habian ellos cometido, y él en mandallo, en
-las guerras injustas y malos y asperísimos tratamientos en los tristes
-indios. Y esta fué insensibilidad y bestialidad general de todos los
-jueces que han venido y tenido cargo de tomar cuenta y residencia á
-otros jueces en estas Indias, que nunca ponian por cargos (sino de muy
-pocos años atras, hasta que fueron personas religiosas que clamaron
-en Castilla), muertes, ni opresiones, ni crueldades cometidas en
-los indios, sino los agravios de nonadas que unos españoles á otros
-se hacian, y otras cosas, que, por graves y gravísimas que fuesen,
-eran aire y accidentes livianísimos, comparadas á las más chicas que
-padecian los indios, las cuales, como sustanciales, asolaban como han
-asolado, todas estas Indias. Muchas destas y otras, tambien acusaron á
-sus hermanos; yo vide el proceso ó pesquisa y della muchos testigos,
-y los cognoscí muchos años, que dijeron las cosas susodichas. Dios
-sabe las que eran verdad, y con qué razon é intencion se tomaban y
-deponian, puesto que yo no dudo sino que el Almirante y sus hermanos
-no usaron de la modestia y discrecion, en el gobernar los españoles,
-que debieran, y que muchos defectos tuvieron, y rigores y escaseza en
-repartir los bastimentos á la gente, pues no los daban los Reyes sino
-para mantenimientos de todos, y que se distribuyeran segun el menester
-y necesidad de cada uno, por lo cual todo cobraron contra ellos, la
-gente española, tanta enemistad; pero como el Almirante y ellos, tan
-perniciosamente, cerca de la entrada en estas tierras y tratamientos
-destas gentes, cuyas eran, y que ni pudieron, ni supieron, ni tuvieron
-á quien se quejar, erraron, no podia ser ménos, por justo juicio
-divino, sino que tambien cerca de la gobernacion y tratamiento de los
-españoles errasen, para que, sabiendo y pudiendo y teniendo á quien
-quejarse, hobiese ocasion para cortar el hilo que el Almirante llevaba
-de disminuirlas, y con quitárselas de las manos con tanta pérdida,
-desconsuelo y deshonor suyo, por las culpas ya cometidas, se castigase,
-y porque, al fin, otros las habian de consumir, permitiéndolo así
-la divinísima justicia, por los secretos juicios que Dios se sabe,
-ménos parece ser ordenado divinalmente para utilidad dellas, que del
-Almirante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXXI.
-
-
-El Comendador, sabiendo que el Almirante venia para Sancto Domingo,
-mandó prender á su hermano D. Diego, y, con unos grillos, échalo en una
-carabela de las que él habia traido, sin decille por qué ni para qué,
-ni dalle cargo ni esperar ni oir descargo; llegó el Almirante y vále á
-ver, y el rescibimiento que le hizo fué mandalle poner unos grillos,
-y metelle en la fortaleza, donde ni él lo vido ni le habló más, ni
-consintió que hombre jamás le hablase. Cosa pareció esta absurdísima,
-descomedida, y detestable juntamente, y miseranda y miserable, que
-una persona en tanta dignidad subida, como era Visorey y Gobernador
-perpétuo de todo este orbe, y por muy remerecido renombre Almirante del
-mar Océano, y que, con tantos trabajos, peligros y sudores, aquellos
-títulos, por singular privilegio de Dios escogido, habia ganado, y
-con mostrar al mundo este mundo, tantos siglos encubierto al mundo,
-porque así lo diga y peculiarmente á los Reyes y reinos de Castilla,
-con vínculo antidotal y por natural razon establecido, á perpétuo
-agradecimiento habia obligado, que tan inhumana y descomedidamente,
-y con tanto deshonor haya sido tratado, cosa, por cierto, indigna
-de razon recta fué, y más que monstruosa. Tenia el Adelantado ya en
-Xaraguá y Francisco Roldan, presos, de los que de nuevo se alzaban,
-pienso que oí por aquellos tiempos decir que eran 16, metidos en
-un hoyo ó pozo, para los ahorcar. Envió el Comendador á decir al
-Almirante que escribiese al Adelantado que no tocase en ellos por
-manera del mundo, y lo enviase á llamar, y así lo hizo, mandándole
-que viniese con toda paz y obediencia á los mandamientos Reales, y no
-curase de su prision, que á Castilla irian, y los Reyes remediarian
-sus agravios. Llegado el Adelantado á Sancto Domingo, halló en
-el Comendador el hospedaje que habia dado al Almirante. Preso el
-Almirante con sus dos hermanos, y en las carabelas aherrojados, los
-que más mal les querian tuvieron aparejo para cumplidamente dellos
-vengarse, porque no les bastó gozarse de vellos con tanto deshonor
-y abatimiento angustiados, pero áun por escrito y por palabras, con
-larga licencia, de dia y de noche no cesaban, poniendo líbelos famosos
-por los cantones y leyéndolos públicamente, de maldecir y escarnecer
-dellos, y blasfemallos, y lo que más duro les pudo ser, que algunos
-de los que esto tan temeraria é impiamente hacian, habian comido su
-pan y llevado su sueldo, y eran sus criados; y, lo que no sin gran
-lástima y dolor se puede ni conviene decir, cuando querian echar los
-grillos al Almirante, no se hallaba presente quien por su reverencia
-y de compasion se los echase, sino fué un cocinero suyo descognoscido
-y desvergonzado, el cual, con tan deslavada frente se los echó, como
-si le sirviera con algunos platos de nuevos y preciosos manjares. Este
-yo le cogsnoscí muy bien, y llamábase Espinosa, sino me he olvidado.
-Estos grillos guardó mucho el Almirante, y mandó que con sus huesos
-se enterrasen, en testimonio de lo quel mundo suele dar, á los que en
-él viven, por pago. Ciertamente, cosa es esta digna de con morosidad
-ser considerada, para que los hombres, ni confien de sus servicios y
-hazañas, ni esperen estar seguros, porque mucho tengan los Príncipes
-ó Reyes por ellas obligados, porque al cabo son hombres y mudables,
-y tanto más mudables, cuanto su ánimo real de muchos es golpeado, y
-pocas veces complidamente á los verdaderos servicios, con mercedes
-condignas satisfacen, y muchas con disfavores y amortiguada y obliviosa
-gratitud las que han hecho deshacen. Por esta causa, el profeta
-David clamaba: _Nolite confidere in principibus in filiis hominum in
-quibus non est salus_. Sólo Dios es el que hace las mercedes y no las
-impropera ni las deshace, como dice San Pablo, cuando verdaderamente
-dél no nos desviamos, y el que no engaña ni puede ser engañado, aunque
-tenga muchos privados. Y puesto que los católicos Reyes fuesen mucho
-agradecidos á los servicios del Almirante, y les pesase, como abajo
-se declarará, de su prision y el mal tratamiento que el Comendador
-hizo á él y á sus hermanos, empero, en la verdad, fueron tan largos
-y exorbitantes los poderes que le dieron, y pusieron en él tanta
-confianza, que, si más de lo que hizo contra el Almirante y sus
-hermanos hiciera, y peor de lo que los tractó los tractara, para todo
-parece, por los mismos poderes, que tuvo poder y mando. Parece que
-los católicos Reyes debieran exceptuar que no tocara en la persona
-del Almirante, pero creo que, como cosa que de sí era manifiesta no
-incluirse en los dichos poderes, segun buen juicio, y áun segun reglas
-del derecho, de hacer tal excepcion no curaron. En fin, poco ménos
-calamitoso fué el fruto y galardon que reportó el Almirante de sus tan
-grandes trabajos, y de haber mostrado este orbe nuevo al mundo, que
-hobo aquel fortísimo é industriosísimo Belisario, gran Capitan del
-emperador Justiniano, el cual, despues de vencidos los persas en el
-Oriente y los vándalos en Africa, y traidos en triunfo, y los godos en
-Italia, y otra vez los mismos vándalos postrados y echados de Africa,
-y á Totila, rey de los godos, dos veces resistido, y Roma, otra vez
-que estuvo cercada un año, de los mismos godos, la descercó y envió
-las llaves al Emperador, y dejando de ser Rey de los godos, porque lo
-elegian por Rey y le ofrecian todo servicio y favor para que tomase el
-reino de Italia, y hecho en servicio y defensa y aumento del Imperio
-romano muchas otras hazañas, al cabo rescibió el galardon que suelen
-haber muchas veces los varones meritísimos, que por el bien universal
-se aventuran, y trabajan por las repúblicas; este fué, que como fuese
-de los que no le amaban, envidiado, y levantádole que queria alzarse
-con el ejército y quitar la obediencia á Justiniano, y señorearse de
-Italia, no bastando que por esta sospecha que el Emperador tuvo, le
-envió á llamar, él fué luego con muchos despojos y con Vittige, rey
-dellos, y otros muchos presos de los godos principales, y quitada la
-sospecha que tuvo el Emperador, del todo, por entónces, finalmente, ó
-porque se lo tornó á renovar, ó por odio que le tuvo, no se recordando
-de sus generosos y dignos servicios, le mandó sacar los ojos y privar
-de cuanto tenia, de donde vino á tal estado, que hobo de mendigar por
-la extrema necesidad. Esto postrero, dice Volaterano en los comentarios
-de su _Anthropología_, libro XXIII; lo demas, Procopio en los libros de
-la «Guerra de los godos,» y en los de la «Guerra de Persia,» y en los
-de la «Guerra contra los vándalos en África,» larguísimamente lo trata,
-y otros muchos, despues de él, historiadores. Al Almirante, pues, no
-le mandaron sacar los ojos, ni creo que su prision, pero ya que aquel
-Comendador le prendió, y con tanto deshonor en hierros le envió,
-privado de todo su estado y honra, y de toda su hacienda, hermanos,
-amigos y criados, como hiciera á Francisco Roldan ó á otro de los
-más bajos hombres y delincuentes que con él habian estado rebelados,
-nunca, miéntras vivió, los Reyes sus pérdidas y deshonra ni estado
-recompensaron, ántes, habiendo añadido otros admirables acerbísimos
-y muchos trabajos y peligros, en nuevos descubrimientos que despues
-hizo por servilles, al fin, en gran necesidad, disfavor y pobreza,
-como en el siguiente libro se dirá, murió; y lo que más amargo y más
-doloroso que sacarle los ojos sintió, y con razon, fué el sobresalto
-y angustia, que, cuando de la fortaleza le sacaron para llevarle al
-navío, creyendo que le sacaban á degollar, rescibió. Y así, llegando
-Alonso de Vallejo, un hidalgo, persona honrada, de quien luego más se
-dirá, á sacalle y llevalle al navío, preguntóle, con rostro doloroso
-y profunda tristeza, que mostraba bien la vehemencia de su temor:
-«Vallejo ¿dónde me lleváis?» respondió Vallejo: «señor, al navío vá
-vuestra señoría á se embarcar;» repitió, dudando el Almirante: «Vallejo
-¿es verdad?» responde Vallejo: «por vida de vuestra señoría, que es
-verdad que se vá á embarcar.» Con la cual palabra se conhortó, y cuasi
-de muerte á vida resucitó. ¿Qué mayor dolor pudo nadie sentir? ¿Qué más
-vehemente turbacion le pudo cosa causar? Creo que tuviera entónces por
-pena liviana que los ojos le sacaran como á Belisario, si de la muerte
-Vallejo le asegurara. Tan súpitamente derriballo de la dignidad de
-Visorey, que á todos los gobernaba y mandaba, sin cometer, como arriba
-algunas veces se ha dicho, nuevas culpas (cuanto á los españoles digo,
-que eran las que por culpas se estimaban y porque le maltrataban),
-ántes él habia recibido, despues que vino, ofensas y desobediencias y
-daños grandes, y sin ponelle cargos ni él descargarse, á tan miserable
-y abatido estado, que temiese ser, por un hombre, particular juez,
-justiciado, no pudo sino incomparable materia de angustia, y amargura,
-y estupenda turbacion causarle. A Francisco Roldan, autor de todos los
-alborotos y levantamientos pasados, y á D. Hernando de Guevara, que
-ahora se habia alzado, y á los demas que estaban para ahorcar, no supe
-que penase ni castigase en nada, los cuales yo vide pocos dias despues
-desto, que yo á esta isla vine, sanos y salvos, y harto más que el
-Almirante y sus hermanos prosperados, si llamarse puede, aquella vida
-que tenian prosperidad y no más infelicidad. Metido en la carabela ó
-navío el Almirante y sus hermanos, aherrojados, dió cargo dellos el
-Comendador y envió por Capitan de las dos carabelas que habia traido,
-al dicho Alonso de Vallejo, mandándole, que así, con sus hierros y
-los procesos ó pesquisas que hizo, los entregase al obispo D. Juan de
-Fonseca en llegando á Cáliz. Este Alonso de Vallejo, persona, como
-dije, prudente, hidalgo y muy honrado, y harto mi amigo, era criado de
-un caballero de Sevilla, que se llamaba Gonzalo Gomez de Cervantes,
-tio, segun se decia, del mismo obispo D. Juan, y de aquí debió de venir
-que el comendador Bobadilla, quiso, por agradar al Obispo, dar cargo á
-Vallejo que llevase preso al Almirante. Sospecha hobo harto vehemente
-quel Comendador hobiese hecho tanta vejacion y mal tractamiento al
-Almirante, con favor y por causa del dicho obispo D. Juan, y si así fué
-no le arrendaria al señor Obispo la ganancia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXXII.
-
-
-Partieron las carabelas del puerto de Sancto Domingo para Castilla,
-con el Almirante preso y sus hermanos, al principio del mes de Octubre
-de 1500 años. Quiso Nuestro Señor de no alargalles mucho el viaje, por
-acortalles la prision, porque llegaron á 20 ó 25 dias de Noviembre á
-Cáliz. En el camino, del Alonso de Vallejo y del Maestre, que dije
-arriba llamarse Andrés Martin de la Gorda, por su carabela que se llamó
-así, el cual creo que tambien traia mandado el recaudo del Almirante
-y de sus hermanos, fué el Almirante y sus hermanos bien tratados;
-quisieron quitarle los grillos, pero no consintió el Almirante hasta
-que los Reyes se los mandasen quitar, y, segun en aquel tiempo oí
-decir, el dicho maestre Andrés Martin, llegando á Cáliz, dió lugar que
-saliese secretamente un criado del Almirante, con sus cartas para los
-Reyes y para otras personas, ántes que los procesos entregase, creyendo
-que los Reyes se moverian por sus cartas, rescibiéndolas primero que
-las del Comendador, y proveerian lo que conviniese al Almirante, puesto
-que, como católicos y agradecidos Príncipes, no dejaran, sin aquello,
-de proveer lo que mandaron. No hallé original ni minuta de carta suya,
-que escribiese desde Cáliz el Almirante á los Reyes; por ventura, no
-quiso escribilles, sino que de otros lo supiesen, por verse así tan
-afrentado por sus poderes, creyendo quizá, tambien, que de su voluntad
-su prision habia sucedido. Escribió, empero, una carta larga al ama del
-príncipe D. Juan, que sea en gloria, la cual mucho queria al Almirante,
-y en cuanto podia lo favorecia con la Reina, y el tenor de la carta
-es el siguiente, por el principio de la cual parece la llaneza del
-Almirante, y la poca presuncion que de la vanidad de los títulos, de
-que agora usa España, entónces habia.
-
-«Muy virtuosa señora: Si mi queja del mundo es nueva, su uso de
-maltratar; es de antiguo; mil combates me ha dado, y á todos resistí,
-fasta agora que no me aprovechó armas ni avisos; con crueldad me tiene
-echado al fondo; la esperanza de Aquel que crió á todos, me sostiene;
-su socorro fué siempre muy presto; otra vez, y no de léjos, estando
-yo más bajo, me levantó con su brazo derecho, diciendo: «¡oh hombre
-de poca fe, levántate, que yo soy, no hayas miedo!» Yo vine con amor
-tan entrañable á servir á estos Príncipes, y he servido de servicio
-de que jamás se oyó ni vido. Del nuevo cielo y tierra que decia
-Nuestro Señor, por Sant Juan, en el Apocalipsi, despues de dicho por
-boca de Isaías, me hizo mensajero, y amostró aquella parte. En todos
-hobo incredulidad, y á la Reina, mi señora, dió dello el espíritu de
-inteligencia y esfuerzo grande, y lo hizo de todo heredera, como á cara
-y muy amada hija; la posesion de todo esto fuí yo á tomar en su real
-nombre. La ignorancia en que habian estado todos, quisieron enmendallo
-traspasando el poco saber á fablar en inconvenientes y gastos, Su
-Alteza lo aprobaba, al contrario, y lo sostuvo hasta que pudo. Siete
-años se pasaron en la plática, y nueve ejecutando cosas señaladas
-y dignas de memoria, se pasaron en este tiempo; de todo no se fizo
-concepto; llegué yo, y estoy que no hay nadie tan vil que no piense
-de ultrajarme, por virtud se contará en el mundo, á quien puede no
-consentillo. Si yo robara las Indias y tierra que fan faze en ello, de
-que agora es la fabla del altar de Sant Pedro, y las diera á los moros,
-no pudieran en España amostrarme mayor enemiga. ¿Quién creyera tal, á
-donde hobo tanta nobleza? Yo mucho quisiera despedir del negocio, si
-fuera honesto para con mi Reina, el esfuerzo de Nuestro Señor y de Su
-Alteza fizo que continuase, y por aliviarle algo de los enojos en que
-á causa de la muerte estaba (esto dice, porque era entónces muerto
-el príncipe D. Juan), cometí viaje nuevo al nuevo cielo y mundo que
-fasta entónces estaba en oculto, y sino es tenido allí en estima, así
-como los otros de las Indias, no es maravilla, porque salió á parecer
-de mi industria. Este viaje de Paria, creí que apaciguara algo por
-las perlas, y la fallada del oro en la Española; las perlas mandé yo
-ayuntar y pescar á las gentes, con quien quedó el concierto de mi
-vuelta por ellas, y, á mi comprender, á medida de fanega; esto me salió
-como otras cosas muchas, no las perdiera, ni mi honra, si buscara yo mi
-bien propio y dejara perder la Española, ó se guardaran mis privilegios
-y asientos, y otro tanto digo del oro que yo tenia agora junto, que con
-tantas muertes y trabajos, por virtud divinal, he allegado á perfecto.
-Cuando yo fuí á Paria, fallé cuasi la mitad de la gente en la Española,
-alzados, y me han guerreado fasta agora como á moro, y los indios, por
-otro cabo, gravemente[9]. En esto vino Hojeda y probó á echar el sello,
-y dijo que Sus Altezas lo enviaban con promesas de dádivas y franquezas
-y paga; allegó gran cuadrilla que en toda la Española muy pocos hay,
-salvo vagabundos, y ninguno con mujer y fijos. Este Hojeda me trabajó
-harto, y fuéle necesario de se ir, y dejó dicho que luego sería de
-vuelta con más navíos y gente, y que dejaba la Real persona de la Reina
-á la muerte; y en esto llegó Vicente Yañez, con cuatro carabelas; hobo
-alboroto y sospecha, mas no daño. Despues, una nueva de seis otras
-carabelas, que traia un hermano del Alcalde, mas fué con malicia, y
-esto fué ya á la postre, cuando ya estaba muy rota la esperanza que Sus
-Altezas hobiesen jamás de enviar navío á las Indias, y que vulgarmente
-decia que Su Alteza..... Un Adrian, en este tiempo, probó alzarse otra
-vez, como de ántes, mas Nuestro Señor no quiso que llegase á efecto
-su mal propósito; yo tenia propuesto en mí de no tocar el cabello de
-nadie, y á este, por su ingratitud, con lágrimas, no se pudo guardar
-así como yo lo tenia pensado; á mi hermano no hiciera ménos, si me
-quisiera matar y robar el señorío que mi Rey é Reina me tenian dado
-en guarda. Seis meses habia que yo estaba despachado para venir á
-Sus Altezas con las buenas nuevas del oro, y huir de gobernar gente
-disoluta, que no teme á Dios, ni á su Rey y Reina, llena de achaques y
-de malicias; ántes de mi partida supliqué tantas veces á Sus Altezas
-que enviasen allá, á mi costa, quien tuviere cargo de la justicia, y
-despues que fallé alzado al Alcalde, se lo supliqué de nuevo (ó por
-alguna gente, ó al ménos, algun criado con cartas), porque mi fama es
-tal, que aunque yo faga iglesias y hospitales, siempre serán dichas
-espeluncas para latrones. Proveyeron ya, al fin, y fué muy contrario
-de lo que la negociacion demandaba; vaya en buena hora, pues que es á
-su grado. Yo estuve allá dos años, sin poder ganar una provision de
-favor para mí, ni por los que allá fuesen, y este llevó una arca llena;
-si parirán todas á su servicio, Dios lo sabe. Ya, por comienzos, hay
-franquezas por veinte años, que es la edad de un hombre, y se coge el
-oro; que hobo persona de cinco marcos en cuatro horas, de que diré
-despues, más largo; si pluguiese á Sus Altezas de desfacer un vulgo de
-los que saben mis fatigas, que mayor daño me ha hecho el mal decir de
-las gentes, que no me ha aprovechado el mucho servir y guardar facienda
-y señorío, sería limosna, é yo restituido en mi honra, é se fablaria
-dello en todo el mundo, porque el negocio es de calidad que cada dia
-ha de ser más sonado y en alta estima. En esto vino el comendador
-Bobadilla á Sancto Domingo; yo estaba en la Vega, y el Adelantado en
-Xaraguá, donde este Adrian habian hecho cabeza, mas ya todo era llano,
-y la tierra rica y todos en paz. El segundo dia que llegó, se crió
-Gobernador y fizo oficiales y ejecuciones, y apregonó franquezas del
-oro y diezmos, y, generalmente, de toda otra cosa, por veinte años,
-que es la edad de un hombre; y que venia por pagar á todos, bien que
-no habian servido llenamente hasta ese dia, y publicó que á mí habia
-de enviar en fierros, y á mis hermanos, así como lo ha fecho, y que
-nunca yo volveria más allí, ni otro de mi linaje, diciendo de mí mil
-deshonestidades y descorteses cosas. Esto todo fué el segundo dia que
-llegó, como dije, y estando yo léjos, absente, sin saber dél ni de
-su venida; unas cartas de Sus Altezas, firmadas en blanco, de que él
-llevaba una cantidad, hinchió y envió al Alcalde y á su compañía, con
-favores y encomiendas; á mí nunca me envió carta ni mensajero, ni me
-ha dado fasta hoy. Piense qué pensaría quien tuviere mi cargo, honrar
-y favorecer á quien probó á robar á Sus Altezas y ha fecho tanto mal
-y daño, y arrastrar á quien con tantos peligros se lo sostuvo[10].
-Cuando yo supe esto, creí que esto sería como lo de Hojeda, ó uno de
-los otros, templóme que supe de los frailes, de cierto, que Sus Altezas
-lo enviaban; escribíle yo que su venida fuese en buena hora, y que yo
-estaba despachado para ir á la corte y fecho almoneda de cuanto yo
-tenia, y que en esto de las franquezas, que no se acelerase, que esto
-y el gobierno yo se lo daria luego tan llano como la palma, y así lo
-escribí á los religiosos. Ni él ni ellos me dieron respuesta, ántes
-se puso él en son de guerra, y apremiaba á cuantos allí iban que le
-jurasen por Gobernador, dijéronme, que por veinte años. Luego que yo
-supe estas franquezas, pensé de adobar un yerro tan grande, y que él
-seria contento, las cuales dió sin necesidad y causa, de cosa tan
-gruesa, y á gente vagabunda, que fuera demasiado para quien trujera
-mujer é hijos; publiqué por palabra y por cartas que él no podia usar
-de sus provisiones, porque las mias eran las fuertes, y les mostré
-las franquezas que llevó Juan Aguado. Todo esto que yo fice era por
-dilatar, porque Sus Altezas fuesen sabidores del estado de la tierra,
-que hobiesen lugar de tornar á mandar en ello lo que fuese de su
-servicio. Tales franquezas excusado es de las apregonar en las Indias:
-los vecinos que han tomado vecindad, es logro, porque se les dan las
-mejores tierras, y á poco valerán 200.000 maravedís, de los cuatro
-años que la vecindad se acaba, sin que den una azadonada en ellas.
-No diria yo así si los vecinos fuesen casados, mas no hay seis entre
-todos que no estén sobre el aviso de ayuntar lo que pudieren y se ir en
-buena hora[11]. De Castilla sería bien que fuesen, y áun saber quién
-y como, y se poblase de gente honrada. Yo tenia asentado con estos
-vecinos que pagarian el tercio del oro y los diezmos y esto á su ruego,
-y lo recibieron en grande merced de Sus Altezas; é reprendíles cuando
-yo oí que se dejaban dello y esperaban que el Comendador faria otro
-tanto, mas fué el contrario, indignólos contra mí, diciendo que yo les
-queria quitar lo que Sus Altezas les daban, y trabajó de me los echar á
-cuestas, y lo hizo, y que escribiesen á Sus Altezas que no me enviasen
-más al cargo, y así se lo suplico por mí y por toda cosa mia, en cuanto
-no haya otro pueblo; y me ordenó él, con ellos, pesquisas de maldades,
-que al infierno nunca se supo de las semejantes. Allí está Nuestro
-Señor que escapó á Daniel y á los tres muchachos, con tanto saber y
-fuerza como tenia, y con tanto aparejo, si le pluguiere, como con su
-gana, supiera yo remediar todo esto y lo otro de que está dicho y ha
-pasado despues que estoy en las Indias, si me consintiera la voluntad
-á procurar por mi bien propio, y me fuera honesto, mas el sostener de
-la justicia y acrecentar el señorío de Sus Altezas fasta agora me tiene
-al fondo; hoy en dia que se falla tanto oro, hay division en qué haya
-mas ganancia, ó ir robando, ó ir á las minas. Por una mujer tambien
-se fallan 100 castellanos, como por una labranza, y es mucho en uso,
-y há ya fartos mercaderes que andan buscando muchachas; de nueve á
-diez son agora en precio, de todas edades ha de tener un bueno. Digo
-que la fuerza del mal decir de desconcertados, me ha hecho más daño
-que mis servicios fecho provecho, mal ejemplo es por lo presente y
-por lo futuro; fago juramento que cantidad de hombres han ido á las
-Indias, que no merescian el agua para con Dios y con el mundo, y agora
-vuelven allá. Enemistólos á ellos conmigo, y él, parece, segun se hobo
-y segun sus formas, que ya lo tenia bien entendido, ó es que se dice
-que ha gastado mucho por venir á este negocio; no se dello más de
-lo que oigo. Yo nunca oí que el Pesquisidor allegase los rebeldes y
-los tomase por testigos contra aquel que gobierna á ellos, y á otros
-sin fe, ni dignos della. Si Sus Altezas mandasen hacer una pesquisa
-general, allí, vos digo yo, que verian por gran maravilla como la isla
-no se funde; yo creo que se acordará vuesamerced cuando la tormenta
-sin velas me echó en Lisboa, que fuí acusado falsamente que habia yo
-ido allá al Rey para darle las Indias; despues supieron Sus Altezas el
-contrario, y que todo fué con malicia. Bien que yo sepa poco, no sé
-quién me tenga por tan torpe que yo no conozca que, aunque las Indias
-fuesen mias, que yo no me pudiera sostener sin ayuda de Príncipe; si
-esto es así, ¿á dónde pudiera yo tener mejor arrimo y seguridad que en
-el Rey y Reina, nuestros señores, que de nada me han puesto en tanta
-honra, y son los más altos Príncipes, por la mar y por la tierra, del
-mundo, y los cuales tienen que yo les haya servido, y me guardan mis
-privilegios y mercedes, y, si alguien me los quebranta, Sus Altezas me
-los acrescientan con aventaja, como se vido en lo de Juan Aguado, y me
-mandar hacer mucha honra; y, como dije, ya Sus Altezas rescibieron de
-mí servicios, y tienen mis hijos sus criados, lo que en ninguna manera
-pudiera esto llegar con otro Príncipe, porque á donde no hay amor todo
-lo otro cesa? Dije yo ahora así contra un mal decir, con malicia y
-contra mi voluntad, porque es cosa que ni en sueños debiera allegar
-á memoria, porque las formas y fechos del comendador Bobadilla, con
-malicia las quiere alumbrar en esto, mas yo le faré ver con el brazo
-izquierdo, que su poco saber y gran cobardía con desordenada cudicia
-le ha fecho caer en ello. Ya dije como yo le escribí y á los frailes,
-y luego partí, así como le dije, muy sólo, porque toda la gente estaba
-con el Adelantado, y tambien por le quitar de sospecha. Él, cuando lo
-supo, echó á D. Diego preso en una carabela, cargado de fierros, y á
-mí, en llegando, hizo otro tanto, y despues al Adelantado cuando vino;
-ni le fablé mas á él, ni consintió que hasta hoy nadie me haya fablado,
-y fago juramento que no puedo pensar por qué sea yo preso. La primera
-diligencia que hizo, fué á tomar el oro, el cual hobo sin medida ni
-peso, é yo absente; dijo que queria él pagar dello á la gente, y segun
-oí, para sí fizo la primera parte, y envia por rescate rescatadores
-nuevos; deste oro tenia yo apartado ciertas muestras, granos muy
-gruesos, como huevos, como de ansar ó de gallina, y de pollos, y de
-otras muchas fechuras, que algunas personas tenian cogido en breve
-espacio, con que se alegrasen Sus Altezas, y por ello comprendiesen
-el negocio, con una cantidad de piedras grandes, llenas de oro. Este
-fué el primero á se dar con malicia, porque Sus Altezas no tuviesen
-este negocio en algo, que él tuviese fecho el nido de que se da buena
-priesa. El oro que está por fundir, mengua al fuego, una cadena que
-pesaria hasta 20 marcos, nunca se ha visto; yo he sido muy agraviado
-en esto del oro, más áun que de las perlas, porque no las he traido
-á Sus Altezas. El Comendador, en todo que le pareció que me dañaria,
-luego fué puesto en obra. Con 600.000 maravedís pagara á todos, sin
-robar á nadie, y habia más de cuatro cuentos de diezmos y alguacilazgo,
-sin tocar en el oro; hizo unas larguezas que son de risa, bien que
-creo que encomenzó en sí la primera parte: allá lo sabrán Sus Altezas
-cuando le mandaren tomar cuenta, en especial, si yo estuviese á ella.
-Él no face sino decir que se debe gran suma, y es la que yo dije, y
-no tanto. Yo he sido muy agraviado en que se haya enviado Pesquisidor
-sobre mí, que sepa que si la pesquisa que él enviare fuere muy grave
-que él quedará en el Gobierno. Pluguiera á Nuestro Señor, que Sus
-Altezas le enviaran á él ó á otro, dos años há, porque sé que yo fuera
-ya libre de escándalo y de infamia, y no se me quitara mi honra, ni la
-perdiera. Dios es justo, y ha de hacer que se sepa por qué y como allí
-me juzgan, como Gobernador que fué á Cecilia ó ciudad ó villa puesta
-en regimiento, y á donde las leyes se pueden guardar por entero, sin
-temor que se pierda todo, y rescibo grande agravio. Yo debo ser juzgado
-como Capitan, que fué de España á conquistar, fasta las Indias, á gente
-belicosa[12], y mucha, y de costumbres y secta muy contraria, donde,
-por voluntad divina[13], he puesto so el señorío del Rey y de la Reina,
-nuestros señores, otro mundo, y por donde la España, que era dicha
-pobre, es la más rica[14]; yo debo de ser juzgado como Capitan que de
-tanto tiempo fasta hoy trae las armas á cuestas, sin las dejar una
-hora, y de caballeros de conquistas, y del uso, y no de letras, salvo
-si fuesen griegos, ó de romanos, ó de otros modernos, de que hay tantos
-y tan nobles en España, ó, de otra guisa, rescibo grande agravio,
-porque en las Indias no hay pueblo ni asiento. Del oro y perlas,
-ya está abierta la puerta, y cantidad de todo, piedras preciosas y
-especería, y de otras mil cosas se pueden esperar firmemente. Las
-nuevas del oro, que yo dije que daria, son que, dia de Navidad, estando
-yo muy afligido, guerreado de los malos cristianos y de indios, en
-término de dejar todo y escapar, si pudiese, la vida, me consoló
-Nuestro Señor milagrosamente, y dijo: «esfuerza, no temas, yo proveeré
-en todos los siete años, del término del oro, no son pasados, y en
-ellos y en lo otro, te dará remedio»: ese dia supe que habia 80 leguas
-de tierra, y en todas, cabo ellas, minas: el parecer agora, es que sea
-todavía. Algunos han cogido 120 castellanos en un dia, y otros 90, y se
-han cogido fasta 250, y 50 fasta 70, y otros muchos de 20 fasta 50; es
-tenido por buen jornal, y muchos lo continúan, el comun es de 6 fasta
-12, y quien de aquí abaja no va contento. Parece tambien que estas
-minas son como las otras, que responden en los dias no igualmente, las
-minas son nuevas, y los cogedores; el parecer de todos es que, aunque
-vaya allá toda Castilla, que, por torpe que sea la persona, que no
-abajará de un castellano ó dos cada dia, y agora es esto así en fresco;
-es verdad que el que tiene algun indio[15] coge esto, mas el negocio
-consiste en el cristiano[16]. Ved qué discrecion fué de Bobadilla
-dar todo por ninguno, y cuatro cuentos de diezmos, sin causa ni ser
-requerido, sin primero lo notificar á Sus Altezas; y el daño no es este
-sólo. Yo sé que mis yerros no han sido con fin de facer mal, y creo
-que Sus Altezas lo tienen así, como yo lo digo, y sé y veo que usan de
-misericordia con quien maliciosamente les sirve: yo creo y tengo por
-muy cierto, que muy mejor y más piedad habrán conmigo, que caí en ello
-con inocencia y forzosamente, como sabrá despues por entero, y el cual
-soy su fechura, y mirarán á mis servicios y cognoscerán de cada dia que
-son muy aventajados. Todo pornán en una balanza, así como nos cuenta
-la Sancta Escritura que será el bien con el mal en el dia del juicio.
-Si todavía mandan que otro me juzgue, lo cual no espero, y que sea por
-pesquisa de las Indias, humilmente les suplico que envien allá dos
-personas de consciencia y honrados, á mi costa, los cuales fallarán de
-ligero agora que se halla el oro cinco marcos en cuatro horas; con esto
-y sin ello, es necesario que lo provean. El Comendador, en llegando
-á Sancto Domingo, se aposentó en mi casa; así como la falló, así dió
-todo por suyo. Vaya en buena hora, quizá lo habia menester; corsario
-nunca tal usó con mercader. De mis escrituras tengo yo mayor queja,
-que así me las haya tomado, que jamás se le pudo sacar una, y aquellas
-de más mi disculpa, esas tenia más ocultas; ved qué justo y honesto
-Pesquisidor. Cosa de cuantas él haya hecho, me dicen que haya seido
-con término de justicia, salvo absolutamente. Dios, Nuestro Señor,
-está con sus fuerzas, como solia, y castiga en todo cabo, en especial
-la ingratitud de injurias.» Esto, así todo, contenia la carta del
-Almirante para el ama del Príncipe.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXXXIII.
-
-
-Ciertamente, graves angustias padeció el Almirante, y agravios, parece
-que le hizo el Comendador, muy grandes, y, si fuese cierto que el
-fin de los hombres, felice ó desastrado, testifica estos ó aquellos
-pecados, bien podriamos decir, que, porque los Reyes le habian enviado,
-no le habian de castigar por estas cosas de que se queja el Almirante,
-si ante los Reyes fueran culpables; por ellas quiso Dios por su mano
-castigallo, porque se ahogó en la mar, salido de Sancto Domingo, como
-se dirá en el libro siguiente, porque así lo diga, cuasi á cien pasos.
-Pero esto no es cosa cierta, como el juicio Divino sea profundo, y
-considere los méritos de los hombres muy diferentemente del humano;
-porque muchas veces dá Dios, por el abismo de su sabiduría y bondad,
-fin á algunos, que parece malo, y no por los pecados que acá juzgamos,
-sino por las virtudes que aquellos tuvieron, por las cuales merecieron
-que lo que por otras sus culpas habian de penar con mayor costa en la
-otra, en esta vida lo pagasen; á otros suele conceder airados fines ó
-acabamientos, segun el juicio de los hombres, gloriosos, por pagalles
-acá algunas buenas obras que viviendo hicieron, porque no merecieron
-que en el siglo venidero se les remunerasen, y estos se cuentan con los
-malaventurados.
-
-Tornando al propósito, como los Reyes, que á la sazon estaban en
-Granada, supieron la llegada y prision del Almirante y de sus hermanos,
-la cual debian saber, lo primero, del ama del Príncipe, porque á ella
-debia de enviar el Almirante su criado, y tambien por carta del Alonso
-de Vallejo, ó del corregidor de Cáliz; hobieron mucho pesar de que
-viniese preso y mal tractado, y proveyeron luego que lo soltasen, y,
-segun oí decir, mandáronle proveer de dineros con que viniese á la
-corte, y áun que fueron los dineros 2.000 ducados; mandáronle escrebir
-que se viniese á la corte, á donde llegó él y sus hermanos, á 17 de
-Diciembre, y los recibieron muy benignamente, mostrando compasion de
-su adversidad y trabajos, dándoles todo el consuelo que al presente
-pudieron dalles, en especial al Almirante, certificándole que su
-prision no habia procedido de su voluntad, y con palabras muy amorosas
-é eficaces le prometieron que mandarian deshacer y remediar sus
-agravios, y que en todo y por todo sus privilegios y mercedes, que le
-habian hecho, le serian guardados; y en esto, la serenísima Reina era
-la que se aventajaba en consolalle y certificalle su pesar, porque,
-en la verdad, ella fué siempre la que más que el Rey lo favoreció y
-defendió, y así el Almirante tenia en ella principalmente su esperanza.
-Él, no pudiendo hablar por un rato, lleno de sollozos y lágrimas,
-hincado de rodillas, mandáronle levantar; comienza su plática, harto
-dolorosa, mostrando y afirmando el entrañable amor y deseo que siempre
-tuvo de les servir con toda fidelidad, y que nunca, de propósito ni
-industria, hizo cosa en que ofender su servicio pensase, y si por
-yerros algunas obras suyas eran estimadas y juzgadas, no las habia
-hecho sino con no alcanzar más, y siempre creyendo que hacia lo
-que debia, y en hacerlo que acertaba. Que sea verdad lo susodicho,
-cerca de no haber sido la prision del Almirante hecha por voluntad y
-mandado de los Reyes, sino por sólo querer y auctoridad del comendador
-Bobadilla, y que hobiese á Sus Altezas della mucho pesado, mostráronlo
-bien expresamente los Reyes católicos, en una su real Carta que le
-escribieron de Valencia de la Torre, cuando estaba de partida para su
-cuarto viaje, de que abajo se dirá. Entre otras cosas, dice así en un
-capítulo de la dicha Carta:
-
-«Cuanto á lo otro contenido en vuestros memoriales y letras, tocante
-á vos, y á vuestros hijos y hermanos, porque como vedes, á causa que
-Nos estamos en camino y vos de partida no se puede entender en ello
-fasta que paremos de asiento en alguna parte, é si esto hobiésedes
-de esperar, se perderia el viaje á que agora vais, por esto es mejor,
-que, pues de todo lo necesario para vuestro viaje estais despachado,
-vos partais luego sin detenimiento, y quede á vuestro hijo el cargo
-de solicitar lo contenido en los dichos memoriales. Y tened por
-cierto, que de vuestra prision nos pesó mucho, y bien lo vistes vos
-y lo cognoscieron todos claramente, pues que luego que lo supimos lo
-mandamos remediar; y sabeis el favor con que vos habemos mandado tratar
-siempre, y agora estamos mucho más en vos honrar y tratar muy bien, y
-las mercedes que vos tenemos fechas vos serán guardadas enteramente,
-segun forma y tenor de nuestros privilegios, que dellas teneis, sin ir
-en cosa contra ellas. Y vos y vuestros hijos gozareis dellas, como es
-razon y, si necesario fuere confirmarlas de nuevo, las confirmaremos, y
-á vuestro hijo mandaremos poner en la posesion de todo ello, y en más,
-que esto tenemos voluntad de vos honrar y facer mercedes; y de vuestros
-fijos y hermanos. Nos ternemos el cuidado que es razon. Y todo esto
-se podrá facer yéndovos en buena hora, y quedando el cargo á vuestro
-fijo, como está dicho, y así vos rogamos que en vuestra partida no haya
-dilacion. De Valencia de la Torre á 14 dias de Marzo de 502 años.—Yo
-el Rey.—Yo la Reina, etc.»
-
-Asaz manifiesto parece, por estas palabras reales, no haber procedido
-de su voluntad, ni haberle dado poder al Comendador para la prision
-del Almirante y de sus hermanos, y haberles en gran manera, della y de
-su mal tractamiento, pesado, y parece que, para en cuenta y recompensa
-della y descargo suyo, los felices Príncipes le escribian y hacian
-estas palabras como regalos. Por consiguiente, parece que el Comendador
-excedió y fué muy descomedido en gran manera contra la honra, persona y
-hacienda del Almirante y sus hermanos; sólo me parece que aquí debemos
-considerar, juzgando este negocio por las altísimas causas donde
-conviene ir á parar, que ni en mano de los Reyes, ni del comendador
-Bobadilla, ni de los que al Almirante acusaron, ni tampoco por los
-agravios que á los españoles hacia, que como arriba tocamos, quizás los
-castigos y daños hechos, que á muchos dicen que hizo, los merecian por
-sus delitos, insultos ó inobediencias y pecados, que los por hacer eran
-remediables, mayormente con haber escrito é importunado á los Reyes
-que enviasen acá quien la justicia administrase, sino solamente por
-la disposicion divina que quiso preservalle de muchos mayores males,
-que, con la ignorancia que tuvo, á estas gentes inocentes hiciera, como
-arriba tambien habemos tocado, determinó de le privar, como al cabo le
-privó, de todo su estado, no sólo en su persona, pero tambien en sus
-herederos y sucesores, como parecerá adelante. Señal y conjetura, segun
-la divina Escriptura y sentencia de los Sanctos averiguada, de tenello
-Dios contado en el número de los predestinados; y ¡guay de aquellos
-que la divina permision escojió para castigo y azote destas miserables
-naciones, y en el tal oficio los olvida y perseveran hasta que la vida
-se les acaba!
-
-Y con esto, á gloria y honra de Dios, y para provecho de las ánimas, y
-testimonio de la verdad de las cosas que en estas Indias han pasado,
-que es el fin destos nuestros voluntarios trabajos, queremos dar
-conclusion al primer libro desta nuestra historia, para que, así como
-este libro tuvo principio y comienzo de los principios que contamos,
-y que tuvo en las cosas destas Indias el Almirante, lo cerremos, y
-asimismo tenga su fin, en lo tocante al Almirante. Por lo cual damos
-á nuestro Dios y Señor, no cuantas debemos, pero al ménos las que
-podemos, y estas querriamos que fuesen innumerables é infinitas,
-gracias.
-
-
- FIN DEL TOMO SEGUNDO.
-
-
-
-
- ÍNDICE.
-
-
- Páginas.
-
- ADVERTENCIA PRELIMINAR. V
-
- LIBRO PRIMERO—Capítulo LXXXIII. 1
-
- Cap. LXXXIV. 5
-
- Cap. LXXXV. 9
-
- Cap. LXXXVI. 12
-
- Cap. LXXXVII. 16
-
- Cap. LXXXVIII. 20
-
- Cap. LXXXIX.—En el cual se tracta como el Almirante envió á un
- Alonso de Hojeda con 15 hombres á descubrir la tierra, y saber de
- las minas de Cibao.—Como recibian los indios á los cristianos
- con mucha alegría.—Volvió Hojeda con nuevas de oro.—Alegróse el
- Almirante y toda la gente.—Como despachó el Almirante, de los
- 17, los 12 navíos para Castilla, con la relacion larga para los
- Reyes; y á quién envió por Capitan dellos, etc. 24
-
- Cap. XC.—En el cual se tracta como el Almirante salió por la
- tierra, con cierta gente española.—Dejó la gobernacion de la
- Isabela á su hermano D. Diego.—Como salió en forma de guerra,
- y así entraba y salia en los pueblos para mostrar su potencia
- y poner miedo en la gente indiana.—Como se quiso amotinar
- un contador, Bernal de Pisa, y hurtar ciertos navíos.—Los
- recibimientos que hacian los indios al Almirante y á los
- cristianos.—De su bondad y simplicidad en la manera que
- tenian.—De la hermosura de la vega á que puso nombre la Vega
- Real.—Los rios tan grandes y hermosos que habia, y el oro que en
- ellos se hallaba, etc. 27
-
- Cap. XCI.—En el cual se tracta como el Almirante subió á la
- provincia de Cibao, y de la etimología della, segun la lengua
- de los indios; de su hermosura, puesto que es aspérrima; los
- admirables y graciosísimos rios que tiene; los pinos infinitos
- de que está adornada; de su sanidad, salubérrimas aguas y
- aires, y alegría; del grandor della.—De los recibimientos y
- servicios que los indios en los pueblos le hacian.—Como en
- un gracioso rio y tierra halló minas de oro y de azul, y de
- cobre, y de ámbar, y especería.—Edificó una fortaleza.—De
- unos nidos de aves que hallaron en las cavas que hicieron,
- de que el Almirante se admiró, de lo cual tomó ocasion el
- auctor de decir como pudieron estar sin podrirse, y descubre
- muchos secretos de naturaleza.—Colige argumento de ser antiguas
- en estas tierras estas gentes. 33
-
- Cap. XCII.—En el cual se tracta como halló el Almirante la gente
- cristiana muy enferma, y muerta mucha della.—Como por hacer
- molinos y aceñas compelió á trabajar la gente, y por la tasa
- de los mantenimientos, que ya muy pocos habia, comenzó á ser
- aborrecido, y fué principio de ir siempre su estado descreciendo
- y áun no habiendo crecido.—De los que mucho daño le hicieron fué
- fray Buil, el legado que arriba se dijo.—Persuádese no tener
- hasta entónces el Almirante culpas por qué lo mereciese.—Dícense
- muchas angustias que allí los cristianos, de hambre, padecieron,
- y como morian cuasi desesperados.—De cierta vision que se
- publicó que algunos vieron.—Como vino mensajero de la fortaleza
- que un gran señor venia á cercarla.—De lo que el Almirante por
- remedio hizo. 40
-
- Cap. XCIII.—En el cual se tracta como Alonso de Hojeda salió de
- la Isabela con 400 hombres, para poner miedo á la gente de la
- tierra y sojuzgarla.—Como en llegando á un pueblo, pasado el Rio
- del Oro, prendió un Cacique y señor, y á su hermano y sobrino por
- una cosa que hizo un indio.—Como cortó las orejas á un vasallo
- del mismo Cacique en su presencia.—Como condenó á muerte á los
- mismos, Cacique, hermano y sobrino.—Dánse razones como ya tenian
- los indios justa guerra contra los cristianos.—Cuán culpable
- fué deste hecho el Almirante, y cuan al revés entró y comenzó en
- estas tierras del camino de la ley evangélica, etc. 45
-
- Cap. XCIV.—En el cual se tracta como el Almirante determinó
- de ir á descubrir, como los Reyes le habian mucho encargado,
- cuando volvió el segundo viaje.—Como constituyó un Presidente
- y un Consejo para el regimiento desta isla.—Como partió de la
- Isabela y llegó á Cuba, por la parte del Sur.—Llegó á surgir á
- un puerto.—Vinieron á los navíos muchos indios á traer á los
- cristianos de lo que tenian, estimando que habian venido del
- cielo.—Como desde allí descubrió la isla de Jamáica; púsole
- nombre Santiago.—Salieron muchas canoas de indios, con alegría,
- para los navíos.—En un puerto salieron de guerra, queriendo
- impedir á los cristianos la entrada.—Como lo hacian con razon
- y justicia.—Como los cristianos asaetearon á ciertos indios,
- y cuan mal hecho fué, y como no se habian de ganar por esta
- vía.—Como no se han de hacer males por algun fin bueno, aunque
- salgan dellos bienes. 49
-
- Cap. XCV.—En el cual se cuenta como el Almirante dejó á Jamáica
- y tornó sobre la isla de Cuba.—De un indio, que, dejados sus
- parientes, llamando, se quiso ir con los cristianos.—Como
- yendo por la costa de Cuba abajo tuvo grandes aguaceros y bajos
- para encallarle los navíos, donde padecieron grandes trabajos y
- peligros.—Hallaron infinitas islas pequeñas; púsoles nombre el
- Jardin de la Reina.—Vieron unas aves coloradas de la manera y
- hechura de grullas.—Vieron grullas, muchas tortugas, y de cierta
- pesquería dellas.—De la mansedumbre de los indios.—Toparon
- otros indios mansísimos.—Detuvo uno.—Informóle ser isla Cuba, y
- nuevas que le dió de un Cacique que habla por señas á su gente,
- sin ser mudo.—De otros peligros que por allí padecieron. 54
-
- Cap. XCVI.—En el cual se tracta como determinó el Almirante
- dar la vuelta para la Española.—De las leguas que descubrió
- de Cuba.—Que halló por las reglas de la Astronomía, como se
- halló de Cáliz tantas otras por la esfera.—Encalló con los
- navíos, padeció grandes angustias.—Del olor de estoraque que
- sintieron.—De un indio viejo que vino á hablar al Almirante, y
- de un teológico razonamiento que le hizo cerca de la otra vida;
- cosa es muy notable, aunque breve, por ser dicha por un indio. 59
-
- Cap. XCVII. 64
-
- Cap. XCVIII. 68
-
- Cap. XCIX. 70
-
- Cap. C. 72
-
- Cap. CI. 78
-
- Cap. CII. 82
-
- Cap. CIII.—En el cual se tracta de la llegada á Castilla, con
- los 12 navíos, de Antonio de Torres. 90
-
- Cap. CIV. 96
-
- Cap. CV. 101
-
- Cap. CVI. 105
-
- Cap. CVII. 108
-
- Cap. CVIII. 113
-
- Cap. CIX. 116
-
- Cap. CX. 120
-
- Cap. CXI. 124
-
- Cap. CXII. 128
-
- Cap. CXIII. 134
-
- Cap. CXIV. 138
-
- Cap. CXV. 143
-
- Cap. CXVI. 147
-
- Cap. CXVII. 150
-
- Cap. CXVIII. 155
-
- Cap. CXIX. 160
-
- Cap. CXX. 164
-
- Cap. CXXI. 170
-
- Cap. CXXII. 176
-
- Cap. CXXIII. 180
-
- Cap. CXXIV. 184
-
- Cap. CXXV.—Este capítulo prosigue las mercedes que los Reyes le
- hicieron este año de 1497. 190
-
- Cap. CXXVI. 196
-
- Cap. CXXVII. 201
-
- Cap. CXXVIII. 207
-
- Cap. CXXIX. 212
-
- Cap. CXXX. 220
-
- Cap. CXXXII. 226
-
- Cap. CXXXIII. 231
-
- Cap. CXXXIV. 237
-
- Cap. CXXXV. 241
-
- Cap. CXXXVI. 245
-
- Cap. CXXXVII. 253
-
- Cap. CXXXVIII. 259
-
- Cap. CXXXIX. 264
-
- Cap. CXL. 268
-
- Cap. CXLI. 275
-
- Cap. CXLII. 280
-
- Cap. CXLIII. 286
-
- Cap. CXLIV. 290
-
- Cap. CXLV. 297
-
- Cap. CXLVI. 302
-
- Cap. CXLVII. 307
-
- Cap. CXLVIII. 310
-
- Cap. CXLIX. 314
-
- Cap. CL. 318
-
- Cap. CLI. 322
-
- Cap. CLII. 326
-
- Cap. CLIII. 329
-
- Cap. CLIV. 335
-
- Cap. CLV. 340
-
- Cap. CLVI.—El cual trata del principio de donde hobo su orígen
- y procedió el repartimiento de los indios, que llamaron despues
- encomiendas, que han destruido estas Indias, donde se prueba
- que nunca los indios jamás se dieron para que los españoles los
- enseñasen, sino para que se sirviesen dellos y aprovechasen. 346
-
- Cap. CLVII. 352
-
- Cap. CLVIII. 355
-
- Cap. CLIX. 360
-
- Cap. CLX. 366
-
- Cap. CLXI. 372
-
- Cap. CLXII. 377
-
- Cap. CLXIII. 381
-
- Cap. CLXIV. 389
-
- Cap. CLXV. 397
-
- Cap. CLXVI. 402
-
- Cap. CLXVII. 409
-
- Cap. CLXVIII. 416
-
- Cap. CLXIX. 421
-
- Cap. CLXX. 428
-
- Cap. CLXXI. 435
-
- Cap. CLXXII. 441
-
- Cap. CLXXIII. 448
-
- Cap. CLXXIV. 453
-
- Cap. CLXXV. 460
-
- Cap. CLXXVI. 466
-
- Cap. CLXXVII. 472
-
- Cap. CLXXVIII. 477
-
- Cap. CLXXIX. 482
-
- Cap. CLXXX. 488
-
- Cap. CLXXXI. 496
-
- Cap. CLXXXII. 501
-
- Cap. CLXXXIII. 511
-
-
-
-
-FOOTNOTES:
-
-[1] Aquí falta medio renglon, cortado al encuadernarse el manuscrito.
-
-[2] A este y á los siguientes capítulos, hasta el 102, les falta el
-Sumario.
-
-[3] Á este y á los siguientes capítulos, hasta el 124, les falta el
-Sumario.
-
-[4] Desde este hasta el 182, y último de la primera parte, no hay más
-Sumario que el del capítulo 156.
-
-[5] Esta palabra no pude sacar en limpio del original del mismo
-Almirante. (_Nota puesta al márgen, aunque no de letra de Las Casas._)
-
-[6] Estas obligaciones fueron violentas y tiránicas, y nunca de su
-voluntad hicieron ni supieron obligarse ni á qué se obligaban, ni
-podian de derecho natural y de las gentes obligarse, los súbditos
-sin sus Reyes, ni los Reyes sin sus súbditos, y esto nunca lo hobo.
-(_Idem_, _id._)
-
-[7] Bien creo yo cierto que se tuvo poco cuidado y miramiento en
-aquellos tiempos al salvar estas ánimas, ni se tuvo esto por fin último
-y principal, como debiera tenerse. (_Nota al márgen, aunque no de letra
-de Las Casas._)
-
-[8] Está en blanco en el original.
-
-[9] ¿Para qué los guerreábades y oprimíades injustamente? á los indios,
-digo. (_Nota al márgen, aunque no de letra de Las Casas._)
-
-[10] Cierto, en esto tuvo el Almirante más que razon. (_Nota al márgen,
-aunque no de letra de Las Casas._)
-
-[11] Esto ha sido causa grande para perderse más aína las Indias, no
-estar en ellas más de cuanto pudieren apañar lo que desean. (_Idem,
-id._)
-
-[12] No decia el Almirante que era belicosa cuando Guacanagarí le salvó
-la persona y hacienda, perdida su nao; admirable fué la ignorancia del
-Almirante en esta materia. (_Nota al márgen, aunque no de letra de Las
-Casas._)
-
-[13] Voluntad permisiva, no agradable. (_Nota al márgen, aunque no de
-letra de Las Casas._)
-
-[14] Por esa riqueza injusta, y de lo mal adquirida, verná á ser la más
-pobre del mundo. (_Idem, id._)
-
-[15] No tenian uno, sino muchos indios que lo sudaban y morian en ello.
-(_Idem, id._)
-
-[16] Consistir el negocio en el cristiano era tenellos por fuerza y
-dalles de palos y azotes, y no haber misericordia dellos. (_Nota al
-márgen, aunque no de letra de Las Casas._)
-
-
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias (2 de 5), by
-Bartolomé de las Casas
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS (2 DE 5) ***
-
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