summaryrefslogtreecommitdiff
diff options
context:
space:
mode:
authornfenwick <nfenwick@pglaf.org>2025-03-03 18:58:37 -0800
committernfenwick <nfenwick@pglaf.org>2025-03-03 18:58:37 -0800
commitd0182432f076f4f3ad978172ad3bede14630d4ad (patch)
tree341a38df700388ddbd2fd11346ec71701e15f622
parent0d170dd1bd077a0057e7b635a2d7d7ce3cd6f336 (diff)
Add files from ibiblio as of 2025-03-03 18:58:37HEADmain
-rw-r--r--44584-0.txt50498
-rw-r--r--44584-h.zipbin13264006 -> 0 bytes
-rw-r--r--44584-h/44584-h.htm425
3 files changed, 50501 insertions, 422 deletions
diff --git a/44584-0.txt b/44584-0.txt
new file mode 100644
index 0000000..11220c4
--- /dev/null
+++ b/44584-0.txt
@@ -0,0 +1,50498 @@
+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44584 ***
+
+ En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
+original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
+ texto. (nota del transcriptor)
+
+
+
+
+
+
+ BIBLIOTECA ILUSTRADA DE GASPAR Y ROIG.
+
+
+
+
+ LOS MONFIES
+
+ DE LAS ALPUJARRAS,
+
+ NOVELA ORIGINAL,
+
+ DE
+
+ DON MANUEL FERNANDEZ Y GONZALEZ.
+
+ [imagen]
+
+ MADRID.
+
+ GASPAR Y ROIG, EDITORES, PRINCIPE, 4.
+ 1859.
+
+
+
+
+ [imagen]
+
+ LOS MONFIES
+
+ DE LAS
+
+ ALPUJARRAS,
+
+ NOVELA ORIGINAL,
+
+ DE D. MANUEL FERNANDEZ Y GONZÁLEZ.
+
+
+
+
+PRIMERA PARTE.
+
+LOS AMORES DE YAYE.
+
+
+
+
+CAPITULO PRIMERO.
+
+El edicto del señor emperador.
+
+
+El dia 30 de mayo del año de 1546, una inmensa multitud de gentes de
+todos clases y condiciones, llenaba en Granada la estrecha plazuela
+comprendida entre la Capilla Real, sepulcro de los Reyes Católicos, la
+Casa de la Ciudad y las desembocaduras de algunas callejas, que desde
+aquel punto conducen al Zacatin, á la plaza de Bib-al-Rambla, y á la
+parte alta de la ciudad.
+
+Entre aquella multitud abundaban los pintorescos trages de los moriscos,
+á los que se mezclaban los justillos y las calzas castellanas, y los
+coletos de ámbar y los castoreños con plumas de los soldados de los
+tercios viejos del rey.
+
+Notábase cierta cuidadosa ansiedad en los rostros de los moriscos y una
+insolencia punzante en los de los castellanos que se mezclaban con
+ellos; segun todos los indicios y á juzgar por ciertas particularidades
+de que vamos á ocuparnos, debia prepararse algun acontecimiento
+importante.
+
+Las particularidades que acabamos de indicar, eran las siguientes:
+
+El gran balcon de la Casa de la Ciudad, estaba cubierto por una rica
+colgadura de terciopelo carmesí con franja y rapacejos de oro, y en su
+centro se veía bordado en realce el blason de las armas reales de España
+y Austria, sostenido por un águila de dos cabezas coronada y tendidas
+las alas; en el centro del balcon y tendido sobre la balaustrada, se
+veia un pendon rojo de dos puntas, blasonado con las armas de los Reyes
+Católicos, pendon real que se habia tremolado en la torre de la Vela de
+la Alcazaba de la real fortaleza de la Alhambra, el dia de la entrega de
+Granada, que los Reyes Católicos habian dejado como una inapreciable
+prenda á la ciudad, y cuya sola vista hacia palidecer los semblantes y
+arrasarse de lágrimas los ojos de los moriscos, á consecuencia de los
+tristísimos recuerdos que avivaba la vista de aquel pendon en su
+memoria.
+
+Ultimamente, una compañía de alabarderos, con su capitan Rodrigo de
+Monforte á la cabeza, formaba en cuatro filas delante de la puerta de la
+Casa de la Ciudad, y á través de los soldados se veian en el extenso
+patio, cuyas galerías estaban entonces sostenidas por arcos y columnas
+árabes, los abigarrados colores de las dalmáticas de los reyes de armas
+de la Ciudad, los sombreretes de canal con pluma y los negros
+ferreruelos de los alguaciles, los escuderos del señor corregidor y de
+los señores veinticuatros ó regidores perpetuos, teniendo los caballos
+de sus señores del diestro, y por último, los timbaleros y trompeteros
+de la Ciudad á caballo.
+
+Allá en un rincon podia verse tambien una persona de apariencia abyecta,
+vestida de negro, con la cabeza descubierta y aislada enteramente; una
+especie de mancha humana, con la que todos esquivaban ponerse en
+contacto; el último escalon descendente de la gradacion social puesto en
+contacto con el verdugo.
+
+Aquel hombre era el tio Gonzalvillo, pregonero jurado de la Ciudad.
+
+Se trataba, pues, de un pregon.
+
+Pero pregon que con tal solemnidad se preparaba, debia ser muy
+importante, y fué aquí la causa de la ansiedad de los moriscos, que todo
+lo temian de la mala fe que desde el momento despues de la entrega de la
+ciudad de Granada, habia usado con ellos la corona de Castilla, durante
+los reinados de los Reyes Católicos, de la reina doña Juana, su hija, y
+del emperador don Carlos, su nieto.
+
+A cada momento llegaban caballeros, vestidos con arneses de córte,
+ginetes en caballos encubertados de gala y rodeados de pajes y
+escuderos.
+
+A las once del dia oyóse por la calleja que conducia á la parte alta de
+la ciudad son de timbales, y poco despues desembocaron los músicos de la
+Real Chancillería, y sus reyes de armas á caballo; luego el señor
+presidente, en una mula, con sus hábitos de arcipreste; despues, en
+otras tantas mulas, los señores oidores, los señores alcaldes de Casa y
+Córte, y por último, una nube de negros ministros de justicia, ginetes
+en rocines.
+
+Aquella cabalgata atravesó por medio del apiñado gentío, llegó á la
+puerta de la Casa de la Ciudad, apeáronse los señores de la
+Chancillería, y entraron por medio de la compañía de alabarderos, que se
+abrió, quedando fuera la comitiva, y se entraron en la sala capitular,
+cuya puerta estaba situada al fondo del patio: la multitud, comprimida
+por aquel cuerpo extraño que se le habia incrustado, y apretada mas y
+mas por los nuevos curiosos que llegaban, no cabia ya en la plazuela y
+empezaba á rebosar por las tres callejas que á ella conducian; á las
+once y media la multitud tuvo que estrecharse mas; por la parte del
+Zacatin se habia escuchado de repente, bélico son de clarines y
+atambores que batian marcha; una compañía de arcabuceros habia entrado
+haciendo plaza, y en pos de ella, precedido por ginetes, el alferez
+mayor del reino y córte de Granada, llevando el estandarte real; luego
+el escudero del capitan general don Luis Hurtado de Mendoza, marqués de
+Mondejar, llevando su adarga; despues los lacayos, palafreneros y demás
+servidumbre del marqués, vestidos de gala; por último, entre una nube de
+caballeros, capitanes y alféreces, el mismo capitan general sobre un
+caballo ricamente encubertado, con una banda roja bordada de oro sobre
+su arnés de córte, el baston de mando en la diestra, llevando en la
+cabeza en vez del yelmo, como en señal de paz y confianza, un bonete de
+grana; seguíanle, empero, como muestra de que iba preparado á todo,
+cuatro escuderos, el uno de los cuales llevaba desnuda su ancha espada
+de combate, otro su yelmo de encage, otro su lanza de Milan, y otro su
+viejo escudo de guerra, que, aunque limpio y bruñido, se mostraba
+honrosamente abollado y remendado, señal clara de que habia defendido á
+su dueño en mas de una recia batalla; iban en pos los restantes
+servidores del marqués, y por último una compañía de piqueros.
+
+Es de advertir que el ayuntamiento habia dejado la posesion entera de la
+plazuela al pueblo, pero que, la Chancillería le habia robado un buen
+espacio; que el capitan general habia acabado de comprimirle, y que solo
+faltaba el Santo Oficio de la General Inquisicion para desalojarle
+enteramente de ella.
+
+El Santo Oficio no tardó en llegar con sus timbales, sus alguaciles, su
+pendon verde con la cruz dominica, sus inquisidores sombríos y hoscos,
+montados en mulas, sus familiares, y, por último sus soldados de la fe.
+
+El pueblo se vió obligado á extenderse fuera totalmente de la plazuela,
+rellenando las tres calles inmediatas: asi, pues, el ayuntamiento, la
+Chancillería, el capitan general y la Inquisicion, con sus ginetes y
+pendones, estaban sitiados, como acuñados por un pueblo inmenso.
+
+Pero aquel pueblo estaba vencido y desarmado, y á pesar de que
+comprendia que todo aquel aparato era para imponerle nuevas condiciones,
+para romper mas y mas las honrosas capitulaciones de la conquista de
+Granada, cada uno de aquellos moriscos callaba, y temblaba de ansiedad y
+aun de miedo.
+
+Dieron gravemente las doce en el cercano relój de la Capilla Real: aun
+duraba la vibracion de la última campanada, cuando se escuchó alto
+alarido de clarines y atronante redoblar de timbales y atambores; poco
+despues la multitud que henchia la calleja que comunicaba con el
+Zacatin, fue empujada y se puso lentamente en marcha; sucesivamente
+fueron saliendo de la plazuela los maceros y timbaleros del
+ayuntamiento; el pendon de la Ciudad, los regidores, el corregidor y los
+alguaciles; luego la Chancillería, despues el capitan general, por
+último, la Inquisicion y trás ella las tres compañías de alabarderos,
+arcabuceros y piqueros; la multitud que llenaba las otras dos calles se
+mezcló en la plazuela como dos rios que confluyen en un punto y siguió
+lento y tristemente aquella procesion, cuyos timbales y trompetas
+atronaban el espacio.
+
+Las tiendas de los mercaderes moriscos del Zacatin se habian cerrado:
+las ventanas de los primeros pisos estaban engalanadas con tapices, como
+en honor del pendon real, del pendon de la fe y del pendon de la Ciudad,
+que pasaban debajo de ellas; pero en aquellas ventanas, aunque no
+estaban cerradas, no habia una sola persona: la multitud estaba en la
+calle precediendo y siguiendo á las cuatro corporaciones que tan
+solemnemente atravesaban la ciudad.
+
+Al fin los primeros timbaleros desembocaron en la Plazuela Nueva; esta
+plaza estaba llena ya de moriscos, cuyo número se aumentaba
+incesantemente con el interminable cordon de ellos que avanzaba por la
+calle de Elvira y por los que descendían por las avenidas del Zenete, de
+la Antequeruela y de la Carrera de Darro.
+
+En medio de la plaza y delante del sitio donde algunos años después se
+construyó el palacio de la Chancillería, estaba levantado un extenso
+tablado; cuando llegaron á él, subieron por la gradería los tres
+alféreces del rey, de la Ciudad y de la Inquisicion: el corregidor, el
+capitan general, el inquisidor mayor y el presidente de la Chancillería;
+subieron, ademas, un secretario del ayuntamiento, que llevaba un rollo
+de pergamino rodado (es decir, con un sello de plomo, pendiente de hilos
+de seda) y el pregonero.
+
+Entonces los trompeteros de la Ciudad dejaron escuchar por tres veces el
+largo y ronco son de sus clarines, despues de lo cual y en medio de un
+silencio que habria hecho creer al que aquello hubiese visto de repente,
+que todos aquellos hombres que llenaban la extensa plaza, no eran otra
+cosa que fantasmas, se oyó la extensa y sonora voz que habia valido al
+tio Gonzalvillo su oficio de pregonero, que repetia estas palabras que
+le apuntaba en voz baja el secretario de la Ciudad:
+
+«¡Oid! ¡oid! ¡oid!»
+
+Despues de esto, Gonzalvillo hizo una pausa. Luego continuó:
+
+«Don Carlos, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Leon...
+
+Suprimimos en gracia á la paciencia de nuestros lectores, los largos
+dictados del emperador don Carlos, y la forma cancilleresca del edicto,
+que tras dichos dictados, pregonó Gonzalvillo: pero vamos á decir cuáles
+eran los capítulos del edicto, á la enunciacion de cada uno de los
+cuales se aumentaba, por decirlo asi, el silencio, y como que parecia
+que se sentian latir en medio de aquel silencio pavoroso, y como si
+hubieran sido un solo corazon, los corazones de los moriscos.
+
+El edicto, aprobado y firmado en 1530 por el emperador don Carlos, que á
+pesar de esto no se habia promulgado solemnemente, por no haberse
+creido oportuno exasperar á los moriscos, era en sustancia lo
+siguiente:
+
+El emperador, reconociendo las buenas y justas razones que le habia
+expuesto su consejo, decia á sus buenos vasallos, los moriscos del reino
+de Granada que: «Habiéndose reunido los años pasados doctos y justos
+varones, cuyos nombres se citaban largamente, y habiendo estos varones
+visto y examinado los capítulos y condiciones de las paces que se
+concedieron á los moros cuando se rindieron, el asiento que tomó de
+nuevo con ellos el arzobispo de Toledo[1], cuando se convirtieron, y las
+cédulas y provisores de los Reyes Católicos, juntamente con las
+relaciones y pareceres de hombres graves, y visto todo hallaron: que
+mientras se vistiesen y hablasen como moros, conservarian la memoria de
+su secta y no serian buenos cristianos, y en quitárselos no se les hacia
+agravio, antes era hacerles buena obra, pues lo profesaban y decian, se
+les mandaba dejar su lengua para siempre jamás, y no hablar sino en
+castellano; que no fuesen válidas las escrituras ni tratos que se
+hiciesen en lengua arábiga, que dejasen de usar su antiguo trage y
+usasen el castellano; que abandonasen la costumbre de sus baños; que
+tuviesen las puertas de sus casas abiertas los dias de fiesta y dias de
+viernes y sábado; que no usasen las leilas y zambras á la morisca; que
+no se tiñesen las mujeres las uñas de las manos y de los piés; que no
+usasen perfumes en los cabellos; que fuesen por la calle con los rostros
+descubiertos como las castellanas; que en los desposorios y casamientos
+no usasen ceremonias moriscas, sino que se hiciese todo con arreglo á
+los preceptos de la Iglesia Católica; que el dia de la boda tuviesen la
+casa abierta; que oyesen misa; que no tuviesen consigo niños expósitos;
+que no usasen de sobrenombre, y últimamente, que no tuviesen consigo
+berberiscos libres ni cautivos.»
+
+Este edicto acababa de anular las capitulaciones de la conquista de
+Granada, ya en años anteriores harto bastardeadas: los moriscos se
+encontraban reducidos á la condicion de un pueblo que se hubiese rendido
+á discrecion.
+
+La fe de la palabra y de la firma real de los Reyes Católicos, ya
+lastimada en su tiempo, acababa de ser rota por sus sucesores.
+
+Pero ni un murmullo de disgusto se levantó entre aquellos pobres
+vencidos, tenian miedo: ya habian probado dos veces la insurreccion en
+la Ajarquía y en las Guajaras, y estas dos insurrecciones habian sido
+vencidas, y durísimamente castigadas á sangre: estaban enteramente
+dominados, desarmados, y sin embargo, la cólera rugía en cada uno de sus
+corazones, y el ánsia de morir matando á sus aborrecidos opresores, les
+dominaba.
+
+Pero, como hemos dicho, fuese por el estupor primero que sobrecoge á un
+pueblo cuando siente sobre sí el golpe audaz del látigo del despotismo,
+fuese por desaliento, fuese por prevision, ni un murmullo, ni una señal
+de disgusto se dejó notar entre las turbas.
+
+Acabado el pregon del edicto en la Plaza Nueva, la misma comitiva, en la
+misma solemne forma, se dirigió al Albaicin y empezó á trepar por sus
+pendientes y estrechas calles, hasta llegar á la Plaza Larga, donde
+habia otro tablado.
+
+Allí, tambien, en medio de un gentío inmenso, se pregonó el edicto, y
+concluido que fue el pregon, la cabalgata se encaminó á la parte baja de
+la ciudad.
+
+Ni un solo castellano quedó en el Albaicin: todos eran moriscos.
+
+Al retirarse las cuatro corporaciones de la Plaza Nueva, la multitud se
+habia dispersado, retirándose cada uno de los moriscos, triste,
+cabizbajo y pensativo á su casa. Pero no aconteció lo mismo en la Plaza
+Larga: en vez de dispersarse el gentío, se estrechaba mas: empezaba á
+escucharse un murmullo sordo y amenazador: pero aun no se habia
+proferido un solo grito, no habia tenido lugar ni una sola señal
+sediciosa.
+
+De repente, un jóven como de veinte y cuatro años, de continente
+gallardo, y de apariencia robusta, de rostro enérgico y hermoso, y,
+aunque vestia completamente como los hidalgos castellanos, morisco, sin
+duda, á juzgar por la expresion letal y la mirada amenazadora con que
+habia escuchado desde el dintel de una botica, el pregon de los
+capítulos del edicto, se volvió bruscamente hácia dentro, y abandonando
+á un anciano que le acompañaba, y que, por el contrario que el jóven,
+habia escuchado el pregon con semblante impasible, empujó rudamente la
+puerta de la celosía de la tienda, la atravesó fuera de sí, y salvando á
+saltos unas escaleras, atravesó una habitacion, abrió una ventana que
+daba á la plaza, y avanzando por ella el cuerpo gritó:
+
+--¡A las armas contra los cristianos! ¡á barrear las calles que bajan á
+la ciudad! ¡á morir ó á exterminar á nuestros enemigos!
+
+La voz del jóven excitado por la cólera, era tonante, extensa, poderosa,
+como la voz de la tempestad.
+
+Su grito de guerra retumbó claro y distinto por cima de los murmullos de
+la multitud, en los ángulos mas distantes de la plaza.
+
+Aumentóse el murmullo y la agitacion; pero ni un solo hombre se movió,
+ni una sola voz contestó á la voz del jóven tribuno.
+
+--¡Cobardes! gritó el jóven, irritado por el poco efecto que habian
+hecho sus palabras en los moriscos, ¡os sentencia á la pobreza, á la
+esclavitud y á la deshonra, y lo sufrís como sufre el perro el látigo de
+su señor!
+
+--¡Cobardes no! gritó otra voz no menos tonante que la del jóven, desde
+el centro de la multitud: ¡cobardes no! ¡desarmados!
+
+Y aquella voz tenia una entonacion de dolor generoso, de desesperacion,
+de rabia, todo junto á la vez.
+
+--¡Que no tenemos armas! exclamó con una feroz energía el jóven de la
+ventana, clavando su mirada de águila en el que le habia contestado y
+reconociéndole. ¿Y eres tú, Farax-aben-Farax el valiente, el
+descendiente de cien reyes, el que exclamas como una débil mujer: ¡no
+tenemos armas!--¿acaso porque no ves la infamia delante de tus ojos, no
+ves las piedras que tienes delante de los piés? ¿y cuando aun estas
+mismas piedras nos faltáran, no es preferible morir antes que ver á
+nuestros pequeñuelos separados de sus madres, á nuestras doncellas
+afrentadas por el cristiano, á nuestros viejos cubiertos de vergüenza de
+haber llegado á tan ruines tiempos?
+
+--¡A las armas! ¡á barrear las calles! exclamó la multitud, excitada por
+el entusiasta y enérgico apóstrofe del jóven: ¡á morir ó matar!
+
+Y los moriscos empezaron á revolverse y sin saberse de dónde habian
+salido, empezaron á verse arcabuces, picas y espadas entre la multitud.
+
+Era inminente una insurreccion: todas las bocas gritaban; todas las
+manos se agitaban; algunos cargaban los arcabuces y soplaban las mechas
+para hacer salva, como en señal de levantamiento.
+
+Entonces apareció en la misma ventana en dónde el jóven con la voz y los
+ademanes seguia excitando al pueblo, apareció, decimos, un viejo
+venerable, de larga barba blanca, vestido á la castellana; el mismo que
+hemos dicho acompañaba al jóven durante el pregon en la puerta de la
+botica.
+
+Una ansiedad mortal se mostraba en su semblante, antes indiferente, y
+con sus trémulas manos agitaba un bonete encarnado, de que se habia
+despojado, dejando descubiertos sus largos cabellos blancos como plata.
+
+La toca del bonete ondeaba, y á todas luces se comprendia que el anciano
+deseaba que se restableciera el silencio para poder ser escuchado: sus
+señas se vieron, comprendióse su deseo y mucho respeto, mucho amor debia
+inspirar aquel venerable viejo á los moriscos, porque los gritos cesaron
+y los que estaban á punto de salir de la plaza se detuvieron.
+
+--¿Me conoceis aun, hijos mios? exclamó el anciano con voz trémula y
+conmovida: ¿me conoceis aun, bajo estas ropas castellanas?
+
+--¡Si! ¡si! ¡si!
+
+--Tú eres el justo, el bueno, el santo faquí! de la gran mezquita,
+exclamó el llamado Farax-aben-Farax: tú eres nuestro amado Abd-el-Gewar;
+habla anciano: tus hijos te escuchan.
+
+--¿Que vais á hacer? exclamó el faquí: ¿no veis la ciudad llena de
+soldados? ¿no habeis visto la espantable artillería que para causaros
+terror ha llevado delante de vosotros á la Alhambra el capitan general?
+¿no habeis visto hace un momento reunidos el ayuntamiento, la
+Chancillería, la milicia y la Inquisicion? ¿para qué se han dejado ver
+tantas gentes con tanta pompa, con tanto estruendo, sino para daros á
+entender que estan resueltas á cumplir aunque para ello necesiten
+exterminaros, el cruel edicto del emperador?
+
+El anciano, fatigado por el violento esfuerzo que habia hecho para
+dejarse oir de la multitud, se detuvo un momento; los que ocupaban la
+plaza tenian fijos en él sus ojos, y el silencio, mas profundo aun que
+al principio, continuaba: el jóven morisco que poco antes habia incitado
+al pueblo á la insurreccion desde la ventana, se veia tras el anciano,
+de pié con los brazos cruzados y el semblante sombrío.
+
+--¡Acordaos! continuó el anciano faquí: ¡acordaos los que ya teneis
+canas, cuando en el año 99, el alguacil Velasco de Barrionuevo, osó
+entrar en la casa de un _elche_[2] y sacar á su hija doncella para
+llevarla á bautizar á la fuerza! ¡acordaos de que, á los gritos de
+aquella desdichada, irritados nuestros hermanos salieron á la plaza de
+Bib-al-bolut, salvaron la doncella y mataron al alguacil! el Albaicin se
+levantó, la adarga que don Iñigo Lopez de Mendoza nos enviaba en señal
+de paz fue apedreada; el arzobispo de Toledo que habia venido á
+convertirnos, cercado en su casa: durante tres dias defendimos las
+calles que suben de la ciudad, como desesperados ¿y qué sucedió? solos,
+sin mas amparo que nuestro valor, combatidos por todas partes, fuimos
+vencidos, nos vimos obligados á besar de nuevo los piés del vencedor y á
+pedirle gracia: sin embargo, mas de quinientas familias fueron
+castigadas: vimos los pequeñuelos arrancados del pecho de sus madres; el
+padre anciano separado del hijo robusto; las doncellas, con los rostros
+descubiertos y los cabellos tendidos, entre la brutal soldadesca; los
+que habian matado al infame alguacil ahorcados; otros llevados al
+interior de las Castillas, vendidos como esclavos; los demás aterrados,
+gimiendo nuestro dolor y nuestra vergüenza bajo el altivo perdon de los
+castellanos. ¿Y quereis que hoy volvamos á probar tales afrentas?
+¿quereis que hoy tambien seamos vencidos, despedazados, y que nuestros
+pequeñuelos y nuestras doncellas nos sean arrebatadas por el vencedor?
+
+--Es que ese edicto no los arrebata, santo faquí, exclamó
+Farax-aben-Farax.
+
+--Ese edicto no se cumplirá, dijo Abd-el-Gewar; no se cumplirá, porque
+aun tenemos oro con que saciar la codicia de los ministros del rey:
+mientras tengamos oro, ahorremos sangre: cuando seamos pobres, cuando
+todo nos lo hayan robado, entonces, hijos mios, yo, delante de vosotros,
+iré á hacerme matar por los castellanos.
+
+Un murmullo de amor interrumpió al faquí.
+
+--Ahora, hijos mios, á vuestras casas: mostraos en ellas como si nada
+hubiera acontecido: esta noche á la oracion de Alajá[3] los xeques[4]
+del Albaicin, casa del Habaquí, en San Cristóval.
+
+El anciano hizo con su toca un ademan de imperio y se quitó de la
+ventana.
+
+--¡Oro! ¡siempre oro! dijo el jóven que le acompañaba, siguiéndole.
+¿Para cuando guardamos el hierro?
+
+
+
+
+CAPITULO II.
+
+De cómo un hombre puede amar por caridad á una mujer, y de cómo, á
+veces, puede parecer la caridad amor.
+
+
+Ningun pueblo como el pueblo árabe, y como su descendiente el moro, ha
+llegado á la belleza de las formas, al refinamiento del gusto, á lo
+voluptuoso de los contrastes, en lo referente á la construccion de sus
+habitaciones.
+
+La casa de un moro, por pobre que este fuese, era ya una cosa bella,
+porque lo bello estaba y está en el carácter de su arquitectura: la
+vivienda de un moro rico era ya un verdadero alcázar en cuya
+construccion, en cuyo aspecto, se notaban unidos, enlazados, la religion
+y el amor: si hay mucho de voluptuoso, de lascivo en los arcos calados,
+en los triples transparentes, en la media luz que por estos arcos y
+transparentes penetra en las cámaras; en las labores doradas sobre
+fondos esmaltados, en los brillantes mosáicos, en las fuentes que
+murmuran sobre pavimentos de mármol, habia tambien en todo aquello mucho
+de místico, considerado el misticismo desde el punto de vista de las
+creencias musulmanas.
+
+Visitad los restos de la Alhambra: cualquiera de sus admirables cámaras,
+ya sea la de Embajadores, ya la de los Abencerrajes, ya la de las Dos
+Hermanas; ya vagueis entre los arcos del patio de los Leones, ya bajo
+las cúpulas de la sala de Justicia, cualquiera de aquellos admirables
+restos, repetimos, si teneis ojos para ver y corazon para sentir, os
+trasladaran á otros tiempos y á otras gentes; os harán aspirar en cada
+retrete el sentimiento del amor y de la religion de los musulmanes; os
+explicaran cómo aquel pueblo pudo llenar una página tan brillante en el
+interminable libro que ha escrito, escribe y sigue escribiendo la
+humanidad: son á un tiempo poesías eróticas y salmos sagrados; cantos de
+guerra y sueños de molicie; la espada del Islam, el libro de la ley y el
+velo de oro de la hermosa odalisca, todo junto, todo confundido: la
+materia y el espíritu, la luz y la sombra, y sobre todo esto lo
+romancesco, lo ideal, lo bello, lo sublime.
+
+ * * * * *
+
+En uno de esos admirables retretes árabes, cuyo recuerdo nos ha
+inspirado la anterior digresion, recostado en un divan, profundamente
+pensativo, con los elocuentes ojos negros como fijos en la inmensidad, á
+la luz de una lámpara que ardia sobre una pequeña y preciosa mesa de
+mosáico, y sirviendo, en fin, de complemento por su magnifica y
+característica hermosura á la bellísima estancia en que se encontraba,
+estaba el mismo jóven que aquella mañana habia excitado á los moriscos
+del Albaicin á la insurreccion en la Plaza Larga despues de pregonado el
+edicto del emperador.
+
+Observando detenidamente á aquel jóven, se notaba en él un no sé qué
+misterioso, algo de grande que tenia muchos puntos de comparacion con lo
+que se llama grandeza en los reyes; algo de valiente, pero con esa
+valentía generosa de los héroes: mucho de firme, de indomable, de audaz
+en su carácter: parecia que sobre aquella frente se agolpaban como un
+grupo de rojas nubes grandes destinos, una altísima mision que cumplir,
+una grande empresa que llevar á cabo.
+
+Aquel jóven por su expresion reflexiva parecia ya viejo.
+
+Pero un viejo con ojos brillantes, con cabellos brillantes, lleno de la
+enérgica vida de la juventud, bajo cuya ancha frente se adivinaban
+atrevidos pensamientos, bajo cuya piel densa, blanca y mate, se
+adivinaba la circulacion de lava en vez de sangre.
+
+Aquel jóven era uno de esos seres que se hacen notables á primera vista.
+
+Uno de esos seres de quienes se dice: ese es un hombre de corazon.
+
+Uno de esos seres que han nacido para dominar, y que inspiran á las
+mujeres un amor profundo, una necesidad de convertirse en sus esclavas:
+que son objeto, en fin, de ese sublime sentimiento que jamás comprenderá
+el hombre, porque es incapaz de sentirlo: la abnegacion de la mujer.
+
+Porque la mujer no ama con el amor de la abnegacion mas que lo
+esencialmente bello, grande, fuerte, poderoso.
+
+ * * * * *
+
+Este jóven, en medio de su distraccion, tenia en sus manos un ramito de
+madreselva.
+
+Aquel pobre ramo habia sido la causa de la abstraccion del jóven.
+
+Aquel ramo era una prenda de amor de una mujer.
+
+Entre los árabes y los moros, las flores, las hojas de los árboles, las
+yerbas, las cintas de colores, son otras tantas frases de un diccionario
+con cuyo auxilio solo se comprende su dulcísimo lenguaje:
+
+El del amor.
+
+O un lenguaje triste, desesperado, cáustico, provocador:
+
+El de los zelos.
+
+O un lenguaje terrible, inplacable, feroz:
+
+El de la venganza.
+
+Pero siempre que las flores hablan, no pueden referirse á otras pasiones
+que las que nacen del amor.
+
+El hablar por medio de las flores es peculiar entre los musulmanes á las
+mujeres, y la mujer toda es amor, ó zelos ó venganza: de cualquier
+manera que la considereis, la mujer es toda corazon.
+
+ * * * * *
+
+¿Sabeis lo que quiere decir entre los orientales, en ese lenguaje
+inventado por la mujer para expresar sus afectos, un pobre ramo de
+madreselva?
+
+Significa: lazo de amor.
+
+¡Lazo de amor! ¡frase terrible bajo su dulzura! ¡frase á la que van
+unidas todas las consecuencias que pueden emanar de la union entre un
+hombre y una mujer!
+
+Es decir: un mundo de pasiones.
+
+El jóven de quien nos ocupamos, habia visto caer de una celosía vecina
+aquel ramo de madreselva.
+
+La mano que habia arrojado aquel ramo era tan hermosa, que por ella sola
+se concebia que la mujer poseedora de aquella mano debia ser un prodigio
+de hermosura y de pureza.
+
+La magnífica ajorca de oro y diamantes que descansaba en el nacimiento
+de aquella mano, demostraba que aquella mujer debia pertenecer á una
+familia, no solo riquísima, sino poderosa entre los moriscos.
+
+El jóven habia tomado el ramo de madreselva y le habia puesto sobre su
+corazon, en un herrete de su justillo.
+
+Despues habia mirado á la celosía y habia sonreido lánguida y
+tristemente.
+
+Hasta que llegó á la inmediata puerta de su casa, la hermosa mano
+permaneció asomada por bajo de la celosía, como demostrando la presencia
+de su dueño, y la rica ajorca lanzando fúlgidos destellos, herida por
+los postreros rayos del sol poniente.
+
+Cuando el jóven llegó á la puerta de su casa y le abrieron, saludó con
+un ademan lleno de gracia y de benevolencia á su hermosa vecina, cuya
+mano le saludó á su vez. Luego cuando el jóven hubo entrado y cerrado su
+puerta, la mano se retiró lentamente, como con dolor, y luego se escuchó
+el leve ruido de una ventana que se cerraba en silencio.
+
+Acaso en aquel mismo punto se escuchó un gemido de las brisas de la
+tarde.
+
+Acaso el suspiro de una mujer.
+
+ * * * * *
+
+El ramo de madreselva habia venido á causar al jóven una impresion que
+se unió inmediatamente á la profunda impresion que le habia causado el
+edicto del emperador.
+
+«¿Quién piensa en unir su destino al de una mujer, cuando la patria
+necesita todo nuestro corazon, toda nuestra alma, toda nuestra fuerza,
+toda nuestra sangre?»
+
+Este fue el primer pensamiento que inspiró al jóven el ramo de
+madreselva.
+
+Tras aquel pensamiento se enlazaron natural, necesaria y lógicamente
+otros.
+
+«Ella me ama, dijo, es hermosa, es pura: mis miradas son su luz, mis
+palabras su esperanza, mi amor su vida; pero el amor es una debilidad:
+el amor acaba por apoderarse de nosotros: el amor hace pequeño al hombre
+porque le esclaviza, y un esclavo no puede ser grande.»
+
+«Yo no quiero ser esclavo.»
+
+«Y luego, esa mujer es enemiga de mi patria, es cristiana de corazon, es
+la hija de un renegado: yo no puedo ser esposo de esa mujer.»
+
+El jóven se equivocaba, se engañaba: mejor dicho, pugnaba por engañarse.
+
+La verdad era, que sus creencias le separaban de su hermosa vecina, y
+que á pesar de esto ni aun en su conciencia queria hacerla la ofensa de
+desdeñarla como mujer, y como mujer enamorada.
+
+La verdad del caso era que habia de por medio fanatismos y pasiones
+humanas que impedian á nuestro jóven pensar en el amor de aquella mujer.
+
+Ella no se habia parado á meditar si habia alguna razon que la separase
+del jóven.
+
+La bastaba con saber que le amaba.
+
+Porque la razon suprema de la mujer es el amor.
+
+ * * * * *
+
+Necesario es que determinemos nuestro relato para ocuparnos de estos dos
+jóvenes.
+
+Los dos eran moriscos. Pero existian entre ellos notables diferencias.
+
+El se llamaba entre los cristianos Juan de Andrade entre los moros Yaye.
+
+Ella se llamaba Isabel de Córdoba y de Válor, y no tenia sobrenombre
+árabe porque en la época de su nacimiento, hacia ya muchos años que su
+familia era cristiana y estaba ennoblecida y honrada por los reyes de
+Castilla.
+
+Sin embargo, sus ascendientes tenian un nobilísimo sobrenombre:
+
+Se llamaban los Beni-Omeyas.
+
+Es decir, los hijos de Omeya, los descendientes de la dinastía Omniada,
+de los califas de Córdoba.
+
+Isabel, pues, era una doncella de sangre real.
+
+Sus padres habian muerto, y estaba bajo la tutela de dos hermanos: don
+Diego y don Fernando, llamado entre los moriscos por sobrenombre
+Al-Zaquir, ó el Zaquer (el pequeño, el segundon).
+
+Juan de Andrade ó Yaye, como mejor queramos, era tambien cristiano, pero
+cristiano como lo eran en aquel tiempo la mayor parte de los moriscos
+de Granada: convertido á la fuerza: por temor á las prescripciones del
+vencedor y á la implacable dureza con que eran tratados por los
+cristianos los moriscos que resistian la conversion.
+
+Yaye, pues, era cristiano en el nombre y en la práctica exterior y en el
+fondo su alma musulmana y musulman fanático.
+
+Isabel de Córdoba, por el contrario, era cristiana, enteramente
+cristiana, llena de fe y de entusiasmo por la religion del Crucificado,
+con esa caridad angelical, madre de todas las virtudes; con esa dulce y
+poética piedad de la mujer, que es toda amor.
+
+Habia, pues, mas de una discordancia esencial entre estos jóvenes.
+
+Yaye, impulsado por su ciego y severo fanatismo musulman, llamaba como
+otros muchos moriscos á los Válor, la familia de los renegados.
+
+Isabel, por lo tanto, tenia para el jóven sobre su pura y noble frente
+este fatal estigma religioso.
+
+Existian aun otras gravísimas circunstancias que separaban á Yaye de
+Isabel.
+
+Yaye no conocia á sus padres, pero el anciano Abd-el-Gewar, que le habia
+educado desde la infancia, le habia revelado al tener uso de razon que
+era hijo de un rey y descendiente de reyes. Yaye habia querido saber el
+nombre del rey su padre y el nombre de su reino; pero su anciano ayo le
+habia declarado que hasta que tuviera veinte y cuatro años no conocería
+á su padre, y aun cuando el jóven le rogó y le suplicó, se mantuvo
+inflexible.
+
+Preguntóle Yaye que por qué razon se le criaba como cristiano entre los
+cristianos, y Abd-el-Gewar guardó tambien acerca de este punto un
+profundo silencio, pero procuró hacer del jóven príncipe, y lo hizo, un
+hombre honrado, de pensamiento puro, engrandecido en el alma, severo en
+materias de moral y rígido en las costumbres; pero sobre estas buenas
+cualidades, tenia Yaye algunas muy malas: el disimulo mas refinado, la
+intencion mas profunda, y el orgullo inherente al conocimiento de su
+alto orígen: esto era resultado del doble papel que se veia obligado á
+representar: cristiano severo en la forma exterior, era, como hemos
+dicho, musulman y musulman ascético en el fondo de su alma.
+
+Yaye no comprendia el amor, ni las debilidades, ni la compasion en su
+forma externa: era rígido como una coraza de Damasco. No tenia mas
+creencias, no conocia otros objetos á quienes rendir adoracion que al
+Altísimo, con arreglo á las prescripciones del Koran, y á la patria, á
+la manera que siente por la patria todo el que está dispuesto á perecer
+por ella.
+
+Los enemigos de su Dios eran sus enemigos: los enemigos de su Dios eran
+los enemigos de su patria.
+
+Bajo este doble concepto Yaye era enemigo, y enemigo irreconciliable de
+la pobre Isabel.
+
+ * * * * *
+
+Uno de los mas incomprensibles misterios de nuestra alma consiste en que
+á veces amamos sin saberlo; á un ser á quien creemos aborrecer.
+
+Este amor misterioso que germina dentro de nosotros, que se desarrolla y
+al fin se hace sentir, lastimándonos como una polilla, como una carcoma
+roedora, se demuestra primero en un recuerdo tenaz que no podemos
+desechar, en un sentimiento vago, con el cual luchamos con todas
+nuestras fuerzas hasta que caemos vencidos: en un malestar interno,
+semejante al roce del remordimiento en el fondo de la conciencia.
+
+En nosotros existen dos principios que generalmente estan en pugna: la
+naturaleza y las costumbres, que son una segunda naturaleza, una
+naturaleza artificial.
+
+Yaye habia sido educado de una manera doble: cristiano por fuera,
+musulman por dentro: desde su infancia habia vestido el traje
+castellano, desde su adolescencia, el anciano Abd-el-Gewar, le habia
+llevado á las aulas de Salamanca, donde ¡cosa extraña! habia aprendido
+humanidades, teología y cánones: al mismo tiempo, y esta era tambien
+otra doble faz de su educacion, se habia ejercitado en la equitacion y
+el manejo de las armas: ademas, el anciano faqui le habia instruido en
+todos los puntos dogmáticos del Koran, atacando de paso á la teología
+cristiana en todos los puntos en que está en discordancia con la
+alcoránica, como quien durante tantos años habia sido gran faqui y sabio
+expositor del Koran, en la gran mezquita del Albaicin.
+
+Yaye, pues, á los diez y ocho años, y considerado desde los puntos de
+vista de la ciencia y de la destreza ó del valor, podia haber sido
+indistintamente canónigo, ó faqui, ó capitan de soldados.
+
+Acaso en las ocultas razones que habia tenido Abd-el-Gewar para educarle
+de tal modo se contaba con la necesidad que pudiese tener alguna vez de
+ser cualquiera de estas tres cosas.
+
+Pero lo que hay de mas extraño en esto es, que á pesar de lo opuesto de
+estas enseñanzas, la inteligencia del jóven no se embrolló, ni su trato
+con los cristianos, ni sus estudios canónicos, destruyeron una sola de
+sus creencias musulmanas.
+
+Esto consistia en que la influencia de Abd-el-Gewar era, respecto á él,
+infinitamente mas fuerte que la de los maestros de Salamanca; en que
+cada vacacion, despues del año escolar, cuando la mayoría de los
+sopistas se extendia por toda España en busca de recursos para subsistir
+durante otro año de estudios, de una manera algo mas cómoda que la
+dependencia de la sopa de los conventos, Yaye era llevado por
+Abd-el-Gewar á las Alpujarras ó á Granada, donde le hacia aspirar un
+odio irreconciliable contra los cristianos, á la vista de la dureza, de
+los excesos y aun de las infamias, de que eran víctimas los moriscos:
+Yaye se irritaba, y esta irritacion sorda, esta gota de hiel que la
+presion de la tiranía, de la intolerancia, del fanatismo, de la soberbia
+del vencedor, deja caer incesantemente sobre el corazon de los vencidos,
+iba acrecentando su odio hácia los cristianos y preparándole á ser algun
+dia uno de sus mas terribles enemigos.
+
+Ya hemos visto que, lleno el baso del sufrimiento del jóven con el
+pregon del edicto del emperador, su primera palabra habia sido un grito
+de insurreccion.
+
+Aun no era tiempo y Abd-el-Gewar supo contener al pueblo, supo cambiar
+el oro por la sangre; supo inspirarles alguna esperanza y con ella
+alguna paciencia.
+
+Desde que salió de la Plaza Larga con el jóven, habia estado vagando con
+él por las cercanas cumbres del cerro del Aceituno y de Santa Elena, y
+durante un largo paseo por lugares en donde no podian ser escuchados
+sino por los lagartos y por los grillos, le habia preparado á cercanos
+acontecimientos que debian fijar irrevocablemente su porvenir: le habia
+anunciado que iba por fin á conocer á su padre y á su reino; le habia
+hablado de proyectos de emancipacion para el pueblo moro-español, cuando
+llegase el probablemente próximo caso de que España, fatigada por el
+mismo peso de su grandeza, empezase á fraccionarse; habíale, en fin,
+hecho oir estas sentenciosas y magníficas palabras:
+
+--Ten presente, hijo mio, que el hombre que es verdaderamente virtuoso
+no vive para sí mismo sino para los demás: ten en cuenta que dentro de
+poco descansaran sobre tus hombros los destinos de un pueblo que es muy
+desgraciado: que tú no serás un hombre, sino una esperanza; que en fin,
+ese pueblo tendrá fijos en ti los ojos para execrarte ó para bendecirte.
+
+Despues de estas palabras que fueron pronunciadas por el anciano cerca
+de la puerta del Fajalauza, entraron en el Albaicín: el sol descendia:
+Abd-el-Gewar se dirigió á la cita que tenia en casa del Habaquí con los
+xeques del Albaicín y Yaye se encaminó, pensativo y engrandecido por las
+palabras de su anciano mentor, á su casa, situada en la calle del
+Zenete.
+
+Casi junto á su puerta, al pasar bajo los miradores de la casa de don
+Fernando de Córdoba, y de Válor, su vecino, cayó á sus piés el ramito de
+madreselva; cuando despues de recogerlo alzó los ojos, vió la hermosa
+mano de Isabel.
+
+Entonces sintió una impresion dolorosa, como la de quien, marchando
+confiado por un camino en que no espera encontrar obstáculos, se lastima
+el pié al tropezar con un objeto durísimo.
+
+Aquel duro objeto era Isabel, la hija del renegado, la doncella
+cristiana.
+
+¡Y aquella mujer le arrojaba una prenda que representaba un lazo de
+amor!
+
+Yaye, sin embargo, como hemos visto, habia saludado triste y
+lánguidamente á la doncella.
+
+¿En qué consistia esta dulce expresion tratándose de un enemigo?
+
+Es que aquel enemigo era una mujer y una mujer enamorada, y Yaye creia
+sentir hácia ella un impulso de caridad.
+
+ * * * * *
+
+Entre otras prevenciones, habia hecho Abd-el-Gewar al jóven la de que
+aquella noche á las doce estuviese dispuesto á montar á caballo y partir
+con él á las Alpujarras.
+
+Yaye habia preparado sus ropas moriscas, su jaco damasquino, su yatagan,
+su lanza de dos hierros y sus pistoletes: habia bajado al jardin, y al
+extremo de él habia entrado en las caballerizas.
+
+Como buen ginete habia observado cuidadosamente el estado de los
+caballos, y habia revistado las monturas.
+
+Al salir reparó que, en una galería, sobre otro jardin que solo estaba
+separado del suyo por una tapia, como solo lo estaba aquella galería de
+la de sus habitaciones por un tabique, apoyada en su labrada balaustrada
+de alerce, habia una mujer.
+
+Aquella mujer era Isabel de Válor.
+
+La amante enemiga de Yaye.
+
+Yaye llevaba aun en su justillo sobre su corazon el ramito de
+madreselva.
+
+Al ver esta prenda de su amor sobre el pecho de su amado, la pobre niña
+sonrió como deben sonreir los ángeles en presencia de Dios.
+
+Aquella sonrisa que era equivalente á un encantador saludo, obligó al
+jóven á detenerse y á hablarla.
+
+Pero se detuvo de mala gana, y como cuando hacemos las cosas á la fuerza
+somos poco espontáneos, necesitó buscar un medio cualquiera para
+dirigirla la palabra.
+
+--Estais pálida, Isabel, la dijo: ¿estais enferma?
+
+Estas palabras que tenian el acento de una tierna solicitud, hicieron
+sonreir de nuevo á la jóven de una manera mucho mas expresiva.
+
+¿Sabeis lo que es á veces la sonrisa de una mujer?
+
+A veces reemplaza á los ojos, y es mas elocuente que ellos: á veces toda
+el alma de una mujer, con sus delicados perfumes, por decirlo asi, se
+exhala por los labios convertida en una sonrisa.
+
+--Soy muy desgraciada, dijo tristemente la jóven.
+
+Y sus ojos se llenaron de lágrimas, y su hermosa boca antes tan dulce,
+se contrajo en una expresion de dolor.
+
+--¡Desgraciada! exclamó Yaye, no sabiendo qué contestar.
+
+--Sí, sí, muy desgraciada, pero todo lo espero en vos, todo; y cuando os
+veo, se alienta mi esperanza y soy muy feliz.
+
+--¿Que lo esperais todo de mí?
+
+--Sí, todo; no puedo por ahora deciros mas, pero esta noche...
+
+Un vivísimo rubor cubrió el rostro de la jóven que al fin continuó,
+haciendo un esfuerzo:
+
+--Esta noche os espero.
+
+--¡Que me esperais!
+
+--Si; tomad la llave del postigo del jardin y esperad para venir á que
+yo cante en la habitacion inmediata á la vuestra: adios.
+
+Y la jóven, saludando con los ojos y con la sonrisa, pero con una
+sonrisa triste y casi fatal á Yaye, arrojó una llave al jardin, y huyó,
+desapareciendo como una hada entre los arcos festonados del interior de
+la galería.
+
+--El amor es la pasion impura de Satanás, dijo Yaye recogiendo la llave:
+los hombres que confian su honor á un ser tan débil como la mujer, son
+unos insensatos.
+
+Yaye, como veremos mas adelante, calumniaba á la pobre Isabel.
+
+A pesar de su grave é impertinente observacion, y la llamamos
+impertinente, porque otro hombre menos dado á la contemplacion, no
+hubiera pensado tan de ligero respecto á Isabel, recogió la llave y se
+encaminó á su aposento, donde se arrojó sobre un divan.
+
+Sin saber cómo, abstraido en un torbellino de pensamientos, el ramito de
+madreselva habia venido á parar á su mano.
+
+Sin saber cómo, habia aspirado mas de una vez su ligero aroma silvestre,
+y al tocar por acaso el ramo á sus labios, su corazon se habia
+extremecido.
+
+Sin saber cómo, la imágen de Isabel flotaba delante de todos sus
+pensamientos en el fondo de su alma.
+
+Yaye no creia que aquello fuese amor: para él aquello era caridad.
+
+¿Pero sabemos acaso á dónde puede llevar á un hombre la caridad hácia
+una mujer? ¿Y luego la caridad no es el amor en toda su intensidad, en
+toda su pureza, en su omnipotencia, en fin?
+
+Yaye respecto á su corazon, se engañaba como sucede en general á todos
+los hombres.
+
+El sentimiento es la naturaleza; la razon, es la ciencia.
+
+Son opuestos y se combaten.
+
+Pero en esta lucha, tarde ó temprano, acaba por triunfar el corazon, por
+obedecer la cabeza.
+
+ * * * * *
+
+Yaye habia conocido á Isabel dos años antes, durante unas vacaciones,
+por razon de vecindad.
+
+Entonces tenia Isabel diez y ocho años; Yaye veinte y dos.
+
+Muchas veces cuando Yaye se asomaba á la galería de sus habitaciones,
+veia en las suyas á su hermosa vecina.
+
+Isabel habia heredado de sus abuelos el magnífico tipo de la raza árabe:
+blanca, pálida, con los cabellos y los ojos negros, y los labios
+sumamente rojos, era una de esas mujeres que no se ven sin que hagan
+experimentar una impresion dolorosa, porque siempre es doloroso el deseo
+cuando no se sabe si será satisfecho.
+
+Yaye la vió, y experimentó aquella vaga y dolorosa inquietud, pero de
+una manera instintiva, sin darse razon de ello.
+
+Los jóvenes siguieron viéndose: á las pocas vistas se saludaron; á los
+pocos saludos se hablaron; siempre poco despues de amanecer, y, como
+obedeciendo á una costumbre, los jóvenes se veian en las galerías,
+teniendo solo un tabique de por medio.
+
+Al principio se hablaron algo de lejos; sucesivamente fueron estrechando
+la distancia; al fin, solo les separó el tabique medianero.
+
+Progresivamente las miradas de Isabel para Yaye, fueron haciendose mas
+intensas: al cabo el jóven conoció que era amado; al conocerlo se dijo:
+
+--Yo no puedo amar á esa mujer: yo no debo alentar con mi presencia sus
+amores.
+
+Y cortó bruscamente sus entrevistas con Isabel.
+
+Pasaron los dias, pasaron las semanas, pasó un mes.
+
+Yaye, entregado al estudio de la filosofía con su maestro Abd-el-Gewar,
+no habia salido durante aquel mes á la calle.
+
+Isabel le habia esperado en vano, en la galería al amanecer; por las
+tardes, en la celosía que correspondia á la calle, y desde donde se veía
+la puerta de la casa de Yaye.
+
+Todas las noches este, habia escuchado la dulcísima voz de Isabel que en
+la habitacion vecina, cantaba al son de una guitarra tristísimos
+romances moriscos.
+
+Al fin, un dia, cuando ya habia pasado un mes de ausencia,
+Harum-el-Geniz, noble morisco, que servia á Yaye de escudero, le dijo:
+
+--Tengo para vos un encargo de la hermosa vecina.
+
+Yaye frunció el gesto.
+
+--Me ha preguntado si estais enfermo, y aunque le he dicho que no, me ha
+dado este relicario.
+
+Harum sacó de su bolsillo un objeto envuelto en un pedazo de tela de
+seda color de rosa.
+
+Era en efecto un relicario.
+
+Pero un relicario riquísimo: de oro, cincelado y esmaltado, pendiente de
+una cadena del mismo metal, orlado de perlas, y conteniendo por un lado
+la imágen de la Vírgen inmaculada, y por el otro un pequeño _Lignum
+Crucis_.
+
+El jóven miró con repugnancia aquel rico objeto de devocion.
+
+--¿Para qué te ha dado esto esa dama? dijo á Harum.
+
+--Doña Isabel me ha dicho: si está enfermo, que se ponga pendiente del
+cuello esta santa reliquia, y sanará.
+
+Nublóse mas el semblante de Yaye, y tuvo impulsos de entregar el
+relicario á Harum para que lo devolviese á Isabel.
+
+--Pero no, dijo para sí: su solicitud por mí, no merece tan descortés
+respuesta; yo mismo se lo devolveré.
+
+Y despidió á Harum.
+
+Aquella noche el sueño de Yaye fue inquieto: al amanecer se vistió, y se
+puso en la galería.
+
+Ya estaba en ella Isabel.
+
+Pero pálida, con la palidez enfermiza de una salud alterada: flaca, con
+la mirada tristemente dulce; con las hermosas manos casi diáfanas.
+
+Un solo mes de ausencia, habia causado tal estrago en la pobre niña.
+
+Un vivísimo sentimiento de compasion se apoderó de Yaye al ver á Isabel.
+
+--¡Oh! dijo esta: yo os habia creido enfermo... y estais... como
+siempre... gracias á Dios.
+
+--Vos en cambio... dijo Yaye, y no se atrevió á continuar.
+
+--Sí, he sufrido mucho... Isabel se detuvo tambien.
+
+--He venido á devolveros un relicario que disteis ayer á mi escudero,
+dijo Yaye haciendo un esfuerzo.
+
+Isabel le miró y no pudo contener dos brillantes lágrimas que asomaron á
+sus ojos.
+
+--¡Ah! ¡no quereis conservar mi relicario!... dijo.
+
+Yaye se conmovió; comprendió al fin cuánto le amaba aquella mujer, _tuvo
+lástima de ella_ y repuso:
+
+--¡Oh! no, perdonad... yo creia... pero conservaré esta prenda... por
+vuestro amor.
+
+Al fin Yaye habia roto la valla; comprendia que su amor era la vida de
+Isabel, y creyendo ceder solo á la compasion, cuando en realidad quien
+le impulsaba era su corazon, demostró á Isabel un amor que él creia
+fingido.
+
+Pero no reparaba, engañándose á sí mismo, que al fingir aquel amor
+gozaba de unas delicias purísimas, que su corazon se aliviaba de un peso
+cruel, porque al fin exhalaba el depósito de amor que traidoramente y
+contra la voluntad de su dueño habia absorbido su corazon.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+Isabel, que se habia puesto flaca y pálida en un mes, volvió á la
+magnífica turgencia de sus formas, á su admirable hermosura, en una
+semana: sus ojos brillaban exhalando con un encanto indefinible su alma
+fecundada por el amor de Yaye: no solo habia recobrado su antigua
+hermosura: esta habia crecido.
+
+Vióla un dia el anciano faqui y exclamó suspirando:
+
+--Para ser un arcángel del sétimo cielo, no la falta á la pobre Isabel
+otra cosa que no ser cristiana.
+
+ * * * * *
+
+El amor para las mujeres, es como el rocío y el sol de la primavera para
+las flores.
+
+ * * * * *
+
+Durante las vacaciones de aquel año, Isabel y Yaye fueron felices. Ella
+porque se contemplaba amada; él porque creia hacer una obra meritoria de
+caridad.
+
+El amor de Yaye hácia Isabel no era amor sino misericordia.
+
+Fuése Yaye á Salamanca á estudiar su último año.
+
+Cuando se separó de Isabel, experimentó un dolor agudo, un vacío en el
+corazon.
+
+A pesar de su repugnancia á todo lo que representaba las creencias
+cristianas, Yaye se llevó consigo el relicario.
+
+A los pocos dias de ausencia, el relicario pendia del cuello de Yaye.
+
+Hubo un momento en que se preguntó con terror si verdaderamente amaba á
+aquella mujer.
+
+ * * * * *
+
+Harum iba y venia con mucha frecuencia de Granada á Salamanca; cuando
+iba, llevaba una carta de Isabel para Yaye; cuando volvia, una carta de
+Yaye para Isabel.
+
+Yaye, sin embargo, habia logrado engañarse completamente; se habia
+convencido de que no amaba á Isabel, pero seguia escribiéndola amores, y
+deseando volver á verla, por caridad, por pura caridad.
+
+ * * * * *
+
+En tal estado se hallaban los corazones de los jóvenes, cuando Yaye
+volvió de Salamanca antes que se acabase el curso, y ya se habian visto
+algunos dias los dos amantes.
+
+Isabel habia empezado á ser mas esplícita: las palabras esposo y esposa
+empezaban á salir de sus labios. Yaye comprendió que habia llegado el
+momento de que su caridad fuese puesta á prueba, y empezó á excusar en
+cierto modo sus entrevistas con Isabel.
+
+En tal situación y cuando las miserias de su pueblo y la noticia de que
+iba al fin á conocer á su padre, habian abierto para él una nueva vida,
+habia recibido el ramo de madreselva, y despues una llave y una cita de
+Isabel.
+
+Yaye estaba con razón tan profundamente pensativo y abstraido como le
+hemos presentado al principio de este capitulo.
+
+ * * * * *
+
+Pasaban lentamente las horas.
+
+El reló de Santa María de la Alhambra marcó á lo lejos las once de la
+noche, y retumbaron tres sonoros golpes de la campana de la Torre de la
+Vela.
+
+Poco despues hizo extremecer á Yaye el preludio de una guitarra.
+
+Armonías fugitivas que se exhalaban de las sonoras cuerdas del
+instrumento, como suspiros de amor: flexibles ráfagas, que parecian
+destinadas á llevar á los oídos del amado el alma de una mujer.
+
+Yaye sintió vacilar su alma acariciada por aquella armonía que parecia
+poner en contacto dos seres nacidos el uno para el otro, separados solo
+por el fanatismo, por la educacion.
+
+Luego la voz de Isabel, grave, sonora, dulce, enamorada entonó las
+coplas siguientes:
+
+ La esperanza es la vida
+ de quien bien ama,
+ y su muerte, la muerte
+ de su esperanza.
+ ¡Ay! ¡Dios no quiera
+ que mi amante esperanza
+ se desvanezca!
+
+Estremecióse de piés á cabeza Yaye al escuchar la copla; después un
+vértigo envolvió su cabeza: nunca habia oido cantar con tal pasion á
+Isabel: entonces comprendió que la amaba; al comprenderlo creyóse
+entregado á Satanás, porque solo Satanás, segun él, pensaba en su
+fanatismo, podia inspirarle amor hácia una enemiga de su ley, hácia la
+hija, la hermana, la descendiente de los renegados.
+
+--No iré á la cita, se dijo.
+
+Pero hay negativas que se pronuncian con demasiada audacia:
+instantáneamente pensó que era una cobardía huir del peligro: que era
+mas noble arrostrarle, luchar con él y vencerle.
+
+--Iré, sí, iré: ella no tiene la culpa de ser lo que es... es cierto que
+yo no puedo unir mi suerte á la suya, que no debo amarla; pero la
+desengañaré: acabaremos de una vez ¡Oh! si por ventura al verse engañada
+en sus esperanzas, en su amor... ¡oh! ¡si muriese!... pues bien, que se
+convierta al Dios Altísimo y Unico... si no... que olvide ó muera... yo
+no puedo hacer traicion por una mujer á mi patria y á mi ley.
+
+Un cuarto de hora despues, estaba Yaye en el jardin de Isabel; pero por
+una refinada crueldad aconsejada por su fanatismo, porque el fanatismo
+ha sido siempre cruel, llevaba vestido de una manera completa un trage
+morisco.
+
+Isabel no conocia ni poco ni mucho la historia de Yaye: le oia hablar
+con pureza el castellano, le veia vestir ropas castellanas, sabia que
+era estudiante.
+
+Isabel le creia un hidalgo castellano.
+
+Y luego á una mujer que ama, la importa poco conocer la posicion, el
+nombre, la historia del hombre amado; la basta con saber que es amada:
+el corazon se llena con sensaciones, no con palabras. Isabel solo sabia
+lo que necesitaba saber.
+
+Que el señor Juan de Andrade la amaba con todo su corazon.
+
+Esta era la verdad, por mas que Yaye quisiese desconocerla, Isabel no se
+engañaba: sabia cuánto amor atesoraba para ella el alma de Yaye, porque
+la mujer no se engaña jamás acerca de los sentimientos que inspira.
+
+Isabel confiaba ciegamente en Yaye. La pobre Isabel se engañaba. No
+sabia la infeliz que existen dos pasiones terribles que dominan
+enteramente el corazon del hombre y le arrastran: el fanatismo y la
+ambicion.
+
+Le esperaba á la entrada de un cenador de jazmines, y al verle en aquel
+trage le hubiera desconocido á no bañar de lleno la luz de la luna su
+semblante.
+
+Sin embargo, al verle en aquel trage, Isabel que habia avanzado
+rápidamente al sentir sus pasos, retrocedió y se detuvo estremecida por
+un presentimiento frío, punzante, como la hoja de un puñal.
+
+Los jóvenes hablaron muy poco.
+
+--¿Qué ropas son esas? le dijo Isabel con la voz trémula: ¿á qué ese
+disfraz?
+
+--Estas ropas, señora, son las ropas de mi pueblo: las que se nos
+quieren arrancar por los cristianos, las que llevaré desde ahora como
+buen musulman.
+
+--¡Ah! exclamó Isabel consternada, llevándose las manos sobre el
+corazon.
+
+Y luego adelantando un paso, y mirando frente á frente con una fijeza
+sombría á Yaye exclamó:
+
+--¡Vos no me amais!
+
+--Os amo, Isabel... pero antes que á vos amo á mi patria.
+
+--Por piedad, contestadme de una vez ¿sois moro?
+
+--Moro soy.
+
+--¿Estais resuelto á no convertiros á la fe de Jesucristo?
+
+--Jamás.
+
+--Entonces no podeis ser mi esposo, exclamó con acento desesperado
+Isabel.
+
+--Convertios á la religion de vuestros abuelos los califas de Córdoba.
+
+--Adoro á Dios uno y trino, le adoro con toda mi alma, y por él sufriré
+el martirio de mi amor; por él sufriré si es preciso el indudablemente
+menos terrible de mi cuerpo.
+
+--Entonces, adios.
+
+--Esperad un momento: quiero que sepais hasta dónde llega el tormento á
+que me habeis sentenciado engañándome: yo os amo, os amo desde el
+momento en que os ví: os amaré siempre: yo contaba con vos; no sabía
+quién érais, si pobre ó si rico, si noble ó villano: eso me importaba
+poco. Estaba resuelta á unirme con vos y á ser vuestra esposa... porque,
+permaneciendo en mi casa me veré obligada á entrar en un convento ó á
+casarme con un hombre á quien no puedo amar y con el que me obligan á
+casar mis hermanos. Vos me posponeis á una religion falsa, á una patria
+que no podeis salvar. Id con dios. Pero tened en cuenta que obligada á
+ser monja ó casada, seré casada, porque no me atrevo á ofrecer á Dios un
+corazon que está lleno del amor de un hombre: seré casada y haré feliz á
+mi marido, porque el dolor se quedará todo para mí. Pero acordaos, y que
+este recuerdo me vengue del rudo golpe que me dais cuando menos lo
+esperaba... acordaos de que me habeis hecho infeliz, de que me habeis
+robado mi única esperanza sobre la tierra. Que me vengue de vos, la
+rabia de verme entre los brazos de otro... porque me amais, lo sé, lo
+conozco, estoy segura de ello: me sacrificais á vuestra soberbia... no
+sé á qué... pero no importa: el amor que logrado nos hubiera hecho
+igualmente felices, malogrado nos hace igualmente miserables.
+
+--Una palabra: convertios á la ley de vuestros abuelas, si es verdad que
+me amais.
+
+--Seguid vos en el fondo de vuestro corazon en vuestra ley, profesad
+ante el mundo la del Redentor Divino: si tenemos hijos juradme que seran
+cristianos, y soy vuestra esposa.
+
+--¡Adios! exclamó fatídicamente el jóven.
+
+--Esperad, esperad un momento: conservais una prenda mía...
+
+--La llevo sobre mi corazon.
+
+--¡Sobre vuestro corazon la imágen de la Virgen! ¡una reliquia de la
+cruz del Salvador sobre el corazon de un moro!
+
+--Isabel, dijo con un acento profundamente sentido Yaye: ya no sabia lo
+que era amor, y no creia sentirlo hasta este momento: yo os amo, os
+amaré siempre: esta prenda que un dia me entregásteis no se separará
+jamás de mí.
+
+--¡Que ella os proteja! exclamó llorando Isabel.
+
+--El destino nos separa: vuestros abuelos renegaron de su ley por el oro
+de los cristianos... ¡renegaron! exclamó enérgica y gravemente Yaye, en
+vista de un movimiento de la jóven: vos no quereis volver al camino de
+luz que ellos dejaron. Cúmplase lo que está escrito. Pero cuando el sol
+aparezca todos los dias, cuando bañe con sus primeros rayos ese mirador
+que tantas veces ha escuchado las palabras de nuestro amor: ¡acordaos de
+mí!
+
+Y Yaye, temeroso de que sus fuerzas le abandonasen, que la hermosura y
+el amor de Isabel fuesen mas fuertes que sus creencias y sus propósitos,
+huyó de ella como hubiera huido un cenobita de un fantasma tentador.
+
+Isabel le vió desaparecer yerta: mientras resonaron sus pasos sobre la
+calle de césped alentó alguna esperanza; cuando oyó rechinar la llave en
+la cerradura del postigo, sintió que se desgarraba su corazon; cuando al
+fin escuchó la caida de la llave que el jóven la devolvia arrojándola
+por cima de la tapia, perdió su última esperanza y creyó morir.
+
+Luego cayó de rodillas, lloró por su amor perdido y rogó á Dios por el
+hombre que se llevaba su corazon.
+
+Despues se levantó, buscó la llave, la alzó del suelo, y se volvió
+triste, lenta, como un alma apenada que se vuelve á su tumba.
+
+Isabel habia muerto para la felicidad; no la quedaba sobre la tierra mas
+que la amarga copa del sacrificio.
+
+
+
+
+CAPITULO III.
+
+De cómo puede haber reyes sin reino conocido, y abdicaciones de las
+cuales no se hace cargo la historia.
+
+
+Hay en la historia de nuestra patria una página correspondiente al siglo
+XVI.
+
+Esta página está llena con un hecho admirable.
+
+[imagen: Yaye.]
+
+Este hecho es la abdicacion del emperador Carlos V en su hijo don Felipe
+II. Fuese aquella abdicacion producto del hastío del emperador hácia las
+grandezas humanas, fuese aconsejada por el egoismo de un soberano que
+conociendo á tiempo que sus años y sus fuerzas eran insuficientes para
+sostener la carga de tan dilatados imperios, la dejase caer sobre los
+robustos hombros de su hijo, la página que contiene aquella abdicacion
+es la mas gloriosa de la historia de Carlos V, ya se considere bajo el
+punto de vista de un hombre que ha llegado á ser bastante grande para
+poder sobreponerse á las grandezas humanas, ya del de una sabia
+prevision política.
+
+Aquella abdicacion asombró al mundo; aun asombra hoy á los que no
+comprenden cuánto contribuye un postrer acto de humildad en un hombre
+tal como Carlos V para aumentar la grandeza de su fama: el temido
+emperador acabó siendo respetado; el pecador siendo perdonado; la
+severidad de las generaciones encargadas de juzgarle, se estrella contra
+los sombríos muros del monasterio de San Yuste.
+
+Carlos V para acercarse á las puertas de la eternidad, deponia la
+púrpura, se vestia el sayal penitente y se cubria la frente de ceniza.
+
+Y en verdad, en verdad, que Carlos V necesitaba del auxilio de una
+penitente expiacion. La grandeza humana tiene generalmente por base el
+crímen.
+
+Carlos V habia sido rey déspota: Carlos V habia sido rey conquistador.
+
+Si Carlos V solo hubiera poseido un reinecillo de pocas leguas, si no
+hubiese llevado sus estandartes victoriosos por todas las partes del
+mundo, su abdicacion no hubiera causado efecto.
+
+Y decimos esto, porque algunos años antes de la abdicacion del
+emperador, tuvo lugar otra, de la cual no se ha hecho cargo, ni aun de
+la manera mas insignificante, la historia.
+
+Nosotros tenemos noticias de ella, en algunos fragmentos de manuscritos
+árabes, hallados por acaso en el derribo de una casa morisca del
+Albaicin de Granada.
+
+Vamos, pues, á trasmitir esta abdicacion á la historia siquiera sea en
+las páginas de una novela.
+
+A las doce de la noche en que tan dolorosamente se habia separado Yaye
+de Isabel de Válor, montó el jóven á caballo, y acompañado del anciano
+Abd-el-Gewar, á caballo tambien, de Harum y de dos esclavos berberiscos,
+tomó la vuelta de las Alpujarras.
+
+[imagen: Doña Isabel de Córdoba y de Válor.]
+
+Yaye iba silencioso, apenado: el anciano faqui comprendia la causa de su
+dolor y lo respetó: ni una sola palabra que tuviese relacion con Isabel,
+se pronunció durante el camino, ni nada tampoco que se refiriese al
+objeto que le llevaba á las Alpujarras. Al amanecer llegaron á Lanjaron.
+
+Este pueblo estaba un tanto alborotado por las noticias que se tenian en
+él del pregon que el dia anterior se habia hecho en Granada.
+
+Allí los mismos síntomas de insurreccion que en el Albaicin.
+
+Allí tambien la voz y los consejos del anciano Abd-el-Gewar pudieron
+restablecer el sosiego.
+
+Descansaron algun tiempo, y al medio dia se pusieron de nuevo en camino.
+
+Poco después de haber cerrado la noche entraban en la villa de Cadiar.
+
+Reinaba un profundo silencio en el pueblo; todo parecia entregado al
+sueño; ni una luz á través de las ventanas, ni un enamorado en la calle,
+pulsando, como otras veces, la guitarra, bajo los miradores de su amada;
+solo de tiempo en tiempo, se veia el turbio reflejo de una linterna, á
+cuyo opaco resplandor podian verse algunos alguaciles y soldados que
+rondaban con el corregidor.
+
+La tranquilidad de Cadiar, que era una de las principales villas de la
+Taha ó distrito de Juviles, en las Alpujarras, era amenazadora por su
+misma exageracion. Comunmente á aquellas horas no estaba la poblacion
+tan desierta.
+
+Yaye, Abd-el-Gewar, Harum y los esclavos, rodearon por fuera de las
+tapias del barrio bajo, subieron un repecho, y ya cerca del castillo,
+entraron por el postigo de una tapia de un jardin, en una casa del
+barrio alto.
+
+No habian encontrado á su paso ni una sola persona, y sin duda se les
+esperaba de antemano, porque apenas resonaron las pisadas de los
+caballos, junto al postigo, se abrió este en silencio, y con el mismo
+silencio volvió á cerrarse apenas hubieron entrado en el jardin los
+cinco ginetes.
+
+Pasó algun tiempo y al fin se escuchó el primer canto del gallo.
+
+Era la media noche.
+
+Abrióse entonces el postigo del jardin, donde habian entrado Yaye y
+Abd-el-Gewar y salieron dos personas envueltas en alquiceles blancos.
+
+El postigo se cerró.
+
+Las dos personas descendieron en silencio por el repecho en direccion á
+las montañas cercanas.
+
+La una, encorvada como bajo el peso de los años, se apoyaba en el brazo
+de la otra, que era esbelta, fuerte, como alentada por el fuego de una
+vigorosa juventud.
+
+Su paso era apresurado. El jóven sostenia al viejo. Deslizábanse bajo el
+rayo de la luna que aparecia en medio de un cielo despejado, iluminando
+de una manera fantástica las montañas cercanas, que recortaban
+vigorosamente sus penumbras oscuras sobre los valles, mientras á lo
+lejos apenas se percibian otras montañas casi perdidas entre las brumas
+de la noche.
+
+Al fondo se extendia una línea brillante.
+
+Era el mar, cuyo gemido se escuchaba ténue é incesante, debilitado por
+la distancia.
+
+De tiempo en tiempo y entre el oscuro follaje de los álamos que crecian
+junto á las riberas, en el fondo de los valles, se levantaba la
+armoniosa y magnífica voz de un ruiseñor enamorado, y allá en las
+altísimas rocas se dejaba oir el poderoso y estridente graznido de los
+aguiluchos hambrientos, mientras acá y allá, en todas direcciones se
+levantaba de entre la yerba el canto alegre de millares de grillos.
+
+Ni una habitacion humana, ni nada que revelase la existencia del hombre
+en aquellas soledades, se advertía cerca ó lejos, al poco espacio de
+haberse aventurado los dos hombres de los alquiceles blancos en la
+montaña.
+
+El eco repetia sus pasos en las concavidades de las rocas, al marchar
+sobre las ásperas crestas y alguna piedra desprendida á su paso del
+borde de los desfiladeros, rodaba con estruendo á las profundidades de
+los valles.
+
+Al cabo de media hora de marcha, el viejo y el jóven llegaron á la
+entrada de un oscuro pinar. Antes de que pudiesen aventurarse en él se
+oyó un chasquido, y un venablo pasó silbando sordamente á mucha
+distancia de ellos.
+
+Indudablemente era une seña, no una amenaza, puesto que el viejo se
+detuvo y agitó por tres veces su alquicel.
+
+A aquella señal viéronse moverse sombras informes en la entrada de la
+selva, y adelantar hácia el repecho donde se habian detenido el viejo y
+el jóven.
+
+El número de aquellas sombras podia llegar á veinte y cuatro. Dos de
+ellas llevaban una litera.
+
+Cuando saliendo de la penumbra de la selva aquellos hombres se pusieron
+bajo la luz de la luna, pudo verse que sus semblantes eran feroces, casi
+salvajes: su trage era característico y bravío: llevaban en la cabeza un
+pequeño turbante blanco; ceñido su cuerpo por un sayo pardo, con mangas
+anchas, bajo las cuales se veian sus velludos brazos; este sayo, cuya
+falda apenas les llegaba á las rodillas, estaba ceñido en la cintura por
+una faja encarnada y anchísima, en la cual estaban sujetos un alfanje
+corvo y corto, y un par de largos pistoletes; pendiente de un ancho
+talabarte llevaban á la espalda una aljaba llena de venablos ó saetas;
+cada uno de estos hombres mostraba en su mano una fuerte ballesta, y por
+último, unas calzas de lana azul y unas abarcas, cuyos filamentos de
+cuero rodeaban sus piernas hasta atarse debajo de las rodillas,
+completaban su severa y enérgica vestimenta.
+
+Aquellos hombres parecian salteadores, bandidos, gente aparejada á todo
+linaje de crueldad y de desafuero.
+
+En efecto, tenian mucho de salteadores, porque aquellos hombres eran
+monfíes.
+
+Mas adelante tendremos ocasion de decir lo que estos monfíes eran.
+
+El anciano habló algunas palabras en árabe con el que parecia jefe de
+aquella gente, y despues abrió la litera, y entró en ella con el jóven.
+
+La litera se cerró de tal modo, que los que iban dentro no podian ver el
+camino por donde se les conducia.
+
+Inmediatamente cuatro de los monfíes cargaron con la litera, y rodeados
+de los restantes adelantaron hácia el oscuro pinar, y se internaron en
+él.
+
+El lugar donde el jóven y el anciano habian entrado en la litera, quedó
+solitario.
+
+Poco despues y durante una hora, aparecieron uno tras otro en el repecho
+frontero al pinar, doce hombres envueltos en alquiceles blancos.
+
+Siempre que aparecia uno de aquellos hombres, zumbaba á alguna distancia
+de él una saeta salida del pinar.
+
+El hombre se detenia; agitaba por tres veces el extremo de su alquicel,
+y adelantaba sin recelo, aventurándose en la oscura selva, como en un
+terreno conocido.
+
+Poco despues otro hombre envuelto tambien en un alquicel blanco, llegó
+al mismo punto que los otros, y como junto á los otros, zumbó junto á él
+otra saeta.
+
+En vez de agitar aquel hombre por tres veces su alquicel, se volvió, y
+empezó á trepar apresuradamente el repecho por donde poco antes habia
+descendido.
+
+Escuchóse entonces el simultáneo chasquido de algunas ballestas, y el
+ronco silbar de muchos venablos: el que huia cayó.
+
+Poco despues algunos monfíes estaban á su alrededor, y le reconocian.
+
+--Es el alguacil de Mecina de Bombaron, dijo uno de ellos en árabe á sus
+compañeros; un perro, espía de los cristianos.
+
+Y arrastrándole por un pié hasta el borde del desfiladero, le arrojó á
+la profundidad.
+
+Oyóse un ronco gemido, luego el rebotar pesado del cuerpo sobre las
+rocas, despues el zumbido de un objeto voluminoso que cae al agua.
+
+Despues nada. Los monfíes habian desaparecido. Solo quedaba en el
+sendero del repecho junto á la cortadura, un ancho rastro de sangre, y
+algunos girones blancos que iluminaban la luna sobre los espinos.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+En aquel mismo punto, sentado en un divan, en una magnífica cámara,
+teniendo á los piés, sobre la alfombra de pieles de tigre, una hermosa
+esclava, habia un anciano.
+
+Este anciano dormitaba; su venerable barba blanca se inclinaba sobre su
+pecho; sus anchas y régias vestiduras se extendian sobre el divan.
+
+Entre la toca árabe del anciano, se veian las puntas de oro de una
+corona de rey.
+
+La esclava sentada á sus piés, abstraida y pálida, mostraba en sus
+negros y radiantes ojos una mirada diáfana, y como fija en la
+inmensidad; de tiempo en tiempo su blanca mano, arrancaba una flevil y
+fugitiva armonía de las cuerdas de oro de su guzla de marfil.
+
+Un ruiseñor, encerrado en una jaula riquísima, pendiente de la cúpula,
+lanzaba tambien de tiempo en tiempo un largo y armónico trino.
+
+Una lámpara de seda pendiente de la cúpula, arrojaba los reflejos de la
+ténue luz que contenia, destellando dulcemente en los erretes de
+diamantes del almaizar del anciano, en el brillante pomo de su yatagan,
+en la cabellera, y en los ojos de la esclava, en la ancha tunica de
+brocado de esta, y en los arabescos dorados que enriquecian los arcos
+sobre que se asentaba la cúpula.
+
+Era un cuadro de reposo que inspiraba sueño.
+
+Una imágen de voluptuosidad, que inspiraba amores.
+
+Un detalle encantador de la vida íntima de los musulmanes.
+
+El anciano era hermoso, á pesar de su edad.
+
+La esclava, era un arcángel humano.
+
+La cámara, era un robo hecho al paraíso.
+
+Durante algun tiempo, el anciano continuó dormitando, la esclava
+pensando, trinando el ruiseñor.
+
+Mas allá todo era silencio.
+
+De repente se escuchó un golpe vibrante y metálico.
+
+El ruiseñor calló; el anciano levantó la cabeza; la esclava se puso de
+pié, dejando ver la arrogante esbeltez de sus formas.
+
+Retumbó un segundo golpe; el anciano se puso de pié, y mandó con un
+ademan á la esclava que saliese.
+
+Esta desapareció por uno de los arcos laterales, como una ilusion de
+amores.
+
+Cuando se hubo perdido el ténue eco de los pasos de la esclava, el
+anciano fué á la puerta de la cámara y la abrió.
+
+En ella apareció otro anciano, de semblante atezado, de mirada dura y
+centelleante, pero respetuosa ante la persona que habia abierto la
+puerta: inclinóse como se inclina un vasallo ante su señor, y dijo:
+
+--Poderoso emir: vuestro leal siervo Abd-el-Gewar, el faqui, acaba de
+llegar.
+
+Coloráronse con una llamarada febril las pálidas mejillas del anciano,
+arrasáronse sus ojos, y dijo:
+
+--¿Y ha venido solo Abd-el-Gewar?
+
+--No, poderoso emir, le acompaña un jóven.
+
+--¿Dónde estan?
+
+--En la antecámara inmediata.
+
+--Haz entrar á Abd-el-Gewar.
+
+--¿Solo?
+
+--Solo. Entre tanto da compañía al jóven.
+
+Inclinóse el anciano, salió, y el emir se dirigió con paso lento, y
+profundamente pensativo al divan, y se sentó en él.
+
+Poco despues se abrió la puerta del fondo, y apareció Abd-el-Gewar, que
+se detuvo un punto, miró al fondo, vió al emir, brilló en sus ojos una
+expresion de alegría y adelantando con una ligereza superior á sus años,
+se arrojó á los piés del emir.
+
+--Que el Señor Altísimo y Unico, te bendiga, señor, exclamó asiéndole
+las manos.
+
+--Alza, Abdel, alza, dijo con la voz ligeramente conmovida el emir: alza
+mi buen amigo, y siéntate.
+
+Y levantándole, le sentó á su lado en el divan.
+
+Los dos ancianos se contemplaron frente á frente, y en silencio durante
+algun tiempo: parecia como que en aquella mútua mirada recordaban todo
+su pasado: una larga historia de lucha y de sacrificios; los recuerdos
+de la juventud; las pasiones de la edad viril; los desengaños de la edad
+madura; aquella mirada mutua, era, como pudiera decirse, una mirada
+retrospectiva lanzada al mundo que habian dejado atrás, desde ese otro
+mundo que está ya al borde de la fosa, ese otro mundo desconocido que se
+llama eternidad.
+
+--¿Y mi hijo? dijo al fin con anhelo el emir.
+
+--Vuestro hijo, señor, contestó Abd-el-Gewar, es un cumplido caballero,
+un corazon de oro, un brazo de hierro.
+
+--Hace tres años que no le veo; la última vez que estuve en el Albaicin
+era un bello adolescente, un leoncillo de buena raza.
+
+--Ahora, señor, es un hombre hermoso, un verdadero leon. ¿Creereis que
+ayer cuando pregonaron ese terrible edicto del emperador, de que ya
+tendreis noticias, me fue necesario apelar á todo el respeto que me
+tiene, para que no se pusiera al frente de los moriscos y acometiese
+espada en mano á los cristianos?
+
+--¡Ah, buen hijo de sus abuelos! exclamó el anciano; y luego haciendo
+una rápida transicion añadió: ¿y cómo han acogido los moriscos de
+Granada la promulgacion de ese infame edicto?
+
+--De una manera amenazadora, señor; pero no es tiempo aun...
+
+--No, aun no es tiempo, dijo el emir; pero es necesario irnos preparando
+al combate: un dia, cuando menos lo pensemos, el emperador arrastrado
+por su fanatismo religioso, por su recelo y por las excitaciones de los
+frailes y de la Inquisicion, desatenderá los buenos oficios que nos
+procuramos á fuerza de oro, del príncipe Ruy Gomez de Silva y de sus mas
+allegados consejeros, y romperá con nosotros de una manera cruel, y si
+es necesario, nos exterminará, entregándonos atados á la Inquisicion.
+Entonces será necesario desnudar la espada, rebosar de entre las breñas
+donde nos ocultamos, y morir matando cristianos. Esta determinacion
+extrema podrá ser necesaria hoy, mañana, cuando menos lo esperemos. Por
+lo mismo es necesario estar preparados. Mis buenos monfíes, saben que
+tengo un hijo; que ese hijo, para que se instruya, para que conozca el
+mundo, para que conozca las necesidades de los hombres que han nacido
+para ser gobernados viviendo entre ellos, ha sido entregado á uno de mis
+sabios. Yo estoy ya viejo y débil: las desgracias han agotado mis
+fuerzas gastando mi vida, y mi corazon... ¡oh!... ¡los encendidos
+recuerdos que nunca se apartan de mi alma!... ¡oh! ¡qué desgraciado he
+sido, Abd-el-Gewar!
+
+El anciano emir inclinó la cabeza sobre el pecho.
+
+--Es necesario olvidar, dijo Abd-el-Gewar con el acento ronco y
+cavernoso.
+
+--¡Olvidar!¡olvidar! tú mismo no has olvidado, exclamó el emir; y eso
+que tú no eras su esposo, eso que tu no la amabas... ¡olvidar! ¡olvidar
+á Ana! olvidar aquel dia terrible en que la Inquisicion...
+
+El anciano se interrumpió, se cubrió el rostro con las manos y lanzó un
+grito de horror, como si su recuerdo le hubiese llevado hasta una
+situacion horrible, hasta una de esas situaciones en que parece que Dios
+coloca á los hombres para probar hasta qué punto puede un corazon humano
+apurar el dolor sin romperse. Durante algun tiempo el anciano continuó
+cubierto el rostro con las manos, anonadado, estremecido por un temblor
+convulsivo. Luego se irguió de repente: brillaba en sus ojos un fuego
+salvaje, y exclamó con la voz vibrante y trémula:
+
+--La he vengado con la sangre de los cristianos: las breñas de la
+Alpujarra me han visto persiguiéndolos como bestias feroces: mi yatagan
+se ha ensangrentado en ellos, y el terror ha guardado los desfiladeros
+de la montaña. El nombre de los monfíes de las Alpujarras ha retumbado
+preñado de horror hasta los mas remotos confines de España, y en vano ha
+sido que el emperador haya enviado sus mas valientes capitanes y sus
+soldados mas aguerridos en busca nuestra: han sido nuevas víctimas
+inmoladas al recuerdo de Ana: mi brazo se ha cansado de matar, pero aun
+no se ha apurado la sed de sangre de mi corazon: he envejecido inmolando
+sangre á mi venganza, y me veo obligado á entregar esa venganza á mi
+hijo: me siento morir, Abd-el-Gewar.
+
+--¡Morir! ¡morir vos, señor, cuando apenas contais sesenta años!
+
+--La vejez no es la edad, sino el sufrimiento: desde la muerte de Ana
+han pasado veinte y cuatro años... y mira: mi piel está arrugada, mis
+cabellos blancos, mis manos trémulas: apenas puedo ya sostener la
+espada... es necesario que mi hijo ocupe mi puesto... es necesario que
+mi hijo sea rey... rey de las Alpujarras ahora, mañana, si Dios lo
+quiere, rey de Granada.
+
+--¡Rey de Granada! suponiendo, señor, que llegásemos á rescatar del
+cristiano nuestra perdida joya, la hermosa Granada, ¿ignorais que hay un
+hombre en quien los moriscos de Granada reconocen un derecho?
+
+--¡Don Diego de Córdoba y de Válor! No importa: don Diego sabe muy bien
+que los moriscos de Granada son gente baldía y floja acostumbrada al
+yugo. Sabe muy bien que la fuerza, la constancia, la fe, existen en los
+monfíes. Ademas, tengo un proyecto que todo lo conciliará. Don Diego de
+Córdoba, tiene una hermana.
+
+--Sí señor, contestó Abd-el-Gewar, mirando con espanto al emir.
+
+--Cuando yo estuve en Granada hace cuatro años, doña Isabel era una
+doncella de catorce años, hermosa, pura, noble, cándida, con un corazon
+de ángel y una dignidad de reina.
+
+--Pero D.ª Isabel es cristiana, cristiana de corazon, exclamó con
+repugnancia el fanático Abd-el-Gewar.
+
+--Cristiana era su tia doña Ana de Córdoba y de Válor, y sin embargo,
+Abdel, me casé con ella.
+
+--Dios os castigó de una manera terrible, señor, valiéndose para
+apartaros de ella de la mano de vuestros enemigos.
+
+--No hagamos á Dios inspirador ni partícipe de los delitos de los
+hombres, Abd-el-Gewar, yo espero que mi hijo será feliz unido con Isabel
+de Córdoba.
+
+--¡A pesar de ser cristiana!
+
+--¿No es él cristiano en la apariencia? ¿acaso nuestros abuelos no
+casaron con cristianas? ¿Acaso no ha habido reyes cristianos casados con
+moras?
+
+--Allá en los primeros años de la conquista de los árabes sobre España,
+el emir Abd-al-Azis se unió con la reina Egila, la viuda del rey don
+Rodrigo: recordad la trágica muerte de Abd-al-Azis: el amor de Egila le
+hizo traidor á su ley y á su patria, y el califa Walid se vió obligado á
+condenarle á pesar de sus hazañas. Abd-al-Azis fue asesinado por un
+enviado del califa, y su cabeza, como testimonio de su muerte fue
+enviada á Damasco. En los últimos tiempos de la dominacion de nuestros
+abuelos en España, el rey Abou'l-Hhacem, el viejo, concibió un amor
+impuro por una doncella cristiana, por la hija del alcaide de Martos el
+comendador Sancho Gimenez de Solis. Isabel de Solis fue sultana de
+Granada, en daño de la sultana Aixa-la-Horra, prima de Abou'l-Hhacem,
+que fue repudiada por este. Dios castigó no solo al rey sino tambien á
+su reino. Los celos de Aixa-la-Horra y el amor de Isabel de Solis, de la
+sultana Zoraya, hácia los hijos que habia tenido en su matrimonio con
+Abou'l-Hhacem, produjeron las guerras civiles que nos entregaron
+cansados y sin fuerzas á los cristianos. Zoraya, la cristiana renegada,
+quiso que sus hijos fuesen reyes: Aixa, la sultana repudiada, fuerte con
+su derecho y con el de su hijo Abd-Allah-al-Ssagir (Boabdil), supo
+atraer á su bando las tribus de los Abencerrajes, de los Zenetes, de los
+Massamudes, de los Gomeres, mientras Zoraya, la renegada, se apoyaba en
+los Zegríes, en los Mazas y en los Gazules: el hermano menor del rey
+Abou'l-Hhacem, Abd-Allah-al-Ssagar, se aprovechó de estas turbulencias
+para aspirar á la corona, y se apoyó en las gentes de Almería y en las
+tribus bereberes: hubo tres reyes para un solo trono: hubo tres bandos
+en un solo reino: llegaron dias de luto en que Abou'l-Hhacem fue rey del
+Albaicin, en la casa de Gallo de Viento; Abd-Allah-al-Ssagir, rey de
+Granada, en el alcázar de la Alhambra; Abd-Allah-al-Ssagar, rey de
+Almería, de Guadix y de Baza, en el alcázar de Almería. Fernando é
+Isabel levantaban entre tanto su ciudad real de Santa Fe en la vega de
+Granada, y sus campeadores llevaban su tala á sangre y fuego hasta los
+muros de la ciudad: al fin Muley Hhacem murió envenenado, Al-Ssagar
+envenenado, y el débil Al-Ssagir, cansado, impotente para resistir á los
+cristianos, se vió obligado á entregarles su reino. Y todo esto fue obra
+del casamiento de Muley Hhacem con una cristiana, con Isabel de Solis.
+
+--Te he dejado referir esa lamentable historia que tan bien conozco,
+para que no creyeses que me negaba á escucharla, temeroso de vacilar con
+su recuerdo en mi propósito. Del mismo modo que los amores de Muley
+Hhacem con Isabel de Solis produjeron la guerra civil que causó la ruina
+de Granada, la hubiera causado su casamiento con otra mujer cualquiera:
+Muley Hhacem estaba ya apartado de Aixa cuando conoció á Isabel de
+Solis: si no se hubiera casado con ella, se hubiera casado con otra, que
+del mismo modo le hubiera dado hijos, y del mismo modo hubiera
+ambicionado para sus hijos la corona. ¿Por qué esa ceguedad que nos hace
+atribuir á las causas mas comunes desgracias que son hijas de la
+fatalidad, que estan escritas por la mano de Dios en el libro del
+destino? ¿Qué mal habrá en que mi hijo se case con una doncella en cuyas
+venas circula la sangre de cien califas, aun cuando esa doncella sea
+cristiana? Y luego, ¿no dices tú mismo que don Diego de Válor se cree
+con derecho á la corona de Granada? para evitar una guerra civil,
+¿encuentras nada mejor que mi alianza con esa familia por medio del
+casamiento de mi hijo con Isabel de Válor?
+
+--¡Ah, señor! pienso que vuestro hijo será el primero que mostrará
+repugnancia á su casamiento: mira con desprecio á los Válor: los llama
+los renegados.
+
+--¿Conoce mi hijo á Isabel? exclamó el emir; debe conocerla: cuando yo
+concebí hace cuatro años el proyecto de casarle con ella, compré la casa
+medianera á la que habitaba doña Isabel en el Albaicin, con el objeto de
+que la habitase Yaye: era necesario que se conociesen.
+
+--Y se conocen, dijo Abd-el-Gewar; vuestro hijo la ama, pero
+sobreponiéndose á su amor la ha desdeñado.
+
+--¡Fatalidad! dijo el emir: ¡amarla y desdeñarla!
+
+--Vuestro hijo, señor, tiene el corazon lleno de las desgracias de su
+patria.
+
+--Bien, bien; dijo el emir: aun es tiempo: acaso todo consiste en el
+horror que tiene Yaye al nombre cristiano: pero concluyamos: estoy
+impaciente por verle: ¿me recuerda alguna vez, Abdel?
+
+--Con mucha frecuencia me habla de vos y con entusiasmo. Ayer cuando le
+anuncié que habia llegado el momento de que conociese á su padre me
+contestó: ¡oh! ¡si fuese tan noble y tan valiente como el wali Yuzuf
+Al-Hhamar!
+
+--¡Oh! ¡me recuerda! exclamó Yuzuf con el placer de un padre á quien
+llena de alegría y de orgullo el amor de su hijo.
+
+--Sí, os recuerda pero jamás ha sospechado, á pesar de vuestras
+extraordinarias muestras de amor hácia él, que seais otra cosa que un
+valiente wali vasallo de su padre, un buen creyente, un antiguo amigo
+mio.
+
+--En lo que por cierto no se engaña. Y dime ¿ha sospechado que su padre
+era el emir de los monfíes?
+
+--Muchas veces me ha preguntado el nombre y el reino de su padre, pero
+presume que es hijo de un emir de Africa.
+
+--No importa: aquí mejor que en Africa, tendrá ocasion de mostrar su
+valor y sus virtudes: la adversidad es la piedra de toque de todos los
+hombres y especialmente de los reyes. ¿Pero qué me quieren?
+
+Acababa de sonar de nuevo un golpe metálico.
+
+Aquel golpe se repitió tres veces.
+
+--Vé y abre, dijo el emir á Abd-el-Gewar.
+
+El anciano se levantó y abrió.
+
+Entonces apareció en el banco de la puerta un jóven robusto, gallardo,
+de aspecto bravío y un tanto salvaje, que adelantó y se inclinó por tres
+veces.
+
+--¿Qué quieres Aliathar? le dijo el emir.
+
+--Poderoso señor, dijo Aliathar, los doce xeques de las tahas de las
+Alpujarras acaban de llegar y todas las taifas de los monfíes esperan ya
+en el cerro de la Sangre.
+
+--Bien, ha llegado el momento, dijo el emir: tú Aliathar, vé al cerro de
+la Sangre y dí á tus hermanos que muy pronto estaremos entre ellos. De
+paso dí al wisir Kaleb que introduzca al jóven que acaba de llegar: á
+Sidy Yaye.
+
+Aliathar se inclinó y salió.
+
+--Tú Abd-el-Gewar, vé al Divan donde ya estan reunidos los xeques: tú
+los conoces á todos, todos te conocen: prepáralos á la vista de mi hijo.
+
+--¿Pero habeis meditado bien, señor?
+
+--Sí, sí; la corona pesa ya demasiado sobre mí frente y mi brazo está
+cansado: me siento morir; vé Abdel, vé, y que se cumpla mi voluntad.
+
+--¡Que se cumpla la voluntad de Dios! exclamó Abd-el-Gewar, é
+inclinándose ante el anciano emir salió.
+
+En aquel momento se abrió la puerta y aparecieron el wisir Kaleb y Yaye.
+
+--Jóven, dijo solemnemente el wisir, el alto, el poderoso, el invencible
+emir de los creyentes de las Alpujarras te espera: prostérnate ante él.
+
+Y el viejo Kaleb se inclinó profundamente, en tanto que Yaye fijaba una
+mirada atónita en Yuzuf-Al-Hhamar.
+
+--Vete; dijo el emir, indicando con un ademan á Kaleb que saliese.
+
+Kaleb salió.
+
+El emir y Yaye, esto es, el padre y el hijo, quedaron solos.
+
+Yuzuf adelantó hácia Yaye.
+
+Este se inclinó.
+
+--Perdonad, señor, dijo, mi sorpresa: pero yo creia...
+
+--Sí, tú creías, Sidy Yaye, que yo no era otra cosa que un noble walí,
+dijo Yuzuf tomando las manos de su hijo y mirándole con delicia y con
+orgullo.
+
+--Perdonad aun, pero jamás creí...
+
+--¡Qué! ¿no me crees digno de ser rey de los valientes monfíes de las
+Alpujarras?
+
+--Os creo digno, señor, de ocupar el Divan de los califas de Oriente, de
+ser rey del mundo: ¿acaso la virtud y el valor no viven en vos? ¿A quién
+mejor pudieran haber elegido los monfíes para que los gobernase y los
+llevase al combate contra nuestros enemigos?
+
+--Mi padre antes que yo fue emir de los monfíes.
+
+--¡Ah señor! ¿con que el noble walí que en mi niñez me sentaba sobre sus
+rodillas, y me estrechaba conmovido entre sus brazos; el que tantas
+veces me ha aconsejado el desprecio de la vida por la patria; el que de
+una manera tan enérgica me ha referido las hazañas de nuestros abuelos,
+era ese poderoso emir invisible, á cuyo nombre palidecían de terror los
+cristianos, cuyos alcázares jamás ha pisado planta infiel, y que ha
+fecundado con torrentes de sangre impura las breñas de las Alpujarras?
+
+--Yo era.
+
+--¡Mil veces para mí dichoso el dia, en que puedo saludaros, señor, como
+al valiente caudillo, como á la invencible espada, perennemente desnuda
+y enrojecida en defensa del Islam!
+
+Y Yaye se prosternó.
+
+--Alzad, príncipe, dijo Yuzuf: en mis brazos, que no á mis piés es donde
+debeis estar: ¿acaso el emir de los monfíes, os inspira menos amor que
+el walí Yuzuf para que huyais de sus brazos?
+
+Yaye se arrojó en los brazos del anciano. El corazon de Muley Yuzuf
+latía con una violencia tal, que no pudo menos de percibirlo Yaye: un
+pensamiento, primero indeciso como una sospecha, luego mas determinado,
+cubrió de palidez sus mejillas; pero con la palidez que causa una gran
+emocion: su mirada destelló un relámpago de orgullo y dijo con la voz
+trémula, pero grave y digna.
+
+--Me habeis llamado príncipe, señor.
+
+--¿Acaso no eres hijo de un rey? ¿acaso ayer no te anunció tu maestro,
+que muy pronto conocerias á tu padre?
+
+--Es verdad, y acaso...
+
+--Sidy-Yaye-ebn-Al-Hhamar, vuestro padre satisfecho de vos, cumplidos
+los años que habia querido que viviéseis como uno de esos infinitos
+hombres que han nacido para obedecer, os llama para entregaros su espada
+y su corona.
+
+--Cómo, señor, vos.... añadió Yaye mas pálido aun.
+
+--Yo soy vuestro padre y vuestro rey, dijo acreciendo en solemnidad el
+emir.
+
+Hubo un momento de profundo silencio.
+
+--Disponed de mí, señor, como mejor os cumpla, dijo al fin Yaye.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+--Sé siempre, hijo mío, dijo Muley Yuzuf despues de un largo espacio en
+que estuvo hablando á Yaye acerca de los deberes que el nuevo lugar que
+iba á ocupar le imponia; ten siempre presente que desde este momento
+debes sacrificarlo todo á la patria: la felicidad, la vida, y sí es
+preciso el honor: todo por la patria, nada por tí: sé justo y fuerte, y
+Dios te ayudará.
+
+--Puesto, señor, que es vuestra voluntad el que yo os suceda en vida, os
+juro que sabré morir antes que manchar con un hecho cobarde, con una
+injusticia ó con una traicion á la patria, el ilustre nombre que me
+legais.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+Despues de esto el emir condujo á su hijo á través de cámaras
+verdaderamente régias, á un magnífico salon circular.
+
+En aquel salon, sentados en semicírculo en un divan, á entrambos lados
+de un divan mas alto, habia doce hombres: todos ellos estaban armados de
+guerra, y en sus costados se veian largas espadas; todos ellos parecian
+valientes y caballeros, desde el mas viejo cuya barba larga blanca
+representaba una edad avanzada, hasta el mas jóven, cuya barba gris
+representaba á uno de esos guerreros para los cuales si bien ha pasado
+la juventud, no han pasado la agilidad ni la fuerza.
+
+En el centro de la cámara, sobre almohadones de brocado, habia unas
+vestiduras reales, una corona de oro y una espada.
+
+De pié, á ambos lados del divan donde estaban sentados los xeques, habia
+como hasta una veintena de personas, todas graves, todas vestidas con
+túnicas talares y de pié; ademas, entre gran número de walíes y
+arrayaces, con trages de guerra, habia cinco alféreces: el uno tenia un
+estandarte rojo bordado de oro, en el centro del cual se veia un escudo
+azul atravesado con una banda de oro en que estaban escritas en árabe
+estas palabras: _Le galid ille Allah_ (solo Dios es vencedor). Este era
+el blason de los reyes de Granada. Los otros cuatro alféreces tenian
+cada uno una bandera: cada una de estas banderas tenia un color
+distinto: la una era verde, la otra blanca, la otra azul, la otra
+morada.
+
+Detrás del divan del centro, que como hemos dicho, era mas alto, y
+estaba destinado sin duda para el rey, estaban cuatro escuderos: el uno
+tenia una ancha adarga dorada, el otro una espada de combate, el otro
+una lanza de dos hierros, el otro en fin, un capacete riquísimo rodeado
+de una toca blanca.
+
+Allí estaba, por decirlo así, la córte completa del emir de los monfíes.
+
+Se nos olvidaba decir que precedian y seguian al emir y á Yaye, wazires,
+soldados y esclavos: un alférez pronunció en voz alta, y anteponiéndole
+algunos adjetivos pomposos, el nombre del emir, en el momento en que
+este llegó á la puerta.
+
+Los que estaban sentados se pusieron de pié y se inclinaron
+profundamente, como todos los demás; en el espacio que transcurrió desde
+que Muley Yuzuf apareció en la puerta hasta que llegó, llevando siempre
+á su hijo de la mano, al divan del centro, no se vieron mas que cuerpos
+encorbados y brazos cruzados.
+
+Aquella era la representacion del despotismo musulman: la profunda zalá
+ó reverencia con que los buenos creyentes rendian homenaje á su señor,
+el poderoso emir.
+
+Muley Yuzuf se sentó: Yaye permaneció de pié á su lado.
+
+--Que Dios, el Altísimo y Unico, os guarde, mis fieles y valientes
+vasallos, dijo Muley Yuzuf desde el divan, y vosotros nobles y sabios
+xeques de mi consejo, sentaos.
+
+Los xeques se sentaron y los demás se enderezaron.
+
+--Abu-Daly, mi secretario, dijo el emir, volviéndose á un anciano que
+estaba á la derecha de él, detrás del divan: entrega la gacela que te
+hemos hecho escribir, al noble Hussan-ebn-Dhirar, nuestro wisir; y tú,
+añadió dirigiéndose al wisir, lee á nuestros xeques, á nuestros sabios,
+á nuestros capitanes, lo que segun nuestra voluntad se contiene en esa
+gacela.
+
+El visir desenvolvió el largo pergamino que le habia entregado el
+secretario, y empezó con voz solemne y campanuda la lectura, en medio de
+un profundo silencio.
+
+Muley Yuzuf-Al-Hhamar reconocia segun el contesto de aquella gacela por
+hijo suyo á Sidy-Yaye-ebn-Al-Hhamar, alegaba las razones que habia
+tenido para hacerle educar entre los cristianos, y despues exponia su
+incapacidad, á causa de los años, de seguir gobernando á los monfíes y
+conduciéndolos al combate, como hasta entonces, por último, expresaba
+solemnemente su voluntad de abdicar la corona en su hijo, y de que este
+le sucediese inmediatamente en el mando.
+
+Apenas hubo terminado el wisir su lectura, cuando todos los
+circunstantes se inclinaron profundamente, y dijeron en coro como si
+hubieran sido ensayados para ello:
+
+--¡Cúmplase la voluntad del querido de Dios, el invencible, el grande,
+el sabio, el poderoso Muley Yuzuf-Al-Hhamar!
+
+Entonces el emir se levantó, tomó de la mano á Yaye, le llevó hasta los
+almohadones que estaban en el centro de la cámara, y volviéndose á Yaye,
+dijo solemnemente:
+
+--Hijo mio Sidy Yaye, escuchad lo que va á deciros vuestro padre, y
+luego paseando lentamente su mirada en torno suyo, añadió: buenos
+muslímes, sabios, xeques, wazires, cadies, walies y caballeros, oid lo
+que va á deciros vuestro señor.
+
+Todos callaron: ese profundo silencio de la atencion excitada, dominó en
+la cámara donde estaban reunidos mas de cien hombres.
+
+--El Altísimo quiere que nada sea eterno é inmutable mas que él: la
+robusta encina envejece, sus ramas estériles dejan de producir hojas y
+frutos, y el huracan, al que ha resistido durante cien inviernos, le
+arrebata á cada empuje una de sus ramas secas; pero junto á la vieja
+encina hay siempre otra encina robusta y jóven, retoño de ella, y sus
+fuertes brazos cubiertos de verdor, dan sombra y frescura á la tierra
+que nutre sus poderosas raices. Todo muere; pero el Altísimo ha querido
+que al invierno suceda la primavera, á un año otro año, á un cadáver un
+hombre robusto y jóven. Yo soy la encina que se ha secado, yo soy el
+invierno que concluye: fuerte y sereno me habeis visto resistir al
+huracan de la desgracia, me habeis visto fuerte contra la adversidad:
+hoy mi corazon es jóven, pero mi brazo está cansado y débil: como la
+encina se despoja al fin para no volver á engalanarse con ella de su
+diadema de verdura, yo me despojo de la corona que heredé de mi padre, y
+la pongo sobre la cabeza de mi hijo.
+
+El anciano tomó de sobre los cogines la corona, y despues de habérsela
+ceñido un momento, se despojó de ella y la puso sobre la cabeza de Yaye.
+
+Un murmullo de respeto, una especie de salutacion inarticulada,
+semejante á uno de esos rezos que se pronuncian en voz baja, salió de
+las bocas de aquellos hombres.
+
+--Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, continuó el anciano: la corona que os he
+ceñido es la representacion de vuestro nombre de rey: al ceñírosla he
+rodeado vuestra frente de magestad, pero tambien la he rodeado de los
+cuidados del gobierno: desde hoy no vivís para vos sino para los demás:
+vos no podeis tener amor mas que para vuestra patria: vos no podeis
+tener ambicion mas que para vuestro pueblo: vos no debeis pensar mas que
+en gobernarle en justicia, en procurar que algun dia salga del
+desgraciado estado en que se encuentra, y en que sus banderas puedan
+recorrer vencedoras y respetadas los extensos ámbitos en un imperio
+poderoso y feliz. Jurad que sereis justo y guardador de la ley, que
+vuestros pensamientos y vuestras obras, solo seran por el bien y la
+grandeza de vuestros reinos.
+
+--Lo juro, señor, contestó Yaye.
+
+Entonces el anciano tomó la espada real, se la ciñó y dijo:
+
+--Mi padre, al ceñirse esta corona que yo he ceñido tambien, y que ahora
+ciñe vuestra cabeza, se ciñó esta valiente espada: durante treinta años,
+esta espada ha estado desnuda en las manos de mi padre, y ha brillado
+sangrienta contra los enemigos del Islam; durante otros veinte años,
+desde que murió mi padre hasta este momento, mi brazo ha sabido añadir
+glorias á esta espada: yo os la entrego (y el anciano ajustó el
+riquísimo talabarte de la espada á la cintura de Yaye), os la doy contra
+los enemigos de Dios y de nuestro pueblo; jurad que sereis buen
+caballero, que jamás desnudareis esta espada contra el bueno, ni el
+desvalido, que en vuestras manos será un rayo exterminador de infieles,
+pero nunca un hacha de verdugo, que conservareis y aumentareis su
+gloria, que jamás la desnudareis sin razon, ni la envainareis con
+mancha.
+
+--Os juro, señor, contestó con altivez Yaye, morir antes que manchar con
+una traicion, una injusticia ó una cobardía, la noble espada de mis
+abuelos.
+
+--¡Sed rey! dijo entonces Yuzuf Al-Hhamar; yo en presencia de Dios y de
+mi pueblo, renuncio en vos la sagrada potestad de que he estado
+investido durante treinta años; yo espero que mis buenos y leales
+vasallos no tendrán que maldecirme por haberlos puesto bajo vuestra
+espada y vuestra voluntad. Lo que he podido daros os lo he dado; lo que
+resta que daros, pedidlo al pueblo que habeis de mandar.
+
+--¿Me quereis por vuestro rey? dijo Yaye con voz firme y sonora, con la
+frente alta y resplandeciente de dignidad y de grandeza.
+
+--¡Sí! ¡sí! ¡sí! exclamaron por tres veces, en coro los circunstantes.
+
+--Y en muestra de que asi lo queremos y de que asi antes de ahora lo
+hemos determinado, dijo Abd-el-Gewar, adelantando hácia el centro: yo
+gran faqui de los creyentes de España, os ciño la túnica real de
+vuestros mayores á nombre del reino de Granada.
+
+Y tomando un magnífico caftan negro, que estaba sobre los cogines, le
+puso por la cabeza á Yaye, despues de haberle despojado de su sencillo
+alquicel blanco; despues tomó un manto rojo y le puso sobre los hombros
+del jóven, cerrando sobre su pecho dos magníficos erretes de perlas y
+diamantes.
+
+--El reino os ha investido con el símbolo de la justicia y de la
+magestad; el pueblo de Dios espera que sereis justo y grande; el pueblo
+de Dios, que lucha hace tanto tiempo con sus implacables enemigos, os
+ayudará, os obedecerá y os respetará como á su rey y señor natural; pero
+pedirá á Dios que os hiera con el rayo de su justicia si fuéseis cobarde
+ó tirano.
+
+--Asi sea si yo tal fuere, contestó Yaye.
+
+--Sed, pues, rey.
+
+En aquel momento los cinco alfereces adelantaron: el que tenia el
+estandarte real de Granada, se colocó á la derecha de Yaye; los otros
+cuatro tendieron sobre el suelo sus banderas, mirando á las cuatro
+partes del mundo, segun antigua usanza en la coronacion de los reyes
+moros, y el escudero que tenia la adarga, adelantó y la puso sobre las
+astas de las cuatro banderas.
+
+--Desnudad vuestra espada, señor, dijo el justicia mayor del reino, y
+ponéos sobre la adarga, en señal de que sois rey, y de que de tal manera
+estareis siempre armado contra los enemigos de nuestra ley.
+
+Yaye desnudó la espada y se puso sobre la adarga.
+
+--¡He aquí nuestro señor, el poderoso, el grande, el temeroso de Dios,
+Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar! gritó el alguacil mayor.
+
+Todos se prosternaron, y en tanto el alférez mayor del reino, tremolando
+el estandarte real gritó:
+
+--¡Qué Dios ensalce, y dé prosperidades al magnífico Muley
+Yaye-ebn-Al-Hhamar!
+
+Los circunstantes aclamaron á grito herido á Yaye.
+
+Yaye era ya rey de aquel pueblo de extraños bandidos, que vivian entre
+las breñas, á quienes nadie conocia, y cuyos reyes tenian sus alcázares
+en las entrañas de la tierra.
+
+Uno tras otro; primero su padre, convertido ya por su voluntad en su
+vasallo, fueron besando la orla del manto de Yaye, hasta el último
+caballero.
+
+Quedaba aun la solemne aclamacion delante del pueblo.
+
+Para ello Yaye, con un aparato verdaderamente régio, fue sacado del
+subterráneo; fuera, en un pintoresco valle á la entrada de la gruta, por
+donde se penetraba al alcázar, habia un magnífico caballo blanco, cuyas
+riendas tenian dos esclavos, otra multitud de caballos esperaban á sus
+dueños: un centenar de esclavos negros vestidos de blanco, llevaban
+antorchas encendidas; una taifa como de mil monfíes, armados de
+ballestas y espadas, formaban á un lado del pequeño valle.
+
+La noche era clarísima: la luna brillaba en toda su plenitud, en medio
+del cielo, y á lo lejos se escuchaba el ténue quejido del mar, en su
+eterno romper contra la ribera.
+
+Las antorchas eran mas bien un lujo que una necesidad.
+
+Inmediatamente la cabalgata real se formó, la mitad de los monfíes
+armados rompieron la marcha, y la otra mitad siguió á la comitiva.
+
+Quien hubiera visto aquellas antorchas vagando por la montaña en medio
+de la noche, aquellos estandartes, aquel rey coronado, aquellos
+caballeros vestidos de blanco y armados de largas lanzas, aquellos dos
+tercios de ballesteros que marchaban silenciosos delante y detrás de
+aquella córte, hubiera creido que el alma en pena de Boabdil el Zogoibi,
+habia salido de su tumba rodeada de sus cortesanos y de sus soldados
+para vagar sobre las breñas de las Alpujarras, en lo mas intrincado de
+la toha de Juviles, y llorar durante la noche su perdida Granada.
+
+Al cabo de media hora de marcha, el nuevo rey, su córte y su guardia,
+llegaron á la cumbre de una ancha colina; el terreno de aquella colina
+no se veia; estaba cubierto de hombres; eran los monfíes de las
+Alpujarras, que en número de diez mil, habian sido avisados por sus
+xeques para asistir á la proclamacion pública y al reconocimiento del
+nuevo rey.
+
+Cuando estuvieron en el centro, el alguacil mayor leyó el acta de la
+abdicacion de Yuzuf-Al-Hhamar.
+
+Despues el alférez mayor ondeó el estandarte real, y proclamó á Yaye.
+
+Los monfíes respondieron con una aclamacion inmensa y el viento de la
+noche fué á llevar á los lugares cercanos el estruendo de los añafiles,
+las dulzainas, los atabales y las atakebiras, tañidas en honor del nuevo
+emir de los monfíes Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar.
+
+Despues la comitiva real se volvió al alcázar subterráneo, y los diez
+mil monfíes divididos en taifas, se encaminaron á cubrir sus apostaderos
+en toda la extension de las Alpujarras, que habian abandonado por
+algunas horas, para ponerse de nuevo en acecho de los cristianos.
+
+
+
+
+CAPITULO IV.
+
+Lo que eran los monfíes.--Yuzuf cuenta su historia á Yaye.
+
+
+Ya era la media noche.
+
+Yuzuf Al-Hhamar, se ocupaba en recorrer el alcázar mostrándole á su
+hijo. Yaye se habia admirado mas de una vez y sucesivamente se admiraba
+mas y mas.
+
+Todo lo que le habia acontecido desde el dia anterior era
+extraordinario; habia momentos en que se creia entregado á un sueño; á
+uno de esos sueños que nos llevan de prodigio en prodigio á un punto
+tal, en que ya demasiado violentada nuestra fantasía nos obliga á
+despertar.
+
+Yaye habia alentado mas de una vez ambiciosas aspiraciones; muchas veces
+al contemplar al pueblo moro tan abatido, tan abyecto, tan tiranizado
+por los cristianos, habia pensado en que tarde ó temprano aquel pueblo
+preferiría la muerte al sufrimiento cruel, lento, continuo, y se
+sublevaría; siempre pensando en una sublevacion de los moriscos, habia
+pensando en hacerse su caudillo á fuerza de valor y de sacrificios; su
+valiente fantasía habia pensado en el triunfo: ¿qué oprimido no sueña
+alguna vez en vencer á sus opresores? y despues del triunfo habia soñado
+en una corona.
+
+Aquella corona se le habia venido á las manos de una manera
+extraordinaria, antes de la insurreccion y del triunfo. Yaye, preparado
+ya por el conocimiento de su alto origen y por sus pensamientos
+ambiciosos, habia sostenido sin encogimiento, y como lo hubiera hecho un
+príncipe heredero, educado al lado de su padre en su misma córte, el
+alto papel que habia desempeñado en la abdicacion de Yuzuf.
+
+Es cierto que Yaye conocia á Yuzuf; le habia visto desde su infancia
+todos los años en la estacion de los calores en Granada, pero á pesar de
+que Yuzuf le habia tratado siempre con el cariño y la tierna solicitud
+de un padre, Yaye no habia visto en él mas que un anciano amigo de su
+venerable ayo Abd-el-Gewar; nunca habia llegado á concebir que aquel
+viejo de larga barba blanca, de semblante pálido y melancólico, de ojos
+negros y hermosos, dulces, cuando miraban á Yaye, bravíos y
+terriblemente feroces, cuando se lamentaba en presencia del jóven de las
+desgracias de la patria, nunca habia pensado Yaye, repetimos, que Yuzuf
+fuese su padre, y mucho menos que sobre aquella cabeza encanecida por
+los años y por las desgracias se asentase una corona.
+
+Sin embargo, habia llegado el dia en que Yaye supiese que Yuzuf era su
+padre, y á mas de su padre rey de los monfíes.
+
+¿Y qué eran los monfíes? ¿Salteadores como parecia indicarlo su nombre,
+ó soldados valientes é indomables de un pueblo vencido que sostenian aun
+con un teson incansable la bandera del Islam?
+
+Para contestar á esta pregunta que suponemos nos haran nuestros
+lectores, necesitamos remontarnos á la conquista de Granada.
+
+ * * * * *
+
+En el año de 1492 los reyes de Castilla y de Aragon doña Isabel y don
+Fernando, terminaron con la conquista de Granada, la tenaz guerra de
+restauracion contra los árabes, empezada por don Pelayo en Covadonga, y
+sostenida durante siete siglos por los condes soberanos, los reyes y los
+señores de España, á vueltas de sangrientas disensiones intestinas;
+habian puesto al fin el sello á su poder y á su grandeza, constituyendo
+un solo reino de los diferentes Estados de España, y añadiendo á su
+corona por fuerza de armas el reino moro de Granada, por cuya conquista
+el papa Alejandro VI los denominó por excelencia los Reyes Católicos;
+eran al fin señores de aquel último refugio de los restos del gigantesco
+imperio fundado por Tarik y sostenido con tanta gloria por los califas
+Omniades.
+
+Ya desde las columnas de Hércules hasta las fronteras de Portugal, por
+una parte, y por otra, hasta los ásperos Pirineos, resonaba la voz de un
+solo señor, y la salmodia de un solo rito; la unidad religiosa y la
+refundicion de tantos reinos en una sola corona, eran un hecho consumado
+con la conquista de Granada y con la existencia de un descendiente de
+los Reyes Católicos.
+
+Las pretensiones de la Beltraneja, de aquella desgraciada princesa, cuya
+legitimidad y cuyos derechos á la corona de Castilla son aun un
+misterio, habian muerto en la batalla de Toro, y doña Juana la
+Beltraneja, la _excelente señora_, como la llaman las crónicas
+portuguesas, se habia separado del mundo tomando el velo de esposa del
+Señor, en el convento de Santa Clara de Coimbra. Ningun obstáculo
+existia ya delante del astro esplendoroso de los Reyes Católicos, y como
+si esto no bastase, un hombre oscuro, un pobre piloto genovés, Cristóval
+Colon, habia arrojado á sus plantas el imperio de un nuevo mundo, que
+habian ocultado hasta entonces los mares de Occidente. Las naciones mas
+poderosas miraban con espanto el poder de los Católicos monarcas; la
+victoria reposaba cansada sobre sus pendones, y una extensa y pacífica
+monarquía era el sólido fundamento de su poder y de su grandeza.
+
+Sin embargo, á veces en el corazon de un robusto cedro vive un insecto
+roedor é incansable que no se ve, que no se adivina, pero que trabaja en
+silencio, que adelanta en su afanosa tarea y que logra acaso atacar la
+vitalidad del robusto tronco que le contiene.
+
+Tambien bajo el esplendoroso manto de victoria de los Reyes Católicos se
+ocultaba una carcoma activa y roedora, un elemento hostil, pertinaz,
+bravío, incansable; una raza vencida, pero malcontenta con el yugo,
+ansiosa de sacudirlo: esta raza era el pueblo moro, á quien se habia
+concedido una capitulacion honrosa, á quien se habia conservado el
+derecho de la pacífica posesion de sus propiedades, de la práctica de su
+religion, de su idioma, de sus leyes, de sus costumbres, á la manera que
+Tarik y Muza habian dejado siete siglos antes á los godos y solariegos
+vencidos, iguales derechos y franquicias.
+
+Pero si los árabes habian respetado religiosamente sus pactos con los
+españoles subyugados, no habia sucedido lo mismo (rubor causa
+confesarlo) respecto á las estipulaciones concluidas entre los
+vencedores reyes de Castilla y Aragon, y el vencido rey de Granada. El
+fanatismo cristiano fue para con los moros infinitamente mas intolerante
+que lo habia sido el fanatismo musulman con los solariegos; los Reyes
+Católicos, dominados por sus confesores, pertenecientes al clero mas
+feroz de que puede encontrarse ejemplo en la historia, empezaron muy
+pronto á faltar á los solemnes tratados concluidos con el rey moro de
+Granada. Ya, poco despues de la conquista, (30 de marzo de 1492) habian
+expedido un decreto de expulsion contra los judíos, decreto que arrojó
+de Granada y del reino, cincuenta mil familias industriosas y opulentas;
+los moriscos miraron esta medida tomada contra los judíos con un
+profundo recelo; no podia ocultárseles que tras la expulsion de los
+judíos, se pensaria en expulsarlos á ellos mismos, ó lo que era peor, de
+reducirlos por fuerza á una religion extraña, á usos, á costumbres
+enteramente opuestas á las suyas; el tremendo tribunal de la
+Inquisicion, creado poco tiempo antes, se habia establecido en Granada;
+los frailes cristianos se habian atrevido á penetrar en sus mezquitas,
+para predicarles la religion del Crucificado, y como estas misiones no
+habian producido conversion alguna, empezaron las mas odiosas
+persecuciones; las mezquitas fueron ocupadas por el vencedor, con
+abierta infraccion de las capitulaciones, y convertidas en iglesias; se
+pretendió obligar á que volviesen al cristianismo los descendientes de
+cristianos que habian abrazado el mahometismo, gentes que se conocian
+entre los moros con el nombre de _elches_, y estos se negaron
+enérgicamente, apoyándose en las capitulaciones de la conquista, á pesar
+de las cuales fueron perseguidos y obligados.
+
+Por consecuencia el Albaicin se sublevó en masa, y fue necesario que el
+conde de Tendilla, capitan general á la sazon del reino y costa de
+Granada, apelase á la fuerza y á la artillería; los principales de los
+sublevados fueron duramente castigados á sangre, y los moriscos,
+aterrados por el castigo, doblaron la cerviz y aparentaron una sumision
+que no sentian; esto en cuanto á los moriscos de Granada y de las aldeas
+de la vega, que en cuanto á los de las Alpujarras, gente indómita y
+brabía, se alzaron de una manera imponente, degollaron á los cristianos
+que hubieron á las manos, se apoderaron de las fortalezas y se
+declararon en abierta rebelion.
+
+Fue necesario que el mismo don Fernando el Católico acudiese á cortar
+aquel incendio; logrólo no sin trabajo; entregáronle los moriscos gran
+número de rehenes y se obligaron á pagar á la corona en el término de
+dos años cincuenta mil ducados, dejándose bautizar por añadidura; pero
+al mismo tiempo que se sofocaba la rebelion en las Alpujarras, brotaba
+otra en la Serrania de Ronda y se extendia rápidamente á Sierra Bermeja.
+Aquella sublevacion costó la vida á uno de los primeros capitanes de los
+Reyes Católicos: á don Alonso de Aguilar, hermano mayor del Gran Capitan
+Gonzalo Fernandez de Córdoba.
+
+Aquella sublevacion fue sofocada tambien aunque con mas trabajo y mas
+tiempo, y al fin no quedó en España un morisco de las poblaciones que no
+estuviese bautizado y que públicamente no profesase la religion
+católica.
+
+¿Qué mucho? Ellos se habian visto obligados á escoger entre el bautismo
+y las hogueras de la Inquisicion.
+
+Eran, pues, cristianos á la fuerza, de una manera externa, y en el fondo
+de sus corazones aborrecian á muerte al odioso conquistador.
+
+Pero si bien los habitantes de las poblaciones, los que poseian terrenos
+ú oficios, los que para conservar sus bienes se veian obligados á
+someterse al yugo, practicaban el cristianismo, habia un número
+considerable de gente suelta, nómada, como los antiguos árabes del
+Yemen, que preferian la lucha con el vencedor y sus peligros á someterse
+vergonzosamente al yugo. Estos moriscos, ó mejor dicho, estos moros,
+porque solo se llamaba moriscos á los convertidos, no entraban en las
+poblaciones, sino para saquearlas; vivían en la montaña, se albergaban
+ya en las cuevas de las rocas, ya bajo sus tiendas de cuero, activos
+siempre, siempre dispuestos al combate y feroces y terribles hasta el
+punto de causar terror á los mismos moriscos de quienes habian sido
+hermanos.
+
+Estos eran los monfíes.
+
+Decíase á la ventura, porque nada podia asegurarse acerca de ellos, que
+estaban organizados en _tahas_ ó distritos, que cada una de estas tahas
+estaba gobernada por un _xeque_ (anciano) que todos estos xeques
+obedecian á un _emir_ (príncipe) y que este emir tenia junto á sí
+_walíes, wazires y alimes_ (capitanes, consejeros y sabios); abultábanse
+el poder y las riquezas de este pequeño rey de diez mil soldados, que
+erraban por las montañas y estaban sujetos á su ley, ó por mejor decir á
+la ley alcoránica á cuyo título los regia; hablábase de sus palacios
+subterráneos, aunque nadie los habia visto, y de las maravillas que
+estos alcázares encerraban; pagábanle tributo las poblaciones de la
+montaña porque no las invadiese, las saquease ó tal vez las llevase á
+sangre y fuego, como habia acontecido con alguna que habia resistido al
+pago del tributo, y el solo nombre del emir de los monfíes bastaba para
+imponer terror á los mas alentados.
+
+A pesar de esto los monfíes eran una especie de duendes, unos seres
+misteriosos á los que nadie habia visto, puesto que los que los veian
+durante la sorpresa de una poblacion, ó en los desfiladeros de la
+montaña ó en las profundidades de una rambla, morían; pero las huellas
+de aquella gente feroz quedaban señaladas de una manera horrorosa, ya en
+los humeantes escombros de una aldea arrasada, ya en el cadáver de algun
+imprudente viajero, arrojado en los linderos de un camino, ya en las
+cabezas de los cuadrilleros de la Santa Hermandad ó de los soldados de
+los tercios reales, que habian ido en su busca: despojos sangrientos que
+llevados durante la noche á las poblaciones, solian aparecer al dia
+siguiente en las puertas de las iglesias.
+
+Ya este, ya el otro capitan general de la costa y reino de Granada
+habian pretendido dar caza á estos terribles monfíes; pero si la fuerza
+expedicionaria era respetable, nunca tropezaba con ellos, y si era
+escasa, poco despues los restos ensangrentados se encontraban entre las
+quebraduras, ó crucificados, asaeteados, ó empalados en los caminos.
+
+Llegó el caso de que las tropas empleadas en su persecucion se limitasen
+solo á salir ostentosamente de las poblaciones para esconderse despues
+en la primera breña que encontraban al paso, para volver al dia
+siguiente diciendo que no habian dado con los monfíes.
+
+La existencia de estos, pues, no se conocia mas que por la exaccion
+periódica de los tributos, que los habitantes cuidaban de ir á poner en
+los lugares indicados en los edictos que en ciertas épocas del año
+aparecian clavados en las puertas de las iglesias ó por este ó el otro
+cadáver que encontraban acá y allá con suma frecuencia.
+
+Por lo demás eran unos verdaderos duendes á quienes nadie habia visto,
+pero cuya influencia se sentia, y sobre todo se temia. Tales eran los
+monfíes de las Alpujarras.
+
+Yuzuf-Al-Hhamar-abu-Yaye era su rey.
+
+¿Quién era este rey?
+
+El mismo nos lo va á decir.
+
+ * * * * *
+
+Yuzuf, despues de haber mostrado á su hijo todas las maravillas del
+alcázar subterráneo, le condujo á un departamento separado: era el
+harem.
+
+Mas de una magnífica hermosura, jóven y pudorosa, habia levantado la
+cabeza adormida de sobre un divan, al sentir los pasos de su señor; Yaye
+vió con una indiferencia verdaderamente ascética aquellas niñas que se
+ponian de pié cubriéndose con sus velos y bajando las frentes ante la
+presencia del padre y del hijo: Yuzuf vió con placer que Yaye era un
+espíritu fuerte, noblemente levantado sobre las miserias humanas.
+
+Hay que tener en cuenta para apreciar su indiferencia, y casi su hastío,
+que Yaye solo contaba veinte y cuatro años, que las mujeres, junto á las
+cuales de retrete en retrete y precedido por esclavos mudos, le llevaba
+su padre, eran jóvenes, deslumbrantes de belleza, la mayor de las cuales
+apenas llegaria á los diez y ocho años, africanas las unas, asiáticas
+las otras, bellezas de ojos negros, cabelleras brillantes, talles
+flexibles, y aspecto de pureza y de candor: algunas de ellas admiradas
+de la hermosura de Yaye fijaban en él una mirada dulcemente curiosa, y
+volvian á inclinar la vista cubiertas de rubor.
+
+Yuzuf hizo conocer á Yaye muchas esclavas: habló con cada una de ellas,
+no con el acento impuro é imperativo de un déspota musulman, sino con el
+acento dulce de un padre.
+
+A cada una de ellas decia tambien señalándolas á Yaye.
+
+--Este es mi hijo: este es vuestro señor.
+
+Las esclavas al escuchar esta frase callaban, cruzaban sus brazos sobre
+el pecho y se inclinaban.
+
+Cuando hubieron salido del harem, Yuzuf dijo á Yaye:
+
+--Las mujeres que acabas de ver son tus concubinas, estan destinadas
+para tí; un rey debe tener en su harem las mujeres mas hermosas del
+mundo.
+
+--Yo jamás tendré esclavas para el amor, dijo brevemente Yaye.
+
+--Yo siempre he tenido vírjenes en mi harem, dijo Yuzuf, pero jamás
+esclavas impuras: han sido mis hijas: con ellas he premiado el valor de
+mis guerreros, haciéndolas sus esposas; en vez de hacer de una esclava
+una mujer impura, he hecho buenas madres de familia. Solo he amado una
+mujer, y aquella mujer era mi esposa.
+
+--¡Mi madre! ¡Oh! ¡en verdad, señor, que nada me habeis dicho de mi
+madre!
+
+--¡Oh! no he querido hablarte de ella, hasta hacerlo en el sitio á donde
+te voy á conducir: ven.
+
+Al pasar por una habitacion, cuyas puertas estaban fuertemente cerradas,
+Yuzuf se detuvo.
+
+En aquella habitacion habia seis fuertes y enormes arcas de hierro.
+
+Yuzuf abrió una de las arcas; estaba llena de doblas de oro.
+
+--Yo creí, señor, dijo Yaye, que me habiais traído al lugar en que
+debíais hablarme de mi madre.
+
+--¡Cómo! ¿no te maravilla saber que eres dueño de tantas riquezas?
+
+--Las riquezas solo deben servir para hacer el bien de nuestros
+hermanos: de tal manera las aprecio: consideradas de otro modo me causan
+hastío.
+
+--Te he dado una corona y la has recibido sin envanecerte ni asombrarte;
+te he presentado mujeres, por cualquiera de las cuales arderia en fuego
+impuro, un morabitho[5] apartado del mundo, y las has visto sin
+conmoverte; te he hecho ver el brillo del oro, y no te has asombrado, ni
+ha nublado tu rostro la palidez de la codicia. Eres digno, hijo mio, de
+ceñir mi espada y mi corona, digno de vengar á tu madre.
+
+--¿De vengar á mi madre habeis dicho, señor?
+
+--Silencio: aun no hemos llegado, sígueme.
+
+Yuzuf cerró cuidadosamente otra puerta, atravesó con Yaye una larga y
+estrecha mina, y llegó al fin de ella á una puerta maravillosa, tanto
+por su labor como por las ricas maderas y preciosos metales con que
+estaba construida, sacó una llave de oro de entre sus ropas y abrió
+aquella puerta.
+
+El retrete á que aquella puerta daba entrada era pequeño, pero
+resplandeciente; una lámpara de cuatro luces, suspendida de la cúpula,
+hacia brillar el oro de las labores sobre fondos esmaltados, el bruñido
+mármol de las columnas, y la tersa superficie de los mosáicos, de los
+que arrancaba cien cambiantes; alrededor de este retrete habia un ancho
+divan de seda y oro, y al fondo un magnífico arco primorosamente labrado
+y cubierto enteramente por la parte interior por una cortina de brocado,
+que ocultaba completamente lo que tras aquel arco existia.
+
+Yuzuf se sentó en el divan y atrajo á sí á Yaye.
+
+--Siéntate, le dijo.
+
+--¿Ha llegado el momento de que me hableis de mi madre?
+
+--Aun no: antes es preciso que conozcas la historia de tu padre.
+
+--Os escucho, señor.
+
+El anciano empezó su relato de esta manera:
+
+--Mi edad ha pasado de los sesenta años, el dia en que Granada,
+destrozada por las guerras civiles, vendida por el cobarde Muley
+Abd-Allah, su último rey, se entregó á los cristianos, tenia diez y
+seis. Mi padre era uno de los héroes de nuestro pueblo, mi padre era el
+infante Muza-ebn-Abil-Gazan, hijo bastardo de Muley Hhacem, y hermano de
+Boabdil el desdichado.
+
+Me acuerdo perfectamente del fatal dia en que despues de haber entregado
+las llaves de Granada al rey don Fernando en las orillas del Genil,
+Muley-Abd-Allah se encaminó con su familia y con los que quisieron
+seguirle á las Alpujarras.
+
+Nuestras mujeres lloraban, lloraban nuestros viejos y nuestros soldados
+cabizbajos y avergonzados marchaban en silencio, sin atreverse á volver
+el rostro para mirar á la hermosa ciudad, entre cuyos escombros no
+habian sabido perecer como valientes.
+
+Asi en paso tardo como el de quien se aleja por la fuerza del objeto de
+su cariño, llegamos al alto del Padul.
+
+Era el último lugar desde donde podíamos ver á Granada: el rey revolvió
+transido de dolor su caballo, y se arrojó de él. Luego se prosternó
+mirando á Granada y lloró: todos nos habíamos prosternado; todos
+llorábamos menos una mujer: aquella mujer estaba de pié, altiva, serena,
+pero profundamente pálida: aquella mujer era la madre de Muley
+Abd-Allah: la sultana Aixa-la-Horra.
+
+Aun me parece que la veo de pié en medio de nosotros, como un genio
+fatal; aun me parece que escucho sus altivas y terribles palabras.
+
+--Llora, dijo al rey, llora como una débil mujer, la pérdida del reino
+que no has sabido defender como hombre.
+
+Al escuchar el severo acento de su madre, el rey se alzó, lanzó una
+mirada suprema á Granada, exhaló un grito de dolor, se cubrió el rostro
+con las manos, y luego, montó de un salto á caballo, le revolvió hácia
+las Alpujarras, y apretándole los acicates partió á la carrera.
+
+Todos le seguimos como una tromba: la desesperacion nos impulsaba, y
+doblamos la falda de la montaña, con el estruendo y la rapidez del
+viento de la tempestad.
+
+Yo cabalgaba al frente de nuestros soldados y de nuestros ginetes,
+agoviado bajo el peso de un doble é intenso dolor: salia desterrado de
+la ciudad en donde habia nacido, y el noble infante mi padre, habia
+desaparecido sin que nadie supiese lo que habia sido de él: acaso habia
+ido á buscar la muerte en alguna aventura desesperada, yendo solo á
+hacerse matar por los cristianos, encubriendo su nombre, como un moro
+cualquiera: acaso habia huido para no ver la deshonra de su pueblo, la
+rendicion á los castellanos, la Alhambra en poder de los infieles, la
+vergüenza en la frente del cobarde rey; acaso yo no debia volver á ver á
+mi padre.
+
+Junto á mí; triste y pensativo como yo, cabalgaba el valiente Ali
+Huseín, alferez de mi padre, que en otros tiempos habia llevado su
+bandera de infante á la victoria.
+
+Algo mas allá del Padul, Ali Huseín, detuvo su caballo y me dijo:
+
+--Poderoso señor, tu padre quiere que nos separemos del rey y de sus
+gentes.
+
+--¡Mi padre! exclamé: ¡pues qué! ¿sabes tú de mi padre?
+
+--Tu noble padre nos espera en la montaña, me contestó.
+
+Y puso su caballo en demanda de otro camino: yo le seguí con el corazon
+alentando apenas; nuestros parientes, nuestros soldados y nuestros
+esclavos me siguieron: eramos mas de quinientos.
+
+Mi padre se nos presentó de repente, se nos dió á conocer, y se puso á
+nuestra cabeza en un camino que se internaba en la montaña, y que á
+medida que adelantábamos se estrechaba hasta el punto de que nos fue
+necesario echar pié á tierra y marchar uno en pos de otro.
+
+Mi padre iba delante.
+
+Caminamos todo el dia en silencio por ásperos desfiladeros, viendo á
+nuestros piés valles profundísimos por cuyo fondo se precipitaban rios
+convertidos en torrentes por las lluvias del invierno, y sobre nuestras
+cabezas montañas cubiertas de nieve: sobre las colinas levantaban las
+tristes y altísimas copas solitarios pinos, y en el fondo de las
+estrechas vegas, en las vertientes de la montaña, bravíos bosques de
+deshojadas encinas.
+
+Ni una aldea, ni una habitacion humana, ni aun la choza de un pastor,
+vimos durante el dia desde el camino por donde nos guiaba mi padre. Solo
+se escuchaba el graznar de las águilas, el ahullar de los lobos
+hambrientos, el rugir de los torrentes y el zumbido del viento entre las
+quebraduras de la montaña.
+
+Llegó la noche y con ella llegamos á una cumbre ancha, árida, cubierta
+de nieve, desde la cual se veian otras muchas cumbres que se levantaban
+en anfiteatro hasta el altísimo pico de Muley Hhacem[6]. Tampoco se veia
+desde allí ninguna habitacion humana.
+
+Detúvose allí mi padre y descabalgó: todos descabalgamos, y durante los
+primeros momentos de descanso, nuestras mujeres y nuestros esclavos
+descansaron.
+
+Despues mi padre llamó en torno de sí á los guerreros de nuestra
+familia.
+
+--«Hemos sido arrojados de nuestros hogares, nos dijo, y ya no tenemos
+patria: somos vencidos: el vencedor nos ha asegurado nuestras
+propiedades, nuestra religion, nuestras leyes y nuestras costumbres, por
+medio de una capitulacion: esa capitulacion que algunos creen honrosa y
+estable, no vale mas ni es mas fuerte que el papel en que está escrita:
+la mano del vencedor procurará pasar primero por cima de ella, y cuando
+aleguemos los capítulos concertados con los reyes de Aragon y de
+Castilla, la mano del sacerdote cristiano rasgará la capitulacion, y los
+soldados de los reyes de España, nos impondrán la sumision por la
+fuerza. Todo lo hemos perdido, todo: patria, religion, leyes,
+costumbres, haciendas: nos espera una suerte semejante á la de los
+judíos: la esclavitud y la vergüenza.
+
+ * * * * *
+
+Resistamos con valor la inclemencia de los hados: si vivimos en los
+pueblos, allí nos vigilará el recelo del vencedor, que tendrá siempre el
+atento ojo sobre nuestros semblantes para medir su alegría ó su
+tristeza: si nos reunimos en mucho número recelaran; si evitamos
+reunirnos, recelaran tambien: acecharan por las rendijas de nuestras
+puertas para sorprender el pudor de nuestras mujeres, y procuraran
+apartar nuestros hijos de nuestro amor y de nuestras costumbres.
+
+Debemos vivir lejos de los cristianos, y acecharlos incesantemente, en
+vez de ser acechados: debemos preparar el dia glorioso de una
+reconquista, si no para nosotros, para nuestros hijos: debemos continuar
+siendo fieles observantes de la ley, buenos musulmanes; en los pueblos
+no podríamos serlo: pero por fortuna la montaña es áspera, tiene
+guaridas desconocidas donde podremos ocultarnos, y desde las cuales
+seremos el terror del vencedor: es necesario que olvidemos el regalo de
+nuestras casas de Granada, las suntuosas fiestas, las alegres zambras:
+nuestros jardines seran las desnudas ramblas de las Alpujarras; nuestras
+zambras el combate continuo con el cristiano: que el que se aventure en
+la montaña muera, y que los cobardes habitantes de las poblaciones
+paguen tributo al rey de la montaña.
+
+En una palabra, desde hoy, si quereis seguir mis consejos, seremos
+monfíes.»
+
+Concluyó mi padre, y los mas ancianos, los mas prudentes de la familia
+aprobaron su parecer.
+
+Pero era necesario que aquel nuevo pueblo que habia elegido para su
+residencia las grutas de las montañas, y por ejercicio la continua
+guerra con el cristiano, tuviese á su frente un caudillo que les
+gobernase.
+
+Mi padre fue elegido unánimemente emir de los monfíes.
+
+Un resto de la familia real de Granada, guarecido entre rocas y
+desfiladeros, no rendia vasallaje al vencedor del reino de Granada; los
+demás se arrojaban á sus piés en un cobarde vasallaje, ó se desterraban
+voluntariamente del suelo que les vió nacer, pasando al Africa.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+Anduvimos sin cesar por ásperos senderos durante aquella larga noche,
+alumbrados por la clarísima luna del mes de las nieves, y al amanecer
+llegamos al centro de un espeso pinar delante de la boca de una lúgubre
+gruta.
+
+Esa gruta es la misma en que ahora te encuentras, hijo mio.
+
+Dentro de esta gruta, mi padre construyó el alcázar subterráneo del emir
+de los monfíes.
+
+--Pero segun las cámaras que he visto antes de llegar á esta, dijo Yaye,
+si he de juzgar por el régio esplendor que nos rodea, este alcázar es
+tan rico como la Alhambra; para construirlo han debido gastarse tesoros
+incalculables.
+
+--Mi padre, continuó el anciano Yuzuf, previendo á tiempo la conquista,
+habia vendido sus tierras, sus alquerías, sus castillos: el precio de
+estos, aunque enorme, no bastaba ciertamente para la construccion de
+este alcázar maravilloso, del cual solo has visto una pequeña parte.
+Pero los monfíes hacian la guerra al cristiano y con mucha frecuencia
+penetraban en las villas mas populosas y ricas de las Alpujarras, las
+entraban á saco y se volvian cargados de botin: el quinto de las presas
+era de mi padre: ademas, justo era que los que habian inclinado
+cobardemente su cabeza bajo el yugo del vencedor, los que se habian
+convertido de miedo (porque los cristianos tardaron muy poco en faltar á
+la fe de las capitulaciones), justo era que los que habian renegado
+vilmente de su Dios, contribuyesen al sostenimiento de los valientes
+moros que habian rechazado toda servidumbre, todo envilecimiento, toda
+apostasía, prefiriendo una sangrienta y continua lucha entre las breñas
+de la montaña, á una paz vergonzosa entre el ocio y el regalo de las
+poblaciones, bajo la mano de hierro y la vista recelosa de los
+cristianos: al poco tiempo de haberse hecho mi padre rey de la montaña,
+aparecieron gacelas escritas en las puertas de las iglesias, sin que
+nadie supiese quién las habia puesto, en que se imponia á los moriscos
+renegados y á los cristianos, un fuerte tributo para el emir de los
+monfíes: la primera vez las gacelas fueron arrancadas sin temor, y solo
+recibieron por contestacion un silencio de desprecio: el castigo no
+tardó mucho despues de la ofensa: una y otra y otra villa fueron
+acometidas de noche, en medio del silencio, y sus moradores entregados
+al degüello y al incendio: cuando de nuevo se fijaron gacelas en los
+mismos parajes que las anteriores, los vecinos, cada uno segun su
+riqueza, se apresuraron á pagar el tributo impuesto por el rey de la
+montaña, llevándole al lugar que se prefijaba en la gacela. Asi han
+continuado año tras año. Al terminar la luna de los frutos, nuestros
+monfíes entran de noche en las villas y fijan en las iglesias las
+gacelas en que se les anuncia el dia y el lugar en que han de pagar el
+tributo y dónde han de depositarle. Ningun año ha faltado una sola villa
+á cumplir esta prescripcion. Tenia, pues, mi padre tesoros y los tengo
+yo. Con esos tesoros se ha construido en las entrañas de la tierra, en
+las excavaciones de unas antiquísimas canteras, este alcázar, que es una
+ciudad subterránea; con esos tesoros hemos podido ir aumentando el
+número de los monfíes, que al principio apenas llegaban á quinientos;
+que cuando murió mi padre llegaban á cuatro mil, y que hoy forman un
+ejército de diez mil soldados, fuertes, bravos, sin piedad, incansables,
+que conservan la pureza de la ley alcoránica, y entero el amor de la
+patria: con esos tesoros podemos tener espías en todas partes, hombres
+activos que encontraran medio de saberlo todo, de oirlo todo: estos
+hombres estan allí do quiera ondea la bandera española: en la córte del
+emperador, en la del rey de Francia, en Italia, en Flandes, hasta el
+remoto continente americano, de donde nos envian oro á raudales; nadie
+conoce á esos emisarios mios, y muchos de ellos sirven á sueldo bajo las
+banderas del rey de España, muchos alientan con mi oro las tentativas de
+los enemigos de Carlos V, y si yo quisiera, ese soberbio rey caeria
+herido por un puñal invisible: ¿pero qué me importa la vida de don
+Carlos? El es un solo hombre, aunque poderoso, y nuestro enemigo es un
+pueblo entero, un pueblo de soldados aventureros y rapaces, de frailes
+codiciosos, de jueces y abogados que son otras tantas aves de rapiña: la
+codicia hace invencibles á esos aventureros, el fanatismo crueles á esos
+frailes, la soberbia implacables á esos jueces: donde quiera que pone su
+planta el soldado, donde quiera levanta su cruz el fraile, donde quiera
+tiende su garra el golilla español, allí van la destruccion, la hoguera
+y el verdugo: América se extremece bajo su yugo, Flandes se desangra, la
+hermosa Italia se ahoga; llegará un dia, y acaso no tarde, en que
+alentados por la desesperacion los oprimidos, hagan crugir y
+quebrantarse el yugo: en que España, rodeada por todas partes de
+enemigos, no tenga bastantes soldados para vencer; en que los frailes no
+puedan encender hogueras para quemar, en que los jueces se vean heridos
+por sus mismas plumas. Llegará un dia en que se unan contra España todos
+los que por España son desdichados, porque la tiranía acaba siempre
+herida por sus mismos excesos. Una terrible guerra religiosa se agita en
+Europa; Roma lucha contra la protesta; los doctores católicos contra los
+doctores luteranos: cien pueblos contra uno solo, cien derechos contra
+una sola tiranía: la España de Carlos V es un coloso de hierro con los
+piés de barro, y su mismo peso la derrocará: ¡ay cuando llegue el dia en
+que el coloso vacile! Un pueblo que hoy se esconde en las entrañas de
+las rocas, atacará á ese coloso por el pié y le arrojará por tierra...
+
+--¡Sueño! exclamó Yaye, interrumpiendo á su padre.
+
+--¿Acaso sabe nadie lo que está escrito en el libro del destino? ¿Acaso
+no fueron derrocadas Menfis y Babilonia? ¿No pasó la Grecia con sus
+guerreros, con sus sabios, con sus poetas y sus artistas? ¿Dónde está
+Cartago la rival de Roma? ¿Dónde está Roma la vencedora de Cartago?
+¿Dónde estan los godos que hollaron el Capitolio con los sangrientos
+cascos de sus caballos? ¿Dónde estan los árabes vencedores de los godos?
+¿Qué ha sido de los almoravides y de los almohades vencedores de los
+árabes? Todo muere: como los hombres, las razas.
+
+--España es fuerte, poderosa y grande, exclamó el tenaz Yaye.
+
+--Carlos V ve que el coloso empieza á desmoronarse bajo su imperio: este
+imperio pasará quebrantado, herido de muerte, á los hombros del príncipe
+don Felipe, y si bajo su mano no se destruye, pasará mermado á las de su
+hijo, y débil á las de su nieto, y miserable y envilecido á las de su
+viznieto. ¡Qué! ¿puede durar mucho un imperio que se funda en la
+opresion de pueblos enteros?
+
+[imagen: ¡Llora, llora, como una débil mujer, la pérdida del reino
+que no has sabido defender como hombre!]
+
+Acaso ni yo, ni tú, ni nuestros nietos, veamos convertido á ese coloso
+sangriento en un fantasma que se verá precisado á volver la vista atrás
+para contemplar algo grande; pero tenemos el deber de ayudar á la
+carcoma de ese coloso; tenemos necesidad de vengarnos, ya que no como
+serpientes, como sanguijuelas: debemos chupar continuamente su sangre y
+su oro: por cada moro que ese coloso despedace, nosotros debemos
+despedazar cien cristianos, y si está escrito que en nuestros tiempos
+ese coloso se derrumbe, debemos estar preparados á la lucha, en acecho
+de una ocasion propicia para reconquistar lo que hemos perdido, para
+poder piafar con nuestros corceles en las ricas campiñas andaluzas, y
+levantar en medio de ellas los minaretes de las mezquitas del dios
+Altísimo y Único.
+
+--¡Oh, padre, padre! ¡El Altísimo ha visto los pecados de nuestro
+pueblo, y por ellos le ha destruido!
+
+--Del mismo modo ve los pecados de los españoles, y les destruirá por
+ellos.
+
+--Padre, ¿habeis vivido alguna vez entre esos hombres?
+
+--El dia en que mi padre fue elegido rey de los monfíes, llamó á uno de
+sus parientes mas allegados, sabio anciano, y me entregó á él, como yo
+te he entregado á Abd-el-Gewar. «Ve hijo mio, me dijo: vive entre los
+conquistadores, conócelos, porque algun dia me sucederás en el gobierno,
+y el elegido por Dios para gobernar, debe conocer á los enemigos de su
+pueblo. Aprende su lengua, viste su trage, practica sus costumbres,
+ponte en estado de conocer sus malas artes para que no puedas ser
+engañado; conoce sus debilidades, para aprovecharlas, y si es necesario,
+sé cristiano en la apariencia. Corre mundo, y sobre todo sé dócil con el
+que desde ahora va á ser tu padre: cuando conozcas bien á nuestros
+enemigos, cuando largos viajes te hayan dado experiencia, vuelve, mi
+corona te espera.»
+
+Y partí, y aprendí el habla castellana, y viví en la córte del
+emperador, y serví bajo sus banderas, y estuve en Francia, en Flandes,
+en América: por todas partes ví enemigos de España; por todas partes oí
+maldecir el nombre español; en todas partes vi vireyes y oidores, y
+clérigos, y capitanes y soldados de España, que se enriquecian por medio
+del crímen. Comprendí que los pueblos tienen un derecho sagrado de vivir
+bajo sus antiguas leyes, bajo sus usos y costumbres, y que un
+conquistador es siempre odioso, porque siempre se ve obligado á ser
+tirano.
+
+--Lo mismo he comprendido yo, señor.
+
+--Mi amor á la patria crecía á medida que pesaba los excesos que en
+todas partes, en todos los mares, en todas las regiones del mundo
+ejercian los españoles: mi sola pasion era el odio hácia los cristianos,
+mi solo deseo beber su sangre.
+
+--¿Y no sentísteis jamás otra pasion ni otro deseo, padre mio? exclamó
+con embarazo Yaye.
+
+[imagen: ¿Quién es esa dama?]
+
+--Sí, contestó Yuzuf, mirando fijamente á su hijo: tú eres una prueba
+viviente de que si mi corazon abrigaba un odio á muerte, una
+inextinguible sed de venganza contra los cristianos, dió tambien cabida
+al amor.
+
+--Pero vos amariais á una mujer de vuestra raza; á una parienta acaso.
+
+--Tu madre no era mora, hijo mio.
+
+--¡Que no era mora!
+
+--Era árabe... al menos descendiente, en línea recta de los califas
+árabes de Córdoba.
+
+--¡Descendiente en línea recta de los califas de Córdoba!... ¿Cómo se
+llamaba?
+
+--Ana de Córdoba y de Válor.
+
+--¡Ana de Córdoba y de Válor!... ¡Hija de los renegados!...
+¡Cristiana!...
+
+--Es verdad que los Válor cometieron un gran pecado renegando de su fe y
+sirviendo á los reyes de Castilla: es verdad que un moro no debia tener
+con ellos otra alianza que la del acero, otro trato que el del
+combate... ¿pero acaso hemos de castigar en los hijos los pecados de los
+padres? ¿Acaso no hay una ley superior á todas las leyes; una ley
+irresistible, porque está escrita por la mano de Dios en el corazon
+humano, y á la que es forzoso obedecer? Dichoso tú, hijo mio, si aun no
+has oido el terrible precepto de esa ley, de esa ley que se llama...
+
+--¡Amor! exclamó profundamente Yaye.
+
+--¡Amor! exclamó con profunda intencion Yuzuf... pero no: á tu edad se
+juega con el amor; mas á la edad en que yo conocí á tu madre, en el
+estío de la vida, cuando ya se empieza á descender por la escala de los
+años, cuando tenemos el corazon vacío por la experiencia, árido por la
+desgracia, ansioso de amor... ¡oh! entonces no se ama al ángel, se ama á
+la mujer, se ama á la compañera; se busca un corazon noble y grande que
+sienta nuestro infortunio, que le acepte, que le alivie, compartiéndolo:
+un seno de paz en que reposar la cabeza calenturienta por los cuidados
+del gobierno: una mano amante que limpie de nuestra frente el sudor del
+combate; una boca que nos sonria como solo sabe sonreir la esposa que
+ama, y que ahuyente con su sonrisa, siquiera, sea por un momento los
+crueles cuidados, la lucha azarosa del presente; los temores del
+porvenir. Y luego... tú no has podido encontrar en las tierras donde has
+vivido, ni en Madrid, ni en Salamanca, ni en Granada, ni en las
+Alpujarras, una mujer como tu madre... ¡Ven!
+
+Yuzuf se levantó, y fue al arco del fondo: su semblante estaba mas
+pálido que de costumbre, su blanca barba temblaba, sus ojos expresaban
+una tristeza profunda.
+
+--¡Mira! dijo á Yaye.
+
+Y descorrió la cortina.
+
+--¡Isabel! exclamó el jóven con un grito exhalado del fondo de su alma.
+
+Al descorrerse la cortina, una mujer jóven y hermosa habia aparecido
+ante los ojos de Yaye: aquella mujer demostraba la misma edad que Isabel
+de Córdoba y de Válor, y era tan semejante á ella, como si hubiera sido
+ella misma.
+
+Pero aquella mujer estaba pintada en una tabla.
+
+Aquella tabla era á todas luces obra del pintor de los Reyes Católicos,
+Antonio del Rincon.
+
+(Entre paréntesis: el nombre de Antonio del Rincon estaria arrinconado
+en el olvido, sino hubiera retratado tres docenas de veces á los
+serenísimos Reyes Católicos).
+
+Yaye en su permanencia entre los cristianos se habia hecho artista, y
+reconoció á primera vista por la manera, cuando la reflexion hubo
+dominado en él á la sorpresa, al autor de aquel retrato: recordó que
+Antonio del Rincon habia muerto muchos años antes de que Isabel de
+Córdoba y de Válor llegase á la edad que la dama retratada representaba:
+no podia ser aquella dama Isabel, pero podia ser su madre.
+
+¡Su madre!
+
+Este fue el primer pensamiento que brotó de la razon de Yaye, y le
+extremeció.
+
+Acaso habia un misterio en el nacimiento de Isabel: acaso amaba con un
+amor incestuoso á su hermana.
+
+Cuando llenan la cabeza y conmueven el corazon pensamientos y
+sensaciones tan profundas, la lengua enmudece, los ojos se asombran, ese
+organismo que se llama cuerpo humano tiembla.
+
+Yaye fijaba una mirada fascinada en el retrato y estaba pálido como un
+cadáver.
+
+--Esa era tu madre dijo tristemente Juzuf.
+
+--¡Mi madre! contestó maquinalmente el jóven; mi madre!
+
+Pero dominando la reflexion á la razon se encerró en una prudente
+reserva.
+
+--Te asombra sin duda, dijo Yuzuf, interpretando mal la confusion de
+Yaye, ver á tu madre con esas ropas castellanas; con ese tocado
+castellano, con esa cruz de oro pendiente del cuello. ¡Ah hijo mio! ya
+te he dicho que tu madre era cristiana: yo, moro de raza, enemigo á
+muerte del nombre cristiano, no debí haber sucumbido á los amores de una
+infiel. ¿Pero hay algun hombre que pueda hacerse superior á ese precepto
+de Dios que dice: hallarás á tu compañera y la amarás?
+
+Hubo un momento de silencio. Juzuf se volvió al divan y se sentó en él.
+Yaye se sentó á su lado. Entrambos tenian fija su mirada en el retrato.
+
+--Y yo no la busqué, continuó Yuzuf; la encontré un dia en esa tabla....
+al verla me estremecí, temblé: nunca habia temblado: nunca habia
+conocido el amor y al sentirle no le comprendí. Sin saber por qué no
+podia separar los ojos de esa tabla, que tenia para mí voz, aliento,
+vida. Sin embargo entonces era ya hombre maduro, me acercaba á los
+cuarenta años. Hacía ya diez que por muerte de mi padre habia heredado
+su espada y su corona. Obedeciendo uno de los consejos que me dió mi
+padre al morir, vivia por mitad en las Alpujarras, como emir de los
+monfíes, ó en Granada ó en la córte, como morisco convertido: cuando
+vivia entre los cristianos llamábanme el hidalgo Diego Vargas y nadie
+sospechó jamás que yo fuese el rey de aquellos terribles monfíes, cuyo
+nombre solo aterraba á los castellanos.
+
+Sabíanlo sin embargo algunos moriscos principales: uno de ellos era don
+Juan de Córdoba y de Válor, que aunque cristiano en la apariencia era
+moro de corazon y esperaba, si un dia triunfaba un levantamiento de los
+moriscos, ser elegido rey de Granada.
+
+Entre don Juan de Válor y yo existia una estrecha amistad: don Juan sin
+embargo conocia mis incontestables derechos al trono de Granada:
+derechos no solo heredados, sino adquiridos en el combate continuo con
+el cristiano, mientras ellos, los moriscos, vivian en un ocio y una
+sumision vergonzosas; don Juan me habló muchas veces de confundir en uno
+nuestros muchos derechos por medio de un casamiento.
+
+--Yo no tengo hijos le contestaba yo, siempre que don Juan me hablaba á
+aquel propósito.
+
+--Pero yo tengo una hermana, me dijo al fin un dia don Juan: una hermosa
+doncella de diez y ocho años.
+
+--Reparad en que yo cuento ya cerca de cuarenta.
+
+--Para esta clase de alianzas no se repara en edades, replicó; basta con
+que el hombre ofrezca seguridades de sucesion.
+
+--Por último, don Juan, le dije: vuestra hermana es cristiana, no
+cristiana como vos lo sois, sino de corazon, por creencia y por
+costumbre: yo no puedo unirme á una infiel.
+
+Don Juan no me contestó á esta última decision mia; es de advertir que
+cuando yo le dí esta contestacion no conocia á su hermana doña Ana: solo
+tenia noticia de ella y de sus exageradas creencias cristianas por
+algunos moriscos principales que la conocian: sabia sí que era hermosa;
+pero habia llegado á los cuarenta años sin rendir tributo á la
+hermosura, por que mi corazon estaba lleno de ambicion y de sed de
+venganza por las desventuras de mi patria. El saber que doña Ana de
+Córdoba era una doncella hermosísima no me habia conmovido.
+
+Un dia que, de vuelta de un paseo por el campo, pasábamos por una
+estrecha calleja del Albaicin, don Juan me convidó á subir á casa de un
+pintor su conocido.
+
+Aquel pintor era Antonio del Rincon.
+
+Subimos á una torrecilla donde Rincon pintaba sus cuadros, y lo primero
+en que reparé, entre una multitud de santos, cristos y vírgenes, fue en
+esa tabla que estaba puesta junto á una ventana y herida de lleno por la
+luz.
+
+En el tiempo que estuvimos allí, no separé la vista de aquella tabla: un
+poder misterioso é irresistible me arrastraba á la mujer que en ella
+estaba representada.
+
+Salimos de allí don Juan y yo, y al dia siguiente volví solo á la casa
+del pintor. Aquella noche, á mi despecho no habia dormido; ni un solo
+momento se habia separado de mí el recuerdo de la hermosa castellana.
+Cuando entré en la habitacion del pintor el retrato estaba en el mismo
+sitio.
+
+--¿Quien es esa dama, si es que podeis decirme su nombre? pregunté á
+Rincon despues de algunos minutos que estuve hablando con él de cosas
+indiferentes.
+
+--Esa dama caballero, me dijo, es doña Ana de Córdoba y de Válor, y me
+extraña que no la conozcais por que al veros aquí con su hermano don
+Juan no pareciais sino grandes amigos.
+
+--En efecto lo somos, pero nunca he visto á doña Ana.
+
+--Es doña Ana muy recatada.
+
+--Y decidme, añadí rompiendo por todo: ¿tendriais dificultad en venderme
+ese retrato?
+
+--No os le venderé, dijo, pero os le cambiaré.
+
+--Cambiarle, ¿y por qué?
+
+--Por vuestro retrato.
+
+Maravillóme el precio que ponia á su venta Antonio del Rincon.
+
+--No os extrañe esto, me dijo: sois un hombre poderosamente hermoso (no
+hago mas que repetir las palabras del pintor, observó Yuzuf, cuya
+modestia no era fingida) teneis un semblante sumamente noble, los
+cabellos y la barba negra, brillantes los ojos, tersa la piel, y apenas
+demostrais treinta años.
+
+--Pues os engañais, amigo mio, le dije; me acerco ya á los cuarenta.
+
+--Bien podrá ser, pero desde el momento en que os vi me dije: he aquí
+que me contentaria mucho que ese caballero me mandase hacer su retrato:
+os pareceis mucho en lo grave y en lo pensador á mi señor el serenísimo
+rey don Fernando. Habiendo concebido ese deseo, ya comprendereis que
+aprovecho la ocasion de que vos deseis poseer el retrato de doña Ana de
+Córdoba para proponeros un trueque.
+
+--Acepto con sola una condicion, le contesté, ó por mejor decir con dos
+condiciones.
+
+--Sepamos.
+
+--En primer lugar, habeis de procurar que don Juan no sepa que yo poseo
+este retrato, para conseguir lo cual hareis otro exactamente igual y se
+lo entregareis como si fuese el mismo.
+
+--Eso por supuesto, contestó Rincon.
+
+--Ademas, insistí, habeis de aceptar el precio de los dos retratos, del
+suyo y del mio, puesto que son dos trabajos en que os debeis ocupar.
+
+--¿Y estais decidido, me dijo mirándome fijamente, á no dejaros retratar
+sino bajo esas condiciones?
+
+--Decidido de todo punto.
+
+--Sea lo que vos querais: con esto creo que nuestro trato esté
+concluido.
+
+--Sí por cierto. ¿Y cuándo me entregareis el retrato de doña Ana?
+
+--Dentro de ocho dias: pero para ello será preciso que dentro de ocho
+dias esté concluido el vuestro. Hoy prepararé la tabla. Venid á buscarme
+mañana al amanecer.
+
+Volví al dia siguiente despues de una noche de insomnio.
+
+Encontré á Antonio del Rincon trabajando ya en la copia del retrato de
+doña Ana.
+
+--¿No temeis, le dije, que venga don Juan y os coja en el fraude?
+
+--No por cierto, me contestó: don Juan viene muy de tarde en tarde:
+ademas, cuando llame, antes de que le abran trasladaré estas dos tablas
+á lugar seguro. Ahora permitidme que me apodere de vos para trasladaros
+á la tabla: desde este momento me perteneceis. Os tengo como quiero;
+pálido, lo que aumenta vuestra... hermosura, y sencillo aunque rica é
+hidalgamente vestido.
+
+En efecto, Rincon se apoderó de mí, me colocó frente al retrato de doña
+Ana de pié, puesta una mano en la cadera, y sosteniendo con la otra mi
+gorra.
+
+Rincon empezó á trabajar: al poco espacio yo no veia nada; no pensaba en
+nada; solo veia á doña Ana que estaba frente á mí, solo pensaba en ella:
+no sé cuanto tiempo estuve inmóvil en aquella posicion, mirando
+enamorado, loco, á doña Ana.
+
+Al fin Rincon lanzó un grito de triunfo.
+
+--¡Es mi mejor obra, mi grande obra! exclamó: ¡jamás he pintado una
+cabeza como ésta! ¡Mirad!
+
+En efecto, al ver la cabeza que enteramente habia pintado Ricon, me
+estremecí: en aquella cabeza enteramente semejante á la mia, estaban
+pintados al mismo tiempo el deseo, la ansiedad, la duda: mis ojos
+exhalaban una ardiente mirada de amor: Rincon habia sorprendido la
+expresion con que yo habia estado contemplando el retrato de doña Ana, y
+la habia trasladado á la tabla. Solo al ver la obra del pintor,
+examinándome á mi mismo, comprendí que estaba enamorado.
+
+--Es necesario que borreis esa cabeza, le dije.
+
+--¡Borrarla! ¡quereis borrarla! exclamó con ímpetu poniéndose en actitud
+amenazadora delante de la tabla; ¿quereis arrebatarme mi fama? Esto
+seria cosa de andar á estocadas.
+
+Fue necesario ceder ante el entusiasmo de Rincon. Durante ocho dias
+estuve yendo todas las mañanas al amanecer y permanecí en casa del
+pintor durante cuatro horas. Al cabo de los ocho dias mi retrato
+enteramente concluido, habia desaparecido: en cambio, Rincon, despues de
+haber envuelto cuidadosamente en paños el retrato de doña Ana y metídole
+en un cajon, me lo habia entregado.
+
+El retrato habia sido trasladado á este mismo lugar. Hace mas de veinte
+y cuatro años que está ahí; hace mas de veinte y cuatro años que ese
+tapiz le cubre, que esa lámpara le alumbra.
+
+El anciano se detuvo como para tomar fuerzas: despues de algunos
+momentos de silencio continuó:
+
+--Durante muchos dias pasé largas horas delante de ese retrato:
+lentamente mi amor, que estaba en lucha con mi razon, fue venciéndola:
+nació en mí primero débil y dominada por un invencible horror al nombre
+cristiano, la idea de mi casamiento con doña Ana: cuando pensaba en
+esto, mas que la idea de unirme á una cristiana me atormentaba el temor
+de no ser amado por ella. Mi edad doblaba la suya. ¿Pero no me habia
+dicho Antonio del Rincon que aun parecia jóven, que aun parecia hermoso?
+Entonces por la primera vez, mi limpia adarga me sirvió de espejo: ví
+que mis cabellos eran negros, mi barba poblada y brillante, mi piel
+tersa, mis ojos jóvenes: comprendi que un contínuo y rudo ejercicio al
+aire puro de la montaña, mi ignorancia hasta entonces del amor, y la
+exuberancia de vida que ardia en mi sangre, me habian conservado jóven,
+en la edad en que otros se encontraban en el otoño de su vida. Tenia
+alguna esperanza. Habia ademas en la expresion reflexiva y pura de doña
+Ana algo que me decia: esa mujer no puede amar á un hombre cualquiera:
+esa mujer no ha amado aun: algunas veces cuando hacia mucho tiempo que
+mis miradas estaban fijas en el retrato, me parecia que la pintura
+tomaba vida, que sus ojos brillaban, que con una mirada intensa, emanada
+del alma, me decian: ¡yo te amo!
+
+Necesité conocer á doña Ana, pero no quise conocerla bajo la impresion
+de los consejos de su hermano, que indudablemente estaba interesado en
+que yo fuese su esposo.
+
+Me trasladé á Granada, y uno de mis monfíes, mozo despierto y que
+conocia perfectamente las costumbres de los cristianos, supo enamorar á
+una de las doncellas de doña Ana: por ella supo él, y por él yo, que
+doña Ana jamás habia amado, ni recibido billetes, ni escuchado
+galanteos; que solo salia de su casa para ir á misa á la colegiata del
+Salvador y aun asi muy temprano; que era buena hija y buena hermana,
+piadosa y ardientemente caritativa.
+
+Yo, que jamás habia entrado en la iglesia de Cristo, sino para no
+hacerme sospechoso, entré en ella para conocer á doña Ana.
+
+Coloquéme junto al presbiterio el primer dia de misa á primera hora:
+cada mujer que adelantaba cubierta con un manto hacia latir mi corazon:
+al fin apareció una, esbelta, de continente magestuoso, y mi corazon sin
+dudar me dijo: ella es: precedíala un paje que llevaba un cojín y
+seguíanla una dueña y un rodrigon.
+
+Afortunadamente el paje colocó el cojin á poca distancia de las gradas
+del presbiterio, casi junto á mí. Doña Ana se arrodilló: en el primer
+momento no me vió, luego, como por acaso me viese, palideció, hizo un
+movimiento de sorpresa, partió de sus ojos una mirada involuntaria,
+aquella misma mirada que yo habia creido ver algunas veces en su retrato
+y que parecia decirme: yo te amo, y súbitamente se ruborizó, bajó los
+ojos, y no los volvió á alzar hasta que, concluida la misa, se volvió
+rápidamente como temiendo encontrarme y se encaminó á la puerta del
+templo. Yo me habia adelantado y la esperaba; la ofrecí agua bendita, la
+tomó maquinalmente y volvió á mirarme de una manera involuntaria y
+rápida. Despues desapareció.
+
+No podia dudar de que habia causado una profunda impresion en doña Ana:
+esto me llenaba de esperanza y por consiguiente de felicidad: al dia
+siguiente estuve á la misma hora en la iglesia.
+
+Doña Ana llegó y se situó en el mismo sitio. Aquel dia me miró frente á
+frente, pero serena y tranquila. Al darla agua bendita la recibió, y me
+dió modestamente las gracias.
+
+Asi pasaron quince dias.
+
+Al fin me decidí á darla un billete que llevaba ya hacia algunos dias
+preparado y que no me habia atrevido á darla; al salir, al mismo tiempo
+que la daba agua bendita, la dí recatadamente el billete.
+
+Doña Ana le recibió.
+
+En aquel billete la suplicaba que al mediar aquella noche, se asomase á
+sus miradores.
+
+Al llegar la hora de la cita estaba yo en la calle: al dar las doce los
+miradores se abrieron, pero solo por un momento: salió por ellos una
+mano, y dejó caer un billete á la calle.
+
+Aquel billete decia únicamente:
+
+«Mi recato no me permite hablaros sino en presencia de mi hermano.»
+
+Preciso fue volver al frecuente trato de don Juan; preciso fue que,
+aprovechando la primera ocasion, le dijese que habia pensado al fin que
+mi casamiento con su hermana me parecia conveniente y hasta necesario.
+
+Al fin pude hablar á doña Ana: mi amor, tratándola, se desbordó y ya no
+reparé en nada.
+
+Un mes despues de mi entrevista con doña Ana, era su esposo.
+
+Cuando ya despues de ser su esposo me ví solo con ella, doña Ana me asió
+de la mano y me llevó á un pequeño retrete.
+
+--Mirad, me dijo, y comprended la razon de que yo me ruborizase y me
+conmoviese al veros por primera vez.
+
+Y me señaló mi retrato pintado por Antonio del Rincon.
+
+--Ese retrato ha estado hasta ahora en los aposentos de mi hermano, pero
+al ser vos mi esposo, ese retrato ha entrado con vos en mi aposento.
+
+--¿Y cuánto tiempo hace que estaba ese retrato en vuestra casa antes de
+que me conocieses? la pregunté.
+
+--Seis meses, me contestó; y fuerza es confesároslo... puesto que soy
+vuestra esposa y que os he jurado amor ante Dios... antes de conoceros,
+os amaba.
+
+Entonces lo comprendí todo: comprendí que mi matrimonio con su hermana
+era la ambicion de don Juan de Válor, que habia comprendido que yo no
+podria verla sin amarla, y que se habia valido para casarme con ella de
+Antonio del Rincon.
+
+Pero ella mientras vivió no supo ni que su retrato estaba en mi poder,
+ni que yo era el poderoso emir de los monfíes.
+
+Tu madre me creia cristiano de buena fe, hijo de moriscos convertidos, y
+para ella no tenia otro nombre que Diego Vargas.
+
+Al año de nuestro matrimonio naciste tú.
+
+A los dos años murió tu madre.
+
+--¡Oh! exclamó Yaye profundamente: bien desgraciado fuisteis en vuestros
+amores, señor.
+
+--Si, y doblemente desgraciado, porque tu madre murió asesinada por la
+Inquisicion.
+
+Yaye se alzó como impulsado por un poder sobrenatural; cubrió su rostro
+una palidez de muerte, brilló en sus ojos una mirada letal, y tomó una
+actitud de amenaza que hubiera impuesto terror al mas valiente.
+
+--¡Qué mi madre ha muerto... asesinada por la Inquisicion!
+
+--Era demasiado hermosa: los cristianos son buitres voraces, dijo
+tristemente Yuzuf.
+
+Hubo un momento de terrible silencio.
+
+--Los cristianos, continuó despues de algun tiempo Yuzuf, no tienen por
+buenos sino á los que profesan su misma religion, y aun asi á los
+cristianos viejos. ¡Ay de sus vencidos! Un cristiano nuevo, un morisco,
+es para ellos punto menos que un judío: un animal despreciable, un ser
+odioso, contra el cual se creen autorizados para todo: un morisco no les
+sirve mas que para esclavo: una morisca... ¡oh! ¡cuando las moriscas son
+hermosas...! ¡tener por manceba una hermosa morisca es cosa muy deseada!
+La infeliz que resiste á los deseos de uno de esos infames aventureros,
+á quienes España entrega su bandera, infeliz de ella, porque el crímen
+acompaña á esos miserables á todas partes. Y luego, ahí están esos
+frailes sanguinarios que predican la religion cristiana con el dogal en
+una mano y la tea en la otra.
+
+--¿Pero cómo mató la Inquisicion á mi madre? exclamó Yaye alentado
+apenas.
+
+--¡Oh! ¡es un recuerdo horrible! Su confesor, un grave religioso
+dominico, un vil hipócrita, que sabia aparentar la virtud mas rígida,
+era inquisidor. La hermosura de tu madre excitó los impuros deseos del
+fraile, y abusando de su ministerio intentó corromperla. Tu madre le
+rechazó con indignacion. La venganza del fraile no se hizo esperar. Un
+dia la Inquisicion llamó á las puertas de nuestra casa. Yo estaba
+ausente en las Alpujarras. Registraron escrupulosamente y encontraron
+uno de los libros de Lutero que un criado infame, vendido al miserable
+fraile, habia puesto entre los libros de devocion de tu madre, que fue
+arrastrada á los calabozos de la Inquisicion: cuando yo lo supe volé á
+Granada. Mis monfíes forzaron una noche, decididos á todo, las puertas
+de la cárcel; llegaron hasta el encierro de tu madre, la sacaron de él y
+la trajeron á las Alpujarras... ¿pero en qué estado? La habian hecho
+sufrir el tormento, la habian destrozado, y el terror... ese terror frio
+que causa la Inquisicion, los dolores agudos del tormento, su recuerdo,
+la habian vuelto loca... vivió dos meses asombrándose de todo...
+extremeciéndose por todo... revelando en su delirio el nombre del fraile
+impuro... al fin murió: murió asesinada por la Inquisicion.
+
+Detúvose Yuzuf quebrantado por su dolor. Yaye le escuchaba con la faz
+sombría.
+
+--¿Y que hicísteis del fraile?
+
+--Murió despedazado por cuatro potros delante de mí en una rambla de las
+Alpujarras, despues de haber revelado en el tormento el nombre del
+infame criado que fue su cómplice y que murió del mismo modo. Desde
+entonces me ensangrenté en los cristianos, singularmente en los clérigos
+y en los frailes. Pero no basta la sangre vertida, es necesario
+verterla á torrentes; sangre impura de cristianos: yo soy viejo... ya no
+puedo, como antes, estar hoy aquí, mañana allá, unas veces coronado
+entre mis vasallos, otras encubierto entre mis enemigos. ¡Oh Dios mio,
+Dios mio! añadió Yuzuf levantando los ojos y las manos al cielo, ¡tú no
+quieres que Ana quede sin venganza, tú no lo quieres porque me has
+rejuvenecido en mi hijo, y mi hijo vengará á su madre! ¡la vengará!
+
+--¡Y si no puedo vengarla, señor, trasmitiré á mis hijos mi venganza!
+
+--Sí, nuestra venganza pasará de generacion en generacion. Dios querrá
+que se cumpla. Dios querrá que la sangre de tu madre no quede sin
+venganza. ¡Qué! ¿permitirá Dios que queden impunes los infames que me
+robaron á un arcángel del sétimo cielo! Abd-el-Gewar cree que no debí
+unirme á tu madre porque era cristiana. ¡Oh! era imposible verla y no
+amarla. Acaso yo, moro de raza, enemigo á muerte del nombre cristiano,
+no debí sucumbir á los amores de una infiel. Pero basta ver esa tabla
+para disculparme: su pureza era tan grande como su hermosura, y tan
+grandes como su pureza y su hermosura sus virtudes. Cómo verla y no
+amarla? ¿Cómo amarla y no codiciarla? ¿Cómo codiciarla y no ceder á su
+voluntad? ¿Has visto alguna vez, hijo mío, una mujer semejante á tu
+madre?
+
+--Sí, dijo roncamente Yaye, la he visto, existe.
+
+--¿Que existe? ¿que la has visto?
+
+--Ayer la ví por la última vez... la estoy viendo ahora: la veis vos...
+porque su imágen, está ahí, en esa tabla, con su misma frente pura,
+pálida y tranquila: con sus mismos ojos de mirada ardiente y lánguida,
+con su boca de sonrisa melancólica... Es ella... ella misma... Y luego
+su nombre... mi madre se llamaba doña Ana de Córdoba y de Válor, y esa
+mujer de quien os hablo, esa mujer que parece reproducida en esa tabla,
+que vive, que tiene la misma edad que representa el retrato de mi madre
+se llama...
+
+--Doña Isabel de Córdoba y de Válor, dijo interrumpiendo á Yaye Yuzuf,
+que habia escuchado con un asombro y un placer marcados, la ardiente
+descripcion que su hijo habia hecho de doña Isabel, comparándola con su
+madre.
+
+--¡Cómo! la conoceis, señor.
+
+--Doña Isabel de Válor es hija del hermano de tu madre, es tu prima
+hermana.
+
+--¡Misericordia de Dios! exclamó Yaye.
+
+--Tú la amas, hijo mio, añadió Yuzuf: la amas, porque al pronunciar su
+nombre, al hablar de ella, tu voz era trémula, estabas conmovido:
+amándola has colmado mis mas ardientes deseos; yo... yo he sido quien te
+he puesto al paso de esa mujer.
+
+--¡Vos, señor!
+
+--Si, yo compré para tí la casa inmediata á la de don Fernando de Válor,
+con quien vive doña Isabel.
+
+--¡Ah padre mio! ¡la fatalidad nos persigue!
+
+--¡Cómo, amas á Isabel y ella no te ama!
+
+--Ella, señor, muere por mí.
+
+--Pues si tú la amas... si ella te ama... ¿acaso sus hermanos?...
+
+--Sus hermanos no conocen nuestros amores: yo procuraba alejarme de su
+trato todo lo posible porque los despreciaba y los desprecio... son
+renegados.
+
+--¿Y por qué Isabel es hermana de los renegados te has sobrepuesto á tu
+amor... al suyo... y acaso la has despreciado?
+
+--Anoche, señor, dijo Yaye confundido por el ronco acento de su padre,
+he resistido á su amor, la he dejado anegada en llanto, sentenciada á un
+destino horrible... porque... Isabel ha preferido perderme y ser
+infeliz, á dejar la religion cristiana; porque yo musulman no podia ser
+esposo de la cristiana hija de los renegados.
+
+--¿Y por qué, dijo con doble severidad el anciano, has desgarrado entre
+tus manos su corazon? ¿Por qué la has enamorado si no creias posible tu
+casamiento con ella?
+
+--Isabel me amaba... necesitaba mi amor para vivir.
+
+--¿Y creiste escuchando á tu soberbia, exclamó Yuzuf con profundo
+acento, que hacias una obra meritoria diciendo amores á una pobre niña,
+abriendo su corazon á la felicidad para decirla despues: no puedo ser tu
+esposo porque eres cristiana?
+
+--¡Señor!
+
+--Tienes un deber sagrado que cumplir; es necesario que devuelvas su
+dicha á Isabel; ella se parece á tu madre, tanto en el cuerpo como en el
+alma: la conozco bien, ¿y sabes tú lo que es una mujer de corazon que
+ama, cuando el hombre de su amor la abandona? Es un alma condenada; una
+mártir: tú no tienes derecho para martirizar á nadie, y mucho menos á un
+ángel. Es necesario, puesto que la amas, que seas feliz con ella, y que
+ella lo sea contigo.
+
+--Acaso sea imposible, señor.
+
+--¿Te ha exigido ella que para ser su esposo reniegues de tu ley?
+
+--Ella me ha dicho: seguid vos en vuestra ley, yo seguiré en la mia: vos
+pasais entre los moriscos por cristiano, seguid pareciéndolo para ser mi
+esposo.
+
+--¿Y te negaste?
+
+--Aborrezco el nombre cristiano.
+
+--Yo no aborrezco á los cristianos por su religion, sino por sus
+crueldades con nosotros; por su feroz fanatismo, por su intolerancia
+como vencedores. El pueblo de Ismael nunca ha sido tan ignorante, tan
+fanático, tan cruel. Cuando los árabes conquistaron á España, cuando la
+ocuparon enteramente desde Calpe á los Pirineos, respetaron la religion,
+las leyes y las costumbres de los vencidos; les dejaron sus templos, sus
+sacerdotes, sus jueces y los trataron como hermanos. ¿Y qué sucedió? las
+dos razas antes enemigas, acabaron por confundirse. ¿Y quién obró este
+milagro? ¡El amor! Nuestros antepasados tuvieron cristianas por esposas,
+y los vínculos de la familia hicieron un solo pueblo de vencedores y
+vencidos. Cuando los Reyes Católicos entraron en Granada, encontraron
+una iglesia cristiana; oyeron la voz de una campana que llamaba á sus
+correligionarios á la oracion: aquella campana habia estado resonando
+durante un espacio de mas de siete siglos en los oidos de los musulmanes
+sin que estos se irritasen: durante mas de siete siglos los obispos de
+Hiberis pudieron entrar y salir libremente en aquella iglesia, sin que
+nadie los insultase, sin que un solo musulman profanase el templo, ni
+interrumpiese el rito. Si nuestros abuelos fueron tolerantes; si
+trataron á los vencidos como hermanos; si se enlazaron con las
+cristianas, hijas de los solariegos, ¿por qué no hemos de imitarlos
+nosotros? ¿por qué ha de ser imposible tu union con Isabel de Córdoba y
+de Válor?
+
+--Porque yo no he oido antes vuestra voz, padre mio, exclamó con
+desesperacion Yaye: porque yo no os he conocido algun tiempo antes.
+
+--¿Has hecho acaso á Isabel una de esas graves injurias que no puede
+perdonar una mujer? ¿Te has envilecido á sus ojos?
+
+--He rechazado su mano en el momento mismo en que se veia obligada por
+sus hermanos á entrar en un convento ó á enlazarse á otro hombre.
+
+--¿Y cuando te hizo esa revelacion Isabel?
+
+--Anoche.
+
+--¡Oh! ¡acaso sea tiempo aun! exclamó el anciano corriendo las cortinas
+sobre el retrato. Ven hijo mio; ven.
+
+Y salió precipitadamente arrastrando consigo á Yaye, cerró, y le llevó á
+otra cámara apartada.
+
+--¡Mi secretario Ayub! gritó á uno de los esclavos que dormitaban en la
+antecámara.
+
+Poco despues entró un anciano con el cual salió Yuzuf por una puerta
+lateral.
+
+En seguida entró por aquella misma puerta un morisco jóven, de aspecto
+brabío, pero hermoso y simpático, que se prosternó ante Yaye.
+
+--¿Quien eres? le dijo, este.
+
+--Poderoso Emir, contestó el jóven: vuestro magnánimo padre me envia á
+vos. Creo que es necesario que os disfraceis de hidalgo cristiano.
+
+--Tienes razon. ¿Y hay aquí ropas?
+
+--Sí señor. Con mucha frecuencia nos vemos precisados á parecer lo que
+no somos. Venid si os place conmigo, señor.
+
+La cámara quedó desierta durante media hora: al cabo de ella entró de
+nuevo Yaye. Venia vestido con un sencillo pero rico trage de camino á la
+castellana. Al mismo tiempo entró por otra puerta en la cámara Yuzuf,
+que traia en la mano un pliego cerrado: en la nema de aquel pliego se
+leia:
+
+«A nuestro muy querido sobrino don Diego de Córdoba y de Válor.»
+
+--Toma, hijo mio, dijo Yuzuf á Yaye dándole el pliego: corre, vuela,
+llega á Granada, busca á don Diego de Córdoba, dale estas letras y
+cásate con Isabel, si aun es tiempo.
+
+Y la voz del anciano temblaba, porque comprendia que aquel «_si aun es
+tiempo_» era una condicion de vida ó de muerte para el corazon de su
+hijo.
+
+--¡Ah padre mio! y si por desgracia...
+
+--Ni una palabra mas: ya he dado mis órdenes á Abd-el-Gewar que te
+acompañará con veinte hombres de confianza: á caballo, emir de los
+monfíes; á caballo.
+
+ * * * * *
+
+A poco, Yaye y Abd-el-Gewar, tambien con trage castellano, acompañados
+de Harum que parecia un mayordomo de casa rica, y de veinte monfíes que
+no parecia sino que toda su vida habian sido lacayos, ginetes en buenos
+caballos y armados á la ligera, salian de un espeso pinar.
+
+La noche estaba ya muy avanzada: el dia se aproximaba, la luna cercana
+al occidente iluminaba la montaña.
+
+Al empezar á trepar por un desfiladero les detuvo un ¿quién va?
+enérgico. A poca distancia soplando la mecha de un arcabuz, se veia un
+soldado castellano y en el fondo de la rambla, donde como hemos dicho
+antes, habia sido despeñado el alguacil de Mecina de Bombaron, habia
+muchos hombres.
+
+--¿Quiénes sois,? dijo un alférez que habia acudido al ¿quién va? del
+centinela.
+
+--Somos hidalgos castellanos, dijo Abd-el-Gewar que vamos nuestro
+camino.
+
+--Pues mal camino llevais hidalgos, replicó el alférez: con el edicto
+del emperador que, como sabeis acaba de pregonarse en las Alpujarras,
+andan revueltos esos malditos monfíes, y esta misma noche han medio
+muerto al alguacil del corregidor de Mecina de Bombaron que se habia
+atrevido á seguirles los pasos disfrazado.
+
+--¿Y no ha muerto el buen alguacil? dijo terciando en la conversacion
+uno de los monfíes disfrazados de castellanos que escoltaban á Yaye.
+
+Es de advertir que este monfí hablaba perfectamente el castellano.
+
+--Ha sido un milagro de Dios dijo el alférez, le han dado tres saetadas,
+y le han despeñado de allá arriba. Pero aun tiene vida, segun las
+muestras, para contarlo.
+
+--¡Malditos monfíes! dijo el monfí disfrazado ¡y no saber dónde diablos
+se meten!
+
+--Malditos amen, dijo el alférez. Por lo mismo, añadió dirigiéndose á
+Abd-el-Gewar, yo os aconsejaria, buen caballero, que dejaseis la jornada
+para el dia, si es que no os importa mucho, y que, aunque vais bien
+resguardado, os alojáseis en Cádiar, donde hay un buen presidio de
+soldados.
+
+--Os agradezco el aviso, señor alférez, dijo Abd-el-Gewar, pero ya no
+puede tardar en amanecer. Adios y que él dé salud al herido.
+
+--El os guarde hidalgos.
+
+El alférez bajó hácia la rambla, y Yaye, Abd-el-Gewar y los suyos
+siguieron trepando por el desfiladero.
+
+--Cerca andan de nosotros, dijo el monfí que habia hablado antes; por lo
+mismo mucho será que no tengan alguna mala aventura.
+
+Apenas habia dicho el monfí estas palabras cuando se escucharon á lo
+lejos, en lo profundo de las breñas, arcabuzazos repetidos, y algunas
+balas y saetas perdidas, pasaron sobre sus cabezas.
+
+--¡A la rambla del rio! exclamó Abd-el-Gewar revolviendo su caballo;
+vamos á ganar el camino por mas abajo de Cádiar. Al galope y silencio.
+
+Muy pronto se perdieron entre las ramblas de los barrancos, y luego no
+se oyeron mas que los disparos de los arcabuces y las campanas de Cádiar
+que tocaban á rebato.
+
+
+
+
+CAPITULO V.
+
+Del encuentro que tuvieron en el camino antes de llegar á Granada
+nuestros caminantes.
+
+
+Cuando se lleva prisa se camina mucho, y devorado Yaye por la
+incertidumbre, hacia galopar con ardor su caballo sin cuidarse de si
+reventaria ó no. Abd-el-Gewar le seguia como si los años no hubieran
+amenguado en nada su virilidad, y seguianle asi mismo Harum y los veinte
+monfíes.
+
+Tanto y tanto picaron que á las seis de la mañana llegaron á Lanjaron.
+
+Pero los caballos iban cubiertos de espuma, ensangrentados los hijares,
+rendidos; era preciso renovarlos si se habia de llegar á Granada con la
+misma rapidez que se habia llegado á Lanjaron, y para renovarlos era
+preciso detenerse.
+
+Parecerá extraño que en una pequeña villa se pretendiese renovar veinte
+y tres caballos; pero dejará de existir la extrañeza cuando se sepa, que
+los caballos con que se contaba estaban ya preparados en unas
+quebraduras cercanas á Lanjaron, por un aviso anterior. Los monfíes
+ocupaban enteramente las Alpujarras y tenian recursos dentro de ellas en
+todas partes.
+
+Abd-el-Gewar fue de opinion que mientras uno de los monfíes iba á ver si
+los caballos de refresco estaban preparados, entrasen en un meson á la
+entrada del pueblo y descansasen y tomasen algun alimento.
+
+Yaye bien hubiera querido seguir, pero doblegándose á la necesidad, se
+encaminó á la villa y se entró por el ancho portal de un meson, dando
+una alegria indecible al mesonero que se prometia una excelente ganancia
+con la permanencia de tantos huéspedes, aunque no fuese mas que por
+algunas horas en su casa.
+
+Acomodáronse Yaye y Abd-el-Gewar en un aposento á teja vana, en el fondo
+de un corredor descubierto, Harum el Geniz y los monfíes en la cocina, y
+los cansados caballos en las cuadras, mientras uno de los monfíes, salia
+en demanda de los caballos de refresco.
+
+Entre tanto el posadero sirvió una liebre á los amos y un guiso de
+abadejo á los monfíes.
+
+Todos, á pesar de ser moros, bebian vino, porque este sacrificio entraba
+en las necesidades de su disfraz.
+
+Solo Yaye no comió ni bebió, y lleno de impaciencia habia salido á los
+corredores á esperar la vuelta del monfí que habia ido á buscar los
+caballos, mientras Abd-el-Gewar comia lentamente dentro del aposento su
+guiso de liebre con la mejor buena fe del mundo.
+
+El dia estaba despejado, y un sol tibio y brillante iluminaba de lleno
+los corredores: Yaye se puso á pasear á lo largo de ellos.
+
+Sus anchas espuelas producian un ruido sumamente sonoro, al que se unia
+el de su espada que, pendiente de un cinturon de dobles tirantes,
+arrastraba por el pavimento terrizo.
+
+Por este ruido su presencia fue notado por el huésped, ó, mejor dicho,
+por la huéspeda de un aposento situado en el comedio del corredor.
+
+Decimos huéspeda, porque á los pocos pasos que dió Yaye, se abrieron las
+maderas de una reja situada junto á la puerta de aquel aposento, y
+apareció en ella una cabeza de mujer.
+
+Pero una cabeza característica. Un tipo evidentemente extranjero, pero
+enérgicamente hermoso.
+
+Esta mujer, ó mejor dicho, esta jóven, porque á lo mas podria tener
+veinte años, era densamente morena, pero con un moreno límpido,
+encendido, brillante: sus ojos eran negros, de mirada fija, de gran
+tamaño, y llenos de vida y de energía, pero de una energía casi salvaje:
+bajo una toquilla blanca se descubrian sus cabellos, abundantísimos,
+rizados, negros, hasta llegar á ese intenso tono del negro que produce
+reflejos azulados: tenia la nariz un tanto aguileña, la boca de labios
+gruesos pero bellos, y el semblante ovalado, el cuello esbelto y
+mórvido, anchos los hombros y alto el seno.
+
+Esta mujer miraba con suma fijeza, y con una fijeza que podriamos llamar
+solemne, á Yaye que con la cabeza inclinada sobre el pecho, las manos
+metidas en los bolsillos de sus gregüescos, y profundamente pensativo,
+seguia paseándose sin reparar en la desconocida, y si alguna vez miraba,
+no era hácia la parte de adentro, sino hácia la de afuera, al portal del
+meson.
+
+La desconocida no dejaba de mirarle con un interés marcado, en que sin
+embargo no habia esa expresion de la mujer que mira á un hombre que la
+agrada: á pesar de esto concebiase que la desconocida queria ser mirada,
+y no solo mirada, sino admirada; deseaba en una palabra, á todas luces,
+interesar á Yaye, puesto que se aliñó un tanto los rizados cabellos, se
+colocó en el centro del pecho una preciosa cruz de oro, que pendia de un
+hilo de gruesas perlas de su cuello, y apoyó lánguidamente la cabeza en
+su mano derecha, cuyo desnudo y magnífico brazo se apoyaba en el
+alfeizar de la reja.
+
+Sin embargo, abismado en sus pensamientos, Yaye no la vió.
+
+Notóse una lucha interna en el semblante de la jóven, y por tres veces
+sus mejillas se pusieron excesivamente encendidas, señal clara de que
+luchaba entre el deseo de hacerse ver por el jóven, y la vergüenza de
+provocar su atencion.
+
+Al fin con la voz temblorosa, con el semblante encendido y la mirada
+insegura, dijo á media voz:
+
+--¡Caballero! ¡noble caballero!
+
+La voz de la jóven era sonora, grave, dulce; pero en medio de su
+dulzura, que tenia mucho de la dulzura y de la languidez del acento
+andaluz, se notaba por su pronunciacion que era extranjera.
+
+Ese no sé qué misterioso que hay en el timbre de la voz de algunas
+mujeres, que acaricia, que halaga, que suplica, que manda á un tiempo,
+hizo extremecer con un movimiento nervioso á Yaye, que se volvió.
+
+--¿Me habeis llamado, señora? dijo Yaye, mirando á la jóven con la
+fijeza del asombro que causa en nosotros la vista de una mujer
+poderosamente bella, por mas que estemos enamorados de otra.
+
+La extranjera comprendió que habia logrado admirar á Yaye, y se sonrió
+de una manera tentadora.
+
+Yaye, á pesar del recuerdo de Isabel, sintió una dulce sensacion al
+notar la sonrisa de la desconocida.
+
+--Sí, os he llamado, dijo esta; y como tengo muy poco tiempo para
+hablaros, quiero que no extrañeis mis palabras, que, si Dios quiere, os
+explicaré en otra ocasion. ¿Vais á Granada?
+
+--A Granada voy.
+
+--¿Cómo os llamais?
+
+--Juan de Andrade.
+
+--¿Sereis tan generoso que querais amparar á dos mujeres desgraciadas?
+
+--¡Oh! para amparar á una mujer, no es necesario ser generoso.
+
+--Pues bien: cuando esteis en Granada, procurad conocer al capitan
+Alvaro de Sedeño.
+
+--¿Y para qué?...
+
+--Somos víctimas de la brutalidad de ese hombre, mi madre y yo: mi honor
+peligra en su poder... prometedme que nos defendereis, caballero, que
+nos salvareis... hacedlo... y si lo quereis, seré vuestra esclava.
+
+--Os prometo hacer por vos cuanto pueda, contestó conmovido Yaye.
+
+--Y yo os creo, porque en la mirada de vuestros ojos se nota que sois un
+hombre de corazon y de virtud...
+
+--¿Alvaro de Sedeño habeis dicho?
+
+--Sí.
+
+--¿Capitan de los tercios del rey?
+
+--Sí, capitan de infanteria española, de los que fueron á Méjico.
+
+--¿Sois mejicana?
+
+--Soy hija del rey del desierto, del valiente Calpuc.
+
+--¡Hija de una raza subyugada, esclavizada, infeliz! murmuró Yaye.
+
+--Para salvarme de ese hombre, necesitareis no solo valor, sino oro.
+Tomad, y adios. No me olvideis.
+
+Y la mejicana dejó caer en las manos de Yaye un magnífico ceñidor de
+perlas de inmenso valor, despues de lo cual cerró la ventana.
+
+Yaye miró por un momento aquel largo y pesado ceñidor que ademas estaba
+enriquecido en su broche con gruesa pedreria, y le guardó despues en su
+limosnera.
+
+--Si Isabel no se ha casado, dijo, seré feliz, y justo es que los que
+somos felices, no nos olvidemos de los desgraciados: si se ha casado, si
+no puede ser mia, ¡oh! entonces... necesitaré matar á alguien, y me
+vendrá bien castigar á un infame... ¡el capitan Alvaro de Sedeño...!
+¡algun aventurero rapaz... sin corazon...! ¡dos esclavas...! ¡madre é
+hija...! ¡la esposa y la hija de un rey...! ¡infelices...! y luego...
+luego es necesario devolverla esta joya... debemos procurar no
+parecernos á los aventureros castellanos.
+
+Acaso Yaye no se hubiera mostrado tan propicio para proteger á un
+hombre.
+
+Por lo que vemos, Yaye estaba muy expuesto á engañarse acerca del
+verdadero móvil de su caridad para con las mujeres.
+
+Lo cierto es que, á pesar de Isabel, los ojos de la princesa mejicana,
+tan extrañamente encontradas en un meson de las Alpujarras, le habian
+impresionado.
+
+Lo cierto es que, á pesar de su indudable y ardiente amor por Isabel, no
+podia desechar el recuerdo de la encendida mirada de la extranjera.
+
+Yaye era un ser digno de lástima.
+
+Bajó en dos saltos la escalera, atravesó el corral, y entró en el
+zaguan.
+
+--¡Harum! dijo, llamando.
+
+--¿Qué me mandais, señor? dijo Harum, acercándose á Yaye sombrero en
+mano.
+
+--Sígueme.
+
+Harum siguió á Yaye que le llevó al corral, y cuando no podian ser
+vistos de nadie, le dijo:
+
+--¿Ves aquel aposento que tiene junto á la puerta una reja?
+
+--Sí señor.
+
+--Allí moran dos mujeres: no conozco mas que á una de ellas: es morena,
+jóven, con los ojos negros y los cabellos rizados: ademas con ellas anda
+un capitan castellano. Quédate en el meson, y sin que nadie pueda
+reparar en ello, observa á esa gente, síguela: ve dónde para, no pierdas
+ni un solo momento de vista á esas damas: si es necesario protegerlas,
+protégelas.
+
+--¿Hasta matar?...
+
+--Hasta matar ó morir.
+
+--Muy bien, señor.
+
+--Cuando lleguen á Granada, observa en qué casa habitan.
+
+--Lo observaré.
+
+--Y me avisas.
+
+--Os avisaré.
+
+--Toma para lo que le se pueda ocurrir.
+
+Y le dió algunas monedas de oro que Harum se guardó de la manera mas
+indiferente del mundo.
+
+--Vete.
+
+Harum se volvió al corro de los monfíes.
+
+En aquel momento un hombre apareció en la puerta del meson.
+
+Este hombre tenia un aspecto extraño: era alto, como de cuarenta años,
+de color cetrino, de semblante que debió ser bello algun dia, pero de
+líneas duramente rígidas: llevaba un ojo cubierto con una venda negra, y
+el otro ojo miraba con una fijeza, con una audacia que ofendian: en la
+mejilla izquierda tenia marcada una ancha cicatriz que replegaba su
+boca, haciéndola sesgada: por cima de su valona se veia un cuello moreno
+y musculoso, medio cubierto por una barba negra; por último, le faltaban
+el brazo izquierdo y la pierna derecha. El primero estaba representado
+por una manga de jubon de terciopelo verde, con forros blancos y
+bordaduras de oro, doblada y sujeta por un extremo á un herrete de su
+coleto de ámbar; en vez de la segunda llevaba una pierna de palo: sin
+embargo de estar tan horriblemente mutilado y estropeado este hombre,
+vestia un uniforme completo de capitan de infanteria, y aunque al
+parecer no podía montar á caballo, llevaba calzada en la pierna
+izquierda una bota alta de gamuza, armada con una espuela de plata:
+apoyábase en un largo y fuerte baston, llevaba pendiente del costado una
+descomunal espada, y se advertia que era fuerte, valiente, diestro,
+temible, y sobre todo duramente provocador é insolente.
+
+Este hombre habia salido de un carro tirado por mulas, que se habia
+detenido á la puerta del meson: en la delantera del carro se veia un
+mayoral alegre y zaino, y asido de la mula delantera un zagal robusto, y
+á caballo junto al carro un soldado viejo y armado á la gineta.
+
+Este hombre, pues, por la riqueza de su atavio y por su servidumbre
+parecia rico, por su trage capitan, por su apostura valiente.
+
+Yaye observó todo esto con una sola mirada, y se dijo:
+
+--Este hombre debe ser el capitan Alvaro de Sedeño.
+
+Sin saber por qué, la sola presencia de este hombre provocó su odio, su
+cólera, y un ardiente deseo en su corazón de cerrar con él á estocadas.
+
+Y no era ciertamente porque le hubiese predispuesto á ello la breve
+conversacion que habia tenido con la extranjera; aunque nadie le hubiese
+hablado anteriormente de aquel hombre, le hubiera sido igualmente
+antipático.
+
+Por su parte el capitan nada habia hecho para desvanecer, siquiera fuese
+con una conducta atenta, la mala impresion que debían necesariamente
+causar su semblante avieso, su media mirada insolente y su extraño
+estropeamiento: habia lanzado una ojeada altiva y casi impertinente á
+los monfíes, habia pasado con altanería, casi con desprecio y sin
+saludar, por delante de Yaye, y habia atravesado el corral con mas
+ligereza que la que parecia permitirle su pata de palo, entrándose por
+las escaleras; poco despues le vió aparecer Yaye en los corredores, á
+tiempo que Abd-el-Gewar salia de su aposento.
+
+Entonces notó Yaye una cosa extraña. Abd-el-Gewar se detuvo y se puso
+pálido; el desconocido se detuvo tambien, irguió la cabeza, miró de una
+manera altiva al anciano, y despues se quitó la toquilla, le saludó, y
+pasó: Abd-el-Gewar se inclinó ligeramente, y se encamino á las
+escaleras, y el desconocido llegó á la puerta del aposento donde estaba
+la extranjera, se puso el baston bajo el brazo derecho, sacó una llave,
+abrió la puerta, entró, y cerró.
+
+Poco despues Abd-el-Gewar, preocupado y pálido aun, estaba en la puerta
+del corral junto á Yaye.
+
+--¿Conoceis á ese caballero? le dijo el jóven: os habeis conmovido al
+verle, y él os ha reconocido, y os ha saludado.
+
+--Si, si por cierto: es él.
+
+--¿Y quién es él?
+
+--Es el señor Alvaro de Sedeño, antiguo y valiente soldado de los
+tercios del rey... y uno de los mejores servidores de tu padre.
+
+--¡Ah! ¡es monfí!
+
+--Lo ignoro; es un secreto que tu padre jamás me ha revelado.
+
+--¿Pero donde habeis vos conocido á ese hombre?
+
+--Muchas veces le he visto al lado de tu padre y hablando con él
+familiarmente en la montaña.
+
+--Y sabiendo que ese hombre sirve á mi padre, ¿por qué palidecísteis á
+su vista?
+
+--Es que ese hombre, no sé por qué, desde que le vi, me causó
+repugnancia, aversion, temor...
+
+--Lo mismo me ha sucedido á mí, cuando hace un momento le he visto por
+primera vez.
+
+--Me parece ese hombre fatal, dijo distraidamente Abd-el-Gewar, pero
+aqui viene Hamet; sin duda nos esperan ya nuestras cabalgaduras.... es
+necesario partir.
+
+En efecto, un monfí jóven y gallardo entraba en aquel momento en el
+meson y se dirigió al lugar donde estaban el jóven y el anciano.
+
+--Los caballos esperan, dijo descubriéndose, en la rambla del río cerca
+de Tablate.
+
+--¿Enjaezados como conviene? dijo Yaye.
+
+--No ha sido posible, pero se les pondrán los arneses de los que
+dejemos.
+
+--¡Otra detencion mas! dijo suspirando Yaye, en quien habia vuelto á
+recobrar todo su influjo el recuerdo de Isabel.
+
+--Por lo mismo, dijo Abd-el-Gewar, es necesario detenernos aqui lo menos
+posible: paga al mesonero, Hamet, y que saquen los caballos.
+
+Mientras esto se hacia, Yaye, que á pesar del recuerdo de Isabel no
+dejaba de tiempo en tiempo de lanzar una mirada al aposento donde se
+encontraba la princesa mejicana, vió que aquel aposento se abria y que
+salian de él primero dos mujeres, cuidadosamente envueltas en largos
+mantos negros, tras ellas dos criadas y despues el estropeado:
+atravesaron el corredor, bajaron las escaleras y pasaron junto á Yaye y
+Abd-el-Gewar: delante iba el capitan: saludó fria y ceremoniosamente á
+los dos, y cuando pasaron las mujeres, Yaye creyó notar que la mas
+esbelta de las encubiertas le dirigia un leve movimiento de cabeza, y
+que la otra encubierta, cuyo paso era menos ligero, le miraba á través
+de su manto con ansiedad.
+
+Nada pudo notar el capitan. Cuando llegaron al carro, el zagal apoyó una
+pequeña escala contra la delantera y las dos mujeres y las criadas
+entraron y se ocultaron bajo la cubierta; despues subió el capitan, y
+antes de desaparecer saludó de nuevo, pero de una manera que tenia mucho
+de insolente, á Yaye y Abd-el-Gewar.
+
+Despues de esto el carro echó á andar á buen paso.
+
+Apenas se habia separado el carro de la puerta del meson, cuando
+Harum-el-Geniz se dirigió gentilmente á la salida del meson.
+
+--¡Eh! ¿á donde vais, Pedroz? le preguntó con imperio Abd-el-Gewar.
+
+--El señor me ha ordenado... dijo Harum deteniéndose y señalando á Yaye.
+
+--Va á un asunto mio, dijo el jóven, dejadle ir.
+
+Y el monfí, en vista de un ademan del jóven, siguió su camino.
+
+Sigámosle.
+
+El carro descendia con lentitud, por el pendiente camino que conduce al
+puente de Tablate desde Lanjaron. El monfí, en vez de seguir
+ostensiblemente tras el carro, rodeó por las tapias del pueblo, se
+perdió entre los olivares y echándose la espada al hombro, y despues de
+haberse quitado las espuelas, que le embarazaban, empezó á andar con una
+rapidez maravillosa. Muy pronto estuvo entre quebraduras y despues de
+haber flanqueado la montaña por espacio de una hora, se encontró
+marchando sobre las crestas de los montes á cuya falda se extiende el
+camino de las Alpujarras á Granada.
+
+El carro del estropeado y el soldado que le escoltaban se veian á lo
+lejos: muy pronto una nube de polvo apareció por un recodo del camino, y
+un grupo de ginetes adelantó á la carrera, alcanzó el carro, pasó
+adelante y se perdió en otro recodo: eran Yaye, Abd-el-Gewar y los
+veinte monfíes.
+
+Harum, que se habia quedado á pié para cumplir el encargo de Yaye, y que
+ciertamente atendidas su robustez, su agilidad y lo pujante de su marcha
+no necesitaba caballo para llegar desde aquel punto y en poco tiempo á
+Granada, se detuvo, y sacando un silbato de hierro de su bolsillo, le
+hizo lanzar por tres veces un largo y poderoso silbido.
+
+Al poco espacio salieron de las breñas cercanas y con poco intervalo de
+una á otra aparicion, tres monfíes con su trage característico de
+montaña y con fuertes ballestas.
+
+--Que el señor Altísimo y único sea con vosotros, dijo Harum.
+
+--Allah te guarde walí[7], dijo uno de ellos, ¿qué nos quieres?
+
+--Lo que voy á deciros os lo dice por mi boca el magnífico emir de las
+Alpujarras.
+
+Los tres monfíes hicieron una zalá ó saludo á la usanza mora.
+
+--Estamos dispuestos á obedecer, dijo el que hasta entonces habia
+hablado.
+
+--¿Veis allá á lo lejos en el camino un carro?
+
+--Le vemos.
+
+--Pues bien, es necesario no perder de vista ese carro.
+
+--¡Lleva oro! exclamó con la alegría de un bandido que presiente una
+presa otro de los monfíes.
+
+--No, repuso Harum, en aquel carro van dos damas cubiertas con mantos,
+un soldado castellano, tuerto, manco y cojo, y dos criadas.
+
+--¡Ah!
+
+--Tú eres un gamo y un lobo, hijo, dijo Harum dirigiéndose al que habia
+hablado primero. Parte á cuanto andar puedas, y haz que de uno en otro
+puesto de la montaña no falten diez de los nuestros, que no pierdan un
+solo momento de vista ese carro. Si se detiene, si las damas que van en
+él corren algun peligro, defendedlas.
+
+--Muy bien.
+
+--Que cuando yo llegue á la puerta del Rastro de Granada, que será esta
+tarde, sepa si ha llegado ó no el carro, y si ha llegado, en qué casa
+han parado el soldado y las dos damas.
+
+--Muy bien.
+
+--Ea, pues, tú, Zeiri, piés á la montaña. Vosotros seguidme.
+
+Unos y otros se perdieron muy pronto entre las ásperas cortaduras.
+
+ * * * * *
+
+A las siete de la mañana habian salido Yaye, Abd-el-Gewar y los veinte
+monfíes del meson de Lanjaron; á las once del dia Yaye y Abd-el-Gewar á
+caballo y solos, atravesaban la plaza larga del Albaicin de Granada.
+
+
+
+
+
+CAPITULO VI.
+
+En que se presentan nuevos é interesantes personajes.
+
+
+Muy poco despues Yaye y Abd-el-Gewar, llamaban á la puerta de su casa y
+un esclavo les abria.
+
+Yaye desmontó, y llevando por si mismo su caballo del diestro, mientras
+el esclavo conducia el de Abd-el-Gewar, atravesó el zaguan, la calle
+principal del jardin y metió el caballo en la caballeriza. Despues salió
+al jardin y lanzó una ansiosa mirada á la galería de las habitaciones de
+Isabel: estaban desiertas, las celosias cerradas, un profundo silencio
+dominaba en aquella casa.
+
+Aquel silencio, que nada tenia de extraño atendido á que era el medio
+dia de uno caloroso de junio, impresionó al jóven; y es que cuando
+estamos predispuestos á recibir impresiones tristes, estas impresiones
+emanan para nosotros de todo lo que nos rodea.
+
+--Kaib, dijo Yaye volviéndose al esclavo berberisco que les habia
+abierto, ¿no tienes ninguna noticia que darme?
+
+El esclavo, que amaba al jóven, le miró tristemente.
+
+--Ninguna, señor, dijo despues de un momento de silencio.
+
+--¿Durante mi ausencia no has visto á doña Isabel de Válor?
+
+--No señor; hace dos dias, al amanecer, en las horas del calor, por la
+tarde, por la noche, las celosías del mirador han estado cerradas. Ni
+aun la he oido cantar; ya sabeis que la señora cantaba todas las
+noches... pues nada, señor, nada.
+
+--¿Con que no la has visto? ¿no ha cantado? Estará enferma acaso.
+
+--Puede ser que lo esté, pero si lo está no guarda el lecho.
+
+--¿Cómo sabes eso sino la has visto?
+
+--Os diré, señor: durante vuestra ausencia de Granada no la he visto;
+pero cuando ya debiais haber llegado, hace media hora, la he visto salir
+de su casa.
+
+--¡Ah! ¡y estaba triste!
+
+--Muy triste y muy pálida, pero muy hermosa: y luego ¡iba tan bien
+prendida!
+
+--¡Bien prendida...!
+
+--Llevaba una falda y un justillo de brocado blanco, un velo de plata y
+seda, y una corona de flores blancas.
+
+Nubláronse los ojos de Yaye, zumbó un ruido sordo en sus oidos,
+agolpósele toda su sangre al corazon, se puso mortalmente pálido y un
+vértigo momentáneo, pero violento, pasó por su cabeza y cubrió su frente
+de sudor frio.
+
+Necesitó apoyarse en la pared para no caer.
+
+Su poderosa voluntad dominó al vértigo, y volviéndose al esclavo exclamó
+roncamente:
+
+--Deja los caballos, y ven conmigo.
+
+El berberisco obedeció dócil como un perro; Yaye atravesó como una
+exhalacion el jardin, el zaguan y la puerta, que abrió con un
+apresuramiento febril: luego, seguido de Kaib, se aventuró á largo paso
+por las estrechas, tortuosas y pendientes callejas del Albaicin.
+
+--¿Quién acompañaba á doña Isabel? preguntó Yaye al berberisco.
+
+--Su hermano don Fernando, un hidalgo mal carado y como de cuarenta
+años, pero muy galanamente vestido, Diego el Geniz, y Pedro de Barredo,
+tambien vestidos de gala, dos pajes con libreas nuevas, su dueña y dos
+doncellas.
+
+--¡Ah! exclamó Yaye que todo lo adivinaba, apresurando mas el paso: ¿y
+no iba con ella su hermano mayor don Diego?
+
+--No señor.
+
+--Llevarian literas.
+
+--Si señor, dos: en la una entraron doña Isabel y su dueña, en la otra
+las dos doncellas.
+
+--¿Y te vió doña Isabel?
+
+--Si señor, y al verme se puso pálida, muy pálida... y me miró de una
+manera que sin duda queria decir: cuenta á tu señor que me has visto
+vestida de blanco, con corona de rosas blancas, y pálida como una
+muerta.
+
+El berberisco pronunció con una profunda intencion estas palabras.
+
+Yaye se extremeció y apretó mas el paso hasta casi correr.
+
+No se habló una palabra mas entre amo y esclavo.
+
+Al fin Yaye se detuvo en la calle del Agua, delante de una casa de noble
+apariencia, que mostraba un enorme escuson de piedra berroqueña encima
+de su gran puerta de roble escultada.
+
+Yaye se lanzó á aquella puerta y asió su enorme llamador.
+
+Pero antes de que pudiese llamar se abrió la puerta y apareció un
+caballero ricamente vestido de negro.
+
+Este caballero se sorprendió al ver á Yaye, retrocedió un paso y le miró
+con extrañeza y aun con cuidado.
+
+En el zaguan de aquella casa, que al abrirse la puerta habia quedado á
+la vista, se veia una dama que se preparaba á entrar en una litera
+cuando se abrió la puerta y apareció Yaye.
+
+Al verle aquella dama que era notablemente hermosa, se detuvo, se puso
+densamente pálida, ahogó un grito y fijó una intensa mirada en Yaye.
+
+La extrañeza del caballero y la palidez y la conmocion de la dama á la
+vista de Yaye, nos obligan á que antes de pasar adelante demos á conocer
+á estos dos nuevos personajes, y á algun otro mas de los que figuran en
+nuestra historia.
+
+Aquella dama y aquel caballero, eran esposos.
+
+Ella se llamaba doña Elvira de Céspedes: él don Diego de Córdoba y de
+Válor.
+
+El casamiento de estos dos seres habia sido una consecuencia de
+consecuencias.
+
+Doña Elvira era una dama cuya juventud parecia extremada: apenas
+demostraba diez y ocho años; pero nosotros sabemos por los apuntes que
+nos hemos visto obligados á entresacar de antiguos papeles para escribir
+esta verídica historia, que doña Elvira en 1546 habia cumplido veinte y
+tres años y que se habia casado á los diez y siete con don Diego de
+Córdoba y de Válor. Sabemos tambien que doña Elvira era hija del
+licenciado Juan de Céspedes, hidalgo por su casa y pobre por desgracias
+de sus padres, cuyas desgracias le habian obligado á estudiar como
+sopista en la universidad de Alcalá, desde la cual, concluidos sus
+estudios y mediante la proteccion del cardenal don fray Francisco
+Jimenez de Cisneros, para el cual era recomendable todo jóven de
+talento, aplicado y honesto en las costumbres, habia pasado á ocupar un
+oficio de alcalde de la Sala de Casa y Córte en la Real Audiencia de
+Granada.
+
+Allí y por causa de un embrollado proceso conoció el licenciado Juan de
+Céspedes á una viuda hermosa, ó que se lo pareció, pero pobre, y el
+resultado de este conocimiento fue, que algunos meses despues el señor
+Juan de Céspedes, ya hombre maduro, casó con doña Irene de Avendaño que
+hacia mucho tiempo que habia dejado de ser una rapaza.
+
+En 1523 doña Elvira de Céspedes y Avendaño, fue el fruto de bendicion
+que dió Dios á los esposos; fruto tardio de la dueña cuarentona doña
+Irene, que sucumbió á un parto demasiado laborioso, dejando por único
+consuelo al afligido alcalde de Casa y Córte una hermosísima niña.
+
+La educacion de una hija no era lo mas á propósito para un hombre á
+quien habian hecho duro y abstracto la pobreza y los estudios,
+cualidades que se habian exacervado con el continuo ejercicio de
+sentenciar á horca y galeras, á todo vicho viviente que se le habia
+venido á las manos entre las fojas de un proceso. El licenciado Céspedes
+que hasta entonces nada habia encontrado grande y difícil mas que la
+recta aplicacion de la ley, sintió que le habia caido encima una montaña
+con la muerte de su esposa, que le sentenciaba por entero á la crianza
+de su hija.
+
+Pero consideró que en cinco años á lo menos no urgia pensar en la
+educacion decisiva de doña Elvira, y contó muy prudentemente con que en
+aquellos cinco años se le ocurriria bien un medio de salir del
+atolladero.
+
+Pero hé aquí que apenas la niña habia salido de la lactancia, se
+encontró el licenciado, con que, sin haberlo pretendido, el emperador y
+rey don Carlos V, le nombraba oidor de la Real Audiencia de Méjico, que
+acaba de crearse.
+
+La obligacion de justificar el carácter de nuestro personaje, con la
+apreciacion de su educacion y de su vida íntima, nos pone en el caso de
+hacer otra digresion relativa al por qué se habia dado al licenciado
+Céspedes, sin que lo pretendiese, un oficio codiciadísimo, en el riñon
+de aquel tesoro de la corona de Castilla que se llamaba Nueva-España,
+oficio á que él no habia osado aspirar en sus mas insensatos sueños de
+ambicion.
+
+Todo tiene su causa en este mundo: todo consistia en que el licenciado
+Céspedes despues de haberlo pensado y repensado durante dos años, habian
+encontrado que el mejor medio de procurar á su hija una educacion
+conveniente era darla una segunda madre.
+
+Una vez ejecutoriada esta providencia en el censorio del alcalde de Casa
+y Córte, halló que para cumplirla necesitaba de todo punto casarse, para
+casarse tener novia, para tenerla buscarla.
+
+Y la halló, como quien dice, debajo de la mano, en una su vecina, hija
+de un capitan inválido de los tercios de Italia, pobre pero honrada,
+sobre honrada jóven, y como complemento de conveniencias, exceptuando la
+pobreza, fresca y robusta.
+
+No era hombre el licenciado Céspedes que á los cuarenta y cinco años se
+anduviese con _telégrafos_ (que hoy se dice) ni con billetes, ni con
+otras gerzonias, diametralmente opuestas á su carácter natural, y sobre
+todo á su carácter judicial: asi es que, despues de haberlo maduramente
+decidido, se puso un dia su loba mas rica, su mejor golilla y su
+reluciente espadin de córte, y se presentó casa de su vecino el valiente
+capitan de los tercios de Italia Illan de Aponte, al que redondamente
+pidió su hija por esposa.
+
+El capitan no encontró razon para echar á la calle aquella fortuna tan
+inesperada, que tan de rondon y tan formal se metia por las puertas de
+su casa.
+
+Entonces no se contaba para nada con la voluntad de las mujeres, ya se
+tratase de casarlas, ya de emparedarlas en un convento. El capitan
+Aponte dió palabra formal de soldado honrado al alcalde de Casa y Córte,
+de que su hija seria su esposa.
+
+Dióse traslado á la parte, esto es: á doña Clara, que así se llamaba la
+pretendida.
+
+Esta se sobrecogió, se puso pálida y tartamudeó algunas palabras que su
+padre atribuyó al pudor natural de una doncella de veinte años.
+
+El padre se engañó.
+
+Lo que causaba el sobrecogimiento de su hija era que estaba enamorada de
+un mancebo noble, hermoso y rico, y comprometida con graves compromisos,
+de que pudiera haber dado testimonio cierto postigo situado en cierta
+calleja.
+
+Ello es el caso que el amante supo que se le habia metido entre su amor
+y su amada, como una cuña de hierro, á la que servia de mazo la
+autoridad paterna, todo un alcalde de Casa y Córte.
+
+A grandes males grandes remedios: el noble y rico mancebo, se puso su
+mas rico trage de brocado, su cadena de mas valía y sus mejores preseas,
+y acompañado de lacayo y escudero, se presentó en la casa del capitan de
+Italia y dejó oir en ella el aristocrático y altisonante nombre del
+marqués de la Guardia.
+
+Apresuróse á recibirle el capitan. El noble marqués le dijo sin rodeos
+que queria ser esposo de doña Clara.
+
+¡Ira de Dios y quien podria contar la impresion que causaron estas
+palabras en el honrado veterano! Levantóse delante de él como una
+horrenda fantasma la palabra que habia dado al alcalde de Casa y Córte,
+porque, al fin, teniendo para su hija un marqués jóven y poderoso, era
+indudablemente una desgracia tenerse que contentar con un golilla, ya
+casi viejo, casi pobre y mas de un casi feo.
+
+El capitan tardó quince minutos en contestar; al fin haciendo un
+esfuerzo y tragando saliva, dijo que tenia empeñada su palabra, y que no
+faltaria á su palabra por nada del mundo.
+
+El marqués iba preparado á esta respuesta y la contestó sin detenerse un
+punto.
+
+--Vos no os habreis comprometido á casar vuestra hija sino en España.
+
+Miró con asombro el capitan al marqués porque no le comprendia.
+
+--Quiero decir que si ese hombre á quien habeis dado vuestra palabra se
+viese obligado á pasar los mares y á llevarse vuestra hija....
+
+--Indudablemente, esa circunstancia me dejaría en libertad, dijo el
+señor Illan.
+
+--Pues os juro que quedareis libre... solo os pido.
+
+--¿Qué...?
+
+--Que dilateis con cualquier pretexto el casamiento de vuestra hija
+durante quince dias, solos quince dias, y que guardeis un profundo
+secreto acerca de nuestra vista.
+
+El capitan lo prometió solemnemente: esto era una especie de
+conspiracion contra el alcalde de Casa y Córte: una traicion, pensando
+severamente; pero el caso era cubrir las apariencias, y sobre todo se
+trataba de un golilla, de uno de esos hombres que estan tan
+acostumbrados y tan prácticos para buscar callejuelas á la ley.
+
+El alcalde era tratado en su propio terreno y con sus propias armas.
+
+El marqués escribió aquel mismo dia á un su amigo de la córte, hombre
+poderoso y muy privado de los privados del emperador; á su carta
+acompañaba un libramiento de buena ley de mil ducados.
+
+A los doce dias, sin saber cómo ni por donde, el alcalde de Casa y Córte
+recibió una provision de oficio de oidor de la Real Audiencia de Méjico.
+
+En los primeros momentos de júbilo el licenciado Céspedes se trasladó
+provision en mano casa de su futuro suegro.
+
+Pero este con gran asombro suyo le dijo gravemente:
+
+--¿Y pensais aceptar, señor Juan de Céspedes?
+
+--¡Que si pienso aceptar! exclamó con extrañeza el alcalde: pues
+decidme: ¿qué harías vos si os nombrasen virey de Méjico ó de Santiago
+de Cuba?
+
+--Aceptaria con toda mi alma: ya lo creo.
+
+--Pues ved ahí que con toda mi alma acepto yo.
+
+--Pues en ese caso... dijo con una verdadera turbacion el capitan, en
+ese caso, yo os retiro la palabra que os he dado.
+
+La turbacion del capitan consistia en que el buen hidalgo no habia
+ejecutado nunca dobles papeles y le repugnaba la intriga.
+
+--¡Qué... me retirais vuestra palabra!... es decir, ¿cuando puedo
+acumular sin ofender á Dios ni á la justicia grandes riquezas? exclamó
+el alcalde poniéndose pálido.
+
+--No son las riquezas las que me mueven... dijo balbuceando de nuevo el
+capitan, porque le repugnaba la mentira tanto como la intriga, pero yo
+habia contado con que no saldríais de España: bien sabeis, puesto que
+sois jurista, que no podríais obligar á vuestra mujer á que se
+embarcase.
+
+--¿Con que es decir?...
+
+--Que ó renunciais á ese oficio de oidor, ó á mi hija.
+
+Meditó algunos segundos el alcalde.
+
+--No puedo renunciar, dijo, una fortuna que Dios me envia... si yo fuera
+solo... pero tengo una hija.
+
+--¿Cómo que teneis una hija?
+
+--Sí señor, una hija de mi difunta esposa...
+
+--¡Sois viudo!...
+
+--Ciertamente....
+
+--Hé aquí otra circunstancia que me dispensa de mi palabra... nada de
+vuestra viudez ni de vuestra hija me habíais dicho.
+
+--Pero lo sabe todo el barrio...
+
+--Pues ved ahí, yo no lo sabia.
+
+--Decididamente...
+
+--Yo no he dado mi palabra ni á un viudo con hijos, ni á un oidor de las
+Indias.
+
+--Estais en vuestro derecho, dijo roncamente el alcalde de Casa y Córte,
+ó mejor dicho, el oidor de la Real Audiencia de Méjico. Y así, adios,
+señor capitan Aponte.
+
+--¿Quedamos, pues, recíprocamente libres?
+
+--De todo punto. Podeis casar á vuestra hija con quien mas os convenga.
+
+Separáronse, pues, de una manera ruda.
+
+Ocho dias despues, doña Clara de Aponte era marquesa de la Guardia.
+
+El señor Juan de Céspedes comprendió entonces por qué le habian hecho
+oidor sin solicitarlo.
+
+Ocho dias despues de haber sido elevada á marquesa doña Clara, el
+presidente de la chancilleria de Granada llamó al señor Juan de
+Céspedes.
+
+--Señor licenciado, le dijo, siento daros una mala noticia.
+
+Juan de Céspedes solo contestó poniéndose pálido.
+
+--Se me encarga de órden de S. M. Cesárea, que os recoja la provision de
+oidor de la Real Audiencia de Méjico, que no puede llevarse á efecto...
+porque os la han enviado por una equivocacion.
+
+Juan de Céspedes comprendió entonces que habia sido burlado.
+
+Esto consistia, no en que el marqués de la Guardia hubiese influido para
+aquella segunda peripecia, sino en que los mil ducados enviados á la
+córte, habian sido bastantes para que en las secretarías de Estado se
+hiciese aquella infame farsa, sorprendiendo el ánimo del emperador; pero
+no bastaban, de ningun modo, para comprar un oficio tal como el de oidor
+en Indias, que entonces era considerado como una mina de oro.
+
+Juan de Céspedes enfermó de rabia y de dolor porque ya se habia
+consentido y aun infatuado con su carácter de oidor.
+
+La enfermedad concluyó pronto, pero concluyó en la tumba.
+
+Doña Elvira quedó enteramente huérfana.
+
+El marqués de la Guardia, que era un calavera capaz de jugar una
+sangrienta pasada al mismo diablo, y que solo se habia casado con doña
+Clara, porque todos los hombres tienen un cuarto de hora en que se
+casan, no era por esto infame. Sintió que su burla al pobre alcalde
+hubiese tenido tan negro desenlace, encontró bajo aquella burla una
+pobre huérfana, sin mas amparo que la caridad pública, y reconoció como
+un deber el protegerla.
+
+[imagen: Don Diego de Córdoba y de Válor.]
+
+Sin embargo, su proteccion no fue muy espléndida. Se fué al párroco, y
+en confesion le entregó por una parte seiscientos cincuenta ducados que
+debian servir para atender á la manutencion, vestido y educacion de doña
+Elvira en un convento, durante trece años, esto es, hasta que cumpliese
+los diez y seis, á razon de cincuenta escudos por año: y por otra mil
+ducados, que debian servirla de dote, ya eligiese el claustro ó el
+matrimonio.
+
+La huerfanita fue llevada por el párroco al convento de santa Isabel la
+Real.
+
+Doña Elvira, pues, se habia educado en un convento.
+
+Pero no es en un convento donde mejor puede educarse á una jóven.
+
+Mimaron las buenas madres á doña Elvira, y doña Elvira se hizo
+voluntariosa.
+
+Enseñáronla á leer y escribir y un poco de latin, con el objeto de
+hacerla monja.
+
+Como educacion de adorno, enseñáronla á cantar monjunamente y á hacer
+dulces y flores.
+
+La halagaron, y la hicieron soberbia.
+
+La llamaron hermosa, y la llenaron de vanidad.
+
+Habláronla mal del mundo para que renunciase á él, y doña Elvira ansió
+conocer una cosa tan mala.
+
+A los diez y seis años, el deseo de respirar otro aire que el contenido
+en las paredes del convento, fue para doña Elvira una necesidad.
+
+Los deseos comprimidos son los mas fuertes, los mas tenaces.
+
+Doña Elvira era alta, esbelta, con cabellos semejantes á sedosas hebras
+de oro, frente cándida y pura, ojos celestes como el cielo, y sonrisa
+aseñorada, aunque un tanto altiva y amarga.
+
+Era, pues, una dama, en toda la extension de la frase, y á mas de esto
+hermosa á maravilla.
+
+La habian dejado espejo, y doña Elvira, despues de haber visto en el
+espejo su hermosura, la habia comparado con el aspecto de las buenas
+madres, y las habia encontrado pálidas, verdinegras, con ojos hundidos,
+bocas lívidas, feas cuanto puede ser fea una mujer que se ha agostado
+robada á la naturaleza y al amor: aquellas mujeres, alguna de las cuales
+habia sido una flor, se habian transformado en ortigas: doña Elvira se
+punzaba dolorosamente á su contacto, y acabó por aborrecerlas: pero
+obligada á mostrarse con ellas dulce y cariñosa, habia contraido otro
+terrible defecto: se habia hecho hipócrita, falsa, intencionada.
+
+La horrorizaba pronunciar unos votos que debian ligarla por toda la vida
+á aquellas mujeres, incrustarla, por decirlo asi, en aquel claustro del
+que no debia salir ni aun despues de muerta, una vez pronunciados sus
+votos, y á pesar de esto, se mostraba dispuesta á ser monja.
+
+Pero á lo que en verdad estaba predispuesta doña Elvira, era á arrostrar
+cualquier locura, por trascendental que fuese, á trueque de escapar de
+aquel ataud de vivos.
+
+Como vemos, las consecuencias de la burla hecha al alcaide de Casa y
+Córte, Juan de Céspedes, por el marqués de la Guardia, continuaban;
+porque las consecuencias de una falta, mejor dicho, de un crímen son
+interminables, incalculables.
+
+Aquella burla habia causado la muerte del padre.
+
+[imagen: Doña Elvira de Cespedes.]
+
+Acaso las consecuencias de aquella burla, que eran la burla misma,
+debian causar tambien la desgracia de la hija y un infinito número de
+crímenes.
+
+Porque un crímen sembrado en el mundo, da generalmente un fruto de
+ciento por uno.
+
+Un dia, una parienta de la abadesa se presento en el locutorio. La
+abadesa, aficionadísima como todas las monjas á lucir las flores del
+convento, llevó consigo al locutorio á doña Elvira.
+
+Pero la parienta de la abadesa no estaba sola; la acompañaba un jóven
+caballero, que iba á informarse de las condiciones bajo las cuales
+podria habitar algun tiempo en el convento, durante una ausencia de sus
+hermanos, una huérfana hermana suya.
+
+Aquel caballero era don Diego de Córdoba y de Válor, que á la sazon
+contaba veinte y seis años.
+
+Don Diego de Córdoba y de Válor, era un morisco convertido, hombre de
+gran calidad y riqueza; subiendo por el altivo tronco de su árbol
+genealógico, se llegaba á los califas Omniades de Córdoba, á los de
+Damasco, y por último á la familia del Profeta, del cual descendia por
+la madre de aquel hombre extraordinario, conocida entre los musulmanes
+bajo el nombre de Fatimah, la santa: inútil es decir que poseedor
+legítimo del voluminoso rollo de pergaminos, que tan esclarecida
+genealogía justificaban, don Diego de Córdoba era orgulloso cuanto puede
+serlo una criatura humana, y tenia mucho del aspecto dominador y de la
+palabra breve y despótica que parecia haber recibido como un legado de
+raza de sus cien regios ascendientes: pero era por cierto gran lástima
+que á tal aprecio de si mismo, á tal soberbia, no hubiese reunido don
+Diego las grandes virtudes que han solido resplandecer, formando la
+parte luminosa de su carácter, en muchos de los tremendos reyes, de
+cuyos nombres está llena la historia de la humanidad esclavizada. Don
+Diego era valiente, pero no con el valor espontáneo entusiasta y leal de
+los héroes: el valor de don Diego, rayando siempre en la ferocidad y
+siempre conducido por una intencion dañina y desleal, era, preciso es
+decirlo, el valor del bandido. Era espléndido y generoso, pero jamás
+estas prendas produjeron una buena accion: tiraba su dinero con la misma
+indiferencia con que se arroja lo que nada vale; jugaba y perdia sumas
+enormes sin alterarse ni entristecerse, y del mismo modo sin afan ni
+alegría, las ganaba; favorecia á todo el que á él se acercaba, ó por
+mejor decir, á todo el que por su vida escandalosa y aventurera y por
+sus libres costumbres, habia adquirido la funesta nombradía de
+camorrista, burlador, taur ó maton; gustábanle á perder esa clase de
+hombres audaces que viven descuidadamente sobre el país y sobre el
+presente, sin meterse á considerar quienes eran, de donde venian ni á
+donde iban: los lugares de su mas asídua asistencia eran los garitos,
+las mancebías y las tabernas, en las que se entraba sin pudor alguno á
+la luz del sol, y delante de las gentes, con la frente alta y como
+desafiando á la opinion pública; en nada invertia con mas placer su
+dinero que en corromper la virtud de las mujeres, produciendo la
+vergüenza ó la desesperacion de un padre, de un esposo ó de un amante;
+sus mancebas, de las cuales tenia á un tiempo un número escandaloso,
+ostentaban un fausto insolente y despues de algun tiempo, abandonadas y
+corrompidas, iban á aumentar con sus vicios la hedionda corriente de
+cieno que de tal manera inficionó las costumbres de España en el siglo
+XVI.
+
+Tal era el primer hombre _del mundo_ que veia ante sí doña Elvira de
+Céspedes, y decimos del mundo por que su confesor, el capellan, el
+sacristan y el andadero de las monjas, á quienes veia todos los dias,
+eran hombres del claustro, y viejos, feos, sucios, en contraposicion de
+don Diego de Válor, que era jóven, hermoso, de mirada audaz, gallardo y
+riquísimamente vestido.
+
+Don Diego en efecto tenia, como sabemos, una hermana: doña Isabel, y
+ademas un hermano menor llamado don Fernando.
+
+Su padre, Muley Mahomad-ebn-Omeya, uno de los walies de Granada que mas
+se distinguieron en su juventud en la conquista, habia pasado al
+servicio de los Reyes Católicos, se habia convertido bajo el nombre de
+don Juan de Córdoba y de Válor, recibiendo en premio una carta de
+nobleza y el amayorazgamiento de sus bienes con el título de señor de
+Válor, y habia casado, por último, y siendo ya hombre de cierta edad,
+con una morisca parienta suya llamada Inés de Rojas.
+
+Esta le habia dado sucesivamente dos hijos y una hija, poco despues de
+lo cual murió don Juan, dejando su mayorazgo y su título á Don Diego, y
+la curaduría de sus tres hijos á su esposa doña Inés.
+
+Murió esta años adelante, y dejó la tutela de sus hermanos menores á don
+Diego.
+
+Parecia, pues, que este iba legítimamente á tratar de la entrada de su
+hermana doña Isabel en el convento.
+
+Pero no pensaba ciertamente en ello; era un pretexto: don Diego habia
+sabido por el marqués de la Guardia, hombre ya machucho, el mismo de la
+burla que mató al padre de doña Elvira, su grande amigo, tan disipado
+como él y tan tremendo calavera, aquella historia de desdichas, la
+existencia de doña Elvira en el convento de santa Isabel y la fama de su
+hermosura.
+
+¿Cómo el marqués de la Guardia no habia visitado nunca á doña Elvira?
+
+La razon era muy sencilla: al procurarla medios de subsistencia, al
+dotarla, solo habia pensado en reparar de algun modo una falta: habia
+buscado un eclesiástico: le habia entregado como _fidei comiso_ y bajo
+confesion aquel dinero, y despues se habia ausentado de Granada con su
+esposa.
+
+Durante muchos años anduvo vagando por España é Italia, gastando
+gentilmente sus rentas, hasta 1539, en que murió su esposa y se volvió á
+Granada viudo y sin hijos, entregándose desde entonces con toda libertad
+á los excesos del otoño del calavera, que es la época mas azarosa de la
+vida de esta clase de gentes, y durante la cual hacen mas daño á la
+sociedad, sobre todo cuando son tan ricos y tan audaces como el marqués
+de la Guardia.
+
+Don Diego de Córdoba era una especie de astro entre cierta clase de
+gentes en Granada y como el marqués de la Guardia por propension y por
+costumbre se fué á buscar aquella clase de gente encontráronse un dia
+los dos astros girando en una misma órbita.
+
+Cuando dos hombres de este jaez se encuentran, sucede irremisiblemente
+una de estas dos cosas: ó se chocan duramente y se matan, ó se unen y se
+hacen camaradas de libertinage.
+
+Esto ultimo aconteció al encontrarse don Diego y el marqués de la
+Guardia: el segundo casi doblaba la edad al primero; pero por lo demás
+en cuanto á fortuna, conducta y aficiones eran iguales.
+
+Durante dos años fueron en Granada una epidemia social; una de esas
+pústulas crónicas y malignas que solo se curan á yerro ó á fuego.
+
+A principios de 1541 y cuando una noche el marqués se preparaba para
+salir á una aventura galante, se encontró en su casa con un humilde
+acólito que le entregó de parte del cura de la parroquia de san Luis, un
+papel en que bajo una enorme cruz se leian estas breves y solemnes
+palabras.
+
+«Señor marqués de la Guardia: en este momento me hallo próximo á rendir
+el alma al Criador. Hace trece años me entregásteis, bajo confesion,
+cierta suma, mediante la cual debia educarse en un convento y dotarse,
+llegada que fuese á los diez y seis años, una pobre huérfana. He
+cumplido como debia el encargo de vuecelencia; pero estando próximo á
+morir, habiendo llegado la época en que doña Elvira entre en el claustro
+como religiosa ó vuelva al mundo, un grave deber de conciencia me obliga
+á suplicaros que vengais á verme al momento. El dador os guiará. Guarde
+Dios á vuecelencia. De mi lecho de muerte á 16 dias del mes de enero,
+año de nuestro Señor de 1541.--El licenciado Pero Ponce.»
+
+Dió dos vueltas el marqués á la carta, quedóse pensativo y no sabemos
+por qué presentimiento vago, renunció á su aventura y se decidió á ir á
+la cita que se le pedia á nombre de una jóven de diez y seis años que
+casi podia llamarse su ahijada.
+
+Siguió al acólito y muy pronto estuvo frente al lecho del moribundo.
+
+--Vos por un capricho, por una locura de jóven, le dijo el párroco de
+san Luis, á las pocas palabras que hablaron, causásteis la muerte del
+padre, no causeis, señor, por impremeditacion la pérdida de la hija:
+doña Elvira no ha nacido para el claustro; si abandonada y desesperada
+profesa, blasfemará, perderá su alma; si sale del convento sin el apoyo
+de una persona que la ame, que la proteja, se perderá porque es hermosa;
+pero aun es tiempo, velad por ella, salvadla: no está pervertida, tiene
+un corazon ardiente, impresionable... vos, señor, que aun sois jóven,
+que aun podeis haceros amar, ¿por qué no embelleceis el otoño de
+vuestra vida con el amor de esa niña haciéndola vuestra esposa?
+
+--¿En qué convento vive? dijo profundamente pensativo el marqués.
+
+--En el de santa Isabel la Real.
+
+--¿Y decis que es hermosa y digna de un caballero?
+
+--Os lo juro, señor, y os digo mas: la amo como á una hija y no moriré
+tranquilo sino me jurais que vos, que hoy sois su padre adoptivo, la
+amparareis.
+
+--Esa jóven corre por mi cuenta, dijo el marqués pronunciando estas
+vulgares palabras de tan ambiguo sentido con una entonacion singular.
+
+--¿Quereis que os nombre su tutor en mi testamento? ¿quereis que os dé
+un testimonio de lo que habeis hecho por ella?
+
+--No, no, de ningun modo, no quiero que sepa que yo he hecho nada por
+ella.
+
+--¡Oh! ¡que generoso sois señor! Dios os bendiga.
+
+--Dejad la tutela de esa jóven á la abadesa.
+
+--Lo haré así.
+
+--Y ahora ved si os queda algo que satisfacer en el mundo para que yo lo
+satisfaga por vos.
+
+--¡Ah! no señor; desgraciadamente quedé huérfano y sin pariente alguno
+muy jóven; he vivido consagrado á mi ministerio y nada tengo que hacer
+mas que legar la mitad de mis cortos ahorros á los pobres, la otra mitad
+á doña Elvira, á doña Elvira que es mi corazon, señor, añadió el buen
+sacerdote mirando de una manera anhelante al marqués.
+
+--Descuidad, descuidad en mí, señor licenciado; si Dios ha dispuesto que
+murais, morid tranquilo: si en mí consiste doña Elvira será feliz.
+
+--¡Oh! ¡gracias, gracias! ¡ahora dejad que os bendiga!
+
+El marqués mas por costumbre que por veneracion, dobló una rodilla y el
+sacerdote bendijo con mano trémula y moribunda aquella cabeza llena de
+vacios pensamientos, que en aquel mismo punto agitaba algo horrible
+dentro de sí respecto á la pobre huérfana, que era tan jóven y tan
+hermosa.
+
+ * * * * *
+
+El marqués de la Guardia, pues, no habia sabido hasta entonces el
+paradero de la hija de Juan de Céspedes y por lo tanto no habia podido
+visitarla.
+
+Aquella misma noche en uno de los lugares _escéntricos_ en que se
+encontraban todos los dias el marqués de la Guardia y don Diego de
+Válor, frente á frente y vaso en mano, hablaban con la mayor
+irreverencia del mundo, del legado que habia dejado el párroco de san
+Luis al marqués.
+
+--Pero formalmente don Gabriel, decia al marqués que así se llamaba, don
+Diego, ¿estais resuelto á hacer _dichosa_ á esa muchacha?
+
+--¿Y por qué no? dijo don Gabriel Coloma, que este era el apellido del
+noble marqués, aun no he cumplido cuarenta años; paso aun entre los
+buenos galanes sin que las damas reparen en la diferencia, y, sobre
+todo, esa aventura tiene para mí un encanto misterioso, un no sé qué
+seductor; decididamente, mañana voy al convento, pasado mañana la saco,
+al dia siguiente...
+
+--¿Qué la sacais? ¿creeis que ella se prestará á huir con vos?
+
+--¡Huir! la sacaré con los derechos que me asisten.
+
+--¡Los derechos! indudablemente los teneis: pero nadie los conoce mas
+que el cura de san Luis, y ha muerto.
+
+--¡Diablo! ¡es verdad!
+
+--De modo que para doña Elvira sois un desconocido como otro cualquiera.
+
+--¡Diablo! ¡diablo!
+
+--Y como supongo que no os querreis casar con ella...
+
+--¡Por Cristo vivo! hartos sinsabores me dió mi difunta, para que yo
+piense en casarme de nuevo... la haré mi querida.
+
+--¡Ah! dijo don Diego; pero se me figura...
+
+--¿Qué?
+
+--Que si habeis de contar con doña Elvira para que abandone por vos el
+convento, empresa acometeis.
+
+Picóse el orgullo de don Gabriel Coloma, que aun se creía, recordando
+sus buenos tiempos y fiando demasiado en el éxito que le procuraban sus
+doblones entre las mujeres, un seductor irresistible.
+
+--¿Quereis que hagamos una cosa, don Diego? dijo.
+
+--¿Qué cosa?
+
+--Una apuesta.
+
+--¿A propósito de qué?...
+
+--Acometamos los dos esta empresa.
+
+--Acepto.
+
+--Vos no conoceis á Doña Elvira mas que lo que la conozco yo. Como yo
+sabeis que está en el convento de santa Isabel la Real, que es huérfana,
+que está bajo la tutela de la abadesa.
+
+--Muy bien: ¿y qué apostamos?
+
+--Vuestro caballo _Infante_, contra mi yegua _Niña_.
+
+--Es decir que si os gano, me quedo con vuestra protegida y con vuestra
+yegua.
+
+--Cabalmente.
+
+--Determinemos la apuesta.
+
+--El que saque del convento legítimamente ó no á doña Elvira, en una
+palabra, el que sea preferido por ella, gana.
+
+--Aceptado.
+
+--¿En cuánto tiempo?
+
+--En quince dias, dijo don Diego de Válor.
+
+--Sea en quince dias.
+
+--Ademas hagamos otra apuesta, dijo don Diego, que era muy previsor.
+
+--¿Cuál?
+
+--Podrá suceder que para sacar á doña Elvira del convento sea necesario
+casarse con ella.
+
+--¡Diablo!
+
+--Yo lo preveo todo: una vez empeñados, no repararemos en nada, y como
+es hidalga y hermosa, y entrambos estamos libres... ¿quién sabe?...
+
+--Teneis razon.
+
+--En el caso que vos ganárais, don Gabriel, ya sea que ella se vaya con
+vos, ya que os caseis con ella, podeis tener por seguro que yo procuraré
+soplaros la dama ó la mujer.
+
+--Lo mismo procuraré yo, don Diego, si la suerte os favorece.
+
+--Determinemos aun mas: si solo es querida de uno de los dos, la apuesta
+será vuestro coselete de Milan cincelado, contra la magnífica espada de
+Damasco que he heredado yo de mis abuelos y que tanto os agrada.
+
+--Sea.
+
+--Pero si doña Elvira fuese esposa de uno de los dos...
+
+--Entonces, don Diego, tenemos apostada la vida á estocadas.
+
+--Me habeis comprendido.
+
+Los dos calaveras se estrecharon las manos, apuraron los vasos y no
+volvieron á hablar de aquel asunto.
+
+Cuando se separaron, don Diego recordó que tenia una parienta amiga de
+la abadesa de santa Isabel la Real; fuése á su casa muy temprano, á la
+hora en que la buena señora oia su misa cotidiana, y la expuso la
+necesidad que tenia de depositar por algun tiempo á su hermana doña
+Isabel en un convento.
+
+La anciana parienta se prestó y despues de la misa fueron al locutorio.
+
+La casualidad favoreció á don Diego.
+
+Como sabemos, la abadesa llevó consigo al locutorio á doña Elvira.
+
+Vióse esta mirada por la primera vez de una manera ardiente; vió tambien
+por la primera vez de su vida á un hombre que era casi tan hermoso como
+ella, y se enamoró.
+
+Don Diego, por su parte, se enamoró tambien.
+
+Aquella misma tarde el andadero del convento tuvo medio de poner en las
+manos de doña Elvira una carta de don Diego.
+
+Aquella carta encerraba las primeras palabras de amor que se habian
+dirigido por un hombre á doña Elvira.
+
+Esta, sin embargo, no contestó.
+
+Al dia siguiente la abadesa llamó á su celda á doña Elvira, y la dijo
+toda trémula y asustada que el marqués de la Guardia la pedia por
+esposa.
+
+Doña Elvira dijo que no conocia al marqués, y que no pensaba casarse con
+él.
+
+Aquella tarde el andadero dió á doña Elvira dos cartas: la una era de
+don Diego de Válor, la otra del marqués.
+
+La jóven entregó esta última rasgada al andadero para que la devolviese
+á don Gabriel Coloma, y otra cerrada para don Diego de Válor.
+
+Esta última decia únicamente:
+
+«Caballero: el señor marqués de la Guardia, á quien no conozco, ha
+pedido á la madre abadesa mi mano. Vos decís que me amais, ¿por qué no
+haceis lo mismo?--Elvira de Céspedes.»
+
+Don Diego se habia enamorado perdidamente de doña Elvira, y habia
+comprendido á la primera ojeada que la jóven no saldria del convento
+sino por la puerta del matrimonio.
+
+Esta certidumbre dió por resultado que dos dias despues la abadesa
+llamase de nuevo á doña Elvira á su celda y que la dijese muy tranquila,
+por qué su primera negativa á una demanda de matrimonio la habia hecho
+creer en la vocacion de la jóven al claustro, que don Diego de Córdoba y
+de Válor la pretendia por esposa.
+
+Doña Elvira, con gran terror y sentimiento de la abadesa, contestó
+poniéndose encendida como una guinda:
+
+--Decid á ese caballero, que le acepto por esposo.
+
+ * * * * *
+
+Ocho dias despues el marqués de la Guardia envió con un escudero suyo á
+don Diego de Válor su yegua _Niña_, enjaezada con un caparazon de
+brocado azul, cabezon, cincha y pretal de lo mismo, y freno y estriberas
+de plata cincelada.
+
+A mas de esto, en el caparazon, y dentro de ricas fundas iban dos
+magníficas pistolas cargadas.
+
+--Comprendo: dijo para sí don Diego de Válor al ver las pistolas, y al
+reparar que iban cargadas: he ganado la primera apuesta casándome con
+doña Elvira, y estamos empeñados en la segunda: veremos quien á quien.
+
+Por su parte el marqués habia dicho al poner las pistolas en el
+caparazon:
+
+--Le he criado, como quien dice, la novia, se la he dotado, le pago con
+mi mejor vicho una apuesta perdida... mil doscientos cincuenta ducados
+por una parte... mil trescientos valor de la yegua, por otra... dos mil
+los jaeces y las pistolas... cuatro mil seiscientos cincuenta ducados en
+suma... pues señor, es preciso que yo me cobre de todo esto en su mujer.
+
+Como vemos, las consecuencias de la burla hecha por el marqués al
+difunto padre de doña Elvira, continuaban en una progresion horrible.
+
+Una vez casada se reveló el verdadero carácter de doña Elvira.
+
+Era una mujer altiva y dura, y al poco tiempo de casada, apenas lanzada
+la influencia del convento, á las primeras lecciones recibidas del
+mundo, se convirtió en una de esas personas que todo lo calculan bajo el
+influjo de la mas descarnada razon; no amaba á don Diego: habíase casado
+únicamente con él para salir del convento, que la horrorizaba, pero como
+jamás habia amado no se habia visto obligada á hacer ningun sacrificio:
+ella era extremadamente hermosa y estaba muy pagada de sí misma; pero en
+cambio don Diego era un mancebo hermosísimo, que sino interesaba su
+corazon conmovia sus sentidos; en una palabra, aunque el alma de doña
+Elvira no acogia á don Diego, sus deseos la arrastraban á él: los
+primeros meses, pues, del matrimonio de estos dos seres tan semejantes
+entre sí, que nunca debieron haberse casado, fueron un continuo delirio.
+Pero no era don Diego hombre á quien pudiesen fijar, apartándole de sus
+viciosas inclinaciones, la virtud, la hermosura y las candentes caricias
+de una mujer tal como doña Elvira: paso á paso don Diego fue volviendo á
+su antigua vida, y como jamás se habia recatado del mundo, no se recató
+de su esposa: la altiva doña Elvira no era mujer que mirase sin un
+ardiente deseo de venganza la ofensa hecha á su hermosura, á su orgullo:
+desapareció enteramente el amor material que le habia inspirado don
+Diego, y solo pensó en vengarse: una herida en el orgullo se paga con
+otra herida semejante: doña Elvira dejó de ser la hasta entonces honesta
+y malcarada dueña, y tuvo sonrisas para adoradores que ya habian
+desesperado, no solo de obtenerla sino aun de ser mirados sin enojo:
+entre ellos el marqués de la Guardia se habia dado por vencido y habia
+dicho á don Diego á los tres años despues de su casamiento:
+
+--Amigo mio: podeis llamaros feliz: apostamos á bulto sin conocerla
+acerca de doña Elvira, y encontrásteis en ella una niña hermosísima de
+quien os hicísteis amar: me ganásteis pues, la primera apuesta: la
+hermosa jóven ha sido y es una mujer fuerte: aunque la dais mala vida,
+os ama y guarda vuestro honor, á pesar de que, sin contar conmigo, que
+la he pretendido de mil maneras, la han rodeado los galanes mas
+peligrosos. He perdido mi segunda apuesta y vuestro es mi coselete de
+Milan. Sin embargo no lo siento; vuestra mujer me ha dado el ejemplo de
+las mujeres santas en el matrimonio, y yo voy á buscar otra semejante,
+por mejor decir la he encontrado ya: os convido, pues, á mi segunda boda
+dentro de ocho dias. Llevad con vos á vuestra mujer.
+
+Y el marqués y don Diego se estrecharon las manos y bebieron como el dia
+en que habian hecho la apuesta.
+
+Doña Elvira á pesar de su orgullo ofendido y de su determinacion de
+tomar en el honor de su esposo unas terribles represalias, nada hizo que
+pudiera ofender á la honra de don Diego.
+
+Es cierto que durante algunos dias coqueteó y estuvo comunicativa,
+risueña y amable con mas de un enamorado; pero de repente, volvió á su
+antigua austeridad, ó como podriamos decir valiéndonos de una figura: el
+sol de sus favores se ocultó de nuevo tras una sombría nube.
+
+¿Consistia esto en que doña Elvira comprendiese que las mayores faltas
+en un marido, los mas crueles tratamientos, las mas profundas heridas en
+el corazon y en la vanidad, no autorizan á la esposa para ser adúltera?
+
+No por cierto: esto consistia en que doña Elvira era mujer, en que como
+mujer estaba propensa á amar, y en que el hielo que cubria su corazon se
+habia disuelto bajo el intenso fuego de su amor hácia un hombre.
+
+Doña Elvira amaba con toda la violencia de su carácter voluntarioso:
+pero bajo un profundo disimulo, mejor diremos hipocresía, habia guardado
+aquel amor que nadie, ni aun el mismo objeto amado habia llegado á
+conocer.
+
+Vamos á decir á nuestros lectores quien era el objeto de aquel amor.
+
+Por el mismo tiempo que el desenfreno y el libertinaje de don Diego,
+habian impulsado á doña Elvira á una resolucion desesperada, conoció al
+hombre que debia fijar su destino.
+
+Un dia le habia visto en misa en la colegiata de San Salvador: era un
+jóven como de diez y nueve á veinte años, pero ya perfectamente formado,
+blanco pálido, de frente noble y pensadora, y ojos negros y
+profundamente melancólicos.
+
+Se habian encontrado en la pila del agua bendita: luego hizo la
+casualidad, causadora de tantas desdichas, que se encontraran colocados
+frente á frente en los escaños.
+
+Aquel dia puede decirse que doña Elvira no oyó misa; el jóven por su
+parte no mostró tampoco mucha devocion, pero no fue doña Elvira la
+causa: ni una sola vez la habia mirado, á pesar de que doña Elvira era
+una mujer demasiado notable por su hermosura, para que no se reparase en
+ella.
+
+La indiferencia es uno de los medios mas eficaces que pueden emplearse
+para la conquista de ciertas mujeres: cuando la indiferencia es
+verdadera, la mujer que de tal modo se contempla impotente acaba por
+contraer una pasion incalculable por el hombre á quien de tal modo es
+indiferente. Una fea suele resignarse por que comprende la causa de
+aquella indiferencia: á una hermosa infatuada con su hermosura, como lo
+estaba doña Elvira, acostumbrada á ser adorada por todos, la
+indiferencia del hombre á quien ama la vuelve loca.
+
+Doña Elvira vió durante tres años, pero siempre en la estacion del
+verano, al indiferente jóven en la misa de doce de la iglesia del
+Salvador: siempre habia notado la misma indiferencia en él, y estaba
+resuelta á romper por todo, cuando al abrir su marido la puerta de su
+casa para asistir al casamiento de su hermana doña Isabel le encontró en
+el dintel.
+
+Porque el hombre de quien tan locamente enamorada estaba doña Elvira,
+era Yaye ebn-Al-Hhamar.
+
+Esto esplica por qué una palidez profunda cubrió al verle el rostro de
+doña Elvira: veamos ahora en que consistia la estrañeza y aun el temor
+que se habia pintado en el rostro de don Diego al ver á Yaye.
+
+Don Diego sabia, porque no podia menos de saberlo, puesto que por el
+matrimonio con su tia doña Ana habia emparentado con su familia Yuzuf,
+que este, emir de los monfíes, embreñado en las Alpujarras y dueño de la
+fuerza, tenía adquiridos derechos á la corona de Granada.
+
+Sabia además, lo que Yuzuf no habia tenido ocasion de decir á Yaye, esto
+es que el casamiento de Yuzuf con doña Ana de Córdoba y de Válor habia
+sido una verdadera alianza, una refundicion de derechos.
+
+Su padre don Juan de Válor habia estipulado solemnemente con Yuzuf que
+si de su casamiento con doña Ana tenia un hijo, este hijo casaria con
+una hija de los Válor, ó viceversa que, si cuando el hijo ó la hija de
+Yuzuf y de Ana llegasen á la edad de contraer matrimonio, no pudiese
+este efectuarse por carencia de varon ó de hembra hija ó nieta de don
+Juan, en la familia, el pacto quedaría roto, y cada familia de por sí,
+la de los Al-Hhamar y la de los Beni-Omeyas podrian cuestionar su
+derecho.
+
+Ahora bien: don Juan de Válor, hermano de doña Ana, habia tenido dos
+hijos y una hija: don Diego, don Fernando y doña Isabel: Yuzuf al-Hhamar
+habia tenido un hijo: Yaye; don Juan de Válor y Yuzuf, habian contratado
+solemnemente el matrimonio de doña Isabel con Yaye, y al morir don Juan
+habia encargado expresamente en su testamento á su hijo primogénito don
+Diego que procurase por cuantos medios estuviesen á su alcance, cumplir
+aquel contrato matrimonial.
+
+Don Diego habia quedado al frente de la casa como tutor de sus hermanos:
+al casarse con doña Elvira, por amor á su hermana doña Isabel no quiso
+que viviese á su lado bajo la férula de su esposa. Puso casa á parte y
+dejó en el solar paterno á doña Isabel al amparo de su hermano don
+Fernando, aun soltero, y bajo la guarda de una respetable dueña.
+
+Todos los años en las largas temporadas que Yuzuf pasaba en Granada,
+guardando todas las apariencias de un morisco convertido, don Diego
+comunicaba con él: hablaban como individuos de una misma familia, de las
+esperanzas de recobrar la perdida libertad, de sus proyectos domésticos
+y entre ellos del matrimonio concertado entre Yaye y su hermana doña
+Isabel.
+
+Don Diego no conocia á su primo: siempre que espresaba á Yuzuf el deseo
+de conocerle, Yuzuf le contestaba:
+
+--Cuando yo haya puesto mi corona sobre la frente de mi hijo, y tu
+hermana haya sido su esposa, le conoceras.
+
+Don Diego se veia obligado á satisfacer con estas palabras brevísimas
+del inexorable anciano su curiosidad por conocer á su primo.
+
+Pero aconteció que un dia Yuzuf compró en el barrio del Zenete de
+Granada una hermosa casa que lindaba con la en que vivia doña Isabel.
+Aquella casa fue suntuosamente alhajada y un mes despues fueron á vivir
+á ella un anciano y un jóven.
+
+El anciano era Abd-el-Gewar, y don Diego le conocia como uno de los
+servidores mas allegados del emir; el jóven era Yaye, pero don Diego no
+le conocia.
+
+La circunstancia de ser Abd-el-Gewar ayo de Yaye, la frecuencia con que
+entraba en la casa Yuzuf y el extremado amor con que trataba al jóven,
+hicieron sospechar á don Diego si Yaye era hijo del emir.
+
+Pero prudente como se lo aconsejaba la reserva del anciano, guardó sus
+sospechas y solo se redujo á observar si aquella mudanza tan cerca de su
+casa, tendria por objeto el que los dos jóvenes se conociesen y se
+amasen espontáneamente antes de saber que estaban destinados desde antes
+de su nacimiento el uno para el otro.
+
+Don Diego observó que Abd-el-Gewar y Yaye solo estaban en Granada
+durante el verano; pretendió averiguar la causa de estas ausencias
+periódicas, y supo que el señor Juan de Andrade, cuyos padres no se
+conocian, y que estaba confiado al cuidado de Abd-el-Gewar, era
+estudiante en Salamanca: esto desvaneció sus sospechas. Don Diego no
+podia comprender que Yuzuf destinase á su hijo á clérigo ó á oidor;
+pensar en esto era absurdo; pero observó sí, que su hermana doña Isabel
+pasaba los meses del invierno triste v retirada, y que á la venida del
+verano ó por mejor decir de Yaye, se hacia mas comunicativa y alegre.
+
+Don Diego quiso saber si habia amoríos entre el estudiante Juan de
+Andrade y su hermana. Nada consiguió. La dueña, encubridora de doña
+Isabel, ó ignorante de sus amores con Yaye, le afirmó que su hermana no
+amaba á nadie, ni pensaba amar: y en cuanto á su hermano don Fernando no
+habia visto rondaduras en la calle ni nada que demostrase que hubiese
+galan, enamorando á doña Isabel.
+
+Don Diego se cansó al fin de unas pesquisas que nada le habian revelado,
+y se resignó á esperar á que el emir de los monfíes sacase á luz á su
+misterioso hijo.
+
+Pero entre tanto se cruzó un incidente en el proyectado enlace, que vino
+á probar que el hombre propone y Dios dispone.
+
+Don Diego vivia en completa comunicacion con Yuzuf, en la continua y
+sorda conspiracion que sostenian los moriscos contra los cristianos,
+como todo pueblo vencido contra su vencedor.
+
+El hombre que mas confianza inspiraba á don Diego para ser portador de
+sus cartas y mensages á Yuzuf, era un morisco llamado Miguel Lopez entre
+los cristianos, y entre los moriscos Xerif-aben-Aboó.
+
+Era un morisco de buen linage, pero poco considerado por sus costumbres
+licenciosas: apreciábase el solo por su valor, y por su ciego odio á
+los cristianos. Tenia otra cualidad recomendable: una reserva sin
+límites, y una actividad suma para todos los negocios que tenian
+relacion con la libertad de su patria.
+
+Por estas dos cualidades se servia de él don Diego.
+
+Entraba Miguel Lopez libremente tanto en la casa de este como en la de
+su hermano don Fernando, y habia tenido ocasion de ver una y otra y cien
+veces á doña Isabel.
+
+Miguel Lopez se enamoró de ella.
+
+Pero al enamorarse comprendió que tenia ya cuarenta años, que era mas
+que medianamente feo y zafio, y ademas, que el orgulloso don Diego de
+Válor, jamás consentiria en darle una hermana suya siendo como era
+pobre, y estando ademas oscurecido y en la humillante condicion de un
+hombre que sirve por un salario.
+
+Miguel Lopez procuró dominar su amor: pero su amor pudo mas que él y le
+dominó.
+
+Entonces Miguel Lopez pensó que un pobre y un criado cuando sirve en
+ciertos negocios, es un cómplice de su amo, y que un cómplice puede
+hacerse á veces tan temible, que no pueda negársele nada.
+
+Miguel Lopez meditó y tramó un plan diabólico, y cuando estuvo seguro de
+su éxito, se presentó una mañanita, muy de mañana, en casa de don Diego.
+
+--Tengo que hablaros á solas, le dijo.
+
+Pensó don Diego que se trataba de alguno de los asuntos en que
+comunmente empleaba á Lopez, y se encerró con él.
+
+--¿De qué se trata? dijo don Diego.
+
+--Trátase, contestó Miguel Lopez, entrando de lleno y bruscamente en el
+asunto, de que es necesario que me deis por mujer á vuestra hermana doña
+Isabel.
+
+Don Diego ofendido gravemente por la extraña é insolente proposicion de
+Miguel Lopez, se sorprendió y adoptó para con su hasta entonces
+confidente, una actitud altiva y despreciadora que nunca habia usado. El
+noble señor se erguia ante la insolente demanda del siervo, y en aquella
+altivez habia mucho de amenaza.
+
+Miguel Lopez no se desconcertó.
+
+--Sabia, dijo á don Diego, de qué modo habiais de recibir mi peticion:
+hace mucho tiempo que habia pensado en ello y no os he pedido á vuestra
+hermana hasta estar seguro de que no me la podiais negar.
+
+--¡Me amenazais! contestó con acento reconcentrado don Diego.
+
+--No os amenazo: os advierto.
+
+--¿Y de qué me advertis?
+
+--De que si no me dais vuestra hermana, yo daré al rey vuestra cabeza.
+
+Un rayo de luz, pero un rayo de luz sombría, iluminó la inteligencia de
+don Diego; comprendió que su hasta entonces fiel y dócil instrumento se
+le rebelaba, y abusando de su confianza le imponia condiciones.
+
+Don Diego era hombre de mundo, y se puso á la altura de la situacion:
+ocultó la cólera que hervia en su corazon bajo un semblante impasible, y
+dijo friamente á Miguel Lopez.
+
+--¿Es decir, que estais resuelto á obligarme á que... os entregue mi
+hermana?
+
+--Decidido de todo punto.
+
+--Y decidme: ¿contais con poder bastante para obligarme? ¿habeis
+meditado bien las consecuencias de la lucha á que me retais?
+
+--Todo lo he meditado, y os afirmo que cuento con tanto poder, que estoy
+seguro no solo de venceros, sino de teneros sujeto.
+
+--Veamos vuestros medios.
+
+--¡Mis medios! la última carta que me dísteis para el emir de los
+monfíes de las Alpujarras.
+
+Don Diego se aterró, y por mas que quiso dominarse, palideció
+densamente: de tal importancia era la carta á que se referia Miguel
+Lopez; tan graves los secretos que en ella estaban consignados, que
+bastaban para perderle. Impaciente don Diego, estimulaba en aquella
+carta al emir para una sublevacion de los moriscos apoyada por los
+turcos, que decia ser de todo punto necesaria, en atencion á que la
+presion de los españoles se hacia cada dia mas insoportable.
+
+--¿Creeis, pues, dijo Miguel Lopez notando el terror de don Diego, que
+esa carta no basta para perderos, para entregaros al verdugo?
+
+--En efecto, dijo don Diego recobrando su calma: os habeis armado bien
+para entrar en batalla conmigo.
+
+--Aun os queda un medio, dijo con su inalterable insolencia Miguel
+Lopez.
+
+--¿Quereis decirme cuál?
+
+--Ganar tiempo ofreciéndome que vuestra hermana será mi mujer, y huir
+despues con ella y con vuestra familia á las Alpujarras. Asi perderiais
+una cosa: vuestra hacienda, que el rey os confiscaria, pero ganariais
+tres á saber: primero que vuestra hermana no se casase conmigo, despues
+la vida, y en fin la honra.
+
+--¡La honra! exclamó don Diego no pudiendo contenerse ya y levantándose
+con ímpetu; habeis dicho la honra.
+
+--Sí, la honra he dicho, porque si no casais conmigo á vuestra hermana,
+ella se irá con otro.
+
+--¡Hablad! ¡hablad! ¡explicadme eso... que no comprendo!...
+
+--¡Ya se ve...! ¡son tan calladas las dueñas y las doncellas de vuestra
+hermana! ¡tan descuidado vuestro hermano don Fernando que no han podido
+apercibirse de lo que yo me he apercibido!
+
+--¿Y de qué os habeis apercibido vos?
+
+--Yo... ¡bah! me he apercibido de muchas cosas. En primer lugar, me he
+apercibido de que vuestra hermana espera todas las tardes asomada á las
+celosías de sus ventanas á un gallardo mancebo: que el mancebo, que es
+su vecino, antes de entrar en la casa la saluda: además que se ven y se
+hablan por cierta galería que da á los jardines: lo primero lo he visto
+oculto en una de las casas de la calle del Zenete, lo segundo desde un
+mirador de otra casa desde donde se descubren los jardines de la casa de
+vuestro hermano don Fernando, y de la de el tal mancebo.
+
+--¿Y podria ver yo eso mismo?
+
+--Cuando querais: pero dejadme que concluya de deciros otras cosas que
+he descubierto; por ejemplo, el poderoso emir de los monfíes
+Yuzuf-Al-Hhamar viene con mucha frecuencia á Granada: cuando viene se le
+ve acompañado muchas veces de Abd-el-Gewar, y de ese mancebo que se
+llama el señor Juan de Andrade. ¿No os parece que el emir trata con
+demasiado amor á ese jóven para que sabiendo que tiene un hijo á quien
+nadie ha visto ni conoce, se crea que el señor Juan de Andrade es su
+hijo?
+
+Miguel Lopez acababa de avivar las sospechas que acerca del mismo asunto
+habia tenido don Diego.
+
+--Ademas, ya sabeis que yo sé, que por el testamento de vuestro padre
+estais obligado á casar á vuestra hermana con el hijo del emir de los
+monfíes de las Alpujarras; el emir es un hombre que se ha criado como
+quien dice entre cristianos, y que entre ellos ha adquirido unas ideas
+muy extravagantes. El emir ha querido sin duda que los dos jóvenes se
+amen antes de conocer su verdadera posicion. El emir ha conseguido que
+se amen aproximándolos el uno al otro; pero el emir no sabe otra cosa
+que yo he descubierto, á saber: que el señor Juan de Andrade podia
+querer á vuestra hermana como manceba, pero como esposa nunca... porque
+os desprecia... os aborrece... os llama los renegados.
+
+--¡Miguel Lopez! exclamó don Diego enteramente fuera de sí.
+
+--No os irriteis y meditad á sangre fria: dándome vuestra hermana
+salvais á un tiempo la hacienda, la vida y la honra: es cierto que os
+exponeis á la enemistad del emir, pero el emir es generoso y se
+contentará con despreciaros. Del otro lado teneis mi venganza, que yo os
+juro que no os perdonará.
+
+--¿Y no creeis que tenga otro medio de librarme de todas esas afrentosas
+condiciones?
+
+--Uno solo podiais tener si yo no fuera previsor: matarme. Pero el
+matarme os perderia, porque la carta que os pone á mi merced, no está en
+mi poder, sino en poder de quien, si me sucede una desgracia, la
+presentará al presidente de la Chancillería.
+
+Don Diego comprendió que estaba enteramente cogido.
+
+--Os pido veinte y cuatro horas para contestaros, dijo á Miguel Lopez.
+
+--Tomaos si quereis cuarenta y ocho ó ciento. No me corre gran prisa.
+
+--Quiero ademas ver algo de lo que vos habeis visto.
+
+--¡Ah! ¿quereis ver si vuestra hermana ama al señor Juan de Andrade? En
+buen hora. Id mañana al amanecer á mi casa. Entre tanto, que os guarde
+Dios: os dejo en libertad para que mediteis.
+
+Y salió.
+
+Por mas que meditó don Diego no encontró medio para salir del atolladero
+en que le habia metido la traicion de Miguel Lopez. Por mas vueltas que
+le dió, solo encontró una solucion: la de casar á su hermana con aquel
+bandolero, y estar en acecho de una venganza terrible.
+
+Al dia siguiente al amanecer, don Diego acompañado de Miguel, vió desde
+una de las celosías de una casa situada á espaldas de la de su hermana,
+á Yaye y á Isabel que hablaban indudablemente de amor, cada cual en sus
+respectivas galerías.
+
+Esto tenia lugar algunos dias antes de la noche en que se vieron en el
+jardin Yaye é Isabel.
+
+Don Diego apremiado por Miguel, le concedió sin condiciones, y con un
+cuantioso dote la mano de su hermana.
+
+Don Diego vendia cobardemente á la pobre Isabel.
+
+Isabel se vió intimada de una manera dura á casarse con Miguel Lopez;
+entonces en su desesperacion pensó en huir con Yaye y le citó y le
+arrojó la llave del postigo del jardin.
+
+Don Diego vió el significativo arrojo de la llave desde su acechadero.
+
+Aquella noche don Diego y Miguel entraron furtivamente en el jardin de
+la casa de don Fernando, y ocultos tras un cenador de jazmines
+presenciaron la breve y desgarradora escena habida entre Yaye é Isabel.
+
+Don Diego activó las bodas, contando ya con el asentimiento que la
+desesperacion habia arrancado á su hermana.
+
+El mismo dia y á la misma hora en que iba á celebrarse el casamiento,
+Yaye habia aparecido de repente pálido y convulso ante don Diego.
+
+Hé aquí la razon de que, al ver al jóven, don Diego se sorprendiese y se
+aterrase.
+
+Volvamos á aquella situacion.
+
+--Creo no equivocarme dijo Yaye descubriéndose cortesmente, con el
+rostro densamente pálido, y con la voz temblorosa por una cólera mal
+contenida, creo no equivocarme creyendo que hablo con don Diego de
+Córdoba, señor de Válor.
+
+--Asi es, caballero, contestó don Diego descubriéndose á su vez y con un
+duro acento de extrañeza: creo tambien no equivocarme creyendo que vos
+sois el señor Juan de Andrade.
+
+--Necesito de todo punto hablaros, dijo con precipitacion Yaye.
+
+--¿Y no podriamos hablar en otra ocasion? porque ahora, siento
+decíroslo, me esperan para un asunto muy importante: doña Isabel mi
+hermana se casa, me esperan en la iglesia.
+
+--Pues porque vuestra hermana se casa, es cabalmente por lo que me urge
+hablaros: es necesario que ese casamiento no se haga.
+
+--No comprendo caballero, dijo palideciendo con la palidez de la
+irritacion don Diego de Córdoba, con qué derecho pretendeis ser
+importuno en esta ocasion.
+
+--Leed, dijo Yaye, sacando de un bolsillo de sus gregüescos la carta que
+la noche antes le habia dado su padre.
+
+--Permitid que os diga que vuestra tenacidad raya en ofensiva: no tengo
+tiempo; venid mas tarde.
+
+--Leed lo que os escribe mi padre Yuzuf Al-Hhamar: leed: os lo mando yo,
+yo el emir de los monfíes.
+
+Y al decir estas palabras, que pronunció con la arrogancia de un rey que
+amenaza, pero en acento tan bajo que solo pudo ser oido por don Diego,
+Yaye se cubrió como un superior delante de su inferior.
+
+Don Diego por inadvertencia ó por asombro, permaneció descubierto, fijó
+una mirada atónita en Yaye, y quedó enmudecido por la sorpresa.
+
+Al fin se rehizo, tomó la carta, reparó en que Yaye se habia cubierto,
+se cubrió, abrió el pliego y leyó.
+
+Apenas hubo leido algunos renglones de aquel escrito, que lo estaba en
+árabe, se volvió, infinitamente mas pálido y convulso á uno de sus
+servidores.
+
+--Ayala, le dijo en voz baja, id al momento á la colegiata del Salvador,
+llamad aparte al licenciado Periañez, y decidle que dé la bendicion á
+los novios en el momento; que para que no se extrañe mi falta invente
+cualquier pretexto... que no se me espere, en fin. Id, id al momento.
+
+El servidor que tenia visos de ser uno de esos hidalgos pobres que no
+tenian á deshonra servir á los grandes señores en aquellos tiempos,
+partió.
+
+--Y vos doña Elvira, añadió don Diego, volviéndose á la dama que hasta
+entonces habia presenciado con una viva curiosidad aquella escena,
+volveos á vuestros aposentos. Vosotros idos, añadió dirigiéndose á la
+servidumbre y vos caballero seguidme.
+
+--¿Y no seria mejor que nosotros mismos fuésemos? dijo Yaye sin moverse
+de su sitio.
+
+--No, no, seria imprudente: vuestra presencia en la iglesia podria
+producir un escándalo, y luego... mi mensaje se obedecerá.
+
+--Ved don Diego que vuestra hermana es mi vida.
+
+--Si Dios quiere, tendreis vuestra vida... si por desgracia, si por
+casualidad fuera imposible... quejaos á vos mismo, primo. Ahora venid.
+
+Yaye cedió, y siguió á don Diego: en su preocupacion no reparó que el
+berberisco Kaib, habia seguido á Ayala en el momento que este habia
+salido de la casa para cumplir el encargo de su señor.
+
+
+
+
+CAPITULO VII.
+
+En que se relatan extraños é importantes sucesos.
+
+
+Doña Elvira saludó ceremoniosamente á su esposo cuando este la mandó que
+volviese á sus aposentos, arrojó una última mirada á Yaye, y acompañada
+de dos doncellas, subió unas descomunales escaleras, atravesó un ancho
+corredor, abrió una mampara de marroquí rojo, atravesó una rica
+antecámara, entró en una magnífica cámara y sentándose en un sillon,
+dijo á sus doncellas:
+
+--Dejadme sola.
+
+Las doncellas salieron: mientras resonaron sus pasos doña Elvira
+permaneció inmóvil en el sillon donde se habia sentado, y profundamente
+pensativa; luego cuando el ruido de los pasos de las doncellas se
+hubieron extinguido en las habitaciones interiores, se levantó, atravesó
+la puerta por donde aquellas habian salido y cerró por dentro otra
+segunda puerta, despues volvió á la cámara y se fué en derechura á un
+gigantesco espejo de Venecia, que la reprodujo por entero.
+
+Doña Elvira lanzó una mirada ansiosa al espejo, ese confidente de la
+mujer que tanto podria revelar si Dios por un milagro le animase y le
+diese memoria y voz.
+
+Luego atravesó en paso leve y furtivo la cámara, abrió silenciosamente
+una puerta y entró en un retrete oscuro.
+
+Una vez allí se colocó tras el tapiz de una puerta.
+
+Desde allí se veia una habitacion de hombre; pero bella y ricamente
+alhajada.
+
+En aquella habitacion habia dos hombres que acababan de entrar.
+
+Don Diego de Córdoba y de Válor, y Yaye-ebn-Al-Hhamar.
+
+El jóven estaba cubierto aun del polvo del camino, pero su trage era muy
+bello, le caia muy bien y sobre todo ganaba sobre su gallarda y esbelta
+persona.
+
+Estaba cansado, anhelante, dominado por una ansiedad profunda,
+densamente pálido, y con la mirada impregnada de una ardiente
+melancolía.
+
+Doña Elvira no le habia visto nunca tan hermoso, y sintió que el corazon
+se la comprimia, se la desgarraba; nunca habia sufrido tanto.
+
+Don Diego estaba visiblemente contrariado.
+
+Notábase que sentia respeto y aun temor delante de Yaye, como si se
+hubiera encontrado delante de un rey á quien hubiese tenido que rendir
+estrecha cuenta de sus acciones.
+
+En efecto, considerando que Yaye era rey de los monfíes por la
+abdicacion de su padre, abdicacion que Yuzuf participaba á don Diego en
+la carta que le habia entregado Yaye, don Diego se veia obligado á
+respetarle: el valor indomable y tenaz, los sacrificios por la patria,
+la conservacion de las tradiciones de su ley, todo daba á los monfíes un
+prestigio merecido entre los moriscos y á su rey un poder terrible.
+
+Por lo tanto y en cierto modo, don Diego ante Yaye era un vasallo y un
+vasallo culpable.
+
+Porque don Diego creia, que al reconocer Yuzuf á su hijo, al entregarle
+su corona, le habria revelado el contrato que existía entre las dos
+familias, contrato á que don Diego habia faltado entregando su hermana á
+otro hombre.
+
+Lo que don Diego no podia comprender era cómo Yaye, que dos noches antes
+habia despreciado la mano de su hermana, se mostraba entonces tan
+ansioso de ella.
+
+De lo que no podia dudar don Diego, era de que Yaye estaba perdidamente
+enamorado de doña Isabel.
+
+Esta certidumbre le aterraba porque preveía fatales consecuencias.
+
+Durante algun tiempo, guardó silencio. Yaye se habia sentado y estaba
+cubierto. Don Diego permanecia descubierto y de pié. Doña Elvira que
+conocia la altivez de su marido no sabia explicarse la causa de aquella
+posicion humillante á que don Diego se resignaba.
+
+--Espero, dijo Yaye al fin, que contareis con medios bastantes para
+impedir ese casamiento, y que no me obligareis á tomar en vos una
+venganza implacable.
+
+--Estad seguro, señor, de que sino hubiesen mediado gravísimas razones,
+yo nunca me hubiera atrevido á faltar por mi parte al solemne convenio
+celebrado por nuestros padres, y mediante el cual vuestro casamiento con
+mi hermana era una cosa decidida.
+
+--¡Cómo! ¿existia un convenio entre nuestros padres? exclamó con
+violencia Yaye, ¿y vos os habeis atrevido...?
+
+La voz de Yaye temblaba, se habia puesto de pié y miraba de una manera
+amenazadora á don Diego.
+
+--Escuchadme, señor, y no me condeneis sin oirme.
+
+--Antes de conocer á mi padre, cuando solo me creia moro, me inspirábais
+aversion como renegado: ahora que sé de quien soy hijo, ahora que el
+poder de mi padre ha pasado á mis manos, encuentro que á mas de renegado
+sois traidor.
+
+--Mi traicion es hija de un horrible compromiso, dijo todo desconcertado
+don Diego: no sabeis hasta que punto he sido engañado por ese infame
+Miguel Lopez: pero no importa: Ayala habrá llegado: de todos modos hasta
+que yo hubiera ido no se hubiera efectuado el casamiento: yo soy su
+hermano mayor, su padre en una palabra...
+
+--¡Y la habeis vendido...! ¡la habeis obligado!
+
+--Me hallé vendido y obligado, señor; ese Miguel Lopez es un morisco
+renegado, un infame delator... tiene papeles que me comprometen...
+papeles escritos por mí á vuestro padre... papeles que no sé en poder de
+quién estan: de otro modo ya hubiéramos encontrado medio de deshacernos
+de ese hombre... ¿quién habia de pensar, que vos, el amante de mi
+hermana, habiais de presentaros para decirme: dame tu hermana Isabel,
+porque yo soy el poderoso emir de los monfíes?
+
+--¡El, emir... rey...! exclamó con orgullo doña Elvira que seguia
+escuchando tras el tapiz.
+
+--Pero el matrimonio de mi hermana con ese hombre no se hará: mi hermana
+será vuestra, y de este modo, al mismo tiempo que vos y ella sereis
+felices se conciliaran todos los intereses de entrambas familias: es
+verdad que vos, rey de la montaña, teneis la fuerza, y hasta cierto
+punto el derecho; es verdad que las Alpujarras os pagan tributo, que os
+obedece un ejército de valientes monfíes; pero tambien es cierto, que yo
+Aben-Humeya, descendiente del Profeta, nieto de los califas de Córdoba,
+tengo tambien derechos que reconocen los moriscos de Granada, y los de
+las alquerías de la Vega: los de Almería y los del marquesado del Zenete
+cuentan conmigo: al primer levantamiento, al primer grito de guerra, yo
+seria proclamado rey de Granada; esto se comprende perfectamente: los
+moriscos desprecian de tal manera la memoria de Muley Abd-Allah, que sus
+descendientes no pueden tener esperanza de que los moros de Granada los
+sienten en el trono de su abuelo. Fuera de la descendencia de Muley
+Abd-Allah, ¿qué otro mas que vos ó yo podemos ser reyes de Granada? vos,
+como emir de los monfíes, teneis las Alpujarras: yo, como descendiente
+de los Omeyas, lo demás del reino... una alianza entre nosotros es de
+todo punto necesaria para evitar una guerra civil, que, si por dicha
+triunfásemos del cristiano, volveria á ponernos destrozados en su poder.
+Aquí ha habido mucho de fatal: antes de anoche vos mismo despreciásteis
+la mano de mi hermana.
+
+--Yo os creia renegado.
+
+--¡Oh! ¡fatalidad! yo sabia que amábais á mi hermana: pero creí que
+erais un hidalgüelo castellano, destinado á llevar una golilla ó un
+roquete. Culpad al misterio en que os ha envuelto vuestro padre: yo
+ignoraba que fuéseis lo que sois.
+
+--Yo mismo lo ignoraba ayer.
+
+--¡Fatalidad! ¡fatalidad!
+
+--Mi noble padre quiso que antes de que ciñese su corona, supiese
+conocer á los hombres.
+
+--En fin, no hablemos mas de eso y vamos á lo que importa. El casamiento
+de mi hermana con Miguel Lopez no se hará. Si por desgracia, y como no
+es de suponer, mi enviado ha llegado tarde... Miguel Lopez morirá.
+
+--¡Oh, alentais una duda y permaneceis aquí, entreteniéndome acaso para
+ganar tiempo! exclamó Yaye encaminándose violentamente á la puerta.
+
+--¿Qué quereis hacer, exclamó don Diego, que en efecto, temiendo mas á
+la denuncia de Miguel Lopez que á la venganza del emir, habia preferido
+la última y entretenia á Yaye, qué quereis hacer? ¿á dónde vais?
+
+--¿En qué iglesia se casa vuestra hermana?
+
+--¡Oh! ¡un escándalo!
+
+--¡Corred! ¡corred vos mismo! ¡yo os espero!
+
+--¡Ira de Dios! exclamó don Diego tomando al fin una resolucion
+desesperada: por nada me obligareis á dar un paso que pondria mi nombre
+en boca de todo el mundo.
+
+--¡Ah! ¡me habeis engañado! ¡me habeis entretenido, para que entre
+tanto!... pero... no os salvareis... yo... mis monfíes... talaremos
+vuestros Estados de las Alpujarras... si escapais de mis manos... os
+entregaré al rey de España con cartas semejantes á las que os han
+obligado á vender á vuestra hermana á ese Miguel Lopez...
+
+Don Diego exhaló un grito: se encontraba enteramente perdido.
+
+--Una palabra señor, exclamó arrojándose á los piés de Yaye: tened
+compasion de mí y protejedme: yo os seguiré; seré uno de vuestros mas
+fieles vasallos...
+
+--¡Tu hermana!
+
+--¡Oh! exclamó don Diego, esperad: voy yo mismo: puede que aun sea
+tiempo...
+
+Y se dirigió á la puerta de la estancia.
+
+En aquel momento apareció en la puerta un paje que dijo:
+
+--Señor, vuestra noble hermana y su esposo acaban de llegar.
+
+El paje volvió á cerrar la puerta. Don Diego arrojó un grito de espanto,
+y se volvió desesperado y anhelante á Yaye: este al escuchar las
+terribles palabras «vuestra hermana y su esposo acaban de llegar» hizo
+un movimiento semejante al de quien ha sido herido de muerte: se puso
+rojo, mas rojo; la mirada de sus ojos se hizo atónita, se contrajo su
+boca, y cayó al suelo como herido por un rayo.
+
+Entonces se levantó el tapiz, tras el cual escuchaba doña Elvira, y
+apareció esta pálida como una muerta.
+
+--¡Ah! venis á tiempo, señora, dijo don Diego que no estaba en estado de
+reparar en lo extraño de la llegada de su esposa, ni en su palidez, ni
+en su conmocion: ved si podeis hacer volver en sí á ese caballero... yo
+os disculparé con esas gentes.
+
+Y partió.
+
+Por la primera vez doña Elvira se quedaba sola con Yaye. ¿Pero en que
+situacion? levantóle del suelo, con mas facilidad de la que podia
+suponerse en una mujer delicada, y era que el amor la daba fuerzas; le
+colocó en un sillon, le abrió el justillo, roció su rostro con agua, y
+sin considerar si podia ó no ser vista se arrodilló á sus piés, asió sus
+manos, las estrechó contra su seno, y exclamó alzando al cielo los ojos
+cubiertos de lágrimas:
+
+--¡Señor! ¡señor! ¡mi salvacion por su vida!
+
+Y permaneció de rodillas delante de Yaye.
+
+Al cabo de algun tiempo Yaye suspiró.
+
+Aquel suspiro, fue para el corazon de doña Elvira como un bálsamo
+maravilloso para una herida: con el consuelo recobró la reflexion y se
+alzó.
+
+Yaye abrió los ojos, pero en sus ojos estaba pintada la expresion de la
+locura.
+
+Empezó á delirar: su sangre se habia agolpado á su cabeza y habia
+trastornado sus facultades.
+
+Afortunadamente habia perdido la memoria de la causa de su accidente, y
+no pretendia levantarse del sillon.
+
+Su locura era una locura tranquila.
+
+Se reia pero su risa era horrible.
+
+De una manera horrible sufria tambien doña Elvira.
+
+Ella hubiera dado su vida por verse amada de aquel modo: unos zelos
+mortales la devoraban: al mismo tiempo sentia una ansiedad horrible:
+temia por la vida de Yaye: su delirio era cada vez mas intenso, don
+Diego no volvia y doña Elvira no se atrevia á llamar á nadie.
+
+Al fin, resonaron pasos: se abrió una puerta: era don Diego.
+
+--¿Vive? dijo con afan.
+
+--Si, contestó doña Elvira, valiéndose del dominio que tenia sobre sí
+misma para no demostrar mas conmocion que la natural en aquellas
+circunstancias: vive, pero creo que está en peligro de muerte.
+
+Don Diego examinó un momento á Yaye, luego fué á un lugar de la
+tapicería, oprimió un boton dorado, y se abrió una puerta secreta: tras
+ella se veia una escalera oscura recta y estrecha.
+
+--Ayudadme, señora, la dijo volviendo junto á su esposa, ayudadme y
+concluyamos.
+
+Entre tanto don Diego habia encendido una bugía.
+
+--¿Qué pensais hacer? dijo doña Elvira.
+
+--Es necesario conducirle al subterráneo.
+
+Doña Elvira no contestó, ayudó á don Diego á cargar con Yaye, y con gran
+trabajo le introdujeron por aquella puerta que don Diego cerró tras sí:
+bajaron las escaleras y atravesando una estrecha mina, llegaron á un
+aposento espacioso y bien amueblado en que habia un lecho.
+
+Aquella puerta secreta, aquella mina que se prolongaba mas allá de la
+habitacion donde los dos esposos habian introducido á Yaye, y aquella
+habitacion, eran un lugar seguro de refugio, preparado por don Diego,
+para el caso en que por un accidente desgraciado, ó por una traicion de
+sus parciales invadiese su casa la justicia del rey. Aquello era un
+escondite: mas adelante veremos que era tambien una comunicacion.
+
+Estas minas y estos aposentos son muy comunes en el Albaicin de Granada.
+Apenas habrá una casa de moros que no tenga alguna de estas
+comunicaciones subterráneas, de las cuales se conocen muchas.
+
+Cuando Yaye estuvo colocado en el lecho, don Diego le desciñó el
+talabarte, le quitó la daga y la espada, y dijo á su esposa.
+
+--No sabeis cuánto nos interesa la salvacion de este jóven: pero si
+muere, lo que está en manos de Dios, nos interesa tambien sobre manera
+que no se sepa que le ha matado el amor de mi hermana. Si muere no
+saldrá de aquí. Escuchad: yo voy á ausentarme.
+
+--¡A ausentaros! exclamó, conteniendo mal su alegría doña Elvira.
+
+--Si, es preciso; preciso de todo punto: mi ausencia será á lo mas de
+quince dias: cuidad vos entre tanto al enfermo: pero vos sola.
+
+--¡Yo sola! ¡abandonado...! ¡sin los auxilios de la ciencia...!
+
+--No, no he querido decir tanto: antes de marchar avisaré á nuestro
+médico; es un buen morisco, un noble anciano y guardará el secreto: solo
+he querido deciros que vos, sola vos, sereis la enfermera.
+
+--Os amo tanto, esposo y señor, dijo hipócritamente doña Elvira, que no
+perdonaré por vos ningun sacrificio.
+
+--Si, si, ya lo se, doña Elvira, y mereceis que yo... os prometo
+corregirme... dejarme de locuras... pero adios: no olvideis lo que os he
+encargado.
+
+--Id tranquilo, señor, no lo olvidaré.
+
+Don Diego salió dejando sola á su mujer con el hombre á quien amaba.
+
+Un momento despues, tranquilo y sonriendo entraba en la gran cámara de
+recibo de su casa.
+
+En ella estaban doña Isabel de Válor, pálida, pero con la palidez mas
+hermosa, su hermano don Fernando de Válor, los testigos que habian
+asistido á la ceremonia y algunos convidados, entre los cuales se
+contaba don Gabriel Coloma, marqués de la Guardia.
+
+Miguel Lopez, el reciencasado, estaba allí tambien:
+
+Era un hombre como de cuarenta años, moreno oscuro, cegijunto, estrecho
+de frente, sesgado de boca y avieso de mirada: estaba ricamente vestido,
+pero á pesar de la riqueza de su trage se notaba lo villano de sus
+maneras: estaba sombriamente ceñudo y miraba con recelo en torno suyo;
+don Diego se acercó á él sonriendo, pero, á pesar de su sonrisa,
+densamente pálido.
+
+--Hermano, dijo asiéndole las manos con cariño; tengo que hablaros, y
+vosotros, señores dispensad; pero la repentina indisposicion de mi
+esposa, de que antes os he hablado y que me ha impedido asistir á la
+celebracion del casamiento, es mas grave de lo que yo creia y me obliga
+á suspender por el momento la fiesta de bodas.
+
+Todos callaron, pero todos se pusieron de pié: habian comprendido que
+cortesmente se les despedia: uno tras otro, despues de algunas palabras
+vacías de sentido fueron despidiéndose.
+
+Por último, el marqués de la Guardia se dirigió á don Diego.
+
+--¡Diablo! dijo: siento en el alma la indisposicion de doña Elvira, pero
+de todos modos deseo que ello no sea nada y que pueda acompañarnos al
+bateo de mi hijo ó de mi hija cuando nazca... que debe ser segun los
+doctores, este mes: por lo demás si me necesitais para algun empeño,
+añadió en voz baja indicando con una rápida é intencionada mirada á
+Miguel Lopez, mirada que solo fue vista por don Diego, podeis contar con
+lo que puedo y con lo que valgo. Ya sabeis que somos antiguos amigos.
+
+--Adios, marqués, adios, contestó don Diego estrechándole la mano:
+aprecio vuestra oferta, pero por ahora no os necesito sino para
+serviros.
+
+El marqués despues de un expresivo apreton de manos á don Diego, de un
+galante saludo á doña Isabel, que le contestó maquinalmente, y de un
+frio y altivo saludo á Miguel Lopez, que casi no le contestó, salió de
+la cámara en la que quedaron solos don Diego, doña Isabel, su hermano
+don Fernando, que se paseaba pensativo, y Miguel Lopez que miraba
+alternativamente á doña Isabel y á don Diego, con la impaciencia de un
+lobo hambriento.
+
+--¿Me querreis explicar lo que ha pasado esta mañana, don Diego? exclamó
+Miguel Lopez volviéndose todo hosco á su cuñado apenas quedaron solos.
+
+--Eso significa, que no habiendo yo podido asistir á la ceremonia, envié
+á Ayala á avisaros que se efectuase sin mí.
+
+--¿Y cual ha sido la causa de que no hayais podido asistir? replicó con
+un grosero acento de recelo Miguel Lopez: porque yo no creo en el mal de
+doña Elvira: creo mas bien en cierto mancebo, con quien segun me han
+dicho, os encontrásteis á la puerta de la casa.
+
+--Veo que Ayala os ha dicho mas que lo que yo le habia mandado que os
+dijese. Pues bien ese mancebo...
+
+--Ese mancebo es...
+
+Don Diego interrumpió á tiempo á Miguel Lopez y acercándose á él le dijo
+rápidamente al oido.
+
+--Ese mancebo es el emir de los monfíes de las Alpujarras.
+
+--¡El emir de los monfíes de las Alpujarras! exclamó Miguel Lopez, sin
+cuidarse de recatar su acento.
+
+--¡Una rebeldía contra el rey! exclamó toda trémula doña Isabel, que lo
+habia oido.
+
+--¿Veis Miguel, veis lo que es obligar á los hombres á que digan ciertas
+cosas delante de las mujeres?
+
+--Es que yo creo que se me engaña.
+
+--Dejemos palabras duras que no deben sonar entre nosotros: amabais á mi
+hermana, mi hermana es vuestra, y no solo vuestra sino que...
+
+--Me ama, si, si en verdad, dijo con amarga ironía Miguel Lopez.
+
+--Os juro, señor, dijo doña Isabel con voz firme y tranquila, que nadie
+me ha violentado para que fuese con vos al altar.
+
+--Pero habeis ido desesperada; como si hubierais ido á vuestros
+funerales; pálida, llorosa.
+
+--Perdonad, señor, pero el estado que acabo de tomar... yo os juro que
+si vuestra felicidad está en mi mano sereis feliz, muy feliz... ¿no es
+esto amaros, señor... como os puedo amar ahora? mañana tal vez...
+
+--¿Quién sabe lo que sucederá mañana? dijo Miguel Lopez, sin apearse de
+su dureza, aunque algo mas tranquilo, porque tenia fe en la virtud de
+doña Isabel.
+
+--Por lo mismo que no sabemos lo que sucederá mañana, dijo don Diego,
+será prudente que por ahora no os veleis.
+
+--¿Es decir que solo tengo á medias á doña Isabel?
+
+--Debeis comprender que cuando esto os digo tendré motivos poderosos.
+Por ejemplo, mañana podreis morir.
+
+--¡Oh! ¡no lo quiera Dios! exclamó cediendo á su natural virtud doña
+Isabel.
+
+Miguel Lopez se dulcificó un tanto, interpretando de una manera falsa,
+por amor propio, la frase de doña Isabel en su favor, frase que tenia
+muy distinto sentido y que hizo estremecer á don Diego y á don Fernando.
+
+--Nadie tiene la vida segura, dijo, y si á eso nos atuviesemos, jamás
+nos casariamos por temor de dejar á nuestra esposa viuda.
+
+--Pues es muy posible que vos dejeis viuda á nuestra hermana, repitió
+don Diego.
+
+--¡Ah! ¡eso no sucederá! exclamó levantándose doña Isabel pálida y con
+la mirada fija en su hermano porque le comprendia perfectamente: Dios no
+querrá que eso suceda.
+
+--¿Y pensábais que mi hermana no os amaba? dijo don Diego.
+
+--Pero en fin ¿qué peligro amenaza á... á mi esposo...? dijo doña Isabel
+haciendo un esfuerzo para pronunciar por la primera vez aquella palabra.
+
+--Si, si, sepamos, dijo con acento duro y receloso, Miguel Lopez;
+sepamos qué peligro es ese, y si vuestras palabras son una amenaza ó un
+aviso.
+
+--Siempre torceis las intenciones, Miguel, contestó con calma don Diego:
+ese peligro de muerte próximo, es amenaza como me amenaza á mí, á mi
+hermano, á nuestros parientes, á nuestros amigos, á todos los moriscos
+que tienen amor á la patria y fe en el Dios Altísimo y Único. En una
+palabra, Miguel: el edicto de don Carlos, promulgado antes de ayer y á
+un mismo tiempo, por decreto del emperador, en Granada y en las
+Alpujarras, ha indignado al emir de los monfíes, que ha venido en
+persona á mandarme que en el momento marchemos los mas que podamos á las
+Alpujarras.
+
+--¡Oh! ¡si, si! ¡vais á rebelaros! exclamó doña Isabel.
+
+--Hermana: dijo severamente don Diego: las mujeres deben callar y
+obedecer siempre, y mucho mas cuando se trata de ciertos asuntos...
+asuntos de que yo no hubiera hablado delante de vos á no haberme
+provocado Miguel.
+
+--Pero vos no debeis rebelaros, hermano, exclamó con severidad doña
+Isabel: el rey os honra, sois cristiano, lo soy yo...
+
+--¿Lo veis Miguel? repitió don Diego.
+
+--Esposa mia, dijo Miguel Lopez, dejad que lo que Dios quiere que haya
+de suceder suceda y nada temais: si muero, por fortuna aun no me teneis
+tanto amor que mi muerte os desconsuele.
+
+Y el acento de Miguel era amargamente irónico.
+
+--Pero es que yo no quiero que murais...
+
+--Ven, ven conmigo, hermana, dijo don Diego: perdonad un momento Miguel,
+voy á llevar á mi hermana junto á mi esposa á fin de que podamos hablar
+libremente.
+
+Doña Isabel deseaba hablar á solas con su hermano y le siguió.
+
+Apenas estuvieron en lugar donde de nadie podian ser oidos, doña Isabel
+dijo á don Diego:
+
+--¿No te basta haber cometido un crímen enlazándome á ese hombre contra
+mi voluntad, sino que por razones que no acierto, quieres cometer otro?
+¡hermano! ¡hermano! yo creo que esa rebelion es una mentira: que tú
+tienes otros proyectos.
+
+--Mira, dijo don Diego que acababa de entrar en su aposento mostrándola
+la carta de Yuzuf-Al-Hhamar que le habia entregado Yaye.
+
+Doña Isabel la tomó y la leyó.
+
+Su contenido era el siguiente:
+
+«En el nombre de Dios Altísimo y Unico, dador de la prosperidad y del
+infortunio: Muley Yuzuf Al-Hhamar, á su muy querido sobrino Sidy
+Aben-Humeya:--Un pacto sagrado existe entre nuestras familias: segun él,
+tu hermana doña Isabel, debe ser esposa de mi hijo Sidy Yaye. Acabo de
+renunciar en él mi corona y mi espada: Sidy Yaye, es desde hoy emir de
+los monfíes de las Alpujarras. El matrimonio concertado, debe, pues,
+efectuarse. Mi hijo me ha dicho, que tú, faltando al respeto que debes á
+la voluntad de tu padre, y al temor que mi poder debe inspirarte, has
+dispuesto de la mano de tu hermana. Mi hijo, el poderoso emir de los
+monfíes, te entregará por sí mismo esta carta. Si tu hermana es libre,
+rompe las obligaciones que con otro hayas contraido, y que doña Isabel
+sea esposa de mi hijo. Si, por desdicha, doña Isabel fuese de otro, ¡ay
+de tí y ay de él!--Yuzuf-Al-Hhamar.»
+
+--¡Ah Dios mio! ¡Dios mio! exclamó doña Isabel: ¡con que no se llamaba
+Juan de Andrade! ¡con que es verdad que es moro, y ademas de moro es
+monfí!
+
+Y doña Isabel se cubrió el rostro con las manos.
+
+Debemos recordar, para que no parezca extraño el dolor de doña Isabel,
+que la palabra monfí significa salteador, bandido.
+
+--Pues bien, dijo al fin la jóven alzando la frente radiante de
+dignidad: no hay motivo para que te arrepientas de lo que has hecho,
+porque por mas que yo le haya amado, por mas que á mi despecho le ame,
+jamás, aunque quedase viuda, me casaria con un rey de bandidos: con un
+hombre que ha rechazado mi mano... que me ha dejado cruelmente
+abandonada á mi destino... no, no, y cien veces no.
+
+--Ese hombre está muriendo por tí.
+
+--¡Muriendo por mí! exclamó aterrada doña Isabel.
+
+--Ven, añadió don Diego, y abrió la puerta secreta, descendió
+rápidamente las escaleras llevando á su hermana asida de la mano, y
+entró con ella en el aposento donde habia dejado á Yaye y á su esposa.
+
+Doña Elvira, que estaba arrojada sobre el lecho de Yaye que deliraba, se
+levantó al sentir los pasos de don Diego y de doña Isabel.
+
+--Y bien, ¿traeis ya al médico? exclamó con impaciencia.
+
+--Acaso, acaso señora, contestó don Diego adelantando con doña Isabel.
+
+--¡Ah! exclamó doña Elvira al ver á doña Isabel, al mismo tiempo que
+esta al ver á Yaye postrado en el lecho, con el semblante lívidamente
+pálido y los ojos desencajados y fijos, lanzaba un grito de espanto,
+emanacion involuntaria de su alma.
+
+--¡Está muriendo por vos, y pensais en la vida de otro hombre, hermana!
+dijo don Diego.
+
+Doña Isabel cayó de rodillas, y don Diego, aprovechando aquella ocasion,
+salió y cerró la puerta dejando á las dos mujeres encerradas con Yaye.
+
+Poco despues, y al mismo tiempo que entraba un médico anciano en la
+habitacion donde estaba Yaye, salian de Granada á caballo y á la ligera,
+don Diego de Válor, su hermano don Fernando y Miguel Lopez, acompañados
+de algunos lacayos armados á la gineta.
+
+
+
+
+CAPITULO VIII.
+
+¡El emir se ha perdido!
+
+
+El médico declaró que la enfermedad de Yaye era peligrosa, y que se
+necesitaba sumo cuidado, gran reposo para el enfermo, y sobre todo la
+ayuda de Dios.
+
+Lo primero que hizo doña Elvira, cuidando de que Yaye tuviese todo el
+reposo necesario, fue sacar del subterráneo á doña Isabel.
+
+Esta se encontraba en el estado mas terrible en que podia encontrarse
+una mujer.
+
+Lo que primero la aterraba era el estado de Yaye; despues el crímen que
+habia comprendido meditaban sus hermanos contra Miguel Lopez, luego, en
+fin, los zelos.
+
+Los zelos, porque habia adivinado en un solo momento que su cuñada doña
+Elvira amaba á Yaye.
+
+Ella le amaba tambien; habia sacrificado su cuerpo pero no su amor: no
+podia confesarle ante los hombres, pero podia guardarle en el fondo de
+su alma, como en un santuario.
+
+Doña Elvira se habia abrogado enteramente el cuidado del enfermo: es
+cierto que doña Isabel no podia estar junto á él ¿pero acaso, doña
+Elvira no era tambien una mujer casada?
+
+¿Acaso no amaba á Yaye?
+
+Porque doña Isabel con ese delicado instinto de la mujer que ama, habia
+comprendido á primera vista que doña Elvira amaba á Yaye.
+
+Ella le hubiera asistido con la pureza de un ángel.
+
+Y sobre todo lo que mas importaba á doña Isabel en aquellos momentos era
+su vida.
+
+Sin embargo ni una palabra dijo á doña Elvira.
+
+Ni una sola vez la preguntó por el estado del enfermo.
+
+Aquella noche el anciano Abd-el-Gewar, llegó á la puerta de la casa y
+llamó.
+
+Abriéronle y preguntó por don Diego.
+
+Dijéronle que habia salido á un corto viaje.
+
+Entonces preguntó por un caballero que aquella mañana habia entrado en
+la casa.
+
+Contestáronle que habian entrado muchos caballeros, y que nada le podian
+decir.
+
+Al dia siguiente Abd-el-Gewar llamó de nuevo y pidió hablar con doña
+Elvira: fue introducido.
+
+Doña Elvira contestó á sus preguntas que nada sabia de tal persona.
+
+Abd-el-Gewar escribió inmediatamente al emir.
+
+«Poderoso señor: tu hijo ha desaparecido el mismo dia del casamiento de
+doña Isabel de Válor con Miguel Lopez: no sé nada de su paradero, pero
+le busco de una manera incansable: suceden cosas extrañas. Don Diego y
+don Fernando de Válor, han salido con Miguel Lopez ayer por la mañana y
+á la ligera, sin que se sepa á donde han ido. Doña Isabel ha quedado
+casa de su hermano don Diego. No me atrevo á moverme de Granada: espero
+tus órdenes. Mi esclavo Kaid dice que tu hijo entró ayer casa de don
+Diego, pero que no sabe si ha salido ó no, por que estuvo apartado de la
+casa algun tiempo. Guárdete Allah:--tu vasallo Abd-el-Gewar.»
+
+A los tres dias recibió el anciano la contestacion siguiente:
+
+«Noble y virtuoso Abd-el-Gewar: don Diego y don Fernando de Válor han
+cometido un crímen contra su cuñado Miguel Lopez: los tengo en mi poder
+y espero saber de ellos el paradero de mi hijo: en cuanto á este tengo
+formado mi plan: te envio diez de mis monfíes que mas conocimiento
+tienen de la ciudad para que indaguen su paradero; este y el asesinato
+de Xerif-ebn-Aboó es obra de ese bandido miserable de ese don Diego de
+Válor; ¡Ay de él si muere mi hijo!
+
+
+
+
+CAPITULO IX.
+
+En que se sabe lo que hicieron con Miguel Lopez don Diego y don Fernando
+de Válor.
+
+
+Retrocedamos al momento en que los dos hermanos y Miguel Lopez salieron
+de Granada.
+
+Los tres ginetes, acompañados de cuatro lacayos tomaron á buen paso el
+camino de las Alpujarras: al llegar al Suspiro-del-Moro, don Diego de
+Córdoba revolvio el caballo y miró á la distante ciudad.
+
+--¡Granada! ¡Granada! exclamó: hace cincuenta y cinco años, se detuvo en
+este sitio el cobarde Boabdil y lloró por que te habia perdido: hoy me
+vuelvo yo para jurarte que si Dios me ayuda y á despecho de mis
+enemigos, tú volverás á ser la ciudad querida del Profeta, y yo... yo
+seré tu rey.
+
+--¡Hum! dijo Miguel Lopez, que estaba de muy mal humor; creo, hermano,
+que os olvidais muy pronto del poder del emir de las Alpujarras.
+
+--¡Ah! ¡el emir de los monfíes! ¿y creeis que el emir tenga mas poder
+que yo?
+
+--¡Si!
+
+--¿En qué os fundais?
+
+--En que él manda y vos le obedeceis. Y sino ¿por qué hemos abandonado
+tan de improviso á Granada...? ¿por qué vagan allá entre las faldas de
+la sierra, como cabras sueltas, ciertos hombres, que Dios me confunda
+sino son gente que tienen mas de una razon para temer á las justicias de
+las villas y á los cuadrilleros de la Santa Hermandad? ¿y para qué sino
+habeis hecho que se adelante uno de vuestros lacayos?
+
+[imagen: ¡Señor! ¡Señor! ¡mi salvacion por su vida!]
+
+--En cuanto á lo primero, Miguel, ya sabeis que hay momentos en que nos
+vemos obligados á doblegarnos: el edicto del emperador ha exasperado los
+ánimos: en Granada ya sabeis que no puede hacerse nada sin que lo noten
+la Inquisicion y la chancillería, cuyos alguaciles y espias tienen
+siempre los ojos puestos en nuestras casas, los oidos donde quiera pueda
+levantarse la voz de un morisco. El golpe vendrá de afuera, de las
+Alpujarras: mañana, pasados dos dias... ¿quien sabe si esta misma noche?
+puede acercarse un ejército á los muros de Granada, penetrar en ella,
+sorprendiendo el descuido de los cristianos que nos creen puestos en
+temor, y arrebatarles la ciudad. Por lo mismo y puesto que el emir (que
+ahora es el que cuenta con mayor poder) nos ordena que nos presentemos á
+él, nos es forzoso obedecer. Si, como decis, vagan monfíes en las
+próximas quebraduras, esto nos indica que nuestro viaje acaso no será
+muy largo, y en cuanto á lo de haber mandado á un lacayo que se
+adelantase, ya sabeis que cuando se quiere tener lecho y comida en una
+venta de las Alpujarras es necesario prepararlo de antemano.
+
+--Si, si, dijo Miguel Lopez que no habia perdido enteramente su
+desconfianza; ya sé que habeis cursado algunos años en Salamanca, que
+sois muy letrado y que para todo encontrais una buena salida. Pero os
+advierto que si pensais hacerme una traicion...
+
+--¿Que decís Miguel? exclamó don Fernando de Válor con acento
+amenazador, porque, mas jóven que su hermano y menos sufrido, no sabia
+contenerse como él: ¿sabeis, amigo mio, que no parece sino que vos sois
+nuestro señor y nosotros unos miserables esclavos obligados á sufrir
+vuestras insolencias, y que ya se me va acabando el sufrimiento?
+
+--Pues aunque se os acabe de una vez, mi buen hermano, dijo Miguel
+Lopez, os advierte que voy prevenido, y que no os será tan fácil dar
+cuenta de mi para dejar á vuestra hermana viuda.
+
+--¿Es decir, exclamó don Fernando, desatendiendo una significativa
+mirada de su hermano, es decir que creeis que os hemos sacado fuera de
+Granada para asesinaros?
+
+--Todo pudiera ser.
+
+--¡Ira de Dios! exclamó don Fernando poniendo mano á su espada y
+lanzando su caballo hácia Miguel Lopez, que desnudó á su vez.
+
+Don Diego se interpuso.
+
+[imagen: Brilló un relámpago, y vió que los que le acometian eran
+Monfíes.]
+
+--¿Estais locos? exclamó; mi hermano no ha comprendido todavía, Miguel,
+que sois un hombre intratable, y que el miedo de que hagan con vos, lo
+que vos seriais capaz de hacer con otro y lo que acaso mereceis, os
+turba la razon y os hace decir locuras: ¿para qué diablos habíamos de
+haberos casado con nuestra hermana si pensásemos en mataros?
+
+--¡Hum! pronunció Miguel Lopez con desconfianza.
+
+--Por lo mismo que con vos no se puede hablar sin peligro, añadió don
+Diego, os advierto que durante la jornada no os dirigiremos ni mi
+hermano ni yo una sola palabra. Envaina tu espada, Fernando; envaina la
+vuestra Miguel, y marchad detrás, delante, ó á nuestro lado, como mejor
+os convenga; espero en Dios que pronto nos conocereis mejor y que nos
+ahorraremos estas desagradables contestaciones.
+
+--¡Hum! repitió Miguel Lopez; y envainando su espada, echó su caballo
+por un costado del camino. Don Fernando envainó á su vez y siguió por el
+centro del camino al lado y á la derecha de su hermano.
+
+Y asi, en ese silencio forzado y hostil de personas que se ven obligadas
+á estar juntas y no se encuentran en buena inteligencia, siguieron
+caminando á buen paso. Este silencio no se interrumpía sino de tiempo en
+tiempo por la voz de alguno de los ginetes que alentaba á su caballo,
+por el cantar de algun romance morisco que entonaba don Fernando,
+justificando aquel antiguo proverbio que dice que _cuando el español
+canta, ó rabia ó no tiene blanca_, ó cuando, encontrándose nuestros
+viajeros con alguna recua, les saludaban los traginantes quitándose
+respetuosamente el sombrero y les decian:
+
+--Dios guarde á vuesamercedes.
+
+A lo que don Diego contestaba con esa benévola altivez de los grandes:
+
+--¡Vaya con Dios la gente honrada!
+
+Fuera de estos casos no se pronunciaba una sola palabra.
+
+Pero aunque no se hablaba, cada cual iba revolviendo dentro de sí una
+máquina de pensamientos: en particular don Fernando, á quien su hermano
+no habia tenido ocasion de comunicar sus proyectos respecto á su cuñado
+mas que por algunas rápidas palabras, ansiaba que una casualidad
+cualquiera le pusiese en la posibilidad de dar una buena estocada á
+aquel Miguel Lopez tan zafio, tan grosero, tan violento, y que, de una
+manera tan extraña para don Fernando, porque no conocia los secretos de
+su hermano, se habia introducido en la familia.
+
+Asi silenciosos y mohinos, habiendo invertido todo el dia en la jornada,
+llegaron cerca de Orgiva á una venta situada en el recodo de un camino y
+flanqueada por altas y peladas rocas.
+
+El sol tocaba al horizonte y su dorada y lánguida luz se perdia á lo
+lejos bajo las frondas de un espeso olivar que se veia en el fondo de un
+pequeño valle, entre una abertura de las breñas; al occidente,
+recortando fuertemente sobre el rojo color del cielo su oscura silueta
+se veian Orgiva y su castillo: por el opuesto lado la vista se detenia
+ante un monte cubierto enteramente de naranjos y limoneros.
+
+Parecia que la venta se habia buscado exprofeso, oculta, por decirlo
+asi, en un recodo de un camino pendiente y en un seno de la montaña. Por
+todas partes se veian breñas: oíase en ellas el áspero graznar de las
+águilas que anidaban en las cimas, y á lo lejos el ruido de la violenta
+corriente del río de Orgiva.
+
+El lacayo, que habiéndose adelantado, esperaba á la puerta de la venta á
+su señor, se acercó y le tuvo el caballo; al mismo tiempo el ventero,
+mozo fornido y de mala catadura, adelantó sombrero en mano.
+
+--Bien venidos sean vuestras señorías á mi casa, dijo el ventero; este
+buen mozo, añadió señalando al lacayo, me ha avisado de antemano y nada
+falta.
+
+Pareció como que se cruzaba una mirada de inteligencia, pero rápida y
+casi imperceptible, entre don Diego y el ventero.
+
+--¿Decís que nada falta? preguntó don Diego.
+
+--Nada de cuanto se me ha pedido, contestó con desenfado el ventero: es
+verdad que ha sido necesario ir á buscarlo algo lejos; pero ello es que
+nada falta, nada.
+
+--¿Y qué quiere decir que nada falta? dijo Miguel Lopez con recelo.
+
+Miró fijamente el ventero al que le preguntaba.
+
+--No faltan ni buen lecho, dijo, ni buena cena, ni buen aposento: ¿qué
+mas quiere tener el hidalgo en medio de un camino?
+
+--Menos palabras y mas obras, contestó siempre con su tono agresivo
+Miguel Lopez, y puesto que teneis buena cama, y buena cena, dadnos
+cuanto antes de cenar á fin de que cuanto antes podamos dormir.
+
+El ventero desapareció hácia el interior y los lacayos desaparecieron
+con él, sin duda para ayudarle en los preparativos.
+
+--¿Sabeis lo que pienso Miguel? dijo don Fernando.
+
+Miró con atencion y descaro Miguel Lopez al jóven como diciéndole:
+
+--¿Y bien qué pensais?
+
+--Pienso, continuó don Fernando, que despues de las villanas sospechas
+que habeis concebido acerca de nosotros, no debemos permitir que durmais
+en el aposento en que nosotros durmamos.
+
+--¡Eh! ¡tanto me da!
+
+--¡Si insistís!
+
+--Creo que he hecho muy mal en salir de Granada.
+
+--¡Os afirmais, pues, en vuestras dudas! pues bien: dormireis en
+aposento aparte... ó si os place mejor... Orgiva está cerca; en ella
+teneis, no solo conocidos y amigos, sino parientes: seguid hasta Orgiva,
+si os place: pero si tal haceis, os rogamos que no digais á alma nacida
+que paramos en esta venta: cuando se anda en empresas arriesgadas toda
+precaucion es poca.
+
+--Me quedo, dijo Miguel á quien sin duda daba vergüenza llevar el temor
+hasta el extremo.
+
+--Pues si os quedais, tomad aposento aparte.
+
+--Le tomaré.
+
+--Entonces, pues, no hablemos mas, y como creo que la cena nos espera
+entremos y cenemos.
+
+Entraron y en el fondo del zaguan en un cenador que daba á un huerto, se
+sentaron alrededor de una mesa servida, y asistidos por los lacayos y
+por el ventero, empezaron á cenar en silencio.
+
+Concluida la cena cada cual se retiró á su aposento.
+
+La venta quedó envuelta en el mas profundo silencio.
+
+Avanzó la noche.
+
+A las ánimas tocaban las campanas de la iglesia de la cercana villa de
+Orgiva, cuando el mismo ventero que tan ligeramente hemos descrito, se
+levantó de junto á una mesa sobre la cual habia estado dormitando hasta
+entonces, ocultó la lámpara de hierro que le alumbraba, y en paso
+recatado atravesó el zaguan, abrió la puerta de la venta, la cerró de
+nuevo, atravesó el camino en direccion opuesta á Orgiva, y muy pronto se
+encontró marchando á largo paso entre las quebraduras.
+
+Trepaba por uno de esos barrancos que suben por las faldas de las
+montañas y que al fin se extinguen, se pierden, se borran, acabando en
+punta, como si fueran un pliegue del terreno; cuando llegó á la parte
+media se detuvo en la oscura grieta de una caverna, y lanzó un silbido
+tan leve como el de una culebra.
+
+A aquel silbido contestó otro en el interior.
+
+--¡Ah! ¿estais ya ahí? dijo el ventero.
+
+--Si, si, pardiez, Reduan, dijo una voz áspera: y no alcanzamos por qué
+razon nos has hecho esperar en la cueva, cuando hubiéramos estado mucho
+mejor en la venta.
+
+--Cada cual sabe lo que se hace, contestó el llamado Reduan. ¿Cuántos
+sois?
+
+--Seis, que creo que bastamos para cualquier empeño de honra. ¿De qué se
+trata?
+
+--De ganar cien doblones, dijo Reduan, á quien habian rodeado seis
+sombras que debian ser la de seis membrudos cuerpos de monfíes.
+
+--¿Y qué hay que hacer para ganar esos cien doblones? dijo uno de ellos.
+
+--¡Poca cosa! matar un hombre.
+
+--¡Ah! ¡pues si no es mas que eso...! ¿y donde está ese hombre?
+
+--En mi casa.
+
+--¡Ah! ¿es acaso el hombre que acompañaba hoy por el camino á don Diego
+y á don Fernando de Válor?
+
+--El mismo. Pero tú debes conocer á ese hombre, Farix, añadió Reduan
+dirigiéndose al que habia hablado.
+
+--Si por cierto; es el renegado Miguel Lopez, á quien tengo grandes
+deseos de antecoger delante de mi ballesta. Es un traidor.
+
+--¿Y cómo sabeis vosotros que Miguel Lopez acompañaba á don Diego y á
+don Fernando de Válor?
+
+--Esta mañana el wali Harum nos ordenó en nombre del poderoso emir, que
+observásemos el camino, sin dejar de reparar si iban ó venian golillas,
+hidalgos ó soldados.
+
+--Es verdad: se nos aprieta tanto por ese endiablado rey de España, que
+será necesario romper por todo y hacer lagos de sangre cristiana para
+bañarnos en ella. Dia llegará en que... pero por ahora pensemos en
+nuestro negocio: el asunto de que se trata es un asunto particular de
+don Diego de Córdoba y de Válor. Ya sabeis que es pariente del emir, y
+que estamos obligados á servirle, sobre todo, cuando tan bien lo paga.
+
+--Es muy justo.
+
+--Pero importa que nadie sepa que le hemos servido. Ya sabeis que el
+emir castiga á sangre toda muerte que se hace, como no sea en combate ó
+por órden expresa.
+
+--¿De modo que á don Diego le estorba ese renegado?
+
+--Algo debe de haber: lo que yo sé es que á media tarde llegó un lacayo
+de don Diego y me dió una carta: aquella carta decia en arábigo: «Es
+necesario que, para servicio de Dios y del emir, tengas prevenidos para
+esta noche algunos de los monfíes mas valientes que se encuentren por
+los alrededores.» Os avisé. Despues llegaron don Dieg, don Fernando y
+Miguel Lopez. Cenaron, y luego Miguel Lopez se encerró en un aposento
+aparte y en otro los dos hermanos. Los lacayos se fueron al pajar: yo
+entonces subí al aposento de don Diego por la ventana del cuarto, segun
+me lo habia dicho don Diego, aprovechando un descuido del Lopez, que se
+muestra muy receloso, y cuando estuve dentro me dijo que os ofreciera
+cien doblones por matar un hombre y que, si consentiais, os llevase al
+huerto y que él mismo hablaria con vosotros. Puesto que consentís
+seguidme.
+
+Los monfíes siguieron en silencio á Reduan, descendieron á una rambla y
+á través de algunas quebraduras llegaron á las bardas de un huerto, y
+uno tras otro las saltaron con la agilidad y el silencio del gato
+montés.
+
+Apenas habian desaparecido entre las quebraduras, cuando salió de la
+cueva otro hombre que, sin duda, habia estado oculto en su fondo entre
+las tinieblas, por lo que los monfíes no habian reparado en él.
+
+--¡Oh! ¡oh! dijo aquella sombra: se trata de un asesinato infame. Pues
+bien, es necesario impedir ese crímen.
+
+ * * * * *
+
+Y se puso en seguimiento de los monfíes, pero á larga distancia y
+recatándose.
+
+ * * * * *
+
+Miguel Lopez, entre tanto, velaba, entregado á encontrados pensamientos;
+parecíale por una parte que su recelo era infundado: por otra un secreto
+instinto le decia que desconfiase, y entre seguridad y desconfianza,
+llegó hasta las ánimas sin acostarse, dando paseos á lo largo del
+aposento y lanzando de tiempo en tiempo una feroz mirada á los
+pedreñales (pistolas se llaman ahora), que tenia sobre la mesa.
+
+Pero acordóse una y cien veces que tenia sujeto á don Diego por medio de
+prendas que podian perderle; que para atentar á su vida no hubiera
+esperado á hacerle esposo de su hermana, y sobre todo, que despues del
+aprieto en que ponia á los moriscos el edicto del emperador, nada tenia
+de extraño que el emir de los monfíes hubiese llamado al morisco mas
+influyente de Granada, y que este morisco, es decir, don Diego, se
+prestase dócil y aun voluntariamente á obedecer las órdenes del emir.
+
+Estos pensamientos le tranquilizaron algun tanto: dilatáronse las
+profundas rugas que hasta entonces habian plegado su frente, y su
+imaginacion tomó un rumbo distinto. Acordóse de su desposada, de la
+hermosa doña Isabel, de quien tan brúscamente habia sido separado:
+representóse en su imaginacion la alegre fiesta de bodas que
+indudablemente hubiera tenido lugar aquella misma noche, á no haber
+mediado el urgente mandato del emir de los monfíes. Sucesivamente fueron
+pasando por su imaginacion cien tentadoras imágenes, cien esperanzas
+defraudadas por el acaso, ese eterno burlador de la dicha humana;
+suspiró ruidosamente, y, no teniendo otra cosa que hacer, se recogió al
+lecho, y perdido de todo punto su recelo, reconcentró su pensamiento en
+el recuerdo de doña Isabel, y poco despues dormia y soñaba.
+
+Pasaron una, dos, tres horas. La luz del belon que habia dejado el
+ventero, empezó á debilitarse falta de pábulo; osciló algunos momentos y
+al fin se apagó.
+
+Luego solo se oyó el poderoso aliento producido por el pecho de toro de
+Miguel Lopez, que continuaba durmiendo.
+
+Si no hubiera dormido tan profundamente, hubiera podido percibir cierto
+leve murmullo de voces que hablaban juntas, que cesaban, que volvian á
+escucharse, que se acercaban, que se alejaban. Hubiera percibido, al
+fin, los pasos de una persona que se acercaba recatadamente, que se
+detenia junto á la puerta y escuchaba, retirándose despues: hubiera
+oido, por último, unos pasos mas fuertes que cesaron delante del
+aposento; luego ruido de pisadas de caballo y cierto tráfago en la parte
+baja de la venta: pero Miguel Lopez nada de esto oyó, y fue necesario
+que diesen sobre la puerta tres fuertes golpes para que despertase.
+
+--¡Voto á mil legiones! exclamó; me han quitado el sueño mas hermoso del
+mundo; como que me figuraba que...
+
+Miguel Lopez concluyó con un ruidoso suspiro estas frases que habia
+pronunciado medio dormido, y luego, notando que la luz se habia apagado,
+se levantó de un salto, tomó á tientas uno de los pedreñales que habia
+puesto sobre la mesa, y dijo con voz ronca y amenazadora:
+
+--¿Quién va?
+
+--¿Quién ha de ir ni venir? dijo detrás de la puerta la voz de don Diego
+de Válor: vestios pronto hermano, que suceden grandes cosas.
+
+--¡Ah! ¿sois vos, don Diego? dijo dejando el pedreñal sobre la mesa
+Miguel Lopez; pues bien, creo que puedan suceder grandes cosas y que sea
+necesaria gran diligencia; pero si quereis que me vista pronto, entrad y
+dadme luz: la mia se ha apagado.
+
+Abrió la puerta el morisco, y don Diego entró con una vela de sebo
+encendida, puesta en una palmatoria de barro cocido.
+
+--¿Qué hora es, hermano? preguntó soñoliento Miguel Lopez.
+
+Don Diego sacó de entre su ropilla un enorme reloj de oro semiesférico,
+objeto de gran lujo en aquel tiempo, y dijo consultando la muestra:
+
+--Las doce y veinte minutos.
+
+--¿Y podemos fiarnos de ese embeleco?
+
+--Como que está fabricado en Bruselas, y es mas seguro que la máquina de
+la torre de Santa María de la Alhambra.
+
+--En efecto, muy grave debe de ser el asunto que nos hace madrugar
+tanto, dijo Miguel Lopez atacándose los gregüescos.
+
+--Como que tenemos encima al emir.
+
+--¡El emir!
+
+--Sí, el emir con seis mil monfíes, que adelanta hácia Granada, á la que
+piensa llegar antes del amanecer.
+
+--¡Diablo! ¡diablo! ¿es decir que hoy mismo tendremos batalla?
+
+--Es mas que seguro; por lo mismo importa que nos preparemos cuanto
+antes: en Cádiar hay un capitan del rey con algunos soldados y un
+alcalde con treinta cuadrilleros: es necesario sorprender á esa gente
+para que no puedan dar aviso á Granada y prevenir á nuestros enemigos.
+Asi, pues, acabaos de ajustar las agujetas del jubon y á caballo.
+
+--¿Os ha enviado algun correo el emir? dijo Miguel Lopez acabándose de
+apretar las hevillas de las espuelas.
+
+--Sí, sí por cierto; me ha enviado uno de sus walíes.
+
+--¿Y dónde está ese walí?
+
+--Ha partido con toda diligencia á poner en armas las taifas de monfíes
+de la taha de Lanjaron, donde tambien hay gente del rey.
+
+--Pero os habrá dejado á lo menos un guia.
+
+--No, pero me ha avisado el lugar donde podré encontrar al emir.
+
+--¿Y qué lugar es ese? dijo Miguel Lopez saliendo con don Diego de la
+habitacion.
+
+--A un tiro de arcabuz de Orgiva, en el lecho del rio.
+
+--Vamos, pues.
+
+Por prudencia, segun creia Miguel Lopez, no hablaron ni una palabra mas.
+Bajaron tranquilamente las escaleras, don Diego pagó el gasto al fingido
+ventero, y él, Miguel Lopez y don Fernando de Válor, montaron en los
+caballos que les tenian los criados, y seguidos de estos, tambien á
+caballo, salieron de la venta y tomaron ostensiblemente el camino de
+Orgiva.
+
+La noche era un tanto clara, y lo hubiera sido enteramente merced á la
+luna, á no ser por los densos nubarrones que cruzaban el espacio: de
+cuando en cuando se veia lucir un relámpago en lontananza, allá entre
+las profundas quebraduras, y empezaban á escucharse truenos lejanos.
+
+--Famosa noche ha elegido el emir para su empresa, dijo Miguel Lopez que
+caminaba delante, y que al parecer habia perdido hasta la última sombra
+de recelo.
+
+--Guardad silencio, hermano, dijo don Diego, que no sabemos quién puede
+escucharnos, y aguijad vuestro caballo á fin de que lleguemos pronto.
+Hasta que nos encontremos al lado del emir y entre los monfíes, nos
+hallamos en peligro.
+
+Y para dar el ejemplo, don Diego aguijó su caballo y pasó adelante.
+
+Los tres ginetes y los lacayos siguieron marchando en silencio.
+
+A poca distancia de la poblacion, don Diego revolvió su caballo y empezó
+á descender por un oscuro sendero, perdido en la penumbra de un profundo
+barranco, formado por la abertura de dos montañas; á medida que
+adelantaban se percibia mas distintamente el ronco ruido de la corriente
+del rio de Orgiva, corriente rapidísima á causa del gran desnivel del
+terreno; el fondo del barranco, por el centro del cual corria, saltando
+entre las breñas, un arroyo, se iluminaba de tiempo en tiempo por la
+brillante y fugitiva luz de un relámpago.
+
+Hallábanse á la mitad de la garganta, cuando, de repente, el caballo de
+don Diego se detuvo, lanzó un relincho agudo y resistió á la espuela.
+
+--Debemos estar cerca del emir, dijo Miguel Lopez; vuestro caballo
+siente las yeguas.
+
+--¡Callad! ¡callad en nombre de Dios! exclamó don Diego; callad y
+detened vuestros caballos.
+
+--¿Pues qué sucede? dijo Miguel Lopez.
+
+El zumbido de un venablo que pasó cortando el aire por cima de las
+cabezas de nuestros personajes, fue la contestacion que obtuvo Miguel
+Lopez: don Diego, su hermano y los lacayos, se habian lanzado con las
+espadas desnudas en la direccion que parecia haber traido el venablo.
+
+--¡Ah! ¡Dios de Dios! exclamó Miguel Lopez, echando mano á sus
+pedreñales; esta es, sin duda, ó una traicion de esos miserables, ó un
+mal encuentro con bandidos: pues bien, es necesario vender cara nuestra
+vida.
+
+Y apeándose del caballo, porque el terreno era mas á propósito para
+defenderse á pié que cabalgando, llevó al animal hasta una breña y se
+parapetó con el.
+
+Pero apenas habia tomado posicion, cuando nuevos venablos pasaron
+silbando, y el caballo cayó desplomado, como si le hubieran herido en el
+corazon ó en la cabeza.
+
+Miguel Lopez no tuvo tiempo mas que para disparar uno de sus pedreñales
+sobre algunos bultos, al parecer de hombres, que adelantaban rápidamente
+hácia él, saltando por cima de las quebraduras.
+
+En aquel momento brilló un relámpago y Miguel Lopez vió que los que le
+acometian eran monfíes.
+
+Pero tambien vió, antes de que se extinguiese la rápida llamarada del
+fuego, que uno de aquellos hombres habia saltado sobre su terreno y
+caido herido por una saeta, cuyo silbido parecia marcar que quien la
+habia disparado estaba á espaldas de Miguel Lopez, y frente á los
+monfíes.
+
+La suerte de su compañero irritó á los monfíes, que se lanzaron dando
+alaridos de rabia sobre Miguel Lopez: este no tuvo tiempo de ver mas;
+sintió sobre sí aquellos hombres, luego la aguda punta de sus puñales en
+el pecho y se desmayó.
+
+ * * * * *
+
+Cuando volvió en sí se encontró fuertemente vendado y postrado en un
+lecho en un lugar extraño.
+
+El espacio en que se encontraba era un aposento cuadrado, abovedado
+segun las líneas de la arquitectura árabe, y revestido de una argamasa
+reluciente, á la que el tiempo habia dado un color gris negruzco.
+
+En aquel espacio no habia mas muebles que un arcon pintado de negro, una
+mesa de nogal y dos sitiales. Sobre la mesa habia un belon de cobre, dos
+de cuyos mecheros encendidos, alumbraban todo lo que hemos descrito:
+ademas, sobre aquella mesa habia un crucifijo negro, algunos libros en
+folio, y yerbas, trapos blancos, hilas, vasijas y redomas.
+
+Nada mas habia en esta habitacion, ni Miguel Lopez pudo reparar en todo
+esto, á causa del estado de desvanecimiento y de debilidad en que se
+encontraba.
+
+Reparó, si, que estaba absolutamente solo, que no se percibia ruido
+alguno, y que aquella habitacion no tenia otro respiradero que una
+puerta estrecha, de arco de herradura, en la cual empezaba una escalera
+que ascendia.
+
+Aquel espacio era sin duda un subterráneo.
+
+La perplejidad mas natural, el temor mas lógico, asaltaron la
+imaginacion de Miguel Lopez: á causa de la debilidad en que le habian
+constituido sus heridas, apenas recordaba confusamente lo que le habia
+acontecido antes de acometerle los monfíes: la primera pregunta que se
+hizo á sí mismo, fue la de quién le habia herido, y quién le habia
+llevado allí.
+
+Pero como no veia persona alguna que aclarase sus dudas, pretendió salir
+de ellas provocando la llegada de alguno.
+
+--¡Ah de casa! exclamó; pero con acento tan débil que hubiera sido
+imposible oirle á pocos pasos de distancia.
+
+El esfuerzo que hizo para hablar le causó un dolor agudo en el pecho.
+
+--¡Ah! murmuró. ¡Alma del diablo! ¡pues estoy herido y no como quiera,
+sino gravemente! ¡herido en el pecho...! ¿y quién ha podido herirme?
+
+Hizo un esfuerzo Miguel Lopez para evocar sus recuerdos y como los
+recuerdos obedecen á la voluntad, y la voluntad de Miguel Lopez era
+poderosa, lentamente fueron eslabonándose sus ideas y al fin recordó de
+todo punto lo que le habia acontecido.
+
+--¡Los miserables! exclamó: ¡si, si! ¡no hay duda! ¡ellos han sido! Esta
+mañana han pasado en aquella casa cosas extrañas: el mancebo que se
+presentó á don Diego, segun me dijo Ayala... aquel hermoso mancebo que
+ha sido amante de doña Isabel... y luego el pretexto de don Diego de que
+nos llamaba el emir... nuestra detencion en una venta sospechosa... y
+despues los monfíes... si, si, ellos han sido... ellos que me han sacado
+de Granada para asesinarme... ¿pero cómo se ha atrevido don Diego,
+sabiendo que tengo en mi poder pruebas que pueden perderle...? ademas,
+¿quién me ha traído aquí...? ellos no deben de haber sido: hubieran
+acabado de asesinarme... ¿los monfíes? los monfíes no se hubieran tomado
+el trabajo de curarme las heridas. ¿Quién ha sido, pues?
+
+Este razonamiento, demasiado largo para el estado en que se encontraba
+Miguel Lopez, le desvaneció, volvieron á embrollarse sus ideas y recayó
+en su postracion.
+
+En medio de ella notó el ruido de los pasos de una persona que descendia
+por la escalera que empezaba en la puerta: luego vió brillar una luz
+sobre la argamasa abrillantada del muro, y al fin descendió y entró en
+la habitacion un hombre.
+
+Todo esto lo veia de una manera fantástica, por decirlo asi. Aquel
+hombre era alto, esbelto y vestia un trage de campaña castellano:
+acercóse levemente al lecho y examinó con una fria atencion al herido.
+
+Luego fue á la mesa, tomó una taza que habia sobre ella é hizo beber
+algunas gotas de su contenido á Miguel Lopez.
+
+Este sintió calmarse la ardiente sed que le devoraba, y haciendo de
+nuevo un poderoso esfuerzo de voluntad, logró fijar sus ideas y ver
+claro.
+
+Entonces pudo hacerse cumplidamente cargo de la persona que habia
+entrado en el aposento.
+
+Era un hombre alto, esbelto, fuerte, ágil, moreno, con grandes ojos
+negros, cabellos ensortijados y barba escasa y corta: á primera vista
+podia decirse que no era español, ni menos morisco: diferencias
+esenciales de raza lo demostraban; su mirada era móvil, astuta,
+recelosa, en contraposicion de la fija penetrante y franca mirada de los
+hombres oriundos de Arabia: su color no era el moreno y pálido color de
+los hijos de esta raza, sino un moreno dorado, encendido, vigoroso; su
+frente, un tanto deprimida, sus cejas sutiles, el óvalo de su rostro
+demasiado prolongado, todo demostraba en él un extranjero.
+
+En cuanto á su vestido ya hemos dicho que pertenecia á la moda de los
+hidalgos castellanos, aunque se notaban en él algunas singularidades:
+llevaba en la cabeza una gorra de paño color de hoja seca, plegada al
+lado izquierdo por un herrete de acero; debajo de un capotillo casi
+burdo en el exterior y forrado en el interior por pieles blancas de
+cordero, llevaba un coleto de ámbar exactamente igual á los que usaban
+por aquel tiempo los soldados de los tercios viejos de España: este
+coleto estaba sujeto en la cintura por un talabarte de cuero de Córdoba,
+color de avellana, de dobles tirantes, del que pendia una espada corta y
+ancha y un puñal á la derecha; pendiente del mismo talabarte, llevaba á
+manera de limosnera una bolsa de piel de zorra; los gregüescos eran de
+paño de igual color y calidad que el de la gorra, sin cuchilladas, lazos
+ni adornos, y por último, sus fuertes calzas atacadas de lana azul,
+estaban cubiertas, desde sus piés y hasta media pierna, por unas abarcas
+y los ligamentos de estas.
+
+Este hombre parecia contar cuando mas, á juzgar por las apariencias,
+cuarenta años; se desprendia de él un no sé qué de noble y poderoso, y
+su trage le sentaba á las mil maravillas.
+
+Observó profundamente al herido, y como viese que Miguel Lopez hacia
+esfuerzos por hablar, le dijo con esa voz llena de autoridad de los mas
+fuertes, y con marcado acento extranjero, aunque en buen castellano:
+
+--Os prohibo que hableis: en ello os va la vida: reposad.
+
+Y sin decir mas, se separó del lecho, tomó un taburete, le puso junto á
+la mesa, se sentó dando la espalda á Miguel Lopez, tomó uno de los
+libros en folio que habia sobre la mesa y se puso á leer.
+
+Quien hubiera arrojado una ojeada sobre aquel libro, hubiera visto que
+era una magnifica copia en latin de la Santa Biblia, y que el extranjero
+leia en ella un pasaje del libro de Job.
+
+Era aquel el pasaje en que Dios arrebata á Job sus hijos.
+
+Durante mucho tiempo, Miguel Lopez estuvo contemplando con ansiedad al
+extranjero, que leia en silencio, y sin atreverse á hablarle, puesto en
+temor por la autoridad de su palabra y por lo grave de su pronóstico.
+
+Al fin, como emanado de un lugar distante y á través de los muros, se
+oyó el toque de una corneta: entonces el extranjero cerró la Biblia, se
+levantó, fué al lecho y contempló profundamente al herido, que tenia
+fijos en él los ojos, dilatados á un tiempo por la curiosidad y el
+temor.
+
+--¿Quién sois? dijo Miguel Lopez.
+
+--Nada os importa quien yo sea, contestó el desconocido; pero si os
+importa mucho el reposar: no hableis: tiempo sobrado tendremos de hablar
+mas adelante: el hablar os cuesta un esfuerzo y ese esfuerzo os es muy
+dañoso: estais gravemente herido: esperad: voy á daros una medicina que
+os servirá de mucho.
+
+Dicho esto fué á la mesa, tomó una redoma de vidrio, vertió parte de su
+contenido en un vaso de la misma materia, fué al lecho y dió á beber un
+líquido blanco y un tanto espeso al herido.
+
+Despues se quedó observándole: lentamente se fueron cargando los ojos de
+Miguel Lopez y al fin se durmió.
+
+Entonces el extranjero fué á la mesa y encendió la lámpara con que habia
+venido alumbrándose, á tiempo que sonaba de nuevo y mas de cerca la
+corneta.
+
+--Mucha impaciencia es esa, dijo, y debe suceder algo importante: veamos
+lo que es.
+
+Y trepó por las escaleras, llegó á su fin á una puerta chata, cerrada
+por una sola hoja forrada de hierro mohoso, que el extranjero abrió,
+saliendo á un pasadizo oscuro y abovedado: cerró de nuevo, corrió un
+cerrojo, le afianzó con dos vueltas de una llave que sacó de su bolsa, y
+luego adelantó por la mina, que era tortuosa y á trechos ascendia ó
+descendia: á un lado y otro quedaban otras galerías: al fin se vió una
+claridad fria al fin de la mina, y cuando el extranjero salió de ella,
+entró en una caverna anchurosa, por cuya boca penetraba la luz del alba:
+aquella gruta estaba encubierta y como defendida por una espeso
+robledal, que coronaba la cumbre de una colina.
+
+Entonces se escuchó por tercera vez la corneta, pero de una manera
+vibrante, enteramente perceptible y á poca distancia.
+
+El extranjero apagó la lámpara, la ocultó en una grieta de la caverna y
+sacó de esta grieta un largo arco de acebo y algunas saetas que atravesó
+en su talabarte. Despues salió de la caverna, y tomó á buen paso por un
+sendero estrecho, tortuoso, cubierto de musgo, perdido entre las breñas,
+y que, á poca distancia, penetraba en el robledal.
+
+Muy pronto el incógnito, á gran paso, se internó en el bosque; siguió
+las sinuosidades del sendero, y rodeando una colina, penetró en una
+ancha rambla, cuyo aspecto era terriblemente brabío y selvático.
+
+Un pequeño arroyo la atravesaba é iba á formar en la parte abierta de la
+rambla un pequeño lago, que se perdia pintorescamente entre un bosque de
+mimbres, bañando sus nudosos troncos: alrededor solo se veian rocas
+tajadas, abiertas, como calcinadas por la accion del rayo: las
+asperezas, las peñas que acá y allá brotaban sobre el terreno, como
+excrescencias, estaban cubiertas de musgo, y la arena que servia de
+lecho y se extendia en una estrecha márgen á los lados del arroyo, era
+de color negruzco; lo demás del terreno estaba cubierto por una especie
+de liquen musgoso, en el que resbalaba la planta.
+
+Aquel lugar que parecia destinado á la mas absoluta soledad, estaba
+entonces concurrido por muchos seres humanos, entre los cuales se veia
+un solo caballo; uno de esos caballos pequeños, pero ágiles, fuertes,
+fogosos; un verdadero caballo de montaña.
+
+Las gentes, que en número como de cien personas, ocupaban la parte
+superior de la rambla, eran monfíes: algunos de estos, mas avanzados,
+parecian estar de centinela: al desembocar en la rambla el extranjero,
+uno de los centinelas armó su ballesta, y gritó:
+
+--¡Alto! ¿quién va?
+
+--¿No me habeis llamado? dijo con acento irritado el extranjero ¿porqué
+pues me deteneis con la puntería de vuestras ballestas?
+
+--¡Es el cazador de la montaña! dijo otro de los monfíes.
+
+--Dejadle llegar, dijo una voz breve y al parecer acostumbrada al mando.
+
+Desarmó el monfí su ballesta é hizo seña al extranjero de que
+adelantase: este trepó por las breñas con la agilidad de un gamo, pasó
+de la línea de los centinelas, y llegó á la parte alta de la rambla,
+donde le salió al encuentro un anciano enteramente vestido á la usanza
+mora.
+
+Aquel anciano era Yuzuf, el padre del emir de los monfíes.
+
+El semblante del noble anciano estaba contraido por una sombría
+expresion: dulcificola, sin embargo, á la presencia del incógnito, y
+tendiéndole la mano, le dijo:
+
+--¡Bien venido sea mi amigo el rey del desierto!
+
+--¡Rey! exclamó con sarcasmo el extranjero; el imperio de mis abuelos
+está muy lejos, y en estas regiones no soy otra cosa que tu esclavo, rey
+de la montaña.
+
+--Mi esclavo no, mi hermano, dijo con dulzura Yuzuf ¿acaso no te he
+amparado? ¿no te he procurado un asilo impenetrable en mis dominios? ¿no
+tienes cuanto has menester?
+
+--Sí, todo, todo, menos mi venganza, tras la que ando recorriendo el
+mundo hace diez años.
+
+--No porque tu venganza tarde será menos segura.
+
+--Pero entre tanto ese infame capitan tiene en su poder á mi esposa y á
+mi hija: ¿acaso no has protegido tú á ese infame? ¿acaso no has impedido
+tú que me vengue, que rescate á las prendas de mi alma y vuelva con
+ellas entre los mios, allá al otro lado de los mares donde soy
+verdaderamente rey, rey fuerte, poderoso, y vengador de las desdichas de
+mis abuelos?
+
+--¡Espera!
+
+--Hace un año que estoy esperando desde mi llegada á estas montañas.
+
+--Recuerda que sin mi ayuda, haria tambien un año que dormirias en la
+tumba.
+
+--Es verdad, dijo profundamente el extranjero: mi impaciencia por
+rescatar á las prendas de mi alma, me hizo ser imprudente... recuerdo
+que fuí preso como un ladron, en el momento en que penetraba en la casa
+de ese capitan infame. Recuerdo que me encerraron en un calabozo...
+recuerdo tambien que aquella misma noche entró un hombre en aquel
+calabozo, y me procuró la libertad; pero á cambio de terribles
+condiciones.
+
+--Solo te pedí que dilataras tu venganza: para ello tenia mis razones:
+el capitan Sedeño es uno de mis mejores espías entre los cristianos: me
+sirve de mucho. Yo te he respondido de la honra de tu hija y de la vida
+de tu esposa.
+
+--¡Oh! ¡mi esposa! ¡mi hija! exclamó con acento rugiente el extranjero.
+
+--Han llegado á tal punto las cosas, continuó Yuzuf, que muy pronto me
+hará Sedeño sus últimos servicios: aviseme del dia en que la
+Chancillería, el capitan general y la Inquisicion esten descuidados:
+sorpréndalos yo en sus hermosos palacios de Granada con mis monfíes, y
+entonces ese hombre de quien anhelas con justa causa vengarte, es tuyo:
+entre tanto, espera, Calpuc, espera y ayúdame.
+
+--Y en qué puedo ayudarte, dijo Calpuc, á quien seguiremos dando este
+nombre.
+
+--Revélame lo que has hecho esta noche.
+
+--¡Ah! si, es cierto: ayer recibí un mensajero tuyo con el que me
+avisabas que llegase á esta misma rambla á la media noche. En efecto
+inmediatamente me puse en camino. Cerróme en él la noche; descendia yo á
+buen paso por una montaña en direccion á Cádiar, cuando oi pasos de
+algunos hombres: el sitio era solitario, podia ser funesto un encuentro,
+y habiendo hallado en el barranco por donde descendia una profunda
+gruta, me oculté en ella.
+
+Poco despues los hombres que habia sentido penetraron en la cueva: yo me
+habia retirado al fondo y como no traian antorchas ni luz alguna, no
+pudieron reparar en mí; luego entró un hombre á quien reconocí por la
+voz: era Reduan, el monfí que pasa por ventero en el camino de Orgiva.
+
+--¿Y que sucedió? preguntó nuevamente Yuzuf.
+
+--Aquellos hombres trataron de un asesinato pagado infamemente por
+dinero.
+
+--¿Y como no impedíste ese asesinato, Calpuc? añadió con doble severidad
+el anciano.
+
+--¿Acaso no lo he impedido? ¿acaso Miguel Lopez no está en mi asilo,
+curado y con grandes esperanzas de vida? ¿acaso no han quedado mordiendo
+el polvo en el barranco dos de los asesinos?
+
+--Has obrado como noble y valiente Calpuc: queria saber de tí hasta qué
+punto ha habido traicion contra ese hombre.
+
+--Ha sido un asesinato infame meditado y llevado á cabo por don Diego de
+Válor.
+
+--Cuenta Calpuc que acusas á un pariente mio.
+
+--Lo he oido yo, he seguido paso á paso á los asesinos, arrastrándome
+tras ellos como la serpiente de los bosques de mi patria; he oido el
+crímen y he podido evitarlo: si me hubiera separado de aquellos lugares
+para avisarte, tal vez no hubiera podido impedir la muerte de Miguel
+Lopez.
+
+--¿Y has llegado á conocer el motivo por qué don Diego de Válor queria
+la muerte de ese hombre? dijo el emir mirando profundamente á Calpuc.
+
+--No; solo he oido concertar el asesinato y pagar el dinero.
+
+Quedóse un momento pensativo el emir.
+
+--Ven, dijo al fin, asiendo á Calpuc de la mano.
+
+Y llevándole la rambla arriba, torció una roca tajada y señaló á Calpuc
+una encina seca, cuyas ramas descarnadas se extendian como los múltiples
+brazos de un esqueleto.
+
+Aquella encina por sí sola hubiera inspirado tristeza; pero con las
+adiciones que se notaban en ella causaba horror. Aquellas adiciones
+consistian en siete monfíes ahorcados, del cuello de cada uno de los
+cuales pendia una bolsa, llena al parecer de dinero; algunos otros
+monfíes, con las ballestas afianzadas, guardaban aquel árbol de
+justicia.
+
+--Ahi faltan dos hombres, dijo sombríamente Calpuc.
+
+--¡Don Diego y don Fernando de Válor! ¡es verdad! repuso el emir; pero
+si yo hiciese justicia en esos dos hombres, creerian los moriscos de
+Granada que los habia asesinado por temor. ¿Acaso no sabes que don Diego
+de Córdoba se titula en el Albaicin, en las alquerías de la vega y en
+las tahas de Guadix y del Marquesado del Zenete, rey de Granada?
+
+--¿De modo que has dejado en libertad á esos hombres?
+
+--No, no por cierto: esos hombres tienen que responderme de una vida
+preciosa: de la vida de mi hijo, de la vida del emir de los monfíes.
+
+--¡De tu hijo! ¡se habrán atrevido....!
+
+--¿A qué habia yo de haber avanzado con mis valientes monfíes, casi
+hasta los linderos de la vega, sino por mi hijo? ¿por quién estoy
+resuelto á llevar á sangre y fuego á Granada, sino por él? ¡Oh! ¡si!
+pero ¡por la santa Kaaba! tomaré una venganza horrible de esos hombres
+si mi hijo ha perecido.
+
+--¡Dios vela por los reyes! dijo solemnemente Calpuc.
+
+--Pero á pesar de esto, bueno es que los reyes velen por sí mismos.
+Ahora bien, Calpuc: ¿está el herido en disposicion de contestar á mis
+preguntas?
+
+--Acaso el sueño á que le he dejado entregado restaure sus fuerzas:
+acaso cuando despierte pueda hablar sin peligro.
+
+--Condúceme á donde está ese hombre, Calpuc.
+
+--Eres padre, emir, y comprendo tu ansiedad: sin embarco, tú solo hace
+horas que dudas de la suerte de tu hijo... hace diez años que yo tiemblo
+por la vida y por la honra de mi esposa y de mi hija.
+
+Yuzuf estrechó fuertemente la mano de Calpuc: despues llevó á sus labios
+una pequeña corneta de caza y tocó por tres veces.
+
+Oyeronse entonces en todas direcciones pasos fuertes y acompasados y
+poco despues adelantaron en círculo, y se estrecharon alrededor del
+emir, unos cien monfíes.
+
+--Esos hombres, dijo severamente Yuzuf, señalando á los siete que
+estaban colgados de la encina fatal, esos homdres, vendieron la vida de
+un hombre por dinero: ved lo que he hecho con esos hombres: vedlo y
+escarmentad.
+
+--¡Viva el emir! gritaron en una aclamacion informe los monfíes.
+
+--Que las aves carnívoras los despedacen, añadió Yuzuf: cada uno de esos
+hombres tiene pendiente del cuello el oro vil con que le pagaron su
+crímen; ¡ay de aquel de vosotros que toque á una sola de esas monedas!
+
+--¡Viva el emir! gritaron de nuevo los monfíes.
+
+--A vuestros apostaderos: tú Abd-el-Malek, y cuatro mas, conmigo: ¡Mi
+caballo! ¡Calpuc, á tu caverna! Es necesario que yo hable sin perder un
+momento con Miguel Lopez.
+
+Los monfíes se dividieron en grupos, y partieron en distintas
+direcciones, trepando por las quebraduras. Poco despues Yuzuf, en su
+potro salvaje, saltaba sobre las breñas, precedido de Calpuc, cuyo vigor
+era maravilloso, y seguido de su escasa escolta de monfíes.
+
+La horrible encina quedó abandonada con los siete repugnantes cadáveres
+que se balanceaban al impulso del viento de la montaña, pendientes de
+los descarnados brazos del gigantesco esqueleto.
+
+ * * * * *
+
+Trasladémonos á la vivienda subterránea de Calpuc.
+
+De pié, inmovil y con la vista profunda y amenazadoramente fija en
+Miguel Lopez, estaba Yuzuf acompañado de Calpuc.
+
+Pero esto no sucedia inmediatamente despues de la escena que acabamos de
+referir á nuestros lectores. Desde entonces hasta el momento en que el
+emir estaba delante de Miguel Lopez, habian pasado algunos dias.
+
+Calpuc, que entre los misterios de su vida contaba el de ser un
+excelente médico, habia declarado que la vida del herido peligraba si se
+le hacia experimentar una sensacion cualquiera.
+
+Yuzuf se habia visto obligado á reprimir su impaciencia.
+
+Entre tanto Calpuc y Muhamad, anciano y sabio médico del emir, habian
+velado continuamente al lado del herido.
+
+El peligro habia pasado; las heridas habian empezado á cicatrizarse y
+tenian muy buen aspecto: Miguel Lopez podia sufrir sin peligro un
+interrogatorio.
+
+Yuzuf descendió al subterráneo, acompañado de Calpuc.
+
+Miguel Lopez dormia.
+
+Contemplóle un momento ferozmente Yuzuf y luego dijo á Calpuc.
+
+--Déjanos solos.
+
+Calpuc obedeció.
+
+Entonces el emir movió bruscamente á Miguel Lopez: este abrió los ojos
+despavorido, y pasado ese primer momento de confusion que experimentamos
+al despertar, reconoció á Yuzuf, se agitó en su lecho y lanzó un grito
+de espanto.
+
+--Haces bien en estremecerte, Jerif-ebn-Aboó, dijo el emir, nombrando á
+Miguel Lopez por su nombre moro: haces bien en estremecerte, porque me
+has ofendido, me has sido traidor, á mi, á tu señor, á quien todo lo
+debes, y te tengo en mi poder.
+
+--Yo creia, dijo reponiéndose y con cierta audacia Miguel Lopez, yo
+creia que un emir tan poderoso y un tan cumplido caballero como tú,
+magnífico Yuzuf, no te atreverias á amenazar á un pobre herido que ha
+estado á punto de ser asesinado por los tuyos.
+
+--Los que han puesto en tu pecho su puñal, se mecen, colgados de una
+encina, en la montaña.
+
+--Pero viven, sin duda, don Diego y don Fernando de Válor.
+
+--Son tus señores.
+
+--¡Son mis enemigos!
+
+Una llamarada de irritacion, de cólera sombría y letal, subió de una
+manera febril á los ojos de Yuzuf, que palideció profundamente.
+
+--¡Infame renegado! exclamó: ¿no te has atrevido á poner los ojos en una
+doncella de sangre real que estaba destinada á un hijo de mi sangre?
+
+--Isabel de Válor es mi esposa, exclamó el audaz morisco.
+
+--Isabel de Válor es el tósigo que te mata Jerif-ebn-Aboó: ¡tu esposa la
+vírgen descendiente de Mahoma! ¡la amada del emir de los monfíes!
+¡Isabel de Córdoba y de Válor tuya!
+
+--¡Ah! ¡has renunciado tu corona en tu hijo! ¿y donde está tu hijo
+Yuzuf, que no se me presenta en tu lugar á pedirme cuenta de su amada?
+
+Habia tal sarcasmo en la pregunta de Miguel Lopez, que el emir tembló á
+un tiempo de cólera y de terror.
+
+--¿Que quieres decir hombre fatal? exclamó: ¿sabes tú lo que ha sido de
+mi hijo?
+
+--¡Cómo! ¿no sabes lo que ha sido de tu hijo, emir?
+
+--¿Si lo supiera vivirias?
+
+--Los Válor se detienen poco ante el asesinato, contestó con cierta
+feroz complacencia Miguel Lopez.
+
+--¿Y crees que se hayan atrevido....?
+
+--En primer lugar, Yuzuf, tú has sido muy imprudente al elegir la
+crianza de tu hijo; has querido que sea moro y cristiano, que sepa tanto
+como un inquisidor, y que aborrezca, como tú los aborreces, á los
+conquistadores: tu hijo ha vivido entre los castellanos y no ha faltado
+una castellana impura que le ame, ni una doncella morisca que palidezca
+de amor por él. Ya sabes quien es la doncella. La hermana de don Diego.
+¿Quieres saber ahora quién es la mujer adúltera que ama mas que á su
+alma al hermoso Yaye? Esa mujer es doña Elvira de Céspedes, la esposa de
+don Diego de Córdoba y de Válor.
+
+--¡Mientes! exclamó con cólera Yuzuf ¿cómo has podido tu conocer á mi
+hijo?
+
+--¡Ah! ¡ah! ¡noble y poderoso señor! tú quisieras que todos los que te
+sirven, todos los que se doblegan ante tí, fueran topos: pero hay
+hombres... como yo... que están á tu servicio y que son feroces como el
+lobo y astutos como el raposo. ¡Ah! ¡ah! era necesario ser muy torpe
+para no conocer que aquel hermoso mancebo que no conocia á sus padres, á
+quien siempre acompañaba el sabio Abd-el-Gewar, á quien tú mirabas con
+tanto amor, por el que te atrevias á entrar en Granada, á meterte en
+medio de tus enemigos, no era tu hijo, el hermoso hijo de doña Ana de
+Córdoba y de Válor: ¡ah! ¡ah! yo lo sabia todo esto, mi noble señor... y
+anoche... yo habia visto tambien muchas veces á doña Isabel: yo la
+amé... ¡yo que nunca habia amado! la amé con toda la fuerza de mi
+alma... y me propuse que fuera mia... otro acaso no hubiera podido
+conseguirlo, encontrándose en la pobre situacion en que yo me
+encontraba, sin nobleza heredada, zafio, nada hermoso, reducido por mi
+suerte á la servidumbre; pero en mal hora don Diego me habia elegido
+para ser su correo para contigo: una sola carta de don Diego escrita
+para tí y depositada en una persona de confianza, me ha servido para que
+don Diego no se atreviese á negarme su hermana. ¿Qué quieres, emir? el
+amor nos arrastra á todo ¿No sabes que por una mujer somos capaces de
+perder la vida y el alma? ¿Acaso no es una mujer la causa de que yo me
+encuentre en este lecho y en tu poder? El amor de Isabel me arrastró...
+
+--¡Y vendiste por una mujer á tu patria, y ofendiste á tus señores, y
+jugaste tu vida á un dado!
+
+--Ya te he dicho que por una mujer como doña Isabel de Válor, se juega
+la vida y la salvacion del alma.
+
+--Escucha, Jerif-Aboó, dijo conteniéndose Yuzuf: por la menor cosa de
+las que has hecho mereces la muerte.
+
+--Lo sé, contestó con la misma audacia Miguel Lopez.
+
+--De modo que don Diego de Válor trayéndote al matadero, no ha hecho mas
+que usar de su derecho.
+
+--¿Y por qué antes de entregarme su hermana no me ha matado frente á
+frente?
+
+--Eso hubiera sido leal y tú has sido traidor.
+
+--Eso no es mas sino que don Diego te tiene mas miedo á tí, que á mí, á
+pesar de las pruebas de que sabe puedo usar y que le perderian. Pero ya
+que hablo de perder, estamos perdiendo el tiempo. Tú has venido á verme
+por algo, poderoso emir.
+
+--Sin duda: he venido á que me des alguna luz sobre el paradero de mi
+hijo.
+
+--¡Ah! ¡tu hijo se ha perdido! ¡El hermoso Yaye-ebn-Al-Hhamar, el noble
+emir de los monfíes no parece!
+
+--Ignoro su suerte, dijo Yuzuf, y soy capaz de perdonarte...
+
+--¿Si te digo donde está Yaye?
+
+--¿Lo sabes?
+
+--No, pero lo presumo.
+
+--Habla y pide.
+
+--Primero es pedir que hablar: yo sé que eres noble y grande Yuzuf; yo
+sé que no hay ningun rey en el mundo que pueda jactarse como tú de
+respetar la fe de su palabra. ¿Si te doy indicios por los cuales puedas
+encontrar á tu hijo, me perdonarás mi traicion?
+
+--Sí.
+
+--¿Me dejarás volver al lado de mi esposa?
+
+Meditó un momento Yuzuf.
+
+--Si ella se resigna á vivir contigo, sí.
+
+--Acepto; exclamó Miguel Lopez con alegria, porque conocia la virtud de
+doña Isabel.
+
+--Es necesario ademas que te comprometas á otra cosa.
+
+--¿A qué?
+
+--A entregarme la carta escrita para mi por don Diego, y de la cual te
+has valido para conseguir por medio del terror á doña Isabel.
+
+--Te lo prometo, dijo el morisco: cuando doña Isabel, que ya es mi
+esposa, sea mi mujer.
+
+--Quedamos convenidos. Habla, pues, lo que sepas acerca de mi hijo.
+
+--El mismo dia y en el mismo momento en que yo esperaba en la iglesia
+del Salvador á que llegara don Diego para celebrar la ceremonia de mi
+casamiento con doña Isabel, se presentó en casa de don Diego tu hijo.
+
+--¿Estas seguro de ello?
+
+--Tan seguro, como que me lo dijo uno de los escuderos de don Diego
+llamado Ayala, entre otras cosas graves que me reveló y que me obligaron
+á que se efectuase la ceremonia antes de la llegada de don Diego.
+
+--¿Y qué presumes?
+
+--Si tu hijo no ha parecido, debe estar en casa de don Diego de Válor:
+preso tal vez, acaso herido.
+
+--¡Herido! ¡preso!
+
+--Tu hijo amaba á doña Isabel, es altivo: don Diego es valiente y fiero;
+si han mediado dicterios y amenazas... además recuerdo que cuando
+despues de salir de la iglesia, fuimos á casa de don Diego, no salió á
+recibirnos su esposa doña Elvira; que don Diego estaba turbado; que nos
+pretextó que doña Elvira no podia presentarse porque se encontraba
+enferma, y despidió á los convidados; despues me dijo que era necesario
+que le siguiese á las Alpujarras: que tú nos llamabas... lo demás ya lo
+sabes.
+
+--Si no me has engañado Jerif-ebn-Aboó, cuenta con tu perdon...
+despues... despues, si encuentro á mi hijo, con mi recompensa.
+
+Y Yuzuf volvió la espalda para salir.
+
+--Espera, emir, espera, dijo con ansiedad Miguel Lopez.
+
+--¿Qué quieres? contestó volviendo Yuzuf.
+
+--¿Me dejas solo en poder de ese gitano?
+
+--Ese gitano, como tú le llamas, y que Dios sabe si lo es,
+Jerif-ebn-Aboó, es el hombre á quien debes dos veces la vida; primero
+salvándote de los asesinos, despues curándote las heridas. ¿Qué tienes
+que temer de ese hombre?
+
+--Ese hombre es un demonio, Yuzuf.
+
+--No, no por cierto: todo consiste en que tú eres cobarde, y como
+cobarde receloso. Ademas, ese hombre es mi esclavo, y nada se atreverá á
+hacer contra un hombre á quien yo protejo.
+
+--¡Ah! ¡Dios te libre del gitano, emir!
+
+--Pídele que te libre de tu miedo. Adios, Jerif-ebn-Aboó, adios.
+Necesito buscar yo mismo á mi hijo. Nada tienes que temer si has sido
+leal. Y en cuanto á ese hombre, ya te he dicho que es mi esclavo. Adios.
+
+Pronunció el emir con tal resolucion estas palabras, comprendió de tal
+manera Miguel Lopez, que una nueva réplica solo serviria para irritarle,
+que le dejó ir sin pronunciar una palabra mas.
+
+El emir empezó á subir lentamente las escaleras: antes de llegar á ellas
+le habia parecido sentir un breve y furtivo paso que se alejaba con gran
+rapidez; pero aquel ruido podia haber provenido tambien de las escamas
+de alguno de los reptiles que anidaban en el subterráneo, al deslizarse
+por la piedra. Cuando llegó á lo alto notó que la puerta estaba cerrada.
+Apenas tocó á ella la puerta se abrió y apareció Calpuc, con una lámpara
+en la mano.
+
+Mas allá estaba Abd-el-Malek y los otros cuatro monfíes.
+
+--Calpuc, dijo el anciano, te recomiendo el cuidado de ese hombre. Su
+vida me importa demasiado. Adios.
+
+--Ve en paz, rey de la montaña, ve en paz: tus deseos son para mí
+preceptos.
+
+--Yo ruego á mi hermano, dijo Juzuf, estrechándole la mano.
+
+--Yo amo á mi padre, dijo Calpuc, poniendo aquella mano sobre su
+frente.
+
+Poco despues Yuzuf montaba á caballo fuera de la gruta, y se alejaba
+pensando para sus adentros:
+
+--Jerif-ebn-Aboó es un zorro que no se engaña: ¿qué habrá encontrado de
+terrible en el indiano...? ¡oh! ¡oh! ¿se atravesará alguna vez este
+hombre en mi camino? ¡Oh! ¡Dios sabe lo oculto! ¡Dios me inspirará!
+
+Entre tanto Calpuc bajaba las escaleras que conducian al espacio donde
+se encontraba postrado Miguel Lopez, murmurando:
+
+--Ese hombre desconfía de mí, me teme... tiene razon, porque él viene á
+ser para mí el cabo del hilo que ha de guiarme en el laberinto de mi
+empresa, y ha de servirme para mis proyectos y para mi venganza. ¡Que
+soy tu esclavo, rey de la montaña! ¡Ah! ¡ah! ¡soy tu hermano, como el
+oprimido es hermano del oprimido! ¡pero tu esclavo no! y, sobre todo, no
+te pongas en mi camino... si tú eres fuerte yo tambien lo soy... tú
+tienes un ejército de bandidos, pero yo tengo tesoros... ¡oh! ¡oh! ¡tu
+esclavo! ¡lo veremos! ¡lo veremos, emir!
+
+Y pensando esto, entró en la estancia inferior, dejó la lámpara sobre la
+mesa, y se sentó al lado de Miguel Lopez.
+
+--¿Tienes interés en que tu esposa sepa que vives? le preguntó despues
+de algunos momentos de silencio.
+
+--¿Que si me interesa, dices, que doña Isabel sepa de mi vida? ¡Oh! ¡sí!
+y tú...
+
+--Yo puedo ser tu amigo ó tu enemigo: yo puedo salvarte ó perderte.
+
+--Habla.
+
+--¿Conoces tú al capitan Alvaro de Sedeño?, dijo despues de algunos
+momentos de meditacion Calpuc. Paréceme haberte visto alguna vez á su
+lado... cuando yo espiaba á ese capitan.
+
+--¿Que espiabas tú á ese capitan? dijo con extrañeza Miguel Lopez.
+
+--Sí.
+
+--¡Ah! ¡ah! ¿conoces á ese hombre?
+
+--Sí, le conozco... desde hace muchos años, dijo sombríamente Calpuc.
+
+--Yo le conozco tambien, pero desde hace poco tiempo.
+
+--¿Y cuál ha sido la causa de que le conocieras?
+
+--Mis continuos viajes á las Alpujarras, donde tengo alguna hacienda y
+algunos parientes, dijo con reserva Miguel Lopez. En los pueblos
+pequeños se conoce fácilmente á las personas. El año pasado Alvaro de
+Sedeño era capitan del presidio de Andarax.
+
+--¿Y en qué consiste que le conoce tambien el emir de los monfíes y es
+muy su amigo?
+
+--¡Ah! ¡le conoce el emir de los monfíes! ¡es su amigo!
+
+--Lo que no deja de ser extraño, porque Yuzuf-Al-Hhamar es enemigo de
+Dios y del rey de quien es defensor el capitan.
+
+Miró con cierta expresion de estupor Miguel Lopez á Calpuc.
+
+--Tú pareces extranjero: tú obedeces al emir: tú sabes algunos de sus
+secretos.
+
+--Sé mas de lo que crees: soy mas poderoso de lo que crees: llego á tí
+como un amigo, como un hermano, para ayudarte; pero si desconfias de mí,
+tengo medios para alcanzar por la fuerza, por el terror, lo que necesite
+de ti.
+
+Extremecióse Miguel Lopez porque comprendió perfectamente que se
+encontraba á merced del extranjero.
+
+--Y qué necesitas de mí.
+
+--Necesito que me digas cuanto sepas respecto al conocimiento del
+capitan con Yuzuf.
+
+--¡Oh! para eso será necesario hacer traicion al emir.
+
+--Elige entre serle fiel, ó morir. Por el contrario si me sirves bien,
+yo te protejeré.
+
+--Y cual es tu poder.
+
+--Ya te he dicho que puedo mas de lo que parece... y sobre todo ¿no te
+tengo en mis manos?
+
+--Yuzuf me proteje.
+
+--¡Bah! ¿y crees tú, dado caso de que yo me viese obligado á respetar al
+emir, que me seria muy difícil demostrarle que habias muerto de las
+heridas?
+
+Extremecióse de nuevo, pero mas profundamente el morisco.
+
+--Ese capitan, se apresuró á decir, impulsado por su miedo, es espia de
+Yuzuf-Al-Hhamar.
+
+--¡Ah! ¿y has entrado alguna vez casa de ese capitan?
+
+--Si, he entrado muchas veces, en servicio del emir, porque yo tambien
+le sirvo; yo soy su espia entre los moriscos de Granada.
+
+--¿Y... nada has tenido que reparar en casa del capitan?
+
+--Si por cierto; creo que hay en ella un misterio que consiste en dos
+mujeres.
+
+--¿Y cómo has conocido á esas dos mujeres?
+
+--Sé que son dos, porque las he visto ir á misa, enteramente
+encubiertas, con el Sedeño; sé que la una es muy jóven, y la otra sino
+es vieja, quebrantada y enferma, por su talante: pero solo la conozco
+por haber hablado una vez á la jóven.
+
+--¿Has hablado una vez á la jóven? dijo con ansiedad Calpuc.
+
+--Si, si por cierto; y si yo no hubiera estado enamorado de dona Isabel
+de Válor, me hubiera enamorado de ella.
+
+--¿Tan hermosa es? dijo Calpuc con el acento trémulo, á pesar de sus
+esfuerzos para parecer sereno.
+
+--¡Hermosa! ¡hermosísima! no tan hermosa, sin embargo, como doña Isabel.
+
+--¡No tan hermosa como doña Isabel! exclamó profundamente Calpuc: creo
+ademas que doña Isabel viene de gran alcurnia.
+
+--Como que desciende nada menos que de la madre del profeta, Fatimah la
+santa, y sus abuelos han sido califas de Córdoba, contestó con orgullo
+Miguel Lopez.
+
+--Yo soy descendiente de emperadores, murmuró de una manera
+ininteligible Calpuc; pero continúa, añadió dirigiéndose al morisco:
+¿cómo tuviste ocasion de hablar á la jóven que vive en compañía del
+capitan Sedeño?
+
+--Hace dos meses, esperaba yo al capitan para comunicarle un aviso
+importante del emir: una de las puertas de la sala, sin duda por
+descuido, estaba entreabierta: oíase tras ella el puntear de una
+guitarra diestramente tañida: poco despues, al sonido de la guitarra se
+unió el canto de una mujer: aquella mujer cantaba en una lengua extraña.
+Tuve curiosidad, y me acerqué recatadamente á la puerta del aposento. A
+pesar de mi recato la persona que habia dentro, me sintió, sin duda,
+porque calló la guitarra, sentí apresurados pasos de mujer, se abrió la
+puerta y... me deslumbró la hermosura de la joven.
+
+--¿Quién sois? me dijo despues de haberme contemplado fijamente.
+
+--Soy... un amigo de vuestro padre, la dije.
+
+--¡De mi padre! exclamó con afan; ¿conoceis á mi padre? ¿mi padre os
+envia?
+
+--No; por el contrario, espero á que vuestro padre vuelva al castillo,
+la contesté.
+
+--¡Ah! os habeis engañado; el hombre que vive en esta casa, y que está
+ahora en el castillo, no es mi padre, repuso con desaliento.
+
+--¡Ah! ¡perdonad, yo creia!
+
+--Ese hombre es mi señor, un señor infame, de quien esperamos hace mucho
+tiempo mi madre y yo que nos salve la justicia de Dios.
+
+--¡Ah! ¡vuestro amo!
+
+--Sí; somos sus esclavas.
+
+--¡Sus esclavas! ¿luego sois...?
+
+--Somos mejicanas.
+
+--¿Y qué quereis de mí?
+
+--Que nos salveis.
+
+--¡Que os salve...! ¿y cómo?
+
+--Oid: buscad un medio para engañar á ese hombre: sacadnos de esta casa,
+llevadnos á un puerto de mar para que podamos embarcarnos: sino teneis
+dinero, yo tengo joyas: si sois ambicioso os haremos rico.
+
+--¿Y por qué no salvaste á aquella infeliz? dijo con voz amenazadora
+Calpuc.
+
+--¿Y qué me importaba...? ademas era una esclava.
+
+--¡Como sois esclavos vosotros los moriscos! repuso Calpuc.
+
+--¡Ah! pero nosotros peleamos, luchamos; las montañas de las Alpujarras
+estan llenas de monfíes que nos vengan, matando cristianos, de las
+infamias del vencedor.
+
+--Los mejicanos tambien luchan: tambien en las fronteras del desierto,
+los españoles caen á centenares inmolados á los manes de nuestros padres
+degollados, de nuestras esposas deshonradas, de nuestras doncellas
+cautivas.
+
+--¡Tú eres mejicano!
+
+--¡Yo soy Calpuc, el rey del desierto! exclamó el extranjero; yo soy el
+rey elegido por los mejicanos libres, y soy el padre de esa jóven con
+quien hablaste, de la hermosa doncella á quien te negaste á salvar.
+
+Miguel Lopez se estremeció: habia un acento tal de dolor y de venganza
+en las últimas palabras de Calpuc, que lo temió todo de aquel hombre.
+
+Sin embargo, como en otras situaciones difíciles, recurrió á su audacia.
+
+--¡Que eres tú el rey de los rebeldes de Méjico! exclamó soltando una
+carcajada que podremos llamar artificial. ¡tú! ¡un gitano vagabundo, á
+quien, no sé por qué, conoce el emir de los monfíes!
+
+--Continúa respondiendo á mis preguntas, Miguel Lopez, dijo con gravedad
+el mejicano, que despues sabrás quién soy y de qué modo he llegado aquí.
+
+--En verdad, en verdad, dijo Miguel Lopez, cediendo al mandato del rey
+del desierto, yo no ví en tu hija, si hija tuya es, mas que una esclava
+rebelde que pretendia librarse de su señor, y me negué á ayudarla: es
+mas, referí lo que me habia acontecido con ella al capitan Sedeño, que
+desde entonces guardó á tu hija con mas cuidado. Hé aquí la razon de que
+yo conozca é esas mujeres.
+
+--El capitan ha desaparecido de las Alpujarras. ¿Sabes tú dónde ha ido?
+
+--Sí, á Granada, dijo Miguel Lopez á quien interesaba servir á Calpuc,
+porque habia comprendido que Calpuc era capaz de todo.
+
+--¡A Granada! no basta eso. El capitan puede vivir en una casa y tener
+ocultas en otra á mi esposa y á mi hija: las casas del Albaicin se
+comunican unas con otras por medio de minas y seria muy difícil saber el
+paradero de mi hija y de mi esposa.
+
+--El capitan y tu esposa y tu hija viven en la calle de San Gregorio el
+alto: las tapias de su huerto lindan con el huerto de la casa de don
+Diego de Válor; estas dos casas se comunican por una mina.
+
+--Ten mucha cuenta de no engañarme, Miguel Lopez.
+
+--No, no te engaño; ¿pero qué me darás en recompensa de los servicios
+que te hago?
+
+--Te daré tu esposa: es decir haré que tu esposa sepa que vives.
+
+--Puede no creerte.
+
+--Tú me darás una carta para ella.
+
+Miguel Lopez miró fijamente al mejicano.
+
+--Un grave interés debes tú tener en que doña Isabel no se crea viuda
+para que no pueda casarse con el emir de los monfíes, no con el viejo
+Yuzuf, sino con el jóven Yaye, en quien ha abdicado.
+
+--Nada te importa el interés que yo tenga en ello; cualquiera que sea,
+yo me obligo á devolverte tu esposa; pero aun me queda mas que exigir.
+
+--¿Qué mas?
+
+--Estoy seguro de que cierta carta que posees, carta de don Diego de
+Válor al emir Yuzuf, en la cual ha jugado su cabeza, y por cuya carta le
+tienes en tu poder, la tendrás puesta á buen recaudo.
+
+--¿Y qué te importa esa carta? exclamó con cuidado Miguel Lopez.
+
+--Tanto me importa que sino me procuras los medios para que esa carta
+caiga en mis manos eres hombre muerto.
+
+--Pero esa carta es mi defensa: por ella he logrado que don Diego me dé
+su hermana; por ella pienso alcanzarlo todo.
+
+--¿Y qué mas quieres alcanzar que la vida?
+
+--¡Eres un demonio! exclamó con despecho Miguel.
+
+--Demonio contra demonio, el mas fuerte vence.
+
+--¿Y qué uso vas tú ha hacer de esa carta?
+
+--Te repito que nada te importan mis proyectos. Voy á traerte papel,
+pluma y tinta. Escribe una carta para la persona que sin duda tiene
+depositada por tí la carta de don Diego de Válor, en la que le
+prevendrás que me la entregue, y otra despues para tu esposa doña Isabel
+de Válor.
+
+Dicho esto Calpuc abrió el arcon, sacó del recado de escribir, le llevó
+al lecho y dijo á Miguel Lopez:
+
+--Incorpórate y escribe.
+
+--¡Es qué...! dijo ferozmente el morisco.
+
+--Escribe ó mueres, le interrumpió con doble ferocidad el rey del
+desierto.
+
+Miguel Lopez comprendió que estaba enteramente á merced de aquel hombre
+y se incorporó, tomó la pluma y la puso sobre el papel.
+
+--Escribe clara y naturalmente, en letra lisa, sin signos ni señal
+alguna; porque para tí será el daño si esa carta es ineficaz.
+
+Miguel Lopez escribió con rapidez algunos renglones y firmó.
+
+--Mira si te contenta, dijo á Calpuc.
+
+Este tomó la carta y leyó su contenido, que era el siguiente:
+
+«Señor capitan Alvaro de Sedeño: os envio uno de mis mayores amigos, á
+quien entregareis la carta que teneis en vuestro poder, y que ya sabeis
+de quién es: ademas de esta carta, y segun tenemos convenido, el dador
+os mostrará la sortija que conoceis. No soy mas largo porque la
+diligencia importa.--Vuestro humilde criado.--Miguel Lopez.»
+
+--¿Y qué anillo es ese de que hablas?
+
+--Es un anillo que tiene un grueso diamante rodeado de perlas, dijo
+Miguel Lopez.
+
+--Dámele, pues.
+
+--Ese anillo ha sido mi anillo de bodas, y está en poder de doña Isabel.
+
+--¡Ah!
+
+--Doña Isabel te lo entregará.
+
+--¿Dónde vive doña Isabel?
+
+--Debe permanecer en casa de su hermano don Diego.
+
+--Escribe para tu esposa lo que yo te dicte.
+
+Miguel Lopez escribió bajo la palabra de Calpuc la siguiente carta:
+
+«Mi amada esposa y señora doña Isabel de Córdoba y de Válor: he sido
+herido gravemente por bandidos en el camino de las Alpujarras: un hombre
+caritativo me ha recogido y curado: á Dios gracias mi vida no corre
+peligro. El dador se encarga de comunicároslo. Os ruego que le
+entregueis la sortija que os dí en arras de mi matrimonio con vos, que
+me importa. Nada sé de vuestros hermanos. Guardeos Dios y os conserve
+para mi felicidad muchos años.--Vuestro esposo que bien os ama y lejos
+de vos padece.--Miguel Lopez.»
+
+Cuando estuvo escrita y cerrada esta carta, Calpuc la guardó con la otra
+en su bolsa.
+
+--Creo que aun podremos ser amigos, Miguel, le dijo: si no me has
+engañado y estas cartas producen el efecto que deseo, antes de dos
+semanas estarás al lado de tu esposa. Adios.
+
+--¡Y me dejas aquí, solo, abandonado!
+
+--No, no por cierto: todos los dias vendré una vez á asistirte y
+curarte. Adios.
+
+--¡Pero esto es horrible! ¡si te sucede alguna desgracia, si no puedes
+volver...!
+
+--Morirás aquí como en una tumba, dijo friamente Calpuc, en lo que no
+perderan nada doña Isabel, ni el emir.
+
+Miguel dió un grito de espanto. Calpuc trepó lentamente por las
+escaleras, llegó á la puerta, cerró sus triples candados, y adelantando
+por la excavacion subterránea, torció por una estrecha galería, despues
+de haberse provisto en uno de los senos de una piqueta.
+
+Al cabo de muchas vueltas y revueltas por una especie de laberinto en
+que cualquiera otro que Calpuc se hubiera extraviado, llegó á una gran
+excavacion cónica, cuya altura se perdia en las tinieblas. Aquella
+excavacion estaba practicada en roca viva, y aquí y allá, hasta una gran
+altura, se veian bocas de nuevas galerías, suspendidas sobre aquella
+especie de abismo.
+
+La cortadura sobre que estaban abiertas aquellas galerías era tan
+perpendicular, tan tajada, que no se concebia pudiera llegarse á ellas
+sino por medio de grandes escalas; sin embargo, Calpuc levantó la
+lámpara para alumbrar una de aquellas bocas, situada á gran altura, la
+miró atentamente y despues se dirigió á la roca tajada, llegó á su pié,
+se puso el cabo de la lámpara entre los dientes y asiéndose con piés y
+manos á las asperezas de la roca, trepó con una agilidad y una fuerza
+maravillosa, como hubiera podido trepar una araña, á la oscura boca de
+la galería que habia examinado.
+
+Aquella galería se extendia perdiéndose en un fondo oscuro, adelantó
+Calpuc, y despues de haber torcido varias veces por las sinuosidades de
+la mina, se detuvo en un lugar del pavimento en el cual habia tres rocas
+que parecian haber sido desprendidas, del techo por un accidente casual.
+El mejicano levantó con gran trabajo una de aquellas rocas, la removió,
+y en el lugar que habia dejado descubierto, cabó con la piqueta; poco
+despues la piqueta produjo un ruido seco y opaco, como si hubiera
+chocado en una tabla, y al fin quedó descubierta una como arca pequeña,
+que por algunos adornos tallados en su superficie, parecia haber sido
+construida por un artífice árabe.
+
+Calpuc levantó aquella tapa y se vió en el interior un emboltorio de
+piel de gamo adobada; sacóle, le desenvolvió, y aparecieron algunos
+paquetes envueltos cuidadosamente en paños de seda y un legajo de
+papeles: el mejicano tomó primero los papeles y los guardó
+cuidadosamente en una ancha cartera que ocultó bajo su jubon: luego
+examinó por fuera cada uno de los otros paquetes, como buscando uno
+particular, y cuando pareció estar seguro de cuál era el que buscaba, le
+abrió y sacó de él... una magnífica perla vírgen, íntegra, que aun no
+habia sido horadada, como si acabase de salir de la concha en que se
+habia desarrollado.
+
+En el paquete quedaban otras treinta perlas exactamente iguales á
+aquella, lo que, atendido su enorme tamaño y su igualdad, constituia un
+tesoro.
+
+Calpuc guardó la perla, envolvió de nuevo cuidadosamente los paquetes en
+la piel de gamo, depositó aquella en el fondo del cofre, echó sobre él
+la tapa, le cubrió de tierra, puso de nuevo la roca sobre la tierra
+removida, y observó cuidadosamente si quedaba algun vestigio de la
+operacion que acababa de ejecutar.
+
+Nadie que despues de esto hubiese pasado por aquella excavacion, hubiera
+podido sospechar que bajo una de aquellas enormes rocas, que parecian
+naturalmente desprendidas del techo, existia oculta una inmensa riqueza.
+
+Calpuc desandó lo andado, llegó al borde de la gran excavacion,
+descendió con la misma seguridad con que habia subido, dejó la piqueta
+en el mismo lugar de donde la habia tomado y salió por la gruta á la
+montaña.
+
+Apenas estuvo al aire libre miró al cielo que estaba diáfano y
+despejado.
+
+--Aun faltan tres horas para amanecer, se dijo, y tengo tiempo bastante.
+
+Y tomó por un sendero, entre los encinares, á buen paso.
+
+A poco que anduvo, se encontró en un claro y delante de una casita, que
+á ser de dia, se hubiera visto que estaba construida con tapiales de
+tierra y cubierta de bálago, junto á la cual pasaba un ruidoso arroyo
+que fecunda un pequeño huerto plantado de hortaliza y de árboles
+frutales, y defendido al norte por una peña tajada.
+
+Calpuc abrió con llave la puerta y penetró en la casa: el espacio en que
+entró estaba oscuro, pero al fondo de él se percibía un escaso
+resplandor á través de una puerta entreabierta.
+
+El rey del desierto se encaminó á aquella puerta, la empujó, y se
+encontró en una pequeña habitacion muy pobre, en la que solo habia un
+lecho, una silla, una mesa con algunos libros, y sobre la mesa, colgada
+en la pared, una estampa de la vírgen de las Angustias, delante de la
+cual ardia una lámpara.
+
+Calpuc se descubrió, se arrodilló delante de la estampa de la Vírgen y
+rezó: luego se levantó, encendió otra luz, salió de la estancia, se
+encaminó á un establo, donde habia un caballo fuerte y de poca alzada;
+le embridó, le ensilló, le sacó fuera, cerró la puerta de la casita,
+montó y se puso en camino.
+
+A punto que amanecia y se abria la puerta del Rastro de Granada, llegó á
+ella Calpuc, dió cortésmente los buenos dias á los guardas y entró en la
+ciudad.
+
+Poco despues llamaba á una pequeña puerta bajo los soportales de la
+plaza de Bib-Arrambla, cercana á la puerta que hoy se llama de las
+Orejas.
+
+Abrióse la puerta á que habia llamado el mejicano y apareció un viejo
+encorvado y de semblante receloso.
+
+--Dios os dé muy buenos dias, hermano Franz, dijo Calpuc.
+
+--Dios os guarde señor Gaspar de Ontiveros, contestó el saludado con
+marcado acento extranjero.
+
+Por lo visto, Calpuc, para encubrir su orígen, habia adoptado entre los
+europeos el nombre con que le habia saludado el viejo, que, á todas
+luces, por su nombre y por sus rasgos característicos, era aleman.
+
+--Necesito hablaros, dijo Calpuc, y aun mas, que me deis posada por
+algunas horas.
+
+El aleman abrió de par en par la puerta, y dejó paso á Calpuc que tiró
+de su caballo y penetró.
+
+Entonces el aleman cerró la puerta y llamó, presentándose á poco una
+criada.
+
+--Lleva este caballo á la cuadra la dijo, y di á Berta que disponga un
+aposento y un buen almuerzo para el señor Gaspar de Ontiveros. Venid,
+venid conmigo, amigo mio, puesto que quereis hablarme, y que, segun
+supongo, el asunto que os trae será para tratado sin testigos.
+
+El mejicano siguió al aleman, que le introdujo en una especie de tienda,
+á juzgar por un mostrador alto como una muralla y algunos armarios
+fuertes y cerrados: la luz de la mañana penetraba allí por los postigos
+de una puerta defendida por candados, cerrojos y barras de hierro, lo
+que demostraba que en aquella tienda habia mucho que guardar.
+
+--¿Me traeis una de aquellas hermosas perlas que tan caras me habeis
+hecho pagar, amigo mio? dijo con los ojos cargados de una expresion
+codiciosa el viejo Franz.
+
+--Si por cierto, una os traigo, dijo Calpuc sacando el paño de seda
+donde habia envuelto aquel rico producto de los mares; pero será
+necesario que esta me lo pagueis mejor.
+
+El aleman tomó la perla con delicia, la examinó, fué á uno de los
+armarios, le abrió con una de las llaves de un haz que desprendió de la
+cintura, y sacó del armario una cajita de sándalo que abrió. Dentro
+habia otras seis perlas.
+
+--Igual, exactamente igual, dijo, ¡esto es un prodigio! ¿Dónde diablos
+habeis ido á buscar estas maravillas, amigo Gaspar?
+
+--¿Y qué diriais si, como yo, hubierais visto juntas perlas de este
+tamaño, en cantidad suficiente para llenar el cajon grande de vuestro
+mostrador?
+
+--¡Poderoso Dios de Abraham! exclamó el viejo: vos debeis ser un gran
+personaje, señor Gaspar, cuando os desprendeis de tales riquezas.
+
+--No pardiéz, yo soy como lo sabeis bien, un traficante de perlas y
+pedrería: hago de tiempo en tiempo un viaje al Nuevo-Mundo y me traigo
+conmigo algunas preciosidades; necesario es vivir lo mas cómodamente
+posible. Y aun asi cuando se arrostran un largo viaje y los peligros del
+mar, justo es que aspiremos á una razonable ganancia.
+
+[imagen: El capitan Alvaro de Sedeño.]
+
+--Os dí por la última perla hace tres meses, mil doblones.
+
+--No me dareis por esta menos de mil quinientos.
+
+--¡Poderoso Dios de Jacob! ¿y cómo quereis que yo os pague tanto dinero,
+cuando aun no tengo para hacer un mediano collar?
+
+--¿Creeis que sea fácil encontrar perlas iguales á esa?
+
+--Lo creo imposible y me maravilla que vos las encontreis... pero aun
+asi...
+
+--¿Cuánto creeis que pagaria un rey por un hilo de tales perlas que
+llegase al número de cuarenta?
+
+--¡Oh! un tal collar seria digno de la emperatriz! ¡un tal collar
+costaria muchos cuentos de reales.!
+
+--Por lo mismo, señor Franz, cada perla de esas que yo os traiga os
+costará mas cara, hasta el punto de que para pagarme la última, no
+tendreis bastante con el valor de todas las joyas que teneis en vuestros
+armarios.
+
+--Traédmelas y por ese solo collar, os daré todo cuanto poseo.
+
+--¡Paciencia! ¡paciencia! no es fácil encontrar muchas de estas
+maravillas: se necesitan para ello muchos viajes. Asi, pues, dadme los
+mil y quinientos doblones y no hablemos mas.
+
+--¡Oh no! no os daré mas que los mil.
+
+--Entonces, dijo Calpuc, recogiendo la perla, no hacemos nada.
+
+El aleman miró ansiosamente á Calpuc.
+
+--Pero reparad, le dijo, que hasta ahora solo me habeis traido seis.
+
+--Por la primera solo me dísteis doscientos doblones, y esta, os lo juro
+por lo mas sagrado, no la poseereis ni un maravedí menos de los mil
+quinientos.
+
+Era tan seguro el acento del mejicano, expresaba una resolucion tan
+invariable, era de tanto valor la perla, la deseaba tan ardientemente el
+joyero, que abrió suspirando su fuerte caja de hierro y entregó á Calpuc
+un bolson de cuero lleno de oro.
+
+--Hay teneis, le dijo, justamente la cantidad que me habeis pedido: la
+tenia preparada para pagar un libramiento que vence hoy.
+
+--¡Ah! ¡un libramiento para... para el convento de luteranos de Madrid!
+
+--¡Callad! ¡callad! y no digais tales palabras, señor Gabriel, dijo
+palideciendo densamente el aleman: si alguien os oyera seria cosa de dar
+en las manos del Santo Oficio... ya sabeis que yo soy católico,
+apostólico romano, puro y neto.
+
+[imagen: Estrella.]
+
+--¡Cuántos enemigos tiene España! dijo profundamente Calpuc, contando el
+dinero sobre el mostrador, mientras Franz guardaba cuidadosamente el
+cofrecillo de sándalo, al cual habia añadido una nueva perla.
+
+--Todos los pueblos que conquistan y quieren llevar su religion, sus
+leyes y sus usos á otros pueblos, tienen necesariamente enemigos, dijo
+Franz. Si no fuera tan fuerte España...
+
+--¡Ay si un dia todos los enemigos de España se uniesen bajo una misma
+bandera! dijo Calpuc acabando de contar el dinero.
+
+--Si, si, en efecto: los moriscos, los judíos, los flamencos, los
+franceses, los italianos...
+
+--Y los hijos de América, dijo profundamente Calpuc.
+
+--Pues vos pareceis bastante rico, y gastais de tal manera las gruesas
+cantidades que os he dado en menos de un año, que bien podria creerse...
+
+--Callad, callad, no nos oiga la Inquisicion; ni vos sois luterano ni yo
+intento nada contra España; vos pagais libranzas de mil quinientos
+doblones, porque sois mercader, y yo, porque tambien lo soy, vendo
+perlas y diamantes: nada mas natural, añadió el rey del desierto,
+levantándose y encubriendo el talego con el capotillo. Ahora, como tengo
+que hacer dentro de poco, tened la bondad de mandar que me den el
+almuerzo.
+
+Franz y Calpuc salieron de la tienda y se perdieron en el interior de la
+casa.
+
+
+
+
+CAPITULO X.
+
+Del resultado que tuvieron las investigaciones de Harum.
+
+
+Hacia ya algunos dias, cuando Calpuc llegó á Granada, que rondaban
+bultos de noche por la calle del Agua del Albaicin, á cuyo extremo
+estaba situado el palacio de don Diego de Válor.
+
+Ni este ni su hermano don Fernando habian vuelto de la expedicion á que
+habian salido con Miguel Lopez, ni se sabia nada absolutamente por sus
+allegados de ninguno de los tres.
+
+La única persona que parecia afectarse con esta ausencia, era doña
+Isabel de Córdoba y de Válor.
+
+En cuanto á doña Elvira, apenas se la veia á las horas del comer y del
+rezar, y despues se encerraba en la habitacion de su esposo.
+
+Doña Isabel sabia lo que significaba aquel encierro: sufria y callaba.
+
+En cuanto á los bultos que rondaban el palacio de don Diego, forzoso nos
+será decir que uno de ellos era el walí Harum el Geniz, el terrible
+monfí, el confidente de Yaye en cuanto á las mejicanas, el que se habia
+encargado de seguirlas y averiguar su paradero.
+
+Harum, cumpliendo su cometido, habia averiguado que el capitan
+estropeado y las dos mujeres del carro habian parado en un casaron del
+Albaicin, situado en la parroquia de San Gregorio el alto, y cuyo huerto
+lindaba con el jardin de la casa de don Diego de Válor.
+
+El capitan y las dos damas permanecian sin duda en aquel casaron, puesto
+que Harum veia salir todas las mañanas al estropoado con una cesta, y
+volver á poco con un muchacho cargado con la cesta llena de provisiones:
+el capitan daba algunos maravedises al muchacho, y le despedia hasta el
+dia siguiente. Despues entraba en la casa, abriendo la puerta por sí
+mismo; no volvia á salir hasta el anochecer, y permanecia en la calle
+hasta cerca de la media noche.
+
+Harum no vió jamás abiertas las ventanas de aquella casa ni de dia ni de
+noche, ni entrar ó salir mas persona que el estropeado.
+
+Por consecuencia, morando allí el capitan, era probable que morase allí
+tambien la doncella morena y hermosa de los cabellos negros y rizados.
+
+Harum se habia dicho:
+
+--El poderoso emir me manda averiguar el paradero de esa doncella: luego
+esa doncella le interesa: es verdad que no se sabe por ahora dónde para
+el emir, y que le andamos buscando; pero cuando menos lo pensemos
+parecerá, y si para entonces le tengo yo aclarado este asunto, sin duda
+que no me irá mal: entre ellos median prendas, puesto que el magnífico
+emir me encargó con todo el empeño de un enamorado que procurase dar con
+ella: procuremos, pues, burlar la vigilancia de ese capitan, y ponernos
+frente á frente de la hermosa dama.
+
+Harum, pues, se dedicó con toda su actividad y con toda su inteligencia
+al asunto que se le habia encomendado.
+
+Dióse á espiar de la manera mas cauta del mundo al estropeado, y no solo
+él, sino algunos de sus muchos conocidos del Albaicin. Es de advertir
+que los monfíes hacian todos un doble papel: no habia ninguno de ellos
+que no tuviese parientes y amigos; ya fuese en las villas de la
+Alpujarra, ya en la ciudad de Granada. Con mucha frecuencia iban y
+venian á las poblaciones, y aun vivian en ellas: entonces se asemejaban
+á los moriscos, y como ellos tenian un nombre cristiano, y como ellos se
+mostraban sumisos y obedientes al rey, á su capitan general y á sus
+justicias: pero cuando los monfíes estaban en las poblaciones, era para
+espiar.
+
+Entonces se transformaban: no parecian los terribles bandidos de la
+montaña, siempre bravos, siempre amenazadores, sino los vencidos sumisos
+que sufrian, sin quejarse y como sin pena, el dominio del vencedor;
+muchos de ellos, aunque todavía se permitia á los moriscos hablar en su
+dialecto natural y vestir su trage acostumbrado, hablaban perfectamente
+el castellano, y vestian como los castellanos. Harum y los veinte
+monfíes que habian acompañado á Yaye y Ab-el-Gewar, eran de este número.
+En cuanto á Harum, se llamaba entre los moriscos y por ante los
+castellanos Pedro el Geniz, y pasaba por hijo de un rico mercader de
+sedas en la Alcaicería.
+
+Sus frecuentes y largas ausencias de Granada se justificaban por el
+comercio de su supuesto padre. Cuando Pedro el Geniz estaba fuera de
+Granada, el viejo Silvestre el Xeniz, que Dios sabe por qué habia tomado
+aquel apellido moro, decia á sus conocidos cuando le preguntaban por su
+supuesto hijo:
+
+--Está en Florencia por _raja_, ó en Flandes por encajes: ha ido á
+Génova á contratar una partida de telas de damasco con unos mercaderes,
+ú otra contestacion por este estilo.
+
+Del mismo modo todos los monfíes cuando andaban entre los cristianos,
+tenian medios para encubrirse y burlar la vigilancia de los castellanos.
+Los moriscos, como todo pueblo esclavizado, estrechaban sus filas;
+encubrian sus conspiraciones bajo el mas profundo disimulo; se
+favorecian los unos á los otros; se entrometian mansamente en todas
+partes, y de este modo sabian á tiempo cuándo se aprestaban soldados
+para marchar á las Alpujarras, ó con cuánto resguardo iban las conductas
+de dinero que se enviaban para pagar los presidios de soldados de las
+villas y castillos de la montaña; asi es que casi todas aquellas tropas
+eran batidas por los monfíes, y casi todas aquellas conductas apresadas.
+
+Interesados en no hacerse sospechosos los monfíes, parecian los moriscos
+mas reducidos y mas conformes con la dominacion castellana, llegando
+hasta el punto de no vestir el trage moro, de beber vino, de comer
+tocino y de pertenecer á cofradías religiosas. Sucedia con mucha
+frecuencia, que engañados por estas prácticas exteriores, el presidente
+de la Chancillería, el capitan general, el alcalde mayor y el
+corregidor, usasen como confidentes contra los monfíes, de los mismos
+monfíes. Estos casos se repiten en nuestros dias. Con mucha frecuencia
+los conspiradores sirven como polizontes á los gobiernos; esto es,
+cobran sueldo del gobierno, y se sirven á sí mismos.
+
+Harum era uno de estos hombres; conocíanle en Granada altos y bajos,
+cristianos y moriscos, el capitan general, el buen don Luis Hurtado de
+Mendoza casi le tenia cariño, y le tuteaba; el presidente de la
+Chancillería solia citarle como ejemplo de buenos moriscos, y decia con
+frecuencia, que si todos fuesen como él, se podria dormir á pierna
+suelta sin temor á levantamientos y alborotos: y en cuanto al corregidor
+y al alcalde mayor, nunca dejaban de darle crédito cuando le pedian
+informes acerca de este ó del otro morisco que se habia hecho
+sospechoso.
+
+Sin embargo Harum era uno de los walíes ó capitanes mas tremendos de los
+monfíes; una vez á caballo, al frente de una banda de ballesteros, y
+acometiendo una villa que se habia hecho merecedora de un severo castigo
+por parte del emir, la trataba sin compasion; caian bajo su lanza ó su
+espada la munjer, el niño y el anciano, como el varon mas fuerte y
+robusto, é incendiaba las mieses y los caseríos, sin lastimarse del
+hambre que aquella devastacion debia producir en comarcas enteras.
+
+Entonces el semblante de Harum era feroz, su palabra breve y dura, su
+corazon inaccesible á la piedad; una vez lanzado su grito de guerra, su
+tremendo ¡Allah le ille Allah![8], se convertia en un tigre hambriento;
+poníansele ante los ojos las desdichas de su patria, y se cobraba con
+usura en sangre cristiana de la fingida sumision que se veia obligado á
+demostrar cuando vivia en las poblaciones.
+
+En Harum habia dos hombres: el capitan monfí y el buen espía: cuando
+desempeñaba este último papel se transformaba: mostrábase afable,
+locuaz, alegre, un tanto casquivano, un mucho galanteador y de todo
+punto inofensivo: el amor de las mujeres servíale á las mil maravillas
+para averiguar muchas cosas, y para introducirse en muchos lugares, y
+como era jóven y galan, y sobre galan buen mozo, hé aquí que Harum
+representaba en el Albaicin un tercer papel, el de don Juan Tenorio.
+
+Generalmente representaba otro cuarto papel, el de gefe de los monfíes
+que se encontraban como espías en Granada. Harum les daba sus órdenes,
+recibia sus noticias, las comunicaba, y era en fin, el ege de aquella
+máquina invisible, cuyos efectos sentian los cristianos sin conocer la
+causa que los producia.
+
+Tal era el hombre á quien Yaye habia encargado que no perdiese de vista
+á la prisionera mejicana, y á quien habia encargado tambien Yuzuf
+averiguase el paradero del poderoso emir de los monfíes Muley
+Yaye-Al-Hhamar.
+
+En cuanto al primer asunto, Harum comprendió que si rondaba mucho la
+casa del capitan podria inspirar sospechas al estropeado y hacer que se
+marchase con las dos mujeres y con mas precauciones á otra parte.
+
+Aprovechó, pues, la ocasion de desalquilarse una vieja casucha medianera
+de la que ocupaba Sedeño, especie de tinglado viejo, que se levantaba
+como una construccion parásita, apoyada en el casaron donde vivia el
+estropeado.
+
+Apenas se encontró solo en esta casucha Harum, la reconoció de alto á
+abajo: entraban en ella el viento y el sol por todas partes, cuando no
+por ventana, por rendija, lo que la hacia sumamente ventilada, cualidad
+inapreciable en aquella estacion, que, como sabemos era la de los
+calores; además un pequeño huerto de este tugurio lindaba, por un
+accidente casual, con los dos jardines de las casas de don Fernando de
+Válor y del capitan Sedeño.
+
+Harum reconoció minuciosamente las paredes medianeras con el casaron
+habitado por el capitan; nada encontró en ellas que le ayudase: eran
+demasiado fuertes y al parecer gruesas para que pudiese abrirse en ellas
+una mira sin causar ruido y apercibir á los vecinos: renunció, pues, á
+las paredes medianeras y reconoció la cueva ó sótano: allí fue distinto:
+encontró la boca de una mina, pero cegada.
+
+Harum se decidió á franquear aquella mina.
+
+Despues reconoció las tapias del huerto y vió que con poco trabajo podia
+entrarse por ellas tanto al jardin de don Diego de Válor, como al de la
+casa habitada por el estropeado.
+
+¿Pero á qué penetrar en este último jardin no estando en inteligencia
+con la hermosa morena?
+
+Sin saber porqué, Harum cifró grandes esperanzas en la mina y se dedicó
+á hacerla practicable.
+
+Desde aquella noche principió á trabajar, aunque por el momento los
+resultados fueron capaces de hacer desistir al mas testarudo.
+
+La mina estaba cegada á piedra y lodo.
+
+A pesar de esto, dedicó las noches á aquel trabajo de zapa, sin dejar
+por ello de aprovechar los dias en otras investigaciones.
+
+Despues de haber trabajado en la mina con mucha precaucion para no ser
+sentido, desde el principio hasta el medio de la noche, se recogia al
+lecho y dormia hasta el amanecer; despues se ponia en la parte mas alta
+de su habitáculo, detrás de una rendija, á observar los dos jardines y
+las ventanas y galerías de las casas inmediatas.
+
+Todos los respiraderos de la casa del capitan estaban siempre cerrados,
+asi como el jardin desierto: en cuanto á la casa de don Diego de Válor
+era distinto: veíase tanto en el jardin, como en las ventanas y
+galerías, el tráfago de una numerosa servidumbre; generalmente despues
+del amanecer, veia Harum una jóven hermosa y triste, que aparecia en los
+cenadores, adelantaba con paso lento, se sentaba en un banco de piedra
+debajo de una enramada de jazmines, y permanecia allí, pálida, inmóvil y
+profundamente pensativa, hasta que, entrando el dia y creciendo el
+calor, se levantaba, y con el mismo paso lento volvia á desaparecer por
+el fondo de los cenadores.
+
+Aquella jóven era doña Isabel de Válor; la causa indudable para Harum de
+la pérdida de Yaye.
+
+Se nos olvidó decir que se habian recibido unas noticias tales de la
+muerte de Miguel Lopez por los lacayos que habian acompañado á don Diego
+y á don Fernando, que doña Isabel vestia luto.
+
+Y ahora que recordamos á Miguel Lopez, debemos añadir que ni una palabra
+se sabia acerca del paradero de don Diego de Válor y de su hermano don
+Fernando.
+
+Aquello era una cadena de misterios.
+
+En cuanto á doña Elvira de Céspedes, Harum no la habia visto ni una sola
+vez en el jardin, ni en los miradores, ni en las galerías. Sus mismos
+criados y su cuñada doña Isabel la veian muy poco: á las horas de comer
+y de las mas precisas atenciones domésticas y nada mas: despues
+afectando tristeza por la extraña ausencia de su marido y la falta de
+noticias suyas se encerraba pasando apartada de la vista de todo el
+mundo la mayor parte de las horas del dia.
+
+Doña Isabel, sabia demasiado la razon del retraimiento de doña Elvira:
+sentia por él unos profundos zelos; lloraba cuando se encontraba sola,
+pero guardaba una reserva sin límites: para saber que Yaye vivia, la
+bastaba mirar el semblante de su cuñada; pero la observacion de aquel
+semblante era un tormento para doña Isabel.
+
+Parecíala notar en los ojos de doña Elvira una segunda vida; la vida de
+un amor ardiente y satisfecho...
+
+Pero volvamos á Harum.
+
+Despues de su observacion salia á la calle y se dedicaba á nuevas
+investigaciones: habia procurado averiguar la procedencia del capitan;
+pero por mas que él y los otros monfíes que con él estaban en Granada,
+revolvieron é indagaron, no se pudo sacar en claro sino que el capitan
+era forastero y nadie le conocia.
+
+Del mismo modo todos sus esfuerzos eran inútiles para dar con el emir;
+todos los dias, pues, á la caida de la tarde, iba á dar cuenta de sus
+trabajos á Abd-el-Gewar.
+
+Esta cuenta se reducia á muy pocas palabras.
+
+--Santo faquí, decia Harum inclinándose, ni yo ni los mios hemos podido
+averiguar nada acerca del paradero del poderoso emir.
+
+Abd-el-Gewar trasmitia diariamente este breve parte verbal á Yuzuf por
+mano de un monfí.
+
+Al fin un dia Abd-el-Gewar recibió la siguiente carta de Yuzuf.
+
+«Creo que yo me encuentro mas cerca que tú de saber el paradero de mi
+hijo.»
+
+Y sin embargo Abd-el-Gewar y Harum le estaban tocando, como quien dice,
+con la mano; le tenian enmedio, aunque á alguna profundidad debajo de
+tierra.
+
+Doña Isabel, que era la única partícipe del secreto con su hermano y su
+cuñada, habia callado por amor á su hermano, á pesar de que sabia que
+Yaye era buscado con ansia... sabiendo que Yaye estaba en poder de una
+mujer que le amaba.
+
+Isabel por un sin número de razones se veia obligada á callar y á
+sufrir.
+
+Habia pasado cerca de un mes desde el dia del casamiento de Isabel.
+
+Durante aquel mes ninguna noticia habia venido á desmentir la noticia de
+la muerte de Miguel Lopez; nada se sabia de la suerte de don Diego y don
+Fernando de Válor.
+
+Un dia que doña Isabel estaba, segun su costumbre, triste y abstraida,
+sentada en el banco bajo la enramada de jazmines, vino á sacarla de su
+abstraccion el ruido de una disputa que pasaba cerca de ella. Levantó
+los ojos del cesped donde hasta entonces los habia tenido inclinados, y
+vió que uno de los lacayos de su hermano pugnaba por arrojar fuera un
+mendigo, que á su vez pugnaba por llegar hasta ella.
+
+--¿Qué quiere ese hombre, Andrés? dijo doña Isabel.
+
+--Este hombre, señora, ha aprovechado un momento en que he dejado
+abierto el postigo, y quiere á todo trance hablar con vos.
+
+--¿Y qué quereis buen hombre...?
+
+--¡Ah! ¿qué quiero...? tened caridad de mi, señora, y Dios la tendrá de
+vos, dijo el mendigo con un pronunciado acento extranjero.
+
+--Dadle una limosna, Andrés, y que se vaya, dijo doña Isabel.
+
+--Ved señora que es un gitano, dijo el lacayo, y que hacer bien á este
+canalla es pedir á Dios una desgracia, porque esta gente está maldita de
+Dios.
+
+--¡Malditos de Dios! ¡si es verdad! ¡malditos de Dios! exclamó
+roncamente el mendigo: los crímenes de nuestra raza han caido sobre
+nosotros, y nosotros nos vemos castigados por las culpas de nuestros
+abuelos en nuestras cabezas y en las de nuestros hijos.
+
+Doña Isabel se conmovió; habia en el acento de aquel hombre algo de
+solemne, algo de terrible, algo de ese no sé qué misterioso que revela
+los grandes infortunios y no el infortunio de un hombre solo, sino el de
+una raza entera: por mas que doña Isabel fuese cristiana de corazon,
+pertenecia á un pueblo oprimido y desgraciado, y de una manera precisa
+se le hacia simpático aquel otro hombre, que parecia pertenecer á otro
+pueblo tan desdichado como el pueblo moro de Granada.
+
+Porque aquel hombre, en fin, era Calpuc, el rey del desierto, que se
+presentaba á doña Isabel con el extraño disfraz de mendigo.
+
+Cuando se ha logrado interesar la curiosidad de una mujer se puede tener
+casi la seguridad de conseguir lo que de aquella mujer se espera.
+
+--Dejadle que se acerque, dijo doña Isabel al lacayo.
+
+--Pero ved que estos gitanos... insistió el criado.
+
+--Dejadle, dejadle que se acerque, repitió doña Isabel: ¿por qué hemos
+de arrojar lejos de nosotros á los pobres?
+
+Andrés se apartó de mala gana, y murmurando del paso de Calpuc.
+
+Este se acercó á doña Isabel y la contempló en silencio algunos
+momentos, con una profunda expresion de lástima.
+
+--¡Cuán hermosa sois señora, y cuán digna de ser feliz! la dijo.
+
+--¿Y quién os ha dicho que yo soy desgraciada? contestó con cierta
+dureza dona Isabel quien, á pesar de todo, la sentaba muy mal que un
+hombre, que parecia tan miserable, la tuviese lástima.
+
+--¡Oh! para que supieseis los motivos que tengo para compadeceros seria
+necesario que nadie nos escuchase.
+
+--¿Y era esa la caridad que veníais á pedirme?
+
+--Yo no soy mendigo, señora.
+
+--Sin embargo vuestro aspecto...
+
+--Haced que vuestro criado se retire un tanto: me basta con que no pueda
+oirnos.
+
+Dominada hasta cierto punto doña Isabel por aquella extraña aventura,
+mandó á Andrés que se retirase.
+
+Este se retiró á alguna distancia, siempre murmurando y sin quitar ojo
+del mejicano.
+
+Cuando este vió que no podia ser oido la dijo:
+
+--Os tengo lástima porque mereceis mejor esposo, y mejores parientes.
+
+--¿Quién os ha autorizado á insultar á mi familia?
+
+--¡Oh! ¡la desgracia!
+
+--¿Ha causado mi familia vuestra desgracia?
+
+--No, no ciertamente: pero los desgraciados somos hermanos y tomamos con
+mucha facilidad por nuestras las desgracias de los demás.
+
+--Concluid, porque me parece que hasta ahora nada me habeis dicho que
+tenga que ver con la obra de caridad que esperabais de mí.
+
+--Concluiré muy pronto: tomad.
+
+Y sacó de entre sus andrajos una carta que entregó á doña Isabel.
+
+Al ver el sobre de aquella carta doña Isabel dió un grito.
+
+Habia reconocido la letra gorda, bárbara é irregular de Miguel Lopez.
+
+El sobre de aquella carta decia:
+
+«A mi muy querida esposa doña Isabel de Córdoba y de Válor.»
+
+Era la misma carta que Miguel Lopez habia escrito en el subterráneo por
+mandato de Calpuc.
+
+Esta carta aterró de mil maneras á doña Isabel: ella no habia deseado la
+muerte de Miguel Lopez, la habia temido y habia procurado evitarla: si
+al creerla realizada se habia afligido por ella, habia sido mas bien por
+la infamia que suponia en sus hermanos, que por el interés que podia
+causarla aquel esposo que de una manera tal se la habia impuesto: ya
+sabemos que el interés que podia tener doña Isabel por Miguel Lopez era
+negativo, y en esta parte se encontraba bien con su luto y su viudez,
+luto y viudez de que habia venido á sacarla con una prueba indudable
+Calpuc.
+
+Doña Isabel se puso de pié de una manera nerviosa y miró con los ojos
+lúcidos y asombrados al mejicano.
+
+--¡No ha muerto mi esposo! dijo.
+
+--No, no ha muerto aun, contestó Calpuc.
+
+--¡Es decir que está en peligro! repuso palideciendo la joven.
+
+--No por cierto; pero sino ha muerto hoy, morirá mañana.
+
+--No os comprendo bien ¿quereis tal vez aterrarme?
+
+--Yo no pretenderia jamás imponer terror á un ángel, señora. Solo os he
+dicho lo que acabais de oir acerca de la vida de ese hombre, porque me
+parece que es una cabeza sentenciada: sí; estoy seguro de que Miguel
+Lopez morirá de mala muerte.
+
+--¡De mala muerte! ¿y por qué?
+
+--Porque es un malvado y al fin y al cabo los malvados caen heridos por
+la mano de Dios.
+
+--¡Ah! exclamó doña Isabel; escudado con esta carta, que de una manera
+tan extraña me habeis entregado, me estais haciendo oir muy duras
+palabras.
+
+--Ese es un aumento de desgracia que os procura vuestra familia.
+
+--Pero, en fin, dijo doña Isabel: ¿quién ha sido causa del desgraciado
+suceso acontecido á mi esposo? Los lacayos que vinieron á traernos la
+triste nueva, nos dijeron que mi esposo y mis hermanos habian sido
+acometidos por los monfíes de la montaña; que mi esposo habia sido
+muerto y que mis hermanos habian desaparecido.
+
+--Es cierto que los monfíes acometieron á vuestro esposo, pero fueron
+pagados para ello por vuestro hermano don Diego.
+
+Doña Isabel palideció aun mas y bajó la vista ante la profunda mirada de
+Calpuc.
+
+--Vuestro esposo hubiera perecido, sin duda, continuó este á no haber
+sido porque yo acudí en su socorro.
+
+--Os doy las gracias, quien quiera que seais, dijo toda turbada doña
+Isabel.
+
+--¡Ah! ¡si yo hubiera conocido á Miguel Lopez, le hubiera dejado morir!
+contestó con un acento lleno de misericordia Calpuc. Pero Dios lo ha
+hecho de otro modo.
+
+--Sí, si, habeis hecho muy bien en salvarle y os repito que os estoy
+profundamente agradecida.
+
+--Nada me agradezcais. He obrado como debe obrar un hombre temeroso de
+Dios.
+
+--Vos no sois mendigo, segun me habeis dicho, dijo doña Isabel, fijando
+profundamente sus grandes ojos de gacela en Calpuc.
+
+--En verdad que no, señora, pero me era preciso adoptar un disfraz
+cualquiera, para acercarme á vos sin inspirar sospechas. Por lo mismo y
+para no inspirarlas debemos concluir nuestra conversacion, que se va
+haciendo larga. Segun recordareis, vuestro esposo os ruega me entregueis
+la sortija que os dió en arras de su casamiento con vos.
+
+--¿Y os urge recibir esa sortija? dijo doña Isabel.
+
+--No, no ciertamente. Podré esperar hasta esta noche.
+
+--¡Esta noche! ¿y dónde creeis que podreis verme esta noche?
+
+--Aquí, en este mismo sitio, cuando todos esten recogidos en la casa, y
+podamos hablar sin ser sentidos de nadie.
+
+--¡Eso es imposible! ¡yo sola, de noche, con un hombre á quien no
+conozco!
+
+--¿Recelais de mí despues de haber leido la carta de vuestro esposo?
+
+--No, no desconfio. Perdonad un vago recelo en una mujer que ha sido muy
+desgraciada. Me pareceis leal y consiento en recibiros.
+
+--¿A qué hora?
+
+--Despues de las ánimas.
+
+--Despues de las ánimas estaré en el postigo del jardin.
+
+--A esa hora y confiando en vuestro honor, os abriré.
+
+--Adios, pues, señora, y hasta la noche.
+
+--Hasta la noche: adios.
+
+Y Calpuc se separó de doña Isabel, lanzó una profunda y ansiosa mirada á
+las ventanas de la casa en que vivia el capitan Sedeño, y que se veian
+por cima de la tapia medianera de los dos huertos, y al verlas cerradas
+exhaló un profundo suspiro.
+
+Despues salió por el postigo, pasando junto al lacayo Andrés, al que ni
+siquiera saludó.
+
+--¡Oh! será necesario avisar al alcalde para que prenda á ese hombre si
+vuelve á venir, murmuró el lacayo; tiene muy mala traza: por mi parte y
+á no ser por la señora, yo le hubiera echado á palos.
+
+--Ese hombre es un desgraciado, Andrés, dijo doña Isabel, y debemos
+compadecer y ayudar á los desgraciados.
+
+Doña Isabel se alejó y entró por el cenador, mientras Andrés murmuraba
+cerrando el postigo del huerto:
+
+--¡Un desgraciado! quiera Dios que su venida á esta casa no nos cause
+alguna desgracia.
+
+La escena que acabamos de referir pasó cabalmente á la hora en que
+Harum, desde su casucha, hacia su atalaya matutina á los dos huertos del
+capitan estropeado y de don Diego de Válor.
+
+--¡El cazador de la montaña! dijo al reconocer á Calpuc ¡el hombre á
+quien protege el poderoso emir! ¿Por qué viene aquí ese hombre y
+disfrazado de mendigo á hablar con doña Isabel de Córdoba y de Válor?
+Será necesario avisar á Ab-del-Gewar.
+
+Pero antes, añadió, es necesario que concluyamos nuestra tarea de la
+mina: por un milagro de Dios el capitan Sedeño está fuera. Xariz y
+Athar, que le han seguido, me han dicho que ha tomado á caballo el
+camino de la montaña. No se sale asi á la gineta sino para tardar
+algunos dias. Esta es la ocasion mas propicia: pues puños y adelante.
+
+Y dejándose ir con la agilidad de un gato por unas escaleras perláticas,
+descendió á los pisos bajos, que estaban casi llenos de montones de
+tierra y escombros, que habia sacado Harum de la mina: encendió una
+linterna; tomó una piqueta, y se metió por un estrecho pasaje que habia
+abierto á pico.
+
+A trechos se veia la antigua mina árabe en toda su anchura y altura,
+capaz de contener un hombre á caballo, porque la mina solo habia sido
+cegada á trechos: si Harum hubiese tenido una brújula y un plano del
+terreno, hubiera conocido que aquella mina en vez de prolongarse en
+direccion á la casa ocupada por el capitan estropeado, se extendia hácia
+la de don Diego de Válor.
+
+Sea como quiera, á poca distancia se detuvo Harum delante de una pared
+que cerraba la mina, y dejó la linterna en el suelo.
+
+--Hice bien, dijo, en no seguir anoche mi trabajo cuando encontré esta
+pared que sin duda comunica con la cueva de la casa del capitan; era ya
+muy avanzada la noche; la caída de los escombros por esotra parte debe
+producir un gran ruido y era exponerse á que se malograse mi plan. Sin
+embargo, como puede suceder que sin que yo lo sepa haya en la casa
+alguien que guarde á la hermosa doncella de las trenzas negras, bueno es
+ir prevenidos: llevo un excelente puñal... y sobre el corazon; que no es
+flojo ni asustadizo, una buena cota á prueba. Adelante pues. Cúmplase lo
+que está escrito, y que el Dios Altísimo y Unico me proteja.
+
+Y levantando la piqueta descargó un formidable golpe sobre la pared, que
+fue suficiente para que no necesitase dar el segundo: aquella pared era
+un simple tabique traspasado por la humedad, que se derrumbó,
+produciendo apenas, por lo reblandecido de los materiales, un ruido
+sordo y opaco.
+
+Quedó abierto un boqueron practicable: Harum tomó la linterna, saltó
+sobre los escombros, y se encontró en una mina mas ancha y enteramente
+desembarazada, que se prolongaba á la derecha y á la izquierda del
+boqueron donde habia entrado.
+
+--¡Por Satanás! dijo el monfí: me encuentro en un pasaje que conduce á
+dos puntos distintos y que no tiene apariencias de estar cegado.
+Meditemos. La mina por donde me he abierto paso hasta aquí está casi en
+línea recta; la casa del alférez está á la izquierda: la de don Diego de
+Válor á la derecha, pues señor: tomemos á la izquierda: esto no impide
+que despues de reconocer el terreno tomemos á la derecha. Acaso, acaso,
+descubra yo mas de lo que he creido: adelante pues.
+
+Y tomó con una gentil audacia la mina adelante, á la parte de la
+izquierda.
+
+A poco que anduvo tropezó con una escalera y trepó por ella: á la altura
+de cincuenta peldaños encontró una puerta, bien conservada y que parecia
+estar en uso.
+
+Un impulso de alegría inundó el alma del monfí: pero aquel impulso no le
+hizo ser imprudente. Acercó el oido á la puerta y escuchó. Nada
+absolutamente se oia tras ella: permaneció escuchando algun tiempo mas,
+y ningun ruido alteró el silencio: entonces acercó la luz de la linterna
+á la puerta y la examinó minuciosamente.
+
+Era de roble, y provista de una cerradura tan fuerte, que para
+violentarla hubiera sido preciso causar gran ruido.
+
+Harum suspiró.
+
+--Es preciso procurarse una llave maestra, dijo: acaso, acaso, será
+prudente esperar hasta la noche; durante el dia reconoceré por fuera el
+terreno. Indudablemente esa puerta me ha de llevar hasta la mujer á
+quien me ha encargado que busque el emir. Ademas será prudente traer
+conmigo mejores armas.
+
+Harum bajó de nuevo las escaleras y se aventuró en la mina; pero
+abstraido en los pensamientos que le inspiraba la aventura en que se
+habia empeñado, pasó junto al boqueron por donde habia penetrado en la
+mina, y siguió en direccion de la casa de don Diego de Válor.
+
+Pero de repente Harum se detuvo: habia escuchado el rumor de dos voces,
+una de hombre, otra de mujer, que hablaban sin recato y como si no
+temiesen ser escuchados. Harum adelantó con precaucion, y notó que las
+dos voces salian de un aposento abierto en la mina, por cuya puerta
+salia, proyectándose sobre el pavimento de la mina, un rayo de luz: el
+monfí adelantó aun mas y pudo percibir perfectamente lo que hablaban el
+hombre y la mujer que estaban en el aposento.
+
+La voz del hombre hirió su oido de una manera particular, como si le
+fuera muy conocida, y al fin la reconoció y exclamó con asombro:
+
+--¡El emir! ¡encerrado en un subterráno con una mujer!
+
+Harum no supo por el momento qué hacer.
+
+--Si, si, está ahí; pero yo no debo escucharle, ¡no! ¡el siervo no debe
+descubrir los secretos del señor! ¡seria hacerle traicion! ¡pues bien!
+¡me ocultaré, observaré cuando salga esa mujer! y entonces... ¡oh!
+entonces me presentaré á él y le diré: señor, ¡vuestro padre os busca
+desesperado! ¡si estais cautivo, yo os traigo la libertad! ¡si estais
+libre, volved un momento, señor, junto á vuestro padre, junto á vuestros
+leales monfíes...! despues... despues tiempo os quedará para el amor.
+
+Tomada esta leal resolucion, Harum se volvió atrás, buscó el boqueron,
+le encontró, se sentó sobre los escombros y apagó la linterna, para que
+no pudiese denunciarle su luz.
+
+
+
+
+CAPITULO XI.
+
+ Hasta donde habia llegado doña Elvira, arrastrada por su amor á
+ Yaye.
+
+
+Harum obraba sin duda hidalgamente y como convenia á un buen vasallo, en
+no escuchar lo que su señor hablase; pero el autor comprende que no
+estan en el mismo caso sus lectores, y va á introducirlos en aquel
+aposento vedado para Harum.
+
+Aquel aposento era el mismo donde don Diego de Válor y su mujer doña
+Elvira de Céspedes, habian ocultado á Yaye, á causa del accidente que le
+habia producido la noticia del casamiento de doña Isabel.
+
+Desde aquel momento al en que le presentamos de nuevo á nuestros
+lectores, habia pasado, como hemos dicho, un mes.
+
+Yaye estaba completamente restablecido y se paseaba lentamente por la
+estancia.
+
+Doña Elvira estaba sentada en un sillon, contemplando con ansiedad al
+jóven, que estaba hermosísimo.
+
+--¿Con que esa es vuestra postrera resolucion? dijo doña Elvira.
+
+--Mi resolucion decidida, contestó el jóven con acento severo.
+
+Por algunos momentos doña Elvira, á quien pareció contrariar la
+respuesta de Yaye, guardó silencio, impaciente é irritada.
+
+--¿No os he dado bastantes pruebas de mi amor, dijo al fin con altivez,
+para que consintais en lo que deseo, en lo que ansío... en lo que debia
+llenaros de orgullo, porque lo que yo ansío, lo que yo deseo, es ser
+vuestra, enteramente vuestra?
+
+--¿Y no lo sois, señora? dijo dominándose Yaye, y procurando dar á su
+acento la dulzura del amor, ¿no soy yo vuestro?
+
+--Si, aquí, entre el mas profundo misterio, en las entrañas de la
+tierra; cuando nadie mas que yo está á vuestro lado, cuando á nadie veis
+mas que á mi. Vos no me amais, Yaye... vos al decirme amores habeis
+mentido... si, habeis mentido... vos no amais mas que á vuestra
+ambicion... y despues de vuestra ambicion á mi cuñada doña Isabel, á
+pesar de que mi cuñada se casó con otro sabiendo que vos la amábais.
+
+Yaye hizo un movimiento como para contestar, pero guardó silencio.
+
+--Si, ella sabia que vos la amábais, y os pospuso á un hombre feroz,
+brutal, casi á un bandido... en cambio yo... yo os amo desde que os vi:
+cuando por una sucesion de circunstancias extrañas os tuve en mi poder,
+cuando yo sola podia veros, yo sola podia hablaros, mi alma se abrió á
+la esperanza y á la felicidad... despues vos habeis sabido engañarme,
+enloquecerme... me habeis hecho la mas feliz de las mujeres... ¡oh! ¡si!
+porque no hay en el mundo una felicidad semejante á la que vos me habeis
+hecho probar... ¡pero despues...!
+
+El jóven se acercó á doña Elvira y la asió una mano.
+
+--Escuchad, señora, la dijo: mi corazon os pertenece... es verdad que yo
+amaba á vuestra cuñada, ó que creia amarla...
+
+--¡Que creiais amarla! exclamó con ansiedad doña Elvira.
+
+--Si, que crei amarla, porque mi afecto hácia ella mas que amor era
+empeño, un empeño como yo los concibo: tenaces, terribles,
+voluntariosos... la noticia de su casamiento causó en mí un efecto
+inesplicable... porque mi empeño se desvanecia, caia vencido ante el
+empeño de una mujer... no recuerdo lo que me aconteció... solo recuerdo
+que desperté un dia de un profundo letargo, calenturiento, dolorido,
+cansado en el cuerpo y en el alma... miré en torno mio y os vi
+anhelante, con las manos cruzadas, mirándome de una manera tal, que aun
+no he podido olvidar aquella mirada, hermosa y dulce como la de un
+ángel... yo no os conocia... vos tampoco me dijísteis quien érais... yo
+no os lo habia preguntado, porque no tenia voluntad mas que para
+miraros, ni corazon mas que para sentir vuestra hermosura y vuestra
+misericordia: pasábais junto á mi largas horas reclinada sobre mi lecho,
+mis manos en vuestras manos, mi mirada en vuestra mirada, confundiéndose
+nuestros alientos: llegó un punto en que... nos confundimos en uno; nos
+unimos, fuimos un solo ser que sentia una misma felicidad, que se
+embriagaba en sí mismo: yo os crei mi ángel, mi espíritu estaba aun
+perturbado... nada recordaba... habia vuelto á la vida... á una vida
+vigorosa, á una vida nueva... para mí este aposento, donde jamás entra
+la luz del dia, era un eden y era un eden por vos. Vos lo sabeis,
+señora: no podeis dudarlo: yo enloquecia bajo vuestras miradas, yo
+desfallecia de amor con vuestras caricias... ¿ha podido jamás un hombre
+pertenecer de una manera mas completa á una mujer?
+
+--¡Ha sido un sueño! ¡un hermoso sueño! dijo doña Elvira, cuyos ojos se
+arrasaron de lágrimas, ¡un sueño que no se ha desvanecido sino
+haciéndome pedazos el corazon!
+
+--¿Por qué me despertásteis? ¿por qué avivásteis mi memoria que la
+enfermedad habia entorpecido? ¿Por qué me dijísteis: tú eres
+Yaye-ebn-Al-Hhamar, emir de los monfíes de las Alpujarras?
+
+--¡Ah! ¡la ambicion ha matado en vos al amor!
+
+--No por cierto: el emir, el poderoso emir de los creyentes que luchan
+en las montañas de las Alpujarras por el Islam, os hubiera asido de la
+mano, os hubiera presentado á los suyos y les hubiese dicho: hé aquí mi
+esposa; hé aquí vuestra señora; pero vos no os detuvísteis en vuestras
+revelaciones: me dijísteis: yo soy casada, lo que equivalia á decirme:
+somos adúlteros.
+
+--¡Ah! exclamó doña Elvira.
+
+--Y no bastaba esto: me dijísteis soy esposa de don Diego de Córdoba y
+de Válor, lo que equivalia á decirme: somos infames, porque don Diego de
+Córdoba es pariente mio por parte de mi madre, como que mi madre era
+hermana del padre de don Diego.
+
+--¿Y qué importan todos los parentescos, todos los vínculos, cuando se
+ama como yo os amo?
+
+--Doña Elvira el crímen siempre es el crímen, y no es puro el placer en
+el fondo de cuya copa se encuentra el remordimiento: yo soy inocente: el
+Altísimo lo sabe: acababa de salir de una enfermedad terrible cuando os
+vi á mi lado; me encontraba en una situacion extraña; yo os creia una
+hurí enviada por Dios para consolarme, porque yo no os conocia: lo que
+ha sucedido entre nosotros ha sido fatal; pero en el momento en que he
+conocido que nuestros amores ofendian á Dios y á los hombres, me he
+detenido, he vuelto atrás en la senda de la perdicion en que habia
+entrado sin saberlo...
+
+--¡Porque no me amais! ¡porque os habeis burlado de mí! exclamó con
+violencia doña Elvira.
+
+--No os amo porque no debo amaros, señora; no os amo, porque perteneceis
+á otro hombre; porque me habeis engañado...
+
+--¡Porque amais á mi cuñada doña Isabel!
+
+--Para que yo no ame á doña Isabel basta el que sea como vos una mujer
+casada.
+
+--¡Oh! si en vez de ser yo quien soy, fuera doña Isabel, no reparariais
+tanto en ofender á Dios y á los hombres, exclamó con despecho doña
+Elvira... y luego... ¡si doña Isabel fuese viuda... viuda y...
+vírgen...!
+
+Yaye, á pesar del dominio que tenia sobre sí mismo, palideció de una
+manera marcada.
+
+--¡Oh! ¡si! ¡la amais! ¡la amais! exclamó con rabia doña Elvira, notando
+la conmocion de Yaye, la amais y me despreciais por ella... ¡pues bien!
+¡sabedlo...! ¡os lo voy á revelar todo...! apenas Miguel Lopez habia
+entrado en nuestra casa de vuelta de la ceremonia... mi esposo, no sé
+por qué, le llevó consigo, sin darle ni aun tiempo de despedirse de doña
+Isabel: Miguel Lopez, mi esposo, mi cuñado don Fernando y cuatro
+lacayos, partieron para las Alpujarras: al dia siguiente volvieron los
+lacayos trayendo la noticia de que Miguel Lopez habia sido asesinado por
+los monfíes y que mi esposo y mi cuñado habian desaparecido.
+
+--¡Asesinado Miguel Lopez por los monfíes! exclamó Yaye, en cuya
+imaginacion surgió una sospecha: ¿y se ha confirmado esa muerte?
+
+--Mi cuñada, vuestra hermosa doña Isabel, lleva luto por ella... ¡y está
+tan hermosa con su luto...!
+
+--¡Asesinado Miguel Lopez por los monfíes! repitió profundamente Yaye.
+
+--¡Oh! ¡ya se ve! existia un antiguo contrato entre vuestro padre y el
+padre de mi esposo; segun él, vos y doña Isabel debiais uniros para
+salvar ciertos intereses encontrados: no sé por qué, obligado acaso por
+la fatalidad, mi esposo entregó su hermana á Miguel Lopez... pero
+llegásteis vos... os encerrásteis con mi esposo... yo escuché vuestra
+conversación... y Miguel Lopez fue sentenciado...
+
+--Os juro que yo no he tenido parte alguna, ni aun con la voluntad, en
+ese asesinato.
+
+--Si, si: bien sé que el único autor de ese delito es don Diego de
+Córdoba, mi esposo, pero sé tambien que su delito es inútil, porque no
+os casareis con doña Isabel, os lo juro.
+
+--Ya os he dicho, continuó dominándose Yaye, que en el momento en que
+doña Isabel ha pertenecido á otro hombre he dejado de amarla.
+
+--Es que doña Isabel no ha pertenecido á nadie, exclamó con una
+malignidad indescribible doña Elvira, ni aun á su hermoso Yaye, á quien
+ama con toda su alma... me habeis llamado adúltera porque el amor me ha
+arrojado en vuestros brazos: ¿y creeis que no seria tambien adúltera
+doña Isabel, vuestra virtuosa doña Isabel, si vos la hacias oir una sola
+palabra de desesperacion..? ¡oh! ¡las mujeres cuando amamos no reparamos
+en nada...! ¡el amor ha sido creado por Dios para que le sienta única y
+exclusivamente la mujer!
+
+Yaye se contenia visiblemente: notábase, á pesar de su profunda reserva,
+no solo que no amaba á doña Elvira, sino que le inspiraba aversion.
+
+Doña Elvira aspiraba perfectamente el sentimiento que se filtraba, por
+decirlo asi, del semblante del jóven, le comprendia y se irritaba.
+
+--Mi casamiento, dijo fue el resultado de una apuesta, y he sido muy
+desgraciada: yo amaba á mi esposo y á fuerza de humillaciones he llegado
+á aborrecerle: yo debia vengarme de él tarde ó temprano; pero no he sido
+una mujer impura que se prostituye solamente por venganza: era necesario
+que mi corazon al vengarse aspirase otro amor... os ví... os amé, os he
+amado largo tiempo en silencio... y al fin... por casualidad, mi mismo
+esposo os puso en mis manos: he velado junto á vos anhelante, viendoos
+entre la muerte y la vida y despues de haberos salvado me he creido
+amada y vengada de las injurias que como mujer debia á mi esposo... vos
+me despreciais ahora Yaye... pues bien yo me vengaré... os juro que
+sereis mi esclavo, que no volvereis á ver la luz del sol.
+
+--La pasion, una pasion que no comprendo bien os extravía, señora, dijo
+Yaye con una profunda calma: vos no teneis ningun derecho para privar á
+un hombre de su libertad.
+
+--Si, si, es verdad: yo debo dejaros libre para que corrais á arrojaros
+á los piés de doña Isabel, para que podais decirla, ¡eres viuda...! ¡sé
+mi esposa...! ¡y yo entre tanto... deshonrada...! ¡perdida...! ¿que
+creeis que seria de mí si durante una larga ausencia de mi esposo diese
+á luz un hijo?
+
+Yaye se estremeció.
+
+--Y estoy segura... ¡oh! ¡si! ¡os amo tanto! ¡he sido tan feliz! ¡oh
+Dios mio! ¡Dios mio! al menos aunque él me desprecie... si me queda una
+prenda de su amor, seré feliz... muy feliz... y esa felicidad... de
+seguro me la ha concedido Dios.
+
+--Dios no querrá que vuestra insensata pasion os haya llevado á tal
+punto señora. Dios no querrá que tengais un doble remordimiento... por
+el esposo y por el hijo: en cuanto á mí soy inocente, bien lo sabeis; si
+fuerais libre os haria mi esposa, os lo repito os lo juro.
+
+--¿Me haríais vuestra esposa si yo fuese libre? observó acentuando cada
+una de estas palabras doña Elvira.
+
+--Cuidad lo que haceis, señora, dijo Yaye.
+
+--¡Qué! dijo doña Elvira con sarcasmo; ¿creeis que yo seria capaz de
+matar á mi marido por ser vuestra?
+
+--Os lo confieso, aunque me cuesta violencia el confesároslo: os creo
+capaz de todo.
+
+--Pues bien, dijo con una calma glacial doña Elvira: esperadlo todo de
+mí. Todo, hasta la venganza.
+
+--Habeis elegido muy mal camino, señora, dijo Yaye con acento frio: ya
+os lo he dicho antes de ahora: sois impotente contra mí: os he suplicado
+que me pongais en libertad, que me dejeis volver entre los mios, y os
+habeis negado á ello á pretexto de que no volveria á veros. En efecto,
+una vez fuera de esta prision en que la casualidad me ha arrojado, no
+volveriais á verme sino por otra casualidad..... porque el deber me
+manda apartarme de vos. Jamás hubiera yo incurrido en el crímen que
+hemos consumado, sino en un estado casi de insensatez, en un estado en
+el cual no pertenecen al hombre sus acciones.
+
+--¡Es decir, que teneis remordimiento de haberme poseido! exclamó con
+una soberana altivez doña Elvira.
+
+--Sí, respondió con firmeza Yaye, hasta el punto que puedo tenerlos,
+porque os lo repito, mis actos, acabado de salir de una enfermedad
+terrible que habia afectado mi razon, no son mios: son los actos de un
+insensato..... pero no insistiendo mas en esto os intimo por última vez
+para que me dejeis en libertad de ir á donde me convenga, puesto que
+ningun derecho teneis para retenerme á vuestro lado.
+
+--¡Jamás! exclamó doña Elvira.
+
+--Pues bien, señora, dijo Yaye adelantando hácia doña Elvira, que
+retrocedió hácia la puerta; por mas que me cause repugnancia el ejercer
+con vos una violencia, hareme yo mismo libre, sobrevenga el escándalo
+que quiera.
+
+Y adelantó aun mas hácia doña Elvira.
+
+--¡Ah! ¡no!... exclamó esta: vos sereis caballero... vos no querreis
+emplear la fuerza contra una dama.
+
+Yaye se detuvo á esta invocacion á su honor.
+
+--Solo os suplico, dijo doña Elvira que mediteis en mi amor, en mi
+desesperacion: ¡sino os volviera á ver..! ¡qué! ¿tanto os costaria, sino
+podeis ser mi amante, ser mi amigo?
+
+--¿Me jurais, señora, sacarme de aquí?
+
+--Os lo juro.
+
+--Pues bien: cumplid vuestro juramento.
+
+En aquel punto doña Elvira que gradualmente se habia acercado á la
+puerta, la ganó de un salto, y antes de que Yaye pudiera evitarlo la
+cerró, corriendo los cerrojos.
+
+--Sí, sí, dijo doña Elvira desde detrás de la puerta: tú saldrás de aquí
+Yaye, pero muerto de hambre, ó entregado enteramente á mi: yo te lo
+juro.
+
+Y se alejó lanzando una insensata carcajada que retumbó en la mina.
+
+Luego se escucharon por algun tiempo sus pasos precipitados; despues
+todo quedó envuelto en el mas profundo silencio.
+
+
+
+
+CAPITULO XII.
+
+De cómo Dios premió la constancia de Yaye.
+
+
+Yaye quedó mudo de asombro y de cólera en el centro de la estancia.
+
+Las últimas palabras de doña Elvira tenian una muy fácil explicacion.
+
+«Tú saldrás de aquí muerto de hambre ó entregado enteramente á mí.»
+
+Esto queria decir que doña Elvira pensaba valerse de algun brebaje para
+aletargar al jóven y conducirle á un lugar mas seguro; brebaje que solo
+podria evitar Yaye sentenciándose á morir. Era aquel el último límite á
+donde podria llegar el empeño de una mujer.
+
+Yaye conoció que doña Elvira le tenia enteramente en su poder: la
+habitacion en que se encontraba, aunque ricamente alhajada, y cubierta
+de tapices, por lo reducido de su extension, por lo deprimido de su
+bóveda, por lo fuerte de su puerta, en que se veia un ventanillo,
+indicaba haber sido en otro tiempo destinada para encierro. Por aquel
+ventanillo podia doña Elvira introducirle alimentos preparados para
+producirle un estado de letargo, sin que Yaye pudiese usar de la menor
+violencia con ella. Yaye, pues, sacudió con fuerza la puerta; pero esta
+era muy fuerte, encajaba perfectamente y nada consiguió: metió el brazo
+por el ventanillo, y probó si alcanzaba á los cerrojos: esto tambien era
+inútil: los cerrojos estaban fuera del alcance de su brazo: su espada y
+su daga, cuyos gavilanes acaso le hubieran servido para alcanzar á los
+cerrojos, habian desaparecido: Yaye comprendió que si esperaba mucho
+tiempo, doña Elvira comprendería que los cerrojos no bastaban para
+asegurar á su prisionero, y buscaria otros medios de seguridad.
+
+Era necesario encontrar una manera de descorrer aquellos cerrojos, y
+franquear cuanto antes aquella puerta. Una vez fuera, Yaye pensaba
+ocultarse en la oscuridad en la mina, y sorprender á doña Elvira cuando
+volviese.
+
+Pero no se le ocurrió medio en lo humano: comprendió que estaba
+seriamente preso, y á merced del fatal amor de doña Elvira.
+
+La única esperanza que le quedaba era que sobreviniese en aquellos
+momentos don Diego de Córdoba y de Válor.
+
+¿Pero quién sabia lo que habia sido de don Diego?
+
+Empezaba Yaye á desesperarse, cuando oyó en la mina unos pasos marcados
+de hombre: era la primera vez, despues que habia vuelto á la razon en
+aquel calabozo, que oia tales pisadas: supuso que doña Elvira le
+enviaria algun hombre pagado para intimidarle, y esto le irritó. Los
+pasos se acercaban y al fin se detuvieron junto á la puerta.
+
+Yaye escuchó en silencio: el que se habia detenido junto á la puerta
+nada dijo durante algunos segundos.
+
+Al fin se escucharon estas palabras pronunciadas por una voz contenida:
+
+--¿Estais solo, señor?
+
+--¿Qué es eso? ¿Quién me llama señor? dijo Yaye acercandose al
+ventanillo de la puerta.
+
+--Soy yo, señor; vuestro fiel escudero; el walí Harum-el-Geniz.
+
+--¡Oh! ¡me he salvado! exclamó Yaye; mira si puedes descorrer los
+cerrojos, mi buen Harum.
+
+--¡Oh! ¡sí, poderoso señor! he aquí la puerta de par en par.
+
+En efecto, la puerta se abrió.
+
+--¿Quién te ha traido aquí Harum? ¿por dónde has entrado? le preguntó
+Yaye.
+
+--Me ha traido un mandato de vuestro noble padre; en cuanto al lugar por
+donde he entrado, venid señor y lo vereis.
+
+Harum á quien las circunstancias hacian mas entrometido con el jóven
+emir que lo que lo hubiese sido en otra ocasion, tomó la bujía que ardia
+sobre la mesa y salió seguido de Yaye.
+
+Al llegar al boqueron se detuvo, y le mostró al jóven.
+
+--Hé aquí por donde he entrado, señor. Por esa mina adelante, pronto muy
+pronto, vuestra grandeza verá la luz del sol.
+
+Y siguió por la mina precediendo al jóven emir.
+
+Cuando este se encontró en las habitaciones superiores, cuando vió el
+cielo, las nubes, el sol, los árboles, la Alhambra, á lo lejos la alta
+cumbre de la Sierra-Nevada, en lontananza y á los pies de la sierra la
+extendida vega con sus lejanas montañas azules, respiró como quien se
+siente aliviado de un peso enorme.
+
+--¿De qué manera quieres que te recompense el emir? exclamó con alegría
+volviéndose á Harum.
+
+--¡Ah, señor! dijo el monfí; me basta con ser vuestro secretario de
+confianza en la paz; vuestro escudero en la guerra: á vuestro lado
+siempre, porque teneis enemigos, señor; todos los reyes los tienen y mi
+única ambicion es serviros de escudo.
+
+--Aunque me has servido algun tiempo no recuerdo de qué tribu eres, dijo
+con la gravedad de un rey Yaye.
+
+--De la tribu Zeneta, señor, contestó con orgullo Harum.
+
+--Vienes, pues, de una raza bastante esclarecida, walí, para que puedas
+estar continuamente á mi lado, dormir á los piés de mi lecho, y llevar
+tu caballo tras el mio en el combate. Te concedo lo que me has pedido.
+
+--¡Ah! ¡señor! ¡magnífico señor! exclamó Harum arrojándose á los piés de
+Yaye.
+
+--Alza y escucha: ¿cuántos dias han pasado desde aquel en que yo llegué
+á Granada?
+
+--¿Quereis decir, señor, desde el dia en que me mandásteis que siguiese
+sin perder de vista á la hermosa morena de los ojos de luz?
+
+--¡Ah! ¡la princesa mejicana! exclamó perturbado bajo aquel recuerdo
+Yaye.
+
+--Pues ha pasado un mes, cabalmente desde aquel dia, señor.
+
+--¡Cuántas variaciones en un mes en la vida de un hombre! exclamó el
+jóven emir. Y se quedó profundamente pensativo.
+
+--Perdonadme, señor, dijo Harum, si os advierto, que estando en estos
+corredores nos pueden ver desde las ventanas y desde el jardin de la
+próxima casa de don Diego de Córdoba y de Válor.
+
+--¡Ah! ¡es esa la casa de don Diego de Córdoba! dijo Yaye mirando al
+frente: pero de improviso se puso pálido y lanzó una exclamacion desde
+el fondo de su alma.
+
+--¡Ah! ¡doña Isabel!
+
+En efecto, la jóven habia atravesado lentamente y con su severo traje de
+luto, un corredor de la casa vecina y habia desaparecido.
+
+--¿Vive doña Isabel en la casa de su hermano don Diego? dijo con voz
+apagada por la conmocion Yaye.
+
+--Si señor, todos los dias por la mañana la veo sentada en aquel banco
+de piedra que hay al pié de aquella enramada de jazmines. Pero
+retirémonos de aquí si os place, señor, y si quereis observar la casa de
+don Diego, yo os llevaré á un lugar desde donde podais ver sin ser
+visto.
+
+Yaye conoció que la observacion de Harum era prudente, y le siguió á un
+aposento cercano en el que habia una ventana con celosía y desde donde
+se descubria lo mismo que desde el corredor, las dos casas y los dos
+huertos del capitan estropeado y de don Diego de Válor.
+
+--¿Acostumbra doña Isabel á dejarse ver? preguntó Yaye.
+
+--Solo por la mañana, señor, y en el lugar que os he marcado.
+
+--¿Has hablado alguna vez con ella?
+
+--Nada me habiais encargado acerca de doña Isabel, señor.
+
+--Es verdad. Y dime: ¿que ha sido de Miguel Lopez?
+
+--Se le cree muerto.
+
+--¿Se sabe quién ha mandado su muerte?
+
+--Creese que sea cosa de don Diego de Válor.
+
+--¡Infame! murmuró Yaye: pero... me han dicho que ha muerto á manos de
+unos monfíes.
+
+--Es verdad: segun me ha dicho Dalhy que ha ido dos ó tres veces á la
+montaña durante este mes, don Diego sobornó á Reduan, que vivia como
+ventero junto á Orgiba y á otros seis: vuestro poderoso y justiciero
+padre, señor, mandó ahorcar al dia siguiente á Reduan, y á los otros
+seis, en la encina muerta de la Rambla de los Gamos.
+
+--¿De modo que en esta muerte nada ha tenido que ver la justicia de mi
+padre?
+
+--Ha sido un asesinato y nada mas.
+
+--¿Y qué se han hecho don Diego y don Fernando de Válor?
+
+--Los tiene presos vuestro padre hasta que vos parezcais.
+
+--¿Y mi buen ayo Ab-del-Gewar?
+
+--Está inconsolable por vuestra pérdida y nos hace revolver la tierra á
+mí y á los veinte monfíes que tengo á mis órdenes.
+
+--Pues hasta que yo te lo mande, es necesario que á nadie digais que he
+parecido.
+
+--Muy bien, señor.
+
+--A nadie, ¿lo entiendes?
+
+--Si señor.
+
+--Además, es necesario que procures introducirte con la servidumbre de
+don Diego de Válor, á fin de que yo pueda hablar con doña Isabel.
+
+--Las tapias son fáciles de escalar, señor... y yo mismo...
+
+--Componte como puedas, pero no cometas ninguna imprudencia.
+
+--¡Oh! en cuanto á imprudencias seria la primera que cometiese: por no
+ser imprudente no puedo daros ya noticias positivas acerca de la dama
+morena que me mandásteis seguir.
+
+--¡Cómo! ¿sabes donde para?
+
+--Muy cerca de nosotros, ahí, en esa otra casa cuyo huerto linda con el
+de don Diego y cuyas celosías estan tan cerradas.
+
+--¿Y no has tenido medio de amparar á esa desdichada?
+
+--Tengo medio de penetrar hasta su habitacion; pero necesitaba proveerme
+de cierta herramienta.
+
+--¡Ah! ¡forzar puertas! dijo con repugnancia Yaye: ¡exponerse á pasar
+por un ladron!
+
+--La puerta que yo forzaré es tan reservada, como que da á un extremo de
+la mina donde está la habitacion en que os han tenido cautivo.
+
+--Pues bien, cuanto antes liberta á esas desdichadas mujeres, pónlas
+bajo el amparo de la justicia, devuelve á la jóven la joya y...
+
+--¿Y por qué no habeis de hacer vos todo eso señor? sino me engaño
+paréceme haberos oido decir que esa dama es una princesa.
+
+Meditó un tanto Yaye.
+
+--Bien, dijo: tiempo sobrado tendremos de pensar en ello. Por ahora
+búscame una casa segura donde pueda vivir sin ser notado: despues trae
+una litera cerrada dentro de la cual me trasladaré á mi nueva vivienda,
+y sobre todo, Harum, un profundo secreto.
+
+El monfí despues de haber recibido algunas otras instrucciones de Yaye,
+salió de la casa murmurando, mientras se alejaba á buen paso:
+
+--El emir es mi señor único y absoluto desde que el noble Yuzuf renunció
+en él su poder y su corona. El, solo él, Muley-Yaye-ebn-Al-Hhamar, es
+nuestro señor, á quien debemos obedecer ciegamente, so pena de traicion.
+¿Pero qué pensará hacer el emir?
+
+Dos horas despues salia una litera cerrada del casuco que habitaba
+Harum: aquella litera entró poco despues en una linda casita de la calle
+de las Tres Estrellas en el Albaicin.
+
+
+
+
+CAPITULO XIII.
+
+De cómo la caridad era una virtud peligrosísima para el poderoso emir de
+los monfíes Muley-Yaye-ebn-Al-Hhamar.
+
+
+Llegó la noche, y por cierto, lóbrega y tempestuosa.
+
+Poco despues del oscurecer algunos hombres, como en número de doce,
+envueltos en largas capas, se extendieron por las calles de San Gregorio
+el alto y sus circunvecinas y se ocultaron en los dinteles de las
+puertas.
+
+Al poco tiempo otros dos hombres, embozados tambien hasta los ojos,
+llegaron á la puerta de la casucha habitada por Harum, y uno de ellos
+abrió la puerta: el que le seguia entró.
+
+El que habia abierto la puerta lanzó un silbido prolongado, entró y
+cerró.
+
+Poco despues un embozado, llegó á la puerta y llamó: abriéronle y un
+hombre que tenia una linterna en la mano, le introdujo en una habitacion
+del piso bajo. Sucesivamente llamaron y entraron otros cinco hombres.
+
+Cuando estuvieron todos dentro, el hombre que les habia abierto les
+dijo:
+
+--Seguidme.
+
+Aquel hombre era Harum.
+
+Los seis hombres que habian entrado y estaban desembozados, mostraban
+los semblantes mas angulares y fatídicos del mundo, bajo las anchas alas
+de sus sombreros gachos, y las espadas de mas voluminosa empuñadura y
+mas largos y torcidos gavilanes que podian darse, pendientes de los
+talabartes: ademas, cada uno de estos hombres, llevaba sujetos á la
+cintura una daga buida, y dos largos pedreñales ó pistolas.
+
+Aquellos seis hombres eran monfíes escogidos entre lo mas duro y
+valiente de todas las taifas de monfíes de las Alpujarras.
+
+Aquellos seis hombres siguieron á Harum, que los llevó en derechura á la
+mina que ponia en comunicacion la casa ocupada por el capitan
+estropeado, con el palacio de don Diego de Válor.
+
+Cuando estuvieron allí, Harum los extendió por la mina y les dió la
+consigna siguiente:
+
+--Las dagas en las manos. Si sobrevienen gentes por cualquiera de los
+dos extremos, se las detiene, y se avisa con un silbido. Si oponen
+resistencia, obrad como quienes sois. Atencion y silencio.
+
+Volvió á salir por el boqueron, y poco despues apareció con un hombre
+enteramente encubierto, y tomó la direccion de la escalera que conducia
+á la casa del capitan.
+
+--Espera, le dijo el hombre que le seguia: ¿se va por aquí al aposento
+donde he estado preso?
+
+--No señor, contestó Harum, se va por la parte opuesta.
+
+--Pues llévame allá: tengo curiosidad de saber lo que allí puede haber
+sucedido.
+
+Harum se volvió y condujo á Yaye al lugar indicado.
+
+Al entrar en él notó el jóven que algunos objetos que antes estuvieron
+sobre la mesa, estaban rotos y esparcidos por el suelo; levantadas las
+ropas del lecho, como si alguien hubiese buscado algo bajo él y los
+sillones tirados por el suelo.
+
+Yaye lo comprendió todo; aquellos eran los vestigios del furor impotente
+de doña Elvira al verse burlada.
+
+--¡Ah! ¡ya lo sospechaba yo! dijo con acento sentido el jóven, porque
+sin saber por qué, le lastimaba la desesperacion de doña Elvira.
+
+Yaye en su foro interno atribuyó aquel sentimiento á caridad.
+
+Salió de aquella especie de calabozo, y pasó, perfectamente cubierto el
+rostro con un antifaz, por delante de los seis monfíes, que inmóviles y
+silenciosos como estátuas, estaban apoyados de espaldas contra la pared
+á lo largo de la mina.
+
+Treparon por las escaleras que subian hasta la puerta, delante de la
+cual, por falta de una llave maestra, se habia detenido aquella mañana
+Harum.
+
+No sucedió entonces lo mismo: el walí, transformándose en ladron, sacó
+un instrumento de hierro de entre su talabarte, lo introdujo en la
+cerradura, y sin causar ningun ruido y con gran facilidad, descorrió el
+fiador, que era de resorte: entonces la puerta giró sobre sí misma sin
+ruido, y pudo notarse que por la parte de delante, era una verdadera
+puerta secreta disimulada en la tapicería.
+
+El lugar en que habian desembocado Yaye y Harum era una cámara extensa y
+sombría, cuyos tapices representaban asuntos de la historia antigua:
+aquellas gigantescas figuras de fuerte colorido, parecian fantasmas,
+destacándose débilmente sobre el fondo oscuro, y la alta ensambladura de
+pino, ennegrecido por el tiempo, acabada de dar á la cámara en aquella
+situacion y á aquella luz un tinte sombrío.
+
+Los muebles que la alhajaban eran ricos, pero antiguos, y en un ángulo
+se veia un voluminoso lecho de nogal tallado, intacto, con las cortinas
+de damasco rojo entreabiertas. Junto á un armario cerrado habia un arnés
+de guerra limpio y sencillo, y acá y allá, en las paredes, sobre los
+tapices, algunas excelentes armas, tales como espadas, arcabuces y
+pistolas.
+
+--Este debe ser el dormitorio del capitan Alvaro de Sedeño, dijo Harum
+en voz baja á Yaye, y es por cierto para él una fortuna el estar
+ausente; de otro modo nos hubiera sido preciso estropearle mas. Pero
+aquí hay tres puertas: esta casa es demasiado grande y yo no la conozco;
+pues bien, adelantemos á la ventura.
+
+Y se dirigió á una puerta pequeña situada á los piés del lecho, que
+estaba cerrada, y que abrió Harum valiéndose de la llave maestra.
+
+A juzgar por la facilidad con que Harum manejaba aquel instrumento,
+cualquiera le hubiese tomado por un ladron de oficio.
+
+Una vez franqueada aquella puerta, nuestros dos exploradores se
+encontraron en un corredor estrecho, de techo bajo y paredes
+blanqueadas: siguieron adelante, pero al llegar á la parte media del
+corredor, les detuvo un gemido de dolor.
+
+--¡Misericordia de Dios! dijo Yaye profundamente afectado; mucho me
+engaño si ese no es el gemido de un moribundo.
+
+--Y si el moribundo no es una mujer, dijo Harum juzgando por otro
+segundo gemido.
+
+Apenas habia pronunciado el monfí estas palabras, cuando se oyó una voz
+timbrada por el dolor, pero juvenil y sonora, que exclamó:
+
+--¡Ah! ¡madre mia! ¡pobre madre mia!
+
+Yaye hizo á Harum una indicacion de que no se moviese, y él solo
+adelantó hácia una puerta entreabierta, situada en el fondo del
+corredor.
+
+Yaye miró al interior; la sangre retrocedió de sus extremidades á su
+corazon, y permaneció inmóvil, mirando y escuchando con toda su alma y
+sin atreverse á pasar adelante.
+
+¿Qué era lo que habia visto Yaye que asi le interesaba y asi le
+conmovia?
+
+Vamos á presentarlo á continuacion á nuestros lectores.
+
+Era una cámara tan sombría y extensa como la primera por donde habian
+pasado Yaye y Harum.
+
+Una lámpara puesta sobre una mesa de mármol, bajo un gigantesco espejo
+de acero, iluminaba debilmente aquel gran espacio, alcanzando apenas á
+dejar ver de una manera informe las figuras gigantescas de la tapicería.
+Una chimenea de mármol, enorme, sostenida por cariátides y con
+ornamentacion del gusto del renacimiento, se veia al fondo limpia y
+desprovista de fuego en razon á la estacion, lo que daba á la cámara
+algo de frio y de extraño: á un lado habia un lecho enorme, semejante al
+que hemos descrito anteriormente; pero aquel lecho no estaba abandonado;
+por el contrario, en él estaba una enferma.
+
+Arrojada sobre el lecho, asiendo las manos de la enferma, y llorando y
+besándola alternativamente, habia una jóven vestida de blanco de
+extraordinaria esbeltez.
+
+Al frente de este lecho y cabalmente enfilando la cabecera, estaba la
+pequeña puerta tras la cual escuchaba Yaye.
+
+Ultimamente habia una gran puerta de entrada y otros dos balcones; pero
+quien se hubiese acercado á ellos hubiera notado que estaban aseguradas
+sus maderas con barras de hierro fuertemente clavadas en los marcos, lo
+que demostraba que aquellos balcones no se abrian.
+
+Por lo tanto las moradoras de aquella habitacion estaban condenadas á
+alumbrarse continuamente con luz artificial.
+
+Todo en aquella cámara tenia los visos de una prision, y de una prision
+donde se guardaban dolores agudos.
+
+La enferma era efectivamente una moribunda; pero á pesar del estado de
+demacracion en que la habia constituido la tisis, esa terrible
+enfermedad que no abandona la presa hasta que la deseca para la tumba,
+notábase que aquella dama, porque dama era, no habia llegado aun á la
+vejez: apenas contaria cuarenta años, á pesar de lo cual estaba tan
+gastada, tan abatida como una anciana de ochenta; las formas de esta
+mujer, aunque excesivamente descarnadas, constituian por su estructura
+una gran hermosura, pero una hermosura pasada, empalidecida por los
+sufrimientos y por la enfermedad: la blancura de este semblante era
+extremada, como extremado era el negro color de sus ojos, de sus cejas y
+de sus cabellos.
+
+Una tos seca, penosa, terrible, tos que agotaba las fuerzas y el
+sufrimiento de la enferma, se dejaba escuchar sin interrupcion; sus ojos
+tenian un brillo fosforente, el brillo de la fiebre, y estaban
+notablemente hundidos; la jóven lloraba de una manera silenciosa,
+desesperada, y de tiempo en tiempo se levantaba, iba á un velador,
+tomaba una taza de plata y daba de beber á la enferma.
+
+Llegó un punto en que la enferma tuvo un acceso horrible de tos, á la
+que sobrevino un vómito de sangre: la jóven lanzó un grito de terror y
+se avanzó á la puerta, que golpeó de una manera desesperada pidiendo á
+gritos socorro.
+
+--¡Estrella! ¡Estrella! ¡hija mia! exclamó esforzándose la enferma; esto
+ha pasado... yo creo que dentro de poco, de muy poco tiempo, esto habrá
+pasado de todo punto.
+
+--¡Ah, madre mia! exclamó volviéndose la jóven, pálida como un cadáver y
+haciendo retroceder á Yaye que, impulsado por su caridad, habia dado un
+paso hacia el interior.
+
+Afortunadamente ninguna de las dos mujeres, dominadas por la situacion,
+le vió.
+
+Estrella, pues asi hemos oido llamar á la jóven por su madre, volvió al
+lado de esta como impulsada por un poder superior.
+
+--Siéntate á mi lado, dijo con acento solemne la enferma.
+
+Estrella, dominada por el mandato de su madre se sentó en un sillon al
+lado del lecho.
+
+--Es necesario que tengas valor, hija mia, dijo la enferma: Dios me dice
+que dentro de muy poco voy á ser libre, que vamos á separarnos.
+
+Estrella rompió á llorar en silencio, y se cubrió el rostro con las
+manos.
+
+--Pero yo no quiero que murais, no, exclamó levantándose en un
+movimiento nervioso, que revelaba una fuerza de voluntad á toda prueba:
+no, no quiero que murais y no morireis.
+
+--Nadie se opone á la voluntad de Dios: por lo mismo y como necesito
+hacerte graves revelaciones, como me queda poco tiempo de vida, es
+inútil que ninguno de los infames criados de ese hombre venga á
+interrumpirnos para traernos un socorro que seria inútil. No llores,
+esto debias haberlo previsto hace mucho tiempo.
+
+Hubo un momento de solemne silencio.
+
+--He sido muy desgraciada, hija mia, continuó la enferma, y mi mayor
+desgracia es el dolor que llevo á la tumba, de dejarte sola, abandonada,
+en poder de ese infame.
+
+--Sin duda, Dios, madre mia, dijo Estrella, ha castigado en nosotras
+algun gran crímen de nuestra familia.
+
+--Sí, Dios castiga á los opresores con la opresion de sus propios hijos.
+Altivas, soberbias, poderosas, hemos venido á acabar en esclavas... en
+diez años de cautiverio horrible... en poder de un demonio. Acércate
+mas, hija mia; temo que haya tras esos tapices alguien que nos escuche.
+Lo que tengo que decirte es muy grave.
+
+Estrella se levantó maquinalmente, se arrodilló en el sillon en que
+habia estado sentada y se apoyó en el lecho.
+
+Durante algun tiempo nada pudo oir Yaye: las dos mujeres hablaban
+demasiado bajo: aquella conferencia duró mas de una hora, conferencia
+interrumpida por agudos accesos de tos.
+
+Yaye notó que al concluir la enferma su revelacion, que revelacion debia
+ser aquella tan recatada, se quitó del cuello una cadena de oro de la
+que pendia una joya, cuya forma no pudo distinguir Yaye en razon á la
+distancia.
+
+Luego la enferma siguió hablando naturalmente, pero su voz era ya mas
+opaca, mas cadavérica.
+
+--Si logras que alguna vez tus parientes castellanos conozcan tu suerte,
+hija mia, ellos que deben ser poderosos, ellos que deben gozar del favor
+del emperador, te ampararán y te vengarán, si es necesario que te
+venguen.
+
+--¡Oh, nada temais, madre mia! ¡nada temais! exclamó con una energia
+casi salvaje la jóven: ese hombre que os ha hecho probar cuantas
+desgracias puede probar una mujer, no hará tan infeliz á la hija como á
+la madre; no, no, lo juro por el Dios que está en los cielos. Vos habeis
+tenido razones que no solo os disculpan, sino que os honran: vos teniais
+una hija: yo, si Dios es tan cruel que me os arrebate, no tengo nada que
+me ligue á la vida: pereceré antes que sucumbir al infame: pereceré,
+pero pereceré vengándoos: ¡ay del infame aventurero!
+
+--¡Oh señor! ¡señor! exclamó la pobre enferma: ¿Sereis tan implacable
+que me negueis el consuelo de saber que mi hija queda amparada por sus
+parientes?
+
+--¡Oh! no es posible alentar ninguna esperanza, madre mia. Yo alentaba
+una... el jóven aquel á quien pude hablar por un milagro, hace un mes,
+cuando paramos en un meson, parecia noble y generoso... y sin embargo...
+ese jóven me ha olvidado... ó no ha podido... ¿quién sabe? ¿y luego qué
+importa á nadie la suerte de dos mujeres?
+
+Y Estrella acreció en su llanto desconsolado.
+
+Yaye creyó que habia llegado el momento de presentarse: la enferma
+parecia próxima á su fin, y era necesario que llevase á la tumba el
+consuelo de que su hija no quedaba desamparada.
+
+Al abrir la puerta, aquella puerta rechinó, Estrella volvió azorada la
+cabeza, y en su rostro apareció una expresion de espanto: sin duda
+estaba acostumbrada á ver asomar por aquella puerta un ser terrible.
+
+Pero instantáneamente su rostro se tiñó con un color febril, adelantó
+rápidamente algunos pasos hácia Yaye, como una hermana que sale al
+encuentro de su hermano, pero se contuvo por pudor.
+
+--¡Ah! ¡sois vos, caballero! dijo.
+
+--Sí, sí, yo soy, que llego en el momento supremo.
+
+--¡Es él! ¡es él, madre mia! ¡el jóven del meson de las Alpujarras!
+
+La enferma quiso incorporarse, pero no pudo. Estrella asió por una mano
+á Yaye, como si le hubiese conocido desde mucho tiempo antes, y le llevó
+junto al lecho: la enferma posó en él sus hundidos ojos.
+
+--¡Oh! dijo! ¡si sois honrado y leal y venís á salvar á mi hija, á
+librar á una pobre madre de la inquietud mortal de dejarla abandonada en
+el mundo, que Dios os bendiga, caballero!
+
+--Os juro, señora, proteger á vuestra hija como si fuese mi hermana,
+dijo con entusiasmo Yaye.
+
+--Acaso vuestro poder no alcance á protegerla.
+
+--Mi poder alcanza á mucho, señora, dijo con suma confianza Yaye.
+
+--Sin embargo, temo por vos mismo. ¿Cómo os habeis introducido aquí?
+¿Sabeis quién es el hombre que nos guarda? ¿Sabeis que si por desdicha
+sobreviniese...?
+
+--Aunque ayudase el infierno á ese infame mutilado, nada podria hacer
+contra mí.
+
+--Respeto las razones que tengais para apoyar vuestro dicho... pero es
+preciso ganar tiempo...
+
+--Nada temais... os repito que nada teneis que temer... ved por el
+contrario qué quereis, qué necesitais.
+
+--¿Qué quiero? ¿qué necesito? exclamó con alegría la enferma: ¿podreis
+procurarme un sacerdote?
+
+--¡Oh! ¡sí! ¡hola, Harum!
+
+Presentóse inmediatamente á la puerta el monfí, asombrando á las dos
+mujeres que no acertaban cómo podia ser aquello.
+
+--Al momento, al momento, Harum, le dijo Yaye, acercándosele y
+hablándole en voz baja: ve por un sacerdote cristiano para auxiliar á un
+moribundo; que traiga consigo la comunion y la extremauncion; que suba á
+ocupar tu lugar uno de los otros, y escucha: Yaye habló por algun tiempo
+en secreto con el monfí.
+
+[imagen: ¡Dios me inspira: sereis mas que hermanos, hijos mios!]
+
+Harum partió.
+
+Yaye se volvió á las dos damas.
+
+--A propósito, señoras, dijo: ¿qué gentes hay en esta casa?
+
+--Debe haber un soldado viejo que sirve al capitan Sedeño, y que es tan
+infame como él, y dos criadas.
+
+--Y no hay mas gentes en la casa.
+
+--No señor.
+
+--En ese caso llamad á ese criado.
+
+--Pero...
+
+--Llamadle.
+
+Poco despues Estrella, dominada por el acento de confianza de Yaye,
+llamó á grandes golpes á la puerta de entrada.
+
+Oyéronse lentas y fuertes pisadas tras aquella puerta, luego ruido de
+llaves y rechinar al fin una cerradura: abrióse la puerta y se presentó
+un hombre de estatura atlética y semblante avieso que adelantó
+descuidado, sin reparar por el momento en Yaye.
+
+--¡Vamos! ¿qué quereis? dijo con acento bronco, ¿no es hora ya de
+descansar? ¿ó es que estamos aquí para andar como un zarandillo de
+brujas por esa mujer que nunca acaba de morirse?
+
+En aquel momento el hombre que habia entrado y que solo habia dirigido
+su mirada, en que se veia una impura codicia, á Estrella, reparó en
+Yaye.
+
+Entonces se pintó en su semblante una expresion feroz, y dirigiéndose al
+jóven exclamó:
+
+--¿Quién sois? ¿quién os ha introducido aquí?
+
+Yaye, no contestó á aquel hombre: volvióse hácia la puerta por donde
+habia entrado y exclamó.
+
+--¡Ola! ¡á mí!
+
+Un monfí entró inmediatamente en la cámara.
+
+--¡Oh! ¿qué es esto? gritó el soldado arrojando una feroz mirada á las
+dos mujeres, y poniendo mano á su daga, única arma que tenia consigo.
+
+--Desarma á ese hombre, dijo Yaye al monfí que habia quedado inmóvil á
+pocos pasos de la puerta por donde habia entrado.
+
+En este momento la situacion de las personas de nuestro cuadro era la
+siguiente: Estrella estaba de pié delante del lecho ocupado por su
+madre; Yaye en medio de la cámara; el soldado servidor del capitan, á
+pocos pasos de la puerta de entrada, y el monfí que habia acudido á la
+voz de Yaye, á igual distancia de la otra puerta de servicio.
+
+[imagen: Yuzuf Al-Hhamar]
+
+Aquella situacion solo duró un momento: el soldado avanzó hácia Yaye,
+daga en mano, y el monfí, rodeándose la capa al brazo, se colocó de un
+salto entre el emir y su agresor, recibió una puñalada de este en su
+capa, le asió, le desarmó, apretándole la mano derecha con la fuerza de
+unas tenazas de hierro, le doblegó, y quedó inmóvil sujetando al soldado
+por el cuello.
+
+Este rugia.
+
+--¿Qué mas hombres que tú hay en la casa? dijo Yaye.
+
+El soldado continuó en sus inútiles esfuerzos por desasirse de los puños
+del monfí, que le oprimia con una fuerza salvaje, pero no contestó.
+
+El monfí comprendió que era una irreverencia punible en aquel hombre, el
+no contestar á la pregunta del emir, y le apretó el cuello de una manera
+despiadada.
+
+El soldado lanzó un grito de dolor.
+
+Yaye repitió su pregunta.
+
+--No hay mas hombre que yo, dijo, cediendo á aquella especie de
+tormento, el soldado.
+
+El monfí comprendió que debia aflojar sus dedos y aflojó.
+
+--¿Y qué otras personas hay en la casa? continuó Yaye.
+
+--Una vieja cocinera y una criada.
+
+--¿Dónde están?
+
+--En la cocina.
+
+--Llévate á ese hombre, dijo Yaye al monfí.
+
+El monfí arrastró consigo al soldado que no se podia valer.
+
+--¿Pero qué quereis hacer conmigo, señor? dijo todo trémulo el soldado.
+
+--Llévate á ese hombre, repitió Yaye: que le aseguren los otros de modo
+que no pueda escaparse ni gritar, y tú vuelve.
+
+El monfí hizo un esfuerzo y, en silencio, siguió arrastrando consigo
+asido del cuello y doblegado á aquel hombre, y desapareció por la puerta
+de servicio.
+
+--¡Ah! exclamó Estrella: Dios ha tenido al fin compasion de nosotras y
+os ha enviado para salvarnos. ¿Pero nada temeis caballero?
+
+--Nada absolutamente, señora; descansad en la confianza de que sois
+libres, enteramente libres; ¡ay! ¡Ojalá que como he podido libertaros
+pudiera devolver la salud á vuestra madre!
+
+--¡Oh! yo soy en este momento muy feliz, caballero, dijo la enferma: no
+sé por qué creo que vos sereis para mi hija un doble apoyo, un hermano,
+y muero tranquila.
+
+--¡Oh, madre mia! acaso... si Dios tuviera misericordia de nosotras...
+exclamó Estrella; ya que hemos encontrado un corazon generoso que nos
+ampara...
+
+--No, no, hija mia, dijo la enferma con acento débil y cansado... esto
+se acaba... se acabará dentro de algunos momentos... y luego... quedando
+tú amparada, me importa poco morir... acercaos, caballero... acercaos.
+
+Yaye adelantó.
+
+--Dentro de poco, dijo la moribunda, mi hija habrá quedado sola sobre la
+tierra... es demasiado hermosa para que no corra mil peligros... sin
+embargo, mi hija tiene unos parientes que no la conocen; mi padre el
+duque de la Jarilla.....
+
+--¡El duque de la Jarilla! exclamó Yaye.
+
+--Yo no puedo deciros lo que quisiera; necesito reconcentrar mis fuerzas
+para hablaros; me muero... es preciso que concluya... si mi padre
+hubiere muerto... si los parientes de mi hija no la reconociesen... no
+la amparasen...
+
+--Vuestra hija, señora, tendrá en mí un hermano, un hermano poderoso.
+
+--¡Un hermano poderoso! exclamó con admiracion la moribunda. ¿Quién sois
+pues?
+
+--Soy rey de los monfíes de las Alpujarras.
+
+--¡Rey! exclamaron á un tiempo con asombro la moribunda y Estrella.
+
+--Diez mil hombres, tan fuertes y tan valientes como el que acaba de
+apoderarse del infame servidor de ese infame capitan, obedecen mi voz.
+
+--¡Ah! ¡pero sois moro! ¡sois infiel! exclamó con desaliento la
+moribunda.
+
+--¿Y bien, un moro no puede ser caritativo y caballero? exclamó con
+orgullo Yaye.
+
+--¡Oh! si, si, exclamó la enferma con acento inspirado: todo lo espero
+de vos, todo, y creo, añadió con acento solemne, Dios me lo dice en mis
+últimos momentos... vos sereis mas que un hermano para mi pobre
+Estrella... mi pobre Estrella puede ser para vos... la salvacion de
+vuestra alma.
+
+La imprevista prediccion de la moribunda, hizo sentir á los dos jóvenes
+una impresion indefinible, misteriosa, desconocida: Yaye miró de una
+manera involuntaria á Estrella, y encontró los ojos de esta fijos de una
+manera ardiente en los suyos.
+
+Pero instantáneamente los dos jóvenes bajaron los ojos: Yaye estaba
+profundamente pálido, Estrella encendida con un magnífico rubor que
+habia dado á su semblante las tintas de una rosa de Alejandría.
+
+--¡Oh! ¡si! ¡sereis mas que hermano y hermana! dijo la moribunda que
+habia aspirado la conmocion de entrambos jóvenes.
+
+Luego asió sus manos y las unió.
+
+Dominados por la situacion, por el fuego febril que les comunicaban las
+manos de la enferma, por un impulso poderoso, los dos jóvenes cayeron de
+rodillas á los piés del lecho, continuando de una manera fatal con las
+diestras enlazadas.
+
+--Si, si, continuó la moribunda: Dios me inspira: sereis mas que
+hermanos hijos mios... sí, pronto ó tarde á pesar de todos los
+obstáculos que se crucen ante vosotros, sereis esposos.
+
+--¡Esposos! exclamaron con asombro los dos jóvenes.
+
+Y por una fatalidad creciente, sus manos continuaron enlazadas y se
+estrecharon con fuerza.
+
+La moribunda puso sus diáfanas manos sobre sus cabezas, y los bendijo.
+
+En aquel momento Yaye se levantó, asombrado de lo que pasaba por él:
+aquella era una complicacion mas en su vida.
+
+Al levantarse, vió que dos monfíes estaban en la cámara.
+
+¿Habia enviado Dios á aquellos hombres para que sirviesen de testigos á
+aquella especie de casamiento hecho por las manos de una madre
+moribunda, manos que parecian consagradas por lo solemne de la situacion
+y por el sufrimiento, casi por el martirio?
+
+Yaye procuró lanzar de sí aquella pesadilla, poniéndose en contacto con
+la vida real.
+
+Y separándose de Estrella y del lecho, se dirigió á los monfíes.
+
+--Seguidme, les dijo, y desapareció con ellos por la gran puerta de
+entrada.
+
+--¡Oh! ¿qué habeis hecho? ¿qué habeis hecho, madre mia, exclamó
+Estrella?
+
+--Obedecer á una inspiracion de Dios, contestó la moribunda: ese jóven
+será tu esposo, Estrella... ese jóven será el padre de tus hijos...
+debes consagrarte á él, hija mia...
+
+--Pero si él me desdeñara...
+
+--¿No crees que Dios baje á iluminar los ojos de los moribundos que han
+sido mártires? dijo la enferma.
+
+--¡Oh madre mia! ¡si os engañárais!... ¡si os engañárais, yo seria muy
+desgraciada, porque!...
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque le amo desde el dia en que le ví en el meson de las Alpujarras.
+
+--Y Dios te ha enviado el hombre que amabas, y á quien no esperabas
+volver á ver, en el momento en que vas á quedar sola en el mundo... Dios
+te ha enviado en él un protector... ámale, hija mia, ámale, con toda tu
+alma; vive solo para él, y, sobre todo, procura apartarle del error; que
+el amor le convierta al cristianismo, como mi amor convirtió al
+cristianismo á tu padre, que tambien era rey de un pueblo de infieles:
+él ha salvado tu cuerpo de la esclavitud; salva tú su alma...
+
+--¡Oh, madre mia!
+
+--Y escucha; si mi padre el duque de la Jarilla te reconoce; si, por un
+acaso, que bien pudiera acontecer, mi padre no tiene hijos varones; si
+tú eres la heredera de su nombre y de su grandeza, no reniegues de ese
+jóven, Estrella mia: recuerda siempre que á él ha debido tu madre una
+muerte tranquila, la seguridad de que no quedas abandonada, y los
+auxilios de la religion. Ahora ve, y con la llave que te he dado, abre
+un cofrecillo que encontrarás en el cajon de aquella mesa. En él está el
+relato de mis desventuras, que he escrito mientras tú dormias; en estos
+últimos tiempos; relato que no es otra cosa que la revelacion que te
+hice antes de que apareciese ese jóven. Hay tambien con ese manuscrito
+una declaracion de tu padre y su conversion al cristianismo; ademas,
+tienes mi retrato del tiempo en que yo tenia tu edad; nadie, viendo ese
+retrato, y conociéndote, puede negar que eres mi hija; ve, recoge esos
+papeles, guárdalos y déjame que me prepare entre tanto, para recibir al
+sacerdote del Señor.
+
+Estrella fué á la mesa, abrió su cajon, y buscó en él el cofrecillo y
+los papeles.
+
+ * * * * *
+
+Entre tanto Yaye habia recorrido la casa con los dos monfíes.
+
+Era extensa y rica: estaba perfectamente alhajada en las habitaciones
+superiores, y se comprendia que quien la habitaba, estaba acostumbrado á
+vivir con lujo y con grandeza.
+
+Yaye no encontró en ella mas seres vivientes que las dos domésticas de
+que le habia hablado el soldado prisionero, y á las que encerró en un
+aposento retirado, y un caballo perteneciente, sin duda, al criado del
+capitan.
+
+Yaye franqueó la puerta principal de la casa, y lanzó un silbido.
+
+Inmediatamente los seis monfíes que estaban extendidos en la calle de
+San Gregorio el alto, se agruparon á la puerta.
+
+--¿Habeis visto pasar, les dijo Yaye, al walí Harum?
+
+--Sí, poderoso señor, contestó uno de los monfíes; ha pasado en
+direccion á San Gregorio.
+
+--Pues bien; esperadle uno en la avenida, y cuando llegue con el
+viático, decidle que llame por esta puerta.
+
+--Muy bien, poderoso señor.
+
+--Ademas, id por una litera, y tenedla preparada: dos de vosotros
+entrad; dejad las capas, los sombreros y las armas, como si solo fueseis
+criados; encended las linternas del zaguan y de las escaleras, y esperad
+á que llame el walí Harum; los otros á sus puestos.
+
+Yaye se volvió para adentro con los dos monfíes que hasta allí le habian
+acompañado, y por otra comunicacion, que habia descubierto al registrar
+la casa, con la cámara del capitan, abrió la puerta secreta y envió
+aquellos dos monfíes á su apostadero de la mina; luego, se encaminó á la
+cámara á que correspondia el dormitorio de la moribunda, y miró por la
+puerta entreabierta.
+
+Estrella estaba inclinada sobre el lecho de su madre y sin duda lloraba.
+
+En la casa, de que por tan completo se habia apoderado Yaye, dominaba un
+profundo silencio.
+
+Yaye se retiró de la abertura de la puerta y se puso á pasear,
+profundamente pensativo, á lo largo de la cámara.
+
+Lo que le acontecia era verdaderamente extraordinario.
+
+Su corazon y su cabeza empezaban á no entenderse; sus ideas á
+embrollarse; recordaba á doña Isabel casada, viuda y vírgen, y esto
+hablaba á sus deseos; pero seguidamente recordaba á doña Elvira como un
+sueño de voluptuosidad, como una creacion fantástica, como una mujer
+divina, á quien habia pertenecido, en cuyos brazos habia apurado
+inefables delicias, sin recordar su pasado, sin sentir mas que el
+presente, cuando aun duraba la perturbacion de sus facultades á influjo
+de la dolencia; despues, y quemándole el corazon como un hierro
+candente, venia el recuerdo de la princesa mejicana, á quien habia visto
+por la primera vez de una manera casual, á quien de tan extraño modo, y
+por tan imprevisto camino habia encontrado de nuevo necesitada de su
+amparo, al lado de su madre moribunda... luego el poder misterioso, que,
+ya fuese por la situacion, ya por otra causa distinta, habian ejercido
+sobre él aquellas dos mujeres; la prediccion de la moribunda, el
+enlazamiento de sus manos, y aquella bendicion solemne; aquella especie
+de esponsales en las cuales ninguno de los dos jóvenes se habia obligado
+por una palabra; pero que estaba casi como aceptada, como consumada por
+aquel nervioso é involuntario estrechamiento de sus manos, en el acto de
+recibir la bendicion materna.
+
+Yaye, pues, tenia razon para no saber qué hacer ni qué pensar: habia
+abandonado por fanatismo á Isabel, habia sido cruel con ella, habia
+dejado que se llevase á efecto su casamiento con Miguel Lopez. Por
+resultado de aquel casamiento habia caido él mismo, como herido por un
+rayo, y habia sido asesinado Miguel Lopez (porque Yaye no sabia otra
+cosa); entregado á una mujer que le amaba, á doña Elvira, habia llegado
+de una manera fatal hasta el adulterio, y por último, al verse libre por
+un acaso, habia caido en poder de otra mujer, con la cual podia decirse,
+ó al menos la exagerada sensibilidad de conciencia de Yaye se lo hacia
+creer, estaba moralmente casado; su padre lloraba desolado su pérdida;
+Abd-el-Gewar, su ayo, estaba igualmente aterrado por la ignorancia de su
+destino, y por último, influia en él su alta posicion de emir de un
+pueblo, aunque reducido, enérgico, indomable, valiente, sobre el cual
+estaban fijas las recelosas miradas del rey de España y de sus
+lugartenientes en Granada.
+
+A pesar de esto, la virtud culminante de Yaye, la caridad, le retenia
+allí, en aquella cámara, como protector de dos mujeres tan desgraciadas
+como aquellas.
+
+La imaginacion, pues, de Yaye, era un caos; una máquina de pensamientos
+contrarios, que fatigaban su cerebro y le lastimaban; pensamientos
+embrollados, de cuyo laberinto queria en vano salir; problemas
+difíciles, cuya resolucion se afanaba en vano por alcanzar;
+dificultades, contra las cuales gastaba en vano toda su actividad.
+
+Abrióse la puerta de entrada de la cámara, y un monfí con todas las
+trazas de lacayo, dijo:
+
+--Poderoso señor: el walí Harum y dos sacerdotes cristianos con los
+suyos me siguen.
+
+--Adelante, adelante, dijo Yaye, despojándose de su gorra, á punto que
+se oyó la campanilla del viático y se inundó de luces la antecámara.
+
+La puerta se abrió de par en par.
+
+Un sacerdote revestido entró, llevando el copon en las manos; á su lado
+iba un monago, agitando una campanilla; tras este sacerdote venia otro,
+que llevaba entre sus manos el santo óleo, y luego un sacristan con una
+linterna.
+
+El sacerdote que conducía el viático entró en el dormitorio.
+
+Poco despues Estrella salió llorando, y se quedó de pié, en silencio, al
+lado de una mesa, junto á la cual, silencioso é impresionado, estaba
+Yaye; el sacerdote que llevaba consigo la extremauncion, quedó en la
+cámara con el sacristan y los acompañantes del viático.
+
+Durante algun tiempo nada se oyó en el dormitorio; sin duda la moribunda
+estaba confesando; pero un cuarto de hora despues, se oyó dentro la
+campanilla. Estrella cayó de rodillas con las manos cruzadas sobre el
+pecho; los asistentes se arrodillaron á su vez, y Yaye se arrodilló
+lentamente, y, aunque musulman, rogó á Dios por la salvacion de la
+moribunda; los dos monfíes que habian quedado á la puerta, se
+arrodillaron tambien, imitando á su señor.
+
+Y cuando todos estaban arrodillados, cuando todos oraban, cesó de
+repente la campanilla, se abrió la puerta, y el monago que habia
+penetrado con el sacerdote, dijo con su voz atiplada de niño de coro, y
+con la frialdad de quien está acostumbrado á tales situaciones:
+
+--¡Señor licenciado Dávalos! ¡acudid, acudid pronto con la
+extremauncion, que la enferma se muere!
+
+--¡Mi madre! exclamó Estrella, y dió algunos pasos hácia el dormitorio;
+pero se detuvo, vaciló, y cayó desmayada entre los brazos de Yaye.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+Media hora despues, nadie quedaba en la casa del capitan Sedeño, á
+escepcion de un cadáver de mujer.
+
+Yaye habia dado con sus monfíes un golpe de mano; habia trasladado,
+desmayada aun, en una litera, á Estrella, á la linda casa que le habia
+buscado Harum, y habia mandado retirar los monfíes del subterráneo de la
+casa del capitan y de la calle de San Gregorio. El criado de Alvaro de
+Sedeño, y las dos criadas, habian sido conducidos á la casa de Yaye, y
+encerrados en los sótanos.
+
+Las huellas habian quedado borradas, y nadie hubiera creido que por
+aquella casa, donde solo quedaba la muerte, habian pasado los monfíes.
+
+
+
+
+CAPITULO XIV.
+
+En que se sabe por qué habia dejado su casa el capitan estropeado.
+
+
+Retrocedamos un tanto á la madrugada del dia anterior, en que el capitan
+Sedeño habia salido de Granada en direccion á las Alpujarras.
+
+Urgente debia ser el motivo que á ellas le llevaba, puesto que aguijaba
+su caballo todo cuanto podia correr el animal, sin cuidarse de si
+reventaria ó no.
+
+Antes de llegar al Padul, entró en una venta, pronunció algunas palabras
+en árabe al oido del ventero, y le entregó el caballo; poco despues el
+ventero sacó otro caballo enjaezado con los arneses del primero, montó
+el capitan, aunque cojo, con la misma facilidad que pudiera haberlo
+hecho un hombre sano, y tomó de nuevo el camino, con toda la rapidez de
+que era capaz su nueva cabalgadura.
+
+Cuatro veces mudó de caballo en la misma forma, y antes de las ocho de
+la mañana, dejando á un lado la villa de Orgiva, tomó por la misma loma
+y por el mismo barranco que al principio de esta historia vimos tomar á
+Yaye y Adb-el-Gewar.
+
+Al llegar al bosque de pinos, lanzó un agudo silbido, y algunos monfíes
+adelantaron.
+
+Mostróles el capitan un pergamino enrollado, leido el cual por el walí
+que mandaba los monfíes, le hizo desmontar, le vendó los ojos, le prestó
+su brazo para servirle de guía y de apoyo, y llevando otro de los
+monfíes el caballo del diestro, se introdujeron en la selva; atravesaron
+estrechos y pendientes senderos, bajaron á un profundo barranco,
+treparon por entre las breñas á una gigantesca cueva, y cuando
+estuvieron dentro, el walí se llevó una pequeña corneta á los labios y
+dejó oir un toque particular.
+
+Poco despues se vió moverse una enorme roca, y dejar patente una puerta
+de hierro, abierta tambien.
+
+Entraron el walí, el alférez y el monfí que llevaba el caballo, y la
+puerta volvió á cerrarse.
+
+Allí imperaban ya las tinieblas: de trecho en trecho una linterna
+clavada en la pared de una ancha mina abovedada, determinaba una escasa
+luz: al pié de cada una de aquellas linternas y como centinela, se veia
+un monfí armado.
+
+A pocos pasos que adelantaron en la mina, el monfí que conducia el
+caballo torció por una de las galerías que á trechos se veian á derecha
+é izquierda, y el walí y el alferez, continuaron solos la mina adelante.
+
+Al fin de ella llegaron á un ensanchamiento octógono de muros y bóveda
+árabe de ladrillo agramilado, á cuyo frente se veia una puerta
+ornamentada, y delante de ella una numerosa guardia con ostentosos
+trages musulmanes. El walí que conducia al alférez habló algunas
+palabras con el walí de la guardia, é inmediatamente aquel abrió con una
+llave dorada la puerta, dando paso al walí y al capitan Sedeño.
+
+La puerta volvió á cerrarse.
+
+Entonces el walí quitó la venda al capitan.
+
+Se encontraban ya en la parte maravillosa del alcázar subterráneo.
+
+Era una magnífica galería sustentada por arcos calados sobre columnas de
+alabastro: bellísimas lámparas producian á través de sus velos de gasa
+una luz languida; cubria el pavimento una muelle alfombra; veíanse de
+trecho en trecho, é inmóviles como estátuas, esclavos negros, vestidos
+de púrpura, y era por último, aquella galería, el magnífico ingreso de
+un alcazar admirable.
+
+Siguieron adelante, atravesando galerías y cámaras, hasta llegar á una,
+en cuya puerta hizo esperar el walí á Sedeño.
+
+Poco despues salió, y dijo al capitan:
+
+--El poderoso Yuzuf, padre del elegido de Dios Muley Yaye-ebn-Al-Ahamar,
+emir de los monfíes de las Alpujarras, te espera.
+
+Alvaro de Sedeño entró en una ostentosa cámara, y se despojó
+respetuosamente de la gorra.
+
+En aquella cámara, pensativo y triste, se paseaba un anciano, sencilla
+aunque magestuosamente vestido.
+
+Cualquiera al verle con su blanca toca revuelta á la cabeza, su caftan
+negro y su ancho y flotante albornoz blanco, le hubiera tomado por un
+patriarca de los antiguos tiempos.
+
+Alvaro de Sedeño adelantó cojeando, y dijo á cierta distancia del
+anciano:
+
+--Que Dios el Altísimo y Unico, te guarde, poderoso Yuzuf.
+
+El anciano se detuvo, y miró de una manera profunda y severa á Sedeño.
+
+--¿Qué quieres? le dijo.
+
+--Vengo á verte, poderoso Yuzuf, impelido por muchas razones.
+
+--Siéntate, le dijo el anciano, señalándole un divan.
+
+Sedeño se sentó: Yuzuf se sentó junto á él.
+
+--¿Hay en los aposentos cercanos alguien que pueda oirnos? dijo el
+capitan.
+
+--¿Cual de los mios, dijo con autoridad Yuzuf, se atreveria á exponer su
+cabeza por satisfacer sus oidos?
+
+--Puesto que nadie mas que tú puede escucharme, dijo el capitan,
+escúchame, emir.
+
+Yuzuf tomó una altiva actitud de atencion, y el capitan Sedeño empezó de
+esta manera:
+
+--Será preciso que me otorgues algun tiempo y alguna paciencia, señor:
+necesito recordarte cosas que tú pareces haber olvidado.
+
+Frunció el cano entrecejo Yuzuf.
+
+--Nada tiene de extraño, que tú, en medio de los cuidados que te cercan,
+continuó el capitan, olvides los asuntos de un hombre como yo, que
+comparado contigo en fuerza y en grandeza, soy lo que seria un grano de
+arena comparado con una roca; por lo mismo reclamo tu indulgencia para
+mis palabras.
+
+--Al asunto, al asunto, Sedeño, dijo Yuzuf con impaciencia; graves
+pensamientos me ocupan, y solo me he prestado á escucharte, suponiendo
+que te traia á mí algun empeño de gran interés.
+
+--Vuelvo á reclamar tu indulgencia, señor, y procuraré ser todo lo breve
+posible.
+
+Hace cuarenta años, cabalmente los de la edad que tengo, que un
+matrimonio castellano, fue asesinado entre las breñas de las Alpujarras.
+El era un soldado hidalgo que iba al pueblo de Orgiva; ella una hermosa
+jóven de las montañas de Santander: la mujer, cuando fue asesinada,
+llevaba entre sus brazos un niño. Aquel niño era yo. Los asesinos de mi
+padre, fueron los monfíes de las Alpujarras.
+
+--Tu padre era enemigo nuestro; un hombre cruel como tú, que perseguia
+encarnizadamente á los monfíes, y por el cual muchos de ellos perecieron
+ahorcados en las plazas públicas.
+
+--Bien: comprendo que en mi padre matarais un enemigo; pero mi madre....
+
+--Los cristianos esclavizan, azotan, acuchillan y queman á las moriscas,
+exclamó sombriamente Yuzuf.
+
+--El delito de otro no disculpa el delito propio, contestó con energía
+Sedeño.
+
+--Y sin embargo, tú eres un hombre cubierto de delitos.
+
+--No importa eso. Yo extermino á mis enemigos cuando puedo, y procuro
+satisfacer mis deseos, ni mas ni menos que tú, como todo el que se
+siente con fuerza y con medios para obrar. Pero volviendo á mi historia:
+el puñal de los asesinos que no se habia detenido ni ante el valor del
+padre, ni ante la hermosura y las lágrimas de la madre, y que
+ciertamente no se hubiera detenido ante la debilidad del hijo, fue
+contenido por un hombre generoso y valiente: aquel hombre era tu padre,
+emir entonces de los monfíes.
+
+Enviome misteriosamente á la justicia de Orgiva, es decir, hizo que sus
+gentes me depositasen una noche en la puerta de la iglesia de la villa,
+con este papel puesto entre mis ropas.
+
+El alférez sacó una cartera, y de aquella cartera un papel tosco y
+amarillento.
+
+«Corregidor de Orgiva, decia aquel papel: ahí te dejamos al hijo del
+alférez Pedro de Sedeño, el cruel, á quien hemos dado muerte en castigo
+de sus crueldades. Su mujer ha sido muerta tambien por lo que se gozaba
+en los sufrimientos, en el martirio de nuestras mujeres. Hemos perdonado
+al inocente, y te entregamos ese niño. Críale con esmero, para lo cual
+encontrarás todos los meses una cantidad bajo la puerta de tu casa. ¡Y
+ay de tí si ese niño no recibe la crianza de un hidalgo!--Los monfíes.»
+
+--Ya ves que si mi padre hizo morir á los tuyos, cumpliendo
+estrictamente con la justicia, te aceptó por hijo.
+
+--Yo he pagado en tí á tu padre mi deuda; he sido un servidor leal; he
+vertido mi sangre por vosotros, enemigo de mi Dios y de mi rey; yo
+cristiano y honrado por el rey.
+
+--Sígue, sígue, y concluye.
+
+--Hace quince años, cuando yo tenia veinte y cinco, fuí acometido un dia
+en que me entretenia en cazar en la montaña, por un crecido número de
+monfíes: sin herirme, sin maltratarme, me rodearon, se apoderaron de mí,
+me vendaron los ojos, y asiéndome de un brazo, me condujeron á este
+mismo sitio. Entonces te conocí, Yuzuf; me dijiste que tu padre te habia
+encargado que velases por mí, y que cuando llegase á cierta edad, me
+propusieses si queria pertenecer á vuestro bando; yo sabia demasiado que
+todo lo que era, las galas que vestia, las armas que llevaba, el oro que
+guardaba en mis bolsillos, pertenecian á un protector generoso y
+desconocido. Yo le habia concebido grande y fuerte, y ansiaba conocerle;
+cuando entré en este subterráneo, cuando te ví delante de mí, todo lo
+que me rodeaba me deslumbró. Tú entonces, me revelaste la parte que yo
+ignoraba de mi historia, y me propusiste el que te sirviera de espía
+entre los cristianos, y en cuanto estuviese á mi alcance y tú me
+exigieses. Yo era agradecido, á mas de agradecido ambicioso; sabia que
+mis padres habian muerto fatalmente, y que tu padre me habia salvado; yo
+no sé si debí rechazar todo lo que viniese de los hombres que habian
+teñido sus puñales en la sangre de mis padres; acaso debí preferir una
+vida oscura á las riquezas y al poder que de repente habias desplegado
+delante de mis ojos; pero, en fin, bien ó mal hecho, juré servirte y te
+he servido.
+
+--Yo en cambio te he pagado espléndidamente: te compré una plaza de
+capitan...
+
+--Es verdad; me compraste una plaza de capitan en los tercios del reino
+y costa de Granada: tú tenias tus proyectos y yo te serví tan bien, te
+avisé tan á tiempo de cuantas expediciones de soldados salian contra
+nosotros, que por mi causa blanquean millares de huesos de soldados
+cristianos, muertos por los monfíes en las profundas ramblas de las
+Alpujarras.
+
+--Por cada cabeza de cristiano, has recibido un precio Sedeño.
+
+--Es verdad, y no me quejo; pero déjame continuar. Decia, pues, que lo
+importante de los servicios que te prestaba, te impulsaron á emplearme
+en mayores empresas. Acababa de conquistar un hidalgo estremeño, Hernan
+Cortés, con un puñado de aventureros, un rico y poderoso imperio mas
+allá de los mares. Decíase que en aquel imperio abundaban las perlas y
+las piedras preciosas, y que en el centro de sus desiertos habia una
+montaña de oro. Tú necesitabas mucho dinero para llevar adelante tus
+proyectos de reconquista sobre Granada, y volviste tu pensamiento á
+Méjico, á aquel imperio recien conquistado, donde, segun fama, el oro y
+las riquezas se encontraban por todas partes. Tú fuiste uno de los
+innumerables ambiciosos que extendiste tus garras hambrientas hácia las
+Indias, ese nuevo mundo, que debia cubrir con su oro los andrajos del
+mundo viejo. Tenias confianza en mí; te convenia un castellano conocido
+ya bajo las banderas del rey de España, mucho mejor que uno de tus
+walíes, para tus proyectos: entonces me compraste una compañía, por
+mejor decir, me diste dinero para comprar la licencia para reclutarla en
+las Alpujarras, y para ir á servir con ella en las Indias. Como el
+dinero todo lo alcanza, tuve la licencia para reclutar en las villas de
+las Alpujarras la gente: tú mismo escogiste entre los mas feroces, los
+mas valientes de tus monfíes, cien demonios que debian llevar la
+desolacion á Méjico, y asegurarte de mi fidelidad. Hace doce años que me
+embarqué con mi gente ó por mejor decir, con la tuya: en tres años que
+permanecí en Méjico antes de recibir las heridas que me imposibilitaron
+para las fatigas de la guerra, uno tras otro monfí, tornó á España
+trayendo para tí un tesoro.
+
+--Es verdad.
+
+--Ya lo creo. Desdichada la provincia rebelde donde entraba la compañía
+del capitan Sedeño: desdichada la tribu del desierto que se oponia á su
+paso. Las cabañas eran incendiadas, los hombres pasados á cuchillo, las
+mujeres cautivadas, y si á algun cacique se concedia la vida, solo era á
+trueque de cantidades inmensas, de tesoros que atravesaban los mares,
+llegaban á España, y venian á sepultarse en tu subterraneo de las
+Alpujarras. No me puedes negar, Yuzuf, que te he servido bien, que me
+debes mucho, y que tengo derecho á que me protejas.
+
+--Y bien, ¿cuando te he negado mi proteccion?
+
+--Nunca, es verdad; pero ahora la necesito de nuevo, y creo que me va á
+ser difícil obtenerla.
+
+--Pide.
+
+--Antes de llegar á mi peticion, es necesario que prosiga mi historia.
+Hace diez años, estaba de adelantado por el rey, sobre la frontera del
+desierto mejicano, uno de los señores mas nobles, ricos y poderosos de
+España; se llamaba don Juan de Cárdenas, y era grande de España, bajo el
+titulo de duque de la Jarilla. Travé conocimiento con él, por razon de
+hallarme con mi compañía sobre la frontera, y muy pronto nuestro
+conocimiento se trocó en amistad. Frecuentaba su casa, comia comunmente
+á su mesa, y era recibido por él en lo mas reservado, y allí donde no
+entraban otras personas que su servidumbre.
+
+En una de estas habitaciones interiores habia un retrete, donde pasaba
+el duque la mayor parte del tiempo, y donde me habia recibido muchas
+veces. En las paredes de aquel retrete no habia mas que un solo cuadro,
+pero aquel cuadro, encerrado dentro de un magnífico marco, estaba
+cubierto por un tapiz negro. Esta singularidad llamó extraordinariamente
+mi atencion desde el momento en que reparé en ella; al fin un dia, sin
+meditar si era ó no indiscreto, vencido por mi curiosidad, pregunté al
+duque la razon por la cual estaba tan lúgubremente velado aquel cuadro.
+
+Los ojos del duque se llenaron de lágrimas.
+
+--Mirad, me dijo, y comprended la razon de su luto y de la tristeza que
+me devora.
+
+Y levantándose, descorrió el tapiz y me dejó ver el retrato de una dama
+como de diez y seis años, tan hermosa, que no pude menos de enamorarme.
+
+--Esa, era, me dijo, doña Inés, mi hija única.
+
+--¡Ha muerto! exclamé con sentimiento; porque me habia interesado
+sobremanera aquel retrato.
+
+--Si, debe de haber muerto, me contestó. Me la arrebataron los idólatras
+en una sorpresa hace doce años; Calpuc, el terrible Calpuc, el rey del
+desierto. Debe haber muerto, si; porque ella habrá preferido la muerte á
+la deshonra.
+
+El duque volvió á correr el tapiz, se enjugó las lágrimas, y yo me
+abstuve de hablar mas sobre aquel asunto.
+
+Pero desde aquel dia, un proyecto audaz, en que tenia tanta parte el
+deseo que me habia inspirado doña Inés de Cárdenas, como la ambicion de
+llegar á ser rico y poderoso por medio de un servicio hecho al duque, me
+impulsó á una empresa difícil, arriesgada, en la cual se podian contar
+cien probabilidades de muerte por una de triunfo. Mi proyecto consistia
+en penetrar en aquellos desiertos erizados de montañas; en aquellas
+interminables sábanas de arena, en aquellos mares de flores y verdura,
+que se llaman praderas, y en aquellas selvas brabías, que cubren con su
+sombra centenares de leguas: buscar en aquella inmensidad á su rey, al
+terrible Calpuc, y si vivia doña Isabel arrebatársela. Este era un
+proyecto que por su grandeza halagaba á mi orgullo, y para el cual solo
+contaba con el indomable valor de los cien monfíes que formaban mi
+compañía de arcabuceros.
+
+Una mañana al amanecer, sin avisar á nadie, sin pedir licencia al
+Adelantado, sin decir á mi gente adonde la conducia, pasé con ella la
+frontera y me interné en el desierto.
+
+Cruzábanse cada dia á mi paso inmensas turbas de mejicanos armados: nos
+acometian, y cada combate empeñado era para nosotros un triunfo fácil,
+al que nos llevaban, la codicia á mis soldados, á mí mi ambicioso
+empeño: las aldeas, ya estuviesen sobre la cumbre de una montaña, ya en
+centro de una pradera, ya en las entrañas de las selvas, eran arrasadas
+é incendiadas, los hombres muertos, las mujeres violadas y muertas
+tambien, para que no nos embarazasen; nuestros indios de carga y los
+esclavos á quienes dejábamos la vida para que condujesen las riquezas
+que arrebatábamos á los vencidos, marchaban entre nosotros agoviados con
+el peso del oro y de las piedras preciosas.
+
+Los bosques eran incendiados por nosotros y nos precedia un torbellino
+de fuego; de en medio de aquel círculo inflamado, salian con la rabia de
+la desesperacion, y nos acometian llenos de sed de venganza los indios:
+nosotros apagamos con su sangre los ardientes troncos que encontrábamos
+sobre nuestro camino, y seguiamos adelante, como una tempestad, ébrios
+de riquezas y de sangre. Habíamos atravesado ya inmensas praderas,
+profundos y bramadores torrentes, selvas que solo habiamos podido hacer
+accesibles por medio del fuego, y habiamos penetrado, despues de
+atravesar una barrera de montañas, en una extensa comarca extremadamente
+fértil y deleitosa; al bajar por las montañas habiamos visto inmensas
+poblaciones, en medio de las fértiles vegas, y acá y allá antiguos
+monumentos, que demostraban que aquella comarca hacia centenares de años
+que estaba poblada.
+
+Aquella era una provincia no descubierta aun por los españoles, porque
+nadie se habia atrevido á penetrar donde nosotros habiamos penetrado.
+
+En medio de aquella comarca extensa, sobre la llanura engalanada con su
+verdor, sus corrientes y sus árboles, descubrimos un objeto que nos hizo
+arrojar un grito de insensata alegría; era un montaña que relucia á los
+rayos del sol de una manera deslumbrante: aquella era sin duda la famosa
+montaña de oro, que habia llevado á tantos ambiciosos á la Nueva España.
+
+Ya no hubo medio de contener el paso de los monfíes; precipitáronse por
+las vertientes sobre la llanura, con la fuerza de la tempestad: las
+primeras poblaciones que encontramos fueron llevadas á sangre y fuego, y
+en vano el rey de aquel nuevo imperio, al que no habian podido proteger
+de nosotros sus triples barreras de arenales, bosques y montañas, habia
+reunido lo mas fuerte, lo mas valiente de los suyos, para salirnos al
+encuentro: una y otra vez el rey del desierto, Calpuc, se habia visto
+obligado á retirarse con enormes pérdidas hácia la montaña dorada, que
+venia á ser para los monfíes una enseña enloquecedora que triplicaba su
+valor y sus fuerzas, y les hacia ejecutar hazañas increíbles por lo
+maravillosas.
+
+Ni uno solo de los míos habia muerto: acobardados los mejicanos por la
+pujanza española, nos cedian siempre el campo á las primeras descargas
+de mosquetería, y sus flechas envenenadas se embotaban en los colchados
+de que mi gente iba provista: al fin Calpuc se vió obligado á encerrarse
+en la poblacion que le servia de córte.
+
+Era esta pequeña, pero de buena apariencia; defendíala una pared de
+piedra, con saeteras, y sobre aquella especie de muro, se veia
+únicamente descollar la casa real y el templo piramidal, sobre cuya
+cúspide, segun la horrible costumbre de los mejicanos, se veian puestos
+en palos una horrible fila de cráneos humanos. Mas allá, al poniente de
+la ciudad, como á unas cuatro leguas de distancia, se veia la montaña
+dorada, y á lo lejos las extensas praderas y las azules rocas del Oeste.
+
+Podia decirse que aterrada toda la poblacion de la comarca, habia
+abandonado sus habitaciones y se habia refugiado en la ciudad de Calpuc:
+franco nuestro camino, aterrados los naturales, que no osaban venir ya
+en nuestra busca, fue imposible de todo punto contener la codicia de los
+monfíes, cuyo único afan era llegar cuanto antes á la montaña de oro.
+
+Un año habíamos invertido en penetrar hasta aquel punto desde las
+fronteras del desierto; un año durante el cual, todos los dias nos
+habian presentado un combate, una matanza y un rico botin: nos habíamos
+visto obligados á dejar atrás numeras riquezas por falta de brazos que
+las condujesen, y veiamos al fin, mis soldados la montaña de oro, yo la
+ciudad de Calpuc donde, sin duda, si vivia, debia habitar doña Inés de
+Cárdenas, la hermosa hija del duque de Jarilla, á quien no habia podido
+olvidar desde que vi su retrato.
+
+Aquella mujer á pesar de que no la conocia, sino por medio de una
+pintura, habia logrado interesar mi corazon y mi cabeza de una manera
+profunda. Yo ansiaba para mi amor su hermosura, para mi engrandecimiento
+su mano. Era de presumir que salvándola yo de los idólatras, su padre no
+se negaria á dármela por esposa, y que el duque no tendria hijos á
+causa del estado de su salud, gastada en una vida de contínuas
+disipaciones: podia, pues, llegar á ser, por medio de doña Inés, uno de
+los grandes mas grandes de España, á cuya grandeza debian prestar un
+brillo y un poder inmensos, los tesoros que yo pensaba aportar de las
+Indias á España.
+
+Urgíame, pues, sobre todo, acometer la ciudad de Calpuc, apoderarme de
+ella y buscar á doña Inés: un presentimiento tenaz me decia que estaba
+allí, y algunas veces al ver sobre los terrados de la casa real dos
+mujeres vestidas de blanco, á quienes acompañaba un solo hombre, y que
+parecian mirar con interés al campo que habíamos levantado delante de la
+ciudad, yo me decia: una de aquellas dos mujeres debe ser doña Inés.
+
+En vano pretendí llevar á mis soldados contra la ciudad: la vista
+cercana de la montaña dorada les fascinaba: al fin un dia se me
+presentaron en abierta rebelion, y me fue necesario marchar al frente de
+ellos, dejando á uno de mis costados á la ciudad, hácia el codiciado
+tesoro.
+
+Pero á medida que nos acercábamos á la montaña esta cambiaba sino de
+forma, de color: empezábamos á ver el color natural de la tierra entre
+la cual multitud de cuerpos brillantes destellaban los rayos del sol: al
+fin una noche en que la luna llena despedia una luz clarísima, la
+montaña cambió de aspecto: entonces parecia de plata.
+
+Los monfíes empezaron á desconfiar de su portentoso hallazgo, y yo sabia
+ya á qué atenerme: aquella montaña que á larga distancia parecia de oro,
+herida por los rayos del sol, y de plata, cuando la iluminaba la luna,
+no era otra cosa que una cantera de pizarras brillantes.
+
+Sin embargo los monfíes quisieron llegar hasta ella, y solo cuando
+tuvieron en sus manos aquellas piedras engañadoras, se convencieron de
+que si querian oro, era necesario buscarlo donde le habiamos encontrado
+hasta entonces: en las casas y en los templos de los indios.
+
+Volviéronse, pues, los deseos de todos á la ciudad de Calpuc: en ella,
+como he dicho antes, se habian refugiado, llevando cuanto poseian, todos
+los habitantes de la comarca: debiamos, pues, esperar un botin
+riquísimo, y nos encaminamos decididamente á la poblacion.
+
+Pero antes de llegar á ella, nos salió al encuentro una embajada del
+senado: aterrados con nuestros contínuos triunfos, los indios preferian
+un avenimiento. Esto convenia perfectamente á mis proyectos, porque en
+paz mejor que en guerra, podria esperar el descubrimiento de doña Inés.
+Exigí como primera condicion, y segun costumbre, porque la religion era
+el antifaz con que encubrian su codicia los españoles, que el templo
+idólatra se convirtiese en templo cristiano; que en vez del monstruoso
+simulacro de oro macizo que adoraban los indios, se colocase sobre un
+altar un crucifijo de madera; que se sepultasen los cráneos humanos que
+servian de trofeo al templo, y que, para evitar que aquel culto
+abominable se reprodujese, me entregasen el ídolo, y las alhajas del
+culto.
+
+Con asombro mio los embajadores, en vez de negarse, asintieron á mi
+propuesta en nombre de su rey Calpuc, y del mismo modo consintieron en
+entregarme un fuerte tributo por cada uno de los habitantes de la
+ciudad; exigí, ademas, para mi seguridad y la de mi gente, que el rey
+viniese entre nosotros y entrase á mi lado en la ciudad, y que se
+entregasen á mis soldados el templo y las habitaciones de los
+sacerdotes.
+
+Convínose la entrada en la ciudad para el dia siguiente, y en él, á la
+hora convenida, se me presentó Calpuc, el terrible rey del desierto, con
+algunos de sus magnates, y á pié, en contraposicion de los caciques que
+hasta entonces habia conocido, y que se hacían conducir en andas
+cubiertas de oro, sobre los hombros de sus esclavos.
+
+Maravillóme tambien que Calpuc llevase un trage puramente castellano, un
+birrete de brocado bordado con piedras preciosas, y únicamente, como
+distintivo de su dignidad, un manto de una tela fabricada con plumas.
+Los demás de su acompañamiento llevaban tambien algunas prendas
+castellanas: quién una gorra, quién un jubon ó unos gregüescos, ó
+simplemente unas botas. Esto me demostró que se me temia y se me
+adulaba, y me confirmó en esta idea, las inequívocas muestras de
+distincion que desde el primer momento me dispensó Calpuc; dióme la
+mano, á usanza de Castilla, y, lo que mas me maravilló, me significó en
+buen castellano, aunque con un tanto de acento extranjero, lo dispuesto
+que estaba á mantener conmigo una amistad duradera, siempre que yo me
+prestase á razonables condiciones.
+
+Despues nos encaminamos juntos á la ciudad, yendo Calpuc á mi derecha y
+entre las filas de mis arcabuceros, y detrás los pocos caciques que le
+habian acompañado, la mayor parte de los cuales mostraban en sus
+semblantes el temor y la desconfianza.
+
+Durante el corto trecho que anduvimos hasta llegar á la ciudad, el rey
+me dijo que se habian cumplido mis deseos respecto al templo, y que las
+habitaciones de los sacerdotes situadas á su alrededor, estaban ya
+dispuestas para aposentar á mis soldados.
+
+En efecto, se veia desde el campo que los cráneos humanos, que el dia
+anterior coronaban la parte mas alta del templo, habian desaparecido, y
+en su lugar ví en cien astas de madera, banderolas de todos colores en
+señal de agasajo y alegría.
+
+Era necesario desconfiar de este aspecto y de esta docilidad, atendido
+el respeto y la adoracion que los indios profesan á sus ídolos: era
+necesario estar preparados para rechazar una asechanza, y mis alféreces
+y sargentos, prevenidos por mí, habian hecho que los monfíes llevasen
+los arcabuces preparados y las mechas encendidas.
+
+Cuando llegamos á una de las entradas de la ciudad, en la cual, para
+evitar yo el peligro de marchar á la desfilada por los estrechos
+callejones de todas las entradas de las poblaciones indias, habia pedido
+que se abriese una brecha, lo que se habia efectuado; al entrar por
+aquella brecha, nos salieron al encuentro una multitud de músicos á
+manera, de juglares, con tambores, que batian á compás, y gran número de
+hermosas bailarinas que nos precedieron tocando y danzando hasta el
+templo, en el cual penetramos por una alta gradería.
+
+Al penetrar en el interior ví con asombro, que sobre el pedestal en que
+sin duda habia estado el ídolo, se alzaba un magnífico crucifijo de
+talla, y que nos salian al encuentro tres ancianos revestidos, ni mas ni
+menos que como los sacerdotes católicos y con los mismos ornamentos.
+
+Calpuc me indicó entonces el altar y me dijo:
+
+--He ahí el Redentor del mundo, inclinad vuestra cabeza, capitan, y
+adoradle, puesto que os ha permitido llegar sano y salvo hasta estas
+apartadas regiones en medio de tantos peligros.
+
+El acento de Calpuc era el de un cristiano lleno de fe, lo que aumentó
+mi admiracion: prosternéme ante el altar, prosternáronse mis soldados, y
+únicamente el rey y sus magnates quedaron de pié, aunque en una actitud
+respetuosa, á un lado del templo.
+
+Inmediatamente se celebró una misa; despues de ella el mas anciano de
+los sacerdotes, me dirigió una corta plática en que enaltecia el valor y
+la fe que me habian llevado á aquellas remotas regiones, para extender
+en ellas el conocimiento de la divina verdad, y arrancar del error á
+aquellos infelices idólatras.
+
+Despues de esto, mi compañia se aposentó en las habitaciones que estaban
+alrededor del templo, desde las cuales dominaban á la poblacion, y
+Calpuc me llevó consigo á su casa, á cuya puerta despidió á sus magnates
+y en la que penetró solo conmigo.
+
+Aquella casa, que podia llamarse palacio, era de piedra, de un solo
+piso, y en el interior estaba revestida de maderas olorosas y ricas
+telas tejidas de plumas, oro y plata. Los pavimentos y los techos eran
+de cedro, y todo allí, con arreglo á las costumbres de los indios, era
+régio y maravilloso.
+
+Calpuc me condujo por sí mismo, á través de muchos patios y
+habitaciones, y al fin, en lo mas retirado de su palacio, se detuvo
+delante de una ensambladura, donde ni aun resquicio de puerta se notaba.
+
+--Vais á entrar, me dijo, con acento grave y lleno de autoridad, donde
+solo han entrado hasta ahora, mi esposa, mi hija y esos tres sacerdotes
+cristianos que acaban de presentaros el santo sacrificio de la misa.
+Todo esto os parecerá extraño y maravilloso, y con efecto lo es. Por lo
+mismo espero que vos, obrando con la fe y el sigilo que cuando es
+necesario debe obrar un caballero, guardareis un profundo secreto acerca
+de cuanto vais á ver y á oir.
+
+Prometíselo, y entonces Calpuc oprimió un resorte oculto y nos
+encontramos en una habitacion alhajada enteramente al estilo de España:
+atravesamos algunas otras iguales, y al fin, Calpuc abrió una puerta, y
+me introdujo en una capilla ú oratorio á cuyo frente habia un altar y
+otro á cada costado.
+
+En el del centro no habia imágen alguna, en el de la derecha se veia una
+imágen de talla de la Vírgen de los Dolores, y en el de la izquierda
+otra de San Juan Evangelista; á los piés del altar de la Vírgen habia
+arrodilladas dos mujeres, que se levantaron sobresaltadas al notar mi
+presencia y se dirigieron á una puerta situada á la izquierda del altar
+del centro.
+
+--Esperad y nada temais, dijo Calpuc dirigiéndose á ellas: este
+caballero es mi amigo.
+
+Las dos mujeres se detuvieron, se volvieron y adelantaron hácia
+nosotros, saludándome, una de ellas, con suma cortesanía. Necesité hacer
+un poderoso esfuerzo sobre mí mismo, para contener mi conmocion. La dama
+que tenia delante, y que parecia contar veinte y ocho años,
+maravillosamente hermosa, y vestida con un sencillo trage blanco, era el
+original del retrato que habia visto en casa del duque de la Jarilla;
+era, en fin, doña Inés de Cárdenas, su hija.
+
+La que la acompañaba y me habia parecido mujer por su estatura, era una
+niña como de nueve años, maravillosamente hermosa tambien; pero en cuyo
+semblante se veia el color dorado de la raza mejicana, los negrísimos
+ojos que son tan comunes entre las indias, y el cabello profuso, rizado
+y brillante, que tanto encanto presta á su hermosura. Doña Isabel me
+miraba con curiosidad, y su hija, que indudablemente lo era, puesto que
+habia heredado sus mismas formas, su misma hermosura, me miraba con un
+temor instintivo.
+
+--¿Venís de España, caballero? me dijo doña Inés en excelente
+castellano.
+
+--Hace un año señora, la contesté con la mayor naturalidad, que he
+atravesado la frontera del desierto por órden de su adelantado don Juan
+de Cárdenas, duque de la Jarilla.
+
+Noté que doña Inés se ponia sumamente pálida, y que Calpuc plegaba
+levemente el entrecejo.
+
+--Este caballero es nuestro huesped, dijo Calpuc á doña Inés, que me
+saludó de nuevo, me hizo algunos cumplidos y se retiró llevando la niña
+de la mano.
+
+Quedamos solos Calpuc y yo.
+
+--Necesitamos hablar á solas, me dijo, y comprendernos; tened la bondad
+de seguirme caballero.
+
+Y por otra puerta, situada á la derecha del altar, me llevó, atravesando
+algunas habitaciones, á otra donde se encerró conmigo.
+
+Noté que la disposicion de Calpuc hácia mí habia cambiado.
+
+--Sentaos, me dijo, y cubrios capitan: estais enteramente en vuestra
+casa: quiero que me trateis con franqueza y que me respondais lisa y
+llanamente á lo que voy á preguntaros. ¿Cuánto tiempo hace que habeis
+atravesado la frontera?
+
+--Un año poco mas ó menos, le contesté.
+
+--¿Y decís que el adelantado de la frontera os ha mandado penetrar en el
+desierto donde nadie hasta vos se ha atrevido á entrar?
+
+--Sí, señor, le contesté.
+
+--¿Y cuáles eran las instrucciones que traiais? repuso mirándome
+fijamente.
+
+--Las de reducir á la obediencia á los rebeldes que habian negado el
+vasallaje á S. M. el gran emperador nuestro amo.
+
+--Estais en un error, capitan, y lo estaba el adelantado al llamar
+rebeldes á los moradores del desierto: esto no es exacto: los hombres
+que han preferido huir de las poblaciones conquistadas, para internarse
+en estas soledades, para venir á buscar estas otras poblaciones,
+desconocidas aun para los castellanos, no son rebeldes, porque ellos no
+han reconocido otros señores que los que á falta de Motezuma han
+defendido la libertad y la honra de los mejicanos: todo consiste en que
+en Méjico les queda aun mucho que conquistar á los españoles, en que en
+sus interminables soledades, en sus gigantescos bosques, en sus inmensas
+florestas, viven y vivirán siempre hombres, que prefieren la fatiga y la
+guerra á la paz de la servidumbre bajo la tiranía del conquistador. No
+nos llameis rebeldes, capitan; la rebeldía es un crímen de que no me
+siento capaz; si alguna vez Calpuc jura fidelidad al emperador don
+Carlos, será su mas fiel vasallo.
+
+--En buen hora, contesté, que no seais rebelde; pero el emperador, mi
+amo, es bastante fuerte para conquistaros y os conquista: ya podeis
+juzgar: cien hombres solos han sido bastantes para penetrar hasta el
+interior del desierto y dictaros condiciones.
+
+Yo habia aventurado mis últimas palabras para probar el temple de alma
+de Calpuc, y noté que las habia escuchado con un altivo desprecio: en
+vez de irritarle yo, el me habia irritado á mí.
+
+--Lo que demuestra, dijo el anciano Yuzuf, interrumpiendo al capitan,
+que el rey de aquellas gentes valia infinitamente mas que tú.
+
+--Líbrete Dios, emir, dijo profundamente el capitan, de verte frente á
+frente de Calpuc. Ese hombre tiene alma de demonio.
+
+--No, yo creo que ese hombre tiene un alma valiente, que resiste con una
+fuerza prodigiosa á la adversidad; pero continúa, porque aunque he oido
+contar esa misma historia á Calpuc, quiero oir á entrambas partes; él te
+acusa de asesino y de bandido, y si yo no te protegiera...
+
+Hizo un gesto de profundo desden Sedeño y exclamó:
+
+--Calpuc vive porque le proteges tú, emir; pero continuemos, que tiempo
+tendrémos sobrado para llegar á ese asunto.
+
+El aspecto de frialdad con que Calpuc habia contestado á mi arrogancia,
+arrogancia á que me daban derecho cien victorias conseguidas contra
+aquellos bárbaros, sin perder un solo hombre, me contrarió.
+
+--Habeis llegado hasta aquí, capitan, me dijo, porque Dios lo ha
+querido; porque Dios castiga en nosotros los pecados de nuestros padres
+y su ciega idolatría; Dios os ha enviado, no como la luz que alumbra,
+sino como la espada que hiere: sois un azote al que ha prestado Dios la
+fuerza de su brazo, y triunfais; porque es necesario, porque es preciso
+que triunfeis: en una palabra, sois los verdugos de la justicia de
+Dios.
+
+--Y sin duda para desarmar la cólera de Dios, le dije con intencion, os
+habeis convertido al cristianismo.
+
+--Me he convertido al cristianismo porque Dios ha querido que me
+convierta, me contestó con la gravedad peculiar á los indios.
+
+--¿Y por qué, si sois cristiano, resistis á las armas del emperador?
+
+--¡Qué! ¿acaso vuestro emperador ha nacido para esclavizar al mundo
+entero? contestó con desden Calpuc.
+
+--El gran emperador y rey don Carlos V es el monarca mas grande de la
+tierra.
+
+--Su grandeza es un crímen continuado, contestó Calpuc; pero dejemos
+vanas disputas. ¿A qué habeis venido aquí?
+
+--Ya os lo he dicho: á conquistar tierras á mi amo el emperador, y á
+extender la fe de Jesucristo.
+
+--Por ahí debiais haber empezado; pero la fe de Jesucristo no se
+extiende por medio del incendio, de la matanza, de la impureza, del robo
+y de todo género de delitos: el que quiera extender la fe de Jesucristo
+debe de ser un apóstol y encadenar las almas por el ejemplo de su virtud
+y por la sabiduría de su palabra. Y si Dios os ha traido hasta estas
+remotas tierras, no ha sido por la gloria de su nombre; vosotros sois
+indignos de enaltecerla; os ha enviado como un castigo, y vosotros no
+peleais con el valor del leon, excitados por la fe, sino por la sed de
+oro; habeis llegado hasta aquí atraidos por la fama de la montaña
+dorada, y os habeis encontrado con una roca de cristal. Si vuestros
+soldados hubieran sabido esto, no hubieran sido tan audaces. Para
+encontrar botin en abundancia, no es necesario penetrar en el desierto;
+si en vez de estar la montaña dorada despues de esta ciudad, hubiese
+estado mas allá, no hubiéreis pasado adelante. Sea como quiera, ¿cuanto
+oro será necesario para que nos dejeis en paz?
+
+--Todo el oro que teneis, todas las riquezas que atesorais pertenecen á
+mi amo el emperador, le contesté.
+
+--En buen hora, dijo Calpuc; vuestro será el oro del templo; vuestras
+las riquezas que encierran las casas de la ciudad; pero no serán
+vuestros los tesoros ocultos por nosotros en las entrañas de la tierra;
+tesoros, en comparacion de los cuales, nada es cuanto habeis robado ó
+podeis robar, porque nosotros sabemos donde estan las minas de oro y los
+bancos de perlas y las rocas que encierran el diamante. Si vuestro
+objeto no es otro que el de acumular riquezas, hablad; poned precio á
+nuestra libertad, recibidlo y partid.
+
+--Escuchad, le dije: hay un medio de conciliarlo todo: al entrar he
+visto una niña.
+
+Púsose sumamente pálido Calpuc.
+
+--Esa niña es mi hija, me contestó.
+
+--Pues bien, dadme vuestra hija por esposa, y me quedo entre vosotros;
+os ayudo con mis invencibles soldados; fundamos un poderoso imperio al
+que no se atreveran á llegar los españoles y...
+
+--¿Son esas vuestras últimas condiciones? dijo interrumpiéndome Calpuc.
+
+--Decididamente.
+
+--Pues bien, pensaré en ello. Entre tanto descansad; esta es vuestra
+habitacion; no extrañeis si no me veis en algun tiempo, porque acaso me
+lo impediran graves ocupaciones. Adios.
+
+Y sin esperar mi contestacion se perdió tras un tapiz.
+
+Para mí todo lo que habia visto y me habia maravillado, el trage
+castellano de Calpuc, la pureza con que hablaba el castellano, la
+existencia de tres sacerdotes católicos en un país de idólatras, estaba
+explicado desde el momento en que encontré en el palacio del rey del
+desierto á la hija del duque.
+
+Ella sin duda le habia convertido, ella le habia enseñado el habla
+castellana; su apóstol y su maestro habia sido el amor.
+
+Y nada tenia esto de extraño: doña Inés era una mujer bastante por sus
+encantos, por el poder de un no sé qué misterioso que se revelaba en
+ella, para convertir y enamorar á un dervís. Yo mismo comprendí que si
+doña Inés se empeñaba, á pesar de mis hábitos de bandido y de libertino,
+me convertiria.
+
+Yo habia ido por ella sola al interior del desierto, porque nunca habia
+creido en la existencia de la montaña de oro, y porque, como decia muy
+bien Calpuc, para obtener grandes riquezas por medio del saqueo, no era
+necesario alejarse tanto de la frontera.
+
+Yo habia buscado al terrible Calpuc con un puñado de valientes, porque
+tenia indicios de que si doña Inés vivia, debia estar en su poder.
+
+La habia encontrado de una manera maravillosa; pero si bien la ambicion
+me habia impulsado hacia ella, el amor y un amor violento habia
+sustituido en mi alma el lugar de los pensamientos ambiciosos desde que
+la ví.
+
+Mi demanda para esposa de la hija de Calpuc solo habia sido un pretexto
+para acercarme á doña Inés.
+
+Sin embargo, una inquietud mortal me devoraba; habia cometido
+indudablemente una imprudencia en pronunciar ante Calpuc el nombre del
+duque de la Jarilla; Calpuc se habia mostrado receloso conmigo y era de
+temer que ocultase de tal modo á doña Inés que no pudiese dar con ella.
+
+Sirviéronme de comer al uso de los naturales, en la habitacion que
+Calpuc me tenia designada, y despues de comer se me presentó un indio
+que hablaba medianamente el castellano, y me participó que su señor le
+enviaba, para que, si yo queria, me sirviese de guia y de intérprete en
+la ciudad.
+
+Aproveché sus servicios, salí del palacio por un postigo que estaba muy
+cerca de mi habitacion, visité los alojamientos de mi tropa, á la que
+encontré dispuesta á todo, y recorrí despues la ciudad. Notaba que por
+todas partes se fijaban en mí miradas recelosas, que las mujeres se
+escondian á mi vista, y que los agoreros predicaban de una manera
+enérgica, á pesar de mi presencia, en el lenguaje bárbaro de los
+sacerdotes indios, en medio de una multitud cabizbaja y silenciosa.
+
+Algunos de estos agoreros, señalaban con rabia la cruz que habia
+aparecido sobre el templo, y por sus gestos, y violentos ademanes, podia
+comprenderse que excitaban á los indios á la insurreccion.
+
+Cuando ya cerca de la noche me volví al palacio de Calpuc, y entré en mi
+habitacion por el mismo postigo por donde habia salido, noté que la
+ciudad habia quedado entregada á una agitacion sorda y amenazadora.
+
+Ya habia indicado yo á mis alféreces donde podrian encontrarme, y aunque
+mi situacion era aislada y peligrosa, me llenó de alegria la idea de que
+una acometida por parte de los indios, me autorizaria para obrar sobre
+la ciudad como sobre pais conquistado.
+
+Inmediatamente que entré me sirvieron la cena.
+
+Despues me dejaron solo.
+
+No pasó mucho tiempo cuando percibí un ruido leve en una de las
+habitaciones inmediatas. Mi primer pensamiento fue la sospecha de que
+acaso pensaban sorprenderme y asesinarme, y á todo evento esperé de pie
+en medio de la cámara.
+
+Poco despues se levantó el tapiz de una puerta y en vez de un asesino
+entró una niña. Una niña hermosa como un ángel.
+
+La niña se puso sonriendo uno de sus pequeños dedos sobre su pequeñísima
+boca, y acercándose á mí me dijo con una hechicera confianza:
+
+--Señor español, mi madre, que es española como vos, desea hablaros;
+pero para ello será necesario que me sigais sin hacer ruido; muy
+quedito y muy en silencio.
+
+Despojéme de mis espuelas, y como no era de presumir que Calpuc se
+valiese de su hija para tenderme un lazo, me limité á llevar por única
+arma mi daga, que aun conservaba en la cintura: si por acaso no la
+hubiese tenido, hubiese seguido á Estrella, que asi se llamaba la niña,
+enteramente desarmado; hacer otra cosa hubiera sido demostrar
+desconfianza ó miedo, y esto ofendia mi orgullo.
+
+Estrella me asió de una mano, me sacó de la cámara, y me llevó á oscuras
+por un laberinto de corredores y habitaciones. Al fin entramos en un
+departamento donde se aspiraba un ambiente cargado de perfumes, lo que
+demostraba que ya estábamos en las habitaciones de doña Inés.
+
+Al fin Estrella levantó un tapiz y entramos en una magnifica cámara,
+iluminada blandamente por una lámpara, en cuyo fondo, sobre almohadones
+de pluma, estaba sentada una mujer vestida de blanco.
+
+Era doña Inés.
+
+La media luz que iluminaba la cámara, los brillantes muebles que la
+alhajaban, el trage blanco de doña Inés, su cabellera negra,
+magníficamente agrupada en trenzas sobre su cabeza, la ardiente
+melancolia de su semblante, la ansiedad que se pintaba en su mirada,
+todo, todo, hacia de aquella mujer una tentacion viviente.
+
+Doña Inés besó á su hija en la boca, la dijo algunas palabras al oido, y
+la niña, haciendo una señal de inteligencia, atravesó, leve como una
+pluma, la cámara y se perdió detrás de una puerta.
+
+--Dispensad, caballero, me dijo doña Inés con un acento ávido, opaco y
+profundamente melancólico; perdonad que os haya molestado, y sentaos. Me
+habeis dicho que venis de España, que hace un año habeis penetrado en el
+desierto, y que esto ha sido por órden de don Juan de Cárdenas, duque de
+la Jarilla, adelantado de España en la frontera.
+
+Doña Inés pronunció todas estas palabras con una precipitacion febril.
+
+Esperé un momento á que dominase su conmocion, y la respondí:
+
+--En efecto, señora, el adelantado de la frontera, ha premiado mis
+largos servicios al emperador, haciéndome la honra de encargarme...
+
+--¿Y qué encargo es ese?...
+
+--Hace diez años los indios sorprendieron al adelantado, y le robaron
+una hija adorada.
+
+--¿Y el adelantado, no se ha acordado en diez años de buscar á su hija?
+dijo con cierto sarcasmo doña Inés.
+
+--El adelantado, señora, ha enviado uno y otro capitan; á uno y otro
+tercio al desierto; todos han perecido.
+
+--¿Y solo vos habeis podido llegar?...
+
+Doña Inés se detuvo.
+
+--Si, si señora, la dije con audacia, yo solo he tenido la fortuna de
+encontraros.
+
+--¡De encontrarme! ¡pues qué! ¿creeis que yo soy la hija del adelantado?
+¿es esa señora la única española que por las vicisitudes de la guerra ha
+venido á parar á poder de los indios?
+
+--Yo, señora, la contesté, no hubiera aventurado ninguna expresion, sino
+estuviese seguro de que vos sois doña Inés de Cárdenas.
+
+--¡Que estáis seguro de que yo soy...!
+
+--Si, por cierto, porque os conozco.
+
+--¡Que me conoceis!
+
+--He visto vuestro retrato en casa de vuestro padre.
+
+--Sin duda os engaña la memoria.
+
+--Suele suceder que la memoria engañe; pero jamás engaña el corazon.
+
+Doña Inés afectó no comprender el sentido directo y audaz de mis últimas
+palabras.
+
+--El corazon se engaña tambien me dijo con la mayor naturalidad; á
+quinientas leguas de distancia, cuando se han atravesado bosques y
+desiertos, y se han visto muchas mujeres... es fácil...
+
+--Si, eso es fácil para un indiferente, pero no para un hombre que ama.
+
+Era ya el tiro tan directo que doña Inés no pudo desentenderse y adoptó
+un aspecto severo.
+
+--Si creeis que yo soy hija del duque de la Jarilla; si habeis
+comprendido la posicion que ocupo en esta casa, por mas que yo no sea la
+mujer que creeis, me haceis una grave ofensa.
+
+--Perdonad, pero no conozco bien vuestra posicion.
+
+--¿Y qué posición puede ser la mia, teniendo una hija, sino la de esposa
+de un hombre que profesa mi misma religion, y que es mas ilustre que yo,
+puesto que es rey de unos dominios tan extensos como los del emperador
+don Carlos?
+
+--Dominios que sin embargo se conquistan con cien soldados castellanos.
+
+--Asi lo quiere Dios, y es justo que asi sea, dijo doña Inés. Pero no os
+mostreis tan orgulloso; hasta ahora solo habeis tropezado con pequeños
+caciques á los que os ha sido fácil vencer: no habeis encontrado un solo
+guerrero: todas esas turbas que habeis vencido, son restos de tribus
+aterradas, desmembradas que han huido á los desiertos, despoblando la
+parte conquistada por los españoles. Pero ahora os encontrais en la
+primera ciudad de otro imperio fuerte y poderoso que no se ha aterrado
+todavía, y que está acostumbrado á vencer á los españoles. ¿No sabeis de
+boca del mismo adelantado de la opuesta frontera, que á pesar de sus
+murallas, de sus cañones y de sus soldados castellanos, los idólatras le
+arrebataron su hija de su mismo palacio?
+
+--¡Oh! ¡al fin confesais!...
+
+--Me remito á lo que vos mismo me habeis referido.
+
+--Pero os repito, doña Inés, que he visto vuestro retrato en la casa de
+vuestro padre, que no puedo desconoceros, porque causásteis en mí una
+emocion profunda, y porque, en fin, en nada habeis variado sino en haber
+acrecido en hermosura.
+
+--¿Habeis hecho una campaña de quinientas leguas por mí, solo por mí?
+dijo con un acento indefinible doña Inés.
+
+--Vuestro padre...
+
+--Mi padre, porque... si, yo soy esa doña Inés que buscais; mi padre ha
+tenido ocasion de saber de mí, ya enviando un indio de paz, ya por otros
+mil medios. No, no: mi padre me ha maldecido sin duda; mi padre ha
+renegado de su hija.
+
+--Vuestro padre os cree muerta, señora; vuestro retrato está cubierto
+con un velo negro.
+
+Doña Inés se conmovió, surcaron dos lágrimas sus blancas mejillas, y
+dijo con acento conmovido:
+
+--Mi padre no podia creer que entre los idólatras hubiese un alma
+generosa, un gran corazon que me sirviese de amparo. Mi padre supuso y
+supuso con razon, que yo no podria sobrevivir á la esclavitud y al
+envilecimiento. Pero mi padre se ha engañado. Para ser completamente
+feliz, solo me falta respirar el aire de la patria, y vivir entre
+cristianos.
+
+--¡Ah! ¡sois feliz!
+
+--Cuanto puedo serlo en una tierra extraña habitada por idólatras. Si
+esto os maravilla, prestadme un tanto de atencion y cesará vuestro
+asombro.
+
+Mi padre os habrá referido cómo le fuí arrebatada: los indios nos
+sorprendieron, pasaron á cuchillo á los españoles, y su rey penetró en
+nuestra casa, y en mi cámara, en el momento en que la mano brutal de un
+salvaje me habia arrancado de mi reclinatorio, donde pedia á Dios
+misericordia, y arrastrándome por los cabellos, levantaba sobre mí su
+hacha.
+
+El valiente Calpuc me arrancó de las manos del terrible guerrero, y
+para salvarme, me declaró su cautiva.
+
+Todos respetaron á la cautiva del rey.
+
+Despues no recuerdo lo que sucedió; solo que cuando torné en mí, me
+encontré en un lecho portatil, conducido por cuatro indios, en medio de
+un ejército innumerable de salvajes, que marchaban por ásperos y
+horribles desfiladeros.
+
+Durante muchos dias, hicimos pacíficamente el mismo camino que vos, sin
+duda, habeis hecho, dejando á vuestras espaldas la muerte, la
+desolacion, y el incendio: al fin llegamos á esta ciudad, y fuí
+trasladada á este mismo palacio.
+
+Durante el camino, mis ojos habian buscado en vano al jóven guerrero que
+me habia librado de una muerte horrorosa. Un impulso de gratitud y un
+sentimiento que no podia explicarme, me hacian pensar en él. Algunos
+dias despues de haber llegado á este palacio, me atreví á preguntar á
+las esclavas que me asistian, por el rey de aquella tierra.
+
+Entonces un anciano sacerdote que habia sido cautivado en la misma
+ocasion en que yo lo habia sido, se me presentó y me dijo que el jóven
+rey del desierto, Calpuc, habia ido á reprimir la insurreccion de una de
+las tribus; díjome asimismo, que conmigo, ademas de él, habian sido
+libertados de la muerte otros dos sacerdotes cristianos y algunos
+soldados y mujeres castellanas.
+
+--Ignoro la suerte que nos está reservada hija mia, añadió: creo que
+este rey es humano y generoso; pero en todo caso, antes que faltar á la
+virtud y á la fe de Jesucristo, es preferible el martirio.
+
+Algunos dias despues, se me presentó el mismo Calpuc.
+
+Era muy jóven, y ya le conoceis, y podeis comprender que posee dotes
+para hacerse amar. Yo no habia pensado en que podria amarle; este
+pensamiento me hubiera llenado de terror: mis creencias, mi educacion,
+mi altivez, todo se oponia en mí á este pensamiento, y sin embargo, ya
+os he dicho, que el recuerdo de aquel jóven que me habia salvado, me
+inspiraba un sentimiento misterioso que no podia explicarme, que yo no
+creia que pudiese ser amor, y que atribuia á gratitud.
+
+Fuése que por hacerse entender de mí, Calpuc hubiese procurado aprender
+el habla castellana, fuese que conociese algunas de sus palabras por la
+continua guerra contra los españoles, me hizo entender, aunque á duras
+penas, en nuestra primera vista, que nada tenia que temer, y que si me
+habia llevado consigo á sus dominios, solo habia sido por no dejarme
+expuesta á mil peligros.
+
+Desde entonces todos los dias me hacia una corta visita.
+
+Lentamente el jóven indio fue comprendiendo mejor el castellano; al fin
+á los seis meses, se hacia entender perfectamente.
+
+Yo tambien habia comprendido lo que mi corazon no habia podido
+ocultarme, esto es, que amaba al rey del desierto. Le amaba, sí, pero
+jamás le revelé mi amor, ni con una mirada, ni con una demostracion de
+alegría á su llegada, llegada que yo ansiaba, para dar en el fondo de mi
+alma una expansion á mi amor.
+
+Calpuc, por su parte, me trataba con el mayor respeto y con una
+indiferencia perfectamente afectada; pero ¿qué mujer no conoce si es
+amada ó no por un hombre á quien ve todos los dias?
+
+Sabia, pues, que le amaba y que era amada; pero estaba resuelta á morir
+antes que á pertenecer á un idólatra.
+
+Pero nuestra mutua posicion debia ser mas íntima y mas difícil; debia
+llegar un dia en que viviésemos continuamente juntos, en que comiésemos
+en un mismo plato, en que hiciésemos una vida comun.
+
+Aun no habian pasado seis meses, desde que habia sido arrebatada á mi
+padre, cuando un dia se me presentó Calpuc pálido y trémulo.
+
+--Es necesario que seas mi esposa, castellana, me dijo, y que adores á
+nuestros dioses.
+
+--¡Jamás! le contesté; Jamás seré la esposa de un idólatra, ni me
+prosternaré ante el ara horrible que se riega con sangre humana.
+
+--Escúchame, Inés, dijo Calpuc, sentándose á mi lado: los agoreros han
+dicho al pueblo, que una mujer que vive en mi palacio, me envuelve en la
+tentacion y en la impureza; que esa mujer causará la completa ruina de
+los restos del imperio mejicano, y que, para aplacar á los dioses, es
+necesario que esa mujer sea entregada á los sacerdotes y sacrificada
+ante el altar.
+
+El horror de esta terrible perspectiva me hizo estremecer.
+
+--Y no es esto solo: los agoreros dicen que es necesario para asegurar
+la suerte del imperio, que sean sacrificados tambien tus hermanos de
+religion y de patria que han sido cautivados contigo.
+
+--Pero tú eres el rey de esa gente, le dije.
+
+--Mi poder, me contestó Calpuc, nada puede contra el poder de los
+sacerdotes. No hay otro medio para ti que ser mi esposa, y adorar á
+nuestros dioses, ni otro medio tampoco de salvar á esos infelices, sino
+se prosternan ante nuestros altares.
+
+--Pues antes que eso, ellos y yo, preferimos el martirio.
+
+--Escúchame, Inés, me dijo Calpuc con acento profundamente conmovido, y
+asiéndome una mano, yo te amo.
+
+Era la primera palabra, y la primera mirada de amor que se atrevia á
+dirigirme Calpuc.
+
+--¿Y por qué me amais, conociendo que yo no habia de sucumbir á vuestros
+amores? ¿Pretendeis aterrarme para que consienta en ser vuestra esposa?
+
+--No, no; dijo dulcemente Calpuc; yo solo quiero salvarte.
+
+--Pero mi salvacion es imposible.
+
+--¿Y por qué?
+
+--Porque jamás renegaré de mi Dios.
+
+Calpuc observó si podia ser escuchado de alguien, y luego llevándome á
+un ángulo retirado de la cámara donde nos encontramos, me dijo:
+
+--Yo no quiero que mueras.
+
+Me miró de una manera apasionada durante un momento, y luego continuó.
+
+--Si tú murieras, Calpuc se convertiria en el mas feroz de los hombres.
+
+--Pues bien, sé rey fuerte y poderoso.
+
+--Y dime, ¿qué harian los españoles, si su emperador les mandase ofender
+al Dios de sus padres, y desobedecer á sus sacerdotes?
+
+--¿Los españoles...? los españoles destituirian, exterminarian al
+emperador.
+
+--¿Y por qué no habian de hacer lo mismo los mejicanos con un rey que
+les mandase arrojar por tierra los altares de sus padres?
+
+--Pero los españoles adoran al verdadero Dios, y vosotros adorais á
+Belial.
+
+--La oracion de mi madre resuena en los oidos de los guerreros de mi
+nacion, cristiana, como la de tus abuelos resuena en los oidos de los
+tuyos. No te obligaré yo á que abandones á tu Dios...
+
+--Y me exiges que reniegue de él.
+
+--No, solo te pido que engañes á los hombres.
+
+--¡Cómo!
+
+--Guarda en tu corazon tus dioses; pero arrodillate, para que mis
+sacerdotes dejen de aborrecerte, arrodillate ante los nuestros.
+
+--¡No, nunca!...
+
+--¿Y la vida de esos desdichados? ¿y mi vida?
+
+Calpuc se arrojó á mis piés.
+
+--Es necesario que te resuelvas, continuó; no se pondrá el sol tras las
+montañas azules, sin que los sacerdotes me pidan una respuesta. Es
+necesario que la hermosa vírgen se salve, y escucha: si no me amas no
+serás mi esposa, sino para los hombres, que se alimentan con lo que ven
+y con lo que oyen: Calpuc no se acercará á la vírgen de su amor, sino
+para tenderse á sus piés y guardar su sueño. Calpuc amará á su hermana,
+pero es necesario que su hermana le llame esposo; es necesario que todos
+la crean esposa del rey, para que ninguno se atreva á pensar en matarla:
+¡ah! si mi hermana muriera, Calpuc se convertiria en un tigre.
+
+Los ojos del jóven salvaje centelleaban, y un amor inmenso se exhalaba
+por ellos; pero un amor tan respetuoso, tan sublime como ardiente.
+
+Yo, aunque aterrada por la horrorosa suerte que me amenazaba, me sostuve
+sin vacilar en mi resolucion, y Calpuc desesperado llamó al mas anciano
+de los tres sacerdotes cristianos.
+
+Este consintió en persuadirme al fingimiento que de mí se exigia, pero
+con una condicion solemne: exigió á Calpuc que se convirtiera al
+cristianismo.
+
+--Nuestros dioses se alimentan con sangre humana, dijo profundamente
+Calpuc; nuestros sacerdotes son unos malvados, que vuelven en su
+provecho la fe de mis hermanos; muchas veces he pensado en que un dios
+de muerte y de sangre, no es el dios que ha criado el sol, que es tan
+beneficioso, ni la luna que es tan bella, ni la tierra que es tan
+fértil, ni el mar que es tan grande, ni ese abismo tan azul, donde
+brillan innumerables los luceros. Mi padre que era un sabio y un justo
+me habia dicho: estos sacrificios humanos nos traerán al fin la
+maldicion de Dios. Por allí, por donde sale el sol tan resplandeciente,
+vendrán unos guerreros formidables que nos traerán, sobre mares de fuego
+y sangre, en castigo en nuestras culpas, otro Dios mas benéfico. Yo
+escucho todavía la voz de mi padre. Calpuc, ha querido conocer á Dios, y
+los agoreros no han sabido mostrárselo. ¿Se lo mostrarás, tu, anciano?
+
+[imagen: Doña Inés de Cárdenas.]
+
+El licenciado Vadillo, que así se llamaba el sacerdote, aprovechó la
+buena disposicion de Calpuc, y me decidió á que, para causar un gran
+bien, me prestase á unas formas externas, que en nada podian ofender á
+Dios, puesto que conocia la pureza de nuestras intenciones.
+
+Imponderable fue la alegría de Calpuc cuando supo que yo consentía en
+cuanto era necesario hacer para que los sacerdotes idólatras
+renunciasen, ó por mejor decir, no pensasen en sacrificarnos.
+
+Algunos dias despues era yo la esposa de Calpuc.
+
+Esposa para el pueblo; hermana para él.
+
+Lentamente el licenciado Vadillo y yo fuimos labrando la fe cristiana en
+el alma de Calpuc. Al fin un dia, el dia mas hermoso de mi vida, el
+licenciado Vadillo bautizó á Calpuc en secreto, y en secreto tambien nos
+desposó con arreglo al rito de la Iglesia católica.
+
+Entonces no fui ya la hermana, sino la mujer de Calpuc.
+
+Un año despues el cielo habia bendecido nuestra union dándonos á
+Estrella, á mi hermosa Estrella.
+
+Una capilla, la misma que habeis visto, fabricada por españoles, que
+habian venido á fuerza de oro, y construida con el mayor recato, habia
+abierto para nosotros el fecundo manantial de vida de la oracion y de
+las prácticas religiosas. Habreis reparado que habeis sido introducido
+por una puerta secreta en esta parte del palacio; que todas las
+habitaciones estan iluminadas por ventanas abiertas en el techo; que
+nadie, en fin, puede sorprender lo que aquí suceda: el vulgo cree que
+estas habitaciones tan cerradas son las de las mujeres del rey, y nadie
+se atreveria á mirar ni á espiar el interior del sagrado recinto aunque
+le fuese posible. Mi esposo tiene adormida la suspicacia de los
+sacerdotes á fuerza de oro, y á fuerza de oro ha conseguido que no haya
+un solo sacrificio humano, á pretexto de que los sacerdotes dicen al
+pueblo, que los dioses estan contentos y que no hay necesidad de aplacar
+su cólera con sangre. Los cráneos humanos que veríais ayer sobre el
+templo eran antiguos.
+
+[imagen: Sentí diferentes golpes de hacha y perdí los sentidos.]
+
+--Pues mucho me temo, dije interrumpiendo á doña Inés, que tanta
+felicidad no sea turbada por vuestra causa.
+
+--¿Por mi causa? dijo doña Inés.
+
+--Si por cierto, porque vos sois la que me habeis traido aquí al frente
+de mis soldados.
+
+--¿Y qué desgracia nos puede acontecer?
+
+--Nuestros soldados han entrado triunfantes en la ciudad.
+
+--Pero ha sido porque hemos hecho creer á los habitantes que tras
+vosotros venia un formidable ejército; ha sido porque yo no he querido
+que se vierta sangre de cristianos; porque deseo, en fin, que haya un
+acomodamiento entre los conquistadores y los naturales, y á propósito de
+ello queria hablar con el capitan de la bandera española que se habia
+presentado delante de nosotros.
+
+--No me ha dicho lo mismo vuestro noble esposo, señora, la repliqué.
+
+--¿Ha hablado con vos mi esposo?
+
+--Si, me ha ofrecido tesoros porque me vuelva con mi gente á la lejana
+frontera.
+
+--Eso consiste en que habeis cometido la imprudencia de nombrar á mi
+padre delante de mí.
+
+--Pero en fin, señora, ¿á que habremos de atenernos?
+
+--Es necesario obrar y obrar pronto. Es necesario que marcheis, llevando
+á mi padre un mensaje que yo os daré para él.
+
+--¡Partir! ¡partir, cuando se han hecho quinientas leguas y se han dado
+cien batallas por encontraros!
+
+--Vuestra gente está perdida en la ciudad: solo por el temor de verse
+anonadados, dominados por un formidable ejército, han podido los
+naturales consentir en que se celebren las ceremonias de otra religion
+en el templo de sus falsos dioses: si mañana no aparece, como es
+imposible que aparezca, ese soñado ejército, innumerables idólatras
+envestirán á vuestras gentes, las sofocarán por su número y las
+sacrificarán á sus dioses, á fin de aplacarlos por la, para ellos,
+terrible profanacion que se ha efectuado hoy en el templo; creedme,
+caballero, creedme; voy á hacer que busquen á mi esposo, á fin de que
+tratemos acerca de lo que conviene hacer, á propósito de establecer una
+buena inteligencia entre los españoles y los naturales, y esta misma
+noche partireis... ó sino partís sereis sacrificado... lo que me pesaria
+sobre manera.
+
+--Pues os repito, señora, que habeis acudido tarde á no ser que lo que
+me preponeis sea una discreta industria para alejarme con mi gente.
+
+--Os juro que nada hay en mis palabras doble ni artificioso; sino os
+alejais sois gente perdida.
+
+--Pues creo que eso lo hemos de ver muy pronto, dije aplicando el oido,
+porque me pareció haber escuchado un disparo de arcabuz.
+
+En efecto, no me habia engañado; poco despues, y partiendo del templo,
+retumbaba sobre la ciudad un cerrado fuego de mosqueteria: oíanse
+distintamente los gritos tumultuosos de los idólatras, y dentro del
+mismo palacio se dejaba oir una animacion terrible.
+
+Estrella se presentó pálida en la cámara y se arrojó en los brazos de su
+madre, que se habia levantado y fijaba en mí, que me habia levantado
+tambien, una mirada fija y terrible.
+
+--¿Qué significa esto, caballero? me preguntó.
+
+--Esto significa que las gentes de la ciudad han acometido á mi gente,
+que, como es natural, se defiende. Por mi parte os juro que nada sé de
+esto, y que me pesa; pero lo tenia previsto.
+
+--Pues bien, no saldreis de aquí, caballero, dijo una voz á la puerta.
+
+Aquella voz era la de Calpuc, que se presentaba, no con el traje español
+con que se habia presentado aquel dia ante nosotros, sino con sus
+ostentosas vestiduras de rey mejicano, armado con un hacha corta y
+reluciente.
+
+--¡Ah! ¡me habeis tendido un lazo! exclamé; ¡me habeis asegurado en
+vuestra casa, creyendo que mis gentes sin su capitan serian mas
+fácilmente vencidas! Pero os habeis engañado: lo he previsto todo; no
+tardaran en llegar aquí mis soldados.
+
+--¡Ah! ¡lo habiais previsto todo! dijo sombríamente Calpuc: ¡habeis
+venido no á extender la religion de Cristo, sino á robarme mi esposa! El
+duque de la Jarilla os envia, y contábais demasiado fácilmente con el
+logro de vuestra empresa. Os habeis engañado capitan: habeis venido á
+morir á mis manos como un traidor.
+
+Y adelantó hácia mí.
+
+Yo desnudé mi daga, única arma de que, por imprevision, estaba provisto:
+doña Inés se interpuso.
+
+--No, no, exclamó: no vertamos mas sangre que la necesaria para defender
+nuestros hogares.
+
+--Nuestros hogares estan acometidos é incendiados, exclamó con rabia
+Calpuc, y este miserable renegado, que blasfema la religion de Cristo,
+va á morir á mis manos.
+
+Y rechazó con fuerza á su mujer.
+
+Trabóse poco despues una lucha desigual: yo solo tenia mi daga: el rey
+del desierto era valiente, vigoroso y ágil, y se defendia con las armas
+de que iba cubierto, de mis golpes. Para defenderme de los suyos me veia
+obligado á retroceder; oia ya cerca, muy cerca, los gritos y los
+disparos de arcabuz de mis soldados; un resplandor rojizo se veia al
+fondo en las habitaciones, por la puerta que habia dejado franca Calpuc:
+pero yo no podia ganar aquella puerta: las mujeres, asustadas, habian
+huido por otra; habiamos quedado solos el indio y yo: él estrechándome,
+yo retrocediendo: al fin me alcanzó un hachazo en el brazo izquierdo,
+luego otro en el rostro. Caí, la sangre me cegó, el vértigo se apoderó
+de mí: sentí diferentes golpes de hacha en el cuerpo, y perdí los
+sentidos.
+
+Calpuc me dejó tal como me ves ahora, con un costuron en el rostro, con
+una manga sin brazo, y con una pata de palo, á mas de otras heridas
+profundamente señaladas en el resto de mi cuerpo.
+
+Aquella negra aventura dió ocasion á que me llamasen mis compañeros
+primero y despues todos los soldados de los tercios en que he servido,
+el capitan estropeado.
+
+Debes tener tambien en cuenta, que en tu servicio he recibido estas
+heridas, ó por mejor decir, he perdido el agradable aspecto que antes
+tenia mi semblante; un brazo y una pierna: no debes olvidar esto, Yuzuf.
+
+--¿Te mandé yo, que penetrases en el interior de los desiertos de
+Méjico? dijo con desden Yuzuf: si te llevaron á ellos tus vicios, esto
+es, tu lujuria y tu codicia, tuya, y sola tuya es la culpa: no en mi
+servicio, síno en el tuyo fuiste estropeado.
+
+--Si, es cierto en alguna parte lo que dices; pero ten en cuenta, Yuzuf,
+que tú habias apurado los tesoros de tu padre: que la contribucion que
+te pagaban las Alpujarras, no bastaba para alimentar á tus monfíes, ni
+para sostener tu decoro de emir: que tú, como el emperador don Carlos, y
+como los aventureros y golillas españoles, habias pensado en la América,
+en ese rico tesoro encontrado mas allá de los mares por Cristóval Colon:
+que para procurarte riquezas fue únicamente para lo que me compraste una
+compañía, y me diste ciento de los tuyos: que sino hubiera sido por tí,
+yo no hubiera ido á Méjico, no hubiera conocido al duque de Jarilla, no
+hubiera visto el retrato de su hija, y no hubiera pasado de la frontera,
+donde, sin gran peligro y trabajo, se alcanzaban ricas presas. Recuerda,
+en fin, que en seis años que estuve por allá, llené tus arcas de oro
+para mucho tiempo.
+
+--Y dime: ¿á quién debes tu salvacion en tu descabellada excursion por
+el desierto sino á mis monfíes?
+
+--Es cierto; pero eso no quita el que te haya servido fielmente, y el
+que estés obligado á darme ayuda.
+
+--Si me has servido fielmente, es porque te tenia sujeto: porque á tu
+lado y como alféreces tuyos, iban hombres que no te hubieran permitido
+que me hicieses traicion: si hubieras podido, no me hubieras enviado ni
+un solo marco de oro: nada tengo que agradecerte, eres mi esclavo. Pero
+continúa, y sepamos á donde vas á parar con tu extraño relato.
+
+--Cuando volví en mí, me encontré dentro de una cabaña en el centro de
+un bosque; estaba en un lecho de pieles de búfalo, y enteramente solo:
+era de noche: una lámpara de hierro puesta sobre una piedra, alumbraba
+la cabaña: junto á mí, tendido en el suelo, y echada la cabeza sobre el
+lecho, dormia un hombre, y únicamente sus fuertes ronquidos interrumpian
+el profundo silencio que reinaba.
+
+Yo estaba vendado, dolorido, débil: por el momento, nada percibí mas que
+en conjunto: despues pasé de la observacion de los objetos exteriores á
+mí mismo, y me aterré: me faltaban un brazo y una pierna; el
+conocimiento de esta falta me hizo arrojar un grito de terror; á aquel
+grito, el hombre que dormia junto á mí despertó; era uno de mis
+alféreces; uno de tus monfíes.
+
+Esto me tranquilizó un tanto; al menos no estaba en poder de los
+idólatras: no debia temer el ser sacrificado á sus horribles ídolos. Sin
+duda estaba en medio de mis gentes, puesto que el alférez se mostraba
+completamente armado.
+
+--Gracias á Dios, me dijo, que al fin habeis tornado en vos, capitan:
+tres dias habeis estado como muerto.
+
+--¿Y dónde nos hallamos?
+
+--A muchas leguas de la ciudad de ese perro idólatra, en cuyo palacio os
+encontramos casi hecho pedazos.
+
+--¿Y qué ha sido de ese hombre?
+
+--Logró escapar de nuestras manos; reunió su gente en número
+considerable, y nos obligó á retirarnos de la ciudad.
+
+--Pero no nos ha perseguido, puesto que estamos en reposo, y debe estar
+muy lejos el peligro, porque dormiais profundamente, alférez, cuando yo
+he vuelto en mí.
+
+--Perdonad, capitan, me dijo, si he podido dormirme; hace tres dias con
+sus noches que no dormimos: pero eso no quiere decir que no haya
+peligro: por el contrario, tenemos al otro lindero del bosque el campo
+de los idólatras, y nuestras postas (centinelas) estan al frente de
+ellos. Tres dias hemos venido retirándonos, conteniendo una infinita
+muchedumbre con el fuego de nuestra mosqueteria, sin cesar de andar,
+llevándoos delante de nosotros en un lecho cubierto. Aquí fue necesario
+cortaros una pierna y un brazo, y para hacer esta operacion, nos fue
+forzoso detenernos y sostener un reñido combate: en él hemos perdido
+diez hombres.
+
+--¿Y las mujeres? dije con ansiedad.
+
+--Las mujeres y la presa la hemos mantenido constantemente en medio de
+nosotros, y aun no nos hemos visto obligados á perder la menor parte del
+botin.
+
+--Y entre esas mujeres, ¿vienen por acaso la esposa y la hija del rey
+Calpuc?
+
+--Sí señor.
+
+--Supongo que esas mujeres se habran respetado.
+
+--Ninguno de vuestros soldados, capitan, se hubiera atrevido á tocar á
+la presa antes de que vos la hubiéseis repartido.
+
+--¿Y quién me ha curado?
+
+--El médico judio que nos acompaña desde las Alpujarras.
+
+--¿Y qué dice el médico acerca de mi vida?
+
+--Despues de haberos cortado la pierna y el brazo, y de haberos
+examinado las heridas de la cabeza, nos aseguró que os quedaban muchos
+años de vida; pero... ¿no ois, capitan?
+
+Habia resonado á lo lejos un disparo de arcabuz, al que siguieron
+instantáneamente algunas descargas. Poco despues el fuego se extendió á
+la redonda, se acercó y se estrechó alrededor de la cabaña donde yo me
+encontraba.
+
+--Los idólatras han acometido el campo, exclamó el alférez, y nunca como
+ahora nos han cercado: quiera Dios que no nos exterminen esta noche.
+
+--Esperad, le dije: ¿no me habeis dicho que estan entre nosotros la hija
+y la esposa del rey Calpuc?
+
+--Si, por cierto.
+
+--Hacedlas venir al momento.
+
+El alférez salió, y poco despues entró con la madre y la hija.
+
+Doña Inés venia pálida, grave; pero altiva, con el mismo trage con que
+la habia visto tres dias antes: á no ser por los pasos que dió en la
+cabaña al entrar en ella, se la hubiera podido creer una estátua.
+
+Su hija Estrella, inmóvil tambien, abrazada á la cintura de doña Inés,
+pálida y trémula, fijaba en mí una mirada llena de terror; el alférez
+estaba detrás de ellas impasible, como sino se tratara de una mujer tan
+hermosa como doña Inés, y una niña tan semejante á un ángel como
+Estrella.
+
+--Doña Inés, la dije: las circunstancias en que nos encontramos haran
+que no extrañeis la resolucion que voy á tomar para salvar á mi gente.
+
+--Comprendo la resolucion que tomareis, me dijo con acento glacial doña
+Isabel, y bien, estoy resuelta: pereceremos todos.
+
+--¿Y vuestra hija? exclamé con acento profundo.
+
+Noté que doña Inés temblaba, que la niña palidecia aun mas, y que
+pugnaba en vano por contener sus lágrimas.
+
+--Ved lo que haceis doña Inés, la dije: vuestro padre tiene
+indisputables derechos á recobraros por el honor de su familia, y
+prescindiendo de eso, vos teneis un deber sagrado de protejer á vuestra
+hija. ¿No os causa horror solo el pensar en ver ensangrentada á vuestros
+piés á esa hermosa criatura?
+
+Estrella lanzó un grito de terror, se asió mas á su madre, y rompió á
+llorar á gritos.
+
+Doña Inés me llamó infame.
+
+--Y doña Inés tenia mucha razón para llamártelo, dijo Yuzuf.
+
+--Yo no sé si he sido infame, dijo secamente el capitan. Lo que sé es,
+que por doña Inés hubiera arrostrado la condenacion de mi alma. Déjame
+continuar, Yuzuf.
+
+--Continúa en buen hora, pero procura abreviar, porque tu cuento se ha
+hecho ya muy largo, y me aquejan otros cuidados.
+
+--No; es preciso que sepas cuánto he sufrido, cuánto he hecho por el
+amor de esa mujer, para que comprendas cuánto puedo hacer todavía.
+
+--Sigue, sigue.
+
+--Si doña Inés hubiera sido mi única prisionera, hubiera arrostrado por
+todo y los indios nos hubieran exterminado; pero doña Inés no se
+atrevió, no tuvo valor para sacrificar consigo á su hija, y su amor de
+madre nos salvó. Escribió una carta para su esposo, en que le hacia
+presente su horrible situacion y la de su hija: deciale, que su padre el
+duque de la Jarilla me habia enviado para arrancarla de su poder, del
+mismo modo que él la habia arrebatado de la frontera en otro tiempo; que
+nada tenia que temer de mí, que todo se reducia á volver al seno de su
+familia. Doña Inés, en fin, mintió y se valió de su buen ingenio para
+aterrar á su marido. Uno de nuestros soldados atravesó el fuego, y fue á
+llevar al rey del desierto la carta de su esposa.
+
+Inmediatamente cesó el combate, y se entró en capitulaciones.
+
+Calpuc exigió que se le entregasen los demás cautivos hombres y mujeres,
+y la presa, y juramento por mi parte de entregar sanas y salvas, sin
+ofensa en su honor, su esposa y su hija al duque de la Jarilla.
+
+Cuando tus monfíes, Yuzuf, supieron que para que se retirasen los
+idólatras era necesario entregar la presa, quisieron continuar al
+combate á todo trance, á pesar de que contra cada monfí habia mil
+enemigos. Hay que confesar que tus monfíes son muy valientes, y que á
+duras penas conseguí que entregasen la presa.
+
+Solo doña Inés y Estrella quedaron en mi poder.
+
+Calpuc, que habia comprendido que si bien le era fácil exterminarnos,
+atendiendo á que mi gente estaba sin capitan y á que era infinitamente
+inferior en número á la suya, el destruirnos era sentenciar á morir á su
+esposa y á su hija, quiso mejor que estando vivas, le quedase la
+esperanza de recobrarlas algun dia. Yo habia contado con esto, y no
+habia contado mal. Antes del amanecer se habian retirado los idólatras
+al otro lado del bosque, y pudimos continuar nuestro camino. Pero la
+mitad de la compañia habia quedado muerta sobre el campo.
+
+Como me habia dicho en nuestra primera entrevista doña Inés, hasta que
+habiamos entrado en los dominios de Calpuc, no habiamos encontrado
+gentes formidables: nuestros triunfos habian sido fáciles hasta
+entonces, y asi es que cuando desandamos el camino que habiamos llevado
+hasta la ciudad de Calpuc, vencimos con facilidad á algunas tribus
+salvajes que nos salieron al encuentro. Pero no pudimos hacer una sola
+presa y llegamos á la frontera, tan pobres como un año antes habiamos
+partido de ella.
+
+Los monfíes estaban desatalentados. Solo yo habia conseguido mi objeto;
+pero á medias. Traia conmigo á doña Inés; pero me dejaba allá en el
+centro del desierto un brazo y una pierna, y el hacha de Calpuc,
+cruzando mi cara, me habia desfigurado conpletamente.
+
+Ademas, mis proyectos de ambicion habian fracasado. Yo no podia ser
+esposo de doña Inés, porque doña Inés estaba casada.
+
+A pesar de que el duque de la Jarilla habia dejado el adelantamiento de
+la frontera, no me atreví á entrar en las ciudades con doña Inés, que
+era muy conocida, y restablecido ya completamente de mis heridas, me
+dediqué á hacer la guerra de frontera como antes de mi expedicion al
+desierto, llevando siempre conmigo á doña Inés.
+
+Llegó al fin un dia, en que, subyugadas de nuevo las provincias
+rebeldes, los indios que no quisieron sujetarse al yugo se internaron en
+el desierto, donde no era posible perseguirlos sino con grandes
+ejércitos, y por último, no habiendo ya aldeas que quemar ni presas que
+hacer, me mandaste que volviese á España.
+
+Yo temia volver á España con doña Inés, por la misma razon que no habia
+entrado con ella en ninguna de las villas y ciudades de Nueva España:
+temia que algun amigo ó deudo de su padre la conociese. Te envié, pues,
+tu gente, y me quedé solo con doña Inés y Estrella, como esclavas.
+
+Dudé al embarcarme con ellas para Europa á dónde mi dirigiria: en
+Flandes y en Italia me exponia á dar con un tropiezo, porque en aquellos
+paises abundaban los españoles. Difícil era encontrar un punto en Europa
+donde los españoles no llevasen su planta. Me decidí, pues, por Grecia.
+
+En el archipiélago he vivido algunos años. Me hice construir una casa á
+las orillas del mar, en Chipre, y compré una almadía. Yo necesitaba oro,
+y me hice pirata. ¿Qué quieres? Yo necesitaba ejercitarme en algo.
+Cuando volvia de mis excursiones cargado de oro y cubierto de sangre,
+gozaba entre los brazos de doña Inés...
+
+--¡Cómo! ¿doña Inés fue tan miserable que al fin manchó su fe, amándote?
+exclamó con severidad Yuzuf.
+
+--Recuerda emir que doña Inés tiene una hija.
+
+--¡Ah!
+
+--Como se habia sacrificado la esposa, se sacrificó la madre. Doña Inés
+luchó largo tiempo y fue preciso para que sucumbiese que yo la amenazase
+con separarla de su hija. Estrella era mi esclava y podia venderla.
+¿Comprendes ahora que doña Inés pudiera ser mia, y hasta que por no
+irritarme fingiese que me amaba?
+
+--Comprendo que eres un infame, Sedeño, y que Calpuc ha tenido y tiene
+mucha razón para pedirme tu cabeza.
+
+--¡Eh! yo no sé si he sido infame ó no: lo que sé es que doña Inés podia
+haber sido muy feliz conmigo, si hubiera sido menos testaruda. Al fin,
+lo hecho está hecho. La obstinacion de doña Inés me ha obligado á
+tratarla con crueldad. No es mia la culpa. ¿Acaso la amé yo porque
+quise? Si no con su hermosura, con un no sé qué misterioso, que me
+enloquecia, me obligó á amarla. Era necesario que yo ó ella nos
+sacrificásemos, y entre los dos sacrificios elegí el suyo. Esto es muy
+natural. Ademas, me habia costado muy cara para que yo renunciase á
+ella: me habia costado una expedicion al desierto en que expuse mi vida
+en cien combates, y por último un brazo y una pierna. ¿Cómo querias que
+yo renunciase á doña Inés?
+
+--Continúa.
+
+--Ya te he dicho que doña Inés solo se doblegaba á mis deseos por el
+temor de perder á su hija. Pero yo no podia engañarme: me aborrecia con
+toda su alma, y este aborrecimiento, que no podia ocultarme, me irritaba
+y mi irritacion era siempre fatal para ella: de dia en dia iba
+desapareciendo su hermosura, y su palidez enfermiza, su demacracion, la
+aguda enfermedad de pecho que la aflige, la tornaron al fin desconocida,
+fea, flaca, cuando apenas contaba treinta y cinco años. Entre tanto
+Estrella crecia cada dia mas hermosa, y me enamoré de Estrella.
+
+--¿Despues de haber sacrificado á la madre, querias sacrificar á la
+hija? exclamó con indignacion Yuzuf. ¿Y te atreves á confesarme sin
+rubor tales infamias?
+
+--¿Qué quieres Yuzuf? Son cosas del corazon. Yo siempre me he dejado
+llevar de mi corazon, y bueno es que sepas cuánto me interesan esas
+mujeres, para que comprendas hasta qué punto me dejaré llevar antes que
+consentir en que nadie me las arrebate. Además, tú no tienes por qué
+extrañarte de nada. ¿Acaso tú al frente de tus monfíes no has incendiado
+villas y llevado á sangre los viejos, las mujeres y los niños?
+
+--Son gente de la raza maldita; son cristianos, son los enemigos de mi
+pueblo: los que se gozan en nuestro sufrimiento, en las crueldades que
+se apuran con los moriscos. Entre los cristianos y nosotros, no puede
+haber mas que sangre y fuego.
+
+--Resulta que tú eres cruel con los cristianos por venganza, y que yo
+soy cruel con esas dos mujeres, porque la una y la otra me han
+enamorado: exigencias del corazon, Yuzuf. Pero necesito concluir. El
+estado en que se encontraba doña Inés, y los años que habian trascurrido
+desde que fue robada á su padre, me aseguraban de que no pudiese ser
+reconocida, si por un azar lograba verla alguien, burlando mi
+vigilancia. Deseaba volver á España, y hace un año que volví á las
+Alpujarras y me puse de nuevo en inteligencia contigo. Volví á ser
+capitan del presidio de Andarax, espía de los cristianos en servicio
+tuyo, y ya sabes cuan bien te he servido durante este año.
+
+--Por lo mismo he hecho jurar á Calpuc que no tocará á tu cabeza
+mientras yo no se lo permita.
+
+--Sí, sí, todo esto es cierto. Pero tambien es cierto que hubieras hecho
+mucho mejor en dejarle morir á manos de la justicia que le habia preso
+por intento de asesinato contra mí, que en librarle de la cárcel y
+protegerle, contentándote solo con exigirle juramento de que no
+atentaria á mi vida. Mejor hubieras hecho en castigar al monfí, que
+habiendo sido hecho cautivo por las gentes de Calpuc en el desierto, le
+ha servido de guía hasta las Alpujarras. Pero ¡ya se ve! Calpuc es muy
+rico y te habrá comprado tu proteccion.
+
+--Concluyamos, Sedeño: ¿que quieres de mí?
+
+--Quiero que me permitas deshacerme de ese hombre.
+
+--Yo no puedo ser el verdugo de un rey.
+
+--¡De un rey de bárbaros, cuyo trono está al otro lado de los mares!
+
+--Sea como quiera, Sedeño, las desgracias de Calpuc le hacen merecedor
+de una proteccion mayor que la que yo le he dispensado; en conciencia yo
+debia haberte dejado entregado á él...
+
+--¡Entregado á Calpuc! ¿crees tú que si Calpuc no estuviera protegido
+por tí, por tí, que tienes demasiadas pruebas para entregarme al rey y á
+la Inquisicion, ya que no quisieras destruirme por tu propio poder,
+estaria vivo Calpuc?
+
+--Calpuc te hará pedazos el dia en que yo se lo permita.
+
+--¡Oh! ¡oh! tú eres el que me tienes atado de piés y manos: en cuanto á
+Calpuc está tan resuelto á romper el juramento que te hizo de respetar
+mi vida, que me ha obligado á salir de las Alpujarras, y hace algunos
+dias que ronda mi casa en Granada.
+
+--Eso prueba que respeta su juramento, lo que no impide el que pretenda
+rescatar su esposa y su hija.
+
+--Pues cabalmente es necesario que eso no suceda.
+
+--Obra como mejor puedas para guardar á esas mujeres: por lo demás, te
+anuncio que el dia en que tenga un solo indicio de que has tendido una
+sola asechanza al rey del desierto, aquel dia eres hombre muerto,
+Sedeño. ¿Qué? ¿no eres mi vasallo? ¿no me debes obediencia? ¿no eres,
+aunque de sangre cristiana, monfí, como cualquier otro de los mios? Si
+no fueras monfí, ¿poseerias las riquezas que posees?
+
+--Veo que va á ser necesario que entremos en condiciones.
+
+--¡Condiciones! ¡condiciones entre los dos! exclamó Yuzuf con ímpetu:
+¿acaso eres mas que mi esclavo?
+
+--Siéntate, poderoso Yuzuf, y escucha: en la situacion en que me
+encuentro me veo obligado á todo... y tengo de mi parte ciertas
+ventajas.
+
+--¡Ventajas...!
+
+--Si por cierto. Tú tenias un hijo.
+
+--¡Que tenia yo un hijo!... ¿pues qué, Yaye ha muerto?
+
+--Cuéntale por muerto, porque está en poder de Satanás, y si yo no te le
+entrego...
+
+--¡Cómo! ¿te habrás atrevido?
+
+--Aunque yo sea malo como el diablo, Yuzuf, no soy yo el que está
+apoderado de tu hijo. Es una mujer que hace mucho tiempo está enamorada
+de él.
+
+--¡Una mujer! No te comprendo Sedeño.
+
+--Ni yo me explicaré mas. Bástete saber que tu hijo está en poder de esa
+mujer, encerrado, cautivo... que aunque esa mujer ha llegado á ser su
+querida, sabe demasiado que Yaye no la ama, y será capaz de retenerle en
+su encierro ó de envenenarle, cuando no le pueda retener. Te juro que si
+yo no te ayudo, pierdes tu hijo, le pierdes, como yo perdí á mi padre.
+
+--Pero yo puedo sujetarte al tormento.
+
+--Moriré en él sin revelar una sola palabra. Bien sabes que soy
+valiente, Yuzuf.
+
+El anciano se levantó, y se puso á pasear agitado, por la cámara. Sabia
+demasiado que Sedeño era hombre á quien nada aterraba, y que habiéndose
+propuesto deshacerse de Calpuc, no cejaria en su empeño aunque emplease
+para dominarle todos los terrores; todos los dolores posibles.
+
+Yuzuf era padre, amaba á Yaye de una manera exagerada, si es que puede
+haber exageracion en el amor de un padre hácia su hijo. La pérdida de
+Yaye, la incertidumbre acerca de su suerte, habia llenado de amargura el
+corazon del anciano, y habia recibido un inmenso consuelo al saber por
+boca de Sedeño que su hijo vivia. Pero al mismo tiempo Sedeño se negaba
+á revelarle el lugar donde se ocultaba su hijo, y le exigia en cambio
+una infamia.
+
+Yuzuf, sin embargo, no tardó en decidirse; pero antes se habia hecho el
+razonamiento siguiente:
+
+--Calpuc me exige todos los dias, á todas horas, con un empeño
+justísimo, que le releve del juramento de respetar la vida de ese
+infame; ese vil Sedeño me pide por su parte que le permita deshacerse de
+Calpuc; entro estos dos hombres existen razones bastantes para que
+quieran mútuamente exterminarse. A mí, á mi pueblo conviene, que esos
+dos hombres vivan: Calpuc es riquísimo, sus tesoros son inagotables, y
+por odio á los españoles, me facilita medios para sostener mi ejército
+de monfíes. Como yo, es rey de una raza proscripta, vencida, amenazada
+por la cólera de los castellanos. Calpuc es mi igual, mi aliado natural.
+Por otra parte, Sedeño me sirve bien: es un excelente espía; vende á los
+castellanos en mi provecho, y acaso podríamos deberle un dia una
+sorpresa sobre Granada, sobre nuestra querida ciudad. Estos dos hombres
+son preciosos para mí. Pero mi hijo es antes que todo. Si Sedeño me
+revela el lugar donde se encuentra, le permitiré que obre contra Calpuc,
+y del mismo modo permitiré á Calpuc que obre contra Sedeño. El resultado
+será verme privado de la ayuda de uno de estos dos hombres, ó acaso de
+la de los dos. Pero mi hijo... mi hijo... si, es preciso de todo
+punto... mi hijo antes que todo.
+
+Y se detuvo, y se volvió resueltamente á Sedeño.
+
+--¿No has tenido tú parte, directa ni indirectamente, en la prision de
+Yaye? le dijo.
+
+--Ya te he dicho que Yaye está en poder de una mujer.
+
+--Respóndeme de una manera decidida.
+
+--Nada he tenido ni tengo que ver en la prision de tu hijo.
+
+--Pues bien; revélame el lugar donde se encuentra, y los medios de
+salvarle, y te permito que hagas lo que puedas contra Calpuc.
+
+--¿Hasta matarle?
+
+--Te dejo libre del juramento de respetar su vida.
+
+--Pues bien; solo me falta una condicion para señalarte el lugar donde
+tu hijo se encuentra.
+
+--¡Otra condicion!
+
+--Sí, poderoso Yuzuf, las duras circunstancias en que me encuentro me
+han obligado á ofenderte. Prométeme, por tu fe de emir, de creyente y de
+caballero, que me perdonarás, y que no me negarás tu confianza, como no
+me la has negado hasta ahora. Hé aquí mi última condicion.
+
+--Dáme á mi hijo, y te lo prometo todo.
+
+--¿Nada tendré que temer de tí?
+
+--Nada.
+
+--Pues bien; tu hijo Yaye, está encerrado en un subterráneo de la casa
+de don Diego de Válor, y en poder de su esposa doña Elvira, que hace
+mucho tiempo que le ama.
+
+--¿En casa de don Diego de Córdoba y de Válor?
+
+--Sí por cierto.
+
+--¿Y cómo sabes tú eso, dijo con recelo Yuzuf, cuando no han podido
+averiguarlo Abd-el-Gewar, ni los monfíes que yo he enviado á Granada en
+demanda de Yaye?
+
+--Escucha Yuzuf: tú recordarás que yo, para estar en inteligencia oculta
+con don Diego, sin que pudiesen conocerlo los cristianos, compré una
+casa contigua á la de don Diego en el Albaicin. Estas dos casas se
+comunican por una mina.
+
+--¡Ah! exclamó Yuzuf, para quien el recuerdo de Sedeño fue un rayo de
+luz.
+
+--Bien; pues en esa mina hay algunos aposentos. Hace algunos dias,
+ignorante yo de que don Diego habia salido de Granada, y teniendo que
+darle algunas noticias importantes para que te las trasmitiese, bajé á
+la mina, y al acercarme á uno de los aposentos de que te he hablado, oí
+dos voces que hablaban apasionadamente: era la una de mujer, la otra de
+hombre, hablaban de amores: en la mujer reconocí á doña Elvira, la
+esposa de don Diego: por lo que escuché, supe que el hombre era Yaye, tu
+hijo. Sabia que tú le buscabas y que no le encontrabas, y esto me llenó
+de alegría, porque me dije: yo daré al emir su hijo, y el emir en cambio
+me dará la vida de Calpuc.
+
+--¿Y doña Elvira es amante de Yaye? preguntó con repugnancia Yuzuf.
+
+--Sí, sí por cierto, y parece que se aman mucho.
+
+--¡Ah! silencio, silencio; don Diego anda libremente por esta parte del
+alcázar, y pudiera oirnos, dijo Yuzuf con cuidado.
+
+En aquel momento se oyeron pasos, y poco despues se abrió una puerta, y
+entró don Diego.
+
+Yuzuf le miró de una manera profunda, pero nada vió en don Diego que
+demostrase que habia oido las últimas palabras del capitan; estaba
+tranquilo, su paso era seguro, y su mirada descuidada.
+
+--¡Ah! dijo deteniéndose, apenas habia dado algunos pasos en la cámara,
+perdonad si he sido indiscreto sin saberlo: pensaba que estabas solo,
+Yuzuf.
+
+--No, don Diego, no estoy solo; hace algunos momentos que me ocupo de
+una conversacion interesante con el capitan Sedeño.
+
+--Sí, sí por cierto, dijo el estropeado, y venís muy á tiempo don Diego,
+porque yo he venido á haceros un mutuo servicio al emir y á vos.
+
+--¿Un mutuo servicio, capitan? dijo con perplejidad don Diego.
+
+--Sí por cierto. ¿Recordais lo que pasó en vuestra casa el dia en que se
+casó con Miguel Lopez vuestra hermana doña Isabel?
+
+--No comprendo lo que quereis decir.
+
+--Cuando ya aquella boda no podia suspenderse, se presentó en vuestra
+casa Sidy Yaye, el hijo del emir.
+
+--Es verdad, dijo don Diego.
+
+--¿Y por qué me lo has ocultado, preguntó con su acento de terrible
+amenaza Yuzuf, cuando sabias la ansiedad con que yo buscaba á mi hijo?
+
+--Porque no sabia si estaba muerto ó vivo.
+
+--¡Cómo! ¿pues quién se atrevió?...
+
+--Tu hijo, Yuzuf, supo en mi casa sin que yo lo pudiese evitar, que mi
+hermana doña Isabel acababa de casarse con Miguel Lopez: ya te he dicho
+las terribles razones que tuve para obligar á mi hermana á que se casase
+con ese hombre, rompiendo el pacto que existia en nuestras familias y
+por el cual tu hijo Yaye debia ser esposo de mi hermana. Tu hijo al
+saber que ya aquella union era imposible, cayó en tierra mortal, y yo le
+dejé al cuidado de mi esposa en lugar seguro, y me puse inmediatamente
+en camino con Miguel Lopez, á quien arrastré con un pretexto, y á quien
+como traidor debia matar, y como obstáculo remover de en medio de doña
+Isabel y de Yaye, que ya se amaban. Cuando algunos monfíes estaban
+próximos á dar muerte á Miguel Lopez, tú que te habias aproximado á
+Granada, me encontraste, é irritado por el asesinato de Miguel Lopez,
+cuya razon no podias apreciar bien, porque no conocias su traicion, me
+trajiste contigo. Tú tenias indicios ó los tuvistes despues de que tu
+hijo habia estado en mi casa, recelaste de mí, y me intimaste que no me
+veria libre hasta que estuvieses seguro de mi inocencia acerca de la
+desaparicion de tu hijo. Yo no podia saber, pues, si tu hijo habia
+sobrevivido ó no al accidente mortal que le habia acometido al saber el
+casamiento de mi hermana, y temiendo que hubiese muerto no me he
+atrevido á revelarte nada. Acaso, si por desgracia Yaye hubiese
+fenecido, me hubieras imputado su muerte cuando he hecho cuanto ha
+estado de mi parte por salvarle, y por romper el lazo que impedia su
+union con Isabel. Juzga en tu prudencia si he tenido razon para callar ó
+no.
+
+--Por fortuna, don Diego, dijo Yuzuf, el capitan Sedeño ha descubierto
+que mi hijo vive.
+
+--¡Ah! por la mina... lo comprendo perfectamente. ¿Y le habeis hablado,
+capitan?
+
+--No por cierto: sabia que allí estaba en seguridad, conocia ó adivinaba
+las razones del misterio acerca del paradero de Yaye, y he venido á
+avisar al emir. He tenido una doble satisfaccion; porque en vuestra casa
+se tiene una gran ansiedad por vos.
+
+--Pues esa ansiedad durará muy poco, dijo Yuzuf; aprecio en lo que valen
+las razones que has tenido, don Diego, tanto para castigar á Miguel
+Lopez, como para ocultarme la existencia de mi hijo en tu casa. Pero ya
+han desaparecido mis temores y el motivo de tu prision, don Diego. Ahora
+mismo vais á partir á Granada, tú, tu hermano y el capitan Sedeño. Es
+preciso que esta noche mi hijo esté en poder de Abd-el-Gewar.
+
+--Un momento aun: me queda algo importante que decirte Yuzuf, dijo el
+estropeado.
+
+--¡Importante!
+
+--Sí; el capitan general y la chancillería de Granada estan con gran
+cuidado.
+
+--¿Pues qué sucede?
+
+--Hay poca gente de guerra en la ciudad, los moriscos se muestran cada
+dia mas y mas amenazadores, y representan de una manera rebelde contra
+el edicto del emperador. Anoche casa del Homaidí, en el Albaicin, se
+reunieron los xeques de la ciudad y los de las aldeas de la vega, y
+resolvieron enviarte algunos de ellos para poderte ayudar; se trata de
+una rebelion.
+
+--¿De una rebelion? exclamó con alegría Yuzuf; ¿se han decidido al fin á
+romper las cadenas que tan vergonzosamente han llevado tanto tiempo los
+moriscos de Granada?
+
+--Sí, y la ocasion es propicia, dijo don Fernando: el emperador se halla
+empeñado en guerra con Francia; el sultan de Constantinopla ansía un
+campo de batalla en las tierras de Occidente contra el cristiano, ¿y qué
+campo mejor que las Alpujarras? Puesto que en Granada hay pocos
+soldados, á las armas, y ¡sus! lancemos el grito de guerra. Demos el
+primer golpe, y si nos apoderamos de Granada, despues no nos han de
+faltar ni naves, ni soldados turcos.
+
+En aquel momento se abrió la puerta del fondo y un monfí dijo
+inclinándose profundamente.
+
+--Magnífico, señor, cuatro xeques de Granada desean hablarte.
+
+--Que entren, que entren al momento.
+
+Poco despues se celebró un consejo, en que abundaron el entusiasmo, el
+valor, la energía de las razas dominadas que aun no se han degradado, se
+alimentaron magníficas esperanzas y se decidió dar el grito en Granada
+en la noche del dia siguiente.
+
+Yuzuf estaba frenético de alegría; habia encontrado á su hijo, y se le
+presentaba la ocasion que tanto tiempo habia deseado de desplegar su
+bandera real ante el estandarte imperial de Carlos de Austria, el
+valiente rey de España, el poderoso emperador de los germanos.
+
+
+
+
+CAPITULO XV.
+
+De cómo el capitan Sedeño hizo traicion á todo el mundo.
+
+
+A las doce de aquel mismo dia galopaban en direccion á Granada, por el
+camino de las Alpujarras, don Diego de Válor, su hermano don Fernando, y
+el capitan Sedeño.
+
+Al mismo tiempo por todas las veredas y barrancos de la montana,
+marchaban monfíes que llevaban á las diferentes tahas, órdenes de Yuzuf,
+para que reuniesen las taifas y marchasen hacia Granada, á la que debian
+llegar por los atajos de la sierra la noche siguiente. En cuanto á los
+tres ginetes, fuese por prudencia ó por otra causa, no hablaron una sola
+palabra durante el camino acerca de la rebelion, ni trataron mas que de
+cosas indiferentes.
+
+En cuanto á don Diego de Válor, ni una palabra dijo que pudiese indicar
+que hubiese sorprendido la revelacion que habia hecho Sedeño á Yuzuf
+acerca de los amores de su mujer con Yaye. Pero Sedeño, que era sobre
+manera perspicaz, por el aspecto sombrío de don Diego, por la
+impaciencia con que aguijaba á su caballo, y sobre todo, por su tenaz
+reserva acerca de todo lo que tuviese relacion con Yaye, y con la
+manera de haber descubierto en su casa el capitan la existencia del
+jóven, comprendió que habia escuchado don Diego perfectamente las
+palabras que habia pronunciado poco antes de entrar aquel en la cámara
+de Yuzuf.
+
+En efecto, el autor puede decirlo porque lo sabe, don Diego, que, como
+dijo Yuzuf, andaba libremente por aquella parte del alcázar subterráneo,
+habia llegado poco antes de aquella revelacion y habia escuchado y sabia
+á ciencia cierta, que doña Elvira su esposa habia manchado su honor.
+
+Esto ennegrecia su alma, meditaba una cruda venganza y espoleaba á su
+caballo ansioso de realizarla.
+
+Por su parte el capitan estropeado comprendió, que se habia hecho un
+enemigo formidable de don Diego de Córdoba, y resolvió deshacerse de él
+cuanto antes. Sedeño, como saben nuestros lectores, era el depositario
+de la carta por la que, Miguel Lopez habia obligado á don Diego que le
+entregase su hermana. Calpuc, poseedor de la sortija por medio de la
+cual debia Sedeño entregar aquella carta á quien se la pidiese, no habia
+tenido tiempo de encontrar una persona de confianza, á quien encargar de
+que recogiese aquella carta, puesto que él no podia presentarse ante
+Sedeño, sino para matarle, y esto le estaba prohibido por el juramento
+que habia hecho al emir Yuzuf, cuando este se lo exigió en la cárcel de
+Andarax, á trueque de conseguir su libertad.
+
+Aquella carta, pues, estaba en poder de Sedeño.
+
+Por lo que se vé todos aquellos personajes excepto Calpuc y Yuzuf, se
+trataban con una fe digna de bandidos.
+
+Miguel Lopez, don Diego de Válor y el capitan estropeado eran tres
+infames.
+
+Como picaban mucho y mudaban de caballos, llegaron aquella misma noche
+antes de que se cerraran las puertas á Granada. Poco tiempo antes de
+llegar, y porque les importaba, se separaron, y el estropeado tomó
+adelante y entró antes que los dos hermanos en la ciudad.
+
+Eran las ánimas. Sedeño tomó por la plaza de Bibarrambla, el Zacatin y
+la Plaza Nueva, subió por la cuesta de los Gomeres, luego por otra
+pendientísima cuesta, y llegó á la puerta del Juicio de la Alhambra: una
+vez allí pidió una audiencia urgentísima al capitan general marqués de
+Mondejar.
+
+Sedeño fue conducido al alcázar y á la presencia del capitan general,
+digno vástago de la familia de los Mendozas, en la que estuvo vinculada,
+durante muchos años, la capitanía general del reino y costa de Granada.
+
+Lo que llevaba allí á Sedeño era una nueva traicion aconsejada por su
+recelo; hombre de poca fe, confiaba poco en la fe de los demás. Se habia
+visto obligado á imponer condiciones á Yuzuf, y recelaba la venganza de
+este: era rico, estaba cansado de servir y le importaba deshacerse de
+sus enemigos.
+
+Asi es, que se presentó á don Luis Hurtado de Mendoza resuelto á
+consumar sus infamias con dos nuevas infamias.
+
+El capitan general le recibió con ese altivo desprecio con que un
+caballero recibe á cierta clase de gente.
+
+Para justificar el desprecio con que el marqués de Mondejar miraba á
+Sedeño, basta saber, que al mismo tiempo que era espia de Yuzuf contra
+los cristianos, lo era del capitan general contra los monfíes.
+
+Esto es, era espia doble.
+
+El marqués le dejó permanecer de pié, y despues de mirarle de piés á
+cabeza le dijo:
+
+--¿Por lo que veo, acabais de venir de un viaje?
+
+--Si, excelentísimo señor, contestó servilmente Sedeño: vengo de las
+Alpujarras, del alcázar del emir de los monfíes.
+
+--¡Del alcazar del emir! ¿Pero donde está ese alcázar?
+
+--Ya he dicho á vuecelencia que ese alcázar es subterráneo, y que está
+situado como á media legua de la villa de Cadiar. No he podido dar á
+vuecelencia noticias mas seguras, porque siempre al llegar á los
+pinares, me han salido al encuentro los monfíes y me han vendado los
+ojos.
+
+--Señor Alvaro de Sedeño, dijo el marqués con fijeza, desde el dia en
+que me ofrecísteis vuestros servicios en defensa del rey, de la religion
+y de la patria, contra esos descreidos, os di cuantos medios podíais
+necesitar para exterminar á esos bandidos: vuestra compañía de
+arcabuceros es de la gente mas braba y aguerrida de los ejércitos de su
+magestad; se os ha dado oro, se os ha ofrecido mas gente y mas dinero, y
+sin embargo...
+
+--¿Cree vuecelencia que en un año que llevo últimamente sirviendo al rey
+nuestro señor en las Alpujarras, se puede hacer mas de lo que he hecho?
+
+--Es que no habeis hecho nada, dijo con doble fijeza el marqués; es que,
+á pesar de vuestros avisos, la gente de guerra que ha atravesado la
+montaña ha sido acometida y desbandada, quedando muertos entre las
+breñas los mejores capitanes de los tercios: es que nadie ve á esos
+monfíes; que solo se conoce su paso, por la destruccion, el saqueo y el
+incendio que dejan tras sí, y vos sin embargo les conoceis y tratais con
+ellos. Esto me habia hecho pensar en pediros serias explicaciones, y aun
+á obrar con rigor respecto á vuestra persona.
+
+--¿Desconfía vuecelencia de mí? dijo con gran aplomo Sedeño.
+
+--No es que desconfio, sino que la lealtad que debo al rey me prescribe
+el obrar con entereza. Ninguno de los capitanes que he enviado á las
+Alpujarras han podido dar con esa gente: los que los han encontrado han
+muerto: vos que pareceis valiente y teneis gente braba, no me habeis
+presentado ni uno solo, y por otro concepto, vos tratais con los
+rebeldes y los conoceis. Al mismo tiempo afirmais que os son
+desconocidos los lugares en que se ocultan ¿qué debo pensar de esto?
+
+--Que el año que llevo últimamente en tratos con los monfíes en servicio
+del rey, es el plazo que se ha necesitado para que vuecelencia les puede
+dar un golpe decisivo. En cuanto á lo de ignorar yo el lugar donde se
+albergan, nada mas natural. Ya he dicho á vuecelencia que jamás entré en
+el alcázar subterráneo, sino con los ojos vendados.
+
+--Se han reconocido todas las cavernas inmediatas á Cadiar, y solo se
+han encontrado minas de en tiempo de los romanos y de los moros; pero
+reconocidas esas minas no se ha hallado el mas leve vestigio de los
+ponderados alcázares subterráneos de que me habeis hablado tantas veces.
+
+--Esta misma mañana he estado en ese alcázar hablando con el emir de los
+monfíes.
+
+--¿Y me traeis algun aviso importante? dijo el marqués moviéndose con
+impaciencia en su ancho sillon coronado con las armas reales.
+
+--Traigo á vuecelencia noticias decisivas.
+
+--Veamos.
+
+--Mañana á la noche debe levantarse el Albaicin.
+
+--¡Ah! ¡ah! ¡tenemos á la rebelion llamando á las puertas de nuestra
+casa!
+
+--Si señor.
+
+--¿Y quienes son las cabezas de esa rebelion?
+
+--Primeramente don Diego de Córdoba y de Válor.
+
+--Ved lo que decís; don Diego de Válor aunque morisco, es uno de los mas
+leales vasallos de su magestad: ha dado repetidas pruebas de ello.
+
+--Don Diego de Válor es un traidor que se encubre bajo la máscara de la
+lealtad para obrar con mas seguridad su traicion; en prueba de ello,
+ved, señor, esta carta escrita de su mano, dirigida al emir de los
+monfíes Yuzuf-Al-Hhamar.
+
+Y Sedeño sacó una cartera y de ella la carta que le habia entregado
+Miguel Lopez y con la cual habia este último impuesto condiciones á don
+Diego.
+
+Aunque la carta estaba escrita en algarabia aljamiada, lenguaje y
+escritura que se usaba entre moros y cristianos aun antes de la
+conquista de Granada, el marqués que era docto la comprendió
+perfectamente.
+
+Era una prueba indudable de la traicion de don Fernando de Válor.
+
+Sin embargo, el capitan general, que no guardaba ningun género de
+consideracion á Sedeño, le dijo profundamente, reteniendo la carta:
+
+--¿Y quien me asegura de que este escrito no es una falsificacion con
+que acaso quereis sorprenderme?
+
+--Llame vuecelencia á don Diego de Válor, hágale escribir con cualquiera
+pretexto en arábigo aljamiado, y vuecelencia se convencerá de que esa
+carta es suya, contestó con gran aplomo Sedeño.
+
+--He llegado á entender, dijo el marqués, que don Diego y su hermano
+faltan estos dias de Granada.
+
+--Como que han estado en las Alpujarras en el palacio del emir
+preparando el levantamiento; pero han venido desde allí conmigo, y se
+les encontrara en su casa.
+
+Meditó un momento el marqués, despues de lo cual tomó un papel, escribió
+sobre él algunas palabras, despues llamó con una campanilla de plata, á
+cuyo sonido se presentó á la puerta de la cámara un escudero.
+
+--Ginés, le dijo don Luis; dad esta órden al capitan de caballos Pero de
+Baena, y que la cumplimente al momento.
+
+El escudero tomó la órden y salió.
+
+--¿Y quienes mas son las cabezas de esta rebelion? añadió el marqués,
+encarándose de nuevo con Sedeño.
+
+--El cuñado de don Diego, Miguel Lopez, y tanto es esto asi, como que en
+el mismo dia de sus bodas partió de Granada con sus dos cuñados, de que
+hay muchos testigos.
+
+El marqués anotó en un papel el nombre de Miguel Lopez.
+
+--¿Y donde está ese hombre? ¿ha vuelto con sus cuñados? preguntó á
+Sedeño.
+
+--Sus cuñados y yo hemos venido solos. Nada sé de Miguel Lopez; pero es
+natural de Orgiva y es muy posible que haya quedado con los monfíes.
+
+--Continuad.
+
+--Otra cabeza de la rebelion, es el Homaidi xeque de los moriscos que
+vive en el barrio del Zenete.
+
+Don Luis escribió este nuevo nombre.
+
+--Continuad, repitió.
+
+--Hay ademas, dijo Sedeño, un hombre que está en Granada hace quince
+dias que es poderosísimo por sus riquezas, y que es doblemente traidor
+al rey.
+
+--¿Y quien es ese hombre?
+
+--Ese hombre se llama Calpuc: es rey de los rebeldes de Méjico; ha
+venido á España ignoro por qué causa, y ayuda con sus tesoros á los
+monfíes.
+
+--¿Le conoceis?
+
+--Le conozco, porque Yuzuf me lo ha dado á conocer. Ese hombre vive en
+la plaza de Bibarrambla casa del aleman Franz Maitller y sale de ella
+todas las mañanas disfrazado de mendigo, y todas las noches vestido de
+caballero; se le puede conocer ademas por su color moreno dorado y por
+sus cabellos ensortijados: es un hombre como de treinta y cinco á
+cuarenta años, alto cenceño, de mirada fija y profunda.
+
+Don Luis, escribió de nuevo, despues de lo cual repitió la palabra:
+
+--Continuad.
+
+--Estas son las cabezas de la rebelion; ademas, tengo grandes esperanzas
+de entregar al rey al emir de los monfíes.
+
+--¿Al terrible Yuzuf Al-Hhamar? exclamó con alegría el marqués.
+
+--No, no señor, sino su hijo Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, en quien el viejo
+emir ha renunciado su autoridad.
+
+--Os cojo la palabra, Sedeño, y si me presentais á ese emir, os ofrezco
+en nombre del rey una encomienda.
+
+--Solo me impulsa mi lealtad al rey nuestro señor, dijo Sedeño.
+
+--Por lo mismo debeis ser recompensado. Pero seguid: conocidos los
+capitanes de la rebelion, veamos cómo piensan llevarla á cabo los
+moriscos.
+
+--El edicto del emperador los ha acabado de desesperar y les ha puesto
+las armas en las manos.
+
+--Ya he dicho á sus xeques, que representaré á su magestad, á fin de que
+les otorgue un plazo durante el cual puedan consumir las ropas que se
+les prohiben; vestir sus esclavos fuera de estos reinos y hacer de
+manera que sus haciendas no padezcan con el cumplimiento del edicto.
+
+--Ellos han dicho, que no quieren dejar su habla, ni sus usos, ni sus
+fiestas y ceremonias moriscas, ni dejar de ser juzgados por sus cadies,
+en sus desavenencias; que antes de permitir que sus casas estén
+abiertas, que sus mujeres salgan á la calle con los rostros descubiertos
+y privarse de sus baños, se dejaran matar, hacer pedazos.
+
+--Se les trata con demasiado rigor, murmuró el marqués de una manera
+involuntaria é ininteligible para Sedeño que continuó:
+
+--Así, pues, han recurrido á las armas: aprovechan la ocasion de haber
+poca gente de guerra en la ciudad...
+
+--¡Vive Dios! exclamó el marqués: los cortesanos piensan que ser capitan
+general de Granada, es lo mismo que llevar el ferreruelo y la espada
+dorada en las antecámaras de las secretarias de Estado. Piensan que todo
+se gobierna aquí con papeles, y aquí se necesitan muchas lanzas, muchos
+arcabuces y muchos brazos robustos para sostenerlos: dicen que cuesta
+mucho dinero el entretenimiento de tantas gentes de guerra en el reino y
+costa de Granada; que España está exhausta con las pasadas turbulencias,
+y que aquí nos basta para reprimir á los moriscos, con los alguaciles de
+la Chancilleria, y con dos ó trescientos arcabuceros viejos del presidio
+de la Alhambra: si mañana los moriscos de la vega y de la ciudad, los
+monfíes de las Alpujarras y los berberiscos, que pueden venir en un dia
+de Africa y desembarcar á mansalva en las costas desamparadas, se
+apoderasen de Granada, se llamaría torpe y descuidado al capitan
+general, cuando no se adelantasen á llamarle cobarde ó traidor. Pero en
+Dios confio que con la ayuda de los buenos caballeros de la ciudad y
+reino de Granada, con la gente de guerra de la Alhambra, y con los
+escuderos de mi casa, podremos sofocar esta primera llamarada. ¿Donde
+teneis vuestros cien buenos arcabuceros, capitan?
+
+--En Andarax, señor.
+
+--¿Quién los manda en vuestra ausencia?
+
+--El alférez Pero Villasante.
+
+Escribió el marqués.
+
+--Bien, muy bien, dijo: ahora relatadme cuándo y de qué manera piensan
+levantarse los moriscos.
+
+--¿Cuando? mañana á la noche. ¿Cómo? barreando las calles del Albaicin y
+viniendo al mismo tiempo sobre la ciudad por los atajos de la sierra,
+los monfíes.
+
+--¡En los atajos, en los atajos de la sierra está nuestra salvacion!
+dijo el marqués con el rápido golpe de vista de un buen capitan. ¿Sabeis
+el punto por donde se han de acercar á Granada los monfíes?
+
+--Si señor. Por los desfiladeros de Dilar.
+
+--Bien, bien, capitan, dijo don Luis: os confieso que habia llegado
+hasta desconfiar de vos; pero el servicio que acabais de hacer á su
+magestad, os vuelve toda mi confianza. ¿Dónde vivís?
+
+Sedeño dió al marqués las señas de su casa.
+
+--Id, pues, con Dios; es tarde y necesitareis descansar.
+
+Sedeño saludó profundamente al marqués, que se levantó y le dijo:
+
+--Venid, venid conmigo: ahora pienso, que habiendo yo llamado á don
+Diego de Válor podria suceder que si volvíais por donde habeis venido
+podriais encontrarle y darle que sospechar. Venid.
+
+--¿Y mi caballo? pudiera verle tambien al entrar y reconocerle.
+
+--¡Ah! ¡vuestro caballo! ¡es verdad! ¡hola! dijo el marqués, y al
+presentarse un criado añadió: id á la puerta del Juicio, tomad un
+caballo que encontrareis allí y llevadle al momento á la puerta de
+Hierro.
+
+Despues de esto el marqués salió precediendo á Sedeño, bajó unas
+escaleras, atravesó el hermoso patio de Lindaraja, pasó junto la sala de
+los secretos, entró por una mina, llegó á su fin, llamó á una puerta y
+despues del llamamiento se oyó la voz de un soldado que llamaba al
+alférez de la guardia. Poco despues se oyó otra voz que dijo:
+
+--¡Quien va!
+
+--Abrid al capitan general.
+
+Rechinó precipitadamente una llave en una cerradura, descorrióse un
+cerrojo y la puerta se abrió.
+
+--Alférez, dijo el marqués á uno que habia aparecido tras la puerta con
+una linterna en la mano. Cuando llegue uno de mis criados con un
+caballo, le entregareis á este capitan, abrireis la puerta de Hierro, y
+le dejareis salir libremente.
+
+Despues de esto el marqués se volvió y el alférez cerró la puerta. A
+poco rato Sedeño á caballo, bajaba lentamente la pendientísima y
+tortuosa cuesta, que ciñe los muros de la Alhambra, desde Peña-Partida
+hasta los molinos del río Darro.
+
+Habia quedado fuera del recinto de la ciudad; pero cuando despues de
+pasar el puente del Diablo, y de subir la cuesta del Chapin llegó á la
+puerta de Guadix, vió que por fortuna esta aun no se habia cerrado, y
+entró en el Albaicin, por cuyas oscuras y tortuosas calles se perdió.
+
+
+
+
+CAPITULO XVI.
+
+La venganza de don Diego de Córdoba y de Válor.
+
+
+En una cámara del palacio de don Diego en el Albaicin, velaban una hora
+antes de los últimos sucesos que hemos referido, dos damas.
+
+La una leia con suma distraccion, en un libro en folio feamente impreso.
+Decimos con suma distraccion, porque hacia gran tiempo que tenia fija la
+vista en el libro como si leyese, y sin embargo, no habia vuelto la
+hoja, á pesar de haber trascurrido espacio sobrado para que el mas torpe
+lector hubiese recorrido diez veces las líneas de las dos paginas por
+donde estaba abierto el libro. A poco que se leyese en aquellas páginas
+podia comprenderse que aquel libro era la historia del famoso caballero
+Amadis de Gaula.
+
+Aquella dama era doña Isabel de Válor.
+
+A pesar de que Calpuc la habia dado aquella mañana noticias exactas
+acerca de la existencia de Miguel Lopez, ni doña Isabel habia comunicado
+á nadie aquellas noticias, ni habia dejado su luto.
+
+El negro color de sus ropas contrastaba enérgicamente con la palidez
+mate que hacia mas diáfana la blancura de su semblante.
+
+La otra dama, sentada junto á la misma mesa apoyada un brazo en ella y
+en la mano el semblante, estaba, si cabe, mas pálida, que doña Isabel, y
+en sus negros ojos destellaba una chispa sombría y colérica.
+
+Aquella otra dama era doña Elvira de Céspedes, esposa de don Diego.
+
+Ni una sola palabra se cruzaba entre las dos cuñadas; la una fijaba la
+vista abstraida en el libro; la otra parecia fijar su intensa mirada en
+la inmensidad.
+
+Dieron las animas en la cercana iglesia de San Gregorio, y doña Isabel
+se agitó con un ligero estremecimiento nervioso. Aquella campana que
+tañía lúgubremente á la oracion por el eterno descanso de los que habian
+dejado de existir, recordó á doña Isabel su cita en el huerto con el
+extraño hombre de aquella mañana. Doña Elvira pareció salir de su
+distraccion y rezó en voz baja, á cuyo rezo contestó doña Isabel.
+
+Cuando se terminó la oracion, doña Elvira dirigió algunas secas palabras
+á doña Isabel.
+
+--Ya es hora que nos recojamos, hermana, la dijo tomando una lamparilla
+de plata que estaba sobre la mesa, y encendiéndola en el velon.
+
+--Recojámonos, pues, dijo doña Isabel cerrando el libro, y tomando una
+bugía y encendiéndola á su vez. Buenas noches, hermana.
+
+--Buenas noches.
+
+Como se ve no mediaba la mejor inteligencia entre doña Isabel y doña
+Elvira. Las dos cuñadas salieron de la cámara cada cual por distinta
+puerta.
+
+Pero ninguna de las dos se encaminó á su dormitorio. Doña Isabel apenas
+salió á los corredores apagó la bugía y por una escalera de servicio,
+bajó al huerto buscando en su limosnera, la llave del postigo que se
+habia procurado durante el dia, y cerciorándose de si llevaba consigo la
+sortija, que por órden de Miguel Lopez, su esposo, debia entregar á
+Calpuc. Doña Elvira apenas salió de la cámara apagó tambien su luz,
+atravesó á tientas una habitacion, salió á otros corredores y abrió una
+puerta tras la cual se perdió. Aquella puerta era de los aposentos de
+don Diego, donde estaba la entrada secreta del subterraneo donde habia
+estado preso, por decirlo así, Yaye.
+
+Una vez en la cámara de su esposo, doña Elvira encendió de nuevo su luz
+en una lámpara que ardia delante de un Cristo de talla sobre un
+reclinatorio, fué á la puerta secreta, la abrió, bajó las escaleras y se
+puso á escuchar.
+
+--Nadie, no hay nadie, dijo: sin duda se han ido aquellos hombres que
+hoy al bajar me detuvieron: pero ¿por donde han entrado esos hombres?
+¿quién los ha traido? Ellos son sin duda los que me han robado á Yaye.
+
+Doña Elvira al pronunciar el nombre del jóven, exhaló un gemido, se
+llevó una mano sobre el corazon, y se apoyó en la pared un momento, como
+si hubiera necesitado de aquel apoyo para no vacilar y caer: luego
+rehaciéndose, merced á su indomable voluntad, acabó de bajar los
+escalones, y entró resueltamente en la mina y la recorrió, llegando á la
+otra escalera que comunicaba con la casa del capitan Sedeño.
+
+A causa de la oscuridad y de su sobreexcitacion, doña Elvira habia
+pasado sin reparar en ella junto á la abertura practicada en uno de los
+costados de la mina por Harum el monfí.
+
+Se detuvo un momento al pié de la escalera de la casa del capitan, y
+luego pintóse una decidida expresion en su semblante y trepo por ella.
+
+No tardó en llegar á la puerta secreta: por acaso aquella puerta habia
+quedado abierta, y doña Elvira se encontró en la cámara del capitan.
+
+Por un momento tuvo miedo de pasar adelante: se hallaba en una casa
+extraña; pero doña Elvira se hallaba en un estado terrible: tenia
+fiebre: esa fiebre que producen en las organizaciones vigorosas, la
+rabia y la desesperacion.
+
+Doña Elvira siguió adelante, y recorrió la casa del capitan, hasta
+llegar á la puerta exterior; como si Dios no hubiese querido doblar el
+terror de doña Elvira, habia pasado algunas veces junto á la puerta de
+la cámara mortuoria, donde yacía doña Inés de Cárdenas, sin que se le
+hubiese ocurrido que allí habia una habitacion en la cual no habia
+entrado.
+
+Maravillóla, sí, el encontrar encendidas las luces del zaguan en una
+casa donde no se encontraba á nadie.
+
+Doña Elvira para cerciorarse de si aquella gran puerta daba á la calle ó
+á un patio interior, lo que podria muy bien suceder, corrió los
+cerrojos y abrió uno de los grandes postigos de aquella puerta.
+
+En aquel momento un ginete arremetió por ella, y á poco no atropella á
+doña Elvira que se hizo un paso atrás, dejó caer la lámpara y exaló un
+grito de espanto al reconocer al ginete.
+
+Aquel ginete era don Diego de Córdoba y de Válor.
+
+--¡Ah! ¡ah! dijo don Diego; ¿sois vos señora? En verdad, en verdad, que
+yo esperaba encontraros en otra parte; pero no ciertamente aquí.
+
+La situacion en que se hallaba doña Elvira era tan extraña que solo
+contestó fijando en su marido una mirada de terror.
+
+--Haceis bien en aterraros, dijo don Diego, porque en verdad que sé
+algunas cosas de vos, que mas os valiera no haber nacido para no
+haberlas ejecutado.
+
+Doña Elvira, que como la mayor parte de las mujeres, tenia suma
+facilidad para dominarse, se repuso y contestó á don Diego:
+
+--No comprendo lo que me quereis decir, esposo y señor.
+
+--¿Que haceis aquí, señora? dijo don Diego atando á una argolla del
+portal su caballo, del que habia descabalgado.
+
+--En verdad que no lo sé, dijo doña Elvira recogiendo del suelo con gran
+serenidad la lámpara; al veros de repente ante mí me he sorprendido,
+porque no esperaba veros en esta casa, en la que á mí misma me causa
+gran extrañeza el encontrarme. Encended mi lámpara en uno de esos
+faroles y seguidme; tengo grandes cosas que comunicaros.
+
+Sorprendido don Diego del aplomo con que doña Elvira le hablaba, ni mas
+ni menos que si nunca le hubiese ofendido, tomó maquinalmente la
+lámpara, la encendió y la entregó á su esposa.
+
+--Vamos de aquí, dijo ella, trasladémonos á nuestra casa; tengo que
+revelaros sucesos importantes.
+
+--¡Ah! ¿teneis que revelarme... sucesos importantes? dijo conteniendo
+mal su cólera don Diego.
+
+--Si por cierto; pero ante todo decidme: ¿por qué razon habiendo estado
+un mes ausente, venís á esta casa antes que á la vuestra?
+
+--Tenia mis razones para pretender llegar á cierto punto de mi casa sin
+ser sentido.
+
+--¡Ah! ¿y á qué punto de vuestra casa queriais llegar sin ser sentido,
+caballero? en verdad que no comprendo la razon de tanto misterio, á no
+ser que pensáseis darme el placer de una sorpresa.
+
+--Si por cierto, queria sorprenderos doña Elvira.
+
+--Y efectivamente me habeis sorprendido presentándoos ante mí en un
+lugar y en una ocasion en que ciertamente no hubiera esperado
+encontraros.
+
+--Perdonad si no os digo en qué lugar queria sorprenderos; porque
+estamos en una casa extraña y podria escucharnos alguno de los criados
+del capitan Alvaro de Sedeño.
+
+--¡Ah! ¡esta es la casa de vuestro amigo el capitan Sedeño! En verdad
+que yo ignoraba que viviese tan cerca; que pudiese comunicarse con
+nosotros, y habeis hecho mal en no advertírmelo, porque...
+
+--Seguid, seguid adelante, señora, y callad: basta con que hayais dado
+el escándalo de que os vean en esta casa, en la que no comprendo por qué
+razon estais; no hay necesidad de que nadie se entere de nuestros
+asuntos.
+
+--Podeis estar tranquilo, dijo doña Elvira; nadie nos escuchará porque
+esta casa está deshabitada.
+
+--¡Deshabitada!
+
+--Si por cierto, seguidme y os convencereis.
+
+Doña Elvira tomó por la escalera principal, y don Diego la siguió,
+dominado por lo extraño de lo que le acontecia.
+
+Preocupados entrambos esposos con la situacion en que se encontraban, se
+olvidaron de cerrar la puerta de la calle, y siguieron en silencio el
+uno tras la otra por las escaleras arriba.
+
+Doña Elvira entró en los corredores, y de ellos pasó á una antecámara,
+en la que antes no habia entrado.
+
+En aquella antecámara habia un fuerte olor á cera quemada: era la
+antecámara mas allá de la cual habia muerto doña Inés.
+
+Doña Elvira siguió fatalmente adelante y se encontró en el aposento
+mortuorio. Habia sobre la mesa dos bugías encendidas que proyectaban una
+luz opaca sobre el lecho.
+
+--Aquí hay una mujer que duerme, dijo don Diego.
+
+Doña Elvira miró el lecho, y mas perspicaz que su marido lanzó un grito
+de horror.
+
+--¡Esa mujer está muerta! exclamó.
+
+--¡Muerta! exclamó don Diego arrebatando la lámpara á doña Elvira que
+habia quedado yerta de espanto, y acercándose al lecho: ¡muerta! ¡sí
+muerta! pero... ¿quién es esta mujer?... ¡ah! ¡la muerte se cruza en mi
+camino cuando vengo á buscar una prueba de mi deshonra!
+
+--¡De vuestra deshonra! exclamó en un acento indefinible doña Elvira.
+
+--Sí, sí, seguidme, señora, seguidme y concluyamos de una vez.
+
+Y asió brutalmente de un brazo á doña Elvira y la arrastró consigo fuera
+de la cámara; atravesó la antecámara, salió á los corredores y luego,
+como quien conocia bien aquella casa, torció por una puertecilla,
+atravesó un pasadizo, entró en el aposento del capitan Sedeño, y se
+encaminó á la puerta secreta.
+
+Aquella puerta estaba abierta.
+
+--¿Habeis entrado por aquí, señora? la dijo.
+
+--Por aquí he entrado, contestó con acento severo y duro doña Elvira,
+como si con la entonacion de su voz hubiera querido protestar de la
+manera brutal con que la arrastraba consigo don Diego.
+
+--¿Y quién os ha dicho que existia esta comunicacion secreta con nuestra
+casa? preguntó con un acento no menos duro y severo don Diego.
+
+--Nadie me lo ha dicho, yo he descubierto esta comunicacion.
+
+--¡Que la habeis descubierto! ¿y cómo? hay alguna distancia desde el
+aposento subterráneo aquí y no parece natural...
+
+--Yo no hubiera descubierto esta comunicacion, sino hubiera desaparecido
+Sidy Yaye.
+
+--¡Que ha desaparecido Sidy Yaye! exclamó con un acento indescribible
+don Diego: ¡es decir que se os ha escapado!
+
+--Solo sé deciros que esta noche cuando bajaba á traerle la cena,
+encontré la habitacion abandonada. Yo habia dejado bien cerrada la
+puerta; nadie conoce la entrada del subterráneo por nuestra casa mas que
+vos y yo: Yaye debia haberse escapado por otra parte: nos importaba
+demasiado ese mancebo para que yo no procurase indagar cómo podia haber
+huido, y recorrí la mina: al fin de ella dí con una escalera, al fin de
+la escalera con esta puerta que encontré franca; recorrí la casa, menos
+esa habitacion donde hemos visto ese cadáver, y no encontré persona
+alguna: llegué al zaguan, y... abrí maquinalmente la puerta...
+
+--Para ver sin duda, si se alejaba con seguridad vuestro hermoso Yaye,
+dijo don Diego cediendo á una suspicaz suposicion: ¡oh! si, si, veo en
+esto la mano de los monfíes; vos no habeis querido que vuestro amante
+esté privado del sol y del aire.
+
+--¡Mi amante! exclamó verdaderamente aterrada doña Elvira; pero
+sobreponiéndose á su terror, ¿habeis dicho mi amante? añadió con
+altivez.
+
+--Venid, exclamó trémulo de furor don Diego.
+
+Y arrastrándola consigo, descendieron por las escaleras: un instante
+despues se encontraron en el aposento subterráneo donde habia vivido un
+mes Yaye.
+
+Don Diego revolvió en torno suyo una mirada de tigre y acercándose á un
+sillon colocado junto al abandonado lecho de Yaye, tomó de sobre él un
+riquísimo justillo de mujer y una gargantilla, que doña Elvira había
+dejado allí abandonados, con el descuido de una mujer que no piensa ser
+sorprendida en la habitacion de su amante.
+
+--¿Qué significa esto, señora? dijo con acento opaco don Diego: ¿habeis
+elegido por vuestra cámara de vestir, este aposento, y por camarera á
+Yaye?
+
+Doña Elvira no pudo contestar: su palidez se hizo lívida y miró con los
+ojos desencajados de espanto las acusadoras prendas que don Diego la
+mostraba.
+
+--Nunca os habeis engalanado tanto para vuestro marido, exclamó con
+acento ronco don Diego; conócese que el hermoso emir apreciaba sobre
+todo, la desnuda blancura de vuestro cuello, cuando os hacia despojaros
+de esta rica gargantilla: á falta de sol y de aire vos llenábais de
+flores, de perfumes y de amores su encierro. ¡Oh! razon tenia yo en
+querer sorprenderos; sorprenderos de manera que nadie pudiese avisaros,
+pero os sorprendo á vos sola... el infame... el infame se ha escapado
+llevándose mi honor: pero yo sabré encontrarle: yo sabré matarle aunque
+le protejan todos sus monfíes.
+
+Doña Elvira quiso disculparse aun; pero don Diego trémulo de cólera,
+acometió á su mujer en el momento de hacer ademan de hablar. Doña Elvira
+aterrada retrocedió y la mano de don Diego solo pudo asir su rizada
+gorguera de encaje de Flandes, se la arrancó y dejó descubierto el
+cuello y parte del seno de doña Elvira.
+
+Entonces vió don Diego que sobre el pecho de su esposa habia un
+relicario de oro, pendiente de su cuello por una preciosa cadena del
+mismo metal.
+
+Don Diego arrojó lejos de sí la gorguera, y señaló con un dedo
+inflexible el relicario.
+
+--Negad ahora, si os atreveis, exclamó.
+
+--¿Y este relicario que os prueba? exclamó con audacia doña Elvira.
+
+--Es el relicario de mi hermana: el relicario bendecido por el papa, que
+yo la regalé hace un año. Y ¿sabeis lo que hizo mi hermana con ese
+relicario? le regaló á Yaye, al hombre á quien amaba. ¿Sabeis que la
+noche en que se separaron Yaye é Isabel pidió ella su relicario al
+hombre de quien debia separarse para no volverle á ver, y que él, no
+consintió en separarse de ese relicario? ¿sabeis que yo lo escuchaba
+todo, oculto? ¿que sé que ese relicario habia quedado en poder de Yaye,
+y que solo él puede habérosle dado? ¿sabeís que cuando un hombre da una
+prenda de amor de una amante á otra amante, es porque ama mas á la
+segunda que á la primera ó porque no ama á ninguna de las dos? ¿Y me
+quereis negar todavía que sois amante de Yaye?
+
+Dona Elvira era una mujer de pasiones violentas, de la cual no podian
+esperarse sino extremos, y desesperada por la pérdida de Yaye,
+enloquecida por la situacion en que se encontraba, devorada por la
+fiebre, fuera de sí, exclamó con una energía casi salvaje:
+
+--Pues bien, si, matadme, matadme, porque estoy desesperada: porque le
+amo, he sido suya y le he perdido.
+
+Don Diego se sintió acometido de un vértigo de sangre, desnudó su daga
+furioso y acometió á doña Elvira que cayó de rodillas; pero de repente
+se contuvo; se pasó la mano por la frente, envainó la daga y dijo
+asiendo á su esposa con una fuerza desesperada por un brazo:
+
+--Aun no es tiempo... aun vive él... vivid vos tambien... una puñalada
+es poco... necesito mas para vengarme... y me vengaré... me vengaré sin
+que el mundo pueda conocer mi venganza, ya que no conoce mi deshonra...
+me vengaré, pero de una manera horrible.
+
+Y sombrío y letal, dejando á doña Elvira doblegada sobre sus rodillas,
+salió del subterráneo por la casa del capitan Sedeño, cerró
+perfectamente la puerta secreta, atravesó aquella casa, bajó al zaguan,
+sacó el caballo fuera, encajó la puerta ya que no podía cerrarla, montó
+y rodeó el Albaicin para dar lugar á que su esposa se rehiciera, bajó al
+meson donde habia dejado á su hermano, y dos horas despues de la
+terrible escena habida con su esposa, llamó á su casa.
+
+Doña Elvira bajó serena y tranquila; mejor dicho: como una esposa
+amante, á recibirle y se arrojó en sus brazos.
+
+Don Diego la estrechó en ellos y la dijo al oido estas palabras
+envueltas en un beso satánico:
+
+--¡Gracias! ¡doña Elvira, me habeis comprendido!
+
+Y asido de su mano se encaminó á las escaleras en cuyo primer peldaño
+pálida y anhelante le esperaba doña Isabel.
+
+--¡Y mi esposo! exclamó esta.
+
+--Tu esposo hermana dijo don Diego ha tenido la desgracia de ser
+asesinado por los monfíes de las Alpujarras.
+
+ * * * * *
+
+Un momento despues, don Diego fue solemnemente preso por un capitan de
+caballos de órden del capitan general de la córte y reino de Granada, y
+conducido con grandes seguridades á la Alhambra.
+
+
+
+
+CAPITULO XVII.
+
+Cómo se encontraron el rey del desierto y el capitan estropeado.
+
+
+Sepamos ahora, lo que habia hecho en el huerto doña Isabel.
+
+Adelantó temblando y á oscuras por entre las flores y se acercó al
+postigo; poco despues se oyeron por la parte de afuera en aquel postigo
+tres golpes recatados.
+
+Doña Isabel abrió temblando.
+
+--¿Sois vos? dijo á un hombre, que á pesar del calor, estaba envuelto en
+una ancha capa.
+
+--Yo soy, dijo aquel hombre entrando; cerrad, señora, cerrad.
+
+Doña Isabel cerró.
+
+--¿Estais segura de que nadie puede vernos? dijo el hombre.
+
+--Los criados estan al otro lado de la casa, y no acostumbran á venir de
+noche al huerto, contestó doña Isabel.
+
+--Aunque la noche es oscura, como el huerto está descubierto por esta
+parte, temeria que os viesen conmigo.
+
+--Os repito, dijo doña Isabel con acento en que se notaba la
+contrariedad en que la ponia aquella aventura, os repito que nadie puede
+vernos.
+
+--¡Ah! la noche es oscura y las tapias no son muy altas, dijo el
+desconocido mirando á las que lindaban con el huerto de la casa del
+capitan Sedeño.
+
+--¿Qué habla este hombre de tapias? dijo para sí con cierto temor doña
+Isabel, temiendo haber caido en un lazo tendido por un ladron.
+
+Pareció como que el desconocido adivinaba el cuidado de doña Isabel,
+puesto que se apresuró á decirla:
+
+--Nada temais: no es un criminal el hombre que teneis delante, y puesto
+que habeis tenido la bondad de franquearme la entrada, tenedla tambien
+de oirme en un lugar en donde de nadie podamos ser escuchados.
+
+Una vez puesta en aquella situacion doña Isabel, siguió de una manera
+fatal el camino que habia empezado y condujo al extranjero á su enramada
+favorita.
+
+--Sentaos, le dijo, señalándole el banco.
+
+--Sentaos vos, señora, y nada temais; sois buena, necesitais de amparo y
+os juro que yo os ampararé.
+
+Se trocaban los papeles: convertíase en amparador, el que aquella mañana
+pedia ser amparado.
+
+--Nos encontramos en una situacion verdaderamente extraña, doña Isabel,
+la dijo; he podido procurarme una entrevista á solas con vos á nombre de
+vuestro esposo, y es necesario que sepais cómo he trabado conocimiento
+con él. Este conocimiento le debo á una traicion de vuestros hermanos.
+
+--¡Ah! ¡ya lo temia yo! exclamó doña Isabel.
+
+--Pero antes de que lleguemos á este punto es necesario que sepais quién
+soy yo.
+
+--Vos sin duda sois extranjero, dijo con encogimiento doña Isabel.
+
+--Si, es verdad, contestó suspirando el desconocido, y bien sabe Dios
+que si estoy en tierras de Europa, y en España, es contra mi voluntad.
+
+--¿De qué parte del mundo sois, pues, caballero?
+
+--De la cuarta parte, contestó el desconocido.
+
+--¿De América?
+
+--Cabalmente: soy mejicano.
+
+--¡Ah!
+
+--¿Comprendeis que un mejicano tiene tantos motivos para aborrecer á los
+españoles como un morisco?
+
+[imagen: ¡Defiéndete! ¡ese cadáver va á ser nuestro testigo!]
+
+--Sin embargo, á pesar de todas sus crueldades, de todas sus tiranías,
+los españoles nos han mostrado la santa ley de Jesucristo.
+
+--¿Y qué importa que hayamos escuchado la voz de los ministros del
+Altísimo? ¿qué importa que persuadidos por su palabra hayamos
+despreciado á los torpes ídolos á quienes antes rendíamos un culto
+abominable, para arrojarnos llenos de fe y de esperanza al pié de los
+altares del Crucificado? ¿hemos conseguido por eso que los españoles nos
+traten como hermanos? Ellos nos han traido á la religion única y
+verdadera; pero tambien nos han traido al martirio.
+
+--Es verdad, dijo doña Isabel que como morisca no podia desconocer las
+infamias de que los moriscos eran víctimas.
+
+--Para esos hombres, continuó el mejicano no hay mas Dios que el oro, ni
+mas cielo que los placeres: allí donde alcanzan su garra ó sus ojos,
+allí van el robo, el asesinato y la impureza: la América es un tesoro
+vírgen, y las vírgenes de América las mujeres mas hermosas del mundo.
+¡Ah! ¡perdonad! vos sois tan hermosa y tan pura, como la mas pura y mas
+hermosa de ellas. ¡Si conociíeseis á mi esposa! ¡si conocíeseis á mi
+hija!
+
+La voz del mejicano se hizo trémula y sus ojos se llenaron de lágrimas.
+
+Doña Isabel perdió todo su terror, que dejó en su alma su lugar á la
+compasion.
+
+--¡Vuestra esposa! ¡vuestra hija! exclamó con un profundo acento de
+misericordia ¡Las habeis perdido!
+
+--¡No! ¡me las han robado! ¡me las robó hace diez años un español
+infame! ¡pero no las he perdido no! estan muy cerca de mí: allí, en
+aquella casa.
+
+Y señaló la del capitan estropeado.
+
+--¿Qué estan allí, en esa casa, vuestra esposa y vuestra hija?
+
+--¡Si! son esclavas del capitan Alvaro de Sedeño.
+
+--¡Esclavas! ¡Dios mio! exclamó horrorizada doña Isabel.
+
+--Como podeis serlo vos mañana.
+
+--¡Yo soy cristiana!
+
+--Pero sois morisca. Mañana una rebeldia imprudente de vuestro hermano,
+que es harto ambicioso, podrá causaros desventuras incalculablemente
+mayores que las que os ha causado ya su falta de prevision. ¡Oh! ¡si
+mañana encendida la guerra os vieseis cautiva arrancada de vuestros
+hogares, tratada brutalmente...! ¿de que os serviria haber abrazado con
+toda vuestra alma la religion de Cristo?
+
+[imagen: ¡Estoy sola en el mundo! ¡sola y desesperada!]
+
+--Si eso sucede, la religion me servirá y me sirve ya, para sufrir con
+valor mis desventuras.
+
+--¡Ah! yo procuraré salvaros, como procuro salvar á mi hija y á mi
+esposa, si aun es tiempo.
+
+--¡Si aun es tiempo!
+
+--He visto una sola vez á mi esposa hace algunos dias despues de diez
+años de separacion y de lágrimas, y apenas he podido reconocerla. ¡Oh!
+¡la desesperacion y la muerte estaban pintadas en su semblante! aun no
+he podido vengarla: cien veces he tenido junto á mí al infame, y un
+juramento horrible me ha atado las manos: cuento con vos para salvarlas
+y luego,... ¡quiero una venganza horrible, horrible de todo punto...!
+quiero que me vengue la Inquisicion!
+
+--¡La Inquisicion!
+
+--¡Oh! si: ese hombre es un espia de los monfíes, un renegado de Cristo.
+
+--¿Conoceis á los monfíes?
+
+--El rey de los monfíes contiene mi venganza por un juramento.
+
+--Pero ¿quien sois vos? dijo maravillada de aquel hombre doña Isabel.
+
+--Yo soy Calpuc, el rey del desierto, contestó solemnemente el mejicano.
+
+--¡Ah! exclamó doña Isabel.
+
+--Sí; como la vuestra, mi alcurnia es egregia, señora... para que cese
+vuestra extrañeza, para que consintais en ayudarme, necesito revelaros
+la historia de mi vida, de mis alegrias y de mis desventuras... pero
+ahora que hablamos de favorecernos: ¿habeis traido con vos la sortija de
+bodas?
+
+--Si, si, tomad: ¿pero qué tiene que ver esta sortija...?
+
+--Esta sortija servirá para arrancar de las manos de un miserable, una
+carta de vuestro hermano que puede perderle y perderos con él, porque la
+tal carta, fue escrita por don Diego al emir de los monfíes y contiene
+pruebas de traicion al rey. Miguel Lopez, vuestro esposo, se apoderó de
+aquella carta, y obligó con ella á vuestro hermano, á que eligiese entre
+haceros esposa de Miguel Lopez, ó que fuese entregada aquella carta al
+presidente de la Chancillería: vuestro hermano os sacrificó á su
+seguridad.
+
+--¡Ah! ¡Dios mio! ¡Dios mio! exclamó doña Isabel.
+
+--Pero nada temais: acaso Miguel Lopez muera, y esa carta no será
+entregada á los ministros del rey de España.
+
+Doña Isabel dobló la cabeza bajo el peso de su infortunio.
+
+--No perdais la esperanza, señora, la dijo Calpuc: vuestra felicidad
+está en mis manos; Yaye, el emir de los monfías, el hombre á quien
+amais, vive, y Miguel Lopez está en mi poder.
+
+--¡Ah! ¡no le mateis! exclamó doña Isabel.
+
+--Acaso muera sin que yo pueda evitarlo, respondió profundamente el rey
+del desierto.
+
+Hubo un momento de silencio solemne, despues del cual dijo Calpuc.
+
+--La noche sube y necesito que consintais en ayudarme; escuchad, pues,
+mi historia.
+
+Y seguidamente contó á doña Isabel cómo robó á doña Inés de Cárdenas de
+la frontera del desierto; cómo por su amor se convirtió al cristianismo
+y cómo le fueron arrebatadas su esposa y su hija por Sedeño; su venida á
+España, en busca del robador, y su conocimiento con el emir de los
+monfíes.
+
+Cuando concluyó, los ojos de doña Isabel estaban llenos de lágrimas.
+
+--¿Y cómo quereis que contribuya á la libertad de vuestra esposa y de
+vuestra hija? preguntó.
+
+--Escuchad, señora, dijo Calpuc: el capitan ha salido esta mañana hacia
+las Alpujarras: solo han quedado en la casa un viejo soldado y dos
+criadas: pretender penetrar por la puerta seria imprudente... pero puedo
+penetrar por esas tapias, si vos me lo permitís.
+
+--¡Oh! si, si, id... y si yo pudiera ayudaros personalmente....
+
+--No, no señora, dijo Calpuc; pero dejadme ir, por que me devora la
+impaciencia.
+
+--¡Oh, si! id á salvarlas, id y que Dios os ayude.
+
+--¡Que él os bendiga señora, exclamó Calpuc besando la mano de doña
+Isabel; que él os lo pague si yo no puedo pagaros!
+
+Calpuc se separó de doña Isabel: esta le vió llegar á la tapia,
+terciarse la capa, asirse á las asperezas de la pared y trepar
+silenciosamente por ella.
+
+Poco despues desapareció.
+
+Doña Isabel permaneció algun tiempo en el huerto abstraida
+profundamente, pero vino á sacarla de su abstraccion un grito horrible,
+inarticulado, semejante á un rugido, que procedia del interior de la
+casa del capitan Sedeño.
+
+Tuvo miedo, huyó del huerto, y se encerró en su habitacion de la que
+salió poco despues á recibir á sus hermanos que habian llamado á la
+puerta.
+
+
+
+
+CAPITULO XVIII.
+
+Continuacion del anterior.
+
+
+El capitan Sedeño, bien ageno de todos estos acontecimientos, y anegando
+su alma de tigre en la feroz y para él alegre contemplacion de sus
+traiciones, que aseguraban su reposo y su independencia, se dirigia á su
+casa, atravesando las estrechas y oscuras callejas del Albaicin.
+
+Llegó al fin, y llamó con fuerza desde el caballo; pero nadie le
+contestó.
+
+Repitió dos golpes mas fuertes, y á su empuje la puerta, que como
+sabemos no estaba afianzada, cedió y se entreabrió.
+
+--¿Qué es esto, exclamó con un colérico asombro el capitan? ¿no me
+responde nadie y la puerta está abierta?
+
+Dicho esto empujó mas la puerta, penetró á caballo, y al ver los faroles
+del zaguan encendidos, gritó:
+
+--¡Ola! ¿qué es esto? ¡vive Dios!
+
+Nadie le contestó.
+
+Entonces el capitan echó pié á tierra, temblando de cólera, corrió los
+cerrojos de la puerta, y subió, cuanto de prisa se lo permitia la falta
+de su pierna, las escaleras.
+
+A medida que adelantaba, la soledad que encontraba en su casa, le hacia
+sentir un terror frio, semejante al presentimiento de un suceso
+terrible; siguió adelante, atravesó algunas habitaciones, y al fin abrió
+la puerta de la cámara mortuoria.
+
+Al entrar encontró en el centro de ella un hombre que fijaba en él una
+mirada sobrenatural, y decimos sobrenatural, porque tal era el odio, la
+rabia, la desesperacion y la venganza que brillaban al par en aquella
+mirada.
+
+Aquel hombre era Calpuc, el rey del desierto, que habia sentido
+acercarse al capitan, merced al ruido seco de su pata de palo sobre el
+pavimento, y se habia alzado de sobre el lecho, donde el infeliz habia
+encontrado muerta á su esposa.
+
+Al ver ante sí á Sedeño, se encaminó gravemente á la puerta, y la cerró
+por dentro. Luego adelantó hasta el capitan, que permanecia asombrado en
+el centro de la cámara, mirando con una fascinacion horrible el cadáver
+de doña Inés.
+
+Aquellos dos hombres no tenian nada que decirse: la situacion en que
+respectivamente se encontraban colocados, era demasiado terrible para
+que diese lugar á palabras ni á recriminaciones.
+
+Calpuc desenvainó su espada con una calma horrorosa, y punzando en un
+brazo al capitan que estaba absorto, dominado por el terror, como para
+advertirle, le dijo, cuando este, al sentir la aguda punta, se volvió en
+un movimiento colérico:
+
+--¡Defiéndete! ¡ese cadáver va á ser nuestro testigo!
+
+--En buen hora, dijo con voz cavernosa el capitan, desnudando
+convulsivamente su espada: ese cadáver colocado entre los dos pide
+sangre: defiéndete.
+
+Y empezó un combate espada contra espada, que hubiera podido parecer por
+lo acompasado y reflexivo un asalto de armas, sino hubiera existido en
+el lecho aquel cadáver, y una pasion profunda, letal, en el semblante de
+los combatientes.
+
+Los dos eran maravillosamente diestros: los dos acometian y paraban con
+suma reflexion, como si hubiesen querido no perder un golpe, no faltar á
+una parada: conocíase en ambos la decidida intencion de matar á su
+adversario, y las estocadas eran rectas, profundas, las paradas
+vigorosas: cubríanse y reparábanse con un cuidado exquisito, con una
+sangre fria, admirable en la situacion en que se encontraban los dos
+enemigos.
+
+Pero á poco que se observase á aquellos dos hombres, se conocia que la
+ventaja estaba de parte de Calpuc: no porque Sedeño fuese cojo y manco,
+defectos que no impedian el que se manejase perfectamente con la pierna
+y el brazo que tenia sanos, sino porque, á pesar de su valor y de su
+sangre fria, Sedeño estaba aterrado, su terror crecia de momento en
+momento, y no podia sufrir la candente mirada de Calpuc, que le
+devoraba, le amenazaba, le torturaba. En una palabra: porque su infamia
+habia acabado por dominar al capitan, mientras Calpuc, en quien vivian
+la rabia y el derecho, estaba sostenido por ellos como por la mano de
+Dios.
+
+Sin embargo, y atendido el estado de la lucha, aunque se notase alguna
+ventaja en Calpuc, ventaja puramente moral, ningun inteligente en la
+esgrima de aquellos tiempos que hubiera presenciado el duelo, se hubiera
+atrevido á decidir rotundamente acerca de cuál de aquellos hombres seria
+el vencedor.
+
+Conocíalo esto asimismo Calpuc, y se afianzó mas en su posicion y se
+hizo mas cauto y perspicaz en la acometida y en la parada; notó que
+Sedeño, á pesar del peligro, estaba abstraido, que se defendia bien por
+tacto y por costumbre, y que, saliendo bruscamente del género de ataque
+que habia usado hasta entonces, podria cogerle desprevenido y matarle.
+
+Asi es que, con una destreza maravillosa, le marcó un golpe al rostro;
+hizo pasar la punta de su espada con la velocidad del relámpago por
+delante del único ojo del capitan, y rebatiendo la mano, á tiempo que
+Sedeño acudia á la parada por arriba, le metió la espada en el pecho
+hasta la empuñadura.
+
+Calpuc dejó la espada en la herida, temeroso, si la sacaba, de traerse
+con ella la vida del capitan: este lanzó una horrible blasfemia al
+sentirse herido, quiso afianzarse sobre su pié y su pata para no caer;
+pero al fin vaciló y cayó sobre el costado donde habia sido herido.
+
+--Mi esposa ha muerto: exclamó Calpuc, acercándose á él, pero mi hija
+vive: ¿sabes qué ha sido de mi hija?
+
+--¡Ah! exclamó con una feroz alegria Sedeño: ¿has encontrado muerta á tu
+esposa, y no sabes qué ha sido de tu hermosa Estrella...? muero, pues,
+mas tranquilo. Doña Inés no puede ser tuya, porque es de la tumba, y tu
+hija ha huido acaso con algun castellano; acaso con el soldado que me
+servia... ¡deshonrada! ¡ah! ¡hermosa ramera!
+
+Una tos profunda, hirviente, interrumpió al capitan, que lanzó un vómito
+de sangre.
+
+--Contesta, contesta y te perdono... exclamó Calpuc: ¿qué has hecho de
+mi hija? ¿dónde está mi hija?
+
+--¿Para qué quiero yo tu perdon? exclamó con la voz enronquecida Sedeño:
+yo te desprecio Calpuc, y muero satisfecho porque sé que no tardarás en
+acompañarme; porque muero dejando por una casualidad preparada mi
+venganza.
+
+Un nuevo vómito de sangre, sin tos, sin esfuerzo, fácil, como rebosa el
+agua de una fuente, interrumpió de nuevo al capitan.
+
+Calpuc se aterró ante aquella oscura amenaza que salia de los siempre
+crueles labios del moribundo.
+
+--¡Mi hija! ¡mi hija! gritó Calpuc inclinándose sobre el capitan, y
+sacudiéndole furioso.
+
+Tornó á él Sedeño la vista nublada y vaga por la muerte, sus labios se
+contrajeron de una manera horrible, y exclamó en medio de una carcajada
+débil, dolorosa; pero sarcástica y acerada:
+
+--¡Tu esposa! ¡tu hija! ¡las dos! ¡y luego tú!
+
+Su voz se apagó, se agitó en un débil esfuerzo, y faltándole el brazo
+sobre que se apoyaba, cayó y quedó inmóvil.
+
+Estaba muerto.
+
+Aquella muerte abrió un vacío profundo en el alma de Calpuc.
+
+--¡Ah! exclamó: he sido un insensato: le he matado, y no he podido
+saciar mi venganza... mi venganza es ya imposible... está muerto...
+¡muerto...!
+
+Calpuc quedó inmóvil como una estátua, con una ansiedad mortal pintada
+en el semblante, con una rabia concentrada en sus ojos: luego se volvió
+de una manera insensata hácia el lecho, se arrojó sobre él, y besó una y
+otra vez delirante, la fria boca del cadáver.
+
+Luego se alzó, cortó con su daga uno de los negros rizos de dona Inés, y
+le envolvió en un pedazo de las ropas del lecho que cortó tambien con su
+daga: despues besó de nuevo al cadáver, y dijo como si este pudiera
+oirle:
+
+--¡Adios, Inés! ¡Inés de mi alma! yo moriria junto á tí... pero mi vida
+no me pertenece... ¡pertenece á nuestra hija! ¡tú, cuyo espíritu está
+sin duda en el seno de Dios, guíame para que pueda encontrarla,
+fortaléceme para que no sucumba al dolor, y vela desde el cielo por
+nuestra Estrella!
+
+Despues de esto, Calpuc se levantó de sobre el cadáver y se separó
+algunos pasos; pero volvió de nuevo: parecia que un poder invencible le
+ataba, le retenia junto al cadáver de su esposa. Por una, dos y tres
+veces, pretendió en vano alejarse; pero al fin, hizo un violento
+esfuerzo y salió frenético de la cámara.
+
+Cuando estuvo fuera de ella, se detuvo, volvió su rostro hácia el
+interior, y rompió á llorar como una mujer desconsolada.
+
+Luego se alejó á paso lento, y salió de la casa, cuya puerta dejó
+abierta, murmurando una y otra vez con el acento de la mas profunda
+desesperacion:
+
+--¡Ni mi esposa, ni mi hija, ni mi venganza!
+
+
+
+
+CAPITULO XIX.
+
+De cómo la justicia fue á cerrar la casa del capitan, dejándola
+enteramente deshabitada.
+
+
+Aquella misma noche algunos monfíes enviados por Yuzuf, entraban en
+Granada escalando silenciosamente los ya aportillados muros de la
+muralla que por la parte de la Torre del Aceituno (hoy ermita de San
+Miguel el Alto), constituian la cerca que lleva aun en nuestros dias el
+nombre del Obispo don Gonzalo.
+
+Aquellos monfíes disfrazados, llegaron en secreto y protegidos por la
+noche y por la soledad del Albaicin, á las casas de algunos moriscos
+principales, para manifestarles que la noche siguiente llegaria á
+Granada por los atajos de la sierra, el anciano Yuzuf con seis mil
+monfíes.
+
+Al mismo tiempo algunos adalides del capitan general en traje de
+arrieros, salian secretamente por las puertas con pliegos para los
+corregidores de las poblaciones moriscas, en los que se les mandaba que
+al momento viniesen á Granada con los caballeros particulares y gente de
+guerra y del comun que pudiesen reunir.
+
+No mucho despues de haber salido Calpuc de la casa del capitan Sedeño,
+un alcalde con una ronda de alguaciles, que, segun costumbre, recorria
+las silenciosas calles, entró en la de San Gregorio: al pasar por
+delante de la casa de Sedeño, maravillóle ver la puerta abierta y las
+luces del zaguan encendidas.
+
+--Pues segun los bandos, dijo el alcalde, á estas horas debia estar ya
+cerrada esta puerta: adelantad maese Barbadillo, y decid al que saliere,
+que la justicia castiga por su descuido al dueño de esa casa, en dos
+ducados para obras pías.
+
+Adelantó el corchete con su linterna, y entró.
+
+--¡Ah de casa! dijo.
+
+Nadie le contestó.
+
+Asió entonces la cuerda de la campana y la agitó: tampoco sobrevino
+contestacion alguna.
+
+Salióse el corchete.
+
+--Señor alcalde, dijo, por el presente no parece en esa casa mas persona
+viviente, que un caballo que está enjaezado en el zaguan.
+
+--Volved á llamar, maese Barbadillo, volved á llamar.
+
+Llamó de nuevo el corchete con la voz y con la campana desaforadamente;
+pero no recibió mas contestacion que las veces anteriores.
+
+Entonces el alcalde Anton de Zalduendo, hombre ágrio y seco, de
+cincuenta años, enhiestó la vara de justicia, y alegrándose, con esa
+alegría característica de los curiales cuando les cae que hacer, esto
+es, con una alegría maligna, se entró de rondon por la puerta franca,
+seguido de cuatro alguaciles, y dejando dos de guardia á la puerta.
+
+Despues de un escrupuloso registro, que dió por resultado encontrar una
+casa grande, principal, ricamente amueblada y entapizada, sin una alma
+viviente y con dos cadáveres, el alcalde, aumentada su alegría en una
+proporcion maravillosa, mandó á un alguacil para que buscase de una
+manera apremiante un escribano, y otro para el cura de la parroquia, á
+fin de que acudiese con sus sepultureros.
+
+El escribano libró testimonio de cómo en una casa grande de la calle de
+San Gregorio el Alto, el nombre de cuyo dueño no se sabia aun, por no
+haber habido lugar á la indagatoria, y en una de las cámaras de aquella
+casa, se habia encontrado por la ronda del alcalde de Casa y Córte,
+Anton de Zalduendo, los cadáveres de una dama como de cuarenta años,
+muerta al parecer de enfermedad, y el de uno, al parecer por sus
+divisas, capitan de infantería española, manco del brazo izquierdo, cojo
+de la pierna derecha, y tuerto del ojo siniestro, muerto á hierro y al
+parecer en riña: que habiendo comparecido el licenciado Pero de Rávago,
+cura de la parroquia de San Gregorio el Alto, se le habia ordenado que
+mandase conducir los dos difuntos á la iglesia, y que al dia siguiente
+los pusiese en sendas cajas de ánimas en la puerta de la parroquia, á
+fin de que los vecinos los viesen, por si alguno los reconocia; despues
+de lo cual, y habiéndose llevado los difuntos los sepultureros, y
+quedado en poder del infrascripto escribano, dos espadas y una daga que
+tenia sobre sí el difunto, la una espada en el cuerpo en una herida que
+le atravesaba de parte á parte, y la otra espada en la mano, sin señal
+alguna de sangre, se procedió al inventario y embargo de los muebles de
+la casa, y de dos caballos que se encontraron, el uno en el zaguan y el
+otro en la cuadra, cerrándose y sellándose todas las puertas por la
+justicia, y entregándose los caballos al mesonero del Meson del Cuervo,
+en la calle del Agua, todas cuyas diligencias tuvieron fin y remate al
+alborear el dia 1.º de julio del año de 1546.
+
+Como se vé, Yaye, sin duda se habia llevado consigo las dos sirvientes,
+que como hemos dicho habian sido encerradas, puesto que la justicia no
+encontró en la casa persona alguna.
+
+Igualmente se desprende del testimonio del escribano, que la justicia no
+habia dado con la puerta secreta que ponia en comunicacion la casa del
+capitan difunto con la de don Diego de Córdoba y de Válor, puesto que ni
+una palabra se decia en el testimonio acerca de la tal puerta.
+
+Pero en un testimonio por separado que habia pasado con urgencia el
+alcalde Anton de Zalduendo al presidente de la Chancillería, constaba
+que en un armario, encontrado en un dormitorio, al parecer de hombre, se
+habían hallado papeles interesantísimos para la salud de la república y
+el servicio del rey.
+
+
+
+
+CAPITULO XX.
+
+Estrella.
+
+
+La casa que el walí de los monfíes Harum, habia procurado á su señor el
+poderoso emir de las Alpujarras Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, era, como
+hemos dicho, una bellísima casa; mas aun, un pequeño alcazar situado en
+una calleja angular que se llamaba entonces la casa de las _Tres
+Estrellas_, y aun se llama hoy, puesto que la casa y la calleja en
+cuestion existen.
+
+Debemos decir que la causa ostensible de tal nombre, son tres estrellas
+incrustadas en el ladrillo que sirve de clave al arco árabe agramilado
+de la puerta de la casa, y la causa ostensible de aquel nombre, porque
+aquellas tres estrellas, mas que un adorno son, por decirlo asi, un
+símbolo; lo que queda sobre la tierra de un tremendo suceso acontecido
+en aquella casa cuando Granada era de moros, suceso con el cual pensamos
+confeccionar una leyenda á la que titularemos, Dios mediante, _Las Tres
+Estrellas_.
+
+Mas, volviendo á nuestra narracion, nos permitirán nuestros lectores que
+digamos algo acerca del estado en que se encontraba aquella casa cuando
+acontecian los sucesos que vamos refiriendo.
+
+Su fachada era pequeña y formaba uno de los lados del segundo ángulo
+recto de la calle: la pequeña y sencilla, pero bella puerta ogiva de
+herradura, constituia el frente de la calle, conforme se doblaba el
+primer ángulo viniendo de la parte de la iglesia de San Gregorio el
+Alto; el muro á que aquella puerta pertenecia, no tenia perforacion,
+ventana ni respiradero alguno, mas que un pequeño agimez de estuco
+labrado, con columnas de mármol blanco de Macael, que correspondia á un
+pequeño mirador con cúpula, situado sobre el tejado de la casa, encima
+del alero de pino labrado y ennegrecido por el tiempo, mirador que
+estaba situado á la derecha de la casa, y que se veia desde la calle,
+merced á la poca elevacion de la pared, que constituia el otro lado del
+ángulo recto que determinaba la calle.
+
+Este mirador era tan esbelto, tan delicado, tan feble, que algunos años
+hace, fue arrebatado por el huracan un dia de tormenta, del mismo modo
+que si hubiera sido de carton, ó como las hojas secas de un árbol.
+
+Pasando la puerta se encontraba una especie de zaguan oscuro,
+pavimentado de mármol, con faja de mosáico ó alicatado en la parte
+inferior de los muros, que desde aquella faja hasta el techo estaba
+prolijamente adornado de arabescos, y aquel techo era de bobedillas
+pintadas con sumo primor y buena eleccion de colores, para los cuales
+faltaba luz. Frente á la puerta habia un delicado arco que daba paso á
+un patio muy pequeño, mas largo que ancho, en cuyo centro habia una
+fuente abierta en el pavimento, de mármol como el del zaguan; al fondo
+de este patio habia una puerta mas pequeña que daba á una estrechísima y
+oscura escalera que ponia en comunicacion el piso bajo con el alto,
+desembocando en una galería, situada á la izquierda del patio, con
+barandilla ó balaustrada de pino tallado y agramilado.
+
+El costado izquierdo del patio consistia en un cenador estrecho en el
+piso bajo, y en la galería que hemos citado en el alto. Esta galería
+estaba sustentada por una viga maestra labrada delicadamente y apoyada
+en sus extremos por dos zapatas ricamente talladas, pintadas y doradas;
+otra viga enteramente semejante, con iguales zapatas, sostenia el alero
+que estaba tambien pintado y dorado. Ambos techos, el del cenador, y el
+de la galería, eran de ensambladura, con estrellas, escudetes y
+triángulos cruzados, matizados y dorados, con filetes de blanco y rosa.
+Ambos muros, el superior y el inferior, estaban ornamentados con fajas
+de azulejos ó mosáicos, labor de estuco, pintadas inscripciones y
+follajes. En ambos muros habia dos puertas de herradura, con elegantes
+nichos para las babuchas, en la parte media de sus gruesos,
+diferenciándose solo estas dos puertas, cuyos festones y enjutas estaban
+primorosamente labrados, en que la del cenador era mayor que la de la
+galería.
+
+Por la puerta inferior se entraba en una cámara oscura; pero riquísima
+en su pavimento de mosáico, en sus arabescos y en su techo; á los
+extremos de esta sala habia dos pequeños alhamíes ó alcobas. Por la
+puerta de la galería se entraba á otra sala enteramente igual; pero mas
+baja de techo y variada en el adorno; al extremo de la galería habia una
+pequeña puerta que daba á una escalera, y aquella escalera desembocaba
+en un pequeño corredor oscuro, que iba á dar al mirador que se veia
+desde la calle.
+
+Este mirador era perfectamente cuadrado y apenas de tres varas de
+extension. Tres de sus costados tenian agímeces cubiertos por celosías y
+por cortinas de seda carmesí; en el otro costado estaba la puerta. El
+friso de este mirador se hacia octógono, y sobre él se veian diez y seis
+bellísimas ventanas transparentes de estuco, sobre las cuales se
+levantaba una cúpula de estalácticas, que remedaba con sus colgantes una
+gruta de hadas.
+
+Todo en aquel mirador era delicado, bello y rico: el mosáico menudo,
+caprichoso, ejecutado con sumo primor; las pechinas de agallones, que
+naciendo de los ángulos, determinaban la figura octógona del friso; los
+adornos, las inscripciones, los colores, todo perfectamente ejecutado,
+todo perfectamente concluido; un hermoso sueño de un hábil alarife
+realizado en miniatura. En aquella pequeña estancia habia un divan de
+seda y oro; cortinas magníficas en la puerta y en los agímeces y un
+bello perfumero de plata.
+
+Ademas, pendiente de la cúpula habia una lámpara de seda, y de cuatro de
+los cupulinos del octógono, cuatro jaulas de plata doradas en que vivian
+aprisionados cuatro ruiseñores.
+
+Estas eran las habitaciones que constituian la parte bella y artística
+de la casa de las Tres Estrellas. A las demás dependencias, habitaciones
+de los criados y caballerizas, se entraba por el postigo de una huerta
+situada á espaldas de la casa y la comunicacion estaba abierta en el
+muro derecho del patio por una puerta sencilla.
+
+En lo que hoy existe de la casa solo se encuentra parte del plano, y
+algunos restos de estucos, adornos y pinturas, gastados, corroidos,
+ennegrecidos por el tiempo.
+
+Aquella casa es hoy el esqueleto mutilado de lo que fue.
+
+A aquella casa fue á donde Yaye hizo conducir á Estrella desmayada, y á
+donde tambien fueron llevados, como hemos dicho anteriormente, el
+soldado que servia á Sedeño, y las dos sirvientes que habia en la casa.
+
+Estrella fue conducida al bello mirador que hemos descrito.
+
+La infeliz jóven tardó mucho tiempo en volver de su desmayo;
+acompañábala Yaye, que observaba su estado, lleno de interés y de
+caridad: ya sabemos, que la caridad era la virtud culminante de Yaye:
+una caridad _sui generis_; pero al fin el jóven llamaba caridad al dulce
+sentimiento que le hacia experimentar, en mayor ó menor grado, toda
+mujer hermosa colocada en ciertas circunstancias, y nosotros nos hemos
+propuesto respetar la conciencia del jóven emir; pero era muy extraño
+que la caridad de Yaye no se extendiese á los hombres ni á las mujeres
+feas ó viejas: era, en todo caso, una caridad muy condicional.
+
+Las circunstancias en que habia encontrado Yaye á Estrella habian sido
+eminentemente extraordinarias: Estrella, por su posicion, por su
+juventud, y por su magnífica hermosura, impresionaba fuertemente el alma
+entusiasta, espansiva y ardiente de Yaye; se sentia arrastrado por ella
+á una caridad sublime, caridad llena de goces y de placeres, que le
+hacia sentir una emocion dulce, lánguida, fresca, odorífera, si se nos
+permiten estas dos últimas extrañas calificaciones: caridad que era de
+todo punto independiente del amor que le inspiraba doña Isabel de Válor,
+amor que habia empezado tambien, al menos asi lo creia Yaye, por un
+impulso caritativo. Doña Isabel era para el jóven la luz de su alma, su
+amor contrariado, su empeño: doña Estrella, un ser débil, necesitado de
+proteccion, una hermosa flor que la desgracia habia arrojado ante los
+piés del emir, y que estaba ante él pálida, privada de sentido, y
+sufriendo de una manera interna, ó, por mejor decir, orgánica. Yaye se
+habia dicho, respondiéndose á sí mismo, y como queriendo calificar el
+lazo que le unia á aquellas dos mujeres, tan jóvenes, tan puras, y tan
+desgraciadas las dos:
+
+--Estrella será mi hermana; Isabel... Isabel si no puede ser mi esposa,
+será mi amante: Isabel será mia.
+
+Pero entre tanto no volvia en sí Estrella; el sacudimiento que habia
+sufrido el alma de la pobre niña habia sido demasiado fuerte para que el
+accidente causado por él fuese pasajero. Continuaba el desmayo y aquella
+congoja muda que hacia presentir acaso una afeccion mayor y mas
+peligrosa, si la ciencia no acudía al socorro de Estrella. Yaye estaba
+realmente preocupado, casi aterrado, porque queria tener oculta á
+Estrella, y no se fiaba de nadie absolutamente mas que de los monfíes.
+
+El jóven estaba solo con ella. La habia rociado el rostro con agua; la
+habia hecho aspirar las fuertes esencias que los moros sabian extraer de
+las flores y de las plantas, y Estrella no habia vuelto en sí. Yaye no
+se habia atrevido á desembarazarla de la presion de sus vestidos, ni la
+habia tocado mas que con una mirada ardiente, es verdad; pero ardiente
+de caridad. Al fin, cuando ya estaba casi resuelto, en vista de la
+duracion del accidente, á tomar, contra su voluntad y de una manera
+desesperada, una resolucion mas eficaz y decisiva, Estrella suspiró
+profundamente y abrió con languidez los ojos, sus hermosísimos ojos
+negros, á los que el dolor y la ansiedad hacian mas hermosos,
+irresistibles.
+
+Poco á poco fue volviendo al uso de sus facultades; se levantó sobre el
+divan, pasó sus pequeñas manos por su frente, se apartó las pesadas
+bandas de sus cabellos, que se habian desordenado, y miró en torno suyo.
+
+No preguntó donde se encontraba, no nombró á su madre, no se entregó á
+ese dolor ruidoso, que grita, se retuerce, se exhala de mil maneras, que
+serian ridículas á no ser por lo terrible de la causa que las motiva.
+Nada dijo á Yaye, únicamente le asió una mano, y se la besó, dándole las
+gracias por la proteccion que la habia dispensado con una mirada velada
+por lágrimas; mirada que hizo estremecerse de los pies á la cabeza á
+Yaye.
+
+Luego se replegó sobre sí misma y Yaye la sintió llorar en silencio.
+
+Hay momentos en que toda palabra de consuelo es inoportuna y aun cruel,
+porque aviva el dolor en vez de calmarle: el jóven emir lo comprendió
+asi y dejó á Estrella abandonada á su dolor; pero no se atrevió á
+dejarla sola; hacia calor en aquel reducido aposento, y Yaye descorrió
+los tapices de la puerta y de los agimeces y abrió las maderas; frescas
+oleadas de las auras nocturnas cruzaron por el interior del mirador y
+uno de los ruiseñores rompió en un magnífico trino.
+
+Yaye tomó la jaula, la descolgó y llevó fuera el ave cantora: parecióle
+que la alegría tranquila del pájaro debia punzar el alma lastimada de
+Estrella; los otros tres ruiseñores fueron desterrados tambien á una
+habitacion inmediata, donde, dominados por la oscuridad, guardaron
+silencio.
+
+Cuando entró de nuevo Yaye en el mirador, encontró á Estrella mas
+tranquila; habia variado de posicion, estaba abandonada voluptuosamente
+en el divan, sin duda por casualidad, y apoyaba su cabeza en una de sus
+manos cuyo brazo se hundia en los almohadones.
+
+Sus grandes ojos negros, en los cuales se habia secado el llanto, aunque
+conservaban una profunda expresion de dolor y de ansiedad, se fijaban
+lucientes en Yaye, en cuyo semblante se posaron algun tiempo.
+
+Luego aquellos ojos irresistibles parecieron aumentar su fuerza, su
+brillo, su expresion; se entreabrieron los rojos labios de Estrella, y
+Yaye la oyó murmurar con un acento apagado y ardiente, semejante á un
+suspiro:
+
+--¡Oh! ¡gracias! ¡gracias, caballero! ¡cuánto os debo! ¿sin vos qué
+hubiera sido de mí?
+
+Yaye no supo qué contestar y contestó á la ventura lo primero que se le
+ocurrió.
+
+--Dios sin duda os hubiera amparado, dijo.
+
+--Y ¿quién sino Dios, ha podido llevaros á mi lado en la terrible
+situacion por que acabo de pasar?
+
+--¿Creeis que haya sido Dios quien me ha traido á vuestro lado? dijo
+Yaye pronunciando tambien estas impías palabras á la ventura, porque
+estaba trastornado.
+
+--Y ¿quién sino Dios, respondió con acento sonoro y solemne Estrella, ha
+podido valerse de vos para que consoleis á una pobre madre moribunda, y
+ampareis á una huerfana infortunada? ¿Quién sino Dios pudo haber hecho
+que nos encontráramos y nos conocieramos en aquel meson de las
+Alpujarras? ¿quién sino Dios, ha podido inspirar á mi madre, á mi
+infeliz madre, para que me ponga bajo vuestra proteccion? ¿Creeis que
+Dios no habla por la boca de los moribundos?
+
+--¿Creeis que Dios haya hablado por la boca de vuestra madre? exclamó
+Yaye que seguía hablando abandonado á sí mismo, ó por mejor decir,
+abandonado á aquella situacion que le presentaba á Estrella con el
+triple incentivo de su hermosura, de su dolor y de su infortunio.
+
+La caridad habia tomado en aquella situacion tales proporciones en el
+alma de Yaye, que le quemaba en un fuego voraz, le envolvia en una
+atmósfera ardiente, dominaba su corazon, que flotaba en una region de
+sueños desconocidos; en una palabra, Yaye estaba embriagado, dominado,
+loco, y sin voluntad, por decirlo así, de una manera instintiva, como
+atraido por una influencia magnética, se sentó en el divan al lado de
+Estrella.
+
+--Sí, sí; Dios ha hablado por la boca de mi infeliz madre, dijo la
+jóven; Dios ha tenido compasion de mí, y al herirme tan profundamente en
+mi amor de hija, ha abierto para mí una fuente de consuelo,
+presentándome un alma noble, á la cual unir mi alma...
+
+Estrella que hablaba sin reflexion, abandonada á su dolor, á su
+necesidad de consuelo, se contuvo, porque un rayo de razon brilló en
+medio de su delirio.
+
+Yaye no se atrevió á pronunciar una sola palabra; otro rayo de razon le
+habia hecho comprender la gravedad de las palabras de Estrella.
+
+Pero como nuestro corazon es siempre exigente y despótico y siempre sale
+vencedor en sus luchas con la cabeza, Estrella, alma ardiente como el
+suelo en que habia nacido; fuerte y poderosa, porque se habia
+fortalecido en la desgracia; sedienta de felicidad, la sed mas
+implacable del corazon; voluntariosa, como es voluntarioso quien siempre
+ha estado luchando con un imposible, y ansiosa de afectos, como que solo
+habia gozado del desesperado afecto de su madre á la que acababa de
+perder, no tuvo fuerza para contenerse en la pendiente sobre la cual la
+habia puesto su situacion, ó, tal vez desesperada, importándola poco
+todo lo que en el mundo se respeta como conveniencia, continuó
+infiltrando en Yaye todas las ardientes pasiones que se exhalaban por su
+magnífica mirada, y dijo con voz temblorosa de temor y de dolor.
+
+--¡Estoy sola en el mundo! ¡sola y desesperada!
+
+--¡Sola! esclamó Yaye con un tímido acento de reconvencion.
+
+--¿Cómo os llamais? dijo Estrella, sin apartar su mirada poderosa de los
+ojos de Yaye: he oido vuestro nombre, pero... lo he olvidado... lo he
+olvidado todo... ¡Oh, Dios mio! ¡mi cabeza! ¡tengo aquí un infierno!
+
+Y se oprimió con ambas manos la frente.
+
+Yaye la tomó las manos, las separó de su cabeza y las retuvo entre las
+suyas, sin que Estrella hiciese el mas leve esfuerzo, la menor
+indicacion para desasirse; por el contrario, las manos de los dos
+jóvenes se estrechaban fuertemente y se trasmitian un flúido
+irresistible, mientras sus miradas se devoraban y se confundian.
+
+Entrambos estaban pálidos, solemnemente graves, confundiendo sus almas,
+entregados el uno al otro, como si nada existiese en el mundo mas que
+ellos, como si hubiesen sido el primer hombre y la primera mujer.
+
+Sin embargo, Yaye al contestar á la pregunta de Estrella, mintió en
+cierto modo, no sabemos por qué.
+
+--Me llamo Juan de Andrade, la dijo.
+
+--¡Ah no, no! dijo Estrella; ese no es el nombre de un rey: ¿por qué me
+engañais cuando os preguntan mi dolor y... mi alma?
+
+Estrella iba á decir mi amor, pero el pudor, que el mundo ha fabricado
+para la mujer, la contuvo y la hizo dar tortura á la frase.
+
+--¡Ah! perdonad, pero sois cristiana, y no me he atrevido á deciros que
+me llamo Sydy Yaye, y que soy emir de los monfíes de las Alpujarras.
+
+--¿Y qué importa? mi padre se llama Calpuc y es rey del desierto
+mejicano: somos hijos y señores de dos pueblos dominados por los
+españoles. Los enemigos de cada uno de nosotros son nuestros mismos
+enemigos. ¿No creeis que Dios ha querido sin duda que dos que llevan en
+su frente una corona de desventuras se encuentren y se unan?
+
+Yaye se acordó, estremeciéndose, del extraño y terrible desposorio
+efectuado con los dos por una moribunda, y detrás de aquel solemne y
+sombrio cuadro que le representaban sus recientes recuerdos, vió pasar
+la sombra de Isabel de Válor, pálida, triste, desesperada.
+
+--¡Que Dios ha querido que nos unamos! exclamó.
+
+Por fortuna la voz de Yaye era tan temblorosa que la altiva Estrella no
+pudo notar el profundo terror de que eran hijas las últimas palabras de
+Yaye.
+
+--¡Oh! y oíd, porque si no os lo digo ahora que estoy desesperada, no os
+lo diria nunca: si Dios quiere que mis desgracias tengan fin, que goce
+algunos años de reposo sobre la tierra, será necesario que nuestras
+almas se unan, porque yo os amo.
+
+Por esta vez Estrella no vaciló al pronunciar las palabras que
+expresaban su supremo pensamiento, sino que las lanzó con una entonacion
+firme, sonora, vibrante, llena de voluntad.
+
+Yaye exhaló un grito que tanto podia parecer de espanto, como de
+alegría, como de placer.
+
+Y era que el amor de Estrella, producia en él al mismo tiempo aquellas
+sensaciones.
+
+--Si, yo os amo: el dia en que os ví en el meson de las Alpujarras os
+estuve contemplando largo espacio antes de hablaros: estabais distraido,
+profundamente preocupado; no sé qué teniais en vuestra mirada de
+sufrimiento, de ansiedad, de desesperacion: pero comprendí que erais
+desgraciado. ¡Desgraciado! yo tambien lo era y el sufrimiento es ya un
+vínculo bastante fuerte para acercar la una á la otra á dos almas
+desesperadas. Despues cuando os hablé, me ofrecisteis con toda la
+expansion de vuestra alma una generosa ayuda, y yo confié en ella, como
+siempre he confiado en Dios. Despues nos separamos. ¿Cuánto tiempo ha
+pasado desde que nos vimos por la primera vez? yo no lo sé, yo no he
+medido ese tiempo; pero durante ese tiempo no he dejado de pensar en
+vos, ni ha habido un instante en el que no haya sido mas íntimo el
+recuerdo que me inspirabais que en el instante anterior. Yo os esperaba:
+no sabia cuándo ni cómo os presentariais á mi vista; pero yo estaba
+segura de volveros á ver, segura de que me salvariais, segura de que un
+dia seriais para mí mas que un recuerdo, mas que un hombre, mas que un
+hermano: estaba segura de que seriais mi alma.
+
+La expresion del semblante y de la mirada de Estrella llegó al último
+desarrollo de pasion que podian prestarla el amor, el dolor y la
+esperanza: Yaye sintió como que su alma se fundia, por decirlo asi, en
+aquella mirada; una fruicion suprema ensanchó, dilató todo su ser, se
+sintió trasportado á un paraiso, arrancado de la vida siempre fatigosa
+del mundo, como transformado en otro ser, cuya vida era mas fácil:
+decimos que se sintió, y hemos dicho mal: Yaye no podia darse razon de
+su sentimiento; aquel sentimiento era mas poderoso que la razon que
+compara y juzga: aquel sentimiento le arrastraba, y en el colmo de su
+fascinacion, de su trasporte, atrajo hácia sí á Estrella.
+
+La jóven se dejó arrebatar por el mismo sentimiento; pero la presion
+convulsiva de los brazos de Yaye, y un ardiente beso que este estampó en
+sus labios, exhalando por él todo el volcan que ardia en su alma, la
+despertaron de su delirio y rechazó á Yaye.
+
+--Aun está caliente el cadáver de mi madre, exclamó con un acento en que
+vibraban á un tiempo el pudor y el dolor; aun no sois mi esposo.
+
+Yaye despertó á su vez y comprendió que envuelto por la fascinacion que
+habia arrojado sobre él á torrentes Estrella, habia dado un paso del
+cual no podia volver atrás sin dar derecho á una mujer á que le llamase
+infame.
+
+Su caridad, su singular caridad, le habia llevado hasta aquel punto: su
+semblante se entristeció, se doblegó sobre el divan y se cubrió el
+rostro con las manos.
+
+Estrella se conmovió; le amaba y el amor es la caridad de la mujer: se
+acercó á Yaye, le apartó las manos del rostro, como antes habia hecho
+Yaye con ella, le miró frente á frente con una expresion dulcísima y con
+los ojos llenos de lágrimas, y le dijo:
+
+--Me habeis hecho mucho bien, habeis abierto para mí una nueva vida y ya
+no estoy sola en el mundo: me amais... ¡oh! ¡sí! ¡me amais! Sed mi
+esposo, pero respetad el dolor y la honra de vuestra esposa... yo os amo
+con toda mi alma... ¡pero abrir los brazos á la felicidad cuando mi
+pobre madre... cuando aun no está santificada nuestra union...! ¡oh!
+¡no! eso seria una profanacion y un olvido imperdonable de lo que
+mutuamente nos debemos... yo no os culpo... la situacion en que nos
+encontramos debe haceros comprender que solo mi desesperacion ha podido
+hacer que yo sea la primera de los dos que hable de amor, y que vos os
+hayais dejado arrebatar por vuestro amor... ¡Oh! ¡Dios mio! ¡cuanta
+desgracia y cuanta felicidad á un tiempo!
+
+Y Estrella rompió á llorar; pero de una manera convulsiva, en una de
+esas terribles reacciones del dolor, que es tanto mas fuerte cuanto mas
+se medita en el valor de lo que se ha perdido.
+
+Yaye estaba enteramente desconcertado y no sabia que hacer.
+
+En aquel momento se oyó un golpe recatado en una de las puertas
+interiores, y Yaye se dirigió á Estrella.
+
+--Calmaos, calmaos por Dios, la dijo: me veo obligado á dejaros sola y
+quiero dejaros mas resignada.
+
+Resonó otro golpe mas fuerte y mas impaciente.
+
+--¡Dejarme sola! exclamó Estrella.
+
+--Sí; algo grave debe acontecer cuando mis gentes se atreven á llamarme
+y con insistencia. Oid.
+
+Habia resonado un tercer golpe.
+
+--Id, id, dijo Estrella, nada temais, esto pasará... id donde os llaman.
+
+--Pero estais desesperada... y lo temo todo...
+
+--¡Oh! nada temais, porque os amo y necesito vivir para mi amor.
+
+Yaye estrechó una mano que le presentó Estrella, la besó y salió.
+
+Apenas habia salido Yaye, Estrella se levantó de una manera enérgica:
+sus ojos resplandecian con un brillo inconcebible, y su mirada parecia
+fija en la inmensidad; estaba pálida, temblorosa y su boca entreabierta
+tenia una expresion de fuerza y de voluntad inconcebibles.
+
+Luego cayó de rodillas, levantó sus brazos y sus manos al cielo, y
+exclamó con un acento sublime, que parecia emanado del fondo de su alma:
+
+--¡Oh madre mia! ¡madre mia! perdóname si cuando acabo de perderte me he
+atrevido á hablar de amor! ¡Estoy sola en el mundo y necesito vengarte!
+Ese hombre te vengará, sí, te vengará aunque me vea obligada á ser su
+manceba, su esclava! ¡ese hombre te vengará! ¡yo te lo juro!
+
+Luego se alzó y se sentó pensativa en el divan: despues de su juramento
+habia recobrado una calma terrible, y sus ojos se habian secado. Luego
+la reflexion se fue apoderando de ella y arrojó una mirada indagadora al
+fondo de su alma.
+
+--¡Oh, Dios mio! exclamó: ¿le amaré acaso...?
+
+Se pasó la mano por la frente, palideció aun mas, y luego dijo como
+traduciendo en palabras lo que su corazon le decia en sensaciones:
+
+--¡Oh, sí, le amo! no he podido olvidarle desde el dia en que le ví, y
+hace un momento, á pesar de mi dolor, una fuerza irresistible me ha
+arrastrado, y he estado á punto de ser suya... ¿y él, él me amará? ¡oh!
+¡sí! ¡ha sido generoso! ¡ha respetado mi dolor y mi pudor! ¡pero Dios
+mio! ¡sino me amara! ¡si solo hubiese cedido á mi dolor y... á mi
+hermosura! ¡si solo me hubiese respetado por caballero! ¡oh, Dios mio!
+¡al sentir esta duda conozco que le amo con toda mi alma! ¡oh, Dios mio!
+¡ya que me has arrebatado mi madre, dame su amor! ¡permite que sea su
+esposa!
+
+Yaye entró en aquel momento.
+
+--Suceden cosas gravísimas, Estrella, le dijo con precipitacion; me es
+imposible vengar á vuestra madre.
+
+--¡Qué os es imposible vengar á mi madre! exclamó profundamente
+Estrella.
+
+--Si por cierto, porque el capitan Sedeño ha sido muerto esta misma
+noche á estocadas.
+
+--¡Muerto á estocadas! ¿y por quién? exclamó con anhelo Estrella.
+
+--Aun no puedo deciros quién es el hombre que le ha muerto: debe ser un
+hombre que salió de la casa del capitan algun tiempo despues que este
+habia entrado en ella de vuelta de un viaje.
+
+--¿Con que el infame capitan Sedeño ha sido muerto por otro hombre en su
+misma casa, acaso delante del cadáver de mi pobre madre?
+
+--Tal vez.
+
+--¿Y quién os ha dado esas noticias? añadió Estrella, cuyo interés
+crecia.
+
+--Uno de mis mas leales servidores, á quien dejé con algunos de los mios
+en observacion de la casa del capitan.
+
+--¿Y no podrá averiguarse quién ha sido el hombre que ha matado á
+Sedeño?
+
+--Acaso, puesto que uno de mis monfíes ha seguido recatadamente á ese
+hombre y ha visto que entraba en una casa en Bibarrambla.
+
+--¡Muerto el infame Sedeño!
+
+--Y no es esto solo; poco despues una ronda entró en la casa que
+encontraron abierta y abandonada, salieron dos alguaciles, y volvieron
+con un escribano y con el cura de la parroquia de San Gregorio á quien
+acompañaban... algunos sepultureros.
+
+--¡Ah! exclamó Estrella cuyo dolor se avivó: ¡ya no volveré á ver á mi
+pobre madre!
+
+--Su cadáver y el de Sedeño fueron sacados de la casa y conducidos á la
+iglesia: uno de mis monfíes se hizo el encontradizo con uno de los
+alguaciles á quien por acaso conocia, y supo por él que el capitan
+habia sido encontrado atravesado por una espada, y muerto en la misma
+cámara de vuestra madre.
+
+--¡Oh! ¡y cuán justiciero es Dios! exclamó Estrella.
+
+--Pero no es esto lo que me obliga á separarme de vos; asuntos que
+conciernen al pueblo, cuya corona ciño, me imponen el imperioso deber de
+ir á ocupar el puesto de honor que me corresponde.
+
+--¿Vais á combatir con los cristianos? exclamó anhelante Estrella.
+
+--Es muy probable.
+
+--Podeis morir en el combate.
+
+--Es muy posible.
+
+--¿Y yo...?
+
+--Vos sereis...
+
+--Detúvose indeciso Yaye...
+
+--¿Qué seré yo...?
+
+--Sereis... la viuda de un rey que ha muerto con la espada en la mano en
+defensa de su pueblo oprimido.
+
+--Partid, partid, señor, dijo Estrella cediendo á su amor y arrojándose
+en sus brazos: partid; Dios no querrá que murais, porque Dios no querrá
+hacer mas grande mi desesperacion.
+
+Y apoyando su cabeza sobre el hombro de Yaye lloró.
+
+--Es necesario separarnos en el momento, la dijo Yaye levantándola entre
+sus brazos; para cuidar de vos, señora, queda un hombre que velará por
+vos, y si muero queda encargado de serviros y de acompañaros. Vais á
+conocer á ese hombre.
+
+Estrella se separó de los brazos de Yaye y se enjugó las lágrimas.
+
+--¡Ola! ¡wali Harum! dijo Yaye asomándose á la puerta.
+
+Harum, que venia completamente vestido á la castellana, apareció en la
+puerta y se inclinó profundamente ante Yaye, como se habria inclinado un
+wali antiguo ante un califa de Córdoba.
+
+Estrella se habia sentado en el divan y tenia la actitud digna y altiva
+de una sultana.
+
+--Mientras yo esté ausente, dijo Yaye, servirás y obedecerás á esta
+señora, como me servirias y me obedecerias á mí mismo. Si yo muriese,
+seguirás sirviéndola y obedeciéndola como si fuese mi hermana.
+
+--Será como querais que sea, poderoso señor.
+
+--Ahora, doña Estrella, adios, dijo el jóven acercándose galantemente á
+ella y besándola una mano.
+
+--¡Adios! ¡adios! dijo Estrella; ¡que la Santa Vírgen os proteja y os dé
+ventura!
+
+Los ojos de Estrella se arrasaron de lágrimas, y la fue necesario hacer
+un violento esfuerzo para contener su llanto.
+
+Pero cuando salieron Yaye y Harum aquel llanto brotó libremente, y
+Estrella exclamó entre sus sollozos.
+
+--¡Que me sirva como si fuera su hermana! ¿por qué no ha dicho que me
+respete y me sirva como si fuera su esposa?
+
+Entre tanto Yaye decia á Harum.
+
+--¿Para atender á las necesidades de esa dama mientras yo esté ausente
+tienes oro bastante?
+
+--Si señor.
+
+--Antes de emprender mi expedicion, que será al momento, yo dejaré
+dispuesto lo necesario para que si muero te entreguen del tesoro de mi
+corona, lo que baste para atender á la subsistencia honrada de esa dama
+durante toda su vida.
+
+--¡Morir! ¡señor! ¡morir tan jóven y tan valiente! ¡eso no puede ser! el
+Altísimo y Único velará por vuestra vida, que es la esperanza de vuestro
+pueblo.
+
+Como llegaban entonces á las puertas de la casa, Yaye que habia tomado
+una capa, una gorra y una espada, salió solo y se encaminó á largo paso
+á la calle del Zenete, á la casa donde habia vivido con Abd-el-Gewar y
+en donde habia conocido á doña Isabel de Córdoba y de Válor.
+
+
+
+
+CAPITULO XXI.
+
+Los xeques del Albaicin.
+
+
+El anciano Abd-el-Gewar no supo lo que le acontecia cuando vió ante sí
+al jóven.
+
+En el primer momento se arrojó á sus brazos, le besó como pudiera
+haberlo hecho despues de una larga ausencia su madre, y lloró y rió,
+como un niño ó como un loco.
+
+--¡Oh! ¡gracias al Todopoderoso, exclamó, que te vuelvo á ver! ¿Donde
+habeis estado, caballero, durante un mortal y abominable mes?
+
+--He estado en las entrañas de la tierra y ahora salgo de ellas.
+
+Por mas que hizo Abd-el-Gewar no pudo sacar otra contestacion á Yaye.
+
+Abd-el-Gewar le ponderó el mortal cuidado en que habia tenido á su padre
+y á él mismo su pérdida; los esfuerzos que se habian hecho por
+encontrarle, por último, que habiendo llegado el caso de un
+levantamiento general, era necesario que le acompañara para darle á
+reconocer como emir de los monfíes al lugar donde debian reunirse los
+xeques y los principales moriscos de la ciudad.
+
+Con este objeto salieron de la casa mucho despues de la media noche, y
+subiendo por las agrias cuestas que conducian á la torre del Aceituno,
+entraron en una casa aislada en medio de huertos, mediante una seña que
+rindió á la puerta Abd-el-Gewar.
+
+Hiciéronles atravesar varias habitaciones oscuras; bajaron unas largas y
+pendientes escaleras, y al fin entraron en un gran espacio de bóveda
+alta, sostenida en pilares, que por el revestimento verde y viscoso de
+sus paredes y por su pavimento resbalizo y húmedo, parecia una cisterna
+ó algibe.
+
+Al fondo habia algunas sillas y una mesa con un belon de cobre
+encendido, y delante en la mesa, formando cuadro con ella, dos escaños.
+
+En aquellas sillas y en aquellos escaños habia como hasta treinta
+hombres, la mayor parte de ellos ancianos.
+
+Todos tenian impreso en su semblante el sello típico de la raza mora;
+todos estaban sobreexcitados, pálidos y con las miradas chispeantes.
+
+Cuando entraron Yaye y Abd-el-Gewar, y antes de ser notados, un anciano
+de rostro noble y enérgico, que parecia hacer algun tiempo que dirigia
+la palabra á los demás, segun la altura á que se encontraba, su
+peroracion, decia:
+
+--Y cuando tantas desgracias nos oprimen; cuando han llegado ya al
+extremo, como os he hecho notar, los ultrages de los cristianos,
+¿sufriremos cobardemente por mas tiempo el yugo? ¿Qué importa que don
+Diego de Córdoba y de Válor, el hombre que estábamos decididos á
+proclamar rey despues del triunfo, si el Altísimo se digna concedérnoslo
+apiadado de nosotros; el que reconociamos por cabeza durante la
+desgracia, qué importa, repito, que ese hombre nos haya abandonado, y
+que cuando, extrañando su tardanza se ha ido á buscarle á su casa, se
+nos diga que ha sido llamado y preso por el capitan general? ¿no hemos
+lanzado ya todo temor? ¿no hemos desenterrado el viejo arcabuz y la
+coraza de nuestros padres, decididos al combate? Decís que, sin duda,
+don Diego, apegado al regalo que le proporcionan sus riquezas,
+ennoblecido por el rey de España, nuestro enemigo, y honrado con
+mercedes, nos abandona en el momento del peligro, nos vende, y para
+cubrir las apariencias se hace prender por el capitan general. En buen
+hora: asi nos ha avisado á tiempo de que es traidor á su ley y á su
+patria, y podemos volver los ojos á otra persona mas digna y mas
+valiente para ceñir á su cabeza la corona del reino. Pero decís: si don
+Diego nos ha hecho traicion descubriendo nuestros intentos al capitan
+general, estos intentos fracasan. No lo creais: el plazo es corto. El
+capitan general no puede tener mañana mas soldados que los que tiene
+hoy, y en todo caso, su refuerzo se reducirá á doscientos ó trescientos
+hombres mas, poco acostumbrados á la guerra, que podrán venirle de las
+villas inmediatas. Si el golpe se retardara algunos dias, podria ser
+imposible, porque los tercios de la costa, y los presidios del reino de
+Granada vendrian á ocupar la ciudad. Por lo mismo es necesario no cejar
+en lo comenzado, y dar el golpe, como se tenia preparado, mañana mismo,
+y si fuera posible, esta misma noche; pero es necesario esperar á los
+seis mil monfíes que llegarán mañana con Muley Yuzuf de la montaña, y á
+falta de capitan del alzamiento por la prision de don Diego de Válor
+nombrar uno entre nosotros.
+
+--Ese capitan os le traigo yo, dijo Abd-el-Gewar, interrumpiendo al
+orador.
+
+--Es Abd-el-Gewar, el santo faquí, dijeron algunas voces.
+
+Todos se levantaron y saludaron á Abd-el-Gewar.
+
+Cuando se hubo restablecido el órden, momentáneamente turbado por la
+aparicion del anciano faquí y de Yaye, preguntó el xeque que parecia
+presidir aquella reunion revolucionaria:
+
+--¿Y quién es ese capitan que nos traes, Abd-el-Gewar?
+
+--Ese capitan es el jóven que me acompaña.
+
+--¡Cómo! ¿y á un jóven casi imberbe, dijo con desden el orador que habia
+sido interrumpido por Abd-el-Gewar, casi á un niño, hemos de entregar la
+suerte del reino?
+
+--¿Y qué diriais, exclamó Yaye, adelantando con altivez al centro del
+espacio determinado por los escaños y por la mesa, qué diriais, si ese
+niño imberbe os dejase abandonados á vosotros mismos?
+
+--¡Soberbia ayuda la tuya, rapaz! exclamó con desprecio el orador.
+
+--¡El reino de Granada es mio, como son mias las Alpujarras! exclamó con
+una cólera mal contenida Yaye: y todos vosotros no sois mas que mis
+vasallos, mis siervos naturales, que debeis escuchar de rodillas la
+expresion de mi voluntad.
+
+--¿Quién eres tú que asi te atreves á insultarnos? exclamó con cólera el
+Homaidi, feroz anciano que presidia la reunion, que dejó la mesa y se
+vino furioso hácia Yaye.
+
+El jóven le asió con una mano de hierro, le doblegó y exclamó con acento
+vibrante:
+
+--¡De rodillas, esclavo, ante el emir de los monfíes!
+
+--¡El emir de los monfíes! exclamaron absortos todos los circunstantes.
+
+--Sí: el emir de los monfíes, el magnífico Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar,
+dijo Abd-el-Gewar, gozoso al ver que Yaye á pesar de su educacion medio
+castellana, poseia el terrible y altivo arranque, la mirada omnipotente
+y la terrible altivez de los déspotas musulmanes; sí, el emir de los
+monfíes es el que teneis delante.
+
+--¡La prueba! exclamaron en coro muchos de aquellos hombres, mientras
+los demás miraban con recelo á Yaye y á Abd-el-Gewar; ¡la prueba de que
+ese mancebo es el emir!
+
+--¿Acaso Homaidi, ayer en las Alpujarras de donde acabas de venir, no te
+dijo el poderoso, el valiente Yuzuf, que habia hecho renuncia de su
+corona y de su dignidad en su hijo Sidy-Yaye?
+
+--Es verdad.
+
+--¿No os he dicho yo muchas veces cuando me preguntábais si era mi hijo
+ese mancebo, que su padre era un noble y poderoso señor?
+
+--Sí.
+
+--Pues bien, he ahí que el padre de este noble mancebo es Yuzuf
+Al-Hhamar, el emir de las Alpujarras.
+
+Desvanecida la duda, porque nadie podia dudar de veracidad de las
+palabras del anciano faquí, notóse un cambio completo en la disposicion
+de los xeques respecto á Yaye: sin embargo, el Homaidi se atrevió á
+decir:
+
+--El emir de las Alpujarras no es el rey de Granada: bien lo sabeis: los
+xeques del Albaicin habian elegido por su señor á don Diego de Válor,
+segun le llaman los cristianos, á Yuzef-Aben-Humeya, segun le llamamos
+nosotros.
+
+--¡Si! dijo con desprecio Yaye, ¡al miserable cobarde que doblegaba la
+cabeza ante el cristiano, y aceptaba mercedes de sus reyes, mientras los
+monfíes vivian sueltos y libres merced á su valor y á una guerra
+contínua en la montaña! ¡al infame traidor que, cuando llega la hora del
+combate, vende los secretos de su pueblo y con ellos su libertad, y se
+hace prender por el capitan general de Granada para encubrir su
+traicion! vosotros lo habeis dicho: vosotros habeis acusado de ese
+delito á don Diego de Válor.
+
+--¿Y quién nos asegura de que no habeis sido vosotros, los monfíes, los
+que le habeis delatado, para que sea preso, y en su falta, acusándole de
+traidor, venís á reclamarnos la corona de Granada? dijo otro de los
+ancianos.
+
+--No necesito yo, emir de los monfíes vuestra ayuda, cuando vivís
+enervados, y envilecidos, bajo el yugo. Por el contrario vosotros no
+podreis alzaros sin que mis monfíes os ayuden. ¿De quién es el poder?
+¿De quién la fuerza?
+
+--Es verdad, dijo el Homaidi: sin tu ayuda emir, nada podemos hacer los
+de Granada. Pero una palabra no mas para que concluya esta enojosa
+disputa y podamos consagrar todo nuestro tiempo á la salud del reino.
+¿Estás dispuesto á jurar sobre este santo Koran, (y abrió un libro
+ricamente forrado que estaba sobre la mesa) que ninguna parte has tenido
+en la prision de don Diego de Válor?
+
+--Lo juro, dijo el jóven con voz segura y tendiendo una no menos segura
+mano sobre el Koran.
+
+--¿Juras que ninguna traicion has cometido contra nosotros?
+
+--Lo juro.
+
+--Pues bien, te creemos bajo tu juramento. Ahora, amigos, añadió
+volviéndose á los demás xeques; ¿admitimos por nuestro capitan al emir?
+
+--Si, dijeron á una voz todos.
+
+--En cuanto á lo de ser rey de Granada, Muley Yaye, continuó el Homaidi,
+primero es triunfar de los cristianos.
+
+--Triunfaremos, dijo con gran aliento Yaye.
+
+--Despues, continuó el Homaidi, el reino te elegirá ó no por su rey.
+
+--El califa es el vencedor, dijo Yaye apoyándose en una prescripcion del
+Koran, y yo que venceré al cristiano, venceré tambien al que quiera
+disputarme la corona.
+
+--Eres valiente á pesar de tus pocos años, emir, dijo otro de los
+ancianos, y si Dios pone la victoria en tus manos serás un esclarecido
+rey.
+
+--¿Con cuanta gente de armas contamos en Granada? dijo Yaye entrando de
+lleno en sus funciones de capitan de la empresa.
+
+--Con cuatro mil.
+
+--¿Todos fuertes?
+
+--Todos valientes y experimentados.
+
+--¿Tienen armas?
+
+--Sí.
+
+--¿Dinero?
+
+--Sí.
+
+--¿Están ordenados en taifas?
+
+--A una señal de las dulzainas y de las atakebiras; cada cual irá á
+reunirse al lugar que le está señalado.
+
+--¿Quienes son sus capitanes?
+
+--Yo, y yo, y yo, dijeron algunos ancianos.
+
+--Pues, bien; id á avisar á vuestra gente que estén dispuestos para
+mañana á la noche á la primera señal: tú Homaidi, y tú Abd-el-Gewar,
+permaneced conmigo.
+
+Los xeques salieron y se quedaron solos con Yaye los otros dos ancianos.
+
+Agrupáronse alrededor de la mesa y se pusieron á tratar de los
+preparativos en la insurreccion.
+
+
+
+
+CAPITULO XXII.
+
+Del tristísimo y horrible encuentro que tuvo un caballero al entrar en
+Granada.
+
+
+Al dia siguiente, como á las doce de la mañana, atravesaba por el lugar
+de Alfargue, próximo á Granada, un caballero como de sesenta anos,
+ginete en una mula y defendiéndose del sol, que picaba demasiado, con
+una ancha sombrilla. A su lado izquierdo cabalgaba un escudero viejo,
+ginete tambien en una mula, y detrás, caballeros en rocines, iban como
+una docena de lacayos jóvenes y robustos, armados á la gineta.
+
+Dos de estos lacayos llevaban del diestro dos caballos fuertes
+enjaezados de guerra, sobre el caparazon de acero de cada uno de los
+cuales, iba una armadura, y otro lacayo llevaba, asimismo del diestro,
+una acémila cargada con dos grandes cofres.
+
+El que parecia señor de toda esta gente, el caballero de los sesenta
+años, era un hombre flaco; pero nervudo, de grandes y severos ojos
+negros, en cuyo foco se notaba un disgusto sombrío, de mejillas pálidas,
+de barba gris, entera; pero convenientemente recortada, y con los
+cabellos canos y muy cortos. Vestía un sayo negro de raja de Florencia
+sencillo y sin cuchilladas, unos gregüescos de lo mismo, gorguera de
+cambray rizada, gorra negra de terciopelo con joyel de diamantes, y una
+pequeña pluma blanca, calzas atacadas de grana, y botas altas de gamuza:
+sus armas eran una espada larga de gabilanes, una daga no muy corta con
+guardamano, y dos pedreñales en sus fundas en el arzon delantero.
+
+Por último, pendiente de un cordon de seda negro llevaba sobre el pecho
+una placa de oro, en que se veia esmaltada la cruz de Santiago.
+
+Este hombre, por su aspecto, por lo altivo y dominador de su mirada, por
+su trage, por la condecoracion que resplandecia sobre su pecho y por su
+numerosa servidumbre, demostraba que era un señor y un señor de los
+grandes de aquellos tiempos.
+
+El escudero que le acompañaba, vendria á tener sobre poco mas ó menos su
+misma edad; tenia trazas por su continente y por su trage de hidalgo, y
+por su desembarazo á caballo y por cierto sabor militar, de haber sido
+en sus tiempos un buen soldado, y que era un buen servidor lo demostraba
+la solicitud con que de tiempo en tiempo miraba á su amo, como si se
+hubiera tratado de un enfermo.
+
+Los lacayos eran tambien, al parecer, buenos soldados: llevaban
+sombreros grises con plumas rojas, coseletes de hierro muy limpios,
+coletos de ante, calzas azules, botas altas, espada, daga, lanza y un
+largo arcabuz á la derecha de la silla.
+
+Guardaban un profundo silencio, por respeto sin duda á su amo, y no
+caminaban tan deprisa como hubieran querido, porque descendian á la
+sazon por una cuesta bastante empinada.
+
+Notó el caballero la lentitud de sus servidores, mas no la cuesta, y se
+volvió displicente á su escudero.
+
+--Saez, haz caminar mas deprisa á esos bergantes. ¿No sabes que el
+capitan general nos necesita en Granada esta tarde?
+
+--Aun no son las doce, señor, dijo Saez sacando del bolsillo un reloj de
+plata voluminoso y semi esférico; hemos salido de Guádix al amanecer y
+ya estamos á media legua de Granada.
+
+--Si, pero ahora amanece á las tres de la mañana, dijo el caballero.
+
+--No por eso hemos dejado de hacer una muy buena jornada: si los lacayos
+no caminan mas aprisa, mire vuecelencia cuán agria es la cuesta por do
+vamos.
+
+--Mas agrias cuestas he bajado harto de prisa, dijo suspirando
+roncamente el señor excelentísimo.
+
+--Por lo mismo, señor, y porque vuecelencia ha experimentado grandes
+desgracias, deberia reposar, cuando ya ha probado suficientemente á su
+magestad que sabe verter como noble la sangre en su servicio. ¿Qué
+importa á vuecelencia que los moriscos se subleven ó no?
+
+--Me estas irritando, Gabriel, dijo el noble: ya sabes que no gusto de
+que me contrarien. ¿Qué me importa que se subleven los moriscos? allí
+donde se levante un rebelde al rey, allí está mi odio. ¡Los vencidos
+rebeldes! ¡ah! ¡daria toda mi sangre con tal de que me dejasen beber
+toda la sangre de los vasallos rebeldes al rey de España! ¡Infames!
+¡Bandidos!
+
+--Sea en buen hora, dijo el rebelde Gabriel Saez. Pero los moriscos no
+han hecho ningun daño á vuecelencia.
+
+--No hablemos mas de esto. Estoy solo en el mundo, sin parientes, sin
+tener al lado mas que afectos interesados.
+
+--¡Señor! exclamó con acento de respetuosa reconvencion Saez.
+
+--No hablo por tí; pero ello es el caso que todo lo he perdido: estoy
+harto ya de oir resonar mis pisadas huecas en los desiertos salones de
+mi palacio de Guádix; de cazar en mis tierras sin llevar al lado mas que
+hidalguillos de gotera, y de aburrirme las largas noches de invierno.
+
+--Ya he aconsejado á vuecelencia que viva en la córte.
+
+--¡En la córte yo! ¡para irritarme entre la turba palaciega de
+extranjeros y de nobles degradados en su mayor parte que rodean el trono
+del emperador Don Cárlos! ¿qué habia yo de hacer en la córte? No, no;
+necesito algo que me saque de mi inaccion, algo que me ponga algun
+tiempo en actividad, que me distraiga, sin irritarme: la guerra ¡vive
+Dios! la guerra que tratándose de los moriscos será larga y peligrosa,
+porque esos perros, ya te lo he dicho otras veces, son muchos, valientes
+y tenaces. Y luego, si en la guerra me encuentran en buen sitio una
+pelota de arcabuz, una lanza ó una saeta, mejor, tanto mejor... así
+acabaré de sufrir.
+
+Guardó silencio aquel extraño personaje y el escudero no se atrevió á
+sostener por mas tiempo la conversacion, temeroso de que su amo se
+irritase.
+
+Habíase hecho menos agria la cuesta, los caballos caminaban mas
+desembarazadamente, y en poco espacio llegaron á la puerta de Fajalauza
+y entraron en Granada por la parte alta del Albaicin.
+
+Inmediatamente despues de la citada puerta, hay una calle recta, cuyo
+nombre no recordamos, que entre feas casucas, desemboca junto á la
+iglesia de San Gregorio el Alto.
+
+Por aquella calle tomaron el noble señor, su escudero y sus lacayos.
+
+Por aquel punto parecia Granada una ciudad desierta. Todas las puertas
+estaban cerradas y no se veia un alma viviente. Pero cuando la cabalgata
+dobló el ángulo de la iglesia fue distinto. Una multitud de gentes que
+se empinaban para mirar á un centro comun, se agolpaban en la puerta de
+la iglesia.
+
+--¿Que es eso Saez? ¿qué miran esos galopos? dijo el caballero.
+
+--Lo ignoro, señor.
+
+--¡Que lo ignoras! ¡que lo ignoras! no te he preguntado para que me
+respondas que lo ignoras, si no para que veas lo que es.
+
+Acercó la mula el escudero, y miró cómodamente por encima de la
+multitud lo que la multitud miraba, mientras que su señor, no queriendo
+ponerse en contacto con la plebe, se mantenia á una distancia medida por
+el orgullo.
+
+Lo que llamaba la atencion general, eran dos atahudes que se veian en la
+puerta de la iglesia en posicion vertical apoyados contra la pared, ó
+por mejor decir, los dos cadáveres que ocupaban los atahudes. Ya sabemos
+cuáles eran aquellos cadáveres. El de doña Inés de Cárdenas habia sido
+amortajado con un hábito. La infeliz, mas que muerta parecia dormida, y
+á pesar de la demacracion que habia operado en ella la tisis, la muerte
+la habia vuelto toda su hermosura, hermosura sobre la que flotaba una
+niebla fantástica, una expresion de sufrimiento profundo; pero tranquilo
+y resignado; la amortajadora habia querido peinar sin duda sus cabellos
+negros y aun abundantes; pero solo habia podido peinar los del lado
+derecho, porque el rizo izquierdo habia sido cortado enteramente y casi
+á raiz. Una cruz negra se veia entre las manos del cadáver, cuya
+blancura, aumentada por la palidez de la muerte, alcanzaba á la diáfana
+blancura del alabastro, y en su semblante se notaba de una manera
+indudable eso que se llama distincion de raza.
+
+En cuanto al capitan era distinto: vestia su uniforme acostumbrado;
+tenia puesta aun su pata de palo, y cogida la vacía manga izquierda de
+su jubon á un herrete de su coleto: tenia horriblemente ensangrentado
+este coleto sobre el pecho; la muerte habia dado un color lívido á su
+semblante moreno y hosco; su ancha cicatriz se habia hecho repugnante, y
+á través de sus labios entreabiertos, que tenian la expresion de una
+horrorosa blasfemia, se veian sus dientes apretados y manchados con una
+espuma sanguinolenta.
+
+Tanto se detuvo Gabriel Saez en la contemplacion nada grata por cierto
+de los dos cadáveres, que su señor hubo de llamarle: pero Saez no le
+oyó: repitió el incógnito personaje una, dos y tres veces su
+llamamiento, y tampoco le oyó. Entonces uno de los lacayos creyó que
+debia tomar cartas en el negocio en servicio de su amo, y le dijo
+acercándose á él y tocándole en el hombro:
+
+--Señor Gabriel, su escelencia os llama.
+
+--¡Eh! dejadme, exclamó volviéndose todo hosco al lacayo.
+
+Lo que habia pasado en el semblante y en todo el ser del escudero apenas
+vió los cadáveres, habia sido singular.
+
+Primero sus ojos tomaron una expresion de sorpresa, despues de espanto,
+luego se puso tan pálido como los dos cadáveres y se extremeció todo.
+
+--¡Oh! ¡no no puede ser! murmuró: seria horrible: ¡doña Inés mi señora y
+el capitan Alvaro de Sedeño! le conozco, sí, le conozco; á pesar de esa
+pata de palo, de esa manga sin brazo, de esa cicatriz que le cruza el
+rostro. Sí, sí, es necesario creerlo, á menos que el diablo se esté
+burlando de mí; esa es doña Inés: mas vieja... ¡ya se vé! han pasado
+veinte años... mas flaca... pero es ella, si, yo veo en ese cadáver á la
+hermosa niña de quince años que era la alegría de la casa: y él... él...
+sí, es la misma expresion dura, amenazadora de aquel maldito capitan en
+quien mi señor se habia empeñado en ver un valiente hidalgo y un hombre
+de bien: valiente si, hidalgo pase, ¡pero hombre de bien...! ¿y cómo es
+que están aquí juntos... juntos y muertos, cuando no se conocieron, al
+menos en la casa de mi señor?
+
+El escudero necesitó salir de dudas acerca de este último punto, y creyó
+que nadie le podia sacar de ellas, mejor que un alguacil que por órden
+superior estaba de guarda junto á los cadáveres.
+
+Inclinóse, pues, sobre el arzon, y dijo de manera que pudiera ser oido,
+á pesar de las múltiples conversaciones de los curiosos.
+
+--¡Eh! ¡señor ministro! ¡señor ministro! ¿tiene vuesamerced la dignacion
+de escuchar una palabra?
+
+Gabriel Saez estaba, segun las muestras, muy bien criado y trataba con
+mucha consideracion á las gentes de justicia.
+
+Volvióse el alguacil, que era un hombrecillo rechoncho, de semblante
+mofletudo y alegre, y ojillos vivaces y maliciosos, y al ver que quien
+le llamaba era un escudero de buena cara, que olia de cien leguas á
+hidalgo, no tuvo inconveniente en acercarse, pasando por entre los
+curiosos, y asiéndose al arzon, dijo con semblante propicio:
+
+--Puede vuesamerced preguntarle lo que quisiese.
+
+--Gracias, señor ministro. Ahora, bien, ¿para que tienen ahí á esos dos
+difuntos?
+
+--Están expuestos para ver si hay alguien que los conozca.
+
+--¡Qué! ¿nadie los conoce?
+
+--Es toda una historia, dijo misteriosamente el corchete; y relató ce
+por be y pesadamente al escudero todo el encuentro que habia tenido la
+justicia con los dos difuntos en la casa del capitan.
+
+--Preguntóse en el vecindario acerca del nombre de la persona que vivia
+en aquella casa, prosiguió el alguacil, y nadie supo decir si no que era
+un capitan estropeado. Eso ya se veia, y bien estropeado por cierto. En
+cuanto á la mujer, nada, ni pizca; nadie sabia ni aun siquiera que
+viviese en tal casa una mujer.
+
+--¿Pero la justicia no ha encontrado en esa casa papeles, prendas?...
+
+--Ya se ve que ha encontrado... pero... hay cosas que no se pueden
+decir.
+
+--Todo puede decirse cuando se da con una persona discreta y agradecida.
+
+Y Gabriel, que antes de llamar al corchete habia metido una mano en su
+bolsillo á todo evento, la sacó conteniendo un doblon de á ocho, que con
+gran disimulo y sin que nadie pudiese notarlo introdujo en la mano que
+el alguacil tenia asida al arzon; lo que demuestra, que, si bien el
+escudero trataba con buenos modos á las gentes de justicia, sabia que
+esta clase de gentes no se ofende de que pretendan comprarles un secreto
+con tal de que lo paguen bien.
+
+Entreabrió un tanto con disimulo la mano el corchete, miró rápidamente y
+de soslayo el doblon, y al darle en los ojos el brillo del oro, se
+dulcificó aun mas y guiñando maliciosamente un ojo, dijo á Gabriel.
+
+--Ciertamente que sois un honrado hidalgo, á quien no se puede negar
+nada; pero inclinad un poco mas la cabeza á fin de que nadie nos oiga y
+prometedme que guardareis secreto.
+
+--Pues ya se ve, y callaré mas que un muerto.
+
+--Pues señor, habeis de saber que el señor Andrés Zorcillo, escribano
+que ha andado en estas diligencias es todo un hombre de pro, que visita
+mucho mi casa, y dice que mi mujer, que es una moza alpujarreña, garrida
+donde las hay, es la mujer mas honrada del mundo, y en tanta estima nos
+tiene á mi mujer y á mí, que no nos guarda secretos. Bien es verdad que
+nosotros no vendemos ni uno solo de sus secretos ni por un ojo de la
+cara. Pues, bien, el señor Andrés Zorcillo me ha dicho, que nada menos
+que el capitan general ha declarado que el muerto era el capitan de
+infanteria española Alvaro de Sedeño.
+
+--Bien, bien, dijo impaciente Saez; pero la dama...
+
+--¿Qué dama?...
+
+--La difunta.
+
+Miró rápida; pero profundamente el corchete al escudero, y contestó.
+
+--Estais equivocado; la difunta no es dama: es una mejicana que era
+esclava del capitan, y que segun lo que han declarado los médicos que
+han reconocido el cuerpo, ha muerto de una enfermedad de pecho.
+
+--¿Y por dónde sabeis que la difunta era una esclava mejicana? preguntó
+con interés Saez.
+
+--¿Cómo? por unos papeles que se encontraron en la casa del capitan en
+un armario, por los que se ha venido en conocimiento, de que el capitan
+era un perro monfí, un morisco traidor, que vendia al rey y que tenia
+consigo dos esclavas: la difunta, y otra...
+
+--¿Y esa otra esclava? exclamó con anhelo Saez.
+
+--Se espera saber donde para, porque se ha dado con el hombre que mató
+al capitan.
+
+--¿Y quién es ese hombre?
+
+--Un mejicano rebelde: uno de esos perros idólatras de Nueva España, que
+acometen las villas españolas, roban las doncellas y los niños y despues
+de hacer mil atrocidades con ellos, se los comen crudos.
+
+--¡Ella esclava del capitan! murmuró de una manera ininteligible Saez,
+¡otra esclava que ha desaparecido, y un indio mejicano que ha dado
+muerte en su propia casa á Sedeño...! ¡Oh! ¡oh! Y decidme señor
+ministro, ¿cómo se ha averiguado que ese idólatra ha muerto al capitan?
+
+[imagen: ¿Para qué tienen ahí á esos dos difuntos?]
+
+--¡Ah! para la justicia no hay nada oculto, señor escudero: figuraos que
+el señor capitan general tenia indicios de que un platero aleman de la
+plaza de Bibarrambla, andaba en tratos de rebelion con los moriscos, y
+supo les daba dinero á mano: que ademas, en la casa de este aleman vivia
+un mejicano que andaba tambien en la rebelion: el capitan general mandó
+prenderlos, y cuando los registraron en la cárcel para ver si tenian
+algun arma oculta, segun es costumbre y ley, y... mirad... ¿no reparais
+en que falta á la difunta el rizo del lado izquierdo, como si dijéramos,
+de la parte del corazon?
+
+--Si, si que lo veo.
+
+--Pues bien, ese rizo se encontró sobre el mejicano, envuelto en un
+pedazo como de tela de sábana que estaba cortado al parecer con un
+puñal: comprobados el rizo y el paño, se halló que era indudablemente el
+rizo aquel el que se habia cortado á la difunta, y el paño... el paño
+faltaba de las sábanas de la cama donde se encontró el cadáver, y
+comprobado, venia bien, perfectamente bien por todas sus cortaduras, con
+la falta que habia quedado en la sábana.
+
+Cuando el alguacil llegaba á este punto de su revelacion fue cuando
+impacientado ya, y con sobrada razon, el desconocido, de la tardanza de
+Gabriel, le llamó, y cuando el lacayo le avisó de que su señor le
+llamaba.
+
+--¿Dónde vivís, señor ministro? dijo Gabriel cuando, segun hemos dicho,
+hubo despedido bruscamente al lacayo.
+
+--Vivo en la Calderería Vieja, para lo que gusteis mandar, dijo el
+alguacil, al lado de la carnicería, preguntad por Picote, y todo el
+mundo os dará razon.
+
+--Pues bien, iré á veros esta noche, y á Dios que mi señor se
+impacienta.
+
+Revolvió Gabriel su mula, y de nuevo se puso pálido y tembló; pero mas
+profundamente que la vez primera: impacientado el incógnito de la
+pesadez de su escudero, habia ido á avisarle por sí mismo; al acercarse,
+dominando, por razon de la altura de su mula, el círculo de curiosos que
+rodeaban á los dos cadáveres, su vista habia chocado con el de doña
+Inés.
+
+El desconocido lanzó un grito horrible, en el momento en que Gabriel
+Saez se volvia, y se extremecia al ver la expresion atónita, fascinada,
+mortal con que su amo miraba el cadáver: luego, el incógnito, y antes de
+que Saez pudiera dirigirle una sola palabra, extendió los brazos hácia
+el cadáver, y gritó con un acento desgarrador, inmenso, como si se
+hubiese exhalado toda su vida en aquel grito supremo:
+
+--¡Hija de mi alma!
+
+Y cayó inerte de lo alto de la mula al suelo, sin que nadie pudiera
+valerle.
+
+Aquel incidente lúgubre, dramático, en todo su horror, aterró á los
+circunstantes, que en union del leal Gabriel, que se tiró mas que se
+apeó de su mula y los lacayos, que asimismo se arrojaron de sus
+caballos, corrieron á socorrerle: el interés era general; hasta el mismo
+alguacil Picote se conmovió: el incógnito, segun dijo un médico que se
+apareció como llovido, no estaba muerto sino peligrosamente accidentado,
+y fue conducido á una casa inmediata que se le abrió francamente,
+probando una vez mas la característica caridad española; la curiosidad
+pública, cambiando de objeto, se apartó de los cadáveres para volverse á
+aquella casa, á la que no tardó en acudir la justicia, que siempre se
+mezcla por España á todo: un cuarto de hora despues salió Gabriel
+pálido, trémulo, de la casa á donde habia sido conducido su señor, y,
+acompañado de un alcalde y de un escribano, adelantó hácia los cadáveres
+á los que rodeaba un nuevo círculo de curiosos.
+
+Rompieron por medio de ellos el escudero, el alcalde, el escribano y el
+alguacil Picote, y Gabriel, con las lágrimas en los ojos, dijo con voz
+conmovida, pero que todos pudieron oir:
+
+--Habeis puesto esos cadáveres á la vista de todo el mundo para que
+declare quienes fueron, quien los conozca, pues bien, yo declaro que
+este cadáver es el de mi noble ama la excelentísima señora doña Inés de
+Cárdenas, hija única del excelentísimo señor don Juan de Cárdenas, duque
+de la Jarilla.
+
+--¿Y ese otro, preguntó el alcalde?
+
+--Ese otro, dijo con cólera Saez, es el del infame capitan de
+infantería, Alvaro de Sedeño.
+
+Gabriel no se apartó de allí hasta que dejó depositado en una capilla de
+la iglesia el cadáver de su señora, convenientemente alumbrado, y
+guardado por cuatro lacayos, y despues de haber enviado á otros dos en
+busca de un carpintero y de un tapicero, para que se encargasen de la
+construccion de un féretro magnífico, volvió triste y cabizbajo á la
+cabecera del lecho de su amo.
+
+
+
+
+CAPITULO XXIII.
+
+Los desfiladeros de Dar-al-Huet.
+
+
+Apenas habia cerrado la noche, cuando por la parte alta de la Alhambra,
+esto es, por la puerta de la Torre de los Siete Suelos, salieron en
+silencio algunas tropas como en número de quinientos hombres.
+
+Estas tropas estaban compuestas de trozos de tercios y compañias
+diferentes, á juzgar por sus divisas; pero aunque unos eran piqueros,
+otros ginetes, otros arcabuceros, todos iban á pié, y todos llevaban
+arcabuces. Solamente iban montados el capitan general marqués de
+Mondéjar, que mandaba la expedicion, y que iba armado con un medio arnés
+á la ligera, sus maestres de campo y sus escuderos, sirviéndole de
+escolta como hasta veinte rocines. Comprendíase que aquella gente habia
+sido reunida de pronto, para acudir á un peligro, y que no se habia
+cuidado gran cosa de la organizacion, puesto que marchaban revueltos,
+detrás de los caballos que constituian la guardia del capitan general.
+
+Los moriscos habian pensado bien cuando habian dicho, que aunque el
+marqués de Mondéjar, y el presidente de la Chancillería y el corregidor,
+tuviesen noticias del levantamiento preparado, les era imposible reunir
+gente bastante para contrarrestarles en el término de un dia.
+
+Verdad es que muchos caballeros é hidalgos de los alrededores habian
+acudido, como el duque de la Jarilla, al llamamiento del capitan
+general, con la gente que habian podido reunir; pero toda esta gente
+llegaba á penas á doscientos hombres, en la generalidad mal montados,
+peor armados, y poco acostumbrados á la guerra.
+
+Conoció el marqués de Mondéjar que aquellas gentes mas que de socorro le
+servia de embarazo; pero para no disgustarlas las metió en la Alhambra,
+las hizo distribuir por los adarves, dejó en la fortaleza cien soldados
+viejos para servir la artillería y guardar las puertas, y otros
+cincuenta en el castillo de Bib-Ataubin, bajo las órdenes del
+corregidor, que con ellos y algunos buenos caballeros, debia procurar
+asegurar la ciudad donde á la caida de la tarde se habian notado señales
+de movimiento, particularmente en el Albaicin, algunas de cuyas calles
+habian sido barreadas por los moriscos.
+
+Barrear las calles queria decir en aquellos tiempos, lo mismo que hacer
+barricadas en los nuestros.
+
+Pero el mayor peligro no estaba en Granada, sino fuera de ella. Los
+monfíes eran los enemigos formidables, los que debian decidir el lance.
+Comprendiólo asi don Luis Hurtado de Mendoza, y aunque no tenia fuerzas
+bastantes para ello, se decidió á salir á cortar á los monfíes el camino
+de la ciudad, ó á morir como buen caballero en servicio del rey.
+
+Los monfíes, con arreglo á la traidora revelacion de Alvaro de Sedeño,
+debian venir sobre Granada por los atajos de la sierra y pasar por
+Dilar. El capitan general tomó por el costado de Generalife arriba, por
+una cañada del cerro del Sol y luego torció por un mal camino que guiaba
+al pueblo del Dar-al-Huet, que hoy se llama Casa-Gallinas.
+
+Marchaba la gente á gran paso y en silencio, atenta y apercibida, y una
+hora despues de la salida de la Alhambra, llegaron á unos ásperos
+desfiladeros cerca ya del lugar.
+
+En aquellos momentos llegó un adalid de los que el marqués habia enviado
+á la montaña, con la noticia de que los monfíes, en número de seis mil
+hombres se acercaban á Dilar, y que detrás de ellos y por los atajos,
+sin ser sentida, venia la compañia de arcabuceros del capitan Sedeño,
+bajo las órdenes del alférez Villasante.
+
+El lugar en que se encontraba el marqués era inmejorable para una
+emboscada y tenia, ademas, la ventaja de estar muy cerca de la Alhambra,
+á la que podian recogerse en el caso de una derrota. El marqués, buen
+capitan, práctico en la guerra y en el terreno, dividió su escasa gente
+en pelotones, que situó convenientemente entre las breñas, y él con sus
+ginetes, se situó á la salida del desfiladero á la parte de Granada en
+un pequeño valle, por medio del cual atravesaba el rio Genil.
+
+Dióse órden á todos de que guardasen el mayor silencio, y á pesar de que
+hacia una luna clarísima, nadie hubiera creido que hubiese una sola
+persona en el desfiladero: tan bien oculta y tan silenciosa estaba la
+gente.
+
+Siendo alto el lugar en que se encontraban, y dominando á Granada, oiase
+perfectamente desde allí ese álito de vida que se desprende de una gran
+poblacion, antes de entregarse al descanso sus moradores y que tan bien
+se percibe, desde los silenciosos campos; oíase el reló de la iglesia de
+Santa María de la Alhambra á lo lejos y casi perdido; pero la campana de
+la torre de la Vela callaba, señal clara de que no habian lanzado aun el
+grito de insurreccion los moriscos del Albaicin, en cuyo caso se hubiera
+oido tocar á rebato aquella campana, y el estampido del cañon de la
+Alhambra.
+
+Pasó una hora, y se oyó tocar á animas todas las campanas de las
+numerosas parroquias, conventos y cofradías de la ciudad, y sin embargo,
+pasó aun largo espacio sin que una sola persona atravesára el silencioso
+desfiladero; continuaba el silencio de una manera profunda y solo de
+tiempo en tiempo se oia el relincho de un caballo que nadie podia
+evitar, y el solitario ladrido de los perros campestres.
+
+El marqués de Mondéjar llegó á creer, y su suposicion era muy posible,
+que los exploradores de los monfíes se habian apercibido de la ocupacion
+del desfiladero, y que los enemigos, variando de direccion, habrian
+tomado otro camino para llegar á Granada.
+
+En este caso la ciudad estaba perdida, y no quedaba otro medio al
+marqués que correr á la Alhambra en el momento que la campana de la Vela
+y el cañon de la Alcazaba diesen la señal de alarma.
+
+Pero si los monfíes entraban en Granada nada podia la Alhambra con la
+escasa gente que la guarnecia. El marqués, pues, estaba en un estado de
+ansiedad terrible.
+
+Pero de improviso se escucharon pisadas sordas de algunos hombres en el
+desfiladero, y despues una banda de monfíes, exploradores sin duda,
+pasaron á buen andar, con las ballestas armadas, por delante de las
+breñas, entre las cuales se ocultaban el marqués y sus ginetes.
+
+Los monfíes de detuvieron cuando estuvieron fuera del desfiladero y
+lanzaron al aire por tres veces el sonido ronco y poderoso de una
+bocina, despues de lo cual pasaron adelante.
+
+Aquel triple toque de bocina debia ser una señal de los exploradores
+para avisar al grueso de los monfíes que el desfiladero estaba franco y
+seguro.
+
+Por fortuna, mientras duró la parada de los exploradores, no relinchó un
+solo caballo, ni se escapó un tiro de un soldado imprudente. Poco
+despues se oyó rumor de mucha gente que se acercaba descuidada y como si
+no temiese ningun peligro.
+
+La órden que tenian los capitanes y cabos puestos por el marqués á la
+cabeza de cada uno de los pelotones emboscados, era de que no se hiciese
+fuego hasta que los monfíes estuviesen extendidos en el desfiladero,
+despues de lo cual era fácil atacarlos y revolverlos.
+
+Asi es, que tuvieron lugar los primeros de los monfíes de llegar al
+sitio donde estaba emboscado el marqués, antes de que se disparase un
+solo tiro; pero en el momento en que los primeros iban á desembocar en
+el valle, el mismo capitan general sacó de su arzon un pistolete y le
+disparó. Inmediatamente, de entre todas las breñas cayeron nutridas
+descargas de arcabucería sobre los monfíes, que sorprendidos, aterrados
+en el primer momento, se revolvieron, mientras el capitan general,
+saliendo de su acechadero á la cabeza de su pequeño escuadron, se
+lanzaba sobre ellos gritando:
+
+--¡Por el rey! ¡Santiago y cierra España!
+
+A aquel grito de guerra tan antiguo y tan entusiasta para los españoles,
+los ginetes se arrojaron con un ardor increible sobre los monfíes que
+estaban á la entrada del valle, y que, aterrados, dominados por la
+sorpresa, retrocedieron huyendo ante los caballos, hácia el interior del
+desfiladero.
+
+El desórden de los monfíes era ya irremediable: en vano el valiente
+Yuzuf, que ginete en un caballo blanco, se revolvia entre ellos, les
+gritaba que los cristianos eran pocos, que bastaba el que se rehiciesen
+y penetrasen en las breñas, para que fuesen vencidos; en vano los mas
+valientes de los walíes, procuraban llevar á sus taifas á los lugares de
+donde salia el fuego siempre sostenido de los soldados: arremolinábanse
+los monfíes, apretábanse, y las balas que silbaban entre ellos, los
+tendian á centenares, mientras el marqués de Mondéjar y sus ginetes se
+ensangrentaban á mansalva en aquella multitud dominada por un terror
+pánico.
+
+Yuzuf tenia noticias exactas de la gente con que podia contar el marqués
+de Mondéjar, y despreciándola por poca, no creyendo que se atreviese á
+salir al campo, habia descuidado precauciones, que sin duda le hubiesen
+ahorrado aquel fracaso, motivado por el terror de los monfíes, ante un
+ataque invisible é inesperado; terror que nada tenia de extraño, porque
+cada uno de los monfíes creia tener sobre sí un ejército.
+
+Yuzuf era uno de esos valientes á quienes las dificultades y el peligro
+irritan, y volviéndose á los que le rodeaban y alzándose sobre los
+estribos exclamó:
+
+--¡Ah! ¡de mis walíes! ¡á mí! ¡á mí todo el que quiera morir con honra!
+¿Sereis tan cobardes que os dejareis matar por un puñado de perros
+cristianos ocultos entre las breñas?
+
+Un centenar de hombres se agruparon alrededor de Yuzuf, que envistió con
+ellos al escuadron del marqués. Pero de repente Yuzuf vaciló en su
+caballo y cayó; una bala le habia herido en la cabeza.
+
+Sus walíes se arrojaron sobre él, y le recogieron: oyéronse gritos
+desesperados y una voz robusta que gritó:
+
+--¡El valiente Yuzuf, el magnífico emir, ha sido herido! ¡salvemos al
+emir!
+
+Y aquella voz corrió de boca en boca á lo largo del desfiladero.
+
+Por uno de esos misterios incomprensibles del corazon humano, los mismos
+á quienes el terror dominaba, se rehicieron ante el peligro del emir; lo
+que no habian podido hacer las exhortaciones y los esfuerzos de los
+walíes, lo hizo cada monfí por sí mismo; se arrojaron á las breñas
+sufriendo el fuego de la mosquetería, y muy pronto los soldados del
+marqués se vieron desalojados de sus posiciones, dispersados y
+replegados al valle.
+
+El capitan general seguia batiéndose al frente de su pequeño escuadron;
+pero cuando vió que el fuego de mosquetería se habia apagado, que solo
+resonaba acá y allá algun tiro perdido entre las breñas, y escuchó los
+alaridos de triunfo de los monfíes, conoció que todo estaba perdido y
+mandó á sus trompetas que tocasen á recogerse.
+
+Muy pronto la gente del marqués formada en buen órden, colocada delante
+de la caballería, empezó á retirarse, dando siempre el rostro al
+enemigo, y arrojando sobre él el fuego de su arcabucería; pero todo
+parecia inútil; los monfíes empezaban á flanquear la montaña, amenazando
+cortar á los cristianos, lo que, atendido su número, no les hubiese sido
+difícil, cuando se oyó sobre los mismos flancos fuego de mosquetería.
+
+Los que producian aquel fuego en las alturas no podian ser otros que la
+compañía de arcabuceros de Alvaro de Sedeño.
+
+Ignorando los monfíes el número de gente que venia en auxilio de los
+castellanos, tocaron tambien á recoger. El capitan general, que sabia lo
+escaso del socorro que le habia venido, tocó á recoger de nuevo,
+incorporósele la compañía de Alvaro de Sedeño y siguió en buen órden su
+retirada hácia la ciudad.
+
+Los monfíes quedaron ocupando el desfiladero, mientras sus walíes
+estaban en consejo.
+
+--El valiente Yuzuf está gravemente herido; dijo uno de ellos: ¿qué
+debemos hacer, hermanos?
+
+--Recoger nuestros muertos y nuestros heridos, y volvernos á la montaña,
+dijeron algunos.
+
+--¿Pero y los de Granada?
+
+--Que se compongan como puedan.
+
+--Lo primero es nuestro emir.
+
+--¡A la montaña! ¡á la montaña!
+
+Poco despues toda aquella gente se volvia á las Alpujarras, llevando
+consigo sus muertos y sus heridos, para que los cristianos no pudieran
+gozarse con la vista de ellos.
+
+Yuzuf, perdido el conocimiento, era conducido en un lecho de campaña.
+
+La bala de un soldado desconocido habia salvado á Granada.
+
+Sobre el desfiladero habian quedado los cadáveres de algunos soldados
+castellanos, muertos en la pelea, y los de algunos heridos que,
+abandonados, habian sido rematados por los monfíes.
+
+
+
+
+CAPITULO XXIV.
+
+De cómo, á causa del levantamiento del Albaicin, cometió Yaye su primera
+infamia.
+
+
+Entre tanto el capitan general se habia recogido en silencio á la
+Alhambra, entrando en ella secretamente por la puerta de Hierro.
+
+Dióse órden de que no se dejase salir á nadie de la fortaleza para que
+no se supiese en Granada el mal resultado de la expedicion, y el marqués
+de Mondéjar, asomado á un agímez de la torre de Comares, con la vista
+fija en el Albaicin, esperaba con ansiedad ver brotar la primera chispa
+de insurreccion.
+
+Veamos ahora lo que acontecia en el Albaicin.
+
+Conócese por Albaicin en Granada un barrio alto extenso y populoso, que
+se extiende por una parte á lo largo y por cima de la calle de Elvira,
+mas allá del Zenete, que corre á lo largo de dicha calle, y por otra
+parte, por cima de la calle de San Juan de los Reyes, extendiendose
+hasta la cerca del obispo don Gonzalo, que orla la cresta de un cerro,
+donde ahora está situado San Miguel el Alto, desde el rio Darro hasta
+mas abajo la iglesia de San Cristóval.
+
+Este barrio tiene dentro de sí una fortaleza que se llama la Alcazaba
+Cadima, y un número considerable de parroquias, capillas y conventos de
+frailes y monjas.
+
+En aquel tiempo el Albaicin tenia mas alumbrado de noche que el que
+tiene en la actualidad, á pesar del gas y de la civilizacion. Esto
+consistia en que hoy no tiene absolutamente alumbrado público, y en
+aquellos tiempos la devocion de los vecinos sostenia en la esquina de
+cada calle, en el ángulo de cada plaza, una lampara encendida, delante
+de una imágen, de una cruz ó de un ecce-homo, colocados dentro de un
+nicho, ó simplemente clavados á la pared bajo un tejadillo de tablas.
+
+Habia, ademas, los faroles en las cruzes de piedra, colocadas delante de
+las puertas de iglesias, conventos, cofradías, ermitas, capillas y
+cementerios, y lo que tambien era un alumbrado, aunque ambulante: las
+linternas de los alguaciles de las rondas.
+
+Puede asegurarse, pues, que el Albaicin estaba mucho mas seguro,
+alumbrado y acompañado de noche en el siglo XVI que en nuestros dias.
+
+Es cierto que ahora solo de tiempo en tiempo se da alguna cobarde
+puñalada en sus oscuras calles ó se roba alguna capa vieja, y que en
+aquel tiempo era un acontecimiento casi diario, encontrar dentro de la
+jurisdiccion murada del Albaicin algun hombre muerto á estocadas.
+
+Tambien es verdad que aquello era mas noble y mas romancesco; que si
+ahora, al encontrarse un hombre muerto violentamente en aquel barrio, se
+piensa en alguna miserable riña de taberna, entonces al ver un hidalgo
+muerto se pensaba en alguna hermosa dama como causa de la desdicha, y la
+justicia y los que no eran la justicia se decian:--¿Quién será ella?
+
+La verdad del caso es que el Albaicin, por cualquier faz que se le
+considere, valia mucho mas en 1546 en que estaba lleno de un vecindario
+noble y rico, que en el momento en que escribimos estas líneas: al
+Albaicin de hoy solo le quedan fragmentos de torres y murallas
+ennegrecidas; restos de su antiguo esplendor; solares llenos de
+escombros que otros tiempos fueron grupos enteros de casas, y casucos
+viejos y apolillados que amenazan hundirse muy pronto. Dentro de algunos
+años el Albaicin solo será un monte cubierto de hermosos cármenes, cuyas
+cercas se habrán hecho con los viejos materiales de la poblacion muerta,
+en medio de cuyos cármenes, se sostendran en pié durante algunos años
+aun, las iglesias y las macizas casas de solar construidas despues de la
+conquista.
+
+Hace muchos años que Granada se está transformando, y perdiendo en sus
+transformaciones, y llegará un dia en que solo la queden algunos barrios
+desiertos, algunos restos de la Alhambra, con tal cual arabesco, y lo
+que nadie puede quitarla: su manto de flores y verdura, que cubrirá por
+sí mismo y sin que nadie se cuide de ello, sus ruinas.
+
+¡Pobre Granada!
+
+Hemos dicho que el Albaicin de 1546 estaba mas concurrido y mas
+alumbrado de noche que en nuestros dias; pero concretándonos á la noche
+en que acontecian los sucesos que estamos refiriendo, no habia ni una
+sola luz encendida, no sabemos si porque las habian apagado los
+moriscos, ó porque, recelosos del estado de alarma y de conmocion en que
+desde el oscurecer se habia presentado el Albaicin, no las habian
+encendido los vecinos.
+
+Hacia una luna muy clara; pero tambien es cierto que como las calles del
+Albaicin, poblacion originariamente mora, eran estrechísimas y los
+aleros de las casas se cruzaban, superponiéndose en la mayor parte de
+ellas, estos callejas estaban en su fondo tenebrosamente oscuras.
+
+Para que nuestros lectores pudiesen apreciar lo estrecho y lo tortuoso
+de aquellas calles, era necesario que las hubiesen visto y que hubiesen
+experimentado por sí mismos, que por muchas de ellas solo puede pasar un
+hombre de frente, y que la mas ancha, apenas tiene espacio para que
+marchen dos hombres de frente á caballo.
+
+Como para desahogo y ensanche habia, sí, algunas plazas medianamente
+espaciosas, donde reflejaba á sus anchas la luna; pero en aquellas
+plazas no se veia una sola persona.
+
+Por el contrario, en el fondo de las oscuras calles se notaba una
+animacion de mal agüero; iban, venian, se detenian y hablaban entre sí,
+hombres armados; se abrian y se cerraban puertas silenciosamente, sin
+que tras ellas apareciese una sola luz: todas las calles que bajaban á
+la ciudad estaban fuertemente barreadas y guardadas por hombres armados
+de arcabuces y ballestas: las rondas, tan frecuentes otras noches, que
+era dificil recorrer tres calles sin tropezar con una, se habian
+suprimido por sí mismas, lo que prueba el admirable instinto de las
+gentes de justicia para esconderse á tiempo, en cuanto asoman los
+primeros síntomas de insurreccion popular: las casas de los moriscos
+estaban cerradas por prudencia, y las de los cristianos por miedo.
+
+En una plaza, que existia entonces entre las últimas casas de la
+parroquia de San Gregorio el Alto y las pendientes calles que poblaban
+un terreno áspero, que hoy está cubierto de nopales, á la falda del
+cerro donde se levanta la ermita de San Miguel, en dícha plaza decimos,
+donde á pesar de la claridad de la luna habia gente por no poderse ver á
+aquella plaza desde la Alhambra, por los accidentes del terreno, se
+paseaba meditabundo y pensativo Yaye-ebn-Al-Hhamar, asido del brazo del
+faquí Abd-el-Gewar, que á pesar de sus años, estaba completamente armado
+como el jóven, y, como él, con trage castellano.
+
+Divididos en grupos en la plaza, se veian como hasta cien hombres
+armados de picas y de arcabuces, y en el centro de uno de aquellos
+grupos, se levantaba un estandarte rojo de tres puntas.
+
+Se notaban una gran impaciencia y una ansiedad profunda en aquellos
+grupos: habian dado ya las ánimas y ninguna noticia se tenia de la
+aproximacion de los monfíes. La Alhambra estaba silenciosa y oscura como
+de costumbre, sin que, á pesar de la luna, se viese brillar una sola
+arma sobre los adarves, mas que las de los acostumbrados atalayas: ni se
+veia el farol de los artilleros en la batería de la torre de la Vela, ni
+en fin, indicio alguno de que la Alhambra estuviese preparada al
+combate, á pesar de que el capitan general no podia ignorar que las
+calles bajas del Albaicin estaban barreadas y los moriscos puestos en
+armas.
+
+El castillo de Torres Bermejas estaba asimismo sombrío y silencioso y
+desiertas sus baterías.
+
+Esto para los moriscos era objeto de una gran ansiedad, porque sabiendo
+el marqués de Mondéjar y el presidente y el corregidor, que los moriscos
+estaban sublevados, mucha seguridad debian tener de vencerlos cuando tan
+descuidados se mostraban.
+
+Doblaba esta ansiedad la tardanza de los monfíes que debian entrar en el
+Albaicin por tres puertas: esto es por la de Fajalauza, por el portillo
+del Aceytuno y por la puerta de Guadix.
+
+Llegaron las once de la noche, y la campana de la Vela dió, segun
+costumbre, treinta y tres campanadas graves y solemnes en aquellos
+momentos; aquella era la única voz del castillo y aquella voz parecia
+decir: estoy alerta.
+
+Era demasiado tarde y la impaciencia empezaba á apoderarse de las masas
+que afluian en la plaza, corriendo de la parte baja en busca de
+noticias: aquella impaciencia empezaba á ser miedo, y el miedo á
+expresarse en quejas.
+
+Al fin algunos de los principales creyeron que debian interrogar á Yaye,
+que habia sido nombrado capitan de la insurreccion; pero Yaye se encogió
+de hombros, como quien no puede responder acerca de lo que no está en su
+mano.
+
+Al fin fue necesario para calmar la ansiedad general, enviar emisarios
+que adelantaran por el camino por donde debian venir los monfíes. Pero
+al abrir la puerta de Fajalauza, de que estaban apoderados los moriscos,
+se presentó á caballo y con las señales de haber venido corriendo á
+rienda suelta, un walí de los monfíes.
+
+Al reconocerle por su trage y por sus armas, los que estaban en la
+puerta, creyendo ya cerca el ejército auxiliar, rompieron en una
+aclamacion de alegría; pero el walí no contestó á aquella aclamacion y
+se redujo á preguntar con semblante hosco, dónde estaba el poderoso emir
+Yaye-ebn-Al-Hhamar.
+
+El aspecto del monfí, lo ronco de sus palabras y lo hosco de sus
+miradas, apagaron el entusiasmo de los aclamadores, que en silencio, y
+no sabiendo qué pensar, condujeron al walí á la plaza donde habia
+establecido su cuartel general, por decirlo asi, Yaye.
+
+Cuando el walí estuvo en su presencia, cuando le dijeron que aquel jóven
+era el emir, se arrojó del caballo y se prosternó ante Yaye.
+
+--Magnífico y poderoso señor dijo: la fortuna nos vuelve las espaldas.
+Vengo á avisarte que tu poderoso padre el emir Yuzuf, se vuelve con su
+gente á las Alpujarras.
+
+--¿Que se vuelve mi noble padre á las Alpujarras? exclamó con asombro
+Yaye.
+
+--Los cristianos nos esperaban emboscados en las quebradas de
+Dar-al-Huet, y no hemos podido forzar el paso.
+
+--¿Que los cristianos esperaban emboscados, y os han vencido...? ¡Luego
+alguno de los nuestros nos ha hecho traicion avisando á los cristianos!
+
+--Sí, sí, dijo sombriamente el monfí, nos han hecho traicion y han
+ocurrido horribles desgracias.
+
+--¿Y mi padre?
+
+--La mano de Dios protege á los reyes, dijo profundamente el walí.
+
+Habíasele ordenado, para evitar á Yaye cuanto fuese posible lo doloroso
+de la noticia de la herida de Yuzuf, que guardase silencio acerca de
+ella, y el walí cumplia exactamente su encargo.
+
+--Vuestro poderoso padre el emir Yuzuf, continuó el walí, me encarga
+deciros que si contais con bastante gente en el Albaicin para apoderaros
+de la ciudad y de la Alhambra, no os detengais un solo momento; pero
+que, si esto fuera imposible, marcheis inmediatamente y sin perder un
+momento á la montaña.
+
+--Ya lo ois, dijo Yaye á los xeques que le rodeaban; mis monfíes han
+sido envueltos en una celada, y no podemos contar con ellos.
+
+--¡Oh! exclamó con acento rugiente el Homaidi, que estaba entre los
+xeques: el infame don Diego de Válor, nos ha hecho traicion.
+
+Estas palabras del Homaidi irritando á las masas excitadas, pasaron de
+boca en boca y muy pronto multitud de hombres armados, se encaminaron á
+la carrera, trémulos de corage, á la casa de don Diego.
+
+Mientras, que viendo imposible la empresa, Yaye mandaba á los xeques y á
+los capitanes, que fuesen á retirar la gente y á quitar las barreras de
+las calles bajas; que se escondiesen las armas y que todo volviese al
+antiguo aspecto de paz y sumision, oyóse hácia la parte de San Gregorio
+el Alto un alarido informe; luego reflejó un resplandor indeciso,
+despues una llamarada y luego otra y al fin se declaró un incendio.
+
+Y como si aquella hubiese sido una señal de alarma, retumbó el ronco
+estampido del cañon de la Alhambra, y la campana de la Vela empezó á
+tocar apresuradamente á rebato, lanzando aquella voz de guerra, hasta
+las distantes cumbres de las montañas que rodean la vega.
+
+Al mismo tiempo, mientras unos corrian apresuradamente á las avenidas
+por donde podian acometer las tropas de la Alhambra el Albaicin;
+mientras otros tocaban ruidosamente la zambra, y otros disparaban al
+aire sus arcabuces en señal de levantamiento, algunos entraron en la
+plaza donde Yaye absorto no sabia qué partido tomar, y gritaron:
+
+--La casa de don Diego de Córdoba y de Válor ha sido acometida y está
+ardiendo.
+
+En aquel momento todo lo que le rodeaba, la situacion en que se
+encontraba, el peligro de un combate á todas luces dudoso, contra los
+cristianos, todo desapareció de la imaginacion de Yaye, en la que solo
+quedó una idea: la de doña Isabel de Córdoba y de Válor, abandonada en
+la casa de su hermano á una turba feroz irritada y sanguinaria:
+entonces, sin decir una sola palabra á los que le rodeaban, ni hacerse
+seguir de nadie, solo, anhelante, aterrado; echó á correr como un
+frenético hácia la casa de don Diego, llegó, tiró de la espada, se
+abrió paso, hiriendo como un leon irritado entre la multitud compacta
+que rodeaba la casa, y, en el primer momento de sorpresa, logró penetrar
+en el interior. Pero por valiente que fuese, iba solo: su trage habia
+sido visto, y una exclamacion de rabia habia salido de todas las bocas.
+
+--¡Al cristiano! ¡al cristiano traidor, que viene á socorrer á los
+traidores! gritaron algunas voces.
+
+Y todos aquellos que pudieron penetrar en la casa se precipitaron con
+las armas enhiestas en seguimiento de Yaye.
+
+ * * * * *
+
+Entre tanto en el interior de aquella casa reinaba un desórden
+espantoso.
+
+En el primer momento de peligro, doña Elvira, sin cuidarse de la
+seguridad de su cuñada doña Isabel, á quien aborrecia de muerte, corrió
+al aposento de don Diego, abrió la puerta secreta y se refugió en la
+mina.
+
+En cuanto á doña Isabel y á los criados, aterrados, sobrecogidos, á
+penas tuvieron tiempo para huír al huerto en busca de una salida por el
+postigo.
+
+Pero todos, en el primer momento de turbacion, habian olvidado la llave;
+el postigo era fuerte; se necesitaba perder algun tiempo, y el terror
+les aconsejó que buscáran un medio mas pronto.
+
+Habia en el huerto algunos árboles arrimados á la cerca: los hombres,
+sin cuidarse de las mujeres, ni aun de doña Isabel, porque en los
+momentos de supremo peligro nadie se cuida mas que de sí mismo, treparon
+á los árboles, ganaron el borde de la cerca, se descolgaron á la calle y
+huyeron.
+
+Doña Isabel y tres criadas quedaron en el huerto, que empezaba á
+iluminarse con la rojiza luz de las llamas, que emanaban de los pajares
+de la casa, que habian sido incendiados.
+
+Algunos furiosos habian puesto fuego á la leñera.
+
+Por las ventanas de los pisos bajos que daban al huerto, salieron muy
+pronto torbellinos de fuego.
+
+Oíanse los furiosos alaridos de los moriscos que habian penetrado en las
+habitaciones y que las desmantelaban, robando los objetos de valor.
+
+Doña Isabel y las tres criadas, hacian maravillosos esfuerzos y se
+ensangrentaban las manos en la cerradura del postigo; pero sus fuerzas
+eran demasiado débiles para forzarla.
+
+A medida que el tiempo trascurria, el terror de doña Isabel aumentaba, y
+el llanto y los alaridos de las pobres mujeres que estaban con ella: el
+incendio se habia propagado á toda el ala del edificio que daba sobre el
+huerto, y la hacia parecer una inmensa cortina de fuego.
+
+Desplomábanse los tabiques, y á través de algunos boquerones, se veia
+pasar y cruzar á la canalla, corriendo y cargada con el saqueo.
+
+Solo quedaba libre de las llamas el gran portalon por donde se entraba
+al huerto; pero ya por la parte superior tocaban á su techumbre. Por el
+fondo de aquel portalon se veian pasar de contínuo hombres con antorchas
+encendidas ó cargados de efectos; pero hasta entonces ninguno se habia
+dirigido al huerto.
+
+De repente se oyeron voces mas rugientes, mas irritadas, mas terribles;
+voces que alguna vez dejaban escucharse distintamente.
+
+--¡Al traidor! ¡al castellano! ¡matadle!
+
+Llenóse al fin el portalon de gente y doña Isabel, á pesar de su terror,
+vió que un hombre solo retrocedia defendiéndose de una turba numerosa.
+
+Pero aquel hombre era muy diestro y muy valiente, y dando una cuchillada
+á este, una estocada al otro, no permitia que ninguno le tomara la
+espalda; pero se veia obligado á retroceder de una manera decidida.
+
+Cuando el que se defendia y los que tan tenazmente le acometian,
+entraban casi en el huerto, doña Isabel, que contemplaba fascinada aquel
+espectáculo, lanzó un grito de horror: el techo del portalon, invadido
+por el incendio, se habia desplomado sobre los combatientes, dejándolos
+sepultados bajo un monton de maderas inflamadas y escombros.
+
+Pero de delante de aquel horno saltó un hombre, y al verse incomunicado
+con el interior de la casa, empezó á buscar, como fuera de sí, una nueva
+entrada que hubiese respetado el fuego.
+
+Doña Isabel fijaba la vista en aquel hombre, no sabiendo si aterrarse,
+contemplando en él un enemigo, ó alegrarse considerándole como un
+salvador: aquel hombre habia tenido la fortuna de que al derrumbarse el
+techo del portalon, cogiese solo á los que le acosaban y mantenia
+alejados al alcance de su espada, sin que un solo fragmento del
+hundimiento le tocase. Doña Isabel notó que estaba vestido á la
+castellana, segun la moda de los caballeros de aquel tiempo; que tenia
+en la mano una espada desnuda, y que en su apostura demostraba que
+estaba muy lejos de pertenecer á la canalla incendiaria y rapaz que
+habia acometido la casa.
+
+En el primer momento, el terror solo permitió á doña Isabel ver en aquel
+hombre las generalidades que hemos indicado; pero despues, cuando le
+hubo mirado con alguna insistencia, arrojó un grito que tanto expresaba
+terror como alegría, y cayó de rodillas.
+
+En aquel hombre habia reconocido al único hombre á quien habia amado;
+por el que habia sido abandonada; en una palabra: habia reconocido á
+Yaye.
+
+A su vez Yaye oyó el grito de doña Isabel y se volvió. A la luz del
+incendio, que dominaba á la de la luna, vió una mujer de rodillas, y
+junto al postigo, pugnando por abrirle, otras tres mujeres; Yaye corrió
+desalado hácia ellas, llegó á doña Isabel, la apartó las manos con que
+se cubria el rostro, la miró frente á frente y arrojó un grito de
+insensata alegría; doña Isabel miró tambien á Yaye, palideció de una
+manera mortal, lanzó un gemido, y no pudiendo resistir á tantas
+emociones, cayó por tierra desmayada.
+
+Yaye, antes que en socorrer á doña Isabel, pensó en arrancarla de aquel
+lugar de peligro: fué á la puerta, que pugnaban en vano por abrir las
+criadas, apartó á estas, desenganchó un pistolete de su cinto, buscó la
+cerradura, é hizo fuego sobre ella: la cerradura saltó rota en mil
+pedazos, Yaye abrió el postigo, y las tres criadas escaparon al momento,
+como pájaros á quienes se abre la puerta de la jaula.
+
+Despues, Yaye fue á donde estaba doña Isabel desmayada, la contempló un
+momento con éxtasis, la cargó en sus brazos, y salió por el postigo y se
+dió á correr por las empinadas calles, hácia la cercana muralla del
+obispo don Gonzalo.
+
+--La traicion de don Diego de Válor, exclamó con un acento
+indescribible, ha hecho inútil el levantamiento de los moriscos; pero
+esa traicion ha puesto á Isabel en mis manos: Isabel es mia.
+
+Y el jóven, á quien hacia insensato el amor, se alegraba casi de la
+desdicha de su pueblo, puesto que le habia procurado la posesion de doña
+Isabel.
+
+Porque Yaye estaba resuelto á romper de una manera terrible para la
+pobre niña, los vínculos extraños que le separaban de ella.
+
+Por otra parte, Yaye se decia:
+
+--Si hoy por culpa de un traidor no hemos vencido, mañana venceremos. Y
+su conciencia se apoyaba en su esperanza.
+
+Entre tanto, Yaye seguia corriendo las calles arriba, sin sentir el peso
+de la carga de doña Isabel, que era demasiado buena moza para que no
+pesase mucho. Las calles estaban desiertas por aquella parte y muy
+pronto el jóven llegó á un lugar aportillado de la muralla, y salió al
+campo, ó por mejor decir, al monte.
+
+Sin embargo, no se detuvo hasta que se encontró muy lejos de la muralla,
+sobre una senda que orlaba la falda del cerro de santa Elena, y que
+conducia á su cumbre.
+
+A poca distancia habia un aprisco abandonado, y hácia él se dirigió Yaye
+con su preciosa carga. Junto al aprisco brotaba una fuente rodeada de
+álamos, sobre un terreno cubierto de cesped, y allí fue donde se detuvo
+Yaye, depositando blandamente á doña Isabel sobre el cesped.
+
+El terror, y la sorpresa de haber encontrado en aquella situacion á
+Yaye, habian afectado de tal manera á la desdichada jóven, que su
+desmayo continuaba.
+
+Yaye la miraba extasiado: el semblante de doña Isabel por el doble
+efecto de la palidez y de la luz de la luna, alcanzaba á una blancura
+sobrenatural: sus negras trenzas estaban desordenadas de una manera
+hechicera: sus ojos velados por la sombra de sus espesas pestañas, su
+boca entreabierta por un gemido, tenian esa bellísima expresion del
+dolor que tanto sublima las formas puras, y su cuello y su seno estaban
+casi descubiertos, por efecto de la manera violenta con que habia sido
+conducida hasta allí por Yaye.
+
+El jóven hasta entonces solo habia adivinado los secretos tesoros de
+hermosura de la jóven; esos tesoros que oculta el pudor tras la celosa y
+falaz plegadura de las ropas: Yaye que en un tiempo habia dicho palabras
+de consuelo y de amor á la joven, creyendo ceder solo á la caridad, que
+despues de haberla dejado abandonada á su suerte por fanatismo ó por
+ambicion, habia comprendido que la amaba por el intenso dolor que le
+causó la ruptura del lazo simpático, íntimo y misterioso que le unia á
+ella, al verla abandonada en su poder, sola en medio del silencio de la
+noche, experimentó un sentimiento hácia doña Isabel que nunca habia
+experimentado por su causa: un sentimiento de deseo ardiente, voraz,
+impuro, en que la materia, sobreponiéndose al espíritu, mandaba, como
+mandan los tiranos, sobreponiéndose á la justicia, al deber, á la
+generosidad. Una magia inconcebible se desprendia de doña Isabel y
+embriagaba mas y mas á Yaye, acreciendo en su cerebro la fiebre, en sus
+sentidos el deseo. Hubo un momento en que toda su vida se concretó en
+aquella mujer purísima y mas que pura hermosa, que tenia entre sus
+brazos; en que olvidó su pasado, su presente, su porvenir; en que su
+alma recogida en un solo punto, ansió unirse, confundirse, anegarse en
+el alma de doña Isabel. Lentamente el semblante del jóven, como atraido
+por una fascinacion poderosa, se acercó al semblante de ella: su brazo
+estrechó con mas fuerza su cintura y llegó por fin un momento, en que
+aquellos dos semblantes se acercaron, en que aquellos dos pechos se
+estrecharon, en que la boca de Yaye, imprimió un solo y ardiente beso en
+la boca de la jóven; beso abrasador, interminable, por el que se exhaló
+todo el alma de Yaye, y que hizo volver en sí de repente, por un
+misterio que nosotros ni aun pretendemos investigar, á doña Isabel.
+
+Encontróse entre les brazos de Yaye, medio desnuda, flotantes los
+cabellos, estrechada de una manera delirante entre los brazos de un
+hombre, ¡ay! demasiado adorado; sintió unos labios convulsivos y
+ardientes posados en sus labios, y se creyó entregada á un sueño; la
+razon de Isabel estaba perturbada: habia sufrido sucesivamente emociones
+demasiado fuertes para que pudiese darse una explicacion exacta de la
+situacion en que se encontraba; no supo si estaba soñando ó si estaba
+despierta.
+
+Yaye, segun la expresion de un escritor contemporáneo, se la arrebató
+vírgen á su marido, é Isabel fue enteramente de Yaye, sin saber si
+estaba despierta ó soñando.
+
+Pero aquella felicidad era demasiado dolorosa, demasiado punzante, para
+que pudiese ser soñada: doña Isabel, que dominada por una fascinacion
+extraña, habia concedido á el único hombre que habia sabido inspirarla
+amor, delirantes caricias, volvió realmente en sí; aquella reaccion fue
+terrible; primero, apartó lentamente á Yaye, le miró, le reconoció,
+comprendió toda la verdad y se alzó rugiente, excitada por su dignidad y
+por su virtud.
+
+Yaye, sorprendido, trémulo, porque comprendió que estaba colocado en esa
+indigna posicion del fuerte que abusa del débil, pronunció en vano
+algunas palabras de disculpa. Doña Isabel le interrumpió, y le dijo con
+acento severo; pero profundo, y lleno de amargura y de desprecio:
+
+--Habeis sido tres veces infame conmigo: primero, fingiéndome un amor
+que no sentiais; despues, cuando ya mi alma era enteramente vuestra,
+abandonándome, sentenciándome á un sacrificio que jamás podreis apreciar
+bien: despues, cometiendo la última de las infamias.
+
+Yaye quiso contestar; pero Isabel le hizo guardar silencio con un ademan
+supremo de desprecio. Luego tomó lentamente el camino de los muros, se
+perdió á lo lejos y entró en la ciudad sola, en aquella misma ciudad de
+donde Yaye la habia sacado pretendiendo salvarla, para perderla.
+
+¿Por qué no la habia seguido Yaye?
+
+Porque la amaba, porque la habia ofendido, porque comprendia con cuánta
+razon le despreciaba doña Isabel; porque aquel desprecio le habia
+anonadado, cubriéndole de confusion y de vergüenza, y habia quedado
+inerte, sin fuerzas, en el mismo lugar donde se habia desplomado sobre
+él el desprecio de su víctima.
+
+Cuando ya habia pasado largo tiempo desde que habia desaparecido la
+jóven, Yaye logró sobreponerse á su fascinacion: se pasó la mano por su
+frente calenturienta, y exclamó:
+
+--¡Ah! ¡he perdido toda esperanza! ¡he sido infame con ella, y ella, la
+conozco bien: jamás me perdonará!
+
+Y dos lágrimas solas, representando el despecho del jóven, brotaron de
+sus ojos.
+
+¿Eran aquellas lágrimas hijas del amor y de la dignidad, ó del egoismo
+de Yaye?
+
+No lo sabemos.
+
+Porque acerca de un hombre tal que llamaba caridad al amor, amor al
+deseo y dignidad al amor propio, no es fácil aventurar suposiciones, sin
+exponerse á incurrir en un error.
+
+Lo que nosotros creemos es que Yaye, educado para ser déspota, lo era.
+
+ * * * * *
+
+Tomó á paso lento el mismo camino que antes habia tomado la desolada
+Isabel, y entró en el Albaicin. La casa de don Diego de Válor, estaba
+aun ardiendo; pero los vecinos se ocupaban en apagar el incendio. Los
+moriscos habian desaparecido: por mejor decir, se habian ocultado, y las
+gentes de guerra del capitan general, los caballeros y vecinos honrados
+de la ciudad, con las armas en la mano, y tras ellos el corregidor y los
+alguaciles, con el presidente de la Chancillería y los alcaldes de casa
+y córte ocupaban el Albaicin.
+
+Sin embargo, de esta ocupacion, Yaye pudo llegar sin ser visto por
+callejas excusadas á la casa de Abd-el-Gewar, á aquella misma casa donde
+habia vivido tanto tiempo, que lindaba con la de don Fernando de Válor y
+donde habia conocido á doña Isabel.
+
+Abd-el-Gewar, que esperaba con ansiedad al jóven, le recibió sollozando
+de placer entre sus brazos, y sin detenerse un punto, le hizo montar á
+caballo y montando en otro, salió con él de la casa. Aquella era una
+medida prudente: no se sabia si habian sido presos algunos de los
+moriscos que conocian á Yaye y á Abd-el-Gewar, y hubiera sido harto
+imprudente no probar un medio de salvacion, antes de resignarse á caer
+entre las manos de la justicia del rey.
+
+Cuando abrieron la puerta del huerto, se les presentó un hombre.
+
+--Deteneos, les dijo.
+
+Yaye echó mano á un pistolete.
+
+--Nada receleis, dijo aquel hombre notando la acción de Yaye: soy don
+Fernando de Válor.
+
+--¿Y qué quereis? dijo con aspereza Yaye.
+
+--Mi hermano don Diego ha sido preso; su casa incendiada y acometida
+esta noche; su esposa ha desaparecido, y mi hermana doña Isabel, acaba
+de presentárseme aterrada, trémula, entregada á la mayor desesperacion:
+he sentido desde mi casa en el huerto vuestros caballos, cuando
+preparaba el mio, y puesto que vos, señor, sois emir de los monfíes, os
+ruego que me permitais partir con mi hermana en vuestra compañía, y
+trasladarnos á las Alpujarras, donde cuento conque me amparareis.
+
+--Cabalgad, don Fernando, dijo Abd-el-Gewar; pero cabalgad al momento;
+no tenemos un solo instante que perder.
+
+Yaye habia quedado en un profundo silencio.
+
+Poco despues Abd-el-Gewar y Yaye salian de la ciudad, por el portillo de
+la cerca de don Gonzalo, por donde antes habia sacado Yaye á doña Isabel
+desmayada.
+
+Detrás iba otro ginete que llevaba sobre su arzon delantero una mujer
+que lloraba de una manera desconsolada.
+
+
+
+
+CAPITULO XXV.
+
+Cómo encontró Yaye á su padre.
+
+
+Caminaron harto de prisa nuestros personajes, mientras estuvieron dentro
+de la jurisdiccion de la ciudad; pero cuando empezaron á penetrar en la
+montaña, dieron vado á su temor y mas descanso á sus caballos.
+
+Amanecia en aquel punto.
+
+Atravesaban ásperos desfiladeros, y profundos valles, solitarios; pero
+rientes y magníficos bajo la diáfana luz de la alborada. Cuando
+Abd-el-Gewar se encontró ya dentro de las Alpujarras, detuvo su caballo
+sobre la ladera de un monte que á la sazon trepaban, y lanzó tres vezes
+un grito agudo semejante á una seña.
+
+A aquel grito, aparecieron en los picos de algunas rocas algunos bultos
+indecisos, que descendian con rapidez al lugar donde se encontraban los
+viajeros, y que al acercarse dejaron conocer que eran monfíes.
+
+--¡El santo faquí! exclamó uno de los que llegaron primero.
+
+--Y el poderoso emir nuestro señor, añadió el anciano señalando á Yaye.
+
+--¡Que Dios proteja al emir! dijeron los monfíes, inclinándose
+profundamente.
+
+--¿Tú eres walí? dijo Yaye dirigiendo la palabra á uno de los monfíes,
+que por su trage mas rico y esmerado, parecia capitan de los otros.
+
+--Sí, poderoso señor, contestó inclinándose de nuevo y mas profundamente
+el preguntado.
+
+--¿Cuántos hombres acaudillas?
+
+--Cincuenta valientes muslimes, señor.
+
+--Pues bien, dijo Yaye, señalando como con miedo y apartando de ellos la
+vista, á don Diego, que habia detenido á algunos pasos su caballo, y á
+doña Isabel, que ocultaba su rostro contra el pecho de su hermano. Aquel
+que ves allí es don Fernando de Válor: aquella dama su hermana. Quedaos
+con ellos; acompañadles y llevadles á donde quieran ser conducidos en
+seguridad.
+
+--Queremos entrar esta noche secretamente en Andarax, donde tenemos
+parientes que nos ampararan, dijo don Fernando que habia escuchado el
+encargo de Yaye.
+
+--Resguardareis, pues, y conducireis á don Fernando y á su hermana, á
+Andarax, con seguridad: ¿lo entiendes, walí?
+
+--Si señor.
+
+--Ahora, cuatro de vosotros adelante hácia mi alcázar, dijo Yaye.
+
+Cuatro monfíes se echaron las ballestas al hombro, y empezaron á trepar
+á gran paso por la ladera.
+
+--Adios, exclamó Yaye, saludando de una manera indeterminada á don
+Fernando y á doña Isabel.
+
+--Que él os proteja, señor, dijo el jóven.
+
+Doña Isabel guardó un obstinado silencio; pero don Fernando la sintió
+extremecerse.
+
+Yaye y Abd-el-Gewar picaron á sus caballos, y desaparecieron muy pronto
+por un recodo de la montaña.
+
+Al mediar el dia llegaron al pinar en cuyo centro se encontraba la cueva
+por donde se entraba al alcázar subterráneo.
+
+Pero con gran asombro de Abd-el-Gewar, encontró delante del pinar un
+ejército acampado: los monfíes, extendidas sus atalayas por las lomas
+inmediatas rodeaban el bosque.
+
+Los dos viajeros se vieron obligados á darse á reconocer de punto en
+punto, hasta que llegaron á una magnífica tienda, alzada en medio del
+bosque, en el centro de un claro.
+
+Habia impresionado á Yaye y al anciano, el aspecto de profunda reserva y
+de sombría tristeza que se notaba en el semblante de todos,
+singularmente en el de los capitanes; no era aquel el aspecto ni de un
+ejército que hubiese sido vencido, ni que esperase al enemigo.
+
+--¿Qué significa esto? dijo Abd-el-Gewar á uno de los walíes.
+
+--¡Dios lo quiere, santo faquí! contestó gravemente el moro.
+
+--¡Que Dios lo quiere! ¿y esa tienda alzada en medio de ese bosque?
+
+--Los médicos han dicho, que el poderoso Yuzuf, á quien Dios salve,
+necesita aire puro que no encontraria en el subterráneo.
+
+--¡Pues qué!... exclamó con ansiedad Yaye.
+
+El walí no conocia personalmente al jóven, que aunque emir por la
+abdicacion de su padre, no habia tenido tiempo de darse á conocer de
+todos los monfíes. Por lo mismo, el walí, que no sabia con quien
+hablaba, contestó:
+
+--Nuestro valiente y magnánimo emir, Yuzuf, está á las puertas de la
+muerte, á consecuencia de una herida que recibió anoche en la cabeza en
+el desfiladero de Dar-al-Huet.
+
+Yaye no acabó de escuchar al walí, exhaló un grito salvaje, se arrojó
+del caballo y se precipitó en la tienda.
+
+Yuzuf estaba postrado en el fondo de ella, en un lecho, y rodeado de
+médicos. Estos abundaban entre los monfíes, porque los moros, lo mismo
+que los árabes, eran muy dados al estudio de la medicina y de las
+ciencias naturales.
+
+Yaye se precipitó al lecho y asió las manos de su padre, al que miró de
+una manera anhelante.
+
+Yuzuf, á pesar del estado en que se encontraba, le reconoció y sonrió
+lánguidamente.
+
+--¡Ah! ¡la misericordia de Dios es infinita! exclamó alzando los ojos al
+cielo; el Altísimo no ha querido que yo muera sin verte, hijo mio; sin
+hacerte conocer mi última voluntad.
+
+Yaye quiso contestar y no pudo; la voz se habia anudado en su garganta.
+
+--¡Ah! ¡eres tú, tambien, mi buen amigo, mi hermano! añadió Yuzuf viendo
+á Abd-el-Gewar, que habia penetrado tambien en la tienda, y, transido de
+dolor y de sorpresa, estaba de pié á algunos pasos del lecho: bien
+venido seas á recibir mi última despedida, santo faquí. Pero en estos
+momentos, tú, Abd-el-Gewar, y vosotros, mis buenos doctores, dejadme
+solo con mi hijo. Que nadie nos interrumpa.
+
+Todos salieron, excepto Yaye, que estaba arrodillado junto al lecho y
+lloraba sobre las manos de su padre.
+
+--¡El Altísimo es el dador de la vida y de la muerte, Yaye! dijo con
+acento solemne y tranquilo Yuzuf. ¡El da la victoria y él la quita!
+¡suyos somos, y como dueño dispone de nosotros! No llores, Yaye: las
+lágrimas que el guerrero vierte por su padre, le honran; pero es
+necesario secar el llanto, para pensar en la venganza.
+
+--Os vengaré, padre mio; exclamó Yaye alzando fieramente la cabeza, y
+mostrando sus ojos secos como si en un instante hubiese evaporado sus
+lágrimas el fuego de un volcan. Os vengaré, primero del infame don
+Fernando de Válor, despues de los cristianos.
+
+--Escúchame con atencion, dijo Yuzuf, porque me quedan pocos momentos de
+vida. No es don Diego de Córdoba y de Válor el que nos ha hecho
+traicion.
+
+--¿Quién es, pues?
+
+--Un infame castellano á quien yo habia amparado; un capitan de
+infantería española, llamado Alvaro de Sedeño.
+
+--¡Ah! exclamó Yaye.
+
+--Escucha, ademas: en poder de ese hombre hay cautivas dos mujeres.
+
+Yaye lanzó toda su vida á sus oidos.
+
+--Esas dos mujeres son la esposa y la hija de un hombre, que, como yo,
+lucha contra los españoles: ese hombre, rey como yo, de un pueblo
+valiente, es nuestro aliado natural: ademas, á ese hombre debemos mucho,
+y tú podrás deberle mas: es riquísimo; tiene tesoros inmensos.
+
+Yaye escuchaba con suma atencion á su padre.
+
+--Ademas, Yaye, continuó Yuzuf; tu proyectado enlace con doña Isabel de
+Válor, es ya imposible, porque doña Isabel está casada.
+
+--Pero dícese que ha muerto Miguel Lopez.
+
+--No, Miguel Lopez vive: vive en un lugar donde te conducirá cualquiera
+de nuestros walíes, solo conque le digas que quieres ir á la morada del
+cazador de la montaña.
+
+--¿Y quién es ese cazador?
+
+--Ese cazador es Calpuc, el rey del desierto de Méjico.
+
+--¡Ah! ¿y ese es el padre de Estrella?
+
+--¿Conoces tú á la hija de Calpuc?
+
+--Si, padre mio, y la tengo amparada en mi poder.
+
+--¡Y esa mujer!...
+
+--Es noble y pura.
+
+--¿Hermosa?....
+
+--Como un ángel.
+
+--Sea tu esposa, Yaye.
+
+--¿Mi esposa?... ¿Y doña Isabel?...
+
+--¡Doña Isabel! ¡Una mujer casada!...
+
+Ya delante de dos lechos de muerte habia escuchado Yaye las palabras: sé
+esposo de Estrella.
+
+Yaye quedó profundamente pensativo.
+
+--Los oprimidos deben unirse á los oprimidos, continuó Yuzuf: ademas, la
+amistad de Calpuc será preciosa para tí. Cuando yo muera, que será muy
+pronto, busca primero á Calpuc, dile que ponga en libertad á Miguel
+Lopez; entrega despues su hija á ese hombre; no te pregunto cómo te has
+apoderado de esa mujer, ni dónde has estado oculto durante quince dias.
+Te he vuelto á ver y esto me basta: creo ademas en tu honor y en tu
+virtud. Recuerda bien: véngame y véngate de ese capitan infame, procura
+la amistad de Calpuc, y el amor de su hija, y en cuanto á lo demás, lo
+que como padre debo aconsejar al emir de un pueblo que lucha, y que
+lucha con tan justa causa como el nuestro, escrito está en estos
+pergaminos: ellos guardan mi voluntad. Espero que la cumplas. Es lo que
+conviene á nuestra patria, que tiene derecho á exigirnos toda clase de
+sacrificios. Grava bien en tu memoria las últimas palabras que voy á
+decirte: un rey debe sacrificarlo todo por su pueblo: su corazon, su
+felicidad doméstica, su vida, y si es preciso Yaye... hasta su honor.
+
+Yuzuf entregó el rollo de pergaminos á Yaye que se habia arrodillado
+para escuchar las últimas palabras de su padre: este tendió las manos
+sobre él y le bendijo.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+Aquella noche Yuzuf, el valiente, el magnifico, el vencedor, como le
+llamaban los monfíes, murió, y Yaye fue proclamado de nuevo emir de las
+Alpujarras.
+
+
+
+
+CAPITULO XXVI.
+
+Procedimientos judiciales.
+
+
+El dia siguiente al de la malograda tentativa de los moriscos, no se
+hablaba en Granada de otra cosa que del peligro en que habia estado la
+ciudad; decíanse los nombres de los que habian sido presos, de los que
+probablemente serian ahorcados y de las precauciones que habia tomado el
+capitan general para que no volviese á reproducirse el peligro en que,
+durante algunas horas, habia estado Granada.
+
+Decíase, ademas, que la justicia se habia apoderado del cadáver de un
+capitan de infantería española, que habia sido encontrado muerto á
+estocadas en su propia casa y de la persona viva del que le habia
+matado. Añadian que don Diego de Córdoba y de Válor, andaba envuelto en
+aquella causa, que su hermano don Fernando, su esposa doña Elvira, y su
+hermana doña Isabel habian desaparecido, y por último, que de la casa de
+don Diego de Válor no habian quedado en la calle del Agua mas que
+escombros denegridos.
+
+Hablábase tambien con suma variedad de accidentes y en detalle, de cómo
+el duque de la Jarilla, poderoso señor que hacia muchos años estaba
+retirado de la córte, en la pequeña ciudad de Guadix, habia encontrado
+muerta á su hija, á quien habia perdido, encuentro que habia tenido
+lugar en ocasion de acudir el duque con sus escuderos al llamamiento que
+habia hecho el capitan general á los caballeros é hidalgos del reino
+contra los moriscos, y todas estas noticias se comentaban, se alteraban,
+y tenian en espectativa de los sucesos que podrian sobrevenir, á los
+curiosos y desocupados.
+
+Pero nadie hablaba una sola palabra acerca de que el emir de los
+monfíes, con algunos de sus vasallos, se hubiese encontrado en Granada á
+la cabeza del alzamiento, y por otra parte, los moriscos que habian sido
+presos en las avenidas de la parte baja de la ciudad, eran gente vulgar,
+que solo conocian aisladamente á sus capitanes, y estos habian huido,
+poniéndose en salvo en las breñas de las Alpujarras, y haciéndose por
+necesidad monfíes. Nada resultaba, pues, en el proceso abierto por la
+Chancillería, bajo la presidencia del capitan general, ni contra Yaye,
+ni contra el Homaidi, ni contra ninguno de los xeques y capitanes que
+habian provocado y puéstose al frente de la rebelion.
+
+_El último mono se ahoga_, dice un adagio vulgar, y esto cabalmente
+aconteció entonces: los instrumentos, los que nada sabian, los que por
+no saber nada habian quedado abandonados á si mismos y presos, pagaron
+la culpa de los otros, siendo ahorcados los unos, y sentenciados á
+galeras los otros. Vertido aquel chorro de sangre sobre la efervescencia
+revolucionaria de los moriscos, el capitan general y la Chancillería,
+opinaron que no era prudente extremar el rigor, y aunque habia muchos
+moriscos notoriamente sospechosos y contra los cuales podian haberse
+fulminado terribles procesos, se echó tierra al negocio, como se habia
+echado sobre los cadáveres de los ajusticiados, y no se volvió á hablar
+mas de ello.
+
+Quedaba, sin embargo, un preso de consideracion, una cabeza ilustre,
+casi régia, sobre la que estaba levantada la espada de la justicia. Esta
+cabeza era la de don Diego de Córdoba y de Válor, contra el que obraba
+la terrible carta que habia presentado al capitan general Alvaro de
+Sedeño.
+
+Pero don Diego gastó tan á tiempo y en tanta cantidad su dinero,
+sirviéndole de agente su buen amigo el marqués de la Guardia; era tan
+benévolo y compasivo el capitan general, que la carta presentada por el
+capitan Sedeño, pasó sin dificultad por falsa, y como no habia contra él
+otra prueba, como, por otra parte, el capitan Sedeño habia aparecido
+monfí y traidor por los papeles que se encontraron en su casa, túvose
+aquella carta por apócrifa, por un nuevo delito de Alvaro de Sedeño,
+sobreseyóse en la causa; pero con la condicion de que don Diego se
+confesase públicamente vasallo del emperador, fiel, leal y dispuesto á
+verter toda su sangre en su servicio, asi como ardiente cristiano,
+católico, apostólico romano. Del mismo modo se levantó mano respecto á
+su hermano don Fernando, á quien, mediante la misma confesion, se
+permitió volver á vivir libremente en Granada.
+
+Se nos olvidaba decir que habia contribuido en gran manera á esculpar á
+don Diego, la circunstancia de haber incendiado y saqueado su casa los
+moriscos la misma noche del alzamiento, circunstancia en que insistieron
+con gran ahinco los letrados defensores.
+
+Don Diego, pues, hubiera sido puesto inmediatamente en libertad, á no
+ser porque, durante el tiempo de su prision, habia caido sobre él una
+acusacion terrible: la de asesinato contra su cuñado Miguel Lopez.
+
+Esta acusacion habia provenido de Calpuc, ó mejor dicho, la conciencia
+de Calpuc habia sido la causa ocasional de aquella acusacion.
+
+En el momento en que Calpuc se vió preso y encerrado, imposibilitado por
+lo tanto de ir á cuidar, como se habia propuesto, de Miguel Lopez,
+contando con su libertad, pensó en que, á pesar del dolor en que le
+habia sumergido la muerte de su esposa y la pérdida de su hija, él, que
+no habia cometido durante su vida ninguna infamia, no debia cometerla en
+el momento en que de una manera tan dura le oprimia la mano de la
+desgracia; pensó tambien que necesitaba toda la proteccion de Dios,
+primero para alcanzar su libertad, despues para encontrar á su hija, y
+que, para que Dios le protegiese, debia obrar como bueno: asi, pues,
+pidió con insistencia que le tomaran declaracion para hacer una
+revelacion importante, y creyendo el capitan general y la Chancillería
+que esta revelacion seria referente á la rebeldia de los moriscos, se
+apresuraron á enviar un alcalde de casa y córte, acompañado de un
+escribano, al calabozo de Calpuc.
+
+Este declaró que estaba en su poder Miguel Lopez, refirió las
+circunstancias por medio de las cuales el morisco habia dado en sus
+manos, cuando le salvó de los monfíes, y dió tales y tales señales del
+lugar en donde Miguel Lopez se encontraba, que parecia no podian
+equivocarse los que fuesen enviados en su busca; á pesar de esto, los
+emisarios enviados por la justicia, ó mal enterados ó torpes, no dieron
+con el subterráneo; volvieron; en atencion á lo grave del asunto,
+decretó la Chancillería, que el mismo Calpuc, bien asegurado y
+escoltado, fuese en demanda de Miguel Lopez, y al fin, y despues de tres
+dias desde la primera declaracion de Calpuc, y de cinco desde que se
+habia separado el megicano de Miguel Lopez, la justicia pudo penetrar en
+el subterráneo.
+
+Entonces se vió una cosa horrible: junto á la puerta de hierro,
+entrando, en lo mas alto de la escalera, se encontró á Miguel Lopez
+muerto de hambre, mordiéndose un brazo, con el que sin duda el
+desventurado habia querido alimentarse, y reconocido el cadáver, se
+encontraron sobre su pecho seis heridas profundas que empezaban á
+cicatrizarse.
+
+Reconocido el subterráneo, se encontró un lecho revuelto, y sobre una
+mesa, junto á una lámpara apagada y exhausta, un papel escrito con letra
+gorda y ruda en que se leia:
+
+«He cometido grandes crímenes, y la mano de Dios me castiga: muero aquí
+en este calabozo mal herido, y de hambre: hace tres dias que el hombre
+que me salvó de los monfíes, que me trajo aquí y que me curó, salvándome
+del rigor de mis heridas, no ha vuelto. Debe haber sucedido alguna
+desgracia á ese hombre cuando no ha venido á cuidar de mí. Si no vuelve
+pronto conozco que no tardaré en morir y quiero dejar á la suerte mi
+venganza. El hombre que me ha traido aquí y que me ha cuidado, es
+inocente de mi muerte, y debo confesar, porque mi conciencia me lo
+manda, que él me salvó del puñal de los monfíes. Mi asesino es don Diego
+de Córdoba y de Válor á quien mi muerte importaba. Que á nadie mas que á
+don Diego se haga cargo de mi muerte, si por un milagro de Dios, cae
+este papel en manos de la justicia. Pido asimismo perdon á doña Isabel
+de Córdoba y de Válor por el mal que he podido causarla, obligando á su
+hermano don Diego á que la casase conmigo, y como enmienda de mi delito
+la dejo por heredera de todos mis bienes. Rogad á Dios por mí para que
+me perdone. En las entrañas de la tierra, no sé qué dia ni qué
+hora.--Miguel Lopez.»
+
+Siguió la justicia en el reconocimiento de aquel lugar y encontró en el
+arcon negro, libros de devocion, y un papel autorizado por los
+religiosos dominicos fray Luis de Saavedra y Diego de Rojas, cuyo
+contenido era la abjuracion de la idolatría y su conversion al
+cristianismo de Calpuc, rey del desierto mejicano. Halláronse ademas
+algunas ricas ropas, y en un rincon del arca, como un centenar de
+doblones de oro.
+
+Recogió todo esto la justicia, incluso el cadáver de Miguel Lopez, se
+volvió con el vivo y con el muerto á Granada, encerró de nuevo al
+primero, enterró al segundo, despues de haber hecho constar su identidad
+por medio de sus parientes y conocidos, y guardó, para unirlos al
+proceso de Calpuc, los dos papeles hallados en el subterráneo.
+
+Aquellos dos papeles favorecian en sumo grado á Calpuc; pero la justicia
+es muy suspicaz y no dándose por satisfecha con ellos de la inocencia
+del mejicano, hasta que la autenticidad de aquellos papeles fuese
+comprobada, le hizo cargo de la muerte de Miguel Lopez.
+
+Calpuc apeló á otra prueba: á la carta que Miguel Lopez le habia
+entregado para su esposa doña Isabel, en que se acusaba de aquel
+asesinato á don Diego, y á la sortija que en aquella carta mandaba
+Miguel Lopez á doña Isabel entregase á Calpuc.
+
+Pero doña Isabel estaba ausente y no se sabia donde paraba: enviaronse
+requisitorias á las Alpujarras y al fin doña Isabel fue encontrada en
+Mecina de Bombaron por los sabuesos de la justicia, y hecho registro
+repentino en su casa, se la encontró, entre algunas cartas de amores de
+un tal Juan de Andrade, la carta de Miguel Lopez, citada por Calpuc.
+
+Compulsada aquella carta con documentos indubitables, escritos y
+firmados por Miguel Lopez, los peritos nombrados declararon por
+unanimidad, que aquella carta era de puño y letra del difunto y por lo
+tanto legítima.
+
+La acusacion, pues, del asesinato de Miguel Lopez recayó sobre don Diego
+de Córdoba y de Válor, en el momento en que iba á ser puesto en
+libertad, absuelto de la otra causa de traicion contra Dios y contra el
+rey.
+
+Preguntados los lacayos que acompañaron á don Diego en su viaje con
+Miguel Lopez á las Alpujarras, declararon que nada sabian; pero puesto á
+la prueba del tormento uno de ellos, declaró que habia llevado una carta
+á un ventero de las Alpujarras cerca de Orgiva, que por indicios habia
+sospechado que se tramaba algo contra Miguel Lopez, y que solo don
+Diego era á su parecer el que habia andado en aquel asunto.
+
+Reconocida, por declaracion de Calpuc, la rambla de los Gamos, se
+encontraron los siete monfíes ahorcados de la encina, muertos y medio
+deborados por las aves carnívoras, y pendiente del cuello de cada uno de
+ellos un pergamino con la sentencia del emir de los monfíes escrito en
+árabe, como asesinos de Miguel Lopez, y una bolsa con veinte y cinco
+doblones de oro. Los monfíes, temiendo la justicia del emir, habian
+respetado aquellas bolsas; pero la justicia castellana las recogió como
+cuerpos de delito, y apesar del estado en que se encontraban los
+monfíes, los descolgó de la encina y los llevó á la plaza de Orgiva para
+ver si alguno los reconocia: en uno de ellos, cuyo rostro estaba mas
+conservado que el de los otros, algunos de los vecinos del pueblo
+reconocieron al ventero del camino de Granada, que cabalmente habia
+desaparecido algunos dias antes.
+
+Esto parecia bastante para esculpar de todo punto á Calpuc; pero la
+justicia le hizo cargo de haber detenido al herido en su poder.
+
+Calpuc contestó que el estado del herido le habia obligado á no llevarle
+á ninguna poblacion, por estar todas mas distante que su asilo, y de no
+haber dado parte á la justicia por no haber podido separarse de él.
+
+Mediaron algunos cientos de doblones ofrecidos discretamente á la
+justicia, y se absolvió á Calpuc de la acusacion del asesinato de Miguel
+Lopez, recayendo todo el peso de este en don Diego de Válor.
+
+Pero como este permaneciese negativo, y por ser hidalgo no pudiese
+sujetársele al tormento, la Chancillería encontró que, si bien no habia
+pruebas bastantes para ahorcarle, habia las bastantes para sentenciarle
+á galeras.
+
+Don Diego fue, pues, degradado, privado de su oficio de regidor perpetuo
+de la ciudad de Granada, confiscados sus bienes, y condenado por diez
+años á las galeras de su magestad.
+
+«Pero, añadia la sentencia: en atencion á que el padre y el abuelo del
+don Diego, sirvieron buena y fielmente los años pasados á los señores
+reyes católicos y á la señora reina doña Juana, manda la sala, que si
+doña Elvira de Céspedes, esposa del dicho don Diego, diere á luz un hijo
+dentro de los nueve meses posteriores á esta sentencia, no recaiga sobre
+el dicho hijo la infamia de su padre, que herede sus bienes, y si fuese
+varon, el oficio de regidor perpetuo de la ciudad de Granada, de que
+estaba en posesion el don Diego.»
+
+Esta sentencia estaba fechada en el mes de setiembre del 1546.
+
+El dia 15 de marzo de 1547, doña Elvira de Céspedes, dió á luz un hijo,
+que se llamó don Fernando de Válor, y heredó los bienes y el regimiento
+de su padre con arreglo á la anterior sentencia.
+
+Don Diego de Válor no quiso publicar su deshonra y dejó que heredase su
+nombre y sus bienes un hijo que no era suyo.
+
+Porque es de advertir que, segun la fecha del nacimiento de don
+Fernando, debió ser concebido por su madre, durante la ausencia de don
+Diego y su permanencia en el alcázar del emir de los monfíes.
+
+Cuando Yaye-ebn-Al-Hhamar supo, por una amenazadora carta de doña
+Elvira, este nacimiento, se estremeció, porque no podia dudar, ni aun
+por asomo, de que don Fernando de Válor era hijo suyo.
+
+Quince dias después, Yaye recibió otra carta: era de doña Isabel de
+Válor: antes de leerla le llenó de alegría y despues de leerla de
+espanto.
+
+Aquella carta tenia sobre sí muchas lágrimas.
+
+«Señor Juan de Andrade, decia: perdonadme si os nombro con el apellido
+con que os dísteis á conocer de mí: perdonadme tambien si os escribo,
+porque... á mas de que la crueldad con que me tratásteis la noche que me
+salvásteis del incendio de la casa de mi hermano para perderme, me
+obligaria siempre á guardar con vos un silencio provocado por vos mismo,
+sé que os habeis casado. Dios os haga feliz con vuestra compañera. Pero
+un sagrado deber me obliga á escribiros. Vuestro delito ha dado
+resultados funestos. Acabo de dar á luz un hijo... un hijo á quien han
+bautizado con el nombre de Diego Lopez, con el nombre de un hombre que
+no es su padre... ¿lo comprendeis bien? porque ese desdichado es vuestro
+hijo... un dolor y un placer que Dios me envia á un tiempo... porque no
+pudiéndoos amar, os amaré en él. Pero al mismo tiempo me ha dado Dios
+con él el remordimiento... de un adulterio, que he cometido al dejar que
+vuestro hijo herede el nombre y la hacienda de quien no es su padre. Yo
+he debido decir á voces para que todos me oyeran: ese hijo no es hijo de
+quien creeis; os engañais... es hijo de otro: Miguel Lopez solo ha
+tocado mi mano derecha para desposarse conmigo... pero no he tenido
+valor de decir al mundo: he renegado de mi virtud, he sido adúltera,
+porque el mundo juzga por las apariencias, he manchado la casta memoria
+de mi buena madre... no, no he tenido valor para envilecerme delante del
+mundo, y sobre todo, para envilecer á nuestro hijo, que es inocente. Yo
+tambien lo soy; bien lo sabeis. Yo soy tan pura ahora como antes de
+conoceros. Pero nadie me creeria si lo dijese. Vos solo podeis creerme,
+y me creeis, porque no podeis dudar de mí. Sin embargo, yo no os
+escribiria, si al dar el primer beso á mi hijo no me hubiese asaltado un
+terror supersticioso... me ha parecido ver en su frente pura una mancha
+de sangre; he creido adivinar que esa sangre era vuestra; que un dia
+vuestro hijo levantaria su mano armada de muerte sobre vos... ¡Oh! me he
+estremecido; mi corazon se ha helado y en el primer momento ni aun he
+tenido fuerzas para rogar á Dios. ¡Oh! ¡si un dia vos, emir de los
+monfíes, os vierais frente á frente con un hijo de los Válor, con un
+hombre que puede creerse con derecho á la corona de Granada! Quemad,
+quemad esta carta, señor, despues de que la hayais leido. Comprended los
+motivos que tengo para advertiros de que Diego Lopez Aben-Aboo es
+vuestro hijo... por lo demás, yo no os maldigo... yo os amo... os amo
+con toda mi alma... pero, entendedlo bien... jamás seré vuestra...
+jamás; aunque enviudárais, aunque desfalleciéseis de amor y de deseo á
+mis piés, nunca consentiria en ser vuestra. Dios y nuestro deber nos
+separan. Vos sois casado; yo he muerto ya para todo, para todo, menos
+para nuestro hijo. Vos sois poderoso, señor; protegedle, protegedle y
+evitad con cuantas fuerzas podais, los nuevos crímenes que pudieran
+resultar del crímen que cometísteis contra mi.--Mesina de Bombaron á 31
+de marzo de 1547.--Doña Isabel de Córdoba y de Válor.
+
+Yaye sintió que su corazon se rompia al leer esta carta: conoció que su
+amor, su alma entera pertenecian á Isabel; al saber que doña Elvira de
+Céspedes habia dado á luz un hijo, se habia irritado, habia acusado de
+injusto al cielo, habia blasfemado. Pero al saber que doña Isabel era
+madre, su corazon se quemó de una manera horriblemente dolorosa en un
+nuevo amor, en un amor que llenaba su ser, pero que le llenaba
+torturándole: en un amor que era al mismo tiempo para él un
+remordimiento agudo y cortante como la hoja de una espada. Comprendió
+cuánto decia para él la acusadora carta de doña Isabel, en la frase de
+aquella carta en que doña Isabel juraba que aunque muriera de amor á sus
+piés no seria suya, comprendió que doña Isabel estaba segura de su amor,
+que creia en él como creia en Dios, que sabia que ella era su paraiso
+perdido, que estaba escrito que un dia Yaye romperia por todo é iria á
+mostrarla el volcan de aquel amor. Y esta certeza de ser amado, de ser
+comprendido, era para Yaye un abismo lleno del fuego del infierno
+colocado entre él y doña Isabel.
+
+Y entonces volvió con desesperacion la vista á su pasado de un año: vió
+en aquel pasado la felicidad que habia arrojado de sí con desprecio;
+recordó con el alma llena de amargas lágrimas, aquella noche que tan
+duramente rechazó por fanatismo, por ambicion el amor de Isabel: miró á
+su presente y vió junto á sí una víctima: doña Estrella de Cárdenas,
+duquesa de la Jarilla, su esposa, que le amaba con toda su alma, y con
+quien se habia casado sin amarla, por ambicion.
+
+Yaye cerró los ojos á tanta desgracia, hizo un violento esfuerzo sobre
+sí mismo, lanzó una carcajada de loco y exclamó:
+
+--La felicidad ha muerto para mí; pero me queda la embriaguez de la
+grandeza; lucharé, venceré, conquistaré un imperio, y ahogaré mis
+dolores, en el mar de mi gloria.
+
+Luego con los ojos escandencidos y el corazon inerte, guardó la carta de
+doña Isabel, junto á la que le habia escrito doña Elvira de Céspedes,
+manifestándole que don Fernando de Válor era su hijo.
+
+Acaso Yaye hubiera hecho bien en quemar aquellas dos cartas como se lo
+encargaban doña Isabel y doña Elvira.
+
+
+
+
+CAPITULO XXVII
+
+De cómo fué el casamiento de Yaye.
+
+
+Hemos dicho al final del capitulo anterior que Yaye se habia casado con
+doña Estrella de Cárdenas, duquesa de la Jarilla.
+
+Para demostrar la causa de la nueva situacion en que se encontraban
+estos dos importantes personajes de nuestra historia, nos vemos
+obligados, muy á pesar nuestro, á meternos de nuevo en el árido terreno
+de las investigaciones judiciales.
+
+De buena gana saldriamos del paso diciendo que mediante pruebas
+bastantes, don Juan de Cárdenas, duque de la Jarilla, habia reconocido
+por su nieta á Estrella... pero no nos atrevemos á ello, temerosos de
+que algun lector nos acuse de haberle defraudado de las minuciosidades
+del reconocimiento. Abordamos, pues, el fárrago á que nos condena en
+esta ocasion nuestro oficio y empezamos.
+
+Estaba en su casa don Gabriel Coloma, marqués de la Guardia, acabando de
+dejarse enhevillar su coselete por su escudero, el mismo dia en que
+entró en Granada el duque de la Jarilla, y se preparaba á montar á
+caballo para ponerse á las órdenes del capitan general como buen vasallo
+de su magestad, cuando entró por las puertas de la cámara un hombre
+lloroso, pálido, asustado, en quien reconoció al escudero de uno de sus
+mejores amigos.
+
+--¿Qué os sucede, señor Gabriel Saez? le dijo el marqués.
+
+--¿Qué me ha de suceder, triste de mí, contestó el preguntado, sino que
+mi amo está entre la vida y la muerte?
+
+--¡Diablo! exclamó el marqués, poniéndose serio, ¿que el duque está en
+peligro de muerte? ¿y donde?
+
+--Aquí, en el Albaicin, en una casa junto á San Gregorio el Alto.
+
+--Pues perdonen el capitan general y su magestad, y suceda lo que
+quiera, dijo el marqués deshevillándose por si mismo el coselete y
+arrojándole; vamos á ver á vuestro amo. ¿Habeis venido á caballo, señor
+Gabriel Saez?
+
+--Si señor.
+
+--Pues adelante.
+
+Y sin decir mas palabra, salió, seguido de Saez, bajó al patio, montó en
+un caballo que le tenian preparado, montó en su mula Saez, y saliendo de
+la casa, llegaron en muy poco espacio á la en que, después de su
+accidente, habia sido recogido el duque de la Jarilla, y delante de su
+lecho.
+
+Habia vuelto en sí el duque; pero se encontraba en un estado deplorable,
+y hasta tal punto, que los médicos habian prohibido que se le hablase,
+ni se le excitase.
+
+Pero no sabian los médicos que tenian que luchar con un carácter de
+hierro, hasta que, para no excitarle mas, se vieron obligados á permitir
+que el enfermo hiciese lo que quisiese.
+
+Por resultado de esto, Saez fué á llamar al marqués de la Guardia, y
+este se encontró delante de su viejo amigo.
+
+--¡He encontrado á mi hija! exclamó con precipitacion el duque, en
+cuanto vió al marqués y antes de que este pudiese hablar una palabra.
+
+--¡A vuestra hija! ¿á la que os robaron hace tantos años los indios
+mejicanos?
+
+--¡Sí, sí! ¡la he encontrado! exclamó creciendo en su anhelo el duque.
+
+--¡Pues me alegro, vive Dios! ¡me alegro! exclamó el marqués.
+
+--¡Pero la he encontrado muerta! ¡muerta!
+
+Y el anciano rompió á llorar.
+
+El marqués se mordió la lengua.
+
+--¡Ira de Dios! dijo, ¡y yo que me habia alegrado!
+
+--¡Muerta! repitió con desesperacion el duque. ¿Comprendeis, lo que es
+para un padre encontrarse muerta una hija á quien he llorado por espacio
+de veinte y dos años: ¡muerta y miserable!
+
+--¿Pero cómo ha sido eso señor? exclamó el marqués que estaba atortolado
+é incómodo por aquel duelo que se le habia venido encima, á él, que era
+el hombre mas alegre del mundo y que mas aborrecia los llantos y los
+gemidos.
+
+--Cuéntaselo tú, Gabriel, dijo el duque, tú que no eres su padre y
+recordarás mejor.
+
+El escudero contó al marqués circunstanciadamente su encuentro
+imprevisto con el cadáver de doña Inés, la conversacion con el alguacil
+Picote, y el accidente de su señor.
+
+--Con que resulta, dijo el marqués, que teneis una nieta, don Juan.
+
+--Sí; sí señor; que tengo una nieta, y que esa nieta se ha perdido.
+
+--¿Pero no está preso el hombre que mató al capitan Sedeño?
+
+--Si, si por cierto.
+
+--Pues bien, dijo el marqués, por el hilo se saca el ovillo, y ya que la
+muerte de vuestra hija no tiene remedio, procurad vivir para vuestra
+nieta.
+
+--Es necesario que mi nieta parezca, dijo el duque.
+
+--Si, es preciso, repitió maquinalmente el marqués.
+
+--Y os he llamado para que la busqueis, don Gabriel.
+
+--¿Para que yo busque á vuestra nieta?
+
+--Si por cierto. ¿No veis que yo estoy sujeto en este lecho de
+maldicion?
+
+El marqués de la Guardia meditó que tenia un pretexto para escapar de
+aquella situacion que le fastidiaba y se apresuró á decir:
+
+--Habeis hecho bien en acordaros de mí, don Juan, y en el momento voy á
+hacer las primeras diligencias. ¿No decís que ese alguacil con quien
+hablásteis, vive en la Caldereria y que se llama Picote?
+
+--Si señor, contestó Saez.
+
+--Pues bien, voy al momento á ver al alguacil. Reposad vos entre tanto y
+sed dócil á lo que os ordenen los médicos. El alguacil Picote... en la
+Caldereria... adios, don Juan, hasta la vista.
+
+Y escapó, montó á caballo y se alejó á buen paso, burlando á Saez que
+queria darle algunas instrucciones.
+
+--¡Ira de Dios! exclamó el marqués: ¡pues échese vuesamerced á buscar
+niñas perdidas! ¡encárguese de un negocio en que habrá pleito y ruido!
+porque los parientes del duque no se han de dejar arrancar la herencia!
+¡Bah! que se componga allá como pueda mi viejo amigo: por hoy tengo
+pretexto con la jarana que se prepara; despues... despues... don Juan se
+muere dentro de veinticuatro horas, sino le queman antes los moriscos, y
+asunto concluido.
+
+De repente, un pensamiento como suyo vino á hacer variar de resolucion
+al marqués.
+
+--¡Diablo! dijo: ¿y si la niña perdida fuera una buena moza?
+
+Este pensamiento bastó para que el marqués hiciese variar de direccion á
+su caballo y se pusiese en demanda de la Calderería y del alguacil
+Picote.
+
+Llegó, y como todo el mundo conocia en la vecindad al tal ministro, el
+marqués se encontró en un zaquizami, delante de una robusta moza como de
+veinte y seis años, á quien por todo saludo tomó la cara. Esto
+demostraba que la esposa de Picote estaba sola, y que era mujer de buen
+empaque.
+
+A las pocas palabras el marqués se entabló en la casa y obtuvo una doble
+cita; una para el marido y otra para la mujer.
+
+[imagen: El marqués de la Guardia.]
+
+Al salir el marqués se atusó el vigote, montó á caballo y se alejó
+murmurando.
+
+--Pues señor, los principios de mi aventura no son malos: yo no conocia
+á la mujer de ese alguacil, y es una moza completa la mujer del tal
+Picote.
+
+En seguida el marqués fué á presentarse al capitan general.
+
+ * * * * *
+
+Al dia siguiente Granada estaba tranquila, y el marqués pudo dar algunas
+esperanzas á su amigo y seguir en sus investigaciones.
+
+Entre tanto la justicia, á instancias del duque de la Jarilla, habia
+careado á Calpuc con el cadáver de su esposa; se habian comprobado el
+rizo negro y el pedazo de sábana; el mejicano habia declarado que aquel
+cadáver era el de su esposa; que tenia una hija llamada doña Estrella;
+que era cristiano, como eran cristianas su esposa y su hija; refirió, en
+fin, su historia entera: presentó como comprobantes su partida de
+desposorio, y la partida de bautismo de su hija, y citó el acto de su
+retractacion de la idolatría, que se habia encontrado en el subterráneo
+de las Alpujarras, autorizados los tres documentos por las venerables
+firmas de los dos religiosos dominicos, fray Luis de Saavedra y fray
+Diego de Rojas: declaró asimismo que al venir á Europa y á España, habia
+dado libertad á los dos religiosos: que uno estaba en la casa de su
+órden de Salamanca, y el otro en la de Avila.
+
+Llamaron á los dos religiosos, que por fortuna vivian, y estos
+decidieron la cuestion declararon unánimemente, que Calpuc era rey del
+desierto mejícano, que en sus mismos dominios habia profesado, aunque
+secretamente, la religion católica; que se habia casado con la dama cuyo
+retrato despues de muerta se les presentaba; que siempre habian oido
+decir á aquella dama, que era hija del adelantado de la frontera del
+desierto, duque de la Jarilla; que tenian los esposos una hija llamada
+doña Estrella, muy semejante á su madre, y por último, que el capitan de
+infanteria Alvaro de Sedeño, cuyo retrato, aunque de su cadáver,
+reconocian, las habia arrebatado á Calpuc diez años antes.
+
+Hemos hablado de los retratos de los dos cadáveres: estos se habian
+mandado hacer por la Chancilleria, por no encontrarse medio para
+conservar los cadáveres durante una tan larga probanza. Aquellos dos
+retratos, pues, eran dos testimonios pintados, legalizados en forma.
+
+Los herederos del duque habian interpuesto su accion pretendiendo probar
+que aquel cadáver no era el de doña Inés de Cárdenas; pero tales fueron
+las pruebas y los doblones del duque y de Calpuc, que la verdad
+resplandeció á despecho de los herederos que temian, no por doña Inés,
+que no podia heredar, sino por aquella hija de doña Inés, que podia
+parecer de un momento á otro.
+
+[imagen: gentilmente hacia Estrella.]
+
+En cuanto á Calpuc, libre de la acusacion del asesinato de Miguel Lopez,
+no resultando contra él ninguna prueba de traicion al rey, y teniendo en
+su abono su conversion y sus desgracias, la Chancilleria opinó que la
+muerte que habia dado al capitan Sedeño, merecia en gran parte disculpa,
+y, mediando el indulto del emperador por ciertos extremos que necesitaba
+indulto, fué puesto en libertad, como asimismo el platero Franz, contra
+el cual no resultaba mas cargo que haber acogido á Calpuc.
+
+Además de esto, el duque de la Jarilla se habia restablecido un tanto,
+aunque envejeciendo diez años, y todo iba bien, menos el asunto de que
+se habia encargado el marqués de la Guardia: esto es, el encuentro de
+Estrella.
+
+En vano el alguacil Picote, de cuya casa con lo mejor que contenia, esto
+es, su mujer, se habia apoderado el marqués, revolvió, y fué y vino por
+sí mismo y por medio de sus compañeros. Eran pasados dos meses desde la
+muerte de doña Inés, y su hija Estrella no parecia.
+
+La jóven, que habia venido á ser la cuarta estrella de la casa en que
+vivia, y la mas hermosa (nosotros tenemos los retratos de las otras tres
+estrellas en nuestra carpeta), doña Estrella decimos, vivia triste y
+creyéndose abandonada por Yaye, aunque asistida como una reina por
+Harum.
+
+Desde la noche en que Yaye se habia separado de ella, no le habia vuelto
+á ver ni recibido noticias suyas. Esto consistia en que Yaye, por razon
+de la muerte de su padre, habia entrado de lleno en la posesion de su
+alta dignidad de emir, y en que necesitaba, no solo darse á conocer como
+valiente á sus monfíes, sino tambien vengar en los cristianos de las
+Alpujarras la muerte de Yuzuf.
+
+Durante aquellos dos meses, incendió, saqueó y ensangrentó algunas
+villas con gran contento y aplauso de los monfíes, que vieron que Yuzuf
+habia sido dignamente reemplazado por su hijo, y en todo este tiempo
+Yaye no se cuidó de otra cosa, ni envió noticias suyas á Harum, ni se
+las pidió de Estrella.
+
+Esta, por orgullo, no preguntaba por Yaye: Harum, que miraba con un
+profundo respeto á la jóven, como á todo lo que provenia del emir,
+tampoco la hablaba sino cuando ella le dirigia la palabra,
+obedeciendola, de una manera ciega.
+
+Durante algunos dias, la enamorada jóven lo esperó todo de Yaye; pero
+pasó una semana y otra y un mes, y Yaye no parecia. Entonces Estrella se
+decidió á obrar por si misma; á provocar un conocimiento extraño, por
+medio del cual pudiese ponerse en contacto con su abuelo el duque de la
+Jarilla.
+
+Mandó á Harum que la procurase ropas de calle, un libro de devociones y
+un manto. Harum le procuró todas estas cosas. Cuando Estrella las tuvo,
+le dijo que queria ir todos los dias á misa á la parroquia mas próxima.
+
+Harum, aunque con repugnancia, acompañó desde entonces á misa todos los
+dias por la mañana á Estrella, llevándola á la iglesia de San Gregorio
+el Alto.
+
+Durante ocho dias, Estrella que habia contado con su juventud y su
+hermosura para procurarse un noble conocimiento que la sirviese para dar
+con su abuelo, notó que á la iglesia de San Gregorio, la mas alta y
+lejana del Albaicin, solo concurrian pobres gentes y toscos
+trabajadores, que se asombraban de ver todos los dias á una dama tan
+hermosa, en aquella iglesia donde no acostumbraban á ir damas.
+
+Estrella pidió á Harum que la llevase á una iglesia mas concurrida.
+Harum, por mas que le disgustase este afan de dejarse ver, en una dama
+por la cual podia interesarse su señor, aunque solo le habia mandado que
+la obedeciera como si fuera su hermana, la llevó á la colegiata del
+Salvador; pero aunque en aquellos tiempos era la tal iglesia muy
+concurrida, iba á ella la jóven demasiado temprano para encontrar en
+ella gente noble. Entonces preguntó á Harum á que hora concurria á la
+iglesia la gente principal. Harum la contestó un tanto contrariado, que
+á la misa de hora.
+
+--Pues, bien, dijo Estrella; quiero ir á la misa de hora.
+
+--Para ello será necesario que vayais mejor prendida, en litera, y con
+noble servidumbre, observó Harum.
+
+--Pues bien; comprad lo que fuere menester.
+
+Harum procuró á Estrella nobles y ricos trages y una litera de córte y
+la hizo acompañar por sus monfíes disfrazados de pajes, que la llevaban
+el cogin y la silla: no bastando para estos gastos el dinero que le
+habia dejado Yaye, Harum se vió obligado á empeñar sus mejores prendas.
+Pero Estrella fue vista y admirada el domingo inmediato por la gente mas
+noble de Granada.
+
+Sin embargo, durante tres dias de fiesta, aunque la miraron con codicia
+muchos hidalgos jóvenes y viejos, y aunque Estrella, que ansiaba tener
+un instrumento de quien valerse, no fuese muy esquiva de semblante,
+ninguno, al verla tan bien acompañada y por un hombre tan cegijunto como
+Harum, se atrevió á seguirla ni á ponerse en conquista. Pero la fama de
+la hermosa desconocida cundió entre lo que podia llamarse entonces buena
+sociedad, por boca de damas y galanes, y llegó á oidos del marqués de la
+Guardia.
+
+Don Gabriel jamás dejaba de acudir allí donde se presentaba un nuevo sol
+entre los soles conocidos, y tanto oyó ponderar la belleza y el boato de
+la incógnita, que al primer dia de fiesta, se aliñó, se tiñó las canas,
+se puso sus mejores prendas, y antes de la misa de hora fué á plantarse
+junto á la pila del agua bendita en la iglesia del Salvador.
+
+Ya estaba cansado el marqués de ofrecer agua á todas las damas conocidas
+suyas, jóvenes y viejas, que iban entrando sucesivamente, cuando se
+presentó Estrella.
+
+Al ver el marqués á una jóven tan hermosa, tan bien prendida, tan
+noblemente acompañada, y á quien no conocia, dijo para sí:
+
+--Esta debe ser la famosa incógnita.
+
+Y sumergiendo dos dedos de su mano diestra en la pila, adelantó
+gentilmente hácia Estrella, la saludó con una sonrisa tal y tan noble
+como quien á ellas estaba acostumbrado, y la ofreció el agua bendita.
+Estrella la tomó con suma gracia y pasó sonriendo levemente al marqués,
+y desplomando sobre sus ojos una mirada, que á poco mas hace un destrozo
+en el corazon de don Gabriel.
+
+--Decididamente, dijo este, cuando se hubo repuesto: es la mujer mas
+hermosa que he visto en toda mi vida.
+
+El marqués no oyó misa, ni vió otra cosa que á Estrella que se habia
+arrodillado junto al presbiterio. La jóven, como sabemos, tenia interés
+en hacerse con un instrumento, y tales fueron sus frecuentes y al
+parecer impresionadas miradas al marqués, que este acabó de volverse
+loco.
+
+Cuando salieron, don Gabriel siguió á Estrella á pesar de Harum, que de
+tiempo en tiempo le miraba fosco, como un mastin que olfatea al lobo.
+
+Don Gabriel supo donde vivia Estrella, pero supo tambien que su casa no
+tenia resquicio ni respiradero.
+
+Rondó, fué y vino durante tres dias; pero siempre vió la casa cerrada y
+muda. El cuarto dia era de fiesta. Don Gabriel fué á la misa de hora
+provisto de un billete en que declaraba su amor á Estrella, y la
+suplicaba que, si la era posible, fuese al dia siguiente á las ocho á
+misa á la misma iglesia, para darle la sentencia de vida ó muerte.
+
+Cuando Estrella entró, don Gabriel, al ofrecerla el agua bendita, la
+deslizó en la mano el billete. Estrella le tomó recatadamente; pero no
+se sonrió, ni miró al marqués durante la misa, manteniéndose grave y
+seria. El marqués se desesperó creyendo que habia errado el golpe por
+precipitacion y se abstuvo de seguirla cuando salió.
+
+Sin embargo, al dia siguiente, entre temor y esperanza, fué antes de las
+ocho á la iglesia del Salvador.
+
+Poco después entró Estrella, seguida, como siempre, de los dos pajes y
+del receloso Harum. El marqués adelantó hácia ella trémulo y pálido, y
+al tomar Estrella el agua bendita, dejó en su mano un pequeño billete.
+
+Jamás pareció mas larga una misa á don Gabriel; concluyóse al fin; doña
+Estrella pasó junto á él, le saludó y desapareció. El marqués abrió con
+ansia en el mismo vestíbulo del templo el billete y vió que contenia lo
+siguiente:
+
+«Señor marqués de la Guardia: os contestaré al billete que me
+entregásteis ayer, cuando tenga algo que agradeceros, y para que eso
+pueda suceder, voy á presentaros la ocasion de servirme. Necesito que
+don Juan de Cárdenas, duque de la Jarilla, mi abuelo...
+
+Al llegar á esta frase don Gabriel, lanzó un grito de alegría, arrugó el
+billete y le besó frenético; luego le desarrugó lentamente con placer,
+con el alma inundada de delicia y prosiguió la lectura.
+
+»... Necesito que don Juan de Cárdenas, mi abuelo, sepa que tiene una
+nieta, que esta nieta está sola en el mundo, que tiene medios para
+probarle su parentesco y que necesita su noble y paternal amparo. Buscad
+al duque, mi abuelo, y decidle dónde vivo. Cuando el duque me haya
+reconocido, entonces, señor marqués, veré lo que debo contestar á
+vuestra peticion, y se aclarará para vos el misterio de este encargo que
+os hago, contando con que, como noble, me servireis.--Doña Estrella de
+Cárdenas.»
+
+El primer impulso de don Gabriel fue correr á casa del duque y mostrarle
+el billete; pero meditó que el duque sabia que era casado, y su paso se
+hizo mas lento, reprimido por su meditacion.
+
+--Pues bien, dijo el marqués, no hay necesidad de mostrarle el billete;
+le diré que he encontrado á su nieta, y si me pregunta el cómo,
+inventaré una mentira cualquiera. Vamos á casa del duque. Es necesario
+que doña Estrella me esté agradecida, y ademas, tenia picado mi amor
+propio por no haber podido dar con ella. ¡Ya se ve! ¿ Quién habia de
+figurarse?... Decididamente soy un hombre de suerte.
+
+ * * * * *
+
+Al mediar aquel mismo dia, Harum se encontró sériamente sorprendido, al
+ver que llamaba á la puerta de su casa la justicia.
+
+Eran un alcalde de casa y córte, un escribano y cuatro alguaciles, á los
+cuales acompañaban el duque de la Jarilla y el marqués de la Guardia,
+con algunos criados armados.
+
+--¿Cómo os llamáis? dijo severamente el alcalde á Harum.
+
+--Pedro de Xeniz, contestó Harum con entereza.
+
+--¿Quién vive en vuestra casa?
+
+--Una dama que se llama doña Estrella y...
+
+--Basta, dijo el alcalde; en nombre del rey llevadnos á la presencia de
+esa señora.
+
+Harum, cediendo á las circunstancias, introdujo al alcalde, al
+escribano, al duque de la Jarilla y al marqués de la Guardia, en una
+sala del piso bajo á donde estaba Estrella.
+
+Al verla el duque, la reconoció: tan parecida era á su hija cuando tenia
+la misma edad, con la sola diferencia de que era morena y de que su
+semblante revelaba de una manera inequívoca el tipo indígena mejicano.
+
+El duque se arrojó entre los brazos de Estrella.
+
+--¡Sí! ¡sí! exclamó, cubriéndola de besos y lágrimas; ¡tú eres, si, la
+hija de mi pobre Inés, la hija de mi alma! ¡tú semblante lo está
+diciendo á voces! ¡sus mismos ojos, su misma frente, su misma pureza, y
+luego... el color de tu padre!... ¡Ah, Dios mio! ¡Dios mio!
+
+Y el viejo, no pudiendo resistir mas á su emocion, cayó desfallecido
+entre los brazos de Estrella, que se vió precisada á sostenerle.
+
+La jóven lloraba; todos estaban conmovidos: solo Harum se mostraba hosco
+y receloso.
+
+El duque habia perdido el conocimiento.
+
+--Es necesario concluir, dijo el marqués; vuestro abuelo, señora, no ha
+podido resistir á tanta felicidad. Concluid, señor alcalde, mientras yo
+voy á buscar dos literas.
+
+El alcalde se dirigió á Estrella.
+
+--¿Reconoceis por vuestro abuelo al señor duque de la Jarilla? dijo.
+
+--Soy nieta del duque de la Jarilla, contestó Estrella, sin dejar de
+atender con una tierna solicitud al anciano.
+
+--¿Sois casada? repuso el alcalde.
+
+--No, señor; soy enteramente libre.
+
+--¿Estais, pues, dispuesta á trasladaros á la casa de vuestro abuelo?
+
+--Sí señor.
+
+--¿Habeis estado por vuestra voluntad en esta casa?
+
+--Sí señor; y solo tengo motivos de agradecimiento para con el honrado
+Pedro el Xeniz, y para con su señor. Ellos fueron los que me salvaron
+del infame Alvaro de Sedeño; ellos los que procuraron á mi madre una
+muerte tranquila.
+
+--¿Conque vos no sois el dueño de esta casa? añadió el alcalde
+dirigiéndose á Harum.
+
+--No señor.
+
+--¿Quién es vuestro amo?
+
+--El señor Juan de Andrade.
+
+--¿Y dónde está?
+
+--Ausente.
+
+--Puesto que contra vos no hay ninguna queja, os encargo que aviseis á
+vuestro señor de lo que acontece y de que su presencia será muy
+necesaria en Granada para ciertas probanzas.
+
+--Muy bien, señor.
+
+--¿Habeis concluido ya, señor alcalde? dijo don Gabriel entrando en la
+estancia.
+
+--De todo punto.
+
+--¿De modo que podremos trasladar al señor duque y á doña Estrella á su
+casa?
+
+--Sí señor.
+
+--Esperad un momento, dijo Estrella.
+
+Y se apartó á un lado con Harum, á quien habló en voz baja lo siguiente:
+
+--Decid á vuestro señor, que me perdone por el paso que he dado sin su
+conocimiento; vos sabeis que durante un mes no he salido de esta casa;
+pero me importaba encontrar á mi familia. Decidle que me encontrará
+siempre en casa de mi abuelo; que no me moveré de Granada hasta que le
+vea y... añadidle, dijo Estrella cubierta de rubor y con los ojos
+arrasados en lágrimas, que no puedo vivir sin él.
+
+--¡Ah, señora! ¡que Dios os haga feliz! contestó Harum.
+
+ * * * * *
+
+Apenas habian salido de la casa Estrella, su abuelo, á quien la alegría
+habia puesto en un estado lamentable, el marqués de la Guardia, que iba
+formando castillos en el aire, y el alcalde y el escribano, que
+ajustaban _in mente_ la suma de las costas de la diligencia que acababan
+de practicar, cuando Harum, irritado, hosco y mohino, sacó un caballo de
+las cuadras, montó en él y se fué á buscar al emir de los monfíes de las
+Alpujarras.
+
+ * * * * *
+
+Estrella fue reconocida por su abuelo y por su padre: los dos religiosos
+dominicos declararon que era la misma doña Estrella que diez años antes
+habia sido arrebatada del desierto por el capitan Alonso de Sedeño;
+reconociéronse como buenas pruebas el retrato y el manuscrito que doña
+Inés habia dado á su hija antes de morir, y á despecho de los parientes
+del duque, doña Estrella fue declarada su nieta, y su heredera legítima.
+
+ * * * * *
+
+El duque, que habia podido resistir al dolor de la pérdida de su hija,
+no pudo resistir á la alegría del encuentro de su nieta, y murió
+perdonando á Calpuc, y llamándole su hijo.
+
+Doña Estrella le heredó y se encontró jóven, hermosa, libre, duquesa de
+la Jarilla, grande de España y riquísima por sus rentas y por el dinero
+que habia acumulado su abuelo durante su retiro.
+
+ * * * * *
+
+Pasó un mes desde la muerte del duque y ninguna noticia tenia Estrella
+de Yaye.
+
+El marqués de la Guardia entre tanto importunaba á la jóven con sus
+amores.
+
+--Ya os he dicho, le contestaba, la duquesa, que antes de conoceros
+amaba á otro: ya os he dado todo lo que podia daros: mi agradecimiento.
+
+El marqués, sin embargo, cada dia mas tenaz, insistia.
+
+Estrella le demostraba su agradecimiento sufriendo sus importunidades.
+
+El amor del marqués llegó á hacerse lúgubre: se creyó engañado y pensó
+en vengarse.
+
+Estrella, triste por la ausencia de Yaye, enflaquecia y se ponia pálida.
+
+Calpuc veia con inquietud el estado de su hija.
+
+ * * * * *
+
+Al fin un dia y cuando el marqués, por la millonésima vez, hablaba á
+Estrella de su amor desesperado, un lacayo anunció á la puerta de la
+cámara al señor Juan de Andrade.
+
+Estrella se puso pálida, tembló y lanzó un grito ahogado.
+
+El marqués comprendió que habia aparecido el rival dichoso y se levantó
+irritado y letal, al mismo tiempo que Yaye entraba en la cámara.
+
+La vista de la enérgica belleza y de la juventud de Yaye, irritaron al
+marqués que salió desesperado.
+
+Al ver á Yaye, Estrella se levantó y corrió desalada á arrojarse en sus
+brazos.
+
+No le dijo una sola palabra; pero reclinó la cabeza en su hombro y lloró
+de placer.
+
+Yaye la llevó al sillon de donde se habia levantado.
+
+--Mi buen Harum, dijo Yaye, me ha dicho que necesitabais verme: yo
+tambien necesitaba veros, y he venido.
+
+--Sí, despues de cuatro horribles meses que han pasado desde que nos
+vimos por la última vez.
+
+--Cuatro meses que he necesitado para darme á conocer dignamente á los
+míos y para vengar á mi padre.
+
+--¿Vuestro padre ha muerto? dijo apareciendo Calpuc en una puerta de la
+cámara.
+
+--¡Es mi padre! dijo Estrella.
+
+--¡El rey del desierto! exclamó Yaye.
+
+--Y vos el emir de los monfíes, dijo Calpuc.
+
+Entrambos se estrecharon las manos.
+
+--Mucho he debido á vuestro padre, dijo Calpuc; sin su proteccion
+hubiera muerto á manos de la justicia en Andarax. Pero lo que debo al
+padre lo pagaré al hijo.
+
+--¿Me dareis lo que os pida?
+
+--¡Sí!
+
+--Meditad bien lo que prometeis.
+
+--Aunque me pidieseis mi hija os la daria.
+
+--Pues vuestra hija os pido.
+
+--Tenedla por vuestra.
+
+--¡Ah! exclamó Estrella, y se arrojó en los brazos de su padre.
+
+El casamiento, bien á despecho del marqués de la Guardia, se hizo de
+allí á pocos dias.
+
+¿Amaba Yaye á Estrella?
+
+No: cuando mas estaba enamorado. Yaye era uno de esos hombres todo
+corazon, que solo aman una vez, y su amor pertenecia á doña Isabel de
+Córdoba y de Válor.
+
+¿Y siendo esto asi, siendo doña Isabel viuda, porque no se habia casado
+con ella Yaye?
+
+Su carácter, su orgullo, su ambicion desmedida y los pergaminos que al
+morir le habia dado su padre explicaran este misterio.
+
+Veamos aquellos pergaminos.
+
+«Ultima voluntad del emir Yuzuf Al-Hhamar.--A su hijo el emir
+Yaye-ebn-Al-Hhamar.
+
+»Soy viejo y presiento la muerte que se acerca.
+
+»Estoy preparado: que se cumpla la voluntad del Altísimo.
+
+»Nada tendria que decirte, hijo mio, si acontecimientos imprevistos no
+hubieran echado por tierra mis proyectos.
+
+»Isabel de Córdoba y de Válor se ha casado con un hombre oscuro. La
+muerte de su esposo la ha hecho libre. Pero el emir de los monfíes no
+puede casarse con una viuda[9], y mucho menos con la viuda de Miguel
+Lopez, de Sayd-Aboo, el infame y el renegado.
+
+»Isabel era una doncella de sangre real, ennoblecida por los cristianos:
+Isabel era la esposa que te convenia.
+
+»Pero el Altísimo en sus inescrutables decretos no ha permitido que sea
+tu esposa Isabel.
+
+»Existe, sin embargo, al alcance de tu mano, una doncella de sangre
+real: sus ascendientes tuvieron un poderoso imperio al otro lado de los
+mares; el padre de esa doncella, el rey del desierto mejicano, vive
+entre nosotros: cualquiera de nuestros monfíes te llevará á él, solo con
+que le digas: necesito ver al cazador de la montaña.
+
+»El te contará su historia. Salva á la madre y cásate con la hija.
+
+»Este casamiento te producirá grandes riquezas, porque el rey del
+desierto es poderoso, y una noble posicion entre los cristianos, porque
+Estrella, la mujer con quien debes casarte, vendrá á ser un dia grande
+de España, por el derecho de su madre.
+
+»Yo te he hecho educar de manera que puedas pasar por cristiano entre
+los cristianos: si logras hacerte amar por Estrella, puedes vivir en la
+córte del rey de España como uno de sus grandes.
+
+»Es necesario tender por todas partes asechanzas al leon. Rodéale,
+espíale, gasta tus tesoros y los del rey del desierto, en suscitarle
+enemigos y dificultades... sacrifícalo todo por tu patria: tu corazon,
+tu honra como hombre, y si es necesario la honra de tu esposa y de tu
+hija.
+
+»Un rey no se pertenece; es todo de su pueblo. Sacrifícate por tu
+pueblo, Yaye.
+
+»Cásate con la hija del rey del desierto: sé una doble persona: el brazo
+vengador del Islam en la montaña; el enemigo encubierto, en la córte del
+tirano...»
+
+El manuscrito seguia esplanándose en la explicacion de estas
+consideraciones: era un extenso memorandum, que Yuzuf legaba á su hijo;
+el plan detallado de una doble guerra al rey de España.
+
+Yaye se casó con Estrella bajo el influjo de su ambicion.
+
+Pero era tan hermosa la jóven, tan pura, estaba tan enamorada de Yaye,
+que contagió con su amor, cuanto podia contagiarle, al jóven emir.
+
+Yaye hubiera acabado, al fin, por ser feliz hasta cierto punto con ella
+como marido, sino hubieran venido dos incidentes fatales á turbar su paz
+doméstica.
+
+El primero fue la carta de doña Isabel de Válor que le noticiaba el
+nacimiento de su hijo.
+
+El amor que Yaye sentia por doña Isabel y que solo estaba, por decirlo
+así, sobresanado, brotó con nuevo ímpetu, de una manera incostrastable,
+y á pesar del memorandum de su padre, se arrepintió de haber cedido á su
+ambicion, de haberla sacrificado su felicidad, de haberse casado, en
+fin, con Estrella, en vez de haber obligado con su amor á doña Isabel á
+que fuese su esposa. Estrella, la infeliz Estrella, obstáculo sensible
+de su union con doña Isabel, se le hizo odiosa.
+
+Yaye, disimuló, sin embargo, y creyó que su disimulo bastaba para
+encubrir el desvio que experimentaba hácia su esposa: pero el alma de la
+mujer que ama, es muy delicada, sus ojos muy perspicaces. Estrella
+comprendió que no era amada, y lloró en silencio.
+
+El otro incidente que acabó de destrozar el corazon de Yaye, provino del
+marqués de la Guardia.
+
+Irritado este cada vez mas en sus tenaces amores por Estrella, llegó á
+ese punto fatal en que un enamorado en nada repara, en que todo lo
+arrostra por alcanzar la posesion de la mujer amada.
+
+Irritaba mas su rabia el que la duquesa se hallaba en cinta en un
+período muy avanzado.
+
+Entonces, desesperado ya, pensó en una venganza infernal.
+
+El marqués, habiendo apurado todos los medios, apeló á la corrupcion de
+la servidumbre íntima de Estrella.
+
+Pero no apeló al medio vulgar del dinero. Pensó en vengarse de Estrella
+de una manera indirecta, como si dijéramos, por tabla. Enamoró á una de
+sus doncellas.
+
+Esta conquista no le fue difícil. La doncella cedió á las consumadas
+artes de seducción del marqués, que aun era buen mozo, y todas las
+noches el marqués entró en casa de la duquesa por un balcón inmediato á
+sus habitaciones, que daba al dormitorio de la doncella seducida.
+
+Don Gabriel no queria que su venganza fuese pública. Solo ansiaba herir
+el corazón de Yaye á quien aborrecia porque era amado de Estrella.
+
+El marqués, pues, envió un infame anónimo á Yaye, en que se le avisaba
+que todas las noches oscuras á las doce, entraba un hombre por los
+balcones en su casa y le recibia su esposa.
+
+Yaye observó á Estrella; notó en ella un desvío que no era otra cosa que
+el resultado de un amor lastimado por el desvío de Yaye. Este, preparado
+por el anónimo, sospechó de Estrella, interpretando mal su tristeza y su
+abstraccion. Tras la sospecha vino el deseo imprudente de aclarar la
+verdad, y se puso en acecho bajo los balcones de Estrella, la primera
+noche oscura que sobrevino. Poco despues de las doce apareció un hombre
+embozado en la calleja donde estaba oculto Yaye, hizo una seña, se abrió
+silenciosamente uno de los balcones del departamento que habitaba
+Estrella, apareció en él una sombra blanca de mujer y una escala cayó á
+la calle.
+
+Yaye no tuvo ni valor, ni espera; no meditó que podian engañarle las
+apariencias, y en el momento en que el marqués de la Guardia aseguraba
+la escala para subir, le acometió espada en mano, y le hirió.
+
+El marqués vaciló y cayó; barbotó algunas palabras, y soltó una
+carcajada horrible, por cuya entonacion é inseguridad se podia
+comprender que estaba borracho: la mujer del balcon huyó y cerró.
+
+El marqués yacía en tierra, muerto.
+
+Yaye se arrojó sobre él, le descubrió el rostro y á la media luz de la
+noche le reconoció.
+
+--¡Ah! ¡es el marqués de la Guardia! dijo.
+
+Entonces recordó que el marqués era el que habia descubierto el paradero
+de Estrella.
+
+--¡Se amarian! exclamó. ¡El es casado!
+
+Esta circunstancia agravó mas las sospechas de Yaye.
+
+--Ella, sin duda, quiso tener un hombre que encubriese los resultados
+probables de su infamia...
+
+Yaye se cubrió el rostro con las manos.
+
+Luego envainó frenético su espada, se dirigió á un postigo inmediato,
+abrió con una llave de que iba provisto, y entró en su casa.
+
+El cadáver del marqués quedó abandonado en la calleja.
+
+Cuando Yaye entró en el dormitorio de su esposa, la encontró dormida,
+aunque inquieta. Al abrir las cortinas del lecho, la oyó murmurar un
+nombre en sueños.
+
+Esperó escuchando con suma atencion á que volviera á hablar la duquesa.
+
+--¡Yaye! ¡yo te amo! exclamó al fin esta.
+
+Yaye creyó volverse loco. ¿Conque no era su esposa la que habia arrojado
+la escala al marqués?
+
+Entonces meditó á qué habitacion caia el balcon que se habia abierto, se
+retiró recatadamente, salió á un corredor y llamó á una puerta de
+servicio.
+
+Abrióle una doncella pálida y consternada.
+
+Aquella mujer estaba vestida de blanco.
+
+--¡Ah! ¡perdón! ¡perdón, señor! exclamó: ¡yo le amaba!
+
+--¡Ah! ¿conque eras tú? exclamó Yaye: y la volvió las espaldas.
+
+Al dia siguiente la doncella fue despedida; pero á pesar de lo que habia
+visto, Yaye no pudo despedir las sospechas de su alma.
+
+Jamás las manifestó á Estrella, pero excitado su aborrecimiento á la
+pobre joven, lo demostró sin rebozo.
+
+Ausentábase y pasaba semanas enteras en las Alpujarras.
+
+Estrella no podia ser mas infeliz.
+
+Pero Dios tuvo compasion de ella.
+
+Murió, al dar á luz una niña, entre los brazos de Yaye, que al verla
+morir creyó en ella, lloró, y sintió sobre su alma un nuevo
+remordimiento.
+
+ * * * * *
+
+Aquellos remordimientos estaban representados por don Fernando de Válor,
+por Diego Lopez y por su hija doña Esperanza.
+
+Aquellos tres inocentes representaban los dolores de tres mujeres á
+quienes habian sacrificado de distinto modo los amores de Yaye.
+
+
+
+
+SEGUNDA PARTE.
+
+EL MARQUESITO Y LA DUQUESITA.
+
+
+
+
+CAPITULO PRIMERO.
+
+Tres notabilidades de la córte del rey don Felipe.
+
+
+Eran estas notabilidades dos mujeres y un hombre.
+
+La una mujer se llamaba doña Esperanza de Cárdenas, duquesa de la
+Jarilla.
+
+La otra, la princesa Angiolina Visconti, esposa del príncipe Maffei
+Lorenzini.
+
+El hombre se llamaba don Juan Coloma, marqués de la Guardia.
+
+Estos tres personajes tenian tres nombres por los cuales se les nombraba
+por excelencia.
+
+Conociese á doña Esperanza de Cárdenas, bajo el nombre de la _hermosa
+duquesita_.
+
+A la princesa Angiolina, bajo el de la _casada-virgen_.
+
+A don Juan de la Guardia, bajo el de el _marquesito_.
+
+La hermosa duquesita, tenia veinte años.
+
+La casada-virgen veinte y seis.
+
+El marquesito veinte y uno.
+
+Necesitamos dar á conocer á estas tres personas, y, por mas que pese á
+nuestra galantería, el órden de los sucesos que vamos refiriendo nos
+obliga á empezar por el marquesito.
+
+El marqués de la Guardia habia quedado huérfano cuando solo contaba un
+año. Su padre don Gabriel Coloma, habia sido encontrado muerto á
+estocadas en una calleja del Albaicin, y por resultado de su muerte,
+murió afligida y triste siete meses despues su madre doña Clara de
+Arévalo.
+
+El marquesito huérfano, pues, fue entregado á la tutela de un tio
+materno, hidalgo disoluto, que no cuidó gran cosa de la severidad en la
+educacion de su sobrino: sin embargo, le amaba, y era imposible no amar
+á aquel arrapiezo tan hermoso, tan inteligente, tan diabólico, tan
+cariñoso, tan vivo: su tio don César de Arévalo, al ver las favorables
+disposiciones de su sobrino, habia jurado hacer de él un don Juan
+Tenorio y en ningunas manos habia podido caer el pobre huérfano, que
+mejores fuesen, para hacer de él uno de esos terribles calaveras del
+siglo XVI, que, considerados bajo cierta faz, son una de las
+ilustraciones de nuestro siglo de oro, por lo valientes y audaces;
+muchos de los cuales, despues de una juventud borrascosa, habian
+contribuido con su espada, ya en los viejos Estados de Europa, ya en las
+vírgenes praderas del Nuevo Mundo, á sostener el carácter preponderante
+y conquistador de las Españas.
+
+El cariño de don César hácia su sobrino, cariño indiscreto y exagerado,
+habia hecho al jóven marqués voluntarioso y exigente; este mismo cariño
+habia contribuído á que, en punto al saber, la educacion del jóven fuese
+mezquina y descuidada: en efecto; ¿para qué necesita un marqués la
+ciencia? Los pobres la adquieren como un medio de hacerse ricos, pero el
+que ha nacido opulento no necesita de la ciencia para nada. Limitóse,
+pues, su tio á que aprendiese á leer por el catecismo, y á escribir
+medianamente: en cuanto á contar abstúvose prudentemente de esta
+enseñanza su tio, porque preveia que tarde ó temprano se veria obligado
+á rendir cuentas de su hacienda á su sobrino.
+
+A los ocho años ya sabia nuestro marquesito leer de corrido en letras
+gordas de molde y de mano, y escribir con un carácter demasiado correcto
+y claro para un título de Castilla, cartas de amores á las vecinas, que
+estaban locas con la precocidad del pequeño don Juan, y se le disputaban
+y le convidaban con frecuencia á sus fiestas, en las cuales era el
+marquesito un aliciente, por su espíritu despierto y sus oportunidades
+prematuras.
+
+Habia la desgracia de que don César de Arévalo, obedeciendo á sus
+instintos, vivia en una muy mala vecindad: las damas moradoras de las
+casas circunvecinas, eran todas de vida alegre, de fácil trato, de
+espíritu galante y aventurero. Don César las trataba á todas, y con
+todas gastaba bizarramente la hacienda de su sobrino. El pequeño don
+Juan, desde sus primeros años, se habia visto acariciado por hermosas
+manos, besado por bocas fresquísimas, de labios purpúreos, y aliento
+perfumado: mirado, en razon de su extremada hermosura, por ojos
+ardientes, poco pudorosos y mucho provocadores; el demonio de la
+tentacion, bajo todas sus formas, habia mecido en la cuna á aquel niño
+abandonado al vício, y su espíritu se habia formado en una atmósfera
+envenenada, pero brillante, ardiente, en medio de la cual flotaban
+mujeres como hadas, saturadas de perfumes, engalanadas con brocados y
+sedas, y prendidas con plumas y diamantes.
+
+Asi es, que don Juan no conoció la inocencia, y á los doce años amaba
+con la intensidad y la impureza de un hombre de treinta; á los trece
+años, era peligroso para las mujeres; á los catorce, desarrollado,
+hermosísimo, valiente, audaz, consumado en el manejo de las armas, galan
+entre los galanes, el hombre niño, como se le habia llamado desde
+pequeño, habia ascendido en la consideracion y en el lugar que ocupaba
+entre sus antiguas maestras: aquellas mujeres le habian convertido en su
+amante, le habian dado una fama que don Juan habia sabido sostener á las
+mil maravillas, y desde los trece á los catorce años, habia tenido cien
+queridas: una por dia. Don Juan era un prodigio.
+
+Su juventud, su hermosura, su audacia, le habian hecho el favorito de
+las damas galantes: por consecuencia, se había hecho enemigos numerosos
+entre los hombres galanteadores. Al principio hubo algunos zelosos que
+se permitieron tratarle como niño. Don Juan se encargó de hacer que le
+tuviesen por hombre, matando en duelo al primero que se le vino á las
+barbas y su tio se vió obligado á gastar sumas enormes para sacarle de
+la cárcel y templar el rigor de las pragmáticas.
+
+Como se ve, tan de prisa le habia educado su tio, que habia adelantado
+para él la edad de las pasiones, y los graves acontecimientos de la
+vida.
+
+Don Juan, que no habia tenido infancia, porque la infancia es la
+inocencia, ni adolescencia, porque la adolescencia es la timidez, habia
+llenado cumplidamente los deseos de su tio, siendo á los quince años un
+completo don Juan Tenorio.
+
+Jugaba con el mayor desprendimiento y nobleza enormes sumas, sin
+afligirse por las pérdidas, ni regocijarse por las ganancias: montaba á
+caballo como el mejor picador; con espada y daga no habia maestro que le
+metiese un tajo, ni galan que mas bizarras galas gastase, ni mas querido
+de las damas fuese, en la noble córte del rey de las Españas.
+
+Juntos á gastar tio y sobrino, muy pronto fueron á dar, empeñadas, en
+manos de prestamistas, las cuantiosas rentas del marquesado de la
+Guardia, que habian ya quedado bastante empeñadas por el difunto
+marqués; llegó al fin un momento, en que el tio se vió obligado, por la
+primera vez, á negar una respetable suma á su sobrino.
+
+Era tambien esta la primera contrariedad que experimentaba el jóven don
+Juan y se irritó; pero de una manera tal, que el tio se arrepintió,
+aunque tarde, de haber dado tal educacion á su sobrino. Arreglóse, pues,
+como pudo, buscó al marquesito la suma en cuestion, y se decidió á
+apartarle de su lado, cuanto antes le fuese posible.
+
+Pero esto era sumamente difícil; le habia acostumbrado á vivir por fuero
+propio, y se habia convertido en tirano de su tio.
+
+Don Juan llegó á cumplir veinte años, y se hizo incontrastable.
+
+En aquellas circunstancias habia sido presentada doña Esperanza de
+Cárdenas en la córte, y admitida al servicio de la reina doña Isabel de
+Valois ó de la Paz. Doña Esperanza tenia un título ilustre, como que
+habia heredado de su madre, doña Estrella, el ducado de la Jarilla, y á
+mas una maravillosa y característica hermosura.
+
+La hermosa duquesita, como rompieron á llamarla espontáneamente á su
+aparicion, eclipsó desde el momento á las mas hermosas y á las mas
+ricas; es verdad que la habia precedido un prólogo, por decirlo así,
+ostentoso: seis meses antes de la llegada á la córte del duque viudo de
+la Jarilla y de su hija, uno de los genoveses mas ricos de Madrid, se
+presentó al dueño de una manzana entera de casas en Puerta de Moros, y
+le hizo la proposicion de que, fuese cualquiera el valor que impusiera á
+su propiedad, se le satisfaria en el acto, y tanto mas, cuanto mas
+pronto se hiciese el negocio. Concluyóse este con brevedad, porque quien
+bien paga, obtiene, generalmente, lo que quiere; otorgóse escritura de
+venta á favor de la duquesa de la Jarilla, y ocho dias despues, solo
+habia un monton de escombros en el lugar ocupado antes por un
+hacinamiento de feas y viejas casuchas: abriéronse profundos cimientos,
+y de dia en dia se vió levantarse, con una rapidez inusitada, un
+magnífico palacio á la flamenca, con ciertos resabios árabes, en
+ventanas, galerías y balcones.
+
+Una obra de tal volúmen, que con tal ostentacion y coste se hacia, y en
+la que trabajaban centenares de albañiles, llamó naturalmente la
+atencion; preguntose el nombre de quién hacia aquella fábrica, y sabido
+el nombre, se deseó conocer á la persona que tanto y tan bien gastaba:
+despues los primeros pintores, tallistas y tapiceros de Madrid, se
+encargaron de la pintura, decorado, adorno y mueblaje de la casa, y
+estos fueron otras tantas lenguas de la fama para ponderar el excesivo
+coste de pinturas, tapices, alfombras y muebles: sintiéronse
+mortificados los mas ricos y los mas nobles por tanta esplendidez, y el
+mismo Felipe II frunció las cejas cuando supo que habia en sus
+dominios, y vasallo suyo, un grande que tan exorbitantes gastos sufria:
+repitióse el nombre de la duquesa y del duque viudo de la Jarilla:
+súpose por los mas viejos de la grandeza, que aquel era un título
+antiguo y de buenas rentas, pero no tales como se necesitaban para tal
+lujo de casa: súpose que hacia mas de cuarenta años que los poseedores
+de aquel título habian estado apartados de la córte y como oscurecidos:
+y, como algo debia deducirse, se dedujo que aquel retiro habia servido
+para desempeñar las rentas, para ahorrar, en una palabra, y que con
+aquellos ahorros se pensaba, sin duda, preparar una ostentosa vuelta á
+la córte: suposicion natural, que tranquilizó, hasta cierto punto, las
+hablillas de todos, porque todos preveian que aquel lujo solo era una
+llamarada que no se podria sostener en lo sucesivo; una especie de
+fanfarronada; un gasto loco, en fin.
+
+Pero cuando, concluido el palacio, se vió la numerosa servidumbre que
+vino á ser su alma; servidumbre jóven, galana y cubierta con ricas
+libreas; cuando se contaron los caballos que entraban y salian de las
+cuadras, montados cada cual por un palafrenero; animales magníficos, la
+mayor parte árabes y andaluces, y cuyo número no bajaba de doscientos;
+las diferentes carrozas de córte, calle y campo; las literas, los demás
+accesorios, en fin, de una casa de rey, todos volvieron á sentir el
+agudo aguijon de la envidia y no faltó quien dijo:
+
+--Sangre de indios es esa grandeza: ¿no sabeis que uno de los duques de
+la Jarilla estuvo muchos años de adelantado en Méjico?
+
+Fuese como fuese, el resultado era, que para hacer lo que el duque viudo
+de la Jarilla habia hecho en la córte, á nombre de su hija la duquesa,
+era necesario poseer las riquezas de un rey.
+
+Pero la admiracion subió de punto cuando Esperanza fue presentada por su
+padre en la córte y admitida como dama al servido de la reina; ninguna
+grande llevaba antes que ella una riquísima tela traida á costa y coste
+del extranjero: ninguna poseía tanta, ni tan rica, ni tan variada
+pedrería; ninguna se presentaba diariamente con ricos estrenos y con
+alhajas y galas no vistas. La hermosa duquesita superaba á todas las
+damas de la córte en hermosura y en riqueza, inclusa la reina, no sin
+que esto llamase profundamente la atencion del receloso Felipe II.
+
+¿Habia una familia desgraciada? allí estaba Esperanza: y el consuelo que
+Esperanza llevaba á aquella familia, no era una limosna mas ó menos
+cuantiosa, sino una fortuna estable, asegurada, relativa á las
+necesidades del socorrido. ¿Mostraban los genoveses ó los judíos,
+riquísimos brocados, costosos encajes, magníficos aderezos? allí se
+estaban hasta que un dia pasaban Esperanza ó su padre y los compraban
+sin reparar en el precio. ¿Pasaban comediantes por la córte? El aposento
+mas cercano al tablado, mas visible, mejor situado, era obtenido por el
+duque, aunque tuviese que pujar su mayordomo de soberbia á soberbia con
+el mayordomo del mas encopetado grande: luego, por la tarde, cuando el
+público iba á la comedia, auto ó farsa, se reparaba que el mejor
+repostero entre todos los del corral, el de mejor brocado, era el que
+cubria el antepecho del aposento del duque de la Jarilla: que los
+tapices del interior de aquel aposento, y los sillones y las pieles, si
+era invierno, eran los mas ricos; por último, que la dama mas hermosa,
+mejor ataviada y mejor prendida, con mas sencillez y gusto que ninguna,
+y con mas riqueza, á pesar de su sencillez, era la duquesa de la
+Jarilla. El bobo, el rústico, el simple, como se llamaba entonces á los
+graciosos, tenia sus motivos para endilgar á la duquesita alguna
+redondilla ó copla aduladora, ya en la loa, ya en el discurso de la
+representacion. Siempre que el gracioso hacia esto, el duque le arrojaba
+una repleta bolsa de oro, y el patio aplaudia. Cuando la adulacion venia
+de una comedianta, Esperanza se sonreía benévolamente, se arrancaba una
+rica joya de su prendido y la arrojaba al tablado con la mayor
+naturalidad y gracia. Entonces los aplausos del patio se hacian
+frenéticos y frenética y casi rabiosa la envidia de las otras damas. Los
+pintores de mérito podian contar de seguro con la buena venta de sus
+cuadros en casa del duque, y hablaban de un precio fabuloso pagado á
+Pantoja, el buen pintor de Felipe II, por un cuadro de familia mandado
+hacer por el duque. En las fundaciones de conventos, hospitales,
+iglesias y obras pías, que eran muchas por aquel tiempo, contribuia con
+la mayor parte del dinero la duquesa de la Jarilla, aunque sin dar su
+nombre á ninguna de estas fundaciones religiosas. Por último, el duque
+mantenia á su costa una compañía de infantería española en Flandes, y
+llevaba por lo tanto el nombre de capitan.
+
+Por otra parte, eran tan rígidas las prácticas religiosas del duque
+viudo y de la duquesita; tenian por directores de sus conciencias
+varones tan doctos, tan graves y tan justificados, que la Inquisicion, á
+quien mandó el rey bajo cuerda, hacer informacion acerca del duque,
+cumplió su encargo declarando que: despues de prolijas y bastantes
+informaciones secretas, resultaba que: tanto el duque viudo de la
+Jarilla, como su hija la duquesa, eran buenos y celosos cristianos; que
+los monasterios, las obras pías y los pobres, les debian mucha caridad y
+que nada encontraba porque pudiera recelarse ni aun _remotisime_ de la
+religion, lealtad y virtud de tan ilustre y poderosa familia.
+
+Encogióse de hombros Felipe II al leer el informe del Santo Oficio, y
+dejó rodar la bola, y la envidia de las damas seguia viva; pero no
+roedora, porque Esperanza, siempre altiva y desdeñosa con los hombres,
+circunspecta y mesurada en sus acciones y palabras, no dió el mas ligero
+pretexto á la envidia que volaba á su alrededor, para que la mordiese.
+
+Por un contraste singular con la educacion que habia recibido el marqués
+de la Guardia, la hermosa duquesita, segun el dicho de su padre, habia
+sido educada en un convento; pero, por otra singularidad tambien
+notable, sin que pudiera atribuirse á los vicios de la educacion, la
+duquesita, á pesar de su poca edad, que apenas llegaba á los veinte
+años, era una mujer completamente formada, con un cuello, un seno y unas
+manos admirables; morena, pálida, y en cuyos ojos graves y ardientes,
+brillaban una pasion, una exuberancia de vida y una predisposicion al
+amor y al amor violento, que la hacian parecer doblemente hermosa.
+Notábanse en ella, un aprecio de sí misma, una gravedad y una altivez
+impropias de sus pocos años, y una especie de experiencia, de trato de
+mundo, de conocimiento de las gentes, cuya causa, teniéndose en cuenta
+la educacion monástica indicada por su padre, no podia comprenderse.
+Aquello era un fenómeno.
+
+No faltó al reparar esto, quien reparase la semejanza que existia, tanto
+en el desarrollo físico como en el moral, entre la duquesita y el
+marquesito de la Guardia, no faltando tampoco quien, creyendo en la
+predestinacion, en lo de las dos medias naranjas, hablando vulgarmente,
+rompiese con poca circunspeccion por medio, y llamase á la duquesita la
+_mujer del marquesito_ y al marqués de la Guardia el _hombre de la
+duquesita_.
+
+Y hay frases, que se dicen solamente por decir una oportunidad, y acaban
+por ser fatales. Muy pronto, acogido el dicho, dejó de llamarse á la
+jóven la hermosa duquesita, y se la confirmó con el sobrenombre de _la
+mujer del marquesito_.
+
+Entre tanto los dos jóvenes, de quienes tanto se ocupaba la gente
+libertina de ambos sexos de la córte, no se conocian: la mujer del
+marquesito, no habia dejado de ser guardada por las dueñas de su casa,
+sino para serlo por las dueñas de palacio, y no salia, por lo tanto del
+círculo de hierro establecido por la rígida etiqueta de la casa de
+Austria. Por su parte el _hombre de la Duquesita_, siguiendo los
+consejos de esa segunda naturaleza que se llama educacion, no salia de
+los garitos y de las mancebías. Por lo tanto habia una sociedad entera
+entre los dos jóvenes predestinados.
+
+A pesar de vivir en círculos tan opuestos, la murmuracion, que á todas
+partes alcanza y en todas partes se mete, no tardó en hacer llegar á los
+oidos de entrambos jóvenes que la opinion pública los habia casado.
+Natural era que la mujer que tanto oia ponderar las bizarrías, la
+gentileza y la hermosura de su marido de fama, desease conocerle, y que
+el marquesito, de suyo predispuesto á todo lo que era escéntrico y
+romancesco, ansiase conocer á aquella nobia, que sin pretenderlo le
+habian adjudicado, y que tenia el triple aliciente de una extremada
+hermosura, de una extremada juventud, y de una extremada nobleza, y no
+hablamos de lo cuantioso de sus rentas, porque, calificando estas como
+aliciente respecto á don Juan, inferiríamos una grave ofensa á su
+memoria. Don Juan despreciaba el dinero, y tanto le despreciaba que
+apenas le habia á las manos le separaba de sí con el mayor desprecio del
+mundo. Sin embargo, ya hemos visto que el dinero se habia vengado de su
+desprecio haciéndose desear por aquel gastador incurable, y obligándole
+á tener serias contestaciones con su tio.
+
+Cuando el marquesito deseó conocer á la duquesita, corrian los primeros
+dias de enero de 1567.
+
+Desde el momento en que los jóvenes tuvieron noticia el uno del otro, se
+desearon; pero de una manera ardiente. Puede decirse que desde el punto
+en que el nombre del uno sonó en los oidos del otro, empezaron á amarse.
+Al principio cada uno de ellos se fingió en el otro su bello ideal, y
+ese amor vago, ese amor que se refiere á un ser que no se conoce, ese
+amor que de ninguna manera puede ponerse en contacto con el ser amado,
+llegó á ser un amor violento respecto á personas dotadas de
+organizaciones tales como las de los dos jóvenes: ella era voluntariosa,
+él voluntarioso é impaciente: entrambos luchaban con su soberbia íntima:
+no querian vencerse ni aun ante sí mismos, y no procuraron, por lo
+tanto, acercarse el uno al otro. Ella se habia dicho:
+
+--Si él conoce mi nombre y desea conocerme, que me busque.
+
+El se habia dicho á su vez:
+
+--Yo no he de buscarla.
+
+Y esto se lo habian dicho entrambos con ese lenguaje misterioso é
+instintivo del alma, que no formula en palabras sus deseos, que es un
+sentimiento íntimo, un deseo germinado por una idea puesta en contacto
+con el espíritu: una de esas simpatías misteriosas que no han podido
+definirse y que se revelan al simple sonido de un nombre; que es el
+resultado de un amor instintivo, de un amor que, ó desaparece, dejando
+una impresion dolorosa en el alma, si al conocer realmente al ser que
+nos le ha inspirado de una manera abstracta, no corresponde á la idea
+que de él habiamos concebido, ó crece y se desborda si por acaso la
+excede.
+
+Colocados en esta situación moral entrambos jóvenes, solo faltaba que
+una casualidad los reuniese.
+
+Pero las casualidades suelen dejarse esperar mucho tiempo, y como el
+tiempo es el mejor remedio que conocemos para curar ciertas afecciones,
+acaso nuestros jóvenes hubieran dejado de pensar el uno en el otro; pero
+eran dos cometas lucientes que habian aparecido en el firmamento
+estrellado de la córte, y se hablaba continuamente de ellos: la
+duquesita oia referir cada dia una nueva aventura de su _hombre_; el
+marquesito escuchaba con mucha frecuencia el percance desgraciado de
+algun amador veterano que habia pretendido enriquecer su corona de
+flores marchitas, con la posesion de _la duquesita_.
+
+No podian, pues, olvidarse.
+
+Sin embargo, la caprichosa casualidad habia hecho pasar tres meses desde
+que ambos jóvenes se habian conocido de fama pública hasta el jueves
+santo de 1567.
+
+En aquella época ella era la desesperacion de los cortesanos.
+
+El la expiacion de las cortesanas.
+
+La novedad eterna de la córte ella.
+
+El el escándalo perpétuo.
+
+ * * * * *
+
+En aquellos tiempos el espíritu religioso del pueblo español estaba por
+cima de todo: era, por decirlo asi, un elemento componente de la
+sociedad de entonces: desde el rey al verdugo, altos y bajos, chicos y
+grandes, buenos y malos, todos creian en Dios, y todos lo adoraban,
+dentro de los dominios de la católica España, exceptuando solo un rincon
+de ella donde, entre breñas, no se rendia al Crucificado mas que un
+culto de miedo, bajo la presencia inmediata de la Inquisicion, de los
+obispos, de los párrocos y de las justicias. Este giron, riquísimo sin
+embargo, se llamaba las Alpujarras.
+
+Por lo tanto, nunca podia admirarse mas el recogimiento y la fe de los
+españoles, que el jueves y el viernes santo, en las calles, y
+particularmente en los templos, que se llenaban de una multitud devota y
+severa.
+
+A las dos de la tarde de aquel jueves santo, que debia formar época en
+la vida de la duquesita y del marquesito, salió este á la calle, severa
+aunque ricamente vestido de negro, y se dedicó á recorrer los
+monumentos.
+
+Un secreto instinto le decia que aquella tarde debia conocer á _su
+mujer_, y por lo mismo no iba su pensamiento preparado con toda la
+devocion conveniente á tan sagrado dia.
+
+Una idea le preocupaba sobre todo: la córte, segun costumbre, debia
+visitar los santuarios: en la córte en la servidumbre de los reyes,
+debia ir la _hermosa Duquesita_. Pero ponerse en acecho de la córte ¿no
+era buscarla? El marquesito se habia jurado á sí mismo no robar su
+privilegio á la casualidad, y tomó una resolucion que debemos llamar
+heróica: lo dejó á la suerte: para que la suerte fuese el principal
+agente, se prescribió un número determinado de iglesias y un itinerario
+rigorosamente lógico; don Juan, vivia en el monte de Leganitos: por
+consecuencia la primera iglesia que debia visitar era la de Santo
+Domingo el Real: despues las de Santa María, San Pedro, San Andrés, San
+Francisco, San Miguel, y por último, la del Hospital del Buen Suceso.
+
+El marquesito se veia obligado á recorrer esta extensa periferia, porque
+en el año de 1567, en que acontecia lo que vamos refiriendo, no habia en
+Madrid ni aun la mitad de las parroquias, conventos y ermitas que se
+fundaron despues sucesivamente hasta los tiempos de Fernando VI: ningun
+itinerario habia encontrado mas cómodo que el que habia elegido, y hé
+aquí lo lógico de su eleccion; porque siempre elegimos, cuando no
+tenemos otro interés, lo que nos ofrece mas comodidad y brevedad.
+
+Para no alterar en nada lo natural de los sucesos, el marqués se propuso
+invertir en cada iglesia el tiempo necesario para las acostumbradas
+oraciones en aquellos dias, y además no mirar deliberadamente á ninguna
+mujer.
+
+Asi es, que, cuando llegó al Buen-Suceso, su última estacion, era ya muy
+cerca del oscurecer, y la córte, segun costumbre, debia haber regresado
+ya al alcázar.
+
+No dejó de fastidiar al marquesito esta circunstancia: la casualidad le
+volvia decididamente las espaldas; pero de repente, una voz que retumbó
+en la iglesia, le conmovió de piés á cabeza, haciendo vibrar un eco
+desconocido hasta entonces en su corazon: el de la esperanza satisfecha:
+aquella voz habia dicho:
+
+--¡Sus magestades, el rey y la reina!
+
+Allí estaba la córte: en ella debia venir su desconocida mujer.
+
+Adelantaron, entre tanto los suizos, abriendo calle entre la multitud de
+fieles; siguieron los altos empleados de palacio, y al fin, el rey y la
+reina se arrodillaron sobre las almohadas; detrás de ellos se habia
+arrodillado la córte.
+
+Don Juan no pudo contenerse en las condiciones que se habia impuesto, y
+rompió la de no mirar deliberadamente á ninguna mujer; sus ojos
+anhelantes se habian fijado en la pleyada deslumbradora que constituian
+las damas de la reina; pero la casualidad quiso que no la robase el
+marqués ninguna parte de su imperio, y don Juan, aunque vió muchas
+cabezas hechiceras, muchos ojos y muchos rostros deslumbrantes, no vió
+ninguna dama, que por su juventud, ni por su hermosura especial, pudiese
+convenir con la idea que él se habia formado de _su mujer_.
+
+Entonces experimentó otro sentimiento desconocido tambien para él:
+
+La decepcion de la esperanza.
+
+De repente, y cuando el jóven exhalaba su primer suspiro de despecho, un
+resplandor fugaz iluminó la iglesia, y se escuchó un grito general de
+terror; seguidamente un resplandor mas fijo brilló en el templo, y la
+gente se agolpó aterrada á las salidas; la gran cortina morada del
+tabernáculo se habia incendiado: el fuego se habia comunicado á la
+armazon del monumento, y una inmensa y ancha llama se elevaba hasta
+tocar la bóbeda, contra la cual se torcia como una serpiente de fuego.
+
+En aquella situacion suprema, don Juan, que ante todo era caballero y
+leal, se lanzó hácia el sitio donde estaba la reina, como se lanzaron
+otros muchos; pero embarazado por la multitud, contra cuya corriente
+iba, antes de llegar al lugar que habia ocupado la córte, sintió que
+unas manos temblorosas se asian á él, y oyó una voz sonora, grave, llena
+de ansiedad, que exclamaba:
+
+--¡Salvadme, caballero! ¡salvadme!
+
+Aquella voz, por su timbre particular, por un no sé qué misterioso, se
+apoderó del alma del jóven, la halagó, como halaga una suave esencia al
+olfato; le acarició, como acaricia nuestra frente calenturienta la
+brisa, y le obligó á mirar á la mujer que la producia.
+
+Apenas habia podido ver su rostro don Juan, cuando la asió por la
+cintura, la levantó en peso, con la misma facilidad que hubiera
+levantado un copo de seda, y reteniéndola con el brazo izquierdo, y
+empujando brutalmente con el derecho á los que tenia delante, y saltando
+sobre ellos, salió por una puerta lateral, atravesó el patio y se
+encontró, fuera ya, en la carrera de San Gerónimo, que atravesó
+rápidamente, perdiéndose por una de las calles inmediatas.
+
+La noche habia cerrado, pero era muy clara: acababa de salir la luna y
+alumbraba el centro de la calle.
+
+Don Juan siguió con su carga, sin hablar una palabra, hasta una plazuela
+irregular y enteramente desierta.
+
+Entonces se detuvo y dejó que la dama se afirmase en el suelo; pero
+retuvo sus manos entre las suyas.
+
+Don Juan, por una rapidísima, por una verdadera inspiracion, habia
+arrojado en la iglesia, al asir á la dama, su toquilla de terciopelo, á
+pesar de que tenia un herrete de diamantes de sumo valor, y con la
+cabeza descubierta y su ancha y blanca frente iluminada por la luna,
+estaba hermosísimo.
+
+La mujer que tenia delante de sí y toda trémula, era muy jóven; apenas
+representaba diez y seis años; habia perdido su velo y tenia la cabeza
+descubierta, y sus negrísimos y voluminosos cabellos, peinados en
+trenzas, salpicadas de perlas y esmeraldas, despedian reflejos azulados
+á la luz de la luna; su semblante enteramente en la sombra, brillaba,
+por decirlo así, por la lucida mirada de sus ojos, intensamente fijos en
+el marquesito, con una expresion de asombro, de fascinacion, de suprema
+alegría, que el autor no se atreve á calificar; pero que enloquecia al
+jóven y le hacia probar delicias para él desconocidas; á pesar de que la
+luz de la luna emblanquece y de igual modo su reflejo, se comprendia que
+aquella jóven era morena: por lo demás, llevaba una riquísima y gruesa
+gargantilla de perlas, arracadas de gruesos diamantes, un vestido de
+córte, de damasco brocado, y brazalete y ceñidor de perlas; solo la
+faltaba el velo que habia perdido en el tumulto.
+
+El silencio de entrambos jóvenes despues de su parada y de su mútua é
+intensa contemplacion solo duró un momento.
+
+El primero que le rompió fue el marquesito con una exclamacion
+apasionadísima que parecia salir del fondo de su alma:
+
+--¡Vos sois mi mujer! dijo.
+
+Mudó de color la jóven, dejó de mirar de aquella manera irreflexiva al
+marqués, y contestó con gravedad:
+
+--No comprendo lo que quereis decir, caballero.
+
+--¡Yo soy el marqués de la Guardia! ¡Vos sois la duquesa de la Jarilla!
+contestó con acento opaco don Juan.
+
+--¡Ah! exclamó involuntariamente la jóven.
+
+Y aquel ¡ah! por su intencion, por su asombro, por su espontaneidad, y
+si se quiere, por cierto fondo imperceptible de alegría, era equivalente
+á la frase de:
+
+--¡Vos sois mi hombre!
+
+Don Juan era demasiado audaz y estaba demasiado enamorado, para que
+pudiera contenerse, y abandonando por un momento las manos de la jóven,
+la asió con entrambas palmas las mejillas, y la besó hambriento en la
+boca.
+
+La jóven dió un grito que era al mismo tiempo un gemido de dolor, una
+protesta de pudor y una demostracion de dignidad, y seguidamente, y con
+paso apresurado, se dirigió á una de las tres salidas de la plazuela.
+
+--¿A dónde vais, señora, sola y á tal hora? exclamó el marqués
+alcanzándola y cortándola el paso.
+
+--¡Haceos á un lado! exclamó con altivez la jóven. Voy á buscar por esas
+calles un caballero que sepa conducir dignamente á palacio una dama de
+la reina.
+
+--¿Segun eso, dijo sin alterarse el marqués, no me teneis por caballero?
+
+La jóven tornó á mirar con un desden mas altivo al marqués, y dijo
+severamente:
+
+--¡Haceos atrás!
+
+--¿Que me haga atrás cuando os encuentro milagrosamente despues de un
+siglo que ando enamorado de vos en busca vuestra?
+
+--Haceos atrás, repitió con un tanto menos de empeño la hermosa dama.
+
+--Escuchadme, doña Esperanza, dijo amorosamente el jóven, asiéndola de
+nuevo las manos que ella pugnó ligeramente por desasir de las del
+marqués; ¿no creeis que Dios no ha hecho que nos encontremos de este
+modo extraño, sino para que no nos volvamos á separar? ¿No os dice
+vuestro corazon como á mí el mio, que hemos nacido para amarnos, que no
+podemos ser felices sino el uno por el otro, que de todo lo que el mundo
+encierra, nada mas que nuestro amor es lo que para nosotros existe? ¿No
+me habeis visto nunca antes de conocerme, como yo os he visto antes de
+veros?
+
+Doña Esperanza, que asi sabia don Juan que se llamaba la duquesa de la
+Jarilla, perdió su expresion severa bajo el influjo de las palabras del
+marqués, y juntando sus hermosas manos y fijando en el jóven una mirada
+suplicante exclamó:
+
+--¡Por piedad, caballero! ¡ved que cada momento que pasa es un siglo
+para mi honra! aun es tiempo: el tumulto ha sido horroroso y nadie
+tendrá nada que decir si me llevais ahora mismo á la córte, que no debe
+estar lejos.
+
+--Si, si, doña Esperanza; pero meditad al mismo tiempo que yo, por
+socorreros, he perdido mi toquilla en ese tumulto; que vos estais en
+trage de córte; que habeis perdido tambien vuestro velo y que, de
+seguro, con esta clarísima luna, llamaremos la atencion de las gentes al
+atravesar á Madrid en busca de la córte que, sin duda está ya en el
+alcázar.
+
+--¡Oh, Dios mio! exclamó la duquesita, conociendo el peso de las razones
+de don Juan.
+
+--Pero hay un medio, dijo este.
+
+--¿Cuál?
+
+--Entrar en cualquiera de esas casas vecinas.
+
+--¡Oh! ¡eso jamás!
+
+--Entrar para esperar únicamente que venga una litera.
+
+La duquesa levantó sus magníficos ojos, y los fijó radiantes, límpidos,
+en el semblante del jóven, que nunca se habia visto mirado de aquel modo
+por ninguna otra mujer: comprendió por aquella mirada que la duquesita
+era su destino, mas que su destino: su señora, la pasion de toda su
+vida; su alma se anegó en el abismo de aquella mirada, y de sus ojos
+partió otra mirada por la que se exhaló toda su alma.
+
+Aquellos dos seres se habian confundido en uno.
+
+Dios los habia criado el uno para el otro, y la casualidad los habia
+reunido.
+
+--¿Quereis que entremos en una casa que no conozco, don Juan? dijo la
+jóven.
+
+--¡Cómo! ¿Sabeis mi nombre?
+
+--¿No sabeis vos el mio?
+
+--¡Me amais!
+
+--Confio en vuestro honor. Entremos en esta casa don Juan, mientras
+buscan una litera.
+
+El marqués no la contestó.
+
+La asió de la mano, se fué á un casuco situado en un rincon lóbrego de
+la plazuela, y llamó.
+
+Abrieron poco despues aquella puerta.
+
+Mediaron algunas palabras en voz baja, entre el marqués y la persona que
+habia abierto; sonaron algunas monedas, y al fin doña Esperanza y el
+marqués desaparecieron por el oscuro fondo.
+
+La puerta volvió á cerrarse en silencio.
+
+
+
+
+CAPITULO II.
+
+¡La hermosa duquesita se ha perdido!
+
+
+El incendio del monumento del Buen Suceso, en 1567, causó una sensacion
+profunda en lo que podemos llamar mundo elegante de la córte.
+
+Y no era por cierto porque á sus magestades les hubiese acontecido
+ninguna desgracia, ni porque se hubiera destruido el templo, que,
+gracias á Dios, y al celo y actividad de los vecinos, solo habia quedado
+ligeramente ahumado en la bóveda, y algo mas profundamente chamuscado en
+el tabernáculo; ni porque hubiese habido muertes ni fracturas: todo se
+habia reducido á un buen susto, á algunas contusiones, y á otras tantas
+caidas: lo que habia hecho célebre al tal incendio, habia sido que á
+causa de él, la magnífica duquesa de la Jarilla, la poseedora de diez
+dehesas, veinte montes, y cien lugares, se habia perdido.
+
+Al salir la córte de la iglesia, hallaron las dueñas que de su hermoso
+rebaño se habian descarriado cinco magníficas ovejas: cuatro de ellas,
+que se habian revuelto entre la multitud, se presentaron de nuevo en sus
+puestos, servidas por otros tantos caballeros, apenas el tumulto se hubo
+desvanecido; pero la mas hermosa, la duquesita, la mujer del marquesito
+de la Guardia, no parecia.
+
+El rey mandó que la mitad de los gentiles-hombres que le acompañaban,
+algunas dueñas, y todos los alguaciles que hubiese á mano, se pusieran
+en busca de la perdida duquesa, y la córte se volvió como si nada
+hubiera acontecido á palacio: solamente la reina hablaba cuidadosa con
+el rey; pero el rey contestaba que nada está perdido, que todo se
+encuentra cuando se sabe buscar bien, y sobre todo que aquello era acaso
+una permision de Dios, para que doña Esperanza de Cárdenas, que era un
+tanto presumida y voluntariosa, doblegase su soberbia, y encontrase su
+salvacion entrando á servir á Dios en el cláustro.
+
+Y cuando el rey decia esto, miraba de una manera singular; pero
+disimulada y profunda, á su hijo el príncipe don Carlos de Austria, mozo
+de veinte y dos años, que marchaba á su lado, cabizbajo y profundamente
+pensativo y al parecer contrariado.
+
+--Porque, añadia el rey sin dejar de observar á su hijo, el que se
+pierde es porque quiere, y dama que de tal modo se ha perdido, bien
+pudiera perder á alguien, y no es bien tener en nuestro alcázar dama que
+entre tan poca confusion se pierde, que en tan poca agua se ahoga.
+
+Asi es que el rey, en cuanto llegó al alcázar, tuvo muy buen cuidado de
+hacer decir por un gentil-hombre al duque viudo de la Jarilla, que su
+hija se habia perdido, y que se dispensase, si parecia, de enviarla á
+palacio.
+
+El duque recibió por el rey aquella noticia; pero los gentiles-hombres,
+la servidumbre de palacio, y los alguaciles, se encargaron de que la
+supiese todo el mundo.
+
+Las dueñas, convenientemente acompañadas, anduvieron dando vueltas, y
+preguntando durante dos horas, transcurridas las cuales se retiraron á
+palacio: los alguaciles rondaron hasta la media noche, y dieron parte de
+no haberse descubierto el menor indicio de su excelencia la señora
+duquesa de la Jarilla, y en cuanto al padre de esta, el duque viudo,
+estuvo dando vueltas por Madrid con todos sus criados, que venteaban
+como sabuesos, y que, sin embargo, nada lograron sacar en limpio en toda
+la noche.
+
+Cuando irritado Yaye, como un leon hambriento, se volvía á su palacio,
+encontró delante de su puerta una mujer de mediana edad, de buena
+apariencia, y á todas luces de la clase artesana, que llamaba á grandes
+golpes, sin que nadie la contestase: esto consistia en que todos los
+criados, desde el mayordomo hasta el último marmiton, habian salido en
+busca de la duquesita, y la casa habia quedado abandonada solamente á
+las mujeres de la servidumbre.
+
+Yaye, que no habia desfogado bastante su cólera con los criados, á pesar
+de que habia llegado al lamentable extremo de aporrear á cuatro lacayos,
+embistió muy de mal talante con aquella mujer.
+
+--¡Con mil legiones! ¿qué quereis vos á las puertas de mi casa? exclamó
+mirando á la mujer con ojos centelleantes.
+
+--¿Es vuecelencia el señor duque viudo de la Jarilla? preguntó toda
+trémula aquella mujer.
+
+--Sí, y bien... ¿qué quereis?
+
+--La señora hija de vuecelencia...
+
+--¡Mi hija! ¿qué sabeis vos de mi hija?
+
+--La señora duquesa, está en mi casa.
+
+--¡Que mi hija está en vuestra casa!
+
+--Y me ha dado esta carta para vuecelencia.
+
+Yaye tomó con una mano que temblaba de cólera, una carta que le dió
+aquella mujer con otra mano que temblaba de miedo, rompió la nema y
+devoró, que no leyó, el contenido del escrito.
+
+--¡Harum! exclamó roncamente Yaye, acercándose á uno de sus servidores
+despues de haber leido la carta, y guardádola en su escarcela: pronto
+una litera, y conmigo.
+
+La litera estuvo dispuesta al momento.
+
+--Y vos mujer, añadió Yaye, guiad á vuestra casa.
+
+La mujer echó á andar.
+
+--¿Cuándo fué mi hija á vuestra casa? la preguntó el emir.
+
+--La señora no fué, dijo la mujer.
+
+--¿Cómo que no fué?
+
+--La llevó mi marido que la encontró desmayada en la plazuela.
+
+--¡Ah! ¡la encontró desmayada! ¿y cuándo?
+
+--Despues de oscurecer.
+
+--¿Y por qué no me avisásteis al momento?
+
+--¡Ah, señor! nosotros no sabiamos que la señora fuese hija de
+vuecelencia.
+
+--¿Cómo que no lo sabiais? ¿pues no os lo ha dicho mi hija?
+
+--La señora duquesa ha estado desmayada hasta el amanecer.
+
+--¡Desmayada! ¡Desmayada! ¿habeis llamado á algun médico?
+
+--No, no señor: temimos, como vimos que era una dama principal... que la
+conocieran... y se enteráran de que habia estado perdida... y luego...
+en fin, como nada sabiamos, no nos atrevimos á nada.
+
+--¿Y se atrevió vuestro marido á llevarla á su casa?
+
+--¿Y cómo habia de dejar en la calle, sola, abandonada, á una señora tan
+jóven, tan hermosa, y con tan ricas alhajas, expuesta á los libertinos y
+á los ladrones? no, no señor: mi marido hizo muy bien: sábenlo Dios y la
+justicia; y si le castigasen por ello, harian muy mal.
+
+--Pero... ¿por qué no avisásteis á palacio? ¿No sabeis que en estos días
+solo visten de ceremonia las damas de la reina?
+
+--Nosotros no entendemos de eso, señor, y como nada sabíamos dijimos:
+cuando vuelva en sí, nos dirá quién es, y lo que debemos hacer. Hay que
+confesar que el marquesito de la Guardia, autor de esta tragi-comedia,
+habia previsto todos los golpes y preparado todas las paradas: lo que
+demuestra, que cuando aquella mujer habia aprendido tan bien este juego,
+era una bribona consumada.
+
+Al fin llegaron á la casa.
+
+Al ver su pobre aspecto, se le heló la sangre al duque; pero dominó su
+cólera, á fin de que esta no le impidiese hacer con fruto la mas ligera
+observacion, y dejando á sus criados, con la litera, en la calle, entro
+en la casa cuya puerta habia abierto la mujer.
+
+
+
+
+CAPITULO III.
+
+ De cómo un niño puede ser el dedo de Dios.
+
+
+Cuando entró en una húmeda y oscura sala baja el emir, una forma blanca
+y gentil adelantó, y se arrojó sollozando en sus brazos.
+
+Era la duquesita.
+
+Yaye la estrechó dulcemente contra su pecho, afectando solamente el
+cuidado natural de un padre en aquellas circunstancias, y la dijo
+besándola en la frente.
+
+--¡Oh, qué noche! ¡qué noche tan horrible, hija mia!
+
+Despues la separó un tanto de sí, y la miró fijamente: la duquesita
+estaba muy pálida; pero en sus ojos brillaba aun la expresion de su
+tranquila pureza.
+
+--Yo no sé dónde he estado, padre mio; dijo la jóven... apenas
+recuerdo... estas buenas gentes me han dicho que anoche...
+
+--Te encontraron desmayada.
+
+--Asi es, señor, dijo el marido.
+
+--Despues he recordado no sé que cosa horrorosa, dijo doña Esperanza: un
+incendio... gentes que gritaban y se atropellaban... ¡Oh, Dios mio!
+luego... yo corria... de repente sentí un vértigo... unas angustias
+horribles... despues nada... no recuerdo mas, sino que al abrir los
+ojos, me he encontrado aquí, tendida en un lecho, con las mismas ropas
+que me habia puesto para acompañar á sus magestades.
+
+Mientras doña Esperanza hablaba, Yaye ponia el mayor cuidado en observar
+cuanto tenia alrededor: los dos esposos, como dominados por la presencia
+de tan nobles personas en su casa, estaban en la mas humilde actitud y
+guardando el mas respetuoso silencio á la puerta del aposento, de la que
+no habian pasado: un chiquillo como de cinco años, estaba junto á una
+mesa mirando alternatívamente á un cajon entreabierto y á sus padres: en
+un momento en que estos estaban abstraidos, mirando á Yaye y á su hija,
+el muchacho abrió silenciosamente el cajon, y sacó de él una moneda:
+Yaye se levantó rápidamente, asió la mano del niño, y sacando de ella un
+dorado doblon de á ocho, le mostró al marido.
+
+--Vuestro hijo os roba, amigo mio, le dijo, y debeis castigarle: hoy os
+roba á vos; mañana robará á otro. Y abrió mas el cajon para echar en él
+la moneda. Dentro habia como hasta una docena de doblones.
+
+--Buenos ahorros teneis, dijo el duque señalando con un dedo inflexible
+aquel oro.
+
+El marido se puso sumamente pálido y balbuceó algunas palabras; la
+mujer, aunque un tanto alterada, contestó sobre la palabra de Yaye:
+
+--¡Ah, señor! los pobres no podemos ahorrar tanto dinero; lo debemos á
+la caridad de la señora.
+
+--Has hecho bien, hija mía, dijo Yaye: debemos premiar cumplidamente á
+los que de tal modo nos sirven, y yo me encargo de acabar de recompensar
+á estas buenas gentes: tomad, añadió dándoles una bolsa de seda llena de
+oro; que os quede un buen recuerdo de que ha pasado una noche en vuestra
+casa la duquesa de la Jarilla.
+
+Y asiendo de la mano á su hija salió con ella.
+
+La pobre jóven leyó en los ojos de su padre cuanto aquel guardaba en su
+alma; pero ni se inmutó ni tembló, aunque habia visto algo horrible.
+
+Esto consistía en que por uno de esos impulsos incomprensibles de la
+mujer, habia aceptado su destino al entrar con don Juan en aquella casa.
+
+Entre tanto la mujer que habia permanecido en la puerta de la calle
+hasta que doña Esperanza entró en la litera y Yaye se alejó con ella y
+su servidumbre, dijo volviéndose á su marido.
+
+--¡Pedro, tenemos oro; pero es necesario que nos vayamos á gozarle muy
+lejos! Ese duque me parece un hombre terrible y... todo lo ha
+adivinado... estoy segura de ello.
+
+--Tú tienes la culpa, Francisca, contestó el marido con acento
+profundo... yo no quería... pero tú te empeñaste... tú tienes la
+culpa... ese oro maldito caerá sobre nuestra cabeza y sobre la de
+nuestro hijo.
+
+ * * * * *
+
+Apenas habia entrado Yaye en su casa y dejado á Doña Esperanza en su
+aposento, cuando su ayuda de cámara le entregó una carta cuidadosamente
+cerrada.
+
+Aquella carta contenia estas solas palabras:
+
+«Señor: el príncipe ha pasado la noche fuera del alcázar; como siempre
+le ha acompañado el comediante Cisneros. Merced á los buenos servicios
+del mayordomo del príncipe Garci-Alvarez Osorio, el rey no sabe nada.
+Pero yo vigilo y lo sé todo. Señor: vuestro humilde esclavo, Aliathar.
+
+--¡El príncipe de Asturias ha pasado la noche fuera del alcázar! exclamó
+con un acento incomprensible Yaye, y se quedó profundamente pensativo,
+con los ojos fijos en aquella carta, apoyados los codos en la mesa y el
+rostro en sus puños crispados.
+
+Gran rato despues de haber permanecido en esta posicion agitó una
+campanilla de plata, y dijo á un camarero que se presentó á la puerta.
+
+--Que vayan al momento casa del comediante Cisneros, y que le digan que
+sin pérdida de tiempo deseo verle.
+
+
+
+
+CAPITULO IV.
+
+ La fuerza de la mujer.
+
+
+Yaye no permaneció mucho tiempo solo.
+
+Abrióse silenciosamente una puerta de servicio y sin ruido, apagado el
+de sus pasos por lo muelle de la alfombra, adelantó, completamente
+vestida de negro, doña Esperanza, que no se detuvo hasta sentarse en un
+sillon junto á su padre.
+
+Este no la habia visto, abstraido en lo profundo de sus pensamientos, ni
+reparó en ella hasta que la duquesita, despues de haberle mirado
+intensamente durante algunos segundos, le dijo:
+
+--Padre: la fatalidad nos persigue.
+
+Volvió el duque la cabeza, miró fijamente á su hija con una mirada
+extremadamente lúcida y la dijo con acento opaco:
+
+--¡Te has vestido de luto, Amina! ¡has hecho bien!
+
+[imagen: Don Juan siguió con su carga sin hablar una palabra.]
+
+--Vengo preparada á todo, padre, contestó Amina, á quien seguiremos
+dando este nombre.
+
+--¿Con que es verdad?
+
+--Yo no sé mentir.
+
+--Y quién ha sido... exclamó con voz temblorosa Yaye, y se detuvo.
+
+--Escúchame padre, y mata despues á tu hija: pero sabe antes; que si ha
+olvidado un momento lo que te debia, lo que á sí misma se debia, la ha
+arrastrado la fatalidad.
+
+--¡Estaba escrito! exclamó con doloroso sarcasmo Yaye.
+
+--Lo que Dios quiera que se cumpla se cumplirá padre. ¿Qué somos sobre
+la tierra? una hoja seca que arrastra delante de sí el viento del
+destino.
+
+Yaye se estremeció.
+
+--Permiteme, padre, que te relate una leyenda que hace muchos años nos
+contó, en una hermosa noche de verano, la esclava que el dey de Argel
+habia destinado para que nos entretuviese á sus hijas y á mí, con
+hermosos cuentos.
+
+Yaye miró con asombro á su hija.
+
+La jóven continuó sosteniendo con su diáfana mirada, la mirada sombría
+de su padre.
+
+--Hé aquí la leyenda que nos refirió la esclava, dijo al fin:
+
+[imagen: La duquesita.]
+
+«Hay en el centro de la Arabia un jardin maravilloso, en que todo es
+eterno, jóven é inmarchito. Este jardin, creado por Dios para recreo de
+sus escogidos, es el jardin de Hiram. Muchos le han visto en diferentes
+épocas; pero nadie sabe en qué lugar del desierto está situado. Algunas
+mañanas, antes de que aparezca el sol en el horizonte, las caravanas que
+atraviesan los ardientes arenales, suelen ver á lo lejos, tras una
+diáfana niebla de color de rosa, una ciudad, cuyos minaretes de oro
+brillan de una manera deslumbrante; aquella ciudad está rodeada de
+bosques verdes como la esmeralda, cuyo suave murmurio al agitarlos el
+viento, se escucha á lo lejos tenue y perdido; pero melodioso como la
+música mas regalada. Los primeros de nuestros abuelos que vieron aquel
+prodigio, creyeron que el jardin fuese alguna ciudad desconocida,
+habitada por gentes ricas y poderosas, y dirigieron á ella sus pasos;
+pero siempre que esto hacian, la ciudad caminaba delante de ellos como
+una nube, y siempre desaparecia, cuando los primeros rayos del ardiente
+sol reberberaban en los arenales. Despues se supo que el jardin solo se
+dejaba ver, para patentizar á los hombres las delicias del paraiso,
+donde despues de su muerte deben vivir los justos en un dia sin fin, y
+desde que esto se supo, cuando el jardin de Hiram aparecia alguna vez á
+los errantes árabes, no pretendian llegar á él, sino que se prosternaban
+y adoraban la grandeza de Dios, despues de lo cual, seguian su ruta sin
+dejar de mirar la hermosura de aquella obra del Altísimo, hasta que con
+los primeros rayos del sol desaparecia.--Cuando Dios queria que un
+justo, antes de acabar su peregrinacion sobre la tierra, gozase las
+delicias del paraiso, le inspiraba el deseo ó la necesidad de ir á una
+ciudad distante, cuyo camino fuese por el desierto. Cuando el varon á
+quien Dios habia escogido para que viese el jardin de Hiram, cansado,
+abrasados los pies y sediento, se apresuraba por llegar á un cercano
+oasis, apenas entraba en él, Dios le inspiraba un sueño profundo, del
+cual despertaba instantáneamente al eco de una música superior en
+armonía á cuantas pueden oir los hombres. El justo se encontraba en un
+jardin deleitoso: su suelo, cubierto de un finísimo césped, salpicado de
+florecillas de vivísimos colores, era superior en belleza á la mas
+preciada alfombra de la India: aquellas florecillas, de suavísima
+fragancia, formaban con sus matices peregrinas labores, y aquí, y allá,
+y en todas partes, se veian escritos con flores el nombre de Dios y sus
+alabanzas, y los eternos versos del libro de la santa ley: el cielo era
+diáfano y transparente y en medio de él, inundándole de resplandores que
+no ofendian á la vista, brillaba un sol, cien veces mas grande, puro y
+resplandeciente, que el sol del desierto: las hojas de los árboles, y de
+los arbustos, y de las flores, eran de esmeraldas, de topacios, de
+rubíes, de carbunclos y de cuantas preciosidades Dios en su grandeza
+crió: los arroyos y los lagos parecian de líquidos diamantes, y entre la
+sombra y la fragante frescura de los bosquecillos, habia magníficos
+alcázares, de los cuales había sido el único artífice la palabra de
+Dios. ¿Cómo se podría contar la belleza de lo que solo podía ver con los
+ojos de su alma un justo? ¿ni cómo compararla con el lodo y la escoria
+de la tierra? El que entraba allí solo salia para contar á los hombres
+tanta maravilla y morir, para ser trasladado, en premio de sus virtudes
+al paraiso, imponderablemente mas bello que el jardin de Hiram.--Pero la
+maravilla de las maravillas del jardin, no lo eran ni sus prados
+aromáticos y blandos á la planta, como un mullido lecho; ni sus
+espesuras fragantes; ni su cielo, ni su sol, que brillaba inmóvil en un
+eterno dia; ni sus alcázares ni sus flores, sino la hada de juventud
+inmarchita y siempre pura, puesta por Dios en aquel edem como su flor
+mas preciada. Muy pocos habían logrado ver su hermosura, y estos habian
+desfallecido ante ella. Era mas blanca que los primeros albores de la
+mañana; sus cabellos, negros como el manto de la noche, la cubrian casi
+enteramente de suavísimos y perfumados rizos; sus ojos resplandecian á
+través de sus negrísimas pupilas; su semblante daba á quien le veia la
+paz de los cielos, y su resplandeciente túnica dejaba ver bajo su tela
+sutilísima, la belleza mas perfecta que habia creado la voluntad de
+Dios. El alma de quien la miraba se anegaba de delicias sin fin; el
+perfume de su aliento dilataba la vida y la hacia mas fácil. El hombre
+mas impuro se hubiera tornado casto como un arcángel del sétimo cielo
+por sola una mirada de sus ojos y santo por un solo beso de su boca.--La
+hada vivia feliz y venturosa con su eternidad sin deseos, en aquel edem
+de delicias: para ella no existia el tiempo; flotaba alegre en los aires
+sobre nubecillas de color de rosa, y sus cantos de alabanza á Dios,
+solían ir á confortar al cansado peregrino del desierto, próximo á
+sucumbir á la fatiga. Otras veces flotaba sobre las aguas de los lagos
+tan diáfana y tan fresca como ellos, y se anegaba en su fondo, y fuego
+se elevaba como un vapor y discurria por los bosques y por las praderas,
+corriendo tras las mariposas.--Pero un dia, el eterno enemigo del cielo
+y de los hombres, Satanás, el envidioso y el soberbio, sintió envidia
+por la felicidad de la hada, y se propuso hacerla tan infeliz como las
+mujeres de la tierra.--Dios quiso en sus misteriosos juicios, que el
+espíritu maldito pudiese llegar hasta la hada, encubierto bajo una
+hermosa apariencia. Satanás habia sabido ocultar su sonrisa impura,
+apagar el fuego terrible de su mirada, y embellecerse con una hermosura
+tal como la que habia perdido, ó mas bien lo consintió Dios.--La
+inocente salió á su encuentro y le sonrió: entonces Satanás la estrechó
+en sus brazos, la besó en la frente, y desapareció.--La hada arrojó un
+grito agudísimo de dolor, y desde entonces ni flotó en los aires, ni en
+la superficie de los lagos, ni corrió tras las mariposas: en su frente
+habian quedado impresos, como una marca negra los hermosísimos labios de
+Satanás, y su corazon ardía en deseos impuros: continuamente recordaba
+aquel hermosísimo mancebo, y un amor impuro la devoraba, y le buscaba
+anhelante por todas partes, le llamaba, gemia por él, y en su delirio se
+habia olvidado de invocar el nombre de Dios, que la hubiera vuelto por
+esto solo á su pureza y á su eternidad.--El jardin de Hiram habia
+desaparecido para ella; la hada estaba desterrada y sujeta á las
+miserias de la vida mortal.--Su planta se fatigaba y se veía reducida á
+calmar la sed en las bramadoras aguas de los torrentes, su hambre con
+los silvestres frutos que con gran pena y trabajo obtenia de los copudos
+y ásperos árboles, y el aguacero, y el trueno y los relámpagos de la
+tormenta, la obligaban á buscar asilo en las horrorosas grietas de las
+rocas. Ya las mariposas y las aves no venian, como antes, con delicia, á
+revolar en torno de su cabeza y á ponerse en sus manos; huian de ella, y
+durante la noche, la aterraban los rugidos del leon y del tigre, y los
+bramidos de las bestias hambrientas.--Un dia, en fin, Dios permitió que
+un rayo de su divina luz inundase el espíritu de la hada, y este le
+reconoció y le invocó.--El Altísimo tuvo compasion de ella; pero quiso
+que antes de que volviese á ser lo que desde el principio habia sido,
+quedasen su hermosura y su impureza sobre la tierra; pero variando de
+forma, para perpetuar con un ejemplo lo que la hada hubiera sido, si
+Dios no la hubiese perdonado.--La bondad de Dios habia vuelto la paz y
+la inocencia á la hada; pero aun no habia vuelto á su perdido jardin de
+Hiram. Sufria aun las penalidades de la vida, y estaba triste y
+pensativa sentada sobre las breñas al borde de un precipicio, por cuyo
+fondo se despeñaba un espumoso torrente.--De improviso una mariposa de
+alas diáfanas y matizadas, vino á revolar á su alrededor; vióla la hada,
+y como en otros dias, quiso acariciar al hermoso insecto, tenerle entro
+sus manos, sin lastimarle, como otras veces; pero la mariposa huyó y fué
+á posarse en un espino; la hada se levantó, se acercó recatadamente,
+tendió la mano, y cuando esperaba tener asida á la mariposa, se sintió
+punzada decorosamente por las agudas puas. La mariposa habia
+desaparecido, y una sola gota de sangre de la hada habia caido sobre el
+espino. Luego, el cuerpo de la hada se fue haciendo diáfano, mas
+diáfano, hasta que se deshizo en el aire, como una niebla que se
+desvanece.--El jardin de Hiram se habia abierto de nuevo para ella, y en
+el espino, en el mismo lugar donde habia caido la gota de sangre de la
+hada, habia aparecido una rosa purpúrea, cuya fragancia embalsamaba el
+ambiente. ¡Cuán hermosa era aquella flor! ¡cuán pura! pero llegó un
+viandante, la vió, la codició, arrancó despiadadamente del tronco el
+gentil tallo en que se balanceaba, y aspiró ansioso su fragancia y la
+besó. La pobre flor perdió su fragancia, su color y su frescura, y el
+viajero, no encontrándola ya hermosa, la arrojó marchita al torrente,
+que primero la enlodó y la despedazó despues. ¡Pobre flor! cada
+primavera brota del tronco un pudico capullo, y siempre llega un viajero
+y le corta de su tallo, antes de que haya abierto enteramente su corola,
+goza un momento su naciente perfume, y como el viajero anterior, cuando
+le ve marchito, le arroja al torrente. ¡Ay y cuan pocas rosas se salvan
+del abandono y del olvido! ¡ay cuan pocas dejan de enlodarse en la
+corriente bramadora!»
+
+Détuvose un momento Amina, cuyos ojos estaban arrasados de lágrimas, y
+luego añadió con acento meláncolico y triste:
+
+--Cuando la esclava llegaba á este punto de su leyenda, añadia siempre:
+«la rosa es la mujer, hijas mías; el espino la representacion de sus
+dolores; el despiadado viandante, los deseos impuros del hombre; el
+torrente de cieno, el mundo. Pero la mujer, como la hada, tiene un Dios
+que la proteje, y la virtud y la pureza son para ella el eterno jardin
+de Hiram.»
+
+Détuvose la jóven, posó en su padre tras un velo de lágrimas una mirada
+desesperada y guardó silencio.
+
+Yaye habia comprendido perfectamente la amargura que contenia,
+especialmente en aquellas circunstancias, la fábula oriental que habia
+oido su hija de boca de la esclava destinada á entretener con hermosos
+cuentos á las hijas del dey de Argel. Pero le interesaba sobre manera
+conocer la aplicacion que hacia Amina de aquel cuento, y dijo fria y
+severamente:
+
+--¿Y á qué propósito me has relatado esa leyenda?
+
+--Para que juzgues, padre, de la influencia que ese cuento y otros
+semejantes, han podido tener en el porvenir de tu hija.
+
+Yaye inclinó la cabeza y quedó en la actitud del que escucha, y no
+quiere perder ni una sílaba.
+
+--Desde el momento en que la esclava nos relató el cuento que acabas de
+oir, padre, mis compañeras de infancia, casi mis hermanas, las hijas del
+dey, no me llamaron como antes Amina, como me llamas tú, cuando nadie
+nos escucha. Me llamaron Saruhl-Hiram: ¡Flor de Hiram! esto ya era
+fatal: era como decirme: tú eres esa rosa puesta por la fatalidad al
+lado de la via pública, al borde del torrente. Tú eres esa naciente flor
+expuesta á las codiciosas miradas del viandante. Un dia, tú, pobre flor,
+marchita y deshojada, serás arrojada al torrente.
+
+Yaye se estremeció: veia en aquellas palabras una acusacion de su hija:
+se anonadó, inclinó aun mas la cabeza, y oprimiéndose el pecho con la
+mano, como, si hubiera querido impedir que su corazon saltase, murmuró
+de una manera opaca é ininteligible:
+
+--¡Oh, padre! ¡padre! ¡y cuán terrible herencia me has dejado!
+
+Amina continuó, con la vista siempre dilatada y fija en Yaye:
+
+--Prescindiendo de la fatalidad que parecia determinar, el que sin
+motivo justificado me llamasen las hijas del dey, Flor de Hiram, ¿no
+crees, padre, que es un modo singular de apartar á las mujeres de la
+impureza, el presentarlas los ejemplos de la virtud envueltos con las
+incitantes descripciones del placer? Los cuentos de la esclava eran muy
+morales en el fondo, pero en su lenguaje... ¡Oh! siempre el vicio
+hermoso, halagando á la mujer, enloqueciéndola, extraviándola: siempre
+el deleite ardiente, las formas desnudas, el corazon que late anamorado,
+los ojos que desfallecen de placer. ¿Qué vale presentar despues las
+horrorosas consecuencias del vicio y de la impureza, si se ha dado el
+veneno en copa de oro; si se ha hecho aspirar á la vírgen llena de vida
+y de esperanzas, cuanto bello y tentador rodea y acecha la vida en la
+mujer? ¿Qué vale que se os diga: apartaos de ese camino, si se os ha
+presentado ese camino lleno de encantos, y solo al fin, se os presenta
+un precipicio del que apartais con repugnancia los ojos, que solo
+quieren mirar lo bello, lo ardiente, lo deslumbrador? ¿Cómo querer
+formar á la esposa honesta, si se mancha la castidad de la vírgen,
+desgarrando sin piedad, á ciegas, giron á giron, su velo de pureza?
+
+--¡Amina! exclamó Yaye, no pudiendo sufrir ya mas el peso de las justas,
+aunque indirectas reconvenciones de su hija.
+
+--Los musulmanes, educan sus mujeres para el placer, continuó la
+inflexible jóven; tienen un harem donde las encierran: horribles
+esclavos que las guardan: una vírgen, que no hubiese perdido la
+virginidad del alma, que no conociese profundamente la ciencia del bien
+y del mal, seria para ellos ni mas ni menos que una hermosa estátua
+inanimada: es necesario que la esposa ó la esclava, compongan ó canten,
+hermosos y ardientes romances de deleite; que dancen como una bayadera;
+que hayan perdido enteramente el pudor. Se las educa para el placer... y
+¡horrible sarcasmo! se las pide luego virtud, y si desprovístas de su
+pureza, invencible arma de la mujer; enloquecidas por el deseo,
+marchando por una senda tapizada de flores, caen en un precipicio que no
+han visto, hasta que han tocado su fondo, ¡oh! entonces no hay castigo
+bastante para la esposa adúltera ó la virgen perdida: el hoyo de arena,
+ó el saco de cuero y las ondas del mar.
+
+La voz de Amina era solemne y parecia doblegar como un horrible peso
+material la cabeza de su padre.
+
+Amina, continuó.
+
+--Criada bajo el ardiente sol del Africa, á los doce años, tú lo sabes,
+padre, era ya una mujer formada: cuando por el Rhamadan (la cuaresma),
+ibas á visitarme durante algunos dias á la Casbá del dey, me sentabas
+sobre tus rodillas y me llamabas tu pequeña mujercita.
+
+Yaye lanzó un rugido sordo, porque el recuerdo que evocaba su hija le
+desgarraba el alma; irguió la cabeza y mirando frente á frente á Amina,
+la dijo:
+
+--Muchas veces, y en mas de un recio combate, una lanza enemiga ha
+desgarrado mi pecho; jamás esa lanza me ha causado tanto dolor como cada
+una de tus palabras: pero continúa, continúa, porque quiero que llegues
+al fin; quiero saber cuanto se encierra en el corazon y en la cabeza de
+mi hija.
+
+--Padre, compréndeme y no creas un reproche ni una acusacion mis
+palabras; pero tu hija necesita justificarse, porque... perdóname si te
+desgarro el corazon, padre: tu hija está deshonrada.
+
+Yaye no hizo un solo movimiento, no pronunció una sola palabra; pero un
+estremecimiento poderoso, un temblor semejante al de una montaña agitada
+por un volcan, estremeció su cuerpo de los piés á la cabeza.
+
+--A los doce años, pues, era ya una mujer en toda la extension de la
+palabra, y se habia procurado enseñarme tanto, que mi espíritu estaba
+enteramente formado. En los pocos dias que cada año pasabas á mi lado,
+procurabas informarte por tí mismo, si se me habia dado la enseñanza que
+tú habias querido se me diese. Recuerdo que cuando me hablabas en
+castellano, al ver la pureza con que yo te contestaba, decias:
+
+--Es maravilloso: un español te creeria andaluza; hija de ese pais
+bendito, donde todo es hermoso; el cielo, la tierra y la mujer.
+
+Yo no sabia entonces nuestra historia y me maravillaba de que se me
+hubiera hecho aprender un habla que nadie usaba en torno mio, sino los
+cautivos españoles, los pobres viejos, con los cuales, durante algunos
+años, se me hacia hablar muchas horas seguidas al dia. No comprendia
+tampoco para qué se me habia instruido en la religion cristiana, cuando
+se me repetia que aquella religion era una impostura, que no habia mas
+Dios que Dios el Altísimo y Unico, y su profeta Mahomet. ¡Oh! esto era
+tambien fatal: la una religion me prescribia la caridad, la humildad, la
+pureza: me decia que una mujer, una santa vírgen, era la madre del
+Redentor del mundo; me daba una parte en el paraiso como al hombre, me
+hacia su igual, su compañera por el matrimonio; me daba derecho al amor
+exclusivo de un esposo, amor al que debia ser fiel, vínculo que no
+consiente una tercera persona, dulce alianza que constituia en uno á dos
+seres durante la vida: el islamismo me decia: la mujer es una esclava,
+una cosa que ningun derecho tiene: la mujer debe ser solo de su esposo ó
+de su señor; pero no debe tener zelos si su esposo y su señor son de
+otra ó de otras muchas: tu corazon no debe latir, tu cabeza no debe
+pensar; eres para tu esposo ó para tu señor menos que su arco, su lanza
+ó su caballo.
+
+Entre tan opuestas doctrinas, mi razon fluctuaba; no creia en ninguna de
+ellas; pero me decidí por la que me daba mas derechos: esto era natural:
+sabia que existia una religion bajo la cual era igual al hombre, en la
+cual tendria familia, esposo, hijos, hijos mios que nadie me
+arrebataria, y me decidí por el cristianismo. Despues... pérdoname,
+padre, porque sé que aborreces á los cristianos: perdóname... pero
+¿quieres saber lo que guardan mi corazon y mi cabeza, y quieres saber lo
+de un dia solemne, en un dia en que la Iglesia conmemora la pasion de
+Jesucristo; en un dia en que he elegido esposo?... Yo soy cristiana,
+cristiana con todo mi corazon, porque Dios ha hablado á mi entendimiento
+é iluminándole con un rayo de su divina luz, ha salvado mi alma.
+
+Otro extremecimiento comovió á Yaye, que como si se hubiese resignado á
+todo, continuó callando.
+
+--Pero la fe, por poderosa que sea, no ha podido arrancar de mi la
+influencia de la educacion que se me habia dado: yo no conocia el
+placer, pero conocia el amor: le conocia porque me lo habian dado á
+conocer de una manera tentadora, en una y otra leyenda, en uno y otro
+romance. Tú mismo has dicho muchas veces despues de haberme oido cantar,
+despues de haberme visto ejecutar una de esas lúbricas danzas
+musulmanas:
+
+--¡Oh! ¡hermosa, hermosa como el amor! ¡irresistible! ¡tú serás la
+tentacion que ayudará á mi espada!
+
+Yo no comprendia entonces estas palabras; despues cuando conocí nuestro
+pasado y nuestro destino, comprendí que todo lo sacrificabas por tu
+patria: ¡hasta el corazon y la honra de tu hija!
+
+--¡Oh, padre! ¡padre! murmuró de nuevo Yaye.
+
+--Si; acaso sea verdad que soy irresistible. Un príncipe real, exclamó
+con amargura Amina, un pobre loco, arde por mí en deseos impuros, y por
+mí es capaz de atentar á los de su padre. Ese mismo padre, el taciturno
+y grave Felipe II, no ha podido ser siempre tan prudente, que yo no haya
+visto en él alguna vez una chispa de deseo en una mirada; los grandes
+mas grandes de la córte, se arrastran á mis piés, olvidada la soberbia
+que les inspiran sus blasones y sus riquezas. Llámaseme por excelencia,
+y con gran envidia de las damas de la córte, la hermosa duquesita, y
+acaso, acaso, soy irresistible. Pero el adquirir ese poder tentador me
+ha costado la paz de mi alma. Tú no sabes, padre, de qué modo han
+llenado mi pensamiento despierta, y mi sueños dormida, todas esas
+ardientes imágenes de los cuentos de hadas y de amores; tú no sabes,
+padre, de qué manera lenta, pero segura, se ha ido formando en mi alma,
+un amor intenso, ardiente, roedor, que me hace necesario un ser á quien
+unir mi alma, á quien enamorar con todo el amor que mi alma encierra; á
+quien enloquecer con mi hermosura desnuda, incitante, palpitante, con
+toda la tentadora fuerza de mis ojos; tú no sabes de qué manera se ha
+ido formando dentro de mí un ser imposible, por lo hermoso, por lo
+grande, por lo enamorado; un conjunto de perfecciones; un amante divino,
+á quien yo veo solo con cerrar los ojos: tú no sabes cuánto le acaricia
+mi alma, cuanto le ama, cuanto desea verle ante sí, como una realidad
+que se toca, no como un sueño que huye. Tú no sabes cuán hermoso es el
+satanás que ha besado mi frente, dejando impresos en ella sus hermosos
+labios, empalideciendo mi semblante, y arrojándome del perdido jardin de
+Hiram de mi pureza. Tú no sabes cuán desesperado, cuán ansioso, cuán
+muerto á la esperanza está el corazon de tu Esperanza.
+
+Este terrible juego de palabras, hizo levantar la cabeza á Yaye y fijar
+una mirada infinitamente ansiosa en su hija.
+
+En efecto, el semblante de Amina, revelaba una desesperacion tan
+profunda, que Yaye se sintió completamente aniquilado.
+
+--¡Pero ese hombre..! ¡ese hombre..! ¡ese esposo á quien has elegido!
+exclamó el duque con un acento supremo por lo desesperado: ¿no le amas?
+
+--No lo sé aun.
+
+--¿Has sido suya en un momento de delirio?
+
+--Si.
+
+--¡Oh! exclamó Yaye.
+
+Y aquella exclamacion era al mismo tiempo una blasfemia y un rugido de
+amenaza.
+
+--Desde que fui presentada en la córte, poco despues, continuó Amina, oí
+hablar de un hombre con quien los ociosos habian tenido á bien casarme
+de una manera singular: supe que, por un capricho, habian dejado de
+llamarme la hermosa duquesita para llamarme la mujer del marquesito.
+
+--Pero ¿quién era este marquesito?
+
+Un jóven de mi misma edad ó poco mas, de quien se decian maravillas; las
+damas hablaban de él con deseo, y los hombres con envidia; sin saber
+como, di en pensar en el marquesito, y al fin, atribuyéndole todas las
+prendas que yo soñaba en el hombre de mi amor, amé sin conocerle al
+marqués, pero con delirio, como únicamente puedo amar yo.
+
+Guardaba, sin embargo, mi secreto, le deboraba, esperaba una ocasion de
+verle en la córte; pero el marquesito jamás concurria á ella. Al fin,
+ayer, cuando incendiado el tabernáculo del templo, huia despavorida,
+sentí que unos brazos me levantaban del suelo, que un hombre me llevaba
+consigo hasta un lugar solitario donde me dejó en tierra. Brillaba la
+luna. Ante mí habia un jóven, la cabeza descubierta, y tan hermoso como
+no habia visto ninguno. Sentí que mi corazon se rompia, que me
+arrastraba hácia aquel hombre, y cuando en un accidente de la
+conversacion brevísima que se cruzó entre nosotros, supe que aquel
+hombre...
+
+--Era él... observó roncamente Yaye.
+
+--Si, el _marquesito_: ardiente, enamorado, audaz: quise defenderme en
+vano: mi razon habia sido dominada por mi eterno sueño, por ese sueño
+fatal de amores: lo olvidé todo: para mí no existia nadie en el mundo
+mas que él: me dejé conducir á donde quiso, y cai en el abismo que se me
+habia preparado, envenenando mi alma.
+
+Detúvose Amina, y Yaye no tuvo valor para pronunciar una sola palabra.
+
+--Ahora que ya lo sabes todo, padre, dijo Amina, levantándose y
+arrodillándose á sus pies, mátame; mátame, porque te he deshonrado;
+mátame, porque yo no puedo vivir; porque he probado el amor, y no es el
+amor que yo habia soñado: porque al perder mi pureza he conocido que era
+pura; porque no puedo volver á mi hermoso sueño que era mi edem,
+porque... porque si tú no me matas, me mataran el dolor... y la
+vergüenza.
+
+Y Amina de rodillas con las manos juntas y los ojos levantados al cielo
+é inundados de lágrimas, era el mas bello trasunto del ángel de la
+desolacion.
+
+--¡El nombre! ¡el nombre de ese hombre! exclamó Yaye levantándose con
+impetu.
+
+--¡Ese hombre se llama el marqués de la Guardia! respondió Amina.
+
+Al oir esta revelacion el duque, cayó de nuevo desplomado sobre el
+sillon.
+
+--¡El marqués de la Guardia! ¡El marqués de la Guardia! ¡Fatalidad!
+¡Horrible fatalidad!
+
+Luego, como saliendo de un horrible sueño, exclamó:
+
+--Yo no puedo matar á ese hombre: tú no puedes ser su esposa.
+
+--¿Y quién te pide su muerte? exclamó palideciendo Amina.
+
+--¡Le amas!
+
+--¡Oh! ¡no lo sé! ¡no lo sé! ¡aun no le conozco bien! ¡pero si él me
+amase, si él me amase como yo le amaria!... y luego... ¿Tiene la culpa
+de haber encontrado en su camino una virtud tan frágil que se ha roto al
+primer choque!... ¡matarle! ¿y por qué? ¡yo soy la que debo morir!
+
+--Si yo no fuese lo que soy, serias su esposa, Amina: si se negaba á ser
+tu esposo, seria asunto de hacerle pagar con la vida la felicidad de
+haberte poseido, y de encerrarte donde nadie pudiera ver tu deshonra.
+Pero ese casamiento es de todo punto imposible por varias razones.
+Sobre todas está la de que tú debes ser esposa del príncipe don Carlos.
+
+--¡El príncipe don Carlos! exclamó con terror Amina; con un terror que
+no habia demostrado, durante su audaz revelacion á su padre, ni cuando
+le pedia que la matase.
+
+--Si, dijo Yaye: la fatalidad quiere que tú seas reyna.
+
+--Pero, padre mio: ¿olvidais que para ello es necesario hacer de el
+príncipe un parricida? ¿á tal malvado quereis unirme?
+
+--Mira, Amina: allí, y el duque extendió su brazo rígido y fatal hácia
+el Oriente: allí hay un pueblo entero esclavo, despedazado por el
+vencedor: allí se ahorca, se azota, se arranca de entre los brazos de su
+familia, á ancianos cubiertos de canas, á hombres en la fuerza de su
+vigor: allí los hijos no tienen madre, ni las madres, hijos: allí se
+destila gota á gota por la mano del verdugo la sangre de tu pueblo: al
+otro lado de los mares, tras la inmensidad del océano, un pueblo que
+tambien es tuyo, sufre la misma suerte horrible, imposible. La sangre de
+esos dos pueblos te alienta: la corona de esos dos pueblos ceñirá un dia
+tu cabeza: el opresor de esos dos pueblos, el tirano que se alimenta con
+sangre humana, es demasiado poderoso para que pueda vencérsele por la
+fuerza: Satanás le ayuda: es necesario acercarse á él como la serpiente,
+acechar su sueño, y morderle antes de que despierte, en el corazon: tú y
+yo nos sacrificaremos por esos dos pueblos oprimidos; para salvarlos
+romperemos nuestro corazon, y cubriremos, si es preciso, de vergüenza
+nuestra frente: ¿qué importan los medios con tal de que nos lleven al
+fin apetecido?
+
+--¡Pero si aun asi no logramos salvar á esos desgraciados! ¡si nos
+perdemos inútilmente!...
+
+--Habremos luchado con todas nuestras fuerzas.
+
+--¡Esposa del príncipe don Carlos!... murmuró mortalmente pálida Amina.
+
+--Ni una palabra mas: la conversacion que hemos sostenido, es demasiado
+dolorosa para que queramos prolongarla. ¡Dios lo ha querido, y es
+necesario resignarse á su voluntad! vete: déjame solo; quítate esas
+lúgubres ropas, y que nadie vea en tu frente ni la mas leve nube de
+tristeza; preséntala altiva y serena al mundo, como yo le presento la
+mia... y, sin embargo, guardo en mi corazon un infierno. Guárdalo tú
+tambien, y sobre todo... olvida... olvida al marqués.
+
+Y despues de esto, llegó á su hija, la besó en la frente, la asió de una
+mano, y la condujo hasta una de las puertas de la cámara.
+
+Amina desapareció tras el tapiz.
+
+Yaye permaneció algun tiempo inmóvil, como una estátua, con la mirada
+fija, abstraida; luego se pasó la mano por la frente como si hubiera
+querido arrancar de ella una pesadilla, y su impenetrable semblante,
+adoptó de nuevo una expresion glacial, fria, reflexiva que parecia ser
+su expresion característica; fué á la mesa, abrió un cajon con llave,
+sacó cuidadosamente unos papeles y se puso á hojearlos.
+
+Poco despues se levantó, puso los papeles en un armario, cuya llave
+guardó cuidadosamente en un bolsillo, y se fué á la puerta.
+
+--No ha venido aun el señor Cisneros, dijo con acento breve.
+
+--Ah, señor duque, dijo otra voz á la puerta opuesta de la antecámara;
+aquí me teneis, y no muy á tiempo por cierto, porque creo que os
+impacientais.
+
+--Si, me impaciento, Cisneros, dijo el duque dejando pasar á su cámara á
+este segundo personaje y cerrando tras él la puerta.
+
+--Perdonad, dijo Cisneros; pero me he acostado anoche muy tarde, y
+aunque ya han dado las diez de la mañana, hoy es para mí muy temprano.
+
+--Sentaos.
+
+El duque señaló un sillon á Cisneros y se sentó en otro junto á una
+chimenea, cuyo fuego se puso á arreglar de la manera mas natural.
+
+Tenemos delante dos personajes, la fisonomía de uno de los cuales se
+habia modificado, mientras la del otro nos es enteramente desconocida.
+
+Yaye era por aquel tiempo un hombre jóven aun, de poco mas de cuarenta
+años, y de mediana estatura; era aun, sin embargo, gallardo sobremanera,
+y de todos sus movimientos, de todas sus actitudes rebosaban nobleza y
+distincion; esa especie de distincion que solo poseen los que desde la
+cuna han vivido en la opulencia, mandando y siendo obedecidos. A mas de
+su juventud y su gallardía, conservaba su poderosa hermosura, su tez
+blanca, densamente pálida, y tersa y límpida, tanto en su semblante como
+en sus manos, que revelaban por su forma que ningun rudo trabajo las
+habia ocupado jamás: sus cabellos negrísimos, rígidamente cortados segun
+la moda de la nobleza española, eran tan espesos que contrastaban de una
+manera decidida con la mate y diáfana blancura de su frente: sus cejas y
+su barba, convenientemente recortada, eran tan negras y tan tupidas como
+el cabello, y sus negros ojos habian adquirido un no sé qué de
+dominador, de fijo, de valiente, de incontrastable: aquellos ojos eran
+un abismo en cuyo fondo solo se leía nobleza y talento, y á veces,
+cuando nadie le veía, desesperacion y remordimiento. Su boca, aun sin
+hablar, mandaba, por su configuracion particular, y su nariz, un tanto
+aguileña, acababa de armonizar las líneas rígidas, bellas y magestuosas
+de su semblante.
+
+Yaye debia imponer consideracion, respeto ó miedo á la persona con quien
+hablase, con arreglo á la situacion ó al carácter de esta persona.
+
+Lo que indudablemente inspiraba al comediante Cisneros era miedo, lo que
+se comprendia por mas que este quisiese disimularlo.
+
+Pertenecia Cisneros á otro tipo enteramente distinto: era buen mozo,
+bien proporcionado, de buen talante; pero habia en su belleza un
+decidido sabor picaresco, audacia baja en su mirada y mucho de
+rufianesco en sus maneras: todo esto encubierto y como velado por un
+baño de córte, y por su trage rico, término medio entre las ropas usadas
+por la nobleza y los hombres ricos de la clase media. Llevaba espada de
+gabilanes ancha y larga, un tanto mas de lo que consentian las
+pragmáticas; limosnera y jubon bordados, pero con una profusion y una
+riqueza de mal gusto; un arete en la oreja izquierda y las manos
+cuajadas de cintillos: la hipocresía ó el fanatismo estaban
+representadas en él, por un rosario de cuentas gordas y relucientes,
+sujeto en su cinto al lado de la espada, y por lo demás, unas calzas de
+grana, unas botas rizadas de gamuza, sin espuelas, y una capa larga, de
+paño fino de Segovia, completaban su trage.
+
+Desde el momento en que Cisneros se encontró sentado frente á frente con
+Yaye, fijó en él una mirada ambigua, que tanto tenia de audaz como de
+recelosa. Yaye parecia no reparar absolutamente en Cisneros y seguia
+arreglando sus tizones.
+
+--Hace un buen frio, dijo.
+
+--El invierno se alarga mas de lo justo, contestó Cisneros.
+
+--Y no deben ser las noches muy á propósito para pasarlas al sereno
+corriendo aventuras.
+
+--¡Ah, señor duque! estas noches son mucho mas á propósito para pasadas
+al lado de una chimenea entre dos cosas que se parecen mucho en la
+figura y en los efectos.
+
+--¿Y cuáles son esas dos cosas que se parecen tanto?
+
+--Una botella y una mujer.
+
+--¡Ah! ¿y habeis pasado de tal suerte la noche el príncipe y vos?
+
+--¿El príncipe y yo?
+
+--¡Qué! ¿no le habeis acompañado?
+
+--No señor; pero me ha tenido de ronda toda la noche observando á otras
+rondas que han andado de acá para allá, buscando como sabuesos, y sin
+poder dar con lo que buscaban.
+
+--¿Y qué buscaba el príncipe?
+
+--Buscaba á vuestra hija, contestó con una audacia infinita Cisneros.
+
+--Solo se busca lo que se ha perdido, contestó friamente el duque, y mi
+hija no ha estado perdida un solo momento.
+
+--Sin embargo no volvió con la córte al alcázar, y se dice ó se decia
+anoche de público, que habia desaparecido entre el desórden causado en
+el Buen-Suceso, por el incendio del monumento.
+
+--Es cierto; pero mi hija aterrada, apenas se vió por un milagro en la
+calle, tomó el camino del monasterio de las Vallecas, que como sabeis,
+está cerca del Buen-Suceso, en la calle de Alcalá, donde recientemente
+ha profesado una parienta nuestra por parte de mi difunta esposa. Doña
+Esperanza ha pasado la noche en el convento. Avisáronme algo tarde de
+ello, cuando ya sabia yo que mi hija habia desaparecido, y cuando me
+habia puesto en su busca, razon por la cual, no he podido saber su
+paradero hasta que al amanecer he vuelto á mi casa.
+
+--Pues si vos no me hubiérais afirmado en mi creencia de que el convento
+de las Vallecas está en la calle de Alcalá, dijo Cisneros doblando su
+audacia, al saber de vuestra boca que mi señora doña Esperanza ha pasado
+la noche en un convento, hubiera creido que el tal convento era un
+casuco en la plazuela de Peranton, que está, por cierto, mas cerca que
+las Vallecas del Buen-Suceso.
+
+--¿Quién os ha dado tales noticias? dijo Yaye posando una mirada
+profunda y amenazadora en Cisneros.
+
+--Me lo han dicho mis ojos.
+
+--¿Vuestros ojos?
+
+--Si, por cierto.
+
+--¿De modo que vos visteis salir á mi hija de la iglesia?
+
+--No por cierto, aunque en la iglesia estaba.
+
+--¿Habrá habido en esto alguna infamia?
+
+--No, no, señor: el marqués de la Guardia guardará probablemente un
+profundo secreto acerca de esta aventura. No es doña Esperanza una dama
+cuyos secretos se tiran asi por la ventana: es demasiado hermosa, vale
+mucho, para que no inspire un amor respetuoso y discreto.
+
+--¿Es decir, repuso Yaye con la misma serenidad, y el acento tan seguro
+como pudiera haberlo usado al tratarse de una dama enteramente extraña á
+él, es decir, que hay quien sabe que el marqués de la Guardia ha pasado
+la noche bajo el mismo techo que mi hija?
+
+--Lo sé yo, y lo saben indudablemente los dueños de aquella casa: pero
+estos deben ignorar el nombre de vuestra hija, aunque conocen demasiado
+al marqués, á quien han prestado diferentes veces servicios semejantes
+al que le prestaron anoche.
+
+--Seguid, maese Cisneros, seguid, dijo Yaye con su inalterable calma, á
+fin de que sepamos lo que debemos hacer: pero tened mucha cuenta con no
+engañarme.
+
+Unicamente tras esta palabra brilló una mirada amenazadora en los ojos
+de Yaye; mirada tal y tan poderosa que hizo temblar á Cisneros.
+
+--Me interesa tanto serviros, dijo con un marcado servilismo el
+comediante, que me guardaré bien de engañaros. Si vos no me hubiéseis
+llamado, yo mismo hubiera venido á veros, porque sé muy bien que el
+asunto que nos ocupa es grave. Voy por lo mismo á contaros todo lo que
+sucedió, y vereis como ha podido la casualidad ponerme en la verdadera
+situacion de este negocio.
+
+Anoche estaba yo en el Buen-Suceso, cuando aconteció aquel endiablado
+incendio: naturalmente, y creyendo de mas gravedad el acontecimiento,
+pensé en ponerme en salvo; pero al huir perdí mi gorra. Habeis de saber,
+señor duque, que la gorra que perdí era de mucho valor y que la tenia en
+gran estima por haberla bordado una dama amiga mia. Echéme, pues, á
+pesar del peligro, á buscar la gorra, y á poco que tenté por el suelo,
+encontré esta que veis.
+
+Y Cisneros mostró al duque una de terciopelo negro de Utrech, prendida
+al lado izquierdo con un joyel de diamantes.
+
+--¿No sabeis de quién es esta gorra? continuó Cisneros.
+
+El duque se encogió de hombros.
+
+--Pues esta gorra es ni mas ni menos que del marqués de la Guardia; la
+conozco demasiado porque este joyel de diamantes se ha perdido y se ha
+ganado hace algunas noches por cien veces seguidas á los dados y habia
+quedado definitivamente en poder del marqués.
+
+--Pero si el marqués es jugador, dijo con una expresion de repugnancia y
+de hastío Yaye, puede haber perdido este joyel, y haber pasado á manos
+de otro.
+
+--No, no, señor; estos dias el marqués está en ganancias, y aprecia
+mucho esta joya porque era de su madre. Tanto la aprecia, que solo en
+uno de esos momentos en que un jugador es capaz de echar á un dado su
+honra, la echó sobre el tapete.
+
+Alegréme, pues, de que habiendo perdido el marqués su joyel, hubiese
+venido á dar en mis manos, porque era lo mismo que si no le hubiese
+perdido, y me encaminé á cierta mancebía, seguro de encontrarle, porque
+el marqués estaba citado con un príncipe aleman, para darle el desquite
+de una gruesa suma que le habia ganado la noche anterior.
+
+A pesar de que el marqués es todo un caballero y nunca falta á empeños
+de juego, de amor ó de honra, dieron las ánimas, hora de la cita, y el
+marqués no pareció: dieron las nueve, tampoco: temióse, conociendo su
+puntualidad, que le hubiese sucedido alguna desgracia, y muchos de sus
+amigos fuimos á buscarle á los lugares á que sabiamos que él podia
+concurrir.
+
+En aquellos momentos otro de nuestros amigos nos trajo del alcázar la
+noticia de que se habia perdido en el Buen-Suceso vuestra hija. Como
+otros dos concurrentes, pronunciasen á propósito ¡la mujer del
+marquesito! nombre que, como sabeis, se da tambien á vuestra hija...
+
+--Fatalidad, murmuró Yaye.
+
+--... estas dos frases me hicieron formar una idea atrevida; pero
+posible: yo habia encontrado la gorra del marqués en la iglesia del
+Buen-Suceso. Doña Esperanza habia desaparecido de la iglesia. ¿No podia
+ser muy bien que hubiese tropezado vuestra hija con el marqués, y que en
+un momento de desmayo, de terror, la hubiese arrastrado consigo? Habia
+ademas en abono de mi pensamiento, el que solo por una dama tal como mi
+señora doña Esperanza, hubiera faltado el marqués á dar un desquite de
+juego.
+
+Sin decir á nadie nada, y calculando á qué lugar mas cercano á la
+iglesia del Buen-Suceso, podia haber conducido el marqués á una dama, me
+acordé de cierta casa de la plazuela de Peranton. En efecto, fuí á ella,
+llamé, me ví obligado á alborotar para que me abriesen, señal clara de
+que la casa estaba ocupada dignamente, y cuando pregunté por el marqués,
+me le negaron de tal manera, que no tuve duda de que estaba en la casa.
+
+Como la noche estaba fria y húmeda, y era además Jueves Santo, me retiré
+á mi posada y estaba haciendo mi colacion, cuando hé aquí que recibo un
+recado de Garci Alvarez Osorio, en que, de órden del príncipe me mandaba
+ir al alcázar por el Campo del Moro. Fuí y encontré al príncipe furioso
+por la pérdida de vuestra hija. Doña Esperanza ha acabado de volver loco
+á su alteza, señor duque, y haremos del príncipe lo que queramos.
+
+--Continuad, continuad, dijo secamente Yaye.
+
+--Ya conoceis el carácter voluntarioso é impaciente del príncipe:
+despues de haber recorrido conmigo todos los lugares donde, de una
+manera insensata y villana, creia podian tenerse noticias de doña
+Esperanza, apeló á la justicia y á la Inquisicion: pagó á peso de oro
+alguaciles y familiares, y puede decirse, señor duque, que no ha habido
+posada, ni casa pública, ni lugares de sospecha, que no hayan sido
+registrados. Esto ha producido la prision de mucha gente menuda que se
+ha encontrado mal entretenida...
+
+--¡Y en tales lugares buscaba el príncipe á mi hija!
+
+--Los zelos son villanos, señor duque. Pero, á pesar de ellos, tan bien
+oculta y en tan buenas manos estaba doña Esperanza, que ni alguaciles ni
+familiares pudieron dar con ella.
+
+Poco antes del amanecer, transido de frio y trémulo de zelos y de
+corage, se volvió su alteza al alcázar, y viéndome libre, me propuse
+llegar hasta el fin de mis investigaciones, solo en servicio vuestro,
+señor duque. Me fuí á la plazuela Peranton, me hice abrir la puerta de
+una taberna, á pesar de que aun no habia amanecido, y mediante un
+ducado, conseguí que me dejaran ponerme en acecho en una ventana baja,
+desde la cual se veia perfectamente la puerta de la casa, donde estaba
+seguro que se hallaba el marqués de la Guardia.
+
+Poco antes del amanecer se abrió aquella puerta y salió un hombre
+embozado, en cuyo talante reconocí al marqués, á la dudosa luz del alba.
+
+Amaneció, volvió á abrirse aquella puerta, salió la dueña de la casa y
+poco despues volvió. La acompañábais vos, y tras vos venia una litera
+conducida por dos ganapanes. Entonces no tuve duda de que doña Esperanza
+era la dama que habia pasado la noche en aquella casa.
+
+Calló concluida su exposicion Cisneros, y durante algunos segundos Yaye
+se puso á arreglar de nuevo los tizones, en una posicion en la cual
+Cisneros no podia ver su rostro.
+
+Levantóse al fin el duque: estaba perfectamente tranquilo. Miró de una
+manera glacial á Cisneros y le dijo:
+
+--El trage que vistes; el oro que gastas; las ganancias que te dan tus
+funciones en el corral de la Pacheca; el silencio de la justicia acerca
+de tus truanerías y de tus delitos, todo me lo debes, Cisneros: sin mí
+estarias representando con una mala comparsa por los villorrios de
+Castilla, y aunque tienes habilidad é ingenio para tu oficio, nunca
+llegarias á capa de raja.
+
+--En cambio, señor duque, yo soy el demonio que habeis puesto al lado
+del príncipe. Por mí, una desmedida ambicion se ha apoderado de su alma,
+y anda en tratos con los Hugonotes de Francia y los herejes de los
+Paises-Bajos. Me pagais bien: pero me pagais mi cabeza, señor duque;
+porque sirviéndoos soy traidor al rey, y ya sabeis lo que hace el rey
+con los traidores cuando los descubre.
+
+--Bien, basta. Es necesario que nadie sepa donde ha estado mi hija esta
+noche. El marqués de la Guardia, callará. En cuanto á los dueños de esa
+infame casa, callarán tambien. Si se divulga en la córte este secreto,
+tú solo habrás sido la causa, me habrás hecho traicion, y en cuanto á
+los traidores soy yo un rey mas terrible que don Felipe.
+
+Levantóse tras esto Yaye, abrió el armario donde antes habia dejado en
+un secreto unos papeles, y sacó un pesado saco que entregó á Cisneros.
+
+--Mi hija ha pasado la noche en el convento de las Vallecas. ¿Lo
+entiendes?
+
+--Si señor, dijo Cisneros levantándose y poniéndose el pesado talego
+bajo el brazo.
+
+--Vete, dijo Yaye.
+
+--Guárdeos Dios, señor, dijo el comediante inclinándose profundamente, y
+salió.
+
+Apenas habia salido, se abrió una puerta, y se le presentó un hombre
+membrudo, atlético, de fisonomía noble y simpática, un tanto pálido, de
+ojos negros y mirada profunda é inteligente.
+
+Aquel hombre demostraba contar cuarenta y cinco años de edad, y llevaba
+preseas, armas y coleto de soldado.
+
+--Dios te guarde, Harum, le dijo el emir á quien seguiremos dando su
+verdadero nombre originario: te he mandado llamar para un grave empeño.
+
+--Mandad á vuestro esclavo, magnífico señor.
+
+--Hace mas de veinte años que me sirves con una lealtad y un valor á
+toda prueba.
+
+--Es mi obligacion: ademas de eso me habeis recompensado magníficamente,
+señor: cuando empecé á serviros era walí, y me hicísteis vuestro
+secretario; ahora soy vuestro wazír.
+
+--Por lo mismo el servicio que voy á pedirte es mas humilde, mas
+degradante, que el oficio que tienes delante de todo el mundo, siendo
+alferez de los tercios viejos de Flandes.
+
+--Y te traigo muy buenas nuevas, señor.
+
+--Dejémoslas para mas adelante. ¿Cuándo has llegado?
+
+--Hace una hora; quise veros al momento; pero me dijeron que estabais
+con la poderosa sultana Amina.
+
+--Para guardar el honor de la sultana, es necesario que busques cuatro
+de nuestros monfíes, los mas astutos, los mas feroces, los mas callados,
+con los cuales cumpliras el decreto que voy á darte.
+
+El emir escribió algunas lineas en caracteres árabes, y entregó despues
+el papel donde las habia escrito, á Harum, que dijo despues de leerle:
+
+--Vuestras órdenes se cumplirán, poderoso señor.
+
+--Cuenta con equivocaros: las señas son claras.
+
+--Si, si, señor; plazuela de Peranton, rinconada: una claraboya redonda
+sobre la puerta, y una reja de madera á la izquierda.
+
+--No sé cómo recompensarte el sacrificio que me haces encargándote de
+este servicio. Pero no me fio de nadie... de nadie... y á veces ni aun
+de mí mismo.
+
+--Vos ordenais, señor, y lo que ordenais debe ser justo. Vos sois el
+señor, yo el vasallo: vos la cabeza, yo la mano. Ignoro el delito de
+esas gentes. Pero vos las condenais y basta.
+
+--Si, justicia, justicia severa... véte Harum. Mas tarde me hallarás
+dispuesto á escuchar las nuevas que me traes.
+
+--Pero esas nuevas, señor...
+
+--Por importantes que sean, necesito quedarme solo: arrojar la dolorosa
+máscara de que me he cubierto y que me sofoca. Yo te llamaré, Harum.
+
+El leal monfí se inclinó profundamente y salió.
+
+ * * * * *
+
+Lo que pasó en la noche de aquel mismo dia en la casa de la rinconada de
+la plazuela de Peranton, donde habia pasado la noche anterior la hija
+del emir de los monfíes; con el marqués de la Guardia, fue horrible.
+
+Despues de las doce los vecinos despertaron asustados por unos agudos
+gritos de mujer que pedia socorro: cuando los mas ligeros salieron á las
+ventanas, los gritos habian cesado; pero vieron cinco hombres que,
+saliendo de la casa, se alejaron y se perdieron en la oscuridad.
+
+Poco despues vino la justicia llamada por los vecinos y encontró la
+puerta de la casa violentada: los esposos que la noche antes habian
+acogido á la hermosa Amina y al marquesito, estaban cosidos á puñaladas
+sobre un lago de sangre.
+
+Un niño como de unos cinco años, jugaba arrastrándose por el suelo y
+manchándose de sangre, á la luz de una lámpara, con algunas monedas de
+oro: la justicia recogió los muertos, el niño y las monedas, se guardó
+estas últimas, entregó el niño á una moza de vida alegre llamada la
+Sastra, que le pidió para adoptarle, y envió los cadáveres al
+cementerio.
+
+Nada mas se supo acerca de este lúgubre asunto: ni por mas que la
+justicia se ocupó dos dias en averiguar quiénes fuesen los asesinos,
+pudo dar con ellos.
+
+
+
+
+CAPITULO V.
+
+ De cómo el marquesito dió una prueba de que estaba perdidamente
+ enamorado de Amina, pensando en casarse con ella.
+
+
+Cuando el marqués tuvo noticias de aquel doble asesinato, se le heló la
+sangre, á impulsos de un terror mortal. Aquel tremendo duque que de una
+manera tan sangrienta habia sellado los labios de las dos personas que
+habian encubierto su deshonra (porque para el marqués era indudable que,
+á pesar de sus precauciones, el duque lo sabia todo), seria capaz de
+tomar, respecto á su hija, una resolucion terrible.
+
+Don Juan, al aterrarse por Amina, ni aun habia pensado que él podia
+verse en peligro. Amina, solo Amina, era el cuidado que comprimia su
+alma: porque aquel terrible burlador que en tantos dolores mujeriles se
+habia gozado, sentia al fin el amor; pero ese amor violento, exclusivo,
+que nos obliga á anteponer una mujer á todo otro amor, á todo otro
+interés, aun á nosotros mismos: ¿qué mas podremos decir cuando digamos
+que don Juan habia prometido solemnemente á Amina ser su esposo, y que
+al prometerlo habia pensado cumplir rígidamente su promesa?
+
+Cuando su tio le oyó decir que iba á pedir por esposa su hija al duque,
+palideció y sintió un terror mucho mayor que el que habia sentido su
+sobrino al saber la muerte de los encubridores de sus amores con Amina:
+una vez casado el marquesito, estaba, segun las leyes del reino,
+emancipado de su tutela: esto importaba muy poco á don César de Arevalo,
+pero importábale muchísimo primero verse obligado á rendir cuentas de
+unos bienes que habia explotado sin precaucion alguna, y despues cesar
+en el manejo de aquellas rentas, que aunque casi agotadas, aun podian
+dar buenos rendimientos.
+
+Don César acusó de loco á su sobrino: púsole ante los ojos desde el
+primero hasta el último de los inconvenientes del matrimonio: recordóle
+los muchos maridos que él mismo habia modificado, y, á propósito, la
+hipocresía, el talento y la astucia satánica de las mujeres para engañar
+á sus maridos, respecto á lo cual apelaba á la experiencia propia del
+marquesito: apuró toda la infame lógica de los libertinos; apeló á las
+armas del ridículo; al egoismo, á todos los elementos enemigos del
+matrimonio. Su sobrino le dejó hablar, y cuando el tio, creyendo que
+habia causado en el marquesito un magnífico efecto su perorata, hubo
+concluido, el jóven pronunció con un aplomo que daba á conocer lo
+irrevocable de su resolucion:
+
+--Me caso.
+
+--Pues yo os digo que no os casareis.
+
+--Me casaré.
+
+--Yo no os daré mi consentimiento.
+
+--Me le dará el rey.
+
+--El duque no os dará su hija.
+
+--Se la robaré.
+
+--No teneis poder para ello.
+
+--Lo veremos.
+
+--Lo veremos.
+
+Y tio y sobrino se separaron altamente disgustados el uno del otro.
+
+Y es el caso que aquella frase de su tio: «_el duque no os dará su
+hija_» habia impresionado sobremanera al jóven, causándole una triple
+herida en su amor, en su vanidad, en su voluntad. Cabalmente las mismas
+palabras le habia dicho Amina, cuando en un arrebato de pasion la habia
+dicho el jóven estrechándola en sus brazos:
+
+--Te juro por lo mas sagrado ser tu esposo.
+
+--Mi padre no os dará mi mano, habia respondido Amina suspirando.
+
+--¿Y porqué? la habia preguntado anhelante el marqués.
+
+La _hermosa duquesita_ solo habia contestado con otro suspiro.
+
+Don Juan habia jurado que la duquesita seria su esposa á pesar de los
+cielos y de la tierra.
+
+Irritado, pues, por la coincidencia de la observacion de su tio con la
+de Amina, tomó una resolucion heróica.
+
+Fuese en derechura á la casa del duque, y se hizo anunciar.
+
+Inmediatamente fue introducido.
+
+Al ver á Yaye experimentó por primera vez ese sentimiento de respeto
+hácia todo lo que concebimos superior á nosotros. Ya hemos dicho que
+Yaye, á pesar de sus cuarenta y mas años, de sus desgracias, de su
+lucha, se conservaba vigorosamente jóven, como en los dias en que
+enamoraba por caridad á doña Isabel de Válor. El marquesito concibió
+perfectamente que el duque de la Jarilla, á quien no conocia, fuese
+padre de Amina, y que á no ser su hija, pudiera haber sido muy bien su
+esposa, sin que el mundo hubiera encontrado nada de repugnante en aquel
+enlace: Yaye en fin, representaba una de esas juventudes vigorosas que á
+despecho de los años se estacionan; una de esas juventudes que han
+perdido la expresion irreflexiva y confiada del adolescente, adquiriendo
+el grave aspecto de experiencia del hombre. El marqués de la Guardia se
+sintió, pues, dominado, y perdió mucho del valor audaz de que iba
+provisto.
+
+--¿Tengo la honra, dijo inclinándose cortesmente, de hablar al señor
+duque de la Jarilla?
+
+--Efectivamente, caballero, dijo Yaye indicándole con la mas perfecta
+cortesanía un asiento.
+
+--Perdonad lo indiscreto de mi pregunta, dijo el marqués sentándose;
+nunca os he visto; solo conocia vuestro nombre.
+
+--¡Qué quereis! aunque vivo en la córte ando muy retirado de ella: solo
+he venido á Madrid por mi hija; no por buscarla un buen marido, como
+hacen muchos, porque será difícil, muy difícil que mi hija se case; sino
+porque no se fastidie en un rincon de nuestras montañas.
+
+--¿Decís que es muy difícil que vuestra hija, la hermosísima duquesa de
+la Jarilla se case? dijo don Juan con cierto acento de proteccion,
+creyendo que lo que establecia para el duque la dificultad de que su
+hija se casase, era la circunstancia de haber estado una noche perdida
+en la córte, circunstancia que sabia todo el mundo: ¿y podria
+preguntaros, sin parecer indiscreto, por qué es muy difícil que se case
+doña Esperanza?
+
+--Sí por cierto; y como me habeis hecho la pregunta, voy á contestaros;
+entre mis caprichos tengo el de que mi hija sea reina.
+
+--¡Reina! exclamó atónito el marqués.
+
+--Si por cierto, mi hija no se casará sino con un rey.
+
+El marquesito miró fijamente al duque, y de tal modo, que Yaye le dijo,
+como contestando á aquella mirada:
+
+--Ni me chanceo ni estoy loco: mi hija si se casa, se casará con un rey.
+
+--¿Estais enteramente decidido á ese empeño?
+
+--De todo punto.
+
+--¿Y contais con que vuestra hija?...
+
+--En mi familia, caballero, las mujeres, ni oyen, ni ven, ni entienden:
+obedecen cuando la voz de su padre las manda: por consecuencia, mi hija
+piensa como yo, enteramente como yo.
+
+--Permitidme que lo dude.
+
+--Dudad cuanto querais.
+
+--Permitidme que os recuerde que soy el marqués de la Guardia.
+
+--Sí, sí, ya sé que sois voluntarioso y valiente, y que amais á mi hija.
+
+--¡Cómo! ¿os ha dicho ella?...
+
+--Sé que venís á pedírmela por esposa.
+
+--Y cuando lo hago, es creyéndome autorizado....
+
+--¡Por su amor!
+
+--Hace tres noches me lo juraba entre mis brazos, dijo el audaz jóven,
+sin medir las consecuencias de su dicho.
+
+--Bien podrá ser, caballero, dijo Yaye sin alterarse en lo mas mínimo:
+bien podrá ser: y es mas; cuando mi hija os dijo que os amaba, no
+mentia, y porque os amaba habeis sido su amante, su amante de una noche:
+porque os amaba con toda su alma: hay cosas que son fatales: Dios lo
+quiso.--Pero lo que yo os puedo asegurar, es que mi hija no quiere ser
+vuestra esposa.
+
+--¡Señor duque!
+
+--No os irriteis, caballero: ya veis que os hablo mesuradamente, á pesar
+de que soy un padre engañado, injuriado: á pesar de que habeis
+envenenado el corazon de mi hija. No os irriteis, y adios. Obrad como
+mejor os parezca; decid por todas partes que habeis obtenido la suprema
+felicidad de la posesion de mi hija.
+
+--¡Señor duque!
+
+--Haced lo que querais: decid lo que querais. De la misma manera que os
+he recibido hoy, os recibiré mañana: siempre con indulgencia; siempre
+como si fuerais mi hijo. ¿Y sabeis, añadió el duque levantándose
+lentamente y dando un paso hácia el marqués, sabeis por qué no os hago
+pedazos, como pudiera romper una copa de vidrio?
+
+El marqués fijó una mirada intensa, altanera, en la profunda mirada de
+Yaye, que continuó.
+
+--No os mato, como maté á los dos miserables que os ayudaron en vuestra
+infamia.... porque.... Dios no quiere..... porque..... porque, en fin,
+mi hija os ama de tal modo, que vuestra muerte la mataria y..... yo, por
+muy criminal que haya sido, no quiero matar á mi hija.
+
+--¿Conque ni la razon del honor, ni la de la sangre, ni ese amor que
+ella me profesa y que no es mayor que el que yo siento por ella, os
+hacen desistir de vuestro extraño propósito?
+
+--Por muy extraño que ese propósito os parezca, me afirmo en el.
+
+--¿Y sacrificareis á vuestra ambicion vuestra hija?
+
+--Mi hija piensa como yo. Quiere ser reina.
+
+--¿Y me ama?
+
+--Vais á juzgar por vos mismo. ¡Ola!
+
+Al llamamiento del duque, se abrió una mampara y apareció un criado.
+
+--Decid á la señora duquesa que la espero, dijo Yaye.
+
+Algunos momentos despues, se oyeron en una habitacion inmediata, pasos
+de mujer, acompañados del crugir de un trage de seda; se levantó el
+pestillo de una puerta, y al fin, Amina se presentó en la cámara de
+recibo de su padre.
+
+Al ver al marqués se puso letalmente pálida, retrocedió un paso, ahogó
+un grito, y se llevó involuntariamente la mano sobre el corazon, como si
+hubiese recibido en él un golpe de muerte: despues quedó inmóvil,
+fijando en el marquesito una mirada intensa, fascinada, insensata.
+
+Yaye se acercó á ella, la asió de una mano, y llevándola junto al
+marqués, la dijo:
+
+--El señor marqués de la Guardia, nos hace la honra de solicitar tu
+mano, hija mia. Antes de contestar quiero que sepas cual es mi voluntad:
+esta se reduce, á que se cumpla la tuya. Poco importa que yo acoja de
+buen ó mal grado los deseos del señor marqués: yo te juro, por la
+memoria de tu madre, que si quieres ser esposa de don Juan, lo serás.
+Ahora puedes responder al señor marqués.
+
+--Don Juan, dijo Amina que se habia sobrepuesto á su alteracion, y cuya
+palidez mate era la única señal que conservaba de la emocion que habia
+causado en ella la inesperada vista del marqués: yo os agradezco con
+toda mi alma, el que os hayais acordado de mí para hacerme vuestra
+esposa; jamás olvidaré que habeis venido á ofrecerme lo que
+indudablemente me haría muy felíz; vuestro nombre y vuestra fé; pero yo
+no puedo aceptar.
+
+--¡Que no podeis! ¡es decir que!....
+
+--No quiero: contestó con firmeza Amina, completando la frase de don
+Juan.
+
+--Ya lo oís, señor marqués; habeis obligado á mi hija á que para evitar
+todo género de interpretaciones, os diga claramente y sin rodeos, que no
+quiere ser vuestra esposa.
+
+Dicho esto, Yaye llevó á su hija á la puerta por donde habia entrado, la
+besó en la frente, y despues que hubo salido, se volvió al lado del
+marqués que estaba mudo de asombro y de cólera.
+
+--Ahora, señor don Juan, dijo el emir sentándose de nuevo, permaneced
+cuanto tiempo querais en mi casa; pero os suplico que no me hableis mas
+del asunto que os ha traido á ella. Seria un empeño inútil. Solo os diré
+algunas palabras: el paso que acabais de dar, me reconcilia con vos:
+fullero de amor, habeis contraido una mala deuda; pero despues habeis
+reflexionado, y habeis venido lealmente á pagar con lo que únicamente
+podiais pagar una deuda de tal género, con vuestro nombre: yo os lo
+agradezco: yo os perdono.... á pesar de que me habeis causado una herida
+que siempre brotará sangre.
+
+--Hay otro modo de pagar esas deudas, señor, dijo el marqués conmovido.
+
+--¿Cuál? contestó con amargura Yaye.
+
+Don Juan desnudó su daga y la entregó por el pomo al duque que la tomó
+con indiferencia; luego el marqués dobló una rodilla, y dijo con voz
+resuelta:
+
+--Tomad mi sangre, señor.
+
+--¿Para qué quiero yo vuestra sangre, niño? respondió con voz opaca el
+emir; vos habeis sido una fatalidad que se ha puesto sobre mi camino: á
+vos mismo os ha traido á ese camino la fatalidad: respetémosla
+entrambos: quedaos vos con vuestro amor y vuestro remordimiento: dejadme
+con mi dolor y con mi rabia: tomad vuestra daga: yo no necesito para
+nada vuestra sangre: idos ó quedaos; pero no hablemos mas de esto.
+
+Y levantó al marqués y le puso por sí mismo la daga en la vaina.
+
+Don Juan lloraba por la primera vez de su vida: lloraba silenciosamente,
+como pudiera haber llorado una mujer desesperada.
+
+--¡Oh! á pesar de vuestra fama de libertino, teneis corazon, dijo
+conmovido Yaye.
+
+Hubo un momento de solemne silencio.
+
+Yaye tomó entrambas manos al jóven.
+
+--¡Con que tanto amais á Esperanza! le dijo.
+
+--¡Ah señor! exclamó el jóven: ella es la esperanza de mi vida, acaso la
+salvacion de mi alma.
+
+--Pues, bien, pensad en vuestra Esperanza, dijo el emir.
+
+Iluminóse con una intensa expresion de alegría el semblante del jóven
+marqués.
+
+--¡Ah señor! exclamó: ¿renunciareis al fin, de llevar á cabo vuestro
+extraño empeño?
+
+--No, no por cierto: mi hija, vuestra _Esperanza_ se casará con un rey:
+esto no quiere decir otra cosa, sino que será necesario haceros rey.
+
+Causó tal impresion aquella nueva extravagancia en el ánimo del marqués,
+que miró fijamente al duque, temiendo habérselas con un loco; pero en
+los ojos de aquel, brillaba la mas fria razon.
+
+Don Juan temió volverse loco si permanecia un momento mas en aquella
+casa, y salió delirante, frenético, sin despedirse del duque.
+
+Este se quedó murmurando:
+
+--¡Fatalidad! ¡la mano que mató al padre, no debe matar al hijo!
+
+
+
+
+CAPITULO VI.
+
+ Del medio que eligió el marquesito de la Guardia para irritar el
+ amor de Amina.
+
+
+Ciertamente era necesario un obstáculo de gran monta para detener en su
+carrera al voluntarioso don Juan.
+
+Acostumbrado á que todo se rendiese á sus deseos, era un torrente cuyo
+curso se hacia cada vez mas rápido, y sus aguas mas turbias: al fin
+habia encontrado una roca en su camino; la habia enlodado, la habia
+manchado, la habia hecho temblar; pero la roca era demasiado fuerte para
+que la corriente la arrastrase y saltase por cima de ella, dejándola
+enterrada en el fango; aquella roca era el amor de Amina contrapuesto al
+torrente de las pasiones del marqués.
+
+Hasta entonces solo habia encontrado cortesanas que le provocaban y le
+sonreian, abriéndole sus brazos, ó virtudes fáciles que cedian en el
+momento en que se veian combatidas por la exigente voluntad del jóven.
+Esto en cuanto á las mujeres. En cuanto á los hombres, como el marqués
+era demasiado terrible, diestro y valiente para que le temiesen los mas
+esforzados, nuestro jóven campaba entre ellos por su respeto, puesto que
+el que no le rodeaba para explotarle, le evitaba para no verse
+comprometido en un lance desastroso.
+
+Don Juan Coloma, favorecido por las mujeres, respetado por los hombres,
+considerado en todas partes por su rango, por su fortuna y por su
+belleza, no podia haber sido hecho esclavo, sino por la _hermosa
+duquesita_, por aquella otra singularidad femenina, por aquel
+hermosísimo misterio viviente, contra cuyo desden se estrellaban los
+empeños de los mas libertinos, y contra cuya pureza se mellaba el diente
+de acero de la murmuracion femenil.
+
+El marqués, que como hemos dicho, antes de conocer á Amina, se habia
+sentido arrastrado hácia ella por un impulso instintivo; que al verla se
+habia enamorado en un solo momento, como jamás se habia enamorado de
+otra mujer; que al poseerla habia comprendido que aquella niña magnífica
+en el cuerpo y el alma, era una parte de su ser, que no podia vivir sin
+ella, que la luz de sus ojos eran su luz, y el aliento perfumado de su
+boca su vida; se vió sujeto cuando mas libre se creia, y de tal modo,
+que como hemos visto, habia dado el paso, en él extraño y casi milagroso
+de pensar en el matrimonio.
+
+Don Juan se habia transformado de repente, de señor en siervo, de
+burlador en burlado, de opresor en oprimido; se habia modificado dejando
+de ser lo que era, para convertirse en un ser enteramente distinto: este
+milagro lo habia hecho el amor, que es la pasion que conocemos con mas
+dominio sobre el corazon humano, y Amina habia sido el instrumento de
+que el amor se habia valido.
+
+Es necesario tambien tener en cuenta que no se necesitaba menos para
+dominar al soberbio don Juan.
+
+Amina reunia cuantas cualidades puede reunir una hija de Eva para ser
+codiciada: juventud, riqueza, ilustre cuna, elevacion de ideas y un no
+sé qué dominador que se exhalaba de su mirada irresistible, de la
+enérgica y vigorosa hermosura de sus formas, de su continente, de sus
+maneras, de su palabra, de su acento. Era, en fin, un conjunto
+irresistible de cualidades tentadoras, ante las cuales hubiera caido, no
+don Juan, que cuando mas, era soberbio, sino el santo mas santo, con
+toda la terrible fortaleza de la humildad, que es la primera de las
+fuerzas que conocemos.
+
+Don Juan se sintió humillado; pero al ser humillado se sintió
+engrandecido; porque no era una afrenta lo que le humillaba; no el
+desprecio público; no las desesperadoras consecuencias de la pobreza: lo
+que le humillaba dominándole, porque para él todo dominio era
+humillante, era el amor, esa noble y ardiente pasion, que á todo se
+sobrepone y que dominándolo todo, todo lo engrandece. Amina se habia
+apoderado del alma del marqués, le habia hecho gozar por un momento de
+un cielo para despeñarle despues á la tierra y decirle:--No pasarás de
+ahí.
+
+Y don Juan, queriendo desplegar las poderosas alas para alzarse á aquel
+cielo, conoció que sus alas se habian quemado; que era un ángel rebelde,
+caido entre el lodo, y solo aspiró lo nauseabundo, lo fétido de aquel
+lodo, cuando quiso levantarse á otra region mas pura, y no pudo; cuando
+lleno de amor y de esperanza, regenerado, despierto del sueño de
+impureza que habia dormido desde su infancia, oyó una voz terrible, la
+de la mujer amada, que le decia con ese acento que demuestra una
+resolucion irrevocable:--No quiero ser vuestra esposa.
+
+¿Acaso Amina rechazaba por dignidad al hombre que habia abusado de la
+ocasion, de la situacion, de uno de esos momentos decisivos, en que la
+fatalidad coloca á la mujer mas pura? Pero don Juan sabia que de la
+misma manera instintiva, por decirlo asi, que el amaba á la _hermosa
+duquesita_, era amado de ella. ¿Acaso aquel padre que parecia tan
+terrible, tan valiente, que todo lo sufria, que todo lo confesaba, que
+se burlaba de una manera inconcebible de la opinion pública, tendria por
+objeto irritar la pasion en su alma en provecho de su hija? Pero él se
+habia presentado decidido, resuelto á ser esposo de la duquesita y se le
+habia rechazado. ¿Seria que efectivamente padre é hija estuviesen locos
+ó fuesen tan soberbios, que aspirasen á un trono? ¿Y qué trono podia ser
+este? ¿El de España? ¿El que ocupaba el tremendo, el frío, el calculador
+Felipe II?
+
+Esto era un absurdo, un sueño insensato, y sin embargo, pensó en ello el
+marqués de la Guardia, á pesar de lo monstruoso del pensamiento.
+
+¿Acaso se contaria con el príncipe de Asturias?
+
+Don Carlos de Austria tenia en aquella sazon veinte y dos años.
+Contábanse de este príncipe en los círculos íntimos de la córte, vicios
+repugnantes, acciones indignas de un caballero, severos castigos
+impuestos al príncipe por el rey. Sin embargo, estos castigos en nada
+habian influido respecto á las viciosas inclinaciones del príncipe. Las
+damas de la reina se veian á cada paso obligadas á quejarse de las
+tenaces solicitudes de don Carlos, y aun de atrevimientos de mayor
+monta. Las gentes de su servidumbre, maltratadas y aterradas,
+desaparecian del cuarto del príncipe, huyendo de su ferocidad. Su ayo,
+sus gentiles-hombres, sus caballerizos, á trueque de no irritarle,
+encubrian sus nocturnas salidas de palacio, y el rey se veia obligado á
+cerrar los ojos y los oidos á muchas cosas, para no verse en la dura
+necesidad de castigarlas; para no dar el escándalo de reducir á una
+prision rigorosa al heredero inmediato de la corona.
+
+Solo habia un hombre que gozaba por entero de la amistad y de la
+confianza del príncipe: este hombre era el famoso comediante Cisneros.
+
+Pero si Yaye, conociendo el carácter voluntarioso del príncipe, y
+contando con la maravillosa hermosura de su hija, habia pensado en
+ponerla por este medio en el trono de las Españas, era necesario
+deducir como consecuencias de este pensamiento, sucesos horribles.
+
+En primer lugar, suponer que un soberano de la casa de Austria
+consintiese en el casamiento de su hijo con una grande de España, y
+cuando este soberano se llamaba Felipe II, hubiera sido contar con un
+imposible, con un milagro. Si él se casaba secretamente... esto era
+tambien imposible, porque los ojos y los oidos de Felipe II, segun don
+Juan creia, alcanzaban á todas partes; pero contando con la maldad de
+que tantas pruebas habia dado don Carlos de Austria, no era descabellado
+suponer que el príncipe se rebelase contra su padre, procurase
+destronarle, y al sentarse en el trono, impusiese á la altiva nacion
+española una reina sacada de entre la nobleza, y sin otros títulos á la
+corona que el capricho del príncipe.
+
+Estos proyectos podian muy bien caber en la cabeza enferma de don Carlos
+(que, segun opiniones muy autorizadas, era víctima de una feroz
+monomanía), ¿pero cómo suponer, sin injuria para el duque de la Jarilla
+y para su hija, que se prestasen á tales proyectos? Siendo asi, el duque
+era un traidor, un infame, y doña Esperanza una miserable prostituta;
+porque la mujer, que sobreponiendo su ambicion á su amor, se casa con un
+rey porque quiere ser reina, es una prostituta que vende su cuerpo y su
+alma por un trono.
+
+Don Juan cerró con disgusto, con horror, los ojos de su alma á estas
+suposiciones, y sin embargo, aquellas sospechas crueles, le perseguian,
+le torturaban, magullaban, por decirlo asi, su orgullo; le hacian probar
+unos zelos crueles, y con ellos la terrible pasion que siempre los
+acompañan: la venganza.
+
+Don Juan necesitó salir á todo trance de aquella terrible duda, y para
+salir de ella, poner de claro en claro cuanto habia de misterioso en el
+duque viudo y en la duquesa de la Jarilla.
+
+Por la primera vez pensó don Juan en presentarse en el alto círculo de
+la córte: hasta entonces le habian separado de ella sus libres
+costumbres. Don Juan aborrecia la sujecion aunque solo fuese en la
+forma. Nada le placia mas que ese género de reuniones, donde se puede
+estar con el sombrero puesto, y entre tendido y sentado, con la palabra
+suelta, en entera libertad de hacer y de decir; las casas de juego, las
+mancebías, las tabernas, los nidos de las damas galantes, habian sido
+hasta entonces sus lugares favoritos. Amina le hizo ver que habia un
+mundo aparte, en el cual se respiraba mas fácilmente; en que lo bello
+era realmente bello; en que, si habia vicio, estaba rígidamente oculto
+por apariencias de virtud. Don Juan comprendió que se puede ser malo
+pareciendo bueno, y viceversa. En una palabra: repetimos lo que ya hemos
+dicho: el amor de Amina, comparado con los amores que hasta entonces
+habia probado, le habia hecho sentir el olor del lodo de que hasta
+entonces habia estado circuido. Asi es que una repulsion natural le
+separó de su antigua sociedad y le hizo acercarse sin repugnancia á
+aquel otro círculo decoroso de que hasta entonces habia estado alejado.
+
+No hay que decir que fue acogido con un completo éxito, porque esto se
+comprende, teniendo en cuenta los antecedentes del marqués. En la córte
+tambien, aunque bajo la máscara de una refinada hipocresía y con formas
+convenientes, encontró don Juan, hechiceras cortesanas, ojos que,
+aprovechando el descuido de otros ojos, le miraban chispeantes y ricos
+de promesas; opulentas y nobilísimas herederas que le sonreian
+diciéndole harto claro que era un marido codiciable: las altas
+cortesanas distinguieron á don Juan del mismo modo que las cortesanas
+aventureras. Toda la diferencia estaba en las formas.
+
+Don Juan notó que tambien en la córte habia cieno; pero cubierto de
+césped y flores: es cierto que el que confiado aventuraba la planta
+sobre aquel florido césped, se hundia hasta el cuello; pero se guardaba
+bien de decirlo, por razones de conveniencia social: cada cual explotaba
+en su provecho los filones riquísimos que se ocultaban bajo aquel
+cesped. Pero don Juan fue prudente.
+
+En vez de revolcarse á diestro y siniestro por aquel lodo, se echó á
+buscar entre él una víctima que le ayudase, sin saberlo, en sus
+proyectos: una amante beneficiosa, en una palabra: cuando se ha llegado
+á la intimidad con una alta dama, se saben cosas que no solo no se
+hubieran creido posibles, sino que ni probables, respecto á ciertas
+gentes. Ademas, don Juan, siguiendo esta línea de conducta, tenia dos
+objetos: frecuentaba las primeras casas de la córte, veia en ellas á
+Amina, la hablaba, gozaba, viendo representada la influencia de su amor
+en la densa palidez que cubria el semblante de la hermosa duquesita, y
+sobre todo, aumentaba su amor y le mantenia vivo con el punzante aguijon
+de los zelos. El corazon de la mujer que ama nunca se engaña, y Amina
+sabia distinguir entre cien mujeres á la favorita del marqués.
+
+Este habia tenido tacto: para dar zelos á Amina habia elegido una mujer
+notabilísima por su hermosura, por su juventud, por su clase y por sus
+singularidades.
+
+Esta mujer era veneciana, y se llamaba la princesa Angiolina Vizconti.
+Una de las tres singularidades de la córte de Felipe II en aquellos
+dias, como dijimos al principiar esta segunda parte.
+
+No le fué tan fácil á don Juan, como habia creido, la conquista de la
+princesa, por mas que esta hubiera distinguido al marquesito desde sus
+primeras vistas. Frecuentó su trato don Juan, la galanteó de una manera
+delicada y ella se dejó galantear hasta cierto punto; pero cuando don
+Juan se lanzó al fin á una declaracion decisiva, la princesa le contestó
+con la dignidad mas dulce y graciosa del mundo:
+
+--No puedo aspirar á la felicidad de ser vuestra, caballero, porque soy
+casada.
+
+Don Juan, respecto á las mujeres de cierta clase, no tenia absolutamente
+experiencia; creyó que en la princesa italiana habia encontrado una
+virtud á prueba de bomba, como diriamos en nuestros dias, y obstinado,
+por lo mismo que habia encontrado resistencia, se empeñó en el sitio de
+la durísima belleza, y para sostenerle con mas probabilidades de éxito
+pidió informes á sus amigos.
+
+Esto equivalia á reconocer las obras avanzadas de la plaza.
+
+--Os habeis metido en una empresa diabólica, amigo mio, le dijo el
+marqués del Vasto, á quien don Juan abrió su pecho. Nada conseguireis de
+la princesa.
+
+--¿Y por qué razon, amigo don Alonso? repuso el marqués.
+
+--Por la sencilla razon de que en cuatro años que lleva en la córte,
+ninguno de los muchos apasionados de esa dama, ha podido jactarse de
+poseerla.
+
+--¡Ah! ¡ah!
+
+--Ya veis: es la mas hermosa de las damas que tenemos presentes. (Se
+encontraban los interlocutores en un ángulo de un salon de la casa del
+duque del Infantado).
+
+--Os engañais, don Alonso, hay otra mas hermosa que ella.
+
+--Ya se sabe, ya se sabe, que la hermosa duquesita es la primera en la
+córte, antes que la reina en hermosura y discrecion, y despues de la
+reina en riqueza; pero prescindiendo de ese portento, Angiolina es un
+prodigio; ved qué cabellos, qué frente, qué ojos... qué todo. Pues bien:
+lo que mas hace codiciable á esa mujer, no es su hermosura, sino la
+situacion especial en que se encuentra: ya sabreis que es la llamada la
+_casada-vírgen_.
+
+--¡Bah! siempre he tenido eso por una exageracion ó por una burla.
+
+--Pues no es ni burla ni exageracion.
+
+--¿Sabeis algo acerca de esa singularidad?
+
+--¡Bah! lo sabe todo el mundo.
+
+--Perdonad; yo formo parte del mundo, y no lo sé.
+
+--Pues vais á saberlo, para que todo el mundo lo sepa.
+
+--Os escucho.
+
+--Angiolina Vizconti, como lo demuestra su apellido, es veneciana.
+
+--Pues no pasan por muy virtuosas las hijas de la serenísima república.
+
+--La princesa se ha criado en Roma.
+
+--No son tampoco vestales todas las romanas.
+
+--Sea como quiera, Angiolina quedó huérfana á los diez y seis años. Su
+padre, Paolo Vizconti, fue encontrado en una de las calles de Roma,
+cosido á puñaladas. Sola y sin amparo Angiolina, salió de Roma, pasó á
+Toscana, y entró en un convento en Lierna. Conocióla por un accidente en
+el cláustro, el príncipe romano Maffei Lorencini; comprendió que
+Angiolina no tenia vocacion al cláustro, en el que solo habia entrado
+por necesidad, y se propuso hacer con ella una obra de misericordia. La
+habló, la pidió su mano, y aunque el príncipe no era ni jóven ni
+hermoso, Angiolina prefirió el mundo al lado de un esposo poco
+agradable, al cláustro junto á monjas menos agradables que el príncipe.
+Aceptó y se casó con él. Entonces Maffei, en vez de entrar con ella en
+la cámara nupcial, la dijo:
+
+[imagen: La princesa Angiolina Vizconti.]
+
+--Entrásteis por necesidad en el cláustro, y no quiero que por necesidad
+os sacrifiqueis á un hombre que no puede agradaros. En vez de ser
+vuestro marido seré vuestro padre. Sois libre, pues; libre para todo
+menos para manchar mi nombre, lo que estoy seguro que ni aun siquiera os
+pasará por el pensamiento. Soy viejo, no tengo parientes: os he nombrado
+mi heredera: vos sois jóven, y dentro de poco sereis viuda, libre, y
+princesa.
+
+--El señor Maffei Lorencini fue un héroe, dijo don Juan.
+
+--No ha sido menos heroina la princesa. A pesar de que su esposo pasa la
+vida viajando, hasta tal punto que nadie le conoce; á pesar de que, por
+lo mismo, Angiolina está enteramente libre, ha guardado de tal modo la
+honra del príncipe, que ha causado la desesperacion de cuantos han
+tenido la desgracia de enamorarse de ella. Cuéntase (el marqués del
+Vasto bajó la voz), que su magestad ha deseado tambien á la princesa, y
+que ha salido tan mal parado como todos los demás.
+
+--¿Estais seguro de que esa mujer no es bastante discreta para recatar á
+un amante?
+
+--¡Bah! es una mujer fria, altiva, orgullosa; está enamorada de sí
+misma. Solo se la ha conocido una pasion.
+
+--¿Cuál?
+
+--La de la envidia, y esta no se la conoció hasta que se presentó en la
+córte la hermosa duquesita.
+
+--¡Ah! exclamó profundamente don Juan.
+
+--Ya se ve: la pobre princesa era el sol de la córte, la reina de la
+hermosura, hasta que se presentó ese nuevo sol, esa doña Esperanza, que
+la ha eclipsado.
+
+--Os doy un millon de gracias por las noticias que me habeis dado de la
+princesa, dijo don Juan, impaciente por poner en práctica un pensamiento
+brillante que habia concebido.
+
+--Pues dadme dos millones de gracias por el consejo que voy á daros,
+añadió el marqués del Vasto. Si no quereis sentenciaros á un sufrimiento
+inútil, no volvais á pensar en la princesa.
+
+Estrechó don Juan la mano de su noble amigo, y aprovechando la ocasion
+de haberse desocupado una silla colocada por acaso entre Amina y la
+princesa, fué á sentarse en ella.
+
+[imagen: El marquesito]
+
+El pensamiento que habia concebido el marqués, era el siguiente: siendo
+cierto que la princesa envidiaba á la duquesita, debia aborrecerla. Si
+don Juan lograba que doña Esperanza se mostrase enamorada de él hasta el
+punto de que lo notase la princesa, era asunto concluido: no solo era
+suya la princesa, sino que tendria sumo cuidado en procurar hacer
+conocer á la duquesita que la habia robado el corazon del hombre de su
+amor.
+
+Don Juan no pensaba mal. Uno de los mejores medios para conquistar á la
+mujer mas dificil, es servirse de sus pasiones.
+
+
+
+
+CAPITULO VII.
+
+ La una por la otra.
+
+
+Habíase sentado el marquesito entre las dos rivales, en una disposicion
+de espíritu muy favorable para conseguir su intento. Habíase colocado
+entre dos polos opuestos, cada uno de los cuales tenia sobre él una
+atraccion poderosa. Si bien estaba seriamente enamorado y mas que
+seriamente empeñado por Amina, la princesa le impresionaba fuertemente,
+y su hermosura aunque, de todo punto distinta de la de la jóven sultana,
+excitaba sus deseos.
+
+Procuraremos describir la hermosura de la princesa, para que nuestros
+lectores puedan juzgar si estaba don Juan impresionado con razon por
+ella.
+
+Era alta, esbelta, de formas redondas, de seno turgente y de cuello
+mórvido, cuya blancura era transparente; su cabeza, de una forma
+magestuosa, parecia fatigada por el peso de una cabellera negra densa y
+brillante; tenia la frente despejada y serena, las cejas anchas,
+dulcemente arqueadas y negrísimas; negros los ojos, rasgados,
+resplandecientes, sombreados por largas y espesas pestañas, que no
+sabemos si servian para amortiguar el brillo de su mirada ó para
+aumentar su fuego con el contraste de su sombra; era densamente pálida,
+lo que aumentaba su blancura, y, como en muestra de que aquella palidez
+no era enfermiza, sus labios tenian un color rojo vivísimo, puro,
+fresco, como el de los granos de una granada: las formas de su cabeza,
+de su semblante, de su cuello, de sus hombros, de su seno, de sus
+brazos, de sus manos y de su talle, mostraban el puro y rígido contorno,
+la magestuosa armonía, la extremada belleza de la estatuaria griega, de
+los buenos tiempos en que los griegos robaron á la naturaleza sus mas
+bellas y puras formas para animar con ellas el mármol.
+
+Era, en fin, la princesa Angiolina, una de esas bellezas reinas, que no
+se ven sin admiracion, que no se recuerdan sin deseo.
+
+Tenia ademas, y como si la naturaleza hubiera querido dulcificar ese no
+sé qué de severo, de casi duro, de las formas enérgicamente correctas,
+el atractivo meridional de las venecianas, su sonrisa sensual é
+incitante, y la mirada lánguida, velada, dulcísima. Esto, se entiende,
+en los momentos en que Angiolina parecia feliz y tranquila, que cuando,
+por efecto de su envidia y de su rivalidad hácia Amina, rivalidad hasta
+entonces puramente de posicion, sufria y luchaba, el semblante de la
+princesa tenia toda la siniestra, sombría y terrible expresion del angel
+caido.
+
+Y no sabemos cuando estaba mas hermosa: si cuando sonreia tranquila, ó
+cuando sus ojos mostraban la funesta expresion del odio y de la envidia.
+
+Ello era verdad que Angiolina era una de esas mujeres de alma terrible,
+de las cuales un hombre prudente se aparta para no morir de deseos
+siendo desdeñado, ó devorado por un amor frenético, exigente y zeloso,
+siendo amado.
+
+Sobre todo esto, ya lo hemos dicho, era tan vigorosa, tan fresca, tan
+pura, la juventud de la princesa, que, contando ya veinte, y seis años,
+á penas representaba veinte.
+
+Cuando se presentó por primera vez en la córte de las Españas con su
+viejo marido el príncipe Lorencini Maffei, causó una sensacion profunda.
+
+Y eso que en aquellos tiempos, en que la preponderancia española no
+tenia rival en Europa, la córte de las Españas era muy concurrida de
+gente noble y rica de todas las partes del mundo, y eran muy comunes en
+ella las mujeres hermosas; encontrábanse á cada paso, en las iglesias,
+en los paseos, en los saraos, ya flamencas de carne delicada y ojos
+azules; ya italianas de mejillas morenas y aterciopeladas, pelinegras y
+ojinegras; ya inglesas blancas, como la espuma del mar, y con cabellos
+de oro; ya indias doradas, con su hermosura semisalvaje por lo
+extremadamente enérgica; ya francesas galantes y espirituales etc. Esto
+por lo relativo al extranjero, que en cuanto á lo relativo al interior,
+al género de casa, la córte era una admirable y variada exposicion de
+fidalgas vascongadas, montañesas, asturianas y gallegas, con su candor y
+su nítida blancura; de andaluzas y estremeñas con su mirada volcánica;
+de valencianas y murcianas con sus tentadores encantos y sus felices
+disposiciones para las intrigas amorosas; de aragonesas y catalanas con
+su hermosura altiva y tirante, por decirlo asi, y su acento enérgico y
+duro; de toledanas (de ellas nos libre Dios) con su gracejo y travesura,
+y por último de las hijas de Madrid, con su profunda experiencia en
+galanteos, y sus artes y sus aliños que suplen á la hermosura. El
+aficionado, pues, tenia una coleccion completa donde elegir, puesto que,
+ademas de las blancas, las trigueñas, las morenas y las doradas, no
+faltaban algunas incitantes hijas del Africa, negras como el ébano y
+hermosas, con arreglo á su tipo, que servian de doncellas esclavas, en
+la mayor parte de las casas de la nobleza.
+
+Difícil era, por lo tanto, que una mujer por hermosa que fuese,
+brillase, se destacase, se hiciese notable entre una pleyada tal de
+bellezas. Sin embargo, á su aparicion en la córte, Angiolina alcanzó un
+éxito ruidoso; hubo por ella apuestas, desafios y empeños, y se hicieron
+codiciables una mirada suya, una sonrisa ó una inclinacion de cabeza
+algo expresivas.
+
+Si Angiolina hubiese cedido al amor de alguno de sus innumerables
+galanteadores, indudablemente se hubiera vulgarizado, dejando de ser un
+empeño; pero su firmeza, lo extraordinario de su situacion como
+casada-vírgen, y las exageraciones que con relacion á ella se citaban,
+la sostuvieron sin rival en el trono de la hermosura, hasta la aparicion
+de Amina en la córte, que fue una singularidad de mas monta.
+
+Llevábala ventaja Amina, en juventud, en hermosura, en riqueza y en
+singularidad de historia, puesto que todo el mundo sabia que era hija de
+una mejicana y de un hidalgo oscuro (que por tal se tenia á Yaye);
+conociase en razon de los pleitos que una poderosa familia habia
+sostenido contra Estrella, la historia de esta, y era tan romancesca,
+tan singular aquella historia, que no podia menos de dar un gran
+prestigio á Amina.
+
+Por otra parte Yaye habia entrado en la córte, asombrándola con su
+inmenso fausto: Amina eclipsaba en riqueza de trages y joyas á las mas
+altivas grandes de España y se ponderaban los tesoros de la _duquesita_.
+Angiolina se presentaba, es verdad, siempre que la ocasion lo requeria,
+con un nuevo y rico trage; pero siempre las perlas y la pedrería eran
+las mismas; no habia podido comprarse un palacio, ni aun amueblar como
+hubiera convenido á su rango su enorme casaron alquilado, y en cuanto á
+lo demás, no habia logrado aventajar, ni aun igualar, á muchas de las
+riquísimas y faustosas señoras de la córte.
+
+Esto y su rivalidad con Amina, eran los únicos sinsabores que amargaban
+el corazon de la princesa: por lo demás, tenia un excelente marido, ó
+mejor dicho, esposo, que comunmente se encontraba viajando, que venia á
+hacerla una brevísima visita de año en año, y que la dejaba enteramente
+entregada á sí misma y dueña de sus acciones, libertad de que, segun
+fama pública, no habia abusado en lo mas leve la princesa.
+
+Tal era la mujer de que habia pensado valerse el marqués de la Guardia
+para excitar los zelos de Amina: la mujer de quien, hasta cierto punto,
+podia decirse que estaba enamorado, acaso solo porque habia resistido á
+sus deseos.
+
+La casualidad, que tantas veces hace que se encuentren reunidos, y mano
+á mano, dos enemigos irreconciliables, habia hecho que Amina y la
+princesa se encontrasen demasiado próximas aquella noche en la casa del
+duque del Infantado, y la casualidad hizo tambien que se encontrase
+vacío el único sillon que las separaba, en el que se sentó don Juan.
+
+Cuando un hombre que vale tanto como el marqués valia, se encuentra
+colocado entre dos mujeres con las cuales tiene antecedentes, y mucho
+mas cuando estas dos mujeres son rivales, se establece una situacion
+especial que generalmente es fecunda en consecuencias.
+
+Amina, que antes de llegar el marqués, se habia mostrado indiferente y
+altiva con la princesa, al saludar don Juan á esta, se puso pálida; al
+sentarse el jóven se la comprimió el corazon, y sus ojos se fijaron con
+ansiedad en el semblante de Angiolina, que contestaba sonriendo al
+saludo del marqués.
+
+Este y la princesa notaron la turbacion y el anhelo de Amina, y
+entrambos, cada cual por lo que le convenia, se propusieron forzar la
+situacion. Don Juan tomó familiarmente, como un hombre que está
+autorizado para ello, el abanico de plumas de la princesa, y á propósito
+de su mérito y de su riqueza, sostuvo con ella una conversacion llena de
+galanteos, de intenciones, de dobles sentidos. El rostro de Amina se
+nubló; su altivez rugió poderosamente dentro de su alma, y las oleadas
+de aquella tempestad salieron á su rostro, tanto mas determinadas cuanto
+la jóven luchaba por ocultarlas: don Juan dejó que Angiolina gozase de
+su triunfo, que lo saborease, esperando una ocasion propicia para
+amargar aquel triunfo, para empeñar, en una palabra, á la princesa:
+aquella ocasion no tardó en presentarse: algunos músicos, con guitarras
+y arpas, que acababan de entrar, rompieron tocando uno de los bailes de
+la época.
+
+Entonces el marqués se volvió á Amina, y mirándola de una manera tal que
+parecia decir: «á vos, sola á vos amo,» la invito á bailar.
+
+Amina entregó su mano á don Juan, se levantó en un movimiento nervioso,
+y clavó una humillante mirada de triunfo en la princesa, que la contestó
+con otra mirada de amenaza.
+
+Amina y el marqués se lanzaron en el baile: la princesa se negó á todos
+los que llegaron á invitarla; cada vez que Amina pasaba, reclinada entre
+los brazos del marqués, envuelta en el torbellino de la danza, lanzaba
+una mirada rápida, fugitiva como un relámpago, pero llena de insultos, á
+la princesa: cada una de estas miradas ennegrecian mas, por decirlo asi,
+el alma de Angiolina y hacia asomar á su semblante las oscilaciones de
+una lucha interna y poderosa; al fin el semblante de la princesa tomó
+una expresion glacial, profunda: la expresion de una resolucion
+decidida; y cuando, terminada la danza, el marqués volvió con Amina y se
+sentó de nuevo junto á la princesa, esta se apresuró á decirle:
+
+--Cuento con vuestra cortesanía, don Juan.
+
+--Quien os ha ofrecido su corazon, señora, contestó el marqués, está
+siempre dispuesto á serviros.
+
+--Pues bien, repuso Angiolina; me siento mal; hace calor; estas luces me
+sofocan; este ruido me aturde; necesito salir de aquí; respirar el aire
+libre; mis criados aun no habrán venido; es temprano. ¿Quereis
+acompañarme, señor marqués?
+
+Don Juan se levantó, saludó á Amina, y dió el brazo á la princesa.
+
+Amina sintió que el corazon se la rompia al recibir la mirada
+indescribible con que Angiolina se despidió de ella: comprendió cual era
+la resolucion de la princesa, y tuvo impulsos de levantarse y disputarla
+la posesion de don Juan: pero existe una ley tiránica que encadena á la
+mujer que tiene dignidad: la ley de su dignidad, y Amina permaneció
+aniquilada en su asiento, mientras el marqués y la princesa salian
+juntos, causando con su salida uno de esos sordos escándalos, que se
+hacen por un momento dueños exclusivos de la sociedad en donde pasan;
+que se comenten de mil maneras, y sostienen durante ocho dias la
+conversacion de todos.
+
+--¿Quereis que pida una litera? dijo el marqués cuando estuvieron en el
+zaguan.
+
+--No, contestó Angiolina con un acento poderosamente incitante: por nada
+del mundo trocaria el placer de apoyarme en vuestro brazo.
+
+El alma de don Juan se sonrió, cediendo á un impulso de vanidad: habia
+conseguido su objeto: Angiolina era su instrumento, y un instrumento muy
+bello por cierto: sin embargo, temió perderlo todo por precipitacion y
+se mantuvo en los límites de la mas profunda reserva.
+
+--Ved, dijo, que aun son las noches frias; que estais muy sofocada.
+
+--Por lo mismo necesito respirar libremente, y luego... la noche esta
+hermosísima... no recuerdo otra noche mas hermosa.
+
+--¿Qué camino quereis que elijamos para que vayais á vuestra casa?
+
+--¿_Para que vayais_? Contestó la princesa subrayando con su intencion
+particular estas palabras. ¡Qué! ¿en el caso de querer yo ir á mi casa,
+no venís vos tambien?
+
+--¡Qué no vais á vuestra casa, señora! ¿pues á dónde quereis que os
+acompañe?
+
+--No quiero que me lleveis; quiero llevaros yo. ¿No quereis que os sirva
+de guia?
+
+--Indudablemente que guiándome vos, no puedo ir mas que al cielo.
+
+--¿Quién sabe?
+
+--Pero os suplico que mediteis, que nuestra salida del sarao se ha
+notado; que vuestra dignidad requiere mi pronta vuelta que ademas, he
+notado que alguien nos sigue.
+
+--¿Y qué me importa? ¿Qué os importa á vos?... Sigamos: mirad que noche
+tan hermosa; mirad que luna: vaguemos por las calles al aire libre... y
+que nos sigan en buen hora.
+
+--Creo señora que estais enferma; vuestra voz tiembla de un modo
+singular; os estremeceis toda.
+
+--Si, si, estoy enferma: por lo mismo sigamos, aspiremos el fresco
+viento de la noche.
+
+Y la princesa tiraba de don Juan, que se hacia el reacio exprofeso.
+
+Empezaron á rodear calles y en silencio: ella creia haber dicho
+bastante; él se habia propuesto que ella lo dijese todo.
+
+Con el andar y con el fresco de la noche volvieron la calma y la razon á
+Angiolina.
+
+--Qué pensareis de mi don Juan, le dijo.
+
+--¿Qué quereís que piense? dijo don Juan.
+
+--¿Que qué quiero que penseis? pero eso no es una respuesta: no se trata
+de lo que yo quiero, sino de lo que pensais vos.
+
+--Pienso que he tenido la fortuna de que volvais la vista á mi, cuando
+habeis necesitado de alguno que os acompañe.
+
+--¿Y pensais que yo hubiera pedido á cualquier otro que me acompañase?
+
+--Creo que respecto á vos me encuentro en el mismo caso que cualquiera
+de vuestros conocidos.
+
+--Pues os habeis engañado.
+
+--¿Ocupo yo en vuestro corazón un lugar distinto que los demás?
+
+--¡Oh! ¡si!
+
+Y aquel ¡_oh_! ¡_si_! de la princesa equivalia á decir: _yo os amo_.
+
+Don Juan se hizo el torpe.
+
+--Pues no tengo motivos para creer... dijo.
+
+--¿Os habeis propuesto, don Juan, que yo lo diga todo? observó con suma
+impaciencia la princesa.
+
+--¡Pero si vos, señora, me habeis dicho ya cuanto teniais que decirme!
+
+--¿Y qué os he dicho?
+
+--Que no podeis amarme.
+
+--Pues... ya que me obligais á ello... será preciso decíroslo. Cuando
+contesté á vuestra demanda de amor que no podia amaros, me engañé.
+
+--¡Ah señora!
+
+--Cuando os ví, vuestra primera mirada me causó extrañeza. Casi me
+ofendió.
+
+--¡Ah! me comprendisteis mal.
+
+--No don Juan; acostumbrado, sin duda, á tratar con ciertas mujeres,
+sois demasiado audaz. Sin embargo de que me ofendió vuestra confianza en
+vos mismo, no pude menos de recordaros... luego deseé volver á veros: os
+ví y sentí algo misterioso por vos: como no he amado nunca, no comprendí
+que os amaba: cuando me pedisteis amor os contesté poniéndoos delante
+mis deberes, y os los puse de buena fe: pero esta noche he conocido que
+os amo con toda mi alma... porque he tenido zelos.
+
+--¡Zelos! ¡zelos vos y por mí! exclamó don Juan afectando la mas
+perfecta admiracion.
+
+--Si; zelos de una mujer á quien, no sé por qué, aborrezco: de una mujer
+que os ama... que está loca por vos... de la duquesa de la Jarilla.
+
+--¡Ah! ¡zelos infundados!
+
+--¡Vos no la amais! exclamó con ansia la princesa.
+
+--Os juro que á nadie amo mas que á vos; que he galanteado á muchas
+mujeres; pero que vos sois la primera á quien amo.
+
+--¡Oh! ¡que feliz seré si llego á creer en lo que me decis!
+
+--¿No os he dado bastantes pruebas?
+
+--Si, creo que me amais, porque necesito creerlo; porque yo no creia
+amaros y al conocer que os amaba otra mujer se me ha desgarrado el
+corazón: entonces me decidi á ser vuestra, á ser vuestra para siempre.
+
+--Creo señora, que no meditais bien lo que decis: que estais irritada.
+
+--Si, he meditado lo que digo: he medido con una sola mirada mi destino
+respecto á vos, y esa mirada me ha dicho: serás suya, serás su esclava,
+pero solamente suya.
+
+--¿Y vuestro esposo?
+
+--Solamente vuestra.
+
+--¿Pero no considerais?
+
+--Nada considero. Si muero por vos moriré contenta.
+
+--¿Pero el mundo?...
+
+--¿Y qué me importa el mundo? ¿qué me importa que ese mundo diga
+señalandome con el dedo: esa, la altiva, la orgullosa, la invencible, es
+al fin la querida del marqués de la Guardia: ha caido como todas? el
+nombre de querida vuestra será mi orgullo.
+
+--Pero puede evitarse que el mundo sepa...
+
+--¡Evitar yo que el mundo sepa que os amo! ¡que soy vuestra querida! no;
+yo no soy hipócrita, ni encuentro condiciones para el amor: ó amar ó no
+amar: ó todo ó nada. Esta noche vais á venir á mi casa y vais á entrar
+en ella por la puerta principal, dándome el brazo, delante de mis
+criados, como si fuerais mi esposo: nada de misterios: suceda lo que
+quiera: si mi esposo me mata... bien: si me arroja de sí... me iré con
+vos; si vos me abandonais... me meteré en un convento á llorar y orar
+por vos. Estoy decidida y nadie me hará volver atrás.
+
+¿Sentia la princesa lo que decia con toda su exageracion, con todo su
+ardor, ó era que comprendia que todo aquello era necesario para vencer á
+la _hermosa duquesita_?
+
+Entrambas cosas: Angiolina era una mujer exagerada: habia contraido un
+empeño por el marqués y aborrecia á Amina.
+
+Por su parte don Juan no pudo menos de exclamar en el fondo de su alma
+al ver la posicion en que se habia colocado la princesa.
+
+--¡Mi adorada Esperanza es mía!
+
+Despues don Juan y la princesa siguieron hablando como dos amantes
+locos, hasta que llegaron á la casa de la princesa á cuya puerta
+principal llamó el marqués.
+
+Abrió el portero: el zaguan estaba debilmente alumbrado y Angiolina
+pidió luces.
+
+Luego la precedieron, alumbrándola con antorchas, dos pajes que se
+asombraban de que su señora llegase á aquellas horas á pié, y acompañada
+de un caballero jóven y buen mozo, que continuaba dándola el brazo hasta
+dentro de su casa y que penetraba con ella en sus habitaciones
+particulares.
+
+Angiolina despidió desde allí á los pajes, é introdujo á don Juan en una
+preciosa cámara donde la esperaban dos doncellas que se asombraron al
+ver al marqués.
+
+--La cena, dijo la princesa quitándose el manto.
+
+La cena fue servida, y cuando se hubo terminado la princesa despidió sus
+doncellas hasta el otro dia.
+
+ * * * * *
+
+Para completar este capítulo réstanos decir lo que pasó _sotto voce_ en
+el palacio del duque del Infantado.
+
+Algunos caballeros jóvenes, que habian extrañado la temprana salida de
+la princesa acompañada de don Juan, se propusieron averiguar hasta donde
+pudiesen el resultado de aquella aventura, y uno de ellos fue
+comisionado para seguir á la pareja.
+
+El seguidor volvió una hora despues con la estupenda noticia de que la
+princesa y el marqués, distraidos en una animada conversacion, habian
+vagado á la ventura por las calles, y de que, por último, la princesa
+habia entrado en su casa por la puerta principal, arrastrando consigo al
+marqués de la Guardia: esta noticia corrió de oido en oido hasta que
+llegó á los de Amina.
+
+La pobre joven no necesitaba esta noticia confirmadora de sus zelos; en
+la mirada que la habia fulminado Angiolina al salir del sarao, habia
+comprendido que la robaba su amante.
+
+Pero por fuertes que sean nuestras convicciones, siempre es un golpe
+terrible su funesta confirmacion. Amina se sintió verdaderamente
+enferma, y, como siempre sus criados la esperaban, se trasladó á su
+casa.
+
+Al dia siguiente el leal Harum se presentó al emir.
+
+--La noble sultana Amina le dijo, me ha mandado que averigue la historia
+de una princesa italiana llamada Angiolina Visconti.
+
+Quedóse por un momento Yaye pensativo.
+
+--Pues bien, dijo al fin: vete á Roma y procura poner de claro en claro
+la historia de Pedro Visconti, coronel que fue de lo suizos del papa.
+Sigue el hilo, gasta oro, ejercita tu ingenio y trae las noticias que de
+esa mujer encuentres, á la sultana.
+
+ * * * * *
+
+Por una coincidencia singular, cuando el marqués de la Guardia se
+despidió, bien entrado el dia, de la princesa, esta salió de su retrete,
+atravesó algunas habitaciones y en una de ellas se detuvo y dió dos
+palmadas.
+
+Al punto, y como lanzado por una máquina, apareció entre el tapiz de una
+puerta un hombre.
+
+Aquel hombre era jóven; como de treinta y cuatro á treinta y cinco años,
+y hermoso, con la hermosura meridional del tipo romano: sus ojos tenian
+algo de lo sesgado y duro de la mirada del bandido de la campiña de
+Roma: llevaba calada sobre los negros y rizados cabellos una gorra de
+paño, revuelta una capa parda al cuerpo, entre cuyos pliegues asomaba la
+enorme empuñadura de una espada de gabilanes; por cima de aquella capa
+se veian su hombro y su brazo derecho, ancho el uno y robusto el otro,
+vestidos por la manga de un jubon de terciopelo verde tomado de oro; el
+otro hombro y el otro brazo estaban envueltos por la capa, y bajo el
+corto extremo de esta, se veian dos piernas perfectamente contornadas,
+ceñidas por unas calzas de grana y dos piés de excelente forma,
+calzados por zapatos de ante.
+
+La princesa, anticipando su palabra á la de este hombre, que por su
+parte permaneció impasible, le dijo con acento familiar:
+
+--Sígueme, Bempo.
+
+Bempo la siguió por una sucesion de habitaciones apartadas y
+desamuebladas, y entró con ella en un retrete donde habia algunos
+cofres.
+
+Abrió uno la princesa, buscó en él, sacó un estuche y del estuche un
+brazalete de perlas y diamantes y le entregó á Bempo.
+
+--¿Para qué es esto? dijo aquel singular personaje.
+
+--Para que lo vendas, contestó la princesa.
+
+--¿Y qué he de hacer con el dinero?
+
+--Ir á Granada: necesito que busques allí noticias de la duquesa de la
+Jarilla, de su padre, de su madre, de sus abuelos: que averigues dia por
+dia la historia de su familia: esto no te será difícil, por que ha
+existido un pleito ruidoso acerca de la posesion del ducado de la
+Jarilla, y se han hecho muchas pruebas é informaciones. Nada te importe
+gastar: el valor de esta joya es considerable: lo que quiero son
+noticias acerca de la duquesa y pronto.
+
+--¿Y cuando he de partir?
+
+--Mañana.
+
+Al dia siguiente salieron Harum el monfí para Roma: Bempo para Granada.
+
+
+
+
+CAPITULO VIII.
+
+Zelos italianos.
+
+
+Habian pasado cuatro meses desde el jueves santo y dos desde que el
+marquesito era amante público de la princesa. Angiolina habia demostrado
+al marqués que sus protestas de amor no habian sido vanas: no recataba
+de nadie el amor que le tenia, demostrándoselo delante de las gentes,
+con la expresion, con la mirada, por cuantos medios puede demostrarlo
+una mujer.
+
+Amina lo veia, sufria, callaba, ocultaba bajo la mas profunda reserva
+sus dolores, pero por mucho que fuese su dominio sobre su corazon, habia
+momentos en que el despecho la vendia; gentes hubo que, recogiendo estos
+descuidos, mejor dicho: estos momentos de desesperacion, se encargasen
+de decir á todo el mundo que la hermosa duquesita estaba enamorada del
+marqués.
+
+--Hé ahí un mancebo afortunado, decia alguno; las dos mujeres mas
+hermosas de la córte le aman; la una es su querida y la otra desea
+serlo.
+
+Y seguia la murmuracion y el odio entre las dos rivales.
+
+Harum habia vuelto de Roma trayendo consigo la historia de Angiolina.
+
+Bempo habia vuelto tambien de Granada trayendo un mamotreto.
+
+Al leer la princesa los papeles que le entregó el italiano se extremeció
+de placer: pero aquel placer era el de la venganza.
+
+Porque la princesa tenia zelos: hacia mucho tiempo que el marqués no era
+ya para ella el amante frenético... hacia mucho tiempo que faltaba dias
+enteros de su lado: Angiolina le habia hecho seguir y sabia que todas
+las noches, al mediar, iba el marqués á rondar los balcones del palacio
+de la duquesa.
+
+Angiolina, pues, que habia devorado su rabia, cuando tuvo en sus manos
+un instrumento vengador, se apresuró á aprovecharle.
+
+Esperó á que don Juan se la presentase á la hora de costumbre, esto es,
+al oscurecer.
+
+Entró don Juan confiado y alegre. Angiolina le asió de una mano.
+
+--Ven, le dijo, necesito hablarte donde nadie pueda escucharnos.
+
+El marqués siguió á la princesa algo interesado por este exordio.
+
+La princesa le llevó á un retrete apartado.
+
+Cuando estuvieron en él, Angiolina cerró las puertas de las habitaciones
+contiguas y despues las del retrete.
+
+--¿A qué tanto misterio, Angiolina? la dijo el marqués: ¿no has cifrado
+tu orgullo en que todo el mundo sepa que eres mi amante?
+
+--Si, contestó pálida de zelos la princesa; pero no quiero que nadie
+sepa que he sido vilmente engañada.
+
+--¡Que yo te he engañado!
+
+--¡Si! ¡no me amas!
+
+--¡Que no te amo! exclamó afectando la mayor sorpresa el marqués, ¿pues
+por quién estoy loco?
+
+--Voy á decírtelo: por esa mujer á quien llaman en la córte, no sé por
+qué, la _hermosa duquesita_.
+
+--¡Bah! y ¿puedes tú tener zelos de doña Esperanza? ¿tu la mujer mas
+hermosa del mundo?
+
+--Zelos, si, zelos terribles, porque se vengaran. ¡Herirme en el
+corazon, abandonarme, y todo por una especie de aventurera!
+
+--La pasion te ciega: quieres mal, no sé por qué, á la duquesa de la
+Jarilla, y la prueba está en que la niegas lo que nadie la ha negado: lo
+ilustre de su cuna.
+
+--Si, ciertamente: es hija de una esclava y de un bandido.
+
+--¡Ah! ¡perdona, Angiolina! ¡nada de eso sabia yo!
+
+--Puedo contarte su historia: su madre doña Estrella de Cárdenas era
+conocida en Granada con el nombre de la hermosa indiana, y gozaba allí
+de la fama que, por extravagancia, ha obtenido en la córte su hija: doña
+Estrella era morena, con ese horrible color moreno dorado de las Indias,
+que las hace semejantes á una naranja con forma humana.
+
+--¡Ah! ¿crees que la duquesita es hija de una india?
+
+--No es que lo creo, tengo la prueba de ello.
+
+--Pues te escucho, vida mia, porque esa historia debe ser curiosa.
+
+--Te la contaré, y con tanta mas exactitud, como que poseo la relacion
+escrita y la he aprendido de memoria.
+
+--¿Y quién ha escrito esa relacion?
+
+--La justicia de Granada, por las dos vias que pueden hacer escribir á
+la justicia: la civil y la criminal: porque has de saber que el abuelo
+de doña Esperanza, rey ó cacique de los indios rebeldes de Méjico, ha
+estado encausado por crímenes, y que si el rey le ha indultado ha sido á
+beneficio de las muchas perlas y el mucho oro que se han distribuido
+entre algunas de las gentes del consejo de su magestad: como que dicen
+que ese indio tiene tesoros inmensos: que la justicia haya tenido que
+ver civilmente con esa familia, consiste en el pleito que sostuvo por la
+herencia del duque de la Jarilla, un sobrino de este con la princesa
+mejicana. Hay en el proceso declaraciones importantes del capitan
+general del reino de Granada don Luis Hurtado de Mendoza; del duque de
+la Jarilla bisabuelo materno, segun pretenden, de la doña Esperanza;
+unos papeles que se encontraron en la casa de un capitan de infanteria
+española, llamado Alvaro de Sedeño, y por último, una relacion escrita
+de doña Inés de Cárdenas, abuela de doña Esperanza, y esposa del cacique
+indio.
+
+--Has excitado vivamente mi curiosidad, adorada mia, dijo don Juan y
+espero con impaciencia esa historia.
+
+La princesa palideció letalmente, porque comprendia el verdadero interés
+de don Juan en conocer la historia de Amina; sin embargo, se dominó, se
+reclinó indolentemente en el estrado, echó la cabeza atrás, dejando
+enteramente descubierta su hermosa garganta y empezó de esta manera:
+
+--Hace treinta y cinco años, en 1522, dos despues del descubrimiento y
+conquista de Méjico por el gran Hernan Cortés, fue enviado á aquellas
+remotas regiones para servir al rey bajo la autoridad del virrey de
+Méjico, uno de los caballeros mas principales de Castilla.
+
+Era este don Juan de Cárdenas, duque de la Jarilla, recientemente viudo
+de doña Maria de Avendaño, cuya muerte le habia dejado inconsolable. De
+este matrimonio solo habia nacido una niña: doña Inés de Cárdenas, que
+en la ocasion en que su padre fue nombrado para aquel empleo contaba
+solo catorce años.
+
+Amábala de tal modo el duque, que no tuvo valor para separarse de ella.
+Ciertamente que era un amor muy extraño el de aquel padre, que llevaba
+aquella hija única, aquella flor delicada, á aquellas regiones remotas,
+donde ardia una guerra encarnizada, y para llegar á las cuales era
+necesario arrostrar los peligros de mares aun no bien conocidos, y tan
+bravos, que imponian espanto á los mas valientes pilotos.
+
+--¿Y sin embargo, dijo don Juan, el duque no desistió de su empeño? Los
+hombres de aquellos tiempos eran atroces.
+
+--El duque, continuó la princesa con acento acerado, hizo aquel viaje
+por amor á su hija.
+
+--¡Extraño amor el de ese padre!
+
+--Lo comprenderás cuando sepas, que el duque de la Jarilla, de que nos
+ocupamos, habia corrido, como tú, una juventud borrascosa; que en todo
+género de excesos habia gastado su salud y sus rentas, y que cuando
+murió su esposa, no le quedaba mas que el título. Como las Indias son el
+tesoro donde iban y donde van á reponerse los españoles arruinados, el
+duque solicitó el oficio de adelantado sobre las fronteras de los
+rebeldes, y el rey se lo concedió.
+
+--¡Ah! empiezo á comprender: el duque quiso volver á ser rico por amor á
+su hija; y por amor tambien no tuvo valor para separarse de ella.
+
+--Cabalmente; pero habia en esto mucho de fatal. El libro santo dice que
+los hijos pagaran los pecados de los padres hasta la tercera y cuarta
+generacion.
+
+--El libro santo es al fin un santo libro, y dice muy santas cosas,
+aunque harto duras, tales como las de que paguen justos por pecadores.
+Pero continúa, Angiolina, continúa; te confieso que me va interesando
+mucho tu cuento.
+
+--Mi historia, don Juan, mi historia.
+
+--Sea en buen hora; pero continúa.
+
+--Despues de una larga navegacion, el duque llegó sin accidente á
+Méjico, y en seguida se trasladó á su adelantamiento. Hizo bravamente la
+guerra á los indios, y en solos dos años logró ver reunidas unas
+riquezas diez veces mayores que las que habia perdido. Enviada parte de
+aquellas riquezas á España á un mayordomo leal, las rentas del ducado de
+la Jarilla, fueron desempeñadas, pagadas las lanzas y medias annatas
+atrasadas, para lo cual bastó, como he dicho, que el duque enviase
+solamente una pequeña parte de las presas hechas á los indios. Todo
+parecia indicar al duque que se volviese, pero la codicia le cegó, y
+determinó seguir ejerciendo aquel su buen oficio de adelantado algunos
+años mas.
+
+--Me parece, dijo don Juan, que vamos llegando al capítulo de las
+pérdidas.
+
+--Efectivamente, segun la relacion sacada de los autos á que me refiero,
+á los dos años, tres meses y diez dias de haberse embarcado el duque
+para Nueva España, perdió su hija; el amor que le habia impulsado á
+aquella arriesgada empresa; todo lo que le quedaba en el mundo.
+
+--Lo que demuestra que los hijos pagan los pecados de los padres.
+
+--Doña Inés pagó los del suyo de una manera cruel. Figúrate don Juan,
+que durante la noche de... no recuerdo exactamente la fecha, pero esto
+no hace al caso... los indios acometieron el fuerte que ocupaba el
+adelantado, le entraron, hicieron una matanza horrible y se llevaron
+consigo á doña Inés.
+
+--Preveo las consecuencias, dijo el marqués: el rey de aquellos bárbaros
+se casó con la hermosa castellana.
+
+--¿Quién cuenta la historia, don Juan, dijo con impaciencia la princesa,
+tú ó yo?
+
+--Perdóname, pero...
+
+--¡Querias darme una muestra de tu penetracion! renuncia por ahora á
+ello, y del mismo modo á saber si el cacique se enamoró de doña Inés ó
+doña Inés del cacique. Hemos concluido la primera parte de mi historia.
+
+--Pues no puede ser mas sencilla.
+
+--De una bellota nace una encina, don Juan, y ya verás como los sucesos
+se complican. Voy á referirte la segunda parte que es mucho mas
+sencilla, como que se reduce á muy pocas palabras: el duque de la
+Jarilla buscó en vano á su hija, y en vano durante diez años envió al
+desierto indios de paz, ofreciendo un crecidísimo rescate por ella. Por
+último, habiendo enfermado y casi enloquecido el duque, los médicos le
+declararon formalmente que si no volvia á su país natal moriria sin
+remedio antes de seis meses.
+
+--¿Y se volvió?
+
+--Se volvió pensando recuperar su salud, solamente para volver á buscar
+de nuevo á su hija: el duque se estableció primero en la córte, y
+despues se vió obligado, por consejo de los médicos, á ir á buscar, no
+su salud, porque la habia perdido para no volverla á recobrar, sino su
+vida, bajo el templado cielo de Andalucía.
+
+El duque se retiró á uno de sus Estados cerca de Guadix.
+
+Hemos concluido la segunda parte de nuestra historia.
+
+--Pues te confieso, adorada Angiolina, y no te ofendas por ello, que tu
+historia á fuerza de poco interesante, me va causando sueño.
+
+--Espera, espera; este no es un libro de caballerías donde se suceden
+una sobre otra las aventuras; es una historia real y efectiva. Entremos
+en la tercera parte.
+
+Era el año de 1546, veinte y cuatro años despues del dia en que el duque
+salió de España para Méjico y veinte y uno desde el en que le fue robada
+su hija por los indios.
+
+El duque la habia buscado inútilmente durante diez años en los mismos
+lugares donde le habia sido robada, y debia encontrarla despues de su
+venida á España en Granada, pero la encontró muerta.
+
+--¡Muerta! exclamó con asombro don Juan.
+
+--¿Ves como mi historia se va haciendo interesante?
+
+--¿Pero cómo fue ese encuentro? ¿Quién habia llevado allí á la hija
+perdida?
+
+--Voy á entrar en pormenores: una noche, en el mismo ano de 1546, al
+pasar una ronda por delante de una casa del Albaicin en Granada,
+encontró su puerta franca, penetró en la casa y la encontró desamparada,
+pero en una de sus cámaras encontró el cadáver de una mujer, muerta, al
+parecer naturalmente, y el de un capitan de infantería española, manco y
+cojo, atravesado de parte á parte por una espada que aun permanecia en
+la herida. Preguntóse á los vecinos el nombre del dueño de aquella casa
+y ninguno le conocia. Entonces la justicia mandó que los cadáveres
+fuesen expuestos en la puerta de la parroquia.
+
+--¡Ah, ah! esto es ya distinto, me agradan los misterios.
+
+--Antes de pasar adelante te haré reparar en una circunstancia: al
+recojer el cadáver de la mujer se notó que le faltaba enteramente un
+rizo de cabellos de la izquierda de la cabeza. Reparóse tambien que en
+una de las sábanas faltaba un pequeño pedazo cuadrado de lienzo, cortado
+al parecer con puñal, navaja ó daga.
+
+--¿Y sirvió esta observacion para algo?
+
+--Ya verás. Aquel rizo de cabellos envuelto en aquel pedazo de sábana,
+fue hallado sobre el pecho de un hombre á quien se habia preso la mañana
+siguiente á la noche en que acontecieron aquellos sucesos, juntamente
+con un aleman en cuya casa vivia.
+
+El preso á quien se encontraron el rizo y el pedazo de lienzo, era el
+cacique mejicano.
+
+--¡Ah! ¿el preso en cuestion era el cacique?
+
+--Un indio feroz; un hombre cubierto de crímenes; el abuelo de tu
+duquesita.
+
+--¿Y por qué crímenes le habian preso?
+
+--Por el de traicion al rey.
+
+--¡Traicion al rey!
+
+--Si; se le acusaba de andar en tratos con los moriscos de Granada, y de
+darles el dinero que habian menester para un levantamiento: asi lo habia
+declarado el capitan Sedeño, la misma noche que fue asesinado, á don
+Luis Hurtado de Mendoza. En una palabra: el tal cacique era un criminal
+que conspiraba contra el rey, y en una ocasion terrible, cuando estaban
+convenidos en levantarse los moriscos de la ciudad de Granada en union
+con los monfíes de las Alpujarras: este tal, este cacique, el abuelo de
+doña Esperanza, era muy amigo del emir de los monfíes.
+
+--¿Y me querrás decir Angiolina, qué son monfíes?
+
+--¿Qué sé yo? una especie de moros sueltos, no reducidos, salteadores,
+gente feroz, que viven de lo que roban, de lo que saquean, de lo que
+incendian. ¡Dignos amigos del abuelo de tu amada!
+
+--¿Sabes que me va interesando demasiado tu historia?
+
+--Pues aun queda mas, mucho mas; dejando por ahora á un lado al cacique,
+has de saber que el capitan general no teniendo en Granada bastante
+gente de guerra, no ya para castigar, sino que ni aun para evitar el
+levantamiento de los moriscos, envió con urgencia partes á las villas y
+ciudades cercanas para que le acudiesen con gentes, y uno de los
+caballeros que acudió con sus criados al llamamiento del capitan
+general, fue el antiguo duque de la Jarilla, don Juan de Cárdenas, que
+al entrar el dia siguiente en Granada, vió, por acaso, dos cadáveres
+expuestos en la puerta de una iglesia, y en uno de ellos reconoció á su
+hija... á su hija doña Inés, que le habia sido robada veinte y dos años
+antes en Méjico. ¿Crees tú que el duque que era viejo y que estaba loco,
+no pudo equivocarse? ¿crees que fuese efectivamente aquel cadáver el de
+doña Inés de Cárdenas?
+
+--Bien podia ser. Y sobre todo cuando la justicia despues de repetidas,
+y sin duda, minuciosas indagaciones y probanzas, lo dijo, no debió
+engañarse.
+
+--La justicia es ciega, don Juan, sobre todo cuando se le pone sobre los
+ojos una venda de oro. ¡La justicia! ¿Sabes el primer testigo que se
+tuvo de la certeza del dicho del duque...? un viejo escudero tan
+achacoso y tan loco como su amo que afirmaba que la difunta era su
+señora doña Inés de Cárdenas.
+
+--No conozco el proceso.
+
+--Pues bien, voy á dártelo, porque ya me cansa esta historia, y en él
+verás lo que dejo de decirte.
+
+La princesa se levantó, salió dejando profundamente pensativo al
+marqués, que á duras penas habia sostenido su serenidad, y volvió,
+trayendo un enorme volúmen de papeles.
+
+--Aquí tienes el proceso que me he procurado, deseando saber si la mujer
+que amas es digna de tu amor:... en él encontrarás que la duquesa de la
+Jarilla es una mujer de origen dudoso, y que, dado caso que proceda del
+duque de la Jarilla, siempre será la nieta de un indio y la hija de un
+hidalguillo oscuro, de un sopista de Salamanca.
+
+--¿Quién piensa en que yo ame mas que á la luz de mis ojos? dijo don
+Juan disimulando su ansiedad y atrayendo hácia sí á la princesa, y
+dándola un beso en la boca: tu historia me ha entretenido y nada mas: es
+muy interesante.
+
+--¡Aparta, aparta traidor! dijo la italiana rechazando las caricias del
+marqués: ¿por qué esforzarte tanto en disimular el interés que te
+inspira la historia de la duquesita?
+
+--¡Ah, no! dijo indolentemente el marqués: cosas hay en el mundo que al
+principio no nos interesan y que despues deciden de nuestra vida.
+
+--¿Y será para tí una de esas cosas la historia que se encierra en este
+proceso? dijo la recelosa veneciana, posando en don Juan una mirada
+candente.
+
+--Tus zelos, divino amor mio, dijo don Juan asiendo por sorpresa el
+talle de la princesa y estrechándole amorosamente, acabaran por volverme
+loco, porque ellos me demuestran cuanto me amas.
+
+--¡Ah, don Juan! tú eres mi primer amor, el primer amor que se ha
+cruzado á mi paso en los veinte y seis años de mi vida; por tí he
+olvidado mi decoro, me he manchado delante del mundo, he aborrecido á
+una mujer á quien acaso, no mediando, tú habria amado; para darte á
+conocer en parte á esa mujer he hecho sacar testimonio de ese proceso
+por el escribano de cámara de la chancillería de Granada Alfon de
+Villasante: ahí estan los derechos jurados al pié de cada testimonio,
+que valen una buena suma de maravedises.
+
+--Permíteme Angiolina que te diga que esto no pasa de ser una
+extravagancia de tu amor.
+
+--¡Una extravagancia!
+
+--Te pido de nuevo perdon por la palabra, pero no encuentro otra mas
+exacta: ademas, si yo amara á doña Esperanza, lo que no es posible
+amándote como te amo, ¿no comprendes que todas estas singularidades, lo
+misterioso de su orígen, lo real de su alcurnia, porque al fin su abuelo
+es ó ha sido rey..... siquiera de idólatras; las desgracias de su
+familia, aumentarian mi amor en vez de extinguirle?
+
+Don Juan habia comprendido que la princesa tenia algo mas que revelarle
+que lo contenido en el proceso respecto á Esperanza; no queria
+preguntarla, y para saber todo lo que supiese Angiolina respecto á la
+duquesa de la Jarilla, irritaba sus zelos.
+
+La princesa palideció densamente; miró de una mas manera sombría á don
+Juan y exclamó trémula de cólera:
+
+--Bien sabia yo que la amabas: los ojos de una mujer, que ama como yo te
+amo, no se engañan: pues bien: contaré á todo el mundo esa historia que
+habia comprado para tí solo, y veremos si te atreves á amar á una mujer
+á quien todo el mundo señale con el dedo: todo el mundo no tiene los
+mismos motivos que los oidores de la chancillería de Granada, para creer
+á ciegas cosas tan extraordinarias.
+
+--Por tu bien te aconsejo, dijo don Juan que iba perdiendo la paciencia,
+que no propales esa historia, mi querida Angiolina: aborreces, aunque
+sin motivo, á doña Esperanza, y no querrás ser la causa de que se haga
+adorable, en el momento en que todo el mundo sepa su historia. ¡Bah! no
+sé qué motivos tienes para desconfiar de mi amor.
+
+--Don Juan, dijo gravemente la princesa, ya que no basta lo que sabes
+para que te apartes de esa mujer, voy á revelarte un secreto terrible:
+tu padre murió á hierro.
+
+--¿Qué quieres decir, Angiolina?
+
+--Tu padre el marqués de la Guardia apareció una mañana muerto á
+estocadas en una oscura calleja del Albaicin.
+
+--Es verdad.
+
+--¿Sabes quien le mató?
+
+--No pudo averiguarse quien fue el asesino.
+
+--Pues yo te lo voy á decir: el asesino de tu padre es don Juan de
+Andrade, padre de la hermosa duquesita de la Jarilla.
+
+--¡Eso es imposible! gritó, perdiendo los estribos el marqués; mientes;
+¡mientes de una manera infame!
+
+--¡Ah! exclamó Angiolina, poniéndose la mano sobre el corazon, como si
+hubiese recibido en él una puñalada: tu amor por esa mujer se revela al
+fin en una frase descortés, lanzada al rostro de una dama; pero me has
+dicho que miento y es necesario que te presente la prueba de que te he
+dicho la verdad, por mas terrible que haya sido.
+
+Y la princesa salió de nuevo precipitadamente y volvió con otro papel en
+la mano, que entregó á don Juan.
+
+--¡Lee! ¡lee y cree! le dijo; ese es el testimonio de una declaracion
+dada en el tormento por uno de los bandidos del padre de tu amada.
+
+El marqués leyó aquella declaracion, y no pudo acabar: se nublaron sus
+ojos, vaciló, dejó caer el papel de las manos y se vió obligado á
+sentarse en el estrado.
+
+--¡Oh! dijo la implacable princesa, recogiendo el testimonio y
+guardándolo; horribles crímenes, y homicidios hechos por ese hombre; la
+certeza de que es rey de los monfíes, por declaracion de un monfí; los
+deshonrosos zelos de ese hombre hácia su esposa, todo está aquí,
+escrito, testimoniado, vivo, acusador, y me basta solo quererlo para que
+todo el mundo sepa que la mujer que amas es hija de una ramera y de un
+bandido. ¡Oh! ¡las venecianas, don Juan, cuando amamos sabemos amar!
+¡cuando hieren nuestro amor sabemos vengarnos! ¡Oh! ¡estoy plenamente
+convencida de que me has tomado por tu juguete, porque te he parecido
+bastante hermosa, ó por vanidad ó... no sé por qué.[..]! ó, tal vez, y
+si esto fuese cierto seria horroroso, por dar zelos conmigo, con una
+mujer digna á una mujer que ha estado perdida una noche en Madrid, sin
+que nadie sepa donde ha estado. Me has tratado indignamente: me has
+creido, sin duda, una de esas infames mujeres entre las cuales has
+perdido el corazon y el pudor... pues bien, me vengaré don Juan, me
+vengaré: pero de una manera horrible: ¡te juro por la salvacion del alma
+de mi madre que me vengaré!
+
+Y la princesa irritada, altiva, mas hermosa que nunca, pero con una
+hermosura que causaba miedo, salió dando un portazo y dejando solo á don
+Juan.
+
+El testimonio que guardaba la historia de la familia materna de Amina,
+quedó abandonado sobre los almohadones, donde poco antes descansaba la
+enamorada princesa.
+
+Don Juan permaneció algun tiempo inmóvil, luego tomó silenciosamente el
+testimonio y salió, primero del retrete y luego de la casa.
+
+
+
+
+CAPITULO IX.
+
+ De la no menos extraña aventura que sucedió al marquesito mientras
+ rondaba á la hermosa duquesita.
+
+
+Don Juan se encaminó á su casa y se encerró en su cámara dando órden de
+que por nada ni para nada le importunasen. Sentóse junto á una mesa y se
+puso á hojear el testimonio.
+
+Pero tenía la imaginacion llena y turbada con las noticias que le habia
+dado la terrible princesa: zumbaban aun en su oido aquellas funestas
+palabras:
+
+--El emir de los monfíes de las Alpujarras es el asesino de tu padre.
+
+Don Juan no pudo leer una sola línea: una niebla de color impuro flotaba
+entre sus ojos y aquellos papeles: una perturbacion extraña envolvia su
+espíritu. Por mas que creyera que las noticias de Angiolina eran
+exageradas y acaso mentiras aceptadas por sus zelos, habia en aquellas
+noticias verdades comprobadas de las cuales no podia dudar. Por ejemplo:
+si Esperanza no era decididamente una mujer de la raza indígena
+mejicana, tenia mucho de aquel moreno rojo é incitante que habia tenido
+ocasion de admirar el marquesito en algunas mujeres venidas de allende
+los mares, como esclavas ó esposas de los españoles de la conquista del
+Nuevo Mundo: el carácter del duque tenia mucho de escéntrico, de
+poderoso, de extraordinario: don Juan recordó el extraño capricho del
+duque de que su hija fuese reina, y todos estos misterios, la revelacion
+de que el duque era el matador de su padre, fermentando en su loca
+imaginacion, aumentaron de una manera prodigiosa y á despecho suyo su
+amor por Amina: esto parecerá extraño á alguno que creerá que don Juan
+debia mirar con aversion á la hija del matador de su padre: pero debe
+recordarse que el marquesito extrañaba sobremanera el contesto de aquel
+versículo de las sagradas escrituras que dice:
+
+_Yo soy el señor tu Dios fuerte, celoso, que visito la iniquidad de los
+padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generacion de aquellos
+que me aborrecen._
+
+Don Juan no alcanzaba la profunda filosofía de que estan nutridos los
+libros santos, y rechazaba aquel precepto que, segun él, hacia
+responsables á los hijos de las faltas de los padres.
+
+Don Juan no comprendia siquiera la palabra fatalidad, con la cual
+únicamente se explica aquella terrible é inapelable sentencia: Don Juan
+no comprendia que las causas producen efectos, y que las consecuencias
+de los crímenes de los padres alcanzan necesariamente á los hijos.
+
+Ademas que para tener estas ideas en los tiempos de don Juan era
+necesario ser un hombre muy avanzado, porque tales ideas no eran de
+aquellos tiempos, y casi casi no lo son aun de los nuestros.
+
+Sea como quiera, en Don Juan no habia que buscar otra cosa que corazon,
+y aun este estaba harto viciado por la educacion que habia debido á su
+tio: no habia conocido á su padre y no le amaba: si le habia irritado el
+saber el nombre de su matador, habia sido mas porque aquel hombre era el
+padre de su amada. Si hubiera sido otro, don Juan se hubiera ido á
+buscarle y le hubiera dicho:
+
+--Vos matásteis á mi padre y yo voy á mataros aqui mismo, como quiera
+que os encontreis: si quier sea en pecado mortal.
+
+Lo hubiera hecho, como lo hubiera dicho, y despues no se hubiera vuelto
+á acordar de ninguno de los dos difuntos.
+
+Pero á despecho de don Juan, una voz interna le decia que debia hacer
+justicia en el matador de su padre: pero como para hacer justicia en
+causa propia es necesario estar justificado á los ojos de aquel á quien
+debemos castigar, don Juan, siempre que pensaba en esto, tropezaba en su
+conciencia. Recordaba aquel padre deshonrado, que con tanta calma, con
+tanto valor, con tanta grandeza habia recibido al seductor de su hija:
+entonces creia comprender por qué razon el duque ó el emir de los
+monfíes, aquel personaje extraordinario, en una palabra, no habia lavado
+con su sangre el deshonor de Amina: don Juan creia escuchar en los
+labios del duque estas ó semejantes palabras:
+
+--Maté al padre por calumniador ó seductor de mi esposa: no quiero matar
+al hijo por corruptor de mi hija.
+
+Cuando pensaba esto don Juan casi comprendia la terrible sentencia de
+Dios, y sentia sobre su frente un peso enorme, que casi le obligaba á
+doblegar su soberbia cabeza ante el duque. Aquel hombre habia tenido su
+vida en sus manos y no la habia tomado. El duque habia matado al
+marqués, sin duda justamente: el hijo del marqués habia herido de una
+manera infame el corazon del duque. Casi estaban en paz. Don Juan, pues,
+no pudo aborrecer al matador de su padre y en cuanto á Amina...
+
+Amina habia aumentado en valor á los ojos del marquesito de una manera
+prodigiosa: su empeño por ella se habia centuplicado. Era necesario á
+todo trance que fuese suya, enteramente suya, dijese la irritada sombra
+del difunto marqués lo que quisiese: dijera el mundo lo que mas le
+agradase: era necesario conceder, á pesar de lo mucho que se habia
+hablado acerca de la pérdida de la duquesita, que esta tenia un
+prestigio legitimamente adquirido, ya por la grandeza que naturalmente
+rebosaba de ella, ya por su extremada hermosura, ya en fin por las
+riquezas de su padre: ademas tanto se habia hecho respetar Amina de la
+maledicencia, que á pesar de haber sabido toda la córte que habia estado
+perdida toda una noche, se creyó lo del convento de las Ballecas, y
+nadie sospechó siquiera que su pureza se hubiese empañado: todo el mundo
+creyó lo que quiso creer excepto lo deshonroso, porque ni el duque, ni
+su hija, ni sus criados, habian dado á nadie explicaciones, y por otra
+parte, muertos los cómplices de don Juan, é interesado este por la honra
+de la mujer que amaba, nada cierto se habia sabido, porque el que
+hubiese podido servir de testigo fehaciente, el comediante Cisneros,
+estaba demasiado interesado en guardar el secreto, y, por otra parte,
+tenia tal fama de mancillador de honras, que nadie le hubiera creido
+bajo su palabra.
+
+Sobre todo esto, Amina se habia presentado al dia siguiente de su
+pérdida en los parajes mas públicos con la frente alta y radiante de
+pureza y de inocencia, y habia conseguido lo que se consigue siempre
+cuando se mira frente á frente al mundo con la expresion de la dignidad
+y del orgullo.
+
+La funesta aventura de la noche del jueves santo de 1567, solo era
+conocida de Yaye, de Amina, del marqués de la Guardia y del comediante
+Cisneros.
+
+El secreto, pues, estaba perfectamente asegurado.
+
+Llena la imaginacion de delirios, enamorado, fuera de sí, don Juan salió
+de su casa y se encaminó á Puerta de Moros, cerca de la cual tenia su
+palacio Yaye.
+
+¿A qué iba allí el marquesito? A pasearse por la calle, á mirar las
+ventanas de su amada, á ocultar en la sombra y el silencio el dolor de
+sus amores. ¿Acaso en nuestra juventud no hemos hecho cada cual lo mismo
+alguna vez? ¿Una ventana tras la cual se ve una luz, cuando aquella luz
+ilumina la habitacion de la mujer que amamos, no ha tenido alguna vez
+para nosotros encantos indefinibles? ¿No hemos esperado ver una sombra
+tras los cristales, esbelta, hechicera, embellecida por nuestro
+pensamiento y si la hemos visto, no nos hemos considerado felices?
+
+A eso pues iba don Juan á la estrecha calleja á donde daban algunos
+balcones de los aposentos de Amina: á estar mas cerca de ella; á espiar
+su sombra en los cristales de los miradores.
+
+Eran mas de las doce de la noche y esta muy oscura: ventiscaba y de
+tiempo en tiempo el cerrado celaje arrojaba una ligera lluvia.
+
+Cuando llegó don Juan frente á frente de un postigo de la casa de Yaye y
+debajo de un balcon cubierto con celosías, se ocultó tras uno de los
+postes de un soportal de un casuco inmediato y se puso á atalayar el
+balcon, á través del cual se veia el reflejo de una luz.
+
+Habian pasado cuatro meses desde el jueves santo y era una calorosa
+noche de julio: hacia algun tiempo que Amina, so pretexto de enfermedad,
+no asistia á las reuniones de costumbre, y decimos bajo pretexto de
+enfermedad, porque todas las noches al mediar, cuando el marquesito
+estaba ya en la calleja, aparecia una sombra esbelta en el balcon, tras
+las celosías, y permanecia allí una hora, mirando á la otra sombra opaca
+que habia en la calle. Despues la hechicera sombra se retiraba del
+balcon, se cerraba este, y el marquesito abandonaba su poste y se
+alejaba suspirando.
+
+Esto demostraba que Amina no estaba enferma, porque tratándose de la
+casa del duque de la Jarilla, la sombra que hacia permanecer una hora en
+la oscura calleja al marquesito, no podia ser otra que Esperanza.
+
+Haria tres dias que don Juan no habia asistido á aquella cita tácita, á
+aquella muda y misteriosa entrevista, en que los amantes se hablaban con
+el alma, y en que se lo prometian todo, se lo juraban todo.
+
+Por lo mismo, y á pesar de la máquina de pensamientos que se revolvian
+en su cabeza, quiso saber si se le esperaba; si se contaba con que su
+ausencia seria corta, y se ansiaba su vuelta: tras las celosías del
+balcon brillaba la luz; pero Amina no estaba allí: don Juan para no ser
+visto se ocultó detrás del poste, desde el cual hacia su acostumbrada
+atalaya, y esperó.
+
+Pasó un cuarto de hora, media hora, que marcó lentamente la campana de
+un relój dentro de la habitacion de la duquesita: al fin el marqués oyó
+unas pisadas que conocia demasiado, en aquella habitacion; luégo
+apareció una sombra tras las celosías, y se apoyó en la balaustrada del
+balcon.
+
+Don Juan permaneció oculto.
+
+Poco despues la sombra se retiró con un movimiento de despecho, y se
+entró en la habitacion: trascurrido un corto espacio, don Juan oyó el
+preludio de una guitarra, y al fin la voz de Amina que cantaba.
+
+¿Pero qué cantaba?
+
+La armonía era lánguida, sentida, llena de expresion; un verdadero canto
+de amores; pero de amores tristes; un gemido del alma. ¿Pero en qué
+dialecto? era extranjero. Don Juan no comprendia una sola palabra, no
+podia comprenderla; pero por la entonacion, por lo sentido del acento de
+la jóven, se comprendia bien á qué género pertenecia su canto.
+
+¿Pero á qué aquel dialecto extranjero?
+
+Otro nuevo misterio se desplegaba ante el alma de don Juan, ó por mejor
+decir, aquel misterio parecia comprobar las revelaciones de Angiolina.
+¿Seria acaso una balada indiana, inspirada por la soledad y la ausencia
+en una de las brabías y gigantescas selvas del desierto mejicano?
+
+Pero no, no podia ser. ¿Cómo un pueblo idólatra, y salvaje, segun creia
+don Juan, podia haber llegado á expresar en sus cantos tan dulce
+sentimiento, tan lánguida, tan triste, tan suspirante armonía?
+
+Aquel canto no era el canto rudo y monótono de un pueblo primitivo, sino
+el de un pueblo civilizado que habia comprendido en todas sus
+entonaciones el lenguaje del corazon y sabia hablar sin palabras por
+medio de la música, ese lenguaje maravilloso comprensible para todos los
+pueblos, cualquiera sea su dialecto, y que debe ser el lenguaje de los
+ángeles. Don Juan comprendió en aquel canto, que para él no tenia
+palabras, la espansion del alma de una mujer enamorada, que se encuentra
+lejos del ser que ama y que solo alienta una dudosa esperanza de
+poseerle. Las notas de aquel canto caian una á una en el corazon de don
+Juan, y aumentaban su amor, sobreponiéndole á todo otro pensamiento; y
+decimos que aumentaba, su amor, porque el amor, como todos los
+sentimientos espansivos, puede crecer comprimiéndose hasta hacer
+estallar el corazon que le contiene.
+
+Amina cantó algunas estrofas; despues cesó, y el marqués oyó el sonoro
+gemido de la guitarra, al caer abandonada con descuido por la mano que
+la habia sostenido.
+
+La duquesita volvió á aparecer en el balcon.
+
+Don Juan iba á dejarse ver, cuando sintió pasos de dos hombres en la
+calle y se detuvo, y se ocultó mas, para dejar pasar á los importunos.
+Pero, con gran sorpresa suya, los dos hombres se detuvieron junto al
+postigo de la casa del duque, hablaron un momento, y despues uno de
+ellos se acercó al postigo, sonó una llave en la cerradura, abrióse el
+postigo, y uno de los dos hombres entró. Aquel hombre no era el duque,
+ni tenia su altivo continente, ni su gallardía. El otro hombre se habia
+quedado fuera, y se habia sentado, sin duda para esperar cómodamente, en
+el dintel del postigo.
+
+Amina continuaba inmóvil en el mirador.
+
+En el primer momento el marquesito sintió en sus oidos un zumbido sordo,
+terrible; luego la sangre se agolpó á su corazon, un movimiento salvage
+de rabia, de zelos, de indignacion, como podia haberlo experimentado un
+marido engañado, le agitó de piés á cabeza; sintió al fin un horrible
+vértigo, el vértigo de la venganza, y, saliendo de repente de su
+acechadero, desnudó la espada, y se fue con ella de punta hácia el
+hombre que se habia sentado en la grada del postigo, y á quien no dejó,
+como suele decirse, en el sitio, porque la cólera, haciendo errar el
+golpe al marqués, salvó á aquel hombre por un momento.
+
+La espada de don Juan habia dado en la madera del postigo y se habia
+clavado en ella fuertemente.
+
+El bulto se habia puesto de pié y habia desenvainado su espada.
+
+El marqués con un violento esfuerzo desclavó la suya, y se fue para
+aquel hombre, que le esperó con una serenidad que demostraba bien claro
+que se trataba de un valiente.
+
+Era la noche muy oscura, y no podian verse las caras, y mucho menos los
+aceros.
+
+Ni uno ni otro pronunciaban una sola palabra.
+
+El marqués acometia, y el incógnito se mantenia firme.
+
+Pero muy pronto se vió obligado á retroceder ante el furioso ataque del
+marqués; muy pronto aquella retirada fue violenta, el marqués le hizo
+cejar á todo lo largo de la calle, y al fin, fatigado el otro, aflojó en
+la defensa, y el marqués le alcanzó con una terrible estocada.
+
+Al sacar don Juan la espada de la herida, aquel hombre cayó redondo en
+tierra, sin pronunciar una sola palabra.
+
+--¡Ah! exclamó don Juan: ¡ahora me queda el otro, y despues el duque, y
+luego su hija!
+
+Como ven nuestros lectores, el marqués, en su zelosa rabia, queria
+exterminar á medio mundo.
+
+Cuando llegó al postigo, se volvió á él con visible intencion de llamar.
+Amina estaba aun en el balcon, y antes de que el marqués tocase al
+llamador, se abrieron con extruendo las celosías, y la dulce y grave voz
+de la jóven dijo con ansiedad:
+
+--Esperad, don Juan; yo os lo suplico.
+
+El marqués se detuvo; permaneció inmóvil y como anonadado algunos
+segundos, y luego exclamó con un acento en que se exhalaba una alegría
+infinita:
+
+--¡Ah!; eres tú!
+
+Aquel ¡eres tú! contenia en sus seis letras un mundo de sensaciones y de
+pensamientos para cuya explanacion se necesitaria un volúmen.
+
+--Si, si, yo soy; dijo con ansiedad Amina: ¿habeis muerto á ese hombre?
+
+--No lo sé.
+
+--¿Estais herido?
+
+--No.
+
+--Pero pueden encontrar á ese hombre muerto ó herido: vos, os conozco,
+no os retirareis: yo os esperaba para hablaros si veníais: os hubiera
+hablado por una reja, pero ahora es imposible: podian encontraros...
+¡Dios mio!
+
+--¿Y qué podria sucederme peor que lo que me sucede? exclamó con
+desesperacion el marqués.
+
+--Yo no quiero que os acontezca ninguna desgracia. Por lo mismo, seguid
+adelante junto á la pared hasta que encontreis una reja: trepad por
+ella; encima hay un balcon: voy á abrir ese balcon.
+
+--¡Oh Dios mio! exclamó el marqués dominado por un intenso sentimiento
+de felicidad.
+
+Poco despues trepaba por una reja, salvaba la balaustrada del balcon,
+pisaba una alfombra, y una hermosa mano asia la suya.
+
+--¡Oh, Esperanza de mi alma! exclamó el marqués.
+
+--Ven conmigo, ven; dijo con voz opaca Amina: este momento es supremo.
+
+Y diciendo esto conducia al marqués asido de una mano á través de
+habitaciones oscuras.
+
+Amina se detuvo en una de ellas, y dijo con acento grave:
+
+--Júrame, don Juan, que serás prudente: te voy á llevar á un lugar donde
+mi padre cree que de nadie puede ser escuchado mas que de su hija.
+
+--¿Y para qué? dijo el marqués que lo habia olvidado todo: escuche yo tu
+voz, vea yo tus ojos, y nada me importa el mundo entero.
+
+--Has visto entrar en mi casa un hombre, dijo Amina.
+
+--¡Ah! exclamó don Juan, como quien despierta de un hermoso sueño.
+
+--Pues bien, es menester que sepas por qué ha entrado y á qué ha entrado
+ese hombre aquí: sígueme: no hables una palabra mas; recata tus pisadas:
+silencio y prudencia.
+
+Don Juan se dejó conducir por la duquesita, que le hizo atravesar
+algunas otras habitaciones oscuras, y al fin le introdujo en una en que
+penetraba un débil resplandor á través de unas puertas vidrieras,
+cubiertas con unas tupidas cortinas de cambray bordado.
+
+El marqués levantó imperceptiblemente una de las cortinas: en la otra
+vidriera observaba Amina: los dos jóvenes estaban asidos de las manos.
+
+En la habitacion inmediata habia dos hombres.
+
+
+
+
+CAPITULO X.
+
+ Lo que oyeron la duquesita y el marquesito.
+
+
+Uno de aquellos hombres era jóven, como de veinte y dos años.
+
+Aquel hombre era el príncipe de Asturias don Carlos de Austria.
+
+Estaba sentado y cubierto.
+
+El otro hombre estaba de pié y descubierto.
+
+Era Yaye.
+
+El príncipe, á pesar de sus pocos años, era uno de esos seres
+repugnantes que se han gastado practicando constantemente el vicio; su
+palidez enfermiza, sus ojos de un color impuro, la especie de vejez
+prematura que sobre aquel semblante lívido aparecia, y la fosforescente
+insensatez de su mirada, demostraban que su organizacion habia sufrido
+mucho á causa de excesos. En los gruesos labios que habia heredado de su
+padre, se adivinaba que el temblor de la cólera era su expresion
+habitual: tenia los ojos azules, el cabello y las cejas rubias, y estaba
+flaco, muy flaco.
+
+--En verdad, en verdad, decia el príncipe, en el momento en que el
+marqués y Amina podian escucharle, no pensaba que tú, un oscuro
+aventurero, ennoblecido por un casamiento afortunado, y tolerado por el
+bueno de mi padre en la córte, cuando hay mas de una lengua maligna que
+habla mal de tí, te atrevieses á representar una farsa tan grosera
+conmigo. ¡Ya se vé! Sabes que estoy enamorado de tu hija y te
+prevales... pues bien, concluyamos pronto: las condiciones, las
+condiciones, duque. Ya que no ha salido á recibirme tu hija, segun
+esperaba, te confieso que me molesta estar á estas horas en conversacion
+contigo. ¡Por mi patron Satanás que esta es una treta que no te
+perdonaré nunca, duque!
+
+--Ignora vuestra alteza con quién habla, dijo reposadamente Yaye, del
+mismo modo que ignoraba que nada sucede en mi casa sin que yo lo sepa.
+
+El marqués estrechó fuertemente la mano de la duquesita, que no contestó
+á la presion, porque era una especie de burla hecha á su padre.
+
+--En verdad, duque, repuso el príncipe con un acento en que habia una
+ligera indicacion de cólera, que tratándose de una persona tan
+misteriosa como tú, tan oscura, es difícil saber á qué atenerse; sin
+embargo, tu aspecto es altivo y noble, y me agrada; algunas veces,
+ahora, por ejemplo, tienes la misma expresion, sin quitar ni poner, que
+mi padre cuando me sermonea porque he asustado á una dama de la reina.
+Tu mirada á veces es la de un rey. ¿Serás acaso rey de alguna ínsula
+desconocida?
+
+Habia un tan profundo desprecio en las palabras del príncipe, que otro
+que no hubiera sido Yaye, se hubiera alterado.
+
+Apoyóse ligeramente en un ángulo de la mesa junto á la cual estaba de
+pié y contestó:
+
+--Sea yo rey ó mendigo, hidalgo ó villano, caballero ó bandido, es lo
+cierto que vuestra alteza está en mi casa y de mala manera llegado. Yo
+sabia, sin embargo, que ibais á venir, y sino hubiera querido que
+vinieseis no hubierais poseido la llave que os ha dado uno de mis
+criados, no por vuestro oro, que le he hecho repartir á vuestro nombre
+entre algunos pobres, sino porque yo le he mandado que os la dé.
+Necesitaba hablar con vos, y ciertamente que lo que aquí puedo deciros,
+no os lo hubiera dicho por nada del mundo en la córte. ¿En qué estado de
+relaciones os encontrais con los rebeldes de Flandes?
+
+El príncipe se levantó de un salto al escuchar estas palabras, y el
+marqués de la Guardia sintió que la mano de Amina temblaba entre la
+suya.
+
+--¿Que en qué estado estoy de relaciones con los rebeldes? exclamó
+acreciendo en lividez el príncipe. ¿Y te atreves á hacerme esa pregunta,
+traidor?
+
+--Espere un momento vuestra alteza, dijo Yaye, y comprenderá, en vista
+de una prueba indudable, que tengo razones poderosas para hacerle esta
+pregunta.
+
+El duque fue á una especie de secreter de ébano incrustado de plata y
+nacar, y de uno de sus secretos sacó una cartera de seda bordada de
+lentejuelas de oro, desenvolvió lentamente la ancha cinta de raso que la
+rodeaba, sacó de ella algunos papeles, y de entre ellos uno que retuvo
+en sus manos.
+
+El príncipe le miraba atónito con la vaguedad de los insensatos:
+
+--Hace dos meses dijo Yaye, entró en Madrid secretamente, y se hospedó
+en uno de los mesones menos concurridos de la villa, un jóven caballero
+francés. Aquel caballero se llamaba Laurent de Perceval, y era hugonote.
+
+El duque se detuvo y miró profundamente al príncipe, que procuró en vano
+sostener su mirada, y se puso lívido como un cadáver.
+
+Hubo un momento de silencio: durante él, don Juan dijo rápidamente al
+oido de Amina:
+
+--Yo no puedo permanecer aquí: se trata de secretos terribles.
+
+--¡Mi honor te manda permanecer! exclamó profundamente Amina.
+
+--¡Oh, quiera Dios que tu amor no me pierda! murmuró el marqués.
+
+--Una noche, continuó Yaye, rompiendo su momentaneo silencio, un cierto
+Cisneros, un comediante miserable que os acompaña, y que habia ido al
+tal meson varias veces, y todas ellas preguntando por el Laurent, supo
+al fin que aquel caballero habia llegado y le habló: una hora despues el
+hugonote Perceval, el príncipe heredero del cristianísimo rey de las
+Españas, y el comediante Cisneros, conspiraban abiertamente contra Dios
+y contra el rey, en el oscuro aposento de un meson, harto agenos de que
+eran escuchados.
+
+En efecto, todos los aposentos inmediatos estaban vacíos y cerrados.
+
+Yaye pronunciaba una á una y solemnemente sus palabras.
+
+--Pero sobre aquel aposento, continuó Yaye, habia un desvan á teja vana,
+y en él vivia desde dos dias antes de la llegada á Madrid del caballero
+francés, un pobre y anciano mendigo. Este mendigo habia levantado una
+baldosa, y habia abierto en las tablas un agujero, desde el cual podia
+mirar y escuchar cuanto pasase ó se dijese en el aposento inferior. La
+noche, pues, que vuestra alteza estaba encerrado en aquel aposento con
+el francés y el comediante, el mendigo observaba cuanto en aquel
+aposento acontecia. El príncipe, con mas ambicion que paciencia, deseaba
+la corona de su padre.
+
+El príncipe tenia la vista fija en el suelo y temblaba como un reo ante
+su juez.
+
+La voz de Yaye era solemne.
+
+--¿Y qué mucho? añadió con voz vibrante y terrible. Estamos en una época
+de crímenes. A donde quiera que se vuelvan ahora los ojos encuentran
+sangre; rostros amoratados por el dogal ó lividos por el tósigo. Acá y
+allá, cerca y lejos, solo encontrais opresores y esclavos; volved la
+vista al Occidente, atravesad con ella los mares, mirad á la América:
+allí, brutales aventureros, bandidos codiciosos, oprimen á millones de
+hombres á quienes han robado la patria y los altares, á quienes han
+arrojado de su hogar: los infelices indios se han visto obligados á huir
+á los desiertos, donde se defienden con el valor de la desesperacion de
+las infamias del feroz conquistador. Ved sus doncellas violadas y
+vendidas como esclavas, sus viejos degollados, los niños arrebatados á
+sus padres, y entregados á los frailes: ved sus guerreros domeñados,
+reducidos á la servidumbre, bautizados á la fuerza: si penetrárais en
+esos desiertos peñascosos, cubiertos de selvas interminables, surcados
+por torrentes y abiertos por volcanes; si aportárais al fuego del
+consejo de una de esas tribus errantes y escuchárais el cántico de
+guerra con que se preparan al combate, les oiriais maldecir á los
+rostros pálidos que llegaron en las grandes canoas: aquellos rostros
+pálidos son los españoles: si los viérais en el combate, admirarías la
+desesperacion con que prefieren la muerte á la esclavitud; veríais las
+praderas cubiertas de cadáveres destrozados por el hierro y por los
+cascos de los caballos, y despues del triunfo de los españoles, os
+horrorizaria mirar cómo estos tratan á los vencidos; con cuanta innoble
+avaricia aquellos miserables aventureros, se arrojan sobre el oro y
+sobre las perlas que produce con una fecundidad maravillosa, la vírgen
+América. Allí el testimonio del gran crímen de las Españas, se levanta
+por todas partes; aquel es el tesoro donde á trueque de sangre y de
+infamias van á enriquecerse miserables bandidos bajo las banderas de un
+rey católico. Si no os satisfacen los crímenes de Occidente, si quereis
+apurar mas horrores, volved la vista al Oriente, al reino de Granada:
+allí tambien hay un pueblo vencido: allí tambien se esclavizan las
+doncellas, se roban los hijos á sus padres, se bautiza á la fuerza, se
+degüella y se quema á los hombres, y se arrasan pueblos enteros. Allí
+tambien resuena la terrible voz del sacerdote español: allí tambien los
+gemidos se mezclan al crugir de las cadenas. Una garra del leon de
+España ataraza al Occidente, mientras la otra despedaza al Oriente. Si
+quereis ser testigo de mas crímenes, volved la vista á Flandes; allí
+tambien, so pretexto de religion, flotan los pendones de España, y sus
+tercios se ensangrientan sobre los campos que respetan los mares, y el
+saqueo y el incendio visitan una tras otra populosas y ricas ciudades; y
+aun en el mismo corazon de la España, si quereis presenciar horrores,
+bajad á los calabozos del Santo Oficio, penetrad en las mazmorras de los
+castillos reales; en las unas se empareda y se descuartiza, en los otros
+se estrangula y se degüella; por todas partes el terror imponiendo la
+ley del fuerte; por todas partes, por el mar y por la tierra, los
+innumerables galeones y las mil banderas de los tercios del rey.
+Castilla quiso un dia sacudir el yugo, y cayó vencida con sus
+comunidades: el rey ahogó con sangre la voz de la libertad: el sacerdote
+sofocó con fuego los fueros de la conciencia. Si; España es grande,
+poderosa, terrible; en todas partes domina; pero en todas partes domina
+por el crímen. ¿Qué mucho, repito que, cuando tantas infamias se
+levantan ante los ojos, un hijo ansíe ser rey aun á costa de la vida de
+su padre? ¿Acaso don Felipe el II no era rey de Nápoles y de Inglaterra
+á los diez y seis años? Es cierto que el emperador Carlos V se retiró
+por su voluntad á una celda de San Gerónimo de Juste: pero ¿San Lorenzo
+del Escorial no es tambien un magnífico monasterio? ¿Acaso una tumba es
+otra cosa que una celda donde se duerme por toda una eternidad?
+
+[imagen: Tomad: leed.]
+
+El príncipe continuaba en silencio y cada vez mas turbado y trémulo,
+dominado por la mirada y por la palabra cada vez mas penetrante y
+solemne de Yaye.
+
+Este por cansancio ó por desprecio hácia el príncipe se sentó: don
+Carlos continuó de pié.
+
+--Laurent de Perceval, continuó el duque cambiando su entonacion
+declamatoria por otra sencillamente narrativa, era un enviado de
+Guillermo de Nassau, príncipe de Orange: este le enviaba á vos, para
+ofreceros la corona de los Paises Bajos, bajo el titulo de conde de
+Flandes: esto no era otra cosa que excitaros á la rebeldía contra
+vuestro padre; pretender arrancarle uno de los mas ricos florones de su
+corona: se os pedian cartas que se pudiesen mostrar á los luteranos, y
+vos, vos, príncipe rebelde á vuestro padre, escribísteis esta carta que
+tengo entre mis manos. Tomad, leed.
+
+El príncipe tomó con una mano trémula aquella carta y la reconoció á
+primera vista: estaba enteramente escrita de su mano, firmada por él, y
+en ella aceptaba la propuesta del príncipe de Orange, y se declaraba
+protector de la Reforma en los Estados de Flandes. Aquella carta era la
+cabeza del príncipe si por un acaso iba á dar en las manos de su padre.
+
+--Ya podeis conocer, dijo el duque, que quien es poseedor de esa carta
+es muy amigo vuestro cuando no ha usado de ella presentándola al rey.
+
+--¿Cómo ha venido á vuestro poder esta carta? dijo el príncipe
+reteniéndola.
+
+--Recordad que os he dicho que mientras vos hablábais en cierto meson
+excusado con Laurent de Perceval y el comediante Cisneros, habia otra
+persona, que sin que vos lo supiéseis, lo presenciaba todo, á través de
+un agujero abierto en el techo. Aquella persona, que tenia todas las
+apariencias de un mendigo viejo y enfermo, era en la realidad jóven,
+robusto, lleno de vida. En una palabra, aquella persona era yo.
+
+--¡Vos!
+
+--Si, yo.
+
+--¿Y quién os habia dicho que el caballero Laurent de Perceval debia
+venir á Madrid enviado por el príncipe de Orange?
+
+[imagen:--¡Ah, Bempo! ¡Bempo! ¡yo te amo!]
+
+--Vos no sabeis quién soy, si bandido ó caballero, rey ó esclavo: yo
+tengo medios de saber todo cuanto me interesa saber. Por otra parte,
+como solo he venido á Madrid contando con vos, era natural que me
+interesase por vos. Sabedor del dia en que Laurent de Perceval debia
+ponerse en marcha para llevar vuestra imprudente carta á Guillermo de
+Nassau, le esperé en el camino.
+
+--¡Y le matásteis!
+
+--No le maté. Iba perfectamente disfrazado con las preseas de alférez de
+vuestra guardia, en términos que Perceval no me reconoceria si me viera
+de nuevo ante sí. Dejéle pasar oculto en una venta, alcancéle luego, y
+me presenté á él como vuestro enviado. Díjele que habiais meditado
+mejor; que no creíais prudente todavía un alzamiento general en los
+Paises-Bajos á vuestro nombre, y le dí tales señas de las conferencias
+que el mismo Perceval habia tenido con vos, que sin dificultad me
+entregó esa carta, y en cambio se encargó de un mensaje verbal para el
+príncipe de Orange y de un libramiento de treinta mil florines á la
+órden del Laurent, dado por un genovés de Madrid contra otro de
+Bruselas, para que Orange pudiese sostener la guerra contra España por
+algun tiempo; ved aquí el recibo del libramiento, que Perceval me hizo
+en una venta del camino.
+
+Yaye sacó otro nuevo papel de la cartera y le entregó al príncipe.
+
+--Ahora, dijo el duque, podeis quemar esa carta y ese recibo. Tales
+pruebas deben destruirse cuando ya han servido de la mejor manera que
+podian servir.
+
+El príncipe se apresuró á quemar á la luz de una bujía aquellos
+terribles papeles.
+
+--Y ahora bien, ¿qué quereis de mí? dijo cuando los hubo destruido.
+
+--Quiero en primer lugar que nada hagais sin consultarlo conmigo.
+
+--¿Y qué creeis que debo hacer?
+
+--Reinar.
+
+--¿A todo trance?
+
+--A todo trance.
+
+--Sin embargo, no ha mucho me hablábais con indignacion del crímen.
+
+--Por lo mismo que el crímen nos rodea por todas partes, debemos
+valernos de él en nuestro provecho antes de que otros le empleen en
+nuestro daño.
+
+--¿Creeis, pues, que debo aceptar el vasallage de los flamencos?
+
+--Si, si por cierto; pero no ahora. Aun no es tiempo: una tentativa en
+estos momentos fracasaria: la infanta Margarita de Parma, gobernadora de
+Flandes, es una mujer que con su gobierno blando y benéfico tiene
+contenida la insurreccion: es necesario que á este poder tolerable,
+sustituya un poder duro, despótico, insufrible; es necesario que sea
+gobernador de los Paises Bajos el duque de Alba; dejad que pruebe
+fortuna el príncipe de Orange; que despues, si la rebelion crece, tiempo
+tendremos de obrar. Yo he hecho en vuestro nombre cuanto se debe hacer
+por ahora: enviar dinero á los descontentos: del mismo modo alentaremos
+á los hugonotes de Francia: cuando hay oro todo es fácil.
+
+--¡Y vos!...
+
+--Ya os he dicho que acaso soy un rey; acaso un bandido. Tal vez sea las
+dos cosas á la vez. Ahora que ya me conoceis como vuestro partidario,
+que ya sabeis que podeis recurrir á mí por oro y consejos, idos
+príncipe, y no olvideis jamás cómo os ha recibido un hombre en cuya casa
+habeis entrado con intencion de deshonrarle.
+
+--No, no saldré de aquí sin que me hagais una promesa.
+
+--¿Cuál?
+
+--Amo á vuestra hija.
+
+--¿Y la amais mirando en ella á vuestra esposa?
+
+--Si, aunque para ser su esposo hubiese de sacrificar mi vida.
+
+--¡Sed rey!
+
+--¡Cómo!
+
+--¡Sed rey! repitió fatídicamente el duque.
+
+--Pero... mi padre es jóven... balbuceó el príncipe.
+
+--¡Sed rey ó renunciad al amor de mi hija!
+
+--¡Pues bien, lo seré y pronto!
+
+--No os apresureis, no cometais una imprudencia; esperad.
+
+--Esperaré: pero...
+
+--Os prometo mi hija: ahora salid.
+
+Yaye tomó una bujía de sobre la mesa y acompañó al príncipe: la
+habitacion quedó abandonada: detrás de las vidrieras habia quedado mudo,
+aterrado, el marqués de la Guardia: Amina fijaba en él una mirada
+lúcida.
+
+--¡Oh, Dios mio! ¡Dios mio! exclamó el marqués: ¡qué horror! ¡Tú,
+Esperanza, prometida á ese príncipe infame á cambio de un parricidio!
+
+--El crímen se combate con el crímen, don Juan, dijo Amina: ahora bien,
+¿tendrás valor para sacrificarte á mi amor como yo me sacrifico á
+sagrados deberes?
+
+--¡Oh, Esperanza! ¡considera que soy español, noble y caballero!
+
+--El hombre que haya de ser mi esposo lo ha de sacrificar todo por mí.
+
+Llevó al jóven á una puerta; le dejó encerrado tras ella, volvió, abrió
+la vidriera y entró en la cámara de su padre. Poco despues entró este, y
+la besó en la frente.
+
+--El dia en que nuestros enemigos se hagan pedazos se acerca, dijo este.
+Ese dia se enjugaran tus lágrimas, hija de mi alma. Entre tanto es
+necesario que cumplamos el juramento que yo hice á mi padre moribundo.
+¡Todo por la patria! ¡todo! ¡hasta la virtud!...
+
+Despues, estos dos extraordinarios seres se separaron; Amina fue á la
+puerta tras la cual habia dejado á don Juan, y atravesando las mismas
+habitaciones oscuras que habian recorrido hasta allí, le llevó á su
+aposento, cerró el mirador y se sentó á su lado.
+
+
+
+
+CAPITULO XI.
+
+ Lo que puede el amor de una mujer.
+
+
+La habitacion de Amina estaba amueblada con una riqueza suma: sus
+cuadros, sus tapicerías, sus alfombras, sus divanes eran lo mas bello,
+lo mas rico, lo mas raro que producian en aquellos tiempos las artes y
+la industria. Sobre una mesa maravillosa, lucian dos candelabros de
+plata cincelados, y el estrado en que se habian sentado los dos amantes,
+era de brocado de tres altos.
+
+Don Juan, profundamente abstraido, no veia nada de todo esto, habia
+llegado hasta allí maquinalmente; tenia abandonada una mano en otra mano
+de Amina, y aquella mano temblaba y estaba fria como la de un cadáver.
+
+Amina le contemplaba con una fijeza intensa; estaba palida, y en sus
+negros ojos brillaba una expresion de altivez indomable: parecia que
+queria escudriñar y analizar con su mirada lo que pasaba en el alma del
+marqués, que estaba aterrado, anonadado, como insensible, á causa de los
+terribles secretos que sucesivamente habia descubierto.
+
+Su afan por ver claro en la vida interior de Amina, habia sido demasiado
+satisfecho: don Juan se arrepentia de haber deseado salir de su
+ignorancia.
+
+Como por efecto de un poder magnético, la intensa mirada de la jóven
+atrajo al fin la mirada de don Juan, y entrambos se contemplaron durante
+un segundo, con una de esas miradas que no pueden describirse, y que
+jamás se olvidan por quien ha sido objeto de ellas.
+
+--Si, si, te amo, Esperanza; te amo á pesar de todo, dijo el marqués
+comprendiendo la expresion de la mirada de Amina; te amo tanto, que á
+pesar de que yo debia revelar al rey cuanto he visto y oido, guardaré
+acerca de ello un profundo secreto.
+
+--¿Y qué sabeis? dijo Amina con un acento tal y tan dominador, que
+fascinó á don Juan; verdadero acento de reina que sin despreciar impone,
+y sin exigir manda; ¿sabeis acaso quién es la mujer que la fatalidad ha
+puesto en vuestras manos?
+
+Don Juan lo sabia por la revelacion de Angiolina; pero se guardó muy
+bien de demostrarlo: limitóse, pues, á contestar:
+
+--Seas lo que quieras, conozco que mi vida y mi alma son tuyas,
+Esperanza.
+
+--Llegará un dia en que comprendas, don Juan, dijo Amina, cuya frente se
+habia serenado, descendiendo, por decirlo así, de su terrible magestad;
+llegará un dia en que comprendas cuánto te ama la mujer á quien con tus
+locuras has hecho desgraciada.
+
+--¡Mis locuras!
+
+--Si por cierto, ¿qué son sino locuras tus amores con esa aventurera
+italiana, con esa princesa Angiolina? ¿Tu empeño en causarme zelos con
+ella? ¿qué ha sido sino una locura suponer que yo podria empenarme de
+tus amores por arrebatarte á esa mujer?
+
+Habia tal dignidad, y una dignidad tan tranquila en Amina al pronunciar
+estas palabras, que el marqués se desconcertó, y no pudiendo negar sus
+amores con la princesa por demasiado públicos, contestó:
+
+--Yo me veia desdeñado por tí.
+
+--Desdeñado no: alejado si.
+
+--Sea como quieras; pero si nada te importa que yo ame á otra ¿por qué
+eres desgraciada?
+
+--Porque te creia mas grande, mas noble de lo que eres en realidad.
+
+--He pretendido olvidar, dijo por decir algo el jóven.
+
+--¡Olvidar! ¡olvidarme!¡y para olvidarme...! ¡á mí! ¿has recurrido al
+amor de esa mujer? lo repito: me he engañado: yo pensé que valias mas,
+infinitamente mas que lo que vales.
+
+Don Juan conoció que habia incurrido en una necedad, y para remediarla
+incurrió en otra, como sucede generalmente á todo el que quiere salir de
+una posicion falsa sin confesarse vencido.
+
+--Rechazaste mi mano con un pretexto que no he podido comprender, dijo.
+
+--Un hombre que ama á una mujer y no puede obtenerla, la obtiene ó
+muere; pero no intenta ultrajarla, contestó con dignidad Amina.
+
+--¿No me he puesto á tu paso? contestó apelando á la dulzura el marqués.
+
+--Conservando tu vanidad; pretendiendo que me humillase; enamorando á
+otras á mis ojos.
+
+--¿No he venido todas las noches á esa calleja?
+
+--¡Esperando sin duda, dijo con sarcasmo Amina, que yo, arrastrada por
+mi amor, te llamase!
+
+--¡Oh, y cuán cruel eres, Esperanza!
+
+--Y al fin te he llamado; y al fin estás en mi aposento, solo conmigo,
+en medio de la noche.
+
+--¡Oh! ¡Esperanza!
+
+--Pero ya sabes para qué y por qué te he llamado: ahora don Juan es
+necesario que nos separemos.
+
+--¡Con que es decir que me has llamado para que sepa que el príncipe va
+á ser tu esposo!
+
+--Si mi padre lo exige, lo será.
+
+--¡Es decir que no me amas!
+
+--Nunca debimos unirnos, don Juan.
+
+--¿Que nunca nos debimos unir?
+
+--No, para evitar el dolor y la vergüenza de separarnos.
+
+--¡De separarnos...! ¡es decir que tu ambicion..!
+
+--Yo me sacrifico á mi nacimiento, á mi destino.
+
+--¡Oh! ¡si! dijo con doloroso sarcasmo el marqués; me he olvidado de que
+eres... y se detuvo.
+
+--Si, soy reina, contestó con una fria dignidad Amina.
+
+--¡Reina tú! exclamó con creciente asombro el marqués.
+
+--Si, no importa de qué reino; pero mi reino existe, y mis vasallos,
+cuando me presento entre ellos, doblan ante mí la rodilla.
+
+Don Juan quiso contestar y no pudo: la admiracion, el estupor, el miedo,
+y aun podemos decirlo, un miedo supersticioso, habian cohartado sus
+facultades de apreciacion; recordó entonces cuanto le habia revelado la
+princesa, y comprendió que aquella mujer no le habia engañado: vió
+delante de si á la reina de aquellos famosos monfíes de las Alpujarras,
+solo conocidos por sus terribles hechos: trasladóse su pensamiento á
+las, para él desconocidas, regiones del Nuevo Mundo, y parecióle ver á
+Esperanza, en medio de las tribus indias, que la rendian homenaje;
+entonces hablaron de una manera clarísima para él, el encendido color
+moreno de Amina, aquel color tan bello, tan límpido, tan incitante;
+parecióle ver destellar de sus negros ojos una chispa de magestad
+salvaje, y que aquella frente magnífica, aquella mirada incontrastable,
+le decian:
+
+--Soy nieta de los reyes de Granada, reina de los monfíes de las
+Alpujarras; soy nieta de los emperadores de Méjico, reina de los
+rebeldes del desierto.
+
+Esta era la única solucion que, contando con los antecedentes que tenia,
+encontraba el marqués á tales misterios.
+
+--En vano te obstinarás, don Juan, dijo Amina, comprendiendo la
+perplejidad del jóven, por descifrar el misterio de mis palabras. Solo
+sabrás la verdad si un dia la desgracia cesa de afligirnos. Para eso
+será necesario que se cambie la faz de los reinos de Europa, y que se
+viertan torrentes de sangre. Entre tanto respeta el secreto que no debo
+revelarte.
+
+--¿Pero nada puedo esperar?
+
+--Puedes esperarlo todo si consientes en sacrificarlo todo por mí.
+
+--¡Oh! ¡y qué sacrificio no haria yo por tu amor!
+
+--Hubo un momento, dijo tristemente Amina, en que yo olvidé por tí mi
+condicion, mi honor y los proyectos de mi padre. Cuando vine en mal hora
+á la córte del rey de España, para desempeñar al lado de la reina un
+servicio que me humillaba, y que yo sufria porque tal era la voluntad de
+mi padre, tenia el corazon libre, no amaba; pero sentia una ardiente
+necesidad de amar: llegó un dia en que oí hablar de tí; se ponderaban,
+tu hermosura, tu juventud, tu valor, tu generosidad: supe que los
+ociosos de la córte habian unido nuestros destinos de una manera
+extraña: á tí te llamaban _mi hombre_, á mi, _tu mujer_. Era necesario
+que yo te viese, para que pudiera contestarme á esta pregunta que me
+habia hecho con cólera al escuchar aquellas extrañas palabras.--¿Qué
+puede haber de comun entre ese marqués tan ponderado y yo? Pero cuando
+te ví al fin, cuando ví tu semblante al reflejo de la luna despues del
+incendio de la iglesia del Buen Suceso, que me habia aterrado; cuando
+sentí llegar tu mirada hasta el fondo de mi alma, inflamándola, llenando
+su vacío con un fuego divino, abriendo para mí una nueva vida; la vida
+del amor.... ¡Oh! entonces comprendí lo que el mundo habia encontrado de
+comun entre nosotros; entonces comprendí que tú eras mi hombre; mas
+todavía: mi esperanza, mi felicidad, mi Dios.
+
+Al decir estas palabras, el semblante de Amina fue perdiendo
+gradualmente la fria rigidez que hasta entonces habia afectado por
+orgullo; brotó á él la pasion; acreció su palidez, sus ojos lanzaron un
+fulgor divino, sus hermosos y rojos labios se mostraron trémulos y
+entreabiertos, y como iluminado por el reflejo del semblante de Amina,
+el del marqués resplandecia tambien.
+
+Hay situaciones en que no se habla, porque el lenguaje humano no tiene
+palabras para expresar lo que en tales momentos el alma siente;
+situaciones en que los ojos que lucen con una fuerza superior á la que
+puede suponerse en la vida; en que la sangre que afluye al corazon; los
+latidos de este que se oyen; un no sé qué de sobrenatural, de
+fantástico, de divino, que emana de esa semejanza de Dios que se llama
+criatura, hablan por sí mismos con un lenguaje mas elocuente, mas
+sublime que el lenguaje material; y cuando el alma se exhala, como que
+se escapa por todo nuestro ser, cuando ese ser es una mujer tan hermosa
+como Amina, tan pura (y decimos tan pura porque la pureza reside en el
+alma y no pueden mancharla las miserias de la vida), aquella mujer es el
+ángel de redencion y de perdon, ó el demonio de perdicion con que Dios
+glorifica ó condena á un hombre sobre la tierra.
+
+Don Juan se extremecia bajo la mirada de Amina, bajo su aliento, ante su
+hermosura; don Juan sentia el horrible tormento del placer que hiere
+porque no tenemos sentidos bastantes para absorverle: don Juan se sentia
+levantado á una altura inmensa sobre la tierra, flotando en un espacio
+aéreo, ardiente, impulsado por un torbellino de fuego.
+
+--¿Con que me amas? ¿me amas? exclamó con delirio.
+
+--¿Si no te amara viviria? exclamó Amina. ¿Si no te amara te hubiera
+introducido bajo el techo de mi padre para que vieses por tus ojos y no
+dudases de mi? ¿si no te amara me importaria algo que dudases ó no?
+
+--Y bien; si me amas, ¿por qué no ser mi esposa?
+
+--Júrame que jamás levantarás el acero contra mi padre, y te prometo, te
+juro, que si no soy tu esposa, no lo seré de otro.
+
+--¡Oh! si, si, dijo don Juan trasportado; te lo juro por la gloria de mi
+madre, y por mi honor.
+
+--Por el descanso de tu buena madre si; dijo Amina levantándose con
+enerjía; ¡por tu honor no!
+
+--¿Por mi honor no? exclamó levantándose asombrado el marqués.
+
+--¿A qué llamais los castellanos honor? exclamó con desprecio Amina; á
+servir ciegamente y como viles esclavos á un rey tirano; á un rey á
+quien el Altísimo sostiene en un trono para castigar los pecados de un
+pueblo: cuando ese rey fija la mirada codiciosa en una region feliz,
+rica y próspera y la ambiciona; cuando ese rey os dice: tomad mi
+estandarte y empapadlo en sangre humana, porque es necesario que yo
+añada á mi blason real los blasones de aquel otro pueblo, id,
+conquistadle, destrozadle, esclavizadle, yo lo quiero; es necesario que
+yo sea rico, grande y fuerte, á costa de la pobreza, la abyeccion, y la
+debilidad de pueblos enteros; id, que os lo mando yo..... cuando el rey
+os dice: id á llevar el luto, la servidumbre y la deshonra á otros
+paises, vosotros llamais honor á la obediencia que os pone las armas en
+la mano y os lleva, como bandidos en cuadrilla, á apoderaros por fuerza
+de lo que no es vuestro; á robar lo que Dios quiere que sea respetado.
+¡Oh, no! ese honor es la infamia; el verdadero honor es el que defiende
+la patria, el que ampara al pobre y al desvalido, el que acomete á los
+tiranos y los vence ó sucumbe: los castellanos no comprendeis ni el
+honor ni la gloria; llamais honor al crímen y gloria á la infamia. No;
+yo acepto tu juramento por el descanso de tu madre, por mi amor, por tu
+alma, pero por lo que tú crees honor, no: ese honor te haria mi enemigo;
+ese honor te obligaria á delatar á mi padre, á entregarle al verdugo;
+ese honor te obligaria mañana á degollarme ó á contribuir á que fuese
+vendida como esclava: ese honor te separa de mí.
+
+--¿Luego eres enemiga de los castellanos?
+
+--Si, enemiga á muerte.
+
+--¿Y por qué entonces cuando nos encontramos, no me dijiste: sigue tu
+camino, y no procures unirte á mi porque un abismo nos separa?
+
+--¡Oh! ¡los hombres son cobardes, muy cobardes! exclamó con acento frio
+y acerado Amina; ¡el valor es de la mujer, exclusivamente de la mujer!
+¡nosotras lo sacrificamos todo por ellos, patria, religion, virtud,
+felicidad! ¡nos perdemos en cuerpo y alma por ellos! ¡ellos no saben
+sacrificarnos nada! ¡Ya se vé! ¡la mujer ha nacido para ser esclava!
+¿por qué te amaba antes de conocerte? ¿por qué, si en aquellos momentos
+me hubieras pedido la vida te la hubiera dado sonriendo? ¡Oh, vosotros
+no amais! ¡vosotros..! ¡ni aun siquiera comprendeis de cuánto es capaz
+una mujer enamorada!
+
+--Pues bien; si eso es verdad; si alientas en tu alma esa fuerza sublime
+del amor, sígueme.
+
+--¡Abandonando á mi padre! ¡No! ¡jamás!
+
+--¿Con que en el momento de la prueba retrocedes? ¿Con que no has
+pronunciado mas que palabras vanas?..
+
+--Escrito está en los libros de luz, dijo gravemente Amina, que por el
+hombre abandone la mujer á su padre y á su madre; pero no está escrito
+en ninguna parte que la mujer asesine al hombre á quien ama.
+
+--¿Es decir que si me siguieses abandonando á tu padre?..
+
+--Allí, á donde quiera que nos ocultásemos, iria la venganza de mi
+padre: venganza terrible, implacable, fria: ¡oh, qué horror! cuanto he
+podido sacrificarte, te lo he sacrificado, sin dudar, sin retroceder;
+todo lo que en adelante pueda sacrificarte, te lo sacrificaré... pero no
+me pidas tu propio sacrificio, ¡eso jamás!
+
+--¿De modo que será forzoso que nos separemos?
+
+Amina fijó en el marqués, con una ansiedad indescribible, sus hermosos
+ojos, que á pesar de sus esfuerzos por mostrarse serena, se llenaron de
+lágrimas.
+
+--Separémonos mas bien, dijo: olvídame si puedes; en cuanto á mí... yo
+nunca te olvidaré.
+
+--¿Y para esto me has llamado?
+
+--Yo te esperaba y te esperaba para hablarte; pero sin el desgraciado
+encuentro que has tenido junto al postigo de mi casa, sino hubieras
+visto entrar por él un hombre, te hubiera hablado por la reja para
+decirte:--«Me has ofendido de una manera cruel, y sin embargo te amo:
+durante algun tiempo no nos veremos, pero espera: yo te amaré siempre:
+cuenta conmigo.»--Dios lo quiso de otro modo: el príncipe don Carlos
+habia entrado en mi casa, y era necesario que supieses lo que hacia en
+ella; por esta razon has conocido graves secretos.
+
+--¡De modo que, obedeciendo á ese honor castellano que tan extraviado y
+absurdo te parece; debia yo como español y caballero, revelar al rey
+cuánto he visto y cuánto he oido..!
+
+Irguió la cabeza Amina y dijo friamente:
+
+--Hazlo, don Juan, hazlo, y me habrás devuelto la felicidad.
+
+--¡Ah! ¡serias feliz!
+
+--Si, porque si cometieras tal infamia, no serias ya el hombre que mi
+amor habia soñado; dejaria de amarte, y... dejando de amarte, seria muy
+feliz, mucho.
+
+--¡Muy feliz! exclamó con extrañeza el marqués.
+
+--Si, muy feliz: nada me importaria no verte, no saber de tí... y... mas
+que eso: entonces me vengaria de un infame que me habia tomado por
+juguete.
+
+Amina apenas podia hablar: la voz se ahogaba en su garganta.
+
+--¿Y nada temes por tí, nada por tu padre? exclamó asombrado y fuera de
+si el marqués que sufria horriblemente.
+
+--El rey de España, dijo con altivez Amina, nada puede contra nosotros;
+aunque nos sepultase en el mas lóbrego calabozo de la Inquisicion,
+nuestras cadenas se romperian como si fueran de vidrio: las puertas, los
+muros, se abririan para darnos libertad. De otro modo, sino estuviésemos
+á salvo, ¿crees que por mucho que me interese el que no puedas dudar de
+mi amor y de mi honra, hubiera yo vendido la cabeza de mi padre?
+
+--Sea cualquier el poder de tu padre, Esperanza, no seré yo quien le
+ponga á prueba, revelando al rey lo que esta noche he visto y oido en tu
+casa.
+
+--Pero repara que de ese modo eres traidor á tu amo el rey de España,
+dijo con sarcasmo Amina.
+
+--Entre el rey y mi amor, dijo el marqués con voz firme, mi amor es lo
+primero.
+
+--¡Oh! ¡espéralo todo de mí! exclamó con una alegría infinita Amina.
+
+--¡Que lo espere todo de tí!
+
+--¡Oh! si, si, has salido victorioso de una terrible prueba: tu amor es
+grande, valiente, inmenso como el mio. Tú me sacrificas lo que crees, lo
+que llamas tu honor. Yo te sacrificaré mi vida, mi corona... pero es
+necesario esperar.
+
+Al oir la palabra _corona_, el marqués hizo un movimiento de extrañeza.
+
+--Si, mi corona, dijo Amina; no creas que estoy loca; mi corona, ya sea
+la de un pueblo poderoso y vencedor; ya la de una raza vencida,
+perseguida, errante, es siempre una corona. Si un dia me dices estoy
+dispuesto á abrazar, aunque solo sea en apariencia, la religion de los
+tuyos, á defender tu pueblo, á ser tu esposo, entonces se aclararan para
+tí tantos misterios. Ahora, don Juan, escucha: la fatalidad nos obliga á
+separarnos, y en algun tiempo no nos veremos. Pero siempre tendrás á tu
+lado, sin que lo conozcas, sin que lo veas, como lo tienes ahora,
+siguiéndote á todas partes, quien vele por tí, quien te proteja, quien
+ponga oro en tu bolsa, si es necesario, sin que tú veas la mano que lo
+pone. Ademas, podrá suceder que un dia tu lealtad, el resto de lealtad
+que conservas aun al rey de las Españas, te lance á la guerra: entonces,
+don Juan, si esa guerra es contra hombres de otra religion, toma: lleva
+este amuleto sobre las armas, pero de modo que se vea y nada temas: el
+hierro enemigo no te tocará.
+
+Amina se quitó del cuello una rica cadena de oro de la cual pendia una
+placa esmaltada guarnecida de diamantes, en cuyo centro habia algunos
+caracteres azules enteramente extraños para el marqués, y le puso la
+cadena al cuello.
+
+--¡Oh! la llevaré siempre sobre mi corazon, exclamó don Juan besando
+apasionadamente aquella joya, que aun conservaba el calor del seno de
+Amina.
+
+--Sobre el corazon en paz; sobre la coraza en guerra. Ahora es preciso
+que nos separemos, don Juan.
+
+--¡Separarnos!
+
+--Si; es necesario de todo punto.
+
+--¿Y cuándo nos volveremos á ver?
+
+--¡Oh! ¿quién sabe? dijo tristemente Amina: tal vez pronto, tal vez
+nunca.
+
+Y asiendo de la mano al marqués le condujo á una habitacion oscura,
+abrió un balcon y miró á fuera.
+
+--¡Nadie hay en la calle! dijo Amina: nada se oye...
+
+--¡Oh! ¡Esperanza! ¡Esperanza! dijo el marqués: ¡yo no puedo separarme
+de tí!
+
+Oyéronse entonces en el interior algunas puertas que se abrian.
+
+--¡Mi padre! exclamó Amina: ¡vete!
+
+Don Juan la estrechó rápidamente entre sus brazos, Amina se escapó de
+ellos, y empujándole hácia el balcon, le dijo:
+
+--Vete... ¡y no me olvides!
+
+--¡Adios, vida de mi vida! dijo el marqués: ¡jamás te olvidaré!
+
+Y echándose fuera de la balaustrada del balcon, se descolgó por una reja
+á la calle.
+
+Cuando estuvo en ella, Amina se asomó al balcon, y dijo conteniendo mal
+sus sollozos:
+
+--Toma, don Juan, y lee, y cuando hayas leido, comprenderás cuánto estás
+obligado á amarme.
+
+Dicho esto, arrojó una carta á la calle, desapareció de la balaustrada,
+y se oyó el ruido de las maderas del balcon que se cerraban.
+
+--¡Oh, Dios mio! exclamó don Juan recogiendo la carta: ¡esto es para
+volverse loco!
+
+Y ansioso por conocer el contenido de aquella carta, se encaminó á buen
+paso á una esquina situada al otro extremo de la calle, donde un
+farolillo, puesto por la devocion de los vecinos, alumbraba el tétrico
+nicho de un Ecce-Homo.
+
+Para llegar allí, tenia que pasar necesariamente por el sitio donde
+habia caido muerto ó herido, el hombre que habia quedado aguardando al
+príncipe de Asturias, en el postigo de la casa de Amina.
+
+El marqués no miró á aquel sitio, ni se acordó siquiera de que allí
+acaso habia muerto á un hombre.
+
+Cuando llegó delante del nicho del Ecce-Homo, abrió la carta, de la cual
+se desprendia un leve y delicado perfume, y leyó estas breves, pero
+terribles palabras:
+
+«Don Juan de mi alma: hay cosas que el pudor impide á una mujer
+revelarlas ni aun á su mismo esposo; pero es preciso que sepas que
+alienta en mis entrañas un hijo de nuestro amor.--Tu Esperanza.»
+
+Don Juan lanzó un grito insensato de amor, de alegría, de dolor; arrugó
+en un movimiento frenético aquella carta entre sus manos, la oprimió
+contra su boca y luego... luego cayó de rodillas ante el Cristo, fijó en
+él sus ojos, llenos de fe, de esperanza, y aun podremos decir de
+caridad, y exclamó:
+
+--¡Señor! ¡Divino Señor! ¡Vela por ella y por mi hijo!
+
+En aquel momento el marqués se sintió asido...
+
+Pero antes de relatar lo que sucedió á don Juan, es necesario que
+retrocedamos un tanto y volvamos á la casa de la princesa Angiolina
+Visconti.
+
+
+
+
+CAPITULO XII.
+
+ Lo que hizo la princesa arrastrada por sus zelos.
+
+
+El autor recuerda haber dicho anteriormente, que Angiolina Visconti se
+habia separado de la manera mas ruda y tormentosa del marquesito de la
+Guardia, dejándole solo en el lindo retrete donde le habia recibido.
+
+La princesa atravesó rápidamente algunas habitaciones, y en una de ellas
+se detuvo y se puso á contemplarse en un magnifico espejo de Venecia.
+
+¿Con qué objeto era esta contemplacion de sí misma?
+
+La princesa estaba resuelta á vengarse, y por lo mismo concentraba sus
+fuerzas y contaba sus recursos.
+
+Entre estos era uno poderosísimo su hermosura.
+
+Por esto Angiolina se miraba al espejo. Se preguntaba qué motivo habia
+tenido el marqués para abandonarla á ella, la altiva hermosura que tan
+codiciada era por los hombres de mas valer de la córte: el espejo la
+dijo que era tan hermosa como la duquesa de la Jarilla, y sin embargo,
+la fiebre que su hermosura habia producido en la loca imaginacion del
+marqués de la Guardia habia pasado; la princesa comprendió que el
+marqués habia usado de ella como de un instrumento; vió, sin que pudiera
+quedarla ni aun el leve consuelo de la duda, que la hermosa duquesita
+poseia todo entero el corazon de don Juan, á quien ella amaba con toda
+su alma: su aborrecimiento hácia Amina creció, y pensó en vengarse de
+ella usando de los terribles papeles que Bempo la habia traido de
+Granada.
+
+Angiolina era una fatalidad mas que la suerte arrojaba delante de Yaye
+ebn-Al-Hhamar, del poderoso emir de los monfíes, ó del duque viudo de la
+Jarilla, si nuestros lectores han olvidado que tenia estos dos nombres.
+
+Amina, la nieta de cien reyes, ofrecida por su padre en aras de su
+patria, tenia ante si un enemigo terrible, una mujer hermosa, altiva,
+enamorada y zelosa de ella. Por aquella mujer, el marqués de la Guardia
+habia llegado á ser para Amina una doble fatalidad.
+
+Pensando en su venganza Angiolina se miraba profundamente al espejo.
+
+Ya hemos dicho lo que sabemos acerca de la figura y de los atractivos de
+la princesa; réstanos decir, que el traje que en aquella situacion
+vestia, realzaba sus atractivos.
+
+Un justillo de brocado de oro sobre azul de cielo muy bajo, indicaba su
+escasa y flexible cintura, su seno y sus hombros, cerrándose en el
+cuello por una gola rizada de encaje de Flandes. Las mangas ceñidas,
+acuchilladas y tomadas de perlas, dejaban ver el magnífico contorno de
+sus brazos y terminaban en dos puñitos del mismo encaje, bajo los cuales
+medio se ocultaban unos ricos brazaletes de oro cincelado y diamantes:
+la falda ancha, larga, terminada por detrás en cola, flotante y
+vaporosa, era de damasco brocado de oro en blanco. Las faldetas que
+unian al justillo con la falda, estaban guarnecidas de perlas, y rodeaba
+su cintura un cordon de oro; ese cordon estaba sujeto en el talle por un
+broche de esmeraldas y anudado y trenzado caprichosamente á lo largo de
+la falda, con perlas y esmeraldas en los entrelazos, terminando en dos
+gruesas borlas de perlas; en los cabellos, recogidos atrás en trenzas,
+mostraba tambien algunas ricas joyas, colocadas con un esquisito gusto;
+últimamente, llevaba arracadas de pedrería, y en las bellisimas y
+blancas manos una multitud de cintillos de valor segun la moda de
+aquellos tiempos.
+
+La pobre princesa se habia puesto, por parecer bella á don Juan, todo lo
+que la quedaba de su guarda-joyas.
+
+Pero como es lo mas dificil del mundo, que una mujer parezca hermosa á
+un hombre hastiado de ella, la pobre princesa, aunque estaba, no
+solamente hermosa, sino hermosísima, radiante, adorable, no logró causar
+efecto en don Juan.
+
+Angiolina, por lo tanto, consultaba con su espejo, con ese severo
+confidente de la mujer, que de una manera tan despiadada la arroja á la
+cara los estragos que hacen en su hermosura los años, las enfermedades y
+los pesares; que nada la oculta, ni la primera cana, ni la primera
+arruga, ni la palidez del cansancio; confidente á quien la mujer sonrie
+cuando la presenta tesoros de hermosura; ante el cual se irrita cuando
+aquella hermosura empieza á empalidecer, á marchitarse: la princesa,
+repetimos, preguntaba á su espejo la razon que podia haber tenido el
+marqués para mostrarse con ella tan cruel, tan terrible, tan
+desenamorado: el espejo la contestó que era hermosa, con todo el
+esplendor de su hermosura; que sus ojos eran brillantes, sus miradas
+irresistibles, irresistibles sus encantos: la presentó su vigorosa
+juventud, con toda su exuberancia de vida, pero al mismo tiempo la
+presentó la lividez de la cólera que alteraba aquellos encantos; la
+expresion amenazadora y letal de su mirada, que daba á sus ojos toda la
+apariencia de los ojos sangrientos de la leona irritada: comprendió que
+la cólera era un enemigo terrible de la hermosura, que la verdadera
+fuerza de la mujer está en su aparente debilidad: comprendió que habia
+hecho muy mal en dejarse arrebatar por sus pasiones escitadas, y que
+acaso don Juan habia retrocedido irritado y desencantado ante su mirada
+amenazadora, cuando tal vez hubiera caido á sus piés, si en vez de
+amenazarle hubiera recurrido á las lágrimas.
+
+Angiolina quiso saber si podia dominar la cólera, la irritacion, el
+despecho que agitaban su alma; si podia ocultar aquel volcan rugiente y
+amenazador bajo un aspecto tranquilo y riente: entonces tuvo lugar una
+transformacion en el brillante fondo del espejo; desapareció el ángel
+rebelde, y quedó el ángel del sufrimiento, con su belleza
+espiritualizada por el dolor, por un dolor intenso, paciente, resignado.
+Angiolina lanzó un grito de alegría: nunca se habia contemplado tan
+hermosa como bajo aquel antifaz de resignacion, de sufrimiento íntimo.
+Ensayó una y otra vez, irritando sus pasiones con el candente recuerdo
+del desprecio de don Juan, si podia dominarlas, concentrarlas en el
+fondo de su alma, velarlas con una mirada dulce, triste, anhelante: una
+y otra vez el resultado sobrepujó á sus esperanzas; una y otra vez se
+contempló sucesivamente mas hermosa.
+
+--¡Ah! exclamó: he ahí: he ahí mi fuerza: he sido una insensata en
+dejarme arrebatar por la cólera: la amenaza ha irritado á don Juan: mi
+sumision y mis lágrimas le hubieran hecho caer de nuevo enloquecido
+entre mis brazos... probaré, probaré el rendimiento sin renunciar á mi
+venganza, y si el rendimiento no basta para volverme el corazon de don
+Juan... ¡ah! entonces es necesario tambien ocultar en el fondo de mi
+alma mi desesperacion: mostrarme tranquila; provocar el amor de los que
+pueden servirme para llevar á cabo mi venganza; no dejar sospechar á
+nadie lo que pasa en mi alma, para que ninguno pueda despreciarme, ni
+creerme despreciada: tal vez don Juan no resista al pensamiento de que
+ninguna herida ha hecho en mí su abandono; los hombres son mas vanidosos
+que las mujeres: tal vez el deseo de hacerme sufrir, de verme llorar y
+retorcerme á sus piés desesperada, le vuelvan á mí, lo arrojen á mis
+piés, me hagan su señora: ¡oh! ¡sí! ¡sí! y puesto que la mentira es el
+arma de la mujer, mintamos... mintamos hasta el punto, de que todos me
+crean venturosa; no debemos derramar ni aun á solas nuestras lágrimas...
+las lágrimas dejan horribles huellas en el semblante de una mujer,
+cuando estas lágrimas son de fuego, como las que yo verteria sino
+dominase mi llanto, si no le encerrase en mi corazon: que hierva
+encerrado en él, que se convierta en un tósigo mortal para el marqués y
+para esa mujer por quien me abandona; una mujer que llora, solo puede
+conmover al hombre que la ama; cuando el hombre amado ama á otra, la
+mujer ofendida no debe llorar, no debe dejar ver al mundo su desolacion,
+para que el mundo no pueda decir: ¡pobre mujer abandonada! para que el
+mundo no pueda despreciarla.
+
+Y después de este razonamiento, la paz mas profunda se fijó en el
+semblante de Angiolina, volvió á sus ojos su brillo deslumbrador, á su
+mirada la dulzura, á su boca la expresion riente que tanto la
+embellecia: nadie, al verla, hubiera sospechado que aquella mujer, que
+parecía tan feliz, guardaba dentro de su alma un infierno; que era, por
+decirlo asi, un horrible abismo cubierto de flores.
+
+Solo un hombre existia que debia necesariamente conocer aquel abismo;
+ver el cieno infecto á través de la tersa superficie de aquel lago
+engañador; aquel hombre era Bempo.
+
+En el momento en que Angiolina se separó del marqués, mandó al italiano
+que siguiese al jóven, que averiguase donde paraba, y que volviese á
+avisarla.
+
+Bempo volvió una hora despues.
+
+--Excelencia, dijo, en ese acento dulce y cadencioso de los romanos; he
+cumplido vuestras órdenes.
+
+--¿Has seguido al marqués?
+
+--Sí, excelencia.
+
+--¿Dónde ha ido?
+
+--A colocarse en acecho bajo un soportal, frente al postigo de la casa
+de la duquesa de la Jarilla.
+
+--¿Qué ha hecho despues?
+
+--Dos hombres han llegado á aquel postigo; el uno ha entrado, valiéndose
+de una llave; el otro ha quedado esperando; el marqués le ha acometido,
+aquel hombre se ha puesto en defensa, y al fin, ha caido bajo la espada
+del marqués.
+
+--¡Muerto!
+
+--No.
+
+--¿Has reconocido, pues, á ese hombre?
+
+--Si.
+
+--Has sido imprudente, Bempo; ya sabes que no quiero que te expongas.
+
+--Es tarde: la calleja apartada y solitaria; no habia peligro.
+
+--¿Y dices que ese hombre no ha muerto?
+
+--No; pero puede morir.
+
+--¿Le has conocido?
+
+--Es la noche muy oscura.
+
+--¿Qué hizo despues el marqués?
+
+--Se dirigió furioso al postigo de la casa de la duquesa; pero antes de
+llegar á él, la misma duquesa apareció en uno de los balcones y le
+habló.
+
+--Y... ¿qué hablaron?
+
+--Estaba demasiado lejos para poder oir su conversacion, que por otra
+parte, duró muy poco; el marqués trepó por una reja y entró por un
+balcon en la casa de la duquesa.
+
+--¡Ah!... ¡entró!... ¡por un balcon!
+
+--Si, y yo, creyendo que no saldria tan pronto, he venido á avisaros,
+excelencia.
+
+--Has hecho bien, Bempo, dijo tranquilamente Angiolina: es necesario que
+vuelvas:
+
+Aquella especie de _lazzaroni_ puerta.
+
+--Espera, añadió la princesa: es necesario que vuelvas; pero no vuelvas
+solo.
+
+--¿Y qué he de hacer?
+
+--Lleva contigo cuatro de tus amigos, de tus buenos amigos; ¿me
+entiendes?
+
+Bempo hizo con la cabeza un movimiento afirmativo.
+
+--Ven con ellos por el postigo del huerto, continuó Angiolina; yo misma
+te abriré: despues, te lo encargo ahora porque no quiero hablarte
+delante de esos hombres; tomarás una de mis sillas de mano, é irás con
+ella y con tus cuatro amigos á la calle donde ha quedado ese hombre
+herido, y sino ha muerto le metereis en la silla, y le traerás á casa,
+entrando en ella por el mismo postigo que yo abriré: luego volverás con
+tus cuatro camaradas á la misma calle; te ocultarás donde puedas ver sin
+ser visto el postigo de la casa de la duquesa, y harás que uno de los
+tuyos siga, cuando salga, al hombre que entró por el postigo, y que
+averigue su paradero. Tú, con los restantes, te apoderarás del marqués
+cuando salga de esa casa: te apoderarás de él, ¿lo entiendes?
+
+--¿Muerto ó vivo?
+
+--Vivo: debes evitar una lucha: cuatro hombres bien pueden sorprender y
+sujetar en una calleja oscura á otro hombre que va por ella descuidado.
+Para conducirle aquí, te prevendrás de otra silla de manos, y le meterás
+en ella con los ojos vendados.
+
+--¿Es decir que he de traer aquí al marqués como al otro?
+
+--Si.
+
+--¿Por el mismo sitio?
+
+--Si, por el postigo del huerto. Nada mas tengo que encargarte, Bempo.
+
+Bempo no se movió.
+
+--¿A qué esperas? dijo con impaciencia Angiolina.
+
+--No tengo dinero, excelencia, contestó gravemente Bempo.
+
+--¡Ah! ¡no tienes dinero!
+
+--Los cuatro hombres que han de acompañarme, no me seguiran sino se les
+paga á peso de oro. Los valientes de España no me conocen tanto como los
+_lazzaroni_ de Roma. Además, entonces un solo paseo nocturno por la
+campiña, me bastaba para no verme en el caso de pediros nada: pero ahora
+es distinto.
+
+--Toma: dijo Angiolina, quitándose un joyel de diamantes de su prendido.
+
+--¡Buena prenda! dijo Bempo: ahora todo es posible.
+
+Y girando sobre sus talones, desapareció por una puerta inmediata.
+
+Sigámosle.
+
+Atravesó algunas habitaciones y algunos corredores oscuros, bajó una
+escalera, cruzó un patio, pasó de él á un huerto, y abrió una puerta
+oculta bajo un emparrado: tras aquella puerta habia dos habitaciones
+reducidas, y en la interior, que era un dormitorio, se veia una imágen
+de la Vírgen, delante de la cual ardia una lámpara.
+
+Bempo abrió un arca que estaba en el mismo dormitorio, sacó de uno de
+sus ángulos algunas monedas de oro, que guardó en una bolsa de seda,
+envolvió el joyel en un paño, y le ocultó en otro ángulo del arca:
+despues salió, cerró la puerta del aposento, atravesó el huerto, y
+llegando á un postigo, descorrió sus cerrojos y salió á una calle
+estrecha: poco despues una sombra informe de mujer, llegó á aquel
+postigo que solo habia quedado encajado; corrió de nuevo sus cerrojos, y
+quedó esperando junto al quicio.
+
+Aquella mujer estaba envuelta en un manto.
+
+Bempo se encaminó á buen paso á la Cava Baja de San Miguel, y llamó á la
+puerta de una casa de mezquina apariencia.
+
+Contestó desde adentro una voz breve, enérgica, y al parecer de hombre
+de brios; mediaron algunas breves contestaciones entre el de adentro y
+el de afuera, y la puerta se abrió.
+
+Apareció tras ella un hombre fornido, de buena estatura, de semblante
+extremadamente sesgado, verdadero semblante de bandido español: aquel
+hombre por lo exíguo de sus vestidos, y por el efecto que causaba en sus
+ojos el resplandor de la luz con que se alumbraba, demostraba claro que
+acababa de dejar el sueño y el lecho.
+
+--¿Qué se os ofrece á estas horas, amigo?, dijo á Bempo.
+
+--Déjame entrar, camarada, contestó el italiano; tenemos que hablar de
+cosas que no son para oidos de nadie.
+
+--Entrad, pues.
+
+Adelantó Bempo, cerró el otro la puerta, y atravesando el zaguan
+introdujo á su visitante en una habitacion baja.
+
+--Aquí nadie puede oirnos, dijo el de la casa dejando sobre una mesa la
+luz con que se alumbraba y sentándose en una arca.
+
+Sentóse Bempo en un banquillo de pino y dijo:
+
+--Los valientes se conocen, Pablo.
+
+--Bien, ¿y qué? contestó el otro.
+
+--Cuando los valientes se conocen y estan seguros unos de otros se
+sirven en lo que han menester.
+
+--Bien, ¿y qué? repitió flemáticamente Pablo.
+
+--Yo necesito que me ayudeis tú y otro tres de tus camaradas.
+
+--¿En qué y cómo?
+
+--Hay que recoger á un herido y apresar á un hidalgo.
+
+--¡Ah! ¿y quién necesita eso?
+
+--La persona que me envía.
+
+--¿Y quién es esa persona?
+
+--No hay necesidad de conocer su nombre si se conoce su oro.
+
+--Señor Bempo, dijo Pablo levantándose: mereciais un chirlo en la cara
+por vuestra desvergüenza.
+
+--¡Bah! dejémonos de brabatas, dijo Bempo sin moverse de su asiento, lo
+que obligó al llamado Pablo á sentarse de nuevo; el hombre lleva en la
+cara su oficio; y aunque yo solo os he conocido en la Tela y en los
+tiros de espada, sabeis que nos hemos comprendido y nos hemos estrechado
+las manos, porque, como quien dice, somos de la misma madera. Vosotros
+pasais por buenos soldados de á caballo del rey, en la _corneta_ del
+señor capitan don Luis Moncada, y yo paso por criado del príncipe
+Lorenzini Maffei: pero cualquiera que no sea lerdo, á poco que nos mire
+puede decir: he ahí unos buenos bandidos. ¡Bah! yo no os he pedido hasta
+ahora ningun favor, pero contaba y cuento con vosotros, como vosotros
+podeis contar conmigo, sobre todo, cuando los servicios se pagan bien,
+tan bien como el que os pido.
+
+Y Bempo sacó algunos doblones de á ocho y los extendió sobre la mesa.
+
+Pablo miró con mas cólera que codicia el dinero; pero instantáneamente
+aquella chispa de irritacion se apagó en sus ojos, reemplazándola una
+expresion profundamente pensadora, y despues de un momento de silencio,
+dijo:
+
+--Tú eres mayordomo, ó lacayo, ó qué sé yo, de una princesa italiana.
+
+--Es verdad, dijo Bempo.
+
+--De la señora Angiolina Visconti.
+
+--Es verdad.
+
+--¿Y es esa dama... quien nos paga?
+
+--Vamos, no quiero ocultártelo, ella es: pero guárdame el secreto.
+
+--¡Ah! tratándose de esa dama es distinto. Dicen que es querida del
+marqués de la Guardia.
+
+--Mucho sabes.
+
+--Oimos hablar mucho de galanteos y aventuras á nuestros cabos y
+alféreces cuando damos la guardia al rey.
+
+--Sea como quiera: aquí de lo que se trata es de recoger un herido, y de
+esperar á que salga de cierta casa donde ha entrado el marqués de la
+Guardia y apoderarnos de él.
+
+--Dicen que el marqués es muy valiente.
+
+--Pero la noche es oscura: se le deja pasar y se le acomete y se le
+sujeta por la espalda.
+
+Quedó de nuevo profundamente pensativo Pablo.
+
+--Asunto concluido dijo: ¿esta es la señal?
+
+--Ese oro es la paga.
+
+--Poca paga es, pero no importa; voy á despertar á tres de los amigos y
+al momento estamos listos.
+
+--Ya sabia yo que nos entenderiamos.
+
+--¡Los valientes se conocen! dijo Pablo con acento indefinible,
+guardándose el dinero.
+
+Poco despues cinco hombres embozados salian de aquella casa, atravesaban
+algunas calles, y llegaban al postigo del huerto de la casa de la
+princesa, que se abrió inmediatamente despues de haber llamado á él
+recatadamente Bempo.
+
+Los otros cuatro hombres no vieron quien habia abierto y entraron
+siguiendo á Bempo que les llevó entre unos árboles, donde habia una
+silla de manos.
+
+Dos de los embozados se terciaron las capas, cargaron con la silla, y
+salieron precedidos de Bempo y de los otros dos: el postigo volvió á
+cerrarse y sus cerrojos se corrieron en silencio.
+
+Un relój dió á lo lejos la una de la noche.
+
+Esta continuaba densamente oscura.
+
+Solo de tiempo en tiempo se escuchaba el reñir de dos perros que
+disputaban un hueso: solo de largo en largo trecho se veia un embozado
+pegado á una reja ocupado en lo que desde tiempo inmemorial se llama en
+España _pelar la pava_: pero no encontraron una sola ronda.
+
+Era una noche á propósito para el crímen.
+
+Cuando llegaron á la calleja á donde correspondia la parte posterior de
+la casa del duque de la Jarilla, Bempo se encaminó en derechura al sitio
+donde habia visto caer al herido.
+
+Aun estaba allí; el trastorno, el desvanecimiento que le habia causado
+la herida habia pasado, se quejaba, pero débilmente, á causa sin duda de
+la pérdida de la sangre; pugnaba en vano por levantarse, y cuando sintió
+junto á sí á Bempo y á sus cuatro acompañantes, exclamó con voz casi
+imperceptible:
+
+--Quien quiera que seais, socorredme, y despues de pagaros yo, Dios os
+lo pagará.
+
+--Si, si, dijo Bempo; á socorreros venimos, señor hidalgo: ea,
+camaradas, ayudadme y pongámosle en la silla.
+
+Dos de aquellos hombres ayudaron á Bempo y levantaron del suelo al
+herido, que con el dolor causado por aquel movimiento se desmayó.
+
+Una vez colocado en la silla, Bempo se dirigió á uno de los que le
+acompañaban.
+
+--Ven conmigo, Pablo, le dijo, y que nos siga uno de tus camaradas.
+
+El italiano llevó á los dos hombres frente al postigo de la casa del
+duque, y les dijo ocultándolos en el soportal donde poco antes se habia
+ocultado el marqués.
+
+--Observad desde aquí ese postigo; si sale por él un hombre, seguidle
+uno de vosotros recatadamente, y sin perderle de vista, hasta ver en
+donde para. Luego el que le siga irá á esperar junto al postigo del
+huerto por donde hemos sacado la silla de manos.
+
+--¿Y si ese hombre se apercibe de que lo siguen?
+
+--Que no pueda apercibirse. Mientras el uno le sigue, el otro debe
+permanecer aquí, y observar lo que pase en esa casa (y señaló la del
+duque). Ahora adios; voy á despachar el asunto del herido con vuestros
+compañeros.
+
+Dicho esto, Bempo fue á reunirse con los que habian quedado guardando la
+silla, y cuando llegó á ellos les dijo:
+
+--En marcha.
+
+Cargaron aquellos dos hombres con la silla, y precedidos por Bempo, y
+dando una buena idea de sus fuerzas en la velocidad con que conducian al
+herido, llegaron en poco tiempo al postigo de la casa de la princesa,
+que se abrió al primer llamamiento de Bempo, y silla y hombres se
+perdieron tras el postigo que volvió á cerrarse.
+
+Media hora despues, Bempo y los dos hombres llevando de nuevo consigo la
+silla de manos salieron por el postigo y se encaminaron al soportal
+donde habian quedado los otros dos hombres en acecho de la casa de Yaye.
+
+Bempo llamó á Pablo.
+
+--Ha ido en seguimiento de un hombre que ha salido por ese postigo, dijo
+lacónicamente una voz contenida desde lo oscuro.
+
+--¿Hace mucho tiempo que ese hombre ha salido? preguntó Bempo.
+
+--A poco de haberos vosotros alejado.
+
+--¿Y no ha acontecido ninguna otra novedad en esa casa?
+
+--Ninguna, á excepcion de que, cuando nos pusimos en acecho todos los
+balcones estaban oscuros, y desde poco despues de haber salido el hombre
+á quien ha acompañado Pablo, ha aparecido la luz que se ve reflejar tras
+las celosías de ese mirador.
+
+En efecto, se veia el reflejo de una luz tras los miradores de Amina.
+
+--Pues bien; atencion y silencio, dijo Bempo.
+
+Dieron sucesivamente las dos, las tres y las tres y media en los relojes
+de la villa, sin que se notase movimiento alguno en la casa de Yaye: al
+fin, poco despues de las tres y media, se abrió uno de los balcones que
+habian permanecido oscuros, se oyeron en él las voces contenidas de dos
+personas, y luego un hombre se descolgó del balcon por una reja á la
+calle: apareció en el balcon una sombra blanca, habló algunas palabras
+con el hombre que habia bajado, dejó caer un papel á la calle, y
+retirándose del balcon le cerró: el hombre recogió el papel, fue al
+nicho del Ecce-Homo de la esquina, y á su luz leyó el papel y cayó de
+rodillas ante el Cristo.
+
+En aquel momento Bempo y los tres embozados que habian seguido
+recatadamente al marqués de la Guardia, que él era, se arrojaron sobre
+él.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+CAPITULO XIII.
+
+ De cómo la princesa y Cisneros, fueron la dama y el galan de una
+ escena de comedia.
+
+
+En una habitacion extensa, entapizada con cueros de Flandes, por cima de
+los cuales se mostraba á trechos la humedad de las paredes, y en un
+lecho en un apartado ángulo, habia un hombre con el pecho descubierto y
+fuertemente vendado.
+
+Aquel hombre era el comediante Cisneros.
+
+Sobre el vendaje se veian algunas gotas de sangre, y junto al lecho
+apoyada en él y mirando con sumo interés al herido, que habia vuelto
+enteramente en su conocimiento, estaba una mujer hermosa y
+deslumbrantemente vestida.
+
+Aquella mujer era Angiolina Visconti.
+
+Una bujía de cera perfumada, puesta en un candelero de plata, sobre una
+mesa de mármol, iluminaba este grupo.
+
+El semblante de Angiolina dulce y misericordioso, era el semblante de un
+ángel.
+
+Cisneros la miraba con asombro, con agradecimiento, con toda la alegría
+que le permitía tener su estado. De tiempo en tiempo sin embargo lanzaba
+un profundo gemido.
+
+--Os sentís muy mal, amigo mio, ¿no es verdad? dijo en una de estas
+ocasiones la princesa.
+
+--¡Ah, señora! dijo Cisneros: infinitamente peor me sentiria sino os
+tuviese á mi lado, os veo, y me parece un sueño: ¡vos, vos junto á mi!
+¡acaso en vuestra casa! ¡bendita sea la espada que me ha herido!
+
+--No digais eso, señor Cisneros; no digais eso, contesto dulcemente
+Angiolina; sacadme mas bien de la ansiedad en que me teneis: ¿Cómo os
+sentís?
+
+--Mi herida es muy incómoda, señora; pero juraria que no es peligrosa:
+no respiro por ella, lo que me demuestra que no ha atravesado la
+cavidad; sufro porque sin duda el hierro me ha tocado alguna costilla, á
+lo que atribuyo el haberme desvanecido: estoy débil, pero debo de haber
+perdido poca sangre: esto será cosa de quince dias: quince dias en que
+vos estareis á mi lado, ¿no es verdad?
+
+--¿Y cómo podeis dudar eso, señor Cisneros? ¿á qué os habia yo de haber
+recogido en mi silla de manos y traido á mi casa sino me interesase por
+vos, é interesándome por vos, cómo puedo abandonaros ni un momento?
+
+--¡Ah! ¡me habeis encontrado! ¡habeis sido vos!
+
+--Si, amigo mio; despues de la desgracia que os ha acontecido, ha sido
+para mí una felicidad el encontraros.
+
+--¡Ah! indudablemente Dios no me ha abandonado. ¿Cómo creer que tan
+tarde la princesa Angiolina Visconti?...
+
+--¡Cómo! ¿me conoceis?
+
+--Los comediantes, señora, conocemos desde la escena á todas esas nobles
+personas que protejen nuestro bajo oficio dándonos oro á cambio de una
+habilidad escasa... yo os he visto muchas veces en el corral de la
+Pacheca[10] en un aposento inmediato al que generalmente ocupa la señora
+duquesa de la Jarilla.
+
+Angiolina tenia mucho interés en escuchar á Cisneros, al que pensaba
+utilizar, y aquel interés creció en el momento en que Cisneros nombró á
+la mujer que ella aborrecia. Por lo mismo que tenia un gran interés
+creyó prudente ocultarle é interrumpiendo á Cisneros le dijo con la
+mayor naturalidad:
+
+--Os suplico, amigo mio que calleis: hablais demasiado y esto, en el
+estado en que os encontrais, os puede ser dañoso: si mi presencia ha de
+haceros hablar será cosa de apartarme de vos para que reposeis.
+
+--¡Ah! ¡no! ¡no os vayais! vuestra presencia, señora, vuestra bondad, la
+generosa compasion que brota de vuestras miradas, son el mejor bálsamo
+que se podria aplicar á mi herida, que por otra parte, os lo afirmo, es
+mas grande que grave: el hablar no me molesta, no me fatiga; por el
+contrario me distrae y me alivia: desde que os he visto, desde que he
+escuchado vuestra voz me siento reanimado; permaneced, pues, junto á mí,
+y no me priveis de la felicidad de ver el cielo en vuestro semblante.
+
+--Ya que decís que nada os daña el hablar, de lo que me alegro en el
+alma, porque eso me prueba que vuestra herida no es grave, permitirme,
+señor Cisneros, que me ria.
+
+--¿Que os ríais? ¿y de qué?
+
+--De vuestro genio peregrino. Estais herido y débil, y sin embargo me
+requebrais, y Dios me perdone, sino me estais enamorando.
+
+--¿Y de eso os reis? ¡Ah! ¡lo comprendo! os causa risa, una risa de
+desprecio el que un humilde comediante...
+
+Cubrió una dulce seriedad el semblante de la princesa.
+
+--Yo no os desprecio, dijo: hombres de vuestro ingenio mas que para
+despreciados, son para admirados: paréceme, sí, que os creeis en uno de
+esos pasos de amor de las comedias que tan bien representais... y eso me
+hace reir.
+
+--¡Ah, señora! la palabra de amor que nace del agradecimiento no debe
+interpretarse de ese modo, y... luego... un cómico, por despreciado que
+sea, al fin es un hombre: un hombre que tiene corazon: y cuando ese
+hombre ha adorado largo tiempo en silencio á una alta persona, y de
+repente, despues de un lance en que ha sido herido y vencido, encuentra
+junto á sí á aquella mujer, á quien en otra ocasion no se hubiera
+atrevido á mirar frente á frente; cuando la imaginacion está perturbada,
+¿qué mucho que ese hombre, bajo cuanto querais, cuanto querais infeliz,
+diga al ángel que tiene junto á sí: ¡Ah! ¡bendito sea Dios que ha hecho
+que deba la vida á la mujer á quien amo!
+
+Angiolina miró gravemente, pero sin severidad ni desden á Cisneros, y le
+inundó con una mirada lucida, intensa, poderosa, que á pesar del estado
+en que se encontraba y que, como él mismo habia dicho, era mas doloroso
+que grave, hizo estremecer al comediante.
+
+--¿Sabeis, señor Cisneros, que lo que me sucede es demasiado extraño?
+dijo despues de un momento de silencio la princesa.
+
+--¡Extraño, señora! ¿y por qué?
+
+--Figuraos que estoy pasando de sorpresa en sorpresa, desde hace dos
+horas: salgo de casa de una amiga mia, donde acostumbro á pasar algunas
+veladas y de repente, los criados que conducen mi silla se paran:
+pregunto la causa y me contestan que han tropezado con un hombre herido.
+
+--Muy trastornado estaba yo, cuando solo ví cuatro embozados que se
+acercaron á socorrerme; dijo Cisneros.
+
+--¡Ah! yo habia dejado la silla para que os condujeran á vuestra casa ó
+á donde indicárais y habia seguido á pié mi camino, acompañada de uno de
+mis criados: yo esperaba que los que habia dejado para que os
+socorriesen, me traerian la noticia de haberos dejado amparado: pero á
+poco de haber yo llegado á mi casa se me presentó uno de ellos y me
+dijo:
+
+--El herido se ha desvanecido, ha perdido el habla y no sabemos á donde
+conducirle: en el hospital no nos abrirán á estas horas.
+
+¡Llevaros al hospital! yo no quise enviar á ciegas á tal punto á un
+hombre que podia ser muy principal.
+
+--Os engañásteis, pues, señora, dijo Cisneros.
+
+--Y qué ¿no sois vos un hombre principal? ¿Creeis que el noble mas
+noble, vale para las almas que saben sentir, lo que valeis vos que
+arrancais dulces lágrimas ó alegre risa de los ojos ó de los labios de
+vuestros espectadores? ¿que vos, que sabeis ser rey y mendigo, caballero
+y villano, cortés y rústico, jóven y viejo? ¿que tomais todas las
+formas, que expresais todos los sentimientos, que obligais á un público
+entero á que arroje laureles á vuestros piés? ¿quereis ser mas
+principal? ¿cambiariais vuestro ingenio por un título de nobleza?
+
+--Si, dijo Cisneros: aun á condicion de volverme estúpido.
+
+--No blasfemeis de la providencia de Dios. ¿Por qué deseais ser pequeño,
+cuando habeis nacido grande?
+
+--Si os parezco noble, y grande, y digno de ser amado, no me cambio por
+el rey mas poderoso de la tierra.
+
+--Dejaos de locuras, y seguidme escuchando: os decia, pues, que por vos
+he pasado esta noche de sorpresa en sorpresa: sorpresa cuando os
+encontré herido; sorpresa cuando os vi sobre ese lecho y os reconocí;
+sorpresa cuando me habeis descubierto de una manera que puede llamarse
+solemne, que me conociais antes de ahora, que me habeis amado en
+silencio... ¡Ah, señor Cisneros! y todas estas sorpresas han sido
+dolorosas para mí.
+
+--¡Dolorosas!
+
+--Si: doloroso el veros herido; doloroso el saber que me amais porque...
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque yo no puedo recompensar vuestro amor.
+
+--¡Ah! ¡no me creeis digno!
+
+--No es eso, señor Cisneros, no es eso: es que soy casada.
+
+--¡Ah! murmuró el comediante.
+
+--Por lo mismo no debeis hablarme de amor.
+
+--Perdonad....
+
+--Si, os perdono: pero á condicion de que no volvais á decirme amores.
+
+A pesar de esta severidad de palabra la princesa no habia retirado una
+de sus manos que Cisneros habia asido y que estrechaba dulcemente.
+
+--Pero no me abandoneis; exclamó con ansiedad.
+
+--Pues es preciso que os abandone por un momento, amigo mio, dijo la
+princesa; han llamado á la puerta de la habitacion: oíd, vuelven á
+llamar.
+
+--Id, id, pues, señora, dijo Cisneros, llevando dulcemente la mano de la
+princesa á sus labios y besándola.
+
+Angiolina solo castigó aquel atrevimiento retirando bruscamente su mano
+de la de Cisneros, y separándose del lecho sin pronunciar una palabra.
+
+Cisneros vió que la princesa atravesó rápidamente la cámara y salió por
+una puerta del fondo.
+
+--¡Ah! pensó Cisneros, dejando caer sobre la almohada la cabeza que
+habia levantado para seguir con la vista á la princesa; padezco
+horriblemente: mi cabeza se desvanece: siento irritada la herida: esa
+mujer me ha obligado á hablar: no, no ha sido ella la que me ha
+encontrado en la calle: los hombres que fueron á buscarme, iban sin duda
+enviados de intento: ¡yo no pude conocer al hombre que me hirió! los
+pasos en que ando con el príncipe don Cárlos son peligrosos: ¿quién sabe
+lo que significa el encontrarme en casa de la princesa? Esta puede ser
+una buena aventura, si mi herida no es peligrosa: es verdad que hace
+mucho tiempo que esa mujer me enamora; pero ella amaba.... estaba loca
+por el marqués de la Guardia.... y hace un momento que, á pesar de sus
+palabras decorosas, parecia enamorada de mí... ¡ah! mis pensamientos se
+embrollan. Es necesario que me tranquilice.... ¡Ah! ¡ah! no pensemos en
+nada.... esperemos.
+
+Cisneros procuró detener su pensamiento, pero esto era imposible. La
+fuerza con que su pensamiento se agitaba influyó al fin de una manera
+poderosa en su físico y se desvaneció de nuevo.
+
+
+
+
+CAPITULO XIV.
+
+ De cómo la princesa descubrió que era mas fácil su venganza que lo
+ que habia creido.
+
+
+--¿Y bien, qué has hecho? dijo Angiolina á Bempo, al que encontró en el
+huerto.
+
+--He hecho cuanto he podido excelencia: el herido está en vuestro poder.
+
+--Pero... ¿y lo demás? lo demás.... nada... ¡te me vienes con las manos
+vacias!
+
+--No he podido hacer mas excelencia: el hombre á quien mandé que
+siguiera á la persona que saliese por el postigo de la casa del duque de
+la Jarilla, la siguió, pero la ha perdido en la oscuridad.
+
+--¿Y el marqués?
+
+--No hemos podido apoderarnos de él.
+
+--¿Qué no habeis podido apoderaros de él cuatro hombres? ¡ah! ¡es
+verdad! ¡el marqués es muy valiente!
+
+--Decid mas bien, excelencia, que le han ayudado Dios ó el diablo: ya
+sabeis que Bempo es valiente. Lo sabeis demasiado, Angiolina.--Y al
+pronunciar estas palabras que establecian cierta familiaridad entre el
+criado y la señora, los ojos del romano, desplomaron, por decirlo asi,
+una mirada tal sobre los ojos de la princesa, que aquellos ojos
+vacilaron por un momento en una mirada vaga, dominada.--Ya sabeis que
+Bempo es valiente: pues bien: el marqués, se desasió de nuestros brazos
+en el momento en que le creiamos sujeto; tiró de la espada y nos llevó á
+estocadas por delante, hasta que ganó un lugar ancho, y escapó.
+
+--¿De modo que será necesario que en adelante desconfíe de tu valor?
+
+--Creo que os he servido demasiado bien, excelencia, para que podais
+desconfiar de Bempo. Ademas creo que esta noche os he hecho un servicio,
+que no os hubiérais atrevido á esperar.
+
+--Si, no esperaba ciertamente que fueras tan cobarde.
+
+--Os he hablado de un servicio, excelencia.
+
+--¿Te queda algo que decirme?
+
+--Si, por cierto; y algo que daros: algo que os llenará de placer.
+
+--Estás abusando del predominio que crees tener sobre mí, porque posees
+un secreto mio, Bempo, y me impacientas, y mas pareces mi señor, que mi
+criado.
+
+--Bien sabeis, Angiolina, que ese secreto no ha salido de mi pecho, y en
+cuanto á lo de impacientarse, no sé cuál de los dos se impacienta mas.
+Pero concluyamos. Cuando acometimos el marqués, en el momento en que
+este, con una vigorosa sacudida, se libertó de nuestras manos, dejó caer
+al suelo un papel que le habia dado cierta dama: yo tuve tiempo de
+recoger el papel, mientras el marqués se defendia, ó, mejor dicho,
+obligaba á defenderse á mis tres camaradas: ese papel está aquí.
+
+Y Bempo entregó á Angiolina un papel arrugado.
+
+--¿Y qué esto? dijo la princesa.
+
+--Leedlo, excelencia, leedlo y comprendereis cuanto vale el papel que os
+entrego. Vale mas que el marqués para vos: mucho mas, porque ese papel
+es vuestra venganza.
+
+--¡Mi venganza!
+
+--Sí, porque ese papel es la deshonra pública de la duquesa de la
+Jarilla: deshonra confesada por ella misma: una revelacion terrible
+escrita de su mano.
+
+Angiolina abandonó el huerto, palpitante de ansiedad y entró en una
+habitacion donde habia luz, se acercó á ella y leyó ávidamente el papel.
+
+Bempo la habia seguido, y al escuchar el grito de suprema alegría de la
+princesa exclamó con acento profundo.
+
+--Satanás ha querido, que Bempo te sirva mejor de lo que esperabas.
+
+--¡Ah, Bempo, Bempo! ¡yo te amo! exclamó Angiolina arrojándose en los
+brazos del lazzaroni arrastrada por el horrible agradecimiento de su
+venganza satisfecha.
+
+Bempo la separó de sí asida por los hombros y la dijo con acento
+indefinible, posando en ella una indefinible mirada.
+
+--Os engañais, señora; vos no amais á Bempo: Bempo no se llama marqués
+de la Guardia.
+
+Y volviendo la espalda á la princesa salió lentamente de la habitacion.
+
+--¡Ah! dijo Angiolina viéndole alejarse: ¡tienes zelos! ¡zelos como yo!
+¡pues bien, sírveme para mi venganza, aunque despues te vengues de mí!
+
+Luego atravesó un corredor, entró en la cámara donde estaba Cisneros,
+que parecia aletargado, y se sentó en silencio junto al lecho.
+
+
+
+
+CAPITULO XV.
+
+ De cómo se conjuraba todo contra el emir de los monfíes.
+
+
+Al dia siguiente, muy temprano, ó por mejor decir, al salir el sol de
+aquel mismo dia, se notaba un gran tráfago en la casa del duque viudo de
+la Jarilla.
+
+Algunos criados se ocupaban en cargar cofres á la zaga de un enorme
+coche de camino, y algunos lacayos armados á la gineta sacaban de las
+caballerizas fuertes caballos: las lanzas de estos hombres se veian en
+un ángulo del patio, y del arzon posterior de cada caballo, pendia un
+largo arcabuz.
+
+Todo parecia indicar que se preparaba un viaje.
+
+La casa estaba en movimiento de arriba á abajo, á pesar de que aun no
+eran las cinco de la mañana, lo que nada tenia de nuevo, puesto que en
+la casa de Yaye, todos inclusa Amina, tenian la costumbre de levantarse
+muy temprano.
+
+Pero ninguna mañana como aquella, habia llamado la jóven á sus doncellas
+para que la peinasen y ataviasen á tales horas. Amina estaba sentada
+delante de un magnífico tocador, pálida y profundamente pensativa, y dos
+doncellas se ocupaban en trenzar sus largos cabellos, mientras otras
+preparaban un hermoso traje de camino.
+
+Ni una palabra se habló durante el atavio de Amina entre esta y sus
+doncellas: al fin, cuando el tocador hubo concluido, la jóven dijo á una
+de sus sirvientas:
+
+--Doña María; traed todos mis vestidos de córte y de casa.
+
+La doncella á quien Amina se habia dirigido, salió.
+
+--Doña Ana, añadió Amina, dirigiéndose á otra doncella; traed un
+cofrecito que encontrareis en mi retrete.
+
+Salió la otra doncella.
+
+Poco despues, casi todos los sillones del aposento, estaban cubiertos
+por magníficos trages, y sobre la mesa del tocador se veia abierto un
+cofrecillo lleno de joyas.
+
+Amina se volvió á sus doncellas, y las dijo:
+
+--Amigas mias, vamos á separarnos, sabe Dios por cuánto tiempo.
+
+--Pero, señora, dijo una doncella, donde quiera que vuecelencia vaya,
+necesitará de nuestros servicios.
+
+--Mi viaje es largo, y la vuelta dudosa; dijo tristemente la jóven: en
+los lugares á donde voy, tengo ya preparada mi servidumbre.
+
+Guardó un momento silencio Amina, y luego continuó:
+
+--Estoy satisfecha de vosotras; me habeis servido bien, y quiero dejaros
+un recuerdo mio.
+
+--¡Ah, señora! demasiado profundo nos los deja vuecelencia, con sus
+bondades, dijo conmovida doña María.
+
+--Ahorremos las lágrimas, dijo Amina, procurando ocultar bajo una
+sonrisa su conmocion, y aprovechemos el tiempo. Aunque nobles, sois
+pobres; y siendo yo rica, no quiero, cuando voy á separarme de vosotras,
+acaso para siempre, que quedeis sujetas á otra servidumbre, no tan
+blanda quizá, como la que me habeis prestado. Mis ropas y las joyas que
+uso diariamente, son vuestras. Aceptadlas, mas bien como el recuerdo de
+una amiga, que como el don de una señora.
+
+Y Amina, en medio del asombro de las doncellas, repartió entre ellas sus
+trages y las joyas que contenia el cofrecillo.
+
+Cuando estuvo concluido el reparto, Amina abrió el cajon de su tocador,
+y sacó de él cuatro pesadas bolsas de oro.
+
+--Tomad, las dijo, dando á cada una una bolsa: este es vuestro dote.
+
+--¡Ah, señora! ¡cuánta bondad!--
+
+--¡Cómo podremos olvidaros!--
+
+--¡Qué noble y qué grande sois! exclamaron las doncellas.
+
+--Basta ya: tomad doña María: bajo esta llave, en un cofre que ha
+quedado en mi retrete, encontrareis una cantidad en oro, que repartireis
+á las criadas, y adios: mi confesor, á quien he mandado llamar, me
+espera.
+
+--¿Y no volveremos á ver á vuecelencia?
+
+--Acaso no nos veamos en la tierra, pero podremos vernos en el cielo.
+
+Y Amina abrazó y besó en la boca á cada una de aquellas hermosas
+jóvenes, que mas que sus sirvientas habian sido sus compañeras, y se
+separó de ellas. Quedáronse las cuatro llorando, y Amina salió,
+conteniendo sus lágrimas; atravesó algunas habitaciones, y entró en una
+cámara donde la esperaba un anciano religioso de Atocha.
+
+--Frai Miguel, dijo la jóven adelantando hácia el sillon donde el
+anciano estaba sentado, y arrodillándose á sus piés: adsolvedme de un
+pecado que no os he confesado hasta hoy por pudor, y bendecidme por la
+última vez.
+
+--¡Bendecirte por la última vez hija mia! exclamó el anciano, pálido y
+turbado: ¡absolverte de una falta que no me has confesado por pudor!
+¿qué falta es esa, Esperanza?
+
+Un padre no hubiera mostrado mas severidad ni mas interés, que el
+anciano religioso en aquella pregunta.
+
+--¡Soy madre! dijo entre sollozos y ocultando su rostro entre sus manos
+Amina.
+
+El buen sacerdote alzó los ojos y las manos al cielo, y sus labios
+trémulos murmuraron una oracion, brotaron lágrimas á sus ojos, y luego
+poniendo sus dos manos temblorosas sobre la cabeza de Amina, la dijo con
+voz cobarde, por decirlo asi:
+
+--¿Sabe tu padre esa falta, hija mia?
+
+--La sabe y me envia lejos; muy lejos de la córte para ocultar mi
+deshonra.
+
+--¿Y tu padre te ha perdonado?
+
+--Mi padre, como yo, se conforma humildemente con la voluntad de Dios.
+
+--Y... ¿no tiene reparacion esa falta?
+
+--Ni mi padre ni yo lo sabemos, padre mio.
+
+--Que te perdone Dios, pobre Esperanza, como tu padre y yo te
+perdonamos, exclamó el religioso profundamente: yo, ministro del
+Altísimo, te adsuelvo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
+Santo, y os bendigo á tí y á tu hijo.
+
+Despues de haber hecho descender su perdon y la bendicion de Dios sobre
+la cabeza de la jóven, el anciano religioso se cubrió el rostro con las
+manos.
+
+--¡Oh, que desgracia! exclamó: ¡que desgracia, Dios mio! ¡una casa tan
+ilustre, una criatura tan caritativa, tan noble, tan religiosa
+mancillada, por el mundo! ¡Oh! ¡que Dios tenga misericordia para el
+causador de tantos males! ¡Que Dios le perdone, porque bien ha menester
+de su perdon!
+
+--¿Oh! ¡sí, padre! ¡rogad, rogad á Dios por él! ¡pedid á Dios que no
+olvide jamás á la pobre mujer que tanto le ama!
+
+--Pero ese hombre... ¿por qué no es ese hombre tu esposo?
+
+--Os suplico padre que no hablemos mas de esto: voy á marchar y tengo
+que haceros antes un sagrado encargo.
+
+[imagen: D. Carlos de Austria.]
+
+--¡Un sagrado encargo!
+
+--Sí; pienso hacer una donacion á la santa casa de religiosos de Nuestra
+Señora de Atocha.
+
+--La casa de Atocha es rica, á Dios gracias, hija mia; destina mas bien
+esa donacion á los pobres.
+
+--Es que no he olvidado á los pobres, dijo Amina: tomad padre, tomad
+esta carta; por ella mi padre os entregará tres mil doblones: los mil
+son para la santa casa de Atocha: los dos mil restantes para que los
+distribuyais entre necesitados.
+
+El anciano tomó aquella carta conmovido, y exclamó:
+
+--¡Ah! ¡eres buena cristiana y virtuosa, hija mia, Dios te protejerá!
+
+--¡Ay padre! ¡harto mas que otros que son muy desgraciados, necesito yo
+de la proteccion de Dios!
+
+ * * * * *
+
+Entre tanto y en otro aposento de la misma casa, pasaba una escena
+enteramente distinta de las sencillas que acabamos de consignar.
+
+Aquel aposento era la misma cámara donde la noche antes habia recibido
+el emir de los monfíes al príncipe don Carlos.
+
+Yaye se paseaba meditabundo y mostrando en lo contraido de su semblante,
+una terrible irritacion interna.
+
+Con él, sentado en un sillon, habia otro personaje á quien hemos perdido
+de vista desde la primera parte de nuestro libro.
+
+Aquel hombre era el rey del desierto, Calpuc.
+
+La vejez se mostraba ya en sus canas y en las arrugas de su semblante,
+pero se conservaba en la apariencia fuerte y robusto.
+
+Acababa de llegar de las Alpujarras, llamado por Yaye el dia anterior, y
+en el momento en que le presentamos á nuestros lectores, estaba
+silencioso y pensativo.
+
+--Todo me sale mal, dijo Yaye, parándose de repente: parece que Satanás
+anda metido en mis asuntos: este viaje de Amina me contraría, y sin
+embargo es necesario: dentro de poco la deshonra la saldrá á la cara.
+
+--Has querido luchar con la astucia, al mismo tiempo que con las armas,
+dijo Calpuc, y ante tu fuerza de voluntad se han puesto los
+inconvenientes de la vida. La fatalidad nos persigue, Yaye.
+
+--Mi hija tiene un corazon de mujer.
+
+[imagen: Repartió entre ellas sus joyas.]
+
+--Tuya es la culpa: ¿por qué la has puesto al paso del mundo tan hermosa
+y tan incitante? Todo lo has sacrificado á tu ambicion, Yaye:
+sacrificaste primero á la pobre doña Isabel de Válor; luego á mi hija, á
+mi pobre Estrella; despues á la hija de mi hija, á mi pobre Esperanza.
+
+--Si; todo eso y mas he sacrificado: pero lo he sacrificado á mi patria.
+
+--Tienes el grave defecto de dar á tus pasiones el pretesto de grandes
+pensamientos. ¿Qué has conseguido con presentarte en la córte de
+Castilla encubierto con el título que debiste á tu casamiento con mi
+hija?
+
+--He conocido que España es un gigante enfermo, un gigante que se hará
+pedazos, que no tiene fuerzas para resistir á todos los enemigos que le
+acometen á un tiempo. He logrado rebelar al príncipe contra el rey.
+
+--Lo que no pasa de ser un horrible crímen.
+
+--Tratándose de mis enemigos en nada reparo: todos los medios de
+destruirlos son buenos para mí: además, encubierto entre los cristianos,
+he logrado introducir mi gente y mi oro entre ellos: mis monfíes están
+en todas partes: en la servidumbre de palacio; bajo las banderas del
+rey, en España, en Flandes, en Italia, en Francia, en Africa, en
+América; los hugonotes tienen cuanto oro y cuantos avisos han menester;
+los flamencos empiezan á corresponder á mis esperanzas, excitados por
+mis emisarios y por mi oro, hasta el punto de que Felipe II, creyendo
+poco fuerte la autoridad de su hermana la infanta doña Margarita de
+Parma, envie á los Paises Bajos al duque de Alba: el mando feroz de este
+capitan brutal, acabará la obra que yo he empezado; la guerra crece en
+Méjico, y los moriscos de Granada estan ya en el caso de jugarlo todo á
+un envite: la insurreccion general contra España amenaza, y los enemigos
+del opresor universal crecen: es verdad que he perdido la paz del
+corazon; que he enlodado á mi hija: pero, Calpuc, el dia de la venganza
+se acerca: Felipe II está herido de muerte.
+
+--Nunca hemos pensado del mismo modo; si hubieras seguido mis consejos,
+no hubiéramos sido mas afortunados de lo que lo somos respecto al tirano
+que nos oprime; pero al menos tendríamos la conciencia tranquila: no
+hubiéramos cometido crímenes, Yaye; no hubiéramos sacrificado á las dos
+prendas de nuestra alma.
+
+--Si, siempre hemos pensado de distinto modo; por lo mismo lo mejor es
+que no hablemos mas de tales asuntos. Lo que haya de suceder será. Vamos
+á lo que importa. Todas nuestras joyas, todo nuestro oro, gran parte de
+nuestro tesoro, en fin, ha sido encerrado en cofres, y va á partir con
+Amina. Para defenderla á ella y á esas riquezas, te acompañarán treinta
+de mis mas bravos monfíes con nombre y traje castellanos; el wali que
+mande á esa gente y que te acompañará bajo el aspecto de mayordomo, es
+el Partal: ya conoces su valor de leon y sus fuerzas de toro. Es ademas
+muy leal. Vais, pues, perfectamente asegurados mi hija y tú. Cuando
+llegues á Granada, aunque allí no tenemos palacio, tengo ya preparada
+una hermosa casa que pertenece á Aben-Aboo...
+
+--¡Aben-Aboo... ¡pobre jóven! exclamó Calpuc.
+
+--No hablemos ni una palabra de eso, exclamó con irritacion Yaye; Dios
+lo quiso... ó Satanás. La pobre Isabel ha quedado reducida á muy poco;
+jamás he logrado que acepte nada de mi mano, y su hijo que ha perdido la
+mayor parte de los bienes de... su padre Miguel Lopez, se ve hoy
+obligado á alquilar á los nobles que van á Granada su casa junto á San
+Miguel: yo he tomado esa casa. En ella puedes vivir con Amina todo el
+tiempo que pueda encubrirse su estado: despues, cuando sea necesario, la
+llevarás á mi alcázar de las Alpujarras, del que no saldrá hasta que
+pueda salir, si es que Dios quiere sacarla salva de esa dura prueba. Yo
+permaneceré en la córte todo el tiempo que sea posible, y no iré allá
+sino para desplegar mi bandera y embestir decididamente con el
+cristiano. He hecho cuanto he podido hacer. Dios hará lo demás. Ahora
+silencio, siento que Amina se acerca.
+
+En efecto, poco despues se abrió una puerta, y Amina entró en la cámara
+de su padre.
+
+Venia profundamente tranquila.
+
+--Estoy dispuesta, padre mio, dijo.
+
+--Si, abreviemos cuanto sea posible lo doloroso de esta separacion, dijo
+Yaye besándola en la frente: tu abuelo está dispuesto á acompañarte y
+todo está preparado.
+
+--¡Ah, padre mio! exclamó Amina cayendo de rodillas; ¡perdonadme y
+bendecidme de nuevo, por si no nos volvemos á ver!
+
+--¿Quién piensa en no volvernos á ver? exclamó Yaye levantando á su
+hija: ¿ni por qué he de negarte yo mi perdón ni mi amor, cuando lo que
+es, ha sido porque Dios ha querido que sea? Yo te amo y procuraré
+hacerte feliz, Amina; pero es preciso que luchemos aun. Es preciso que
+nos separemos.
+
+Amina se arrojó sollozando en los brazos de su padre. Calpuc miraba con
+un dolor profundo aquella escena.
+
+--Vamos, tranquilízate, dijo Yaye: adivino lo que no te atreves á
+decirme. Yo velaré por don Juan, yo le amaré como á un hijo, á pesar de
+que me ha hecho mucho daño. Ahora enjuga tus lágrimas, tranquilízate y
+vamos.
+
+Amina hizo un violento esfuerzo sobre sí misma, y logró aparecer mas
+tranquila: entonces Yaye fué á una de las puertas de la cámara.
+
+--¡Ola, Partal! dijo:
+
+Presentóse un hombre como de treinta años, vestido de camino á la usanza
+de los hidalgos castellanos.
+
+--Baja y haz montar á la gente, le dijo Yaye. No olvides lo que te he
+encargado.
+
+--No lo olvidaré, magnifico señor.
+
+--Vé, nosotros te seguimos.
+
+Cuando Calpuc, Yaye y Amina, bajaron al patio, encontraron montados á
+los lacayos y la servidumbre, silenciosa y triste agolpada á la puerta:
+se habia hecho amar la jóven de tal modo por todos, que su partida
+causaba un sentimiento general.
+
+Sus doncellas, que la habian esperado en las escaleras, la siguieron
+hasta la carroza: el anciano religioso fray Miguel, estaba esperándola
+humildemente á la puerta. Un círculo de curiosos, aunque era muy
+temprano, se agolpaba en la calle para presenciar aquella faustosa
+marcha.
+
+Repitiéronse los abrazos, las lágrimas de las doncellas y las
+demostraciones de afecto de la servidumbre; Amina entró en la carroza
+con Calpuc: poco despues el pesado carruage se puso en marcha escoltado
+por los lacayos.
+
+El duque se apartó con un movimiento brusco de la puerta, y se perdió en
+el interior de su palacio; las doncellas saludaron con sus pañuelos á
+Amina, que asomaba la cabeza por la portezuela, y antes de que aquella
+cabeza se ocultase, el anciano fray Miguel la envió su última bendicion,
+y se alejó todo lloroso y en paso tardo hácia su convento de Atocha.
+
+
+
+
+CAPITULO XVI.
+
+ Continuan las contrariedades del emir.
+
+
+Al entrar en su cámara parecióle á Yaye que habia quedado solo en el
+mundo; con su hija se alejaban por una parte su amor, por otra los
+proyectos que mas habia acariciado: Yaye habia arrojado á Amina al paso
+del mundo como un hermoso instrumento tentador: habia logrado irritar la
+locura de que hacia tiempo era víctima el príncipe don Carlos, y
+valiéndose de su ambicion y de su empeño por Amina, habia logrado
+lanzarle de lleno en la senda de la rebeldía.
+
+Yaye esperaba con razon, que huyendo el príncipe á Flandes, poniéndose
+al frente de los flamencos revelados, creándole un partido aun dentro de
+la misma España, porque nunca faltan ambiciosos que ayuden á los
+príncipes rebeldes; habia esperado, decimos, que Felipe II, demasiado
+ocupado en reprimir rebeldías, no pudiese acudir con fuerzas bastantes
+al reino de Granada, donde, en el momento preciso, debia levantarse por
+los moriscos el estandarte de su emancipacion. Contaba con sus monfíes,
+fuertes, acostumbrados al peligro y á la fatiga, y bastante numerosos
+para poder apoderarse en un dia de la desatendida Granada: una vez
+dueños de la ciudad, levantado el trono de la Alhambra, desplegado el
+pendon de Islam sobre las torres de la alcazaba, degollados ó cautivos
+los cristianos, enteramente reconquistadas las Alpujarras y la Vega, era
+de esperar que el ambicioso Selim II, sultan del imperio de Oriente, y
+sus tributarios el rey de Argel, y los reyes de Fez y de Marruecos, se
+apresurarian á enviar á las costas de las Alpujarras sus galeotas
+piratas henchidas de taifas de turcos, y de los indomables hijos de las
+razas bereberes. Habia momentos en que Yaye soñaba que, rey de Granada,
+avanzaba al frente de un innumerable y feroz ejército, sobre las
+ciudades de Andalucía, que todo cedia á aquella inundacion de hombres,
+que salvaba los desfiladeros que separan á Andalucía de Castilla, y que
+arrojándose sobre esta como una tromba, se llevaba por delante villas y
+ciudades, hasta ir á poner el estandarte del Profeta en una sola
+campaña, sobre las torres de la catedral de Toledo.
+
+Y como el que es ambicioso nunca lo es á medias; como el hombre de
+accion confia mas de lo que debiera en sus propios recursos y en su
+fuerza de voluntad, Yaye, creyéndose un héroe, como Tarie-ebn-Ziak, ó
+como Abd-el-Rajman-ebn-Moavia, ó como Almanzor, tendia su soberbia vista
+á la inmensidad del porvenir, y no creía descabellado, el que, como en
+tiempos antiguos, volviese á ser España bajo su espada el poderoso
+califato de Occidente; que tal vez llegaria á conquistar la Europa, y
+llevar sus banderas vencedoras á Constantinopla, tornándose de este modo
+en conquistador de los que le hubiesen ayudado, y despues revolver sobre
+el Africa, sujetarla bajo su mano, y hacer del mediterráneo un lago de
+su imperio.
+
+La ambicion es una embriaguez, y nada tiene de extraño que el que se
+embriaga sueñe delirios: y hasta cierto punto no eran delirios los de
+Yaye: un poco de fortuna para ayudar á su genio, y sus sueños podian
+realizarse: el pueblo árabe se desarrolló y dominó en una considerable
+extension del globo bajo el espíritu de la conquista; el Koram la
+prescribe: Dios, segun los musulmanes, les habia dado la espada para
+llevar adelante el conocimiento de Dios Altísimo, y Unico sobre todas
+las tierras de los infieles; el pueblo árabe fue indomable, fuerte,
+mientras se le condujo al combate, y solo empezó á desmembrarse, á
+corromperse, á decaer, cuando, halagado por el templado clima de España,
+trocó sus tiendas de piel de camello en suntuosos alcázares; cuando, en
+una palabra, se estableció: Yaye lo sabia demasiado: se lo habia
+enseñado la historia de las generaciones de ocho siglos y Yaye se decia:
+yo no pararé, yo no reposaré mientras haya tierras que conquistar bajo
+el sol: si el valiente pueblo árabe ha desaparecido, queda en pié el
+pueblo moro, resplandece el imperio turco y el Dios Altísimo y Unico se
+adora en la tercera parte del mundo; el Koram da el supremo poder al
+vencedor; pues bien, yo venceré porque quiero vencer.
+
+Pero Yaye no habia contado con los acontecimientos, ni se habia conocido
+á sí propio: una tras otra contrariedad vinieron á demostrarle lo
+colosal de la empresa que habia embestido; vió que tras largos afanes,
+sus monfíes estaban en el mismo estado y con la misma fuerza que á la
+muerte de su padre; que aquella niña, de quien habia pensado hacer uno
+de los mas poderosos instrumentos de sus proyectos, se habia roto, por
+decirlo asi, al ponerse en contacto con el mundo, vulgarizándose, como
+todas las mujeres, por el amor; que si bien habia logrado empeñar por
+medio de ella al príncipe de Asturias en un camino de perdicion, aquel
+príncipe era loco, débil, voluntarioso, la persona menos á propósito
+para poder apoyar en ella de una manera firme una empresa de
+importancia; comprendió, en fin, que habia cometido crímenes estériles;
+se sintió humillado delante de sí mismo, con la conciencia manchada, con
+el porvenir incierto, y por esto cuando entró en su cámara, le pareció
+que se encontraba solo en el mundo, abandonado del cielo y de la tierra,
+mientras Satanás le sonreia y le mostraba con un dedo horrible la
+espantosa página donde estaban consignados sus desaciertos, muchos de
+los cuales eran horribles crímenes.
+
+Yaye se hallaba en un estado de exaltacion espantoso: sus ojos,
+escandencidos, dejaban ver una expresion feroz: ardia en ellos la fiebre
+y la rabia de la impotencia. Las figuras de los tapices flamencos que
+adornaban la cámara, parecian agitarse, revolverse, cambiar de forma:
+parecíale que de en medio de un infernal torbellino, salian dos damas,
+hermosas aun, pero pálidas y con los ojos enrogecidos por un llanto
+continuo: la una resignada y paciente, la otra iracunda y vengativa;
+cada una de ellas llevaba de la mano un hermoso mancebo y se le
+mostraba: Yaye, horrorizado, cerraba los ojos por no verlos, y sin
+embargo, á través de sus párpados cerrados los veia: cada uno de
+aquellos mancebos tenia impreso en la frente el estigma de fuego de una
+ambicion insensata; alrededor de la cabeza de cada uno de aquellos
+mancebos, habia una señal lívida, inflamada, como la que pudiera haber
+dejado en ellas el círculo candente de una corona: alrededor del cuello
+amoratado de aquellos mancebos, habia un dogal: en sus manos un puñal
+rojo y humeante. Tras aquellos mancebos conducidos por sus madres,
+marchaba una turba furiosa: mujeres, hombres, niños, ancianos, todos
+agitaban las cadenas de que iban cargados, todos miraban á Yaye, y todos
+le decian:
+
+--¡Tu ambicion nos ha hecho esclavos! ¡por tu ambicion nos vemos
+hambrientos, desnudos, desesperados, sin padres, sin hijos, sin esposos,
+lanzados del pueblo que nos vió nacer, vendidos como bestias, robados,
+degradados!¡has querido ser rey y nos has impulsado pensando en tu
+ambicion, solo en tu ambicion, á una empresa en que necesariamente
+debiamos ser vencidos! ¡maldito, maldito, maldito seas!
+
+Yaye veia todo esto en el fondo de su conciencia: un sentido íntimo, ese
+sentido misterioso, esa prodigiosa intuicion que tenemos en el fondo de
+nuestro espíritu y que nunca nos engaña, le decia con el severo y
+horrible acento de la verdad que marchaba hácia un lago de sangre; por
+eso los objetos, en los cuales se fijaba su vista, tomaban formas,
+cuerpo, color, vida fantástica; su conciencia le traia su pasado y le
+presagiaba su porvenir; porvenir horrible, henchido de desgracias y de
+horrores, entre los cuales debia desvanecerse la última esperanza de los
+restos vencidos del pueblo moro español.
+
+Yaye queria en vano arrojar de sí el remordimiento y el presentimiento,
+que le acometian implacables: en vano queria atribuir aquellos
+pensamientos, aquellas visiones á la perturbacion de su espíritu,
+causada por el dolor de haber visto á su hija alejarse de él, por
+necesidad, para encubrir su deshonra, con la frente baja y manchada, con
+el corazon ardiente y desgarrado. Cuanto mas pugnaba Yaye, por arrojar
+de sí aquella terrible pesadilla que le combatia despierto, mas y mas se
+condensaba aquella pesadilla y le acometia y le estrechaba. Hubo un
+momento en que, de en medio de aquel horrible caos de fantasmas
+acusadoras, salió una mujer envuelta en un sudario, desmelenada, lívida,
+anhelante: aquella mujer, á pesar de su horrible estado y de su palidez
+cadavérica, era muy hermosa; aquella mujer, ó por mejor decir, su
+recuerdo, hizo lanzar un grito de espanto á Yaye, porque aquella mujer
+era su esposa, Estrella, la hija de Calpuc.
+
+--¿Y qué has hecho, qué has hecho de mi hija, gritaba aquel fantasma
+acusador? ¡Tu desamor me secó las fuentes de la vida, y tu ambicion ha
+muerto á mi hija, matándola el alma! ¡Yaye-ebn-Al-Hhamar! ¿qué has hecho
+de mi Esperanza?
+
+--¡Afuera, afuera, horribles visiones! exclamó Yaye clavándose las uñas
+en la frente como si hubiera querido arrancarse de ella aquel infierno,
+¡afuera! Yo he heredado la venganza de tres generaciones!, yo he bebido
+mezclada con lágrimas, la sangre de mi padre: yo escucho continuamente,
+despierto y dormido, en la soledad y en medio del mundo los gemidos de
+dolor, y siento correr como un rio, las lágrimas de millares de esclavos
+que todo lo esperan de mí. ¿Qué importa que vosotros hayais caido? ¿que
+tú, Estrella, hayas sucumbido, esposa abandonada, madre sin hija? ¿qué
+importa que Amina haya bebido toda la hiel que cabe en su corazon? yo
+marcho hácia adelante, poderoso y terrible como el huracan, y como el
+huracan no me detengo ante nada. ¡Mi ambicion! ¡me acusais de ambicioso!
+¡y sin embargo, mi ambicion es vuestro poder, vuestra libertad y vuestra
+gloria, porque yo nada puedo ser sin vosotros!
+
+Y mucha fuerza de voluntad tenia indudablemente Yaye dentro de su alma,
+porque logró dominar el vértigo, sus ojos perdieron su sangriento color
+y su expresion de tigre, dominóse, hizo callar la voz de su conciencia y
+los latidos de su corazon, y su semblante volvió á mostrarse impasible y
+frio como el de una estátua.
+
+Solo habian quedado en su frente como huellas de la tormenta las señales
+amoratadas que habian impreso en ella sus dedos.
+
+Sentóse en un sillon, respiró profundamente, como quien descansa de una
+larga jornada, y su pensamiento, frio ya y calculador, volvió á su
+eterno objeto; á su lucha contra el rey de España, y contra sus reinos:
+lucha encerrada hasta entonces en el pensamiento de Yaye, pero que debia
+algun dia pasar inmensa y aterradora, al terreno de los hechos, al campo
+de batalla.
+
+Pero parecia que la fatalidad perseguia á Yaye: la fatalidad preñada de
+sangre y crímenes que le perseguia, y que se le presentó de repente
+cuando menos lo esperaba, en la persona de Harum-el-Geniz, del valiente
+wali, su leal secretario; el que durante veinte años le habia servido
+con una fidelidad á toda prueba; el que poseia todos sus secretos, el
+que adivinaba todos sus dolores.
+
+Abrió silenciosamente la puerta de la cámara, y adelantó hácia el emir,
+sacándole de su distraccion con el ruido de sus espuelas de alferez
+castellano.
+
+Miróle profundamente Yaye, y en la expresion grave y triste de Harum,
+comprendió que le traia un asunto importante.
+
+--¿Qué me quieres? le dijo: no recuerdo haberte llamado.
+
+--Hay momentos en que el siervo debe llegar hasta el señor, y decirle
+aunque descanse entre los brazos de la querida de su alma: levántate y
+despierta, toma tus armas y prepárate al combate.
+
+Yaye se levantó como si le hubiera despedido del sillon un resorte.
+
+--¡Al combate! ¿aquí ó allá? ¿en la córte del rey de las Españas ó entre
+las breñas de las Alpujarras?
+
+--No, no, poderoso señor; no son las armas que brillan entre la
+polvareda del combate las que debes tomar, sino las armas que matan en
+silencio y de una manera segura: las armas de la venganza. No vas á
+luchar contra un rey poderoso, ni contra un ejército valiente, sino
+contra una cortesana y un bandido.
+
+--¡Angiolina! ¡Laurenti! exclamó el emir. ¿Y de qué modo? ¿cómo me
+provocan esos dos miserables?..
+
+--Anoche, ya tarde, un hombre que ha conocido á Farrix, á Abdelhamar, y
+á otros de los nuestros, que viven encubiertos en Madrid con nombre y
+trage de soldados de la compañia de ginetes de don Luis Moncada, se
+presentó á ellos en su casa de la Cava Baja, y pidió á Farrix que, con
+algunos de sus camaradas y por algun oro que les ofrecia, le acompañasen
+para una aventura. El oro dado por ese hombre está aquí:
+
+Y Harum arrojó sobre la mesa del emir algunos doblones de á ocho.
+
+--¡Y bien! ¿tenemos algo que ver en esa aventura?
+
+--¡Oh! exclamó Harum con acento de amenaza.
+
+--Acaba de una vez Harum, exclamó impaciente el emir.
+
+--El desconocido, continuó Harum, llevó á Farrix y á otros tres á una
+casa en la cual entraron por el postigo de un huerto.
+
+--¿Y qué casa era aquella?
+
+--Farrix me ha llevado hasta el postigo, y he reconocido por él, que la
+casa donde entraron, era la de la princesa Angiolina Visconti.
+
+--¡Ah! exclamó profundamente el emir ¿Y qué iban á hacer allí?
+
+--De la casa sacaron una silla de manos y fueron con ella á la calleja á
+donde da el postigo de tu palacio, poderoso señor. De uno de los
+extremos de aquella calle recogieron un hombre herido, le metieron en la
+silla de manos y le condujeron á casa de la princesa, en la que entraron
+por el mismo postigo.
+
+--¿Y qué tenemos que ver nosotros con eso?
+
+--Es que hay mas, magnífico señor: mientras el desconocido con dos de
+los nuestros conducian al herido á casa de la princesa, otros dos,
+Farrix y Abdelamar, quedaron en un soportal frente al postigo de tu
+palacio, ocultos en la sombra y con encargo de observar cuanto
+sucediese. Poco despues volvió el desconocido con los otros dos monfíes,
+y se ocultó bajo el mismo soportal. Segun me habia dicho Farrix, habia
+luz en tu casa en un mirador, y aquel mirador, era, á no dudarlo, del
+aposento de la sultana Amina.
+
+--Nada tiene de extraño que la sultana velase, preparando su partida.
+
+--Es que hay mas que eso: antes del amanecer salió un hombre por el
+postigo, y despues se abrió uno de los balcones de los aposentos de la
+sultana, y por él se descolgó otro hombre á la calle.
+
+Irradiaron una mirada incalificable por lo feroz, los ojos de Yaye.
+
+--Farrix y sus compañeros mienten, exclamó.
+
+--Si han mentido, mancillando el honor de la sultana, dijo Harum cuya
+mirada no se alteró, deben morir.
+
+--¡Que mueran! ¿lo entiendes? que mueran y que mueran al momento,
+exclamó con voz cavernosa el emir. Pero... sigue, sigue relatando la
+impostura de esos miserables.
+
+--Farrix asegura que cuando aquel hombre estuvo en la calle, una mujer
+vestida de blanco habló algunas palabras amorosas con el que habia
+descendido, y le arrojó un papel.
+
+--¡Oh, miserables! y si era verdad ese dicho, ¿por qué no aseguraron á
+aquel hombre? ¿por qué no se apoderaron de aquel papel?
+
+--Cabalmente, segun dice Farrix, esta era la intencion del que los habia
+conducido hasta allí, pero añade tambien, que aquel hombre era tan
+valiente y tan diestro que se les escapó.
+
+--¿Y no aconteció mas?
+
+--No señor. Los cuatro monfíes se despidieron del hombre que los habia
+buscado, y que les encargó el secreto, y Farrix vino á avisarme.
+
+--Paréceme que tú has creido esa impostura, Harum, dijo el emir fijando
+en su confidente una mirada intensa.
+
+--Hace tanto tiempo señor que te persigue la desgracia....
+
+--Pero la desgracia ha respetado hasta ahora mi honra, Harum. No adivino
+la causa; pero deben haber comprado á esos miserables para que me hieran
+en lo mas profundo de mi alma... en mi hija... acaso la princesa.....
+pues bien.... es necesario que esos cuatro hombres no hablen.
+
+--No hablarán, señor.
+
+--Pero es necesario evitar escándalos. Envíalos á las Alpujarras, y
+avisa para que cuando lleguen...
+
+--Muy bien, señor.
+
+Quedó profundamente pensativo Yaye durante algunos segundos.
+
+--Creo que la princesa Angiolina se vale para todos sus asuntos, de una
+especie de bandido romano.
+
+--Si señor.
+
+--Cuando te envié á Roma hace dos meses para que averiguases quién era
+esa princesa, me trajiste una relacion escrita.
+
+--Esa relacion debe estar en tu poder, señor.
+
+--Bien: bien: es necesario que hagas venir al momento á ese hombre que
+sirve á la princesa. ¿Cómo se llama?
+
+--Andrea Bempo.
+
+--Pues bien, procura que ese hombre venga al instante.
+
+--Muy bien, señor.
+
+--Vete. Y al momento, al momento, esos cuatro monfíes a las Alpujarras y
+un correo á caballo que les preceda.
+
+Harum se inclinó y salió.
+
+El emir permaneció algún tiempo como anonadado. Despues hizo un poderoso
+esfuerzo para salir de su atonía, se levantó en fin de la mesa, y
+escribió lo siguiente con mano firme:
+
+«Señor marqués de la Guardia: os suplico que hoy mismo vengais á verme:
+espero que atendereis mi suplica, y no me hareis dudar, negándoos, del
+afecto que creo inspiraros.--El duque de la Jarilla.»
+
+Yaye cerró esta carta y la entregó á un lacayo para que la llevase á su
+destino.
+
+Dos horas despues la carta le fue devuelta cerrada, tal como la habia
+enviado, dentro de otra de don César de Arévalo que contenia estas solas
+palabras:
+
+«Señor duque: el loco de mi sobrino no parece en ninguna parte desde
+ayer, y como vuestra carta para él puede ser importante, os la devuelvo
+temiendo que se extravíe. Vuestro mas afecto criado.--Don César de
+Arévalo.»
+
+El duque arrugó en un momento de cólera aquella carta.
+
+Luego envió cuatro ó seis de sus lacayos á que buscasen por todo Madrid
+al marquesito.
+
+A las diez del dia el duque oyó pronunciar con asombro á la puerta de su
+cámara á uno de sus sirvientes el nombre del señor príncipe Lorenzini
+Maffei que venia á visitarle.
+
+Yaye mandó que le introdujesen en su salon de recibo.
+
+
+
+
+CAPITULO XVII.
+
+Quien era el príncipe Lorenzini Maffei.
+
+
+Antes de entrar en la cámara donde le esperaba su visitante, Yaye le
+observó detenidamente tras las vidrieras de una puerta.
+
+Vió un hombre como de cincuenta años, un tanto encorvado, mas bien como
+por el exceso de una vida estragada, que por los años, que no eran
+excesivos: tenia el pelo entrecano, y un tanto largo y rizado según la
+moda de los nobles italianos: llevaba por autoridad una cadena de oro al
+cuello, y al costado una ligera espada de córte.
+
+Este hombre se paseaba meditabundo á lo largo de la camara, con las
+manos juntas á su espalda y sosteniendo en ellas una gorra de
+terciopelo.
+
+Durante algunos minutos Yaye le contempló con una mirada intensa,
+lúcida, dibujóse en sus labios una sonrisa de desprecio, y luego
+componiendo su semblante y adoptando la expresion mas impenetrable,
+abrió la vidriera y entró en la cámara.
+
+Volvióse al saludo el príncipe, saludó profundamente á Yaye, y le dijo
+con un perfecto acento italiano, aunque en buen español:
+
+--Os suplico, señor duque, me perdoneis si me he tomado la libertad de
+venir á vuestra casa, cuando ningun antecedente media entre nosotros:
+apenas si nos conocemos de nombre.
+
+Yaye señaló un sillon al príncipe, que se sentó, acercó otro en el que
+se sentó á su vez, y prestó al príncipe una de esas atenciones que
+interrogan.
+
+El príncipe no se alteró en lo mas mínimo por el silencio del duque, que
+era hasta cierto punto grosero, y añadió:
+
+--Esta mañana uno de vuestros criados ha dejado en la casa de mi esposa,
+es decir: en mi casa, un recado vuestro para cierto Andrea Bempo. Como
+en mi casa no se conoce á tal sugeto; como su nombre es italiano y poco
+ilustre por cierto; como, ademas, al volver de Italia he encontrado en
+mi casa ciertas singularidades....
+
+--¿Singularidades habeis encontrado en vuestra casa, señor príncipe?
+dijo acentuando fuertemente sus palabras Yaye.
+
+--¡Oh! ¡si! llegué á Madrid anoche muy tarde, y como no me gusta
+incomodar á nadie ni aun en mi misma casa, me quedé en una de las
+posadas; pero apenas amaneció, me trasladé á mi casa... solo... me
+gustan las sorpresas... porque amo entrañablemente á mi esposa... que
+como sabreis sin duda....
+
+--Es una de las damas mas hermosas, mas nobles y mas discretas que viven
+en la còrte de España.
+
+--¡Oh, gracias! comprendereis, pues, que yo ame á mi esposa.
+
+--¡Oh! lo comprendo demasiado, dijo Yaye con acento frio. Como que yo
+tambien, por mas que no se lo haya dicho, la amo... ¡oh! perdonad, pero
+vuestra esposa, príncipe, es muy peligrosa.
+
+--¡Ah! ¡si! dijo con una perfecta impertinencia Lorenzini; mi esposa
+tiene por destino el estar siempre rodeada de adoradores... lo que me
+llena de orgullo, os lo aseguro; ¿pero qué deciamos?
+
+--Deciais que os agrada sorprender á la vuelta de vuestros viajes á
+vuestra esposa.
+
+--¡Ah, si! por lo tanto siempre cuido de proveerme, á hurto, como si se
+tratara de un ladron, de una llave de cierto postigo. Segun mi
+costumbre, tomé el camino de mi casa, entré en ella furtivamente;
+adelanté por una y otra habitacion de un piso bajo, y en una de ellas
+¿qué creeis que encontré?
+
+--Una singularidad de esas á que se exponen los maridos que gustan de
+sorprender á sus mujeres.
+
+--En efecto, encontré una singularidad de bulto: un hombre herido en un
+lecho, según supe despues, y á mi esposa, bellamente ataviada, sentada
+junto á la cabecera de aquel lecho, y durmiendo sobre la almohada.
+
+--¡Ah, ah!
+
+--¿Y qué creereis que hice yo?
+
+--Indudablemente os fuisteis de puntillas para no ser sentido.
+
+--De ningun modo, desperté á mi esposa.
+
+--Y vuestra esposa...
+
+--Se arrojó en mis brazos como de costumbre, delirante de alegría y me
+colmó de caricias. Mi esposa me ama con toda su alma, pero es demasiado
+caritativa, y esta era la causa de la singularidad, que al principio no
+comprendí, pero que despues me fue explicada de la manera mas natural.
+Mi esposa habia encontrado á aquel hombre, al célebre comediante Andrés
+Cisneros, en una palabra, herido gravemente en una calle á que da
+vuestra casa, y le habia recogido. Esto es todo. Como despues se ha
+buscado en mi casa á ese Andrea Bempo, á quien no conozco; como el señor
+Andrés Cisneros ha sido herido cerca de vuestra casa; como estos dos
+sucesos podian tener relacion entre sí, me presento á vos, para serviros
+á fuer de hidalgo en lo que hubiereis menester.
+
+Yaye cruzó una pierna sobre la otra, se echó atrás sobre el respaldo del
+sillon, y apoyando en sus brazos los codos y cruzando las manos dijo al
+príncipe con una sonrisa fria:
+
+--Vuestra esposa os engaña.
+
+Habia en Yaye una decidida intencion de provocar al príncipe.
+
+--¡Bah! dijo este. Estoy seguro, enteramente seguro de que no.
+
+--Os ha engañado al casarse con vos.
+
+--¡Bah! os afirmo que el engañado sois vos.
+
+--Os entregó una mano deshonrada por la desgracia y por la miseria, es
+verdad, pero al fin deshonrada.
+
+--¡Bah! no conoceis la historia de Angiolina... de Angiolina á la que yo
+saqué de un convento para hacerla mi esposa.
+
+--Pues ved ahí; Angiolina Visconti se jacta con sus amantes, ó por mejor
+decir, con su único amante, de que si bien sois su esposo, no habeis
+sido nunca su marido.
+
+--¡Ah! eso lo digo yo por todas partes; yo he preferido la ansiedad del
+deseo que no se satisface, al hastío del deseo satisfecho... y luego...
+ser esposo de una mujer jóven, de brillante hermosura y vírgen...
+
+--¡Vírgen! exclamó profundamente Yaye.
+
+--Yo gozo con lo extraordinario. Mi vida toda es una cadena de sucesos
+extraordinarios.
+
+--Demasiado extraordinarios, príncipe.
+
+--Es que vos no sabeis mi historia.
+
+--Acaso, acaso. Acaso tambien sepa la de la princesa.
+
+--La historia de mi esposa es muy sencilla. Una vida de diez y seis años
+en un convento. Despues diez años de matrimonio puro, sencillo, casto,
+de un matrimonio, como de seguro no ha habido, ni hay, ni habrá dos en
+el mundo.
+
+--Sin embargo, hablais de las caricias de vuestra... mujer.
+
+--Caricias de hermano y hermana. Un abrazo, un beso en la frente, hé
+aquí todo.
+
+--Con que ¿segun eso, no conoceis la historia de vuestra esposa?
+
+--Sé la verdadera, pero ignoro la que puedan atribuirla.
+
+--Pues os voy á contar esa historia, verdadera ó falsa, y despues os
+contaré... la vuestra dia por dia, hora por hora.
+
+--Os escucho, y si la historia es ingeniosa, os agradeceré el cuento...
+pero os pediré tambien que me reveleis el nombre de quien la ha
+inventado.
+
+--Os lo diré antes, porque no me gustan las historias en cuya primera
+hoja no va el nombre del autor. Muchas veces por el nombre del autor se
+juzga de la historia, y si este nombre es bueno poco importa que la
+historia sea mala. El autor de las dos que voy á referiros, es el mejor
+autor de historias que conozco, porque su autor es Dios.
+
+--¡Ah, Dios!
+
+--Dios, ó lo que es lo mismo, la fatalidad.
+
+--Pues empezad y juzguemos del ingenio de Dios.
+
+--Permitidme: todas las historias tienen un prólogo.
+
+--¡Ah! y esta...
+
+--Lo tiene tambien. Este prólogo se refiere á la causa de que hayan
+venido á mis manos esas dos historias; la causa, ya os la he indicado:
+es el amor, el deseo, el empeño que me inspira vuestra esposa, ó por
+mejor decir, que me inspiraba cuando yo tenia dudas acerca de su
+procedencia.
+
+--¿Dudas? todo el mundo sabe que es mi esposa.
+
+--Pero nadie conocia al tal esposo. Creo que yo soy el primero que tiene
+la dicha de conoceros.
+
+El príncipe se inclinó.
+
+--Por lo mismo, dudando de si seria soltera, casada ó viuda, envié hace
+dos meses á Roma un sugeto muy á propósito para desenterrar historias, y
+provisto de oro suficiente para ello. Ese sugeto me ha traido las dos
+historias que vienen á ser una misma. He concluido mi prólogo y
+empiezo...
+
+--Os escucho.
+
+--¡Ah! dijo el duque, me olvidaba del título: llámase, pues, la que voy
+á referiros, «Historia de una venganza infame.»
+
+Despues de estas palabras Yaye cerró los ojos como para concentrar y
+ordenar sus recuerdos, y el príncipe se colocó en la actitud de la mas
+perfecta atencion.
+
+Yaye empezó, al fin, de esta manera:
+
+--Nuestra historia principia en la cabeza del orbe católico, en Roma, en
+el verano de 1537, es decir, hace diez años.
+
+Por aquel tiempo habia en Roma dos personas notables.
+
+La una era un famoso bandido de la campiña á quien nadie conocia mas que
+por su terrible nombre: aquel nombre era Laurenti.
+
+La otra era una dama veneciana de diez y seis años á quien conocia todo
+el mundo, mas que por el alto empleo que su padre desempeñaba en la
+córte pontificia, por su peregrina, por su maravillosa hermosura.
+
+Esta dama se llamaba Angiolina Visconti.
+
+Su padre, Paolo Visconti, miembro de la poderosa familia de este título,
+se habia visto obligado á huir de la justicia de la república de
+Venecia, á causa de haberse visto envuelto en cierta conspiracion de
+nobles contra el Estado.
+
+Paolo Visconti habia logrado ponerse á salvo con una hija única, con
+Angiolina, de los esbirros de la serenísima república, pero no logró
+poner del mismo modo á salvo sus bienes que fueron confiscados.
+
+Aportó á Roma, pobre pero provisto del interés que inspira todo hombre
+que ha luchado por la libertad de su patria, que ha sido vencido, y que
+vuelve las espaldas á sus hogares para no volver mas á ellos.
+
+Aumentaba este interés la belleza y la inocencia de Angiolina, pobre
+desterrada en la adolescencia, que se veia envuelta en las desgracias de
+su padre.
+
+Acogiósele bien por la nobleza romana, y especialmente por el papa, y
+con tanta mayor deferencia por este, como que Visconti era perseguido
+por una república con la cual no se encontraba en la mejor armonía la
+silla pontificia. A fin, pues, de que Paolo Visconti pudiera vivir en
+Roma, sino de una manera opulenta, conveniente á su clase, le concedió
+el papa un alto oficio militar bajo sus banderas.
+
+Nombróle, pues, coronel de su guardia suiza.
+
+Entre otras ventajas, que á mas de su pingüe sueldo y de su
+representacion, gozaba el coronel de los suizos, eran no pequeñas, el
+vivir en un pequeño y bello palacio del papa junto al Coliseo y el uso
+de carroza y servidumbre, pagados por el tesoro pontificio.
+
+Asi, pues, Paolo Visconti podia sostener á su hija en la posicion de una
+ilustre dama.
+
+Visconti, que se habia casado muy jóven y muy jóven habia enviudado, era
+por los años de 1537 un hermoso caballero de treinta y cuatro años,
+galante como veneciano, altivo por su alcurnia y espléndido, cuanto se
+lo permitía su sueldo.
+
+Los dados y los naipes habian sido con él sumamente propicios, y habia
+ganado enormes sumas, indemnizándose casi por este medio, de lo que le
+habia quitado su amor por las libertades patrias.
+
+Asi es, que se contaba mas de una escandalosa aventura de amores, en que
+el coronel Paolo Vizconti habia sido el galan afortunado, y no habia
+marido, padre ó hermano que no le temiesen, si tenian hijas, esposas ó
+hermanas bellas; sin embargo, Vizconti logró salir sano y salvo de una y
+otra aventura arriesgada, á lo que contribuyó no poco su fama de
+valiente y de diestro en armas. Esto, acreciendo su soberbia, le impulsó
+á nuevas y cada dia mas arriesgadas empresas amatorias, hasta que,
+cansada la suerte de protegerle, le metió en una que debia decidir, no
+solo de su suerte, sino tambien de la de su hija.
+
+Cerca del palacio que habitaba Visconti, entre este, y el Coliseo, en
+una linda casita de un solo piso, vivia una jóven llamada Fioreta, al
+solo cuidado de una anciana. Servíalas una vieja criada, y nunca se
+habia visto entrar en aquella casa un hombre, ni acompañarlas jamás
+nadie en sus breves salidas desde su casa á una iglesia próxima. Sin
+embargo, Fioreta, que vestia como una dama de la alta nobleza romana,
+era tan hermosa, tan cándida y tan jóven, que muchos nobles solicitaron
+sus favores, sin faltar algun miembro del sacro colegio que no hubiera
+vacilado en comprometer su alma, si le hubiesen mirado con amor los
+negros ojos de Fioreta.
+
+Pero esta se mostraba inaccesible á los seguimientos, á las rondaduras y
+las músicas de sus numerosos adoradores, y habia logrado adquirir una
+fama de insensible, de inespugnable, que el mundo galanteador la impuso
+el nombre de la _mujer fuerte_.
+
+Llegó esto á oidos de Visconti, del hombre irresistible, del corruptor,
+por decirlo asi, de Roma, y deseó conocer á la tan ponderada y rigorosa
+hermosura. Eran vecinos, y esto no le fue difícil. Púsose al paso de
+Fioreta, engalanado con su ostentoso uniforme de coronel de los suizos;
+la vió, se enamoró perdidamente, la siguió á la iglesia; se puso
+continuamente á su paso, y no tardó en conocer, que la para todos
+desdeñosa hermosura, era para él camino llano y abierto. Fioreta se
+habia enamorado de Visconti, con un amor tan puro, tan intenso, tan
+sublime, como era sensual y miserablemente ardoroso el de Vizconti.
+
+Por mas que quiera guardarse á una mujer, no se guarda si ella no quiere
+guardarse: la iglesia á que la jóven concurria era oscura: cambiáronse
+billetes entre los amantes, y por ellos supo Visconti que era amado como
+jamás lo habia sido, y que en la existencia de Fioreta habia un misterio
+que realzaba el valor que ya por su hermosura tenia sobradamente la
+jóven. Este misterio consistia en que Fioreta no tenia padres conocidos,
+y ademas, en que una mano invisible y que debia ser inmensamente rica y
+poderosa la protegía, atendia á su subsistencia de una manera
+expléndida, y la procuraba cuantos goces honestos puede desear una jóven
+honrada. Se la habia dado una educacion de princesa; se ponderaban las
+preciosidades que encerraba dentro de sí la pequeña casa en que vivia;
+sus trajes eran riquísimos y nobles, y en las grandes solemnidades
+públicas, se la veia cubierta de diamantes y brocados, en una magnífica
+carroza dorada, tirada por cuatro caballos admirables, carroza que
+aparecia por sí misma, sin saberse de donde venia, y que desaparecia sin
+que Fioreta ni su aya supiesen á donde iba. En cuanto al cochero y los
+lacayos eran mudos, siempre que las dos mujeres trataron de indagar por
+ellos quien era aquella persona misteriosa, que de una manera tal,
+cuidaba de la suerte de Fioreta.
+
+Todo esto lo supo Visconti, como he dicho, por las cartas de la jóven, y
+el misterio de su nacimiento, la opulencia que la rodeaba, y el
+desenlace problemático que podia tener aquel misterio, irritaron su
+curiosidad, sus deseos, y aun su ambicion. Porque no sabiendo quien era
+Fioreta, ¿no podia suponerse todo? ¿Y quién sino un altísimo personaje
+podia sostener tan ruinosos gastos?
+
+Visconti, pues, se empeñó y quiso á todo trance, llegar á la resolucion
+de aquel problema. Compelió en una y otra enamorada carta á Fioreta, á
+que le concediese una cita, y esta al fin, se vió obligada á escribirle
+la lacónica carta siguiente:
+
+«Contentaos con amarme, sin esperanza de obtenerme. Básteos saber, que
+yo os amo hasta el punto de no pertenecer á otro hombre, sino puedo
+algun dia ser vuestra. Yo no faltaré jamás á mi decoro, y me está
+prohibido de una manera misteriosa y terrible disponer de mi
+mano.--Fioreta.»
+
+Esta carta fue un nuevo combustible arrojado al empeño de Visconti, que
+juró perecer ú obtener aquella dificilísima y misteriosa hermosura.
+
+Poco tiempo despues de recibida esta carta de Fioreta, notó Visconti,
+que cuando seguia á la jóven á la iglesia, un hombre siempre embozado, á
+pesar de que era el tiempo de los calores, les seguia á alguna
+distancia, entraba en la iglesia, se ponia en acecho, y no desaparecia
+hasta que las mujeres habian regresado á su casa.
+
+Empezaba Visconti á impacientarse con aquel espionaje descarado y tenaz,
+cuando un dia encontró sobre la mesa de su aposento y sin que nadie
+supiese por donde habia entrado, una carta concebida en estos términos.
+
+«Sé que seguís obstinadamente á Fioreta, y que Fioreta os ama. Si la
+amais, será vuestra, pero para ello será necesario que deis á su hermano
+una muestra indudable de vuestro amor. Para conocer las condiciones bajo
+las cuales podreis ser su esposo, id esta noche, solo, á la vía Apia.
+Allí encontrareis al hermano de Fioreta.»
+
+Inutil es decir, que Visconti no faltó á la cita.
+
+Apenas habia entrado en la vía Apia, cuando se le presentó el misterioso
+embozado que se habia constituido en su espía.
+
+El camino estaba desierto, y la luna blanqueaba las ruinas de los
+sepulcros romanos. El embozado hizo una seña á Visconti de que le
+siguiese, y este le siguió hasta un bosque cercano en el que se
+internaron. Allí, en lo mas oscuro del bosque, se detuvo el embozado, y,
+sin descubrirse, dijo á Visconti con la voz dura é imperiosa del que
+está acostumbrado á mandar despóticamente y ser servilmente obedecido:
+
+--Veamos si valeis lo bastante para que yo os dé mi hermana.
+
+--Yo me llamo Paolo Visconti, dijo con orgullo el coronel de suizos del
+papa.
+
+--Sé quien sois y me convenís, como hombre valiente y arrojado: porque
+me convenís, os daré mi hermana, si la mereceis, y lo que vale
+infinitamente menos que ella, tesoros inmensos. Veamos si la amais.
+
+--Indicadme vuestras condiciones.
+
+--Vos me habeis dicho vuestro nombre, justo es que yo os diga el mio: me
+llamo Giussepo Laurenti.
+
+Visconti dió un paso atrás asombrado: el misterio de la procedencia de
+Fioreta se desenlazaba de una manera inesperada. Quien protegia á la
+jóven, quien tenia sobre ella derechos indudables, era Laurenti, el
+terrible bandido; el hombre á quien la justicia del papa no habia podido
+castigar; el gefe de los invisibles que tenia cubierta de espanto la
+campiña de Roma. Esto, por otra parte, explicaba las inmensas sumas que
+se invertian para poner á Fioreta á mas altura que la mas rica é ilustre
+dama romana.
+
+Hubo un momento de silencio.
+
+--Paréceme que os falta valor, caballero Visconti, dijo sombriamente
+Laurenti.
+
+--No, no me falta valor, pero explicadme, aclaradme: vos sois hermano de
+Fioreta, pero, ¿quién es vuestro padre?
+
+--Ved que cuanto mas os revele, mas grave será el peso del secreto que
+habeis de guardar, so pena de vuestra vida.
+
+--No importa. Hablad.
+
+--Mi padre se llamaba Andrea Alberti.
+
+Dió otro paso atrás Visconti. Laurenti habia pronunciado el nombre de
+otro terrible gefe de bandidos.
+
+--No os asombre esto, dijo Laurenti; hace mas de dos siglos que mi
+familia viene reinando de generacion en generacion sobre la campiña de
+Roma. El padre educa al hijo, y el hijo hereda al padre; nada mas
+natural.
+
+--¡Pero la madre de Fioreta!...
+
+--Aumentemos la suma del secreto si os place. La madre de Fioreta era
+una dama romana.
+
+--Su nombre.
+
+--Lo ignoro yo mismo. Mi padre al encargarme de la suerte de Fioreta, me
+dijo solamente: su madre era una mujer casada; una hermosa é ilustre
+dama. Yo la juré guardar como un depósito sagrado su honor, y muero con
+su secreto. Pero á mas de guardar su honor, la juré proteger á nuestra
+hija y hacerla feliz. Fioreta puede elegir libremente el claustro ó el
+matrimonio, pero si eligiese este último estado, no será su esposo sino
+quien sea bastante valiente y arrojado para partir con nosotros los
+peligros. Ahora, bien, caballero Visconti, ¿amais bastante á Fioreta
+para abandonar por ella vuestro baston de mando, vuestra hermosa banda
+de coronel, y cambiar vuestro nombre de caballero en un nombre de
+bandido?
+
+--¿Es esa vuestra resolucion irrevocable?
+
+--Es la voluntad de mi padre, á la que no faltaré en una sola palabra.
+
+--Pues os juro que Fioreta será mia á pesar vuestro.
+
+--Peor para los dos si eso sucede, dijo lacónicamente Laurenti.
+
+--Adios, pues, rey de la campiña de Roma.
+
+--Adios, señor coronel de los suizos del papa: pero escuchad antes una
+palabra: me conoceis y todos los dias me estrechais la mano y me pedis
+por la salud en la córte de su Santidad. Adonde jugais, concurro; en
+donde bebeis, bebo; lo que hableis resonará en mis oidos, porque soy uno
+de _vuestros mayores amigos_. He observado, que hasta ahora no habeis
+hablado ni una sola palabra con nadie acerca de vuestras pretensiones
+hácia Fioreta, y que no habeis mostrado ni una sola carta suya. Seguid
+siendo prudente. Os lo aconsejo, en ello os va la vida. Adios.
+
+--Esperad.
+
+--¿Qué quereis?
+
+--Me habeis dicho que os conozco.
+
+--Es cierto.
+
+--¿Que sois uno de mis mayores amigos?
+
+--Por tal me teneis.
+
+--¿Que concurris á donde concurro?
+
+--Es verdad.
+
+--Sin embargo, yo no conozco vuestra voz.
+
+--Mi voz se desfigura al pasar por el hueco de mi antifaz de hierro.
+
+--Aclaradme.....
+
+--Ni una palabra mas; adios.
+
+--Esperad.
+
+--Adios.
+
+--¡Por san Paolo mi patron, que yo os haré esperar y daros á conocer!
+dijo Visconti desnudando su espada y acometiendo rápidamente á Laurenti.
+
+Este se hizo atrás de un salto, y lanzó un fuerte silbido.
+
+Instantáneamente, aparecieron saliendo de detrás de cada árbol una
+multitud de hombres cubiertos con antifaces y armados de arcabuces.
+
+Aquellos hombres rodearon al coronel de los suizos del papa.
+
+--Guiad á ese caballero hasta la salida del bosque, dijo Laurenti á sus
+bandidos, perdiéndose en la espesura. Hasta mañana, caballero Visconti.
+
+Vióse este obligado á ceder, y rodeado de los bandidos, llegó hasta la
+salida del bosque, y desde allí ganó la vía Apia y entró en Roma.
+
+En vano durante muchos dias buscó Visconti entre sus numerosos amigos,
+uno que le presentase ni el mas ligero indicio del terrible bandido
+romano. Creyó al fin, que aquello habia sido una amenaza y una burla, y
+dejó de desconfiar de los que le rodeaban.
+
+En cuanto á Fioreta, su amor, ó por mejor decir, su empeño, se aumentó
+en proporcion á las dificultades. Habian cambiado una y otra carta, pero
+en ninguna de las suyas habia indicado Visconti á Fioreta lo que sabia
+acerca de su orígen.
+
+Si las dificultades irritan al hombre, puede decirse que irritan
+infinitamente mas á la mujer. El amor de Fioreta se exaltó, y concedió á
+Visconti lo que siempre se habia negado á concederle: esto es, hablar
+con él en las altas horas de la noche por las ventanas de su casa.
+Visconti, despues de su primera entrevista de este género con Fioreta,
+esperó que se revelase de cualquier modo, sino la venganza, la cólera
+del terrible Laurenti: pero pasaron muchas entrevistas del mismo género,
+y ni recibió una sola carta, ni el mas leve aviso.
+
+Visconti empezó á burlarse para sus adentros del Rey de la campiña, y le
+despreció del todo cuando, enteramente rendida Fioreta, le concedió lo
+último que podia concederle: su posesion completa. Todas las noches, una
+escala llevaba á los brazos de Fioreta al afortunado Visconti, y el
+terrible bandido, el hermano protector, permanecia mudo.
+
+Sin embargo, un dia, encontró Visconti sobre la mesa, y sin que nadie la
+hubiera llevado, otra carta que contenia las frases siguientes:
+
+«Todo lo sé. Gozad en secreto de vuestra felicidad, y haced feliz á mi
+hermana, pero, ¡ay de vos si por un accidente natural, ó por una
+villanía vuestra, se hace pública su deshonra! ¡ay de vos, y ay de ella!
+Laurenti.»
+
+Visconti era un hombre que no temia al cielo ni al infierno, y esta
+amenaza lo irritó: acontecia ademas, que, como su amor hácia Fioreta no
+habia sido mas que deseo y empeño, satisfecho el deseo, hastiado de la
+pobre jóven, necesitó satisfacer su vanidad de libertino, publicando su
+victoria sobre aquella mujer que habia resistido las pretenciones de los
+hombres mas peligrosos. Esta vanidad infame fue desarrollándose en él, y
+al fin, un dia, en una casa de juego, con ocasion de ponderar un nuevo
+enamorado los desdenes de Fioreta, dijo:
+
+--¿Qué apuesta quereis hacer conmigo, señores, acerca de esa mujer?
+
+--¿Pretendeis acaso haceros amar de ella? dijo un jóven caballero muy
+amigo de Visconti, llamado Marco Antonelli.
+
+--No, no pretendo hacerme amar de ella, dijo Visconti, porque es mi
+querida.
+
+--¡Vuestra querida! exclamaron asombrados los circunstantes.
+
+--¡Vuestra querida! exclamó soltando la carcajada Marco Antonelli.
+
+--Os reis de un modo muy impertinente amigo mio, dijo Visconti picado
+por la hilaridad de Antonelli.
+
+--¿Pues no quereis que me ria? Mientras no nos presenteis pruebas de
+vuestro dicho me reiré.
+
+--Es que pudiera suceder......
+
+--No debe suceder nada dijo, sin afectarse en lo mas mínimo Antonelli;
+si esa mujer es vuestra querida, no merece ser la causa de un
+rompimiento entre dos amigos, y si no lo es, mereceis en castigo de
+vuestra mentira que nos riamos de vos.
+
+--Y si presento la prueba.
+
+--Me comprometo á perder quinientos escudos romanos, dijo Antonelli.
+
+--Y yo otros tantos.
+
+--Y yo.
+
+--Y yo.
+
+--Y yo, exclamaron todos los que estaban presentes.
+
+Visconti, salió y volvió poco tiempo despues con las cartas de Fioreta
+que arrojó sobre la mesa, entre los dados y las botellas.
+
+Examináronse aquellas cartas; ellas probaban que Fioreta amaba á
+Visconti; pero en ninguna de ellas habia una sola prueba de que fuese su
+querida.
+
+--Y bien, dijo Antonelli sin perder su jovialidad: aun no habeis ganado
+un solo escudo: estas cartas prueban que sois mas afortunado que otros:
+y digo prueban, porque no quiero haceros el agravio de creer que estas
+cartas sean falsas; pero de ser amado á poseer á la mujer que nos ama,
+hay una diferencia incalculable. Asi, pues, la apuesta queda en pié
+hasta que nos probeis que es vuestra querida Fioreta.
+
+--Una palabra señores. Ahora está la luna en creciente y las noches son
+muy claras: ¿sabeis alguno de vosotros donde vive Fioreta?
+
+--Todos lo sabemos.
+
+--Sabeis á donde caen las ventanas de sus habitaciones.
+
+--Todos la hemos visto alguna vez en ellas.
+
+--Pues bien: si esta noche á las doce, al hacer yo una señal veis que se
+abre una ventana de las habitaciones de Fioreta; si la veis á ella misma
+salir á aquella ventana, y arrojarme una escala; si despues me veis
+trepar por ella, recibirme Fioreta en sus brazos, retirarse la escala y
+cerrarse silenciosamente la ventana ¿creereis.....?
+
+--Creeremos que Fioreta es vuestra querida, y os envidiaremos Visconti;
+pero habreis ganado la apuesta.
+
+--Si, si, habreis ganado la apuesta dijeron todos.
+
+En efecto aquella noche se hizo la prueba: los amigos de Visconti
+ocultos en la sombra, le vieron entrar en las habitaciones de Fioreta.
+Al dia siguiente todo el mundo supo en Roma que Fioreta era la querida
+de Paolo Visconti.
+
+Sin embargo el terrible bandido de la campiña permaneció mudo: pasaron
+dias y dias hasta uno en que tuvo lugar un acontecimiento que heló la
+insolente risa de la infamia, en los labios del seductor de Fioreta.
+
+El suceso á que me refiero pasó de la manera siguiente:
+
+Era una hermosa tarde de mayo. Angiolina Visconti habia expresado á su
+padre el deseo de dar un paseo por la campiña; Visconti hizo preparar
+una carroza, se disculpo con su hija por no acompañarla, y Angiolina
+salió de Roma, acompañándola solo en el exterior el cochero y dos
+lacayos.
+
+Caminaban lentamente por la via Apia: Angiolina, cuya alma aspiraba ya
+ese amor vírgen que es el sueño de la adolescencia de las mujeres,
+Angiolina inocente y pura, miraba con delicia el hermoso cielo de
+Italia, perdiéndose tras los horizontes azules, y la árida campiña por
+medio de la cual arrastra su turbia corriente el Tiber.
+
+Descendia el sol al Occidente; el dia iba perdiéndose en ese poético
+tinte del crepúsculo vespertino tan bello y tan diáfano en la primavera
+de los paises meridionales, y una dulce melancolía inundaba el alma de
+la jóven, cuando la carroza se detuvo de repente y uno de los criados
+asomó á la portezuela.
+
+--Si adelantamos mas excelencia, dijo el lacayo, se nos echará la noche
+encima antes de que lleguemos á la ciudad, y no es prudente......
+
+--Seguid, seguid, dijo la jóven, que de lo que menos se acordaba
+entonces era del terrible Laurenti ni de los bandidos.
+
+La carroza siguió adelante: muy pronto, traspuesto enteramente el sol,
+empezó la noche á invadir el opuesto horizonte. Angiolina entonces
+sintió un vago temor y mandó al cochero que se volviera.
+
+Volviéronse en efecto. Roma se veia á lo lejos perdida tras la vaporosa
+neblina, y quedaba mucho camino que andar para llegar á la ciudad.
+
+El cochero azotó á los caballos que partieron al galope: á pesar de esto
+era ya de noche y quedaba mucho espacio para llegar á los arrabales.
+
+De improviso el coche se detuvo, y antes de que Angiolina pudiera
+preguntar la razon, se abrió la portezuela y entro un hombre, vestido
+enteramente como los aldeanos de la campiña, y cubierto el rostro con un
+cumplido antifaz: aquel hombre llevaba á la cintura un puñal y un par de
+pistolas.
+
+Angiolina solo tuvo tiempo para oir que aquel hombre decia:
+
+--¡Al bosque!
+
+Y se desmayó.
+
+Cuando volvió en sí se encontró en un lecho en un aposento densamente
+oscuro. Un hombre la estrechaba entre sus brazos. Aquel hombre
+prevaliéndose de su desmayo la habia deshonrado.
+
+Angiolina notó con terror, con el terror del pudor, que estaba medio
+desnuda.
+
+Gritó, quiso resistirse, arrancarse de los brazos de aquel hombre, pero
+aquel hombre la retuvo entre ellos y la dijo con un acento terrible:
+
+--Vuestro padre ha deshonrado á mi hermana, y yo empiezo á vengarme
+deshonrándole en su hija.
+
+Roma entera supo, por los criados á quien Laurenti habia dejado en
+libertad, que Angiolina Visconti, la noble hija del señor coronel de los
+suizos del papa, habia sido robada por los bandidos de la campiña.
+
+Visconti sintió en medio del corazon la venganza de Laurenti; salió á la
+campiña, le llamó á voces en el mismo lugar donde habia hablado con él
+algunos meses antes; pero nadie respondió á las voces del desolado
+padre, que al fin era padre Visconti. Pidió licencia al papa para
+revolver con sus suizos la campiña y no logró ver un solo bandido. A los
+quince dias, perdida casi la esperanza, se fué á buscar su último
+consuelo junto á Fioreta y la dijo.
+
+--Es necesario que nos casemos: tu hermano sin duda nos escucha: pues
+bien yo acepto todas sus proposiciones: si; yo acepto todas tus
+proposiciones Laurenti, seré bandido, verdugo, si quieres, pero vuélveme
+mi Angiolina.
+
+--Vuélveme tú la honra de mi hermana, dijo una robusta voz á tiempo que
+se abrió una puerta y apareció un hombre.
+
+Fioreta dió un grito agudísimo y se desmayó.
+
+Visconti dió un paso atrás helado de espanto.
+
+El hombre que tenia delante pidiéndole la honra de su hermana era uno de
+sus mayores amigos.
+
+--¡Marco Antonelli! exclamó.
+
+--No, Laurenti el bandido, Laurenti, que se venga, destrozándote el
+corazon, deshonrando á tu hija, como tu se lo has destrozado,
+desonrrando á su hermana: ahora defiéndete, infame, defiéndete por que
+entre nosotros se ha colocado tu infamia y no puede haber mas que odio y
+sangre entre los dos.
+
+Al dia siguiente se encontró junto al Coliseo el cadaver de Paolo
+Visconti atravesado á estocadas, y sobre él un cartel en que se leia en
+letras enormes:
+
+«Laurenti, hermano de la hermosa Fioreta ha hecho este cadáver.»
+
+La casa en que habia vivido Fioreta estaba completamente abandonada.
+
+¿Y sabeis vos príncipe, dijo Yaye, mirando profundamente á Lorenzini
+Maffei lo que se hizo de la pobre Fioreta?
+
+--¡Qué! ¿no lo sabeis? dijo con la mas ingénua curiosidad el príncipe;
+pues ved ahí que falta á vuestra historia una noticia esencialísima.
+
+--Lo que fue de Fioreta no lo sabe nadie, porque Laurenti á nadie se lo
+dijo.
+
+--¿Y como, como, dijo el príncipe con una curiosidad creciente; como fue
+á parar Angiolina al convento donde yo la conocí en Nápoles?
+
+--Se ignora tambien, porque á nadie lo ha dicho tampoco Laurenti. Pero
+lo que se sabe de seguro, es, que al fin, por una traicion de uno de los
+bandidos de Laurenti, fue descubierta su guarida, exterminada su
+cuadrilla de malhechores y el....
+
+--¿Y el?...
+
+--Hay quien cree que acaso quedó entre los cadáveres de los bandidos
+que murieron defendiéndose, porque no se le oyó nombrar mas en las
+inmediaciones de Roma.
+
+--Pues habeis burlado mis esperanzas, duque, en cuanto á la historia del
+bandido. Debia ser curiosa.
+
+--Pues voy á contárosla en dos palabras: el bandido está ciegamente
+enamorado de Angiolina que no le conoce: el bandido sigue á Angiolina
+por todas partes bajo el nombre de Andrea Bempo: Andrea Bempo no es
+otro, pues, que Laurenti, nombre fecundo en disfraces, y que sabe variar
+de rostro como de vestido y de edad como de lenguaje: que unas veces se
+llama Bempo, otras don Diego de Zayas, y pasa por caballero español,
+como en Roma bajo el nombre de caballero romano pasaba por Marco
+Antonelli: Laurenti, en fin, esposo enamorado de Angiolina, esposo
+despreciado por Angiolina, que se llama el príncipe Lonrenzini Maffei.
+
+Mudáronse instantáneamente al oir estas palabras, la mirada, la actitud
+y la expresion del príncipe; irguióse, centellearon sus ojos, temblaron
+de cólera sus lábios y se puso de pié buscando un objeto entre su
+justillo de terciopelo.
+
+El duque no se movió de su sillon.
+
+El príncipe, ó Laurenti, ó Bempo, aquel singular personaje, en fin, sea
+que le dominara la imperturbabilidad de Yaye sea que fuese demasiado
+valiente para cometer un asesinato, sea por otra causa cualquiera,
+retiró la mano de su jubon entreabierto, y se sentó de nuevo.
+
+--¿Con que lo sabes todo? exclamó con acento convulso por la cólera: con
+que sabes, que esa mujer á quien elegí en mal hora para instrumento de
+mi venganza, me esclaviza, se burla de mí, me trata como un perro cuando
+me cree Bempo, y me deshonra creyéndome el príncipe Lorenzini Maffei!
+¡Oh! no importa: yo sé tambien que tú, bandido como yo, emir de los
+Monfíes de las Alpujarras estás herido en el corazon, deshonrado en tu
+hija, como yo estoy herido en el corazon, deshonrado en mi esposa, por
+un mismo hombre, por el marqués de la Guardia. ¡Oh! secreto por secreto
+monfí; y puesto que necesitamos vengarnos....
+
+--¿Y que culpa tiene el marqués de la Guardia, dijo imperturbable el
+duque de que le haya amado mi hija, de que le haya amado Angiolina?
+
+--El marqués no la ama, exclamó con sarcasmo Laurenti; el marqués la ha
+tomado por instrumento para dar zelos á tu hija.... y lo ha
+conseguido....
+
+--Escucha Laurenti, dijo Yaye levantándose y asiendo á Bempo de un brazo
+con la fuerza de un gigante. Estás en mi poder.
+
+--¿En tu poder yo? exclamó el bandido pretendiendo en vano desasirse.
+
+--A donde quiera que vayas, donde quiera que te ocultes allí te
+encontrará mi mano. No lo pruebes, por que serias vencido en la prueba.
+En cualquier terreno que elijas te haré pedazos si te niegas á servirme.
+
+--Yo no he servido á nadie mas que á esa mujer...
+
+--A quien no debiste deshonrar, á quien no has debido servir.
+
+--Tú has prostituido tu hija al príncipe don Cárlos: tú te has visto
+obligado á apartarla de la córte, para que la córte no sepa tu deshonra.
+
+--¡Laurenti! exclamó el duque echando á su vez mano á su daga.
+
+--¡Laurenti es siempre el indomable rey de la campiña de Roma! contestó
+sin inmutarse el bandido: Laurenti desprecia el furor del emir, como
+antes el emir de los monfíes ha despreciado el furor de Laurenti.
+
+Yaye dejó la daga, soltó á Laurenti y se sentó de nuevo en el sillon.
+
+--Quiero que me digas, como has sabido mi nombre, exclamó despues de
+unos instantes de silencio, recobrando enteramente su calma.
+
+--En Granada hay muchas personas que saben la interesante historia de la
+hija y de la nieta del duque de la Jarilla: como en Roma hay otras que
+saben la historia de Paolo Visconti: ademas como hubo un bandido que
+vendió en Roma á Laurenti, hubo tambien en Granada un monfí que vendió
+al emir de las Alpujarras... Habian pagado á peso de oro, ó por mejor
+decir el alcalde de casa y córte que habia tomado la declaracion del
+monfí traidor, prefirió vender aquella declaracion enriqueciéndose, á
+servir al rey denunciando al falso cristiano, al falso duque: pero el
+juez se quedó con copia de la declaracion por si alguna vez necesitaba
+algun dinero, y se la vendió á Laurenti el bandido, que sabe andar sin
+perderse por un laberinto y llegar al fin, solo con que coja el cabo de
+un hilo: esa declaracion existe.... y acaso acaso esté á estas horas en
+poder del rey.
+
+Yaye se puso letalmente pálido, sus ojos inyectados de sangre rodaron en
+sus órbitas y desnudó su daga: pero en aquel momento un resplandor
+vivísimo le cegó y luego... luego no sintió nada...
+
+Cuando volvió en sí, se encontró en un lecho: sintió una pesadez
+inexplicable en la cabeza, se llevó las manos á ella y encontró un
+vendaje: revolvió los ojos en torno suyo y se encontró en un calabozo;
+movióse y sintió que sus piés estaban sujetos por un par de grillos. Vió
+junto á sí un hombre de aspecto rudo y quiso preguntarle: pero se sintió
+débil, y las palabras se ahogaron en su garganta.
+
+Aquel hombre pareció comprender el deseo de Yaye y le dijo como si este
+le hubiese hecho una pregunta:
+
+--Habeis sido herido en vuestra casa de un pistoletazo en la cabeza por
+el príncipe Lorenzini Maffei, segun han declarado vuestros criados; el
+príncipe ha desaparecido: estais preso en el Santo Oficio por hereje,
+sacrílego y traidor al rey y si no moris de la herida, morireis quemado
+en auto público del Santo Oficio de la general Inquisicion.
+
+Yaye á falta de voz, dió á aquel hombre con una expresiva mirada las
+gracias por su noticia, y luego, encerrándose en su pensamiento, exclamó
+en el fondo de su alma:
+
+--¡Satanás se ha conjurado contra mí!
+
+
+
+
+CAPITULO XVIII.
+
+ Complicaciones.
+
+
+Algunos dias despues de los acontecimientos que dejamos relatados estaba
+Madrid profundamente conmovido en sus dos círculos cortesanos, el alto y
+el bajo; algunas noticias extraordinarias habian ido circulando de boca
+en boca, agravándose mas, á medida que se sucedian.
+
+Primeramente, la hermosa duquesita habia desaparecido de la córte sin
+despedirse de nadie, y sin que nadie supiese á donde habia ido.
+
+En segundo lugar el hidalgo don César de Arévalo, tutor del marquesito
+de la Guardia, andaba desolado por calles y plazas, tabernas y garitos,
+mancebías y palacios, en busca de su sobrino que tambien se habia
+perdido. Ayudábale en su árdua empresa Peralvillo, lacayo favorito y
+confidente del marqués, mozo despierto y de puños, á quien no hemos
+tenido ocasion de citar hasta ahora, y señalado con un profundo chirlo
+en la cara, pero no por eso feo, ni desgraciado, respecto á ciertas
+princesas de vida airada. Ni el tio ni el lacayo habian podido ponerse
+sobre el rastro del marquesito.
+
+Ademas de esto y de que los acontecimientos que vamos á relatar, fueron
+los que mas impresion causaron en la córte, el mismo dia de la salida de
+Amina de Madrid, á la hora de la audiencia, apareció fijado en la
+mampara de la antecámara pública de palacio, un papel en forma de carta,
+escrito, al parecer, por una mujer, con señales de haber estado
+arrugado, y vestigios de lágrimas en que se leian estas palabras:
+
+«_Don Juan de mi alma: hay cosas que el pudor impide á una mujer
+revelarlas ni aun á su mismo esposo, pero es preciso que sepas que
+alienta en mis entrañas un hijo de nuestro amor. Tu Esperanza._»
+
+Por debajo estaba, pegado asimismo, otro papel escrito tambien al
+parecer por otra mujer, en que se leia en letras gordas:
+
+«La esperanza de este don Juan, es la hermosa duquesita de la Jarilla, y
+el alma de esta Esperanza es el marquesito de la Guardia.»
+
+El escándalo era soberano y debia retumbar de una manera imponderable:
+antes de que un ugier arrancase estos dos papeles y los entregase al
+gentil hombre de cámara de servicio, ya se habian sacado cien copias por
+los curiosos, y ya aquellos curiosos se habian esparcido por Madrid,
+llevando consigo el escándalo.
+
+Pero no era esto solo.
+
+Aquellos dos carteles fueron entregados al rey que despachaba á la sazon
+con el cardenal Espinosa.
+
+Felipe II leyó letra por letra los dos escritos, meditó algun tanto
+sobre ellos, y luego dijo posando una mirada glacial en el cardenal
+secretario:
+
+--Que se averigue á todo trance quién ha puesto estos carteles en
+palacio, y averiguado y probado que sea, que le ahorquen secretamente
+sin distincion de clase ni persona.
+
+El cardenal dió las órdenes oportunas, y á poco volvió trayendo un
+pliego en las manos.
+
+--¿Qué es eso? preguntó el rey.
+
+--Se ha encontrado este pliego en una de las habitaciones bajas del
+alcázar, donde han debido arrojarle por una reja, con sobre á vuestra
+magestad.
+
+Tomó el rey el pliego.
+
+Sobre su nema se leia en letra exactamente igual á la que habia
+esclarecido de una manera tan infame la carta de Amina al marqués:
+
+«Al católico y justiciero rey de las Españas.»
+
+El pliego era voluminoso.
+
+Contenia las pruebas que contra Yaye poseia la princesa Angiolina: la
+historia del casamiento del emir con Estrella, la muerte del anterior
+marqués de la Guardia, la declaracion del monfí traidor, y ademas la
+para el rey terrible revelacion de que su hijo el príncipe don Cárlos le
+hacia traicion conspirando contra su persona.
+
+«Y tenga en cuenta vuestra magestad, concluia la carta, que el hombre de
+quien se trata, es poderoso, rico, mas rico que vuestra magestad, y que
+si vuestra magestad tiene en su córte un ejército, en la córte, tiene
+tambien ese hombre un ejército de monfíes disfrazados.»
+
+Solo por el cuidado con que don Felipe leyó aquel proceso, que tal lo
+parecia el contenido del pliego, pudo traslucir Espinosa que se trataba
+de un asunto de gran importancia: el rostro del rey habia permanecido
+impasible. Despues que los hubo leido y releido, dobló de nuevo aquellos
+papeles, los puso bajo su libro de devociones, y dijo al cardenal:
+
+--Que me llamen con urgencia al marqués de los Velez.
+
+Despues se puso á hojear algunos memoriales, y cuando volvió el cardenal
+le dijo:
+
+--Sigamos en el despacho de Indias.
+
+Rey y secretario siguieron en el despacho.
+
+Como á las once del dia un gentil hombre anunció á don Luis Fajardo,
+marqués de los Velez, que fue introducido.
+
+El rey despidió al cardenal y se quedó solo con el marqués, á quien ni
+miró ni dijo una sola palabra.
+
+El rey escribia.
+
+--Tomad y cumplid inmediatamente esta órden, adelantado, dijo el rey
+entregando al marqués de los Velez el papel en que habia escrito.
+
+Don Luis hincó una rodilla para tomar el papel, alzóse despues, saludó
+profundamente al rey y salió.
+
+Al llegar á la antecámara, el marqués de los Velez se detuvo, y
+ocultando la órden en el hueco de su gorra, la leyó; decia asi:
+
+«El rey.--A nuestro muy leal vasallo don Luis Fajardo, marqués de los
+Velez, adelantado en el reino de Murcia.--Haceos acompañar de nuestra
+órden de un alcalde de casa y córte y de un secretario. Tomad, asimismo
+de nuestra órden, treinta alabarderos y un alférez de nuestra guardia
+suiza; id con esta gente á la casa de don Juan de Andrade, duque viudo
+de la Jarilla, grande de España, y prendedle muerto ó vivo. Mandad al
+alcalde en nuestro real nombre, que haga inventario de los papeles del
+duque, y de cuanto hubiere en su casa, que la desocupe, que selle los
+armarios, cajones y puertas, y que ponga un cartel en la puerta en que
+se conmine con pena de la vida al que pretendiere penetrar en dicha
+casa. Preso que sea el duque, le conducireis á la cárcel del Santo
+Oficio, que tiene en nuestra córte la Inquisicion del arzobispado de
+Toledo, y mandareis, so pena de la vida, que nadie hasta nuestra órden
+comunique con el preso. Del cumplimiento de esta me respondeis como
+vasallo.--De nuestro alcázar de Madrid á los cinco dias del mes de julio
+de 1567.--Yo el rey.
+
+El marqués de los Velez palideció primero, arqueó las cejas, y despues
+se encogió de hombros, y sobre la marcha empezó á cumplimentar la órden
+del rey.
+
+A las doce en punto, llegaba acompañado de un alcalde de casa y córte,
+de un secretario, de algunos alguaciles y de un alférez y cincuenta
+alabarderos suizos á la casa de Yaye. Cercóla á la redonda, tomó las
+salidas y se hizo anunciar á Yaye de órden del rey.
+
+Pero encontró la casa en la mayor consternacion: los criados iban de acá
+para allá, y no sabian que hacerse; al fin vino á sacarse en claro, que
+aquella mañana habia entrado á visitar al duque un caballero que decia
+llamarse el príncipe Lorenzini Maffei, que despues de largo tiempo que
+el duque y el príncipe estaban encerrados, se habia oido un tiro en la
+cámara del duque; que el príncipe habia desaparecido en el primer
+momento de sorpresa, y que acababan de encontrar al duque en su cámara,
+sin conocimiento y con la cabeza atravesada de un tiro.
+
+El marqués se hizo conducir hasta Yaye de órden del rey; en vista del
+deplorable estado del emir, se llamaron doctores, y estos declararon que
+tal como se encontraba el herido era expuestísimo para su vida, el que
+se le trasladase á ninguna parte. El marqués de los Velez fue con estas
+noticias al rey, pero el rey mandó que se curase en su casa al duque, y
+que despues, fuese cual fuese su estado, se le condujese de la mejor
+manera posible á la cárcel del Santo Oficio. Asimismo mandó que se
+prendiese al príncipe Lorenzini Maffei.
+
+Hízose á Yaye la primera cura, sin que volviese en sí, despues de lo
+cual fue puesto en una silla de manos y llevado á la prision.
+
+En seguida el marqués de los Velez, se presentó en la casa del príncipe
+Lorenzini; salióle al encuentro Angiolina que se mostró profundamente
+admirada de que un caballero tan galante como don Luis Fajardo fuese á
+visitarla al frente de la justicia, y acompañado de un tan respetable
+resguardo de alabarderos reales.
+
+--El rey lo manda, hermosa señora, dijo con galantería el marqués, y me
+veo en la dolorosa pero imprescindible necesidad de prender á vuestro
+esposo.
+
+--Pues os desafío á que le prendais, dijo riendo Angiolina: aunque
+trajerais con vos, señor don Luis, todos los ejércitos de su magestad,
+seria imposible prenderle.
+
+--¡Imposible porque le guardais vos! dijo sosteniendo su galanteria el
+marqués.
+
+--Yo soy muy débil guarda contra el rey, dijo Angiolina, pero la
+imposibilidad de que prendais á mi esposo consiste..... en que no está
+en España.
+
+--¡Oh! ¿no está en España el señor príncipe?
+
+--No, no por cierto; está en Venecia, donde procura porque la república
+me devuelva los bienes que en otro tiempo confiscó á mi padre.
+
+--¡Ah! ¿con que el señor príncipe está en Venecia?
+
+--Ni mas ni menos, y en prueba de ello, ved, ved una carta que acabo de
+recibir de él.
+
+--¡Ah! basta vuestro dicho, señora, dijo el marqués rechazando
+noblemente una carta que Angiolina habia tomado de encima de una mesa.
+Ademas, no conozco la letra ni aun la persona de vuestro esposo.
+
+[imagen: Bempo.]
+
+--Se le conoce muy poco ó nada, señor marqués; mi esposo es un hombre
+extraordinario. Yo apenas le conozco; hace seis años que nos casamos y
+despues de la ceremonia solo permaneció un dia á mi lado; despues me
+envió á España; sucesivamente ha venido á visitarme dos veces al año, y
+eso por un solo dia; emplea el tiempo en viajar y en escribirme con suma
+frecuencia cartas amorosas; eso lo sabe todo el mundo en Madrid; se sabe
+tanto, que me llaman de pública voz la casada doncella..... y ¿qué ha
+hecho, ó qué dicen ha hecho el príncipe para que el rey quiera
+prenderle?
+
+--Se le acusa de haber dado muerte al duque viudo de la Jarilla.
+
+--¡De haber dado muerte al duque de la Jarilla! exclamó palideciendo
+profundamente Angiolina, y dejando su acento y su aspecto ligero y
+galante; pero eso es imposible, don Luis; imposible de todo punto; puedo
+probar que mi esposo está ahora mismo en Venecia, á no ser que haya
+venido corriendo postas como esta carta. Deben haberse equivocado;
+alguien debe haber tomado el nombre de mi esposo para cometer ese
+asesinato.
+
+--¿Es el príncipe un caballero como de cincuenta años?
+
+--Sí.
+
+--¿Un tanto encorbado?
+
+--Sí.
+
+--¿Con los cabellos entrecanos, largos y rizados?
+
+--Exactamente, exclamó con asombro Angiolina.
+
+--¿Usa anteojos verdes?
+
+--Sí, si señor, porque tiene débil la vista.
+
+--¿Ademas la nariz un tanto gruesa y encarnada?
+
+--No hay duda, esas son las señales de mi esposo.
+
+--Señales que ha dado uno de los criados del duque al alcalde de casa y
+córte que me acompañaba, y que escritas traigo conmigo. Mirad, princesa,
+mirad.
+
+El marqués sacó de su limosnera un papel doblado que desplegó y entregó
+á Angiolina.
+
+--Si, si, dijo esta cada vez mas turbada, con sus señas; pero os juro,
+don Luis, por mi honor, que no he visto al príncipe, que no le esperaba,
+y por lo tanto que no está en mi casa.
+
+--Os creo señora, os creo, dijo el marqués guardando de nuevo el papel
+que le devolvió Angiolina: vuestras palabras rebosan ingenuidad, pero me
+veo en el doloroso compromiso...
+
+[imagen: Felipe II.]
+
+--¡De prenderme...! exclamó trémula y conmovida la princesa.
+
+--¡Oh! ¿quien piensa en eso? dijo el marqués: ¿quien podrá haceros cargo
+de un delito que no habeis cometido? solo he querido decir al hablar de
+compromiso, que no puedo escusarme de registrar vuestra casa, para
+asegurarme y asegurar al rey con testimonio de escribano que no se
+encuentra en ella el príncipe.
+
+--¡Ah! eso es distinto: podeis registrar cuanto gusteis, don Luis, pero
+antes de que registreis tengo que haceros una advertencia.
+
+--Advertidme cuanto gusteis.
+
+--En estos momentos hay en mi casa un hombre herido.
+
+--¡Un hombre herido...!
+
+--Si por cierto: el comediante Andrés Cisneros, á quien encontré muy
+tarde abandonado en la calle cuando volvia de casa de una amiga: pero ya
+he dado parte de ello al alcalde del barrio, el herido ha declarado, y
+sino ha sido trasladado ya á su casa, es porque el estado de su herida
+no lo permite.
+
+--¡Ah! en ese caso nada temais, señora; por el contrario, esta bella
+accion añadirá nuevo brillo á vuestra ardiente caridad, que tanto
+conoce la córte. Ahora bien, como hace ya algun tiempo que estamos
+solos, y espera fuera la justicia, permitidme que para evitar
+enterpretaciones...
+
+--Si, si, don Luis, registrad cuanto gusteis, voy á mandar que os abran
+mis criados todas las puertas.
+
+Procedióse al registro, revolvióse la casa de alto á abajo desde los
+desvanes hasta los sótanos; abriéronse los muebles huecos, se tentaron
+las paredes y el príncipe no pareció: no podia haberse escapado porque
+el marqués de los Velez habia mandado cercar la casa antes de entrar en
+ella. Solo se encontró á Cisneros herido; pero Angiolina lo habia
+previsto todo, habia dado parte á la justicia, Cisneros, que habia
+declarado de una manera que apartaba toda responsabilidad de la jóven,
+prestó nueva declaracion ante el alcalde de casa y córte que acompañaba
+al marqués de los Velez, y cuando se le pidió el nombre de quien le
+habia herido, respondió que no le conocia, lo que era verdad, porque no
+habia tenido ni tiempo, ni luz la noche antes, para reconocer al marqués
+de la Guardia en su adversario.
+
+Don Luis Fajardo salió con la justicia: apenas se vió sola Angiolina,
+tocó un silvato; entonces, como una aparicion, se la presentó el bandido
+Laurenti, bajo la figura de Andrea Bempo, y con el mismo trage que la
+noche anterior.
+
+--Has puesto la carta de la duquesita en la antecámara de la audiencia,
+le preguntó.
+
+--Si, contestó Laurenti; en la misma mampara.
+
+--¿Has puesto el pliego que te dí en lugar á propósito para que pueda
+llegar á las manos del rey?
+
+--Si.
+
+--Gracias Bempo, gracias, dijo Angiolina estrechando entre sus blancas
+manos una membruda mano de Laurenti.
+
+El bandido se extremeció como si hubiese recibido un choque galvánico y
+retiró su mano de las de Angiolina.
+
+--Sucede una cosa muy singular, dijo esta, y es necesario averiguar lo
+que en ello hay de cierto. La justicia acaba de salir de casa.
+
+--Lo sé.
+
+--¿Y sabes por qué ha venido á casa la justicia?
+
+--Buscando á tu esposo.
+
+--¿Sabes de qué le acusan?
+
+--Si: de haber herido ó matado al duque viudo de la Jarilla, al emir de
+los monfíes.
+
+--¿Pero es eso cierto?
+
+--¿Quién sabe? El príncipe Lorenzini es un hombre extraño. Siempre he
+desconfiado en él. ¿Y luego quién es ese hombre?
+
+--Lleva un ilustre nombre italiano.
+
+--¿Pero sabeis quién es ese hombre?
+
+--Acuérdate, Bempo, de que tu fuiste quien me aconsejaste...
+
+--Si te aconsejé que te casarás con el príncipe, te lo aconsejé porque
+debia aconsejartelo; cuando te libre de mi capitan el infame Laurenti,
+el hombre que en medio de un misterio tenebroso te esclavizaba, te hacia
+sufrir su odiosa brutalidad, pudimos sostenernos durante algun tiempo
+con el dinero que logré sacar de las canteras que nos servian de asilo.
+Despues la caberna fue descubierta: me ví privado de los recursos que me
+proporcionaban algunos compañeros que conspiraban conmigo contra el
+capitan, y sobrevino la miseria, una miseria horrible: yo no sabia
+ningun oficio, no sabia mas que robar, y esto, encontrándome solo era
+dificil: nos vimos obligados á buscar un medio de vivir; entonces tú,
+con ese corazon fuerte que Dios te ha dado me dijiste: yo soy hermosa,
+se tocar el laud y cantar; viviremos como vivian los trovadores en otros
+tiempos: yo ganaré nuestro pan, tú me acompañaras y me defenderas. Asi
+recorrimos la Italia. Un dia en Nápoles, un autor de cómicos españoles
+te vió, y te dijo si querias formar parte de su compañía; aquello era
+mas cómodo y mas decente que andar por calles y plazas como mendígos
+sufriendo soeces injurias. Fuiste cómica, yo fuí cómico: antes de mucho
+teniamos fama, nos aplaudian, ganábamos dinero abundante. Otro dia en
+Pésaro, te vió el príncipe representar en una farsa y se enamoró de tí.
+Aquel hombre no te buscó como se busca á una mujer perdida: aquel hombre
+te dijo redondamente que si querias ser su esposa. Yo te amaba lo
+bastante para anteponer tu felicidad á la mia, te amaba, aunque no tenia
+esperanzas de ser correspondido, aunque me tratabas como un esclavo,
+porque conocias mi amor y abusabas de él.
+
+--¡Ah! no, no, Bempo: es verdad que Dios no ha querido que yo te ame,
+que he abusado acaso de tí... pero...
+
+--Dejemos eso, la interrumpió Laurenti; dejemos eso, porque me mortifica
+y no quiero pensar en ello. El príncipe, antes de casarse contigo, quiso
+que estuvieses algun tiempo en un convento de Nápoles, para cubrir las
+apariencias. A los dos meses eras su esposa, y te enviaba á España, para
+evitar que alguien te conociera en Italia, por donde habias andado
+vagando como cantora y como cómica. Yo te seguí como sigue la sombra al
+cuerpo, y en seis años que llevas de casada, he visto muy pocas veces al
+príncipe.
+
+--¡Oh! ¡nunca he podido comprender á ese hombre! exclamó Angiolina.
+
+--¿Y estás segura de que ese hombre tan misterioso, no sea el bandido
+Laurenti?
+
+--¡El bandido Laurenti! exclamó estremeciéndose Angiolina; yo no le
+conozco, nunca le he visto: si sé que fue él el bandido que me robó, que
+me deshonró, que me obligaba á satisfacer sus deseos en medio de una
+eterna oscuridad, es porque tú me lo has dicho: en el aposento
+subterráneo en que yo estaba, no entraba otra persona que el capitan
+Laurenti. A mí, á pesar de la oscuridad, me parecia jóven y hermoso...
+muy diferente del príncipe...
+
+--¿Y no has tenido nunca un recuerdo de amor para Laurenti? dijo él
+mismo con voz insegura, que Angiolina atribuyó á zelos.
+
+--¡Yo! ¡amar yo al miserable que me robó, que me deshonró, que mató mi
+porvenir, que asesinó á mi padre! ¡Amarle yo! si le conociese... si le
+conociese, le sonreiria, sí, le colmaria de caricias, seria una vez mas
+suya, y... le mataria cuando estuviese dormido entre mis brazos.
+
+--¡Ah! exclamó Laurenti...
+
+--Y si supiera que el príncipe era él... si lo supiera, si el príncipe
+volviera á verme... ¡Oh! le daría ese amor que tanto desea... para
+matarle, Bempo, para matarle, para vengar mi deshonra, para vengar á mi
+padre.
+
+--¡Ah! exclamó de nuevo y mas profundamente Laurenti.
+
+--Pero tú, que conoces al príncipe, tú que has sido bandido de Laurenti,
+descubre si el príncipe es Laurenti.
+
+--Nadie, ni el mas valiente, ni el mas allegado de sus bandidos, ha
+visto nunca el rostro del capitan Laurenti, eternamente cubierto con una
+máscara de hierro.
+
+--¿De modo que nada sabemos?
+
+--Nada.
+
+En aquel momento un criado entró con una carta para la princesa.
+
+Esta notó que la letra del sobre era del príncipe.
+
+--¿Quién ha traido esta carta? dijo preocupada por aquel inesperado
+accidente.
+
+--Un hombre encubierto, que no se ha detenido, señora; contestó el
+criado.
+
+--Vete.
+
+El criado salió.
+
+Angiolina rompió la nema de la carta, y la leyó rápidamente.
+
+--¡Ah! exclamó con un acento emanado del fondo de su alma; ¡abandonada!
+¡abandonada otra vez á mí misma!
+
+--¡Abandonada! ¿y de quién? exclamó Laurenti.
+
+--¡De quién! ¡del príncipe! toma y lee.
+
+Laurenti tomó la carta que conocia demasiado, y la leyó en voz alta.
+
+Aquella carta decia:
+
+«Mi adorada Angiolina: me veo en la triste necesidad de deciros, que á
+contar desde el dia de hoy, no puedo serviros de nada. Estoy arruinado.
+He muerto ademas á un hombre poderoso, al duque de la Jarilla, y me veo
+obligado á huir, á ocultarme, porque ese hombre tiene parientes
+poderosos. Volved, pues, reina mia, á vuestro oficio de cómica, y buscad
+otro príncipe que se case con vos...
+
+--¡Ah! ¡yo no he leido eso! exclamó Angiolina.
+
+--Pues aun queda mucho de la carta, que por lo visto no has leido.
+
+--¡Ah! sigue Bempo, sigue.
+
+Laurenti siguió.
+
+»Buscad otro príncipe que se case con vos, lo que podeis hacer sin
+escrúpulo de conciencia, porque no estais casada, ni yo soy príncipe.
+Por lo demás, aunque vos os habeis jactado de que yo no habia obtenido
+la felicidad de poseeros, estais en un error. Os he poseido tanto, como
+que me llamo Laurenti...
+
+--¡Ah! exclamó Angiolina.
+
+--¡Ya lo sospechaba yo! exclamó con la mayor formalidad Laurenti.
+
+--¡Oh! ¡sigue Bempo, sigue! exclamó irritada Angiolina.
+
+»Como ya no tengo mis buenos bandidos, como se me han acabado las
+riquezas que pude salvar de mi antigua guarida, no solo no puedo daros,
+sino que, mientras vos cuidabais al hermoso comediante Cisneros, os he
+tomado los diamantes y las perlas que os habia regalado, valiéndome para
+ello de la llave de vuestro postigo, que siempre me acompaña. Sin
+embargo, os quedan las alhajas con que estabais prendida, mientras yo
+hacia mi último robo, con las cuales podeis vivir algunos
+meses.--Vuestro enamorado.--Giussepo Laurenti.»
+
+Angiolina miró pálida y convulsa á Laurenti.
+
+--¡Y qué hacer! ¡qué hacer Dios mio! exclamó llorando.
+
+--Aun queda un recurso, dijo Laurenti, si sigues mis consejos.
+
+--Por ellos me casé con ese infame.
+
+--Ya te he dicho que yo no conocia al capitan, me ha engañado como á tí.
+Los consejos que te daré ahora son mas juiciosos.
+
+--Te escucho.
+
+--Yo te amo Angiolina, te amo con toda mi alma. En España no me conoce
+nadie, y seré capaz por tí de ser un hombre honrado.
+
+--Y bien, dijo con impaciencia Angiolina.
+
+--Sé mi esposa.
+
+--¡Tu esposa!.... ¿y qué hemos de hacer pobres, sin apoyo..? tú no
+sirves para nada mas que para bandido... esto sería expuesto... yo no sé
+mas que representar y cantar... tú tenias zelos cuando era cómica. ¿Si
+no adoptamos ninguno de esos dos partidos, cómo podremos vivir?
+
+--Te quedan bastantes alhajas de valor, y ricos trajes. Los muebles de
+tu casa ascienden á una buena suma...
+
+--Pero viene un dia y otro dia, y el dinero se acaba.
+
+--Sí... cuando el dinero no se emplea... pero podriamos vender esas
+alhajas, esas ropas, esos muebles; comprar unas tierras en un rincon de
+Asturias ó de Galicia, y vivir felices.
+
+--¡Déjame que me vengue, y soy tuya! dijo Angiolina, levantando hácia
+Laurenti sus ojos cubiertos de lágrimas.
+
+--¡Qué te vengues! ¿y de quién?
+
+--De la duquesita de la Jarilla.
+
+--¡Ah! ¡tú amas al marqués de la Guardia!
+
+--Pues bien, sí, dijo Angiolina levantando la frente radiante de amor:
+no quiero engañarte Bempo; le amo, le amo con toda mi alma, le he
+entregado mi corazon vírgen, y mi cuerpo... ¡vírgen! ¡vírgen tambien!
+¿Qué importa? la violencia y la fatalidad no mancillan; yo he salido
+pura de las manos de Laurenti, como habia caido en ellas; yo he dado á
+don Juan toda mi alma, todo mi amor, toda mi felicidad... y don Juan no
+me ama, don Juan ama á esa sultana, como que es mas noble, mas hermosa,
+mas rica, mas jóven, mas feliz que yo, ¡necesito completar mi venganza
+contra esa mujer, y despues morir! No quiero engañarte Bempo, te debo
+mucho; te lastima mi trato acaso duro, esa es la corteza Bempo, debajo
+está el corazon; yo no puedo ser tu amante, seré tu hermana: si esto no
+te satisface, si te he hecho desgraciado sin quererlo, déjame que me
+vengue, y mátame despues.
+
+Laurenti miró de una manera profunda, severa, terrible, desesperada, á
+Angiolina: sus ojos se tiñeron de sangre, y puso mano á su puñal:
+Angiolina se creyó sentenciada, dió un grito y cayó de rodillas:
+Laurenti la contemplo un momento en silencio; en su semblante se pintó
+una lucha horrible, y luego la volvió la espalda y salió de la estancia.
+
+Angiolina se dobló sobre sus rodillas, se cubrió el rostro con las
+manos, y rompió á llorar de una manera desolada.
+
+
+
+
+CAPITULO XIX.
+
+ De cómo se vieron obligados á salir de la córte algunos de nuestros
+ personajes.
+
+
+Algunos dias despues, el rey supo que Yaye ebn-Al-Hhamar, el terrible
+emir de los monfíes, preso en los calabozos del Santo Oficio, estaba
+bueno, y que antes de mucho podria empezarse el proceso contra él.
+
+El príncipe don Cárlos supo tambien, que Cisneros estaba á punto de
+curar de su estocada.
+
+Angiolina Visconti, no pudo tener duda de que estaba abandonada y sola
+en el mundo, sin mas caudal que su hermosura, su talento de cómica, su
+habilidad de bailarina, y mas desgraciada que jamás lo habia sido,
+puesto que estaba, como nunca lo habia estado, enamorada y zelosa.
+
+El hidalgo don César de Arévalo, supo al fin de su sobrino por una carta
+de este, que le escribía desde las Alpujarras; pero la alegría del buen
+tío se aguó, como suele decirse, porque en aquella carta, su sobrino, le
+pedía dinero y Peralbillo.
+
+El tio envió al lacayo con una bolsa demasiado ligera, y esta carta
+demasiado pesada.
+
+«Amado sobrino don Juan: de lo que me pedis, os envío lo que puedo
+enviaros; vuestro lacayo y cincuenta doblones que es todo lo que he
+podido reunir: y no me pidais mas en mucho tiempo, porque en este último
+año nos hemos dado tal maña los dos para gastar vuestras rentas, que
+estan empeñadas hasta el cuello, sin que haya fuerzas humanas que puedan
+sacarlas de poder de los prestamistas. Si vuestros bienes no fueran
+vinculados, podriamos vender alguna hacienda y salir de apuros. Pero
+como esto no puede ser, y es menester vivir, yo me marcho á Flándes con
+una provision de capitan que he podido sacar al príncipe Ruy Gomez. Para
+que veais que no me he olvidado de vos, dentro de poco recibireis una
+provision de capitan para vos, de una de las compañías de arcabuceros
+del reino y costa de Granada. Si Dios quiere que entremos á saco algun
+burgo flamenco, os acudiré con lo que hubiere. Es cuanto tiene que
+deciros vuestro tio, que tiene ya puesto el pié en el estribo para ir á
+buscar á sus soldados.--Don César de Arévalo.»
+
+En efecto, don César marchó dejando desesperadas á una porcion de
+doncellas que vivian de sus buenas obras.
+
+En cuanto á Angiolina, habia recibido tambien una carta harto pesada, y
+mas que pesada, terrible. Esta carta era de Laurenti.
+
+«Adorada Angiolina: El príncipe Lorenzini Maffei, Andrea Bempo y
+Giussepo Laurenti, son una misma persona: debes haberlo adivinado
+despues de la última y acalorada entrevista que tuvimos. Como hace diez
+años que andamos juntos, me ha parecido descortés salir de la córte de
+las Españas, de donde me alejo por muchas razones, sin despedirme de tí.
+Ademas, mi conciencia me manda que cuando busques tus últimas joyas y tu
+último dinero y no lo encuentres, no culpes á tus criados, porque esas
+joyas y ese dinero me los llevo yo para la costa del viaje que será
+largo. No te desconsueles por eso. Aun te quedan esperanzas. He sabido
+por boca de don César de Arévalo, que es muy amigo mio, que el marqués
+de la Guardia, tu adorado, el único hombre que ha sabido conmover tu
+corazon, está en la villa de Cádiar, en las Alpujarras. Aunque no tienes
+dinero puedes valerte, engañándole, del señor Andrés Cisneros, que,
+segun creo, se verá muy pronto obligado á dejar la córte.--Tuyo, siempre
+tuyo.--Giussepo Laurenti.»
+
+Es indecible la desesperacion de Angiolina, porque aquella carta no
+mentia; sus joyas y su dinero habian desaparecido. Solo la quedaban sus
+ricos trages y sus muebles; pero para vender los primeros, necesitaba
+renunciar á presentarse en la córte; para vender los segundos, cerrar la
+casa; nada de esto podia ser: Angiolina, pues, se vió obligada á adoptar
+un partido decisivo.
+
+Anunció, pues, que su esposo el príncipe Lorenzini, la llamaba á su lado
+á Italia, noticia que causó gran sensacion en la córte, porque mataba
+las esperanzas tenaces de muchos enamorados, y curaba el rabioso
+despecho de muchas damas envidiosas de Angiolina, y esta puso en
+almoneda, sus muebles, sus tapices, sus literas, su carroza y sus
+caballos.
+
+Una vez hecha aquella almoneda, y convertido en oro aquel mobiliario,
+era preciso salir de la córte: ¿pero cómo? ¿adónde ir? ¿qué hacer?
+
+Despues de pensar mucho y en vano, de haber adoptado cien veces, y
+rechazado otras tantas, la idea de encerrarse en un convento, tropezó al
+fin en su imaginacion, como un recurso extremo, con el comediante
+Cisneros. Aquel hombre estaba locamente enamorado de ella, y seria capaz
+de todo por ella; pero Angiolina temia que no se prestase tan fácilmente
+á dejar la córte; Angiolina, que habia pensado usar de Cisneros, como de
+un instrumento de venganza, se vió obligada á asirse á él como á un
+áncora de salvacion.
+
+En ocho dias que habian trascurrido desde que fue herido Cisneros,
+Angiolina le habia rodeado de cuidados, de esos cuidados afectuosos que
+con tan exquisita dulzura sabe prodigar la mujer á los seres que sufren;
+habia velado junto á su lecho, habia sostenido con él largos debates
+amorosos; habia sido indulgente con las no siempre respetuosas manos del
+comediante; le habia empeñado, en fin, en un deseo voraz, en uno de esos
+deseos que el mas experimentado confunde con el amor. Unas veces habia
+alentado sus esperanzas, otras las habia contenido, y se habia guardado
+muy bien de explorar á Cisneros, en cuanto á las rebeldías del príncipe,
+de quien le creia, y no sin causa confidente, para no alarmarle y
+hacerle sospechar acaso, que solo le queria para instrumento.
+
+Cisneros, pues, era una masa preparada á todo entre las manos de
+Angiolina.
+
+Decidida al fin esta, á apoyarse por último recurso en el comediante,
+bajó á la habitacion donde este se encontraba, sencilla, pero
+voluptuosamente vestida de blanco, y vaporosa y leve como una nubecilla
+de la mañana. Cisneros, cansado del lecho, se habia atrevido á
+levantarse y á probar sus fuerzas: el éxito excedió á su deseo, se
+encontró vigoroso, ágil, como si nada le hubiese acontecido; solo sentia
+un ligero picor en la herida.
+
+Cuando Angiolina fué á entrar en la estancia, encontró á Cisneros á la
+puerta.
+
+Iluminóse el semblante de Cisneros con una alegría infinita, sensual,
+ardiente, al ver junto á sí y tan hermosa á Angiolina.
+
+Y aquella mujer que estaba desesperada, abandonada á sí misma, herida en
+el corazon y en el orgullo, excitadas cuantas pasiones violentas
+encierra el alma de la mujer, sonrió á Cisneros, con la alegría, con
+amor, con un amor ardiente y casi sensual.
+
+Angiolina estaba segura, y podia estarlo, de que de todos sus secretos
+solo conocia uno Cisneros: el amor ó el galanteo que habia tenido con el
+marqués de la Guardia, y este, hemos dicho mal cuando le hemos
+calificado de secreto, no lo era, lo sabia todo el mundo, porque
+Angiolina habia necesitado hacer gala de aquellos amores para dar zelos
+á Anima.
+
+Angiolina era, pues, para el comediante una gran señora, una princesa,
+una de las hermosuras mas codiciadas, y tenida por inconquistable antes
+de que hubiera dado el escándalo de sus amores con el marquesito de la
+Guardia.
+
+Aun la circunstancia de haber sido el marqués el único que habia
+triunfado de la severidad de Angiolina, mantenia el prestigio de esta,
+porque ya se sabia por todo el mundo que el marquesito tenia tantos
+elementos de seduccion, que era irresistible.
+
+Cuando una mujer domina á un hombre, puede decirse, sin temor de
+equivocacion, que hará de aquel hombre lo que quiera.
+
+Angiolina dominaba al comediante por muchos conceptos, lo sabia y se
+aprovechaba de su influencia.
+
+--¡Oh! ¡qué grata sorpresa, amigo mio! exclamó; os encuentro enteramente
+distinto de como estabais ayer. De lo vivo á lo pintado.
+
+Y tendió su hermosa mano á Cisneros, que la besó de una manera demasiado
+ardiente, sin que por esto diese muestras Angiolina de incomodarse.
+
+--Tan bueno me encuentro, señora, dijo Cisneros, que me parece lo de la
+estocada un sueño, pero un sueño delicioso, porque he tenido un ángel á
+mi lado.
+
+--¿En que comedia habeis aprendido eso de ángeles y de sueños, Cisneros?
+
+--¡Ah!¡señora! ¿será posible que desconfieis todavía de mi amor?
+
+--Las mujeres deben ser muy desconfiadas, muy cautas, antes de dar un
+paso que puede decidir de su suerte.
+
+--¡Ah! ¡señora! ¡señora! ¡habeis meditado lo que habeis dicho! exclamó
+Cisneros, pálido de emocion, absorviendo en su alma la sonrisa
+envenenada con que Angiolina habia acompañado sus palabras, ó por mejor
+decir con que las habia ilustrado.
+
+--¡Oh! sí: he meditado mucho antes de decirlas, y conozco su valor.
+
+Angiolina desasió indolentemente su mano de entre las de Cisneros, y fué
+á sentarse en un estrado que habia en la cámara: el comediante fue
+ansioso á sentarse junto á ella, y de tal modo se sentó, que Angiolina
+se vió obligada á retirarse, obedeciendo á las prescripciones del
+decoro, que nunca olvida una mujer que vale algo, y mucho menos cuando
+se trata de un hombre de quien se quiere sacar partido, que tiene
+ingenio, y, como se dice, mundo.
+
+--¡Habeis meditado vuestras palabras! dijo con intencion Cisneros.
+
+--Si; ya os he dicho que sí.
+
+--¿Las habeis pronunciado con intencion de ser comprendida?
+
+--Nunca pregunteis, Cisneros, á una mujer acerca de sus intenciones;
+contentaos con adivinarlas.
+
+--¿Me permitireis que os diga lo que yo he entendido en esas palabras
+divinas?
+
+--Puesto que os parecen divinas habreis comprendido algo que os halague.
+
+--¡Algo que me halague! ¡una vida de felicidad suprema! ¡todo un cielo,
+señora! exclamó con entusiasmo Cisneros.
+
+--Pues si habeis comprendido que yo os guardo un cielo, dijo Angiolina
+con una expresion y una sonrisa terriblemente seductoras, haceos digno
+de ese cielo.
+
+--¡Oh! es que nadie, nadie sobre la tierra es digno de poseeros, señora.
+
+--Teneis atrevida la lengua como las manos, Cisneros, dijo severamente
+Angiolina.
+
+--¡Ah! señora es que me habeis vuelto loco.
+
+--En ese caso será necesario que os alejeis de mí, dijo riendo la jóven:
+no quiero á mi lado un hombre que pueda disculparse de todo á pretexto
+de locura. Ademas, añadió con mas severidad, si habeis podido permanecer
+en mi casa sin escándalo mientras los médicos han afirmado que
+trasladándoos peligraba vuestra vida, ahora es distinto: afortunadamente
+os encontrais curado y fuerte.....
+
+--¡Ah! no, no señora, dijo suspirando Cisneros: me encuentro mas enfermo
+y mas débil que nunca: enfermo del corazon, que es todo vuestro; débil
+de la cabeza, que llenais con sueños y con visiones insensatas. No, no
+señora; no saldré de vuestra casa...
+
+--Si, si, saldreis por el momento, Cisneros, pero después volvereis á
+entrar.
+
+--¿Cuando?
+
+--¡Oid y oidme con las manos cruzadas y de rodillas!
+
+Habia tal intensidad, tal calor, una expresion tan dulce, tan apasionada
+en los ojos de Angiolina, que Cisneros cayó de rodillas.
+
+--¡Yo os amo! exclamó la jóven inclinando su rostro sobre el de Cisneros
+casi hasta tocarle.
+
+Angiolina se retiró un tanto y miró al comediante: aquella mirada le
+convenció de que aquel hombre era suyo.
+
+Cisneros estaba pálido, temblaba, asomaban á sus ojos las lágrimas, y su
+hermosura, porque Cisneros era un hombre hermoso, se habia
+transfigurado; se encontraba sujeto, esclavo por aquella mujer.
+
+--¡Oh! pensó Angiolina, ¡será el de este hombre amor, ó deseo, uno de
+esos deseos frenéticos que he inspirado á tantos!
+
+Luego le alzó, le sentó á su lado y le dijo.
+
+--Os amo como nunca he amado: creí amar una sola vez, me sentí
+deslumbrada, pero el hombre á quien creí amar no merecia mi amor; fue un
+error, pero error en el que solo perdí momentaneamente algo de mi
+orgullo: despues... despues me curé enteramente: ese hombre era el
+marqués de la Guardia.
+
+--¡Ah, señora!
+
+--Ya os dije que me engañé... y ahora os digo que estoy segura de no
+engañarme respecto á vos. Me amais y os amo. Os amo porque sois grande,
+porque teneis un alma sublime, porque antes de hablarme á solas, habeis
+hablado á mi alma delante de todo el mundo, la habeis hecho
+estremecerse, comprimirse, espaciarse, alegrarse, entristecerse: yo he
+corrido ansiosa á admiraros, siempre que os habeis dejado admirar del
+vulgo, y despues, cuando os he tratado de cerca, he visto que sois
+sublime, grande como comediante, porque como hombre sois grande y
+sublime. Os amo, Cisneros, con toda mi alma, hasta el punto de
+despreciarlo todo por vos.
+
+Cisneros estaba trastornado, doblegado, bajo el peso de tanta felicidad,
+sufriendo no un dolor, sino un placer: hubo un momento en que, avaro de
+mas placer, quiso llevar su felicidad basta el último punto, pero
+Angiolina le adivinó y le dijo:
+
+--Respetad en mí las costumbres de una mujer honrada: seré vuestra, os
+lo juro, pero no lo seré sino completamente.
+
+--¿Que quereis decir?
+
+--Quiero decir que no seré vuestra sino fuera de la casa de mi esposo;
+fuera de la córte, cuando ya no hayamos de separarnos jamás.
+
+--¡Cómo! ¿y abandonais por mí...?
+
+--Lo abandono todo.
+
+--Pero si os venis conmigo...
+
+--Dirán lo que quieran, pero no haré ese doble y vergonzoso papel que
+hacen tantas mujeres sonriendo á un tiempo á dos hombres, partiendo con
+dos lo que solo debe ser de uno: seré adúltera..... en buen hora.....
+seré adúltera porque os he conocido tarde: pero no mentiré.., una mujer
+puede deshonrarse, pero en la deshonra, como en todo, hay dignidad ó
+bajeza: yo no seré jamás baja ni cobarde: yo no engañaré nunca á dos
+hombres á un tiempo.
+
+--Pero meditad...
+
+--¿Es que no quereis partir vuestra vida con la mia? ¿vuestro peligro
+con el mio?
+
+--¡Oh! si, si... pero yo no puedo daros lo que dejais... una posicion
+envidiable...
+
+--¿Quien os pide mas que amor?
+
+--¡Oh, Dios mio!
+
+--Oid: ahora vais á salir de esta casa: no volvais á ella: pero estad
+todas las noches en la vuestra despues de media noche. Cuando menos lo
+espereis yo iré á llamar á vuestra puerta vestida de viaje... yo iré á
+arrojarme en vuestros brazos y á partir despues.
+
+--¡Ah, señora! aseguradme que no sueño, que estoy despierto: que sois
+vos la que eso me decis...
+
+--Si, si, soy vuestra, enteramente vuestra... pero fuera de la córte,
+donde nadie nos conozca. Adios.
+
+Angiolina se levantó, atravesó ligera y gentil la cámara y antes de
+atravesar la puerta volvió el rostro á Cisneros y le sonrió.
+
+--¡Ah! ¡ah! exclamó Cisneros: es hermosa, hermosísima, divina: pero se
+ha vuelto loca... ¡dejar la altura en que se encuentra colocada..!
+¡obligarme á mí, á Cisneros, á dejar la córte! ¡oh! ¡esto es imposible!
+¡imposible! pues bien: procuraremos que esta mujer sea racionalmente
+nuestra querida ó de lo contrario abandonemos la empresa: bien sé que la
+posesion de esa mujer aumentará mi renombre.... ¡pero el príncipe don
+Carlos! ¡mis proyectos! ¡proyectos que un dia deben hacerme grande..!
+¡bah! ¡bah! es necesario que nos dominemos y que pueda mas la cabeza que
+el corazon.
+
+ * * * * *
+
+Cisneros salió aquel mismo dia de la casa de Angiolina, donde, por
+decirlo asi, habia estado incomunicado: cuando supo lo que pasaba en la
+córte se aterró: el príncipe don Carlos estaba confinado en su cuarto en
+el alcázar, bajo pretexto de enfermedad: acerca de la hermosa duquesita
+se decian cosas horribles, y no se la llamaba entre las cortesanas mas
+que la sultana enamorada.
+
+El emir de los monfíes estaba herido y preso en el Santo Oficio; la
+princesa Angiolina no se presentaba en la córte, y su esposo estaba
+procesado en rebeldía por asesinato intentado contra el duque viudo de
+la Jarilla.
+
+Pero el prestigio de la princesa se mantenia en pié; á nadie se le habia
+ocurrido que ella hubiese sido ni remotamente la causa de la herida del
+duque moro, como se le llamaba, ni se creia tampoco que el príncipe, á
+quien nadie conocia, hubiese realmente cometido aquel crímen.
+
+Cisneros se encontró perplejo sin saber que partido tomar, y de su
+inaccion, de su perplejidad, sacó en claro que estaba realmente
+enamorado de Angiolina.
+
+En cuanto á lo que debia hacer, el cardenal arzobispo de Toledo, se tomó
+la molestia de prescribirselo. El licenciado Pelegrin, secretario
+privado de su señoría[11] habia intimado de órden de su señor á Cisneros
+que en el término de tercero dia saliese de la diócesis de Toledo (en la
+cual estaba como ahora comprendido Madrid) porque con su mala conducta,
+irreverencia y trato peligroso con el príncipe de Asturias, estaba dando
+escándalo á todos los hombres de lealtad y religion.
+
+Hubo de resignarse Cisneros á esto y aun lo atribuyó á una intriga de la
+princesa, lo que, como le alhagaba se consoló en parte. Pero queria
+disculparse al menos con su señoría el cardenal arzobispo de Toledo y
+escribió á su secretario la carta siguiente;
+
+«Señor licenciado Pelegrin: he recibido primero con gusto, y he leido
+despues con sumo dolor de mi alma, la órden que vuesamerced me ha
+enviado con un papel en que su señoría el cardenal arzobispo de Toledo
+me manda que en término de tercero dia salga de su diócesis. Siéntolo
+por muchas razones, y la principal de ellas, porque haciéndose público
+este mandamiento, pueden creer las gentes, no solo que soy mal
+cristiano, lo que es ya mucho, sino que soy mal hombre. Dícese en la
+órden que yo traigo á su alteza en vicios y malas costumbres y bien sabe
+Dios, señor, que si yo sirvo al príncipe es como criado; que le sirvo
+lealmente y que estoy á los reparos de todo. Buena muestra es de ello la
+estocada que recibí y que me ha tenido muy al cabo, causada, no por
+imprudencias mias, sino por la tenacidad de su alteza en servir á cierta
+dama de quien se habla mucho estos dias en la córte. Por mi parte,
+aunque me ha dejado muy débil esta herida, que ha sido tal como recibida
+de mano airada, saldré antes de tres dias á buscar mejores venturas por
+esos mundos, obedeciendo como esclavo lo que me ordena su señoría el
+arzobispo.--Dios guarde á vuesamerced, señor licenciado. De esta su casa
+á los veinte dias del mes de julio de 1567.--Andrés Cisneros.»
+
+Al dia siguiente recibió Cisneros esta otra carta.
+
+«Mi buen amigo: haced vuestra maleta y venid á buscarme: por razones que
+podeis adivinar no he querido ir á vuestra casa. Os espera en la venta
+de los Angeles con un coche de camino, quien tanto os ama que todo por
+vos lo deja.--Angiolina.»
+
+El señor Andrés Cisneros, pues, metió en su maleta sus joyas y sus
+dineros; en sus cofres sus ropas de comediante, las cargó en un carro y
+salió de Madrid con su amor y sus aventuras, no sin cuidarse de decir
+antes á sus conocidos, para que lo divulgasen, que se iba acompañado por
+la princesa Angiolina.
+
+Cisneros, que indudablemente se hubiera hecho interesante entre las
+damas durante ocho dias, solo por haber sido desterrado por el arzobispo
+de Toledo, lo estuvo siendo durante quince por la circunstancia de
+haberse llevado consigo á la hermosísima princesa Angiolina Visconti.
+
+
+
+
+CAPITULO XX.
+
+ De cómo el rey don Felipe y la Inquisicion se convencieron de que
+ no podian todo lo que querian.
+
+
+Menudeaban las cartas. Poco despues de haber salido de la córte
+Cisneros, y de haber desaparecido de ella Angiolina, recibió el cardenal
+inquisidor general don Fernando Valdés, la siguiente irreverentísima
+epístola;
+
+«Verdugo con sotana: te aviso de que se me va acabando la tinta con que
+te he escrito varias veces, advirtiéndote de que te abstengas de
+atormentar al emir de los monfíes, mi señor, que si se encuentra en tu
+poder es porque aun no puede movérsele por el estado de su peligrosa
+herida. Vuelvo, pues, á advertirtelo, y que, como la tinta se me acaba,
+la renovaré con tu sangre, que como alimentada de sangre humana, es de
+la mejor calidad posible.
+
+»Y no desprecies este mi último aviso como los anteriores, porque sino
+te haces mas humano, tomaré tu sangre, aunque te rodees de familiares, y
+te escondas en las entrañas de la tierra.--Un moro tan moro como Mahoma,
+vasallo del poderoso emir de los monfíes, que vive en Madrid, que te ve
+todos los dias y todos los dias habla contigo; que se llama entre los
+cristianos como quiere, y entre los moros, sus hermanos, Harum-el-Geniz.
+
+Entróle cierto miedo al bueno de don Fernando Valdés, con la lectura de
+esta carta, que se habia encontrado sobre su mesa, sin que nadie la
+hubiese llevado á no ser un duende ó un espíritu. Y tenia razon para
+intimidarse el inquisidor general, porque asi, de la misma manera
+invisible, habia recibido otras misivas amenazadoras, en las cuales se
+le habia hecho ver que habia quien conocia lo que pasaba dentro de la
+cárcel del Santo Oficio, como si fuera lo mas público, á pesar de que se
+creia muy reservado. Supuso, y no sin razon el cardenal, que quien tenia
+poder natural ó sobrenatural para sorprender los tenebrosos secretos de
+la Inquisicion, lo tendria tambien para cumplir lo que amenazaba.
+Aguijado, pues, por el miedo, llamó á un tremendo inquisidor llamado
+Molina de Medrano, calificador de la Suprema y fiscal de la general
+Inquisicion, y por no permitirle sus achaques ir en persona á ver al
+rey, encargó á Medrano que llevase aquella insolente carta á su
+majestad, y que le dijese, que estando ya el preso en estado de prestar
+declaracion, podia pedirsele la indagatoria para abreviar de este modo,
+y salir de una vez con un ejemplar castigo del cuidado de aquel preso,
+que segun muchas y repetidas pruebas era peligroso.
+
+Partió el licenciado Medrano con la carta y el mensaje, orgulloso y
+contento porque se le presentaba una ocasión de hablar al severo Felipe
+II, dificilísimo de ver para ciertas gentes en razon de la rígida
+etiqueta de la casa de Austria; llegó á las antecámaras y se hizo
+anunciar para un asunto que atañia á la religion y á nombre del
+inquisidor general, merced á lo cual fue introducido, no sin que tuviese
+que esperar dos horas largas en la antecámara de audiencias.
+
+Oyó sin pestañear el rey su mensaje, leyó y releyó detenidamente la
+carta de Harum el-Geniz, meditó sobre ella un gran rato y luego dijo:
+
+--Decid al cardenal que vé por todas partes visiones de moros: que no
+sea tan asustadizo: que en nuestra córte estamos seguros de tales
+duendes, y que en todo caso, obligacion suya es morir, si necesario
+fuese, por nuestra santa religion; que no se atormente al preso, porque
+atormentándole se dilatará mas su cura y la posibilidad de sujetarle,
+como Dios manda, sano y bueno, á la prueba del tormento: y puesto que el
+cardenal cree que ese moro puede prestar declaracion indagatoria,
+decidle que me envie una órden en forma, para que una persona encubierta
+pueda entrar en el calabozo del preso y permanecer á solas con el. Por
+lo demás, advertid al cardenal, que no ponga mano en esto, porque todo
+lo que respecta á ese hombre es asunto mio. Que se componga allá como
+pueda en averiguar quien le envia estas amenazas, que bastantes
+familiares y alguaciles tiene, y que no volvamos á hablar de esto. Id,
+pues, en paz, Medrano, y cuidad de que se me envie al momento esa
+órden.
+
+Y volviendo el rey las espaldas al licenciado, le dejó hecho una
+estátua.
+
+--O el inquisidor general no sabe lo que se pesca, dijo Molina de
+Medrano para su manteo, mientras salía de la cámara, ó el rey no sabe el
+terreno que pisa. ¡Hum! con reyes como este la Inquisicion no sirve mas
+que para gitanos, brujas y buhoneros. ¡Es mucho, mucho rey don Felipe!
+
+Cuando salió del alcázar Molina de Medrano era ya de noche, merced á las
+dos horas que le habia hecho esperar el rey; entonces alrededor del
+alcázar y en la parte que ahora se llama Plazuela de Oriente, existia un
+enmarañado laberinto de callejuelas, por las cuales era aventurado
+meterse de noche, á pesar de su proximidad al alcázar.
+
+Distraido Molina de Medrano, se aventuró por ellas, y no lo reparó hasta
+que ya estaba en el centro del laberinto.
+
+--¡Hum! dijo; malos sitios son estos, muy malos, y especialmente para
+quien tiene enemigos.
+
+Y apresuró el paso.
+
+De improviso y sin que antes hubiera sentido pisadas ni otra señal que
+le revelase la aproximacion de persona alguna, sintió una mano que se
+apoyaba pesadamente en su hombro derecho, y al volver la vista hácia
+aquel lado, vió ante sí un bulto envuelto en una capa, á pesar del calor
+de la estacion, cubierto con un ancho sombrero, y mostrándole á dos
+dedos de los ojos otro objeto terrible, esto es, el cañon de un
+pistolete.
+
+--¡Socorro! gritó instintivamente el inquisidor.
+
+--¡Eh! ¡silencio! exclamó una voz amenazadora, ó si quieres que hagamos
+ruido, hagámosle en buen hora: pero te juro que ese ruido pasará muy
+pronto.
+
+--No llevo dinero conmigo, dijo todo trémulo Molina de Medrano.
+
+--¡Por Mahoma! ¿y quién te pide dinero, clérigo? exclamó el embozado.
+
+Aquel _por Mahoma_, fue un rayo de luz, ó por mejor decir, un relámpago
+que iluminó el turbado pensamiento de Medrano. Aquel hombre era mucho
+mas temible que un ladron vulgar, porque aquel hombre era, sin duda, un
+monfí.
+
+--¿Qué me quereis? dijo Medrano haciendo un esfuerzo para hablar.
+
+--Muy poca cosa, amigo mio, contestó el embozado; quiero que me sigas.
+
+--¡Qué os siga! ¿y á dónde?
+
+--Cerca de aquí.
+
+--¿Pero qué quereis hacer de mi?
+
+--Lo que tú haces con todos, todos los dias y á todas horas:
+interrogarte, y si no contestas sujetarte al tormento.
+
+--Ved que lo que pretendeis hacer os pudiera pesar.
+
+--Lo que te interesa sobre todo es salvar tu vida obedeciéndome: no
+siempre has de mandar tú: con que agarrate á mi brazo y sígueme.
+
+Y esto diciendo, asió el brazo derecho de Molina de Medrano, le sujetó
+bajo su brazo izquierdo y tiró del inquisidor, que opuso resistencia.
+
+--Escucha, clérigo, le dijo el incógnito, si resistes, por la santa
+Kaaba que te envio á cenar con el diablo, que hace mucho tiempo que debe
+de tener la mesa puesta esperándote. ¡Adelante y silencio!
+
+Molina de Medrano se dejó arrastrar, temblando como un raton entre las
+garras de un gato.
+
+Su apresador le hizo rodear dos ó tres callejas lóbregas, y en una de
+ellas se detuvo y lanzó un largo silbido.
+
+Instantáneamente, de detrás de una esquina salieron otros cuatro hombres
+que adelantaron y rodearon al inquisidor, que perdió toda esperanza.
+
+--Será preciso que consientas en que te vende los ojos, dijo el que
+hasta allí le habia conducido.
+
+--Ved lo que haceis, repitió Medrano, queriendo valerse como de un arma
+poderosa del terror que imponia á todo el mundo la Inquisicion, de que
+era uno de los mas terribles ministros.
+
+--Tambien ahorcan al verdugo, amigo Molina, dijo uno de los recien
+llegados, con la diferencia de que nosotros, si es necesario ahorcarte,
+te ahorcaremos con mas humanidad que como vosotros lo haceis: te
+dejaremos elegir la cuerda y la altura. Vamos, estate quieto y
+concluyamos, que se va haciendo tarde.
+
+Y diciendo esto, sacó un pañuelo, le preparó en forma de venda, y cubrió
+con él los ojos del inquisidor, que cediendo á las circunstancias: no
+opuso la menor resistencia.
+
+Poco despues Medrano sintió que le metian en una litera, y luego que
+aquella litera se ponia en marcha.
+
+Fuese por desorientarle, fuese porque efectivamente recorriesen una gran
+extension, la litera, y junto á ella los embozados, cuyas pisadas sentia
+el prisionero, anduvieron durante una hora. Al cabo de ella sintió que
+una puerta se abria, pararon la litera y los hombres y se abrió la
+portezuela.
+
+--Sal, dijo la voz del hombre que le habia apresado.
+
+El inquisidor salió.
+
+Una mano asió una de las suyas y tiró de él, conduciéndole en la
+extension de algunos pasos en línea recta.
+
+Luego la misma voz le dijo.
+
+--Aquí hay una escalera.
+
+Molina de Medrano bajó y tuvo cuidado de contar los escalones.
+
+Cuando hubieron llegado al ciento cincuenta su guia le dijo:
+
+--Ya no hay escalera.
+
+El inquisidor siguió siempre asido y llevado, y contó doscientos pasos
+por un pasadizo tortuoso y humedo, á cuyo fin se abrió una puerta y se
+tornó á cerrar.
+
+Entonces el hombre que le conducia le quitó de los ojos el pañuelo.
+
+Molina de Medrano á la luz de una vela de sebo que ardia sobre una mesa,
+vió un aposento reducido, humedo, y por únicos muebles una silla, la
+mesa que hemos indicado, y sobre ella un tintero, papel blanco y una
+bugía.
+
+Ante él habia un hombre: aquel hombre era alto, fornido, vestia coleto
+de ante, greguescos pardos, calzas rojas y zapatos de ante con lazo:
+llevaba en su talabarte una espada de voluminosa empuñadura, una daga
+con enorme guardamano, y un par de pistoletes ó pedreñales de
+extraordinaria longitud; tenia cubierta la cabeza con un sombrero ancho
+de alas caidas, el rostro con un antifaz de cuero, y los hombros con una
+ancha capa parda.
+
+--¿Que tal te parece esto? dijo aquel hombre sentándose en la única
+silla que habia, y señalando con un ademan al inquisidor el aposento en
+que se encontraban; no es muy hermoso que digamos, pero no son mucho
+mejores vuestros calabozos de la Inquisicion. Aquí á lo menos no hay
+cadenas, ni ruedas, ni hornillos, pero te advierto que no te fies mucho
+de esto, porque ya, sin esos trevejos, encontraré medio de darte
+tormento si te niegas á hablar. Veamos, añadió el incógnito poniéndose
+en posicion de escribir; apunto mi primera pregunta. ¿Ha recibido el
+inquisidor general don Fernando Valdés, una carta firmada por un moro?
+
+Molina de Medrano que se habia decidido por sacar su pellejo lo mejor
+librado posible, contestó con un sí categórico.
+
+--¿Has estado esta tarde en casa del inquisidor general?
+
+--Si.
+
+--¿El inquisidor general te ha enviado á ver al rey?
+
+--Sí.
+
+--¿Has esperado en la antecámara de audiencias dos horas largas?
+
+--¡Lo sabeis todo!
+
+--No importa. Contesta.
+
+--Si.
+
+--¿Qué mensaje has llevado al rey?
+
+Molina de Medrano declaró al pié de la letra cuanto habia hecho desde
+que salió de casa del inquisidor general, y cuanto le habia mandado y
+dicho el rey.
+
+--Bien; perfectamente; dijo aquel hombre: eres dócil y mereces que te
+tratemos bien. Firma esta declaracion.
+
+--Pero... balbuceó el inquisidor.
+
+--Espero que no me obligarás á tratarte con dureza.
+
+Era tan amenazador el acento del enmascarado, que Molina de Medrano
+ocupó el asiento que aquel habia dejado vacío, y firmó.
+
+--Ahora toma otro papel.
+
+--¡Otro papel! ¿Y para qué?
+
+--Escribe con letra clara y puño firme lo que voy á decirte.
+
+--Espero que no tratareis de perderme.
+
+--No; pero trato de asegurarte. Escribe.
+
+Y dictó al inquisidor lo siguiente:
+
+«Mi buen amigo Harum-el-Geniz: agradecido á las dádivas que os debo...
+
+--¡Pero esto me deshonra! exclamó el inquisidor.
+
+--Escribe ó te mato, murmuró sordamente el encubierto, y continuó:
+
+»... á las dádivas que os debo, no puedo menos de avisaros que he ido á
+ver al rey esta tarde de órden del inquisidor general, que ha recibido
+vuestra carta. El rey me ha mandado pedir al inquisidor general, una
+órden para que se permita entrar un encubierto en la cárcel del Santo
+Oficio esta noche. Como esto tiene, sin duda, relacion con el emir, os
+lo comunico para que esteis avisado y tomeis las medidas que creais
+oportunas. Os advierto que el inquisidor general tiene mucho miedo, y
+que podreis hacer de él cuanto querais. De lo que haya de nuevo os
+avisaré, como debo. Guárdeos Dios. De esta vuestra casa á veintidos dias
+del mes de julio de 1567.--El licenciado Molina de Medrano.
+
+El inquisidor escribió sudando y de la mejor manera que pudo esta carta,
+que su tiránico apresador leyó detenidamente.
+
+--Ciérrala á tu modo, le dijo despues de leerla, y pon en el
+sobrescrito: á Sidy Harum-el-Geniz, walí del poderoso emir de los
+monfíes.
+
+El sacrificio estaba consumado: Molina de Medrano estaba cogido: por mas
+que declarase la violencia de que habia sido víctima; por mas que se
+preparase, estaba seguro de que, si aquella carta iba á dar en manos del
+inquisidor general, era hombre perdido.
+
+Ademas de esto, y acaso porque fuese verdad, acaso por aterrarle, el
+encubierto le dijo:
+
+--Vamos ven: voy á ponerte en libertad para que vayas á casa del
+inquisidor general; pero cuenta con lo que hablas en ella, porque hay
+allí ojos y oidos que ven y oyen, cuanto nosotros queremos ver y oir.
+
+Volvióle á vendar los ojos, le sacó fuera del subterráneo y de la casa,
+de la misma manera que le habia llevado á ella, y luego, despues de
+haber dado vueltas y revueltas, se abrió la portezuela y una mano le
+condujo á alguna distancia. Poco despues sintió que el que le habia
+conducido se alejaba, y se quitó el pañuelo de los ojos: encontróse en
+una calle lóbrega y delante de la luz de una imágen: á aquella luz el
+inquisidor vió el pañuelo con que le habian vendado y se estremeció:
+aquel pañuelo estaba manchado de sangre.
+
+Dominóse lo mejor que pudo, se orientó y vió que estaba muy cerca de la
+casa del inquisidor general, á la que se dirigió entrando en ella mas
+muerto que vivo.
+
+Una hora despues salió.
+
+Al poco tiempo conoció que un hombre embozado le seguia: apresuró el
+paso, pero el embozado le apresuró tambien: desgraciadamente marchaban
+por una calle solitaria, y no habia una sola puerta abierta ni pasaba
+una sola persona.
+
+Entróle á Medrano un miedo mortal, y se dió á un trotecillo picado que
+tenia todas las señales de fuga.
+
+--¡Diablo, dijo el que le seguia, y como huis de los amigos, señor
+licenciado!
+
+El inquisidor se estremeció: habia reconocido la voz del que
+anteriormente le habia apresado, pero estaba cerca la desembocadura de
+la calle, y probó á ganar la esquina.
+
+--Me vais á obligar á que os demuestre que una pelota de pistola corre
+mas que vos, amigo mio, dijo roncamente el tenaz perseguidor.
+
+A aquella insinuacion, Molina de Medrano se detuvo y quedó inmóvil, como
+si se hubiera convertido en una estátua.
+
+El embozado, á quien llevaba mucha delantera, llegó á él.
+
+--¿Adónde vais? le dijo.
+
+--Al alcázar.
+
+--¿Llevais, pues, la órden pedida por el rey?
+
+--Creo que si.
+
+--Venid á este soportal.
+
+El inquisidor obedeció y siguió al embozado á un soportal oscuro.
+
+Allí fue registrado escrupulosamente: no llevaba consigo mas que un
+pliego cerrado, cuya oblea estaba todavia fresca.
+
+--Esperadme aquí, le dijo aquel hombre.
+
+--¿Pero os llevais la órden?
+
+--Yo volveré á traerósla...
+
+--Pero...
+
+--Esperad.
+
+Molina de Medrano se resignó y esperó un cuarto de hora escondido en el
+soportal, y temblando, á que volviese el terrible incógnito.
+
+Cuando este volvió le entregó el pliego.
+
+--Veo con satisfaccion que no me habeis engañado, le dijo: es
+efectivamente la órden consabida. Id y llevádsela al rey. Cuidad de no
+tomar una necia precaucion, ó de procurar prenderme; porque no lo
+conseguiriais, y la prueba os costaria muy cara. Id en paz; llevad al
+rey esa órden, y no tengais miedo por el camino, porque yo os acompaño.
+
+Molina de Medrano salió todo trémulo y desconcertado, y tomó la
+direccion del alcázar: por mas que aguzó el oido y volvió cautelosamente
+algunas veces la cabeza durante el tránsito, no pudo notar tras sí
+ninguna persona.
+
+Una hora despues salió del alcázar, y escarmentado ya, varió de
+direccion y tomó hácia la iglesia de Santa María.
+
+Pero al pasar bajo el arco, que entonces existia en aquel lugar, se
+despegó de la pared un bulto, que fue para el inquisidor una aparicion
+lúgubre.
+
+--Seguidme, dijo aquel hombre.
+
+No era la misma voz, pero el aspecto del nuevo encubierto era
+enteramente igual al del anterior.
+
+Molina de Medrano obedeció y siguió á su nuevo tirano hácia la calle de
+Segovia, murmurando:
+
+--¡Dios mio! ¡ese condenado moro, tiene monfíes en todas partes!
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+Entre tanto en la casa del inquisidor general, acontecia una escena que
+no debemos pasar en silencio.
+
+Apenas habia salido de ella Molina de Medrano, un familiar anunció á don
+Fernando Valdés, que el señor don Luis de Robles deseaba hablarle.
+
+--¡Oh! ¡me viene como llovido del cielo! murmuró el cardenal, despues de
+haber mandado que le introdujeran.
+
+Entró á poco un jóven como de veinticuatro años, al parecer caballero, y
+gentilmente vestido.
+
+--Guarde Dios á vuesamerced, señor familiar, dijo dulcificando su
+acento, generalmente áspero, Valdés; ¡y que me place de veros! ¡venid,
+venid á sentaros á mi lado! estos malditos humores me tienen postrado en
+este sillon; y luego los sinsabores que debo á mi oficio de inquisidor
+general me irritan la gota. Venid, venid acá, valiente caballero.
+Pareceme que cada dia estais mas contento de la predileccion con que os
+miro, y de las honras que os hace el Santo Oficio.
+
+--¡Ah, señor cardenal! dijo el jóven llevando un sillon junto á la
+poltrona del prelado, y sentandose con noble soltura; indudablemente que
+todo lo debo á vuestra señoría, no á mis pobres merecimientos.
+
+--No tal, no tal; vos sois uno de los miembros mas útiles del Santo
+Oficio, y á vuestra fe cristiana, y á vuestro celo por la honra de Dios
+y nuestro católico monarca, su imágen sobre la tierra, debemos muchas
+noticias acerca de ese asunto de los monfíes, de ese asunto que se va
+haciendo terrible.
+
+--Débese á la casualidad, señor cardenal; ya os dije que he estado
+cautivo en Argel dos años, lo que me ha servido para aprender la lengua
+de los moros, y por doble desgracia, al saltar en tierra de Almuñecar, y
+en mi primer jornada por las Alpujarras, fuí apresado de nuevo por los
+monfíes y obligada mi familia á pagar un crecido rescate. Estas
+desgracias, sin embargo, han sido una felicidad para mi, puesto que me
+proporcionan ciertos medios para entenderme con esa gente... la conozco
+sobre todo.
+
+--¿Y creeis que haya en Madrid algunos de ellos?
+
+--¡Si lo creo! no tengo duda. El emir es hombre que nunca entra en un
+lugar sin dejar cubierta la salida.
+
+--Pero no habeis podido descubrir.....
+
+--Esto es difícil: por su costumbre de tratar con los cristianos, esos
+moros hablan perfectamente nuestra lengua, pueden disfrazarse y
+proveerse de papeles falsos que prueben un nombre y un parentesco
+cualquiera; venir á la córte y entrar al servicio del mismo rey, sin ser
+conocidos.
+
+--Pero y bien...
+
+--Trabajo por ponerme en el caso de dar con el nido, ó mejor dicho, con
+los nidos que deben tener en la córte esos traidores. A propósito,
+valiéndome de mi cualidad de familiar del Santo Oficio, y de la
+autorizacion que tengo para entrar en los calabozos de todos los presos
+sin excepcion, he bajado hoy al del emir de los monfíes.
+
+--¿Y se encuentra en estado de sufrir la prueba del tormento?
+
+--¡Oh! ¡no señor! está fuera de peligro pero muy débil: nada se
+conseguiria.
+
+--¡Ah! ¡ah! á ese hombre le protege lo mismo que le ha puesto en nuestro
+poder: pero no importa: dicen que puede prestar declaracion.
+
+--Su razon está despejada y fuerte, de lo que he podido juzgar en dos
+horas que he estado hablando con él.
+
+--¿Y de qué le habeis hablado?
+
+--Le he propuesto lisa y llanamente, para inspirarle confianza, que si
+me dá una gran cantidad de dinero, le procuraré su fuga.
+
+--Y... ¿qué os ha respondido?
+
+--¡Oh! es un hombre terrible: me ha dicho con la serenidad mas
+completa:--Agradezco vuestros servicios, pero yo no estoy preso,
+caballero.
+
+--¡Cómo! pues ya diremos si está preso ó no á ese jactancioso. ¡Hum!
+
+Y Valdés contuvo una tos profunda que habia causado en él la irritacion.
+
+--Me ha hablado ademas de sus proyectos, como si se encontrase ni mas ni
+menos, entre sus bandidos de las Alpujarras.
+
+--¡Sus proyectos...! ¡sus proyectos! ¿y qué proyectos son esos?
+
+--Hacer la guerra al rey.
+
+--¡Hum! hanme dicho que los moros como los andaluces, son muy
+fanfarrones.
+
+--Eso dice quien no los conoce, dijo con cierto acento particular el
+jóven.
+
+--¿Y vos creeis conocerlos?
+
+--¡Bah! como os conozco á vos, señor cardenal.
+
+--¡Ah! ¡me conoceis...!
+
+--Si por cierto: sé, por ejemplo, que el emir Yaye-ebn Al-Hhamar, se
+escapará de las prisiones del Santo Oficio, como sé que tú, Fernando
+Valdés, tienes miedo de tenerlo preso.
+
+Para comprender esta variacion de tono del familiar, debemos advertir,
+que poco antes de pronunciar estas palabras, habia resonado en la calle
+un silbido particular.
+
+--¿Qué significa esto? exclamó dominado por la sorpresa y por la cólera
+Valdés.
+
+--Esto significa, que tienes delante un monfí en cuerpo y en alma; un
+moro disfrazado de cristiano.
+
+--¡A mí! ¡pages! ¡familiares! exclamó pálido de espanto el inquisidor
+general, apoyando fuertemente sus manos en los brazos del sillon, y
+procurando, aunque inútilmente, levantarse.
+
+--No grites ni te esfuerces, viejo, dijo sin variar de tono el jóven, en
+cuyo acento se notaba únicamente un profundo desprecio: en tu casa,
+desde ahora hasta que esté libre el emir, no hay mas que monfíes; tus
+pages y tus familiares están encerrados y no acudirán á tu voz. En
+cambio, observa. ¡Ola! exclamó el jóven con acento de autoridad.
+
+Inmediatamente apareció en la cámara un hombre de las peores trazas
+posibles, verdadero truan de plaza, que adelantó con desenfado.
+
+--¿Ha llegado la hora de aplastar la cabeza á este viejo víbora,
+Suleiman? dijo aquel hombre dirigiendo la palabra al jóven, y una mirada
+de odio salvaje al cardenal.
+
+--No, Jafar, pero será muy posible que haya necesidad de apretarle los
+pulgares, lo que debes evitar, cardenal, porque estás achacosillo y
+delicado, añadió volviéndose á Valdés que estaba mudo de sorpresa, de
+miedo y de cólera; te ruego que te tranquilices, á fin de que puedas
+escribir con seguridad y de manera que nadie dude de tu escrito, una
+órden para el alcaide de la cárcel del Santo Oficio en Madrid, á fin de
+que me entregue la persona del duque de la Jarilla, para trasladarle á
+la cárcel del Santo Oficio en Toledo. Lo que te pedimos no es gran cosa.
+¿Qué te importa que quemen ó no quemen al emir?
+
+--¡Oh! sí le importa Suleiman; porque si el emir muriese entre las
+garras de estos clérigos, seria cosa de llevarse algun tiempo
+agujereando sotanas á puñaladas, dijo ferozmente Jafar.
+
+--Moriré como mueren los mártires, dijo Valdés, desmintiendo con lo
+trémulo de su voz lo valiente de sus palabras.
+
+--No perdamos el tiempo en sandeces, dijo Suleiman: esta es una lucha en
+que has sido vencido, con las mismas armas que has querido usar contra
+el emir; tú has querido conocer, descubrir á los monfíes por medio de un
+traidor: un monfí te ha ganado por la mano, engañándote, fingiéndose
+cristiano y verdugo é infame como tú: acepta, pues, tu suerte, y no la
+hagas peor de lo que es: no nos obligues á cometer una violencia que
+siempre es repugnante cuando se trata de hombres que solo saben matar
+hombres fuertes, armados, frente á frente y con peligro.
+
+El mismo exceso del terror operó una reaccion en el cardenal, que tentó
+un medio de salvacion.
+
+--Estais jugando vuestra vida, dijo, en una empresa descabellada: un
+acaso puede revelar vuestra existencia en mi casa, y sois perdidos.
+
+--¡Oh! ¡oh! ¡y cuán amoroso nos trata! dijo el monfí que habia entrado y
+que permanecia como un espectro amenazador, de pié delante del cardenal
+y con su membruda mano puesta sobre su daga.
+
+--Os trato con la caridad de un cristiano, como debe trataros un
+príncipe de la Iglesia; quiero que no perdais vuestro cuerpo y vuestra
+alma.
+
+--Estás procurando ganar tiempo, cardenal, dijo Suleiman, y te advierto
+que esto es de todo punto inutil: cualquiera que venga á tu casa
+encontrará en la puerta familiares, que son monfíes como yo; familiares
+que dirán á todo el que llegue que estás enfermo y no puedes recibir á
+nadie. En todo caso el que entre, no saldrá, te lo aseguramos, y si yo
+te pido esa órden, es solo para causar menos escándalo. ¿Qué, no tengo
+yo una órden tuya que me autoriza para entrar con mis alguaciles en la
+cárcel del Santo Oficio?
+
+Valdés tentó un nuevo medio de salvacion.
+
+--Puedo haceros ricos, dijo: puedo cubriros de oro; fijad el límite á
+vuestra ambicion, y lo que me pidais será vuestro.
+
+--Si algo tomamos tuyo, mal clérigo, será la sangre, exclamó Jafar,
+sacando con un movimiento enérgico su daga de la vaina y dando un paso
+hácia el prelado.
+
+Este lanzó un grito horrible.
+
+--¡Eh, silencio! dijo Suleiman: ¡ó la órden ó tu vida, cardenal!
+
+Diciendo esto Suleiman tomó un libro en folio que habia sobre una mesa,
+buscó un pedazo de papel, le puso sobre el libro, tomó una pluma del
+tintero, y puso aquel libro con aquel papel sobre las rodillas del
+prelado y en su mano la pluma. En tanto Jafar alumbraba con una bugía, y
+en la otra mano tenia desnuda su daga.
+
+El inquisidor general comprendió, que habia llegado el momento de elegir
+entre el martirio ó hacer al rey y al Santo Oficio traicion y se decidió
+por la traicion.
+
+Tomó la pluma y ya enteramente entregado se puso en la actitud del que
+espera que le dicten para escribir.
+
+Suleiman estaba perfectamente enterado de la forma, por decirlo asi,
+chancilleresca, usada por la Inquisicion en estos casos, puesto que
+dictó sin detenerse lo siguiente:
+
+«Nos don Fernando Valdés (seguian todos los cargos dignidades y títulos
+del cardenal.)
+
+»Por la presente mandamos á el alcaide de las prisiones del Santo Oficio
+de la Inquisicion de Toledo en Madrid, entregue al familiar don Luis de
+Robles y á los ministros que le acompañen, el cuerpo de don Juan de
+Andrade, preso en la dicha cárcel del Santo Oficio de Toledo en Madrid,
+sin ponerle oposicion, ni obstáculo alguno, bajo pena de excomunion
+mayor, perdimiento de oficio, y demás á que hubiere lugar. Dado en
+Madrid á 22 de Junio de 1567.--Don Fernando Valdés.»
+
+--Falta el sello, dijo Suleiman.
+
+--¡Oh! ¡oh! exclamó el cardenal; ¡que falta el sello! pero el sello no
+le tengo yo; le tiene el consejo de la Suprema.
+
+--Pero tú tienes un sello superior, y yo sé donde está ese sello.
+
+Suleiman fué á una mesa; forzó con su daga uno de los cajones, le abrió,
+sacó de él una barra de lacre verde y un sello de hierro, derritió algun
+lacre sobre el papel, estampó sobre el lacre el sello, y luego,
+volviéndose triunfante al cardenal exclamó:
+
+--Deseabas conocer á los monfíes, cardenal, y los has conocido: pero has
+tenido mas suerte que otros que solo les han visto el rostro para morir.
+
+Tras estas palabras salió, dejando encargado á Jafar de la guarda del
+cardenal.
+
+Dos horas después se oyeron tres silbidos en la calle: entonces Jafar,
+que se habia sentado frente al cardenal, se levantó, ató fuertemente al
+inquisidor con una cuerda que sacó de su bolsillo, y sin consideracion á
+su edad ni al estado de su salud, le puso una mordaza.
+
+--Es necesario procurar que no grites, le dijo, y des la alarma antes de
+que nos hayamos puesto en cobro. En pasando una hora te desafiamos y lo
+mismo á tus sabuesos para que nos encuentres. Me voy con el sentimiento
+de no dejarte mudo para siempre; pero quien puede mas que yo no lo
+quiere. Pídele á Dios no ver otra vez delante de tí, á los monfíes de
+las Alpujarras.
+
+Y el impío hizo una mamola al prelado, dió una zapateta, se le rió en
+las barbas y salió.
+
+Don Fernando Valdés, se quedó rugiendo tan fuerte como se lo permitia la
+mordaza.
+
+
+
+
+CAPITULO XXI.
+
+ De lo que pasó en un calabozo de la Inquisicion de Madrid.
+
+
+Dos horas antes de acontecer lo que en el capítulo anterior dejamos
+referido, se detuvo delante de la puerta de la cárcel que tenia en
+Madrid la Inquisicion del arzobispado de Toledo, una litera conducida
+por dos hombres y escoltada por otros cuatro y salió de ella un hombre
+embozado.
+
+Precedióle uno de los que escoltaban la litera, que llegando á la
+guardia, hizo llamar al alcaide y cuando este estuvo presente, el
+embozado que de la litera habia salido, mostró en silencio un papel al
+alcaide, el cual, á penas hubo leido el papel, dijo á quien se lo habia
+dado:
+
+--Sígame vuesamerced.
+
+--Despues de haber abierto dos fuertes rastrillos, de haber recorrido
+callejones y patios y de haber bajado escaleras, el alcaide abrió la
+puerta de un calabozo, situado en un sótano, é introdujo en el al
+embozado.
+
+--Cuando quisiereis salir, le dijo señalándole una cuerda que pendia
+dentro del calabozo de la pared, tirad de esta cuerda.
+
+Y dejó dentro al embozado, cerró la puerta y se sintieron sus pasos que
+se alejaban.
+
+El embozado miró en torno suyo, y se encontró en un espacio cuadrado,
+estrecho, de bóveda baja, sin mas muebles que un lecho, una mesa y una
+silla. En la mesa habia una luz, algunas redomas, hilas y vendajes; y en
+el lecho un hombre que estaba vuelto el rostro á la pared y que no se
+movió, á pesar de la presencia del embozado en el calabozo.
+
+Mirábale profundamente el recien llegado entre su embozo y el ala de su
+sombrero, pero pasó algún espacio sin que dijese una sola palabra.
+
+Al fin dijo con acento breve y duro:
+
+--¡Duque de la Jarilla!
+
+--Hé aquí que te esperaba, y no me he engañado, dijo Yaye sin volverse.
+
+--Creo, Dios me perdone, que os permitís tutearme, dijo con una cólera
+mal contenida el embozado.
+
+--¿Y bien no somos iguales? dijo Yaye.
+
+--¡Iguales!
+
+--Si por cierto: los dos somos reyes.
+
+--¿Por quien me tomais?
+
+--Te tomo por quien eres: por mi enemigo el rey de España.
+
+--¡Oh! ¡esto es ya demasiado! exclamó el encubierto á quien irritaba lo
+sereno del acento de Yaye. ¿Os atreveis á llamaros enemigo del rey?
+
+--Vaya si me atrevo: y me he atrevido á mucho mas y sabe Dios hasta que
+punto me atreveré en lo sucesivo.
+
+--¡Es decir que creeis veros libre!
+
+--Tanto como lo creo. Cuando menos lo esperes, don Felipe, la
+Inquisicion irá á decirte que ha encontrado mi calabozo vacío.
+
+--Solo un medio teneis de veros libre, duque.
+
+--¡Ah! ¿y vienes tú, señor rey, á proponerme ese medio?
+
+--Sí, vengo, yo, don Felipe, á quien llaman el prudente, á verte en tu
+calabozo (y el rey, que él era, se descubrió); vengo á hablar contigo
+aquí, donde nadie puede oirnos: vengo á ver hasta donde llega tu
+audacia, y sobre todo á escuchar yo solo tu confesion.
+
+--Entre vosotros siempre se confiesa al que va á morir.
+
+--¿Y crees tú que si yo quisiera vivirias mucho tiempo?
+
+--Prueba á matarme.
+
+--Otros que se creian fuertes y poderosos.....
+
+--Han muerto á una sola palabra tuya, ya lo sé..... pero tú no me
+matarás, don Felipe.
+
+--¿Y en que te fundas para tener esa seguridad?
+
+--En que no puedes matarme.
+
+--¿Te proteje el diablo? dijo con un acerado acento de sarcasmo el rey.
+
+--Tal vez: tal vez me proteja Satanás: por lo pronto las señales de mi
+odio están ya en tu familia:
+
+--¡En mi familia!
+
+--El príncipe don Carlos tu hijo, tu heredero, te hace traicion.
+
+--¡La prueba!
+
+--No tardará el mismo príncipe en dártela.
+
+Estremecióse profundamente el rey.
+
+--¿Y has sido, tú, tú monfí, quien has impulsado á la rebeldía á mi
+hijo?
+
+--Ha sido primero Satanás, que le ha dado perversas inclinaciones, y
+luego yo, que soy tu enemigo, que necesito vencerte, y vengar con tu
+desgracia, con una horrible desgracia, las infamias, las crueldades que
+has cometido contra los mios.
+
+--Tu audacia, solo es comparable á tus delitos, dijo el rey.
+
+--¡Mis delitos! ¡y hablas tú de delitos, verdugo coronado!
+
+Nunca, el rey don Felipe se habia oido tratar de tal modo: nunca, él,
+tan celoso de su autoridad, tan déspota como todos los déspotas de la
+historia juntos, habia necesitado de tanta fuerza de voluntad para
+dominarse: sin embargo, como Yaye poseia terribles secretos, muchos de
+los cuales atañian al príncipe su hijo, no queria que nadie pudiese oir
+las revelaciones del emir de los monfíes, y estaba resuelto á todo para
+arrancarle la confesion que anhelaba; por otra parte, tales eran sus
+intenciones con respecto á Yaye, que solo veia en el un cadáver.
+
+--Te estoy probando mi magnanimidad y mi grandeza, le dijo, cuando
+tolero tu osadia: estás herido y preso, y es necesario que se conozca
+cuanta diferencia hay entre un príncipe cristiano y un capitan de
+bandidos.
+
+--¿Y por qué vienes tú solo, rey, encubierto, de una manera vergonzosa,
+á visitar al capitan de malhechores? ¿No hay verdugos en tus reinos, ó
+es que me crees tu igual y quieres que este asunto se quede entre los
+dos?
+
+Don Felipe estaba mudo de asombro. Yaye que hasta entonces habia
+permanecido echado, con el rostro vuelto á la pared, se levantó, se
+sentó sobre el lecho y dijo contemplando frente á frente al rey:
+
+--Tu soberbia, le dijo, no te deja comprender la razon que tengo para
+ser tu enemigo. Sin embargo, debia bastarte para conocerla, saber que yo
+soy rey de los moros de las Alpujarras.
+
+--De los bandidos, querras decir.
+
+--En buen hora; pero entonces tú tambien eres un rey de bandidos.
+
+--¡Yo!
+
+--Si, tú, nieto de la reina Isabel, hijo del emperador don Carlos, es
+decir descendiente de una raza maldita que se ha alimentado con sangre
+humana y con lágrimas de desesperacion.
+
+--Me habian dicho que los monfíes erais una gente braba y desalmada,
+pero no me habian dicho que erais maldicientes: ¡hasta donde llegará tu
+audacia, moro!
+
+--Escúchame con calma y no me interrumpas, rey. Cuando un hombre es
+enemigo de otro, y sobre ser su enemigo es caballero y leal, debe
+procurar que se conozcan los motivos de su enemistad.--No es la causa de
+mi odio hácia tí ni hácia los tuyos, el que en tiempos de los Reyes
+Católicos, tus bisabuelos, fuese conquistado por ellos el reino de
+Granada. El Dios de las batallas, el Dios fuerte, el Dios Altísimo y
+Unico, da la victoria ó la quita; hace esclavo al señor y señor al
+siervo. ¡Dios lo quiso! mi pueblo hubiera obedecido las leyes del
+vencedor, si el vencedor hubiera cumplido religiosamente las
+capitulaciones pactadas con el vencido: pero esto no sucedió: esas
+capitulaciones han sido rotas: tus capitanes generales han azotado y
+maltratado á los moriscos; tus frailes los han bautizado á la fuerza;
+tus jueces y tus golillas los han robado; tus vasallos les han prodigado
+toda clase de insultos, hasta el punto de manchar la honra de sus
+mujeres y de sus hijos; la Inquisicion los ha quemado y la Chancillería
+los ha ahorcado; un anatema de servidumbre, de muerte y de infamia ha
+caido sobre ellos, y al probar la insurreccion una y otra vez, no han
+sido rebeldes, sino que han usado del derecho que da Dios á los
+oprimidos de levantarse contra la mano infame que los despedaza. Esto
+solo bastaria para que yo, descendiente de ese pueblo, rey de los
+valientes que no han sabido doblegarse al yugo, fuese tu enemigo: la
+patria me manda defenderla contra tí, probar todos los medios de
+libertarla de tu tiranía; y como si esto no bastase, voy á decirte las
+razones que tengo como hombre para ser tu enemigo. Escucha: mi madre
+murió á manos de la Inquisicion.
+
+--¡Hereje, acaso!
+
+--No, murió porque era hermosa, bajo el peso de la venganza de un
+fraíle.
+
+--La Inquisicion no se engaña.
+
+--Es verdad, porque asesina á sabiendas. Pero déjame continuar: la mano
+de un soldado español mató á mi padre, que espiró entre mis brazos,
+pidiéndome venganza. Yo he empezado á vengarle.
+
+--¡Que le has vengado!
+
+--Si: he vengado á mis padres, matando á cuantos frailes, golillas y
+soldados he habido á las manos: he vengado ademas en tí, á mi pueblo.
+
+--¿En mí?
+
+--Si, en tí. ¿Quien ha impulsado á la rebeldía á tu hijo?
+
+--¡Oh! exclamó, con acento rugiente, don Felipe.
+
+--Es verdad que para ello he roto el corazon de mi hija, pero te he
+herido en tu soberbia, porque tú no tienes corazon, don Felipe. Te he
+herido en tu esencia de rey, porque don Carlos es tu hijo único, y tú le
+matarás, rey, tú le matarás.
+
+--¡Que yo mataré á mi hijo!
+
+--Si, tú le matarás, porque antes que padre eres rey, y tendrás miedo de
+tu hijo.
+
+--Yo romperé con tu vida esa horrible red de desgracias: ¡por san
+Lorenzo, mi patron, te lo juro!..... No te conocia bien y habia venido á
+hacerte merced... pero ahora... ahora que sé que de tí no puedo esperar
+mas que crímenes, ¡morirás, moro, morirás!
+
+--No faltará en todo caso quien gobierne á mis monfíes, que con mi
+muerte tendrán una infamia mas de que pedirte cuenta, rey.
+
+--Has hablado de traiciones de mi hijo, preguntó con un creciente anhelo
+don Felipe.
+
+--A tu hijo le pesa tu vida, rey.
+
+--Mi desventurado hijo está loco.
+
+--Sus locuras ó mas bien tu miedo te obligarán á matarle.
+
+--¡Matarle! ¿crees tú que para hacer justicia en los traidores me sea
+necesario matar á mi hijo?
+
+--¡Le matarás!
+
+--¡El nombre! ¡el nombre de los que alientan las rebeldías de don
+Carlos!
+
+--Esos nombres se reducen á uno solo: ese nombre es el mio.
+
+--¡Tú! ¡pero como has podido tú..!
+
+--¡Como! primero prevaliéndome del amor extremado, insensato que tu hijo
+siente por mi hija, la hermosa duquesa de la Jarilla: despues derramando
+oro á manos llenas entre los flamencos, y manteniendo entre ellos
+consejeros que los decidan á negarte la obediencia y á aclamar por su
+señor á tu hijo.
+
+--¡Oh! ¡infame! ¡infame alevosía!
+
+[imagen: ¡Morirás! ¡morirás como no ha muerto ningun hombre!]
+
+--Y ten mucho cuidado con el príncipe tu hijo, rey, no sea que la
+Inquisicion averigue que anda en tratos con los luteranos y te le queme
+vivo.
+
+El color generalmente pálido del rey se habia tornado lívido y sus ojos
+centelleaban.
+
+--Ya ves si me vengo de tí; un solo hijo que tenias te lo he muerto en
+cuerpo y en alma; porque tu le matarás por traidor y Dios le condenará
+por hereje.
+
+--¡Morirás, morirás, como no ha muerto ningun hombre! exclamó don
+Felipe, tirando de la cuerda que le habia indicado el alcaide, y
+haciendo sonar una campana; morirás lentamente, dia por dia, hora por
+hora, minuto por minuto; padecerás como padecen los condenados en el
+infierno, y llegará un dia en que aterrado, domado, cobarde, me reveles
+los nombres de los traidores.
+
+--¿Y crees tener poder para todo eso, don Felipe?
+
+--¡Que! ¡y creerás tú que puedes librarte de mi justicia, bandido!
+
+--Ya lo veremos.
+
+--Pues bien, si, lo veremos: tu único juez y tu único verdugo seré yo:
+nuestros únicos testigos los muros de la Inquisicion. Adios, pues, rey
+de las Alpujarras. Que vengan á sacarte de entre mis manos tus monfíes.
+
+--Ve en paz rey don Felipe, ve en paz, si puedes: has querido conocerme
+y te he hablado franca y lealmente... Pero silencio, oigo pasos que se
+acercan, hasta mas ver, don Felipe.
+
+En efecto, se habian escuchado pasos cercanos y poco despues resonaron
+los candados y los cerrojos del calabozo, que se abrian.
+
+Yaye se volvió de nuevo á la pared. El rey se encubrió enteramente.
+
+La puerta se abrió y apareció el alcaide.
+
+--Guiad á fuera, le dijo el rey.
+
+Salieron y la puerta se cerró.
+
+Poco despues Yaye los sintió alejarse.
+
+
+
+
+CAPITULO XXII.
+
+ Que sirve de epílogo á esta segunda parte.
+
+
+No habia pasado media hora cuando Yaye, que habia quedado profundamente
+pensativo y preocupado por su anterior escena con el rey, sintió pasos
+que se detuvieron junto á su calabozo, y luego el ruido en los cerrojos
+y de los candados.
+
+[imagen: La Dama blanca.]
+
+La puerta se abrió.
+
+Entró en el calabozo el alcaide acompañado de dos familiares.
+
+--Levantáos y vestíos, don Juan, le dijo con acento duro el alcaide.
+
+Estremecióse Yaye porque creyó que habia llegado la hora del tormento.
+
+--¡Se habrá adelantado por fatalidad el rey á los mios! dijo para sí; y
+luego añadió alto; ¿y para qué he de levantarme y vestirme?
+
+--Si no quereis levantaros, contestó el alcaide, se os levantará; sino
+quereis vestiros, se os conducirá desnudo.
+
+Yaye comprendió que herido y débil, se encontraba enteramente á merced
+de aquellos sicarios, y se levantó y se vistió lentamente.
+
+Cuando estuvo vestido, el alcaide mandó á los dos familiares que le
+sostuviesen en razon de su debilidad, y sacándole del calabozo, le
+condujo hasta un patio donde le esperaba una litera.
+
+--¿Es ese el duque de la Jarilla? dijo una voz que estremeció de alegría
+á Yaye.
+
+--Si, por cierto, señor don Luis de Robles, este es ese condenado preso,
+que tanto nos han encargado que guardemos. Alégrome que me quiten de
+encima esta guarda, y lo cedo de muy buena gana al alcaide de la cárcel
+de Toledo. Dadme, si gustais, el recibo de su excelencia, señor
+familiar.
+
+--Tomad, pues, y que Dios os guarde señor Roquelillo; vamos, ganapanes,
+cargad con la litera y en marcha, que se hace tarde.
+
+Yaye se sintió conducido, y poco despues oyó abrirse y cerrarse
+sucesivamente tres rastrillos.
+
+Luego solo oyó el paso acompasado de algunos hombres que le acompañaban.
+
+Mientras estuvieron en Madrid no hablaron una sola palabra, pero apenas
+hubieron salido por la puerta de los Pozos, cuando toda aquella gente se
+metió, llevando consigo la litera, por las tierras á campo atraviesa, y
+cuando se hubieron internado en ellas se pararon y un hombre abrió la
+portezuela de la litera:
+
+--¿Vais bien, señor, preguntó?
+
+--¡Ah! ¿eres tú Harum? dijo Yaye.
+
+--Si, si señor, y espero vuestras órdenes.
+
+--¿Has enviado á alguien á mi casa á que recoja mis papeles?
+
+--Si señor, y ya no debe tardar.
+
+--¿Lo tienes preparado todo?
+
+--Si señor, y desafío á los familiares y alguaciles de la Inquisicion á
+quienes tan á poca costa hemos burlado, á que nos encuentren.
+
+--Pues adelante, Harum, adelante.
+
+La litera se puso de nuevo en marcha, y tomando una senda, aquellas
+gentes condujeron al emir á buen paso á una casa de campo en las
+inmediaciones de Fuencarral.
+
+ * * * * *
+
+Poco despues Harum entró en un aposento donde, en un magnífico lecho,
+reposaba Yaye.
+
+--Señor, dijo: Malek ha penetrado en vuestro palacio de Madrid sin ser
+sentido de nadie: ha ido á la cámara que indicásteis á Suleiman, y ha
+encontrado descerrajada la papelera.
+
+--¡Descerrajada!
+
+--Si por cierto, y roto el sello que habia puesto sobre ella la
+justicia.
+
+--Pero veo que traes en tus manos la cartera que yo habia pedido.
+
+--Si señor.
+
+--Dáme acá y acerca una bugia.
+
+Harum dió á Yaye una cartera que tenia en la mano y acercó una luz.
+
+Yaye abrió la cartera y buscó en ella con ansia.
+
+--¿Tienes confianza en Malek? dijo Yaye que estaba pálido.
+
+--Si, si señor, ademas Malek no sabe leer.
+
+--Aquí faltan dos papeles importantísimos; Harum, dos papeles que yo
+debí haber quemado; dos cartas terribles.
+
+--Ya os he dicho, señor, que Malek encontró rotos la cerradura y el
+sello de la papelera, como asimismo los de las puertas de la cámara.
+
+--¡Cúmplase la voluntad de Dios! dijo Yaye pálido de espanto.
+
+Las dos cartas que faltaban, eran la de doña Elvira de Céspedes y la de
+doña Isabel de Válor, en que le avisaba la una del nacimiento de Diego
+Lopez; la otra del de don Fernando de Válor.
+
+El emir hubiera dado diez años de su vida por recobrar aquellas cartas.
+
+Su pérdida encerraba para él una amenaza oscura, y en vano queria
+adivinar quién fuese el que se habia atrevido á entrar en una casa
+sellada por la justicia, en busca de aquellos papeles.
+
+ * * * * *
+
+En aquel mismo punto, el rey recibia una carta escrita con mano trémula
+por el inquisidor general don Fernando Valdés.
+
+Ni un solo músculo de su semblante se contrajo, aunque en aquella carta
+el inquisidor general le avisaba de la violencia que se habia hecho con
+él, y de haberse escapado el emir de los monfíes de la cárcel del Santo
+Oficio.
+
+El rey tomó una pluma y escribió por bajo estas lacónicas palabras:
+
+«Vuestra cobardía no tiene ya remedio; procurad, pues, que nadie sepa
+que la Inquisicion y el rey han sido burlados. ¡Que se cumpla la
+voluntad de Dios!»
+
+Durante algunos dias los familiares y los alguaciles del Santo Oficio,
+revolvieron hasta las piedras en Madrid y en sus alrededores.
+
+A pesar de esto el emir no pareció ni mas ni menos que una gota de agua
+que cae en el mar.
+
+
+
+
+TERCERA PARTE.
+
+LA REBELION.
+
+
+
+
+CAPITULO PRIMERO.
+
+ El castillo y la atalaya.
+
+
+No á mucha distancia una de otra en ese laberinto montañoso que se llama
+las Alpujarras, hay dos cumbres que se atalayan, y que descubren otras
+muchas y son descubiertas por ellas, incluyendo la cima de Sierra
+Nevada, y su gigantesco anfiteatro de montañas.
+
+Una de estas dos cumbres que hemos citado domina al pueblo de Válor, la
+otra al de Cádiar.
+
+En ambas cumbres se conservan vestigios de cimientos: llaman los de
+Válor á los unos castillo, los de Cádiar á los otros atalaya.
+
+Hoy los lagartos asoman entre las grietas de las ruinas, y las culebras
+se deslizan entre los escombros cubiertos de musgo, y los habitantes
+conservan acerca del castillo y de la atalaya la memoria de dos nombres
+que son dos historias sangrientas. Las ruinas del castillo guardan el
+nombre de Muley Aben-Humeya: las de la atalaya el de Muley Aben-Aboo.
+
+No hay alpujarreño que no sepa contaros, si se lo preguntais, cómo
+murieron cada uno de los hombres que llevaban aquellos nombres; no hay
+uno solo que no os diga que sus antiguas viviendas han sido arruinadas,
+porque sus dueños estaban malditos de Dios.
+
+Las que hoy son ruinas, eran en 1568 dos edificios característicos.
+
+Empezemos por el castillo.
+
+Ocupando la ancha planicie de la cumbre se levantaban cuatro torreones
+cuadrados, unidos entre sí por cuatro muros robustos y almenados: ni un
+agimez, ni una galería, ni mas que algunas estrechas saeteras, se veian
+en aquel recinto exterior, pero en el centro del extenso cuadrado
+comprendido dentro de aquellas torres y muros, se veia un bellísimo
+alcazar moruno, con torrecillas caladas, galerías, miradores, cúpulas y
+pizarras, resplandeciente con sus vivos colores; era aquel alcázar,
+dentro de aquel fuerte y rojizo recinto murado, lo que podia ser una
+hermosa dama, cuya magnífica y engalanada cabeza se levantase sobre una
+armadura de guerra: fuera, robustez, almenas enhiestas, profunda caba,
+hondo rastrillo, puerta chata y maciza de herradura, matacanes y
+ladroneras: dentro, todos los bellos caprichos de la arquitectura
+oriental; galerías cinceladas con esbeltas columnas de alabastro;
+agimeces con dobles arcos festonados, y entre estos arcos y trás estas
+columnas, cristales rica y maravillosamente matizados, como los de
+nuestras viejas catedrales góticas; era aquel un alcázar fuerte, de los
+tiempos medios de la dominacion de los árabes en España; una especie de
+casa de placer de algun rey moro, que al mismo tiempo servia de alcazaba
+á la villa: una de esas magníficas huellas que dejó trás sí el paso de
+ese maravilloso pueblo árabe.
+
+La atalaya que coronaba la cumbre del monte sobre Cádiar, era un
+edificio severo, escueto, que se destacaba vigorosamente sobre el
+horizonte, y que descubria con sus cuatro ojos negros, abiertos en su
+muro circular de piedra, ennegrecida por el tiempo, un número
+considerable de pueblos y montañas, y el mar por la parte de Levante.
+Dábala entrada una pequeña puerta de herradura, y por la parte oriental,
+sobre una cortadura del monte, se veia una ventana estucada, dividida
+por una columnilla blanca, y guarnecida por vidrios de colores; este era
+el único detalle delicado y bello que se notaba en aquel macizo torreon
+negruzco; detalle que á tiro de arcabuz dejaba conocer que era una
+adicion reciente, una herida abierta en el muro antiguo, una especie de
+respiradero practicado en el centro de la torre para hacer habitable y
+un tanto cómoda aquella atalaya de guerra.
+
+Dulcificaba un tanto su aspecto brabío, una pequeña huerta y una blanca
+casita adherida á la atalaya por la parte del Sur. La cumbre se habia
+allanado y cercado con un tapial, y una noria, á que daba vueltas un
+enorme buey, mantenia la frescura y la frondosidad de un emparrado,
+colocado como un toldo delante de la fachada de la casa, y que corria
+hasta la puerta de la atalaya, y á las legumbres y á los árboles
+frutales que ensanchaban sus frondas odoríferas, bajo el templado cielo
+del Mediodía.
+
+Un perro, una legion de gallinas y algunos patos, que nadaban en un
+estanque donde se recogian las aguas de la noria, daban ruido y vida,
+una vida especial á aquel pequeño recinto, dulcificando lo severo y
+sombrío del aspecto de la atalaya.
+
+Entre esta y el castillo de Válor existia no sé que de extraño y hostil.
+La atalaya, hasta en la pequeña perforacion que se habia practicado en
+ella abriendo en su muro un agimez, era severa y sencilla; pero altiva y
+enérgica, por decirlo asi, como un viejo y veterano centinela avanzado
+al enemigo: el castillo, cuyas defensas estaban deterioradas, y
+desatendidas, parecía envilecido por aquel alcázar tan delicado y tan
+bello que á nada podia compararse tanto como á una cortesana corrompida
+y coronada de flores, que se sentase sobre un viejo y abollado arnés de
+guerra: la atalaya parecia representar la ancianidad brabia aun é
+indomable, y el castillo el valor degradado, el atleta rendido á los
+pies de la hermosura.
+
+Entre el castillo y la atalaya filosóficamente considerados existía un
+abismo.
+
+Pasando de los edificios á sus habitantes respectivos, hallaremos entre
+ellos diferencias esenciales.
+
+Eran dos mujeres viudas, cada una de las cuales tenia un hijo.
+
+La una, la moradora de la atalaya se llamaba doña Isabel de Córdoba y de
+Válor. La otra la habitante del castillo doña Elvira de Céspedes.
+
+Veinte y dos años habian pasado por estas dos mujeres desde la fecha en
+que las presentamos á nuestros lectores al principio de nuestro relato.
+
+Doña Isabel contaba, pues, cuarenta y dos años; doña Elvira cuarenta y
+cinco.
+
+Por un privilegio de la naturaleza estas dos mujeres se habian
+conservado hermosas, en la edad en que generalmente ha empalidecido la
+hermosura de la mujer, han brotado en su cabeza las canas, y se han
+impreso en su rostro las arrugas.
+
+Doña Isabel y doña Elvira no tenian ni canas ni arrugas.
+
+Comprendiase, sí, á primera vista, que no eran jóvenes; pero nadie se
+hubiera atrevido á decir que eran viejas.
+
+Encontrábanse en ese desarrollo de vida y de hermosura, que viene á ser
+como el estío en la vida de la mujer, en que lo que la falta de frescura
+la sobra de fuerza, de vigor.
+
+Eran todavía dos mujeres peligrosas.
+
+Cuando salia doña Isabel de su casita adherida á la atalaya, ó cuando
+salia doña Elvira del castillo para bajar á las poblaciones, siempre
+habia ricos y jóvenes moriscos que las aquejasen con pretensiones.
+
+Llamábanlas, por último, en la comarca las hermosas viudas.
+
+Sin embargo desde la muerte de Miguel Lopez, ó poco despues, doña Isabel
+se habia retirado á las Alpujarras, á la villa de Cádiar donde habia
+dado á luz un hijo, y se habia mostrado sorda á todas las pretensiones,
+vistiendo severamente sus tocas de viuda, y dedicándose por completo al
+cuidado de su hijo á quien amaba de una manera extremada; doña Elvira,
+antes de la muerte de don Diego de Córdoba, su esposo, se habia retirado
+á la villa de Válor donde habia dado á luz á don Fernando de Válor, y
+del mismo modo despues de la muerte de don Diego se negó de todo punto á
+contraer un nuevo enlace, concentrando, como doña Isabel, todo su amor
+en su hijo.
+
+A pesar de que vivian á poca distancia, ninguna de las dos cuñadas se
+visitaron, ni se vieron una sola vez, desde la noche en que, veinte y
+dos años antes, habia sido incendiada por los moriscos la casa de don
+Diego de Córdoba y de Válor.
+
+Pero si doña Isabel y doña Elvira no se veian, no acontecia lo propio
+respecto á sus hijos Diego Lopez y don Fernando de Válor.
+
+Cuando fueron mozos, estos se encontraron cazando en la montaña, ó en
+Granada, á donde solian ir con frecuencia, ó en donde era mas peligroso:
+en las reuniones de los moriscos, á las que se les llevaba para nutrir
+en sus almas el odio contra los cristianos.
+
+Las ambiciones de los parientes de entrambos jóvenes, habian hecho nacer
+entre ellos rivalidad y aun odio; odio y rivalidad que disimulaban, pero
+que no por ello eran menos fatales: los parientes de Miguel Lopez no
+cesaban un punto de decir á Diego su hijo, que su madre doña Isabel, era
+descendiente del Profeta; que si bien era verdad que don Fernando de
+Válor su primo, era el primogénito de la familia, sus vicios, su
+afeminacion, y la estrecha amistad que como veinticuatro de Granada y
+capitan del rey de España sostenia con los cristianos, le hacian
+peligroso, cuando él, pobre, aislado en las Alpujarras, contando sus
+únicos amigos entre los moriscos, fuerte, robusto y severo en sus
+costumbres, era mas á propósito para ponerse al frente de ellos: los
+allegados de don Fernando de Válor excitaban de la misma manera la
+ambicion de este, recordándole siempre su alto orígen y avivando su odio
+á los cristianos con traerle continuamente á la memoria, el desastrado
+fin de su padre. Contribuia no poco á ello, su tio don Fernando, á quien
+se conocía entre los moriscos con el nombre de Aben-Jahuar-el-Zaquer.
+Encargado este de su tutela, habia pretendido, aunque en vano, pasar de
+tutor á padrastro por su casamiento con su cuñada doña Elvira; pero esta
+se habia negado constantemente; don Fernando sin embargo no habia
+cedido; enamorado y empeñado cada vez mas por la peligrosa hermosura de
+doña Elvira, habia procurado hacerse de un arma contra la misma doña
+Elvira de su hijo don Fernando: enervó su alma, se apoderó de él, le
+corrompió, y para sujetarle mas á su influencia le casó con Inés de
+Rojas, hija de Miguel de Rojas, morisco influyente, tan ambicioso como
+Aben-Jahuar, y dispuesto á ayudarle en sus proyectos que eran
+tenebrosos.
+
+Reducíanse estos, á poner como condicion á doña Elvira, el
+engrandecimiento de su hijo, á trueque de su mano, ó su anulacion
+completa ante los moriscos si persistia en su negativa. Fácil era de
+comprender que, amando como amaba doña Elvira á Aben-Humeya, su hijo, no
+vacilaria, por repugnante que le fuese, en entregar su mano á
+Aben-Jahuar, su cuñado, á trueque de que Aben-Humeya fuese proclamado
+rey por los moriscos de Granada, cuando llegase el caso inminente de una
+insurreccion decisiva. Miguel Rojas, por su parte, morisco
+influyentísimo, como ya hemos dicho, no podia menos de desear que el
+marido de su hija, llegase á ser rey, y ayudaba con todas sus fuerzas á
+Aben-Jahuar: este se habia cubierto de la mas profunda reserva, y nadie
+mas que doña Elvira, porque los ojos de una madre lo adivinan todo,
+habia adivinado, que Aben-Jahuar, satisfecho su empeño amoroso casándose
+con ella, no pararia hasta ver satisfecha su ambicion: doña Elvira habia
+comprendido que su cuñado elevaria á su hijo, que le sostendria hasta
+cierto punto en el poder, y que le derribaría despues para hacer con su
+cadáver un escalon del trono de Granada.
+
+Doña Elvira aborrecia, pues á su cuñado; pero encubria su odio, porque
+Aben-Jahuar estaba apoderado de su hijo, y le tenia como en rehenes.
+
+Abandonado Aben-Humeya á su tio, habia contraido viciosas inclinaciones:
+era jugador y camorrista como su padre; falto de fe en sus empeños como
+su padre, y como él infatuado con su orígen: añadíase á esto el odio que
+doña Elvira le habia hecho concebir contra su tia doña Isabel de Válor,
+y su primo Aben-Aboo; su corazon era un depósito de amargas pasiones: su
+pensamiento enloquecia con sueños insensatos: desconfiaba de todo el
+mundo, y sin embargo á todo el mundo se entregaba: débil, irresoluto,
+voluntarioso, era á todas luces inferior á su primo Aben-Aboo, á su
+rival, á su antagonista.
+
+Era este un mancebo de veinte y dos años, á quien la reflexion hacia
+parecer de mas edad; hermoso; pero con una hermosura enérgica; moreno,
+con ese color dorado y característico de los oriundos de Africa; pálido,
+con enormes y elocuentes ojos negros, nariz aguileña, boca de sutiles
+labios, que indicaban astucia y firmeza, y miembros musculosos y
+fuertes; pero constituyendo un conjunto esbelto, en que se adivinaban un
+vigor sumo y una agilidad extraordinaria.
+
+Aben-Humeya, era otro tipo enteramente distinto: su semblante blanco,
+pálido, de cútis fino y denso, y sus grandes ojos negros de mirada
+sensual y lánguida recordaban la antigua y casi extinguida raza árabe:
+aunque á veces brillaba una chispa de valor indómito en sus miradas,
+aunque habia altivez en la actitud de su cabeza, y algo de magestad en
+su frente, sin embargo, en la tersa morbidez de sus manos, que hubiera
+envidiado una dama, en la indolencia de sus movimientos, en esa especie
+de cansancio habitual que constituye la afeminacion en el hombre, se
+comprendia que estaba enteramente entregado á la molicie, á los
+placeres, á la vanidad: sin embargo, como un indicio, como un signo de
+raza, en medio de esta degradacion, se notaban algunos destellos de
+valor sereno é infinito, de actividad, de magestad: algo de regio, de
+grande, de indomable, que debia revelarse y dominar á la degradacion en
+situaciones dadas, haciendo de aquel hombre otro enteramente desemejante
+de sí mismo, aunque por un momento.
+
+Aben-Aboo, aventajaba á Aben-Humeya en hermosura, en energía, en
+virilidad; pero Aben-Humeya aventajaba á Aben-Aboo en fueros y
+privilegios.
+
+Aben-Humeya era señor de Válor, regidor perpetuo, ó veinticuatro del
+ayuntamiento de Granada, capitan de infantería, y se llamaba don
+Fernando.
+
+Aben-Aboo, solo era hidalgo por su madre, vivia oscurecido, y se llamaba
+lisa y llanamente Diego.
+
+Aben-Humeya era rico y brillaba entre la nobleza castellana.
+
+Aben-Aboo, ó por mejor decir doña Isabel, su madre, lo habia vendido
+todo á excepcion de la atalaya y la huerta en que vivian en Cádiar, y
+una enorme casa situada en el Albaicin de Granada, perteneciente al dote
+de doña Isabel, que esta habia cedido á su hijo, y que estaba
+continuamente alquilada.
+
+En vano Yaye-ebn-Al-Hhamar, habia pretendido de doña Isabel que
+aceptase, al menos, cuanto fuese necesario para sostener dignamente los
+gastos de Aben-Aboo. Doña Isabel se habia mostrado inexorable.
+
+Aben-Humeya tenia en Inés de Rojas una esposa jóven, pura y enamorada,
+que le habia dado un hijo; en su tio un espíritu que hablaba siempre á
+su vanidad y á sus pasiones; en su suegro un instrumento servil, que se
+plegaba á todos sus caprichos, y numerosos amigos parásitos que le
+adulaban y le ensoberbecian.
+
+Aben-Aboo, solo tenia á su madre, pura y santa mártir, que le predicaba
+constantemente la virtud y el honor, y unos que, por parte de Miguel
+Lopez, se creian parientes del jóven, y que este tenia por tales (hasta
+tal punto habia quedado envuelto en el misterio el orígen de Aben-Aboo)
+gentes zafias, brabías, que no pudiendo ser nada por sí mismas, lo
+esperaban todo del derecho que parecia asistir en un caso dado á la
+corona de Granada, á Aben-Aboo, como descendiente de los Aben-Humeyas
+por parte de su madre. Pero estas gentes aunque ricas, eran oscuras y no
+podian dar prestigio alguno á Aben Aboo.
+
+Habia ademas otras disparidades notabilísimas entre ambos jóvenes.
+
+Aben-Humeya, tenia en torno suyo una numerosa y espléndida servidumbre;
+sus caballerizas estaban llenas de caballos de raza pura; tenia un
+palacio en Granada y otro en Cádiar, y en estos palacios magníficas
+cámaras, y en estas cámaras, costosos y bellísimos muebles, cuadros,
+estátuas, alfombras; cuanto constituia, en fin, la ostentacion de un
+gran señor de aquellos tiempos.
+
+Aben-Aboo, solo tenia á su servicio un esclavo africano, negro como la
+noche, fuerte como un cedro, valiente como un leon, y fiel á su dueño
+como un perro: en su cuadra no habia mas que dos caballos, valientes
+animales de raza, y tan buenos como los mejores de don Fernando: vivia
+encerrado en aquella vieja atalaya en cuyo centro habia habilitado un
+reducido y desnudo aposento, al que, mirando al distante mar, que
+aparecia á lo lejos entre las rompientes de las montañas, daba luz la
+ventana ornamentada de que hemos hablado. En aquel aposento no habia mas
+muebles que un lecho modesto, una ancha mesa de roble con recado de
+escribir, y algunos legajos de papeles; un armario donde se encerraban
+algunas ropas sencillas, y un medio arnés de hierro, suspendido de una
+escarpia: los objetos de mas lujo que allí se veían, eran las vidrieras
+de colores de la ventana, y una chimenea de mármol blanco del gusto del
+renacimiento; una pequeña puerta que daba paso á una escalera de
+caracol, servia de entrada á este aposento que era circular, y tenia
+cierto aspecto severo y triste, á causa de un pilar de ladrillo
+agramilado, que sostenia en el centro la bóbeda de agallones al estilo
+árabe.
+
+Sin embargo, á pesar de las diferencias que existian, segun hemos
+demostrado, entre ambos jóvenes, estaban puestos en contacto de una
+manera peligrosa, bajo dos distintos aspectos; el de la ambicion, y el
+del amor, siendo de advertir, que estas dos pasiones estaban alimentadas
+por ellos sobre dos fantasmas.
+
+Su ambicion miraba á la corona de Granada.
+
+¿Y donde estaba aquella corona?
+
+En la acalorada imaginacion de los moriscos.
+
+Su amor, en un ser misterioso, cuyo nombre y cuyo semblante no conocian;
+en una especie de fantasma.
+
+¿Y qué fantasma era esta?
+
+Fantasma ó mujer, el ser á quien amaban Aben-Aboo y Aben-Humeya, era...
+¡la Dama blanca de la montaña!
+
+Cuanto de bello y de poético sueña la imaginacion meridional del pueblo
+andaluz, se atribuia á aquella dama misteriosa: ¿era un fantasma, una
+hada, un génio de la montaña, ó un ser viviente real y efectivo? Nadie
+podia asegurarlo; pero era preciso contestar algo: aquella dama que,
+durante el verano anterior, habia aparecido con suma frecuencia en los
+desfiladeros de la montaña, por las mañanas antes de salir el sol, y
+durante las noches de luna; aquella dama misteriosa, siempre encubierta,
+siempre engalanada con regias vestiduras, conducida en un palanquin, ó
+cabalgando en una blanca hacanea, resguardada siempre por soldados
+moros, blancos como ella, y encubiertos con las viseras de sus cascos,
+no podia ser otra que la sultana Zoraya[12], que consecuente á su nombre
+y á su amor, se levantaba de su tumba antes de la salida del sol, ó á la
+luz de la luna, para mirar la altísima y siempre nevada cumbre de
+Muley-Hacem, donde creia ver la sombra de su esposo.
+
+Esto, que no pasaba de ser una conseja, era creido como un artículo de
+fe, no solo por los moriscos, sino tambien por los cristianos viejos.
+Estos la maldecian porque era la sombra de una _perra infiel y
+renegada_, á cuya influencia se debian sin duda las calamidades que
+afligian á la comarca: los moriscos sentian hácia la dama fantástica, un
+horror invencible, porque, al fin, ¿la sultana Zoraya no habia sido
+cristiana? ¿No se habia llamado doña Isabel de Solís? ¿Enamorando al rey
+Hacem, no habia motivado los zelos y la venganza de la sultana Aixa la
+Horra[13], las disidencias entre los infantes sus hijos y el rey
+Boabdil, hijo de Muley-Hacem y de Aixa, y las guerras civiles de Granada
+y por ellas la pérdida del reino?
+
+Segun los moriscos, la sultana Zoraya, castigada sin duda por Allah,
+vagaba insepulta expiando sus pecados: ella era el espíritu maldito de
+las Alpujarras; ella tenia sobre sí, no solo la execracion de los
+habitantes cristianos, sino tambien la de los moriscos.
+
+¿Pero acertaba en sus deducciones el vulgo? ¿Habia algo de cierto en
+aquella conseja?
+
+No hay tradicion que no tenga algun fundamento: la Dama blanca existia;
+pero lejos de ser un fantasma, era lo que mas adelante, en el discurso
+de nuestro relato, verá, el que lo leyere.
+
+Para Aben-Humeya y Aben-Aboo, la Dama blanca era mas que una mujer;
+entrambos, habian acechado su paso escondidos entre las breñas;
+entrambos la habian visto, y aunque siempre encubierta, era tal la
+magia, el encanto que se desprendia de ella, que entrambos se habian
+enamorado.
+
+Aben-Aboo y Aben-Humeya, estaban separados por las dos pasiones que mas
+imperio ejercen sobre el corazon humano: el amor y la ambicion.
+
+Sin embargo, siempre que los dos jóvenes se encontraban, se saludaban
+sonriendo; siempre antes de separarse, se estrechaban con fuerza las
+manos; pero siempre que Aben-Humeya se asomaba á los miradores de su
+castillo de Válor, lanzaba una mirada llena de odio á la atalaya de
+Cádiar; siempre que Aben-Aboo sacaba la cabeza por la ventana de su
+nido, arrojaba una mirada letal al castillo de Válor.
+
+Entrambos tenian respectivamente, el uno para el otro, la palabra de
+amistad en los labios, y el odio en el corazon.
+
+Para aumentar este odio, la suerte parecia vacilar entre los dos.
+
+Los moriscos de las Alpujarras despreciaban á Aben-Humeya, y los
+monfíes, aquellos horribles bandidos invisibles, habian dejado mas de
+una vez el cadáver de un perro á la puerta de su castillo, lo que era
+una afrenta horrible entre los moros, y al mismo tiempo una amenaza: por
+el contrario, los xeques de la vega de Granada y del Albaicin, seducidos
+por Aben-Jahuar-el-Zaquer, tio paterno de Aben-Humeya se habian
+declarado ardientemente sus partidarios, y pensaban en él para hacerle
+rey de Granada.
+
+Habia ademas, otra persona parienta de entrambos jóvenes, á la que nunca
+habian visto; pero cuyo parentesco conocian, y cuya influencia sentian,
+y á quien aborrecian por la misma razon que se aborrecian entre sí: por
+ambicion: aquel hombre era demasiado poderoso para que no les fuese
+temible: era el que mas derechos tenia á la corona de Granada; porque
+aquel hombre, en una palabra, era Yaye-ebn-Al-Hhamar, emir de los
+monfíes.
+
+Nuestros lectores, por lo que acabamos de consignar, comprenderan, que
+la vida del emir habia llegado á su situacion mas dramática; nuestros
+lectores conocen los amores de Yaye con doña Elvira de Céspedes, esposa
+de don Diego de Córdoba y de Válor, y con doña Isabel, hermana de este:
+saben tambien, que por una horrible fatalidad, aquellos amores habian
+dado por fruto dos niños, cuyo verdadero orígen, habia sido cubierto
+respectivamente por decoro de familia: nadie sabia aquel secreto, mas
+que las dos mujeres y Yaye, siendo de presumir, que lo supiese tambien
+la persona que se habia apoderado de las cartas de doña Elvira y de doña
+Isabel, en que ellas mismas habian descubierto aquel secreto. Por mas
+que habia hecho Yaye, no habia podido averiguar quién habia sido el
+ladron de aquellas cartas, lo que le tenia en una ansiedad increible.
+
+Fuera de esta persona ignorada, nadie habia que pudiera revelar aquel
+secreto. A nadie constaba si Miguel Lopez, antes de partirse á las
+Alpujarras, habia poseido á su esposa. Nadie sabia la terrible escena
+que habia acontecido entre don Diego de Válor y doña Elvira, á la vuelta
+de aquel de las Alpujarras, y antes de que fuese preso por el capitan
+general. Miguel Lopez no habia podido revelar nada, porque habia muerto
+de hambre en el subterráneo; don Diego de Válor, que esperaba para
+vengarse verse en libertad, acusado con pruebas fehacientes del
+asesinato de su cuñado, habia muerto en la prision; su hermano don
+Fernando, al tiempo de la muerte de don Diego, se encontraba en Africa á
+donde habia ido á buscar auxilio en nombre de los moriscos de Granada,
+en la córte del dey de Argel, y nada pudo revelarle el preso antes de
+morir. El secreto, guardado de una parte por la tumba, y de otra por
+intereses de familia, no podia ser descubierto, sino por la mano
+misteriosa que habia robado sus únicas; pero terribles pruebas.
+
+Hermanos Aben-Humeya y Aben-Aboo, solo se creian primos, y se aborrecian
+de muerte, y este aborrecimiento; cuya causa conocia Yaye, le aterraba.
+
+Porque Yaye no podia dudar de que los dos jóvenes eran sus hijos, y esto
+para él era una fatalidad mas: sino hubieran sido hermanos de Amina, el
+emir que conocia las rivalidades de entrambos, las hubiera atajado,
+uniendo á Aben-Humeya con su hija, cumpliendo de este modo el antiguo
+contrato de las dos familias, y satisfaciendo ó sosteniendo con mano
+fuerte la ambición de Aben-Aboo.
+
+Llovian las contrariedades sobre el emir. Del mismo modo que Aben-Humeya
+se habia hecho partido entre los moriscos de Granada y de la Vega,
+Aben-Aboo, por las influencias de los parientes de Miguel Lopez, su
+falso padre, se lo habia hecho entre los de las Alpujarras.
+
+Ademas, por su valor, por su fanatismo musulman, que en vano habia
+querido dominar su madre; por sus atrevidas excursiones á la montaña;
+por algunas muertes dadas, aunque secretamente, á algunos castellanos,
+habia llamado la atencion de los monfíes que le apreciaban sobre manera,
+del mismo modo, que, como dejamos dicho, insultaban á Aben-Humeya.
+
+Sabíalo esto Yaye, y veia venir las disidencias y las luchas intestinas
+entre los moriscos. Queria remediarlo y no podia. Todos los caminos se
+le cerraban. Amina, Aben-Aboo y Aben-Humeya, eran sus hijos.
+
+Yaye habia empezado á ser hombre, cometiendo grandes desaciertos. Habia
+escuchado á su ambicion y á su fanatismo, mas que á su corazon; habia,
+en una palabra, cometido crímenes: el crímen no puede producir mas que
+crímen, y Yaye, ya casi en el otoño de su vida, veia levantarse contra
+él su pasado de una manera aterradora: dos mujeres, hermosas aun y
+llenas de vida, sedienta la una, doña Elvira, de venganza, lo que no se
+ocultaba á Yaye; resignada la otra, dona Isabel, pero infeliz, víctima
+de la ambicion y de los crímenes de su familia, mártir inocente que
+devoraba su dolor y sus lágrimas, ocultándolas á todo el mundo. Ademas
+de estas dos mujeres, era otro cruel remordimiento para Yaye, su hija,
+su infeliz Amina, deshonrada á sus ojos, enamorada de una manera
+insensata del marqués de la Guardia; una niña, una infeliz criatura dada
+á luz por Amina, oculta, bastarda, con un porvenir oscuro; sus dos hijos
+Aben-Humeya y Aben-Aboo, empeñados en una lucha sorda, pero por lo mismo
+mas terrible. Calpuc, el rey del desierto, viniendo de tiempo en tiempo
+de América, trayéndole tesoros, representante á un tiempo de la
+desventura de Estrella y de la desventura de Amina, y luego ¡oh! luego
+otro remordimiento mas terrible, mas aterrador... El príncipe don Cárlos
+de Austria, el insensato, á quien él habia lanzado á la rebeldía contra
+su padre, el infeliz loco habia sido procesado por el terrible Felipe
+II, y habia muerto en el alcázar de Madrid[14].
+
+Dios, el rey y los médicos de cámara, Oliva y Vallés, el divino (como se
+le llama aun) sabian si el príncipe habia muerto por enfermedad, por
+excesos, ó por un veneno: la historia nada sabe, nada ha podido decir,
+sino que el príncipe murió preso y procesado por su padre, y este
+horroroso suceso, este parricidio, acaso, pesaba sobre el alma de Yaye,
+la torturaba, la estremecia, porque, aunque Felipe II fuese su enemigo
+natural, el verdugo de su pueblo, lo horrible, lo monstruosamente
+criminal, este sobre todos los odios, flota sobre todos los intereses.
+
+De modo que Yaye, que habia tenido la vanidad de la virtud, y la
+ambicion de un héroe, se encontró cuando empezaba á descender el sol de
+su vida, con el alma ennegrecida y humillado por el remordimiento, y con
+la desesperadora certeza de no haber hecho nada por su patria.
+
+Tales eran la situacion de Yaye, de doña Isabel de Válor, de doña Elvira
+de Céspedes y de sus hijos, en la fecha en que se encuentra nuestro
+relato.
+
+
+
+
+CAPITULO II.
+
+ El peregrino y el ermitaño.
+
+
+Un dia de invierno del año de 1568, domingo por cierto á 19 de
+diciembre, despertó Granada, la que llaman los poetas paraiso oriental,
+jardin de amores, alcázar de perlas, castillo fuerte y contentamiento de
+la vida; despertó, decimos, tan envuelta en nieblas, que no parecia sino
+dueña mogigata y pudibunda, ú honesta desposada, que sale á la calle la
+mañana siguiente de sus bodas, y se cubre con su rebocillo en el breve
+tránsito de la casa nupcial á la iglesia. Lo cierto del caso es, y nos
+dejamos de peligrosas figuras, que tal y tan espesa era la niebla, que
+apenas se lograban ver los objetos á diez pasos de distancia; que algo
+mas allá los árboles parecian fantasmas y que, por último, algun espacio
+mas allá nada absolutamente se veia mas que el fondo perdido, vago y
+flotante de las extremidades de las nubes que tocaban á la tierra y la
+inundaban con una lluvia menuda, espesa y fria como la nieve.
+
+Corria, otro si, un vientecillo tan sutil y helado que los traginantes y
+demás gente de camino que iban por el de las Alpujarras á Granada,
+tenian gran cuidado de llevar calados los chapeos hasta los ojos y
+subidas las mantas, capas ó capotes hasta las narices, requisito sin el
+cual se exponian á convertirse en carámbanos, á beneficio de un aire
+colado y á pesar del cual se les helaba el aliento á la salida de las
+narices, escarchándose sobre los mostachos de quien los tenia: era, en
+fin, una de esas homicidas mañanas de invierno contra las cuales no hay
+mejor defensa que el lecho y una habitacion herméticamente cerrada y
+convenientemente caldeada.
+
+Si fuera preciso que nuestros lectores nos acompañasen en cuerpo y alma,
+en una mañana tal y con tal frio, al lugar en que es necesario que nos
+apostemos para esperar á ciertas personas, estamos seguros que del
+infinito número de lectores que han de tomar en sus manos este libro,
+solo quedaria alguno de esos calaveras á quienes nada pone espanto, y
+que estan siempre dispuestos á correr una aventura, siquiera sea en el
+infierno, ó algun desesperado cansado de la vida, y á quien fuese
+indiferente morir de pulmonia, de pasmo ó á mano airada. Pero,
+afortunadamente, tanto nuestros lectores como nosotros, no tenemos
+necesidad de otra cosa que de trasladar nuestra atencion, entidad moral
+é incorpórea, agena por lo tanto al frio ó al calor atmosférico, á la
+ermita de san Sebastian, antigua mezquita de moros, convertida despues
+de la conquista de Granada por el celo religioso de nuestros abuelos en
+santuario y hoy (vicisitudes de la suerte) por el espíritu mercantil y
+codicioso de nuestra época, en taberna.
+
+Sin embargo, y decimos esto de paso; sin embargo de que el humo del
+aceite del figon y de los cigarros de los borrachos, ha ennegrecido el
+interior de aquel pequeño edificio cuadrado, á pesar de que un innoble
+hacecillo de sarmientos se mueve al impulso de las auras del Genil sobre
+el venerable arco árabe de la antigua mezquita, como en muestra de que
+allí puede embriagarse todo el que quiera por algunos maravedises, aquel
+edificio, envilecido por los hombres, conserva los gloriosos recuerdos
+de haber acampado junto á él los ejércitos de Castilla y de Aragon, el
+mismo dia en que se entregó Granada á los Reyes Católicos, que, rodeados
+de su córte, de sus prelados y de sus mas grandes capitanes, vieron
+desde aquel punto ondear sobre la distante torre de la Alcazaba de la
+Alhambra los tres pendones de Castilla, de la fe y de las órdenes
+militares: una lápida antigua, incrustada en el lado oriental de la
+ermita que conserva en una sencilla inscripcion estos gloriosos
+recuerdos históricos, forma un enérgico contraste, es casi una protesta,
+contra el hacecillo de sarmientos y las impuras bacanales de rameras y
+gente perdida, cuotidianos concurrentes del garito, y una voz muda, pero
+severa, que acusa ante el buen patricio, ante el hombre de corazon y
+ante el extranjero, la incuria de los que no han sabido defender del
+envilecimiento, aquel depósito de tan nobles tradiciones, aquel
+santuario donde se ha elevado entre el humo del incienso del altar, el
+homenaje de adoracion y alabanza del hombre á su Criador.
+
+Pero dejando el tono declamatorio que sin saber cómo, nos ha inspirado
+el recuerdo de la mezquita-templo-taberna, situémonos junto á ella y
+veamos si llegan las personas á quienes esperamos.
+
+Inútil es decir que en aquellos tiempos la ermita de san Sebastian era
+una verdadera ermita, con su fraile-lego-sacristan, su esquilon colgado
+entre dos postes sobre la puerta, su rejilla de hierro abierta en ella,
+y su lámpara siempre encendida delante del altar, que se veia á través
+de la rejilla.
+
+Acababa de amanecer, ó por mejor decir, de esclarecerse la luz del dia,
+harto empañada por la niebla, cuando de entre esta y ya cerca de la
+ermita, se destacó un bulto, primero informe, y perfectamente
+perceptible poco despues; componian el bulto un hombre y un asno; vestia
+el primero, que venia cabalgando en el segundo, un hábito de peregrino;
+esto es: sombrero de anchas alas, fatigadas por enormes conchas, muceta
+igualmente conchuda, túnica de buriel y bordon con la consabida
+calabacilla pendiente de su extremo superior; era el segundo un sesudo y
+robusto jumento de las Alpujarras, enjaezado con jáquima y albarda á la
+morisca; esto es: enriquecidas ambas con flecos de estambre y seda de
+colores á que llaman alhamares de la tierra, y adornada la cabeza con un
+penacho voluminoso, cuya tiesura contrastaba de una manera original con
+lo abatido y lacio de las enormes orejas del jumento, abatidas por el
+frio y por la lluvia.
+
+En vez de seguir adelante por el enlodado y difícil camino que siguiendo
+por la márgen izquierda del Genil, sobre que está situada la ermita,
+conduce al cercano puente y á la ciudad, el peregrino tocó suavemente
+con la extremidad de su bordon el lado derecho de la cabeza del asno, y
+este se dirigió en derechura á la puerta de la habitacion del ermitaño,
+adherida por la parte del rio á la ermita.
+
+Es de advertir que el peregrino no se habia descubierto ni santiguado al
+pasar junto á la cruz de piedra situada delante de la ermita,
+irreverencia notabilísima en aquellos tiempos, y que hacia sumamente
+sospechoso á quien tal desacato se permitia: ello es verdad que nadie
+podia haberlo visto, porque en la pequeña área en que podian ser
+perceptibles los objetos á causa de la niebla, no habia otra persona que
+el irreverente, ni otro testigo que el asno, y aun este, por su posicion
+natural, no podia notar la falta, y caso de que la hubiera notado, ya
+sabemos hasta donde llegan el silencio y la discrecion de un borrico.
+
+Apeóse el peregrino cuando el animal hubo de detenerse, no pudiendo
+pasar adelante á causa de la interposicion del muro de la ermita, y
+acercándose aquel á la puerta de la habitacion del ermitaño, dió en ella
+y consecutivamente tres fuertes golpes con el herrado cuento de su
+bordon.
+
+Contestó inmediatamente tras de la puerta una voz nasal y
+característica, verdadera entonacion frailuna y untuosa, á cuyo sonido
+contestó el peregrino en dialecto extranjero gutural y acentuado:
+
+--¡_Al-jandul-illah!_[15]
+
+--¡_Le ille-Allah!_[16] contestó inmediatamente con entonación devota y
+enérgica una voz robusta y varonil, al mismo tiempo que se abría la
+puerta y dejaba ver un ermitaño robusto de cuerpo, de barba bermeja,
+cútis cobrizo y ojos negros y centelleantes, envuelto en un hábito
+ceniciento de franciscano descalzo.
+
+Miráronse frente á frente ermitaño y peregrino y el primero dijo al
+segundo:
+
+--Yo esperaba á un hombre que pronunciara á mi puerta el nombre de Dios.
+
+--Yo soy ese hombre, contestó el peregrino.
+
+--¿Ha llegado el dia hermano? dijo el ermitaño.
+
+--Se acerca la hora, contestó el peregrino.
+
+--Muéstrame una señal para que pueda creerte.
+
+--Déjame entrar en tu casa, dijo el peregrino, viendo que el ermitaño
+cubria recelosamente la estrecha entrada.
+
+Apartóse el ermitaño, y el peregrino tirando del ronzal del asno, le
+introdujo en un reducido patio en cuyo centro existia aun la pequeña
+fuente de ablucion de la mezquita, y al fondo bajo un parral en
+esqueleto, una preciosa puerta árabe minuciosamente labrada y orlada de
+inscripciones cúficas, con leyendas del Koram.
+
+El ermitaño cerró inmediatamente la puerta exterior: entonces el
+peregrino se quitó el sombrero, levantó una de sus conchas, y arrancó de
+ella un pequeño pergamino cuidadosamente enrollado, que habia estado
+adherido con cera á la parte interna de la concha, le desenrolló y le
+mostró al ermitaño.
+
+Este leyó lentamente el contexto del pergamino, que consistia en algunas
+líneas de pequeños y hermosos caracteres africanos, escritos con tinta
+roja.
+
+--¿Cómo te llamas? dijo el ermitaño mirando profundamente al peregrino.
+
+--Abul-Hhassan, contestó aquel.
+
+--_¿Por dónde se camina hacia la luz hermano?_ replicó el ermitaño.
+
+--_Por las tinieblas_, contestó el peregrino.
+
+--Bien venido seas, hermano, dijo el ermitaño tomando la mano derecha
+del peregrino y llevándola á la frente, muestra de aprecio y de amistad
+entre los moros, recibida por ellos de los árabes.
+
+--Que el Altísimo y Unico te pague tu buena acogida hermano, contestó el
+peregrino.
+
+--Entra y conforta tus miembros, Abul-Hhassan, dijo el ermitaño; por acá
+tenemos el invierno crudo, y vienes sin duda de tierra donde el sol es
+siempre ardiente.
+
+--Vengo de Argel.
+
+--¿Y qué noticias traes?
+
+--Malas, muy malas; dijo el peregrino sentándose en un taburete junto á
+un hogar en que habia fuego.
+
+--¿Malas noticias dices que traes?
+
+--El dey Aluch-Alí, desconfia de nosotros.
+
+--¡Que desconfia de nosotros! y bien: tiene razón: hasta tal punto
+sufren los moriscos las tiranías y las afrentas con que los afligen los
+castellanos, que debe creerlos cobardes, y lo son, si, por la santa
+Kaaba. ¿Por qué no imitan á los monfíes de la montaña?
+
+--Pero el dia de la venganza y del exterminio se acerca, exclamó con
+energía Abul-Hhassan.
+
+--¿Y qué haran los moriscos solos, rodeados por todas partes de
+soldados, de alguaciles y de inquisidores?
+
+El peregrino sonrió con desden.
+
+--El pueblo de Dios, dijo con solemnidad, vive entre los infieles;
+parece sumiso y resignado; pero se agita en silencio, y está en todas
+partes; en las casas de los magnates cristianos, sufriendo sus
+insolencias y comiendo el pan de la servidumbre con la frente baja, la
+mirada tranquila, la sonrisa en los labios; en los conventos, vistiendo
+el sayal del fraile cristiano; bajo las banderas del rey impío,
+vistiendo el coselete del soldado; nuestras hijas sonrien al castellano
+y le enamoran, mostrándole el rostro descubierto y dominándole con su
+hermosura; en nuestras casas entran descuidados, y en sus templos
+penetramos nosotros encubiertos; tú mismo pasas por santo entre ellos,
+eres sacristan de esta santa mezquita profanada, y ninguno desconfia de
+tí; yo, cuando paso por los caminos del infiel, con mi bordon de
+peregrino, les pido caridad en nombre de su dios, y con la máscara de
+mendigo penitente, paso entre ellos, que me respetan y llenan mi bolsa
+con sus limosnas. ¿Quieres mas? Llegará un dia en que el vencido,
+humillado hoy, envilecido, doblegado ante su señor, se levante con el
+puñal en una mano y la tea en la otra, cuando menos lo esperen los
+cristianos; cuando esten mas confiados por nuestra humildad y nuestro
+sufrimiento, y ese dia ha llegado ya.
+
+--Pero envuelto en nieblas: me parece muy pronto Abul-Hhassan.
+
+--Dentro de pocas horas esas nieblas se habran deshecho ante la luz del
+sol; nos espera un hermoso dia, hermano.
+
+--¿Y por qué si tienen los moriscos tantas esperanzas los abandona el
+dey de Argel?
+
+--Su guerra con los venecianos, á que le lleva su fidelidad hacia el
+supremo emir de los creyentes, Selim II, á quien Dios prospere, le
+tiene sin naves y sin dinero; hoy no nos podria dar ni una sola fusta,
+ni un solo soldado, ni una sola dobla. Esperémoslo todo del sultan, del
+sublime Selim. Entre tanto nos ayuda el emir de los monfíes de las
+Alpujarras.
+
+--Ya, ya lo he visto por el pergamino que me has entregado.
+
+--Si unidos á los monfíes de la montaña logramos apoderarnos de Granada
+y poner en armas la tierra desde Almería á Gibraltar; si vencidas, como
+es de esperar, las armadas de Venecia, puede el sultan enviarnos sus
+galeones, y sus taifas, que haran innumerables las taifas berberíes,
+España volverá á ser nuestra como lo fue en tiempos de Muza y de Tarik,
+y ¡ay entonces de la infame Europa! la palabra de Dios llevada adelante
+por las espadas del Islam, llenará la tierra desde el Oriente á las mas
+altas regiones del Occidente, mas allá de los grandes mares, y desde el
+Mediodia al Septentrion; hasta los eternos hielos.
+
+--Cúmplase la voluntad de Allah.
+
+--Y se cumplirá, asi está escrito: ¿no crees tú en lo que revelan esas
+palabras de luz que se llaman estrellas?
+
+--La carta que me has dado dice que eres sabio y astrólogo: solo Dios
+sabe lo oculto, y él lo revela á sus escogidos. ¡Cúmplase la voluntad de
+Dios!
+
+Hubo un momento de silencio.
+
+--¿Quién te ha dicho que me busques? preguntó al cabo el ermitaño que no
+confiaba mucho en Abul-Hhassam.
+
+--El emir de los monfíes.
+
+--¿Y dónde has visto al emir?
+
+--En las Alpujarras.
+
+--¿Cuánto tiempo hace?
+
+--Dos dias.
+
+--Y nada mas te ha dicho el magnífico emir al enviarte á mí.
+
+--Si me ha dicho: busca al Julaní que vive encubierto en la mezquita de
+Al-Morabethin[17] y á quien los cristianos llaman el hermano Pablo;
+desde la mezquita hasta la casa de su hermano el Hardon en el Albaicin
+hay una larga mina, cuya entrada por la mezquita sabe él solo: no es
+prudente que tú, hombre de Dios, andes á la luz del dia por Granada, ni
+te aposentes en las posadas públicas; en la ciudad hay gente que te
+conoce y que sabe que andas oculto desde el levantamiento de las
+Guajaras. Toma este escrito: mediante él, el Julaní te abrirá la puerta
+de la mina, y por bajo de Granada, llegarás á casa del Hardon. Esto me
+dijo el emir al darme el escrito que te he entregado.
+
+--Tú eres el faqui, dijo aun con recelo, pero mas tranquilo el Julaní,
+que hace algunos años dijiste que las estrellas te habian revelado el
+nombre del escogido por Dios para ser rey de Granada.
+
+--Sí es verdad, yo soy Abul-Hhassam el faqui.
+
+--¿Y quién debe ser rey de Granada? dijo con sarcasmo el Julaní.
+
+--Hubo un tiempo en que yo creí leer de una manera clara su nombre en el
+eterno libro del firmamento.
+
+--¿Y era ese nombre el de Aben-Aboo, el hijo de doña Isabel de Córdoba y
+de Válor?
+
+--Si, ese era el nombre que creí leer; pero despues las estrellas me han
+dicho: «espera solo un momento antes de que el pueblo de Granada se
+levante armado contra sus opresores y podrás saber ese nombre.»
+
+--¿De modo que?...
+
+--Esta noche á las doce, sabré quién ha de ser rey de Granada.
+
+--Que Dios te ilumine para bien de su pueblo santo faqui, dijo el Julaní
+con acento de amenaza. Entre tanto, y como tu permanencia aquí no es
+prudente, ven.
+
+El Julaní se levantó y llevó al faqui á un ángulo de la estancia donde
+estaba la humilde tarima de penitente, que le servia como complemento de
+su apariencia cenobítica; la apartó y debajo de ella quedó descubierta
+una trampa cerrada con un candado: sacó el Julaní una llave de la manga
+de su hábito, levantó la compuerta y quedó descubierta una trampa.
+
+Abul-Hhassam fue á descender por ella.
+
+--Espera, dijo el Julaní; es necesario que todo lo que ha venido contigo
+desaparezca.
+
+Y salió al patio, asió el ronzal del jumento, tiró de él, le introdujo
+en la habitacion y le hizo descender por la trampa: siguióle
+Abul-Hhassam, y poco despues marchaban por un pasadizo llano, á cuyos
+costados habia algunas puertas, iluminado por una lámpara pendiente del
+techo.
+
+--¡Daruh! exclamó el Julaní cuando estuvieron en el pasadizo.
+
+Poco despues por una de las puertas laterales apareció un hombre jóven,
+robusto y de aspecto feroz, vestido exactamente como los monfíes de la
+montaña.
+
+Este hombre examinó atentamente á Abul-Hhassam, y volviéndose al Julaní
+le dijo.
+
+--¿Qué me quieres walí?
+
+--Lleva este asno á la caballeriza, ponle pienso como á nuestros
+caballos y vuelve.
+
+Daruh tomó el ronzal del asno, y desapareció con él por una puerta
+inmediata.
+
+--¡Tus caballos! ¡tus caballerizas! exclamó con asombro el faquí.
+
+--Si por cierto: estamos preparados: en un solo momento los monfíes de
+las Alpujarras saldran de debajo de la tierra armados y cabalgando como
+en tiempos de Boabdil.
+
+--A quien Dios maldiga.
+
+--Si; maldígale Dios: fue un traidor.
+
+Apareció entonces Daruh.
+
+--Guia á este hombre de Dios, le dijo el Julaní señalando al faquí, á
+casa del Hardon en el Albaicin.
+
+--¡Qué! ¿de esta entrada corren muchas minas al interior?
+
+--Tantas Abul-Hhassam, que si Daruh no te acompañase te perderias en su
+laberinto. Pero á Dios: no puedo faltar mucho tiempo de la mezquita: que
+Dios te guie y te ilumine, faquí.
+
+--Que la proteccion del Dios Altísimo y Unico esté sobre tí, hermano.
+
+Habia un ligero acento de amenaza en las palabras con que se habian
+despedido el wali y el faquí.
+
+Daruh encendió una lámpara, y echó por la mina adelante precediendo al
+faquí.
+
+El Julaní permaneció un momento inmóvil y pensativo.
+
+--El emir lo quiere, dijo al fin; pero hace algun tiempo no eran esas
+sus intenciones: ¿le habrá engañado ese astrólogo embustero? ¿Quién
+sabe? Que Dios ilumine al magnífico emir.
+
+Despues de estas palabras el Julaní subió, cerró la trampa, puso sobre
+ella la tarima, y tomando de sobre una mesa en que habia un crucifijo y
+una calavera, un cepillo de cobre, salió á la ermita, abrió su puerta y
+se puso en ella exclamando de tiempo en tiempo con voz compungida, y
+haciendo sonar algunas monedas que contenia el cepillo:
+
+--¡Hermanos caritativos! ¡ayudad con vuestras limosnas al culto de esta
+santa ermita!
+
+
+
+
+CAPITULO III.
+
+La recua, el carro y el ginete.
+
+
+El sol habia salido, y haciendo honor á los pronósticos de Abul-Hhassam,
+la niebla se habia disipado, contribuyendo á ello, un fuerte viento del
+Norte que habia arrojado las nubes hácia Sierra-Nevada, en cuya cima se
+agrupaban, como sirviéndola de turbante.
+
+El golpe de vista que se gozaba desde la ermita de san Sebastian era
+bellisimo: una ciudad maravillosa, Granada, iluminada por los primeros
+rayos del sol de la mañana, aparecia, extendiéndose su anfiteatro desde
+el puente de Genil hasta la encumbrada Alhambra que recortaba sobre el
+purísimo y radiante azul del cielo, sus torres y sus muros almenados, y
+sobre estos y entre aquellos, los verdes cipreces de los adarves de la
+torre de la Vela de la Alcazaba, el bello palacio del emperador Carlos
+V, y la iglesia de santa María. Has cerca las torres Bermejas, con sus
+robustas defensas; el cerro de los Mártires, cubierto de cármenes, y
+estos cármenes cubiertos de verdura, á pesar de la estación, merced al
+verdor eterno de los laureles, los naranjos, los cipreces y los nopales.
+Mas abajo los muros, siguiendo las inflexiones de las colinas; la Puerta
+del Sol, las torres de la ribera de los Molinos, la puerta de
+Bib-Lachar, el Cuarto Real, la puerta, la del Rastro, de Bib-Ataubin, la
+Real, de Bib-Arrambla, hasta perderse á lo lejos entre las calles de la
+ciudad nueva; y dentro de los muros, cubriendo las colinas, casas
+blancas como tórtolas en su nido, entre las que brotaban cipreces y
+laureles, y los campanarios de las parroquias y de los conventos, y de
+las capillas; y todos aquellos capiteles relumbrando, todas aquellas
+casas frescas y galanas, todo aquel verdor desmintiendo al invierno y
+aquellos castillos pesando sobre las cumbres; todo visto á través del
+dorado vapor producido por la luz matinal del sol naciente, y á la
+derecha la Sierra-Nevada con su turbante de nubes, su blanco manto y su
+anfiteatro de montañas; á la izquierda la extendida vega y las distantes
+y azules cordilleras; cerca el murmurante y claro Genil; en torno la
+tierra empapada por la lluvia exhalando un tenue vapor bajo los rayos
+del sol; todo aquello, repetimos, era una magnífica poesía, escrita la
+mitad por la mano de Dios, la otra mitad por la mano del hombre.
+
+El camino de las Alpujarras, ó como ahora se dice, de Armilla, se hacia
+mas concurrido á medida que avanzaba el dia; hermosas y robustas
+aldeanas, la mayor parte moriscas, montadas á las ancas de sus pollinos,
+por temor de manchar con el lodo, sus encarnados zagalejos, llevando en
+los serones hortalizas ó en los capachos gallinas y corderos, pasaban
+alegres entonando el lánguido fandango, é interrumpiéndole de tiempo en
+tiempo para animar su cabalgadura; oíase sin interrupción el zumbido de
+los cencerros de las recuas, que conducían á la ciudad los variados
+frutos de las ricas Alpujarras, y de tiempo en tiempo pasaba tambien
+algun hidalgo, ginete en su cuártago con el arcabuz en el arzon y la
+espada al cinto; toda esta gente, las aldeanas que saltaban de una
+manera hechicera de las ancas de sus asnos; los arrieros que se
+separaban de su recua; el hidalgo que dejaba momentáneamente el camino,
+se dirigian á la ermita, se descubrian, se santiguaban, y dejaban caer
+media blanca, ó moneda de mayor valía, en el cepillo del ermitaño.
+
+Unos decian al dar la limosna:
+
+--¡Dios le guarde santo ermitaño!
+
+Otros:
+
+--Dios nos ayude hermano.
+
+A los primeros contestaba el Julaní:
+
+--Dios se lo pagará en el cielo.
+
+A los segundos.
+
+--Dios tendrá misericordia de nosotros.
+
+Los primeros eran cristianos viejos: esto es, vencedores.
+
+Los segundos eran moriscos: esto es, vencidos.
+
+Hacia ya mas de una hora que el fingido ermitaño pedia para el culto de
+la ermita, y agitaba el cepillo que era enorme, y que sucesivamente iba
+produciendo su sonido mas ronco, y haciéndose mas pesado, cuando se oyó
+un cencerro mucho mas sonoro que los que habian pasado hasta entonces,
+acompañado del sonido de muchas campanillas, y desembocó por el camino
+una recua de poderosos burros que venian al trote, excitados por sus
+arrieros.
+
+Pero lo que tenia de extraño esta recua, ademas de la riqueza y de la
+variedad de los penachos y los caireles con que venian engalanados los
+jumentos, era que para cada uno de ellos venia un hombre, y que estos
+hombres eran jóvenes, robustos, bien encarados y gallardos; vestian ni
+mas ni menos, como los traginantes de las Alpujarras; quien los hubiera
+contado, hubiera visto que llegaban á veinte y dos, y que tras ellos,
+ginete en un macho, sobre una vistosa enjalma, venia un hombre de mas
+edad y respeto, y al parecer como capataz ó mayoral de aquella gente; en
+cada asno detrás de la carga, que era abultada, aunque no de un peso
+excesivo, á juzgar por lo desembarazado y fácil del trote de los
+jumentos, se veia un largo arcabuz, y en cuanto al que hacia cabeza de
+aquellos hombres, llevaba sujetos al cinto dos pedreñales y una daga, en
+el talabarte una espada y á mas de esto dos arcabuces pendientes á los
+costados de la parte posterior de la enjalma.
+
+Estos veinte y dos jumentos, sonoros con su cencerro y sus cascabeles,
+pasaron como una exhalacion por delante de la ermita, no sin que el
+Julaní los mirase de una manera profunda, no á los burros, sino á cada
+uno de los hombres que llevaban á las ancas, ni sin que todos estos
+hombres mirasen con profunda atención al Julaní. En cuanto al capataz de
+aquella gente, se desvió del camino, enderezó su mulo á la ermita, se
+descubrió respetuosamente al pasar por delante de la cruz; pero con un
+tanto de tiesura y como quien lo hace de mala gana, y parando junto al
+falso ermitaño, que acortó el trecho, saliendo al encuentro del que
+llegaba, cepillo en ristre, el ginete se inclinó y echó en el cepillo un
+doblon de á ocho.
+
+Aquella enorme limosna, que trocada en cobre hubiera llenado veinte
+cepillos, era sin duda una seña, puesto que el Julaní dijo palideciendo
+y mirando fijamente al ginete, que era un hombre como de cuarenta y seis
+años.
+
+--¿Con que ha llegado la hora?
+
+--Si, contestó el otro.
+
+--Tú eres el walí, Harum-el-Geniz, exclamó el Julaní mirando fijamente
+al otro.
+
+--Si, si por cierto, y vengo bien disfrazado cuando solo me has
+reconocido por la voz.
+
+--Buena barba y buenas cejas traes. ¿Y esos valientes que han pasado con
+la recua son de los nuestros?
+
+--Si, son de la taha de Cádiar. Pero vamos á lo que importa. Tras mí
+viene un carro de mulas resguardado por cuatro de nuestros mejores
+hermanos; dentro de poco estará aquí y entrará una persona que viene en
+el carro á orar en la ermita: deja ya de pedir y espera dentro; ya
+suenan las campanillas de las mulas del carro, y mi buena recua va
+lejos. Adios.
+
+Y apretando las espuelas al mulo, partió al galope al mismo tiempo que
+el Julaní se metia en la ermita.
+
+Poco despues apareció en el camino un carro que adelantó á buen paso;
+tiraban de él cuatro mulas, al cabezon de una de las cuales iba asido un
+zagal jóven y ágil: en la delantera iba un mayoral fornido, y la entrada
+del carro iba cubierta por una doble cortina de cuero.
+
+Detrás y á poca distancia armados con lanzas á la gineta, venian cuatro
+lacayos de buen aspecto, y lo bien costeado y lujoso del carro, el valor
+de las mulas y de los caballos de la servidumbre, y las libreas de
+estos, todo demostraba que quien de tal modo hacia su viaje, era una
+persona principal.
+
+El carro se dirigió á la ermita y cuando estuvo cerca de ella paró, uno
+de los lacayos echó pié á tierra, tomó de la zaga una escalerilla de
+madera, la apoyó contra la delantera, y el mayoral abrió las cortinas
+que cerraban la entrada: entonces salió una persona con trage negro de
+caballero, y apoyándose ligeramente en el hombro del lacayo, que á pesar
+del frio tenia el sombrero en la mano, saltó al suelo casi sin tocar los
+travesaños de la escalerilla, pasó junto á la cruz, se quitó devotamente
+la gorra y entrando en la ermita se arrodilló delante del altar.
+
+La estatura de esta persona era mediana para hombre y aventajada para
+mujer, y decimos para mujer, por que por la redondez de sus formas, por
+lo mórvido de su cuello, que se veia en parte entre una rica gorguera de
+Cambray y un cumplido antifaz de terciopelo que cubria su semblante; por
+lo brillante y sedoso de sus largos rizos, muy reparables entonces,
+puesto que los nobles llevaban los cabellos exageradamente cortos; por
+la altura de su pecho, por la pequeñez de sus manos, por mil indicios,
+en fin, de delicadeza y de hermosura femenil, se comprendia que aquella
+persona era una mujer disfrazada de hombre.
+
+Sus ropas eran ricas, y como hemos dicho, enteramente negras, y de
+terciopelo; únicamente su capotillo era de riquísimo paño de Segovia,
+forrado de armiños; llevaba espada y daga; pero no pequeñas como
+pudieran suponerse pendientes de la cintura de una mujer, sino tales
+como pudiera haberlas usado un capitan de los tercios de Italia, aunque
+de gran riqueza y primor en sus empuñaduras; últimamente, sus botas de
+gamuza adobada estaban armadas de espuelas de oro y (cosa extraña)
+pendiente de un cordon de seda negro, llevaba sobre el pecho una
+plaquita de oro, en que estaba esmaltada la cruz de Santo Domingo,
+distintivo usado por los familiares del Santo Oficio de la Inquisicion.
+
+El antifaz que esta persona llevaba, sin duda para no ser conocida, no
+era de reparar en aquellos tiempos, en que tanto los caballeros de algun
+estado, como las damas, usaban el antifaz cuando iban de camino con el
+objeto de resguardar el rostro de los agravios de la intemperie.
+
+La incógnita estuvo algun tiempo arrodillada ante el altar y luego se
+levantó, miró en torno suyo, vió al Julaní que estaba relegado á un
+ángulo junto á un confesonario, se dirigió á él, sacó de su limosnera un
+pliego cerrado, se lo dió y sin decir una sola palabra salió de la
+ermita, y entró en el carro que seguidamente tomó á buen paso el camino
+del puente de Genil.
+
+El Julaní se volvió de espaldas á la puerta y rompió la nema del pliego
+en la que se leia únicamente estas palabras: «_Obediencia y sigilo._»
+
+Dentro algunas líneas en caracteres africanos muy bien escritos decian:
+«El Señor Altísimo y Unico prospere tus bienes y te de paz y salud.
+Sabrás, Julaní, como esta noche á las doce, llamaran á tu puerta todos
+los xeques de las tahas de las Alpujarras y de la Vega; cada uno de
+ellos te mostrará una sortija de oro que tendrá escrito en la parte
+exterior el nombre de Dios. A todo el que te presente una sortija tal le
+introducirás por la mina, haciendo que uno de los monfíes que te
+acompañan le guie á casa del Hardon junto á San Miguel. A todo el que
+pretenda entrar sin mostrarte la sortija convenida, préndele y si
+resistiere mátale.--El emir.»
+
+Guardó cuidadosamente el Julaní en su seno esta carta, fué á la puerta
+de la ermita, permaneció en ella con el cepillo en la mano y tan
+profundamente pensativo, que aconteció que mas de un viandante se
+acercase á él, echase una moneda en el cepillo y pronunciase la fórmula
+de costumbre, sin que el le contestara.
+
+Los cristianos al verle tan abstraido decian:
+
+--Es un santo.
+
+Los moriscos:
+
+--¿Qué sucederá que tan pensativo se muestra el Julaní?
+
+Pero hubo de volver en sí de su profunda meditacion al sentirse sacudido
+de una manera vigorosa.
+
+Miró y vió ante sí á un jóven como de veinte y dos á veinte y cuatro
+años, de altivo continente, rostro moreno y ojos negros y penetrantes:
+vestia á la usanza de los hidalgos castellanos, usaba el pelo corto como
+ellos, llevaba espada, daga y pedreñales y además, como arma defensiva
+una coraza blanca y limpia y tenia del diestro un magnífico caballo de
+raza árabe.
+
+--Te he llamado dos veces y no me has contestado, dijo el jóven, ¿en qué
+diablos piensas, Julaní?
+
+--¡Ah! es Aben-Aboo, dijo aquel conociéndole.
+
+--Si, yo soy; ¿pero qué sucede?
+
+--¡Suceder! ¿quién sabe? pero me parece que llega la hora.
+
+--Lo mismo me parece á mí.
+
+--¿Estás seguro de tus parciales, Aben-Aboo? dijo gravemente el Julaní.
+
+--Como lo estoy de la hoja de mi espada, contestó el jóven.
+
+--Entra dentro, Aben-Aboo, dijo el Julaní, que no es prudente, hablar
+largo tiempo donde alguien pueda vernos juntos.
+
+Y diciendo esto cerró la puerta de la ermita, fué á la que daba paso
+desde el exterior á su habitacion, la abrió, miró con recelo al camino,
+y viendo que en él no habia nadie, empujó al interior del patio á
+Aben-Aboo que le habia seguido, tiró de su caballo, y cuando estuvo
+dentro cerró el postigo. Un momento despues Aben-Aboo y el Julaní
+estaban sentados frente á frente junto al hogar.
+
+--¡Oh! cómo nos engañamos los mas prudentes, dijo el Julaní: te muestras
+muy seguro de tus parciales, y sin embargo ni aun puedes sospechar donde
+se encuentra ahora Abul-Hhassam. Es, ó era segun creo uno de tus mayores
+amigos.
+
+--Es sabio y santo, dijo Aben-Aboo: el espíritu de Dios ilumina sus
+pensamientos y las estrellas hablan para él con tanta claridad como el
+libro de Dios para los creyentes. Abul-Hhassam está en Argel donde yo le
+he enviado á pedir ayuda al dey Aluch-Alí.
+
+--Sin duda que la costa del viaje habrá concluido con las últimas doblas
+de la hacienda que te dejó tu padre.
+
+--En verdad, en verdad que ando muy pobre, Julaní.
+
+--Ya lo sospechaba yo. Tu hermosa casa de la calle de San Miguel está
+alquilada; ya no eres el rico hidalgo que viajaba acompañado de lacayos,
+ahora viajas solo como un cualquiera.
+
+--¡Qué quieres, Julaní! ¡decretos son de Dios! pero espero recojer con
+usura el dinero que he sembrado.
+
+--Creo que te engañas, dijo el Julaní. Pero creo tambien que creerás en
+mi amistad.
+
+--No tengo motivos para dudar de ella. ¡Hemos recorrido tantas veces
+juntos la montaña! ¡juntos hemos dado muerte á tantos castellanos!
+
+--Y yo que te he visto valiente y noble, yo que sé que como Aben-Humeya
+tienes derecho al trono de Granada; yo que comprendo que habria un medio
+para que nuestro invencible emir, pensase en tí para hacerte su
+heredero, yo que te amo, siento un dolor profundo al decirte que es
+necesario que renuncieis á la corona de Granada.
+
+Púsose en pié de un salto Aben-Aboo.
+
+--¡Qué renuncie á ser el caudillo de mi pueblo en la guerra que va á
+emprenderse contra el cristiano! ¡Que otro los lleve al combate!
+exclamó con voz reconcentrada y el rostro lívido de cólera. ¿Piensas
+acaso que yo ambiciono una corona? ¡Miseria humana! Honra y nada mas es
+lo que quiero. Libertar á mi patria lo que ambiciono. ¿Y quién tiene mas
+derecho que yo para empuñar la bandera del Islam? ¿Quién mas que yo ha
+trabajado, ha velado, ha sufrido, por libertar á mi patria? ¿No he
+expuesto mi vida? ¿No he gastado mis riquezas?
+
+--Hé ahí el mal, todo el mal. Por desgracia hay entre nosotros un hombre
+á quien la plebe cree santo, inspirado por Dios, profeta: no será rey de
+Granada, sino aquel cuyo nombre salga de la boca de ese hombre. Ese
+hombre es el faquí Abul-Hhassam.
+
+--Pero Abul-Hhassam...
+
+--Abul-Hhassam sabe que has gastado tu último doblon.
+
+--Mis parientes han hecho pasar por su mano mis riquezas para ayudar la
+predicacion con la caridad, para proveernos en Africa de armas y de
+bajeles.
+
+--Tus riquezas han servido para aumentar las de ese embustero.
+
+--Abul-Hhassam es un santo.
+
+--Ha sabido parecerlo, y tanto que os ha engañado á tus parientes y á
+tí.
+
+--La prueba, una sola prueba.
+
+--Vuelvo á repetirte una pregunta que ya te he hecho: ¿dónde crees que
+está en estos momentos tu santo faquí?
+
+--Ya te he contestado que en Argel.
+
+--Hace una hora que Abul-Hhassam ha estado aquí, y ha entrado por la
+mina en Granada.
+
+--Pero eso es imposible, imposible de todo punto. Ayer tarde se me mandó
+de órden del emir, que estuviese hoy en Granada, y yo me he apresurado á
+cumplir su mandato. Pero no sabia que me esperaban tan malas nuevas.
+
+--Pues aun hay mas. En Granada se dice entre los moriscos, que
+Aben-Humeya será su rey, y que para evitar toda disension, casará con la
+hija del emir.
+
+--¡Con la hija del emir! ¡con la sultana Amina! pero Aben-Humeya está
+casado con Inés de Rojas.
+
+--La repudiará.
+
+--¿Y su hijo?
+
+--Le abandonará como á su madre.
+
+--Pero esto es un tejido de infamias.
+
+--¿Y crees tú que se pare mucho Aben-Humeya en cometerlas, si son
+necesarias para alcanzar el reino? Es necesario que renuncies por ahora
+á la corona. El emir es poderoso. Nosotros los monfíes lo podemos todo.
+Cuando Yaye-ebn-Al-Hhamar, proteje á Aben-Humeya, es necesario obedecer
+y callar. Y luego, aunque Aben-Humeya sea elegido rey, nada debe
+importarte; él tendrá que vencer las primeras y mas duras dificultades,
+y luego tú...
+
+--¿Y qué me importa que Aben-Humeya sea elegido rey, en comparacion de
+la pérdida de Amina?
+
+--¿Cómo! ¿conoces á la sultana?
+
+--No.
+
+--¿Y estás enamorado de ella?
+
+--Como nos enamoramos de un misterio, tras el cual creemos encontrar un
+tesoro. ¿Sabes tú lo que es en las Alpujarras la sultana Amina?
+
+--Si, sé que es un Dios.
+
+--Todos ansían conocerla y ninguno la conoce.
+
+--Te engañas. Hay un hombre que la conoce y que nunca se separa de ella.
+
+--¿Y qué hombre es ese?
+
+--Ese hombre es Harum-el-Geniz.
+
+Despejóse la frente de Aben-Aboo de la sombría nube que la habia
+cubierto.
+
+--Algunas alboradas de verano, dijo suspirando, al volver la ladera de
+una montaña, suelen verse en el borde del opuesto barranco, brillantes
+armas, tocas y almaizares; algunos ginetes armados como nuestros abuelos
+antes de la conquista, pasan deslumbrantes y magníficos, y entre ellos,
+en un palanquin cubierto con un dosel de púrpura, va una dama con
+vestiduras régias, cubierta con un velo: la cabalgata pasa, y con ella
+el palanquin y la dama, y se pierden en las cercanas quebraduras: muchos
+han visto este prodigio y siempre antes de la salida del sol: los
+naturales creen que aquellos ginetes y aquella dama son sombras de
+nuestros abuelos. Ninguno se atreve á seguirles por temor que aquellas
+sombras condenadas pierdan su alma. Pero yo un dia me lancé tras ellos
+al escape de mi caballo.
+
+--¿Y qué sucedió?
+
+--Uno de aquellos ginetes, magníficamente armado, que mostraba en su
+adarga el blason real de los reyes de Granada, volvió hácia mí á rienda
+floja, con la lanza baja, y me encontró de tal manera, que me arrojó en
+tierra, valiéndome para no ser herido, el buen temple de mi coselete,
+que es el mismo que llevo puesto: entonces aquel hombre, que llevaba
+calada la visera, me puso la lanza al rostro, y me dijo:
+
+--Júrame si quieres vivir, que no volverás á seguirnos.
+
+--Te lo juro, le contesté. Pero una sola palabra. ¿No es verdad que esa
+dama no es la sombra de la sultana Zoraya?
+
+El jinete lanzó una carcajada.
+
+--Esa dama, dije con harta imprudencia, es la sultana Amina, hija del
+poderoso Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar.
+
+--Si tú no te llamases Aben-Aboo, contestó con acento irritado el
+caballero, el nombre que acabas de pronunciar te costaria la vida. Pero
+cuenta contigo Aben-Aboo; cuenta con lo que haces, con lo que dices y
+con lo que piensas, porque los monfíes estan en todas partes, hasta en
+el pensamiento de sus enemigos.
+
+Dicho esto, revolvió su caballo, y fué á incorporarse con la dama, que
+desde su palanquin habia presenciado impasible mi aventura, y
+desaparecieron en la vuelta de la montaña. Yo me levanté, monté como
+pude, y volví á Cádiar. Desde entonces amo á esa mujer. Yo habia visto
+su apostura magestuosa, sus largas trenzas negras pendientes bajo la
+toquilla que la encubría: sus brazos desnudos, su talle esbelto, la
+incitante y lánguida actitud con que iba reclinada en el palanquin que
+conducian cuatro esclavos negros. Muchas veces he salido de noche de
+Cádiar, y á pié y solo, he ido á ocultarme en las quebraduras cercana al
+barranco por donde la ví pasar la vez primera y algunas otras veces,
+antes de la salida del sol, la he vuelto á ver, ya reclinada en el
+palanquin, ya á caballo, ya á pié, siempre gentil, siempre magestuosa,
+pero siempre encubierta. Esa mujer arroja de sí, no sé qué de
+voluptuoso, de bello, de magnifico, que arrebata, que enamora, que
+obliga por su mismo misterio á que no pueda olvidársela. Y luego esa
+mujer que gasta vestiduras tan deslumbrantes como las de una sultana, á
+quien obedecen hombres feroces, que tiene, sin duda, en alguna sima
+debajo de la tierra, alcázares maravillosos y tesoros inmensos, es un
+misterio impenetrable. Llámanla unos la hechicera, otros el espíritu del
+Islam, que en forma de mujer vaga por las montañas, de donde espera
+renazca la gloria del pueblo moro; otros la Dama blanca. Yo sé que es la
+sultana Amina, no sé por qué, pero lo juraria. Esa mujer, y no mi
+pobreza como habias pensado, es la que me obliga á retirarme de Granada,
+porque á donde ella esté va mi alma y yo no puedo vivir sin verla alguna
+vez, oculto entre las breñas.
+
+--¿Y no conoces tú al emir? dijo profundamente el Julaní.
+
+--Nunca le he visto; pero obedezco sus órdenes, acato su valor y le
+reconozco como nuestro señor.
+
+--¿Y te obstinas en el amor de su hija?
+
+--Es mi ambicion, es mi luz. La busco y se me huye como un misterio,
+como una sombra: algunas veces he creido tenerla al lado, y luego... era
+una pobre labriega, hermosa, sí, como son hermosas todas las hijas de
+las Alpujarras, pero ruda y zafia. Algunas veces he creido escuchar
+entre las quebraduras, una voz dulcísima que me gritaba: «¡Aben-Aboo!» y
+era el viento en cuyos zumbidos creia escuchar mi locura acentos
+humanos; era un sueño; era mi amor que cree verla en todas partes.
+
+En aquel momento rechinó violentamente la tarima, se alzó crugiendo,
+impulsada por la compuerta de la mina, y apareció un hombre enteramente
+envuelto, á la usanza mora, en un blanco almaizar.
+
+Al verle Aben-Aboo y el Julaní, se hicieron atrás, y el primero echó
+mano á la empuñadura de su espada.
+
+--Antes imprudente y ahora loco, dijo aquel hombre cuyas palabras
+estaban llenas de autoridad: los monfíes estan en todas partes y á nadie
+temen. ¿Te has olvidado ya de la negra aventura que te aconteció, por
+seguir á la Dama blanca de la montaña?
+
+--He olvidado la aventura, pero no la memoria de que fuiste generoso
+conmigo.
+
+[imagen: Don Fernando de Válor.]
+
+--¡Yo!
+
+Te he reconocido en la voz. Tú fuiste el caballero que me derribó.
+
+--Has quedado pobre por la patria, noble Aben-Aboo, dijo aquel hombre
+con voz solemne, has sacrificado tu amor á tus promesas. Sírvate esto
+para disculpar tu imprudencia. Amas ó crees amar á esa dama, olvídala.
+Te crees llamado á ser rey de Granada: los monfíes te daran rey.
+
+--¿Y con qué derecho? exclamó con orgullo Aben-Aboo.
+
+--Con el derecho de la fuerza, con el derecho de la justicia. ¿Qué
+habeis hecho vosotros y vuestros padres, desde el dia de la conquista?
+doblegaros cobardemente ante el cristiano, aprender su habla, vestir sus
+trages, acudir á sus templos, y murmurar en voz baja y estremecidos de
+espanto, en lo retirado de vuestras casas, delante de vuestras hijas
+profanadas y envilecidas por el vencedor: y ¿qué hemos hecho nosotros
+los monfíes de la montaña? no hemos cambiado con el castellano mas que
+hierro y sangre, odio por odio, exterminio por exterminio: hemos huido
+de las poblaciones impuras, y hemos hecho nuestros templos las montañas,
+nuestros alcázares, las grutas de los barrancos: y admírate: somos
+ricos, poderosos, terribles: la Chancilería se aterra á nuestro nombre,
+el capitan general nos teme; cuando un monfí da en manos de la
+Inquisicion, se apresura á entregárnoslo; por nosotros la ley alcoránica
+vive en las Alpujarras y el Almanzora; y por nosotros, alentais la
+esperanza de ser libres algun dia, vosotros, los infames habitantes de
+las poblaciones.
+
+--¡Infame! ¡eso no! llama infame á quien lo sea, no á Aben-Aboo, no al
+enemigo irreconciliable de los cristianos.
+
+--Eres bueno y leal, jóven: pero es necesario que no seas imprudente.
+Antepon tu patria á tu ambicion: y espera. Entre tanto, toma.
+
+--¿Qué me dais aquí? dijo con orgullo Aben-Aboo: ¡un bolsillo! ¿Soy
+acaso un mendigo?
+
+--El emir de los monfíes es tu pariente.
+
+--Es verdad.
+
+--El emir puede darte oro sin humillarte.
+
+--Sí.
+
+--Te ha mandado venir hoy á Granada.
+
+--Es verdad.
+
+--¡Y vienes sin dinero!
+
+El jóven se sonrojó y calló.
+
+--Guarda ese oro, jóven, guárdalo. Yo te lo entrego de órden del emir.
+
+Aben-Aboo guardó el pesado bolsillo.
+
+--Ahora vete: el emir te ha llamado á Granada. Cuando estés en ella, el
+emir te buscará.
+
+Y señaló con un ademan de imperio la puerta á Aben-Aboo.
+
+Este, dominado, salió, tiró de su caballo, montó en él, y se dirigió á
+la ciudad.
+
+--Para unos hombres la palabra que manda, dijo el incógnito, para otros
+el amor, para otros la ambicion, para todos el oro. ¡Miseria humana!
+Cierra tu puerta Julaní, y sígueme.
+
+El monfí cerró, y precedido del encubierto desapareció por la mina.
+
+
+
+
+CAPITULO IV.
+
+ El corral del Carbon.
+
+
+Aben-Aboo habia tomado el camino del puente de Genil, harto pensativo y
+preocupado; su porvenir era un laberinto en que se embrollaba su
+pensamiento cuando queria aventurarse en él: no sabia si esperar ó
+desesperar: tenia el alma poseida por dos terribles pasiones: la
+ambicion y el amor: de un lado una corona, del otro una mujer: entrambas
+misteriosas, pero magníficas, y entrambas difíciles y rodeadas por todas
+partes de peligros.
+
+Usaban los monfíes de él como de instrumento: ¿le querian por gefe ó por
+soldado? ¿Quiénes eran aquellos hombres? Bandidos los llamaba el vulgo,
+pero Aben-Aboo no habia sabido explicarse lo que eran. Robaban,
+incendiaban y degollaban sin compasion, pero jamás un buen creyente
+habia sido acometido por mas que hubiese atravesado solo los
+desfiladeros de la montaña, ni las haciendas de los buenos moriscos
+habian sido taladas: los cuadrilleros de la Santa Hermandad jamás habia
+logrado encontrarlos, ni nadie sabia sus guaridas: la dama encubierta
+era á todas luces su reina, y se hacia rodear de un aparato tal, en sus
+solitarios paseos por los pintorescos valles y quebradas de las
+Alpujarras, que era necesario concebir en ella algo de regio, algo de
+grande, algo de magnífico.
+
+Por otra parte, aquel hombre que acompañaba á la Dama blanca, hasta
+entonces inaccesible para él, le daba oro en nombre del emir, y le hacia
+escuchar una voz amiga. ¿Qué significaba esto? le amaba aquella mujer, ó
+le temia y pretendia seducirle, engañarle y hacerle esperar por amor á
+Aben-Humeya. De todos modos, Aben-Aboo, deducia, que cuando asi se le
+trataba, debia temérsele ó apreciársele, y esto ya era mucho: esto
+significaba que se reconocia su poder.
+
+La esperanza, ese dulce consuelo que Dios ha dado al hombre, empezó á
+refrescar el hasta entonces árido y seco corazon de Aben-Aboo, y como la
+esperanza nunca llena el corazon del hombre sin traer consigo alguna
+parte de alegría, á medida que se abrigaba en el corazon del morisco,
+iba dulcificando la torva expresion de su semblante, iluminándole con un
+aspecto de paz y de resignacion que hasta entonces no habia expresado.
+Al fin, parte por esta causa, y parte por la necesidad que como morisco
+tenia de mostrarse satisfecho y tranquilo ante los cristianos para no
+hacerse sospechoso, á medida que despues de haber pasado el puente de
+Genil, se acercaba á la puerta del Rastro, su semblante se serenaba mas,
+hasta que, llegando á la puerta, se mostró ya perfectamente tranquilo.
+
+Entonces sus pensamientos cambiaron de rumbo; volvia á Granada despues
+de una ausencia de algunos meses, y podia decirse, que aunque tenia
+casa, era como si no la tuviese: reducidos sus bienes por una y otra
+venta, consumidos del todo en expediciones á Africa y á las Alpujarras,
+sobre todo como sabemos, en pagar la codicia ó la ciencia de
+Abul-Hhassan, solo le habia quedado en el Albaicin, dentro del recinto
+de la Alcazaba Kadima, y cerca de la iglesia de san Miguel, la casa, con
+honores de palacio, y palacio verdaderamente en aquellos tiempos, que
+constituia el resto de la dote de su madre, y la atalaya de las
+Alpujarras con su pequeño huerto. Pero hasta su última dobla habia
+desaparecido.
+
+Un dia, pues, antes de que llegase el caso de contraer deudas, vendió
+sus caballos y sus esclavos, quedose solo con dos hermosos caballos
+árabes de montar, y un esclavo negro, se trasladó con su pequeño capital
+y su escasa servidumbre á su antiguo señorío de las Alpujarras, y puso
+su casa ó palacio del Albaicin con todos sus muebles y alhajas en
+arrendamiento.
+
+Lo populoso, salubre, y en aquellos tiempos aristocrático, del barrio de
+san Miguel, hizo que su casa estuviese poco tiempo sin inquilinos:
+presentóse un dia el mayordomo de un caballero de Castilla al
+administrador de Aben-Aboo en Granada, y por el precio de diez ducados
+al mes tomó la casa para su señor y su familia.
+
+Aquel caballero continuaba viviéndola, y hé ahí por qué hemos dicho que
+Ahen-Aboo tenia casa en Granada y no la tenia.
+
+Pero sus circunstancias habian variado: habia aceptado como pariente
+cercano del emir, aceptando con él, una esperanza, un bolson de oro
+bastante á satisfacer por algunos meses sus necesidades, y se decidió á
+usar de su despotismo de propietario, y á arrojar de su cómoda vivienda
+para ocuparla él mismo, á sus inquilinos.
+
+Pero para llegar á este fin, era preciso pasar por algunos trámites: á
+saber: buscar al administrador, encargarle del mensaje, esperar la
+respuesta, y acaso, acaso, andar de justicia.
+
+Pero es el caso, que Aben-Aboo no conocia á su administrador: era de tan
+poca cuantía la renta que tenia que pasar por sus manos, que el morisco
+habia desdeñado tratar directamente con él, y habia encargado de ello á
+su fiel esclavo Agar.
+
+Recordando Aben-Aboo, vino á sacar en claro, ateniéndose á las noticias
+que le habia dado el esclavo, que venia cada tres meses á Granada á
+cobrar la renta, que su administrador era un rapista de los famosos de
+Granada, no porque rasurase bien, sino por su habilidad en puntear la
+vihuela, que vivia en el corral del Carbon, y que se llamaba maese
+Pertiñez.
+
+Armado con estas noticias, y recordando que en el mismo corral del
+Carbon habia una excelente hospedería donde poder esperar el resultado
+de su intento de desalojo de sus inquilinos, el morisco tomó á buen paso
+por las callejas que ahora se llaman de san Matías, y tropezando y
+deslizándose por sus estrechuras, llegó al fin delante de la bellísima
+portada árabe del corral del Carbon, en tiempo de los moros almarestan ú
+hospital de los mas famosos de Granada.
+
+Entróse de rondon y á caballo por el arco flanqueado por los tenduchos ó
+nidos de dos adobadores de pieles de gato, echó pié á tierra en el
+destartalado corral, y miró en torno suyo.
+
+En un ángulo estaban levantando un tablado y poniendo una cortina, señal
+clara de que habia llegado á la ciudad alguna compañía de farsantes, y
+que para aquella tarde se preparaba algun auto, loa ó farsa. Esto tenia
+en movimiento á todos los habitantes del corral; y las vecinas, andaban
+en retruécanos y agudezas de casa de vecindad, y los chiquillos miraban
+embobados á un hombre, que con trage de botarga, dirigia la construccion
+de aquel teatro informe, muestra de la infancia del arte, compuesto de
+una docena de malas tablas, de algunos tapices viejos, de una cortina
+descolorida, y abierta enteramente á la intemperie.
+
+Como era natural, este objeto el mas notable de los que contenia el
+corral, fijó por un momento la atencion del morisco, que seguidamente se
+puso á buscar por los ámbitos del corral, los vestigios de la tienda de
+su administrador rapista.
+
+Vió al fin, una vieja y abollada vacía que se balanceaba colgada del
+dintel de una puerta tenebrosa, pero lo que mas que nada le indicó que
+habia dado con su dependiente, fue un alegre y zarandeado ruido, que no
+armonia, de guitarras y castañuelas, que salia como una tempestad por la
+negra puerta donde la vacía se balanceaba.
+
+Enderezó para ella sus pasos el morisco, llevando su caballo del
+diestro, y en breve se detuvo en el dintel de la tienda.
+
+A la presencia de uno que creyeron parroquiano, por interés al dueño de
+la casa, callaron castañuelas y guitarras, para que se pudiese oir lo
+que se hablase, y el morisco pudo decir sin temor de no ser oido, en un
+acento entre llano y altivo, verdadero acento de gran señor que quiere
+tratar bien á sus inferiores:
+
+--Dios guarde á la buena gente.
+
+--¡Ah! ¡voto á mil legiones de demonios! dijo una alegre voz de jóven
+desde un negro ángulo: bien venido sea el señor Diego Lopez; ¿y á qué
+hora? parece que os han llamado con campanilla, mi buen amigo: haced un
+lugar en el barreño, princesas, é id llenando los vasos: ¡cuernos de
+Lucifer! ¿pues si es mi mayor amigo?
+
+Y adelantó guitarra en mano y con los brazos abiertos, un bulto, que al
+llegar mas hácia la puerta, pudo verse lo que era: á saber: un capitan
+de infantería, jóven y buen mozo, con su abigarrado uniforme, su
+castoreño, su espada de gabilanes, y unos atrocísimos mostachos
+retorcidos de una longitud espantosa.
+
+--¡Ah! marqués de mis pecados! exclamó Aben-Aboo, aceptando el terreno
+que le presentaban y abrazando cordialmente al capitan: vos en este
+tabernáculo... siempre el mismo, pardiez.
+
+--Mi casa no es tabernáculo, dijo un hombre diminuto, que necesitó para
+ver al rostro de Aben-Aboo, levantar la cabeza, del mismo modo que un
+hombre de buena estatura puesto al pié de una torre, se vé obligado á
+levantarla para ver su parte superior: sabed señor Diego Lopez, que esta
+es una casa honrada donde concurre gente noble.
+
+--Ya, ya veo que entre vuestros conocimientos teneis nada menos que al
+marqués de la Guardia.
+
+--¡Chits! exclamó el capitan, ya lo habeis dicho dos veces y me habeis
+perdido: nadie extraña que un capitan ande con la bolsa un tanto
+ligera... los pagadores de los tercios nunca tienen dinero... pero un
+marqués... no lo creais, señores, el señor Diego Lopez, mi amigo, se
+chancea... yo no soy ni mas ni menos que un buen soldado del rey, que
+gasta lo que tiene, cuando lo tiene... eso si; ¡ea! siga la zambra, y
+vos sentaos y mirad en qué buena compañía nos encontramos.
+
+Dispensad un momento, don Juan, dijo Aben-Aboo; necesito antes que todo,
+hablar con maese Pertiñez. ¿No es esta la tienda de maese Pertiñez?
+
+--Ya se ve que si, y no me espanta que hayais preferido mis navajas,
+caballero; son unas excelentes navajas cuando yo las uso... nos
+conocemos hace ya mucho tiempo; el que se rasura una vez en mi casa, de
+seguro viene ciento.
+
+Y el hombrecillo suavizaba una enorme navaja en un pedazo de cuero negro
+y lustroso.
+
+--¡Ah! ¿sois vos maese Pertiñez? Pues mirad, nunca lo hubiera creído...
+me pareceis hombre de bien.
+
+--¡Cómo, caballero de gente honrada vengo, y apellido uso, que mas
+noble, ni en la córte... los Pertiñez...
+
+--Son indudablemente unas gentes honradas, pero nada importa eso: dejad
+vuestra navaja que por ahora no pienso ser desollado, y ved donde
+podemos hablar unas palabras á solas.
+
+Y Aben-Aboo, que no habia pasado dos palmos dentro de la tienda, ató las
+bridas de su caballo á la celosía, que segun costumbre en esta clase de
+establecimientos, heredada sin duda de los árabes, servía de cancela, y
+siguió á maese Pertiñez que le indicaba una pequeña puerta.
+
+--Ya sé para lo que me habeis llamado aparte, caballero, dijo con gran
+misterio Pertiñez cuando estuvieron dentro de un reducido cuartucho...
+vaya si lo sé... pero os advierto, que la empresa en que os meteis es
+difícil.
+
+Aben-Aboo, que tenia mas de un motivo para dar importancia á palabras
+menos graves que aquellas, se alarmó, pero encubriendo su cuidado, dijo
+de la manera mas natural del mundo:
+
+--¿De qué empresa quereis hablar, amigo mio?
+
+--¡Bah! todos los señores de Granada estan alborotados, desde que vino
+ese prodigio; todos, hasta el mismo don Fernando de Válor, hombre que
+jamás ha puesto los piés en mi casa, y que ha estado hablando conmigo
+dos horas largas sobre el mismo asunto.
+
+--Pero, ¿de qué prodigio y de qué asunto hablais, mentecato? dijo
+Aben-Aboo, que era por naturaleza impaciente, y que al oir el nombre de
+don Fernando de Válor acabó de impacientarse.
+
+--¡Ah! yo creia que veniais por la reina mora.
+
+--¿Por la reina mora? ¿Qué reina es esa?
+
+Miró con asombro el barbero á Aben-Aboo, y luego dijo:
+
+--¿De donde venis caballero?
+
+--Quiero contestaros aunque vuestra pregunta sea importuna. Vengo de las
+Alpujarras.
+
+--¡Ah! acabáramos: ya no me extraña que vos no conozcais á la reina
+mora. Y decidme, ¿no era de eso de lo que veniais á hablarme? me alegro,
+porque asi me ahorrais el trabajo de desesperanzaros.
+
+--Acabemos de una vez, dijo Aben-Aboo ya enteramente perdida la
+paciencia y alarmado por el misterioso sentido de las palabras de maese
+Pertiñez. Sepamos claro qué empresa es esa tan difícil, y de qué reina
+mora se trata.
+
+--Pues señor, la reina mora no es ni mas ni menos, que una famosa
+comedianta, llamada Angélica, que hace á las mil maravillas de reina
+mora en una farsa de moros y cristianos, que se ha hecho ya tres veces
+en otros tres dias de fiesta: y como la tal Angélica gasta unas plumas y
+una saya de relumbron, que no hay mas que pedir, y tiene una voz de
+ruiseñor, y llora que da lástima (porque la farsa es muy lastimosa), y
+es la mas garrida manceba que yo he visto en todos los dias de mi vida,
+que es mucho encarecer, porque en Granada hay mozas como serafines, han
+dado las gentes en llamar á la Angélica la reina mora, y los caballeros
+que gustan de galanteos, y aun los que nunca han andado en ellos, en la
+empresa de rendir su desvio, que os juro que es empresa mayor y mas
+difícil que ninguna de las que llevaron á cabo los Doce Pares de
+Francia.
+
+--Acabarais de una vez, maese, con vuestras impertinencias que me han
+hecho perder mas tiempo del que quisiera. Vamos á lo que me interesa.
+Vos cobrais cada tres meses treinta ducados de una casa que poseo en san
+Miguel.
+
+--¡Qué poseeis! ¡luego vos sois, el señor Diego Lopez!
+
+--Ya habeis oido que asi me nombraba el capitan don Juan.
+
+--Perdonad señor, pero hay en este mundo tantos Lopez y tantos Diegos...
+
+--Bien, quiero perdonaros, pero á condicion de que me habeis de hacer un
+encargo que me interesa, por el aire.
+
+--Mandad, señor.
+
+--Ireis á mi casa.
+
+--Iré.
+
+--Direis á las gentes que la habitan, que se muden al momento.
+
+Rascóse una oreja, como en muestra de que encontraba sumas dificultades
+en el negocio, el rapista, y murmuró algunos monosílabos.
+
+--¡Qué! ¿creeis, que no puedo yo cuando guste disponer de mi casa? Creo
+que esa fue una de las condiciones del arriendo: ademas, que segun me ha
+dicho Agar mi esclavo, la tal gente no ha traido un solo mueble, sino
+que se sirven de los mios. De modo, que es lo mas fácil del mundo, que
+carguen con sus maletas y se vayan á donde mejor les convenga: no he de
+pasarlo yo mal, alojado en una hospedería, teniendo casa en Granada.
+
+--Y una casa tal como la vuestra; pero es el caso, que la casa está
+arrendada á personas muy principales: y ya veis que el caso es
+díficilillo... Cuando se trata de gente noble y rica... tomariánlo á
+desprecio, me despedirian de mala manera, y vos podriais tener un lance.
+
+--Me importa poco.
+
+--Pero cuando las cosas pueden hacerse yendo por el buen camino, es
+dislate echar por el malo... si consintierais en darle un plazo siquiera
+de ocho dias...
+
+--Ni tres.
+
+--Yo os procuraría hospedaje tal, que no os pesase (y el rapista se
+sonreia maliciosamente), tabique por medio de la Angélica, de la reina
+mora.
+
+--De alguna mozuela descarada que me ponderais, esperando que os pague
+bien las diligencias.
+
+--Me injurias, caballero; los Pertiñez...
+
+--Van á concluir á mis manos si sois vos el último de la familia.
+
+--Nada menos que eso, señor, nada menos: pero os ruego que mireis bien
+lo que me pedis, aunque no sea mas que por el apuro en que me poneis: si
+supiérais quiénes son vuestros inquilinos...
+
+--Me estan dando ganas de probar por mi mismo lo que haya de terrible en
+esa gente.
+
+--Y que me place señor Diego Lopez, id vos, y ved... contadme despues si
+yo tenia razon para negarme, es decir, para poner dificultades... en
+fin, id vos y contadme.
+
+--¿Tendremos aquí otro misterio como el de la reina mora?
+
+--Sentaos, señor Diego Lopez; sentaos y escuchadme, que por media hora
+mas ó menos no se descompone ningun negocio.
+
+Sentóse Aben-Aboo, un tanto interesado á su pesar por los misterios del
+rapista, y este, tomando otra silla, se encaramó en ella, puso sus piés
+en el primer travesaño, sus codos en sus rodillas y su barba entre sus
+manos y en esta actitud en que á nada se parecia tanto como á un mono,
+dijo:
+
+--Hace un año vuestro honrado negro Agar, que venia á mí casa á tomar
+leccion de vihuela á que era muy aficionado, y para cuyo instrumento...
+
+--Maese, si empezais asi, yéndoos del camino de vuestra relacion por las
+orillas, y á cada paso, no acabaremos nunca.
+
+--Pues si señor, bien; dejando á un lado, á la orilla, como vos decis,
+la vihuela, vuestro esclavo Agar, á quien conocí...
+
+--Mi esclavo Agar, exclamó con cólera Aben-Aboo, merecia quinientos
+azotes por haber pensado en vos para encargaros ningun asunto mio. Lo
+que yo quiero saber es qué clase de gente vive en mi casa, por qué razon
+es tan temible como decís y concluyamos.
+
+--Concluyamos: son cinco hombres y dos mujeres: el uno y la una amos:
+los otros criados: el señor, el amo, es un hombre de cuarenta y mas
+años, muy rico, muy noble, pero muy altivo: la señora, el ama, es una
+doncella muy hermosa, segun dicen, y segun dicen tambien muy caritativa
+y dulce, y tratable y muy cristiana, eso si: dicen que es un ángel. La
+otra mujer, la criada, es una dueña como de cincuenta años, rezadora y
+gruñona, con la cara enjabelgada de soliman y las tocas tales y tan
+almidonadas, que mas que tocas parecen yelmo de encaje en lo tiesas: de
+los otros cuatro hombres, el mayordomo, el rodrigon, el cocinero y el
+paje, no hay que hablar: son cuatro demonios á los cuales nunca se les
+ve la risa. El señor se llama don Alonso de Fuenzalida, la señora doña
+Inés; la dueña doña Mónica, el mayordomo Rodriguez, el cocinero
+Cuchillada, el paje Ballestilla y el lacayo Judas.
+
+--¡Pardiez! ¡pues tienen nombres de encargo los criados de mis
+inquilinos!
+
+--Esto es todo lo que sé de esa familia... por lo demás pagan bien,
+cuidan de la casa, y tanto que en ella no entra persona viviente y son
+buenos cristianos.
+
+--¿Con que nadie entra en la casa?
+
+--Nadie; y eso que muchos señores que han visto alguna vez, aunque
+siempre encubierta á la señora, andan que se desviven por ella, y muchos
+se la han pedido á su padre... ¡pero ca! yo creo que doña Inés se
+destina á monja.
+
+--¿Tan recatada anda?
+
+--Como que se pasan meses enteros sin que se la vea ni por una rendija
+de los miradores: cuando sale á misa, y eso muy de mañana, va cubierta
+de los piés á la cabeza con un manto, á través del cual el mas lince
+solo puede verla un ojo, pero un ojo como un sol... eso si... por lo
+hermoso del ojo, y luego por su andar noble y grave y por su talle y por
+su apostura, y por una mano que suele asomar bajo el manto, y por la
+punta de un pié que suele verse bajo la saya, se adivina... que es
+adivinar, se tiene certeza, de que es hermosa, muy hermosa, hermosísima,
+y... vamos señor Diego Lopez... vos sois noble, rico, valiente, gallardo
+y vuestra inquilina es hermosa, honrada, noble y rica... sois mozo... y
+ella soltera... y ¡qué diablos! si no os empeñárais en echarlos de la
+casa, y os presentárais como dueño, acaso, acaso...
+
+--¿Y dónde habeis tenido vos ocasion de ver, aunque encubierta, á doña
+Inés? dijo Aben-Aboo.
+
+--En mi casa tres veces.
+
+--En vuestra casa... ¡Ah! ¡ya! la habeis visto tres veces, y tres veces
+han representado en el corral los comediantes...
+
+--Eso es. Cuando llegó la compañia de cómicos á Granada, como aquí es
+donde se han hecho siempre las farsas y los entremeses y los bailes, el
+autor de la compañia, el buen Godinez, me llamó aparte y me dijo: maese
+Pertiñez, me han dicho que vos sois el vecino mas honrado del corral;
+que haceis en él cabeza y que los otros vecinos van por donde vos
+querais que vayan: ahora bien, segun costumbre, para hacer aquí farsas y
+otros autos, es necesario pagar tantos reales á la hermandad de las
+Animas, otros tantos á la Ciudad, cuyo es el corral, y otros á los
+vecinos por el ruido.--Asi es, le contesté, porque asi era la
+verdad.--Ahora bien á mas de eso hay que alquilar tablado y tapices y
+músicos.--Con los músicos corro yo, le contesté.--Corred vos con todo,
+me dijo; haced que los vecinos nos alquilen las ventanas en un precio
+arreglado para que nosotros podamos revenderlas al público con alguna
+ganancia; quedaos con las vuestras que yo os aseguro las podreis
+alquilar á buen precio, porque la compañía es muy buena y hará ruido, y
+vos ganareis, y yo ganaré y todos ganaremos.
+
+--¿Sabeis maese que para contestar á una pregunta, hablais mas palabras
+que las que tiene un misal?
+
+--¿Que quereis? yo no sé dar razon de las cosas sino empezando por su
+principio, y asi se entera bien el que pregunta y queda satisfecho el
+que contesta. Como decia, tira de aquí y afloja de allá, ajustamos el
+negocio el autor de los cómicos y yo; por mis conocimientos, que son
+muchos, y todos por mi navaja, logré que el hermano mayor de las Animas
+se contentase con tres reales por cada funcion, que la Ciudad perdonase
+su parte, y que los vecinos por el ruido y el alquiler de las ventanas
+no pidiesen mas de veinte reales. En cuanto el trato estuvo hecho, el
+autor colgó un lienzo con pinturas extrañas y vistosas en la puerta del
+corral, y el bobo de la compañia, tocando el tambor, se puso á gritar y
+anunciar al público la primera funcion. Como hacia mucho tiempo que no
+habian venido á Granada comediantes, se dieron de ojo á pedir aposentos
+y sitio para las sillas, y aunque el corral hubiera sido como
+Bibarrambla, tantas sillas vinieron que no quedó lugar para la gente de
+á pié.--Yo, que al principio vi la bulla, me dije: tengo tres ventanas
+que vender, las mejores, porque yo he tenido mucha cuenta con que el
+tablado se haga cerca de mi ventana: si las vendo al principio ganaré
+mucho menos, pero no si me quedo para lo último cuando ya todo esté
+vendido: y dicho y hecho; me salió mejor la cuenta de lo que yo
+esperaba.
+
+--Debeis descender de judios, maese Pertiñez...
+
+--Vos podeis decirme todo lo que querais, señor Diego Lopez, seguro de
+que no me he de ofender. Pero vamos al asunto: ya era por la mañana del
+domingo en que habia de hacerse la funcion y como á las siete, he aquí
+que se encaja de rondon en mi casa Ballestilla, el paje de doña Inés, y
+me dice que su señora quiere ver la funcion y que cuenta conmigo para
+que le procure un aposento.--Yo le digo que no hay, que seria necesario
+pagar mucho para lograr que alguno lo cediese por codicia.--Y no hay
+cuidado por el dinero, me dice el paje poniéndome un bolsillo en la
+mano.--Dígole que vuelva pasada media hora á saber la razon y cuando
+vuelve le llevo á mi primera ventana desde la que puede tocarse casi con
+la mano al tablado:--Todo esto está muy bien: pero mi señora quiere un
+balcon.--Aquí no hay balcones.--Ya veo que todas son ventanas, pero
+habiendo dinero, madera y carpinteros todo puede hacerse.--Consiento y
+Ballestilla parte como un venablo, y á poco vuelve con carpinteros y
+madera, y en un santiamen hacen el mirador que habeis visto desnudo á un
+lado de mi casa: luego le vistió de tapices y he aquí un aposento tan
+bueno como el del rey. El mirador se hizo en una hora. Entonces yo me
+dije para mí: hijo de cristiano soy, gusto tengo como el que mas,
+vendamos la ventana segunda, y hagamos en la tercera otro mirador, y no
+faltarán muchos de mis parroquianos entre ellos el capitan don Juan
+Coloma, que me paguen bien y sobradamente por ocupar un puesto en mi
+aposento: manos á la obra: á la una estaba ya todo concluido y empezó á
+entrar la gente. Ved ahí como he podido ver tres veces y en mi casa á
+doña Inés de Fuensalida... ¡y qué talante el de doña Inés...! os
+aconsejo señor Diego Lopez que antes de dar ningun paso acerca de
+vuestra casa, os espereis á conocerla.
+
+--Me urge maese, me urge, y no estoy de humor de amoríos ni de
+galanteos... no me pesa por otra parte que me hayais dado algunas
+noticias de esa familia; bueno es saber con quien se trata; asi pues
+ireis y direis á ese caballero...
+
+Interrumpió en aquel momento á Aben-Aboo el rechinar de la puerta de la
+habitacion en que se encontraban y abriéndose aquella entró un hombre
+como de veinte y cuatro años con librea de paje de casa noble, y al ver
+á Aben-Aboo, se quitó respetuosamente su gorra.
+
+--¡Ah! ¡mil perdones! dijo, yo creia que estábais solo, maese Pertiñez.
+
+--¡Ah! es el buen Ballestilla, dijo el barbero; que me place. Se no os
+venís como llovido del cielo; he aquí al señor Diego Lopez, el dueño del
+palacio que habitan vuestros amos: y que en este momento...
+
+Ballestilla interrumpió providencialmente al barbero cuando este iba á
+decir, por quitarse el muerto, la pretension de Aben-Aboo de que sus
+inquilinos dejasen la casa.
+
+--¿Vuesa merced es el señor Diego Lopez? dijo acreciendo en cortesanía
+Ballestilla: pues me alegro, si ciertamente.
+
+--¿De qué os alegrais mozo? contestó con secatura Aben-Aboo.
+
+--Me alegro porque el encontraros aquí me escusa de buscaros.
+
+--¿De buscarme? ¿y quién os manda buscarme?
+
+--Mi señor don Alonso de Fuensalida.
+
+--¿Y para qué me quiere vuestro señor?
+
+--Esta carta que me ha dado para vos os lo dirá, señor, contestó
+Ballestilla sacando del bolsillo de sus gregüescos una carta.
+
+Tomóla Aben-Aboo, rompió el sello blasonado de la nema, en la cual se
+leia: «Al señor Diego Lopez de un su amigo», desdobló el pliego y leyó
+lo siguiente:
+
+«Amigo mio: permitidme que os trate con esta confianza, aunque no os
+conozco, y que sabiendo que acabais de llegar hoy á Granada, me apresuro
+á ofreceros en vuestra casa, en la cual con vuestra licencia vivo, el
+aposento que os tengo preparado. Cómo sé que habeis venido, y las
+sencillas razones que me aconsejan pediros vivais en nuestra compañia,
+las sabreis si, como espero, consentís en honrarme acompañándome hoy á
+la mesa. Dios os guarde. De Granada á 19 de diciembre de 1568.--vuestro
+amigo don Alonso de Fuensalida.»
+
+Quedóse absorto con aquella novedad imprevista Aben-Aboo. Indudablemente
+aquel era un dia para él de singularidades. Prudente por naturaleza y
+conocedor por experiencia de que nada que tenga visos de singular debe
+desatenderse por quién como él se encontraba en una de las situaciones
+mas delicadas en que puede encontrarse un hombre, plegó lentamente la
+carta, y dijo á Ballestilla.--Decid á vuestro noble amo, mozo, que he
+recibido su carta, que he apreciado en lo que valen sus palabras, que no
+le contesto por escrito por no deteneros, y detener con vos la expresion
+de mi agradecimiento y que tendré el placer de comer con él en su
+compañía segun me dice lo desea.
+
+--Tendré la honra de decirlo asi á mis señores, señor hidalgo. Mis
+señores se sientan á la mesa á las doce.
+
+--No faltaré.
+
+--Permitidme que diga dos palabras á maese Pertiñez.
+
+--Decidle cuantas gusteis.
+
+Ballestilla sacó de su bolsillo una bolsa de seda y la entregó al
+barbero.
+
+--A las dos, ya sabeis, le dijo, tened dispuesto el aposento, poned una
+silla mas: es decir tres sillas.
+
+--No haré falta, señor Ballestilla.
+
+--Y adios señor hidalgo, añadió el paje inclinándose profundamente ante
+Aben-Aboo; adios maese Pertiñez.
+
+Y se dirigió á la puerta volviéndose antes de salir para saludar otra
+vez á Aben-Aboo.
+
+--¿Y deciais, exclamó el morisco cuando quedó solo con el barbero, que
+los servidores de ese don Alonso de Fuensalida eran zafios y montaraces?
+
+--Es la primera vez que veo al señor Ballestilla cortés y comedido. Pero
+á propósito de lo que estábamos hablando antes de que llegase, ¿qué os
+decia yo..? es bueno esperar para ver... os convidan á comer... ¡bah! de
+seguro que de este convite salen muchas cosas.
+
+--Por lo pronto sale una que me contraría en extremo.
+
+--Sepamos: ya podeis haber conocido que yo sé hacer milagros.
+
+--Pues ved si lograis hacer uno que necesito, aunque me parece difícil.
+
+--Veamos.
+
+--Decís que ese caballero es muy rico.
+
+--Si por cierto.
+
+--¿Viste con esplendidez?
+
+--Terciopelos y brocados, y una cruz de Santiago de diamantes y rubíes
+lleva con mucha frecuencia, que vale un tesoro.
+
+--Pues ved ahí que yo no puedo presentarme en casa de hombre tan
+principal y á primeras vistas con mi vestido de camino, ni con este
+coleto usado que llevo bajo el coselete: necesito gorra, jubon
+greguescos, calzas, zapatos, todo rico y bueno: hasta espada y daga:
+diablo.... diablo.... necesito vestidos riquísimos, y nada traigo
+conmigo mas que dinero y camisas limpias.
+
+--Pues me parece que el milagro lo tenemos hecho y á poca costa.
+
+--¡Cómo! ¿habrá un sastre que haga en dos horas esas prendas? ¿habrá un
+armero en Granada que tenga daga y espada como las que yo necesito?
+
+--Estoy mirando que sois de la misma estatura y de las mismas carnes que
+un amigo vuestro que no está lejos y que por mas señas está ahora mismo
+alborotando por ciento.
+
+--¡Cómo! ¿el capitan don Juan Coloma?
+
+--Ciertamente. El os puede proveer de cuanto necesitais y asi como asi
+le haceis un favor.
+
+--Don Juan es un loco, que jamás posee un escudo y fuera maravilla que
+tuviera prendas como las que necesito.
+
+--Don Juan es un hombre de suerte: es cierto que gasta como el fuego;
+pero cuando ha gastado su último real he aquí que sin saber como, se le
+vienen mil á las manos. Ademas es jugador y le sucede como á todos los
+jugadores: arca llena y arca vacía; cuando tiene una buena entrada
+provee sus armarios, y se presenta relumbrante como el marqués de
+Mondéjar en los dias de córte, ó como don Fernando de Válor en cabildo;
+llega un apuro y los brocados y los cintillos y hasta el caballo,
+vuelan: de la hostería de la Cruz se viene á vivir á la hospedería del
+Carbon y hace su gasto diario con dos reales que yo le presto. Nunca ha
+llegado á deberme treinta; siempre antes de los quince dias me paga, y
+se vuelve á la hostería de la Cruz; ya sabeis en la plaza nueva, frente
+al palacio de la Chancillería.
+
+--¿Y ahora os debe?.
+
+--Veintiocho reales.
+
+--Lo que demuestra que antes de apelar á vos habrá vendido todas sus
+prendas.
+
+--No por que de esta vez está enamorado. Asistiendo en mi aposento, en
+el aposento que como os he dicho, he reservado para mis amigos y para
+mí; vió á doña Inés, la hermosa hija de Alonso, y se enamoró
+perdidamente de ella. Tenia algunos doblones y los gastó en brocados,
+tres ó cuatro vestidos completos, tres ó cuatro juegos de espada y daga.
+Ya se ve, queria estar galan por que las galas para las mujeres son las
+dos partes, y el hombre la una. Con que, vamos, vamos al asunto que es
+ya tarde, tengo que hacer poner los tapices en los aposentos, y no hay
+tiempo que perder. Oid: ya se marchan los cómicos para irse preparando
+para la funcion. Procuraremos que don Juan no se nos marche con ellos.
+
+Y abriendo la puerta salió y asió por el coleto al capitan, que se iba
+en pos de una turba de músicos y farsantes, que salian de la tienda con
+las vihuelas debajo del brazo.
+
+--¡Eh, señor don Juan! perdona, le dijo, pero vuestro amigo el señor
+Diego Lopez os necesita.
+
+--Yo creí que no acababais nunca, y estaba resignado á verle en mejor
+ocasion, porque creo que el señor Diego Lopez será de los nuestros esta
+tarde.
+
+--No lo sé; aunque creo que le tendremos vecino: pero venid.
+
+El capitan entró y Aben-Aboo le salió al encuentro.
+
+--Necesito pediros un favor, señor marqués, le dijo.
+
+--Cuantos querais amigo mio. ¡Diablo! á fe á fe que no esperaba yo nunca
+tener la fortuna de favoreceros: ¿se trata de algun desafio? ¿de algun
+empeño de honra? pues adelante á pesar de las pragmáticas del rey y del
+capitan general de la córte y reino de Granada.
+
+--No, no se trata de eso.... tened la bondad de dejarnos solos maese
+Pertiñez.
+
+--¡Que vanidosos son estos señores! dijo el barbero saliendo: y al fin y
+al cabo en mas de una ocasion tienen que acudir á mí.
+
+--Se me atraviesa un compromiso infernal, don Juan, dijo el morisco
+cuando se encontraron solos: yo me habia venido de mi retiro de Cádiar á
+la ligera, sin pensar en que tuviera que necesitar nada, y he aquí que
+me hallo en gran apuro.
+
+Púsose encarnado hasta lo blanco de los ojos, el marqués.
+
+--¡Diablo! ¡diablo! si fuera de noche y tuviéramos una hora de espera y
+un solo escudo, yo tengo una suerte insolente al juego: solo que no
+juego sino cuando me es de todo punto necesario dinero: el juego es un
+robo, si, pardiez.... y.... vamos.... no podiais haber llegado á peor
+ocasion; no tengo un maravedí, me podeis creer á fe de caballero, y lo
+que mas me pesa es que podais creer que me niego cuando.... pues....
+¡Satanás me asista..!. he aquí un compromiso mayor que el vuestro.
+
+--¡Con que no teneis dinero!
+
+--Esas cómicas se han bebido y se han comido mi último real de á ocho.
+
+--¡Oh! pues ved ahí que no es dinero lo que me hace falta.
+
+Respiró recio como si le hubieran quitado una montaña de encima al
+marqués.
+
+--¿Pues si no necesitais ni espada ni dinero, que quereis de mi?
+
+--Quiero que en el momento me vendais uno de vuestros mejores vestidos,
+una daga y una espada de córte.
+
+--¡Acabáramos! me habeis dado un mal rato: esto es distinto: voy á
+buscar á mi lacayo Peralvillo, y al punto teneis aquí lo que querais.
+
+--Esperad un momento; vos teneis lo que yo necesito y yo tengo lo que
+vos necesitais;
+
+--¿Que quereis decir? exclamó el marqués poniéndose de nuevo encarnado
+como una guinda.
+
+--Quiero decir que hace mucho tiempo que nos conocemos, para poder tener
+entera confianza el uno respecto al otro. Ademas que recuerdo que nos
+conocimos por haberme vos salvado la vida en una riña. ¿Os he ofrecido
+yo oro por la vida que me disteis?
+
+--¡Bah! no hablemos de eso. Ahora bien: tomad de mi lo que habeis
+menester; mejor dicho: tomad lo vuestro por que vuestro es todo lo mio,
+y adios.
+
+--Ya sabeis que yo soy firme en sostener lo que digo.
+
+--Si á fe.
+
+--Pues os afirmo que si no aceptais el precio de esas prendas que
+necesito no uso de ellas.
+
+--Esto es ponerme entre la espada y la pared, amigo Lopez.
+
+--Esto os lo digo para que sepais, que me interesa en gran manera tener
+antes de poco esos vestidos y esas armas; que no cediéndomelos por su
+valor, no los tomo, y que obligándome á no tomarlos, me poneis en un
+caso apuradísimo.
+
+--Con vos no hay medio. Sea. Quedad con Dios. Ya hablaremos de eso.
+
+--No, ha de ser ahora. Estoy seguro, de que una vez esas prendas en mi
+poder, huiriais de mí para no tomar su importe, con mas cuidado que de
+un acreedor judío.
+
+--Lo que molesta debe terminarse pronto. Os conozco y veo que con vos no
+hay escape. Me debeis treinta doblones, que os juro recibir otro dia.
+
+--No me gusta deber. Hé aquí los treinta doblones.
+
+Y Aben-Aboo sacó de la bolsa que habia recibido á nombre del poderoso
+emir de los monfíes de las Alpujarras, una cantidad en oro equivalente á
+la suma que habia marcado, el marqués.
+
+--No os perdonaré nunca este sonrojo, dijo este guardando con embarazo y
+sin mirarla, la suma que Aben-Aboo habia puesto en su mano. Es la mayor
+prueba de amistad que podia daros. Adios pues; ¿en donde os busca mi
+lacayo?
+
+--Aquí mismo en la hospedería.
+
+--Pues adios.
+
+--Adios, señor marqués: hasta la tarde.
+
+--El marqués salió apresuradamente y Aben-Aboo salió tambien de la
+tienda murmurando:
+
+--¡Que noble y que franco! ¡Lástima que sea cristiano!
+
+
+
+
+CAPITULO V.
+
+De lo que vió y oyó Diego Lopez en el poco tiempo que estuvo en la
+hospedería del Carbon.
+
+
+Entre tanto maese Pertiñez, contento con haber salido del atolladero en
+que le habia puesto la pretension de Aben-Aboo, habia conducido á este á
+la hostería y recomendándole para que le diesen uno de los mejores
+aposentos.
+
+Subiase á la hostería por una escalerilla situada en uno de los ángulos
+del corral, escalera que tenia y aun tiene ciertos resabios moriscos, y
+al desembocar de aquella escalera, se entraba por una puerta
+ennegrecida, que al abrirse hacia sonar una campana en un corredor largo
+y tortuoso, iluminado por unas altas lucanas desprovistas de vidrios,
+por las cuales entraban el viento la lluvia ó el polvo segun era la
+estacion ó el estado atmosférico. De la misma manera que sobre la puerta
+de entrada estaba escrito con letras bárbaras: «Hostería del Carbon»,
+habia sobre las de los aposentos situados á derecha é izquierda enormes
+números que seguian una correlacion casi infinita. Antes de llegar á
+otra puerta donde se leia la palabra «cocina» y despues de muchas
+vueltas y revueltas, habia contado Aben-Aboo, ó por mejor decir leido
+hasta el número cincuenta y nueve. La numeracion seguia, pero maese
+Pertiñez se entró de rondon en la cocina.
+
+Rey de aquel departamento, en medio de una atmósfera cálida y grasienta,
+habia un hombre alto flaco, vestido de una manera ordinaria, y
+constituyendo la mitad de su traje un enorme gorro blanco, y un mandilon
+del mismo color que le cogia de alto á abajo por delante, y que no
+estaba tan limpio como hubiera sido de desear: aquel hombre cuando
+entraron Aben-Aboo y el barbero empuñaba una cacerola, y hacia andar de
+prisa, en una actividad increible, á cuatro marmitones que se ocupaban
+de faenas culinarias, en derredor de un inmenso fogon, enteramente
+cubierto de tarteras, ollas y sartenes. Hervian los unos, chirriaban las
+otras, desprendiase del todo un olor indefinible, y una niebla de humo
+velaba aquel conjunto, capaz por sí mismo de dar hastío á un hambriento.
+
+Al ver entrar á maese Pertiñez en su habitacion principal, en su sala de
+honor, por decirlo asi, con un jóven del aspecto de Aben-Aboo, el hombre
+de la cacerola entregó la que tenia en la mano á un marmiton, y adelantó
+hácia los recien llegados luciendo en sus labios la noble sonrisa del
+cocinero y del hostalero á quien se presenta un huésped, y
+
+--¿En que puedo servir á vuesamerced? dijo prescindiendo enteramente del
+barbero, á quien trataba como cosa de la casa.
+
+--Este caballero, dijo Pertiñez, necesita vivir en vuestra casa,
+únicamente hasta las doce del dia.
+
+Secóse, por decirlo asi, la sonrisa en el semblante del hostalero: eran
+ya las diez.
+
+--Lo que no importa, añadió Pertiñez, porque el conocimiento con un
+hidalgo tal como el señor Diego Lopez, es siempre un conocimiento que
+vale mucho.
+
+Volvió á la boca del hostalero la mitad de la sonrisa que habia
+desaparecido de ella, y se inclinó de nuevo.
+
+--Siento mucho, muchísimo, que....
+
+Aben-Aboo le interrumpió impaciente.
+
+--En fin, dijo: ¿no teneis un aposento donde meterme? Poco os importe el
+tiempo; figuraos que he vivido en el un mes, que he comido todo lo que
+teneis en la despensa, y poned la cuenta.
+
+--No no lo digo por tanto, contestó apresuradamente el hostalero, si
+vuesamerced me hubiera dejado concluir, hubiera oido que lo que siento
+mucho muchísimo, es no poder dar á vuesamerced aposento tal como el que
+merece: con la multitud de hidalgos que han venido á las pascuas que se
+acercan, y la compañía de comediantes del señor Godinez....
+
+--Bien, bien; pero tendreis un aposento cualquiera.
+
+--Si señor, el número sesenta y siete. ¡Diablo! ¡diablo! un aposento
+oscuro, donde es necesario tener luz encendida á todas horas si se ha de
+ver algo.
+
+--No importa; llevadme á ese aposento y concluyamos.
+
+Era tan concluyente el mandato, que el hostalero, tomó dos bugías de
+sobre un anden donde habia otras muchas, encendió la una, y tomando una
+única llave de una larga espetera, llave que estaba colocada bajo un
+número sesenta y nueve, salió precediendo á Aben-Aboo y á Pertiñez.
+
+A penas se habian aventurado en el corredor cuando se oyeron pisadas de
+mujer, fuertes, como de buena moza, acompañadas del crugir de una falda
+de seda.
+
+--Alto, dijo con un acento malicioso é insinuante maese Pertiñez; alto,
+señor Diego Lopez; el corredor es estrecho y será bien que nos hagamos á
+un lado para que pueda pasar su magestad la reina mora.
+
+--¡Ah! ¡sois vos! maese rapista, dijo una mujer que llegó á punto y cuyo
+semblante al reflejar en el la luz del hostalero, deslumbró á Aben-Aboo
+por lo extraordinariamente hermoso; Dios os guarde, amigo mio; y á
+vosotros tambien, señores; y decidme, que tengo curiosidad de saberlo:
+¿os han mandado poner ya las celosias en el aposento aquel que está
+cerca del tablado...? hablo de aquel aposento que tiene unos reposteros
+de terciopelo franjado tan ricos.
+
+--¡Ah! ¡ah! allí sin duda debe ocultarse algun enamorado de vos, que no
+quiere acaso que le vean palidecer ante vuestra hermosura, y sufrir y
+palidecer.
+
+--O alguna enamorada: me han dicho que en aquel aposento, han entrado
+una mujer y un caballero.
+
+--¡Ah! ¡ah! os han dicho...
+
+--Y como soy curiosa, quiero que me digan mucho mas, señor Pertiñez; por
+lo mismo os espero en mi aposento. Número 13. Con que hasta luego. Adios
+señor hidalgo, añadió dirigiéndose á Aben-Aboo, á quien durante su corto
+diálogo habia mirado con una extraña insistencia. Adios, maese
+Briviesca, añadió dirigiéndose al hostalero.
+
+Y se alejó ligera y gentil, casi corriendo, entonando con una voz de
+ruiseñor una copla de entremés.
+
+--La mejor ave de mi casa, exclamó Briviesca, pero dura de desplumar
+como un grajo.
+
+--¡Oh! la cómica mas hermosa que ha desplumado hidalgos exclamó el
+barbero.
+
+--¡Ah! ciertamente que es una mujer hermosísima, dijo con un acento
+particular Aben-Aboo: ¿Y la llaman la reina mora?
+
+--Ya, ya vereis esta tarde como la aplauden, repuso el barbero.
+
+--Hemos llegado al número sesenta y nueve, dijo Briviesca dando vuelta á
+la llave de una puerta.
+
+Entraron en una especie de zaquizami, en uno de cuyos ángulos habia un
+fementido lecho: completaban aquel mueblaje de posada una mesa
+mugrienta, dos sillas distintas en forma, aunque iguales en lo viejas y
+media luna de espejo en un marco negro...
+
+--Esto es indigno... lo conozco, dijo Briviesca.
+
+--Esto es muy bueno, dijo Aben-Aboo: haced que suban mi maleta y que me
+traigan agua para labarme. Vos, maese Pertiñez, venid despues á
+afeitarme. Por ahora dejadme solo.
+
+--Y decís bien; aunque me hubiérais necesitado en el momento, os hubiera
+suplicado me dejaseis libre para ir á ver que me quiere la reina mora.
+
+--¿Quiere algo mas vuesamerced? dijo Briviesca.
+
+--No, únicamente mi maleta que está en mi caballo á la puerta de maese
+Pertiñez, y una taza de caldo de gallina.
+
+--¿Y vino?
+
+--No bebo vino, ¡ah! maese Pertiñez: haced que cuiden á mi caballo.
+
+--Muy bien; descuidad por vuestro caballo.
+
+--¡Ah! si viene preguntando á vuestra casa por mí el criado del
+capitan...
+
+--Por supuesto, le enviaré. Que Dios os guarde.
+
+--Yd con Dios.
+
+A penas se quedó solo murmuró Aben-Aboo, obedeciendo al encendido
+recuerdo que le habia dejado la comedianta:
+
+--¡Por la piedra negra de la santa Kaaba, que todos los dias de mi vida
+no he visto una mujer tan hermosa! ¡La reina mora! es singular.
+
+Pero dejando á Aben-Aboo entregado á tales pensamientos, que nada tenian
+de extraños en quien como él solo contaba veintidos años, edad en la que
+el pensamiento, por graves que sean sus cuidados, pasa con facilidad de
+uno á otro, sigamos aunque nos salgamos del epígrafe de este capítulo, á
+maese Pertiñez que adelantaba con tanta prisa como era su curiosidad,
+hácia el aposento número trece donde decia vivir la reina mora.
+
+Tenia ademas en esto un grave interés el rapista: un interés puramente
+pecuniario; el interés que tiene por hacer un buen negocio un corredor
+de amores.
+
+Era el caso que don Fernando de Válor, ó Aben-Humeya, como mejor
+queramos, en el momento en que en la primera representacion de la
+compañía de cómicos se habia presentado en la escena Angélica, se habia
+enamorado de ella. Al concluir la primera jornada, don Fernando, segun
+costumbre admitida en aquel tiempo, habia ido á la puerta del apartado
+donde se vestian las cómicas, solicitando entrar para saludar á la dama.
+Pero Godinez, que era al parecer un hombre como de treinta á cuarenta
+años, cegijunto, enérgico, y un si es no es altivo, le dió con la puerta
+en las narices diciéndole: que en su compañía no estaban en uso aquellas
+costumbres y que las damas tenian casas donde ser visitadas.
+
+Don Fernando, pues, se volvió, echando ternos inútiles, y hubo de
+contentarse con arrojar á Angélica el joyel de diamantes de su gorra, en
+el momento en que el entusiasmo público enviaba una salva de aplausos á
+la comedianta.
+
+Al dia siguiente, se presentó en la hospedería, preguntó por el número
+de la habitacion de la dama y sabido este llegó á la puerta y llamó.
+Abrióle una doncella, que contestó á la cortés demanda de don Fernando,
+con que su señora estaba enferma y no podia recibir á nadie.
+
+Don Fernando, que iba preparado á todo evento, entregó á la doncella un
+billete perfumado de que iba provisto y se retiró.
+
+El billete que habia dejado Aben-Humeya contenia las palabras
+siguientes:
+
+«Hermosa señora: soy el caballero que tuvo el placer de ofreceros ayer
+tarde su homenaje de la manera que pudo, arrojando á vuestros piés el
+joyel que llevaba sobre su cabeza. Hoy ha venido á poner á vuestros piés
+su corazon, que espera levanteis hasta unirle con el vuestro. Si hoy,
+por un acaso, no puedo veros, os suplico me digais, contestándome, á que
+hora podré veros mañana.--Quien os adora por hermosa y discreta: don
+Fernando de Válor.»
+
+Al volver don Fernando á su casa despues de otros quehaceres, encontró
+sobre su mesa, una preciosa caja de oro cincelada, con guarnicion de
+piedras preciosas, y junto á ella un billete. Llamó á su lacayo y este
+le dijo que aquellas dos cosas las habia traído una doncella.
+
+El billete contenia estas brebes palabras:
+
+«Señor don Fernando de Válor: ignoro si la joya que os devuelvo es la
+misma que ayer me arrojasteis á la escena _rindiéndome un homenage_:
+como no he encontrado papel á mano para envolverla, os la envio dentro
+de una caja, que encontré tambien á mis piés, no sé de quien, y que
+recogí, porque las cómicas nos vemos obligadas á hacer delante del
+público, lo que como mujeres nunca hariamos. Si habeis creido que con
+ese joyel pagabais la entrada en mi aposento particular, como por
+algunos maravedises habeis comprado el derecho de juzgar de mi escaso
+ingenio, os habeis engañado. Mi aposento no se abre con oro. Mi corazon
+necesita de mas noble llave para abrirse. Perdonad si os he ofendido,
+obrando no como una dama de comedias, sino como quien soy.--Vuestra
+servidora.--Angélica, la comedianta.»
+
+Hombre de mundo á pesar de su juventud don Fernando, creyó que la
+comedianta adoptaba aquella posicion digna y á todas luces mas noble,
+para hacerse mas preciosa, y se obstinó, apuró cuantos medios se conocen
+para obtener una cita de una mujer, y ya desesperado, se dirigió á maese
+Pertiñez, que tenia una tremenda fama de corredor experimentado.
+Ofrecióle oro á montones si le ayudaba á rendir aquella fortaleza, pero
+en vano, aunque obraba con toda la fuerza y á toda la altura de su
+codicia excitada, pretendió hablar á solas con Angélica: como maese
+Pertiñez era una especie de omnipotencia en al corral del Carbon y en
+la adjunta hostería tuvo mil veces ocasion de estar al lado de Angélica;
+pero esta jamás se encontraba sola: jamás habia podido el rapista
+decirla una sola palabra del asunto. Se concibe, pues, con cuanta ansia
+iria á la cita que de una manera tan inesperada habia recibido de la
+comedianta.
+
+Llamó, latiendole el corazon de esperanza, esperanza que se refería á
+los doblones que debia recibir, si el negocio se llevaba á cabo, de don
+Fernando de Válor, y al punto que llamó se abrió la puerta. Era Angélica
+en persona.
+
+--Entrad, entrad, maese, le dijo, tengo que preguntaros muchas cosas.
+
+Pertiñez, restregándose las manos de alegría, atravesó, siguiendo á la
+comedianta, dos habitaciones y entró en una inundada por un hermoso sol
+de medio dia y tan ricamente alhajada como hubiera podido estarlo la de
+la dama mas principal.
+
+Pertiñez abrió tanto ojo: aquellos muebles á todas luces no pertenecian
+á maese Bribiesca, que era miserable y raquítico con sus huéspedes.
+
+--¡Ah! ¡ah! exclamó el rapista: ¿sabeis, señora, que debe de llevaros un
+sentido por todo esto ese ladron de Bribiesca?
+
+--¡Ah! dijo Angélica, no os he llamado para eso: sentaos.
+
+Y le señaló un magnífico sillon.
+
+--Pero ved, señora, que voy á dejar inservible este hermoso terciopelo
+de Utrech.
+
+--¿Y que os importa? dijo con impaciencia la comedianta.
+
+--¡Ah! ¡ah! los barberos nos estamos restregando continuamente con toda
+clase de vichos grasientos: ¡qué vida la nuestra!
+
+--¿Me vais á contestar en verdad á lo que os pregunte maese? le dijo
+Angélica sin escuchar sus últimas palabras.
+
+--Os contestaré á todo lo que querais y á mas de lo que querais, hermosa
+señora, contestó el rapista.
+
+--Decidme, continuó Angélica, inclinándose hácia Pertiñez, sobre uno de
+los brazos de su sillon, y con el acento ardiente y ansioso: ¿por qué
+está cubierto con celosías el primer aposento del lado derecho de la
+escena?
+
+--¡Ah! eso es lo que no podré deciros: por un capricho: lo que sé es que
+quien ha tomado ese aposento tiene licencia de la Inquisicion y de la
+Chancillería para tenerle cerrado.
+
+--Bien: ¿pero me podreis decir quienes son las personas que ocupan ese
+aposento?
+
+--Las personas son un hombre y una mujer.
+
+--¡Ah! ya sabia yo que habia por medio una mujer; no me habia engañado.
+
+--Y, permitidme, señora, dijo sonriendo sutilmente el hombrecillo, si me
+entremeto en lo que no debo: ¿qué razones teneis para pensar que haya
+una mujer tras de las celosias?
+
+--Tengo tres razones poderosas, tres razones de mucho valor que hablan
+por mí. Vais á ver.
+
+Angélica se levantó, fué á una especie de secreter de ébano, marfil,
+concha y plata, le abrió y sacó de él un cofrecillo, con el cual fué á
+sentarse en el sillon: cuando abrió aquel cofrecillo, se deslumbró el
+barbero, y sus ojos casi se saltaron de codicia: tal le habian
+deslumbrado las joyas que en el cofrecillo se encerraban.
+
+--Escuchad, dijo Angélica y como si nada la interesasen aquellas joyas;
+vos habeis visto la comedia que hacemos.
+
+--¿Pues no he de haberla visto? contestó maquinalmente el rapista que no
+quitaba ojo de la pedreria.
+
+--¿Recordais el momento en que Xarifa, la reina mora, jura vengar la
+muerte de su padre el rey Mirtilo?
+
+--¡Oh! ¡vaya! como que se hunde el corral aplaudiendo; como que dais
+miedo, señora; tan al vivo lo haceis.
+
+--Pues bien, me arrojaron confitura, llenaron la escena de gorras y
+toquillas, y en medio de todo esto ¿qué diriais que cayo á mis piés?
+
+--¡Oh! ¿quién sabe, señora?
+
+--Pues bien, cayó este collar. Y la comedianta asió por un extremo su
+magnífico collar de gruesas perlas con broche de brillantes y le levantó
+ante los ojos admirados del barbero.
+
+--¿Y estais segura de que esas perlas y esos diamantes son finos?
+
+--¡Que si estoy segura! este es un collar de reina; este collar vale un
+tesoro.
+
+--¿Y no sabeis quien pueda haber sido...?
+
+--Mientras devolvia al patio, segun costumbre, gorras y toquillas, miré
+ansiosamente á todas partes: deseaba conocer á la mujer que se habia
+desprendido por mi de tanta riqueza: yo habia recibido aquel collar como
+hubiera recibido una bofetada: con cólera: este collar era para mí un
+insulto... la mujer que me lo enviaba, solo habia tenido por objeto
+humillarme... vos no conoceis á las mujeres, añadió Angélica
+comprendiendo la estúpida expresion de asombro que se pintaba en los
+ojos estraordinariamente abiertos del maese: si; quien me arrojaba este
+collar, quien me decia sin palabras: «toma y deja de ofrecer tu
+hermosura y tu ingenio á la soez admiracion del vulgo,» era sin disputa
+una mujer enemiga mia, que me dispensaba una proteccion humillante; sin
+embargo no vi ninguna dama, aunque las habia hermosas y bien prendidas,
+que pudiese hacerme sospechar que era la dueña de esta joya: las mujeres
+lo conocemos esto con una sola mirada: pero habia un aposento cerrado
+con celosías... tras aquellas celosias debia estar mi enemiga: si, mi
+enemiga, y en efecto en aquel aposento habia una mujer.
+
+--Si sabiais que la habia ¿á qué me habeis preguntado?
+
+--Os diré; mientras estuve dentro, antes de que se acabase la funcion,
+encargué á un comediante que procurase informarse de qué personas habia
+en el aposento misterioso: cumplió su encargo y me dijo que habia visto
+salir un caballero de estado y una dama, pero enteramente cubierta con
+un manto. Despues para asegurarme mas me dijo que no estaba seguro de si
+la dama encubierta habia salido ó no del aposento cerrado, porque habia
+mucha gente y se habia confundido: pero me aseguró que de todas las
+damas que habia visto solo aquella llevaba manto.
+
+--¡Desesperarse porque sin duda la admiracion de una gran señora os ha
+ofrecido un hermoso regalo...!
+
+--¿Qué entendeis vos de esto? dijo con impaciencia Angélica. Dejadme
+seguir porque os cuento únicamente esto para que me ayudeis en mis
+sospechas para que las aclareis, si es preciso: me vi obligada á esperar
+otra funcion: en efecto el domingo siguiente, cuando el público me
+aplaudia con frenesí, yo, que tenia fijos los ojos en el aposento de las
+celosías vi abrirse una de estas, asomar una blanquísima mano de dama y
+arrojar á mis piés este brazalete.
+
+Y Angélica mostró á maese Pertiñez, cuyo estupor crecia, una segunda y
+riquísima joya.
+
+--Ya no podia tener duda, continuó la comedianta, de que en aquel
+aposento estaba la dama que se atrevia á insultarme. Tenia preparado
+como en la funcion anterior quien la siguiese, y aquella tarde fue
+seguida. Al volver el comediante encargado de seguirla, me dijo que del
+aposento de las celosías, acompañada de un caballero de mas de cuarenta
+años habia salido una dama cubierta con un manto de terciopelo. Que
+habia entrado en una litera y que rodeada de muchos criados, habia ido á
+una casa grande y principal en el Albaicin, junto á la parroquia de San
+Miguel. Encarguéle que se informase de quien era aquella dama, y solo
+pudo decirme que se llamaba doña Inés de Fuensalida, que salia muy poco,
+y siempre cuidadosamente encubierta, y por último que iba todos los dias
+al amanecer á la primera misa á San Miguel. Irritada de que mi emisario
+no supiese darme mas claras noticias, ansiosa de conocer por mi misma á
+aquella mujer, me levanté al dia siguiente antes de que fuese de dia, y
+me fuí á la iglesia de San Miguel á esperar á esa dama tan misteriosa:
+al fin al segundo toque de la misa de alba, entró una dama tapada, y
+aunque su andar y sus maneras no me eran desconocidas, no pude verla el
+rostro: he procurado corromper á sus criados y los he encontrado
+incorruptibles: por último, en la tercera función recibí un nuevo
+ultrage, viendo á mis piés estas arracadas que valen tanto como
+cualquiera de las dos joyas.
+
+--¿Y nada habeis podido averiguar mas claro?
+
+--No. He sabido, si, que vos sois el que cobra los alquileres de la casa
+en que esas gentes viven; que esa casa es de un morisco...
+
+--Si, si por cierto, del señor Diego Lopez á quien conoceis.
+
+--¡Qué yo conozco al señor Diego Lopez! dijo palideciendo Angélica.
+
+--Si por cierto, es el hidalgo á quien encontrásteis conmigo en el
+comedor, y á quien habéis saludado hace un momento.
+
+--¡Ah! ¡ese jóven moreno, pálido, de ojos negros, es Aben-Aboo! exclamó
+profundamente pensativa Angélica.
+
+--Si, si señora; asi le llaman los moriscos, del mismo modo que llaman á
+don Fernando de Válor Aben-Humeya.
+
+--¡Aben Aboo! ¡Aben-Humeya! repitió Angélica.
+
+--Y si supiérais, dijo envistiendo de frente el rapista, cuán loco, cuán
+enamorado por vos está don Fernando de Válor.
+
+--¡Qué está enamorado de mí!
+
+--Cómo que me ha ofrecido no sé cuantas riquezas, si consigo de vos que
+le permitais hablaros una sola vez.
+
+--¡Ah! murmuró Angélica; y reponiéndose, añadió: hablemos de la dama:
+vos cobrais los alquileres de la casa donde vive.
+
+--Es verdad; pero jamás paso de un aposento del piso bajo, donde me
+recibe y me paga el mayordomo.
+
+--Vos habeis revendido ese aposento cerrado á esa familia.
+
+--Es verdad.
+
+--Debeis, pues, haber visto á esa dama.
+
+--Si, pero cubierta con el manto.
+
+--¡Oh! ¿y no habéis tenido curiosidad?
+
+--Si por cierto: pero cerraban por dentro con llave la puerta del
+aposento.
+
+--De modo que no la conoceis.
+
+--Ni mas ni menos que vos.
+
+Golpeó impaciente Angélica el pavimento con su pequeño pié.
+
+--Pues yo necesito ver frente á frente á esa mujer, dijo.
+
+--Lo creo, murmuró el rapista, no encontrando otra cosa mejor que
+contestar á la comedianta.
+
+--Y es que vos me vais á procurar que la conozca.
+
+--¿Y cómo?
+
+--Buscando una llave que sirva para abrir la puerta del aposento.
+
+--¿Estais en vos?
+
+--Sé que os pido un gran servicio, pero os lo pagaré.
+
+--¡Cómo!
+
+--Dándoos una carta de cita para don Fernando de Válor.
+
+Alegróse en lo íntimo de sus entrañas el barbero, pero se mantuvo firme.
+
+--Me pedís una cosa muy arriesgada para mí, señora. Yo puedo proveeros,
+á cambio siempre de esa cita con don Fernando, de un medio mejor y menos
+expuesto; porque al fin, si os doy la llave y entrais, y esa dama no es
+la que creeis...
+
+--¿Y qué medio es ese?
+
+--El señor Diego Lopez Aben-Aboo, dijo con acento de misterio el
+barbero, está convidado á comer con ella, y va á vivir en su propia
+casa.
+
+--Esa mujer será capaz de comer con antifaz, y de hablar á oscuras con
+Aben-Aboo. La llave, la llave, maese Pertiñez, y por la llave del
+aposento de esa mujer, os doy una cita al mio para don Fernando de
+Válor.
+
+--¡Dádmela!
+
+--Cuando me hayais entregado la llave.
+
+--Pues dentro de una hora.
+
+--Pues hasta dentro de una hora.
+
+Pertiñez salió contando ya en su imaginacion los brillantes doblones,
+que esperaba recibir de Aben-Humeya á cambio de la cita de Angélica, y
+esta se quedó murmurando:
+
+--¡Aben-Humeya! ¡Aben-Aboo! ¡el uno me solicita loco de amores, y el
+otro ha palidecido al verme por la primera vez! Creo que al fin
+encuentro el principio de mi camino.
+
+
+
+
+CAPITULO VI.
+
+ En que continúa un asunto suspendido en el anterior.
+
+
+Aben-Aboo se paseaba impaciente en el chirivitil, donde le habia
+establecido maese Bribiesca: habíanle llevado el agua, el caldo y la
+maleta; se habia lavado y mudado de ropa blanca, pero ni maese Pertiñez
+se habia presentado á rasurarle, ni el lacayo del marqués de la Guardia,
+el aun para nosotros desconocido Peralvillo le habia traido el trage
+anhelado.
+
+Aben-Aboo impresionable, como todos los hombres de la raza de que era
+hijo, tenia en la cabeza un hervidero de impresiones tentadoras; un
+volcan en una palabra; pensaba á un tiempo en Aben-Humeya, que le
+arrancaba la corona con que habia soñado; en la Dama blanca de la
+montaña, en la inquilina de la casa de San Miguel, y por último,
+flotante como una nube blanca y transparente sobre un celaje
+ennegrecido, la magnífica mujer, la cómica, que habia visto un momento
+al reflejo de la luz de maese Bribiesca en el oscuro corredor de la
+hosteria.
+
+Eran estas bastantes impresiones para que el jóven estuviese
+profundamente preocupado, pasando de la una á la otra en un continuo
+torbellino, uniéndolas á veces como si fueran partes de un solo cuerpo,
+como si hubiese entre aquellas mujeres una relación extraña.
+
+Demasiadamente excitado su cerebro, empezó á embrollarse su pensamiento
+y el oscuro chirivitil en que se encontraba á dar vueltas en torno suyo.
+Se sentó para dominar aquella especie de vértigo, en una de las sillas
+que estaban arrimadas á la pared, y permaneció inmóvil procurando
+dominar sus pensamientos.
+
+De repente oyó ruido en el aposento inmediato como de abrir una puerta;
+luego la voz de dos personas que hablaban con interés.
+
+De seguro que Aben-Aboo no hubiera reparado en aquello mas que en
+cualquier otro incidente vulgar y de poca monta, si la conversacion de
+aquellos dos hombres no le hubiera llamado vivamente la atencion por
+algunas palabras para él demasiado interesantes.
+
+--Os digo, os repito, decia una voz que acentuaba perfectamente el
+castellano, que don Fernando acabará por perderse.
+
+--¡Bah! dijo otra voz que tenia, aunque levísima cierto acento
+extranjero; y ¿qué os importa á vos Cisneros, que Aben-Humeya se pierda
+ó se gane?
+
+--¡Oh! mas de lo que os parece, señor Godinez, os he traido á este
+aposento apartado porque aquí nadie puede oirnos ¿sabeis lo que ha hecho
+don Fernando de Válor?
+
+--Alguna cosa como suya, dijo Godinez.
+
+--Una atrocidad: ya sabeis que es regidor perpétuo de la Ciudad.
+
+--¿Y quién no lo sabe?
+
+--Pero no sabeis que este oficio se le habia quitado á su padre por
+delitos, y que despues de su muerte en una prision, el rey le ha dado á
+su hijo por gracia y con arreglo á una sentencia de la sala de Granada.
+Afortunadamente la venticuatria no habia sido declarada vacante, y don
+Fernando se vió horro de pleitos, pero no de envidias, porque ya algunos
+caballeros principales habian contado con que se proveria en ellos el
+tal oficio. Don Fernando, pues, al empuñar su vara de regidor perpetuo,
+se encontró con que aquella vara era para el un haz de enemigos. Se le
+ha mirado mal, porque todo el mundo mira mal al que es objeto de
+envidias, y además de esto porque don Fernando ha tratado á todo el
+mundo con tanta altanería, que á todos los tiene ofendidos, y nada hay
+que extrañar en lo que le sucede.
+
+--¿Pero qué le sucede?
+
+--Esta mañana habia cabildo: segun costumbre inmemorial en Castilla,
+todos los regidores al entrar en cabildo dejan todas las armas que
+llevan á sus escuderos ó criados; pues bien, á pesar de esta costumbre
+reconocida y acatada por todos, hasta por el mismo capitan general, don
+Fernando de Válor entró en cabildo con la daga en la cintura.
+
+--¡Un olvido!
+
+--Ó una intencion imprudente. Lo cierto del caso es que habiendo notado
+esto que creyó descuido en don Fernando, el regidor don Luis Dávila,
+advirtióle con mesura que no era bien enterase armado donde nadie tenia
+armas. Replicó descortesmente don Fernando, alegando privilegio; don
+Luis Dávila irritado por su descortesia, le echó mano á la daga para
+quitársela, y á esta accion, tambien imprudente, sucedió un tumulto
+espantoso; en vano el corregidor quiso calmarlo: don Fernando amenazaba
+al cielo y á la tierra, y yendo el escándalo en aumento, el corregidor
+llamó traidor á grandes voces á don Fernando y le mandó llevar preso.
+Mas este, que sin duda estaba preparado, rompió daga en mano por medio
+de los que se acercaban á prenderle, dejóse herido un portero, ganó la
+puerta de la sala, la antecámara y las escaleras, montó á caballo y
+escapó, sin que hasta ahora se sepa donde para. Se ha armado una gresca
+infernal. Se tienen sospechas de que los moriscos piensan rebelarse, y
+se cree que todo lo que ha pasado en las casas consistoriales, no sea
+otra cosa que un lance provocado por don Fernando para tener un pretexto
+para ponerse á la cabeza de la rebelion. Los tercios se han
+encastillado; no se ven por esas calles mas que caballeros armados de
+lanza y coselete que corren á presentarse al capitan general, y este, el
+presidente de la Chancillería, el corregidor y el alcalde mayor estan en
+consejo. ¿Y creeis que esto no me importe nada?
+
+--Nada debe importaros Cisneros, nada absolutamente, puesto que vos no
+sois ni morisco ni soldado. Si la cosa se enreda, con volvernos á
+Sevilla de donde hemos venido, punto redondo.
+
+--¡Volvernos á Sevilla! ¿sabeis señor Godinez que estamos arruinados?
+
+--¿Y quién os manda ceder hasta tal punto á los caprichos de esa mujer?
+Hemos ganado un rio de oro, en un año que andamos representando por
+Andalucía, y esa mujer ha sido el embudo por donde ese oro ha
+desaparecido.
+
+--Vos no conoceis á esa mujer, maese Godinez.
+
+--Sé que es muy difícil encontrar una dama tal como ella: sé que sin
+ella no ganariamos ni la décima parte de lo que ganamos; pero en cambio
+no tendriamos que gastar tanto. Es nuestro tirano: con sus humos de gran
+señora, no hay medio de que se avenga á lo que otras damas se avienen;
+los trages han de ser de lo mejor, de lo mas fino: sedas, pieles,
+brocados, joyas: su habitacion ha de ser una habitacion de princesa, su
+mesa una mesa de arzobispo. Si hay polvo ó humedad en las calles,
+litera; si la duele un tanto la cabeza no hay medio de hacerla
+representar, aunque la entrada esté hecha. Decís bien, no sé quien es,
+porque esa mujer es un misterio, pero sé que todo lo que por ella se
+gane se gastará con ella, y que en vez de ahorrar nos empeñaremos.
+
+--Pues ved ahí por lo que me contraria, me desconcierta, el lance de don
+Fernando de Válor; porque á no dudarlo, esta tarde no habrá funcion,
+habia muy buena entrada, con la cual esperaba salir de apuros, y será
+necesario devolverle el dinero; ¡si al menos esto pasase! pero tiene
+trazas de haber empezado para no concluir tan pronto.
+
+--Os aconsejo que os separeis de esa mujer, Cisneros. A mi, como autor,
+me importa muy poco porsaco mi parte; pero vos os vais quedando cada dia
+mas pobre.
+
+--¡Oh! ¡separarme de ella! ¡imposible! ¡imposible de todo punto;
+Godinez! la amo con toda mi alma.
+
+--Pues ved ahí, yo no comprendo que un hombre ame sin ser amado, y sobre
+todo cuando se le dan continuamente zelos. Y os digo esto porque se
+dice, no sé con qué fundamento, que nada conseguis ni habeis conseguido
+de ella.
+
+--¡Es verdad! ¡es verdad! hubo un tiempo en que creí que esa mujer me
+amaba: pero me engañé. Aun espero el primer favor.
+
+--Dicen ademas que ella tiene un amante á quien adora, y que el tal
+amante se jacta de que nadie mas que el ha poseido á esa hermosura, tras
+la cual andan tantos desesperados.
+
+--¡Ah! ¡el marqués de la Guardia se jacta...! tiene razon... porque ella
+le adora!
+
+--¿Y lo sufrís?
+
+--Sufro mas de lo que creeis; por ejemplo: yo que tengo mi aposento
+cerca del de Angélica, siento todas las noches por delante de mi puerta
+los pasos de un hombre, que se detiene delante de la puerta de Angélica
+abre y entra; despues sale por la mañana, muchas veces sin recatarse de
+nadie.
+
+--No comprendo vuestro amor.
+
+--Es porque yo amo de veras y soy esclavo.
+
+--Pues teneis fama de no haber sido asi en otro tiempo.
+
+--¿Qué quereis? Aquellos tiempos pasaron. Un príncipe poderoso era mi
+esclavo. Tenia en mis manos mas de lo que pensaba. Pero un dia una mujer
+terrible se puso entre el príncipe y yo...
+
+--La hija del emir de los monfíes...
+
+--¡Cómo! ¡exclamó Cisneros asustado! ¿quién os ha dicho eso?
+
+--¡Bah! yo sé quién sois, quién es Angélica, quién es la hija del emir.
+Vos no sabeis quien soy yo... no os lo digo, porque necesito imponeros
+respeto para salvaros.
+
+--¡Para salvarme!
+
+--No quiero que seais la víctima de esa mujer.
+
+--¡Y sabeis quién es esa mujer!
+
+--Vaya si lo sé. Como sé quién os hirió la noche que la conocisteis.
+
+--¡Que sabeis...!
+
+--Si por cierto: fue vuestro amigo el marqués de la Guardia.
+
+--¡Que rondaba la casa de la hija del emir...!
+
+--Y vió entrar al príncipe y tuvo zelos.
+
+--¡Ah! pero cuando tanto sabeis, quién sois....
+
+--¿Que quién soy yo...? hace mucho tiempo que nadie me conoce mas que yo
+mismo. Oid; unas veces soy jóven: otras viejo: suelo llamarme príncipe,
+ó caballero, ó rufian, ó comediante: unas veces tengo un nombre, otras
+otro: Angélica me conoce demasiado bajo otra forma: ¿pero preguntadle si
+conoce á Salvador Godinez? ¿si sabe quién es? De seguro que no piensa
+que yo soy una moneda falsa. Yo sé cambiar de semblante, de cento de
+edad, aun de estatura: sé adaptarme á todas las condiciones. Ya me
+habeis visto representar....
+
+--Y lo haceis á las mil maravillas. He tenido zelos de vos.
+
+--No tanto, no tanto. Vos siempre sereis el famosísimo Cisneros, la
+delicia de las damas de la córte, que lloran vuestra ausencia, y la
+admiracion de los hombres de ingenio. Yo soy infinitamente mas cómico
+que vos, pero no en el tablado y entre las cortinas, sino en el mundo,
+entre las gentes. Tan cómico soy que Angélica, vuestra adorada Angélica,
+que sabe que existe un hombre que la ama y la aborrece á un tiempo; que
+sabe que ese hombre cambia de aspecto y de nombre, pero no de corazon ni
+de propósito; que por lo tanto debia desconfiar de todo desconocido que
+se la acercase, no desconfia de mí, y me cree simplemente Salvador
+Godinez, comediante y autor de la compañía del señor Andres Cisneros.
+
+--¡Qué, amais á Angélica! exclamó Cisneros que solo esto habia oido de
+las últimas palabras de Godinez.
+
+--¡Que si la amo! ¡sino la amara viviria!
+
+--¡La amais! yo creo que esa mujer ha nacido para enamorar á todo el
+mundo.
+
+--Os engañais. A esa mujer la sucede lo que á otras muchas. Las aman
+todos, menos el hombre que las posee.
+
+--Es decir que el marqués de la Guardia....
+
+--No la ama, porque ama á otra.
+
+--¡A otra!
+
+--Si, á una mujer á quien yo amaria tambien, si mi amor hácia ella no
+fuese insensato; un martirio á que me condenaria inútilmente. El marqués
+de la Guardia ama á la hija del emir de los monfíes, y porque la ama
+finge amor á Angélica.
+
+--Nos os comprendo.
+
+--La hija del emir se ha perdido para el marqués. Pero el marqués sabe
+que si una mujer se pierde para su amante, no se pierde jamás para la
+mujer que la aborrece, que la sigue, que la persigue ansiando venganza,
+cuando esta mujer tiene medios para obrar tan poderosos como son los que
+tiene Angélica.
+
+--Con que la hija del emir y Angélica....
+
+--Son enemigas, enemigas á muerte por la sola razon de que aman á un
+mismo hombre.
+
+--Lo que no comprendo bien, es por qué me haceis estas revelaciones,
+dijo con intencion Cisneros.
+
+--Porque ha llegado ya el momento de obrar. Angélica sabe que tiene
+cerca á su rival, tiene medios para envolverle en una horrible venganza
+y obrará. Es mas: yo la ayudaré á que obre. Por lo mismo para ayudarla,
+me veré obligado á estar separado de ella largas temporadas: yo puedo
+trasformarme: pasar por monfí entre los monfíes, por soldado entre los
+soldados del rey, como paso por comediante entre los comediantes; pero
+no puedo duplicarme, no puedo hacer dos mi persona, y quiero saber todo
+lo que dice, todo lo que hace, si es posible, todo lo que piensa
+Angélica. Para ello necesito un hombre esperimentado, sagaz, que sepa
+como yo encubrir bajo su semblante tranquilo sus pasiones, dominar los
+sucesos y no dejarse dominar de ellos; ese hombre sois vos Cisneros:
+pero para que lo seais, es necesario que os domineis: es necesario que
+comprendais que una mujer que nos desprecia, que ama á otro, sin
+recatarse de ello, que nos toma como instrumento, no debe inspirarnos
+amor sino venganza. Es necesario que comprendais tambien que habeis sido
+muy ambicioso y muy imprudente: que habeis cometido graves delitos cuyas
+pruebas tengo yo....
+
+--¡Que yo he cometido delitos!
+
+--Si, y ya que me habeis traido á un lugar donde nadie puede
+escucharnos, voy á hablaros con lisura. Vos, nacido de la pleve, lanzado
+por casualidad á la vida de comediante, para lo que poseeis grandes
+talentos, os visteis aplaudido, enriquecido, acariciado por las damas,
+casi recibido en la córte: entrabais en ella por el postigo es verdad,
+pero aquel postigo os llevaba á donde no llevaba á otros la puerta
+principal. Hace algunos años trabásteis conocimiento con el príncipe don
+Carlos, como lo traban generalmente con los grandes señores los hombres
+que han logrado hacerse famosos en cualquier oficio: á título de
+proteccion del gran señor, hácia el gran comediante. El príncipe no
+tenia la cabeza enteramente sana y habia nacido ademas muy mal
+inclinado: era ambicioso, incorregible, déspota, amigo de escesos y
+enemigo de toda sujecion: la dependencia en que vivia como hijo y como
+vasallo de uno de los hombres mas terriblemente celosos de su autoridad,
+le irritaba. Vos comprendísteis todo esto, como lo habian comprendido
+otros, ú otro, y pensasteis como aquel otro, aprovechar las perversas
+cualidades del príncipe para engrandeceros. Aquel otro, que era tambien
+un gran señor, casi un rey, el emir, en una palabra, conoció que debia
+aprovecharse de vos y se aprovechó. El vínculo que unia á un tiempo al
+príncipe, al emir y á vos era el amor de una mujer: el amor voraz,
+voluntarioso, impaciente, que el príncipe sentia hácia la hermosa
+duquesita. ¿Quereis que invierta mas tiempo probándoos de qué manera
+poseo pruebas de vuestra doble traicion contra el rey, incitando á la
+rebeldia al príncipe, irritando sus deseos por doña Esperanza, y
+sirviendo al mismo tiempo al emir de los monfíes? Vos habeis escrito
+cartas imprudentes, cartas cada una de las cuales vale vuestra cabeza, y
+esas cartas Cisneros estan en mi poder.
+
+--¡Es decir que me imponeis condiciones!
+
+--Me constituyo en vuestro señor, representando al diablo á quien os
+habeis vendido por ambicion.
+
+--¿Y no temeis que esté desesperado?
+
+--No porque aun sois ambicioso.
+
+--¿Y qué me podeis vos dar?
+
+--Puedo daros, si os resistis á servirme, una muerte horrible. Porque
+¿qué creereis que haria con vos Felipe II cuando supiese, que vos,
+envenenando al corazon de su hijo, impulsándole á la traicion, le habeis
+obligado á matar al príncipe?
+
+Cisneros calló.
+
+--Por el contrario si me servís bien, os enriqueceré; es mas: os pondré
+en ocasion de ser. ¿Quereis ser walí de un rey moro..? pues bien: podrá
+suceder que lo seais. ¿Quereis conquistar la gracia del rey de España y
+su privanza? Servidme: si solo quereis ser rico, sedlo desde ahora.
+
+--¡Cómo! ¿vos podeis enriquecerme, hacer levantar el destierro que me
+separa de la córte, fuera de la cual no vivo?
+
+--Lo puedo.
+
+--Y sin embargo, ¿teneis paciencia para vivir con un miserable
+salario..?
+
+--¡Imbecil! ese es el antifaz, el medio. Decidme Cisneros: ¿habeis
+creido de buena fe que hemos ganado todo el oro que se ha gastado en
+pagar la compañía, y en sostener los caprichos de Angélica?
+
+--El público ha pagado muy caro....
+
+--Por muy caro que hubiera pagado el público, las entradas no hubieran
+bastado para pagar la compañia, que es muy numerosa y muy buena, porque
+vos no quereis trabajar con malos cómicos. Quien ha pagado he sido yo:
+como soy quien vendo las entradas; como nadie tiene que enterarse de
+ello, he hecho al revés de otros que roban: he aumentado... he aumentado
+diez veces mas: aposento habia por el que solo han pagado un escudo, y
+yo he dicho que han pagado un doblon, y asi todo. Con que, nada os
+importe que los moriscos se revelen ó no: mejor para nosotros... nada
+importa que no podamos representar mas en Granada; mejor; nos
+desembarazaremos de todos esos comediantes, que al fin son ojos que ven,
+oidos que escuchan y bocas que mienten, y nos estorban. Por lo demás, y
+ya que os prestais á servirme, tened muy en cuenta el no ser débil con
+Angélica, revelándola una sola palabra de lo que hemos hablado;
+continuad, como siempre; tratadme delante de los demás con la soberbia
+que siempre me habeis tratado, y basta por ahora. Son ya cerca de las
+doce, y voy á ponerme á despachar las entradas.
+
+--¿Pero creeis que despues, de lo que ha sucedido esta mañana pueda
+haber funcion?
+
+[imagen: Encuentro de Angélica y Aben-Aboo.]
+
+--¡Bah! todo ello no pasará de ruido: ya vereis como se nos llena al
+corral, y sobre todo que nosotros no podemos suspender la funcion sin
+órden del corregidor.
+
+Tras estas palabras, Aben-Aboo que habia unido su oreja derecha á la
+pared para oir mejor, sintió que los del aposento inmediato se dirigian
+á la puerta, la abrian, salian y cerraban de nuevo.
+
+Luego los pasos de los dos se perdieron á lo largo del corredor.
+
+--¿Con que ese señor Godinez, no es Godinez? dijo Aben-Aboo, ¿ni esa
+comedianta es lo que parece, ni el señor Cisneros por lo visto se
+contenta con ganar su dinero representando? ¡Aben-Humeya, toma un
+pretesto para la rebelion! ¡Amina ama al marqués de la Guardia! ¡la
+comedianta tambien! ¡estas dos mujeres se conocen y son enemigas! ¡El
+señor Godinez alienta proyectos! ¡Oh! ¡por el Dios Altísimo, que mi
+buena suerte me ha traido á esta hostería. Creo que al fin de este
+laberinto está mi suerte buena ó mala! la tumba ó el trono! Pues bien:
+es necesario que yo me procure un hilo que me guie para llegar al fin de
+ese laberinto. Cada uno de esos comediantes es un cabo. Pues bien yo
+reuniré á los tres. Yo procuraré no perderlos. ¡Y el marqués de la
+Guardia! ¡mi buen amigo! ¡oh! ¡oh! ¡Ahora mas que antes me impacienta
+la tardanza del criado del marqués! y bien mirado ¿para qué necesito yo
+sus vestidos? ¿No vengo de viaje? No se por qué tengo impaciencia de
+conocer á esa doña Inés de Fuensalida; me parece que este es otro cabo
+que me presenta mi fortuna.
+
+Habíase ya decidido Aben-Aboo por presentarse de cualquier modo en la
+casa de sus inquilinos, cuando se oyeron pasos en el corredor que se
+detuvieron junto á su puerta y una mano llamó á ella.
+
+Era el lacayo del marqués que traia un emboltorio bajo el brazo
+izquierdo y una espada y una daga de córte en la mano derecha.
+
+
+
+
+CAPITULO VII.
+
+ De como hasta el fin del capítulo no pudo sacar nada en claro
+ Aben-Aboo acerca de sus inquilinos.
+
+
+A punto que daban las doce, llegaba Aben-Aboo, bizarramente vestido con
+un trage de brocado escarlata, calzas de grana y zapatos acuchillados, á
+la puerta de la casa de don Alonso de Fuensalida, ó, por mejor decir, de
+su casa.
+
+Al atravesar la ciudad habia observado profundamente el aspecto de ella
+y nada habia encontrado de extraño: era muy posible que los tercios
+estuviesen renuidos, instalados en consejo el cabildo y la Chancillería
+y que se hubieran tomado algunas precauciones; pero las gentes iban
+tranquilamente por la calle como de costumbre, salian de oir misa de las
+iglesias multitud de damas ataviadas como la que va á misa tarda para
+ser vista, y muchos soldados alféreces y capitanes, andaban, á su paso,
+y á sus negocios, como si absolutamente no amenazara ningun peligro.
+
+[imagen: Acercáos, don Fernando, acercáos, dijo con una voz
+sonora, grave y afectuosa...]
+
+El acontecimiento, pues, de aquella mañana en las casas consistoriales
+habia quedado completamente aislado.
+
+Aben-Aboo, se entró por el zaguan, y pidió á uno de los lacayos que
+vagaban por él, le anunciase á su señor.
+
+Inmediatamente aquel hombre le introdujo, precediéndole para guiarle por
+unas anchas escaleras de mármol, alfombradas en el centro y unos
+corredores, alfombrados tambien, á una antecámara y una cámara donde le
+salió al encuentro un caballero como de cuarenta y seis años,
+enteramente vestido de negro, de fisonomía enérgica, y hermosa.
+
+--El señor Diego Lopez, á quien esperaba vuecencia; dijo el lacayo á
+penas vió á su señor, retirándose en seguida.
+
+--Bien venido seais, caballero, le dijo el señor excelentísimo á
+Aben-Aboo, y tanto mas, cuando mi hija y yo empezábamos á estar
+cuidadosos por vos.
+
+--¡Oh! permitidme que me enorgullezca de haber sido el objeto del
+cuidado de esa hermosa señora.
+
+--Nada tiene esto de extraño caballero, cuando mi hija doña Inés os debe
+muchas atenciones.
+
+--¡Atenciones!
+
+--Sí por cierto: cuando tuvísteis la complacencia de cedernos vuestra
+casa...
+
+--Decid la necesidad, señor don Alonso: si yo no hubiera venido á la
+pobreza en que me hallo...
+
+--No hablemos de esto, sois pobre por que sois honrado, y la honra es el
+primer caudal de un hidalgo. Dejadme ahora probaros como os debe
+atenciones mi hija. Cuando supísteis que venia á vivir á vuestra casa
+una dama, vos, que del ajuste de arriendo habiais exceptuado cuatro
+habitaciones, que eran para vos un santuario, las que habia vivido
+vuestra madre, habitaciones que debian permanecer cerradas, os
+apresurásteis á ofrecerlas á mi hija para su uso. Doña Inés aceptó con
+placer vuestro ofrecimiento, ha vivido en esas habitaciones y ha
+aspirado el perfume de santidad, de sufrimiento, de dulzura que en ellas
+ha dejado vuestra madre. Doña Inés vive en la misma habitacion en que
+vivió vuestra madre, Aben-Aboo.
+
+--¡Ah! ¡sabeis mi nombre!
+
+--Porque lo sabemos; porque sabemos que sois primo hermano de
+Aben-Humeya, que ha cometido hoy, arrastrado por su mocedad y por su
+imprudencia uno de los mayores desaciertos que pudiera haber cometido,
+estábamos con cuidado por vos.
+
+--¿Con que sabeis?
+
+--¿Y quién no sabe los pensamientos de los moriscos? Sábelos el capitan
+general, el presidente, el corregidor... y como vos sois tambien
+morisco...
+
+--Pero vasallo leal del rey nuestro señor, aunque no me haya honrado
+tanto como á mi primo hermano don Fernando de Válor, dijo cubriéndose de
+la mayor reserva Aben-Aboo, por que no sabia el terreno que pisaba.
+
+--¿Y cómo andais Aben-Humeya y vos?
+
+--Nos tratamos como buenos parientes, pero nos vemos poco: él vive
+generalmente en Válor con su madre doña Elvira, y yo vivo con mi madre
+en Cádiar, cuidando de unas tierrecillas que nos han quedado.
+
+--¿Y cómo se encuentra vuestra buena madre? Yo la conocí antes de que os
+diese á luz y era una doncella hermosísima, dulce, sufrida; un ángel en
+una palabra. Baste deciros que estuve enamorado de ella, y que bien
+hubiera podido ser que nos hubiésemos casado. A veces una casualidad
+dispone del porvenir de dos personas: pero no hablemos mas de esto,
+porque no debe hablarse de las cosas pasadas. Y puesto que ya os tenemos
+aquí, vamos á tranquilizar á mi hija.
+
+--Una palabra, don Alonso, una sola palabra: desde que recibí vuestra
+cortés invitacion para venir á vuestra casa, bajo pretexto de que era
+mia, estoy luchando con la duda de quién habia podido deciros que yo
+estaba en Granada, cuando me he venido solo, á la ligera y á mata
+caballo desde mi atalayuela de Cádiar, sin avisar á nadie.
+
+--No lo extrañeis: me ha avisado maese Pertiñez.
+
+Aben-Aboo recordó que el rapista no se habia separado de él ni habia
+hablado con nadie; aceptó con las muestras de la mayor credulidad la
+respuesta de don Alonso, pero en su pensamiento se estereotipó por
+decirlo así esta frase recelosa:
+
+--¿Quién será este hombre? ¿quién será su hija?
+
+Don Alonso le hizo atravesar algunas habitaciones demasiado conocidas
+para él, y cuyo rico mueblaje encontró en el mismo estado en que se
+encontraba cuando vivia en aquella casa con su madre, y al fin se acercó
+con el corazon palpitante á una puerta cubierta de arabescos. Aquella
+puerta era la de las habitaciones de su madre.
+
+Despues de pasar aquella puerta y una antecámara, don Alonso abrió una
+mampara de cuero de Marruecos recamado, é hizo seña al jóven para que
+pasase. Aben-Aboo, al abrirse aquella mampara habia arrojado un grito,
+involuntario. Delante de él se habia presentado una doble aparicion. Una
+dama hermosísima, vestida completamente de blanco, con una rozagante
+túnica de brocado, resplandeciendo toda, con sus joyas, con su mirada,
+con su hermosura, con sus ropas, y por cima de la cabeza de aquella
+aparicion casi divina, otra mujer no menos hermosa, vestida de blanco,
+pura, coronada de flores, é impresa sobre su semblante de niña, la
+melancólica expresion de un sufrimiento resignado, que la hacia aparecer
+mas hermosa: entre aquellas dos mujeres, real la una, pintada la otra,
+que se tocaban y se confundian á la vista de Aben-Aboo, por un accidente
+de posicion, habia algo de comun, algo de semejante, algo de eso que
+puede llamarse aire de familia, y que bien podia ser ese misterioso
+punto de contacto que existe entre dos mujeres hermosas que pertenecen
+casi á un mismo tipo. Para completar mas esta analogía, en el semblante
+de la una dama, de la dama que respiraba á dos pasos de Aben-Aboo, habia
+la misma expresion de sufrimiento dulce y resignado, que en el semblante
+de la dama pintada en un magnífico cuadro suspendido de la pared al
+fondo de la cámara. Aben-Aboo no sabia quién era la dama viva, pero
+sabia si, que la dama pintada era una reproduccion exacta de su madre
+doña Isabel de Válor cuando solo tenia diez y siete años.
+
+La inesperada vista de su madre á quien amaba con delirio, puesta de
+contraposicion con doña Inés, le habia arrancado del corazon un grito de
+angustia, por decirlo asi, porque al mismo tiempo creia haber encontrado
+en la jóven y hermosa dama que le contemplaba con una profunda paz,
+mucho de semejante en el trage y en la actitud, con la misteriosa Dama
+blanca de la montaña.
+
+Pero Aben-Aboo tardó poco en reponerse, saludó cortésmente á doña Inés,
+se disculpó de su conmocion con la inesperada vista de su madre á quien
+dijo haber dejado harto triste en las Alpujarras, y se sentó á la mesa
+que ya estaba servida y á la que asistieron inmediatamente cuatro
+lacayos á cuya librea no podia pedirse nada en cuanto á gusto y riqueza.
+
+¡Y cosa extraña! el semblante y las maneras de aquellos lacayos; la
+precision con que servian; un no sé qué de característico impreso en
+ellos, que Aben-Aboo, no comprendia bien, le impresionaban tanto, como
+don Alonso, como su hija, como el recuerdo ardiente en todo cuanto habia
+pasado por él aquel dia fecundo en aventuras.
+
+Pero Aben-Aboo era sagaz, astuto y prudente y sostuvo á pesar de sus
+observaciones, con la mayor lisura y naturalidad, la conversacion de
+generalidades que se sostuvo durante la comida.
+
+Nada vió Aben-Aboo que indicase en doña Inés el deseo de agradarle; le
+trataba con esa fácil manera á que está acostumbrado todo el que ha
+tenido trato de gentes; hacia los honores de la mesa de una manera
+perfecta, y, sin embargo, lo perfumaba todo para Aben-Aboo, que acabó
+por sentirse impresionado, y, por necesitar de toda su fuerza de
+voluntad para no perder su aspecto tranquilo. Concluyóse la comida
+cuando eran las dos, y don Alonso pidió las sillas.
+
+--Esperamos, dijo, que nos acompañareis: no siempre se encuentra en
+Granada una compañía tal de comediantes como los que ha traido el señor
+Andrés Cisneros.
+
+Aprovechó la ocasion Aben-Aboo para empezar á utilizar las observaciones
+que le habia procurado la casualidad en la hostería del Carbon y dijo
+con suma naturalidad:
+
+--En efecto, mi amigo el señor marqués de la Guardia, á quien he
+encontrado de una manera imprevista casa de maese Pertiñez, me ha hecho
+grandes elogios de esos comediantes, especialmente de una Angélica, que
+dice es un prodigio; yo le habia creido de buena fe, pero despues he
+dudado acerca de la habilidad de esa mujer.
+
+--¿Y por qué? dijo sonriendo doña Inés; habeis hecho mal: la Angélica es
+toda una comedianta que se hace aplaudir con entusiasmo.
+
+--Créolo, señora, despues de que vos me lo afirmais.
+
+--¿Y por qué no creerlo por el dicho de vuestro amigo?
+
+--Porque mi amigo que es un loco, señora, un hombre de aventuras, está
+ciegamente enamorado de la Angélica.
+
+--Y hace bien, porque es muy hermosa, caballero: en fin, vos la vereis y
+la juzgareis.
+
+--¡Ah! mi opinion, señora, seria muy falsa: criado, como quien dice, en
+las Alpujarras, entre cerros, siempre aguijando lebreles, y corriendo
+tras los corzos, soy casi un rústico.
+
+--Pero un rústico, ya que vos lo quereis, que tiene un gusto exquisito,
+dijo riendo la jóven; perdonad si me tomo con vos alguna confianza:
+estoy viendo todos los dias á vuestra madre, he acabado por amarla, y
+esto es bastante título para que trate á su hijo como á un conocido
+antiguo, casi como á un pariente; os digo esto para que no extrañeis lo
+que voy á deciros á cerca de vuestro buen gusto.
+
+--Que vos me suponeis.
+
+--Del que llevais sobre vos una prueba indudable.
+
+--¿Sobre mí?
+
+--Si, en el brocado de vuestro trage; es precioso... y rico... las
+mujeres reparamos mucho en esto, y siempre procuramos informarnos de en
+donde se venden tan ricas, tan hermosas telas. ¿Donde habeis comprado
+ese brocado?
+
+--En Granada hoy mismo.
+
+--¡Hoy!
+
+--Elogiando mi buen gusto habeis elogiado el del marqués de la Guardia.
+
+--¡Ah! ¡dispensad! yo creia que vos...
+
+--Nada tiene esto de extraño. Habia venido á la ligera y no queria
+presentarme con el lodo del camino. Afortunadamente encontré á mano al
+marqués que se prestó á venderme un traje, y él mismo ha elegido este
+entre los suyos.
+
+--Pues debeis estar muy agradecido á vuestro amigo. Por mi parte quiero
+que le pregunteis donde ha obtenido tan hermosa tela. Yo creo que solo
+en Venecia podrá encontrarse hoy y á un precio exorbitante. Reparad,
+reparad, padre mio, lo fino, lo bello de este brocado; es de tres altos
+y está bordado de aljofar. Con que ¿preguntareis al marqués?...
+
+--¡Oh! de seguro señora.
+
+--Las literas esperan á vuecencias, dijo un lacayo á la puerta.
+
+La hermosa dama llamó á una de sus doncellas, la pidió un manto, y esta
+le trajo uno de terciopelo en que se envolvió completamente.
+
+Despues, asiéndose con la mayor lisura al brazo derecho de Aben-Aboo.
+
+--Vamos, señor Diego Lopez, dijo: estoy impaciente porque viendo á la
+Angélica, comprendais que el marqués de la Guardia vuestro amigo, tiene
+tanto gusto para sus amores como para sus brocados.
+
+Aben-Aboo, seguido de don Alonso, condujo á la jóven hasta el patio
+donde esperaban dos literas: en la una entraron el padre y la hija, y en
+la otra Aben-Aboo.
+
+Esta circunstancia favoreció al jóven. Se encontraba solo, y por decirlo
+asi encerrado, y para aumentar mas aquella especie de aislamiento,
+corrió las cortinillas de los cristales, y se entregó á la meditacion de
+lo que habia observado durante la comida.
+
+Por muchas razones habia sospechado que quien le habia dado un bolsillo
+de oro en la ermita de San Sebastian, y el que le habia convidado á su
+casa eran una misma persona: en aquel caso don Alonso debia ser el emir
+de los monfíes y su hija Amina, aquella misteriosa hermosura que nadie
+conocia: tenia además razones para sospechar que la mujer rival de
+Angélica fuese la hija del emir, y otras razones no tan claras para
+creer que doña Inés, Amina, y la Dama blanca de la montaña eran una
+misma persona.
+
+Pero todas sus suposiciones se estrellaban contra el aspecto y las
+palabras tranquilas con que doña Inés habia oido y contestado las
+palabras intencionadas que habia permitido á sus recelos Aben-Aboo: ni
+al oir el nombre de Angélica ni el del marqués de la Guardia se habia
+conmovido la jóven, ni un solo músculo de su semblante se habia
+contraido, al saber que el marqués de la Guardia estaba enamorado de la
+comedianta.
+
+Extrañábale, ademas sobre manera, que una dama de la calidad y del
+estado que mostraba doña Inés, se hubiese entrometido, por mas que
+hubiera querido justificarlo, en la calidad del brocado que vestia y en
+su procedencia. Y en verdad que esto era de extrañar, tratándose de un
+hombre á quien doña Inés veia, ó por lo menos hablaba, por la primera
+vez. Todos estos pensamientos eran bastantes para revolver el seso á
+otro menos cabiloso que Aben-Aboo, y como si esto no bastase, punzábale
+el corazon un sentimiento agudo, amargado por un sin número de dudas y
+de temores: este sentimiento era un amor naciente, puro, dominador y
+tirano, aun en su principio, que habia aspirado Aben-Aboo en la
+hermosura de doña Inés y de la atmósfera de misterios que la rodeaba.
+
+Antes de que el jóven hubiese encontrado la mas leve solucion á sus
+pensamientos, paró la litera. Entonces, se encontró á la puerta del
+corral del Carbon, á la que afluia una multitud inmensa. La funcion
+debia haberse empezado, ó estaba á punto de empezarse, porque ya el bobo
+y su tambor habian desaparecido. Sudando y codeando por hacerse visible
+entre la multitud, aparecia maese Pertiñez vestido de dia de fiesta y
+con su capa nueva de paño fino. Dos lacayos de don Alonso abrian plaza,
+y al cabo, Aben-Aboo, siguiendo al padre y á la hija, se encontró
+primero en unas escaleras, despues en un corredor, luego delante de una
+puerta, que abrió con llave un lacayo, y al fin dentro de un pequeño
+espacio cuadrado, cubierto de tapices en las paredes y en el techo, y de
+alfombra en el suelo y cerrado por delante por una celosía. Ademas en el
+centro, y por razon de lo frio de la habitacion, habia una copa de plata
+con fuego.
+
+Tres sillones estaban colocados delante de la celosía: sentóse en el de
+la derecha doña Inés, en el del centro Aben-Aboo, y don Alonso, despues
+de haber cerrado la puerta del aposento con la llave que le entregó un
+lacayo, se sentó en el sillon de la izquierda.
+
+Solo entonces y cuando estuvo segura de que de nadie podia ser vista mas
+que de Aben-Aboo y de su padre, se despojó doña Inés de su velo, dejando
+descubiertos ante Aben-Aboo, tesoros de hermosura en los redondos
+hombros, y en el seno cuasi cubierto por un exagerado descote.
+
+Aben-Aboo estaba en malas condiciones para consagrarse á la observacion
+de lo que pasaba, de lo que se veia mas allá de doña Inés; pero nosotros
+que no estamos enamorados ni dominados por las pasiones que Aben-Aboo,
+podemos salirnos de aquella especie de cajon en que estaban encerrados
+los tres personajes, y dedicarnos á la contemplacion del aspecto que
+presentaba el corral.
+
+Tres de sus lados mostraban sus ventanas y corredores henchidos de
+damas, aderezadas, pintadas, ó afeitadas, como se decia entonces,
+luciendo su desnudez á pesar del frio; entre las damas cubiertas de
+plumas y de relumbrones, caballeros jóvenes, maduros y viejos, no menos
+enjalbegados y aliñados muchos de ellos, mas que las mujeres: en un
+aposento grande, al frente, se veia el tribunal del Santo Oficio de la
+Inquisicion; en otro al lado, el capitan general y sus tenientes y
+oficiales; mas allá el aposento de la Chancillería, y luego el de la
+ciudad: todos estos aposentos tenian en sus balaustradas, asi como los
+ocupados por las damas y caballeros particulares, ricas colgaduras de
+seda ó de terciopelo, del color y con las armas que correspondian á cada
+corporacion ó familia, lo que, siendo muchos los colores y harto
+diferentes los blasones y las empresas, formaba un peregrino contraste:
+solo habia una colgadura ó repostero que no tenia armas ni empresa; pero
+en cambio era tan rico, tan recargado de oro y adornos, que valia él
+solo por todos los del corral: este repostero era el del aposento del
+llamado don Alonso de Fuensalida.
+
+Descendiendo al patio, allí era tambien grande la variedad de colores,
+cintas y preseas: ocupaban las sillas hombres, en general, y algunas
+damas galantes en la delantera junto á los músicos: á medida que las
+sillas estaban mas lejos de la escena, era menor el lujo de los que las
+ocupaban, y al fin, allá en último término, estrujándose, apretándose,
+pisándose, apostrofándose, produciendo un ruido infernal, estaba la
+gente de á pié, compuesta de hidalgos pobres y de gente valdía.
+
+El cuarto lado del corral, estaba enteramente ocupado por el escenario y
+por los tapices que encubrian los cuartos provisionales donde se vestian
+los actores: el escenario, propiamente dicho, formado por dos pabellones
+de damasco rojo y un tapiz de Flandes, sobre un tablado de una vara de
+altura, estaba inclinado notablemente hácia la derecha, y de tal modo,
+que el aposento mas cercano á él, era el de la celosía.
+
+Esto tenia sus razones sin duda, pero los que ocupaban los aposentos y
+la sillas de la izquierda, se quejaban con razon, porque desde sus
+puestos no podia verse bien lo que pasaba en el escenario.
+
+El cielo estaba radiante y despejado, y como ya eran las dos largas de
+la tarde, el sol iluminaba únicamente la parte alta de la pared oriental
+del patio.
+
+Apenas habia entrado en su aposento don Alonso de Fuensalida, con su
+hija y su huésped, cuando, como si solo hubieran esperado su llegada,
+rompieron las guitarras de la música, acompañadas de trompetas y
+tambores, que se habian llevado porque la comedia era de moros y
+cristianos, y habia, por lo tanto, que tocar al arma. Todos estos
+instrumentos juntos, mal tañidos y peor concertados, formaban un
+estrépito infernal, que solo podia ser tolerable por la costumbre, y
+sobre todo, por lo corto de su duracion. Concluida aquella especie de
+obertura salvaje, se corrió la cortina, quedando descubierto un espacio
+cuadrado, formado por tapices, y salió el bobo, vestido de pastor, con
+zurron, cayado y pellica.
+
+Nuestros lectores nos permitiran que les demos una idea de lo que era
+una representacion teatral en aquellos tiempos, en que el arte escénico
+estaba en su infancia: ya hemos descrito la manera como se adornaban los
+corrales en que estas representaciones se hacian: réstanos decír, en
+cuanto á la parte material, que no habia decorado, sino muy raras veces,
+representando generalmente los cómicos entre cortinas ó tapices, tras
+los cuales aparecian ó desaparecian por una abertura, según que lo
+requeria la marcha del asunto: representaban de memoria y sin apuntador,
+y su declamacion era un tanto cantada, armónica, particularmente en las
+obras en verso. En cuanto al órden de los espectáculos, vamos á
+presentar, como muestra, el de la funcion que iba á representarse
+aquella tarde en Granada por la compañía del famoso Cisneros.
+
+Primeramente el introito, con una loa de Torres Naharro, autor
+dramático, que floreció á principios del siglo XVI. Despues la comedia
+en cuatro jornadas, y en verso, de un autor desconocido, titulada:
+«Reina Moraima». En tercer lugar, un coro y baile, titulados «El amor».
+En cuarto, el «Paso del convidado», de Timoneda; autor valenciano, que
+floreció por aquellos tiempos: y últimamente, el «Paso del ciego», de
+Lope de Rueda, que de batidor de oro, se habia convertido en insigne
+autor y comediante.
+
+En la imposibilidad de ofrecer á nuestros lectores toda esta funcion,
+diálogo por diálogo y punto por punto, vamos á trascribirles la loa ó
+introito que declamó el bobo (asi se llamaba entonces á los graciosos),
+no solo para que juzguen del gusto dramático de entonces, sino para que
+observen con cuánta libertad hablaban entonces al público los autores y
+los comediantes.
+
+Hé aquí la loa que el bobo declamó con gran desemboltura y maestría á
+vuelta de botargadas, que se recibian muy bien en aquella época.
+
+ «Dios mantenga y remantenga
+ mia fé á cuantos aquí estais,
+ y tanto pracer os venga
+ como creo que deseais.
+
+ * * * * *
+
+ Pues pobretos,
+ que quereis vivir sugetos
+ al mundo y á su cebico,
+ en mi tierra los discretos
+ al contento llaman rico.
+ Por probar
+ ora os quiero preguntar:
+ quien duerme mas satisfecho,
+ yo de noche en un pajar
+ ó el Papa en su rico lecho?
+ Yo diria
+ quel no duerme, todavia
+ con mil cuidados y enojos;
+ yo recuerdo á medio dia
+ y aun no puedo abrir los ojos.
+ Mas veran:
+ que dais al Papa un faisan
+ y no come del dos granos;
+ yo tras los ajos y el pan
+ me quiero engollir las manos.
+ Todo cabe,
+ mas aunque el papa me alabe
+ sus vinos de gran natio,
+ menos cuesta y mejor sabe
+ el agua del dulce rio.
+ (_aplausos generales_.)
+ Yo, villano,
+ vivo mas tiempo y mas sano,
+ y alegre todos mis dias,
+ y vivo como cristiano
+ con aquestas manos mias.
+ Vos, señores,
+ vivís en muchos dolores
+ y sois ricos de mas penas,
+ y comeis de los sudores
+ de pobres manos agenas.
+ (_aplausos de la gente de á pié._)
+ Y infinitos,
+ que teneis los apetitos
+ tan buenos como palabras,
+ no comiérades cabritos
+ si yo no criase cabras.
+ Concrusion:
+ pues os demando perdon
+ me lo debeis conceder,
+ y pues que fué mi intencion
+ venir á daros prazer;
+ y será:
+ que una comedia verná
+ Reina Moraima llamada.
+ Sabed que no faltará
+ de graciosa ó desgraciada.
+
+A continuacion, el bobo charló en verso el argumento de la comedia, y,
+concluido, retiróse dentro, llevando consigo una salva de aplausos.
+
+Despues de esto é inmediatamente debia salir la reina mora, y decir al
+público, que su padre habia sido asesinado, su esposo asesinado, sus
+hijos asesinados, y que iba por el mundo en busca de un caballero que la
+vengase del hombre que habia asesinado á su padre, á su esposo y á sus
+hijos.
+
+Sin embargo, Angélica que debia representar la reina mora, no parecia;
+el público empezaba á impacientarse, y á murmurar, y á silbar al fin, y
+armar un verdadero alboroto.
+
+Veamos en qué consistia la tardanza de Angélica.
+
+Apenas habia entrado en su aposento don Alonso de Fuensalida, cuando
+maese Pertiñez, se deslizó por una escalera de mano, que mas allá,
+apoyada en la balaustrada, daba al escenario, y pasando entre moros y
+cristianos, llegó á un espacio cerrado por tapices, levantó uno y se
+encontró frente á frente con Angélica.
+
+Estaba la comedianta deslumbrante de hermosura; tenia en la cabeza sobre
+las pesadas trenzas de sus cabellos, un adorno de plumas y diamantes, un
+riquísimo collar sobre el casi desnudo seno, y una magnífica y ancha
+túnica de brocado blanco de tres altos: tenia en la mano su papel
+plegado, en el que no estudiaba; por el contrario, le rompia lentamente
+y con cólera en pequeños pedazos. Sobre una mesa inmediata habia un
+objeto de poco volúmen envuelto en un pañuelo de encaje.
+
+Cuando entró Pertiñez, Angélica se levantó sobrexcitada.
+
+--¡Gracias á Dios que habeis venido! le dijo. ¿Traeis la llave del
+aposento de las celosías?
+
+--Es que... me habiais prometido otra llave, que ya no sirve, porque don
+Fernando de Válor...
+
+--Sí, si: ya sé que don Fernando ha hecho una de las suyas y anda
+huyendo; pero no importa, dad mi llave al señor Diego Lopez.
+
+--Pero el señor Diego Lopez, no me pagará...
+
+--Acabárais de una vez; os pagaré yo. Tomad mi llave, añadió sacando una
+de su limosnera, y esta carta para el señor Diego Lopez. Dadme la llave
+del aposento de la dama encubierta.
+
+--Pero...
+
+--¡Ah! me habia olvidado de que era necesario pagaros: tomad.
+
+Y se quitó su magnífico collar, que no le hacia falta, porque su cuello
+desnudo era mas hermoso.
+
+--Pero... repitió Pertiñez.
+
+--¡Oh y que cansado! tomad y dadme.
+
+Pertiñez sacó de sus gregüescos una llave que entregó á Angélica, y esta
+le dió el collar.
+
+--Oid: haced de modo que el señor Diego Lopez reciba mi carta y mi llave
+esta misma noche. Adios.
+
+Y rápida como el pensamiento, salió de entre sus tapices, atravesó el
+interior del escenario, trepó por la escalera de mano, y se encontró en
+el corredor de los aposentos del público, que estaba desierto á causa de
+haberse empezado la funcion. Los lacayos de don Alonso que habian
+quedado á la puerta del aposento de su señor, creyendo que no harian
+falta, se habian escurrido para pillar algo de la funcion entre la gente
+de á pié, y Angélica pudo llegar sin que nadie se lo impidiese á aquella
+puerta, y metió en la cerradura la llave, abrió con mano trémula y se
+precipitó dentro.
+
+Al ruido, doña Inés volvió la cabeza, al mismo tiempo que su padre y
+Aben-Aboo. Angélica habia puesto sus manos sobre los dos hombros
+desnudos de doña Inés, y la miraba frente á frente.
+
+--¡Oh! ¡no me habia engañado! exclamó, ¡eras tú!... ¡tú!... ¡siempre tú!
+
+--¿Qué quereis señora? dijo con asombro don Alonso.
+
+Palideció aun mas que lo estaba Angélica, temblaron sus labios, y sin
+duda iba á pronunciar alguna palabra inconveniente, porque se la vió
+hacer un esfuerzo sobre sí misma. Habia visto junto á sí á Aben-Aboo,
+que la miraba admirado.
+
+--¡Perdonad! dijo, me he engañado señora: perdonad, señor caballero,
+pero las cómicas tenemos corazon: yo creia que una mujer á quien
+aborrezco de muerte, de quien he jurado vengarme, y de quien me vengaré,
+me habia arrojado para humillarme desde este aposento estas tres joyas
+(y Angélica desemvolvió el pañuelo de encaje); perdonad otra vez: si yo
+hubiera encontrado aquí á esa mujer la hubiera arrojado estas joyas á la
+cara; pero... me he equivocado... sin embargo, os suplico que volvais á
+admitir estas joyas, que para nada me hacen falta, y que podrán aliviar
+la suerte de muchos desgraciados.
+
+--Guardadlas, Angélica, guardadlas como un recuerdo mio, dijo dulcemente
+doña Inés. Yo cuido ya bastante de los desgraciados que conozco. Por lo
+demás, siento mucho que hayais podido creerme enemiga vuestra...
+
+--¡Oh! ¡no! he dicho simplemente, señora, que creia que quien tras
+tantos misterios, tras estas celosías, me arrojaba á la escena estas
+joyas, era una mujer á quien aborrezco, y que tiene muchos motivos para
+aborrecerme. Una mujer á quien yo conocí cuando era una gran señora,
+como vos lo sois y como yo misma espero volver á ser. Perdonadme, pues,
+mis primeras palabras, hijas de mi equivocacion, y adios, porque veo que
+la loa ha concluido y hago falta en la escena.
+
+--No, no recibiré esas joyas: son una muestra de mi entusiasmo hácia
+vos. Reparo que os falta collar, dijo doña Inés, tomando el de perlas
+que estaba entre el pañuelo; teneis un hermoso cuello, y os estará á las
+mil maravillas. Permitidme, añadió levantándose: quiero ponérosle yo
+misma.
+
+Y como nadie la viese por haberse vuelto, mas que Angélica, la lanzó una
+mirada de amenaza, de odio, de desprecio y de mando á un tiempo.
+
+Angélica inclinó su hermosa cabeza hácia doña Inés, que, al ponerla el
+collar, la dijo al oido con un acento casi imperceptible, pero que la
+comedianta escuchó perfectamente.
+
+--Me le has robado, me has robado mi honra, y me debes tu vida.
+
+--Odio por odio, y odio á muerte, exclamó Angélica en el mismo acento.
+
+Y luego, alzando Angélica la cabeza:
+
+--¡Oh! ¡cuanto tengo que agradeceros, señora! exclamó: ¡cuán buena sois!
+
+--¡Ah! nada me agradezcais, guardad esas joyas en amor mio, y contad
+siempre... siempre... con que seré la misma para vos.
+
+--Adios señora, y perdonad otra vez mi error; adios, caballeros: ya he
+faltado á mi obligacion y el público se alborota.
+
+Y salió como un relámpago, dejando abierta la puerta.
+
+Don Alonso se levantó á cerrarla. Aben-Aboo entre tanto, decia á doña
+Inés que se mostraba tranquila:
+
+--¡Esa mujer está loca!
+
+--Y es lástima, dijo doña Inés, porque es muy hermosa y tiene mucho
+ingenio.
+
+No se volvió á hablar una palabra mas, ni Aben-Aboo, aunque estaba
+gravemente alarmado por aquella nueva singularidad que parecia iluminar
+el caos de sus dudas, notó una sola mirada de inteligencia entre el
+padre y la hija.
+
+Entre tanto seguia el tumulto del patio, cuando hé aquí, que cesa como
+por encanto, y le sucede una tempestad de aplausos y de víctores: tan
+hermosa y tan bien prendida habia aparecido Angélica, y con tal donaire
+habia avanzado hácia el proscenio.
+
+Pero cuando el entusiasmo público, no tuvo límites, fue cuando, despues
+de haber hecho la reina mora la exposicion de sus amores y de sus
+desgracias, exclamó con un arranque sobrenatural en una transicion
+magnífica:
+
+ Montes, árboles, fieras,
+ venid, y aprendereis de mil maneras,
+ como, pidiendo fuerzas á los cielos,
+ una amante infeliz venga sus duelos.
+
+Tras esto, siguió la representacion y siguieron los aplausos á Angélica
+y á Cisneros, que hacia admirablemente el papel de traidor enamorado.
+
+Angélica fue tambien aplaudida con frenesí en la cancion y en el baile,
+y, por último, al oscurecer, terminado el espectáculo con gran
+contentamiento de todos, empezó á salir la gente.
+
+Al salir por los corredores de los aposentos, y como Aben-Aboo, habia
+quedado un tanto rezagado de don Alonso y de su hija, sintió que le
+tiraban con impaciencia de las faldetas del jubon.
+
+Volvióse y encontró bajo su vista la exigua figura de maese Pertiñez.
+
+¿Qué me quereis? le dijo.
+
+Escuchad una palabra al oído y mostrad una mano. La reina mora, la de la
+comedia, me ha dado para vos esta carta y esta llave: la llave por si no
+os lo dice en la carta, es la del corredor de su aposento: el número 13.
+Teneis mucha suerte, señor, mucha suerte: todas os aman.
+
+Y el hombrecillo se escurrió, dejando en las manos de Aben-Aboo la carta
+y la llave.
+
+
+
+
+CAPITULO VIII.
+
+ El panderete de las brujas.
+
+
+A la misma hora en que el público salia de ver la comedia del corral del
+Carbon, esto es: al oscurecer, se abrió silenciosamente un postigo en
+una de las tapias de los huertos del cerro de San Miguel por la parte de
+la Torre del Aceituno, y salio un hombre embozado hasta los ojos:
+cerraron de nuevo el postigo y el bulto embozado siguió adelante por el
+desierto callejon que existia entonces entre las tapias de los huertos y
+la muralla del obispo don Gonzalo, por un portillo de la cual salió al
+campo y sin ser notado por los guardas adelantó á buen paso hácia la
+próxima falda del cerro de Santa Elena.
+
+Tenia un no sé qué de melancólico y fantástico el paisaje á la fria luz
+del crepúsculo: el pendiente terreno por donde avanzaba el embozado
+hácia un barranco cercano, era árido seco pedregoso cubierto, acá y allá
+por tomillos y retamas raquíticas: mirando al frente hacia el Nordeste
+solo se veia la oscura masa del monte de Santa Elena y la desembocadura
+de un barranco que cortaba su falda por la parte del Este; pero si se
+miraba á la derecha el alma podia aspirar un suave consuelo con la vista
+de Sierra Nevada en cuyo altísimo picacho del Veleta, reflejaba aun el
+postrer rayo del sol tiñéndole de color de rosa; mas abajo se veia el
+magnífico anfiteatro de montañas, tendidas á los piés del blanco
+gigante, y al fin, mas cerca, la roja cordillera de la Silla del Moro,
+el verde y florido Generalífe, con su viejo y altísimo Ciprés de la
+Sultana: mas abajo los cármenes del Darro, luego las arboledas de
+avellanos, en fin, el profundo cauce del rio y las colinas que venian á
+ser por aquella parte la falda del monte de Santa Elena. A la derecha el
+horizonte se alejaba, la luz parecía mas diáfana, se perdian en la
+lontananza las colinas de viñedos, y al fin confundidas en la neblina
+del crepúsculo, apenas se percibian las distantes cimas de la cordillera
+de los Dientes de la Vieja.
+
+Reinaba un profundo silencio y en medio de él solo se escuchaba el largo
+silbido del viento del invierno, que se quebraba entre los barrancos.
+
+El embozado, sin cuidarse mucho ni de la soledad ni del frio, siguió
+resueltamente un paso apresurado, pero con la cabeza inclinada sobre el
+pecho en ademan pensativo.
+
+Llegó al barranco y antes de entrar en él se volvió de una manera brusca
+y como al impulso de un sacudimiento nervioso. La luna que durante la
+marcha del embozado, habia aparecido sobre la nevada cima del Veleta,
+inundando con una dulce luz el espacio, hubiera dejado ver á quien cerca
+de aquel hombre hubiera estado, la terrible expresion de sus grandes
+ojos negros, fijos en Granada y en la Vega, que desde la altura en que
+aquel hombre se encontraba, se veian por completo y casi á vista de
+pájaro.
+
+--Hoy huyo de tí, Granada, dijo aquel hombre extendiendo su brazo
+derecho hácia la ciudad como en ademan de aplazamiento; hoy me oculto
+como un malhechor. Pero ¡ay de tus cristianos! ¡ay de tus verdugos,
+cuando venga á llamar á tus puertas con las trompas de guerra de mis
+soldados! ¡ay de tí entonces, marqués de Mondéjar! ¡ay de tí, presidente
+Deza!
+
+Dichas estas palabras que habia pronunciado descuidadamente en voz alta
+se volvió y al volverse encontró junto á sí un hombre que tenia un
+caballo del diestro y que estaba tambien embozado.
+
+--¿Quien vá? exclamó el primero haciéndose un paso atrás y empuñando su
+espada.
+
+--¿Quien ha de ser, contestó el otro con acento un tanto seco, sino
+quien te está esperando yerto de frio hace una hora?
+
+--¡Ah! ¿eres tu Diego Alguacil? exclamó el primer embozado: de poco
+desesperas, en empresa nos metemos en que tenemos que esperar mucho,
+sufrir mucho.
+
+--Entonces bien; pero ahora es distinto: ahora cada instante vale una
+perla: un descuido puede costarte la pérdida de tus esperanzas.
+
+--¡Cómo! exclamó con cuidado el otro: ¿pues qué sucede?
+
+--Aben-Aboo está en Granada.
+
+--¡En Granada Aben-Aboo! ¿y qué quiere aquí mi amado primo? ¿pretende
+acaso, suscitarme dificultades?
+
+--Todo está preparado para esta noche: se ha guardado un gran secreto
+pero la venida inesperada de Aben-Aboo, cuando estaba descuidado en las
+Alpujarras, demuestra que entre nosotros hay traidores.
+
+--¡Traidores! exclamó con sarcasmo el primer embozado: ¡es verdad! hace
+mucho tiempo que viven entre nosotros: allí ha vivido el primer traidor
+de nuestro pueblo... y señalaba la distante Alhambra; allí en medio de
+un vergonzoso silencio, firmó las capitulaciones que entregaban á
+Granada á sus verdugos los cristianos. Pero el Altísimo fue justo, y el
+traidor, el miserable, el cobarde Boabdil, fué á morir allá, al otro
+lado del mar, defendiendo una corona agena, él, que no supo defender la
+suya.
+
+--No es hora de largas pláticas, dije el otro: monta á caballo y marcha
+al Panderete de las brujas.
+
+--Te confieso que voy con repugnancia á ese lugar maldito.
+
+--Te espera en él la Dama blanca.
+
+--¡Oh! ¡la Dama blanca de la montaña! es verdad. Adios.
+
+--No te olvides, de que á las doce debes estar en la taberna de San
+Miguel.
+
+--No lo olvidaré. Adios.
+
+Y el segundo embozado se rebozó y se alejó y se perdió en el descenso
+del monte hácia la cerca de don Gonzalo.
+
+El otro montó á caballo, le arrimó las espuelas y á buen paso, ya al
+trote ya al galope, adelantó por un sendero, estrecho pero llano, que en
+direccion al Norte orlaba la falda del monte de Santa Elena.
+
+Muy pronto llegó al camino de Guadix y al mismo sitio donde ahora se
+levanta una venta ó parador; atravesó el camino, descendió por un
+sendero mas estrecho, bajó á un barranco, le recorrió, trepó á una loma
+y subiendo asi y bajando los repechos de algunas colinas, llegó al fin á
+un terreno practicable y llano, que se perdía en medio de viñedos.
+
+Despues de haber recorrido por él una distancia como de tres tiros de
+arcabuz, detuvo su caballo al pié de una colina árida y cónica, que
+parecia un lunar, una escrescencia maldita en medio de la vigorosa
+vegetacion que le rodeaba. Aunque de poca altura la colina, el sendero
+que conducia hasta la cima era escarpado, y no se veia en todo la colina
+ni una mata, ni un arbusto, ni aun una retama.
+
+--¡El Panderete de las brujas! dijo el ginete con cierto terror
+supersticioso.
+
+Y aquel hombre, que de una manera tan hostil habia hablado de los
+cristianos, se santiguó de la manera mas cristiana del mundo, despues de
+lo cual hechó pié á tierra, y adelantó hácia la colina llevando el
+caballo del diestro.
+
+Pero á penas habia andado algunos pasos, como si hubiera salido de la
+tierra, se levantó de detrás de una peña una sombra blanca; aquella
+sombra, que parecia un hombre, ó aquel hombre que parecia una sombra,
+llevaba la misma armadura y demás ropas, que usaban los ginetes moros
+del tiempo de la conquista de Granada.
+
+--Poderoso, señor, dijo aquel hombre dirigiéndose al incógnito, no te
+cuides de tu caballo: yo te le guardaré.
+
+Sintió el embozado vergüenza de demostrar miedo, y aunque el lance se le
+hacia extraño y desagradable, entregó su caballo á aquel bulto blanco y
+sin decirle una palabra siguió adelante.
+
+Apenas se habia aventurado por el escarpado sendero que conducia á la
+cumbre, se levantó de un costado otra sombra blanca, y sin decirle una
+palabra, siguió delante de él á gran paso. Las pisadas de aquel hombre
+crugian como si hubiera ido armado de punta en blanco.
+
+Una vez allí, el incógnito, por la misma razon que antes, esto es por
+disimular el miedo, continuó hácia la subida de la colina, pero no sin
+llevar la mano derecha á la empuñadura de su espada, ni sin invocar
+fervorosamente el nombre de Dios.
+
+A poca distancia apareció una tercera sombra que siguió á la segunda en
+silencio.
+
+--¡Será hoy sábado! pensó con terror el embozado: pero instantáneamente
+desechó este terrible pensamiento: era domingo, dia en que las brujas no
+podian tener conventículo.
+
+A medida que adelantaba en el ascenso se iban levantando de entre las
+peñas y quebraduras que flanqueaban el sendero, nuevas sombras: cuando
+llegaron á la cumbre el encubierto habia contado veinticuatro.
+
+La figura de la cumbre justificaba el nombre de la colina: era
+enteramente redonda y perfectamente plana, como la superficie de un
+pandero; en cuanto á su calificacion de Panderete de las brujas la
+justificaba el ser pública voz y fama que en aquel lugar se reunian
+todos los sábados á celebrar sus conventículos las brujas residentes en
+diez leguas á la redonda.
+
+En medio de la cumbre habia un casuco arruinado y desvencijado, en donde
+segun fama, los demonios levantaban su trono á Lucifer, siempre que se
+celebraba una de aquellas negras, misteriosas y reprobadas festividades,
+en cuyo trono se sentaba el espiritu de las tinieblas, disfrazado bajo
+la forma de un macho cabrío.
+
+El Santo Oficio de la Inquisicion, como era natural y forzoso (y
+perdónennos nuestros lectores si por un momento les detenemos en la
+prosecucion de la aventura en que se hallaba tan misteriosamente
+empeñado el incógnito). El Santo Oficio decimos, no habia podido
+escuchar con indiferencia rumores tan alarmantes á la pureza de la
+religion y de las costumbres de los dominios de la cristianísima España,
+y se habia trasladado, representado por un exorciente, un maestro en
+teología, un familiar y algunos soldados, en el lugar sobre que recaia
+una tan grave acusacion pública. Desde el momento la esterilidad de
+aquella colina en medio de unos campos tan fértiles, lo escabroso de la
+subida, y, sobre todo, lo ennegrecido, aportillado, feo y verdaderamente
+infernal, en cuanto al aspecto de aquel casucho medio arruinado,
+hicieron concebir á los delegados del Santo Oficio, grata esperanza de
+descubrir un filon de brujos y brujas con las cuales hacer un magnífico
+auto de fe en que la justicia de Dios resplandeciese, tostándolos á
+fuego lento: pero fuese que las brujas estuviesen avisadas, ó que les
+diese en las narices el olor á tizon del Santo Oficio, ó que el vulgo se
+hubiese engañado, como es mas verosimil, hallaron que la casa estaba
+abandonada, y desmoronándose lentamente, sin visos de haber tenido
+habitantes hacia muchos años. No satisfechos aun, esperaron á un sábado
+y á la hora de las doce en punto, con la intencion, como quien dice, de
+sorprender al infierno, república terrible contra la que, á pesar de su
+formidable poder, no tenia medio alguno la Inquisicion y aunque llevaron
+dobles exorcizadores, y calificadores, y aspersadores, nada hallaron en
+sábado que lo mismo que habian visto de los demás dias de la semana: la
+luna clara y diáfana alumbraba en paz el Panderete de las brujas y ni
+estas parecieron, ni se vió una sola hoguera, ni la mas ligera señal de
+ceniza, ni aun siquiera el mas leve olor á azufre ni á demonio: sin
+embargo de esto recelando la Inquisicion que las brujas hubiesen
+conocido de antemano su ida y se hubiesen abstenido de concurrir por no
+ser cogidas _in fraganti_, repitieron sus visitas diferentes sábados:
+pero siempre encontraron el mismo resultado: soledad y silencio, y algun
+paredon menos, arruinado por las lluvias ó por los vientos.
+
+Limitóse, pues, la Inquisicion, á garantir el lugar calumniado de todo
+acto contrario á la religion, bendiciéndole y gastando en él una
+caldereta de agua bendita, y celosa de que en su jurisdiccion no hubiese
+lugar manchado con fama tan nefanda, condenó con terribles censuras,
+excomuniones y castigos á todo el que se atreviese á llamar de allí en
+adelante á aquella colina el Panderete de las brujas. A pesar de esto,
+el vulgo siguió en su tema, creyó únicamente que el diablo se habia
+burlado de la Inquisicion, y siguió, aunque recatadamente y en voz baja,
+dando su nombre maldito á la colina, nombre que se ha conservado por
+tradicion hasta nuestros dias; puesto que aquel lugar se llama hoy y se
+llamará mañana, y probablemente pasado mañana tambien, el Panderete de
+las brujas.
+
+Conocido el lugar de la escena, sus antecedentes y la razon de su
+nombre, volvamos al embozado.
+
+Sostenido por el orgullo mas que por el valor adelantó hácia la casa
+arruinada á cuya puerta desguarnecida se agrupaban los veinte y tres
+fantasmas que le habian precedido hasta allí; se detuvo á alguna
+distancia de ellos y dijo con voz serena:
+
+--Ignoro quiénes sois y vuestras intenciones; pero aquí me llama un
+empeño, y no veo á la persona que busco. Está acaso en esas ruinas.
+
+--Pasad, poderoso señor, dijo uno de aquellos hombres haciendo al mismo
+tiempo señal á sus compañeros que abrieron una estrecha calle.
+
+El embozado pasó y se encontró en un espacio lóbregamente oscuro.
+
+No sabiendo á dónde encaminarse se detuvo.
+
+--Seguid, seguid adelante, señor, dijo uno de los hombres que estaban á
+la puerta, y cuando hayais andado diez pasos volved á vuestra diestra
+mano.
+
+El incógnito siguió forzando su valor artificial por decirlo asi; á los
+diez pasos se volvió á la derecha y vió al fin de una galeria, el
+resplandor de la luna que iluminaba de lleno un patio cubierto de
+escombros, en medio de los cuales se levantaba una sombra blanca de
+mujer, de pié é inmovil; mas allá todo era sombra y aquella forma
+gentil, se destacaba sobre ella, con el mismo prestigio fantástico que
+si hubiera tenido tras sí la eternidad.
+
+El embozado adelantó con el corazon violentamente agitado; la Dama de la
+montaña, porque sin duda era ella, se le presentaba de la manera mas
+extraña del mundo.
+
+El incógnito adelantó hácia la sombra y se detuvo al entrar en el patio.
+
+--Acercaos, don Fernando, acercaos, dijo con una voz sonora, grave y
+afectuosa la mujer vestida de blanco; estais haciendo esperar á una
+dama.
+
+--Perdonad, dijo don Fernando, adelantando mas y descubriéndose con suma
+galantería, accion que dejó ver á la luz de la luna que su frente era
+noble y altiva: perdonad; pero la situacion en que me encuentro...
+
+--Cubríos, don Fernando, y sentaos: necesitamos hablar durante un largo
+espacio y no es justo ni quiero, que sufrais al descubierto el frio de
+la noche ni que os fatigueis.
+
+Y señaló á don Fernando el brocal de un pozo cegado, sentándose al mismo
+tiempo en el.
+
+Don Fernando fue perdiendo poco á poco su terror; y es que es muy
+difícil sentir terror junto á una buena moza. Lo era la encubierta (y
+decimos la encubierta porque tenia sobre el rostro un antifaz de seda
+blanco) de una manera exagerada. El celoso antifaz no impedia que se
+viesen su boca, su barba y su cuello; cada una de estas partes era
+perfecta, y de una morbidez incitante: anchos y redondos sus hombros,
+alto y puro en las formas su seno, sobre el que descansaba uno como
+amuleto, pendiente de un collar que, sin duda por un contraste
+caprichoso, era negro como el ébano; esbelto y gentil su talle, del cual
+descendia en ancha plegadura, la flotante y vaporosa falda de brocado
+blanco, larga hasta tocar sobradamente el suelo: sus manos eran manos de
+dama, y la parte de sus brazos que se veia entre una nube de encages de
+Flandes habian logrado fijar las miradas de don Fernando á pesar de lo
+extraño de la aventura.
+
+Se nos olvidaba decir que á través de las dos averturas del antifaz,
+brillaban dos ojos negros y de enorme tamaño, fijos de una manera tenaz
+y profunda en don Fernando, y que, escapados sin duda de entre la
+toquilla y el antifaz, se veian algunos rizos sedosos, pesados
+brillantes y negrisimos.
+
+De aquella mujer se exhalaban á mas que su natural perfume, los que
+estaban de moda en aquel tiempo entre las damas, lo que sino podia
+tomarse como indicio de su alto linaje, bastaba á demostrar que aquella
+mujer estaba muy sobre el vulgo, y que nada tenia de alma del otro
+mundo.
+
+A esto podria contestársenos que nadie mejor que el diablo, cuya mas
+grata ocupacion es tentar á los mortales, podia tomar las formas de una
+mujer tentadora, por hermosa, por rica y por galana. Pero nosotros
+creemos que á ellas para ser diablos las basta ser mujeres y que de todo
+es capaz el Arcángel rebelde menos de convertirse por un solo momento en
+mujer.
+
+--Sé, y por ello os disculpo, don Fernando, dijo la Dama blanca cuando
+se hubieron sentado, qué cosas os han sucedido hoy, despues de
+concertada nuestra vista, que os obligan á recataros y á huir de la luz
+del dia.
+
+--Sabeis...
+
+--Si, sé por ejemplo, que esta mañana por descuido ó por intencion os
+entrásteis en el cabildo con la daga en la cintura.
+
+--¿Y quién os lo ha dicho señora?
+
+--¡Bah! ¿acaso no lo sabe todo el mundo en Granada? Nadie ha extrañado
+el suceso: se os conoce, por altivo y valiente, y se comprende bien que
+cuando otro regidor os advirtió de vuestro olvido le contestáseis de una
+manera violenta.
+
+--Se me acusaba de una falta que no habia cometido.
+
+--Es costumbre, segun dicen, que los veinticuatros, antes de entrar en
+cabildo, dejen á la puerta sus armas.
+
+--Yo tengo privilegios...
+
+--Que alegásteis con demasiada dureza.
+
+--Eso podrá decir el corregidor que se atrevió á llamarme desleal y á
+mandar que me llevasen preso.
+
+--El corregidor, vasallo fidelísimo de su magestad el rey de España é
+Indias, tiene motivos para llamaros traidor. El presidente Deza ha
+podido decir, por ejemplo, que andais en conspiraciones, que alentais á
+los moriscos para que se rebelen...
+
+--¿Y quién ha dicho eso al presidente...? su nombre señora si lo
+sabeis... el nombre del traidor.
+
+--Se lo he dicho yo...
+
+--¿Vos...?
+
+--Yo precisamente no, pero sí un escrito mio, en que le recordaba
+vuestras continuas denuncias á las Alpujarras...
+
+--En ellas está mi señorio de Válor.
+
+--Sin embargo le hice reparar en lo mucho que favorecíais á los
+moriscos: que de contínuo recibiais visitas recatadas de Bartolomé de
+Barredo, de Diego Alguacil, de los principales promovedores de motines
+que tiene Granada...
+
+--¡Ah! ¡Diego Alguacil os lo ha revelado todo!
+
+--Para contestaros será necesario que me contesteis á la pregunta que
+voy á haceros. ¿Sabeis quién soy?
+
+--Diego Alguacil me ha dado cita para esta noche á este sitio á nombre
+de la Dama blanca de la montaña.
+
+--¿Y sabeis quién es la Dama blanca de la montaña?
+
+--¿Lo sabe alguien señora? dijo con anhelo don Fernando. ¿Sabe alguien
+acaso si la aparicion divina que hace algunos meses y con mucha
+frecuencia, recorre las montañas de Cádiar, ya bajo la blanda luz del
+alba, ya bajo los plateados rayos de la luna, es un espíritu ó una
+realidad, la sombra de la sultana Zoraya como creen muchos, ó Amina, la
+hermosísima hija de mi noble tio el emir de los monfíes de las
+Alpujarras, Yaye-ebn-Al-Hhamar? ¿Conoce alguien al emir?
+
+Su brazo se siente, pero su rostro no se ve. ¿Conoce alguien á mi prima
+Amina?
+
+Dicen que es hermosa como un lucero y pura como el sol.
+
+--¿Y quién os ha dicho eso?
+
+--Algunas veces he ido á la montaña á ponerme al paso de la Dama blanca
+á vuestro paso señora; siempre me ha detenido un monfí: «no paseis
+adelante» me ha dicho y cuando le he preguntado quién era esa Dama
+blanca me ha dicho: «Esa dama es la niebla.»
+
+La Dama blanca se echó á reir.
+
+--¿Os reís? exclamó picado don Fernando.
+
+--Me rio porque los monfíes son ingeniosos. En efecto la niebla por la
+mañana y por la noche, vista de lejos orlando las cumbres de las
+montañas puede tomar formas muy caprichosas: puede parecer ya una dama
+ya un monstruo. ¿No creeis que el vulgo es muy propenso á dar forma y
+nombre á lo que al acercarnos á ello desaparece?
+
+--Pero el vulgo, respecto á vos no se ha engañado, porque os tengo
+delante de mí, con vuestra divina apostura, y vuestras vestiduras de
+sultana.
+
+--Podía haberse engañado el vulgo.
+
+--¡Ah y cuanto me ha hecho sufrir esa blanca aparicion!... porque yo
+preguntaba siempre que un monfí me detenia: «¿es por acaso esa dama la
+hija de vuestro emir?» y el monfí me contestaba: «bien pudiera serlo,
+porque la sultana Amina, segun dicen los que la conocen, es hermosa como
+una huri.» Y siempre que el monfí decia esto, suspiraba, porque teneis
+el privilegio de ser amada antes de ser conocida.
+
+--Segun eso, ¿creeis que yo sea la sultana Amina?
+
+--Lo creo, señora, lo creo, porque me lo está diciendo á voces el
+corazon.
+
+--Pues bien, no os engañais, yo soy vuestra prima Amina, la hija del
+emir Yaye-ebn-Al-Hhamar, la sultana de los monfíes de las Alpujarras.
+
+--¿Y para qué me habeis llamado? exclamó alentando apenas don Fernando.
+
+--Mi padre, que tiene muchos motivos para ser severo con vos, no ha
+querido hablaros, y me envia á vos como intermediaria.
+
+--¡Ah!
+
+--Sí, es preciso que sepamos si podeis ser proclamado rey de Granada.
+
+--Los moriscos me elegiran esta misma noche por su rey, dijo con un
+acento impaciente y un tanto duro don Fernando: hay una profecía...
+
+--Sí, sí, sabemos la superchería de que se ha valido vuestro tio
+Aben-Jahuar el Zaquer, comprando á cierto faquí embustero, que pasa por
+santo entre los moriscos de Granada, á fin de haceros triunfar de las
+pretensiones que tiene á la corona de Granada nuestro primo Aben-Aboo,
+lo sabemos todo: mi padre está enojado con vos por vuestra conducta
+licenciosa, pero os ama, del mismo modo que ama á Aben-Aboo; al fin y al
+cabo entrambos sois sus parientes. Mi padre, pues, ha dejado correr los
+sucesos, pero como la rebelion de los moriscos de Granada no puede
+hacerse sin la ayuda de los monfíes de las Alpujarras, como sin esa
+rebelion ninguna esperanza tendriais de ser rey, como mi padre el emir
+no tiene mas descendiente que yo... una mujer...
+
+--¿Ha pensado tal vez en ceñirme una doble corona dándome la del amor al
+hacerme vuestro esposo?
+
+--Eso no puede ser, primo, contestó dulcemente Amina.
+
+--¡Ah! no me amais.
+
+--Ni puedo amaros.
+
+--¿Que no podeis amarme....?
+
+--No, porque soy casada.
+
+--¡Casada! exclamó con asombro don Fernando. ¡Casada! ¿y con quien?
+
+--¿Qué os importa eso? ¿No sois vos tambien casado?
+
+--Pero casado con una cristiana á quien puedo repudiar.
+
+--¡Repudiar á la pobre Isabel, á la madre de vuestro hijo!
+
+--Los reyes prima.....
+
+--¡Aun no sois rey y ya quereis cometer los crímenes de los reyes!
+
+--¡Ah! vos que os habeis casado sin duda con algun poderoso príncipe
+musulman, vos que en todo habeis sido afortunada...
+
+--¡Ah! que he sido afortunada en todo. Pedid á Dios, primo, que vuestro
+corazon no vierta el llanto de sangre que ya ha vertido el mio; pedid á
+Dios que os haga mas venturoso de lo que yo he sido. ¡Casada con un
+príncipe musulman! Si tal fuere mi esposo, ¿seriais vos rey de Granada?
+
+--Y si nuestro casamiento es imposible, dijo con una cólera mal
+encubierta don Fernando, ¿para qué me habeis llamado, señora?
+
+--Si nuestro casamiento es imposible, no es imposible el de nuestros
+hijos.
+
+Don Fernando marchaba de sorpresa en sorpresa.
+
+--¡El de nuestros hijos! exclamó.
+
+--Si, de la misma manera que vos teneis un hijo, yo tengo una hija.
+
+--Explicaos, explicaos mejor, señora.
+
+--Voy á explicarme. Pero primero quiero haceros algunas preguntas.
+¿Sabeis de quien desciendo?
+
+--Dícese que descendeis de Boabdil.
+
+--¡Oh! no ha querido Dios que yo descienda de traidores. Si en vez de
+ocupar el trono de Granada Boabdil, cuando la acometieron los reyes de
+Castilla y Aragon, le hubiera ocupado mi padre, Granada no seria esclava
+de los cristianos, sino la poderosa reina de Occidente, altiva con su
+poder y su hermosura.
+
+--¿Quienes han sido, pues, vuestros abuelos? dijo con cierto sarcasmo
+don Fernando.
+
+--Mi sangre viene de las sangres mas ilustres del mundo. Oid. Cuando
+Granada era todavía una ciudad musulmana, el rey Abul-Hacem, el viejo,
+prendió en la frontera á una doncella. Aquella doncella era hija
+bastarda del condestable de Castilla, el poderoso, el invencible don
+Alvaro de Luna. Despues de la desastrada muerte de aquel magnate, su
+hija bastarda, habida en una judia, doña Judid de Sotomayor, en fin, fue
+cautivada por los ginetes del rey Muley-Hacem, y conducida á una torre
+de la Alhambra. Aquella torre se llamó desde entonces la torre de la
+cautiva. Vió el rey á la castellana, se enamoró de ella, y fuese por
+amor ó por violencia, doña Judid fue suya. Un año despues, la cautiva
+murió dando á luz un niño. Aquel niño fue años adelante, el caudillo mas
+valiente de Granada, porque aquel niño, que tenia en sus venas la
+valiente sangre de dos héroes, se llamó el emir Muza-ebn-Abil-Guzan,
+hermano bastardo del rey Boabdil. ¿Y sabeis don Fernando lo que se hizo
+del emir Muza, despues de la conquista de Granada?
+
+--Los historiadores moros, dicen, que no queriendo ser testigo de la
+deshonra y de la destruccion de su patria, desapareció antes de la
+rendicion de Granada, y añaden que no se volvió á saber de él.
+
+--Es verdad, Muza desapareció, pero seguido de sus valientes ginetes y
+de sus esclavos, se ocultó en las montañas de las Alpujarras desconocido
+para todo el mundo, y fue el primer emir de los monfíes. Sabeis ya mi
+ascendencia paterna, oid mi ascendencia materna: mi madre era hija del
+rey del desierto de Méjico, descendiente de los ascendientes del
+emperador Motezuma.
+
+--¡Ah! no puede negarse que vuestra descendencia es ilustre; pero, ¿por
+qué no vanagloriaros tambien de que vuestro abuelo era hermano de mi
+abuelo? ¿por qué no decir con orgullo que teneis sangre de los
+Abderramanes?
+
+--Sabéislo vos que sois mi pariente, y con vos estoy hablando. Ahora
+bien, el derecho de mi padre al trono de Granada, es incontestable.
+
+--¿Y por qué no le reclama? dijo con altivez don Fernando.
+
+--Mi padre quiere robustecer con la alianza al pueblo moro de Granada,
+en vez de debilitarle con la desunion. Mi padre renuncia en vos todos
+sus derechos, pero con algunas condiciones.
+
+--¿Y esas condiciones?
+
+--Estan escritas en este pergamino, firmadas y selladas por mi padre.
+
+--Pero es imposible leer: la luz de la luna no basta.
+
+--Tendremos cuanto hayamos menester: seguidme.
+
+Amina se levantó, y se encaminó con paso seguro por el oscurísimo
+espacio que poco antes tenia á sus espaldas: don Fernando la siguió:
+poco despues, Amina empujó una puerta, y se encontraron en un aposento
+ennegrecido y ruinoso. En el centro de él, habia una mesa con tapete,
+sobre la que se veian dos bujias, y un tintero de plata: á uno y otro
+lado de la mesa habia un sillon. Sentóse en uno de ellos Amina y en el
+otro don Fernando.
+
+--Véamos esas condiciones, dijo este.
+
+--Esperad un momento: quiero cortaros toda evasiva, demostrándoos que
+sois casado con Isabel de Rojas, y que teneis de ella un hijo que se
+llama Ben-Yaschem.
+
+--Hablad: quiero probar si vuestro padre está bien informado.
+
+--Mi padre sabe todo lo que le conviene saber, primo. Vais, pues, á
+juzgar: vuestro padre, mucho tiempo antes de que vos nacíeseis, fue
+preso por el capitan general de Granada; esto hace mas de veintidos
+años. Durante la prision de vuestro padre, os dió á luz vuestra madre
+doña Elvira de Céspedes: acusado vuestro padre de la muerte de su cuñado
+Miguel Lopez, esposo de vuestra tia doña Isabel de Válor, y padre de
+nuestro primo Aben-Aboo, murió en la prision á que habia sido condenado
+de por vida.
+
+--Mi padre fue víctima de una traicion oscura, exclamó con calor don
+Fernando; y ¡ay del traidor si alguna vez llego á descubrirle! ¡ay de su
+sangre!
+
+--En efecto, hay mucho de misterioso en algunos sucesos de nuestra
+familia, misterios que mi padre no ha podido descubrir á pesar de su
+poder. La verdad del caso es, que vuestra madre os amaba demasiado para
+daros una buena crianza, y que vuestro tio don Fernando de Válor, que
+ahora lleva el nombre de Aben-Jahuar, os pervirtió desde vuestros
+primeros años. A los catorce, perdonad lo que voy á deciros primo, á los
+catorce años erais ya un pequeño libertino. Por entonces conocísteis en
+el Albaicin una doncella que tenia vuestra misma edad, os enamoráisteis
+de ella, y ella se enamoró de vos. Pero el padre de Isabel de Rojas, que
+ella era, tenia demasiado interés en haceros su yerno, y guardó tanto á
+su hija, que vos á trueque de poseerla, os casásteis con ella, por ante
+la iglesia católica, sin que lo supieran, ni vuestra madre ni vuestro
+tio, porque aquel casamiento fue secreto. Si el padre de Isabel hubiera
+vivido, aquel matrimonio no hubiera tardado en ser público: pero el
+padre de Isabel murió antes de que su hija diese á luz el fruto de sus
+amores, y quedó sola Isabel: vos la abandonásteis don Fernando,
+abandonásteis á vuestro hijo...
+
+--Y quien os ha dicho, prima...
+
+--En vano buscais una disculpa, la conciencia os acusa: por lo demás, y
+á pesar de que Isabel haya callado y sufrido, porque cree que no habeis
+abandonado á su hijo...
+
+--Cada vez os comprendo menos.
+
+--Ya se vé: mi padre ha acudido secretamente á las necesidades de esa
+desgraciada, á la que nada absolutamente falta, mas que el amor de su
+esposo: mi padre ha hecho de modo que Isabel cree que atendeis á su
+subsistencia y á la de vuestro hijo, y vuestra pobre esposa se cree
+desgraciada, y sufre, pero os cree caballero y os respeta.
+
+--¡Ah! exclamó don Fernando.
+
+--Por lo demás, las pruebas de vuestro casamiento con Isabel de Rojas y
+las de la legitimidad de vuestro hijo Ben-Yaschem, existen. Mi padre ha
+contado con ello, y teniendo vos un hijo y yo una hija, ha creido que
+todas las diferencias que podrian mediar entre nosotros por causa del
+derecho á la corona de Granada, pueden salvarse por estas
+capitulaciones. Leedlas, primo, y firmadlas ó rechazadlas, pero
+contestadme definitivamente, para que mi padre pueda obrar en
+consecuencia.
+
+Don Fernando desenrolló el largo pergamino que Amina le entregaba, y vió
+que estaba escrito primorosamente en árabe: su contenido era el
+siguiente:
+
+«En el nombre de Dios Altísimo y misericordioso, dador de la vida y de
+la muerte, estas son las capitulaciones de alianza entre el emir de los
+monfíes de las Alpujarras, el fuerte y vencedor, y el elegido de Dios
+Muley Aben-Humeya, rey de Granada.
+
+Primeramente: el emir de los monfíes, Yaye-ebn-Al-Hhamar, renuncia á
+todos los derechos que pueda tener y tenga á la corona de Granada, en su
+sobrino Muley Aben-Humeya.
+
+Segundo. Muley Aben-Humeya, se obliga por su parte, á casar su hijo
+único Ben-Yaschem, con Kinza, hija de la sultana Amina, hija única del
+emir Yaye-ebn-Al-Hhamar.
+
+Tercero. En el caso de que por la voluntad de Dios, muriesen Aben-Humeya
+ó Yaye-ebn-Al-Hhamar, el que sobreviva, mandará en los dominios del
+otro, durante la menor edad de sus hijos Ben-Yaschem y Kinza.
+
+Cuarto. Si alguno de estos dos muriese antes de poder contraer
+matrimonio, se consideran rotas y de ningun valor estas capitulaciones.
+
+Quinto. Si el matrimonio de Ben-Yaschem y Kinza se efectuase, y tuviesen
+hijos, el primer hijo varon, heredará las coronas reunidas de Granada y
+de las Alpujarras; si no tuviesen hijo varon, estas dos coronas
+reunidas, pasarán al hijo segundo varon de Aben-Humeya si lo tuviere, ó
+en igual caso al segundo hijo varon de la sultana Amina.
+
+Sexto. No habiendo por ninguna de las dos partes hijo varon, las coronas
+reunidas de Granada y de las Alpujarras, pasarán á Sidi-Aben-Aboo, primo
+hermano de Aben-Humeya, y sobrino de Yaye-ebn-Al-Hhamar, ó al hijo varon
+de Aben-Aboo, si este hubiese muerto.
+
+Sétimo. En el caso de haber descendencia masculina por cualquier
+concepto de Muley Aben-Humeya, ó de Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar,
+Sidi-Aben-Aboo, será considerado como infante de la casa real de
+Granada, y se le señalará señorío bastante para que pueda vivir con
+arreglo á su estado.
+
+Ultimamente. En virtud de las presentes capitulaciones, el emir de los
+monfíes de las Alpujarras, se obliga á ayudar con sus gentes de guerra y
+con sus tesoros, á Muley Aben-Humeya para reconquistar de los cristianos
+el reino de Granada.
+
+Seguian la fórmula religiosa y cancilleresca, por decirlo asi, que
+usaban en tales documentos los moros, la fecha, el nombre de los
+testigos y el sello y la firma del emir.
+
+Despues de leer don Fernando detenidamente este pergamino, miró con
+ansiedad á Amina.
+
+--Sultana, la dijo: todo esto seria inútil si tu consintieses en ser mi
+esposa.
+
+--Eso es imposible, dijo con impaciencia y desagrado Amina.
+
+--¡Imposible! ¡los reyes pueden romper los vínculos del matrimonio!...
+
+--No lo haré jamás.
+
+--Y... ¿por qué?
+
+--Porque amo lo bastante á mi esposo para renunciar por él una corona, y
+temo á Dios lo bastante para robar á una mujer y á un niño, su esposo y
+su padre.
+
+--Y si yo no quisiese firmar esas capitulaciones.
+
+--No seriais rey de Granada.
+
+--¡Oh! ¡lo veríamos!
+
+--Una sola palabra de mi padre, y el faquí Abul-Hasam, á quien dentro de
+poco consultaran los xeques del Albaicin y de la Vega, pronunciaria el
+nombre de mi padre en vez del vuestro.
+
+Entróle un terror pánico á Aben-Humeya, que tenia tal idea del poder del
+emir de los monfíes, que todo lo temió.
+
+--Firmaré, dijo tomando una pluma.
+
+--Esperad, dijo Amina: es necesario que firmeis solemnemente en
+presencia de los wacires y de los katibs de mi padre.
+
+Amina dió tres fuertes golpes sobre la mesa, é instantáneamente se abrió
+la puerta y aparecieron uno tras otro, las veintitres sombras blancas
+que habian precedido hasta allí á Aben-Humeya.
+
+--Acércate, mi buen Harum, dijo Amina, y vé como firma Muley Aben-Humeya
+las capitulaciones que voy á leerte: escuchad tambien vosotros ancianos
+walies nobles secretarios de mi padre, sabios de su consejo.
+
+Amina leyó con voz sonora las capitulaciones.
+
+Entonces adelantó una de aquellas sombras, y dijo con autoridad á don
+Fernando.
+
+--¿Te obligas á todo lo que has oido?
+
+--Me obligo.
+
+--¿Juras por el Dios Altísimo y Unico, guardar y cumplir estas
+capitulaciones?
+
+--Lo juro.
+
+--Pon al pié de ellas tu nombre de rey, y junto á tu nombre este sello
+de oro, que es el antiguo sello de los reyes de Granada.
+
+Y el que asi hablaba, sacó un magnífico sello de entre sus ropas y le
+puso sobre la mesa.
+
+Don Fernando de Válor firmó, y cuando hubo firmado, el mismo moro
+encubierto, sacó de una manga de su almaizar, otros tres pergaminos
+enrollados.
+
+--¿Qué es eso? dijo cuidadoso don Fernando.
+
+--Tres copias iguales de estas capitulaciones, señor, contestó el moro.
+
+--¿Y para qué tanta copia?
+
+--Una para vos, otra para el emir de los monfíes; otra para
+Sidi-Aben-Aboo.
+
+--¡Ah! es verdad, que tambien se le incluye en las capitulaciones.
+
+--Firmad si quereis estas otras.
+
+Don Fernando firmó con despecho.
+
+Entonces el mismo moro derritió cera encarnada sobre los tres
+pergaminos, junto al nombre de don Fernando de Válor, estampó sobre la
+cera en los tres el sello real de Granada, y luego firmaron como
+wacires, secretarios y testigos, los tres pergaminos, los veintitres
+moros que estaban presentes, despues de lo cual, el moro que hasta
+entonces habia hablado, entregó el sello real y uno de los pergaminos á
+don Fernando, y guardó los otros dos.
+
+--Id á ser rey, primo mio, dijo entonces Amina; los xeques del Albaicin
+y los de la Vega, estaran á las doce de la noche, en la casa del Hardon,
+junto á san Miguel.
+
+--¿Y vos...?
+
+--Yo... yo parto esta misma noche para las Alpujarras.
+
+--¿Y no me dejareis ver vuestro rostro? exclamó desesperado don
+Fernando, sin reparar que le escuchaban todos aquellos hombres.
+
+--¡Oh! no, eso jamás. Adios primo, adios. Que él os ayude en la empresa
+en que os vais á empeñar.
+
+Y Amina desapareció por la puerta, dejando á don Fernando, mudo,
+asombrado, como presa de un sueño.
+
+Los veintitres fantasmas desfilaron tambien, y el jóven se encontró
+solo: entonces se precipitó á la salida, atravesó el oscuro espacio de
+la casa arruinada, y salió á la cumbre del Panderete de las brujas.
+
+Nada vió. Se precipitó por el sendero, y á nadie encontró; solo su
+caballo atado á una vid al lado del camino.
+
+Volvió á trepar á la cumbre, entró en la casa esperando encontrar á
+alguien, y llegó á tientas al mismo aposento donde se habian firmado
+aquellas capitulaciones. Estaba densamente oscura. Palpó: la mesa, los
+libros, todo habia desaparecido. Dudando aun, buscó mas, y oyó una voz
+que le dijo:
+
+--No busques, señor, porque nada encontrarás. En la calle de San Miguel
+te esperan, casa del Hardon.
+
+Don Fernando lanzó un rugido de rabia, salió de nuevo de las ruinas,
+bajó del Panderete de las brujas, desató su caballo, montó en él, y
+partió como una flecha en direccion á Granada.
+
+--¡Ella! ¡ella! ¡hermosa, rica! ¡hija del emir! ¡mi prima la sultana
+Amina, mi esperanza! ¡y casada! ¡casada! ¿y con quién? con algun
+reyezuelo de Africa. ¡Oh! ¡oh! si no tuviera en mi poder este pergamino
+y este sello, creeria que todo lo que me ha acontecido era un sueño.
+
+
+
+
+CAPITULO IX.
+
+ De cómo por el amor se olvida la amistad.
+
+
+Cuando llegaron don Alonso de Fuensalida, su hija doña Inés y Aben-Aboo
+á su casa, que bien podia llamarse casa de todos, cuando estuvieron en
+la cámara de recibo, doña Inés se inclinó graciosamente hácia Aben-Aboo
+y le dijo:
+
+--Os suplico, señor Diego Lopez, que me perdoneis si os dejo solo con mi
+padre, necesito variar de ropas... y rezar mis devociones de costumbre.
+Adios.
+
+Y sonriendo al jóven de un modo que le hizo palidecer de emocion, salió.
+
+A su vez Aben-Aboo se inclinó tambien cortesmente ante don Alonso:
+
+--Os suplico me perdoneis, si os dejo por un momento.
+
+--¿Teneis alguna aventura, señor Diego Lopez? dijo don Alonso con un
+acento de interés y de autoridad que maravilló á Aben-Aboo.
+
+--¡Aventura! no ciertamente; pero... quisiera ver á mi amigo.
+
+--¿A vuestro amigo...?
+
+--Creo haberos dicho que era mi amigo el marqués de la Guardia.
+
+--¿Estais citado con él?
+
+--No, pero le buscaré.
+
+--No andeis mucho por Granada esta noche; creedme á mí que soy vuestro
+amigo: podreis tener malos encuentros.
+
+--¡Oh! por eso descuidad: voy siempre bien acompañado con mi espada.
+
+--Sé que sois valiente. Sin embargo, los encuentros que podeis tener,
+son de aquellos en que nada vale una espada.
+
+--No os comprendo.
+
+--¿No sois morisco?
+
+--Si por cierto.
+
+--Pues bien, de seguro que los moriscos seran vigilados esta noche por
+la justicia.
+
+--¡Ah! ¿y quién os ha dicho?
+
+--Es de suponer que suceda asi, despues de lo que ha pasado esta mañana
+en el Ayuntamiento con don Fernando de Válor.
+
+--Don Fernando es un imprudente.
+
+--Paréceme que amais poco á vuestro primo.
+
+--Mi primo es enemigo mio.
+
+--¡Ah! esas enemistades no deben existir entre parentescos tan cercanos.
+
+--Vos no conoceis á don Fernando; él me provoca.
+
+--Perdonad, señor Diego Lopez; pero necesito hablaros mucho y despacio,
+no os detengo ahora: id á ver á vuestro amigo... pero os lo ruego, os lo
+suplico, no entreis esta noche en casa de ningun morisco; no nos
+obligueis á hacer un esfuerzo para salvaros. ¿Cuándo volvereis de ver á
+vuestro amigo?
+
+--¿Quién sabe? porque el tal marqués es un loco de atar, y estando á su
+lado, no hay medio de ser mas cuerdo que él. Pero no quiero pasar esta
+noche fuera de la casa.
+
+--Bien; á cualquier hora que vengais os estará esperando un criado que
+os llevará á mi aposento.
+
+--¿Tan importante es lo que teneis que decirme...?
+
+--¡Oh! ¡mucho! con que id con Dios, y sed prudente.
+
+Aben-Aboo salió lleno de confusiones; no sabia qué pensar de aquella
+familia con quien habia trabado conocimiento de una manera tan singular,
+y si se quiere tan misteriosa; por otra parte, doña Inés habia causado
+en él una sensación profundísima: su hermosura le habia hecho concebir
+deseos ardientes; la habia aspirado, la habia visto de cerca, habia
+estado en contacto con ella durante muchas horas, y su alma se habia
+saturado del tentador perfume que emanaba de la jóven: por otra parte
+habia sido testigo de muchas singularidades, y todas aquellas
+singularidades venian á anudarse en un solo punto: en la comedianta
+Angélica.
+
+[imagen: Sintió que una mano, formidable por su fuerza, detenia la
+suya.]
+
+Segun la conversacion que habia oido en la hostería entre Andrés
+Cisneros y el misterioso Godinez, Angélica estaba zelosa de una mujer á
+quien amaba el marqués de la Guardia; aquella mujer á quien aborrecia
+Angélica era hija del emir de los monfíes: era Amina: Angélica habia
+entrado aquella tarde de una manera inesperada en el aposento de doña
+Inés, y la habia insultado, porque Aben-Aboo á pesar de las protestas
+que de haberse equivocado habia hecho la cómica, habia notado que
+aquellas dos mujeres se aborrecian: sin duda doña Inés no era otra que
+la hermosísima hija del emir, la sultana Amina, la Dama blanca de la
+montaña; su primo, Aben-Aboo pues, estaba loco enamorado, zeloso aun
+tiempo, é iba en busca del marqués de la Guardia, ansioso de esclarecer
+cuanto le fuera posible sus dudas, y de arrancarle insidiosamente
+algunas palabras con las que esperaba esclarecer sus sospechas.
+
+Atravesaba, pues, Aben-Aboo muy de prisa el corredor medio oscuro de que
+hemos hablado, cuando se abrió silenciosamente una puerta, y sintió un
+ceceo: detúvose, y el ceceo se repitió; entonces Aben-Aboo se dirigió á
+donde sonaba, y á través de una puerta oscura una mano de mujer le dió
+un papel y cerró.
+
+Estremecióse de placer Aben-Aboo; aquella carta no podia ser de otra que
+de doña Inés, de doña Inés que le habia sonreido durante la comedia; de
+doña Inés que se habia apoyado fuertemente en su brazo. Y si era de doña
+Inés aquella carta, doña Inés no era Amina, se habia verdaderamente
+equivocado Angélica, sus disculpas no eran fingidas; él se habia
+engañado tambien creyendo encontrar una intencion en el acento de
+aquellas dos mujeres; no, no podia ser Amina doña Inés, porque le
+citaba, porque una mujer no cita á un hombre jóven mas que para asuntos
+amorosos, y Amina no le hubiera citado porque amaba al marqués de la
+Guardia.
+
+Aben-Aboo se precipitó por las escaleras, ansioso de salir de aquella
+casa, é ir á otro lugar donde pudiese leer el papel que acababa de
+recibir: al bajar por las escaleras se acordó de que en la misma calle
+de San Miguel, lindando con su casa, estaba la taberna del Hardon.
+
+Atravesó el zaguan, salió, tomó la calle á la izquierda, y se metió por
+una puerta inmediata. Muy pronto se encontró en una sala baja, en la
+cual habia dos grandes rejas y un postigo que daban á un patio. Al
+fondo, sentado tras un mostrador y entre toneles, habia un hombre de
+fisonomía ruda, y enérgica, aunque franca: algunos bebedores charlaban y
+bebian sentados en derredor de las mesas.
+
+[imagen: Aben-Aboo.]
+
+Aben-Aboo se dirigió resueltamente al mostrador: al verle el que estaba
+al despacho, se puso de pié y clavó en el jóven una profunda mirada.
+
+--¿En qué puedo servir á vuesamerced, caballero? dijo llevándose
+respetuosamente la mano á la gorra.
+
+--¿Teneis un aposento en que pueda estar solo? dijo Aben-Aboo.
+
+--¡Oh! si señor, y bien abrigado; seguidme si gustais.
+
+Y tomando de un anden una palmatoria con una bugia hizo luz, y saliendo
+de detrás del mostrador, atravesó la taberna, y seguido de Aben-Aboo,
+abrió una puerta, y entrambos subieron por una estrecha escalera, y se
+encontraron en una reducida habitacion en que habia una mesa, algunas
+sillas y un barreño con fuego.
+
+El tabernero puso la luz sobre la mesa, y dijo encarándose á Aben-Aboo.
+
+--¿Necesitais algo mas?
+
+--Si, necesito que me contesteis á una pregunta. ¿No sois el tabernero
+que estaba aquí hace seis meses?
+
+--Ya veis que no, respondió con un severo laconismo el preguntado.
+
+--¿Y qué se ha hecho del otro?
+
+--Toméle la taberna, se fué é ignoro su paradero.
+
+--¿Pero esta taberna no es la del Hardon?
+
+Miró con doble profundidad el tabernero á Aben-Aboo.
+
+--El Hardon, ó Pero Alonso, que es como le llamamos, tiene parte conmigo
+en la taberna, como la tenia con el otro tabernero. Ademas, la casa es
+suya y vive en ella.
+
+--¿Cómo os llamais?
+
+--Roque Garcia, para serviros.
+
+--¿Sois morisco como el Hardon?
+
+--Algo de morisco tengo.
+
+--Entonces debeis conocerme; yo me llamo entre los moriscos Aben-Aboo.
+
+--Pues no os conozco.
+
+Mortificó un tanto esta respuesta al jóven que continuó.
+
+--¿Pero conoceis al marqués de la Guardia?
+
+--Tampoco conozco á ese caballero.
+
+--Es un jóven como de veinte y tres años, muy galan, muy valiente, muy
+bebedor y gran jugador de dados.
+
+--Solo conozco de esas señas á un capitan de infantería, que se llama
+don Juan Coloma.
+
+Acordóse entonces Aben-Aboo, de que don Juan ocultaba su título á causa
+de su pobreza.
+
+--Y bien dijo: tambien don Juan Coloma es mi amigo. ¿Y viene con mucha
+frecuencia á vuestra casa ese caballero?
+
+--¡Oh! si señor, y ahora mas que nunca.
+
+--¿Y por qué mas ahora que antes?
+
+--Porque anda enamorado en la vecindad.
+
+--¡Ola! ¿y de quién está enamorado?
+
+--De una dama que vive en la casa grande inmediata.
+
+--¿Y conoceis á esa dama?
+
+Fijó otra nueva y profunda mirada Roque en el semblante de Aben-Aboo.
+
+--Sábese, dijo, que el padre de esa dama es un caballero noble y rico,
+pero en cuanto á su hija nadie puede jactarse de haberla visto el
+rostro.
+
+--De modo, que solo el capitan Coloma nos puede decir...
+
+--Creo que tampoco la conoce don Juan: pero helo ahí: en nombrando al
+ruin de Roma... me parece que le oigo gritar llamándome.
+
+En efecto, se oian en el piso bajo desaforadas voces.
+
+--Pues id, id, amigo, dijo Aben-Aboo, y decid al buen capitan que aquí
+hay un conocido suyo que le espera.
+
+El tabernero desapareció por las escaleras.
+
+Aprovechando aquel momento, Aben-Aboo leyó el papel que le habian dado
+en el oscuro corredor de su casa: el contenido era muy corto:
+
+«Si sois discreto, guardad un profundo secreto acerca de la cita que os
+doy, y ningun pensamiento atrevido aventureis por ella; id á las ánimas,
+por el postigo de vuestra casa; yo os abriré. Doña Inés.»
+
+Tras este billete y como no tenia tiempo que perder, sacó de la
+escarcela el que le habia dado con una llave Pertiñez de parte de la
+comedianta Angélica, y que no habia podido leer hasta entonces: decia
+así:
+
+«Si sois tan cortés como bizarro, venid esta noche á las doce á la
+hosteria del carbon: cuando llegueis á lo alto de las escaleras abrid
+con la llave que os entregará maese Pertiñez la puerta, y adelantad por
+el corredor: mi aposento es el número 13. Yo os estaré esperando.
+Angélica.»
+
+Aben-Aboo no tuvo tiempo de meditar en el contenido de estos dos
+billetes, porque el marqués de la Guardia se le echó encima.
+
+Traia en las manos una guitarra, al costado una espada descomunal, y
+pendiente de la pretina un broquel cincelado.
+
+--¡Ah! gracias á Dios que os hallo, exclamó; no sabia donde podria
+hallaros, y hubiera dado por hablaros esta noche... mi alma, porque no
+tengo otra cosa que daros.
+
+--¿Y para qué me buscabais con tanto interés, don Juan?
+
+--¡Qué diablos! necesito explicarme con vos.
+
+--¿Explicaros conmigo?
+
+--Si por cierto, me habeis dado zelos.
+
+--¿Zelos yo?
+
+--Habeis acompañado esta tarde á una mujer á quien amo, á quien adoro,
+por la que estoy loco.
+
+--¿La que vive en mi casa?
+
+--¿Cómo en vuestra casa?
+
+--Habeis de saber que la casa grande de al lado es mia, y que la tengo
+alquilada á don Alonso de Fuensalida.
+
+--¡Ah! perdonad; pero decidme: vos habreis visto el rostro á esa dama.
+
+--Sin duda.
+
+--¿Y es hermosa?
+
+--Permitidme que extrañe, marqués, que me hagais una pregunta tal acerca
+de una mujer de quien os confesais enamorado.
+
+--¡Ah! no lo extrañeis: sino es la que yo creo esa dama encubierta, no
+la he visto en mi vida.
+
+--¡Ah! ¿creeis que sea una dama de la que habeis estado enamorado?
+
+--No he amado á otra que á ella.
+
+--Sin embargo, dicen que sois amante favorecido de una hermosísima
+mujer.
+
+--¡Ah! de la princesa.
+
+--No, no os hablo de princesas; sino de una comedianta.
+
+--¡Ah! sí, de la comedianta Angélica: tanto da.
+
+--Es verdad las comediantas lo son todo, princesas reinas... pero en fin
+ello es que pasais por su amante.
+
+--Yo amo á esa por la otra. Estoy seguro de que donde quiera esté esa
+comedianta, estará la dama á quien amo. No sé por qué tengo esa
+seguridad, pero creo que el odio que se profesan las atrae, las junta.
+
+--Os confieso que no os comprendo.
+
+--Y yo os confieso que lo que pienso es incomprensible: no hay ninguna
+razon que lo justifique; se apoya en un instinto, en un impulso del
+corazon, que me grita: donde está la una está la otra.
+
+--Pero ¿qué razones teneis para creer que doña Inés sea la mujer á quien
+amais?
+
+--Os diré: hace algunos meses, yo, que habia dejado la córte siguiendo á
+la mujer que amo, mujer que me arrebataba su padre me vine á Granada: en
+Granada su padre fue mas astuto que yo y perdí su rastro de todo punto.
+
+--¡Ah!
+
+--Estaba ya desesperado, cuando una mañana, hace seis meses, al entrar á
+oir misa en la iglesia de san Miguel, ví salir una dama enteramente
+envuelta en un manto de seda. No vi ni su rostro ni su mano, ni su pié,
+y sin embargo me pareció reconocerla, me pareció que era ella... mi
+alma, á la que ando buscando desesperado: ella por su parte, al verme de
+improviso ante sí, hizo un movimiento marcado, un movimiento que me hizo
+creer que aquella dama me conocia, mas aun, que al verme habia sentido
+una vivísima alegría: la seguí, y ví que se entró en esa casa de al
+lado, en la vuestra, señor Diego Lopez. Empecé á rondar pero
+inútilmente. Jamás se abrió un balcon ni una reja; pregunté á la
+servidumbre, pero la encontré muda, incorruptible. Vine todas las
+mañanas á la iglesia de san Miguel, y siempre la ví á la misma hora,
+pero envuelta cuidadosamente en el manto, acompañada de una dueña tan
+encubierta como ella y de un viejo escudero. Indagué cuanto pude, y solo
+saqué en claro, que su padre era un rico indiano llamado don Alonso de
+Fuensalida, que guardaba mucho á su hija y que nadie la habia visto el
+rostro. Añadian aun que dentro de su casa tenia un antifaz puesto.
+
+--Y decidme: ¿habeis visto á esa dama todos los dias en misa?
+
+--No, todos los dias no, con frecuencia faltaba seguidos quince dias.
+
+--Tambien, dijo para sí Aben-Aboo, faltaba con frecuencia quince dias
+seguidos la Dama blanca á sus paseos por la montaña.
+
+--Acontecióme por aquellos dias un suceso singular. Estando yo en mi
+posada, entró mi lacayo una mañana, y me entregó una caja que habian
+dejado para mi. Abrí la caja y encontré... ¿qué diréis que encontré?
+
+--¿Quién sabe?
+
+--Pues encontré tres cortes de brocado de los cuales es uno el que
+teneis puesto, algunas ricas joyas de hombre y quinientos doblones de
+oro.
+
+--¿Decís que encontrásteis dentro de la caja el córte del justillo que
+llevo puesto?
+
+--Si por cierto, y á no ser vos tan mi amigo, no os hubiera dado por
+nada del mundo ese justillo.
+
+Esta confidencia del marquesito, fue un rayo de luz que empezó á
+esclarecer las dudas de Aben-Aboo: entonces comprendió por qué doña Inés
+le habia hecho preguntas, basta cierto punto extrañas é inconvenientes,
+acerca de la procedencia del brocado que vestia.
+
+--Ahora os agradezco doblemente vuestro sacrificio, dijo Aben-Aboo, pero
+continuad.
+
+--Para obligarme á admitir aquel regalo venia dentro de la caja un
+billete que contenia las siguientes palabras:
+
+«Podeis aceptar sin reparo lo que os envio, porque teneis mi alma.»
+
+--Era, pues, el regalo, de una dama enamorada de vos.
+
+--¿Y quién podía ser esa dama mas que la mujer á quien adoro? ¿Cómo pudo
+conmoverme la vista de dona Inés encubierta sino era el amor que busco?
+
+Don Juan inclinó la cabeza sobre el pecho como para ocultar su
+conmocion.
+
+--Pero vos habeis visto á esa doña Inés, exclamó de repente el marqués
+levantando la cabeza y fijando una mirada entumecida en Aben-Aboo; vos
+me direis si es hermosa ó fea, porque si es fea, no es ella, y me
+interesa saberlo, porque mirad: hoy que se cumplen quince dias desde que
+no he visto á mi encubierta, he recibido esta brevísima carta.
+
+Y el marqués sacó de su escarcela un papel que entregó á Aben-Aboo.
+
+Este al abrirle palideció: estaba escrito, al parecer, por la misma mano
+que el billete de doña Inés que le habian entregado poco antes. Aquella
+carta decia:
+
+«La constancia con que me habeis seguido me obliga; estad esta noche en
+la taberna próxima y me conocereis.--Quien bien os ama.
+
+--Yo no puedo aseguraros, dijo el marqués, si esta carta esta escrita
+por la misma mano que escribió la que acompañaba el regalo que me hizo
+una dama hace seis meses antes por que aquella carta de puro guardarla
+se me extravió. Lo que sé deciros es que estoy loco; que la cabeza se me
+arde; que vine esta tarde á saludarla, frenético de alegría, aunque solo
+pudiese enviarla mi saludo á través de las paredes, cuando os ví salir
+con ella y con su padre, á quien creí reconocer, á quien creí haber
+hablado alguna vez: soy muy mal fisonomista, y nada tiene de extraño que
+si en efecto le he hablado alguna vez no recuerde su semblante: la
+verdad del caso es que por una parte tuve zelos de vos, y por otra me
+alegré porque me dije: el señor Diego Lopez es mi amigo, sabe que puede
+contar con mi bolsa, y con mi espada y me hablará con franqueza. ¿Amais
+á esa mujer?
+
+--Hoy es el primer dia que la he visto.
+
+--¡Ah! no importa; si es ella, con sola una vez que la hallais visto os
+habreis enamorado de ella para no olvidarla jamás.
+
+--Eso piensan todos los que aman como vos, de los que conocen á su
+amante.
+
+--¿No la amais, pues?
+
+--No marqués, no, porque amo á otra; á una mujer que es vuestra querida:
+á la comedianta Angélica.
+
+--¡Oh! amadla cuanto querais: yo mismo os llevaré de noche, tarde, á la
+puerta de su aposento. Llamaré y en vez de entrar yo entrareis vos. Pero
+decidme: ¿esa doña Inés es hermosa?
+
+--No puede ser la que vos sospechais, marqués, es imposible, dijo
+Aben-Aboo, empezando á tender un lazo traidor al confiado don Juan, lo
+que demuestra que no hay amistad que no pueda romper una mujer.
+
+--¡Ah! no sabeis si es, eso posible, dijo el marqués; contestadme: ¿es
+hermosa?
+
+--Hermosísima: tan hermosa como la comedianta, mas hermosa, porque hay
+en doña Inés mas juventud y mas pureza.
+
+--¡Es jóven! exclamó el marqués que alentaba apenas.
+
+--Como de veintiun años.
+
+--¡Ah! ¡Dios mio! ¿Morena?
+
+--Moreno límpido, encendido, ardiente, y para concluir de una vez ojos
+negros y grandes, cuello incomparable, alto y puro el seno, los labios
+muy rojos, y la sonrisa de ángel, pero triste y apasionada.
+
+--¡Oh! ¡es ella! añadió levantándose fuera de si el marqués: la esposa
+de mi alma, mi Esperanza.
+
+--¿Estais loco? dijo Aben-Aboo, dominando sus zelos y su rabia.
+
+--Si, si, perdonadme, amigo mio, dijo el marqués sentándose y apoyando
+la frente calenturienta entre sus manos; estaba hablando como si hubiera
+hablado con ella.
+
+--No lo digo por eso, sino porque os equivocais: porque esa dama que vos
+llamais Esperanza y que yo llamo doña Inés, no puede ser vuestra esposa
+ni vuestra amante, porque... en fin, no puede ser.
+
+--No, no me engaño: es ella; ni me he engañado nunca; me lo dijo el
+corazon desde el momento en que la vi.
+
+--Os digo que no puede ser, insistió Aben-Aboo: para probároslo necesito
+revelaros un secreto.
+
+--¿Y creeis que yo no soy bastante caballero para guardarlo?
+
+Aben-Aboo esperaba esta respuesta, y se apresuró á contestar:
+
+--Para que no creais que dudo, de vuestra, hidalguia, voy á deciros el
+verdadero nombre de esa dama. Olvidadle despues é id á buscar con mas
+fruto vuestra perdida Esperanza, á quien tanto amais. Esa dama tan
+encubierta es una mora.
+
+--¡Y bien! dijo el marqués con fijeza.
+
+--Esa mora es sultana.
+
+--Y esa sultana, insistió el marqués, es mi esposa ante Dios y mi
+conciencia.
+
+--Pero... ¿sabeis la que decís...? tartamudeó Aben-Aboo.
+
+--Esa dama á quien yo llamo Esperanza, es hija del emir de los monfíes
+de las Alpujarras; ya veis que no me habeis revelado secreto alguno.
+
+Aben-Aboo al escuchar estas palabras hizo crugir la silla en que se
+sentaba: todas sus dudas habian quedado esclarecidas por la revelacion
+del marqués; habia sentido revolverse en su alma pasiones terribles,
+salvajes; los zelos, la envidia, el odio; pero ninguna de estas
+furiosas oleadas de su alma salió á su semblante.
+
+Entonces un pensamiento siniestro cruzó por su alma: sintió ansia mortal
+contra el marqués, pensó en embriagarle y en asesinarle cuando lo
+hubiese conseguido, y desplegando la funesta astucia, y la intencion
+mortífera de que mas tarde se sirvió en la rebelion de las Alpujarras,
+revistió su semblante de la mas engañadora alegría, y tendiendo la mano
+al marqués exclamó:
+
+--¡Oh! ¡pues me alegro, me alegro con toda mi alma, don Juan! porque
+amando vos á la sultana Amina, como la amais, ¡sois de los nuestros!
+
+--Soy enteramente de ella. Ya sé que sois morisco, señor Diego Lopez,
+dijo con altivez el marqués, y que sois de los mas ilustres. Pues bien:
+si mañana me dice Esperanza... ó Amina, como querais; «¡Defiende mi
+corona!» seria traidor á Dios, traidor al rey, perderia mi alma, pero
+empuñaria el estandarte de la rebelion por los moriscos, y os llevaria
+al combate.
+
+--¡Que nos llevariais al combate! exclamó Aben-Aboo, cuya alma acabó de
+ennegrecerse; sois digno del amor de la sultana; sois digno de la corona
+que ese amor puede ceñir á vuestra cabeza: ¡oh, don Juan! permitid
+tambien que dé rienda á la locura de mi alegría y que os abrace: ¿con
+que al fin todos somos unos? ¿todos hermanos?
+
+Y Aben-Aboo se arrojó en los brazos del marqués que le estrechó en ellos
+con efusion, porque se sentia feliz y el que es feliz, no odia, no
+sospecha, no desciende á las miserias del mundo.
+
+--Pero Esperanza no me sujetará á tal prueba, dijo el marqués sentándose
+de nuevo; Esperanza sabe que soy capaz de sacrificarlo todo por ella,
+pero no me pedirá el sacrificio. Y sin embargo, y ahora recuerdo cuando
+ví á su padre: un dia que fuí á pedírsela, en Madrid el año pasado, me
+dijo estas palabras que no he podido olvidar: «Mi hija solo se casará
+con un rey; pero no importa: si es preciso os haremos rey.»
+
+El alma de Aben-Aboo se decidió al crimen; sin embargo dijo con un
+acento natural y amigable:
+
+--¡Oh! pues, si el emir se propone haceros rey lo sereis.
+
+--¡Dios me libre de ambicionar tal cosa!
+
+--Pero decidme don Juan, ¿si habeis hablado una vez al emir cómo no le
+habeis reconocido al verle en Granada?
+
+--Ya os dije que solo tenia de ese caballero un recuerdo muy confuso,
+como que hace muy cerca de dos años que le hablé y eso solo una vez y en
+una ocasion en que estaba muy turbado.
+
+--Lo comprendo, dijo Aben-Aboo: y recayendo en su traidor pensamiento de
+embriagar al marqués para matarle sin ruido añadió: pero lo que no
+comprendo bien, es que vos, que sois tan bebedor...
+
+--¡Ah! es verdad: es necesario que brindemos juntos por mi felicidad.
+
+--No: bebed vos solo: ya sabeis que soy morisco: sabed ademas que solo
+soy cristiano en el nombre, y que el Koran me veda el vino y las bebidas
+espirituosas.
+
+--Sea como vos querais; pero en cuanto á mí necesito templar bebiendo y
+cantando mi alegría. ¡Ola, Roque! ¡Roque de Satanás! mis dos botellas,
+añadió levantándose y asomando la cabeza á la puerta de la escalera.
+
+Apareció á poco Roque, con dos botellas y un vaso; estaba pálido de una
+manera notable, y miró de un modo singular al marqués.
+
+Después salió.
+
+El marqués se entregó á una alegría que podremos llamar lúgubre, en la
+que habia mucho de locura, mucho de sufrimiento; habia encontrado, al
+fin, á Esperanza, á la que habia buscado largo tiempo en vano, y un
+presentimiento oscuro, de que no se apercibia, daba á su contento el
+aspecto lúgubre y aterrador de que hemos hablado. Bebia á grandes
+tragos, y con una frecuencia tal, como si hubiera querido ahogar en vino
+lo que de una manera incomprensible, comprimia su alma.
+
+Pero cantaba, rasgueaba la guitarra, bebia y abrumaba á preguntas sobre
+Amina á Aben-Aboo, que le contemplaba con ansiedad, esperando ver los
+primeros síntomas de la embriaguez.
+
+Ya habia despachado el marqués una botella, y ni el mas ligero asomo de
+embriaguez habia aparecido en su semblante.
+
+Destapó la segunda, llenó el vaso y le apuró de un trago.
+
+--¿A qué sabe este vino? dijo: ese Roque se descuida: este vino sabe á
+húmedo.
+
+--¡Bah! os habreis engañado tal vez, dijo Aben-Aboo.
+
+--¿Qué es engañarme? dijo el marqués, llenando de nuevo el vaso y
+apurándole hasta la mitad. Este vino está echado á perder. ¡Eh! ¡Roque!
+¡Roque!
+
+Pero Roque no podia oirle, porque la voz del marqués se habia hecho
+ronca; ademas se iba poniendo densamente pálido; Aben-Aboo sin saber qué
+pensar de aquello, miraba al marqués con asombro.
+
+--¡Oh! ¿qué es esto? añadió don Juan, llevándose las manos á la frente:
+la casa se me anda alrededor. ¡Ah! ¿qué... es... esto?
+
+Y como al impulso de una sospecha terrible, se levantó, dió un grito, y
+cayó de nuevo, pálido como un cadáver sobre la silla.
+
+--¡Oh! ¿le habrán envenenado...? exclamó con terror y con alegria al
+mismo tiempo Aben-Aboo. Tal vez le mate el amor de Amina. Le han citado
+á esta taberna... acaso el emir se deshace de una manera tan buena como
+cualquiera otra, de un amante de su hija, de un amante peligroso...
+
+Y siguió contemplando al marqués que pugnaba en vano por hablar y por
+levantarse. Sus ojos se cargaban; su semblante palidecia mas y mas, y al
+fin, su cabeza cayó inerte sobre la mesa.
+
+--¡Oh! esto está concluido, dijo con una feroz alegria Aben-Aboo: el
+amor de Amina le ha costado la vida.
+
+Aben-Aboo, se levantó, se acercó á él, tomó la luz, levantó la cabeza
+del jóven y la examinó atentamente: entonces notó con rabia, que el
+marqués no estaba muerto, sino dormido: respiraba con facilidad, y la
+palidez habia desaparecido. Aben-Aboo puso la mano sobre el pecho de don
+Juan, y notó que su corazon latia naturalmente.
+
+--¡Oh! no era un veneno, exclamó; sin duda se le ha adormecido con la
+intencion de conducirle misteriosamente, sin que pueda darse cuenta del
+lugar, á los brazos de Amina.
+
+Y la sombría mirada de Aben-Aboo, y la letal palidez que cubrió
+instantáneamente su semblante, demostraron que luchaba con un horrible
+pensamiento.
+
+--Y bien, dijo; estoy solo con él; le tengo en mis manos; no puede haber
+lucha ni gritos; aquí hay un misterio que no comprendo, y en el cual
+está envuelta Amina; y luego... este hombre es peligroso; el emir ama
+demasiado á su hija; el marqués ha dicho, si, lo recuerdo bien, que
+cuando le pidió la mano de Amina, le dijo que era necesario que fuese
+rey... que podria ser rey. ¡Oh! ¡y el marqués es valiente! ¡el emir
+poderoso! Dios me entrega este hombre para que impida con su muerte una
+traicion que nos perderia.
+
+Aben-Aboo salió; fué á la puerta de la escalera, escuchó, miró al oscuro
+fondo de una manera insensata, y luego, despues de un momento de
+vacilacion, en que pasaron por su rostro las mas horribles expresiones,
+se arrancó la daga de la cintura, y se arrojó sobre el marqués.
+
+Pero cuando creia asegurado el golpe, cuando iba á descargarle sobre el
+corazon de don Juan, sintió que una mano, formidable por su fuerza,
+detenia la suya y le arrancaba la daga.
+
+Volvióse rugiente de cólera, y vió ante sí á Roque.
+
+--Los que quieren ser reyes, dijo profundamente, no deben ser asesinos.
+
+--¡Ah, traidor! exclamó Aben-Aboo: tú sirves al emir de los monfíes.
+
+--Y bien, ¿qué? contestó el tabernero, con una calma glacial.
+
+--Tú sabias, que esa dama encubierta por quien te pregunté, era la
+sultana Amina.
+
+--Y bien, ¿qué? repitió con doble calma Roque.
+
+--Tú no eres lo que pareces.
+
+--¡Yo soy monfí! exclamó Roque con acento feroz.
+
+--¡Ah! ¡tú eres monfí! ¡esclavo de un hombre que nos tiende lazos
+traidores, que mantiene amistades con los cristianos, y nos suscita
+peligros!
+
+--No sé quien haya podido revelarte que don Alonso de Fonseca y su hija
+doña Inés, son el poderoso Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, y la noble sultana
+Amina; pero no importa, Aben-Aboo: la suerte está echada: muy pronto la
+sangre del combate correrá en la montaña, y acaso en la ciudad: importa
+poco que hayas descubierto el secreto: y oye... guárdate: porque si te
+atreves á levantarte contra el emir, eres hombre muerto.
+
+--¿Me retas?
+
+--Te aconsejo.
+
+--¿Y si yo te castigase y diese muerte al castellano que puede ser la
+causa de nuestra ruina? exclamó Aben-Aboo, echando mano á su espada.
+
+--Aunque yo solo basto para reducirte á la razon; una sola voz mia,
+haria caer sobre tí mil puñales.
+
+--¡Ah! los monfíes ¡siempre astutos y traidores! exclamó Aben-Aboo,
+trasportado de rabia; ¡los monfíes en todas partes!
+
+--Vete; y olvida lo que aquí ha pasado, dijo con altívez Roque; es lo
+mejor que puedes hacer. Pronto empezaran á venir los moriscos que
+elegiran por rey de Granada á tu primo Aben-Humeya, y debes evitar que
+te encuentren aquí.
+
+--¡Si; adios! exclamó trémulo de cólera Aben-Aboo: ¡pero hay del emir!
+¡hay de Aben-Humeya! ¡hay de tí!
+
+--¡Y hay de tu cabeza! contestó con desprecio el monfí.
+
+Aben-Aboo, salió rugiendo; bajó como una avalancha las escaleras, y
+salió á la calle, rebozóse, y se puso en un soportal, en acecho de su
+casa y de la taberna.
+
+Entre tanto el monfí habia quedado profundamente pensativo en medio de
+la habitacion.
+
+--No sé, dijo, por qué el emir anda con tantas contemplaciones con esos
+dos mozos, permite que Aben-Humeya sea rey, y me ata las manos respecto
+á Aben-Aboo. El emir se arrepentirá, porque esto acabará mal... muy
+mal... los dos son miserables y traidores: Dios quiera que no sucedan
+grandes desgracias: por ahora obedezcamos las órdenes de la sultana, y
+avisémosla de lo que aquí ha pasado.
+
+Y asiendo del marqués, le cargó sobre sus hombros, con la misma
+facilidad que si hubiera sido un niño, tomó la bugía que estaba sobre la
+mesa, se encaminó á una puerta situada al fondo de la habitacion por la
+parte que lindaba con la casa habitada por el emir, y desapareció por
+aquella puerta con su carga.
+
+
+
+
+CAPITULO X.
+
+ En que se trata de lo que pasó entre la sultana Amina y Aben-Aboo.
+
+
+El joven permaneció algun tiempo observando la casa y la taberna
+contigua.
+
+La calle estaba desierta y envuelta en un profundo silencio. La luna
+brillaba sobre ella. Al dar las diez en la iglesia del Salvador, hora en
+que se cerraban las tabernas, la gente que habia en la del Hardon salió,
+y se cerró la puerta. La calle quedó ya completamente silenciosa.
+
+Aben-Aboo esperó algun tiempo, pero nadie apareció, á pesar de que segun
+las noticias del morisco, los xeques del Albaicin debian empezar á
+acudir á las diez. Entonces recordó Aben-Aboo que á la casa del Hardon
+podia entrarse por diferentes minas, algunas de las cuales conducian
+fuera de la ciudad.
+
+--¡Oh! exclamó: los que han de elegir rey á don Fernando entraran por
+las minas, y de la misma manera habran sacado por las minas al marqués:
+aunque me estuviese aquí toda la noche nada descubriria... y luego...
+luego quién sabe por qué se ha dado ese brebaje al marqués. Acaso he
+supuesto lo que no existe: acaso mis zelos... tenia razon ese hombre...
+no se puede ver á Amina una vez sin amarla... el amor que me ha
+inspirado ha crecido con los zelos que el marqués me ha hecho sentir...
+y acaso me engañe... porque si ella amara al marqués ¿á qué haberse
+estado recatando de él durante dos años? pero sin embargo, la carta que
+le citaba esta noche á la taberna... pero á mi me ha citado tambien y de
+una manera mas directa, por el postigo... yo puedo saber si la sultana,
+esa sultana que ha estado á mi lado sonriéndome horas enteras, es la
+Dama blanca... y luego puede ser muy bien que me ame: que me conozca
+hace mucho tiempo... yo me he puesto á su paso en la montaña... tal vez
+solo ha tenido con el marqués una aventura galante... y sobre todo yo
+debo apurar hasta donde pueda este misterio... yo debo acudir á la cita
+de doña Inés.
+
+Y saliendo del soportal rodeó su propia casa como quien bien la conocia,
+y se dirigió sin vacilar al postigo.
+
+Detúvose un momento en él á fin de dominarse, y cuando lo hubo
+conseguido, cuando juzgó que en su semblante no quedaba el menor
+vestigio de la reciente tormenta, llamó recatadamente al postigo.
+
+Inmediatamente aquel postigo se abrió, y Aben-Aboo lanzó un grito de
+sorpresa al ver ante si entre las sombras una mujer enteramente vestida
+de blanco y con un antifaz del mismo color sobre el rostro.
+
+--¡La Dama de la montaña! exclamó.
+
+--Seguidme, dijo la joven.
+
+Aben-Aboo la siguió con el corazon palpitante: atravesó el huerto tras
+ella, y tras ella atravesó un corredor oscuro, subió unas escaleras, y
+se encontró en un precioso retrete alumbrado por dos bugías de cera que
+habia sobre una mesa. Sobre aquella mesa ademas habia un pergamino
+enrollado y una daga que Aben-Aboo reconoció con terror: era la suya, la
+que le habia arrebatado en la taberna el monfí.
+
+La jóven cerró la puerta, se quitó el antifaz y apareció el semblante
+pálido y severo de Amina.
+
+--¿Qué habeis pensado de esta cita? dijo Amina con acento grave.
+
+--¿Me preguntais lo que he pensado ó lo que pienso? dijo con audacia
+Aben-Aboo.
+
+--Os pregunto lo que habeis pensado, no lo que penseis ahora.
+
+--He pensado delirios, prima.
+
+--¡Delirios!
+
+--Si; he pensado que Dios se compadecia de mí y me daba con vos la
+felicidad.
+
+--¿Y qué motivos habeis tenido para pensar que yo?...
+
+--Hace mucho tiempo que sin conoceros os amo.
+
+--¡Extraño amor!
+
+--Os he visto en la montaña...
+
+--Creo que ya os costó un lance desagradable vuestra obstinacion en
+seguirme.
+
+--Con que confesais...
+
+--Lo confieso todo... todo lo que querais que confiese... que soy la
+Dama blanca de la montaña, la sultana Amina, la amante del marqués de la
+Guardia...
+
+Amina pronunció estas palabras con una indiferencia despreciativa.
+
+--¡Oh! exclamó con rabia Aben-Aboo, ¿sabeis que os amo, que os he
+buscado con una tenacidad incansable, y os atreveis á decirme que amais
+á otro?
+
+--Sino vinierais de donde venís, sino hubierais querido hacer lo que no
+habeis podido, yo os hubiera dicho: soy vuestra prima Amina, la que
+habeis seguido á la montaña con peligro de vuestra vida; en el tiempo
+que hoy hemos estado juntos he comprendido que me amais: yo no puedo
+pagar vuestro amor, porque no me pertenezco, porque mi corazon y mi vida
+son de otro á quíen conocí antes que á vos; pero ahora despues de lo que
+he hecho, despues de lo que habeis dicho, me limito á deciros: tomad
+vuestra daga, infante Aben-Aboo, y dedicadla á mas noble uso que á
+asesinar hombres dormidos.
+
+--¿Sabeis señora que ese hombre se jactaba de una manera insolente de
+que le amabais?
+
+--Puede jactarse de ello: ademas creia hablar con un amigo.
+
+--¿Habeis olvidado señora que ese hombre desprecia vuestros dones
+vendiéndolos?
+
+--Creia hacer un servicio á un amigo.
+
+--¿Es decir que creeis bueno y noble todo lo que proviene del marqués de
+la Guardia?...
+
+--Es mí esposo, y debo respetarle... es mas, creo que solo peca de
+imprudente, de enamorado.
+
+--¿Que es vuestro esposo, exclamó asombrado Aben-Aboo?
+
+--Tomad ese pergamino y comprended por qué os llamo infante, por qué
+llamo mi esposo al marqués de la Guardia.
+
+Y entregó á Aben Aboo el pergamino enrollado que estaba sobre la mesa, y
+que no era otra cosa que una copia de las capitulaciones concertadas
+entre el emir de los Monfíes y Aben-Humeya.
+
+--¡Teneis una hija! exclamó ferozmente Aben-Aboo despues de haber leido
+el pergamino; ¡Aben-Humeya tiene un hijo!...
+
+--¡Oh! nunca hubiera creido, dijo con profundo desden Amina, que la
+ambicion hiciese á los hombres tan miserables. Pero ved lo que haceis,
+Aben-Aboo, ved lo que haceis, porque os advierto que vuestra primera
+traicion será la señal de vuestro castigo.
+
+--¿Para qué me habeis llamado aquí, señora?
+
+--Mi padre os conoce, Aben-Aboo, y lo ha temido todo de vos, en los
+momentos en que los moriscos de Granada elijen por su señor á
+Aben-Humeya: procuró distraeros, os llamó á su casa con un pretexto, os
+retuvo á nuestro lado, y yo procuré haceros olvidar vuestra ambicion por
+el amor. Creyéndoos enamorado os cité para apartaros acaso de vuestra
+ruina, no para alentar un amor que era imposible. Pero vos habeis obrado
+de tal modo, que me obligais á ser con vos todo lo severa que puede ser
+una persona que aborrece el crímen.
+
+--Pues os anuncio que vos sereis la causa de muchos crímenes.
+
+--¡Yo!
+
+--Si, vos. Primero he codiciado la corona de Granada, y me la habeis
+robado; despues os he codiciado á vos y os he perdido.
+
+--¿Y qué derecho teneis á esa corona, qué derecho á mi amor?
+
+--Mi voluntad.
+
+--Vuestra voluntad os llevará á vuestra ruina. Haced lo que mejor os
+plazca, sed en buen hora mi enemigo. Ni os temo ni os desprecio.
+Procuraré burlar la venganza que sin duda meditais contra mi padre y
+contra mí. Pero os aconsejo una cosa. Recatad mucho vuestra venganza, y
+sobre todo no hableis con mi padre como habeis hablado conmigo. Mi padre
+nada sabe. Yo debia avisarle para que se precaviese de vos, pero sobre
+ser vos casi impotente, espero que cuando salgais del estado de delirio
+en que os encontrais, reflexionareis, comprendereis que en vez de odio
+nos debeis agradecimiento, y sereis nuestro buen pariente. Si ese
+momento llega, yo os tenderé mi mano, os perdonaré el mal que habeis
+querido hacerme, y seré vuestra hermana. Ahora salid, porque todo lo que
+teniamos que hablar lo hemos hablado ya.
+
+--Adios señora, adios, dijo Aben-Aboo, con acento sombrio, adios, y no
+os olvideis de mi.
+
+--A pesar de vuestras amenazas, os aconsejo que nada intenteis esta
+noche contra Aben-Humeya, por mas que tengais algunos parciales, ni
+dejeis de ver á mi padre. No deis un paso hácia adelante, sino estais
+seguro de que no habeis de arrepentiros, porque os lo repito, creo que
+mas que criminal sois loco.
+
+La triste dulzura con que Amina pronunció estas palabras alentó á
+Aben-Aboo que volvió desde la puerta y se arrojó á los piés de Amina.
+
+--¡Oh! tened compasion de mí, le dijo: teneis razon, yo no he pensado en
+el crímen hasta que he visto defraudadas todas mis esperanzas... pero
+amadme, señora, amadme, porque yo antes de ver vuestro semblante os
+amaba, me habia fingido en vos la hermosura de un arcángel, y al veros
+he visto que habia soñado poco, que sois mas hermosa, mas noble que lo
+que soñó mi deseo: amadme, y sea en buen hora Aben-Humeya rey de
+Granada: si vos sois mia, seré mas feliz que mandando sobre todos los
+imperios del mundo.
+
+--¡Yo os amo! dijo Amina con una dulcísima voz de consuelo.
+
+--¡Oh! ¡que me amais! ¿luego vuestro amor al marqués de la Guardia es
+mentira?
+
+--Y es mentira tambien mi hija Kinza.
+
+--¡Ah!
+
+--¿Y habeis podido creer que habria sido madre sino por el amor de un
+hombre que hubiera llenado enteramente mi alma?
+
+--¡Oh! y entonces... entonces... ¿cómo me amais?
+
+--Levantad y oid: yo os amo porque una voz íntima de mi corazon me dice
+que os ame; pero os amo de una manera tranquila; como creo que se debe
+amar á los hermanos; el solo pensamiento de otro amor hácia vos, me
+horroriza, me repugna... ese amor no puede ser entre nosotros: mi
+corazon le rechazaria, aunque no amase á otro hombre.
+
+--Pues adios, señora... adios, dijo Aben-Aboo levantándose con el
+semblante teñido de una palidez letal... ya que no puede haber entre
+nosotros amor, habrá odio... no podeis amarme... yo os juro que me
+aborrecereis.
+
+Y Aben-Aboo que conocia las entradas y salidas de la casa como quien era
+su dueño, salió frenético, dejando sola y aterrada á Amina, que
+comprendia bien lo temible que era Aben-Aboo.
+
+Por algun tiempo, este vagó á la ventura por calles y callejas; sin
+direccion fija, calenturiento, entregado á pensamientos, ó por mejor
+decir, á intenciones de venganza á cual mas horribles: la venganza, ese
+monstruo del corazon humano, no habia tomado para él formas, pero se
+revolvia fermentando y rugiendo en su alma.
+
+Asi anduvo una hora: al cabo de ella, el frio que era intenso,
+contrapesó el ardor febril de su sangre, volvió á su pensamiento la
+reflexion y se rehizo. Entonces no renunció á su venganza, sino que se
+resignó á esperar que esta se le presentase en todo su esplendor,
+justificada, traida por los acontecimientos; comprendió que debia ser
+prudente, que cuanto mas encubriese su odio mas seguro seria su efecto,
+y á paso lento tomó el camino de la calle de San Miguel; cuando llegó á
+ella notó que estaba tan silenciosa y desierta como cuando la habia
+abandonado, y que no se veia el reflejo de una sola luz ni se escuchaba
+el mas leve rumor en la casa del Hardon.
+
+--Habrán venido por las minas y estaran en los subterráneos, dijo
+suspirando, y se encaminó á la puerta principal de su casa.
+
+Abrióle un criado que le indicó que su señor le esperaba y le condujo á
+su habitacion.
+
+Yaye estaba sentado junto á una mesa, tenia quitada la venda y se le
+veia en el lado izquierdo de su frente una profunda cicatriz redonda.
+
+Aben-Aboo, ya enteramente dominado adelantó y dobló una rodilla ante el
+emir besando una de sus manos.
+
+--¿Qué haces, hijo mio, le dijo conmovido Yaye?
+
+--Os rindo el homenaje que os hubiera rendido desde el primer momento,
+señor, si hubiera sabido quien erais.
+
+Yaye le atrajó á sí y le besó conmovido en la frente: Aben-Aboo notó que
+una lágrima del emir habia caido sobre sus mejillas.
+
+Esto que hubiese conmovido á otro, irritó á Aben-Aboo.
+
+--¿Has visto á tu prima? le dijo Yaye haciéndole sentar á su lado.
+
+--Si señor.
+
+--He preferido que ella sea quien te revele lo que no te he querido
+revelar hasta este momento: queria retenerte junto á mí para que no
+hicieses una locura, pero no quise imponerte el respeto que en este
+momento te domina. Pero era necesario, cuando te se da un infantazgo,
+que tu tio y tu señor hablase contigo. Ya sé que has pensado en un
+puesto mas alto, pero en todos los puestos, hijo mio, encuentra un noble
+lugar el que es valiente, caballero, y, sobre todo, ama á su patria. Ha
+llegado el momento de la lucha, lucha que ya no puede dilatarse por mas
+tiempo. Aben-Humeya cumplirá con su deber como rey de Granada y tú como
+infante le ayudarás: yo os ayudaré á entrambos. No quiero ocultártelo;
+la lucha es terrible, arriesgada, y si sobreviene la mas leve division
+entre nosotros somos perdidos, y sentenciamos á nuestros pobres
+hermanos, ya harto oprimidos, á la esclavitud, á la muerte, á la
+deshonra, que es la peor de las muertes. Si hay en tí ambicion, espera y
+no desesperes, hijo mio. Si el cristiano nos vence, nuestra corona será
+la corona del martirio; si le vencemos, si, como en otro tiempo nuestros
+abuelos, logramos avanzar sobre las tierras del cristiano, ayudados del
+poder del Sultan de Constantinopla nuestro amigo, entonces Aben-Aboo,
+sobraran coronas en los reinos que reconquistemos.
+
+--Solo os pido una gracia, señor, dijo hipócritamente el jóven.
+
+--¿Cual?
+
+--No separarme de vos, pelear á vuestro lado, llevar en el combate
+vuestra bandera.
+
+--En lugar estarás, que satisfaga tu valor y tu orgullo, hijo mio. Ahora
+escúchame, es necesario que partas al momento á las Alpujarras.
+
+--Eso mismo pensaba deciros, señor.
+
+--Yo partiré mañana. Toma: esta carta mia te abrirá paso entre los
+monfíes que te ayudaran si necesario fuese. Tu madre vive en Cádiar,
+añadió conmovido el emir.
+
+--Si señor.
+
+--Tu madre estará inquieta.
+
+--Mi madre me ama en extremo, señor.
+
+--Pues bien: dí á tu madre que nada tema, que el emir de los monfíes te
+protege. Esto la tranquilizará.
+
+--Muy bien, señor.
+
+--Toma, añadió Yaye, abriendo un cajon de una mesa y sacando una repleta
+bolsa de oro: sé infante de Granada.
+
+--¡Ah! ¡cuántas bondades, señor!
+
+--Adios, vete: sobre todo prudencia y sigilo: que nada puedan sospechar
+los cristianos hasta el dia del alzamiento.
+
+--Adios, señor, adios, dijo Aben-Aboo que deseaba verse libre de la
+influencia que ejercia sobre él el emir.
+
+--¿Y no te despides de mi hija? dijo el emir señalando á Amina que habia
+aparecido en una puerta.
+
+--¡Ah, señora, adios! dijo Aben-Aboo dirigiéndose á ella.
+
+--Sed feliz..... y seguid mis consejos, le dijo Amina.
+
+--¡Ah! no los olvidaré, señora.
+
+Aben Aboo salió, y poco despues se sintió abrir la puerta exterior y las
+pisadas de un caballo en la calle que se alejaron hasta perderse en el
+silencio.
+
+--¡Ah! exclamó Amina en un acento que no pudo oir su padre: quiera Dios
+que con ese hombre no nos preceda á las Alpujarras la desgracia.
+
+Amina sentia oprimido su corazon por un presentimiento funesto.
+
+
+
+
+CAPITULO XI.
+
+ Alianza de sangre y lodo.
+
+
+A punto que Aben-Aboo entraba á caballo en el corral del Carbon, daban
+las doce en el reló de la capilla real.
+
+Era la hora de la cita con Angélica.
+
+El corral estaba desierto, silencioso é iluminado de lleno por la luna.
+Aun estaba alzado el tablado donde se habia hecho la representacion,
+pero despojado de los tapices y de las cortinas: como si dijéramos: en
+esqueleto.
+
+Aben-Aboo, pensó primero en llamar á maese Pertiñez para que le sirviera
+de guia hasta el aposento de la comedianta. Pero prefirió no recurrir á
+él, sino en un caso extremo, ató su caballo á un poste del corral, y se
+aventuró por las estrechas escaleras que guiaban á la hospederia.
+
+Llegó á lo alto de las escaleras y palpó: encontró al fin una puerta que
+abrió con la llave que le habia entregado maese Pertiñez de parte de
+Angélica.
+
+Pero se encontró con una dificultad; el pasillo estaba oscuro, y apenas
+penetraba en él un débil reflejo de los rayos de la luna á través de las
+claravoyas del techo.
+
+Aben-Aboo recordó que el aposento de Angélica estaba á la derecha, y en
+la parte media del pasillo, cabalmente por aquella parte y en el mismo
+costado daba un rayo de la luna.
+
+Aben-Aboo adelantó con la esperanza de que tal vez aquel blanco rayo de
+tibia luz le dejaria percibir algun número por el cual guiarse; se quitó
+las espuelas para no hacer ruido, y adelantó recatadamente, hasta el
+lugar iluminado por la luna.
+
+Aquel lugar de la pared estaba sobre una puerta; Aben-Aboo sintió una
+extraña conmocion al notar que en medio del espacio iluminado por la
+luna se destacaba un negro y enorme el número 13.
+
+¿Era aquello una casualidad ó que Dios ó el infierno le ayudaban?
+
+Otro estremecimiento distinto agitó á Aben-Aboo al llamar á la puerta;
+al fin era jóven y por mas que un jóven esté poseido de las mas
+violentas pasiones, siempre siente un no sé qué poderoso que le domina
+cuando en medio del misterio se acerca á una buena moza que le espera.
+
+Porque Angélica debia esperarle.
+
+Aben-Aboo notó que la puerta cedia bajo su mano sin ruido, lo que
+demostraba que la puerta estaba preparada para esta clase de lances: el
+jóven adelantó y se encontró en un espacio alfombrado, con gran asombro
+suyo, porque no esperaba encontrar tal lujo en tal hostería.
+
+Por una puerta al frente se percibia un tenue resplandor: Aben-Aboo
+adelantó guiado por él, atravesó otro aposento oscuro y se encontró al
+fin en la misma habitacion en que Angélica habia recibido aquella mañana
+á maese Pertiñez.
+
+En un estrado de damasco, reclinada en sus almohadones, y dormida,
+reflejando en su hermoso semblante, en su cuello y en su seno casi
+descubierto, como por descuido, la luz de una bugía colocada en una
+pequeña mesa junto á ella, estaba Angélica.
+
+¿Dormia ó fingia dormir? esta pregunta se hizo Aben-Aboo, pero
+comprendió que aquella mujer que le esperaba á aquella hora, despierta ó
+dormida, no debia de haberle citado para hablarle del gran turco.
+
+Aben-Aboo no se atrevió á despertarla en el momento: tan hermosa estaba
+dormida; por intencion ó pereza, no se habia quitado el traje que habia
+usado para la comedia, mas que el adorno de plumas: conservaba el
+magnífico collar de perlas, regalo humillante de Amina, y sin duda, para
+respirar mejor, se habia abierto el justillo; Aben-Aboo, pudo pues,
+anegar sus miradas en aquel cuello divino, y en aquel seno de mármol;
+luego como si una atraccion poderosa le hubiese dominado, acercó
+lentamente su semblante á aquel seno y le besó.
+
+En esto, entraba al mismo tiempo el deseo y el cálculo, necesitaba
+mostrarse enamorado y audaz con aquella mujer, en quien habia visto un
+enemigo mortal de Amina, y cuya alianza podia convenirle.
+
+Al sentir el ardiente beso del jóven, Angélica despertó y exaló un
+ligero grito de terror, que si fue fingido, lo fue admirablemente.
+Luego, al reconocer al jóven se tranquilizó, se sonrió de una manera
+tentadora, y tendió la mano á Aben-Aboo, cubriéndose con la otra el seno
+con los encajes.
+
+--¿Por qué estais de rodillas? dijo infiltrando una mirada traidora por
+lo amante, en los ojos entumecidos de Aben-Aboo.
+
+--Estaba adorando vuestra hermosura.
+
+--¡Ah! ¿y vos cuando adorais besais?
+
+--¡Ah, señora! perdonad; pero la culpa es de vuestra divina belleza.
+
+--¡Quién os ha enseñado á enamorar de ese modo?
+
+--Vos.
+
+--En poco tiempo hago yo maestros de amor.
+
+--Vos le enseñais con una sola mirada.
+
+--De modo que vos.....
+
+--Yo os adoro.
+
+--No lo creo.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque adorais á otra.
+
+--¡Ah!
+
+--Como yo adoro á otro.
+
+--¡Oh!
+
+--Pero vos necesitais vengaros.
+
+--Si.
+
+--Y yo tambien.
+
+--Yo de la altivez de una mujer.
+
+--Yo del desamor de un hombre.
+
+--Somos, pues, amigos.
+
+--Amigos de odio.
+
+--¿Y no mas que amigos? dijo Aben-Aboo rodeando la cintura de Angélica.
+
+--Ya veis que os dejo hacer...
+
+--¿Quereis sin duda serviros de mí?
+
+--Como vos de mí.
+
+--¡Ah! yo me serviria de vos para ser feliz.
+
+--Vos podeis hacerme feliz haciéndome vuestra.
+
+--¿Hablais de veras?
+
+--¿Pues nó?
+
+--Oid, señora: á pesar de que creo, que cuando me habeis llamado, me
+conoceis y comprendeis que puedo serviros de mucho, á pesar de que estoy
+seguro de que ni me amais ni podeis amarme, vos podeis estar segura
+tambien, de que á pesar de que amo á otra mujer, á pesar de que lucho
+con mi suerte, podeis ser mi tentacion, la mano que me impulse... y á
+mas de eso, la fuente donde beba el amor de que estoy sediento.
+
+--¿De veras? ¿Hablais de veras?
+
+--Entre una mujer como vos y un hombre como yo, no puede haber mentira.
+Yo os comprendo como vos me habeis comprendido.
+
+--¿Y qué habeis comprendido en mí?
+
+--Que sois capaz de todo por vengaros de una mujer.
+
+--¡Ah! sí, como vos arrostrareis la perdicion de vuestra alma por
+vengaros de un hombre.
+
+--Yo os doy la mujer á quien amo.
+
+--Y yo el hombre á quien adoro.
+
+--A falta de ese hombre.
+
+--Acepto vuestro amor.
+
+--A falta de esa mujer, yo os doy mi alma.
+
+--Oid, dijo Angélica levantándose de entre los brazos de Aben-Aboo, y
+separándole de sí en un movimiento de suprema dignidad: no creais que la
+mujer que habeis visto representando sobre un tablado, ofreciendo su
+talento y su hermosura al vulgo, es una de esas cómicas perdidas, que
+abren sus brazos al primero que se las presenta con las manos llenas de
+oro. Bajo la comedianta está la mujer con todo su pudor, con toda su
+dignidad: tras mi presente de cómica, hay un pasado noble y altivo,
+aunque lleno de amargura y de pasiones terriblemente combatidas. Lo he
+perdido todo, todo, menos la honra y el corazon. Y os digo que no he
+perdido la honra, porque solo he pertenecido á un hombre á quien he
+considerado como mi esposo; os digo que no he perdido el corazon, porque
+no puedo sufrir que ese hombre me engañe y me mienta amores cuando me
+desprecia. El amor que sentia hácia el marqués, se ha convertido en
+odio, en lo único que puede convertirse el amor, como un dia se
+convertirá en odio el amor que os inspira esa duquesita de la Jarilla,
+esa sultana mora, esa doña Esperanza ó Amina...
+
+--Se ha convertido ya.
+
+--Os habeis arrastrado á sus pies y os ha despreciado...
+
+--Si.
+
+--¡Oh! pues debeis vengaros.
+
+--Me vengaré, no sé cómo, pero me vengaré.
+
+--¡Oh! ¡cuanto me amareis si yo os proporciono una venganza doble, una
+venganza horrible!
+
+--Siento, señora, que me dominais, que acabareis por enloquecerme por
+ser el arcángel de fuego de mi vida.
+
+--¡Oh! seguid, seguid: irritad vuestro odio: ¡qué hermoso estas pensando
+en vuestra venganza!
+
+En efecto, Aben-Aboo estaba hermoso, pero con una hermosura como la que
+solo puede suponerse en Satanás.
+
+--Somos, pues, el uno del otro. Nos pertenecemos, dijo Aben-Aboo.
+
+--Si; somos desde ahora el uno del otro para vengarnos: despues, cuando
+nos hayamos vengado; cuando yo pueda considerarme viuda, ahogaremos
+nuestros remordimientos, el uno en los brazos del otro.
+
+--¡Remordimientos!
+
+--Sí; ¿qué culpa tienen Amina y don Juan, de que el cielo los haya
+reunido para amarse como se aman los ángeles? Nosotros deberiamos
+respetar ese amor, noble y grande, purificado por el infortunio, y sin
+embargo, ese amor nos roe el alma, y necesitamos exterminarle para que
+no nos despedace: cometeremos un crímen: lo sé: marcho á él de frente,
+sé que me espera el remordimiento, pero me vengaré, ó por mejor decir,
+destruiré lo que no puedo ver, lo que no puedo suponer sin sentir una
+rabiosa sed de sangre.
+
+No parece sino que mi alma es una continuacion de vuestra alma, porque
+lo mismo pensamos los dos, señora.
+
+--Nuestro comun odio hácia esos dos, que sin nosotros serian tan
+felices, establece ya entre nosotros una especie de amor extraño...
+
+--Que tal vez mañana...
+
+--¿Quien sabe?
+
+--Os juro no perdonar nada por vengaros.
+
+--Yo os lo juro tambien.
+
+--Os seré fiel como la espada á la mano.
+
+--Y yo á vos como el veneno á la muerte.
+
+--Somos, pues, el uno del otro.
+
+--Como hermanos de venganza ahora.
+
+--¡Y cuando se satisfaga esa venganza!
+
+--Creo que para entonces os amaré..... os amaré como yo amo, con toda mi
+alma.
+
+--Para eso es preciso que no nos separemos.
+
+He despedido esta noche á mi doncella para estar en libertad de obrar.
+
+--¿Qué quereis decir?
+
+--Que voy á seguiros ahora mismo.
+
+--¿Y el señor Cisneros?
+
+--¡Ah! ¡Cisneros! ¡pobre loco!
+
+--¿Y el señor Salvador Godinez?
+
+--¡Callad! dijo Angélica palideciendo: callad: cabalmente por temor á
+ese hombre seria capaz de huir con Satanás.
+
+--El cree que no le conoceis.
+
+--¿Le conoceis vos?
+
+--No, pero creo...
+
+--Es mi verdugo, el autor de mis desgracias, el que me ha obligado á
+arrojarme á las tablas: cree que no le conozco. ¡Ah! á una mujer como á
+mi no se la engaña mas que una vez.
+
+--Pero, ¿quién es ese hombre? ¿por qué os causa tanto terror?
+
+--Si me probais que no desconfiais de mí, yo no desconfiaré de vos.
+¿Como os llamais?
+
+--Me llamo el infante Sidi-Aben-Aboo.
+
+--¡Ah! ¡no mentís cuando decis que sois mio! ¿Sois moro?
+
+--Si.
+
+--¿Vais á revelaros contra el rey?
+
+--Si.
+
+--¿Ansiais beber la sangre de Aben-Humeya?
+
+--Si.
+
+--¡Oh! he buscado el crímen, y el infierno no podia habérmele presentado
+mas completo, mas terrible. ¿Matareis á Aben-Humeya, vuestro pariente?
+
+--Aunque fuese mi hermano.
+
+--¡Y si yo os dijese el nombre del asesino de vuestro padre!
+
+--El nombre del asesino de mi padre...
+
+--Vuestro padre murió de hambre despues de haber sido herido por los
+monfíes en una cueva de las Alpujarras.
+
+--¡Ah! y acaso el emir de los monfíes...
+
+--Es el asesino de vuestro padre..... y no solo de vuestro padre, sino
+de don Diego de Válor, padre de Aben-Humeya.
+
+--¡Y aun no hace una hora, que el hipócrita, que el miserable me
+abrazaba y me llamaba su hijo, y regaba con sus lágrimas mi semblante!
+
+Angélica se estremeció; su crímen era horrible; pero necesitaba
+despedazar el corazon de Amina, y siguió marchando de frente al crímen.
+
+--¡La prueba! ¡la prueba de lo que acabais de revelarme, señora!
+
+--Si, os la daré clara y terminante: pero si hemos de llevar á cabo
+nuestra alianza, es necesario que no nos separemos: para no separarnos,
+es necesario que huyamos, para huir es necesario aprovechar los
+momentos. ¿No os he dicho que me he quedado sola para estar dispuesta á
+todo?
+
+--¡Huir! ¡huir conmigo, esta misma noche!
+
+--¿Os falta dinero?
+
+--Tengo unos cien doblones.
+
+--Y yo tengo joyas que valen un tesoro: joyas que he preparado para la
+fuga.
+
+--¿Pero habeis meditado que estamos en diciembre, que tenemos que pasar
+por la falda de la Sierra?...
+
+--¿Y quien teme al frio llevando un volcan en el corazon?
+
+--Luego... un viaje de algunas leguas á caballo...
+
+--Pero vuestro caballo es fuerte...
+
+--¡Oh! ¡sí!
+
+--¿Para llevarnos, y á mas mis joyas y mi dinero?
+
+--Si, indudablemente, si no es mas que lo que hay en ese cofrecillo.
+
+--¡Oh! pues entonces, esperad.
+
+Angélica, tomó la luz, dejando á oscuras á Aben-Aboo, y desapareció tras
+una puerta de cristales.
+
+No es la oscuridad lo mejor para inspirar buenos pensamientos; parece
+que hay mas bien allí donde hay mas luz. Durante el breve espacio que
+Angélica tardó en volver, Aben-Aboo acabó de convertirse en un demonio,
+sintió hácia Angélica un amor satánico, enteramente distinto del amor
+que le habia inspirado Amina: ardió su sangre al recuerdo de su
+hermosura; se inflamó su alma en un fuego sombrío al medir la
+profundidad de aquella alma infame de mujer. En una palabra, Aben-Aboo
+se vendió enteramente al diablo.
+
+Angélica volvió enteramente vestida de negro, y envuelta en un largo
+manto, tomó el cofrecillo de sus joyas, puso en él las que tenia puestas
+cuando llegó Aben-Aboo, cerró el cofrecillo y le entregó al jóven que le
+puso debajo del brazo. Luego se asió al otro brazo de Aben-Aboo, y apagó
+la luz.
+
+--Me habeis dicho vuestro nombre y vuestros intentos, dijo Angélica en
+medio de las tinieblas, con un acento tal, que erizó los cabellos del
+supersticioso Aben-Aboo. Voy á deciros el mio y mis intenciones.
+Pertenezco á la familia mas ilustre de Venecia, y en la córte de las
+Españas todos conocen mi nombre. Permitidme que os diga antes mis
+intenciones. Quiero gozar con vos, un placer del infierno, quiero
+quemaros y quemarme en ese amor; quiero morir en medio de un torbellino
+de fuego levantado sobre mi venganza satisfecha. Os he llamado, y habeis
+respondido á mi llamamiento. Sois mio, enteramente mio en cuerpo y en
+alma, como en cuerpo y en alma soy toda vuestra.
+
+Y tras estas palabras, resonó, entre las tinieblas, un doble beso,
+ardiente, terrible, por el que parecian haberse exhalado dos almas
+condenadas.
+
+--Ahora, dijo la comedianta, sabed mi nombre: me llamo la princesa
+Angiolina Visconti.
+
+
+
+
+CAPITULO XII.
+
+ De cómo fue la proclamacion de Aben-Humeya.
+
+
+A la misma hora en que Aben-Aboo, desesperado se encaminaba al corral
+del Carbon, en busca de Angiolina, dentro de una habitacion de una casa
+situada en lo mas alto del Albaicin, se paseaba impaciente Aben-Humeya.
+
+Los adornos y los muebles de aquella habitacion, demostraban que la casa
+pertenecia á un moro rico.
+
+Aben-Humeya, estaba completamente vestido á la castellana, con un trage
+de terciopelo negro.
+
+En la casa no se oia el mas leve ruido.
+
+El jóven mostraba en su semblante, esa profunda preocupacion que se
+apodera de todo el que está á punto de cambiar de posicion y de destino
+de una manera grave y trascendental.
+
+Podia decirse, que las dos pasiones que de una manera mas marcada se
+dejaban ver en aquella preocupacion, eran la ansiedad y el miedo.
+
+El jóven habia oido distintamente dar las doce en el reloj de la
+colegiata del Salvador, y su ansiedad y su miedo parecieron doblarse.
+
+Aun duraba la vibracion de la última campanada, cuando resonó una llave
+en una cerradura, se abrió una puerta, y apareció un moro completamente
+vestido de blanco, cubierto el rostro con el extremo de su toca, y con
+una linterna encendida en la mano.
+
+Aquella noche era para don Fernando de Válor, ó Aben-Humeya, una noche
+de fantasmas blancos.
+
+--Sígueme, le dijo el moro.
+
+Aben-Humeya tiró de una manera resuelta tras el encubierto, que atravesó
+algunas habitaciones y en el fondo de un corredor, abrió una puerta,
+pasó por ella, y empezó á descender por unas estrechas escaleras.
+
+Aben-Humeya le siguió.
+
+Ya á bastante profundidad, el moro abrió otra pequeña puerta chapeada de
+hierro mohoso, y tiró adelante, siempre seguido por Aben-Humeya.
+
+Marchaban por una estrecha mina abovedada, revestida por una argamasa
+gris, dura y reluciente.
+
+Despues de haber recorrido una distancia como de mil pasos, el moro se
+detuvo delante de otra puerta, igualmente forrada de hierro, la abrió y
+empezó á subir por otras escaleras.
+
+Abrió al fin otra puerta, hizo atravesar á Aben-Humeya algunas
+habitaciones, y al fin le dijo al entrar en un aposento circular
+ricamente ornamentado y alhajado:
+
+--Espera aquí.
+
+Y cerró con llave la puerta.
+
+El jóven notó que sobre algunos almohadones, que constituian los
+asientos de la estancia, habia ropas y armas moriscas.
+
+El sobresalto y la ansiedad, seguian siendo la expresion de su
+semblante.
+
+No pasó mucho tiempo antes de que resonase una llave en la cerradura de
+otra de las puertas de la estancia, que se abrió y dió paso á un hombre
+grave, hermoso, noble, que llevaba vestiduras de califa, y corona de oro
+en la cabeza.
+
+Tal era la magestad del recien entrado, que la turbacion de Aben-Humeya
+creció.
+
+--En este momento, dijo á Aben-Humeya, se reunen en casa del Hardon, los
+xeques del Albaicin y de la Vega, y los wazires, alimes y walíes de las
+Alpujarras. ¿Estás dispuesto, Aben-Humeya?
+
+--¿Quién eres tú que te me presentas con las insignias de rey de los
+creyentes, la espada de la conquista al costado, y la corona del imperio
+en la cabeza? preguntó con recelo el jóven.
+
+--Soy el emir de los monfíes de las Alpujarras, el primo hermano de tu
+padre, tu tio, contestó Yaye-ebn-Al-Hhamar, que él era.
+
+--¡Ah, señor! exclamó Aben-Humeya, dominado por el magestuoso aspecto de
+Yaye, por su palabra, y por la conmocion misteriosa que se notaba en su
+voz: ¡ah señor! ¿con que vos sois ese noble y poderoso pariente que
+tanto ansiaba conocer?
+
+Y Aben-Humeya, se arrojó á los piés de Yaye, y asió sus manos, sobre las
+cuales, como sobre las de Aben-Aboo, anteriormente rodó una lágrima del
+emir.
+
+--Ha llegado la hora, dijo Yaye: nuestros hermanos no pueden resistir ya
+el odioso yugo del conquistador y le rompen. El levantamiento necesita
+un rey, y todos esos fieles creyentes que se congregan en casa del
+Hardon, te aclamaran, hijo mio; pondran á tu costado la espada de la
+conquista, y sobre tu cabeza la corona del imperio.
+
+--¿Y vos, señor? exclamó hipócritamente Aben-Humeya.
+
+--Cuando Granada obedecia las leyes del cristiano, cuando el emperador
+don Carlos, antes, y despues su hijo don Felipe, se llamaban reyes de
+Granada, yo sustentaba sobre mi cabeza, la corona de un pueblo de
+valientes, que vivían y viven sueltos y libres en la montaña: esos
+valientes son la esperanza del pueblo moro de Granada: sin los monfíes
+nada podria hacerse: suya es la fuerza: yo he podido bien decir á los
+moriscos de Granada, de Almería y del Almanzora: «héme aquí,
+descendiente de reyes, que he sostenido con honra en las Alpujarras,
+durante veinte años, siempre desnuda y roja en sangre infiel, la espada
+de Islam; reconocedme y juradme vuestro señor y venid armados bajo mis
+banderas.» Los moriscos me hubieran aclamado su emir supremo, y todas
+las pretensiones de los que se hubieran creido con derecho á la corona
+de Granada, hubieran quedado imposibilitadas de logro. Pero vives tú: el
+Altísimo me ha negado hijos...
+
+--Pero te ha dado una hija que es un arcángel del sétimo cielo, señor.
+
+--Ya sé, ya sé, que bien quisieras ser esposo de la sultana Amina. Pero
+ese casamiento es imposible. Has hablado con ella esta noche, has
+firmado unas capitulaciones que ya habia yo firmado, por las que se
+determina de qué manera serás rey de Granada, y el órden de sucesion de
+la corona; por lo que mi hija te ha dicho, por el contexto de esas
+capitulaciones, sabes que la sultana Amina es casada como tú lo eres:
+que como tú tienes un hijo, la sultana tiene una hija, que si Dios no lo
+impide seran esposos.
+
+--Y no era mejor, mas conveniente que la sultana Amina, rompiese su
+matrimonio, que yo rompiese el mio...
+
+--Tu casamiento con mi hija es imposible, exclamó profundamente
+conmovido Yaye, y daria parte de mi salvacion, porque ni aun en ello
+hubieses pensado: seria provocar la justicia de Dios: no, no: y luego yo
+no quiero ser cruel, no quiero romper el corazon de mi hija que adora á
+su esposo; no quiero romper el corazon de la pobre Isabel de Rojas que
+te ama con toda su alma. No, Aben-Humeya, hijo mio; cuanto he podido
+hacer por tí, por tu engrandecimiento lo he hecho; serás rey de Granada;
+cuanto pueda hacer por la gloria de tu nombre lo haré, y serás rey
+vencedor. Luego, despues del triunfo, si el Altísimo en sus bondades se
+digna concedérnoslo, cuando tu hijo y mi nieta, sean el uno del otro;
+cuando haya asegurado sobre tu cabeza y la de tus descendientes la
+corona del reino, yo que soy harto desdichado, y estoy harto cansado de
+la vida, pasaré á Africa, y te dejaré dueño absoluto de tu herencia.
+Entre tanto mi espada y mis consejos te son necesarios, y seré tu padre
+y tu señor, mientras convenga que asi sea. No hablemos mas de esto;
+vístete esas ropas, cíñete esas armas y vamos; es necesario que los que
+te esperan no se impacienten.
+
+Aben-Humeya empezó á despojarse en silencio de su traje castellano,
+sustituyéndole con el musulman.
+
+Hubo un momento de silencio.
+
+--¿Y estais seguro, señor, dijo de repente don Fernando como si hubieran
+nacido sus palabras de un recelo, que no habrá quien quiera disputarme
+la corona?
+
+--Peor para el que á ello se atreva, dijo con una autoridad llena de
+confianza Yaye.
+
+--Sin contar con el brabío Farax-aben-Farax, que como descendiente de
+Abencerrages, se dice merecedor de la corona, mi primo Aben-Aboo puede
+alegar que como yo, que desciende del Profeta, y de los califas
+omniades.
+
+--Farax-aben-Farax, es el valiente de los valientes de Granada, y
+contentaremos su ambicion, y daremos entretenimiento á su valor,
+haciéndole la segunda persona despues del rey; Farax será alguacil mayor
+del reino[18]. Aben-Aboo es nuestro pariente, y como tal, infante de
+Granada. Mi autoridad nos responde de su lealtad. Nada temas, pues, y
+puesto que ya has cambiado de ropas, sígueme.
+
+Yaye, y Aben-Humeya salieron, y precedidos por el moro blanco que los
+esperaba fuera, y alumbrados por su linterna, atravesaron algunas
+habitaciones, llegaron á otra mina y al fin de ella Yaye despidió al
+moro, y asiendo una mano al jóven le condujo á oscuras á una habitacion
+en la que entraba una escasísima luz, por los claros de la celosía de
+una ventana árabe que parecía corresponder al interior de una habitacion
+iluminada.
+
+Yaye condujo á Aben-Humeya á la celosía.
+
+--Espera aquí le dijo: mira y escucha.
+
+Aben-Humeya apoyó su trémula mano en la columnilla de la ventana y miró
+á la habitacion que se veia desde ella.
+
+Era extensa y magnífica; al fondo, bajo un arco labrado y dorado, se
+veia un dosel real, con el escudo de las armas de los reyes de Granada;
+bajo el dosel sobre dos gradas cubiertas con una magnífica alfombra, un
+divan; á cada uno de los ángulos de las gradas sobre la alfombra del
+pavimento general almohadones, destinados á los katibs ó secretarios:
+alrededor de la estancia corría una galería de arcos, entre los cuales
+pendían ricos tapices; á lo largo de estos arcos corría un divan, y mas
+hácia el centro, paralelos á los divanes de los costados otros dos:
+entre estos dos divanes, en el centro de la cámara, habia cuatro
+almohadones superpuestos de riquísimo brocado, y sobre estos almohadones
+vestiduras régias y una bandeja de oro, con una corona, y una espada
+desnuda.
+
+Una lámpara de seda pendiente del techo iluminaba la cámara.
+
+Cuando Aben-Humeya se puso á observar tras la celosía, la cámara estaba
+llena de moros, viejos y venerables los unos, hombres maduros los otros,
+muy pocos jóvenes; hablaban con calor en corrillos y se notaba que
+estaban impacientes; al fin poco despues de haberse puesto junto á la
+celosía Aben-Humeya, se levantó el tapiz de uno de los arcos situados
+junto al dosel y una voz sonora dijo:
+
+--¡El poderoso emir de los monfíes, Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar!
+
+Inmediatamente, un profundo silencio sucedió á la agitación anterior,
+los moros se colocaron en órden junto á los asientos, los secretarios
+ocuparon su lugar á los piés del dosel, y Yaye entró precedido y
+seguido, de guardias wazires y walíes y ocupó el dosel: todos estaban de
+pié é inclinados.
+
+A la derecha del dosel junto á los guardias se veian dos hombres que ya
+conocemos: eran don Fernando de Válor el Zaquer, tio de Aben-Humeya, y
+el faquí Abul-Hassam.
+
+Un poco mas allá fijando en los anteriores una mirada profunda y
+recelosa se veia otro hombre como de cuarenta años, de semblante
+enérgico y brabío. Aquel hombre era Farax-aben-Farax.
+
+Yaye estaba de pié sobre el trono. Todos los asistentes como hemos dicho
+estaban de pié é inclinados.
+
+Reinaba un silencio profundo, en medio del cual se escuchó reposada
+magestuosa y grave la voz de Yaye.
+
+--Buenos muslimes, dijo, creyentes del reino de Granada, héme entre
+vosotros, en el momento necesario. Me habeis llamado y acudo á vuestro
+llamamiento. Sentaos y escuchadme.
+
+Todos se sentaron; Yaye se sentó pero en una actitud valiente inclinado
+hácia el concurso á quien dominaba desde su alto asiento.
+
+--Veo reunidos aquí, dijo paseando sus miradas por la sala, lo mas
+notable del reino: el anciano y sabio Abul Ben-Eden, xeque del Albaicin,
+el prudente Aben-Coraixí, la familia entera de los Homaiditas, el fiel
+Hardon, los buenos y leales xeques de la Vega, y permitidme que lo diga,
+el cedro del Islam, el leon de la ley, la espada de exterminio, el
+valiente entre los valientes, Farax-aben-Farax el último que queda de la
+generosa tribu de los Ben-Serajis[19], entre vosotros hay hombres que
+han nacido conmigo, y de los cuales conoceis muy pocos: el valiente
+Harum el Geniz, mi wazir, el Partal y alguno otro: los demás son mis
+walíes, mis brabos walíes, los que acaudillan mis monfíes, y tienen
+siempre teñidas en sangre fresca sus espadas. Veo ademas prestándonos su
+ayuda el noble Aben-Jahuar-el-Zaquer, y asiste entre nosotros para
+iluminarnos con su ciencia el sabio faquí Abul-Hassam.
+
+Detúvose un punto Yaye y luego continuó.
+
+--El lugar que ocupo sobre vosotros, nada significa sino que el emir de
+los monfíes, que ha nacido sobre un trono, ocupa el trono que ha
+sustentado con su espada: pero este no es el trono del reino, sino el
+trono de las Alpujarras. El que vosotros elijais por rey, ocupará un
+asiento en este trono á mi derecha, será mi hermano, y como nos habremos
+sentado en un mismo divan, combatiremos juntos por la libertad de la
+patria, y por el restablecimiento de la ley. Esto tenia que deciros y ya
+os lo he dicho, me habeis llamado y he venido; necesitais para
+levantaros mi ejército, y ya está aparejado y pronto para la pelea.
+Ahora, vosotros, xeques y caballeros, tratad de lo que os pareciere
+conveniente para la salud de la patria y para la eleccion del rey que ha
+de gobernaros.
+
+Guardó silencio Yaye, y seguidamente se levantó el xeque mas anciano del
+Albaicin, y apoyado en un baston dijo con la voz mas segura y robusta
+que lo que se podia esperar de sus años.
+
+--El momento de probar si somos dignos de vivir como hombres, ó de gemir
+y llorar nuestra ignominia como esclavos, ha llegado, poderoso emir,
+nobles hermanos. Los capítulos que hace tanto tiempo estamos evitando
+que se cumplan, van á ser al fin llevados á cabo, ¿qué digo que van á
+ser llevados? ¿Acaso los alguaciles y las guardas que nos hace pagar el
+presidente Deza no se atreven á entrar en nuestras casas? ¿no obligan á
+nuestras mujeres á que lleven el rostro descubierto? ¿no nos vedan
+nuestros baños? ¿no nos obligan á tener las puertas abiertas el dia de
+viernes y los domingos? ¿Ya cuando nace entre nosotros un desventurado,
+podemos celebrar la fiesta de las buenas hadas, ni ya nuestras doncellas
+pueden regozijarse con las leilas y las zambras? Vienen casa por casa,
+regístranlas, nos cuentan como cabezas de ganado y nos empadronan.
+Llevan nuestros pequeñuelos á las iglesias y los bautizan: oblígannos á
+ir á misa, cada dia, y despues de hacernos adorar figuras: despues de
+predicarnos abominaciones, sacan un papel y allí nombran desde el mas
+pequeño hasta el mas grande y al que falta le buscan y le prenden. ¿Pero
+á qué he de repetiros lo que todos sabeis y no es necesario recordaros,
+ni aun para excitar vuestra cólera que harto sublevada está contra
+tantas infamias? Ya ha pasado el tiempo de las lamentaciones y llegado
+es el de la venganza. Y puesto que el valiente emir de los monfíes nos
+ayuda, abreviemos de pláticas y elijamos rey que nos gobierne.
+
+Sentóse Abul-Ben-Eden, y aprovechando su silencio Aben-Jahuar el Zaquer,
+tio de Aben-Humeya, dijo con voz robusta adelantando hácia el centro.
+
+[imagen: Farax-aben-Farax.]
+
+--Sí, llegada es la hora de la venganza, pero aun no es ocioso
+representar nuestras miserias á algunos que creen que aun pueden
+esperarse treguas de nuestros verdugos, y ¿por qué no hemos de
+justificar la causa que nos impulsa á levantarnos armados con toda
+nuestra indignacion? ¿por qué no hemos de recordar la opresion en que
+estamos, sujetos á letrados y legos y no menos esclavos que si lo
+fuésemos? ¿Las mujeres, los hijos, las haciendas y nuestras propias
+personas al arbitrio de nuestros enemigos, sin esperanza en muchos
+siglos de vernos fuera de tal servidumbre, sufriendo tiranías y
+tributos, y privados del asilo en los lugares de señorío y en las
+iglesias, haciéndonos con esto de peor condicion que los castellanos,
+pero obligados bajo pena de dinero á ir á rezar á las iglesias? Los
+clérigos se enriquecen á costa nuestra, no tenemos acogida ni en Dios ni
+en los hombres, los cristianos nos desprecian llamándonos moros, y los
+moros nos niegan su ayuda creyéndonos cristianos: mándasenos que no
+hablemos nuestra lengua cuando no sabemos la castellana, y no sabemos en
+qué lengua nos hemos de expresar, ni cómo pedir las cosas; como sino se
+pudiese ser cristiano hablando en arábigo, y moro hablando la lengua
+castellana. Llevan á nuestros hijos á sus congregaciones y á sus
+escuelas, y les enseñan artes prohibidas por nuestra ley: á cada momento
+nos amenazan con arrebatarlos del pecho de sus madres y de la enseñanza
+de sus padres, y llevarlos á extrañas tierras, donde olviden nuestras
+costumbres y aprendan á ser enemigos de los padres que los engendraron y
+de las madres que los parieron. Nos mandan dejar nuestro trage y vestir
+el castellano, como si trajéramos la ley en el vestido y no en el
+corazon; nuestras haciendas no bastan (tan pobres nos han dejado ya)
+para comprar los nuevos trages para nosotros y nuestras familias: de las
+ropas que tenemos no nos podemos valer, porque nadie compra lo que no ha
+de vestir: para llevado es prohibido; para vendido inútil. Si
+mendigamos, nadie nos socorre como á pobres, porque somos pelados como
+ricos. Nuestros pasados quedaron tan pobres en las guerras contra
+Castilla, que, cuando casó su hija el famoso Alí-Athar, alcaide de Loja,
+pariente de algunos de los que aquí nos hallamos, se vió en la necesidad
+de buscar prestados vestidos para la boda. Nos privan del servicio de
+los esclavos negros y no nos permiten los blancos. Los habiamos comprado
+criado y mantenido, y nos vemos sujetos á otra nueva pérdida. ¿Quién
+nos servirá? ¿qué haremos, cuando á nuestras hijas y á nuestras mujeres
+que van con los rostros cubiertos á servirnos y á proveer de lo
+necesario sus casas se las manda descubrir los rostros? Son vistas y
+codiciadas y requeridas, y la deshonra penetra entre nosotros, y no se
+sabe cuál es la que da ocasion á la avilantez de los codiciosos. Nos
+obligan á tener las casas abiertas, para que pueda entrar á todas horas
+el ladron, el impuro, el adúltero. Nos quitan la alegría de nuestras
+fiestas y nos prohiben los baños, que son la salud y la limpieza de
+nuestras mujeres: las veremos en nuestras casas, tristes, sucias,
+enfermas, donde tenian la limpieza por contentamiento y por vestido[20].
+¿Y queréis que no recordemos tales injurias? ¿quereis que no digamos á
+cuanto somos obligados por nuestra patria y por nosotros mismos?
+
+[imagen: Reunion de los moriscos para elegir rey.]
+
+--Lo que queremos, dijo Farax-aben-Farax con arranque, no es que se nos
+diga, lo que todos sabemos, lo que todos sentimos, por que lo tenemos
+delante de los ojos. Lo que queremos son menos palabras y mas obras:
+veinte años y mas llevamos de hablar, y de gemir, y de rescatar con oro
+nuestra servidumbre: ¿será que ahora tambien ha de quedarse todo en
+palabras?
+
+--¡Acuérdate Farax! dijo con voz grave Yaye: ¡acuérdate! hace veinte y
+dos años, subieron al Albaicin, el capitan general con sus banderas, la
+Chancilleria con sus oidores, el ayuntamiento con sus veinticuatros, la
+Inquisicion con sus frailes: la ciudad estaba llena de soldados y de
+piezas de artillería; un pregonero nos leyó su edicto, cuyos capítulos
+nos llenaron y nos llenan de indignacion: hasta entonces, aunque aquel
+edicto era ya antiguo, no se habia cumplido. Tú y yo, y muchos de los
+que aquí estan, y muchos que han pasado ya de esta vida, oimos en
+silencio, transportados de cólera aquel pregon infame: entonces...
+¡acuérdate! yo, apenas habian salido de la Plaza Larga, los tiranos,
+llamé al pueblo á la insurreccion: entonces ¡acuérdate, Farax! entonces,
+dijiste tú: ¡no tenemos armas! entonces un noble anciano, el padre de
+los moriscos del reino, el noble Abd-el-Gewar, que ya no existe, dijo:
+¡Tenemos oro! los jóvenes tenian miedo; los viejos apelaban al dinero,
+para entretener con la codicia de los cristianos el cumplimiento del
+edicto. Yo comprendia demasiado aunque jóven, que no haciamos mas que
+dar largas á la tiranía, que el oro acabaria por concluirse y que seria
+tarde cuando apelaramos al hierro. Mis temores de entonces se han
+cumplido: nuestros hermanos, nuestras mujeres, nuestros hijos, han
+sufrido veinte y dos años de martirio inútil, durante los cuales el
+vencedor ha aprendido la manera de aterrarnos y el modo de combatirnos.
+Solo yo, solo los valientes que han vivido conmigo en la montaña, no
+podemos acusarnos de haber contribuido á las desgracias de la patria con
+nuestro apocamiento, con nuestra cobardia.
+
+--¡Nos llamas cobardes! exclamó cerrando los puños y lívido de cólera
+Farax-aben-Fraax.
+
+--En una sola ocasion, continuó Yaye, sin dar muestras de haber notado
+el furor de Farax, pretendisteis alzaros: yo era el capitan del
+alzamiento: mi padre venia en socorro de Granada por los desfiladeros de
+la sierra; vendidos por una traicion miserable los monfíes, mi padre
+murió peleando por vosotros, y vosotros al saber que quedábais solos,
+temblásteis de espanto y corrísteis, arrojando las armas, á esconderos
+en vuestras casas.
+
+Levantóse un murmullo de disgusto.
+
+--Por mas que os pese, digo la verdad, continuó con energía Yaye
+levantándose del divan; y testifican esa verdad los veintidos años de
+ignominia que han pasado para vosotros. Yo lo he sacrificado todo por la
+patria; yo he herido en el corazon al rey de España, y para herirle me
+he herido á mí mismo: yo os he incitado contínuamente al levantamiento,
+y vosotros habeis contestado siempre á mis excitadores: ¡tenemos oro!
+¡os habeis arrastrado humildes ante el Presidente, ante el Capitan
+general! ¡os habeis llamado fieles vasallos del rey de España, habeis
+confesado la religion de los cristianos, habeis poblado sus iglesias, y
+no habeis preferido á tanta humillacion, á tanta deshonra, el ir á vivir
+entre las breñas donde viven mis monfíes, cambiando con el cristiano,
+como ellos, hierro por hierro, sangre por sangre!
+
+Callaban todos dominados por la voz tonante de Yaye.
+
+--Al fin me habeis llamado, continuó este despues de un momento de
+silencio: al fin habeis recurrido al último extremo: á la guerra, cuando
+ya no teneis oro, cuando los ministros del rey de España os despedazan
+despues de haberos chupado: no teneis oro, ni armas...
+
+--Pero tenemos sangre, emir, contestó levantándose con una energía
+superior á sus años el viejo Abul-ben-Eden.
+
+--Me habeis llamado y he venido, continuó Yaye; no teneis oro ni armas:
+pero acaba de decirlo el noble Abul-ben-Eden: teneis sangre. Yo tengo
+tesoros y soldados: tesoros inagotables, soldados fuertes como robles y
+bravos como leones. He sacrificado mucho por la patria, mi corazon está
+desgarrado, muerta mi esperanza, pero me queda aun mas que sacrificaros
+y os lo sacrificaré. Yo bien pudiera deciros: soy vuestro rey: sé que me
+elegiriais sin dudar, pero no quiero que se crea mi ayuda interesada: os
+prevengo que sera inutil que me elijais por que no habrá poder humano
+que me haga aceptar: muchos de vosotros me conoceis y sabeis que mi
+voluntad es firme como una roca. Elegid, pues, á otro. Pero antes, y
+como sé que hay algunos que aspiran á la corona de un reino que aun
+existe, que es necesario conquistar, quiero deciros el estado en que se
+encuentra España en estos momentos, las fuerzas con que contamos y lo
+funesta que seria para la patria una division entre nosotros. España
+esta amenazada por todas partes: recela de Inglaterra, es enemiga de
+Francia, combate en Flandes y en Italia. El rey no tiene ni dineros, ni
+galeras: sus ejércitos no bastan para sus cuidados; la gente es valdia y
+floja por mal pagada, las galeras estan mal armadas, y los capitanes y
+cabos del ejército disgustados: Europa entera se conmueve bajo una
+terrible lucha religiosa, en que combaten los católicos con los
+sectarios de Lutero: por otra parte crece el poder del gran Selim II,
+que nos ayudará con todas sus fuerzas, y los corsarios de Africa
+llenaran el mar delante de nuestras costas: si nos unimos, si marchamos
+todos como hermanos contra los ejércitos del rey de España, las
+Alpujarras seran para nosotros, lo que fueron en otro tiempo las
+montañas de Asturias para los cristianos: si unidos desplegamos todas
+nuestras fuerzas, si obedecemos á una sola voz, si caemos sobre Granada
+y la entramos (que no es difícil), al ver nuestros pendones clavados en
+el alcazar de la Alhambra, al contemplarnos honrados por el triunfo,
+nuestros hermanos de Africa y de Constantinopla se prestaran á
+ayudarnos, y formidables ejércitos inundaran la España, é innumerables
+galeras cubriran los mares: pero si les damos la muestra con nuestras
+divisiones de una guerra oscura, sin triunfos, llevada de breña en
+breña, y de valle en valle, nos abandonaran á nosotros mismos, que no
+podremos resistir á los ejércitos de España: sino hemos de luchar como
+debemos, mas vale que nada hagamos: si hemos de ser esclavos, seámoslo
+sin irritar con la resistencia á nuestros enemigos. Es cuanto tenia que
+deciros. Elegid rey.
+
+--En otros tiempos, dijo Aben-Jahuar el Zaquer, cuando era necesaria una
+eleccion, nuestros abuelos consultaban á los sabios, á los alimes de
+Dios, y el Altísimo por medio de ellos, expresaba su voluntad: ¿por qué
+no hemos de hacer ahora lo mismo?
+
+--¿Y quién es el sabio, que nos ha de decir la sentencia de las
+estrellas, dijo con sarcasmo Farax-aben-Farax?
+
+--Entre nosotros hay un hombre de Dios, dijo uno de los parciales de
+Aben-Jahuar.
+
+--¿Y quién es ese hombre? dijo Farax.
+
+--El sabio Abul-Hassam, el faquí.
+
+Al escuchar este nombre, que era muy respetado por el fanatismo de los
+moriscos, se escuchó un murmullo de respeto.
+
+Farax conoció que estaba vencido y calló.
+
+Abul-Hassam comprendió que estaba ayudado por la situacion y adelantó
+grave y mesurado, cruzados los brazos, ocultas las manos en las anchas
+mangas de su caftan, y con la cabeza inclinada.
+
+--Yo veo tres gigantes, á quienes siguen otros mas pequeños: dijo
+despues de algunos segundos de silencio: el primero es el rey de España:
+el segundo, representa á las gentes de iglesia; el tercero á las gentes
+de justicia; los restantes á las gentes de guerra, rapaces y
+aventureras. Estos demonios, castigaran al mundo con sus crueldades y
+tiranías, hasta que el Altísimo permita que se levante en frente de
+ellos, armado de armas resplandecientes, un rey poderoso, que seguirá la
+ley del enviado Profeta de Dios: y este rey será el que está contenido
+en esta profecia escrita en metros por el sabio Tauca el Hamema, cuyo
+nombre significa _pecho de la paloma_, comparando su hermosura y
+elegancia, con la hermosura de los colores del pecho de esta ave.
+
+Y Abul-Hassam, sacó un largo pergamino que desenrolló, en el cual leyó
+lo siguiente:
+
+«En el nombre de Dios piadoso y misericordioso.
+
+»Las alabanzas sean á Dios solo, que no hay otro sino él.
+
+»Oid lo que dijo el Altísimo á su escogido:
+
+»Cuando viéres las mujeres correr tras los hombres, sin empacho ni
+vergüenza,
+
+»Y creciere el logro y lo mal ganado en los hombres,
+
+»Y tomaren por ley la injuria y los homicidios,
+
+»Y se multiplicase la inobediencia de hijos á padres;
+
+»Cuando vieres abatido al buen creyente, y ser los sabios perseguidos
+hasta servir á los malos;
+
+»Cuando viéres poblados todos los encuentros de tu casa de lo ilícito y
+mal ganado,
+
+»Y desamparares á tu hermano y obedecieres á tu amigo;
+
+»Cuando viéres la madre caduca ganar con sus hijas entre los hombres,
+
+»Y salir el hijo de la obediencia de su padre y obedecer á su mujer en
+todo negocio;
+
+»Cuando viéres las pinturas prohibidas en los templos,
+
+»Y las mujeres entregadas á todo linage de licencias,
+
+»Y los hombres de religion vivir en ricos y suntuosos edificios,
+
+»Y los temerosos de Dios solos como huérfanos,
+
+»Y los malos con las cabezas mas altas y duras que las aplomadas
+tierras;
+
+»Cuando viéres las colas preceder á las cabezas, y el amigo muy allegado
+negar al amigo, y no osarse fiar el hombre de aquel con quien se junta;
+
+»Cuando viéres empobrecer la gente liberal, y enriquecer y subir los
+avarientos,
+
+»Y las manos liberales hacerse duras y crecer el número de los
+mendigantes;
+
+»Cuando viéres la ley desamparada y sus secuaces tan pocos como lunares
+blancos en cabellos prietos,
+
+»Y los hombres hechos lobos, cubiertos con vestiduras de hombres,
+
+»Y que el que fuese lobo, comerá con los lobos, y que el que no fuere
+lobo será comido por los lobos;
+
+»Y cuando viéres crecer las discordias entre hermanos, y ser las lluvias
+sobre la tierra pocas;
+
+»En este tiempo será el fin del imperio puesto entre los dos mares.
+
+»Y gentes soberbias y duras, correran como el fuego sobre aquel imperio,
+
+»Y no dejaran campo que no talen, ni aldea que no abrasen, ni ciudad que
+no derroquen;
+
+»Y los que con sus pecados habran dado causa á la cólera del Altísimo,
+
+»Desamparados por él, pararan en servidumbre, y en envilecimiento y en
+angustia.
+
+»Cadenas oprimiran sus cuellos, y veránse despojados de cuanto tuvieren,
+
+»Y vilipendiados en sus mujeres, y abandonados de sus hijas y azotados
+en el rostro de sus padres.
+
+»Quitarles habran sus templos, y mudaránles las leyes, y enmudeceran sus
+lenguas que no podran pronunciar el habla de sus padres.
+
+»Resistiran y seran vencidos; se quejaran y seran apretados.
+
+»Sus hijos seran llevados lejos de ellos y criados en otros dioses;
+
+»Sus dias seran de sombra, y sus noches de quebranto.
+
+»Y durará esta miseria muchos años.
+
+»Y mandará Dios salir en el Poniente un rey tirano, que lo atajará y lo
+sujetará todo;
+
+»Y su vista no tendrá señal de vista humana, y maltratará y juzgará con
+toda maldad á las gentes,
+
+»Y entre sus manos pereceran los moros del Poniente con todos sus
+bienes.
+
+»Y el Andalucía quedará huérfana negra y oscura, hasta que aparezca un
+rey en quien no habrá falta.
+
+»Rey hijo de rey será, y vendrá á Granada, la cándida y la clara, donde
+le diran:
+
+»Vos sois nuestro rey y nuestro gobernador forzoso.
+
+»El cual subirá con sus ejércitos y estandartes á los alcázares de la
+Alhambra, y allí estará algunos dias encubierto:
+
+»Y desde allí conquistará muchas y muy grandes fortalezas, climas y
+provincias,
+
+»Y vereis pujante el cetro y la corona de los moros.
+
+»Poseerá este rey á Sevilla, y tomará noventa ciudades á los herejes;
+
+»Y todas las ciudades del Poniente seran dichosas bajo la corona de este
+rey.
+
+»Siete años durará esta guerra victoriosa;
+
+»Y el rey de los creyentes alcanzará al cabo de este tiempo al rey de
+los infieles,
+
+»Y le combatirá y le matará.
+
+»Y sobre la frente de este rey maldito se leerá: _tiranizó y pecó_.
+
+»Y el valiente rey que cumplirá todas estas maravillas, pasará sus
+primeros años encubierto bajo un humilde nombre.
+
+»Y será bautizado y hereje de su ley;
+
+»Y para que podais conocerle mejor, este mozo será descendiente de la
+santa familia del Profeta;
+
+»Y sus abuelos habran sido califas de Damasco y de Córdoba:
+
+»Y el astro esplendoroso de los Omeyas lucirá sobre su frente y le dará
+victoria.
+
+»Y en el tiempo en que este mancebo sea reconocido y encumbrado, los
+árboles llevaran abundantes frutos,
+
+»Y los agostos del pan seran mas ricos en los montes frios y en las
+costas;
+
+»Y las abejas llenaran sus colmenas de miel en este año bendito;
+
+»Y la entrada de este año será en sábado;
+
+»Y el ángel Miguel y el ángel Gabriel bajaran sobre el Andalucia con la
+espada de la justicia de Dios.
+
+»Glorifiquemos y alabemos al Señor Altísimo y Unico.
+
+»El levanta y abate los imperios: él da la vida y da la muerte; él es la
+luz y él la sombra.
+
+»Glorifiquémosle y confesémosle: no hay otro Dios sino Dios.
+
+»Roguemos á su escogido Mahoma y por el amor que Dios le tiene, el
+enviará sobre los tiranos su castigo en todo extremo y su rigor.»
+
+Calló Abul-Hassam y extendiendo el pergamino y mostrándolo á los
+circunstantes que guardaban el mas profundo silencio, dijo:
+
+--Esta es la profecía de Tauca-el-Hamema, el sábio y el justo: vedlo:
+aquí está escrito lo que os he leido.
+
+--¿No dice esa profecía, exclamó Yaye, que el rey que ha de libertarnos,
+rey hijo de rey, será descendiente de la santa familia del Profeta,
+nieto de los califas de Damasco y de Córdoba, y que vivirá entre
+nosotros encubierto y hereje de su ley?
+
+--Si, dijo Abul-Hassam; eso dice la profecía.
+
+--¿Y no veis cumplido claramente su pronóstico, sabios y caballeros, en
+Aben-Humeya, que ha llevado entre los cristianos el nombre de don
+Fernando de Válor?
+
+--¡Si! ¡si, si! dijeron todos los parciales de Aben-Jahuar-el-Zaquer:
+
+--¿Cuanto oro te han dado por ese _jofor_[21] embustero? dijo
+Farax-Aben-Farax adelantando lleno de cólera hácia el faquí.
+
+--La palabra de Dios ha resonado entre nosotros, dijo con acento solemne
+Abul-ben-Eden, levantándose: ¿quién es el imprudente que se atreve á
+blasfemar de la palabra de Dios?
+
+--¿Y qué crédito puede mereceros un artificio que cualquiera puede haber
+inventado?
+
+--¡Esta es la profecía de Tauca-el-Hamema! exclamó con acento indignado
+el faquí: ¡hay del impío que blasfema de los profetas de Dios!
+
+--El reino es libre para elegir su rey, Farax-aben-Farax, exclamó el
+emir bajando de su trono: y mientras yo lleve espada al costado, nadie
+se atreverá impunemente á contrariar la voluntad del reino. ¿Hay alguno
+que se atreva á imponernos aquí su voluntad?
+
+Todos callaron.
+
+Yaye revolvió en torno suyo una mirada amenazadora, que acabó por
+fijarse en Farax. Este se hizo atrás murmurando sordamente como un
+mastin á quien su amo arrebata de los dientes una presa, y le amenaza
+con un palo.
+
+Yaye volvió al diván.
+
+--Puesto que ya habeis oido esa profecía; puesto que estais decididos á
+elegir rey, consultad entre vosotros; escribid cada uno en un papel el
+nombre del elegido, y entregad ese papel doblado á los secretarios.
+
+Todos se levantaron y se dividieron en grupos; Yaye hizo á Farax señal
+de que se acercase.
+
+El tremendo morisco se acercó hosco y sombrío, y Yaye estuvo hablando
+con él largo tiempo en voz baja.
+
+--No es la ambicion la que me mueve, dijo al fin Farax, sino el amor de
+la patria; pero puesto que quieres que Aben-Humeya sea rey de Granada,
+sealo en buen hora: Dios quiera que no te arrepientas tarde, emir.
+
+Y tomando un papel, escribió en él el nombre de Aben-Humeya, le dobló y
+le entregó á un secretario.
+
+Despues, cada uno de los moriscos y de los monfíes, fue entregando su
+voto, y cuando se contaron, se vió que todos habian votado; cuando se
+abrieron los papeles se encontró escrito en todos el nombre de
+Aben-Humeya.
+
+Poco despues, buscado el jóven por su tio Aben-Jahuar-el-Zaquer, fue
+traido á la cámara, revestido de las vestiduras reales, y proclamado rey
+con las mismas ceremonias que vimos al principio de este libro proclamar
+á Yaye emir de los monfíes en el alcázar subterráneo de las Alpujarras.
+
+El primer acto de soberanía de Aben-Humeya, fue nombrar alguacil mayor
+del reino á Farax-aben-Farax, y capitan general _de sus ejércitos_, á su
+tio paterno Aben-Jahuar-el-Zaquer.
+
+Aquella misma noche, Aben-Humeya partió acompañado de sus parciales á
+las Alpujarras.
+
+Aquella misma noche tambien, partieron á la montaña, Yaye, Amina y los
+monfíes.
+
+
+
+
+CAPITULO XIII.
+
+ Cómo estaba gobernada la villa de Cádiar.
+
+
+La villa de Cádiar está situada entre lo mas montañoso de las
+Alpujarras, sobre una vertiente.
+
+Esto no impide que los terrenos, colinas y montañas que rodean á esta
+villa sean muy fértiles, siendo ademas recomendable esta poblacion, por
+la pureza y salubridad de sus aires y de sus aguas.
+
+Hoy la tal villa es un poblacho feo, de reducido vecindario, albergado
+en algunas casas ennegrecidas, agrupadas alrededor de una iglesia
+situada en lo mas alto y deteriorada y fea.
+
+Cádiar ha perdido mucho de su antigua importancia; por mejor decir: lo
+ha perdido todo.
+
+Pero en el año de 1568 era otra cosa.
+
+Solo habian pasado entonces setenta y seis años desde la conquista de
+Granada, y aquella terrible catástrofe para los moros, que los habia
+sujetado al fin bajo el yugo de los cristianos, sus enemigos, en toda la
+extension de España, habia determinado el apogeo, la riqueza, no solo de
+Cádiar, sino tambien el de las demás villas y lugares de las Alpujarras.
+
+Esto se explica facilmente: del mismo modo que el vencido
+Muley-Abd'-Allah-al-Ssagir-el-Zogoibi[22], mas vulgarmente conocido por
+Boabdil, al trasladarse á Andarax, despues de haber entregado la
+Alhambra y los castillos de Granada á los reyes don Fernando y doña
+Isabel, llevó consigo á aquel destierro, donde estuvo dos años, gran
+parte de su córte y de sus caballeros: otros muchos nobilísimos y ricos
+musulmanes, con sus familias, esclavos y tesoros, se habian trasladado
+de Granada, á esta, ó á la otra villa de las Alpujarras, pretendiendo de
+este modo robarse en parte á la vista de los aborrecidos vencedores, y
+esta gente acostumbrada á la riqueza y á la molicie de sus alcázares, y
+á la frescura y frondosidad de los jardines que habian dejado en la
+ciudad perdida, embellecieron para hacer mas cómoda su residencia en
+ellas, y aumentaron la poblacion y la riqueza de las villas á que se
+habian acogido.
+
+Cádiar habia sido una de las villas mas favorecidas por esta especie de
+inmigracion; muchas familias poderosas se avecindaron en ella, y con una
+rapidez maravillosa, fueron desapareciendo las casas pobres y antiguas,
+para dar lugar á otras mas bellas y mejor proporcionadas; construyéronse
+algibes; convirtiéronse en amenos cármenes las laderas de la montaña,
+estableciéronse en sus plazas mercaderes, creció el tráfico y el dinero,
+y al cabo, la antes casi insignificante villa, se convirtió en una
+poblacion importante, rica, populosa y considerada, llegando á tal
+punto, que el capitan general de la costa y reino de Granada, en vista
+de la aglomeracion en aquel lugar, de tanta gente recien conquistada y
+mal sujeta al yugo, creyó oportuno establecer en la villa un presidio de
+soldados, y uno de esos rígidos é inflexibles corregidores que son
+capaces de ahorcar hasta á su sombra.
+
+A mas de esto, habia en Cádiar parte de una compañía de arcabuceros,
+cuyo resto estaba dividido entre las villas de Válor y Yátor.
+
+El capitan de esta gente de guerra, que pertenecia á los presidios del
+reino y córte de Granada, era nuestro antiguo conocido el marqués de la
+Guardia, á quien, como recordaran nuestros lectores, habia procurado su
+tio, don César de Arévalo, este oficio de capitan, para que se
+mantuviese con su sueldo, no siempre pagado con exactitud, á falta de
+las pingües rentas de su marquesado que sabemos estaban empeñadas.
+
+Un capitan de infantería de aquellos tiempos, era mucho mas considerado
+que en los nuestros, y para llegar á este empleo, era necesario haber
+servido mucho y bien, ser ya viejo, ó gastarse sendos doblones para
+levantar á su costa una compañía. Fuera de estos dos casos, solo podia
+ser capitan un jóven, por su título y su nobleza: como si dijéramos: en
+premio á los servicios de sus antepasados.
+
+En este caso se encontraba el marqués de la Guardia, que era demasiado
+jóven para capitan, no mediando favor ó méritos heredados, y demasiado
+arruinado para poder gastar un solo doblon.
+
+En cambio era valiente hasta la temeridad, y se hacia respetar y
+obedecer ciegamente de sus soldados, en las pocas ocasiones en que se
+encontraba entre ellos.
+
+Y decimos las pocas ocasiones, porque tal estaba la disciplina militar
+en aquellos tiempos, que la gente de sueldo ensanchaba cuanto podia y
+aun mas de lo que podia el círculo de su licencia: singularmente los
+capitanes iban de acá para allá y residian donde mejor les parecia,
+dejando encargado el mando á su teniente.
+
+El marqués de la Guardia, que, como sabemos, buscaba desalado á _su
+Esperanza_ sin lograr encontrarla, residia la mayor parte del tiempo en
+Granada, yendo muy pocas veces á su presidio, y aun asi morando
+alternativamente en Cádiar, en Válor ó en Yátor.
+
+En Cádiar estaba la bandera de la compañía, y con ella un teniente
+soldadote y aventurero, que quedaba encargado del mando en ausencia del
+marqués.
+
+Este teniente, pues, venía á ser en Cádiar, la segunda potencia despues
+del corregidor.
+
+Ademas de estas autoridades que llamaremos temporales, habia otra
+autoridad que llamaremos espiritual: el beneficiado de la iglesia
+parroquial de la villa.
+
+Este eclesiástico era un varon duro, irascible y terriblemente fanático;
+su fanatismo era para aquel pueblo de moriscos mal convertidos, tan
+fatal como las arbitrariedades del corregidor, y las licencias del
+teniente del marqués de la Guardia.
+
+El corregidor se llamaba el licenciado Lope Gutierrez, vivia de los
+derechos que le daba su vara, no siempre recta é inflexible, y en cuanto
+á calidad, tan tenebrosa era su procedencia, que solo se sabia de él, y
+esto por el dicho de algunas lenguas murmuradoras, que habia sido
+escolar sopista en Salamanca.
+
+El teniente se llama Cristóval de Belorado, era hidalgo y valiente, pero
+hombre licencioso y cruel, que abusaba contra los pobres moriscos de la
+fuerza que únicamente se le habia dado para sostener la justicia.
+
+El beneficiado se llamaba Juan de Ribera; trataba severísimamente á sus
+feligreses, y á pesar de su rigidez y de sus pretensiones de santo, no
+les daba el mejor ejemplo, teniendo en su casa á una mocetona de
+veinticinco años, desenfadada y hermosa, que se llamaba Mariblanca,
+morisca convertida, que despues de algunas negras aventuras, habia ido á
+servir á su casa al eclesiástico.
+
+De modo que, la villa estaba encerrada dentro de un triángulo terrible:
+el rey, la religion, y la justicia, tenian por representantes en ella,
+tres corazones de pedernal.
+
+Las moriscas que escapaban de la soldadesca, iban á dar en los
+alguaciles, entrando por último á la parte el sacristan maese Barbillo,
+especie de bribon con sotana, que sabia ser lo suficientemente hipócrita
+para que el señor beneficiado le creyese un casi santo, y diese el mayor
+asenso á las acusaciones de impiedad que fulminaba el sacristan contra
+todos aquellos que no reconocian su influencia.
+
+El teniente, dejaba á título de rebeldes á aquellos que tenian la
+desgracia de querer emanciparse de sus tropelias; el corregidor,
+multaba, encerraba, atormentaba y ponia á la vergüenza, siempre con
+pretexto de una infraccion de las pragmáticas, á aquel contra quien, por
+cualquier fútil motivo, habia contraido ojeriza; por último, el
+licenciado Ribera, por las sugestiones del sacristan unas veces, por su
+exagerada severidad religiosa otras, afligia á aquella pobre raza
+vencida.
+
+El teniente los apaleaba; el corregidor los multaba y los prendía; el
+beneficiado, á pretexto de irreligion, solia quitarles sus hijos menores
+de diez años, para enviarlos á los hospicios del rey, donde debian
+aprender á ser buenos cristianos.
+
+Lo que decimos, pues, de Cádiar, podriamos decir de cualquiera de las
+demás poblaciones de las Alpujarras; no tenian seguridad personal, ni
+hacienda ni familia, propiamente dicho: eran esclavos.
+
+¿Y por qué no huian de aquella region maldita?
+
+Porque en cualquiera de los lugares comprendidos en los dominios del
+cristianísimo rey don Felipe el II, hubieran sido tratados de la misma
+manera.
+
+Podían haber pasado á Africa, pero sucedia con frecuencia, que despues
+de haber vendido sus propiedades, y embarcádose con su dinero y alhajas,
+eran robados por los patrones de los barcos, y, lo que era peor,
+arrojados al mar para que no pudiesen querellarse del robo.
+
+Asi, pues, preferian vivir miserablemente labrando la tierra donde
+habian nacido, y practicar las industrias en que eran tan
+sobresalientes, entre las demasías de los cristianos.
+
+Con tantas causas, con tan repetidos vejámenes, estaban dominados por un
+profundo disgusto y predispuestos á la insurreccion por cien fatales
+elementos.
+
+
+
+
+CAPITULO XIV.
+
+ El licenciado Juan de Ribera.
+
+
+Era el jueves 24 de diciembre de aquel año, tres dias despues de la
+proclamacion de Aben-Humeya.
+
+Era muy de mañana: despues de haber celebrado la misa de alba, y
+mientras maese Barbillo le desnudaba de los ornamentos, el licenciado
+Ribera, dijo al sacristan lego:
+
+--Ireis inmediatamente casa del señor corregidor, que con sus alguaciles
+y gente de justicia esté esta misma mañana á la hora de las once en la
+iglesia.
+
+--Se lo diré, contestó con voz gangosa y humilde Barbillo.
+
+--Ireis despues á la posada del señor marqués de la Guardia...
+
+--El señor marqués hace dias que anda fuera de la villa, observó el
+sacristan.
+
+--Pues á falta del marqués, ireis á la posada de su teniente el señor
+Cristóval de Belorado, y le direis que con su bandera y sus hombres
+vestidos de gala, venga asimismo á las once.
+
+--Se lo diré, repitió con la misma mansedumbre Barbillo.
+
+--Ireis luego al convento de los frailes de San Francisco, y direis al
+guardian, que de órden del Santo Oficio de la Inquisicion, venga con su
+comunidad y estandarte; despues avisareis á los clérigos de la iglesia;
+hareis que se vistan los monaguillos, sacareis la cruz y los ciriales de
+plata, la capa pluvial de brocado de tres altos, y el alba de encajes de
+Flandes.
+
+--¡Ah! ¡viene la Santa Inquisicion á la villa! dijo con acento de queja
+maese Barbillo: y vea vuesamerced, señor licenciado: yo no sabia nada.
+
+--Ni yo mismo lo sabia hace una hora: como que aun era de noche cuando
+llamaron á la puerta; asomóse á la ventana Mariblanca, y un alguacil del
+Santo Oficio que se habia adelantado, la dió para mí cerrada y sellada,
+esta órden del Santo Oficio.
+
+Y el beneficiado sacó de su bolsillo un papel grueso y basto, doblado en
+forma de pliego, sobre el cual se veia en cera verde, la cruz de Santo
+Domingo, sello de la Inquisicion.
+
+El sacristan acabó de doblar pausadamente una riquísima alba, la guardó,
+tomó el papel que el beneficiado le entregaba, y sacando una caja de
+cuero, y de ella unas enormes antiparras, leyó, tarda, pesada y
+malamente el escrito, á pesar de que su letra era gorda y perfectamente
+legible.
+
+--¡Ah! dijo devolviendo el pliego al beneficiado: ¡el señor inquisidor
+de la Suprema, Molina de Medrano, viene á la visita! no esperaba yo tan
+pronto al Santo Oficio.
+
+--¿Qué quereis buen Barbillo? la depravacion de las costumbres cunde
+entre esos desdichados moriscos: no hay medio de apartarles de sus
+zambras, de sus impuras fiestas de bodas, de sus baños y de sus torpes
+placeres: será necesario que su magestad se deje de contemplaciones, y
+haga cumplir á todo derecho, y con una severidad, que nunca será
+sobrada, la pragmática de su nobilísimo y piadoso padre el gran
+emperador don Carlos. ¡Fuera! ¡fuera esas fiestas malditas! ¡fuera esas
+costumbres reprobadas! ¡fuera el misterio con que cierran sus puertas
+para que no veamos sus impurezas! ¡que el rigor los haga cristianos, ya
+que no bastan las persuasiones y el consejo humilde! ¡el hierro y el
+fuego! De otro modo, el dia menos pensado, el dia en que menos la
+esperemos, tendremos que lamentar una desdicha. ¡El hierro y el fuego
+para los rebeldes y los descreidos!
+
+Y la voz del tremendo sacerdote tronaba: y el funesto fuego del
+fanatismo lucia en sus ojos en una chispa sombría.
+
+--¡Ah! ¡ah! dijo untuosamente el sacristan: pues yo creia que el Santo
+Oficio apresuraba su visita por otro motivo.
+
+--¿Y qué motivo puede ser ese? preguntó con severidad el licenciado;
+¿motivo que yo no conozco, cuando me lo anuncias con tanto misterio?
+
+--¡Hum! dijo flemáticamente el sacristan: ese motivo es un hombre.
+
+--¿Un hombre que vive en el pueblo?
+
+--Hé ahí lo que yo encuentro de malo: que no vive en el pueblo ni se
+sabe donde, ni quién es, ni á que viene.
+
+--¿De quién quereis hablar, maese? dijo el beneficiado, fijando sus ojos
+grises con una fijeza extraordinaria en el sacristan.
+
+--Hablo de un hombre que, por su talante, parece un gran caballero, que
+viene de noche al pueblo en un caballo que da envidia el verlo, se mete
+en el meson Alto, y cuando ya es la queda, sale sin saberse á donde va.
+
+--Debiais haberme avisado.
+
+--Vuésamerced se hubiera quedado con el deseo de saber á donde iba, ó
+qué venia á hacer porque...
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque yo le seguí una noche, y al ir á entrar en la plaza, se volvió
+aquel hombre y me dijo con una voz que me puso espanto:--«Vuélvete sino
+quieres que te envie á cenar con el diablo.»
+
+--¡Ah! ¡eso os dijo! ¿y por qué no me dísteis cuenta para que yo se la
+hubiera dado al corregidor?
+
+--Bien hecho hubiera estado, pero perdóneme vuesamerced; es el tal
+hombre tan grave de suyo, parece tan principal, que yo quise saber antes
+si tenia agarradero, no fuese que vuesamerced, que en nada repara,
+cuando de estas cosas se trata, se pusiese en contingencia de un
+peligro. ¿Qué sabe nadie lo que es un hombre á quien no se conoce?
+
+--Adelante, adelante, maese Barbillo.
+
+--A la noche siguiente me puse en acecho tras una esquina del meson
+Alto, acompañado del organista y del barbero, que, como sabe vuesa
+merced han sido soldados, y de los buenos de los tercios viejos: cada
+uno llevaba una espada y una ballesta; para que no nos sintiera, porque
+el asunto no era prenderle, sino saber á donde iba, y sacar por el hilo
+el ovillo, nos habiamos calzado abarcas. Dió la queda; rechinó la puerta
+del meson y salió nuestro hombre embozado en una capa negra. Dios me
+perdone, si miento al decir, que al pasar por delante del cristo de la
+Caba honda, ni se descubrió, ni aun se persignó.
+
+--¡Hum! dijo el beneficiado, acabándose de arreglar los manteos y
+encasquetándose el bonete.
+
+--Dejámosle pasar un trecho adelante, y nos pusimos en su demanda á
+larga distancia, por temor de ser vistos, aunque la noche era oscura, y
+recatando nuestros pasos para no ser oidos. Pero ¡bah! ese hombre debe
+de ser el diablo.
+
+--Suelto anda el enemigo entre estas gentes condenadas: pero seguid,
+maese, seguid.
+
+--Digo que debe de ser el diablo, porque nos sintió, nos vió, se vino
+para nosotros, y... mire vuesamerced, exclamó en acento entre dramático
+y dolorido el sacristán, levantándose la manga de su balaudran y
+mostrando al beneficiado un cardenal lívido y enorme.
+
+--¡Os maltrató!
+
+--Sin hablar una palabra; y lo que es mas: al organista le rompió la
+cabeza, y al barbero un brazo.
+
+--¿Y quién os manda, mentecatos, poneros en seguimiento de quien no
+conoceis? dijo una voz sonora á la puerta de la sacristía.
+
+Estremecióse todo al escuchar aquella voz maese Barbillo, y el
+beneficiado, con gran asombro del sacristan, salió solícitamente al
+encuentro del desconocido y le estrechó las manos con un ardor
+completamente en contradiccion con la frialdad que, segun su aspecto,
+parecia la base de su carácter.
+
+--¡Ah, señor don Alonso! exclamó, ¡vos al fin en mi iglesia!
+
+--Perdonad, pero necesitamos quedarnos solos, dijo con gravedad aquel
+caballero, que no era otro que el emir de los monfíes.
+
+Antes de que el beneficiado mandara salir al sacristan, este se apresuró
+á escurrirse: saludó profundamente á Yaye, le lanzó una recelosa mirada
+de lobo escarmentado y salió murmurando:
+
+--Bien pensaba yo, cuando pensaba que un hombre á quien no se conoce,
+puede ser muchas cosas. Pero yo sabré quien es ese hombre.
+
+Esto significaba que no conociendo el sacristan á Yaye, nadie lo conocia
+en Cádiar.
+
+Entre tanto el beneficiado se deshacia en cumplidos con su visitante.
+
+Desde el momento en que Yaye, al entrar en la sacristía, fijó su mirada
+en el licenciado, produjo en él el singular milagro de borrar de su
+semblante la austeridad, y de matar en sus ojos la sombría y dominadora
+mirada del sacerdote ascético y fanático: parecia que donde estaba Yaye,
+solo podia haber un semblante grave; solo una mirada inflexible; su
+semblante y su mirada.
+
+--Vengo á veros para dos negocios importantísimos, señor licenciado, le
+dijo.
+
+--Si quereis, contestó el beneficiado, subiremos á mi casa y nos
+encerraremos.
+
+--No, no por cierto; retirémonos á aquel rincon de la sacristía y allí
+estaremos bien.
+
+Y Yaye se dirigió á un escaño situado al fondo de la sacristía, adonde
+le siguió el eclesiástico.
+
+Sentáronse al par, y Yaye dijo, mirando con ansiedad al beneficiado.
+
+--¿La habéis visto?
+
+--Si señor, la he visto: la he hablado, he procurado convencerla: la he
+dicho cuán desesperado estais.....
+
+--¿Y qué os ha contestado?
+
+--Como siempre, no: pero ayer añadió: decidle que, hace veintidos años,
+le dije en una carta que debe recordar, cuál era mi resolucion
+invariable: decidle, que como pensaba entonces pienso ahora, y que es
+inútil, de todo punto inútil, su obstinacion.
+
+--Hágase la voluntad de Dios, dijo Yaye.
+
+--Siempre habeis sido muy cristiano y muy paciente, dijo el beneficiado,
+y Dios os premiará.
+
+--Necesario me es que Dios tenga compasion de mí; pero pasando al otro
+asunto de que necesito hablaros, habeis de saber, que hemos hecho una
+adquisicion importantísima para el pueblo de Dios.
+
+--¡Acaso este terrible rey de los monfíes..!
+
+--No tanto, no tanto, señor Juan Ribera: pero sin embargo, debemos dar
+muchas gracias á Dios por la adquisicion que hemos hecho.
+
+--Ciertamente don Alonso, que vos sois uno de los campeones, casi me
+atrevería á decir, uno de los apóstoles mas ardientes de la iglesia de
+Jesucristo: todavía me acuerdo de que lo que no pudieron hacer mis
+pláticas, y todos mis esfuerzos, y todas mis amenazas, y el rigor que
+estrené con los habitantes de las alquerías de la jurisdiccion de la
+villa, á fin de que fuesen buenos cristianos, lo conseguísteis vos en
+breve espacio: casi estaba ya resuelto á quitarles sus hijos para que no
+se pervírtiesen con su ejemplo, cuando vos me digísteis: id á las
+alquerías: entrad en ellas una por una, y abrid para esos infelices el
+reino de Dios por la puerta del bautismo. ¡Oh don Alonso! yo os amaba
+por vuestra piedad, por vuestra caridad, por el celo con que habeis
+favorecido esta iglesia, que está encomendada á mi indignidad, y que sin
+vos seria pobre, muy pobre: cuando veo esos hermosos cuadros que adornan
+nuestra iglesia; cuando tomo en mis manos esos sagrados vasos de oro
+purísimo; cuando me visto esas albas y esos ornamentos tan maravillosos
+por su valor y por su mérito; sobre todo, cuando me dais para que las
+distribuya entre los pobres esas cuantiosas limosnas, oro por vos al
+Altísimo y os bendigo.
+
+--¡Orad señor licenciado, orad!, contestó solemnemente Yaye, en un
+acento indeterminado que tenia mucho de terrible: orad, porque soy muy
+pecador y aun estoy en el camino del pecado.
+
+--¡Oh! si vos no os salvais ¿quién se salva? No bastaba vuestra ardiente
+fe, vuestra inagotable caridad; era necesario que como salvais á los
+pobres de la miseria del cuerpo, los salvareis de la miseria del alma.
+Cuando vi arrodillarse á mis piés pidiendo la regeneracion del bautismo,
+una y otra familia, que antes habian rechazado el agua de vida que yo
+les ofrecia, entonces, don Alonso, sentí por vos mas que amor; sentí
+veneracion, y desde entonces no oro por vos, porque no se ora por los
+santos...
+
+--No hay mas santo que Dios, el Altísimo y Unico... y trino, dijo Yaye
+pronunciando con un acento estremadamente duro su última palabra.
+
+--Si, ciertamente, dijo el beneficiado; los santos lo son en Dios y vos
+sois uno de sus elegidos.
+
+--Decíamos, continuó Yaye, á quien visiblemente contrariaba la mística
+adulacion del beneficiado; decíamos que hemos hecho una gran adquisicion
+para el rebaño del Señor.
+
+--Vos la habeis hecho.
+
+--Yo empiezo y vos concluís. Vamos, pues, sin mas rodeos al asunto: el
+Ferih de los Berchules está en mi casa gravemente herido y desea
+bautizarse.
+
+--¡Cómo! ¿ese terrible monfí, que no pasa semana que no ponga de noche
+en la puerta de la iglesia, un impío cartel en que nos amenaza de muerte
+si seguimos en la conversion? ¿ese terrible bandido que tiene aterrada á
+la comarca?
+
+--Ese hombre, continuó reposadamente Yaye, me salió al camino ayer
+cuando volvia con mi hija de Granada á mi heredad de Yátor: empezamos á
+subir la cuesta, cuando hé aquí que siento pasar zumbando junto á mi
+cabeza una jara, y oigo el chasquido de una ballesta entre una maleza
+inmediata. Eché pié á tierra, me fuí hácia el asesino, me encomendé á
+Dios, y Dios me amparó: poco despues, el Ferih de los Berchules estaba
+en mi alquería: no le maté porque yo jamás vierto mas sangre que la
+precisa para defender mi vida. El Ferih quiso matarme, segun me dijo
+despues, á causa de haber motivado yo la conversion de la gente de las
+alquerías: y mirad lo portentoso de los milagros de Dios: ese hombre que
+habia deseado mi muerte por aquella causa, se convirtió á Dios despues
+de dos horas de conversacion conmigo. Dios; siempre Dios; manso y
+arrepentido queda allá como un cordero, esperando con ansia, antes de
+morir, la vida del bautismo.
+
+--¿Pero ese pecador está tan en peligro de muerte, que sea necesario,
+inevitable ir al momento? exclamó con una inquietud que no era fingida
+el beneficiado.
+
+--Ese hombre estará en mi casa hasta mañana.
+
+--¡Vivirá... hasta mañana!
+
+--Eso es; mañana habrá salido de mi casa para no volver.
+
+--Pues bien, vuestra heredad está cerca: iremos esta tarde: bien
+tendremos lugar maese Barbillo y yo de ir despues que la Inquisicion
+haya hecho su visita y volver aun de dia.
+
+--¡Cómo! ¿esperais al Santo Oficio?
+
+--Hoy al medio dia, entrará solemnemente en el pueblo, y despues de que
+haya cumplido su santa comision, pasará á Yátor.
+
+--¿Y qué inquisidor viene encargado de la visita?
+
+--El señor Molina de Medrano.
+
+--¡Molina de Medrano! dijo Yaye como quien no conoce un nombre en una
+corporacion que le es muy conocida.
+
+--Si, si señor, dijo el beneficiado, comprendiendo la duda de Yaye: es
+un santo varon muy severo y muy descontentadizo en religion: un ministro
+de la Suprema, que el rey nuestro señor ha enviado de su córte para que
+le informe del grado de conversion en que se encuentran los cristianos
+nuevos de las Alpujarras.
+
+--¡Molina de Medrano! exclamó Yaye levantando decididamente la cabeza y
+dejando ver en sus ojos una mirada semejante á un relámpago: será
+necesario que yo conozca á ese señor Molina de Medrano: ¿decís que es
+muy severo?
+
+--Es una de las lumbreras de la Orden de Predicadores, segun dicen: yo
+tampoco le conozco.
+
+--Pues bien, tendremos á un tiempo el gusto de conocerle. Entre tanto y
+en albricias de la conversion del Ferih, tomad, señor beneficiado;
+repartid este poco de oro entre los pobres de vuestra feligresía.
+
+Y puso entre las manos del bachiller un repletísimo bolsillo.
+
+--¡Cómo! ¿os vais? dijo el beneficiado viendo que Yaye se levantaba.
+
+--Si, adios; esta tarde os espero en mi heredad, temprano.
+
+--Iré, señor don Alonso, iré.
+
+--Adios, pues, y hasta la tarde: quedaos: no me hagais la honra de
+acompañarme: un sacerdote es mas que un simple hidalgo: quedaos, señor
+licenciado, y hasta la tarde. Adios.
+
+--El os premie y os bendiga, señor, dijo el eclesiástico, lanzándole su
+bendicion cuando salia por la puerta de la sacristía: luego añadió,
+metiéndose el oro que aun tenia en la mano en el bolsillo: no me queda
+duda ninguna; don Alonso es un santo.
+
+--¿Y le habeis dejado ir, cuando acaba de entrar en el pueblo una
+compañía de arcabuceros? exclamó el sacristan entrando en aquel momento.
+
+--¿De quién hablais maese Barbillo? dijo con acento acre el beneficiado,
+que al desaparecer Yaye habia recobrado su dureza y su severidad
+habituales.
+
+--¿De quién he de hablar, pecador de mí, sino de ese hombre que ha
+estado hablando con vos? respondió temblando todavía el sacristan.
+
+--¡Cómo! ¿de don Alonso hablábais?
+
+--Es que ese don Alonso, es quien anoche estropeó al organista y al
+barbero, y á mí mismo, aunque mucho menos que á los otros, por la
+misericordia de Dios.
+
+--Vamos claros, dijo el beneficiado mirando fijamente al sacristan: ¿no
+me habeis dicho que el hombre á quien pretendisteis seguir anoche, pasó
+irreverentemente por delante del cristo de la Caba honda?
+
+--Si señor, y lo afirmo y lo juraria á siete cruces.
+
+--¡Y os condenariais, desdichado! exclamó con una irritacion terrible el
+eclesiástico, os condenariais si os atreviéseis á jurar que ese
+caballero habia pasado por delante de la imágen de Nuestro Divino
+Redentor sin descubrirse ni santiguarse.
+
+Barbillo se quedó mirando de una manera atónita al bachiller.
+
+--¡Arrepentíos! ¡arrepentíos, y haced penitencia por haber calumniado á
+tan cristiano caballero! mas valiera que el tiempo que habeis empleado
+en alentar tan ruines pensamientos, le hubiérais invertido avisando á la
+gente que os dije.
+
+Cuando el sacristan volvió de su asombro y notó que se encontraba solo
+en la sacristia, cambió rudamente de aspecto, dejó su posicion
+encorvada, se irguió, brilló en sus ojos una expresion salvaje, y
+exclamó:
+
+--¡Cien rayos y cien truenos! ese clérigo mentecato lo cree todo:
+¡decirme que ese hombre es cristiano! Cuando doña Elvira me ha prometido
+un tesoro si logro apoderarme de él, algo hay mas de lo que el
+licenciado Ribera cree: yo he seguido á ese hombre y le he visto
+perderse en la montaña; le he visto además hablar con los monfíes entre
+las breñas de la rambla de Yátor, y esto mas de una vez: hace tres dias
+que ha venido de Granada y no ha venido solo: le acompañaba una hermosa
+dama; que me confunda Dios, si anoche cuando nos apaleó no le oimos
+soltar un juramento en árabe.... yo no aborrecia á ese hombre..... pero
+desde anoche que nos zurró de lo lindo, le tengo ojeriza.
+Afortunadamente tenemos á las puertas del pueblo á la Inquisicion.
+
+Dicho esto, tomó una capa parda y un enorme sombrero de un rincon de la
+sacristia, y salió: desde el momento en que estuvo en la calle, su
+estatura herguida y corpulenta se encorvó; su rostro antes feroz, adoptó
+de nuevo su expresion humilde, miserable é hipócrita, y empezó á saludar
+á todos los que encontraba por la calle, con una expresion servicial que
+tenia mucho de estúpida.
+
+De repente, una mano se apoyó vigorosamente en su hombro.
+
+Volvióse Barbillo, y vió ante sí á un hombre como de cuarenta y cinco
+años.
+
+Aquel hombre era don Fernando de Válor, hermano de don Diego, tio de
+Aben-Humeya, á quien nombraremos en adelante con su nombre árabe: esto
+es, con el de Aben-Jahuar-el-Zaquer.
+
+
+
+
+CAPITULO XV.
+
+ Lo que iba á hacer á Cádiar Aben-Jahuar-el-Zaquer.
+
+
+Volvióse maravillado el sacristan.
+
+--Yo no os conozco caballero, dijo á Aben-Jahuar.
+
+--Nada importa, con tal que te conozca yo.
+
+--A mí me conoce todo el mundo en Cádiar, dijo con su sonrisa untuosa
+Barbillo.
+
+--Pues mira, creo que no te conoce nadie.
+
+--¿Y vos decís que me conoceis?
+
+--Si por cierto: hace mucho, muchísimo tiempo, que te conocí en otra
+parte.
+
+--¿En dónde, señor?
+
+--En Granada.
+
+--¿En Granada?
+
+--Si por cierto: en la cárcel.
+
+--¡Bah! vuesamerced se equivoca, yo no he estado nunca en la cárcel.
+
+--Yo me llamo don Fernando de Válor.
+
+--¡Ah! ¡ah! ¡vuesamerced se llama don Fernando de Válor!
+
+--¡Vas recordando....!
+
+--No, no recuerdo muy bien:
+
+--Mi familia ha sido muy perseguida, Barbillo, y despues de la muerte de
+mi hermano don Diego, he sido preso varias veces: hace diez años, lo fuí
+á pretexto de no sé qué conspiracion de moriscos, en que yo no habia
+tenido parte: pero los señores alcaldes de casa y córte, se mostraban
+tan severos conmigo que lo temí todo: entonces pensé en escaparme:
+entonces nos conocimos: tú tambien tenias miedo de ser ahorcado y
+querias huir: nos concertamos y tú empezaste á abrir un agujero en mi
+calabozo.
+
+--Repito á vuesamerced que se equivoca.
+
+--No perdamos el tiempo. Yo pude al fin probar mi inocencia, y fuí
+puesto en libertad: tú quedaste preso.
+
+--Os juro que...
+
+--Déjame continuar. Yo me habia olvidado enteramente de tí: pero hace
+algun tiempo, la casualidad y el empeño de una mujer, ha vuelto á
+unirnos.
+
+--Pero si os digo...
+
+--Hace cuatro meses, que la conducta de mi cuñada doña Elvira de
+Céspedes me tiene cuidadoso: recibia en su casa de Válor y á horas
+desusadas, hoy á este, mañana al otro hombre desconocido. Doña Elvira no
+podia tener amores con ellos, porque eran de tu estofa: pero por medio
+de ellos podia tratar de amores con otro: hace algunos dias, aceché á
+uno de estos mensajeros, le salí al camino y supe que te traia una
+carta; yo no quise tocar á aquella carta, pero quise saber quién eras
+tú: me dijeron que eras sacristan de la iglesia de Cádiar, y vine, te
+ví, y te reconocí: entonces y antes de hablar contigo, quise saber si
+descubria en tu vida algo que pudiese obligarte á servirme. Fuí á
+Granada, pregunté, y averigüé que hace cinco años habias sido condenado
+á galeras por diez; luego, eres un gallote escapado, Barbillo, y si te
+niegas á servirme, te delato, te pierdo, porque á los galeotes huidos se
+les ahorca cuando se les coge.
+
+Echóse á temblar Barbillo.
+
+--Pero nada te acontecerá si me sirves bien, añadió Aben-Jahuar.
+
+--Vamos, está visto que nada se os puede negar y os serviré en cuanto
+querais, don Fernando, dijo el galeote escapado.
+
+--Y yo te pagaré. Pero los tiempos no estan para estar muy despacio en
+la calle, y es necesario que busquemos un lugar donde nadie nos vea.
+
+--¿En qué posada vivís? porque vos sois forastero en Cádiar.
+
+--Vivo en el meson del _Cojo_.
+
+--Pues en mejor parte no pudierais vivir, porque el _Cojo_ es un grande
+amigo mio, y á propósito para cualquier cosa. Yo iré por allá esta
+noche.
+
+--¡Esta noche! sabe Dios lo que sucederá esta noche.
+
+--Sucederá que como es noche de Navidad, todos la celebraran y nadie se
+acordará de nosotros.
+
+--Juro á Dios que han de acordarse muchos de la noche de Navidad de
+1568.
+
+--¿Pues qué va á suceder?
+
+--Yo me entiendo y Dios me entiende. Es preciso que al momento, y
+rodeando por otro lado, vayas al meson del _Cojo_.
+
+--Iré, en cuanto avise al corregidor y á los soldados y los frailes de
+San Francisco.
+
+--¡Avisarles! ¿y de qué?
+
+--¡De que viene la Inquisicion al pueblo!
+
+--¡Ah! viene la Inquisicion, murmuró Aben-Jahuar: pues, no podia venir á
+mejor hora. Vé, vé, y avisa, y al momento vé á buscarme. Te espero.
+
+--Iré.
+
+Separáronse los dos antiguos conocidos, y Aben-Jahuar, bajando por unas
+pendientes y torcidas callejuelas, llegó á la entrada del pueblo á un
+meson miserable.
+
+--Ahí está esperándoos hace una hora, el señor Diego Lopez, nuestro
+vecino, dijo un viejecillo cojo.
+
+--¡Ah! mi sobrino Aben-Aboo, exclamó de una manera ininteligible
+Aben-Jahuar. Ya era tiempo.
+
+Y entró, subió unas escaleras, atravesó unos corredores, y entró en un
+aposento.
+
+Sentado junto á un brasero con fuego, habia un jóven.
+
+Era Aben-Aboo.
+
+Tan distraido estaba, que no reparó en que otra persona habia entrado en
+el aposento: miraba á través de una ventana abierta y desguarnecida de
+vidrieras, á unas breñas cercanas que estaban enteramente cubiertas de
+nieve, y entre cuyas quebraduras se veian otras cumbres.
+
+Ibale á hablar su tio, cuando Aben-Aboo se levantó, se fué á la ventana,
+y miró con grande interés hácia fuera en direccion á una cumbre que se
+veía entre un rompimiento de las breñas.
+
+--¿Qué será lo que llame de tal modo la atencion de mi sobrino? dijo
+para sí Aben-Jahuar; y permaneció inmóvil.
+
+--Ellos, son: murmuraba á su vez Aben-Aboo: si; los dos hombres que hace
+dos dias rondan mi atalaya. Desde aquí no se les distingue bien; pero
+los reconozco por la capa parda del uno, y la gris del otro: el de la
+capa parda, es sin disputa aquel comerciante que representó con
+Angiolina en la comedia «Reina Moraima», Andrés Cisneros: no me cabe
+duda; en cuanto al otro creo haberle visto tambien, pero no sé quien es:
+¿qué busca el señor Cisneros en mi casa? ¿Tendrá á caso algun derecho
+sobre la princesa? pues en mal hora os habeis venido á las Alpujarras,
+galanes.
+
+Y Aben-Aboo, trás estas palabras se separó de la ventana.
+
+Al volverse vió á su tio.
+
+--¡Ah! gracias á Dios, dijo: hace una hora que os espero.
+
+--He tenido que atender á asuntos importantes, sobrino; contestó
+Aben-Jahuar: creo que tú tambien tienes entre manos asuntos de interés.
+
+--Si por cierto, tio, contestó Aben-Aboo, me ocupo en pensar de qué
+manera puedo ser mas útil á mi patria.
+
+Movió en un movimiento de incredulidad la cabeza Aben-Jahuar.
+
+--¡Qué! dijo ofendido el jóven, ¿creeis que no haré yo tanto como el que
+mas por romper el yugo de los cristianos?
+
+--No digo eso, sino que en estos momentos, en todo pensabas menos que en
+nuestra empresa.
+
+--¿Teneis la pretension de adivinar, tio? dijo con cierta secatura
+Aben-Aboo.
+
+--No, pero pretendo tener tan buenos ojos como tú.
+
+--No os comprendo.
+
+--Estoy viendo desde aquí, dijo Aben-Jahuar extendiendo el brazo hácia
+la cumbre á donde antes habia mirado Aben-Aboo, dos hombres que llamaban
+hace poco tiempo tu atencion: el uno tiene una capa parda, y el otro una
+capa gris. Entrambos miran con la misma atencion con que tú los mirabas,
+á la atalaya donde vives, y desde la cual no pueden ser vistos.
+
+--¡Ah! ¿habeis reparado eso?
+
+--Como lo has reparado tú.
+
+--¿Y qué interés creeis que puedan tener aquellos dos hombres en mirar á
+mi casa? dijo con negligencia el jóven.
+
+--Veo con disgusto, sobrino, que me tratas con doblez, dijo Aben-Jahuar.
+
+--No, no por cierto; decid mas bien que vos sois receloso.
+
+--Me ha hecho receloso la experiencia: ademas de eso, de algun tiempo á
+esta parte, no te reconozco: eras mas confiado, mas sincero: has
+contraido con tu familia una reserva...
+
+--No hago mas que pagarla en la misma moneda.
+
+--Mi sobrino Aben-Humeya te ama.
+
+--Ciertamente, como ama el carnicero á la oveja.
+
+--En mala disposicion de ánimo empezamos la guerra.
+
+--Esforcémonos todos: mi primo es rey, Aben-Farax alguacil mayor, vos
+capitan general, yo infante: nuestro poderoso pariente el emir de los
+monfíes nos ayuda...
+
+--Y todos nos aborrecemos.
+
+--¡Que nos aborrecemos!
+
+--Esta es la verdad; Satanás se ha metido en medio de nosotros.
+
+--Yo por mi parte...
+
+--Tú estas tan empeñado como cada ano de nosotros.
+
+--¡Empeñado! ¿y en qué?
+
+--Has pensado en ser rey de Granada.
+
+--Creo que tenia derecho para pensar así; pero desde el momento en que
+el reino ha elegido á mi noble primo Aben-Humeya, le he recibido por rey
+y le he prestado homenaje: y si á eso vamos vos tambien...
+
+--¿Qué quieres suponer? exclamó con cuidado Aben-Jahuar.
+
+--¿No pretendeis casaros con vuestra cuñada, con mi tia, doña Elvira?
+
+--¡Oh! si... la amo, la amo hace muchos años.
+
+--Bien puede ser porque doña Elvira es muy hermosa... ¿pero no podria
+tambien suceder que pretendiérais apartarla de su hijo, sin suscitar á
+este dificultades, envolverle en un lazo y alzaros con el reino...?
+
+--Te repito que no te conozco, Aben-Aboo.
+
+--Si, es cierto, vos creiais que yo era un mancebo inexperto, confiado,
+sobre quien su madre tenia una potestad absoluta...
+
+--Tu madre no es ambiciosa, tu madre no quiere la guerra: tu madre
+tiembla de que esa guerra se empieze.
+
+--Harto lo sé.
+
+--¿Y sabes por qué tu madre tiembla la guerra?
+
+--Es cristiana de corazon.
+
+--Tu madre ama...
+
+--Es natural que ame á su hijo.
+
+--A mas que á tí ama á otra persona.
+
+--Mi madre no se ha quitado aun sus lutos de viuda, que lleva hace
+veintidos años.
+
+--Mas de veintidos años hace que tu madre amaba con toda su alma á otro
+hombre que no era tu padre.
+
+--Teneis fama de maldiciente, tio.
+
+--Yo no digo que mi hermana, la pobre Isabel haya faltado á su virtud;
+la conozco mejor que tú: mi hermana ha sido una mártir de su familia, y
+aunque ha amado, aunque ama á un hombre que debió ser su esposo, ni le
+ha alentado con una sola esperanza, ni aun ha consentido en verle, desde
+el dia en que se casó con tu padre. Pero ama á ese hombre, le adora, y
+se estremece por él tanto como por tí... Teme la guerra, la evitaria á
+costa de su sangre.
+
+--¿Y qué hombre es ese á quien decís que mi madre ama, y con quien debió
+casarse?
+
+--Ese hombre es nuestro pariente el poderoso emir de los monfíes.
+
+--¡Ah! exclamó Aben-Aboo, comprendiendo entonces el amor con que le
+habia tratado Yaye.
+
+--¿Y estás seguro sobrino, de que esos dos hombres que observan con tal
+interés y tan de lejos tu casa, no sean monfíes enviados por el emir, en
+un dia en que han de tener lugar graves acontecimientos?
+
+--Os afirmo que esos hombres no son monfíes.
+
+--Pues entonces, no es tu madre el objeto de esos hombres.
+
+--¿Y cuál creeis que pueda ser?
+
+--Bien pudiera ser una dama que has traido imprudentemente de Granada.
+
+--¿Quién os da tantas noticias, tio?
+
+--Nada pasa en las Alpujarras que yo no lo sepa: por ejemplo hace tres
+dias que llegó á Yátor otra dama que tambien te interesa mucho.
+
+--¿Una dama que me interesa...?
+
+--Si por cierto: la sultana Amina.
+
+Palideció profundamente Aben-Aboo.
+
+--¿Y decis, que la sultana Amina está en Yátor...?
+
+--Si, si por cierto y repito que Satanás en forma de tres mujeres se ha
+metido entre nosotros.
+
+--Explicaos.
+
+--Tú amas á la hija del emir.
+
+--Es verdad, contestó Aben-Aboo bajando los ojos.
+
+--Aben-Humeya la ama tambien.
+
+Destelló un relámpago de zelos salvajes en los ojos de Aben-Aboo.
+
+--¿Y qué pretende mi primo?
+
+--Pretende un imposible. Hacer su esposa á Amina.
+
+--Pero eso no puede ser, mi prima es casada.
+
+--¿Pero con quién? ¿con quién? dijo Aben-Jahuar con cierto temor ¿quién
+es el afortunado esposo de esa mujer?
+
+--Se os sale la ambicion por los ojos, tio: no creeis que la sultana
+Amina pueda estar casada con menos que con un emir de Africa y temeis
+que ese emir se ponga entre Aben-Humeya y vos. Descuidad... descuidad de
+todo punto.
+
+--¿Pero sabes tú quién es el marido de la sultana?
+
+Sonrió con el desden de la superioridad, Aben-Aboo.
+
+--Mi prima no está casada, dijo, sino simplemente deshonrada.
+
+--¡Mira lo que dices! exclamó Aben-Jahuar mirando en torno suyo con
+recelo: en todas partes hay monfíes y esos tabiques...
+
+--Descuidad, tio: por lo mismo que sé que podemos estar espiados hablo
+muy bajo.
+
+--¿Pero qué pruebas tienes...?
+
+--¿No habeis leido un contrato solemne, celebrado entre Aben-Humeya y el
+emir de los monfíes?
+
+--Si.
+
+--¿No hay en él una cláusula por la que se acuerda el casamiento del
+hijo de Aben-Humeya con una hija de la sultana?
+
+--Si.
+
+--Pues bien, esa hija es hija del amor: esa hija ha sido concebida en
+Madrid, sin duda alguna, á contar por el tiempo en que la dió á luz la
+sultana en las Alpujarras: esa niña es hija del capitan del presidio de
+Cádiar, el marqués de la Guardia, á quien adora Amina; que es su amante.
+
+--¿La sultana amante del marqués de la Guardia? ¿y por qué no su esposa?
+
+--Hace cinco dias, en la fecha en que se firmaron las capitulaciones
+entre Yaye y el emir, estuve hablando con el marqués de la Guardia en el
+Albaicin, en la taberna del Hardon. El marqués buscaba á su amante, á
+Amina, y estaba muy lejos de saber que era su esposa... esto no impide
+que lo sea ya... y con haber atrasado la fecha...
+
+--Resulta, pues, que Amina se ha enamorado de un caballero castellano:
+peor para el emir.
+
+--Si peor para el emir y para su hija, exclamó con acento reconcentrado
+Aben-Aboo. Pero seguid, tio, seguid: sepamos cuáles son las otras
+mujeres que Satanás ha metido en nuestros asuntos.
+
+--La sultana Amina bastaria; porque tanto tú como Aben-Humeya estais
+empeñados por ella: pero existen ademas tu tia doña Elvira y tu madre.
+
+--¡Ah!
+
+--Si, ambas aman al emir y son enemigas á muerte: yo amo á mi cuñada y
+soy enemigo del emir; los odios se cruzan entre nosotros: hay ademas
+otra mujer por quien estais á un tiempo empeñados Aben-Humeya y tú: esa
+comedianta que has traido de Granada.
+
+--Os confieso tio, que esa mujer me espanta, que no la comprendo, y que
+á pesar de estar enamorado de la sultana, esa mujer me enloquece.
+
+--Eso consiste en que la sultana habla á tu ambicion, y la comedianta á
+tu deseo. Pero es necesario que encubras tus amores hácia la sultana: es
+necesario que separes de tí á la comedianta.
+
+--¿Y á qué propósito?
+
+--Para evitar el odio de Aben-Humeya.
+
+--¿Y qué me importa? Bien sabeis que desde antiguo, por mas que lo
+hayamos disimulado, somos enemigos.
+
+--Pero esa enemistad es fatal en estos momentos.
+
+--Yo no quiero una patria en que he de ser esclavo.
+
+--Es que esa patria, si luchamos todos á una, podrá ser tan grande que
+haya lugar en ella para todas las ambiciones.
+
+--Yo no puedo contar con la buena fe de Aben-Humeya.
+
+--Si Aben-Humeya te se muestra hostil, es porque desconfia de tí;
+ayúdale, inspírale confianza y Aben-Humeya se unirá á tí como á un
+hermano.
+
+--Ya habeis dicho, que entre nosotros se han colocado dos mujeres.
+
+--Si sigues mis consejos, solo habrá una, y esa es tal que no merece que
+dos buenos creyentes sean enemigos por ella.
+
+--¿Y cuál de esas dos mujeres ha de ser la que ha de dejar de excitar
+nuestra rivalidad?
+
+--La sultana Amina.
+
+--¡Ah! exclamó Aben-Aboo, cuyo rostro se cubrió con la expresion de la
+mas profunda reserva; ¿y de qué modo podremos hacer para que la sultana
+Amina deje de ser un objeto de rivalidad entre Aben-Humeya y yo?
+
+Sonrió sutilmente Aben-Jahuar.
+
+--Ni tú ni Aben-Humeya amais á la sultana, dijo: quereis sin embargo
+casaros con ella, porque comprendeis que el que sea su esposo, tendrá en
+su favor al poderoso emir de los monfíes.
+
+--Puede ser que piense así mi noble primo.
+
+--No piensas tú de otra manera.
+
+--Y bien, dado caso que yo piense así, ¿de qué modo hemos de obrar para
+que la sultana deje de ser un medio de elevacion?
+
+Sonrió de nuevo sutilmente pero de una manera mas sesgada Aben-Jahuar.
+
+--Supongamos que muere el emir...
+
+--¡Ah!
+
+--Esto es muy fácil que suceda... acometemos una empresa peligrosa...
+ademas el emir va todas las noches...
+
+--¿A dónde?
+
+--A ver á tu madre.
+
+--¡A ver á mi madre!
+
+--¿No te he dicho que se aman?
+
+--¡Eso es mentira!
+
+--Observa tu casa en las altas horas de la noche.
+
+--Sois un demonio, dijo Aben-Aboo; quereis envenenarme el corazon.
+
+--Tengo experiencia y te aconsejo bien.
+
+Guardó por un momento silencio Aben-Aboo, y luego dijo.
+
+--No hablemos mas de esto y vamos á lo que importa. Vos como capitan
+general de los moriscos me habeis mandado llamar y he venido.
+
+--Ha llegado el momento de probar tu valor.
+
+--¿Es decir, que ha llegado la hora?
+
+--Si; Farax-aben-Farax, con seis mil hombres, marchará esta noche sobre
+Granada, sublevará el Albaicin, acometerá la Alhambra, en la cual hay
+poco resguardo, y para lo que llevan escalas, y es muy posible... los
+cristianos se entregarán descuidados á sus fiestas de la Noche-Buena;
+acudiran á los templos á la misa del Gallo, y cuando pretendan salir de
+ella, se encontraran con la muerte. Pero es necesario obrar al mismo
+tiempo en las Alpujarras: los cristianos, sea por casualidad ó por
+recelo, se mueven en nuestras montañas; la parte de compañía del marqués
+de la Guardia, que estaba en Cádiar, ha marchado á Yátor, pero en
+cambio, acaba de entrar esta mañana en la villa y de alojarse en las
+casas, la compañía de arcabuceros del capitan Diego de Herrera.
+
+--¡Cómo! ¿ese miserable que ha cometido en las Alpujarras tantas
+infamias, vuelve entre nosotros?
+
+--Vuelve para morir. Ademas de esto, la Inquisicion nos visita hoy.
+
+--¡La Inquisicion!
+
+--Esto nos favorece: como nuestros hermanos estan poco instruidos en lo
+que atañe á la religion cristiana, el inquisidor Molina de Medrano, que
+viene encargado de la visita, se estremará con ellos: á pretexto de que
+son poco celosos, de que ignoran los preceptos de la religion cristiana,
+les amenazará, pretenderá arrebatarles sus hijos...
+
+--Es necesario arrancar el corazon á ese clérigo, exclamó Aben-Aboo.
+
+--¡Los monfíes! exclamó con un acento feroz Aben-Jahuar; los monfíes
+haran eso. El Ferih el tremendo Abd-el-Melik el Ferih, te espera esta
+tarde á la caida del sol en las quebraduras de la rambla de los Ciegos.
+
+--¡Ah! ¡me espera!
+
+--Sí; tú á mas de ser infante de Granada, eres el morisco de mas
+influencia en Cádiar.
+
+--¿Y me obedecerá el Ferih?
+
+--Ciegamente.
+
+--¿Sabe esto el emir?
+
+--Ha dado órdenes al Ferih para que te espere.
+
+--¿Y qué he de hacer, tio?
+
+--¿Qué han hecho con nosotros los cristianos?
+
+--Nos han aterrado á fuerza de crueldades.
+
+--Pues bien, los cristianos te han dicho lo que debes hacer.
+
+--¡Oh! ¡oh! ¿debo hacer con los cristianos lo que los cristianos han
+hecho con nosotros....? ¡bien! lo haré.
+
+--No olvides lo que hemos hablado.
+
+--¡Oh! es muy dificil olvidarlo: mi madre y mi tia aman al emir: el emir
+ama á mi madre; el marqués de la Guardia está casado con la sultana
+Amina y tiene de ella una hija... ¿Sabeis donde está la hija de la
+sultana? exclamó de repente Aben-Aboo.
+
+--Puede ser que lo sepa.
+
+--¿Y por qué no he de saberlo yo?
+
+--Te he dicho que puede ser que lo sepa, lo que quiere decir que no lo
+sé.
+
+--¿Y teneis medios para saberlo?
+
+--Los buscaré...
+
+--Y entonces...
+
+--Lo sabrás.
+
+--¡Ah tio, tio! conozco que sois un demonio, y sin embargo me parece que
+me voy á condenar con vos.
+
+--O á salvarte.
+
+--El olor de la sangre y de la carniceria me da ya en las narices.
+
+--Procura que ese olor no te desvanezca: si oyes mis consejos, y eres
+valiente y leal, hijo, grande suerte te espera. Pero por el momento
+muéstrate con Aben-Humeya como un hermano; con Aben-Farax como con un
+amigo.
+
+Aben-Aboo; estrechó la mano de Aben-Jahuar.
+
+--Ahora es necesario que te vayas, dijo este á Aben-Aboo: Espero á una
+persona que no quisiera te viese conmigo.
+
+--Pues entonces adios, tio.
+
+--No te olvides de ir esta tarde á puestas del sol, á las quebraduras de
+la rambla de los Ciegos: yo iré tambien. Adios.
+
+Aben-Aboo, salió, y poco despues, su tio le sintió bajar por las
+escaleras.
+
+--Hé ahí un sobrino de buena raza, dijo Aben-Jahuar cuando se hubo
+quedado solo. Es valiente y cruel, y sobre todo ambicioso: en mejores
+manos no podría haberse puesto lo de Cádiar. Esta noche se verá claro en
+las calles aunque no haga luna.
+
+Y se puso á pasear meditabundo á lo largo de la habitacion.
+
+Como se vé, el amor hácia su cuñada doña Elvira, y su anhelo por poner
+las cosas á punto de que él fuese la única cabeza de la rebelion de los
+moriscos, hacian meditar á don Fernando de Válor ó Aben-Jahuar,
+horribles crímenes: para llegar á su objeto era preciso que se
+ensangrentase en su misma familia, que matara á sus sobrinos; que
+desgarrase el corazon de su hermana, y que hiciese caer en un lazo
+traidor y horrible á Yaye, su pariente tambien, pariente generoso que le
+habia dado continuamente oro y proteccion, y á cuya influencia debia el
+no haber muerto en galeras, ó á lo menos en un encierro como murió su
+hermano. Pero Aben-Jahuar queria poseer el amor de doña Elvira y la
+corona de Granada, y nada le detenia en su terrible paso hácia aquellos
+objetos: ni aun la sangre de los suyos.
+
+Oyéronse pasos en el corredor, se acercaron, se entreabrió la puerta, y
+una voz clerical, dijo:
+
+--_Deo gratias._
+
+--A Dios sean dadas, contestó don Fernando.
+
+Poco despues, maese Barbillo, el galeote escapado, el sacristan de la
+iglesia parroquial de Cádiar, estaba de pié y caperuza en mano, delante
+de Aben-Jahuar.
+
+
+
+
+CAPITULO XVI.
+
+ De qué manera servia á quien le pagaba, Maese Barbillo.
+
+
+Miróle este por un momento fijamente.
+
+--¿Has concluido ya tus negocios? le preguntó.
+
+--Por el momento si; pero no puedo estar mucho tiempo con vuesamerced,
+porque tengo que colgar la iglesia, y sacar los sillones para la
+Inquisicion, y qué sé yo cuántas cosas.
+
+--Bien, siéntate.
+
+--Estoy así bien, señor.
+
+--Siéntate.
+
+Barbillo se sentó.
+
+--¿Has dicho á alma viviente lo que has hablado conmigo?
+
+--¡Cómo, señor! ¿desconfia vuesamerced de mí?
+
+--Desconfio de todo hombre que anda en tratos con mujeres.
+
+--¿Y yo?
+
+--Tú, á la socapa, tienes por novia á la morisca mejor moza de la villa.
+
+--¿Quién ha dicho á vuesamerced tanto? exclamó con cuidado Barbillo.
+
+--Me alegro que nada me niegues: yo sé que el ama del beneficiado Juan
+de Ribera, la buena Mariblanca, arde por ti, y que teneis tratado
+casaros.
+
+--Algo hay de eso: pero mientras viva el beneficiado.....
+
+--¿Quién sabe lo que el beneficiado vivirá? pero volviendo al asunto:
+quien tiene por novia una mujer de tan buenos ojos, y tan ladina como
+Mariblanca, está expuesto á ser imprudente.
+
+--¡Quiá! ¡no señor! ya sabe vuesamerced que yo soy mucho pez, y que
+todas las Mariblancas y Marinegras del mundo, no me haran hacer lo que
+no me convenga: es verdad que la Mariblanca es una muchacha que no la
+hay mas garrída en la córte del rey: es verdad que he andado y ando y
+andaré trás ella, y que lo que mucho cuesta se aprecia mucho: pero no
+hay miedo que yo la diga mas de lo que la debo decir.
+
+--Yo sé que mi cuñada doña Elvira, viene algunas veces encubierta á
+Cádiar, y que aunque no vea á su cuñada doña Isabel, siempre ve á
+Mariblanca.
+
+--Es verdad, pero eso consiste...
+
+--¿En qué?
+
+--En que Mariblanca y yo, servimos á doña Elvira.
+
+--En sus amores...
+
+--Cierto que sí.
+
+--¿Pero tú sabes con quién tiene sus amores?
+
+--Ayer no lo sabia, pero hoy lo sé.
+
+--Y... ¿quién es?
+
+--Un caballero muy principal.
+
+--¿Como de cuarenta y cinco años?
+
+--Si señor.
+
+--¿Muy blanco, muy hermoso, con el pelo negro?
+
+--Eso es.
+
+--¿Y sabes cómo se llama ese caballero?
+
+--Lo que sé, es que es muy amigo del beneficiado Juan de Ribera.
+
+--¿Y cómo le conocias de antes?
+
+--De una manera muy sencilla: á causa de doña Elvira. Antes de conocerme
+á mí, doña Elvira habia conocido á Mariblanca.
+
+--¿Y cómo conoció mi cuñada á tu novia?
+
+--El padre de Mariblanca es morisco.
+
+--Ya lo sé.
+
+--Un morisco feroz.
+
+--Es mas que morisco: es moro: es monfí: se llama Abd-el-Melik el Ferih.
+
+--Un moro muy principal... pues bien: habeis de saber que Mariblanca se
+enamoró de un capitan del presidio de Andarax. De esto, hace diez años:
+Mariblanca tenia entonces quince: el capitan la sedujo... la deshonró...
+y la robó de la casa de su padre... todo esto me lo ha contado
+Mariblanca.
+
+--Sigue, sigue.
+
+[imagen: El comediante Cisneros.]
+
+--Como decia, el capitan la sacó de su casa, jurándola que seria su
+esposa, y la escondió, y gozó de ella cuanto quiso, y cuando se fastidió
+de ella, empezó á distraerse y á requebrar á otras... entonces
+Mariblanca le dijo, que la cumpliese su palabra, á lo que el capitan la
+contestó, que no podia casarse con ella porque era mora. Entonces
+Mariblanca se fué á buscar al beneficiado.
+
+--¿A Juan de Ribera?
+
+--Al mismo. Le dijo en confesion lo que la acontecia, y le pidió que la
+bautizase. El beneficiado la bautizó, y ella, con la partida de bautismo
+en la mano, volvió á Diego de Herrera y le dijo:
+
+--Yo he dejado por tí la casa de mi padre, que si me encuentra me
+matará: yo te seguí, oyendo tus promesas de que te casarias conmigo: tú
+me has dicho que no podias casarte con una mora: ya soy cristiana:
+cúmpleme tu promesa.
+
+El capitan volvió la espalda á la muchacha, que se iba quedando á trás,
+y que al ver este desprecio de su amante, cegó de cólera y de venganza,
+y echando mano á un pequeño puñal que llevaba consigo, le hirió á
+traicion. El capitan cayó: Mariblanca creyendo que le habia muerto,
+huyó, y se refugió en la iglesia, donde tomó asilo. Entonces el
+beneficiado, Juan de Ribera, la llevó á su casa, y antes de tomar
+ninguna resolucion, fué á la casa del capitan: le encontró en el lecho
+herido, pero no peligrosamente, y supo que el capitan no queriendo
+acabar de perder á una mujer á quien ya habia hecho bastante daño,
+habia dicho que le habian herido los monfíes. Condolióse, pues, de la
+muchacha el beneficiado, ó enamorado de ella, segun dicen malas lenguas,
+aunque Mariblanca lo niega, y la recibió por su ama, á pesar de que
+entonces la muchacha solo tenia diez y siete años.
+
+Pasó mucho tiempo: Abd-el-Melik el Ferih que desque su hija huyó de su
+casa habia desaparecido de Cádiar sin que nadie le hubiese vuelto á ver,
+permaneció fuera, hasta que una noche, hace dos años, cuando Mariblanca
+volvia de la fuente, se encontró de repente con un monfí. Era su padre.
+
+--¡Ah! ¡ah! ¡un encuentro endiablado! ¿Y cómo es que hasta hace dos años
+no se habia presentado el padre á la hija?
+
+--El Ferih habia estado en Africa.
+
+--¿En Africa durante ocho años?
+
+--Sea como quiera, el Ferih no se presentó á su hija sino despues de
+ocho años que su hija habia huido; pero cuando la vió ante sí...
+
+--No la maté puesto que vive; pero sin duda procuró matarla.
+
+--Nada de eso: la miró por un momento fijamente mientras la pobre
+temblaba, y luego como si nunca la hubiese visto la dijo:--Sígueme
+muchacha.
+
+[imagen: Sentados en dos taburetes de pino.... comian y bebian.]
+
+--¿Y le siguió Mariblanca?
+
+--¿Qué habia de hacer? estaban solos y el Ferih la miraba con los ojos
+mas feroces del mundo. El padre delante y la hija detrás, salieron de la
+villa, siguieron un sendero adelante y no se detuvieron hasta pasar la
+valla del cercado de una huerta. Una vez dentro el Ferih se detuvo, y
+señalando á su hija una casa, tras una de cuyas ventanas se veia una
+luz, la dijo:--Vé allí; empuja la puerta, sube unas escaleras, y cuando
+entrares en una habitacion, cuya puerta encontrarás tambien abierta,
+dirás á una dama que verás allí: el monfí me envia.--La muchacha siguió
+adelante hácia la casa, empujó la puerta, subió las escaleras, abrió
+otra puerta y se encontró en una pequeña habitacion donde habia una dama
+muy hermosa.
+
+--¿Quién eres? la dijo la dama.
+
+--El monfí me envia; contestó con voz medrosa Mariblanca.
+
+--¿Has conocido á ese monfí? replicó la señora.
+
+--¡Es mi padre! exclamó toda trémula Mariblanca.
+
+--¿Y sabes por qué tu padre no ha lavado con tu sangre la deshonra que
+has echado sobre él?
+
+--No lo sé, señora; dijo Mariblanca.
+
+--Tu padre me debe la vida, repuso la dama, y en agradecimiento me ha
+prometido no tocar á uno solo de tus cabellos.
+
+--¡Ah! ¡Dios se lo pague á vuesamerced, señora! exclamó Mariblanca
+cayendo de rodillas.
+
+La dama se inclinó sobre ella, y sin levantarla del suelo la dijo:
+
+--Te he salvado la vida para que me sirvas.
+
+--¡Ah! ¡serviré á vuesamerced de rodillas! exclamó juntando las manos
+Mariblanca, que no podia echar de si el terror que la habia causado la
+súbita presencia de su padre.
+
+--No; quiero que me sirvas de pié y con gran discrecion, levántate.
+
+--¿Y en qué he de servir á vuesamerced?
+
+--Conoces tú á doña Isabel de Córdoba y de Válor.
+
+--¡Ah! ¡si señora! contestó Mariblanca; la conozco mucho, porque va con
+frecuencia encubierta, á hablar con mi señor el beneficiado.
+
+--¿Que va á hablar con tu señor?
+
+--Si señora: muchas veces mi señor está en la iglesia, y doña Isabel le
+espera; es un ángel: me habla con cariño porque soy morisca
+convertida...
+
+--¿Es decir, repuso la dama, que con poco que hicieras podrias entrar y
+salir libremente en casa de doña Isabel?
+
+--Si señora.
+
+--Pues bien; es necesario que entres en su casa cuantas mas veces
+puedas, que observes, que veas... ademas de eso tú debes de tener un
+amante...
+
+Mariblanca se turbó, tartamudeó, y al fin confesó que era mi novia.
+
+--¡Ah! dijo la dama: un sacristan... ciertamente el amante digno del ama
+de un beneficiado; así todo se queda en casa: pues bien, es necesario
+que de noche tu amante ronde por fuera de la casa de doña Isabel, y vea
+quién entra y quién sale, ó quién ronda ó no.
+
+Mariblanca prometió á la dama servirla á su placer, y salió mas muerta
+que viva, temiendo encontrar de nuevo á su padre; pero su padre habia
+desaparecido: vínose á casa del beneficiado, y mientras este dormia
+aquella noche su primer sueño, me contó todo lo que la habia acontecido.
+De esta manera fue como Mariblanca conoció á vuestra cuñada doña Elvira
+de Céspedes, y me ha contado tantas veces y tan al pormenor su aventura,
+que la sé de memoria sin que en ella falte ni un ápice.
+
+--Me has dicho en esa relacion que doña Elvira habia salvado la vida al
+Ferih.
+
+--Asi lo dijo doña Elvira á Mariblanca.
+
+--Esto lo sabré yo por la misma parte interesada; dijo para sí
+Aben-Jahuar, y luego añadió alto:
+
+--¿Y qué vísteis Mariblanca y tú?
+
+--Mariblanca, que empezó á frecuentar, á pretexto de conocimiento y de
+cariño á doña Isabel, vió que estaba siempre muy triste, que hasta
+dentro de su casa llevaba sus lutos de viuda, aunque ha mas de veintidos
+años que, segun cuentan, y estando de recien casada con él, murió su
+marido: que ama mucho á su hijo Diego Lopez, y que es muy caritativa y
+muy cristiana.
+
+--¿Y no vió nunca Mariblanca en la casa ningun hombre?
+
+--Si señor, los parientes del difunto marido de doña Isabel.
+
+--¿Y nadie mas?
+
+--Nadie mas.
+
+--¿Y tú qué vistes en tus rondaduras?
+
+--Os diré, señor: yo he visto mucho y no he visto nada.
+
+--Explícate.
+
+--He visto, por ejemplo, algunas temporadas en este último año un bulto
+con trazas de caballero, y de caballero principal, que rondaba las
+bardas de la huerta donde vive doña Isabel.
+
+--¿Rondarlas nada mas?
+
+--Algunas veces hablaba con el esclavo de Diego Lopez, que para hablarle
+se ponia caballero en la tapia, y esto muy tarde.
+
+--¿Y no pudiste entender lo que hablaban?
+
+--Sí, sí señor; una noche por encargo de doña Elvira, que deseaba mucho
+saber lo que el caballero hablaba con el esclavo, me arriesgué á todo, y
+aprovechando la oscuridad, que era tal que no se veian los dedos de las
+manos, me tendí cosido contra la tierra y la barda cerca del lugar por
+donde solian hablar el caballero y el esclavo del señor Diego Lopez;
+poco despues de estar allí oí ruido entre las matas, y sentí acercarse á
+un hombre que se detuvo y silbó como una culebra: al silbido sentí que
+por dentro se acercaba una persona que trepaba á la barda, y al fin oí
+la voz de Alí, á quien conozco mucho, que decia:
+
+--¿Sois vos señor?
+
+--Sí, yo soy, contestó el de fuera: ¿qué tienes que decirme?
+
+--He puesto la carta de vuestra señoría, sobre la mesa del aposento de
+mi señora; me he puesto en acecho; cuando mi señora ha entrado y visto
+la carta se ha puesto pálida, la ha tomado y la ha leído temblando;
+despues la ha ocultado, como ha hecho siempre con las otras, entre sus
+ropas; ya entrado el dia, me ha encontrado en el huerto, me ha mirado
+fijamente, como siempre que he dejado alguna carta, pero no me ha dicho
+nada; á Genoveva, su doncella, la ha tratado con impaciencia, y como la
+pobre muchacha no sospecha nada, se ha entristecido; yo por mi parte me
+he hecho el torpe, como si nada supiese, y ha pasado.
+
+--¿Y nada mas? dijo el caballero.
+
+--Sí, si señor, contestó Alí: he robado un ramo de flores del búcaro de
+la señora, y una de las marañas de cabello de su peinado. Ahí va todo
+junto: los cabellos en las flores.
+
+--Paréceme que hubiera querido mucho mejor el incógnito, dijo
+Aben-Jahuar, las flores en los cabellos.
+
+--Eso tambien creo yo, dijo Barbillo, porque el tal señor está
+perdidamente enamorado de doña Isabel.
+
+--¿Y lo sabe eso doña Elvira?
+
+--¡Pues no ha de saberlo! como que yo la escribí relatándola, sin faltar
+letra la conversacion que habia oido entre el hidalgo y Alí.
+
+--¿Y no ha entrado nunca ese enamorado, casa de mi hermana?
+
+--Nunca. Sabríalo yo, y hace algunas noches estaba tan desesperado como
+antaño.
+
+--Continúa.
+
+--Pues señor, doña Elvira quiso á todo trance saber con certeza quién
+era el desesperado amante de doña Isabel, y... ayer vino á Cádiar.
+
+--Ya lo sé.
+
+--Se ocultó en la casa que tiene de costumbre, en la Caba Alta.
+
+--Lo sé tambien: casa de la viuda de un mudéjar.
+
+--Eso es: con la viuda mandó llamar á Mariblanca.
+
+--Lo sé tambien: es decir que Mariblanca fué á ver á doña Elvira, pero
+no sé lo que hablaron.
+
+--Doña Elvira queria á todo trance, que yo con algunos amigos me
+apoderase del encubierto; anoche mismo Mariblanca me lo dijo, y como
+pagaba bien doña Elvira, busqué al organista y al barbero, que son dos
+mozos de pelo en pecho, y bien armados, esperamos á nuestro hombre por
+el camino por donde suele entrar en la villa; el hombre vino, pero nos
+aporreó: á pesar de la noche le conocí: esta mañana le ví en la
+sacristía.
+
+--¿Con qué es decir que el beneficiado, anda en tratos con ese hombre?
+
+--¿Y como si anda? y jura y perjura que es el mejor cristiano que
+conoce.
+
+--Pues no tiene mucho conocimiento el beneficiado.
+
+--¡Cómo! ¡qué! exclamó abispado, como suele decirse, Barbillo.
+
+--Dios me entiende y yo me entiendo, y basta con que Dios y yo nos
+entendamos: vamos á otra cosa. Mariblanca seguirá frecuentando la casa
+de mi hermana.
+
+--Ahora mas que nunca, y de tal manera la finge cariño y amistad
+Mariblanca, que doña Isabel ha llegado á amarla y á no poder pasar sin
+ella: de tal modo que la tarde que Mariblanca falta á su visita, la
+envia á buscar doña Isabel.
+
+--¿Y qué sabe Mariblanca de cierta dama, que hace diez dias ha traido mi
+sobrino Diego Lopez á su casa?
+
+--¡Ah! esa es otra historia. Diego Lopez ni aun se ha tomado el trabajo
+de disculparse con su madre.
+
+--¡Ola! ¡Ola! ¿con qué de tal modo falta mi sobrino al respeto á mi
+hermana?
+
+--Hace algun tiempo que el señor Diego Lopez está desconocido, antes era
+alegre y decidor; iba á todas partes, galanteaba á las mozas, y hacia
+finezas á Mariblanca, hasta el punto que casi, casi, llegué á tener
+zelos: jugaba á la pelota, tiraba la barra y era el que mejor parte
+llevaba en la palestrilla[23]. ¡Pero ahora! ni tiene un requiebro para
+las mozas, ni una palabra para sus conocidos; anda triste y mohino,
+pensativo y cabizbajo, y algunos pastores le han visto acechando por el
+sitio por donde suele pasar la Dama Blanca de la montaña.
+
+--¡Bah! ¡bah! ¡la Dama Blanca! dijo con acento de burla Aben-Jahuar.
+
+--Burlaos cuanto querais, pero no por eso será menos cierto que anda por
+nuestras montañas ese duende maldito, que hace mal de ojo á los ganados,
+y mucho será que no se lo haya hecho al señor Diego Lopez.
+
+--Bien, bien; pero sigue, que nuestra conversacion se va haciendo
+demasiado larga y tengo que hacer.
+
+--¿Pues y yo que estoy haciendo falta ya en la iglesia? ¡Ya se ve!
+¡quiere vuesamerced saber tanto!
+
+--Quiero saber lo que sabe Mariblanca acerca de esa dama, que ha ido á
+vivir desde hace tres días á la casa de mi hermana.
+
+--Esa dama es muy hermosa.
+
+--Lo sé.
+
+--Y muy principal.
+
+--Lo sé tambien.
+
+--Y gasta unos vestidos como no se han visto en las Alpujarras.
+
+--Vamos al asunto maese Barbillo.
+
+--Pues el asunto es, que el señor Diego Lopez se presentó en su casa el
+lunes en la noche, trayendo á esa dama á la grupa de su caballo, y que
+dijo á su madre, segun vuestra señora hermana ha dicho á Mariblanca, que
+era necesario que la tuviese en su compañía. La dama, que se llama,
+quisiera no equivocarme, doña Angélica, dijo á vuestra hermana que era
+viuda de no sé qué príncipe, que se encontraba sola en el mundo, que el
+señor Diego Lopez la habia enamorado, y que preferia vivir al arrimo de
+doña Isabel, á que nadie viese que siendo moza y sola la galanteaba un
+hidalgo jóven. Doña Isabel por amor á su hijo, y viéndose tambien sola,
+ha dicho en el pueblo que la doña Angélica es una parienta suya, que ha
+venido á vivir una temporada en las Alpujarras. ¡Pobre madre!
+
+Callóse Barbillo, porque no tenia mas que decir.
+
+--Toma maese, le dijo Aben-Jahuar sacando un escudo de oro de su
+bolsillo y dándolo al sacristan, has cantado de plano y te estoy
+agradecido. Ahora cuídate de no decir á alma viviente, ni aun á
+Mariblanca, que has hablado conmigo, y adios.
+
+--¿Y no me encargais nada, señor?
+
+--Será muy posible que no necesite de ti, contestó Aben-Jahuar con voz
+cavernosa.
+
+--Pues lo siento mucho, don Fernando, porque teneis una manera tal de
+tratar á las gentes, que dan ganas de serviros de rodillas.
+
+--Si te necesito otra vez te buscaré.
+
+Y como al decir esto Aben-Jahuar habia demostrado con el acento y con el
+gesto que deseaba quedarse solo, Barbillo, despues de haberle saludado
+servilmente, salió.
+
+--No gozarás ese dinero, sino lo gastas de aquí á la noche, dijo el
+capitan general de los moriscos: sé cuanto necesitaba saber: ahora
+empecemos á obrar.
+
+Y yendo á la puerta gritó:
+
+--Ola mesonero: mi caballo y la cuenta.
+
+Un momento despues salia del meson y de Cádiar á un mismo tiempo.
+
+
+
+
+CAPITULO XVII.
+
+ El capitan Diego de Herrera.
+
+
+Los pobres moriscos de la villa estaban consternados.
+
+En primer lugar desde el dia anterior se sabia una noticia en extremo
+alarmante.
+
+El hecho á que aquella noticia se referia, era el siguiente:
+
+Acostumbraban los escribanos y los alguaciles de la audiencia de Ujijar
+de Albacete, villa de las Alpujarras, ir á pasar las vacaciones de
+Pascuas en Granada, donde los mas de ellos tenian sus familias, y al
+hacer el camino, como los moriscos estaban acobardados y ellos lo sabian
+bien, porque eran los que los acobardaban, llevábanse á su paso,
+gallinas, pollos, miel, fruta y dinero, todo arrancado con amenazas, ó
+mejor dicho: robado.
+
+Cinco de estos escribanos y alguaciles, entre los que iban dos
+ferocísimos, Juan Duarte, y Pedro de Medina, salieron de Ujijar el
+martes veinte y dos de diciembre llevando por guia á un morisco, é
+hicieron por los lugares por donde pasaron desórdenes y tropelías, con
+el mismo descuido que si las Alpujarras hubieran estado en perfecta
+tranquilidad, y no agitadas y preparándose para un alzamiento; á las
+noticias de estos desórdenes, salió á ellos con algunos monfíes nuestro
+antiguo conocido Harum-el-Geniz, y encontrándolos en una senda cerca de
+la villa de Poqueira les cortaron el camino y los pasaron á cuchillo, no
+pudiendo escapar mas que el escribano Pedro de Medina y el guia morisco,
+que fueron á ampararse á la villa de Orgiva. Del mismo modo los monfíes
+mataron y quitaron los caballos á cinco escuderos que habian salido de
+Motril.
+
+Temian, pues, los moriscos, que, como en otras ocasiones, pagasen justos
+por pecadores, es decir, que el corregidor de Ujijar enviase al término
+donde aquellos fracasos habian acontecido y aun mucho mas lejos; algunas
+escuadras de soldados, y no pudiendo haber á los monfíes, ó no
+atreviéndose á ellos, extremasen sus crueldades y sus licencias con los
+que ninguna parte habian tenido en el caso.
+
+Lo que en segundo lugar los tenia como suele decirse con la mosca sobre
+la oreja, era que se sabia de cierto que la Inquisicion iba á Cádiar á
+hacer su visita, y lo que en su lugar los aterraba era la llegada á la
+villa del capitan Diego de Herrera, y su cuñado Juan Hurtado Docampo,
+hombres crueles, que con cincuenta soldados y una carga de arcabuces,
+habian venido de Granada, causando á su paso por los pueblos agravios,
+cometiendo desafueros, y tratando á los naturales como cosas viles de
+las cuales dispone á su antojo su dueño.
+
+Aquella mañana antes de que entrasen los dos hidalgos cuñados con su
+gente, sabíase en la villa, y encontrábanse en la plaza los moriscos
+divididos en corros, hablando animadamente: pero notábase que cambiaban,
+aunque con gran disimulo, de conversacion cuando pasaba junto á ellos
+algun alguacil del corregidor, ú otro de los castellanos de los que
+vivían en el pueblo con fueros y soberbia de autoridad, ya fuese por su
+oficio, ya por su amistad con los oficiales del rey.
+
+Un observador hubiera notado que los moriscos trataban algo y algo
+terrible.
+
+Como á las nueve de la mañana oyéronse en la parte baja de la villa
+pífanos y tambores, y cambió como por ensalmo la expresion de los
+semblantes de los moriscos, de tal modo que nadie los hubiera creido
+sino los mas contentos y felices hombres del mundo: poco despues
+entraron en la plaza con la bandera tendida los cincuenta arcabuceros,
+llevando delante dos pífanos y dos tambores, tras ellos Diego de Herrera
+y su cuñado Juan Hurtado Docampo, ginetes en dos rocines, con las
+espadas desnudas, y con mas fueros, autoridad é hinchazon que podia
+haber traido el mismo rey.
+
+--¡Eh! ¡tú, Tomás el Ansarí! dijo el capitan Herrera á un anciano que
+estaba entre los moriscos y á quien conocia por haber estado antes de
+presidio en la villa: mis muchachos vienen cansados, necesitan buen
+almuerzo, buena cama, y buenas mozas: conque mira de qué modo se les
+aposenta, que no tengan que enojarse con vosotros.
+
+El Ansarí, que era el xeque de la talla de Cádiar, noble anciano
+descendiente de la esclarecida familia de los Abencerrages, se acercó al
+capitan con la gorra en la mano, y le dijo con la sonrisa en los labios:
+
+--Bien venido sea vuesamerced entre nosotros: por mi parte, mi casa y
+cuanto en ella tengo está para serviros y á ese honrado hidalgo que os
+acompaña: juro á Dios que no os ha de faltar nada y en cuanto á la
+tropa, yo haré de modo que á cada soldado se le aposente como si fuera
+un rey.
+
+--Bien harás en eso Ansarí, porque tanto como un rey vale un soldado
+español, y tal andais vosotros que os importa estar bien con la gente de
+guerra; que nadie sabe lo que acontecerá, y ocasion podria llegar, en
+que sea mas útil la amistad de un soldado que la del mismo Preste-Juan
+de las Indias.
+
+--Si esa ocasion llega, ya procuraremos que los buenos soldados del rey
+no puedan quejarse de nosotros.
+
+Tras estas palabras Tomás el Ansarí se llevó consigo hácia su casa al
+capitan Herrera y á su cuñado, y los arcabuceros fueron alojados en las
+mejores casas del pueblo.
+
+Al atravesar la plaza el capitan Herrera, detuvo de repente su caballo.
+
+--¡Juro á Dios que no la hubiera conocido! exclamo mirando á una moza
+que pasaba á la sazon y que se detuvo á su voz y clavó una penetrante
+mirada en el capitan; ha crecido y está hecha una reina: será preciso
+volver á travar conocimiento con esta muchacha.
+
+Aquella muchacha era Mariblanca, que despues de haber mirado por un
+momento el capitan, siguió su camino haciendo un mohin de desprecio.
+
+--¿Conoces á esa prenda? dijo el capitan al Ansarí, siguiendo adelante.
+
+--Es Mariblanca, contestó lacónicamente el xeque.
+
+--Cuando yo se la quité á su padre para hacerla mia, repuso con
+desvergüenza el capitan, se llamaba Alida.
+
+--Entonces era mora.
+
+--Es verdad: recuerdo que por casarse conmigo se bautizó.
+
+--Y entonces la pusieron María: despues como es blanca como la nieve,
+han dado en llamarla Mariblanca.
+
+--¿Y se ha casado?...
+
+--Es ama del licenciado Juan de Ribera, beneficiado de la iglesia de la
+villa.
+
+--¡Ah! ¡ah! ¡querida de un clérigo!... bien... pues mira aposenta á mi
+cuñado en tu casa, que yo voy á aposentarme en la del beneficiado.
+
+--Como guste vuesamerced, dijo el Ansarí.
+
+Diego de Herrera, como quien conocia el pueblo, se fué derecho á la casa
+del beneficiado.
+
+Cuando llegó á ella no habia nadie mas que el niño de coro que servia á
+Mariblanca, porque en cuanto al clérigo solo se dejaba servir por la
+jóven.
+
+Era demasiado persona un capitan de infantería española en aquellos
+tiempos y en tales circunstancias, para que un vecino, y mucho menos un
+niño, se opusiese á su voluntad. El capitan metió por sí mismo el
+caballo en la cuadra donde el beneficiado tenia su mula; entróse como
+por su casa en las habitaciones interiores, y en la mejor se echó sobre
+un ancho mueble, especie de sofá que el beneficiado, hombre cómodo si
+los habia, tenia para su regalo, y clavó sus espuelas en el damasco de
+los almohadones, sin importársele de ello un ardite.
+
+--¿Dónde está tu amo? dijo el capitan al niño de coro que le habia
+seguido absorto.
+
+--Está en la iglesia, señor, contestó aturdido el muchacho.
+
+--¿Y no hay quien me dé de almorzar?
+
+--No, no señor, contestó mas aturdido el muchacho: la señora Mariblanca
+está fuera.
+
+--¿Quién está ahí? dijo una voz sonora y fresca á la puerta del
+aposento.
+
+El muchacho por toda respuesta señaló al capitan que estaba echado sobre
+el sofá una pierna sobre la otra, y desceñido el talabarte.
+
+--¡Ah! dijo Mariblanca, de la manera mas natural y aun con alegría, con
+la alegría de quien ve al cabo de mucho tiempo de ausencia á una persona
+á quien ama: ¡bien venido sea el señor capitan!
+
+El muchacho se habia ido: Mariblanca y Diego de Herrera estaban solos.
+
+Reconozcamos á estas dos personas.
+
+Era ella una mujer como de veinte y cuatro á veinte y cinco años, pero
+con el brillo de una juventud extremada, alta de frente, ancha de
+hombros, un tanto largo el cuello, prominente el pecho, delgado el
+talle, y gallardamente pronunciadas las caderas; era muy blanca, hasta
+el último punto que puede ser blanca una mujer; levemente sonrosada en
+las mejillas y los labios húmedos y muy rojos: tenia los cabellos muy
+negros y muy abundantes: las cejas y las pestañas negrísimas y espesas;
+los ojos garzos; torneados el cuello, los brazos y las piernas, y muy
+pequeños y muy gruesecitos los piés y las manos: era una de esas
+moriscas cuyo tipo se conserva aun en las Alpujarras, que enamoran á una
+piedra, que derriten con su mirada el hielo, y que desesperarian á un
+pintor.
+
+Vestia al uso del pais, y su corto zagalejo dejaba ver las deliciosas
+extremidades en que se sustentaba: se nos olvidaba decir que era alta y
+robusta, y que en sus ojos, en su boca y en la actitud de su cabeza,
+habia algo de duro, altivo y fiero, que en vez de perjudicarla aumentaba
+su hermosura, porque asociaba á ella la idea de la fuerza, del valor y
+de la dignidad.
+
+Diego de Herrera era un hombre de cuarenta años; alto, robusto,
+membrudo, con picaresco semblante de soldado, curtido por el sol, por
+el aire, y por el polvo y el humo de las batallas; procacidad en los
+ojos, cinismo en la expresion de la boca, audacia en sus maneras, y
+rudeza y sabor soldadesco en todo su conjunto; todo como cubierto,
+velado y dulcificado por cierto espíritu de nobleza de raza, que hacia
+comprender que se trataba de un noble, aventurero y soldadote eso sí,
+pero de _pur sang_.
+
+--¿Sabías tú que yo vivia en esta casa, Diego? dijo Mariblanca, posando
+en el capitan una mirada entumecida, no sabemos si por el odio, pero que
+podia haberlo sido del mismo modo por el amor.
+
+--¿Pues si tú no vivieras en esta casa vida mia, á qué habia yo de haber
+venido á ella?
+
+--Pues has tardado en venir, contestó Mariblanca.
+
+--¿Qué quieres? En primer lugar el soldado es del rey en cuerpo y alma,
+y es necesario ir á donde nos manda su magestad, sin que nos duelan
+prendas del alma: ademas que la última vez que nos vimos me trataste de
+un modo que no demostraba que tuvieses muchas ganas de volverme á ver.
+
+--Te dí de puñaladas.
+
+--Pero no me mataste, como me estas matando con tus ojos.
+
+Y el capitan se sentó en el sofá, y echó á un lado el talabarte con la
+daga y la espada.
+
+Mariblanca se habia acercado, y habia apoyado una mano en el hombro del
+capitan.
+
+--¿Es verdad que mis ojos te matan? le dijo.
+
+--¡Ah, diablo! me parece que respiro con dificultad, Alida, repuso el
+capitan rodeando con sus dos manos su cintura.
+
+--A veces el tiempo que pasa hace milagros, dijo con un leve sarcasmo la
+jóven.
+
+--Sí, si por cierto; el tiempo que pasa, cuando pasa como ha pasado por
+tí, hace el milagro de convertir á una niña bonita en una moza como tú
+¡cien rayos! ¿sabes que seria capaz por tí de matar á todos los clérigos
+del mundo?
+
+--¿Y por qué?
+
+--¿No eres ama de un beneficiado?
+
+--¡Y bien!
+
+--Ama y manceba...
+
+--Son dos cosas distintas...
+
+--¿De veras?
+
+--Te lo juro.
+
+--Si se pudiera creer eso...
+
+--La que dió de puñaladas al amante que la engañaba, no es mujer de
+tener mas que un amante.
+
+--¡Oh! ¡oh! si yo llego á creer eso...
+
+Y el capitan trajo hácia sí con tal fuerza á Mariblanca, que aunque esta
+era fuerte, no pudo evitar que la diese un sonoro beso en el cuello.
+
+Mariblanca, sin embargo, saltó atrás y quedó libre.
+
+--Estas son locuras, dijo.
+
+--¡Cómo! exclamó el capitan: ¿no quieres ser mi mujer?
+
+--No digo eso: sino que venir á esta casa, y despues enamorarme en ella,
+son locura sobre locura.
+
+--¿Pues qué he de hacer?
+
+--Ven á verme esta noche.
+
+--¿Esta noche?
+
+--Sí.
+
+--¿A hablarte por la reja? no me acomoda.
+
+--Toma: dijo Mariblanca yendo á una espetera y tomando una llave.
+
+--¿Y para qué esto?
+
+--Para que entres esta noche en el huerto por el postigo.
+
+--Hace mucho frio para estar al sereno.
+
+--Al huerto da la ventana de mi aposento.
+
+--¡Ah! eso es distinto. Pero es el caso, que yo no daré con ese postigo.
+
+--Pues es muy fácil; mira (y Mariblanca señaló al huerto que se veía por
+una puerta del fondo): ¿ves aquella higuera?
+
+--Sí.
+
+--Sus ramas salen fuera de la tapia.
+
+--Sí.
+
+--Junto á esa higuera, está el postigo.
+
+El capitan tomó la llave y la guardó en el bolsillo de sus gregüescos.
+
+--¿Y á qué hora he de venir, luz de mis ojos?
+
+Quedóse un instante meditando Mariblanca.
+
+--Esta noche es noche de Navidad, dijo al fin.
+
+--Es verdad, repuso el capitan.
+
+--A las doce dirá la misa del Gallo el señor Juan de Ribera.
+
+--Y entre tanto tú te quedarás sola en la casa.
+
+--Sí, porque pretextaré que estoy enferma para no ir á misa.
+
+--Bien, muy bien: con que es decir, que esta noche á las doce.
+
+El capitan se levantó, y se dirigió á Mariblanca con notoria intencion
+de abrazarla.
+
+--Quieto, quieto, señor mio, dijo la jóven: aunque estamos solos puede
+entrar gente de un momento á otro. Vete. Hasta la noche.
+
+--Sea como tú quieras, Mariblanca: adios.
+
+El capitan se fué á la cuadra, sacó su caballo, montó en él, y fué á
+hospedarse casa del Ansarí murmurando por el camino:
+
+--Está hecha una prenda de rey: y me ama: me ama aun: las mujeres no
+olvidan nunca á su primer amante: vive Dios que esta Noche Buena, vá á
+ser la mejor noche que haya pasado en toda mi vida.
+
+
+
+
+
+CAPITULO XVIII.
+
+ El palacio encantado.
+
+
+Aun no eran las once de la mañana, cuando salia de Cádiar una larga
+procesion, en medio de los moriscos que la miraban con un mudismo de mal
+agüero.
+
+Componian esta procesion, unos cuarenta frailes entre donados y de misa,
+franciscanos descalzos, con sus hábitos cenicientos, sus anchas
+sandalias y sus estrechos cerquillos, llevando su pendon y su cruz: trás
+estos, iba la clerecía de la iglesia parroquial, con sus albas y sus
+bonetes, llevando delante estandarte y ciriales, y detrás el señor
+beneficiado, cubierto con una riquísima capa de coro, llevando á la
+derecha un diácono, y á la izquierda un subdiácono; seguia el corregidor
+con el escribano, y la turba alguacilesca, despues los vecinos mas ricos
+del pueblo, entre los que se contaba Tomás el Ansarí, y por último, el
+capitan Diego de Herrera, y su cuñado Juan Hurtado Docampo, vestidos de
+gala, llevando trás sí, al compás de la marcha de pífanos y tambores,
+los cincuenta arcabuceros que habian traido á la villa, no menos
+engalanados y empenachados.
+
+Toda esta gente salia á recibir al señor Molina de Medrano, inquisidor
+de la Suprema del Santo Oficio de la general Inquisicion, que con un
+secretario, algunos alguaciles y un resguardo de cuadrilleros de la
+Santa Hermandad, esperaba aquella procesion en la venta de la
+Mala-noche, á un cuarto de legua de Cádiar, para entrar con ella en la
+villa, con la pompa, decoro y aparato que correspondian al Santo Oficio.
+
+Llegaron á la venta los que recibian, se incorporaron á ellos los
+recibidos, y tomaron el camino de Cádiar, aumentándose el ruido de los
+pífanos y tambores de la infantería, con los clarines de los
+cuadrilleros y los sordos timbales del Santo Oficio.
+
+Apenas el insigne maese Barbillo, que armado de sobrepelliz y sotana,
+atalayaba desde la torre de la iglesia el camino, vió que los que iban,
+se habian reunido á los que venian, cuando, satisfaciendo la
+impaciencia de los monaguillos, les mandó echar las campanas á vuelo.
+
+Aquel alegre toque, penetró como una amenaza terrible en las casas de
+los moriscos del pueblo: los hombres miraron con temor á sus mujeres
+como si las viesen por la última vez, y estas abrazaron llorando á sus
+pequeñuelos.
+
+¡La Inquisicion se acercaba!
+
+Sin embargo, esta consternacion, este dolor eran un delito, y debian
+quedar ocultos en el fondo del hogar: fuera era necesario, no solo
+mostrar el semblante alegre, sino tambien salir engalanados al encuentro
+de la Inquisicion.
+
+Esta, con las gentes que la acompañaban, entró al fin en el pueblo; pero
+apenas habia entrado, cuando de una breña cercana se levantó un hombre.
+
+Aquel hombre era el emir de los monfíes.
+
+Llevaba Yaye el mismo trage castellano, con que aquella mañana habia
+hablado á Juan de Ribera, con el nombre de don Alonso de Fuensalida.
+
+Junto á él, oculto en las quebraduras, estaba su caballo.
+
+Silbó Yaye, y un momento despues saltaron por las rocas del barranco dos
+hombres.
+
+Era el uno su wazir, Harum-el-Geniz, el otro, brabío, terrible, casi
+salvaje, era el tremendo Ferih de los Berchules.
+
+--Al momento, Harum, al momento, dijo Yaye: vé y ordena á
+Farax-aben-Farax, que con los seis mil hombres que le he entregado,
+marche sobre Granada: que procure llegar á ella á la media noche; que
+levante el Albaicin con unos pocos, mientras con los restantes enviste
+la Alhambra. Que ponga, en fin, en ejecucion cuanto le tengo ordenado.
+Vé.
+
+Harum partió.
+
+Yaye se volvió al Ferih, y le señaló á Cádiar que se levantaba delante
+de ellos sobre su vericueto.
+
+--¿Oyes? le dijo.
+
+--¡Los infieles estan alegres! contestó el Ferih.
+
+--Allí vive tu hija, la hija que te ha deshonrado; allí está el que
+deshonró á tu hija: es necesario que te vengues, Melik.
+
+--Hace mucho tiempo que estoy esperando mi venganza.
+
+--¡Allí tambien está doña Elvira de Céspedes!
+
+--¡Ah, señor! el amor que os tiene esa dama, os puede ser funesto:
+¿porqué en estos momentos supremos no satisfaceis ese amor? ¿ignorais
+que Aben-Jahuar-el-Zaquer, es un traidor?
+
+--No importa: una cabeza mas que cortar.
+
+--Es que Aben-Humeya y Aben-Aboo, son sus sobrinos.
+
+Estremecióse Yaye al escuchar el nombre de sus hijos, y repitió sin
+embargo.
+
+--No importa: escúchame bien: en Cádiar tenemos ahora mismo un
+inquisidor infame, un beneficiado hipócrita y cruel, un capitan de
+infantería aventurero y asesino; una compañía de arcabuceros, un
+convento de frailes; un corregidor, y una bandada de alguaciles: cerca á
+la redonda á Cádiar: que no pueda salir ninguno de esas gentes; que cada
+breña, cada piedra, cada mata, oculte á un monfí.
+
+--Cercaré la villa, señor, y no saldrá ni una mosca de ella.
+
+--Pero cércala bien: con gente sobrada, y de modo que nadie pueda verla.
+
+--Asi lo haré, señor.
+
+--Solo dejarás pasar por el camino de Yátor, al beneficiado Juan de
+Ribera, y al sacristan Barbillo.
+
+--¿No sabeis, señor, que ese Barbillo es el amante con que ahora se
+entretiene mi infame hija?
+
+--El beneficiado y el sacristan volverán á Cádiar: cuenta Ferih con que
+les acontezca algo en el camino.
+
+--¿Y si fuese con ellos alguna otra persona?
+
+--La dejarás tambien pasar.
+
+--Muy bien, señor.
+
+--Vete y espérame en la rambla Roja.
+
+El Ferih desapareció entre las breñas.
+
+El emir desató su caballo de un espino, y siguió una rambla abajo.
+
+Las campanas de la iglesia de Cádiar seguian repicando.
+
+Yaye se perdió entre las quebraduras.
+
+Entonces, de una breña que estaba próxima al lugar donde habian hablado
+Yaye, Harum y el Ferih, salieron dos hombres.
+
+El uno tenia una capa gris, y el otro una capa negra.
+
+Eran los mismos que habia estado mirando Aben-Aboo desde la ventana del
+meson del Cojo.
+
+Eran el comediante Andrés Cisneros, y Laurenti ó Bempo ó Godinez, como
+quieran nuestros lectores.
+
+--¿Habeis oido? dijo Laurenti á Cisneros.
+
+--Si por cierto, dijo el comediante todo trémulo, y me parece que
+estamos en muy mal lugar.
+
+--Yo os creia mas valiente.
+
+--¿Podeis pedirme mas valor? Por esa mujer he hecho lo que no hubiera
+hecho por ninguna. Desde que me dijisteis que no la perdiese de vista,
+desde el domingo por la mañana, la he observado: en acecho estaba cuando
+entró en su aposento Aben-Aboo, y me dieron tentaciones de entrar y de
+matarle allí mismo.
+
+--Hubiérais hecho muy mal.
+
+--Los zelos son malos consejeros.
+
+--Vos no debeis tener zelos de esa mujer.
+
+--¿No los teneis vos?
+
+--¡Yo! lo que la tengo es odio. Ademas, no hay que tener zelos. Ella no
+ama mas que á un hombre, y ese hombre no la ama.
+
+--¿Y á pesar de eso, huye con otro hombre?
+
+--Por vengarse.
+
+--¿Y por vengarse, ha hecho lo que yo la he visto hacer?
+
+--¿Y qué la habeis visto hacer vos?
+
+--He dicho mal, no lo he visto: lo he sentido.
+
+--¿Pero qué habeis sentido?
+
+--Ya os he dicho, que cuando salieron del corral del Carbon los seguí;
+que cuando salieron de la ciudad los seguí tambien, pagando á los
+guardas de la puerta del Rastro, para que me dejasen salir como á ellos;
+que los seguí por el camino, á pesar de que el caballo de ese maldito
+morisco, andaba mas deprisa de lo que yo hubiese querido; que cuando
+ellos han entrado en una venta del camino, me he esperado fuera, sin
+comer, descansando solo el tiempo que han tardado en salir: pues bien,
+durante esa larga jornada, he sentido en medio del silencio de la
+noche...
+
+--¡Algun beso!...
+
+--Besos ardientes: besos de enamorados.
+
+--Y bien, ¿no os ha besado tambien Angiolina?
+
+--Si.
+
+--¿No se ha mostrado tan amorosa con vos delante de las gentes, como os
+han dicho se han mostrado con Aben-Aboo las mozas de las ventas á
+quienes habeis preguntado, cediendo á vuestros ridículos zelos?
+
+--Si, si; es verdad que hasta que apareció en Granada el marqués de la
+Guardia, todos me han creido amante de esa mujer.
+
+--Sin embargo nada habeis obtenido de ella.
+
+--Es verdad.
+
+--Y os ha mantenido continuamente en una falaz esperanza.
+
+--Es verdad.
+
+--Pues de la misma manera, aunque todo el mundo la crea enamorada de
+Aben-Aboo, aunque Aben-Aboo, que si no la ama ya, la amará con toda su
+alma, se crea amado por ella, os lo afirmo, os lo afirmo yo que la
+conozco desde hace diez años: Angiolina, que solo ama al marqués, será
+fiel á sus amores, se vengará del marqués, le matará si es posible:
+matará si puede á la sultana Amina, á cuantos encuentre ante sus zelos y
+su rabia: pero guardará puro su amor á ese hombre: vos no conoceis á
+Angiolina, añadió suspirando Laurenti: no, no la conoceis: si ella me
+hubiera amado, que bien pudiera haber sido si yo.... pero en fin, no
+hablemos de esto: hay dolores que hierven en mi corazon, silenciosos,
+terribles; que se agitan dentro de él, que luchan, que solo conoce esa
+mujer... no hablemos mas de este asunto: pero vos necesitais vengaros...
+
+--Si... con toda mi alma.
+
+--Yo tambien.
+
+--Pues á vengarnos hemos venido á las Alpujarras, á vengarnos del
+marqués de la Guardia.
+
+--Nuestra venganza es injusta, dijo moviendo tristemente la cabeza
+Cisneros.
+
+--¡Oh! yo odio á ese hombre: yo la aborrezco á ella: á él porque ella le
+ama, á ella porque le ama á él. Pero andad mas de prisa, Cisneros; ¿no
+habeis oido al emir mandar á sus monfíes que cerquen á Cádiar á la
+redonda?
+
+--Y es muy posible que si los monfíes nos encuentran y nos prenden, y
+nos presentan al emir, no podamos dar cima á nuestros proyectos.
+
+--Si me seguís á buen andar yo os juro que no daran con nosotros.
+
+--La primer contra que tenemos es que no conocemos el terreno.
+
+--Vos no; yo si, y os sirvo de guia.
+
+--¿Que conoceis vos las Alpujarras?
+
+--Conozco la parte que necesito conocer.
+
+--Yo creia que nunca habiais venido á ellas.
+
+--Yo presentía que los sucesos me habian de traer á ellas alguna vez,
+siguiendo á Angiolina, y procuré que me fuesen familiares.
+
+--No sé cuando habeis podido...
+
+--Yo necesito muy poco tiempo para conocer un terreno: como que he sido
+bandido...
+
+--¡Ah! exclamó Cisneros, mirando con un asombro temeroso á Laurenti, que
+á cada momento crecia en proporciones fatídicas ante sus ojos.
+
+--Si; he sido bandido, y famoso y terrible: me han perseguido y jamás
+han podido dar conmigo: basta con que yo vea la estructura de un país
+para que comprenda sin equivocarme las ventajas que puedo sacar de él. Y
+sino juzgad, juzgad por vos mismo: ¿no me habeis encontrado junto á vos
+en las Alpujarras cuando menos lo esperabais?
+
+--¿Y cómo habia de esperarlo? Yo creia que os quedábais en Granada al
+frente de la compañía.
+
+--¡Que se la lleve el diablo! vos os vinísteis siguiendo á una mujer; yo
+me vine siguiendo á un hombre.
+
+--¡Al marqués de la Guardia! ¿estará acaso en las Alpujarras?
+
+--En las Alpujarras se encuentra, aunque es muy posible que no lo sepa.
+
+--¿Y dónde está?
+
+--¿Para qué quereis saberlo? Dejaos guiar de mí, no me pregunteis mas de
+lo que yo quiera deciros, y sobre todo andad mas de prisa. Porque
+conozco el terreno os aguijo; hasta que salgamos de esta humbria estamos
+en peligro.
+
+--Es que resbalo sobre el hielo.
+
+--Si no os sentís con fuerzas para la empresa en que os habeis metido
+volveos.
+
+--No, no; os seguiré... os seguiré á donde querais.
+
+--Pues bien, seguidme, y por ahora callad; entramos en un terreno
+nevado, y la nieve ahogará el ruido de nuestros pasos.
+
+--Pero el que pueda oirnos nos puede ver.
+
+--Son dos cosas distintas: pueden oirnos sin vernos: callemos, pues, ya
+que no podemos hacernos invisibles.
+
+Cisneros siguió en silencio á Laurenti, que á gran paso, por entre
+pinares lóbregos y estrechos y ásperas quebraduras, alejándose
+constantemente hácia el Este, anduvo sin parar durante tres horas.
+
+Cisneros le seguia con gran fatiga; al fin en un barranco granítico de
+altísimas cortaduras que á nada se parecia mas que á una profunda grieta
+abierta en las rocas, se sentó sobre una piedra exclamando:
+
+--Señor Godinez, yo no puedo mas: si la jornada es mas larga seguid vos
+solo; en cuanto á mí suceda lo que quiera, y aunque me esponga á ser
+cogido por los monfíes aquí me quedo.
+
+--Descansad cuanto querais, contestó Laurenti, porque no pasaremos de
+aquí: este es un escondrijo tan bueno, como que no hay un solo natural
+de las Alpujarras que se atreva á pasar junto á él, ni en cuatro tiros
+de arcabuz á la redonda: mirad bien: este es un agujero; ni hay en él
+arena, ni yerba, ni musgo, la roca pelada, negra y calcárea, únicamente:
+ni aun las águilas se atreven á anidar en ella: ¿veis ese pico, esa roca
+informe que se levanta allá abajo, sola y escueta, y cuya parte superior
+remeda groseramente una cabeza humana desgreñada?
+
+--Si que la veo.
+
+--Pues bien, los naturales pretenden que esa roca ha sentido alguna vez,
+que ha sido una mujer hermosa...
+
+--Consejas de los montañeses.
+
+--Yo os contaré esa conseja en otra ocasion: ahora solo os diré el
+nombre de esa roca.
+
+--¿La bruja maldita, acaso?
+
+--No, la princesa encantada. Pues bien, esa princesa nos va á servir de
+abrigo y refugio, y al lado de un buen fuego y despues de un excelente
+almuerzo, podremos hablar largamente de nuestros asuntos, puesto que
+tenemos de plazo hasta la noche.
+
+--¿Y dónde encontraremos ese fuego y ese almuerzo?
+
+--En las faldas de la princesa; conque, levantaos y vamos, que estando
+parados se hace mas sensible el frio de este aire maldito que zumba
+entre las cortaduras.
+
+Laurenti se dirigió á la princesa encantada: siguióle Cisneros, dieron
+la vuelta á la enorme roca, y el comediante vió, que sobre algunas
+escabrosidades que remedaban bastante bien el repliegue de la falda de
+una estátua sobre su pedestal, habia una estrecha y negra grieta por la
+cual apenas cabia un hombre.
+
+Laurenti y Cisneros subieron á ella, recorrieron un pasadizo estrecho y
+tortuoso, y se encontraron en un espacio densamente lóbrego.
+
+--¿Y qué diablos vamos á hacer aquí á oscuras?
+
+--Esperad, esperad un momento: este es mi palacio en el cual no falta
+nada.
+
+--¡Ah! ¡teneis el don de hacer milagros!
+
+--Bien podeis decirlo: solo hace tres dias que he descubierto este
+escondrijo y ya está habitable.
+
+--¿Y como lo descubristeis? No hay senda hasta él, y siendo un lugar de
+maldicion para los naturales...
+
+--Es verdad: está en el centro de una sierra, lejos de las veredas y de
+los pueblos; por lo mismo, yo que buscaba un lugar escondido y poco
+frecuentado, he dado con él.
+
+Y entre tanto Cisneros, arrancaba chispas de un pedernal.
+
+--¿Y como supísteis su nombre y su historia?
+
+--¡Eh! ¡y que curioso sois amigo mio! observó Laurenti, haciendo luz en
+la yesca encendida con una pajuela de azufre.
+
+--¡Diablo! exclamó Cisneros, al ver á la luz de la lámpara que habia
+encendido con la pajuela, Laurenti, el gran espacio en que se
+encontraban: nunca hubiera creido que fuese tan grande el vientre de la
+_princesa encantada_.
+
+--Donde han dominado mucho tiempo los árabes y los moros, dijo
+Cisneros, se encuentran cosas muy singulares, especialmente en las
+montañas: los tales musulmanes son minadores como topos: ademas como
+andaban siempre en continuas guerras civiles, y en rebeldías contra sus
+emires ó reyes, necesitaban la mina para escapar en las ciudades, y en
+las montañas para esconderse, los antros y las grutas: venid, venid
+conmigo y vereis.
+
+Y se encaminó con Cisneros á un oscuro ángulo de la caverna, y se metió
+por otro pasadizo.
+
+--¡Ah! con que es decir, preguntó Cisneros, que solo hemos visto como
+quien dice, la antecámara.
+
+--Menos aun, amigo mio; hemos pasado el zaguan, y estamos en las
+escaleras: ¿no notais que descendemos?
+
+--Si por cierto.
+
+--¿No reparais que por esta rampa cabe una cabalgadura?
+
+--Si.
+
+--Dentro de poco llegaremos á las galerías, solo que las galerías son
+mas estrechas que las escaleras.
+
+--¿Qué bulto es aquel que hay allí? dijo deteniéndose Cisneros: parece
+un hombre echado sobre sus manos.
+
+--Paréceme que teneis miedo, Cisneros.
+
+--¡Yo!
+
+--Si, y que el miedo os enturbia los ojos: lo que os parece un hombre
+acurrucado, no es otra cosa que un asno de las Alpujarras, que come
+tranquilamente su pienso.
+
+--¿Y qué hace ese asno aquí?
+
+--Vos supondreis, que yo no habia de reducirme á vivir en una casa
+completamente desamueblada siendo rico, es decir, habiendo traido
+conmigo oro y alhajas.
+
+--¡Ya..!
+
+--Habeis de saber, que cuando buscando yo un lugar apartado y seguro de
+tropiezos, me encontré en los alrededores de este sitio, oí una voz que
+me decia: á gritos:
+
+--¡Eh! ¡amigo! ¡buen amigo! ¡deteneos! ¡no deis un paso mas! Levanté la
+vista al lugar de donde salia la voz y vi un pastor que en una vereda
+aguijaba sus cabras.
+
+Supuse que habia cerca de mí algun peligro, y me detuve.
+
+--Si quereis salir al camino venid para acá, me dijo el pastor.
+
+Encaminéme á él.
+
+Cuando llegué le pregunté, que por qué me habia detenido.
+
+--¿Sois forastero? me dijo.
+
+--Forastero soy, le respondí.
+
+--Ya se conoce, repuso: si vos hubiérais estado en las Alpujarras algun
+tiempo, hubiérais oido hablar de la _princesa encantada_.
+
+--¿Y qué princesa encantada es esa?
+
+--Dios os libre de conocerla, me dijo, porque moririais si no os
+acontecia una desgracia peor.
+
+Y entonces me relató la historia del encantamento de la princesa, que es
+tal, que darian de buena gana tres ducados por saberla Torres Navarro ó
+Lope de Rueda. Se puede hacer con ella una comedia que daria muchas
+ganancias. Ya os la referiré en otra ocasion.
+
+Seguí con el pastor algun tiempo. Durante este espacio, el pastor me
+dijo que en el lugar donde estaba encantada la princesa habia un palacio
+encantado tambien, solo que en vez de estar la princesa encantada en el
+palacio, el palacio estaba encantado en la princesa.
+
+--He ahi una singularidad que no he visto en ningun libro de
+caballerías, por mas que los tales libros están llenos de disparates.
+
+--Eso consiste en que el vulgo tiene el privilegio de inventar los mas
+disparatados disparates: sin embargo, dentro del palacio encantado
+estamos: hemos pasado el zaguan, hemos bajado las escaleras, pasado
+junto á las caballerizas y nos revolvemos por los corredores.
+
+--Pues si este ha sido palacio, tal le ha puesto el encanto que no le
+conociera el alarife que le construyó.
+
+--¡Eh! hasta el fin no podemos juzgar. Aun no hemos llegado al fin.
+Dejadme que acabe de relataros mi conversacion con el pastor.
+
+--¿Y decís, le pregunté, que nadie se atreve á pasar ni á tres tiros de
+arcabuz á la redonda junto á la sima de la princesa encantada?
+
+--Nadie, ni los pájaros, me contestó: cuando una cabra se pierde hácia
+allá preferimos perderla á acercarnos en su busca al sitio maldito: y se
+pierden muchas, señor: yo creo que las atraen los brujos que viven en el
+palacio, para devorarlas.
+
+--Mirad no hayan corrido esa voz los monfíes para tener un albergue
+seguro.
+
+--Ningun monfí se atreveria á llegar al sitio á donde vos llegásteis
+cuando os llamé: y eso que los monfíes son valientes como demonios.
+
+--¿Y conoceis vos á los monfíes? cuasi nadie los conoce.
+
+--No los conocerán las justicias, ni los cuadrilleros, ni los soldados
+del rey: pero los pastores de la sierra es distinto: como que nos
+compran cabras y corderos y muchas noches duermen en nuestras majadas.
+Si no fueran moros y tan crueles, son buena gente: buenos mozos,
+gastadores, y bravos, eso sí, como lobos: á los pastores nos tratan
+bien: pero desdichado del pastor que dice que los ha visto...
+
+--¿Con que tambien esos valientes monfíes tiemblan de acercarse á la
+sima maldita?
+
+--Ya os digo que se dejarian coger y arcabucear por los soldados del rey
+antes de pasar de ciertas piedras que están puestas como señales
+alrededor de la síma.
+
+--Pues os agradezco el que me hayais salvado de tal peligro.
+
+--No habeis tenido mala suerte en que yo os vea. Ahora bien, he aquí el
+camino de Orgiva.
+
+--Es que yo no iba á Orgiva, le contesté: por lo que me decís, me he
+perdido.
+
+--¿Pues á donde ibais?
+
+--A Cádiar.
+
+--¡Diablo! pues teneis que desandar el camino, y un mal camino:
+atravesar el puerto que estará cerrado...
+
+--No importa, solo que estoy cansado.
+
+--Pues meteos en una cortijada, descansad y tomad un guia.
+
+--No, no, prefiero otra cosa. ¿Me vendeis vuestro asno? le dije
+señalando el que llevaba en el hato.
+
+--Es un jumento nuevo y de buena casta que puede cargar con una iglesia,
+me dijo.
+
+--Pues mejor, asi podrá aguantar una buena jornada.
+
+--Es que yo no le venderé en menos de diez ducados.
+
+--No quede por eso tomad doce.
+
+Y sacándolos del bolsillo los di al pastor.
+
+--Vamos á aquella cortijada, me dijo; descargaré al pollino y os le
+llevareis.
+
+Poco despues, y habiéndome dado el pastor las señas del camino por donde
+debia ir para llegar al puerto, me encontraba cabalgando en mi asno por
+la senda de un áspero desfiladero.
+
+A mis piés veia la especie de embudo donde está situada la sima de la
+princesa encantada.
+
+Estaba enteramente solo; descendí, llegué á las quebraduras; ví la roca
+á quien creen una mujer encantada, y encontré esta gruta: ¡ah! ¡á
+propósito! deteneos un momento Cisneros: ¿veis ese agujero abierto
+debajo de esa enorme roca?
+
+--Sí.
+
+--Pues ahí hay un barril de pólvora.
+
+--¡Un barril de pólvora! ¿y para qué?
+
+--En el centro de la primera gruta, me habia olvidado de deciroslo, hay
+otro, y otro á la entrada de la galería, junto al lugar que sirve de
+establo al asno. Estos tres barriles son mi defensa.
+
+--¡Ah!
+
+--Si, estoy ya escarmentado: si en otra ocasion hubiera tomado las
+mismas precauciones, mi suerte seria otra, y acaso otra la vuestra,
+porque entonces no hubiera venido á España con Angiolina.
+
+--Pero no comprendo...
+
+--Mis proyectos son tales, que puede suceder que me vea perseguido ya
+por los tercios del rey, ya por los mismos monfíes. En un extremo, al
+entrar en la gruta pongo fuego á la primera mecha, despues á la segunda,
+por último á esta.
+
+--Pero os sentenciais á volar hecho pedazos.
+
+--No por cierto: la explosion se efectúa siempre de abajo arriba: nunca
+de arriba á abajo.
+
+--Deben ser terribles vuestros proyectos cuando de tal modo os
+preparais.
+
+--Vamos adelante Cisneros y sabreis parte de esos proyectos. Os anuncio
+que vamos á penetrar dentro de poco en un verdadero palacio.
+
+--¿Será verdad lo del encantamento?
+
+--Si lo del encantamento no es verdad, estoy seguro que si estas rocas
+habláran podrian contarnos alguna historia, y aun historias de mucho
+interés.
+
+--¿Y creeis vos que se hayan abierto exprofeso estas galerías para hacer
+un palacio en las entrañas de la tierra?
+
+--No amigo mio: estas galerías se han abierto para otro objeto; esta es
+sin disputa una antigua mina romana, ó acaso mas antigua; á poco trabajo
+encontrareis sobre el terreno escorias de fundiciones de plata; mirad un
+pequeño fragmento.
+
+Y Laurenti levantó del suelo una partícula de una materia gris oscura y
+esponjosa.
+
+--En lo que no cabe duda, es en que algun rico bandido, ó algun señor
+rebelde se han aprovechado de estas y otras minas para ocultarse y de
+que, para hacerlas mas cómodas han construido en ellas algunas
+habitaciones con el bello gusto de los árabes. He aquí que llegamos á un
+punto en que podeis admirar esa delicada arquitectura.
+
+En efecto tenian delante un arco árabe estucado, medianamente
+conservado, pero sin puerta.
+
+--¡Ah! dijo Cisneros, esto se parece á la Alhambra.
+
+--¡Si! el mismo adorno, el mismo primor, pero mas reducidas las
+habitaciones: bajad la cabeza sino quereis tropezar en el arco.
+
+Entraron y se encontraron en una pequeña habitacion cuadrada embaldosada
+de marmol, estucada, con techo de bovedillas.
+
+Al fondo habia una puerta mas alta que la anterior que daba paso á una
+galería, á cuyos costados habia algunas puertas, y á cuyo fin se abria
+otro arco, por el que se ingresaba en una gran cámara.
+
+--Esto es muy bello, dijo Cisneros.
+
+--Ya lo creo; es un verdadero alcázar algo deteriorado.
+
+--Y en el que hace algun frio.
+
+--Lo que prueba que el aire tiene comunicacion.
+
+--¡Cómo! ¿no estais seguro de ello?
+
+--No he tenido tiempo de recorrer la mina. Las únicas habitaciones que
+existen son las que habeis visto y las que corresponden á la puerta por
+junto á las cuales acabamos de pasar. Esta cámara, no tiene mas que una
+entrada y dos alcobas: mirad: el pavimento es magnífico: de mosáico
+aunque empolvado y sucio: mirad qué bella es la fuente del centro; lo
+que prueba que hay algun valle ó barranco mas abajo del nivel de esta
+habitacion adonde puedan ir á parar las aguas: el encañado debe estar en
+buen uso, porque ayer la fuente corria: Cuando salí al aire libre vi que
+habia llovido.
+
+--Pues ha sido un hallazgo este escondite, dijo Cisneros, porque yo no
+sabia donde meterme: me conoce el emir de los monfíes, me conocen
+Aben-Humeya y Aben-Aboo, me conocen en fin otras muchas personas por
+temor de encontrarme con las cuales, he andado á salto de mata,
+durmiendo en los ventorrillos y aperreándome por los cerros.
+
+--Agradecedme, pues, el que haya pensado en vos, al establecerme aquí.
+
+--¡Como!
+
+--Aquel es vuestro aposento, dijo Laurenti señalando uno de los alhamies
+ó alcobas: venid y juzgad.
+
+Dirigiéronse allá, y Cisneros con gran asombro encontró un lecho y una
+pequeña mesa con algunas botellas.
+
+--Es cuanto aquí nos hace falta, dijo Laurenti: vino que beber y lecho
+en que descansar.
+
+--Y el vino es bueno, dijo Cisneros empinando una botella.
+
+--Es de la tierra.
+
+--Pero falta algo mas.
+
+--¡Qué!
+
+--Algo que comer.
+
+--Mi olla debe estar cocida, dijo Laurenti.
+
+--¡Diablo! sois un hombre que de nadie necesitais.
+
+--Si tal, he necesitado de un jumento que traiga nuestras camas,
+nuestros víveres y nuestra leña, á mas de dos buenos arcabuces que hay
+en aquel rincon.
+
+--Sois todo un hombre, señor Godinez.
+
+--Voy á traer leña, la encenderemos, pondremos junto á ella nuestra
+mesa, comeremos, beberemos, y acabaremos de entendernos.
+
+Algun tiempo despues, sentados en dos taburetes de pino, teniendo en
+medio una mesa, en que se veian dos botellas, un vaso y una fuente de
+estaño, en que humeaba una olla podrida, al lado de una hoguera que
+ahumaba la habitacion, comian y bebian callando, en uno de esos primeros
+momentos de la comida, en que solo se atiende á un apetito exigente,
+Laurenti y Cisneros.
+
+--Vamos á ver, dijo el primero al segundo, sacando un enorme reloj de
+bolsillo: son las once del dia, hasta las cuatro de la tarde en que
+necesitamos ponernos en marcha, van cinco horas: en cinco horas de buena
+conversacion, se puede convenir en muchas cosas.
+
+--Os digo en verdad, amigo Godinez, contestó Cisneros, que me encuentro
+en las Alpujarras, y metido segun creo en una grande empresa, sin que yo
+me dé otra razon de andar en estos pasos, mas que mi empeño por una
+mujer, que se ha burludo de mí, que se ha burlado, por lo que entiendo
+de vos, cuya historia es un misterio, y cuyo fin podrá ser desastroso.
+Yo he tenido amores con muy nobles y hermosas damas; he gozado del favor
+y de la amistad de poderosos señores; he manejado á mi antojo á un
+príncipe, y he jugado con mi fortuna, sin pararme nunca á considerar en
+qué vendrian á parar mis aventuras: nunca una mujer ha dominado mi
+corazon como le domina la princesa: si me hubieran dicho que por esa
+mujer habia yo de olvidar mis proyectos, mi conveniencia, cuanto me
+interesa; que me habia de ver reducido á una vida casi miserable, sin
+dinero, sin amistades, aislado enteramente, sujeto como un niño, y
+corriendo trás ella por cerros y valles, no lo hubiera creido.
+
+--No hay burlas con el amor, dijo Laurenti: esa mujer os arrastra, os
+lleva consigo, os atrae, os desespera: teneis zelos: zelos mortales:
+teneis sed, una sed inextinguible de hacerla vuestra, y junto con esto,
+la rabia de veros burlado, porque esa mujer se ha burlado de vos.
+
+--Es verdad.
+
+--Yo tambien voy detrás de esa mujer, pero con distintas intenciones: yo
+la conocí por una venganza, y por una venganza me apoderé de ella: se la
+robé á su padre: pero cuando se toma por medio de venganza una mujer tal
+como Angiolina, nuestra venganza nos hiere, porque nos hace esclavos: al
+poco tiempo de haberme apoderado de Angiolina, la amaba; la amaba, no
+sabré deciros cómo, porque yo nunca habia amado, pero me parecia que el
+ser de ella, se habia trasladado al mio; que respiraba con su aliento,
+que mi corazon latia en el suyo... ¡ah! fuí muy imprudente en tomar por
+instrumento de una horrible venganza á Angiolina: ella me recuerda mi
+venganza: me la recuerda todos los días, á todas horas, porque desde que
+me apoderé de ella, hasta hoy (y han pasado diez años), no he dejado de
+verla continuamente, á excepcion de dos meses, el año pasado, que vine á
+Granada: siempre que la veo, tan hermosa, y al parecer tan pura y tan
+casta, se levanta ante mis ojos, detrás de ella, otra mujer hermosa, que
+en mal hora dejó de ser casta y pura: otra mujer que me mira con sus
+dulces ojos grandes y melancólicos y que me acusa. Nunca que miro á
+Angiolina, dejo de ver el espectro de esa otra desdichada: nunca veo esa
+figura sangrienta, sin que mi corazon se hiele y se estremezca, por mas
+que mi semblante continúe impenetrable: ese fantasma que vive eterno
+detrás de Angiolina, es mi remordimiento, mi horrible remordimiento, mi
+infierno.
+
+--¿Fue una mujer que abandonásteis por Angiolina? dijo con interés
+Cisneros.
+
+--No; contestó roncamente Laurenti; fue una mujer á quien maté: á quien
+maté á puñaladas, á pesar de que pedia á gritos la vida; la vida, no
+para ella, sino para el hijo que llevaba en sus entrañas.
+
+Laurenti se estremeció de una manera visible, y calló.
+
+--Mucho debió ofenderos esa mujer, cuando tan cruel fuísteis con ella:
+¿era acaso vuestra esposa?
+
+--Era mi hermana, contestó con acento sepulcral, horrible, tremendo como
+una blasfemia, reconcentrado como el rugido de un leon á quien devora la
+calentura.
+
+Cisneros se puso de pié de una manera instintiva, y miró con terror á
+Laurenti.
+
+--¡Matásteis á vuestra hermana! exclamó.
+
+--Si, pero sentaos: la maté... y ya no tiene remedio: pero esa
+catástrofe horrible, aumentó mi amor por Angiolina: durante diez años la
+he seguido á todas partes encubierto, disfrazado, sirviéndola,
+tendiéndome á sus pies como un esclavo, procurando hacerme amar de ella,
+y recibiendo solo en pago, indiferencia; la indiferencia de un mal amo
+respecto á su criado: pero al menos no tenia zelos: si Angiolina no me
+amaba, al menos no amaba á nadie; pero una noche, Angiolina entró en su
+casa con un hombre: con la frente alta, sin recatarse de sus criados, é
+introdujo á aquel hombre en sus mismas habitaciones como si hubiera sido
+su marido. ¿Y qué creeis que hice yo?...
+
+--¡Esperásteis á aquel hombre á la salida, y le matásteis...!
+
+--No le maté, ese hombre vive... es el marqués de la Guardia.
+
+--¡Ah!
+
+--Pasé la noche sufriendo lo que ningun hombre ha sufrido jamás, pegado
+á una pared medianera de los aposentos de Angiolina; pegado el oído á la
+pared, oyendo, percibiendo cuanto Angiolina en su enamorado delirio dijo
+y concedió á aquel hombre.
+
+--¿Y no le matásteis al salir?
+
+--No, porque tuve miedo.
+
+--¡Miedo! ¿y de qué?
+
+--Miedo de que me aborreciese Angiolina.
+
+--¡Ah! repitió Cisneros.
+
+--Vos no sabeis lo que es amar: si yo la hubiera amado menos, ella
+hubiera sido la que hubiera muerto: pero era su esclavo, y lo soy aun.
+
+--Y entonces, ¿de quién quereis vengaros?
+
+--¿De quién? de el hombre que ha tenido la culpa de que Angiolina ame al
+marqués.
+
+--No os comprendo.
+
+--Angiolina jamás hubiera amado, porque era honrada: porque aun cuando
+ella creia no haber pertenecido á su marido, aunque no le amaba, le
+estaba agradecida y hubiera respetado su nombre.
+
+--¿Por qué decis que Angiolina creia no haber pertenecido á su marido?
+
+--Porque ese marido, el príncipe Maffei Lorenzini, era una moneda falsa,
+no habia tal príncipe.
+
+--¿Pues quién era ese hombre?
+
+--Ese hombre era yo: yo que habia tomado un disfraz impenetrable y un
+nombre supuesto; yo que gastando mis tesoros de bandido, sostenia el
+fausto con que Angiolina se presentaba en la córte como princesa.
+
+--¡Ah! ¡sois un hombre extraordinario!
+
+--Decia, pues, que Angiolina, por un amor vulgar nunca hubiera manchado
+ante las gentes el nombre de su esposo. Pero las mujeres en general
+vienen al mundo con un grave pecado: con el pecado de la
+vanidad.--Angiolina se habia acostumbrado á ser la reina de las damas de
+la córte por su hermosura y por su fausto: yo gastaba cuanto era
+necesario: el homenaje y la envidia de los caballeros y de las damas de
+la córte, mantenian satisfecha su vanidad; pero cuando se presentó en
+Madrid la sultana Amina, ó doña Esperanza, ó la hermosa duquesita, como
+dieron en llamarla...
+
+--La hermosa de las hermosas, la rica entre las ricas: la altiva entre
+las altivas, observó Cisneros.
+
+--Decís bien: esa fatal mujer á cuya influencia debo la amargura que
+tengo en el corazon.--A poco de presentarse en la córte la sultana, noté
+con terror que Angiolina la envidiaba.--Nadie sabe hasta donde puede
+llevar la envidia á una mujer, y yo lo temí todo.--En efecto, Angiolina
+notó que la sultana estaba enamorada; buscó el hombre de su amor, le
+encontró, y por una sucesion de fatales consecuencias, se hizo querida
+del hombre á quien amaba la sultana, pretendió robárselo... la vanidad y
+la envidia llevaron á Angiolina respecto al marqués, al mismo punto á
+que á mi me llevó mi venganza respecto á Angiolina: se enamoró
+perdidamente del marqués de la Guardia. Pues bien, ¿quién es la causa de
+que Angiolina haya contraido ese empeño?
+
+--Indudablemente la sultana Amina; pero acaso, acaso, sin la sultana,
+Angiolina se hubiera enamorado del mismo modo del marqués.
+
+--No la conoceis: el marqués la habia galanteado: y por lo mismo que el
+marqués estaba reputado entre las damas de la córte por un hombre
+irresistible, su vanidad hubiera defendido de él á Angiolina.
+
+--¿Quién sabe?
+
+--Sea como quiera, la causa palpable de mi desgracia es la sultana. La
+causa de haber ido la sultana á la córte, la ambicion del emir de los
+monfíes. Necesitaba, pues, no atreviéndome á saciar mi corage en
+Angiolina, no pudiendo, saciarle en otro: hay rabias que necesitan
+matar. Mi rabia se volvió al emir y á su hija. El rey don Felipe, supo
+que el duque viudo de la Jarilla era el emir de los monfíes: la córte
+supo que la hermosa hija del duque, estaba deshonrada por el amor del
+marqués de la Guardia: el mismo emir, en una ocasion solemne cayó á mis
+pies bañado en sangre, y la Inquisicion se apoderó de él: libráronle del
+Santo Oficio sus monfíes: pero no importa; el golpe de gracia, el golpe
+que acabará de hacer pedazos su corazon, que le exterminará, se lo daré
+yo aquí, en las Alpujarras, en medio de su ejército: golpe terrible, del
+cual se encargaran tales manos, que Satanás escribirá mi venganza entre
+las mas terribles que halla producido el odio humano.
+
+Laurenti, calló, apoyó la cabeza entre sus manos, y quedó profundamente
+pensativo: Cisneros le miraba con terror.
+
+--Ahora bien, dijo Laurenti alzando de nuevo la cabeza, despues de
+algunos momentos de silencio; cuento con vos para mi venganza.
+
+--¡Conmigo! ¿y qué he de hacer yo?
+
+--Ya habeis oido que doña Elvira de Céspedes, viuda de don Diego de
+Córdoba y de Válor, está en Cádiar. Lo habeis oido de boca del mismo
+emir de los monfíes.
+
+--¿Y bien?
+
+--El emir ha recomendado al Ferih con un acento particular esa dama.
+
+--¿Y bien?
+
+--Es necesario que vayais á verla.
+
+--¿Y con qué pretexto?
+
+--Por ejemplo: vos conoceis á Aben-Humeya.
+
+--Mucho: como que el tal está tambien enamorado de Angiolina, y travó
+amistad conmigo para aproximarse á ella por mi medio.
+
+--Pues bien, presentaos á doña Elvira, y decidla: que habiendo escapado
+su hijo de Granada, y sabiéndose que los moriscos piensan sublevarse,
+acudís á ella para que por su mediacion, os admita su hijo á su
+servicio.
+
+--Pero no veo lo que en eso pueda convenirme.
+
+--Esta es una de las primeras mallas de una red, en que os juro se
+cogeran tantas cosas, contribuyendo vos á ello, que el rey de España os
+perdonará por lo de marras, y os dará cuanto querrais.
+
+--Pero Angiolina...
+
+--No hay que pensar en ella... ni os ama, ni me ama; esa será otra de
+las buenas presas que queden en la red: no pudiendo obtener á Angiolina,
+os importa abriros un camino para volver á la córte: vos fuera de Madrid
+vivís como el pez de mar en agua dulce: estais mareado: procurad, pues,
+enmendar vuestra mala suerte, y para eso servidme: yo necesito ser una
+doble persona: vos sois alentado y astuto, y me convenís.
+
+--¡Qué diablos! dijo Cisneros, mas perdido que estoy no puedo estarlo:
+haré cuanto querais.
+
+--Y no hareis nada que no sea en provecho vuestro: preparaos, sin
+embargo, y fortaleceos, porque la empresa es dura y llena de peligros.
+
+--Entre peligros ando hace mucho tiempo, y de todos ellos me ha sacado
+después de Dios, mi buen aliento.
+
+--Pues por lo pronto, hemos convenido en lo que debemos convenir: esta
+tarde nos pondremos en camino, y esta noche entraremos en Cádiar. Con
+que si teneis sueño, que bien podrá ser, segun lo que habeis trasnochado
+y andado por cerros, dormid, que yo os llamaré cuando sea hora.
+
+Cisneros que comprendió que aquel terrible y misterioso Godinez, que se
+habia convertido en su señor, no tenia mas ganas de hablar, y
+sintiéndose por otra parte cansado, se metió en el alhami ó alcoba que
+Laurenti le habia dicho era su aposento y se acostó, y á poco se durmió.
+
+Laurenti, cuando le oyó roncar, se levantó, fué á un rincón donde tenia
+su maleta, la abrió, sacó de ella una cartera, y volviendo á sentarse
+junto á la mesa, sacó de la cartera unos papeles y se puso á meditar
+sobre ellos con profunda y terrible atencion.
+
+
+
+
+CAPITULO XIX.
+
+ El exámen de doctrina cristiana.
+
+
+A las once de aquel mismo dia, el inquisidor Molina de Medrano,
+acompañado del licenciado Juan de Ribera, del guardian de San Francisco,
+de algunos clérigos y frailes, del corregidor, del capitan Diego de
+Herrera y de algunos castellanos viejos vecinos de Cádiar, entró en la
+iglesia.
+
+Quedaron fuera, Juan Hurtado Docampo, con los arcabuceros, los timbales
+y los alguaciles de la Inquisicion.
+
+Desde el momento en que el inquisidor Molina de Medrano entró en la
+iglesia, una campana empezó á tañer un toque lento y acompasado.
+
+Aquel toque llevó el terror á los oídos de todos los moriscos, porque
+aquel toque era la voz que les llamaba á la iglesia para ser examinados
+de doctrina cristiana.
+
+Cuando resonaba la campana tañendo de aquel modo, todos los moriscos
+tenian obligacion estrecha, bajo severas penas, de acudir á la iglesia,
+sucediendo muchas veces, que el terror hacia dejar el lecho á los mismos
+enfermos.
+
+Apenas empezó el toque, de todas las casas de la villa empezó á salir
+gente que se encaminó á la iglesia.
+
+Bien pronto esta se encontró llena de una multitud vestida en su mayor
+parte con el pintoresco trage árabe, notándose solo que las mujeres no
+llevaban albornoz ni nada que las cubriese el rostro.
+
+No era aquel un pueblo cristiano, que lleno de fe y por su libre y
+espontánea voluntad acude al templo y se arrodilla ante los altares: era
+un pueblo que iba allí llamado por una campana inexorable que parecia
+decirles con su lúgubre son:--El que no acuda será condenado:--todos
+estaban de pié, apilados hácia el fondo de la iglesia, vista desde el
+presbiterio, dejando vacio un gran espacio entre las sillas que á los
+piés del altar mayor ocupaba el inquisidor Molina de Medrano, teniendo á
+su derecha al beneficiado Juan de Ribera, á su izquierda el sacristán
+Barbillo, que tenia en las manos un papel en que se fijaban de una
+manera medrosa las miradas de los moriscos, y detrás de su silla, los
+clérigos de la iglesia, el guardian y los _padres graves_ del convento
+de San Francisco, y por último, los familiares y alguaciles del Santo
+Oficio. Ademas, y para no perdonar intimidacion ni aparato, á derecha é
+izquierda del presbiterio, en su primer escalon habia dos soldados de la
+fe con las alabardas al hombro.
+
+En el espacio que quedaba libre entre el presbiterio y el semicírculo
+demarcado por la primera fila de los moriscos, habia algunas personas
+arrodilladas: eran estas personas, dona Isabel de Córdoba y de Válor;
+Aben-Aboo, su hijo, Angiolina Visconti, Mariblanca, Tomás el Ansarí, y
+algunos otros cristianos viejos, alguaciles y oficiales castellanos, y
+moriscos ricos, conocidos por todo el mundo como convertidos de buena
+fe.
+
+Todas estas personas que estaban arrodilladas, parecian buenas
+cristianas por su actitud recogida y tranquila, en contraposicion de los
+moriscos que estaban de pié al fondo de la iglesia, y cuyos semblantes,
+no solo se mostraban disgustados, sino hostiles.
+
+Angiolina Visconti por su parte, al ver de improviso ante sí al
+inquisidor Molina de Medrano, palideció y se cubrió instintivamente el
+semblante con el manto. Molina de Medrano habia fijado en ella una
+mirada penetrante, y hasta cierto punto amenazadora: esto consistia, en
+que Molina la habia conocido el año anterior, en razon á las actuaciones
+del proceso fulminado por el Santo Oficio contra Yaye, y en razon á
+pasar Angiolina en la córte por esposa del príncipe Lorenzini Maffei, á
+quien se atribuia la herida que habia entregado al emir de los monfíes
+al Santo Oficio. Angiolina habia desaparecido de Madrid por el mismo
+tiempo de la fuga de Yaye, y esta circunstancia y la de encontrar á la
+princesa en las Alpujarras, llenaron de alegria la negra alma del
+inquisidor, que creyó haber encontrado un precioso hilo, que podia
+llevarle á una rehabilitacion de la influencia del Santo Oficio que tan
+mal parada habia quedado en el asunto de Yaye. Disimuló sin embargo
+Molina de Medrano, y Angiolina, comprendiendo que era peor mostrar
+miedo, que afrontar con valor aquella situación, descubrió de nuevo el
+rostro, y acercándose á doña Isabel, la dijo con recato:
+
+--Es necesario que no digais que soy vuestra parienta, sino que he
+venido á parar á vuestra casa.
+
+Doña Isabel miró con turbacion á Angiolina.
+
+Molina de Medrano se apercibió de todo esto.
+
+Despues de algunos momentos en que el inquisidor estuvo comtemplando con
+su mirada de buho á los moriscos que tenia ante sí, se levantó, y con
+voz tonante y acento enérgico y duro, les manifestó el objeto de su
+visita: que su magestad el católico rey de las Españas, y el Santo
+Tribunal de la Inquisicion, estaban indignados contra ellos, por la
+tibieza de su fe, y por la tenacidad con que conservaban sus trages y
+sus malas y reprobadas costumbres, contra los mandamientos de su
+magestad; que el rey y la Inquisicion le enviaban para poner remedio á
+todo aquello; que estaba decidido á obrar con un vigor saludable, y que
+iba á examinarlos en el acto de doctrina cristiana.
+
+[imagen: Mariblanca.]
+
+Despues de esto, se volvió á maese Barbillo que continuaba con su papel
+en ristre, y le dijo.
+
+--Id llamando á los vecinos, uno por uno, desde el mas alto, hasta el
+mas bajo, sin dejar nombre que en el padron se encuentre, hasta los
+niños de siete años.
+
+Maese Barbillo, se caló las antiparras, arrojó una mirada sobre el
+papel, y dijo:
+
+--¡Doña Isabel de Córdoba y de Válor, viuda de Miguel Lopez!
+
+Levantóse doña Isabel de donde estaba arrodillada, y se acercó
+tranquila, pero pálida, al inquisidor.
+
+--¿Sois vos esa doña Isabel á quien ha llamado el sacristan? dijo Molina
+con voz áspera.
+
+--Yo soy, contestó doña Isabel.
+
+--¿Cuánto tiempo hace que os habeis bautizado?
+
+--El tiempo que cuento de vida.
+
+--¡Ah! ¿sois cristiana desde la cuna?
+
+--Lo es mi familia desde la conquista de Granada.
+
+--¡Lástima que tan noble familia se olvide de sus obligaciones para con
+Dios y para con el rey! Vos debeis ser parienta de don Fernando de
+Válor.
+
+--Soy su tia, hermana de su padre.
+
+--¿Y sabeis que don Fernando de Válor anda huido?
+
+--Sé que tuvo contestaciones en el cabildo de Granada, y que por
+resultas de ellas, ha desaparecido.
+
+--¿Conoceis los misterios de la Religion Católica Apostólica Romana?
+
+--¡Oh! si señor, y los adoro.
+
+--¿Qué teneis que decir de esta mujer? preguntó el inquisidor
+volviéndose con una ruda grosería al beneficiado.
+
+--Esa señora, dijo Juan de Ribera, es un modelo de piedad, y de caridad
+cristiana.
+
+--¿De modo que no hay necesidad de examinarla?
+
+--Vuestra señoría puede hacerlo si gusta, y yo me alegraré mucho, porque
+conozca vuestra señoria á una excelente cristiana.
+
+[imagen: El inquisidor Molina de Medrano.]
+
+--Apartaos, pero no os vayais de la iglesia, dijo Molina de Medrano.
+
+Doña Isabél fué á sentarse en un escaño.
+
+--Seguid, dijo el inquisidor á Barbillo.
+
+--Diego Lopez Aben-Aboo, dijo el sacristan; hijo de Miguel Lopez,
+difunto, y de doña Isabel de Córdoba y de Válor.
+
+Adelantó Aben-Aboo.
+
+--Soy cristiano desde que nací, como mi madre, dijo con impaciencia el
+jóven, sé la doctrina cristiana desde el principio hasta el fin, y soy
+bueno y leal vasallo de su magestad.
+
+--Pero sois soberbio y poco respetuoso; nadie os ha preguntado.
+
+--Preguntad cuanto querais.
+
+--¿Es cristiano como su madre este mozo? dijo el inquisidor volviéndose
+á Juan de Ribera.
+
+--Oye misa, y cumple con los preceptos de la Iglesia.
+
+--¿Está instruido?
+
+--Si señor.
+
+--¿Da escándalos?
+
+--No señor.
+
+--¿Cumple las pragmáticas de su magestad?
+
+--Si señor.
+
+--¿Y respeta su justicia?
+
+--Nunca ha sido preso ni aun reprendido.
+
+--¡Sois primo hermano de don Fernando de Válor! le dijo con voz tonante
+el inquisidor.
+
+--Su primo soy, contestó Aben-Aboo.
+
+--¿Y sabeis donde para vuestro primo?
+
+--Mi primo vive en Válor, y yo en Cádiar. Apenas nos tratamos.
+
+--Bien, retiraos, pero no os vayais de la iglesia.
+
+Aben-Aboo, fué á sentarse junto á su madre.
+
+--Seguid, dijo el inquisidor á Barbillo.
+
+--Doña Angélica, forastera, que vive en casa de doña Isabel de Córdoba y
+de Válor, su parienta.
+
+Adelantó Angiolina, y posó una mirada serena y altiva en el inquisidor.
+
+--¡Ah! ¡ah! hénos aquí otra vez frente á frente, señora princesa, dijo
+con sarcasmo Molina de Medrano: por cierto que no esperaba yo volver á
+ver á vuecencia tan lejos de la córte y entre tales parientes.
+
+--Yo no tengo aquí ningun pariente, contestó con altivez Angiolina; aquí
+no hay ningun Visconti. Pero como soy viuda...
+
+--¡Ah! ¿ha muerto el señor príncipe?
+
+--Si señor: mi salud requeria el aire de las montañas, y lo repito, como
+soy viuda y jóven, al venir á parar casa de mi buena amiga doña Isabel,
+convinimos en que pasaria por su parienta.
+
+--Es extraño que os hayais venido á tomar los aires en una tierra por
+donde anda sin duda vuestra antigua amiga la duquesa de la Jarilla con
+su noble padre, y donde ademas se encuentra otro vuestro grande amigo,
+el señor marqués de la Guardia.
+
+--Creo que no sean estas cosas para tratadas en un templo, dijo con
+altivez Angiolina.
+
+--Teneis razon, estos asuntos deben tratarse en otra parte; por lo
+mismo, tened la dignacion de esperar, señora, á que yo concluya la
+importante comision que traigo. Seguid, añadió el inquisidor, mientras
+Angiolina se retiraba al escaño donde estaban sentados doña Isabel y
+Aben-Aboo.
+
+--Mariblanca, morisca, que antes de convertirse se llamaba Alida, hija
+de Melik el Ferih.
+
+Adelantó Mariblanca con su resplandeciente hermosura y su bello trage de
+montañesa alpujarreña.
+
+--Mariblanca es mi ama desde que se bautizó, dijo el beneficiado, y
+cuando digo que es mi ama, añado que es buena cristiana y buena
+doncella, que de otro modo no la tendria yo conmigo.
+
+--¿Y cuánto tiempo hace que se bautizó esta... doncella?
+
+--Hace diez años.
+
+--¿Y qué edad teneis, moza?
+
+--Veinticinco años, señor.
+
+--¿Es decir, exclamó severamente Molina de Medrano, que tomásteis por
+ama, una doncella morisca de quince años, garrida y hermosa?
+
+--Estaba abandonada... su padre la habia abandonado.
+
+--Debísteis evitar el tenerla en vuestra casa.
+
+--Hícelo por caridad.
+
+--Idos á vuestros quehaceres, muchacha, dijo el inquisidor, y procurad
+ser en lo sucesivo tan cristiana y tan honrada como lo habeis sido hasta
+ahora.
+
+Mariblanca saludó al inquisidor, salió, y dijo al pasar, al capitan
+Diego de Herrera, que estaba en la puerta de la iglesia.
+
+--Que no te olvides de que te espero esta noche Diego.
+
+--Esa muchacha está loca por mí, dijo el capitan, acariciándose el
+vigote.
+
+Entre tanto, Barbillo habia llamado á Tomás el Ansari, morisco
+bautizado.
+
+Adelantó humildemente el anciano.
+
+Examinóle minuciosamente Molina de Medrano, pidió informes de él al
+beneficiado, y cuando estuvo convencido de su cristiandad y buenas
+costumbres, le pidió por su familia.
+
+--Estoy solo en el mundo, señor, contestó el xeque; mi esposa murió, mis
+hijos han muerto, y dos nietos pequeñuelos que me quedaban, han sido
+llevados á Castilla para criarlos en los hospicios del rey.
+
+--Su magestad quiere que todos sus vasallos sean buenos católicos, y ha
+mirado por el alma de vuestros nietos.
+
+--Dios se lo pague á su magestad, señor, contestó el Ansari.
+
+Y se retiró.
+
+--¡Malicatulzarah![24] dijo el sacristan.
+
+Adelantó una hermosísima mujer, muy jóven, como de veinte años, vestida
+con el trage morisco, y llevando de la mano un niño como de ocho años, y
+una niña como de siete, igualmente vestidos á la morisca.
+
+--¿Cómo os atreveis á presentaros asi en la iglesia, y delante de mí?
+dijo el inquisidor á la pobre joven que temblaba.
+
+--¡Ah, señor! somos pobres y no tenemos dinero para comprar vestidos
+castellanos.
+
+--¿Que sois pobres, y vestis sayas de lana fina, y gastais cadena de oro
+y arracadas de plata?
+
+--Estas joyuelas eran de mi madre y las conservo por su amor.
+
+--¿Y esos niños?
+
+--Son mis hijos.
+
+--¡Vuestros hijos!
+
+--Si señor, soy casada.
+
+--¡Casada! ¿pero qué edad teneis?
+
+--Veinte años.
+
+--¿Y esos hijos, son hijos de vuestro esposo?
+
+--¡Oh! ¡si señor!
+
+--¿Pero á qué edad se casan estas gentes? exclamó escandalizado el
+inquisidor.
+
+--Las castellanos pueden casarse á los doce años, señor, observó la
+morisca.
+
+Irritóse el inquisidor.
+
+--Hablad cuando os pregunten, dijo.
+
+La morisca bajó los ojos, y calló.
+
+--¿Vive vuestro marido?
+
+--Si señor: todo el mundo le conoce en la villa: es tejedor de sedas.
+
+--¿Y por qué no ha venido á la iglesia?
+
+--Está gravemente enfermo, dijo maese Barbillo, y por eso no le habia
+nombrado.
+
+--Que vayan al momento por él cuatro alguaciles del Santo Oficio, y uno
+de la villa para que los guie.
+
+--¿Pero no ois, señor, que mi pobre Adel está enfermo de peligro?
+
+Irritóse mas con esta réplica Molina de Medrano, y gritó lleno de
+cólera, sin tener en cuenta el sagrado lugar en que se encontraba:
+
+--Los enfermos y los sanos, los altos y los bajos, todos vendrán aquí:
+es necesario limpiar los dominios del rey de la mala yerba, y si los
+muertos pudieran oir y contestar, á los muertos sacaria yo de la tumba,
+cuanto mas á los enfermos de sus lechos. Dios y el rey lo mandan.
+
+--Pero si mi Adel muere, ni vuestro Dios, ni vuestro rey, me le
+volverán, exclamó desesperada Malicatulzarah.
+
+--Id ministros, id, exclamó en el colmo de su cólera el inquisidor:
+traedme acá ese descreido. Y tú, tú la de _vuestro Dios y vuestro rey_,
+como si no fuesen tambien tu Dios y tu señor, mira como me contestas,
+porque si no te encuentro instruida en los misterios de nuestra santa
+religion, si no te retractas de tus blasfemias, me apodero de tí en
+nombre del Santo Tribunal de la Inquisicion.
+
+La jóven no temblaba: tenia fija una mirada lúcida, altiva, terrible, en
+Molina de Medrano, que en vano queria dominarla con su mirada de lobo
+hambriento.
+
+--Empecemos por tus hijos: si eres buena cristiana les habrás enseñado á
+rezar: di el padre nuestro muchacho.
+
+--No lo sé, contestó el niño, estrechándose contra el zagalejo de su
+madre.
+
+--¡Ah! ¡no sabes el padre nuestro! ¡no sabrás tampoco cuántas son las
+personas de la Santísima Trinidad!
+
+--¡Le ille Allah! contestó el niño en árabe con voz sonora.
+
+--¿Qué quiere decir este muchacho? exclamó el inquisidor.
+
+--¡No hay otro Dios, que Dios el Altísimo y Unico y Mahoma su profeta!
+dijo una voz débil desde el centro de la multitud, pero que á pesar de
+su debilidad, resonó clara y distinta en el templo.
+
+Molina de Medrano se puso de pié, y gritó:
+
+--¿Quién es el blasfemo...?
+
+--Has preguntado lo que ha querido decir mi hijo, contestó adelantando
+apoyado en un viejo, un hombre como de treinta años, demacrado, pálido,
+vacilante, y á todas luces gravemente enfermo: al verle Malicatulzarah
+corrió á él, seguida de sus hijos, y ayudó al anciano á llevar al jóven
+hasta el presbiterio.
+
+Era toda una familia que se presentaba ante la Inquisicion: el abuelo
+decrépito, el hijo enfermo, la mujer hermosa y desesperada, y los hijos
+pequeñuelos asombrados y temblando por lo que veian.
+
+--Tus alguaciles han ido á buscarme, dijo, pero yo estaba allí entre mis
+hermanos: yo esperaba que fueses un hombre de caridad, pero eres un
+lobo, y vengo á que me despedaces con los mios, antes que el miedo haga
+renegar á mi esposa del Dios de nuestros abuelos.
+
+--Es decir que te confiesas moro.
+
+--Moro soy y moros son los mios, y moros moriremos confesando al Dios
+Altísimo y Unico.
+
+--¿Estan bautizados? dijo el inquisidor con una intencion de hiena
+dirigiéndose al beneficiado.
+
+--Si señor, bautizados estan, pero siempre han sido flojos cristianos,
+contestó todo trémulo el beneficiado.
+
+--Nunca hemos sido cristianos, ni lo son los que tienes delante:
+ninguno... ninguno ha dejado de ser moro: hemos doblado la frente de
+miedo, hemos mentido y Dios nos castiga: pero ha llegado la hora: ó
+nosotros ó vosotros.
+
+--Morireis como mueren los herejes contumaces, gritó Molina de Medrano.
+Llevaos ese hombre, esa mujer y ese viejo, y encerradlos en la cárcel.
+
+--¡Y mis hijos! exclamó con un grito indefinible Malicatulzarah, viendo
+que los alguaciles la arrebataban sus pequeñuelos.
+
+--Quien no es cristiano no tiene hijos, gritó Molina de Medrano: estos
+niños son hijos del rey.
+
+Malicatulzarah palideció, un destello terrible, un destello de sangre
+lució en sus ojos, y antes de que nadie pudiera evitarlo, se avalanzó al
+inquisidor, y le estrechó el cuello con entrambas manos.
+
+Era la leona que defendia sus cachorros.
+
+Pero instantáneamente la infeliz lanzó un grito agudísimo, soltó el
+cuello de Medrano y cayó de espaldas exclamando:
+
+--¡Vengadme, hermanos, vengadme!
+
+Uno de los soldados de la fe la habia herido con su alabarda en el
+costado izquierdo en el momento en que se arrojó sobre el inquisidor.
+
+La sangre corria sobre el pavimento: una exclamacion de horror habia
+salido de todas las bocas: Adel arrojado sobre su esposa lloraba á
+gritos: lloraban los niños, el viejo levantaba las manos y los ojos al
+cielo en un ademan de blasfemia, y aterrados los moriscos, temiendo que
+la maldicion de Dios cayese sobre aquel lugar de sangre, se precipitaron
+por la puerta de la iglesia.
+
+Solo quedaron allí Aben-Aboo, que miraba de una manera letal al
+inquisidor, doña Isabel y Angiolina, pálidas como la muerte; Tomás el
+Ansari, impasible, Barbillo atortolado, el beneficiado confuso, los
+soldados feroces, y Molina de Medrano mirando fascinado, á aquel hombre
+y aquellos niños que se retorcian sobre el cadáver de su esposa y de su
+madre, y el viejo morisco detrás de este grupo pidiendo justicia al
+cielo por la sangre que corria á sus piés.
+
+--Llevaos esa gente... lleváosla, exclamó Medrano, el templo está
+impuro, y es necesario purificarle: no podemos permanecer aquí.
+
+Y Molina de Medrano como si hubiera sentido miedo de permanecer en aquel
+sitio salió.
+
+Doña Isabel corrió á aquella pobre familia, pero Aben-Aboo y el Ansari
+se interpusieron.
+
+--Nada podemos hacer por ellos, dijo el Ansari: idos á vuestra casa
+señoras; idos, y procurad olvidar lo que habeis visto.
+
+Doña Isabel salió llorando seguida de Angiolina que iba profundamente
+preocupada.
+
+El Ansari y Aben-Aboo las seguian.
+
+--¡Oh! ¡y cuánto tarda la noche, dijo el Ansari!
+
+--¡Juro á Dios beber la sangre de ese clérigo! dijo con la voz ronca y
+trémula Aben-Aboo.
+
+
+
+
+CAPITULO XX.
+
+ De cómo fue el casamiento del marqués de la Guardia.
+
+
+Hacia tres dias que el marqués de la Guardia se impacientaba á causa de
+la situacion en que se veia colocado.
+
+Veamos en la situacion en que se encontraba el marqués.
+
+Esta se reducia á estar encerrado en una casa desconocida para él, no
+ver á otra persona viviente que á su criado Peralvillo que le servia, y
+á un esclavo negro que le procuraba alimentos.
+
+La casa en que se encontraba el marqués estaba construida á la morisca,
+bellamente amueblada, y con cuantas comodidades se conocian en aquellos
+tiempos.
+
+En esta casa ocupaba el marqués un recibimiento, una cámara y un retrete
+con alcoba y mirador á un jardin.
+
+En este retrete habia ademas una chimenea siempre provista de fuego.
+
+El jardin, que se veia desde el mirador, era muy bello, ó debia serlo
+cuando sus árboles estuviesen verdes y no despojados como entonces por
+el invierno, y cuando la nieve y la escarcha no cubriesen su cesped.
+
+Sobre las tapias, que estaban revestidas por espalderas de jazmines
+silvestres, solo se veia á lo lejos la cumbre de una montaña distante, y
+sobre aquella cumbre una atalaya.
+
+Mas allá se veia una estrecha línea azul oscura.
+
+Era el horizonte del Mediterráneo.
+
+Tres dias antes, esto es, el martes siguiente al domingo en que bebió en
+casa del Hardon el vino aquel que le adormeció, despertó don Juan con la
+cabeza un tanto pesada, y vió con admiracion suya á su lado á
+Peralvillo, que tenia los ojos hinchados como de haber dormido mucho.
+
+--¿Que es esto, Peralvillo? dijo don Juan incorporándose en el lecho en
+que se encontraba vestido: ¿nos hemos mudado?
+
+--Sin duda, señor: dijo restregándose los ojos Peralvillo, que tenia
+todas las trazas de un lacayo de capa y espada de aquellos tiempos: pero
+yo no conozco al dueño, ni sé cuánto pagamos por la casa.
+
+--¿Pero dónde estamos?
+
+--Eso mismo os pregunto yo señor: ¿dónde diablos nos han traido?
+
+--¡Cómo traido! pues qué, ¿no hemos venido nosotros?
+
+--Indudablemente: puesto que estamos aquí, hemos venido, pero no por
+nuestro pié: cuando haya pasado algun tiempo y recordeis como yo...
+
+--¿Y qué has recordado?
+
+--Por mi parte recuerdo que yendo por la calle de Elvira á punto de
+oscurecer un domingo, me he encontrado á un sargento amigo mio--¿A dónde
+vais, señor Peralvillo, me ha dicho?--Voy á entretener el ocio por esas
+calles, le he contestado.--Lo mismo ando yo, me ha dicho...
+
+--¿Pero qué tiene que ver el sargento y tu conversacion con él, con lo
+que nos sucede? dijo impaciente el marqués.
+
+--Y tanto como tiene: figuraos que el sargento me convidó á ir á la
+taberna, para dar tiempo á que volviesen del jubileo dos beatas amigas
+suyas.
+
+--¡Ah! ¡te llevó á una taberna!
+
+--Si señor, comimos, bebimos... yo noté que el vino tenia cierto
+sabor... y despues no noté nada.... porque me dormí.
+
+--¡Como yo! dijo el marqués.
+
+--Pues ved ahí que no entiendo para qué diablos hayan de habernos
+aletargado.
+
+--Pero en fin, ¿hace mucho tiempo que has despertado tú?
+
+--Hará una hora: halléme en un colchon á los piés de otra cama mas alta;
+primero nada recordé; despues fuí recordando; me levanté y os ví en la
+cama dormido: os moví para despertaros, pero ¡bah! estabais como un
+tronco: llamé... y como si hubiéramos estado en un desierto: examiné
+nuestro alojamiento, que solo tiene cuatro piezas, aunque muy ricas, eso
+sí, y hallé sobre una mesa una carta cerrada con sobrescrito para vos.
+
+--¡Una carta! exclamó el marqués: ¡dame, dame!
+
+Peralvillo salió y entró de nuevo en la alcoba con la carta.
+
+El marqués rompió la nema, abrió la carta y Peralvillo, que observaba el
+semblante de su amo para ver el efecto que en él producia la carta, le
+vió palidecer, temblar, levantarse luego trasportado de alegria y
+exclamar:
+
+--¡Es de ella, de ella!
+
+--¿Pero quién es ella, señor, quién es ella? ¿acaso el duende negro de
+la calle de San Miguel que nos trae de cabeza?
+
+--Ya sabes que no quiero que se me pregunte, Peralvillo, contestó el
+marqués.
+
+--Es verdad, señor, pero la situacion en que nos encontramos...
+
+El marqués no contestó: se habia acercado á una vidriera y estaba
+absorto en la lectura de la carta.
+
+Peralvillo se calló, y se puso á pasear por la cámara con las manos
+atrás.
+
+Hé aquí lo que el marqués leia:
+
+«Don Juan de mi corazon: al fin mi padre se compadece de nosotros; al
+fin consiente en que sea tu esposa. Para que nos unamos, mi padre te ha
+robado de Granada, valiéndose del medio de aletargarte: yo te escribí
+para que fueras á la taberna donde has sido aletargado. Nada te importe
+donde estás. Nada te importe que pasen algunos dias antes de que me
+veas. Nada te faltará. Tu criado estará contigo para servirte. Un
+esclavo de mi padre te proveerá de cuanto quieras; pero nada preguntes á
+ese esclavo, porque nada te contestará. Quien tanto confía en tí que ya
+se llama tu esposa.--Esperanza de Cárdenas.»
+
+Luego por bajo se leia:
+
+«Nuestra hija sabe ya dar besos, y te se parece tanto, que aunque
+quisiera olvidarte no podria.»
+
+El marqués leyó diez veces esta carta, la guardó y volvió á sacarla
+otras tantas, y al fin cuando ya Peralvillo se habia sentado cansado de
+dar paseos, el jóven se dirigió á él.
+
+--Tengo apetito, le dijo, y almorzaria de buena gana.
+
+--Y yo tambien, señor. Pero en esta casa no he visto la cocina.
+
+--No importa, llama.
+
+--Es que ya he llamado, y nadie me ha respondido. Mucho será que el
+duende negro no nos haya encantado, señor.
+
+El marqués aplicó un puntapié á Peralvillo.
+
+Miróle este dolorosamente y salió de la cámara, se dirigió á la puerta
+de la antecámara y dijo:
+
+--¡Ah de casa! Mi señor, que es un señor muy impaciente, y que trata de
+una manera dolorosa á sus criados cuando tiene hambre, pide de almorzar.
+
+Oyéronse pasos tras de la puerta, luego una llave en la cerradura de
+esta, abrióse y apareció un negro atlético, que hizo retroceder dos
+pasos á Peralvillo.
+
+--Se va á servir al momento al señor, dijo el negro en buen castellano,
+y desapareció volviendo á cerrar la puerta.
+
+--Paréceme, señor, que estamos metidos en una mala aventura, dijo
+Peralvillo: no me gusta nada ese tizon de dos piés que acaba de
+hablarnos.
+
+--Tienes el defecto de ser el hablador mas incorregible del mundo,
+Peralvillo, dijo el marqués que preocupado con su pensamiento, queria
+quedarse á solas con él, y devorar su alegría.
+
+Peralvillo comprendió la situacion en que se encontraba su amo y se
+calló.
+
+Poco despues acudió á la puerta de la antecámara donde habia sonado la
+llave, y vió que el negro entraba trayendo por sí solo una enorme mesa,
+cubierta y servida.
+
+--Os ayudaré amigo mio, dijo Peralvillo que deseaba á todo trance
+hacerse un conocimiento.
+
+--No hay necesidad, dijo el negro, entrando con la mesa en la cámara.
+
+Peralvillo quiso aprovechar la entrada del negro para ver lo que se
+ocultaba tras la puerta de la antecámara, que habia quedado abierta,
+pero al encaminarse á ella, se cerró.
+
+--Vamos, dijo Peralvillo volviéndose: cartas que no se sabe quien las ha
+traido; negros que sirven sin permitir que nadie les ayude; puertas que
+se cierran por sí mismas: decididamente estamos encantados.
+
+Cuando entró en la cámara, el marqués, que siguiendo las instrucciones
+que le daba en la carta Amina, no habia dicho al esclavo una sola
+palabra, se sentaba á la mesa.
+
+--Ponme vino, y trínchame esas perdices Peralvillo, dijo el marqués.
+
+Peralvillo se quitó los puños, se levantó las bocamangas, y se puso á
+trinchar las perdices.
+
+--Y estan asadas con aceite, y soberbiamente asadas, dijo: ¿sois vos el
+cocinero, amigo? añadió volviéndose al negro.
+
+Este hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.
+
+--Pues podiais servir en las cocinas de su magestad, á quien por
+noticias de un galopin á quien yo conocia, sé que gustan mucho las
+perdices asadas con aceite.
+
+Una mirada del marqués hizo callar á Peralvillo, que puso delante de su
+amo la fuente de plata con las perdices trinchadas, y le sirvió vino en
+una enorme copa de oro.
+
+Despues, y no atreviéndose á hablar por temor al marqués, se puso á
+contemplar el servicio.
+
+--¡Cáspita! dijo para sí: del ramillete de su magestad no saldria una
+mesa mejor servida: todo esto es regio: ¿y de dónde diablos han sacado
+esas flores? decididamente estamos encantados y encantados por duendes
+reales.
+
+--Otro plato, Peralvillo, dijo el marqués.
+
+--¿Qué quereis? ¿carne, cecina ó pescado?
+
+--Dame de ese salmon.
+
+Sirvió Peralvillo.
+
+Poco despues el marqués se levantó de la mesa.
+
+--Yo os aconsejaría señor, que comieseis de estos mariscos, de estas
+ensaladas y de estas confituras.
+
+--Come de lo que quieras como si estuviese empezado Peralvillo, dijo el
+marqués conociendo la intencion de su lacayo: come y déjame en paz.
+
+--¿Pero dónde he de comer, señor?
+
+--En esa mesa.
+
+--Pero...
+
+--No hay otra.
+
+El negro adelantó y se acercó á Peralvillo.
+
+--Fuera teneis vos mesa servida.
+
+--¡Ah! exclamó Peralvillo estremeciéndose, porque esperaba encontrar
+fuera una olla podrida y un gigote, cuando ya se habia consentido á
+gozar del excelente almuerzo del marqués.
+
+Salió, pero en la pequeña mesa que encontró en la antecámara, solo vió
+un cubierto de plata, una copa de vidrio y algunos platos.
+
+--¡Pero y la comida! exclamó pálido Peralvillo.
+
+--Tomad de aquí lo que querais, dijo el esclavo con cierto acento de
+superioridad.
+
+Volvió la cabeza Peralvillo y encontró tras si al negro que habia traido
+consigo la mesa del marqués.
+
+--¡Ah! esto es distinto, dijo: mi amo está desganado pero yo no lo
+estoy... estas perdices, despues esas ostras, luego aquella ensalada de
+truchas, despues unas confituras y dos botellas de vino: perfectamente.
+Hemos concluido, camarada.
+
+--Cuando vuestro señor necesite algo llamad, dijo el negro.
+
+--Se llamará, amigo.
+
+--Y en cuanto á vos no seais curioso, porque os pudiera pesar.
+
+--Y decidme, ¿durará mucho este encierro? dijo Peralvillo con la boca
+llena.
+
+--No lo sé.
+
+--Y mientras estemos aqui, ¿comeremos del mismo modo?
+
+--Probablemente.
+
+--¡Y cuáles son las horas de comer en esta casa?
+
+--Las que vuestro señor quiera.
+
+--Bien, ¿pero y si mi señor no tiene ganas de comer?...
+
+--Pedid vos.
+
+--Y si...
+
+--Sois el lacayo mas hablador del mundo.
+
+--Lo que no quita para que seamos buenos amigos.
+
+--Yo no os conozco.
+
+--Pues conozcámonos. ¿Hay doncellas en esta casa? no me pesaria conocer
+á las doncellas.
+
+--Quedad con Dios; dijo el esclavo abriendo la puerta.
+
+--Vaya con Dios vuesamerced, contestó empinándose una botella
+Peralvillo.
+
+ * * * * *
+
+Sin ningun nuevo accidente, comiendo cuando querian, durmiendo por
+entretenimiento, y fastidiándose mas de lo que hubieran querido, pasaron
+amo y criado, desde el anochecer del martes veintiuno de diciembre,
+hasta el medio dia del viernes veinticuatro.
+
+Apunto que el sol señalaba el medio dia natural en un cuadrante, situado
+en el mirador que daba sobre el jardin, apareció de improviso en la
+cámara el esclavo negro, y presentó al marqués inclinándose
+profundamente, una carta en una bandeja de oro.
+
+Tomó el marqués la carta, la abrió, y vió con suma sorpresa, que era de
+su tio don César de Arévalo, de quien hacia mucho tiempo que no tenia
+noticias.
+
+La carta era brevísima.
+
+«Mi amado sobrino decia: os estoy esperando con suma impaciencia; tengo
+muchas cosas que deciros, y una grave comision que desempeñar con vos.
+Seguid al dador de esta y me vereis.--Vuestro tio.--Don César de
+Arévalo.»
+
+--En esta carta me dicen que os siga, dijo el marqués al esclavo.
+
+--Y yo tengo órden de guiar al señor á donde le esperan, contestó el
+esclavo.
+
+--¿Es decir que salimos de nuestro encierro? dijo Peralvillo.
+
+--Vos no, repuso el esclavo, y salió precediéndo al marqués, despues de
+lo cual cerró la puerta.
+
+Peralvillo se quedó durante algun tiempo mirando aquella puerta con
+desesperacion, y luego se entró en la cámara, tomó de un rincón, donde
+solia ocultarlas, una botella, se la empinó, y despues fué á tenderse de
+una manera heróica en la cama de su amo.
+
+Este entre tanto, guiado por el esclavo, habia llegado á otra cámara á
+cuya puerta le salió al encuentro un hombre que se arrojó entre sus
+brazos.
+
+Era su tio.
+
+Despues de los primeros apretones, el marqués dijo á don César:
+
+--¿Qué significa esto?
+
+--¡Cómo! ¿no sabeis lo que esto significa?
+
+--No por cierto, mi buen tio, porque esperaba no volveros á ver tan
+pronto.
+
+--Creo que te casas.
+
+--Eso sospecho.
+
+--¡Cómo! ¿pues no lo sabes de cierto?
+
+--Hace tres dias que he tenido el primer indicio.
+
+--¿Indicio no mas?
+
+--Nada mas, tio.
+
+--Pues te casas de veras, sobrino: digo, á no ser que no quieras
+casarte, en lo que harias ciertamente muy mal.
+
+--Si es con doña Esperanza de Cárdenas, me caso.
+
+--¿Pues con quién habia de ser, sino con su excelencia la hermosa
+duquesa de la Jarilla?
+
+--Ved tio, que el rey confiscó ese titulo.
+
+--Si, pero le ha devuelto á la duquesa.
+
+--¿Pero y el proceso contra su padre?
+
+--El emir de los monfíes es una cosa, y su hija la duquesa de la
+Jarilla, es otra. ¿Qué culpa tiene la duquesa, de que su padre sea
+enemigo del rey, y le haya provocado y se le haya ido de entre las
+manos?
+
+--Si; pero ya sabeis que en el mundo en que vivimos pagan justos por
+pecadores: y al menos el título y la grandeza del duque...
+
+--Es que el padre de doña Esperanza era duque viudo: que tu presunta
+esposa, estaba en posesion de su título y de su grandeza: que se han
+hecho muchas informaciones y muchas probanzas, se ha gastado mucho
+dinero, y el Consejo de su Magestad, ha declarado: primero: que doña
+Esperanza de Cárdenas, es descendiente legítima de los duques de la
+Jarilla; segundo: que es cristiana desde su nacimiento, y muy piadosa, y
+muy honrada, y muy pura; tercero: que si bien su padre es rebelde y moro
+y traidor al rey, su hija no le ha ayudado en sus conspiraciones, ni ha
+alentado los amores del difunto príncipe don Carlos, á quien
+continuamente ha rechazado; cuarto: que por lo mismo no puede
+imponérsela pena alguna, debiéndosela, por lo tanto, restituir sus
+bienes y preeminencias como grande de España, exigiéndola, sin embargo,
+juramento de fidelidad al rey. Por último, y en atencion á las rebeldías
+de su padre, se la ha declarado mayor de edad, librándola de toda
+tutela; se la ha puesto en posesion de su título, su grandeza y sus
+bienes, y se la ha concedido licencia para casarse... con mi amado
+sobrino, el señor marqués de la Guardia, capitan de infantería de los
+ejércitos de su Magestad, y el mayor loco, que despues de mí he conocido
+ni espero conocer.
+
+--Pero tio, esas noticias son tales, que no debeis ofenderos, si dudo de
+que os encontreis en completo uso de razon.
+
+--Carta canta, dijo don César, yendo á una maleta que estaba sobre la
+mesa, y sacando de ella un promontorio de papeles: y á los desconfiados
+como vos, no hay cosa como darles con la prueba en las narices.
+
+Y desatando el legajo, sacó de él un pliego de papel sellado, moreno,
+granugiento, escrito con letra gorda, y autorizado al fin, por la firma
+de tres escribanos de cámara, y el sello de la Chancilleria de
+Valladolid.
+
+Devoró el marqués el contenido de aquel pliego: era la restitucion hecha
+por el rey á la excelentísima duquesa de la Jarilla, grande de España,
+de su título y grandeza, y todos sus bienes que le habian sido
+confiscados.
+
+--¿Y ahora crees, sobrino, dijo don César?
+
+--Creo tio; pero me parece que sueño.
+
+--Lee este otro documento, añadió don César, dando al marqués un segundo
+pliego, autorizado del mismo modo que el primero.
+
+El rey declaraba en él mayor de edad, á la duquesa de la Jarilla, y
+aprovaba su casamiento con el marqués de la Guardia, indultando á
+entrambos de la pena en que habian incurrido, por haberse casado sin su
+licencia en la villa de Yátor en las Alpujarras, el dia 30 de setiembre
+de 1567.
+
+--Pero tio, dijo el marqués con asombro, aquí se me dá por casado desde
+hace mas de un año, y vos solo me habeis dicho que se nos concedia
+licencia para casarnos.
+
+--Tanto da: yo decia que te se daba licencia, porque me consta que no te
+has casado: pero cuando hay mucho dinero para hacer probanzas falsas...
+
+--¿Pero quien ha andado en eso...? el emir no puede haber sido, porque
+hace mas de un año que vive de incógnito fuera de la córte.
+
+--¡Ah! en eso hemos andado el abuelo de la duquesa y yo.
+
+--¡El abuelo de la duquesa! ¡pues no le conozco!
+
+--¡Cómo! ¿no conoces al abuelo materno de la duquesa, rey del desierto
+de Méjico, cristiano, vasallo de su magestad, y el hombre mas rico de
+España?
+
+--Pues no le conozco, tio.
+
+--Bien puede ser: á los enamorados, generalmente les basta con conocer á
+la mujer que les enamora. Pero eso no quita, que á los muchos y buenos
+doblones del megicano se deba el buen resultado de vuestro negocio:
+porque desengáñate, sobrino: aunque el rey es demasiado caballero, y
+altivo, y celoso de su autoridad para doblegarse por todo el oro del
+mundo, sus consejeros, los que andan á su lado, no piensan del mismo
+modo: título de Castilla, del Consejo de su magestad, ha habido, que ha
+desempeñado sus rentas con lo que le ha producido este negocio, y oidor
+que por la primera vez se ha visto dueño de una razonable cantidad de
+oro. Y lo que es mas extraño; la Inquisicion, la tremenda Inquisicion,
+ha cedido por la gracia del dinero.
+
+--¿Pero qué tenia que ver la Inquisicion...?
+
+--¡Ahí es nada! La Inquisicion, que habia preso al emir de los monfíes,
+á quien no pudo quemar, por la sencilla razon de que el emir se les fué
+como una anguila de entre las manos, le ha seguido _la vareta_, como
+dicen los curiales, le ha sentenciado en rebeldia, le ha quemado en
+estátua, ha declarado infames á sus hijos hasta la cuarta generacion, y
+les ha sentenciado á llevar de por vida, el Sambenito; porque la
+Inquisicion como sabes muy bien...
+
+--Si, lleva su castigo á los hijos y á los nietos de los que sentencia.
+
+--Pues para que la Inquisicion quite el Sambenito á tu esposa, y la
+declare buena y limpia cristiana, ha sido necesario empezar por regalar
+una vajilla de oro y mas de diez alhajas riquísimas al inquisidor
+general, don Fernando Valdés, que estaba terriblemente irritado, y con
+razon, contra los monfíes. Como que hicieron con su venerable persona
+una herejia, y le causaron del susto una enfermedad que puso al pobre
+señor muy al cabo. Ademas, fue necesario deslumbrar á los inquisidores
+de la Suprema... todo esto invirtiendo un tesoro.
+
+--¡Oh! ¡y cuántos sacrificios!
+
+--De que tú eres la causa, sobrino, y por los que debes amar mucho á tu
+mujer.
+
+--Pero tio, si yo la adoro.
+
+--¡Milagro!
+
+--Un milagro causado por la hermosura y por el alma de Esperanza. ¡Ah!
+os juro tio, que no merezco tanta felicidad. Y sin embargo, esa
+felicidad será amargada.
+
+--¡Amargada! ¿y por qué?
+
+--Yo quisiera que mi Esperanza fuera pobre, muy pobre, y de una muy
+humilde cuna.
+
+--¡Bah! sobrino, tú estás loco: como parece mejor una bellísima rosa, ¿á
+la luz de la luna, ó á los rayos del sol? ¿en un tiesto miserable, ó en
+un magnífico jarron de oro?
+
+--Si, pero podrá creer que me caso...
+
+--¡Por interés! ¡bah! tus rentas son considerables, sobrino.
+
+--¡Mis rentas! ¡si estan empeñadas hasta el cuello, segun me dijísteis
+vos hace mas de un año en una carta dentro de la cual, me enviásteis la
+provision de la compañía que mando!
+
+--Es mucha verdad: pero tambien lo es, que los usureros que cobraban tus
+rentas, me vinieron á ver uno trás otro, me dieron muchas y rendidas
+gracias por haberles pagado...
+
+--¿Pero les pagásteis vos?
+
+--¡Yo! ¿de dónde ni cómo? Los sacos y las buenas presas, han andado por
+el cielo en el poco tiempo que he estado en los Paises Bajos, y aunque
+hubiéramos entrado en Gante, á saco mano, no hubiera tenido con mi parte
+ni la centésima de la cantidad que se necesitaba para el tal desempeño.
+
+--¿Con que es decir...?
+
+--Que las escrituras de todas tus haciendas estan allí desempeñadas.
+
+El marqués que era noble, generoso y altivo, alzó los ojos al cielo, y
+suspiró con impaciencia y pena.
+
+--¡Como ha de ser! dijo: ella es primero.
+
+--Y aun hay mas. Tu esposa, á mas de sus riquezas propias que son
+inmensas, trae su dote; un tesoro por parte de su padre, y otro por
+parte de su abuelo, en buenos doblones de oro, y alhajas.
+
+Tornó á lanzar su mirada de blasfemia al cielo don Juan.
+
+--¡Tú estás loco, sobrino! le dijo don Juan: cuando una mujer que tanto
+vale se casa contigo...
+
+--Se casa tal vez por cubrir su honor... y yo necesito su alma, su alma
+entera.
+
+--Bien, muy bien: pero eso pasará y quedará lo positivo: esto es, la
+inmensa cantidad contante y sonante del dote de tu mujer: las rentas de
+su título que ya son enormes, y que juntas con las del tuyo, llegan á
+ser maravillosas. Dentro de un año me lo dirás si es que vuelvo por
+España.
+
+--¡Pues qué os vais!
+
+--Sin duda debo parecer peligroso á los que te casan, cuando me apartan
+de tu lado.
+
+--¡Pero cómo!
+
+--Soy oidor de la real Audiencia del Perú, dijo con hueca gravedad don
+César.
+
+--¿Y eso...?
+
+--Tambien me lo han procurado los que te casan con tu mujer.
+
+--¡Ah! ¡ah!
+
+--Tengo órden ademas de llevarme á tu lacayo Peralvillo.
+
+--Lleváoslo en buen hora, cada dia se va haciendo mas hablador.
+
+--Ahora bien, y sin saber como, hé aquí que he terminado mi comision.
+
+--¿Pero qué comision era esa?
+
+--Darte parte de lo que sucedía, entregarte tus bienes; que ahí estan
+con tu ejecutoria en esas escrituras, preparándote, en fin, para que
+nada de esto tuviese que decirte el padre de tu mujer.
+
+--¡Cómo! ¿está aquí el emir de los monfíes?
+
+--Si.
+
+--¿Pero en donde estamos?
+
+--Ni mas ni menos que en el riñon de las Alpujarras, cerca de la villa
+de Yátor, en una heredad del señor don Alonso de Fuensalida.
+
+--¡Ah! ¡el emir continúa disfrazado!
+
+--Si, pero aunque el padre de tu mujer está encubierto, es necesario
+evitar que te presentes á él con ese trage de ronda. Ahí en mi maleta
+traigo un rico vestido de terciopelo, y un collar de Santiago: con que
+manos á la obra: voy á servirte de ayuda de cámara: ¿y qué mucho? casi
+casi, eres un especie de rey.
+
+--¡Rey! murmuró el marqués mientras su tio le desnudaba, recordando la
+frase que en otra ocasion le dijo Yaye: «si habeis de casaros con mi
+hija, todo se reducirá á haceros rey.»
+
+--¿En qué piensas sobrino? dijo don César? encajándole al mismo tiempo
+una camisa de Cambray.
+
+--Pienso en que el padre de doña Esperanza ha cambiado mucho de
+intenciones.
+
+--¡Porque te da su hija!
+
+--Si.
+
+--¡Bah! ama á su hija, y las mujeres son capaces... estírate mas las
+calzas, sobrino, y mira que grana... es de la mas rica: el jubon...
+sencillo... pero los herretes de diamantes valen un mundo: vamos, la
+daga, la espada y la gorra. El padre de tu mujer te espera, y como es un
+gran personaje, moro ó cristiano, lo que importa poco, no debe
+impacientársele: maldita arruga: suéltate el segundo herrete, sobrino:
+vamos, ya está bien: ¡ola!
+
+Apareció el esclavo negro.
+
+--Id, y decid á vuestro señor, le dijo don César, que dentro de un
+momento va á tener la honra de saludarle el señor marqués de la Guardia.
+
+El esclavo salió, y tras él, don César y el marqués: atravesaron algunas
+habitaciones y se detuvieron en una antecámara, donde les indicó el
+esclavo que se detuviesen; poco despues, el esclavo que habia salido,
+volvió y dijo al marqués:
+
+--Mi noble señor, espera al señor marqués de la Guardia.
+
+--Hasta luego, sobrino, dijo don César, estrechando fuertemente la mano
+del marqués.
+
+--¡Ah! no sé lo que me sucede tio, dijo don Juan, y entró por la puerta
+cuyo tapiz tenia levantado el esclavo.
+
+Encontróse en una cámara magnífica. En ella con el mismo trage con que
+se habia presentado aquella mañana al beneficiado de Cádiar, se paseaba
+Yaye profundamente pensativo.
+
+Al sentir los pasos del marqués, se detuvo, se volvió á él, y le miró
+con una grave benevolencia.
+
+--¡Ah! sois vos, dijo: bien venido seais.
+
+--¡Ah señor! dijo el marqués: disimulad mi turbacion porque...
+
+--Sentaos, marqués, dijo Yaye con una perfecta y fácil cortesanía:
+sentaos, y hablemos un momento.
+
+Sentáronse en un estrado, y Yaye asió las manos del jóven.
+
+--¿Quereis ser mi hijo ahora, como lo queriais ser en otro tiempo?
+
+--No puedo vivir sin ella, dijo con la voz apagada y trémula el marqués.
+
+--Ni ella puede vivir sin vos. El Altísimo lo quiere, y no mereceria yo
+su ayuda sino cumpliese con placer su voluntad. Pero, prescindiendo de
+todas las dificultades que se oponian á este casamiento, y que ya estan
+vencidas, hay en medio de nosotros un terrible secreto.
+
+Don Juan comprendió que Yaye se referia á la muerte de su padre, y bajó
+los ojos.
+
+--A pesar de ese terrible secreto, señor, comprendo que debísteis tener
+poderosas razones para obrar de la funesta manera que obrásteis y... no
+hablemos mas de ello... yo no puedo aborreceros; no puedo... no... sois
+padre de Esperanza... ¡que me perdone Dios...!
+
+--Tuve razon: pero decís bien... olvidemos... vos por Esperanza... yo...
+¡cómo no he de amaros yo si sois la vida de mi hija!
+
+Yaye se enjugó una lágrima.
+
+--Pero hablemos de otros asuntos. Ha llegado para mi un momento supremo:
+el momento de la guerra contra España.
+
+--Pero ¿por qué no os reducis á la obediencia del rey?...
+
+--No hablemos de eso... Felipe y yo somos enemigos á muerte. Por lo
+mismo no debemos fiar en la devolucion de sus títulos y de su rango á mi
+hija. Felipe es un lobo: le debo un hijo, y temo que si ha accedido al
+dictámen de su Consejo, haciendo justicia á nuestra Esperanza, es solo
+para tenderla un lazo, para apoderarse de ella, para cobrarse del hijo
+que le he muerto. No, no debeis permanecer en España. En las aguas de
+Motril os espera un bergantin fletado por mí que os llevará á Venecia, á
+Francia, á cualquier Estado de Europa. No entreis en los dominios del
+rey de España mientras don Felipe viva.
+
+--¡Pero separar de vos á vuestra hija...!
+
+--Dios lo quiere. Dejadme, dejadme luchar con mi destino, que es
+terrible; yo no puedo exponer á mi hija. No quiero tampoco perderos.
+Permaneciendo aquí, ó tendriais que haceros monfí y lidiar contra
+España, ó servir á Felipe y volver las armas contra el pecho de vuestra
+esposa y de vuestra hija. No, no; vais á casaros, y despues... vuestra
+compañía está en Yátor; entregadla al teniente Velorado y tomad
+testimonio de ello, para que el rey no pueda llamaros nunca desertor; ya
+teneis su licencia para dejar la compañía: despues, escoltado por mis
+monfíes ireis á Motril donde os embarcareis, vos, mi hija y mi nieta:
+con vos irá para serviros el mas noble, el mas bravo, el mas fiel de mis
+walíes: el noble Harum el Geniz, y permanecerá con vosotros si asi lo
+quereis. Ha visto nacer á Esperanza y la ama casi tanto como yo.
+
+--Será lo que querais, señor, dijo el marqués que estaba aturdido.
+
+--Bien, puesto que estamos enteramente de acuerdo, id, abrid aquella
+puerta, atravesad un corredor y encontrareis á vuestra esposa y á
+vuestra hija.
+
+Zumbaron los oidos al marqués, se nublaron sus ojos, se levantó como un
+ébrio, y dominado por su emocion, y sin decir una sola palabra á Yaye,
+corrió á la puerta que este le habia indicado.
+
+Poco despues se oyeron dos gritos de suprema alegría, uno como de
+hombre, otro de mujer; besos y sollozos.
+
+--¡Oh! era preciso, dijo el emir: Amina no puede amar ni ser amada de
+otro modo.
+
+Y siguió paseándose á lo largo de la cámara.
+
+
+
+
+CAPITULO XXI.
+
+ Continuacion del anterior.
+
+
+Anunciaron á Yaye que acababa de llegar á la heredad el beneficiado y el
+sacristan de Cádiar.
+
+Yaye mandó introducir al momento á Juan de Ribera.
+
+--¡Oh, qué dia! qué dia tan aciago, exclamó el beneficiado apenas vió á
+Yaye.
+
+--¿Pues qué sucede? contestó el emir.
+
+--Sucede... vamos... no sé cómo he podido escapar para cumpliros mi
+promesa... sucede que el Santo Oficio ha venido á la villa.
+
+--Ya lo sé.. vos mismo me lo dijísteis.
+
+--Es verdad... pero tengo la cabeza trastornada.... ¡qué escándalo y qué
+dolor, Dios mio!.. y que la tenacidad de esos desdichados nos obligue á
+ver tales cosas...
+
+--¡Ah! ¡la muerte de esa morisca... de esa Malicatulzarah..!
+
+--¡La sabíais...!
+
+--Yátor está cerca de Cádiar.
+
+--¡Pero no sabreis...!
+
+--Si, si; sé y me pesa, que su marido Adel, el tejedor, que estaba
+enfermo, ha muerto tambien: pero el anciano padre y los pequeñuelos
+huérfanos estan amparados.
+
+--¡Por vos, siempre vos en todas partes donde hace falta la caridad!
+¡Cuando digo que sois un santo!
+
+--No soy santo, pero creo que entre estas gentes se adelanta mas con la
+blandura.
+
+--¡Hum! dijo el beneficiado; son duros como rocas.
+
+--Ya veis si yo he convertido gente.
+
+--Dios os da la gracia.
+
+--No, sino que obro de distinto modo que el inquisidor que ha venido á
+visitar á Cádiar..... Me han dicho que ha obrado con muy poca caridad.
+
+--Es un tanto duro el señor Molina de Medrano, pero muy religioso, eso
+sí... figuraos que aunque acababa de dejar el camino, no ha querido
+reposar ni comer hasta que se ha purificado la iglesia que habia quedado
+impura por la sangre que en ella se habia vertido. Por esa razon he
+venido mas tarde y os he hecho esperar... pero en cambio se ha labado el
+templo de su impureza, gracias á las ámplias facultades que trae el
+señor Molina de Medrano y podrá celebrarse en él la Pascua... de otro
+modo la iglesia hubiera estado impura algunos dias.
+
+--¡Gracias á Dios! asi tendremos misa del gallo.
+
+--A la que me alegraría mucho que asistieseis: celebrará el señor
+inquisidor Medrano: yo seré diácono y el licenciado Arias subdiácono:
+tendremos villancicos en que cantará con su hermosa voz... una dama que
+vos apreciais mucho, y otra señora que ha venido á su casa...
+
+--Doña Isabel de Válor, ¿y la otra?
+
+--Una gran señora.
+
+--¡La princesa Angiolina Visconti..! Os prometo ir.
+
+--Con vuestra noble hija.
+
+--¿Conoceis vos á mi hija?
+
+--No señor, pero he oido ponderar su virtud y su hermosura.
+
+--Mi hija no está aquí en estos momentos.
+
+--¡Qué desgracia!.. pero en fin, os tendremos á vos.
+
+--Indudablemente: pero vamos á lo que importa.
+
+--Si, á la conversion del Ferih de los Berchules.
+
+--Pues no tenemos el gusto de bautizar á ese descreido.
+
+--¡Cómo! ¿por qué?
+
+--Porque mientras yo fuí á veros, el tal bandido se ha escapado.
+
+--¡Cómo! ¿pues no estaba herido, y herido de peligro?
+
+--Eso mismo me he dicho yo: no lo comprendo, pero lo cierto es que se ha
+escapado... yo lo he sentido mucho y vos, no debeis sentirlo menos.
+
+--¡Oh! ¡siéntolo en el alma! ¡un miembro podrido que continúa separado
+del cuerpo de los fieles!
+
+--Y aun por algo mas debeis sentirlo, señor beneficiado, porque segun
+creo, aunque vos me habeis guardado el secreto, Melik el Ferih, es padre
+de una morisca, de una Mariblanca que es vuestra ama.
+
+--¡Ah! dijo el beneficiado no pudiendo evitar un estremecimiento: vos lo
+sabeis todo.
+
+--¿No veis que busco al bien, y para practicarle tengo por todas partes
+gentes que se informan de todo?
+
+--¡Ah! dijo el beneficiado que empezaba á sentir algun recelo.
+
+--Por eso, porque lo sé todo, vuestra venida, á pesar de la fuga del
+Ferih, no es inutil. No os ireis sin bautizar una mora, y aun mas sin
+casar á una mora y á un cristiano, padres de la no bautizada.
+
+--¿Y por qué no bautizar tambien á la madre?
+
+--Por la sencilla razon de que, desde que nació la madre es cristiana.
+
+--¡Ah! ¡una morisca!
+
+--Algo mas que una morisca: una sultana.
+
+--¡No os comprendo! dijo el beneficiado que se sentia mal, y que iba
+viendo transformarse en otro hombre distinto del que habia visto hasta
+entonces á Yaye.
+
+--Pues es muy fácil de comprender: la dama á quien vais á casar es hija
+del emir de los Monfíes: en una palabra, es mi hija.
+
+--¡Vos!.. exclamó el beneficiado y no pudo continuar.
+
+Anudósele la voz en la garganta; se puso pálido como un cadáver, tembló,
+se anonadó; quedó tal como si la tremenda cabeza de Medusa, con toda su
+terrible virtud y sus sierpes ponzoñosas se hubiese presentado ante su
+vista.
+
+--¡Qué os espanta! ¿no sois vos el que con tanta crueldad habeis
+martirizado á los pobres moriscos? ¿no sois vos el que habeis arrebatado
+los hijos á sus madres y los habeis enviado á los hospicios del rey?
+¡Habeis tenido valor suficiente para remitir las súplicas desesperadas,
+las lágrimas, los gritos de angustia de las desdichadas á quienes
+arrebatabais los hijos de sus entrañas, y os falta delante de mí que
+ningun mal he de haceros, puesto que habeis venido bajo el seguro de mi
+palabra!
+
+Tranquilizóse un tanto el eclesiástico.
+
+--¿Pero quién habia de creer..? dijo: yo hubiera jurado...
+
+--Que yo el don Alonso de Fuensalida á quien conociais, era el mayor
+cristiano del mundo...
+
+--Vuestras obras... vuestra caridad...
+
+--Si, es cierto: mi caridad hácia los mios, me ha obligado á presentarme
+ante vos encubierto con un nombre castellano, á captarme vuestra
+voluntad con donaciones hechas á vuestra iglesia, á fingirme
+catequizador de moriscos, cuando en verdad solo se bautizaban los
+infelices por sugestion mia, para evitar las crueldades que so pretesto
+de religion cometiais con ellos: si es cierto: mi caridad para con los
+moriscos ha sido grande, porque lo que he hecho en Cádiar lo he hecho
+tambien en las demás villas de las Alpujarras. Pero no hablemos mas de
+esto. Procurad tranquilizaros, porque os lo repito: aunque os encontrais
+entre monfíes, nada os acontecerá: por muy cruel y fanático que seais,
+aunque mereciéseis un terrible castigo, os he llamado yo, porque os
+necesito, y estais tan seguro como si os cobijara el trono del rey de
+España.
+
+--¿Y para qué me necesitais, señor? dijo el beneficiado no bien repuesto
+á pesar de las tranquilizadoras palabras de Yaye, y tratándole con tanto
+respeto cuanto era su miedo.
+
+--Ya os he dicho para lo que os necesito: para casar á mi hija y
+bautizar á mi nieta.
+
+--Estoy dispuesto á obedeceros, señor.
+
+--Con vos ha venido vuestro sacristan que se ha quedado fuera.
+
+--Si señor.
+
+--¿Sabe ese hombre á lo que venis?
+
+--Le he dicho que se trataba de bautizar...
+
+--Bien, por eso no quede, haremos una farsa; mandaré á uno de los mios
+que se meta en cama...
+
+--Pero...
+
+--¿Y qué os importa á vos pronunciar algunas palabras y verter una poca
+de agua sobre la cabeza de un hombre?
+
+--Lo que yo temo, es que maese Barbillo que es muy ladino conozca que no
+se trata de un herido.
+
+--Descuidad que la farsa se hará bien. Ahora vamos á otra cosa. Es
+necesario que la fecha de ese casamiento y de ese bautismo se anticipen.
+
+--No os comprendo bien.
+
+--Vais á comprender al momento.
+
+Yaye sacó de su bolsillo una cartera, y de aquella cartera dos papeles
+doblados, y los presentó á Juan de Rivera.
+
+Eran dos partidas de casamiento y de bautismo; la una estaba fechada en
+30 de setiembre de 1567, la otra nueve meses despues. Solo faltaba la
+firma del beneficiado.
+
+--¿Pero no veis, dijo Juan de Ribera, que estas partidas no pueden
+constar en el libro de la parroquia ni con los folios que aquí tienen?
+
+--Descuidad: el libro de la parroquia desaparecerá sin que os puedan
+hacer cargo. Ya comprendereis que tratándose de mi hija y de mi nieta,
+tengo un gran interés en que estas partidas no aparezcan falsas; á vos
+os interesa tambien porque... pienso demostraros mi agradecimiento de
+una manera digna de mí.
+
+Y Yaye abrió un cajon de su mesa, y sacó de él uno trás otro,
+veinticinco columnas compuestas por veinticinco dorados doblones de á
+ocho cada uno.
+
+--Si, si, es verdad: sois el mismo generoso señor de siempre, pero
+encuentro una dificultad.
+
+--¿Cuál?
+
+--¿De quién es hija la dama que se va á casar?
+
+--Es hija mia.
+
+--Aquí dice: la excelentísima señora doña Esperanza de Cárdenas, duquesa
+de la Jarilla, grande de España, hija del excelentísimo señor don Juan
+de Andrade, duque viudo de la Jarilla.
+
+--Es que yo soy ese.
+
+--¿Pero no sois entonces el emir de los monfíes?
+
+--Tambien lo soy; para que os aclare mas dudas, preguntad al inquisidor
+Medrano, ya que le teneis en la villa, y aposentado en vuestra casa,
+quién es el duque viudo de la Jarilla: él me conoce bien.
+
+--¡Ah!
+
+--Lo que importa es que firmeis estos documentos, porque se va haciendo
+tarde, y teneis que volver antes de la noche á Cádiar.
+
+Juan de Ribera firmó.
+
+Yaye guardó de nuevo las dos partidas, y dijo:
+
+--Vamos y terminemos. Casareis á mi hija, bautizareis á mi nieta, y
+despues haremos delante del sacristan la farsa del bautismo de
+Melik-el-Ferih, del padre de vuestra ama.
+
+--Vamos á donde querais, señor.
+
+Yaye y el beneficiado desaparecieron por una puerta.
+
+Pasó una hora, y maese Barbillo fue llamado.
+
+Atravesó la cámara acompañado de un lacayo y desapareció por otra
+puerta.
+
+Media hora despues, el lacayo y Barbillo volvieron.
+
+--Es mucha, mucha, la caridad cristiana de don Alonso, dijo con cierto
+intencionado sarcasmo Barbillo al atravesar la cámara: pero creo que ese
+buen Ferih no está tan gravemente herido como dicen. ¿Eh? ¿qué decís
+vos?
+
+--Digo, contestó el lacayo, que no era otra cosa que un monfí, mirando
+fijamente á Barbillo, que jamás me entrometo en las cosas de mi señor.
+
+Y salieron por otra puerta.
+
+Apenas habian salido, cuando entraron de nuevo en la cámara Yaye y el
+beneficiado.
+
+--Ya que habeis casado á mi hija, y bautizado á mi nieta, le dijo Yaye,
+cuidad de que nadie sepa lo que aquí ha sucedido. Mi hija debe aparecer
+casada en la fecha que consta en la partida de desposorios. Nadie ha
+asistido á la ceremonia, mas que mi familia: si esto se sabe... vos lo
+habreis dicho... y entonces...
+
+--¡Oh! descuidad, descuidad, señor, contestó todo humilde el
+beneficiado.
+
+--Y no os atrevais á nada cuando os veais libre y seguro en Cádiar,
+porque podria pesaros.
+
+--¿Y cómo me habia yo de atrever, viviendo en las Alpujarras, á faltar á
+la voluntad de quien tan poderoso es en ellas?
+
+--Y aun fuera de ellas. Mis monfíes estan en todas partes. Oid: en una
+ocasion, herido gravemente, caí en poder del Santo Oficio. La
+Inquisicion hubiera tenido un grande placer en quemarme vivo: pero no
+pudo. Mis monfíes me sacaron de la cárcel del Santo Oficio. Y esto
+sucedió en Madrid, delante del rey, como quien dice, y del inquisidor
+general. Guardaos, pues, si apreciais vuestra vida.
+
+--¿Pero me prometeis, señor, que ningun peligro corro? los moriscos
+estan inquietos... esta mañana...
+
+--Si; esta mañana se ha cometido un horrible crímen en vuestra
+iglesia..... pero nada temais por ahora..... mas adelante podrá
+suceder.... para mas adelante, ya os habré procurado yo una buena
+prebenda.
+
+--¡Una prebenda! ¡vos!
+
+--Si por cierto. Si, yo quiero haceros obispo..... yo moro, capitan de
+bandidos, como vosotros decís... sereis obispo.
+
+--¡Ah, señor! exclamó el beneficiado, arrojándose casi á los piés de
+Yaye.
+
+--Pero para que yo os favorezca, será necesario que os hagais merecedor
+de mis favores.
+
+--Descuidad, callaré, os serviré, seré vuestro esclavo.
+
+--Bien: obrando asi obrareis prudente: ahora idos: ya el sol desciende y
+es necesario que llegueis á Cádiar antes de la noche. Algunos de mis
+criados os acompañaran hasta la entrada del pueblo, id.
+
+El beneficiado se dirigió á la puerta.
+
+--Se os olvida eso, dijo Yaye, señalándole el dinero que estaba sobre la
+mesa.
+
+El beneficiado, con vergüenza, no de recibir el dinero, sino por la
+manera con que lo recibia, guardó el oro en sus bolsillos.
+
+Despues salió con Yaye que le precedia, con las muestras de la mayor
+distincion y amistad.
+
+Poco despues, Yaye entró de nuevo en la cámara.
+
+--Ha sido necesario, dijo, confiar á ese miserable, para que no hable
+una sola palabra: difundido este secreto, cualquiera que por casualidad
+escapase, podria llevarlo á oidos tales, que perjudicasen á mi hija!...
+¡Mi hija! ¿puede hacer un padre mas sacrificios que los que yo he hecho
+por Amina?
+
+Yaye se pasó la mano por la frente, como si hubiera querido arrancarse
+de ella una horrible pesadilla.
+
+--¡Cúmplase la voluntad de Dios! exclamó.
+
+Y luego dirigiéndose á una puerta, la abrió y llamó.
+
+--¡Suleiman!
+
+Presentóse el mismo monfí jóven que habia burlado un año antes en Madrid
+al inquisidor general.
+
+--¿Qué me mandais, magnífico señor? dijo.
+
+--¿Has mirado bien á ese clérigo? le preguntó.
+
+--Le conocería aunque pasasen muchos años, y le viese entre mil.
+
+--¿Y al que le acompañaba?
+
+--Si señor.
+
+--Es necesario que esos dos hombres mueran.
+
+--Morirán, señor.
+
+--Vete, y di á mi wazir Harum, que le espero.
+
+Fuése Suleiman, y á poco entró Harum.
+
+Yaye se encerró con él.
+
+
+
+
+CAPITULO XXII.
+
+ Lo que hicieron contra el emir Aben-Aboo y Aben-Jahuar.
+
+
+Aquella misma tarde, un jóven con un trage sumamente pintoresco, y con
+una escopeta al hombro, atravesaba por el áspero desfiladero de una
+montaña próxima á Cádiar.
+
+El trage de este jóven, consistia en un gorro ó bonete de granada, una
+chaquetilla de colores vivos, y adornada con alhamares y bordados de
+plata; una camisa sin cuello, bajo una chupa del mismo color que la
+chaqueta (jaqueta la llamaban los moros); una faja de seda sobre la
+chupa, y unos calzones anchos, cortos hasta la rodilla, abiertos por
+abajo, cuadrados en su abertura, y en las piernas unos botines de grana
+bordados.
+
+Llevaba ademas sobre la faja un cinto con dos bolsas, llenas la una de
+balas de hierro, y la otra de pólvora: en el cinto dos largos pedreñales
+ó pistoletes, y un puñal; pendiente del cinto con dos cordones de seda,
+un alfange berberisco, y sobre el hombro un albornoz de lana, listado á
+anchas franjas negras y blancas.
+
+Este jóven era Aben-Aboo.
+
+Con su bello trage morisco, su fisonomía se habia completado: era el
+infante de Granada, brabío y valiente, con el sello característico de su
+raza fijo en el semblante, y la expresion sombría y amenazadora del
+oprimido, que tras largos años de paciencia, se levanta ante su opresor.
+
+Era á punto que el sol se ponia, el cielo hasta entonces limpio y
+despejado, empezaba á cargarse de oscuras nubes hácia el Norte, y allá
+entre los altos picos de Sierra Nevada se escuchaba rodar el trueno á lo
+lejos: frias ráfagas de viento pasaban silbando entre los brazos
+desnudos de las encinas y las peladas rocas, á las que se veia acudir
+las águilas para preservarse en su profundo nido de la tempestad.
+
+Aben-Aboo siguió andando á gran paso.
+
+El nublado siguió avanzando con extrañada rapidez, y al fin, al ponerse
+el sol, un tupido toldo de densas nubes cubrió las montañas.
+
+Algunas gruesas gotas cayeron sobre las rocas.
+
+Aben-Aboo entonces partió á la carrera.
+
+Los que hayan viajado por las Alpujarras, y hayan tenido necesidad de
+atravesar una rambla para llegar al término de su viaje, comprenderán
+por qué Aben-Aboo, que tenia que atravesar la rambla de los Ciegos,
+corria.
+
+A los que no conozcan aquel terreno, les diremos: que basta una lluvia
+de algunos minutos para que en aquel quebradísimo terreno, las
+innumerables vias de las vertientes de las montañas, conduzcan á la
+rambla que viene á ser un punto de reunion, un pequeño arroyo, y que
+juntos todos estos arroyos produzcan por su inconcebible número una
+corriente bastante considerable para que no pueda ser atravesada por un
+hombre.
+
+Cuando la lluvia es fuerte y dura algunas horas, no es ya un rio
+invadeable, el que rueda por la rambla, sino un torrente monstruoso,
+atronador, que se extiende de monte á monte, que arrastra árboles y aun
+rocas: un alubion gigantesco que dura muchas horas despues de haber
+terminado la lluvia que lo produce, que va á aumentar alguno de los
+traidores rios de las Alpujarras, y que cuando se extingue deja sobre la
+rambla un fango arenoso, entre el cual, no es difícil encontrar reses
+muertas y aun cadáveres humanos.
+
+Por eso corria Aben-Aboo.
+
+La tormenta se le echaba encima, y la lluvia empezaba, lenta si, pero
+con indicios de aumentarse progresivamente hasta convertirse en un
+furioso aguacero.
+
+Saltaba el jóven como un gamo de roca en roca, y al fin vió una ancha
+abertura practicada entre dos rocas gigantes, por la cual se veia un
+plano ancho, pendiente, de arena blanca y brillante.
+
+Tan blanca era esta arena, que cuando reverberaba en ella el sol,
+ofendia la vista, por cuya razon la habian llamado la rambla de los
+Ciegos.
+
+Entre estas dos altísimas y cortadas rocas, habia un hombre cubierto en
+otro albornoz rayado, que al saltar junto á él Aben-Aboo, desde una
+breña, retrocedió un paso y preparó su escopeta, exclamando con acento
+enérgico:
+
+--¡Párate! ¡la señal!
+
+--¡Granada y los monfíes! contestó Aben-Aboo.
+
+--¡Ah! ¿eres tú sobrino? dijo el que esperaba, y dejó caer el embozo de
+su albornoz.
+
+Era Aben-Jahuar-el-Zaquer.
+
+--¿Y nuestra gente? dijo Aben-Aboo.
+
+--Estan mas abajo.
+
+--Está con ellos Abd-el-Melik-el-Ferih.
+
+--No; pero ya hemos quedado de acuerdo: nuestra gente se compone de
+veinte de los mios.
+
+--¡No son monfíes!
+
+--No; son moriscos y cristianos renegados por delitos, gente dura y
+braba, que yo estoy reclutando hace tiempo, y cuyo número aumento con
+todo hombre á proporcion que se me viene á las manos.
+
+--¿Y sabe el emir que vos teneis esa gente?
+
+--Si lo sabe yo no se lo he dicho.
+
+--¿Y entonces quien paga á esa gente?
+
+--Los moriscos de Granada y de la Vega.
+
+--¡Ah! ¿y cuántos son?
+
+--Unos trescientos que podran servirnos de mucho para nuestros asuntos
+particulares.
+
+--¿Y para qué habeis traido con vos esos veinte hombres?
+
+--Atravesemos la rambla, sobrino, que la noche y la lluvia se nos vienen
+encima por fortuna nuestra, y sabrás para lo que he traido conmigo á esa
+gente.
+
+Y Aben-Jahuar tomó á buen paso hácia las quebraduras del frente seguido
+de Aben-Aboo.
+
+Cuando hubieron atravesado la rambla, subido un áspero repecho, y
+penetrado en las quebraduras que habia indicado el tio al sobrino, se
+encontraron en un terreno extremadamente brabío, oculto bajo el saliente
+de una roca.
+
+--¿Ves la Muela del Lobo, sobrino? dijo Aben-Jahuar, señalando una alta
+roca que se veia á lo lejos hácia el Sur, al pié de una montaña.
+
+--Si por cierto.
+
+--¿Ves al pié de la Muela una huerta, y en medio de la huerta una casa?
+
+--Sí.
+
+--¿Y alcanzas á percibir á la poca luz que tenemos, lo que pasa delante
+de aquella casa?
+
+--Tengo muy buena vista, tio: delante de aquella casa hay tres literas,
+seis caballos y algunas acémilas que estan cargando con maletas y
+cofres. Eso indica que la gente que vive en aquella casa, ha olido la
+tempestad de sangre que se prepara, y huye antes de que se le eche
+encima. Algunos perros cristianos que piensan ponerse en salvo antes de
+que arrecie el peligro.
+
+--¡Bah! en aquella casa hay cristianos y monfíes.
+
+--¡Cristianos y monfíes!
+
+--Si por cierto: voy á decirte el nombre de los cristianos: primeramente
+la excelentísima señora duquesa de la Jarilla, doña Esperanza de
+Cárdenas, ó sino la conoces por ese nombre, la sultana Amina.
+
+--¡La sultana Amina! exclamó estremeciéndose Aben-Aboo.
+
+--Déjame que continúe mi lista de cristianos: el antes solamente marqués
+de la Guardia, y hoy duque de la Jarilla por su casamiento con la
+sultana, don Juan Coloma.
+
+--¡Ah! ¡mi amigo el marqués! exclamó con un sarcasmo amenazador el
+jóven.
+
+--Ademas, doña Estrella Coloma y Cárdenas, hija de los excelentísimos
+duques de la Jarilla.
+
+--¡Su hija!
+
+--Item: la nodriza de doña Estrella y dos criadas: Calpuc, el indiano,
+abuelo de doña Esperanza, y bisabuelo de doña Estrella; don César de
+Arévalo, tio del marqués de la Guardia, ó mejor dicho del duque de la
+Jarilla, y por último Peralvillo, lacayo del duque.
+
+--Y sin duda allí estará tambien...
+
+--Sí, voy á decirte los monfíes que estan en esa casa: primero el
+magnífico emir de los monfíes nuestro pariente: luego Harum-el-Geniz, su
+wazir, Suleiman, su walí, y como hasta cincuenta monfíes.
+
+--¿Pero á dónde es ese viaje?
+
+--No sé tanto; solo sé que podrá suceder muy bien si tienes valor que
+hagamos un buen negocio.
+
+--Tio... jugamos el todo por el todo.
+
+--Y á qué nos habíamos de haber puesto estos vestidos berberiscos
+nosotros y nuestra gente, á qué traer antifaces rojos sino para no ser
+conocidos. Sígueme sobrino, y confia en mí y en el diablo que nos dará
+buena suerte.
+
+Aben-Jahuar y Aben-Aboo siguieron las breñas adelante, descendieron á
+unas ásperas quebraduras y al entrar en ellas, Aben-Jahuar gritó
+ténuemente como un cuclillo.
+
+En el acto respondió otro grito semejante, y otro y otro.
+
+--Ahí estan, dijo Aben-Jahuar.
+
+--¿Quién?
+
+--Los mios.
+
+--Pues os juro que hubiera pasado junto á ellos sin notarlos, dijo
+Aben-Aboo.
+
+--Eso prueba, cuando han podido engañarte á tí, que eres astuto y
+experimentado como el monfí mas viejo, que engañaran tambien á los
+monfíes. Ahora, ocultémonos tambien nosotros, y guardemos el mas
+profundo silencio.
+
+Tio y sobrino se perdieron entre un jaral.
+
+Junto al sitio en que toda esta gente estaba oculta, habia un estrecho
+desfiladero, y en él una senda escabrosa.
+
+El desfiladero estaba desierto.
+
+Nadie tampoco hubiera sospechado que junto á él habia gente oculta.
+
+Pasó algun tiempo; empezó al fin á llover con mas fuerza, y en el
+momento en que arreciaba la lluvia, se oyeron resonar pasos de
+cabalgaduras en la parte baja del pedregoso sendero, y voces de hombres
+que hablaban descuidadamente.
+
+--Aquijad, aquijad, decia una voz robusta; marchad de prisa, la lluvia
+arrecia, y mucho será que podamos pasar la rambla de los Ciegos.
+
+--Las mulas no pueden marchar mas deprisa, señor, contestó otra voz: nos
+vemos obligados á llevar las literas una detrás de la otra.
+
+--Pues aprisa cuanto se pueda, dijo la voz que mandaba.
+
+De repente se oyó un sordo mugido, indistinto y sordo primero, que fue
+creciendo y aumentándose hasta oirse perfectamente el bramido de las
+aguas que corrian á alguna distancia.
+
+En aquel punto la lluvia caia á torrentes.
+
+--¡La avenida en la rambla de los Ciegos! gritó una voz.
+
+--Pues volved, volved atrás; gritó con energía la voz que antes habia
+mandado; dentro de poco tendremos por aquí otra avenida.
+
+Apenas habia pronunciado aquella voz estas palabras, cuando sonó un
+tiro: luego otro y otro, sucediendo á esto el rumor de un reñido
+combate.
+
+Veamos lo que era aquello.
+
+Hemos dicho que la gente de Aben-Jahuar estaba oculta en unos arenales
+al lado de un pendiente desfiladero: á uno de sus lados se habian
+ocultado tambien Aben-Jahuar y Aben-Aboo.
+
+Por aquel desfiladero habia aparecido una caravana, que aunque la noche
+habia cerrado anticipadamente á causa de la tempestad, se veia de tiempo
+en tiempo á la clara luz de los relámpagos.
+
+Componian esta caravana cuatro monfíes; tras ellos tres literas, cada
+una de las cuales era llevada por dos mulas una delante y otra detrás, y
+cada una de estas mulas por un monfí. Luego á caballo, el marqués de la
+Guardia, Calpuc, el rey del desierto, don César de Arévalo, Peralvillo y
+Harum-el-Geniz: últimamente como hasta cuarenta monfíes.
+
+En el momento en que, las literas pasaron del lugar donde estaban
+escondidos con su gente Aben-Jahuar y Aben-Aboo, sonaron los disparos
+que hemos dicho, y á poco se trabó un combate cuerpo á cuerpo entre los
+de Aben-Jahuar, y los del emir.
+
+Las literas habian quedado cortadas y delante, y se oia la voz de Amina
+y las de sus doncellas que pedian socorro, y las imprecaciones en árabe
+de los monfíes que guiaban las literas.
+
+Uno de los relámpagos iluminó la escena.
+
+--¡Ah! exclamó con rabia Harum el Geniz que se batia como un lobo: ¡son
+corsarios berberiscos!
+
+La estratagema de Aben-Jahuar, por lo que vemos, habia producido muy
+buen efecto.
+
+De repente el pavor se apoderó de todos.
+
+No era un enemigo humano el que les aterraba: eran los elementos:
+algunos pedazos de roca habian pasado zumbando por el desfiladero y por
+la parte alta se dejó oir un ronco mugido.
+
+--¡La avenida! ¡la avenida! gritaron todos.
+
+Y se arrojaron fuera del desfiladero.
+
+No tardó mucho en dejarse ver el torrente que pasó brillando entre la
+oscuridad como una serpiente inmensa, blanquecina, puesta en fuga y cuya
+carrera fuera velocísima.
+
+A la luz de los relámpagos vieron Harum, el marqués, y todos los demas,
+que los que creian berberiscos se perdian entre las breñas al otro lado
+del torrente que por efecto de la tempestad llenaba el desfiladero.
+
+Por una casualidad no habia quedado entre ellos ni uno solo.
+
+Faltaban los monfíes que precedian á las literas; los que las conducian
+y Amina, su hija, la nodriza y las doncellas de Amina que eran llevadas
+en las literas.
+
+Al ver esto el marqués de la Guardia, que era valiente hasta la
+temeridad, antes de que nadie pudiese impedirlo, se arrojó con su
+caballo á la avenida, pretendiendo atravesarla.
+
+Un grito de horror salió de todas las bocas.
+
+El caballo y el ginete fueron arrebatados por la corriente.
+
+--Pronto, pronto, á buscar el puente del salto del Gamo, gritó Harum:
+salvemos á la sultana: la sultana antes que todo.
+
+--Es que, dijo un monfí viejo, no podremos llegar al salto del Gamo.
+
+--Tienes razon Mahdar; el desfiladero del Fraile estaba invadeable:
+estamos encerrados, señores, añadió con desesperacion; estamos
+encerrados por la avenida entre una rambla y dos desfiladeros: ¡que se
+haga la voluntad de Dios!
+
+ * * * * *
+
+--Dios ó el diablo nos han protegido, sobrino, decia Aben-Jahuar á
+Aben-Aboo, entrando con él en Cádiar, en el meson del Cojo, cubiertos
+con sus capas castellanas; la tormenta nos ha ayudado; de otro modo
+aunque sin duda hubieramos vencido, alguno de dos nuestros hubiera
+quedado en poder de ellos y era un mal cabo; ahora... ahora... no salen
+á bien librar hasta mañana de la prision en que los han puesto las
+aguas.
+
+--Pero han sucedido horribles desgracias tio, dijo Aben-Aboo, cuyo
+semblante tenia una expresion ferozmente sombría.
+
+--¿Y qué importa? ya no es un obstáculo á nuestros proyectos la hija del
+emir.
+
+Y al decir estas palabras se entró con su sobrino en el aposento en que
+se habian encontrado aquella mañana.
+
+Poco despues un hombre llamó recatadamente á la puerta, le abrieron y
+entró. Era el emir.
+
+
+
+
+CAPITULO XXIII.
+
+ Cómo trataba Yaye á sus parientes.
+
+
+Tendió á un tiempo las manos á Aben-Jahuar y Aben-Aboo y se las estrechó
+con fuerza.
+
+[imagen: El licenciado Juan de Ribera.]
+
+--¡Oh! dijo sentándose. Estoy contento. Al fin he tomado una resolucion
+decisiva, he fijado la suerte de mi hija y me quedo libre para hacer con
+vosotros la guerra al cristiano.
+
+--¡Qué habeis fijado la suerte de vuestra hija! primo, dijo Aben-Jahuar
+con las muestras del mas solícito interés.
+
+--Sí, esta tarde se la he entregado á su marido. Era para mí un
+obstáculo inseparable; la acompaña su abuelo, y va bien escoltada. Es
+verdad que puede haberles cortado el camino la tormenta impidiéndoles
+pasar la rambla de los Ciegos, pero esto no es mas que algunas horas de
+detencion; remontaran la montaña y llegaran mañana á Motril, donde en
+una galeota mia se trasladaran á Venecia. Y estoy alegre, vive Dios, muy
+alegre. Era necesario decidirse, decidirse de todo punto. Pero tengo
+apetito. Manda, hijo mio que nos den de cenar.
+
+Se levantó Aben-Aboo y salió.
+
+--Tengo que hablarte primo, de un asunto, ó por mejor decir de dos
+asuntos importantísimos para los dos. No he querido decírtelo delante de
+nuestro sobrino.
+
+--¿Tan de repente has pensado ese asunto?
+
+--Si; cuando al fin he visto asegurada la suerte de Amina, me he
+encontrado otro hombre. Pienso abdicar...
+
+--Abdicar... ¿y en qiuén?
+
+--Aben-Aboo es muy brabo y los monfíes le aman...
+
+--¡Cómo!
+
+--Silencio, le siento acercarse... cuando hayamos cenado, yo me
+despediré, é iré á esperarte á la salida de la villa por la Caba-honda.
+
+--Iré.
+
+Aben-Aboo entró en aquel momento y á la primer mirada comprendió que
+habia pasado algo grave entre sus dos tios.
+
+Sin embargo comprendió tambien que debia disimular.
+
+--¿Conqué mi prima, dijo, se va á Venecia? ¡Y yo que contaba al menos
+con verla!
+
+--¿Y qué habiamos de hacer aquí con ella una vez empeñada la guerra? No,
+no: era prudente ponerla fuera del incendio. Si Dios nos ayuda y
+triunfamos tiempo tendremos de verla.
+
+El Cojo entró entonces con una verdadera cena de meson, pero era tal el
+apetito de los comensales, estaban todos tan contentos, cada cual por su
+causa, que devoraban un pésimo gigote y algunas aves, acompañadas de una
+liebre que por casualidad tenia cabeza.
+
+Durante la cena y como estaban servidos por el Cojo y por su hija,
+alegre mocetona de veinte y cuatro años, la cena pasó con una
+conversacion indiferente.
+
+[imagen: El capitan Diego de Herrera.]
+
+--¿Qué diria la Inquisicion si nos viera comer carne la noche de
+navidad?, dijo el emir.
+
+--¿Y si viera que esta carne nos la servia una mora de tan buena carne
+como Pascuala? dijo Aben-Jahuar.
+
+--Vamos señor, siempre que hay gentes delante se estrella vuesamerced,
+contestó la muchacha.
+
+--¡Cuándo digo yo que esta Pascuala acabará por arruinarme! dijo el
+Cojo.
+
+--¿Pues qué hace la muchacha para ello? dijo Aben-Aboo.
+
+--¡Bah! con esa cara de hereje que pone á los huéspedes... no hay
+ninguno que no se me haya quejado, sobre todo de la mala cama.
+
+--Es que los tales huéspedes quieren á veces, que las camas sean tan
+completas... dijo la muchacha.
+
+--Y no crean usamercedes que esto es por virtud; no señor; sino porque
+la tiene bebidos los sesos ese organista del diablo, que solo gana tres
+maravedises... que... que en fin, es un haragan, un desarrapado... lo
+que no impide que esta señora se pase las noches de claro en claro
+pelando la pava con él.
+
+--¿Y qué tiene eso de malo?
+
+Y asi mientras duró la cena, los tres personajes ocultaron su verdadero
+estado con conversaciones tales, como la de que acabamos de dar una
+muestra.
+
+Acabada la cena, el emir se despidió de Aben-Jahuar y de Aben-Aboo.
+
+--¡Que está tranquilo acerca de su hija! dijo sombriamente el jóven
+apenas se quedó solo con su tio.
+
+--Afortunadamente, nadie nos ha conocido, ni los mismos que nos han
+ayudado saben lo que han hecho. El emir no puede hacernos cargo de nada.
+
+--¿Y á dónde irá ahora?
+
+--Es muy posible que vaya á ver á tu madre.
+
+Ya sabemos que Aben-Jahuar sabia que Yaye no habia ido en busca de su
+hermana doña Isabel.
+
+--¿A buscar á mi madre en una noche como esta?
+
+--Pues esta noche mas que otra, debe el emir estar cuidadoso por mi
+hermana.
+
+--Pero la tenacidad de _ese hombre_, cuando mi madre...
+
+--¿Y qué quieres? asi son todos los enamorados.
+
+--¡Pues juro á Dios...!
+
+Aben-Aboo se detuvo, pero Aben-Jahuar adivinó el resto del juramento:
+Aben-Aboo se habia puesto de pié, y se arreglaba la capa y el talabarte.
+
+--Mira lo que haces, sobrino, exclamó profundamente Aben-Jahuar: el emir
+es poderoso, y está acostumbrado á satisfacer sus empeños: prudencia,
+sobrino, prudencia, y no aventuremos en un minuto lo que tanta paciencia
+y tantos sacrificios nos ha costado.
+
+--Tan prudente seré, dijo Aben-Aboo, que daré ocasion á que otros
+aprendan en mi prudencia.
+
+Aben-Aboo que habia pronunciado estas palabras de una manera ambigua,
+cuya verdadera intencion no podia apreciarse bien, salió.
+
+--¡Ah! dijo Aben-Jahuar: ¡quiere abdicar en Aben-Aboo! ¡si ese insensato
+llega á ser emir de los monfíes, todo está perdido para mí! los monfíes
+conocen su ferocidad y le aprecian: le servirian á ciegas, y correrian
+tras él, aunque los llevase á arrojarse de cabeza á un volcan. Pero
+aunque sois astuto y feroz, señor sobrino, yo os llevo la delantera, y
+nos veremos, vive Dios, ¡nos veremos!¡vos, el emir y yo...! ¡Ah! ¡ah! yo
+os juro amigo mio, que no habeis de ver la verdad hasta que esa verdad
+os espante.
+
+Despues llamó, pagó la cuenta que le ajustó el Cojo por los dedos, y se
+fué á encontrar al emir.
+
+Hallóle en la parte baja del pueblo junto á las tapias.
+
+--Empezaba á impacientarme, le dijo.
+
+--He tenido que engañar á Aben-Aboo para separarme de él.
+
+--¿Y sospecha algo?
+
+--Nada: solo espera con impaciencia que llegue la hora.
+
+--Poco tardará en sonar, ya son las nueve. Entre tanto podemos hablar
+nosotros, y ponernos de acuerdo.
+
+--¿Pues qué estamos discordes?
+
+--Si; y este es un mal presagio.
+
+--¿Y en qué consiste esa discordancia?
+
+--En que todos teneis ambicion, y vuestras ambiciones encontradas, seran
+la causa de nuestra ruina.
+
+--¿Y nada dices de tu propia ambicion?
+
+--Yo la he perdido: todo me ha salido mal: en todos mis afectos, en
+todos mis deseos, en todas mis esperanzas, estoy ya contrariado: ya no
+soy el hombre que luchaba con toda su inteligencia, con todas sus
+fuerzas: soy un vencido que se rinde.
+
+--¡Un vencido!...
+
+--Sí vencido por su suerte.
+
+--Desmayas en los momentos en que mas necesitamos de tu ayuda.
+
+--No por cierto: yo os doy todo lo que tengo: mi ejército, mis tesoros,
+mi espada. ¿Quereis mas?
+
+--Pero esa abdicacion...
+
+--Es necesaria. Aben-Aboo está descontento: Aben-Humeya le mira con
+recelo: señor es uno, vasallo el otro: ni Aben-Aboo serviria bien á
+Aben-Humeya, ni Aben Humeya confiará en Aben-Aboo. Por el contrario,
+siendo Aben-Aboo emir de los monfíes, se encontraran igualmente
+poderosos...
+
+--Aben-Aboo pesará sobre Aben-Humeya.
+
+--Pero aun vivimos nosotros: nosotros mas experimentados que ellos:
+nosotros que tenemos una poderosa influencia, tú sobre los moriscos, yo
+sobre los monfíes: nosotros que podemos enlazarnos á ellos por sagrados
+vínculos.
+
+--¡Cómo!
+
+--Tu amas á tu cuñada doña Elvira, dijo Yaye.
+
+--Es verdad, contestó con voz cavernosa Aben-Jahuar.
+
+--Yo amo... cada dia con mas fuerza, cada dia con mas desesperación, á
+tu hermana doña Isabel.
+
+--¿Por qué no la amaste del mismo modo hace veintidós años? entonces
+Aben-Aboo sería tu hijo...
+
+--¡Ah! exclamó Yaye: olvidemos lo pasado y pensemos solo en el presente:
+estoy irrevocablemente decidido á lo que te he propuesto.
+
+--No creo realizable tu proyecto mas que en lo relativo á la abdicacion
+en Aben-Aboo: por lo demás, ni mi hermana se casará contigo, ni conmigo
+mi cuñada doña Elvira; ademas, y seamos francos... doña Elvira te ama,
+Yaye.
+
+--¡Oh! ¿quién te ha dicho eso?
+
+--¿No crees que los zelos son muy perspicaces?
+
+--Los zelos mienten, ó por mejor decir, los zelos se engañan. Doña
+Elvira no ama á nadie, á nadie mas que á su hijo: por eso, encontrando
+solo un hombre ante el porvenir de su hijo, siendo ese hombre yo,
+pretende inhabilitarme, apoderarse de mí, matarme, en una palabra; Doña
+Elvira, primo, me aborrece, y por que me aborrece, me cerca de
+asechanzas, me ataca con todas sus armas, con su astucia, con un amor
+fingido, con un empeño tenaz. Cuando vea que yo abdico en Aben-Aboo...
+que me caso con tu hermana, doña Elvira se casará contigo, para
+contrabalancear el poder de Aben-Aboo: no lo dudes Aben-Jahuar: doña
+Elvira solo ama á su hijo Aben-Humeya.
+
+Quedóse profundamente pensativo Aben-Jahuar.
+
+--¿Y qué hemos de hacer? dijo.
+
+--¿Consientes en que pongamos por obra mis proyectos?
+
+--¿Y tú estás seguro de que doña Elvira querrá casarse conmigo?
+
+--Sí, en el momento en que yo me case con tu hermana doña Isabel.
+
+--Pero es necesario empezar á obrar al momento.
+
+--Es necesario que vayamos á casa de tu hermana.
+
+--¡Ah!
+
+--Tú hablarás á Aben-Aboo; le participarás mi resolucion, y le
+prepararás para que desde esta noche empiece á obrar como corresponde á
+su nuevo estado: yo entre tanto hablaré á tu hermana.
+
+--Quiera Dios, dijo Aben-Jahuar que saques de ella tan buen partido como
+yo espero sacar de Aben-Aboo.
+
+Y tomando por fuera de las tapias arriba, se encaminó con Yaye á la
+atalaya donde vivia Aben-Aboo.
+
+
+
+
+CAPITULO XXIV.
+
+ De cómo se encontraron reunidas de una manera extraña, personas que
+ se creian muy separadas.
+
+
+En una habitacion completamente blanca, con el pavimento cubierto de una
+estera de esparto, desnudas las paredes y con techo de bovedillas y
+adornada con algunos muebles modestos, al lado de una chimenea
+encendida, habia dos mujeres.
+
+Era la una doña Isabel de Córdoba y de Válor: la otra Angiolina
+Visconti.
+
+Doña Isabel, si bien contaba ya cuarenta años, estaba en el esplendor de
+su hermosura: no de esa hermosura brillante, vaporosa, delicada,
+esmaltada, por decirlo así, de la jóven, de la adolescente casi, sino
+en esa fuerte y brillante hermosura de la mujer, en que hay un exceso de
+vida y de pasion, en que se mira con dolor el pasado, y se espera con
+temor ó al menos con una dolorosa resignacion la metamorfosis de la
+mujer, en que se marchitan las mejillas, en que aparecen las canas y las
+arrugas, en que las formas mas hermosas se deprimen, en que la mirada se
+apaga, en que los cabellos se disminuyen, se aclaran, se retiran de la
+frente, ó por mejor decir, la ensanchan: doña Isabel no tenia ya la
+belleza de la esbeltez, pero tenia en cambio, la magestad y la incitante
+hermosura de la matrona: habia engruesado, pero sin perder la belleza de
+sus formas; su pecho se habia levantado, pero sin perder su aspecto puro
+y virginal; doña Isabel habia crecido en vida y en hermosura y no habia
+perdido nada de su pureza: el sufrimiento agudo de un amor contrariado,
+de una vida robada á la felicidad, habia impreso, fijado sobre su
+semblante, la expresion del sufrimiento, pero de un sufrimiento valiente
+y resignado, y esta expresion daba á su hermosísimo semblante, á su
+ardiente mirada, un resplandor sublime, por decirlo así, casi divino:
+doña Isabel era á los cuarenta años, una de esas mujeres que hacen
+bendecir á Dios que las ha criado, que inspiran un amor exento de
+competencias de todo género, que absorven completamente la vida y el
+alma de un hombre.
+
+Sin embargo, en los veintidos años que habian pasado desde la muerte de
+Miguel Lopez, se habia visto libre de pretensiones, exceptuando las de
+Yaye.
+
+¿En qué podia consistir esto, tratándose de una mujer tan hermosa y tan
+pura?
+
+Consistia en que en Cádiar no la conocia nadie mas que los parientes
+próximos de su hijo, su confesor y un escaso número de mujeres.
+
+Estas en verdad habian ponderado su hermosura: pero doña Isabel no salia
+de su casa sino para ir á misa (eso todos los dias), y en esta sola
+ocasion se cubria de tal modo el rostro con el manto, que solo podia
+apreciarse lo airoso de su andar, lo gentil de su conjunto, y ese
+perfume particular que deja tras si toda mujer hermosa.
+
+Su casa, encerrada dentro de una tapia y situada en una altura, estaba
+libre de miradas curiosas, y en ella no penetraba nadie, mas que, como
+hemos dicho los parientes, y estos viejos unos, ó casados los otros, y
+algunas mujeres.
+
+La hermosura pues, de doña Isabel, solo se conocia de fama.
+
+Pero lo repetimos: era esta tal, que á pesar de ser hermosísima
+Angiolina, se encontraba como empalidecida, como borrada, como
+vulgarizada, al lado de doña Isabel.
+
+Encontrábanse las dos, en el momento en que las presentamos de nuevo en
+escena, en esa disposicion de ánimo en que se piensa mucho y se habla
+muy poco.
+
+Ademas, la situacion en que se encontraban colocadas la una respecto á
+la otra, era tirante y difícil: vivian juntas y apenas se conocian: al
+llevar Aben-Aboo á Angiolina de Granada, habia dicho á su madre:
+
+--Esta dama es una noble viuda á quien amo, y que se encuentra sola en
+el mundo: sino fuera la persona que es, pudiera haberme recibido en su
+casa, como otras tantas; pero esto no era conveniente ni decoroso, ni
+para ella ni para mí: he contado, pues, con que vos la servireis de
+madre hasta el dia en que pueda llamarse vuestra hija.
+
+Doña Isabel tendió la mano á la aventurera que su hijo la presentaba, la
+admitió en su casa, la llamo su parienta para salvar las apariencias, y
+nada la preguntó ni nada la dijo Angiolina.
+
+La dulzura y la virtud, y la magnífica belleza de doña Isabel, empezaron
+á dominar á la veneciana, que se sintió arrastrada hácia ella. Angiolina
+por su parte, que era una mujer digna y noble cuando no se trataba de su
+empeño por el marqués de la Guardia, empezaba tambien á hacerse lugar en
+el corazon de doña Isabel.
+
+Esta no sabia quién era: pero aquella mañana en el exámen, delante de la
+Inquisicion, se habia llamado Angiolina princesa.
+
+Doña Isabel no habia podido olvidar aquella revelacion: ni que el
+inquisidor habia tratado á Angiolina como una conocida antigua, ni la
+turbacion y la vacilacion de Angiolina al reconocer al inquisidor.
+Cuando doña Isabel dejaba de pensar en esto, se la venia á la memoria la
+terrible muerte de Malicatulzarah, con sus horribles detalles, con toda
+su aguda pasion, y entonces los ojos de doña Isabel se llenaban de
+lágrimas, y su corazón se levantaba á Dios rogando por aquellos
+desventurados.
+
+Por esta razon estaba tan profundamente pensativa doña Isabel.
+
+El haberse visto reconocida por Molina de Medrano cuando menos lo
+esperaba; el haber visto aquella mañana desde la atalaya entre las
+breñas y á lo lejos á Laurenti y á Cisneros, y el recuerdo de la
+sangrienta escena de la iglesia, tenian tambien profundamente pensativa
+á Angiolina.
+
+Dieron las ánimas, y doña Isabel las rezó.
+
+Contestóla Angiolina, y por esta razon se cruzaron entre ellas algunas
+palabras.
+
+--Cómo zumba el viento en la chimenea, dijo doña Isabel arreglando los
+tizones.
+
+--Todo es hoy lúgubre, contestó Angiolina.
+
+--¿Y mi hijo? ¿dónde estará mi Diego? añadió doña Isabel: otras noches
+ha venido mas temprano.
+
+--Aquí estoy madre, dijo la voz de Aben-Aboo á la puerta.
+
+Y el jóven adelantó, se quitó la gorra, la capa y el talabarte, y se
+sentó delante del fuego entre las dos mujeres.
+
+--No es prudente andar á deshora por la calle cuando tenemos el pueblo
+lleno de soldados, y cuando la Inquisicion hace su visita, dijo doña
+Isabel: recelan demasiado de nosotros, y es peligroso...
+
+--Pues ved ahí, madre mia, dijo Aben-Aboo: yo quisiera que hubiese cien
+veces mas soldados y mil veces mas inquisidores en el pueblo.
+
+Palideció doña Isabel al escuchar la ronca y amenazadora voz de su hijo
+y no contestó.
+
+Angiolina miró de una manera profunda al jóven.
+
+Su semblante estaba terriblemente contraido, ceñudo.
+
+--Supongo, dijo doña Isabel, que nos acompañarás á la misa del gallo.
+
+--Cabalmente he venido á deciros que no ireis.
+
+--¿Que no iremos? exclamó doña Isabel: ¿y por qué?
+
+--Porque no debeis ir.
+
+--¡Que no debemos ir! explícate por Dios, Diego.
+
+--Ha llegado la hora, replicó el jóven.
+
+--¿La hora de qué?
+
+--Esta mañana se ha vertido en la iglesia sangre inocente.
+
+--¡Ah! exclamaron las dos mujeres.
+
+--Esta noche se verterá en la misma iglesia sangre de infames.
+
+--Pero tú no la verterás, Diego, hijo mio; exclamó toda asustada doña
+Isabel: el crímen ageno no autoriza el crímen propio; tú te harás ageno
+á esos crímenes.
+
+--¿Crímenes llamais á la venganza de un pueblo oprimido?
+
+--Dios toma á su cargo las lágrimas y la sangre de los que sufren.
+
+--No queremos esperar tanto.
+
+--Pero no meditas que una vez dado un paso...
+
+--Se dan diez, ciento, mil... en buen hora: yo daré el primero sin
+vacilar.
+
+--No, tú no darás ninguno.
+
+--He jurado beber la sangre de ese infame inquisidor y la beberé, madre.
+
+--Pero te perderás, y perderás á los tuyos.
+
+--¿Temeis que alguien perezca en esa lucha, señora? dijo con acento de
+reconvencion Aben-Aboo.
+
+--Temo que perezcas tú, contestó con dignidad doña Isabel que habia
+comprendido la intencion de su hijo.
+
+--¿Y no temeis por nadie mas?
+
+--Temo por todos, por todos, Diego, ¿lo entiendes?
+
+--Yo creia que antes que por mí temblabais por...
+
+--¿Por quién? preguntó con tal altivez doña Isabel que Aben-Aboo á su
+despecho se vió obligado á bajar los ojos.
+
+En aquel momento y cortando la conversacion que empezaba á hacerse
+difícil, se abrió la puerta y apareció en ella Alí, el esclavo de
+Aben-Aboo.
+
+--Señora, dijo; vuestro hermano don Fernando, que viene con otro
+caballero, desea veros.
+
+--Dí á mi tio, contestó Aben-Aboo, que pase á mi habitacion.
+
+--No, no, dijo doña Isabel: díle que entre aquí.
+
+El esclavo salió.
+
+--Acaso mi tio me busca á mí, no á vos, señora.
+
+--Tu tio, dijo á la puerta Aben-Jahuar, os busca á todos; pasad, primo,
+pasad; hermana, te traigo un antiguo conocido.
+
+Y adelantaba llevando de la mano á Yaye que temblaba como un niño.
+
+Todos se pusieron de pié.
+
+Aben-Aboo miró con recelo á su tio: doña Isabel fijó una mirada atónita,
+vaga, indescribible en Yaye, y Angiolina al ver al emir se puso
+sumamente pálida.
+
+--¿Qué es esto, dijo Aben-Aboo? pues no me habiais dicho...
+
+--Indudablemente te he dicho mucho y aun tengo mas que decirte.
+
+--Si, dijo Yaye; vuestro tio tiene que deciros de mi parte graves cosas;
+seguidle, Aben-Aboo; yo tambien tengo que tratar con vuestra madre
+gravísimos asuntos.
+
+--Aben-Aboo vaciló un momento, y luego dijo:
+
+--Veamos lo que teneis que decirme, tio don Fernando; os dejo con mi
+madre, tio don Juan: oid vos señora á ese mi tio que se queda con vos,
+como yo voy á oir á este con quien me voy.
+
+Y salió con Aben-Jahuar.
+
+--Permitidme, dijo Angiolina; vais á hablar de graves negocios y...
+
+--No, no; quedaos doña Angélica, dijo con precipitacion doña Isabel.
+
+--La princesa Angiolina Visconti, mi antigua amiga, dijo Yaye con acento
+natural, dulce, casi cariñoso, dice bien; tenemos que tratar gravísimos
+asuntos, prima, y necesitamos tratarlos á solas. Venid, princesa, venid
+y perdonadme, pero graves razones me disculpan.
+
+--¡Oh! siempre estais para mí perdonado, dijo Angiolina, y aceptando la
+mano de Yaye se dejó conducir á una puerta inmediata.
+
+Doña Isabel habia quedado de pié y temblando junto á la chimenea.
+
+Su mirada estaba fija en Yaye de una manera lúcida, ardiente, medrosa,
+enamorada.
+
+Yaye se conservaba tan hermoso como ella se habia conservado.
+
+Yaye cerró las dos puertas de la habitacion.
+
+--¡Oh, no! exclamó doña Isabel; pueden venir, encontrar las puertas
+cerradas.
+
+--Nadie vendrá, dijo Yaye: tu hermano tiene que hablar mucho en mi
+nombre á nuestro hijo.
+
+--¡Ah! exclamó doña Isabel cubriéndose el rostro con las manos.
+
+Yaye se acercó y apartó las manos del rostro de doña Isabel.
+
+Esta le miró frente á frente.
+
+Sus ojos parecian absorver á Yaye.
+
+--¡Oh Dios mio! ¡mas hermosa que hace veinte y dos años!
+
+Doña Isabel bajó los ojos y calló.
+
+--¡Veinte y dos años sin vernos! continuó Yaye: ¡veinte y dos años
+amándonos de una manera desesperada!
+
+--¡Ah! ¡no, no, yo no! exclamó doña Isabel.
+
+--Si, me amas, tus ojos me lo dicen, me lo dicen tus manos que tiemblan
+entre las mias, me lo dice tu alma, Isabel, esposa mia.
+
+Y en un momento de fascinacion aquellos dos semblantes se unieron,
+aquellas dos bocas se besaron.
+
+Doña Isabel exhaló un grito ahogado, se retiró bruscamente de Yaye, se
+desasió de él y le dijo trémula y conmovida:
+
+--Vete.
+
+--¡Que me vaya!
+
+--Si, vete: vete y déjame con mi pobre amor sin esperanza, resignado,
+sufrido; vete, y no me atormentes, porque me atormentarias en vano,
+Yaye. Lo que Dios quiso que fuera, fue: me has hecho avergonzarme ante
+mí misma; no me hagas que me avergüence ante Dios; vete, Yaye, vete:
+sabes que te amo, que te amo como el primer dia en que te confesé mi
+amor, pero... Dios no quiere que pasemos de ahí; vete, Yaye, y déjame en
+mi triste paz.
+
+--Los dos somos viudos, dijo Yaye.
+
+--Pluguiera á Dios que no lo fuésemos, repuso doña Isabel.
+
+Ennegrecióse el semblante del emir.
+
+--¿Habré yo vivido soñando? dijo.
+
+--Sí, contestó doña Isabel; toda tu vida ha sido un sueño, y un sueño
+horrible.
+
+--Pero es que quiero despertar de ese sueño: es que quiero olvidar lo
+que por mí ha pasado: es que quiero volver á la vida, renacer
+transformado en otro hombre: es que desde hace algun tiempo, veo
+claramente que Dios aparta de mí su mano y maldice todas mis obras:
+¿será tambien que Dios haya maldecido mi sincero amor, la luz que
+continuamente ha alumbrado mi existencia? ¿será que trás tantos años de
+esperar y de sufrir, haya tambien de renunciar á tí, á tí á quien he
+buscado en vano, á tí á quien adoro y á quien me amparo perdida ya la
+esperanza de todo?
+
+--¿Y la patria á quien me sacrificaste, Yaye?
+
+--¡La patria! ¡la patria! exclamó con sordo acento el emir; ¡no hay
+esperanza para la patria como no la hay para mí!
+
+--Lo que habeis hecho vosotros los ambiciosos, dijo doña Isabel, ha sido
+mantener el descontento entre los moriscos; excitarlos á la rebelion, en
+vez de aconsejarles una sumision que hubiera hecho mas blando el yugo
+del conquistador. Pero los moriscos han resistido, excitados por
+vosotros, los que queriais ser á costa suya; se han rebelado una y cien
+veces, han resistido de todo punto la conversion, se han hecho temibles
+á fuerza, de indómitos, y solo han conseguido venir al punto de un
+rompimiento fatal: esta mañana, ¡oh Dios mio! ¡esta mañana he visto
+morir una familia delante de mis ojos! he visto el templo del señor
+manchado de sangre y... ¡te he acusado Yaye!
+
+--¡Isabel! exclamó el emir.
+
+--Sí; yo no puedo hacer otra cosa que acusarte. ¡Acuérdate!
+
+--¡Isabel! repitió Yaye.
+
+--¿Qué has hecho de tus hijos, emir de los monfíes? exclamó con acento
+solemne y doloroso doña Isabel.
+
+--¡Oh! ¡calla! ¡calla! exclamó Yaye con terror: y luego añadió con voz
+sorda y reconcentrada: mis hijos estan malditos de Dios.
+
+--¡Oh! ¡si! exclamó doña Isabel: malditos de Dios porque son hijos del
+adulterio.
+
+--Pero ya te he dicho que mi vida ha sido un sueño horrible: que
+necesito tu amor para ahogar en él mis recuerdos... mis
+remordimientos... porque tengo remordimientos, Isabel... remordimientos
+crueles... y tú... tú eres la primera causa de esos remordimientos.
+
+--¡Yo...!
+
+--Si, tú, porque tú fuiste mi primera víctima.
+
+A esta confesion tan franca, tan espontánea, la generosa doña Isabel no
+supo qué contestar.
+
+--Cuando yo te conocí, continuó Yaye, alentado por el silencio de doña
+Isabel; cuando yo te conocí, abria mis alas al viento de la vida, volaba
+de frente, al sol, le miraba cara á cara, y en vez de deslumbrarme, me
+parecia el sol pequeño. Sin embargo, te amaba Isabel, te amaba: aun no
+se ha cerrado la dolorosa herida que abrió en mi alma nuestra
+separacion; solo la muerte de Miguel Lopez y la certeza de que no fuiste
+suya, pudo calmar la desesperada amargura que sintió mi alma al verte su
+esposa. Yo te necesitaba para llegar á mis sueños de gloria, como la
+nube fresca y olorosa que debia sustentarme en mi vuelo por el espacio.
+Durante veintidos años he estado pensando continuamente en tí;
+llorándote á mis solas, ó entregado al furor por no poseerte: durante
+veintidos años, me has esquivado, te has apartado de mí, y yo que
+siempre he estado á tu alrededor, no me he valido de los mil medios con
+que contaba para apoderarme de tí, porque no podia decirte: soy tuyo,
+enteramente tuyo: tú eres mi Dios y mi patria; mis altares y mi honra:
+tú lo eres todo para mí, noble y pura mujer engrandecida por el
+martirio.
+
+Doña Isabel miraba fascinada á Yaye: podia decirse que su magnífica
+hermosura se habia transfigurado.
+
+Yaye creia ver alrededor de su cabeza una aureola de luz.
+
+La desdichada se habia apoyado desfallecida en el respaldo de su sillon,
+y miraba de hito en hito á Yaye.
+
+Y un amor inmenso, sin reserva, apareció en su rostro en una explosion
+de felicidad; pero de repente, aquel hermoso semblante se nubló de nuevo
+bajo su pálida tristeza; el fuego divino de sus ojos se apagó bajo dos
+brillantes lágrimas, y oprimiéndose el pecho sobre el corazon, exclamó:
+
+--¡Ya es tarde!
+
+Yaye se estremeció.
+
+Aquella terrible frase ¡ya es tarde! hacia mucho tiempo que se
+presentaba ante sus ojos saliendo al encuentro de todos sus proyectos.
+
+--¡Tarde! ¡tarde aun para arrepentirse!
+
+--Tu arrepentimiento no puede evitar las desgracias que nos amenazan,
+exclamó dolorosamente doña Isabel. ¿Qué vá á suceder en Cádiar esta
+noche?
+
+Yaye se estremeció.
+
+--Es necesario vengar á nuestro pueblo, dijo con voz ronca.
+
+--Y para ello es necesario que se ensangrienten tus hijos, que se cubran
+de crímenes. Me destrozaste el corazon como amante, y ahora me le
+destrozas como madre. ¿Qué vá á ser de nuestro hijo, Yaye?
+
+Y arrebatada por su pasion de madre, doña Isabel levantó la voz mas de
+lo que hubiera debido.
+
+--¡Oh! ¡silencio! ¡silencio, imprudente! exclamó el emir palideciendo de
+una manera mortal: cuando yo entré aquí estaba contigo una mujer
+terrible, esa italiana, esa farsanta... nos hemos olvidado de todo al
+vernos solos, y no hemos cuidado de la seguridad de nuestra entrevista.
+
+Y Yaye tomó una bujía y salió á una habitacion inmediata.
+
+--Afortunadamente no habia nadie, dijo volviendo á entrar; he cerrado
+las puertas y podemos hablar sin temor: pero es necesario que nos
+decidamos pronto: tu hermano no podrá entretener por mucho tiempo á
+nuestro hijo: escúchame Isabel, y escúchame como quien vá á salvar ó á
+perder irremisiblemente á una criatura: estoy cansado de la vida: la
+fatalidad me ha convencido de que todo lo que haga para salvar á mi
+pueblo será inútil: antes de empezar la lucha estan divididos; tu
+hermano, mis hijos, todo morisco que vale algo, que puede algo quiere la
+corona: se levantan á un tiempo, pero con el odio en el corazon los unos
+para los otros: esto acabará mal: Selin II que podria ser para nosotros
+una poderosa ayuda, está demasiado entretenido con los venecianos, y
+nada hará por el momento: Felipe II sujeta á Flandes con el severísimo
+gobierno del duque de Alba, y los hugonotes estan acobardados en
+Francia: la reina Isabel de Inglaterra contemporiza y no he podido meter
+la rebeldía en Italia: todo nos sale mal. Desde hace año y medio, Dios
+se ha encargado de mostrarme palpablemente que yo seré el último emir,
+que nuestros hijos seran los últimos moros de España.
+
+--Hace veintidos años, pensaba yo del mismo modo: veia á pesar de mi
+juventud, que la lucha de los moriscos contra el rey de España era una
+lucha insensata: veia con dolor á mis hermanos empeñados en esa
+lucha.... pero ya no es tiempo de hablar de eso, aprovechemos el tiempo
+Yaye, porque es necesario que nuestra entrevista concluya pronto, porque
+sufro demasiado. ¿A qué has venido con mi hermano, amparándote de él?
+
+--He venido á decirte: sé mi esposa.
+
+--¿Y para qué se ha llevado mi hermano á nuestro hijo?
+
+--Para que nuestro hijo sepa que yo le dejo mi herencia.
+
+--¡Tú herencia!
+
+--Sí; yo abdico en él mi dignidad de emir de los monfíes.
+
+--¡Dios mio! ¡mi hijo rey de tus bandidos!
+
+--Mis bandidos le haran mejor de lo que él seria sin ellos.
+
+--Pero... en vez de evitar...
+
+--Yo no puedo evitar nada. ¡Dios lo quiere! Aben-Aboo es ambicioso,
+Isabel.
+
+--¡Oh Dios mio!
+
+--Y no podrás acusarme de que yo he excitado su ambicion.
+
+--¡Oh no!
+
+--Los parientes de Miguel Lopez, su ascendencia, su nombre, todo le ha
+alentado para fundar esperanzas ambiciosas sobre la corona de Granada;
+ademas, Isabel, la fatalidad me hizo traer hace año y medio á las
+Alpujarras á mi hija Esperanza.
+
+--¡Ah! ¡pobre niña! exclamó doña Isabel.
+
+--La fatalidad ó mi ambicion, ó Satanás, han determinado su destino.
+Esperanza cayó entre los brazos de un castellano, y fue necesario
+ocultar su deshonra. Mi alcázar subterráneo la ahogaba: entonces y
+mientras le construia un pequeño palacio en Yátor, Esperanza salió á
+respirar el aire libre por las noches y por las mañanas.
+
+--¡Ah! ¡la Dama blanca de la montaña!
+
+--¿Quién fue el primero que pronunció este nombre? La fatalidad sin
+duda. No podia haberse elegido un nombre mas misterioso ni mas
+incitante. ¡La Dama blanca de la montaña! ¡la hermosísima Dama blanca! y
+como si la fatalidad no hubiera quedado satisfecha, extendió este nombre
+por todas las Alpujarras: le llevó á los oidos de todos los moriscos, y
+acreciendo la fatalidad, Aben-Humeya y Aben-Aboo, la buscaron, la vieron
+escondidos en las quebraduras y... se enamoraron de ella sin conocerla;
+de ella... de su hermana...
+
+--¡Oh! ¡que horror!
+
+--Luego sospecharon que era mi hija..... despues esta sospecha se
+convirtió en certidumbre y entrambos me la pidieron por esposa.
+
+--Dios te castiga de una manera tremenda Yaye, y el castigo de tu culpa
+recae sobre los que han tenido la desgracia de pertenecerte. Tú has
+condenado á tu amor y á tu familia: tú has hecho maldito á todo lo que
+has tocado con tu mano.
+
+--Mi culpa ha sido haber amado á mi patria y habérselo sacrificado
+todo... mi culpa ha sido...
+
+--Haber ambicionado lo imposible, haber mirado con desprecio la
+felicidad sencilla, humilde, pero tranquila, sin remordimientos. Has
+querido salvar á tu pueblo y le has perdido.
+
+--Sea como quiera ya es tarde para volver atrás: vale mas morir
+luchando, que ser martirizados lentamente dia por dia, hora por hora,
+minuto por minuto: en el punto en que estan las cosas... y no nos
+engañemos, en el punto en que yo las encontré... la lucha la guerra, han
+sido y son la única, la última esperanza de nuestro pueblo. Nuestro hijo
+ha tenido la desgracia de nacer de tí...
+
+--¡Ah! exclamó doña Isabel!
+
+--Y acaso, si hubiera sido hijo de Miguel Lopez, si este hubiera vivido,
+fuera mas feroz, mas impetuoso. La sangre de los Válor que corre por sus
+venas es la que le da soberbia: si fuera hijo de otra mujer...
+
+--¡Me acusas! es decir que yo no debí casarme.....
+
+--Acaso no: y si tu no te hubieras casado...
+
+--Mi desesperacion al verme abandonada...
+
+--¡Tu venganza!
+
+--¡Ah Dios mio!...
+
+--Dejemos, pues, las recriminaciones porque entrambos tenemos de qué
+acusarnos. Si tu no te hubieras casado, hubieras sido mi esposa:
+Aben-Humeya, mi otro hijo de la fatalidad, tú lo sabes bien Isabel, no
+existiria; no existiria mi otra hija Esperanza: nuestro hijo educado por
+mí, seria un caballero...
+
+--¿Y qué no lo es?
+
+Movió dolorosamente la cabeza Yaye.
+
+--Mucho me temo dijo, de que Aben-Aboo no sea un infame.
+
+--Le juzgas con demasiada ligereza.
+
+--¡A qué ha traido esa comedianta de Granada! ¿sabes tú quien es esa
+comediante?
+
+--Solo sé que es una ilustre dama viuda...
+
+--Tu hijo afrenta á su madre permitiendo que se la engañe, que se la
+escarnezca: esa mujer es enemiga á muerte de mi hija, enemiga mia:
+Aben-Aboo, uniéndose á ella, se conjura contra mí que le he colmado de
+beneficios; acaso se apresta á ser el brazo de exterminio de esa mujer.
+
+--¡No, no! ¡Dios no lo permitirá!
+
+--Nuestros padres han cometido sin duda grandes pecados, porque estamos
+malditos de Dios.
+
+--¿Has venido á acabarme de rasgar el corazon?
+
+--Solo un medio de salvacion nos queda.
+
+--¿Cuál?
+
+--Sé mi esposa...
+
+--Y siendo yo tu esposa...
+
+--Cuando seas mi esposa, Aben-Aboo sabrá quien es su padre.
+
+--¡Otro sacrificio..!
+
+--Te lo pido por nuestro hijo...
+
+--¡Pero si es ambicioso..!
+
+--Cúrele yo del amor de su hermana, que ya sabré buscarle en Africa un
+reino donde mande á su placer.
+
+--¡Ay! no tengo esperanza ninguna, Yaye.
+
+--Ni amor tampoco.
+
+--Amor si; y un amor desesperado: lo sabes: te lo escribí hace veintidos
+años: te amaré siempre, te dije entonces, y he cumplido mi juramento; yo
+te amo Yaye, ahora mas que entonces; con toda mi alma, con todo mi
+deseo, y me pareces mas hermoso y mas grande: pero en medio de los dos
+se levanta una sombra maldita.
+
+--¿Piensas acaso que yo tuve alguna parte en el asesinato de Miguel
+Lopez?
+
+--¡Ah, no! ¡no! ya lo sé: ya sé que eres inocente de aquel crímen: pero
+escucha: algunas noches estoy desvelada: mi cabeza revuelve sus
+recuerdos, y tu entre ellos te levantas diciéndome siempre yo te amo: te
+miro enamorado, anhelante, sufriendo por mí; y cuando voy á arrojarme en
+tus brazos me detiene una sombra horrible, la sombra de Miguel Lopez. Yo
+te amaba me dice: y tu amor me costó la vida: un hijo de otro lleva mi
+nombre: yo me vengaré en ese hijo de la afrenta que se me ha hecho: Yaye
+te ama, le amas tú, pero yo espíritu condenado vago en derredor de
+vosotros envidioso de vuestra felicidad..... ¡oh! ¡yo estoy loca, Yaye!
+todo lo que pasa á mi alrededor me asusta; el mas leve ruido me
+estremece; creo que solo estoy segura á los piés del altar, á donde no
+se atreven á perseguirme esos recuerdos, ni ese horrible fantasma.
+
+--Pues bien, dijo Yaye: vamos juntos al pié de ese altar arrodillémonos
+ante él, y levantémonos con las manos asidas, esposos.
+
+--¿Y cómo vendrias tú ante el altar del Dios de los cristianos?
+
+--Isabel, ¿creerás en lo inmenso de mi amor, cuando sepas que ese amor
+me ha convertido?
+
+Doña Isabel lanzó un grito de alegría.
+
+--¿Convertido tú?
+
+--Mira:
+
+Y Yaye se abrió el jubon, y mostró á doña Isabel el relicario con la
+imágen de la Vírgen, que ella le habia dado veintidos años antes,
+pendiente de su cuello.
+
+--Pero este relicario quedó en poder de mi cuñada doña Elvira, dijo
+alentando apenas doña Isabel.
+
+--Es verdad, pero yo se lo hice robar. ¿No sabes que mis monfíes entran
+en todas partes?
+
+--Y la santa imágen de la Vírgen... ¡oh Dios mio!.. ¡y mi amor..! ¡no me
+engañes por Dios, Yaye!
+
+--Mi hija Esperanza á quien amo con toda mi alma, es cristiana tambien
+como tú; el padre de doña Estrella, de la madre de Esperanza, el rey del
+desierto de Méjico, profesa tambien el cristianismo; rodeado de una
+familia de convertidos, he meditado mucho y me he convertido tambien.
+
+Doña Isabel miró de una manera vaga, ansiosa, insensata á Yaye, y
+poniendo sus manos sobre sus hombros, le dijo con la voz desfallecida:
+
+--Júrame que no mientes, Yaye: ¡júramelo!
+
+--Te lo juro por el misterio de la Encarnacion del Verbo, contestó Yaye.
+
+--¡Cristiano! ¡cristiano! exclamó estremecida de placer doña Isabel:
+pues bien: soy tuya, tuya: tu esposa, tu amante, tu esclava, lo que tú
+quieras que sea... ¡oh Dios mió! ¡Dios mio! ¡al fin has tenido compasión
+de mí!
+
+Y doña Isabel se arrojó entre los brazos de Yaye, le estrechó en ellos,
+y rompió á llorar.
+
+Yaye lloraba de placer.
+
+--Serenémonos dijo: retirando suavemente á doña Isabel, y sentándola en
+un sillon. Es necesario evitar que nuestro hijo nos encuentre
+encerrados.
+
+--Sí, si; es necesario, necesario de todo punto que... que nuestro
+hijo.....
+
+Y doña Isabel se detuvo.
+
+--Para curarle de su ambicion, es necesario darle á probar algunos
+amargos desengaños: yo abdico en él: pero mi nombre y mi espada quedan
+al frente de los monfíes....
+
+--¡Con que esa guerra es inevitable!
+
+--Has olvidado ya la muerte de la desdichada Malicatulzarah.
+
+--¡Oh miserables! exclamó con fiereza doña Isabel.
+
+--¿Crees que los castellanos no son unos infames, á quienes si
+pudiéramos deberiamos exterminar?
+
+--Harto se han ensangrentado con los pobres moriscos.
+
+--Pues bien, Isabel, ha llegado el dia de la venganza: no podremos
+exterminar á todos los verdugos, pero gran parte de ellos caerán bajo
+nuestra espada... y.... ¿quien sabe? Tu amor me engrandece, Isabel mia,
+el Dios misericordioso á quien adoro, me demostrará que me ha perdonado
+por tu amor, si me concede el triunfo...
+
+--Y yo te aliento al combate: antes temblaba, temblaba por mi hijo...
+pero ahora... ahora que levantas tu corazon á Dios, ahora que solo
+desnudas tu espada para defender al débil y al oprimido, ahora Yaye,
+siento hervir en mis venas la sangre de mi raza: levántate, valiente
+mio, y extermina en nombre del Dios de la justicia á esos miserables
+asesinos de viejos, moribundos y mujeres: levántate con la espada de
+Dios en la mano, y cuenta con el aliento de tu esposa...
+
+--Silencio, se acercan... por aquella otra puerta que no está cerrada,
+dijo Yaye.
+
+En efecto, se oian pasos precipitados.
+
+Levantóse el tapiz y apareció Aben-Aboo, adelantó, se detuvo, y fijó una
+mirada indescribible en Yaye y en su madre.
+
+Tras él venia Aben-Jahuar.
+
+--¿Es verdad lo que acaba de decirme mi tio, señor? dijo el jóven con la
+voz ronca.
+
+--¿Y qué os ha dicho mi buen primo?
+
+--Me ha dicho que mi madre y vos...
+
+--Es verdad lo que mi hermano te ha dicho, hijo mio. Amo á nuestro
+pariente Sidy Yaye.
+
+--¿Y os casais con él?
+
+--Me caso.
+
+--¿Y vos me dejais la dignidad de emir de los monfíes?
+
+--Sí, porque os amo Aben-Aboo, porque quiero que no tengais zelos de
+vuestro primo Aben-Humeya.
+
+--¿Es decir que vais á ser mi padre...?
+
+--Si.
+
+--¿Que levantaré vuestra bandera contra los castellanos?
+
+--Si.
+
+--Yo habia creido que todo esto era un sueño terrible, dijo con voz casi
+sepulcral Aben-Aboo.
+
+--¡Te parece terrible mi casamiento con tu madre, mi abdicacion en tí de
+mi corona! dijo con extrañeza Yaye.
+
+--¿Sabia esto mi tio Aben-Jahuar hace algun tiempo? dijo el jóven
+señalando con una mirada hosca al morisco.
+
+--No lo ha sabido hasta esta noche.
+
+--Madre, dijo el jóven acercándose á doña Isabel y asiéndola una mano;
+que Dios os haga feliz; señor, añadió asiendo otra mano de Yaye, os juro
+que muy pronto habeis de ver el buen uso que hago del poder que me dais.
+
+--Tú serás sin embargo, mi hijo y mi vasallo, dijo Yaye.
+
+--Lo seré, señor.
+
+--Si cumples bien y fielmente, como lo espero, antes de mucho, tu madre
+y yo nos retiraremos á una vida oscura y pacífica.
+
+--A donde quiera que vayais, allí irá con vosotros el corazon de vuestro
+hijo.
+
+--Esta noche es la mas feliz de mi vida, dijo Yaye: mi hija sale de
+España con su esposo; una mujer digna del amor de un héroe, me da con su
+amor la paz de mi alma, y tú valiente hijo mio, aceptas mi espada, y te
+aprestas á un combate que ya no puede dilatarse: nuestro pariente el
+noble Aben-Jahuar nos ayuda con su valor y sus consejos, y Aben-Humeya
+verá con placer, que ya entre él y su valiente primo no existe motivo de
+rivalidad. Dios ha querido que llegue este fausto momento. Hagámonos,
+pues, dignos de él, aprovechando el tiempo en su servicio, Isabel:
+añadió volviéndose á ella: no salgais esta noche de vuestra casa: suceda
+lo que suceda, nada temais. Pero añadió en voz tan baja que solo doña
+Isabel pudo oirla; tened mucha cuenta con esa mujer, con esa italiana.
+
+--Pero... murmuró doña Isabel.
+
+--Os va en ello la honra y acaso la vida. Y luego añadió alto: mi
+valiente sobrino, mi noble primo: ya es tarde y sabeis que nos esperan.
+Adios Isabel, os repito que nada temais, y, sobre todo, no olvideis lo
+que os he encargado.
+
+--Adios, señor, dijo doña Isabel: adios hermano, adios hijo mio.
+
+Y al pronunciar estas últimas palabras, se arrojó sollozando en los
+brazos de Aben-Aboo.
+
+--¡Oh madre mia! ¡madre mia! exclamó el jóven, ¡rogad á Dios!
+
+Pronunció con tal acento Aben-Aboo sus últimas palabras, que doña
+Isabel, sin poderse explicar la causa de ello se estremeció.
+
+Poco despues estaba sola, pensativa, pálida y llorosa al lado de la
+chimenea: una mujer de pié, inmóvil en una puerta, la observaba.
+
+Era Angiolina.
+
+--¡Con que Aben-Aboo es vuestro hijo! ¡con que tú no has tenido otro
+esposo que el emir! murmuraba la veneciana. ¡Ah! ¡ah! ¡mi venganza se va
+haciendo cada dia mas horrible!
+
+Y dos gruesas lágrimas surcaron las mejíllas de aquella mujer singular.
+
+
+
+
+CAPITULO XXV.
+
+ De qué modo satisfizo Mari-Blanca la honra de su padre.
+
+
+Cádiar estaba en aquellos momentos completamente desierto.
+
+Nevaba; la leve claridad emanada por el reflejo de la nieve, era la
+única luz dudosa y fantástica que determinaba de una manera vaga las
+formas en las estrechas pendientes y tortuosas calles.
+
+Yaye, Aben-Jahuar y Aben-Aboo, se habian deslizado por fuera del pueblo
+á lo largo de las tapias, en direccion á la montaña.
+
+Reinaban, pues, en la villa, una tranquilidad absoluta y un silencio
+profundo.
+
+La oscuridad era tambien densa, modificada solo por el débil reflejo de
+la nieve.
+
+En ninguna ventana, ni aun por los resquicios se veia luz, á excepcion
+de una casa, en la cual se veia un rojizo reflejo, tras las vidrieras de
+un balcon.
+
+Aquella casa era la del beneficiado Juan de Ribera.
+
+Ademas la puerta estaba abierta, y en el zaguan se veian dando guarda
+algunos soldados y dos alguaciles del Santo Oficio, lo que demostraba
+que el inquisidor Molina de Medrano se habia aposentado en casa del
+párroco.
+
+Mariblanca, maese Barbillo y el niño de coro, estaban atareados en la
+cocina, cuidando de cazuelas y cacerolas, lo que demostraba tambien que
+el beneficiado por temor ó respeto á la Inquisicion, se habia propuesto
+obsequiar con una excelente cena de navidad al señor ministro de la
+Suprema, Molina de Medrano.
+
+Maese Barbillo y Mariblanca estaban indudablemente en mala disposicion
+de ánimo, iban de acá para allá evitando tropezarse, no se miraban y se
+mostraban silenciosos y ceñudos.
+
+Pero á primera vista se notaba que el ceño y el disgusto de Mariblanca,
+nada tenia que ver con maese Barbillo, á quien trataba con una
+indiferencia, y casi podriamos decir con un desprecio, irritante.
+
+El aspecto sombrío de Mariblanca, era la causa del aspecto hosco de
+maese Barbillo.
+
+Solo el niño de coro se mostraba indiferente, y dirigia la palabra ya al
+uno ya á la otra, sin obtener por contestacion mas que monosílabos.
+
+Sin embargo, una observacion del niño de coro vino á dar lugar al
+diálogo siguiente:
+
+--¿Sabeis señora Mariblanca, que esta Noche-Buena pasa lo que nunca ha
+pasado? dijo el niño de coro.
+
+--¿Y qué pasa esta Noche-Buena que no ha pasado en otras, Cristovalillo?
+dijo Mariblanca mirando con recelo al muchacho.
+
+--No andan mozos por las calles, respondió el niño.
+
+--Nieva y hace frio, repuso Mariblanca.
+
+--El año pasado nevaba mas y el frío no podia resistirse, y acuérdese
+vuesamerced, señora ama; á estas horas todo era cuadrillas de mozos, y
+habia un ruido de zambombas, rabeles y villancicos, que daba gozo.
+
+--Tiene razon Cristobalillo, dijo el sacristan: esta noche parece Cádiar
+un cementerio.
+
+--¿Qué entendeis vos de eso maese Barbillo? dijo con despego Mariblanca:
+si esta noche no rondan ni cantan, será porque no quieran, ó por que
+tienen miedo ó frio, y sobre todo, ¿qué se os da?
+
+--Sin duda que habeis pisado alguna mala yerba, María; dijo maese
+Barbillo.
+
+--Pudiera ser, contestó Mariblanca.
+
+--Y tanto como que puede ser: y á propósito, ya que se os sacan algunas
+palabras del cuerpo: ¿qué diablos haciais en la cañada de San Juan esta
+tarde?
+
+--¡Yo! contestó con precipitacion Mariblanca.
+
+--No me querais negar que habeis ido á la cañada de San Juan: os he
+visto yo al pasar por el camino cuando iba á Yátor con el señor
+beneficiado.
+
+--¿Quién ha traído los berros de la ensalada? dijo Mariblanca.
+
+--Es verdad que en la cañada de San Juan hay muy buenos berros; pero
+tambien hay muy buenos hongos, de los que os habeis traido una cantìdad
+no pequeña.
+
+--Os engañais; lo que yo he traido son setas.
+
+--Os digo que son hongos, y os advierto que por lo que pueda suceder
+arrojeis al albañal esa cazuela de truchas que con los hongos habeis
+guisado.
+
+--No la serviré á nadie, maese Barbillo, dijo Mariblanca; porque ese
+guiso de setas y truchas le he hecho yo para mí.
+
+--¡Ah! eso es distinto: entonces si solo para vos lo habeis hecho, voy
+creyendo que seran buenas setas y no hongos, porque vos no querreis
+morir envenenada.
+
+--¡Yo! ¡tan desesperada creeis que esté!
+
+--No lo digo por tanto... pero hé aquí que son las once... Cristovalillo
+anda vete á vestir al señor beneficiado, que dentro de poco tendremos
+que ir á la iglesia á la misa del gallo.
+
+Cristovalillo miró picarescamente al sacristan y al ama, y salió
+cantando un villancico.
+
+Apenas se quedaron solos, cuando maese Barbillo tomó otro talante y se
+encaró con Mariblanca.
+
+--¿Por qué estais tan mal carada y tan silenciosa? le dijo.
+
+--¡Qué no puedo yo tener la cara que mejor me convenga! dijo Mariblanca.
+
+--Creo que yo tengo derecho á preguntaros.
+
+--¡Vos! ¿y quién os le ha dado?
+
+--Tenemos tratado casarnos.
+
+--¡Se tratan tantas cosas que no se cumplen!
+
+--Señora Mariblanca; me parece que habeis variado mucho.
+
+--¿Qué os he concedido otro dia mas de lo que os doy ahora?
+
+--¡Ah! ¡ah! es verdad que hace mucho tiempo que me estais haciendo
+penar.
+
+--Dejadme en paz, Barbillo, y no me canseis con vuestras quejas ni con
+vuestros zelos; ningun motivo os he dado; ningun favor os he hecho...
+
+--Ya lo creo, como el licenciado tiene ojos de lince...
+
+--Ya sabeis que el licenciado me importa tanto como vos: en una palabra,
+Barbillo: solo he querido á un hombre; solo he sido de un hombre, y es
+disparate pretender que sea de otro... lo entendeis... si no lo
+entendeis, bien claro os lo digo: acordaos de ello siempre, y no me
+fastidieis mas.
+
+--¿Pero me habeis prometido?...
+
+--Porque no me atosigueis continuamente.
+
+--¿Es decir que no sereis mi mujer?...
+
+--¡Yo!... ni de vos ni de nadie.
+
+--Ya, ya lo creo; no habia querido deciros nada porque no me dijérais
+que era zeloso; pero se conoce que ha vuelto al pueblo el capitan Diego
+de Herrera.
+
+--Y bien, para que no os coja de susto: sabed que me caso con el
+capitan.
+
+--¡Que os casais!
+
+--Si por cierto: por toda una eternidad.
+
+--¡Ah! ¡ah! ¡con un miserable que os insultó!...
+
+--Señor Barbillo, dijo á la puerta de la cocina el niño de coro.
+
+--¿Qué diablos quieres? dijo Barbillo irritado por aquella intempestiva
+interrupcion.
+
+--No soy yo quien quiere, sino el señor beneficiado. Me ha dicho que
+vayamos á la iglesia.
+
+--¡Pero si acaban de dar las once!
+
+--No importa: como oficia el señor inquisidor...
+
+Maldijo Barbillo en su foro interno al inquisidor y al beneficiado, y
+empezó á quitarse su mandil de cocinero.
+
+--¿Y vos no ireis á la misa del gallo? dijo á Mariblanca.
+
+--Ya veis que tengo que acabar de arreglar la cena.
+
+--Es verdad: como tenemos convidados...
+
+--Señor Barbillo, dijo otra vez el niño de coro: que el señor
+beneficiado y el señor inquisidor van ya camino de la iglesia.
+
+--¿Nos veremos luego Mariblanca? dijo el sacristan.
+
+--Ciertamente, porque yo creo que vendreis á cenar...
+
+--Despues...
+
+--¿Despues de la cena?
+
+--Sí.
+
+--Tengo un convidado...
+
+--¿El capitan?...
+
+--Cierto: le espero... para pelar la pava...
+
+Barbillo lanzó una mirada de tigre á Mariblanca, y salió.
+
+La jóven quedó sola en la cocina.
+
+Esperó á que pasase algun tiempo, y luego tomó una bujía, la encendió y
+salió al zaguan.
+
+No habia nadie: sin duda los soldados y los alguaciles habian seguido al
+inquisidor.
+
+La puerta de la calle estaba cerrada con llave.
+
+--¡Ah! ¡ah! dijo Mariblanca: me habeis dejado encerrada, pero yo voy á
+encerrarme mas; habeis salido de la casa y no volvereis á entrar, yo os
+lo juro.
+
+Y echó los cerrojos por la parte de adentro de la puerta y á mas de esto
+la atrancó.
+
+Luego recorrió la casa. Nadie habia en ella.
+
+Entonces bajó al huerto, apagó la luz, se acercó á la tapia y cantó un
+villancico de Navidad.
+
+Se oyó fuera un silbido y Mariblanca calló.
+
+Poco despues al escaso reflejo de la nieve se vió trepar á un hombre por
+la tapia y saltar al huerto.
+
+Mariblanca se estremeció, adelantó hácia el bulto y exclamó:
+
+--¡Padre! ¿eres tú?
+
+--Yo soy, dijo una voz ronca.
+
+--Ven, ven conmigo, le dijo asiéndole de una mano.
+
+Y condujo á su padre á un sotechado, abrió una puerta y le introdujo en
+una habitacion oscura.
+
+--Espera aquí, le dijo.
+
+--¿Qué aposento es este? dijo la misma ronca voz.
+
+--Es el mio. Espera, voy por luz.
+
+Mariblanca salió y poco tiempo despues volvió con dos bujías que puso
+sobre una mesa.
+
+Aquella mesa estaba cubierta por un mantel y por un servicio para dos
+personas.
+
+--¿Me has convidado á cenar, mi buena hija? dijo Melik-el-Ferih, que él
+era, mirando de una manera profundamente amenazadora á la jóven.
+
+El Ferih llevaba el trage característico de los monfíes é iba
+completamente armado.
+
+--Te he convidado para que conozcas á tu hija.
+
+--Tú deshonraste á tu familia.
+
+--Me cegó el amor de un hombre.
+
+--Tú renegaste del Dios Altísimo y Unico.
+
+--Por salvar la honra de mi familia.
+
+--Tú huiste de mi casa.
+
+--Creí haber matado al infame que se burló de mí.
+
+--Has sido manceba de un clérigo.
+
+--Quien te ha dicho eso ha mentido, padre: tu hija ni ha dejado de ser
+honrada, ni ha dejado de ser mora. Tú verás, padre, tú verás, cómo
+satisface tu honra tu hija.
+
+Movió fatídicamente la cabeza el Ferih.
+
+--Si no quedas satisfecho, padre, mátame.... pero espera.... espera....
+y verás que tu hija es digna de tí.
+
+--¿Pero qué prueba puedes darme...?
+
+--Estoy esperando de un momento á otro al capitan Diego de Herrera.
+
+--Para cenar con él....
+
+--Sí, para cenar con él. Y ya es la hora, padre, ya es la hora exclamó
+con voz lúgubre Mariblanca.
+
+--¿Y quieres que yo asista á tu cita?
+
+--Escóndete.
+
+--Esconderme....
+
+--Sí, escóndete en mi alcoba y espera.
+
+Y la jóven llevó tras las cortinas de su alcoba á su padre que la siguió
+fascinado por el aspecto, por el acento, por la mirada singular de
+Mariblanca.
+
+La jóven salió entonces al huerto.
+
+Durante algunos instantes el aposento permaneció desierto; al fin, se
+abrió la puerta y apareció Mariblanca llevando de la mano al capitan
+Herrera.
+
+Este venia casi ébrio y se arrojó cansado sobre una silla.
+
+Mariblanca salió y trajo algunos platos que puso sobre la mesa.
+
+--¿Sabes, Alida, la dijo el capitan, que ha sido mucho que me acuerde de
+tu cita? Solo el amor que te tengo ha podido ayudarme, como que hemos
+estado bebiendo de lo lindo mi cuñado Ocampo, el alférez de la compañía
+y yo.... Vamos, esto es asunto de que nos vayamos cuanto antes á
+descansar como dos buenos casados: no sé, no sé cómo he podido trepar
+por la tapia: tu amor siempre, tu amor que me daba fuerzas. ¡Vive Dios y
+qué hermosa está la muchacha!.... ¿Sabes, Mariblanca, que me se va
+quitando la borrachera?
+
+--¿Sabeis, señor mio, que á mi no me gustan los hombres borrachos? dijo
+sonriendo dulcemente Mariblanca.
+
+--¡Ira de Dios! á fe que cuando vine al pueblo no me acordaba no, vivo
+Dios, no me acordaba de tí, y sino te veo... ¡bah! no hubiera vuelto á
+acordarme... pero asi que te ví... ven y dame un abrazo Alida.
+
+--No he de acercarme á tí, mientras estes de ese modo.
+
+--Pues entonces para rato tenemos... vamos... ha sido una buena broma...
+como nuestra... es necesario si has de ser mi mujer que te vayas
+acostumbrando á esto.
+
+--Diego, comiendo se quita la embriaguez.
+
+Y Mariblanca servia un plato al capitan.
+
+--¡Comiendo, eh! ¡pues comamos! asi como asi, solo hemos bebido... y
+tengo apetito. ¡Ah! ¡ah! ahora el señor beneficiado estará en la iglesia
+bien ageno de que su ama se divierta con un buen mozo.
+
+El capitan comia con apetito.
+
+Mariblanca se sirvió del mismo manjar, y al llevar el primer pedazo á la
+boca se puso pálida y se estremeció; sin embargo comió.
+
+--¡Qué felices vamos á ser Diego! dijo Mariblanca: ¡oh! ¡que felices!
+¡vamos á estar eternamente juntos!
+
+--Juntos eternamente... por ahora no me desagrada: eres hermosa y jóven
+y me amas... vaya si me amas... pero dices eso de eternamente de un
+modo...
+
+--Te juro que estaremos juntos hasta la muerte.
+
+--No te conozco muchacha; dijo el capitan engullendo siempre: antes eras
+mas desconfiada: y ahora hablas con una seguridad... ¡diablo! no parece
+sino que sabes cuando vamos á morir.
+
+Mariblanca soltó una carcajada que heló la sangre al capitan.
+
+Tan aguda, tan acerada por decirlo asi, tan sarcástica, tan llena de
+crueldad y de odio habia resonado aquella carcajada en sus oidos.
+
+--Tienes una manera muy singular de reir, niña, dijo el capitan.
+
+--Es verdad, cuando te conocí reia de otro modo. Es verdad que entonces
+era feliz y confiada... despues... han pasado diez años, diez años de
+vergüenza y de tormento y lentamente mi risa ha cambiado hasta
+convertirse en esa risa de odio y de venganza.
+
+Y soltó otra carcajada mas terrible.
+
+El capitan se levantó: Mariblanca se levantó tambien.
+
+--¿Qué significa esto? exclamó: ¿qué burlas son estas, Alida?
+
+--Estas son burlas con que pago la burla que me hiciste: esto es que no
+confio mucho en el puñal que ya me engañó una vez, y te hiero de una
+manera mas segura, capitan Herrera.
+
+--Vamos, tú estas loca Alida, dijo el capitan sentándose de nuevo: con
+todo eso solo consigues que mi embriaguez se aumente, y que me ponga
+malo. Dejémonos de niñerías, sigamos nuestra cena, y hablemos como
+buenos amigos. Ponme mas de estas truchas Alida; estan muy sabrosas.
+
+--Basta con las que hemos comido, Diego, para nuestro viaje.
+
+--¿Qué viaje?
+
+--El que vamos á hacer juntos dentro de un momento á la eternidad.
+
+--¡Un viaje á la eternidad! exclamó el Ferih saliendo de repente de
+detrás de las cortinas de la alcoba.
+
+--¡Un monfí! exclamó el capitan.
+
+--Mi padre, testigo de nuestra boda, Diego, dijo Mariblanca y soltó otra
+carcajada.
+
+--Pero ese manjar que has comido... estas pálida, lívida..... hija mia,
+exclamó el Ferih que al fin era padre.
+
+--Eran truchas, con hongos venenosos de las humbrías de la cañada de San
+Juan; en la salsa habia jugo de yerbas.
+
+--¡Ah! ¡infame ramera! exclamó el capitan que aun conservaba sus
+fuerzas, lanzándose sobre Mariblanca.
+
+Pero el Ferih le asió del cuello y ciego de furor, le dió de puñaladas.
+
+El capitan cuando le soltó el Ferih, cayó desplomado debajo de la mesa.
+
+--¡Mata ahora á tu hija, padre! exclamó Alida, repitiendo otra horrible
+carcajada.
+
+--¡Oh! ¡matarte! ¡matarte, hija mia! ¡no, no! yo te perdono: yo quiero
+que vivas: yo durante mi destierro de España no te he olvidado un solo
+dia: yo no me hubiera atrevido á matarte.
+
+--Me he atrevido yo porque estoy deshonrada: porque le he visto otra
+vez... he visto al miserable... le amo... y él... él no me amaba... solo
+pretendia volver á burlarme...
+
+--Pero..... es necesario que vivas... es necesario pedir socorro...
+
+--¿Para qué?... ¿para que la justicia encuentre aqui al capitan
+asesinado?
+
+--¡Oh! ¡Dios mio, Dios mio! y cada vez te pones mas pálida...
+
+--Solo hay un remedio... una yerba... y esa yerba.....
+
+--Está en la montaña, exclamó con desesperacion el Ferih.
+
+Y luego añadió con un acento de resolucion suprema.
+
+--Pero no importa... no... yo te salvaré.
+
+Y asiendo de su hija, la cargó sobre sus hombros; salió al huerto, buscó
+el postigo, dejó por un momento á Alida en tierra, violentó el postigo
+con sus fuerzas de toro y dió á correr con ella, por las desiertas
+calles hácia la salida de la villa.
+
+En el momento en que salia el Ferih del pueblo con su preciosa carga,
+tocaban á la misa del gallo las campanas de la iglesia.
+
+--Es de noche, decia Alida dejándose conducir, y con voz ya bastante
+débil: es de noche y no encontraremos la yerba, padre.
+
+El Ferih rugia.
+
+--La nieve cubre la montaña... no encontrareis la yerba, repetia con voz
+mas débil Alida.
+
+El Ferih forzaba su carrera rugiendo como un leon.
+
+--La muela del Hermitaño donde se encuentra la yerba está lejos, y habré
+muerto antes de que llegues.
+
+El Ferih corria y lloraba.
+
+De repente Alida se retorció entre sus brazos y dió un horrible grito.
+
+El Ferih sintió un estremecimiento de horror.
+
+--¡Padre! ¡padre! exclamó Alida llorando: mátame, porque padezco
+horriblemente.
+
+El Ferih se detuvo dominado por el horror de la situacion.
+
+Estaba en el campo á la salida del pueblo, y se habia parado bajo el
+saliente de una roca.
+
+El horror, la fatiga, le obligaron á descansar un momento; se sentó y al
+poner la mano sobre el suelo se estremeció de alegría.
+
+Habia creido tocar la yerba salvadora.
+
+Arrancó algunos tallos y los mordió.
+
+Entonces lanzó una exclamacion indescribible.
+
+--¡La bendita yerba de San Juan! exclamó.
+
+--Es ya tarde, dijo Alida con voz apenas perceptible.
+
+--¡Tarde hija mia! ¡tarde! ¡Dios nos favorece! toma: la yerba de San
+Juan te salvará.
+
+--Es tarde... tarde... dijo Alida, yo muero: véngame padre... un
+cristiano me ha asesinado.
+
+El Ferih pretendió introducir en la boca de su hija el jugo de la yerba
+salvadora, pero Alida tenia los dientes fuertemente apretados por el
+dolor: cuando arostrándolo todo el Ferih logró abrir con su puñal los
+dientes de Alida, la cabeza de esta cayó desplomada.
+
+Ya todo era inútil: la infeliz habia muerto.
+
+En aquel momento repicaron á _gloria_ las campanas de la iglesia de la
+villa.
+
+El monfí que habia quedado mudo, aterrado, replegado sobre su hija, se
+alzó rígido y trémulo.
+
+No dió un solo grito, no derramó una sola lágrima, pero exclamó de una
+manera terrible:
+
+--¡Los cristianos! siempre los cristianos! ¡ayer mi honra! ¡hoy su vida!
+¡Necesito la honra y la vida de todos los castellanos!
+
+Y se llevó á la boca una bocina y la tocó, haciendo retumbar las breñas.
+
+Y luego de breña en breña se oyeron á la redonda bocina de bocina, y
+aquella señal, saliendo de entre las quebraduras, avanzaron en círculo y
+á la carrera sobre Cádiar los monfíes.
+
+Las campanas seguian repicando á gloria.
+
+
+
+
+CAPITULO XXVI.
+
+ De cómo fue para la villa de Cádiar y para otras muchas en las
+ Alpujarras, una noche muy mala la Noche-Buena de 1568.
+
+
+Apenas los monfíes en un número considerable habian cargado sobre la
+villa, cuando aparecieron en un repecho cercano, dos bultos informes.
+
+Iban envueltos en capas, y bajo ellas asomaban dos largos arcabuces, á
+juzgar por las apariencias.
+
+--Ha llegado el momento amigo mio, dijo uno de aquellos bultos al otro:
+las campanas de la villa han dado sin saberlo la señal á las bocinas de
+los monfíes. La jornada va á ser caliente, con que preparaos, señor
+Cisneros.
+
+--Tan desesperado estoy Godinez, repuso Cisneros, que me importa muy
+poco lo que pueda suceder. ¿Pero qué diablos vamos á hacer en la villa?
+
+--Ya veremos: aproximémonos entre tanto y esperemos una ocasion
+favorable, yo os avisaré. Hasta entonces andad y callad.
+
+Siguieron adelante Cisneros y Laurenti, vencieron el repecho, y se
+perdieron en un barranco.
+
+Entre tanto, los cristianos de la villa y aun algunos moriscos, llenaban
+la iglesia en que se celebrara la misa del gallo.
+
+El presbiterio estaba hecho un ascua de oro, como suele decirse: tantas
+luces brillaban en él.
+
+El órgano trocando las graves notas de la música sagrada, por las
+ligeras y alegres de los villancicos llenaba el templo de armonía, unido
+á las voces de los niños de coro, y á las de algunas mujeres á quienes
+por gran merced habia permitido cantar en aquella ocasion el inquisidor
+Medrano.
+
+Todo parecia alegre, todo tranquilo: sin embargo, habia al pié de las
+gradas del presbiterio cuatro soldados de la fe, con las alabardas
+enhiestas, dos á cada lado, y en la puerta de la iglesia habia una
+respetable guarda de soldados de la compañía de Diego de Herrera,
+mandada por un sargento.
+
+Esto podia ser muy bien en honor del Santo Oficio, representado en
+Cádiar por el licenciado Molina de Medrano; pero en realidad habia algo
+de temor: el suspicaz miembro del Consejo de la Suprema, no habia visto
+sin recelo ciertas señales de agitacion en la villa, aunque recatadas, y
+el silencio sepulcral de aquella noche, por lo general ruidosa en las
+poblaciones cristianas: se habia rodeado de soldados y de alguaciles, y
+confiando demasiado en el terror que infundian el rey y la Inquisicion
+celebraba su misa tranquilo.
+
+El corregidor por su parte, habia acudido á la iglesia rodeado de
+alguaciles armados, con ánimo de rondar por la villa asi que concluyese
+la misa, y Hurtado de Ocampo, medio borracho, decia á sus conocidos sin
+respeto al lugar en que se encontraba:
+
+--No os extrañe la falta de mi cuñado, porque se ha ido á soplarle el
+ama al beneficiado Juan de Ribera, mientras está entretenido en la
+iglesia.
+
+Unos se escandalizaban, y otros se reian; seguian entre tanto los
+villancicos, la misa tocaba á su fin, y el pueblo parecia tranquilo.
+
+De repente se oyó á lo lejos una campana que tocaba apresuradamente á
+rebato.
+
+Aquella campana era del convento de San Francisco: poco despues sonaron
+en la plaza arcabuzazos, y algunos vecinos se lanzaron despavoridos en
+la iglesia gritando:
+
+--¡Cerrad las puertas! ¡cerrad las puertas, y á las armas! ¡Los monfíes
+estan en la villa!
+
+Sucedió á estas palabras un alarido general y una confusion horrorosa:
+los mas valientes de los hombres desnudaron sus espadas: los demás y las
+mujeres corrian sin saber á donde, y los moriscos que habia en la
+iglesia se levantaron armados, y corrieron al presbiterio donde estaban
+aturdidos el inquisidor Medrano, el beneficiado Juan de Ribera y el
+licenciado Arias.
+
+Y en medio de aquel primer tumulto, de aquella confusion, entre los
+disparos que sonaban en la plaza, entre los gritos de terror de los
+cristianos se oia gritar á los moriscos que empezaban á herir en la
+multitud y abrirse paso hasta el altar:
+
+--¡Le ille Allah!
+
+Los soldados de la fe, los alguaciles y algunos hombres esforzados se
+batian desesperadamente al fondo de la iglesia, en tanto que Juan de
+Ribera, el licenciado Arias, Molina de Medrano y maese Barbillo
+escapaban por la puerta de la sacristía.
+
+Pero al entrar en ella el inquisidor se sintió cogido y al volverse vió
+dos ojos ardientes como dos brasas, fijos en los suyos.
+
+--Yo soy Aben-Aboo, le dijo quien le habia cogido: yo soy quien he
+jurado beber tu sangre, miserable lobo, y ha llegado la hora.
+
+Y arrastraba hácia la iglesia al inquisidor.
+
+Ya en otro lugar hemos tenido ocasion de dar á conocer que si la
+crueldad era el pecado culminante del inquisidor Medrano, no tenia ni un
+tanto de la noble virtud que ha ceñido una aureola á la frente de los
+mártires del cristianismo: carecia absolutamente de valor, y por lo
+tanto de dignidad.
+
+Asi es que rompió á llorar y á pedir piedad á gritos.
+
+Pedir piedad á Aben-Aboo era lo mismo que pedir dulzura al acibar,
+suavidad á la zarza, agua á una roca.
+
+Aben-Aboo seguia arrastrando al inquisidor hácia la iglesia con un gozo
+feroz.
+
+Cuando Aben-Aboo asomó á la puerta de la sacristía, el espectáculo que
+presentaba el templo era terrible.
+
+El combate habia cesado; todos los que habian resistido estaban por
+tierra: solo quedaba la matanza continua, cruel, gozada con una lentitud
+horrible por los monfíes.
+
+Brillaban por todas partes las antorchas y los yataganes ensangrentados,
+y tenian lugar escenas repugnantes, horribles; todo género de excesos
+cometidos con las mujeres sobre la sangre de sus padres, de sus
+hermanos, de sus hijos, y de sus esposos.
+
+Herian, los monfíes y los moriscos, mataban y despedazaban, ebrios de
+furor.
+
+--No mateis á las mujeres, decia un monfí, cuyos ojos irradiaban una
+mirada insensata; no las mateis, afrentadlas, deshonradlas, delante de
+su Dios, de sus padres y de sus esposos, como ellos han deshonrado á
+nuestras hijas; no mateis tan aprisa: bebamos gota á gota la sangre de
+los castellanos; gota á gota como ellos han bebido la de nuestros
+padres, y la de nuestros hijos: no los mateis como mata el leon en el
+combate, sino como matan los clérigos en la Inquisicion. ¡Ah! ¡ah! ¡ah!
+
+Y aquel hombre que blandia con furia un largo puñal ensangrentado, soltó
+una carcajada horrible, dolorosa, la carcajada de un loco.
+
+Aquel hombre era Melik-el-Ferih.
+
+El padre de Mariblanca.
+
+ * * * * *
+
+El autor siente una verdadera repugnancia, una repugnancia de horror, al
+llegar á este sangriento episodio de la historia de aquellos tiempos;
+porque lo que el autor va á contaros, no es el aborto monstruoso de una
+imaginacion calenturienta; son hechos terribles, resultado de la presion
+brutal de un despotismo sombrío y cruel, ejercida sobre los moriscos del
+reino de Granada en un espacio de setenta y seis años: durante ellos,
+los moriscos no habian sido tratados como hombres, sino como cosas de
+que disponia á su antojo el feroz conquistador: cuantas rapiñas pueden
+inventarse, cuantos excesos pueden cometerse, cuantas afrentas pueden
+inferirse, cuantos dolores pueden causarse, todo lo habian sufrido los
+moriscos: no se habia procurado asimilarlos por medio de la tolerancia y
+del tiempo al pueblo vencedor, bajo la triple faz de la religion, las
+leyes y las costumbres; no se habia procurado su refundicion lenta, pero
+segura en la gran masa del pueblo español; no se habia cuidado de
+aligerar el yugo, como lo exigian la fe de los tratados, la política, y
+para decirlo de una vez, la caridad: desde el principio, desde el dia
+siguiente al de la conquista de Granada se habia tendido á destruirlos:
+España, embrutecida, fanatizada por sus frailes, no conocia los grandes
+beneficios que debia á la civilizacion de los árabes y de sus
+descendientes los moros; si tenia industria, aquella industria era
+originaria de árabes; si se habia suavizado la gótica rudeza de sus
+costumbres, á su contacto contínuo con los árabes lo debia: si su
+agricultura habia mejorado; si los antes yermos campos habian sido
+transformados en fértiles campiñas por los canales de riego, aquellos
+canales los habian abierto los árabes: si sus médicos, si sus letrados
+sabian algo, aquellos médicos, aquellos letrados habian ido á beber la
+ciencia á las escuelas de Córdoba, ó la habian encontrado en los libros
+que de aquellas escuelas salian como otras tantas antorchas luminosas:
+el espíritu civilizador del pueblo árabe, se habia infiltrado de una
+manera profunda en el pueblo español: de ellos habia tomado este, en el
+lenguaje un número incalculable de voces, en sus códigos gran número de
+leyes; habia adoptado casi por completo sus sistemas monetario y
+administrativo, y hasta la denominacion de sus ministros de justicia, y
+de muchos de los altos cargos del Estado: al poco tiempo de la
+dominacion de los árabes en España, el gefe de las fuerzas marítimas de
+los solariegos, de los españoles indígenas, se llamaba almirante;
+alcalde, el juez; alcaide, el gobernador de plaza fuerte; alguacil, el
+encargado de las obligaciones menudas de la ley; su arquitectura, sus
+trages, sus armas, tomaron su bello carácter oriental que las distingue
+de los edificios, de los trages y de las armas de los otros Estados
+contemporáneos de Europa, y hasta en su religion existe, como un
+testimonio irrefragable de la influencia de los árabes sobre los
+solariegos, el misal mozárabe: ellos, con sus órdenes religiosas de los
+rabits y los morabithos, dieron la norma de las órdenes
+religioso-militares, y hasta en las diversiones públicas nos legaron las
+justas, las cañas, la lidia de toros: en poesía, en música, nos dieron
+su carácter y sus instrumentos: la buena poesía española de nuestros
+tiempos aun conserva el sonido cadencioso, y la forma hiperbólica de la
+poesía árabe, y aun conservamos la guitarra, como instrumento de placer;
+el timbal y el tambor como instrumentos de guerra: nuestras enseñas de
+honor, las banderas que nos han llevado tanto tiempo al combate y al
+triunfo, no son las águilas romanas; nosotros, cuando mas, hemos
+heredado de los romanos el estandarte, copia del lábaro; pero la
+bandera, y sobre todo el antiguo pendon de dos puntas de Castilla, son
+una copia de las divisas que ondeaban en su centro las apiñadas taifas
+de los sectarios del Profeta.
+
+¿Pero á qué esforzarnos en demostrar la influencia que tuvieron y aun
+tienen sobre nosotros, la civilizacion y las costumbres de los árabes?
+
+Basta pisar el territorio español para encontrar las profundas huellas
+del paso de aquel pueblo extinguido: el castillo, la catedral, la villa,
+la campiña, muestran por do quier en España la forma del pueblo árabe:
+su lenguaje, sus costumbres, sus cantos populares, sus fiestas,
+conservan aun vivo entre nosotros el espíritu de aquel pueblo, que pasó,
+como un meteoro, con el rápido vuelo de la conquista, desde el Yemen
+basta los Pirineos, dejando por do quiera las señales indelebles de su
+paso. Puede asegurarse, sin temor de ser desmentido, que la mitad de la
+sangre española es sangre árabe; en una palabra, que si fueron nuestros
+abuelos los solariegos descendientes de Pelayo y de Teodorimo tambien lo
+fueron los descendientes de los que vinieron de Oriente acaudillados por
+Tarik y por Muza.
+
+¿Quereis conocer una mujer típicamente árabe? Id á Andalucía y á
+Valencia.
+
+¿Quereis encontrar ese tipo en toda su pureza, en todo el esplendor de
+su indolente y magnifica hermosura?
+
+[imagen: Degüello de los cristianos en Cádiar.]
+
+Enriscaos en las Alpujarras; recorred nuestro litoral del Océano desde
+Huelva á Gibraltar, el del Mediterráneo desde Gibraltar á Valencia:
+mezclaos entre sus habitantes, escuchad su lenguaje, observad sus
+costumbres, estudiad sus pasiones, y habreis conocido en toda su pureza
+á la mujer de la raza de Oriente importada á España por los árabes.
+
+Oid la poesía de ese pueblo.
+
+Encontrareis el romance árabe con toda su síntesis, con toda su
+expansion, con todo su sentimiento: un poema de amor, de dolor, ó de
+esperanza en cuatro versos, en una copla; poemas no escritos,
+improvisados por el corazon, cantados por la felicidad, por la
+desesperacion ó por el deseo.
+
+Y presenciad sus bailes, acompasados por una guitarra y acompañados por
+ese canto; contemplad el corto zagalejo de la que baila, con sus rayas
+de vivos colores; su corpiño de pana negra ceñido á un talle, á una
+espalda, á un pecho y á unos brazos incomparables; ved ese pañuelo de
+mil colores que apenas cubre una magnífica cabellera, y se anuda
+ligeramente bajo la barba de un semblante encantador ligeramente moreno
+ó deslumbrantemente blanco, cuyos ojos negros ó garzos despiden
+relámpagos de pasion, y cuya boca sonrie, como ayudando á los ojos en su
+guerra contra el corazon del que los ve sonreir y mirar; observad á ese
+jóven moreno que baila con ella, con su pañuelo en la cabeza, su chupa
+ó su chaqueta, su ancha faja encarnada, sus anchísimos zaragüelles, ó su
+ajustado calzon, su media y su alpargata, ó su botin labrado y su zapato
+blanco: observad la contera de la vaina del cuchillo, ó el extremo de
+las cachas de la navaja saliendo del bolsillo interno del lado izquierdo
+de la chaqueta: oid el repique de las castañuelas, las palmas de las
+gentes del corro, acompañando á la guitarra, á la copla, al baile; mirad
+el paisage esplendoroso que os rodea, levantad los ojos al radiante
+cielo que inunda de una luz fuertemente meridional el cuadro, y podreis
+afirmar que casi habeis visto una zambra árabe.
+
+Tan fuertes raices habia echado en el suelo español ese pueblo, de tal
+manera habia mezclado su sangre de vencedor con la sangre del vencido,
+que la única diferencia esencial que existia entre ambos pueblos eran
+dos libros, por otra parte muy semejantes: quitad á los árabes de España
+el Koram y dadles la Biblia, ó quitad la Biblia á los solariegos y dadle
+el Koram, y no encontrareis mas que un solo pueblo, pero un pueblo
+maravilloso.
+
+[imagen:--Te juro que estaremos juntos hasta la muerte.]
+
+Dícese que los árabes españoles tenian mucho del carácter de los
+solariegos.
+
+Nosotros decimos que los solariegos habian tomado mucho, todo lo que
+habian podido tomar de sus enemigos, y que se parecian mucho á ellos.
+
+Por lo mismo despues de la conquista de Granada, una política tolerante,
+amplia, fecunda, protectora; simplemente el religioso cumplimiento de
+los tratados, hubiera sido bastante para refundir á los moriscos, sin
+violencia, de una manera lenta, si, pero segura, en el pueblo español.
+
+Para esto hubiera sido necesario que los hombres de la conquista
+hubiesen sido tolerantes é ilustrados y no eran ni lo uno ni lo otro.
+
+Desde el último tercio del siglo XV el estado político de España habia
+variado completamente de faz: durante la edad media, la nobleza
+robustecida por las concesiones forzosas de los reyes habia llegado á
+hacerse prepotente: entonces no existian mas que dos poderes: la alta
+nobleza en la cual se refundia el alto clero, y el estado llano, ó sea
+las universidades como llamaban á la muchedumbre en Aragon, ó las
+comunidades como la llamaban en Castilla: el trono se encontraba
+anulado, sin fuerza propia, con una autoridad prestada entre la alta
+nobleza, con sus escandalosos privilegios feudales, y el estado llano
+con sus fueros populares y su bravio espíritu de independencia:
+rebelabanse de una parte los nobles por el mas fútil protesto contra la
+corona; negaba á esta por otra parte subsidios de nombres y dinero en
+las cortes el estado llano, para lo cual bastaba que la peticion real
+pareciese atentar, aunque remota y levísimamente á los fueros y
+libertades del reino: compraba el rey partidarios, en la nobleza con
+mercedes dispendiosas, en el estado llano con franquicias y fueros que
+hacian cada vez mas precaria y mas nula la autoridad real. Enrique II se
+vió obligado para ser rey á repartir en mercedes el patrimonio de la
+corona: Enrique III llegó hasta el punto de no tener un dia que comer;
+don Juan el II se vió obligado á pedir á su favorito dinero para comprar
+su jubon nuevo, y Enrique IV hubo de contemporizar con los bandos,
+humillarse, deshonrarse, deshonrar á su esposa, desheredar á su hija,
+sin librarse por eso de ser destituido é insultado en estátua por la
+faccion rebelde, y de ver proclamado rey á su hermano el infante don
+Alonso.
+
+La corona necesitaba vengar los ultrajes que debia á la nobleza: esta
+habia escarnecido el poder real durante centenares de años, y habia
+pesado con gravamenes insoportables sobre la masa comun. Habian llegado
+á tal punto la ambicion, la rapiña y la corrupcion de los nobles, que
+era imposible que pasaran adelante: la codicia y la soberbia los habian
+dividido de tal modo, que bastaba dejarlos entregados á sí propios para
+que se destruyesen.
+
+Al subir al trono Isabel de Castilla, su marido Fernando de Aragon,
+comprendió que era llegado el momento de destruir de una manera radical
+y para siempre el poder de la nobleza: pero era Fernando V demasiado
+astuto y político, para exponer á un fracaso sus proyectos de
+restauracion del poder real, obrando de una manera violenta,
+impremeditada y prematura. Necesitaba contemporizar para ganar tiempo y
+procurarse sus medios de combate, y contemporizó: necesitaba destruir al
+alto clero y á la alta nobleza, y buscó á los enemigos de aquellos dos
+poderes en el bajo clero y en el estado llano: el bajo clero le dió al
+famoso fray Francisco Jimenez de Cisneros, al fanático ermitaño del
+Castañar, al hombre que poseia la humildad mas vanidosa y mas soberbia
+de que puede encontrarse ejemplo, con una tenacidad invencible á la cual
+se ha dado nombre de firmeza, y con un ascetismo sistemático y feroz al
+cual se ha dado nombre de virtud: hombre de acero, profundamente
+reservado y suspicaz, dotado de alguna instruccion, pero de miras
+estrechas, poco previsor y extremadamente testarudo.
+
+Fernando V vió en él un ariete y le aprovechó, le elevó gradualmente
+hasta ponerle á la altura de aquellos con quienes debia combatir, y le
+apoyó con todo el poder que le daban las circunstancias y con los
+elementos de fuerza de las diferentes coronas que poseia.
+
+Fray Hernando de Talavera, y fray Tomás de Torquemada, fueron dos
+instrumentos poderosísimos que el bajo clero dió á los Reyes Católicos,
+y en cuanto al estado llano, le dió en la Santa Hermandad un ejército
+que debia contrapesar la prepotencia de la nobleza.
+
+Alarmada esta, representó contra la organizacion de la Santa Hermandad,
+á pretexto de que con esta reorganizacion se lastimaban sus privilegios,
+pero ya era tarde: fuerte Fernando para la lucha, la habia empezado
+incorporando á la corona los maestrazgos de las órdenes militares,
+levantando ejércitos permanentes pagados por las ciudades, y acabando al
+fin por instituir la Inquisicion, tribunal terrible, con el cual,
+despues de amansada la nobleza á la que se habia arrancado sus banderas,
+esto es: sus ejércitos particulares, y sus guaridas, esto es, sus
+castillos que fueron desmantelados, debía contener al pueblo.
+
+La nobleza habia muerto como poder, herida por el cetro de los Reyes
+Católicos: habiase apoyado la corona para vencer á la alta nobleza y al
+alto clero, en el estado llano y en el clero bajo, pero dándola zelos
+aun el poder popular, que le habia ayudado á su triunfo, se alió
+estrechamente con el altar, y la Inquisicion y el rey fueron ya los
+únicos poderes que imperaron de una manera absoluta; dependiente la
+Inquisicion de la corona, es verdad, pero activa, incansable, ambiciosa,
+tendiendo en tiempos no muy distantes al dominio universal, llenó de
+hogueras las plazas públicas, de víctimas los calabozos, de horror la
+historia: la razon fue proscrita, la discusion anatematizada, la
+libertad de conciencia perseguida, la familia espiada hasta en lo íntimo
+de sus hogares: todo fiscalizado, todo subordinado á los intereses del
+trono y del altar y todo empequeñecido, como debia serlo, para dar
+fuerza á aquellos dos astutos poderes, que habian sabido engrandecerse
+con los mismos elementos que les eran contrarios.
+
+Cuando aconteció la conquista de Granada, se habia operado ya la
+maravillosa transformacion política de España: el gran cardenal don
+Pedro de Mendoza habia creado la Inquisicion, los tercios reales estaban
+organizados, y los altivos ricos-hombres, los que pocos años antes
+podian llamarse pequeños reyes, servian á sueldo bajo el estandarte
+real: tres años despues de la conquista, fray Francisco Jimenez de
+Cisneros era cardenal arzobispo de Toledo, canciller mayor de Castilla y
+ministro universal: fray Hernando de Talavera confesor de la reina,
+arzobispo de Granada, y el sombrío, el terrible dominico fray Tomás de
+Torquemada inquisidor general: las comunidades religiosas habian sido
+reformadas, la Inquisicion habia quemado millares de criaturas, Colon
+habia descubierto un nuevo mundo, y las prepotentes banderas españolas
+amenazaban á la Europa.
+
+En tales circunstancias, los moros de Granada habian rendido pleito
+homenaje á los Reyes Católicos: esto es, se habian confesado sus
+vasallos.
+
+La tiranía y el fanatismo dominaban de consuno: el altar empezaba á
+predicar el derecho divino de los reyes, y la corona apoyaba fuertemente
+el exclusivismo de Roma: continuaban en ejercicio muchas de las bárbaras
+leyes de la edad media, y los jueces de una parte, los inquisidores de
+otra, y el elemento militar por último, empezaron á pesar sobre la
+antigua tolerancia que tan amplia habia sido en Castilla y sobre las
+libertades públicas que no podian ser compatibles con la autoridad real
+tal cual se queria que esta autoridad fuese.
+
+El primer acto de intolerancia de los Reyes Católicos, fue la expulsion
+de los judíos.
+
+Treinta mil familias industriosas salieron de España á consecuencia de
+aquella medida hija del fanatismo religioso.
+
+Dado este golpe á los judíos se reparó en los moriscos.
+
+El feroz fanatismo de los preclaros varones que sustentaban el pendon de
+la fe en España, encontró que era una cosa muy dura que los vencidos
+siguiesen en la practica de su religion, de sus leyes y de su dialecto
+nacional, en el uso de sus trages y en la práctica de sus costumbres.
+
+Empezáronse á violar las capitulaciones de la conquista de una manera
+curva, casuística: encontróse que habia entre los moriscos una clase de
+gente llamada _elches_, esto es, descendientes de cristianos que en otro
+tiempo habian abjurado el catolicismo abrazando la religion musulmana.
+
+A estos se les mandó convertirse.
+
+No obedeciendo, se empezó á ejercer con ellos la fuerza.
+
+El resultado de esta abierta infraccion de los tratados, produjo una
+insurreccion.
+
+Esta insurreccion dió pretexto para extender á los moriscos las
+prescripciones que se habian hecho á los _elches_.
+
+Entonces empezó el martirio lento, horrible de los moriscos de Granada.
+
+El aspecto amenazador de los moriscos, obligó á los reyes á que enviasen
+allá á Cisneros.
+
+Partióse este de Alcalá de Henares, donde se encontraba erigiendo su
+colegio, que despues fue Universidad, y llegó á Granada donde se
+encontraban los Reyes Católicos; la primera providencia del grande
+hombre fue quemar cuantos manuscritos árabes le vinieron á las manos,
+destruyendo con ellos un caudal inapreciable de ciencia, y apagando con
+las llamas del fanatismo luminosas noticias que nos hubieran servido en
+gran manera para esclarecer la confusion que reina en la historia de los
+árabes españoles.
+
+Empezáronse á seguida los trabajos de la conversion de una manera ruda y
+tenaz: en vez de apelarse á la mansedumbre evangélica se apeló al
+terror: al que resistia el bautismo se le prendia, se le encerraba con
+un fraile fanático, y no se perdonaba medio, hasta que aterrada la
+víctima pedia á voces el bautismo.
+
+Crecia con esto el descontento, huian á centenares de las poblaciones
+los moriscos y se iban á la montaña haciéndose monfíes, y entregándose,
+irritados por la tiranía de los vencedores, á los mas graves excesos
+contra los cristianos.
+
+La lucha era sorda, sostenida: habíanse bautizado todos los moriscos de
+Granada y la mayor parte de los de las Alpujarras, pero si bien
+ostensiblemente profesaban el catolicismo, seguian siendo moros en
+secreto.
+
+Si iban á misa los dias de precepto, era porque los parrocados estaban
+facultados á imponerles multas y aun prision por la falta de asistencia.
+
+Si confesaban, jamás decian la verdad.
+
+Los giumas (viernes), dias consagrados por el Koram, se encerraban en
+sus casas, hacian las abluciones y se consagraban á la oracion á puerta
+cerrada.
+
+Del mismo modo y tambien á puerta cerrada, trabajaban los dias de fiesta
+prescritos por el rito católico.
+
+Inmediatamente despues de ser bautizados sus hijos, les lababan con agua
+caliente la cabeza, para quitarles el crisma y el santo oleo, los
+circuncidaban, celebraban segun sus usos la fiesta de las buenas hadas,
+y les ponian el imprescindible sobrenombre árabe.
+
+Cuando se casaba una doncella, al volver á su casa, la quitaban los
+vestidos castellanos con que se habia visto obligada á ir á la iglesia,
+la vestian ropas moriscas y hacian las bodas, con leilas, zambras y
+banquetes segun sus costumbres.
+
+Solo aprendian la doctrina católica los que tenian necesidad de casarse,
+porque para ello sufrian un exámen prévio, y aun muchos se disculpaban
+con no saber la lengua.
+
+Llenos de odio y ansiosos de venganza por la tirania de que eran
+víctimas, recibian á los monfíes, y aun á los turcos y piratas
+berberiscos en sus alquerías y les avisaban de cuándo podian sorprender
+recuas de castellanos para robarlos, hacerlos cautivos ó matarlos.
+
+Aterrados los castellanos por esta asechanza sorda, por este peligro
+contínuo, unian su voz á las declamaciones de los frailes, y el trono y
+la Inquisicion se propusieron estremar el rigor contra ellos, y
+destruirlos si necesario fuese.
+
+Entonces se promulgó el famoso edicto del emperador don Carlos, de que
+dimos cuenta á nuestros lectores en el principio de este libro.
+
+Viéronse los pobres vencidos atacados á un tiempo en su industria, en
+sus haciendas, en sus costumbres, y lo que era peor, vejados, tratados
+vilmente, con una injusticia notoria, con una crueldad siempre en
+aumento, sin que se oyesen sus quejas, sin que se diese castigo á los
+que los ofendían y vieron con temor empadronados sus hijos desde la edad
+de tres años, hasta la de quince, porque no sabian lo que querian hacer
+con ellos.
+
+Haciáseles pagar los alguaciles y las guardias que servian para
+oprimirlos; se les obligaba á tener las casas abiertas; se les exigian
+tributos onerosos; se prendia á las mujeres que iban por la calle con
+los rostros cubiertos; se les arrebataban sus hijos y los llevaban á los
+hospicios por el mas leve pretexto, y en vano eran sus quejas, porque
+los clérigos mandaban á nombre de Dios, y Felipe II era tan sombría y
+fanáticamente cruel como los clérigos.
+
+No se pensó ni un solo momento en que los moriscos constituian una parte
+considerable de la poblacion de España, ni en que por su industria y sus
+riquezas, eran un gran elemento de prosperidad pública.
+
+Los funestos reyes de la casa de Austria todo lo posponian, todo lo
+olvidaban á trueque de que no hubiese en sus Estados una sola persona
+que no fuese católica; manía lamentable, fanatismo ignorante que han
+dado al trono y al clero español de aquel tiempo y aun de los tiempos
+subsiguientes, un carácter odioso y repugnante: ciega brutalidad que ha
+costado á España torrentes de sangre, que ha retrasado su civilizacion,
+que nos ha debilitado, atacando nuestra poblacion y nuestra riqueza,
+comprometiéndonos en guerras desastrosas, colocándonos á retaguardia de
+las demás naciones de Europa: fatales resultados de la estrecha alianza
+del trono y del altar: de los reyes de derecho divino y del clero
+omnipotente y sanguinario, sostenido por el infame tribunal de la
+Inquisicion.
+
+El rey y el fraile, al destrozar entre sus garras á los que se atrevian
+á rebelarse contra su despotismo, destrozaban á España: el terror hacia
+callar al derecho, el desuso del derecho, le puso en olvido, y el pueblo
+tan libre otros dias, vino á ser la troje hollada por los dos fatales
+elementos reunidos.
+
+Uniase á esto una magistratura inmoral, un ejército compuesto de
+aventureros, una nobleza degradada, que se arrastraba á los piés de la
+Inquisicion y del trono, y un pueblo degradado tambien, que todo lo
+sufria en silencio, ó que, por mejor decir, por resultado de su
+degradacion y de su envilecimiento, no sufria nada.
+
+En los tiempos de la dominacion austriaca, un español, en siendo esclavo
+sumiso, y católico fanático, era cuanto podia ser: un leal vasallo del
+rey, y un hijo obediente de la Iglesia.
+
+La literatura y las artes, sufrieron, como era preciso, la suerte del
+país: se vieron marcadas con el sello realista monástico, que se
+imprimia en todo, y apenas dieron á conocer alguno que otro rasgo tímido
+de independencia; nuestros mejores artistas, nuestros mas aventajados
+escritores, no brillaron como hubieran brillado de seguro, bajo un
+gobierno digno de hombres que hubieran sabido serlo: la mezquindad de la
+época los hacia mezquinos: los mataba.
+
+En todas las empresas de la casa de Austria, exceptuando las de Carlos
+V, se ve, no la política, no la sagacidad, sino la tenacidad y la
+ignorancia: Felipe II desangró y debilitó la nacion en empresas
+descabelladas aconsejadas por el fanatismo, y una de estas empresas que
+pudo traer fatalísimos resultados, no solo para España, sino tambien
+para Europa, fue la de la conversion de los moriscos, no solo bajo el
+punto de vista religioso, sino tambien bajo el de las costumbres.
+
+La rebelion de las Alpujarras motivada por la crudeza con que quiso
+llevarse á cabo la sumision completa de los moriscos, fue de tanta
+trascendencia, como que refiriéndose á ella en el principio de su
+historia de la guerra de Granada, dijo Hurtado de Mendoza, autor
+contemporáneo, y tanto, como que tomó personalmente parte en aquella
+guerra:
+
+«Veráse una guerra al parecer tenida en poco, y liviana dentro en casa,
+mas fuera estimada y de gran coyuntura; que en cuanto duró tuvo atentos,
+y no sin esperanza, los ánimos de príncipes amigos y enemigos lejos y
+cerca.»
+
+Mas adelante el mismo autor confiesa las graves circunstancias en que se
+encontraba España al estallar la rebelion de las Alpujarras, en las
+siguientes líneas:
+
+«... Los Estados de Flandes, desasosegados por el príncipe de Orange,
+eran recien pacificados por el duque de Alba. Mas, puesto que las
+fuerzas del rey, y la experiencia del duque capitan, criado debajo de la
+disciplina del emperador, testigo y parte de sus victorias, bastasen
+para mayores empresas; todavía lo que se temia de parte de Inglaterra, y
+las fuerzas de los hugonotes en Francia, algunas sospechas de príncipes
+de Alemania y designios en Italia, daban cuidado; y tanto mayor, por ser
+la rebelion de Flandes por _causas de religion_ comunes con los
+franceses, ingleses y alemanes, y _por quejas de tributos y gravezas
+comunes con todos los que son vasallos_, aunque sean livianas y ellos
+bien tratados.»
+
+Por las citas anteriores, se vé que en aquellos tiempos habia quien veia
+claro, y que solo el rey y los clérigos estaban ciegos por su fatal
+locura religiosa.
+
+Y esta ceguedad, esta monomanía feroz por exterminar todo lo que no era
+católico, como si el catolicismo no fuese una religion altamente afecta
+á la discusion y á la libertad, hacen comprender hasta qué punto serian
+vejados, tiranizados, martirizados los moriscos por aquel doble
+despotismo, por aquella tenaz ferocidad, por aquella cólera sagrada, por
+decirlo asi; por aquella intemperancia de mando, por el odioso _sic
+voleo sic jubeo_ del tirano.
+
+Y esta ferocidad, esta carencia total de miras políticas, ya que no de
+sentimientos humanitarios, habian hecho precisa, inevitable la rebelion
+de los moriscos, porque cuando llega á un limite dado la miseria humana,
+la desesperacion suple con ventaja al valor, y la sed de venganza
+produce horribles catástrofes, á vueltas de sublimes rasgos de heroismo.
+
+Y cuando un pueblo ha sido insultado, robado, azotado, herido en sus mas
+intimas afecciones cuando se han visto holladas las canas de los
+ancianos, separada la esposa del esposo, el hijo de los padres; cuando
+las sospechas han bastado como si hubiesen sido evidencias para imponer
+castigos atroces; cuando se han desoido una y cien veces las súplicas
+humildes; cuando el que manda se ha mantenido inflexible en el mandato
+cruel; cuando esto sucede, no hay pueblo cobarde, lo arrostra todo,
+prefiere la muerte aunque sea horrorosa, al martirio lento, continuado,
+dia por dia, hora por hora, minuto por minuto, y como se lanza á la
+pelea enloquecido por la desesperacion, excitado por la sed de venganza,
+se entrega respecto á sus enemigos á las mismas crueldades, á los mismos
+horrores, á los mismos crímenes de que ha sido víctima.
+
+Los pueblos cuando se insurreccionan en nombre de su derecho, ponen
+siempre en práctica la tremenda ley del _Talion_.
+
+Por eso antes de condenar los horrores de una revolucion, es necesario
+meditar á sangre fria las causas que la han motivado.
+
+Hemos creido necesaria la antecedente digresion, para que nuestros
+lectores no crean ficciones de una fantasia salvaje, los hechos que
+vamos á continuar relatándoles.
+
+No los inventamos: únicamente los ordenamos y los trascribimos con la
+historia á la vista, apoyándonos en su testimonio.
+
+
+
+
+CAPITULO XXVII.
+
+ Continúa el asunto interrumpido en el anterior.
+
+
+La iglesia de la villa de Cádiar, era teatro de una orgía de sangre.
+
+Melik-el-Ferih, enloquecido por el reciente recuerdo de la desastrada
+muerte de Alida, y por la dolorosa causa que habia motivado aquella
+catástrofe, estaba ébrio de sangre y sediento de venganza.
+
+Aben-Aboo, con la mirada sangrienta como un lobo, arrastraba desde la
+sacristía al presbiterio, asido por el cuello al inquisidor Molina de
+Medrano que tropezaba embarazado por sus largos y rígidos ornamentos
+pontificales.
+
+Al ver Melik-el-Ferih aquel grupo á la viva luz de las cien velas que
+aun ardian en el tabernáculo, saltó del monton de cadáveres en que habia
+subido, y se lanzó hácia el presbiterio, pero antes de llegar á él
+tropezó en un muerto y cayó.
+
+Al levantarse vió ante sí una mujer pálida, de rodillas, mirándole de
+una manera ansiosa, y procurando ocultar entre sus brazos, entre sus
+ropas, á una criatura.
+
+Aquella mujer para salvar á su hija se habia acurrucado entre los
+muertos, y solo se habia alzado al ver caer junto á ella el monfí.
+
+Melik-el-Ferih contempló á la madre y á la hija con una mirada tal, en
+que habia tan feroz, tan cruel alegría, que la pobre madre se
+estremeció.
+
+--¡No la mateis! gritó: no mateis á mi hija: mi hija no os ha hecho
+ningun daño.
+
+--¿Y qué daño habia hecho mi hija á los cristianos? gritó el Ferih
+mezclando á sus palabras una carcajada insensata.
+
+--¡Ah! ¡teneis una hija! dijo la infeliz: pues bien, por la vida de
+vuestra hija, no mateis á la mia.
+
+--¡Por la vida de mi hija! exclamó el Ferih.
+
+Y sus ojos rodaron de una manera espantosa en sus órbitas.
+
+La infeliz madre dió un grito horrible.
+
+El Ferih la habia arrebatado la pobre criatura asida por el cuello, y la
+habia abierto de una sola puñalada: despues habia arrojado aquel
+miserable despojo palpitante á los piés de la madre, y de un salto se
+habia puesto en el presbiterio y asido al inquisidor Molina de Medrano.
+
+--¡No le mates! ¡no le mates! exclamó Aben-Aboo: una puñalada es poco
+castigo para este infame lobo: ¡no le mates, Ferih!
+
+--¡Matarle! no por cierto... ya verás... ya verás... la noche es
+nuestra, y es necesario que nos divertamos... vamos á divertirnos
+mucho...
+
+El solo anuncio de aquella diversion, de que sin duda iba á ser él el
+protagonista, despegó la carne de los huesos del inquisidor.
+
+El Ferih entre tanto habia acercado uno de los tres sillones del
+presbiterio, y le habia puesto sobre el altar.
+
+--Siéntate ahí, dijo el Ferih: te ponemos en un trono... no tienes por
+qué quejarte te vamos á adorar, faquí de los cristianos: vamos sube: ¿no
+quieres ser rey?
+
+--No puedo subir, soy viejo; exclamó llorando el inquisidor: tened
+compasion de mi.
+
+--¡Ah! ¿no puedes subir? dijo Aben-Aboo, por eso no quede: échamelo acá,
+Ferih, añadió desde el altar á donde habia subido de un salto.
+
+El Ferih asió por la cintura al inquisidor y le levantó: Aben-Aboo le
+asió por el cuello le puso sobre el altar y le sentó rudamente en el
+sillon.
+
+Desde aquel momento puede decirse que Molina de Medrano no vió ni sintió
+mas que un terror pánico: todo daba vueltas en derredor suyo, pero
+cubierto de una niebla densa, azul, inpura, y el miserable temblaba,
+pero de una manera exclusivamente orgánica.
+
+--No basta, no basta eso: dijo el Ferih: es necesario asegurarle en su
+trono.
+
+Y volviéndose hácia el fondo de la iglesia donde continuaban el degüello
+y las crueldades, tocó por tres veces la bocina.
+
+Cesó la matanza y un numeroso grupo de monfíes adelantó hasta el
+presbiterio, y se pusieron á reir y á señalar con ademanes grotescos al
+inquisidor.
+
+--¡Ah, valientes mios! dijo el Ferih: ved á este respetable señor
+encaramado en su silla, vestido de oro y rodeado de luces, ni mas ni
+menos que como los ídolos que han querido que adoremos: pero este trono
+es todavía poco resplandeciente.
+
+--Es verdad, si, es verdad.
+
+--Aumentemos el resplandor de su trono.
+
+--Pongamos fuego al altar.
+
+Y algunos adelantaron blandiendo sus antorchas.
+
+--Esperad: esperad, dijo Aben-Aboo: ¿no veis que tanto resplandor puede
+parecerle demasiado y hacerle huir de una gloria de que se creerá
+indigno? es necesario que se vea obligado á recibir nuestros homenajes.
+Buscad cuerdas, y sino las halláreis, vengan las de vuestras ballestas.
+
+--Dice bien.
+
+--Asegurémosle en su trono.
+
+--Que no pueda escapar.
+
+--Como no pueden escapar los sentenciados por la Inquisicion.
+
+--Como no pudo escapar mi padre, á quien vi revolverse como una
+sabandija por entre las llamas.
+
+--Ni mi madre á quien quemaron porque decian que era bruja.
+
+--¡Allah Ahbar! (Dios es grande).
+
+--¡Allah Galib! (Dios es vencedor).
+
+--¡Allah Rahman! (Dios es misericordioso).
+
+Y sin saber de donde, salieron á plaza cordeles, y en medio de un
+tumulto espantoso de carcajadas y silbidos, el inquisidor fue
+fuertemente atado á la silla, y la silla no menos fuertemente atada á
+las columnas del tabernáculo.
+
+Volvieron á avanzar los implacables monfíes con las antorchas.
+
+--Esperad, esperad: aun no es tiempo: traed acá á cuantos cristianos
+encontreis.
+
+Extendiéronse los monfíes por la iglesia, y á poco volvieron trayendo á
+empellones como unas veinte personas entre hombres, mujeres y niños.
+
+--Pocos son, dijo Aben-Aboo: pero ahí veo á mi buen amigo Lope
+Gutierrez, corregidor de la villa. ¿Eh? ¿que te parece de esto?
+
+El corregidor tan feroz antes, cuando mandaba, cuando se creia fuerte,
+rompió á llorar.
+
+--Yo no os he hecho ningun daño, dijo: yo era mandado; me lo mandaba el
+rey.
+
+--¿Y te mandaba el rey, dijo una morisca jóven y hermosa, saliendo de
+entre la multitud, que para obligar á una mujer á ser tuya, la
+amenazases con ahorcar su padre, y vender por esclavos á sus hermanos?
+
+--Yo no he hecho eso... yo no he hecho eso, os lo juro.
+
+--¿Me conoces? exclamó la morisca arrancando una antorcha á un monfí,
+acercándola á su semblante, y acercándose al mismo tiempo al corregidor
+Lope Gutierrez, que retrocedió.
+
+La morisca le miraba con los ojos dilatados escandescidos como los de
+una bacante.
+
+--¿Me conoces al fin Lope Gutierrez? repitió la morisca; tú me
+deshonraste, y no bastó mi sumision á tus deseos: poco tiempo después á
+pretexto de que eran monfíes ahorcaste á mi padre, y echaste á galeras á
+mis hermanos.
+
+--¡Ah! ¡no! ¡no! exclamó el corregidor.
+
+--Ese miserable me abofeteó á pretexto de que no me habia quitado el
+sombrero en su presencia, echó á galeras á mi hijo porque tomó la
+defensa de su anciano padre, mi pobre esposa murió al verse separada en
+su ancianidad de su hijo, y despues me vi reducido á la indigencia: mis
+bienes, unas escasas tierrecillas habian sido confiscadas: ¡vengadme,
+hermanos!
+
+--Ese miserable mató á mi amante porque no quise ser su manceba.
+
+--Ese hombre deshonró á mi hija.
+
+--Ese hombre es nuestro, exclamaron las mujeres apoderándose de él, y
+sacándole arrastrando de la iglesia.
+
+--Hé aquí un buen exámen de doctrina cristiana, dijo Aben-Aboo
+volviéndose al inquisidor que no le oia. Dejad, dejad á esas buenas
+muchachas que despachen á su gusto al señor corregidor: no lo querais
+todo para vosotros. ¿Quién es aquel que se esconde detrás de esotro que
+está tan cabizbajo?
+
+--El cabizbajo es el alguacil Truchuela, un bribon que merece ser
+desollado vivo: el que se esconde es el escribano Diego de Angulo.
+
+--¡Ah! ¿con que sois vos el escribano que no tenia mas placer que
+fulminar procesos para engordar con las costas perdiendo hombres? ¿y vos
+maese Truchuela el alguacil que prendia con perro á los moriscos?...
+
+Rompieron á dar alaridos los dos acusados.
+
+--Colgad de los piés á esos dos perros, dijo Aben-Aboo.
+
+No le escucharon sordos ni remisos, porque media docena de monfíes
+asieron del alguacil y del escribano, y los colgaron cabeza abajo de la
+verja de una capilla.
+
+Los miserables gritaban de una manera horrorosa.
+
+--Ponedles mordazas, gritó uno.
+
+Poco despues aquellos hombres dejaron de gritar.
+
+--¿Qué mujer es aquella exclamó el Ferih que está detrás de aquellos dos
+soldados castellanos?
+
+--Yo soy doña María de Cáceres, dijo aquella mujer que era bastante
+hermosa, y que lloraba silenciosamente adelantando hácia el presbiterio.
+
+--¿Quién tiene que quejarse de esa mujer? dijo Aben-Aboo que se habia
+constituido en único juez de un tribunal ejecutivo.
+
+Nadie contestó.
+
+--Ya lo veis, nadie tiene que quejarse de mí, contestó con acento sereno
+doña María.
+
+--¿Y por qué lloráis? ¿creeis que los moros somos tan infames como los
+castellanos? ¿creeis que nosotros sentenciamos á los inocentes solo por
+el placer de verter sangre?
+
+--Lloro, dijo doña María, porque he visto muchas desdichas.
+
+--¿Qué pretendeis hacer con esa mujer? dijo una de las moriscas que
+volvían de dar fin del corregidor. Esta cristiana es nuestra.
+
+--¿De qué teneis que acusarla? dijo Aben-Aboo.
+
+--¡Acusarla! ¡por el contrario, tenemos mucho que decir en su favor!
+
+--Es caritativa.
+
+--Es buena.
+
+--Ha dotado á muchas doncellas.
+
+--Ha remediado muchas desdichas.
+
+--Es la madre de los infelices.
+
+--Una sola condicion y os libro, dijo Aben-Aboo.
+
+--¿Y qué condición es esa?
+
+--Abrid los ojos al conocimiento de la santa ley del Dios altísimo y
+único.
+
+--¡Qué reniegue de Jesucristo! exclamó con horror doña María.
+
+El Ferih que desde que habia empezado este diálogo habia templado su
+ballesta y armado en ella una jara, se echó de repente la ballesta al
+rostro, y exclamó disparándola sobre doña María:
+
+--Mi hija tambien era inocente y ha muerto.
+
+Doña María cayó sin exhalar un gemido.
+
+--¡Oh! ¿qué has hecho? exclamó horrorizado á pesar de su ferocidad
+Aben-Aboo.
+
+--Estamos perdiendo el tiempo, gritó el Ferih: yo he sido encargado por
+el emir de hacer justicia en la villa de Cádiar... ¡ea mis valientes!
+acabad con esos perros... y tú clérigo, tostador de criaturas de Dios,
+añadió volviéndose al inquisidor que continuaba alelado por el miedo,
+muere como debes morir.
+
+Y tomando una antorcha de manos de un monfí, se encaminó al altar.
+
+--¡Detente, Ferih! exclamó una voz poderosa, terrible, llena de
+autoridad y de mando en el fondo de la iglesia.
+
+El Ferih quedó inmóvil en el lugar en que se encontraba cuando resonó
+aquella voz: los monfíes que habian empezado de nuevo la matanza, se
+detuvieron tambien.
+
+Entre tanto un hombre armado como los caballeros moros del tiempo de la
+conquista, con corona en la cabeza é insignias de califa, adelantó
+evitando pisar los cadáveres, pero sin poder evitar teñir sus piés de
+sangre.
+
+Detrás de él ondeaba un estandarte rojo, en cuyo centro se veian las
+armas de Granada, y tras el estandarte seguia un escuadron cerrado de
+monfíes.
+
+Aquel hombre era el emir Yaye-ebn-Al-Hhamar.
+
+--¿Qué es lo que estais haciendo? exclamó: ¿es esto lo que yo te he
+mandado hacer Ferih: es esto lo que conviene hacer á un caballero
+Aben-Aboo?
+
+Ni el Ferih, ni Aben-Aboo, contestaron: pero se levantó un sordo
+murmullo entre los monfíes que estaban en la iglesia á la llegada del
+emir.
+
+--¿Quién se atreve á murmurar, cuando su señor habla? exclamó con voz
+tonante Yaye, revolviendo en torno suyo una mirada amenazadora: ¿hay
+alguno que se atreva á levantar la voz, ni los ojos, ni un solo dedo,
+cuando habla su emir?
+
+Nadie contestó: nadie se movió.
+
+--¿Qué es lo que miro en rededor mio? exclamó creciendo en su cólera
+Yaye: ¡mi vista solo encuentra cadáveres!
+
+--Cadáveres de castellanos, señor, contestó humildemente Aben-Aboo.
+
+--Pero entre esos cadáveres hay viejos, niños y mujeres: doncellas que
+han sido violadas, madres delante de cuyos ojos se han degollado los
+niños de pecho. ¿Quereis acaso igualar y aun exceder las crueldades de
+los castellanos? ¿Pensais acaso que porque este es un lugar de
+idolatria, no está presente en él el Dios altísimo y único?
+
+--¡Señor! murmuró Aben-Aboo.
+
+--¡Basta! exclamó Yaye: los que se precian de valientes no se
+ensangrientan en los débiles: los que se precian de justos no sacrifican
+inocentes: los que se creen buenos muslimes deben temer á Dios, á Dios
+que escribe en el libro de su justicia la sentencia de los asesinos con
+la sangre de los débiles.
+
+--Hemos sufrido cuantas desdichas, cuantas crueldades, cuantas
+humillaciones puede sufrir un hombre, dijo el Ferih.
+
+--Los crímenes agenos, deben inspirarnos horror, no deseo de imitarlos:
+repuso el emir: ademas, si hemos de triunfar es necesario que sepamos
+obedecer. ¿Qué te habia ordenado yo Ferih?
+
+Melik no contestó.
+
+--Te dije, cerca la villa, que no salga de ella un cristiano...
+
+--Degüella y mata, me dijiste.
+
+--Si, pero degüella y mata á los clérigos, á los ministros de justicia,
+y á los soldados: pero sé justo y clemente con los que no han cometido
+otro delito que no ser moros como nosotros.
+
+--¿Qué estas hablando de justicia y de clemencia, emir, á quien como yo
+ha visto su hija deshonrada; á quien la ha visto morir á consecuencia de
+las infamias de los castellanos; á quien la ha mirado espirar, gritando
+de dolor entre sus brazos y pidiéndole venganza? ¡Mi hija! ¡mi pobre
+Alida queda allá muerta entre las breñas, y me pides templanza á mi, á
+quien despedazan la rabia y el dolor!
+
+Y el Ferih rompió á llorar como una mujer.
+
+Hubo algunos momentos de solemne silencio, durante el cual solo se
+oyeron los gemidos de los que espiraban á consecuencia de sus heridas.
+
+--Desatad ese clérigo que está en el altar, dijo el emir.
+
+Pareció reanimarse á estas palabras Molina de Medrano.
+
+--Ved, señor, dijo Aben-Aboo, que este es el miserable que causó esta
+mañana la muerte de la infeliz Malicatulzarah y de su esposo Adel: ved
+señor que es un lobo sediento de sangre.
+
+--Ese hombre debe morir, y morirá, pero no de la manera horrible, cruel
+con que ellos matan á sus víctimas.
+
+El inquisidor habia sido bajado del altar y se arrastraba á los piés de
+Yaye, en cuyo semblante fijaba una mirada entumecida por la atonía.
+
+--Yo os conozco... señor... yo os conozco... tartamudeó.
+
+Y se asió á las ropas talares de Yaye.
+
+Yaye se inclinó.
+
+--Tú eres Molina de Mediano...
+
+--Si, si, pero yo obedecia al rey...
+
+--Obedecias á un tirano...
+
+--Por el Dios de Abraham y de Ismael que es nuestro mismo Dios... no me
+mateis... cautivadme... vendedme... llevadme á Africa... pero no me
+mateis.
+
+--Tú has predicado el exterminio contra los que adoran al Dios de Abram,
+de Agar y de Ismael, y ahora pides misericordia á nombre de ese mismo
+Dios... suele suceder que los asesinos cuando se apodera de ellos la
+justicia mueran con valor: pero tú á mas de asesino eres cobarde.
+
+--¡Perdon! ¡señor, perdon!
+
+--Arrancadle de mi y matadle; matadle á hierro y pronto... necesitamos
+salir de aquí.
+
+--¡Piedad! gritó Medrano al sentirse asido por una turba de monfíes.
+
+Fue su última palabra: rasgado su pecho á un tiempo por veinte puñales
+manchaba de sangre su vestidura pontifical.
+
+--Acabad con esos soldados, dijo el emir.
+
+Seis soldados que habian sido apresados por los monfíes fueron inmolados
+en pocos segundos.
+
+--Ahora soltad esa gente menuda.
+
+--Nos mataran los que estan fuera señor, dijo un viejo.
+
+--Id con ellos diez hombres, y amparadlos en las casas del ayuntamiento
+de la villa: asimismo llevareis á esas casas las mujeres, los viejos y
+los niños que encontreis.
+
+Algunos monfíes salieron escoltando algunos cristianos que por fortuna
+habian escapado con vida de la iglesia.
+
+--Rematad á esos desdichados que penan, añadió Yaye.
+
+Pocos momentos despues, y mientras el emir hablaba acaloradamente con
+Aben-Aboo, fueron cesando los gemidos de los moribundos hasta dominar un
+silencio pavoroso.
+
+Los monfíes que se agrupaban inmóviles tras el estandarte rojo del emir,
+llenando la iglesia, parecian fantasmas.
+
+Yaye y Aben-Aboo siguieron hablando algun tiempo con gran interés.
+
+El Ferih, doblegado al fin por su dolor estaba apoyado sobre el altar,
+inmóvil, insensible á todo.
+
+Al fin Yaye se separó de Aben-Aboo, y dirigió la voz á los monfíes.
+
+--Valientes, les dijo: al hacer lo que hemos hecho, hemos herido el
+rostro del tirano rey de España: hemos arrojado á sus ojos la sangre
+infame de sus jueces, de sus clérigos, y de sus soldados: ya no hay
+medio de retroceder: los ejércitos del rey de España vendrán sobre
+nosotros, pero vendrán tarde, porque el alguacil mayor del reino, el
+valiente Farax-Aben-Farax se apodera en estos momentos de Granada: Dios
+nos alienta y nos guia: pero no irritemos á Dios cometiendo actos de
+crueldad y de barbarie semejantes á los que acaban de cometerse: si
+apreciais en algo mi espada, si creeis que yo puedo llevaros á la
+victoria, no vertais mas sangre débil, no cometais mas crímenes, porque
+yo nunca desnudaré mi espada para ponerme al frente de infames ni de
+asesinos.
+
+--¡Viva el emir! gritaron á una voz los monfíes.
+
+--Ademas, dijo Yaye: oidme y entendedme bien: yo no soy el emir que debe
+mandaros.
+
+Levantóse un murmullo de descontento que era una adulacion al emir.
+
+--Los moriscos de Granada han elegido un rey.
+
+--¡Viva el emir poderoso y vencedor Yaye-ebn-Al-Hhamar! gritaron los
+monfíes.
+
+--Yo soy emir de las Alpujarras, únicamente, dijo Yaye: los granadinos
+han elegido legítimamente su rey; su rey es aliado y pariente mio.
+Obedeced al rey de Granada Muley-Aben-Humeya.
+
+Pronunció con tal acento estas palabras Yaye, que los monfíes viendo en
+ellas un mandato gritaron:
+
+--¡Viva el rey de Granada Muley-Aben-Humeya!
+
+--¡Gracias, gracias, valientes muslimes de la montaña! exclamó una voz á
+las puertas de la iglesia; oyóse precipitado ruido de espuelas, y
+adelantó y abrazó á Yaye un jóven sencillamente vestido á la morisca.
+
+Aquel jóven era Aben-Humeya.
+
+Tras él seguia otro hombre de mas edad igualmente vestido á la usanza
+mora, llegó junto al emir, pero en vez de abrazarle se inclinó
+profundamente.
+
+Aquel hombre era Aben-Jahuar el Zaquer.
+
+--¿Y tu hermana? le dijo rápidamente y en voz baja Yaye.
+
+--Está en seguridad en un cortijo de la montaña.
+
+--¡Oh! ¡gracias hermano, gracias! Y volviéndose á los monfíes continuó
+en voz alta asiendo de la mano á Aben-Aboo, que era el único que vestia
+á la castellana: ¿Conoceis á este caballero?
+
+--Si, si, gritaron todos.
+
+--Es Sidy Aben-Aboo, de la raza de los Omeyas, añadieron algunos.
+
+--Es mi pariente, añadió Yaye. Desde ahora, leales muslimes compartiré
+con él vuestro gobierno: obedecedle como á mí mismo: es mi compañero:
+aclamadle.
+
+--¡Viva Muley Aben-Aboo!, gritaron espontáneamente los monfíes.
+
+--Y para concluir, este otro caballero, Sidy Aben-Jahuar el Zaquer, mi
+pariente tambien, es el walí de los walíes[25] de Granada y de las
+Alpujarras.
+
+--¡Viva Sidy Aben-Jahuar! gritaron los monfíes.
+
+--Lo que á vosotros os he hecho saber en persona, se hará saber á las
+demás taifas por sus xeques. ¡La guerra empieza! constancia y valor y
+triunfaremos.
+
+--¡Viva el emir!
+
+--Pero si hemos concluido, dijo Aben-Humeya que habia oido con un
+profundo disgusto la espontánea aclamacion de los monfíes á su primo
+Aben-Aboo, si hemos concluido, bueno será, que nos preparemos á un
+próximo y sangriento combate.
+
+--¿Pues qué sucede? dijo con gran calma Yaye.
+
+--La compañía de infanteria española que estaba en Yátor, viene sobre
+Cádiar, dijo Aben-Humeya; y segun me han informado mis corredores viene
+á su frente, bramando de corage, el valiente marqués de la Guardia.
+
+--¡El marqués de la Guardia! ¡no! ¡es imposible!
+
+--Si es posible ó no, pronto lo veremos, dijo Aben-Humeya; entre tanto
+oid.
+
+Se habian escuchado algunos distantes disparos de arcabuz. Animados por
+aquel socorro los cristianos que se habian refugiado á la torre de
+Cádiar empezaron á tocar de nuevo á rebato.
+
+Yaye, Aben-Aboo, Aben-Humeya y Aben-Jahuar, se lanzaron fuera de la
+iglesia: los monfíes los siguieron á la carrera.
+
+La iglesia quedó silenciosa, poblada solo de cadáveres, iluminada y
+resplandeciente, pero manchado de sangre el altar, y presentando delante
+de él un bulto brillante á trozos, rojo en otros.
+
+Aquel bulto era el cadáver de Molina de Medrano, á quien cubrian aun los
+ornamentos pontificiales.
+
+Por una coincidencia terrible aquel cadáver ocupaba el mismo lugar donde
+habia caido muerta Malicatulzarah.
+
+
+
+
+CAPITULO XXVIII.
+
+ Continúan las escenas de sangre.
+
+
+En aquellos momentos en un estrecho y oscuro callejon de Cádiar habia
+dos hombres como ocultos en la sombra, y hablando en voz muy baja por
+temor acaso de ser escuchados desde las casas.
+
+Oíanse desde allí las campanas de la iglesia parroquial y del convento
+de San Francisco, tocando, de una manera que podia llamarse desesperada,
+á rebato, y se oian á lo lejos, perdidos, indistintos, gritos salvajes,
+alaridos, voces confusas.
+
+Alguna vez un hombre pasaba en huída por la calleja, sin reparar en los
+dos hombres que estaban como cosidos á un entresijo de ella, y poco
+despues de haber pasado el que huia, en la parte baja, á la salida de la
+villa, se oia algun disparo de arcabuz, lo que demostraba que el pueblo
+estaba cercado.
+
+A excepcion de estos ruidos lejanos ningun otro ruido se oia: la calleja
+estaba profundamente silenciosa, cerradas las puertas y ventanas de sus
+casas, y sin que ni por un solo resquicio se viese una luz.
+
+Aquel era el silencio del miedo, porque á no dudarlo, los habitantes de
+aquellas casas, como todos los de Cádiar, velaban.
+
+De repente se sintió abrirse silenciosamente una ventana, y desde su
+fondo oscuro cayó á la calle un objeto pesado que produjo un ruido
+opaco, sordo, como el de una odre que se rebienta.
+
+La ventana volvió á cerrarse, y volvió el silencio.
+
+--¿Qué es eso? dijo uno de los dos escondidos con voy temblorosa.
+
+--Paréceme que teneis miedo, señor Cisneros, dijo el otro hombre.
+
+--No tengo miedo, pero me repugna lo que está sucediendo; Dios me
+perdone, sino es un cuerpo humano el que han arrojado á la calle.
+
+--Es sin duda el cadáver de algun soldado de los de la compañía de Diego
+de Herrera, que estaban aposentados en las casas de la villa: ¿pero qué
+os importa eso? No hemos venido á Cádiar ciertamente á divertirnos.
+
+--¿Pero qué hacemos aquí, á estas horas y en tales circunstancias, señor
+Godinez?
+
+--¿No habeis venido á ver esta noche, como teníamos concertado, á doña
+Elvira de Céspedes?
+
+--Sí.
+
+--¿No la habeis dicho que su hijo Aben-Humeya os conoce, y que veniais á
+ampararos de ella?
+
+--Sí.
+
+--¿No la habeis dicho ademas, como tambien convinimos, que venia con vos
+un amigo que igualmente necesitaba del amparo de Aben-Humeya?
+
+--Si.
+
+--¿Y no habeis venido á buscarme?
+
+--Ciertamente.
+
+--Ahora bien, la entrada de los monfíes nos ha hecho ampararnos de lo
+apartado y oscuro de esta calleja; pero ahora que los monfíes estan allá
+dentro, y por lo que se vé, bien entretenidos, podemos y debemos ir á
+casa de doña Elvira.
+
+--Es que yo no he estado nunca en Cádiar: valíme de las señas que me
+dísteis, pregunté por la calle donde vive doña Elvira, y hallé la casa
+por su mirador de madera y el farol de su imágen... pero ahora estoy
+seguro de no dar con la calle.
+
+--Pues la tenemos bien cerca.
+
+--¡Ah!
+
+--Si, aquí á la vuelta. Venid conmigo.
+
+--¿Pero no oís?
+
+--Oigo y no oigo. Es decir, antes se oia tocar á rebato en al convento
+de San Francisco, y ya no se oye: antes no se oian disparos, y ahora se
+oyen descargas de arcabucería.
+
+--Seran los vecinos del pueblo que se defienden desde sus casas.
+
+--No, no; solo dispara asi la infantería española; son descargas
+cerradas.
+
+--¿Pero qué infantería es esa? La compañía de Diego de Herrera ha sido
+degollada.
+
+--Pero estaba en Yátor la compañía del marqués de la Guardia.
+
+--Pero en Yátor habran entrado los monfíes como en Cádiar, y habran
+degollado á los soldados.
+
+--Asi es probable que haya sucedido: pero os afirmo, y no me engaño, que
+tenemos cerca infantería española, mucha y valiente. Esto nos favorece.
+
+--¿Qué nos favorece?
+
+--Ya vereis. No podian presentarse mejor nuestros negocios. Andad, andad
+mas de prisa, que se nos va acercando el combate. He aquí que estamos en
+la calle de doña Elvira.
+
+--Creo que os engañais. No veo el farol.
+
+--¿Queriais que los monfíes dejasen ardiendo una luz debajo de una
+imágen? Llamad.
+
+--¿Dónde?
+
+--Estamos á la puerta de doña Elvira.
+
+--¡Ah! ¿esta es la casa?
+
+--Esta es.
+
+Cisneros buscó el llamador de la puerta, y dió tres golpes.
+
+Vióse poco despues luz por las rendijas y una voz de vieja dijo desde
+adentro:
+
+--¿Quién sois?
+
+--Vuestra señora me espera, contestó el comediante.
+
+--¿Sois el hidalgo que vino esta noche?
+
+--Yo soy.
+
+--¿Venís solo?
+
+--No, viene conmigo un amigo.
+
+--Abrid, abrid, dijo con precipitacion otra voz de mujer mas fresca y
+mas sonora.
+
+Abrióse la puerta y entraron Laurenti y Cisneros.
+
+--Y á tiempo ha sido, dijo este: entrad, entrad con esa luz, señora, que
+tenemos el combate ya en la calle.
+
+La vieja, una dama hermosa, vestida de negro que estaba en la segunda
+puerta del zaguan, y Cisneros y Laurenti desaparecieron en el interior.
+
+Entre tanto el fuego de la mosquetería redoblaba, oíase entre él el
+crugir de las ballestas y el silbar de las jaras, y alguno que otro
+grito de un hombre herido.
+
+Veamos lo que pasaba en la villa.
+
+Debemos retroceder: mientras tenian lugar los terribles acontecimientos
+de la iglesia, otros no menos terribles tenian lugar en el convento de
+San Francisco: por mas que los frailes se habian defendido, por mas que
+habian tocado á rebato; incendiado el convento, incendiada la torre de
+la iglesia, último refugio á donde aquellos desdichados se habian
+acogido, se habian visto obligados á rendirse; mas ceñido que el Ferih á
+las órdenes del emir, el wali que mandaba á los monfíes que habian
+asaltado el convento, dejó libres á las mujeres, á los niños y á los
+viejos que á él se habian refugiado y solo degolló á los frailes y á los
+hombres robustos.
+
+Despues de esto penetraron en el convento entre las llamas, tomaron los
+vasos sagrados y los ornamentos y fueron á depositarlos en la plaza.
+
+En seguida empezaron el saqueo por las casas una parte de los monfíes, y
+otra se fué á combatir la torre de la iglesia donde estaban refugiados
+el beneficiado Ribera, maese Barbillo y algunos alguaciles, soldados,
+vecinos y mujeres.
+
+Aquellos infelices se encontraban apurando desde hacia mucho tiempo una
+agonía horrible: oian á sus piés los gemidos de los que eran asesinados
+en la iglesia, veian recorrer las calles monfíes con antorchas,
+penetrando en las casas; matando cristianos, saqueando y arrojando á un
+tiempo por las ventanas los cadáveres y los objetos robados: veian
+ardiendo el convento de San Francisco y lo que mas les aterraba era el
+notar que la campana de los frailes habia cesado de tocar á rebato.
+
+Ellos por lo mismo, redoblaron su toque de una manera desesperada: al
+principio solo habian tañido la campana mayor; despues asociaron á ella
+otra campana: por último, hasta los esquilones se pusieron en
+movimiento.
+
+--¿Habeis cortado las escaleras de la torre, Barbillo? decia lleno de
+angustia el beneficiado.
+
+--Si señor, contestaba repicando á dos manos Barbillo.
+
+--¿No pueden subir?
+
+--No señor, como no pongan escala, y para eso les arrojaremos los
+ladrillos que hemos arrancado del suelo y cuando estos falten los
+esquilones...
+
+--Nos pondran fuego, exclamó llorando de terror el beneficiado.
+
+Barbillo siguió repicando.
+
+--¿Qué habrá sido de la pobre Mariblanca? añadió Juan de Ribera.
+
+Barbillo soltó un bufido, y apretó con entrambas manos las cuerdas de
+ambos badajos.
+
+--¡Ay señor beneficiado, exclamó una pobre mujer! ¡Mire vuesamerced;
+mire por allá: por la parte de Yátor se ven antorchas!
+
+--Y son soldados del rey, exclamó un muchacho.
+
+--¿Soldados del rey has dicho, hijo? exclamó Juan de Ribera,
+avalanzándose al arco de campana que miraba á Yátor.
+
+--Yo no veo mas que las luces.
+
+--Pues yo si, yo veo muy bien los coletos de gamuza y los capacetes de
+los soldados, dijo una jóven. ¡Oh, Dios mio! vendran á socorrernos.
+
+--Es la compañía del señor marqués de la Guardia, exclamó con alegría
+Barbillo: veo tendida su bandera blanca, con su cruz de bastos rojos.
+
+--Muy alegre os habeis puesto, maese.
+
+--¡Si son ciento y cuarenta demonios, y el marqués de la Guardia un
+leon, y el teniente Belorado un toro, y el alférez Cordavias un lobo!
+¡ah, señores monfíes, paréceme que vais á dar con la horma de vuestro
+zapato!
+
+--¿Pero vendran aquí?
+
+--¡Pues no han de venir! vedlos que suben por el repecho.
+
+--Pero no estarian en Yátor, porque si hubieran estado allí no hubieran
+podido atravesar la rambla ni los barrancos, dijo el beneficiado.
+
+--Habran subido á la sierra y habran pasado por el puerto.
+
+--Pues entonces traen seis leguas en el cuerpo, vendran rendidos,
+exclamó con desaliento el beneficiado.
+
+--¡Pero calla! exclamó Barbillo, han apagado las antorchas; encima los
+tenemos. ¡Ah valientes!
+
+Y se tiró con el furor del miedo á las campanas.
+
+En aquel momento una jara que penetró por el arco se le clavó en la
+frente y cayó de espaldas.
+
+Levantóse un alarido de terror entre los prisioneros de la torre.
+
+Otra jara hizo sonar de una manera aguda una campana y otra y otra y
+otra siguieron entrando por los arcos.
+
+Toda aquella pobre gente se arrodilló.
+
+Solo siguió tocando á rebato la campana mayor, cuyo badajo ponian en
+movimiento los prisioneros tirando desde el suelo, de su cuerda.
+
+Pero de improviso un nuevo incidente vino á centuplicar su terror.
+
+Un humo espeso y acre empezó á penetrar por los arcos de las campanas.
+
+Los monfíes habian puesto fuego á la torre.
+
+Sin embargo, entre aquel torbellino de humo y de llamas la campana
+seguia tocando apresuradamente á rebato.
+
+Allá en los extremos de la villa y en el centro ardían tambien algunas
+casas de cristianos.
+
+No tardaron en oirse en las entradas del pueblo disparos de arcabucería.
+
+Entonces fue cuando Yaye, Aben-Aboo, Aben-Humeya, Aben-Jahuar y el
+Ferih, salieron de la iglesia con los monfíes.
+
+Al salir á la plaza desembocaba en ella á la carrera una manga de
+arcabucería, en medio de la cual flotaba la bandera blanca con la cruz
+de bastos rojos que habia visto desde la torre el difunto Barbillo.
+
+Al frente de la manga y armado con una pica corta, venia un caballero
+jóven, con el rostro pálido y la mirada chispeante é iracunda, que
+apenas vió á los monfíes mandó hacer fuego con voz ronca á sus soldados.
+
+Aquel caballero era el marqués de la Guardia.
+
+Brillaron primero las mechas sopladas por los soldados y poco despues se
+vió un relámpago y se escuchó una detonacion uniforme: algunos monfíes
+cayeron por tierra: á la descarga de la mosquetería española contestó
+una descarga de la ballestería de la montaña.
+
+Algunos soldados cayeron tambien.
+
+Una segunda descarga de los soldados diezmó de nuevo á los monfíes.
+
+--¡Es el marqués de la Guardia! exclamó con rabia Aben-Aboo.
+
+--¡El marqués de la Guardia! exclamó con terror el emir. ¿Qué es esto,
+Dios mio?
+
+--Hierro en mano y á degüello, gritó con voz tonante Aben-Aboo á los
+monfíes, lanzándose el primero alfanje en mano sobre los soldados.
+
+--¡Ah! dijo el marqués de la Guardia con una alegría insensata,
+horrible: ¡te me vienes á las manos, asesino! ¡á mí, camaradas! los
+arcabuces bajo el brazo izquierdo y fuera las espadas: ¡á ellos!
+¡Santiago y cierra España!
+
+Pero de repente los monfíes se detuvieron cortados: por otra avenida de
+la plaza habia aparecido el teniente Cristóval de Belorado, y los barria
+enfilándolos con las descargas de sus arcabuceros.
+
+Casi al mismo tiempo el sargento Gaspar de Aponte desembocaba por otro
+punto y los heria por la espalda.
+
+Los monfíes acorralados entre tres fuegos, se arrojaron en tropel por
+una salida de la plaza que quedaba descubierta, obligando á que los
+siguiesen á Yaye, Aben-Humeya, Aben-Aboo y Aben-Jahuar.
+
+--¿A dónde va vuestra señoría? exclamó el teniente Cristóval de
+Belorado, atravesándole al marqués de la Guardia que se habia puesto en
+seguimiento de los monfíes.
+
+--¡Huyen!
+
+--No huyen: desembarazan un lugar en que se han encontrado acorralados
+por sorpresa; pero dentro de poco cargaran sobre nosotros á centenares.
+¡A cubrir las calles! gritó inmediatamente el viejo soldado.
+
+--¡Es verdad! dijo suspirando el marqués: mandad barrear las calles:
+primero es nuestra obligacion como nobles y castellanos: sacad todos los
+muebles y colchones que encontreis en las casas: ¿tenemos bastante
+pólvora?
+
+--Nos hemos traido cargadas cuatro acémilas.
+
+--Destinad veinte hombres que apaguen el incendio de la iglesia: ola
+¿qué haceis, alférez Cordavias? id cubriendo: sargento Aponte, vivo;
+haced abrir las casas y barread aprisa. Recoged nuestros heridos y
+rematad á esos perros monfíes. ¡Ah! primero es nuestra obligacion como
+cristianos y caballeros.
+
+Y se puso á pasear por la plaza, con la pica debajo del brazo y con una
+distraccion espantosa, murmurando monosílabos y lanzando de tiempo en
+tiempo un horroroso juramento.
+
+En un momento las calles que daban á la plaza estuvieron cubiertas y
+barreadas; esto es, cortadas con altas barricadas; muchos de los
+cristianos que vivian en la plaza y que habian estado escondidos,
+salieron con sus escopetas, y unos veinte soldados de la compañía de
+Diego de Herrera que se habian salvado en la torre descolgándose con una
+cuerda, fueron armados con los arcabuces de los soldados que habian sido
+muertos ó heridos en la sorpresa de la plaza.
+
+--¿Pero dónde está el señor beneficiado? decian algunas mujeres que
+habian salido de la torre.
+
+--¡El beneficiado! dijo uno de los de la compañia de Diego de Herrera:
+no ha tenido valor para descolgarse por la cuerda como nosotros y se ha
+quedado en la torre.
+
+--¡Cómo! ¡el beneficiado de Cádiar! exclamó el marqués de la Guardia;
+¡el que me casó esta tarde!... ¡Ah! Diez hombres conmigo!
+
+Pero cuando llegaron al pié de la torre, les detuvo un espectáculo
+horrible.
+
+La torre, que se habia incendiado por el centro, arrojaba por los arcos
+de sus campanas torbellinos de fuego: por la parte que miraba á la
+plaza, un hombre asido á una cuerda se contraia, se izaba, luchaba, daba
+gritos, pero no descendia; estaba aferrado á la cuerda con el terror de
+la muerte.
+
+En vano le gritaban los soldados que se dejase resvalar.
+
+Aquel hombre no les oia.
+
+Viósele agotar sus fuerzas en conatos desesperados, extenderse al fin,
+quedar un momento pendiente de los brazos, y caer luego desde la altura
+dando vueltas.
+
+--¡Es el beneficiado! gritaron las mujeres.
+
+--¡Está muerto! dijo un soldado.
+
+El marqués de la Guardia se separó de aquel lugar, y se puso á pasear de
+nuevo á lo largo de la plaza.
+
+Entre tanto seguian los preparativos de defensa: muy pronto todas las
+avenidas de la plaza estaban perfectamente cubiertas, todas las calles
+que de ellas nacian, cortadas. Solo con un largo sitio y por hambre,
+podian rendir los monfíes á los castellanos, y era de esperar que el
+capitan general enviase pronto socorro.
+
+Cuando todo estuvo preparado, distribuidos los centinelas, apagado el
+incendio de la iglesia, se esperó en vano la acometida de los monfíes:
+el mas profundo silencio reinaba en la villa.
+
+--¿Qué hacemos aquí? dijo el marqués de la Guardia, volviéndose
+bruscamente á Cristóval de Belorado: ¿nos vamos á quedar esperando al
+Mesías? los enemigos se han marchado.
+
+--Los moros son mala gente, señor marqués, dijo Belorado: callan, pero
+no se fie usia de su silencio: han huido, pero no se fie usía de su
+fuga: saben que somos pocos, y quieren que nos extendamos en la villa.
+Como estamos, estamos bien.
+
+--Os digo que los moros se han retirado.
+
+--Como guste usía, pero.
+
+--¡Señor Cristóval de Belorado! ¿Sereis acaso vos el capitan de la
+compañía, y estaré yo acaso faltando á mi obligacion disputando con vos?
+
+Callóse el teniente.
+
+--Tomad veinte hombres y reconoced.
+
+El marqués volvió la espalda al teniente y siguió paseando.
+
+--El capitan está loco, dijo Belorado, y su locura nos va á costar el
+pellejo; pero ¿qué hemos de hacer? lo manda; desobedecer ó cumplir mal
+su mandato, seria una cobardía: ¡Hola sargento Aponte! escoged veinte
+hombres, y conmigo.
+
+--¿A dónde vamos, señor Cristóval de Belorado? dijo el sargento.
+
+--¡Eh! ¿y qué os importa á vos? ¿Teneis miedo?
+
+El sargento se calló ante el teniente, como el teniente se habia callado
+ante el capitan.
+
+--¡Ah, de la primera escuadra! gritó.
+
+Formáronse inmediatamente en tres filas unos treinta hombres; el
+sargento hizo adelantar los hombres de las dos primeras filas, envió á
+los diez restantes á sus puestos, y fijó una mirada terrible en los
+veinte hombres que se habian quedado.
+
+Algunos de ellos murmuraban.
+
+--¡Eh! ¿Qué dices tú, Gil Perez? ¿y tú Pedro Donoso? ¿y tú, Chirlo del
+diablo? ¡eh! ¿teneis miedo, vergantes? ¡silencio y firmes! ¡ó voto á!...
+
+Y la soltó redondo, arrimando al mismo tiempo á los soldados algunos
+golpes con el asta de su alabarda.
+
+El sargento se vengaba en los soldados de las palabras del teniente,
+como el teniente se habia vengado en el sargento del exabrupto del
+capitan: pero hay que notar que aquella venganza aumentaba á medida que
+descendia.
+
+Los soldados no podian desagraviarse con nadie, porque la venganza habia
+dado fondo en ellos.
+
+El sargento dió parte á Belorado de que la gente estaba dispuesta, y
+Belorado se adelantó hácia ellos, y les dijo apoyado en su pica:
+
+--Muchachos: vamos á hacer un reconocimiento sobre los enemigos: esto
+quiere decir que sopleis las cuerdas para que den pronto fuego. El lance
+es apretadillo y se os ha buscado para él, á vosotros, que por valientes
+marchábais en la vanguardia de la companía: ¡cuerpo de Dios! todos
+habeis estado en Flandes, y ya sabeis á lo que sabe el hierro: ¡voto
+á... que el que se me vuelva atrás un paso, se encuentra con la punta de
+mi pica! ¡Treinta legiones! debeis ser valientes porque sois soldados,
+y... ¡fuego y rayos! acordaos de que estos moriscos son muy ricos y de
+que podemos encontrar al paso alguna cosa. Con que no os digo mas. Id
+adonde yo vaya... y en marcha, hijos, en marcha.
+
+Y el teniente, con el sargento y los veinte hombres salió por el claro
+de una barricada.
+
+--¡Una valiente espada que perdemos, y veinte y un leones, que van á
+quedar tendidos á oscuras, y miserablemente! dijo el alferez Cordavias,
+que estaba apoyado en su bandera, al aposentador de la compañía.
+
+--Pero yo no entiendo esto, dijo el aposentador: á nosotros nos habia
+relevado la compañía de Diego de Herrera, estábamos en Yator y de él no
+debiamos de habernos movido: el marqués parece dominado por algo
+terrible: vamos, no lo comprendo: ¿y á qué enviar á Belorado con esa
+gente?
+
+--Yo no sé, yo no sé lo que le pasa al marqués, amigo Macías: todos le
+creiamos en Granada, cuando he aquí que se presenta en la posada de
+Belorado... yo estaba con él, y con dos buenas mozas.--Que se vayan esas
+mujeres, dijo el marqués.
+
+Por mas que nos extrañase esta salida tan descortés, porque al fin, si
+él es título de Castilla no es mas hidalgo que nosotros, venia de tal
+manera que nos causó espanto: venia con la cabeza descubierta, con el
+semblante desencajado: mojado de piés á cabeza; mas que mojado, cubierto
+de lodo; miraba en torno suyo de una manera insensata, y arrojaba llamas
+por los ojos. ¿Veís que es buen mozo y buena cara? pues daba miedo:
+cuando salieron las mujeres dijo á Belorado.--Dadme vestidos y vos
+Cordavias, haced que los trompetas toquen llamada de infantes, y á la
+plaza con la gente.
+
+Yo salí: algunos minutos despues, y antes de que hubiese acudido toda la
+compañía, vi venir al capitan vestido con otras ropas, y con una coraza
+limpia al lado del teniente, ¿y no habeis reparado? trae sobre la coraza
+una cadena de oro, y pendiente de la cadena una rica joya.
+
+--Si, si; ya lo he visto, y no sé á qué vienen esas galas: sobre todo
+cuando hace una noche tan oscura, y cuando es mas fácil encontrar un
+arcabuzazo que un galanteo.
+
+--Yo tampoco lo entiendo: ni sé si el capitan ha cumplido con su
+obligacion abandonando á Yátor y trayéndonos á Cádiar, con tres leguas
+en el cuerpo y enlodados hasta la cintura.
+
+--En Yátor debe de haber habido tambien jarana.
+
+--Esto se estaba esperando de un momento á otro, y creo, Dios me
+perdone, que tenemos faena para algun tiempo.
+
+--¿Creeis que esto sea una guerra?
+
+--Creo que nosotros somos los primeros soldados del rey que han
+disparado en esta guerra los arcabuces.
+
+--¡Bah! ¡Diego de Herrera!...
+
+--En la iglesia hay algunos soldados muertos de su compañía: sin armas,
+con todas las señas de haber sido sorprendidos: juraria á que esos
+perros los han degollado en sus mismas casas.
+
+--Todo pudiera ser: pero noto una cosa singular.
+
+--¿Qué?
+
+--Ya sabeis que Cristóval de Belorado es hombre capaz de meterse en el
+infierno, antes de que uno solo de sus soldados pueda decir que se ha
+parado ante el peligro. De seguro se ha metido por las calles de la
+villa y reconocido en regla y como Dios manda.
+
+--¿Y qué encontrais de extraño en eso?
+
+--Que no se oye un solo arcabuzazo.
+
+--Eso no quiere decir mas sino que á los monfíes les gusta mas el campo
+que las calles, y que han cercado la villa.
+
+--Belorado ha tenido ya tìempo para salir de la villa y habrá salido: á
+lo menos habrá mandado internarse en las quebraduras inmediatas algunos
+hombres, y nada, nada se oye. Los moros se han retirado de Cádiar.
+
+--Vayan con Dios: á enemigo que huye...
+
+--¡Alférez! dijo el capitan desde el centro de la plaza.
+
+Se echó el alférez la bandera al hombro, y se dirigió al capitan.
+
+--Dejad una escuadra de guardia y con la demás gente reconoced los
+muertos que hay en la iglesia y en la plaza.
+
+El alférez obedeció.
+
+--Es extraña la confianza que tiene el capitan, dijo volviendo junto al
+aposentador. No parece sino que está seguro de que los monfíes se han
+retirado.
+
+--Pues no lo entiendo, dijo Macías.
+
+--Ni yo tampoco. ¡Ola sargento Astudillo! quedaos de guardia con vuestra
+escuadra en la plaza!
+
+--Muy bien, mi alférez.
+
+--Poned en cada bocacalle un centinela.
+
+--Muy bien.
+
+--Y decid á los sargentos de las otras tres escuadras que formen la
+gente.
+
+El resto de la compañía, que no habia ido á reconocer ni quedaba de
+guardia, se encontraba poco despues en la iglesia, reconociendo los
+cadáveres.
+
+La mayor parte de las velas se habian apagado, pero aun quedaban muchas
+ardiendo.
+
+La iglesia exhalaba un insoportable olor á sangre fresca.
+
+Los soldados revolvian los cadáveres y los amontonaban.
+
+Cuando encontraban una mujer, la arrancaban las arracadas, y si las
+orejas resistan se las abrian con las dagas: no perdonaban joya ni suma
+que hallaban ni dejaban de registrar la bolsa á un solo muerto.
+
+Y en aquella ocupacion ni parecian sentir el olor de la sangre, ni el
+horror que naturalmente inspiran cadáveres despedazados.
+
+Eran dignos míembros de aquella famosa infantería española compuesta de
+vagos y aventureros, á la cual para que tomasen una plaza al asalto, no
+habia necesidad de hablarles de la gloria que podian alcanzar, sino de
+las horas que se les concedian de saqueo y licencia, una vez tomado el
+castillo ó la ciudad sobre la que los arrojaban como una tromba de
+exterminio.
+
+Encontráronse mas de cien cadáveres, entre ellos el corregidor, algunos
+alguaciles, algunos soldados, mas de treinta mujeres, algunos niños, y
+como sabemos el del inquisidor Medrano, el del beneficiado Juan de
+Ribera, el de maese Barbillo, y el de Hurtado do Campo.
+
+Despues de este reconocimiento se reconocieron las casas de la plaza, y
+en ellas, desiertas todas porque los moriscos habian escapado con los
+monfíes, se encontraron soldados asesinados en sus lechos, y en la del
+beneficiado Juan de Ribera, el capitan Diego de Herrera, cosido á
+puñaladas bajo una mesa servida.
+
+Los primeros soldados que entraron allí, al ver los manjares los
+devoraron: poco despues dos soldados que habian comido de las setas
+preparadas por Mariblanca murieron en medio de las mas horrorosas
+convulsiones.
+
+Al amanecer volvió de su reconocimiento el teniente Cristóval de
+Belorado.
+
+--Señor marqués, dijo: los monfíes se han retirado enteramente.
+
+--Ya lo sabia yo, dijo el marqués de la Guardia: ahora, añadió, que ya
+es claro, poned guardias en la atalaya y en la torre de la iglesia:
+haced que los demás que hayan quedado recojan los muertos y los
+entierren, y aposentad la compañia.
+
+Dicho esto, el marqués fue á aposentarse en la vecina casa de Juan de
+Ribera, escribió un largo parte al capitan general de Granada, y le
+envió con un correo.
+
+
+
+
+CAPITULO XXIX.
+
+ De lo que aconteció aquella misma noche en Granada.
+
+
+Farax-Aben-Farax, con seis mil monfíes, habia emprendido aquella tarde,
+cumpliendo la órden del emir, su marcha sobre Granada.
+
+Pero estaban tan difíciles los pasos de la sierra, que para llegar á la
+media noche se vió obligado á elegir los mas prácticos en el terreno,
+los mas hábiles y los mas fuertes y con solo trescientos hombres tomó á
+buen paso el camino de la ciudad.
+
+Pero no llegó tan pronto que no pasase con mucho la hora de la media
+noche, y las gentes de la ciudad tuvieron tiempo para ir á las iglesias
+á oir la misa del gallo, y volver tranquilamente á sus casas.
+
+Aunque los moriscos del Albaicin estaban prevenídos y todo lo tenian
+preparado, no se atrevieron á moverse por sí solos, porque,
+amedrentados, querian que se lo diesen hecho todo los monfíes.
+
+Por otra parte la tardanza de estos empezaba á desanimarlos.
+
+Contaban ademas con ocho mil moriscos del valle de Lecrin, del partido
+de Orgiva y de las alquerías de la Vega, y ni un solo emisario de estos
+se habia presentado. En un lugar de la sierra que se llama Cenes, debian
+esperar ocultos en un cañaveral dos mil hombres, y tambien faltaron:
+estos hombres mandados por los walíes de la montaña el Partal y el Nacoz
+debian acometer la Alhambra, y escalar la parte que corresponde á
+Generalife, para cuyo efecto se habian fabricado en los lugares de Dudar
+y Quentar diez y siete escalas grandes de esparto, por cuyos anchos
+travesaños de madera podían subir á un tiempo tres hombres: la longitud
+de estas escalas se habia hecho con arreglo á la altura de los muros,
+cuyas medidas habia dado un morisco albañil llamado maese Francisco
+Aben-Edem, y los moriscos del Albaicin debian acudir con sus capitanes á
+la primera señal.
+
+Lo que debian hacer estos capitanes era lo siguiente:
+
+Miguel Acis, con las gentes de las parroquias de San Cristóval, San
+Gregorio el Alto y San Nicolás debia acudir á la puerta de Frex-el-Leux,
+ó de Fajalanza con un estandarte de damasco carmesí con lunares de plata
+y flecos de oro: Diego Niquelí, el mozo, con las gentes de San Salvador,
+Santa Isabel de los Abades y San Luís, y una bandera de tafetan
+amarillo, á la plaza de Bib-al-Bonut, y Miguel Mozagaz con la gente de
+San Miguel, San Juan de los Reyes, y San Pedro y San Pablo, y una
+bandera de damasco azul turquesado, á la puerta de Guadix.
+
+Lo primero que debian hacer los de esta parte, era pasar á cuchillo á
+los cristianos que vivian en el Albaicín, y, dejando une guardia en
+aquellos lugares, acometer despues la ciudad por tres partes, y al mismo
+tiempo la fortaleza de la Alhambra.
+
+Los de la puerta de Frex-el-Leux, debian bajar al campo del Triunfo por
+fuera de los muros, ocupar el Hospital Real, acometer la puerta de
+Elvira, entrar por ella, matando á los cristianos que encontrasen,
+forzar la cárcel de la Inquisicion, y soltar los moriscos presos en
+ella.
+
+Los de la plaza de Bib-al-Banut, debian bajar por la cuesta de Alacaba,
+dando por la calle de la Calderería en la cárcel de la ciudad, poniendo
+libertad á los moriscos, y yendo despues á las casas del arzobispo y
+procurando prenderle ó matarle.
+
+Los de la puerta de Guadix debian bajar por la ribera del Darro,
+acometer las casas de la Audiencia Real, y prender al presidente don
+Pedro de Deza, yendo despues á reunirse todos á la plaza de Bibarrambla
+donde debian acudir tambien los ocho mil hombres del valle de Lecrin,
+del partido de Orgiva y de la Vega.
+
+La ciudad debia ser entregada al degüello, al saqueo y al incendio.
+
+Teníase sospechas de que los moriscos tramaban algo; pero como no
+hubiese un solo traidor entre ellos, ni se conocía su plan, ni se sabia
+el dia de la rebelion, ni aun se creia que pudiese ser, á pesar de que
+en Granada habia muy poca gente de armas y casi ningun pertrecho.
+
+El marqués de Mondéjar don Iñigo Lopez de Mendoza, habia escrito al
+consejo del rey pidiendo hombres, y su peticion se habia desatendido
+hasta tal punto, que si los moriscos llegan á poner en práctica su plan
+concertado, hubiera sido horrible lo que hubiera acontecido en Granada
+la Noche Buena de 1568.
+
+Todo consistió en esperar los unos la resolucion de los otros: Farax
+Aben-Farax confiando en las gentes del Albaicin y necesitando aprovechar
+el tiempo, creyó que le bastaba presentarse en el Albaicin con los
+trescientos monfíes que llevaba, y tanto anduvo, que á pesar del
+temporal, de lo oscuro de la noche y de lo intransitable de la sierra,
+llegó á Granada á la una de la noche, y tomando de los molinos que estan
+junto al rio Darro los picos y herramientas que habia de ellos, llegó á
+un muro que en aquellos tiempos existia aun, y del cual solo quedan hoy
+algunos restos, y abriendo con los picos un portillo que estaba tapiado
+por cima de la puerta de Guadix, entró por lo alto del barrio de
+Raab-Albayda, en el Albaicin, dejando veinticinco monfíes de guardia en
+el portillo, y haciendo que los restantes se pusieran bonetes encarnados
+y tocas blancas para parecer turcos, se fué á la casa que tenia en
+Granada junto al convento de Santa Isabel de los Abades, y llamó á los
+principales moriscos con quienes estaba concertado el alzamiento.
+
+[imagen: Harum-el-Geniz.]
+
+--¿Qué es esto, les dijo? acabo de entrar en la ciudad y la encuentro
+tranquila, desiertas y silenciosas las calles, y hasta las rondas
+metidas en sus casas. ¿Qué es lo que pensais hacer? La Alpujarra se ha
+levantado, y en estos momentos los cristianos son degollados é
+incendiadas sus haciendas: vosotros solos estais en silencio y
+acobardados.
+
+Disculpáronse los llamados con que nadie les habia acudido.
+
+--Los ocho mil hombres que deben venir del Valle y de la Vega, dijo
+Farax, y los capitanes de las parroquias del Albaicin estan prevenidos.
+Pero es necesario que vosotros los ricos y los respetados les deis los
+primeros el ejemplo, no mostrándoos cobardes y débiles. Que para esto he
+venido yo.
+
+--Has venido con muy poca gente, dijo Abul-ben-Eden, y te perderás:
+nosotros no queremos perdernos mas de lo que estamos. Los primeros que
+nos han faltado son los monfíes.
+
+--¡Cómo! exclamó irritado Farax; me habeis hecho perder mi casa, mi
+familia y mi hacienda, y darme á la sierra, solo por la libertad de la
+patria, y ahora que llegamos al punto del combate, los que mas debiais
+favorecernos y ayudarnos os echais fuera del peligro, como si hubiese
+otra salvacion que la guerra, ó como si despues de lo que hemos hecho
+esperasemos alcanzar perdon de los cristianos! antes debiais haberlo
+pensado: pero ya que sois tan miserables y tan cobardes, yo, yo solo con
+los que tengo, haré que el Albaicin se levante ó perezcais todos los que
+estais en él.
+
+Y rugiendo en cólera se salió de su casa antes del amanecer, llevando
+los trescientos monfíes en dos cuadrillas, y por la calle de
+Raab-Albayda se encaminó á la plazuela que está delante de la colegiata
+del Salvador, donde le dijeron que habia una guardia de seis ú ocho
+soldados.
+
+Cuando llegaron á la plazuela los monfíes que iban delante, se
+detuvieron á esperar la llegada de los otros, porque vieron un soldado
+que se paseaba por la plazuela haciendo centinela, y cuando sintió el
+ruido de los pasos de los monfíes que subian por Raab-Albayda, creyendo
+que era la ronda del corregidor, se fué hácia los monfíes con la mano
+puesta en la espada y echándola de valiente y cuando estaba cerca de
+ellos les dió el ¿quién vive?
+
+La contestacion de los monfíes fue disparar sobre él las ballestas que
+llevaban armadas, hiriéndole en un muslo.
+
+El soldado dió á huir hácia el lugar donde sus compañeros dormian
+descuidadamente alrededor de una hoguera, y empezó á dar gritos y á
+llamar al arma.
+
+Los monfíes cargaron sobre los soldados, que aturdidos con el sueño, no
+pudieron levantarse tan pronto que no dejasen dos hombres muertos,
+llevando consigo otros dos heridos.
+
+Siguiéronlos los monfíes por unas callejuelas estrechas hasta la plaza
+de Bib-al-Bonut, donde en aquellos tiempos estaba el convento de los
+Jesuitas: llamaron é insultaron al jesuita Albotodo, que era morisco, y
+no pudiendo forzar la puerta que era muy fuerte, arrancaron una cruz de
+madera que estaba clavada sobre ella y la hicieron pedazos.
+
+La otra cuadrilla de monfíes, capitaneada por el walí Nacoz, tomó desde
+la plazuela del Salvador á la derecha, llegó á la Plaza Larga, derribó
+la puerta de una botica que era de un familiar del Santo Oficio, llamado
+Diego de Madrid, y no habiéndole encontrado dentro, le robaron é
+hicieron pedazos botes, redomas, armarios, cuanto encontraron, y luego
+pasaron el portillo de San Nicolás, situado junto á la puerta mas
+antigua de la alcazaba Cadima, y saliendo á la plazuela de la iglesia,
+desde donde se ve enteramente la Alhambra, el barrio del Hajeriz y gran
+parte de la ciudad, empezaron á tocar la zambra con sus dulzainas y
+atabalejos, y á decir á grandes voces:
+
+--No hay mas Dios que Dios y Mahoma su mensajero: todos los moros que
+quisieren vengar las injurias que los cristianos han hecho á sus
+personas y ley, vénganse á juntar con estas banderas, porque el rey de
+Argel y el Xerife, á quien Dios ensalce, nos favorecen y nos han enviado
+toda esta gente, y la que nos está aguardando allí arriba. Ea, ea,
+venid, venid, que ya es llegada nuestra hora y toda la tierra de los
+moros está levantada[26].
+
+Los cristianos escucharon aterrados este pregon, porque temian lo que no
+sucedió: esto es: que se levantanse los moriscos del Albaicin: en vano
+Farax-Aben-Farax y Nacoz y el Niqueli, repitieron sus pregones: ni un
+solo morisco salió á la calle.
+
+Entre tanto las campanas de la Colegiata del Salvador tocaban
+apresuradamente á rebato, y empezaba á extenderse este toque á las
+torres de las demás parroquias.
+
+Desesperado Farax, y viendo que ya amanecia, que nadie le ayudaba, y que
+no llegaba el grueso de los monfíes, se decidió á abandonar la ciudad.
+
+Al pasar ya en retirada con sus dos cuadrillas por la calle de los
+Panaderos, se abrió una ventana y apareció un viejo.
+
+--¿Cuantos sois? preguntó á Farax.
+
+--Seis mil contestó, el alguacil mayor del reino.
+
+--Venís pocos y venís tarde; exclamó el viejo con desprecio, y cerró la
+ventana.
+
+Salióse ya enteramente desesperado Farax por el portillo por donde habia
+penetrado en el Albaicin, y antes de retirarse definitivamente quiso
+probar el último recurso, y subiendo al cerro de San Miguel hizo dar
+desde su cumbre otro pregon, y como nadie le contestase tampoco, gritó
+con todas sus fuerzas como si hubiera querido que le oyesen todos los
+moriscos del Albaicin:
+
+--¡Perros! ¡traidores! ¡cobardes! ¡que nos habeis engañado y no cumplis
+lo prometido! ¡quedaos en paz! ¡pero yo os juro que si vuelvo será para
+degollaros lo mismo que á los cristianos!
+
+Y seguidamente, rugiendo como un leon herido, se precipitó con sus
+trescientos monfíes por la ladera del cerro, y subiendo por el rio Darro
+tomó el camino del lugar de Cenes.
+
+Solo Dios sabe lo que hubiera acontecido aquella noche, si los moriscos
+del Albaicin se hubiesen levantado á la voz de Farax, ó si hubiesen
+llegado los restantes monfíes, que á causa de la nieve no pudieron
+atravesar la sierra.
+
+
+
+
+CAPITULO XXX.
+
+ Complemento del anterior.
+
+
+Entre tanto los soldados que habian huido de la plazuela del Salvador,
+donde como dijimos estaban de guardia, fueron á avisar á Bartolomé de
+Santa María, uno de los alguaciles encargados por el presidente Deza de
+rondar el Albaicin. Por el camino los soldados habian ido llamando á
+grandes voces al arma; mas estaban los vecinos tan descuidados, que
+creyendo que fuese burla, se asomaban á las ventanas gritándoles que
+callasen, y creyéndolos borrachos. Otros vecinos, salieron á medio
+vestir, asombrados, soplando las mechas de los arcabuces, y no sabiendo
+qué hacer ni adonde ir.
+
+Llegados, pues, el alguacil, los soldados y algunos vecinos á las casas
+de la Chancilleria, dieron parte de lo que sucedia al presidente Deza,
+aunque de una manera confusa é incompleta, porque el miedo que antes no
+les habia dejado ver, no les dejaba entonces hablar. El presidente hizo
+avisar al corregidor y al marqués de Mondéjar, y mandó al Albaicin al
+alguacil Santa María, para que se enterase bien del hecho y volviese á
+noticiárselo. Entre tanto el soldado que fue á avisar al marqués de
+Mondéjar estuvo detenido mucho tiempo en las puertas de la Alhambra, que
+no quisieron abrir, hasta que lo mandó el conde de Tendilla que andaba
+rondando por los adarves, y habia ya oido desde ellos la zambra y las
+voces de los monfíes en el Albaicin.
+
+El soldado le informó de todo, y el conde de Tendilla le llevó al
+aposento de su padre el marqués de Mondéjar, que no queria creer lo que
+le decian, hasta que afirmándole su hijo que habia escuchado
+instrumentos moriscos en el Albaicin, y el soldado que habia visto
+hombres vestidos y tocados como turcos, saltó del lecho, se armó y mandó
+que la gente de la fortaleza se pusiese en armas.
+
+Pero se encontró con que solo tenia ciento cincuenta infantes y
+cincuenta caballos: gente que no bastaba para defender el castillo,
+cuanto mas para sacarla de él. Tanto mas no sabiéndose el número de los
+enemigos, que podian ser muchos, puesto que solo en el Albaicin podian
+tomar las armas diez mil moriscos: en la ciudad habia muy poca gente
+bien armada de que poder disponer, y lo estrecho, peniente y tortuoso
+de sus calles favorecia á los moriscos para la defensa.
+
+Resolvióse por eso á no dejar la Alhambra hasta que amaneciese, y
+habiendo sabido que el alguacil que fué á reconocer el Albaicin no habia
+encontrado rastro de moro, ni mas que algunos vecinos asustados, mandó
+que las campanas cesasen de tocar á rebato y que subiesen algunas rondas
+para asegurar el Albaicin, no fuese que con el pretexto del alboroto,
+saqueara la gente de mal vivir las casas de los moriscos.
+
+El corregidor por su parte apenas recibió el primer aviso, montó á
+caballo y con algunos caballeros que se le presentaron armados, fué á
+situarse en la Plaza Nueva, delante del palacio de la Chancillería,
+donde recogió la gente que bajaba desbandada del Albaicin, y allí estuvo
+quieto hasta que amaneció, temeroso que el lance siguiese mas adelante.
+
+Habian encontrado los que fueron á reconocer el Albaicin el portillo
+abierto por los monfíes, y junto á él las herramientas de que se habian
+servido y un saco lleno de bonetes turcos: cuando fue de dia el marqués
+de Mondéjar dejó la Alhambra y bajó á la Plaza Nueva con don Alonso de
+Cárdenas, su yerno y sus hijos el conde de Tendilla y don Francisco de
+Mendoza, reuniéndosele en la Plaza Nueva los marqueses de Villena y
+Villanueva, el conde de Miranda y otros muchos caballeros que se
+encontraban en Granada siguiendo pleitos y otros muchos escuderos y
+gentes de guerra, que habian acudido temerosos de lo que aquello pudiese
+ser.
+
+En aquellos momentos un traginero dijo al marqués de Mondéjar, que habia
+encontrado á los monfíes caminando con dos banderas tendidas por detrás
+del cerro del Sol hácia el lugar de Casa Gallinas.
+
+Alborotáronse con estas noticias los que estaban con el capitan general,
+y quisieron marchar tras los monfíes. Pero el marqués de Mondéjar no lo
+consintió á causa de que era mas importante la seguridad de la ciudad, y
+de no saberse el número de los enemigos.
+
+Limitóse á enviar un escudero suyo con alguna gente á reconocerlos, y él
+con treinta caballos, cuarenta arcabuceros y los alabarderos de su
+guardia, subió al Albaicin; atravesó por medio de él sin encontrar una
+sola persona, porque los moriscos estaban encerrados y prevenidos en sus
+casas temerosos de ser robados: y llegando á la plazuela del Salvador,
+preguntó á algunos cristianos que se encontraban en ella, por qué no se
+veian moriscos por las calles y le respondieron que se habian retirado á
+sus casas.
+
+Entonces mandó á Jorge de Baeza que llamase á los principales de ellos y
+venidos y habiendo protestado que ellos no tenian culpa alguna de lo que
+habia sucedido, y que eran buenos y leales vasallos del rey, el marqués
+les respondió: que puesto se habian mostrado tales no acudiendo al
+llamamiento de los monfíes, continuasen en su lealtad, y que contasen
+con su amparo.
+
+Afectaron quedar muy contentos los moriscos, bajó á la plaza Nueva el
+capitan general, y como ya era bien entrado el dia se resolvió dar sobre
+los monfíes, y salieron cuando los que habian salido á reconocerlos
+trajeron noticia del camino que llevaban.
+
+Los monfíes seguian entre tanto su camino hácia la sierra y sin
+detenerse en los lugares de Dudar y Quentar pasaron por ellos y bajaron
+á Cenes, donde se detuvieron á almorzar, y habiendo sido avisados que el
+capitan general de Granada, se les venia encima tomaron de nuevo el
+camino por la falda de Sierra Nevada hácia el lugar de Dilar.
+
+El marqués de Mondéjar tomó por cima de Huetor hácia Dilar, y al llegar
+al campo de Gueni los caballos de vanguardia, descubrieron á los moros
+que iban ya embreñándose en la sierra.
+
+Don Alonso de Cárdenas apretó las espuelas á su caballo, y seguido de
+algunos ginetes, se puso en demanda de los monfíes creyendo poder
+alcanzarlos antes que se embreñasen; pero se lo impidió una cuesta muy
+agria que hay en el barranco del rio de Dilar, y tardaron tanto en subir
+y bajar, que los monfíes tuvieron tiempo de posesionarse de un cerro
+alto y muy áspero que se levanta á la derecha del pueblo, y poniendo las
+banderas en medio, empezaron á jugar sobre los del marqués las ballestas
+y los arcabuces.
+
+Mataron algunos soldados, pusiéronse en respeto á los demás, obligaron
+al marqués de Mondéjar á no pasar adelante, y luego tomaron lo áspero de
+la sierra, donde no podian subir los caballos, y burlando al marqués de
+Mondéjar, bajaron al valle de Lecrin, le sublevaron diciendo que dejaban
+alborotada á Granada, y se entregaron respecto á los cristianos que
+vivian en los pueblos del valle, á las mismas atrocidades que habian
+ensangrentado á Cádiar.
+
+El marqués mandó tocar á recoger, y cuando tuvo la gente formada; cuando
+vió que por su poco número se veia obligado á volver á la ciudad, tomó
+el camino de ella murmurando para su celada:
+
+--Los del consejo de Su Magestad creen que aqui no necesitamos ni
+hombres ni dinero, y si este descuido dura, Granada se perderá.
+
+En medio del camino le detuvo un soldado que traía para él una carta:
+aquella carta era del marqués de la Guardia, en que le daba cuenta de
+los terribles sucesos de Cádiar.
+
+
+
+
+CAPITULO XXXI.
+
+ De cómo supo Yaye que su mala estrella se le hacia cada vez mas
+ enemiga.
+
+
+Volvamos al marqués de la Guardia en el punto en que despues de haber
+escrito su carta para el capitan general se habia quedado solo.
+
+Era poco despues del amanecer.
+
+El marqués estaba en un estado de exaltacion terrible.
+
+Estaba loco.
+
+Solo se le oia murmurar.
+
+--¡Esperanza! ¡Mi Esperanza! ¡Mi hija!
+
+Y despues de murmurar estas palabras revolvia en torno suyo su mirada
+ensangrentada y furiosa.
+
+Abrióse la puerta del aposento, y un soldado le entregó una carta.
+
+Aquella carta decia:
+
+--«Caballero: ignoro por qué razon os he encontrado al frente de vuestra
+compañía en Cádiar, cuando es creia al lado de mi hija. Tengo derecho á
+que me satisfagais, y os mando que vengais á encontrarme, siguiendo al
+hombre que os llevará esta carta.--El emir de los monfíes.»
+
+--¿Dónde está el hombre que ha traido esta carta? dijo el marqués,
+guardándosela en el bolsillo.
+
+--Espera en el zaguan, señor, contestó el soldado.
+
+--Hacedle entrar.
+
+Entró un hombre de aspecto al parecer humilde, y miserable y pobremente
+vestido.
+
+El marqués se quedó solo con él.
+
+--¿Sabes quién te envia? dijo el marqués.
+
+Irguióse el mendigo.
+
+--Soy wali del poderoso emir de los monfíes, contestó: y me llamo
+Suleiman.
+
+--¿Y te atreves á decírmelo?
+
+--Si: tú eres tambien monfí.
+
+--¡Yo!
+
+--Si, tú: tú eres monfí, eres traidor.
+
+El marqués echó mano á su espada.
+
+--Sí, dijo Suleiman, sin inmutarse por el movimiento amenazador del
+marqués: eres monfí, porque eres esposo de la sultana Amina; y eres
+traidor, porque ayudas á los cristianos.
+
+--¡La sultana Amina! exclamó con acento rugiente el marqués: ¡sabes tú
+lo que ha sido de la sultana Amina! ¡sabes si está muerta ó viva... ó
+tal vez peor que muerta!
+
+Palideció profundamente Suleiman, y asió con furor un brazo del marqués.
+
+--¿Te habrás atrevido, perro cristiano?... exclamó.
+
+--Me la han robado, gritó el marqués, lanzando de sí á Suleiman, y con
+ella me han robado á mi hija.
+
+--¡Que te han robado á la sultana Amina! ¿y quién, quién? gritó
+Suleiman, sin temor de ser oido: ¿sabes tú lo que hará contigo el emir,
+sino le das cuenta de su hija, aunque te ocultes en medio de los
+escuadrones del rey de España?
+
+--¿Dónde está Aben-Aboo?
+
+--¡Aben-Aboo! ¡el compañero en el mando del emir! exclamó con extrañeza
+Suleiman, porque no sabia á dónde el marqués iba á parar.
+
+--¡Llévame, llévame á donde esté el emir! dijo el marqués: á él solo
+daré cuenta de lo que ha sucedido; llévame á donde esté el emir, y nada
+temas.
+
+--Yo nada temo, replicó Suleiman, pero puesto que obedeces á nuestro
+comun señor, sígueme.
+
+Calóse el marqués su morrion de hierro, envolvióse en una capa que le
+habian prestado, y siguió á Suleiman.
+
+En cuanto este estuvo fuera de la casa, tomó todo el aspecto de un
+mendigo anciano y enfermo.
+
+Bajaron torciendo por algunas callejas y salieron al campo: esto es, á
+la montaña.
+
+En cuanto estuvieron en ella, Suleiman se irguió de nuevo, y siguió
+adelante á gran paso.
+
+El marqués iba tras él.
+
+Pasaron algunos barrancos, en los cuales quedaba el fango del pasado
+aluvíon, y al fin Suleiman empezó á trepar por un sendero escarpado, á
+cuyo fin se veia la entrada de una cueva.
+
+Cuando llegaron á ella, el marqués vió que dentro se paseaba un hombre
+enteramente vestido á la usanza mora.
+
+Aquel hombre era el emir.
+
+Al sentir á Suleiman, se volvió: al ver tras él al marqués, se puso
+totalmente pálido, y con un ademan imperioso mandó á Suleiman que se
+retirase.
+
+El monfí descendió á la carrera por el sendero.
+
+Yaye y don Juan quedaron solos.
+
+--¡Cómo te encuentro aquí, mi buen hijo! exclamó el emir con un acento
+doloroso y reconcentrado, conteniendo mal su cólera.
+
+--Teneis razon, señor, dijo el marqués. Teneis razon en extrañar que me
+encuentre á vuestro lado porque debia estar muerto.
+
+Pronunció de tal modo el marqués estas palabras, que la irritacion del
+emir pasó para dejar su lugar al espanto.
+
+--¡Muerto! ¡y por qué! ¿y mi hija y tu esposa?
+
+--No sé qué ha sido de ellas, exclamó con desesperacion el marqués.
+
+--¡Habla! ¡habla! ¡acaba! no sé por qué veo en tus palabras, en tus
+miradas, los indicios de una gran desgracia.
+
+--¡Me la han robado! exclamó con acento rugiente el jóven.
+
+--¡Robado! ¡pero quién! ¡cómo!
+
+--¡Quién! Diego Lopez Aben-Aboo, exclamó el marqués: sí, le reconocí, y
+eso que solo le ví á la luz del fuego de un arcabuzazo; pero tenia fijos
+en mí los ojos con una expresion infernal... y luego oí su voz ronca que
+gritaba: ¡embreñaos! ¡embreñaos con ella!... despues nos separó la mano
+de Dios: una maldita avenida por el barranco donde nos encontrabamos.
+
+Yaye estaba aterrado, contraido, mudo, sin poder pronunciar una sola
+palabra.
+
+El marqués le refirió de qué manera habian sido sorprendidos, y cómo
+desesperado se arrojó con su caballo á la corriente.
+
+Despues continuó:
+
+--Yo debí perecer: la violencia de la avenida arrastraba á mi caballo:
+veia pasar rápidamente á ambos costados mios las sombras informes de las
+rocas: encontréme de repente fuera del caballo que se habia sumergido, y
+me sentí sumergir: pero tambien de repente me sentí alzado y me encontré
+sobre el tronco de un árbol que arrastraba la avenida. Por una
+casualidad aquel tronco se detuvo en una roca: yo tendí los brazos á
+aquella roca, y encontré por casualidad las raices de un árbol: trepé...
+y me encontré salvo, pero me encontré solo... solo... ¿qué habia sido
+entre tanto de mi Esperanza?
+
+El marqués inclinó la cabeza desesperado.
+
+--¡Mi hija...! ¡robada por Aben-Aboo! murmuraba entre tanto sordamente
+el emir.
+
+Y luego cerrando los puños, y levantando los ojos al cielo exclamó:
+
+--¡Oh! ¡es mucho, mucho castigo! ¡es demasiado! ¡es horrible, señor!
+
+Y luego volviéndose al marqués, continuó:
+
+--¿Pero estas seguro?... seguro de todo punto?
+
+--¡Oh! tan seguro estoy de ello, que donde quiera que le encuentre, he
+de beber la sangre de ese infame.
+
+--Pero, exclamó desconfiando aun en el emir, tú te encontraste solo en
+una roca en la montaña... en un terreno que no conoces, de noche... y
+despues te he encontrado con tu compañía en Cádiar: tu compañía estaba
+en Yátor.
+
+--La avenida me habia echado cerca de Yátor.
+
+--¿Pero cómo pudiste conocerlo, no siendo práctico en la tierra?
+
+--Se escuchaba á lo lejos el ladrido de algunos perros, y se veian
+algunas luces inmóviles entre la oscuridad; yo me dirigí adonde se
+escuchaban aquellos ladridos, adonde brillaban aquellas luces, y me
+encontré en Yátor. Entonces busqué á mi teniente Cristóval de Belorado,
+y le mandé reunir la gente, con la cual me encaminé á Cádiar, adonde
+llegué despues de la media noche. Yo sabia que Aben-Aboo era vecino de
+Cádiar, que tenia allí á su madre, y no sé por qué, estaba seguro de
+encontrar en Cádiar á Aben-Aboo. Y no me engañé. ¿Por qué huyeron los
+monfíes?
+
+--¡Huyeron!... porque yo no queria que tú murieses; porque yo los mandé
+retirar: pero en estos momentos, en el punto en que tú has salido de
+Cádiar, en el momento en que no puedes correr peligro, mis monfíes
+habrán envestido de nuevo la villa, y no dejarán ni uno solo de tus
+soldados vivos.
+
+--¿Y para qué quiero yo vivir?
+
+--¿Para qué? si es cierto lo que dices, ¿por qué quieres morir y no
+vengarte?
+
+--¿Y no me habeis impedido vos mi venganza?
+
+Yaye se estremeció: el hombre que habia robado á su hija, era su
+hermano; el hombre de quien con tanta justa causa queria vengarse el
+marqués de la Guardia, era su hijo.
+
+La fatalidad ó la justicia de Dios eran con él inexorables: él habia
+matado al padre del marqués de la Guardia creyéndole corruptor de su
+esposa, y el hijo del difunto marqués habia seducido á su hija: su hija
+habia enloquecido al príncipe don Carlos, le habia hecho traidor á su
+padre, y Felipe II se habia visto obligado á prenderle, á procesarle y
+acaso á matarle: Amina habia enloquecido tambien á Aben-Aboo, y le habia
+hecho traidor á su padre, rebelde, inobediente, feroz. Acaso Yaye, como
+Felipe II, se veria obligado á matar á su hijo por el bien de su pueblo.
+Acaso en medio de todo aquello podia haber horrorosos crímenes: el
+incesto, el fratricidio acaso: Amina, Aben-Aboo y Aben-Humeya ignoraban
+que eran hermanos, y los dos hermanos amaban á su hermana y estaban
+zelosos entre sí.
+
+El emir estaba consternado: la mas terrible desesperacion le torturaba
+el alma, la vida se le habia hecho de todo punto insoportable, y un
+remordimiento voraz le roia las entrañas.
+
+--¿Dónde te robaron tu esposa? dijo al fin dirigiéndose al marqués.
+
+--En un barranco, cuando caminábamos bien de prisa, porque segun decian,
+teniamos que atravesar una rambla peligrosa.
+
+--¿Y estábais ya cerca de esa rambla?
+
+--Si señor.
+
+--¡Ah de abajo! gritó el emir asomándose á la boca de la cueva.
+
+Poco despues subió Suleiman.
+
+--Que se reunan al momento cuarenta monfíes, y mi caballo.
+
+Poco despues el emir cabalgaba en el fondo del barranco y Suleiman, á
+quien habia hablado algunas palabras Yaye, dijo al marqués.
+
+--Sígueme, señor.
+
+El marqués miró á Yaye.
+
+--Síguele, síguele, hijo mio, dijo el emir: él te llevará á lugar
+seguro.
+
+El marqués siguió á Suleiman y Yaye siguió adelante con su gente, á gran
+paso, salvando todo género de obstáculos, por lo mas áspero de la
+montaña.
+
+De repente los monfíes que iban de descubierta, se detuvieron y se
+encararon las ballestas que llevaban armadas.
+
+--¿Quién va? gritó el que iba mas adelante.
+
+--¡Allah le ille Allah! gritó una voz muy conocida del emir.
+
+--¡Harum! exclamó Yaye haciendo saltar hácia adelante su caballo, al
+escuchar aquella voz.
+
+--¡Ah, poderoso señor! exclamó desesperado el wazir.
+
+--Nuestra hija nos ha sido arrebatada, gritó Calpuc.
+
+--Y mi sobrino ha perecido, dijo todo desencajado don César de Arévalo.
+
+--Y sobre todo, dijo para su capote Peralvillo, que estaba entre los
+recien encontrados; hemos pasado una muy mala Noche-buena con el agua á
+la rodilla y dando diente con diente.
+
+El emir desmontó y se apartó á un lado con Calpuc, Harum y don César.
+
+--¿Con qué es verdad? dijo.
+
+--Si, si, verdad es, dijo Calpuc: una horrible verdad. ¿Pero quién te lo
+ha dicho?
+
+--Basta que yo lo sepa, dijo el emir.
+
+--¿Y sabeis tambien, poderoso señor, quiénes han sido los ladrones?
+¿Sabeis quién puede haberlos pagado?
+
+--¡Qué! ¿no habeis podido vosotros conocer á los robadores?
+
+--Eran piratas berberiscos, dijo Harum.
+
+--Corsarios berberiscos eran, repitió Calpuc.
+
+--Si, si, unos horribles berberiscos, con bonetes encarnados, añadió don
+César de Arévalo.
+
+--¿Pero no sabeis que los monfíes que han ido á Granada con
+Farax-Aben-Farax, llevaban muchos vestidos berberiscos y bonetes
+colorados para hacer creer á los de Granada que habian venido á
+ayudarnos los africanos?
+
+--¡Ah! exclamó como quien encuentra una difícil solucion Harum. Ya decia
+yo. Farax-Aben-Farax debia ya de estar en marcha para Granada cuando
+sucedió la desgracia.
+
+--¿Y qué importa? ¿No pudiste conocer á ninguno de los robadores?
+
+--No señor.
+
+--¿Y por qué no los perseguísteis?
+
+--Nos lo impidió la tempestad, nos vimos encerrados entre de tres
+torrentes, dijo Harum.
+
+--Y tan verdad es esto, dijo entristecido don César, que mi sobrino, que
+se arrojó á la corriente para perseguir á los infames, fue arrastrado
+por las aguas sin que se sepa qué ha sido de él. Es necesario que
+averigueis lo que ha sido de mi sobrino, poderoso emir.
+
+--¿Qué me hablais de vuestro sobrino, cuándo he perdido á mi hija?
+exclamó Yaye; y luego volviéndose á Harum dijo: es necesario batir en
+derredor la montaña: los ladrones no deben estar lejos: deben haberles
+cortado el paso otros barrancos. Conmigo, caballeros, conmigo, y que nos
+proteja Dios.
+
+En vano el emir registró por aquella parte todos los barrancos,
+quebraduras y escondrijos de la montaña: nada se encontró.
+
+Yaye se volvió desesperado.
+
+No le quedaba otro recurso que ir á encontrar frente á frente á
+Aben-Aboo.
+
+Cuando volvió á Cádiar encontró á los monfíes al mando del Ferih
+enteramente apoderados de la villa.
+
+Su pronostico al marqués de la Guardia se habia cumplido.
+
+Cercada por todas partes y abrumada por el número la valiente compañía
+de arcabuceros, habia sucumbido toda, á excepcion del marqués de la
+Guardia de quien estaba apoderado Yaye, y del soldado que el marqués
+habia enviado al capitan general de Granada.
+
+La poblacion presentaba un aspecto horrible.
+
+No se veia en las calles mas que sangre y cadáveres; en la plaza estaba
+amontonado un botin sangriento, y algunas casas que habian sido
+incendiadas ardian aun.
+
+La atalaya y la huerta que habian servido de habitacion á Aben-Aboo,
+estaban desiertas: doña Isabel de Válor y Angiolina Visconti habian
+desaparecido.
+
+Cuando Yaye hizo buscar á doña Elvira de Céspedes no pudo darse con
+ella, y solo quedaban en la villa algunos moriscos aterrados y los
+monfíes triunfantes.
+
+Cuando Yaye preguntó por Aben-Aboo y por Aben-Jahuar el Zaquer, le
+dijeron que habian marchado á la taha de Jubiles.
+
+Aben-Humeya habia marchado tambien á la taa de Válor.
+
+Yaye envió dos de sus walíes con órden terminante de que se presentaran
+Aben-Humeya y Aben-Aboo.
+
+Pero Aben-Humeya contestó con altivez que era rey de Granada y que no
+obedecia á nadie, y Aben-Aboo no pudo ser encontrado.
+
+Yaye conoció que era llegada para él la hora de la expiacion.
+
+Entre tanto don César de Arévalo esperó en vano á que pareciese su
+sobrino, y cuando, no teniendo que hacer en las Alpujarras, se despidió
+del emir y se fué con Peralvillo á Granada, supo con horror que el
+capitan general habia recibido una carta del marqués de la Guardia,
+fechada en la madrugada del primer dia de Pascua, en que le participaba
+que con su compañia habia batído los monfíes y ocupado la villa de
+Cádiar.
+
+Todo el mundo, incluso don César de Arévalo, dió por cosa cierta, cuando
+se supo el degüello de la compañía por los monfíes, que el marqués de la
+Guardia habia perecido víctima de su lealtad al rey.
+
+Entonces, y no teniendo ya cosa que le detuviese en España, se fué con
+Peralvillo al Perú donde le llamaba su oficio de oidor de aquella real
+audiencia.
+
+Desde este momento don César y Peralvillo se nos pierden: no se sabe si
+se ahogaron en la travesía, ó si don César se murió de viejo haciendo
+injusticias á los peruanos.
+
+
+
+
+CAPITULO XXXII.
+
+ En que se ve que se estrechan las distancias entre nuestros
+ personajes.
+
+
+¿Qué habia sido de Angiolina Visconti y de doña Elvira de Céspedes?
+
+Vamos á decirlo sin rodeos á nuestros lectores.
+
+Aben-Aboo habia llevado á Angiolina á un caserío de sus parientes en la
+montaña donde no podia correr el menor peligro.
+
+Doña Elvira habia sido conducida por Laurenti, medio robada, engañada,
+al subterráneo de la Princesa encantada.
+
+Es tal la multitud de sucesos que se agolpan en esta parte, que se
+embrollan, en las viejas memorias que nos sirven de guia, que nos vemos
+obligados á desenredarlos y darles claridad, á dejar en suspenso la
+explicacion de la causa de algunos; de este número, es la razon que tuvo
+Laurenti para apoderarse de doña Elvira, y el por qué del consentimiento
+de doña Elvira á seguirle.
+
+En cuanto á doña Isabel de Córdoba y de Válor ya hemos apuntado
+anteriormente que Yaye la habia puesto en seguridad en la montaña.
+
+El marqués de la Guardia habia sido conducido por Suleiman, de órden de
+Yaye, al alcázar subterráneo de los emires de los monfíes.
+
+En cuanto á Amina y su hija nada podemos decir por ahora á nuestros
+lectores.
+
+Digamos algo á cerca de la rebelion, puesto que su historia nos llevará
+como por la mano al desenlace de los sucesos complicadísimos que vamos
+relatando.
+
+Lo que habia acontecido en la villa de Cádiar la noche del 24 de
+diciembre de 1568 habia acontecido en todas las villas de las
+Alpujarras.
+
+Los moriscos se habian rebelado enteramente apoyados en los monfíes,
+habian acometido á los cristianos, matado á los que no pudieron escapar,
+cautivando á las mujeres jóvenes, incendiando, robando, martirizando con
+una crueldad infinita: tan cierto es que cuanto mas dura y ferozmente ha
+sido tiranizado un pueblo, mas terrible, mas cruel, mas abominable es su
+venganza.
+
+Ni es nuestro objeto entrar en los detalles de aquellas inhumanas
+carnicerías, ni nuestro carácter se presta á ello: en el relato de los
+acontecimientos de Cádiar de que no hemos podido dispensarnos, no hemos
+tenido afortunadamente necesidad de presentar niños crucificados, y
+acañavereados, sacerdotes á quienes se arrancaba vivos el corazon;
+hombres quemados á fuego lento; horrores inauditos, venganzas
+monstruosas, que se llevaron á cabo en casi todos los lugares de la
+Alpujarra, y que empañaron la causa defendida por los monfíes, haciendo
+de ellos innobles ladrones y repugnantes asesinos.
+
+Yaye veia desvanecerse sus sueños: comprendia al fin que solo habia sido
+rey de una numerosa banda de malhechores, contenida por su espada,
+mientras no se habia llegado á un rompimiento decisivo, pero desbordada
+y alentada y puesta en insubordinacion por fatales elementos el dia del
+rompimiento. Alrededor de Yaye habia muchos caballeros entre ellos
+Harum, que conservaban la tradicional y generosa hidalguía de los
+antiguos árabes, pero que eran impotentes para contener el mal.
+
+Yaye conoció que en todo se habia engañado: pero cada uno de sus engaños
+habia sido para él de una trascendencia terrible.
+
+Yaye estaba desesperado.
+
+A mas de sus desgracias domésticas, que eran bastantes para desgarrarle
+el corazon, veia con espanto que la guerra se habia empezado con los
+peores auspicios posibles.
+
+La justicia, la opinion pública, la conciencia debian protestar y
+protestaban contra aquellas gentes que no cesaban de incendiar, de
+violar, de matar, de robar.
+
+Los horrores se sucedian sin intermision[27].
+
+Inmediatamente despues del alzamiento de Cádiar se alzó la taa de
+Poqueira; á continuacion los quince lugares ó alquerias de la taa de
+Orgiva; los once lugares de la de Ferreria; los veinte de la de Jubiles;
+los veinte de las taas de los dos Cebeles; los diez y nueve de la de
+Ujijar, todas estas villas y lugares, los primeros del alzamiento, lo
+verificaron, como Cádiar, el dia 24 de diciembre; despues y hasta el 1.º
+de enero del siguiente año de 1569, esto es: en el espacio de seis días
+se rebelaron los lugares de la tierra de Adra, las taas de Veria,
+Andarax, Dalias, Lucha, Marchena, Rio Boluduy, las tierras de Salobrena
+y Almería y el marquesado del Zenete: es decir: todas las Alpujarras y
+parte de la Axarquía de Málaga y de la provincia de Almería.
+
+Un número considerable de cristianos asesinados, cuyo número no seria
+exagerado determinándolo en diez mil, habian sido el terrible reto,
+lanzado por los moriscos al rostro de Felipe II; una oleada de sangre
+que estremeció á España, y que hizo se fijasen en ella las miradas de
+Europa; sombrío relámpago de una insurreccion comprimida hacia mucho
+tiempo, y que al fin estallaba salvaje en todo el esplendor de su
+horrorosa venganza.
+
+Encontró esta rebelion al marqués de Mondéjar sin gente y sin
+pertrechos: afortunadamente la tentativa de los monfíes sobre Granada
+habia fracasado: si por un acaso, por una combinacion mejor meditada, el
+estandarte de Mahoma llega á tremolar sobre las torres de la Alhambra,
+España se hubiera encontrado de repente acometida por un enemigo
+formidable: Africa entera se hubiera lanzado á los puertos españoles
+ocupados por los turcos y el ambicioso sultan de Constantinopla, el
+guerreador y terrible Selín II hubiera encontrado en España su campo de
+batalla contra la cristiandad.
+
+¿Quién sabe lo que pudo haber sido de Europa, por la imprevision de
+Felipe II, por lo antipolítico de su opresor fanatismo, por su ciega
+confianza en las fuerzas del clero y de las gentes de justicia? En el
+reino de Granada, como en todo país recien conquistado, se necesitaba un
+gobierno justo y benévolo para atraer, un ejército respetable para
+reprimir. Nada de esto habia; se azotaba al vencido, se le provocaba, se
+le excitaba á la rebelion, y no se tenia ningun medio represivo.
+
+Asi es que el marqués de Mondéjar no supo que hacer en los primeros
+momentos; urgia ir á apagar el terrible incendio de las Alpujarras y no
+contaba con fuerzas para ello: temia una acometida sobre la ciudad y no
+encontraba los medios de defensa: tenia los enemigos dentro de la casa,
+esto es: los moriscos del Albaicin, porque, aunque reprimidos y al
+parecer leales, porque no veian aun en los monfíes bastante apoyo para
+rebelarse, se rebelarian en el momento en que supiesen que un ejército
+turco venia en su ayuda; todo esto era inminente: urgia guarnecer la
+ciudad, y atravesando á todo trance por medio de las rebeladas
+Alpujarras, cubrir las costas.
+
+En este conflicto el marqués de Mondéjar apeló á la antigua usanza de
+Castilla, apellidó guerra: hizo llamamiento de gente á las ciudades y
+señores de Andalucia, con arreglo á la antigua obligacion de los
+concejos: puso banderas para el enganche de soldados aventureros, buscó
+cuantas armas, pertrechos y provisiones pudo, gran parte con su propio
+caudal y parte con la ayuda de los mas principales señores del reino de
+Granada, y como todos estos esfuerzos no bastasen para tanta empresa,
+escribió á Felipe II, manifestándole lo grave del suceso, y pidiéndole
+con urgencia capitanes, hombres y dinero.
+
+Entre tanto la ciudad estaba profundamente desasosegada: las noticias
+que se sabian cada dia de las Alpujarras, y los que venian de ellas
+aterrados y acaso maltratados y heridos, exagerando aun lo terrible de
+la rebelion, eran una continua ocasion de alarmas falsas: veíanse de
+repente correr los vecinos sin saber á donde con los arcabuces
+afianzados y las espadas desnudas; y volver á su casa despavoridos, solo
+por el pensamiento del peligro que no existia: todo era turbacion y
+miedo: desconfiaban los unos de los otros: las mujeres corrian á los
+templos á rogar á Dios, y las principales señoras se acogieron á la
+Alhambra, como lugar mas fuerte, siendo infinito el número de las
+familias que abandonaron á Granada: no se veian por todas partes mas que
+casas vacias y tiendas cerradas: los clérigos y los frailes en
+rogativas, y todos ansiosos por la venida de gentes de guerra.
+
+Las primeras que llegaron fueron las de Alcalá y Loja: una compañía fué
+por órden del marqués á Restabal, pueblo inmediato á las Alpujarras,
+para poner en salvo á los cristianos viejos, sus familias y haciendas;
+otras dos compañías se estacionaron en Durcal para impedir á los
+enemigos el paso á la ciudad, y el capitan don Diego de Quesada con una
+bandera de infantería y una corneta de caballos fué á ponerse sobre el
+puente de Tablate, lugar estrecho á la entrada de las Alpujarras.
+
+El presidente Deza por su parte, queriendo emular con el marqués de
+Mondéjar, escribió á don Luis Fajardo, marqués de los Velez, adelantado
+en el reino de Murcia y capitan general de la provincia de Cartagena,
+excitándole á que con sus gentes, y las de sus parientes y amigos,
+acometiese á los rebelados de las Alpujarras por la parte del rio de
+Almería: á lo que se prestó hidalgamente el marqués de los Velez,
+levantando banderas y empezando á reunir gente.
+
+La misma incertidumbre, la misma perplejidad de que estaban poseidos el
+capitan general, el presidente de la Chancillería y el corregidor de
+Granada, se habia apoderado de las cabezas de la rebelion.
+
+Yaye estaba aturdido; Aben-Aboo, oculto; Aben-Jahuar, receloso;
+Aben-Humeya, desalentado; al ver el poco efecto que habia hecho en los
+moriscos de la ciudad y de la Vega el alzamiento, no sabia qué partido
+tomar: y entre tanto la turba multa, esto es: los monfíes, los moros
+_gandules_ (entre monfí y morisco) y los moriscos rebelados, se
+entregaban á la matanza, al saqueo, al incendio y á toda clase de
+licencias, haciendo de la guerra una empresa de bandidos,
+desprestigiándola, haciéndola odiosa. El mismo aspecto repugnante y
+brutal que habia tomado la rebelion, la reconcentró en la montaña, sin
+poder pasar mas adelante; hizo que Selin II mirase con poco calor la
+ayuda de aquella empresa, que el dey de Argel, Aluch-Ali, mas ocupado de
+presas y piraterías que de este asunto, y mas siendo tan dudoso el de
+los moriscos, contestase á sus peticiones de socorro de una manera vaga,
+y que solo el rey de Fez, descendiente de los Xerifes, que por su
+religiosidad veia en la sublevacion de las Alpujarras una guerra santa,
+fuese con ellos mas esplícito.
+
+Pero lo que sobraba al Xerife de buenos deseos, le faltaba de fuerzas:
+temia exponer sus naves en el mar contra las galeras de España, y aplazó
+su socorro; limitóse solo, á formar una alianza con el dey de Argel, y á
+ayudar indirectamente á los moriscos, distrayendo las fuerzas marítimas
+de España en una empresa contra Túnez y Biserta.
+
+Si estaban divididos y empeñados en una vieja rivalidad, el presidente
+don Pedro de Deza y el capitan general don Iñigo Lopez de Mendoza, no
+estaban menos divididos los gefes de los moriscos.
+
+Aben-Humeya desalentado andaba errante de villa en villa; el emir de los
+monfíes se ocupaba mas de sus asuntos particulares que de la guerra;
+Aben-Aboo, conspiraba contra el emir, y contra Aben-Humeya, y
+Aben-Jahuar le alentaba, previendo el dia en que, quedándose solo
+Aben-Aboo pudiese vencerle haciéndole á su vez traicion y apoderándose
+de todo.
+
+De parte de los cristianos faltaban fuerzas: de parte de los moriscos
+conciencia: la lucha se habia reducido desde el principio
+empequeñeciéndose á una guerra de montaña que podia durar mas ó menos,
+pero sin otro horizonte por el momento, sin otros augurios que los de
+una sucesion de sangrientas escaramuzas sin resultado de una parte ni de
+la otra.
+
+España tenia su poder y sus ejércitos: los moriscos sus breñas
+inaccesibles, y su brabío y feroz espíritu su independencia; pero España
+podia, como lo hizo mas adelante, aislar el incendio é impedir que por
+la agregacion de nuevos elementos se extendiese.
+
+La balanza, pues, estaba igual al empezarse la guerra: entrambas partes
+se temian: entrambas estaban recelosas: entrambas contaban con temor las
+fuerzas probables que podria poner en accion la parte contraria.
+
+Porque ni los moriscos apreciaban bien las dificultades casi
+insuperables que tenia que vencer España, distraida en otras empresas
+para levantar enormes ejércitos, ni los cristianos sabian las tambien
+insuperables dificultades con que contaban los moriscos para procurarse
+una eficaz ayuda de sus correligionarios de Africa.
+
+Desalentado Aben-Humeya, se salió un dia solo de Lanjaron, resuelto á
+pasar á Africa abandonando la empresa, y no atreviéndose ya en razon al
+estado de las cosas á demandar perdon del rey de España.
+
+Encontráronle unos monfíes atravesando un barranco, á pié triste,
+cabizbajo, llevando el caballo del diestro.
+
+Aquel encuentro fue para él decisivo; fue, puede decirse, una prision:
+desde entonces Aben-Humeya, á pretexto de lealtad estuvo vigilado,
+pusiéronle casa real á usanza de los antiguos reyes de Granada: le
+casaron con tres moriscas principales, una del Albaicin, otra del rio
+Almanzora, y otra de Tabernas: procuráronle un pequeño harem con las mas
+bellas de las cristianas que habian robado en las villas y lugares
+entrados á sangre y fuego, y le obligaron á desnudar la espada y á
+dirigir la guerra.
+
+Dividió los moriscos y los monfíes en dos ejércitos: el uno ocupó el
+camino de Orgiva, entre Granada y la entrada de las Alpujarras al
+Levante de Almería, al Poniente de Salobreña y Almuñecar, y al Norte de
+Granada. El otro ejército adelantó sobre Granada, poniéndose sobre
+Durcal, pero habiendo sido rechazado despues de una noche de combate
+dudoso (4 de enero de 1569) por las gentes de las compañías de Lorenzo
+de Avila y de Gonzalo de Alcántara, que fueron socorridas por el marqués
+de Mondéjar, que con dos mil infantes y cuatrocientos caballos se habia
+puesto sobre la villa del Padul, se retiraron del centro de las
+Alpujarras al Laujar, barrio inmediato á Válor el Alto, y allí se
+hicieron fuertes y sentaron sus reales.
+
+En tal estado se encontraba la guerra de Granada al empezar el año de
+1569.
+
+
+
+
+CAPITULO XXXIII.
+
+ En que el autor deja la historia para tomar otra vez la novela.
+
+
+Aben-Jahuar y Aben-Aboo, habian abandonado, no sin razon la escena
+pública, por decirlo asi.
+
+La noche del 24 de diciembre del año anterior, esto es, aquella terrible
+noche en que la esterminadora venganza de los monfíes habia caido sobre
+Cádiar: en el momento en que el marqués de la Guardia al frente de sus
+soldados, cargaba sobre los enemigos y llamaba á Aben-Aboo ansioso de
+matarle: cuando el emir al ver en peligro al marido de su hija mandó
+retirar á los monfíes, Aben-Jahuar al parar junto á la embocadura de una
+oscura calleja habia asido á su sobrino de un brazo y le habia
+arrastrado consigo.
+
+--¿A dónde me lleváis? dijo el jóven.
+
+--Sigue, sigue aprisa, dijo Aben-Jahuar: es preciso huir del peligro.
+
+--¿Pero qué peligro nos amenaza? esta es una retirada falsa, sin duda,
+para sacar á esos perros de la plaza.
+
+--Los cristianos no son en estos momentos nuestro peligro. El peligro
+está entre nosotros. Nuestro peligro es el emir de los monfíes.
+
+--¿Nos hará acaso traicion?
+
+--No me entiendes. El emir no puede hacer traicion á los moros. El emir
+matará hasta el último de esos cristianos, pero será cuando no esté
+entre ellos su hijo, el duque de la Jarilla.
+
+--¡Ah!
+
+--El emir llamará al duque, le robará, si es necesario, para salvarle, y
+cuando el duque de la Jarilla, esto es, el esposo de Amina hable con el
+emir, eres hombre perdido.
+
+--¡Ah!
+
+--Fuiste muy imprudente cuando nos apoderamos de Amina, te olvidaste de
+ponerte el antifaz. El resplandor aunque momentáneo de los disparos de
+las escopetas de nuestros hombres, bastó para que el marqués, que estaba
+cerca de ti en el barranco, te reconociera.
+
+--Acaso os equivoqueis: con la turbacion del lance, con una noche tan
+oscura...
+
+--El duque...
+
+--Me martirizais con llamar duque á ese hombre.
+
+--Pues bien: el marqués de la Guardia, es valiente y sereno, y no hay en
+él, por grande que sea el peligro, turbacion que le impida ver pronto, y
+bien; tú eras el que estabas turbado...
+
+--Yo no soy cobarde.
+
+--Pero tenias ansiedad por apoderarte de Amina: por lo mismo no pudiste
+oir lo que yo oi; el marqués te llamó por tu nombre y te apellidó
+infame, ladron y asesino. Poco despues la avenida del barranco le
+arrastró; yo di la cosa por concluida... porque ¿quién habia de pensar
+que el marqués se salvase? Sin embargo, se ha salvado: el emir le ha
+visto entre los soldados que combatian en Cádiar, y no ha mandado
+retirar al verle sino para salvarle. Le salvará, lo sabrá todo. ¿Qué
+piensas tú responder al emir cuando te pregunte por Amina? ¿puedes
+entregarle su hija?
+
+--¡Ah! exclamó Aben-Aboo.
+
+--Anda, pues, mas de prisa, sobrino; es necesario que nos perdamos: que
+no puedan dar con nosotros.
+
+--¿Pero no considerais que perdernos ahora, es perdernos para siempre?
+
+--Es que estaremos poco tiempo perdidos.
+
+--No os entiendo; ¿creeis que mañana no me preguntará Yaye por su hija?
+
+--Dentro de algun tiempo no podrás temerle.
+
+--Explicaos, explicaos, tio, porque no os entiendo.
+
+--Hablemos, pues, sin rodeos. Es necesario que muera el emir.
+
+--¡Que muera! pero no es tan fácil matarle.
+
+--Tú le matarás.
+
+--¡Ah! sois mas sanguinario y mas cruel que yo.
+
+--Conozco la necesidad. Y entre matar y morir, prefiero matar.
+
+--Pero mi pobre madre... mi pobre madre que le ama.
+
+--Tu madre le amaba antes de casarse con tu padre.
+
+--¡Tio! ¡tio! ved lo que decís.
+
+--Yaye debió casarse con tu madre; el casarse con ella costó la vida á
+tu padre.
+
+--Harto lo sé, dijo roncamente Aben-Aboo: me lo ha dicho Angiolina, que
+no sé por qué, aborrece al emir.
+
+--Le aborrece porque el emir es padre de Amina, y Amina ha robado á
+Angiolina Visconti, que este es su verdadero nombre, el hombre á quien
+amaba, porque la princesa ama con toda su alma al marqués de la Guardia.
+
+--Parece que Satanás habla por vuestra boca. ¿No sabeis que estoy
+enamorado de esa mujer?
+
+--Por lo mismo mata al emir, para poder matar despues al marqués de la
+Guardia.
+
+--¿Olvidais que el emir me ha proclamado su sucesor, y su compañero en
+el mando? ¿que los monfíes me miran ya como su señor?
+
+--Pues mejor, mucho mejor; los monfíes no tienen necesidad ninguna de
+saber que tú has matado al emir, y cuando él haya muerto, tú serás el
+rey único y absoluto de esos valientes. Con ellos, y alguna habilidad,
+puedes dar de través con Aben-Humeya, y quedar único rey de Granada.
+
+--Me aconsejais que atraviese un lago de sangre.
+
+--Cuando se buscan coronas, los cadáveres se pisan.
+
+--Si al menos el emir hubiera tenido una parte directa en el asesinato
+de mi padre... pero quien le mató fue vuestro difunto hermano... por mas
+que ha hecho Angiolina no ha podido hacerme ver claro que el emir tomase
+parte alguna en aquel crímen. Vos, que en aquella ocasion acompañábais
+al verdadero asesino...
+
+--¿Quién te ha dicho que mi hermano fue el autor de esa muerto? Monfíes
+fueron los que la mataron.
+
+--Probadme que asesinó á mi padre...
+
+--¡Le matarás, sobrino, le matarás!... y para ello te ayudará tu madre.
+
+--¡Mi madre! ¡mi madre que tanto le ama!
+
+--Te ayudará sin saberlo: pero adelante sobrino, adelante, que ya viene
+el dia.
+
+--¿Pero dónde nos ocultaremos?
+
+--¿Dónde? en el lugar donde murió tu padre.
+
+--¡Ah! exclamó Aben-Aboo.
+
+En efecto, el dia se entraba por el Oriente á buen andar, y á buen andar
+tambien Aben-Jahuar y Aben-Aboo, se perdieron entre las quebraduras de
+la montaña.
+
+
+
+
+CAPITULO XXXIV.
+
+ De cómo puede parecer feliz y aun serlo á medias un desgraciado.
+
+
+En vano, como sabemos, habia pretendido Yaye apoderarse de Aben-Aboo.
+
+Aben-Aboo no parecia.
+
+Del mismo modo Angiolina Visconti, doña Elvira de Céspedes y Aben-Jahuar
+habian desaparecido.
+
+En vano Yaye apuró cuantos recursos tenia en su mano para descubrir su
+paradero.
+
+Los monfíes no pudieron dar con ellos.
+
+Entonces Yaye desesperado se volvió á buscar consuelo á la única persona
+que podia dárselo: á doña Isabel de Córdoba y de Válor.
+
+Pero para que esta pudiera darle aquel consuelo, era preciso que fuese
+feliz.
+
+Para esto era preciso engañarla hasta cierto punto.
+
+Y decimos hasta cierto punto, porque una de las cosas que Yaye
+necesitaba hacer para que la felicidad de doña Isabel fuese una verdad,
+era bautizarse y casarse legitimamente ante la Iglesia Católica con
+ella.
+
+Y la conversion de Yaye no era una mentira.
+
+Fuese que la desgracia continuada y terrible hubiese creado en su
+corazon una ardiente necesidad de consuelo; que hubiese llegado á ese
+caso extremo en que el corazon humano se levanta al cielo, buscando en
+Dios la resignacion y la fuerza, y que el Dios del islamismo no
+pareciese á Yaye tan grande, tan misericordioso, tan inagotable de
+consuelos, como el Dios que, todo caridad, se humanizó, y lavó con su
+sangre las culpas de los hombres; fuese que su amor hácia doña Isabel
+influyese en él bajo el punto de vista religioso, Yaye se habia
+convertido; Yaye habia dejado hacia mucho tiempo de rogar al dios de
+Mahoma, para levantar su espíritu á Jesús crucificado: Yaye era
+cristiano de corazon.
+
+Acaso tambien consistió en que del islamismo al cristianismo no hay mas
+que un solo paso; creer en un misterio altamente poético: en la
+maternidad de una vírgen.
+
+Acaso tambien, perdida la ambicion y el odio que ciegan, habia
+comprendido Yaye lo que antes habia comprendido Amina: que la religion
+cristiana es una religion eminentemente grande, racional, conveniente,
+como por su esencia divina lo es, y no puede dejar de serlo: acaso
+influyó en él el pensamiento de que habia atribuido injustamente á la
+religion mas dulce, mas caritativa, mas pacífica, las crueldades, la
+intolerancia y el fanatismo que solo pertenecian á los vicios y á los
+errores de los hombres.
+
+Yaye, como todo hombre dotado de un gran espíritu y de una alta
+inteligencia, habia discutido y combatido mucho en su pensamiento, y no
+se convirtió al cristianismo, sino cuando su razon le dijo que debia
+convertirse.
+
+Si Yaye hubiese pensado del mismo modo veintidos años antes, acaso
+hubiese sido feliz; y lo que es indudable, no hubiera llenado su
+conciencia de remordimientos.
+
+Perdido todo, familia, patria, porque Yaye desde el momento en que
+empezó la guerra, la vió vencida; desesperado hasta el último punto,
+buscó su consuelo en la embriaguez: porque lo único que podia ya
+embriagarle era el amor de doña Isabel.
+
+Yaye la habia llevado la misma noche de la sangrienta catástrofe de
+Cádiar á su heredad de Yátor.
+
+Un respetable número de monfíes aseguraba de todo peligro al último
+tesoro de Yaye.
+
+El emir no habia dejado de verla un solo dia, ni de tranquilizarla
+acerca de su hijo: Yaye habia guardado un profundísimo secreto acerca de
+la terrible posicion en que se encontraba colocado respecto á Aben-Aboo.
+
+Porque si Yaye hubiera revelado á doña Isabel que su hijo se habia
+apoderado de su hermana; que probablemente habria cometido, sin saberlo,
+uno de estos dos horribles crímenes: el fratricidio ó el incesto,
+hubiese desgarrado el corazon de aquella pobre mujer que tanto habia
+sufrido, que habia olvidado todas sus penas desde el momento en que
+habia visto á Yaye en la senda de la salvacion y del honor, profesando
+el cristianismo y desenvainando su espada en defensa de un pueblo
+oprimido, y que se habia quitado su luto, llevado veintidos años, cuando
+habia desaparecido el luto de su corazon.
+
+Yaye, pues, guardó un profundo secreto acerca de aquellas horribles
+desgracias: del mismo modo doña Isabel, sacada á tiempo de Cádiar, no
+habia podido ser testigo de la ferocidad con que habian manchado la
+justicia de su causa los monfíes: doña Isabel creía que se habia
+empezado una guerra justa, noble y leal: la guerra entre el oprimido que
+rompe sus cadenas y el tirano que lucha por ponérselas de nuevo: doña
+Isabel, creyente de corazon, confiaba en que Dios, que es misericordioso
+y ayuda al débil y al desventurado, sea cualquiera su religion, ayudaria
+á los moriscos, y completando el milagro, los convertiria despues: doña
+Isabel lo veia todo de color de rosa, y era porque todo lo veia á través
+de su virtud, de su caridad y de su amor.
+
+Una noche entró Yaye en su heredad de Yátor.
+
+Doña Isabel estaba impaciente porque tardaba mas que otras noches: al
+sentirle cerca doña Isabel, se levantó de junto á la chimenea donde
+estaba sentada, se arrojó en sus brazos, le estrechó palpitante de
+pasion entre ellos, y le besó en la boca.
+
+No extrañen esto nuestros lectores, porque Yaye y doña Isabel eran
+esposos.
+
+El dia anterior un sacerdote, salvado por Yaye del furor de los monfíes,
+habia venido con él á la heredad.
+
+El buen anciano, porque anciano era, demostraba ardientemente su
+gratitud á Yaye. Cuando Yaye le dijo que queria bautizarse, lloró de
+alegría: sin embargo, se informó minuciosamente de si Yaye conocia el
+espíritu del Evangelio, si era cristiano por su voluntad; y cuando
+estuvo seguro de ello, le bautizó: despues, cuando pidió que le casase
+con doña Isabel, se informó asimismo de la cristiandad de ella, y al
+fin, de una manera misteriosa, sin testigos, arrodillados á los piés del
+anciano sacerdote, Yaye y doña Isabel recibieron la bendicion de Dios, y
+se levantaron asidos de las manos, convertidos en uno por su sagrada
+alianza.
+
+Inútil es creer que Yaye cuidó de que el anciano sacerdote fuese puesto
+fuera de peligro en Granada por los mas leales de sus monfíes.
+
+Pero ninguno de estos supo, incluso Harum-el-Geniz, que Yaye se habia
+bautizado, ni mucho menos casado con doña Isabel.
+
+Sabian si que al hacer su compañero en el mando á Aben-Aboo, debia
+casarse con su madre en un breve plazo.
+
+La noche en que dijimos que Yaye habia entrado en la habitacion donde se
+encontraba doña Isabel, y se habia arrojado entre sus brazos, iba
+deslumbrantemente vestido.
+
+Doña Isabel por el momento no reparó en ello, pero cuando se separó de
+él y le miró, lanzó un grito de niña, un grito de alegría y exclamó:
+
+--¡Oh! ¡y qué hermoso y qué resplandeciente estás, rey mio!
+
+--¡Oh! ¡no estás tú menos hermosa y resplandeciente mi sultana! contestó
+sonriendo de una manera melancólica Yaye.
+
+En efecto, Yaye y doña Isabel estaban vestidos de una manera maravillosa
+por lo bello y al mismo tiempo por lo sencillo de sus vestiduras.
+
+Doña Isabel llevaba por la primera vez de su vida un traje árabe: aquel
+traje se lo habia enviado aquel mismo dia Yaye en una caja de sándalo, y
+dentro de aquella caja, sobre aquel traje, habia encontrado doña Isabel
+un cofrecillo de ágata, y dentro de este cofrecillo una riquísima
+diadema de oro, perlas, rubíes, amatistas y diamantes y un collar de
+gruesas perlas, todas iguales, como vaciadas en un mismo molde, con un
+broche en que campeaba un gruesísimo brillante, rodeado de rubíes:
+aquellas perlas se parecian de tal modo á las que Calpuc habia vendido
+en otro tiempo al aleman Franz, que era de sospechar que hubiesen
+provenído del Nuevo Mundo: era tan rico este collar, que podia dar tres
+vueltas al magnífico cuello de doña Isabel, lo que significa que el
+collar valia un tesoro: habia asimismo en el cofrecillo dos arracadas
+tan grandes, que podian descansar sobre los hombros y tan cuajadas de
+pedrería que relumbraban como soles; últimamente, dos ajorcas ó
+brazaletes formados por tres filas de perlas compañeras de las del
+collar, y con enormes y bellos broches de pedrería; una flor de gran
+tamaño de diamantes, perlas y esmeraldas, destinada á servir de herrete
+sobre el pecho, á la túnica interior de brocado blanco y encajes que
+venia entre las ropas, y un ceñidor maravilloso, en el que formando
+arabescos, se veian todas las piedras preciosas conocidas formaban el
+riquísimo aderezo destinado por Yaye á su esposa.
+
+Las ropas eran una túnica de brocado de seda y plata, formando
+arabescos, delicada, feble, como la tela mas sutil, ancha, flotante, que
+la caia hasta los piés, determinando por detrás una pequeña cola
+redonda: y esta túnica cerrada en la parte superior sobre el pecho por
+el herrete de que hemos hablado, dejando ver en su abertura, hasta el
+ceñidor, riquísimos encajes de Flandes; sobre esta túnica un caftan de
+brocado verde mar con grandes arabescos negros de terciopelo
+sobrepuesto; con anchas mangas perdidas; con falda hasta la rodilla, y
+sobre este caftan, descendiendo de la diadema, un largo veto de gasa de
+plata salpicada de pequeñísimas violetas de oro.
+
+No podia ser esta traje mas sencillo á pesar de su riqueza, ni una mujer
+cuya hermosura, cuya expresion, cuya poesia pudiesen estar mas en
+relacion con la hermosura y con la riqueza del traje.
+
+Doña Isabel, durante su juventud, es decir, antes de su desastrado
+casamiento con Miguel Lopez, habia sido la doncella, que por su
+hermosura y por la riqueza de sus trajes y joyas, se habia hecho mas
+reparable en el Albaicin. Su hermano don Diego la habia amado con
+delirio, acaso porque era la única mujer de la familia, acaso porque
+doña Isabel se hacia amar de todo el mundo: á pesar de sus ruinosos
+dispendios, don Diego, no solo no habia tocado á las ricas joyas de
+familia que habia heredado de su madre, como su madre de la suya, y asi
+sucesivamente desde la primera abuela de su raza la sultana Howara,
+esposa de Abd-el-Rahman-Aben-Moavia, primer califa onmiade de Occidente,
+sino que habia aumentado cuanto habia podido el número de aquellas joyas
+puramente árabes, con otras puramente del renacimiento, y sostenido una
+magnífica coleccion de costosísimos trajes á su hermana. Doña Isabel
+estaba, pues, acostumbrada á las galas y á las joyas; es mas, la
+agradaba porque la agradaba todo lo bello, pero habia usado de unos y
+otras sin afectacion y sin orgullo, y habia dejado de usarlas sin pena,
+desde el momento en que por sus desgraciados amores con Yaye, por su
+casamiento con Miguel Lopez, y por la extraña fatalidad que la habia
+arrojado casada y vírgen entre los brazos del hombre de su amor, habia
+perdido la alegría de su alma: desde entonces, y durante veinte y dos
+años, solo habia vestido un sencillo traje negro de lana, y una toca
+blanca, y lo que es mas, por amor á su hijo, y para que nada le faltase,
+habia vendido una á una y sin pena las admirables joyas de las sultanas
+y damas sus abuelas, como las que debia á su hermano, y los ricos trajes
+con que se habia engalanado en su tranquila juventud: doña Isabel habia
+vivido apartada del mundo, replegada en si misma, viviendo solo para su
+hijo y para su amor, que era el recuerdo de Yaye; llorando á solas con
+su lecho; inflamando su corazon en el candente recuerdo de la terrible
+felicidad que habia producido como una consecuencia maldita á Aben-Aboo,
+rogando á Dios con toda la pasion de su alma, porque reducido Yaye al
+cristianismo, pudiera abrirle sus brazos.
+
+Aquel dia habia llegado: Yaye era cristiano: Yaye era su esposo: doña
+Isabel habia arrojado lejos de sí con su traje de luto el luto de su
+alma: como su alma se habia engalanado con todas las flores, con todos
+los perfumes de la felicidad, cuando recibió el rico canastillo de bodas
+de Yaye, al que acompañaban dos esclavas para servirla de doncellas,
+Doña Isabel, que habia vuelto á ser la niña, habia visto aquellas joyas
+y aquel traje con placer, se habia perfumado, se habia puesto aquellas
+galas, y se habia contemplado al espejo: entonces su alma habia
+sonreido, y su conciencia íntima la habia dicho:
+
+--Eres mas hermosa que hace veinte y dos años: eres la alegría y la vida
+de Yaye.
+
+Y doña Isabel habia llorado de felicidad, y habia esperado impaciente á
+su esposo, con lo mas hermoso que la naturaleza produce, sobre su
+hermosura, con la magnífica y pura frente ceñida por la diadema de las
+sultanas.
+
+Si no alcanzais á soñar en cuerpo y en alma, una mujer tal como la que
+el autor ve en su pensamiento, viva, palpitante, irresistíble, al
+describiros á doña Isabel, debeis sentirlo porque perdeis un bellísimo
+sueño: y como la vida es sueño....
+
+Pero esto es muy vulgar. Os describiremos á Yaye.
+
+Su traje era mas sencillo que el de doña Isabel, y pertenecia á la moda
+de los tiempos medios de la dominacion árabe en España: una pequeña
+corona de oro macizo de puntas, lisa y sencilla: alrededor de la corona,
+una toca blanca, cuyo extremo, cayendo del lado ízquierdo de la cabeza,
+ondulaba sobre el pecho y venia á caer á su espalda pasando sobre el
+hombro derecho: una túnica ceñida de brocado verde con arabescos negros,
+grandes y sobrepuestos, larga hasta las rodillas, cerrada en el cuello
+sobre una camisa blanca y plegada, y abrochada por delante con una sola
+fila de botones de piedras preciosas: una faja de seda y oro ceñida á la
+cintura: una espada árabe con empuñadura de oro cincelada en arabescos
+con inscripciones cúficas esmaltadas, y un grueso brillante en el pomo:
+unas calzas de seda ceñidas, á grandes listas rojas y negras: unos
+borceguíes de tafilete verde bordados con hilo de plata, y sobre este
+traje una especie de toga talar negra, abierta por delante, con mangas
+perdidas y forrada de armiños.
+
+Doña Isabel llevaba asido de la mano á Yaye hácia la chimenea.
+
+--¡Oh! ¡y como tiemblas! le dijo: hace mucho frio, ¿no es verdad?
+
+Yaye no temblaba por el frio, sino por la poderosa conmocion que le
+dominaba, cuando quería, acobardado por su destino, olvidarlo todo y
+embriagarse con el amor, con la hermosura, con el irresistible encanto
+de doña Isabel.
+
+--Sí, sí, el invierno es crudo, dijo Yaye asiendo por la redonda cintura
+á doña Isabel, que llena de solicitud, con todas sus galas, se habia
+inclinado sobre la chimenea para avivar su fuego.
+
+--Siéntate, luz de mi vida, la dijo Yaye; tengo que hablarte.
+
+--Me dices eso de una manera demasiado séria, dijo palideciendo doña
+Isabel.
+
+--Nada temas, la dijo sonriendo melancólicamente Yaye.
+
+Y asiendo un sillon, le unió al de doña Isabel; se sentó en él y asió
+las manos de su esposa que le miraba con ansiedad.
+
+--¿Por qué esa palidez, Isabel? la dijo Yaye que empezaba á embriagarse
+y á olvidarlo todo delante de ella. ¿Acaso no tienes una gran confianza
+en mí?
+
+--Despues de Dios en nadie confio tanto como en tí, Yaye: pero desde que
+puedo llamarme legítimamente tuya: desde que puedo levantar mi frente
+tranquila y feliz, porque mi felicidad no puede avergonzarme... ¡oh! un
+vago cuidado se ha apoderado de mí: un recelo misterioso, que me he
+apresurado á arrojar de mi alma: si, si, yo te amo; no sé cómo hacerte
+comprender cuánto te amo: mira: lo que voy á decirte, es terrible, no
+debiera ser.... pero.... te amo mas... infinitamente mas, sin
+comparacion, ya lo creo.... te amo mas... ¡que á mi hijo! ¡que al hijo
+de mis entrañas!... es mas: cuando al fin Dios ha tenido compasion de
+mí, y te me ha dado, he comprendido que amaba á mi hijo, porque era hijo
+tuyo... he comprendido y me he sonrojado al comprenderlo.... que cuando
+durante mi viudez y mi luto, pasaba no sé cuánto tiempo bebiendo la
+mirada de nuestro hijo, fijos mis ojos en los suyos... era porque en la
+mirada de nuestro hijo hay algo de la tuya... ¡oh! no sabes cuánto me he
+desesperado, cuánto he vacilado cuando he recibido tus cartas; cuánto he
+deseado llorando estrecharte contra mi corazon: ¡oh! yo te he amado
+siempre asi; desde el dia en que te ví... desde el tiempo en que
+pasábamos tan dulces mañanas cada cual en su mirador no he olvidado
+nada... nada... y cuando veia que el tiempo no me hacia vieja; que á
+pesar de los años, porque ya estamos cerca de las puertas de la vejez,
+mi corazon era siempre el corazon de una niña: cuando por un privilegio
+sin duda, veia,--yo puedo y debo decírtelo todo, todo lo que pienso,
+todo lo que siento,--veia, que mis ojos eran cada vez mas brillantes, y
+que me hacia mas hermosa... ¡oh! ¡y cómo la modesta viuda, la que
+siempre tenia fijos los ojos en el suelo delante de las gentes, la que
+siempre estaba pálida, oh y cómo se contemplaba al espejo! ¡y cómo se
+coloraban sus mejillas, y cómo decia su corazon: gracias Dios mio,
+porque me conservas hermosa para mi Yaye! ¡haz Dios mio, que crea en tí
+para que yo pueda unirme á él! ¡para que pueda mirarme en sus ojos como
+me miro en este espejo!
+
+Y al decir estas palabras doña Isabel, atrajo á sus labios las manos de
+Yaye y las besó suspirando.
+
+Yaye estaba al fin embriagado: lo habia olvidado todo: no veia mas que á
+doña Isabel, y no la veia en la tierra, se creia con ella en el cielo.
+
+Y esta embriaguez de Yaye, que era hermoso, daba tal expresion á su
+semblante, tal lucidez á sus ojos, que doña Isabel abria toda su alma
+para que la fecundase aquel amor.
+
+--Y mira, añadió doña Isabel: si nos hubiéramos casado entonces, yo
+nunca te hubiera dicho esto, aunque pensaba del mismo modo; y no hubiera
+sido tan feliz, porque no hubiera conocido la desgracia.
+
+Estaba tan dominado Yaye, que no contestó.
+
+--Escucha, dijo doña Isabel inclinándose sobre su semblante, colorada de
+un leve rubor y con el acento ligeramente trémulo: anoche, ya tarde,
+dormias: yo no: la felicidad, lo inmenso de mi felicidad, no me dejaba
+dormir: la lámpara iluminaba blandamente tu semblante: tu sueño parecia
+fatigoso, tu aliento ronco: yo velé tu sueño; yo hubiera querido leer á
+través de tu hermosa frente tus pensamientos: yo te contemplaba
+enamorada y cuidadosa, me parecia que el ensueño que se habia apoderado
+de tí te hacia sufrir; de repente tu entrecejo se plegó de una manera
+terrible, tu semblante todo tomó un aspecto de amenaza, tu boca una
+expresion cruel, feroz, y con una voz ronca, con palabras apenas
+articuladas, murmuraste: ¡Amina! ¡Aben-Aboo! yo me incliné sobre tí, uní
+casi mis oidos á tus labios, y sentí tu aliento que abrasaba, pero no oi
+ni una palabra mas.
+
+--¡Oh! dijo Yaye sonriendo, acabo de separarme de mi hija; mi hijo vela
+en la montaña frente al cristiano, ¡mientras yo duermo entre los brazos
+de su madre!
+
+--Porque yo lo soy todo para tí, como tú lo eres para mí, exclamó con
+acento opaco y ardiente doña Isabel: porque olvidas entre mis brazos
+como yo olvido entre los tuyos... pero esos son breves momentos: algunas
+horas robadas á la realidad; despues nuestro mismo amor vuelve sobre
+nuestros hijos: ¿no es verdad?... ¿no es verdad que nos engañamos cuando
+creemos que los amamos menos que á nosotros mismos?... ¿cómo hemos de
+amarlos menos? ¿acaso no son ellos tu sangre? ¿acaso mi hijo no es un
+pedazo de mis entrañas? ¡Yaye! ¡Yaye de mi alma! tú, y tus hijos y yo...
+no somos mas que un solo corazon...! ¡no los olvidamos anegándonos en
+nuestro amor, porque ellos son hijos de nuestro amor!
+
+--Es necesario romper á todo trance la situacion en que nos encontramos:
+yo era valiente cuando era desgraciado, cuando nada tenia que perder...
+ahora que te tengo á tí, me encuentro cobarde: el combate me estremece:
+se me figura que el primer arcabuz disparado por el enemigo ha de
+matarme: ¡Isabel! añadió gravemente Yaye: es necesario que sepas lo que
+eres para mí: desde anoche, luz de mis ojos, desde que he empezado á
+satisfacer la sed de mi corazon, nada hay ya en el mundo para mí mas que
+tú: he vivido soñando: he buscado lejos de tí la vida, y solo he
+encontrado la muerte: y cuando al fin vuelvo á vivir, la inflexible
+fatalidad me cierra el camino. Pues bien, estoy resuelto á todo: nada
+puedo hacer por mi patria, porque la patria ha muerto: la ha borrado del
+libro de los pueblos y de las generaciones la mano de Dios. He resuelto
+revelarlo todo á nuestro hijo...
+
+--¡Ah! dijo doña Isabel cubriéndose el rostro con las manos.
+
+--Es preciso, preciso de todo punto, dijo Yaye: y quiera Dios que mi
+revelacion no llegue tarde, nuestro hijo está enamorado de su hermana.
+
+Dona Isabel se puso de pié pálida como un difunto.
+
+--¿Y acaso tu hija le ama tambien?
+
+--No, es peor que eso: le aborrece.
+
+--Estamos malditos de Dios Yaye, exclamó anonadada doña Isabel.
+
+--No, no; nuestro hijo, cuando sepa que Amina es su hermana, se
+horrorizará de su amor y le olvidará, le sustituirá con otro... ademas,
+yo no estoy seguro... necesito averiguar... probar... en esto pasará
+algun tiempo... y en ese tiempo te obligo á hacer un pequeño sacrificio.
+
+--Ante todo júrame que estás seguro de que podemos salvar á nuestros
+hijos.
+
+--Lo estoy, contestó Yaye.
+
+--Pues bien, sepa Diego en buen hora que soy su madre.
+
+--El sacrificio que acabo de indicarte, es mas sencillo. Se trataba de
+mi casamiento ante mi pueblo, de un casamiento aparente...
+
+--¿Con quién?...
+
+--Con la sultana Howara, dijo Yaye sonriendo.
+
+--¡Casarte tú!... segun las costumbres de los moros, ese matrimonio debe
+consumarse, debe presentarse un testimonio á la córte... y yo... yo no
+puedo permitir eso... tú me has engañado de una manera infame.
+
+Y doña Isabel se levantó con la cólera de una leona.
+
+--Es que ese matrimonio está consumado, dijo Yaye sonriendo.
+
+Los hermosos ojos de doña Isabel irradiaron en una expresion de agonía,
+de tal modo, que Yaye asustado se apresuró á decir:
+
+--¡Isabel! ¡Isabel de mi alma! ¡la sultana Howara eres tú!
+
+--¡Dios mio! y ¡que horrible juego! exclamó doña Isabel dejándose caer
+sobre el sillon.
+
+--Toca la corona que rodea tu frente; mira la corona que ciño: ¿á qué
+habia yo de ceñírmela sino porque el momento de mi union contigo delante
+de los mios se aproxima?
+
+--¡Pero yo no comprendo esto! ese nombre árabe...
+
+--Es el de tu ilustre Abuela la sultana de Córdoba, la esposa del califa
+Abd-el-Rahman, el de la gran mujer á quien debió Abd-el-Rahman el trono
+que le hizo grande.
+
+--Pero yo no quiero dejar de llamarme Isabel ni renegar de Dios.
+
+--Ya te he dicho que es solo un casamiento aparente.
+
+--¿Me obligaran á confesar el islamismo?
+
+--Todos te creen morisca.
+
+--¿No tendré que pronunciar una palabra sola contra Dios?
+
+--No: es muy sencillo... se supone que ya está todo hecho: entregadas
+las arras concluido el contrato... todo se reducirá á tu presentacion; y
+á una fiesta de bodas.
+
+--¡Ah! ¿es decir que solo engañamos á los hombres?
+
+--Y los engañamos por necesidad: Dios lo sabe. Si yo no tuviese que
+esperar por nuestro hijo...
+
+--¡Por nuestro hijo!...
+
+--Si... necesito reducirle... convencerle á que nos siga. Los moriscos y
+los monfíes han empezado la guerra de una manera infame: como verdaderos
+bandidos.
+
+--¡Oh! ¡Dios mio!
+
+--Han incendiado, robado, degollado, exterminado: un caballero no puede
+desnudar con honra su espada al frente de ellos... he vivido soñando;
+pero no he despertado tarde... durante algunos dias los engañaremos:
+después nosotros, con nuestro hijo, nos acercaremos á la costa,
+embarcaremos nuestros tesoros y nos trasladaremos á Francia ó á Venecia,
+para vivir solo por nosotros mismos.
+
+--¿Y tu ambicion?
+
+--Mi ambicion ha sido anegada por un torrente de sangre.
+
+--¡Oh! ¡Dios mio!
+
+--Te juro que antes de un mes habremos arrojado esta corona que abrasa
+la frente, y estas vestiduras reales que oprimen el pecho. Pero es
+necesario dar el último paso hácia nuestra libertad.
+
+Y Yaye se levantó y asió á doña Isabel de la mano.
+
+--¿Es decir que es esta noche?
+
+--Si, dijo Yaye.
+
+--¡Que nos esperan!
+
+--Si.
+
+--Yo me habia puesto estas joyas y estas vestiduras por darte gusto;
+pero no creia...
+
+--Si, ha llegado la hora de que los moros vean por un momento levantarse
+ante ellos una sultana tan hermosa y tan llena de magestad como la
+esposa de Abd-el-Rahman: es necesario que te aclamen, que los fascines y
+que contribuyas á que no desconfien de nosotros.
+
+--Pero este terrible convenio durará poco.
+
+--¡Oh! te juro que antes de que pase un mes habremos fijado nuestro
+destino.
+
+Yaye llamó á las esclavas, y las mandó que trajesen un haike. Envolvióse
+en él doña Isabel á la usanza mora, y enteramente encubierta, sin que se
+la viesen mas que sus magníficos ojos negros, y sin mostrar de su
+hermosura mas que la gallardia de su cuerpo y lo magestuoso de su paso,
+salió de la cámara.
+
+Aquella cámara estuvo desierta durante cuatro horas: al cabo de ellas
+oyóse en el exterior ruido de caballos y de gente armada, y los alegres
+acordes de la zambra.
+
+Poco despues se oyeron abrir puertas en el interior, y al fin
+aparecieron Yaye y doña Isabel de vuelta, como á su salida, en el haike,
+que arrojó de sí doña Isabel.
+
+--¡Oh! ¡cuanta magnificencia y cuanta grandeza! dijo: no sabia yo que
+eras tan poderoso, Yaye mio.
+
+--Si, pero tras esa grandeza hay sangre y lágrimas dijo Yaye. Feliz
+aquel que en vez de nacer sobre un trono nace en una cabaña.
+
+--Ha habido un momento, dijo doña Isabel quitándose por sí misma su
+diadema y sus ropas, en que aquellos ancianos de barbas blancas que
+llegaban uno tras otro á inclinarse delante de mi; en que aquellos
+fuertes soldados que de igual modo me saludaban; en que aquella música
+heredada de nuestros abuelos; aquellas lámparas que brillaban tan
+numerosas como estrellas sobre aquellas paredes de oro; aquellas
+esclavas que bailaban al compás de la zambra; aquel trono que tenia bajo
+mis piés, me fascinaron, me lucieron sentir no se qué vanidad, no sé qué
+sentimiento de que aquello fuera un sueño. Porque eso ha sido un sueño,
+¿no es verdad? Ya no volveré á ponerme mas esa diadema: la venderé y
+daré su precio á los pobres: ya no volveré á ponerme mas esta túnica
+dorada y negra, emblema de la dignidad real: ¿no es verdad Yaye? ¿No es
+verdad que tu me amas del mismo modo con estas sencillas ropas
+castellanas?
+
+Doña Isabel se habia puesto un trage de terciopelo negro, y se habia
+colocado de una manera hechicera sus trenzas; pero como era
+excesivamente blanca, como habia conservado las arracadas, el collar de
+perlas y los brazaletes, con el ancho y largo vestido negro de
+terciopelo, indolentemente reclinada en el divan, asomando un precioso
+pié calzado aun con el borceguí morisco recamado de perlas, sobre el
+dintel de la chimenea; apoyando en el sillon un magnífico brazo desnudo,
+la cabeza en la mano, y fijando en Yaye una mirada intensa y enamorada,
+estaba infinitamente mas hermosa que con el deslumbrante trage, con el
+trage de relumbron de que se habia despojado.
+
+Yaye se levantó, se quitó la corona, la arrojó con desden sobre un
+sillon, se desciñó la espada, arrojó el ropon negro, se puso una loba de
+terciopelo que cruzó sobre su pecho, y se acercó á doña Isabel.
+
+--¡Oh! ¡vida de mi vida! la dijo: ¡tú eres toda la felicidad que existe
+para mí!
+
+
+
+
+CAPITULO XXXV.
+
+ El reverso de la medalla.
+
+
+Era verdaderamente lástima que la fortuna no ayudase á Yaye.
+
+Mientras él se embriagaba al lado de doña Isabel, el destino implacable,
+seguia su terrible camino y le preparaba nuevas desgracias.
+
+Yaye se habia arrepentido tarde.
+
+Las pasiones, los odios, los intereses que se habian cruzado en su
+camino habian llegado á tal extremo que solo un milagro de Dios podia
+deshacer sus fatales consecuencias.
+
+Como si la justicia divina le castigase, no habia llegado á la posesion
+completa del amor de doña Isabel, de su eterno sueño, de su pasion viva,
+sino cuando otras terribles desgracias amargaban su felicidad y la
+ennegrecian.
+
+Y deciamos mal cuando llamamos felicidad al estado en que se encontraba
+Yaye; es verdad que habia momentos en que la hermosura, la magia y el
+amor de doña Isabel le hacian olvidarse de todo y no vivir mas que para
+ella: pero ya lo hemos dicho: aquellos solo eran momentos que pasaban
+con una rapidez fatal para traerle de nuevo á la memoria á su hijo,
+apoderado de su hermana en una situacion misteriosa, tras cuyas
+tinieblas podia suponerse todo lo mas horrible: veia á su pueblo
+ensangrentado de una manera criminal, horrorosa en una guerra feroz: lo
+veia todo perdido, sin esperanza de recobro, desde la felicidad de su
+hija hasta la libertad de su patria.
+
+Porque dado caso que Amina le fuese devuelta, ¿en qué estado se la
+devolverian? Suponiendo lo que no era probable que Aben-Aboo la hubiese
+respetado, ¿cómo hacer creer al marqués de la Guardia en aquel respeto?
+¿Cómo arrancar de en medio de los dos esposos el terrible espectro de la
+desconfianza, y la amargura de la suposicion, matando sus placeres, su
+paz, su felicidad? ¿Cómo evitar que el marqués vertiese ó procurase
+verter la sangre de Aben-Aboo ni cómo podía su mismo padre dispensarse
+de castigarle?
+
+Y viniendo á los moriscos ¿cómo volver atrás despues de las horrorosas
+desvastaciones, de los asesinatos, de los horribles crímenes cometidos
+en las Alpujarras? ¿Cómo seguir adelante, solos, abandonados de todos,
+encerrados en las breñas de las Alpujarras, rodeados por los ejércitos
+de España, y combatidos por los grandes capitanes de Felipe II?
+
+[imagen: Venis pocos, y venis tarde.]
+
+Desesperado, loco y calenturiento, pero con la locura del leon, Yaye,
+habia corrido al remedio de aquellos males con una energía imponderable:
+habia aterrado á los monfíes, ahorcando á algunos de aquellos que se
+habian mostrado mas infames en el degüello de las Alpujarras: se puso á
+su frente, los reorganizó, se dejó ver de todos ellos indómito,
+soberano, prepotente, con la espada desnuda y la cólera y la amenaza en
+los ojos. Les afeó sus excesos, y promulgó una ley por la cual se
+prohibia terminantemente so pena de muerte, asesinar á los niños menores
+de siete años, á las mujeres fuese cualquiera su edad, y aun á los
+hombres que no hubiesen tomado las armas ó que tomándolas no hubiesen
+hecho resistencia, ó que después de hecha se hubieren entregado: en una
+palabra, regularizó la guerra; la matanza y el incendio cesaron, pero
+cuando ya habian sucumbido doce mil víctimas; cuando el horror de
+aquella catástrofe zumbaba por España, pidiendo venganza, y por Europa,
+llamando gravemente la atencion de las córtes extranjeras: en cuanto á
+sus asuntos de familia nada habia conseguido: parecia que la tierra se
+habia tragado á Amina, á su hija y á Aben-Aboo: solo se habian
+encontrado en unos barrancos cercanos al lugar del robo, los monfíes que
+conducían las literas y los que las precedian, muertos á hierro, y las
+dos doncellas que acompañaban á Amina en aquella ocasion, degolladas:
+vestigios que no eran los mas á propósito para tranquilizar á Yaye
+acerca de las intenciones de Aben-Aboo; respecto á su hijo,
+Aben-Jahuar, Angiolina Visconti y doña Elvira de Céspedes habian
+asimismo desaparecido, y solo quedaba delante de Yaye, con la corona en
+la cabeza y la espada desnuda, avanzado á las posiciones del ejército de
+España, Aben-Humeya, pero triste, desalentado, sombrío, y receloso.
+
+Harum-el-Geniz, Suleiman y algunos de los mas leales walíes de Yaye,
+acompañados de cuadrillas compuestas de los monfíes mas astutos y mas
+prácticos y conocedores de los escondrijos y senos de la montaña,
+buscaban por todas partes á los que se habian perdido, pero de una
+manera inútil.
+
+Todos los dias recibia Yaye un desesperante aviso de que nada se habia
+descubierto, y mas desesperado cada dia después de este aviso, iba á
+buscar consuelo en el frenesí de su amor por doña Isabel: de aquel amor
+que le embriagaba.
+
+[imagen: Rogad á Dios que os ampare, porque podreis morir aqui
+sepultada.]
+
+Antes de presentarse á ella, Yaye hacia una violenta reaccion sobre sí
+mismo, concentraba en su corazon todos sus dolores, y entraba sonriendo,
+como el hombre mas feliz del mundo, y se arrojaba en los brazos de su
+esposa.
+
+Doña Isabel le preguntaba por su hijo.
+
+Yaye le contestaba que Aben-Aboo estaba al frente del ejército, que se
+obtenian triunfos y que pronto podría, sin manchar su honra, dejando
+encomendada la prosecucion de la guerra á buenos caudillos, abandonar á
+España é ir á gozar de su felicidad al extranjero.
+
+Doña Isabel creia á Yaye, era feliz, le inundaba con todo el poderío de
+su magnifica hermosura, con toda la poesía de su alma, con toda su
+pureza de niña, con todo su ardiente amor, y le fascinaba, le hacia
+soñar y le daba algunas horas de olvido de todo lo que no era ella;
+algunas horas de felicidad suprema.
+
+Pero cuando la fascinacion pasaba, cuando Yaye se separaba de doña
+Isabel, caia de repente de aquel cielo soñado, al infierno de la
+terrible verdad: en vano hacia esfuerzos desesperados: el terrible
+circulo que le rodeaba se estrechaba cada vez mas, amenazando ahogarle.
+Los sucesos ayudaban á la venganza de sus enemigos.
+
+Venganzas algunas de ellas injustificadas, absurdas, pero ciertas,
+porque en el corazon humano dominan, por desgracia, la injusticia y el
+absurdo.
+
+A tal especie pertenecia el odio que profesaban á Yaye Laurenti y
+Angiolina, porque este odio se fundaba en que Yaye era padre de una
+mujer cuya hermosura, cuyos amores con el marqués de la Guardia, habian
+herido el corazon y exasperado las pasiones de aquellos dos funestos
+personajes.
+
+Pero este odio era resultado de la ambicion de Yaye: si Yaye no hubiera
+llevado á la córte con una intencion terrible á Amina, Amina no hubiera
+excitado las pasiones de nadie.
+
+Es cierto que sin la venganza de Laurenti y de Angiolina, Yaye se
+hubiera encontrado combatido por la ambicion de Aben-Jahuar, por las
+rivalidades de sus hijos, por el amor desesperado de doña Elvira: Yaye
+meditaba todo esto, y veia con dolor que su culpa estaba en su
+nacimiento, primero, y despues en la educacion que se le habia dado; por
+último en la ignorancia en que habia vivido durante su primera juventud
+acerca de su orígen, de su posicion y de los proyectos de su padre.
+
+Ninguna historia como la de Yaye tan á propósito para probar la
+influencia de la fatalidad en la existencia de los seres. Todo lo que
+Yaye habia hecho, era lógico, necesario, y sin embargo todo lo que Yaye
+habia hecho se habia vuelto contra él amenazador y terrible.
+
+Jóven aun, como que solo contaba cuarenta y cinco años, no se atrevia á
+volver la vista atrás, porque el pasado le obligaba á cerrar los ojos,
+pretendia huir de su presente, y no se atrevia á mirar al porvenir.
+
+Ni aun podia salvarse, huyendo con doña Isabel, la única felicidad de su
+vida, á continuar aquella felicidad en medio de una vida oscura: la
+situacion en que se encontraban sus hijos, le detenia en el peligro.
+
+¿Y qué peligro podia ser este?
+
+Yaye no le veia claro y distinto, pero lo temia todo: temia horribles
+desgracias; conocia que aquellas desgracias eran fatales, precisas; la
+expiacion necesaria de sus errores, y aun lo diremos: de sus crímenes.
+
+La desaparicion de tantas personas de quien con fundado motivo
+desconfiaba, era ya una terrible amenaza.
+
+¿Por qué se ocultaban Aben-Jahuar y Aben-Aboo? ¿Por qué Aben-Humeya se
+mostraba con él taciturno, reservado, sombrío?
+
+Yaye veia agolparse sobre su frente la tempestad, y habia perdido el
+valor que tan necesario le era para conjurarla: mejor dicho: Yaye no
+podia conjurar aquella tempestad y se aterraba.
+
+Por eso iba á buscar la felicidad del olvido y de la embriaguez, todas
+las noches, al lado de su esposa.
+
+Por eso doña Isabel habia sorprendido alguna vez su sueño fatigoso, su
+suerte horrible.
+
+Yaye no podia expiar de una manera mas horrorosa sus errores, ó sus
+crímenes.
+
+
+
+
+CAPITULO XXXVI.
+
+ En que el autor descubre donde estaban los que se habian perdido.
+
+
+Necesitamos dividir nuestra atencion entre tres lugares distintos.
+
+Dos de ellos los conocemos.
+
+El otro nos es enteramente desconocido.
+
+Si penetramos en el uno, en el subterráneo donde vivió en otro tiempo
+Calpuc, á donde este tuvo herido á Miguel Lopez, y donde Miguel Lopez
+murió por último de hambre, encontraremos á uno de nuestros perdidos
+personajes.
+
+A Amina.
+
+La veremos sentada sobre un lecho, inmóvil, teniendo sobre su regazo á
+su pequeña hija, á quien amamanta; y para besar la cual de una manera
+delirante, sale de tiempo en tiempo de su inaccion.
+
+Nada falta en el subterráneo que pueda hacer soportar la permanencia en
+él de una persona: nada mas que aire y dìa.
+
+Por lo demás se ha procurado embellecer y hacer habitable, cuanto ha
+sido posible, aquel antro.
+
+¿Quién habia revelado á Aben-Aboo la existencia de aquel antro?
+
+Nuestros lectores adivinan su nombre sin duda. Habia sido Laurenti.
+
+Nuestros lectores saben que Laurenti habia encontrado en un proceso en
+la Chancillería de Granada, la historia entera en que se contenia la
+muerte de Miguel Lopez, la del capitan Sedeño, el orígen de dona
+Estrella de Cárdenas, y demás sucesos que dejamos relatados en la
+primera parte.
+
+La justicia habia bajado al subterráneo, guiada por el mismo Calpuc;
+pero despues aquel subterráneo habia quedado abandonado.
+
+Un dia en que Aben-Aboo vagaba fugitivo por la montaña, y se habia
+entrado á dormir en una cueva, encontró junto á sí, al despertar, una
+carta.
+
+Aquella carta contenia las siguientes palabras:
+
+«Hace ya muchos dias que vagais á pié, acompañado de algunos hombres de
+vuestra confianza, llevando con vos una dama y una niña, y evitando,
+siempre con peligro, el encuentro de los monfíes que os buscan. Esa
+señora, demasiado delicada para andar con lluvia y con nïeve por breñas
+y vericuetos, será causa de que una vez deis en las manos del emir, que
+no seria en tal caso muy humano con vos. Yo, como vos, soy enemigo del
+emir, y quiero ayudaros, indicándoos un lugar muy escondido, donde
+podreis guardar á vuestra prisionera y quedar libre para vuestros
+negocios y para evitar la persecucion de que sois objeto. (A seguida el
+autor del anónimo daba á Aben-Aboo las señas indudables, por las cuales
+podia dar con el subterráneo). No desconfieis de quien os escribe,
+concluia, porque si fuese vuestro enemigo, podria haberos muerto ó preso
+mientras dormiais, en vez de haber dejado junto á vos y sobre vuestra
+ballesta, esta carta.»
+
+Temeroso Aben-Aboo de que embarazado por Amina y por su hija, diesen con
+él los monfíes que le buscaban, como ya habia estado á punto de suceder
+alguna vez, buscó el subterráneo por las señas que tan misteriosamente
+le habian dado, y encerró en él á Amina y á su hija.
+
+Aben-Aboo se encontraba, como Yaye, sin poder ir ni atrás ni adelante.
+Su tio Aben-Jahuar le habia metido de una manera insidiosa en aquel
+laberinto, del cual el jóven no encontraba la salida.
+
+Sabia, á no dudarlo, que el emir no tenia duda alguna de que él habia
+sido el raptor de Amina: sabia que del mismo modo que Yaye le habia
+colmado de beneficios, se ensangrentaria con él, si le habia á las
+manos, porque sabia demasiado hasta donde llegaba la tremenda justicia
+del emir. Habia conocido al fin claramente, que su tio Aben-Jahuar le
+habia envuelto con una intencion refinadamente traidora en aquel
+compromiso, y en vez de presentarse lealmente á Yaye, para manifestarle
+la verdad de los hechos é implorar su perdon, le aconsejó su miedo
+deshacerse á todo trance y cuando pudiese del hombre que se lo
+inspiraba.
+
+La muerte del emir estaba decretada en el pensamiento de Aben-Aboo como
+un medio de seguridad; la de Aben-Jahuar como la satisfaccion de la
+venganza de una parte, y por otra como una medida prudente que debia
+librarle de un rival peligroso, porque Aben-Aboo habia comprendido de
+una manera clara que el objeto de Aben-Jahuar era destruir cuantos
+obstáculos se oponian á su ambicion, y quedar solo, como señor soberano,
+al frente de la rebelion de los moriscos.
+
+Para esto necesitaba Aben-Aboo una alianza, y la buseó, ó mejor dicho,
+aplazó el buscarla en Aben-Humeya.
+
+Aben-Aboo entraba de lleno impulsado por su ambicion y por su miedo en
+la senda del crimen.
+
+Sin embargo, y como á mujer, habia tratado y trataba con un profundo
+respeto á Amina.
+
+Consistía esto, primero: en que Aben-Aboo no amaba á Amina, porque
+estaba enamorado de la princesa: segundo, en que habiendo resuelto
+deshacerse por medio del asesinato de Yaye, el resto de conciencia que
+le quedaba le separaba de la jóven: y tercero, en que, prescindiendo de
+estos dos antecedentes, sabia que Amina jamás podria ser para él mas que
+una esclava violentada.
+
+Aben-Aboo tenia en Amina una carga que conservaba por temor, y que en
+todo caso podia servirle para dictar condiciones al emir.
+
+Asi es que cuando Aben-Aboo bajaba todos los dias al subterráneo á
+cuidar de Amina, no la hablaba una sola palabra.
+
+Unicamente un dia la dijo:
+
+--Parto para una empresa aventurada, en la cual podré perecer: os dejo
+provisiones para muchos dias. Si falto tres, rogad á Dios que os ampare,
+porque podreis morir aquí sepultada.
+
+Amina lanzó un grito de terror, estrechando contra su corazon á su hija.
+
+¿Cuál podria ser la empresa aventurada que acometia Aben-Aboo?
+
+Antes necesitamos revelar á nuestros lectores los otros dos lugares
+donde encontraremos el resto de nuestros perdidos personajes.
+
+El segundo lugar que hemos dicho que conocemos, era el subterráneo de la
+princesa encantada.
+
+Si entramos en él una noche, encontraremos á dos personas muy conocidas
+nuestras: á doña Elvira de Céspedes, viuda de don Diego de Córdoba y de
+Válor y á Aben-Jahuar, su cuñado.
+
+El lugar en que se encontraban no era aquel salon árabe en que ya hemos
+entrado una vez con Laurenti y Cisneros, sino un pequeño retrete, á que
+se entraba por una de las puertas que, como dijimos, daban al corredor
+por donde era necesario pasar para llegar á la gran cámara.
+
+Doña Elvira estaba recostada en un colchon doblado que la servia de
+divan: Aben-Jahuar estaba sentado junto á ella en un escabel ó banquillo
+de pino; una candileja clavada en la pared, alumbraba aquel espacio de
+una manera siniestra, y por último, algunas astillas de madera en el
+centro del pavimento roto, servian de calorífero.
+
+Doña Elvira se conservaba sumamente hermosa; pero su hermosura habia
+tomado un aspecto terrible: conocíase que el disgusto contínuo, la ira
+reprimida, el deseo contrariado, el orgullo ofendido, habian ido fijando
+lentamente su marca en aquel semblante, hasta darle el aspecto del de un
+hermosísimo demonio; su sencillo y severo traje estaba en armonía con la
+terrible expresion de su semblante, y sin embargo, sonreia á su cuñado,
+y le sonreia con tal intencion, de una manera tal, que Aben-Jahuar
+estaba fascinado: porque en la mirada de doña Elvira hácia él habia
+amor, mas que amor, pasion: Aben-Jahuar se creia soñando.
+
+--¿Sabes Elvira, la dijo, que apenas puedo creer á lo que mis oidos han
+escuchado, á lo que ven mis ojos? ¿Que tú me amas y que me amas hace
+mucho tiempo?
+
+--Si, dijo doña Elvira, te amo, te amo porque lentamente tu amor y tus
+sacrificios me han obligado. ¿Y sabes por qué te he ocultado mi amor?
+
+--Yo creia que era imposible que me amases, dijo con recelo Aben-Jahuar.
+
+--¡Imposible! ¿y por qué?
+
+--Porque... creia que amabas á otro.
+
+--¿A Yaye? dijo con la mayor naturalidad doña Elvira.
+
+--Si, á Yaye, contestó con acento reconcentrado Aben-Jahuar.
+
+--¡Qué poco conoces el corazon de las mujeres!
+
+--Sin embargo, has rechazado constantemente mis deseos.
+
+--Porque no queria comprometerte... porque esperaba á concluir para
+siempre de una manera desembarazada.
+
+--¿Concluir, qué?
+
+--Concluir mi venganza.
+
+--¿Contra Yaye?
+
+--Contra Yaye.
+
+--¿Venganza de amor?
+
+--Venganza de odio.
+
+--¡Tú has amado á Yaye!
+
+--Yo no podia amar al asesino de mi marido.
+
+--¡Ah!
+
+--Yo no podia ni puedo amar al que es un obstáculo para el
+engrandecimiento de mi hijo.
+
+--¿Consistirá tu odio en que Yaye se haya casado con Isabel?
+
+--No, de ningun modo: ¡Isabel y Yaye! ¡digno consorcio! la mujer
+adúltera unida al asesino de su marido!
+
+--Dame una prueba indudable de que me amas.
+
+--¿Y qué prueba? dijo doña Elvira infiltrando una candente mirada en los
+ojos de Aben-Jahuar.
+
+--Sé mi esposa.
+
+--Juro serlo en el momento en que me vengue de Yaye.
+
+--¿Y cómo piensas vengarte? preguntó Aben-Jahuar.
+
+--No lo sé: hace mucho tiempo que Dios ó el diablo protegen á ese
+hombre: he gastado á manos llenas el oro para lograr que se apoderan de
+él, y no he podido conseguirlo.
+
+--En otro tiempo le tuviste en tu poder.
+
+--¡Enfermo! ¡hé ahi como me muestra su agradecimiento Yaye! casa á su
+hija con ese marqués de la Guardia, hace su compañero en el gobierno de
+los monfíes al hijo de su amante, y todo viene á asegurarme su intencion
+de que piensa robar á mi hijo la corona de Granada.
+
+--Una sola palabra, Elvira.
+
+--¿Cuál?
+
+--¿No has sido tu tambien adúltera?
+
+--¡Yo!
+
+--¿No has sido amante de Yaye?
+
+--¡Yo amante de ese miserable!
+
+--Pronto me darás una prueba de si le amas ó le aborreces.
+
+--¡Una prueba!
+
+--Si, porque si es cierta tu sed de venganza muy pronto vas á ser
+vengada.
+
+--¡Vengada! exclamó doña Elvira, y palideció y se extremeció.
+
+--¡Paréceme que te espanta mi venganza, Elvira! dijo con acento terrible
+Aben-Jahuar.
+
+--¡Porque tiemblo! tiemblo de impaciencia.
+
+--Pues creo que esta noche quedarás vengada.
+
+--¡Esta noche! ¿pero cómo?
+
+--¿Qué te importa como sea, si esta noche ves ante tus plantas al emir?
+
+--¡Pero explícame!...
+
+--¡Oh! ¡oh! cualquiera diria Elvira que le amas y que temes por su vida.
+
+--¡Su vida! exclamó doña Elvira no pudiendo contenerse en el fingimiento
+que se habia propuesto: ¿pues qué le vais á matar?
+
+--Verdaderamente Elvira, dijo Aben-Jahuar con acento siniestro, ¿qué
+estás muy ansiosa de su sangre?
+
+--¡Si! ¡pero!... ¡pero quién le va á matar! exclamó doña Elvira
+descubriendo cada vez mas su amor hácia Yaye.
+
+--No ha faltado quien diga á tu hijo, quien se lo pruebe, que Yaye fue
+la causa de la prision y de la muerte de mi hermano.
+
+--¿Y mi hijo lo ha creido?...
+
+--Acaso en estos momentos, tu hijo se encamina al lugar donde sabe que
+debe encontrar al emir solo y desarmado.
+
+--¡Para matarle!
+
+--Cree que el emir ha sido la causa de la muerte de su padre.
+
+--Pero eso no es verdad: Yaye no ha tenido culpa alguna...
+
+--¿Pues no le acusabas poco hace tú misma?...
+
+--¡Mentira! ¡mentira! y escucha hermano: yo te creo violento, zeloso,
+irritado, pero no miserable: escúchame por Dios hermano... porque es
+necesario evitar un horrible crímen.
+
+--¿Es decir, que amas á Yaye?
+
+--¡Oh! ¡Dios mio! ¡si! exclamó doña Elvira cubriéndose el rostro con las
+manos: le amo desesperadamente hace veintidos años.
+
+--¿Y por qué me engañabas? dijo Aben-Jahuar, dominando su odio y dando á
+sus palabras un acento tristemente melancólico: ¿por qué me decias que
+querias vengarte de Yaye?
+
+--¡Oh! ¡yo no sé! ¡yo no sé! ¡yo estoy loca! Yaye me ha despreciado: le
+he escrito arrojando en mis cartas todo mi corazon, y no ha contestado á
+mis cartas: he querido apoderarme de él, y no he podido: ¡al fin se ha
+casado!... ¡se ha casado con Isabel! yo queria vengarme... quiero
+vengarme... pero ya te lo he dicho: no sé como: porque yo no quiero
+matarle...
+
+--Le matará tu hijo.
+
+Doña Elvira al escuchar esta terrible profecía lanzó un grito de horror.
+
+--¡Mi hijo! exclamó: ¡mi hijo! ¡un parricidio!
+
+--¡Un parricidio! exclamó Aben-Jahuar levantándose: ¡un parricidio has
+dicho!
+
+--Si, si: ¡porque... mi hijo es hijo de Yaye!
+
+Destelló de los ojos de Aben-Jahuar una mirada salvaje indescribible.
+
+--¡Oh! exclamó: ¡oh! pues entonces es necesario... necesario de todo
+punto evitar... yo no sabia... yo estaba engañado... y ese hombre... ese
+hombre extraño que nos ha procurado este asilo... ese hombre á quien yo
+esperaba...
+
+--Pero yo quiero ir, volar junto á mi hijo: decirle: el hombre que
+quieres asesinar es tu padre... es necesario salir al momento de aquí...
+¡Dios mio! ¡ Dios mio! ¿no oyes que es necesario que salgamos de
+aquí?...
+
+--Pero yo no sé las salidas, dijo afectando desesperación Aben-Jahuar.
+
+--¡Llévame, llévame á detener á mi hijo! exclamó doña Elvira arrojándose
+á sus piés: logre yo impedir ese horroroso crímen... y te amaré,
+Fernando, te amaré con toda mi alma... y seré tuya, y seré tu esclava.
+¿No oyes que mi hijo es hijo de Yaye?
+
+--Alzate, y silencio; suenan pasos; acaso sea ese hombre: si es él, aun
+tenemos tiempo... si, si, él es... pero enjuga tus lágrimas,
+tranquilízate... se acerca.
+
+--¡Ya es hora! dijo acercándose á la puerta Laurenti.
+
+ * * * * *
+
+Debemos trasladarnos á otro lugar, al lugar que hemos dicho que no
+conociamos, y donde encontraremos á Angiolina.
+
+Todos los que hayan estado en Granada ó en las Alpujarras, habran tenido
+ocasion de ver que hay una clase de gente pobre, que vive en muy pobres
+habitaciones.
+
+Son estas, cuevas naturales, á las que se ha puesto una puerta, abierto
+una chimenea, dilatado y blanqueado el interior. En Granada y en las
+Alpujarras, hay barrios enteros de estas viviendas, barrios cuyas calles
+son barrancos, y á los que sirve de terrado el repecho de la montaña,
+cubierta de higueras de Túnez y de pitas, entre las cuales se levanta el
+humo de las chimeneas.
+
+Por lo general las gentes que viven en estos miserables albergues son
+gitanos.
+
+En una de estas negras viviendas, entró Aben-Aboo, la misma noche en que
+tuvo lugar la escena anterior.
+
+El jóven iba solo, vestido á la berberisca y armado con un arcabuz.
+
+Dentro de la cueva estaba una vieja calentándose junto á un fuego medio
+extinguido, y asando castañas.
+
+Cuando entró, el jóven se dirigió á la vieja.
+
+--¿Ha pasado alguien? dijo Aben-Aboo.
+
+--¡Nadie! dijo la vieja: hoy como todos los dias el barranco ha estado
+solitario; solo he visto á lo lejos por la loma de la fuente pasar un
+pastor de cabras.
+
+--¿Y no se acercó?
+
+--No.
+
+--¿Qué hizo?
+
+--¿Qué hizo? estar parado algun tiempo apoyado en su báculo.
+
+--¿Y nada mas? ya te he dicho que observes bien cuanto hagan los que
+pasen cerca ó lejos de la cueva.
+
+--¿Qué hizo? no me acuerdo de que haya hecho nada.
+
+--¡Nada! exclamó con impaciencia Aben-Aboo.
+
+--Nada hizo, solamente puso un lazo en un madroño.
+
+--¡Ah! ¿un lazo para coger gorriones?
+
+--Eso es.
+
+--¿Y no volvió?
+
+--No por cierto; aunque á poco de irse, cayó un gorrion en el lazo: yo
+esperé algún tiempo á ver si volvia, y como no volvia, atravesé el
+barranco, llegué al madroño, cogí el gorrión, me le traje, le asé y me
+le comi.
+
+--¡Un lazo para coger gorriones! murmuró Aben-Aboo.
+
+Y luego sacando de su bolsillo unas monedas de plata, dijo á la vieja:
+
+--Vete.
+
+--¡Que me vaya! ¿y á dónde?
+
+--Ya no haces falta aquí.
+
+--¿Y quién cuidará de esa señora?
+
+--Te digo que no haces ya falta, tu cueva está cerca: vete con tus
+hijas.
+
+--¿Y ya no me dareis mas dinero?
+
+--¡Toma, toma, sanguijuela insaciable! dijo Aben-Aboo, dando á la vieja
+dos ducados mas.
+
+--Todos los dias el hambre pide pan: antes cuando mi marido y mis hijos
+vivian, trabajaban y mi casa estaba alegre, porque siempre habia una
+olla al fuego y pan en la cesta; pero los cristianos mataron á mi marido
+y á mis hijos: mi casa ha quedado triste, y mis hijas buscan á los
+pastores y á los monfíes para que les den un pedazo de pan, porque
+tienen hambre.
+
+--Yo mandaré que te den cuatro ducados todos los meses.
+
+--¡Cuatro ducados! ¡Dios es grande y misericordioso, y os recompensará,
+señor!
+
+--Bien, pero vete: necesito quedarme solo.
+
+Aben-Aboo franqueó la puerta.
+
+--¡Qué oscura y qué callada está la noche! dijo la vieja, asomando á la
+puerta la cabeza: pero á bien que dentro de dos horas saldrá la luna.
+Que Dios os guarde, hermoso señor.
+
+Y la vieja se rebujó la cabeza en un andrajo, salió de la cueva, y
+pronto se perdió entre la oscuridad.
+
+Aben-Aboo cerró entonces fuertemente la puerta.
+
+--¡Un lazo para coger gorriones! repitió Aben-Aboo, tomando de un hueco
+de la cueva una linterna, y encendiéndola con una astilla del fuego: esa
+es la señal convenida: ¡esta noche! ¡esta noche al fin!
+
+Aben-Aboo se estremeció, y permaneció inmóvil con la linterna en la
+mano.
+
+--¡Esta noche...! ese hombre, ese castellano es terrible: me ha probado
+casi que el emir es el asesino de mi padre: me ha probado que mi madre
+es una infame; ella amaba al emir antes de casarse con mi padre: recien
+casado con ella, don Diego de Válor y mi tio Aben-Jahuar se llevaron
+consigo á mi padre, y la justicia le encontró despues muerto de hambre y
+herido en el mismo lugar donde tengo escondida á la sultana Amina: ¡Dios
+es justo y misericordioso! Pero aun no estoy satisfecho: ese Godinez ó
+ese demonio en quien parece confiar tanto doña Elvira, la madre de
+Aben-Humeya, no me ha presentado ninguna prueba concluyente: es cierto
+que me ha hecho reparar en muchas circunstancias que casi me
+convencen... pero me ha dicho que la prueba indudable la tiene la
+princesa, que por su rivalidad con Amina, se la procuró: la princesa
+está en mi poder... puedo tocar la verdad, y sin embargo esa verdad me
+estremece.
+
+Aben-Aboo dió un paso hácia una oscura gruta de la cueva que conducia al
+interior, y se detuvo otra vez irresoluto.
+
+--¿Seré yo acaso el instrumento de una venganza infame? se dijo: pero
+no: la princesa... la princesa me embriaga... parece amarme... ¿pero
+estaré yo ciego? sin embargo la princesa me domina, sabe que soy su
+esclavo... sabe cuánto la amo, que mi amor puede arrastrarme á una
+violencia, y sin embargo, se encuentra conmigo alegre, satisfecha,
+tranquila: solo me opone que mientras viva el marqués de la Guardia...
+indudablemente el amor que ha tenido al marqués se ha convertido en
+odio... y yo... yo la amo mas cada dia. Es necesario resolverse.
+
+Y Aben-Aboo penetró en aquel antro.
+
+Llegó á un ángulo, arrolló con el pié un monton de tascos de estopa,
+removió despues el suelo terrizo que la estopa habia dejado descubierto,
+y apareció una trampa de madera.
+
+Levantó aquella trampa, bajó unas escaleras abiertas á pico, y se
+encontró en un pequeño espacio, donde habia una cama, una silla y una
+mesa con una lámpara encendida.
+
+Salióle al encuentro una mujer vestida de negro.
+
+Aquella mujer le abrazó y le besó en la frente.
+
+Aben-Aboo se estremeció porque aquella mujer era Angiolina Visconti.
+
+--¡Oh!; ¿cuándo sereis mi esposa? exclamó el jóven.
+
+--Cuando sea viuda, contestó tranquilamente Angiolina.
+
+--¡Viuda!
+
+--Ya sabeis que yo no he pertenecido mas que á un hombre, que le he
+considerado mi esposo, y que mientras viva...
+
+--El marqués ha muerto, dijo Aben-Aboo.
+
+--¡Que ha muerto el marqués! dijo Angiolina con un acento reconcentrado,
+comprimiendo y dominando la angustia que se apoderó de su alma.
+
+Aben-Aboo que la observaba profundamente, engañado por el violento
+esfuerzo con que Angiolina habia dominado su alma, dijo para sí:
+
+--Indudablemente la princesa, no ama ya al marqués: si le amara se
+hubiera estremecido, se hubiera entregado á alguna demostracion de dolor
+al saber su muerte.
+
+Angiolina leyó sin duda el pensamiento de Aben-Aboo en su mirada, porque
+dijo con interés, con conmocion, pero sin terror, sin sentimiento:
+
+--¿Y dónde ha muerto el marqués?
+
+--En Cádiar: la noche de Navidad; la compañía entera á cuyo frente se
+encontraba ha sido exterminada.
+
+--¡Ah! ¿y le habeis matado vos?
+
+--Afortunadamente no.
+
+--¿Por qué decís afortunadamente?
+
+--Porque no quisiera unirme á vos trayendo las manos manchadas con la
+sangre de ese nombre á quien habia considerado como vuestro esposo.
+
+--¿De modo que, dijo Angiolina, anduve acertada en vestirme de negro
+para huir con vos de Cádiar?
+
+--¿Llevais por él luto?
+
+--¿No habeis dicho vos mismo que yo le consideraba mi esposo?
+
+--¿Y esa muerte no os causa pesar?
+
+--Ya lo veis, hablo de ello tranquilamente con vos como si se tratara de
+la de cualquier otro.
+
+--Pero no os mostrais alegre.
+
+--Yo no tengo mal corazon.
+
+Era que Angiolina no tenia sobre sí misma dominio bastante para llevar
+su fingimiento hasta el punto de mostrarse alegre por la muerte del
+marqués, cuando estaba transida de dolor, anhelante, haciendo poderosos
+esfuerzos para que no saliesen á sus ojos las lágrimas, á sus labios los
+gritos desesperados.
+
+--¿Será acaso que no creais que el marqués haya muerto? dijo el receloso
+jóven.
+
+--Sí lo creo: porque según lo que ha pasado en las Alpujarras, el
+marqués que era muy noble y muy valiente ha debido morir.
+
+--¡Ah! ¡le elogiais!
+
+--El que haya sido conmigo un infame, el que yo me haya visto obligada
+primero á desear vengarme de él, después á despreciarle, no prueba que
+cuando se trataba del servicio del rey fuese cobarde ni villano: para
+probaros que os creo, voy á deciros una sola palabra: soy vuestra.
+
+--¡Que sois mia! exclamó Aben-Aboo, levantándose de la silla.
+
+--¡Si, si, dijo Angiolina conteniéndole con un movimiento: después de
+algunos dias...
+
+--¡Ah! dijo Aben-Aboo. ¡Otro plazo!
+
+--¿No despreciaríais algun dia á una mujer que os abriese sus brazos,
+caliente aun el cadáver de su esposo?
+
+--¡Esa extraña manía de llamar vuestro esposo al marqués...!
+
+--Yo le he considerado como tal. Sin embargo, podeis abreviar ese plazo.
+
+--¿Cómo?
+
+--Sabeis que soy enemiga del emir, porque de él vienen mis desgracias.
+Si él hubiera guardado mas á su hija, no me hubiera visto ultrajada por
+el marqués. Si mi esposo...
+
+--¿De qué esposo hablais ahora...?
+
+--Del príncipe Lorencini Maffei.
+
+--¡Ah!
+
+--Si, mi esposo no sé por qué malhirió al emir en Madrid, y huyó: desde
+entonces quedé abandonada, y me ví obligada á ampararme de Cisneros.
+Solo por una sucesion de tristes casualidades he podido venir á vuestras
+manos. Aborrezco al emir y á su hija, el odio que siento hácia ellos me
+abrasa el corazon. Si exterminais al emir y á la sultana Amina... el dia
+en que me digais: no existen, podéis pisar su sepultura, aquel dia... me
+arrojo en vuestros brazos.
+
+Angiolina se estremeció horrorizada de sí misma: sabia que Aben-Aboo era
+hijo del emir, hermano de Amina, y sin embargo le pedia la sangre de su
+padre y de su hermana: y era que aunque comprimia su dolor, dolor
+causado por la noticia de la muerte del marqués, que Aben-Aboo la habia
+dado con la mayor seguridad, aunque sabia que el marqués no habia
+muerto, la enloquecia, la hacia sentir una horrible sed de exterminio,
+la arrastraba á todo.
+
+Una fatalidad mas que se levantaba contra Yaye.
+
+Porque Angiolina, que, como hemos dicho, solo era infame cuando se
+tocaba á su corazon, á sus zelos, á su desesperacion por el marqués, se
+habia reservado de dar á Aben-Aboo la prueba aparentemente terrible de
+que Yaye habia tenido parte en el asesinato de Miguel Lopez.
+
+Si Aben-Aboo no se hubiera enamorado de Angiolina hasta el punto de
+inventar una mentira para procurarse su posesion, acaso Angiolina no se
+hubiera atrevido á afrontar el horroroso crímen de levantar el puñal de
+un hijo contra su padre.
+
+Pero al escuchar la noticia de la muerte del marqués, noticia dada con
+tal maestría, que Angiolina creyó en ella, enloqueció y lo arrostró
+todo: en aquellos momentos, si hubiera podido, hubiera incendiado la
+creacion.
+
+--¡Otra condicion mas! exclamó Aben-Aboo.
+
+--Pero condicion que podeis satisfacer fácilmente.
+
+--¡Matando al emir!
+
+--¿Acaso no fue él la causa, y el cómplice de la muerte de vuestro
+padre?
+
+--Me lo habeis repetido mil veces, pero no me habeis dado la prueba,
+dijo Aben-Aboo.
+
+--¡La prueba! ¿queréis la prueba? exclamó Angiolina levantándose de
+donde estaba sentada, y sacando de debajo el cofre de sus alhajas que
+habia traido de Granada: os voy á dar la prueba, añadió abriendo con
+mano temblorosa el cofrecillo, y sacando de él unos papeles doblados que
+entregó á Aben-Aboo.
+
+Aquellos papeles eran parte del testimonio que Laurenti habia traido de
+Granada: en él constaban las informaciones hechas acerca de la muerte de
+Miguel Lopez, la acusacion y la sentencia contra don Diego de Córdoba y
+de Válor, y las inculpaciones que este habia hecho, descargándose,
+contra el emir de los monfíes, puesto que monfíes habian sido los
+asesinos visibles de Miguel Lopez.
+
+Si Aben-Aboo hubiera meditado un poco, hubiera aplazado hasta informarse
+mejor, la ejecucion de su venganza: hubiera podido saber por Aben-Jahuar
+que ninguna parte habian tenido Yaye ni su padre Yuzuf en aquella
+muerte; pero solo leyó esta terrible frase: los monfíes fueron los
+asesinos de Miguel Lopez, y el emir de los monfíes estaba enamorado de
+doña Isabel de Córdoba y de Válor.
+
+Aben-Aboo, con los ojos desencajados se volvió á Angiolina despues de
+haber cogido aquellos papeles, que por desgracia para Aben-Aboo estaban
+autorizados en forma.
+
+--Me habeis dicho que sereis mia, el dia en que podais pisar las
+sepulturas de Yaye y de Amina. Os aseguro que si cumplis vuestra promesa
+sereis mia mañana.
+
+Y sin decir una palabra mas, salió desencajado, frenético.
+
+Cuando se quedó sola Angiolina, lanzó un largo grito de angustia, se
+arrojó de costado sobre el lecho y rompió á llorar por el marqués.
+
+Aben-Aboo entre tanto corria frenético á través de las breñas, en medio
+de las tinieblas de la noche.
+
+
+
+
+CAPITULO XXXVII.
+
+ En que se cuentan sucesos horribles.
+
+
+Aquella misma noche, el emir estaba sentado junto á una chimenea en su
+alquería de Cádiar.
+
+Doña Isabel sentada frente á él, indolente, magnífica, pero preocupada,
+fijaba su vista distraida á través de los cristales de una ventana, en
+la luna que acababa de parecer sobre una montaña inmediata.
+
+Yaye estaba tambien profundamente pensativo.
+
+--Será necesario al fin romper por todo, dijo Yaye dirigiéndose á doña
+Isabel.
+
+--¿Romper por todo? exclamó esta.
+
+--Si, es necesario... necesario de todo punto, buscar á nuestro hijo:
+necesito hablarle... despues de hablarle, espero que todo se arreglará:
+es un sacrificio, un sacrificio enorme: ¿pero qué hacer?
+
+--¿No hemos resuelto ya que nuestro hijo sepa la verdad de su
+nacimiento?
+
+--Si, es cierto: pero yo lo dilataba; yo esperaba; el momento es
+llegado: despues de esto...
+
+--Despues de esto, y para evitar nuevas y mayores desgracias, será
+necesario que hagas otra revelacion á otro hijo tuyo.
+
+Yaye se puso pálido: hasta entonces doña Isabel ni una sola palabra le
+habia dicho que indicase que conocia el misterio del nacimiento de
+Aben-Humeya: las últimas palabras de doña Isabel, aunque tranquilas y
+afectuosas, le aterraron.
+
+--¡De otro hijo mio! exclamó: ¿acaso sabes?... ¿acaso esa funesta mujer
+te ha revelado?....
+
+--No; mi cuñada nada me ha dicho: ¿pero no sabia yo que hace veinte y
+dos años, doña Elvira te tuvo en su poder? ¿Acaso pudieron engañarse mis
+ojos? como no pudo engañarse mi corazon, no pudieron engañarse mis
+zelos; yo sabia que doña Elvira te amaba, que te amaba con toda su alma,
+con toda la vehemencia de un empeño contrariado. Mi hermano, despues de
+haber quedado tú en poder de doña Elvira por aquella sucesion terrible
+de fatalidades, solo volvió para estar un momento al lado de su esposa y
+ser preso por el Capitan general. Cuando nació Aben-Humeya, no pude
+dudar de que era tu hijo: lo que habia visto, el tiempo trascurrido
+desde la prision de mi hermano, hasta el nacimiento de Aben-Humeya, todo
+me confirmó en que era tu hijo. He guardado este terrible secreto de
+familia, pero en el estado á que han llegado las cosas, es necesario que
+Aben-Aboo y Aben-Humeya sepan que son hermanos: preciso de todo punto.
+
+--¿Y crees que yo fui culpable, que yo acepté por mi voluntad los amores
+con doña Elvira? dijo Yaye cuya voz temblaba.
+
+--¡Doña Elvira era muy hermosa! contestó tristemente doña Isabel.
+
+--Doña Elvira abusó de mi situacion: cuando doña Elvira me perteneció,
+yo no vivia, propiamente dicho: estaba dominado por un marasmo
+profundo... y es mas Isabel, y puedes creerme como si leyeses en mi
+conciencia: en medio de aquella fascinacion fatal, yo creia poseerte
+cuando poseia á doña Elvira. ¡Oh! ¡cuán terrible, cuán funesta es mi
+historia!
+
+--No hablemos mas de eso: ha sido lo que Dios, sin duda para probarte,
+ha permitido que sea. Pero en el punto en que nos encontramos, es
+necesario obrar, y obrar pronto: romper esa cadena funesta con que nos
+estrecha el destino y nos ahoga; remediar como se pueda el mal causado,
+y empezar otra nueva vida, una vida enteramente distinta. Me has
+prometido arrojar esa sangrienta corona; quiero mejor vivir en una
+choza, al lado del mar, alimentándome de la pesca, tranquila,
+descuidada, feliz, con el amor de mi familia, que los alcázares dorados,
+la servidumbre de los esclavos, las vestiduras regias, la grandeza del
+imperio, en medio de los remordimientos de horribles crímenes y bajo el
+peso de insoportables cuidados.
+
+--¡Oh! ¡si quisiera Dios!
+
+--¡Ojalá que Dios no esté irritado contra nosotros!
+
+Y doña Isabel se puso de pié.
+
+--¿A dónde vas? la dijo Yaye.
+
+--Ha salido la luna, contestó doña Isabel.
+
+--No te comprendo.
+
+--Dentro de un momento me comprenderás.
+
+--Pero...
+
+--Silencio... déjame hacer.
+
+--Te confieso que me espanta ese misterio.
+
+--Ese misterio se esclarecerá pronto; pero no me detengas, dentro de un
+momento volveré.
+
+Doña Isabel salió, y Yaye quedó entregado á una ansiedad indescribible,
+á una curiosidad punzante y gravísima.
+
+Doña Isabel entre tanto habia ido á una retirada habitacion de la
+alquería, cuyas ventanas daban sobre un barranco.
+
+Pero antes de decir lo que encontró doña Isabel en aquel aposento,
+debemos poner en antecedentes á nuestros lectores.
+
+Algunos dias antes, doña Isabel habia recibido por medio de un gitano,
+mientras paseaba en el valle próximo á la alquería, una carta de su hijo
+concebida en estos términos:
+
+«Necesito hablaros, madre mia: si quereis concederme esta merced,
+esperadme esta noche cuando salga la luna en una de las ventanas de
+vuestra casa que dan sobre el barranco. Yo llevaré una escala que vos
+podreis recoger con un cordon. Nada de esto digais á vuestro
+esposo.--Vuestro hijo que bien os quiere, Diego Lopez Aben-Aboo.»
+
+Esta carta maravilló á doña Isabel, porque no podia comprenderla: ella
+creia que su hijo estaba al frente de los monfíes avanzado contra
+Granada.
+
+Pero eran tan graves las circunstancias en que se encontraba Yaye, en
+que ella misma se encontraba, que guardó un profundo silencio acerca de
+la carta de su hijo, y aquella noche, en el momento que salió la luna,
+fué á la ventana indicada por Aben-Aboo, la abrió é hizo una ligera
+señal; la contestaron con otra señal desde abajo, y doña Isabel echó el
+cordon de que se habia provisto, sintió que abajo tiraban de él, tiró á
+su vez doña Isabel y trajo consigo una escala: la aseguró al alfeizar,
+se atirantó, y poco despues entró por la ventana un hombre.
+
+Aquel hombre era Aben-Aboo.
+
+--¿Qué significa esto, Diego? le dijo con ansiedad doña Isabel.
+
+--¿Estamos solos, madre mia? dijo el jóven mirando con recelo á su
+alrededor.
+
+--Si, solos estamos: el emir está en la montaña y no vendrá hasta la
+media noche.
+
+--Tenemos entonces tiempo sobrado.
+
+--Pero yo te creia lejos de aquí.
+
+--¿No os ha dicho nada vuestro esposo, madre?
+
+--¿Y qué habia de decirme?
+
+--¿Nada os ha dicho de mí?
+
+--No; solamente que te encontrabas mandando los monfíes hácia el puente
+de Tablate.
+
+--¡Ah! ¿no os ha dicho que yo le hago traicion?
+
+--No... no... ¿pero eso es verdad?
+
+--No, madre, no, pero hay traidores que pretenden desunirnos á todo
+trance.
+
+--Mi esposo está satisfecho de tí.
+
+--Vuestro esposo sabe que me amais madre, y os engaña.
+
+--¡Engañarme!
+
+--Si: desde la noche del levantamiento de las Alpujarras ando huyendo,
+madre mia, y desde entonces el emir me anda buscando.
+
+--Pero ¿por qué huyes?
+
+--Porque sé que el emir me cree traidor, y me castigará. Vos sola, vos
+sola podreis, madre, hacer que el emir se contenga y consienta en
+escucharme. Si me escucha, yo me justificaré: os lo aseguro, porque soy
+inocente: pero quiero que me escuche aquí, aquí y á solas.
+
+Doña Isabel, que amaba con delirio á su hijo, se afligió, lloró, y le
+prometió que el emir le escucharia y que el que se hubiera propuesto
+dividirlos y enemistarlos, seria castigado.
+
+Doña Isabel y Aben-Aboo quedaron en verse tres noches despues.
+
+Doña Isabel iba á cumplir su promesa.
+
+Abrió una ventana, arrojó una piedrecilla al barranco, y se oyó abajo
+una palmada.
+
+Doña Isabel echó un cordon, le retiró, trayendo una escala, la aseguró,
+y á poco apareció un hombre en la ventana y saltó dentro.
+
+Era Aben-Aboo.
+
+--¿Habeis hablado al emir, madre mia? la dijo con ansiedad.
+
+--No; pero le he preparado; ahora le hablaré; él tambien desea hablarte:
+pero, qué pálido estás Diego, qué desencajado: ¿te ha sucedido alguna
+desgracia, hijo mío?
+
+--Es que tengo miedo, madre.
+
+--¡Miedo! ¿y de qué?
+
+--¡Miedo del emir!
+
+--¡Miedo de mi esposo! ¿crees tú que aunque fueses culpable, el emir
+podría castigarte?
+
+--¡Oh! ¡madre mia! un demonio se ha puesto en medio de nosotros.
+
+--¿Quién?
+
+--Mi tio don Fernando el Zaguer.
+
+--¡Oh! ¡siempre fue mi hermano traidor y miserable! pero nada temas,
+Diego, nada: ¿no sabes que el emir me ama con toda su alma? que te
+ama... á tí... porque... porque eres mi hijo?
+
+--¡Madre, madre! ¡decís eso de una manera!
+
+--El emir tiene que revelarte grandes secretos: secretos que tocan á tu
+madre, que te tocan á tí: por terrible que te parezca lo que te revele
+mi esposo... créelo, hijo mio, créelo: tu madre te dice que lo creas.
+
+--¡Pero explicadme!
+
+--No; no: seria para mi demasiado sacrificio: el emir te lo explicará.
+
+--Una palabra: ¿ese secreto pertenece á vos?
+
+--Si.
+
+--¿Y por qué no me lo revelais?
+
+--¿No te digo que seria para mí un horrible sacrificio?
+
+--Me poneis en confusion, madre.
+
+--Mi esposo te sacará de ella. Adios.
+
+--¿Tardará mucho en venir, madre?
+
+--Tardará un tanto, porque necesito prevenirle. Adios.
+
+Y doña Isabel, conmovida y trémula escapó.
+
+Aben-Aboo se quedó solo.
+
+--Si, si, dijo: sin duda pretenden revelarme, que mi padre murió á manos
+de mi tio don Diego de Córdoba y de Válor: pero es ya tarde; ya sé á lo
+que debo atenerme: ¿se referirá esa revelacion á Amina? ¿Quién sube?
+pero es preciso no perder el tiempo; ¡ola! ¡eh! ¡primo! ¡subid, y subid
+pronto! dijo Aben-Aboo en voz breve asomándose á la ventana.
+
+Poco despues otro hombre entró en la habitacion.
+
+Era Aben-Humeya.
+
+--¿Está el emir en la alquería?
+
+--Si, contestó Aben-Aboo.
+
+--¿Y has hablado á tu madre?
+
+--Si.
+
+--¿Y nada sospecha?
+
+--Nada.
+
+--¿De modo que podemos dar el golpe?
+
+--Si, podremos vengar á nuestros padres.
+
+--¡Oh! ¡y qué horribles misterios, primo!
+
+--Pero le tenemos en nuestras manos. La justicia de Dios caerá sobre los
+infames: él muerto: mi madre... no la mataré, porque al fin me llevó en
+sus entrañas; pero castigaré en ella á la infame que se ha unido con el
+asesino de su esposo, con el padre de su hijo.
+
+--Si, si; con el asesino de mi padre.
+
+--Despues, tú, rey de Granada, yo, emir de los monfíes...
+
+--Una palabra, primo: ¿sabes tú del paradero de Amina?
+
+--Yo no: ¿la amas?...
+
+--Te juro que si quise casarme con ella, solo fue por atraerme la
+amistad del emir.
+
+--Y yo lo mismo.
+
+--Muerto el emir...
+
+--Amina nada importa...
+
+--Si la encontramos...
+
+--Si la encontramos la jugaremos á los dados.
+
+--La jugaremos...
+
+--Y quien la gane....
+
+--La encerrará en su haren.
+
+--Convenido.
+
+--Me parece que suenan pasos.
+
+--¡Oh! ¡si! debe ser el emir; escóndete y está pronto: cuando yo me
+abrace á él, hiérele tú por detrás.
+
+--Esconderme ¿y dónde?
+
+--Aquí, tras de este tapiz. Pronto; ocúltate.
+
+Aben-Humeya se escondió.
+
+En aquel momento se abrió la puerta y apareció Yaye.
+
+Se detuvo á alguna distancia de Aben-Aboo y le miró profundamente: el
+jóven temblaba.
+
+--Tu madre me ha dicho que deseabas hablarme, dijo el emir.
+
+--Si, si señor, deseaba hablaros, porque me han calumniado, porque han
+suscitado vuestra cólera contra mí.
+
+--Creo que aquí no hay calumnia, sino error, dijo conteniéndose Yaye.
+Pero necesito que me hables con verdad: ¿me has injuriado de una manera
+irreparable?
+
+--No señor.
+
+--¡Desdichado de tí si no has respetado á Amina!
+
+--Señor, dijo Aben-Aboo, poniéndose letalmente pálido.
+
+--Si, desdichado de tí... porque es necesario decírtelo de una vez...
+Amina es tu hermana.
+
+--¡Que Amina as mi hermana! exclamó aturdido por aquel golpe imprevisto
+Aben-Aboo.
+
+--Si, tu hermana, dijo profundamente conmovido Yaye, porque tú eres...
+porque tú eres mi hijo...
+
+--¡Vuestro hijo! ¡que yo soy vuestro hijo! exclamó Aben-Aboo... pero
+esto no puede ser, no... mi padre se llamaba Miguel Lopez.
+
+--Tu padre soy yo: tú naciste diez meses despues de la muerte de Miguel
+Lopez.
+
+--¡La prueba! ¡la prueba! gritó Aben-Aboo.
+
+--¿No te ha dicho tu madre que creas cuanto yo te digo?
+
+--Pero mi madre es vuestra esposa, exclamó Aben-Aboo: mi madre tiene
+interés... en hacerme pasar por vuestro hijo...
+
+--Aben-Aboo, gritó Yaye: ¿te atreverás á dudar de mí?
+
+Mí padre murió asesinado y le asesinásteis vos.
+
+--¿Yo?...
+
+--Si, vos, emir de los monfíes... y por vengar á mi padre yo he venido á
+mataros...
+
+--¡A matarme! exclamó Yaye, cuya frente se cubrió de sudor frío.
+
+--Si, á mataros y os mato, exclamó Aben-Aboo, y por un movimiento
+rápido, que Yaye aturdido no pudo evitar, se abrazó á él.
+
+Y en aquel momento Aben-Humeya, saltó como un tigre del lugar en donde
+estaba escondido, y antes de que Yaye pudiese desprenderse de Aben-Aboo,
+le clavó un puñal por tres veces en un costado, gritando:
+
+--¡Muere, asesino de mi padre! ¡su hijo le venga en tí!
+
+--¡Misericordia de Dios! exclamó cayendo Yaye: ¡asesinado, y asesinado
+por mis hijos!
+
+Aquella exclamacion en la boca de un hombre herido de muerte, aterró á
+los dos jóvenes que se miraron pálidos de espanto.
+
+--¡Ah! ¡que os perdone Dios! exclamó Yaye cayendo; ¡que os perdone Dios,
+porque no habeis sabido lo que habeis hecho!
+
+--Pero... exclamó Aben-Aboo, inclinándose sobre el emir; ¿sostendreis
+aun á punto de muerte esta impostura?
+
+--¡Que os perdone Dios! dijo con desesperacion Yaye.
+
+--¿Será cierta esa horrible revelacion?...
+
+--Corred, corred: buscad socorro; dijo el emir: yo quiero salvarme, no
+por mí, sino por vosotros: quiero salvarme para que no tengais el
+remordimiento de un parricidio.
+
+En este momento un hombre apareció en la ventana y saltó á la estancia.
+
+Aquel hombre era Laurenti.
+
+--¿Es decir que todo se ha consumado? dijo viendo á Yaye por tierra
+sobre un lago de sangre: ¿es decir que los hijos han matado á su
+padre?...
+
+--Laurenti, exclamó Yaye... tú...
+
+--Si: yo el bandido que se venga.
+
+--¿Has dicho que el emir es nuestro padre? exclamaron los jóvenes.
+
+--Si, y os traigo la prueba. Lee tú esta carta de tu madre, Aben-Humeya;
+la escribió hace veinte y dos años; toma tú esotra, Ahen-Aboo; tambien
+hace veinte y dos años que la escribió tu madre doña Isabel.
+
+--¡Ah! ¡las cartas! ¡las terribles cartas que me robaron! exclamó
+espirando Yaye, mientras los jóvenes devoraban las cartas en que sus
+madres habian anunciado su nacimiento á Yaye.
+
+--Si, si, te las robé yo, dijo Laurenti, rompiendo los sellos de la
+Inquisicion: me he vengado y nada tengo ya que hacer aquí. Adios.
+
+Y antes de que los dos jóvenes pudieran detenerle, se precipitó á la
+ventana y se deslizó por la escala.
+
+--¡Oh! ¡no hay duda, no hay duda, exclamó con desesperacion Aben-Aboo,
+es mi padre! ¡Estoy maldito de Dios!
+
+Y sin atreverse á mirar á Yaye huyó, ganando la ventana y la escala.
+
+Aben-Humeya quedó inmóvil, aterrado, como herido por un rayo, despues de
+leer la carta de doña Elvira.
+
+Luego tieso, ríjido, terrible, como impulsado por un poder superior, se
+acercó á Yaye, se inclinó sobre él y le miró.
+
+Yaye estaba muerto.
+
+--¡Mi padre! dijo con voz ronca: ¡mi padre! añadió, y se apretó las
+sienes con las dos manos, y luego con los cabellos erizados, vacilante,
+como un ebrio, se acercó á la ventana, ganó la escala y se deslizó por
+ella.
+
+El cadáver de Yaye quedó sobre un lecho de sangre en la estancia, y á
+los piés de la mesa donde estaba la luz, las dos cartas que el horror
+habia dejado caer de las manos de Aben-Humeya y de Aben-Aboo.
+
+
+
+
+CAPITULO XXXVIII.
+
+ En que empieza á desenlazarse nuestra historia, con la salida pera
+ la eternidad de dos de sus principales personajes.
+
+
+Entre tanto doña Isabel esperaba impaciente.
+
+Suponia que debia ser larga la entrevista de Yaye y de Aben-Aboo y no se
+habia atrevido á escucharla.
+
+Durante algun tiempo permaneció anonadada en un sillon junto á la
+chimenea. Luego, no pudiendo dominar su ansiedad se levantó, fué á su
+aposento, abrió una puerta, entró en un pequeño retrete, se arrodilló
+delante de un reclinatorio en que habia un cristo crucificado y se puso
+á rezar.
+
+Para doña Isabel aquella era una situacion suprema.
+
+Su pudor de madre iba á verse herido por la horrible revelacion que Yaye
+en aquellos momentos hacia sin duda á su hijo.
+
+Un terror misterioso se habia apoderado de doña Isabel.
+
+Se sentía mal, con el alma comprimida y no sabia darse razon de la
+causa.
+
+Estaba bajo la influencia de esa intuicion inexplicable que nos anuncia
+una desgracia; intuicion ó augurio del cual no podemos darnos cuenta,
+sino cuando la desgracia ha acontecido.
+
+Dominaba en torno suyo un silencio profundísimo y aquel silencio la
+asustaba.
+
+Se distraia y solo rezaban sus labios.
+
+Su corazon no estaba en Dios, sino en aquel apartado aposento donde se
+habian encerrado Yaye y Aben-Aboo.
+
+Pasó asi algun tiempo, sin que nada turbase aquel denso silencio,
+aquella calma glacial.
+
+De repente se oyeron fuertes ladridos de los perros de la alquería,
+luego ruido de voces, y al cabo pasos precipitados en la cámara de doña
+Isabel.
+
+Esta se levantó del reclinatorio y corrió á su cámara.
+
+En ella encontró á Harum-el-Geniz, en cuyo semblante se notaba algo
+extraordinario.
+
+--¿Qué sucede? dijo doña Isabel.
+
+--Debe amenazarnos una gran desgracia, señora, dijo el leal monfí.
+
+--¡Una gran desgracia!
+
+--Si, porque Aben-Jahuar el Zaguer, vuestro hermano y vuestra cuñada
+doña Elvira de Céspedes, acaban de llegar á la alquería y preguntan
+anhelantes por el emir, por vos, por vuestro hijo, por Aben-Humeya.
+
+--Hacedles, hacedles entrar al momento, dijo doña Isabel.
+
+Aben-Jahuar y doña Elvira fueron introducidos.
+
+Doña Elvira se avalanzó pálida á doña Isabel.
+
+Hacia veinte y dos años que aquellas dos mujeres no se veian: es mas,
+que se aborrecian.
+
+Doña Isabel miró con una expresion de gran extrañeza á su cuñada.
+
+--¿Qué quereis en mi casa, señora? la dijo.
+
+--¡Qué quiero! salvar á Yaye, á quien vos habeis perdido, contestó doña
+Elvira.
+
+--¿Qué decis? exclamó con un supremo desprecio doña Isabel.
+
+--¿Dónde está Yaye? exclamó con afan doña Elvira.
+
+--Si, ¿dónde está el emir? repitio Aben-Jahuar.
+
+--¿Pero por qué me preguntais por él de ese modo?
+
+--Urge aprovechar los momentos, hermana, dijo Aben-Jahuar, imponiendo
+silencio con un ademan á doña Elvira.
+
+--Está aquí, en su casa, dijo cada vez mas admirada doña Isabel.
+
+--¡Ah! ¡loado sea Dios! dijo Aben-Jahuar.
+
+--Está hablando de negocios de familia con mi hijo, añadió doña Isabel.
+
+--¿Que está encerrado con tu hijo, hermana? exclamó Aben-Jahuar,
+palideciendo de nuevo: ¿y hace mucho tiempo que han quedado solos?
+
+--Cerca de una hora; pero no comprendo....
+
+--¡Una hora! exclamó aterrada doña Elvira.
+
+--Ha tenido tiempo bastante para asesinarle.
+
+--¡Para asesinarle! exclamó doña Isabel: ¿qué decis?
+
+--Tu hijo cree á tu esposo asesino de su padre.
+
+Doña Isabel no escuchó mas: se precipitó hacia la habitacion donde habia
+dejado á Yaye y á su hijo, y Aben-Jahuar y doña Elvira la siguieron.
+
+La puerta de aquella habitacion estaba cerrada por dentro, y no se
+escuchaba hablar á nadie en aquella habitacion.
+
+--¡Harum! ¡Harum! gritó fuera de sí doña Isabel: echad esta puerta
+abajo, echadla.
+
+Acudieron Harum y algunos monfíes y la puerta cayó por tierra.
+
+Un grito de horror se exhaló de todas las bocas al ver el espectáculo
+que se presentó de repente á los ojos de todos.
+
+Yaye estaba boca abajo sobre un lecho de sangre.
+
+Todos quedaron inmóvibles, aterrados; doña Isabel con el semblante
+desencajado, con la mirada extraviada, dió algunos pasos hácia el
+cadáver, luego se detuvo, vaciló, lanzó uno de esos horribles gritos que
+solo lanzan las mujeres, y que solo expresan en toda su tremenda
+extension, el horror, el dolor, la desesperacion: extendió los brazos y
+cayó de boca sobre el cadáver, como un árbol á quien el hacha hiere por
+el pié.
+
+Doña Elvira habia quedado muda, inmóvil, con la mirada terriblemente
+fija en aquel grupo horrible de la esposa desmayada, sobre el cadáver
+del esposo asesinado.
+
+Aben-Jahuar, horrorizado de sí mismo, miraba tambien, como petrificado,
+aquel grupo, abrumado por el peso de su conciencia.
+
+Harum blasfemaba, levantando el cadáver de su señor, llorando, rugiendo,
+amenazando á los cielos y á la tierra.
+
+Los otros monfíes habian levantando á doña Isabel que parecia muerta, y
+la habian llevado á un divan.
+
+De repente Harum, cierto ya, de que su señor no existia, le dejó de
+nuevo sobre la alfombra, y se volvió con la cólera reconcentrada del
+tigre á doña Elvira y á Aben-Jahuar.
+
+--Vosotros habeis venido, dijo lanzando llamas por los ojos, vosotros
+habeis venido á esta casa anunciando una desgracia, preguntando por
+Aben-Aboo y por Aben-Humeya.
+
+--¡Ellos! ¡ellos! ¡los malditos! ¡ellos han sido! gritó doña Elvira:
+¡sus hijos! ¡el hijo mio y el hijo de esa mujer!
+
+Y doña Elvira, con los ojos inflamados, pero sin verter una lágrima,
+adelantó hácia el cadáver:
+
+--¡Yaye! exclamó: ¡tú has sacrificado todo cuanto has tenido á tu
+alrededor! tu aliento ha sido maldito para todo lo que ha tocado, y te
+has despedazado á tí propio, porque has caido bajo el puñal de tus
+hijos: ¡has vivido de la desgracia agena, y te has labrado tu propia
+desgracia! ¡Que te perdone Dios!
+
+Y aquella mujer cayo de rodillas, levantó las manos al cielo, y luego se
+cubrió con ellas el rostro, y rompió á llorar.
+
+--¡Idos! exclamó Harum-el-Geniz, dirigiéndose á Aben-Jahuar: ¡idos antes
+que mi razon se extravie y no pueda responder de mí mismo! ¡idos y
+llevaos á esa mujer!
+
+--Una palabra, dijo Aben-Jahuar que apenas podia hablar: el emir tenia
+una hija.
+
+--¿Sabeis vos lo que ha sido de la sultana Amina?
+
+--La sultana Amina está en poder de Aben-Aboo.
+
+--¿Pero dónde, dónde?
+
+--En el mismo subterráneo donde murió de hambre Miguel Lopez.
+
+--¡Es decir que vos, cuando tanto sabeis, sois cómplice en el robo de la
+sultana, y acaso en el asesinato del emir! dijo Harum, desnudando su
+puñal y adelantando demudado hácia Aben-Jahuar.
+
+Una mano vigorosa detuvo el brazo de Harum.
+
+Volvióse, y vió tras sí, pálido como un cadáver, á Calpuc, al rey del
+desierto mejicano.
+
+--¡Idos! ¡idos! exclamó Calpuc con voz conmovida.
+
+--Si, me voy, dijo con acento sentido Aben-Jahuar y pluguiera á Dios que
+nunca hubiera venido: pero recordad, Calpuc: Amina está en el
+subterráneo donde vos tuvísteis á Miguel Lopez.
+
+Y arrojando una última é indescribible mirada á Yaye, y asiendo de la
+mano á su cuñada, salió.
+
+Quedaron solos Calpuc, Harum y algunos monfíes junto al cadáver de Yaye
+y doña Isabel desmayada.
+
+--Aquí hay una escala, dijo uno de los monfíes.
+
+--Por aquí han huido los infames, gritó Harum.
+
+--Y en el suelo hay dos cartas, dijo otro monfí.
+
+Tomólas Calpuc, y las leyó extremeciéndose; despues las quemó á la luz
+de la lámpara.
+
+Calpuc parecia sereno, pero en lo pálido de su semblante, y en lo
+concentrado de su mirada, revelaba todo lo intenso de su padecimiento
+interno.
+
+--¡Todo! ¡todo cuanto he amado! exclamó mirando á Yaye.
+
+Harum no podia creer aquello, no queria creerlo, y continuaba rugiendo y
+blasfemando.
+
+--¡Juro al Dios Altísimo y Unico, desgraciado señor, no reposar hasta
+vengarte! ¡juro al Dios Altísimo y Unico, vengarte de tus asesinos! ¡no
+reposaré hasta verter la sangre de Aben-Aboo y de Aben-Humeya!
+
+--Si, pero es necesario salvar á la esposa y á la hija de tu señor: la
+esposa está allí, entre la vida y la muerte... la hija... yo iré delante
+de vosotros á salvar á mi nieta.
+
+ * * * * *
+
+Yaye fue puesto en un lecho por los monfíes que acompañaban á Harum, y
+doña Isabel conducida á su aposento y entregada al cuidado de sus
+doncellas.
+
+Poco despues, armados y á gran paso, atravesaban la montaña cincuenta
+monfíes mandados por Harum y guiados por Calpuc.
+
+ * * * * *
+
+Entre tanto Aben-Jahuar y doña Elvira marchaban por un estrecho camino.
+
+Doña Elvira lloraba.
+
+Aben-Jahuar iba profundamente pensativo.
+
+Al llegar cerca de una venta, Aben-Jahuar se detuvo, y dijo á doña
+Elvira:
+
+--No podemos permanecer en las Alpujarras; aquí todo es terrible para
+nosotros.
+
+--¡Oh! ¡terrible, muy terrible! exclamó doña Elvira.
+
+--Debemos pasar á Africa: la guerra, muerto Yaye, enemistados
+Aben-Humeya y Aben-Aboo, empeñados los monfíes en la venganza del emir,
+fracasará: ¿no podremos olvidar lejos de esta tierra tantos horrores?
+
+--Haced de mí lo que os plazca, porque ya todo me importa poco, contestó
+doña Elvira.
+
+Y se dirigió á la venta en la que entró con Aben-Jahuar.
+
+ * * * * *
+
+Al mismo tiempo Laurenti se encaminaba acompañado de Cisneros á la cueva
+donde habia dejado Aben-Jahuar á Angiolina.
+
+--¿Con que hemos concluido ya, señor Godinez? dijo el comediante.
+
+--Si; si por cierto. Yo os daré tales papeles, que cuando os presenteis
+con ellos al arzobispo de Toledo, basten para que podais sin miedo
+volver á vuestro oficio, por toda España, y permanecer cuanto querais en
+la córte.
+
+--¿Y esa mujer?
+
+--¿La amais todavia?
+
+--Os lo confieso.
+
+--Pues renunciad á ella, porque soy mas fuerte que vos, y tambien la
+amo.
+
+Llegaban en aquel punto á la cueva: en el barranco un hombre tenia dos
+caballos del diestro.
+
+--Esperad aquí, dijo Laurenti.
+
+Y entró en la cueva.
+
+Al sentir sus pasos en la escalera, Angiolina, que habia esperado llena
+de ansiedad algunas horas hacia, se levantó anhelante creyendo que era
+Aben-Aboo.
+
+--¿Me habeis vengado ya? exclamó.
+
+--Si, dijo Laurenti: Aben-Aboo ha matado á su padre.
+
+Angiolina dió un grito al reconocer á Laurenti.
+
+--Y como nada tenemos que hacer aquí ya, dijo el bandido, nos volvemos á
+Roma, mi adorada Angiolina. El destino ha querido que no salgas de mis
+manos, hermosa; primero he sido para tí en los tiempos mas felices de mi
+vida, un hombre misterioso, que gozaba, sino tus amores, tu hermosura;
+despues tu salvador Bempo; luego á veces tu esposo el príncipe Lorenzini
+Maffei, á veces Bempo tu esclavo: después he sido Salvador Godinez,
+autor de comediantes, y al cabo vengo á ser Laurenti el bandido,
+Laurenti tu señor. Prepárate para acompañarme mientras escribo una carta
+para que ese pobre enamorado tuyo Andrés Cisneros pueda volver á la
+córte.
+
+Laurenti sacó de su bolsillo un tintero de asta, le destornilló, sacó de
+una cartera papel, y escribió una carta al arzobispo de Toledo,
+recomendándole á Cisneros, que era merecedor de la gracia del rey,
+decia, contribuyendo á la muerte del emir de los monfíes, el enemigo mas
+respetable que tenia España en las Alpujarras.
+
+Laurenti firmaba aquella carta con el nombre de Lope de Arias.
+
+Mientras Laurenti escribia, Angiolina, considerándose perdida, habia
+meditado un atrevido proyecto: resuelta ya á lo que pensaba hacer,
+compuso su semblante, se dominó, y cuando Laurenti la mandó que le
+siguiese, se apoyó sonriendo de su brazo.
+
+--Sin duda meditas alguna traicion, dijo el bandido, cuando tan
+tranquila te muestras.
+
+--¡Una traicion! dijo Angiolina: te engañas Laurenti... ¿acaso no eres
+tu mi esposo? ¿acaso no me he vengado ya de ese aborrecido emir? ¿pues
+qué causa puede haber para que yo me entristezca?
+
+--Asi cantan las sirenas, pensó para sus adentros Laurenti.
+
+Y siguió hácia afuera llevando consigo á Angiolina.
+
+Cuando llegaron al barranco, Laurenti dijo acercándose á Cisneros.
+
+--Tomad la carta que os habia prometido para el arzobispo de Toledo, y
+una bolsa con que podais hacer el viaje. Montad á caballo y adios.
+
+--¿Y no nos volveremos á ver?
+
+--¿Quien sabe? contestó Laurenti.
+
+--Adios, señora, adios, dijo Cisneros montando á caballo.
+
+Angiolina no contestó, y Cisneros se alejó despechado.
+
+Laurenti puso sobre un cogin, en el arzon delantero, á Angiolina, y
+montó á caballo; dió algunas monedas á quien habia tenido aquellos
+caballos, y siguió el barranco adelante.
+
+Por algún tiempo caminaron en silencio.
+
+La noche era nebulosa, fria, áspero el terreno y el caballo, aunque era
+fuerte y ágil, tropezaba con frecuencia.
+
+--¿Nada tienes que decirme, Angiolina? dijo Laurenti.
+
+--Nada, absolutamente nada, contestó Angiolina con la voz perfectamente
+sonora.
+
+--¿No te aterra estar en mi poder?
+
+--No.
+
+--¿No temes que yo sea para tí un amante excesivamente despótico?
+
+--No, Laurenti, no: si yo hubiera sabido que Bempo, el hombre que me ha
+acompañado durante diez años, eras tú, tú el primer hombre de mi amor...
+
+--¡De tu amor...!
+
+--Si tú hubieras observado otra conducta conmigo... sino me hubieras
+sentenciado á aquella oscuridad misteriosa, á aquella prision, á aquella
+violencia contínua...
+
+--¡Me hubieras amado...!
+
+--Yo te amaba y te aborrecia á un tiempo.
+
+--No te comprendo.
+
+--Miraba en tí á un tiempo el amante y el verdugo: hui del verdugo, pero
+he recordado siempre al amante.
+
+--Para ultrajarle.
+
+--No.
+
+--Has sido querida del marqués de la Guardia.
+
+--Me arrojó en sus brazos un empeño de mujer.
+
+--Has sentido zelos de muerte contra la hija del emir.
+
+--Siempre mi empeño y mi vanidad de mujer: pero me he vengado y estoy
+tranquila: he vuelto á tu poder, y no tiemblo, porque sé que me amas
+Laurenti, que enloqueces por mí, que por mí eres capaz de todo: porque
+sé que no seré tu esclava, sino tu señora.
+
+--¡Ah!
+
+--Si; mis miradas te embriagan, mis palabras te fascinan: mi amor te
+hace esclavo mio.
+
+--Es verdad, dijo con voz ronca Laurenti: por tu amor he cometido mis
+mas repugnantes crímenes; mis crímenes mas horribles: esa hermana en
+poder de su hermano... ese padre asesinado por sus hijos...
+
+Laurenti se estremeció: Angiolina se estremeció tambien.
+
+A entrambos los habian llevado el amor y los zelos á crímenes
+monstruosos; en entrambos la conciencia se sublevaba contra sus hechos,
+implacable, severa: eran dos espíritus condenados.
+
+Pero en entrambos quedaba arraigado el gérmen que los habia llevado á
+aquellos crímenes.
+
+Laurenti amaba con toda su alma á Angiolina, y por un fenómeno singular,
+á aquel amor se unia un odio implacable, porque Laurenti se sentia
+aborrecido por ella.
+
+Lo mismo acontecia á Angiolina; amaba, codiciaba al marqués, pero el
+marqués habia herido su corazon y su vanidad, abandonándola,
+despreciándola por Amina.
+
+Angiolina creia muerto al marqués; le creia muerto por consecuencia de
+los manejos vengativos de Laurenti, y sentia contra él una insaciable
+sed de venganza.
+
+--¡Oh! ¡yo te mataré! dijo en su pensamiento Angiolina, cuando conoció
+que Laurenti estaba, mas que nunca lo habia estado, enamorado de ella.
+
+--Angiolina, dijo Laurenti, despues de algunos momentos de silencio: si
+tú me amases, aun podria ser feliz.
+
+--¿Y por qué no he de amarte? ¿no has hecho por mi inmensos sacrificios?
+¿no lo has sufrido todo? ¿no me has visto acompañada por el marqués,
+apoyada en su brazo, sonriéndole enamorada?
+
+--¡Ah! exclamó Laurenti.
+
+--Sin embargo, yo no amaba al marqués: estaba únicamente ofendida en mi
+orgullo, y creia amor lo que solo eran zelos de vanidad, empeño. Pero
+cuando he sabido que el marqués ha muerto, no he llorado...
+
+--¿Quién te ha dicho que ha muerto el marqués? exclamó Laurenti,
+disimulando su extrañeza, porque sabia bien que el marqués vivia.
+
+--¡Aben-Aboo! contestó Angiolina.
+
+--¿Has sabido que el marqués ha muerto, y no has vertido todo tu corazon
+en lágrimas? ¡si tu hubieras muerto, yo no hubiera podido sobrevivirte!
+
+--Eso debe probarte que no le amaba.
+
+--¡Ah! yo te lo perdonaria todo Angiolina si pudiera creerte.
+
+--¿Y qué pruebas puedo darte para que me creas?
+
+Laurenti se estremeció de conmocion, estrechó convulsivamente la cintura
+de la jóven y la besó en el cuello.
+
+Angiolina suspiró, se volvió, y rodeó sus brazos al cuello de Laurenti.
+
+--¡Yo te amo! le dijo suspirando.
+
+Y le besó en la boca.
+
+--¡Oh! ¡tu amor! ¡tu amor Angiolina! exclamó el bandido ¿no me engañas?
+
+--No; yo te amaré toda tu vida y aun despues de tu muerte.
+
+--¡Oh! ¡amado por tí, mi vida será muy corta, porque la felicidad me
+matará!
+
+--No, no te matará la felicidad, dijo Angiolina, apoderándose
+rápidamente de la daga de Laurenti, y estrechándole con fuerza contra su
+seno: te mato yo.
+
+Laurenti dió un grito: habia sentido una punzada agudísima en su costado
+izquierdo, un cuerpo agudo que penetraba lentamente en su carne.
+
+--Si, te mato yo; miserable asesino; raptor y deshonrador de mujeres;
+ladron infame.
+
+Y Angiolina apretaba con fuerza la daga sobre el costado de Laurenti; y
+la estrecha daga penetraba con lentitud.
+
+De repente Laurenti abrió los brazos, cayó sobre la grupa del caballo, y
+desde allí al suelo.
+
+Angiolina saltó del caballo, y fué al sitio donde estaba Laurenti.
+
+--¡Muerto! exclamó reconociéndole: ¡le he atravesado el corazon!
+¡miserable, que has sido la causa de todas mis desgracias! ¡al fin me
+veo libre de tí! ¡líbre y sola! Ya me he vengado de tí, pero aun me
+queda que vengarme de otro hombre: don Juan ha muerto... es necesario
+que Aben-Aboo muera tambien: y le mataré; sí, le mataré, no sé cómo,
+pero el infierno le arrojará en mis manos.
+
+Y temerosa de que Laurenti no estuviese bien muerto, con la crueldad del
+odio y del miedo, le atravesó las sienes con la daga, sirviéndose para
+hacer penetrar el arma, de una piedra á manera de martillo.
+
+La daga quedó atravesada en el cráneo de Laurenti.
+
+Angiolina registró los bolsillos del cadáver, se apoderó del dinero que
+llevaba y de sus pistoletes, y montando de nuevo á caballo, se alejó,
+exclamando con un gozo horrible.
+
+--¡Oh! ¡de esta vez estoy segura de no volverte á encontrar!
+
+Y resuelta á todo, llevando en la mano un pistolete amartillado, dejó al
+caballo en libertad de marchar por donde mejor quisiera.
+
+Poco le importaba lo que pudíera acontecerla; si encontraba cristianos,
+les diria que era una cautiva escapada del poder de los monfíes, y si
+eran monfíes se declararia cautiva de Aben-Aboo.
+
+El caballo caminaba á la ventura.
+
+De repente, al atravesar una rambla, se escucharon pasos y voces de
+hombres, y se vieron relumbrando algunas antorchas.
+
+Al sentir las pisadas del caballo, todos aquellos hombres avanzaron y
+rodearon á Angiolina.
+
+--Es una dama, exclamaron con asombro.
+
+--Sí, una dama que huye de sus enemigos, exclamó Angiolina.
+
+--¡Ah! dijo un jóven que acababa de sobrevenir: vos sois la princesa
+Angiolina Visconti.
+
+--Y vos sois don Fernando de Válor.
+
+--Sí, yo soy Aben-Humeya.
+
+--Pues me doy por dichosa, dijo Angiolina, porque he huido de mis
+verdugos, y os buscaba para que me amparáseis, señor.
+
+--¡Ah! hermosa princesa, en mala hora venis á ampararos de mí: pero no
+importa: asid del diestro el caballo de esa dama, y adelante. No podemos
+detenernos un momento hasta que estemos en medio de mi ejército. Hasta
+entonces, perdonadme si para salvaros y para salvarme, no me detengo un
+punto. Adelante, adelante y aprisa: es necesario que antes del amanecer
+lleguemos al Laujar.
+
+Aben-Humeya siguió á gran paso al frente de sus moriscos entre los
+cuales siguió marchando el caballo de Angiolina, ó mas bien del difunto
+Laurenti.
+
+
+
+
+CAPITULO XXXIX.
+
+ De cómo se perdieron de nuevo Amina y el marqués.
+
+
+Entre tanto Calpuc, Harum, y un cuerpo como de quinientos monfíes,
+marchaban á gran paso atravesando las Alpujarras en direccion á Orgiva.
+
+Iba ademas con ellos otra persona muy conocida nuestra.
+
+El marqués de la Guardia que habia sido sacado por Harum del alcázar
+subterráneo del emir.
+
+El marqués caminaba entre Calpuc y Harum.
+
+De tiempo en tiempo Calpuc exhalaba un profundo suspiro, al que
+contestaba una imprecacion del marqués y una blasfemia de Harum.
+
+--¡Por los siete cielos, y por el infierno! exclamaba Harum: ¡muerto mi
+señor, y muerto villanamente á traicion! ¡muerto por esos dos
+miserables!
+
+[imagen: ¡Muere, asesino de mi padre!]
+
+El marqués juraba y votaba, y ofrecia su alma al diablo por matar á
+Aben-Aboo que le habia robado á su esposa y á su hija; pero el marqués
+no sabia, que Aben-Aboo y Aben-Humeya eran hijos del emir, y que por lo
+tanto Amina era hermana de ellos.
+
+Calpuc guardaba tambien dentro de su alma aquel terrible secreto.
+
+Los tres aguijaban sus caballos, hasta el punto de dejar atrás á los
+monfíes, que aunque iban á la carrera, no podian seguirlos.
+
+De tiempo en tiempo Harum se volvia y gritaba á los monfíes:
+
+--¿Os habeis convertido en bueyes cansados, de cabras sueltas que érais?
+¿no sabeis que vamos en busca del asesino del emir, que vamos á libertar
+á la sultana?
+
+Los monfíes lanzaban un alarido de furor y forzaban su carrera.
+
+Pero por mucho que apresuraban su marcha, y aunque eran fuertes é
+incansables, no podian seguir á los caballos.
+
+Estos les tomaron gran delantera.
+
+A punto de amanecer, el caballo del marqués, mas fuerte, ó mejor llevado
+por su ginete, habia adelantado á los de Calpuc y Harum, y entraba en la
+rambla de los Gamos, en aquella rambla donde existia aun la encina
+muerta, de cuyas deshojadas ramas habia mandado colgar veinte y dos años
+antes Yuzuf, padre de Yaye, á los monfíes asesinos de Miguel Lopez.
+
+Pasaba el marqués á la carrera junto á aquella viegísima encina, cuando
+de repente se oyó el galope de otro caballo, y apareció al fin, trayendo
+sobre su lomo un hombre y una mujer.
+
+Este caballo, conduciendo aquel grupo, pasó como una exhalacion por
+delante del marqués cortando la carrera á su caballo.
+
+A la luz de la mañana, el marqués creyó reconocer en aquella mujer á
+Amina, en aquel hombre á Aben-Aboo, y no pudo quedarle duda, porque
+reconocido por Amina, la oyó gritar:
+
+--¡Sálvame! ¡sálvame de este infame!
+
+El marqués revolvió violentamente su caballo, exponiéndole á dar de
+través, y destrozándole en esta vuelta violenta; y se puso en
+seguimiento de Aben-Aboo.
+
+Pero fuese que el caballo de este fuese mas fuerte que el del marqués ó
+que estuviera mas descansado, á pesar de la desventaja de llevar sobre
+sí dos personas, siguió sosteniendo la ventaja que habia ganado, y sin
+que el marqués pudiera por mas que castigaba y excitaba á su caballo,
+hacerle disminuir aquella ventaja.
+
+Hubo un momento en que Aben-Aboo revolvió su caballo con la intencion
+manifiesta de venir sobre el marqués y empeñar un combate.
+
+Pero vió tras el marqués á otros dos ginetes á lo lejos, aunque no pudo
+reconocerlos, y allá, mas lejos aun, los monfíes que entraban á la
+carrera en la rambla, y se puso de nuevo en fuga.
+
+--¡Flanquead! ¡flanquead y cortadle la huida! gritó Harum á los monfíes:
+¡flanquead, mientras nosotros le seguimos por derecho!
+
+Y los monfíes, al escuchar aquella voz de mando, se dividieron en dos
+bandas, y tomaron los atajos y los desfiladeros de la sierra.
+
+El marqués continuaba clavando sus espuelas en los flancos de su caballo
+que lanzaba gemidos de dolor, y corria cubierto de espuma, pero sin
+alcanzar ventaja.
+
+El caballo de Aben-Aboo no podia adelantar tampoco, por el aumento de su
+carga.
+
+De repente el caballo del marqués, se paró jadeante: se extendió, tosió
+fatigosamente, arrojó un vómito de sangre y cayó muerto.
+
+Don Juan lanzó una blasfemia, se desembarazó de los estribos, y siguió
+corriendo tras Aben-Aboo, pero desesperado.
+
+De improviso lanzó un grito de alegría.
+
+El caballo de Aben-Aboo habia caido rebentado tambien.
+
+Calpuc y Harum continuaban montados, pero sus caballos se resistian á
+las espuelas y se negaban á correr.
+
+Los monfíes empezaban á aparecer sobre los flancos de la montaña y se
+oian sus gritos de amenaza á Aben-Aboo.
+
+Este se desembarazó tambien de los estribos, asió á Amina; cargó con
+ella y se embreñó.
+
+Parecia inevitable la captura de Aben-Aboo, ó que á lo menos se veria
+obligado á abandonar su presa.
+
+De tiempo en tiempo, Amina lanzaba un grito de socorro, y Harum, que
+habia logrado incorporarse al marqués, gritaba á los monfíes, algunos de
+los cuales preparaban sus arcabuces y sus ballestas:
+
+--¡No tireis! ¡no tireis! ¿no veis que podeis herir á la sultana?
+
+Aben-Aboo, como si le hubiera prestado fuerzas un poder sobrenatural,
+seguia corriendo.
+
+Oyóse de improviso un grito de triunfo de Aben-Aboo.
+
+Acababa de entrar en la jurisdiccion maldita, por decirlo asi, de la
+Princesa encantada; en aquel escondrijo que habia encontrado por
+casualidad Laurenti.
+
+Ya hemos dicho que aquel lugar era terriblemente respetado por la
+credulidad supersticiosa de los monfíes: al llegar á cierto punto, Harum
+se detuvo aterrado, como si hubiera tratado de penetrar en el infierno,
+y los monfíes que flanqueaban la montaña, se detuvieron tambien y
+retrocedieron cuando reconocieron la hoya.
+
+Solo el marqués, con la espada desnuda en una mano, y un pistolete
+amartillado en la otra, seguia tras Aben-Aboo y Amina, que se acercaban
+ya á la roca á la que se habia dado el nombre de Princesa encantada.
+
+Aben-Aboo dió la vuelta á la roca y penetró por la grieta, recorrió los
+primeros senos, y al llegar á un paraje se detuvo, dejó en el suelo á
+Amina que se habia desmayado por la emocion y la fatiga, se inclinó
+sobre el suelo, levantó una piedra, y descubrió una mecha de yesca seca
+y perfectamente preparada.
+
+Aben-Aboo cogió aquella mecha entre la cazoleta del pedreñal, y dió
+fuego: la mecha empezó á arder; Aben-Aboo cargó de nuevo con Amina y
+continuó descendiendo á la carrera, internándose rápidamente en el
+subterráneo.
+
+El marqués de la Guardia, aunque muy retrasado, penetró tambien en la
+gruta espada en mano, siguiendo á Aben-Aboo.
+
+Entre tanto los monfíes detenidos por su terror supersticioso en la
+frontera, por decirlo asi, de aquel terreno maldito, no daban un paso:
+el mismo Harum vacilaba, solo Calpuc atravesó á la carrera aquella
+demarcacion fatal.
+
+Excitado al fin Harum por su lealtad á sus señores, la pasó tambien.
+
+Pero ni un solo monfí adelantó.
+
+Limitáronse á rodear aquella demarcacion.
+
+Calpuc adelantaba, Harum le seguia.
+
+De improviso una detonacion horrorosa hizo temblar la tierra; la roca
+que representaba la Princesa encantada, voló lanzando á gran altura
+enormes fragmentos, y solo quedó en el lugar que ocupaba un monton de
+escombros calcáreos.
+
+Calpuc y Harum se detuvieron pálidos de espanto; y los monfíes lanzaron
+un alarido de terror.
+
+Era imposible ya penetrar en el subterráneo: Aben-Aboo, Amina y el
+marqués de la Guardia, habian quedado sin duda sepultados.
+
+Calpuc y Harum, pasado el primer momento de terror, corrieron al lugar
+de la catástrofe, y al contemplar aquel hacinamiento de rocas rotas,
+impidiéndoles el paso, separándolos de Amina y del marqués, cayeron de
+rodillas y oraron por ellos.
+
+Pero de repente Harum se alzó.
+
+En su semblante pálido se veia una expresion terrible de venganza, de
+una venganza ansiosa; sus ojos destellaban sombríos relámpagos de
+muerte.
+
+Como él, Calpuc se habia alzado rígido y terrible.
+
+--De seguro, dijo volviéndose á Harum, en esta terrible voladura, solo
+ha perecido el marqués de la Guardia. Aben-Aboo se ha dirigido aquí sin
+vacilar: debia conocer este escondrijo: debia tenerlo preparado á todo
+evento. Las voladuras se efectúan siempre para arriba: esto lo sé yo muy
+bien, como que he hecho volar muchas masas de pedernal, en el desierto
+mejicano para buscar el diamante: esa caverna debe tener una salida por
+la cual se habrá sin duda salvado ó se salvará con Amina Aben-Aboo...
+pero el pobre marqués...
+
+--Acaso se haya salvado tambien, murmuró con acento ronco Harum; seguia
+ya de cerca á Aben-Aboo.
+
+--Pero lo que nos queda que salvar es mi viznieta; sin duda ha sido
+abandonada por Aben-Aboo en el lugar donde ha tenido oculta á mi nieta.
+Corramos, Harum, corramos: salvemos al menos á la última de nuestra
+familia.
+
+--Y á los que no podamos salvar, los vengaremos, exclamó Harum
+roncamente.
+
+Y alejándose de la sima que habia abierto la explosion llegó con paso
+lento y tardo al lugar de donde no se habian atrevido á pasar los
+monfíes.
+
+Calpuc le seguia.
+
+Harum hizo sonar su corneta.
+
+Poco despues los quinientos monfíes, con sus dos banderas, estaban
+agrupados á su alrededor:
+
+--¡Valientes! gritó Harum: ya sabeis que el emir ha sido asesinado por
+Aben-Aboo y Aben-Humeya.
+
+--¡Venganza! gritaron á una voz todos los monfíes como impulsados por un
+mismo pensamiento.
+
+--¡Si, venganza, y venganza terrible! vosotros sois los valientes que
+componiais la guardia del emir, los que ibais tras su bandera: á
+vosotros toca vengarle y le vengareis. ¿Hay alguno entre vosotros que no
+quiera jurar enemistad á muerte á Aben-Aboo y Aben-Humeya?
+
+Todos callaron.
+
+--Mirad que vuestro silencio es un juramento de venganza contra esos dos
+infames: que el que no quiera ser de los nuestros hable, y quedará
+libre.
+
+Continuó aquel elocuente silencio.
+
+--¿Es decir que desde hoy todos somos hermanos? gritó Harum.
+
+--Si.
+
+--¿Que todos nos obligamos á ayudarnos, defendernos y avisarnos?
+
+--Si.
+
+--¿Que en cualquier tiempo y ocasion puedo contar con vosotros cuando os
+llame?
+
+--Si.
+
+--¡En el nombre de Dios Altísimo y Unico! ¡que ninguno de vosotros
+olvide lo que ha jurado, sino quiere ser tenido por infame y traidor!
+
+--¡No! ¡no! gritaron en coro los monfíes.
+
+--Pues bien: que ninguno de vosotros diga ni aun á su padre el nombre de
+los asesinos del emir.
+
+--¡No! ¡no!
+
+--Ahora, valientes, separémonos: yo haré de modo que todos, cualquiera
+que sea en el lugar donde nos encontremos, sepamos los unos de los
+otros: quedaos conmigo los de mi taifa: los demás á vuestros
+apostaderos.
+
+Harum extendió el brazo en un ademan de imperio, y los monfíes se
+disolvieron, encaminándose á distintos puntos.
+
+Solo quedaron con Harum cien hombres con una bandera.
+
+--Ahora, dijo Calpuc, á mi antiguo subterráneo.
+
+ * * * * *
+
+Al oscurecer de aquel mismo dia, Calpuc y Harum penetraron en el
+subterráneo.
+
+Antes de llegar á la habitacion donde habia muerto Miguel Lopez, oyeron
+el llanto desesperado de una criatura.
+
+Cuando llegaron á aquella habitacion, encontraron á la pequeña hija de
+Amina abandonada sobre el lecho.
+
+Tomóla Calpuc en sus brazos, la besó en la frente, y exclamó llorando:
+
+--¡Lo último, lo último acaso que me queda de todo cuanto he amado!
+
+
+
+
+CONCLUSION.
+
+LA VENGANZA DE LOS MONFIES.
+
+
+
+
+CAPITULO XL.
+
+ En qué estado se encontraba la guerra de las Alpujarras algunos
+ meses despues de los sucesos anteriores.
+
+
+La guerra de las Alpujarras se hacia cada vez mas difícil y de resultado
+mas dudoso.
+
+El marqués de Mondéjar no tenia medios para reprimir la insurreccion.
+
+Le faltaban hombres y dinero.
+
+Ademas, entre él y el presidente de la Chancillería, se cruzaban
+competencias de autoridad.
+
+Las prudentes medidas que el marqués de Mondéjar tomaba para mantener en
+paz á los moriscos del Albaicin y de la Vega, eran inutilizadas por las
+severas é imprudentes represiones que el presidente don Pedro de Deza
+ejecutaba sobre los moriscos.
+
+Los alguaciles y las guardas de la Chancillería, se permitian con ellos
+toda clase de excesos, y por la mas leve causa, con los mas absurdos
+pretextos, eran encarcelados.
+
+La mayor parte huian á las Alpujarras.
+
+La rebelion crecia.
+
+Un dia y otro llegaban noticias terribles.
+
+Ya era la de que en Guecija, los monfíes, despues de haber acorralado en
+la torre de su iglesia á una comunidad entera de frailes agustinos la
+habian matado, echándoles aceite hirviendo por un agujero abierto en el
+techo de la habitacion en que se encontraban; ya de que habian enchido ó
+rodeado de pólvora al cura de Mairena, y le habian puesto fuego, y de
+que habian enterrado hasta la cintura al vicario de la misma villa, y le
+habian asaeteado; enterrando á otros eclesiásticos hasta el cuello, y
+dejándolos morir de frio y de hambre; ya de que á otros cristianos
+habian mutilado los miembros y entregádolos á las mujeres para que con
+almaradas los acabasen de matar; ya que á este ó al otro corregidor,
+alguacil, corchete, ó miembro de justicia habian acañabereado,
+apedreado, desollado ó despeñado; ya que á los hijos del alcaide de la
+Poza llamado Arze, habian dado cruel muerte degollando al uno; azotando,
+crucificando, é hiriendo en el costado al otro, como en escarnio y
+reproduccion de la muerte de Jesucristo; ya que un convento entero de
+monjas habia sido entrado, y repartidas las monjas jóvenes entre ellos y
+hechas sus mancebas, y destinadas á la mas dura servidumbre las monjas
+viejas: ya, en fin, de horrores repugnantes, inconcebibles, de todo
+punto infames, practicados por los monfíes.
+
+Los que escapaban, maltratados algunos y heridos, llevaban el terror á
+Granada, y las peticiones de represion y de venganza de los ciudadanos
+atemorizados, hacian mas precaria la situacion de los moriscos de la
+ciudad, y enconaban las diferencias entre el presidente don Pedro de
+Deza, y el capitan general, marqués de Mondéjar.
+
+Este opinaba que nada debia hacerse contra los que en nada habian
+delinquido, y protegia abiertamente á los moriscos de la ciudad, porque
+decia:
+
+--Si ellos tuviesen pensamiento de alzarse, y de faltar á la lealtad al
+rey, hubieran aprovechado la entrada de los monfíes en el Albaicin la
+noche de Navidad: manteniéndoles en su lealtad por medio de la blandura;
+se conseguirá que muchos de los moriscos de las Alpujarras que ven la
+guerra dudosa y la temen, se vengan á Granada á ponerse bajo el amparo
+del rey, cuando si á los de la ciudad se les trata con rigor, huiran á
+las Alpujarras y aumentaran desesperados la fuerza de la rebelion.
+
+Pero en contra de las razones del marqués, el presidente decia.
+
+--Los de la ciudad y los de las Alpujarras son unos mismos: si los de
+acá no se han levantado, es porque no han visto seguro el suceso, pero
+el dia en que por recibir ayuda de Berbería los rebeldes, ó por otra
+circunstancia, crean llegada la hora del triunfo, se sublevaran y nos
+encontraremos con los enemigos en casa. Deben, pues, ser considerados
+como enemigos ocultos y tratados con rigor.
+
+No se sabia á cuál de estos dos opuestos pareceres conceder el acierto;
+pero el resultado era que el presidente conspiraba contra el marqués de
+Mondéjar; y que el marqués de Mondéjar andaba contrario y enemistado con
+el presidente; que la ciudad, dependiente de la Chancillería en gran
+manera, andaba rehacia en ayudar en lo que podia al marqués, y que los
+habitantes castellanos, acusaban públicamente de blandura y de
+parcialidad por los moriscos al capitan general, y pedian le sustituyese
+el marqués de los Velez don Luis Fajardo, adelantado de Murcia, en quien
+decian tener mas confianza.
+
+Del mismo modo los caballeros y gentes que habian venido á ayudar en la
+empresa al marqués de Mondejar, estaban divididos, ayudando los unos al
+capitan general, poniéndose los otros de parte del presidente y del
+marqués de los Velez.
+
+Aben-Humeya entre tanto habia acabado de levantar todas las Alpujarras;
+habia dado ocasion á que el fuego cundiese á la tierra de Almería, á la
+Axarquia de Málaga y á la serranía de Ronda; habia enviado embajadores
+al rey de Argel avisándole del buen punto en que se encontraba la
+guerra, y pidiéndole socorro, y habia enviado á Africa á Hernando el
+Habaquí á tomar turcos á sueldo, de los que andaban pirateando en el
+Mediterráneo.
+
+Entre tanto las gentes del rey de España llevaban en las Alpujarras la
+peor parte; el capitan Avila habia sido vencido y encerrado en Adia;
+Castil de Ferro fue tomado por los monfíes; Orgiva habia sido entrada y
+ocupada; y el mismo Aben-Humeya, cargando con seis mil hombres sobre el
+puente de Tablate donde estaban las avanzadas de la gente del marqués de
+Mondejar, las hizo retroceder, venciéndolas y obligando al capitan Diego
+de Quesada que las mandaba á retirarse á Durcal.
+
+Por esta victoria de Aben-Humeya, Granada estaba amenazada.
+
+El marqués de Mondejar se vió obligado, pues, á salir contra el enemigo,
+dejando encomendado el gobierno de la ciudad á el presidente don Pedro
+de Deza, y llevando por todo ejército ochocientos infantes, doscientos
+caballos y algunos caballeros particulares.
+
+Cuando llegaron encontraron cortado el puente.
+
+Al otro lado estaba Aben-Humeya con un estandarte y tres mil y
+quinientos hombres entre monfíes y moriscos, armados parte con arcabuces
+y ballestas, parte con hondas y armas enhastadas.
+
+Parecian dispuestos á defender á todo trance aquella puerta de las
+Alpujarras.
+
+Aben-Humeya, ginete en un caballo negro, con corona en la cabeza y
+vestiduras reales, seguido de su estandarte, recorria sus apiñados
+escuadrones que ocupaban el repecho; alentaba á los unos, excitaba á los
+otros, ofrecia recompensas, se multiplicaba, acudia á todas partes, y
+obraba, en fin, como un valiente capitan.
+
+El marqués de Mondejar por su parte, mandó á la infantería forzar el
+paso del puente; pero la infantería que acompañaba al marqués, reunida
+de improviso pocos dias antes, mal regida y poco disciplinada, fue
+rechazada por los monfíes, que repasaron el puente cargando en tropel y
+con recio alarido sobre las gentes del marqués.
+
+Entonces Mondejar mandó cargar á la caballería, pero á la primera
+envestida empezaron á arremolinar algunas picas de su escuadron, y el
+marqués, resuelto á todo, se vió obligado á envestir en persona, seguido
+de su guardia, de sus escuderos y de los caballeros particulares que le
+acompañaban.
+
+Aconteció que, como el paso era estrecho, entre dos cerros, y los
+monfíes se embarazaban unos á otros por el poco espacio, y presentaban
+un frente de ocho hombres, no pudieron resistir los primeros la
+acometida del marqués y de sus gentes, fueron arroyados y arrojados á
+los barrancos laterales los primeros en que se encarnizó la embestida, y
+revueltos los de detrás, y siendo muy estrecho el paso del puente,
+cayeron la mayor parte despeñados al fondo del tajo, se retiraron los
+demás, y alentada la gente del marqués, pasó á la carrera y á la
+deshilada por las tablas, apretando á los monfíes y haciéndoles
+retirarse á la montaña, donde no podian perseguirlos los caballos.
+
+El marqués pasó adelante, puso alguna arcabucería en el castillo de
+Lanjaron, que encontró abandonado, y acampó en una cumbre delante de los
+enemigos.
+
+Pero esta victoria, señalada é importantísima, porque quebraba el primer
+ímpetu de los monfíes, debida al arrojo y á la sangre fría de Mondejar,
+no fue bastante para darle autoridad como capitan y acallar las
+rencillas y las competencias del presidente de la Chancillería y la
+rivalidad del marqués de los Velez.
+
+De nada le sirvió tampoco el haber libertado á Orgiva, el haber
+conseguido notables ventajas sobre el enemigo, obligándole á
+concentrarse, y todo esto con poca gente, sin ningun dinero, sin
+bastimentos ni provisiones.
+
+Culpábasele por el presidente Deza de haber causado con sus
+contemporizaciones la rebelion de los moriscos; se desestimaban sus
+triunfos, se atribuian al acaso mas que á la pericia, todo esto en
+cartas al rey en que por el contrario se elogiaba al marqués de los
+Velez, que, requerido por el presidenta Deza, habia entrado con sus
+deudos, amigos y allegados en el reino de Almeria; se ponderaban su
+valor y su pericia: se referia enfáticamente cómo habia combatido una
+gruesa taifa de moros que atravesaban desvandados por Illar; cómo habia
+tomado á Flix, villa de moriscos y saqueádola y llevádola á sangre y
+fuego, y matando mas mujeres que hombres, y cómo por falta de vituallas,
+se habia visto obligado á recogerse á Casar de Canjayar, á quien por
+otro nombre llamaban y aun llaman hoy, barranco de la Hambre, en memoria
+de que en él se recogieron los moriscos cuando don Fernando el Católico
+fué sobre Andarax, en la primera rebelion de las Alpujarras, barranco en
+el cual murieron de hambre casi todos los moriscos que en él se
+refugiaron.
+
+Felipe II recibia estas cartas; las leia detenidamente, conocia la
+parcialidad que en ellas se encerraba, y no proveia socorros ni para
+Mondejar ni para el marqués de los Velez, ni se decidia por el uno ni
+por el otro.
+
+Política incomprensible, que dejaba crecer una rebelion respetable, que
+dilataba la guerra y empequeñecia la influencia del rey en las
+Alpujarras.
+
+Sin embargo, puso algun temor á los moriscos la toma de Poqueira,
+Jubiles y Paterna, lugares que por su aspereza creian inexpugnables,
+tomas tanto mas dolorosas para ellos, cuanto por la reputacion de
+fuertes de aquellas villas, habia recogido en ellas todos sus caudales
+que fueron tomados por los cristianos.
+
+Con estas ventajas creyó el marqués de Mondejar tener ya vencida y á
+punto de terminar la rebelion; pero esta, que parecia sosegada en el
+centro de las Alpujarras, saltó por otras partes á las Guajaras, que son
+tres lugares pequeños al Poniente de las Alpujarras, situados entre
+Almuñecar y el valle de Lecrin, en la rambla que va á parar al puerto de
+la Herradura.
+
+Los monfíes ocuparon los dos peñones que se llaman las Guajaras, uno
+alto, de subida áspera y dificil, y otro mas bajo y accesible.
+
+Fortificáronlos como pudieron, con piedra seca y mantas y enjalmas, á
+falta de tierra y ramas, y aumentado su número por tres mil moriscos de
+los lugares vecinos, esperaron al marqués, que dejando con sobrada
+impremeditacion á sus espaldas lugares sospechosos y mal reducidos como
+Ohañez y Válor, cargó sobre las Guajaras donde de nuevo aparecia la
+rebelion audaz y provocadora.
+
+Desastrada pudo ser para los castellanos esta empresa por la imprevision
+del marqués de dejar á sus espaldas y á sus flancos lugares enemigos.
+
+Acometidas las Guajaras, los monfíes y los moriscos se defendieron con
+el valor de la desesperacion; el ardor del capitan de infantería don
+Juan de Villaroel empeñó á una bandera de arcabuceros en el asalto
+imprudente del peñon mas difícil; cundió la imprudencia, y ya pasaban de
+ochocientos infantes los que subian por lo mas áspero del peñon, sin que
+el marqués de Mondéjar pudiese contenerlos; alentado el capitan
+Villaroel con aquel aumento de gente, creyendo tener asegurado para sí
+el honor de la jornada, desoyendo las órdenes del marqués, prosiguió en
+el asalto de una manera desvandada, dando ocasion á los monfíes de que
+le rechazasen con sus arcabuces y ballestas, y con una lluvia de piedras
+derrumbadas desde el alto del peñon.
+
+De los moros, todos eran á arrojar: hombres, mujeres, viejos y niños.
+
+Los cristianos fueron rotos, muertos de una manera desastrada la mayor
+parte de ellos; cargados por los moros que, al ver el desórden, saltaron
+del peñon abajo, y mataron entre otros muchos hidalgos al imprudente
+capitan Villaroel, que cayó desalentado con la espada en la cinta,
+acuchillado en la cabeza, y mutiladas las manos con que pretendia parar
+los golpes de los alfanjes y yataganes.
+
+Murió allí tambien don Luís Ponce de Leon, que estando herido de muerte
+y por tierra, le despeñó un criado suyo por salvarle; y asimismo
+murieron el veedor de las compañías de Granada Juan de Ronquillo, y el
+único hijo del maestre de campo Hernando de Oruña, que cayó
+ensangrentado á los piés de su mismo padre.
+
+El marqués, á la vista de aquel estrago y de los enemigos que
+embravecidos por el triunfo cargaban, prolongándose por la cumbre para
+tomarle las espaldas, guiados por los terribles walies Gironcillo y el
+Zamar, envió á don Alonso de Cárdenas con una manga de arcabucería á que
+contuviese su ímpetu.
+
+Logróse, conteniéndose el impetu de los enemigos; llegó la noche, y el
+marqués con su gente recogida y en ordenanza permaneció acampado delante
+de los moros.
+
+Al amanecer llegó al campo del marqués su retaguardia, compuesta de
+cinco mil quinientos hombres y cuatrocientos caballos.
+
+Renovóse de nuevo el asalto del peñon por todas partes, y siendo el
+combate encarnizado todo el dia, con gran mortandad de los cristianos,
+que eran heridos por los moros desde sus reparos y asperezas á mansalva.
+
+Visto por los monfíes y los moriscos que se encontraban cercados, que el
+campo del marqués habia vencido, que les faltaban municiones y víveres,
+y que al dia siguiente podrian resistir mal un nuevo asalto, rompieron
+durante la noche por el lugar que encontraron mas flacamente cercado,
+salvándose los monfíes con sus capitanes Gironcillo y el Zamar, y
+sacando las mujeres y niños que pudieron, pero quedando otro gran número
+de los naturales en las Guajaras defendiendo el peñon.
+
+El marqués puso parte de su gente en demanda de los que huian, y el wali
+Zamar, embarazado por el peso de una hija doncella, á quien habia tomado
+en sus brazos, porque no podia seguir de cansada, fue herido en un muslo
+por un arcabucero preso, cautivada y deshonrada aquella hija por cuya
+salvacion se habia perdido, y enviado él mismo á Granada, donde le mandó
+atenacear el conde de Tendilla, hijo del marqués de Mondéjar.
+
+Los horrores crecian.
+
+Los desdichados que habian quedado cercados en el peñon, gente floja,
+mujeres, niños y viejos la mayor parte, fueron acometidos, tomada la
+cumbre del peñon despues de un ligero combate, y pasados todos los que
+allí se encontraron á cuchillo, sin distincion de persona, edad, ni
+sexo.
+
+Cuando hoy se pasa por entre los peñones de las Guajaras, los naturales
+señalan algunas anchas ráfagas de tierra roja, y pretenden que aquella
+es la señal de la sangre vertida en aquella jornada.
+
+Esta jornada fue de poco honor para Mondéjar; habia triunfado si, pero
+perdiendo la mitad de su gente, sin un gran resultado decisivo, puesto
+que aquella matanza de moriscos irritó mas que aterró á los
+insurreccionados.
+
+Aquella victoria habia sido tan costosa, que se tenia por una derrota, é
+hizo pensar que si de esta suerte seguia triunfando con frecuencia el
+marqués, se necesitarian para la guerra de las Alpujarras los ejércitos
+de Jerjes y los tesoros de Creso.
+
+Apretaban, pues, el presidente Deza y los vecinos mas calificados de
+Granada en que se encomendase la empresa de la pacificacion de las
+Alpujarras al marqués de los Velez, quitando este cargo al de Mondéjar.
+
+Este último, por su parte, daba por concluida la guerra; pero para
+desmentirle se levantaban Ohañez y el marquesado del Zenete con nuevo
+empeño y temeridad increible; apenas castigados estos lugares, se
+alzaban otros, y los vencidos volvian á levantarse cuando el ejército
+cristiano, yendo de acá para allá, los desalojaba para ir á sujetar
+nuevas insurrecciones.
+
+Perseguíase, buscábase á Aben-Aboo y Aben-Humeya, y no se les
+encontraba; pero los soldados no se volvian sin haber saqueado y
+cometido todo género de excesos en los lugares á donde habian ido á
+buscarlos.
+
+Válor, Narila, Orgiva, sufrieron sucesivamente cuantas calamidades
+pueden llevar la guerra y el bandidaje á una poblacion; las mujeres y
+los niños eran cautivados y vendidos, y muertos los hombres y los
+viejos.
+
+Veíase con frecuencia una larga caravana de moriscas descalzas,
+desgreñadas, aterradas, llevando sus hijos en los brazos unas, y otras
+de la mano, atravesando las montañas, escoltadas por algunos monfíes, en
+fuga de los cristianos que se habian acercado á su poblacion.
+
+Acontecia muchas veces que estas pobres caravanas de fugitivos
+encontraban con un cuerpo de cristianos, que los acometian, se
+ensangrentaban en ellos, los cautivaban, y no perdonaban género de
+ferocidad.
+
+Otras veces, por el contrario, los monfíes encontraban al revolver de un
+desfiladero una inmensa turba desvandada de soldados españoles, cargados
+con la presa de una poblacion que acababan de saquear, y llevando
+consigo mujeres cautivas; entonces los cristianos, embarazados por el
+botin, eran degollados, sin que los monfíes tomasen uno solo preso, y á
+veces sin que perdiesen los degolladores un solo hombre.
+
+Era, en fin, una guerra de exterminio y de bandidaje, cuyo fin no se
+veia, y que amenazaba siempre con el peligro de que el turco tomase
+parte en ella, enviando á las Alpujarras un formidable ejército.
+
+Por resultado de un terrible descalabro sufrido en Válor por las gentes
+del marqués, el rey mandó á este que recogiese su gente á los lugares
+fuertes y suspendiese todo género de hostilidades hasta recibir nuevas
+órdenes.
+
+Algo mas adelante el rey conoció que se necesitaba mas capitan para
+aquella empresa, que el marqués de los Velez y el de Mondéjar, y encargó
+de ella á su hermano don Juan de Austria, á quien, á pesar de su
+mocedad, daba aliento y autorizaba la generosa sangre de su padre, el
+poder y respeto de su hermano, y bajo cuyas órdenes estarian mas
+obedientes los capitanes y mas sujetos los soldados.
+
+Por otra parte, alentados los monfíes y los moriscos por las ventajas
+que recientemente habian alcanzado tras los pasados desastres, habian
+crecido en brios; Aben-Humeya mas ayudado por los suyos entró con mayor
+autoridad en el gobierno; imitó la manera de ordenar la gente y de
+combatir de los cristianos, dividió su ejército en tercios, compañías y
+escuadras; nombró para estos cuerpos, maestres de campo, coroneles,
+capitanes, alféreces y cabos; dió á cada compañía una bandera, y como
+estandarte suyo levantó un guion rojo con las armas de Granada.
+
+Dividió las Alpujarras en partidos, y estos partidos en taas, poniendo
+en cada taa para su gobierno un alcaide que atendiese á la defensa y al
+mando de su demarcacion, y por último, para su decoro y seguridad
+personal, creó una guardia de cuatrocientos arcabuceros.
+
+Tranquilos entre tanto y sosegados los moriscos de Granada, y los de la
+Vega, estaban muy lejos de temer la inmensa desgracia que se les
+preparaba con la venida de don Juan de Austria.
+
+El primer augurio de estas desdichas, fue la matanza que hicieron
+algunas gentes de Granada, de moriscos que estaban presos en la cárcel
+de la Chancillería por mandado del presidente Deza.
+
+Culpábaseles, con razon ó sin ella, de estar en tratos con los de las
+Alpujarras, para alzarse con la ciudad, y entregarla al saqueo, al
+incendio y al degüello.
+
+Aumentó el temor y el odio de los cristianos el haber corrido la voz el
+dia 17 de marzo de 1569, de que en la ladera de la Sierra Nevada mas
+próxima á la ciudad, se habian visto de noche fuegos que parecian
+señales, y que de algunas ventanas y terrados del Albaicin habian
+contestado con otras lumbres.
+
+El presidente habia tomado precauciones en consecuencia, y habia mandado
+á don Gerónimo de Padilla, capitan de la gente de guerra que aseguraba
+al Albaicin, y al cuadrillero Bartolomé de Santa María, que mandaba las
+rondas, estuviesen atentos y prevenidos, y al alcaide de la cárcel que
+tuviese gran cuidado con algunos moriscos principales que tenia presos.
+
+El alcaide reunió á algunos parientes y amigos suyos armados para que
+custodiasen á los presos, y todo parecia estar prevenido, cuando una
+casualidad vino á producir una catástrofe.
+
+Desde muy antiguo, la campana de la torre de la Vela del castillo de la
+Alhambra, al dar las once de la noche, toca treinta y tres campanadas; á
+este toque se llamaba en aquellos tiempos el cuarto de la modorra.
+
+La noche del 18 de marzo, como el encargado de la campana tocase este
+cuarto mas tarde que de costumbre, y de una manera mas apresurada,
+creyóse en la ciudad que tocaba á rebato y se alborotó Granada.
+
+Alborotáronse asimismo los presos de la cárcel, tanto cristianos como
+moros, y llegaron á tal punto que vinieron á las manos.
+
+Los moriscos se valian para acometer y defenderse, de muebles, ladrillos
+y palos que sacaban de los calabozos, y los cristianos y la guardia,
+unos con los travesaños de los grillos, otros con sus espadas y
+arcabuces acometian á los moriscos.
+
+El corregidor Juan Rodriguez de Villafuerte, que dormia en una sala del
+palacio de la Audiencia, oyó entre sueños el ruido del combate de la
+cárcel, se levantó y mandó á un soldado que fuera á ver qué era aquello.
+
+El soldado volvió diciendo que los moriscos presos se habian rebelado, y
+que estaban peleando con la guardia y con los otros presos cristianos;
+que los unos decian «¡viva Mahoma!» y los otros, «¡viva la fe de
+Jesucristo!»
+
+Avisado de lo que sucedia el presidente don Pedro de Deza, mandó que la
+compañía de infantería que estaba de guardia en la Plaza Nueva, cercase
+la cárcel, pero á este tiempo ya grandes turbas de gente de la ciudad,
+creyendo que se tocaba á arrebato, habian acudido armadas y entrado en
+la cárcel.
+
+Los moriscos desesperados, habian juntado las esteras, los muebles, las
+camas, y les habian puesto fuego, y los cristianos á un tiempo apagaban
+el fuego y pasaban á cuchillo á los moriscos entre torbellinos de humo.
+
+Diez horas duró esta escena de sangre, y fueron muertos á hierro y fuego
+ciento diez moriscos que estaban presos, y cinco cristianos, resultando
+ademas diez y siete heridos.
+
+Muchas casas del Albaicin fueron saqueadas y robadas, y gran número de
+moriscos, aterrados, pasaron á las Alpujarras á aumentar la rebelion.
+
+En estas circunstancias el 6 de abril de 1569 partió don Juan de Austria
+para Granada, desde Aranjuez, á donde habia ido á recibir instrucciones
+del rey.
+
+Acompañábale su ayo don Luis Quijada, y el 12 del mismo mes llegó á la
+villa de Iznalloz, á cinco leguas de Granada, en la que entró al
+siguiente dia con gran solemnidad, como quien era hijo del famoso
+emperador don Carlos, y hermano del rey de España.
+
+Acompañábale en la entrada el marqués de Mondejar que habia venido para
+esto solo de las Alpujarras.
+
+Salióle á recibir el conde de Tendilla con doscientos ginetes, vestidos
+y armados á la morisca, y adelantó al lugar de Albolote.
+
+Fuera de las puertas de la ciudad, le recibió el presidente Deza con
+cuatro oidores, y los alcaldes del crímen, y el corregidor con cuatro
+veinticuatros y sus tenientes y el arzobispo con cuatro dignidades del
+cabildo, y muchos caballeros particulares.
+
+Todas estas gentes llegaron hasta el rio Beiro, próximo á la ciudad por
+la parte de la puerta Elvira, y allí encontraron á don Juan de Austria.
+
+En el llano del rio estaba formada la infantería en número de diez mil
+hombres, que al pasar don Juan, hicieron salva con sus arcabuces.
+
+Por industria del presidente Deza, y para predisponer al rigor la jóven
+alma de don Juan de Austria, se habia preparado una farsa.
+
+Al llegar á la puerta de Elvira, le salieron al encuentro mas de
+cuatrocientas mujeres, desarrapadas, desmelenadas, enlutadas, dando
+alaridos, y arrojándose á los pies de su caballo.
+
+--Justicia, señor, justicia, gritaban en coro.
+
+--Nosotras somos las viudas y las huérfanas de los que han matado
+cruelmente los viles moriscos de las Alpujarras.
+
+--Venganza contra los asesinos de nuestros padres, de nuestros esposos,
+de nuestros hijos, de nuestros parientes.
+
+--Justicia, señor, y que no tengamos el dolor de ver á nuestros enemigos
+perdonados.
+
+Y siguieron con sus alaridos, con sus lágrimas y con sus aclamaciones de
+venganza, hasta el punto de que don Juan de Austria se enterneció, las
+consoló y las prometió cumplida venganza, todo con gran consentimiento
+del presidente Deza, autor de aquella pantomima, y con no pequeño
+fruncimiento de cejas del marqués de Mondéjar, que veia claro á donde
+iba encaminado todo aquello.
+
+Entrado don Juan en la ciudad, no tardó en presentársele una diputacion
+de los moriscos del Albaicin y de la Vega, compuesta de cuatro de los
+mas rícos y principales de ellos y un procurador general, el cual le
+espetó el siguiente discurso que tomamos á la letra del historiador
+Mármol:
+
+«Grande es el contento que aquestas gentes tienen de ver á vuestra
+excelencia en esta ciudad para el remedio de tantos males como hay en
+ella, que cierto es, representan su destruicion. Temen que algunos
+habran desatado las lenguas y dado falsas nuevas de su fidelidad,
+diciendo ser autores del mal, ó favorecedores de los malos; mas confian
+en Dios, y en la bondad y clemencia de Su Magestad, que los que hubieren
+sido leales, seran favorecidos y bien tratados, como es justo sean
+rigorosamente castigados los que pareciere haber sido culpados en el
+levantamiento. Quéjanse que son molestados por los ministros de las
+cosas de justicia y de guerra con cohechos; que los soldados les roban
+sus haciendas y les deshonran sus casas; y que hasta agora los
+superiores no han puesto remedio en ello. Y suplican á vuestra
+excelencia lo mande remediar de manera, que desagraviados de lo pasado,
+proviniendo á lo porvenir, cese el alojamiento de las gentes de guerra
+en las casas, y tengan libertad de poder ir seguros á sus labores. Bien
+sabe que en esta ciudad cada uno da fuerza á la ruin opinion, ó la
+acrecienta de manera, que muchos temen lo que ellos mesmos inventaren;
+mas asegúralos la prudencia de vuestra excelencia, en cuya proteccion y
+amparo ponen sus vidas, honras y haciendas.»
+
+A lo que don Juan de Austria, con sumo agrado, contestó con las palabras
+siguientes:
+
+«El Rey, mi Señor, me mandó venir á este reyno, por la quietud y
+pacificacion de él; sed ciertos que todos los que hubiéredes sido leales
+al servicio de Dios, Nuestro Señor, y de Su Magestad, como decís, sereis
+mirados, favorecidos y honrados, y se os guardarán vuestras libertades y
+franquezas; pero tambien quiero que sepais, que juntamente con usar de
+equidad y clemencia, con los que lo merecieren, los que no hubieran sido
+tales, serán castigados con grandísimo rigor. Y en cuanto á los agravios
+que vuestro procurador general dice que habeis recibido, darme habeis
+vuestros memoriales, que yo lo mandaré ver y remediar luego, y quiéroos
+advertir, que lo que dixeredes sea con verdad, porque de otra manera
+habriades hecho daño á vosotros mesmos.»
+
+Pero al salir los moriscos consolados con las nobles palabras de don
+Juan de Austria, estaban lejos de sospechar la tormenta que amenazaba á
+sus cabezas.
+
+Pocos dias despues de la llegada de don Juan de Austria, llegó el duque
+de Sesa, y con su presencia empezó á tratarse del asunto de la
+pacificacion en consejo.
+
+Componíase este consejo, bajo la presidencia de don Juan de Austria, del
+arzobispo, del duque de Sesa, del marqués de Mondéjar, de Luis Quijada,
+y del presidente Deza, al cual se añadió algunos dias el licenciado
+Bribiesca de Muñatones, del consejo y cámara de Felipe II, al cual habia
+enviado este exprofeso á Granada.
+
+El marqués de Mondéjar fue de opinion, á la que se adhirieron el
+arzobispo y Luis Quijada, de que se remediase el daño poniendo
+guarniciones bastantes en los lugares de las Alpujarras, concentrando á
+los moriscos que querian la paz en la parte llana de las taas de Verja y
+Dalias, y tomar las sierras con la gente de guerra: que sino bastase
+esto, se le diesen al mismo marqués mil infantes y doscientos caballos,
+con los cuales, y con la gente que habia dejado en Orgiva, destruiria
+los sembrados y quemaria á los moriscos todos los bastimentos que
+tenian, reduciéndolos por hambre.
+
+Pero el presidente Deza, enemigo declarado del marqués de Mondéjar,
+creyó insuficiente lo que aquel habia opinado, y dijo que lo que se
+debia hacer antes que todo, era quitar de Granada y de la Vega á los
+moriscos y deportarlos tierra adentro de España, para que no pudiesen
+ayudar á los moriscos rebelados con avisos, armas y gentes. Aconsejó
+ademas, que para aplacar á Dios, ofendido por tanto sacrilegio y tanto
+delito, se ejecutase un rigurosísimo castigo en los alzados empezando
+por las Albunuelas y siguiendo á las otras taas de las Alpujarras.
+
+Pidió, en fin, como buen clérigo de aquellos tiempos, la deportacion, el
+hierro y el fuego para los moriscos, y declaró que solo de este modo
+podria llegarse á la pacificacion absoluta y duradera del reino.
+
+El marqués de Mondéjar, apoyado por el arzobispo y el duque de Sesa, se
+opuso con energía á tan violentas y sanguinarias medidas, como quien
+sabia bien por haber sido muchos años capitan general de Granada, que no
+era de los moriscos toda la culpa del alzamiento, sino del rigor y de la
+injusticía con que hacia tantos años se les venia tratando.
+
+Dijo: que no podia ni debia despoblarse un reino como el de Granada, de
+gente útil y rica, exponiéndose á perder el fruto las de ricas
+industrias que solo los moriscos conocian; que no era el rigor lo mas á
+propósito para reducir á gentes que excitadas por añejos y cada dia mas
+duros rigores, se habian levantado, y que solo servirian para despoblar
+y empobrecer el reino por una parte, y por otra para hacer mas
+encarnizada y duradera la guerra.
+
+Durante esta controversia, sobrevino el licenciado Muñatones, con la
+autoridad de enviado especial del rey, y aunque al principio repugnó la
+deportacion, instigado al fin por Deza y por el licenciado Bohorques,
+gente de su mismo oficio, convino en ella y en extremar el rigor; tuvo
+esta opinion mayoría, se aprobó, y no le quedó al marqués otro recurso
+que representar al rey, y enviar con la representacion á la córte á su
+hijo el conde de Tendilla.
+
+Esta lucha del consejo producia dilaciones, se perdia tiempo y de él se
+aprovechaba Aben-Humeya para rehacerse, para organizar á sus gentes, en
+una palabra.
+
+Conoció el consejo lo que en tiempo se perdia, y se dió órden de seguir
+la guerra mientras llegaba la resolucion del rey acerca de las medidas
+que debian tomarse respecto á los moriscos.
+
+Llamóse de nuevo gentes de las ciudades, se atendió á la provision de
+víveres y municiones, enviáronse banderas de infantería de guarnicion á
+las principales villas de las Alpujarras, y se recomendó á sus capitanes
+que tuviesen gran cuidado con la costa, porque se habian recibido
+noticias de la llegada de galeotas de Berbería con gente, armas y
+municiones para los moriscos.
+
+En efecto, Aben-Humeya enviaba mensages y presentes á los alcaides y
+faquís que privaban con el Xerife y con el dey de Argel para que
+inclinasen y decidiesen á sus amos á socorrerle. De Tetuan habian venido
+á las Alpujarras algunos soldados y mercaderes con provisiones; el dey
+de Argel, Aluch-Alí, prometia venir en socorro de las Alpujarras en el
+momento que llegasen cuarenta galeras que Selim II le enviaba para
+aquella empresa; por último, el Xerife habia enviado á Aben-Humeya
+algunas fuerzas, y muchos turcos aventureros habian venido á ponerse
+bajo sus banderas.
+
+Alentados los moriscos al ver que les acudian tantas gentes, no solo
+dieron por logrado el triunfo, sino que volvieron á las poblaciones, y
+se dedicaron á sus industrias y á las labranzas de sus campos.
+
+Este aumento de fuerza de los rebelados, y la confianza de los moriscos
+eran demasiado amenazadores para que el receloso Felipe II no se
+decidiere por las medidas terribles.
+
+Entre tanto seguia completándose el alzamiento de las Alpujarras, y
+empezaba el de los lugares del rio Almanzora.
+
+Al fin llegó la resolucion de Felipe II acerca de la suerte de los
+moriscos.
+
+La deportacion de los de Granada y del Albaicin habia sido decretada.
+
+
+
+
+CAPITULO XLI.
+
+ De lo que aconteció á los moriscos de Granada la víspera de San
+ Juan de 1559.
+
+
+Al amanecer, los tambores y los pífanos de las compañías de infantería
+tocaron llamada á las gentes de guerra.
+
+Las principales plazas de la ciudad se vieron llenas de soldados.
+
+Luego se pregonó solemnemente un bando, por el cual se mandaba á todos
+los moriscos y mudejares que habitaban en la ciudad, en el Albaicin y en
+la Alcazaba, asi vecinos como forasteros, se reuniesen en sus
+respectivas iglesias parroquiales.
+
+No pudiendo resistir obedecieron.
+
+Pero aterrados, porque lo temian todo, porque no sabian qué iba á
+hacerse con ellos.
+
+Cuando estuvieron reunidos en las iglesias, fueron encerrados en ellas.
+
+Preguntaron aterrados qué suerte iba á ser la suya y el presidente Deza
+les ofreció cédulas de seguros de sus vidas, y lo que mas los
+tranquilizó fue la palabra que don Juan de Austria les empeñó en nombre
+del rey, de que los tomaba bajo el seguro y amparo real, que no se les
+haria daño, y de que se les sacaba de Granada para apartarlos del
+peligro en que se encontraban entre la gente de guerra.
+
+Los desdichados hubieron de satisfacerse con esto: permanecieron aquella
+noche presos en las iglesias guardados por algunas compañías de
+infantería, y al dia siguiente escuadronada y apercibida la gente de
+guerra en el campo del Triunfo, que está situado entre la puerta de
+Elvira y el Hospital Real, campo que aun no llevaba aquel nombre,
+salieron los moriscos de las iglesias entre arcabuceros, yendo entre
+ellos para protegerlos con su autoridad, don Juan de Austria, el duque
+de Sesa, el marqués de Mondéjar, don Luis Quijada, ayo de don Juan, y el
+licenciado Briviesca de Muñatones, y fueron encerrados en el Hospital
+Real, donde Francisco Gutierrez de Cuellar, caballero del hábito de
+Santiago, y teniente de contador mayor, venido por órden del rey á
+Granada, y con él algunos otros contadores y escribanos, hizo lista de
+ellos con sus nombres, estado y profesiones, encontrándose despues de
+hecha la lista, pasar de diez mil los moriscos arrancados de sus
+hogares.
+
+No se hizo esta prision en mano sin que aconteciese algo terrible.
+
+A pesar de cuanto se procuró por don Juan de Austria y los del consejo,
+que nada siniestro aconteciese al tiempo de trasladar á los moríscos de
+las iglesias al hospital Real, sobrevino un hecho, que puso en peligro
+de ser muertos á manos de la soldadesca todos los moriscos.
+
+Don Alonso de Orellana, uno de los capitanes de la infantería de
+Sevilla, queriendo señalar su compañía de las otras, ató en el asta de
+una lanza un crucifijo cubierto con un velo negro, y puso al soldado que
+le llevaba á la cabeza de la compañía: al sacar aquella compañía los
+moriscos de las iglesias, los infelices, al ver la cruz enlutada,
+creyeron que los llevaban á morir, y creyendo lo mismo las moriscas que
+iban llorando tras ellos, empezaron á dar alaridos y á mesarse los
+cabellos y á exclamar:
+
+--¡Oh desventurados de vosotros, que os llevan como corderos al
+degolladero! ¡cuánto mejor os fuera morir en las casas donde nacísteis!
+
+En estos momentos, un soldado dió un palo á un morisco jóven, que
+llevaba medio ladrillo debajo del brazo, y que, al sentir el golpe se lo
+tiró al soldado partiéndole una oreja; esto aconteció cerca de don Juan
+de Austria: arrojáronse los alabarderos de la Guardia sobre el morisco,
+y allí mismo le hicieron pedazos.
+
+Revolviéronse los soldados y los moriscos, empezaron á correr voces
+entre los primeros de que el herido era don Juan de Austria, entre los
+segundos de que los iban á matar á todos, y fue necesaria la autoridad
+de don Juan de Austria, del presidente Deza y del marqués de Mondéjar,
+para que no aconteciese una gran desdicha.
+
+Apaciguóse, pues, á los moriscos, se sosegó á los soldados, se apartó al
+muerto, se retiró al herido, y para que no se alborotase la ciudad y
+matasen á los moriscos que iban por las calles, don Juan de Austria
+mandó á don Francisco de Solís y á Luis de Mármol Carvajal, que mas
+adelante historió la rebelion de los moriscos de Granada, se pusiesen á
+las puertas de la ciudad y no dejasen entrar á nadie dentro.
+
+Al fin los moriscos fueron encerrados en el Hospital Real, edificio
+gótico de fines del siglo XV ó principios del XVI, fundado por doña
+Isabel la Católica, para la curacion de toda clase de enfermedades y
+expecialmente para recoger locos.
+
+Aquellos pobres moriscos, solo por el delito de serlo, y por haber
+inspirado temor, fueron deportados al interior de Castilla: todos fueron
+tratados cruelmente, y muchos de ellos muertos, vendidos otros por
+esclavos y repartidas entre la soldadesca las moriscas mas hermosas.
+
+A pesar de esta deportacion, no quedó Granada enteramente limpia, como
+se decia entonces, de moriscos: habian quedado en la ciudad y en las
+alquerías de la Vega los niños menores de siete años, y los viejos
+mayores de cuarenta, como gente que no podian causar recelo; y á mas de
+esto, muchos oficiales de artes y oficios, que eran necesarios en la
+ciudad, y los mudejares, porque alegaron que no debian ser tratados de
+igual manera que los moriscos, porque decian descender de cristianos,
+que habian vivido como en vasallaje entre los moros, y que sus
+antepasados habian servido buena y fielmente á los príncipes cristianos
+contra los reyes moros.
+
+Hecha esta limpia de seguridad, por decirlo asi, los ciudadanos de
+Granada se creyeron salvos; pero sin embargo, empezó á notarse la falta
+de los moriscos deportados; resintióse el comercio, se enflaqueció la
+industria, las casas y jardines de los moriscos tan bellos poco antes,
+empezaron á verse asolados, destruidos y tan mal parados, que parecia,
+segun el dicho de los contemporáneos, que habia caido una maldicion
+sobre Granada.
+
+Los moriscos viejos, llorando sus desventuras, decian haberse cumplido
+un pronóstico hecho en otro tiempo á los de Granada: este pronóstico les
+habia anunciado que vendria un tiempo en que bajaria por la cuesta de
+Alacaba un arroyo de sangre morisca que cubriria una gran piedra puesta
+en la desembocadura de aquella cuesta al campo del Triunfo, en una
+esquina del convento de la Merced: y ciertamente que pudieron dar por
+cumplido el pronóstico, porque el dia de la deportacion bajaron por
+aquella cuesta tantos moriscos, que bien pudo considerárseles como
+sangre que cubrió la cuesta y la piedra.
+
+Hubo otra circunstancia, sin duda casual, pero que podria tenerse por
+peor resultado de un fatalismo: la batalla de las Navas de Tolosa, fue
+la mas funesta de cuantas ganaron los cristianos á los moros: en las
+crónicas árabes, se encuentra aquel hecho señalado con el nombre de
+batalla de Hins al-Acab[28]: Hins al-Acab, se llamaba y se llama hoy en
+Granada, la cuesta por donde bajaron del Albaicin los moriscos para ser
+deportados.
+
+Dado este terrible paso de precaucion, á costa de la libertad, de la
+vida y de las haciendas de diez mil infelices, se pensó en llevar
+adelante la guerra de las Alpujarras á todo rigor.
+
+Aben-Humeya y Aben-Aboo, rey el uno, alcaide de los alcaides el otro,
+entre los moriscos, se robustecian y organizaban sus fuerzas: el marqués
+de Mondéjar no inspiraba gran confianza por su blandura, y don Luis
+Fajardo se averiguaba muy mal con los moriscos del Almanzora y del
+Marquesado. Aben-Humeya se habia apoderado de las fortalezas del rio
+Almanzora, y puesto por general de aquel distrito al Malek, tristemente
+célebre por sus desgracias, y que mas tarde debia morir desastradamente,
+con su amante Maleka en Galera, y ensoberbecido con los socorros que le
+habia enviado el dey de Argel, no dejaba reposar un punto á los
+cristianos, y aunque no alcanzase grandes ventajas, la confianza de los
+moriscos de la Alpujarra crecia hasta el punto de que labraban
+tranquilamente sus tierras y se entregaban al artefacto de la seda, como
+si fuesen las gentes mejor defendidas y seguras del mundo.
+
+En vista de esto, y de que Aben-Humeya seguia levantando la tierra, y
+extendiendo la rebelion, temiéndose que esta cundiese á los reinos de
+Valencia y Murcia donde habia un considerable número de moriscos, el rey
+determinó que se hiciesen dos campos contra los rebeldes, uno bajo las
+órdenes de don Juan de Austria, y otro bajo las del marqués de los
+Velez.
+
+En cuanto al marqués de Mondéjar, para evitar entorpecimientos y
+competencias, se le apartó de Granada con el pretexto de que fuese á la
+córte á informar en persona al rey acerca de los asuntos del reino de
+Granada, y de la manera que se habia de tener para sujetar á los
+moriscos, como quien habiendo sido tantos años capitan general de
+Granada, debia conocer bien á aquellas gentes.
+
+Al saber que el marqués de Mondéjar era llamado á la córte, el
+licenciado Briviesca de Muñatones, como práctico que era en cosas de
+estado, dijo (era tuerto de un ojo): _que me saquen el otro si el
+marqués torna de allá mientras dure la guerra_.
+
+En tal estado se encontraba la rebelion del reino de Granada á
+principios del mes de octubre de 1569.
+
+
+
+
+CAPITULO XLII.
+
+ De cómo empezaba Harum á vengar al emir.
+
+
+Era una de esas terribles noches de tormenta que tan frecuentes son en
+el otoño en las Alpujarras.
+
+Llovia, relampagueaba, tronaba, zumbaba el viento entre las breñas.
+
+Las calles de Andarax estaban completamente desiertas.
+
+En Andarax estaba Aben-Humeya con trescientos escopeteros de su guardia,
+y mas descuidado de lo que debiera estarlo, acompañado siempre de dos
+mujeres y entretenido en zambras y diversiones.
+
+Una de estas mujeres era Angiolina Visconti.
+
+Irritábale esta con su hermosura, le enloquecia, le entretenia con
+promesas y entre tanto le vendia.
+
+La otra mujer se llamaba María de Rojas, y era morisca.
+
+Esta María de Rojas, prima de Diego Alguacil, uno de los moriscos mas
+influyentes en las Alpujarras y en Granada, era sobrina de aquel Miguel
+Rojas, padre de Isabel de Rojas, con quien ante la Iglesia Católica se
+habia casado Aben-Humeya.
+
+Este, voluntarioso y tirano antes de haber asegurado á su cabeza la
+corona, habia repudiado á su mujer, dejándola abandonada en Granada,
+habia matado con extremada crueldad á los parientes de su esposa que se
+atrevieron á pedirle cuenta de aquel abandono, y enamorándose de María
+de Rojas, que era hermosísima, se la arrebató á Diego Alguacil de quien
+era amante, y se casó con ella á la usanza mora.
+
+Aben-Humeya no comprendió que debia ser natural y precisamente su
+enemigo una mujer á cuyo padre y hermanos habia muerto, á quien habia
+arrebatado sus amores, y que aquella mujer debia pensar en vengarse;
+creyó que todo lo olvidaria una vez sultana de las Alpujarras, y la
+arrastró á su tálamo: mató su alma como habia matado á sus parientes, y
+se embriagó con sus amores fingidos, porque María de Rojas no habia
+olvidado nada, ni su padre extrangulado, ni sus hermanos degollados, ni
+á Diego Alguacil, de cuyos brazos casi habia sido arrancada.
+
+Fuese que el remordimiento de haber matado á su padre, fuese que la
+confianza de su fortuna hubiesen embriagado á Aben-Humeya, nada temia, y
+lo que era peor aun, se rodeaba de enemigos y provocaba el peligro.
+
+María de Rojas, al ver un dia en la casa de Aben-Humeya á Angiolina
+Visconti, apareciendo como un nuevo sol, al cual se volvian los
+inconstantes amores de Aben-Humeya, no tuvo zelos, porque no puede
+tenerlos quien no ama, pero alentó esperanzas: comprendió que Angiolina
+era tan desgraciada como ella, y que como ella ardia en sed de venganza
+contra Aben-Humeya: no tardaron en comprenderse las dos mujeres, y al
+comprenderse, hicieron de su venganza una causa comun, y se ayudaron
+mutuamente, y se encubrieron la una á la otra.
+
+Cuando María de Rojas necesitaba algunos momentos de libertad, Angiolina
+entretenia á Aben-Humeya escuchando sus protestas de amor, alentándole,
+dándole esperanzas. Cuando Angiolina necesitaba disponer de algun
+tiempo, quien le entretenía, no ya con esperanzas, sino con fingidos
+zelos, era María de Rojas.
+
+¿En qué invertian el tiempo que se procuraban la una á la otra estas dos
+mujeres?
+
+Al lado de Aben-Humeya, sirviéndole con la mayor lealtad en las
+apariencias, acompañándole á todas partes, poniéndose delante de él en
+todos los peligros, habia tres personajes terribles: Aben-Aboo su
+hermano, que á pesar de serlo, ambicionaba su corona, y tendia
+asechanzas á su vida. Diego Alguacil, el primer amante de María de
+Rojas, que se fingia el súbdito mas sumiso y mas leal del mundo, y
+Harum-el-Geniz, el valiente caudillo de los monfíes despues de la muerte
+del infortunado Yaye, que afectaba ayudar á Aben-Humeya con todas sus
+fuerzas.
+
+El insensato jóven nada sospechaba: ensoberbecido con algunas ventajas
+obtenidas sobre los castellanos, con la ayuda decidida del dey de Argel
+que le habia enviado algunos centenares de turcos, bajo las órdenes de
+los capitanes Alí, Huscen y Carcax, piratas levantinos, que solo al olor
+del oro y de la sangre habian dejado los puertos del sultan de
+Constantinopla Selim II, se creia ya decididamente sultan de Andalucia
+en el momento en que le acechaba de cerca la muerte.
+
+Era, como dijimos al principio de este capítulo, una fria, nublada y
+tempestuosa noche de otoño.
+
+Acababan de dar las doce en el reló de la villa.
+
+A aquella hora, entraron en un casaron medio derruido en la parte baja
+del pueblo dos hombres.
+
+El uno llevaba el ostentoso traje de walí de los walíes ó capitan
+general de los monfíes.
+
+Era Harum-el-Geniz.
+
+El otro llevaba un bello traje berberisco.
+
+Era Aben-Aboo.
+
+La estancia en que habian penetrado, estaba alumbrada únicamente por la
+fuerte luz de un monton de ramas de olivo que ardian en un ancho hogar.
+
+Sentado junto al hogar habia un hombre como de treinta años, con traje
+morisco.
+
+Este hombre era Diego Alguacil.
+
+Al oir á los recien llegados se levantó.
+
+--¡Cuánto habeis tardado! dijo.
+
+--Los barrancos estan invadeables, respondió Harum-el-Geniz, y trayendo
+tanta gente nos ha sido preciso rodear mucho.
+
+--¿Cuánta gente traeis?
+
+--Dos mil monfíes.
+
+--¡Ah! pues si traeis dos mil monfíes ¿á qué esperar? ¿acaso no teneis
+confianza en ellos?
+
+--Si, si ciertamente. Pero es necesario justificar la muerte de
+Aben-Humeya para que el dey de Argel y el sultan no puedan acusarnos de
+ella, dijo Aben-Aboo.
+
+--¿Y habeis encontrado un medio?
+
+--Excelente.
+
+--¿Y qué medio es ese?
+
+--Que le maten los turcos que le ha enviado Aluch-Alí.
+
+--¡Ah! pero los turcos aunque estan disgustados con él, no se atreveran
+á tanto.
+
+Sonrió sesgadamente Aben-Aboo, y miró con una expresion de horrible
+inteligencia á Harum.
+
+--Los turcos, dijo, mataran á Aben-Humeya, cuando sepan que Aben-Humeya
+quiere matarlos á ellos.
+
+--Pero eso no es verdad, dijo Diego Alguacil.
+
+--Poco importa que no lo sea con tal de que lo crean los turcos.
+
+--Si, bien: yo aborrezco á Aben-Humeya, yo deseo su muerte: me ha herido
+en el corazon, me ha afrentado, dijo Diego Alguacil. Pero el deseo que
+tengo de esterminarle me hace desconfiar de que podamos herirle.
+
+--¡Bah! dijo Aben-Aboo: tú serás quien cause la muerte de mi buen primo.
+
+--¡Cómo!
+
+--Toma, contestó Aben-Aboo dando una carta cerrada á Diego Alguacil.
+
+--Esta carta, dijo el morisco mirando el sobrescrito, es para el alcaide
+de Mecina de Bombaron, y la letra parece de Aben-Humeya.
+
+--Tan de Aben-Humeya es como mia, dijo sonriendo de una manera sesgada
+Aben-Aboo. Esa carta la ha escrito Diego de Arcos que, como sabes, ha
+sido secretario de Aben-Humeya. Y esta carta es tal, que yo te juro que
+nadie nos culpará de la muerte de Aben-Humeya.
+
+--Quiera Dios que esta carta nos libre de ese malvado, dijo Diego
+Alguacil, devolviendo la carta á Aben-Aboo.
+
+--Se necesita un hombre de confianza para llevar esa carta, dijo con
+acento breve Harum-el-Geniz.
+
+--Diego Alguacil la llevará, repuso Aben-Aboo.
+
+--¿Y para qué he de llevarla yo?
+
+--¿No quieres vengarte de la afrenta que te ha hecho Aben-Humeya?
+
+--¡Oh! ¡si! ¡vengarme! ¡vengarme de una manera terrible!
+
+--Pues para eso es necesario que esta carta dé en manos de él.
+
+--¡Recelaran!
+
+--Concluyamos, Diego Alguacil: ¿podemos contar contigo, ó no? dijo
+Harum-el-Geniz.
+
+--Quiero saber la parte que tomo en mi venganza, y para ello os estoy
+esperando.
+
+--En esa carta llevas la muerte de Aben Humeya, de ese miserable
+traidor, repuso Harum-el-Geniz. Lo que necesitas hacer es muy sencillo:
+como los barrancos van crecidos, tendras que tomar la falda de la
+sierra: en la muela de las Aguilas estan los capitanes turcos esperando
+á Aben-Aboo; procura pasar por el sendero que cruza delante de la cueva,
+y cuando llegues á ella, como sorprendiéndote de encontrar allí gente,
+pides un guia para llegar á Mecina de Bombaron con la carta de
+Aben-Humeya á pretexto de haberte extraviado.
+
+--¿Y nada mas?
+
+--Nada mas.
+
+--¿Es decir que en esta carta va la muerte de Aben-Humeya?
+
+--Si. Ahora bien; dicen que Aben-Humeya está tan descuidado que todas
+las noches se anda en zambras y fiestas.
+
+--Es verdad; ese maldito está abandonado de la mano de Dios.
+
+--Dios abandona siempre á los traidores y á los desleales; pero estamos
+ya perdiendo tiempo. Vamos, Diego Alguacil; yo te acompañaré por el
+camino, y luego tomaré por los atajos para llegar antes que tú á la
+muela de las Aguilas y con distinta direccion, al pasar por la cueva
+donde me esperan los capitanes turcos.
+
+Aben-Aboo se levantó y se puso en marcha: Harum-el-Geniz y Diego
+Alguacil le siguieron dejando la casa abandonada.
+
+--¡Que Dios os dé buena ventura! dijo Harum-el-Geniz cuando estuvieron
+fuera de la casa volviéndose hácia la parte alta del pueblo.
+
+--¡Cómo! ¿te quedas tú? dijo Diego Alguacil.
+
+--Importa que yo me quede en Andarax, dijo Harum: y ademas ¿quién se ha
+de quedar al frente de los dos mil monfíes que cercan la villa para que
+no pueda escapar Aben-Humeya?
+
+--Dices bien. Adios.
+
+--Adios, dijo Aben-Aboo.
+
+--Adios, contestó Harum-el-Geniz tomando para la parte alta del pueblo.
+
+Aben-Aboo y Diego Alguacil salieron al campo mientras Harum se
+encaminaba á la plaza murmurando:
+
+--¡Ah, mi noble y desgraciado señor! me he visto obligado á esperar
+mucho tiempo la venganza de tu sangre: pero al fin esos dos miserables
+van á hacerse pedazos. ¡Tus hijos! ¡no podian ser tus hijos, no:
+aquellas cartas mentían! ¡si hubieran sido tus hijos la sangre hubiera
+hablado á esos corazones de tigre! ¡y si eran tus hijos!... ¡oh Dios
+poderoso!... si eran tus hijos... el hijo que tiñe las manos en la
+sangre de su padre merece ser muerto por su hermano.
+
+Y entrando á punto en la plaza Harum, se encaminó hacia la iglesia
+transformada entonces en mezquita, y torciendo por una estrecha calleja,
+llegó á un postigo oscuro de la tapia de un huerto.
+
+
+
+
+CAPITULO XLIII.
+
+ De cómo la princesa Angiolina Visconti volvia á ser un instrumento
+ manejado por Harum.
+
+
+Harum se detuvo junto á aquel postigo y escuchó con la mayor atencion.
+
+Nada se oia.
+
+Una gran casa situada en el fondo del huerto y á la cual pertenecia,
+estaba envuelta en un silencio profundo y en una oscuridad lúgubre.
+
+Solo en una ventana morisca se veia luz á través de su arco calado.
+
+--¡Vela! dijo Harum: vela esperándome y Aben-Humeya no está en la casa:
+esa luz que brilla en el aposento de la italiana me lo dice. ¡Miserable
+mujer! su amor y su empeño por el marqués son acaso la causa de estas
+desgracias. Acaso sin ella mi desventurado señor, hubiera podido dar el
+golpe de muerte al rey don Felipe en su misma córte... pero aquella
+funesta herida... aquella imprevista prision en el Santo Oficio...
+¡Vamos, es necesario no pensar mas en lo pasado porque es cosa de
+desesperarse! miremos adelante... á la venganza: ¡por el Dios Altísimo y
+Unico, que será cumplida y que te alcanzará en ella tu parte y una parte
+horrible, infame italiana!
+
+Y tras estos pensamientos, buscó en el marco del postigo, halló el nudo
+de una cuerda, tiró, y el postigo se abrió.
+
+Harum adelantó por el huerto como sobre un terreno conocido: atravesóle
+en pocos instantes, llegó á una galería, buscó en uno de les oscuros
+extremos una puerta, encontró unas escaleras, las subió, y al fin de
+ellas llamó con recato á una puerta.
+
+Poco despues se oyeron apresurados pasos de mujer, la puerta se abrió y
+apareció una dama que por su traje parecia mora y mora riquísima, pero
+no lo era.
+
+Era Angiolina.
+
+--Entrad, entrad amigo mio, dijo á Harum-el-Geniz: os esperaba con
+ansia.
+
+--¿Y María de Rojas? dijo con interés Harum.
+
+--Antes de que veais á María necesito hablaros, dijo con ansiedad
+Angiolina.
+
+--Hablemos, pues, pero invertamos en nuestra conversación el menos
+tiempo posible.
+
+--Sentaos, dijo Angiolina, acercándo unos almohadones á su lado.
+
+Harum se sentó.
+
+¡Oh! ¡y por cuan horrible causa nos hemos conocido! dijo Angiolina,
+asiéndole una mano.
+
+Harum miró fijamente á la veneciana.
+
+--Horrible, si, muy horrible, señora: Dios no puede perdonar á los que
+han sido la causa de la desastrada y terrible muerte de mi señor.
+
+--Os juro, Harum, os lo juro por la salvacion de mi alma, que no he
+tenido la menor parte en ella, que nada sabia, que si alguna noticia
+hubiera tenido, habria evitado ese horroroso asesinato.
+
+Harum se contuvo de una manera admirable hasta el punto de que, á pesar
+de hervir la cólera en su corazon, su semblante permaneció impasible, y
+ni el mas ligero extremecimiento agitó la mano que Angiolina tenia en
+prenda de amistad entre las suyas.
+
+--Todos hemos sido bien desgraciados: la sultana Amina ha perdido á su
+hijo y á su esposo.
+
+--¡Ah! ¡infeliz! dijo Angiolina, dominando su alegría por la desgracia
+de Amina, como Harum habia devorado su odio.
+
+--La misma sultana... ¿quién sabe lo que ha sido de la sultana?
+
+--¿Qué no lo sabeis Harum? dijo insidiosamente Angiolina.
+
+--No.
+
+--Pues mirad, para eso os habia detenido, para preguntaros por ella.
+
+--¿Y qué os importa ya la sultana Amina? ¿no ha muerto el hombre que os
+hacia enemigas?
+
+--Creo que no, dijo con fijeza Angiolina.
+
+--Desengañaos, señora; cuando yo os busqué la primera vez para que me
+ayudáseis en nuestra comun desgracia, os dije la verdad. El marqués
+pereció en la voladura de un subterráneo cuando perseguia á Aben-Aboo
+que se llevaba robada á su esposa.
+
+--¿Y si yo os dijese que el marqués de la Guardia vive?
+
+--¿Que vive el marqués de la Guardia? exclamó con la expresion de la
+mayor extrañeza Harum. Seria necesario creer en un milagro.
+
+--Ese milagro le ha efectuado Dios, compadecido sin duda de mí, que por
+la muerte del marqués hubiera muerto de dolor.
+
+--Pero eso es imposible: os aseguro, á fuer de buen creyente, que vi
+perecer al marqués de la Guardia.
+
+--Os engañásteis: yo sé que vive. Y vamos claros, Harum: vos sabeis
+tambien como yo que vive.
+
+--¡Yo!
+
+--Si, es mas: vos me habeis traido el consuelo de la certeza de su
+existencia.
+
+--¡Yo!
+
+--¡Si, vos! ¿os acordais de un dia en que vinisteis á ver al rey, que os
+habia llamado?
+
+Este rey que citaba Angiolina, era Aben-Humeya.
+
+--Si, si, es verdad; hace seis meses.
+
+--Cabalmente.
+
+--Pues bien: con vos venia un moro encubierto.
+
+--¡Ah! ¡el moravito[29] de Africa! exclamó con la mayor naturalidad
+Harum: ese hombre ha prometido llevar el rostro cubierto y no dormir
+bajo techado, hasta tanto que logre una venganza.
+
+--¿Y quién mejor que el marqués pudiera haber hecho ese juramento?
+
+--Insistís en vano, señora, os equivocais.
+
+--¿Y si yo os diese una prueba?
+
+--¿Cuál?
+
+--Ese moro encubierto se quedó en el patio, entre vuestros monfíes.
+
+--Es verdad.
+
+--Yo le veia desde una celosía: sin saber por qué aquel moro me habia
+llamado la atencion: su estatura, su actitud, sus ojos negros, que se
+veian por cima de la toca con que llevaba cubierto el semblante...
+
+--Pudisteis equivocaros, señora.
+
+--Dudé un momento; pero mi corazon me decia que era él y quise salir de
+dudas: entonces le llamé en voz alta desde la celosía.
+
+--¿Que le llamásteis?
+
+--Si: le llamé por su nombre: ¡Don Juan! exclamé: y entonces el moro
+hizo un movimiento marcado: dió algunos pasos hácia delante y miró con
+interés al lugar donde habia reconocido mi voz.
+
+--Esa es una prueba muy vaga.
+
+--Es que tengo otras.
+
+--¿Cuales?
+
+--Una carta de Don Juan á su esposa.
+
+--¡Ah! exclamó Harum.
+
+--¿Sabeis acaso que don Juan recibió una carta en la que se le
+participaba que Amina estaba en una cueva en Mecina de Bombaron?
+
+--Yo, señora... no recuerdo.
+
+--Esperad: voy á ayudaros á recordar, dijo Angiolina sacando de su seno
+dos papeles doblados.
+
+Desdobló el uno y leyó lo siguiente:
+
+«Señor marqués de la Guardia: soy un cautivo cristiano, que para
+librarme de la muerte he renegado en la apariencia y estoy como soldado
+entre las gentes de Aben-Aboo. A fuerza de fingir y de disimular, he
+logrado la confianza de este moro, hasta el punto de que con mucha
+frecuencia me confió la guarda de una mujer que tiene presa en una cueva
+en el barranco de la fuente de la Zorra. Esta dama que es jóven y
+hermosa, se ha atrevido hoy á confiarse á mí, me ha contado su historia
+y me ha pedido que la ayude. Yo no he podido negarme á ello, porque esa
+dama es vuestra esposa doña Esperanza de Cárdenas, duquesa de la
+Jarilla. Escribidla para que se tranquilice acerca de vos, porque
+Aben-Aboo la afirma que habeis muerto: no sabiendo yo vuestro paradero,
+y habiéndome dicho doña Esperanza que el wazir Harum-el-Geniz os
+buscaria si no sabia vuestro paradero, dirijo esta carta al dicho Harum,
+y le suplico que os busque y os la entregue: doña Esperanza no escribe,
+porque me es imposible procurarla los medios; espera vuestra esposa una
+contestacion pronta: dádsela por Dios, porque si tarda creerá que habeis
+muerto: vuestro servidor que os besa las manos.--Juan de Carreño.»
+
+--Vos debisteis recibir esta carta, Harum, añadió la italiana, y dársela
+al marqués, porque á los ocho dias recibí esta otra escrita del puño y
+letra de don Juan: llena de ternezas á su esposa, avisándola de que
+corria á salvarla...?
+
+--¿Estais segura, señora, de que esta carta está escrita por el
+marqués...
+
+--¿Quereis que no conozca su letra cuando aun tengo en mi poder las
+cartas de amor que me escribia hace dos años, cuando pretendia ser mi
+amante y yo le desdeñaba?
+
+--De modo que...
+
+--Si, Harum, si, os he tendido un lazo porque amo.
+
+--¿Amais al marqués á pesar de haberse casado con otra?
+
+--Cabalmente por eso le amo mas.
+
+--¿Ignorais que despues de muerto el emir de los monfíes, yo soy el
+padre de la sultana Amina?
+
+--Padre que no sabe donde está su hija.
+
+--Lo sabré, puesto que está en poder de Aben-Aboo.
+
+--Vos no sabreis nada, ni hareis nada si yo no quiero que lo hagais.
+
+--¡Ah! os creis con poder...
+
+--Puedo en vez de entregaros la persona de Aben-Humeya avisarle; Aben
+Humeya me ama como ama á una mujer todo aquel que no ha logrado de ella
+favor alguno...
+
+--Todos os creen la amante favorecida del rey.
+
+--Pues todos se engañan. Solo he sido de un hombre, y solo de él seré;
+porque prefiero la muerte á ser de otro; pero concluyamos que el tiempo
+se pasa. Habladme con verdad porque os voy á imponer condiciones.
+
+--Veamos, dijo Harum.
+
+--¿Qué gente habeis traido?
+
+--Dos mil hombres.
+
+--¿Cercan esos dos mil hombres la villa?
+
+--Sí.
+
+--¿Y creis que no puede escaparse Aben-Humeya? dijo con intencion
+Angiolina.
+
+--Yo creo que sin vuestra ayuda y sin la de María de Rojas nos seria
+imposible apoderarnos de él.
+
+--Si le avisamos; su huida es segura; ademas de que podria intentar la
+resistencia porque tiene la villa ochocientos escopeteros.
+
+--Bien, bien, señora; vuestras condiciones.
+
+--¿Viene con vuestra gente el marqués de la Guardia?
+
+--Sí.
+
+--Haced que yo le vea al momento.
+
+--¡Que vos le veais! ¿y para qué?
+
+--¿Sabeis acaso hasta qué punto llega mi amor? ¿sabeis si por acaso
+desesperada quiero obligarle á que me ame á costa de un nuevo
+sacrificio?
+
+--¿Y sé yo si pretendeis hacer una traicion?
+
+--Señaladme un lugar donde yo pueda verle á solas rodeada de vuestras
+gentes: es mas, entre vosotros vienen mujeres: me someto á ser
+registrada por una de esas mujeres para que os convenzais de que no
+llevo puñal ni nada que pueda dañar al marqués.
+
+--Y bien, ¿si os concedo esa entrevista con el marqués, me entregareis á
+Aben-Humeya?
+
+--Sí: yo y María os entregaremos á ese hombre.
+
+--¿Dónde?
+
+--Aquí mismo: en su casa.
+
+--Pues bien, llamad á María de Rojas.
+
+--Pero me jurais...
+
+--Os juro que inmediatamente vereis al marqués.
+
+--Os creo Harum, os creo, como creo que llegará un dia en que me hareis
+probar vuestra venganza. Pero vea yo por la última vez á don Juan, y
+todo me importa poco: ¿para qué quiero yo vivir? pero no hablemos de
+esto. Voy á llamar á María de Rojas.
+
+Y Angiolina se levantó y desapareció tras una puerta.
+
+--¡Oh! ¡esta mujer! ¡esta mujer! exclamó Harum: ¡su maldita pasion por
+el marqués, nos ha sido funesta, funestísima! ¡y sin embargo, al
+herirnos se ha herido ella misma: hay en sus ojos algo de insensato,
+algo que me causa compasion! compasion á pesar de mi odio hácia ella.
+¡Dios mio! ¡Dios mio!
+
+Harum compuso su semblante porque sintió los pasos de dos mujeres que se
+acercaban.
+
+Levantóse el tapiz y apareció Angiolina seguida de otra mujer.
+
+Aquella mujer era muy joven: de frente altiva, blanca y pálida; los
+cabellos, las cejas, las pestañas y los ojos negros, los labios rojos;
+el cuello y el talle largos, redondos, esbeltos; el andar indolente; la
+mirada lánguida, la boca anhelante, el seno conmovido.
+
+Se detuvo delante de Harum y le dijo con el acento ardiente de la mujer
+que ama.
+
+--¿Y Diego Alguacil?
+
+--Ha ido en busca de quien atacará á Aben-Humeya.
+
+--¿Con qué ha llegado la hora?
+
+--Si; si vosotras me ayudais.
+
+--Te ayudaremos, dijo María de Rojas: es necesario concluir de una vez;
+ese infame se ha convertido en lobo: me causa horror, y cuando me veo
+obligada á sonreirle se me parte el corazon: cuando le abro mis brazos
+creo morir. Y... ¿será esta noche?.
+
+--Si, esta noche.
+
+--Pero para ello es necesario que yo salga con Harum, y que detengas á
+Aben-Humeya para que no repare en mi falta.
+
+--Aben-Humeya está en una zambra y vendrá tarde, dijo María de Rojas. Yo
+le entretendré si cuando vuelva no has vuelto tú. Ademas, escucha,
+Harum: ni tú ni tus gentes entreis á matarle sino cuando veais una luz
+detrás de la celosía que está sobre la puerta que da á la plaza. Ahora,
+idos, aprovechad el tiempo. Yo me quedo aquí esperando con impaciencia.
+
+Angiolina se envolvió en un albornoz y salió con Harum, bajaron al
+huerto, le atravesaron y salieron por el postigo.
+
+Llovía á mares y relampagueaba.
+
+Muy pronto Harum y Angiolina salieron de la villa y se perdieron entre
+los barrancos.
+
+
+
+
+CAPITULO XLIV.
+
+ De cómo los capitanes turcos sirvieron á Aben-Aboo ó creyeron
+ servirse á sí mismos.
+
+
+La muela del Aguila era una pequeña montaña en direccion á Andarax.
+
+Por la parte media de su vertiente oriental corria un sendero que aunque
+áspero atajaba el camino desde Andarax á Mecina de Bombaron.
+
+Este sendero pasaba junto á la entrada de una enorme gruta.
+
+En esta gruta, la noche en que marcha nuestra accion, ardia una hoguera
+de ramas de olivo.
+
+Sentados en piedras alrededor de la hoguera, habia tres hombres
+atezados, de mirada ávida, armados hasta los dientes, y revelando en su
+trage tanto á los turcos vasallos del sultan de Constantinopla, como al
+pirata berberisco de los mares de Levante.
+
+Estos tres hombres parecían estar impacientes é irritados.
+
+--Por Allah, decia uno de ellos: en esta tierra es durísima la fatiga:
+el combate es nada, comparado con los hielos y con este viento crudísimo
+que vuela de cumbre en cumbre.
+
+--Aluch-Alí, nuestro señor, dijo otro de ellos dirigiéndose al que habia
+hablado, nos quiere mal cuando nos ha enviado á esta empresa, Carcax; en
+esta tierra maldita solo se siembran ingratitudes y se cogen traiciones;
+por el Dios Altísimo y Unico, que cuando me acuerdo de mi buena galeota,
+se me abre el corazon: prefiero verme sobre ella, dando caza viento en
+popa á los cruzados de Malta, que ser rey de esta tierra miserable.
+
+--Miserable, porque son miserables los que en ella han levantado su
+bandera, Alí; por lo demás, Granada es el jardin del Profeta; pero con
+Aben-Humeya... hace algunos días que solo recibimos reveses: en Válor
+hemos sido destrozados: en Cádiar hemos huido de breña en breña delante
+de los cristianos, y si Aluch-Alí, nuestro señor, no nos saca de aquí
+perecemos en la lucha.
+
+--¡Por Alah, Huscen! ¿qué dirian de nosotros en Argel si dejásemos
+abandonados á nuestros hermanos?
+
+--No, no son estos mezquinos hermanos nuestros; nuestros hermanos no
+arremeterian al peligro para huir despues aterrados: Aben-Humeya es un
+insensato, que cuando ha menester de mas valor se entrega al desaliento
+ó á los placeres, ó lucha mal, poco y tarde. Aben-Aboo aunque es
+valiente, descontento ú ofendido, no hace lo que debia: y los moriscos
+desvandados, desnudos, miserables, ó perecen por la espada, ó al rigor
+del hambre.
+
+--¡Aben-Aboo! exclamó Huscen; hace dos horas que le esperamos yertos de
+frio, y aun no ha venido: tal vez tenga miedo... ó prefiera tal vez
+dormir en Andarax á arrostrar para venir á buscarnos, los rigores de una
+noche tan fria.
+
+--¿Quién se atreve á dudar de Aben-Aboo, y á llamarle indolente y
+cobarde? dijo una voz robusta á la entrada de la cueva.
+
+[imagen: Don Juan de Austria.]
+
+Volviéronse los capitanes turcos al sonido de aquella voz y vieron á un
+moro que adelantaba en la cueva.
+
+Era Aben-Aboo.
+
+Los turcos se levantaron.
+
+--¡Ah! ¡es Aben-Aboo, el alcaide de los alcaides! dijo Alí.
+
+--¡Por Allah! exclamó con desprecio Aben-Aboo mirando con una profunda
+fijeza á los turcos: ¿á quién parece tarde? ¿quién se atreve á blasonar
+de valiente amancillando mi honra?
+
+--¡Aben-Aboo! exclamó el feroz Huscen.
+
+--¡Yertos de frio, y murmurando como mujeres! ¡nunca lo hubiera creido
+de vosotros, capitanes!
+
+--Perdona si te hemos ofendido Aben-Aboo, dijo Carcax; pero tenemos
+razones para quejarnos; desde que llegamos á las Alpujarras no hemos
+visto en torno de nosotros mas que traidores; si hemos empeñado alguna
+empresa hemos sido vencidos ó abandonados. ¿Quién nos ha traido del
+Africa á estas montañas para sufrir sonrojos y reveses? ¿quién humilla
+nuestro esfuerzo y nos obliga á ser testigos de tanto oprobio? ¿Y
+quieres que callemos como viles y cobardes, y no levantemos la voz
+contra tanta vergüenza?
+
+--No, vive Dios, dijo Aben-Aboo: como vosotros estoy irritado, como
+vosotros veo que el insensato Aben-Humeya, ó es cobarde ó aprecia en
+poco su vida y su honra.
+
+--¿Y quién le ha aclamado rey? dijo Carcax: vosotros, vosotros que
+creísteis que sacaría al reino del yugo del cristiano y estableceria el
+estandarte del Profeta sobre los muros de la Alhambra. ¿Y qué ha hecho
+ese miserable? entregarse al ócio, gastar su vida en fiestas y en
+zambras, empobrecer á los suyos para alentar sus vicios; y despues de
+algunos triunfos que no ha sabido aprovechar, al ver á don Juan de
+Austria en las Alpujarras, acobardarse y huir de breña en breña como la
+res acosada por los perros, cuando resuenan á sus espaldas las trompas
+castellanas.
+
+--Y bien, exclamó con arranque Alí; ¡qué nos importa que Granada sea
+cristiana ó no! si esta guerra concluye mal, los moros solo verán un
+pedazo de menos en sus dominios: mas ¡ay si un dia Africa se arroja
+sobre Europa! ¡hay si clava en su vieja frente el estandarte del
+Profeta!
+
+[imagen: Deportacion de los moriscos de Granada.]
+
+--¡Escrito está! exclamó con acento solemne Aben-Aboo: pero vencidos en
+tanto los moriscos, habran visto desvanecerse su esperanza como humo que
+arrebata el viento. Volvereis si: pero os aterra el nombre de don Juan
+de Austria, y quereis abandonarnos. Pues bien: ¡idos! me causa rubor
+vuestra cobardía ¡idos! impacientes os esperan los vuestros á la orilla
+del mar en las galeras que han aprestado para la fuga.
+
+--Si, nos iremos, gritó Alí, trémulo de cólera; mas no será sin herir
+antes la cabeza de ese miserable que descansa entre débiles mujeres.
+¡Que tememos á don Juan de Austria! ¡que huimos aterrados ante el
+peligro! Pues bien, si valemos tan poco; si tú, Aben-Aboo, el mas bravo
+de los moriscos nos desprecias y nos rechazas, volveremos humillados al
+Africa, pero antes dejaremos en las riberas de la Alpujarra las señales
+sangrientas de nuestros piés.
+
+--Aden-Aboo, dijo Huscen, con acento amigable: ni creo tus palabras ni
+me ofenden, porque son hijas del despecho con que ves las desdichas de
+tu patria. No tienes razon para acusarnos; hemos venido á ayudaros y os
+hemos ayudado, partiendo con vosotros el peligro, ensangrentando en los
+cristianos nuestras armas.
+
+--¿Y porqué retroceder ahora? exclamó Aben-Aboo.
+
+--Mientras Aben-Humeya esté en el trono, respondió Carcax; mientras
+haya una sola villa en las Alpujarras que le aclame rey, no entraran en
+la pelea mis gentes: haced vosotros lo que querais.
+
+--Ni yo expondré otra vez mi estandarte á la vergüenza, dijo Alí.
+
+--¿Y no es mas conveniente, dijo Huscen, hacer pedazos la frente de
+Aben-Humeya y dar la corona á quien valga mas que él; á un hombre como
+Aben-Aboo, valiente, leal, emprendedor, buen musulman y buen caballero?
+
+--¡Yo! ¡yo rey! exclamó Aben-Aboo, disimulando su alegría. ¿Qué dices
+Huscen? ¿sobre mis débiles hombros quieres arrojar tan pesada carga?
+¡No! ¡no! matad en buen hora á Aben-Humeya, y ocupe su trono otro que
+yo: uno de vosotros por ejemplo.
+
+--Aluch-Alí nuestro señor, dijo Carcax, nos ha enviado á ayudaros, no á
+ser reyes... arreglad este asunto entre vosotros los moriscos... mas...
+alguien se acerca... ¿has traido á alguno contigo Aben-Aboo?
+
+--He venido solo.
+
+En aquel momento apareció en la entrada de la cueva un hombre.
+
+Era Diego Alguacil.
+
+Al ver á Aben-Aboo y á los turcos, adelantó y les dirigió confiadamente
+la palabra.
+
+--Musulmanes, dijo: dadme ayuda; me he perdido en la montaña y necesito
+un guia para cumplir un encargo en servicio del rey.
+
+--¿De qué rey hablas? dijo Aben-Aboo afectando no conocer á Diego
+Alguacil.
+
+--¿De que rey he de hablar?, contestó el morisco, sino del alto el
+grande Muley Aben-Humeya, á quien Dios ensalze...
+
+--Cuadra muy mal tu comisión con tu torpeza, moro, dijo con recelo
+Carcax.
+
+--Tiene trazas de espía de los cristianos, dijo con acento de amenaza
+Huscen.
+
+--Esta carta responderá por mí, dijo Diego Alguacil sacando del seno la
+que le habia dado en Andarax Aben-Aboo.
+
+--De Aben-Humeya, sultan de Andalucía al alcaide de Mecina de Bombaron,
+dijo Carcax leyendo el sobre escrito de la carta que habia tomado de
+manos de Diego Alguacil.
+
+Aben-Aboo, miró recatadamente á los turcos con una mirada enérgicamente
+significativa, con la que parecia decirles:
+
+--Necesitamos apoderarnos de esa carta.
+
+Y luego añadió volviéndose á Diego Alguacil como si no le conociera:
+
+--Ven conmigo: llevo el mismo camino que tú y antes del alba habremos
+llegado á Mecina de Bombaron.
+
+Alí adelantó receloso.
+
+--Descuida, le dijo rápidamente Aben-Aboo: va conmigo, y yo ni vacilo ni
+dudo: y luego añadió alto: sígueme moro: hermanos mios, adios.
+
+--Que Allah te guarde, contestaron los turcos.
+
+Aben-Aboo y Diego Alguacil salieron de la cueva.
+
+--Sigámosles, dijo Huscen, y castiguemos á Aben-Aboo si nos hace
+traicion.
+
+--Deteneos, dijo Alí: el estrecho sendero por donde caminan está sobre
+el tajo.
+
+--¿Y qué? dijo Huscen.
+
+--¿Y qué? ¡Dios ayude al mensajero de Aben-Humeya!
+
+Como para confirmar las palabras de Alí se escuchó en aquel momento uno
+de esos horribles gritos que exhala el que de repente siente la muerte
+sobre sí.
+
+--¿Habeis oido? dijo Huscen.
+
+--Si, un grito de horror, de agonía: sin duda ha caido el mensajero: ¡es
+la senda tan estrecha, y está tan resbaladiza con el hielo!...
+
+En aquel momento Aben-Aboo apareció en la entrada de la cueva y adelantó
+hacia los turcos.
+
+Parecia horrorizado: su mirada erraba sin objeto.
+
+--Por fortuna llevaba yo la carta, dijo con voz opaca.
+
+--Ha resbalado...
+
+--Sí...
+
+--Ha caido...
+
+--Sí; un salto horrible: ha rebotado en las rocas, y ha caido al fin al
+torrente. Os juro que me ha causado horror.
+
+--¿Y la carta? exclamó con afan Carcax.
+
+--Aquí está, dijo Aben-Aboo, entregándola á Alí: llevadla, enviadla al
+alcaide de Mecina de Bombaron: yo me vuelvo á Andarax: esa desgracia me
+ha horrorizado.
+
+--¿Que llevemos esta carta al alcaide de Mecina? dijo con asombro Alí.
+
+--Sí; el rey lo manda, repuso Aben-Aboo: habeis venido á servirle y
+debeis obedecerle.
+
+--¡Ah! no hace mucho que nos hablabas de otra manera, Aben-Aboo, dijo
+Carcax.
+
+--La muerte enseña mucho y acabo de verla, contestó sentenciosamente
+Aben-Aboo, y salió de la cueva y se alejó.
+
+Los turcos quedaron asombrados.
+
+--O nos hace traicion ó está loco, dijo Alí.
+
+--Lo que nos importa es saber lo que dice esa carta, repuso Carcax.
+
+--Sí, veamos, porque recelo una traición, añadió Huscen.
+
+Alí se inclinó sobre la hoguera, abrió la carta y la leyó.
+
+He aquí el contenido de aquella carta:
+
+«En el nombre de Dios Altísimo y misericordioso: el ensalzado, el
+favorecido de Dios, gobernador de los moros de España, Muley Aben-Humeya
+al valiente alcaide de Mecina de Bombaron, desea salud y
+prosperidades.--Sabrás alcaide, porque todo el mundo lo sabe, que los
+turcos que nos ha enviado el dey de Argel, mas que de provecho y de
+ayuda nos sirven de escándalo y perjuicio, haciendo insultos y
+deshonestidades, forzando mujeres, y robando las haciendas á los moros
+de la tierra. Hácenlo como corsarios y ladrones que son, gente
+aventurera y mala, agenos á todo respeto, sin temor á los hombres ni á
+Dios. Necesario es pues, evitar estos males, mas como son poderosos, te
+los enviaré á Mecina de Bombaron mañana: cuando llegaren, haz muestra de
+festejarlos: ordena una zambra, dáles de cenar y pon zumo de hagiz[30]
+en los manjares; cuando estén aletargados, mátalos, que después yo me
+disculparé con el dey de Argel, manifestándole las causas que he tenido
+para obrar asi.--Prospérete Dios y te dé ventura.»
+
+Por bajo se leia en mal carácter africano la frase siguiente con que
+acostumbraba á firmar Aben-Humeya: _Esto es verdad_, como si dijera:
+esta carta es legítima.
+
+El furor, la ira, la venganza, todas las malas pasiones, se pintaron en
+el semblante de los turcos apenas conocieron el contenido de la carta.
+
+--¿Y dudaremos aun? exclamó el iracundo Carcax: ¿Dudaremos despues de lo
+que hemos leido?
+
+--¡Dudar! exclamó Alí: ¡necesito toda la sangre de ese perro infiel!
+
+--¡Mil vidas que tuviera! exclamó Huscen. Si vosotros esperais, yo no
+espero ni un momento. Yo voy á buscar á los mios...
+
+--Y yo...
+
+--Y yo... contestaron Alí y Carcax.
+
+Y salieron de la cueva trémulos de corage, y en paso rápido se perdieron
+entre las quebraduras.
+
+Apenas habian desaparecido los turcos cuando de entre un matorral salió
+una sombra informe, y se asomó al borde del abismo.
+
+--¡Ah del muerto! exclamó.
+
+--¿Quién va allá? contestó una voz desde abajo.
+
+--Espérame, contestó el de arriba.
+
+Y se deslizó por el borde de la cortadura.
+
+Poco despues se detenia junto á otra sombra.
+
+Eran Aben-Aboo y Diego Alguacil.
+
+--Lo han creido, dijo Diego.
+
+--¡Lo de tu muerte! ¿pues no han de haberla creido, si yo hubiera
+dudado? ¡oh! ¡qué grito tan lastimero!
+
+--¿Y los turcos?
+
+--Allá van hácia Andarax; vamos tambien nosotros: los turcos y los
+monfíes nos ayudan.
+
+--¡Los monfíes! exclamó Diego Alguacil: Dios me perdone: pero desconfío
+de ellos.
+
+--¡Desconfiar! ¿y por qué?
+
+--Huyen demasiado.
+
+--Los tercios que ha traido don Juan de Austria...
+
+--Son valientes es verdad: pero los monfíes nunca han sido tan cobardes:
+parece que á la primera arremetida huyen de intento.
+
+--¡Oh! ¡si eso fuera!
+
+--Yo creo...
+
+--¡Qué!
+
+--Que la muerte del emir los ha irritado; que os atribuyen á vosotros
+esa muerte.
+
+--¿Y quienes somos nosotros?
+
+--Tú y Aben-Humeya.
+
+Se estremeció todo Aben-Aboo.
+
+--Te engañas, te engañas, Diego, contestó el jóven procurando dominar lo
+conmovido de su voz: los monfíes no tienen razon para sospechar... no
+pueden sospechar.
+
+--Allá lo veremos, replicó Diego Alguacil: ó mas bien lo veran los que
+se queden.
+
+--¿Y tú por qué no?
+
+--Porque yo, en cuanto Aben-Humeya muera, que será esta noche, recobro á
+María, á la prenda de mi alma, que ese infame me ha robado, y me voy con
+ella á Africa. Te aconsejo que hagas lo mismo, Aben-Aboo.
+
+--¿Que abandone yo la corona, cuando ya la siento sobre mi cabeza?
+
+--Los monfíes te mataran como mataran á Aben-Humeya.
+
+--¿Crees tú que no sea tan fácil matar á los monfíes como á los turcos?
+
+--Dios es grande y vencedor, dijo Aben-Aboo.
+
+--Pues bien haz lo que quieras: en cuanto á mí he tomado mi resolucion.
+Ahora vamos á Andarax.
+
+--Vamos, contestó Aben-Aboo.
+
+Poco despues los dos moriscos habian desaparecido entre las quebraduras.
+
+
+
+
+CAPITULO XLV.
+
+ En que volvemos á encontrar al perdido marqués de la Guardia, y se
+ sabe cómo escapó del subterráneo de la princesa encantada, y la
+ escena que tuvo con su antigua amante.
+
+
+Entre tanto, á pesar de la lluvia y del frio, y á través de breñas y
+despeñaderos, habia seguido Angiolina á Harum-el-Geniz.
+
+El monfí se detuvo un momento, habló algunas palabras con otros monfíes,
+y él y Angiolina pasaron.
+
+Anduvieron aun algun tiempo.
+
+Al fin la italiana vió una luz entre la oscuridad.
+
+--¿Está el marqués de la Guardia donde brilla aquella luz? dijo:
+
+--Si; contestó secamente Harum.
+
+Llegaron á poco á una especie de venta situada al lado de uno de los
+estrechos caminos de herradura que cruzan las Alpujarras.
+
+Al llegar á la puerta, Harum previno á Angiolina que se cubriese con su
+velo, y asiéndola de la mano, la condujo á un pequeño aposento alto, á
+través de unas escaleras.
+
+Al abrir su puerta, Harum desasió la mano de Angiolina.
+
+--Dentro encontrareis al marqués de la Guardia, la dijo: fuera os
+espero.
+
+Angiolina entró con el corazon comprimido.
+
+Sentado en un lecho mezquino, verdadero tormento de la hospitalidad de
+una venta, habia un hombre meditabundo é inmóvil.
+
+Al sentir el ruido de la puerta que se abria, el hombre que estaba
+sentado en el lecho levantó la cabeza, y miró á Angiolina.
+
+Al verle la veneciana lanzó un grito de horror, palideció, sus ojos se
+llenaron de lágrimas y corrió á aquel hombre, le abrazó, y le miró con
+ansiedad.
+
+--¡Oh! ¡Dios mio! exclamó: ¡me le vuelven muerto!
+
+El marqués contestó con una triste sonrisa.
+
+Estaba pálido, con la palidez impura de la enfermedad, de una enfermedad
+lenta: estaba demacrado, y sus ojos, sus antes hermosos ojos, casi
+hundidos en los alveólos: la barba larga, el aspecto macilento: la
+actitud como de hombre cansado, y de tiempo en tiempo desgarraba su
+pecho una tos seca, aguda, terrible.
+
+La mirada de Angiolina se extravió.
+
+--¿Quién sois, señora? dijo con voz ronca el marqués de la Guardia.
+
+--¡Qué! ¿tan desdichada soy que ha llegado el caso de que no me
+reconozcas, don Juan? dijo la veneciana.
+
+--Yo he escuchado vuestra voz, señora; la he escuchado no recuerdo
+cuándo ni dónde, dijo el marqués; pero recuerdo que ha sido en otros
+dias mas felices.
+
+Y el marqués la miraba con esa expresion de deseo del que quiere
+reconocer á una persona.
+
+--¿Pero que es esto? exclamó Angiolina: ¿qué te sucede don Juan? ¿habrás
+perdido acaso la razon?
+
+--No, la razon no; pero la memoria, la vista, el oido... ¡oh! ¡oh! ha
+sido una cosa horrible.
+
+--Pero... ¿qué horrible cosa ha sido esa? dímela, dímela, y yo te
+vengaré.
+
+--¡Vengarme! ¿y por qué? Seria necesario que me vengárais en mí mismo:
+yo he sido la causa de todo: ella no tiene la culpa: me ama y ha tenido
+zelos.
+
+--Y... ¿quién es esa mujer que te ama y está zelosa? exclamó con ansia
+la jóven.
+
+--¡Ah! ¿y qué te importa?... ¿tú no conoces á la princesa Angiolina
+Visconti? una hermosa mujer que me sirvió para hacerme amar de otra.
+
+--¡Ah! exclamó Angiolina.
+
+Y su exclamacion fue semejante á un rugido.
+
+--¿Y dices tú que esa mujer, que esa Angiolina, se ha vengado de tí?
+
+--Si; se ha vengado de una manera horrible.
+
+--¿Pero no me conoces? ¿no reconoces en mí á esa Angiolina que solo ha
+amado por tí, que solo ha vivido por tí, que solo por tí ha odiado, que
+solo por tí ha teñido sus manos en sangre, y ha llenado de
+remordimientos su conciencia?
+
+--No, tú no eres Angiolina; si lo fueras mi odio me lo diria. ¡Oh!
+¡funesta mujer!
+
+Un nuevo acceso de tos cortó la palabra al marqués, y al retirar el
+pañuelo de su boca, Angiolina le vió manchado de sangre.
+
+Hubo un momento de terrible silencio.
+
+Don Juan contemplaba á Angiolina con una curiosidad cada vez mas
+creciente.
+
+Angiolina contemplaba á don Juan con una ansiedad cada vez mas terrible.
+
+--¿Pero quién te ha puesto en ese horrible estado? exclamó Angiolina.
+
+--Ella, esa mujer, exclamó el marqués.
+
+--¿Pero qué mujer es esa?
+
+--¿No os he dicho que se llama la princesa Angiolina Visconti?
+
+--No, no; ella no hubiera atentado á tu vida... ella hubiera muerto mil
+veces antes que tocar á uno solo de tus cabellos:... ella, porque tú
+vivieses seria capaz de buscar á tu adorada Amina, de entregártela, y de
+morir después.
+
+--¡Amina! ¡Amina! esa infame mujer la ha perseguido; ella ha causado la
+desgracia de su padre; ella la ha entregado á Aben-Aboo; ella me ha
+asesinado.
+
+--¡Oh! ¡no! exclamó con angustia Angiolina.
+
+--Vos debéis conocer á esa mujer, cuando de tal modo la disculpais, dijo
+el marqués.
+
+--¡Que si la conozco! Pluguiera á Dios que de tal modo me conocieses tú,
+exclamó llorando Angiolina.
+
+--¡Llorais! ¡me compadeceis! teneis razon en llorar y en compadecerme
+señora, y puesto que conoceis á esa malvada, puesto que ella me ama con
+ese amor de Satanás. ¡Oid, oid, y contadla lo que vais á oir para que se
+estremezca y tema la justicia de Dios!
+
+El marqués se sentó en el lecho, se reclinó sobre las almohadas é
+inclino la cabeza; Angiolina se arrodilló á sus pies, y continuó
+llorando en silencio.
+
+--Oid: hubo un dia el mas feliz de mi vida, en que un sacerdote me unió
+á la única mujer que he amado. Yo juzgaba el mundo estrecho para mí; yo
+creí que Dios me habia anticipado su gloria dándomela sobre la tierra,
+representada por una mujer.
+
+Tosió el marqués, y apareció en su pañuelo una nueva mancha de sangre.
+
+Angiolina anonadada, ocultó su semblante sobre las rodillas del marqués.
+
+Este continuó.
+
+--Era de noche; caminábamos hácia la costa: de repente nos sorprendieron
+la tempestad y los hombres: mi esposa me fue robada, y yo arrebatado por
+la corriente, milagrosamente salvado, viví para buscar á mi Esperanza...
+y la encontré... pero robada por un infame.--Su caballo corria; veloz
+como el viento seguíale mi caballo... rendidos entrambos animales por la
+fatiga, el miserable que me robaba mi Esperanza, continuó su fuga á pié
+llevándola á ella sobre sus hombros.--Yo le seguia... le seguia...
+entróse en una caverna, y yo me entré tras él.--Sentí sus pisadas á
+través de un oscuro laberinto, y le seguí en las tinieblas.--De
+repente... no sé lo que aconteció.--Parecia que el mundo entero habia
+caido sobre mí, y luego no sentí nada... nada...--Despues de no sé
+cuanto tiempo volví á la vida, pero á una vida horrible: parecíame
+sentir despedazadas mis entrañas; ardia mi cabeza; mis miembros estaban
+como descoyuntados, y me rodeaban las mas lóbregas tinieblas.--Me creí
+en la region de los muertos.--Y sin embargo hice un esfuerzo, y logré
+arrastrarme sobre mis manos; impulsado por la desesperacion y por el
+terror, redoblé mis esfuerzos, y no sé en cuánto tiempo, pero largo,
+lento, débil, estenuado, sin cesar de arrastrarme, logré al fin volver á
+ver la luz del dia.--Estaba en una cueva.--Cuando me acerqué á su
+entrada, me ví en la parte media de la vertiente de una montaña al borde
+de una roca: abajo, mi vista debilitada, turbia, veia como á través de
+una niebla sangrienta un pequeño valle.--El vértigo zumbaba en mi
+cabeza.--De improviso, y como en medio de un sueño, oí un lejano ladrido
+que se acercaba, se acercaba, hasta resonar junto á mí.--Era un perro
+guardian del ganado que pastaba en el valle.--Junto al perro habia un
+pastor anciano.--Los buenos pastores me recogieron, cuidaron de mí, y
+ellos avisaron á mi amigo Harum.--¿Y sabeis lo que me dijo Harum cuando
+estuve en estado de escucharle?--Seguiais de cerca á Aben-Aboo, cuando
+os perdimos de vista: poco después, y cuando nos acercábamos á la
+caverna por donde habiais desaparecido, sonó una detonacion terrible; la
+roca voló rota en mil pedazos y... os dimos por muerto.
+
+--¡Oh! ¡qué horror!
+
+--Y todo esto es obra de esa mujer maldita: porque ella ha sido el
+primer eslabon de la cadena de desgracias que á todos, inclusa ella
+misma, nos han acontecido.--De ella es la obra de mi asesinato, porque
+yo, por resultado de aquella explosion estoy enfermo de muerte, y
+pluguiese á Dios viviese lo bastante para volver á ver á mi Esperanza y
+á mi pobre hija.--Puesto que conoceis á Angiolina, puesto que acaso ella
+os envia, contadla, señora, cómo me habeis encontrado: enfermo, loco...
+si, loco, transformado enteramente en cuerpo y en alma, desesperado,
+desalentado, inutilizado, muerto; decidle que todo esto es obra suya, y
+que yo la maldigo.
+
+--¡Oh! no, no la maldigas, don Juan, perdónala, perdónala, y extermínala
+despues: ¡pero maldecirla porque te ha amado...! ¡porque te ama con toda
+su alma..! ¡esto es horrible, esto no puede ser!
+
+--¿Quién sois vos que os interesais tanto por esa mujer, que llorais,
+que os retorceis las manos desesperada? dijo el marqués mirando
+fijamente á la joven.
+
+--¡Oh! ¡no me conoce, no conoce á la mujer que por él lo ha perdido
+todo; su honra, su conciencia, su alma! Y ¡es verdad! estas ropas
+moriscas me desfiguran; este albornoz que me envuelve, esta toca que
+rodea mi cabeza, y mi terror, y mi dolor...
+
+Y Angiolina arrojó el albornoz, se arrancó la toca dejó flotar sus
+hermosos cabellos, y asió las manos del marqués, infiltró en sus ojos
+una mirada lúcida, intensa, impregnada de amor, y acercando su boca seca
+y árida á la contraida boca del marqués, estampó en ella un beso
+candente, supremo, satánico.
+
+El marqués dió un grito, y como obedeciendo á la poderosa magia de
+aquella mirada y de aquel beso, reconoció á Angiolina.
+
+--¡Oh! ¡si! ¡tú! ¡eres tú! exclamó: pues bien miserable; has venido á
+tiempo porque aun me queda fuerza para exterminarte.
+
+Y con un movimiento rápido é imprevisto, verdadero arranque de loco,
+asió con sus dos manos la garganta de Angiolina, que dió un grito
+ahogado y cayó de espaldas, mas por la dolorosa impresión de las
+intenciones del marqués respecto á ella, que por la fuerza de sus manos,
+demasiado débiles para que Angiolina no pudiese desprenderse de ellas.
+
+En aquel momento se abrió la puerta, y apareció Harum.
+
+--Un caballero, dijo con voz severa, nunca tiene razon bastante para
+convertirse en verdugo.
+
+Y apartó al marqués, que fué á sentarse en su lecho en la actitud de un
+tigre replegado en sí mismo; levantó á Angiolina, la dió su toca y su
+albornoz en que ella se envolvió en silencio, y asiéndola de la mano la
+sacó de la habitacion.
+
+--¡Oh! ¿por qué no me habeis dejado morir á sus manos? dijo llorando
+Angiolina.
+
+--Porque le amo demasiado para permitir que tiña sus manos en sangre, y
+porque vos debeis vivir.
+
+--¡Ah! vuestra venganza es cruel, muy cruel; pero os aseguro que no
+viviré mucho. ¿Y él? hablemos de él: yo no importo nada. ¿Y él? ¿creeis
+que podrá vivir, Harum?
+
+--Solo Dios sabe lo oculto: solo Dios, que es fuerte y misericordioso,
+puede hacer milagros, contestó sentenciosamente.
+
+--¡Oh! no me habiais engañado al decirme que el marqués habia muerto,
+¡Muerto!.. lo que es lo mismo... loco... agonizando lentamente... si el
+amor de la sultana Amina pudiese salvarle...
+
+--¡Qué decís, señora!.. exclamó con extrañeza Harum.
+
+--¡Qué! ¿no creeis que yo sea capaz de sacrificarlo todo por él?.. mi
+vida, mis zelos... vos no habeis amado nunca... si yo pudiese salvarle
+sentenciándome á tormentos continuos, inauditos, insoportables, le
+salvaria. ¿Qué me importan Amina, ni vos, ni el mundo entero, ni el
+cielo, ni el infierno, cuando se trata de salvarle á él?
+
+--¡Ah! ¡funesto amor! exclamó aterrado Harum.
+
+--Decidme, decidme lo que yo puedo hacer: exclamó con afan Angiolina.
+
+--¿Sois capaz de sacrificaros?
+
+--¿No os he dicho que soy capaz de todo por él?
+
+--Creo haber oido decir que Aben-Aboo os ama.
+
+--Aunque no me amara, yo le obligaria á amarme.
+
+--Obligad á Aben-Aboo, enamoradle, sed suya, embriagadle.
+
+--Lo haré, contestó sin vacilar Angiolina.
+
+--Y averiguad, descubrid, dónde para la sultana... salvadle... salvad
+acaso á ese pobre loco...
+
+--Lo haré... ¡pero los medios!... los medios, dádmelos vos.
+
+--Esta noche irá Aben-Aboo á matar á Aben-Humeya.
+
+--¡Ah! me pondré á su paso... él estaba enamorado de mí... salvaré á
+vuestra señora, Harum, si está en poder de Aben-Aboo, y si el amor de
+doña Esperanza vuelve la razon y la salud al marqués, si son felices,
+despues que yo muera, decidles: su amor la hizo cometer crímenes: su
+amor os fue fatal, pero tambien su amor os ha salvado: perdonadla y
+rogad á Dios por ella.
+
+--¡Vamos! ¡vamos! no sois tan malvada como yo creia. Asios bien á mi
+brazo, y volvámonos á Andarax. Se acerca la hora.
+
+Poco tiempo despues Angiolina volvia á entrar en casa de Aben-Humeya, y
+en la habitacion que habia abandonado á la llegada de Harum.
+
+
+
+
+CAPITULO XLVI.
+
+ De cómo fue la muerte de Aben-Humeya.
+
+
+Los turcos habian llegado á Andarax con cuatrocientos de sus piratas;
+pero contenidos por la línea de los monfíes, no habian podido pasar
+adelante.
+
+Aben-Aboo habia llegado tambien con trescientos hombres, y
+Farax-aben-Farax, alguacil mayor de las Alpujarras como hemos dicho, con
+trescientos moriscos.
+
+Pero Suleiman, nuestro antiguo conocido, que se habia quedado mandando
+los monfíes en ausencia de Harum, habia declarado que nada se haria
+hasta que Harum llegase.
+
+--¿Con que es decir, que nada podemos hacer, ni á nada podemos
+atrevernos sin los monfíes? exclamó el iracundo Alí.
+
+--El emir de los monfíes, repuso Suleiman, es el rey, el único rey de
+las Alpujarras; sin los monfíes no hubiera sido posible la guerra; el
+dia en que los monfíes cedan y se recojan á sus guaridas, los cristianos
+se encontraran, como antes, dueños de las villas y lugares de las
+Alpujarras. Entre tanto los fuertes somos nosotros: tenemos rodeado á
+Andarax, y nadie entrará en él mientras no lo permita el emir de los
+monfíes.
+
+--¿Y quién es el emir de los monfíes? dijo con acento torbo Aben-Aboo:
+¿acaso no ha muerto mi tio Yaye-ebn-Al-Hhamar?
+
+--Ciertamente que tu noble tio, ha sido villanamente asesinado, replicó
+con voz ronca Suleiman; pero vive su hija.
+
+--¡La sultana Amina!
+
+--Si, la sultana de los monfíes.
+
+--¡Una mujer! ¡y una mujer, cuyo paradero no se sabe!
+
+--Pero la sultana Amina tiene un esposo, dijo Suleiman.
+
+--¡El marqués de la Guardia! ¡un cristiano renegado! repitió Aben-Aboo.
+
+--El esposo de la sultana Amina, es el emir de los monfíes.
+
+--Pero si la sultana Amina muriese...
+
+--¡Mas le valdria no haber nacido al miserable que se atreviese á la
+vida de la sultana! exclamó con acento de amenaza Suleiman.
+
+--Pero puede darse por muerta, puesto que nadie sabe donde se encuentra.
+
+--Y bien, dijo Suleiman, dejándose arrastrar por las circunstancias, á
+falta de la sultana Amina, tenemos á su hija la sultana Zoraya[31].
+
+--Mal nombre la habeis puesto, porque la otra sultana Zoraya, hija como
+esta de cristiano, y esposa de Muley Hacem, fue muy desgraciada.
+
+--¿A qué es esa inútil disputa? dijo una nueva voz terciando en la
+conversacion: os he llamado y habeis venido; Aben-Humeya está descuidado
+y ha llegado el momento de obrar.
+
+Quien asi hablaba, era Harum, walí de los walies de los monfíes, que
+acaba de llegar.
+
+--Es verdad, dijo el capitan turco Carcax: esta disputa es inútil: si
+los monfíes teneis derecho á llamaros dueños de las Alpujarras, nosotros
+que hemos venido de Africa á ayudaros, tenemos tambien derecho á que se
+nos trate lealmente, á que se nos honre, á que se cumplan los pactos que
+hemos establecido: en vez de esto se pretende destruirnos, se nos
+acecha, y se nos manda matar: debemos, pues, vengarnos, y nos vengaremos
+matando á Aben-Humeya.
+
+--Aben-Humeya es rey de Granada, exclamó Harum.
+
+--¿Y pretenderás acaso disuadirnos de nuestra venganza? exclamó Alí:
+¿ignoras que tenemos la prueba de la traicion del rey contra nosotros?
+
+--Aben-Humeya debe morir, exclamó Farax-Aben-Farax, pero debe pensarse
+en un nuevo rey.
+
+--¿Y qué rey pensais que debemos elegir, caballeros? dijo Harum.
+
+Sucedió un silencio solemne...
+
+En medio de él, se alzó la voz de Aben-Aboo.
+
+--Concluyamos antes, dijo, con Aben-Humeya, que nos hace traicion, y
+despues tendremos lugar de pensar en un nuevo rey.
+
+El rey que ha de gobernarnos, dijo Farax-Aben-Farax, acaba de hablar.
+Aben-Aboo será nuestro rey.
+
+--Si, si, que sea rey de Granada Aben-Aboo, exclamaron á una voz todos
+los que allí estaban congregados.
+
+En aquel momento y antes de que Aben-Aboo pudiese contestar, se oyó una
+voz que hablaba con dificultad á causa del sobrealiento causado por la
+fatiga de quien hablaba.
+
+--Pronto, exclamó, pronto capitanes, acudid: Aben-Humeya se nos escapa,
+tiene preparados caballos en la puerta de su casa.
+
+El hombre que hablaba asi, era Gironcillo de la Vega, alguacil mayor de
+Granada por los moriscos.
+
+La noticia de que Aben-Humeya intentaba escapar causó una gran sensacion
+entre turcos, moriscos y monfíes.
+
+Especialmente los turcos expresaron su furor de una manera violenta.
+
+--Aben-Humeya no puede escapar, dijo reposadamente Harum; la villa está
+cercada por mis monfíes.
+
+--Es que tus monfíes se han dividido, dijo Gironcillo: y ó tú nos haces
+traicion ó te la hacen los tuyos.
+
+--Quien eso dice miente, exclamó Harum fuera de sí de cólera: ni yo ni
+mis monfíes somos traidores; y en prueba de ello seguidme los que
+querais.
+
+Y Harum tiró por un barranco arriba en direccion de la villa.
+
+Inmediatamente le seguia Aben-Aboo.
+
+Despues Gironcillo de la Vega, Suleiman, los tres capitanes turcos, y
+como quinientos hombres entre turcos, moriscos y monfíes.
+
+Aquella gente caminaba en silencio sin pronunciar una sola palabra,
+apagadas sus pisadas sobre la tierra empapada por la lluvia.
+
+A pesar de la gente que tenia en el pueblo Aben-Humeya, ni un solo
+hombre armado ni que se les opusiese, ni que diese aviso ó hiciera
+señal, encontraron los conspiradores, en su tránsito por la villa hasta
+la plaza.
+
+Cuando entraron en ella, Harum vió puesta una luz tras la celosía de un
+agimez sobre la puerta.
+
+Aquella luz, era la señal concertada entre él y María de Rojas.
+
+Aquella luz era la señal de que Aben-Aboo estaba en su casa y de que
+habia llegado la hora.
+
+Harum, Aben-Aboo, los turcos, Gironcillo, Suleiman y sus gentes,
+avanzaron en silencio hácia la casa.
+
+En aquel momento sonó un tiro, disparado por uno de los moriscos que
+daban la guardia á Aben-Humeya, y como si aquella detonacion hubiera
+sido una señal de combate, todos se lanzaron con las armas enhiestas,
+sobre la guardia, la arrollaron, rompieron las puertas y se precipitaron
+en la casa.
+
+ * * * * *
+
+Poco antes habia entrado en ella Aben-Humeya.
+
+Su paso era vacilante y sus miradas vagas.
+
+Venia de una zambra, donde, á pesar del Koram que prohibia el uso de las
+bebidas espirituosas, se habia embriagado.
+
+Sin embargo no era su embriaguez tal, que le privase del uso de sus
+sentidos, y cuando María de Rojas fue á encontrarle, sonriéndole, la
+dijo:
+
+--¿Por qué me haces traicion?
+
+A esta pregunta brusca, directa, imprevista, la jóven se desconcertó y
+solo contestó con embarazo:
+
+--A nadie amo mas que á tí, señor, á tí que eres mi esposo: quien te
+diga otra cosa te engaña y merece la muerte; porque ha calumniado á tu
+esposa, á la sultana de Granada.
+
+Aben-Humeya la rechazó de nuevo y le dijo con acento indolente:
+
+--Ve, y cuéntale eso á tu amante, á Diego Alguacil: pero apresúrate á
+contárselo, porque mañana su cabeza no te podrá oir.
+
+--Algun enemigo de tu reposo, señor, dijo María de Rojas dominándose, ha
+inventado esas mentiras.
+
+--¡Oh! afortunadamente, repuso Aben-Aboo, reclinándose en su divan y ya
+soñoliento, he sido avisado á tiempo y he prevenido la traicion: al
+principio crei de mas gravedad el peligro y mandé ensillar dos
+caballos... pero despues... me quedará tiempo para descabezar á los
+traidores, y ayudado por los monfíes que son valientes y leales, acabaré
+con todos mis enemigos. ¡Ah! ¡mi buen hermano Aben-Aboo, mi querido
+hermano! ¡quereis cobrar vuestra parte de aquel asesinato..! ¡ah! ¡ah!
+¡como herí al emir, os heriré á vos mi buen hermano! ¡quien mató á su
+padre... puede muy bien... sí... puede muy bien matar á su hermano!
+
+--¡Tu hermano! ¡tu padre! exclamó asombrada María de Rojas, que conocia
+el terrible crímen de los hijos de Yaye.
+
+--¡Ah! estabas todavía ahí, dijo Aben-Humeya.
+
+--Has hablado del asesinato de tu padre, y has llamado tu hermano á
+Aben-Aboo.
+
+--¿No era mi tio, el pariente mas poderoso que me quedaba, el emir de
+los monfíes? ¿no debió haber sido mi padre?
+
+--¡Ah! dijo María.
+
+--¿Y no me vi obligado á matarlo para que él no me matase?
+
+--¡Ah! repitió la jóven.
+
+--¿Y mi buen primo, el hijo de la hermana de mi padre, el alcaide de mis
+alcaides, no debia tratarme como á un hermano?
+
+--¡Ah! repitió por tercera vez María de Rojas.
+
+--¡Pues! ¡mi padre y mi hermano! mi corona destila sangre sobre mi
+frente, y ese velo rojo me incita... quieren matarme... y yo los mataré
+á ellos, ¡los mataré y dormiré tranquilo!
+
+Aben-Humeya inclinó la cabeza vencido por el sueño.
+
+--Si, dijo María de Rojas con voz ronca: si son traidores debes
+matarlos; enemigo muerto no daña: pero...
+
+--¡Ah! ¿estabas todavía ahí...? vete... vete y puesto que amas tanto á
+Diego Alguacil, díle que su cabeza está mal segura. ¡Ah! ¡ah!
+
+Inclinó de nuevo la cabeza.
+
+--Si, voy á avisarle, murmuró la jóven para sí, y cuando le avise
+veremos cuál cabeza está menos segura sobre los hombros, si la suya ó la
+tuya.
+
+María se encaminó á la puerta y al llegar á ella, se encontró con
+Angiolina.
+
+--No le pierdas de vista, permanece junto á él, dijo María de Rojas: su
+embriaguez no es bastante para hacerle perder el conocimiento.
+
+Dijo estas palabras en voz tan baja y de una manera tan rápida María,
+que Aben-Humeya no pudo percibir ni aun su murmullo.
+
+María salió, y Angiolina magnífica é incitantemente vestida, adelantóse
+hácia el divan donde estaba reclinado Aben-Humeya.
+
+Como si Angiolina hubiese lanzado delante de sí una influencia mágica,
+cuando estuvo á poca distancia de Aben-Humeya, este se incorporó sobre
+el divan y la miró frente á frente.
+
+La hermosura de Angiolina parecia como que habia dominado, como que
+habia desvanecido su embriaguez.
+
+--¡Ah! ¿sois vos señora? la dijo: ¿á qué debo la felicidad de vuestra
+presencia?
+
+--Habeis tardado y estaba inquieta, dijo Angiolina sentándose en el
+divan, al lado del jóven.
+
+--¿Inquieta vos por mí? permitidme que me maraville de tal mudanza;
+hasta ahora he sido para vos la persona mas indiferente del mundo.
+
+--Siempre he sido vuestra amiga, bien lo sabeis.
+
+--¡Amiga! ¡amiga! pero yo no quiero vuestra amistad, sino vuestro amor:
+recordad: desde que os ví representando en Granada, os importuné con mis
+ruegos: despues una feliz casualidad os trajo á mi lado, he seguido en
+mis importunaciones... y vos...
+
+--Ya os lo he dicho una y mil veces y os lo repito, soy vuestra amiga y
+no puedo ser otra cosa.
+
+--Pero esa fria amistad...
+
+--Don Fernando, la amistad en la mujer es el prólogo del amor.
+
+--Ved lo que decis, señora.
+
+--Y bien... si yo os dijese que mi amistad hácia vos es interesada, algo
+mas que amistad...
+
+--Os preguntaria la razon de no concederme por completo vuestro amor.
+
+--Recordad: yo no os he llamado jamás Aben-Humeya, sino don Fernando.
+
+--No os comprendo.
+
+--Comprendedme, pues; yo no os quisiera ver moro.
+
+--¡Ah! ¡sois vasalla fidelísima del rey de España!
+
+--No, porque no soy española: por el contrario le aborrezco, porque es
+el opresor de mi patria la hermosa Italia: pero si no soy española, soy
+cristiana, don Fernando.
+
+--¿Y pensais que yo no soy cristiano tambien, señora?
+
+--Habeis renegado de Jesucristo por llamaros Muley Aben-Humeya[32].
+
+--He renegado con los labios, pero no con el corazon.
+
+--Sin embargo persistis en esa dañosa apariencia.
+
+--Acaso no persista mucho tiempo, señora.
+
+--¿Pensais acogeros al perdon del rey de España?
+
+--No he dicho tanto: soy demasiado altivo para humillarme á las plantas
+de aquel cuyos ministros mataron á mi padre; que dió lugar á la
+avilantez de los que sin respetar mi linaje, me arrancaron, ó
+pretendieron arrancarme de la cintura, la daga con que en uso de mis
+privilegios habia entrado en su cabildo como regidor perpetuo: he
+aceptado la corona que me dieron los moriscos para vengarme, y me he
+vengado ya de todos mis enemigos: quédanme en verdad algunos, pero sus
+cabezas rodaran muy pronto á mis piés. Entonces, no pediré yo perdon al
+rey de España, sino que apretaré de tal modo la guerra que le obligaré á
+una avenencia honrosa, le obligaré á que me conceda mis privilegios, mi
+nobleza, mi rango de infante de Granada, con las tierras y señoríos que
+fueron de mis abuelos, y cuando esto suceda, declararé ante la iglesia
+católica, que jamás he sido musulman, que dentro de mi corazon, y esta
+es la verdad, he tenido levantado un altar al dios de mis padres, y que
+si he alentado una sedicion de gentes desesperadas, ha sido porque yo
+estaba desesperado tambien, porque se cometian conmigo degradantes
+injustícias.
+
+--Y bien, haced eso cuanto antes, don Fernando: salvaos: salvad si aun
+es tiempo vuestro honor de caballero: acabad de una vez una guerra
+inútil, que no puede haceros rey, y que cuanto mas dure, mas desgraciada
+hará la condicion de los moriscos: aprovechad la primera ocasion de una
+avenencia; haced proposiciones al rey de España, y poned por primera
+condicion para la paz, el perdon primero, y la tolerancia y el respeto á
+los tratados para con los moriscos.
+
+--Y bien mirado, señora, ¿qué se os da á vos de que la guerra con el rey
+de España concluya ó siga? ¿ó es que quereis meterme en una conversacion
+de Estado para que no os hable de mi amor? Eso es imposible; porque
+teniéndoos delante, solo veo vuestra hermosura que me enloquece.
+
+--Yo no puedo ser vuestra.
+
+--¡Por que soy musulman, ó lo parezco! ¡qué extraño capricho!
+
+--Aunque volvíeseis á vuestro antiguo estado; aunque os reconcilíaseis
+con la Iglesia, yo no seria vuestra.
+
+--¡Ah! ¿no querriais ser mi esposa?
+
+--No, porque sois casado.
+
+--¡Casado!
+
+--Si; con Isabel de Rojas como cristiano; con María de Rojas como moro.
+
+--¿Es decir, que de ningun modo sereis mia?
+
+--No puedo serlo.
+
+--Y si no podeis serlo, ¿á qué habeis venido de tal modo engalanada, de
+tal modo hermosa, á mi aposento en medio de la noche, y cuando por las
+circunstancias en que me encuentro, estoy desesperado y dispuesto á
+todo?
+
+--He venido, contestó sin alterarse Angiolina, porque sé que antes que
+todo sois caballero. He venido, porque han llegado á mis oidos, no sé
+qué rumores de traicion contra vos: porque soy vuestra amiga y quiero
+guardaros el sueño.
+
+--¿Y por qué no guardar mi sueño entre vuestros brazos?
+
+--Por una razon suprema, contestó con dignidad Angiolina.
+
+--¿Y cuál es esa suprema razon? dijo Aben-Humeya.
+
+--Esa suprema razon consiste en que amo con toda mi alma á otro hombre,
+y no quiero, no puedo, no debo ser de otro.
+
+--¡Ah! ¿amais á otro hombre, y me lo decis á mí, que os adoro?
+
+--Os digo la verdad.
+
+--Pero esa verdad me ofende.
+
+--No debe ofenderos.
+
+--Y me empeña.
+
+--No debe empeñaros.
+
+--¿Sabeis señora, que en el poco tiempo que llevo de reinar, me he
+acostumbrado á que nadie resista á mi voluntad?
+
+--Habeis hecho muy mal en acostumbraros á eso, porque á cada paso
+encontrareis imposibles.
+
+--Pues os juro que vos no sereis un imposible para mí.
+
+--No jureis don Fernando, no jureis, porque os exponeis á jurar en vano.
+
+--¿Os creis con fuerzas para resistirme?
+
+En aquel momento sonó un tiro fuera.
+
+--Yo os amo y soy vuestra, exclamó Angiolina arrojándose entre los
+brazos de Aben-Humeya, abrazándole y sujetándole.
+
+--¡Oh! ¿qué es esto? exclamó Aben-Humeya.
+
+--Esto es que cedo al fin á vuestro amor.
+
+--¡Esos golpes, ese ruido de armas! exclamó Aben-Humeya luchando con
+Angiolina.
+
+--¿Quién piensa ahora mas que en mi amor? exclamó con languidez la
+italiana.
+
+--¡Ah! ¡miserable! exclamó Aben-Humeya: ¡tú estás vendida á los
+traidores!
+
+Y haciendo un violento esfuerzo, logró desasirse de los brazos de
+Angiolina y puso mano á su puñal y le desnudó.
+
+Pero Angiolina le tenia asido fuertemente del brazo izquierdo, se lo
+retorcia, y le tenia en una posicion violenta en que no podia volverse,
+para herirla Aben-Humeya.
+
+Pero aquella lucha no podia ser larga, porque Angiolina era una mujer y
+sus fuerzas, por mas que se violentara, empezaban á faltarle.
+
+Pero afortunadamente para ella, María de Rojas se precipitó en la
+habitacion, seguida de Aben-Aboo, de Harum el Geniz, de los tres
+capitanes turcos, de Farax-Aben-Farax, de Diego Alguacil, de Gironcillo
+de la Vega, y de una multitud de conjurados.
+
+--¡Ah! teneis al miserable, al traidor, al asesino, exclamó María de
+Rojas, señalando á Aben-Humeya, que aun luchaba con Angiolina.
+
+Aben-Aboo fue el primero que se arrojó sobre él; tras Aben-Aboo los
+otros, y Aben-Humeya fue desarmado.
+
+La situacion era terrible, pero Aben-Humeya se puso á la altura de la
+situacion.
+
+Miró tranquilamente en torno suyo, enteramente desvanecida la
+embriaguez, y dijo con acento sereno:
+
+--Los que me avisaron de vuestra traicion no mintieron: hé aquí que
+sucede lo que yo habia previsto que sucederia...
+
+--Tienes razon, dijo con ímpetu el capitan turco Alí: los que cometen
+traiciones, deben temer que un dia su misma traicion se vuelva contra
+ellos.
+
+--¿Quién se atreve á hablar aquí de traicion? dijo Aben-Humeya: pero ya
+lo veo: os tengo delante cometiendo una traicion, y os cuadra bien
+llamar traidor al que venis á asesinar.
+
+--El asesino debe ser asesinado, gritó María de Rojas; esa es la
+justicia de Dios.
+
+--¿Por qué hablan las mujeres, antes que los hombres? dijo el turco
+Carcax, ¿se acostumbra esto en esta tierra?
+
+--Cuando una mujer, dijo sin bajar de su tono solemne y trémulo María
+de Rojas, ha visto asesinados á su padre, á sus parientes, á sus
+hermanos; cuando ha sido separada del hombre á quien ama; cuando se ha
+visto obligada á servir los horribles caprichos del que ha matado á su
+familia y á su amor, esa mujer tiene derecho de acusar ante Dios y ante
+los hombres al asesino. El asesino es ese, exclamó señalando con un dedo
+inflexible á Aben-Humeya, y yo os le he entregado; pero para que me
+hagais justicia.
+
+--Si es cierto, dijo con acento ronco Aben-Humeya, María de Rojas tiene
+derecho á acusarme: yo me he ensangrentado en su familia, familia de
+miserables traidores, y solo he cometido una falta: la de no
+ensangrentarme tambien en ella.
+
+Y soltó una impia carcajada.
+
+Todos callaron dominados por el acento febril, sarcástico, terrible de
+Aben-Humeya.
+
+--Y bien, ¿no hay nadie que me acuse mas? añadió el jóven.
+
+--Si, gritó Farax-Aben-Farax: yo te acuso de traidor á tu patria y de
+hereje á tu Dios.
+
+--¿Y sabes tú cuál es mi Dios? exclamó con desprecio Aben-Humeya.
+
+Ante esta audacia todos callaron.
+
+--Mi Dios es el Dios de los cristianos, el Dios que confieso delante de
+vosotros; el Dios cuya fe no ha faltado en el fondo de mi corazon.
+
+--¿Y por qué has ceñido la corona de un pueblo musulman? exclamó con
+indignacion Harum-el-Geniz.
+
+--A tí solo, te contestaré, wali de los walies, dijo Aben-Humeya, á tí
+que eres el único que tienes derecho á acusarme; pero si me juzgas á mí
+¿por qué no juzgas tambien á Aben-Aboo?
+
+--Ignoro la causa por qué deba yo acusarte especialmente, y acusar á
+Aben-Aboo, dijo reposadamente Harum.
+
+--Pues qué, ¿ignoras que Aben-Aboo y yo matamos á tu noble señor el emir
+de los monfíes?
+
+--Mientes, exclamó Aben-Aboo, que creía que solo Dios, su madre y
+Aben-Humeya eran los conocedores de aquel crímen; mientes, miserable: yo
+puedo probar que la noche que murió el emir, mi noble tio, yo estaba muy
+lejos de Yátor, en cuyas inmediaciones pasó aquella muerte.--Mientes,
+repito; estás perdido y quieres perderme: y si no, presenta una prueba
+bastante de que yo he tomado parte en la horrible muerte de mi tio y
+señor.
+
+--Es verdad, faltan sobre la tierra los testigos; unos han muerto, otros
+estan lejos. Algunos que pudieran hablar, callan. Pero Dios lo sabe,
+Dios arrojará sobre tí la sangre del emir de los monfíes, como la arroja
+sobre mi cabeza, ¡Dios castigará á los dos parricidas!
+
+--¡Parricidas! sonó como un eco de horror entre los circunstantes.
+
+--¿Qué os estremece? dijo Aben-Humeya: ¿acaso no debiamos llamar nuestro
+padre, al noble y poderoso emir nuestro pariente?
+
+--Repito que ese hombre, al encontrarse perdido, arroja sobre mi cabeza,
+para perderme, un crímen en que no he tenido parte.
+
+--Es verdad, tú no le hiriste.
+
+--¡Lo ois! al cabo no se atreve á sostener su impostura.
+
+--Pero le sujestaste entre tus brazos para que no pudiese defenderse
+mientras yo le heria, dijo con una horrible calma Aben-Humeya.
+
+Dominaba un silencio de horror en los circunstantes.
+
+--¡La prueba! ¡la prueba! gritó fuera de sí Aben-Aboo.
+
+--Es inútil, dijo con autoridad Harum-el-Geniz: ni Aben-Aboo, ni
+Aben-Humeya han cometido ese asesinato.
+
+--¡Ah! ¿te importa acaso ocultar el nombre de los asesinos, wali de los
+walies? dijo Aben-Humeya.
+
+--No; pero yo me encontraba aquella noche en la alquería donde moraba mi
+pobre señor, y sé quién fue el asesino.
+
+--¿Y quién fue? dijo con sarcasmo Aben-Humeya.
+
+--Fue un emisario del rey de España: un bandido italiano llamado
+Laurenti, que se habia introducido entre nosotros.
+
+Al escuchar el nombre de Laurenti, se estremecieron Aben-Humeya,
+Aben-Aboo y Angiolina.
+
+Harum tenia razon: el verdadero asesino del emir habia sido Laurenti,
+puesto que él habia incitado á los jóvenes á aquel asesinato.
+
+--Fue ese miserable que acabo de nombraros: asi me lo reveló bañada en
+llanto, la sultana Howara, la noble esposa del emir mi señor: la madre
+de Aben-Aboo.
+
+--¡Oh! ¡mi madre! ¡pobre madre mia! exclamó Aben-Aboo.
+
+--Yo, dijo Harum, juré vengar á mi señor con la muerte de su asesino; un
+dia Laurenti fue encontrado en la montaña por los monfíes, con una
+puñalada profunda en un costado, y con su propia daga clavada en la sien
+izquierda.
+
+Angiolina tembló y se puso mortalmente pálida.
+
+--Le maté yo, como se mata á un perro, añadió Harum, y del mismo modo
+hubiera muerto á los otros asesinos del emir, si hubiera habido mas que
+uno. Tengo la evidencia; mas: la prueba, de que ni Aben-Humeya ni
+Aben-Aboo, han tenido parte en esa muerte.
+
+--¡Oh! ¡mi madre! ¡mi pobre madre, dijo para si Aben-Aboo, ha cubierto
+el delito horrible de su hijo! infeliz madre mia!
+
+--No se trata, pues, de vengar la muerte del emir, dijo con acento
+conmovido Harum: el emir está vengado. Aben-Aboo tiene razon;
+Aben-Humeya lleva su maldad hasta el punto de acusarse de un delito que
+no ha cometido, para que se le crea, para perder al noble, al valiente
+Aben-Aboo, acusándole de complicidad en aquel crímen. Afortunadamente
+estoy yo aqui, y soy un testimonio vivo al que prestareis entera fe,
+caballeros: ¿no es verdad, que no creeis que Aben-Aboo haya cometido tan
+odioso crímen?
+
+--¡No! ¡no! ¡no! exclamaron todos.
+
+--Puedes engañar con tu autoridad á los hombres, wali de los walies,
+¡pero no puedes engañar á Dios!
+
+--¡Y aun insiste el miserable renegado! exclamó con indignacion Harum:
+pero tu resistencia es inútil: no venimos aquí á castigarte como asesino
+del emir de los monfíes: no: venimos á juzgarte como traidor á tu
+patria: estás en inteligencia con los cristianos.
+
+--¿No os he dicho ya que soy cristiano? exclamó con insolencia
+Aben-Humeya.
+
+--¿Qué mas quereis oir, caballeros? dijo Farax-Aben-Farax: el miserable
+confiesa su crímen.
+
+--¿Y por qué no los confiesa todos? exclamó el turco Huscen.
+
+--¿Teneis tambien vosotros de qué acusarme? dijo Aben-Humeya.
+
+--¿Conoces esto? dijo Carcax adelantando fuera de sí de furor y
+mostrando á Aben-Humeya, la carta en que mandaba al alcaide de Medina de
+Bombaron, matar alevosamente á los turcos.
+
+Aben-Humeya tomó la carta y la leyó: cuando la hubo leido desapareció la
+fria calma de su semblante, tembló no de miedo, sino de furor y exclamó
+arrugando entre sus manos la carta:
+
+--Esta es una infamia horrible. Veo aquí tu mano Aben-Aboo, miserable,
+que mataste al padre y matas al hermano: tú has comprado á mi
+secretario, Diego de Arcos, cuya es esta letra, y has fingido esta
+carta.
+
+--Estamos perdiendo el tiempo, dijo Carcax; este descreido lo negará
+todo: ¿no es justa su muerte, capitanes y caballeros?
+
+--Si; si; debe morir, gritaron todos. Y como si aquella hubiese sido una
+señal, el feroz Carcax se arrojó sobre Aben-Humeya.
+
+--¡A mí, esclavos! ¡á mí! ¡ha llegado la hora de la muerte! gritó el
+turco!: ¡á mi, verdugos!
+
+Y sofocaba entre tanto á Aben-Humeya á quien habia asido por la
+garganta.
+
+Dos africanos atezados habian aparecido y avanzaban hacia Aben-Humeya:
+uno de ellos llevaba un cordon en la mano.
+
+Los detalles de la muerte de Aben-Humeya son repugnantes; oigamos cómo
+refiere esta catástrofe don Diego Hurtado de Mendoza, en su guerra de
+Granada.
+
+«Ahogáronle dos hombres: uno tirando de una parte y otro de otra de la
+cuerda, que le cruzaron en la garganta; él mismo se dió la vuelta como
+le hiciesen menos mal; concertó la ropa; cubrióse el rostro.»
+
+El mismo historiador refiere en otro lugar:
+
+«Saqueáronle la casa; repartiéronse las mujeres, dinero, ropa;
+desarmaron y robaron la guardia; juntáronse con los capitanes y
+soldados, y... eligieron á Aben-Aboo por cabeza en público, segun lo
+habian acordado en secreto.»
+
+La muerte de Aben-Humeya fue la señal de dispersion de los que la habian
+decretado y ejecutado; los turcos se alejaron con su gente;
+Farax-Aben-Farax, con sus moriscos y con su nuevo rey Aben-Aboo, que se
+llevó consigo á Angiolina; Diego Alguacil por su parte se unió de nuevo
+á María de Rojas, y preveyendo que ninguna buena aventura podia
+acontecerles en las Alpujarras, pasaron algunos dias despues á Africa,
+donde se casaron.
+
+Antes de separarse Harum y Angiolina tuvieron este breve diálogo:
+
+--¿Por qué habeis atestiguado que Aben-Humeya y Aben Aboo, eran
+inocentes de la muerte del emir?
+
+--Necesito que Aben-Aboo confie en mí, contestó Harum.
+
+--¿Y por qué no habeis muerto tambien á Aben-Aboo? dijo Angiolina,
+¿acaso no teneis poder para ello?
+
+--¿Se sabe dónde está la hija de mi señor? repuso Harum.
+
+--¡Ah! teneis razon, exclamó con amargura Angiolina.
+
+--Acordaos señora, la dijo Harum, del estado en que habeis visto al
+infeliz marqués de la Guardia: acordaos de lo que me habeis prometido:
+Aben-Aboo os ama: fascinadle; emplead toda vuestra astucia, toda vuestra
+inteligencia: averiguad el paradero de la sultana, y cuando le hayais
+averiguado, cuando nos hayamos apoderado de ella, entonces... entonces
+Aben-Aboo, sentirá sobre su cabeza la venganza de los monfíes.
+
+--Os juro, os juro ayudaros, exclamó Angiolina; pero ayudadme vos
+tambien.
+
+--Os ayudaré, os lo juro, dijo Harum; pero silencio: Aben-Aboo se
+acerca: salidle al encuentro y empezad á ser un demonio fascinador para
+él.
+
+Angiolina salió sonriendo al encuentro de Aben-Aboo, y Harum triste,
+cabizbajo, preocupado, salió de Andarax, llegó á los primeros puestos de
+los monfíes y mandó tocar á recoger.
+
+Cuando todos estuvieron reunidos los llevó á una rambla distante, y
+puesto en medio de ellos les dijo:
+
+--Nuestra venganza por el noble emir que hemos perdido, se ha cumplido
+ya. Aben-Humeya ha muerto.
+
+--¿Y Aben-Aboo? ¿y Aben-Aboo? gritaron acá y allá.
+
+--Aben-Aboo no tardará mucho en caer tambien. Estoy satisfecho de
+vosotros, hermanos. Nada tenemos que hacer aquí: marchad á vuestros
+apostaderos y estad dispuestos á la primera señal.
+
+Los monfíes se dividieron en grupos y Harum, con una banda de ellos se
+internó en la montaña.
+
+
+
+
+CAPITULO XLVII.
+
+ Reseña de la continuacion de la guerra de las Alpujarras hasta su
+ terminacion.
+
+
+Puesto que ya hemos reseñado el principio de aquella guerra, nos parece
+oportuno para redondear nuestro libro, acabarla de dar á conocer, aunque
+sumariamente, á nuestros lectores.
+
+Aben-Aboo, fue coronado según la usanza mora, y proclamado bajo el
+nombre de Muley Abdalá Aben-Aboo.
+
+Pero esta jura y coronacion fue condicional por tres meses mientras
+venia la confirmacion del título de rey para él, del dey de Argel.
+
+A este efecto envió á Africa Aben-Aboo á un morisco tintorero de
+Granada, llamado Ben-Daud, con dinero y presentes para captarse la
+voluntad del dey.
+
+En poco tiempo envió Ben-Daud la aprobacion de Aluch-Alí, pero,
+previendo los resultados de la guerra, el buen emisario, obrando
+prudentemente, se quedó por allá.
+
+Recibida la aprobacion del dey se procedió formalmente á la coronacion,
+poniéndole en la mano derecha una espada desnuda, y en la izquierda un
+estandarte, corona de oro en la cabeza y manto de púrpura sobre los
+hombros, y en esto le levantaron en alto por tres veces delante del
+pueblo y otras tantas gritaron: ¡_Dios ensalce al rey de la Andalucía y
+de Granada, Abdalá Aben-Aboo_!
+
+Reconociéronle por su señor todos los pueblos sublebados de las
+Alpujarras, y todos los capitanes de moriscos, excepto Aben-Mequenum, y
+Giron el Archidoni.
+
+Nombró walí de los walies ó capitan general, á Gerónimo-el-Melek, y
+nombró de su consejo, para tenerlos propicios, á los capitanes turcos
+Carcax y Dalhy.
+
+Otro capitan turco, el Caravaxí, pasó á Africa por gente para reforzar
+el ejército morisco; y Huscen fue enviado con el mismo objeto de obtener
+gente y armas, con un presente de cautivos, al dey de Argel.
+
+Creó una guardia de cuatro mil arcabuceros, parte de los cuales debian
+estar constantemente junto á su persona, y parte rodeando su casa en
+línea avanzada, y el lugar en que residiese, y vigilar á los que
+llegasen.
+
+El miedo habia empezado á roer el corazon de Aben-Aboo, hasta el punto
+de no creerse seguro sino rodeado de un pequeño ejército, escogido entre
+las taifas de los capitanes que creia mas leales.
+
+Uno de estos capitanes era Harum el Geniz, y la mayor parte de sus
+arcabuceros monfíes.
+
+De modo que Aben-Aboo, sin saberlo, estaba en medio de sus enemigos y se
+creia asegurado por ellos.
+
+El primer hecho de Aben-Aboo despues de su proclamacion, fue proveer á
+Castil de ferro, de armas, artillería y municiones, y á seguida sitió la
+villa de Orgiva, á cuyo socorro envió don Juan de Austria al duque de
+Sesa.
+
+Aben-Aboo entonces dividió en dos partes su gente, dejó la una
+continuando el cerco de Orgiva, y con la otra parte dió sobre las gentes
+del duque de Sesa, en un lugar que se llamaba entonces Calat-el-Hhajara,
+(castillo de la peña) y hoy Acequia de las tres peñas, y despues de
+muchas escaramuzas, las venció matando algunos capitanes y como hasta
+cuatrocientos soldados, y obligando al duque á ampararse de la noche
+para recoger su gente y retirarse.
+
+Por otra parte, el capitan Francisco de Medina, abandonó la villa de
+Orgiva á causa de faltarle municiones y víveres, y ensoberbecido con
+estos triunfos Aben-Aboo, bajó por Guejar y el Puntal de la Vega, robó
+ganados, saqueó é incendió la villa de Medina y llegó con su ejército
+compuesto de monfíes, turcos y moriscos hasta media legua de Granada.
+
+El duque de Sesa por desagravio, cargó sobre la Abuñuelas, las quemó,
+quemó asimismo á Restaval, Belejy, Dúdar y otros lugares, y tornó á
+Granada, donde don Juan de Austria se encontraba reformando la
+infantería.
+
+Era ya al mes de noviembre, y el invierno se presentaba recio.
+
+Por aquel tiempo se alzó la villa de Galera á una legua de Huesca, en
+tierras de Baza, lugar fuertísimo en el paso de Cartagena al reino de
+Granada, y no distante del de Valencia.
+
+Defendian á Galera por órden de Aben-Aboo, cien arcabuceros turcos y
+berberiscos, á las órdenes del Maleh, alcaide de aquel distrito:
+levantóse asimismo Orce, y todos los lugares del rio de Almanzora (de la
+Victoria).
+
+Crecia la insolencia de los rebeldes: Aben-Aboo, mostraba ser mas
+diestro, mas inteligente, mas activo y mas afortunado que lo fue
+Aben-Humeya; llegó hasta el punto de ponerse sobre la Silla del moro,
+por la parte de los montes al Sur, amenazando la Alhambra y el barrio
+del Realejo, aunque de allí no pasaron ni hicieron demostracion alguna,
+y llegando solo de noche, y retirándose de dia.
+
+Crecia el desasosiego de la ciudad, dábanse guardias y rondas en la
+puerta de los Molinos, en la de la Antequeruela, en el cerro de los
+Mártires; se enviaban descubiertas á los lugares de Pinillos y Cenes,
+cercanos á Güejar donde tenia su campo Aben-Aboo, y todos los dias se
+tenian noticias de personas y de recuas cogidas por los moriscos á las
+mismas puertas de la ciudad.
+
+Entre tanto el marqués de los Velez, sitiaba á Galera, con poca
+artillería, con poca gente y por lo tanto con poco provecho.
+
+Escribió don Juan de Austria á Felipe II quejándose de que le hiciese
+estar ocioso en Granada cuando esta se encontraba amenazada de cerca por
+el campo que tenia Aben-Aboo puesto en Güejar, y por otra parte por la
+resistencia de Galera, que podia dar causa á que la rebelion se
+extendiera al reino de Valencia; en vista de estas quejas, el rey mandó
+formar dos campos; uno á cargo de don Juan, que asistido por el marqués
+de los Velez, el comendador mayor de Castilla y Luis Quijada, hiciese la
+guerra en el rio Almanzora; y otro bajo el mando del duque de Sesa que
+debia quedar en las Alpujarras.
+
+Don Juan de Austria marchó bien provisto y pertrechado contra Güejar á
+23 de diciembre de 1569, con nueve mil hombres de infantería,
+seiscientos caballos y ocho piezas de campo. Por la parte alta, esto es,
+por el mas encumbrado de los dos caminos que hay de Granada á Güejar,
+fue el mismo don Juan con cinco mil infantes y cuatrocientos caballos;
+Luis Quijada iba en la vanguardia con dos mil infantes; don García
+Manrique con el resto de la caballería, y en la retaguardia, con el
+estandarte real, el resto de la infantería, la artillería y las
+municiones, Pedro Lopez de Mendoza y don Francisco de Solís.
+
+Pero cuando llegó la expedicion á Güejar hallaron que los moriscos
+habian abandonado el pueblo, retirándose á las Alpujarras. Solo se
+encontraron en la trinchera diez ó doce viejos que fueron degollados, ni
+se vió de los enemigos mas que algunas mujeres y niños, y bagajes
+cargados, que subian por la sierra resguardados por arcabuceros y
+ballesteros como en número de ciento, que disparaban, retirándose de
+breña en breña, estorbando que se les diese alcance. Hubo algunas
+muertes de una y otra parte; tomáronse cautivos á los enemigos cuarenta
+personas entre hombres y mujeres, matándoles otros tantos; de los
+cristianos murieron cuarenta soldados y el capitan Quijada, á quien,
+siguiendo el alcance dió una pedrada una morisca: entróse al lugar á
+saco y degüello, y don Juan, reposando poco en victoria tan fácil, se
+preparó á otra mas aventurada, marchando sobre Galera.
+
+Corrido habia por toda España la fama de la fortaleza de aquella villa,
+la dificultad de entrarla y lo bien proveida de defensa que se
+encontraba, y multitud de caballeros de todo el reino, partieron para
+aquella empresa, no sin disgusto del rey que comprendia claro que era
+mas de estorbo que de provecho tanta gente allegadiza: enviaron las
+ciudades nuevas gentes de á pié y de á caballo, y poblacion hubo en que
+cada cinco vecinos pagaron un soldado que fuera contra Galera.
+
+Esto significa harto claro, que, cuando tales sacrificios se hacian, se
+daba gran importancia, se juzgaba como de gran consideracion la guerra
+de las Alpujarras.
+
+Acudieron mas de ciento y veinte banderas con capitanes naturales de los
+mismos pueblos, y organizada toda esta gente, partió la mitad con el
+duque de Sesa para las Alpujarras, y la otra mitad con don Juan de
+Austria contra Galera.
+
+Indignado Aben-Aboo con el desgraciado suceso de Güejar, quiso dar
+alguna muestra de sí mismo, y envistió, aunque inútilmente, de noche, á
+Almuñecar y á Salobreña; y viendo el poco efecto de sus esfuerzos y la
+decision con que era acometido, envió de nuevo emisarios á Argel á pedir
+socorro.
+
+Entre tanto el marqués de los Velez, perdiendo mas que ganando,
+continuaba su simulacro de sitio sobre Galera, viéndose con frecuencia
+obligado á retirarse, y volviendo mas por honra, que por certeza de
+mejores resultados.
+
+En este lugar nos presenta la historia un diálogo notable que hemos de
+mostrar, aunque no sea mas que porque da á conocer de lleno, el carácter
+del marqués de los Velez.
+
+Habiendo salido este á recibir á don Juan de Austria, el jóven príncipe
+abrazó al viejo soldado y le dijo:
+
+--Marqués ilustre: vuestra fama con mucha razon os engrandece, y
+atribuyo á buena suerte, haberse ofrecido ocasion de conoceros. Estad
+cierto que mi autoridad no acortará la vuestra, pues quiero que os
+entretengais conmigo, y que seais obedecido de toda mi gente, haciéndolo
+yo mismo como hijo vuestro, acatando vuestro valor y canas, y
+amparándome en todas ocasiones en vuestros consejos.
+
+A cuyas benévolas palabras contestó el marqués con las siguientes aunque
+mesuradas, extrañas:
+
+--Yo soy el que mas ha deseado conocer de mi rey un tal hermano, y quien
+mas ganara de ser soldado de tan alto príncipe; mas si respondo á lo que
+siempre profesé, irme quiero á mi casa, pues no conviene á mi edad
+anciana haber de ser cabo de escuadra.
+
+Por lo que se ve, en 1570 á cuyos principios sucedió esta conversacion,
+los nobles castellanos aun no habian perdido los humos de la edad media;
+aun se hombreaban con los reyes.
+
+El marqués de los Velez lo hizo como lo dijo: dejó la guerra y se marchó
+mohino á su casa donde nadie podia disputarle la primacía.
+
+Entre tanto y mientras el duque de Sesa acometiendo la empresa de las
+Alpujarras, marchaba sobre Orgiva, don Juan de Austria se encaminaba
+sobre Galera, resuelto ya definitivamente el sitio.
+
+Empezaron las operaciones por la alcazaba alta: se la habia minado y al
+volar la mina cayó un lienzo de muralla con algunos moros que le
+defendian; alborotáronse algunos soldados y sin órden para ello,
+embistieron por entre el humo y el polvo, y fueron tan rudamente
+rechazados por los enemigos y tal la confusion y el desórden, que el
+mismo don Juan arremetió en persona y tan de veras, que recibió un
+balazo en el peto, que aunque no le causó daño, causó sí una gran
+impresion en cuantos de ello tuvieron noticia, especialmente en su ayo
+Luis de Quijada, que no se separaba un momento de su persona, que le
+amaba como un padre y que jamás olvidaba, ni aun cuando por don Juan
+ponia en peligro su vida, el encarecimiento con que le habia encomendado
+la guarda de su hijo el gran emperador don Carlos.
+
+Con gran trabajo pudo don Juan recoger la gente, que no escarmentada por
+el mal suceso, pidió al otro dia que se la llevase al asalto; pero don
+Juan viendo lo dañoso que aquel asalto seria, mandó hacer dos minas mas
+y cuando estas volaron, empezó á jugar la artillería y se renovó el
+asalto, si bien con mas órden, no menos sangriento, y despues de
+horribles estragos se entró el castillo, y al fin fue tomada Galera.
+
+Don Juan fue rigorosísimo con ella; ya fuese por lo que habia resistido
+y la gente que habia costado, ya por poner miedo á los otros pueblos
+levantados: entróla á cuchillo, arrasóla, aróla y la mandó sembrar de
+sal, como se acostumbraba en aquellos tiempos con las casas de los
+traidores.
+
+Solo quedó la peña, coronada de escombros humeantes, y la terrible
+tradicion de las desdichas de Maleh y de su amante Maleka, de la cual
+hizo Calderon su drama: el _Tuzani de las Alpujarras_.
+
+En efecto, la toma de Galera, lugar fuertísimo y en el que tenian gran
+confianza, aterró á los moriscos: Aben-Aboo desalentado no pudo arrojar
+al duque de Sesa de las Alpujarras y este, sin que los moros osaran á
+otra cosa que á escaramucear con su gente, llegó á Güejar y de allí pasó
+á Válor, donde se alojó.
+
+Don Juan, excitado por el duque de Sesa, se volvió sobre las Alpujarras
+pretendiendo coger á Aben-Aboo, entre su gente y la del duque, y llegó á
+vista de Seron, donde algunos soldados desvandados, se arrojaron á
+combatir, sin que nadie pudiera impedirlo, á los moros que encontraron
+puestos en defensa. Incitados por el ejemplo de estos pocos, fueron
+uniéndoseles mas, hasta que al fin, contra la voluntad de don Juan, toda
+la gente de su hueste se movió contra la villa: y aunque vinieron en
+socorro de Seron los moros de Tíjola, la villa fue entrada al primer
+embate, saqueada y pasados los que se encontraron dentro á cuchillo;
+pero esta victoria costó muy cara, tanto por el gran número de
+cristianos que perecieron en el asalto, como porque, herido malamente de
+un balazo, murió entre los brazos de don Juan, su ayo Luis de Quijada.
+
+Aben-Aboo, viendo que los cristianos se le habian metido en el corazon
+de las Alpujarras, repartió su campo y la gente vecinal que llevaba
+consigo; puso gente en el camino de Granada para evitar que llegasen
+provisiones al duque de Sesa, y parte á la falda de la Sierra Nevada y
+al Puntal de la vega para que amenazasen á Granada: quedando él contra
+el duque, estorvándole los mantenimientos con los cuatro mil arcabuceros
+de su guardia, y los soldados del duque se vieron obligados á mantenerse
+con fruta seca, pescado y aceite, que recibian por las marinas, de
+Málaga.
+
+Llegó el mes de abril: los moriscos si encontraban alguna ventaja en las
+escaramuzas ligeras, en las sorpresas de convoyes, ó de soldados que
+pasaban desprevenidos por la montaña, no habia lance algo formal en que
+no fuesen deshechos y rotos.
+
+Cundia el desaliento.
+
+Don Juan, venida la buena estacion, apretaba sin descanso y procuraba
+por medio de tratos, la sumision de los moros y la ida á Africa de los
+turcos.
+
+Hablábase de condiciones pedidas por Aben-Aboo, aunque exorbitantes, y
+la guerra seguia, aunque embarazada por estos tratos y empeños de
+avenencia.
+
+Castil de Ferro fue abandonado y ocupado por el marqués de la Fávara y
+por don Juan de Mendoza: solo se encontraron dentro veinte hombres,
+entre moriscos viejos, turcos y berberiscos, y diez y siete mujeres, en
+ocasion que estaban para embarcarse; alguna sidra, veinte quintales de
+vizcochos y la artillería que estaba en el castillo, mala y poca.
+
+Seguíanse entre tanto tratos de reduccion con Fernando el Habaquí y
+Felipe II, que se habia acercado á Sevilla y luego á Córdoba; para poder
+proveer con mas oportunidad á la guerra, pasado el peligro y estando
+apagado casi el incendio, se tornó á Madrid, remitiendo para allí, la
+conclusion de las Córtes que poco antes habia convocado.
+
+El mayor peligro quedaba en la Serranía de Ronda: partió para ella de
+órden de don Juan de Austria, el 20 de mayo, don Antonio de Luna con
+cuatro mil quinientos infantes y cien caballos que sacó de Ronda; en la
+primera salida fue rechazado y obligado á volverse á la ciudad: los
+moriscos de la Serranía, aconsejados por los que habian ido á ellos
+huidos de las Alpujarras, se concentraron en Sierra Bermeja, y en la del
+Iztan: tomaron el mar á las espaldas para facilitar los socorros de
+Berbería, y bajaban hasta las puertas de Ronda, causaban continuas
+alarmas, robaban los ganados y cautivaban y mataban á los labradores
+cristianos, no como salteadores, sino como enemigos.
+
+Esto empezó á acontecer cuando Felipe II estaba todavía en Sevilla, y
+acudió de improviso al remedio, y envió á la Serranía á los duques de
+Arcos y de Medina Sidonia.
+
+El de Arcos, que tenia mucha parte de sus Estados en la Serranía de
+Ronda, pretendió reducir á los moriscos; pero estos estaban irritados;
+mas que irritados, desesperados, y fue necesario recurrir á la fuerza y
+acometerlos en Sierra Bermeja, en el mismo lugar donde años antes murió
+á manos del Ferih de Benastepar, don Alonso de Aguilar, uno de los mas
+esclarecidos parientes del Gran Capitan Gonzalo Fernandez de Córdoba.
+
+Encontraron allí, segun referia Mendoza, «Calaveras de hombres y huesos
+de caballos amontonados, esparcidos, segun, como y donde habian parado;
+pedazos de armas, frenos, despojos de jaeces: vieron mas adelante, el
+fuerte de los enemigos, cuyas señales parecian pocas y bajas y
+aportilladas; iban los prácticos de la tierra señalando donde habian
+caido oficiales, capitanes y gente particular: referian donde y cómo se
+salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el conde de Ureña y don
+Pedro de Aguilar, hijo mayor de don Alonso de Aguilar: en qué lugar y
+dónde se retrajo don Alonso y se defendia entre dos peñas; la herida que
+el Ferih, cabeza de los moros, le dió primero en la cabeza y despues en
+el pecho, con que cayó; las palabras que le dijo andando á brazos: _Yo
+soy don Alonso de Aguilar_; las que el Ferih le respondió cuando le
+heria: _Tú eres don Alonso_, mas _yo soy el Ferih de Benastepar_, y que
+no fueron tan desdichadas las heridas que dió don Alonso, como las que
+recibió.... Mandó el general hacer memoria por los muertos y rogaron los
+soldados que estaban presentes que reposasen en paz, inciertos si
+rogaban por deudos ó por extraños y esto les acrecentó la ira y el deseo
+de hallar gente contra quien tomar venganza.»
+
+Ocupó el duque de Arcos el antiguo fuerte reparándole. Vino en este
+tiempo resolucion del rey don Felipe, que concedia perdon á los
+moriscos: empezaron á presentarse algunos; pero sin armas y alegando que
+los que quedaban alzados no se las dejaban traer.
+
+Pero de improviso, un morisco que habia escapado de la Inquisicion y que
+por temor al castigo no queria reducirse, empezó á excitarles de nuevo,
+á decirles que se les engañaba, que cuando se hubiesen entregado serian
+muertos, ó sentenciados por toda su vida á galeras, esclavas sus
+mujeres, vendidos sus hijos.
+
+Tanto dijo y tanto alborotó, que los de Sierra Bermeja se levantaron de
+nuevo con mas furia que antes: mataron á los moriscos que trataban en el
+avenimiento é impidieron por el terror que se sometiesen los que querian
+hacerlo.
+
+Redújoselos al fin, pero con varias alternativas, con mucha sangre y
+terribles catástrofes: los restos dispersos de los moriscos se acogian
+á las breñas, descalzos, hambrientos, miserables; las Alpujarras, el
+marquesado del Zenete, el rio de Almanzora, y la Serranía de Ronda,
+estaban ocupados por el ejército vencedor y don Juan de Austria escribia
+á su hermano el rey don Felipe «que la salida de los moros de todo el
+reino seria el postrero dia de octubre.»
+
+Quedaban, sin embargo, acá y allá llamaradas del incendio: los
+labradores cristianos que habian vuelto á sus haciendas, no se atrevian
+á labrarlas; los caminantes eran robados y muertos, y todos los lugares
+enteramente de moriscos que no habian dejado las Alpujarras, eran una
+amenaza muda.
+
+Aben-Aboo andaba de cerro en cerro, con un puñado de parciales
+llamándose todavía rey.
+
+¿Y qué habian hecho entre tanto los monfíes?
+
+Cejar los primeros en el combate, abandonar los lugares que se les
+confiaban, ser traidores á los moriscos.
+
+Y Harum-el-Geniz era quien acompañaba siempre á Aben-Aboo.
+
+¿Por qué hacian traicion los monfíes á sus hermanos?
+
+[imagen:--¡Ahí teneis al miserable, al traidor, al asesino!]
+
+Porque necesitan vengar la muerte de su emir.
+
+Porque no habian muerto á Aben-Aboo, como habian muerto á Aben-Humeya.
+
+Porque ignoraban donde tenia escondida á la sultana Amina, Aben-Aboo.
+
+La guerra habia acabado, Aben-Aboo andaba fugitivo, y sin embargo, ni
+Angiolina Visconti, ni Harum, que acompañaba siempre á Aben-Aboo, habian
+logrado descubrir el paradero de la sultana.
+
+
+
+
+CAPITULO XLVIII.
+
+ En que se sabe entre otras muchas cosas importantes, de qué muerte
+ murió Aben-Aboo.
+
+
+El castillo de Vérchul, era, que hoy no es, un punto importante, situado
+en medio de las Alpujarras. Rodeado de agrias cuestas, asentado como un
+nido de águila sobre una roca, sin mas acceso que un tortuoso sendero,
+abierto á pico en una peña, podia casi llamarse inespugnable.
+
+A su pié ramblas profundas, montañas, colinas, formaban un verdadero
+laberinto, extremadamente selvático, y bravío, y á lo lejos, ya sobre
+una cresta, ya en la vertiente de un valle, se veia algun lugarejo,
+algun caserio, alguna choza. Al pié del castillo estaban sobre un
+barranco sumamente agreste unas profundas cuevas que se llamaban de los
+Vérchules, y donde, como en un último refugio, se habian concentrado los
+restos dispersos de los moriscos fugitivos y vencidos.
+
+Allí, hambrienta, desnuda, miserable, aterrada, aquella multitud
+infeliz, viejos sin hijos, huérfanos sin padres, esposas sin esposo,
+cuantas miserias humanas pueden concebirse, se agrupaban cubiertas de
+harapos, estremecidas de miedo, con los ojos fijos siempre en las
+distantes avenidas temiendo ver asomar por ellas las banderas de los
+crueles y sanguinarios soldados del rey don Felipe el II.
+
+Pero entre estas gentes no habia un solo monfí, á excepcion del wali de
+los walies Harum, que no se apartaba sino por breves espacios de
+Aben-Aboo.
+
+Parecia que á los demás monfíes los habia tragado la tierra.
+
+Fuese porque reposasen en el triunfo, fuese porque creyesen inútil una
+persecucion de gente miserable y desvandada, ni á los alrededores del
+castillo de Vérchul, ni en los lugares que desde su altura se divisaban,
+aparecia un solo cristiano.
+
+[imagen:--¡Esta es la justicia de Dios! exclamó Harum; ¡mueres
+coma has matado!]
+
+Pero tambien es cierto que estaba tan devastada aquella demarcacion, tan
+cortados los caminos que á ella conducian, por los soldados del rey de
+España, que los pobres moriscos acorralados en aquellas breñas no
+encontraban para sustentarse mas que raices de árboles, yerbas y
+reptiles.
+
+De tiempo en tiempo Harum-el-Geniz solia aparecer entre aquellos
+desgraciados, como una providencia de Dios, con algunos mulos cargados
+de maiz, de trigo ó de legumbres, que aquellos infelices devoraban en
+pocos instantes.
+
+Siempre que Harum llevaba uno de estos ineficaces consuelos, les decia:
+
+--Amigos, esto ha costado sangre humana.
+
+Y--Dios te bendiga, wali; exclamaban los míseros: Dios acoja en su
+misericordia á los que han derramado su sangre por nosotros.
+
+Harum al escuchar estas palabras se volvia de espaldas para ocultar sus
+lágrimas y murmuraba:
+
+--¡Estaba escrito! ¡oh! ¡si esos miserables no hubieran asesinado al
+emir!
+
+Entre tanto Aben-Aboo, encerrado en el castillo de Vérchul, acompañado
+únicamente de Angiolina, de algunos escopeteros, de Harum y de su
+antiguo esclavo africano Alí, recelaba de todo, atalayaba por sí mismo
+los caminos, temiendo ser sorprendido, y velaba de noche por los adarves
+como un alma en pena.
+
+Habia enviado á algunos de sus parientes á Africa en demanda de nuevos
+socorros, los esperaba con esa tenacidad con que confian en su fortuna
+los ambiciosos y esperanzado en estos socorros, se negaba de todo punto
+á someterse al perdon prometido por el rey á los moriscos que depusieran
+las armas.
+
+Rey en sueños, haciasele duro el despertar: sus remordimientos, entre
+tanto, le obligaban á buscar el olvido en la embriaguez.
+
+Porque los remordimientos se habian dejado oir al fin en aquella alma
+que todo lo habia arrostrado por la ambicion. Mientras se encontró entre
+el ruido de las armas, en medio de sus gentes, que seguian al combate su
+bandera y se batian con fe y con entusiasmo, la continua actividad, el
+interés siempre vivo de nuevas empresas, el ansia del mando supremo
+asegurado por la victoria, le habian distraido, mejor dicho: le habian
+embriagado hasta el punto de que nada veia mas que el dosel rojo de un
+trono levantado en la cámara de Embajadores de la Alhambra; pero cuando
+en el solitario y silencioso castillo de Vérchul, se encontró una noche
+y otra, velando receloso por sí mismo, bajo un firmamento opaco,
+reflejando en sus pupilas escandencidas por la fiebre la misteriosa luz
+de las estrellas, solo consigo mismo en presencia de la inmensidad muda,
+bajo la mirada de Dios, un frio de terror empezó á circular por sus
+huesos: muy pronto sus ojos de loco no vieron ya un firmamento sombrío;
+vieron mas que eso: millares de fantasmas que se agitaban, que hervian
+en aquel firmamento y que arrojaban una lluvia de sangre sobre su
+cabeza: estremecióle el zumbido del viento entre las almenas, creyendo
+escuchar en él quejas humanas, alaridos de rabia, gritos de agonía,
+imprecaciones, amenazas. Parecíale oir en un eco muy lejano, entre el
+silencio, la voz del emir de los monfíes, que exclamaba:
+
+--¡Parricida! ¡maldito seas!
+
+Otra, la de Aben-Humeya, que rugia:
+
+--¡Ay de tí, fratricida!
+
+Otra, la de su madre que exclamaba:
+
+--¡Menguada fue la hora en que te concebí!
+
+Otra, en fin, la de Amina, que llorando le decia:
+
+--¡Qué has hecho de mi padre, asesino! ¡qué has hecho de mi esposo y de
+mi hija!
+
+Y cuando huyendo de estas voces se precipitaba por las escaleras de los
+adarves, y se perdia en la profunda penumbra de los muros, pareciale ver
+deslizarse delante de él como pretendiendo precederle, llevarle, á un
+lugar de juicio supremo, los espectros de su padre, de su hermano y del
+marqués de la Guardia (porque Aben-Aboo creia que el marqués de la
+Guardia habia muerto) envueltos en sudarios rojos.
+
+Entonces, erizados los cabellos de espanto, pálido, trémulo, cubierto de
+un sudor frio, penetraba en la cámara, donde sufriendo un largo,
+doloroso é inútil martirio, dormitaba Angiolina y exclama:
+
+--¡Vino! ¡adorada de mi alma! ¡dame vino! ¡necesito embriagarme, dormir
+entre tus brazos, olvidar! ¿No oyes que quiero olvidar, ó tú tambien me
+haces traicion?
+
+Y entonces Angiolina, grave, lenta, silenciosa, se levantaba, llenaba de
+vino un cáliz que servia de copa á Aben-Aboo y se le servia.
+
+Aben-Aboo apuraba el vino de un trago, y pedia mas, mas, porque su miedo
+no desaparecia sino con la embriaguez, y se arrojaba entre los brazos de
+Angiolina, que cumplia heróicamente su palabra empeñada á
+Harum-el-Geniz, de procurar saber, á costa del último de los sacrificios
+que podian exigírsela, el paradero de Amina.
+
+En vano habia apurado cuantos recursos encontró su astucia: en vano
+habia tendido hábiles lazos á Aben-Aboo: nada habia podido descubrir: ó
+Aben-Aboo ignoraba lo que habia sido de Amina, ó el recelo le hacia ser
+prudente aun en sus momentos de embriaguez.
+
+Al fin Angiolina se vió obligada á guardar silencio acerca de Amina á
+consecuencia del siguiente diálogo que tuvo con Aben-Aboo.
+
+--¿Qué te importa, le dijo, lo que haya sido de esa mujer?
+
+--Tengo un gran interés, dijo con acento profundo Angiolina.
+
+--¡Un gran interés! repuso Aben-Aboo, lanzando sobre la veneciana una
+mirada friamente investigadora: ¡Ah! ¡sí, es verdad! tú amabas al
+marqués de la Guardia, y acaso le amas aun, á pesar de que sabes por mi
+boca que ha muerto.... y de una manera singular: como que le ha matado
+la misma tierra que le sirve de sepultura.
+
+--¿Y qué me importa el marqués de la Guardia? repuso Angiolina: ¿acaso
+no tuve bastantes razones para olvidarle, para despreciarle? ¿puede amar
+una mujer como yo á un hombre que la pospone á otra? No, la sultana
+Amina me interesa, no por el marqués á quien Dios perdone, como yo le he
+perdonado, sino por tí.
+
+--¿Por mí?
+
+--Si ciertamente: ¿no te amo yo?
+
+--Escucha, Angiolina, dijo profundamente Aben-Aboo: soy jóven: criado en
+la montaña, pensando siempre en la corona que estoy á punto de perder ó
+ganar decisivamente, las mujeres no habian hablado á mi corazon. Pero te
+ví, y no sé qué destino incomprensible, poderoso, arrastró mi alma y la
+impulsó á unirse á la tuya. Te tuve á mi lado, al lado de mi madre en
+Cádiar: creí tus palabras de amor, y cuando por una imprevision mia
+fuiste á dar en manos de Aben-Humeya, sentí lo que nunca habia sentido
+por una mujer: la rabia de los zelos: tú acaso fuiste una de las causas
+mas poderosas de la muerte de Aben-Humeya.
+
+--Pero tú sabes que Aben-Humeya me amó en vano....
+
+--He querido creerte, porque necesitaba creerte; pero cuando me abriste
+tus brazos por primera vez, cuando los rodeaste á mi cuello, sabes lo
+que sentí...
+
+--Tú te llamabas en aquellos momentos el mas dichoso de los hombres.
+
+--Y lo era, en efecto, porque tu hermosura me enloquece, porque tu
+mirada conmueve mi alma, como no la han conmovido jamás las
+incertidumbres de mi triunfo y los azares de la guerra. ¿Pero sabes lo
+que sentia yo en el fondo de mi razon, como esclareciéndola, como
+pretendiendo dominar mi delirio? pues bien, escuchaba una voz que me
+decia:--«Los brazos de esa mujer no son los dulces lazos del amor que
+ansías, son una serpiente que pretende ahogarte.» Y cuando este
+recuerdo, cuando este recelo me asalta en medio de tus caricias; cuando
+pretendes averiguar el paradero de la sultana Amina, un pensamiento
+terrible pasa por mi cabeza.
+
+--¿Y qué pensamiento es ese que te inspira tu delirio?
+
+--El de ahogarte antes de que me ahogues tú.
+
+Sonrió lánguidamente Angiolina y repuso:
+
+--Ni yo te ahogaré, porque te amo, ni el amor que sientes por mí te
+permitiria ahogarme. ¡Oh! ¡no! tus recelos pueden menos que tu amor. Tú,
+si pones la bandera del Profeta sobre las alcazabas de Granada, me
+llamarás tu sultana, tu adorada sultana.
+
+--Pero esa tenacidad en nombrarme á Amina....
+
+--¡Tengo zelos!
+
+--¡Zelos!
+
+--Ella es una sultana poderosa.
+
+Sonrió sesgadamente Aben-Aboo.
+
+--¿Y dónde están los monfíes? ¿qué se han hecho esos valientes? pregunta
+á Harum-el-Geniz, el wali de los walies de esos moros y él te
+contestará:--«Han sido vencidos, dispersados: los unos se han acogido á
+la clemencia del rey de España, los otros han pasado á Africa y los que
+quedan aquí vagan sueltos por la montaña sin obedecer á capitan alguno?
+¡La poderosa sultana! ¿Dónde está su alcazar tan maravilloso de que nos
+hablaban? el paraiso escondido del emir de los monfíes? Sueño, sueño
+todo, como la hermosa sultana Amina; como la misteriosa dama blanca de
+la montaña.
+
+--¡Sueño! ¿pretenderás hacerme creer que la hija del emir, la sultana
+Amina, ó doña Esperanza, la orgullosa, duquesa de la Jarilla, ha sido un
+sueño?
+
+--Como un sueño ha pasado, repuso Aben-Aboo.
+
+--¡Que ha pasado!
+
+--Si; ha muerto: ha muerto de hambre....
+
+--¡De hambre!
+
+--Si; yo.... por recelo de que los monfíes me vendiesen.... porque yo
+siempre he desconfiado de ellos, pretendí tener en rehenes á la sultana
+Amina, y la guardé en una cueva.... no importa dónde. Yo mismo iba á
+llevarla la comida, las ropas.... pero los cristianos me arrojaron de
+repente del lugar donde se encontraba encerrada la sultana.... yo en
+verdad nunca habia pensado en matarla; pero pasaron muchos dias antes de
+que yo volviera á apoderarme del lugar donde habia quedado abandonada;
+cuando fuí en su busca la encontré muerta.
+
+--¡Muerta!
+
+--Si; muerta de hambre.
+
+Angiolina calló dominada por el horror. La habia revelado Aben-Aboo de
+una manera tan segura la muerte de Amina, que no se atrevió á dudar de
+ella.
+
+--Lléname otra vez la copa, dijo Aben-Aboo.
+
+Angiolina le sirvió la copa de nuevo.
+
+--Cuando vengan los refuerzos de Africa, dijo Aben-Aboo, que empezaba á
+embriagarse, será distinto, amada mia: no estaremos en este triste
+castillo, cercados, atajados los caminos por los cristianos, ni nos
+veremos obligados á pasar la noche en vela. Dame mas vino: necesito
+embriagarme para tener paciencia.
+
+Angiolina presentó otra vez la copa á Aben-Aboo. Este acabó de
+embriagarse completamente, cayendo en un estado en que nunca le habia
+visto Angiolina.
+
+--¡Oh! dijo esta: duerme, y duerme de una manera profunda: yo no estoy
+segura de las intenciones de este hombre. Creo que obra con doblez
+respecto á mí y á Harum-el-Geniz. Acaso, acaso, seria prudente
+deshacernos de él. Pero si esa mujer que me propuse devolver al marqués
+de la Guardia no hubiese muerto... si muerto Aben-Aboo, no pudiese
+descubrirse el lugar donde la tiene acaso oculta. ¡Oh! ¡Dios mio! ¡Dios
+mio! ¡iluminadme!
+
+Angiolina se sentó en el divan donde dormia Aben-Aboo, y apoyó su cabeza
+pensativa en sus manos.
+
+--Todas las noches, dijo Angiolina recordando, Aben-Aboo sale de sus
+habitaciones por una pequena puerta de hierro, que está al fin de una
+galería. Luego cierra, y cuando vuelve, torna á cerrar y guarda
+cuidadosamente la llave entre sus ropas: si yo me atreviese...
+
+Angiolina se inclinó sobre Aben-Aboo y contempló su semblante con una
+atencion profunda: Aben-Aboo dormia intensamente; le movió y no
+despertó: entonces cerró la puerta de la cámara, para evitar ser vista,
+se acercó rápidamente á Aben-Aboo, palpó sus ropas, y encontró bajo de
+ellas una llave y una cartera.
+
+Guardó la llave y se acercó á la luz y abrió temblando de impaciencia la
+cartera.
+
+Encontró dentro algunas cartas que la desesperaron porque estaban
+escritas en árabe; pero entre ellas encontró una sola que estaba escrita
+en castellano. Angiolina dió un grito de alegría. Al pié de aquella
+carta se leia como firma: Esperanza de Cárdenas.
+
+--¡Es de ella! exclamó: pero esta carta no es una prueba de que vive:
+esta carta puede haber sido escrita hace mucho tiempo: veamos.
+
+Y leyó lo siguiente:
+
+«Al ver la manera con que obrais conmigo, vos mi pariente, vos que tanto
+debeis á mi padre, no sé lo que pensar de vos. El estado en que me
+encuentro es insoportable; lo que me haceis sufrir es tanto que temo
+volverme loca. ¿Temeis acaso que mi esposo pueda haceros sombra
+protegido por mi padre? Os engañais. Ni mi esposo ni yo renegaremos de
+Dios. Os lo he dicho una y otra vez. Os lo dije cuando hace tres dias me
+vísteis, ¿por qué no habeis vuelto? vuestro esclavo, me ha asegurado, y
+no lo creo, porque no sois miserable, que vos no me restituireis la
+libertad sino cuando os revele el lugar donde se encuentra el alcázar
+subterráneo de mi padre, en el cual creis encontrar inmensos tesoros. Yo
+dudo que por tal motivo me tengais sepultada viva, llorando, presa de la
+incertidumbre mas cruel: ignoro la suerte de mi padre, la de mi esposo,
+la de mi hija. No sé si han muerto ó si viven, pues aunque vos me
+asegurais de que nada tengo que temer por ellos, no os creo. Vuestro
+esclavo me ha dicho que sois rey de las Alpujarras. ¿Y cómo lo sois si
+vive Aben-Humeya, si vive mi padre? ¿y si no viven, cómo han muerto?
+Desesperada por no veros, he pedido á Alí, que os suplique de mi parte
+que vengais á verme, y me ha contestado que estais ausente: entonces le
+he pedido que me traiga con qué escribiros, y lo ha hecho y os escribo.
+Si yo nada tuviese en el mundo, sino fuese por el amor de los mios nada
+os diria; moriria sin suplicaros: pero el que ama no puede ser altivo.
+Venid, venid, y oidme: concluyamos de una vez: ya no puedo sufrir mas:
+si no habeis de devolverme á los mios, matadme: al menos descansaré:
+pero no me hagais apurar este horroroso martirio. Soy hija, soy esposa,
+soy madre: vos no me amais, no teneis disculpa de vuestra horrible
+conducta. Volvedme á los mios y nada temais porque los mios os
+perdonaran.--De mi tumba á 10 de marzo de 1571.--Esperanza de Cárdenas.»
+
+--¡Ah! exclamó Angiolina, ¡no ha muerto! ¡no! ¡ese miserable me ha
+engañado: esta carta ha sido escrita hace tres dias: estamos á 13: si,
+no hay duda; durante estos tres dias, Alí ha recibido de Aben-Aboo esta
+llave y ha salido por la puerta de hierro de la galería: despues de
+algun tiempo de ausencia ha devuelto esta llave á Aben-Aboo. Pretender
+seducir á Alí, es un delirio: sirve á su amo con cuerpo y alma. Pues
+bien: esta llave está en mi poder. Aprovechemos el tiempo: veamos.
+
+Y Angiolina salió de la cámara, se aventuró por un laberinto de
+estrechos corredores, llegó al extremo de uno delante de una puerta de
+hierro, y puso la llave en su cerradura.
+
+La puerta se abrió y Angiolina tornándola á cerrar, alumbrándose con la
+lámpara que habia tomado de la cámara de Aben-Aboo, empezó á descender
+por una estrecha escalera de ojo.
+
+Apenas habia cerrado Angiolina la puerta, cuando por la otra parte un
+hombre atlético, que se alumbraba con una linterna, llegó á la puerta y
+la golpeó furioso.
+
+--¡Ah! exclamó: estas malditas visiones que mi señor me ha metido en la
+cabeza, me han hecho creer que esa mujer era un fantasma, y he tenido
+miedo, pero no: es ella, es doña Angélica; la he reconocido al volverse
+para cerrar la puerta. El señor no puede haberla dado esa llave. Me
+hubiera avisado.
+
+Y Alí partió desalado á la cámara de su señor.
+
+--¡Ah! ¡está borracho! ¡aletargado! gritó con rabia Alí: yo tengo una
+yerba que sirve para disipar la embriaguez; yerba que me ha servido para
+que nadie pueda notar que he bebido vino contra la ley: pero mientras
+voy por ella; mientras esprimo su zumo... ¡oh! y es preciso... preciso
+de todo punto.
+
+Alí salió y permaneció fuera algun tiempo.
+
+Cuando tornó traia en la mano una copa: cogió la cabeza de Aben-Aboo,
+le abrió la boca y derramó en ella parte del líquido que la copa
+contenia, poco despues, y como por un efecto mágico, Aben-Aboo despertó
+y volvió en sí de una manera completa.
+
+--¡Oh! ¡qué horrible dolor en las sienes! exclamó.
+
+--Os han embriagado señor, y ha sido preciso que yo me valga de unas
+yerbas para haceros volver en vos.
+
+--¿Y quién te ha mandado eso? dijo con enojo Aben-Aboo. ¿Por qué no me
+has dejado dormir?
+
+--Una sola palabra, señor; dijo Alí: ¿habeis dado á doña Angélica la
+llave de la puerta de las cuevas del castillo?
+
+--No; dijo Aben-Aboo: tú estás soñando Alí.
+
+--Doña Angélica ha entrado hace media hora por esa puerta.
+
+--¡Doña Angélica! exclamó Aben-Aboo todo trémulo buscando la llave entre
+sus ropas. ¡Oh! me ha robado la llave. Esa mujer está zelosa de Amina.
+Esa mujer es terrible: será capaz de matarla y no nos conviene que la
+sultana muera.
+
+Aben-Aboo se equivocaba, como ven nuestros lectores, respecto á las
+intenciones de Angiolina.
+
+--Pronto, pronto, exclamó lanzándose á la puerta.
+
+Pero de repente se detuvo: habia sonado fuera de los muros una corneta
+en un toque particular.
+
+Aquel toque se repitió tres veces.
+
+--Algo terrible sucede: algo que nos importa mas que esas dos mujeres:
+es mi secretario Bernardino Abu-Amer: suceda lo que quiera á la sultana,
+abre antes á Abu-Amer: sepamos qué noticias nos trae: que esten
+preparados los escopeteros que nos quedan.
+
+Alí salió deshalado.
+
+Poco despues entró con un morisco viejo, pero robusto, enérgico, que le
+dijo alentando apenas:
+
+--Sálvate, señor: sálvate por las minas: ¡te hacen traicion!
+
+--¿Y quién me hace traicion?
+
+--Harum-el-Geniz.
+
+--¡Oh! ¡imposible!
+
+--Lo sé: lo he visto con mis ojos; lo he escuchado con mis oidos.
+
+--¿Y qué has visto? ¿qué has escuchado?
+
+--Los monfíes, todos los monfíes sin faltar uno, cercan el castillo de
+Vérchul.
+
+--¡Ah! ¡los monfíes sin faltar uno! pero si los monfíes estan vencidos,
+fugitivos...
+
+--Te engañas señor: son en tanto número, como cuando vivia el emir.
+
+--Tú has soñado Abu-Amer: cuando vivia el emir tenia un ejército de diez
+mil monfíes.
+
+--¡Pues todos estan allí!
+
+--Pero si su número se habia reducido á la tercera parte... si apenas
+podian ayudarme.....
+
+--Los monfíes te han engañado, te han abandonado, te han hecho traicion;
+han permanecido escondidos en sus guaridas, han huido sin valor delante
+del cristiano: recuerda señor: recuerda, créeme y sálvate.
+
+--Pero ¿por dónde han pasado tantos hombres sin que los cristianos los
+detengan?
+
+--No lo sé: pero ellos son capaces de entrar en un lugar por el aire, si
+les falta la tierra: ó estan en inteligencia con los cristianos...
+
+--Si eso es... solo la sangre fria, solo el valor puede salvarnos...
+
+--Las minas...
+
+--Si los monfíes vienen contra mí, habran tomado las salidas.
+
+--Acaso no las conozcan, señor.
+
+--Ellos conocen todos los escondrijos de las Alpujarras.
+
+--Probemos al menos, señor.
+
+--No; el huir no es la mejor prueba: es mejor presentar la frente serena
+y altiva al peligro... y luego yo no he sido jamás cobarde... prefiero
+morir como rey, á que me den caza como á un lobo, y me acorralen y me
+maten villanamente. Alí, mis mejores vestiduras, mi alfanje y mi
+escopeta... que se preparen mis escopeteros... y mira, añadió mientras
+Alí le vestia; aunque la puerta es fuerte, tú eres mas fuerte que ella;
+rómpela á hachazos; llévatela por las minas... la noche es oscura;
+véndala la boca para que no pueda gritar: eres astuto, ágil: procura
+burlar á los monfíes... si lo consigues, toma: y Aben-Aboo escribió
+apresuradamente una carta: en cualquier parte encontrarás amigos mios;
+enviala con uno de ellos á Harum-el-Geniz: vé, haz lo que te he dicho.
+
+--¿Y doña Angélica?
+
+--¡Ah! ¡doña Angélica! déjala... no la toques: de seguro ella no ha
+querido hacerme traicion, me ama. Pero vé, vé.....
+
+--¿Y por qué no intentar salvaros, señor?
+
+--Es necesario anticiparse al golpe por una parte y por otra el que huye
+se pierde. Ve Alí, cumple con lo que te he encargado, y tú Abu-Amer,
+conmigo y con mis escopeteros fuera del castillo: ¿sabes dónde está
+Harum-el-Geniz?
+
+--Si, en la cueva grande de los Vérchules.
+
+--Pues á la ventura de Dios, dijo Aben-Aboo, y salió de la cámara, y
+luego del castillo con Abu-Amer y una cuadrilla de veinte escopeteros,
+que fué toda la gente que pudo reunir.
+
+La noche era densamente oscura y nada se oia; ni aun el vuelo del
+viento.
+
+Al sentir aquella calma, Aben-Aboo dijo á Abu-Amer:
+
+--Creo que te has equivocado: todo reposa; hemos andado un buen trecho
+de camino, y á nadie hemos encontrado.
+
+--Mira señor á lo alto del barranco de los Vérchules: ¿nada ves?
+
+--Si, veo el resplandor de una luz.
+
+--¿Y para qué crees que puedan estar velando en la cueva?
+
+--Adelante, dijo Aben-Aboo.
+
+Y siguieron hácia el barranco, pero apenas habian entrado en él cuando
+se escuchó una voz ronca que gritó:
+
+--¿Quién va?
+
+--El rey de Granada, contestó con voz serena Aben-Aboo.
+
+--¡El rey de Granada! gritó la misma voz ronca, como avisando á otras
+gentes.
+
+--¿Y quiénes sois vosotros? dijo Aben-Aboo sin detenerse.
+
+--¡Los monfíes de las Alpujarras! dijo la voz de otro nombre que al
+frente de algunos adelantaba.
+
+--¿Y quién eres tú que me hablas?
+
+--¡El walí Suleiman!
+
+--Paso al rey dijo Aben-Aboo, al sentir que le cercaban.
+
+--Perdona señor, pero tenemos órden de llevarte á nuestro walí de los
+walíes.
+
+--¡Ah! ¿con que Sidy[33] Harum-el-Geniz, se atreve á prenderme? dijo con
+sarcasmo Aben-Aboo.
+
+--Sidy Harum-el-Geniz, no te prende; te detiene, porque asi es preciso
+para la salud del reino, y nosotros obedecemos á Sidy Harum, porque es
+wali de nuestros walíes.
+
+Aben-Aboo guardó silencio y siguió hasta el pié de un sendero escarpado
+que conducia á la cueva grande de los Vérchules; al llegar á aquel punto
+mandó á los escopeteros que se quedasen abajo, y subió acompañado solo
+por Suleiman y por Abu-Amer.
+
+Invirtieron un largo espacio en llegar á lo alto porque la senda era
+áspera, escarpada y larga. Al fin entraron en la cueva, y adelantó un
+hombre.
+
+Aquel hombre era Harum-el-Geniz.
+
+En medio de la cueva quedaban de pié otros dos hombres, pero notábase
+que estaban vestidos de castellanos, á pesar de que eran moriscos; el
+uno era Francisco de Barrado, y el otro Pedro el Zataharí.
+
+No estaban estas personas solas en la cueva, cuya extension era inmensa;
+á su fondo se apiñaban ateridos de frio y de hambre, una multitud de
+moriscos de todas edades y sexos, y salia de aquel antro un hálito
+nauseabundo de miseria.
+
+Al entrar Aben-Aboo, salió de entre aquella turba un sordo murmullo.
+
+--¡Héme aquí! ¿qué me quieres, Geniz? exclamó con altivez Aben-Aboo:
+¿qué significa lo que acontece? yo soy vuestro rey.
+
+--Muley Abdalah-Aben-Aboo, dijo Harum-el-Geniz; solo quiero que mires á
+qué punto ha traido tu obstinacion á estos infelices que aquí estan
+desesperados, enfermos, miserables, y que consideres que las cosas son
+llegadas ya á tal extremo, que no ofrecen ya ni aun esperanzas de
+salvacion.
+
+--¿Y qué quereis?
+
+--El presidente de la chancillería de Granada, don Pedro de Deza y el
+capitan general, nos dan cartas de seguro, y el perdon de su magestad el
+rey de España si nos reducimos.
+
+--¿Y quién ha andado en estos tratos? dijo afectando la calma mas fria
+Aben-Aboo.
+
+--Yo, dijo uno de los dos moriscos que estaban vestidos á la castellana.
+
+--¡Ah! ¿eres tú, Francisco de Barredo? dijo Aben-Aboo: tú en quien tanto
+confiaba, y tú tambien, el Zataharí, el grande amigo del único hombre
+que me queda leal, Abu-Amer.
+
+--Te engañas, dijo Harum-el-Geniz, Abu-Amer te ha traido, pero sabia
+como nosotros para lo que venias.
+
+--Es verdad, dijo Abu-Amer, con un insolente descaro que estaba en
+completa contradiccion con la afectuosa conducta que hasta entonces
+habia usado respecto á Aben-Aboo.
+
+--¿Con que es decir que estoy abandonado de todos?
+
+--No por cierto, Muley Abdalah, no por cierto, dijo Harum-el-Geniz: solo
+queremos hacerte partícipe de la merced que nos concede el rey de
+España.
+
+--¿Y esto dices teniendo en los barrancos segun me han dicho diez mil
+monfíes?
+
+--¿Y qué tienen que ver los monfíes con vosotros los moriscos? ¿acaso
+ellos antes de la guerra no tenian su patria en la montaña? ¿acaso no la
+tendran si quieren despues?
+
+--¡Oh! ¡si! ¡los monfíes me habeis hecho traicion!
+
+--No por cierto; pero desde que nuestro emir el gran Yaye-ebn-Al-Hhamar
+murió asesinado por dos miserables, juramos vengarle y le hemos vengado:
+uno de sus asesinos ha muerto: el otro morirá tambien.
+
+--Justo es que muera el que ha asesinado, dijo dominando su terror
+Aben-Aboo; pero prescindiendo de esto: ¿creeis que no podemos resistir
+aun?
+
+--Los moriscos estan desalentados, ven el poco fruto que sacan de la
+guerra y quieren la paz: el presidente de la chancillería les envia á
+decir, que se reduzcan al servicio de su magestad el rey de España, que
+seran perdonados, y que se les dejará vivir libremente en donde quieran;
+ademas de esto les ofrece mercedes que estan firmadas en este papel.
+
+Harum sacó unos pliegos y los mostró á Aben-Aboo, que no pudo contenerse
+por mas tiempo:
+
+--¿Qué es esto Geniz? exclamó con la voz trémula de cólera; ¿tal
+traicion me tenias guardada? ¡no me hables mas, ni te vea yo!
+
+Y fué á tomar la salida de la cueva.
+
+--No, no has de salir, exclamó Harum; te he llamado porque aun quedaba
+vivo el último de los asesinos del emir.
+
+Aben-Aboo sintió un terror pánico y quiso huir, pero el Zataharí,
+Abu-Amer y Barredo se asieron á él y le detuvieron.
+
+Entonces Harum le hirió, y al caer le dió un terrible golpe con el mocho
+de su escopeta.
+
+--¡Ah traidor! dijo espirante Aben-Aboo.
+
+--¡Esta es la justicia de Dios! exclamó Harum; ¡mueres como has matado!
+
+Aben-Aboo hizo un débil esfuerzo pero cayó, y poco despues era un
+cadáver.
+
+--¡Libres sois ya, hermanos mios! dijo Harum, mañana presentaremos á
+este traidor al Presidente, y os será otorgado el perdon. Si nuestro
+emir, nuestro valiente Yaye, no hubiera sido asesinado por esos dos
+miserables, por Aben-Humeya y Aben-Aboo, no os veriais obligados á
+acogeros al perdon de los cristianos; pero Dios lo ha querido asi. ¡Que
+se cumpla su voluntad!
+
+Y como viese que algunos moriscos asian del cadáver de Aben-Aboo, y se
+dirigian al sendero de la cortadura les dijo:
+
+--¿Para qué quereis sufrir esa carga fatigosa? mas pronto llegará abajo
+si le arrojais por ahí.
+
+Los moriscos arrojaron el cuerpo de Aben-Aboo al barranco, desde una
+peña alta que estaba á la entrada de la cueva.
+
+Era ya enteramente de dia.
+
+La luz del alba reflejaba en la sangre de Aben-Aboo, y espantados de
+aquella muerte los moriscos que estaban en la cueva, empezaron á salir
+de ella como espectros.
+
+Harum salió tambien con Francisco de Barredo, el Zataharí, y Abu-Amer;
+bajó de prisa el sendero, y rodeando por el barranco, salió á una ancha
+rambla donde habia una cuadrilla de monfíes.
+
+--Tocad á recoger, dijo Harum á los trompeteros y atabaleros.
+
+Poco despues se oyó, no solo en la rambla, sino en las alturas, una
+especie de toque de llamada, al cual empezaron á acudir á la rambla
+taifas enteras, con sus estandartes.
+
+Poco despues un pequeño ejército de diez mil hombres, se apiñaba en la
+rambla.
+
+Harum mandó traer el cuerpo de Aben-Aboo, y ponerlo en una peña alta
+para que le vieran todos los monfíes.
+
+--¡He ahí al asesino de nuestro emir! gritó Harum.
+
+Una aclamacion atronadora salió de las cerradas filas de los monfíes.
+
+--He aquí á vuestro emir, gritó Harum descubriendo el rostro de un moro
+que estaba junto á él: he aquí al esposo de la sultana Amina.
+
+--¡Viva el emir! gritaron en coro los monfíes.
+
+--¿Pero qué haceis? dijo el marqués de la Guardia: eso no puede ser.
+
+--Consentid por ahora, dijo Harum.
+
+Y volviéndose á los monfíes añadió:
+
+--El esposo de la noble sultana Amina, acepta la corona que le
+ofrecemos.
+
+--¡Viva el emir! repitieron los monfíes.
+
+--Ahora, dijo Harum, nos resta salvar á la Sultana.
+
+Un espontáneo y bravo murmullo de asentimiento respondió á estas
+palabras.
+
+--¿Pero será cierto que mi esposa está en el castillo del Vérchul?
+
+--Tan cierto dijo Abu-Amer, como que ha encargado á su esclavo Alí que
+la lleve á otro lugar, y que os envie una carta que ha escrito para Sidy
+Harum. Ya, cuando yo dije á este que la Sultana estaba en el castillo
+de Vérchul no tenia duda; pero ahora no puedo tenerla, porque he visto y
+he oido.
+
+En aquel momento un hombre apareció por uno de los flancos de los
+monfíes, y por el otro lado una mujer.
+
+El hombre era un morisco, y la mujer Angiolina Visconti.
+
+--¿Quién de vosotros es Sidy Harum-el-Geniz? dijo aquel hombre que traia
+una carta en la mano, mientras Angiolina gritaba:
+
+--Venid, Harum, venid, que se llevan á la Sultana: venid, marqués de la
+Guardia, venid, que os roban á vuestra esposa.
+
+Y Angiolina partió á correr por el mismo lugar por donde habia venido,
+seguida del marqués de la Guardia, que aunque debil y enfermo, sacaba
+fuerzas de flaqueza y corria con suma rapidez.
+
+--Seguid, seguid, y flanquead la montaña, gritó Harum á los monfíes
+poniéndose tambien á la carrera tras Angiolina y el marqués, después de
+haber leido rápidamente la carta que le habia entregado el morisco.
+
+Aquella era la carta que Aben-Aboo habia dado á Alí, para que la enviase
+á Harum.
+
+Aben-Aboo habia desfigurado su letra: aquella carta decia asi:
+
+Mi señor Muley Abdalah Aben-Aboo, ha salido del castillo de Vérchul, á
+encontrarte, Harum-el-Geniz, y temo que le hagas traicion: me apresuro,
+pues, á escribirte: tengo en mi poder á la sultana Amina, y será la
+señal de su muerte la primera noticia de una traicion hecha por tí á mi
+señor.--Alí, esclavo fiel del rey Abdalah Aben-Aboo.
+
+Harum corria, y corrian los monfíes, y corria Angiolina. y el marqués
+excitado por el peligro de Amina iba delante de todos, por instinto,
+veloz como el viento, sostenido por su amor y efectuando un milagro de
+vigor y de fuerza, en el estado en que se encontraba.
+
+Solo pronunciaba estas palabras.
+
+--¡Esperanza! ¡mi Esperanza!
+
+Y Angiolina como si toda su vida hubiera andado en la montaña, corria
+tambien á poca distancia del marqués, y los monfíes, abiertos en dos
+largas hileras, con las ballestas al hombro, trepaban á buen paso por la
+montaña, flanqueándola, seguros de encerrar en un círculo al hombre que
+se llevaba á la sultana.
+
+El cadáver de Aben-Aboo, quedó solo en la rambla sobre la peña, con el
+rostro macerado, en que reflejaba los primeros rayos del sol, y algunos
+moriscos rodeándole, hambrientos, desnudos, le contemplaban inmóviles
+con un silencio estúpido.
+
+
+
+
+CAPITULO XLIX.
+
+ En que se cuenta lo que pasó en las cuevas del castillo de Vérchul.
+
+
+Cuando Angiolina, segun hemos dicho, se encontró después de franquear la
+puerta de hierro, en las escaleras de las cuevas, se deslizó rápidamente
+por ellas y al llegar á su fin encontró un callejón y al comedio de él,
+á la izquierda, otra puerta de hierro cerrada simplemente con un
+cerrojo.
+
+Angiolina abrió aquella puerta: la luz de la lámpara dejó ver un espacio
+pequeño, en el cual habia un lecho y algunos muebles, y en el lecho una
+mujer dormida, pero vestida y cuidadosamente cubierta.
+
+--¡Ella es! exclamó estremeciéndose de zelos y de dolor Angiolina.
+
+Y acercó la luz de la lámpara al semblante de Esperanza, que Esperanza
+era en efecto.
+
+--¡Oh! y está mas hermosa, mas hermosa que nunca; con su semblante
+pálido y flaco. ¡Oh! ¡Dios mio! ¿y voy yo á arrojar á esta mujer entre
+los brazos del hombre á quien amo?
+
+Angiolina se detuvo.
+
+--Pero primero es él: no le llevo una rival odiosa, le llevo su vida.
+¿Haria esta mujer lo mismo que yo hago? ¡Oh! si lo haria porque le ama,
+y una mujer cuando ama lo sacrifica todo, hasta su alma á su amor.
+
+Detúvose de nuevo Angiolina.
+
+--Y es necesario despertarla: es necesario salvarla: aprovecharé el
+tiempo: ¡si Aben-Aboo despertara...! es preciso, preciso, debo tratarla
+con dulzura... es necesario apurar de una manera completa el sacrificio.
+Todo por él, Dios mio, todo por él.
+
+Y moviendo dulcemente á la jóven, dijo:
+
+--Despertad, doña Esperanza.
+
+Amina abrió los ojos, los cerró deslumbrada por la luz, se incorporó en
+el lecho y dijo con la voz soñolienta aun, pero dulce y resignada.
+
+--¿Quién sois?
+
+--Miradme, y escusadme de pronunciar mi nombre, dijo Angiolina.
+
+--¡Ah! ¡la princesa! ¡la comedianta! exclamó Amina reconociéndola por la
+voz.
+
+--¡La infeliz! dijo Angiolina con acento conmovido.
+
+--¡La infeliz! repuso con sarcasmo Amina. ¿Qué buscais aquí?
+
+--Os busco á vos... y soy muy feliz en encontraros.
+
+--¡Que me buscais! ¿y para qué? dijo Amina.
+
+--Para llevar con vos la vida á vuestro esposo.
+
+--¿Pues qué? ¡mi esposo!
+
+--Está enfermo y loco.
+
+--¡Enfermo y loco! exclamó aterrada Amina.
+
+--Si, y si vos no le volveis la salud y la razón, solo Dios podrá
+volvérselas.
+
+--Pero... yo no puedo creeros, vos sois mi enemiga, vos me aborreceis;
+yo os aborrezco...
+
+--¿Y qué importa nuestro mutuo aborrecimiento cuando se trata de su vida
+y de su felicidad? El os ama, vos lo sois para él todo, y yo... yo que
+le amo quiero que sea feliz.
+
+--No, vos no le amais tanto, dijo con un concentrado acento de zelos
+Amina.
+
+--¡Que no le amo! ¡que no le amo! ¡os digo yo acaso que no sereis capaz
+del mas horrible de los sacrificios por él...! Casi soy capaz de amaros,
+de llamaros mi hermana, por el amor que él os tiene.
+
+--¿No me engañais? dijo Amina, asiendo bruscamente las manos de la
+veneciana, y mirándola frente á frente.
+
+--¿Y para qué he de engañaros? ¿Acaso tengo yo alguna esperanza de que
+pueda amarme don Juan? ¡que sea él feliz al menos, ya que no puedo serlo
+yo! sed tambien vos feliz con él, señora, y acordaos alguna vez de mí:
+acordaos de que me le debeis...
+
+Angiolina se echó á llorar. Amina se desarmó, se conmovió, confió en su
+enemiga y no supo que decirla.
+
+La veneciana se secó las lágrimas, y dijo á Amina:
+
+--Ya sabeis el objeto que me ha traido aquí: seguidme: aprovechemos el
+tiempo y no hablemos mas porque nuestra conversacion seria muy dolorosa.
+
+--Una palabra no mas: despues de lo que haceis yo no puedo aborreceros:
+¿aborrecereis vos á quien os tiende su mano?
+
+--Perdonad, señora, pero nuestra situacion es enteramente distinta: ved
+que necesito mucho valor para hacer lo que hago y que ese valor me
+podria faltar. No hablemos ni una palabra mas acerca de ese asunto. Os
+lo suplico, os lo ruego. Pero seguidme, seguidme, porque los momentos
+son preciosos.
+
+Y se dirigió decididamente á la puerta de aquella especie de mazmorra.
+
+Amina la siguió en silencio.
+
+Pero una vez fuera de aquel recinto, despues de haber recorrido la
+citada mina en que se encontraban, se perdieron en un laberinto de
+minas, enmarañado, oscuro, que al parecer no tenia salida.
+
+Y pasaba el tiempo.
+
+De repente se oyeron golpes terribles que retumbaban huecos en el
+subterráneo, y se repetian, cada vez mas fuertes, cada vez mas
+numerosos.
+
+Era Alí que forzaba con una hacha la puerta de hierro de la escalera que
+conducia á las cuevas.
+
+Angiolina lo comprendió.
+
+--¡Ah! dijo, somos perdidas: Aben-Aboo ha vuelto en sí, aunque no puedo
+explicármelo, de su embriaguez; sin duda ha notado la falta de la llave
+y fuerza la puerta para perseguirnos; ya no suenan los golpes, lo que
+quiere decir que la puerta ha sido forzada, pero suenan pisadas sordas,
+¡Oh! Dios mio, ¿y qué hacer?
+
+--Seguid, seguid, dijo Amina: me parece que siento en el rostro el
+viento fresco del campo, el viento puro de la madrugada.
+
+Como para confirmar el dicho de Amina, una ráfaga apagó la luz de la
+lámpara, y allá al fondo de la mina se vió una leve claridad.
+
+--Seguid, seguid, dijo Amina.
+
+Las dos jóvenes siguieron, pero de repente y á los pocos pasos
+tropezaron con una puerta: sobre aquella puerta una reja circular dejaba
+penetrar la primera luz del alba.
+
+--¡Una puerta y cerrada! gritó con desesperacion Angiolina.
+
+--Y se escuchan cerca pisadas rápidas, pisadas de hombre, repuso Amina
+con angustia.
+
+--Si la llave con que he abierto la puerta de arriba sirviese para este
+postigo... dijo la veneciana.
+
+Y probó y lanzó un grito de alegría: cedió la cerradura y la puerta se
+abrió.
+
+Las dos jóvenes se encontraron en el repecho de una colina.
+
+--¡Oh! ¡amanece! somos perdidas: y esta puerta no puede cerrarse por
+fuera...
+
+Y mientras Angiolina reconocia la puerta, abrióse esta impulsada por una
+fuerza ruda, y apareció un hombre que la miró con ansia á la débil luz
+del alba.
+
+--¡Ah! no sois vos, gritó: es esta... esta, sí...
+
+Y asió á Amina, y partió con ella á la carrera, llevándola sobre sus
+hombros.
+
+Angiolina los siguió algún tiempo sin perderlos de vista: pero el
+esclavo era vigoroso, habia ganado una delantera inmensa á Angiolina, y
+esta los perdió en la revuelta de un barranco.
+
+Y sin embargo, siguió á la ventura, sin saber si acertaba ó no,
+aterrada, herida en el corazon, porque lo que la habia arrebatado el
+esclavo, era la vida del marqués.
+
+Y el dia esclarecia mas y mas, y empezaban á verse sobre las colinas al
+Oriente las primeras ráfagas rojas de la salida del sol.
+
+De repente Angiolina, oyó un ronco estruendo de trompetas y atabales muy
+cerca, y se volvió hácia donde sonaba aquel estruendo.
+
+Al volver un repecho, se encontró de repente delante de una taifa de
+monfíes que se ponia en movimiento obedeciendo el toque de llamada.
+
+Al reparar en ellos Angiolina en vez de huir, se precipitó hácia los que
+estaban mas cerca y que al ver una mujer hermosa y jóven, se detuvieron.
+
+--¿Sois monfíes? preguntó con afan Angiolina.
+
+--Sí, monfíes somos, la contestaron. ¿Y tú eres morisca?
+
+--Sí. ¿Está con vosotros Harum-el-Geniz?
+
+--Sí. ¿Es tu pariente?
+
+--Sí. ¿Dónde está?
+
+--En aquella loma, en la rambla.
+
+Angiolina corrió, llegó y habló.
+
+Ya lo hemos dicho.
+
+Continuemos ahora el anterior capítulo que interrumpimos.
+
+Corria el marqués á la ventura como sostenido por la mano de Dios; le
+seguian Angiolina, Harum y algunos monfíes: los otros flanqueaban la
+montaña.
+
+--¡Guarda! ¡guarda! ¡allá va por Gebel-el-Rabah! ¡guarda! ¡á él! ¡á él!
+¡á él!
+
+En efecto, los monfíes delanteros habian descubierto á Alí, que al
+verlos, se volvió, se detuvo un momento, y lanzó una mirada terrible á
+los que le perseguian.
+
+De repente el marqués de la Guardia torció un repecho, y Alí le vió, y
+tras él nuevas gentes cuando menos lo esperaba.
+
+El marqués lanzó un grito de triunfo y desnudó su espada.
+
+Pero apenas la habia desnudado, cuando lanzó otro grito horrible de
+dolor, y cayó en tierra.
+
+Habia recibido en el pecho un ballestazo disparado por Alí, que asió
+inmediatamente á Amina, y se dió á correr por una rambla abajo en
+direccion á una roca tajada.
+
+La intencion de Alí era manifiesta: no pudiendo salvarse, porque le
+perseguian por derecho y le flanqueaban, concibió el terrible proyecto
+de arrojarse con Amina, antes que entregarla, por aquella cortadura.
+
+Al ver caer al marqués, al adivinar la terrible resolucion de Alí, Harum
+se cubrió de un sudor frio, y arrancando á uno de los monfíes que
+llevaba al lado su ballesta armada, exclamó deteniéndose:
+
+--Es aventurado: es terrible: pero es preciso.
+
+Y encarándose la ballesta, apuntó con lentitud y disparó.
+
+El venablo partió silbando, y fué á clavarse en el cráneo de Alí, que
+rodó por tierra con Amina.
+
+Amina estaba desmayada. Harum, que ignoraba si el marqués habia sido
+herido de muerte ó no cuando se alejaron, volvió al sitio donde estaba
+el marqués.
+
+Angiolina le miraba sentada en el suelo, con las manos cruzadas sobre
+sus rodillas, y de tiempo en tiempo soltaba una carcajada.
+
+¡Se habia vuelto loca!
+
+Harum la hizo apartar de allí, recogió al marqués que solo estaba herido
+levemente, y se alejó con sus monfíes, dejando abandonado á Alí, que
+habia muerto mártir de su fidelidad á su señor.
+
+ * * * * *
+
+Tres dias despues, repicaban todas las campanas de Granada.
+
+Este repique general era en albricias de que se habia acabado la guerra
+de las Alpujarras.
+
+La prueba de que la guerra se habia acabado, adelantaba por el camino de
+Armilla, cerca ya del puente de Genil, en direccion á la puerta del
+Rastro.
+
+Veamos en qué consistia esta prueba.
+
+Gran multitud de gentes estaban á los lados del camino; hasta en los
+árboles habia espectadores; detrás de una inmensa muchedumbre de gentes
+de todas clases, edades y sexos, que servian, por decirlo asi, de
+flanqueadores, venia Leonardo de Rotulo, alcaide del presidio de Cádiar,
+con su medio arnés de ginete, su banda de capitan, y caballero en su
+rocin. A la izquierda del alcaide iba Francisco de Barredo, vestido á la
+castellana, con una gorra de belludo, una loba de camelote y unas calzas
+de grana atacadas y botas altas, á caballo tambien y sin armas: á la
+derecha, igualmente caballero en un magnífico caballo andaluz, rodado
+con arneses de guerra, iba Harum-el-Geniz, con el ostentoso traje de
+walí de los walíes de los monfíes, y llevando en las manos el alfange y
+la escopeta de Aben-Aboo.
+
+Detrás iba el cadáver de Aben-Aboo sobre un mulo, entablillado el
+cuerpo bajo los vestidos, para que pudiese tenerse derecho como si
+cabalgara vivo, y á los dos lados una taifa de monfíes con las ballestas
+al hombro, y llevando ya, en señal de vasallaje, y como soldados del
+rey, las armas reales de España sobre los pechos.
+
+Luego seguian los moros que se habian acogido al perdon, á pié y á
+caballo, con sus bagajes y sus mujeres y familias: los que llevaban
+ballestas, quitadas las cuerdas: los que arcabuces y escopeta, las
+llaves: á los lados, llevando á los moriscos entre filas, iba la
+cuadrilla de infantería del capitan Luis de Arroyo, y en la retaguardia,
+cerrando la marcha, con un estandarte de caballos, Gerónimo de Oviedo,
+comisario de la gente de guerra de los presidios de las Alpujarras.
+
+Entraron en el órden que hemos marcado por la puerta del Rastro de la
+ciudad, haciendo salva los arcabuceros, contestando la artillería de la
+Alhambra, y entre los repiques de campanas y la alegría de los de
+Granada, que se consideraban salvos con haberse acabado la guerra.
+
+Llegaron hasta el palacio de la Chancillería, donde los recibió el duque
+de Arcos, el presidente don Pedro de Deza y los demás del consejo, y los
+caballeros y vecinos principales de Granada.
+
+Leonardo Rotulo, Harum-el-Geniz, y Francisco Barredo, subieron á la
+cámara donde el consejo estaba, y Harum entregó al presidente el alfange
+y la escopeta de Aben-Aboo, y besándole las manos en representación del
+rey, le rindió justo homenaje á nombre de los moriscos de las
+Alpujarras.
+
+Dijéronle los del consejo muchas lisonjeras palabras, hiciéronle muchas
+preguntas á que Harum contestó con dignidad, y luego, asegurando á los
+moriscos perdonados el cumplimiento de lo que se les habia ofrecido,
+mandaron arrastrar y hacer cuartos el cadáver de Aben-Aboo, y poner su
+cabeza en una jaula de hierro sobre el arco de la puerta del Rastro, que
+sale al camino de las Alpujarras.
+
+ * * * * *
+
+--Oid, hermanos, decia poco despues escondido entre las breñas de las
+Alpujarras Harum á sus monfíes: todo se ha perdido: alentar nuevas
+esperanzas, seria una locura. Nos faltó nuestro emir, y nos faltó todo.
+Le hemos vengado: las cabezas de los dos asesinos están la una junto á
+la otra en dos jaulas de hierro, sobre una puerta del muro de Granada.
+Los de Africa y los de Turquía no nos socorreran. Yo os aconsejaria que
+mas bien que quedaros aquí, pasáseis á Africa, y sirviéseis al dey de
+Argel ó al rey de Marruecos. Quédese aquí quien quiera, pero hará mal:
+los buenos tiempos en que los monfíes podian hacerse respetar han
+pasado, y lentamente irian dando en las manos de los cuadrilleros, y de
+ellas en la horca. Dios lo ha querido asi, hijos mios. Voy á daros en
+nombre de nuestro desgraciado señor el último oro: despues yo,
+consagrándome á la sultana Amina, salgo de España. Esta es la última vez
+que nos vemos, valientes, y al decíroslo se me escapan las lágrimas.
+¡Dios lo ha querido! ¡Cúmplase su voluntad!
+
+Los monfíes se arremolinaron y todos, unos despues de otros, vinieron á
+rendir su último homenaje á su primer walí.
+
+Harum dió á cada uno parte del oro que contenia un enorme cofre de
+hierro, abrazó á los capitanes, les dió sus últimos consejos, y montó á
+caballo y se separó de ellos.
+
+Al trasmontar la cumbre de una loma, revolvió su caballo, y miró por
+última vez á aquellos brabíos soldados con quienes habia pasado la mayor
+parte de su vida: extendió los brazos hacia ellos y dijo, llorando como
+un niño, aunque por la distancia no le podian oir.
+
+--¡Ah! ¡no creia yo que habia de llegar un dia en que me separara de
+vosotros para no volveros á ver, mis valientes monfíes, hermanos mios!
+
+Y los monfíes, cuyos rostros estaban vueltos hácia él, como si le
+hubieran comprendido, agitaron sus tocas en señal de despedida, y el eco
+hizo retumbar un gemido inmenso, el gemido de diez mil bocas, en las
+montañas circunvecinas.
+
+En aquel momento se ponia el sol.
+
+Harum revolvió desesperado su caballo y le lanzó á toda carrera por el
+camino de Cádiar exclamando:
+
+--¡Estaba escrito!
+
+
+
+
+EPILOGO.
+
+
+I.
+
+Pasaron tres meses.
+
+Al cabo de ellos, en una hermosa mañana de julio, salieron por la puerta
+de la Mar de Almería, un caballero anciano, otro jóven, pero pálido y
+hermoso, y al parecer debil, que se apoyaba en el brazo de una dama
+hermosísima, que le miraba á cada paso con suma solicitud.
+
+Al lado de estos dos jóvenes iba una doncella que llevaba en brazos una
+niña como de dos á tres años, tan hermosa como la dama.
+
+Por último, detrás iba una numerosa servidumbre.
+
+Nos parece inútil decir que aquellas personas eran Calpuc, el marqués de
+la Guardia, ó mejor dicho, el duque de la Jarilla, su esposa la noble y
+hermosa duquesa doña Esperanza de Cárdenas y su pequeña hija.
+
+Llegaron á la ribera, entraron en una lancha y se dirigieron en ella á
+una enorme galera de dos bandas surta en el puerto.
+
+Cuando saltaron á bordo, se quedaron mirando con inquietud á la playa.
+
+--¿En qué consistirá la tardanza de Harum? dijo Amina: sabe que á pesar
+de que el rey disimula con nosotros, no estamos seguros, y que es
+prudente apartarnos cuanto antes de España.
+
+--Hélo ahí, hélo ahí, dijo con la alegría de un niño el marqués de la
+Guardia: mírale, Esperanza mia: pero es que no comprendo esa multitud de
+acémilas que le siguen cargadas de toneles.
+
+--¡Ah! ni yo tampoco, dijo Esperanza.
+
+--Ni yo, añadió Calpuc.
+
+--Pronto lo hemos de ver, dijo el marqués, porque embarca en lanchas los
+toneles.
+
+--Apostaria á que sé lo que aquello es, dijo Calpuc.
+
+--El tesoro de mi infeliz padre, dijo Esperanza conmovida: ¡oh!
+¡pluguiera á Dios que nos apartáramos miserables de España pero con él!
+
+Cuando Harum puso á bordo los toneles, dijo á Esperanza:
+
+--Poderosa sultana, todo lo que enriquecia el alcázar de tus abuelos,
+sus joyas, sus tesoros, va contigo.
+
+--¡Y esa pobre mujer! dijo Esperanza casi al oido de Harum.
+
+--¡Ah! ¡la horrible veneciana! su locura es admirable; á mi despecho he
+dejado casi un tesoro en manos de mi hermano Gonzalo para que cuide de
+ella: ¡Bah! á pesar de todo la tengo lástima: ¡le amaba tanto! ¡y le
+cree muerto!
+
+--¿Qué es eso? dijo el marqués.
+
+--Nada: hablábamos de si Harum habia dejado algo á su familia para que
+se consolase de su ausencia, dijo Esperanza enjugándose una lágrima.
+
+Harum se volvió al patron que se paseaba sobre cubierta:
+
+--Nostramo, le dijo: á zarpar: el viento es fresco: rumbo á las costas
+de Francia y que Dios nos dé buen pasaje.
+
+Poco despues la galera, viento en popa, adelantaba gallardamente,
+reclinada sobre un costado.
+
+
+II.
+
+Diez años despues, la infeliz doña Isabel de Córdoba y de Válor, mártir
+del amor, asesinado su esposo por su hijo, muerto su hijo por sus
+parciales, murió en el convento de Santa Isabel la Real de Granada, á
+donde se habia retirado, y el mismo dia en que una jóven acompañada de
+su madre, y de un caballero mas bien viejo que jóven, preguntaban por
+ella en la portería.
+
+La enfermedad de doña Isabel era una consuncion lenta; se habia secado
+en su corazon el raudal de las lágrimas; la sonrisa no aparecia jamás en
+su boca, y pasaba la mayor parte de su tiempo, arrodillada ante Dios en
+el coro, inmóvil y silenciosa como una estátua.
+
+Desde que se habia retirado al claustro, nadie habia ido á preguntar por
+ella, únicamente de mes á mes llegaba una carta de Francia; aquella
+carta contenia cuatro cosas: consuelos delicados como pudieran suponerse
+los de un ángel; la firma de Esperanza de Cárdenas; la de
+Harum-el-Geniz, y una libranza de cien ducados contra genoveses.
+
+Doña Isabel besaba aquella carta, la metia con las anteriores en una
+cartera, se ponia la cartera sobre el corazon, y entregaba la libranza á
+la abadesa diciéndola siempre:
+
+--Dad á los pobres, señora, lo que despues de lo mas preciso para mi
+sustento, sobre de esa cantidad.
+
+Maravillóse, pues, la madre tornera de que á los diez años una voz de
+dama, y de dama al parecer por lo mesurado y noble de sus palabras, muy
+principal, preguntara por doña Isabel de Córdoba y de Válor.
+
+--¡Ah! señora, está enferma y acaso Dios la llamará hoy mismo.
+
+La dama exhaló un ligero grito.
+
+--¡Ah! exclamó: ¡pues necesito verla, deseo verla! ¡oh Dios mio!
+
+--¡De modo que si fuérais una parienta suya inmediata!
+
+--¡Soy hija de su difunto esposo! dijo con angustia la dama.
+
+Mediaron mensajes, y al fin la superiora permitió que la dama y la niña
+entrasen, pero no fue posible que entrase el caballero, que se quedó,
+renegando del que habia inventado la clausura, en la portería.
+
+Las dos señoras entraron en una humilde celda: doña Isabel con los
+hermosos ojos dilatados, flaca, blanca hasta lo diáfano, sonrió
+imperceptiblemente al ver á la dama y á la niña.
+
+--¡Oh! ¡bendito sea Dios, exclamó, que me envia un ángel antes de morir!
+
+--¡Madre mia! exclamó Esperanza arrojándose sobre doña Isabel y
+besándola.
+
+La enferma pareció reanimarse, y por primera vez despues de diez años,
+brotaron lágrimas á sus ojos.
+
+--¿Y tú eres feliz, hija mia? la dijo.
+
+--¡Oh! ¡sí! y seria mas feliz si os encontrase buena, si os pudiese
+llevar conmigo. Mi esposo ha vuelto á España, y á fuerza de oro ha
+conseguido que se reconozcan nuestros títulos... pero vos...
+
+--¿Y qué importo yo..? déjame ver á tu hija, á la nieta de mi Yaye...
+
+Doña Esperanza se levantó de sobre el rostro de doña Isabel, y asió á su
+hija de la mano.
+
+Al verla la enferma dió un grito horrible:
+
+--¡Oh! ¡Dios mio! exclamó, ¡me traes en esa niña, cuando voy á morir, su
+rostro y su mirada!
+
+En efecto, la nieta se parecia enteramente al abuelo.
+
+Doña Isabel no volvió á hablar, y murió aquella tarde entre los brazos
+de Esperanza.
+
+Esta salió llorando, la niña triste; y Harum, que era el caballero que
+se habia quedado fuera, blasfemando.
+
+Pero le quedaba á Harum que ser testigo de otra agonía, aunque no le fue
+tan dolorosa.
+
+Un mes despues tomó á caballo y solo el camino de las Alpujarras.
+
+--Es un extraño capricho, decia para sus adentros, que la sultana Amina
+(Harum cuando hablaba consigo mismo no daba otro nombre á la hija del
+emir) se interese tanto por la suerte de esa mujer que la ha hecho
+probar tantas desgracias, y que casi casi tiene la culpa de que no se
+siente en un trono: como que si el emir no hubiera sido herido y preso
+en la Inquisicion... ¿Y qué necesidad tiene la sultana..? está mas
+hermosa que nunca; el señor duque de la Jarilla, su muy adorado esposo,
+ha echado fuera la ruinera, y la adora: Dios no los ha castigado con
+hijos: la luz de mis ojos, la pequeña Estrella no puede ser mas cándida
+ni mas hermosa: pues señor, véngase vuesa merced á las Alpujarras, donde
+necesariamente tengo que padecer, aunque no sea mas que por los
+recuerdos, á saber de una loca castigada justamente por Dios. Vamos: si
+yo no la amara tanto...
+
+Atravesaba en aquellos momentos un desfiladero que conocia demasiado, y
+detuvo su caballo, se puso las dos manos en la boca á manera de embudo,
+y lanzó un grito salvaje.
+
+El eco le repitió á la redonda: pero nadie contestó á aquel grito.
+
+--¡No queda ni uno solo! exclamó roncamente Harum: si uno solo quedase,
+estaria precisamente aquí, en el lugar mas inaccesible, mas solitario,
+mas seguro. En otro tiempo, cuando yo hacia esta señal, de detrás de
+cada piedra salía un monfí. ¡Y pensar que yo paso ahora por aquí como un
+forastero! ¡Yo que he sido el rey de la montaña! ¡Y ver que las rocas
+estan en el mismo sitio, y que los monfíes han pasado como sino hubieran
+existido nunca! ¡Ira de Dios!
+
+Apretó las espuelas á su caballo, y llegó aquella noche á Mecina de
+Bombaron, y á casa de su hermano Gonzalo.
+
+Despues de la charla natural de dos hermanos que no se han visto en diez
+años, Harum preguntó por doña Angélica.
+
+--¡Pobre señora! dijo Gonzalo: ¡y cuánta compasion me causa á pesar de
+todo!
+
+--¿Continúa en la locura..?
+
+--Cada vez mas furiosa... pero Dios ha tenido compasion de ella...
+
+--¡Cómo!
+
+--El médico dice que se muere.
+
+--Perdónela Dios, dijo friamente Harum.
+
+--¡Oh! ven, ven, hermano, y te juro que tendrás compasion de ella.
+
+Y le llevó á un aposento inmediato.
+
+--¡Oh! lo de siempre, exclamó, viendo un lecho vacío y revuelto; se ha
+escapado á la montaña... y en el estado en que se encuentra... y de
+noche... ¡Gabriela! ¡hija! dame mi loba y mi arcabuz, y suelta á la
+ventora.
+
+--¿Pero, á dónde vas Gonzalo?
+
+--¡Dónde he de ir sino por ella! infeliz... ven conmigo, si quieres;
+ven, y verás una cosa que te partirá el corazón... yo no crei que
+pudiese amar tanto una mujer.
+
+--¡Amor maldito! dijo Harum siguiendo á su hermano.
+
+Por el camino que hacian á gran paso, guiados por ventora, Gonzalo contó
+á Harum cómo Angiolina tenia el capricho de vestirse de blanco; que al
+contrario de otras locas se aliñaba, se peinaba, cuidaba de sí misma, y
+que cuando la preguntaban las traviesas muchachas, si lo hacia para
+enamorar á alguien, contestaba:
+
+--¡Oh! ¡si! cuando voy á verle las noches de luna, cuando me arrodillo
+delante de la cruz, él se levanta detrás de ella, y me mira fijamente...
+es mi amado, y es muy hermoso... yo quiero parecerle hermosa.
+
+--¡Diablo! ¡Diablo! dijo al oir esto Harum.
+
+--Y es inútil pretender que no vaya á la montaña: siempre inventa un
+medio ingenioso para escaparse.
+
+--¡Oh! si: pluguiera al Altísimo que no hubiera tenido tanto ingenio,
+replicó Harum.
+
+--Y es preciso llevar para encontrarla la ventora por que unas veces va
+al castillo de Vérchul, otras á la cueva, otras á Gebel-Rabah... pero
+esta noche, segun el camino que lleva la ventora, ha ido á la sepultura.
+
+--¿A qué sepultura?
+
+--A la sepultura de su amante.
+
+--¡Ah!
+
+--Si; hay un lugar al pié de Gebel-Rabah, donde ha puesto una cruz
+formada con ramas de pino, donde pretende que duerme su enamorado, cuya
+sombra se levanta cuando ella llega.
+
+--¡Dios la ha castigado en justicia!
+
+--Ha sido demasiado castigo, Harum. Pero vamos llegando; mucho será que
+no la encontremos...
+
+--¡Muerta!
+
+--¡Bien pudiera ser! ya te he dicho que el médico la habia sentenciado,
+y estaba tan débil...
+
+En aquel momento ahulló la perra.
+
+--¡No te lo decia yo, dijo Gonzalo! y se precipitó á un cercano repecho.
+
+Harum le siguió.
+
+De repente se levantó una sombra blanca al rayo de la luna, corrió hácia
+ellos, y cayó entre los brazos de Gonzalo el Geniz.
+
+--¡Ah! ¡socorredme! ¡socorredme! exclamó: ¡yo no sé dónde estoy! ¿quién
+me ha traido aquí? Sola, de noche, vestida de blanco, tendida sobre una
+sepultura.
+
+--Habeis venido á ver á vuestro amante como otras veces.
+
+--¡A mi amante! exclamó Angiolina y rompió á llorar.
+
+--¡Oh! cuidado, Gonzalo, cuidado, dicen que los locos cuando lloran
+recobran la razon.
+
+--¡Los locos! ¡los locos! exclamó Angiolina. ¿Conque he estado loca?
+¿Quién sois vos? acercaos, no os veo.
+
+--Soy Harum-el-Geniz.
+
+--¡Ah! ¡Dios mio! si es cierto, ¡este lugar! aquí le ví caer herido: mi
+sacrificio fue inútil... ¿cuándo sucedió eso...? ¿cuándo...? no me
+acuerdo: me parece que acaba de suceder.
+
+--Vuestro sacrificio no ha sido inútil, señora, porque el marqués vive.
+
+--¡Pero no vivirá muriendo como yo! ¿no es verdad?
+
+--El marqués es muy feliz, dijo el rencoroso Harum, que no podia olvidar
+los crímenes á que su amor habia llevado á Angiolina.
+
+--¡Feliz, muy feliz! exclamó ¡con ansia de amor ella!
+
+--¡Oh! ¡si!
+
+--¿Y ha recobrado la salud?
+
+--¡Oh! ¡si!
+
+--¡Gracias, Dios mio! ¡gracias! exclamó Angiolina: ¡tú no has querido
+que muera desesperada!
+
+Y sus rodillas se doblaron, y Gonzalo se vió obligado á sostenerla.
+
+--Decid.... á la sultana.... que me perdone.... y á él.... á él no le
+digais nada.... ¡si por milagro algun dia preguntase.... por mí....
+decidle que vivo....! y que.... soy feliz!
+
+Angiolina no habló mas: algun tiempo despues murió.
+
+Harum al verla pálida, muerta, inmóvil, exclamó:
+
+--¡Hermosa aun muerta! ¡Era mucha, mucha mujer! ¡Perdónela Dios!
+
+--Ya no veran mas los pastores á la Dama blanca de la montaña, como
+llamaban á doña Angélica.
+
+--Ni á los monfíes, replicó suspirando Harum.
+
+Y, sin embargo, si viajais por las Alpujarras sobre la escueta albarda
+de un asno vigoroso; si alguna vez al amanecer se levanta la niebla
+sobre los barrancos remedando figuras fantásticas, el arriero, que
+probablemente será oriundo de los moriscos, os preguntará señalándoos
+las crestas envueltas por las brumas:
+
+--¿Sabe V. lo que es aquello?
+
+--Aquello es niebla, le respondereis.
+
+--¡Niebla, eh! para mi abuela: aquella figura alta que anda tan
+reposadamente es la Dama blanca de la montaña: y las otras figuras que
+la siguen, los Monfíes de las Alpujarras.
+
+FIN.
+
+
+
+
+ÍNDICE
+
+DE LOS CAPÍTULOS QUE CONTIENE ESTA OBRA.
+
+
+PRIMERA PARTE.
+
+LOS AMORES DE YAYE.
+
+ Pág.
+
+CAPÍTULO PRIMERO. El edicto del señor emperador. 3
+
+CAP. II. De cómo un hombre puede amar por
+caridad á una mujer, de cómo á veces, puede
+parecer la caridad amor. 6
+
+CAP. III. De cómo puede haber reyes sin reino
+conocido, y abdicaciones de las cuales no se
+hace cargo la historia. 12
+
+CAP. IV. Lo que eran los monfíes.--Yuzuf
+cuenta su historia á Yaye. 19
+
+CAP. V. Del encuentro que tuvieron en el camino
+antes de llegar á Granada nuestros caminantes. 30
+
+CAP. VI. En que se presentan nuevos é interesantes
+personajes. 33
+
+CAP. VII. En que se relatan extraños é importantes
+sucesos. 43
+
+CAP. VIII. ¡El emir se ha perdido! 47
+
+CAP. IX. En que se sabe lo que hicieron con
+Miguel Lopez, don Diego y don Fernando de
+Válor. id.
+
+CAP. X. Del resultado que tuvieron las investigaciones
+de Arum. 62
+
+CAP. XI. Hasta adonde habia llegado doña Elvira,
+arrastrada por su amor á Yaye. 66
+
+CAP. XII. De cómo Dios premió la constancia de
+Yaye. 68
+
+CAP. XIII. De cómo la caridad era una virtud
+peligrosísima para el poderoso emir de los
+monfíes Muley-Yaye-ebn-Al-Hhamar. 69
+
+CAP. XIV. En que se sabe por qué habia dejado
+su casa el capitan estropeado. 76
+
+CAP. XV. De cómo el capitan Sedeño hizo traicion
+á todo el mundo. 90
+
+CAP. XVI. La venganza de don Diego de Cordoba
+y de Válor. 93
+
+CAP. XVII. Cómo se encontraron el rey del desierto
+y el capitan estropeado. 95
+
+CAP. XVIII. Continuacion del anterior. 98
+
+CAP. XIX. De como la justicia fué á cerrar la
+casa del capitan, dejándola enteramente deshabitada. 99
+
+CAP. XX. Estrella. 100
+
+CAP. XXI. Los Xeques del Albaicin. 104
+
+CAP. XXII. Del tristísimo y horrible encuentro
+que tuvo un caballero al entrar en Granada. 106
+
+CAP. XXIII. Los desfiladeros de Dar-al-Huet. 109
+
+CAP. XXIV. De cómo, á causa del levantamiento
+del Albaicin, cometió Yaye su primera
+infamia. 111
+
+CAP. XXV. Cómo encontró Yaye á su padre. 115
+
+CAP. XXVI. Procedimientos judiciales. 116
+
+CAP. XXVII. De cómo fue el casamiento de
+Yaye. 119
+
+
+SEGUNDA PARTE.
+
+EL MARQUESITO Y LA DUQUESITA.
+
+CAPÍTULO PRIMERO. Tres notabilidades de la córte
+del rey don Felipe. 125
+
+CAP. II. ¡La hermosa duquesita se ha perdido! 130
+
+CAP. III. De cómo un niño puede ser el dedo
+de Dios. 131
+
+CAP. IV. La fuerza de la mujer. 132
+
+CAP. V. De cómo el marquesito dió una prueba
+de que estaba perdidamente enamorado
+de Amina, pensando en casarse con ella. 140
+
+CAP. VI. Del medio que eligió el marquesito de
+la Guardia para irritar el amor de Amina. 142
+
+CAP. VII. La una por la otra. 145
+
+CAP. VIII. Zelos italianos. 149
+
+CAP. IX. De la no menos extraña aventura que
+sucedió al marquesito mientras rondaba á la
+hermosa duquesita. 152
+
+CAP. X. Lo que oyeron la duquesita y el marquesito. 154
+
+CAP. XI. Lo que puede el amor de una mujer. 158
+
+CAP. XII. Lo que hizo la princesa arrastrada por
+sus zelos. 161
+
+CAP. XIII. De cómo la princesa y Cisneros, fueron
+la dama y el galan de una escena de comedia. 165
+
+CAP. XIV. De cómo la princesa descubrió que
+era mas fácil su venganza que lo que habia
+creido. 166
+
+CAP. XV. De cómo se conjuraba todo contra el
+emir de los monfíes. 167
+
+CAP. XVI. Continúan las contrariedades del
+emir. 170
+
+CAP. XVII. Quién era el príncipe Lorenzini
+Maffei. 173
+
+CAP. XVIII. Complicaciones. 178
+
+CAP. XIX. De cómo se vieron obligados á salir
+de la córte algunos de nuestro personajes. 183
+
+CAP. XX. De cómo el rey don Felipe y la Inquisicion
+se convencieron de que no podian
+todo lo que querian. 186
+
+CAP. XXI. De lo que pasó en un calabozo de la
+Inquisicion de Madrid. 190
+
+CAP. XXII. Que sirve de epílogo á esta segunda
+parte. 193
+
+
+TERCERA PARTE.
+
+LA REBELION.
+
+CAPÍTULO PRIMERO. El castillo y la atalaya. 194
+
+CAP. II. El peregrino y el ermitaño. 198
+
+CAP. III. La recua, el carro y el ginete. 200
+
+CAP. IV. El corral del carbon. 205
+
+CAP. V. De lo que vió y oyó Diego Lopez en el
+poco tiempo que estuvo en la hospedería del
+Carbon. 210
+
+CAP. VI. En que continúa un asunto suspendido
+en el anterior. 213
+
+CAP. VII. De cómo hasta el fin del capítulo no
+pudo sacar nada en claro Aben-Aboo acerca
+de sus inquilinos. 217
+
+CAP. VIII. El panderete de las brujas. 222
+
+CAP. IX. De cómo por el amor se olvida la
+amistad. 227
+
+CAP. X. En que se trata de lo que pasó entre
+la sultana Amina y Aben-Aboo. 233
+
+CAP. XI. Alianza de sangre y lodo. 235
+
+CAP. XII. De cómo fue la proclamacion de Aben-Humeya. 237
+
+CAP. XIII. Cómo estaba gobernada la villa de
+Cádiar. 244
+
+CAP. XIV. El licenciado Juan de Ribera. 245
+
+CAP. XV. Lo que iba á hacer á Cádiar Aben-Jahauar-el-Zaquer. 248
+
+CAP. XVI. De qué manera servia á quien le pagaba,
+maese Barbillo. 251
+
+CAP. XVII. El capitan Diego de Herrera. 255
+
+CAP. XVIII. El palacio encantado. 257
+
+CAP. XIX. El exámen de doctrina cristiana. 263
+
+CAP. XX. De cómo fue el casamiento del marqués
+de la Guardia. 267
+
+CAP. XXI. Continuacion del anterior. 271
+
+CAP. XXII. Lo que hicieron contra el emir
+Aben-Aboo y Aben-Jahuar. 274
+
+CAP. XXIII. Como trataba Yaye á sus parientes. 276
+
+CAP. XXIV. De cómo se encontraron reunidas
+de una manera extraña, personas que se
+creian muy separadas. 278
+
+CAP. XXV. De cómo satisfizo Mari-Blanca la
+honra de su padre. 283
+
+CAP. XXVI. De cómo fue para la villa de Cádiar
+y para otras muchas en las Alpujarras,
+una noche muy mala la Noche-Buena
+de 1568. 286
+
+CAP. XXVII. Continúa el asunto interrumpido
+en el anterior. 292
+
+CAP. XXVIII. Continúan las escenas de sangre. 295
+
+CAP. XXIX. De lo que aconteció aquella misma
+noche en Granada. 299
+
+CAP. XXX. Complemento del anterior. 301
+
+CAP. XXXI. De cómo supo Yaye que su mala
+estrella se le hacia cada vez mas enemiga. 302
+
+CAP. XXXII. En que se ve que se estrechan las
+distancias entre nuestros personajes. 305
+
+CAP. XXXIII. En que el autor deja la historia
+para tomar otra vez la novela. 307
+
+CAP. XXXIV. De cómo puede parecer feliz y aun
+serlo á medias un desgraciado. id.
+
+CAP. XXXV. El reverso de la medalla. 311
+
+CAP. XXXVI. En que el autor descubre donde
+estaban los que se habian perdido. 314
+
+CAP. XXXVII. En que se cuentan sucesos horribles. 318
+
+CAP. XXXVIII. En que empieza á desenlazarse
+nuestra historia, con la salida para la eternidad
+de dos de sus principales personajes. 320
+
+CAP. XXXIX. De cómo se perdieron de nuevo
+Amina y el marqués. 334
+
+
+CONCLUSION.
+
+LA VENGANZA DE LOS MONFÍES.
+
+
+CAP. XL. En qué estado se encontraba la guerra
+de las Alpujarras algunos meses despues
+de los sucesos anteriores. 326
+
+CAP. XLI. De lo que aconteció á los moriscos
+de Granada la víspera de San Juan de 1559. 331
+
+CAP. XLII. De cómo empezaba Harum á vengar
+al emir. 332
+
+CAP. XLIII. De cómo la princesa Angiolina Visconti
+volvia á ser un instrumento manejado
+por Harum. 333
+
+CAP. XLIV. De cómo los capitanes turcos sirvieron
+á Aben-Aboo ó creyeron servirse á sí
+mismos. 335
+
+CAP. XLV. En que volvemos á encontrar al perdido
+marqués de la Guardia, y se sabe cómo
+escapó del subterráneo de la princesa encantada,
+y la escena que tuvo con su antigua
+amante. 339
+
+CAP. XLVI. De cómo fue la muerte de Aben-Humeya. 341
+
+CAP. XLVII. Reseña de la continuacion de la
+guerra de las Alpujarras hasta su terminacion. 345
+
+CAP. XLVIII. En que se sabe entre otras muchas
+cosas importantes, de qué muerte murió
+Aben-Aboo. 348
+
+Cap. XLIX. En que se cuenta lo que pasó en
+las cuevas del castillo de Vérchul. 354
+
+EPÍLOGO. 356
+
+FIN DEL INDICE.
+
+ * * * * *
+
+Notas:
+
+[1] Este arzobispo era el cardenal don Fray Francisco Jimenez de
+Cisneros.
+
+[2] Llamaban los moros de Granada _Elches_ á los descendentes de
+cristianos renegados que habiéndose hecho moros vivian entre ellos.
+
+[3] Despues de oscurecer.
+
+[4] Ancianos, gefes de tribu.
+
+[5] Como si en castellano dijéramos monge.
+
+[6] El mas alto de Sierra Nevada.
+
+[7] Equivalente á gobernador, á capitan de gente de guerra.
+
+[8] No hay otro Dios que Dios.
+
+[9] Es una de las prescripciones del Koran, que los califas, reyes ó
+emires, no puedan casarse sino con doncellas.
+
+[10] Este corral ocupaba poco mas ó menos el mismo sitio que hoy ocupa
+el teatro del Príncipe.
+
+[11] En aquel tiempo aun no tenian los cardenales el tratamiento de
+eminencia.
+
+[12] Lucero de la mañana: así llamaron los moros de Granada á doña
+Isabel de Solís, que fue sultana por su casamiento con Muley-Hacem.
+
+[13] La honesta.
+
+[14] Fue la muerte del príncipe á 24 de Julio de 1568.
+
+[15] Alabanza á Dios.
+
+[16] No hay otro Dios que Dios.
+
+[17] De los morabitos ó penitentes.
+
+[18] «Alguacil dicen ellos (los moros) al primer oficio despues de la
+persona del rey, que tiene libre poder en la vida y muerte de los
+hombres, sin consultarlo.»--_Hurtado de Mendoza.--Guerra de
+Granada.--Libro I._--Al fin entraron algunos de por medio, y los
+concertaron de esta manera: que don Fernando de Válor fuese el rey, y
+Farax su alguacil mayor, que es el oficio mas preeminente entre los
+moros cerca de la persona real.--_Marmol.--Rebelion de los
+moriscos.--Libro IV.--Capítulo VII._
+
+[19] Abencerrages.
+
+[20] Véase el discurso de Aben-Jahuar el Zaquer en Hurtado de Mendoza,
+Guerra de Granada.--Libro I.
+
+[21] Los moros llaman jofores á las profecías.
+
+[22] Este largo nombre árabe quiere decir en castellano: rey servidor de
+Dios el pequeño y el desdichadillo.
+
+[23] Llamábase en aquellos tiempos, y aun casi hasta nuestros dias,
+palestrilla, el lugar donde se tiraba la espada blanca ó negra. Este
+lugar, que era siempre en las plazas publicas, estaba demarcado por
+cuatro escaños, dentro de los cuales, en presencia de un maestro de
+armas, se sacudian tajos y reveses todos los que querian, sin careta ni
+otro objeto alguno defensivo, y sin mas precaucion que un boton puesto
+en las puntas de las espadas y de las dagas.
+
+[24] _Malicatu-'l-Zarah_, reina de las flores.
+
+[25] Lo que equivale á nuestra denominacion de capitan general.
+
+[26] Mármol: historia de la rebelion y castigo de los moriscos de
+Granada: libro IV, capítulo IV.
+
+[27] Lo primero que hicieron fue apellidar el nombre y secta de Mahoma,
+declarando ser moros agenos de la santa fe católica, que tantos años
+habia que profesaban ellos y sus padres y abuelos... Y á un mismo tiempo
+sin respetar con divina ni humana, como enemigos de toda religion y
+caridad, llenos de rabia cruel y diabólica ira, robaron, quemaron, y
+destruyeron las iglesias, despedazaron las venerables imágenes,
+deshicieron los altares, y poniendo manos violentas en los sacerdotes de
+Jesucristo, que les enseñaban cosas de la fe, y administraban los
+sacramentos, los llevaron por las calles y plazas desnudos y descalzos,
+en público escarnio y afrenta. A unos asaetearon, á otros quemaron
+vivos, y á muchos hicieron padecer diversos géneros de martirios. La
+misma crueldad usaron con los cristianos legos que moraban en aquellos
+lugares, sin respetar vecino á vecino, compadre á compadre, ni amigo á
+amigo; y aunque algunos lo quisieron hacer no fueron parte para ello,
+porque era tanta la ira de los malos, que matando cuantos les venían á
+las manos, tampoco daban vida á quien se lo impedia. Robáronles las
+casas, y á los que se recogian en las torres y lugares fuertes, los
+cercaron y rodearon con llamas de fuego, y quemando á muchos de ellos, á
+todos los que se les rindieron á partido dieron igualmente la muerte, no
+queriendo que quedase hombre cristiano vivo en toda la tierra que pasase
+de diez años arriba. Mármol: historia de la rebelion y castigo de los
+moriscos del reino de Granada: Lib. IV, cap. VIII.
+
+[28] Cuesta de la Fortaleza.
+
+[29] Ermitaño.
+
+[30] El jugo de esta yerba produce embriaguez y modorra.
+
+[31] Lucero de la mañana.
+
+[32] Muley, corrupcion de Malek, significa rey.
+
+[33] Sidy, significa señor.
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Los monfíes de las Alpujarras, by
+Manuel Fernández y González
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44584 ***
diff --git a/44584-h.zip b/44584-h.zip
deleted file mode 100644
index 484c3d0..0000000
--- a/44584-h.zip
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/44584-h/44584-h.htm b/44584-h/44584-h.htm
index ebbef53..2719359 100644
--- a/44584-h/44584-h.htm
+++ b/44584-h/44584-h.htm
@@ -3,7 +3,7 @@
<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es">
<head> <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" />
-<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=utf-8" />
+<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=UTF-8" />
<title>
The Project Gutenberg eBook of Los Monfies de las Alpujarras, por Manuel Fernandez y Gonzalez.
</title>
@@ -96,45 +96,7 @@ display: inline-block; text-align: left;}
</style>
</head>
<body>
-
-
-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of Los monfíes de las Alpujarras, by
-Manuel Fernández y González
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Los monfíes de las Alpujarras
-
-Author: Manuel Fernández y González
-
-Release Date: January 4, 2014 [EBook #44584]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS MONFÍES DE LAS ALPUJARRAS ***
-
-
-
-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was
-produced from scanned images of public domain material
-from the Google Print project.)
-
-
-
-
-
-
-</pre>
+<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44584 ***</div>
<hr class="full" />
@@ -50769,387 +50731,6 @@ moriscos del reino de Granada: Lib. IV, cap. VIII.</p></div>
</div>
<hr class="full" />
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Los monfíes de las Alpujarras, by
-Manuel Fernández y González
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS MONFÍES DE LAS ALPUJARRAS ***
-
-***** This file should be named 44584-h.htm or 44584-h.zip *****
-This and all associated files of various formats will be found in:
- http://www.gutenberg.org/4/4/5/8/44584/
-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was
-produced from scanned images of public domain material
-from the Google Print project.)
-
-
-Updated editions will replace the previous one--the old editions
-will be renamed.
-
-Creating the works from public domain print editions means that no
-one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
-(and you!) can copy and distribute it in the United States without
-permission and without paying copyright royalties. Special rules,
-set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
-copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
-protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
-Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
-charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
-do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
-rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
-such as creation of derivative works, reports, performances and
-research. They may be modified and printed and given away--you may do
-practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
-subject to the trademark license, especially commercial
-redistribution.
-
-
-
-*** START: FULL LICENSE ***
-
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
-
-To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
-Gutenberg-tm License (available with this file or online at
-http://gutenberg.org/license).
-
-
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
-electronic works
-
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
-all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
-If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
-Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
-terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
-entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
-
-1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
-and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
-works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
-or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
-Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
-collection are in the public domain in the United States. If an
-individual work is in the public domain in the United States and you are
-located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
-copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
-works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
-are removed. Of course, we hope that you will support the Project
-Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
-freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
-this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
-the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
-keeping this work in the same format with its attached full Project
-Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
-
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
-a constant state of change. If you are outside the United States, check
-the laws of your country in addition to the terms of this agreement
-before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
-creating derivative works based on this work or any other Project
-Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning
-the copyright status of any work in any country outside the United
-States.
-
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate
-access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
-whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
-phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
-Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
-copied or distributed:
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
-from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
-posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
-and distributed to anyone in the United States without paying any fees
-or charges. If you are redistributing or providing access to a work
-with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
-work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
-through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
-Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
-1.E.9.
-
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
-terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked
-to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
-permission of the copyright holder found at the beginning of this work.
-
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
-
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg-tm License.
-
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
-word processing or hypertext form. However, if you provide access to or
-distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
-"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
-posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
-you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
-copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
-request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
-form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
-License as specified in paragraph 1.E.1.
-
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
-that
-
-- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
- owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
- has agreed to donate royalties under this paragraph to the
- Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
- must be paid within 60 days following each date on which you
- prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
- returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
- sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
- address specified in Section 4, "Information about donations to
- the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
-
-- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or
- destroy all copies of the works possessed in a physical medium
- and discontinue all use of and all access to other copies of
- Project Gutenberg-tm works.
-
-- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
- money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days
- of receipt of the work.
-
-- You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.
-
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
-electronic work or group of works on different terms than are set
-forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
-both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
-Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
-Foundation as set forth in Section 3 below.
-
-1.F.
-
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
-collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
-works, and the medium on which they may be stored, may contain
-"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
-corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
-property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
-computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
-your equipment.
-
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium with
-your written explanation. The person or entity that provided you with
-the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
-refund. If you received the work electronically, the person or entity
-providing it to you may choose to give you a second opportunity to
-receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
-is also defective, you may demand a refund in writing without further
-opportunities to fix the problem.
-
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
-WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
-WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
-If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
-law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
-interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
-the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
-provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
-
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
-with this agreement, and any volunteers associated with the production,
-promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
-harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
-that arise directly or indirectly from any of the following which you do
-or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
-work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
-Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
-
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of computers
-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
-people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
-permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
-throughout numerous locations. Its business office is located at
-809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
-page at http://pglaf.org
-
-For additional contact information:
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To
-SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
-particular state visit http://pglaf.org
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations.
-To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
-
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
-
-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
-Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
-
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
-unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
-keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
-
-
-Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
-
- http://www.gutenberg.org
-
-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-
-
-</pre>
-
+<div>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44584 ***</div>
</body>
</html>