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MANUEL FERNANDEZ Y GONZÁLEZ. + + + + +PRIMERA PARTE. + +LOS AMORES DE YAYE. + + + + +CAPITULO PRIMERO. + +El edicto del señor emperador. + + +El dia 30 de mayo del año de 1546, una inmensa multitud de gentes de +todos clases y condiciones, llenaba en Granada la estrecha plazuela +comprendida entre la Capilla Real, sepulcro de los Reyes Católicos, la +Casa de la Ciudad y las desembocaduras de algunas callejas, que desde +aquel punto conducen al Zacatin, á la plaza de Bib-al-Rambla, y á la +parte alta de la ciudad. + +Entre aquella multitud abundaban los pintorescos trages de los moriscos, +á los que se mezclaban los justillos y las calzas castellanas, y los +coletos de ámbar y los castoreños con plumas de los soldados de los +tercios viejos del rey. + +Notábase cierta cuidadosa ansiedad en los rostros de los moriscos y una +insolencia punzante en los de los castellanos que se mezclaban con +ellos; segun todos los indicios y á juzgar por ciertas particularidades +de que vamos á ocuparnos, debia prepararse algun acontecimiento +importante. + +Las particularidades que acabamos de indicar, eran las siguientes: + +El gran balcon de la Casa de la Ciudad, estaba cubierto por una rica +colgadura de terciopelo carmesí con franja y rapacejos de oro, y en su +centro se veía bordado en realce el blason de las armas reales de España +y Austria, sostenido por un águila de dos cabezas coronada y tendidas +las alas; en el centro del balcon y tendido sobre la balaustrada, se +veia un pendon rojo de dos puntas, blasonado con las armas de los Reyes +Católicos, pendon real que se habia tremolado en la torre de la Vela de +la Alcazaba de la real fortaleza de la Alhambra, el dia de la entrega de +Granada, que los Reyes Católicos habian dejado como una inapreciable +prenda á la ciudad, y cuya sola vista hacia palidecer los semblantes y +arrasarse de lágrimas los ojos de los moriscos, á consecuencia de los +tristísimos recuerdos que avivaba la vista de aquel pendon en su +memoria. + +Ultimamente, una compañía de alabarderos, con su capitan Rodrigo de +Monforte á la cabeza, formaba en cuatro filas delante de la puerta de la +Casa de la Ciudad, y á través de los soldados se veian en el extenso +patio, cuyas galerías estaban entonces sostenidas por arcos y columnas +árabes, los abigarrados colores de las dalmáticas de los reyes de armas +de la Ciudad, los sombreretes de canal con pluma y los negros +ferreruelos de los alguaciles, los escuderos del señor corregidor y de +los señores veinticuatros ó regidores perpetuos, teniendo los caballos +de sus señores del diestro, y por último, los timbaleros y trompeteros +de la Ciudad á caballo. + +Allá en un rincon podia verse tambien una persona de apariencia abyecta, +vestida de negro, con la cabeza descubierta y aislada enteramente; una +especie de mancha humana, con la que todos esquivaban ponerse en +contacto; el último escalon descendente de la gradacion social puesto en +contacto con el verdugo. + +Aquel hombre era el tio Gonzalvillo, pregonero jurado de la Ciudad. + +Se trataba, pues, de un pregon. + +Pero pregon que con tal solemnidad se preparaba, debia ser muy +importante, y fué aquí la causa de la ansiedad de los moriscos, que todo +lo temian de la mala fe que desde el momento despues de la entrega de la +ciudad de Granada, habia usado con ellos la corona de Castilla, durante +los reinados de los Reyes Católicos, de la reina doña Juana, su hija, y +del emperador don Carlos, su nieto. + +A cada momento llegaban caballeros, vestidos con arneses de córte, +ginetes en caballos encubertados de gala y rodeados de pajes y +escuderos. + +A las once del dia oyóse por la calleja que conducia á la parte alta de +la ciudad son de timbales, y poco despues desembocaron los músicos de la +Real Chancillería, y sus reyes de armas á caballo; luego el señor +presidente, en una mula, con sus hábitos de arcipreste; despues, en +otras tantas mulas, los señores oidores, los señores alcaldes de Casa y +Córte, y por último, una nube de negros ministros de justicia, ginetes +en rocines. + +Aquella cabalgata atravesó por medio del apiñado gentío, llegó á la +puerta de la Casa de la Ciudad, apeáronse los señores de la +Chancillería, y entraron por medio de la compañía de alabarderos, que se +abrió, quedando fuera la comitiva, y se entraron en la sala capitular, +cuya puerta estaba situada al fondo del patio: la multitud, comprimida +por aquel cuerpo extraño que se le habia incrustado, y apretada mas y +mas por los nuevos curiosos que llegaban, no cabia ya en la plazuela y +empezaba á rebosar por las tres callejas que á ella conducian; á las +once y media la multitud tuvo que estrecharse mas; por la parte del +Zacatin se habia escuchado de repente, bélico son de clarines y +atambores que batian marcha; una compañía de arcabuceros habia entrado +haciendo plaza, y en pos de ella, precedido por ginetes, el alferez +mayor del reino y córte de Granada, llevando el estandarte real; luego +el escudero del capitan general don Luis Hurtado de Mendoza, marqués de +Mondejar, llevando su adarga; despues los lacayos, palafreneros y demás +servidumbre del marqués, vestidos de gala; por último, entre una nube de +caballeros, capitanes y alféreces, el mismo capitan general sobre un +caballo ricamente encubertado, con una banda roja bordada de oro sobre +su arnés de córte, el baston de mando en la diestra, llevando en la +cabeza en vez del yelmo, como en señal de paz y confianza, un bonete de +grana; seguíanle, empero, como muestra de que iba preparado á todo, +cuatro escuderos, el uno de los cuales llevaba desnuda su ancha espada +de combate, otro su yelmo de encage, otro su lanza de Milan, y otro su +viejo escudo de guerra, que, aunque limpio y bruñido, se mostraba +honrosamente abollado y remendado, señal clara de que habia defendido á +su dueño en mas de una recia batalla; iban en pos los restantes +servidores del marqués, y por último una compañía de piqueros. + +Es de advertir que el ayuntamiento habia dejado la posesion entera de la +plazuela al pueblo, pero que, la Chancillería le habia robado un buen +espacio; que el capitan general habia acabado de comprimirle, y que solo +faltaba el Santo Oficio de la General Inquisicion para desalojarle +enteramente de ella. + +El Santo Oficio no tardó en llegar con sus timbales, sus alguaciles, su +pendon verde con la cruz dominica, sus inquisidores sombríos y hoscos, +montados en mulas, sus familiares, y, por último sus soldados de la fe. + +El pueblo se vió obligado á extenderse fuera totalmente de la plazuela, +rellenando las tres calles inmediatas: asi, pues, el ayuntamiento, la +Chancillería, el capitan general y la Inquisicion, con sus ginetes y +pendones, estaban sitiados, como acuñados por un pueblo inmenso. + +Pero aquel pueblo estaba vencido y desarmado, y á pesar de que +comprendia que todo aquel aparato era para imponerle nuevas condiciones, +para romper mas y mas las honrosas capitulaciones de la conquista de +Granada, cada uno de aquellos moriscos callaba, y temblaba de ansiedad y +aun de miedo. + +Dieron gravemente las doce en el cercano relój de la Capilla Real: aun +duraba la vibracion de la última campanada, cuando se escuchó alto +alarido de clarines y atronante redoblar de timbales y atambores; poco +despues la multitud que henchia la calleja que comunicaba con el +Zacatin, fue empujada y se puso lentamente en marcha; sucesivamente +fueron saliendo de la plazuela los maceros y timbaleros del +ayuntamiento; el pendon de la Ciudad, los regidores, el corregidor y los +alguaciles; luego la Chancillería, despues el capitan general, por +último, la Inquisicion y trás ella las tres compañías de alabarderos, +arcabuceros y piqueros; la multitud que llenaba las otras dos calles se +mezcló en la plazuela como dos rios que confluyen en un punto y siguió +lento y tristemente aquella procesion, cuyos timbales y trompetas +atronaban el espacio. + +Las tiendas de los mercaderes moriscos del Zacatin se habian cerrado: +las ventanas de los primeros pisos estaban engalanadas con tapices, como +en honor del pendon real, del pendon de la fe y del pendon de la Ciudad, +que pasaban debajo de ellas; pero en aquellas ventanas, aunque no +estaban cerradas, no habia una sola persona: la multitud estaba en la +calle precediendo y siguiendo á las cuatro corporaciones que tan +solemnemente atravesaban la ciudad. + +Al fin los primeros timbaleros desembocaron en la Plazuela Nueva; esta +plaza estaba llena ya de moriscos, cuyo número se aumentaba +incesantemente con el interminable cordon de ellos que avanzaba por la +calle de Elvira y por los que descendían por las avenidas del Zenete, de +la Antequeruela y de la Carrera de Darro. + +En medio de la plaza y delante del sitio donde algunos años después se +construyó el palacio de la Chancillería, estaba levantado un extenso +tablado; cuando llegaron á él, subieron por la gradería los tres +alféreces del rey, de la Ciudad y de la Inquisicion: el corregidor, el +capitan general, el inquisidor mayor y el presidente de la Chancillería; +subieron, ademas, un secretario del ayuntamiento, que llevaba un rollo +de pergamino rodado (es decir, con un sello de plomo, pendiente de hilos +de seda) y el pregonero. + +Entonces los trompeteros de la Ciudad dejaron escuchar por tres veces el +largo y ronco son de sus clarines, despues de lo cual y en medio de un +silencio que habria hecho creer al que aquello hubiese visto de repente, +que todos aquellos hombres que llenaban la extensa plaza, no eran otra +cosa que fantasmas, se oyó la extensa y sonora voz que habia valido al +tio Gonzalvillo su oficio de pregonero, que repetia estas palabras que +le apuntaba en voz baja el secretario de la Ciudad: + +«¡Oid! ¡oid! ¡oid!» + +Despues de esto, Gonzalvillo hizo una pausa. Luego continuó: + +«Don Carlos, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Leon... + +Suprimimos en gracia á la paciencia de nuestros lectores, los largos +dictados del emperador don Carlos, y la forma cancilleresca del edicto, +que tras dichos dictados, pregonó Gonzalvillo: pero vamos á decir cuáles +eran los capítulos del edicto, á la enunciacion de cada uno de los +cuales se aumentaba, por decirlo asi, el silencio, y como que parecia +que se sentian latir en medio de aquel silencio pavoroso, y como si +hubieran sido un solo corazon, los corazones de los moriscos. + +El edicto, aprobado y firmado en 1530 por el emperador don Carlos, que á +pesar de esto no se habia promulgado solemnemente, por no haberse +creido oportuno exasperar á los moriscos, era en sustancia lo +siguiente: + +El emperador, reconociendo las buenas y justas razones que le habia +expuesto su consejo, decia á sus buenos vasallos, los moriscos del reino +de Granada que: «Habiéndose reunido los años pasados doctos y justos +varones, cuyos nombres se citaban largamente, y habiendo estos varones +visto y examinado los capítulos y condiciones de las paces que se +concedieron á los moros cuando se rindieron, el asiento que tomó de +nuevo con ellos el arzobispo de Toledo[1], cuando se convirtieron, y las +cédulas y provisores de los Reyes Católicos, juntamente con las +relaciones y pareceres de hombres graves, y visto todo hallaron: que +mientras se vistiesen y hablasen como moros, conservarian la memoria de +su secta y no serian buenos cristianos, y en quitárselos no se les hacia +agravio, antes era hacerles buena obra, pues lo profesaban y decian, se +les mandaba dejar su lengua para siempre jamás, y no hablar sino en +castellano; que no fuesen válidas las escrituras ni tratos que se +hiciesen en lengua arábiga, que dejasen de usar su antiguo trage y +usasen el castellano; que abandonasen la costumbre de sus baños; que +tuviesen las puertas de sus casas abiertas los dias de fiesta y dias de +viernes y sábado; que no usasen las leilas y zambras á la morisca; que +no se tiñesen las mujeres las uñas de las manos y de los piés; que no +usasen perfumes en los cabellos; que fuesen por la calle con los rostros +descubiertos como las castellanas; que en los desposorios y casamientos +no usasen ceremonias moriscas, sino que se hiciese todo con arreglo á +los preceptos de la Iglesia Católica; que el dia de la boda tuviesen la +casa abierta; que oyesen misa; que no tuviesen consigo niños expósitos; +que no usasen de sobrenombre, y últimamente, que no tuviesen consigo +berberiscos libres ni cautivos.» + +Este edicto acababa de anular las capitulaciones de la conquista de +Granada, ya en años anteriores harto bastardeadas: los moriscos se +encontraban reducidos á la condicion de un pueblo que se hubiese rendido +á discrecion. + +La fe de la palabra y de la firma real de los Reyes Católicos, ya +lastimada en su tiempo, acababa de ser rota por sus sucesores. + +Pero ni un murmullo de disgusto se levantó entre aquellos pobres +vencidos, tenian miedo: ya habian probado dos veces la insurreccion en +la Ajarquía y en las Guajaras, y estas dos insurrecciones habian sido +vencidas, y durísimamente castigadas á sangre: estaban enteramente +dominados, desarmados, y sin embargo, la cólera rugía en cada uno de sus +corazones, y el ánsia de morir matando á sus aborrecidos opresores, les +dominaba. + +Pero, como hemos dicho, fuese por el estupor primero que sobrecoge á un +pueblo cuando siente sobre sí el golpe audaz del látigo del despotismo, +fuese por desaliento, fuese por prevision, ni un murmullo, ni una señal +de disgusto se dejó notar entre las turbas. + +Acabado el pregon del edicto en la Plaza Nueva, la misma comitiva, en la +misma solemne forma, se dirigió al Albaicin y empezó á trepar por sus +pendientes y estrechas calles, hasta llegar á la Plaza Larga, donde +habia otro tablado. + +Allí, tambien, en medio de un gentío inmenso, se pregonó el edicto, y +concluido que fue el pregon, la cabalgata se encaminó á la parte baja de +la ciudad. + +Ni un solo castellano quedó en el Albaicin: todos eran moriscos. + +Al retirarse las cuatro corporaciones de la Plaza Nueva, la multitud se +habia dispersado, retirándose cada uno de los moriscos, triste, +cabizbajo y pensativo á su casa. Pero no aconteció lo mismo en la Plaza +Larga: en vez de dispersarse el gentío, se estrechaba mas: empezaba á +escucharse un murmullo sordo y amenazador: pero aun no se habia +proferido un solo grito, no habia tenido lugar ni una sola señal +sediciosa. + +De repente, un jóven como de veinte y cuatro años, de continente +gallardo, y de apariencia robusta, de rostro enérgico y hermoso, y, +aunque vestia completamente como los hidalgos castellanos, morisco, sin +duda, á juzgar por la expresion letal y la mirada amenazadora con que +habia escuchado desde el dintel de una botica, el pregon de los +capítulos del edicto, se volvió bruscamente hácia dentro, y abandonando +á un anciano que le acompañaba, y que, por el contrario que el jóven, +habia escuchado el pregon con semblante impasible, empujó rudamente la +puerta de la celosía de la tienda, la atravesó fuera de sí, y salvando á +saltos unas escaleras, atravesó una habitacion, abrió una ventana que +daba á la plaza, y avanzando por ella el cuerpo gritó: + +--¡A las armas contra los cristianos! ¡á barrear las calles que bajan á +la ciudad! ¡á morir ó á exterminar á nuestros enemigos! + +La voz del jóven excitado por la cólera, era tonante, extensa, poderosa, +como la voz de la tempestad. + +Su grito de guerra retumbó claro y distinto por cima de los murmullos de +la multitud, en los ángulos mas distantes de la plaza. + +Aumentóse el murmullo y la agitacion; pero ni un solo hombre se movió, +ni una sola voz contestó á la voz del jóven tribuno. + +--¡Cobardes! gritó el jóven, irritado por el poco efecto que habian +hecho sus palabras en los moriscos, ¡os sentencia á la pobreza, á la +esclavitud y á la deshonra, y lo sufrís como sufre el perro el látigo de +su señor! + +--¡Cobardes no! gritó otra voz no menos tonante que la del jóven, desde +el centro de la multitud: ¡cobardes no! ¡desarmados! + +Y aquella voz tenia una entonacion de dolor generoso, de desesperacion, +de rabia, todo junto á la vez. + +--¡Que no tenemos armas! exclamó con una feroz energía el jóven de la +ventana, clavando su mirada de águila en el que le habia contestado y +reconociéndole. ¿Y eres tú, Farax-aben-Farax el valiente, el +descendiente de cien reyes, el que exclamas como una débil mujer: ¡no +tenemos armas!--¿acaso porque no ves la infamia delante de tus ojos, no +ves las piedras que tienes delante de los piés? ¿y cuando aun estas +mismas piedras nos faltáran, no es preferible morir antes que ver á +nuestros pequeñuelos separados de sus madres, á nuestras doncellas +afrentadas por el cristiano, á nuestros viejos cubiertos de vergüenza de +haber llegado á tan ruines tiempos? + +--¡A las armas! ¡á barrear las calles! exclamó la multitud, excitada por +el entusiasta y enérgico apóstrofe del jóven: ¡á morir ó matar! + +Y los moriscos empezaron á revolverse y sin saberse de dónde habian +salido, empezaron á verse arcabuces, picas y espadas entre la multitud. + +Era inminente una insurreccion: todas las bocas gritaban; todas las +manos se agitaban; algunos cargaban los arcabuces y soplaban las mechas +para hacer salva, como en señal de levantamiento. + +Entonces apareció en la misma ventana en dónde el jóven con la voz y los +ademanes seguia excitando al pueblo, apareció, decimos, un viejo +venerable, de larga barba blanca, vestido á la castellana; el mismo que +hemos dicho acompañaba al jóven durante el pregon en la puerta de la +botica. + +Una ansiedad mortal se mostraba en su semblante, antes indiferente, y +con sus trémulas manos agitaba un bonete encarnado, de que se habia +despojado, dejando descubiertos sus largos cabellos blancos como plata. + +La toca del bonete ondeaba, y á todas luces se comprendia que el anciano +deseaba que se restableciera el silencio para poder ser escuchado: sus +señas se vieron, comprendióse su deseo y mucho respeto, mucho amor debia +inspirar aquel venerable viejo á los moriscos, porque los gritos cesaron +y los que estaban á punto de salir de la plaza se detuvieron. + +--¿Me conoceis aun, hijos mios? exclamó el anciano con voz trémula y +conmovida: ¿me conoceis aun, bajo estas ropas castellanas? + +--¡Si! ¡si! ¡si! + +--Tú eres el justo, el bueno, el santo faquí! de la gran mezquita, +exclamó el llamado Farax-aben-Farax: tú eres nuestro amado Abd-el-Gewar; +habla anciano: tus hijos te escuchan. + +--¿Que vais á hacer? exclamó el faquí: ¿no veis la ciudad llena de +soldados? ¿no habeis visto la espantable artillería que para causaros +terror ha llevado delante de vosotros á la Alhambra el capitan general? +¿no habeis visto hace un momento reunidos el ayuntamiento, la +Chancillería, la milicia y la Inquisicion? ¿para qué se han dejado ver +tantas gentes con tanta pompa, con tanto estruendo, sino para daros á +entender que estan resueltas á cumplir aunque para ello necesiten +exterminaros, el cruel edicto del emperador? + +El anciano, fatigado por el violento esfuerzo que habia hecho para +dejarse oir de la multitud, se detuvo un momento; los que ocupaban la +plaza tenian fijos en él sus ojos, y el silencio, mas profundo aun que +al principio, continuaba: el jóven morisco que poco antes habia incitado +al pueblo á la insurreccion desde la ventana, se veia tras el anciano, +de pié con los brazos cruzados y el semblante sombrío. + +--¡Acordaos! continuó el anciano faquí: ¡acordaos los que ya teneis +canas, cuando en el año 99, el alguacil Velasco de Barrionuevo, osó +entrar en la casa de un _elche_[2] y sacar á su hija doncella para +llevarla á bautizar á la fuerza! ¡acordaos de que, á los gritos de +aquella desdichada, irritados nuestros hermanos salieron á la plaza de +Bib-al-bolut, salvaron la doncella y mataron al alguacil! el Albaicin se +levantó, la adarga que don Iñigo Lopez de Mendoza nos enviaba en señal +de paz fue apedreada; el arzobispo de Toledo que habia venido á +convertirnos, cercado en su casa: durante tres dias defendimos las +calles que suben de la ciudad, como desesperados ¿y qué sucedió? solos, +sin mas amparo que nuestro valor, combatidos por todas partes, fuimos +vencidos, nos vimos obligados á besar de nuevo los piés del vencedor y á +pedirle gracia: sin embargo, mas de quinientas familias fueron +castigadas: vimos los pequeñuelos arrancados del pecho de sus madres; el +padre anciano separado del hijo robusto; las doncellas, con los rostros +descubiertos y los cabellos tendidos, entre la brutal soldadesca; los +que habian matado al infame alguacil ahorcados; otros llevados al +interior de las Castillas, vendidos como esclavos; los demás aterrados, +gimiendo nuestro dolor y nuestra vergüenza bajo el altivo perdon de los +castellanos. ¿Y quereis que hoy volvamos á probar tales afrentas? +¿quereis que hoy tambien seamos vencidos, despedazados, y que nuestros +pequeñuelos y nuestras doncellas nos sean arrebatadas por el vencedor? + +--Es que ese edicto no los arrebata, santo faquí, exclamó +Farax-aben-Farax. + +--Ese edicto no se cumplirá, dijo Abd-el-Gewar; no se cumplirá, porque +aun tenemos oro con que saciar la codicia de los ministros del rey: +mientras tengamos oro, ahorremos sangre: cuando seamos pobres, cuando +todo nos lo hayan robado, entonces, hijos mios, yo, delante de vosotros, +iré á hacerme matar por los castellanos. + +Un murmullo de amor interrumpió al faquí. + +--Ahora, hijos mios, á vuestras casas: mostraos en ellas como si nada +hubiera acontecido: esta noche á la oracion de Alajá[3] los xeques[4] +del Albaicin, casa del Habaquí, en San Cristóval. + +El anciano hizo con su toca un ademan de imperio y se quitó de la +ventana. + +--¡Oro! ¡siempre oro! dijo el jóven que le acompañaba, siguiéndole. +¿Para cuando guardamos el hierro? + + + + +CAPITULO II. + +De cómo un hombre puede amar por caridad á una mujer, y de cómo, á +veces, puede parecer la caridad amor. + + +Ningun pueblo como el pueblo árabe, y como su descendiente el moro, ha +llegado á la belleza de las formas, al refinamiento del gusto, á lo +voluptuoso de los contrastes, en lo referente á la construccion de sus +habitaciones. + +La casa de un moro, por pobre que este fuese, era ya una cosa bella, +porque lo bello estaba y está en el carácter de su arquitectura: la +vivienda de un moro rico era ya un verdadero alcázar en cuya +construccion, en cuyo aspecto, se notaban unidos, enlazados, la religion +y el amor: si hay mucho de voluptuoso, de lascivo en los arcos calados, +en los triples transparentes, en la media luz que por estos arcos y +transparentes penetra en las cámaras; en las labores doradas sobre +fondos esmaltados, en los brillantes mosáicos, en las fuentes que +murmuran sobre pavimentos de mármol, habia tambien en todo aquello mucho +de místico, considerado el misticismo desde el punto de vista de las +creencias musulmanas. + +Visitad los restos de la Alhambra: cualquiera de sus admirables cámaras, +ya sea la de Embajadores, ya la de los Abencerrajes, ya la de las Dos +Hermanas; ya vagueis entre los arcos del patio de los Leones, ya bajo +las cúpulas de la sala de Justicia, cualquiera de aquellos admirables +restos, repetimos, si teneis ojos para ver y corazon para sentir, os +trasladaran á otros tiempos y á otras gentes; os harán aspirar en cada +retrete el sentimiento del amor y de la religion de los musulmanes; os +explicaran cómo aquel pueblo pudo llenar una página tan brillante en el +interminable libro que ha escrito, escribe y sigue escribiendo la +humanidad: son á un tiempo poesías eróticas y salmos sagrados; cantos de +guerra y sueños de molicie; la espada del Islam, el libro de la ley y el +velo de oro de la hermosa odalisca, todo junto, todo confundido: la +materia y el espíritu, la luz y la sombra, y sobre todo esto lo +romancesco, lo ideal, lo bello, lo sublime. + + * * * * * + +En uno de esos admirables retretes árabes, cuyo recuerdo nos ha +inspirado la anterior digresion, recostado en un divan, profundamente +pensativo, con los elocuentes ojos negros como fijos en la inmensidad, á +la luz de una lámpara que ardia sobre una pequeña y preciosa mesa de +mosáico, y sirviendo, en fin, de complemento por su magnifica y +característica hermosura á la bellísima estancia en que se encontraba, +estaba el mismo jóven que aquella mañana habia excitado á los moriscos +del Albaicin á la insurreccion en la Plaza Larga despues de pregonado el +edicto del emperador. + +Observando detenidamente á aquel jóven, se notaba en él un no sé qué +misterioso, algo de grande que tenia muchos puntos de comparacion con lo +que se llama grandeza en los reyes; algo de valiente, pero con esa +valentía generosa de los héroes: mucho de firme, de indomable, de audaz +en su carácter: parecia que sobre aquella frente se agolpaban como un +grupo de rojas nubes grandes destinos, una altísima mision que cumplir, +una grande empresa que llevar á cabo. + +Aquel jóven por su expresion reflexiva parecia ya viejo. + +Pero un viejo con ojos brillantes, con cabellos brillantes, lleno de la +enérgica vida de la juventud, bajo cuya ancha frente se adivinaban +atrevidos pensamientos, bajo cuya piel densa, blanca y mate, se +adivinaba la circulacion de lava en vez de sangre. + +Aquel jóven era uno de esos seres que se hacen notables á primera vista. + +Uno de esos seres de quienes se dice: ese es un hombre de corazon. + +Uno de esos seres que han nacido para dominar, y que inspiran á las +mujeres un amor profundo, una necesidad de convertirse en sus esclavas: +que son objeto, en fin, de ese sublime sentimiento que jamás comprenderá +el hombre, porque es incapaz de sentirlo: la abnegacion de la mujer. + +Porque la mujer no ama con el amor de la abnegacion mas que lo +esencialmente bello, grande, fuerte, poderoso. + + * * * * * + +Este jóven, en medio de su distraccion, tenia en sus manos un ramito de +madreselva. + +Aquel pobre ramo habia sido la causa de la abstraccion del jóven. + +Aquel ramo era una prenda de amor de una mujer. + +Entre los árabes y los moros, las flores, las hojas de los árboles, las +yerbas, las cintas de colores, son otras tantas frases de un diccionario +con cuyo auxilio solo se comprende su dulcísimo lenguaje: + +El del amor. + +O un lenguaje triste, desesperado, cáustico, provocador: + +El de los zelos. + +O un lenguaje terrible, inplacable, feroz: + +El de la venganza. + +Pero siempre que las flores hablan, no pueden referirse á otras pasiones +que las que nacen del amor. + +El hablar por medio de las flores es peculiar entre los musulmanes á las +mujeres, y la mujer toda es amor, ó zelos ó venganza: de cualquier +manera que la considereis, la mujer es toda corazon. + + * * * * * + +¿Sabeis lo que quiere decir entre los orientales, en ese lenguaje +inventado por la mujer para expresar sus afectos, un pobre ramo de +madreselva? + +Significa: lazo de amor. + +¡Lazo de amor! ¡frase terrible bajo su dulzura! ¡frase á la que van +unidas todas las consecuencias que pueden emanar de la union entre un +hombre y una mujer! + +Es decir: un mundo de pasiones. + +El jóven de quien nos ocupamos, habia visto caer de una celosía vecina +aquel ramo de madreselva. + +La mano que habia arrojado aquel ramo era tan hermosa, que por ella sola +se concebia que la mujer poseedora de aquella mano debia ser un prodigio +de hermosura y de pureza. + +La magnífica ajorca de oro y diamantes que descansaba en el nacimiento +de aquella mano, demostraba que aquella mujer debia pertenecer á una +familia, no solo riquísima, sino poderosa entre los moriscos. + +El jóven habia tomado el ramo de madreselva y le habia puesto sobre su +corazon, en un herrete de su justillo. + +Despues habia mirado á la celosía y habia sonreido lánguida y +tristemente. + +Hasta que llegó á la inmediata puerta de su casa, la hermosa mano +permaneció asomada por bajo de la celosía, como demostrando la presencia +de su dueño, y la rica ajorca lanzando fúlgidos destellos, herida por +los postreros rayos del sol poniente. + +Cuando el jóven llegó á la puerta de su casa y le abrieron, saludó con +un ademan lleno de gracia y de benevolencia á su hermosa vecina, cuya +mano le saludó á su vez. Luego cuando el jóven hubo entrado y cerrado su +puerta, la mano se retiró lentamente, como con dolor, y luego se escuchó +el leve ruido de una ventana que se cerraba en silencio. + +Acaso en aquel mismo punto se escuchó un gemido de las brisas de la +tarde. + +Acaso el suspiro de una mujer. + + * * * * * + +El ramo de madreselva habia venido á causar al jóven una impresion que +se unió inmediatamente á la profunda impresion que le habia causado el +edicto del emperador. + +«¿Quién piensa en unir su destino al de una mujer, cuando la patria +necesita todo nuestro corazon, toda nuestra alma, toda nuestra fuerza, +toda nuestra sangre?» + +Este fue el primer pensamiento que inspiró al jóven el ramo de +madreselva. + +Tras aquel pensamiento se enlazaron natural, necesaria y lógicamente +otros. + +«Ella me ama, dijo, es hermosa, es pura: mis miradas son su luz, mis +palabras su esperanza, mi amor su vida; pero el amor es una debilidad: +el amor acaba por apoderarse de nosotros: el amor hace pequeño al hombre +porque le esclaviza, y un esclavo no puede ser grande.» + +«Yo no quiero ser esclavo.» + +«Y luego, esa mujer es enemiga de mi patria, es cristiana de corazon, es +la hija de un renegado: yo no puedo ser esposo de esa mujer.» + +El jóven se equivocaba, se engañaba: mejor dicho, pugnaba por engañarse. + +La verdad era, que sus creencias le separaban de su hermosa vecina, y +que á pesar de esto ni aun en su conciencia queria hacerla la ofensa de +desdeñarla como mujer, y como mujer enamorada. + +La verdad del caso era que habia de por medio fanatismos y pasiones +humanas que impedian á nuestro jóven pensar en el amor de aquella mujer. + +Ella no se habia parado á meditar si habia alguna razon que la separase +del jóven. + +La bastaba con saber que le amaba. + +Porque la razon suprema de la mujer es el amor. + + * * * * * + +Necesario es que determinemos nuestro relato para ocuparnos de estos dos +jóvenes. + +Los dos eran moriscos. Pero existian entre ellos notables diferencias. + +El se llamaba entre los cristianos Juan de Andrade entre los moros Yaye. + +Ella se llamaba Isabel de Córdoba y de Válor, y no tenia sobrenombre +árabe porque en la época de su nacimiento, hacia ya muchos años que su +familia era cristiana y estaba ennoblecida y honrada por los reyes de +Castilla. + +Sin embargo, sus ascendientes tenian un nobilísimo sobrenombre: + +Se llamaban los Beni-Omeyas. + +Es decir, los hijos de Omeya, los descendientes de la dinastía Omniada, +de los califas de Córdoba. + +Isabel, pues, era una doncella de sangre real. + +Sus padres habian muerto, y estaba bajo la tutela de dos hermanos: don +Diego y don Fernando, llamado entre los moriscos por sobrenombre +Al-Zaquir, ó el Zaquer (el pequeño, el segundon). + +Juan de Andrade ó Yaye, como mejor queramos, era tambien cristiano, pero +cristiano como lo eran en aquel tiempo la mayor parte de los moriscos +de Granada: convertido á la fuerza: por temor á las prescripciones del +vencedor y á la implacable dureza con que eran tratados por los +cristianos los moriscos que resistian la conversion. + +Yaye, pues, era cristiano en el nombre y en la práctica exterior y en el +fondo su alma musulmana y musulman fanático. + +Isabel de Córdoba, por el contrario, era cristiana, enteramente +cristiana, llena de fe y de entusiasmo por la religion del Crucificado, +con esa caridad angelical, madre de todas las virtudes; con esa dulce y +poética piedad de la mujer, que es toda amor. + +Habia, pues, mas de una discordancia esencial entre estos jóvenes. + +Yaye, impulsado por su ciego y severo fanatismo musulman, llamaba como +otros muchos moriscos á los Válor, la familia de los renegados. + +Isabel, por lo tanto, tenia para el jóven sobre su pura y noble frente +este fatal estigma religioso. + +Existian aun otras gravísimas circunstancias que separaban á Yaye de +Isabel. + +Yaye no conocia á sus padres, pero el anciano Abd-el-Gewar, que le habia +educado desde la infancia, le habia revelado al tener uso de razon que +era hijo de un rey y descendiente de reyes. Yaye habia querido saber el +nombre del rey su padre y el nombre de su reino; pero su anciano ayo le +habia declarado que hasta que tuviera veinte y cuatro años no conocería +á su padre, y aun cuando el jóven le rogó y le suplicó, se mantuvo +inflexible. + +Preguntóle Yaye que por qué razon se le criaba como cristiano entre los +cristianos, y Abd-el-Gewar guardó tambien acerca de este punto un +profundo silencio, pero procuró hacer del jóven príncipe, y lo hizo, un +hombre honrado, de pensamiento puro, engrandecido en el alma, severo en +materias de moral y rígido en las costumbres; pero sobre estas buenas +cualidades, tenia Yaye algunas muy malas: el disimulo mas refinado, la +intencion mas profunda, y el orgullo inherente al conocimiento de su +alto orígen: esto era resultado del doble papel que se veia obligado á +representar: cristiano severo en la forma exterior, era, como hemos +dicho, musulman y musulman ascético en el fondo de su alma. + +Yaye no comprendia el amor, ni las debilidades, ni la compasion en su +forma externa: era rígido como una coraza de Damasco. No tenia mas +creencias, no conocia otros objetos á quienes rendir adoracion que al +Altísimo, con arreglo á las prescripciones del Koran, y á la patria, á +la manera que siente por la patria todo el que está dispuesto á perecer +por ella. + +Los enemigos de su Dios eran sus enemigos: los enemigos de su Dios eran +los enemigos de su patria. + +Bajo este doble concepto Yaye era enemigo, y enemigo irreconciliable de +la pobre Isabel. + + * * * * * + +Uno de los mas incomprensibles misterios de nuestra alma consiste en que +á veces amamos sin saberlo; á un ser á quien creemos aborrecer. + +Este amor misterioso que germina dentro de nosotros, que se desarrolla y +al fin se hace sentir, lastimándonos como una polilla, como una carcoma +roedora, se demuestra primero en un recuerdo tenaz que no podemos +desechar, en un sentimiento vago, con el cual luchamos con todas +nuestras fuerzas hasta que caemos vencidos: en un malestar interno, +semejante al roce del remordimiento en el fondo de la conciencia. + +En nosotros existen dos principios que generalmente estan en pugna: la +naturaleza y las costumbres, que son una segunda naturaleza, una +naturaleza artificial. + +Yaye habia sido educado de una manera doble: cristiano por fuera, +musulman por dentro: desde su infancia habia vestido el traje +castellano, desde su adolescencia, el anciano Abd-el-Gewar, le habia +llevado á las aulas de Salamanca, donde ¡cosa extraña! habia aprendido +humanidades, teología y cánones: al mismo tiempo, y esta era tambien +otra doble faz de su educacion, se habia ejercitado en la equitacion y +el manejo de las armas: ademas, el anciano faqui le habia instruido en +todos los puntos dogmáticos del Koran, atacando de paso á la teología +cristiana en todos los puntos en que está en discordancia con la +alcoránica, como quien durante tantos años habia sido gran faqui y sabio +expositor del Koran, en la gran mezquita del Albaicin. + +Yaye, pues, á los diez y ocho años, y considerado desde los puntos de +vista de la ciencia y de la destreza ó del valor, podia haber sido +indistintamente canónigo, ó faqui, ó capitan de soldados. + +Acaso en las ocultas razones que habia tenido Abd-el-Gewar para educarle +de tal modo se contaba con la necesidad que pudiese tener alguna vez de +ser cualquiera de estas tres cosas. + +Pero lo que hay de mas extraño en esto es, que á pesar de lo opuesto de +estas enseñanzas, la inteligencia del jóven no se embrolló, ni su trato +con los cristianos, ni sus estudios canónicos, destruyeron una sola de +sus creencias musulmanas. + +Esto consistia en que la influencia de Abd-el-Gewar era, respecto á él, +infinitamente mas fuerte que la de los maestros de Salamanca; en que +cada vacacion, despues del año escolar, cuando la mayoría de los +sopistas se extendia por toda España en busca de recursos para subsistir +durante otro año de estudios, de una manera algo mas cómoda que la +dependencia de la sopa de los conventos, Yaye era llevado por +Abd-el-Gewar á las Alpujarras ó á Granada, donde le hacia aspirar un +odio irreconciliable contra los cristianos, á la vista de la dureza, de +los excesos y aun de las infamias, de que eran víctimas los moriscos: +Yaye se irritaba, y esta irritacion sorda, esta gota de hiel que la +presion de la tiranía, de la intolerancia, del fanatismo, de la soberbia +del vencedor, deja caer incesantemente sobre el corazon de los vencidos, +iba acrecentando su odio hácia los cristianos y preparándole á ser algun +dia uno de sus mas terribles enemigos. + +Ya hemos visto que, lleno el baso del sufrimiento del jóven con el +pregon del edicto del emperador, su primera palabra habia sido un grito +de insurreccion. + +Aun no era tiempo y Abd-el-Gewar supo contener al pueblo, supo cambiar +el oro por la sangre; supo inspirarles alguna esperanza y con ella +alguna paciencia. + +Desde que salió de la Plaza Larga con el jóven, habia estado vagando con +él por las cercanas cumbres del cerro del Aceituno y de Santa Elena, y +durante un largo paseo por lugares en donde no podian ser escuchados +sino por los lagartos y por los grillos, le habia preparado á cercanos +acontecimientos que debian fijar irrevocablemente su porvenir: le habia +anunciado que iba por fin á conocer á su padre y á su reino; le habia +hablado de proyectos de emancipacion para el pueblo moro-español, cuando +llegase el probablemente próximo caso de que España, fatigada por el +mismo peso de su grandeza, empezase á fraccionarse; habíale, en fin, +hecho oir estas sentenciosas y magníficas palabras: + +--Ten presente, hijo mio, que el hombre que es verdaderamente virtuoso +no vive para sí mismo sino para los demás: ten en cuenta que dentro de +poco descansaran sobre tus hombros los destinos de un pueblo que es muy +desgraciado: que tú no serás un hombre, sino una esperanza; que en fin, +ese pueblo tendrá fijos en ti los ojos para execrarte ó para bendecirte. + +Despues de estas palabras que fueron pronunciadas por el anciano cerca +de la puerta del Fajalauza, entraron en el Albaicín: el sol descendia: +Abd-el-Gewar se dirigió á la cita que tenia en casa del Habaquí con los +xeques del Albaicín y Yaye se encaminó, pensativo y engrandecido por las +palabras de su anciano mentor, á su casa, situada en la calle del +Zenete. + +Casi junto á su puerta, al pasar bajo los miradores de la casa de don +Fernando de Córdoba, y de Válor, su vecino, cayó á sus piés el ramito de +madreselva; cuando despues de recogerlo alzó los ojos, vió la hermosa +mano de Isabel. + +Entonces sintió una impresion dolorosa, como la de quien, marchando +confiado por un camino en que no espera encontrar obstáculos, se lastima +el pié al tropezar con un objeto durísimo. + +Aquel duro objeto era Isabel, la hija del renegado, la doncella +cristiana. + +¡Y aquella mujer le arrojaba una prenda que representaba un lazo de +amor! + +Yaye, sin embargo, como hemos visto, habia saludado triste y +lánguidamente á la doncella. + +¿En qué consistia esta dulce expresion tratándose de un enemigo? + +Es que aquel enemigo era una mujer y una mujer enamorada, y Yaye creia +sentir hácia ella un impulso de caridad. + + * * * * * + +Entre otras prevenciones, habia hecho Abd-el-Gewar al jóven la de que +aquella noche á las doce estuviese dispuesto á montar á caballo y partir +con él á las Alpujarras. + +Yaye habia preparado sus ropas moriscas, su jaco damasquino, su yatagan, +su lanza de dos hierros y sus pistoletes: habia bajado al jardin, y al +extremo de él habia entrado en las caballerizas. + +Como buen ginete habia observado cuidadosamente el estado de los +caballos, y habia revistado las monturas. + +Al salir reparó que, en una galería, sobre otro jardin que solo estaba +separado del suyo por una tapia, como solo lo estaba aquella galería de +la de sus habitaciones por un tabique, apoyada en su labrada balaustrada +de alerce, habia una mujer. + +Aquella mujer era Isabel de Válor. + +La amante enemiga de Yaye. + +Yaye llevaba aun en su justillo sobre su corazon el ramito de +madreselva. + +Al ver esta prenda de su amor sobre el pecho de su amado, la pobre niña +sonrió como deben sonreir los ángeles en presencia de Dios. + +Aquella sonrisa que era equivalente á un encantador saludo, obligó al +jóven á detenerse y á hablarla. + +Pero se detuvo de mala gana, y como cuando hacemos las cosas á la fuerza +somos poco espontáneos, necesitó buscar un medio cualquiera para +dirigirla la palabra. + +--Estais pálida, Isabel, la dijo: ¿estais enferma? + +Estas palabras que tenian el acento de una tierna solicitud, hicieron +sonreir de nuevo á la jóven de una manera mucho mas expresiva. + +¿Sabeis lo que es á veces la sonrisa de una mujer? + +A veces reemplaza á los ojos, y es mas elocuente que ellos: á veces toda +el alma de una mujer, con sus delicados perfumes, por decirlo asi, se +exhala por los labios convertida en una sonrisa. + +--Soy muy desgraciada, dijo tristemente la jóven. + +Y sus ojos se llenaron de lágrimas, y su hermosa boca antes tan dulce, +se contrajo en una expresion de dolor. + +--¡Desgraciada! exclamó Yaye, no sabiendo qué contestar. + +--Sí, sí, muy desgraciada, pero todo lo espero en vos, todo; y cuando os +veo, se alienta mi esperanza y soy muy feliz. + +--¿Que lo esperais todo de mí? + +--Sí, todo; no puedo por ahora deciros mas, pero esta noche... + +Un vivísimo rubor cubrió el rostro de la jóven que al fin continuó, +haciendo un esfuerzo: + +--Esta noche os espero. + +--¡Que me esperais! + +--Si; tomad la llave del postigo del jardin y esperad para venir á que +yo cante en la habitacion inmediata á la vuestra: adios. + +Y la jóven, saludando con los ojos y con la sonrisa, pero con una +sonrisa triste y casi fatal á Yaye, arrojó una llave al jardin, y huyó, +desapareciendo como una hada entre los arcos festonados del interior de +la galería. + +--El amor es la pasion impura de Satanás, dijo Yaye recogiendo la llave: +los hombres que confian su honor á un ser tan débil como la mujer, son +unos insensatos. + +Yaye, como veremos mas adelante, calumniaba á la pobre Isabel. + +A pesar de su grave é impertinente observacion, y la llamamos +impertinente, porque otro hombre menos dado á la contemplacion, no +hubiera pensado tan de ligero respecto á Isabel, recogió la llave y se +encaminó á su aposento, donde se arrojó sobre un divan. + +Sin saber cómo, abstraido en un torbellino de pensamientos, el ramito de +madreselva habia venido á parar á su mano. + +Sin saber cómo, habia aspirado mas de una vez su ligero aroma silvestre, +y al tocar por acaso el ramo á sus labios, su corazon se habia +extremecido. + +Sin saber cómo, la imágen de Isabel flotaba delante de todos sus +pensamientos en el fondo de su alma. + +Yaye no creia que aquello fuese amor: para él aquello era caridad. + +¿Pero sabemos acaso á dónde puede llevar á un hombre la caridad hácia +una mujer? ¿Y luego la caridad no es el amor en toda su intensidad, en +toda su pureza, en su omnipotencia, en fin? + +Yaye respecto á su corazon, se engañaba como sucede en general á todos +los hombres. + +El sentimiento es la naturaleza; la razon, es la ciencia. + +Son opuestos y se combaten. + +Pero en esta lucha, tarde ó temprano, acaba por triunfar el corazon, por +obedecer la cabeza. + + * * * * * + +Yaye habia conocido á Isabel dos años antes, durante unas vacaciones, +por razon de vecindad. + +Entonces tenia Isabel diez y ocho años; Yaye veinte y dos. + +Muchas veces cuando Yaye se asomaba á la galería de sus habitaciones, +veia en las suyas á su hermosa vecina. + +Isabel habia heredado de sus abuelos el magnífico tipo de la raza árabe: +blanca, pálida, con los cabellos y los ojos negros, y los labios +sumamente rojos, era una de esas mujeres que no se ven sin que hagan +experimentar una impresion dolorosa, porque siempre es doloroso el deseo +cuando no se sabe si será satisfecho. + +Yaye la vió, y experimentó aquella vaga y dolorosa inquietud, pero de +una manera instintiva, sin darse razon de ello. + +Los jóvenes siguieron viéndose: á las pocas vistas se saludaron; á los +pocos saludos se hablaron; siempre poco despues de amanecer, y, como +obedeciendo á una costumbre, los jóvenes se veian en las galerías, +teniendo solo un tabique de por medio. + +Al principio se hablaron algo de lejos; sucesivamente fueron estrechando +la distancia; al fin, solo les separó el tabique medianero. + +Progresivamente las miradas de Isabel para Yaye, fueron haciendose mas +intensas: al cabo el jóven conoció que era amado; al conocerlo se dijo: + +--Yo no puedo amar á esa mujer: yo no debo alentar con mi presencia sus +amores. + +Y cortó bruscamente sus entrevistas con Isabel. + +Pasaron los dias, pasaron las semanas, pasó un mes. + +Yaye, entregado al estudio de la filosofía con su maestro Abd-el-Gewar, +no habia salido durante aquel mes á la calle. + +Isabel le habia esperado en vano, en la galería al amanecer; por las +tardes, en la celosía que correspondia á la calle, y desde donde se veía +la puerta de la casa de Yaye. + +Todas las noches este, habia escuchado la dulcísima voz de Isabel que en +la habitacion vecina, cantaba al son de una guitarra tristísimos +romances moriscos. + +Al fin, un dia, cuando ya habia pasado un mes de ausencia, +Harum-el-Geniz, noble morisco, que servia á Yaye de escudero, le dijo: + +--Tengo para vos un encargo de la hermosa vecina. + +Yaye frunció el gesto. + +--Me ha preguntado si estais enfermo, y aunque le he dicho que no, me ha +dado este relicario. + +Harum sacó de su bolsillo un objeto envuelto en un pedazo de tela de +seda color de rosa. + +Era en efecto un relicario. + +Pero un relicario riquísimo: de oro, cincelado y esmaltado, pendiente de +una cadena del mismo metal, orlado de perlas, y conteniendo por un lado +la imágen de la Vírgen inmaculada, y por el otro un pequeño _Lignum +Crucis_. + +El jóven miró con repugnancia aquel rico objeto de devocion. + +--¿Para qué te ha dado esto esa dama? dijo á Harum. + +--Doña Isabel me ha dicho: si está enfermo, que se ponga pendiente del +cuello esta santa reliquia, y sanará. + +Nublóse mas el semblante de Yaye, y tuvo impulsos de entregar el +relicario á Harum para que lo devolviese á Isabel. + +--Pero no, dijo para sí: su solicitud por mí, no merece tan descortés +respuesta; yo mismo se lo devolveré. + +Y despidió á Harum. + +Aquella noche el sueño de Yaye fue inquieto: al amanecer se vistió, y se +puso en la galería. + +Ya estaba en ella Isabel. + +Pero pálida, con la palidez enfermiza de una salud alterada: flaca, con +la mirada tristemente dulce; con las hermosas manos casi diáfanas. + +Un solo mes de ausencia, habia causado tal estrago en la pobre niña. + +Un vivísimo sentimiento de compasion se apoderó de Yaye al ver á Isabel. + +--¡Oh! dijo esta: yo os habia creido enfermo... y estais... como +siempre... gracias á Dios. + +--Vos en cambio... dijo Yaye, y no se atrevió á continuar. + +--Sí, he sufrido mucho... Isabel se detuvo tambien. + +--He venido á devolveros un relicario que disteis ayer á mi escudero, +dijo Yaye haciendo un esfuerzo. + +Isabel le miró y no pudo contener dos brillantes lágrimas que asomaron á +sus ojos. + +--¡Ah! ¡no quereis conservar mi relicario!... dijo. + +Yaye se conmovió; comprendió al fin cuánto le amaba aquella mujer, _tuvo +lástima de ella_ y repuso: + +--¡Oh! no, perdonad... yo creia... pero conservaré esta prenda... por +vuestro amor. + +Al fin Yaye habia roto la valla; comprendia que su amor era la vida de +Isabel, y creyendo ceder solo á la compasion, cuando en realidad quien +le impulsaba era su corazon, demostró á Isabel un amor que él creia +fingido. + +Pero no reparaba, engañándose á sí mismo, que al fingir aquel amor +gozaba de unas delicias purísimas, que su corazon se aliviaba de un peso +cruel, porque al fin exhalaba el depósito de amor que traidoramente y +contra la voluntad de su dueño habia absorbido su corazon. + + * * * * * + + * * * * * + +Isabel, que se habia puesto flaca y pálida en un mes, volvió á la +magnífica turgencia de sus formas, á su admirable hermosura, en una +semana: sus ojos brillaban exhalando con un encanto indefinible su alma +fecundada por el amor de Yaye: no solo habia recobrado su antigua +hermosura: esta habia crecido. + +Vióla un dia el anciano faqui y exclamó suspirando: + +--Para ser un arcángel del sétimo cielo, no la falta á la pobre Isabel +otra cosa que no ser cristiana. + + * * * * * + +El amor para las mujeres, es como el rocío y el sol de la primavera para +las flores. + + * * * * * + +Durante las vacaciones de aquel año, Isabel y Yaye fueron felices. Ella +porque se contemplaba amada; él porque creia hacer una obra meritoria de +caridad. + +El amor de Yaye hácia Isabel no era amor sino misericordia. + +Fuése Yaye á Salamanca á estudiar su último año. + +Cuando se separó de Isabel, experimentó un dolor agudo, un vacío en el +corazon. + +A pesar de su repugnancia á todo lo que representaba las creencias +cristianas, Yaye se llevó consigo el relicario. + +A los pocos dias de ausencia, el relicario pendia del cuello de Yaye. + +Hubo un momento en que se preguntó con terror si verdaderamente amaba á +aquella mujer. + + * * * * * + +Harum iba y venia con mucha frecuencia de Granada á Salamanca; cuando +iba, llevaba una carta de Isabel para Yaye; cuando volvia, una carta de +Yaye para Isabel. + +Yaye, sin embargo, habia logrado engañarse completamente; se habia +convencido de que no amaba á Isabel, pero seguia escribiéndola amores, y +deseando volver á verla, por caridad, por pura caridad. + + * * * * * + +En tal estado se hallaban los corazones de los jóvenes, cuando Yaye +volvió de Salamanca antes que se acabase el curso, y ya se habian visto +algunos dias los dos amantes. + +Isabel habia empezado á ser mas esplícita: las palabras esposo y esposa +empezaban á salir de sus labios. Yaye comprendió que habia llegado el +momento de que su caridad fuese puesta á prueba, y empezó á excusar en +cierto modo sus entrevistas con Isabel. + +En tal situación y cuando las miserias de su pueblo y la noticia de que +iba al fin á conocer á su padre, habian abierto para él una nueva vida, +habia recibido el ramo de madreselva, y despues una llave y una cita de +Isabel. + +Yaye estaba con razón tan profundamente pensativo y abstraido como le +hemos presentado al principio de este capitulo. + + * * * * * + +Pasaban lentamente las horas. + +El reló de Santa María de la Alhambra marcó á lo lejos las once de la +noche, y retumbaron tres sonoros golpes de la campana de la Torre de la +Vela. + +Poco despues hizo extremecer á Yaye el preludio de una guitarra. + +Armonías fugitivas que se exhalaban de las sonoras cuerdas del +instrumento, como suspiros de amor: flexibles ráfagas, que parecian +destinadas á llevar á los oídos del amado el alma de una mujer. + +Yaye sintió vacilar su alma acariciada por aquella armonía que parecia +poner en contacto dos seres nacidos el uno para el otro, separados solo +por el fanatismo, por la educacion. + +Luego la voz de Isabel, grave, sonora, dulce, enamorada entonó las +coplas siguientes: + + La esperanza es la vida + de quien bien ama, + y su muerte, la muerte + de su esperanza. + ¡Ay! ¡Dios no quiera + que mi amante esperanza + se desvanezca! + +Estremecióse de piés á cabeza Yaye al escuchar la copla; después un +vértigo envolvió su cabeza: nunca habia oido cantar con tal pasion á +Isabel: entonces comprendió que la amaba; al comprenderlo creyóse +entregado á Satanás, porque solo Satanás, segun él, pensaba en su +fanatismo, podia inspirarle amor hácia una enemiga de su ley, hácia la +hija, la hermana, la descendiente de los renegados. + +--No iré á la cita, se dijo. + +Pero hay negativas que se pronuncian con demasiada audacia: +instantáneamente pensó que era una cobardía huir del peligro: que era +mas noble arrostrarle, luchar con él y vencerle. + +--Iré, sí, iré: ella no tiene la culpa de ser lo que es... es cierto que +yo no puedo unir mi suerte á la suya, que no debo amarla; pero la +desengañaré: acabaremos de una vez ¡Oh! si por ventura al verse engañada +en sus esperanzas, en su amor... ¡oh! ¡si muriese!... pues bien, que se +convierta al Dios Altísimo y Unico... si no... que olvide ó muera... yo +no puedo hacer traicion por una mujer á mi patria y á mi ley. + +Un cuarto de hora despues, estaba Yaye en el jardin de Isabel; pero por +una refinada crueldad aconsejada por su fanatismo, porque el fanatismo +ha sido siempre cruel, llevaba vestido de una manera completa un trage +morisco. + +Isabel no conocia ni poco ni mucho la historia de Yaye: le oia hablar +con pureza el castellano, le veia vestir ropas castellanas, sabia que +era estudiante. + +Isabel le creia un hidalgo castellano. + +Y luego á una mujer que ama, la importa poco conocer la posicion, el +nombre, la historia del hombre amado; la basta con saber que es amada: +el corazon se llena con sensaciones, no con palabras. Isabel solo sabia +lo que necesitaba saber. + +Que el señor Juan de Andrade la amaba con todo su corazon. + +Esta era la verdad, por mas que Yaye quisiese desconocerla, Isabel no se +engañaba: sabia cuánto amor atesoraba para ella el alma de Yaye, porque +la mujer no se engaña jamás acerca de los sentimientos que inspira. + +Isabel confiaba ciegamente en Yaye. La pobre Isabel se engañaba. No +sabia la infeliz que existen dos pasiones terribles que dominan +enteramente el corazon del hombre y le arrastran: el fanatismo y la +ambicion. + +Le esperaba á la entrada de un cenador de jazmines, y al verle en aquel +trage le hubiera desconocido á no bañar de lleno la luz de la luna su +semblante. + +Sin embargo, al verle en aquel trage, Isabel que habia avanzado +rápidamente al sentir sus pasos, retrocedió y se detuvo estremecida por +un presentimiento frío, punzante, como la hoja de un puñal. + +Los jóvenes hablaron muy poco. + +--¿Qué ropas son esas? le dijo Isabel con la voz trémula: ¿á qué ese +disfraz? + +--Estas ropas, señora, son las ropas de mi pueblo: las que se nos +quieren arrancar por los cristianos, las que llevaré desde ahora como +buen musulman. + +--¡Ah! exclamó Isabel consternada, llevándose las manos sobre el +corazon. + +Y luego adelantando un paso, y mirando frente á frente con una fijeza +sombría á Yaye exclamó: + +--¡Vos no me amais! + +--Os amo, Isabel... pero antes que á vos amo á mi patria. + +--Por piedad, contestadme de una vez ¿sois moro? + +--Moro soy. + +--¿Estais resuelto á no convertiros á la fe de Jesucristo? + +--Jamás. + +--Entonces no podeis ser mi esposo, exclamó con acento desesperado +Isabel. + +--Convertios á la religion de vuestros abuelos los califas de Córdoba. + +--Adoro á Dios uno y trino, le adoro con toda mi alma, y por él sufriré +el martirio de mi amor; por él sufriré si es preciso el indudablemente +menos terrible de mi cuerpo. + +--Entonces, adios. + +--Esperad un momento: quiero que sepais hasta dónde llega el tormento á +que me habeis sentenciado engañándome: yo os amo, os amo desde el +momento en que os ví: os amaré siempre: yo contaba con vos; no sabía +quién érais, si pobre ó si rico, si noble ó villano: eso me importaba +poco. Estaba resuelta á unirme con vos y á ser vuestra esposa... porque, +permaneciendo en mi casa me veré obligada á entrar en un convento ó á +casarme con un hombre á quien no puedo amar y con el que me obligan á +casar mis hermanos. Vos me posponeis á una religion falsa, á una patria +que no podeis salvar. Id con dios. Pero tened en cuenta que obligada á +ser monja ó casada, seré casada, porque no me atrevo á ofrecer á Dios un +corazon que está lleno del amor de un hombre: seré casada y haré feliz á +mi marido, porque el dolor se quedará todo para mí. Pero acordaos, y que +este recuerdo me vengue del rudo golpe que me dais cuando menos lo +esperaba... acordaos de que me habeis hecho infeliz, de que me habeis +robado mi única esperanza sobre la tierra. Que me vengue de vos, la +rabia de verme entre los brazos de otro... porque me amais, lo sé, lo +conozco, estoy segura de ello: me sacrificais á vuestra soberbia... no +sé á qué... pero no importa: el amor que logrado nos hubiera hecho +igualmente felices, malogrado nos hace igualmente miserables. + +--Una palabra: convertios á la ley de vuestros abuelas, si es verdad que +me amais. + +--Seguid vos en el fondo de vuestro corazon en vuestra ley, profesad +ante el mundo la del Redentor Divino: si tenemos hijos juradme que seran +cristianos, y soy vuestra esposa. + +--¡Adios! exclamó fatídicamente el jóven. + +--Esperad, esperad un momento: conservais una prenda mía... + +--La llevo sobre mi corazon. + +--¡Sobre vuestro corazon la imágen de la Virgen! ¡una reliquia de la +cruz del Salvador sobre el corazon de un moro! + +--Isabel, dijo con un acento profundamente sentido Yaye: ya no sabia lo +que era amor, y no creia sentirlo hasta este momento: yo os amo, os +amaré siempre: esta prenda que un dia me entregásteis no se separará +jamás de mí. + +--¡Que ella os proteja! exclamó llorando Isabel. + +--El destino nos separa: vuestros abuelos renegaron de su ley por el oro +de los cristianos... ¡renegaron! exclamó enérgica y gravemente Yaye, en +vista de un movimiento de la jóven: vos no quereis volver al camino de +luz que ellos dejaron. Cúmplase lo que está escrito. Pero cuando el sol +aparezca todos los dias, cuando bañe con sus primeros rayos ese mirador +que tantas veces ha escuchado las palabras de nuestro amor: ¡acordaos de +mí! + +Y Yaye, temeroso de que sus fuerzas le abandonasen, que la hermosura y +el amor de Isabel fuesen mas fuertes que sus creencias y sus propósitos, +huyó de ella como hubiera huido un cenobita de un fantasma tentador. + +Isabel le vió desaparecer yerta: mientras resonaron sus pasos sobre la +calle de césped alentó alguna esperanza; cuando oyó rechinar la llave en +la cerradura del postigo, sintió que se desgarraba su corazon; cuando al +fin escuchó la caida de la llave que el jóven la devolvia arrojándola +por cima de la tapia, perdió su última esperanza y creyó morir. + +Luego cayó de rodillas, lloró por su amor perdido y rogó á Dios por el +hombre que se llevaba su corazon. + +Despues se levantó, buscó la llave, la alzó del suelo, y se volvió +triste, lenta, como un alma apenada que se vuelve á su tumba. + +Isabel habia muerto para la felicidad; no la quedaba sobre la tierra mas +que la amarga copa del sacrificio. + + + + +CAPITULO III. + +De cómo puede haber reyes sin reino conocido, y abdicaciones de las +cuales no se hace cargo la historia. + + +Hay en la historia de nuestra patria una página correspondiente al siglo +XVI. + +Esta página está llena con un hecho admirable. + +[imagen: Yaye.] + +Este hecho es la abdicacion del emperador Carlos V en su hijo don Felipe +II. Fuese aquella abdicacion producto del hastío del emperador hácia las +grandezas humanas, fuese aconsejada por el egoismo de un soberano que +conociendo á tiempo que sus años y sus fuerzas eran insuficientes para +sostener la carga de tan dilatados imperios, la dejase caer sobre los +robustos hombros de su hijo, la página que contiene aquella abdicacion +es la mas gloriosa de la historia de Carlos V, ya se considere bajo el +punto de vista de un hombre que ha llegado á ser bastante grande para +poder sobreponerse á las grandezas humanas, ya del de una sabia +prevision política. + +Aquella abdicacion asombró al mundo; aun asombra hoy á los que no +comprenden cuánto contribuye un postrer acto de humildad en un hombre +tal como Carlos V para aumentar la grandeza de su fama: el temido +emperador acabó siendo respetado; el pecador siendo perdonado; la +severidad de las generaciones encargadas de juzgarle, se estrella contra +los sombríos muros del monasterio de San Yuste. + +Carlos V para acercarse á las puertas de la eternidad, deponia la +púrpura, se vestia el sayal penitente y se cubria la frente de ceniza. + +Y en verdad, en verdad, que Carlos V necesitaba del auxilio de una +penitente expiacion. La grandeza humana tiene generalmente por base el +crímen. + +Carlos V habia sido rey déspota: Carlos V habia sido rey conquistador. + +Si Carlos V solo hubiera poseido un reinecillo de pocas leguas, si no +hubiese llevado sus estandartes victoriosos por todas las partes del +mundo, su abdicacion no hubiera causado efecto. + +Y decimos esto, porque algunos años antes de la abdicacion del +emperador, tuvo lugar otra, de la cual no se ha hecho cargo, ni aun de +la manera mas insignificante, la historia. + +Nosotros tenemos noticias de ella, en algunos fragmentos de manuscritos +árabes, hallados por acaso en el derribo de una casa morisca del +Albaicin de Granada. + +Vamos, pues, á trasmitir esta abdicacion á la historia siquiera sea en +las páginas de una novela. + +A las doce de la noche en que tan dolorosamente se habia separado Yaye +de Isabel de Válor, montó el jóven á caballo, y acompañado del anciano +Abd-el-Gewar, á caballo tambien, de Harum y de dos esclavos berberiscos, +tomó la vuelta de las Alpujarras. + +[imagen: Doña Isabel de Córdoba y de Válor.] + +Yaye iba silencioso, apenado: el anciano faqui comprendia la causa de su +dolor y lo respetó: ni una sola palabra que tuviese relacion con Isabel, +se pronunció durante el camino, ni nada tampoco que se refiriese al +objeto que le llevaba á las Alpujarras. Al amanecer llegaron á Lanjaron. + +Este pueblo estaba un tanto alborotado por las noticias que se tenian en +él del pregon que el dia anterior se habia hecho en Granada. + +Allí los mismos síntomas de insurreccion que en el Albaicin. + +Allí tambien la voz y los consejos del anciano Abd-el-Gewar pudieron +restablecer el sosiego. + +Descansaron algun tiempo, y al medio dia se pusieron de nuevo en camino. + +Poco después de haber cerrado la noche entraban en la villa de Cadiar. + +Reinaba un profundo silencio en el pueblo; todo parecia entregado al +sueño; ni una luz á través de las ventanas, ni un enamorado en la calle, +pulsando, como otras veces, la guitarra, bajo los miradores de su amada; +solo de tiempo en tiempo, se veia el turbio reflejo de una linterna, á +cuyo opaco resplandor podian verse algunos alguaciles y soldados que +rondaban con el corregidor. + +La tranquilidad de Cadiar, que era una de las principales villas de la +Taha ó distrito de Juviles, en las Alpujarras, era amenazadora por su +misma exageracion. Comunmente á aquellas horas no estaba la poblacion +tan desierta. + +Yaye, Abd-el-Gewar, Harum y los esclavos, rodearon por fuera de las +tapias del barrio bajo, subieron un repecho, y ya cerca del castillo, +entraron por el postigo de una tapia de un jardin, en una casa del +barrio alto. + +No habian encontrado á su paso ni una sola persona, y sin duda se les +esperaba de antemano, porque apenas resonaron las pisadas de los +caballos, junto al postigo, se abrió este en silencio, y con el mismo +silencio volvió á cerrarse apenas hubieron entrado en el jardin los +cinco ginetes. + +Pasó algun tiempo y al fin se escuchó el primer canto del gallo. + +Era la media noche. + +Abrióse entonces el postigo del jardin, donde habian entrado Yaye y +Abd-el-Gewar y salieron dos personas envueltas en alquiceles blancos. + +El postigo se cerró. + +Las dos personas descendieron en silencio por el repecho en direccion á +las montañas cercanas. + +La una, encorvada como bajo el peso de los años, se apoyaba en el brazo +de la otra, que era esbelta, fuerte, como alentada por el fuego de una +vigorosa juventud. + +Su paso era apresurado. El jóven sostenia al viejo. Deslizábanse bajo el +rayo de la luna que aparecia en medio de un cielo despejado, iluminando +de una manera fantástica las montañas cercanas, que recortaban +vigorosamente sus penumbras oscuras sobre los valles, mientras á lo +lejos apenas se percibian otras montañas casi perdidas entre las brumas +de la noche. + +Al fondo se extendia una línea brillante. + +Era el mar, cuyo gemido se escuchaba ténue é incesante, debilitado por +la distancia. + +De tiempo en tiempo y entre el oscuro follaje de los álamos que crecian +junto á las riberas, en el fondo de los valles, se levantaba la +armoniosa y magnífica voz de un ruiseñor enamorado, y allá en las +altísimas rocas se dejaba oir el poderoso y estridente graznido de los +aguiluchos hambrientos, mientras acá y allá, en todas direcciones se +levantaba de entre la yerba el canto alegre de millares de grillos. + +Ni una habitacion humana, ni nada que revelase la existencia del hombre +en aquellas soledades, se advertía cerca ó lejos, al poco espacio de +haberse aventurado los dos hombres de los alquiceles blancos en la +montaña. + +El eco repetia sus pasos en las concavidades de las rocas, al marchar +sobre las ásperas crestas y alguna piedra desprendida á su paso del +borde de los desfiladeros, rodaba con estruendo á las profundidades de +los valles. + +Al cabo de media hora de marcha, el viejo y el jóven llegaron á la +entrada de un oscuro pinar. Antes de que pudiesen aventurarse en él se +oyó un chasquido, y un venablo pasó silbando sordamente á mucha +distancia de ellos. + +Indudablemente era une seña, no una amenaza, puesto que el viejo se +detuvo y agitó por tres veces su alquicel. + +A aquella señal viéronse moverse sombras informes en la entrada de la +selva, y adelantar hácia el repecho donde se habian detenido el viejo y +el jóven. + +El número de aquellas sombras podia llegar á veinte y cuatro. Dos de +ellas llevaban una litera. + +Cuando saliendo de la penumbra de la selva aquellos hombres se pusieron +bajo la luz de la luna, pudo verse que sus semblantes eran feroces, casi +salvajes: su trage era característico y bravío: llevaban en la cabeza un +pequeño turbante blanco; ceñido su cuerpo por un sayo pardo, con mangas +anchas, bajo las cuales se veian sus velludos brazos; este sayo, cuya +falda apenas les llegaba á las rodillas, estaba ceñido en la cintura por +una faja encarnada y anchísima, en la cual estaban sujetos un alfanje +corvo y corto, y un par de largos pistoletes; pendiente de un ancho +talabarte llevaban á la espalda una aljaba llena de venablos ó saetas; +cada uno de estos hombres mostraba en su mano una fuerte ballesta, y por +último, unas calzas de lana azul y unas abarcas, cuyos filamentos de +cuero rodeaban sus piernas hasta atarse debajo de las rodillas, +completaban su severa y enérgica vestimenta. + +Aquellos hombres parecian salteadores, bandidos, gente aparejada á todo +linaje de crueldad y de desafuero. + +En efecto, tenian mucho de salteadores, porque aquellos hombres eran +monfíes. + +Mas adelante tendremos ocasion de decir lo que estos monfíes eran. + +El anciano habló algunas palabras en árabe con el que parecia jefe de +aquella gente, y despues abrió la litera, y entró en ella con el jóven. + +La litera se cerró de tal modo, que los que iban dentro no podian ver el +camino por donde se les conducia. + +Inmediatamente cuatro de los monfíes cargaron con la litera, y rodeados +de los restantes adelantaron hácia el oscuro pinar, y se internaron en +él. + +El lugar donde el jóven y el anciano habian entrado en la litera, quedó +solitario. + +Poco despues y durante una hora, aparecieron uno tras otro en el repecho +frontero al pinar, doce hombres envueltos en alquiceles blancos. + +Siempre que aparecia uno de aquellos hombres, zumbaba á alguna distancia +de él una saeta salida del pinar. + +El hombre se detenia; agitaba por tres veces el extremo de su alquicel, +y adelantaba sin recelo, aventurándose en la oscura selva, como en un +terreno conocido. + +Poco despues otro hombre envuelto tambien en un alquicel blanco, llegó +al mismo punto que los otros, y como junto á los otros, zumbó junto á él +otra saeta. + +En vez de agitar aquel hombre por tres veces su alquicel, se volvió, y +empezó á trepar apresuradamente el repecho por donde poco antes habia +descendido. + +Escuchóse entonces el simultáneo chasquido de algunas ballestas, y el +ronco silbar de muchos venablos: el que huia cayó. + +Poco despues algunos monfíes estaban á su alrededor, y le reconocian. + +--Es el alguacil de Mecina de Bombaron, dijo uno de ellos en árabe á sus +compañeros; un perro, espía de los cristianos. + +Y arrastrándole por un pié hasta el borde del desfiladero, le arrojó á +la profundidad. + +Oyóse un ronco gemido, luego el rebotar pesado del cuerpo sobre las +rocas, despues el zumbido de un objeto voluminoso que cae al agua. + +Despues nada. Los monfíes habian desaparecido. Solo quedaba en el +sendero del repecho junto á la cortadura, un ancho rastro de sangre, y +algunos girones blancos que iluminaban la luna sobre los espinos. + + * * * * * + + * * * * * + +En aquel mismo punto, sentado en un divan, en una magnífica cámara, +teniendo á los piés, sobre la alfombra de pieles de tigre, una hermosa +esclava, habia un anciano. + +Este anciano dormitaba; su venerable barba blanca se inclinaba sobre su +pecho; sus anchas y régias vestiduras se extendian sobre el divan. + +Entre la toca árabe del anciano, se veian las puntas de oro de una +corona de rey. + +La esclava sentada á sus piés, abstraida y pálida, mostraba en sus +negros y radiantes ojos una mirada diáfana, y como fija en la +inmensidad; de tiempo en tiempo su blanca mano, arrancaba una flevil y +fugitiva armonía de las cuerdas de oro de su guzla de marfil. + +Un ruiseñor, encerrado en una jaula riquísima, pendiente de la cúpula, +lanzaba tambien de tiempo en tiempo un largo y armónico trino. + +Una lámpara de seda pendiente de la cúpula, arrojaba los reflejos de la +ténue luz que contenia, destellando dulcemente en los erretes de +diamantes del almaizar del anciano, en el brillante pomo de su yatagan, +en la cabellera, y en los ojos de la esclava, en la ancha tunica de +brocado de esta, y en los arabescos dorados que enriquecian los arcos +sobre que se asentaba la cúpula. + +Era un cuadro de reposo que inspiraba sueño. + +Una imágen de voluptuosidad, que inspiraba amores. + +Un detalle encantador de la vida íntima de los musulmanes. + +El anciano era hermoso, á pesar de su edad. + +La esclava, era un arcángel humano. + +La cámara, era un robo hecho al paraíso. + +Durante algun tiempo, el anciano continuó dormitando, la esclava +pensando, trinando el ruiseñor. + +Mas allá todo era silencio. + +De repente se escuchó un golpe vibrante y metálico. + +El ruiseñor calló; el anciano levantó la cabeza; la esclava se puso de +pié, dejando ver la arrogante esbeltez de sus formas. + +Retumbó un segundo golpe; el anciano se puso de pié, y mandó con un +ademan á la esclava que saliese. + +Esta desapareció por uno de los arcos laterales, como una ilusion de +amores. + +Cuando se hubo perdido el ténue eco de los pasos de la esclava, el +anciano fué á la puerta de la cámara y la abrió. + +En ella apareció otro anciano, de semblante atezado, de mirada dura y +centelleante, pero respetuosa ante la persona que habia abierto la +puerta: inclinóse como se inclina un vasallo ante su señor, y dijo: + +--Poderoso emir: vuestro leal siervo Abd-el-Gewar, el faqui, acaba de +llegar. + +Coloráronse con una llamarada febril las pálidas mejillas del anciano, +arrasáronse sus ojos, y dijo: + +--¿Y ha venido solo Abd-el-Gewar? + +--No, poderoso emir, le acompaña un jóven. + +--¿Dónde estan? + +--En la antecámara inmediata. + +--Haz entrar á Abd-el-Gewar. + +--¿Solo? + +--Solo. Entre tanto da compañía al jóven. + +Inclinóse el anciano, salió, y el emir se dirigió con paso lento, y +profundamente pensativo al divan, y se sentó en él. + +Poco despues se abrió la puerta del fondo, y apareció Abd-el-Gewar, que +se detuvo un punto, miró al fondo, vió al emir, brilló en sus ojos una +expresion de alegría y adelantando con una ligereza superior á sus años, +se arrojó á los piés del emir. + +--Que el Señor Altísimo y Unico, te bendiga, señor, exclamó asiéndole +las manos. + +--Alza, Abdel, alza, dijo con la voz ligeramente conmovida el emir: alza +mi buen amigo, y siéntate. + +Y levantándole, le sentó á su lado en el divan. + +Los dos ancianos se contemplaron frente á frente, y en silencio durante +algun tiempo: parecia como que en aquella mútua mirada recordaban todo +su pasado: una larga historia de lucha y de sacrificios; los recuerdos +de la juventud; las pasiones de la edad viril; los desengaños de la edad +madura; aquella mirada mutua, era, como pudiera decirse, una mirada +retrospectiva lanzada al mundo que habian dejado atrás, desde ese otro +mundo que está ya al borde de la fosa, ese otro mundo desconocido que se +llama eternidad. + +--¿Y mi hijo? dijo al fin con anhelo el emir. + +--Vuestro hijo, señor, contestó Abd-el-Gewar, es un cumplido caballero, +un corazon de oro, un brazo de hierro. + +--Hace tres años que no le veo; la última vez que estuve en el Albaicin +era un bello adolescente, un leoncillo de buena raza. + +--Ahora, señor, es un hombre hermoso, un verdadero leon. ¿Creereis que +ayer cuando pregonaron ese terrible edicto del emperador, de que ya +tendreis noticias, me fue necesario apelar á todo el respeto que me +tiene, para que no se pusiera al frente de los moriscos y acometiese +espada en mano á los cristianos? + +--¡Ah, buen hijo de sus abuelos! exclamó el anciano; y luego haciendo +una rápida transicion añadió: ¿y cómo han acogido los moriscos de +Granada la promulgacion de ese infame edicto? + +--De una manera amenazadora, señor; pero no es tiempo aun... + +--No, aun no es tiempo, dijo el emir; pero es necesario irnos preparando +al combate: un dia, cuando menos lo pensemos, el emperador arrastrado +por su fanatismo religioso, por su recelo y por las excitaciones de los +frailes y de la Inquisicion, desatenderá los buenos oficios que nos +procuramos á fuerza de oro, del príncipe Ruy Gomez de Silva y de sus mas +allegados consejeros, y romperá con nosotros de una manera cruel, y si +es necesario, nos exterminará, entregándonos atados á la Inquisicion. +Entonces será necesario desnudar la espada, rebosar de entre las breñas +donde nos ocultamos, y morir matando cristianos. Esta determinacion +extrema podrá ser necesaria hoy, mañana, cuando menos lo esperemos. Por +lo mismo es necesario estar preparados. Mis buenos monfíes, saben que +tengo un hijo; que ese hijo, para que se instruya, para que conozca el +mundo, para que conozca las necesidades de los hombres que han nacido +para ser gobernados viviendo entre ellos, ha sido entregado á uno de mis +sabios. Yo estoy ya viejo y débil: las desgracias han agotado mis +fuerzas gastando mi vida, y mi corazon... ¡oh!... ¡los encendidos +recuerdos que nunca se apartan de mi alma!... ¡oh! ¡qué desgraciado he +sido, Abd-el-Gewar! + +El anciano emir inclinó la cabeza sobre el pecho. + +--Es necesario olvidar, dijo Abd-el-Gewar con el acento ronco y +cavernoso. + +--¡Olvidar!¡olvidar! tú mismo no has olvidado, exclamó el emir; y eso +que tú no eras su esposo, eso que tu no la amabas... ¡olvidar! ¡olvidar +á Ana! olvidar aquel dia terrible en que la Inquisicion... + +El anciano se interrumpió, se cubrió el rostro con las manos y lanzó un +grito de horror, como si su recuerdo le hubiese llevado hasta una +situacion horrible, hasta una de esas situaciones en que parece que Dios +coloca á los hombres para probar hasta qué punto puede un corazon humano +apurar el dolor sin romperse. Durante algun tiempo el anciano continuó +cubierto el rostro con las manos, anonadado, estremecido por un temblor +convulsivo. Luego se irguió de repente: brillaba en sus ojos un fuego +salvaje, y exclamó con la voz vibrante y trémula: + +--La he vengado con la sangre de los cristianos: las breñas de la +Alpujarra me han visto persiguiéndolos como bestias feroces: mi yatagan +se ha ensangrentado en ellos, y el terror ha guardado los desfiladeros +de la montaña. El nombre de los monfíes de las Alpujarras ha retumbado +preñado de horror hasta los mas remotos confines de España, y en vano ha +sido que el emperador haya enviado sus mas valientes capitanes y sus +soldados mas aguerridos en busca nuestra: han sido nuevas víctimas +inmoladas al recuerdo de Ana: mi brazo se ha cansado de matar, pero aun +no se ha apurado la sed de sangre de mi corazon: he envejecido inmolando +sangre á mi venganza, y me veo obligado á entregar esa venganza á mi +hijo: me siento morir, Abd-el-Gewar. + +--¡Morir! ¡morir vos, señor, cuando apenas contais sesenta años! + +--La vejez no es la edad, sino el sufrimiento: desde la muerte de Ana +han pasado veinte y cuatro años... y mira: mi piel está arrugada, mis +cabellos blancos, mis manos trémulas: apenas puedo ya sostener la +espada... es necesario que mi hijo ocupe mi puesto... es necesario que +mi hijo sea rey... rey de las Alpujarras ahora, mañana, si Dios lo +quiere, rey de Granada. + +--¡Rey de Granada! suponiendo, señor, que llegásemos á rescatar del +cristiano nuestra perdida joya, la hermosa Granada, ¿ignorais que hay un +hombre en quien los moriscos de Granada reconocen un derecho? + +--¡Don Diego de Córdoba y de Válor! No importa: don Diego sabe muy bien +que los moriscos de Granada son gente baldía y floja acostumbrada al +yugo. Sabe muy bien que la fuerza, la constancia, la fe, existen en los +monfíes. Ademas, tengo un proyecto que todo lo conciliará. Don Diego de +Córdoba, tiene una hermana. + +--Sí señor, contestó Abd-el-Gewar, mirando con espanto al emir. + +--Cuando yo estuve en Granada hace cuatro años, doña Isabel era una +doncella de catorce años, hermosa, pura, noble, cándida, con un corazon +de ángel y una dignidad de reina. + +--Pero D.ª Isabel es cristiana, cristiana de corazon, exclamó con +repugnancia el fanático Abd-el-Gewar. + +--Cristiana era su tia doña Ana de Córdoba y de Válor, y sin embargo, +Abdel, me casé con ella. + +--Dios os castigó de una manera terrible, señor, valiéndose para +apartaros de ella de la mano de vuestros enemigos. + +--No hagamos á Dios inspirador ni partícipe de los delitos de los +hombres, Abd-el-Gewar, yo espero que mi hijo será feliz unido con Isabel +de Córdoba. + +--¡A pesar de ser cristiana! + +--¿No es él cristiano en la apariencia? ¿acaso nuestros abuelos no +casaron con cristianas? ¿Acaso no ha habido reyes cristianos casados con +moras? + +--Allá en los primeros años de la conquista de los árabes sobre España, +el emir Abd-al-Azis se unió con la reina Egila, la viuda del rey don +Rodrigo: recordad la trágica muerte de Abd-al-Azis: el amor de Egila le +hizo traidor á su ley y á su patria, y el califa Walid se vió obligado á +condenarle á pesar de sus hazañas. Abd-al-Azis fue asesinado por un +enviado del califa, y su cabeza, como testimonio de su muerte fue +enviada á Damasco. En los últimos tiempos de la dominacion de nuestros +abuelos en España, el rey Abou'l-Hhacem, el viejo, concibió un amor +impuro por una doncella cristiana, por la hija del alcaide de Martos el +comendador Sancho Gimenez de Solis. Isabel de Solis fue sultana de +Granada, en daño de la sultana Aixa-la-Horra, prima de Abou'l-Hhacem, +que fue repudiada por este. Dios castigó no solo al rey sino tambien á +su reino. Los celos de Aixa-la-Horra y el amor de Isabel de Solis, de la +sultana Zoraya, hácia los hijos que habia tenido en su matrimonio con +Abou'l-Hhacem, produjeron las guerras civiles que nos entregaron +cansados y sin fuerzas á los cristianos. Zoraya, la cristiana renegada, +quiso que sus hijos fuesen reyes: Aixa, la sultana repudiada, fuerte con +su derecho y con el de su hijo Abd-Allah-al-Ssagir (Boabdil), supo +atraer á su bando las tribus de los Abencerrajes, de los Zenetes, de los +Massamudes, de los Gomeres, mientras Zoraya, la renegada, se apoyaba en +los Zegríes, en los Mazas y en los Gazules: el hermano menor del rey +Abou'l-Hhacem, Abd-Allah-al-Ssagar, se aprovechó de estas turbulencias +para aspirar á la corona, y se apoyó en las gentes de Almería y en las +tribus bereberes: hubo tres reyes para un solo trono: hubo tres bandos +en un solo reino: llegaron dias de luto en que Abou'l-Hhacem fue rey del +Albaicin, en la casa de Gallo de Viento; Abd-Allah-al-Ssagir, rey de +Granada, en el alcázar de la Alhambra; Abd-Allah-al-Ssagar, rey de +Almería, de Guadix y de Baza, en el alcázar de Almería. Fernando é +Isabel levantaban entre tanto su ciudad real de Santa Fe en la vega de +Granada, y sus campeadores llevaban su tala á sangre y fuego hasta los +muros de la ciudad: al fin Muley Hhacem murió envenenado, Al-Ssagar +envenenado, y el débil Al-Ssagir, cansado, impotente para resistir á los +cristianos, se vió obligado á entregarles su reino. Y todo esto fue obra +del casamiento de Muley Hhacem con una cristiana, con Isabel de Solis. + +--Te he dejado referir esa lamentable historia que tan bien conozco, +para que no creyeses que me negaba á escucharla, temeroso de vacilar con +su recuerdo en mi propósito. Del mismo modo que los amores de Muley +Hhacem con Isabel de Solis produjeron la guerra civil que causó la ruina +de Granada, la hubiera causado su casamiento con otra mujer cualquiera: +Muley Hhacem estaba ya apartado de Aixa cuando conoció á Isabel de +Solis: si no se hubiera casado con ella, se hubiera casado con otra, que +del mismo modo le hubiera dado hijos, y del mismo modo hubiera +ambicionado para sus hijos la corona. ¿Por qué esa ceguedad que nos hace +atribuir á las causas mas comunes desgracias que son hijas de la +fatalidad, que estan escritas por la mano de Dios en el libro del +destino? ¿Qué mal habrá en que mi hijo se case con una doncella en cuyas +venas circula la sangre de cien califas, aun cuando esa doncella sea +cristiana? Y luego, ¿no dices tú mismo que don Diego de Válor se cree +con derecho á la corona de Granada? para evitar una guerra civil, +¿encuentras nada mejor que mi alianza con esa familia por medio del +casamiento de mi hijo con Isabel de Válor? + +--¡Ah, señor! pienso que vuestro hijo será el primero que mostrará +repugnancia á su casamiento: mira con desprecio á los Válor: los llama +los renegados. + +--¿Conoce mi hijo á Isabel? exclamó el emir; debe conocerla: cuando yo +concebí hace cuatro años el proyecto de casarle con ella, compré la casa +medianera á la que habitaba doña Isabel en el Albaicin, con el objeto de +que la habitase Yaye: era necesario que se conociesen. + +--Y se conocen, dijo Abd-el-Gewar; vuestro hijo la ama, pero +sobreponiéndose á su amor la ha desdeñado. + +--¡Fatalidad! dijo el emir: ¡amarla y desdeñarla! + +--Vuestro hijo, señor, tiene el corazon lleno de las desgracias de su +patria. + +--Bien, bien; dijo el emir: aun es tiempo: acaso todo consiste en el +horror que tiene Yaye al nombre cristiano: pero concluyamos: estoy +impaciente por verle: ¿me recuerda alguna vez, Abdel? + +--Con mucha frecuencia me habla de vos y con entusiasmo. Ayer cuando le +anuncié que habia llegado el momento de que conociese á su padre me +contestó: ¡oh! ¡si fuese tan noble y tan valiente como el wali Yuzuf +Al-Hhamar! + +--¡Oh! ¡me recuerda! exclamó Yuzuf con el placer de un padre á quien +llena de alegría y de orgullo el amor de su hijo. + +--Sí, os recuerda pero jamás ha sospechado, á pesar de vuestras +extraordinarias muestras de amor hácia él, que seais otra cosa que un +valiente wali vasallo de su padre, un buen creyente, un antiguo amigo +mio. + +--En lo que por cierto no se engaña. Y dime ¿ha sospechado que su padre +era el emir de los monfíes? + +--Muchas veces me ha preguntado el nombre y el reino de su padre, pero +presume que es hijo de un emir de Africa. + +--No importa: aquí mejor que en Africa, tendrá ocasion de mostrar su +valor y sus virtudes: la adversidad es la piedra de toque de todos los +hombres y especialmente de los reyes. ¿Pero qué me quieren? + +Acababa de sonar de nuevo un golpe metálico. + +Aquel golpe se repitió tres veces. + +--Vé y abre, dijo el emir á Abd-el-Gewar. + +El anciano se levantó y abrió. + +Entonces apareció en el banco de la puerta un jóven robusto, gallardo, +de aspecto bravío y un tanto salvaje, que adelantó y se inclinó por tres +veces. + +--¿Qué quieres Aliathar? le dijo el emir. + +--Poderoso señor, dijo Aliathar, los doce xeques de las tahas de las +Alpujarras acaban de llegar y todas las taifas de los monfíes esperan ya +en el cerro de la Sangre. + +--Bien, ha llegado el momento, dijo el emir: tú Aliathar, vé al cerro de +la Sangre y dí á tus hermanos que muy pronto estaremos entre ellos. De +paso dí al wisir Kaleb que introduzca al jóven que acaba de llegar: á +Sidy Yaye. + +Aliathar se inclinó y salió. + +--Tú Abd-el-Gewar, vé al Divan donde ya estan reunidos los xeques: tú +los conoces á todos, todos te conocen: prepáralos á la vista de mi hijo. + +--¿Pero habeis meditado bien, señor? + +--Sí, sí; la corona pesa ya demasiado sobre mí frente y mi brazo está +cansado: me siento morir; vé Abdel, vé, y que se cumpla mi voluntad. + +--¡Que se cumpla la voluntad de Dios! exclamó Abd-el-Gewar, é +inclinándose ante el anciano emir salió. + +En aquel momento se abrió la puerta y aparecieron el wisir Kaleb y Yaye. + +--Jóven, dijo solemnemente el wisir, el alto, el poderoso, el invencible +emir de los creyentes de las Alpujarras te espera: prostérnate ante él. + +Y el viejo Kaleb se inclinó profundamente, en tanto que Yaye fijaba una +mirada atónita en Yuzuf-Al-Hhamar. + +--Vete; dijo el emir, indicando con un ademan á Kaleb que saliese. + +Kaleb salió. + +El emir y Yaye, esto es, el padre y el hijo, quedaron solos. + +Yuzuf adelantó hácia Yaye. + +Este se inclinó. + +--Perdonad, señor, dijo, mi sorpresa: pero yo creia... + +--Sí, tú creías, Sidy Yaye, que yo no era otra cosa que un noble walí, +dijo Yuzuf tomando las manos de su hijo y mirándole con delicia y con +orgullo. + +--Perdonad aun, pero jamás creí... + +--¡Qué! ¿no me crees digno de ser rey de los valientes monfíes de las +Alpujarras? + +--Os creo digno, señor, de ocupar el Divan de los califas de Oriente, de +ser rey del mundo: ¿acaso la virtud y el valor no viven en vos? ¿A quién +mejor pudieran haber elegido los monfíes para que los gobernase y los +llevase al combate contra nuestros enemigos? + +--Mi padre antes que yo fue emir de los monfíes. + +--¡Ah señor! ¿con que el noble walí que en mi niñez me sentaba sobre sus +rodillas, y me estrechaba conmovido entre sus brazos; el que tantas +veces me ha aconsejado el desprecio de la vida por la patria; el que de +una manera tan enérgica me ha referido las hazañas de nuestros abuelos, +era ese poderoso emir invisible, á cuyo nombre palidecían de terror los +cristianos, cuyos alcázares jamás ha pisado planta infiel, y que ha +fecundado con torrentes de sangre impura las breñas de las Alpujarras? + +--Yo era. + +--¡Mil veces para mí dichoso el dia, en que puedo saludaros, señor, como +al valiente caudillo, como á la invencible espada, perennemente desnuda +y enrojecida en defensa del Islam! + +Y Yaye se prosternó. + +--Alzad, príncipe, dijo Yuzuf: en mis brazos, que no á mis piés es donde +debeis estar: ¿acaso el emir de los monfíes, os inspira menos amor que +el walí Yuzuf para que huyais de sus brazos? + +Yaye se arrojó en los brazos del anciano. El corazon de Muley Yuzuf +latía con una violencia tal, que no pudo menos de percibirlo Yaye: un +pensamiento, primero indeciso como una sospecha, luego mas determinado, +cubrió de palidez sus mejillas; pero con la palidez que causa una gran +emocion: su mirada destelló un relámpago de orgullo y dijo con la voz +trémula, pero grave y digna. + +--Me habeis llamado príncipe, señor. + +--¿Acaso no eres hijo de un rey? ¿acaso ayer no te anunció tu maestro, +que muy pronto conocerias á tu padre? + +--Es verdad, y acaso... + +--Sidy-Yaye-ebn-Al-Hhamar, vuestro padre satisfecho de vos, cumplidos +los años que habia querido que viviéseis como uno de esos infinitos +hombres que han nacido para obedecer, os llama para entregaros su espada +y su corona. + +--Cómo, señor, vos.... añadió Yaye mas pálido aun. + +--Yo soy vuestro padre y vuestro rey, dijo acreciendo en solemnidad el +emir. + +Hubo un momento de profundo silencio. + +--Disponed de mí, señor, como mejor os cumpla, dijo al fin Yaye. + + * * * * * + + * * * * * + +--Sé siempre, hijo mío, dijo Muley Yuzuf despues de un largo espacio en +que estuvo hablando á Yaye acerca de los deberes que el nuevo lugar que +iba á ocupar le imponia; ten siempre presente que desde este momento +debes sacrificarlo todo á la patria: la felicidad, la vida, y sí es +preciso el honor: todo por la patria, nada por tí: sé justo y fuerte, y +Dios te ayudará. + +--Puesto, señor, que es vuestra voluntad el que yo os suceda en vida, os +juro que sabré morir antes que manchar con un hecho cobarde, con una +injusticia ó con una traicion á la patria, el ilustre nombre que me +legais. + + * * * * * + + * * * * * + +Despues de esto el emir condujo á su hijo á través de cámaras +verdaderamente régias, á un magnífico salon circular. + +En aquel salon, sentados en semicírculo en un divan, á entrambos lados +de un divan mas alto, habia doce hombres: todos ellos estaban armados de +guerra, y en sus costados se veian largas espadas; todos ellos parecian +valientes y caballeros, desde el mas viejo cuya barba larga blanca +representaba una edad avanzada, hasta el mas jóven, cuya barba gris +representaba á uno de esos guerreros para los cuales si bien ha pasado +la juventud, no han pasado la agilidad ni la fuerza. + +En el centro de la cámara, sobre almohadones de brocado, habia unas +vestiduras reales, una corona de oro y una espada. + +De pié, á ambos lados del divan donde estaban sentados los xeques, habia +como hasta una veintena de personas, todas graves, todas vestidas con +túnicas talares y de pié; ademas, entre gran número de walíes y +arrayaces, con trages de guerra, habia cinco alféreces: el uno tenia un +estandarte rojo bordado de oro, en el centro del cual se veia un escudo +azul atravesado con una banda de oro en que estaban escritas en árabe +estas palabras: _Le galid ille Allah_ (solo Dios es vencedor). Este era +el blason de los reyes de Granada. Los otros cuatro alféreces tenian +cada uno una bandera: cada una de estas banderas tenia un color +distinto: la una era verde, la otra blanca, la otra azul, la otra +morada. + +Detrás del divan del centro, que como hemos dicho, era mas alto, y +estaba destinado sin duda para el rey, estaban cuatro escuderos: el uno +tenia una ancha adarga dorada, el otro una espada de combate, el otro +una lanza de dos hierros, el otro en fin, un capacete riquísimo rodeado +de una toca blanca. + +Allí estaba, por decirlo así, la córte completa del emir de los monfíes. + +Se nos olvidaba decir que precedian y seguian al emir y á Yaye, wazires, +soldados y esclavos: un alférez pronunció en voz alta, y anteponiéndole +algunos adjetivos pomposos, el nombre del emir, en el momento en que +este llegó á la puerta. + +Los que estaban sentados se pusieron de pié y se inclinaron +profundamente, como todos los demás; en el espacio que transcurrió desde +que Muley Yuzuf apareció en la puerta hasta que llegó, llevando siempre +á su hijo de la mano, al divan del centro, no se vieron mas que cuerpos +encorbados y brazos cruzados. + +Aquella era la representacion del despotismo musulman: la profunda zalá +ó reverencia con que los buenos creyentes rendian homenaje á su señor, +el poderoso emir. + +Muley Yuzuf se sentó: Yaye permaneció de pié á su lado. + +--Que Dios, el Altísimo y Unico, os guarde, mis fieles y valientes +vasallos, dijo Muley Yuzuf desde el divan, y vosotros nobles y sabios +xeques de mi consejo, sentaos. + +Los xeques se sentaron y los demás se enderezaron. + +--Abu-Daly, mi secretario, dijo el emir, volviéndose á un anciano que +estaba á la derecha de él, detrás del divan: entrega la gacela que te +hemos hecho escribir, al noble Hussan-ebn-Dhirar, nuestro wisir; y tú, +añadió dirigiéndose al wisir, lee á nuestros xeques, á nuestros sabios, +á nuestros capitanes, lo que segun nuestra voluntad se contiene en esa +gacela. + +El visir desenvolvió el largo pergamino que le habia entregado el +secretario, y empezó con voz solemne y campanuda la lectura, en medio de +un profundo silencio. + +Muley Yuzuf-Al-Hhamar reconocia segun el contesto de aquella gacela por +hijo suyo á Sidy-Yaye-ebn-Al-Hhamar, alegaba las razones que habia +tenido para hacerle educar entre los cristianos, y despues exponia su +incapacidad, á causa de los años, de seguir gobernando á los monfíes y +conduciéndolos al combate, como hasta entonces, por último, expresaba +solemnemente su voluntad de abdicar la corona en su hijo, y de que este +le sucediese inmediatamente en el mando. + +Apenas hubo terminado el wisir su lectura, cuando todos los +circunstantes se inclinaron profundamente, y dijeron en coro como si +hubieran sido ensayados para ello: + +--¡Cúmplase la voluntad del querido de Dios, el invencible, el grande, +el sabio, el poderoso Muley Yuzuf-Al-Hhamar! + +Entonces el emir se levantó, tomó de la mano á Yaye, le llevó hasta los +almohadones que estaban en el centro de la cámara, y volviéndose á Yaye, +dijo solemnemente: + +--Hijo mio Sidy Yaye, escuchad lo que va á deciros vuestro padre, y +luego paseando lentamente su mirada en torno suyo, añadió: buenos +muslímes, sabios, xeques, wazires, cadies, walies y caballeros, oid lo +que va á deciros vuestro señor. + +Todos callaron: ese profundo silencio de la atencion excitada, dominó en +la cámara donde estaban reunidos mas de cien hombres. + +--El Altísimo quiere que nada sea eterno é inmutable mas que él: la +robusta encina envejece, sus ramas estériles dejan de producir hojas y +frutos, y el huracan, al que ha resistido durante cien inviernos, le +arrebata á cada empuje una de sus ramas secas; pero junto á la vieja +encina hay siempre otra encina robusta y jóven, retoño de ella, y sus +fuertes brazos cubiertos de verdor, dan sombra y frescura á la tierra +que nutre sus poderosas raices. Todo muere; pero el Altísimo ha querido +que al invierno suceda la primavera, á un año otro año, á un cadáver un +hombre robusto y jóven. Yo soy la encina que se ha secado, yo soy el +invierno que concluye: fuerte y sereno me habeis visto resistir al +huracan de la desgracia, me habeis visto fuerte contra la adversidad: +hoy mi corazon es jóven, pero mi brazo está cansado y débil: como la +encina se despoja al fin para no volver á engalanarse con ella de su +diadema de verdura, yo me despojo de la corona que heredé de mi padre, y +la pongo sobre la cabeza de mi hijo. + +El anciano tomó de sobre los cogines la corona, y despues de habérsela +ceñido un momento, se despojó de ella y la puso sobre la cabeza de Yaye. + +Un murmullo de respeto, una especie de salutacion inarticulada, +semejante á uno de esos rezos que se pronuncian en voz baja, salió de +las bocas de aquellos hombres. + +--Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, continuó el anciano: la corona que os he +ceñido es la representacion de vuestro nombre de rey: al ceñírosla he +rodeado vuestra frente de magestad, pero tambien la he rodeado de los +cuidados del gobierno: desde hoy no vivís para vos sino para los demás: +vos no podeis tener amor mas que para vuestra patria: vos no podeis +tener ambicion mas que para vuestro pueblo: vos no debeis pensar mas que +en gobernarle en justicia, en procurar que algun dia salga del +desgraciado estado en que se encuentra, y en que sus banderas puedan +recorrer vencedoras y respetadas los extensos ámbitos en un imperio +poderoso y feliz. Jurad que sereis justo y guardador de la ley, que +vuestros pensamientos y vuestras obras, solo seran por el bien y la +grandeza de vuestros reinos. + +--Lo juro, señor, contestó Yaye. + +Entonces el anciano tomó la espada real, se la ciñó y dijo: + +--Mi padre, al ceñirse esta corona que yo he ceñido tambien, y que ahora +ciñe vuestra cabeza, se ciñó esta valiente espada: durante treinta años, +esta espada ha estado desnuda en las manos de mi padre, y ha brillado +sangrienta contra los enemigos del Islam; durante otros veinte años, +desde que murió mi padre hasta este momento, mi brazo ha sabido añadir +glorias á esta espada: yo os la entrego (y el anciano ajustó el +riquísimo talabarte de la espada á la cintura de Yaye), os la doy contra +los enemigos de Dios y de nuestro pueblo; jurad que sereis buen +caballero, que jamás desnudareis esta espada contra el bueno, ni el +desvalido, que en vuestras manos será un rayo exterminador de infieles, +pero nunca un hacha de verdugo, que conservareis y aumentareis su +gloria, que jamás la desnudareis sin razon, ni la envainareis con +mancha. + +--Os juro, señor, contestó con altivez Yaye, morir antes que manchar con +una traicion, una injusticia ó una cobardía, la noble espada de mis +abuelos. + +--¡Sed rey! dijo entonces Yuzuf Al-Hhamar; yo en presencia de Dios y de +mi pueblo, renuncio en vos la sagrada potestad de que he estado +investido durante treinta años; yo espero que mis buenos y leales +vasallos no tendrán que maldecirme por haberlos puesto bajo vuestra +espada y vuestra voluntad. Lo que he podido daros os lo he dado; lo que +resta que daros, pedidlo al pueblo que habeis de mandar. + +--¿Me quereis por vuestro rey? dijo Yaye con voz firme y sonora, con la +frente alta y resplandeciente de dignidad y de grandeza. + +--¡Sí! ¡sí! ¡sí! exclamaron por tres veces, en coro los circunstantes. + +--Y en muestra de que asi lo queremos y de que asi antes de ahora lo +hemos determinado, dijo Abd-el-Gewar, adelantando hácia el centro: yo +gran faqui de los creyentes de España, os ciño la túnica real de +vuestros mayores á nombre del reino de Granada. + +Y tomando un magnífico caftan negro, que estaba sobre los cogines, le +puso por la cabeza á Yaye, despues de haberle despojado de su sencillo +alquicel blanco; despues tomó un manto rojo y le puso sobre los hombros +del jóven, cerrando sobre su pecho dos magníficos erretes de perlas y +diamantes. + +--El reino os ha investido con el símbolo de la justicia y de la +magestad; el pueblo de Dios espera que sereis justo y grande; el pueblo +de Dios, que lucha hace tanto tiempo con sus implacables enemigos, os +ayudará, os obedecerá y os respetará como á su rey y señor natural; pero +pedirá á Dios que os hiera con el rayo de su justicia si fuéseis cobarde +ó tirano. + +--Asi sea si yo tal fuere, contestó Yaye. + +--Sed, pues, rey. + +En aquel momento los cinco alfereces adelantaron: el que tenia el +estandarte real de Granada, se colocó á la derecha de Yaye; los otros +cuatro tendieron sobre el suelo sus banderas, mirando á las cuatro +partes del mundo, segun antigua usanza en la coronacion de los reyes +moros, y el escudero que tenia la adarga, adelantó y la puso sobre las +astas de las cuatro banderas. + +--Desnudad vuestra espada, señor, dijo el justicia mayor del reino, y +ponéos sobre la adarga, en señal de que sois rey, y de que de tal manera +estareis siempre armado contra los enemigos de nuestra ley. + +Yaye desnudó la espada y se puso sobre la adarga. + +--¡He aquí nuestro señor, el poderoso, el grande, el temeroso de Dios, +Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar! gritó el alguacil mayor. + +Todos se prosternaron, y en tanto el alférez mayor del reino, tremolando +el estandarte real gritó: + +--¡Qué Dios ensalce, y dé prosperidades al magnífico Muley +Yaye-ebn-Al-Hhamar! + +Los circunstantes aclamaron á grito herido á Yaye. + +Yaye era ya rey de aquel pueblo de extraños bandidos, que vivian entre +las breñas, á quienes nadie conocia, y cuyos reyes tenian sus alcázares +en las entrañas de la tierra. + +Uno tras otro; primero su padre, convertido ya por su voluntad en su +vasallo, fueron besando la orla del manto de Yaye, hasta el último +caballero. + +Quedaba aun la solemne aclamacion delante del pueblo. + +Para ello Yaye, con un aparato verdaderamente régio, fue sacado del +subterráneo; fuera, en un pintoresco valle á la entrada de la gruta, por +donde se penetraba al alcázar, habia un magnífico caballo blanco, cuyas +riendas tenian dos esclavos, otra multitud de caballos esperaban á sus +dueños: un centenar de esclavos negros vestidos de blanco, llevaban +antorchas encendidas; una taifa como de mil monfíes, armados de +ballestas y espadas, formaban á un lado del pequeño valle. + +La noche era clarísima: la luna brillaba en toda su plenitud, en medio +del cielo, y á lo lejos se escuchaba el ténue quejido del mar, en su +eterno romper contra la ribera. + +Las antorchas eran mas bien un lujo que una necesidad. + +Inmediatamente la cabalgata real se formó, la mitad de los monfíes +armados rompieron la marcha, y la otra mitad siguió á la comitiva. + +Quien hubiera visto aquellas antorchas vagando por la montaña en medio +de la noche, aquellos estandartes, aquel rey coronado, aquellos +caballeros vestidos de blanco y armados de largas lanzas, aquellos dos +tercios de ballesteros que marchaban silenciosos delante y detrás de +aquella córte, hubiera creido que el alma en pena de Boabdil el Zogoibi, +habia salido de su tumba rodeada de sus cortesanos y de sus soldados +para vagar sobre las breñas de las Alpujarras, en lo mas intrincado de +la toha de Juviles, y llorar durante la noche su perdida Granada. + +Al cabo de media hora de marcha, el nuevo rey, su córte y su guardia, +llegaron á la cumbre de una ancha colina; el terreno de aquella colina +no se veia; estaba cubierto de hombres; eran los monfíes de las +Alpujarras, que en número de diez mil, habian sido avisados por sus +xeques para asistir á la proclamacion pública y al reconocimiento del +nuevo rey. + +Cuando estuvieron en el centro, el alguacil mayor leyó el acta de la +abdicacion de Yuzuf-Al-Hhamar. + +Despues el alférez mayor ondeó el estandarte real, y proclamó á Yaye. + +Los monfíes respondieron con una aclamacion inmensa y el viento de la +noche fué á llevar á los lugares cercanos el estruendo de los añafiles, +las dulzainas, los atabales y las atakebiras, tañidas en honor del nuevo +emir de los monfíes Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar. + +Despues la comitiva real se volvió al alcázar subterráneo, y los diez +mil monfíes divididos en taifas, se encaminaron á cubrir sus apostaderos +en toda la extension de las Alpujarras, que habian abandonado por +algunas horas, para ponerse de nuevo en acecho de los cristianos. + + + + +CAPITULO IV. + +Lo que eran los monfíes.--Yuzuf cuenta su historia á Yaye. + + +Ya era la media noche. + +Yuzuf Al-Hhamar, se ocupaba en recorrer el alcázar mostrándole á su +hijo. Yaye se habia admirado mas de una vez y sucesivamente se admiraba +mas y mas. + +Todo lo que le habia acontecido desde el dia anterior era +extraordinario; habia momentos en que se creia entregado á un sueño; á +uno de esos sueños que nos llevan de prodigio en prodigio á un punto +tal, en que ya demasiado violentada nuestra fantasía nos obliga á +despertar. + +Yaye habia alentado mas de una vez ambiciosas aspiraciones; muchas veces +al contemplar al pueblo moro tan abatido, tan abyecto, tan tiranizado +por los cristianos, habia pensado en que tarde ó temprano aquel pueblo +preferiría la muerte al sufrimiento cruel, lento, continuo, y se +sublevaría; siempre pensando en una sublevacion de los moriscos, habia +pensando en hacerse su caudillo á fuerza de valor y de sacrificios; su +valiente fantasía habia pensado en el triunfo: ¿qué oprimido no sueña +alguna vez en vencer á sus opresores? y despues del triunfo habia soñado +en una corona. + +Aquella corona se le habia venido á las manos de una manera +extraordinaria, antes de la insurreccion y del triunfo. Yaye, preparado +ya por el conocimiento de su alto origen y por sus pensamientos +ambiciosos, habia sostenido sin encogimiento, y como lo hubiera hecho un +príncipe heredero, educado al lado de su padre en su misma córte, el +alto papel que habia desempeñado en la abdicacion de Yuzuf. + +Es cierto que Yaye conocia á Yuzuf; le habia visto desde su infancia +todos los años en la estacion de los calores en Granada, pero á pesar de +que Yuzuf le habia tratado siempre con el cariño y la tierna solicitud +de un padre, Yaye no habia visto en él mas que un anciano amigo de su +venerable ayo Abd-el-Gewar; nunca habia llegado á concebir que aquel +viejo de larga barba blanca, de semblante pálido y melancólico, de ojos +negros y hermosos, dulces, cuando miraban á Yaye, bravíos y +terriblemente feroces, cuando se lamentaba en presencia del jóven de las +desgracias de la patria, nunca habia pensado Yaye, repetimos, que Yuzuf +fuese su padre, y mucho menos que sobre aquella cabeza encanecida por +los años y por las desgracias se asentase una corona. + +Sin embargo, habia llegado el dia en que Yaye supiese que Yuzuf era su +padre, y á mas de su padre rey de los monfíes. + +¿Y qué eran los monfíes? ¿Salteadores como parecia indicarlo su nombre, +ó soldados valientes é indomables de un pueblo vencido que sostenian aun +con un teson incansable la bandera del Islam? + +Para contestar á esta pregunta que suponemos nos haran nuestros +lectores, necesitamos remontarnos á la conquista de Granada. + + * * * * * + +En el año de 1492 los reyes de Castilla y de Aragon doña Isabel y don +Fernando, terminaron con la conquista de Granada, la tenaz guerra de +restauracion contra los árabes, empezada por don Pelayo en Covadonga, y +sostenida durante siete siglos por los condes soberanos, los reyes y los +señores de España, á vueltas de sangrientas disensiones intestinas; +habian puesto al fin el sello á su poder y á su grandeza, constituyendo +un solo reino de los diferentes Estados de España, y añadiendo á su +corona por fuerza de armas el reino moro de Granada, por cuya conquista +el papa Alejandro VI los denominó por excelencia los Reyes Católicos; +eran al fin señores de aquel último refugio de los restos del gigantesco +imperio fundado por Tarik y sostenido con tanta gloria por los califas +Omniades. + +Ya desde las columnas de Hércules hasta las fronteras de Portugal, por +una parte, y por otra, hasta los ásperos Pirineos, resonaba la voz de un +solo señor, y la salmodia de un solo rito; la unidad religiosa y la +refundicion de tantos reinos en una sola corona, eran un hecho consumado +con la conquista de Granada y con la existencia de un descendiente de +los Reyes Católicos. + +Las pretensiones de la Beltraneja, de aquella desgraciada princesa, cuya +legitimidad y cuyos derechos á la corona de Castilla son aun un +misterio, habian muerto en la batalla de Toro, y doña Juana la +Beltraneja, la _excelente señora_, como la llaman las crónicas +portuguesas, se habia separado del mundo tomando el velo de esposa del +Señor, en el convento de Santa Clara de Coimbra. Ningun obstáculo +existia ya delante del astro esplendoroso de los Reyes Católicos, y como +si esto no bastase, un hombre oscuro, un pobre piloto genovés, Cristóval +Colon, habia arrojado á sus plantas el imperio de un nuevo mundo, que +habian ocultado hasta entonces los mares de Occidente. Las naciones mas +poderosas miraban con espanto el poder de los Católicos monarcas; la +victoria reposaba cansada sobre sus pendones, y una extensa y pacífica +monarquía era el sólido fundamento de su poder y de su grandeza. + +Sin embargo, á veces en el corazon de un robusto cedro vive un insecto +roedor é incansable que no se ve, que no se adivina, pero que trabaja en +silencio, que adelanta en su afanosa tarea y que logra acaso atacar la +vitalidad del robusto tronco que le contiene. + +Tambien bajo el esplendoroso manto de victoria de los Reyes Católicos se +ocultaba una carcoma activa y roedora, un elemento hostil, pertinaz, +bravío, incansable; una raza vencida, pero malcontenta con el yugo, +ansiosa de sacudirlo: esta raza era el pueblo moro, á quien se habia +concedido una capitulacion honrosa, á quien se habia conservado el +derecho de la pacífica posesion de sus propiedades, de la práctica de su +religion, de su idioma, de sus leyes, de sus costumbres, á la manera que +Tarik y Muza habian dejado siete siglos antes á los godos y solariegos +vencidos, iguales derechos y franquicias. + +Pero si los árabes habian respetado religiosamente sus pactos con los +españoles subyugados, no habia sucedido lo mismo (rubor causa +confesarlo) respecto á las estipulaciones concluidas entre los +vencedores reyes de Castilla y Aragon, y el vencido rey de Granada. El +fanatismo cristiano fue para con los moros infinitamente mas intolerante +que lo habia sido el fanatismo musulman con los solariegos; los Reyes +Católicos, dominados por sus confesores, pertenecientes al clero mas +feroz de que puede encontrarse ejemplo en la historia, empezaron muy +pronto á faltar á los solemnes tratados concluidos con el rey moro de +Granada. Ya, poco despues de la conquista, (30 de marzo de 1492) habian +expedido un decreto de expulsion contra los judíos, decreto que arrojó +de Granada y del reino, cincuenta mil familias industriosas y opulentas; +los moriscos miraron esta medida tomada contra los judíos con un +profundo recelo; no podia ocultárseles que tras la expulsion de los +judíos, se pensaria en expulsarlos á ellos mismos, ó lo que era peor, de +reducirlos por fuerza á una religion extraña, á usos, á costumbres +enteramente opuestas á las suyas; el tremendo tribunal de la +Inquisicion, creado poco tiempo antes, se habia establecido en Granada; +los frailes cristianos se habian atrevido á penetrar en sus mezquitas, +para predicarles la religion del Crucificado, y como estas misiones no +habian producido conversion alguna, empezaron las mas odiosas +persecuciones; las mezquitas fueron ocupadas por el vencedor, con +abierta infraccion de las capitulaciones, y convertidas en iglesias; se +pretendió obligar á que volviesen al cristianismo los descendientes de +cristianos que habian abrazado el mahometismo, gentes que se conocian +entre los moros con el nombre de _elches_, y estos se negaron +enérgicamente, apoyándose en las capitulaciones de la conquista, á pesar +de las cuales fueron perseguidos y obligados. + +Por consecuencia el Albaicin se sublevó en masa, y fue necesario que el +conde de Tendilla, capitan general á la sazon del reino y costa de +Granada, apelase á la fuerza y á la artillería; los principales de los +sublevados fueron duramente castigados á sangre, y los moriscos, +aterrados por el castigo, doblaron la cerviz y aparentaron una sumision +que no sentian; esto en cuanto á los moriscos de Granada y de las aldeas +de la vega, que en cuanto á los de las Alpujarras, gente indómita y +brabía, se alzaron de una manera imponente, degollaron á los cristianos +que hubieron á las manos, se apoderaron de las fortalezas y se +declararon en abierta rebelion. + +Fue necesario que el mismo don Fernando el Católico acudiese á cortar +aquel incendio; logrólo no sin trabajo; entregáronle los moriscos gran +número de rehenes y se obligaron á pagar á la corona en el término de +dos años cincuenta mil ducados, dejándose bautizar por añadidura; pero +al mismo tiempo que se sofocaba la rebelion en las Alpujarras, brotaba +otra en la Serrania de Ronda y se extendia rápidamente á Sierra Bermeja. +Aquella sublevacion costó la vida á uno de los primeros capitanes de los +Reyes Católicos: á don Alonso de Aguilar, hermano mayor del Gran Capitan +Gonzalo Fernandez de Córdoba. + +Aquella sublevacion fue sofocada tambien aunque con mas trabajo y mas +tiempo, y al fin no quedó en España un morisco de las poblaciones que no +estuviese bautizado y que públicamente no profesase la religion +católica. + +¿Qué mucho? Ellos se habian visto obligados á escoger entre el bautismo +y las hogueras de la Inquisicion. + +Eran, pues, cristianos á la fuerza, de una manera externa, y en el fondo +de sus corazones aborrecian á muerte al odioso conquistador. + +Pero si bien los habitantes de las poblaciones, los que poseian terrenos +ú oficios, los que para conservar sus bienes se veian obligados á +someterse al yugo, practicaban el cristianismo, habia un número +considerable de gente suelta, nómada, como los antiguos árabes del +Yemen, que preferian la lucha con el vencedor y sus peligros á someterse +vergonzosamente al yugo. Estos moriscos, ó mejor dicho, estos moros, +porque solo se llamaba moriscos á los convertidos, no entraban en las +poblaciones, sino para saquearlas; vivían en la montaña, se albergaban +ya en las cuevas de las rocas, ya bajo sus tiendas de cuero, activos +siempre, siempre dispuestos al combate y feroces y terribles hasta el +punto de causar terror á los mismos moriscos de quienes habian sido +hermanos. + +Estos eran los monfíes. + +Decíase á la ventura, porque nada podia asegurarse acerca de ellos, que +estaban organizados en _tahas_ ó distritos, que cada una de estas tahas +estaba gobernada por un _xeque_ (anciano) que todos estos xeques +obedecian á un _emir_ (príncipe) y que este emir tenia junto á sí +_walíes, wazires y alimes_ (capitanes, consejeros y sabios); abultábanse +el poder y las riquezas de este pequeño rey de diez mil soldados, que +erraban por las montañas y estaban sujetos á su ley, ó por mejor decir á +la ley alcoránica á cuyo título los regia; hablábase de sus palacios +subterráneos, aunque nadie los habia visto, y de las maravillas que +estos alcázares encerraban; pagábanle tributo las poblaciones de la +montaña porque no las invadiese, las saquease ó tal vez las llevase á +sangre y fuego, como habia acontecido con alguna que habia resistido al +pago del tributo, y el solo nombre del emir de los monfíes bastaba para +imponer terror á los mas alentados. + +A pesar de esto los monfíes eran una especie de duendes, unos seres +misteriosos á los que nadie habia visto, puesto que los que los veian +durante la sorpresa de una poblacion, ó en los desfiladeros de la +montaña ó en las profundidades de una rambla, morían; pero las huellas +de aquella gente feroz quedaban señaladas de una manera horrorosa, ya en +los humeantes escombros de una aldea arrasada, ya en el cadáver de algun +imprudente viajero, arrojado en los linderos de un camino, ya en las +cabezas de los cuadrilleros de la Santa Hermandad ó de los soldados de +los tercios reales, que habian ido en su busca: despojos sangrientos que +llevados durante la noche á las poblaciones, solian aparecer al dia +siguiente en las puertas de las iglesias. + +Ya este, ya el otro capitan general de la costa y reino de Granada +habian pretendido dar caza á estos terribles monfíes; pero si la fuerza +expedicionaria era respetable, nunca tropezaba con ellos, y si era +escasa, poco despues los restos ensangrentados se encontraban entre las +quebraduras, ó crucificados, asaeteados, ó empalados en los caminos. + +Llegó el caso de que las tropas empleadas en su persecucion se limitasen +solo á salir ostentosamente de las poblaciones para esconderse despues +en la primera breña que encontraban al paso, para volver al dia +siguiente diciendo que no habian dado con los monfíes. + +La existencia de estos, pues, no se conocia mas que por la exaccion +periódica de los tributos, que los habitantes cuidaban de ir á poner en +los lugares indicados en los edictos que en ciertas épocas del año +aparecian clavados en las puertas de las iglesias ó por este ó el otro +cadáver que encontraban acá y allá con suma frecuencia. + +Por lo demás eran unos verdaderos duendes á quienes nadie habia visto, +pero cuya influencia se sentia, y sobre todo se temia. Tales eran los +monfíes de las Alpujarras. + +Yuzuf-Al-Hhamar-abu-Yaye era su rey. + +¿Quién era este rey? + +El mismo nos lo va á decir. + + * * * * * + +Yuzuf, despues de haber mostrado á su hijo todas las maravillas del +alcázar subterráneo, le condujo á un departamento separado: era el +harem. + +Mas de una magnífica hermosura, jóven y pudorosa, habia levantado la +cabeza adormida de sobre un divan, al sentir los pasos de su señor; Yaye +vió con una indiferencia verdaderamente ascética aquellas niñas que se +ponian de pié cubriéndose con sus velos y bajando las frentes ante la +presencia del padre y del hijo: Yuzuf vió con placer que Yaye era un +espíritu fuerte, noblemente levantado sobre las miserias humanas. + +Hay que tener en cuenta para apreciar su indiferencia, y casi su hastío, +que Yaye solo contaba veinte y cuatro años, que las mujeres, junto á las +cuales de retrete en retrete y precedido por esclavos mudos, le llevaba +su padre, eran jóvenes, deslumbrantes de belleza, la mayor de las cuales +apenas llegaria á los diez y ocho años, africanas las unas, asiáticas +las otras, bellezas de ojos negros, cabelleras brillantes, talles +flexibles, y aspecto de pureza y de candor: algunas de ellas admiradas +de la hermosura de Yaye fijaban en él una mirada dulcemente curiosa, y +volvian á inclinar la vista cubiertas de rubor. + +Yuzuf hizo conocer á Yaye muchas esclavas: habló con cada una de ellas, +no con el acento impuro é imperativo de un déspota musulman, sino con el +acento dulce de un padre. + +A cada una de ellas decia tambien señalándolas á Yaye. + +--Este es mi hijo: este es vuestro señor. + +Las esclavas al escuchar esta frase callaban, cruzaban sus brazos sobre +el pecho y se inclinaban. + +Cuando hubieron salido del harem, Yuzuf dijo á Yaye: + +--Las mujeres que acabas de ver son tus concubinas, estan destinadas +para tí; un rey debe tener en su harem las mujeres mas hermosas del +mundo. + +--Yo jamás tendré esclavas para el amor, dijo brevemente Yaye. + +--Yo siempre he tenido vírjenes en mi harem, dijo Yuzuf, pero jamás +esclavas impuras: han sido mis hijas: con ellas he premiado el valor de +mis guerreros, haciéndolas sus esposas; en vez de hacer de una esclava +una mujer impura, he hecho buenas madres de familia. Solo he amado una +mujer, y aquella mujer era mi esposa. + +--¡Mi madre! ¡Oh! ¡en verdad, señor, que nada me habeis dicho de mi +madre! + +--¡Oh! no he querido hablarte de ella, hasta hacerlo en el sitio á donde +te voy á conducir: ven. + +Al pasar por una habitacion, cuyas puertas estaban fuertemente cerradas, +Yuzuf se detuvo. + +En aquella habitacion habia seis fuertes y enormes arcas de hierro. + +Yuzuf abrió una de las arcas; estaba llena de doblas de oro. + +--Yo creí, señor, dijo Yaye, que me habiais traído al lugar en que +debíais hablarme de mi madre. + +--¡Cómo! ¿no te maravilla saber que eres dueño de tantas riquezas? + +--Las riquezas solo deben servir para hacer el bien de nuestros +hermanos: de tal manera las aprecio: consideradas de otro modo me causan +hastío. + +--Te he dado una corona y la has recibido sin envanecerte ni asombrarte; +te he presentado mujeres, por cualquiera de las cuales arderia en fuego +impuro, un morabitho[5] apartado del mundo, y las has visto sin +conmoverte; te he hecho ver el brillo del oro, y no te has asombrado, ni +ha nublado tu rostro la palidez de la codicia. Eres digno, hijo mio, de +ceñir mi espada y mi corona, digno de vengar á tu madre. + +--¿De vengar á mi madre habeis dicho, señor? + +--Silencio: aun no hemos llegado, sígueme. + +Yuzuf cerró cuidadosamente otra puerta, atravesó con Yaye una larga y +estrecha mina, y llegó al fin de ella á una puerta maravillosa, tanto +por su labor como por las ricas maderas y preciosos metales con que +estaba construida, sacó una llave de oro de entre sus ropas y abrió +aquella puerta. + +El retrete á que aquella puerta daba entrada era pequeño, pero +resplandeciente; una lámpara de cuatro luces, suspendida de la cúpula, +hacia brillar el oro de las labores sobre fondos esmaltados, el bruñido +mármol de las columnas, y la tersa superficie de los mosáicos, de los +que arrancaba cien cambiantes; alrededor de este retrete habia un ancho +divan de seda y oro, y al fondo un magnífico arco primorosamente labrado +y cubierto enteramente por la parte interior por una cortina de brocado, +que ocultaba completamente lo que tras aquel arco existia. + +Yuzuf se sentó en el divan y atrajo á sí á Yaye. + +--Siéntate, le dijo. + +--¿Ha llegado el momento de que me hableis de mi madre? + +--Aun no: antes es preciso que conozcas la historia de tu padre. + +--Os escucho, señor. + +El anciano empezó su relato de esta manera: + +--Mi edad ha pasado de los sesenta años, el dia en que Granada, +destrozada por las guerras civiles, vendida por el cobarde Muley +Abd-Allah, su último rey, se entregó á los cristianos, tenia diez y +seis. Mi padre era uno de los héroes de nuestro pueblo, mi padre era el +infante Muza-ebn-Abil-Gazan, hijo bastardo de Muley Hhacem, y hermano de +Boabdil el desdichado. + +Me acuerdo perfectamente del fatal dia en que despues de haber entregado +las llaves de Granada al rey don Fernando en las orillas del Genil, +Muley-Abd-Allah se encaminó con su familia y con los que quisieron +seguirle á las Alpujarras. + +Nuestras mujeres lloraban, lloraban nuestros viejos y nuestros soldados +cabizbajos y avergonzados marchaban en silencio, sin atreverse á volver +el rostro para mirar á la hermosa ciudad, entre cuyos escombros no +habian sabido perecer como valientes. + +Asi en paso tardo como el de quien se aleja por la fuerza del objeto de +su cariño, llegamos al alto del Padul. + +Era el último lugar desde donde podíamos ver á Granada: el rey revolvió +transido de dolor su caballo, y se arrojó de él. Luego se prosternó +mirando á Granada y lloró: todos nos habíamos prosternado; todos +llorábamos menos una mujer: aquella mujer estaba de pié, altiva, serena, +pero profundamente pálida: aquella mujer era la madre de Muley +Abd-Allah: la sultana Aixa-la-Horra. + +Aun me parece que la veo de pié en medio de nosotros, como un genio +fatal; aun me parece que escucho sus altivas y terribles palabras. + +--Llora, dijo al rey, llora como una débil mujer, la pérdida del reino +que no has sabido defender como hombre. + +Al escuchar el severo acento de su madre, el rey se alzó, lanzó una +mirada suprema á Granada, exhaló un grito de dolor, se cubrió el rostro +con las manos, y luego, montó de un salto á caballo, le revolvió hácia +las Alpujarras, y apretándole los acicates partió á la carrera. + +Todos le seguimos como una tromba: la desesperacion nos impulsaba, y +doblamos la falda de la montaña, con el estruendo y la rapidez del +viento de la tempestad. + +Yo cabalgaba al frente de nuestros soldados y de nuestros ginetes, +agoviado bajo el peso de un doble é intenso dolor: salia desterrado de +la ciudad en donde habia nacido, y el noble infante mi padre, habia +desaparecido sin que nadie supiese lo que habia sido de él: acaso habia +ido á buscar la muerte en alguna aventura desesperada, yendo solo á +hacerse matar por los cristianos, encubriendo su nombre, como un moro +cualquiera: acaso habia huido para no ver la deshonra de su pueblo, la +rendicion á los castellanos, la Alhambra en poder de los infieles, la +vergüenza en la frente del cobarde rey; acaso yo no debia volver á ver á +mi padre. + +Junto á mí; triste y pensativo como yo, cabalgaba el valiente Ali +Huseín, alferez de mi padre, que en otros tiempos habia llevado su +bandera de infante á la victoria. + +Algo mas allá del Padul, Ali Huseín, detuvo su caballo y me dijo: + +--Poderoso señor, tu padre quiere que nos separemos del rey y de sus +gentes. + +--¡Mi padre! exclamé: ¡pues qué! ¿sabes tú de mi padre? + +--Tu noble padre nos espera en la montaña, me contestó. + +Y puso su caballo en demanda de otro camino: yo le seguí con el corazon +alentando apenas; nuestros parientes, nuestros soldados y nuestros +esclavos me siguieron: eramos mas de quinientos. + +Mi padre se nos presentó de repente, se nos dió á conocer, y se puso á +nuestra cabeza en un camino que se internaba en la montaña, y que á +medida que adelantábamos se estrechaba hasta el punto de que nos fue +necesario echar pié á tierra y marchar uno en pos de otro. + +Mi padre iba delante. + +Caminamos todo el dia en silencio por ásperos desfiladeros, viendo á +nuestros piés valles profundísimos por cuyo fondo se precipitaban rios +convertidos en torrentes por las lluvias del invierno, y sobre nuestras +cabezas montañas cubiertas de nieve: sobre las colinas levantaban las +tristes y altísimas copas solitarios pinos, y en el fondo de las +estrechas vegas, en las vertientes de la montaña, bravíos bosques de +deshojadas encinas. + +Ni una aldea, ni una habitacion humana, ni aun la choza de un pastor, +vimos durante el dia desde el camino por donde nos guiaba mi padre. Solo +se escuchaba el graznar de las águilas, el ahullar de los lobos +hambrientos, el rugir de los torrentes y el zumbido del viento entre las +quebraduras de la montaña. + +Llegó la noche y con ella llegamos á una cumbre ancha, árida, cubierta +de nieve, desde la cual se veian otras muchas cumbres que se levantaban +en anfiteatro hasta el altísimo pico de Muley Hhacem[6]. Tampoco se veia +desde allí ninguna habitacion humana. + +Detúvose allí mi padre y descabalgó: todos descabalgamos, y durante los +primeros momentos de descanso, nuestras mujeres y nuestros esclavos +descansaron. + +Despues mi padre llamó en torno de sí á los guerreros de nuestra +familia. + +--«Hemos sido arrojados de nuestros hogares, nos dijo, y ya no tenemos +patria: somos vencidos: el vencedor nos ha asegurado nuestras +propiedades, nuestra religion, nuestras leyes y nuestras costumbres, por +medio de una capitulacion: esa capitulacion que algunos creen honrosa y +estable, no vale mas ni es mas fuerte que el papel en que está escrita: +la mano del vencedor procurará pasar primero por cima de ella, y cuando +aleguemos los capítulos concertados con los reyes de Aragon y de +Castilla, la mano del sacerdote cristiano rasgará la capitulacion, y los +soldados de los reyes de España, nos impondrán la sumision por la +fuerza. Todo lo hemos perdido, todo: patria, religion, leyes, +costumbres, haciendas: nos espera una suerte semejante á la de los +judíos: la esclavitud y la vergüenza. + + * * * * * + +Resistamos con valor la inclemencia de los hados: si vivimos en los +pueblos, allí nos vigilará el recelo del vencedor, que tendrá siempre el +atento ojo sobre nuestros semblantes para medir su alegría ó su +tristeza: si nos reunimos en mucho número recelaran; si evitamos +reunirnos, recelaran tambien: acecharan por las rendijas de nuestras +puertas para sorprender el pudor de nuestras mujeres, y procuraran +apartar nuestros hijos de nuestro amor y de nuestras costumbres. + +Debemos vivir lejos de los cristianos, y acecharlos incesantemente, en +vez de ser acechados: debemos preparar el dia glorioso de una +reconquista, si no para nosotros, para nuestros hijos: debemos continuar +siendo fieles observantes de la ley, buenos musulmanes; en los pueblos +no podríamos serlo: pero por fortuna la montaña es áspera, tiene +guaridas desconocidas donde podremos ocultarnos, y desde las cuales +seremos el terror del vencedor: es necesario que olvidemos el regalo de +nuestras casas de Granada, las suntuosas fiestas, las alegres zambras: +nuestros jardines seran las desnudas ramblas de las Alpujarras; nuestras +zambras el combate continuo con el cristiano: que el que se aventure en +la montaña muera, y que los cobardes habitantes de las poblaciones +paguen tributo al rey de la montaña. + +En una palabra, desde hoy, si quereis seguir mis consejos, seremos +monfíes.» + +Concluyó mi padre, y los mas ancianos, los mas prudentes de la familia +aprobaron su parecer. + +Pero era necesario que aquel nuevo pueblo que habia elegido para su +residencia las grutas de las montañas, y por ejercicio la continua +guerra con el cristiano, tuviese á su frente un caudillo que les +gobernase. + +Mi padre fue elegido unánimemente emir de los monfíes. + +Un resto de la familia real de Granada, guarecido entre rocas y +desfiladeros, no rendia vasallaje al vencedor del reino de Granada; los +demás se arrojaban á sus piés en un cobarde vasallaje, ó se desterraban +voluntariamente del suelo que les vió nacer, pasando al Africa. + + * * * * * + + * * * * * + +Anduvimos sin cesar por ásperos senderos durante aquella larga noche, +alumbrados por la clarísima luna del mes de las nieves, y al amanecer +llegamos al centro de un espeso pinar delante de la boca de una lúgubre +gruta. + +Esa gruta es la misma en que ahora te encuentras, hijo mio. + +Dentro de esta gruta, mi padre construyó el alcázar subterráneo del emir +de los monfíes. + +--Pero segun las cámaras que he visto antes de llegar á esta, dijo Yaye, +si he de juzgar por el régio esplendor que nos rodea, este alcázar es +tan rico como la Alhambra; para construirlo han debido gastarse tesoros +incalculables. + +--Mi padre, continuó el anciano Yuzuf, previendo á tiempo la conquista, +habia vendido sus tierras, sus alquerías, sus castillos: el precio de +estos, aunque enorme, no bastaba ciertamente para la construccion de +este alcázar maravilloso, del cual solo has visto una pequeña parte. +Pero los monfíes hacian la guerra al cristiano y con mucha frecuencia +penetraban en las villas mas populosas y ricas de las Alpujarras, las +entraban á saco y se volvian cargados de botin: el quinto de las presas +era de mi padre: ademas, justo era que los que habian inclinado +cobardemente su cabeza bajo el yugo del vencedor, los que se habian +convertido de miedo (porque los cristianos tardaron muy poco en faltar á +la fe de las capitulaciones), justo era que los que habian renegado +vilmente de su Dios, contribuyesen al sostenimiento de los valientes +moros que habian rechazado toda servidumbre, todo envilecimiento, toda +apostasía, prefiriendo una sangrienta y continua lucha entre las breñas +de la montaña, á una paz vergonzosa entre el ocio y el regalo de las +poblaciones, bajo la mano de hierro y la vista recelosa de los +cristianos: al poco tiempo de haberse hecho mi padre rey de la montaña, +aparecieron gacelas escritas en las puertas de las iglesias, sin que +nadie supiese quién las habia puesto, en que se imponia á los moriscos +renegados y á los cristianos, un fuerte tributo para el emir de los +monfíes: la primera vez las gacelas fueron arrancadas sin temor, y solo +recibieron por contestacion un silencio de desprecio: el castigo no +tardó mucho despues de la ofensa: una y otra y otra villa fueron +acometidas de noche, en medio del silencio, y sus moradores entregados +al degüello y al incendio: cuando de nuevo se fijaron gacelas en los +mismos parajes que las anteriores, los vecinos, cada uno segun su +riqueza, se apresuraron á pagar el tributo impuesto por el rey de la +montaña, llevándole al lugar que se prefijaba en la gacela. Asi han +continuado año tras año. Al terminar la luna de los frutos, nuestros +monfíes entran de noche en las villas y fijan en las iglesias las +gacelas en que se les anuncia el dia y el lugar en que han de pagar el +tributo y dónde han de depositarle. Ningun año ha faltado una sola villa +á cumplir esta prescripcion. Tenia, pues, mi padre tesoros y los tengo +yo. Con esos tesoros se ha construido en las entrañas de la tierra, en +las excavaciones de unas antiquísimas canteras, este alcázar, que es una +ciudad subterránea; con esos tesoros hemos podido ir aumentando el +número de los monfíes, que al principio apenas llegaban á quinientos; +que cuando murió mi padre llegaban á cuatro mil, y que hoy forman un +ejército de diez mil soldados, fuertes, bravos, sin piedad, incansables, +que conservan la pureza de la ley alcoránica, y entero el amor de la +patria: con esos tesoros podemos tener espías en todas partes, hombres +activos que encontraran medio de saberlo todo, de oirlo todo: estos +hombres estan allí do quiera ondea la bandera española: en la córte del +emperador, en la del rey de Francia, en Italia, en Flandes, hasta el +remoto continente americano, de donde nos envian oro á raudales; nadie +conoce á esos emisarios mios, y muchos de ellos sirven á sueldo bajo las +banderas del rey de España, muchos alientan con mi oro las tentativas de +los enemigos de Carlos V, y si yo quisiera, ese soberbio rey caeria +herido por un puñal invisible: ¿pero qué me importa la vida de don +Carlos? El es un solo hombre, aunque poderoso, y nuestro enemigo es un +pueblo entero, un pueblo de soldados aventureros y rapaces, de frailes +codiciosos, de jueces y abogados que son otras tantas aves de rapiña: la +codicia hace invencibles á esos aventureros, el fanatismo crueles á esos +frailes, la soberbia implacables á esos jueces: donde quiera que pone su +planta el soldado, donde quiera levanta su cruz el fraile, donde quiera +tiende su garra el golilla español, allí van la destruccion, la hoguera +y el verdugo: América se extremece bajo su yugo, Flandes se desangra, la +hermosa Italia se ahoga; llegará un dia, y acaso no tarde, en que +alentados por la desesperacion los oprimidos, hagan crugir y +quebrantarse el yugo: en que España, rodeada por todas partes de +enemigos, no tenga bastantes soldados para vencer; en que los frailes no +puedan encender hogueras para quemar, en que los jueces se vean heridos +por sus mismas plumas. Llegará un dia en que se unan contra España todos +los que por España son desdichados, porque la tiranía acaba siempre +herida por sus mismos excesos. Una terrible guerra religiosa se agita en +Europa; Roma lucha contra la protesta; los doctores católicos contra los +doctores luteranos: cien pueblos contra uno solo, cien derechos contra +una sola tiranía: la España de Carlos V es un coloso de hierro con los +piés de barro, y su mismo peso la derrocará: ¡ay cuando llegue el dia en +que el coloso vacile! Un pueblo que hoy se esconde en las entrañas de +las rocas, atacará á ese coloso por el pié y le arrojará por tierra... + +--¡Sueño! exclamó Yaye, interrumpiendo á su padre. + +--¿Acaso sabe nadie lo que está escrito en el libro del destino? ¿Acaso +no fueron derrocadas Menfis y Babilonia? ¿No pasó la Grecia con sus +guerreros, con sus sabios, con sus poetas y sus artistas? ¿Dónde está +Cartago la rival de Roma? ¿Dónde está Roma la vencedora de Cartago? +¿Dónde estan los godos que hollaron el Capitolio con los sangrientos +cascos de sus caballos? ¿Dónde estan los árabes vencedores de los godos? +¿Qué ha sido de los almoravides y de los almohades vencedores de los +árabes? Todo muere: como los hombres, las razas. + +--España es fuerte, poderosa y grande, exclamó el tenaz Yaye. + +--Carlos V ve que el coloso empieza á desmoronarse bajo su imperio: este +imperio pasará quebrantado, herido de muerte, á los hombros del príncipe +don Felipe, y si bajo su mano no se destruye, pasará mermado á las de su +hijo, y débil á las de su nieto, y miserable y envilecido á las de su +viznieto. ¡Qué! ¿puede durar mucho un imperio que se funda en la +opresion de pueblos enteros? + +[imagen: ¡Llora, llora, como una débil mujer, la pérdida del reino +que no has sabido defender como hombre!] + +Acaso ni yo, ni tú, ni nuestros nietos, veamos convertido á ese coloso +sangriento en un fantasma que se verá precisado á volver la vista atrás +para contemplar algo grande; pero tenemos el deber de ayudar á la +carcoma de ese coloso; tenemos necesidad de vengarnos, ya que no como +serpientes, como sanguijuelas: debemos chupar continuamente su sangre y +su oro: por cada moro que ese coloso despedace, nosotros debemos +despedazar cien cristianos, y si está escrito que en nuestros tiempos +ese coloso se derrumbe, debemos estar preparados á la lucha, en acecho +de una ocasion propicia para reconquistar lo que hemos perdido, para +poder piafar con nuestros corceles en las ricas campiñas andaluzas, y +levantar en medio de ellas los minaretes de las mezquitas del dios +Altísimo y Único. + +--¡Oh, padre, padre! ¡El Altísimo ha visto los pecados de nuestro +pueblo, y por ellos le ha destruido! + +--Del mismo modo ve los pecados de los españoles, y les destruirá por +ellos. + +--Padre, ¿habeis vivido alguna vez entre esos hombres? + +--El dia en que mi padre fue elegido rey de los monfíes, llamó á uno de +sus parientes mas allegados, sabio anciano, y me entregó á él, como yo +te he entregado á Abd-el-Gewar. «Ve hijo mio, me dijo: vive entre los +conquistadores, conócelos, porque algun dia me sucederás en el gobierno, +y el elegido por Dios para gobernar, debe conocer á los enemigos de su +pueblo. Aprende su lengua, viste su trage, practica sus costumbres, +ponte en estado de conocer sus malas artes para que no puedas ser +engañado; conoce sus debilidades, para aprovecharlas, y si es necesario, +sé cristiano en la apariencia. Corre mundo, y sobre todo sé dócil con el +que desde ahora va á ser tu padre: cuando conozcas bien á nuestros +enemigos, cuando largos viajes te hayan dado experiencia, vuelve, mi +corona te espera.» + +Y partí, y aprendí el habla castellana, y viví en la córte del +emperador, y serví bajo sus banderas, y estuve en Francia, en Flandes, +en América: por todas partes ví enemigos de España; por todas partes oí +maldecir el nombre español; en todas partes vi vireyes y oidores, y +clérigos, y capitanes y soldados de España, que se enriquecian por medio +del crímen. Comprendí que los pueblos tienen un derecho sagrado de vivir +bajo sus antiguas leyes, bajo sus usos y costumbres, y que un +conquistador es siempre odioso, porque siempre se ve obligado á ser +tirano. + +--Lo mismo he comprendido yo, señor. + +--Mi amor á la patria crecía á medida que pesaba los excesos que en +todas partes, en todos los mares, en todas las regiones del mundo +ejercian los españoles: mi sola pasion era el odio hácia los cristianos, +mi solo deseo beber su sangre. + +--¿Y no sentísteis jamás otra pasion ni otro deseo, padre mio? exclamó +con embarazo Yaye. + +[imagen: ¿Quién es esa dama?] + +--Sí, contestó Yuzuf, mirando fijamente á su hijo: tú eres una prueba +viviente de que si mi corazon abrigaba un odio á muerte, una +inextinguible sed de venganza contra los cristianos, dió tambien cabida +al amor. + +--Pero vos amariais á una mujer de vuestra raza; á una parienta acaso. + +--Tu madre no era mora, hijo mio. + +--¡Que no era mora! + +--Era árabe... al menos descendiente, en línea recta de los califas +árabes de Córdoba. + +--¡Descendiente en línea recta de los califas de Córdoba!... ¿Cómo se +llamaba? + +--Ana de Córdoba y de Válor. + +--¡Ana de Córdoba y de Válor!... ¡Hija de los renegados!... +¡Cristiana!... + +--Es verdad que los Válor cometieron un gran pecado renegando de su fe y +sirviendo á los reyes de Castilla: es verdad que un moro no debia tener +con ellos otra alianza que la del acero, otro trato que el del +combate... ¿pero acaso hemos de castigar en los hijos los pecados de los +padres? ¿Acaso no hay una ley superior á todas las leyes; una ley +irresistible, porque está escrita por la mano de Dios en el corazon +humano, y á la que es forzoso obedecer? Dichoso tú, hijo mio, si aun no +has oido el terrible precepto de esa ley, de esa ley que se llama... + +--¡Amor! exclamó profundamente Yaye. + +--¡Amor! exclamó con profunda intencion Yuzuf... pero no: á tu edad se +juega con el amor; mas á la edad en que yo conocí á tu madre, en el +estío de la vida, cuando ya se empieza á descender por la escala de los +años, cuando tenemos el corazon vacío por la experiencia, árido por la +desgracia, ansioso de amor... ¡oh! entonces no se ama al ángel, se ama á +la mujer, se ama á la compañera; se busca un corazon noble y grande que +sienta nuestro infortunio, que le acepte, que le alivie, compartiéndolo: +un seno de paz en que reposar la cabeza calenturienta por los cuidados +del gobierno: una mano amante que limpie de nuestra frente el sudor del +combate; una boca que nos sonria como solo sabe sonreir la esposa que +ama, y que ahuyente con su sonrisa, siquiera, sea por un momento los +crueles cuidados, la lucha azarosa del presente; los temores del +porvenir. Y luego... tú no has podido encontrar en las tierras donde has +vivido, ni en Madrid, ni en Salamanca, ni en Granada, ni en las +Alpujarras, una mujer como tu madre... ¡Ven! + +Yuzuf se levantó, y fue al arco del fondo: su semblante estaba mas +pálido que de costumbre, su blanca barba temblaba, sus ojos expresaban +una tristeza profunda. + +--¡Mira! dijo á Yaye. + +Y descorrió la cortina. + +--¡Isabel! exclamó el jóven con un grito exhalado del fondo de su alma. + +Al descorrerse la cortina, una mujer jóven y hermosa habia aparecido +ante los ojos de Yaye: aquella mujer demostraba la misma edad que Isabel +de Córdoba y de Válor, y era tan semejante á ella, como si hubiera sido +ella misma. + +Pero aquella mujer estaba pintada en una tabla. + +Aquella tabla era á todas luces obra del pintor de los Reyes Católicos, +Antonio del Rincon. + +(Entre paréntesis: el nombre de Antonio del Rincon estaria arrinconado +en el olvido, sino hubiera retratado tres docenas de veces á los +serenísimos Reyes Católicos). + +Yaye en su permanencia entre los cristianos se habia hecho artista, y +reconoció á primera vista por la manera, cuando la reflexion hubo +dominado en él á la sorpresa, al autor de aquel retrato: recordó que +Antonio del Rincon habia muerto muchos años antes de que Isabel de +Córdoba y de Válor llegase á la edad que la dama retratada representaba: +no podia ser aquella dama Isabel, pero podia ser su madre. + +¡Su madre! + +Este fue el primer pensamiento que brotó de la razon de Yaye, y le +extremeció. + +Acaso habia un misterio en el nacimiento de Isabel: acaso amaba con un +amor incestuoso á su hermana. + +Cuando llenan la cabeza y conmueven el corazon pensamientos y +sensaciones tan profundas, la lengua enmudece, los ojos se asombran, ese +organismo que se llama cuerpo humano tiembla. + +Yaye fijaba una mirada fascinada en el retrato y estaba pálido como un +cadáver. + +--Esa era tu madre dijo tristemente Juzuf. + +--¡Mi madre! contestó maquinalmente el jóven; mi madre! + +Pero dominando la reflexion á la razon se encerró en una prudente +reserva. + +--Te asombra sin duda, dijo Yuzuf, interpretando mal la confusion de +Yaye, ver á tu madre con esas ropas castellanas; con ese tocado +castellano, con esa cruz de oro pendiente del cuello. ¡Ah hijo mio! ya +te he dicho que tu madre era cristiana: yo, moro de raza, enemigo á +muerte del nombre cristiano, no debí haber sucumbido á los amores de una +infiel. ¿Pero hay algun hombre que pueda hacerse superior á ese precepto +de Dios que dice: hallarás á tu compañera y la amarás? + +Hubo un momento de silencio. Juzuf se volvió al divan y se sentó en él. +Yaye se sentó á su lado. Entrambos tenian fija su mirada en el retrato. + +--Y yo no la busqué, continuó Yuzuf; la encontré un dia en esa tabla.... +al verla me estremecí, temblé: nunca habia temblado: nunca habia +conocido el amor y al sentirle no le comprendí. Sin saber por qué no +podia separar los ojos de esa tabla, que tenia para mí voz, aliento, +vida. Sin embargo entonces era ya hombre maduro, me acercaba á los +cuarenta años. Hacía ya diez que por muerte de mi padre habia heredado +su espada y su corona. Obedeciendo uno de los consejos que me dió mi +padre al morir, vivia por mitad en las Alpujarras, como emir de los +monfíes, ó en Granada ó en la córte, como morisco convertido: cuando +vivia entre los cristianos llamábanme el hidalgo Diego Vargas y nadie +sospechó jamás que yo fuese el rey de aquellos terribles monfíes, cuyo +nombre solo aterraba á los castellanos. + +Sabíanlo sin embargo algunos moriscos principales: uno de ellos era don +Juan de Córdoba y de Válor, que aunque cristiano en la apariencia era +moro de corazon y esperaba, si un dia triunfaba un levantamiento de los +moriscos, ser elegido rey de Granada. + +Entre don Juan de Válor y yo existia una estrecha amistad: don Juan sin +embargo conocia mis incontestables derechos al trono de Granada: +derechos no solo heredados, sino adquiridos en el combate continuo con +el cristiano, mientras ellos, los moriscos, vivian en un ocio y una +sumision vergonzosas; don Juan me habló muchas veces de confundir en uno +nuestros muchos derechos por medio de un casamiento. + +--Yo no tengo hijos le contestaba yo, siempre que don Juan me hablaba á +aquel propósito. + +--Pero yo tengo una hermana, me dijo al fin un dia don Juan: una hermosa +doncella de diez y ocho años. + +--Reparad en que yo cuento ya cerca de cuarenta. + +--Para esta clase de alianzas no se repara en edades, replicó; basta con +que el hombre ofrezca seguridades de sucesion. + +--Por último, don Juan, le dije: vuestra hermana es cristiana, no +cristiana como vos lo sois, sino de corazon, por creencia y por +costumbre: yo no puedo unirme á una infiel. + +Don Juan no me contestó á esta última decision mia; es de advertir que +cuando yo le dí esta contestacion no conocia á su hermana doña Ana: solo +tenia noticia de ella y de sus exageradas creencias cristianas por +algunos moriscos principales que la conocian: sabia sí que era hermosa; +pero habia llegado á los cuarenta años sin rendir tributo á la +hermosura, por que mi corazon estaba lleno de ambicion y de sed de +venganza por las desventuras de mi patria. El saber que doña Ana de +Córdoba era una doncella hermosísima no me habia conmovido. + +Un dia que, de vuelta de un paseo por el campo, pasábamos por una +estrecha calleja del Albaicin, don Juan me convidó á subir á casa de un +pintor su conocido. + +Aquel pintor era Antonio del Rincon. + +Subimos á una torrecilla donde Rincon pintaba sus cuadros, y lo primero +en que reparé, entre una multitud de santos, cristos y vírgenes, fue en +esa tabla que estaba puesta junto á una ventana y herida de lleno por la +luz. + +En el tiempo que estuvimos allí, no separé la vista de aquella tabla: un +poder misterioso é irresistible me arrastraba á la mujer que en ella +estaba representada. + +Salimos de allí don Juan y yo, y al dia siguiente volví solo á la casa +del pintor. Aquella noche, á mi despecho no habia dormido; ni un solo +momento se habia separado de mí el recuerdo de la hermosa castellana. +Cuando entré en la habitacion del pintor el retrato estaba en el mismo +sitio. + +--¿Quien es esa dama, si es que podeis decirme su nombre? pregunté á +Rincon despues de algunos minutos que estuve hablando con él de cosas +indiferentes. + +--Esa dama caballero, me dijo, es doña Ana de Córdoba y de Válor, y me +extraña que no la conozcais por que al veros aquí con su hermano don +Juan no pareciais sino grandes amigos. + +--En efecto lo somos, pero nunca he visto á doña Ana. + +--Es doña Ana muy recatada. + +--Y decidme, añadí rompiendo por todo: ¿tendriais dificultad en venderme +ese retrato? + +--No os le venderé, dijo, pero os le cambiaré. + +--Cambiarle, ¿y por qué? + +--Por vuestro retrato. + +Maravillóme el precio que ponia á su venta Antonio del Rincon. + +--No os extrañe esto, me dijo: sois un hombre poderosamente hermoso (no +hago mas que repetir las palabras del pintor, observó Yuzuf, cuya +modestia no era fingida) teneis un semblante sumamente noble, los +cabellos y la barba negra, brillantes los ojos, tersa la piel, y apenas +demostrais treinta años. + +--Pues os engañais, amigo mio, le dije; me acerco ya á los cuarenta. + +--Bien podrá ser, pero desde el momento en que os vi me dije: he aquí +que me contentaria mucho que ese caballero me mandase hacer su retrato: +os pareceis mucho en lo grave y en lo pensador á mi señor el serenísimo +rey don Fernando. Habiendo concebido ese deseo, ya comprendereis que +aprovecho la ocasion de que vos deseis poseer el retrato de doña Ana de +Córdoba para proponeros un trueque. + +--Acepto con sola una condicion, le contesté, ó por mejor decir con dos +condiciones. + +--Sepamos. + +--En primer lugar, habeis de procurar que don Juan no sepa que yo poseo +este retrato, para conseguir lo cual hareis otro exactamente igual y se +lo entregareis como si fuese el mismo. + +--Eso por supuesto, contestó Rincon. + +--Ademas, insistí, habeis de aceptar el precio de los dos retratos, del +suyo y del mio, puesto que son dos trabajos en que os debeis ocupar. + +--¿Y estais decidido, me dijo mirándome fijamente, á no dejaros retratar +sino bajo esas condiciones? + +--Decidido de todo punto. + +--Sea lo que vos querais: con esto creo que nuestro trato esté +concluido. + +--Sí por cierto. ¿Y cuándo me entregareis el retrato de doña Ana? + +--Dentro de ocho dias: pero para ello será preciso que dentro de ocho +dias esté concluido el vuestro. Hoy prepararé la tabla. Venid á buscarme +mañana al amanecer. + +Volví al dia siguiente despues de una noche de insomnio. + +Encontré á Antonio del Rincon trabajando ya en la copia del retrato de +doña Ana. + +--¿No temeis, le dije, que venga don Juan y os coja en el fraude? + +--No por cierto, me contestó: don Juan viene muy de tarde en tarde: +ademas, cuando llame, antes de que le abran trasladaré estas dos tablas +á lugar seguro. Ahora permitidme que me apodere de vos para trasladaros +á la tabla: desde este momento me perteneceis. Os tengo como quiero; +pálido, lo que aumenta vuestra... hermosura, y sencillo aunque rica é +hidalgamente vestido. + +En efecto, Rincon se apoderó de mí, me colocó frente al retrato de doña +Ana de pié, puesta una mano en la cadera, y sosteniendo con la otra mi +gorra. + +Rincon empezó á trabajar: al poco espacio yo no veia nada; no pensaba en +nada; solo veia á doña Ana que estaba frente á mí, solo pensaba en ella: +no sé cuanto tiempo estuve inmóvil en aquella posicion, mirando +enamorado, loco, á doña Ana. + +Al fin Rincon lanzó un grito de triunfo. + +--¡Es mi mejor obra, mi grande obra! exclamó: ¡jamás he pintado una +cabeza como ésta! ¡Mirad! + +En efecto, al ver la cabeza que enteramente habia pintado Ricon, me +estremecí: en aquella cabeza enteramente semejante á la mia, estaban +pintados al mismo tiempo el deseo, la ansiedad, la duda: mis ojos +exhalaban una ardiente mirada de amor: Rincon habia sorprendido la +expresion con que yo habia estado contemplando el retrato de doña Ana, y +la habia trasladado á la tabla. Solo al ver la obra del pintor, +examinándome á mi mismo, comprendí que estaba enamorado. + +--Es necesario que borreis esa cabeza, le dije. + +--¡Borrarla! ¡quereis borrarla! exclamó con ímpetu poniéndose en actitud +amenazadora delante de la tabla; ¿quereis arrebatarme mi fama? Esto +seria cosa de andar á estocadas. + +Fue necesario ceder ante el entusiasmo de Rincon. Durante ocho dias +estuve yendo todas las mañanas al amanecer y permanecí en casa del +pintor durante cuatro horas. Al cabo de los ocho dias mi retrato +enteramente concluido, habia desaparecido: en cambio, Rincon, despues de +haber envuelto cuidadosamente en paños el retrato de doña Ana y metídole +en un cajon, me lo habia entregado. + +El retrato habia sido trasladado á este mismo lugar. Hace mas de veinte +y cuatro años que está ahí; hace mas de veinte y cuatro años que ese +tapiz le cubre, que esa lámpara le alumbra. + +El anciano se detuvo como para tomar fuerzas: despues de algunos +momentos de silencio continuó: + +--Durante muchos dias pasé largas horas delante de ese retrato: +lentamente mi amor, que estaba en lucha con mi razon, fue venciéndola: +nació en mí primero débil y dominada por un invencible horror al nombre +cristiano, la idea de mi casamiento con doña Ana: cuando pensaba en +esto, mas que la idea de unirme á una cristiana me atormentaba el temor +de no ser amado por ella. Mi edad doblaba la suya. ¿Pero no me habia +dicho Antonio del Rincon que aun parecia jóven, que aun parecia hermoso? +Entonces por la primera vez, mi limpia adarga me sirvió de espejo: ví +que mis cabellos eran negros, mi barba poblada y brillante, mi piel +tersa, mis ojos jóvenes: comprendi que un contínuo y rudo ejercicio al +aire puro de la montaña, mi ignorancia hasta entonces del amor, y la +exuberancia de vida que ardia en mi sangre, me habian conservado jóven, +en la edad en que otros se encontraban en el otoño de su vida. Tenia +alguna esperanza. Habia ademas en la expresion reflexiva y pura de doña +Ana algo que me decia: esa mujer no puede amar á un hombre cualquiera: +esa mujer no ha amado aun: algunas veces cuando hacia mucho tiempo que +mis miradas estaban fijas en el retrato, me parecia que la pintura +tomaba vida, que sus ojos brillaban, que con una mirada intensa, emanada +del alma, me decian: ¡yo te amo! + +Necesité conocer á doña Ana, pero no quise conocerla bajo la impresion +de los consejos de su hermano, que indudablemente estaba interesado en +que yo fuese su esposo. + +Me trasladé á Granada, y uno de mis monfíes, mozo despierto y que +conocia perfectamente las costumbres de los cristianos, supo enamorar á +una de las doncellas de doña Ana: por ella supo él, y por él yo, que +doña Ana jamás habia amado, ni recibido billetes, ni escuchado +galanteos; que solo salia de su casa para ir á misa á la colegiata del +Salvador y aun asi muy temprano; que era buena hija y buena hermana, +piadosa y ardientemente caritativa. + +Yo, que jamás habia entrado en la iglesia de Cristo, sino para no +hacerme sospechoso, entré en ella para conocer á doña Ana. + +Coloquéme junto al presbiterio el primer dia de misa á primera hora: +cada mujer que adelantaba cubierta con un manto hacia latir mi corazon: +al fin apareció una, esbelta, de continente magestuoso, y mi corazon sin +dudar me dijo: ella es: precedíala un paje que llevaba un cojín y +seguíanla una dueña y un rodrigon. + +Afortunadamente el paje colocó el cojin á poca distancia de las gradas +del presbiterio, casi junto á mí. Doña Ana se arrodilló: en el primer +momento no me vió, luego, como por acaso me viese, palideció, hizo un +movimiento de sorpresa, partió de sus ojos una mirada involuntaria, +aquella misma mirada que yo habia creido ver algunas veces en su retrato +y que parecia decirme: yo te amo, y súbitamente se ruborizó, bajó los +ojos, y no los volvió á alzar hasta que, concluida la misa, se volvió +rápidamente como temiendo encontrarme y se encaminó á la puerta del +templo. Yo me habia adelantado y la esperaba; la ofrecí agua bendita, la +tomó maquinalmente y volvió á mirarme de una manera involuntaria y +rápida. Despues desapareció. + +No podia dudar de que habia causado una profunda impresion en doña Ana: +esto me llenaba de esperanza y por consiguiente de felicidad: al dia +siguiente estuve á la misma hora en la iglesia. + +Doña Ana llegó y se situó en el mismo sitio. Aquel dia me miró frente á +frente, pero serena y tranquila. Al darla agua bendita la recibió, y me +dió modestamente las gracias. + +Asi pasaron quince dias. + +Al fin me decidí á darla un billete que llevaba ya hacia algunos dias +preparado y que no me habia atrevido á darla; al salir, al mismo tiempo +que la daba agua bendita, la dí recatadamente el billete. + +Doña Ana le recibió. + +En aquel billete la suplicaba que al mediar aquella noche, se asomase á +sus miradores. + +Al llegar la hora de la cita estaba yo en la calle: al dar las doce los +miradores se abrieron, pero solo por un momento: salió por ellos una +mano, y dejó caer un billete á la calle. + +Aquel billete decia únicamente: + +«Mi recato no me permite hablaros sino en presencia de mi hermano.» + +Preciso fue volver al frecuente trato de don Juan; preciso fue que, +aprovechando la primera ocasion, le dijese que habia pensado al fin que +mi casamiento con su hermana me parecia conveniente y hasta necesario. + +Al fin pude hablar á doña Ana: mi amor, tratándola, se desbordó y ya no +reparé en nada. + +Un mes despues de mi entrevista con doña Ana, era su esposo. + +Cuando ya despues de ser su esposo me ví solo con ella, doña Ana me asió +de la mano y me llevó á un pequeño retrete. + +--Mirad, me dijo, y comprended la razon de que yo me ruborizase y me +conmoviese al veros por primera vez. + +Y me señaló mi retrato pintado por Antonio del Rincon. + +--Ese retrato ha estado hasta ahora en los aposentos de mi hermano, pero +al ser vos mi esposo, ese retrato ha entrado con vos en mi aposento. + +--¿Y cuánto tiempo hace que estaba ese retrato en vuestra casa antes de +que me conocieses? la pregunté. + +--Seis meses, me contestó; y fuerza es confesároslo... puesto que soy +vuestra esposa y que os he jurado amor ante Dios... antes de conoceros, +os amaba. + +Entonces lo comprendí todo: comprendí que mi matrimonio con su hermana +era la ambicion de don Juan de Válor, que habia comprendido que yo no +podria verla sin amarla, y que se habia valido para casarme con ella de +Antonio del Rincon. + +Pero ella mientras vivió no supo ni que su retrato estaba en mi poder, +ni que yo era el poderoso emir de los monfíes. + +Tu madre me creia cristiano de buena fe, hijo de moriscos convertidos, y +para ella no tenia otro nombre que Diego Vargas. + +Al año de nuestro matrimonio naciste tú. + +A los dos años murió tu madre. + +--¡Oh! exclamó Yaye profundamente: bien desgraciado fuisteis en vuestros +amores, señor. + +--Si, y doblemente desgraciado, porque tu madre murió asesinada por la +Inquisicion. + +Yaye se alzó como impulsado por un poder sobrenatural; cubrió su rostro +una palidez de muerte, brilló en sus ojos una mirada letal, y tomó una +actitud de amenaza que hubiera impuesto terror al mas valiente. + +--¡Qué mi madre ha muerto... asesinada por la Inquisicion! + +--Era demasiado hermosa: los cristianos son buitres voraces, dijo +tristemente Yuzuf. + +Hubo un momento de terrible silencio. + +--Los cristianos, continuó despues de algun tiempo Yuzuf, no tienen por +buenos sino á los que profesan su misma religion, y aun asi á los +cristianos viejos. ¡Ay de sus vencidos! Un cristiano nuevo, un morisco, +es para ellos punto menos que un judío: un animal despreciable, un ser +odioso, contra el cual se creen autorizados para todo: un morisco no les +sirve mas que para esclavo: una morisca... ¡oh! ¡cuando las moriscas son +hermosas...! ¡tener por manceba una hermosa morisca es cosa muy deseada! +La infeliz que resiste á los deseos de uno de esos infames aventureros, +á quienes España entrega su bandera, infeliz de ella, porque el crímen +acompaña á esos miserables á todas partes. Y luego, ahí están esos +frailes sanguinarios que predican la religion cristiana con el dogal en +una mano y la tea en la otra. + +--¿Pero cómo mató la Inquisicion á mi madre? exclamó Yaye alentado +apenas. + +--¡Oh! ¡es un recuerdo horrible! Su confesor, un grave religioso +dominico, un vil hipócrita, que sabia aparentar la virtud mas rígida, +era inquisidor. La hermosura de tu madre excitó los impuros deseos del +fraile, y abusando de su ministerio intentó corromperla. Tu madre le +rechazó con indignacion. La venganza del fraile no se hizo esperar. Un +dia la Inquisicion llamó á las puertas de nuestra casa. Yo estaba +ausente en las Alpujarras. Registraron escrupulosamente y encontraron +uno de los libros de Lutero que un criado infame, vendido al miserable +fraile, habia puesto entre los libros de devocion de tu madre, que fue +arrastrada á los calabozos de la Inquisicion: cuando yo lo supe volé á +Granada. Mis monfíes forzaron una noche, decididos á todo, las puertas +de la cárcel; llegaron hasta el encierro de tu madre, la sacaron de él y +la trajeron á las Alpujarras... ¿pero en qué estado? La habian hecho +sufrir el tormento, la habian destrozado, y el terror... ese terror frio +que causa la Inquisicion, los dolores agudos del tormento, su recuerdo, +la habian vuelto loca... vivió dos meses asombrándose de todo... +extremeciéndose por todo... revelando en su delirio el nombre del fraile +impuro... al fin murió: murió asesinada por la Inquisicion. + +Detúvose Yuzuf quebrantado por su dolor. Yaye le escuchaba con la faz +sombría. + +--¿Y que hicísteis del fraile? + +--Murió despedazado por cuatro potros delante de mí en una rambla de las +Alpujarras, despues de haber revelado en el tormento el nombre del +infame criado que fue su cómplice y que murió del mismo modo. Desde +entonces me ensangrenté en los cristianos, singularmente en los clérigos +y en los frailes. Pero no basta la sangre vertida, es necesario +verterla á torrentes; sangre impura de cristianos: yo soy viejo... ya no +puedo, como antes, estar hoy aquí, mañana allá, unas veces coronado +entre mis vasallos, otras encubierto entre mis enemigos. ¡Oh Dios mio, +Dios mio! añadió Yuzuf levantando los ojos y las manos al cielo, ¡tú no +quieres que Ana quede sin venganza, tú no lo quieres porque me has +rejuvenecido en mi hijo, y mi hijo vengará á su madre! ¡la vengará! + +--¡Y si no puedo vengarla, señor, trasmitiré á mis hijos mi venganza! + +--Sí, nuestra venganza pasará de generacion en generacion. Dios querrá +que se cumpla. Dios querrá que la sangre de tu madre no quede sin +venganza. ¡Qué! ¿permitirá Dios que queden impunes los infames que me +robaron á un arcángel del sétimo cielo! Abd-el-Gewar cree que no debí +unirme á tu madre porque era cristiana. ¡Oh! era imposible verla y no +amarla. Acaso yo, moro de raza, enemigo á muerte del nombre cristiano, +no debí sucumbir á los amores de una infiel. Pero basta ver esa tabla +para disculparme: su pureza era tan grande como su hermosura, y tan +grandes como su pureza y su hermosura sus virtudes. Cómo verla y no +amarla? ¿Cómo amarla y no codiciarla? ¿Cómo codiciarla y no ceder á su +voluntad? ¿Has visto alguna vez, hijo mío, una mujer semejante á tu +madre? + +--Sí, dijo roncamente Yaye, la he visto, existe. + +--¿Que existe? ¿que la has visto? + +--Ayer la ví por la última vez... la estoy viendo ahora: la veis vos... +porque su imágen, está ahí, en esa tabla, con su misma frente pura, +pálida y tranquila: con sus mismos ojos de mirada ardiente y lánguida, +con su boca de sonrisa melancólica... Es ella... ella misma... Y luego +su nombre... mi madre se llamaba doña Ana de Córdoba y de Válor, y esa +mujer de quien os hablo, esa mujer que parece reproducida en esa tabla, +que vive, que tiene la misma edad que representa el retrato de mi madre +se llama... + +--Doña Isabel de Córdoba y de Válor, dijo interrumpiendo á Yaye Yuzuf, +que habia escuchado con un asombro y un placer marcados, la ardiente +descripcion que su hijo habia hecho de doña Isabel, comparándola con su +madre. + +--¡Cómo! la conoceis, señor. + +--Doña Isabel de Válor es hija del hermano de tu madre, es tu prima +hermana. + +--¡Misericordia de Dios! exclamó Yaye. + +--Tú la amas, hijo mio, añadió Yuzuf: la amas, porque al pronunciar su +nombre, al hablar de ella, tu voz era trémula, estabas conmovido: +amándola has colmado mis mas ardientes deseos; yo... yo he sido quien te +he puesto al paso de esa mujer. + +--¡Vos, señor! + +--Si, yo compré para tí la casa inmediata á la de don Fernando de Válor, +con quien vive doña Isabel. + +--¡Ah padre mio! ¡la fatalidad nos persigue! + +--¡Cómo, amas á Isabel y ella no te ama! + +--Ella, señor, muere por mí. + +--Pues si tú la amas... si ella te ama... ¿acaso sus hermanos?... + +--Sus hermanos no conocen nuestros amores: yo procuraba alejarme de su +trato todo lo posible porque los despreciaba y los desprecio... son +renegados. + +--¿Y por qué Isabel es hermana de los renegados te has sobrepuesto á tu +amor... al suyo... y acaso la has despreciado? + +--Anoche, señor, dijo Yaye confundido por el ronco acento de su padre, +he resistido á su amor, la he dejado anegada en llanto, sentenciada á un +destino horrible... porque... Isabel ha preferido perderme y ser +infeliz, á dejar la religion cristiana; porque yo musulman no podia ser +esposo de la cristiana hija de los renegados. + +--¿Y por qué, dijo con doble severidad el anciano, has desgarrado entre +tus manos su corazon? ¿Por qué la has enamorado si no creias posible tu +casamiento con ella? + +--Isabel me amaba... necesitaba mi amor para vivir. + +--¿Y creiste escuchando á tu soberbia, exclamó Yuzuf con profundo +acento, que hacias una obra meritoria diciendo amores á una pobre niña, +abriendo su corazon á la felicidad para decirla despues: no puedo ser tu +esposo porque eres cristiana? + +--¡Señor! + +--Tienes un deber sagrado que cumplir; es necesario que devuelvas su +dicha á Isabel; ella se parece á tu madre, tanto en el cuerpo como en el +alma: la conozco bien, ¿y sabes tú lo que es una mujer de corazon que +ama, cuando el hombre de su amor la abandona? Es un alma condenada; una +mártir: tú no tienes derecho para martirizar á nadie, y mucho menos á un +ángel. Es necesario, puesto que la amas, que seas feliz con ella, y que +ella lo sea contigo. + +--Acaso sea imposible, señor. + +--¿Te ha exigido ella que para ser su esposo reniegues de tu ley? + +--Ella me ha dicho: seguid vos en vuestra ley, yo seguiré en la mia: vos +pasais entre los moriscos por cristiano, seguid pareciéndolo para ser mi +esposo. + +--¿Y te negaste? + +--Aborrezco el nombre cristiano. + +--Yo no aborrezco á los cristianos por su religion, sino por sus +crueldades con nosotros; por su feroz fanatismo, por su intolerancia +como vencedores. El pueblo de Ismael nunca ha sido tan ignorante, tan +fanático, tan cruel. Cuando los árabes conquistaron á España, cuando la +ocuparon enteramente desde Calpe á los Pirineos, respetaron la religion, +las leyes y las costumbres de los vencidos; les dejaron sus templos, sus +sacerdotes, sus jueces y los trataron como hermanos. ¿Y qué sucedió? las +dos razas antes enemigas, acabaron por confundirse. ¿Y quién obró este +milagro? ¡El amor! Nuestros antepasados tuvieron cristianas por esposas, +y los vínculos de la familia hicieron un solo pueblo de vencedores y +vencidos. Cuando los Reyes Católicos entraron en Granada, encontraron +una iglesia cristiana; oyeron la voz de una campana que llamaba á sus +correligionarios á la oracion: aquella campana habia estado resonando +durante un espacio de mas de siete siglos en los oidos de los musulmanes +sin que estos se irritasen: durante mas de siete siglos los obispos de +Hiberis pudieron entrar y salir libremente en aquella iglesia, sin que +nadie los insultase, sin que un solo musulman profanase el templo, ni +interrumpiese el rito. Si nuestros abuelos fueron tolerantes; si +trataron á los vencidos como hermanos; si se enlazaron con las +cristianas, hijas de los solariegos, ¿por qué no hemos de imitarlos +nosotros? ¿por qué ha de ser imposible tu union con Isabel de Córdoba y +de Válor? + +--Porque yo no he oido antes vuestra voz, padre mio, exclamó con +desesperacion Yaye: porque yo no os he conocido algun tiempo antes. + +--¿Has hecho acaso á Isabel una de esas graves injurias que no puede +perdonar una mujer? ¿Te has envilecido á sus ojos? + +--He rechazado su mano en el momento mismo en que se veia obligada por +sus hermanos á entrar en un convento ó á enlazarse á otro hombre. + +--¿Y cuando te hizo esa revelacion Isabel? + +--Anoche. + +--¡Oh! ¡acaso sea tiempo aun! exclamó el anciano corriendo las cortinas +sobre el retrato. Ven hijo mio; ven. + +Y salió precipitadamente arrastrando consigo á Yaye, cerró, y le llevó á +otra cámara apartada. + +--¡Mi secretario Ayub! gritó á uno de los esclavos que dormitaban en la +antecámara. + +Poco despues entró un anciano con el cual salió Yuzuf por una puerta +lateral. + +En seguida entró por aquella misma puerta un morisco jóven, de aspecto +brabío, pero hermoso y simpático, que se prosternó ante Yaye. + +--¿Quien eres? le dijo, este. + +--Poderoso Emir, contestó el jóven: vuestro magnánimo padre me envia á +vos. Creo que es necesario que os disfraceis de hidalgo cristiano. + +--Tienes razon. ¿Y hay aquí ropas? + +--Sí señor. Con mucha frecuencia nos vemos precisados á parecer lo que +no somos. Venid si os place conmigo, señor. + +La cámara quedó desierta durante media hora: al cabo de ella entró de +nuevo Yaye. Venia vestido con un sencillo pero rico trage de camino á la +castellana. Al mismo tiempo entró por otra puerta en la cámara Yuzuf, +que traia en la mano un pliego cerrado: en la nema de aquel pliego se +leia: + +«A nuestro muy querido sobrino don Diego de Córdoba y de Válor.» + +--Toma, hijo mio, dijo Yuzuf á Yaye dándole el pliego: corre, vuela, +llega á Granada, busca á don Diego de Córdoba, dale estas letras y +cásate con Isabel, si aun es tiempo. + +Y la voz del anciano temblaba, porque comprendia que aquel «_si aun es +tiempo_» era una condicion de vida ó de muerte para el corazon de su +hijo. + +--¡Ah padre mio! y si por desgracia... + +--Ni una palabra mas: ya he dado mis órdenes á Abd-el-Gewar que te +acompañará con veinte hombres de confianza: á caballo, emir de los +monfíes; á caballo. + + * * * * * + +A poco, Yaye y Abd-el-Gewar, tambien con trage castellano, acompañados +de Harum que parecia un mayordomo de casa rica, y de veinte monfíes que +no parecia sino que toda su vida habian sido lacayos, ginetes en buenos +caballos y armados á la ligera, salian de un espeso pinar. + +La noche estaba ya muy avanzada: el dia se aproximaba, la luna cercana +al occidente iluminaba la montaña. + +Al empezar á trepar por un desfiladero les detuvo un ¿quién va? +enérgico. A poca distancia soplando la mecha de un arcabuz, se veia un +soldado castellano y en el fondo de la rambla, donde como hemos dicho +antes, habia sido despeñado el alguacil de Mecina de Bombaron, habia +muchos hombres. + +--¿Quiénes sois,? dijo un alférez que habia acudido al ¿quién va? del +centinela. + +--Somos hidalgos castellanos, dijo Abd-el-Gewar que vamos nuestro +camino. + +--Pues mal camino llevais hidalgos, replicó el alférez: con el edicto +del emperador que, como sabeis acaba de pregonarse en las Alpujarras, +andan revueltos esos malditos monfíes, y esta misma noche han medio +muerto al alguacil del corregidor de Mecina de Bombaron que se habia +atrevido á seguirles los pasos disfrazado. + +--¿Y no ha muerto el buen alguacil? dijo terciando en la conversacion +uno de los monfíes disfrazados de castellanos que escoltaban á Yaye. + +Es de advertir que este monfí hablaba perfectamente el castellano. + +--Ha sido un milagro de Dios dijo el alférez, le han dado tres saetadas, +y le han despeñado de allá arriba. Pero aun tiene vida, segun las +muestras, para contarlo. + +--¡Malditos monfíes! dijo el monfí disfrazado ¡y no saber dónde diablos +se meten! + +--Malditos amen, dijo el alférez. Por lo mismo, añadió dirigiéndose á +Abd-el-Gewar, yo os aconsejaria, buen caballero, que dejaseis la jornada +para el dia, si es que no os importa mucho, y que, aunque vais bien +resguardado, os alojáseis en Cádiar, donde hay un buen presidio de +soldados. + +--Os agradezco el aviso, señor alférez, dijo Abd-el-Gewar, pero ya no +puede tardar en amanecer. Adios y que él dé salud al herido. + +--El os guarde hidalgos. + +El alférez bajó hácia la rambla, y Yaye, Abd-el-Gewar y los suyos +siguieron trepando por el desfiladero. + +--Cerca andan de nosotros, dijo el monfí que habia hablado antes; por lo +mismo mucho será que no tengan alguna mala aventura. + +Apenas habia dicho el monfí estas palabras cuando se escucharon á lo +lejos, en lo profundo de las breñas, arcabuzazos repetidos, y algunas +balas y saetas perdidas, pasaron sobre sus cabezas. + +--¡A la rambla del rio! exclamó Abd-el-Gewar revolviendo su caballo; +vamos á ganar el camino por mas abajo de Cádiar. Al galope y silencio. + +Muy pronto se perdieron entre las ramblas de los barrancos, y luego no +se oyeron mas que los disparos de los arcabuces y las campanas de Cádiar +que tocaban á rebato. + + + + +CAPITULO V. + +Del encuentro que tuvieron en el camino antes de llegar á Granada +nuestros caminantes. + + +Cuando se lleva prisa se camina mucho, y devorado Yaye por la +incertidumbre, hacia galopar con ardor su caballo sin cuidarse de si +reventaria ó no. Abd-el-Gewar le seguia como si los años no hubieran +amenguado en nada su virilidad, y seguianle asi mismo Harum y los veinte +monfíes. + +Tanto y tanto picaron que á las seis de la mañana llegaron á Lanjaron. + +Pero los caballos iban cubiertos de espuma, ensangrentados los hijares, +rendidos; era preciso renovarlos si se habia de llegar á Granada con la +misma rapidez que se habia llegado á Lanjaron, y para renovarlos era +preciso detenerse. + +Parecerá extraño que en una pequeña villa se pretendiese renovar veinte +y tres caballos; pero dejará de existir la extrañeza cuando se sepa, que +los caballos con que se contaba estaban ya preparados en unas +quebraduras cercanas á Lanjaron, por un aviso anterior. Los monfíes +ocupaban enteramente las Alpujarras y tenian recursos dentro de ellas en +todas partes. + +Abd-el-Gewar fue de opinion que mientras uno de los monfíes iba á ver si +los caballos de refresco estaban preparados, entrasen en un meson á la +entrada del pueblo y descansasen y tomasen algun alimento. + +Yaye bien hubiera querido seguir, pero doblegándose á la necesidad, se +encaminó á la villa y se entró por el ancho portal de un meson, dando +una alegria indecible al mesonero que se prometia una excelente ganancia +con la permanencia de tantos huéspedes, aunque no fuese mas que por +algunas horas en su casa. + +Acomodáronse Yaye y Abd-el-Gewar en un aposento á teja vana, en el fondo +de un corredor descubierto, Harum el Geniz y los monfíes en la cocina, y +los cansados caballos en las cuadras, mientras uno de los monfíes, salia +en demanda de los caballos de refresco. + +Entre tanto el posadero sirvió una liebre á los amos y un guiso de +abadejo á los monfíes. + +Todos, á pesar de ser moros, bebian vino, porque este sacrificio entraba +en las necesidades de su disfraz. + +Solo Yaye no comió ni bebió, y lleno de impaciencia habia salido á los +corredores á esperar la vuelta del monfí que habia ido á buscar los +caballos, mientras Abd-el-Gewar comia lentamente dentro del aposento su +guiso de liebre con la mejor buena fe del mundo. + +El dia estaba despejado, y un sol tibio y brillante iluminaba de lleno +los corredores: Yaye se puso á pasear á lo largo de ellos. + +Sus anchas espuelas producian un ruido sumamente sonoro, al que se unia +el de su espada que, pendiente de un cinturon de dobles tirantes, +arrastraba por el pavimento terrizo. + +Por este ruido su presencia fue notado por el huésped, ó, mejor dicho, +por la huéspeda de un aposento situado en el comedio del corredor. + +Decimos huéspeda, porque á los pocos pasos que dió Yaye, se abrieron las +maderas de una reja situada junto á la puerta de aquel aposento, y +apareció en ella una cabeza de mujer. + +Pero una cabeza característica. Un tipo evidentemente extranjero, pero +enérgicamente hermoso. + +Esta mujer, ó mejor dicho, esta jóven, porque á lo mas podria tener +veinte años, era densamente morena, pero con un moreno límpido, +encendido, brillante: sus ojos eran negros, de mirada fija, de gran +tamaño, y llenos de vida y de energía, pero de una energía casi salvaje: +bajo una toquilla blanca se descubrian sus cabellos, abundantísimos, +rizados, negros, hasta llegar á ese intenso tono del negro que produce +reflejos azulados: tenia la nariz un tanto aguileña, la boca de labios +gruesos pero bellos, y el semblante ovalado, el cuello esbelto y +mórvido, anchos los hombros y alto el seno. + +Esta mujer miraba con suma fijeza, y con una fijeza que podriamos llamar +solemne, á Yaye que con la cabeza inclinada sobre el pecho, las manos +metidas en los bolsillos de sus gregüescos, y profundamente pensativo, +seguia paseándose sin reparar en la desconocida, y si alguna vez miraba, +no era hácia la parte de adentro, sino hácia la de afuera, al portal del +meson. + +La desconocida no dejaba de mirarle con un interés marcado, en que sin +embargo no habia esa expresion de la mujer que mira á un hombre que la +agrada: á pesar de esto concebiase que la desconocida queria ser mirada, +y no solo mirada, sino admirada; deseaba en una palabra, á todas luces, +interesar á Yaye, puesto que se aliñó un tanto los rizados cabellos, se +colocó en el centro del pecho una preciosa cruz de oro, que pendia de un +hilo de gruesas perlas de su cuello, y apoyó lánguidamente la cabeza en +su mano derecha, cuyo desnudo y magnífico brazo se apoyaba en el +alfeizar de la reja. + +Sin embargo, abismado en sus pensamientos, Yaye no la vió. + +Notóse una lucha interna en el semblante de la jóven, y por tres veces +sus mejillas se pusieron excesivamente encendidas, señal clara de que +luchaba entre el deseo de hacerse ver por el jóven, y la vergüenza de +provocar su atencion. + +Al fin con la voz temblorosa, con el semblante encendido y la mirada +insegura, dijo á media voz: + +--¡Caballero! ¡noble caballero! + +La voz de la jóven era sonora, grave, dulce; pero en medio de su +dulzura, que tenia mucho de la dulzura y de la languidez del acento +andaluz, se notaba por su pronunciacion que era extranjera. + +Ese no sé qué misterioso que hay en el timbre de la voz de algunas +mujeres, que acaricia, que halaga, que suplica, que manda á un tiempo, +hizo extremecer con un movimiento nervioso á Yaye, que se volvió. + +--¿Me habeis llamado, señora? dijo Yaye, mirando á la jóven con la +fijeza del asombro que causa en nosotros la vista de una mujer +poderosamente bella, por mas que estemos enamorados de otra. + +La extranjera comprendió que habia logrado admirar á Yaye, y se sonrió +de una manera tentadora. + +Yaye, á pesar del recuerdo de Isabel, sintió una dulce sensacion al +notar la sonrisa de la desconocida. + +--Sí, os he llamado, dijo esta; y como tengo muy poco tiempo para +hablaros, quiero que no extrañeis mis palabras, que, si Dios quiere, os +explicaré en otra ocasion. ¿Vais á Granada? + +--A Granada voy. + +--¿Cómo os llamais? + +--Juan de Andrade. + +--¿Sereis tan generoso que querais amparar á dos mujeres desgraciadas? + +--¡Oh! para amparar á una mujer, no es necesario ser generoso. + +--Pues bien: cuando esteis en Granada, procurad conocer al capitan +Alvaro de Sedeño. + +--¿Y para qué?... + +--Somos víctimas de la brutalidad de ese hombre, mi madre y yo: mi honor +peligra en su poder... prometedme que nos defendereis, caballero, que +nos salvareis... hacedlo... y si lo quereis, seré vuestra esclava. + +--Os prometo hacer por vos cuanto pueda, contestó conmovido Yaye. + +--Y yo os creo, porque en la mirada de vuestros ojos se nota que sois un +hombre de corazon y de virtud... + +--¿Alvaro de Sedeño habeis dicho? + +--Sí. + +--¿Capitan de los tercios del rey? + +--Sí, capitan de infanteria española, de los que fueron á Méjico. + +--¿Sois mejicana? + +--Soy hija del rey del desierto, del valiente Calpuc. + +--¡Hija de una raza subyugada, esclavizada, infeliz! murmuró Yaye. + +--Para salvarme de ese hombre, necesitareis no solo valor, sino oro. +Tomad, y adios. No me olvideis. + +Y la mejicana dejó caer en las manos de Yaye un magnífico ceñidor de +perlas de inmenso valor, despues de lo cual cerró la ventana. + +Yaye miró por un momento aquel largo y pesado ceñidor que ademas estaba +enriquecido en su broche con gruesa pedreria, y le guardó despues en su +limosnera. + +--Si Isabel no se ha casado, dijo, seré feliz, y justo es que los que +somos felices, no nos olvidemos de los desgraciados: si se ha casado, si +no puede ser mia, ¡oh! entonces... necesitaré matar á alguien, y me +vendrá bien castigar á un infame... ¡el capitan Alvaro de Sedeño...! +¡algun aventurero rapaz... sin corazon...! ¡dos esclavas...! ¡madre é +hija...! ¡la esposa y la hija de un rey...! ¡infelices...! y luego... +luego es necesario devolverla esta joya... debemos procurar no +parecernos á los aventureros castellanos. + +Acaso Yaye no se hubiera mostrado tan propicio para proteger á un +hombre. + +Por lo que vemos, Yaye estaba muy expuesto á engañarse acerca del +verdadero móvil de su caridad para con las mujeres. + +Lo cierto es que, á pesar de Isabel, los ojos de la princesa mejicana, +tan extrañamente encontradas en un meson de las Alpujarras, le habian +impresionado. + +Lo cierto es que, á pesar de su indudable y ardiente amor por Isabel, no +podia desechar el recuerdo de la encendida mirada de la extranjera. + +Yaye era un ser digno de lástima. + +Bajó en dos saltos la escalera, atravesó el corral, y entró en el +zaguan. + +--¡Harum! dijo, llamando. + +--¿Qué me mandais, señor? dijo Harum, acercándose á Yaye sombrero en +mano. + +--Sígueme. + +Harum siguió á Yaye que le llevó al corral, y cuando no podian ser +vistos de nadie, le dijo: + +--¿Ves aquel aposento que tiene junto á la puerta una reja? + +--Sí señor. + +--Allí moran dos mujeres: no conozco mas que á una de ellas: es morena, +jóven, con los ojos negros y los cabellos rizados: ademas con ellas anda +un capitan castellano. Quédate en el meson, y sin que nadie pueda +reparar en ello, observa á esa gente, síguela: ve dónde para, no pierdas +ni un solo momento de vista á esas damas: si es necesario protegerlas, +protégelas. + +--¿Hasta matar?... + +--Hasta matar ó morir. + +--Muy bien, señor. + +--Cuando lleguen á Granada, observa en qué casa habitan. + +--Lo observaré. + +--Y me avisas. + +--Os avisaré. + +--Toma para lo que le se pueda ocurrir. + +Y le dió algunas monedas de oro que Harum se guardó de la manera mas +indiferente del mundo. + +--Vete. + +Harum se volvió al corro de los monfíes. + +En aquel momento un hombre apareció en la puerta del meson. + +Este hombre tenia un aspecto extraño: era alto, como de cuarenta años, +de color cetrino, de semblante que debió ser bello algun dia, pero de +líneas duramente rígidas: llevaba un ojo cubierto con una venda negra, y +el otro ojo miraba con una fijeza, con una audacia que ofendian: en la +mejilla izquierda tenia marcada una ancha cicatriz que replegaba su +boca, haciéndola sesgada: por cima de su valona se veia un cuello moreno +y musculoso, medio cubierto por una barba negra; por último, le faltaban +el brazo izquierdo y la pierna derecha. El primero estaba representado +por una manga de jubon de terciopelo verde, con forros blancos y +bordaduras de oro, doblada y sujeta por un extremo á un herrete de su +coleto de ámbar; en vez de la segunda llevaba una pierna de palo: sin +embargo de estar tan horriblemente mutilado y estropeado este hombre, +vestia un uniforme completo de capitan de infanteria, y aunque al +parecer no podía montar á caballo, llevaba calzada en la pierna +izquierda una bota alta de gamuza, armada con una espuela de plata: +apoyábase en un largo y fuerte baston, llevaba pendiente del costado una +descomunal espada, y se advertia que era fuerte, valiente, diestro, +temible, y sobre todo duramente provocador é insolente. + +Este hombre habia salido de un carro tirado por mulas, que se habia +detenido á la puerta del meson: en la delantera del carro se veia un +mayoral alegre y zaino, y asido de la mula delantera un zagal robusto, y +á caballo junto al carro un soldado viejo y armado á la gineta. + +Este hombre, pues, por la riqueza de su atavio y por su servidumbre +parecia rico, por su trage capitan, por su apostura valiente. + +Yaye observó todo esto con una sola mirada, y se dijo: + +--Este hombre debe ser el capitan Alvaro de Sedeño. + +Sin saber por qué, la sola presencia de este hombre provocó su odio, su +cólera, y un ardiente deseo en su corazón de cerrar con él á estocadas. + +Y no era ciertamente porque le hubiese predispuesto á ello la breve +conversacion que habia tenido con la extranjera; aunque nadie le hubiese +hablado anteriormente de aquel hombre, le hubiera sido igualmente +antipático. + +Por su parte el capitan nada habia hecho para desvanecer, siquiera fuese +con una conducta atenta, la mala impresion que debían necesariamente +causar su semblante avieso, su media mirada insolente y su extraño +estropeamiento: habia lanzado una ojeada altiva y casi impertinente á +los monfíes, habia pasado con altanería, casi con desprecio y sin +saludar, por delante de Yaye, y habia atravesado el corral con mas +ligereza que la que parecia permitirle su pata de palo, entrándose por +las escaleras; poco despues le vió aparecer Yaye en los corredores, á +tiempo que Abd-el-Gewar salia de su aposento. + +Entonces notó Yaye una cosa extraña. Abd-el-Gewar se detuvo y se puso +pálido; el desconocido se detuvo tambien, irguió la cabeza, miró de una +manera altiva al anciano, y despues se quitó la toquilla, le saludó, y +pasó: Abd-el-Gewar se inclinó ligeramente, y se encamino á las +escaleras, y el desconocido llegó á la puerta del aposento donde estaba +la extranjera, se puso el baston bajo el brazo derecho, sacó una llave, +abrió la puerta, entró, y cerró. + +Poco despues Abd-el-Gewar, preocupado y pálido aun, estaba en la puerta +del corral junto á Yaye. + +--¿Conoceis á ese caballero? le dijo el jóven: os habeis conmovido al +verle, y él os ha reconocido, y os ha saludado. + +--Si, si por cierto: es él. + +--¿Y quién es él? + +--Es el señor Alvaro de Sedeño, antiguo y valiente soldado de los +tercios del rey... y uno de los mejores servidores de tu padre. + +--¡Ah! ¡es monfí! + +--Lo ignoro; es un secreto que tu padre jamás me ha revelado. + +--¿Pero donde habeis vos conocido á ese hombre? + +--Muchas veces le he visto al lado de tu padre y hablando con él +familiarmente en la montaña. + +--Y sabiendo que ese hombre sirve á mi padre, ¿por qué palidecísteis á +su vista? + +--Es que ese hombre, no sé por qué, desde que le vi, me causó +repugnancia, aversion, temor... + +--Lo mismo me ha sucedido á mí, cuando hace un momento le he visto por +primera vez. + +--Me parece ese hombre fatal, dijo distraidamente Abd-el-Gewar, pero +aqui viene Hamet; sin duda nos esperan ya nuestras cabalgaduras.... es +necesario partir. + +En efecto, un monfí jóven y gallardo entraba en aquel momento en el +meson y se dirigió al lugar donde estaban el jóven y el anciano. + +--Los caballos esperan, dijo descubriéndose, en la rambla del río cerca +de Tablate. + +--¿Enjaezados como conviene? dijo Yaye. + +--No ha sido posible, pero se les pondrán los arneses de los que +dejemos. + +--¡Otra detencion mas! dijo suspirando Yaye, en quien habia vuelto á +recobrar todo su influjo el recuerdo de Isabel. + +--Por lo mismo, dijo Abd-el-Gewar, es necesario detenernos aqui lo menos +posible: paga al mesonero, Hamet, y que saquen los caballos. + +Mientras esto se hacia, Yaye, que á pesar del recuerdo de Isabel no +dejaba de tiempo en tiempo de lanzar una mirada al aposento donde se +encontraba la princesa mejicana, vió que aquel aposento se abria y que +salian de él primero dos mujeres, cuidadosamente envueltas en largos +mantos negros, tras ellas dos criadas y despues el estropeado: +atravesaron el corredor, bajaron las escaleras y pasaron junto á Yaye y +Abd-el-Gewar: delante iba el capitan: saludó fria y ceremoniosamente á +los dos, y cuando pasaron las mujeres, Yaye creyó notar que la mas +esbelta de las encubiertas le dirigia un leve movimiento de cabeza, y +que la otra encubierta, cuyo paso era menos ligero, le miraba á través +de su manto con ansiedad. + +Nada pudo notar el capitan. Cuando llegaron al carro, el zagal apoyó una +pequeña escala contra la delantera y las dos mujeres y las criadas +entraron y se ocultaron bajo la cubierta; despues subió el capitan, y +antes de desaparecer saludó de nuevo, pero de una manera que tenia mucho +de insolente, á Yaye y Abd-el-Gewar. + +Despues de esto el carro echó á andar á buen paso. + +Apenas se habia separado el carro de la puerta del meson, cuando +Harum-el-Geniz se dirigió gentilmente á la salida del meson. + +--¡Eh! ¿á donde vais, Pedroz? le preguntó con imperio Abd-el-Gewar. + +--El señor me ha ordenado... dijo Harum deteniéndose y señalando á Yaye. + +--Va á un asunto mio, dijo el jóven, dejadle ir. + +Y el monfí, en vista de un ademan del jóven, siguió su camino. + +Sigámosle. + +El carro descendia con lentitud, por el pendiente camino que conduce al +puente de Tablate desde Lanjaron. El monfí, en vez de seguir +ostensiblemente tras el carro, rodeó por las tapias del pueblo, se +perdió entre los olivares y echándose la espada al hombro, y despues de +haberse quitado las espuelas, que le embarazaban, empezó á andar con una +rapidez maravillosa. Muy pronto estuvo entre quebraduras y despues de +haber flanqueado la montaña por espacio de una hora, se encontró +marchando sobre las crestas de los montes á cuya falda se extiende el +camino de las Alpujarras á Granada. + +El carro del estropeado y el soldado que le escoltaban se veian á lo +lejos: muy pronto una nube de polvo apareció por un recodo del camino, y +un grupo de ginetes adelantó á la carrera, alcanzó el carro, pasó +adelante y se perdió en otro recodo: eran Yaye, Abd-el-Gewar y los +veinte monfíes. + +Harum, que se habia quedado á pié para cumplir el encargo de Yaye, y que +ciertamente atendidas su robustez, su agilidad y lo pujante de su marcha +no necesitaba caballo para llegar desde aquel punto y en poco tiempo á +Granada, se detuvo, y sacando un silbato de hierro de su bolsillo, le +hizo lanzar por tres veces un largo y poderoso silbido. + +Al poco espacio salieron de las breñas cercanas y con poco intervalo de +una á otra aparicion, tres monfíes con su trage característico de +montaña y con fuertes ballestas. + +--Que el señor Altísimo y único sea con vosotros, dijo Harum. + +--Allah te guarde walí[7], dijo uno de ellos, ¿qué nos quieres? + +--Lo que voy á deciros os lo dice por mi boca el magnífico emir de las +Alpujarras. + +Los tres monfíes hicieron una zalá ó saludo á la usanza mora. + +--Estamos dispuestos á obedecer, dijo el que hasta entonces habia +hablado. + +--¿Veis allá á lo lejos en el camino un carro? + +--Le vemos. + +--Pues bien, es necesario no perder de vista ese carro. + +--¡Lleva oro! exclamó con la alegría de un bandido que presiente una +presa otro de los monfíes. + +--No, repuso Harum, en aquel carro van dos damas cubiertas con mantos, +un soldado castellano, tuerto, manco y cojo, y dos criadas. + +--¡Ah! + +--Tú eres un gamo y un lobo, hijo, dijo Harum dirigiéndose al que habia +hablado primero. Parte á cuanto andar puedas, y haz que de uno en otro +puesto de la montaña no falten diez de los nuestros, que no pierdan un +solo momento de vista ese carro. Si se detiene, si las damas que van en +él corren algun peligro, defendedlas. + +--Muy bien. + +--Que cuando yo llegue á la puerta del Rastro de Granada, que será esta +tarde, sepa si ha llegado ó no el carro, y si ha llegado, en qué casa +han parado el soldado y las dos damas. + +--Muy bien. + +--Ea, pues, tú, Zeiri, piés á la montaña. Vosotros seguidme. + +Unos y otros se perdieron muy pronto entre las ásperas cortaduras. + + * * * * * + +A las siete de la mañana habian salido Yaye, Abd-el-Gewar y los veinte +monfíes del meson de Lanjaron; á las once del dia Yaye y Abd-el-Gewar á +caballo y solos, atravesaban la plaza larga del Albaicin de Granada. + + + + + +CAPITULO VI. + +En que se presentan nuevos é interesantes personajes. + + +Muy poco despues Yaye y Abd-el-Gewar, llamaban á la puerta de su casa y +un esclavo les abria. + +Yaye desmontó, y llevando por si mismo su caballo del diestro, mientras +el esclavo conducia el de Abd-el-Gewar, atravesó el zaguan, la calle +principal del jardin y metió el caballo en la caballeriza. Despues salió +al jardin y lanzó una ansiosa mirada á la galería de las habitaciones de +Isabel: estaban desiertas, las celosias cerradas, un profundo silencio +dominaba en aquella casa. + +Aquel silencio, que nada tenia de extraño atendido á que era el medio +dia de uno caloroso de junio, impresionó al jóven; y es que cuando +estamos predispuestos á recibir impresiones tristes, estas impresiones +emanan para nosotros de todo lo que nos rodea. + +--Kaib, dijo Yaye volviéndose al esclavo berberisco que les habia +abierto, ¿no tienes ninguna noticia que darme? + +El esclavo, que amaba al jóven, le miró tristemente. + +--Ninguna, señor, dijo despues de un momento de silencio. + +--¿Durante mi ausencia no has visto á doña Isabel de Válor? + +--No señor; hace dos dias, al amanecer, en las horas del calor, por la +tarde, por la noche, las celosías del mirador han estado cerradas. Ni +aun la he oido cantar; ya sabeis que la señora cantaba todas las +noches... pues nada, señor, nada. + +--¿Con que no la has visto? ¿no ha cantado? Estará enferma acaso. + +--Puede ser que lo esté, pero si lo está no guarda el lecho. + +--¿Cómo sabes eso sino la has visto? + +--Os diré, señor: durante vuestra ausencia de Granada no la he visto; +pero cuando ya debiais haber llegado, hace media hora, la he visto salir +de su casa. + +--¡Ah! ¡y estaba triste! + +--Muy triste y muy pálida, pero muy hermosa: y luego ¡iba tan bien +prendida! + +--¡Bien prendida...! + +--Llevaba una falda y un justillo de brocado blanco, un velo de plata y +seda, y una corona de flores blancas. + +Nubláronse los ojos de Yaye, zumbó un ruido sordo en sus oidos, +agolpósele toda su sangre al corazon, se puso mortalmente pálido y un +vértigo momentáneo, pero violento, pasó por su cabeza y cubrió su frente +de sudor frio. + +Necesitó apoyarse en la pared para no caer. + +Su poderosa voluntad dominó al vértigo, y volviéndose al esclavo exclamó +roncamente: + +--Deja los caballos, y ven conmigo. + +El berberisco obedeció dócil como un perro; Yaye atravesó como una +exhalacion el jardin, el zaguan y la puerta, que abrió con un +apresuramiento febril: luego, seguido de Kaib, se aventuró á largo paso +por las estrechas, tortuosas y pendientes callejas del Albaicin. + +--¿Quién acompañaba á doña Isabel? preguntó Yaye al berberisco. + +--Su hermano don Fernando, un hidalgo mal carado y como de cuarenta +años, pero muy galanamente vestido, Diego el Geniz, y Pedro de Barredo, +tambien vestidos de gala, dos pajes con libreas nuevas, su dueña y dos +doncellas. + +--¡Ah! exclamó Yaye que todo lo adivinaba, apresurando mas el paso: ¿y +no iba con ella su hermano mayor don Diego? + +--No señor. + +--Llevarian literas. + +--Si señor, dos: en la una entraron doña Isabel y su dueña, en la otra +las dos doncellas. + +--¿Y te vió doña Isabel? + +--Si señor, y al verme se puso pálida, muy pálida... y me miró de una +manera que sin duda queria decir: cuenta á tu señor que me has visto +vestida de blanco, con corona de rosas blancas, y pálida como una +muerta. + +El berberisco pronunció con una profunda intencion estas palabras. + +Yaye se extremeció y apretó mas el paso hasta casi correr. + +No se habló una palabra mas entre amo y esclavo. + +Al fin Yaye se detuvo en la calle del Agua, delante de una casa de noble +apariencia, que mostraba un enorme escuson de piedra berroqueña encima +de su gran puerta de roble escultada. + +Yaye se lanzó á aquella puerta y asió su enorme llamador. + +Pero antes de que pudiese llamar se abrió la puerta y apareció un +caballero ricamente vestido de negro. + +Este caballero se sorprendió al ver á Yaye, retrocedió un paso y le miró +con extrañeza y aun con cuidado. + +En el zaguan de aquella casa, que al abrirse la puerta habia quedado á +la vista, se veia una dama que se preparaba á entrar en una litera +cuando se abrió la puerta y apareció Yaye. + +Al verle aquella dama que era notablemente hermosa, se detuvo, se puso +densamente pálida, ahogó un grito y fijó una intensa mirada en Yaye. + +La extrañeza del caballero y la palidez y la conmocion de la dama á la +vista de Yaye, nos obligan á que antes de pasar adelante demos á conocer +á estos dos nuevos personajes, y á algun otro mas de los que figuran en +nuestra historia. + +Aquella dama y aquel caballero, eran esposos. + +Ella se llamaba doña Elvira de Céspedes: él don Diego de Córdoba y de +Válor. + +El casamiento de estos dos seres habia sido una consecuencia de +consecuencias. + +Doña Elvira era una dama cuya juventud parecia extremada: apenas +demostraba diez y ocho años; pero nosotros sabemos por los apuntes que +nos hemos visto obligados á entresacar de antiguos papeles para escribir +esta verídica historia, que doña Elvira en 1546 habia cumplido veinte y +tres años y que se habia casado á los diez y siete con don Diego de +Córdoba y de Válor. Sabemos tambien que doña Elvira era hija del +licenciado Juan de Céspedes, hidalgo por su casa y pobre por desgracias +de sus padres, cuyas desgracias le habian obligado á estudiar como +sopista en la universidad de Alcalá, desde la cual, concluidos sus +estudios y mediante la proteccion del cardenal don fray Francisco +Jimenez de Cisneros, para el cual era recomendable todo jóven de +talento, aplicado y honesto en las costumbres, habia pasado á ocupar un +oficio de alcalde de la Sala de Casa y Córte en la Real Audiencia de +Granada. + +Allí y por causa de un embrollado proceso conoció el licenciado Juan de +Céspedes á una viuda hermosa, ó que se lo pareció, pero pobre, y el +resultado de este conocimiento fue, que algunos meses despues el señor +Juan de Céspedes, ya hombre maduro, casó con doña Irene de Avendaño que +hacia mucho tiempo que habia dejado de ser una rapaza. + +En 1523 doña Elvira de Céspedes y Avendaño, fue el fruto de bendicion +que dió Dios á los esposos; fruto tardio de la dueña cuarentona doña +Irene, que sucumbió á un parto demasiado laborioso, dejando por único +consuelo al afligido alcalde de Casa y Córte una hermosísima niña. + +La educacion de una hija no era lo mas á propósito para un hombre á +quien habian hecho duro y abstracto la pobreza y los estudios, +cualidades que se habian exacervado con el continuo ejercicio de +sentenciar á horca y galeras, á todo vicho viviente que se le habia +venido á las manos entre las fojas de un proceso. El licenciado Céspedes +que hasta entonces nada habia encontrado grande y difícil mas que la +recta aplicacion de la ley, sintió que le habia caido encima una montaña +con la muerte de su esposa, que le sentenciaba por entero á la crianza +de su hija. + +Pero consideró que en cinco años á lo menos no urgia pensar en la +educacion decisiva de doña Elvira, y contó muy prudentemente con que en +aquellos cinco años se le ocurriria bien un medio de salir del +atolladero. + +Pero hé aquí que apenas la niña habia salido de la lactancia, se +encontró el licenciado, con que, sin haberlo pretendido, el emperador y +rey don Carlos V, le nombraba oidor de la Real Audiencia de Méjico, que +acaba de crearse. + +La obligacion de justificar el carácter de nuestro personaje, con la +apreciacion de su educacion y de su vida íntima, nos pone en el caso de +hacer otra digresion relativa al por qué se habia dado al licenciado +Céspedes, sin que lo pretendiese, un oficio codiciadísimo, en el riñon +de aquel tesoro de la corona de Castilla que se llamaba Nueva-España, +oficio á que él no habia osado aspirar en sus mas insensatos sueños de +ambicion. + +Todo tiene su causa en este mundo: todo consistia en que el licenciado +Céspedes despues de haberlo pensado y repensado durante dos años, habian +encontrado que el mejor medio de procurar á su hija una educacion +conveniente era darla una segunda madre. + +Una vez ejecutoriada esta providencia en el censorio del alcalde de Casa +y Córte, halló que para cumplirla necesitaba de todo punto casarse, para +casarse tener novia, para tenerla buscarla. + +Y la halló, como quien dice, debajo de la mano, en una su vecina, hija +de un capitan inválido de los tercios de Italia, pobre pero honrada, +sobre honrada jóven, y como complemento de conveniencias, exceptuando la +pobreza, fresca y robusta. + +No era hombre el licenciado Céspedes que á los cuarenta y cinco años se +anduviese con _telégrafos_ (que hoy se dice) ni con billetes, ni con +otras gerzonias, diametralmente opuestas á su carácter natural, y sobre +todo á su carácter judicial: asi es que, despues de haberlo maduramente +decidido, se puso un dia su loba mas rica, su mejor golilla y su +reluciente espadin de córte, y se presentó casa de su vecino el valiente +capitan de los tercios de Italia Illan de Aponte, al que redondamente +pidió su hija por esposa. + +El capitan no encontró razon para echar á la calle aquella fortuna tan +inesperada, que tan de rondon y tan formal se metia por las puertas de +su casa. + +Entonces no se contaba para nada con la voluntad de las mujeres, ya se +tratase de casarlas, ya de emparedarlas en un convento. El capitan +Aponte dió palabra formal de soldado honrado al alcalde de Casa y Córte, +de que su hija seria su esposa. + +Dióse traslado á la parte, esto es: á doña Clara, que así se llamaba la +pretendida. + +Esta se sobrecogió, se puso pálida y tartamudeó algunas palabras que su +padre atribuyó al pudor natural de una doncella de veinte años. + +El padre se engañó. + +Lo que causaba el sobrecogimiento de su hija era que estaba enamorada de +un mancebo noble, hermoso y rico, y comprometida con graves compromisos, +de que pudiera haber dado testimonio cierto postigo situado en cierta +calleja. + +Ello es el caso que el amante supo que se le habia metido entre su amor +y su amada, como una cuña de hierro, á la que servia de mazo la +autoridad paterna, todo un alcalde de Casa y Córte. + +A grandes males grandes remedios: el noble y rico mancebo, se puso su +mas rico trage de brocado, su cadena de mas valía y sus mejores preseas, +y acompañado de lacayo y escudero, se presentó en la casa del capitan de +Italia y dejó oir en ella el aristocrático y altisonante nombre del +marqués de la Guardia. + +Apresuróse á recibirle el capitan. El noble marqués le dijo sin rodeos +que queria ser esposo de doña Clara. + +¡Ira de Dios y quien podria contar la impresion que causaron estas +palabras en el honrado veterano! Levantóse delante de él como una +horrenda fantasma la palabra que habia dado al alcalde de Casa y Córte, +porque, al fin, teniendo para su hija un marqués jóven y poderoso, era +indudablemente una desgracia tenerse que contentar con un golilla, ya +casi viejo, casi pobre y mas de un casi feo. + +El capitan tardó quince minutos en contestar; al fin haciendo un +esfuerzo y tragando saliva, dijo que tenia empeñada su palabra, y que no +faltaria á su palabra por nada del mundo. + +El marqués iba preparado á esta respuesta y la contestó sin detenerse un +punto. + +--Vos no os habreis comprometido á casar vuestra hija sino en España. + +Miró con asombro el capitan al marqués porque no le comprendia. + +--Quiero decir que si ese hombre á quien habeis dado vuestra palabra se +viese obligado á pasar los mares y á llevarse vuestra hija.... + +--Indudablemente, esa circunstancia me dejaría en libertad, dijo el +señor Illan. + +--Pues os juro que quedareis libre... solo os pido. + +--¿Qué...? + +--Que dilateis con cualquier pretexto el casamiento de vuestra hija +durante quince dias, solos quince dias, y que guardeis un profundo +secreto acerca de nuestra vista. + +El capitan lo prometió solemnemente: esto era una especie de +conspiracion contra el alcalde de Casa y Córte: una traicion, pensando +severamente; pero el caso era cubrir las apariencias, y sobre todo se +trataba de un golilla, de uno de esos hombres que estan tan +acostumbrados y tan prácticos para buscar callejuelas á la ley. + +El alcalde era tratado en su propio terreno y con sus propias armas. + +El marqués escribió aquel mismo dia á un su amigo de la córte, hombre +poderoso y muy privado de los privados del emperador; á su carta +acompañaba un libramiento de buena ley de mil ducados. + +A los doce dias, sin saber cómo ni por donde, el alcalde de Casa y Córte +recibió una provision de oficio de oidor de la Real Audiencia de Méjico. + +En los primeros momentos de júbilo el licenciado Céspedes se trasladó +provision en mano casa de su futuro suegro. + +Pero este con gran asombro suyo le dijo gravemente: + +--¿Y pensais aceptar, señor Juan de Céspedes? + +--¡Que si pienso aceptar! exclamó con extrañeza el alcalde: pues +decidme: ¿qué harías vos si os nombrasen virey de Méjico ó de Santiago +de Cuba? + +--Aceptaria con toda mi alma: ya lo creo. + +--Pues ved ahí que con toda mi alma acepto yo. + +--Pues en ese caso... dijo con una verdadera turbacion el capitan, en +ese caso, yo os retiro la palabra que os he dado. + +La turbacion del capitan consistia en que el buen hidalgo no habia +ejecutado nunca dobles papeles y le repugnaba la intriga. + +--¡Qué... me retirais vuestra palabra!... es decir, ¿cuando puedo +acumular sin ofender á Dios ni á la justicia grandes riquezas? exclamó +el alcalde poniéndose pálido. + +--No son las riquezas las que me mueven... dijo balbuceando de nuevo el +capitan, porque le repugnaba la mentira tanto como la intriga, pero yo +habia contado con que no saldríais de España: bien sabeis, puesto que +sois jurista, que no podríais obligar á vuestra mujer á que se +embarcase. + +--¿Con que es decir?... + +--Que ó renunciais á ese oficio de oidor, ó á mi hija. + +Meditó algunos segundos el alcalde. + +--No puedo renunciar, dijo, una fortuna que Dios me envia... si yo fuera +solo... pero tengo una hija. + +--¿Cómo que teneis una hija? + +--Sí señor, una hija de mi difunta esposa... + +--¡Sois viudo!... + +--Ciertamente.... + +--Hé aquí otra circunstancia que me dispensa de mi palabra... nada de +vuestra viudez ni de vuestra hija me habíais dicho. + +--Pero lo sabe todo el barrio... + +--Pues ved ahí, yo no lo sabia. + +--Decididamente... + +--Yo no he dado mi palabra ni á un viudo con hijos, ni á un oidor de las +Indias. + +--Estais en vuestro derecho, dijo roncamente el alcalde de Casa y Córte, +ó mejor dicho, el oidor de la Real Audiencia de Méjico. Y así, adios, +señor capitan Aponte. + +--¿Quedamos, pues, recíprocamente libres? + +--De todo punto. Podeis casar á vuestra hija con quien mas os convenga. + +Separáronse, pues, de una manera ruda. + +Ocho dias despues, doña Clara de Aponte era marquesa de la Guardia. + +El señor Juan de Céspedes comprendió entonces por qué le habian hecho +oidor sin solicitarlo. + +Ocho dias despues de haber sido elevada á marquesa doña Clara, el +presidente de la chancilleria de Granada llamó al señor Juan de +Céspedes. + +--Señor licenciado, le dijo, siento daros una mala noticia. + +Juan de Céspedes solo contestó poniéndose pálido. + +--Se me encarga de órden de S. M. Cesárea, que os recoja la provision de +oidor de la Real Audiencia de Méjico, que no puede llevarse á efecto... +porque os la han enviado por una equivocacion. + +Juan de Céspedes comprendió entonces que habia sido burlado. + +Esto consistia, no en que el marqués de la Guardia hubiese influido para +aquella segunda peripecia, sino en que los mil ducados enviados á la +córte, habian sido bastantes para que en las secretarías de Estado se +hiciese aquella infame farsa, sorprendiendo el ánimo del emperador; pero +no bastaban, de ningun modo, para comprar un oficio tal como el de oidor +en Indias, que entonces era considerado como una mina de oro. + +Juan de Céspedes enfermó de rabia y de dolor porque ya se habia +consentido y aun infatuado con su carácter de oidor. + +La enfermedad concluyó pronto, pero concluyó en la tumba. + +Doña Elvira quedó enteramente huérfana. + +El marqués de la Guardia, que era un calavera capaz de jugar una +sangrienta pasada al mismo diablo, y que solo se habia casado con doña +Clara, porque todos los hombres tienen un cuarto de hora en que se +casan, no era por esto infame. Sintió que su burla al pobre alcalde +hubiese tenido tan negro desenlace, encontró bajo aquella burla una +pobre huérfana, sin mas amparo que la caridad pública, y reconoció como +un deber el protegerla. + +[imagen: Don Diego de Córdoba y de Válor.] + +Sin embargo, su proteccion no fue muy espléndida. Se fué al párroco, y +en confesion le entregó por una parte seiscientos cincuenta ducados que +debian servir para atender á la manutencion, vestido y educacion de doña +Elvira en un convento, durante trece años, esto es, hasta que cumpliese +los diez y seis, á razon de cincuenta escudos por año: y por otra mil +ducados, que debian servirla de dote, ya eligiese el claustro ó el +matrimonio. + +La huerfanita fue llevada por el párroco al convento de santa Isabel la +Real. + +Doña Elvira, pues, se habia educado en un convento. + +Pero no es en un convento donde mejor puede educarse á una jóven. + +Mimaron las buenas madres á doña Elvira, y doña Elvira se hizo +voluntariosa. + +Enseñáronla á leer y escribir y un poco de latin, con el objeto de +hacerla monja. + +Como educacion de adorno, enseñáronla á cantar monjunamente y á hacer +dulces y flores. + +La halagaron, y la hicieron soberbia. + +La llamaron hermosa, y la llenaron de vanidad. + +Habláronla mal del mundo para que renunciase á él, y doña Elvira ansió +conocer una cosa tan mala. + +A los diez y seis años, el deseo de respirar otro aire que el contenido +en las paredes del convento, fue para doña Elvira una necesidad. + +Los deseos comprimidos son los mas fuertes, los mas tenaces. + +Doña Elvira era alta, esbelta, con cabellos semejantes á sedosas hebras +de oro, frente cándida y pura, ojos celestes como el cielo, y sonrisa +aseñorada, aunque un tanto altiva y amarga. + +Era, pues, una dama, en toda la extension de la frase, y á mas de esto +hermosa á maravilla. + +La habian dejado espejo, y doña Elvira, despues de haber visto en el +espejo su hermosura, la habia comparado con el aspecto de las buenas +madres, y las habia encontrado pálidas, verdinegras, con ojos hundidos, +bocas lívidas, feas cuanto puede ser fea una mujer que se ha agostado +robada á la naturaleza y al amor: aquellas mujeres, alguna de las cuales +habia sido una flor, se habian transformado en ortigas: doña Elvira se +punzaba dolorosamente á su contacto, y acabó por aborrecerlas: pero +obligada á mostrarse con ellas dulce y cariñosa, habia contraido otro +terrible defecto: se habia hecho hipócrita, falsa, intencionada. + +La horrorizaba pronunciar unos votos que debian ligarla por toda la vida +á aquellas mujeres, incrustarla, por decirlo asi, en aquel claustro del +que no debia salir ni aun despues de muerta, una vez pronunciados sus +votos, y á pesar de esto, se mostraba dispuesta á ser monja. + +Pero á lo que en verdad estaba predispuesta doña Elvira, era á arrostrar +cualquier locura, por trascendental que fuese, á trueque de escapar de +aquel ataud de vivos. + +Como vemos, las consecuencias de la burla hecha al alcaide de Casa y +Córte, Juan de Céspedes, por el marqués de la Guardia, continuaban; +porque las consecuencias de una falta, mejor dicho, de un crímen son +interminables, incalculables. + +Aquella burla habia causado la muerte del padre. + +[imagen: Doña Elvira de Cespedes.] + +Acaso las consecuencias de aquella burla, que eran la burla misma, +debian causar tambien la desgracia de la hija y un infinito número de +crímenes. + +Porque un crímen sembrado en el mundo, da generalmente un fruto de +ciento por uno. + +Un dia, una parienta de la abadesa se presento en el locutorio. La +abadesa, aficionadísima como todas las monjas á lucir las flores del +convento, llevó consigo al locutorio á doña Elvira. + +Pero la parienta de la abadesa no estaba sola; la acompañaba un jóven +caballero, que iba á informarse de las condiciones bajo las cuales +podria habitar algun tiempo en el convento, durante una ausencia de sus +hermanos, una huérfana hermana suya. + +Aquel caballero era don Diego de Córdoba y de Válor, que á la sazon +contaba veinte y seis años. + +Don Diego de Córdoba y de Válor, era un morisco convertido, hombre de +gran calidad y riqueza; subiendo por el altivo tronco de su árbol +genealógico, se llegaba á los califas Omniades de Córdoba, á los de +Damasco, y por último á la familia del Profeta, del cual descendia por +la madre de aquel hombre extraordinario, conocida entre los musulmanes +bajo el nombre de Fatimah, la santa: inútil es decir que poseedor +legítimo del voluminoso rollo de pergaminos, que tan esclarecida +genealogía justificaban, don Diego de Córdoba era orgulloso cuanto puede +serlo una criatura humana, y tenia mucho del aspecto dominador y de la +palabra breve y despótica que parecia haber recibido como un legado de +raza de sus cien regios ascendientes: pero era por cierto gran lástima +que á tal aprecio de si mismo, á tal soberbia, no hubiese reunido don +Diego las grandes virtudes que han solido resplandecer, formando la +parte luminosa de su carácter, en muchos de los tremendos reyes, de +cuyos nombres está llena la historia de la humanidad esclavizada. Don +Diego era valiente, pero no con el valor espontáneo entusiasta y leal de +los héroes: el valor de don Diego, rayando siempre en la ferocidad y +siempre conducido por una intencion dañina y desleal, era, preciso es +decirlo, el valor del bandido. Era espléndido y generoso, pero jamás +estas prendas produjeron una buena accion: tiraba su dinero con la misma +indiferencia con que se arroja lo que nada vale; jugaba y perdia sumas +enormes sin alterarse ni entristecerse, y del mismo modo sin afan ni +alegría, las ganaba; favorecia á todo el que á él se acercaba, ó por +mejor decir, á todo el que por su vida escandalosa y aventurera y por +sus libres costumbres, habia adquirido la funesta nombradía de +camorrista, burlador, taur ó maton; gustábanle á perder esa clase de +hombres audaces que viven descuidadamente sobre el país y sobre el +presente, sin meterse á considerar quienes eran, de donde venian ni á +donde iban: los lugares de su mas asídua asistencia eran los garitos, +las mancebías y las tabernas, en las que se entraba sin pudor alguno á +la luz del sol, y delante de las gentes, con la frente alta y como +desafiando á la opinion pública; en nada invertia con mas placer su +dinero que en corromper la virtud de las mujeres, produciendo la +vergüenza ó la desesperacion de un padre, de un esposo ó de un amante; +sus mancebas, de las cuales tenia á un tiempo un número escandaloso, +ostentaban un fausto insolente y despues de algun tiempo, abandonadas y +corrompidas, iban á aumentar con sus vicios la hedionda corriente de +cieno que de tal manera inficionó las costumbres de España en el siglo +XVI. + +Tal era el primer hombre _del mundo_ que veia ante sí doña Elvira de +Céspedes, y decimos del mundo por que su confesor, el capellan, el +sacristan y el andadero de las monjas, á quienes veia todos los dias, +eran hombres del claustro, y viejos, feos, sucios, en contraposicion de +don Diego de Válor, que era jóven, hermoso, de mirada audaz, gallardo y +riquísimamente vestido. + +Don Diego en efecto tenia, como sabemos, una hermana: doña Isabel, y +ademas un hermano menor llamado don Fernando. + +Su padre, Muley Mahomad-ebn-Omeya, uno de los walies de Granada que mas +se distinguieron en su juventud en la conquista, habia pasado al +servicio de los Reyes Católicos, se habia convertido bajo el nombre de +don Juan de Córdoba y de Válor, recibiendo en premio una carta de +nobleza y el amayorazgamiento de sus bienes con el título de señor de +Válor, y habia casado, por último, y siendo ya hombre de cierta edad, +con una morisca parienta suya llamada Inés de Rojas. + +Esta le habia dado sucesivamente dos hijos y una hija, poco despues de +lo cual murió don Juan, dejando su mayorazgo y su título á Don Diego, y +la curaduría de sus tres hijos á su esposa doña Inés. + +Murió esta años adelante, y dejó la tutela de sus hermanos menores á don +Diego. + +Parecia, pues, que este iba legítimamente á tratar de la entrada de su +hermana doña Isabel en el convento. + +Pero no pensaba ciertamente en ello; era un pretexto: don Diego habia +sabido por el marqués de la Guardia, hombre ya machucho, el mismo de la +burla que mató al padre de doña Elvira, su grande amigo, tan disipado +como él y tan tremendo calavera, aquella historia de desdichas, la +existencia de doña Elvira en el convento de santa Isabel y la fama de su +hermosura. + +¿Cómo el marqués de la Guardia no habia visitado nunca á doña Elvira? + +La razon era muy sencilla: al procurarla medios de subsistencia, al +dotarla, solo habia pensado en reparar de algun modo una falta: habia +buscado un eclesiástico: le habia entregado como _fidei comiso_ y bajo +confesion aquel dinero, y despues se habia ausentado de Granada con su +esposa. + +Durante muchos años anduvo vagando por España é Italia, gastando +gentilmente sus rentas, hasta 1539, en que murió su esposa y se volvió á +Granada viudo y sin hijos, entregándose desde entonces con toda libertad +á los excesos del otoño del calavera, que es la época mas azarosa de la +vida de esta clase de gentes, y durante la cual hacen mas daño á la +sociedad, sobre todo cuando son tan ricos y tan audaces como el marqués +de la Guardia. + +Don Diego de Córdoba era una especie de astro entre cierta clase de +gentes en Granada y como el marqués de la Guardia por propension y por +costumbre se fué á buscar aquella clase de gente encontráronse un dia +los dos astros girando en una misma órbita. + +Cuando dos hombres de este jaez se encuentran, sucede irremisiblemente +una de estas dos cosas: ó se chocan duramente y se matan, ó se unen y se +hacen camaradas de libertinage. + +Esto ultimo aconteció al encontrarse don Diego y el marqués de la +Guardia: el segundo casi doblaba la edad al primero; pero por lo demás +en cuanto á fortuna, conducta y aficiones eran iguales. + +Durante dos años fueron en Granada una epidemia social; una de esas +pústulas crónicas y malignas que solo se curan á yerro ó á fuego. + +A principios de 1541 y cuando una noche el marqués se preparaba para +salir á una aventura galante, se encontró en su casa con un humilde +acólito que le entregó de parte del cura de la parroquia de san Luis, un +papel en que bajo una enorme cruz se leian estas breves y solemnes +palabras. + +«Señor marqués de la Guardia: en este momento me hallo próximo á rendir +el alma al Criador. Hace trece años me entregásteis, bajo confesion, +cierta suma, mediante la cual debia educarse en un convento y dotarse, +llegada que fuese á los diez y seis años, una pobre huérfana. He +cumplido como debia el encargo de vuecelencia; pero estando próximo á +morir, habiendo llegado la época en que doña Elvira entre en el claustro +como religiosa ó vuelva al mundo, un grave deber de conciencia me obliga +á suplicaros que vengais á verme al momento. El dador os guiará. Guarde +Dios á vuecelencia. De mi lecho de muerte á 16 dias del mes de enero, +año de nuestro Señor de 1541.--El licenciado Pero Ponce.» + +Dió dos vueltas el marqués á la carta, quedóse pensativo y no sabemos +por qué presentimiento vago, renunció á su aventura y se decidió á ir á +la cita que se le pedia á nombre de una jóven de diez y seis años que +casi podia llamarse su ahijada. + +Siguió al acólito y muy pronto estuvo frente al lecho del moribundo. + +--Vos por un capricho, por una locura de jóven, le dijo el párroco de +san Luis, á las pocas palabras que hablaron, causásteis la muerte del +padre, no causeis, señor, por impremeditacion la pérdida de la hija: +doña Elvira no ha nacido para el claustro; si abandonada y desesperada +profesa, blasfemará, perderá su alma; si sale del convento sin el apoyo +de una persona que la ame, que la proteja, se perderá porque es hermosa; +pero aun es tiempo, velad por ella, salvadla: no está pervertida, tiene +un corazon ardiente, impresionable... vos, señor, que aun sois jóven, +que aun podeis haceros amar, ¿por qué no embelleceis el otoño de +vuestra vida con el amor de esa niña haciéndola vuestra esposa? + +--¿En qué convento vive? dijo profundamente pensativo el marqués. + +--En el de santa Isabel la Real. + +--¿Y decis que es hermosa y digna de un caballero? + +--Os lo juro, señor, y os digo mas: la amo como á una hija y no moriré +tranquilo sino me jurais que vos, que hoy sois su padre adoptivo, la +amparareis. + +--Esa jóven corre por mi cuenta, dijo el marqués pronunciando estas +vulgares palabras de tan ambiguo sentido con una entonacion singular. + +--¿Quereis que os nombre su tutor en mi testamento? ¿quereis que os dé +un testimonio de lo que habeis hecho por ella? + +--No, no, de ningun modo, no quiero que sepa que yo he hecho nada por +ella. + +--¡Oh! ¡que generoso sois señor! Dios os bendiga. + +--Dejad la tutela de esa jóven á la abadesa. + +--Lo haré así. + +--Y ahora ved si os queda algo que satisfacer en el mundo para que yo lo +satisfaga por vos. + +--¡Ah! no señor; desgraciadamente quedé huérfano y sin pariente alguno +muy jóven; he vivido consagrado á mi ministerio y nada tengo que hacer +mas que legar la mitad de mis cortos ahorros á los pobres, la otra mitad +á doña Elvira, á doña Elvira que es mi corazon, señor, añadió el buen +sacerdote mirando de una manera anhelante al marqués. + +--Descuidad, descuidad en mí, señor licenciado; si Dios ha dispuesto que +murais, morid tranquilo: si en mí consiste doña Elvira será feliz. + +--¡Oh! ¡gracias, gracias! ¡ahora dejad que os bendiga! + +El marqués mas por costumbre que por veneracion, dobló una rodilla y el +sacerdote bendijo con mano trémula y moribunda aquella cabeza llena de +vacios pensamientos, que en aquel mismo punto agitaba algo horrible +dentro de sí respecto á la pobre huérfana, que era tan jóven y tan +hermosa. + + * * * * * + +El marqués de la Guardia, pues, no habia sabido hasta entonces el +paradero de la hija de Juan de Céspedes y por lo tanto no habia podido +visitarla. + +Aquella misma noche en uno de los lugares _escéntricos_ en que se +encontraban todos los dias el marqués de la Guardia y don Diego de +Válor, frente á frente y vaso en mano, hablaban con la mayor +irreverencia del mundo, del legado que habia dejado el párroco de san +Luis al marqués. + +--Pero formalmente don Gabriel, decia al marqués que así se llamaba, don +Diego, ¿estais resuelto á hacer _dichosa_ á esa muchacha? + +--¿Y por qué no? dijo don Gabriel Coloma, que este era el apellido del +noble marqués, aun no he cumplido cuarenta años; paso aun entre los +buenos galanes sin que las damas reparen en la diferencia, y, sobre +todo, esa aventura tiene para mí un encanto misterioso, un no sé qué +seductor; decididamente, mañana voy al convento, pasado mañana la saco, +al dia siguiente... + +--¿Qué la sacais? ¿creeis que ella se prestará á huir con vos? + +--¡Huir! la sacaré con los derechos que me asisten. + +--¡Los derechos! indudablemente los teneis: pero nadie los conoce mas +que el cura de san Luis, y ha muerto. + +--¡Diablo! ¡es verdad! + +--De modo que para doña Elvira sois un desconocido como otro cualquiera. + +--¡Diablo! ¡diablo! + +--Y como supongo que no os querreis casar con ella... + +--¡Por Cristo vivo! hartos sinsabores me dió mi difunta, para que yo +piense en casarme de nuevo... la haré mi querida. + +--¡Ah! dijo don Diego; pero se me figura... + +--¿Qué? + +--Que si habeis de contar con doña Elvira para que abandone por vos el +convento, empresa acometeis. + +Picóse el orgullo de don Gabriel Coloma, que aun se creía, recordando +sus buenos tiempos y fiando demasiado en el éxito que le procuraban sus +doblones entre las mujeres, un seductor irresistible. + +--¿Quereis que hagamos una cosa, don Diego? dijo. + +--¿Qué cosa? + +--Una apuesta. + +--¿A propósito de qué?... + +--Acometamos los dos esta empresa. + +--Acepto. + +--Vos no conoceis á Doña Elvira mas que lo que la conozco yo. Como yo +sabeis que está en el convento de santa Isabel la Real, que es huérfana, +que está bajo la tutela de la abadesa. + +--Muy bien: ¿y qué apostamos? + +--Vuestro caballo _Infante_, contra mi yegua _Niña_. + +--Es decir que si os gano, me quedo con vuestra protegida y con vuestra +yegua. + +--Cabalmente. + +--Determinemos la apuesta. + +--El que saque del convento legítimamente ó no á doña Elvira, en una +palabra, el que sea preferido por ella, gana. + +--Aceptado. + +--¿En cuánto tiempo? + +--En quince dias, dijo don Diego de Válor. + +--Sea en quince dias. + +--Ademas hagamos otra apuesta, dijo don Diego, que era muy previsor. + +--¿Cuál? + +--Podrá suceder que para sacar á doña Elvira del convento sea necesario +casarse con ella. + +--¡Diablo! + +--Yo lo preveo todo: una vez empeñados, no repararemos en nada, y como +es hidalga y hermosa, y entrambos estamos libres... ¿quién sabe?... + +--Teneis razon. + +--En el caso que vos ganárais, don Gabriel, ya sea que ella se vaya con +vos, ya que os caseis con ella, podeis tener por seguro que yo procuraré +soplaros la dama ó la mujer. + +--Lo mismo procuraré yo, don Diego, si la suerte os favorece. + +--Determinemos aun mas: si solo es querida de uno de los dos, la apuesta +será vuestro coselete de Milan cincelado, contra la magnífica espada de +Damasco que he heredado yo de mis abuelos y que tanto os agrada. + +--Sea. + +--Pero si doña Elvira fuese esposa de uno de los dos... + +--Entonces, don Diego, tenemos apostada la vida á estocadas. + +--Me habeis comprendido. + +Los dos calaveras se estrecharon las manos, apuraron los vasos y no +volvieron á hablar de aquel asunto. + +Cuando se separaron, don Diego recordó que tenia una parienta amiga de +la abadesa de santa Isabel la Real; fuése á su casa muy temprano, á la +hora en que la buena señora oia su misa cotidiana, y la expuso la +necesidad que tenia de depositar por algun tiempo á su hermana doña +Isabel en un convento. + +La anciana parienta se prestó y despues de la misa fueron al locutorio. + +La casualidad favoreció á don Diego. + +Como sabemos, la abadesa llevó consigo al locutorio á doña Elvira. + +Vióse esta mirada por la primera vez de una manera ardiente; vió tambien +por la primera vez de su vida á un hombre que era casi tan hermoso como +ella, y se enamoró. + +Don Diego, por su parte, se enamoró tambien. + +Aquella misma tarde el andadero del convento tuvo medio de poner en las +manos de doña Elvira una carta de don Diego. + +Aquella carta encerraba las primeras palabras de amor que se habian +dirigido por un hombre á doña Elvira. + +Esta, sin embargo, no contestó. + +Al dia siguiente la abadesa llamó á su celda á doña Elvira, y la dijo +toda trémula y asustada que el marqués de la Guardia la pedia por +esposa. + +Doña Elvira dijo que no conocia al marqués, y que no pensaba casarse con +él. + +Aquella tarde el andadero dió á doña Elvira dos cartas: la una era de +don Diego de Válor, la otra del marqués. + +La jóven entregó esta última rasgada al andadero para que la devolviese +á don Gabriel Coloma, y otra cerrada para don Diego de Válor. + +Esta última decia únicamente: + +«Caballero: el señor marqués de la Guardia, á quien no conozco, ha +pedido á la madre abadesa mi mano. Vos decís que me amais, ¿por qué no +haceis lo mismo?--Elvira de Céspedes.» + +Don Diego se habia enamorado perdidamente de doña Elvira, y habia +comprendido á la primera ojeada que la jóven no saldria del convento +sino por la puerta del matrimonio. + +Esta certidumbre dió por resultado que dos dias despues la abadesa +llamase de nuevo á doña Elvira á su celda y que la dijese muy tranquila, +por qué su primera negativa á una demanda de matrimonio la habia hecho +creer en la vocacion de la jóven al claustro, que don Diego de Córdoba y +de Válor la pretendia por esposa. + +Doña Elvira, con gran terror y sentimiento de la abadesa, contestó +poniéndose encendida como una guinda: + +--Decid á ese caballero, que le acepto por esposo. + + * * * * * + +Ocho dias despues el marqués de la Guardia envió con un escudero suyo á +don Diego de Válor su yegua _Niña_, enjaezada con un caparazon de +brocado azul, cabezon, cincha y pretal de lo mismo, y freno y estriberas +de plata cincelada. + +A mas de esto, en el caparazon, y dentro de ricas fundas iban dos +magníficas pistolas cargadas. + +--Comprendo: dijo para sí don Diego de Válor al ver las pistolas, y al +reparar que iban cargadas: he ganado la primera apuesta casándome con +doña Elvira, y estamos empeñados en la segunda: veremos quien á quien. + +Por su parte el marqués habia dicho al poner las pistolas en el +caparazon: + +--Le he criado, como quien dice, la novia, se la he dotado, le pago con +mi mejor vicho una apuesta perdida... mil doscientos cincuenta ducados +por una parte... mil trescientos valor de la yegua, por otra... dos mil +los jaeces y las pistolas... cuatro mil seiscientos cincuenta ducados en +suma... pues señor, es preciso que yo me cobre de todo esto en su mujer. + +Como vemos, las consecuencias de la burla hecha por el marqués al +difunto padre de doña Elvira, continuaban en una progresion horrible. + +Una vez casada se reveló el verdadero carácter de doña Elvira. + +Era una mujer altiva y dura, y al poco tiempo de casada, apenas lanzada +la influencia del convento, á las primeras lecciones recibidas del +mundo, se convirtió en una de esas personas que todo lo calculan bajo el +influjo de la mas descarnada razon; no amaba á don Diego: habíase casado +únicamente con él para salir del convento, que la horrorizaba, pero como +jamás habia amado no se habia visto obligada á hacer ningun sacrificio: +ella era extremadamente hermosa y estaba muy pagada de sí misma; pero en +cambio don Diego era un mancebo hermosísimo, que sino interesaba su +corazon conmovia sus sentidos; en una palabra, aunque el alma de doña +Elvira no acogia á don Diego, sus deseos la arrastraban á él: los +primeros meses, pues, del matrimonio de estos dos seres tan semejantes +entre sí, que nunca debieron haberse casado, fueron un continuo delirio. +Pero no era don Diego hombre á quien pudiesen fijar, apartándole de sus +viciosas inclinaciones, la virtud, la hermosura y las candentes caricias +de una mujer tal como doña Elvira: paso á paso don Diego fue volviendo á +su antigua vida, y como jamás se habia recatado del mundo, no se recató +de su esposa: la altiva doña Elvira no era mujer que mirase sin un +ardiente deseo de venganza la ofensa hecha á su hermosura, á su orgullo: +desapareció enteramente el amor material que le habia inspirado don +Diego, y solo pensó en vengarse: una herida en el orgullo se paga con +otra herida semejante: doña Elvira dejó de ser la hasta entonces honesta +y malcarada dueña, y tuvo sonrisas para adoradores que ya habian +desesperado, no solo de obtenerla sino aun de ser mirados sin enojo: +entre ellos el marqués de la Guardia se habia dado por vencido y habia +dicho á don Diego á los tres años despues de su casamiento: + +--Amigo mio: podeis llamaros feliz: apostamos á bulto sin conocerla +acerca de doña Elvira, y encontrásteis en ella una niña hermosísima de +quien os hicísteis amar: me ganásteis pues, la primera apuesta: la +hermosa jóven ha sido y es una mujer fuerte: aunque la dais mala vida, +os ama y guarda vuestro honor, á pesar de que, sin contar conmigo, que +la he pretendido de mil maneras, la han rodeado los galanes mas +peligrosos. He perdido mi segunda apuesta y vuestro es mi coselete de +Milan. Sin embargo no lo siento; vuestra mujer me ha dado el ejemplo de +las mujeres santas en el matrimonio, y yo voy á buscar otra semejante, +por mejor decir la he encontrado ya: os convido, pues, á mi segunda boda +dentro de ocho dias. Llevad con vos á vuestra mujer. + +Y el marqués y don Diego se estrecharon las manos y bebieron como el dia +en que habian hecho la apuesta. + +Doña Elvira á pesar de su orgullo ofendido y de su determinacion de +tomar en el honor de su esposo unas terribles represalias, nada hizo que +pudiera ofender á la honra de don Diego. + +Es cierto que durante algunos dias coqueteó y estuvo comunicativa, +risueña y amable con mas de un enamorado; pero de repente, volvió á su +antigua austeridad, ó como podriamos decir valiéndonos de una figura: el +sol de sus favores se ocultó de nuevo tras una sombría nube. + +¿Consistia esto en que doña Elvira comprendiese que las mayores faltas +en un marido, los mas crueles tratamientos, las mas profundas heridas en +el corazon y en la vanidad, no autorizan á la esposa para ser adúltera? + +No por cierto: esto consistia en que doña Elvira era mujer, en que como +mujer estaba propensa á amar, y en que el hielo que cubria su corazon se +habia disuelto bajo el intenso fuego de su amor hácia un hombre. + +Doña Elvira amaba con toda la violencia de su carácter voluntarioso: +pero bajo un profundo disimulo, mejor diremos hipocresía, habia guardado +aquel amor que nadie, ni aun el mismo objeto amado habia llegado á +conocer. + +Vamos á decir á nuestros lectores quien era el objeto de aquel amor. + +Por el mismo tiempo que el desenfreno y el libertinaje de don Diego, +habian impulsado á doña Elvira á una resolucion desesperada, conoció al +hombre que debia fijar su destino. + +Un dia le habia visto en misa en la colegiata de San Salvador: era un +jóven como de diez y nueve á veinte años, pero ya perfectamente formado, +blanco pálido, de frente noble y pensadora, y ojos negros y +profundamente melancólicos. + +Se habian encontrado en la pila del agua bendita: luego hizo la +casualidad, causadora de tantas desdichas, que se encontraran colocados +frente á frente en los escaños. + +Aquel dia puede decirse que doña Elvira no oyó misa; el jóven por su +parte no mostró tampoco mucha devocion, pero no fue doña Elvira la +causa: ni una sola vez la habia mirado, á pesar de que doña Elvira era +una mujer demasiado notable por su hermosura, para que no se reparase en +ella. + +La indiferencia es uno de los medios mas eficaces que pueden emplearse +para la conquista de ciertas mujeres: cuando la indiferencia es +verdadera, la mujer que de tal modo se contempla impotente acaba por +contraer una pasion incalculable por el hombre á quien de tal modo es +indiferente. Una fea suele resignarse por que comprende la causa de +aquella indiferencia: á una hermosa infatuada con su hermosura, como lo +estaba doña Elvira, acostumbrada á ser adorada por todos, la +indiferencia del hombre á quien ama la vuelve loca. + +Doña Elvira vió durante tres años, pero siempre en la estacion del +verano, al indiferente jóven en la misa de doce de la iglesia del +Salvador: siempre habia notado la misma indiferencia en él, y estaba +resuelta á romper por todo, cuando al abrir su marido la puerta de su +casa para asistir al casamiento de su hermana doña Isabel le encontró en +el dintel. + +Porque el hombre de quien tan locamente enamorada estaba doña Elvira, +era Yaye ebn-Al-Hhamar. + +Esto esplica por qué una palidez profunda cubrió al verle el rostro de +doña Elvira: veamos ahora en que consistia la estrañeza y aun el temor +que se habia pintado en el rostro de don Diego al ver á Yaye. + +Don Diego sabia, porque no podia menos de saberlo, puesto que por el +matrimonio con su tia doña Ana habia emparentado con su familia Yuzuf, +que este, emir de los monfíes, embreñado en las Alpujarras y dueño de la +fuerza, tenía adquiridos derechos á la corona de Granada. + +Sabia además, lo que Yuzuf no habia tenido ocasion de decir á Yaye, esto +es que el casamiento de Yuzuf con doña Ana de Córdoba y de Válor habia +sido una verdadera alianza, una refundicion de derechos. + +Su padre don Juan de Válor habia estipulado solemnemente con Yuzuf que +si de su casamiento con doña Ana tenia un hijo, este hijo casaria con +una hija de los Válor, ó viceversa que, si cuando el hijo ó la hija de +Yuzuf y de Ana llegasen á la edad de contraer matrimonio, no pudiese +este efectuarse por carencia de varon ó de hembra hija ó nieta de don +Juan, en la familia, el pacto quedaría roto, y cada familia de por sí, +la de los Al-Hhamar y la de los Beni-Omeyas podrian cuestionar su +derecho. + +Ahora bien: don Juan de Válor, hermano de doña Ana, habia tenido dos +hijos y una hija: don Diego, don Fernando y doña Isabel: Yuzuf al-Hhamar +habia tenido un hijo: Yaye; don Juan de Válor y Yuzuf, habian contratado +solemnemente el matrimonio de doña Isabel con Yaye, y al morir don Juan +habia encargado expresamente en su testamento á su hijo primogénito don +Diego que procurase por cuantos medios estuviesen á su alcance, cumplir +aquel contrato matrimonial. + +Don Diego habia quedado al frente de la casa como tutor de sus hermanos: +al casarse con doña Elvira, por amor á su hermana doña Isabel no quiso +que viviese á su lado bajo la férula de su esposa. Puso casa á parte y +dejó en el solar paterno á doña Isabel al amparo de su hermano don +Fernando, aun soltero, y bajo la guarda de una respetable dueña. + +Todos los años en las largas temporadas que Yuzuf pasaba en Granada, +guardando todas las apariencias de un morisco convertido, don Diego +comunicaba con él: hablaban como individuos de una misma familia, de las +esperanzas de recobrar la perdida libertad, de sus proyectos domésticos +y entre ellos del matrimonio concertado entre Yaye y su hermana doña +Isabel. + +Don Diego no conocia á su primo: siempre que espresaba á Yuzuf el deseo +de conocerle, Yuzuf le contestaba: + +--Cuando yo haya puesto mi corona sobre la frente de mi hijo, y tu +hermana haya sido su esposa, le conoceras. + +Don Diego se veia obligado á satisfacer con estas palabras brevísimas +del inexorable anciano su curiosidad por conocer á su primo. + +Pero aconteció que un dia Yuzuf compró en el barrio del Zenete de +Granada una hermosa casa que lindaba con la en que vivia doña Isabel. +Aquella casa fue suntuosamente alhajada y un mes despues fueron á vivir +á ella un anciano y un jóven. + +El anciano era Abd-el-Gewar, y don Diego le conocia como uno de los +servidores mas allegados del emir; el jóven era Yaye, pero don Diego no +le conocia. + +La circunstancia de ser Abd-el-Gewar ayo de Yaye, la frecuencia con que +entraba en la casa Yuzuf y el extremado amor con que trataba al jóven, +hicieron sospechar á don Diego si Yaye era hijo del emir. + +Pero prudente como se lo aconsejaba la reserva del anciano, guardó sus +sospechas y solo se redujo á observar si aquella mudanza tan cerca de su +casa, tendria por objeto el que los dos jóvenes se conociesen y se +amasen espontáneamente antes de saber que estaban destinados desde antes +de su nacimiento el uno para el otro. + +Don Diego observó que Abd-el-Gewar y Yaye solo estaban en Granada +durante el verano; pretendió averiguar la causa de estas ausencias +periódicas, y supo que el señor Juan de Andrade, cuyos padres no se +conocian, y que estaba confiado al cuidado de Abd-el-Gewar, era +estudiante en Salamanca: esto desvaneció sus sospechas. Don Diego no +podia comprender que Yuzuf destinase á su hijo á clérigo ó á oidor; +pensar en esto era absurdo; pero observó sí, que su hermana doña Isabel +pasaba los meses del invierno triste v retirada, y que á la venida del +verano ó por mejor decir de Yaye, se hacia mas comunicativa y alegre. + +Don Diego quiso saber si habia amoríos entre el estudiante Juan de +Andrade y su hermana. Nada consiguió. La dueña, encubridora de doña +Isabel, ó ignorante de sus amores con Yaye, le afirmó que su hermana no +amaba á nadie, ni pensaba amar: y en cuanto á su hermano don Fernando no +habia visto rondaduras en la calle ni nada que demostrase que hubiese +galan, enamorando á doña Isabel. + +Don Diego se cansó al fin de unas pesquisas que nada le habian revelado, +y se resignó á esperar á que el emir de los monfíes sacase á luz á su +misterioso hijo. + +Pero entre tanto se cruzó un incidente en el proyectado enlace, que vino +á probar que el hombre propone y Dios dispone. + +Don Diego vivia en completa comunicacion con Yuzuf, en la continua y +sorda conspiracion que sostenian los moriscos contra los cristianos, +como todo pueblo vencido contra su vencedor. + +El hombre que mas confianza inspiraba á don Diego para ser portador de +sus cartas y mensages á Yuzuf, era un morisco llamado Miguel Lopez entre +los cristianos, y entre los moriscos Xerif-aben-Aboó. + +Era un morisco de buen linage, pero poco considerado por sus costumbres +licenciosas: apreciábase el solo por su valor, y por su ciego odio á +los cristianos. Tenia otra cualidad recomendable: una reserva sin +límites, y una actividad suma para todos los negocios que tenian +relacion con la libertad de su patria. + +Por estas dos cualidades se servia de él don Diego. + +Entraba Miguel Lopez libremente tanto en la casa de este como en la de +su hermano don Fernando, y habia tenido ocasion de ver una y otra y cien +veces á doña Isabel. + +Miguel Lopez se enamoró de ella. + +Pero al enamorarse comprendió que tenia ya cuarenta años, que era mas +que medianamente feo y zafio, y ademas, que el orgulloso don Diego de +Válor, jamás consentiria en darle una hermana suya siendo como era +pobre, y estando ademas oscurecido y en la humillante condicion de un +hombre que sirve por un salario. + +Miguel Lopez procuró dominar su amor: pero su amor pudo mas que él y le +dominó. + +Entonces Miguel Lopez pensó que un pobre y un criado cuando sirve en +ciertos negocios, es un cómplice de su amo, y que un cómplice puede +hacerse á veces tan temible, que no pueda negársele nada. + +Miguel Lopez meditó y tramó un plan diabólico, y cuando estuvo seguro de +su éxito, se presentó una mañanita, muy de mañana, en casa de don Diego. + +--Tengo que hablaros á solas, le dijo. + +Pensó don Diego que se trataba de alguno de los asuntos en que +comunmente empleaba á Lopez, y se encerró con él. + +--¿De qué se trata? dijo don Diego. + +--Trátase, contestó Miguel Lopez, entrando de lleno y bruscamente en el +asunto, de que es necesario que me deis por mujer á vuestra hermana doña +Isabel. + +Don Diego ofendido gravemente por la extraña é insolente proposicion de +Miguel Lopez, se sorprendió y adoptó para con su hasta entonces +confidente, una actitud altiva y despreciadora que nunca habia usado. El +noble señor se erguia ante la insolente demanda del siervo, y en aquella +altivez habia mucho de amenaza. + +Miguel Lopez no se desconcertó. + +--Sabia, dijo á don Diego, de qué modo habiais de recibir mi peticion: +hace mucho tiempo que habia pensado en ello y no os he pedido á vuestra +hermana hasta estar seguro de que no me la podiais negar. + +--¡Me amenazais! contestó con acento reconcentrado don Diego. + +--No os amenazo: os advierto. + +--¿Y de qué me advertis? + +--De que si no me dais vuestra hermana, yo daré al rey vuestra cabeza. + +Un rayo de luz, pero un rayo de luz sombría, iluminó la inteligencia de +don Diego; comprendió que su hasta entonces fiel y dócil instrumento se +le rebelaba, y abusando de su confianza le imponia condiciones. + +Don Diego era hombre de mundo, y se puso á la altura de la situacion: +ocultó la cólera que hervia en su corazon bajo un semblante impasible, y +dijo friamente á Miguel Lopez. + +--¿Es decir, que estais resuelto á obligarme á que... os entregue mi +hermana? + +--Decidido de todo punto. + +--Y decidme: ¿contais con poder bastante para obligarme? ¿habeis +meditado bien las consecuencias de la lucha á que me retais? + +--Todo lo he meditado, y os afirmo que cuento con tanto poder, que estoy +seguro no solo de venceros, sino de teneros sujeto. + +--Veamos vuestros medios. + +--¡Mis medios! la última carta que me dísteis para el emir de los +monfíes de las Alpujarras. + +Don Diego se aterró, y por mas que quiso dominarse, palideció +densamente: de tal importancia era la carta á que se referia Miguel +Lopez; tan graves los secretos que en ella estaban consignados, que +bastaban para perderle. Impaciente don Diego, estimulaba en aquella +carta al emir para una sublevacion de los moriscos apoyada por los +turcos, que decia ser de todo punto necesaria, en atencion á que la +presion de los españoles se hacia cada dia mas insoportable. + +--¿Creeis, pues, dijo Miguel Lopez notando el terror de don Diego, que +esa carta no basta para perderos, para entregaros al verdugo? + +--En efecto, dijo don Diego recobrando su calma: os habeis armado bien +para entrar en batalla conmigo. + +--Aun os queda un medio, dijo con su inalterable insolencia Miguel +Lopez. + +--¿Quereis decirme cuál? + +--Ganar tiempo ofreciéndome que vuestra hermana será mi mujer, y huir +despues con ella y con vuestra familia á las Alpujarras. Asi perderiais +una cosa: vuestra hacienda, que el rey os confiscaria, pero ganariais +tres á saber: primero que vuestra hermana no se casase conmigo, despues +la vida, y en fin la honra. + +--¡La honra! exclamó don Diego no pudiendo contenerse ya y levantándose +con ímpetu; habeis dicho la honra. + +--Sí, la honra he dicho, porque si no casais conmigo á vuestra hermana, +ella se irá con otro. + +--¡Hablad! ¡hablad! ¡explicadme eso... que no comprendo!... + +--¡Ya se ve...! ¡son tan calladas las dueñas y las doncellas de vuestra +hermana! ¡tan descuidado vuestro hermano don Fernando que no han podido +apercibirse de lo que yo me he apercibido! + +--¿Y de qué os habeis apercibido vos? + +--Yo... ¡bah! me he apercibido de muchas cosas. En primer lugar, me he +apercibido de que vuestra hermana espera todas las tardes asomada á las +celosías de sus ventanas á un gallardo mancebo: que el mancebo, que es +su vecino, antes de entrar en la casa la saluda: además que se ven y se +hablan por cierta galería que da á los jardines: lo primero lo he visto +oculto en una de las casas de la calle del Zenete, lo segundo desde un +mirador de otra casa desde donde se descubren los jardines de la casa de +vuestro hermano don Fernando, y de la de el tal mancebo. + +--¿Y podria ver yo eso mismo? + +--Cuando querais: pero dejadme que concluya de deciros otras cosas que +he descubierto; por ejemplo, el poderoso emir de los monfíes +Yuzuf-Al-Hhamar viene con mucha frecuencia á Granada: cuando viene se le +ve acompañado muchas veces de Abd-el-Gewar, y de ese mancebo que se +llama el señor Juan de Andrade. ¿No os parece que el emir trata con +demasiado amor á ese jóven para que sabiendo que tiene un hijo á quien +nadie ha visto ni conoce, se crea que el señor Juan de Andrade es su +hijo? + +Miguel Lopez acababa de avivar las sospechas que acerca del mismo asunto +habia tenido don Diego. + +--Ademas, ya sabeis que yo sé, que por el testamento de vuestro padre +estais obligado á casar á vuestra hermana con el hijo del emir de los +monfíes de las Alpujarras; el emir es un hombre que se ha criado como +quien dice entre cristianos, y que entre ellos ha adquirido unas ideas +muy extravagantes. El emir ha querido sin duda que los dos jóvenes se +amen antes de conocer su verdadera posicion. El emir ha conseguido que +se amen aproximándolos el uno al otro; pero el emir no sabe otra cosa +que yo he descubierto, á saber: que el señor Juan de Andrade podia +querer á vuestra hermana como manceba, pero como esposa nunca... porque +os desprecia... os aborrece... os llama los renegados. + +--¡Miguel Lopez! exclamó don Diego enteramente fuera de sí. + +--No os irriteis y meditad á sangre fria: dándome vuestra hermana +salvais á un tiempo la hacienda, la vida y la honra: es cierto que os +exponeis á la enemistad del emir, pero el emir es generoso y se +contentará con despreciaros. Del otro lado teneis mi venganza, que yo os +juro que no os perdonará. + +--¿Y no creeis que tenga otro medio de librarme de todas esas afrentosas +condiciones? + +--Uno solo podiais tener si yo no fuera previsor: matarme. Pero el +matarme os perderia, porque la carta que os pone á mi merced, no está en +mi poder, sino en poder de quien, si me sucede una desgracia, la +presentará al presidente de la Chancillería. + +Don Diego comprendió que estaba enteramente cogido. + +--Os pido veinte y cuatro horas para contestaros, dijo á Miguel Lopez. + +--Tomaos si quereis cuarenta y ocho ó ciento. No me corre gran prisa. + +--Quiero ademas ver algo de lo que vos habeis visto. + +--¡Ah! ¿quereis ver si vuestra hermana ama al señor Juan de Andrade? En +buen hora. Id mañana al amanecer á mi casa. Entre tanto, que os guarde +Dios: os dejo en libertad para que mediteis. + +Y salió. + +Por mas que meditó don Diego no encontró medio para salir del atolladero +en que le habia metido la traicion de Miguel Lopez. Por mas vueltas que +le dió, solo encontró una solucion: la de casar á su hermana con aquel +bandolero, y estar en acecho de una venganza terrible. + +Al dia siguiente al amanecer, don Diego acompañado de Miguel, vió desde +una de las celosías de una casa situada á espaldas de la de su hermana, +á Yaye y á Isabel que hablaban indudablemente de amor, cada cual en sus +respectivas galerías. + +Esto tenia lugar algunos dias antes de la noche en que se vieron en el +jardin Yaye é Isabel. + +Don Diego apremiado por Miguel, le concedió sin condiciones, y con un +cuantioso dote la mano de su hermana. + +Don Diego vendia cobardemente á la pobre Isabel. + +Isabel se vió intimada de una manera dura á casarse con Miguel Lopez; +entonces en su desesperacion pensó en huir con Yaye y le citó y le +arrojó la llave del postigo del jardin. + +Don Diego vió el significativo arrojo de la llave desde su acechadero. + +Aquella noche don Diego y Miguel entraron furtivamente en el jardin de +la casa de don Fernando, y ocultos tras un cenador de jazmines +presenciaron la breve y desgarradora escena habida entre Yaye é Isabel. + +Don Diego activó las bodas, contando ya con el asentimiento que la +desesperacion habia arrancado á su hermana. + +El mismo dia y á la misma hora en que iba á celebrarse el casamiento, +Yaye habia aparecido de repente pálido y convulso ante don Diego. + +Hé aquí la razon de que, al ver al jóven, don Diego se sorprendiese y se +aterrase. + +Volvamos á aquella situacion. + +--Creo no equivocarme dijo Yaye descubriéndose cortesmente, con el +rostro densamente pálido, y con la voz temblorosa por una cólera mal +contenida, creo no equivocarme creyendo que hablo con don Diego de +Córdoba, señor de Válor. + +--Asi es, caballero, contestó don Diego descubriéndose á su vez y con un +duro acento de extrañeza: creo tambien no equivocarme creyendo que vos +sois el señor Juan de Andrade. + +--Necesito de todo punto hablaros, dijo con precipitacion Yaye. + +--¿Y no podriamos hablar en otra ocasion? porque ahora, siento +decíroslo, me esperan para un asunto muy importante: doña Isabel mi +hermana se casa, me esperan en la iglesia. + +--Pues porque vuestra hermana se casa, es cabalmente por lo que me urge +hablaros: es necesario que ese casamiento no se haga. + +--No comprendo caballero, dijo palideciendo con la palidez de la +irritacion don Diego de Córdoba, con qué derecho pretendeis ser +importuno en esta ocasion. + +--Leed, dijo Yaye, sacando de un bolsillo de sus gregüescos la carta que +la noche antes le habia dado su padre. + +--Permitid que os diga que vuestra tenacidad raya en ofensiva: no tengo +tiempo; venid mas tarde. + +--Leed lo que os escribe mi padre Yuzuf Al-Hhamar: leed: os lo mando yo, +yo el emir de los monfíes. + +Y al decir estas palabras, que pronunció con la arrogancia de un rey que +amenaza, pero en acento tan bajo que solo pudo ser oido por don Diego, +Yaye se cubrió como un superior delante de su inferior. + +Don Diego por inadvertencia ó por asombro, permaneció descubierto, fijó +una mirada atónita en Yaye, y quedó enmudecido por la sorpresa. + +Al fin se rehizo, tomó la carta, reparó en que Yaye se habia cubierto, +se cubrió, abrió el pliego y leyó. + +Apenas hubo leido algunos renglones de aquel escrito, que lo estaba en +árabe, se volvió, infinitamente mas pálido y convulso á uno de sus +servidores. + +--Ayala, le dijo en voz baja, id al momento á la colegiata del Salvador, +llamad aparte al licenciado Periañez, y decidle que dé la bendicion á +los novios en el momento; que para que no se extrañe mi falta invente +cualquier pretexto... que no se me espere, en fin. Id, id al momento. + +El servidor que tenia visos de ser uno de esos hidalgos pobres que no +tenian á deshonra servir á los grandes señores en aquellos tiempos, +partió. + +--Y vos doña Elvira, añadió don Diego, volviéndose á la dama que hasta +entonces habia presenciado con una viva curiosidad aquella escena, +volveos á vuestros aposentos. Vosotros idos, añadió dirigiéndose á la +servidumbre y vos caballero seguidme. + +--¿Y no seria mejor que nosotros mismos fuésemos? dijo Yaye sin moverse +de su sitio. + +--No, no, seria imprudente: vuestra presencia en la iglesia podria +producir un escándalo, y luego... mi mensaje se obedecerá. + +--Ved don Diego que vuestra hermana es mi vida. + +--Si Dios quiere, tendreis vuestra vida... si por desgracia, si por +casualidad fuera imposible... quejaos á vos mismo, primo. Ahora venid. + +Yaye cedió, y siguió á don Diego: en su preocupacion no reparó que el +berberisco Kaib, habia seguido á Ayala en el momento que este habia +salido de la casa para cumplir el encargo de su señor. + + + + +CAPITULO VII. + +En que se relatan extraños é importantes sucesos. + + +Doña Elvira saludó ceremoniosamente á su esposo cuando este la mandó que +volviese á sus aposentos, arrojó una última mirada á Yaye, y acompañada +de dos doncellas, subió unas descomunales escaleras, atravesó un ancho +corredor, abrió una mampara de marroquí rojo, atravesó una rica +antecámara, entró en una magnífica cámara y sentándose en un sillon, +dijo á sus doncellas: + +--Dejadme sola. + +Las doncellas salieron: mientras resonaron sus pasos doña Elvira +permaneció inmóvil en el sillon donde se habia sentado, y profundamente +pensativa; luego cuando el ruido de los pasos de las doncellas se +hubieron extinguido en las habitaciones interiores, se levantó, atravesó +la puerta por donde aquellas habian salido y cerró por dentro otra +segunda puerta, despues volvió á la cámara y se fué en derechura á un +gigantesco espejo de Venecia, que la reprodujo por entero. + +Doña Elvira lanzó una mirada ansiosa al espejo, ese confidente de la +mujer que tanto podria revelar si Dios por un milagro le animase y le +diese memoria y voz. + +Luego atravesó en paso leve y furtivo la cámara, abrió silenciosamente +una puerta y entró en un retrete oscuro. + +Una vez allí se colocó tras el tapiz de una puerta. + +Desde allí se veia una habitacion de hombre; pero bella y ricamente +alhajada. + +En aquella habitacion habia dos hombres que acababan de entrar. + +Don Diego de Córdoba y de Válor, y Yaye-ebn-Al-Hhamar. + +El jóven estaba cubierto aun del polvo del camino, pero su trage era muy +bello, le caia muy bien y sobre todo ganaba sobre su gallarda y esbelta +persona. + +Estaba cansado, anhelante, dominado por una ansiedad profunda, +densamente pálido, y con la mirada impregnada de una ardiente +melancolía. + +Doña Elvira no le habia visto nunca tan hermoso, y sintió que el corazon +se la comprimia, se la desgarraba; nunca habia sufrido tanto. + +Don Diego estaba visiblemente contrariado. + +Notábase que sentia respeto y aun temor delante de Yaye, como si se +hubiera encontrado delante de un rey á quien hubiese tenido que rendir +estrecha cuenta de sus acciones. + +En efecto, considerando que Yaye era rey de los monfíes por la +abdicacion de su padre, abdicacion que Yuzuf participaba á don Diego en +la carta que le habia entregado Yaye, don Diego se veia obligado á +respetarle: el valor indomable y tenaz, los sacrificios por la patria, +la conservacion de las tradiciones de su ley, todo daba á los monfíes un +prestigio merecido entre los moriscos y á su rey un poder terrible. + +Por lo tanto y en cierto modo, don Diego ante Yaye era un vasallo y un +vasallo culpable. + +Porque don Diego creia, que al reconocer Yuzuf á su hijo, al entregarle +su corona, le habria revelado el contrato que existía entre las dos +familias, contrato á que don Diego habia faltado entregando su hermana á +otro hombre. + +Lo que don Diego no podia comprender era cómo Yaye, que dos noches antes +habia despreciado la mano de su hermana, se mostraba entonces tan +ansioso de ella. + +De lo que no podia dudar don Diego, era de que Yaye estaba perdidamente +enamorado de doña Isabel. + +Esta certidumbre le aterraba porque preveía fatales consecuencias. + +Durante algun tiempo, guardó silencio. Yaye se habia sentado y estaba +cubierto. Don Diego permanecia descubierto y de pié. Doña Elvira que +conocia la altivez de su marido no sabia explicarse la causa de aquella +posicion humillante á que don Diego se resignaba. + +--Espero, dijo Yaye al fin, que contareis con medios bastantes para +impedir ese casamiento, y que no me obligareis á tomar en vos una +venganza implacable. + +--Estad seguro, señor, de que sino hubiesen mediado gravísimas razones, +yo nunca me hubiera atrevido á faltar por mi parte al solemne convenio +celebrado por nuestros padres, y mediante el cual vuestro casamiento con +mi hermana era una cosa decidida. + +--¡Cómo! ¿existia un convenio entre nuestros padres? exclamó con +violencia Yaye, ¿y vos os habeis atrevido...? + +La voz de Yaye temblaba, se habia puesto de pié y miraba de una manera +amenazadora á don Diego. + +--Escuchadme, señor, y no me condeneis sin oirme. + +--Antes de conocer á mi padre, cuando solo me creia moro, me inspirábais +aversion como renegado: ahora que sé de quien soy hijo, ahora que el +poder de mi padre ha pasado á mis manos, encuentro que á mas de renegado +sois traidor. + +--Mi traicion es hija de un horrible compromiso, dijo todo desconcertado +don Diego: no sabeis hasta que punto he sido engañado por ese infame +Miguel Lopez: pero no importa: Ayala habrá llegado: de todos modos hasta +que yo hubiera ido no se hubiera efectuado el casamiento: yo soy su +hermano mayor, su padre en una palabra... + +--¡Y la habeis vendido...! ¡la habeis obligado! + +--Me hallé vendido y obligado, señor; ese Miguel Lopez es un morisco +renegado, un infame delator... tiene papeles que me comprometen... +papeles escritos por mí á vuestro padre... papeles que no sé en poder de +quién estan: de otro modo ya hubiéramos encontrado medio de deshacernos +de ese hombre... ¿quién habia de pensar, que vos, el amante de mi +hermana, habiais de presentaros para decirme: dame tu hermana Isabel, +porque yo soy el poderoso emir de los monfíes? + +--¡El, emir... rey...! exclamó con orgullo doña Elvira que seguia +escuchando tras el tapiz. + +--Pero el matrimonio de mi hermana con ese hombre no se hará: mi hermana +será vuestra, y de este modo, al mismo tiempo que vos y ella sereis +felices se conciliaran todos los intereses de entrambas familias: es +verdad que vos, rey de la montaña, teneis la fuerza, y hasta cierto +punto el derecho; es verdad que las Alpujarras os pagan tributo, que os +obedece un ejército de valientes monfíes; pero tambien es cierto, que yo +Aben-Humeya, descendiente del Profeta, nieto de los califas de Córdoba, +tengo tambien derechos que reconocen los moriscos de Granada, y los de +las alquerías de la Vega: los de Almería y los del marquesado del Zenete +cuentan conmigo: al primer levantamiento, al primer grito de guerra, yo +seria proclamado rey de Granada; esto se comprende perfectamente: los +moriscos desprecian de tal manera la memoria de Muley Abd-Allah, que sus +descendientes no pueden tener esperanza de que los moros de Granada los +sienten en el trono de su abuelo. Fuera de la descendencia de Muley +Abd-Allah, ¿qué otro mas que vos ó yo podemos ser reyes de Granada? vos, +como emir de los monfíes, teneis las Alpujarras: yo, como descendiente +de los Omeyas, lo demás del reino... una alianza entre nosotros es de +todo punto necesaria para evitar una guerra civil, que, si por dicha +triunfásemos del cristiano, volveria á ponernos destrozados en su poder. +Aquí ha habido mucho de fatal: antes de anoche vos mismo despreciásteis +la mano de mi hermana. + +--Yo os creia renegado. + +--¡Oh! ¡fatalidad! yo sabia que amábais á mi hermana: pero creí que +erais un hidalgüelo castellano, destinado á llevar una golilla ó un +roquete. Culpad al misterio en que os ha envuelto vuestro padre: yo +ignoraba que fuéseis lo que sois. + +--Yo mismo lo ignoraba ayer. + +--¡Fatalidad! ¡fatalidad! + +--Mi noble padre quiso que antes de que ciñese su corona, supiese +conocer á los hombres. + +--En fin, no hablemos mas de eso y vamos á lo que importa. El casamiento +de mi hermana con Miguel Lopez no se hará. Si por desgracia, y como no +es de suponer, mi enviado ha llegado tarde... Miguel Lopez morirá. + +--¡Oh, alentais una duda y permaneceis aquí, entreteniéndome acaso para +ganar tiempo! exclamó Yaye encaminándose violentamente á la puerta. + +--¿Qué quereis hacer, exclamó don Diego, que en efecto, temiendo mas á +la denuncia de Miguel Lopez que á la venganza del emir, habia preferido +la última y entretenia á Yaye, qué quereis hacer? ¿á dónde vais? + +--¿En qué iglesia se casa vuestra hermana? + +--¡Oh! ¡un escándalo! + +--¡Corred! ¡corred vos mismo! ¡yo os espero! + +--¡Ira de Dios! exclamó don Diego tomando al fin una resolucion +desesperada: por nada me obligareis á dar un paso que pondria mi nombre +en boca de todo el mundo. + +--¡Ah! ¡me habeis engañado! ¡me habeis entretenido, para que entre +tanto!... pero... no os salvareis... yo... mis monfíes... talaremos +vuestros Estados de las Alpujarras... si escapais de mis manos... os +entregaré al rey de España con cartas semejantes á las que os han +obligado á vender á vuestra hermana á ese Miguel Lopez... + +Don Diego exhaló un grito: se encontraba enteramente perdido. + +--Una palabra señor, exclamó arrojándose á los piés de Yaye: tened +compasion de mí y protejedme: yo os seguiré; seré uno de vuestros mas +fieles vasallos... + +--¡Tu hermana! + +--¡Oh! exclamó don Diego, esperad: voy yo mismo: puede que aun sea +tiempo... + +Y se dirigió á la puerta de la estancia. + +En aquel momento apareció en la puerta un paje que dijo: + +--Señor, vuestra noble hermana y su esposo acaban de llegar. + +El paje volvió á cerrar la puerta. Don Diego arrojó un grito de espanto, +y se volvió desesperado y anhelante á Yaye: este al escuchar las +terribles palabras «vuestra hermana y su esposo acaban de llegar» hizo +un movimiento semejante al de quien ha sido herido de muerte: se puso +rojo, mas rojo; la mirada de sus ojos se hizo atónita, se contrajo su +boca, y cayó al suelo como herido por un rayo. + +Entonces se levantó el tapiz, tras el cual escuchaba doña Elvira, y +apareció esta pálida como una muerta. + +--¡Ah! venis á tiempo, señora, dijo don Diego que no estaba en estado de +reparar en lo extraño de la llegada de su esposa, ni en su palidez, ni +en su conmocion: ved si podeis hacer volver en sí á ese caballero... yo +os disculparé con esas gentes. + +Y partió. + +Por la primera vez doña Elvira se quedaba sola con Yaye. ¿Pero en que +situacion? levantóle del suelo, con mas facilidad de la que podia +suponerse en una mujer delicada, y era que el amor la daba fuerzas; le +colocó en un sillon, le abrió el justillo, roció su rostro con agua, y +sin considerar si podia ó no ser vista se arrodilló á sus piés, asió sus +manos, las estrechó contra su seno, y exclamó alzando al cielo los ojos +cubiertos de lágrimas: + +--¡Señor! ¡señor! ¡mi salvacion por su vida! + +Y permaneció de rodillas delante de Yaye. + +Al cabo de algun tiempo Yaye suspiró. + +Aquel suspiro, fue para el corazon de doña Elvira como un bálsamo +maravilloso para una herida: con el consuelo recobró la reflexion y se +alzó. + +Yaye abrió los ojos, pero en sus ojos estaba pintada la expresion de la +locura. + +Empezó á delirar: su sangre se habia agolpado á su cabeza y habia +trastornado sus facultades. + +Afortunadamente habia perdido la memoria de la causa de su accidente, y +no pretendia levantarse del sillon. + +Su locura era una locura tranquila. + +Se reia pero su risa era horrible. + +De una manera horrible sufria tambien doña Elvira. + +Ella hubiera dado su vida por verse amada de aquel modo: unos zelos +mortales la devoraban: al mismo tiempo sentia una ansiedad horrible: +temia por la vida de Yaye: su delirio era cada vez mas intenso, don +Diego no volvia y doña Elvira no se atrevia á llamar á nadie. + +Al fin, resonaron pasos: se abrió una puerta: era don Diego. + +--¿Vive? dijo con afan. + +--Si, contestó doña Elvira, valiéndose del dominio que tenia sobre sí +misma para no demostrar mas conmocion que la natural en aquellas +circunstancias: vive, pero creo que está en peligro de muerte. + +Don Diego examinó un momento á Yaye, luego fué á un lugar de la +tapicería, oprimió un boton dorado, y se abrió una puerta secreta: tras +ella se veia una escalera oscura recta y estrecha. + +--Ayudadme, señora, la dijo volviendo junto á su esposa, ayudadme y +concluyamos. + +Entre tanto don Diego habia encendido una bugía. + +--¿Qué pensais hacer? dijo doña Elvira. + +--Es necesario conducirle al subterráneo. + +Doña Elvira no contestó, ayudó á don Diego á cargar con Yaye, y con gran +trabajo le introdujeron por aquella puerta que don Diego cerró tras sí: +bajaron las escaleras y atravesando una estrecha mina, llegaron á un +aposento espacioso y bien amueblado en que habia un lecho. + +Aquella puerta secreta, aquella mina que se prolongaba mas allá de la +habitacion donde los dos esposos habian introducido á Yaye, y aquella +habitacion, eran un lugar seguro de refugio, preparado por don Diego, +para el caso en que por un accidente desgraciado, ó por una traicion de +sus parciales invadiese su casa la justicia del rey. Aquello era un +escondite: mas adelante veremos que era tambien una comunicacion. + +Estas minas y estos aposentos son muy comunes en el Albaicin de Granada. +Apenas habrá una casa de moros que no tenga alguna de estas +comunicaciones subterráneas, de las cuales se conocen muchas. + +Cuando Yaye estuvo colocado en el lecho, don Diego le desciñó el +talabarte, le quitó la daga y la espada, y dijo á su esposa. + +--No sabeis cuánto nos interesa la salvacion de este jóven: pero si +muere, lo que está en manos de Dios, nos interesa tambien sobre manera +que no se sepa que le ha matado el amor de mi hermana. Si muere no +saldrá de aquí. Escuchad: yo voy á ausentarme. + +--¡A ausentaros! exclamó, conteniendo mal su alegría doña Elvira. + +--Si, es preciso; preciso de todo punto: mi ausencia será á lo mas de +quince dias: cuidad vos entre tanto al enfermo: pero vos sola. + +--¡Yo sola! ¡abandonado...! ¡sin los auxilios de la ciencia...! + +--No, no he querido decir tanto: antes de marchar avisaré á nuestro +médico; es un buen morisco, un noble anciano y guardará el secreto: solo +he querido deciros que vos, sola vos, sereis la enfermera. + +--Os amo tanto, esposo y señor, dijo hipócritamente doña Elvira, que no +perdonaré por vos ningun sacrificio. + +--Si, si, ya lo se, doña Elvira, y mereceis que yo... os prometo +corregirme... dejarme de locuras... pero adios: no olvideis lo que os he +encargado. + +--Id tranquilo, señor, no lo olvidaré. + +Don Diego salió dejando sola á su mujer con el hombre á quien amaba. + +Un momento despues, tranquilo y sonriendo entraba en la gran cámara de +recibo de su casa. + +En ella estaban doña Isabel de Válor, pálida, pero con la palidez mas +hermosa, su hermano don Fernando de Válor, los testigos que habian +asistido á la ceremonia y algunos convidados, entre los cuales se +contaba don Gabriel Coloma, marqués de la Guardia. + +Miguel Lopez, el reciencasado, estaba allí tambien: + +Era un hombre como de cuarenta años, moreno oscuro, cegijunto, estrecho +de frente, sesgado de boca y avieso de mirada: estaba ricamente vestido, +pero á pesar de la riqueza de su trage se notaba lo villano de sus +maneras: estaba sombriamente ceñudo y miraba con recelo en torno suyo; +don Diego se acercó á él sonriendo, pero, á pesar de su sonrisa, +densamente pálido. + +--Hermano, dijo asiéndole las manos con cariño; tengo que hablaros, y +vosotros, señores dispensad; pero la repentina indisposicion de mi +esposa, de que antes os he hablado y que me ha impedido asistir á la +celebracion del casamiento, es mas grave de lo que yo creia y me obliga +á suspender por el momento la fiesta de bodas. + +Todos callaron, pero todos se pusieron de pié: habian comprendido que +cortesmente se les despedia: uno tras otro, despues de algunas palabras +vacías de sentido fueron despidiéndose. + +Por último, el marqués de la Guardia se dirigió á don Diego. + +--¡Diablo! dijo: siento en el alma la indisposicion de doña Elvira, pero +de todos modos deseo que ello no sea nada y que pueda acompañarnos al +bateo de mi hijo ó de mi hija cuando nazca... que debe ser segun los +doctores, este mes: por lo demás si me necesitais para algun empeño, +añadió en voz baja indicando con una rápida é intencionada mirada á +Miguel Lopez, mirada que solo fue vista por don Diego, podeis contar con +lo que puedo y con lo que valgo. Ya sabeis que somos antiguos amigos. + +--Adios, marqués, adios, contestó don Diego estrechándole la mano: +aprecio vuestra oferta, pero por ahora no os necesito sino para +serviros. + +El marqués despues de un expresivo apreton de manos á don Diego, de un +galante saludo á doña Isabel, que le contestó maquinalmente, y de un +frio y altivo saludo á Miguel Lopez, que casi no le contestó, salió de +la cámara en la que quedaron solos don Diego, doña Isabel, su hermano +don Fernando, que se paseaba pensativo, y Miguel Lopez que miraba +alternativamente á doña Isabel y á don Diego, con la impaciencia de un +lobo hambriento. + +--¿Me querreis explicar lo que ha pasado esta mañana, don Diego? exclamó +Miguel Lopez volviéndose todo hosco á su cuñado apenas quedaron solos. + +--Eso significa, que no habiendo yo podido asistir á la ceremonia, envié +á Ayala á avisaros que se efectuase sin mí. + +--¿Y cual ha sido la causa de que no hayais podido asistir? replicó con +un grosero acento de recelo Miguel Lopez: porque yo no creo en el mal de +doña Elvira: creo mas bien en cierto mancebo, con quien segun me han +dicho, os encontrásteis á la puerta de la casa. + +--Veo que Ayala os ha dicho mas que lo que yo le habia mandado que os +dijese. Pues bien ese mancebo... + +--Ese mancebo es... + +Don Diego interrumpió á tiempo á Miguel Lopez y acercándose á él le dijo +rápidamente al oido. + +--Ese mancebo es el emir de los monfíes de las Alpujarras. + +--¡El emir de los monfíes de las Alpujarras! exclamó Miguel Lopez, sin +cuidarse de recatar su acento. + +--¡Una rebeldía contra el rey! exclamó toda trémula doña Isabel, que lo +habia oido. + +--¿Veis Miguel, veis lo que es obligar á los hombres á que digan ciertas +cosas delante de las mujeres? + +--Es que yo creo que se me engaña. + +--Dejemos palabras duras que no deben sonar entre nosotros: amabais á mi +hermana, mi hermana es vuestra, y no solo vuestra sino que... + +--Me ama, si, si en verdad, dijo con amarga ironía Miguel Lopez. + +--Os juro, señor, dijo doña Isabel con voz firme y tranquila, que nadie +me ha violentado para que fuese con vos al altar. + +--Pero habeis ido desesperada; como si hubierais ido á vuestros +funerales; pálida, llorosa. + +--Perdonad, señor, pero el estado que acabo de tomar... yo os juro que +si vuestra felicidad está en mi mano sereis feliz, muy feliz... ¿no es +esto amaros, señor... como os puedo amar ahora? mañana tal vez... + +--¿Quién sabe lo que sucederá mañana? dijo Miguel Lopez, sin apearse de +su dureza, aunque algo mas tranquilo, porque tenia fe en la virtud de +doña Isabel. + +--Por lo mismo que no sabemos lo que sucederá mañana, dijo don Diego, +será prudente que por ahora no os veleis. + +--¿Es decir que solo tengo á medias á doña Isabel? + +--Debeis comprender que cuando esto os digo tendré motivos poderosos. +Por ejemplo, mañana podreis morir. + +--¡Oh! ¡no lo quiera Dios! exclamó cediendo á su natural virtud doña +Isabel. + +Miguel Lopez se dulcificó un tanto, interpretando de una manera falsa, +por amor propio, la frase de doña Isabel en su favor, frase que tenia +muy distinto sentido y que hizo estremecer á don Diego y á don Fernando. + +--Nadie tiene la vida segura, dijo, y si á eso nos atuviesemos, jamás +nos casariamos por temor de dejar á nuestra esposa viuda. + +--Pues es muy posible que vos dejeis viuda á nuestra hermana, repitió +don Diego. + +--¡Ah! ¡eso no sucederá! exclamó levantándose doña Isabel pálida y con +la mirada fija en su hermano porque le comprendia perfectamente: Dios no +querrá que eso suceda. + +--¿Y pensábais que mi hermana no os amaba? dijo don Diego. + +--Pero en fin ¿qué peligro amenaza á... á mi esposo...? dijo doña Isabel +haciendo un esfuerzo para pronunciar por la primera vez aquella palabra. + +--Si, si, sepamos, dijo con acento duro y receloso, Miguel Lopez; +sepamos qué peligro es ese, y si vuestras palabras son una amenaza ó un +aviso. + +--Siempre torceis las intenciones, Miguel, contestó con calma don Diego: +ese peligro de muerte próximo, es amenaza como me amenaza á mí, á mi +hermano, á nuestros parientes, á nuestros amigos, á todos los moriscos +que tienen amor á la patria y fe en el Dios Altísimo y Único. En una +palabra, Miguel: el edicto de don Carlos, promulgado antes de ayer y á +un mismo tiempo, por decreto del emperador, en Granada y en las +Alpujarras, ha indignado al emir de los monfíes, que ha venido en +persona á mandarme que en el momento marchemos los mas que podamos á las +Alpujarras. + +--¡Oh! ¡si, si! ¡vais á rebelaros! exclamó doña Isabel. + +--Hermana: dijo severamente don Diego: las mujeres deben callar y +obedecer siempre, y mucho mas cuando se trata de ciertos asuntos... +asuntos de que yo no hubiera hablado delante de vos á no haberme +provocado Miguel. + +--Pero vos no debeis rebelaros, hermano, exclamó con severidad doña +Isabel: el rey os honra, sois cristiano, lo soy yo... + +--¿Lo veis Miguel? repitió don Diego. + +--Esposa mia, dijo Miguel Lopez, dejad que lo que Dios quiere que haya +de suceder suceda y nada temais: si muero, por fortuna aun no me teneis +tanto amor que mi muerte os desconsuele. + +Y el acento de Miguel era amargamente irónico. + +--Pero es que yo no quiero que murais... + +--Ven, ven conmigo, hermana, dijo don Diego: perdonad un momento Miguel, +voy á llevar á mi hermana junto á mi esposa á fin de que podamos hablar +libremente. + +Doña Isabel deseaba hablar á solas con su hermano y le siguió. + +Apenas estuvieron en lugar donde de nadie podian ser oidos, doña Isabel +dijo á don Diego: + +--¿No te basta haber cometido un crímen enlazándome á ese hombre contra +mi voluntad, sino que por razones que no acierto, quieres cometer otro? +¡hermano! ¡hermano! yo creo que esa rebelion es una mentira: que tú +tienes otros proyectos. + +--Mira, dijo don Diego que acababa de entrar en su aposento mostrándola +la carta de Yuzuf-Al-Hhamar que le habia entregado Yaye. + +Doña Isabel la tomó y la leyó. + +Su contenido era el siguiente: + +«En el nombre de Dios Altísimo y Unico, dador de la prosperidad y del +infortunio: Muley Yuzuf Al-Hhamar, á su muy querido sobrino Sidy +Aben-Humeya:--Un pacto sagrado existe entre nuestras familias: segun él, +tu hermana doña Isabel, debe ser esposa de mi hijo Sidy Yaye. Acabo de +renunciar en él mi corona y mi espada: Sidy Yaye, es desde hoy emir de +los monfíes de las Alpujarras. El matrimonio concertado, debe, pues, +efectuarse. Mi hijo me ha dicho, que tú, faltando al respeto que debes á +la voluntad de tu padre, y al temor que mi poder debe inspirarte, has +dispuesto de la mano de tu hermana. Mi hijo, el poderoso emir de los +monfíes, te entregará por sí mismo esta carta. Si tu hermana es libre, +rompe las obligaciones que con otro hayas contraido, y que doña Isabel +sea esposa de mi hijo. Si, por desdicha, doña Isabel fuese de otro, ¡ay +de tí y ay de él!--Yuzuf-Al-Hhamar.» + +--¡Ah Dios mio! ¡Dios mio! exclamó doña Isabel: ¡con que no se llamaba +Juan de Andrade! ¡con que es verdad que es moro, y ademas de moro es +monfí! + +Y doña Isabel se cubrió el rostro con las manos. + +Debemos recordar, para que no parezca extraño el dolor de doña Isabel, +que la palabra monfí significa salteador, bandido. + +--Pues bien, dijo al fin la jóven alzando la frente radiante de +dignidad: no hay motivo para que te arrepientas de lo que has hecho, +porque por mas que yo le haya amado, por mas que á mi despecho le ame, +jamás, aunque quedase viuda, me casaria con un rey de bandidos: con un +hombre que ha rechazado mi mano... que me ha dejado cruelmente +abandonada á mi destino... no, no, y cien veces no. + +--Ese hombre está muriendo por tí. + +--¡Muriendo por mí! exclamó aterrada doña Isabel. + +--Ven, añadió don Diego, y abrió la puerta secreta, descendió +rápidamente las escaleras llevando á su hermana asida de la mano, y +entró con ella en el aposento donde habia dejado á Yaye y á su esposa. + +Doña Elvira, que estaba arrojada sobre el lecho de Yaye que deliraba, se +levantó al sentir los pasos de don Diego y de doña Isabel. + +--Y bien, ¿traeis ya al médico? exclamó con impaciencia. + +--Acaso, acaso señora, contestó don Diego adelantando con doña Isabel. + +--¡Ah! exclamó doña Elvira al ver á doña Isabel, al mismo tiempo que +esta al ver á Yaye postrado en el lecho, con el semblante lívidamente +pálido y los ojos desencajados y fijos, lanzaba un grito de espanto, +emanacion involuntaria de su alma. + +--¡Está muriendo por vos, y pensais en la vida de otro hombre, hermana! +dijo don Diego. + +Doña Isabel cayó de rodillas, y don Diego, aprovechando aquella ocasion, +salió y cerró la puerta dejando á las dos mujeres encerradas con Yaye. + +Poco despues, y al mismo tiempo que entraba un médico anciano en la +habitacion donde estaba Yaye, salian de Granada á caballo y á la ligera, +don Diego de Válor, su hermano don Fernando y Miguel Lopez, acompañados +de algunos lacayos armados á la gineta. + + + + +CAPITULO VIII. + +¡El emir se ha perdido! + + +El médico declaró que la enfermedad de Yaye era peligrosa, y que se +necesitaba sumo cuidado, gran reposo para el enfermo, y sobre todo la +ayuda de Dios. + +Lo primero que hizo doña Elvira, cuidando de que Yaye tuviese todo el +reposo necesario, fue sacar del subterráneo á doña Isabel. + +Esta se encontraba en el estado mas terrible en que podia encontrarse +una mujer. + +Lo que primero la aterraba era el estado de Yaye; despues el crímen que +habia comprendido meditaban sus hermanos contra Miguel Lopez, luego, en +fin, los zelos. + +Los zelos, porque habia adivinado en un solo momento que su cuñada doña +Elvira amaba á Yaye. + +Ella le amaba tambien; habia sacrificado su cuerpo pero no su amor: no +podia confesarle ante los hombres, pero podia guardarle en el fondo de +su alma, como en un santuario. + +Doña Elvira se habia abrogado enteramente el cuidado del enfermo: es +cierto que doña Isabel no podia estar junto á él ¿pero acaso, doña +Elvira no era tambien una mujer casada? + +¿Acaso no amaba á Yaye? + +Porque doña Isabel con ese delicado instinto de la mujer que ama, habia +comprendido á primera vista que doña Elvira amaba á Yaye. + +Ella le hubiera asistido con la pureza de un ángel. + +Y sobre todo lo que mas importaba á doña Isabel en aquellos momentos era +su vida. + +Sin embargo ni una palabra dijo á doña Elvira. + +Ni una sola vez la preguntó por el estado del enfermo. + +Aquella noche el anciano Abd-el-Gewar, llegó á la puerta de la casa y +llamó. + +Abriéronle y preguntó por don Diego. + +Dijéronle que habia salido á un corto viaje. + +Entonces preguntó por un caballero que aquella mañana habia entrado en +la casa. + +Contestáronle que habian entrado muchos caballeros, y que nada le podian +decir. + +Al dia siguiente Abd-el-Gewar llamó de nuevo y pidió hablar con doña +Elvira: fue introducido. + +Doña Elvira contestó á sus preguntas que nada sabia de tal persona. + +Abd-el-Gewar escribió inmediatamente al emir. + +«Poderoso señor: tu hijo ha desaparecido el mismo dia del casamiento de +doña Isabel de Válor con Miguel Lopez: no sé nada de su paradero, pero +le busco de una manera incansable: suceden cosas extrañas. Don Diego y +don Fernando de Válor, han salido con Miguel Lopez ayer por la mañana y +á la ligera, sin que se sepa á donde han ido. Doña Isabel ha quedado +casa de su hermano don Diego. No me atrevo á moverme de Granada: espero +tus órdenes. Mi esclavo Kaid dice que tu hijo entró ayer casa de don +Diego, pero que no sabe si ha salido ó no, por que estuvo apartado de la +casa algun tiempo. Guárdete Allah:--tu vasallo Abd-el-Gewar.» + +A los tres dias recibió el anciano la contestacion siguiente: + +«Noble y virtuoso Abd-el-Gewar: don Diego y don Fernando de Válor han +cometido un crímen contra su cuñado Miguel Lopez: los tengo en mi poder +y espero saber de ellos el paradero de mi hijo: en cuanto á este tengo +formado mi plan: te envio diez de mis monfíes que mas conocimiento +tienen de la ciudad para que indaguen su paradero; este y el asesinato +de Xerif-ebn-Aboó es obra de ese bandido miserable de ese don Diego de +Válor; ¡Ay de él si muere mi hijo! + + + + +CAPITULO IX. + +En que se sabe lo que hicieron con Miguel Lopez don Diego y don Fernando +de Válor. + + +Retrocedamos al momento en que los dos hermanos y Miguel Lopez salieron +de Granada. + +Los tres ginetes, acompañados de cuatro lacayos tomaron á buen paso el +camino de las Alpujarras: al llegar al Suspiro-del-Moro, don Diego de +Córdoba revolvio el caballo y miró á la distante ciudad. + +--¡Granada! ¡Granada! exclamó: hace cincuenta y cinco años, se detuvo en +este sitio el cobarde Boabdil y lloró por que te habia perdido: hoy me +vuelvo yo para jurarte que si Dios me ayuda y á despecho de mis +enemigos, tú volverás á ser la ciudad querida del Profeta, y yo... yo +seré tu rey. + +--¡Hum! dijo Miguel Lopez, que estaba de muy mal humor; creo, hermano, +que os olvidais muy pronto del poder del emir de las Alpujarras. + +--¡Ah! ¡el emir de los monfíes! ¿y creeis que el emir tenga mas poder +que yo? + +--¡Si! + +--¿En qué os fundais? + +--En que él manda y vos le obedeceis. Y sino ¿por qué hemos abandonado +tan de improviso á Granada...? ¿por qué vagan allá entre las faldas de +la sierra, como cabras sueltas, ciertos hombres, que Dios me confunda +sino son gente que tienen mas de una razon para temer á las justicias de +las villas y á los cuadrilleros de la Santa Hermandad? ¿y para qué sino +habeis hecho que se adelante uno de vuestros lacayos? + +[imagen: ¡Señor! ¡Señor! ¡mi salvacion por su vida!] + +--En cuanto á lo primero, Miguel, ya sabeis que hay momentos en que nos +vemos obligados á doblegarnos: el edicto del emperador ha exasperado los +ánimos: en Granada ya sabeis que no puede hacerse nada sin que lo noten +la Inquisicion y la chancillería, cuyos alguaciles y espias tienen +siempre los ojos puestos en nuestras casas, los oidos donde quiera pueda +levantarse la voz de un morisco. El golpe vendrá de afuera, de las +Alpujarras: mañana, pasados dos dias... ¿quien sabe si esta misma noche? +puede acercarse un ejército á los muros de Granada, penetrar en ella, +sorprendiendo el descuido de los cristianos que nos creen puestos en +temor, y arrebatarles la ciudad. Por lo mismo y puesto que el emir (que +ahora es el que cuenta con mayor poder) nos ordena que nos presentemos á +él, nos es forzoso obedecer. Si, como decis, vagan monfíes en las +próximas quebraduras, esto nos indica que nuestro viaje acaso no será +muy largo, y en cuanto á lo de haber mandado á un lacayo que se +adelantase, ya sabeis que cuando se quiere tener lecho y comida en una +venta de las Alpujarras es necesario prepararlo de antemano. + +--Si, si, dijo Miguel Lopez que no habia perdido enteramente su +desconfianza; ya sé que habeis cursado algunos años en Salamanca, que +sois muy letrado y que para todo encontrais una buena salida. Pero os +advierto que si pensais hacerme una traicion... + +--¿Que decís Miguel? exclamó don Fernando de Válor con acento +amenazador, porque, mas jóven que su hermano y menos sufrido, no sabia +contenerse como él: ¿sabeis, amigo mio, que no parece sino que vos sois +nuestro señor y nosotros unos miserables esclavos obligados á sufrir +vuestras insolencias, y que ya se me va acabando el sufrimiento? + +--Pues aunque se os acabe de una vez, mi buen hermano, dijo Miguel +Lopez, os advierte que voy prevenido, y que no os será tan fácil dar +cuenta de mi para dejar á vuestra hermana viuda. + +--¿Es decir, exclamó don Fernando, desatendiendo una significativa +mirada de su hermano, es decir que creeis que os hemos sacado fuera de +Granada para asesinaros? + +--Todo pudiera ser. + +--¡Ira de Dios! exclamó don Fernando poniendo mano á su espada y +lanzando su caballo hácia Miguel Lopez, que desnudó á su vez. + +Don Diego se interpuso. + +[imagen: Brilló un relámpago, y vió que los que le acometian eran +Monfíes.] + +--¿Estais locos? exclamó; mi hermano no ha comprendido todavía, Miguel, +que sois un hombre intratable, y que el miedo de que hagan con vos, lo +que vos seriais capaz de hacer con otro y lo que acaso mereceis, os +turba la razon y os hace decir locuras: ¿para qué diablos habíamos de +haberos casado con nuestra hermana si pensásemos en mataros? + +--¡Hum! pronunció Miguel Lopez con desconfianza. + +--Por lo mismo que con vos no se puede hablar sin peligro, añadió don +Diego, os advierto que durante la jornada no os dirigiremos ni mi +hermano ni yo una sola palabra. Envaina tu espada, Fernando; envaina la +vuestra Miguel, y marchad detrás, delante, ó á nuestro lado, como mejor +os convenga; espero en Dios que pronto nos conocereis mejor y que nos +ahorraremos estas desagradables contestaciones. + +--¡Hum! repitió Miguel Lopez; y envainando su espada, echó su caballo +por un costado del camino. Don Fernando envainó á su vez y siguió por el +centro del camino al lado y á la derecha de su hermano. + +Y asi, en ese silencio forzado y hostil de personas que se ven obligadas +á estar juntas y no se encuentran en buena inteligencia, siguieron +caminando á buen paso. Este silencio no se interrumpía sino de tiempo en +tiempo por la voz de alguno de los ginetes que alentaba á su caballo, +por el cantar de algun romance morisco que entonaba don Fernando, +justificando aquel antiguo proverbio que dice que _cuando el español +canta, ó rabia ó no tiene blanca_, ó cuando, encontrándose nuestros +viajeros con alguna recua, les saludaban los traginantes quitándose +respetuosamente el sombrero y les decian: + +--Dios guarde á vuesamercedes. + +A lo que don Diego contestaba con esa benévola altivez de los grandes: + +--¡Vaya con Dios la gente honrada! + +Fuera de estos casos no se pronunciaba una sola palabra. + +Pero aunque no se hablaba, cada cual iba revolviendo dentro de sí una +máquina de pensamientos: en particular don Fernando, á quien su hermano +no habia tenido ocasion de comunicar sus proyectos respecto á su cuñado +mas que por algunas rápidas palabras, ansiaba que una casualidad +cualquiera le pusiese en la posibilidad de dar una buena estocada á +aquel Miguel Lopez tan zafio, tan grosero, tan violento, y que, de una +manera tan extraña para don Fernando, porque no conocia los secretos de +su hermano, se habia introducido en la familia. + +Asi silenciosos y mohinos, habiendo invertido todo el dia en la jornada, +llegaron cerca de Orgiva á una venta situada en el recodo de un camino y +flanqueada por altas y peladas rocas. + +El sol tocaba al horizonte y su dorada y lánguida luz se perdia á lo +lejos bajo las frondas de un espeso olivar que se veia en el fondo de un +pequeño valle, entre una abertura de las breñas; al occidente, +recortando fuertemente sobre el rojo color del cielo su oscura silueta +se veian Orgiva y su castillo: por el opuesto lado la vista se detenia +ante un monte cubierto enteramente de naranjos y limoneros. + +Parecia que la venta se habia buscado exprofeso, oculta, por decirlo +asi, en un recodo de un camino pendiente y en un seno de la montaña. Por +todas partes se veian breñas: oíase en ellas el áspero graznar de las +águilas que anidaban en las cimas, y á lo lejos el ruido de la violenta +corriente del río de Orgiva. + +El lacayo, que habiéndose adelantado, esperaba á la puerta de la venta á +su señor, se acercó y le tuvo el caballo; al mismo tiempo el ventero, +mozo fornido y de mala catadura, adelantó sombrero en mano. + +--Bien venidos sean vuestras señorías á mi casa, dijo el ventero; este +buen mozo, añadió señalando al lacayo, me ha avisado de antemano y nada +falta. + +Pareció como que se cruzaba una mirada de inteligencia, pero rápida y +casi imperceptible, entre don Diego y el ventero. + +--¿Decís que nada falta? preguntó don Diego. + +--Nada de cuanto se me ha pedido, contestó con desenfado el ventero: es +verdad que ha sido necesario ir á buscarlo algo lejos; pero ello es que +nada falta, nada. + +--¿Y qué quiere decir que nada falta? dijo Miguel Lopez con recelo. + +Miró fijamente el ventero al que le preguntaba. + +--No faltan ni buen lecho, dijo, ni buena cena, ni buen aposento: ¿qué +mas quiere tener el hidalgo en medio de un camino? + +--Menos palabras y mas obras, contestó siempre con su tono agresivo +Miguel Lopez, y puesto que teneis buena cama, y buena cena, dadnos +cuanto antes de cenar á fin de que cuanto antes podamos dormir. + +El ventero desapareció hácia el interior y los lacayos desaparecieron +con él, sin duda para ayudarle en los preparativos. + +--¿Sabeis lo que pienso Miguel? dijo don Fernando. + +Miró con atencion y descaro Miguel Lopez al jóven como diciéndole: + +--¿Y bien qué pensais? + +--Pienso, continuó don Fernando, que despues de las villanas sospechas +que habeis concebido acerca de nosotros, no debemos permitir que durmais +en el aposento en que nosotros durmamos. + +--¡Eh! ¡tanto me da! + +--¡Si insistís! + +--Creo que he hecho muy mal en salir de Granada. + +--¡Os afirmais, pues, en vuestras dudas! pues bien: dormireis en +aposento aparte... ó si os place mejor... Orgiva está cerca; en ella +teneis, no solo conocidos y amigos, sino parientes: seguid hasta Orgiva, +si os place: pero si tal haceis, os rogamos que no digais á alma nacida +que paramos en esta venta: cuando se anda en empresas arriesgadas toda +precaucion es poca. + +--Me quedo, dijo Miguel á quien sin duda daba vergüenza llevar el temor +hasta el extremo. + +--Pues si os quedais, tomad aposento aparte. + +--Le tomaré. + +--Entonces, pues, no hablemos mas, y como creo que la cena nos espera +entremos y cenemos. + +Entraron y en el fondo del zaguan en un cenador que daba á un huerto, se +sentaron alrededor de una mesa servida, y asistidos por los lacayos y +por el ventero, empezaron á cenar en silencio. + +Concluida la cena cada cual se retiró á su aposento. + +La venta quedó envuelta en el mas profundo silencio. + +Avanzó la noche. + +A las ánimas tocaban las campanas de la iglesia de la cercana villa de +Orgiva, cuando el mismo ventero que tan ligeramente hemos descrito, se +levantó de junto á una mesa sobre la cual habia estado dormitando hasta +entonces, ocultó la lámpara de hierro que le alumbraba, y en paso +recatado atravesó el zaguan, abrió la puerta de la venta, la cerró de +nuevo, atravesó el camino en direccion opuesta á Orgiva, y muy pronto se +encontró marchando á largo paso entre las quebraduras. + +Trepaba por uno de esos barrancos que suben por las faldas de las +montañas y que al fin se extinguen, se pierden, se borran, acabando en +punta, como si fueran un pliegue del terreno; cuando llegó á la parte +media se detuvo en la oscura grieta de una caverna, y lanzó un silbido +tan leve como el de una culebra. + +A aquel silbido contestó otro en el interior. + +--¡Ah! ¿estais ya ahí? dijo el ventero. + +--Si, si, pardiez, Reduan, dijo una voz áspera: y no alcanzamos por qué +razon nos has hecho esperar en la cueva, cuando hubiéramos estado mucho +mejor en la venta. + +--Cada cual sabe lo que se hace, contestó el llamado Reduan. ¿Cuántos +sois? + +--Seis, que creo que bastamos para cualquier empeño de honra. ¿De qué se +trata? + +--De ganar cien doblones, dijo Reduan, á quien habian rodeado seis +sombras que debian ser la de seis membrudos cuerpos de monfíes. + +--¿Y qué hay que hacer para ganar esos cien doblones? dijo uno de ellos. + +--¡Poca cosa! matar un hombre. + +--¡Ah! ¡pues si no es mas que eso...! ¿y donde está ese hombre? + +--En mi casa. + +--¡Ah! ¿es acaso el hombre que acompañaba hoy por el camino á don Diego +y á don Fernando de Válor? + +--El mismo. Pero tú debes conocer á ese hombre, Farix, añadió Reduan +dirigiéndose al que habia hablado. + +--Si por cierto; es el renegado Miguel Lopez, á quien tengo grandes +deseos de antecoger delante de mi ballesta. Es un traidor. + +--¿Y cómo sabeis vosotros que Miguel Lopez acompañaba á don Diego y á +don Fernando de Válor? + +--Esta mañana el wali Harum nos ordenó en nombre del poderoso emir, que +observásemos el camino, sin dejar de reparar si iban ó venian golillas, +hidalgos ó soldados. + +--Es verdad: se nos aprieta tanto por ese endiablado rey de España, que +será necesario romper por todo y hacer lagos de sangre cristiana para +bañarnos en ella. Dia llegará en que... pero por ahora pensemos en +nuestro negocio: el asunto de que se trata es un asunto particular de +don Diego de Córdoba y de Válor. Ya sabeis que es pariente del emir, y +que estamos obligados á servirle, sobre todo, cuando tan bien lo paga. + +--Es muy justo. + +--Pero importa que nadie sepa que le hemos servido. Ya sabeis que el +emir castiga á sangre toda muerte que se hace, como no sea en combate ó +por órden expresa. + +--¿De modo que á don Diego le estorba ese renegado? + +--Algo debe de haber: lo que yo sé es que á media tarde llegó un lacayo +de don Diego y me dió una carta: aquella carta decia en arábigo: «Es +necesario que, para servicio de Dios y del emir, tengas prevenidos para +esta noche algunos de los monfíes mas valientes que se encuentren por +los alrededores.» Os avisé. Despues llegaron don Dieg, don Fernando y +Miguel Lopez. Cenaron, y luego Miguel Lopez se encerró en un aposento +aparte y en otro los dos hermanos. Los lacayos se fueron al pajar: yo +entonces subí al aposento de don Diego por la ventana del cuarto, segun +me lo habia dicho don Diego, aprovechando un descuido del Lopez, que se +muestra muy receloso, y cuando estuve dentro me dijo que os ofreciera +cien doblones por matar un hombre y que, si consentiais, os llevase al +huerto y que él mismo hablaria con vosotros. Puesto que consentís +seguidme. + +Los monfíes siguieron en silencio á Reduan, descendieron á una rambla y +á través de algunas quebraduras llegaron á las bardas de un huerto, y +uno tras otro las saltaron con la agilidad y el silencio del gato +montés. + +Apenas habian desaparecido entre las quebraduras, cuando salió de la +cueva otro hombre que, sin duda, habia estado oculto en su fondo entre +las tinieblas, por lo que los monfíes no habian reparado en él. + +--¡Oh! ¡oh! dijo aquella sombra: se trata de un asesinato infame. Pues +bien, es necesario impedir ese crímen. + + * * * * * + +Y se puso en seguimiento de los monfíes, pero á larga distancia y +recatándose. + + * * * * * + +Miguel Lopez, entre tanto, velaba, entregado á encontrados pensamientos; +parecíale por una parte que su recelo era infundado: por otra un secreto +instinto le decia que desconfiase, y entre seguridad y desconfianza, +llegó hasta las ánimas sin acostarse, dando paseos á lo largo del +aposento y lanzando de tiempo en tiempo una feroz mirada á los +pedreñales (pistolas se llaman ahora), que tenia sobre la mesa. + +Pero acordóse una y cien veces que tenia sujeto á don Diego por medio de +prendas que podian perderle; que para atentar á su vida no hubiera +esperado á hacerle esposo de su hermana, y sobre todo, que despues del +aprieto en que ponia á los moriscos el edicto del emperador, nada tenia +de extraño que el emir de los monfíes hubiese llamado al morisco mas +influyente de Granada, y que este morisco, es decir, don Diego, se +prestase dócil y aun voluntariamente á obedecer las órdenes del emir. + +Estos pensamientos le tranquilizaron algun tanto: dilatáronse las +profundas rugas que hasta entonces habian plegado su frente, y su +imaginacion tomó un rumbo distinto. Acordóse de su desposada, de la +hermosa doña Isabel, de quien tan brúscamente habia sido separado: +representóse en su imaginacion la alegre fiesta de bodas que +indudablemente hubiera tenido lugar aquella misma noche, á no haber +mediado el urgente mandato del emir de los monfíes. Sucesivamente fueron +pasando por su imaginacion cien tentadoras imágenes, cien esperanzas +defraudadas por el acaso, ese eterno burlador de la dicha humana; +suspiró ruidosamente, y, no teniendo otra cosa que hacer, se recogió al +lecho, y perdido de todo punto su recelo, reconcentró su pensamiento en +el recuerdo de doña Isabel, y poco despues dormia y soñaba. + +Pasaron una, dos, tres horas. La luz del belon que habia dejado el +ventero, empezó á debilitarse falta de pábulo; osciló algunos momentos y +al fin se apagó. + +Luego solo se oyó el poderoso aliento producido por el pecho de toro de +Miguel Lopez, que continuaba durmiendo. + +Si no hubiera dormido tan profundamente, hubiera podido percibir cierto +leve murmullo de voces que hablaban juntas, que cesaban, que volvian á +escucharse, que se acercaban, que se alejaban. Hubiera percibido, al +fin, los pasos de una persona que se acercaba recatadamente, que se +detenia junto á la puerta y escuchaba, retirándose despues: hubiera +oido, por último, unos pasos mas fuertes que cesaron delante del +aposento; luego ruido de pisadas de caballo y cierto tráfago en la parte +baja de la venta: pero Miguel Lopez nada de esto oyó, y fue necesario +que diesen sobre la puerta tres fuertes golpes para que despertase. + +--¡Voto á mil legiones! exclamó; me han quitado el sueño mas hermoso del +mundo; como que me figuraba que... + +Miguel Lopez concluyó con un ruidoso suspiro estas frases que habia +pronunciado medio dormido, y luego, notando que la luz se habia apagado, +se levantó de un salto, tomó á tientas uno de los pedreñales que habia +puesto sobre la mesa, y dijo con voz ronca y amenazadora: + +--¿Quién va? + +--¿Quién ha de ir ni venir? dijo detrás de la puerta la voz de don Diego +de Válor: vestios pronto hermano, que suceden grandes cosas. + +--¡Ah! ¿sois vos, don Diego? dijo dejando el pedreñal sobre la mesa +Miguel Lopez; pues bien, creo que puedan suceder grandes cosas y que sea +necesaria gran diligencia; pero si quereis que me vista pronto, entrad y +dadme luz: la mia se ha apagado. + +Abrió la puerta el morisco, y don Diego entró con una vela de sebo +encendida, puesta en una palmatoria de barro cocido. + +--¿Qué hora es, hermano? preguntó soñoliento Miguel Lopez. + +Don Diego sacó de entre su ropilla un enorme reloj de oro semiesférico, +objeto de gran lujo en aquel tiempo, y dijo consultando la muestra: + +--Las doce y veinte minutos. + +--¿Y podemos fiarnos de ese embeleco? + +--Como que está fabricado en Bruselas, y es mas seguro que la máquina de +la torre de Santa María de la Alhambra. + +--En efecto, muy grave debe de ser el asunto que nos hace madrugar +tanto, dijo Miguel Lopez atacándose los gregüescos. + +--Como que tenemos encima al emir. + +--¡El emir! + +--Sí, el emir con seis mil monfíes, que adelanta hácia Granada, á la que +piensa llegar antes del amanecer. + +--¡Diablo! ¡diablo! ¿es decir que hoy mismo tendremos batalla? + +--Es mas que seguro; por lo mismo importa que nos preparemos cuanto +antes: en Cádiar hay un capitan del rey con algunos soldados y un +alcalde con treinta cuadrilleros: es necesario sorprender á esa gente +para que no puedan dar aviso á Granada y prevenir á nuestros enemigos. +Asi, pues, acabaos de ajustar las agujetas del jubon y á caballo. + +--¿Os ha enviado algun correo el emir? dijo Miguel Lopez acabándose de +apretar las hevillas de las espuelas. + +--Sí, sí por cierto; me ha enviado uno de sus walíes. + +--¿Y dónde está ese walí? + +--Ha partido con toda diligencia á poner en armas las taifas de monfíes +de la taha de Lanjaron, donde tambien hay gente del rey. + +--Pero os habrá dejado á lo menos un guia. + +--No, pero me ha avisado el lugar donde podré encontrar al emir. + +--¿Y qué lugar es ese? dijo Miguel Lopez saliendo con don Diego de la +habitacion. + +--A un tiro de arcabuz de Orgiva, en el lecho del rio. + +--Vamos, pues. + +Por prudencia, segun creia Miguel Lopez, no hablaron ni una palabra mas. +Bajaron tranquilamente las escaleras, don Diego pagó el gasto al fingido +ventero, y él, Miguel Lopez y don Fernando de Válor, montaron en los +caballos que les tenian los criados, y seguidos de estos, tambien á +caballo, salieron de la venta y tomaron ostensiblemente el camino de +Orgiva. + +La noche era un tanto clara, y lo hubiera sido enteramente merced á la +luna, á no ser por los densos nubarrones que cruzaban el espacio: de +cuando en cuando se veia lucir un relámpago en lontananza, allá entre +las profundas quebraduras, y empezaban á escucharse truenos lejanos. + +--Famosa noche ha elegido el emir para su empresa, dijo Miguel Lopez que +caminaba delante, y que al parecer habia perdido hasta la última sombra +de recelo. + +--Guardad silencio, hermano, dijo don Diego, que no sabemos quién puede +escucharnos, y aguijad vuestro caballo á fin de que lleguemos pronto. +Hasta que nos encontremos al lado del emir y entre los monfíes, nos +hallamos en peligro. + +Y para dar el ejemplo, don Diego aguijó su caballo y pasó adelante. + +Los tres ginetes y los lacayos siguieron marchando en silencio. + +A poca distancia de la poblacion, don Diego revolvió su caballo y empezó +á descender por un oscuro sendero, perdido en la penumbra de un profundo +barranco, formado por la abertura de dos montañas; á medida que +adelantaban se percibia mas distintamente el ronco ruido de la corriente +del rio de Orgiva, corriente rapidísima á causa del gran desnivel del +terreno; el fondo del barranco, por el centro del cual corria, saltando +entre las breñas, un arroyo, se iluminaba de tiempo en tiempo por la +brillante y fugitiva luz de un relámpago. + +Hallábanse á la mitad de la garganta, cuando, de repente, el caballo de +don Diego se detuvo, lanzó un relincho agudo y resistió á la espuela. + +--Debemos estar cerca del emir, dijo Miguel Lopez; vuestro caballo +siente las yeguas. + +--¡Callad! ¡callad en nombre de Dios! exclamó don Diego; callad y +detened vuestros caballos. + +--¿Pues qué sucede? dijo Miguel Lopez. + +El zumbido de un venablo que pasó cortando el aire por cima de las +cabezas de nuestros personajes, fue la contestacion que obtuvo Miguel +Lopez: don Diego, su hermano y los lacayos, se habian lanzado con las +espadas desnudas en la direccion que parecia haber traido el venablo. + +--¡Ah! ¡Dios de Dios! exclamó Miguel Lopez, echando mano á sus +pedreñales; esta es, sin duda, ó una traicion de esos miserables, ó un +mal encuentro con bandidos: pues bien, es necesario vender cara nuestra +vida. + +Y apeándose del caballo, porque el terreno era mas á propósito para +defenderse á pié que cabalgando, llevó al animal hasta una breña y se +parapetó con el. + +Pero apenas habia tomado posicion, cuando nuevos venablos pasaron +silbando, y el caballo cayó desplomado, como si le hubieran herido en el +corazon ó en la cabeza. + +Miguel Lopez no tuvo tiempo mas que para disparar uno de sus pedreñales +sobre algunos bultos, al parecer de hombres, que adelantaban rápidamente +hácia él, saltando por cima de las quebraduras. + +En aquel momento brilló un relámpago y Miguel Lopez vió que los que le +acometian eran monfíes. + +Pero tambien vió, antes de que se extinguiese la rápida llamarada del +fuego, que uno de aquellos hombres habia saltado sobre su terreno y +caido herido por una saeta, cuyo silbido parecia marcar que quien la +habia disparado estaba á espaldas de Miguel Lopez, y frente á los +monfíes. + +La suerte de su compañero irritó á los monfíes, que se lanzaron dando +alaridos de rabia sobre Miguel Lopez: este no tuvo tiempo de ver mas; +sintió sobre sí aquellos hombres, luego la aguda punta de sus puñales en +el pecho y se desmayó. + + * * * * * + +Cuando volvió en sí se encontró fuertemente vendado y postrado en un +lecho en un lugar extraño. + +El espacio en que se encontraba era un aposento cuadrado, abovedado +segun las líneas de la arquitectura árabe, y revestido de una argamasa +reluciente, á la que el tiempo habia dado un color gris negruzco. + +En aquel espacio no habia mas muebles que un arcon pintado de negro, una +mesa de nogal y dos sitiales. Sobre la mesa habia un belon de cobre, dos +de cuyos mecheros encendidos, alumbraban todo lo que hemos descrito: +ademas, sobre aquella mesa habia un crucifijo negro, algunos libros en +folio, y yerbas, trapos blancos, hilas, vasijas y redomas. + +Nada mas habia en esta habitacion, ni Miguel Lopez pudo reparar en todo +esto, á causa del estado de desvanecimiento y de debilidad en que se +encontraba. + +Reparó, si, que estaba absolutamente solo, que no se percibia ruido +alguno, y que aquella habitacion no tenia otro respiradero que una +puerta estrecha, de arco de herradura, en la cual empezaba una escalera +que ascendia. + +Aquel espacio era sin duda un subterráneo. + +La perplejidad mas natural, el temor mas lógico, asaltaron la +imaginacion de Miguel Lopez: á causa de la debilidad en que le habian +constituido sus heridas, apenas recordaba confusamente lo que le habia +acontecido antes de acometerle los monfíes: la primera pregunta que se +hizo á sí mismo, fue la de quién le habia herido, y quién le habia +llevado allí. + +Pero como no veia persona alguna que aclarase sus dudas, pretendió salir +de ellas provocando la llegada de alguno. + +--¡Ah de casa! exclamó; pero con acento tan débil que hubiera sido +imposible oirle á pocos pasos de distancia. + +El esfuerzo que hizo para hablar le causó un dolor agudo en el pecho. + +--¡Ah! murmuró. ¡Alma del diablo! ¡pues estoy herido y no como quiera, +sino gravemente! ¡herido en el pecho...! ¿y quién ha podido herirme? + +Hizo un esfuerzo Miguel Lopez para evocar sus recuerdos y como los +recuerdos obedecen á la voluntad, y la voluntad de Miguel Lopez era +poderosa, lentamente fueron eslabonándose sus ideas y al fin recordó de +todo punto lo que le habia acontecido. + +--¡Los miserables! exclamó: ¡si, si! ¡no hay duda! ¡ellos han sido! Esta +mañana han pasado en aquella casa cosas extrañas: el mancebo que se +presentó á don Diego, segun me dijo Ayala... aquel hermoso mancebo que +ha sido amante de doña Isabel... y luego el pretexto de don Diego de que +nos llamaba el emir... nuestra detencion en una venta sospechosa... y +despues los monfíes... si, si, ellos han sido... ellos que me han sacado +de Granada para asesinarme... ¿pero cómo se ha atrevido don Diego, +sabiendo que tengo en mi poder pruebas que pueden perderle...? ademas, +¿quién me ha traído aquí...? ellos no deben de haber sido: hubieran +acabado de asesinarme... ¿los monfíes? los monfíes no se hubieran tomado +el trabajo de curarme las heridas. ¿Quién ha sido, pues? + +Este razonamiento, demasiado largo para el estado en que se encontraba +Miguel Lopez, le desvaneció, volvieron á embrollarse sus ideas y recayó +en su postracion. + +En medio de ella notó el ruido de los pasos de una persona que descendia +por la escalera que empezaba en la puerta: luego vió brillar una luz +sobre la argamasa abrillantada del muro, y al fin descendió y entró en +la habitacion un hombre. + +Todo esto lo veia de una manera fantástica, por decirlo asi. Aquel +hombre era alto, esbelto y vestia un trage de campaña castellano: +acercóse levemente al lecho y examinó con una fria atencion al herido. + +Luego fue á la mesa, tomó una taza que habia sobre ella é hizo beber +algunas gotas de su contenido á Miguel Lopez. + +Este sintió calmarse la ardiente sed que le devoraba, y haciendo de +nuevo un poderoso esfuerzo de voluntad, logró fijar sus ideas y ver +claro. + +Entonces pudo hacerse cumplidamente cargo de la persona que habia +entrado en el aposento. + +Era un hombre alto, esbelto, fuerte, ágil, moreno, con grandes ojos +negros, cabellos ensortijados y barba escasa y corta: á primera vista +podia decirse que no era español, ni menos morisco: diferencias +esenciales de raza lo demostraban; su mirada era móvil, astuta, +recelosa, en contraposicion de la fija penetrante y franca mirada de los +hombres oriundos de Arabia: su color no era el moreno y pálido color de +los hijos de esta raza, sino un moreno dorado, encendido, vigoroso; su +frente, un tanto deprimida, sus cejas sutiles, el óvalo de su rostro +demasiado prolongado, todo demostraba en él un extranjero. + +En cuanto á su vestido ya hemos dicho que pertenecia á la moda de los +hidalgos castellanos, aunque se notaban en él algunas singularidades: +llevaba en la cabeza una gorra de paño color de hoja seca, plegada al +lado izquierdo por un herrete de acero; debajo de un capotillo casi +burdo en el exterior y forrado en el interior por pieles blancas de +cordero, llevaba un coleto de ámbar exactamente igual á los que usaban +por aquel tiempo los soldados de los tercios viejos de España: este +coleto estaba sujeto en la cintura por un talabarte de cuero de Córdoba, +color de avellana, de dobles tirantes, del que pendia una espada corta y +ancha y un puñal á la derecha; pendiente del mismo talabarte, llevaba á +manera de limosnera una bolsa de piel de zorra; los gregüescos eran de +paño de igual color y calidad que el de la gorra, sin cuchilladas, lazos +ni adornos, y por último, sus fuertes calzas atacadas de lana azul, +estaban cubiertas, desde sus piés y hasta media pierna, por unas abarcas +y los ligamentos de estas. + +Este hombre parecia contar cuando mas, á juzgar por las apariencias, +cuarenta años; se desprendia de él un no sé qué de noble y poderoso, y +su trage le sentaba á las mil maravillas. + +Observó profundamente al herido, y como viese que Miguel Lopez hacia +esfuerzos por hablar, le dijo con esa voz llena de autoridad de los mas +fuertes, y con marcado acento extranjero, aunque en buen castellano: + +--Os prohibo que hableis: en ello os va la vida: reposad. + +Y sin decir mas, se separó del lecho, tomó un taburete, le puso junto á +la mesa, se sentó dando la espalda á Miguel Lopez, tomó uno de los +libros en folio que habia sobre la mesa y se puso á leer. + +Quien hubiera arrojado una ojeada sobre aquel libro, hubiera visto que +era una magnifica copia en latin de la Santa Biblia, y que el extranjero +leia en ella un pasaje del libro de Job. + +Era aquel el pasaje en que Dios arrebata á Job sus hijos. + +Durante mucho tiempo, Miguel Lopez estuvo contemplando con ansiedad al +extranjero, que leia en silencio, y sin atreverse á hablarle, puesto en +temor por la autoridad de su palabra y por lo grave de su pronóstico. + +Al fin, como emanado de un lugar distante y á través de los muros, se +oyó el toque de una corneta: entonces el extranjero cerró la Biblia, se +levantó, fué al lecho y contempló profundamente al herido, que tenia +fijos en él los ojos, dilatados á un tiempo por la curiosidad y el +temor. + +--¿Quién sois? dijo Miguel Lopez. + +--Nada os importa quien yo sea, contestó el desconocido; pero si os +importa mucho el reposar: no hableis: tiempo sobrado tendremos de hablar +mas adelante: el hablar os cuesta un esfuerzo y ese esfuerzo os es muy +dañoso: estais gravemente herido: esperad: voy á daros una medicina que +os servirá de mucho. + +Dicho esto fué á la mesa, tomó una redoma de vidrio, vertió parte de su +contenido en un vaso de la misma materia, fué al lecho y dió á beber un +líquido blanco y un tanto espeso al herido. + +Despues se quedó observándole: lentamente se fueron cargando los ojos de +Miguel Lopez y al fin se durmió. + +Entonces el extranjero fué á la mesa y encendió la lámpara con que habia +venido alumbrándose, á tiempo que sonaba de nuevo y mas de cerca la +corneta. + +--Mucha impaciencia es esa, dijo, y debe suceder algo importante: veamos +lo que es. + +Y trepó por las escaleras, llegó á su fin á una puerta chata, cerrada +por una sola hoja forrada de hierro mohoso, que el extranjero abrió, +saliendo á un pasadizo oscuro y abovedado: cerró de nuevo, corrió un +cerrojo, le afianzó con dos vueltas de una llave que sacó de su bolsa, y +luego adelantó por la mina, que era tortuosa y á trechos ascendia ó +descendia: á un lado y otro quedaban otras galerías: al fin se vió una +claridad fria al fin de la mina, y cuando el extranjero salió de ella, +entró en una caverna anchurosa, por cuya boca penetraba la luz del alba: +aquella gruta estaba encubierta y como defendida por una espeso +robledal, que coronaba la cumbre de una colina. + +Entonces se escuchó por tercera vez la corneta, pero de una manera +vibrante, enteramente perceptible y á poca distancia. + +El extranjero apagó la lámpara, la ocultó en una grieta de la caverna y +sacó de esta grieta un largo arco de acebo y algunas saetas que atravesó +en su talabarte. Despues salió de la caverna, y tomó á buen paso por un +sendero estrecho, tortuoso, cubierto de musgo, perdido entre las breñas, +y que, á poca distancia, penetraba en el robledal. + +Muy pronto el incógnito, á gran paso, se internó en el bosque; siguió +las sinuosidades del sendero, y rodeando una colina, penetró en una +ancha rambla, cuyo aspecto era terriblemente brabío y selvático. + +Un pequeño arroyo la atravesaba é iba á formar en la parte abierta de la +rambla un pequeño lago, que se perdia pintorescamente entre un bosque de +mimbres, bañando sus nudosos troncos: alrededor solo se veian rocas +tajadas, abiertas, como calcinadas por la accion del rayo: las +asperezas, las peñas que acá y allá brotaban sobre el terreno, como +excrescencias, estaban cubiertas de musgo, y la arena que servia de +lecho y se extendia en una estrecha márgen á los lados del arroyo, era +de color negruzco; lo demás del terreno estaba cubierto por una especie +de liquen musgoso, en el que resbalaba la planta. + +Aquel lugar que parecia destinado á la mas absoluta soledad, estaba +entonces concurrido por muchos seres humanos, entre los cuales se veia +un solo caballo; uno de esos caballos pequeños, pero ágiles, fuertes, +fogosos; un verdadero caballo de montaña. + +Las gentes, que en número como de cien personas, ocupaban la parte +superior de la rambla, eran monfíes: algunos de estos, mas avanzados, +parecian estar de centinela: al desembocar en la rambla el extranjero, +uno de los centinelas armó su ballesta, y gritó: + +--¡Alto! ¿quién va? + +--¿No me habeis llamado? dijo con acento irritado el extranjero ¿porqué +pues me deteneis con la puntería de vuestras ballestas? + +--¡Es el cazador de la montaña! dijo otro de los monfíes. + +--Dejadle llegar, dijo una voz breve y al parecer acostumbrada al mando. + +Desarmó el monfí su ballesta é hizo seña al extranjero de que +adelantase: este trepó por las breñas con la agilidad de un gamo, pasó +de la línea de los centinelas, y llegó á la parte alta de la rambla, +donde le salió al encuentro un anciano enteramente vestido á la usanza +mora. + +Aquel anciano era Yuzuf, el padre del emir de los monfíes. + +El semblante del noble anciano estaba contraido por una sombría +expresion: dulcificola, sin embargo, á la presencia del incógnito, y +tendiéndole la mano, le dijo: + +--¡Bien venido sea mi amigo el rey del desierto! + +--¡Rey! exclamó con sarcasmo el extranjero; el imperio de mis abuelos +está muy lejos, y en estas regiones no soy otra cosa que tu esclavo, rey +de la montaña. + +--Mi esclavo no, mi hermano, dijo con dulzura Yuzuf ¿acaso no te he +amparado? ¿no te he procurado un asilo impenetrable en mis dominios? ¿no +tienes cuanto has menester? + +--Sí, todo, todo, menos mi venganza, tras la que ando recorriendo el +mundo hace diez años. + +--No porque tu venganza tarde será menos segura. + +--Pero entre tanto ese infame capitan tiene en su poder á mi esposa y á +mi hija: ¿acaso no has protegido tú á ese infame? ¿acaso no has impedido +tú que me vengue, que rescate á las prendas de mi alma y vuelva con +ellas entre los mios, allá al otro lado de los mares donde soy +verdaderamente rey, rey fuerte, poderoso, y vengador de las desdichas de +mis abuelos? + +--¡Espera! + +--Hace un año que estoy esperando desde mi llegada á estas montañas. + +--Recuerda que sin mi ayuda, haria tambien un año que dormirias en la +tumba. + +--Es verdad, dijo profundamente el extranjero: mi impaciencia por +rescatar á las prendas de mi alma, me hizo ser imprudente... recuerdo +que fuí preso como un ladron, en el momento en que penetraba en la casa +de ese capitan infame. Recuerdo que me encerraron en un calabozo... +recuerdo tambien que aquella misma noche entró un hombre en aquel +calabozo, y me procuró la libertad; pero á cambio de terribles +condiciones. + +--Solo te pedí que dilataras tu venganza: para ello tenia mis razones: +el capitan Sedeño es uno de mis mejores espías entre los cristianos: me +sirve de mucho. Yo te he respondido de la honra de tu hija y de la vida +de tu esposa. + +--¡Oh! ¡mi esposa! ¡mi hija! exclamó con acento rugiente el extranjero. + +--Han llegado á tal punto las cosas, continuó Yuzuf, que muy pronto me +hará Sedeño sus últimos servicios: aviseme del dia en que la +Chancillería, el capitan general y la Inquisicion esten descuidados: +sorpréndalos yo en sus hermosos palacios de Granada con mis monfíes, y +entonces ese hombre de quien anhelas con justa causa vengarte, es tuyo: +entre tanto, espera, Calpuc, espera y ayúdame. + +--Y en qué puedo ayudarte, dijo Calpuc, á quien seguiremos dando este +nombre. + +--Revélame lo que has hecho esta noche. + +--¡Ah! si, es cierto: ayer recibí un mensajero tuyo con el que me +avisabas que llegase á esta misma rambla á la media noche. En efecto +inmediatamente me puse en camino. Cerróme en él la noche; descendia yo á +buen paso por una montaña en direccion á Cádiar, cuando oi pasos de +algunos hombres: el sitio era solitario, podia ser funesto un encuentro, +y habiendo hallado en el barranco por donde descendia una profunda +gruta, me oculté en ella. + +Poco despues los hombres que habia sentido penetraron en la cueva: yo me +habia retirado al fondo y como no traian antorchas ni luz alguna, no +pudieron reparar en mí; luego entró un hombre á quien reconocí por la +voz: era Reduan, el monfí que pasa por ventero en el camino de Orgiva. + +--¿Y que sucedió? preguntó nuevamente Yuzuf. + +--Aquellos hombres trataron de un asesinato pagado infamemente por +dinero. + +--¿Y como no impedíste ese asesinato, Calpuc? añadió con doble severidad +el anciano. + +--¿Acaso no lo he impedido? ¿acaso Miguel Lopez no está en mi asilo, +curado y con grandes esperanzas de vida? ¿acaso no han quedado mordiendo +el polvo en el barranco dos de los asesinos? + +--Has obrado como noble y valiente Calpuc: queria saber de tí hasta qué +punto ha habido traicion contra ese hombre. + +--Ha sido un asesinato infame meditado y llevado á cabo por don Diego de +Válor. + +--Cuenta Calpuc que acusas á un pariente mio. + +--Lo he oido yo, he seguido paso á paso á los asesinos, arrastrándome +tras ellos como la serpiente de los bosques de mi patria; he oido el +crímen y he podido evitarlo: si me hubiera separado de aquellos lugares +para avisarte, tal vez no hubiera podido impedir la muerte de Miguel +Lopez. + +--¿Y has llegado á conocer el motivo por qué don Diego de Válor queria +la muerte de ese hombre? dijo el emir mirando profundamente á Calpuc. + +--No; solo he oido concertar el asesinato y pagar el dinero. + +Quedóse un momento pensativo el emir. + +--Ven, dijo al fin, asiendo á Calpuc de la mano. + +Y llevándole la rambla arriba, torció una roca tajada y señaló á Calpuc +una encina seca, cuyas ramas descarnadas se extendian como los múltiples +brazos de un esqueleto. + +Aquella encina por sí sola hubiera inspirado tristeza; pero con las +adiciones que se notaban en ella causaba horror. Aquellas adiciones +consistian en siete monfíes ahorcados, del cuello de cada uno de los +cuales pendia una bolsa, llena al parecer de dinero; algunos otros +monfíes, con las ballestas afianzadas, guardaban aquel árbol de +justicia. + +--Ahi faltan dos hombres, dijo sombríamente Calpuc. + +--¡Don Diego y don Fernando de Válor! ¡es verdad! repuso el emir; pero +si yo hiciese justicia en esos dos hombres, creerian los moriscos de +Granada que los habia asesinado por temor. ¿Acaso no sabes que don Diego +de Córdoba se titula en el Albaicin, en las alquerías de la vega y en +las tahas de Guadix y del Marquesado del Zenete, rey de Granada? + +--¿De modo que has dejado en libertad á esos hombres? + +--No, no por cierto: esos hombres tienen que responderme de una vida +preciosa: de la vida de mi hijo, de la vida del emir de los monfíes. + +--¡De tu hijo! ¡se habrán atrevido....! + +--¿A qué habia yo de haber avanzado con mis valientes monfíes, casi +hasta los linderos de la vega, sino por mi hijo? ¿por quién estoy +resuelto á llevar á sangre y fuego á Granada, sino por él? ¡Oh! ¡si! +pero ¡por la santa Kaaba! tomaré una venganza horrible de esos hombres +si mi hijo ha perecido. + +--¡Dios vela por los reyes! dijo solemnemente Calpuc. + +--Pero á pesar de esto, bueno es que los reyes velen por sí mismos. +Ahora bien, Calpuc: ¿está el herido en disposicion de contestar á mis +preguntas? + +--Acaso el sueño á que le he dejado entregado restaure sus fuerzas: +acaso cuando despierte pueda hablar sin peligro. + +--Condúceme á donde está ese hombre, Calpuc. + +--Eres padre, emir, y comprendo tu ansiedad: sin embarco, tú solo hace +horas que dudas de la suerte de tu hijo... hace diez años que yo tiemblo +por la vida y por la honra de mi esposa y de mi hija. + +Yuzuf estrechó fuertemente la mano de Calpuc: despues llevó á sus labios +una pequeña corneta de caza y tocó por tres veces. + +Oyeronse entonces en todas direcciones pasos fuertes y acompasados y +poco despues adelantaron en círculo, y se estrecharon alrededor del +emir, unos cien monfíes. + +--Esos hombres, dijo severamente Yuzuf, señalando á los siete que +estaban colgados de la encina fatal, esos homdres, vendieron la vida de +un hombre por dinero: ved lo que he hecho con esos hombres: vedlo y +escarmentad. + +--¡Viva el emir! gritaron en una aclamacion informe los monfíes. + +--Que las aves carnívoras los despedacen, añadió Yuzuf: cada uno de esos +hombres tiene pendiente del cuello el oro vil con que le pagaron su +crímen; ¡ay de aquel de vosotros que toque á una sola de esas monedas! + +--¡Viva el emir! gritaron de nuevo los monfíes. + +--A vuestros apostaderos: tú Abd-el-Malek, y cuatro mas, conmigo: ¡Mi +caballo! ¡Calpuc, á tu caverna! Es necesario que yo hable sin perder un +momento con Miguel Lopez. + +Los monfíes se dividieron en grupos, y partieron en distintas +direcciones, trepando por las quebraduras. Poco despues Yuzuf, en su +potro salvaje, saltaba sobre las breñas, precedido de Calpuc, cuyo vigor +era maravilloso, y seguido de su escasa escolta de monfíes. + +La horrible encina quedó abandonada con los siete repugnantes cadáveres +que se balanceaban al impulso del viento de la montaña, pendientes de +los descarnados brazos del gigantesco esqueleto. + + * * * * * + +Trasladémonos á la vivienda subterránea de Calpuc. + +De pié, inmovil y con la vista profunda y amenazadoramente fija en +Miguel Lopez, estaba Yuzuf acompañado de Calpuc. + +Pero esto no sucedia inmediatamente despues de la escena que acabamos de +referir á nuestros lectores. Desde entonces hasta el momento en que el +emir estaba delante de Miguel Lopez, habian pasado algunos dias. + +Calpuc, que entre los misterios de su vida contaba el de ser un +excelente médico, habia declarado que la vida del herido peligraba si se +le hacia experimentar una sensacion cualquiera. + +Yuzuf se habia visto obligado á reprimir su impaciencia. + +Entre tanto Calpuc y Muhamad, anciano y sabio médico del emir, habian +velado continuamente al lado del herido. + +El peligro habia pasado; las heridas habian empezado á cicatrizarse y +tenian muy buen aspecto: Miguel Lopez podia sufrir sin peligro un +interrogatorio. + +Yuzuf descendió al subterráneo, acompañado de Calpuc. + +Miguel Lopez dormia. + +Contemplóle un momento ferozmente Yuzuf y luego dijo á Calpuc. + +--Déjanos solos. + +Calpuc obedeció. + +Entonces el emir movió bruscamente á Miguel Lopez: este abrió los ojos +despavorido, y pasado ese primer momento de confusion que experimentamos +al despertar, reconoció á Yuzuf, se agitó en su lecho y lanzó un grito +de espanto. + +--Haces bien en estremecerte, Jerif-ebn-Aboó, dijo el emir, nombrando á +Miguel Lopez por su nombre moro: haces bien en estremecerte, porque me +has ofendido, me has sido traidor, á mi, á tu señor, á quien todo lo +debes, y te tengo en mi poder. + +--Yo creia, dijo reponiéndose y con cierta audacia Miguel Lopez, yo +creia que un emir tan poderoso y un tan cumplido caballero como tú, +magnífico Yuzuf, no te atreverias á amenazar á un pobre herido que ha +estado á punto de ser asesinado por los tuyos. + +--Los que han puesto en tu pecho su puñal, se mecen, colgados de una +encina, en la montaña. + +--Pero viven, sin duda, don Diego y don Fernando de Válor. + +--Son tus señores. + +--¡Son mis enemigos! + +Una llamarada de irritacion, de cólera sombría y letal, subió de una +manera febril á los ojos de Yuzuf, que palideció profundamente. + +--¡Infame renegado! exclamó: ¿no te has atrevido á poner los ojos en una +doncella de sangre real que estaba destinada á un hijo de mi sangre? + +--Isabel de Válor es mi esposa, exclamó el audaz morisco. + +--Isabel de Válor es el tósigo que te mata Jerif-ebn-Aboó: ¡tu esposa la +vírgen descendiente de Mahoma! ¡la amada del emir de los monfíes! +¡Isabel de Córdoba y de Válor tuya! + +--¡Ah! ¡has renunciado tu corona en tu hijo! ¿y donde está tu hijo +Yuzuf, que no se me presenta en tu lugar á pedirme cuenta de su amada? + +Habia tal sarcasmo en la pregunta de Miguel Lopez, que el emir tembló á +un tiempo de cólera y de terror. + +--¿Que quieres decir hombre fatal? exclamó: ¿sabes tú lo que ha sido de +mi hijo? + +--¡Cómo! ¿no sabes lo que ha sido de tu hijo, emir? + +--¿Si lo supiera vivirias? + +--Los Válor se detienen poco ante el asesinato, contestó con cierta +feroz complacencia Miguel Lopez. + +--¿Y crees que se hayan atrevido....? + +--En primer lugar, Yuzuf, tú has sido muy imprudente al elegir la +crianza de tu hijo; has querido que sea moro y cristiano, que sepa tanto +como un inquisidor, y que aborrezca, como tú los aborreces, á los +conquistadores: tu hijo ha vivido entre los castellanos y no ha faltado +una castellana impura que le ame, ni una doncella morisca que palidezca +de amor por él. Ya sabes quien es la doncella. La hermana de don Diego. +¿Quieres saber ahora quién es la mujer adúltera que ama mas que á su +alma al hermoso Yaye? Esa mujer es doña Elvira de Céspedes, la esposa de +don Diego de Córdoba y de Válor. + +--¡Mientes! exclamó con cólera Yuzuf ¿cómo has podido tu conocer á mi +hijo? + +--¡Ah! ¡ah! ¡noble y poderoso señor! tú quisieras que todos los que te +sirven, todos los que se doblegan ante tí, fueran topos: pero hay +hombres... como yo... que están á tu servicio y que son feroces como el +lobo y astutos como el raposo. ¡Ah! ¡ah! era necesario ser muy torpe +para no conocer que aquel hermoso mancebo que no conocia á sus padres, á +quien siempre acompañaba el sabio Abd-el-Gewar, á quien tú mirabas con +tanto amor, por el que te atrevias á entrar en Granada, á meterte en +medio de tus enemigos, no era tu hijo, el hermoso hijo de doña Ana de +Córdoba y de Válor: ¡ah! ¡ah! yo lo sabia todo esto, mi noble señor... y +anoche... yo habia visto tambien muchas veces á doña Isabel: yo la +amé... ¡yo que nunca habia amado! la amé con toda la fuerza de mi +alma... y me propuse que fuera mia... otro acaso no hubiera podido +conseguirlo, encontrándose en la pobre situacion en que yo me +encontraba, sin nobleza heredada, zafio, nada hermoso, reducido por mi +suerte á la servidumbre; pero en mal hora don Diego me habia elegido +para ser su correo para contigo: una sola carta de don Diego escrita +para tí y depositada en una persona de confianza, me ha servido para que +don Diego no se atreviese á negarme su hermana. ¿Qué quieres, emir? el +amor nos arrastra á todo ¿No sabes que por una mujer somos capaces de +perder la vida y el alma? ¿Acaso no es una mujer la causa de que yo me +encuentre en este lecho y en tu poder? El amor de Isabel me arrastró... + +--¡Y vendiste por una mujer á tu patria, y ofendiste á tus señores, y +jugaste tu vida á un dado! + +--Ya te he dicho que por una mujer como doña Isabel de Válor, se juega +la vida y la salvacion del alma. + +--Escucha, Jerif-Aboó, dijo conteniéndose Yuzuf: por la menor cosa de +las que has hecho mereces la muerte. + +--Lo sé, contestó con la misma audacia Miguel Lopez. + +--De modo que don Diego de Válor trayéndote al matadero, no ha hecho mas +que usar de su derecho. + +--¿Y por qué antes de entregarme su hermana no me ha matado frente á +frente? + +--Eso hubiera sido leal y tú has sido traidor. + +--Eso no es mas sino que don Diego te tiene mas miedo á tí, que á mí, á +pesar de las pruebas de que sabe puedo usar y que le perderian. Pero ya +que hablo de perder, estamos perdiendo el tiempo. Tú has venido á verme +por algo, poderoso emir. + +--Sin duda: he venido á que me des alguna luz sobre el paradero de mi +hijo. + +--¡Ah! ¡tu hijo se ha perdido! ¡El hermoso Yaye-ebn-Al-Hhamar, el noble +emir de los monfíes no parece! + +--Ignoro su suerte, dijo Yuzuf, y soy capaz de perdonarte... + +--¿Si te digo donde está Yaye? + +--¿Lo sabes? + +--No, pero lo presumo. + +--Habla y pide. + +--Primero es pedir que hablar: yo sé que eres noble y grande Yuzuf; yo +sé que no hay ningun rey en el mundo que pueda jactarse como tú de +respetar la fe de su palabra. ¿Si te doy indicios por los cuales puedas +encontrar á tu hijo, me perdonarás mi traicion? + +--Sí. + +--¿Me dejarás volver al lado de mi esposa? + +Meditó un momento Yuzuf. + +--Si ella se resigna á vivir contigo, sí. + +--Acepto; exclamó Miguel Lopez con alegria, porque conocia la virtud de +doña Isabel. + +--Es necesario ademas que te comprometas á otra cosa. + +--¿A qué? + +--A entregarme la carta escrita para mi por don Diego, y de la cual te +has valido para conseguir por medio del terror á doña Isabel. + +--Te lo prometo, dijo el morisco: cuando doña Isabel, que ya es mi +esposa, sea mi mujer. + +--Quedamos convenidos. Habla, pues, lo que sepas acerca de mi hijo. + +--El mismo dia y en el mismo momento en que yo esperaba en la iglesia +del Salvador á que llegara don Diego para celebrar la ceremonia de mi +casamiento con doña Isabel, se presentó en casa de don Diego tu hijo. + +--¿Estas seguro de ello? + +--Tan seguro, como que me lo dijo uno de los escuderos de don Diego +llamado Ayala, entre otras cosas graves que me reveló y que me obligaron +á que se efectuase la ceremonia antes de la llegada de don Diego. + +--¿Y qué presumes? + +--Si tu hijo no ha parecido, debe estar en casa de don Diego de Válor: +preso tal vez, acaso herido. + +--¡Herido! ¡preso! + +--Tu hijo amaba á doña Isabel, es altivo: don Diego es valiente y fiero; +si han mediado dicterios y amenazas... además recuerdo que cuando +despues de salir de la iglesia, fuimos á casa de don Diego, no salió á +recibirnos su esposa doña Elvira; que don Diego estaba turbado; que nos +pretextó que doña Elvira no podia presentarse porque se encontraba +enferma, y despidió á los convidados; despues me dijo que era necesario +que le siguiese á las Alpujarras: que tú nos llamabas... lo demás ya lo +sabes. + +--Si no me has engañado Jerif-ebn-Aboó, cuenta con tu perdon... +despues... despues, si encuentro á mi hijo, con mi recompensa. + +Y Yuzuf volvió la espalda para salir. + +--Espera, emir, espera, dijo con ansiedad Miguel Lopez. + +--¿Qué quieres? contestó volviendo Yuzuf. + +--¿Me dejas solo en poder de ese gitano? + +--Ese gitano, como tú le llamas, y que Dios sabe si lo es, +Jerif-ebn-Aboó, es el hombre á quien debes dos veces la vida; primero +salvándote de los asesinos, despues curándote las heridas. ¿Qué tienes +que temer de ese hombre? + +--Ese hombre es un demonio, Yuzuf. + +--No, no por cierto: todo consiste en que tú eres cobarde, y como +cobarde receloso. Ademas, ese hombre es mi esclavo, y nada se atreverá á +hacer contra un hombre á quien yo protejo. + +--¡Ah! ¡Dios te libre del gitano, emir! + +--Pídele que te libre de tu miedo. Adios, Jerif-ebn-Aboó, adios. +Necesito buscar yo mismo á mi hijo. Nada tienes que temer si has sido +leal. Y en cuanto á ese hombre, ya te he dicho que es mi esclavo. Adios. + +Pronunció el emir con tal resolucion estas palabras, comprendió de tal +manera Miguel Lopez, que una nueva réplica solo serviria para irritarle, +que le dejó ir sin pronunciar una palabra mas. + +El emir empezó á subir lentamente las escaleras: antes de llegar á ellas +le habia parecido sentir un breve y furtivo paso que se alejaba con gran +rapidez; pero aquel ruido podia haber provenido tambien de las escamas +de alguno de los reptiles que anidaban en el subterráneo, al deslizarse +por la piedra. Cuando llegó á lo alto notó que la puerta estaba cerrada. +Apenas tocó á ella la puerta se abrió y apareció Calpuc, con una lámpara +en la mano. + +Mas allá estaba Abd-el-Malek y los otros cuatro monfíes. + +--Calpuc, dijo el anciano, te recomiendo el cuidado de ese hombre. Su +vida me importa demasiado. Adios. + +--Ve en paz, rey de la montaña, ve en paz: tus deseos son para mí +preceptos. + +--Yo ruego á mi hermano, dijo Juzuf, estrechándole la mano. + +--Yo amo á mi padre, dijo Calpuc, poniendo aquella mano sobre su +frente. + +Poco despues Yuzuf montaba á caballo fuera de la gruta, y se alejaba +pensando para sus adentros: + +--Jerif-ebn-Aboó es un zorro que no se engaña: ¿qué habrá encontrado de +terrible en el indiano...? ¡oh! ¡oh! ¿se atravesará alguna vez este +hombre en mi camino? ¡Oh! ¡Dios sabe lo oculto! ¡Dios me inspirará! + +Entre tanto Calpuc bajaba las escaleras que conducian al espacio donde +se encontraba postrado Miguel Lopez, murmurando: + +--Ese hombre desconfía de mí, me teme... tiene razon, porque él viene á +ser para mí el cabo del hilo que ha de guiarme en el laberinto de mi +empresa, y ha de servirme para mis proyectos y para mi venganza. ¡Que +soy tu esclavo, rey de la montaña! ¡Ah! ¡ah! ¡soy tu hermano, como el +oprimido es hermano del oprimido! ¡pero tu esclavo no! y, sobre todo, no +te pongas en mi camino... si tú eres fuerte yo tambien lo soy... tú +tienes un ejército de bandidos, pero yo tengo tesoros... ¡oh! ¡oh! ¡tu +esclavo! ¡lo veremos! ¡lo veremos, emir! + +Y pensando esto, entró en la estancia inferior, dejó la lámpara sobre la +mesa, y se sentó al lado de Miguel Lopez. + +--¿Tienes interés en que tu esposa sepa que vives? le preguntó despues +de algunos momentos de silencio. + +--¿Que si me interesa, dices, que doña Isabel sepa de mi vida? ¡Oh! ¡sí! +y tú... + +--Yo puedo ser tu amigo ó tu enemigo: yo puedo salvarte ó perderte. + +--Habla. + +--¿Conoces tú al capitan Alvaro de Sedeño?, dijo despues de algunos +momentos de meditacion Calpuc. Paréceme haberte visto alguna vez á su +lado... cuando yo espiaba á ese capitan. + +--¿Que espiabas tú á ese capitan? dijo con extrañeza Miguel Lopez. + +--Sí. + +--¡Ah! ¡ah! ¿conoces á ese hombre? + +--Sí, le conozco... desde hace muchos años, dijo sombríamente Calpuc. + +--Yo le conozco tambien, pero desde hace poco tiempo. + +--¿Y cuál ha sido la causa de que le conocieras? + +--Mis continuos viajes á las Alpujarras, donde tengo alguna hacienda y +algunos parientes, dijo con reserva Miguel Lopez. En los pueblos +pequeños se conoce fácilmente á las personas. El año pasado Alvaro de +Sedeño era capitan del presidio de Andarax. + +--¿Y en qué consiste que le conoce tambien el emir de los monfíes y es +muy su amigo? + +--¡Ah! ¡le conoce el emir de los monfíes! ¡es su amigo! + +--Lo que no deja de ser extraño, porque Yuzuf-Al-Hhamar es enemigo de +Dios y del rey de quien es defensor el capitan. + +Miró con cierta expresion de estupor Miguel Lopez á Calpuc. + +--Tú pareces extranjero: tú obedeces al emir: tú sabes algunos de sus +secretos. + +--Sé mas de lo que crees: soy mas poderoso de lo que crees: llego á tí +como un amigo, como un hermano, para ayudarte; pero si desconfias de mí, +tengo medios para alcanzar por la fuerza, por el terror, lo que necesite +de ti. + +Extremecióse Miguel Lopez porque comprendió perfectamente que se +encontraba á merced del extranjero. + +--Y qué necesitas de mí. + +--Necesito que me digas cuanto sepas respecto al conocimiento del +capitan con Yuzuf. + +--¡Oh! para eso será necesario hacer traicion al emir. + +--Elige entre serle fiel, ó morir. Por el contrario si me sirves bien, +yo te protejeré. + +--Y cual es tu poder. + +--Ya te he dicho que puedo mas de lo que parece... y sobre todo ¿no te +tengo en mis manos? + +--Yuzuf me proteje. + +--¡Bah! ¿y crees tú, dado caso de que yo me viese obligado á respetar al +emir, que me seria muy difícil demostrarle que habias muerto de las +heridas? + +Extremecióse de nuevo, pero mas profundamente el morisco. + +--Ese capitan, se apresuró á decir, impulsado por su miedo, es espia de +Yuzuf-Al-Hhamar. + +--¡Ah! ¿y has entrado alguna vez casa de ese capitan? + +--Si, he entrado muchas veces, en servicio del emir, porque yo tambien +le sirvo; yo soy su espia entre los moriscos de Granada. + +--¿Y... nada has tenido que reparar en casa del capitan? + +--Si por cierto; creo que hay en ella un misterio que consiste en dos +mujeres. + +--¿Y cómo has conocido á esas dos mujeres? + +--Sé que son dos, porque las he visto ir á misa, enteramente +encubiertas, con el Sedeño; sé que la una es muy jóven, y la otra sino +es vieja, quebrantada y enferma, por su talante: pero solo la conozco +por haber hablado una vez á la jóven. + +--¿Has hablado una vez á la jóven? dijo con ansiedad Calpuc. + +--Si, si por cierto; y si yo no hubiera estado enamorado de dona Isabel +de Válor, me hubiera enamorado de ella. + +--¿Tan hermosa es? dijo Calpuc con el acento trémulo, á pesar de sus +esfuerzos para parecer sereno. + +--¡Hermosa! ¡hermosísima! no tan hermosa, sin embargo, como doña Isabel. + +--¡No tan hermosa como doña Isabel! exclamó profundamente Calpuc: creo +ademas que doña Isabel viene de gran alcurnia. + +--Como que desciende nada menos que de la madre del profeta, Fatimah la +santa, y sus abuelos han sido califas de Córdoba, contestó con orgullo +Miguel Lopez. + +--Yo soy descendiente de emperadores, murmuró de una manera +ininteligible Calpuc; pero continúa, añadió dirigiéndose al morisco: +¿cómo tuviste ocasion de hablar á la jóven que vive en compañía del +capitan Sedeño? + +--Hace dos meses, esperaba yo al capitan para comunicarle un aviso +importante del emir: una de las puertas de la sala, sin duda por +descuido, estaba entreabierta: oíase tras ella el puntear de una +guitarra diestramente tañida: poco despues, al sonido de la guitarra se +unió el canto de una mujer: aquella mujer cantaba en una lengua extraña. +Tuve curiosidad, y me acerqué recatadamente á la puerta del aposento. A +pesar de mi recato la persona que habia dentro, me sintió, sin duda, +porque calló la guitarra, sentí apresurados pasos de mujer, se abrió la +puerta y... me deslumbró la hermosura de la joven. + +--¿Quién sois? me dijo despues de haberme contemplado fijamente. + +--Soy... un amigo de vuestro padre, la dije. + +--¡De mi padre! exclamó con afan; ¿conoceis á mi padre? ¿mi padre os +envia? + +--No; por el contrario, espero á que vuestro padre vuelva al castillo, +la contesté. + +--¡Ah! os habeis engañado; el hombre que vive en esta casa, y que está +ahora en el castillo, no es mi padre, repuso con desaliento. + +--¡Ah! ¡perdonad, yo creia! + +--Ese hombre es mi señor, un señor infame, de quien esperamos hace mucho +tiempo mi madre y yo que nos salve la justicia de Dios. + +--¡Ah! ¡vuestro amo! + +--Sí; somos sus esclavas. + +--¡Sus esclavas! ¿luego sois...? + +--Somos mejicanas. + +--¿Y qué quereis de mí? + +--Que nos salveis. + +--¡Que os salve...! ¿y cómo? + +--Oid: buscad un medio para engañar á ese hombre: sacadnos de esta casa, +llevadnos á un puerto de mar para que podamos embarcarnos: sino teneis +dinero, yo tengo joyas: si sois ambicioso os haremos rico. + +--¿Y por qué no salvaste á aquella infeliz? dijo con voz amenazadora +Calpuc. + +--¿Y qué me importaba...? ademas era una esclava. + +--¡Como sois esclavos vosotros los moriscos! repuso Calpuc. + +--¡Ah! pero nosotros peleamos, luchamos; las montañas de las Alpujarras +estan llenas de monfíes que nos vengan, matando cristianos, de las +infamias del vencedor. + +--Los mejicanos tambien luchan: tambien en las fronteras del desierto, +los españoles caen á centenares inmolados á los manes de nuestros padres +degollados, de nuestras esposas deshonradas, de nuestras doncellas +cautivas. + +--¡Tú eres mejicano! + +--¡Yo soy Calpuc, el rey del desierto! exclamó el extranjero; yo soy el +rey elegido por los mejicanos libres, y soy el padre de esa jóven con +quien hablaste, de la hermosa doncella á quien te negaste á salvar. + +Miguel Lopez se estremeció: habia un acento tal de dolor y de venganza +en las últimas palabras de Calpuc, que lo temió todo de aquel hombre. + +Sin embargo, como en otras situaciones difíciles, recurrió á su audacia. + +--¡Que eres tú el rey de los rebeldes de Méjico! exclamó soltando una +carcajada que podremos llamar artificial. ¡tú! ¡un gitano vagabundo, á +quien, no sé por qué, conoce el emir de los monfíes! + +--Continúa respondiendo á mis preguntas, Miguel Lopez, dijo con gravedad +el mejicano, que despues sabrás quién soy y de qué modo he llegado aquí. + +--En verdad, en verdad, dijo Miguel Lopez, cediendo al mandato del rey +del desierto, yo no ví en tu hija, si hija tuya es, mas que una esclava +rebelde que pretendia librarse de su señor, y me negué á ayudarla: es +mas, referí lo que me habia acontecido con ella al capitan Sedeño, que +desde entonces guardó á tu hija con mas cuidado. Hé aquí la razon de que +yo conozca é esas mujeres. + +--El capitan ha desaparecido de las Alpujarras. ¿Sabes tú dónde ha ido? + +--Sí, á Granada, dijo Miguel Lopez á quien interesaba servir á Calpuc, +porque habia comprendido que Calpuc era capaz de todo. + +--¡A Granada! no basta eso. El capitan puede vivir en una casa y tener +ocultas en otra á mi esposa y á mi hija: las casas del Albaicin se +comunican unas con otras por medio de minas y seria muy difícil saber el +paradero de mi hija y de mi esposa. + +--El capitan y tu esposa y tu hija viven en la calle de San Gregorio el +alto: las tapias de su huerto lindan con el huerto de la casa de don +Diego de Válor; estas dos casas se comunican por una mina. + +--Ten mucha cuenta de no engañarme, Miguel Lopez. + +--No, no te engaño; ¿pero qué me darás en recompensa de los servicios +que te hago? + +--Te daré tu esposa: es decir haré que tu esposa sepa que vives. + +--Puede no creerte. + +--Tú me darás una carta para ella. + +Miguel Lopez miró fijamente al mejicano. + +--Un grave interés debes tú tener en que doña Isabel no se crea viuda +para que no pueda casarse con el emir de los monfíes, no con el viejo +Yuzuf, sino con el jóven Yaye, en quien ha abdicado. + +--Nada te importa el interés que yo tenga en ello; cualquiera que sea, +yo me obligo á devolverte tu esposa; pero aun me queda mas que exigir. + +--¿Qué mas? + +--Estoy seguro de que cierta carta que posees, carta de don Diego de +Válor al emir Yuzuf, en la cual ha jugado su cabeza, y por cuya carta le +tienes en tu poder, la tendrás puesta á buen recaudo. + +--¿Y qué te importa esa carta? exclamó con cuidado Miguel Lopez. + +--Tanto me importa que sino me procuras los medios para que esa carta +caiga en mis manos eres hombre muerto. + +--Pero esa carta es mi defensa: por ella he logrado que don Diego me dé +su hermana; por ella pienso alcanzarlo todo. + +--¿Y qué mas quieres alcanzar que la vida? + +--¡Eres un demonio! exclamó con despecho Miguel. + +--Demonio contra demonio, el mas fuerte vence. + +--¿Y qué uso vas tú ha hacer de esa carta? + +--Te repito que nada te importan mis proyectos. Voy á traerte papel, +pluma y tinta. Escribe una carta para la persona que sin duda tiene +depositada por tí la carta de don Diego de Válor, en la que le +prevendrás que me la entregue, y otra despues para tu esposa doña Isabel +de Válor. + +Dicho esto Calpuc abrió el arcon, sacó del recado de escribir, le llevó +al lecho y dijo á Miguel Lopez: + +--Incorpórate y escribe. + +--¡Es qué...! dijo ferozmente el morisco. + +--Escribe ó mueres, le interrumpió con doble ferocidad el rey del +desierto. + +Miguel Lopez comprendió que estaba enteramente á merced de aquel hombre +y se incorporó, tomó la pluma y la puso sobre el papel. + +--Escribe clara y naturalmente, en letra lisa, sin signos ni señal +alguna; porque para tí será el daño si esa carta es ineficaz. + +Miguel Lopez escribió con rapidez algunos renglones y firmó. + +--Mira si te contenta, dijo á Calpuc. + +Este tomó la carta y leyó su contenido, que era el siguiente: + +«Señor capitan Alvaro de Sedeño: os envio uno de mis mayores amigos, á +quien entregareis la carta que teneis en vuestro poder, y que ya sabeis +de quién es: ademas de esta carta, y segun tenemos convenido, el dador +os mostrará la sortija que conoceis. No soy mas largo porque la +diligencia importa.--Vuestro humilde criado.--Miguel Lopez.» + +--¿Y qué anillo es ese de que hablas? + +--Es un anillo que tiene un grueso diamante rodeado de perlas, dijo +Miguel Lopez. + +--Dámele, pues. + +--Ese anillo ha sido mi anillo de bodas, y está en poder de doña Isabel. + +--¡Ah! + +--Doña Isabel te lo entregará. + +--¿Dónde vive doña Isabel? + +--Debe permanecer en casa de su hermano don Diego. + +--Escribe para tu esposa lo que yo te dicte. + +Miguel Lopez escribió bajo la palabra de Calpuc la siguiente carta: + +«Mi amada esposa y señora doña Isabel de Córdoba y de Válor: he sido +herido gravemente por bandidos en el camino de las Alpujarras: un hombre +caritativo me ha recogido y curado: á Dios gracias mi vida no corre +peligro. El dador se encarga de comunicároslo. Os ruego que le +entregueis la sortija que os dí en arras de mi matrimonio con vos, que +me importa. Nada sé de vuestros hermanos. Guardeos Dios y os conserve +para mi felicidad muchos años.--Vuestro esposo que bien os ama y lejos +de vos padece.--Miguel Lopez.» + +Cuando estuvo escrita y cerrada esta carta, Calpuc la guardó con la otra +en su bolsa. + +--Creo que aun podremos ser amigos, Miguel, le dijo: si no me has +engañado y estas cartas producen el efecto que deseo, antes de dos +semanas estarás al lado de tu esposa. Adios. + +--¡Y me dejas aquí, solo, abandonado! + +--No, no por cierto: todos los dias vendré una vez á asistirte y +curarte. Adios. + +--¡Pero esto es horrible! ¡si te sucede alguna desgracia, si no puedes +volver...! + +--Morirás aquí como en una tumba, dijo friamente Calpuc, en lo que no +perderan nada doña Isabel, ni el emir. + +Miguel dió un grito de espanto. Calpuc trepó lentamente por las +escaleras, llegó á la puerta, cerró sus triples candados, y adelantando +por la excavacion subterránea, torció por una estrecha galería, despues +de haberse provisto en uno de los senos de una piqueta. + +Al cabo de muchas vueltas y revueltas por una especie de laberinto en +que cualquiera otro que Calpuc se hubiera extraviado, llegó á una gran +excavacion cónica, cuya altura se perdia en las tinieblas. Aquella +excavacion estaba practicada en roca viva, y aquí y allá, hasta una gran +altura, se veian bocas de nuevas galerías, suspendidas sobre aquella +especie de abismo. + +La cortadura sobre que estaban abiertas aquellas galerías era tan +perpendicular, tan tajada, que no se concebia pudiera llegarse á ellas +sino por medio de grandes escalas; sin embargo, Calpuc levantó la +lámpara para alumbrar una de aquellas bocas, situada á gran altura, la +miró atentamente y despues se dirigió á la roca tajada, llegó á su pié, +se puso el cabo de la lámpara entre los dientes y asiéndose con piés y +manos á las asperezas de la roca, trepó con una agilidad y una fuerza +maravillosa, como hubiera podido trepar una araña, á la oscura boca de +la galería que habia examinado. + +Aquella galería se extendia perdiéndose en un fondo oscuro, adelantó +Calpuc, y despues de haber torcido varias veces por las sinuosidades de +la mina, se detuvo en un lugar del pavimento en el cual habia tres rocas +que parecian haber sido desprendidas, del techo por un accidente casual. +El mejicano levantó con gran trabajo una de aquellas rocas, la removió, +y en el lugar que habia dejado descubierto, cabó con la piqueta; poco +despues la piqueta produjo un ruido seco y opaco, como si hubiera +chocado en una tabla, y al fin quedó descubierta una como arca pequeña, +que por algunos adornos tallados en su superficie, parecia haber sido +construida por un artífice árabe. + +Calpuc levantó aquella tapa y se vió en el interior un emboltorio de +piel de gamo adobada; sacóle, le desenvolvió, y aparecieron algunos +paquetes envueltos cuidadosamente en paños de seda y un legajo de +papeles: el mejicano tomó primero los papeles y los guardó +cuidadosamente en una ancha cartera que ocultó bajo su jubon: luego +examinó por fuera cada uno de los otros paquetes, como buscando uno +particular, y cuando pareció estar seguro de cuál era el que buscaba, le +abrió y sacó de él... una magnífica perla vírgen, íntegra, que aun no +habia sido horadada, como si acabase de salir de la concha en que se +habia desarrollado. + +En el paquete quedaban otras treinta perlas exactamente iguales á +aquella, lo que, atendido su enorme tamaño y su igualdad, constituia un +tesoro. + +Calpuc guardó la perla, envolvió de nuevo cuidadosamente los paquetes en +la piel de gamo, depositó aquella en el fondo del cofre, echó sobre él +la tapa, le cubrió de tierra, puso de nuevo la roca sobre la tierra +removida, y observó cuidadosamente si quedaba algun vestigio de la +operacion que acababa de ejecutar. + +Nadie que despues de esto hubiese pasado por aquella excavacion, hubiera +podido sospechar que bajo una de aquellas enormes rocas, que parecian +naturalmente desprendidas del techo, existia oculta una inmensa riqueza. + +Calpuc desandó lo andado, llegó al borde de la gran excavacion, +descendió con la misma seguridad con que habia subido, dejó la piqueta +en el mismo lugar de donde la habia tomado y salió por la gruta á la +montaña. + +Apenas estuvo al aire libre miró al cielo que estaba diáfano y +despejado. + +--Aun faltan tres horas para amanecer, se dijo, y tengo tiempo bastante. + +Y tomó por un sendero, entre los encinares, á buen paso. + +A poco que anduvo, se encontró en un claro y delante de una casita, que +á ser de dia, se hubiera visto que estaba construida con tapiales de +tierra y cubierta de bálago, junto á la cual pasaba un ruidoso arroyo +que fecunda un pequeño huerto plantado de hortaliza y de árboles +frutales, y defendido al norte por una peña tajada. + +Calpuc abrió con llave la puerta y penetró en la casa: el espacio en que +entró estaba oscuro, pero al fondo de él se percibía un escaso +resplandor á través de una puerta entreabierta. + +El rey del desierto se encaminó á aquella puerta, la empujó, y se +encontró en una pequeña habitacion muy pobre, en la que solo habia un +lecho, una silla, una mesa con algunos libros, y sobre la mesa, colgada +en la pared, una estampa de la vírgen de las Angustias, delante de la +cual ardia una lámpara. + +Calpuc se descubrió, se arrodilló delante de la estampa de la Vírgen y +rezó: luego se levantó, encendió otra luz, salió de la estancia, se +encaminó á un establo, donde habia un caballo fuerte y de poca alzada; +le embridó, le ensilló, le sacó fuera, cerró la puerta de la casita, +montó y se puso en camino. + +A punto que amanecia y se abria la puerta del Rastro de Granada, llegó á +ella Calpuc, dió cortésmente los buenos dias á los guardas y entró en la +ciudad. + +Poco despues llamaba á una pequeña puerta bajo los soportales de la +plaza de Bib-Arrambla, cercana á la puerta que hoy se llama de las +Orejas. + +Abrióse la puerta á que habia llamado el mejicano y apareció un viejo +encorvado y de semblante receloso. + +--Dios os dé muy buenos dias, hermano Franz, dijo Calpuc. + +--Dios os guarde señor Gaspar de Ontiveros, contestó el saludado con +marcado acento extranjero. + +Por lo visto, Calpuc, para encubrir su orígen, habia adoptado entre los +europeos el nombre con que le habia saludado el viejo, que, á todas +luces, por su nombre y por sus rasgos característicos, era aleman. + +--Necesito hablaros, dijo Calpuc, y aun mas, que me deis posada por +algunas horas. + +El aleman abrió de par en par la puerta, y dejó paso á Calpuc que tiró +de su caballo y penetró. + +Entonces el aleman cerró la puerta y llamó, presentándose á poco una +criada. + +--Lleva este caballo á la cuadra la dijo, y di á Berta que disponga un +aposento y un buen almuerzo para el señor Gaspar de Ontiveros. Venid, +venid conmigo, amigo mio, puesto que quereis hablarme, y que, segun +supongo, el asunto que os trae será para tratado sin testigos. + +El mejicano siguió al aleman, que le introdujo en una especie de tienda, +á juzgar por un mostrador alto como una muralla y algunos armarios +fuertes y cerrados: la luz de la mañana penetraba allí por los postigos +de una puerta defendida por candados, cerrojos y barras de hierro, lo +que demostraba que en aquella tienda habia mucho que guardar. + +--¿Me traeis una de aquellas hermosas perlas que tan caras me habeis +hecho pagar, amigo mio? dijo con los ojos cargados de una expresion +codiciosa el viejo Franz. + +--Si por cierto, una os traigo, dijo Calpuc sacando el paño de seda +donde habia envuelto aquel rico producto de los mares; pero será +necesario que esta me lo pagueis mejor. + +El aleman tomó la perla con delicia, la examinó, fué á uno de los +armarios, le abrió con una de las llaves de un haz que desprendió de la +cintura, y sacó del armario una cajita de sándalo que abrió. Dentro +habia otras seis perlas. + +--Igual, exactamente igual, dijo, ¡esto es un prodigio! ¿Dónde diablos +habeis ido á buscar estas maravillas, amigo Gaspar? + +--¿Y qué diriais si, como yo, hubierais visto juntas perlas de este +tamaño, en cantidad suficiente para llenar el cajon grande de vuestro +mostrador? + +--¡Poderoso Dios de Abraham! exclamó el viejo: vos debeis ser un gran +personaje, señor Gaspar, cuando os desprendeis de tales riquezas. + +--No pardiéz, yo soy como lo sabeis bien, un traficante de perlas y +pedrería: hago de tiempo en tiempo un viaje al Nuevo-Mundo y me traigo +conmigo algunas preciosidades; necesario es vivir lo mas cómodamente +posible. Y aun asi cuando se arrostran un largo viaje y los peligros del +mar, justo es que aspiremos á una razonable ganancia. + +[imagen: El capitan Alvaro de Sedeño.] + +--Os dí por la última perla hace tres meses, mil doblones. + +--No me dareis por esta menos de mil quinientos. + +--¡Poderoso Dios de Jacob! ¿y cómo quereis que yo os pague tanto dinero, +cuando aun no tengo para hacer un mediano collar? + +--¿Creeis que sea fácil encontrar perlas iguales á esa? + +--Lo creo imposible y me maravilla que vos las encontreis... pero aun +asi... + +--¿Cuánto creeis que pagaria un rey por un hilo de tales perlas que +llegase al número de cuarenta? + +--¡Oh! un tal collar seria digno de la emperatriz! ¡un tal collar +costaria muchos cuentos de reales.! + +--Por lo mismo, señor Franz, cada perla de esas que yo os traiga os +costará mas cara, hasta el punto de que para pagarme la última, no +tendreis bastante con el valor de todas las joyas que teneis en vuestros +armarios. + +--Traédmelas y por ese solo collar, os daré todo cuanto poseo. + +--¡Paciencia! ¡paciencia! no es fácil encontrar muchas de estas +maravillas: se necesitan para ello muchos viajes. Asi, pues, dadme los +mil y quinientos doblones y no hablemos mas. + +--¡Oh no! no os daré mas que los mil. + +--Entonces, dijo Calpuc, recogiendo la perla, no hacemos nada. + +El aleman miró ansiosamente á Calpuc. + +--Pero reparad, le dijo, que hasta ahora solo me habeis traido seis. + +--Por la primera solo me dísteis doscientos doblones, y esta, os lo juro +por lo mas sagrado, no la poseereis ni un maravedí menos de los mil +quinientos. + +Era tan seguro el acento del mejicano, expresaba una resolucion tan +invariable, era de tanto valor la perla, la deseaba tan ardientemente el +joyero, que abrió suspirando su fuerte caja de hierro y entregó á Calpuc +un bolson de cuero lleno de oro. + +--Hay teneis, le dijo, justamente la cantidad que me habeis pedido: la +tenia preparada para pagar un libramiento que vence hoy. + +--¡Ah! ¡un libramiento para... para el convento de luteranos de Madrid! + +--¡Callad! ¡callad! y no digais tales palabras, señor Gabriel, dijo +palideciendo densamente el aleman: si alguien os oyera seria cosa de dar +en las manos del Santo Oficio... ya sabeis que yo soy católico, +apostólico romano, puro y neto. + +[imagen: Estrella.] + +--¡Cuántos enemigos tiene España! dijo profundamente Calpuc, contando el +dinero sobre el mostrador, mientras Franz guardaba cuidadosamente el +cofrecillo de sándalo, al cual habia añadido una nueva perla. + +--Todos los pueblos que conquistan y quieren llevar su religion, sus +leyes y sus usos á otros pueblos, tienen necesariamente enemigos, dijo +Franz. Si no fuera tan fuerte España... + +--¡Ay si un dia todos los enemigos de España se uniesen bajo una misma +bandera! dijo Calpuc acabando de contar el dinero. + +--Si, si, en efecto: los moriscos, los judíos, los flamencos, los +franceses, los italianos... + +--Y los hijos de América, dijo profundamente Calpuc. + +--Pues vos pareceis bastante rico, y gastais de tal manera las gruesas +cantidades que os he dado en menos de un año, que bien podria creerse... + +--Callad, callad, no nos oiga la Inquisicion; ni vos sois luterano ni yo +intento nada contra España; vos pagais libranzas de mil quinientos +doblones, porque sois mercader, y yo, porque tambien lo soy, vendo +perlas y diamantes: nada mas natural, añadió el rey del desierto, +levantándose y encubriendo el talego con el capotillo. Ahora, como tengo +que hacer dentro de poco, tened la bondad de mandar que me den el +almuerzo. + +Franz y Calpuc salieron de la tienda y se perdieron en el interior de la +casa. + + + + +CAPITULO X. + +Del resultado que tuvieron las investigaciones de Harum. + + +Hacia ya algunos dias, cuando Calpuc llegó á Granada, que rondaban +bultos de noche por la calle del Agua del Albaicin, á cuyo extremo +estaba situado el palacio de don Diego de Válor. + +Ni este ni su hermano don Fernando habian vuelto de la expedicion á que +habian salido con Miguel Lopez, ni se sabia nada absolutamente por sus +allegados de ninguno de los tres. + +La única persona que parecia afectarse con esta ausencia, era doña +Isabel de Córdoba y de Válor. + +En cuanto á doña Elvira, apenas se la veia á las horas del comer y del +rezar, y despues se encerraba en la habitacion de su esposo. + +Doña Isabel sabia lo que significaba aquel encierro: sufria y callaba. + +En cuanto á los bultos que rondaban el palacio de don Diego, forzoso nos +será decir que uno de ellos era el walí Harum el Geniz, el terrible +monfí, el confidente de Yaye en cuanto á las mejicanas, el que se habia +encargado de seguirlas y averiguar su paradero. + +Harum, cumpliendo su cometido, habia averiguado que el capitan +estropeado y las dos mujeres del carro habian parado en un casaron del +Albaicin, situado en la parroquia de San Gregorio el alto, y cuyo huerto +lindaba con el jardin de la casa de don Diego de Válor. + +El capitan y las dos damas permanecian sin duda en aquel casaron, puesto +que Harum veia salir todas las mañanas al estropoado con una cesta, y +volver á poco con un muchacho cargado con la cesta llena de provisiones: +el capitan daba algunos maravedises al muchacho, y le despedia hasta el +dia siguiente. Despues entraba en la casa, abriendo la puerta por sí +mismo; no volvia á salir hasta el anochecer, y permanecia en la calle +hasta cerca de la media noche. + +Harum no vió jamás abiertas las ventanas de aquella casa ni de dia ni de +noche, ni entrar ó salir mas persona que el estropeado. + +Por consecuencia, morando allí el capitan, era probable que morase allí +tambien la doncella morena y hermosa de los cabellos negros y rizados. + +Harum se habia dicho: + +--El poderoso emir me manda averiguar el paradero de esa doncella: luego +esa doncella le interesa: es verdad que no se sabe por ahora dónde para +el emir, y que le andamos buscando; pero cuando menos lo pensemos +parecerá, y si para entonces le tengo yo aclarado este asunto, sin duda +que no me irá mal: entre ellos median prendas, puesto que el magnífico +emir me encargó con todo el empeño de un enamorado que procurase dar con +ella: procuremos, pues, burlar la vigilancia de ese capitan, y ponernos +frente á frente de la hermosa dama. + +Harum, pues, se dedicó con toda su actividad y con toda su inteligencia +al asunto que se le habia encomendado. + +Dióse á espiar de la manera mas cauta del mundo al estropeado, y no solo +él, sino algunos de sus muchos conocidos del Albaicin. Es de advertir +que los monfíes hacian todos un doble papel: no habia ninguno de ellos +que no tuviese parientes y amigos; ya fuese en las villas de la +Alpujarra, ya en la ciudad de Granada. Con mucha frecuencia iban y +venian á las poblaciones, y aun vivian en ellas: entonces se asemejaban +á los moriscos, y como ellos tenian un nombre cristiano, y como ellos se +mostraban sumisos y obedientes al rey, á su capitan general y á sus +justicias: pero cuando los monfíes estaban en las poblaciones, era para +espiar. + +Entonces se transformaban: no parecian los terribles bandidos de la +montaña, siempre bravos, siempre amenazadores, sino los vencidos sumisos +que sufrian, sin quejarse y como sin pena, el dominio del vencedor; +muchos de ellos, aunque todavía se permitia á los moriscos hablar en su +dialecto natural y vestir su trage acostumbrado, hablaban perfectamente +el castellano, y vestian como los castellanos. Harum y los veinte +monfíes que habian acompañado á Yaye y Ab-el-Gewar, eran de este número. +En cuanto á Harum, se llamaba entre los moriscos y por ante los +castellanos Pedro el Geniz, y pasaba por hijo de un rico mercader de +sedas en la Alcaicería. + +Sus frecuentes y largas ausencias de Granada se justificaban por el +comercio de su supuesto padre. Cuando Pedro el Geniz estaba fuera de +Granada, el viejo Silvestre el Xeniz, que Dios sabe por qué habia tomado +aquel apellido moro, decia á sus conocidos cuando le preguntaban por su +supuesto hijo: + +--Está en Florencia por _raja_, ó en Flandes por encajes: ha ido á +Génova á contratar una partida de telas de damasco con unos mercaderes, +ú otra contestacion por este estilo. + +Del mismo modo todos los monfíes cuando andaban entre los cristianos, +tenian medios para encubrirse y burlar la vigilancia de los castellanos. +Los moriscos, como todo pueblo esclavizado, estrechaban sus filas; +encubrian sus conspiraciones bajo el mas profundo disimulo; se +favorecian los unos á los otros; se entrometian mansamente en todas +partes, y de este modo sabian á tiempo cuándo se aprestaban soldados +para marchar á las Alpujarras, ó con cuánto resguardo iban las conductas +de dinero que se enviaban para pagar los presidios de soldados de las +villas y castillos de la montaña; asi es que casi todas aquellas tropas +eran batidas por los monfíes, y casi todas aquellas conductas apresadas. + +Interesados en no hacerse sospechosos los monfíes, parecian los moriscos +mas reducidos y mas conformes con la dominacion castellana, llegando +hasta el punto de no vestir el trage moro, de beber vino, de comer +tocino y de pertenecer á cofradías religiosas. Sucedia con mucha +frecuencia, que engañados por estas prácticas exteriores, el presidente +de la Chancillería, el capitan general, el alcalde mayor y el +corregidor, usasen como confidentes contra los monfíes, de los mismos +monfíes. Estos casos se repiten en nuestros dias. Con mucha frecuencia +los conspiradores sirven como polizontes á los gobiernos; esto es, +cobran sueldo del gobierno, y se sirven á sí mismos. + +Harum era uno de estos hombres; conocíanle en Granada altos y bajos, +cristianos y moriscos, el capitan general, el buen don Luis Hurtado de +Mendoza casi le tenia cariño, y le tuteaba; el presidente de la +Chancillería solia citarle como ejemplo de buenos moriscos, y decia con +frecuencia, que si todos fuesen como él, se podria dormir á pierna +suelta sin temor á levantamientos y alborotos: y en cuanto al corregidor +y al alcalde mayor, nunca dejaban de darle crédito cuando le pedian +informes acerca de este ó del otro morisco que se habia hecho +sospechoso. + +Sin embargo Harum era uno de los walíes ó capitanes mas tremendos de los +monfíes; una vez á caballo, al frente de una banda de ballesteros, y +acometiendo una villa que se habia hecho merecedora de un severo castigo +por parte del emir, la trataba sin compasion; caian bajo su lanza ó su +espada la munjer, el niño y el anciano, como el varon mas fuerte y +robusto, é incendiaba las mieses y los caseríos, sin lastimarse del +hambre que aquella devastacion debia producir en comarcas enteras. + +Entonces el semblante de Harum era feroz, su palabra breve y dura, su +corazon inaccesible á la piedad; una vez lanzado su grito de guerra, su +tremendo ¡Allah le ille Allah![8], se convertia en un tigre hambriento; +poníansele ante los ojos las desdichas de su patria, y se cobraba con +usura en sangre cristiana de la fingida sumision que se veia obligado á +demostrar cuando vivia en las poblaciones. + +En Harum habia dos hombres: el capitan monfí y el buen espía: cuando +desempeñaba este último papel se transformaba: mostrábase afable, +locuaz, alegre, un tanto casquivano, un mucho galanteador y de todo +punto inofensivo: el amor de las mujeres servíale á las mil maravillas +para averiguar muchas cosas, y para introducirse en muchos lugares, y +como era jóven y galan, y sobre galan buen mozo, hé aquí que Harum +representaba en el Albaicin un tercer papel, el de don Juan Tenorio. + +Generalmente representaba otro cuarto papel, el de gefe de los monfíes +que se encontraban como espías en Granada. Harum les daba sus órdenes, +recibia sus noticias, las comunicaba, y era en fin, el ege de aquella +máquina invisible, cuyos efectos sentian los cristianos sin conocer la +causa que los producia. + +Tal era el hombre á quien Yaye habia encargado que no perdiese de vista +á la prisionera mejicana, y á quien habia encargado tambien Yuzuf +averiguase el paradero del poderoso emir de los monfíes Muley +Yaye-Al-Hhamar. + +En cuanto al primer asunto, Harum comprendió que si rondaba mucho la +casa del capitan podria inspirar sospechas al estropeado y hacer que se +marchase con las dos mujeres y con mas precauciones á otra parte. + +Aprovechó, pues, la ocasion de desalquilarse una vieja casucha medianera +de la que ocupaba Sedeño, especie de tinglado viejo, que se levantaba +como una construccion parásita, apoyada en el casaron donde vivia el +estropeado. + +Apenas se encontró solo en esta casucha Harum, la reconoció de alto á +abajo: entraban en ella el viento y el sol por todas partes, cuando no +por ventana, por rendija, lo que la hacia sumamente ventilada, cualidad +inapreciable en aquella estacion, que, como sabemos era la de los +calores; además un pequeño huerto de este tugurio lindaba, por un +accidente casual, con los dos jardines de las casas de don Fernando de +Válor y del capitan Sedeño. + +Harum reconoció minuciosamente las paredes medianeras con el casaron +habitado por el capitan; nada encontró en ellas que le ayudase: eran +demasiado fuertes y al parecer gruesas para que pudiese abrirse en ellas +una mira sin causar ruido y apercibir á los vecinos: renunció, pues, á +las paredes medianeras y reconoció la cueva ó sótano: allí fue distinto: +encontró la boca de una mina, pero cegada. + +Harum se decidió á franquear aquella mina. + +Despues reconoció las tapias del huerto y vió que con poco trabajo podia +entrarse por ellas tanto al jardin de don Diego de Válor, como al de la +casa habitada por el estropeado. + +¿Pero á qué penetrar en este último jardin no estando en inteligencia +con la hermosa morena? + +Sin saber porqué, Harum cifró grandes esperanzas en la mina y se dedicó +á hacerla practicable. + +Desde aquella noche principió á trabajar, aunque por el momento los +resultados fueron capaces de hacer desistir al mas testarudo. + +La mina estaba cegada á piedra y lodo. + +A pesar de esto, dedicó las noches á aquel trabajo de zapa, sin dejar +por ello de aprovechar los dias en otras investigaciones. + +Despues de haber trabajado en la mina con mucha precaucion para no ser +sentido, desde el principio hasta el medio de la noche, se recogia al +lecho y dormia hasta el amanecer; despues se ponia en la parte mas alta +de su habitáculo, detrás de una rendija, á observar los dos jardines y +las ventanas y galerías de las casas inmediatas. + +Todos los respiraderos de la casa del capitan estaban siempre cerrados, +asi como el jardin desierto: en cuanto á la casa de don Diego de Válor +era distinto: veíase tanto en el jardin, como en las ventanas y +galerías, el tráfago de una numerosa servidumbre; generalmente despues +del amanecer, veia Harum una jóven hermosa y triste, que aparecia en los +cenadores, adelantaba con paso lento, se sentaba en un banco de piedra +debajo de una enramada de jazmines, y permanecia allí, pálida, inmóvil y +profundamente pensativa, hasta que, entrando el dia y creciendo el +calor, se levantaba, y con el mismo paso lento volvia á desaparecer por +el fondo de los cenadores. + +Aquella jóven era doña Isabel de Válor; la causa indudable para Harum de +la pérdida de Yaye. + +Se nos olvidó decir que se habian recibido unas noticias tales de la +muerte de Miguel Lopez por los lacayos que habian acompañado á don Diego +y á don Fernando, que doña Isabel vestia luto. + +Y ahora que recordamos á Miguel Lopez, debemos añadir que ni una palabra +se sabia acerca del paradero de don Diego de Válor y de su hermano don +Fernando. + +Aquello era una cadena de misterios. + +En cuanto á doña Elvira de Céspedes, Harum no la habia visto ni una sola +vez en el jardin, ni en los miradores, ni en las galerías. Sus mismos +criados y su cuñada doña Isabel la veian muy poco: á las horas de comer +y de las mas precisas atenciones domésticas y nada mas: despues +afectando tristeza por la extraña ausencia de su marido y la falta de +noticias suyas se encerraba pasando apartada de la vista de todo el +mundo la mayor parte de las horas del dia. + +Doña Isabel, sabia demasiado la razon del retraimiento de doña Elvira: +sentia por él unos profundos zelos; lloraba cuando se encontraba sola, +pero guardaba una reserva sin límites: para saber que Yaye vivia, la +bastaba mirar el semblante de su cuñada; pero la observacion de aquel +semblante era un tormento para doña Isabel. + +Parecíala notar en los ojos de doña Elvira una segunda vida; la vida de +un amor ardiente y satisfecho... + +Pero volvamos á Harum. + +Despues de su observacion salia á la calle y se dedicaba á nuevas +investigaciones: habia procurado averiguar la procedencia del capitan; +pero por mas que él y los otros monfíes que con él estaban en Granada, +revolvieron é indagaron, no se pudo sacar en claro sino que el capitan +era forastero y nadie le conocia. + +Del mismo modo todos sus esfuerzos eran inútiles para dar con el emir; +todos los dias, pues, á la caida de la tarde, iba á dar cuenta de sus +trabajos á Abd-el-Gewar. + +Esta cuenta se reducia á muy pocas palabras. + +--Santo faquí, decia Harum inclinándose, ni yo ni los mios hemos podido +averiguar nada acerca del paradero del poderoso emir. + +Abd-el-Gewar trasmitia diariamente este breve parte verbal á Yuzuf por +mano de un monfí. + +Al fin un dia Abd-el-Gewar recibió la siguiente carta de Yuzuf. + +«Creo que yo me encuentro mas cerca que tú de saber el paradero de mi +hijo.» + +Y sin embargo Abd-el-Gewar y Harum le estaban tocando, como quien dice, +con la mano; le tenian enmedio, aunque á alguna profundidad debajo de +tierra. + +Doña Isabel, que era la única partícipe del secreto con su hermano y su +cuñada, habia callado por amor á su hermano, á pesar de que sabia que +Yaye era buscado con ansia... sabiendo que Yaye estaba en poder de una +mujer que le amaba. + +Isabel por un sin número de razones se veia obligada á callar y á +sufrir. + +Habia pasado cerca de un mes desde el dia del casamiento de Isabel. + +Durante aquel mes ninguna noticia habia venido á desmentir la noticia de +la muerte de Miguel Lopez; nada se sabia de la suerte de don Diego y don +Fernando de Válor. + +Un dia que doña Isabel estaba, segun su costumbre, triste y abstraida, +sentada en el banco bajo la enramada de jazmines, vino á sacarla de su +abstraccion el ruido de una disputa que pasaba cerca de ella. Levantó +los ojos del cesped donde hasta entonces los habia tenido inclinados, y +vió que uno de los lacayos de su hermano pugnaba por arrojar fuera un +mendigo, que á su vez pugnaba por llegar hasta ella. + +--¿Qué quiere ese hombre, Andrés? dijo doña Isabel. + +--Este hombre, señora, ha aprovechado un momento en que he dejado +abierto el postigo, y quiere á todo trance hablar con vos. + +--¿Y qué quereis buen hombre...? + +--¡Ah! ¿qué quiero...? tened caridad de mi, señora, y Dios la tendrá de +vos, dijo el mendigo con un pronunciado acento extranjero. + +--Dadle una limosna, Andrés, y que se vaya, dijo doña Isabel. + +--Ved señora que es un gitano, dijo el lacayo, y que hacer bien á este +canalla es pedir á Dios una desgracia, porque esta gente está maldita de +Dios. + +--¡Malditos de Dios! ¡si es verdad! ¡malditos de Dios! exclamó +roncamente el mendigo: los crímenes de nuestra raza han caido sobre +nosotros, y nosotros nos vemos castigados por las culpas de nuestros +abuelos en nuestras cabezas y en las de nuestros hijos. + +Doña Isabel se conmovió; habia en el acento de aquel hombre algo de +solemne, algo de terrible, algo de ese no sé qué misterioso que revela +los grandes infortunios y no el infortunio de un hombre solo, sino el de +una raza entera: por mas que doña Isabel fuese cristiana de corazon, +pertenecia á un pueblo oprimido y desgraciado, y de una manera precisa +se le hacia simpático aquel otro hombre, que parecia pertenecer á otro +pueblo tan desdichado como el pueblo moro de Granada. + +Porque aquel hombre, en fin, era Calpuc, el rey del desierto, que se +presentaba á doña Isabel con el extraño disfraz de mendigo. + +Cuando se ha logrado interesar la curiosidad de una mujer se puede tener +casi la seguridad de conseguir lo que de aquella mujer se espera. + +--Dejadle que se acerque, dijo doña Isabel al lacayo. + +--Pero ved que estos gitanos... insistió el criado. + +--Dejadle, dejadle que se acerque, repitió doña Isabel: ¿por qué hemos +de arrojar lejos de nosotros á los pobres? + +Andrés se apartó de mala gana, y murmurando del paso de Calpuc. + +Este se acercó á doña Isabel y la contempló en silencio algunos +momentos, con una profunda expresion de lástima. + +--¡Cuán hermosa sois señora, y cuán digna de ser feliz! la dijo. + +--¿Y quién os ha dicho que yo soy desgraciada? contestó con cierta +dureza dona Isabel quien, á pesar de todo, la sentaba muy mal que un +hombre, que parecia tan miserable, la tuviese lástima. + +--¡Oh! para que supieseis los motivos que tengo para compadeceros seria +necesario que nadie nos escuchase. + +--¿Y era esa la caridad que veníais á pedirme? + +--Yo no soy mendigo, señora. + +--Sin embargo vuestro aspecto... + +--Haced que vuestro criado se retire un tanto: me basta con que no pueda +oirnos. + +Dominada hasta cierto punto doña Isabel por aquella extraña aventura, +mandó á Andrés que se retirase. + +Este se retiró á alguna distancia, siempre murmurando y sin quitar ojo +del mejicano. + +Cuando este vió que no podia ser oido la dijo: + +--Os tengo lástima porque mereceis mejor esposo, y mejores parientes. + +--¿Quién os ha autorizado á insultar á mi familia? + +--¡Oh! ¡la desgracia! + +--¿Ha causado mi familia vuestra desgracia? + +--No, no ciertamente: pero los desgraciados somos hermanos y tomamos con +mucha facilidad por nuestras las desgracias de los demás. + +--Concluid, porque me parece que hasta ahora nada me habeis dicho que +tenga que ver con la obra de caridad que esperabais de mí. + +--Concluiré muy pronto: tomad. + +Y sacó de entre sus andrajos una carta que entregó á doña Isabel. + +Al ver el sobre de aquella carta doña Isabel dió un grito. + +Habia reconocido la letra gorda, bárbara é irregular de Miguel Lopez. + +El sobre de aquella carta decia: + +«A mi muy querida esposa doña Isabel de Córdoba y de Válor.» + +Era la misma carta que Miguel Lopez habia escrito en el subterráneo por +mandato de Calpuc. + +Esta carta aterró de mil maneras á doña Isabel: ella no habia deseado la +muerte de Miguel Lopez, la habia temido y habia procurado evitarla: si +al creerla realizada se habia afligido por ella, habia sido mas bien por +la infamia que suponia en sus hermanos, que por el interés que podia +causarla aquel esposo que de una manera tal se la habia impuesto: ya +sabemos que el interés que podia tener doña Isabel por Miguel Lopez era +negativo, y en esta parte se encontraba bien con su luto y su viudez, +luto y viudez de que habia venido á sacarla con una prueba indudable +Calpuc. + +Doña Isabel se puso de pié de una manera nerviosa y miró con los ojos +lúcidos y asombrados al mejicano. + +--¡No ha muerto mi esposo! dijo. + +--No, no ha muerto aun, contestó Calpuc. + +--¡Es decir que está en peligro! repuso palideciendo la joven. + +--No por cierto; pero sino ha muerto hoy, morirá mañana. + +--No os comprendo bien ¿quereis tal vez aterrarme? + +--Yo no pretenderia jamás imponer terror á un ángel, señora. Solo os he +dicho lo que acabais de oir acerca de la vida de ese hombre, porque me +parece que es una cabeza sentenciada: sí; estoy seguro de que Miguel +Lopez morirá de mala muerte. + +--¡De mala muerte! ¿y por qué? + +--Porque es un malvado y al fin y al cabo los malvados caen heridos por +la mano de Dios. + +--¡Ah! exclamó doña Isabel; escudado con esta carta, que de una manera +tan extraña me habeis entregado, me estais haciendo oir muy duras +palabras. + +--Ese es un aumento de desgracia que os procura vuestra familia. + +--Pero, en fin, dijo doña Isabel: ¿quién ha sido causa del desgraciado +suceso acontecido á mi esposo? Los lacayos que vinieron á traernos la +triste nueva, nos dijeron que mi esposo y mis hermanos habian sido +acometidos por los monfíes de la montaña; que mi esposo habia sido +muerto y que mis hermanos habian desaparecido. + +--Es cierto que los monfíes acometieron á vuestro esposo, pero fueron +pagados para ello por vuestro hermano don Diego. + +Doña Isabel palideció aun mas y bajó la vista ante la profunda mirada de +Calpuc. + +--Vuestro esposo hubiera perecido, sin duda, continuó este á no haber +sido porque yo acudí en su socorro. + +--Os doy las gracias, quien quiera que seais, dijo toda turbada doña +Isabel. + +--¡Ah! ¡si yo hubiera conocido á Miguel Lopez, le hubiera dejado morir! +contestó con un acento lleno de misericordia Calpuc. Pero Dios lo ha +hecho de otro modo. + +--Sí, si, habeis hecho muy bien en salvarle y os repito que os estoy +profundamente agradecida. + +--Nada me agradezcais. He obrado como debe obrar un hombre temeroso de +Dios. + +--Vos no sois mendigo, segun me habeis dicho, dijo doña Isabel, fijando +profundamente sus grandes ojos de gacela en Calpuc. + +--En verdad que no, señora, pero me era preciso adoptar un disfraz +cualquiera, para acercarme á vos sin inspirar sospechas. Por lo mismo y +para no inspirarlas debemos concluir nuestra conversacion, que se va +haciendo larga. Segun recordareis, vuestro esposo os ruega me entregueis +la sortija que os dió en arras de su casamiento con vos. + +--¿Y os urge recibir esa sortija? dijo doña Isabel. + +--No, no ciertamente. Podré esperar hasta esta noche. + +--¡Esta noche! ¿y dónde creeis que podreis verme esta noche? + +--Aquí, en este mismo sitio, cuando todos esten recogidos en la casa, y +podamos hablar sin ser sentidos de nadie. + +--¡Eso es imposible! ¡yo sola, de noche, con un hombre á quien no +conozco! + +--¿Recelais de mí despues de haber leido la carta de vuestro esposo? + +--No, no desconfio. Perdonad un vago recelo en una mujer que ha sido muy +desgraciada. Me pareceis leal y consiento en recibiros. + +--¿A qué hora? + +--Despues de las ánimas. + +--Despues de las ánimas estaré en el postigo del jardin. + +--A esa hora y confiando en vuestro honor, os abriré. + +--Adios, pues, señora, y hasta la noche. + +--Hasta la noche: adios. + +Y Calpuc se separó de doña Isabel, lanzó una profunda y ansiosa mirada á +las ventanas de la casa en que vivia el capitan Sedeño, y que se veian +por cima de la tapia medianera de los dos huertos, y al verlas cerradas +exhaló un profundo suspiro. + +Despues salió por el postigo, pasando junto al lacayo Andrés, al que ni +siquiera saludó. + +--¡Oh! será necesario avisar al alcalde para que prenda á ese hombre si +vuelve á venir, murmuró el lacayo; tiene muy mala traza: por mi parte y +á no ser por la señora, yo le hubiera echado á palos. + +--Ese hombre es un desgraciado, Andrés, dijo doña Isabel, y debemos +compadecer y ayudar á los desgraciados. + +Doña Isabel se alejó y entró por el cenador, mientras Andrés murmuraba +cerrando el postigo del huerto: + +--¡Un desgraciado! quiera Dios que su venida á esta casa no nos cause +alguna desgracia. + +La escena que acabamos de referir pasó cabalmente á la hora en que +Harum, desde su casucha, hacia su atalaya matutina á los dos huertos del +capitan estropeado y de don Diego de Válor. + +--¡El cazador de la montaña! dijo al reconocer á Calpuc ¡el hombre á +quien protege el poderoso emir! ¿Por qué viene aquí ese hombre y +disfrazado de mendigo á hablar con doña Isabel de Córdoba y de Válor? +Será necesario avisar á Ab-del-Gewar. + +Pero antes, añadió, es necesario que concluyamos nuestra tarea de la +mina: por un milagro de Dios el capitan Sedeño está fuera. Xariz y +Athar, que le han seguido, me han dicho que ha tomado á caballo el +camino de la montaña. No se sale asi á la gineta sino para tardar +algunos dias. Esta es la ocasion mas propicia: pues puños y adelante. + +Y dejándose ir con la agilidad de un gato por unas escaleras perláticas, +descendió á los pisos bajos, que estaban casi llenos de montones de +tierra y escombros, que habia sacado Harum de la mina: encendió una +linterna; tomó una piqueta, y se metió por un estrecho pasaje que habia +abierto á pico. + +A trechos se veia la antigua mina árabe en toda su anchura y altura, +capaz de contener un hombre á caballo, porque la mina solo habia sido +cegada á trechos: si Harum hubiese tenido una brújula y un plano del +terreno, hubiera conocido que aquella mina en vez de prolongarse en +direccion á la casa ocupada por el capitan estropeado, se extendia hácia +la de don Diego de Válor. + +Sea como quiera, á poca distancia se detuvo Harum delante de una pared +que cerraba la mina, y dejó la linterna en el suelo. + +--Hice bien, dijo, en no seguir anoche mi trabajo cuando encontré esta +pared que sin duda comunica con la cueva de la casa del capitan; era ya +muy avanzada la noche; la caída de los escombros por esotra parte debe +producir un gran ruido y era exponerse á que se malograse mi plan. Sin +embargo, como puede suceder que sin que yo lo sepa haya en la casa +alguien que guarde á la hermosa doncella de las trenzas negras, bueno es +ir prevenidos: llevo un excelente puñal... y sobre el corazon; que no es +flojo ni asustadizo, una buena cota á prueba. Adelante pues. Cúmplase lo +que está escrito, y que el Dios Altísimo y Unico me proteja. + +Y levantando la piqueta descargó un formidable golpe sobre la pared, que +fue suficiente para que no necesitase dar el segundo: aquella pared era +un simple tabique traspasado por la humedad, que se derrumbó, +produciendo apenas, por lo reblandecido de los materiales, un ruido +sordo y opaco. + +Quedó abierto un boqueron practicable: Harum tomó la linterna, saltó +sobre los escombros, y se encontró en una mina mas ancha y enteramente +desembarazada, que se prolongaba á la derecha y á la izquierda del +boqueron donde habia entrado. + +--¡Por Satanás! dijo el monfí: me encuentro en un pasaje que conduce á +dos puntos distintos y que no tiene apariencias de estar cegado. +Meditemos. La mina por donde me he abierto paso hasta aquí está casi en +línea recta; la casa del alférez está á la izquierda: la de don Diego de +Válor á la derecha, pues señor: tomemos á la izquierda: esto no impide +que despues de reconocer el terreno tomemos á la derecha. Acaso, acaso, +descubra yo mas de lo que he creido: adelante pues. + +Y tomó con una gentil audacia la mina adelante, á la parte de la +izquierda. + +A poco que anduvo tropezó con una escalera y trepó por ella: á la altura +de cincuenta peldaños encontró una puerta, bien conservada y que parecia +estar en uso. + +Un impulso de alegría inundó el alma del monfí: pero aquel impulso no le +hizo ser imprudente. Acercó el oido á la puerta y escuchó. Nada +absolutamente se oia tras ella: permaneció escuchando algun tiempo mas, +y ningun ruido alteró el silencio: entonces acercó la luz de la linterna +á la puerta y la examinó minuciosamente. + +Era de roble, y provista de una cerradura tan fuerte, que para +violentarla hubiera sido preciso causar gran ruido. + +Harum suspiró. + +--Es preciso procurarse una llave maestra, dijo: acaso, acaso, será +prudente esperar hasta la noche; durante el dia reconoceré por fuera el +terreno. Indudablemente esa puerta me ha de llevar hasta la mujer á +quien me ha encargado que busque el emir. Ademas será prudente traer +conmigo mejores armas. + +Harum bajó de nuevo las escaleras y se aventuró en la mina; pero +abstraido en los pensamientos que le inspiraba la aventura en que se +habia empeñado, pasó junto al boqueron por donde habia penetrado en la +mina, y siguió en direccion de la casa de don Diego de Válor. + +Pero de repente Harum se detuvo: habia escuchado el rumor de dos voces, +una de hombre, otra de mujer, que hablaban sin recato y como si no +temiesen ser escuchados. Harum adelantó con precaucion, y notó que las +dos voces salian de un aposento abierto en la mina, por cuya puerta +salia, proyectándose sobre el pavimento de la mina, un rayo de luz: el +monfí adelantó aun mas y pudo percibir perfectamente lo que hablaban el +hombre y la mujer que estaban en el aposento. + +La voz del hombre hirió su oido de una manera particular, como si le +fuera muy conocida, y al fin la reconoció y exclamó con asombro: + +--¡El emir! ¡encerrado en un subterráno con una mujer! + +Harum no supo por el momento qué hacer. + +--Si, si, está ahí; pero yo no debo escucharle, ¡no! ¡el siervo no debe +descubrir los secretos del señor! ¡seria hacerle traicion! ¡pues bien! +¡me ocultaré, observaré cuando salga esa mujer! y entonces... ¡oh! +entonces me presentaré á él y le diré: señor, ¡vuestro padre os busca +desesperado! ¡si estais cautivo, yo os traigo la libertad! ¡si estais +libre, volved un momento, señor, junto á vuestro padre, junto á vuestros +leales monfíes...! despues... despues tiempo os quedará para el amor. + +Tomada esta leal resolucion, Harum se volvió atrás, buscó el boqueron, +le encontró, se sentó sobre los escombros y apagó la linterna, para que +no pudiese denunciarle su luz. + + + + +CAPITULO XI. + + Hasta donde habia llegado doña Elvira, arrastrada por su amor á + Yaye. + + +Harum obraba sin duda hidalgamente y como convenia á un buen vasallo, en +no escuchar lo que su señor hablase; pero el autor comprende que no +estan en el mismo caso sus lectores, y va á introducirlos en aquel +aposento vedado para Harum. + +Aquel aposento era el mismo donde don Diego de Válor y su mujer doña +Elvira de Céspedes, habian ocultado á Yaye, á causa del accidente que le +habia producido la noticia del casamiento de doña Isabel. + +Desde aquel momento al en que le presentamos de nuevo á nuestros +lectores, habia pasado, como hemos dicho, un mes. + +Yaye estaba completamente restablecido y se paseaba lentamente por la +estancia. + +Doña Elvira estaba sentada en un sillon, contemplando con ansiedad al +jóven, que estaba hermosísimo. + +--¿Con que esa es vuestra postrera resolucion? dijo doña Elvira. + +--Mi resolucion decidida, contestó el jóven con acento severo. + +Por algunos momentos doña Elvira, á quien pareció contrariar la +respuesta de Yaye, guardó silencio, impaciente é irritada. + +--¿No os he dado bastantes pruebas de mi amor, dijo al fin con altivez, +para que consintais en lo que deseo, en lo que ansío... en lo que debia +llenaros de orgullo, porque lo que yo ansío, lo que yo deseo, es ser +vuestra, enteramente vuestra? + +--¿Y no lo sois, señora? dijo dominándose Yaye, y procurando dar á su +acento la dulzura del amor, ¿no soy yo vuestro? + +--Si, aquí, entre el mas profundo misterio, en las entrañas de la +tierra; cuando nadie mas que yo está á vuestro lado, cuando á nadie veis +mas que á mi. Vos no me amais, Yaye... vos al decirme amores habeis +mentido... si, habeis mentido... vos no amais mas que á vuestra +ambicion... y despues de vuestra ambicion á mi cuñada doña Isabel, á +pesar de que mi cuñada se casó con otro sabiendo que vos la amábais. + +Yaye hizo un movimiento como para contestar, pero guardó silencio. + +--Si, ella sabia que vos la amábais, y os pospuso á un hombre feroz, +brutal, casi á un bandido... en cambio yo... yo os amo desde que os vi: +cuando por una sucesion de circunstancias extrañas os tuve en mi poder, +cuando yo sola podia veros, yo sola podia hablaros, mi alma se abrió á +la esperanza y á la felicidad... despues vos habeis sabido engañarme, +enloquecerme... me habeis hecho la mas feliz de las mujeres... ¡oh! ¡si! +porque no hay en el mundo una felicidad semejante á la que vos me habeis +hecho probar... ¡pero despues...! + +El jóven se acercó á doña Elvira y la asió una mano. + +--Escuchad, señora, la dijo: mi corazon os pertenece... es verdad que yo +amaba á vuestra cuñada, ó que creia amarla... + +--¡Que creiais amarla! exclamó con ansiedad doña Elvira. + +--Si, que crei amarla, porque mi afecto hácia ella mas que amor era +empeño, un empeño como yo los concibo: tenaces, terribles, +voluntariosos... la noticia de su casamiento causó en mí un efecto +inesplicable... porque mi empeño se desvanecia, caia vencido ante el +empeño de una mujer... no recuerdo lo que me aconteció... solo recuerdo +que desperté un dia de un profundo letargo, calenturiento, dolorido, +cansado en el cuerpo y en el alma... miré en torno mio y os vi +anhelante, con las manos cruzadas, mirándome de una manera tal, que aun +no he podido olvidar aquella mirada, hermosa y dulce como la de un +ángel... yo no os conocia... vos tampoco me dijísteis quien érais... yo +no os lo habia preguntado, porque no tenia voluntad mas que para +miraros, ni corazon mas que para sentir vuestra hermosura y vuestra +misericordia: pasábais junto á mi largas horas reclinada sobre mi lecho, +mis manos en vuestras manos, mi mirada en vuestra mirada, confundiéndose +nuestros alientos: llegó un punto en que... nos confundimos en uno; nos +unimos, fuimos un solo ser que sentia una misma felicidad, que se +embriagaba en sí mismo: yo os crei mi ángel, mi espíritu estaba aun +perturbado... nada recordaba... habia vuelto á la vida... á una vida +vigorosa, á una vida nueva... para mí este aposento, donde jamás entra +la luz del dia, era un eden y era un eden por vos. Vos lo sabeis, +señora: no podeis dudarlo: yo enloquecia bajo vuestras miradas, yo +desfallecia de amor con vuestras caricias... ¿ha podido jamás un hombre +pertenecer de una manera mas completa á una mujer? + +--¡Ha sido un sueño! ¡un hermoso sueño! dijo doña Elvira, cuyos ojos se +arrasaron de lágrimas, ¡un sueño que no se ha desvanecido sino +haciéndome pedazos el corazon! + +--¿Por qué me despertásteis? ¿por qué avivásteis mi memoria que la +enfermedad habia entorpecido? ¿Por qué me dijísteis: tú eres +Yaye-ebn-Al-Hhamar, emir de los monfíes de las Alpujarras? + +--¡Ah! ¡la ambicion ha matado en vos al amor! + +--No por cierto: el emir, el poderoso emir de los creyentes que luchan +en las montañas de las Alpujarras por el Islam, os hubiera asido de la +mano, os hubiera presentado á los suyos y les hubiese dicho: hé aquí mi +esposa; hé aquí vuestra señora; pero vos no os detuvísteis en vuestras +revelaciones: me dijísteis: yo soy casada, lo que equivalia á decirme: +somos adúlteros. + +--¡Ah! exclamó doña Elvira. + +--Y no bastaba esto: me dijísteis soy esposa de don Diego de Córdoba y +de Válor, lo que equivalia á decirme: somos infames, porque don Diego de +Córdoba es pariente mio por parte de mi madre, como que mi madre era +hermana del padre de don Diego. + +--¿Y qué importan todos los parentescos, todos los vínculos, cuando se +ama como yo os amo? + +--Doña Elvira el crímen siempre es el crímen, y no es puro el placer en +el fondo de cuya copa se encuentra el remordimiento: yo soy inocente: el +Altísimo lo sabe: acababa de salir de una enfermedad terrible cuando os +vi á mi lado; me encontraba en una situacion extraña; yo os creia una +hurí enviada por Dios para consolarme, porque yo no os conocia: lo que +ha sucedido entre nosotros ha sido fatal; pero en el momento en que he +conocido que nuestros amores ofendian á Dios y á los hombres, me he +detenido, he vuelto atrás en la senda de la perdicion en que habia +entrado sin saberlo... + +--¡Porque no me amais! ¡porque os habeis burlado de mí! exclamó con +violencia doña Elvira. + +--No os amo porque no debo amaros, señora; no os amo, porque perteneceis +á otro hombre; porque me habeis engañado... + +--¡Porque amais á mi cuñada doña Isabel! + +--Para que yo no ame á doña Isabel basta el que sea como vos una mujer +casada. + +--¡Oh! si en vez de ser yo quien soy, fuera doña Isabel, no reparariais +tanto en ofender á Dios y á los hombres, exclamó con despecho doña +Elvira... y luego... ¡si doña Isabel fuese viuda... viuda y... +vírgen...! + +Yaye, á pesar del dominio que tenia sobre sí mismo, palideció de una +manera marcada. + +--¡Oh! ¡si! ¡la amais! ¡la amais! exclamó con rabia doña Elvira, notando +la conmocion de Yaye, la amais y me despreciais por ella... ¡pues bien! +¡sabedlo...! ¡os lo voy á revelar todo...! apenas Miguel Lopez habia +entrado en nuestra casa de vuelta de la ceremonia... mi esposo, no sé +por qué, le llevó consigo, sin darle ni aun tiempo de despedirse de doña +Isabel: Miguel Lopez, mi esposo, mi cuñado don Fernando y cuatro +lacayos, partieron para las Alpujarras: al dia siguiente volvieron los +lacayos trayendo la noticia de que Miguel Lopez habia sido asesinado por +los monfíes y que mi esposo y mi cuñado habian desaparecido. + +--¡Asesinado Miguel Lopez por los monfíes! exclamó Yaye, en cuya +imaginacion surgió una sospecha: ¿y se ha confirmado esa muerte? + +--Mi cuñada, vuestra hermosa doña Isabel, lleva luto por ella... ¡y está +tan hermosa con su luto...! + +--¡Asesinado Miguel Lopez por los monfíes! repitió profundamente Yaye. + +--¡Oh! ¡ya se ve! existia un antiguo contrato entre vuestro padre y el +padre de mi esposo; segun él, vos y doña Isabel debiais uniros para +salvar ciertos intereses encontrados: no sé por qué, obligado acaso por +la fatalidad, mi esposo entregó su hermana á Miguel Lopez... pero +llegásteis vos... os encerrásteis con mi esposo... yo escuché vuestra +conversación... y Miguel Lopez fue sentenciado... + +--Os juro que yo no he tenido parte alguna, ni aun con la voluntad, en +ese asesinato. + +--Si, si: bien sé que el único autor de ese delito es don Diego de +Córdoba, mi esposo, pero sé tambien que su delito es inútil, porque no +os casareis con doña Isabel, os lo juro. + +--Ya os he dicho, continuó dominándose Yaye, que en el momento en que +doña Isabel ha pertenecido á otro hombre he dejado de amarla. + +--Es que doña Isabel no ha pertenecido á nadie, exclamó con una +malignidad indescribible doña Elvira, ni aun á su hermoso Yaye, á quien +ama con toda su alma... me habeis llamado adúltera porque el amor me ha +arrojado en vuestros brazos: ¿y creeis que no seria tambien adúltera +doña Isabel, vuestra virtuosa doña Isabel, si vos la hacias oir una sola +palabra de desesperacion..? ¡oh! ¡las mujeres cuando amamos no reparamos +en nada...! ¡el amor ha sido creado por Dios para que le sienta única y +exclusivamente la mujer! + +Yaye se contenia visiblemente: notábase, á pesar de su profunda reserva, +no solo que no amaba á doña Elvira, sino que le inspiraba aversion. + +Doña Elvira aspiraba perfectamente el sentimiento que se filtraba, por +decirlo asi, del semblante del jóven, le comprendia y se irritaba. + +--Mi casamiento, dijo fue el resultado de una apuesta, y he sido muy +desgraciada: yo amaba á mi esposo y á fuerza de humillaciones he llegado +á aborrecerle: yo debia vengarme de él tarde ó temprano; pero no he sido +una mujer impura que se prostituye solamente por venganza: era necesario +que mi corazon al vengarse aspirase otro amor... os ví... os amé, os he +amado largo tiempo en silencio... y al fin... por casualidad, mi mismo +esposo os puso en mis manos: he velado junto á vos anhelante, viendoos +entre la muerte y la vida y despues de haberos salvado me he creido +amada y vengada de las injurias que como mujer debia á mi esposo... vos +me despreciais ahora Yaye... pues bien yo me vengaré... os juro que +sereis mi esclavo, que no volvereis á ver la luz del sol. + +--La pasion, una pasion que no comprendo bien os extravía, señora, dijo +Yaye con una profunda calma: vos no teneis ningun derecho para privar á +un hombre de su libertad. + +--Si, si, es verdad: yo debo dejaros libre para que corrais á arrojaros +á los piés de doña Isabel, para que podais decirla, ¡eres viuda...! ¡sé +mi esposa...! ¡y yo entre tanto... deshonrada...! ¡perdida...! ¿que +creeis que seria de mí si durante una larga ausencia de mi esposo diese +á luz un hijo? + +Yaye se estremeció. + +--Y estoy segura... ¡oh! ¡si! ¡os amo tanto! ¡he sido tan feliz! ¡oh +Dios mio! ¡Dios mio! al menos aunque él me desprecie... si me queda una +prenda de su amor, seré feliz... muy feliz... y esa felicidad... de +seguro me la ha concedido Dios. + +--Dios no querrá que vuestra insensata pasion os haya llevado á tal +punto señora. Dios no querrá que tengais un doble remordimiento... por +el esposo y por el hijo: en cuanto á mí soy inocente, bien lo sabeis; si +fuerais libre os haria mi esposa, os lo repito os lo juro. + +--¿Me haríais vuestra esposa si yo fuese libre? observó acentuando cada +una de estas palabras doña Elvira. + +--Cuidad lo que haceis, señora, dijo Yaye. + +--¡Qué! dijo doña Elvira con sarcasmo; ¿creeis que yo seria capaz de +matar á mi marido por ser vuestra? + +--Os lo confieso, aunque me cuesta violencia el confesároslo: os creo +capaz de todo. + +--Pues bien, dijo con una calma glacial doña Elvira: esperadlo todo de +mí. Todo, hasta la venganza. + +--Habeis elegido muy mal camino, señora, dijo Yaye con acento frio: ya +os lo he dicho antes de ahora: sois impotente contra mí: os he suplicado +que me pongais en libertad, que me dejeis volver entre los mios, y os +habeis negado á ello á pretexto de que no volveria á veros. En efecto, +una vez fuera de esta prision en que la casualidad me ha arrojado, no +volveriais á verme sino por otra casualidad..... porque el deber me +manda apartarme de vos. Jamás hubiera yo incurrido en el crímen que +hemos consumado, sino en un estado casi de insensatez, en un estado en +el cual no pertenecen al hombre sus acciones. + +--¡Es decir, que teneis remordimiento de haberme poseido! exclamó con +una soberana altivez doña Elvira. + +--Sí, respondió con firmeza Yaye, hasta el punto que puedo tenerlos, +porque os lo repito, mis actos, acabado de salir de una enfermedad +terrible que habia afectado mi razon, no son mios: son los actos de un +insensato..... pero no insistiendo mas en esto os intimo por última vez +para que me dejeis en libertad de ir á donde me convenga, puesto que +ningun derecho teneis para retenerme á vuestro lado. + +--¡Jamás! exclamó doña Elvira. + +--Pues bien, señora, dijo Yaye adelantando hácia doña Elvira, que +retrocedió hácia la puerta; por mas que me cause repugnancia el ejercer +con vos una violencia, hareme yo mismo libre, sobrevenga el escándalo +que quiera. + +Y adelantó aun mas hácia doña Elvira. + +--¡Ah! ¡no!... exclamó esta: vos sereis caballero... vos no querreis +emplear la fuerza contra una dama. + +Yaye se detuvo á esta invocacion á su honor. + +--Solo os suplico, dijo doña Elvira que mediteis en mi amor, en mi +desesperacion: ¡sino os volviera á ver..! ¡qué! ¿tanto os costaria, sino +podeis ser mi amante, ser mi amigo? + +--¿Me jurais, señora, sacarme de aquí? + +--Os lo juro. + +--Pues bien: cumplid vuestro juramento. + +En aquel punto doña Elvira que gradualmente se habia acercado á la +puerta, la ganó de un salto, y antes de que Yaye pudiera evitarlo la +cerró, corriendo los cerrojos. + +--Sí, sí, dijo doña Elvira desde detrás de la puerta: tú saldrás de aquí +Yaye, pero muerto de hambre, ó entregado enteramente á mi: yo te lo +juro. + +Y se alejó lanzando una insensata carcajada que retumbó en la mina. + +Luego se escucharon por algun tiempo sus pasos precipitados; despues +todo quedó envuelto en el mas profundo silencio. + + + + +CAPITULO XII. + +De cómo Dios premió la constancia de Yaye. + + +Yaye quedó mudo de asombro y de cólera en el centro de la estancia. + +Las últimas palabras de doña Elvira tenian una muy fácil explicacion. + +«Tú saldrás de aquí muerto de hambre ó entregado enteramente á mí.» + +Esto queria decir que doña Elvira pensaba valerse de algun brebaje para +aletargar al jóven y conducirle á un lugar mas seguro; brebaje que solo +podria evitar Yaye sentenciándose á morir. Era aquel el último límite á +donde podria llegar el empeño de una mujer. + +Yaye conoció que doña Elvira le tenia enteramente en su poder: la +habitacion en que se encontraba, aunque ricamente alhajada, y cubierta +de tapices, por lo reducido de su extension, por lo deprimido de su +bóveda, por lo fuerte de su puerta, en que se veia un ventanillo, +indicaba haber sido en otro tiempo destinada para encierro. Por aquel +ventanillo podia doña Elvira introducirle alimentos preparados para +producirle un estado de letargo, sin que Yaye pudiese usar de la menor +violencia con ella. Yaye, pues, sacudió con fuerza la puerta; pero esta +era muy fuerte, encajaba perfectamente y nada consiguió: metió el brazo +por el ventanillo, y probó si alcanzaba á los cerrojos: esto tambien era +inútil: los cerrojos estaban fuera del alcance de su brazo: su espada y +su daga, cuyos gavilanes acaso le hubieran servido para alcanzar á los +cerrojos, habian desaparecido: Yaye comprendió que si esperaba mucho +tiempo, doña Elvira comprendería que los cerrojos no bastaban para +asegurar á su prisionero, y buscaria otros medios de seguridad. + +Era necesario encontrar una manera de descorrer aquellos cerrojos, y +franquear cuanto antes aquella puerta. Una vez fuera, Yaye pensaba +ocultarse en la oscuridad en la mina, y sorprender á doña Elvira cuando +volviese. + +Pero no se le ocurrió medio en lo humano: comprendió que estaba +seriamente preso, y á merced del fatal amor de doña Elvira. + +La única esperanza que le quedaba era que sobreviniese en aquellos +momentos don Diego de Córdoba y de Válor. + +¿Pero quién sabia lo que habia sido de don Diego? + +Empezaba Yaye á desesperarse, cuando oyó en la mina unos pasos marcados +de hombre: era la primera vez, despues que habia vuelto á la razon en +aquel calabozo, que oia tales pisadas: supuso que doña Elvira le +enviaria algun hombre pagado para intimidarle, y esto le irritó. Los +pasos se acercaban y al fin se detuvieron junto á la puerta. + +Yaye escuchó en silencio: el que se habia detenido junto á la puerta +nada dijo durante algunos segundos. + +Al fin se escucharon estas palabras pronunciadas por una voz contenida: + +--¿Estais solo, señor? + +--¿Qué es eso? ¿Quién me llama señor? dijo Yaye acercandose al +ventanillo de la puerta. + +--Soy yo, señor; vuestro fiel escudero; el walí Harum-el-Geniz. + +--¡Oh! ¡me he salvado! exclamó Yaye; mira si puedes descorrer los +cerrojos, mi buen Harum. + +--¡Oh! ¡sí, poderoso señor! he aquí la puerta de par en par. + +En efecto, la puerta se abrió. + +--¿Quién te ha traido aquí Harum? ¿por dónde has entrado? le preguntó +Yaye. + +--Me ha traido un mandato de vuestro noble padre; en cuanto al lugar por +donde he entrado, venid señor y lo vereis. + +Harum á quien las circunstancias hacian mas entrometido con el jóven +emir que lo que lo hubiese sido en otra ocasion, tomó la bujía que ardia +sobre la mesa y salió seguido de Yaye. + +Al llegar al boqueron se detuvo, y le mostró al jóven. + +--Hé aquí por donde he entrado, señor. Por esa mina adelante, pronto muy +pronto, vuestra grandeza verá la luz del sol. + +Y siguió por la mina precediendo al jóven emir. + +Cuando este se encontró en las habitaciones superiores, cuando vió el +cielo, las nubes, el sol, los árboles, la Alhambra, á lo lejos la alta +cumbre de la Sierra-Nevada, en lontananza y á los pies de la sierra la +extendida vega con sus lejanas montañas azules, respiró como quien se +siente aliviado de un peso enorme. + +--¿De qué manera quieres que te recompense el emir? exclamó con alegría +volviéndose á Harum. + +--¡Ah, señor! dijo el monfí; me basta con ser vuestro secretario de +confianza en la paz; vuestro escudero en la guerra: á vuestro lado +siempre, porque teneis enemigos, señor; todos los reyes los tienen y mi +única ambicion es serviros de escudo. + +--Aunque me has servido algun tiempo no recuerdo de qué tribu eres, dijo +con la gravedad de un rey Yaye. + +--De la tribu Zeneta, señor, contestó con orgullo Harum. + +--Vienes, pues, de una raza bastante esclarecida, walí, para que puedas +estar continuamente á mi lado, dormir á los piés de mi lecho, y llevar +tu caballo tras el mio en el combate. Te concedo lo que me has pedido. + +--¡Ah! ¡señor! ¡magnífico señor! exclamó Harum arrojándose á los piés de +Yaye. + +--Alza y escucha: ¿cuántos dias han pasado desde aquel en que yo llegué +á Granada? + +--¿Quereis decir, señor, desde el dia en que me mandásteis que siguiese +sin perder de vista á la hermosa morena de los ojos de luz? + +--¡Ah! ¡la princesa mejicana! exclamó perturbado bajo aquel recuerdo +Yaye. + +--Pues ha pasado un mes, cabalmente desde aquel dia, señor. + +--¡Cuántas variaciones en un mes en la vida de un hombre! exclamó el +jóven emir. Y se quedó profundamente pensativo. + +--Perdonadme, señor, dijo Harum, si os advierto, que estando en estos +corredores nos pueden ver desde las ventanas y desde el jardin de la +próxima casa de don Diego de Córdoba y de Válor. + +--¡Ah! ¡es esa la casa de don Diego de Córdoba! dijo Yaye mirando al +frente: pero de improviso se puso pálido y lanzó una exclamacion desde +el fondo de su alma. + +--¡Ah! ¡doña Isabel! + +En efecto, la jóven habia atravesado lentamente y con su severo traje de +luto, un corredor de la casa vecina y habia desaparecido. + +--¿Vive doña Isabel en la casa de su hermano don Diego? dijo con voz +apagada por la conmocion Yaye. + +--Si señor, todos los dias por la mañana la veo sentada en aquel banco +de piedra que hay al pié de aquella enramada de jazmines. Pero +retirémonos de aquí si os place, señor, y si quereis observar la casa de +don Diego, yo os llevaré á un lugar desde donde podais ver sin ser +visto. + +Yaye conoció que la observacion de Harum era prudente, y le siguió á un +aposento cercano en el que habia una ventana con celosía y desde donde +se descubria lo mismo que desde el corredor, las dos casas y los dos +huertos del capitan estropeado y de don Diego de Válor. + +--¿Acostumbra doña Isabel á dejarse ver? preguntó Yaye. + +--Solo por la mañana, señor, y en el lugar que os he marcado. + +--¿Has hablado alguna vez con ella? + +--Nada me habiais encargado acerca de doña Isabel, señor. + +--Es verdad. Y dime: ¿que ha sido de Miguel Lopez? + +--Se le cree muerto. + +--¿Se sabe quién ha mandado su muerte? + +--Creese que sea cosa de don Diego de Válor. + +--¡Infame! murmuró Yaye: pero... me han dicho que ha muerto á manos de +unos monfíes. + +--Es verdad: segun me ha dicho Dalhy que ha ido dos ó tres veces á la +montaña durante este mes, don Diego sobornó á Reduan, que vivia como +ventero junto á Orgiba y á otros seis: vuestro poderoso y justiciero +padre, señor, mandó ahorcar al dia siguiente á Reduan, y á los otros +seis, en la encina muerta de la Rambla de los Gamos. + +--¿De modo que en esta muerte nada ha tenido que ver la justicia de mi +padre? + +--Ha sido un asesinato y nada mas. + +--¿Y qué se han hecho don Diego y don Fernando de Válor? + +--Los tiene presos vuestro padre hasta que vos parezcais. + +--¿Y mi buen ayo Ab-del-Gewar? + +--Está inconsolable por vuestra pérdida y nos hace revolver la tierra á +mí y á los veinte monfíes que tengo á mis órdenes. + +--Pues hasta que yo te lo mande, es necesario que á nadie digais que he +parecido. + +--Muy bien, señor. + +--A nadie, ¿lo entiendes? + +--Si señor. + +--Además, es necesario que procures introducirte con la servidumbre de +don Diego de Válor, á fin de que yo pueda hablar con doña Isabel. + +--Las tapias son fáciles de escalar, señor... y yo mismo... + +--Componte como puedas, pero no cometas ninguna imprudencia. + +--¡Oh! en cuanto á imprudencias seria la primera que cometiese: por no +ser imprudente no puedo daros ya noticias positivas acerca de la dama +morena que me mandásteis seguir. + +--¡Cómo! ¿sabes donde para? + +--Muy cerca de nosotros, ahí, en esa otra casa cuyo huerto linda con el +de don Diego y cuyas celosías estan tan cerradas. + +--¿Y no has tenido medio de amparar á esa desdichada? + +--Tengo medio de penetrar hasta su habitacion; pero necesitaba proveerme +de cierta herramienta. + +--¡Ah! ¡forzar puertas! dijo con repugnancia Yaye: ¡exponerse á pasar +por un ladron! + +--La puerta que yo forzaré es tan reservada, como que da á un extremo de +la mina donde está la habitacion en que os han tenido cautivo. + +--Pues bien, cuanto antes liberta á esas desdichadas mujeres, pónlas +bajo el amparo de la justicia, devuelve á la jóven la joya y... + +--¿Y por qué no habeis de hacer vos todo eso señor? sino me engaño +paréceme haberos oido decir que esa dama es una princesa. + +Meditó un tanto Yaye. + +--Bien, dijo: tiempo sobrado tendremos de pensar en ello. Por ahora +búscame una casa segura donde pueda vivir sin ser notado: despues trae +una litera cerrada dentro de la cual me trasladaré á mi nueva vivienda, +y sobre todo, Harum, un profundo secreto. + +El monfí despues de haber recibido algunas otras instrucciones de Yaye, +salió de la casa murmurando, mientras se alejaba á buen paso: + +--El emir es mi señor único y absoluto desde que el noble Yuzuf renunció +en él su poder y su corona. El, solo él, Muley-Yaye-ebn-Al-Hhamar, es +nuestro señor, á quien debemos obedecer ciegamente, so pena de traicion. +¿Pero qué pensará hacer el emir? + +Dos horas despues salia una litera cerrada del casuco que habitaba +Harum: aquella litera entró poco despues en una linda casita de la calle +de las Tres Estrellas en el Albaicin. + + + + +CAPITULO XIII. + +De cómo la caridad era una virtud peligrosísima para el poderoso emir de +los monfíes Muley-Yaye-ebn-Al-Hhamar. + + +Llegó la noche, y por cierto, lóbrega y tempestuosa. + +Poco despues del oscurecer algunos hombres, como en número de doce, +envueltos en largas capas, se extendieron por las calles de San Gregorio +el alto y sus circunvecinas y se ocultaron en los dinteles de las +puertas. + +Al poco tiempo otros dos hombres, embozados tambien hasta los ojos, +llegaron á la puerta de la casucha habitada por Harum, y uno de ellos +abrió la puerta: el que le seguia entró. + +El que habia abierto la puerta lanzó un silbido prolongado, entró y +cerró. + +Poco despues un embozado, llegó á la puerta y llamó: abriéronle y un +hombre que tenia una linterna en la mano, le introdujo en una habitacion +del piso bajo. Sucesivamente llamaron y entraron otros cinco hombres. + +Cuando estuvieron todos dentro, el hombre que les habia abierto les +dijo: + +--Seguidme. + +Aquel hombre era Harum. + +Los seis hombres que habian entrado y estaban desembozados, mostraban +los semblantes mas angulares y fatídicos del mundo, bajo las anchas alas +de sus sombreros gachos, y las espadas de mas voluminosa empuñadura y +mas largos y torcidos gavilanes que podian darse, pendientes de los +talabartes: ademas, cada uno de estos hombres, llevaba sujetos á la +cintura una daga buida, y dos largos pedreñales ó pistolas. + +Aquellos seis hombres eran monfíes escogidos entre lo mas duro y +valiente de todas las taifas de monfíes de las Alpujarras. + +Aquellos seis hombres siguieron á Harum, que los llevó en derechura á la +mina que ponia en comunicacion la casa ocupada por el capitan +estropeado, con el palacio de don Diego de Válor. + +Cuando estuvieron allí, Harum los extendió por la mina y les dió la +consigna siguiente: + +--Las dagas en las manos. Si sobrevienen gentes por cualquiera de los +dos extremos, se las detiene, y se avisa con un silbido. Si oponen +resistencia, obrad como quienes sois. Atencion y silencio. + +Volvió á salir por el boqueron, y poco despues apareció con un hombre +enteramente encubierto, y tomó la direccion de la escalera que conducia +á la casa del capitan. + +--Espera, le dijo el hombre que le seguia: ¿se va por aquí al aposento +donde he estado preso? + +--No señor, contestó Harum, se va por la parte opuesta. + +--Pues llévame allá: tengo curiosidad de saber lo que allí puede haber +sucedido. + +Harum se volvió y condujo á Yaye al lugar indicado. + +Al entrar en él notó el jóven que algunos objetos que antes estuvieron +sobre la mesa, estaban rotos y esparcidos por el suelo; levantadas las +ropas del lecho, como si alguien hubiese buscado algo bajo él y los +sillones tirados por el suelo. + +Yaye lo comprendió todo; aquellos eran los vestigios del furor impotente +de doña Elvira al verse burlada. + +--¡Ah! ¡ya lo sospechaba yo! dijo con acento sentido el jóven, porque +sin saber por qué, le lastimaba la desesperacion de doña Elvira. + +Yaye en su foro interno atribuyó aquel sentimiento á caridad. + +Salió de aquella especie de calabozo, y pasó, perfectamente cubierto el +rostro con un antifaz, por delante de los seis monfíes, que inmóviles y +silenciosos como estátuas, estaban apoyados de espaldas contra la pared +á lo largo de la mina. + +Treparon por las escaleras que subian hasta la puerta, delante de la +cual, por falta de una llave maestra, se habia detenido aquella mañana +Harum. + +No sucedió entonces lo mismo: el walí, transformándose en ladron, sacó +un instrumento de hierro de entre su talabarte, lo introdujo en la +cerradura, y sin causar ningun ruido y con gran facilidad, descorrió el +fiador, que era de resorte: entonces la puerta giró sobre sí misma sin +ruido, y pudo notarse que por la parte de delante, era una verdadera +puerta secreta disimulada en la tapicería. + +El lugar en que habian desembocado Yaye y Harum era una cámara extensa y +sombría, cuyos tapices representaban asuntos de la historia antigua: +aquellas gigantescas figuras de fuerte colorido, parecian fantasmas, +destacándose débilmente sobre el fondo oscuro, y la alta ensambladura de +pino, ennegrecido por el tiempo, acabada de dar á la cámara en aquella +situacion y á aquella luz un tinte sombrío. + +Los muebles que la alhajaban eran ricos, pero antiguos, y en un ángulo +se veia un voluminoso lecho de nogal tallado, intacto, con las cortinas +de damasco rojo entreabiertas. Junto á un armario cerrado habia un arnés +de guerra limpio y sencillo, y acá y allá, en las paredes, sobre los +tapices, algunas excelentes armas, tales como espadas, arcabuces y +pistolas. + +--Este debe ser el dormitorio del capitan Alvaro de Sedeño, dijo Harum +en voz baja á Yaye, y es por cierto para él una fortuna el estar +ausente; de otro modo nos hubiera sido preciso estropearle mas. Pero +aquí hay tres puertas: esta casa es demasiado grande y yo no la conozco; +pues bien, adelantemos á la ventura. + +Y se dirigió á una puerta pequeña situada á los piés del lecho, que +estaba cerrada, y que abrió Harum valiéndose de la llave maestra. + +A juzgar por la facilidad con que Harum manejaba aquel instrumento, +cualquiera le hubiese tomado por un ladron de oficio. + +Una vez franqueada aquella puerta, nuestros dos exploradores se +encontraron en un corredor estrecho, de techo bajo y paredes +blanqueadas: siguieron adelante, pero al llegar á la parte media del +corredor, les detuvo un gemido de dolor. + +--¡Misericordia de Dios! dijo Yaye profundamente afectado; mucho me +engaño si ese no es el gemido de un moribundo. + +--Y si el moribundo no es una mujer, dijo Harum juzgando por otro +segundo gemido. + +Apenas habia pronunciado el monfí estas palabras, cuando se oyó una voz +timbrada por el dolor, pero juvenil y sonora, que exclamó: + +--¡Ah! ¡madre mia! ¡pobre madre mia! + +Yaye hizo á Harum una indicacion de que no se moviese, y él solo +adelantó hácia una puerta entreabierta, situada en el fondo del +corredor. + +Yaye miró al interior; la sangre retrocedió de sus extremidades á su +corazon, y permaneció inmóvil, mirando y escuchando con toda su alma y +sin atreverse á pasar adelante. + +¿Qué era lo que habia visto Yaye que asi le interesaba y asi le +conmovia? + +Vamos á presentarlo á continuacion á nuestros lectores. + +Era una cámara tan sombría y extensa como la primera por donde habian +pasado Yaye y Harum. + +Una lámpara puesta sobre una mesa de mármol, bajo un gigantesco espejo +de acero, iluminaba debilmente aquel gran espacio, alcanzando apenas á +dejar ver de una manera informe las figuras gigantescas de la tapicería. +Una chimenea de mármol, enorme, sostenida por cariátides y con +ornamentacion del gusto del renacimiento, se veia al fondo limpia y +desprovista de fuego en razon á la estacion, lo que daba á la cámara +algo de frio y de extraño: á un lado habia un lecho enorme, semejante al +que hemos descrito anteriormente; pero aquel lecho no estaba abandonado; +por el contrario, en él estaba una enferma. + +Arrojada sobre el lecho, asiendo las manos de la enferma, y llorando y +besándola alternativamente, habia una jóven vestida de blanco de +extraordinaria esbeltez. + +Al frente de este lecho y cabalmente enfilando la cabecera, estaba la +pequeña puerta tras la cual escuchaba Yaye. + +Ultimamente habia una gran puerta de entrada y otros dos balcones; pero +quien se hubiese acercado á ellos hubiera notado que estaban aseguradas +sus maderas con barras de hierro fuertemente clavadas en los marcos, lo +que demostraba que aquellos balcones no se abrian. + +Por lo tanto las moradoras de aquella habitacion estaban condenadas á +alumbrarse continuamente con luz artificial. + +Todo en aquella cámara tenia los visos de una prision, y de una prision +donde se guardaban dolores agudos. + +La enferma era efectivamente una moribunda; pero á pesar del estado de +demacracion en que la habia constituido la tisis, esa terrible +enfermedad que no abandona la presa hasta que la deseca para la tumba, +notábase que aquella dama, porque dama era, no habia llegado aun á la +vejez: apenas contaria cuarenta años, á pesar de lo cual estaba tan +gastada, tan abatida como una anciana de ochenta; las formas de esta +mujer, aunque excesivamente descarnadas, constituian por su estructura +una gran hermosura, pero una hermosura pasada, empalidecida por los +sufrimientos y por la enfermedad: la blancura de este semblante era +extremada, como extremado era el negro color de sus ojos, de sus cejas y +de sus cabellos. + +Una tos seca, penosa, terrible, tos que agotaba las fuerzas y el +sufrimiento de la enferma, se dejaba escuchar sin interrupcion; sus ojos +tenian un brillo fosforente, el brillo de la fiebre, y estaban +notablemente hundidos; la jóven lloraba de una manera silenciosa, +desesperada, y de tiempo en tiempo se levantaba, iba á un velador, +tomaba una taza de plata y daba de beber á la enferma. + +Llegó un punto en que la enferma tuvo un acceso horrible de tos, á la +que sobrevino un vómito de sangre: la jóven lanzó un grito de terror y +se avanzó á la puerta, que golpeó de una manera desesperada pidiendo á +gritos socorro. + +--¡Estrella! ¡Estrella! ¡hija mia! exclamó esforzándose la enferma; esto +ha pasado... yo creo que dentro de poco, de muy poco tiempo, esto habrá +pasado de todo punto. + +--¡Ah, madre mia! exclamó volviéndose la jóven, pálida como un cadáver y +haciendo retroceder á Yaye que, impulsado por su caridad, habia dado un +paso hacia el interior. + +Afortunadamente ninguna de las dos mujeres, dominadas por la situacion, +le vió. + +Estrella, pues asi hemos oido llamar á la jóven por su madre, volvió al +lado de esta como impulsada por un poder superior. + +--Siéntate á mi lado, dijo con acento solemne la enferma. + +Estrella, dominada por el mandato de su madre se sentó en un sillon al +lado del lecho. + +--Es necesario que tengas valor, hija mia, dijo la enferma: Dios me dice +que dentro de muy poco voy á ser libre, que vamos á separarnos. + +Estrella rompió á llorar en silencio, y se cubrió el rostro con las +manos. + +--Pero yo no quiero que murais, no, exclamó levantándose en un +movimiento nervioso, que revelaba una fuerza de voluntad á toda prueba: +no, no quiero que murais y no morireis. + +--Nadie se opone á la voluntad de Dios: por lo mismo y como necesito +hacerte graves revelaciones, como me queda poco tiempo de vida, es +inútil que ninguno de los infames criados de ese hombre venga á +interrumpirnos para traernos un socorro que seria inútil. No llores, +esto debias haberlo previsto hace mucho tiempo. + +Hubo un momento de solemne silencio. + +--He sido muy desgraciada, hija mia, continuó la enferma, y mi mayor +desgracia es el dolor que llevo á la tumba, de dejarte sola, abandonada, +en poder de ese infame. + +--Sin duda, Dios, madre mia, dijo Estrella, ha castigado en nosotras +algun gran crímen de nuestra familia. + +--Sí, Dios castiga á los opresores con la opresion de sus propios hijos. +Altivas, soberbias, poderosas, hemos venido á acabar en esclavas... en +diez años de cautiverio horrible... en poder de un demonio. Acércate +mas, hija mia; temo que haya tras esos tapices alguien que nos escuche. +Lo que tengo que decirte es muy grave. + +Estrella se levantó maquinalmente, se arrodilló en el sillon en que +habia estado sentada y se apoyó en el lecho. + +Durante algun tiempo nada pudo oir Yaye: las dos mujeres hablaban +demasiado bajo: aquella conferencia duró mas de una hora, conferencia +interrumpida por agudos accesos de tos. + +Yaye notó que al concluir la enferma su revelacion, que revelacion debia +ser aquella tan recatada, se quitó del cuello una cadena de oro de la +que pendia una joya, cuya forma no pudo distinguir Yaye en razon á la +distancia. + +Luego la enferma siguió hablando naturalmente, pero su voz era ya mas +opaca, mas cadavérica. + +--Si logras que alguna vez tus parientes castellanos conozcan tu suerte, +hija mia, ellos que deben ser poderosos, ellos que deben gozar del favor +del emperador, te ampararán y te vengarán, si es necesario que te +venguen. + +--¡Oh, nada temais, madre mia! ¡nada temais! exclamó con una energia +casi salvaje la jóven: ese hombre que os ha hecho probar cuantas +desgracias puede probar una mujer, no hará tan infeliz á la hija como á +la madre; no, no, lo juro por el Dios que está en los cielos. Vos habeis +tenido razones que no solo os disculpan, sino que os honran: vos teniais +una hija: yo, si Dios es tan cruel que me os arrebate, no tengo nada que +me ligue á la vida: pereceré antes que sucumbir al infame: pereceré, +pero pereceré vengándoos: ¡ay del infame aventurero! + +--¡Oh señor! ¡señor! exclamó la pobre enferma: ¿Sereis tan implacable +que me negueis el consuelo de saber que mi hija queda amparada por sus +parientes? + +--¡Oh! no es posible alentar ninguna esperanza, madre mia. Yo alentaba +una... el jóven aquel á quien pude hablar por un milagro, hace un mes, +cuando paramos en un meson, parecia noble y generoso... y sin embargo... +ese jóven me ha olvidado... ó no ha podido... ¿quién sabe? ¿y luego qué +importa á nadie la suerte de dos mujeres? + +Y Estrella acreció en su llanto desconsolado. + +Yaye creyó que habia llegado el momento de presentarse: la enferma +parecia próxima á su fin, y era necesario que llevase á la tumba el +consuelo de que su hija no quedaba desamparada. + +Al abrir la puerta, aquella puerta rechinó, Estrella volvió azorada la +cabeza, y en su rostro apareció una expresion de espanto: sin duda +estaba acostumbrada á ver asomar por aquella puerta un ser terrible. + +Pero instantáneamente su rostro se tiñó con un color febril, adelantó +rápidamente algunos pasos hácia Yaye, como una hermana que sale al +encuentro de su hermano, pero se contuvo por pudor. + +--¡Ah! ¡sois vos, caballero! dijo. + +--Sí, sí, yo soy, que llego en el momento supremo. + +--¡Es él! ¡es él, madre mia! ¡el jóven del meson de las Alpujarras! + +La enferma quiso incorporarse, pero no pudo. Estrella asió por una mano +á Yaye, como si le hubiese conocido desde mucho tiempo antes, y le llevó +junto al lecho: la enferma posó en él sus hundidos ojos. + +--¡Oh! dijo! ¡si sois honrado y leal y venís á salvar á mi hija, á +librar á una pobre madre de la inquietud mortal de dejarla abandonada en +el mundo, que Dios os bendiga, caballero! + +--Os juro, señora, proteger á vuestra hija como si fuese mi hermana, +dijo con entusiasmo Yaye. + +--Acaso vuestro poder no alcance á protegerla. + +--Mi poder alcanza á mucho, señora, dijo con suma confianza Yaye. + +--Sin embargo, temo por vos mismo. ¿Cómo os habeis introducido aquí? +¿Sabeis quién es el hombre que nos guarda? ¿Sabeis que si por desdicha +sobreviniese...? + +--Aunque ayudase el infierno á ese infame mutilado, nada podria hacer +contra mí. + +--Respeto las razones que tengais para apoyar vuestro dicho... pero es +preciso ganar tiempo... + +--Nada temais... os repito que nada teneis que temer... ved por el +contrario qué quereis, qué necesitais. + +--¿Qué quiero? ¿qué necesito? exclamó con alegría la enferma: ¿podreis +procurarme un sacerdote? + +--¡Oh! ¡sí! ¡hola, Harum! + +Presentóse inmediatamente á la puerta el monfí, asombrando á las dos +mujeres que no acertaban cómo podia ser aquello. + +--Al momento, al momento, Harum, le dijo Yaye, acercándosele y +hablándole en voz baja: ve por un sacerdote cristiano para auxiliar á un +moribundo; que traiga consigo la comunion y la extremauncion; que suba á +ocupar tu lugar uno de los otros, y escucha: Yaye habló por algun tiempo +en secreto con el monfí. + +[imagen: ¡Dios me inspira: sereis mas que hermanos, hijos mios!] + +Harum partió. + +Yaye se volvió á las dos damas. + +--A propósito, señoras, dijo: ¿qué gentes hay en esta casa? + +--Debe haber un soldado viejo que sirve al capitan Sedeño, y que es tan +infame como él, y dos criadas. + +--Y no hay mas gentes en la casa. + +--No señor. + +--En ese caso llamad á ese criado. + +--Pero... + +--Llamadle. + +Poco despues Estrella, dominada por el acento de confianza de Yaye, +llamó á grandes golpes á la puerta de entrada. + +Oyéronse lentas y fuertes pisadas tras aquella puerta, luego ruido de +llaves y rechinar al fin una cerradura: abrióse la puerta y se presentó +un hombre de estatura atlética y semblante avieso que adelantó +descuidado, sin reparar por el momento en Yaye. + +--¡Vamos! ¿qué quereis? dijo con acento bronco, ¿no es hora ya de +descansar? ¿ó es que estamos aquí para andar como un zarandillo de +brujas por esa mujer que nunca acaba de morirse? + +En aquel momento el hombre que habia entrado y que solo habia dirigido +su mirada, en que se veia una impura codicia, á Estrella, reparó en +Yaye. + +Entonces se pintó en su semblante una expresion feroz, y dirigiéndose al +jóven exclamó: + +--¿Quién sois? ¿quién os ha introducido aquí? + +Yaye, no contestó á aquel hombre: volvióse hácia la puerta por donde +habia entrado y exclamó. + +--¡Ola! ¡á mí! + +Un monfí entró inmediatamente en la cámara. + +--¡Oh! ¿qué es esto? gritó el soldado arrojando una feroz mirada á las +dos mujeres, y poniendo mano á su daga, única arma que tenia consigo. + +--Desarma á ese hombre, dijo Yaye al monfí que habia quedado inmóvil á +pocos pasos de la puerta por donde habia entrado. + +En este momento la situacion de las personas de nuestro cuadro era la +siguiente: Estrella estaba de pié delante del lecho ocupado por su +madre; Yaye en medio de la cámara; el soldado servidor del capitan, á +pocos pasos de la puerta de entrada, y el monfí que habia acudido á la +voz de Yaye, á igual distancia de la otra puerta de servicio. + +[imagen: Yuzuf Al-Hhamar] + +Aquella situacion solo duró un momento: el soldado avanzó hácia Yaye, +daga en mano, y el monfí, rodeándose la capa al brazo, se colocó de un +salto entre el emir y su agresor, recibió una puñalada de este en su +capa, le asió, le desarmó, apretándole la mano derecha con la fuerza de +unas tenazas de hierro, le doblegó, y quedó inmóvil sujetando al soldado +por el cuello. + +Este rugia. + +--¿Qué mas hombres que tú hay en la casa? dijo Yaye. + +El soldado continuó en sus inútiles esfuerzos por desasirse de los puños +del monfí, que le oprimia con una fuerza salvaje, pero no contestó. + +El monfí comprendió que era una irreverencia punible en aquel hombre, el +no contestar á la pregunta del emir, y le apretó el cuello de una manera +despiadada. + +El soldado lanzó un grito de dolor. + +Yaye repitió su pregunta. + +--No hay mas hombre que yo, dijo, cediendo á aquella especie de +tormento, el soldado. + +El monfí comprendió que debia aflojar sus dedos y aflojó. + +--¿Y qué otras personas hay en la casa? continuó Yaye. + +--Una vieja cocinera y una criada. + +--¿Dónde están? + +--En la cocina. + +--Llévate á ese hombre, dijo Yaye al monfí. + +El monfí arrastró consigo al soldado que no se podia valer. + +--¿Pero qué quereis hacer conmigo, señor? dijo todo trémulo el soldado. + +--Llévate á ese hombre, repitió Yaye: que le aseguren los otros de modo +que no pueda escaparse ni gritar, y tú vuelve. + +El monfí hizo un esfuerzo y, en silencio, siguió arrastrando consigo +asido del cuello y doblegado á aquel hombre, y desapareció por la puerta +de servicio. + +--¡Ah! exclamó Estrella: Dios ha tenido al fin compasion de nosotras y +os ha enviado para salvarnos. ¿Pero nada temeis caballero? + +--Nada absolutamente, señora; descansad en la confianza de que sois +libres, enteramente libres; ¡ay! ¡Ojalá que como he podido libertaros +pudiera devolver la salud á vuestra madre! + +--¡Oh! yo soy en este momento muy feliz, caballero, dijo la enferma: no +sé por qué creo que vos sereis para mi hija un doble apoyo, un hermano, +y muero tranquila. + +--¡Oh, madre mia! acaso... si Dios tuviera misericordia de nosotras... +exclamó Estrella; ya que hemos encontrado un corazon generoso que nos +ampara... + +--No, no, hija mia, dijo la enferma con acento débil y cansado... esto +se acaba... se acabará dentro de algunos momentos... y luego... quedando +tú amparada, me importa poco morir... acercaos, caballero... acercaos. + +Yaye adelantó. + +--Dentro de poco, dijo la moribunda, mi hija habrá quedado sola sobre la +tierra... es demasiado hermosa para que no corra mil peligros... sin +embargo, mi hija tiene unos parientes que no la conocen; mi padre el +duque de la Jarilla..... + +--¡El duque de la Jarilla! exclamó Yaye. + +--Yo no puedo deciros lo que quisiera; necesito reconcentrar mis fuerzas +para hablaros; me muero... es preciso que concluya... si mi padre +hubiere muerto... si los parientes de mi hija no la reconociesen... no +la amparasen... + +--Vuestra hija, señora, tendrá en mí un hermano, un hermano poderoso. + +--¡Un hermano poderoso! exclamó con admiracion la moribunda. ¿Quién sois +pues? + +--Soy rey de los monfíes de las Alpujarras. + +--¡Rey! exclamaron á un tiempo con asombro la moribunda y Estrella. + +--Diez mil hombres, tan fuertes y tan valientes como el que acaba de +apoderarse del infame servidor de ese infame capitan, obedecen mi voz. + +--¡Ah! ¡pero sois moro! ¡sois infiel! exclamó con desaliento la +moribunda. + +--¿Y bien, un moro no puede ser caritativo y caballero? exclamó con +orgullo Yaye. + +--¡Oh! si, si, exclamó la enferma con acento inspirado: todo lo espero +de vos, todo, y creo, añadió con acento solemne, Dios me lo dice en mis +últimos momentos... vos sereis mas que un hermano para mi pobre +Estrella... mi pobre Estrella puede ser para vos... la salvacion de +vuestra alma. + +La imprevista prediccion de la moribunda, hizo sentir á los dos jóvenes +una impresion indefinible, misteriosa, desconocida: Yaye miró de una +manera involuntaria á Estrella, y encontró los ojos de esta fijos de una +manera ardiente en los suyos. + +Pero instantáneamente los dos jóvenes bajaron los ojos: Yaye estaba +profundamente pálido, Estrella encendida con un magnífico rubor que +habia dado á su semblante las tintas de una rosa de Alejandría. + +--¡Oh! ¡si! ¡sereis mas que hermano y hermana! dijo la moribunda que +habia aspirado la conmocion de entrambos jóvenes. + +Luego asió sus manos y las unió. + +Dominados por la situacion, por el fuego febril que les comunicaban las +manos de la enferma, por un impulso poderoso, los dos jóvenes cayeron de +rodillas á los piés del lecho, continuando de una manera fatal con las +diestras enlazadas. + +--Si, si, continuó la moribunda: Dios me inspira: sereis mas que +hermanos hijos mios... sí, pronto ó tarde á pesar de todos los +obstáculos que se crucen ante vosotros, sereis esposos. + +--¡Esposos! exclamaron con asombro los dos jóvenes. + +Y por una fatalidad creciente, sus manos continuaron enlazadas y se +estrecharon con fuerza. + +La moribunda puso sus diáfanas manos sobre sus cabezas, y los bendijo. + +En aquel momento Yaye se levantó, asombrado de lo que pasaba por él: +aquella era una complicacion mas en su vida. + +Al levantarse, vió que dos monfíes estaban en la cámara. + +¿Habia enviado Dios á aquellos hombres para que sirviesen de testigos á +aquella especie de casamiento hecho por las manos de una madre +moribunda, manos que parecian consagradas por lo solemne de la situacion +y por el sufrimiento, casi por el martirio? + +Yaye procuró lanzar de sí aquella pesadilla, poniéndose en contacto con +la vida real. + +Y separándose de Estrella y del lecho, se dirigió á los monfíes. + +--Seguidme, les dijo, y desapareció con ellos por la gran puerta de +entrada. + +--¡Oh! ¿qué habeis hecho? ¿qué habeis hecho, madre mia, exclamó +Estrella? + +--Obedecer á una inspiracion de Dios, contestó la moribunda: ese jóven +será tu esposo, Estrella... ese jóven será el padre de tus hijos... +debes consagrarte á él, hija mia... + +--Pero si él me desdeñara... + +--¿No crees que Dios baje á iluminar los ojos de los moribundos que han +sido mártires? dijo la enferma. + +--¡Oh madre mia! ¡si os engañárais!... ¡si os engañárais, yo seria muy +desgraciada, porque!... + +--¿Por qué? + +--Porque le amo desde el dia en que le ví en el meson de las Alpujarras. + +--Y Dios te ha enviado el hombre que amabas, y á quien no esperabas +volver á ver, en el momento en que vas á quedar sola en el mundo... Dios +te ha enviado en él un protector... ámale, hija mia, ámale, con toda tu +alma; vive solo para él, y, sobre todo, procura apartarle del error; que +el amor le convierta al cristianismo, como mi amor convirtió al +cristianismo á tu padre, que tambien era rey de un pueblo de infieles: +él ha salvado tu cuerpo de la esclavitud; salva tú su alma... + +--¡Oh, madre mia! + +--Y escucha; si mi padre el duque de la Jarilla te reconoce; si, por un +acaso, que bien pudiera acontecer, mi padre no tiene hijos varones; si +tú eres la heredera de su nombre y de su grandeza, no reniegues de ese +jóven, Estrella mia: recuerda siempre que á él ha debido tu madre una +muerte tranquila, la seguridad de que no quedas abandonada, y los +auxilios de la religion. Ahora ve, y con la llave que te he dado, abre +un cofrecillo que encontrarás en el cajon de aquella mesa. En él está el +relato de mis desventuras, que he escrito mientras tú dormias; en estos +últimos tiempos; relato que no es otra cosa que la revelacion que te +hice antes de que apareciese ese jóven. Hay tambien con ese manuscrito +una declaracion de tu padre y su conversion al cristianismo; ademas, +tienes mi retrato del tiempo en que yo tenia tu edad; nadie, viendo ese +retrato, y conociéndote, puede negar que eres mi hija; ve, recoge esos +papeles, guárdalos y déjame que me prepare entre tanto, para recibir al +sacerdote del Señor. + +Estrella fué á la mesa, abrió su cajon, y buscó en él el cofrecillo y +los papeles. + + * * * * * + +Entre tanto Yaye habia recorrido la casa con los dos monfíes. + +Era extensa y rica: estaba perfectamente alhajada en las habitaciones +superiores, y se comprendia que quien la habitaba, estaba acostumbrado á +vivir con lujo y con grandeza. + +Yaye no encontró en ella mas seres vivientes que las dos domésticas de +que le habia hablado el soldado prisionero, y á las que encerró en un +aposento retirado, y un caballo perteneciente, sin duda, al criado del +capitan. + +Yaye franqueó la puerta principal de la casa, y lanzó un silbido. + +Inmediatamente los seis monfíes que estaban extendidos en la calle de +San Gregorio el alto, se agruparon á la puerta. + +--¿Habeis visto pasar, les dijo Yaye, al walí Harum? + +--Sí, poderoso señor, contestó uno de los monfíes; ha pasado en +direccion á San Gregorio. + +--Pues bien; esperadle uno en la avenida, y cuando llegue con el +viático, decidle que llame por esta puerta. + +--Muy bien, poderoso señor. + +--Ademas, id por una litera, y tenedla preparada: dos de vosotros +entrad; dejad las capas, los sombreros y las armas, como si solo fueseis +criados; encended las linternas del zaguan y de las escaleras, y esperad +á que llame el walí Harum; los otros á sus puestos. + +Yaye se volvió para adentro con los dos monfíes que hasta allí le habian +acompañado, y por otra comunicacion, que habia descubierto al registrar +la casa, con la cámara del capitan, abrió la puerta secreta y envió +aquellos dos monfíes á su apostadero de la mina; luego, se encaminó á la +cámara á que correspondia el dormitorio de la moribunda, y miró por la +puerta entreabierta. + +Estrella estaba inclinada sobre el lecho de su madre y sin duda lloraba. + +En la casa, de que por tan completo se habia apoderado Yaye, dominaba un +profundo silencio. + +Yaye se retiró de la abertura de la puerta y se puso á pasear, +profundamente pensativo, á lo largo de la cámara. + +Lo que le acontecia era verdaderamente extraordinario. + +Su corazon y su cabeza empezaban á no entenderse; sus ideas á +embrollarse; recordaba á doña Isabel casada, viuda y vírgen, y esto +hablaba á sus deseos; pero seguidamente recordaba á doña Elvira como un +sueño de voluptuosidad, como una creacion fantástica, como una mujer +divina, á quien habia pertenecido, en cuyos brazos habia apurado +inefables delicias, sin recordar su pasado, sin sentir mas que el +presente, cuando aun duraba la perturbacion de sus facultades á influjo +de la dolencia; despues, y quemándole el corazon como un hierro +candente, venia el recuerdo de la princesa mejicana, á quien habia visto +por la primera vez de una manera casual, á quien de tan extraño modo, y +por tan imprevisto camino habia encontrado de nuevo necesitada de su +amparo, al lado de su madre moribunda... luego el poder misterioso, que, +ya fuese por la situacion, ya por otra causa distinta, habian ejercido +sobre él aquellas dos mujeres; la prediccion de la moribunda, el +enlazamiento de sus manos, y aquella bendicion solemne; aquella especie +de esponsales en las cuales ninguno de los dos jóvenes se habia obligado +por una palabra; pero que estaba casi como aceptada, como consumada por +aquel nervioso é involuntario estrechamiento de sus manos, en el acto de +recibir la bendicion materna. + +Yaye, pues, tenia razon para no saber qué hacer ni qué pensar: habia +abandonado por fanatismo á Isabel, habia sido cruel con ella, habia +dejado que se llevase á efecto su casamiento con Miguel Lopez. Por +resultado de aquel casamiento habia caido él mismo, como herido por un +rayo, y habia sido asesinado Miguel Lopez (porque Yaye no sabia otra +cosa); entregado á una mujer que le amaba, á doña Elvira, habia llegado +de una manera fatal hasta el adulterio, y por último, al verse libre por +un acaso, habia caido en poder de otra mujer, con la cual podia decirse, +ó al menos la exagerada sensibilidad de conciencia de Yaye se lo hacia +creer, estaba moralmente casado; su padre lloraba desolado su pérdida; +Abd-el-Gewar, su ayo, estaba igualmente aterrado por la ignorancia de su +destino, y por último, influia en él su alta posicion de emir de un +pueblo, aunque reducido, enérgico, indomable, valiente, sobre el cual +estaban fijas las recelosas miradas del rey de España y de sus +lugartenientes en Granada. + +A pesar de esto, la virtud culminante de Yaye, la caridad, le retenia +allí, en aquella cámara, como protector de dos mujeres tan desgraciadas +como aquellas. + +La imaginacion, pues, de Yaye, era un caos; una máquina de pensamientos +contrarios, que fatigaban su cerebro y le lastimaban; pensamientos +embrollados, de cuyo laberinto queria en vano salir; problemas +difíciles, cuya resolucion se afanaba en vano por alcanzar; +dificultades, contra las cuales gastaba en vano toda su actividad. + +Abrióse la puerta de entrada de la cámara, y un monfí con todas las +trazas de lacayo, dijo: + +--Poderoso señor: el walí Harum y dos sacerdotes cristianos con los +suyos me siguen. + +--Adelante, adelante, dijo Yaye, despojándose de su gorra, á punto que +se oyó la campanilla del viático y se inundó de luces la antecámara. + +La puerta se abrió de par en par. + +Un sacerdote revestido entró, llevando el copon en las manos; á su lado +iba un monago, agitando una campanilla; tras este sacerdote venia otro, +que llevaba entre sus manos el santo óleo, y luego un sacristan con una +linterna. + +El sacerdote que conducía el viático entró en el dormitorio. + +Poco despues Estrella salió llorando, y se quedó de pié, en silencio, al +lado de una mesa, junto á la cual, silencioso é impresionado, estaba +Yaye; el sacerdote que llevaba consigo la extremauncion, quedó en la +cámara con el sacristan y los acompañantes del viático. + +Durante algun tiempo nada se oyó en el dormitorio; sin duda la moribunda +estaba confesando; pero un cuarto de hora despues, se oyó dentro la +campanilla. Estrella cayó de rodillas con las manos cruzadas sobre el +pecho; los asistentes se arrodillaron á su vez, y Yaye se arrodilló +lentamente, y, aunque musulman, rogó á Dios por la salvacion de la +moribunda; los dos monfíes que habian quedado á la puerta, se +arrodillaron tambien, imitando á su señor. + +Y cuando todos estaban arrodillados, cuando todos oraban, cesó de +repente la campanilla, se abrió la puerta, y el monago que habia +penetrado con el sacerdote, dijo con su voz atiplada de niño de coro, y +con la frialdad de quien está acostumbrado á tales situaciones: + +--¡Señor licenciado Dávalos! ¡acudid, acudid pronto con la +extremauncion, que la enferma se muere! + +--¡Mi madre! exclamó Estrella, y dió algunos pasos hácia el dormitorio; +pero se detuvo, vaciló, y cayó desmayada entre los brazos de Yaye. + + * * * * * + + * * * * * + +Media hora despues, nadie quedaba en la casa del capitan Sedeño, á +escepcion de un cadáver de mujer. + +Yaye habia dado con sus monfíes un golpe de mano; habia trasladado, +desmayada aun, en una litera, á Estrella, á la linda casa que le habia +buscado Harum, y habia mandado retirar los monfíes del subterráneo de la +casa del capitan y de la calle de San Gregorio. El criado de Alvaro de +Sedeño, y las dos criadas, habian sido conducidos á la casa de Yaye, y +encerrados en los sótanos. + +Las huellas habian quedado borradas, y nadie hubiera creido que por +aquella casa, donde solo quedaba la muerte, habian pasado los monfíes. + + + + +CAPITULO XIV. + +En que se sabe por qué habia dejado su casa el capitan estropeado. + + +Retrocedamos un tanto á la madrugada del dia anterior, en que el capitan +Sedeño habia salido de Granada en direccion á las Alpujarras. + +Urgente debia ser el motivo que á ellas le llevaba, puesto que aguijaba +su caballo todo cuanto podia correr el animal, sin cuidarse de si +reventaria ó no. + +Antes de llegar al Padul, entró en una venta, pronunció algunas palabras +en árabe al oido del ventero, y le entregó el caballo; poco despues el +ventero sacó otro caballo enjaezado con los arneses del primero, montó +el capitan, aunque cojo, con la misma facilidad que pudiera haberlo +hecho un hombre sano, y tomó de nuevo el camino, con toda la rapidez de +que era capaz su nueva cabalgadura. + +Cuatro veces mudó de caballo en la misma forma, y antes de las ocho de +la mañana, dejando á un lado la villa de Orgiva, tomó por la misma loma +y por el mismo barranco que al principio de esta historia vimos tomar á +Yaye y Adb-el-Gewar. + +Al llegar al bosque de pinos, lanzó un agudo silbido, y algunos monfíes +adelantaron. + +Mostróles el capitan un pergamino enrollado, leido el cual por el walí +que mandaba los monfíes, le hizo desmontar, le vendó los ojos, le prestó +su brazo para servirle de guía y de apoyo, y llevando otro de los +monfíes el caballo del diestro, se introdujeron en la selva; atravesaron +estrechos y pendientes senderos, bajaron á un profundo barranco, +treparon por entre las breñas á una gigantesca cueva, y cuando +estuvieron dentro, el walí se llevó una pequeña corneta á los labios y +dejó oir un toque particular. + +Poco despues se vió moverse una enorme roca, y dejar patente una puerta +de hierro, abierta tambien. + +Entraron el walí, el alférez y el monfí que llevaba el caballo, y la +puerta volvió á cerrarse. + +Allí imperaban ya las tinieblas: de trecho en trecho una linterna +clavada en la pared de una ancha mina abovedada, determinaba una escasa +luz: al pié de cada una de aquellas linternas y como centinela, se veia +un monfí armado. + +A pocos pasos que adelantaron en la mina, el monfí que conducia el +caballo torció por una de las galerías que á trechos se veian á derecha +é izquierda, y el walí y el alferez, continuaron solos la mina adelante. + +Al fin de ella llegaron á un ensanchamiento octógono de muros y bóveda +árabe de ladrillo agramilado, á cuyo frente se veia una puerta +ornamentada, y delante de ella una numerosa guardia con ostentosos +trages musulmanes. El walí que conducia al alférez habló algunas +palabras con el walí de la guardia, é inmediatamente aquel abrió con una +llave dorada la puerta, dando paso al walí y al capitan Sedeño. + +La puerta volvió á cerrarse. + +Entonces el walí quitó la venda al capitan. + +Se encontraban ya en la parte maravillosa del alcázar subterráneo. + +Era una magnífica galería sustentada por arcos calados sobre columnas de +alabastro: bellísimas lámparas producian á través de sus velos de gasa +una luz languida; cubria el pavimento una muelle alfombra; veíanse de +trecho en trecho, é inmóviles como estátuas, esclavos negros, vestidos +de púrpura, y era por último, aquella galería, el magnífico ingreso de +un alcazar admirable. + +Siguieron adelante, atravesando galerías y cámaras, hasta llegar á una, +en cuya puerta hizo esperar el walí á Sedeño. + +Poco despues salió, y dijo al capitan: + +--El poderoso Yuzuf, padre del elegido de Dios Muley Yaye-ebn-Al-Ahamar, +emir de los monfíes de las Alpujarras, te espera. + +Alvaro de Sedeño entró en una ostentosa cámara, y se despojó +respetuosamente de la gorra. + +En aquella cámara, pensativo y triste, se paseaba un anciano, sencilla +aunque magestuosamente vestido. + +Cualquiera al verle con su blanca toca revuelta á la cabeza, su caftan +negro y su ancho y flotante albornoz blanco, le hubiera tomado por un +patriarca de los antiguos tiempos. + +Alvaro de Sedeño adelantó cojeando, y dijo á cierta distancia del +anciano: + +--Que Dios el Altísimo y Unico, te guarde, poderoso Yuzuf. + +El anciano se detuvo, y miró de una manera profunda y severa á Sedeño. + +--¿Qué quieres? le dijo. + +--Vengo á verte, poderoso Yuzuf, impelido por muchas razones. + +--Siéntate, le dijo el anciano, señalándole un divan. + +Sedeño se sentó: Yuzuf se sentó junto á él. + +--¿Hay en los aposentos cercanos alguien que pueda oirnos? dijo el +capitan. + +--¿Cual de los mios, dijo con autoridad Yuzuf, se atreveria á exponer su +cabeza por satisfacer sus oidos? + +--Puesto que nadie mas que tú puede escucharme, dijo el capitan, +escúchame, emir. + +Yuzuf tomó una altiva actitud de atencion, y el capitan Sedeño empezó de +esta manera: + +--Será preciso que me otorgues algun tiempo y alguna paciencia, señor: +necesito recordarte cosas que tú pareces haber olvidado. + +Frunció el cano entrecejo Yuzuf. + +--Nada tiene de extraño, que tú, en medio de los cuidados que te cercan, +continuó el capitan, olvides los asuntos de un hombre como yo, que +comparado contigo en fuerza y en grandeza, soy lo que seria un grano de +arena comparado con una roca; por lo mismo reclamo tu indulgencia para +mis palabras. + +--Al asunto, al asunto, Sedeño, dijo Yuzuf con impaciencia; graves +pensamientos me ocupan, y solo me he prestado á escucharte, suponiendo +que te traia á mí algun empeño de gran interés. + +--Vuelvo á reclamar tu indulgencia, señor, y procuraré ser todo lo breve +posible. + +Hace cuarenta años, cabalmente los de la edad que tengo, que un +matrimonio castellano, fue asesinado entre las breñas de las Alpujarras. +El era un soldado hidalgo que iba al pueblo de Orgiva; ella una hermosa +jóven de las montañas de Santander: la mujer, cuando fue asesinada, +llevaba entre sus brazos un niño. Aquel niño era yo. Los asesinos de mi +padre, fueron los monfíes de las Alpujarras. + +--Tu padre era enemigo nuestro; un hombre cruel como tú, que perseguia +encarnizadamente á los monfíes, y por el cual muchos de ellos perecieron +ahorcados en las plazas públicas. + +--Bien: comprendo que en mi padre matarais un enemigo; pero mi madre.... + +--Los cristianos esclavizan, azotan, acuchillan y queman á las moriscas, +exclamó sombriamente Yuzuf. + +--El delito de otro no disculpa el delito propio, contestó con energía +Sedeño. + +--Y sin embargo, tú eres un hombre cubierto de delitos. + +--No importa eso. Yo extermino á mis enemigos cuando puedo, y procuro +satisfacer mis deseos, ni mas ni menos que tú, como todo el que se +siente con fuerza y con medios para obrar. Pero volviendo á mi historia: +el puñal de los asesinos que no se habia detenido ni ante el valor del +padre, ni ante la hermosura y las lágrimas de la madre, y que +ciertamente no se hubiera detenido ante la debilidad del hijo, fue +contenido por un hombre generoso y valiente: aquel hombre era tu padre, +emir entonces de los monfíes. + +Enviome misteriosamente á la justicia de Orgiva, es decir, hizo que sus +gentes me depositasen una noche en la puerta de la iglesia de la villa, +con este papel puesto entre mis ropas. + +El alférez sacó una cartera, y de aquella cartera un papel tosco y +amarillento. + +«Corregidor de Orgiva, decia aquel papel: ahí te dejamos al hijo del +alférez Pedro de Sedeño, el cruel, á quien hemos dado muerte en castigo +de sus crueldades. Su mujer ha sido muerta tambien por lo que se gozaba +en los sufrimientos, en el martirio de nuestras mujeres. Hemos perdonado +al inocente, y te entregamos ese niño. Críale con esmero, para lo cual +encontrarás todos los meses una cantidad bajo la puerta de tu casa. ¡Y +ay de tí si ese niño no recibe la crianza de un hidalgo!--Los monfíes.» + +--Ya ves que si mi padre hizo morir á los tuyos, cumpliendo +estrictamente con la justicia, te aceptó por hijo. + +--Yo he pagado en tí á tu padre mi deuda; he sido un servidor leal; he +vertido mi sangre por vosotros, enemigo de mi Dios y de mi rey; yo +cristiano y honrado por el rey. + +--Sígue, sígue, y concluye. + +--Hace quince años, cuando yo tenia veinte y cinco, fuí acometido un dia +en que me entretenia en cazar en la montaña, por un crecido número de +monfíes: sin herirme, sin maltratarme, me rodearon, se apoderaron de mí, +me vendaron los ojos, y asiéndome de un brazo, me condujeron á este +mismo sitio. Entonces te conocí, Yuzuf; me dijiste que tu padre te habia +encargado que velases por mí, y que cuando llegase á cierta edad, me +propusieses si queria pertenecer á vuestro bando; yo sabia demasiado que +todo lo que era, las galas que vestia, las armas que llevaba, el oro que +guardaba en mis bolsillos, pertenecian á un protector generoso y +desconocido. Yo le habia concebido grande y fuerte, y ansiaba conocerle; +cuando entré en este subterráneo, cuando te ví delante de mí, todo lo +que me rodeaba me deslumbró. Tú entonces, me revelaste la parte que yo +ignoraba de mi historia, y me propusiste el que te sirviera de espía +entre los cristianos, y en cuanto estuviese á mi alcance y tú me +exigieses. Yo era agradecido, á mas de agradecido ambicioso; sabia que +mis padres habian muerto fatalmente, y que tu padre me habia salvado; yo +no sé si debí rechazar todo lo que viniese de los hombres que habian +teñido sus puñales en la sangre de mis padres; acaso debí preferir una +vida oscura á las riquezas y al poder que de repente habias desplegado +delante de mis ojos; pero, en fin, bien ó mal hecho, juré servirte y te +he servido. + +--Yo en cambio te he pagado espléndidamente: te compré una plaza de +capitan... + +--Es verdad; me compraste una plaza de capitan en los tercios del reino +y costa de Granada: tú tenias tus proyectos y yo te serví tan bien, te +avisé tan á tiempo de cuantas expediciones de soldados salian contra +nosotros, que por mi causa blanquean millares de huesos de soldados +cristianos, muertos por los monfíes en las profundas ramblas de las +Alpujarras. + +--Por cada cabeza de cristiano, has recibido un precio Sedeño. + +--Es verdad, y no me quejo; pero déjame continuar. Decia, pues, que lo +importante de los servicios que te prestaba, te impulsaron á emplearme +en mayores empresas. Acababa de conquistar un hidalgo estremeño, Hernan +Cortés, con un puñado de aventureros, un rico y poderoso imperio mas +allá de los mares. Decíase que en aquel imperio abundaban las perlas y +las piedras preciosas, y que en el centro de sus desiertos habia una +montaña de oro. Tú necesitabas mucho dinero para llevar adelante tus +proyectos de reconquista sobre Granada, y volviste tu pensamiento á +Méjico, á aquel imperio recien conquistado, donde, segun fama, el oro y +las riquezas se encontraban por todas partes. Tú fuiste uno de los +innumerables ambiciosos que extendiste tus garras hambrientas hácia las +Indias, ese nuevo mundo, que debia cubrir con su oro los andrajos del +mundo viejo. Tenias confianza en mí; te convenia un castellano conocido +ya bajo las banderas del rey de España, mucho mejor que uno de tus +walíes, para tus proyectos: entonces me compraste una compañía, por +mejor decir, me diste dinero para comprar la licencia para reclutarla en +las Alpujarras, y para ir á servir con ella en las Indias. Como el +dinero todo lo alcanza, tuve la licencia para reclutar en las villas de +las Alpujarras la gente: tú mismo escogiste entre los mas feroces, los +mas valientes de tus monfíes, cien demonios que debian llevar la +desolacion á Méjico, y asegurarte de mi fidelidad. Hace doce años que me +embarqué con mi gente ó por mejor decir, con la tuya: en tres años que +permanecí en Méjico antes de recibir las heridas que me imposibilitaron +para las fatigas de la guerra, uno tras otro monfí, tornó á España +trayendo para tí un tesoro. + +--Es verdad. + +--Ya lo creo. Desdichada la provincia rebelde donde entraba la compañía +del capitan Sedeño: desdichada la tribu del desierto que se oponia á su +paso. Las cabañas eran incendiadas, los hombres pasados á cuchillo, las +mujeres cautivadas, y si á algun cacique se concedia la vida, solo era á +trueque de cantidades inmensas, de tesoros que atravesaban los mares, +llegaban á España, y venian á sepultarse en tu subterraneo de las +Alpujarras. No me puedes negar, Yuzuf, que te he servido bien, que me +debes mucho, y que tengo derecho á que me protejas. + +--Y bien, ¿cuando te he negado mi proteccion? + +--Nunca, es verdad; pero ahora la necesito de nuevo, y creo que me va á +ser difícil obtenerla. + +--Pide. + +--Antes de llegar á mi peticion, es necesario que prosiga mi historia. +Hace diez años, estaba de adelantado por el rey, sobre la frontera del +desierto mejicano, uno de los señores mas nobles, ricos y poderosos de +España; se llamaba don Juan de Cárdenas, y era grande de España, bajo el +titulo de duque de la Jarilla. Travé conocimiento con él, por razon de +hallarme con mi compañía sobre la frontera, y muy pronto nuestro +conocimiento se trocó en amistad. Frecuentaba su casa, comia comunmente +á su mesa, y era recibido por él en lo mas reservado, y allí donde no +entraban otras personas que su servidumbre. + +En una de estas habitaciones interiores habia un retrete, donde pasaba +el duque la mayor parte del tiempo, y donde me habia recibido muchas +veces. En las paredes de aquel retrete no habia mas que un solo cuadro, +pero aquel cuadro, encerrado dentro de un magnífico marco, estaba +cubierto por un tapiz negro. Esta singularidad llamó extraordinariamente +mi atencion desde el momento en que reparé en ella; al fin un dia, sin +meditar si era ó no indiscreto, vencido por mi curiosidad, pregunté al +duque la razon por la cual estaba tan lúgubremente velado aquel cuadro. + +Los ojos del duque se llenaron de lágrimas. + +--Mirad, me dijo, y comprended la razon de su luto y de la tristeza que +me devora. + +Y levantándose, descorrió el tapiz y me dejó ver el retrato de una dama +como de diez y seis años, tan hermosa, que no pude menos de enamorarme. + +--Esa, era, me dijo, doña Inés, mi hija única. + +--¡Ha muerto! exclamé con sentimiento; porque me habia interesado +sobremanera aquel retrato. + +--Si, debe de haber muerto, me contestó. Me la arrebataron los idólatras +en una sorpresa hace doce años; Calpuc, el terrible Calpuc, el rey del +desierto. Debe haber muerto, si; porque ella habrá preferido la muerte á +la deshonra. + +El duque volvió á correr el tapiz, se enjugó las lágrimas, y yo me +abstuve de hablar mas sobre aquel asunto. + +Pero desde aquel dia, un proyecto audaz, en que tenia tanta parte el +deseo que me habia inspirado doña Inés de Cárdenas, como la ambicion de +llegar á ser rico y poderoso por medio de un servicio hecho al duque, me +impulsó á una empresa difícil, arriesgada, en la cual se podian contar +cien probabilidades de muerte por una de triunfo. Mi proyecto consistia +en penetrar en aquellos desiertos erizados de montañas; en aquellas +interminables sábanas de arena, en aquellos mares de flores y verdura, +que se llaman praderas, y en aquellas selvas brabías, que cubren con su +sombra centenares de leguas: buscar en aquella inmensidad á su rey, al +terrible Calpuc, y si vivia doña Isabel arrebatársela. Este era un +proyecto que por su grandeza halagaba á mi orgullo, y para el cual solo +contaba con el indomable valor de los cien monfíes que formaban mi +compañía de arcabuceros. + +Una mañana al amanecer, sin avisar á nadie, sin pedir licencia al +Adelantado, sin decir á mi gente adonde la conducia, pasé con ella la +frontera y me interné en el desierto. + +Cruzábanse cada dia á mi paso inmensas turbas de mejicanos armados: nos +acometian, y cada combate empeñado era para nosotros un triunfo fácil, +al que nos llevaban, la codicia á mis soldados, á mí mi ambicioso +empeño: las aldeas, ya estuviesen sobre la cumbre de una montaña, ya en +centro de una pradera, ya en las entrañas de las selvas, eran arrasadas +é incendiadas, los hombres muertos, las mujeres violadas y muertas +tambien, para que no nos embarazasen; nuestros indios de carga y los +esclavos á quienes dejábamos la vida para que condujesen las riquezas +que arrebatábamos á los vencidos, marchaban entre nosotros agoviados con +el peso del oro y de las piedras preciosas. + +Los bosques eran incendiados por nosotros y nos precedia un torbellino +de fuego; de en medio de aquel círculo inflamado, salian con la rabia de +la desesperacion, y nos acometian llenos de sed de venganza los indios: +nosotros apagamos con su sangre los ardientes troncos que encontrábamos +sobre nuestro camino, y seguiamos adelante, como una tempestad, ébrios +de riquezas y de sangre. Habíamos atravesado ya inmensas praderas, +profundos y bramadores torrentes, selvas que solo habiamos podido hacer +accesibles por medio del fuego, y habiamos penetrado, despues de +atravesar una barrera de montañas, en una extensa comarca extremadamente +fértil y deleitosa; al bajar por las montañas habiamos visto inmensas +poblaciones, en medio de las fértiles vegas, y acá y allá antiguos +monumentos, que demostraban que aquella comarca hacia centenares de años +que estaba poblada. + +Aquella era una provincia no descubierta aun por los españoles, porque +nadie se habia atrevido á penetrar donde nosotros habiamos penetrado. + +En medio de aquella comarca extensa, sobre la llanura engalanada con su +verdor, sus corrientes y sus árboles, descubrimos un objeto que nos hizo +arrojar un grito de insensata alegría; era un montaña que relucia á los +rayos del sol de una manera deslumbrante: aquella era sin duda la famosa +montaña de oro, que habia llevado á tantos ambiciosos á la Nueva España. + +Ya no hubo medio de contener el paso de los monfíes; precipitáronse por +las vertientes sobre la llanura, con la fuerza de la tempestad: las +primeras poblaciones que encontramos fueron llevadas á sangre y fuego, y +en vano el rey de aquel nuevo imperio, al que no habian podido proteger +de nosotros sus triples barreras de arenales, bosques y montañas, habia +reunido lo mas fuerte, lo mas valiente de los suyos, para salirnos al +encuentro: una y otra vez el rey del desierto, Calpuc, se habia visto +obligado á retirarse con enormes pérdidas hácia la montaña dorada, que +venia á ser para los monfíes una enseña enloquecedora que triplicaba su +valor y sus fuerzas, y les hacia ejecutar hazañas increíbles por lo +maravillosas. + +Ni uno solo de los míos habia muerto: acobardados los mejicanos por la +pujanza española, nos cedian siempre el campo á las primeras descargas +de mosquetería, y sus flechas envenenadas se embotaban en los colchados +de que mi gente iba provista: al fin Calpuc se vió obligado á encerrarse +en la poblacion que le servia de córte. + +Era esta pequeña, pero de buena apariencia; defendíala una pared de +piedra, con saeteras, y sobre aquella especie de muro, se veia +únicamente descollar la casa real y el templo piramidal, sobre cuya +cúspide, segun la horrible costumbre de los mejicanos, se veian puestos +en palos una horrible fila de cráneos humanos. Mas allá, al poniente de +la ciudad, como á unas cuatro leguas de distancia, se veia la montaña +dorada, y á lo lejos las extensas praderas y las azules rocas del Oeste. + +Podia decirse que aterrada toda la poblacion de la comarca, habia +abandonado sus habitaciones y se habia refugiado en la ciudad de Calpuc: +franco nuestro camino, aterrados los naturales, que no osaban venir ya +en nuestra busca, fue imposible de todo punto contener la codicia de los +monfíes, cuyo único afan era llegar cuanto antes á la montaña de oro. + +Un año habíamos invertido en penetrar hasta aquel punto desde las +fronteras del desierto; un año durante el cual, todos los dias nos +habian presentado un combate, una matanza y un rico botin: nos habíamos +visto obligados á dejar atrás numeras riquezas por falta de brazos que +las condujesen, y veiamos al fin, mis soldados la montaña de oro, yo la +ciudad de Calpuc donde, sin duda, si vivia, debia habitar doña Inés de +Cárdenas, la hermosa hija del duque de Jarilla, á quien no habia podido +olvidar desde que vi su retrato. + +Aquella mujer á pesar de que no la conocia, sino por medio de una +pintura, habia logrado interesar mi corazon y mi cabeza de una manera +profunda. Yo ansiaba para mi amor su hermosura, para mi engrandecimiento +su mano. Era de presumir que salvándola yo de los idólatras, su padre no +se negaria á dármela por esposa, y que el duque no tendria hijos á +causa del estado de su salud, gastada en una vida de contínuas +disipaciones: podia, pues, llegar á ser, por medio de doña Inés, uno de +los grandes mas grandes de España, á cuya grandeza debian prestar un +brillo y un poder inmensos, los tesoros que yo pensaba aportar de las +Indias á España. + +Urgíame, pues, sobre todo, acometer la ciudad de Calpuc, apoderarme de +ella y buscar á doña Inés: un presentimiento tenaz me decia que estaba +allí, y algunas veces al ver sobre los terrados de la casa real dos +mujeres vestidas de blanco, á quienes acompañaba un solo hombre, y que +parecian mirar con interés al campo que habíamos levantado delante de la +ciudad, yo me decia: una de aquellas dos mujeres debe ser doña Inés. + +En vano pretendí llevar á mis soldados contra la ciudad: la vista +cercana de la montaña dorada les fascinaba: al fin un dia se me +presentaron en abierta rebelion, y me fue necesario marchar al frente de +ellos, dejando á uno de mis costados á la ciudad, hácia el codiciado +tesoro. + +Pero á medida que nos acercábamos á la montaña esta cambiaba sino de +forma, de color: empezábamos á ver el color natural de la tierra entre +la cual multitud de cuerpos brillantes destellaban los rayos del sol: al +fin una noche en que la luna llena despedia una luz clarísima, la +montaña cambió de aspecto: entonces parecia de plata. + +Los monfíes empezaron á desconfiar de su portentoso hallazgo, y yo sabia +ya á qué atenerme: aquella montaña que á larga distancia parecia de oro, +herida por los rayos del sol, y de plata, cuando la iluminaba la luna, +no era otra cosa que una cantera de pizarras brillantes. + +Sin embargo los monfíes quisieron llegar hasta ella, y solo cuando +tuvieron en sus manos aquellas piedras engañadoras, se convencieron de +que si querian oro, era necesario buscarlo donde le habiamos encontrado +hasta entonces: en las casas y en los templos de los indios. + +Volviéronse, pues, los deseos de todos á la ciudad de Calpuc: en ella, +como he dicho antes, se habian refugiado, llevando cuanto poseian, todos +los habitantes de la comarca: debiamos, pues, esperar un botin +riquísimo, y nos encaminamos decididamente á la poblacion. + +Pero antes de llegar á ella, nos salió al encuentro una embajada del +senado: aterrados con nuestros contínuos triunfos, los indios preferian +un avenimiento. Esto convenia perfectamente á mis proyectos, porque en +paz mejor que en guerra, podria esperar el descubrimiento de doña Inés. +Exigí como primera condicion, y segun costumbre, porque la religion era +el antifaz con que encubrian su codicia los españoles, que el templo +idólatra se convirtiese en templo cristiano; que en vez del monstruoso +simulacro de oro macizo que adoraban los indios, se colocase sobre un +altar un crucifijo de madera; que se sepultasen los cráneos humanos que +servian de trofeo al templo, y que, para evitar que aquel culto +abominable se reprodujese, me entregasen el ídolo, y las alhajas del +culto. + +Con asombro mio los embajadores, en vez de negarse, asintieron á mi +propuesta en nombre de su rey Calpuc, y del mismo modo consintieron en +entregarme un fuerte tributo por cada uno de los habitantes de la +ciudad; exigí, ademas, para mi seguridad y la de mi gente, que el rey +viniese entre nosotros y entrase á mi lado en la ciudad, y que se +entregasen á mis soldados el templo y las habitaciones de los +sacerdotes. + +Convínose la entrada en la ciudad para el dia siguiente, y en él, á la +hora convenida, se me presentó Calpuc, el terrible rey del desierto, con +algunos de sus magnates, y á pié, en contraposicion de los caciques que +hasta entonces habia conocido, y que se hacían conducir en andas +cubiertas de oro, sobre los hombros de sus esclavos. + +Maravillóme tambien que Calpuc llevase un trage puramente castellano, un +birrete de brocado bordado con piedras preciosas, y únicamente, como +distintivo de su dignidad, un manto de una tela fabricada con plumas. +Los demás de su acompañamiento llevaban tambien algunas prendas +castellanas: quién una gorra, quién un jubon ó unos gregüescos, ó +simplemente unas botas. Esto me demostró que se me temia y se me +adulaba, y me confirmó en esta idea, las inequívocas muestras de +distincion que desde el primer momento me dispensó Calpuc; dióme la +mano, á usanza de Castilla, y, lo que mas me maravilló, me significó en +buen castellano, aunque con un tanto de acento extranjero, lo dispuesto +que estaba á mantener conmigo una amistad duradera, siempre que yo me +prestase á razonables condiciones. + +Despues nos encaminamos juntos á la ciudad, yendo Calpuc á mi derecha y +entre las filas de mis arcabuceros, y detrás los pocos caciques que le +habian acompañado, la mayor parte de los cuales mostraban en sus +semblantes el temor y la desconfianza. + +Durante el corto trecho que anduvimos hasta llegar á la ciudad, el rey +me dijo que se habian cumplido mis deseos respecto al templo, y que las +habitaciones de los sacerdotes situadas á su alrededor, estaban ya +dispuestas para aposentar á mis soldados. + +En efecto, se veia desde el campo que los cráneos humanos, que el dia +anterior coronaban la parte mas alta del templo, habian desaparecido, y +en su lugar ví en cien astas de madera, banderolas de todos colores en +señal de agasajo y alegría. + +Era necesario desconfiar de este aspecto y de esta docilidad, atendido +el respeto y la adoracion que los indios profesan á sus ídolos: era +necesario estar preparados para rechazar una asechanza, y mis alféreces +y sargentos, prevenidos por mí, habian hecho que los monfíes llevasen +los arcabuces preparados y las mechas encendidas. + +Cuando llegamos á una de las entradas de la ciudad, en la cual, para +evitar yo el peligro de marchar á la desfilada por los estrechos +callejones de todas las entradas de las poblaciones indias, habia pedido +que se abriese una brecha, lo que se habia efectuado; al entrar por +aquella brecha, nos salieron al encuentro una multitud de músicos á +manera, de juglares, con tambores, que batian á compás, y gran número de +hermosas bailarinas que nos precedieron tocando y danzando hasta el +templo, en el cual penetramos por una alta gradería. + +Al penetrar en el interior ví con asombro, que sobre el pedestal en que +sin duda habia estado el ídolo, se alzaba un magnífico crucifijo de +talla, y que nos salian al encuentro tres ancianos revestidos, ni mas ni +menos que como los sacerdotes católicos y con los mismos ornamentos. + +Calpuc me indicó entonces el altar y me dijo: + +--He ahí el Redentor del mundo, inclinad vuestra cabeza, capitan, y +adoradle, puesto que os ha permitido llegar sano y salvo hasta estas +apartadas regiones en medio de tantos peligros. + +El acento de Calpuc era el de un cristiano lleno de fe, lo que aumentó +mi admiracion: prosternéme ante el altar, prosternáronse mis soldados, y +únicamente el rey y sus magnates quedaron de pié, aunque en una actitud +respetuosa, á un lado del templo. + +Inmediatamente se celebró una misa; despues de ella el mas anciano de +los sacerdotes, me dirigió una corta plática en que enaltecia el valor y +la fe que me habian llevado á aquellas remotas regiones, para extender +en ellas el conocimiento de la divina verdad, y arrancar del error á +aquellos infelices idólatras. + +Despues de esto, mi compañia se aposentó en las habitaciones que estaban +alrededor del templo, desde las cuales dominaban á la poblacion, y +Calpuc me llevó consigo á su casa, á cuya puerta despidió á sus magnates +y en la que penetró solo conmigo. + +Aquella casa, que podia llamarse palacio, era de piedra, de un solo +piso, y en el interior estaba revestida de maderas olorosas y ricas +telas tejidas de plumas, oro y plata. Los pavimentos y los techos eran +de cedro, y todo allí, con arreglo á las costumbres de los indios, era +régio y maravilloso. + +Calpuc me condujo por sí mismo, á través de muchos patios y +habitaciones, y al fin, en lo mas retirado de su palacio, se detuvo +delante de una ensambladura, donde ni aun resquicio de puerta se notaba. + +--Vais á entrar, me dijo, con acento grave y lleno de autoridad, donde +solo han entrado hasta ahora, mi esposa, mi hija y esos tres sacerdotes +cristianos que acaban de presentaros el santo sacrificio de la misa. +Todo esto os parecerá extraño y maravilloso, y con efecto lo es. Por lo +mismo espero que vos, obrando con la fe y el sigilo que cuando es +necesario debe obrar un caballero, guardareis un profundo secreto acerca +de cuanto vais á ver y á oir. + +Prometíselo, y entonces Calpuc oprimió un resorte oculto y nos +encontramos en una habitacion alhajada enteramente al estilo de España: +atravesamos algunas otras iguales, y al fin, Calpuc abrió una puerta, y +me introdujo en una capilla ú oratorio á cuyo frente habia un altar y +otro á cada costado. + +En el del centro no habia imágen alguna, en el de la derecha se veia una +imágen de talla de la Vírgen de los Dolores, y en el de la izquierda +otra de San Juan Evangelista; á los piés del altar de la Vírgen habia +arrodilladas dos mujeres, que se levantaron sobresaltadas al notar mi +presencia y se dirigieron á una puerta situada á la izquierda del altar +del centro. + +--Esperad y nada temais, dijo Calpuc dirigiéndose á ellas: este +caballero es mi amigo. + +Las dos mujeres se detuvieron, se volvieron y adelantaron hácia +nosotros, saludándome, una de ellas, con suma cortesanía. Necesité hacer +un poderoso esfuerzo sobre mí mismo, para contener mi conmocion. La dama +que tenia delante, y que parecia contar veinte y ocho años, +maravillosamente hermosa, y vestida con un sencillo trage blanco, era el +original del retrato que habia visto en casa del duque de la Jarilla; +era, en fin, doña Inés de Cárdenas, su hija. + +La que la acompañaba y me habia parecido mujer por su estatura, era una +niña como de nueve años, maravillosamente hermosa tambien; pero en cuyo +semblante se veia el color dorado de la raza mejicana, los negrísimos +ojos que son tan comunes entre las indias, y el cabello profuso, rizado +y brillante, que tanto encanto presta á su hermosura. Doña Isabel me +miraba con curiosidad, y su hija, que indudablemente lo era, puesto que +habia heredado sus mismas formas, su misma hermosura, me miraba con un +temor instintivo. + +--¿Venís de España, caballero? me dijo doña Inés en excelente +castellano. + +--Hace un año señora, la contesté con la mayor naturalidad, que he +atravesado la frontera del desierto por órden de su adelantado don Juan +de Cárdenas, duque de la Jarilla. + +Noté que doña Inés se ponia sumamente pálida, y que Calpuc plegaba +levemente el entrecejo. + +--Este caballero es nuestro huesped, dijo Calpuc á doña Inés, que me +saludó de nuevo, me hizo algunos cumplidos y se retiró llevando la niña +de la mano. + +Quedamos solos Calpuc y yo. + +--Necesitamos hablar á solas, me dijo, y comprendernos; tened la bondad +de seguirme caballero. + +Y por otra puerta, situada á la derecha del altar, me llevó, atravesando +algunas habitaciones, á otra donde se encerró conmigo. + +Noté que la disposicion de Calpuc hácia mí habia cambiado. + +--Sentaos, me dijo, y cubrios capitan: estais enteramente en vuestra +casa: quiero que me trateis con franqueza y que me respondais lisa y +llanamente á lo que voy á preguntaros. ¿Cuánto tiempo hace que habeis +atravesado la frontera? + +--Un año poco mas ó menos, le contesté. + +--¿Y decís que el adelantado de la frontera os ha mandado penetrar en el +desierto donde nadie hasta vos se ha atrevido á entrar? + +--Sí, señor, le contesté. + +--¿Y cuáles eran las instrucciones que traiais? repuso mirándome +fijamente. + +--Las de reducir á la obediencia á los rebeldes que habian negado el +vasallaje á S. M. el gran emperador nuestro amo. + +--Estais en un error, capitan, y lo estaba el adelantado al llamar +rebeldes á los moradores del desierto: esto no es exacto: los hombres +que han preferido huir de las poblaciones conquistadas, para internarse +en estas soledades, para venir á buscar estas otras poblaciones, +desconocidas aun para los castellanos, no son rebeldes, porque ellos no +han reconocido otros señores que los que á falta de Motezuma han +defendido la libertad y la honra de los mejicanos: todo consiste en que +en Méjico les queda aun mucho que conquistar á los españoles, en que en +sus interminables soledades, en sus gigantescos bosques, en sus inmensas +florestas, viven y vivirán siempre hombres, que prefieren la fatiga y la +guerra á la paz de la servidumbre bajo la tiranía del conquistador. No +nos llameis rebeldes, capitan; la rebeldía es un crímen de que no me +siento capaz; si alguna vez Calpuc jura fidelidad al emperador don +Carlos, será su mas fiel vasallo. + +--En buen hora, contesté, que no seais rebelde; pero el emperador, mi +amo, es bastante fuerte para conquistaros y os conquista: ya podeis +juzgar: cien hombres solos han sido bastantes para penetrar hasta el +interior del desierto y dictaros condiciones. + +Yo habia aventurado mis últimas palabras para probar el temple de alma +de Calpuc, y noté que las habia escuchado con un altivo desprecio: en +vez de irritarle yo, el me habia irritado á mí. + +--Lo que demuestra, dijo el anciano Yuzuf, interrumpiendo al capitan, +que el rey de aquellas gentes valia infinitamente mas que tú. + +--Líbrete Dios, emir, dijo profundamente el capitan, de verte frente á +frente de Calpuc. Ese hombre tiene alma de demonio. + +--No, yo creo que ese hombre tiene un alma valiente, que resiste con una +fuerza prodigiosa á la adversidad; pero continúa, porque aunque he oido +contar esa misma historia á Calpuc, quiero oir á entrambas partes; él te +acusa de asesino y de bandido, y si yo no te protegiera... + +Hizo un gesto de profundo desden Sedeño y exclamó: + +--Calpuc vive porque le proteges tú, emir; pero continuemos, que tiempo +tendrémos sobrado para llegar á ese asunto. + +El aspecto de frialdad con que Calpuc habia contestado á mi arrogancia, +arrogancia á que me daban derecho cien victorias conseguidas contra +aquellos bárbaros, sin perder un solo hombre, me contrarió. + +--Habeis llegado hasta aquí, capitan, me dijo, porque Dios lo ha +querido; porque Dios castiga en nosotros los pecados de nuestros padres +y su ciega idolatría; Dios os ha enviado, no como la luz que alumbra, +sino como la espada que hiere: sois un azote al que ha prestado Dios la +fuerza de su brazo, y triunfais; porque es necesario, porque es preciso +que triunfeis: en una palabra, sois los verdugos de la justicia de +Dios. + +--Y sin duda para desarmar la cólera de Dios, le dije con intencion, os +habeis convertido al cristianismo. + +--Me he convertido al cristianismo porque Dios ha querido que me +convierta, me contestó con la gravedad peculiar á los indios. + +--¿Y por qué, si sois cristiano, resistis á las armas del emperador? + +--¡Qué! ¿acaso vuestro emperador ha nacido para esclavizar al mundo +entero? contestó con desden Calpuc. + +--El gran emperador y rey don Carlos V es el monarca mas grande de la +tierra. + +--Su grandeza es un crímen continuado, contestó Calpuc; pero dejemos +vanas disputas. ¿A qué habeis venido aquí? + +--Ya os lo he dicho: á conquistar tierras á mi amo el emperador, y á +extender la fe de Jesucristo. + +--Por ahí debiais haber empezado; pero la fe de Jesucristo no se +extiende por medio del incendio, de la matanza, de la impureza, del robo +y de todo género de delitos: el que quiera extender la fe de Jesucristo +debe de ser un apóstol y encadenar las almas por el ejemplo de su virtud +y por la sabiduría de su palabra. Y si Dios os ha traido hasta estas +remotas tierras, no ha sido por la gloria de su nombre; vosotros sois +indignos de enaltecerla; os ha enviado como un castigo, y vosotros no +peleais con el valor del leon, excitados por la fe, sino por la sed de +oro; habeis llegado hasta aquí atraidos por la fama de la montaña +dorada, y os habeis encontrado con una roca de cristal. Si vuestros +soldados hubieran sabido esto, no hubieran sido tan audaces. Para +encontrar botin en abundancia, no es necesario penetrar en el desierto; +si en vez de estar la montaña dorada despues de esta ciudad, hubiese +estado mas allá, no hubiéreis pasado adelante. Sea como quiera, ¿cuanto +oro será necesario para que nos dejeis en paz? + +--Todo el oro que teneis, todas las riquezas que atesorais pertenecen á +mi amo el emperador, le contesté. + +--En buen hora, dijo Calpuc; vuestro será el oro del templo; vuestras +las riquezas que encierran las casas de la ciudad; pero no serán +vuestros los tesoros ocultos por nosotros en las entrañas de la tierra; +tesoros, en comparacion de los cuales, nada es cuanto habeis robado ó +podeis robar, porque nosotros sabemos donde estan las minas de oro y los +bancos de perlas y las rocas que encierran el diamante. Si vuestro +objeto no es otro que el de acumular riquezas, hablad; poned precio á +nuestra libertad, recibidlo y partid. + +--Escuchad, le dije: hay un medio de conciliarlo todo: al entrar he +visto una niña. + +Púsose sumamente pálido Calpuc. + +--Esa niña es mi hija, me contestó. + +--Pues bien, dadme vuestra hija por esposa, y me quedo entre vosotros; +os ayudo con mis invencibles soldados; fundamos un poderoso imperio al +que no se atreveran á llegar los españoles y... + +--¿Son esas vuestras últimas condiciones? dijo interrumpiéndome Calpuc. + +--Decididamente. + +--Pues bien, pensaré en ello. Entre tanto descansad; esta es vuestra +habitacion; no extrañeis si no me veis en algun tiempo, porque acaso me +lo impediran graves ocupaciones. Adios. + +Y sin esperar mi contestacion se perdió tras un tapiz. + +Para mí todo lo que habia visto y me habia maravillado, el trage +castellano de Calpuc, la pureza con que hablaba el castellano, la +existencia de tres sacerdotes católicos en un país de idólatras, estaba +explicado desde el momento en que encontré en el palacio del rey del +desierto á la hija del duque. + +Ella sin duda le habia convertido, ella le habia enseñado el habla +castellana; su apóstol y su maestro habia sido el amor. + +Y nada tenia esto de extraño: doña Inés era una mujer bastante por sus +encantos, por el poder de un no sé qué misterioso que se revelaba en +ella, para convertir y enamorar á un dervís. Yo mismo comprendí que si +doña Inés se empeñaba, á pesar de mis hábitos de bandido y de libertino, +me convertiria. + +Yo habia ido por ella sola al interior del desierto, porque nunca habia +creido en la existencia de la montaña de oro, y porque, como decia muy +bien Calpuc, para obtener grandes riquezas por medio del saqueo, no era +necesario alejarse tanto de la frontera. + +Yo habia buscado al terrible Calpuc con un puñado de valientes, porque +tenia indicios de que si doña Inés vivia, debia estar en su poder. + +La habia encontrado de una manera maravillosa; pero si bien la ambicion +me habia impulsado hacia ella, el amor y un amor violento habia +sustituido en mi alma el lugar de los pensamientos ambiciosos desde que +la ví. + +Mi demanda para esposa de la hija de Calpuc solo habia sido un pretexto +para acercarme á doña Inés. + +Sin embargo, una inquietud mortal me devoraba; habia cometido +indudablemente una imprudencia en pronunciar ante Calpuc el nombre del +duque de la Jarilla; Calpuc se habia mostrado receloso conmigo y era de +temer que ocultase de tal modo á doña Inés que no pudiese dar con ella. + +Sirviéronme de comer al uso de los naturales, en la habitacion que +Calpuc me tenia designada, y despues de comer se me presentó un indio +que hablaba medianamente el castellano, y me participó que su señor le +enviaba, para que, si yo queria, me sirviese de guia y de intérprete en +la ciudad. + +Aproveché sus servicios, salí del palacio por un postigo que estaba muy +cerca de mi habitacion, visité los alojamientos de mi tropa, á la que +encontré dispuesta á todo, y recorrí despues la ciudad. Notaba que por +todas partes se fijaban en mí miradas recelosas, que las mujeres se +escondian á mi vista, y que los agoreros predicaban de una manera +enérgica, á pesar de mi presencia, en el lenguaje bárbaro de los +sacerdotes indios, en medio de una multitud cabizbaja y silenciosa. + +Algunos de estos agoreros, señalaban con rabia la cruz que habia +aparecido sobre el templo, y por sus gestos, y violentos ademanes, podia +comprenderse que excitaban á los indios á la insurreccion. + +Cuando ya cerca de la noche me volví al palacio de Calpuc, y entré en mi +habitacion por el mismo postigo por donde habia salido, noté que la +ciudad habia quedado entregada á una agitacion sorda y amenazadora. + +Ya habia indicado yo á mis alféreces donde podrian encontrarme, y aunque +mi situacion era aislada y peligrosa, me llenó de alegria la idea de que +una acometida por parte de los indios, me autorizaria para obrar sobre +la ciudad como sobre pais conquistado. + +Inmediatamente que entré me sirvieron la cena. + +Despues me dejaron solo. + +No pasó mucho tiempo cuando percibí un ruido leve en una de las +habitaciones inmediatas. Mi primer pensamiento fue la sospecha de que +acaso pensaban sorprenderme y asesinarme, y á todo evento esperé de pie +en medio de la cámara. + +Poco despues se levantó el tapiz de una puerta y en vez de un asesino +entró una niña. Una niña hermosa como un ángel. + +La niña se puso sonriendo uno de sus pequeños dedos sobre su pequeñísima +boca, y acercándose á mí me dijo con una hechicera confianza: + +--Señor español, mi madre, que es española como vos, desea hablaros; +pero para ello será necesario que me sigais sin hacer ruido; muy +quedito y muy en silencio. + +Despojéme de mis espuelas, y como no era de presumir que Calpuc se +valiese de su hija para tenderme un lazo, me limité á llevar por única +arma mi daga, que aun conservaba en la cintura: si por acaso no la +hubiese tenido, hubiese seguido á Estrella, que asi se llamaba la niña, +enteramente desarmado; hacer otra cosa hubiera sido demostrar +desconfianza ó miedo, y esto ofendia mi orgullo. + +Estrella me asió de una mano, me sacó de la cámara, y me llevó á oscuras +por un laberinto de corredores y habitaciones. Al fin entramos en un +departamento donde se aspiraba un ambiente cargado de perfumes, lo que +demostraba que ya estábamos en las habitaciones de doña Inés. + +Al fin Estrella levantó un tapiz y entramos en una magnifica cámara, +iluminada blandamente por una lámpara, en cuyo fondo, sobre almohadones +de pluma, estaba sentada una mujer vestida de blanco. + +Era doña Inés. + +La media luz que iluminaba la cámara, los brillantes muebles que la +alhajaban, el trage blanco de doña Inés, su cabellera negra, +magníficamente agrupada en trenzas sobre su cabeza, la ardiente +melancolia de su semblante, la ansiedad que se pintaba en su mirada, +todo, todo, hacia de aquella mujer una tentacion viviente. + +Doña Inés besó á su hija en la boca, la dijo algunas palabras al oido, y +la niña, haciendo una señal de inteligencia, atravesó, leve como una +pluma, la cámara y se perdió detrás de una puerta. + +--Dispensad, caballero, me dijo doña Inés con un acento ávido, opaco y +profundamente melancólico; perdonad que os haya molestado, y sentaos. Me +habeis dicho que venis de España, que hace un año habeis penetrado en el +desierto, y que esto ha sido por órden de don Juan de Cárdenas, duque de +la Jarilla, adelantado de España en la frontera. + +Doña Inés pronunció todas estas palabras con una precipitacion febril. + +Esperé un momento á que dominase su conmocion, y la respondí: + +--En efecto, señora, el adelantado de la frontera, ha premiado mis +largos servicios al emperador, haciéndome la honra de encargarme... + +--¿Y qué encargo es ese?... + +--Hace diez años los indios sorprendieron al adelantado, y le robaron +una hija adorada. + +--¿Y el adelantado, no se ha acordado en diez años de buscar á su hija? +dijo con cierto sarcasmo doña Inés. + +--El adelantado, señora, ha enviado uno y otro capitan; á uno y otro +tercio al desierto; todos han perecido. + +--¿Y solo vos habeis podido llegar?... + +Doña Inés se detuvo. + +--Si, si señora, la dije con audacia, yo solo he tenido la fortuna de +encontraros. + +--¡De encontrarme! ¡pues qué! ¿creeis que yo soy la hija del adelantado? +¿es esa señora la única española que por las vicisitudes de la guerra ha +venido á parar á poder de los indios? + +--Yo, señora, la contesté, no hubiera aventurado ninguna expresion, sino +estuviese seguro de que vos sois doña Inés de Cárdenas. + +--¡Que estáis seguro de que yo soy...! + +--Si, por cierto, porque os conozco. + +--¡Que me conoceis! + +--He visto vuestro retrato en casa de vuestro padre. + +--Sin duda os engaña la memoria. + +--Suele suceder que la memoria engañe; pero jamás engaña el corazon. + +Doña Inés afectó no comprender el sentido directo y audaz de mis últimas +palabras. + +--El corazon se engaña tambien me dijo con la mayor naturalidad; á +quinientas leguas de distancia, cuando se han atravesado bosques y +desiertos, y se han visto muchas mujeres... es fácil... + +--Si, eso es fácil para un indiferente, pero no para un hombre que ama. + +Era ya el tiro tan directo que doña Inés no pudo desentenderse y adoptó +un aspecto severo. + +--Si creeis que yo soy hija del duque de la Jarilla; si habeis +comprendido la posicion que ocupo en esta casa, por mas que yo no sea la +mujer que creeis, me haceis una grave ofensa. + +--Perdonad, pero no conozco bien vuestra posicion. + +--¿Y qué posición puede ser la mia, teniendo una hija, sino la de esposa +de un hombre que profesa mi misma religion, y que es mas ilustre que yo, +puesto que es rey de unos dominios tan extensos como los del emperador +don Carlos? + +--Dominios que sin embargo se conquistan con cien soldados castellanos. + +--Asi lo quiere Dios, y es justo que asi sea, dijo doña Inés. Pero no os +mostreis tan orgulloso; hasta ahora solo habeis tropezado con pequeños +caciques á los que os ha sido fácil vencer: no habeis encontrado un solo +guerrero: todas esas turbas que habeis vencido, son restos de tribus +aterradas, desmembradas que han huido á los desiertos, despoblando la +parte conquistada por los españoles. Pero ahora os encontrais en la +primera ciudad de otro imperio fuerte y poderoso que no se ha aterrado +todavía, y que está acostumbrado á vencer á los españoles. ¿No sabeis de +boca del mismo adelantado de la opuesta frontera, que á pesar de sus +murallas, de sus cañones y de sus soldados castellanos, los idólatras le +arrebataron su hija de su mismo palacio? + +--¡Oh! ¡al fin confesais!... + +--Me remito á lo que vos mismo me habeis referido. + +--Pero os repito, doña Inés, que he visto vuestro retrato en la casa de +vuestro padre, que no puedo desconoceros, porque causásteis en mí una +emocion profunda, y porque, en fin, en nada habeis variado sino en haber +acrecido en hermosura. + +--¿Habeis hecho una campaña de quinientas leguas por mí, solo por mí? +dijo con un acento indefinible doña Inés. + +--Vuestro padre... + +--Mi padre, porque... si, yo soy esa doña Inés que buscais; mi padre ha +tenido ocasion de saber de mí, ya enviando un indio de paz, ya por otros +mil medios. No, no: mi padre me ha maldecido sin duda; mi padre ha +renegado de su hija. + +--Vuestro padre os cree muerta, señora; vuestro retrato está cubierto +con un velo negro. + +Doña Inés se conmovió, surcaron dos lágrimas sus blancas mejillas, y +dijo con acento conmovido: + +--Mi padre no podia creer que entre los idólatras hubiese un alma +generosa, un gran corazon que me sirviese de amparo. Mi padre supuso y +supuso con razon, que yo no podria sobrevivir á la esclavitud y al +envilecimiento. Pero mi padre se ha engañado. Para ser completamente +feliz, solo me falta respirar el aire de la patria, y vivir entre +cristianos. + +--¡Ah! ¡sois feliz! + +--Cuanto puedo serlo en una tierra extraña habitada por idólatras. Si +esto os maravilla, prestadme un tanto de atencion y cesará vuestro +asombro. + +Mi padre os habrá referido cómo le fuí arrebatada: los indios nos +sorprendieron, pasaron á cuchillo á los españoles, y su rey penetró en +nuestra casa, y en mi cámara, en el momento en que la mano brutal de un +salvaje me habia arrancado de mi reclinatorio, donde pedia á Dios +misericordia, y arrastrándome por los cabellos, levantaba sobre mí su +hacha. + +El valiente Calpuc me arrancó de las manos del terrible guerrero, y +para salvarme, me declaró su cautiva. + +Todos respetaron á la cautiva del rey. + +Despues no recuerdo lo que sucedió; solo que cuando torné en mí, me +encontré en un lecho portatil, conducido por cuatro indios, en medio de +un ejército innumerable de salvajes, que marchaban por ásperos y +horribles desfiladeros. + +Durante muchos dias, hicimos pacíficamente el mismo camino que vos, sin +duda, habeis hecho, dejando á vuestras espaldas la muerte, la +desolacion, y el incendio: al fin llegamos á esta ciudad, y fuí +trasladada á este mismo palacio. + +Durante el camino, mis ojos habian buscado en vano al jóven guerrero que +me habia librado de una muerte horrorosa. Un impulso de gratitud y un +sentimiento que no podia explicarme, me hacian pensar en él. Algunos +dias despues de haber llegado á este palacio, me atreví á preguntar á +las esclavas que me asistian, por el rey de aquella tierra. + +Entonces un anciano sacerdote que habia sido cautivado en la misma +ocasion en que yo lo habia sido, se me presentó y me dijo que el jóven +rey del desierto, Calpuc, habia ido á reprimir la insurreccion de una de +las tribus; díjome asimismo, que conmigo, ademas de él, habian sido +libertados de la muerte otros dos sacerdotes cristianos y algunos +soldados y mujeres castellanas. + +--Ignoro la suerte que nos está reservada hija mia, añadió: creo que +este rey es humano y generoso; pero en todo caso, antes que faltar á la +virtud y á la fe de Jesucristo, es preferible el martirio. + +Algunos dias despues, se me presentó el mismo Calpuc. + +Era muy jóven, y ya le conoceis, y podeis comprender que posee dotes +para hacerse amar. Yo no habia pensado en que podria amarle; este +pensamiento me hubiera llenado de terror: mis creencias, mi educacion, +mi altivez, todo se oponia en mí á este pensamiento, y sin embargo, ya +os he dicho, que el recuerdo de aquel jóven que me habia salvado, me +inspiraba un sentimiento misterioso que no podia explicarme, que yo no +creia que pudiese ser amor, y que atribuia á gratitud. + +Fuése que por hacerse entender de mí, Calpuc hubiese procurado aprender +el habla castellana, fuese que conociese algunas de sus palabras por la +continua guerra contra los españoles, me hizo entender, aunque á duras +penas, en nuestra primera vista, que nada tenia que temer, y que si me +habia llevado consigo á sus dominios, solo habia sido por no dejarme +expuesta á mil peligros. + +Desde entonces todos los dias me hacia una corta visita. + +Lentamente el jóven indio fue comprendiendo mejor el castellano; al fin +á los seis meses, se hacia entender perfectamente. + +Yo tambien habia comprendido lo que mi corazon no habia podido +ocultarme, esto es, que amaba al rey del desierto. Le amaba, sí, pero +jamás le revelé mi amor, ni con una mirada, ni con una demostracion de +alegría á su llegada, llegada que yo ansiaba, para dar en el fondo de mi +alma una expansion á mi amor. + +Calpuc, por su parte, me trataba con el mayor respeto y con una +indiferencia perfectamente afectada; pero ¿qué mujer no conoce si es +amada ó no por un hombre á quien ve todos los dias? + +Sabia, pues, que le amaba y que era amada; pero estaba resuelta á morir +antes que á pertenecer á un idólatra. + +Pero nuestra mutua posicion debia ser mas íntima y mas difícil; debia +llegar un dia en que viviésemos continuamente juntos, en que comiésemos +en un mismo plato, en que hiciésemos una vida comun. + +Aun no habian pasado seis meses, desde que habia sido arrebatada á mi +padre, cuando un dia se me presentó Calpuc pálido y trémulo. + +--Es necesario que seas mi esposa, castellana, me dijo, y que adores á +nuestros dioses. + +--¡Jamás! le contesté; Jamás seré la esposa de un idólatra, ni me +prosternaré ante el ara horrible que se riega con sangre humana. + +--Escúchame, Inés, dijo Calpuc, sentándose á mi lado: los agoreros han +dicho al pueblo, que una mujer que vive en mi palacio, me envuelve en la +tentacion y en la impureza; que esa mujer causará la completa ruina de +los restos del imperio mejicano, y que, para aplacar á los dioses, es +necesario que esa mujer sea entregada á los sacerdotes y sacrificada +ante el altar. + +El horror de esta terrible perspectiva me hizo estremecer. + +--Y no es esto solo: los agoreros dicen que es necesario para asegurar +la suerte del imperio, que sean sacrificados tambien tus hermanos de +religion y de patria que han sido cautivados contigo. + +--Pero tú eres el rey de esa gente, le dije. + +--Mi poder, me contestó Calpuc, nada puede contra el poder de los +sacerdotes. No hay otro medio para ti que ser mi esposa, y adorar á +nuestros dioses, ni otro medio tampoco de salvar á esos infelices, sino +se prosternan ante nuestros altares. + +--Pues antes que eso, ellos y yo, preferimos el martirio. + +--Escúchame, Inés, me dijo Calpuc con acento profundamente conmovido, y +asiéndome una mano, yo te amo. + +Era la primera palabra, y la primera mirada de amor que se atrevia á +dirigirme Calpuc. + +--¿Y por qué me amais, conociendo que yo no habia de sucumbir á vuestros +amores? ¿Pretendeis aterrarme para que consienta en ser vuestra esposa? + +--No, no; dijo dulcemente Calpuc; yo solo quiero salvarte. + +--Pero mi salvacion es imposible. + +--¿Y por qué? + +--Porque jamás renegaré de mi Dios. + +Calpuc observó si podia ser escuchado de alguien, y luego llevándome á +un ángulo retirado de la cámara donde nos encontramos, me dijo: + +--Yo no quiero que mueras. + +Me miró de una manera apasionada durante un momento, y luego continuó. + +--Si tú murieras, Calpuc se convertiria en el mas feroz de los hombres. + +--Pues bien, sé rey fuerte y poderoso. + +--Y dime, ¿qué harian los españoles, si su emperador les mandase ofender +al Dios de sus padres, y desobedecer á sus sacerdotes? + +--¿Los españoles...? los españoles destituirian, exterminarian al +emperador. + +--¿Y por qué no habian de hacer lo mismo los mejicanos con un rey que +les mandase arrojar por tierra los altares de sus padres? + +--Pero los españoles adoran al verdadero Dios, y vosotros adorais á +Belial. + +--La oracion de mi madre resuena en los oidos de los guerreros de mi +nacion, cristiana, como la de tus abuelos resuena en los oidos de los +tuyos. No te obligaré yo á que abandones á tu Dios... + +--Y me exiges que reniegue de él. + +--No, solo te pido que engañes á los hombres. + +--¡Cómo! + +--Guarda en tu corazon tus dioses; pero arrodillate, para que mis +sacerdotes dejen de aborrecerte, arrodillate ante los nuestros. + +--¡No, nunca!... + +--¿Y la vida de esos desdichados? ¿y mi vida? + +Calpuc se arrojó á mis piés. + +--Es necesario que te resuelvas, continuó; no se pondrá el sol tras las +montañas azules, sin que los sacerdotes me pidan una respuesta. Es +necesario que la hermosa vírgen se salve, y escucha: si no me amas no +serás mi esposa, sino para los hombres, que se alimentan con lo que ven +y con lo que oyen: Calpuc no se acercará á la vírgen de su amor, sino +para tenderse á sus piés y guardar su sueño. Calpuc amará á su hermana, +pero es necesario que su hermana le llame esposo; es necesario que todos +la crean esposa del rey, para que ninguno se atreva á pensar en matarla: +¡ah! si mi hermana muriera, Calpuc se convertiria en un tigre. + +Los ojos del jóven salvaje centelleaban, y un amor inmenso se exhalaba +por ellos; pero un amor tan respetuoso, tan sublime como ardiente. + +Yo, aunque aterrada por la horrorosa suerte que me amenazaba, me sostuve +sin vacilar en mi resolucion, y Calpuc desesperado llamó al mas anciano +de los tres sacerdotes cristianos. + +Este consintió en persuadirme al fingimiento que de mí se exigia, pero +con una condicion solemne: exigió á Calpuc que se convirtiera al +cristianismo. + +--Nuestros dioses se alimentan con sangre humana, dijo profundamente +Calpuc; nuestros sacerdotes son unos malvados, que vuelven en su +provecho la fe de mis hermanos; muchas veces he pensado en que un dios +de muerte y de sangre, no es el dios que ha criado el sol, que es tan +beneficioso, ni la luna que es tan bella, ni la tierra que es tan +fértil, ni el mar que es tan grande, ni ese abismo tan azul, donde +brillan innumerables los luceros. Mi padre que era un sabio y un justo +me habia dicho: estos sacrificios humanos nos traerán al fin la +maldicion de Dios. Por allí, por donde sale el sol tan resplandeciente, +vendrán unos guerreros formidables que nos traerán, sobre mares de fuego +y sangre, en castigo en nuestras culpas, otro Dios mas benéfico. Yo +escucho todavía la voz de mi padre. Calpuc, ha querido conocer á Dios, y +los agoreros no han sabido mostrárselo. ¿Se lo mostrarás, tu, anciano? + +[imagen: Doña Inés de Cárdenas.] + +El licenciado Vadillo, que así se llamaba el sacerdote, aprovechó la +buena disposicion de Calpuc, y me decidió á que, para causar un gran +bien, me prestase á unas formas externas, que en nada podian ofender á +Dios, puesto que conocia la pureza de nuestras intenciones. + +Imponderable fue la alegría de Calpuc cuando supo que yo consentía en +cuanto era necesario hacer para que los sacerdotes idólatras +renunciasen, ó por mejor decir, no pensasen en sacrificarnos. + +Algunos dias despues era yo la esposa de Calpuc. + +Esposa para el pueblo; hermana para él. + +Lentamente el licenciado Vadillo y yo fuimos labrando la fe cristiana en +el alma de Calpuc. Al fin un dia, el dia mas hermoso de mi vida, el +licenciado Vadillo bautizó á Calpuc en secreto, y en secreto tambien nos +desposó con arreglo al rito de la Iglesia católica. + +Entonces no fui ya la hermana, sino la mujer de Calpuc. + +Un año despues el cielo habia bendecido nuestra union dándonos á +Estrella, á mi hermosa Estrella. + +Una capilla, la misma que habeis visto, fabricada por españoles, que +habian venido á fuerza de oro, y construida con el mayor recato, habia +abierto para nosotros el fecundo manantial de vida de la oracion y de +las prácticas religiosas. Habreis reparado que habeis sido introducido +por una puerta secreta en esta parte del palacio; que todas las +habitaciones estan iluminadas por ventanas abiertas en el techo; que +nadie, en fin, puede sorprender lo que aquí suceda: el vulgo cree que +estas habitaciones tan cerradas son las de las mujeres del rey, y nadie +se atreveria á mirar ni á espiar el interior del sagrado recinto aunque +le fuese posible. Mi esposo tiene adormida la suspicacia de los +sacerdotes á fuerza de oro, y á fuerza de oro ha conseguido que no haya +un solo sacrificio humano, á pretexto de que los sacerdotes dicen al +pueblo, que los dioses estan contentos y que no hay necesidad de aplacar +su cólera con sangre. Los cráneos humanos que veríais ayer sobre el +templo eran antiguos. + +[imagen: Sentí diferentes golpes de hacha y perdí los sentidos.] + +--Pues mucho me temo, dije interrumpiendo á doña Inés, que tanta +felicidad no sea turbada por vuestra causa. + +--¿Por mi causa? dijo doña Inés. + +--Si por cierto, porque vos sois la que me habeis traido aquí al frente +de mis soldados. + +--¿Y qué desgracia nos puede acontecer? + +--Nuestros soldados han entrado triunfantes en la ciudad. + +--Pero ha sido porque hemos hecho creer á los habitantes que tras +vosotros venia un formidable ejército; ha sido porque yo no he querido +que se vierta sangre de cristianos; porque deseo, en fin, que haya un +acomodamiento entre los conquistadores y los naturales, y á propósito de +ello queria hablar con el capitan de la bandera española que se habia +presentado delante de nosotros. + +--No me ha dicho lo mismo vuestro noble esposo, señora, la repliqué. + +--¿Ha hablado con vos mi esposo? + +--Si, me ha ofrecido tesoros porque me vuelva con mi gente á la lejana +frontera. + +--Eso consiste en que habeis cometido la imprudencia de nombrar á mi +padre delante de mí. + +--Pero en fin, señora, ¿á que habremos de atenernos? + +--Es necesario obrar y obrar pronto. Es necesario que marcheis, llevando +á mi padre un mensaje que yo os daré para él. + +--¡Partir! ¡partir, cuando se han hecho quinientas leguas y se han dado +cien batallas por encontraros! + +--Vuestra gente está perdida en la ciudad: solo por el temor de verse +anonadados, dominados por un formidable ejército, han podido los +naturales consentir en que se celebren las ceremonias de otra religion +en el templo de sus falsos dioses: si mañana no aparece, como es +imposible que aparezca, ese soñado ejército, innumerables idólatras +envestirán á vuestras gentes, las sofocarán por su número y las +sacrificarán á sus dioses, á fin de aplacarlos por la, para ellos, +terrible profanacion que se ha efectuado hoy en el templo; creedme, +caballero, creedme; voy á hacer que busquen á mi esposo, á fin de que +tratemos acerca de lo que conviene hacer, á propósito de establecer una +buena inteligencia entre los españoles y los naturales, y esta misma +noche partireis... ó sino partís sereis sacrificado... lo que me pesaria +sobre manera. + +--Pues os repito, señora, que habeis acudido tarde á no ser que lo que +me preponeis sea una discreta industria para alejarme con mi gente. + +--Os juro que nada hay en mis palabras doble ni artificioso; sino os +alejais sois gente perdida. + +--Pues creo que eso lo hemos de ver muy pronto, dije aplicando el oido, +porque me pareció haber escuchado un disparo de arcabuz. + +En efecto, no me habia engañado; poco despues, y partiendo del templo, +retumbaba sobre la ciudad un cerrado fuego de mosqueteria: oíanse +distintamente los gritos tumultuosos de los idólatras, y dentro del +mismo palacio se dejaba oir una animacion terrible. + +Estrella se presentó pálida en la cámara y se arrojó en los brazos de su +madre, que se habia levantado y fijaba en mí, que me habia levantado +tambien, una mirada fija y terrible. + +--¿Qué significa esto, caballero? me preguntó. + +--Esto significa que las gentes de la ciudad han acometido á mi gente, +que, como es natural, se defiende. Por mi parte os juro que nada sé de +esto, y que me pesa; pero lo tenia previsto. + +--Pues bien, no saldreis de aquí, caballero, dijo una voz á la puerta. + +Aquella voz era la de Calpuc, que se presentaba, no con el traje español +con que se habia presentado aquel dia ante nosotros, sino con sus +ostentosas vestiduras de rey mejicano, armado con un hacha corta y +reluciente. + +--¡Ah! ¡me habeis tendido un lazo! exclamé; ¡me habeis asegurado en +vuestra casa, creyendo que mis gentes sin su capitan serian mas +fácilmente vencidas! Pero os habeis engañado: lo he previsto todo; no +tardaran en llegar aquí mis soldados. + +--¡Ah! ¡lo habiais previsto todo! dijo sombríamente Calpuc: ¡habeis +venido no á extender la religion de Cristo, sino á robarme mi esposa! El +duque de la Jarilla os envia, y contábais demasiado fácilmente con el +logro de vuestra empresa. Os habeis engañado capitan: habeis venido á +morir á mis manos como un traidor. + +Y adelantó hácia mí. + +Yo desnudé mi daga, única arma de que, por imprevision, estaba provisto: +doña Inés se interpuso. + +--No, no, exclamó: no vertamos mas sangre que la necesaria para defender +nuestros hogares. + +--Nuestros hogares estan acometidos é incendiados, exclamó con rabia +Calpuc, y este miserable renegado, que blasfema la religion de Cristo, +va á morir á mis manos. + +Y rechazó con fuerza á su mujer. + +Trabóse poco despues una lucha desigual: yo solo tenia mi daga: el rey +del desierto era valiente, vigoroso y ágil, y se defendia con las armas +de que iba cubierto, de mis golpes. Para defenderme de los suyos me veia +obligado á retroceder; oia ya cerca, muy cerca, los gritos y los +disparos de arcabuz de mis soldados; un resplandor rojizo se veia al +fondo en las habitaciones, por la puerta que habia dejado franca Calpuc: +pero yo no podia ganar aquella puerta: las mujeres, asustadas, habian +huido por otra; habiamos quedado solos el indio y yo: él estrechándome, +yo retrocediendo: al fin me alcanzó un hachazo en el brazo izquierdo, +luego otro en el rostro. Caí, la sangre me cegó, el vértigo se apoderó +de mí: sentí diferentes golpes de hacha en el cuerpo, y perdí los +sentidos. + +Calpuc me dejó tal como me ves ahora, con un costuron en el rostro, con +una manga sin brazo, y con una pata de palo, á mas de otras heridas +profundamente señaladas en el resto de mi cuerpo. + +Aquella negra aventura dió ocasion á que me llamasen mis compañeros +primero y despues todos los soldados de los tercios en que he servido, +el capitan estropeado. + +Debes tener tambien en cuenta, que en tu servicio he recibido estas +heridas, ó por mejor decir, he perdido el agradable aspecto que antes +tenia mi semblante; un brazo y una pierna: no debes olvidar esto, Yuzuf. + +--¿Te mandé yo, que penetrases en el interior de los desiertos de +Méjico? dijo con desden Yuzuf: si te llevaron á ellos tus vicios, esto +es, tu lujuria y tu codicia, tuya, y sola tuya es la culpa: no en mi +servicio, síno en el tuyo fuiste estropeado. + +--Si, es cierto en alguna parte lo que dices; pero ten en cuenta, Yuzuf, +que tú habias apurado los tesoros de tu padre: que la contribucion que +te pagaban las Alpujarras, no bastaba para alimentar á tus monfíes, ni +para sostener tu decoro de emir: que tú, como el emperador don Carlos, y +como los aventureros y golillas españoles, habias pensado en la América, +en ese rico tesoro encontrado mas allá de los mares por Cristóval Colon: +que para procurarte riquezas fue únicamente para lo que me compraste una +compañía, y me diste ciento de los tuyos: que sino hubiera sido por tí, +yo no hubiera ido á Méjico, no hubiera conocido al duque de Jarilla, no +hubiera visto el retrato de su hija, y no hubiera pasado de la frontera, +donde, sin gran peligro y trabajo, se alcanzaban ricas presas. Recuerda, +en fin, que en seis años que estuve por allá, llené tus arcas de oro +para mucho tiempo. + +--Y dime: ¿á quién debes tu salvacion en tu descabellada excursion por +el desierto sino á mis monfíes? + +--Es cierto; pero eso no quita el que te haya servido fielmente, y el +que estés obligado á darme ayuda. + +--Si me has servido fielmente, es porque te tenia sujeto: porque á tu +lado y como alféreces tuyos, iban hombres que no te hubieran permitido +que me hicieses traicion: si hubieras podido, no me hubieras enviado ni +un solo marco de oro: nada tengo que agradecerte, eres mi esclavo. Pero +continúa, y sepamos á donde vas á parar con tu extraño relato. + +--Cuando volví en mí, me encontré dentro de una cabaña en el centro de +un bosque; estaba en un lecho de pieles de búfalo, y enteramente solo: +era de noche: una lámpara de hierro puesta sobre una piedra, alumbraba +la cabaña: junto á mí, tendido en el suelo, y echada la cabeza sobre el +lecho, dormia un hombre, y únicamente sus fuertes ronquidos interrumpian +el profundo silencio que reinaba. + +Yo estaba vendado, dolorido, débil: por el momento, nada percibí mas que +en conjunto: despues pasé de la observacion de los objetos exteriores á +mí mismo, y me aterré: me faltaban un brazo y una pierna; el +conocimiento de esta falta me hizo arrojar un grito de terror; á aquel +grito, el hombre que dormia junto á mí despertó; era uno de mis +alféreces; uno de tus monfíes. + +Esto me tranquilizó un tanto; al menos no estaba en poder de los +idólatras: no debia temer el ser sacrificado á sus horribles ídolos. Sin +duda estaba en medio de mis gentes, puesto que el alférez se mostraba +completamente armado. + +--Gracias á Dios, me dijo, que al fin habeis tornado en vos, capitan: +tres dias habeis estado como muerto. + +--¿Y dónde nos hallamos? + +--A muchas leguas de la ciudad de ese perro idólatra, en cuyo palacio os +encontramos casi hecho pedazos. + +--¿Y qué ha sido de ese hombre? + +--Logró escapar de nuestras manos; reunió su gente en número +considerable, y nos obligó á retirarnos de la ciudad. + +--Pero no nos ha perseguido, puesto que estamos en reposo, y debe estar +muy lejos el peligro, porque dormiais profundamente, alférez, cuando yo +he vuelto en mí. + +--Perdonad, capitan, me dijo, si he podido dormirme; hace tres dias con +sus noches que no dormimos: pero eso no quiere decir que no haya +peligro: por el contrario, tenemos al otro lindero del bosque el campo +de los idólatras, y nuestras postas (centinelas) estan al frente de +ellos. Tres dias hemos venido retirándonos, conteniendo una infinita +muchedumbre con el fuego de nuestra mosqueteria, sin cesar de andar, +llevándoos delante de nosotros en un lecho cubierto. Aquí fue necesario +cortaros una pierna y un brazo, y para hacer esta operacion, nos fue +forzoso detenernos y sostener un reñido combate: en él hemos perdido +diez hombres. + +--¿Y las mujeres? dije con ansiedad. + +--Las mujeres y la presa la hemos mantenido constantemente en medio de +nosotros, y aun no nos hemos visto obligados á perder la menor parte del +botin. + +--Y entre esas mujeres, ¿vienen por acaso la esposa y la hija del rey +Calpuc? + +--Sí señor. + +--Supongo que esas mujeres se habran respetado. + +--Ninguno de vuestros soldados, capitan, se hubiera atrevido á tocar á +la presa antes de que vos la hubiéseis repartido. + +--¿Y quién me ha curado? + +--El médico judio que nos acompaña desde las Alpujarras. + +--¿Y qué dice el médico acerca de mi vida? + +--Despues de haberos cortado la pierna y el brazo, y de haberos +examinado las heridas de la cabeza, nos aseguró que os quedaban muchos +años de vida; pero... ¿no ois, capitan? + +Habia resonado á lo lejos un disparo de arcabuz, al que siguieron +instantáneamente algunas descargas. Poco despues el fuego se extendió á +la redonda, se acercó y se estrechó alrededor de la cabaña donde yo me +encontraba. + +--Los idólatras han acometido el campo, exclamó el alférez, y nunca como +ahora nos han cercado: quiera Dios que no nos exterminen esta noche. + +--Esperad, le dije: ¿no me habeis dicho que estan entre nosotros la hija +y la esposa del rey Calpuc? + +--Si, por cierto. + +--Hacedlas venir al momento. + +El alférez salió, y poco despues entró con la madre y la hija. + +Doña Inés venia pálida, grave; pero altiva, con el mismo trage con que +la habia visto tres dias antes: á no ser por los pasos que dió en la +cabaña al entrar en ella, se la hubiera podido creer una estátua. + +Su hija Estrella, inmóvil tambien, abrazada á la cintura de doña Inés, +pálida y trémula, fijaba en mí una mirada llena de terror; el alférez +estaba detrás de ellas impasible, como sino se tratara de una mujer tan +hermosa como doña Inés, y una niña tan semejante á un ángel como +Estrella. + +--Doña Inés, la dije: las circunstancias en que nos encontramos haran +que no extrañeis la resolucion que voy á tomar para salvar á mi gente. + +--Comprendo la resolucion que tomareis, me dijo con acento glacial doña +Isabel, y bien, estoy resuelta: pereceremos todos. + +--¿Y vuestra hija? exclamé con acento profundo. + +Noté que doña Inés temblaba, que la niña palidecia aun mas, y que +pugnaba en vano por contener sus lágrimas. + +--Ved lo que haceis doña Inés, la dije: vuestro padre tiene +indisputables derechos á recobraros por el honor de su familia, y +prescindiendo de eso, vos teneis un deber sagrado de protejer á vuestra +hija. ¿No os causa horror solo el pensar en ver ensangrentada á vuestros +piés á esa hermosa criatura? + +Estrella lanzó un grito de terror, se asió mas á su madre, y rompió á +llorar á gritos. + +Doña Inés me llamó infame. + +--Y doña Inés tenia mucha razón para llamártelo, dijo Yuzuf. + +--Yo no sé si he sido infame, dijo secamente el capitan. Lo que sé es, +que por doña Inés hubiera arrostrado la condenacion de mi alma. Déjame +continuar, Yuzuf. + +--Continúa en buen hora, pero procura abreviar, porque tu cuento se ha +hecho ya muy largo, y me aquejan otros cuidados. + +--No; es preciso que sepas cuánto he sufrido, cuánto he hecho por el +amor de esa mujer, para que comprendas cuánto puedo hacer todavía. + +--Sigue, sigue. + +--Si doña Inés hubiera sido mi única prisionera, hubiera arrostrado por +todo y los indios nos hubieran exterminado; pero doña Inés no se +atrevió, no tuvo valor para sacrificar consigo á su hija, y su amor de +madre nos salvó. Escribió una carta para su esposo, en que le hacia +presente su horrible situacion y la de su hija: deciale, que su padre el +duque de la Jarilla me habia enviado para arrancarla de su poder, del +mismo modo que él la habia arrebatado de la frontera en otro tiempo; que +nada tenia que temer de mí, que todo se reducia á volver al seno de su +familia. Doña Inés, en fin, mintió y se valió de su buen ingenio para +aterrar á su marido. Uno de nuestros soldados atravesó el fuego, y fue á +llevar al rey del desierto la carta de su esposa. + +Inmediatamente cesó el combate, y se entró en capitulaciones. + +Calpuc exigió que se le entregasen los demás cautivos hombres y mujeres, +y la presa, y juramento por mi parte de entregar sanas y salvas, sin +ofensa en su honor, su esposa y su hija al duque de la Jarilla. + +Cuando tus monfíes, Yuzuf, supieron que para que se retirasen los +idólatras era necesario entregar la presa, quisieron continuar al +combate á todo trance, á pesar de que contra cada monfí habia mil +enemigos. Hay que confesar que tus monfíes son muy valientes, y que á +duras penas conseguí que entregasen la presa. + +Solo doña Inés y Estrella quedaron en mi poder. + +Calpuc, que habia comprendido que si bien le era fácil exterminarnos, +atendiendo á que mi gente estaba sin capitan y á que era infinitamente +inferior en número á la suya, el destruirnos era sentenciar á morir á su +esposa y á su hija, quiso mejor que estando vivas, le quedase la +esperanza de recobrarlas algun dia. Yo habia contado con esto, y no +habia contado mal. Antes del amanecer se habian retirado los idólatras +al otro lado del bosque, y pudimos continuar nuestro camino. Pero la +mitad de la compañia habia quedado muerta sobre el campo. + +Como me habia dicho en nuestra primera entrevista doña Inés, hasta que +habiamos entrado en los dominios de Calpuc, no habiamos encontrado +gentes formidables: nuestros triunfos habian sido fáciles hasta +entonces, y asi es que cuando desandamos el camino que habiamos llevado +hasta la ciudad de Calpuc, vencimos con facilidad á algunas tribus +salvajes que nos salieron al encuentro. Pero no pudimos hacer una sola +presa y llegamos á la frontera, tan pobres como un año antes habiamos +partido de ella. + +Los monfíes estaban desatalentados. Solo yo habia conseguido mi objeto; +pero á medias. Traia conmigo á doña Inés; pero me dejaba allá en el +centro del desierto un brazo y una pierna, y el hacha de Calpuc, +cruzando mi cara, me habia desfigurado conpletamente. + +Ademas, mis proyectos de ambicion habian fracasado. Yo no podia ser +esposo de doña Inés, porque doña Inés estaba casada. + +A pesar de que el duque de la Jarilla habia dejado el adelantamiento de +la frontera, no me atreví á entrar en las ciudades con doña Inés, que +era muy conocida, y restablecido ya completamente de mis heridas, me +dediqué á hacer la guerra de frontera como antes de mi expedicion al +desierto, llevando siempre conmigo á doña Inés. + +Llegó al fin un dia, en que, subyugadas de nuevo las provincias +rebeldes, los indios que no quisieron sujetarse al yugo se internaron en +el desierto, donde no era posible perseguirlos sino con grandes +ejércitos, y por último, no habiendo ya aldeas que quemar ni presas que +hacer, me mandaste que volviese á España. + +Yo temia volver á España con doña Inés, por la misma razon que no habia +entrado con ella en ninguna de las villas y ciudades de Nueva España: +temia que algun amigo ó deudo de su padre la conociese. Te envié, pues, +tu gente, y me quedé solo con doña Inés y Estrella, como esclavas. + +Dudé al embarcarme con ellas para Europa á dónde mi dirigiria: en +Flandes y en Italia me exponia á dar con un tropiezo, porque en aquellos +paises abundaban los españoles. Difícil era encontrar un punto en Europa +donde los españoles no llevasen su planta. Me decidí, pues, por Grecia. + +En el archipiélago he vivido algunos años. Me hice construir una casa á +las orillas del mar, en Chipre, y compré una almadía. Yo necesitaba oro, +y me hice pirata. ¿Qué quieres? Yo necesitaba ejercitarme en algo. +Cuando volvia de mis excursiones cargado de oro y cubierto de sangre, +gozaba entre los brazos de doña Inés... + +--¡Cómo! ¿doña Inés fue tan miserable que al fin manchó su fe, amándote? +exclamó con severidad Yuzuf. + +--Recuerda emir que doña Inés tiene una hija. + +--¡Ah! + +--Como se habia sacrificado la esposa, se sacrificó la madre. Doña Inés +luchó largo tiempo y fue preciso para que sucumbiese que yo la amenazase +con separarla de su hija. Estrella era mi esclava y podia venderla. +¿Comprendes ahora que doña Inés pudiera ser mia, y hasta que por no +irritarme fingiese que me amaba? + +--Comprendo que eres un infame, Sedeño, y que Calpuc ha tenido y tiene +mucha razón para pedirme tu cabeza. + +--¡Eh! yo no sé si he sido infame ó no: lo que sé es que doña Inés podia +haber sido muy feliz conmigo, si hubiera sido menos testaruda. Al fin, +lo hecho está hecho. La obstinacion de doña Inés me ha obligado á +tratarla con crueldad. No es mia la culpa. ¿Acaso la amé yo porque +quise? Si no con su hermosura, con un no sé qué misterioso, que me +enloquecia, me obligó á amarla. Era necesario que yo ó ella nos +sacrificásemos, y entre los dos sacrificios elegí el suyo. Esto es muy +natural. Ademas, me habia costado muy cara para que yo renunciase á +ella: me habia costado una expedicion al desierto en que expuse mi vida +en cien combates, y por último un brazo y una pierna. ¿Cómo querias que +yo renunciase á doña Inés? + +--Continúa. + +--Ya te he dicho que doña Inés solo se doblegaba á mis deseos por el +temor de perder á su hija. Pero yo no podia engañarme: me aborrecia con +toda su alma, y este aborrecimiento, que no podia ocultarme, me irritaba +y mi irritacion era siempre fatal para ella: de dia en dia iba +desapareciendo su hermosura, y su palidez enfermiza, su demacracion, la +aguda enfermedad de pecho que la aflige, la tornaron al fin desconocida, +fea, flaca, cuando apenas contaba treinta y cinco años. Entre tanto +Estrella crecia cada dia mas hermosa, y me enamoré de Estrella. + +--¿Despues de haber sacrificado á la madre, querias sacrificar á la +hija? exclamó con indignacion Yuzuf. ¿Y te atreves á confesarme sin +rubor tales infamias? + +--¿Qué quieres Yuzuf? Son cosas del corazon. Yo siempre me he dejado +llevar de mi corazon, y bueno es que sepas cuánto me interesan esas +mujeres, para que comprendas hasta qué punto me dejaré llevar antes que +consentir en que nadie me las arrebate. Además, tú no tienes por qué +extrañarte de nada. ¿Acaso tú al frente de tus monfíes no has incendiado +villas y llevado á sangre los viejos, las mujeres y los niños? + +--Son gente de la raza maldita; son cristianos, son los enemigos de mi +pueblo: los que se gozan en nuestro sufrimiento, en las crueldades que +se apuran con los moriscos. Entre los cristianos y nosotros, no puede +haber mas que sangre y fuego. + +--Resulta que tú eres cruel con los cristianos por venganza, y que yo +soy cruel con esas dos mujeres, porque la una y la otra me han +enamorado: exigencias del corazon, Yuzuf. Pero necesito concluir. El +estado en que se encontraba doña Inés, y los años que habian trascurrido +desde que fue robada á su padre, me aseguraban de que no pudiese ser +reconocida, si por un azar lograba verla alguien, burlando mi +vigilancia. Deseaba volver á España, y hace un año que volví á las +Alpujarras y me puse de nuevo en inteligencia contigo. Volví á ser +capitan del presidio de Andarax, espía de los cristianos en servicio +tuyo, y ya sabes cuan bien te he servido durante este año. + +--Por lo mismo he hecho jurar á Calpuc que no tocará á tu cabeza +mientras yo no se lo permita. + +--Sí, sí, todo esto es cierto. Pero tambien es cierto que hubieras hecho +mucho mejor en dejarle morir á manos de la justicia que le habia preso +por intento de asesinato contra mí, que en librarle de la cárcel y +protegerle, contentándote solo con exigirle juramento de que no +atentaria á mi vida. Mejor hubieras hecho en castigar al monfí, que +habiendo sido hecho cautivo por las gentes de Calpuc en el desierto, le +ha servido de guía hasta las Alpujarras. Pero ¡ya se ve! Calpuc es muy +rico y te habrá comprado tu proteccion. + +--Concluyamos, Sedeño: ¿que quieres de mí? + +--Quiero que me permitas deshacerme de ese hombre. + +--Yo no puedo ser el verdugo de un rey. + +--¡De un rey de bárbaros, cuyo trono está al otro lado de los mares! + +--Sea como quiera, Sedeño, las desgracias de Calpuc le hacen merecedor +de una proteccion mayor que la que yo le he dispensado; en conciencia yo +debia haberte dejado entregado á él... + +--¡Entregado á Calpuc! ¿crees tú que si Calpuc no estuviera protegido +por tí, por tí, que tienes demasiadas pruebas para entregarme al rey y á +la Inquisicion, ya que no quisieras destruirme por tu propio poder, +estaria vivo Calpuc? + +--Calpuc te hará pedazos el dia en que yo se lo permita. + +--¡Oh! ¡oh! tú eres el que me tienes atado de piés y manos: en cuanto á +Calpuc está tan resuelto á romper el juramento que te hizo de respetar +mi vida, que me ha obligado á salir de las Alpujarras, y hace algunos +dias que ronda mi casa en Granada. + +--Eso prueba que respeta su juramento, lo que no impide el que pretenda +rescatar su esposa y su hija. + +--Pues cabalmente es necesario que eso no suceda. + +--Obra como mejor puedas para guardar á esas mujeres: por lo demás, te +anuncio que el dia en que tenga un solo indicio de que has tendido una +sola asechanza al rey del desierto, aquel dia eres hombre muerto, +Sedeño. ¿Qué? ¿no eres mi vasallo? ¿no me debes obediencia? ¿no eres, +aunque de sangre cristiana, monfí, como cualquier otro de los mios? Si +no fueras monfí, ¿poseerias las riquezas que posees? + +--Veo que va á ser necesario que entremos en condiciones. + +--¡Condiciones! ¡condiciones entre los dos! exclamó Yuzuf con ímpetu: +¿acaso eres mas que mi esclavo? + +--Siéntate, poderoso Yuzuf, y escucha: en la situacion en que me +encuentro me veo obligado á todo... y tengo de mi parte ciertas +ventajas. + +--¡Ventajas...! + +--Si por cierto. Tú tenias un hijo. + +--¡Que tenia yo un hijo!... ¿pues qué, Yaye ha muerto? + +--Cuéntale por muerto, porque está en poder de Satanás, y si yo no te le +entrego... + +--¡Cómo! ¿te habrás atrevido? + +--Aunque yo sea malo como el diablo, Yuzuf, no soy yo el que está +apoderado de tu hijo. Es una mujer que hace mucho tiempo está enamorada +de él. + +--¡Una mujer! No te comprendo Sedeño. + +--Ni yo me explicaré mas. Bástete saber que tu hijo está en poder de esa +mujer, encerrado, cautivo... que aunque esa mujer ha llegado á ser su +querida, sabe demasiado que Yaye no la ama, y será capaz de retenerle en +su encierro ó de envenenarle, cuando no le pueda retener. Te juro que si +yo no te ayudo, pierdes tu hijo, le pierdes, como yo perdí á mi padre. + +--Pero yo puedo sujetarte al tormento. + +--Moriré en él sin revelar una sola palabra. Bien sabes que soy +valiente, Yuzuf. + +El anciano se levantó, y se puso á pasear agitado, por la cámara. Sabia +demasiado que Sedeño era hombre á quien nada aterraba, y que habiéndose +propuesto deshacerse de Calpuc, no cejaria en su empeño aunque emplease +para dominarle todos los terrores; todos los dolores posibles. + +Yuzuf era padre, amaba á Yaye de una manera exagerada, si es que puede +haber exageracion en el amor de un padre hácia su hijo. La pérdida de +Yaye, la incertidumbre acerca de su suerte, habia llenado de amargura el +corazon del anciano, y habia recibido un inmenso consuelo al saber por +boca de Sedeño que su hijo vivia. Pero al mismo tiempo Sedeño se negaba +á revelarle el lugar donde se ocultaba su hijo, y le exigia en cambio +una infamia. + +Yuzuf, sin embargo, no tardó en decidirse; pero antes se habia hecho el +razonamiento siguiente: + +--Calpuc me exige todos los dias, á todas horas, con un empeño +justísimo, que le releve del juramento de respetar la vida de ese +infame; ese vil Sedeño me pide por su parte que le permita deshacerse de +Calpuc; entro estos dos hombres existen razones bastantes para que +quieran mútuamente exterminarse. A mí, á mi pueblo conviene, que esos +dos hombres vivan: Calpuc es riquísimo, sus tesoros son inagotables, y +por odio á los españoles, me facilita medios para sostener mi ejército +de monfíes. Como yo, es rey de una raza proscripta, vencida, amenazada +por la cólera de los castellanos. Calpuc es mi igual, mi aliado natural. +Por otra parte, Sedeño me sirve bien: es un excelente espía; vende á los +castellanos en mi provecho, y acaso podríamos deberle un dia una +sorpresa sobre Granada, sobre nuestra querida ciudad. Estos dos hombres +son preciosos para mí. Pero mi hijo es antes que todo. Si Sedeño me +revela el lugar donde se encuentra, le permitiré que obre contra Calpuc, +y del mismo modo permitiré á Calpuc que obre contra Sedeño. El resultado +será verme privado de la ayuda de uno de estos dos hombres, ó acaso de +la de los dos. Pero mi hijo... mi hijo... si, es preciso de todo +punto... mi hijo antes que todo. + +Y se detuvo, y se volvió resueltamente á Sedeño. + +--¿No has tenido tú parte, directa ni indirectamente, en la prision de +Yaye? le dijo. + +--Ya te he dicho que Yaye está en poder de una mujer. + +--Respóndeme de una manera decidida. + +--Nada he tenido ni tengo que ver en la prision de tu hijo. + +--Pues bien; revélame el lugar donde se encuentra, y los medios de +salvarle, y te permito que hagas lo que puedas contra Calpuc. + +--¿Hasta matarle? + +--Te dejo libre del juramento de respetar su vida. + +--Pues bien; solo me falta una condicion para señalarte el lugar donde +tu hijo se encuentra. + +--¡Otra condicion! + +--Sí, poderoso Yuzuf, las duras circunstancias en que me encuentro me +han obligado á ofenderte. Prométeme, por tu fe de emir, de creyente y de +caballero, que me perdonarás, y que no me negarás tu confianza, como no +me la has negado hasta ahora. Hé aquí mi última condicion. + +--Dáme á mi hijo, y te lo prometo todo. + +--¿Nada tendré que temer de tí? + +--Nada. + +--Pues bien; tu hijo Yaye, está encerrado en un subterráneo de la casa +de don Diego de Válor, y en poder de su esposa doña Elvira, que hace +mucho tiempo que le ama. + +--¿En casa de don Diego de Córdoba y de Válor? + +--Sí por cierto. + +--¿Y cómo sabes tú eso, dijo con recelo Yuzuf, cuando no han podido +averiguarlo Abd-el-Gewar, ni los monfíes que yo he enviado á Granada en +demanda de Yaye? + +--Escucha Yuzuf: tú recordarás que yo, para estar en inteligencia oculta +con don Diego, sin que pudiesen conocerlo los cristianos, compré una +casa contigua á la de don Diego en el Albaicin. Estas dos casas se +comunican por una mina. + +--¡Ah! exclamó Yuzuf, para quien el recuerdo de Sedeño fue un rayo de +luz. + +--Bien; pues en esa mina hay algunos aposentos. Hace algunos dias, +ignorante yo de que don Diego habia salido de Granada, y teniendo que +darle algunas noticias importantes para que te las trasmitiese, bajé á +la mina, y al acercarme á uno de los aposentos de que te he hablado, oí +dos voces que hablaban apasionadamente: era la una de mujer, la otra de +hombre, hablaban de amores: en la mujer reconocí á doña Elvira, la +esposa de don Diego: por lo que escuché, supe que el hombre era Yaye, tu +hijo. Sabia que tú le buscabas y que no le encontrabas, y esto me llenó +de alegría, porque me dije: yo daré al emir su hijo, y el emir en cambio +me dará la vida de Calpuc. + +--¿Y doña Elvira es amante de Yaye? preguntó con repugnancia Yuzuf. + +--Sí, sí por cierto, y parece que se aman mucho. + +--¡Ah! silencio, silencio; don Diego anda libremente por esta parte del +alcázar, y pudiera oirnos, dijo Yuzuf con cuidado. + +En aquel momento se oyeron pasos, y poco despues se abrió una puerta, y +entró don Diego. + +Yuzuf le miró de una manera profunda, pero nada vió en don Diego que +demostrase que habia oido las últimas palabras del capitan; estaba +tranquilo, su paso era seguro, y su mirada descuidada. + +--¡Ah! dijo deteniéndose, apenas habia dado algunos pasos en la cámara, +perdonad si he sido indiscreto sin saberlo: pensaba que estabas solo, +Yuzuf. + +--No, don Diego, no estoy solo; hace algunos momentos que me ocupo de +una conversacion interesante con el capitan Sedeño. + +--Sí, sí por cierto, dijo el estropeado, y venís muy á tiempo don Diego, +porque yo he venido á haceros un mutuo servicio al emir y á vos. + +--¿Un mutuo servicio, capitan? dijo con perplejidad don Diego. + +--Sí por cierto. ¿Recordais lo que pasó en vuestra casa el dia en que se +casó con Miguel Lopez vuestra hermana doña Isabel? + +--No comprendo lo que quereis decir. + +--Cuando ya aquella boda no podia suspenderse, se presentó en vuestra +casa Sidy Yaye, el hijo del emir. + +--Es verdad, dijo don Diego. + +--¿Y por qué me lo has ocultado, preguntó con su acento de terrible +amenaza Yuzuf, cuando sabias la ansiedad con que yo buscaba á mi hijo? + +--Porque no sabia si estaba muerto ó vivo. + +--¡Cómo! ¿pues quién se atrevió?... + +--Tu hijo, Yuzuf, supo en mi casa sin que yo lo pudiese evitar, que mi +hermana doña Isabel acababa de casarse con Miguel Lopez: ya te he dicho +las terribles razones que tuve para obligar á mi hermana á que se casase +con ese hombre, rompiendo el pacto que existia en nuestras familias y +por el cual tu hijo Yaye debia ser esposo de mi hermana. Tu hijo al +saber que ya aquella union era imposible, cayó en tierra mortal, y yo le +dejé al cuidado de mi esposa en lugar seguro, y me puse inmediatamente +en camino con Miguel Lopez, á quien arrastré con un pretexto, y á quien +como traidor debia matar, y como obstáculo remover de en medio de doña +Isabel y de Yaye, que ya se amaban. Cuando algunos monfíes estaban +próximos á dar muerte á Miguel Lopez, tú que te habias aproximado á +Granada, me encontraste, é irritado por el asesinato de Miguel Lopez, +cuya razon no podias apreciar bien, porque no conocias su traicion, me +trajiste contigo. Tú tenias indicios ó los tuvistes despues de que tu +hijo habia estado en mi casa, recelaste de mí, y me intimaste que no me +veria libre hasta que estuvieses seguro de mi inocencia acerca de la +desaparicion de tu hijo. Yo no podia saber, pues, si tu hijo habia +sobrevivido ó no al accidente mortal que le habia acometido al saber el +casamiento de mi hermana, y temiendo que hubiese muerto no me he +atrevido á revelarte nada. Acaso, si por desgracia Yaye hubiese +fenecido, me hubieras imputado su muerte cuando he hecho cuanto ha +estado de mi parte por salvarle, y por romper el lazo que impedia su +union con Isabel. Juzga en tu prudencia si he tenido razon para callar ó +no. + +--Por fortuna, don Diego, dijo Yuzuf, el capitan Sedeño ha descubierto +que mi hijo vive. + +--¡Ah! por la mina... lo comprendo perfectamente. ¿Y le habeis hablado, +capitan? + +--No por cierto: sabia que allí estaba en seguridad, conocia ó adivinaba +las razones del misterio acerca del paradero de Yaye, y he venido á +avisar al emir. He tenido una doble satisfaccion; porque en vuestra casa +se tiene una gran ansiedad por vos. + +--Pues esa ansiedad durará muy poco, dijo Yuzuf; aprecio en lo que valen +las razones que has tenido, don Diego, tanto para castigar á Miguel +Lopez, como para ocultarme la existencia de mi hijo en tu casa. Pero ya +han desaparecido mis temores y el motivo de tu prision, don Diego. Ahora +mismo vais á partir á Granada, tú, tu hermano y el capitan Sedeño. Es +preciso que esta noche mi hijo esté en poder de Abd-el-Gewar. + +--Un momento aun: me queda algo importante que decirte Yuzuf, dijo el +estropeado. + +--¡Importante! + +--Sí; el capitan general y la chancillería de Granada estan con gran +cuidado. + +--¿Pues qué sucede? + +--Hay poca gente de guerra en la ciudad, los moriscos se muestran cada +dia mas y mas amenazadores, y representan de una manera rebelde contra +el edicto del emperador. Anoche casa del Homaidí, en el Albaicin, se +reunieron los xeques de la ciudad y los de las aldeas de la vega, y +resolvieron enviarte algunos de ellos para poderte ayudar; se trata de +una rebelion. + +--¿De una rebelion? exclamó con alegría Yuzuf; ¿se han decidido al fin á +romper las cadenas que tan vergonzosamente han llevado tanto tiempo los +moriscos de Granada? + +--Sí, y la ocasion es propicia, dijo don Fernando: el emperador se halla +empeñado en guerra con Francia; el sultan de Constantinopla ansía un +campo de batalla en las tierras de Occidente contra el cristiano, ¿y qué +campo mejor que las Alpujarras? Puesto que en Granada hay pocos +soldados, á las armas, y ¡sus! lancemos el grito de guerra. Demos el +primer golpe, y si nos apoderamos de Granada, despues no nos han de +faltar ni naves, ni soldados turcos. + +En aquel momento se abrió la puerta del fondo y un monfí dijo +inclinándose profundamente. + +--Magnífico, señor, cuatro xeques de Granada desean hablarte. + +--Que entren, que entren al momento. + +Poco despues se celebró un consejo, en que abundaron el entusiasmo, el +valor, la energía de las razas dominadas que aun no se han degradado, se +alimentaron magníficas esperanzas y se decidió dar el grito en Granada +en la noche del dia siguiente. + +Yuzuf estaba frenético de alegría; habia encontrado á su hijo, y se le +presentaba la ocasion que tanto tiempo habia deseado de desplegar su +bandera real ante el estandarte imperial de Carlos de Austria, el +valiente rey de España, el poderoso emperador de los germanos. + + + + +CAPITULO XV. + +De cómo el capitan Sedeño hizo traicion á todo el mundo. + + +A las doce de aquel mismo dia galopaban en direccion á Granada, por el +camino de las Alpujarras, don Diego de Válor, su hermano don Fernando, y +el capitan Sedeño. + +Al mismo tiempo por todas las veredas y barrancos de la montana, +marchaban monfíes que llevaban á las diferentes tahas, órdenes de Yuzuf, +para que reuniesen las taifas y marchasen hacia Granada, á la que debian +llegar por los atajos de la sierra la noche siguiente. En cuanto á los +tres ginetes, fuese por prudencia ó por otra causa, no hablaron una sola +palabra durante el camino acerca de la rebelion, ni trataron mas que de +cosas indiferentes. + +En cuanto á don Diego de Válor, ni una palabra dijo que pudiese indicar +que hubiese sorprendido la revelacion que habia hecho Sedeño á Yuzuf +acerca de los amores de su mujer con Yaye. Pero Sedeño, que era sobre +manera perspicaz, por el aspecto sombrío de don Diego, por la +impaciencia con que aguijaba á su caballo, y sobre todo, por su tenaz +reserva acerca de todo lo que tuviese relacion con Yaye, y con la +manera de haber descubierto en su casa el capitan la existencia del +jóven, comprendió que habia escuchado don Diego perfectamente las +palabras que habia pronunciado poco antes de entrar aquel en la cámara +de Yuzuf. + +En efecto, el autor puede decirlo porque lo sabe, don Diego, que, como +dijo Yuzuf, andaba libremente por aquella parte del alcázar subterráneo, +habia llegado poco antes de aquella revelacion y habia escuchado y sabia +á ciencia cierta, que doña Elvira su esposa habia manchado su honor. + +Esto ennegrecia su alma, meditaba una cruda venganza y espoleaba á su +caballo ansioso de realizarla. + +Por su parte el capitan estropeado comprendió, que se habia hecho un +enemigo formidable de don Diego de Córdoba, y resolvió deshacerse de él +cuanto antes. Sedeño, como saben nuestros lectores, era el depositario +de la carta por la que, Miguel Lopez habia obligado á don Diego que le +entregase su hermana. Calpuc, poseedor de la sortija por medio de la +cual debia Sedeño entregar aquella carta á quien se la pidiese, no habia +tenido tiempo de encontrar una persona de confianza, á quien encargar de +que recogiese aquella carta, puesto que él no podia presentarse ante +Sedeño, sino para matarle, y esto le estaba prohibido por el juramento +que habia hecho al emir Yuzuf, cuando este se lo exigió en la cárcel de +Andarax, á trueque de conseguir su libertad. + +Aquella carta, pues, estaba en poder de Sedeño. + +Por lo que se vé todos aquellos personajes excepto Calpuc y Yuzuf, se +trataban con una fe digna de bandidos. + +Miguel Lopez, don Diego de Válor y el capitan estropeado eran tres +infames. + +Como picaban mucho y mudaban de caballos, llegaron aquella misma noche +antes de que se cerraran las puertas á Granada. Poco tiempo antes de +llegar, y porque les importaba, se separaron, y el estropeado tomó +adelante y entró antes que los dos hermanos en la ciudad. + +Eran las ánimas. Sedeño tomó por la plaza de Bibarrambla, el Zacatin y +la Plaza Nueva, subió por la cuesta de los Gomeres, luego por otra +pendientísima cuesta, y llegó á la puerta del Juicio de la Alhambra: una +vez allí pidió una audiencia urgentísima al capitan general marqués de +Mondejar. + +Sedeño fue conducido al alcázar y á la presencia del capitan general, +digno vástago de la familia de los Mendozas, en la que estuvo vinculada, +durante muchos años, la capitanía general del reino y costa de Granada. + +Lo que llevaba allí á Sedeño era una nueva traicion aconsejada por su +recelo; hombre de poca fe, confiaba poco en la fe de los demás. Se habia +visto obligado á imponer condiciones á Yuzuf, y recelaba la venganza de +este: era rico, estaba cansado de servir y le importaba deshacerse de +sus enemigos. + +Asi es, que se presentó á don Luis Hurtado de Mendoza resuelto á +consumar sus infamias con dos nuevas infamias. + +El capitan general le recibió con ese altivo desprecio con que un +caballero recibe á cierta clase de gente. + +Para justificar el desprecio con que el marqués de Mondejar miraba á +Sedeño, basta saber, que al mismo tiempo que era espia de Yuzuf contra +los cristianos, lo era del capitan general contra los monfíes. + +Esto es, era espia doble. + +El marqués le dejó permanecer de pié, y despues de mirarle de piés á +cabeza le dijo: + +--¿Por lo que veo, acabais de venir de un viaje? + +--Si, excelentísimo señor, contestó servilmente Sedeño: vengo de las +Alpujarras, del alcázar del emir de los monfíes. + +--¡Del alcazar del emir! ¿Pero donde está ese alcázar? + +--Ya he dicho á vuecelencia que ese alcázar es subterráneo, y que está +situado como á media legua de la villa de Cadiar. No he podido dar á +vuecelencia noticias mas seguras, porque siempre al llegar á los +pinares, me han salido al encuentro los monfíes y me han vendado los +ojos. + +--Señor Alvaro de Sedeño, dijo el marqués con fijeza, desde el dia en +que me ofrecísteis vuestros servicios en defensa del rey, de la religion +y de la patria, contra esos descreidos, os di cuantos medios podíais +necesitar para exterminar á esos bandidos: vuestra compañía de +arcabuceros es de la gente mas braba y aguerrida de los ejércitos de su +magestad; se os ha dado oro, se os ha ofrecido mas gente y mas dinero, y +sin embargo... + +--¿Cree vuecelencia que en un año que llevo últimamente sirviendo al rey +nuestro señor en las Alpujarras, se puede hacer mas de lo que he hecho? + +--Es que no habeis hecho nada, dijo con doble fijeza el marqués; es que, +á pesar de vuestros avisos, la gente de guerra que ha atravesado la +montaña ha sido acometida y desbandada, quedando muertos entre las +breñas los mejores capitanes de los tercios: es que nadie ve á esos +monfíes; que solo se conoce su paso, por la destruccion, el saqueo y el +incendio que dejan tras sí, y vos sin embargo les conoceis y tratais con +ellos. Esto me habia hecho pensar en pediros serias explicaciones, y aun +á obrar con rigor respecto á vuestra persona. + +--¿Desconfía vuecelencia de mí? dijo con gran aplomo Sedeño. + +--No es que desconfio, sino que la lealtad que debo al rey me prescribe +el obrar con entereza. Ninguno de los capitanes que he enviado á las +Alpujarras han podido dar con esa gente: los que los han encontrado han +muerto: vos que pareceis valiente y teneis gente braba, no me habeis +presentado ni uno solo, y por otro concepto, vos tratais con los +rebeldes y los conoceis. Al mismo tiempo afirmais que os son +desconocidos los lugares en que se ocultan ¿qué debo pensar de esto? + +--Que el año que llevo últimamente en tratos con los monfíes en servicio +del rey, es el plazo que se ha necesitado para que vuecelencia les puede +dar un golpe decisivo. En cuanto á lo de ignorar yo el lugar donde se +albergan, nada mas natural. Ya he dicho á vuecelencia que jamás entré en +el alcázar subterráneo, sino con los ojos vendados. + +--Se han reconocido todas las cavernas inmediatas á Cadiar, y solo se +han encontrado minas de en tiempo de los romanos y de los moros; pero +reconocidas esas minas no se ha hallado el mas leve vestigio de los +ponderados alcázares subterráneos de que me habeis hablado tantas veces. + +--Esta misma mañana he estado en ese alcázar hablando con el emir de los +monfíes. + +--¿Y me traeis algun aviso importante? dijo el marqués moviéndose con +impaciencia en su ancho sillon coronado con las armas reales. + +--Traigo á vuecelencia noticias decisivas. + +--Veamos. + +--Mañana á la noche debe levantarse el Albaicin. + +--¡Ah! ¡ah! ¡tenemos á la rebelion llamando á las puertas de nuestra +casa! + +--Si señor. + +--¿Y quienes son las cabezas de esa rebelion? + +--Primeramente don Diego de Córdoba y de Válor. + +--Ved lo que decís; don Diego de Válor aunque morisco, es uno de los mas +leales vasallos de su magestad: ha dado repetidas pruebas de ello. + +--Don Diego de Válor es un traidor que se encubre bajo la máscara de la +lealtad para obrar con mas seguridad su traicion; en prueba de ello, +ved, señor, esta carta escrita de su mano, dirigida al emir de los +monfíes Yuzuf-Al-Hhamar. + +Y Sedeño sacó una cartera y de ella la carta que le habia entregado +Miguel Lopez y con la cual habia este último impuesto condiciones á don +Diego. + +Aunque la carta estaba escrita en algarabia aljamiada, lenguaje y +escritura que se usaba entre moros y cristianos aun antes de la +conquista de Granada, el marqués que era docto la comprendió +perfectamente. + +Era una prueba indudable de la traicion de don Fernando de Válor. + +Sin embargo, el capitan general, que no guardaba ningun género de +consideracion á Sedeño, le dijo profundamente, reteniendo la carta: + +--¿Y quien me asegura de que este escrito no es una falsificacion con +que acaso quereis sorprenderme? + +--Llame vuecelencia á don Diego de Válor, hágale escribir con cualquiera +pretexto en arábigo aljamiado, y vuecelencia se convencerá de que esa +carta es suya, contestó con gran aplomo Sedeño. + +--He llegado á entender, dijo el marqués, que don Diego y su hermano +faltan estos dias de Granada. + +--Como que han estado en las Alpujarras en el palacio del emir +preparando el levantamiento; pero han venido desde allí conmigo, y se +les encontrara en su casa. + +Meditó un momento el marqués, despues de lo cual tomó un papel, escribió +sobre él algunas palabras, despues llamó con una campanilla de plata, á +cuyo sonido se presentó á la puerta de la cámara un escudero. + +--Ginés, le dijo don Luis; dad esta órden al capitan de caballos Pero de +Baena, y que la cumplimente al momento. + +El escudero tomó la órden y salió. + +--¿Y quienes mas son las cabezas de esta rebelion? añadió el marqués, +encarándose de nuevo con Sedeño. + +--El cuñado de don Diego, Miguel Lopez, y tanto es esto asi, como que en +el mismo dia de sus bodas partió de Granada con sus dos cuñados, de que +hay muchos testigos. + +El marqués anotó en un papel el nombre de Miguel Lopez. + +--¿Y donde está ese hombre? ¿ha vuelto con sus cuñados? preguntó á +Sedeño. + +--Sus cuñados y yo hemos venido solos. Nada sé de Miguel Lopez; pero es +natural de Orgiva y es muy posible que haya quedado con los monfíes. + +--Continuad. + +--Otra cabeza de la rebelion, es el Homaidi xeque de los moriscos que +vive en el barrio del Zenete. + +Don Luis escribió este nuevo nombre. + +--Continuad, repitió. + +--Hay ademas, dijo Sedeño, un hombre que está en Granada hace quince +dias que es poderosísimo por sus riquezas, y que es doblemente traidor +al rey. + +--¿Y quien es ese hombre? + +--Ese hombre se llama Calpuc: es rey de los rebeldes de Méjico; ha +venido á España ignoro por qué causa, y ayuda con sus tesoros á los +monfíes. + +--¿Le conoceis? + +--Le conozco, porque Yuzuf me lo ha dado á conocer. Ese hombre vive en +la plaza de Bibarrambla casa del aleman Franz Maitller y sale de ella +todas las mañanas disfrazado de mendigo, y todas las noches vestido de +caballero; se le puede conocer ademas por su color moreno dorado y por +sus cabellos ensortijados: es un hombre como de treinta y cinco á +cuarenta años, alto cenceño, de mirada fija y profunda. + +Don Luis, escribió de nuevo, despues de lo cual repitió la palabra: + +--Continuad. + +--Estas son las cabezas de la rebelion; ademas, tengo grandes esperanzas +de entregar al rey al emir de los monfíes. + +--¿Al terrible Yuzuf Al-Hhamar? exclamó con alegría el marqués. + +--No, no señor, sino su hijo Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, en quien el viejo +emir ha renunciado su autoridad. + +--Os cojo la palabra, Sedeño, y si me presentais á ese emir, os ofrezco +en nombre del rey una encomienda. + +--Solo me impulsa mi lealtad al rey nuestro señor, dijo Sedeño. + +--Por lo mismo debeis ser recompensado. Pero seguid: conocidos los +capitanes de la rebelion, veamos cómo piensan llevarla á cabo los +moriscos. + +--El edicto del emperador los ha acabado de desesperar y les ha puesto +las armas en las manos. + +--Ya he dicho á sus xeques, que representaré á su magestad, á fin de que +les otorgue un plazo durante el cual puedan consumir las ropas que se +les prohiben; vestir sus esclavos fuera de estos reinos y hacer de +manera que sus haciendas no padezcan con el cumplimiento del edicto. + +--Ellos han dicho, que no quieren dejar su habla, ni sus usos, ni sus +fiestas y ceremonias moriscas, ni dejar de ser juzgados por sus cadies, +en sus desavenencias; que antes de permitir que sus casas estén +abiertas, que sus mujeres salgan á la calle con los rostros descubiertos +y privarse de sus baños, se dejaran matar, hacer pedazos. + +--Se les trata con demasiado rigor, murmuró el marqués de una manera +involuntaria é ininteligible para Sedeño que continuó: + +--Así, pues, han recurrido á las armas: aprovechan la ocasion de haber +poca gente de guerra en la ciudad... + +--¡Vive Dios! exclamó el marqués: los cortesanos piensan que ser capitan +general de Granada, es lo mismo que llevar el ferreruelo y la espada +dorada en las antecámaras de las secretarias de Estado. Piensan que todo +se gobierna aquí con papeles, y aquí se necesitan muchas lanzas, muchos +arcabuces y muchos brazos robustos para sostenerlos: dicen que cuesta +mucho dinero el entretenimiento de tantas gentes de guerra en el reino y +costa de Granada; que España está exhausta con las pasadas turbulencias, +y que aquí nos basta para reprimir á los moriscos, con los alguaciles de +la Chancilleria, y con dos ó trescientos arcabuceros viejos del presidio +de la Alhambra: si mañana los moriscos de la vega y de la ciudad, los +monfíes de las Alpujarras y los berberiscos, que pueden venir en un dia +de Africa y desembarcar á mansalva en las costas desamparadas, se +apoderasen de Granada, se llamaría torpe y descuidado al capitan +general, cuando no se adelantasen á llamarle cobarde ó traidor. Pero en +Dios confio que con la ayuda de los buenos caballeros de la ciudad y +reino de Granada, con la gente de guerra de la Alhambra, y con los +escuderos de mi casa, podremos sofocar esta primera llamarada. ¿Donde +teneis vuestros cien buenos arcabuceros, capitan? + +--En Andarax, señor. + +--¿Quién los manda en vuestra ausencia? + +--El alférez Pero Villasante. + +Escribió el marqués. + +--Bien, muy bien, dijo: ahora relatadme cuándo y de qué manera piensan +levantarse los moriscos. + +--¿Cuando? mañana á la noche. ¿Cómo? barreando las calles del Albaicin y +viniendo al mismo tiempo sobre la ciudad por los atajos de la sierra, +los monfíes. + +--¡En los atajos, en los atajos de la sierra está nuestra salvacion! +dijo el marqués con el rápido golpe de vista de un buen capitan. ¿Sabeis +el punto por donde se han de acercar á Granada los monfíes? + +--Si señor. Por los desfiladeros de Dilar. + +--Bien, bien, capitan, dijo don Luis: os confieso que habia llegado +hasta desconfiar de vos; pero el servicio que acabais de hacer á su +magestad, os vuelve toda mi confianza. ¿Dónde vivís? + +Sedeño dió al marqués las señas de su casa. + +--Id, pues, con Dios; es tarde y necesitareis descansar. + +Sedeño saludó profundamente al marqués, que se levantó y le dijo: + +--Venid, venid conmigo: ahora pienso, que habiendo yo llamado á don +Diego de Válor podria suceder que si volvíais por donde habeis venido +podriais encontrarle y darle que sospechar. Venid. + +--¿Y mi caballo? pudiera verle tambien al entrar y reconocerle. + +--¡Ah! ¡vuestro caballo! ¡es verdad! ¡hola! dijo el marqués, y al +presentarse un criado añadió: id á la puerta del Juicio, tomad un +caballo que encontrareis allí y llevadle al momento á la puerta de +Hierro. + +Despues de esto el marqués salió precediendo á Sedeño, bajó unas +escaleras, atravesó el hermoso patio de Lindaraja, pasó junto la sala de +los secretos, entró por una mina, llegó á su fin, llamó á una puerta y +despues del llamamiento se oyó la voz de un soldado que llamaba al +alférez de la guardia. Poco despues se oyó otra voz que dijo: + +--¡Quien va! + +--Abrid al capitan general. + +Rechinó precipitadamente una llave en una cerradura, descorrióse un +cerrojo y la puerta se abrió. + +--Alférez, dijo el marqués á uno que habia aparecido tras la puerta con +una linterna en la mano. Cuando llegue uno de mis criados con un +caballo, le entregareis á este capitan, abrireis la puerta de Hierro, y +le dejareis salir libremente. + +Despues de esto el marqués se volvió y el alférez cerró la puerta. A +poco rato Sedeño á caballo, bajaba lentamente la pendientísima y +tortuosa cuesta, que ciñe los muros de la Alhambra, desde Peña-Partida +hasta los molinos del río Darro. + +Habia quedado fuera del recinto de la ciudad; pero cuando despues de +pasar el puente del Diablo, y de subir la cuesta del Chapin llegó á la +puerta de Guadix, vió que por fortuna esta aun no se habia cerrado, y +entró en el Albaicin, por cuyas oscuras y tortuosas calles se perdió. + + + + +CAPITULO XVI. + +La venganza de don Diego de Córdoba y de Válor. + + +En una cámara del palacio de don Diego en el Albaicin, velaban una hora +antes de los últimos sucesos que hemos referido, dos damas. + +La una leia con suma distraccion, en un libro en folio feamente impreso. +Decimos con suma distraccion, porque hacia gran tiempo que tenia fija la +vista en el libro como si leyese, y sin embargo, no habia vuelto la +hoja, á pesar de haber trascurrido espacio sobrado para que el mas torpe +lector hubiese recorrido diez veces las líneas de las dos paginas por +donde estaba abierto el libro. A poco que se leyese en aquellas páginas +podia comprenderse que aquel libro era la historia del famoso caballero +Amadis de Gaula. + +Aquella dama era doña Isabel de Válor. + +A pesar de que Calpuc la habia dado aquella mañana noticias exactas +acerca de la existencia de Miguel Lopez, ni doña Isabel habia comunicado +á nadie aquellas noticias, ni habia dejado su luto. + +El negro color de sus ropas contrastaba enérgicamente con la palidez +mate que hacia mas diáfana la blancura de su semblante. + +La otra dama, sentada junto á la misma mesa apoyada un brazo en ella y +en la mano el semblante, estaba, si cabe, mas pálida, que doña Isabel, y +en sus negros ojos destellaba una chispa sombría y colérica. + +Aquella otra dama era doña Elvira de Céspedes, esposa de don Diego. + +Ni una sola palabra se cruzaba entre las dos cuñadas; la una fijaba la +vista abstraida en el libro; la otra parecia fijar su intensa mirada en +la inmensidad. + +Dieron las animas en la cercana iglesia de San Gregorio, y doña Isabel +se agitó con un ligero estremecimiento nervioso. Aquella campana que +tañía lúgubremente á la oracion por el eterno descanso de los que habian +dejado de existir, recordó á doña Isabel su cita en el huerto con el +extraño hombre de aquella mañana. Doña Elvira pareció salir de su +distraccion y rezó en voz baja, á cuyo rezo contestó doña Isabel. + +Cuando se terminó la oracion, doña Elvira dirigió algunas secas palabras +á doña Isabel. + +--Ya es hora que nos recojamos, hermana, la dijo tomando una lamparilla +de plata que estaba sobre la mesa, y encendiéndola en el velon. + +--Recojámonos, pues, dijo doña Isabel cerrando el libro, y tomando una +bugía y encendiéndola á su vez. Buenas noches, hermana. + +--Buenas noches. + +Como se ve no mediaba la mejor inteligencia entre doña Isabel y doña +Elvira. Las dos cuñadas salieron de la cámara cada cual por distinta +puerta. + +Pero ninguna de las dos se encaminó á su dormitorio. Doña Isabel apenas +salió á los corredores apagó la bugía y por una escalera de servicio, +bajó al huerto buscando en su limosnera, la llave del postigo que se +habia procurado durante el dia, y cerciorándose de si llevaba consigo la +sortija, que por órden de Miguel Lopez, su esposo, debia entregar á +Calpuc. Doña Elvira apenas salió de la cámara apagó tambien su luz, +atravesó á tientas una habitacion, salió á otros corredores y abrió una +puerta tras la cual se perdió. Aquella puerta era de los aposentos de +don Diego, donde estaba la entrada secreta del subterraneo donde habia +estado preso, por decirlo así, Yaye. + +Una vez en la cámara de su esposo, doña Elvira encendió de nuevo su luz +en una lámpara que ardia delante de un Cristo de talla sobre un +reclinatorio, fué á la puerta secreta, la abrió, bajó las escaleras y se +puso á escuchar. + +--Nadie, no hay nadie, dijo: sin duda se han ido aquellos hombres que +hoy al bajar me detuvieron: pero ¿por donde han entrado esos hombres? +¿quién los ha traido? Ellos son sin duda los que me han robado á Yaye. + +Doña Elvira al pronunciar el nombre del jóven, exhaló un gemido, se +llevó una mano sobre el corazon, y se apoyó en la pared un momento, como +si hubiera necesitado de aquel apoyo para no vacilar y caer: luego +rehaciéndose, merced á su indomable voluntad, acabó de bajar los +escalones, y entró resueltamente en la mina y la recorrió, llegando á la +otra escalera que comunicaba con la casa del capitan Sedeño. + +A causa de la oscuridad y de su sobreexcitacion, doña Elvira habia +pasado sin reparar en ella junto á la abertura practicada en uno de los +costados de la mina por Harum el monfí. + +Se detuvo un momento al pié de la escalera de la casa del capitan, y +luego pintóse una decidida expresion en su semblante y trepo por ella. + +No tardó en llegar á la puerta secreta: por acaso aquella puerta habia +quedado abierta, y doña Elvira se encontró en la cámara del capitan. + +Por un momento tuvo miedo de pasar adelante: se hallaba en una casa +extraña; pero doña Elvira se hallaba en un estado terrible: tenia +fiebre: esa fiebre que producen en las organizaciones vigorosas, la +rabia y la desesperacion. + +Doña Elvira siguió adelante, y recorrió la casa del capitan, hasta +llegar á la puerta exterior; como si Dios no hubiese querido doblar el +terror de doña Elvira, habia pasado algunas veces junto á la puerta de +la cámara mortuoria, donde yacía doña Inés de Cárdenas, sin que se le +hubiese ocurrido que allí habia una habitacion en la cual no habia +entrado. + +Maravillóla, sí, el encontrar encendidas las luces del zaguan en una +casa donde no se encontraba á nadie. + +Doña Elvira para cerciorarse de si aquella gran puerta daba á la calle ó +á un patio interior, lo que podria muy bien suceder, corrió los +cerrojos y abrió uno de los grandes postigos de aquella puerta. + +En aquel momento un ginete arremetió por ella, y á poco no atropella á +doña Elvira que se hizo un paso atrás, dejó caer la lámpara y exaló un +grito de espanto al reconocer al ginete. + +Aquel ginete era don Diego de Córdoba y de Válor. + +--¡Ah! ¡ah! dijo don Diego; ¿sois vos señora? En verdad, en verdad, que +yo esperaba encontraros en otra parte; pero no ciertamente aquí. + +La situacion en que se hallaba doña Elvira era tan extraña que solo +contestó fijando en su marido una mirada de terror. + +--Haceis bien en aterraros, dijo don Diego, porque en verdad que sé +algunas cosas de vos, que mas os valiera no haber nacido para no +haberlas ejecutado. + +Doña Elvira, que como la mayor parte de las mujeres, tenia suma +facilidad para dominarse, se repuso y contestó á don Diego: + +--No comprendo lo que me quereis decir, esposo y señor. + +--¿Que haceis aquí, señora? dijo don Diego atando á una argolla del +portal su caballo, del que habia descabalgado. + +--En verdad que no lo sé, dijo doña Elvira recogiendo del suelo con gran +serenidad la lámpara; al veros de repente ante mí me he sorprendido, +porque no esperaba veros en esta casa, en la que á mí misma me causa +gran extrañeza el encontrarme. Encended mi lámpara en uno de esos +faroles y seguidme; tengo grandes cosas que comunicaros. + +Sorprendido don Diego del aplomo con que doña Elvira le hablaba, ni mas +ni menos que si nunca le hubiese ofendido, tomó maquinalmente la +lámpara, la encendió y la entregó á su esposa. + +--Vamos de aquí, dijo ella, trasladémonos á nuestra casa; tengo que +revelaros sucesos importantes. + +--¡Ah! ¿teneis que revelarme... sucesos importantes? dijo conteniendo +mal su cólera don Diego. + +--Si por cierto; pero ante todo decidme: ¿por qué razon habiendo estado +un mes ausente, venís á esta casa antes que á la vuestra? + +--Tenia mis razones para pretender llegar á cierto punto de mi casa sin +ser sentido. + +--¡Ah! ¿y á qué punto de vuestra casa queriais llegar sin ser sentido, +caballero? en verdad que no comprendo la razon de tanto misterio, á no +ser que pensáseis darme el placer de una sorpresa. + +--Si por cierto, queria sorprenderos doña Elvira. + +--Y efectivamente me habeis sorprendido presentándoos ante mí en un +lugar y en una ocasion en que ciertamente no hubiera esperado +encontraros. + +--Perdonad si no os digo en qué lugar queria sorprenderos; porque +estamos en una casa extraña y podria escucharnos alguno de los criados +del capitan Alvaro de Sedeño. + +--¡Ah! ¡esta es la casa de vuestro amigo el capitan Sedeño! En verdad +que yo ignoraba que viviese tan cerca; que pudiese comunicarse con +nosotros, y habeis hecho mal en no advertírmelo, porque... + +--Seguid, seguid adelante, señora, y callad: basta con que hayais dado +el escándalo de que os vean en esta casa, en la que no comprendo por qué +razon estais; no hay necesidad de que nadie se entere de nuestros +asuntos. + +--Podeis estar tranquilo, dijo doña Elvira; nadie nos escuchará porque +esta casa está deshabitada. + +--¡Deshabitada! + +--Si por cierto, seguidme y os convencereis. + +Doña Elvira tomó por la escalera principal, y don Diego la siguió, +dominado por lo extraño de lo que le acontecia. + +Preocupados entrambos esposos con la situacion en que se encontraban, se +olvidaron de cerrar la puerta de la calle, y siguieron en silencio el +uno tras la otra por las escaleras arriba. + +Doña Elvira entró en los corredores, y de ellos pasó á una antecámara, +en la que antes no habia entrado. + +En aquella antecámara habia un fuerte olor á cera quemada: era la +antecámara mas allá de la cual habia muerto doña Inés. + +Doña Elvira siguió fatalmente adelante y se encontró en el aposento +mortuorio. Habia sobre la mesa dos bugías encendidas que proyectaban una +luz opaca sobre el lecho. + +--Aquí hay una mujer que duerme, dijo don Diego. + +Doña Elvira miró el lecho, y mas perspicaz que su marido lanzó un grito +de horror. + +--¡Esa mujer está muerta! exclamó. + +--¡Muerta! exclamó don Diego arrebatando la lámpara á doña Elvira que +habia quedado yerta de espanto, y acercándose al lecho: ¡muerta! ¡sí +muerta! pero... ¿quién es esta mujer?... ¡ah! ¡la muerte se cruza en mi +camino cuando vengo á buscar una prueba de mi deshonra! + +--¡De vuestra deshonra! exclamó en un acento indefinible doña Elvira. + +--Sí, sí, seguidme, señora, seguidme y concluyamos de una vez. + +Y asió brutalmente de un brazo á doña Elvira y la arrastró consigo fuera +de la cámara; atravesó la antecámara, salió á los corredores y luego, +como quien conocia bien aquella casa, torció por una puertecilla, +atravesó un pasadizo, entró en el aposento del capitan Sedeño, y se +encaminó á la puerta secreta. + +Aquella puerta estaba abierta. + +--¿Habeis entrado por aquí, señora? la dijo. + +--Por aquí he entrado, contestó con acento severo y duro doña Elvira, +como si con la entonacion de su voz hubiera querido protestar de la +manera brutal con que la arrastraba consigo don Diego. + +--¿Y quién os ha dicho que existia esta comunicacion secreta con nuestra +casa? preguntó con un acento no menos duro y severo don Diego. + +--Nadie me lo ha dicho, yo he descubierto esta comunicacion. + +--¡Que la habeis descubierto! ¿y cómo? hay alguna distancia desde el +aposento subterráneo aquí y no parece natural... + +--Yo no hubiera descubierto esta comunicacion, sino hubiera desaparecido +Sidy Yaye. + +--¡Que ha desaparecido Sidy Yaye! exclamó con un acento indescribible +don Diego: ¡es decir que se os ha escapado! + +--Solo sé deciros que esta noche cuando bajaba á traerle la cena, +encontré la habitacion abandonada. Yo habia dejado bien cerrada la +puerta; nadie conoce la entrada del subterráneo por nuestra casa mas que +vos y yo: Yaye debia haberse escapado por otra parte: nos importaba +demasiado ese mancebo para que yo no procurase indagar cómo podia haber +huido, y recorrí la mina: al fin de ella dí con una escalera, al fin de +la escalera con esta puerta que encontré franca; recorrí la casa, menos +esa habitacion donde hemos visto ese cadáver, y no encontré persona +alguna: llegué al zaguan, y... abrí maquinalmente la puerta... + +--Para ver sin duda, si se alejaba con seguridad vuestro hermoso Yaye, +dijo don Diego cediendo á una suspicaz suposicion: ¡oh! si, si, veo en +esto la mano de los monfíes; vos no habeis querido que vuestro amante +esté privado del sol y del aire. + +--¡Mi amante! exclamó verdaderamente aterrada doña Elvira; pero +sobreponiéndose á su terror, ¿habeis dicho mi amante? añadió con +altivez. + +--Venid, exclamó trémulo de furor don Diego. + +Y arrastrándola consigo, descendieron por las escaleras: un instante +despues se encontraron en el aposento subterráneo donde habia vivido un +mes Yaye. + +Don Diego revolvió en torno suyo una mirada de tigre y acercándose á un +sillon colocado junto al abandonado lecho de Yaye, tomó de sobre él un +riquísimo justillo de mujer y una gargantilla, que doña Elvira había +dejado allí abandonados, con el descuido de una mujer que no piensa ser +sorprendida en la habitacion de su amante. + +--¿Qué significa esto, señora? dijo con acento opaco don Diego: ¿habeis +elegido por vuestra cámara de vestir, este aposento, y por camarera á +Yaye? + +Doña Elvira no pudo contestar: su palidez se hizo lívida y miró con los +ojos desencajados de espanto las acusadoras prendas que don Diego la +mostraba. + +--Nunca os habeis engalanado tanto para vuestro marido, exclamó con +acento ronco don Diego; conócese que el hermoso emir apreciaba sobre +todo, la desnuda blancura de vuestro cuello, cuando os hacia despojaros +de esta rica gargantilla: á falta de sol y de aire vos llenábais de +flores, de perfumes y de amores su encierro. ¡Oh! razon tenia yo en +querer sorprenderos; sorprenderos de manera que nadie pudiese avisaros, +pero os sorprendo á vos sola... el infame... el infame se ha escapado +llevándose mi honor: pero yo sabré encontrarle: yo sabré matarle aunque +le protejan todos sus monfíes. + +Doña Elvira quiso disculparse aun; pero don Diego trémulo de cólera, +acometió á su mujer en el momento de hacer ademan de hablar. Doña Elvira +aterrada retrocedió y la mano de don Diego solo pudo asir su rizada +gorguera de encaje de Flandes, se la arrancó y dejó descubierto el +cuello y parte del seno de doña Elvira. + +Entonces vió don Diego que sobre el pecho de su esposa habia un +relicario de oro, pendiente de su cuello por una preciosa cadena del +mismo metal. + +Don Diego arrojó lejos de sí la gorguera, y señaló con un dedo +inflexible el relicario. + +--Negad ahora, si os atreveis, exclamó. + +--¿Y este relicario que os prueba? exclamó con audacia doña Elvira. + +--Es el relicario de mi hermana: el relicario bendecido por el papa, que +yo la regalé hace un año. Y ¿sabeis lo que hizo mi hermana con ese +relicario? le regaló á Yaye, al hombre á quien amaba. ¿Sabeis que la +noche en que se separaron Yaye é Isabel pidió ella su relicario al +hombre de quien debia separarse para no volverle á ver, y que él, no +consintió en separarse de ese relicario? ¿sabeis que yo lo escuchaba +todo, oculto? ¿que sé que ese relicario habia quedado en poder de Yaye, +y que solo él puede habérosle dado? ¿sabeís que cuando un hombre da una +prenda de amor de una amante á otra amante, es porque ama mas á la +segunda que á la primera ó porque no ama á ninguna de las dos? ¿Y me +quereis negar todavía que sois amante de Yaye? + +Dona Elvira era una mujer de pasiones violentas, de la cual no podian +esperarse sino extremos, y desesperada por la pérdida de Yaye, +enloquecida por la situacion en que se encontraba, devorada por la +fiebre, fuera de sí, exclamó con una energía casi salvaje: + +--Pues bien, si, matadme, matadme, porque estoy desesperada: porque le +amo, he sido suya y le he perdido. + +Don Diego se sintió acometido de un vértigo de sangre, desnudó su daga +furioso y acometió á doña Elvira que cayó de rodillas; pero de repente +se contuvo; se pasó la mano por la frente, envainó la daga y dijo +asiendo á su esposa con una fuerza desesperada por un brazo: + +--Aun no es tiempo... aun vive él... vivid vos tambien... una puñalada +es poco... necesito mas para vengarme... y me vengaré... me vengaré sin +que el mundo pueda conocer mi venganza, ya que no conoce mi deshonra... +me vengaré, pero de una manera horrible. + +Y sombrío y letal, dejando á doña Elvira doblegada sobre sus rodillas, +salió del subterráneo por la casa del capitan Sedeño, cerró +perfectamente la puerta secreta, atravesó aquella casa, bajó al zaguan, +sacó el caballo fuera, encajó la puerta ya que no podía cerrarla, montó +y rodeó el Albaicin para dar lugar á que su esposa se rehiciera, bajó al +meson donde habia dejado á su hermano, y dos horas despues de la +terrible escena habida con su esposa, llamó á su casa. + +Doña Elvira bajó serena y tranquila; mejor dicho: como una esposa +amante, á recibirle y se arrojó en sus brazos. + +Don Diego la estrechó en ellos y la dijo al oido estas palabras +envueltas en un beso satánico: + +--¡Gracias! ¡doña Elvira, me habeis comprendido! + +Y asido de su mano se encaminó á las escaleras en cuyo primer peldaño +pálida y anhelante le esperaba doña Isabel. + +--¡Y mi esposo! exclamó esta. + +--Tu esposo hermana dijo don Diego ha tenido la desgracia de ser +asesinado por los monfíes de las Alpujarras. + + * * * * * + +Un momento despues, don Diego fue solemnemente preso por un capitan de +caballos de órden del capitan general de la córte y reino de Granada, y +conducido con grandes seguridades á la Alhambra. + + + + +CAPITULO XVII. + +Cómo se encontraron el rey del desierto y el capitan estropeado. + + +Sepamos ahora, lo que habia hecho en el huerto doña Isabel. + +Adelantó temblando y á oscuras por entre las flores y se acercó al +postigo; poco despues se oyeron por la parte de afuera en aquel postigo +tres golpes recatados. + +Doña Isabel abrió temblando. + +--¿Sois vos? dijo á un hombre, que á pesar del calor, estaba envuelto en +una ancha capa. + +--Yo soy, dijo aquel hombre entrando; cerrad, señora, cerrad. + +Doña Isabel cerró. + +--¿Estais segura de que nadie puede vernos? dijo el hombre. + +--Los criados estan al otro lado de la casa, y no acostumbran á venir de +noche al huerto, contestó doña Isabel. + +--Aunque la noche es oscura, como el huerto está descubierto por esta +parte, temeria que os viesen conmigo. + +--Os repito, dijo doña Isabel con acento en que se notaba la +contrariedad en que la ponia aquella aventura, os repito que nadie puede +vernos. + +--¡Ah! la noche es oscura y las tapias no son muy altas, dijo el +desconocido mirando á las que lindaban con el huerto de la casa del +capitan Sedeño. + +--¿Qué habla este hombre de tapias? dijo para sí con cierto temor doña +Isabel, temiendo haber caido en un lazo tendido por un ladron. + +Pareció como que el desconocido adivinaba el cuidado de doña Isabel, +puesto que se apresuró á decirla: + +--Nada temais: no es un criminal el hombre que teneis delante, y puesto +que habeis tenido la bondad de franquearme la entrada, tenedla tambien +de oirme en un lugar en donde de nadie podamos ser escuchados. + +Una vez puesta en aquella situacion doña Isabel, siguió de una manera +fatal el camino que habia empezado y condujo al extranjero á su enramada +favorita. + +--Sentaos, le dijo, señalándole el banco. + +--Sentaos vos, señora, y nada temais; sois buena, necesitais de amparo y +os juro que yo os ampararé. + +Se trocaban los papeles: convertíase en amparador, el que aquella mañana +pedia ser amparado. + +--Nos encontramos en una situacion verdaderamente extraña, doña Isabel, +la dijo; he podido procurarme una entrevista á solas con vos á nombre de +vuestro esposo, y es necesario que sepais cómo he trabado conocimiento +con él. Este conocimiento le debo á una traicion de vuestros hermanos. + +--¡Ah! ¡ya lo temia yo! exclamó doña Isabel. + +--Pero antes de que lleguemos á este punto es necesario que sepais quién +soy yo. + +--Vos sin duda sois extranjero, dijo con encogimiento doña Isabel. + +--Si, es verdad, contestó suspirando el desconocido, y bien sabe Dios +que si estoy en tierras de Europa, y en España, es contra mi voluntad. + +--¿De qué parte del mundo sois, pues, caballero? + +--De la cuarta parte, contestó el desconocido. + +--¿De América? + +--Cabalmente: soy mejicano. + +--¡Ah! + +--¿Comprendeis que un mejicano tiene tantos motivos para aborrecer á los +españoles como un morisco? + +[imagen: ¡Defiéndete! ¡ese cadáver va á ser nuestro testigo!] + +--Sin embargo, á pesar de todas sus crueldades, de todas sus tiranías, +los españoles nos han mostrado la santa ley de Jesucristo. + +--¿Y qué importa que hayamos escuchado la voz de los ministros del +Altísimo? ¿qué importa que persuadidos por su palabra hayamos +despreciado á los torpes ídolos á quienes antes rendíamos un culto +abominable, para arrojarnos llenos de fe y de esperanza al pié de los +altares del Crucificado? ¿hemos conseguido por eso que los españoles nos +traten como hermanos? Ellos nos han traido á la religion única y +verdadera; pero tambien nos han traido al martirio. + +--Es verdad, dijo doña Isabel que como morisca no podia desconocer las +infamias de que los moriscos eran víctimas. + +--Para esos hombres, continuó el mejicano no hay mas Dios que el oro, ni +mas cielo que los placeres: allí donde alcanzan su garra ó sus ojos, +allí van el robo, el asesinato y la impureza: la América es un tesoro +vírgen, y las vírgenes de América las mujeres mas hermosas del mundo. +¡Ah! ¡perdonad! vos sois tan hermosa y tan pura, como la mas pura y mas +hermosa de ellas. ¡Si conociíeseis á mi esposa! ¡si conocíeseis á mi +hija! + +La voz del mejicano se hizo trémula y sus ojos se llenaron de lágrimas. + +Doña Isabel perdió todo su terror, que dejó en su alma su lugar á la +compasion. + +--¡Vuestra esposa! ¡vuestra hija! exclamó con un profundo acento de +misericordia ¡Las habeis perdido! + +--¡No! ¡me las han robado! ¡me las robó hace diez años un español +infame! ¡pero no las he perdido no! estan muy cerca de mí: allí, en +aquella casa. + +Y señaló la del capitan estropeado. + +--¿Qué estan allí, en esa casa, vuestra esposa y vuestra hija? + +--¡Si! son esclavas del capitan Alvaro de Sedeño. + +--¡Esclavas! ¡Dios mio! exclamó horrorizada doña Isabel. + +--Como podeis serlo vos mañana. + +--¡Yo soy cristiana! + +--Pero sois morisca. Mañana una rebeldia imprudente de vuestro hermano, +que es harto ambicioso, podrá causaros desventuras incalculablemente +mayores que las que os ha causado ya su falta de prevision. ¡Oh! ¡si +mañana encendida la guerra os vieseis cautiva arrancada de vuestros +hogares, tratada brutalmente...! ¿de que os serviria haber abrazado con +toda vuestra alma la religion de Cristo? + +[imagen: ¡Estoy sola en el mundo! ¡sola y desesperada!] + +--Si eso sucede, la religion me servirá y me sirve ya, para sufrir con +valor mis desventuras. + +--¡Ah! yo procuraré salvaros, como procuro salvar á mi hija y á mi +esposa, si aun es tiempo. + +--¡Si aun es tiempo! + +--He visto una sola vez á mi esposa hace algunos dias despues de diez +años de separacion y de lágrimas, y apenas he podido reconocerla. ¡Oh! +¡la desesperacion y la muerte estaban pintadas en su semblante! aun no +he podido vengarla: cien veces he tenido junto á mí al infame, y un +juramento horrible me ha atado las manos: cuento con vos para salvarlas +y luego,... ¡quiero una venganza horrible, horrible de todo punto...! +quiero que me vengue la Inquisicion! + +--¡La Inquisicion! + +--¡Oh! si: ese hombre es un espia de los monfíes, un renegado de Cristo. + +--¿Conoceis á los monfíes? + +--El rey de los monfíes contiene mi venganza por un juramento. + +--Pero ¿quien sois vos? dijo maravillada de aquel hombre doña Isabel. + +--Yo soy Calpuc, el rey del desierto, contestó solemnemente el mejicano. + +--¡Ah! exclamó doña Isabel. + +--Sí; como la vuestra, mi alcurnia es egregia, señora... para que cese +vuestra extrañeza, para que consintais en ayudarme, necesito revelaros +la historia de mi vida, de mis alegrias y de mis desventuras... pero +ahora que hablamos de favorecernos: ¿habeis traido con vos la sortija de +bodas? + +--Si, si, tomad: ¿pero qué tiene que ver esta sortija...? + +--Esta sortija servirá para arrancar de las manos de un miserable, una +carta de vuestro hermano que puede perderle y perderos con él, porque la +tal carta, fue escrita por don Diego al emir de los monfíes y contiene +pruebas de traicion al rey. Miguel Lopez, vuestro esposo, se apoderó de +aquella carta, y obligó con ella á vuestro hermano, á que eligiese entre +haceros esposa de Miguel Lopez, ó que fuese entregada aquella carta al +presidente de la Chancillería: vuestro hermano os sacrificó á su +seguridad. + +--¡Ah! ¡Dios mio! ¡Dios mio! exclamó doña Isabel. + +--Pero nada temais: acaso Miguel Lopez muera, y esa carta no será +entregada á los ministros del rey de España. + +Doña Isabel dobló la cabeza bajo el peso de su infortunio. + +--No perdais la esperanza, señora, la dijo Calpuc: vuestra felicidad +está en mis manos; Yaye, el emir de los monfías, el hombre á quien +amais, vive, y Miguel Lopez está en mi poder. + +--¡Ah! ¡no le mateis! exclamó doña Isabel. + +--Acaso muera sin que yo pueda evitarlo, respondió profundamente el rey +del desierto. + +Hubo un momento de silencio solemne, despues del cual dijo Calpuc. + +--La noche sube y necesito que consintais en ayudarme; escuchad, pues, +mi historia. + +Y seguidamente contó á doña Isabel cómo robó á doña Inés de Cárdenas de +la frontera del desierto; cómo por su amor se convirtió al cristianismo +y cómo le fueron arrebatadas su esposa y su hija por Sedeño; su venida á +España, en busca del robador, y su conocimiento con el emir de los +monfíes. + +Cuando concluyó, los ojos de doña Isabel estaban llenos de lágrimas. + +--¿Y cómo quereis que contribuya á la libertad de vuestra esposa y de +vuestra hija? preguntó. + +--Escuchad, señora, dijo Calpuc: el capitan ha salido esta mañana hacia +las Alpujarras: solo han quedado en la casa un viejo soldado y dos +criadas: pretender penetrar por la puerta seria imprudente... pero puedo +penetrar por esas tapias, si vos me lo permitís. + +--¡Oh! si, si, id... y si yo pudiera ayudaros personalmente.... + +--No, no señora, dijo Calpuc; pero dejadme ir, por que me devora la +impaciencia. + +--¡Oh, si! id á salvarlas, id y que Dios os ayude. + +--¡Que él os bendiga señora, exclamó Calpuc besando la mano de doña +Isabel; que él os lo pague si yo no puedo pagaros! + +Calpuc se separó de doña Isabel: esta le vió llegar á la tapia, +terciarse la capa, asirse á las asperezas de la pared y trepar +silenciosamente por ella. + +Poco despues desapareció. + +Doña Isabel permaneció algun tiempo en el huerto abstraida +profundamente, pero vino á sacarla de su abstraccion un grito horrible, +inarticulado, semejante á un rugido, que procedia del interior de la +casa del capitan Sedeño. + +Tuvo miedo, huyó del huerto, y se encerró en su habitacion de la que +salió poco despues á recibir á sus hermanos que habian llamado á la +puerta. + + + + +CAPITULO XVIII. + +Continuacion del anterior. + + +El capitan Sedeño, bien ageno de todos estos acontecimientos, y anegando +su alma de tigre en la feroz y para él alegre contemplacion de sus +traiciones, que aseguraban su reposo y su independencia, se dirigia á su +casa, atravesando las estrechas y oscuras callejas del Albaicin. + +Llegó al fin, y llamó con fuerza desde el caballo; pero nadie le +contestó. + +Repitió dos golpes mas fuertes, y á su empuje la puerta, que como +sabemos no estaba afianzada, cedió y se entreabrió. + +--¿Qué es esto, exclamó con un colérico asombro el capitan? ¿no me +responde nadie y la puerta está abierta? + +Dicho esto empujó mas la puerta, penetró á caballo, y al ver los faroles +del zaguan encendidos, gritó: + +--¡Ola! ¿qué es esto? ¡vive Dios! + +Nadie le contestó. + +Entonces el capitan echó pié á tierra, temblando de cólera, corrió los +cerrojos de la puerta, y subió, cuanto de prisa se lo permitia la falta +de su pierna, las escaleras. + +A medida que adelantaba, la soledad que encontraba en su casa, le hacia +sentir un terror frio, semejante al presentimiento de un suceso +terrible; siguió adelante, atravesó algunas habitaciones, y al fin abrió +la puerta de la cámara mortuoria. + +Al entrar encontró en el centro de ella un hombre que fijaba en él una +mirada sobrenatural, y decimos sobrenatural, porque tal era el odio, la +rabia, la desesperacion y la venganza que brillaban al par en aquella +mirada. + +Aquel hombre era Calpuc, el rey del desierto, que habia sentido +acercarse al capitan, merced al ruido seco de su pata de palo sobre el +pavimento, y se habia alzado de sobre el lecho, donde el infeliz habia +encontrado muerta á su esposa. + +Al ver ante sí á Sedeño, se encaminó gravemente á la puerta, y la cerró +por dentro. Luego adelantó hasta el capitan, que permanecia asombrado en +el centro de la cámara, mirando con una fascinacion horrible el cadáver +de doña Inés. + +Aquellos dos hombres no tenian nada que decirse: la situacion en que +respectivamente se encontraban colocados, era demasiado terrible para +que diese lugar á palabras ni á recriminaciones. + +Calpuc desenvainó su espada con una calma horrorosa, y punzando en un +brazo al capitan que estaba absorto, dominado por el terror, como para +advertirle, le dijo, cuando este, al sentir la aguda punta, se volvió en +un movimiento colérico: + +--¡Defiéndete! ¡ese cadáver va á ser nuestro testigo! + +--En buen hora, dijo con voz cavernosa el capitan, desnudando +convulsivamente su espada: ese cadáver colocado entre los dos pide +sangre: defiéndete. + +Y empezó un combate espada contra espada, que hubiera podido parecer por +lo acompasado y reflexivo un asalto de armas, sino hubiera existido en +el lecho aquel cadáver, y una pasion profunda, letal, en el semblante de +los combatientes. + +Los dos eran maravillosamente diestros: los dos acometian y paraban con +suma reflexion, como si hubiesen querido no perder un golpe, no faltar á +una parada: conocíase en ambos la decidida intencion de matar á su +adversario, y las estocadas eran rectas, profundas, las paradas +vigorosas: cubríanse y reparábanse con un cuidado exquisito, con una +sangre fria, admirable en la situacion en que se encontraban los dos +enemigos. + +Pero á poco que se observase á aquellos dos hombres, se conocia que la +ventaja estaba de parte de Calpuc: no porque Sedeño fuese cojo y manco, +defectos que no impedian el que se manejase perfectamente con la pierna +y el brazo que tenia sanos, sino porque, á pesar de su valor y de su +sangre fria, Sedeño estaba aterrado, su terror crecia de momento en +momento, y no podia sufrir la candente mirada de Calpuc, que le +devoraba, le amenazaba, le torturaba. En una palabra: porque su infamia +habia acabado por dominar al capitan, mientras Calpuc, en quien vivian +la rabia y el derecho, estaba sostenido por ellos como por la mano de +Dios. + +Sin embargo, y atendido el estado de la lucha, aunque se notase alguna +ventaja en Calpuc, ventaja puramente moral, ningun inteligente en la +esgrima de aquellos tiempos que hubiera presenciado el duelo, se hubiera +atrevido á decidir rotundamente acerca de cuál de aquellos hombres seria +el vencedor. + +Conocíalo esto asimismo Calpuc, y se afianzó mas en su posicion y se +hizo mas cauto y perspicaz en la acometida y en la parada; notó que +Sedeño, á pesar del peligro, estaba abstraido, que se defendia bien por +tacto y por costumbre, y que, saliendo bruscamente del género de ataque +que habia usado hasta entonces, podria cogerle desprevenido y matarle. + +Asi es que, con una destreza maravillosa, le marcó un golpe al rostro; +hizo pasar la punta de su espada con la velocidad del relámpago por +delante del único ojo del capitan, y rebatiendo la mano, á tiempo que +Sedeño acudia á la parada por arriba, le metió la espada en el pecho +hasta la empuñadura. + +Calpuc dejó la espada en la herida, temeroso, si la sacaba, de traerse +con ella la vida del capitan: este lanzó una horrible blasfemia al +sentirse herido, quiso afianzarse sobre su pié y su pata para no caer; +pero al fin vaciló y cayó sobre el costado donde habia sido herido. + +--Mi esposa ha muerto: exclamó Calpuc, acercándose á él, pero mi hija +vive: ¿sabes qué ha sido de mi hija? + +--¡Ah! exclamó con una feroz alegria Sedeño: ¿has encontrado muerta á tu +esposa, y no sabes qué ha sido de tu hermosa Estrella...? muero, pues, +mas tranquilo. Doña Inés no puede ser tuya, porque es de la tumba, y tu +hija ha huido acaso con algun castellano; acaso con el soldado que me +servia... ¡deshonrada! ¡ah! ¡hermosa ramera! + +Una tos profunda, hirviente, interrumpió al capitan, que lanzó un vómito +de sangre. + +--Contesta, contesta y te perdono... exclamó Calpuc: ¿qué has hecho de +mi hija? ¿dónde está mi hija? + +--¿Para qué quiero yo tu perdon? exclamó con la voz enronquecida Sedeño: +yo te desprecio Calpuc, y muero satisfecho porque sé que no tardarás en +acompañarme; porque muero dejando por una casualidad preparada mi +venganza. + +Un nuevo vómito de sangre, sin tos, sin esfuerzo, fácil, como rebosa el +agua de una fuente, interrumpió de nuevo al capitan. + +Calpuc se aterró ante aquella oscura amenaza que salia de los siempre +crueles labios del moribundo. + +--¡Mi hija! ¡mi hija! gritó Calpuc inclinándose sobre el capitan, y +sacudiéndole furioso. + +Tornó á él Sedeño la vista nublada y vaga por la muerte, sus labios se +contrajeron de una manera horrible, y exclamó en medio de una carcajada +débil, dolorosa; pero sarcástica y acerada: + +--¡Tu esposa! ¡tu hija! ¡las dos! ¡y luego tú! + +Su voz se apagó, se agitó en un débil esfuerzo, y faltándole el brazo +sobre que se apoyaba, cayó y quedó inmóvil. + +Estaba muerto. + +Aquella muerte abrió un vacío profundo en el alma de Calpuc. + +--¡Ah! exclamó: he sido un insensato: le he matado, y no he podido +saciar mi venganza... mi venganza es ya imposible... está muerto... +¡muerto...! + +Calpuc quedó inmóvil como una estátua, con una ansiedad mortal pintada +en el semblante, con una rabia concentrada en sus ojos: luego se volvió +de una manera insensata hácia el lecho, se arrojó sobre él, y besó una y +otra vez delirante, la fria boca del cadáver. + +Luego se alzó, cortó con su daga uno de los negros rizos de dona Inés, y +le envolvió en un pedazo de las ropas del lecho que cortó tambien con su +daga: despues besó de nuevo al cadáver, y dijo como si este pudiera +oirle: + +--¡Adios, Inés! ¡Inés de mi alma! yo moriria junto á tí... pero mi vida +no me pertenece... ¡pertenece á nuestra hija! ¡tú, cuyo espíritu está +sin duda en el seno de Dios, guíame para que pueda encontrarla, +fortaléceme para que no sucumba al dolor, y vela desde el cielo por +nuestra Estrella! + +Despues de esto, Calpuc se levantó de sobre el cadáver y se separó +algunos pasos; pero volvió de nuevo: parecia que un poder invencible le +ataba, le retenia junto al cadáver de su esposa. Por una, dos y tres +veces, pretendió en vano alejarse; pero al fin, hizo un violento +esfuerzo y salió frenético de la cámara. + +Cuando estuvo fuera de ella, se detuvo, volvió su rostro hácia el +interior, y rompió á llorar como una mujer desconsolada. + +Luego se alejó á paso lento, y salió de la casa, cuya puerta dejó +abierta, murmurando una y otra vez con el acento de la mas profunda +desesperacion: + +--¡Ni mi esposa, ni mi hija, ni mi venganza! + + + + +CAPITULO XIX. + +De cómo la justicia fue á cerrar la casa del capitan, dejándola +enteramente deshabitada. + + +Aquella misma noche algunos monfíes enviados por Yuzuf, entraban en +Granada escalando silenciosamente los ya aportillados muros de la +muralla que por la parte de la Torre del Aceituno (hoy ermita de San +Miguel el Alto), constituian la cerca que lleva aun en nuestros dias el +nombre del Obispo don Gonzalo. + +Aquellos monfíes disfrazados, llegaron en secreto y protegidos por la +noche y por la soledad del Albaicin, á las casas de algunos moriscos +principales, para manifestarles que la noche siguiente llegaria á +Granada por los atajos de la sierra, el anciano Yuzuf con seis mil +monfíes. + +Al mismo tiempo algunos adalides del capitan general en traje de +arrieros, salian secretamente por las puertas con pliegos para los +corregidores de las poblaciones moriscas, en los que se les mandaba que +al momento viniesen á Granada con los caballeros particulares y gente de +guerra y del comun que pudiesen reunir. + +No mucho despues de haber salido Calpuc de la casa del capitan Sedeño, +un alcalde con una ronda de alguaciles, que, segun costumbre, recorria +las silenciosas calles, entró en la de San Gregorio: al pasar por +delante de la casa de Sedeño, maravillóle ver la puerta abierta y las +luces del zaguan encendidas. + +--Pues segun los bandos, dijo el alcalde, á estas horas debia estar ya +cerrada esta puerta: adelantad maese Barbadillo, y decid al que saliere, +que la justicia castiga por su descuido al dueño de esa casa, en dos +ducados para obras pías. + +Adelantó el corchete con su linterna, y entró. + +--¡Ah de casa! dijo. + +Nadie le contestó. + +Asió entonces la cuerda de la campana y la agitó: tampoco sobrevino +contestacion alguna. + +Salióse el corchete. + +--Señor alcalde, dijo, por el presente no parece en esa casa mas persona +viviente, que un caballo que está enjaezado en el zaguan. + +--Volved á llamar, maese Barbadillo, volved á llamar. + +Llamó de nuevo el corchete con la voz y con la campana desaforadamente; +pero no recibió mas contestacion que las veces anteriores. + +Entonces el alcalde Anton de Zalduendo, hombre ágrio y seco, de +cincuenta años, enhiestó la vara de justicia, y alegrándose, con esa +alegría característica de los curiales cuando les cae que hacer, esto +es, con una alegría maligna, se entró de rondon por la puerta franca, +seguido de cuatro alguaciles, y dejando dos de guardia á la puerta. + +Despues de un escrupuloso registro, que dió por resultado encontrar una +casa grande, principal, ricamente amueblada y entapizada, sin una alma +viviente y con dos cadáveres, el alcalde, aumentada su alegría en una +proporcion maravillosa, mandó á un alguacil para que buscase de una +manera apremiante un escribano, y otro para el cura de la parroquia, á +fin de que acudiese con sus sepultureros. + +El escribano libró testimonio de cómo en una casa grande de la calle de +San Gregorio el Alto, el nombre de cuyo dueño no se sabia aun, por no +haber habido lugar á la indagatoria, y en una de las cámaras de aquella +casa, se habia encontrado por la ronda del alcalde de Casa y Córte, +Anton de Zalduendo, los cadáveres de una dama como de cuarenta años, +muerta al parecer de enfermedad, y el de uno, al parecer por sus +divisas, capitan de infantería española, manco del brazo izquierdo, cojo +de la pierna derecha, y tuerto del ojo siniestro, muerto á hierro y al +parecer en riña: que habiendo comparecido el licenciado Pero de Rávago, +cura de la parroquia de San Gregorio el Alto, se le habia ordenado que +mandase conducir los dos difuntos á la iglesia, y que al dia siguiente +los pusiese en sendas cajas de ánimas en la puerta de la parroquia, á +fin de que los vecinos los viesen, por si alguno los reconocia; despues +de lo cual, y habiéndose llevado los difuntos los sepultureros, y +quedado en poder del infrascripto escribano, dos espadas y una daga que +tenia sobre sí el difunto, la una espada en el cuerpo en una herida que +le atravesaba de parte á parte, y la otra espada en la mano, sin señal +alguna de sangre, se procedió al inventario y embargo de los muebles de +la casa, y de dos caballos que se encontraron, el uno en el zaguan y el +otro en la cuadra, cerrándose y sellándose todas las puertas por la +justicia, y entregándose los caballos al mesonero del Meson del Cuervo, +en la calle del Agua, todas cuyas diligencias tuvieron fin y remate al +alborear el dia 1.º de julio del año de 1546. + +Como se vé, Yaye, sin duda se habia llevado consigo las dos sirvientes, +que como hemos dicho habian sido encerradas, puesto que la justicia no +encontró en la casa persona alguna. + +Igualmente se desprende del testimonio del escribano, que la justicia no +habia dado con la puerta secreta que ponia en comunicacion la casa del +capitan difunto con la de don Diego de Córdoba y de Válor, puesto que ni +una palabra se decia en el testimonio acerca de la tal puerta. + +Pero en un testimonio por separado que habia pasado con urgencia el +alcalde Anton de Zalduendo al presidente de la Chancillería, constaba +que en un armario, encontrado en un dormitorio, al parecer de hombre, se +habían hallado papeles interesantísimos para la salud de la república y +el servicio del rey. + + + + +CAPITULO XX. + +Estrella. + + +La casa que el walí de los monfíes Harum, habia procurado á su señor el +poderoso emir de las Alpujarras Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, era, como +hemos dicho, una bellísima casa; mas aun, un pequeño alcazar situado en +una calleja angular que se llamaba entonces la casa de las _Tres +Estrellas_, y aun se llama hoy, puesto que la casa y la calleja en +cuestion existen. + +Debemos decir que la causa ostensible de tal nombre, son tres estrellas +incrustadas en el ladrillo que sirve de clave al arco árabe agramilado +de la puerta de la casa, y la causa ostensible de aquel nombre, porque +aquellas tres estrellas, mas que un adorno son, por decirlo asi, un +símbolo; lo que queda sobre la tierra de un tremendo suceso acontecido +en aquella casa cuando Granada era de moros, suceso con el cual pensamos +confeccionar una leyenda á la que titularemos, Dios mediante, _Las Tres +Estrellas_. + +Mas, volviendo á nuestra narracion, nos permitirán nuestros lectores que +digamos algo acerca del estado en que se encontraba aquella casa cuando +acontecian los sucesos que vamos refiriendo. + +Su fachada era pequeña y formaba uno de los lados del segundo ángulo +recto de la calle: la pequeña y sencilla, pero bella puerta ogiva de +herradura, constituia el frente de la calle, conforme se doblaba el +primer ángulo viniendo de la parte de la iglesia de San Gregorio el +Alto; el muro á que aquella puerta pertenecia, no tenia perforacion, +ventana ni respiradero alguno, mas que un pequeño agimez de estuco +labrado, con columnas de mármol blanco de Macael, que correspondia á un +pequeño mirador con cúpula, situado sobre el tejado de la casa, encima +del alero de pino labrado y ennegrecido por el tiempo, mirador que +estaba situado á la derecha de la casa, y que se veia desde la calle, +merced á la poca elevacion de la pared, que constituia el otro lado del +ángulo recto que determinaba la calle. + +Este mirador era tan esbelto, tan delicado, tan feble, que algunos años +hace, fue arrebatado por el huracan un dia de tormenta, del mismo modo +que si hubiera sido de carton, ó como las hojas secas de un árbol. + +Pasando la puerta se encontraba una especie de zaguan oscuro, +pavimentado de mármol, con faja de mosáico ó alicatado en la parte +inferior de los muros, que desde aquella faja hasta el techo estaba +prolijamente adornado de arabescos, y aquel techo era de bobedillas +pintadas con sumo primor y buena eleccion de colores, para los cuales +faltaba luz. Frente á la puerta habia un delicado arco que daba paso á +un patio muy pequeño, mas largo que ancho, en cuyo centro habia una +fuente abierta en el pavimento, de mármol como el del zaguan; al fondo +de este patio habia una puerta mas pequeña que daba á una estrechísima y +oscura escalera que ponia en comunicacion el piso bajo con el alto, +desembocando en una galería, situada á la izquierda del patio, con +barandilla ó balaustrada de pino tallado y agramilado. + +El costado izquierdo del patio consistia en un cenador estrecho en el +piso bajo, y en la galería que hemos citado en el alto. Esta galería +estaba sustentada por una viga maestra labrada delicadamente y apoyada +en sus extremos por dos zapatas ricamente talladas, pintadas y doradas; +otra viga enteramente semejante, con iguales zapatas, sostenia el alero +que estaba tambien pintado y dorado. Ambos techos, el del cenador, y el +de la galería, eran de ensambladura, con estrellas, escudetes y +triángulos cruzados, matizados y dorados, con filetes de blanco y rosa. +Ambos muros, el superior y el inferior, estaban ornamentados con fajas +de azulejos ó mosáicos, labor de estuco, pintadas inscripciones y +follajes. En ambos muros habia dos puertas de herradura, con elegantes +nichos para las babuchas, en la parte media de sus gruesos, +diferenciándose solo estas dos puertas, cuyos festones y enjutas estaban +primorosamente labrados, en que la del cenador era mayor que la de la +galería. + +Por la puerta inferior se entraba en una cámara oscura; pero riquísima +en su pavimento de mosáico, en sus arabescos y en su techo; á los +extremos de esta sala habia dos pequeños alhamíes ó alcobas. Por la +puerta de la galería se entraba á otra sala enteramente igual; pero mas +baja de techo y variada en el adorno; al extremo de la galería habia una +pequeña puerta que daba á una escalera, y aquella escalera desembocaba +en un pequeño corredor oscuro, que iba á dar al mirador que se veia +desde la calle. + +Este mirador era perfectamente cuadrado y apenas de tres varas de +extension. Tres de sus costados tenian agímeces cubiertos por celosías y +por cortinas de seda carmesí; en el otro costado estaba la puerta. El +friso de este mirador se hacia octógono, y sobre él se veian diez y seis +bellísimas ventanas transparentes de estuco, sobre las cuales se +levantaba una cúpula de estalácticas, que remedaba con sus colgantes una +gruta de hadas. + +Todo en aquel mirador era delicado, bello y rico: el mosáico menudo, +caprichoso, ejecutado con sumo primor; las pechinas de agallones, que +naciendo de los ángulos, determinaban la figura octógona del friso; los +adornos, las inscripciones, los colores, todo perfectamente ejecutado, +todo perfectamente concluido; un hermoso sueño de un hábil alarife +realizado en miniatura. En aquella pequeña estancia habia un divan de +seda y oro; cortinas magníficas en la puerta y en los agímeces y un +bello perfumero de plata. + +Ademas, pendiente de la cúpula habia una lámpara de seda, y de cuatro de +los cupulinos del octógono, cuatro jaulas de plata doradas en que vivian +aprisionados cuatro ruiseñores. + +Estas eran las habitaciones que constituian la parte bella y artística +de la casa de las Tres Estrellas. A las demás dependencias, habitaciones +de los criados y caballerizas, se entraba por el postigo de una huerta +situada á espaldas de la casa y la comunicacion estaba abierta en el +muro derecho del patio por una puerta sencilla. + +En lo que hoy existe de la casa solo se encuentra parte del plano, y +algunos restos de estucos, adornos y pinturas, gastados, corroidos, +ennegrecidos por el tiempo. + +Aquella casa es hoy el esqueleto mutilado de lo que fue. + +A aquella casa fue á donde Yaye hizo conducir á Estrella desmayada, y á +donde tambien fueron llevados, como hemos dicho anteriormente, el +soldado que servia á Sedeño, y las dos sirvientes que habia en la casa. + +Estrella fue conducida al bello mirador que hemos descrito. + +La infeliz jóven tardó mucho tiempo en volver de su desmayo; +acompañábala Yaye, que observaba su estado, lleno de interés y de +caridad: ya sabemos, que la caridad era la virtud culminante de Yaye: +una caridad _sui generis_; pero al fin el jóven llamaba caridad al dulce +sentimiento que le hacia experimentar, en mayor ó menor grado, toda +mujer hermosa colocada en ciertas circunstancias, y nosotros nos hemos +propuesto respetar la conciencia del jóven emir; pero era muy extraño +que la caridad de Yaye no se extendiese á los hombres ni á las mujeres +feas ó viejas: era, en todo caso, una caridad muy condicional. + +Las circunstancias en que habia encontrado Yaye á Estrella habian sido +eminentemente extraordinarias: Estrella, por su posicion, por su +juventud, y por su magnífica hermosura, impresionaba fuertemente el alma +entusiasta, espansiva y ardiente de Yaye; se sentia arrastrado por ella +á una caridad sublime, caridad llena de goces y de placeres, que le +hacia sentir una emocion dulce, lánguida, fresca, odorífera, si se nos +permiten estas dos últimas extrañas calificaciones: caridad que era de +todo punto independiente del amor que le inspiraba doña Isabel de Válor, +amor que habia empezado tambien, al menos asi lo creia Yaye, por un +impulso caritativo. Doña Isabel era para el jóven la luz de su alma, su +amor contrariado, su empeño: doña Estrella, un ser débil, necesitado de +proteccion, una hermosa flor que la desgracia habia arrojado ante los +piés del emir, y que estaba ante él pálida, privada de sentido, y +sufriendo de una manera interna, ó, por mejor decir, orgánica. Yaye se +habia dicho, respondiéndose á sí mismo, y como queriendo calificar el +lazo que le unia á aquellas dos mujeres, tan jóvenes, tan puras, y tan +desgraciadas las dos: + +--Estrella será mi hermana; Isabel... Isabel si no puede ser mi esposa, +será mi amante: Isabel será mia. + +Pero entre tanto no volvia en sí Estrella; el sacudimiento que habia +sufrido el alma de la pobre niña habia sido demasiado fuerte para que el +accidente causado por él fuese pasajero. Continuaba el desmayo y aquella +congoja muda que hacia presentir acaso una afeccion mayor y mas +peligrosa, si la ciencia no acudía al socorro de Estrella. Yaye estaba +realmente preocupado, casi aterrado, porque queria tener oculta á +Estrella, y no se fiaba de nadie absolutamente mas que de los monfíes. + +El jóven estaba solo con ella. La habia rociado el rostro con agua; la +habia hecho aspirar las fuertes esencias que los moros sabian extraer de +las flores y de las plantas, y Estrella no habia vuelto en sí. Yaye no +se habia atrevido á desembarazarla de la presion de sus vestidos, ni la +habia tocado mas que con una mirada ardiente, es verdad; pero ardiente +de caridad. Al fin, cuando ya estaba casi resuelto, en vista de la +duracion del accidente, á tomar, contra su voluntad y de una manera +desesperada, una resolucion mas eficaz y decisiva, Estrella suspiró +profundamente y abrió con languidez los ojos, sus hermosísimos ojos +negros, á los que el dolor y la ansiedad hacian mas hermosos, +irresistibles. + +Poco á poco fue volviendo al uso de sus facultades; se levantó sobre el +divan, pasó sus pequeñas manos por su frente, se apartó las pesadas +bandas de sus cabellos, que se habian desordenado, y miró en torno suyo. + +No preguntó donde se encontraba, no nombró á su madre, no se entregó á +ese dolor ruidoso, que grita, se retuerce, se exhala de mil maneras, que +serian ridículas á no ser por lo terrible de la causa que las motiva. +Nada dijo á Yaye, únicamente le asió una mano, y se la besó, dándole las +gracias por la proteccion que la habia dispensado con una mirada velada +por lágrimas; mirada que hizo estremecerse de los pies á la cabeza á +Yaye. + +Luego se replegó sobre sí misma y Yaye la sintió llorar en silencio. + +Hay momentos en que toda palabra de consuelo es inoportuna y aun cruel, +porque aviva el dolor en vez de calmarle: el jóven emir lo comprendió +asi y dejó á Estrella abandonada á su dolor; pero no se atrevió á +dejarla sola; hacia calor en aquel reducido aposento, y Yaye descorrió +los tapices de la puerta y de los agimeces y abrió las maderas; frescas +oleadas de las auras nocturnas cruzaron por el interior del mirador y +uno de los ruiseñores rompió en un magnífico trino. + +Yaye tomó la jaula, la descolgó y llevó fuera el ave cantora: parecióle +que la alegría tranquila del pájaro debia punzar el alma lastimada de +Estrella; los otros tres ruiseñores fueron desterrados tambien á una +habitacion inmediata, donde, dominados por la oscuridad, guardaron +silencio. + +Cuando entró de nuevo Yaye en el mirador, encontró á Estrella mas +tranquila; habia variado de posicion, estaba abandonada voluptuosamente +en el divan, sin duda por casualidad, y apoyaba su cabeza en una de sus +manos cuyo brazo se hundia en los almohadones. + +Sus grandes ojos negros, en los cuales se habia secado el llanto, aunque +conservaban una profunda expresion de dolor y de ansiedad, se fijaban +lucientes en Yaye, en cuyo semblante se posaron algun tiempo. + +Luego aquellos ojos irresistibles parecieron aumentar su fuerza, su +brillo, su expresion; se entreabrieron los rojos labios de Estrella, y +Yaye la oyó murmurar con un acento apagado y ardiente, semejante á un +suspiro: + +--¡Oh! ¡gracias! ¡gracias, caballero! ¡cuánto os debo! ¿sin vos qué +hubiera sido de mí? + +Yaye no supo qué contestar y contestó á la ventura lo primero que se le +ocurrió. + +--Dios sin duda os hubiera amparado, dijo. + +--Y ¿quién sino Dios, ha podido llevaros á mi lado en la terrible +situacion por que acabo de pasar? + +--¿Creeis que haya sido Dios quien me ha traido á vuestro lado? dijo +Yaye pronunciando tambien estas impías palabras á la ventura, porque +estaba trastornado. + +--Y ¿quién sino Dios, respondió con acento sonoro y solemne Estrella, ha +podido valerse de vos para que consoleis á una pobre madre moribunda, y +ampareis á una huerfana infortunada? ¿Quién sino Dios pudo haber hecho +que nos encontráramos y nos conocieramos en aquel meson de las +Alpujarras? ¿quién sino Dios, ha podido inspirar á mi madre, á mi +infeliz madre, para que me ponga bajo vuestra proteccion? ¿Creeis que +Dios no habla por la boca de los moribundos? + +--¿Creeis que Dios haya hablado por la boca de vuestra madre? exclamó +Yaye que seguía hablando abandonado á sí mismo, ó por mejor decir, +abandonado á aquella situacion que le presentaba á Estrella con el +triple incentivo de su hermosura, de su dolor y de su infortunio. + +La caridad habia tomado en aquella situacion tales proporciones en el +alma de Yaye, que le quemaba en un fuego voraz, le envolvia en una +atmósfera ardiente, dominaba su corazon, que flotaba en una region de +sueños desconocidos; en una palabra, Yaye estaba embriagado, dominado, +loco, y sin voluntad, por decirlo así, de una manera instintiva, como +atraido por una influencia magnética, se sentó en el divan al lado de +Estrella. + +--Sí, sí; Dios ha hablado por la boca de mi infeliz madre, dijo la +jóven; Dios ha tenido compasion de mí, y al herirme tan profundamente en +mi amor de hija, ha abierto para mí una fuente de consuelo, +presentándome un alma noble, á la cual unir mi alma... + +Estrella que hablaba sin reflexion, abandonada á su dolor, á su +necesidad de consuelo, se contuvo, porque un rayo de razon brilló en +medio de su delirio. + +Yaye no se atrevió á pronunciar una sola palabra; otro rayo de razon le +habia hecho comprender la gravedad de las palabras de Estrella. + +Pero como nuestro corazon es siempre exigente y despótico y siempre sale +vencedor en sus luchas con la cabeza, Estrella, alma ardiente como el +suelo en que habia nacido; fuerte y poderosa, porque se habia +fortalecido en la desgracia; sedienta de felicidad, la sed mas +implacable del corazon; voluntariosa, como es voluntarioso quien siempre +ha estado luchando con un imposible, y ansiosa de afectos, como que solo +habia gozado del desesperado afecto de su madre á la que acababa de +perder, no tuvo fuerza para contenerse en la pendiente sobre la cual la +habia puesto su situacion, ó, tal vez desesperada, importándola poco +todo lo que en el mundo se respeta como conveniencia, continuó +infiltrando en Yaye todas las ardientes pasiones que se exhalaban por su +magnífica mirada, y dijo con voz temblorosa de temor y de dolor. + +--¡Estoy sola en el mundo! ¡sola y desesperada! + +--¡Sola! esclamó Yaye con un tímido acento de reconvencion. + +--¿Cómo os llamais? dijo Estrella, sin apartar su mirada poderosa de los +ojos de Yaye: he oido vuestro nombre, pero... lo he olvidado... lo he +olvidado todo... ¡Oh, Dios mio! ¡mi cabeza! ¡tengo aquí un infierno! + +Y se oprimió con ambas manos la frente. + +Yaye la tomó las manos, las separó de su cabeza y las retuvo entre las +suyas, sin que Estrella hiciese el mas leve esfuerzo, la menor +indicacion para desasirse; por el contrario, las manos de los dos +jóvenes se estrechaban fuertemente y se trasmitian un flúido +irresistible, mientras sus miradas se devoraban y se confundian. + +Entrambos estaban pálidos, solemnemente graves, confundiendo sus almas, +entregados el uno al otro, como si nada existiese en el mundo mas que +ellos, como si hubiesen sido el primer hombre y la primera mujer. + +Sin embargo, Yaye al contestar á la pregunta de Estrella, mintió en +cierto modo, no sabemos por qué. + +--Me llamo Juan de Andrade, la dijo. + +--¡Ah no, no! dijo Estrella; ese no es el nombre de un rey: ¿por qué me +engañais cuando os preguntan mi dolor y... mi alma? + +Estrella iba á decir mi amor, pero el pudor, que el mundo ha fabricado +para la mujer, la contuvo y la hizo dar tortura á la frase. + +--¡Ah! perdonad, pero sois cristiana, y no me he atrevido á deciros que +me llamo Sydy Yaye, y que soy emir de los monfíes de las Alpujarras. + +--¿Y qué importa? mi padre se llama Calpuc y es rey del desierto +mejicano: somos hijos y señores de dos pueblos dominados por los +españoles. Los enemigos de cada uno de nosotros son nuestros mismos +enemigos. ¿No creeis que Dios ha querido sin duda que dos que llevan en +su frente una corona de desventuras se encuentren y se unan? + +Yaye se acordó, estremeciéndose, del extraño y terrible desposorio +efectuado con los dos por una moribunda, y detrás de aquel solemne y +sombrio cuadro que le representaban sus recientes recuerdos, vió pasar +la sombra de Isabel de Válor, pálida, triste, desesperada. + +--¡Que Dios ha querido que nos unamos! exclamó. + +Por fortuna la voz de Yaye era tan temblorosa que la altiva Estrella no +pudo notar el profundo terror de que eran hijas las últimas palabras de +Yaye. + +--¡Oh! y oíd, porque si no os lo digo ahora que estoy desesperada, no os +lo diria nunca: si Dios quiere que mis desgracias tengan fin, que goce +algunos años de reposo sobre la tierra, será necesario que nuestras +almas se unan, porque yo os amo. + +Por esta vez Estrella no vaciló al pronunciar las palabras que +expresaban su supremo pensamiento, sino que las lanzó con una entonacion +firme, sonora, vibrante, llena de voluntad. + +Yaye exhaló un grito que tanto podia parecer de espanto, como de +alegría, como de placer. + +Y era que el amor de Estrella, producia en él al mismo tiempo aquellas +sensaciones. + +--Si, yo os amo: el dia en que os ví en el meson de las Alpujarras os +estuve contemplando largo espacio antes de hablaros: estabais distraido, +profundamente preocupado; no sé qué teniais en vuestra mirada de +sufrimiento, de ansiedad, de desesperacion: pero comprendí que erais +desgraciado. ¡Desgraciado! yo tambien lo era y el sufrimiento es ya un +vínculo bastante fuerte para acercar la una á la otra á dos almas +desesperadas. Despues cuando os hablé, me ofrecisteis con toda la +expansion de vuestra alma una generosa ayuda, y yo confié en ella, como +siempre he confiado en Dios. Despues nos separamos. ¿Cuánto tiempo ha +pasado desde que nos vimos por la primera vez? yo no lo sé, yo no he +medido ese tiempo; pero durante ese tiempo no he dejado de pensar en +vos, ni ha habido un instante en el que no haya sido mas íntimo el +recuerdo que me inspirabais que en el instante anterior. Yo os esperaba: +no sabia cuándo ni cómo os presentariais á mi vista; pero yo estaba +segura de volveros á ver, segura de que me salvariais, segura de que un +dia seriais para mí mas que un recuerdo, mas que un hombre, mas que un +hermano: estaba segura de que seriais mi alma. + +La expresion del semblante y de la mirada de Estrella llegó al último +desarrollo de pasion que podian prestarla el amor, el dolor y la +esperanza: Yaye sintió como que su alma se fundia, por decirlo asi, en +aquella mirada; una fruicion suprema ensanchó, dilató todo su ser, se +sintió trasportado á un paraiso, arrancado de la vida siempre fatigosa +del mundo, como transformado en otro ser, cuya vida era mas fácil: +decimos que se sintió, y hemos dicho mal: Yaye no podia darse razon de +su sentimiento; aquel sentimiento era mas poderoso que la razon que +compara y juzga: aquel sentimiento le arrastraba, y en el colmo de su +fascinacion, de su trasporte, atrajo hácia sí á Estrella. + +La jóven se dejó arrebatar por el mismo sentimiento; pero la presion +convulsiva de los brazos de Yaye, y un ardiente beso que este estampó en +sus labios, exhalando por él todo el volcan que ardia en su alma, la +despertaron de su delirio y rechazó á Yaye. + +--Aun está caliente el cadáver de mi madre, exclamó con un acento en que +vibraban á un tiempo el pudor y el dolor; aun no sois mi esposo. + +Yaye despertó á su vez y comprendió que envuelto por la fascinacion que +habia arrojado sobre él á torrentes Estrella, habia dado un paso del +cual no podia volver atrás sin dar derecho á una mujer á que le llamase +infame. + +Su caridad, su singular caridad, le habia llevado hasta aquel punto: su +semblante se entristeció, se doblegó sobre el divan y se cubrió el +rostro con las manos. + +Estrella se conmovió; le amaba y el amor es la caridad de la mujer: se +acercó á Yaye, le apartó las manos del rostro, como antes habia hecho +Yaye con ella, le miró frente á frente con una expresion dulcísima y con +los ojos llenos de lágrimas, y le dijo: + +--Me habeis hecho mucho bien, habeis abierto para mí una nueva vida y ya +no estoy sola en el mundo: me amais... ¡oh! ¡sí! ¡me amais! Sed mi +esposo, pero respetad el dolor y la honra de vuestra esposa... yo os amo +con toda mi alma... ¡pero abrir los brazos á la felicidad cuando mi +pobre madre... cuando aun no está santificada nuestra union...! ¡oh! +¡no! eso seria una profanacion y un olvido imperdonable de lo que +mutuamente nos debemos... yo no os culpo... la situacion en que nos +encontramos debe haceros comprender que solo mi desesperacion ha podido +hacer que yo sea la primera de los dos que hable de amor, y que vos os +hayais dejado arrebatar por vuestro amor... ¡Oh! ¡Dios mio! ¡cuanta +desgracia y cuanta felicidad á un tiempo! + +Y Estrella rompió á llorar; pero de una manera convulsiva, en una de +esas terribles reacciones del dolor, que es tanto mas fuerte cuanto mas +se medita en el valor de lo que se ha perdido. + +Yaye estaba enteramente desconcertado y no sabia que hacer. + +En aquel momento se oyó un golpe recatado en una de las puertas +interiores, y Yaye se dirigió á Estrella. + +--Calmaos, calmaos por Dios, la dijo: me veo obligado á dejaros sola y +quiero dejaros mas resignada. + +Resonó otro golpe mas fuerte y mas impaciente. + +--¡Dejarme sola! exclamó Estrella. + +--Sí; algo grave debe acontecer cuando mis gentes se atreven á llamarme +y con insistencia. Oid. + +Habia resonado un tercer golpe. + +--Id, id, dijo Estrella, nada temais, esto pasará... id donde os llaman. + +--Pero estais desesperada... y lo temo todo... + +--¡Oh! nada temais, porque os amo y necesito vivir para mi amor. + +Yaye estrechó una mano que le presentó Estrella, la besó y salió. + +Apenas habia salido Yaye, Estrella se levantó de una manera enérgica: +sus ojos resplandecian con un brillo inconcebible, y su mirada parecia +fija en la inmensidad; estaba pálida, temblorosa y su boca entreabierta +tenia una expresion de fuerza y de voluntad inconcebibles. + +Luego cayó de rodillas, levantó sus brazos y sus manos al cielo, y +exclamó con un acento sublime, que parecia emanado del fondo de su alma: + +--¡Oh madre mia! ¡madre mia! perdóname si cuando acabo de perderte me he +atrevido á hablar de amor! ¡Estoy sola en el mundo y necesito vengarte! +Ese hombre te vengará, sí, te vengará aunque me vea obligada á ser su +manceba, su esclava! ¡ese hombre te vengará! ¡yo te lo juro! + +Luego se alzó y se sentó pensativa en el divan: despues de su juramento +habia recobrado una calma terrible, y sus ojos se habian secado. Luego +la reflexion se fue apoderando de ella y arrojó una mirada indagadora al +fondo de su alma. + +--¡Oh, Dios mio! exclamó: ¿le amaré acaso...? + +Se pasó la mano por la frente, palideció aun mas, y luego dijo como +traduciendo en palabras lo que su corazon le decia en sensaciones: + +--¡Oh, sí, le amo! no he podido olvidarle desde el dia en que le ví, y +hace un momento, á pesar de mi dolor, una fuerza irresistible me ha +arrastrado, y he estado á punto de ser suya... ¿y él, él me amará? ¡oh! +¡sí! ¡ha sido generoso! ¡ha respetado mi dolor y mi pudor! ¡pero Dios +mio! ¡sino me amara! ¡si solo hubiese cedido á mi dolor y... á mi +hermosura! ¡si solo me hubiese respetado por caballero! ¡oh, Dios mio! +¡al sentir esta duda conozco que le amo con toda mi alma! ¡oh, Dios mio! +¡ya que me has arrebatado mi madre, dame su amor! ¡permite que sea su +esposa! + +Yaye entró en aquel momento. + +--Suceden cosas gravísimas, Estrella, le dijo con precipitacion; me es +imposible vengar á vuestra madre. + +--¡Qué os es imposible vengar á mi madre! exclamó profundamente +Estrella. + +--Si por cierto, porque el capitan Sedeño ha sido muerto esta misma +noche á estocadas. + +--¡Muerto á estocadas! ¿y por quién? exclamó con anhelo Estrella. + +--Aun no puedo deciros quién es el hombre que le ha muerto: debe ser un +hombre que salió de la casa del capitan algun tiempo despues que este +habia entrado en ella de vuelta de un viaje. + +--¿Con que el infame capitan Sedeño ha sido muerto por otro hombre en su +misma casa, acaso delante del cadáver de mi pobre madre? + +--Tal vez. + +--¿Y quién os ha dado esas noticias? añadió Estrella, cuyo interés +crecia. + +--Uno de mis mas leales servidores, á quien dejé con algunos de los mios +en observacion de la casa del capitan. + +--¿Y no podrá averiguarse quién ha sido el hombre que ha matado á +Sedeño? + +--Acaso, puesto que uno de mis monfíes ha seguido recatadamente á ese +hombre y ha visto que entraba en una casa en Bibarrambla. + +--¡Muerto el infame Sedeño! + +--Y no es esto solo; poco despues una ronda entró en la casa que +encontraron abierta y abandonada, salieron dos alguaciles, y volvieron +con un escribano y con el cura de la parroquia de San Gregorio á quien +acompañaban... algunos sepultureros. + +--¡Ah! exclamó Estrella cuyo dolor se avivó: ¡ya no volveré á ver á mi +pobre madre! + +--Su cadáver y el de Sedeño fueron sacados de la casa y conducidos á la +iglesia: uno de mis monfíes se hizo el encontradizo con uno de los +alguaciles á quien por acaso conocia, y supo por él que el capitan +habia sido encontrado atravesado por una espada, y muerto en la misma +cámara de vuestra madre. + +--¡Oh! ¡y cuán justiciero es Dios! exclamó Estrella. + +--Pero no es esto lo que me obliga á separarme de vos; asuntos que +conciernen al pueblo, cuya corona ciño, me imponen el imperioso deber de +ir á ocupar el puesto de honor que me corresponde. + +--¿Vais á combatir con los cristianos? exclamó anhelante Estrella. + +--Es muy probable. + +--Podeis morir en el combate. + +--Es muy posible. + +--¿Y yo...? + +--Vos sereis... + +--Detúvose indeciso Yaye... + +--¿Qué seré yo...? + +--Sereis... la viuda de un rey que ha muerto con la espada en la mano en +defensa de su pueblo oprimido. + +--Partid, partid, señor, dijo Estrella cediendo á su amor y arrojándose +en sus brazos: partid; Dios no querrá que murais, porque Dios no querrá +hacer mas grande mi desesperacion. + +Y apoyando su cabeza sobre el hombro de Yaye lloró. + +--Es necesario separarnos en el momento, la dijo Yaye levantándola entre +sus brazos; para cuidar de vos, señora, queda un hombre que velará por +vos, y si muero queda encargado de serviros y de acompañaros. Vais á +conocer á ese hombre. + +Estrella se separó de los brazos de Yaye y se enjugó las lágrimas. + +--¡Ola! ¡wali Harum! dijo Yaye asomándose á la puerta. + +Harum, que venia completamente vestido á la castellana, apareció en la +puerta y se inclinó profundamente ante Yaye, como se habria inclinado un +wali antiguo ante un califa de Córdoba. + +Estrella se habia sentado en el divan y tenia la actitud digna y altiva +de una sultana. + +--Mientras yo esté ausente, dijo Yaye, servirás y obedecerás á esta +señora, como me servirias y me obedecerias á mí mismo. Si yo muriese, +seguirás sirviéndola y obedeciéndola como si fuese mi hermana. + +--Será como querais que sea, poderoso señor. + +--Ahora, doña Estrella, adios, dijo el jóven acercándose galantemente á +ella y besándola una mano. + +--¡Adios! ¡adios! dijo Estrella; ¡que la Santa Vírgen os proteja y os dé +ventura! + +Los ojos de Estrella se arrasaron de lágrimas, y la fue necesario hacer +un violento esfuerzo para contener su llanto. + +Pero cuando salieron Yaye y Harum aquel llanto brotó libremente, y +Estrella exclamó entre sus sollozos. + +--¡Que me sirva como si fuera su hermana! ¿por qué no ha dicho que me +respete y me sirva como si fuera su esposa? + +Entre tanto Yaye decia á Harum. + +--¿Para atender á las necesidades de esa dama mientras yo esté ausente +tienes oro bastante? + +--Si señor. + +--Antes de emprender mi expedicion, que será al momento, yo dejaré +dispuesto lo necesario para que si muero te entreguen del tesoro de mi +corona, lo que baste para atender á la subsistencia honrada de esa dama +durante toda su vida. + +--¡Morir! ¡señor! ¡morir tan jóven y tan valiente! ¡eso no puede ser! el +Altísimo y Único velará por vuestra vida, que es la esperanza de vuestro +pueblo. + +Como llegaban entonces á las puertas de la casa, Yaye que habia tomado +una capa, una gorra y una espada, salió solo y se encaminó á largo paso +á la calle del Zenete, á la casa donde habia vivido con Abd-el-Gewar y +en donde habia conocido á doña Isabel de Córdoba y de Válor. + + + + +CAPITULO XXI. + +Los xeques del Albaicin. + + +El anciano Abd-el-Gewar no supo lo que le acontecia cuando vió ante sí +al jóven. + +En el primer momento se arrojó á sus brazos, le besó como pudiera +haberlo hecho despues de una larga ausencia su madre, y lloró y rió, +como un niño ó como un loco. + +--¡Oh! ¡gracias al Todopoderoso, exclamó, que te vuelvo á ver! ¿Donde +habeis estado, caballero, durante un mortal y abominable mes? + +--He estado en las entrañas de la tierra y ahora salgo de ellas. + +Por mas que hizo Abd-el-Gewar no pudo sacar otra contestacion á Yaye. + +Abd-el-Gewar le ponderó el mortal cuidado en que habia tenido á su padre +y á él mismo su pérdida; los esfuerzos que se habian hecho por +encontrarle, por último, que habiendo llegado el caso de un +levantamiento general, era necesario que le acompañara para darle á +reconocer como emir de los monfíes al lugar donde debian reunirse los +xeques y los principales moriscos de la ciudad. + +Con este objeto salieron de la casa mucho despues de la media noche, y +subiendo por las agrias cuestas que conducian á la torre del Aceituno, +entraron en una casa aislada en medio de huertos, mediante una seña que +rindió á la puerta Abd-el-Gewar. + +Hiciéronles atravesar varias habitaciones oscuras; bajaron unas largas y +pendientes escaleras, y al fin entraron en un gran espacio de bóveda +alta, sostenida en pilares, que por el revestimento verde y viscoso de +sus paredes y por su pavimento resbalizo y húmedo, parecia una cisterna +ó algibe. + +Al fondo habia algunas sillas y una mesa con un belon de cobre +encendido, y delante en la mesa, formando cuadro con ella, dos escaños. + +En aquellas sillas y en aquellos escaños habia como hasta treinta +hombres, la mayor parte de ellos ancianos. + +Todos tenian impreso en su semblante el sello típico de la raza mora; +todos estaban sobreexcitados, pálidos y con las miradas chispeantes. + +Cuando entraron Yaye y Abd-el-Gewar, y antes de ser notados, un anciano +de rostro noble y enérgico, que parecia hacer algun tiempo que dirigia +la palabra á los demás, segun la altura á que se encontraba, su +peroracion, decia: + +--Y cuando tantas desgracias nos oprimen; cuando han llegado ya al +extremo, como os he hecho notar, los ultrages de los cristianos, +¿sufriremos cobardemente por mas tiempo el yugo? ¿Qué importa que don +Diego de Córdoba y de Válor, el hombre que estábamos decididos á +proclamar rey despues del triunfo, si el Altísimo se digna concedérnoslo +apiadado de nosotros; el que reconociamos por cabeza durante la +desgracia, qué importa, repito, que ese hombre nos haya abandonado, y +que cuando, extrañando su tardanza se ha ido á buscarle á su casa, se +nos diga que ha sido llamado y preso por el capitan general? ¿no hemos +lanzado ya todo temor? ¿no hemos desenterrado el viejo arcabuz y la +coraza de nuestros padres, decididos al combate? Decís que, sin duda, +don Diego, apegado al regalo que le proporcionan sus riquezas, +ennoblecido por el rey de España, nuestro enemigo, y honrado con +mercedes, nos abandona en el momento del peligro, nos vende, y para +cubrir las apariencias se hace prender por el capitan general. En buen +hora: asi nos ha avisado á tiempo de que es traidor á su ley y á su +patria, y podemos volver los ojos á otra persona mas digna y mas +valiente para ceñir á su cabeza la corona del reino. Pero decís: si don +Diego nos ha hecho traicion descubriendo nuestros intentos al capitan +general, estos intentos fracasan. No lo creais: el plazo es corto. El +capitan general no puede tener mañana mas soldados que los que tiene +hoy, y en todo caso, su refuerzo se reducirá á doscientos ó trescientos +hombres mas, poco acostumbrados á la guerra, que podrán venirle de las +villas inmediatas. Si el golpe se retardara algunos dias, podria ser +imposible, porque los tercios de la costa, y los presidios del reino de +Granada vendrian á ocupar la ciudad. Por lo mismo es necesario no cejar +en lo comenzado, y dar el golpe, como se tenia preparado, mañana mismo, +y si fuera posible, esta misma noche; pero es necesario esperar á los +seis mil monfíes que llegarán mañana con Muley Yuzuf de la montaña, y á +falta de capitan del alzamiento por la prision de don Diego de Válor +nombrar uno entre nosotros. + +--Ese capitan os le traigo yo, dijo Abd-el-Gewar, interrumpiendo al +orador. + +--Es Abd-el-Gewar, el santo faquí, dijeron algunas voces. + +Todos se levantaron y saludaron á Abd-el-Gewar. + +Cuando se hubo restablecido el órden, momentáneamente turbado por la +aparicion del anciano faquí y de Yaye, preguntó el xeque que parecia +presidir aquella reunion revolucionaria: + +--¿Y quién es ese capitan que nos traes, Abd-el-Gewar? + +--Ese capitan es el jóven que me acompaña. + +--¡Cómo! ¿y á un jóven casi imberbe, dijo con desden el orador que habia +sido interrumpido por Abd-el-Gewar, casi á un niño, hemos de entregar la +suerte del reino? + +--¿Y qué diriais, exclamó Yaye, adelantando con altivez al centro del +espacio determinado por los escaños y por la mesa, qué diriais, si ese +niño imberbe os dejase abandonados á vosotros mismos? + +--¡Soberbia ayuda la tuya, rapaz! exclamó con desprecio el orador. + +--¡El reino de Granada es mio, como son mias las Alpujarras! exclamó con +una cólera mal contenida Yaye: y todos vosotros no sois mas que mis +vasallos, mis siervos naturales, que debeis escuchar de rodillas la +expresion de mi voluntad. + +--¿Quién eres tú que asi te atreves á insultarnos? exclamó con cólera el +Homaidi, feroz anciano que presidia la reunion, que dejó la mesa y se +vino furioso hácia Yaye. + +El jóven le asió con una mano de hierro, le doblegó y exclamó con acento +vibrante: + +--¡De rodillas, esclavo, ante el emir de los monfíes! + +--¡El emir de los monfíes! exclamaron absortos todos los circunstantes. + +--Sí: el emir de los monfíes, el magnífico Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, +dijo Abd-el-Gewar, gozoso al ver que Yaye á pesar de su educacion medio +castellana, poseia el terrible y altivo arranque, la mirada omnipotente +y la terrible altivez de los déspotas musulmanes; sí, el emir de los +monfíes es el que teneis delante. + +--¡La prueba! exclamaron en coro muchos de aquellos hombres, mientras +los demás miraban con recelo á Yaye y á Abd-el-Gewar; ¡la prueba de que +ese mancebo es el emir! + +--¿Acaso Homaidi, ayer en las Alpujarras de donde acabas de venir, no te +dijo el poderoso, el valiente Yuzuf, que habia hecho renuncia de su +corona y de su dignidad en su hijo Sidy-Yaye? + +--Es verdad. + +--¿No os he dicho yo muchas veces cuando me preguntábais si era mi hijo +ese mancebo, que su padre era un noble y poderoso señor? + +--Sí. + +--Pues bien, he ahí que el padre de este noble mancebo es Yuzuf +Al-Hhamar, el emir de las Alpujarras. + +Desvanecida la duda, porque nadie podia dudar de veracidad de las +palabras del anciano faquí, notóse un cambio completo en la disposicion +de los xeques respecto á Yaye: sin embargo, el Homaidi se atrevió á +decir: + +--El emir de las Alpujarras no es el rey de Granada: bien lo sabeis: los +xeques del Albaicin habian elegido por su señor á don Diego de Válor, +segun le llaman los cristianos, á Yuzef-Aben-Humeya, segun le llamamos +nosotros. + +--¡Si! dijo con desprecio Yaye, ¡al miserable cobarde que doblegaba la +cabeza ante el cristiano, y aceptaba mercedes de sus reyes, mientras los +monfíes vivian sueltos y libres merced á su valor y á una guerra +contínua en la montaña! ¡al infame traidor que, cuando llega la hora del +combate, vende los secretos de su pueblo y con ellos su libertad, y se +hace prender por el capitan general de Granada para encubrir su +traicion! vosotros lo habeis dicho: vosotros habeis acusado de ese +delito á don Diego de Válor. + +--¿Y quién nos asegura de que no habeis sido vosotros, los monfíes, los +que le habeis delatado, para que sea preso, y en su falta, acusándole de +traidor, venís á reclamarnos la corona de Granada? dijo otro de los +ancianos. + +--No necesito yo, emir de los monfíes vuestra ayuda, cuando vivís +enervados, y envilecidos, bajo el yugo. Por el contrario vosotros no +podreis alzaros sin que mis monfíes os ayuden. ¿De quién es el poder? +¿De quién la fuerza? + +--Es verdad, dijo el Homaidi: sin tu ayuda emir, nada podemos hacer los +de Granada. Pero una palabra no mas para que concluya esta enojosa +disputa y podamos consagrar todo nuestro tiempo á la salud del reino. +¿Estás dispuesto á jurar sobre este santo Koran, (y abrió un libro +ricamente forrado que estaba sobre la mesa) que ninguna parte has tenido +en la prision de don Diego de Válor? + +--Lo juro, dijo el jóven con voz segura y tendiendo una no menos segura +mano sobre el Koran. + +--¿Juras que ninguna traicion has cometido contra nosotros? + +--Lo juro. + +--Pues bien, te creemos bajo tu juramento. Ahora, amigos, añadió +volviéndose á los demás xeques; ¿admitimos por nuestro capitan al emir? + +--Si, dijeron á una voz todos. + +--En cuanto á lo de ser rey de Granada, Muley Yaye, continuó el Homaidi, +primero es triunfar de los cristianos. + +--Triunfaremos, dijo con gran aliento Yaye. + +--Despues, continuó el Homaidi, el reino te elegirá ó no por su rey. + +--El califa es el vencedor, dijo Yaye apoyándose en una prescripcion del +Koran, y yo que venceré al cristiano, venceré tambien al que quiera +disputarme la corona. + +--Eres valiente á pesar de tus pocos años, emir, dijo otro de los +ancianos, y si Dios pone la victoria en tus manos serás un esclarecido +rey. + +--¿Con cuanta gente de armas contamos en Granada? dijo Yaye entrando de +lleno en sus funciones de capitan de la empresa. + +--Con cuatro mil. + +--¿Todos fuertes? + +--Todos valientes y experimentados. + +--¿Tienen armas? + +--Sí. + +--¿Dinero? + +--Sí. + +--¿Están ordenados en taifas? + +--A una señal de las dulzainas y de las atakebiras; cada cual irá á +reunirse al lugar que le está señalado. + +--¿Quienes son sus capitanes? + +--Yo, y yo, y yo, dijeron algunos ancianos. + +--Pues, bien; id á avisar á vuestra gente que estén dispuestos para +mañana á la noche á la primera señal: tú Homaidi, y tú Abd-el-Gewar, +permaneced conmigo. + +Los xeques salieron y se quedaron solos con Yaye los otros dos ancianos. + +Agrupáronse alrededor de la mesa y se pusieron á tratar de los +preparativos en la insurreccion. + + + + +CAPITULO XXII. + +Del tristísimo y horrible encuentro que tuvo un caballero al entrar en +Granada. + + +Al dia siguiente, como á las doce de la mañana, atravesaba por el lugar +de Alfargue, próximo á Granada, un caballero como de sesenta anos, +ginete en una mula y defendiéndose del sol, que picaba demasiado, con +una ancha sombrilla. A su lado izquierdo cabalgaba un escudero viejo, +ginete tambien en una mula, y detrás, caballeros en rocines, iban como +una docena de lacayos jóvenes y robustos, armados á la gineta. + +Dos de estos lacayos llevaban del diestro dos caballos fuertes +enjaezados de guerra, sobre el caparazon de acero de cada uno de los +cuales, iba una armadura, y otro lacayo llevaba, asimismo del diestro, +una acémila cargada con dos grandes cofres. + +El que parecia señor de toda esta gente, el caballero de los sesenta +años, era un hombre flaco; pero nervudo, de grandes y severos ojos +negros, en cuyo foco se notaba un disgusto sombrío, de mejillas pálidas, +de barba gris, entera; pero convenientemente recortada, y con los +cabellos canos y muy cortos. Vestía un sayo negro de raja de Florencia +sencillo y sin cuchilladas, unos gregüescos de lo mismo, gorguera de +cambray rizada, gorra negra de terciopelo con joyel de diamantes, y una +pequeña pluma blanca, calzas atacadas de grana, y botas altas de gamuza: +sus armas eran una espada larga de gabilanes, una daga no muy corta con +guardamano, y dos pedreñales en sus fundas en el arzon delantero. + +Por último, pendiente de un cordon de seda negro llevaba sobre el pecho +una placa de oro, en que se veia esmaltada la cruz de Santiago. + +Este hombre, por su aspecto, por lo altivo y dominador de su mirada, por +su trage, por la condecoracion que resplandecia sobre su pecho y por su +numerosa servidumbre, demostraba que era un señor y un señor de los +grandes de aquellos tiempos. + +El escudero que le acompañaba, vendria á tener sobre poco mas ó menos su +misma edad; tenia trazas por su continente y por su trage de hidalgo, y +por su desembarazo á caballo y por cierto sabor militar, de haber sido +en sus tiempos un buen soldado, y que era un buen servidor lo demostraba +la solicitud con que de tiempo en tiempo miraba á su amo, como si se +hubiera tratado de un enfermo. + +Los lacayos eran tambien, al parecer, buenos soldados: llevaban +sombreros grises con plumas rojas, coseletes de hierro muy limpios, +coletos de ante, calzas azules, botas altas, espada, daga, lanza y un +largo arcabuz á la derecha de la silla. + +Guardaban un profundo silencio, por respeto sin duda á su amo, y no +caminaban tan deprisa como hubieran querido, porque descendian á la +sazon por una cuesta bastante empinada. + +Notó el caballero la lentitud de sus servidores, mas no la cuesta, y se +volvió displicente á su escudero. + +--Saez, haz caminar mas deprisa á esos bergantes. ¿No sabes que el +capitan general nos necesita en Granada esta tarde? + +--Aun no son las doce, señor, dijo Saez sacando del bolsillo un reloj de +plata voluminoso y semi esférico; hemos salido de Guádix al amanecer y +ya estamos á media legua de Granada. + +--Si, pero ahora amanece á las tres de la mañana, dijo el caballero. + +--No por eso hemos dejado de hacer una muy buena jornada: si los lacayos +no caminan mas aprisa, mire vuecelencia cuán agria es la cuesta por do +vamos. + +--Mas agrias cuestas he bajado harto de prisa, dijo suspirando +roncamente el señor excelentísimo. + +--Por lo mismo, señor, y porque vuecelencia ha experimentado grandes +desgracias, deberia reposar, cuando ya ha probado suficientemente á su +magestad que sabe verter como noble la sangre en su servicio. ¿Qué +importa á vuecelencia que los moriscos se subleven ó no? + +--Me estas irritando, Gabriel, dijo el noble: ya sabes que no gusto de +que me contrarien. ¿Qué me importa que se subleven los moriscos? allí +donde se levante un rebelde al rey, allí está mi odio. ¡Los vencidos +rebeldes! ¡ah! ¡daria toda mi sangre con tal de que me dejasen beber +toda la sangre de los vasallos rebeldes al rey de España! ¡Infames! +¡Bandidos! + +--Sea en buen hora, dijo el rebelde Gabriel Saez. Pero los moriscos no +han hecho ningun daño á vuecelencia. + +--No hablemos mas de esto. Estoy solo en el mundo, sin parientes, sin +tener al lado mas que afectos interesados. + +--¡Señor! exclamó con acento de respetuosa reconvencion Saez. + +--No hablo por tí; pero ello es el caso que todo lo he perdido: estoy +harto ya de oir resonar mis pisadas huecas en los desiertos salones de +mi palacio de Guádix; de cazar en mis tierras sin llevar al lado mas que +hidalguillos de gotera, y de aburrirme las largas noches de invierno. + +--Ya he aconsejado á vuecelencia que viva en la córte. + +--¡En la córte yo! ¡para irritarme entre la turba palaciega de +extranjeros y de nobles degradados en su mayor parte que rodean el trono +del emperador Don Cárlos! ¿qué habia yo de hacer en la córte? No, no; +necesito algo que me saque de mi inaccion, algo que me ponga algun +tiempo en actividad, que me distraiga, sin irritarme: la guerra ¡vive +Dios! la guerra que tratándose de los moriscos será larga y peligrosa, +porque esos perros, ya te lo he dicho otras veces, son muchos, valientes +y tenaces. Y luego, si en la guerra me encuentran en buen sitio una +pelota de arcabuz, una lanza ó una saeta, mejor, tanto mejor... así +acabaré de sufrir. + +Guardó silencio aquel extraño personaje y el escudero no se atrevió á +sostener por mas tiempo la conversacion, temeroso de que su amo se +irritase. + +Habíase hecho menos agria la cuesta, los caballos caminaban mas +desembarazadamente, y en poco espacio llegaron á la puerta de Fajalauza +y entraron en Granada por la parte alta del Albaicin. + +Inmediatamente despues de la citada puerta, hay una calle recta, cuyo +nombre no recordamos, que entre feas casucas, desemboca junto á la +iglesia de San Gregorio el Alto. + +Por aquella calle tomaron el noble señor, su escudero y sus lacayos. + +Por aquel punto parecia Granada una ciudad desierta. Todas las puertas +estaban cerradas y no se veia un alma viviente. Pero cuando la cabalgata +dobló el ángulo de la iglesia fue distinto. Una multitud de gentes que +se empinaban para mirar á un centro comun, se agolpaban en la puerta de +la iglesia. + +--¿Que es eso Saez? ¿qué miran esos galopos? dijo el caballero. + +--Lo ignoro, señor. + +--¡Que lo ignoras! ¡que lo ignoras! no te he preguntado para que me +respondas que lo ignoras, si no para que veas lo que es. + +Acercó la mula el escudero, y miró cómodamente por encima de la +multitud lo que la multitud miraba, mientras que su señor, no queriendo +ponerse en contacto con la plebe, se mantenia á una distancia medida por +el orgullo. + +Lo que llamaba la atencion general, eran dos atahudes que se veian en la +puerta de la iglesia en posicion vertical apoyados contra la pared, ó +por mejor decir, los dos cadáveres que ocupaban los atahudes. Ya sabemos +cuáles eran aquellos cadáveres. El de doña Inés de Cárdenas habia sido +amortajado con un hábito. La infeliz, mas que muerta parecia dormida, y +á pesar de la demacracion que habia operado en ella la tisis, la muerte +la habia vuelto toda su hermosura, hermosura sobre la que flotaba una +niebla fantástica, una expresion de sufrimiento profundo; pero tranquilo +y resignado; la amortajadora habia querido peinar sin duda sus cabellos +negros y aun abundantes; pero solo habia podido peinar los del lado +derecho, porque el rizo izquierdo habia sido cortado enteramente y casi +á raiz. Una cruz negra se veia entre las manos del cadáver, cuya +blancura, aumentada por la palidez de la muerte, alcanzaba á la diáfana +blancura del alabastro, y en su semblante se notaba de una manera +indudable eso que se llama distincion de raza. + +En cuanto al capitan era distinto: vestia su uniforme acostumbrado; +tenia puesta aun su pata de palo, y cogida la vacía manga izquierda de +su jubon á un herrete de su coleto: tenia horriblemente ensangrentado +este coleto sobre el pecho; la muerte habia dado un color lívido á su +semblante moreno y hosco; su ancha cicatriz se habia hecho repugnante, y +á través de sus labios entreabiertos, que tenian la expresion de una +horrorosa blasfemia, se veian sus dientes apretados y manchados con una +espuma sanguinolenta. + +Tanto se detuvo Gabriel Saez en la contemplacion nada grata por cierto +de los dos cadáveres, que su señor hubo de llamarle: pero Saez no le +oyó: repitió el incógnito personaje una, dos y tres veces su +llamamiento, y tampoco le oyó. Entonces uno de los lacayos creyó que +debia tomar cartas en el negocio en servicio de su amo, y le dijo +acercándose á él y tocándole en el hombro: + +--Señor Gabriel, su escelencia os llama. + +--¡Eh! dejadme, exclamó volviéndose todo hosco al lacayo. + +Lo que habia pasado en el semblante y en todo el ser del escudero apenas +vió los cadáveres, habia sido singular. + +Primero sus ojos tomaron una expresion de sorpresa, despues de espanto, +luego se puso tan pálido como los dos cadáveres y se extremeció todo. + +--¡Oh! ¡no no puede ser! murmuró: seria horrible: ¡doña Inés mi señora y +el capitan Alvaro de Sedeño! le conozco, sí, le conozco; á pesar de esa +pata de palo, de esa manga sin brazo, de esa cicatriz que le cruza el +rostro. Sí, sí, es necesario creerlo, á menos que el diablo se esté +burlando de mí; esa es doña Inés: mas vieja... ¡ya se vé! han pasado +veinte años... mas flaca... pero es ella, si, yo veo en ese cadáver á la +hermosa niña de quince años que era la alegría de la casa: y él... él... +sí, es la misma expresion dura, amenazadora de aquel maldito capitan en +quien mi señor se habia empeñado en ver un valiente hidalgo y un hombre +de bien: valiente si, hidalgo pase, ¡pero hombre de bien...! ¿y cómo es +que están aquí juntos... juntos y muertos, cuando no se conocieron, al +menos en la casa de mi señor? + +El escudero necesitó salir de dudas acerca de este último punto, y creyó +que nadie le podia sacar de ellas, mejor que un alguacil que por órden +superior estaba de guarda junto á los cadáveres. + +Inclinóse, pues, sobre el arzon, y dijo de manera que pudiera ser oido, +á pesar de las múltiples conversaciones de los curiosos. + +--¡Eh! ¡señor ministro! ¡señor ministro! ¿tiene vuesamerced la dignacion +de escuchar una palabra? + +Gabriel Saez estaba, segun las muestras, muy bien criado y trataba con +mucha consideracion á las gentes de justicia. + +Volvióse el alguacil, que era un hombrecillo rechoncho, de semblante +mofletudo y alegre, y ojillos vivaces y maliciosos, y al ver que quien +le llamaba era un escudero de buena cara, que olia de cien leguas á +hidalgo, no tuvo inconveniente en acercarse, pasando por entre los +curiosos, y asiéndose al arzon, dijo con semblante propicio: + +--Puede vuesamerced preguntarle lo que quisiese. + +--Gracias, señor ministro. Ahora, bien, ¿para que tienen ahí á esos dos +difuntos? + +--Están expuestos para ver si hay alguien que los conozca. + +--¡Qué! ¿nadie los conoce? + +--Es toda una historia, dijo misteriosamente el corchete; y relató ce +por be y pesadamente al escudero todo el encuentro que habia tenido la +justicia con los dos difuntos en la casa del capitan. + +--Preguntóse en el vecindario acerca del nombre de la persona que vivia +en aquella casa, prosiguió el alguacil, y nadie supo decir si no que era +un capitan estropeado. Eso ya se veia, y bien estropeado por cierto. En +cuanto á la mujer, nada, ni pizca; nadie sabia ni aun siquiera que +viviese en tal casa una mujer. + +--¿Pero la justicia no ha encontrado en esa casa papeles, prendas?... + +--Ya se ve que ha encontrado... pero... hay cosas que no se pueden +decir. + +--Todo puede decirse cuando se da con una persona discreta y agradecida. + +Y Gabriel, que antes de llamar al corchete habia metido una mano en su +bolsillo á todo evento, la sacó conteniendo un doblon de á ocho, que con +gran disimulo y sin que nadie pudiese notarlo introdujo en la mano que +el alguacil tenia asida al arzon; lo que demuestra, que, si bien el +escudero trataba con buenos modos á las gentes de justicia, sabia que +esta clase de gentes no se ofende de que pretendan comprarles un secreto +con tal de que lo paguen bien. + +Entreabrió un tanto con disimulo la mano el corchete, miró rápidamente y +de soslayo el doblon, y al darle en los ojos el brillo del oro, se +dulcificó aun mas y guiñando maliciosamente un ojo, dijo á Gabriel. + +--Ciertamente que sois un honrado hidalgo, á quien no se puede negar +nada; pero inclinad un poco mas la cabeza á fin de que nadie nos oiga y +prometedme que guardareis secreto. + +--Pues ya se ve, y callaré mas que un muerto. + +--Pues señor, habeis de saber que el señor Andrés Zorcillo, escribano +que ha andado en estas diligencias es todo un hombre de pro, que visita +mucho mi casa, y dice que mi mujer, que es una moza alpujarreña, garrida +donde las hay, es la mujer mas honrada del mundo, y en tanta estima nos +tiene á mi mujer y á mí, que no nos guarda secretos. Bien es verdad que +nosotros no vendemos ni uno solo de sus secretos ni por un ojo de la +cara. Pues, bien, el señor Andrés Zorcillo me ha dicho, que nada menos +que el capitan general ha declarado que el muerto era el capitan de +infanteria española Alvaro de Sedeño. + +--Bien, bien, dijo impaciente Saez; pero la dama... + +--¿Qué dama?... + +--La difunta. + +Miró rápida; pero profundamente el corchete al escudero, y contestó. + +--Estais equivocado; la difunta no es dama: es una mejicana que era +esclava del capitan, y que segun lo que han declarado los médicos que +han reconocido el cuerpo, ha muerto de una enfermedad de pecho. + +--¿Y por dónde sabeis que la difunta era una esclava mejicana? preguntó +con interés Saez. + +--¿Cómo? por unos papeles que se encontraron en la casa del capitan en +un armario, por los que se ha venido en conocimiento, de que el capitan +era un perro monfí, un morisco traidor, que vendia al rey y que tenia +consigo dos esclavas: la difunta, y otra... + +--¿Y esa otra esclava? exclamó con anhelo Saez. + +--Se espera saber donde para, porque se ha dado con el hombre que mató +al capitan. + +--¿Y quién es ese hombre? + +--Un mejicano rebelde: uno de esos perros idólatras de Nueva España, que +acometen las villas españolas, roban las doncellas y los niños y despues +de hacer mil atrocidades con ellos, se los comen crudos. + +--¡Ella esclava del capitan! murmuró de una manera ininteligible Saez, +¡otra esclava que ha desaparecido, y un indio mejicano que ha dado +muerte en su propia casa á Sedeño...! ¡Oh! ¡oh! Y decidme señor +ministro, ¿cómo se ha averiguado que ese idólatra ha muerto al capitan? + +[imagen: ¿Para qué tienen ahí á esos dos difuntos?] + +--¡Ah! para la justicia no hay nada oculto, señor escudero: figuraos que +el señor capitan general tenia indicios de que un platero aleman de la +plaza de Bibarrambla, andaba en tratos de rebelion con los moriscos, y +supo les daba dinero á mano: que ademas, en la casa de este aleman vivia +un mejicano que andaba tambien en la rebelion: el capitan general mandó +prenderlos, y cuando los registraron en la cárcel para ver si tenian +algun arma oculta, segun es costumbre y ley, y... mirad... ¿no reparais +en que falta á la difunta el rizo del lado izquierdo, como si dijéramos, +de la parte del corazon? + +--Si, si que lo veo. + +--Pues bien, ese rizo se encontró sobre el mejicano, envuelto en un +pedazo como de tela de sábana que estaba cortado al parecer con un +puñal: comprobados el rizo y el paño, se halló que era indudablemente el +rizo aquel el que se habia cortado á la difunta, y el paño... el paño +faltaba de las sábanas de la cama donde se encontró el cadáver, y +comprobado, venia bien, perfectamente bien por todas sus cortaduras, con +la falta que habia quedado en la sábana. + +Cuando el alguacil llegaba á este punto de su revelacion fue cuando +impacientado ya, y con sobrada razon, el desconocido, de la tardanza de +Gabriel, le llamó, y cuando el lacayo le avisó de que su señor le +llamaba. + +--¿Dónde vivís, señor ministro? dijo Gabriel cuando, segun hemos dicho, +hubo despedido bruscamente al lacayo. + +--Vivo en la Calderería Vieja, para lo que gusteis mandar, dijo el +alguacil, al lado de la carnicería, preguntad por Picote, y todo el +mundo os dará razon. + +--Pues bien, iré á veros esta noche, y á Dios que mi señor se +impacienta. + +Revolvió Gabriel su mula, y de nuevo se puso pálido y tembló; pero mas +profundamente que la vez primera: impacientado el incógnito de la +pesadez de su escudero, habia ido á avisarle por sí mismo; al acercarse, +dominando, por razon de la altura de su mula, el círculo de curiosos que +rodeaban á los dos cadáveres, su vista habia chocado con el de doña +Inés. + +El desconocido lanzó un grito horrible, en el momento en que Gabriel +Saez se volvia, y se extremecia al ver la expresion atónita, fascinada, +mortal con que su amo miraba el cadáver: luego, el incógnito, y antes de +que Saez pudiera dirigirle una sola palabra, extendió los brazos hácia +el cadáver, y gritó con un acento desgarrador, inmenso, como si se +hubiese exhalado toda su vida en aquel grito supremo: + +--¡Hija de mi alma! + +Y cayó inerte de lo alto de la mula al suelo, sin que nadie pudiera +valerle. + +Aquel incidente lúgubre, dramático, en todo su horror, aterró á los +circunstantes, que en union del leal Gabriel, que se tiró mas que se +apeó de su mula y los lacayos, que asimismo se arrojaron de sus +caballos, corrieron á socorrerle: el interés era general; hasta el mismo +alguacil Picote se conmovió: el incógnito, segun dijo un médico que se +apareció como llovido, no estaba muerto sino peligrosamente accidentado, +y fue conducido á una casa inmediata que se le abrió francamente, +probando una vez mas la característica caridad española; la curiosidad +pública, cambiando de objeto, se apartó de los cadáveres para volverse á +aquella casa, á la que no tardó en acudir la justicia, que siempre se +mezcla por España á todo: un cuarto de hora despues salió Gabriel +pálido, trémulo, de la casa á donde habia sido conducido su señor, y, +acompañado de un alcalde y de un escribano, adelantó hácia los cadáveres +á los que rodeaba un nuevo círculo de curiosos. + +Rompieron por medio de ellos el escudero, el alcalde, el escribano y el +alguacil Picote, y Gabriel, con las lágrimas en los ojos, dijo con voz +conmovida, pero que todos pudieron oir: + +--Habeis puesto esos cadáveres á la vista de todo el mundo para que +declare quienes fueron, quien los conozca, pues bien, yo declaro que +este cadáver es el de mi noble ama la excelentísima señora doña Inés de +Cárdenas, hija única del excelentísimo señor don Juan de Cárdenas, duque +de la Jarilla. + +--¿Y ese otro, preguntó el alcalde? + +--Ese otro, dijo con cólera Saez, es el del infame capitan de +infantería, Alvaro de Sedeño. + +Gabriel no se apartó de allí hasta que dejó depositado en una capilla de +la iglesia el cadáver de su señora, convenientemente alumbrado, y +guardado por cuatro lacayos, y despues de haber enviado á otros dos en +busca de un carpintero y de un tapicero, para que se encargasen de la +construccion de un féretro magnífico, volvió triste y cabizbajo á la +cabecera del lecho de su amo. + + + + +CAPITULO XXIII. + +Los desfiladeros de Dar-al-Huet. + + +Apenas habia cerrado la noche, cuando por la parte alta de la Alhambra, +esto es, por la puerta de la Torre de los Siete Suelos, salieron en +silencio algunas tropas como en número de quinientos hombres. + +Estas tropas estaban compuestas de trozos de tercios y compañias +diferentes, á juzgar por sus divisas; pero aunque unos eran piqueros, +otros ginetes, otros arcabuceros, todos iban á pié, y todos llevaban +arcabuces. Solamente iban montados el capitan general marqués de +Mondéjar, que mandaba la expedicion, y que iba armado con un medio arnés +á la ligera, sus maestres de campo y sus escuderos, sirviéndole de +escolta como hasta veinte rocines. Comprendíase que aquella gente habia +sido reunida de pronto, para acudir á un peligro, y que no se habia +cuidado gran cosa de la organizacion, puesto que marchaban revueltos, +detrás de los caballos que constituian la guardia del capitan general. + +Los moriscos habian pensado bien cuando habian dicho, que aunque el +marqués de Mondéjar, y el presidente de la Chancillería y el corregidor, +tuviesen noticias del levantamiento preparado, les era imposible reunir +gente bastante para contrarrestarles en el término de un dia. + +Verdad es que muchos caballeros é hidalgos de los alrededores habian +acudido, como el duque de la Jarilla, al llamamiento del capitan +general, con la gente que habian podido reunir; pero toda esta gente +llegaba á penas á doscientos hombres, en la generalidad mal montados, +peor armados, y poco acostumbrados á la guerra. + +Conoció el marqués de Mondéjar que aquellas gentes mas que de socorro le +servia de embarazo; pero para no disgustarlas las metió en la Alhambra, +las hizo distribuir por los adarves, dejó en la fortaleza cien soldados +viejos para servir la artillería y guardar las puertas, y otros +cincuenta en el castillo de Bib-Ataubin, bajo las órdenes del +corregidor, que con ellos y algunos buenos caballeros, debia procurar +asegurar la ciudad donde á la caida de la tarde se habian notado señales +de movimiento, particularmente en el Albaicin, algunas de cuyas calles +habian sido barreadas por los moriscos. + +Barrear las calles queria decir en aquellos tiempos, lo mismo que hacer +barricadas en los nuestros. + +Pero el mayor peligro no estaba en Granada, sino fuera de ella. Los +monfíes eran los enemigos formidables, los que debian decidir el lance. +Comprendiólo asi don Luis Hurtado de Mendoza, y aunque no tenia fuerzas +bastantes para ello, se decidió á salir á cortar á los monfíes el camino +de la ciudad, ó á morir como buen caballero en servicio del rey. + +Los monfíes, con arreglo á la traidora revelacion de Alvaro de Sedeño, +debian venir sobre Granada por los atajos de la sierra y pasar por +Dilar. El capitan general tomó por el costado de Generalife arriba, por +una cañada del cerro del Sol y luego torció por un mal camino que guiaba +al pueblo del Dar-al-Huet, que hoy se llama Casa-Gallinas. + +Marchaba la gente á gran paso y en silencio, atenta y apercibida, y una +hora despues de la salida de la Alhambra, llegaron á unos ásperos +desfiladeros cerca ya del lugar. + +En aquellos momentos llegó un adalid de los que el marqués habia enviado +á la montaña, con la noticia de que los monfíes, en número de seis mil +hombres se acercaban á Dilar, y que detrás de ellos y por los atajos, +sin ser sentida, venia la compañia de arcabuceros del capitan Sedeño, +bajo las órdenes del alférez Villasante. + +El lugar en que se encontraba el marqués era inmejorable para una +emboscada y tenia, ademas, la ventaja de estar muy cerca de la Alhambra, +á la que podian recogerse en el caso de una derrota. El marqués, buen +capitan, práctico en la guerra y en el terreno, dividió su escasa gente +en pelotones, que situó convenientemente entre las breñas, y él con sus +ginetes, se situó á la salida del desfiladero á la parte de Granada en +un pequeño valle, por medio del cual atravesaba el rio Genil. + +Dióse órden á todos de que guardasen el mayor silencio, y á pesar de que +hacia una luna clarísima, nadie hubiera creido que hubiese una sola +persona en el desfiladero: tan bien oculta y tan silenciosa estaba la +gente. + +Siendo alto el lugar en que se encontraban, y dominando á Granada, oiase +perfectamente desde allí ese álito de vida que se desprende de una gran +poblacion, antes de entregarse al descanso sus moradores y que tan bien +se percibe, desde los silenciosos campos; oíase el reló de la iglesia de +Santa María de la Alhambra á lo lejos y casi perdido; pero la campana de +la torre de la Vela callaba, señal clara de que no habian lanzado aun el +grito de insurreccion los moriscos del Albaicin, en cuyo caso se hubiera +oido tocar á rebato aquella campana, y el estampido del cañon de la +Alhambra. + +Pasó una hora, y se oyó tocar á animas todas las campanas de las +numerosas parroquias, conventos y cofradías de la ciudad, y sin embargo, +pasó aun largo espacio sin que una sola persona atravesára el silencioso +desfiladero; continuaba el silencio de una manera profunda y solo de +tiempo en tiempo se oia el relincho de un caballo que nadie podia +evitar, y el solitario ladrido de los perros campestres. + +El marqués de Mondéjar llegó á creer, y su suposicion era muy posible, +que los exploradores de los monfíes se habian apercibido de la ocupacion +del desfiladero, y que los enemigos, variando de direccion, habrian +tomado otro camino para llegar á Granada. + +En este caso la ciudad estaba perdida, y no quedaba otro medio al +marqués que correr á la Alhambra en el momento que la campana de la Vela +y el cañon de la Alcazaba diesen la señal de alarma. + +Pero si los monfíes entraban en Granada nada podia la Alhambra con la +escasa gente que la guarnecia. El marqués, pues, estaba en un estado de +ansiedad terrible. + +Pero de improviso se escucharon pisadas sordas de algunos hombres en el +desfiladero, y despues una banda de monfíes, exploradores sin duda, +pasaron á buen andar, con las ballestas armadas, por delante de las +breñas, entre las cuales se ocultaban el marqués y sus ginetes. + +Los monfíes de detuvieron cuando estuvieron fuera del desfiladero y +lanzaron al aire por tres veces el sonido ronco y poderoso de una +bocina, despues de lo cual pasaron adelante. + +Aquel triple toque de bocina debia ser una señal de los exploradores +para avisar al grueso de los monfíes que el desfiladero estaba franco y +seguro. + +Por fortuna, mientras duró la parada de los exploradores, no relinchó un +solo caballo, ni se escapó un tiro de un soldado imprudente. Poco +despues se oyó rumor de mucha gente que se acercaba descuidada y como si +no temiese ningun peligro. + +La órden que tenian los capitanes y cabos puestos por el marqués á la +cabeza de cada uno de los pelotones emboscados, era de que no se hiciese +fuego hasta que los monfíes estuviesen extendidos en el desfiladero, +despues de lo cual era fácil atacarlos y revolverlos. + +Asi es, que tuvieron lugar los primeros de los monfíes de llegar al +sitio donde estaba emboscado el marqués, antes de que se disparase un +solo tiro; pero en el momento en que los primeros iban á desembocar en +el valle, el mismo capitan general sacó de su arzon un pistolete y le +disparó. Inmediatamente, de entre todas las breñas cayeron nutridas +descargas de arcabucería sobre los monfíes, que sorprendidos, aterrados +en el primer momento, se revolvieron, mientras el capitan general, +saliendo de su acechadero á la cabeza de su pequeño escuadron, se +lanzaba sobre ellos gritando: + +--¡Por el rey! ¡Santiago y cierra España! + +A aquel grito de guerra tan antiguo y tan entusiasta para los españoles, +los ginetes se arrojaron con un ardor increible sobre los monfíes que +estaban á la entrada del valle, y que, aterrados, dominados por la +sorpresa, retrocedieron huyendo ante los caballos, hácia el interior del +desfiladero. + +El desórden de los monfíes era ya irremediable: en vano el valiente +Yuzuf, que ginete en un caballo blanco, se revolvia entre ellos, les +gritaba que los cristianos eran pocos, que bastaba el que se rehiciesen +y penetrasen en las breñas, para que fuesen vencidos; en vano los mas +valientes de los walíes, procuraban llevar á sus taifas á los lugares de +donde salia el fuego siempre sostenido de los soldados: arremolinábanse +los monfíes, apretábanse, y las balas que silbaban entre ellos, los +tendian á centenares, mientras el marqués de Mondéjar y sus ginetes se +ensangrentaban á mansalva en aquella multitud dominada por un terror +pánico. + +Yuzuf tenia noticias exactas de la gente con que podia contar el marqués +de Mondéjar, y despreciándola por poca, no creyendo que se atreviese á +salir al campo, habia descuidado precauciones, que sin duda le hubiesen +ahorrado aquel fracaso, motivado por el terror de los monfíes, ante un +ataque invisible é inesperado; terror que nada tenia de extraño, porque +cada uno de los monfíes creia tener sobre sí un ejército. + +Yuzuf era uno de esos valientes á quienes las dificultades y el peligro +irritan, y volviéndose á los que le rodeaban y alzándose sobre los +estribos exclamó: + +--¡Ah! ¡de mis walíes! ¡á mí! ¡á mí todo el que quiera morir con honra! +¿Sereis tan cobardes que os dejareis matar por un puñado de perros +cristianos ocultos entre las breñas? + +Un centenar de hombres se agruparon alrededor de Yuzuf, que envistió con +ellos al escuadron del marqués. Pero de repente Yuzuf vaciló en su +caballo y cayó; una bala le habia herido en la cabeza. + +Sus walíes se arrojaron sobre él, y le recogieron: oyéronse gritos +desesperados y una voz robusta que gritó: + +--¡El valiente Yuzuf, el magnífico emir, ha sido herido! ¡salvemos al +emir! + +Y aquella voz corrió de boca en boca á lo largo del desfiladero. + +Por uno de esos misterios incomprensibles del corazon humano, los mismos +á quienes el terror dominaba, se rehicieron ante el peligro del emir; lo +que no habian podido hacer las exhortaciones y los esfuerzos de los +walíes, lo hizo cada monfí por sí mismo; se arrojaron á las breñas +sufriendo el fuego de la mosquetería, y muy pronto los soldados del +marqués se vieron desalojados de sus posiciones, dispersados y +replegados al valle. + +El capitan general seguia batiéndose al frente de su pequeño escuadron; +pero cuando vió que el fuego de mosquetería se habia apagado, que solo +resonaba acá y allá algun tiro perdido entre las breñas, y escuchó los +alaridos de triunfo de los monfíes, conoció que todo estaba perdido y +mandó á sus trompetas que tocasen á recogerse. + +Muy pronto la gente del marqués formada en buen órden, colocada delante +de la caballería, empezó á retirarse, dando siempre el rostro al +enemigo, y arrojando sobre él el fuego de su arcabucería; pero todo +parecia inútil; los monfíes empezaban á flanquear la montaña, amenazando +cortar á los cristianos, lo que, atendido su número, no les hubiese sido +difícil, cuando se oyó sobre los mismos flancos fuego de mosquetería. + +Los que producian aquel fuego en las alturas no podian ser otros que la +compañía de arcabuceros de Alvaro de Sedeño. + +Ignorando los monfíes el número de gente que venia en auxilio de los +castellanos, tocaron tambien á recoger. El capitan general, que sabia lo +escaso del socorro que le habia venido, tocó á recoger de nuevo, +incorporósele la compañía de Alvaro de Sedeño y siguió en buen órden su +retirada hácia la ciudad. + +Los monfíes quedaron ocupando el desfiladero, mientras sus walíes +estaban en consejo. + +--El valiente Yuzuf está gravemente herido; dijo uno de ellos: ¿qué +debemos hacer, hermanos? + +--Recoger nuestros muertos y nuestros heridos, y volvernos á la montaña, +dijeron algunos. + +--¿Pero y los de Granada? + +--Que se compongan como puedan. + +--Lo primero es nuestro emir. + +--¡A la montaña! ¡á la montaña! + +Poco despues toda aquella gente se volvia á las Alpujarras, llevando +consigo sus muertos y sus heridos, para que los cristianos no pudieran +gozarse con la vista de ellos. + +Yuzuf, perdido el conocimiento, era conducido en un lecho de campaña. + +La bala de un soldado desconocido habia salvado á Granada. + +Sobre el desfiladero habian quedado los cadáveres de algunos soldados +castellanos, muertos en la pelea, y los de algunos heridos que, +abandonados, habian sido rematados por los monfíes. + + + + +CAPITULO XXIV. + +De cómo, á causa del levantamiento del Albaicin, cometió Yaye su primera +infamia. + + +Entre tanto el capitan general se habia recogido en silencio á la +Alhambra, entrando en ella secretamente por la puerta de Hierro. + +Dióse órden de que no se dejase salir á nadie de la fortaleza para que +no se supiese en Granada el mal resultado de la expedicion, y el marqués +de Mondéjar, asomado á un agímez de la torre de Comares, con la vista +fija en el Albaicin, esperaba con ansiedad ver brotar la primera chispa +de insurreccion. + +Veamos ahora lo que acontecia en el Albaicin. + +Conócese por Albaicin en Granada un barrio alto extenso y populoso, que +se extiende por una parte á lo largo y por cima de la calle de Elvira, +mas allá del Zenete, que corre á lo largo de dicha calle, y por otra +parte, por cima de la calle de San Juan de los Reyes, extendiendose +hasta la cerca del obispo don Gonzalo, que orla la cresta de un cerro, +donde ahora está situado San Miguel el Alto, desde el rio Darro hasta +mas abajo la iglesia de San Cristóval. + +Este barrio tiene dentro de sí una fortaleza que se llama la Alcazaba +Cadima, y un número considerable de parroquias, capillas y conventos de +frailes y monjas. + +En aquel tiempo el Albaicin tenia mas alumbrado de noche que el que +tiene en la actualidad, á pesar del gas y de la civilizacion. Esto +consistia en que hoy no tiene absolutamente alumbrado público, y en +aquellos tiempos la devocion de los vecinos sostenia en la esquina de +cada calle, en el ángulo de cada plaza, una lampara encendida, delante +de una imágen, de una cruz ó de un ecce-homo, colocados dentro de un +nicho, ó simplemente clavados á la pared bajo un tejadillo de tablas. + +Habia, ademas, los faroles en las cruzes de piedra, colocadas delante de +las puertas de iglesias, conventos, cofradías, ermitas, capillas y +cementerios, y lo que tambien era un alumbrado, aunque ambulante: las +linternas de los alguaciles de las rondas. + +Puede asegurarse, pues, que el Albaicin estaba mucho mas seguro, +alumbrado y acompañado de noche en el siglo XVI que en nuestros dias. + +Es cierto que ahora solo de tiempo en tiempo se da alguna cobarde +puñalada en sus oscuras calles ó se roba alguna capa vieja, y que en +aquel tiempo era un acontecimiento casi diario, encontrar dentro de la +jurisdiccion murada del Albaicin algun hombre muerto á estocadas. + +Tambien es verdad que aquello era mas noble y mas romancesco; que si +ahora, al encontrarse un hombre muerto violentamente en aquel barrio, se +piensa en alguna miserable riña de taberna, entonces al ver un hidalgo +muerto se pensaba en alguna hermosa dama como causa de la desdicha, y la +justicia y los que no eran la justicia se decian:--¿Quién será ella? + +La verdad del caso es que el Albaicin, por cualquier faz que se le +considere, valia mucho mas en 1546 en que estaba lleno de un vecindario +noble y rico, que en el momento en que escribimos estas líneas: al +Albaicin de hoy solo le quedan fragmentos de torres y murallas +ennegrecidas; restos de su antiguo esplendor; solares llenos de +escombros que otros tiempos fueron grupos enteros de casas, y casucos +viejos y apolillados que amenazan hundirse muy pronto. Dentro de algunos +años el Albaicin solo será un monte cubierto de hermosos cármenes, cuyas +cercas se habrán hecho con los viejos materiales de la poblacion muerta, +en medio de cuyos cármenes, se sostendran en pié durante algunos años +aun, las iglesias y las macizas casas de solar construidas despues de la +conquista. + +Hace muchos años que Granada se está transformando, y perdiendo en sus +transformaciones, y llegará un dia en que solo la queden algunos barrios +desiertos, algunos restos de la Alhambra, con tal cual arabesco, y lo +que nadie puede quitarla: su manto de flores y verdura, que cubrirá por +sí mismo y sin que nadie se cuide de ello, sus ruinas. + +¡Pobre Granada! + +Hemos dicho que el Albaicin de 1546 estaba mas concurrido y mas +alumbrado de noche que en nuestros dias; pero concretándonos á la noche +en que acontecian los sucesos que estamos refiriendo, no habia ni una +sola luz encendida, no sabemos si porque las habian apagado los +moriscos, ó porque, recelosos del estado de alarma y de conmocion en que +desde el oscurecer se habia presentado el Albaicin, no las habian +encendido los vecinos. + +Hacia una luna muy clara; pero tambien es cierto que como las calles del +Albaicin, poblacion originariamente mora, eran estrechísimas y los +aleros de las casas se cruzaban, superponiéndose en la mayor parte de +ellas, estos callejas estaban en su fondo tenebrosamente oscuras. + +Para que nuestros lectores pudiesen apreciar lo estrecho y lo tortuoso +de aquellas calles, era necesario que las hubiesen visto y que hubiesen +experimentado por sí mismos, que por muchas de ellas solo puede pasar un +hombre de frente, y que la mas ancha, apenas tiene espacio para que +marchen dos hombres de frente á caballo. + +Como para desahogo y ensanche habia, sí, algunas plazas medianamente +espaciosas, donde reflejaba á sus anchas la luna; pero en aquellas +plazas no se veia una sola persona. + +Por el contrario, en el fondo de las oscuras calles se notaba una +animacion de mal agüero; iban, venian, se detenian y hablaban entre sí, +hombres armados; se abrian y se cerraban puertas silenciosamente, sin +que tras ellas apareciese una sola luz: todas las calles que bajaban á +la ciudad estaban fuertemente barreadas y guardadas por hombres armados +de arcabuces y ballestas: las rondas, tan frecuentes otras noches, que +era dificil recorrer tres calles sin tropezar con una, se habian +suprimido por sí mismas, lo que prueba el admirable instinto de las +gentes de justicia para esconderse á tiempo, en cuanto asoman los +primeros síntomas de insurreccion popular: las casas de los moriscos +estaban cerradas por prudencia, y las de los cristianos por miedo. + +En una plaza, que existia entonces entre las últimas casas de la +parroquia de San Gregorio el Alto y las pendientes calles que poblaban +un terreno áspero, que hoy está cubierto de nopales, á la falda del +cerro donde se levanta la ermita de San Miguel, en dícha plaza decimos, +donde á pesar de la claridad de la luna habia gente por no poderse ver á +aquella plaza desde la Alhambra, por los accidentes del terreno, se +paseaba meditabundo y pensativo Yaye-ebn-Al-Hhamar, asido del brazo del +faquí Abd-el-Gewar, que á pesar de sus años, estaba completamente armado +como el jóven, y, como él, con trage castellano. + +Divididos en grupos en la plaza, se veian como hasta cien hombres +armados de picas y de arcabuces, y en el centro de uno de aquellos +grupos, se levantaba un estandarte rojo de tres puntas. + +Se notaban una gran impaciencia y una ansiedad profunda en aquellos +grupos: habian dado ya las ánimas y ninguna noticia se tenia de la +aproximacion de los monfíes. La Alhambra estaba silenciosa y oscura como +de costumbre, sin que, á pesar de la luna, se viese brillar una sola +arma sobre los adarves, mas que las de los acostumbrados atalayas: ni se +veia el farol de los artilleros en la batería de la torre de la Vela, ni +en fin, indicio alguno de que la Alhambra estuviese preparada al +combate, á pesar de que el capitan general no podia ignorar que las +calles bajas del Albaicin estaban barreadas y los moriscos puestos en +armas. + +El castillo de Torres Bermejas estaba asimismo sombrío y silencioso y +desiertas sus baterías. + +Esto para los moriscos era objeto de una gran ansiedad, porque sabiendo +el marqués de Mondéjar y el presidente y el corregidor, que los moriscos +estaban sublevados, mucha seguridad debian tener de vencerlos cuando tan +descuidados se mostraban. + +Doblaba esta ansiedad la tardanza de los monfíes que debian entrar en el +Albaicin por tres puertas: esto es por la de Fajalauza, por el portillo +del Aceytuno y por la puerta de Guadix. + +Llegaron las once de la noche, y la campana de la Vela dió, segun +costumbre, treinta y tres campanadas graves y solemnes en aquellos +momentos; aquella era la única voz del castillo y aquella voz parecia +decir: estoy alerta. + +Era demasiado tarde y la impaciencia empezaba á apoderarse de las masas +que afluian en la plaza, corriendo de la parte baja en busca de +noticias: aquella impaciencia empezaba á ser miedo, y el miedo á +expresarse en quejas. + +Al fin algunos de los principales creyeron que debian interrogar á Yaye, +que habia sido nombrado capitan de la insurreccion; pero Yaye se encogió +de hombros, como quien no puede responder acerca de lo que no está en su +mano. + +Al fin fue necesario para calmar la ansiedad general, enviar emisarios +que adelantaran por el camino por donde debian venir los monfíes. Pero +al abrir la puerta de Fajalauza, de que estaban apoderados los moriscos, +se presentó á caballo y con las señales de haber venido corriendo á +rienda suelta, un walí de los monfíes. + +Al reconocerle por su trage y por sus armas, los que estaban en la +puerta, creyendo ya cerca el ejército auxiliar, rompieron en una +aclamacion de alegría; pero el walí no contestó á aquella aclamacion y +se redujo á preguntar con semblante hosco, dónde estaba el poderoso emir +Yaye-ebn-Al-Hhamar. + +El aspecto del monfí, lo ronco de sus palabras y lo hosco de sus +miradas, apagaron el entusiasmo de los aclamadores, que en silencio, y +no sabiendo qué pensar, condujeron al walí á la plaza donde habia +establecido su cuartel general, por decirlo asi, Yaye. + +Cuando el walí estuvo en su presencia, cuando le dijeron que aquel jóven +era el emir, se arrojó del caballo y se prosternó ante Yaye. + +--Magnífico y poderoso señor dijo: la fortuna nos vuelve las espaldas. +Vengo á avisarte que tu poderoso padre el emir Yuzuf, se vuelve con su +gente á las Alpujarras. + +--¿Que se vuelve mi noble padre á las Alpujarras? exclamó con asombro +Yaye. + +--Los cristianos nos esperaban emboscados en las quebradas de +Dar-al-Huet, y no hemos podido forzar el paso. + +--¿Que los cristianos esperaban emboscados, y os han vencido...? ¡Luego +alguno de los nuestros nos ha hecho traicion avisando á los cristianos! + +--Sí, sí, dijo sombriamente el monfí, nos han hecho traicion y han +ocurrido horribles desgracias. + +--¿Y mi padre? + +--La mano de Dios protege á los reyes, dijo profundamente el walí. + +Habíasele ordenado, para evitar á Yaye cuanto fuese posible lo doloroso +de la noticia de la herida de Yuzuf, que guardase silencio acerca de +ella, y el walí cumplia exactamente su encargo. + +--Vuestro poderoso padre el emir Yuzuf, continuó el walí, me encarga +deciros que si contais con bastante gente en el Albaicin para apoderaros +de la ciudad y de la Alhambra, no os detengais un solo momento; pero +que, si esto fuera imposible, marcheis inmediatamente y sin perder un +momento á la montaña. + +--Ya lo ois, dijo Yaye á los xeques que le rodeaban; mis monfíes han +sido envueltos en una celada, y no podemos contar con ellos. + +--¡Oh! exclamó con acento rugiente el Homaidi, que estaba entre los +xeques: el infame don Diego de Válor, nos ha hecho traicion. + +Estas palabras del Homaidi irritando á las masas excitadas, pasaron de +boca en boca y muy pronto multitud de hombres armados, se encaminaron á +la carrera, trémulos de corage, á la casa de don Diego. + +Mientras, que viendo imposible la empresa, Yaye mandaba á los xeques y á +los capitanes, que fuesen á retirar la gente y á quitar las barreras de +las calles bajas; que se escondiesen las armas y que todo volviese al +antiguo aspecto de paz y sumision, oyóse hácia la parte de San Gregorio +el Alto un alarido informe; luego reflejó un resplandor indeciso, +despues una llamarada y luego otra y al fin se declaró un incendio. + +Y como si aquella hubiese sido una señal de alarma, retumbó el ronco +estampido del cañon de la Alhambra, y la campana de la Vela empezó á +tocar apresuradamente á rebato, lanzando aquella voz de guerra, hasta +las distantes cumbres de las montañas que rodean la vega. + +Al mismo tiempo, mientras unos corrian apresuradamente á las avenidas +por donde podian acometer las tropas de la Alhambra el Albaicin; +mientras otros tocaban ruidosamente la zambra, y otros disparaban al +aire sus arcabuces en señal de levantamiento, algunos entraron en la +plaza donde Yaye absorto no sabia qué partido tomar, y gritaron: + +--La casa de don Diego de Córdoba y de Válor ha sido acometida y está +ardiendo. + +En aquel momento todo lo que le rodeaba, la situacion en que se +encontraba, el peligro de un combate á todas luces dudoso, contra los +cristianos, todo desapareció de la imaginacion de Yaye, en la que solo +quedó una idea: la de doña Isabel de Córdoba y de Válor, abandonada en +la casa de su hermano á una turba feroz irritada y sanguinaria: +entonces, sin decir una sola palabra á los que le rodeaban, ni hacerse +seguir de nadie, solo, anhelante, aterrado; echó á correr como un +frenético hácia la casa de don Diego, llegó, tiró de la espada, se +abrió paso, hiriendo como un leon irritado entre la multitud compacta +que rodeaba la casa, y, en el primer momento de sorpresa, logró penetrar +en el interior. Pero por valiente que fuese, iba solo: su trage habia +sido visto, y una exclamacion de rabia habia salido de todas las bocas. + +--¡Al cristiano! ¡al cristiano traidor, que viene á socorrer á los +traidores! gritaron algunas voces. + +Y todos aquellos que pudieron penetrar en la casa se precipitaron con +las armas enhiestas en seguimiento de Yaye. + + * * * * * + +Entre tanto en el interior de aquella casa reinaba un desórden +espantoso. + +En el primer momento de peligro, doña Elvira, sin cuidarse de la +seguridad de su cuñada doña Isabel, á quien aborrecia de muerte, corrió +al aposento de don Diego, abrió la puerta secreta y se refugió en la +mina. + +En cuanto á doña Isabel y á los criados, aterrados, sobrecogidos, á +penas tuvieron tiempo para huír al huerto en busca de una salida por el +postigo. + +Pero todos, en el primer momento de turbacion, habian olvidado la llave; +el postigo era fuerte; se necesitaba perder algun tiempo, y el terror +les aconsejó que buscáran un medio mas pronto. + +Habia en el huerto algunos árboles arrimados á la cerca: los hombres, +sin cuidarse de las mujeres, ni aun de doña Isabel, porque en los +momentos de supremo peligro nadie se cuida mas que de sí mismo, treparon +á los árboles, ganaron el borde de la cerca, se descolgaron á la calle y +huyeron. + +Doña Isabel y tres criadas quedaron en el huerto, que empezaba á +iluminarse con la rojiza luz de las llamas, que emanaban de los pajares +de la casa, que habian sido incendiados. + +Algunos furiosos habian puesto fuego á la leñera. + +Por las ventanas de los pisos bajos que daban al huerto, salieron muy +pronto torbellinos de fuego. + +Oíanse los furiosos alaridos de los moriscos que habian penetrado en las +habitaciones y que las desmantelaban, robando los objetos de valor. + +Doña Isabel y las tres criadas, hacian maravillosos esfuerzos y se +ensangrentaban las manos en la cerradura del postigo; pero sus fuerzas +eran demasiado débiles para forzarla. + +A medida que el tiempo trascurria, el terror de doña Isabel aumentaba, y +el llanto y los alaridos de las pobres mujeres que estaban con ella: el +incendio se habia propagado á toda el ala del edificio que daba sobre el +huerto, y la hacia parecer una inmensa cortina de fuego. + +Desplomábanse los tabiques, y á través de algunos boquerones, se veia +pasar y cruzar á la canalla, corriendo y cargada con el saqueo. + +Solo quedaba libre de las llamas el gran portalon por donde se entraba +al huerto; pero ya por la parte superior tocaban á su techumbre. Por el +fondo de aquel portalon se veian pasar de contínuo hombres con antorchas +encendidas ó cargados de efectos; pero hasta entonces ninguno se habia +dirigido al huerto. + +De repente se oyeron voces mas rugientes, mas irritadas, mas terribles; +voces que alguna vez dejaban escucharse distintamente. + +--¡Al traidor! ¡al castellano! ¡matadle! + +Llenóse al fin el portalon de gente y doña Isabel, á pesar de su terror, +vió que un hombre solo retrocedia defendiéndose de una turba numerosa. + +Pero aquel hombre era muy diestro y muy valiente, y dando una cuchillada +á este, una estocada al otro, no permitia que ninguno le tomara la +espalda; pero se veia obligado á retroceder de una manera decidida. + +Cuando el que se defendia y los que tan tenazmente le acometian, +entraban casi en el huerto, doña Isabel, que contemplaba fascinada aquel +espectáculo, lanzó un grito de horror: el techo del portalon, invadido +por el incendio, se habia desplomado sobre los combatientes, dejándolos +sepultados bajo un monton de maderas inflamadas y escombros. + +Pero de delante de aquel horno saltó un hombre, y al verse incomunicado +con el interior de la casa, empezó á buscar, como fuera de sí, una nueva +entrada que hubiese respetado el fuego. + +Doña Isabel fijaba la vista en aquel hombre, no sabiendo si aterrarse, +contemplando en él un enemigo, ó alegrarse considerándole como un +salvador: aquel hombre habia tenido la fortuna de que al derrumbarse el +techo del portalon, cogiese solo á los que le acosaban y mantenia +alejados al alcance de su espada, sin que un solo fragmento del +hundimiento le tocase. Doña Isabel notó que estaba vestido á la +castellana, segun la moda de los caballeros de aquel tiempo; que tenia +en la mano una espada desnuda, y que en su apostura demostraba que +estaba muy lejos de pertenecer á la canalla incendiaria y rapaz que +habia acometido la casa. + +En el primer momento, el terror solo permitió á doña Isabel ver en aquel +hombre las generalidades que hemos indicado; pero despues, cuando le +hubo mirado con alguna insistencia, arrojó un grito que tanto expresaba +terror como alegría, y cayó de rodillas. + +En aquel hombre habia reconocido al único hombre á quien habia amado; +por el que habia sido abandonada; en una palabra: habia reconocido á +Yaye. + +A su vez Yaye oyó el grito de doña Isabel y se volvió. A la luz del +incendio, que dominaba á la de la luna, vió una mujer de rodillas, y +junto al postigo, pugnando por abrirle, otras tres mujeres; Yaye corrió +desalado hácia ellas, llegó á doña Isabel, la apartó las manos con que +se cubria el rostro, la miró frente á frente y arrojó un grito de +insensata alegría; doña Isabel miró tambien á Yaye, palideció de una +manera mortal, lanzó un gemido, y no pudiendo resistir á tantas +emociones, cayó por tierra desmayada. + +Yaye, antes que en socorrer á doña Isabel, pensó en arrancarla de aquel +lugar de peligro: fué á la puerta, que pugnaban en vano por abrir las +criadas, apartó á estas, desenganchó un pistolete de su cinto, buscó la +cerradura, é hizo fuego sobre ella: la cerradura saltó rota en mil +pedazos, Yaye abrió el postigo, y las tres criadas escaparon al momento, +como pájaros á quienes se abre la puerta de la jaula. + +Despues, Yaye fue á donde estaba doña Isabel desmayada, la contempló un +momento con éxtasis, la cargó en sus brazos, y salió por el postigo y se +dió á correr por las empinadas calles, hácia la cercana muralla del +obispo don Gonzalo. + +--La traicion de don Diego de Válor, exclamó con un acento +indescribible, ha hecho inútil el levantamiento de los moriscos; pero +esa traicion ha puesto á Isabel en mis manos: Isabel es mia. + +Y el jóven, á quien hacia insensato el amor, se alegraba casi de la +desdicha de su pueblo, puesto que le habia procurado la posesion de doña +Isabel. + +Porque Yaye estaba resuelto á romper de una manera terrible para la +pobre niña, los vínculos extraños que le separaban de ella. + +Por otra parte, Yaye se decia: + +--Si hoy por culpa de un traidor no hemos vencido, mañana venceremos. Y +su conciencia se apoyaba en su esperanza. + +Entre tanto, Yaye seguia corriendo las calles arriba, sin sentir el peso +de la carga de doña Isabel, que era demasiado buena moza para que no +pesase mucho. Las calles estaban desiertas por aquella parte y muy +pronto el jóven llegó á un lugar aportillado de la muralla, y salió al +campo, ó por mejor decir, al monte. + +Sin embargo, no se detuvo hasta que se encontró muy lejos de la muralla, +sobre una senda que orlaba la falda del cerro de santa Elena, y que +conducia á su cumbre. + +A poca distancia habia un aprisco abandonado, y hácia él se dirigió Yaye +con su preciosa carga. Junto al aprisco brotaba una fuente rodeada de +álamos, sobre un terreno cubierto de cesped, y allí fue donde se detuvo +Yaye, depositando blandamente á doña Isabel sobre el cesped. + +El terror, y la sorpresa de haber encontrado en aquella situacion á +Yaye, habian afectado de tal manera á la desdichada jóven, que su +desmayo continuaba. + +Yaye la miraba extasiado: el semblante de doña Isabel por el doble +efecto de la palidez y de la luz de la luna, alcanzaba á una blancura +sobrenatural: sus negras trenzas estaban desordenadas de una manera +hechicera: sus ojos velados por la sombra de sus espesas pestañas, su +boca entreabierta por un gemido, tenian esa bellísima expresion del +dolor que tanto sublima las formas puras, y su cuello y su seno estaban +casi descubiertos, por efecto de la manera violenta con que habia sido +conducida hasta allí por Yaye. + +El jóven hasta entonces solo habia adivinado los secretos tesoros de +hermosura de la jóven; esos tesoros que oculta el pudor tras la celosa y +falaz plegadura de las ropas: Yaye que en un tiempo habia dicho palabras +de consuelo y de amor á la joven, creyendo ceder solo á la caridad, que +despues de haberla dejado abandonada á su suerte por fanatismo ó por +ambicion, habia comprendido que la amaba por el intenso dolor que le +causó la ruptura del lazo simpático, íntimo y misterioso que le unia á +ella, al verla abandonada en su poder, sola en medio del silencio de la +noche, experimentó un sentimiento hácia doña Isabel que nunca habia +experimentado por su causa: un sentimiento de deseo ardiente, voraz, +impuro, en que la materia, sobreponiéndose al espíritu, mandaba, como +mandan los tiranos, sobreponiéndose á la justicia, al deber, á la +generosidad. Una magia inconcebible se desprendia de doña Isabel y +embriagaba mas y mas á Yaye, acreciendo en su cerebro la fiebre, en sus +sentidos el deseo. Hubo un momento en que toda su vida se concretó en +aquella mujer purísima y mas que pura hermosa, que tenia entre sus +brazos; en que olvidó su pasado, su presente, su porvenir; en que su +alma recogida en un solo punto, ansió unirse, confundirse, anegarse en +el alma de doña Isabel. Lentamente el semblante del jóven, como atraido +por una fascinacion poderosa, se acercó al semblante de ella: su brazo +estrechó con mas fuerza su cintura y llegó por fin un momento, en que +aquellos dos semblantes se acercaron, en que aquellos dos pechos se +estrecharon, en que la boca de Yaye, imprimió un solo y ardiente beso en +la boca de la jóven; beso abrasador, interminable, por el que se exhaló +todo el alma de Yaye, y que hizo volver en sí de repente, por un +misterio que nosotros ni aun pretendemos investigar, á doña Isabel. + +Encontróse entre les brazos de Yaye, medio desnuda, flotantes los +cabellos, estrechada de una manera delirante entre los brazos de un +hombre, ¡ay! demasiado adorado; sintió unos labios convulsivos y +ardientes posados en sus labios, y se creyó entregada á un sueño; la +razon de Isabel estaba perturbada: habia sufrido sucesivamente emociones +demasiado fuertes para que pudiese darse una explicacion exacta de la +situacion en que se encontraba; no supo si estaba soñando ó si estaba +despierta. + +Yaye, segun la expresion de un escritor contemporáneo, se la arrebató +vírgen á su marido, é Isabel fue enteramente de Yaye, sin saber si +estaba despierta ó soñando. + +Pero aquella felicidad era demasiado dolorosa, demasiado punzante, para +que pudiese ser soñada: doña Isabel, que dominada por una fascinacion +extraña, habia concedido á el único hombre que habia sabido inspirarla +amor, delirantes caricias, volvió realmente en sí; aquella reaccion fue +terrible; primero, apartó lentamente á Yaye, le miró, le reconoció, +comprendió toda la verdad y se alzó rugiente, excitada por su dignidad y +por su virtud. + +Yaye, sorprendido, trémulo, porque comprendió que estaba colocado en esa +indigna posicion del fuerte que abusa del débil, pronunció en vano +algunas palabras de disculpa. Doña Isabel le interrumpió, y le dijo con +acento severo; pero profundo, y lleno de amargura y de desprecio: + +--Habeis sido tres veces infame conmigo: primero, fingiéndome un amor +que no sentiais; despues, cuando ya mi alma era enteramente vuestra, +abandonándome, sentenciándome á un sacrificio que jamás podreis apreciar +bien: despues, cometiendo la última de las infamias. + +Yaye quiso contestar; pero Isabel le hizo guardar silencio con un ademan +supremo de desprecio. Luego tomó lentamente el camino de los muros, se +perdió á lo lejos y entró en la ciudad sola, en aquella misma ciudad de +donde Yaye la habia sacado pretendiendo salvarla, para perderla. + +¿Por qué no la habia seguido Yaye? + +Porque la amaba, porque la habia ofendido, porque comprendia con cuánta +razon le despreciaba doña Isabel; porque aquel desprecio le habia +anonadado, cubriéndole de confusion y de vergüenza, y habia quedado +inerte, sin fuerzas, en el mismo lugar donde se habia desplomado sobre +él el desprecio de su víctima. + +Cuando ya habia pasado largo tiempo desde que habia desaparecido la +jóven, Yaye logró sobreponerse á su fascinacion: se pasó la mano por su +frente calenturienta, y exclamó: + +--¡Ah! ¡he perdido toda esperanza! ¡he sido infame con ella, y ella, la +conozco bien: jamás me perdonará! + +Y dos lágrimas solas, representando el despecho del jóven, brotaron de +sus ojos. + +¿Eran aquellas lágrimas hijas del amor y de la dignidad, ó del egoismo +de Yaye? + +No lo sabemos. + +Porque acerca de un hombre tal que llamaba caridad al amor, amor al +deseo y dignidad al amor propio, no es fácil aventurar suposiciones, sin +exponerse á incurrir en un error. + +Lo que nosotros creemos es que Yaye, educado para ser déspota, lo era. + + * * * * * + +Tomó á paso lento el mismo camino que antes habia tomado la desolada +Isabel, y entró en el Albaicin. La casa de don Diego de Válor, estaba +aun ardiendo; pero los vecinos se ocupaban en apagar el incendio. Los +moriscos habian desaparecido: por mejor decir, se habian ocultado, y las +gentes de guerra del capitan general, los caballeros y vecinos honrados +de la ciudad, con las armas en la mano, y tras ellos el corregidor y los +alguaciles, con el presidente de la Chancillería y los alcaldes de casa +y córte ocupaban el Albaicin. + +Sin embargo, de esta ocupacion, Yaye pudo llegar sin ser visto por +callejas excusadas á la casa de Abd-el-Gewar, á aquella misma casa donde +habia vivido tanto tiempo, que lindaba con la de don Fernando de Válor y +donde habia conocido á doña Isabel. + +Abd-el-Gewar, que esperaba con ansiedad al jóven, le recibió sollozando +de placer entre sus brazos, y sin detenerse un punto, le hizo montar á +caballo y montando en otro, salió con él de la casa. Aquella era una +medida prudente: no se sabia si habian sido presos algunos de los +moriscos que conocian á Yaye y á Abd-el-Gewar, y hubiera sido harto +imprudente no probar un medio de salvacion, antes de resignarse á caer +entre las manos de la justicia del rey. + +Cuando abrieron la puerta del huerto, se les presentó un hombre. + +--Deteneos, les dijo. + +Yaye echó mano á un pistolete. + +--Nada receleis, dijo aquel hombre notando la acción de Yaye: soy don +Fernando de Válor. + +--¿Y qué quereis? dijo con aspereza Yaye. + +--Mi hermano don Diego ha sido preso; su casa incendiada y acometida +esta noche; su esposa ha desaparecido, y mi hermana doña Isabel, acaba +de presentárseme aterrada, trémula, entregada á la mayor desesperacion: +he sentido desde mi casa en el huerto vuestros caballos, cuando +preparaba el mio, y puesto que vos, señor, sois emir de los monfíes, os +ruego que me permitais partir con mi hermana en vuestra compañía, y +trasladarnos á las Alpujarras, donde cuento conque me amparareis. + +--Cabalgad, don Fernando, dijo Abd-el-Gewar; pero cabalgad al momento; +no tenemos un solo instante que perder. + +Yaye habia quedado en un profundo silencio. + +Poco despues Abd-el-Gewar y Yaye salian de la ciudad, por el portillo de +la cerca de don Gonzalo, por donde antes habia sacado Yaye á doña Isabel +desmayada. + +Detrás iba otro ginete que llevaba sobre su arzon delantero una mujer +que lloraba de una manera desconsolada. + + + + +CAPITULO XXV. + +Cómo encontró Yaye á su padre. + + +Caminaron harto de prisa nuestros personajes, mientras estuvieron dentro +de la jurisdiccion de la ciudad; pero cuando empezaron á penetrar en la +montaña, dieron vado á su temor y mas descanso á sus caballos. + +Amanecia en aquel punto. + +Atravesaban ásperos desfiladeros, y profundos valles, solitarios; pero +rientes y magníficos bajo la diáfana luz de la alborada. Cuando +Abd-el-Gewar se encontró ya dentro de las Alpujarras, detuvo su caballo +sobre la ladera de un monte que á la sazon trepaban, y lanzó tres vezes +un grito agudo semejante á una seña. + +A aquel grito, aparecieron en los picos de algunas rocas algunos bultos +indecisos, que descendian con rapidez al lugar donde se encontraban los +viajeros, y que al acercarse dejaron conocer que eran monfíes. + +--¡El santo faquí! exclamó uno de los que llegaron primero. + +--Y el poderoso emir nuestro señor, añadió el anciano señalando á Yaye. + +--¡Que Dios proteja al emir! dijeron los monfíes, inclinándose +profundamente. + +--¿Tú eres walí? dijo Yaye dirigiendo la palabra á uno de los monfíes, +que por su trage mas rico y esmerado, parecia capitan de los otros. + +--Sí, poderoso señor, contestó inclinándose de nuevo y mas profundamente +el preguntado. + +--¿Cuántos hombres acaudillas? + +--Cincuenta valientes muslimes, señor. + +--Pues bien, dijo Yaye, señalando como con miedo y apartando de ellos la +vista, á don Diego, que habia detenido á algunos pasos su caballo, y á +doña Isabel, que ocultaba su rostro contra el pecho de su hermano. Aquel +que ves allí es don Fernando de Válor: aquella dama su hermana. Quedaos +con ellos; acompañadles y llevadles á donde quieran ser conducidos en +seguridad. + +--Queremos entrar esta noche secretamente en Andarax, donde tenemos +parientes que nos ampararan, dijo don Fernando que habia escuchado el +encargo de Yaye. + +--Resguardareis, pues, y conducireis á don Fernando y á su hermana, á +Andarax, con seguridad: ¿lo entiendes, walí? + +--Si señor. + +--Ahora, cuatro de vosotros adelante hácia mi alcázar, dijo Yaye. + +Cuatro monfíes se echaron las ballestas al hombro, y empezaron á trepar +á gran paso por la ladera. + +--Adios, exclamó Yaye, saludando de una manera indeterminada á don +Fernando y á doña Isabel. + +--Que él os proteja, señor, dijo el jóven. + +Doña Isabel guardó un obstinado silencio; pero don Fernando la sintió +extremecerse. + +Yaye y Abd-el-Gewar picaron á sus caballos, y desaparecieron muy pronto +por un recodo de la montaña. + +Al mediar el dia llegaron al pinar en cuyo centro se encontraba la cueva +por donde se entraba al alcázar subterráneo. + +Pero con gran asombro de Abd-el-Gewar, encontró delante del pinar un +ejército acampado: los monfíes, extendidas sus atalayas por las lomas +inmediatas rodeaban el bosque. + +Los dos viajeros se vieron obligados á darse á reconocer de punto en +punto, hasta que llegaron á una magnífica tienda, alzada en medio del +bosque, en el centro de un claro. + +Habia impresionado á Yaye y al anciano, el aspecto de profunda reserva y +de sombría tristeza que se notaba en el semblante de todos, +singularmente en el de los capitanes; no era aquel el aspecto ni de un +ejército que hubiese sido vencido, ni que esperase al enemigo. + +--¿Qué significa esto? dijo Abd-el-Gewar á uno de los walíes. + +--¡Dios lo quiere, santo faquí! contestó gravemente el moro. + +--¡Que Dios lo quiere! ¿y esa tienda alzada en medio de ese bosque? + +--Los médicos han dicho, que el poderoso Yuzuf, á quien Dios salve, +necesita aire puro que no encontraria en el subterráneo. + +--¡Pues qué!... exclamó con ansiedad Yaye. + +El walí no conocia personalmente al jóven, que aunque emir por la +abdicacion de su padre, no habia tenido tiempo de darse á conocer de +todos los monfíes. Por lo mismo, el walí, que no sabia con quien +hablaba, contestó: + +--Nuestro valiente y magnánimo emir, Yuzuf, está á las puertas de la +muerte, á consecuencia de una herida que recibió anoche en la cabeza en +el desfiladero de Dar-al-Huet. + +Yaye no acabó de escuchar al walí, exhaló un grito salvaje, se arrojó +del caballo y se precipitó en la tienda. + +Yuzuf estaba postrado en el fondo de ella, en un lecho, y rodeado de +médicos. Estos abundaban entre los monfíes, porque los moros, lo mismo +que los árabes, eran muy dados al estudio de la medicina y de las +ciencias naturales. + +Yaye se precipitó al lecho y asió las manos de su padre, al que miró de +una manera anhelante. + +Yuzuf, á pesar del estado en que se encontraba, le reconoció y sonrió +lánguidamente. + +--¡Ah! ¡la misericordia de Dios es infinita! exclamó alzando los ojos al +cielo; el Altísimo no ha querido que yo muera sin verte, hijo mio; sin +hacerte conocer mi última voluntad. + +Yaye quiso contestar y no pudo; la voz se habia anudado en su garganta. + +--¡Ah! ¡eres tú, tambien, mi buen amigo, mi hermano! añadió Yuzuf viendo +á Abd-el-Gewar, que habia penetrado tambien en la tienda, y, transido de +dolor y de sorpresa, estaba de pié á algunos pasos del lecho: bien +venido seas á recibir mi última despedida, santo faquí. Pero en estos +momentos, tú, Abd-el-Gewar, y vosotros, mis buenos doctores, dejadme +solo con mi hijo. Que nadie nos interrumpa. + +Todos salieron, excepto Yaye, que estaba arrodillado junto al lecho y +lloraba sobre las manos de su padre. + +--¡El Altísimo es el dador de la vida y de la muerte, Yaye! dijo con +acento solemne y tranquilo Yuzuf. ¡El da la victoria y él la quita! +¡suyos somos, y como dueño dispone de nosotros! No llores, Yaye: las +lágrimas que el guerrero vierte por su padre, le honran; pero es +necesario secar el llanto, para pensar en la venganza. + +--Os vengaré, padre mio; exclamó Yaye alzando fieramente la cabeza, y +mostrando sus ojos secos como si en un instante hubiese evaporado sus +lágrimas el fuego de un volcan. Os vengaré, primero del infame don +Fernando de Válor, despues de los cristianos. + +--Escúchame con atencion, dijo Yuzuf, porque me quedan pocos momentos de +vida. No es don Diego de Córdoba y de Válor el que nos ha hecho +traicion. + +--¿Quién es, pues? + +--Un infame castellano á quien yo habia amparado; un capitan de +infantería española, llamado Alvaro de Sedeño. + +--¡Ah! exclamó Yaye. + +--Escucha, ademas: en poder de ese hombre hay cautivas dos mujeres. + +Yaye lanzó toda su vida á sus oidos. + +--Esas dos mujeres son la esposa y la hija de un hombre, que, como yo, +lucha contra los españoles: ese hombre, rey como yo, de un pueblo +valiente, es nuestro aliado natural: ademas, á ese hombre debemos mucho, +y tú podrás deberle mas: es riquísimo; tiene tesoros inmensos. + +Yaye escuchaba con suma atencion á su padre. + +--Ademas, Yaye, continuó Yuzuf; tu proyectado enlace con doña Isabel de +Válor, es ya imposible, porque doña Isabel está casada. + +--Pero dícese que ha muerto Miguel Lopez. + +--No, Miguel Lopez vive: vive en un lugar donde te conducirá cualquiera +de nuestros walíes, solo conque le digas que quieres ir á la morada del +cazador de la montaña. + +--¿Y quién es ese cazador? + +--Ese cazador es Calpuc, el rey del desierto de Méjico. + +--¡Ah! ¿y ese es el padre de Estrella? + +--¿Conoces tú á la hija de Calpuc? + +--Si, padre mio, y la tengo amparada en mi poder. + +--¡Y esa mujer!... + +--Es noble y pura. + +--¿Hermosa?.... + +--Como un ángel. + +--Sea tu esposa, Yaye. + +--¿Mi esposa?... ¿Y doña Isabel?... + +--¡Doña Isabel! ¡Una mujer casada!... + +Ya delante de dos lechos de muerte habia escuchado Yaye las palabras: sé +esposo de Estrella. + +Yaye quedó profundamente pensativo. + +--Los oprimidos deben unirse á los oprimidos, continuó Yuzuf: ademas, la +amistad de Calpuc será preciosa para tí. Cuando yo muera, que será muy +pronto, busca primero á Calpuc, dile que ponga en libertad á Miguel +Lopez; entrega despues su hija á ese hombre; no te pregunto cómo te has +apoderado de esa mujer, ni dónde has estado oculto durante quince dias. +Te he vuelto á ver y esto me basta: creo ademas en tu honor y en tu +virtud. Recuerda bien: véngame y véngate de ese capitan infame, procura +la amistad de Calpuc, y el amor de su hija, y en cuanto á lo demás, lo +que como padre debo aconsejar al emir de un pueblo que lucha, y que +lucha con tan justa causa como el nuestro, escrito está en estos +pergaminos: ellos guardan mi voluntad. Espero que la cumplas. Es lo que +conviene á nuestra patria, que tiene derecho á exigirnos toda clase de +sacrificios. Grava bien en tu memoria las últimas palabras que voy á +decirte: un rey debe sacrificarlo todo por su pueblo: su corazon, su +felicidad doméstica, su vida, y si es preciso Yaye... hasta su honor. + +Yuzuf entregó el rollo de pergaminos á Yaye que se habia arrodillado +para escuchar las últimas palabras de su padre: este tendió las manos +sobre él y le bendijo. + + * * * * * + + * * * * * + +Aquella noche Yuzuf, el valiente, el magnifico, el vencedor, como le +llamaban los monfíes, murió, y Yaye fue proclamado de nuevo emir de las +Alpujarras. + + + + +CAPITULO XXVI. + +Procedimientos judiciales. + + +El dia siguiente al de la malograda tentativa de los moriscos, no se +hablaba en Granada de otra cosa que del peligro en que habia estado la +ciudad; decíanse los nombres de los que habian sido presos, de los que +probablemente serian ahorcados y de las precauciones que habia tomado el +capitan general para que no volviese á reproducirse el peligro en que, +durante algunas horas, habia estado Granada. + +Decíase, ademas, que la justicia se habia apoderado del cadáver de un +capitan de infantería española, que habia sido encontrado muerto á +estocadas en su propia casa y de la persona viva del que le habia +matado. Añadian que don Diego de Córdoba y de Válor, andaba envuelto en +aquella causa, que su hermano don Fernando, su esposa doña Elvira, y su +hermana doña Isabel habian desaparecido, y por último, que de la casa de +don Diego de Válor no habian quedado en la calle del Agua mas que +escombros denegridos. + +Hablábase tambien con suma variedad de accidentes y en detalle, de cómo +el duque de la Jarilla, poderoso señor que hacia muchos años estaba +retirado de la córte, en la pequeña ciudad de Guadix, habia encontrado +muerta á su hija, á quien habia perdido, encuentro que habia tenido +lugar en ocasion de acudir el duque con sus escuderos al llamamiento que +habia hecho el capitan general á los caballeros é hidalgos del reino +contra los moriscos, y todas estas noticias se comentaban, se alteraban, +y tenian en espectativa de los sucesos que podrian sobrevenir, á los +curiosos y desocupados. + +Pero nadie hablaba una sola palabra acerca de que el emir de los +monfíes, con algunos de sus vasallos, se hubiese encontrado en Granada á +la cabeza del alzamiento, y por otra parte, los moriscos que habian sido +presos en las avenidas de la parte baja de la ciudad, eran gente vulgar, +que solo conocian aisladamente á sus capitanes, y estos habian huido, +poniéndose en salvo en las breñas de las Alpujarras, y haciéndose por +necesidad monfíes. Nada resultaba, pues, en el proceso abierto por la +Chancillería, bajo la presidencia del capitan general, ni contra Yaye, +ni contra el Homaidi, ni contra ninguno de los xeques y capitanes que +habian provocado y puéstose al frente de la rebelion. + +_El último mono se ahoga_, dice un adagio vulgar, y esto cabalmente +aconteció entonces: los instrumentos, los que nada sabian, los que por +no saber nada habian quedado abandonados á si mismos y presos, pagaron +la culpa de los otros, siendo ahorcados los unos, y sentenciados á +galeras los otros. Vertido aquel chorro de sangre sobre la efervescencia +revolucionaria de los moriscos, el capitan general y la Chancillería, +opinaron que no era prudente extremar el rigor, y aunque habia muchos +moriscos notoriamente sospechosos y contra los cuales podian haberse +fulminado terribles procesos, se echó tierra al negocio, como se habia +echado sobre los cadáveres de los ajusticiados, y no se volvió á hablar +mas de ello. + +Quedaba, sin embargo, un preso de consideracion, una cabeza ilustre, +casi régia, sobre la que estaba levantada la espada de la justicia. Esta +cabeza era la de don Diego de Córdoba y de Válor, contra el que obraba +la terrible carta que habia presentado al capitan general Alvaro de +Sedeño. + +Pero don Diego gastó tan á tiempo y en tanta cantidad su dinero, +sirviéndole de agente su buen amigo el marqués de la Guardia; era tan +benévolo y compasivo el capitan general, que la carta presentada por el +capitan Sedeño, pasó sin dificultad por falsa, y como no habia contra él +otra prueba, como, por otra parte, el capitan Sedeño habia aparecido +monfí y traidor por los papeles que se encontraron en su casa, túvose +aquella carta por apócrifa, por un nuevo delito de Alvaro de Sedeño, +sobreseyóse en la causa; pero con la condicion de que don Diego se +confesase públicamente vasallo del emperador, fiel, leal y dispuesto á +verter toda su sangre en su servicio, asi como ardiente cristiano, +católico, apostólico romano. Del mismo modo se levantó mano respecto á +su hermano don Fernando, á quien, mediante la misma confesion, se +permitió volver á vivir libremente en Granada. + +Se nos olvidaba decir que habia contribuido en gran manera á esculpar á +don Diego, la circunstancia de haber incendiado y saqueado su casa los +moriscos la misma noche del alzamiento, circunstancia en que insistieron +con gran ahinco los letrados defensores. + +Don Diego, pues, hubiera sido puesto inmediatamente en libertad, á no +ser porque, durante el tiempo de su prision, habia caido sobre él una +acusacion terrible: la de asesinato contra su cuñado Miguel Lopez. + +Esta acusacion habia provenido de Calpuc, ó mejor dicho, la conciencia +de Calpuc habia sido la causa ocasional de aquella acusacion. + +En el momento en que Calpuc se vió preso y encerrado, imposibilitado por +lo tanto de ir á cuidar, como se habia propuesto, de Miguel Lopez, +contando con su libertad, pensó en que, á pesar del dolor en que le +habia sumergido la muerte de su esposa y la pérdida de su hija, él, que +no habia cometido durante su vida ninguna infamia, no debia cometerla en +el momento en que de una manera tan dura le oprimia la mano de la +desgracia; pensó tambien que necesitaba toda la proteccion de Dios, +primero para alcanzar su libertad, despues para encontrar á su hija, y +que, para que Dios le protegiese, debia obrar como bueno: asi, pues, +pidió con insistencia que le tomaran declaracion para hacer una +revelacion importante, y creyendo el capitan general y la Chancillería +que esta revelacion seria referente á la rebeldia de los moriscos, se +apresuraron á enviar un alcalde de casa y córte, acompañado de un +escribano, al calabozo de Calpuc. + +Este declaró que estaba en su poder Miguel Lopez, refirió las +circunstancias por medio de las cuales el morisco habia dado en sus +manos, cuando le salvó de los monfíes, y dió tales y tales señales del +lugar en donde Miguel Lopez se encontraba, que parecia no podian +equivocarse los que fuesen enviados en su busca; á pesar de esto, los +emisarios enviados por la justicia, ó mal enterados ó torpes, no dieron +con el subterráneo; volvieron; en atencion á lo grave del asunto, +decretó la Chancillería, que el mismo Calpuc, bien asegurado y +escoltado, fuese en demanda de Miguel Lopez, y al fin, y despues de tres +dias desde la primera declaracion de Calpuc, y de cinco desde que se +habia separado el megicano de Miguel Lopez, la justicia pudo penetrar en +el subterráneo. + +Entonces se vió una cosa horrible: junto á la puerta de hierro, +entrando, en lo mas alto de la escalera, se encontró á Miguel Lopez +muerto de hambre, mordiéndose un brazo, con el que sin duda el +desventurado habia querido alimentarse, y reconocido el cadáver, se +encontraron sobre su pecho seis heridas profundas que empezaban á +cicatrizarse. + +Reconocido el subterráneo, se encontró un lecho revuelto, y sobre una +mesa, junto á una lámpara apagada y exhausta, un papel escrito con letra +gorda y ruda en que se leia: + +«He cometido grandes crímenes, y la mano de Dios me castiga: muero aquí +en este calabozo mal herido, y de hambre: hace tres dias que el hombre +que me salvó de los monfíes, que me trajo aquí y que me curó, salvándome +del rigor de mis heridas, no ha vuelto. Debe haber sucedido alguna +desgracia á ese hombre cuando no ha venido á cuidar de mí. Si no vuelve +pronto conozco que no tardaré en morir y quiero dejar á la suerte mi +venganza. El hombre que me ha traido aquí y que me ha cuidado, es +inocente de mi muerte, y debo confesar, porque mi conciencia me lo +manda, que él me salvó del puñal de los monfíes. Mi asesino es don Diego +de Córdoba y de Válor á quien mi muerte importaba. Que á nadie mas que á +don Diego se haga cargo de mi muerte, si por un milagro de Dios, cae +este papel en manos de la justicia. Pido asimismo perdon á doña Isabel +de Córdoba y de Válor por el mal que he podido causarla, obligando á su +hermano don Diego á que la casase conmigo, y como enmienda de mi delito +la dejo por heredera de todos mis bienes. Rogad á Dios por mí para que +me perdone. En las entrañas de la tierra, no sé qué dia ni qué +hora.--Miguel Lopez.» + +Siguió la justicia en el reconocimiento de aquel lugar y encontró en el +arcon negro, libros de devocion, y un papel autorizado por los +religiosos dominicos fray Luis de Saavedra y Diego de Rojas, cuyo +contenido era la abjuracion de la idolatría y su conversion al +cristianismo de Calpuc, rey del desierto mejicano. Halláronse ademas +algunas ricas ropas, y en un rincon del arca, como un centenar de +doblones de oro. + +Recogió todo esto la justicia, incluso el cadáver de Miguel Lopez, se +volvió con el vivo y con el muerto á Granada, encerró de nuevo al +primero, enterró al segundo, despues de haber hecho constar su identidad +por medio de sus parientes y conocidos, y guardó, para unirlos al +proceso de Calpuc, los dos papeles hallados en el subterráneo. + +Aquellos dos papeles favorecian en sumo grado á Calpuc; pero la justicia +es muy suspicaz y no dándose por satisfecha con ellos de la inocencia +del mejicano, hasta que la autenticidad de aquellos papeles fuese +comprobada, le hizo cargo de la muerte de Miguel Lopez. + +Calpuc apeló á otra prueba: á la carta que Miguel Lopez le habia +entregado para su esposa doña Isabel, en que se acusaba de aquel +asesinato á don Diego, y á la sortija que en aquella carta mandaba +Miguel Lopez á doña Isabel entregase á Calpuc. + +Pero doña Isabel estaba ausente y no se sabia donde paraba: enviaronse +requisitorias á las Alpujarras y al fin doña Isabel fue encontrada en +Mecina de Bombaron por los sabuesos de la justicia, y hecho registro +repentino en su casa, se la encontró, entre algunas cartas de amores de +un tal Juan de Andrade, la carta de Miguel Lopez, citada por Calpuc. + +Compulsada aquella carta con documentos indubitables, escritos y +firmados por Miguel Lopez, los peritos nombrados declararon por +unanimidad, que aquella carta era de puño y letra del difunto y por lo +tanto legítima. + +La acusacion, pues, del asesinato de Miguel Lopez recayó sobre don Diego +de Córdoba y de Válor, en el momento en que iba á ser puesto en +libertad, absuelto de la otra causa de traicion contra Dios y contra el +rey. + +Preguntados los lacayos que acompañaron á don Diego en su viaje con +Miguel Lopez á las Alpujarras, declararon que nada sabian; pero puesto á +la prueba del tormento uno de ellos, declaró que habia llevado una carta +á un ventero de las Alpujarras cerca de Orgiva, que por indicios habia +sospechado que se tramaba algo contra Miguel Lopez, y que solo don +Diego era á su parecer el que habia andado en aquel asunto. + +Reconocida, por declaracion de Calpuc, la rambla de los Gamos, se +encontraron los siete monfíes ahorcados de la encina, muertos y medio +deborados por las aves carnívoras, y pendiente del cuello de cada uno de +ellos un pergamino con la sentencia del emir de los monfíes escrito en +árabe, como asesinos de Miguel Lopez, y una bolsa con veinte y cinco +doblones de oro. Los monfíes, temiendo la justicia del emir, habian +respetado aquellas bolsas; pero la justicia castellana las recogió como +cuerpos de delito, y apesar del estado en que se encontraban los +monfíes, los descolgó de la encina y los llevó á la plaza de Orgiva para +ver si alguno los reconocia: en uno de ellos, cuyo rostro estaba mas +conservado que el de los otros, algunos de los vecinos del pueblo +reconocieron al ventero del camino de Granada, que cabalmente habia +desaparecido algunos dias antes. + +Esto parecia bastante para esculpar de todo punto á Calpuc; pero la +justicia le hizo cargo de haber detenido al herido en su poder. + +Calpuc contestó que el estado del herido le habia obligado á no llevarle +á ninguna poblacion, por estar todas mas distante que su asilo, y de no +haber dado parte á la justicia por no haber podido separarse de él. + +Mediaron algunos cientos de doblones ofrecidos discretamente á la +justicia, y se absolvió á Calpuc de la acusacion del asesinato de Miguel +Lopez, recayendo todo el peso de este en don Diego de Válor. + +Pero como este permaneciese negativo, y por ser hidalgo no pudiese +sujetársele al tormento, la Chancillería encontró que, si bien no habia +pruebas bastantes para ahorcarle, habia las bastantes para sentenciarle +á galeras. + +Don Diego fue, pues, degradado, privado de su oficio de regidor perpetuo +de la ciudad de Granada, confiscados sus bienes, y condenado por diez +años á las galeras de su magestad. + +«Pero, añadia la sentencia: en atencion á que el padre y el abuelo del +don Diego, sirvieron buena y fielmente los años pasados á los señores +reyes católicos y á la señora reina doña Juana, manda la sala, que si +doña Elvira de Céspedes, esposa del dicho don Diego, diere á luz un hijo +dentro de los nueve meses posteriores á esta sentencia, no recaiga sobre +el dicho hijo la infamia de su padre, que herede sus bienes, y si fuese +varon, el oficio de regidor perpetuo de la ciudad de Granada, de que +estaba en posesion el don Diego.» + +Esta sentencia estaba fechada en el mes de setiembre del 1546. + +El dia 15 de marzo de 1547, doña Elvira de Céspedes, dió á luz un hijo, +que se llamó don Fernando de Válor, y heredó los bienes y el regimiento +de su padre con arreglo á la anterior sentencia. + +Don Diego de Válor no quiso publicar su deshonra y dejó que heredase su +nombre y sus bienes un hijo que no era suyo. + +Porque es de advertir que, segun la fecha del nacimiento de don +Fernando, debió ser concebido por su madre, durante la ausencia de don +Diego y su permanencia en el alcázar del emir de los monfíes. + +Cuando Yaye-ebn-Al-Hhamar supo, por una amenazadora carta de doña +Elvira, este nacimiento, se estremeció, porque no podia dudar, ni aun +por asomo, de que don Fernando de Válor era hijo suyo. + +Quince dias después, Yaye recibió otra carta: era de doña Isabel de +Válor: antes de leerla le llenó de alegría y despues de leerla de +espanto. + +Aquella carta tenia sobre sí muchas lágrimas. + +«Señor Juan de Andrade, decia: perdonadme si os nombro con el apellido +con que os dísteis á conocer de mí: perdonadme tambien si os escribo, +porque... á mas de que la crueldad con que me tratásteis la noche que me +salvásteis del incendio de la casa de mi hermano para perderme, me +obligaria siempre á guardar con vos un silencio provocado por vos mismo, +sé que os habeis casado. Dios os haga feliz con vuestra compañera. Pero +un sagrado deber me obliga á escribiros. Vuestro delito ha dado +resultados funestos. Acabo de dar á luz un hijo... un hijo á quien han +bautizado con el nombre de Diego Lopez, con el nombre de un hombre que +no es su padre... ¿lo comprendeis bien? porque ese desdichado es vuestro +hijo... un dolor y un placer que Dios me envia á un tiempo... porque no +pudiéndoos amar, os amaré en él. Pero al mismo tiempo me ha dado Dios +con él el remordimiento... de un adulterio, que he cometido al dejar que +vuestro hijo herede el nombre y la hacienda de quien no es su padre. Yo +he debido decir á voces para que todos me oyeran: ese hijo no es hijo de +quien creeis; os engañais... es hijo de otro: Miguel Lopez solo ha +tocado mi mano derecha para desposarse conmigo... pero no he tenido +valor de decir al mundo: he renegado de mi virtud, he sido adúltera, +porque el mundo juzga por las apariencias, he manchado la casta memoria +de mi buena madre... no, no he tenido valor para envilecerme delante del +mundo, y sobre todo, para envilecer á nuestro hijo, que es inocente. Yo +tambien lo soy; bien lo sabeis. Yo soy tan pura ahora como antes de +conoceros. Pero nadie me creeria si lo dijese. Vos solo podeis creerme, +y me creeis, porque no podeis dudar de mí. Sin embargo, yo no os +escribiria, si al dar el primer beso á mi hijo no me hubiese asaltado un +terror supersticioso... me ha parecido ver en su frente pura una mancha +de sangre; he creido adivinar que esa sangre era vuestra; que un dia +vuestro hijo levantaria su mano armada de muerte sobre vos... ¡Oh! me he +estremecido; mi corazon se ha helado y en el primer momento ni aun he +tenido fuerzas para rogar á Dios. ¡Oh! ¡si un dia vos, emir de los +monfíes, os vierais frente á frente con un hijo de los Válor, con un +hombre que puede creerse con derecho á la corona de Granada! Quemad, +quemad esta carta, señor, despues de que la hayais leido. Comprended los +motivos que tengo para advertiros de que Diego Lopez Aben-Aboo es +vuestro hijo... por lo demás, yo no os maldigo... yo os amo... os amo +con toda mi alma... pero, entendedlo bien... jamás seré vuestra... +jamás; aunque enviudárais, aunque desfalleciéseis de amor y de deseo á +mis piés, nunca consentiria en ser vuestra. Dios y nuestro deber nos +separan. Vos sois casado; yo he muerto ya para todo, para todo, menos +para nuestro hijo. Vos sois poderoso, señor; protegedle, protegedle y +evitad con cuantas fuerzas podais, los nuevos crímenes que pudieran +resultar del crímen que cometísteis contra mi.--Mesina de Bombaron á 31 +de marzo de 1547.--Doña Isabel de Córdoba y de Válor. + +Yaye sintió que su corazon se rompia al leer esta carta: conoció que su +amor, su alma entera pertenecian á Isabel; al saber que doña Elvira de +Céspedes habia dado á luz un hijo, se habia irritado, habia acusado de +injusto al cielo, habia blasfemado. Pero al saber que doña Isabel era +madre, su corazon se quemó de una manera horriblemente dolorosa en un +nuevo amor, en un amor que llenaba su ser, pero que le llenaba +torturándole: en un amor que era al mismo tiempo para él un +remordimiento agudo y cortante como la hoja de una espada. Comprendió +cuánto decia para él la acusadora carta de doña Isabel, en la frase de +aquella carta en que doña Isabel juraba que aunque muriera de amor á sus +piés no seria suya, comprendió que doña Isabel estaba segura de su amor, +que creia en él como creia en Dios, que sabia que ella era su paraiso +perdido, que estaba escrito que un dia Yaye romperia por todo é iria á +mostrarla el volcan de aquel amor. Y esta certeza de ser amado, de ser +comprendido, era para Yaye un abismo lleno del fuego del infierno +colocado entre él y doña Isabel. + +Y entonces volvió con desesperacion la vista á su pasado de un año: vió +en aquel pasado la felicidad que habia arrojado de sí con desprecio; +recordó con el alma llena de amargas lágrimas, aquella noche que tan +duramente rechazó por fanatismo, por ambicion el amor de Isabel: miró á +su presente y vió junto á sí una víctima: doña Estrella de Cárdenas, +duquesa de la Jarilla, su esposa, que le amaba con toda su alma, y con +quien se habia casado sin amarla, por ambicion. + +Yaye cerró los ojos á tanta desgracia, hizo un violento esfuerzo sobre +sí mismo, lanzó una carcajada de loco y exclamó: + +--La felicidad ha muerto para mí; pero me queda la embriaguez de la +grandeza; lucharé, venceré, conquistaré un imperio, y ahogaré mis +dolores, en el mar de mi gloria. + +Luego con los ojos escandencidos y el corazon inerte, guardó la carta de +doña Isabel, junto á la que le habia escrito doña Elvira de Céspedes, +manifestándole que don Fernando de Válor era su hijo. + +Acaso Yaye hubiera hecho bien en quemar aquellas dos cartas como se lo +encargaban doña Isabel y doña Elvira. + + + + +CAPITULO XXVII + +De cómo fué el casamiento de Yaye. + + +Hemos dicho al final del capitulo anterior que Yaye se habia casado con +doña Estrella de Cárdenas, duquesa de la Jarilla. + +Para demostrar la causa de la nueva situacion en que se encontraban +estos dos importantes personajes de nuestra historia, nos vemos +obligados, muy á pesar nuestro, á meternos de nuevo en el árido terreno +de las investigaciones judiciales. + +De buena gana saldriamos del paso diciendo que mediante pruebas +bastantes, don Juan de Cárdenas, duque de la Jarilla, habia reconocido +por su nieta á Estrella... pero no nos atrevemos á ello, temerosos de +que algun lector nos acuse de haberle defraudado de las minuciosidades +del reconocimiento. Abordamos, pues, el fárrago á que nos condena en +esta ocasion nuestro oficio y empezamos. + +Estaba en su casa don Gabriel Coloma, marqués de la Guardia, acabando de +dejarse enhevillar su coselete por su escudero, el mismo dia en que +entró en Granada el duque de la Jarilla, y se preparaba á montar á +caballo para ponerse á las órdenes del capitan general como buen vasallo +de su magestad, cuando entró por las puertas de la cámara un hombre +lloroso, pálido, asustado, en quien reconoció al escudero de uno de sus +mejores amigos. + +--¿Qué os sucede, señor Gabriel Saez? le dijo el marqués. + +--¿Qué me ha de suceder, triste de mí, contestó el preguntado, sino que +mi amo está entre la vida y la muerte? + +--¡Diablo! exclamó el marqués, poniéndose serio, ¿que el duque está en +peligro de muerte? ¿y donde? + +--Aquí, en el Albaicin, en una casa junto á San Gregorio el Alto. + +--Pues perdonen el capitan general y su magestad, y suceda lo que +quiera, dijo el marqués deshevillándose por si mismo el coselete y +arrojándole; vamos á ver á vuestro amo. ¿Habeis venido á caballo, señor +Gabriel Saez? + +--Si señor. + +--Pues adelante. + +Y sin decir mas palabra, salió, seguido de Saez, bajó al patio, montó en +un caballo que le tenian preparado, montó en su mula Saez, y saliendo de +la casa, llegaron en muy poco espacio á la en que, después de su +accidente, habia sido recogido el duque de la Jarilla, y delante de su +lecho. + +Habia vuelto en sí el duque; pero se encontraba en un estado deplorable, +y hasta tal punto, que los médicos habian prohibido que se le hablase, +ni se le excitase. + +Pero no sabian los médicos que tenian que luchar con un carácter de +hierro, hasta que, para no excitarle mas, se vieron obligados á permitir +que el enfermo hiciese lo que quisiese. + +Por resultado de esto, Saez fué á llamar al marqués de la Guardia, y +este se encontró delante de su viejo amigo. + +--¡He encontrado á mi hija! exclamó con precipitacion el duque, en +cuanto vió al marqués y antes de que este pudiese hablar una palabra. + +--¡A vuestra hija! ¿á la que os robaron hace tantos años los indios +mejicanos? + +--¡Sí, sí! ¡la he encontrado! exclamó creciendo en su anhelo el duque. + +--¡Pues me alegro, vive Dios! ¡me alegro! exclamó el marqués. + +--¡Pero la he encontrado muerta! ¡muerta! + +Y el anciano rompió á llorar. + +El marqués se mordió la lengua. + +--¡Ira de Dios! dijo, ¡y yo que me habia alegrado! + +--¡Muerta! repitió con desesperacion el duque. ¿Comprendeis, lo que es +para un padre encontrarse muerta una hija á quien he llorado por espacio +de veinte y dos años: ¡muerta y miserable! + +--¿Pero cómo ha sido eso señor? exclamó el marqués que estaba atortolado +é incómodo por aquel duelo que se le habia venido encima, á él, que era +el hombre mas alegre del mundo y que mas aborrecia los llantos y los +gemidos. + +--Cuéntaselo tú, Gabriel, dijo el duque, tú que no eres su padre y +recordarás mejor. + +El escudero contó al marqués circunstanciadamente su encuentro +imprevisto con el cadáver de doña Inés, la conversacion con el alguacil +Picote, y el accidente de su señor. + +--Con que resulta, dijo el marqués, que teneis una nieta, don Juan. + +--Sí; sí señor; que tengo una nieta, y que esa nieta se ha perdido. + +--¿Pero no está preso el hombre que mató al capitan Sedeño? + +--Si, si por cierto. + +--Pues bien, dijo el marqués, por el hilo se saca el ovillo, y ya que la +muerte de vuestra hija no tiene remedio, procurad vivir para vuestra +nieta. + +--Es necesario que mi nieta parezca, dijo el duque. + +--Si, es preciso, repitió maquinalmente el marqués. + +--Y os he llamado para que la busqueis, don Gabriel. + +--¿Para que yo busque á vuestra nieta? + +--Si por cierto. ¿No veis que yo estoy sujeto en este lecho de +maldicion? + +El marqués de la Guardia meditó que tenia un pretexto para escapar de +aquella situacion que le fastidiaba y se apresuró á decir: + +--Habeis hecho bien en acordaros de mí, don Juan, y en el momento voy á +hacer las primeras diligencias. ¿No decís que ese alguacil con quien +hablásteis, vive en la Caldereria y que se llama Picote? + +--Si señor, contestó Saez. + +--Pues bien, voy al momento á ver al alguacil. Reposad vos entre tanto y +sed dócil á lo que os ordenen los médicos. El alguacil Picote... en la +Caldereria... adios, don Juan, hasta la vista. + +Y escapó, montó á caballo y se alejó á buen paso, burlando á Saez que +queria darle algunas instrucciones. + +--¡Ira de Dios! exclamó el marqués: ¡pues échese vuesamerced á buscar +niñas perdidas! ¡encárguese de un negocio en que habrá pleito y ruido! +porque los parientes del duque no se han de dejar arrancar la herencia! +¡Bah! que se componga allá como pueda mi viejo amigo: por hoy tengo +pretexto con la jarana que se prepara; despues... despues... don Juan se +muere dentro de veinticuatro horas, sino le queman antes los moriscos, y +asunto concluido. + +De repente, un pensamiento como suyo vino á hacer variar de resolucion +al marqués. + +--¡Diablo! dijo: ¿y si la niña perdida fuera una buena moza? + +Este pensamiento bastó para que el marqués hiciese variar de direccion á +su caballo y se pusiese en demanda de la Calderería y del alguacil +Picote. + +Llegó, y como todo el mundo conocia en la vecindad al tal ministro, el +marqués se encontró en un zaquizami, delante de una robusta moza como de +veinte y seis años, á quien por todo saludo tomó la cara. Esto +demostraba que la esposa de Picote estaba sola, y que era mujer de buen +empaque. + +A las pocas palabras el marqués se entabló en la casa y obtuvo una doble +cita; una para el marido y otra para la mujer. + +[imagen: El marqués de la Guardia.] + +Al salir el marqués se atusó el vigote, montó á caballo y se alejó +murmurando. + +--Pues señor, los principios de mi aventura no son malos: yo no conocia +á la mujer de ese alguacil, y es una moza completa la mujer del tal +Picote. + +En seguida el marqués fué á presentarse al capitan general. + + * * * * * + +Al dia siguiente Granada estaba tranquila, y el marqués pudo dar algunas +esperanzas á su amigo y seguir en sus investigaciones. + +Entre tanto la justicia, á instancias del duque de la Jarilla, habia +careado á Calpuc con el cadáver de su esposa; se habian comprobado el +rizo negro y el pedazo de sábana; el mejicano habia declarado que aquel +cadáver era el de su esposa; que tenia una hija llamada doña Estrella; +que era cristiano, como eran cristianas su esposa y su hija; refirió, en +fin, su historia entera: presentó como comprobantes su partida de +desposorio, y la partida de bautismo de su hija, y citó el acto de su +retractacion de la idolatría, que se habia encontrado en el subterráneo +de las Alpujarras, autorizados los tres documentos por las venerables +firmas de los dos religiosos dominicos, fray Luis de Saavedra y fray +Diego de Rojas: declaró asimismo que al venir á Europa y á España, habia +dado libertad á los dos religiosos: que uno estaba en la casa de su +órden de Salamanca, y el otro en la de Avila. + +Llamaron á los dos religiosos, que por fortuna vivian, y estos +decidieron la cuestion declararon unánimemente, que Calpuc era rey del +desierto mejícano, que en sus mismos dominios habia profesado, aunque +secretamente, la religion católica; que se habia casado con la dama cuyo +retrato despues de muerta se les presentaba; que siempre habian oido +decir á aquella dama, que era hija del adelantado de la frontera del +desierto, duque de la Jarilla; que tenian los esposos una hija llamada +doña Estrella, muy semejante á su madre, y por último, que el capitan de +infanteria Alvaro de Sedeño, cuyo retrato, aunque de su cadáver, +reconocian, las habia arrebatado á Calpuc diez años antes. + +Hemos hablado de los retratos de los dos cadáveres: estos se habian +mandado hacer por la Chancilleria, por no encontrarse medio para +conservar los cadáveres durante una tan larga probanza. Aquellos dos +retratos, pues, eran dos testimonios pintados, legalizados en forma. + +Los herederos del duque habian interpuesto su accion pretendiendo probar +que aquel cadáver no era el de doña Inés de Cárdenas; pero tales fueron +las pruebas y los doblones del duque y de Calpuc, que la verdad +resplandeció á despecho de los herederos que temian, no por doña Inés, +que no podia heredar, sino por aquella hija de doña Inés, que podia +parecer de un momento á otro. + +[imagen: gentilmente hacia Estrella.] + +En cuanto á Calpuc, libre de la acusacion del asesinato de Miguel Lopez, +no resultando contra él ninguna prueba de traicion al rey, y teniendo en +su abono su conversion y sus desgracias, la Chancilleria opinó que la +muerte que habia dado al capitan Sedeño, merecia en gran parte disculpa, +y, mediando el indulto del emperador por ciertos extremos que necesitaba +indulto, fué puesto en libertad, como asimismo el platero Franz, contra +el cual no resultaba mas cargo que haber acogido á Calpuc. + +Además de esto, el duque de la Jarilla se habia restablecido un tanto, +aunque envejeciendo diez años, y todo iba bien, menos el asunto de que +se habia encargado el marqués de la Guardia: esto es, el encuentro de +Estrella. + +En vano el alguacil Picote, de cuya casa con lo mejor que contenia, esto +es, su mujer, se habia apoderado el marqués, revolvió, y fué y vino por +sí mismo y por medio de sus compañeros. Eran pasados dos meses desde la +muerte de doña Inés, y su hija Estrella no parecia. + +La jóven, que habia venido á ser la cuarta estrella de la casa en que +vivia, y la mas hermosa (nosotros tenemos los retratos de las otras tres +estrellas en nuestra carpeta), doña Estrella decimos, vivia triste y +creyéndose abandonada por Yaye, aunque asistida como una reina por +Harum. + +Desde la noche en que Yaye se habia separado de ella, no le habia vuelto +á ver ni recibido noticias suyas. Esto consistia en que Yaye, por razon +de la muerte de su padre, habia entrado de lleno en la posesion de su +alta dignidad de emir, y en que necesitaba, no solo darse á conocer como +valiente á sus monfíes, sino tambien vengar en los cristianos de las +Alpujarras la muerte de Yuzuf. + +Durante aquellos dos meses, incendió, saqueó y ensangrentó algunas +villas con gran contento y aplauso de los monfíes, que vieron que Yuzuf +habia sido dignamente reemplazado por su hijo, y en todo este tiempo +Yaye no se cuidó de otra cosa, ni envió noticias suyas á Harum, ni se +las pidió de Estrella. + +Esta, por orgullo, no preguntaba por Yaye: Harum, que miraba con un +profundo respeto á la jóven, como á todo lo que provenia del emir, +tampoco la hablaba sino cuando ella le dirigia la palabra, +obedeciendola, de una manera ciega. + +Durante algunos dias, la enamorada jóven lo esperó todo de Yaye; pero +pasó una semana y otra y un mes, y Yaye no parecia. Entonces Estrella se +decidió á obrar por si misma; á provocar un conocimiento extraño, por +medio del cual pudiese ponerse en contacto con su abuelo el duque de la +Jarilla. + +Mandó á Harum que la procurase ropas de calle, un libro de devociones y +un manto. Harum le procuró todas estas cosas. Cuando Estrella las tuvo, +le dijo que queria ir todos los dias á misa á la parroquia mas próxima. + +Harum, aunque con repugnancia, acompañó desde entonces á misa todos los +dias por la mañana á Estrella, llevándola á la iglesia de San Gregorio +el Alto. + +Durante ocho dias, Estrella que habia contado con su juventud y su +hermosura para procurarse un noble conocimiento que la sirviese para dar +con su abuelo, notó que á la iglesia de San Gregorio, la mas alta y +lejana del Albaicin, solo concurrian pobres gentes y toscos +trabajadores, que se asombraban de ver todos los dias á una dama tan +hermosa, en aquella iglesia donde no acostumbraban á ir damas. + +Estrella pidió á Harum que la llevase á una iglesia mas concurrida. +Harum, por mas que le disgustase este afan de dejarse ver, en una dama +por la cual podia interesarse su señor, aunque solo le habia mandado que +la obedeciera como si fuera su hermana, la llevó á la colegiata del +Salvador; pero aunque en aquellos tiempos era la tal iglesia muy +concurrida, iba á ella la jóven demasiado temprano para encontrar en +ella gente noble. Entonces preguntó á Harum á que hora concurria á la +iglesia la gente principal. Harum la contestó un tanto contrariado, que +á la misa de hora. + +--Pues, bien, dijo Estrella; quiero ir á la misa de hora. + +--Para ello será necesario que vayais mejor prendida, en litera, y con +noble servidumbre, observó Harum. + +--Pues bien; comprad lo que fuere menester. + +Harum procuró á Estrella nobles y ricos trages y una litera de córte y +la hizo acompañar por sus monfíes disfrazados de pajes, que la llevaban +el cogin y la silla: no bastando para estos gastos el dinero que le +habia dejado Yaye, Harum se vió obligado á empeñar sus mejores prendas. +Pero Estrella fue vista y admirada el domingo inmediato por la gente mas +noble de Granada. + +Sin embargo, durante tres dias de fiesta, aunque la miraron con codicia +muchos hidalgos jóvenes y viejos, y aunque Estrella, que ansiaba tener +un instrumento de quien valerse, no fuese muy esquiva de semblante, +ninguno, al verla tan bien acompañada y por un hombre tan cegijunto como +Harum, se atrevió á seguirla ni á ponerse en conquista. Pero la fama de +la hermosa desconocida cundió entre lo que podia llamarse entonces buena +sociedad, por boca de damas y galanes, y llegó á oidos del marqués de la +Guardia. + +Don Gabriel jamás dejaba de acudir allí donde se presentaba un nuevo sol +entre los soles conocidos, y tanto oyó ponderar la belleza y el boato de +la incógnita, que al primer dia de fiesta, se aliñó, se tiñó las canas, +se puso sus mejores prendas, y antes de la misa de hora fué á plantarse +junto á la pila del agua bendita en la iglesia del Salvador. + +Ya estaba cansado el marqués de ofrecer agua á todas las damas conocidas +suyas, jóvenes y viejas, que iban entrando sucesivamente, cuando se +presentó Estrella. + +Al ver el marqués á una jóven tan hermosa, tan bien prendida, tan +noblemente acompañada, y á quien no conocia, dijo para sí: + +--Esta debe ser la famosa incógnita. + +Y sumergiendo dos dedos de su mano diestra en la pila, adelantó +gentilmente hácia Estrella, la saludó con una sonrisa tal y tan noble +como quien á ellas estaba acostumbrado, y la ofreció el agua bendita. +Estrella la tomó con suma gracia y pasó sonriendo levemente al marqués, +y desplomando sobre sus ojos una mirada, que á poco mas hace un destrozo +en el corazon de don Gabriel. + +--Decididamente, dijo este, cuando se hubo repuesto: es la mujer mas +hermosa que he visto en toda mi vida. + +El marqués no oyó misa, ni vió otra cosa que á Estrella que se habia +arrodillado junto al presbiterio. La jóven, como sabemos, tenia interés +en hacerse con un instrumento, y tales fueron sus frecuentes y al +parecer impresionadas miradas al marqués, que este acabó de volverse +loco. + +Cuando salieron, don Gabriel siguió á Estrella á pesar de Harum, que de +tiempo en tiempo le miraba fosco, como un mastin que olfatea al lobo. + +Don Gabriel supo donde vivia Estrella, pero supo tambien que su casa no +tenia resquicio ni respiradero. + +Rondó, fué y vino durante tres dias; pero siempre vió la casa cerrada y +muda. El cuarto dia era de fiesta. Don Gabriel fué á la misa de hora +provisto de un billete en que declaraba su amor á Estrella, y la +suplicaba que, si la era posible, fuese al dia siguiente á las ocho á +misa á la misma iglesia, para darle la sentencia de vida ó muerte. + +Cuando Estrella entró, don Gabriel, al ofrecerla el agua bendita, la +deslizó en la mano el billete. Estrella le tomó recatadamente; pero no +se sonrió, ni miró al marqués durante la misa, manteniéndose grave y +seria. El marqués se desesperó creyendo que habia errado el golpe por +precipitacion y se abstuvo de seguirla cuando salió. + +Sin embargo, al dia siguiente, entre temor y esperanza, fué antes de las +ocho á la iglesia del Salvador. + +Poco después entró Estrella, seguida, como siempre, de los dos pajes y +del receloso Harum. El marqués adelantó hácia ella trémulo y pálido, y +al tomar Estrella el agua bendita, dejó en su mano un pequeño billete. + +Jamás pareció mas larga una misa á don Gabriel; concluyóse al fin; doña +Estrella pasó junto á él, le saludó y desapareció. El marqués abrió con +ansia en el mismo vestíbulo del templo el billete y vió que contenia lo +siguiente: + +«Señor marqués de la Guardia: os contestaré al billete que me +entregásteis ayer, cuando tenga algo que agradeceros, y para que eso +pueda suceder, voy á presentaros la ocasion de servirme. Necesito que +don Juan de Cárdenas, duque de la Jarilla, mi abuelo... + +Al llegar á esta frase don Gabriel, lanzó un grito de alegría, arrugó el +billete y le besó frenético; luego le desarrugó lentamente con placer, +con el alma inundada de delicia y prosiguió la lectura. + +»... Necesito que don Juan de Cárdenas, mi abuelo, sepa que tiene una +nieta, que esta nieta está sola en el mundo, que tiene medios para +probarle su parentesco y que necesita su noble y paternal amparo. Buscad +al duque, mi abuelo, y decidle dónde vivo. Cuando el duque me haya +reconocido, entonces, señor marqués, veré lo que debo contestar á +vuestra peticion, y se aclarará para vos el misterio de este encargo que +os hago, contando con que, como noble, me servireis.--Doña Estrella de +Cárdenas.» + +El primer impulso de don Gabriel fue correr á casa del duque y mostrarle +el billete; pero meditó que el duque sabia que era casado, y su paso se +hizo mas lento, reprimido por su meditacion. + +--Pues bien, dijo el marqués, no hay necesidad de mostrarle el billete; +le diré que he encontrado á su nieta, y si me pregunta el cómo, +inventaré una mentira cualquiera. Vamos á casa del duque. Es necesario +que doña Estrella me esté agradecida, y ademas, tenia picado mi amor +propio por no haber podido dar con ella. ¡Ya se ve! ¿ Quién habia de +figurarse?... Decididamente soy un hombre de suerte. + + * * * * * + +Al mediar aquel mismo dia, Harum se encontró sériamente sorprendido, al +ver que llamaba á la puerta de su casa la justicia. + +Eran un alcalde de casa y córte, un escribano y cuatro alguaciles, á los +cuales acompañaban el duque de la Jarilla y el marqués de la Guardia, +con algunos criados armados. + +--¿Cómo os llamáis? dijo severamente el alcalde á Harum. + +--Pedro de Xeniz, contestó Harum con entereza. + +--¿Quién vive en vuestra casa? + +--Una dama que se llama doña Estrella y... + +--Basta, dijo el alcalde; en nombre del rey llevadnos á la presencia de +esa señora. + +Harum, cediendo á las circunstancias, introdujo al alcalde, al +escribano, al duque de la Jarilla y al marqués de la Guardia, en una +sala del piso bajo á donde estaba Estrella. + +Al verla el duque, la reconoció: tan parecida era á su hija cuando tenia +la misma edad, con la sola diferencia de que era morena y de que su +semblante revelaba de una manera inequívoca el tipo indígena mejicano. + +El duque se arrojó entre los brazos de Estrella. + +--¡Sí! ¡sí! exclamó, cubriéndola de besos y lágrimas; ¡tú eres, si, la +hija de mi pobre Inés, la hija de mi alma! ¡tú semblante lo está +diciendo á voces! ¡sus mismos ojos, su misma frente, su misma pureza, y +luego... el color de tu padre!... ¡Ah, Dios mio! ¡Dios mio! + +Y el viejo, no pudiendo resistir mas á su emocion, cayó desfallecido +entre los brazos de Estrella, que se vió precisada á sostenerle. + +La jóven lloraba; todos estaban conmovidos: solo Harum se mostraba hosco +y receloso. + +El duque habia perdido el conocimiento. + +--Es necesario concluir, dijo el marqués; vuestro abuelo, señora, no ha +podido resistir á tanta felicidad. Concluid, señor alcalde, mientras yo +voy á buscar dos literas. + +El alcalde se dirigió á Estrella. + +--¿Reconoceis por vuestro abuelo al señor duque de la Jarilla? dijo. + +--Soy nieta del duque de la Jarilla, contestó Estrella, sin dejar de +atender con una tierna solicitud al anciano. + +--¿Sois casada? repuso el alcalde. + +--No, señor; soy enteramente libre. + +--¿Estais, pues, dispuesta á trasladaros á la casa de vuestro abuelo? + +--Sí señor. + +--¿Habeis estado por vuestra voluntad en esta casa? + +--Sí señor; y solo tengo motivos de agradecimiento para con el honrado +Pedro el Xeniz, y para con su señor. Ellos fueron los que me salvaron +del infame Alvaro de Sedeño; ellos los que procuraron á mi madre una +muerte tranquila. + +--¿Conque vos no sois el dueño de esta casa? añadió el alcalde +dirigiéndose á Harum. + +--No señor. + +--¿Quién es vuestro amo? + +--El señor Juan de Andrade. + +--¿Y dónde está? + +--Ausente. + +--Puesto que contra vos no hay ninguna queja, os encargo que aviseis á +vuestro señor de lo que acontece y de que su presencia será muy +necesaria en Granada para ciertas probanzas. + +--Muy bien, señor. + +--¿Habeis concluido ya, señor alcalde? dijo don Gabriel entrando en la +estancia. + +--De todo punto. + +--¿De modo que podremos trasladar al señor duque y á doña Estrella á su +casa? + +--Sí señor. + +--Esperad un momento, dijo Estrella. + +Y se apartó á un lado con Harum, á quien habló en voz baja lo siguiente: + +--Decid á vuestro señor, que me perdone por el paso que he dado sin su +conocimiento; vos sabeis que durante un mes no he salido de esta casa; +pero me importaba encontrar á mi familia. Decidle que me encontrará +siempre en casa de mi abuelo; que no me moveré de Granada hasta que le +vea y... añadidle, dijo Estrella cubierta de rubor y con los ojos +arrasados en lágrimas, que no puedo vivir sin él. + +--¡Ah, señora! ¡que Dios os haga feliz! contestó Harum. + + * * * * * + +Apenas habian salido de la casa Estrella, su abuelo, á quien la alegría +habia puesto en un estado lamentable, el marqués de la Guardia, que iba +formando castillos en el aire, y el alcalde y el escribano, que +ajustaban _in mente_ la suma de las costas de la diligencia que acababan +de practicar, cuando Harum, irritado, hosco y mohino, sacó un caballo de +las cuadras, montó en él y se fué á buscar al emir de los monfíes de las +Alpujarras. + + * * * * * + +Estrella fue reconocida por su abuelo y por su padre: los dos religiosos +dominicos declararon que era la misma doña Estrella que diez años antes +habia sido arrebatada del desierto por el capitan Alonso de Sedeño; +reconociéronse como buenas pruebas el retrato y el manuscrito que doña +Inés habia dado á su hija antes de morir, y á despecho de los parientes +del duque, doña Estrella fue declarada su nieta, y su heredera legítima. + + * * * * * + +El duque, que habia podido resistir al dolor de la pérdida de su hija, +no pudo resistir á la alegría del encuentro de su nieta, y murió +perdonando á Calpuc, y llamándole su hijo. + +Doña Estrella le heredó y se encontró jóven, hermosa, libre, duquesa de +la Jarilla, grande de España y riquísima por sus rentas y por el dinero +que habia acumulado su abuelo durante su retiro. + + * * * * * + +Pasó un mes desde la muerte del duque y ninguna noticia tenia Estrella +de Yaye. + +El marqués de la Guardia entre tanto importunaba á la jóven con sus +amores. + +--Ya os he dicho, le contestaba, la duquesa, que antes de conoceros +amaba á otro: ya os he dado todo lo que podia daros: mi agradecimiento. + +El marqués, sin embargo, cada dia mas tenaz, insistia. + +Estrella le demostraba su agradecimiento sufriendo sus importunidades. + +El amor del marqués llegó á hacerse lúgubre: se creyó engañado y pensó +en vengarse. + +Estrella, triste por la ausencia de Yaye, enflaquecia y se ponia pálida. + +Calpuc veia con inquietud el estado de su hija. + + * * * * * + +Al fin un dia y cuando el marqués, por la millonésima vez, hablaba á +Estrella de su amor desesperado, un lacayo anunció á la puerta de la +cámara al señor Juan de Andrade. + +Estrella se puso pálida, tembló y lanzó un grito ahogado. + +El marqués comprendió que habia aparecido el rival dichoso y se levantó +irritado y letal, al mismo tiempo que Yaye entraba en la cámara. + +La vista de la enérgica belleza y de la juventud de Yaye, irritaron al +marqués que salió desesperado. + +Al ver á Yaye, Estrella se levantó y corrió desalada á arrojarse en sus +brazos. + +No le dijo una sola palabra; pero reclinó la cabeza en su hombro y lloró +de placer. + +Yaye la llevó al sillon de donde se habia levantado. + +--Mi buen Harum, dijo Yaye, me ha dicho que necesitabais verme: yo +tambien necesitaba veros, y he venido. + +--Sí, despues de cuatro horribles meses que han pasado desde que nos +vimos por la última vez. + +--Cuatro meses que he necesitado para darme á conocer dignamente á los +míos y para vengar á mi padre. + +--¿Vuestro padre ha muerto? dijo apareciendo Calpuc en una puerta de la +cámara. + +--¡Es mi padre! dijo Estrella. + +--¡El rey del desierto! exclamó Yaye. + +--Y vos el emir de los monfíes, dijo Calpuc. + +Entrambos se estrecharon las manos. + +--Mucho he debido á vuestro padre, dijo Calpuc; sin su proteccion +hubiera muerto á manos de la justicia en Andarax. Pero lo que debo al +padre lo pagaré al hijo. + +--¿Me dareis lo que os pida? + +--¡Sí! + +--Meditad bien lo que prometeis. + +--Aunque me pidieseis mi hija os la daria. + +--Pues vuestra hija os pido. + +--Tenedla por vuestra. + +--¡Ah! exclamó Estrella, y se arrojó en los brazos de su padre. + +El casamiento, bien á despecho del marqués de la Guardia, se hizo de +allí á pocos dias. + +¿Amaba Yaye á Estrella? + +No: cuando mas estaba enamorado. Yaye era uno de esos hombres todo +corazon, que solo aman una vez, y su amor pertenecia á doña Isabel de +Córdoba y de Válor. + +¿Y siendo esto asi, siendo doña Isabel viuda, porque no se habia casado +con ella Yaye? + +Su carácter, su orgullo, su ambicion desmedida y los pergaminos que al +morir le habia dado su padre explicaran este misterio. + +Veamos aquellos pergaminos. + +«Ultima voluntad del emir Yuzuf Al-Hhamar.--A su hijo el emir +Yaye-ebn-Al-Hhamar. + +»Soy viejo y presiento la muerte que se acerca. + +»Estoy preparado: que se cumpla la voluntad del Altísimo. + +»Nada tendria que decirte, hijo mio, si acontecimientos imprevistos no +hubieran echado por tierra mis proyectos. + +»Isabel de Córdoba y de Válor se ha casado con un hombre oscuro. La +muerte de su esposo la ha hecho libre. Pero el emir de los monfíes no +puede casarse con una viuda[9], y mucho menos con la viuda de Miguel +Lopez, de Sayd-Aboo, el infame y el renegado. + +»Isabel era una doncella de sangre real, ennoblecida por los cristianos: +Isabel era la esposa que te convenia. + +»Pero el Altísimo en sus inescrutables decretos no ha permitido que sea +tu esposa Isabel. + +»Existe, sin embargo, al alcance de tu mano, una doncella de sangre +real: sus ascendientes tuvieron un poderoso imperio al otro lado de los +mares; el padre de esa doncella, el rey del desierto mejicano, vive +entre nosotros: cualquiera de nuestros monfíes te llevará á él, solo con +que le digas: necesito ver al cazador de la montaña. + +»El te contará su historia. Salva á la madre y cásate con la hija. + +»Este casamiento te producirá grandes riquezas, porque el rey del +desierto es poderoso, y una noble posicion entre los cristianos, porque +Estrella, la mujer con quien debes casarte, vendrá á ser un dia grande +de España, por el derecho de su madre. + +»Yo te he hecho educar de manera que puedas pasar por cristiano entre +los cristianos: si logras hacerte amar por Estrella, puedes vivir en la +córte del rey de España como uno de sus grandes. + +»Es necesario tender por todas partes asechanzas al leon. Rodéale, +espíale, gasta tus tesoros y los del rey del desierto, en suscitarle +enemigos y dificultades... sacrifícalo todo por tu patria: tu corazon, +tu honra como hombre, y si es necesario la honra de tu esposa y de tu +hija. + +»Un rey no se pertenece; es todo de su pueblo. Sacrifícate por tu +pueblo, Yaye. + +»Cásate con la hija del rey del desierto: sé una doble persona: el brazo +vengador del Islam en la montaña; el enemigo encubierto, en la córte del +tirano...» + +El manuscrito seguia esplanándose en la explicacion de estas +consideraciones: era un extenso memorandum, que Yuzuf legaba á su hijo; +el plan detallado de una doble guerra al rey de España. + +Yaye se casó con Estrella bajo el influjo de su ambicion. + +Pero era tan hermosa la jóven, tan pura, estaba tan enamorada de Yaye, +que contagió con su amor, cuanto podia contagiarle, al jóven emir. + +Yaye hubiera acabado, al fin, por ser feliz hasta cierto punto con ella +como marido, sino hubieran venido dos incidentes fatales á turbar su paz +doméstica. + +El primero fue la carta de doña Isabel de Válor que le noticiaba el +nacimiento de su hijo. + +El amor que Yaye sentia por doña Isabel y que solo estaba, por decirlo +así, sobresanado, brotó con nuevo ímpetu, de una manera incostrastable, +y á pesar del memorandum de su padre, se arrepintió de haber cedido á su +ambicion, de haberla sacrificado su felicidad, de haberse casado, en +fin, con Estrella, en vez de haber obligado con su amor á doña Isabel á +que fuese su esposa. Estrella, la infeliz Estrella, obstáculo sensible +de su union con doña Isabel, se le hizo odiosa. + +Yaye, disimuló, sin embargo, y creyó que su disimulo bastaba para +encubrir el desvio que experimentaba hácia su esposa: pero el alma de la +mujer que ama, es muy delicada, sus ojos muy perspicaces. Estrella +comprendió que no era amada, y lloró en silencio. + +El otro incidente que acabó de destrozar el corazon de Yaye, provino del +marqués de la Guardia. + +Irritado este cada vez mas en sus tenaces amores por Estrella, llegó á +ese punto fatal en que un enamorado en nada repara, en que todo lo +arrostra por alcanzar la posesion de la mujer amada. + +Irritaba mas su rabia el que la duquesa se hallaba en cinta en un +período muy avanzado. + +Entonces, desesperado ya, pensó en una venganza infernal. + +El marqués, habiendo apurado todos los medios, apeló á la corrupcion de +la servidumbre íntima de Estrella. + +Pero no apeló al medio vulgar del dinero. Pensó en vengarse de Estrella +de una manera indirecta, como si dijéramos, por tabla. Enamoró á una de +sus doncellas. + +Esta conquista no le fue difícil. La doncella cedió á las consumadas +artes de seducción del marqués, que aun era buen mozo, y todas las +noches el marqués entró en casa de la duquesa por un balcón inmediato á +sus habitaciones, que daba al dormitorio de la doncella seducida. + +Don Gabriel no queria que su venganza fuese pública. Solo ansiaba herir +el corazón de Yaye á quien aborrecia porque era amado de Estrella. + +El marqués, pues, envió un infame anónimo á Yaye, en que se le avisaba +que todas las noches oscuras á las doce, entraba un hombre por los +balcones en su casa y le recibia su esposa. + +Yaye observó á Estrella; notó en ella un desvío que no era otra cosa que +el resultado de un amor lastimado por el desvío de Yaye. Este, preparado +por el anónimo, sospechó de Estrella, interpretando mal su tristeza y su +abstraccion. Tras la sospecha vino el deseo imprudente de aclarar la +verdad, y se puso en acecho bajo los balcones de Estrella, la primera +noche oscura que sobrevino. Poco despues de las doce apareció un hombre +embozado en la calleja donde estaba oculto Yaye, hizo una seña, se abrió +silenciosamente uno de los balcones del departamento que habitaba +Estrella, apareció en él una sombra blanca de mujer y una escala cayó á +la calle. + +Yaye no tuvo ni valor, ni espera; no meditó que podian engañarle las +apariencias, y en el momento en que el marqués de la Guardia aseguraba +la escala para subir, le acometió espada en mano, y le hirió. + +El marqués vaciló y cayó; barbotó algunas palabras, y soltó una +carcajada horrible, por cuya entonacion é inseguridad se podia +comprender que estaba borracho: la mujer del balcon huyó y cerró. + +El marqués yacía en tierra, muerto. + +Yaye se arrojó sobre él, le descubrió el rostro y á la media luz de la +noche le reconoció. + +--¡Ah! ¡es el marqués de la Guardia! dijo. + +Entonces recordó que el marqués era el que habia descubierto el paradero +de Estrella. + +--¡Se amarian! exclamó. ¡El es casado! + +Esta circunstancia agravó mas las sospechas de Yaye. + +--Ella, sin duda, quiso tener un hombre que encubriese los resultados +probables de su infamia... + +Yaye se cubrió el rostro con las manos. + +Luego envainó frenético su espada, se dirigió á un postigo inmediato, +abrió con una llave de que iba provisto, y entró en su casa. + +El cadáver del marqués quedó abandonado en la calleja. + +Cuando Yaye entró en el dormitorio de su esposa, la encontró dormida, +aunque inquieta. Al abrir las cortinas del lecho, la oyó murmurar un +nombre en sueños. + +Esperó escuchando con suma atencion á que volviera á hablar la duquesa. + +--¡Yaye! ¡yo te amo! exclamó al fin esta. + +Yaye creyó volverse loco. ¿Conque no era su esposa la que habia arrojado +la escala al marqués? + +Entonces meditó á qué habitacion caia el balcon que se habia abierto, se +retiró recatadamente, salió á un corredor y llamó á una puerta de +servicio. + +Abrióle una doncella pálida y consternada. + +Aquella mujer estaba vestida de blanco. + +--¡Ah! ¡perdón! ¡perdón, señor! exclamó: ¡yo le amaba! + +--¡Ah! ¿conque eras tú? exclamó Yaye: y la volvió las espaldas. + +Al dia siguiente la doncella fue despedida; pero á pesar de lo que habia +visto, Yaye no pudo despedir las sospechas de su alma. + +Jamás las manifestó á Estrella, pero excitado su aborrecimiento á la +pobre joven, lo demostró sin rebozo. + +Ausentábase y pasaba semanas enteras en las Alpujarras. + +Estrella no podia ser mas infeliz. + +Pero Dios tuvo compasion de ella. + +Murió, al dar á luz una niña, entre los brazos de Yaye, que al verla +morir creyó en ella, lloró, y sintió sobre su alma un nuevo +remordimiento. + + * * * * * + +Aquellos remordimientos estaban representados por don Fernando de Válor, +por Diego Lopez y por su hija doña Esperanza. + +Aquellos tres inocentes representaban los dolores de tres mujeres á +quienes habian sacrificado de distinto modo los amores de Yaye. + + + + +SEGUNDA PARTE. + +EL MARQUESITO Y LA DUQUESITA. + + + + +CAPITULO PRIMERO. + +Tres notabilidades de la córte del rey don Felipe. + + +Eran estas notabilidades dos mujeres y un hombre. + +La una mujer se llamaba doña Esperanza de Cárdenas, duquesa de la +Jarilla. + +La otra, la princesa Angiolina Visconti, esposa del príncipe Maffei +Lorenzini. + +El hombre se llamaba don Juan Coloma, marqués de la Guardia. + +Estos tres personajes tenian tres nombres por los cuales se les nombraba +por excelencia. + +Conociese á doña Esperanza de Cárdenas, bajo el nombre de la _hermosa +duquesita_. + +A la princesa Angiolina, bajo el de la _casada-virgen_. + +A don Juan de la Guardia, bajo el de el _marquesito_. + +La hermosa duquesita, tenia veinte años. + +La casada-virgen veinte y seis. + +El marquesito veinte y uno. + +Necesitamos dar á conocer á estas tres personas, y, por mas que pese á +nuestra galantería, el órden de los sucesos que vamos refiriendo nos +obliga á empezar por el marquesito. + +El marqués de la Guardia habia quedado huérfano cuando solo contaba un +año. Su padre don Gabriel Coloma, habia sido encontrado muerto á +estocadas en una calleja del Albaicin, y por resultado de su muerte, +murió afligida y triste siete meses despues su madre doña Clara de +Arévalo. + +El marquesito huérfano, pues, fue entregado á la tutela de un tio +materno, hidalgo disoluto, que no cuidó gran cosa de la severidad en la +educacion de su sobrino: sin embargo, le amaba, y era imposible no amar +á aquel arrapiezo tan hermoso, tan inteligente, tan diabólico, tan +cariñoso, tan vivo: su tio don César de Arévalo, al ver las favorables +disposiciones de su sobrino, habia jurado hacer de él un don Juan +Tenorio y en ningunas manos habia podido caer el pobre huérfano, que +mejores fuesen, para hacer de él uno de esos terribles calaveras del +siglo XVI, que, considerados bajo cierta faz, son una de las +ilustraciones de nuestro siglo de oro, por lo valientes y audaces; +muchos de los cuales, despues de una juventud borrascosa, habian +contribuido con su espada, ya en los viejos Estados de Europa, ya en las +vírgenes praderas del Nuevo Mundo, á sostener el carácter preponderante +y conquistador de las Españas. + +El cariño de don César hácia su sobrino, cariño indiscreto y exagerado, +habia hecho al jóven marqués voluntarioso y exigente; este mismo cariño +habia contribuído á que, en punto al saber, la educacion del jóven fuese +mezquina y descuidada: en efecto; ¿para qué necesita un marqués la +ciencia? Los pobres la adquieren como un medio de hacerse ricos, pero el +que ha nacido opulento no necesita de la ciencia para nada. Limitóse, +pues, su tio á que aprendiese á leer por el catecismo, y á escribir +medianamente: en cuanto á contar abstúvose prudentemente de esta +enseñanza su tio, porque preveia que tarde ó temprano se veria obligado +á rendir cuentas de su hacienda á su sobrino. + +A los ocho años ya sabia nuestro marquesito leer de corrido en letras +gordas de molde y de mano, y escribir con un carácter demasiado correcto +y claro para un título de Castilla, cartas de amores á las vecinas, que +estaban locas con la precocidad del pequeño don Juan, y se le disputaban +y le convidaban con frecuencia á sus fiestas, en las cuales era el +marquesito un aliciente, por su espíritu despierto y sus oportunidades +prematuras. + +Habia la desgracia de que don César de Arévalo, obedeciendo á sus +instintos, vivia en una muy mala vecindad: las damas moradoras de las +casas circunvecinas, eran todas de vida alegre, de fácil trato, de +espíritu galante y aventurero. Don César las trataba á todas, y con +todas gastaba bizarramente la hacienda de su sobrino. El pequeño don +Juan, desde sus primeros años, se habia visto acariciado por hermosas +manos, besado por bocas fresquísimas, de labios purpúreos, y aliento +perfumado: mirado, en razon de su extremada hermosura, por ojos +ardientes, poco pudorosos y mucho provocadores; el demonio de la +tentacion, bajo todas sus formas, habia mecido en la cuna á aquel niño +abandonado al vício, y su espíritu se habia formado en una atmósfera +envenenada, pero brillante, ardiente, en medio de la cual flotaban +mujeres como hadas, saturadas de perfumes, engalanadas con brocados y +sedas, y prendidas con plumas y diamantes. + +Asi es, que don Juan no conoció la inocencia, y á los doce años amaba +con la intensidad y la impureza de un hombre de treinta; á los trece +años, era peligroso para las mujeres; á los catorce, desarrollado, +hermosísimo, valiente, audaz, consumado en el manejo de las armas, galan +entre los galanes, el hombre niño, como se le habia llamado desde +pequeño, habia ascendido en la consideracion y en el lugar que ocupaba +entre sus antiguas maestras: aquellas mujeres le habian convertido en su +amante, le habian dado una fama que don Juan habia sabido sostener á las +mil maravillas, y desde los trece á los catorce años, habia tenido cien +queridas: una por dia. Don Juan era un prodigio. + +Su juventud, su hermosura, su audacia, le habian hecho el favorito de +las damas galantes: por consecuencia, se había hecho enemigos numerosos +entre los hombres galanteadores. Al principio hubo algunos zelosos que +se permitieron tratarle como niño. Don Juan se encargó de hacer que le +tuviesen por hombre, matando en duelo al primero que se le vino á las +barbas y su tio se vió obligado á gastar sumas enormes para sacarle de +la cárcel y templar el rigor de las pragmáticas. + +Como se ve, tan de prisa le habia educado su tio, que habia adelantado +para él la edad de las pasiones, y los graves acontecimientos de la +vida. + +Don Juan, que no habia tenido infancia, porque la infancia es la +inocencia, ni adolescencia, porque la adolescencia es la timidez, habia +llenado cumplidamente los deseos de su tio, siendo á los quince años un +completo don Juan Tenorio. + +Jugaba con el mayor desprendimiento y nobleza enormes sumas, sin +afligirse por las pérdidas, ni regocijarse por las ganancias: montaba á +caballo como el mejor picador; con espada y daga no habia maestro que le +metiese un tajo, ni galan que mas bizarras galas gastase, ni mas querido +de las damas fuese, en la noble córte del rey de las Españas. + +Juntos á gastar tio y sobrino, muy pronto fueron á dar, empeñadas, en +manos de prestamistas, las cuantiosas rentas del marquesado de la +Guardia, que habian ya quedado bastante empeñadas por el difunto +marqués; llegó al fin un momento, en que el tio se vió obligado, por la +primera vez, á negar una respetable suma á su sobrino. + +Era tambien esta la primera contrariedad que experimentaba el jóven don +Juan y se irritó; pero de una manera tal, que el tio se arrepintió, +aunque tarde, de haber dado tal educacion á su sobrino. Arreglóse, pues, +como pudo, buscó al marquesito la suma en cuestion, y se decidió á +apartarle de su lado, cuanto antes le fuese posible. + +Pero esto era sumamente difícil; le habia acostumbrado á vivir por fuero +propio, y se habia convertido en tirano de su tio. + +Don Juan llegó á cumplir veinte años, y se hizo incontrastable. + +En aquellas circunstancias habia sido presentada doña Esperanza de +Cárdenas en la córte, y admitida al servicio de la reina doña Isabel de +Valois ó de la Paz. Doña Esperanza tenia un título ilustre, como que +habia heredado de su madre, doña Estrella, el ducado de la Jarilla, y á +mas una maravillosa y característica hermosura. + +La hermosa duquesita, como rompieron á llamarla espontáneamente á su +aparicion, eclipsó desde el momento á las mas hermosas y á las mas +ricas; es verdad que la habia precedido un prólogo, por decirlo así, +ostentoso: seis meses antes de la llegada á la córte del duque viudo de +la Jarilla y de su hija, uno de los genoveses mas ricos de Madrid, se +presentó al dueño de una manzana entera de casas en Puerta de Moros, y +le hizo la proposicion de que, fuese cualquiera el valor que impusiera á +su propiedad, se le satisfaria en el acto, y tanto mas, cuanto mas +pronto se hiciese el negocio. Concluyóse este con brevedad, porque quien +bien paga, obtiene, generalmente, lo que quiere; otorgóse escritura de +venta á favor de la duquesa de la Jarilla, y ocho dias despues, solo +habia un monton de escombros en el lugar ocupado antes por un +hacinamiento de feas y viejas casuchas: abriéronse profundos cimientos, +y de dia en dia se vió levantarse, con una rapidez inusitada, un +magnífico palacio á la flamenca, con ciertos resabios árabes, en +ventanas, galerías y balcones. + +Una obra de tal volúmen, que con tal ostentacion y coste se hacia, y en +la que trabajaban centenares de albañiles, llamó naturalmente la +atencion; preguntose el nombre de quién hacia aquella fábrica, y sabido +el nombre, se deseó conocer á la persona que tanto y tan bien gastaba: +despues los primeros pintores, tallistas y tapiceros de Madrid, se +encargaron de la pintura, decorado, adorno y mueblaje de la casa, y +estos fueron otras tantas lenguas de la fama para ponderar el excesivo +coste de pinturas, tapices, alfombras y muebles: sintiéronse +mortificados los mas ricos y los mas nobles por tanta esplendidez, y el +mismo Felipe II frunció las cejas cuando supo que habia en sus +dominios, y vasallo suyo, un grande que tan exorbitantes gastos sufria: +repitióse el nombre de la duquesa y del duque viudo de la Jarilla: +súpose por los mas viejos de la grandeza, que aquel era un título +antiguo y de buenas rentas, pero no tales como se necesitaban para tal +lujo de casa: súpose que hacia mas de cuarenta años que los poseedores +de aquel título habian estado apartados de la córte y como oscurecidos: +y, como algo debia deducirse, se dedujo que aquel retiro habia servido +para desempeñar las rentas, para ahorrar, en una palabra, y que con +aquellos ahorros se pensaba, sin duda, preparar una ostentosa vuelta á +la córte: suposicion natural, que tranquilizó, hasta cierto punto, las +hablillas de todos, porque todos preveian que aquel lujo solo era una +llamarada que no se podria sostener en lo sucesivo; una especie de +fanfarronada; un gasto loco, en fin. + +Pero cuando, concluido el palacio, se vió la numerosa servidumbre que +vino á ser su alma; servidumbre jóven, galana y cubierta con ricas +libreas; cuando se contaron los caballos que entraban y salian de las +cuadras, montados cada cual por un palafrenero; animales magníficos, la +mayor parte árabes y andaluces, y cuyo número no bajaba de doscientos; +las diferentes carrozas de córte, calle y campo; las literas, los demás +accesorios, en fin, de una casa de rey, todos volvieron á sentir el +agudo aguijon de la envidia y no faltó quien dijo: + +--Sangre de indios es esa grandeza: ¿no sabeis que uno de los duques de +la Jarilla estuvo muchos años de adelantado en Méjico? + +Fuese como fuese, el resultado era, que para hacer lo que el duque viudo +de la Jarilla habia hecho en la córte, á nombre de su hija la duquesa, +era necesario poseer las riquezas de un rey. + +Pero la admiracion subió de punto cuando Esperanza fue presentada por su +padre en la córte y admitida como dama al servido de la reina; ninguna +grande llevaba antes que ella una riquísima tela traida á costa y coste +del extranjero: ninguna poseía tanta, ni tan rica, ni tan variada +pedrería; ninguna se presentaba diariamente con ricos estrenos y con +alhajas y galas no vistas. La hermosa duquesita superaba á todas las +damas de la córte en hermosura y en riqueza, inclusa la reina, no sin +que esto llamase profundamente la atencion del receloso Felipe II. + +¿Habia una familia desgraciada? allí estaba Esperanza: y el consuelo que +Esperanza llevaba á aquella familia, no era una limosna mas ó menos +cuantiosa, sino una fortuna estable, asegurada, relativa á las +necesidades del socorrido. ¿Mostraban los genoveses ó los judíos, +riquísimos brocados, costosos encajes, magníficos aderezos? allí se +estaban hasta que un dia pasaban Esperanza ó su padre y los compraban +sin reparar en el precio. ¿Pasaban comediantes por la córte? El aposento +mas cercano al tablado, mas visible, mejor situado, era obtenido por el +duque, aunque tuviese que pujar su mayordomo de soberbia á soberbia con +el mayordomo del mas encopetado grande: luego, por la tarde, cuando el +público iba á la comedia, auto ó farsa, se reparaba que el mejor +repostero entre todos los del corral, el de mejor brocado, era el que +cubria el antepecho del aposento del duque de la Jarilla: que los +tapices del interior de aquel aposento, y los sillones y las pieles, si +era invierno, eran los mas ricos; por último, que la dama mas hermosa, +mejor ataviada y mejor prendida, con mas sencillez y gusto que ninguna, +y con mas riqueza, á pesar de su sencillez, era la duquesa de la +Jarilla. El bobo, el rústico, el simple, como se llamaba entonces á los +graciosos, tenia sus motivos para endilgar á la duquesita alguna +redondilla ó copla aduladora, ya en la loa, ya en el discurso de la +representacion. Siempre que el gracioso hacia esto, el duque le arrojaba +una repleta bolsa de oro, y el patio aplaudia. Cuando la adulacion venia +de una comedianta, Esperanza se sonreía benévolamente, se arrancaba una +rica joya de su prendido y la arrojaba al tablado con la mayor +naturalidad y gracia. Entonces los aplausos del patio se hacian +frenéticos y frenética y casi rabiosa la envidia de las otras damas. Los +pintores de mérito podian contar de seguro con la buena venta de sus +cuadros en casa del duque, y hablaban de un precio fabuloso pagado á +Pantoja, el buen pintor de Felipe II, por un cuadro de familia mandado +hacer por el duque. En las fundaciones de conventos, hospitales, +iglesias y obras pías, que eran muchas por aquel tiempo, contribuia con +la mayor parte del dinero la duquesa de la Jarilla, aunque sin dar su +nombre á ninguna de estas fundaciones religiosas. Por último, el duque +mantenia á su costa una compañía de infantería española en Flandes, y +llevaba por lo tanto el nombre de capitan. + +Por otra parte, eran tan rígidas las prácticas religiosas del duque +viudo y de la duquesita; tenian por directores de sus conciencias +varones tan doctos, tan graves y tan justificados, que la Inquisicion, á +quien mandó el rey bajo cuerda, hacer informacion acerca del duque, +cumplió su encargo declarando que: despues de prolijas y bastantes +informaciones secretas, resultaba que: tanto el duque viudo de la +Jarilla, como su hija la duquesa, eran buenos y celosos cristianos; que +los monasterios, las obras pías y los pobres, les debian mucha caridad y +que nada encontraba porque pudiera recelarse ni aun _remotisime_ de la +religion, lealtad y virtud de tan ilustre y poderosa familia. + +Encogióse de hombros Felipe II al leer el informe del Santo Oficio, y +dejó rodar la bola, y la envidia de las damas seguia viva; pero no +roedora, porque Esperanza, siempre altiva y desdeñosa con los hombres, +circunspecta y mesurada en sus acciones y palabras, no dió el mas ligero +pretexto á la envidia que volaba á su alrededor, para que la mordiese. + +Por un contraste singular con la educacion que habia recibido el marqués +de la Guardia, la hermosa duquesita, segun el dicho de su padre, habia +sido educada en un convento; pero, por otra singularidad tambien +notable, sin que pudiera atribuirse á los vicios de la educacion, la +duquesita, á pesar de su poca edad, que apenas llegaba á los veinte +años, era una mujer completamente formada, con un cuello, un seno y unas +manos admirables; morena, pálida, y en cuyos ojos graves y ardientes, +brillaban una pasion, una exuberancia de vida y una predisposicion al +amor y al amor violento, que la hacian parecer doblemente hermosa. +Notábanse en ella, un aprecio de sí misma, una gravedad y una altivez +impropias de sus pocos años, y una especie de experiencia, de trato de +mundo, de conocimiento de las gentes, cuya causa, teniéndose en cuenta +la educacion monástica indicada por su padre, no podia comprenderse. +Aquello era un fenómeno. + +No faltó al reparar esto, quien reparase la semejanza que existia, tanto +en el desarrollo físico como en el moral, entre la duquesita y el +marquesito de la Guardia, no faltando tampoco quien, creyendo en la +predestinacion, en lo de las dos medias naranjas, hablando vulgarmente, +rompiese con poca circunspeccion por medio, y llamase á la duquesita la +_mujer del marquesito_ y al marqués de la Guardia el _hombre de la +duquesita_. + +Y hay frases, que se dicen solamente por decir una oportunidad, y acaban +por ser fatales. Muy pronto, acogido el dicho, dejó de llamarse á la +jóven la hermosa duquesita, y se la confirmó con el sobrenombre de _la +mujer del marquesito_. + +Entre tanto los dos jóvenes, de quienes tanto se ocupaba la gente +libertina de ambos sexos de la córte, no se conocian: la mujer del +marquesito, no habia dejado de ser guardada por las dueñas de su casa, +sino para serlo por las dueñas de palacio, y no salia, por lo tanto del +círculo de hierro establecido por la rígida etiqueta de la casa de +Austria. Por su parte el _hombre de la Duquesita_, siguiendo los +consejos de esa segunda naturaleza que se llama educacion, no salia de +los garitos y de las mancebías. Por lo tanto habia una sociedad entera +entre los dos jóvenes predestinados. + +A pesar de vivir en círculos tan opuestos, la murmuracion, que á todas +partes alcanza y en todas partes se mete, no tardó en hacer llegar á los +oidos de entrambos jóvenes que la opinion pública los habia casado. +Natural era que la mujer que tanto oia ponderar las bizarrías, la +gentileza y la hermosura de su marido de fama, desease conocerle, y que +el marquesito, de suyo predispuesto á todo lo que era escéntrico y +romancesco, ansiase conocer á aquella nobia, que sin pretenderlo le +habian adjudicado, y que tenia el triple aliciente de una extremada +hermosura, de una extremada juventud, y de una extremada nobleza, y no +hablamos de lo cuantioso de sus rentas, porque, calificando estas como +aliciente respecto á don Juan, inferiríamos una grave ofensa á su +memoria. Don Juan despreciaba el dinero, y tanto le despreciaba que +apenas le habia á las manos le separaba de sí con el mayor desprecio del +mundo. Sin embargo, ya hemos visto que el dinero se habia vengado de su +desprecio haciéndose desear por aquel gastador incurable, y obligándole +á tener serias contestaciones con su tio. + +Cuando el marquesito deseó conocer á la duquesita, corrian los primeros +dias de enero de 1567. + +Desde el momento en que los jóvenes tuvieron noticia el uno del otro, se +desearon; pero de una manera ardiente. Puede decirse que desde el punto +en que el nombre del uno sonó en los oidos del otro, empezaron á amarse. +Al principio cada uno de ellos se fingió en el otro su bello ideal, y +ese amor vago, ese amor que se refiere á un ser que no se conoce, ese +amor que de ninguna manera puede ponerse en contacto con el ser amado, +llegó á ser un amor violento respecto á personas dotadas de +organizaciones tales como las de los dos jóvenes: ella era voluntariosa, +él voluntarioso é impaciente: entrambos luchaban con su soberbia íntima: +no querian vencerse ni aun ante sí mismos, y no procuraron, por lo +tanto, acercarse el uno al otro. Ella se habia dicho: + +--Si él conoce mi nombre y desea conocerme, que me busque. + +El se habia dicho á su vez: + +--Yo no he de buscarla. + +Y esto se lo habian dicho entrambos con ese lenguaje misterioso é +instintivo del alma, que no formula en palabras sus deseos, que es un +sentimiento íntimo, un deseo germinado por una idea puesta en contacto +con el espíritu: una de esas simpatías misteriosas que no han podido +definirse y que se revelan al simple sonido de un nombre; que es el +resultado de un amor instintivo, de un amor que, ó desaparece, dejando +una impresion dolorosa en el alma, si al conocer realmente al ser que +nos le ha inspirado de una manera abstracta, no corresponde á la idea +que de él habiamos concebido, ó crece y se desborda si por acaso la +excede. + +Colocados en esta situación moral entrambos jóvenes, solo faltaba que +una casualidad los reuniese. + +Pero las casualidades suelen dejarse esperar mucho tiempo, y como el +tiempo es el mejor remedio que conocemos para curar ciertas afecciones, +acaso nuestros jóvenes hubieran dejado de pensar el uno en el otro; pero +eran dos cometas lucientes que habian aparecido en el firmamento +estrellado de la córte, y se hablaba continuamente de ellos: la +duquesita oia referir cada dia una nueva aventura de su _hombre_; el +marquesito escuchaba con mucha frecuencia el percance desgraciado de +algun amador veterano que habia pretendido enriquecer su corona de +flores marchitas, con la posesion de _la duquesita_. + +No podian, pues, olvidarse. + +Sin embargo, la caprichosa casualidad habia hecho pasar tres meses desde +que ambos jóvenes se habian conocido de fama pública hasta el jueves +santo de 1567. + +En aquella época ella era la desesperacion de los cortesanos. + +El la expiacion de las cortesanas. + +La novedad eterna de la córte ella. + +El el escándalo perpétuo. + + * * * * * + +En aquellos tiempos el espíritu religioso del pueblo español estaba por +cima de todo: era, por decirlo asi, un elemento componente de la +sociedad de entonces: desde el rey al verdugo, altos y bajos, chicos y +grandes, buenos y malos, todos creian en Dios, y todos lo adoraban, +dentro de los dominios de la católica España, exceptuando solo un rincon +de ella donde, entre breñas, no se rendia al Crucificado mas que un +culto de miedo, bajo la presencia inmediata de la Inquisicion, de los +obispos, de los párrocos y de las justicias. Este giron, riquísimo sin +embargo, se llamaba las Alpujarras. + +Por lo tanto, nunca podia admirarse mas el recogimiento y la fe de los +españoles, que el jueves y el viernes santo, en las calles, y +particularmente en los templos, que se llenaban de una multitud devota y +severa. + +A las dos de la tarde de aquel jueves santo, que debia formar época en +la vida de la duquesita y del marquesito, salió este á la calle, severa +aunque ricamente vestido de negro, y se dedicó á recorrer los +monumentos. + +Un secreto instinto le decia que aquella tarde debia conocer á _su +mujer_, y por lo mismo no iba su pensamiento preparado con toda la +devocion conveniente á tan sagrado dia. + +Una idea le preocupaba sobre todo: la córte, segun costumbre, debia +visitar los santuarios: en la córte en la servidumbre de los reyes, +debia ir la _hermosa Duquesita_. Pero ponerse en acecho de la córte ¿no +era buscarla? El marquesito se habia jurado á sí mismo no robar su +privilegio á la casualidad, y tomó una resolucion que debemos llamar +heróica: lo dejó á la suerte: para que la suerte fuese el principal +agente, se prescribió un número determinado de iglesias y un itinerario +rigorosamente lógico; don Juan, vivia en el monte de Leganitos: por +consecuencia la primera iglesia que debia visitar era la de Santo +Domingo el Real: despues las de Santa María, San Pedro, San Andrés, San +Francisco, San Miguel, y por último, la del Hospital del Buen Suceso. + +El marquesito se veia obligado á recorrer esta extensa periferia, porque +en el año de 1567, en que acontecia lo que vamos refiriendo, no habia en +Madrid ni aun la mitad de las parroquias, conventos y ermitas que se +fundaron despues sucesivamente hasta los tiempos de Fernando VI: ningun +itinerario habia encontrado mas cómodo que el que habia elegido, y hé +aquí lo lógico de su eleccion; porque siempre elegimos, cuando no +tenemos otro interés, lo que nos ofrece mas comodidad y brevedad. + +Para no alterar en nada lo natural de los sucesos, el marqués se propuso +invertir en cada iglesia el tiempo necesario para las acostumbradas +oraciones en aquellos dias, y además no mirar deliberadamente á ninguna +mujer. + +Asi es, que, cuando llegó al Buen-Suceso, su última estacion, era ya muy +cerca del oscurecer, y la córte, segun costumbre, debia haber regresado +ya al alcázar. + +No dejó de fastidiar al marquesito esta circunstancia: la casualidad le +volvia decididamente las espaldas; pero de repente, una voz que retumbó +en la iglesia, le conmovió de piés á cabeza, haciendo vibrar un eco +desconocido hasta entonces en su corazon: el de la esperanza satisfecha: +aquella voz habia dicho: + +--¡Sus magestades, el rey y la reina! + +Allí estaba la córte: en ella debia venir su desconocida mujer. + +Adelantaron, entre tanto los suizos, abriendo calle entre la multitud de +fieles; siguieron los altos empleados de palacio, y al fin, el rey y la +reina se arrodillaron sobre las almohadas; detrás de ellos se habia +arrodillado la córte. + +Don Juan no pudo contenerse en las condiciones que se habia impuesto, y +rompió la de no mirar deliberadamente á ninguna mujer; sus ojos +anhelantes se habian fijado en la pleyada deslumbradora que constituian +las damas de la reina; pero la casualidad quiso que no la robase el +marqués ninguna parte de su imperio, y don Juan, aunque vió muchas +cabezas hechiceras, muchos ojos y muchos rostros deslumbrantes, no vió +ninguna dama, que por su juventud, ni por su hermosura especial, pudiese +convenir con la idea que él se habia formado de _su mujer_. + +Entonces experimentó otro sentimiento desconocido tambien para él: + +La decepcion de la esperanza. + +De repente, y cuando el jóven exhalaba su primer suspiro de despecho, un +resplandor fugaz iluminó la iglesia, y se escuchó un grito general de +terror; seguidamente un resplandor mas fijo brilló en el templo, y la +gente se agolpó aterrada á las salidas; la gran cortina morada del +tabernáculo se habia incendiado: el fuego se habia comunicado á la +armazon del monumento, y una inmensa y ancha llama se elevaba hasta +tocar la bóbeda, contra la cual se torcia como una serpiente de fuego. + +En aquella situacion suprema, don Juan, que ante todo era caballero y +leal, se lanzó hácia el sitio donde estaba la reina, como se lanzaron +otros muchos; pero embarazado por la multitud, contra cuya corriente +iba, antes de llegar al lugar que habia ocupado la córte, sintió que +unas manos temblorosas se asian á él, y oyó una voz sonora, grave, llena +de ansiedad, que exclamaba: + +--¡Salvadme, caballero! ¡salvadme! + +Aquella voz, por su timbre particular, por un no sé qué misterioso, se +apoderó del alma del jóven, la halagó, como halaga una suave esencia al +olfato; le acarició, como acaricia nuestra frente calenturienta la +brisa, y le obligó á mirar á la mujer que la producia. + +Apenas habia podido ver su rostro don Juan, cuando la asió por la +cintura, la levantó en peso, con la misma facilidad que hubiera +levantado un copo de seda, y reteniéndola con el brazo izquierdo, y +empujando brutalmente con el derecho á los que tenia delante, y saltando +sobre ellos, salió por una puerta lateral, atravesó el patio y se +encontró, fuera ya, en la carrera de San Gerónimo, que atravesó +rápidamente, perdiéndose por una de las calles inmediatas. + +La noche habia cerrado, pero era muy clara: acababa de salir la luna y +alumbraba el centro de la calle. + +Don Juan siguió con su carga, sin hablar una palabra, hasta una plazuela +irregular y enteramente desierta. + +Entonces se detuvo y dejó que la dama se afirmase en el suelo; pero +retuvo sus manos entre las suyas. + +Don Juan, por una rapidísima, por una verdadera inspiracion, habia +arrojado en la iglesia, al asir á la dama, su toquilla de terciopelo, á +pesar de que tenia un herrete de diamantes de sumo valor, y con la +cabeza descubierta y su ancha y blanca frente iluminada por la luna, +estaba hermosísimo. + +La mujer que tenia delante de sí y toda trémula, era muy jóven; apenas +representaba diez y seis años; habia perdido su velo y tenia la cabeza +descubierta, y sus negrísimos y voluminosos cabellos, peinados en +trenzas, salpicadas de perlas y esmeraldas, despedian reflejos azulados +á la luz de la luna; su semblante enteramente en la sombra, brillaba, +por decirlo así, por la lucida mirada de sus ojos, intensamente fijos en +el marquesito, con una expresion de asombro, de fascinacion, de suprema +alegría, que el autor no se atreve á calificar; pero que enloquecia al +jóven y le hacia probar delicias para él desconocidas; á pesar de que la +luz de la luna emblanquece y de igual modo su reflejo, se comprendia que +aquella jóven era morena: por lo demás, llevaba una riquísima y gruesa +gargantilla de perlas, arracadas de gruesos diamantes, un vestido de +córte, de damasco brocado, y brazalete y ceñidor de perlas; solo la +faltaba el velo que habia perdido en el tumulto. + +El silencio de entrambos jóvenes despues de su parada y de su mútua é +intensa contemplacion solo duró un momento. + +El primero que le rompió fue el marquesito con una exclamacion +apasionadísima que parecia salir del fondo de su alma: + +--¡Vos sois mi mujer! dijo. + +Mudó de color la jóven, dejó de mirar de aquella manera irreflexiva al +marqués, y contestó con gravedad: + +--No comprendo lo que quereis decir, caballero. + +--¡Yo soy el marqués de la Guardia! ¡Vos sois la duquesa de la Jarilla! +contestó con acento opaco don Juan. + +--¡Ah! exclamó involuntariamente la jóven. + +Y aquel ¡ah! por su intencion, por su asombro, por su espontaneidad, y +si se quiere, por cierto fondo imperceptible de alegría, era equivalente +á la frase de: + +--¡Vos sois mi hombre! + +Don Juan era demasiado audaz y estaba demasiado enamorado, para que +pudiera contenerse, y abandonando por un momento las manos de la jóven, +la asió con entrambas palmas las mejillas, y la besó hambriento en la +boca. + +La jóven dió un grito que era al mismo tiempo un gemido de dolor, una +protesta de pudor y una demostracion de dignidad, y seguidamente, y con +paso apresurado, se dirigió á una de las tres salidas de la plazuela. + +--¿A dónde vais, señora, sola y á tal hora? exclamó el marqués +alcanzándola y cortándola el paso. + +--¡Haceos á un lado! exclamó con altivez la jóven. Voy á buscar por esas +calles un caballero que sepa conducir dignamente á palacio una dama de +la reina. + +--¿Segun eso, dijo sin alterarse el marqués, no me teneis por caballero? + +La jóven tornó á mirar con un desden mas altivo al marqués, y dijo +severamente: + +--¡Haceos atrás! + +--¿Que me haga atrás cuando os encuentro milagrosamente despues de un +siglo que ando enamorado de vos en busca vuestra? + +--Haceos atrás, repitió con un tanto menos de empeño la hermosa dama. + +--Escuchadme, doña Esperanza, dijo amorosamente el jóven, asiéndola de +nuevo las manos que ella pugnó ligeramente por desasir de las del +marqués; ¿no creeis que Dios no ha hecho que nos encontremos de este +modo extraño, sino para que no nos volvamos á separar? ¿No os dice +vuestro corazon como á mí el mio, que hemos nacido para amarnos, que no +podemos ser felices sino el uno por el otro, que de todo lo que el mundo +encierra, nada mas que nuestro amor es lo que para nosotros existe? ¿No +me habeis visto nunca antes de conocerme, como yo os he visto antes de +veros? + +Doña Esperanza, que asi sabia don Juan que se llamaba la duquesa de la +Jarilla, perdió su expresion severa bajo el influjo de las palabras del +marqués, y juntando sus hermosas manos y fijando en el jóven una mirada +suplicante exclamó: + +--¡Por piedad, caballero! ¡ved que cada momento que pasa es un siglo +para mi honra! aun es tiempo: el tumulto ha sido horroroso y nadie +tendrá nada que decir si me llevais ahora mismo á la córte, que no debe +estar lejos. + +--Si, si, doña Esperanza; pero meditad al mismo tiempo que yo, por +socorreros, he perdido mi toquilla en ese tumulto; que vos estais en +trage de córte; que habeis perdido tambien vuestro velo y que, de +seguro, con esta clarísima luna, llamaremos la atencion de las gentes al +atravesar á Madrid en busca de la córte que, sin duda está ya en el +alcázar. + +--¡Oh, Dios mio! exclamó la duquesita, conociendo el peso de las razones +de don Juan. + +--Pero hay un medio, dijo este. + +--¿Cuál? + +--Entrar en cualquiera de esas casas vecinas. + +--¡Oh! ¡eso jamás! + +--Entrar para esperar únicamente que venga una litera. + +La duquesa levantó sus magníficos ojos, y los fijó radiantes, límpidos, +en el semblante del jóven, que nunca se habia visto mirado de aquel modo +por ninguna otra mujer: comprendió por aquella mirada que la duquesita +era su destino, mas que su destino: su señora, la pasion de toda su +vida; su alma se anegó en el abismo de aquella mirada, y de sus ojos +partió otra mirada por la que se exhaló toda su alma. + +Aquellos dos seres se habian confundido en uno. + +Dios los habia criado el uno para el otro, y la casualidad los habia +reunido. + +--¿Quereis que entremos en una casa que no conozco, don Juan? dijo la +jóven. + +--¡Cómo! ¿Sabeis mi nombre? + +--¿No sabeis vos el mio? + +--¡Me amais! + +--Confio en vuestro honor. Entremos en esta casa don Juan, mientras +buscan una litera. + +El marqués no la contestó. + +La asió de la mano, se fué á un casuco situado en un rincon lóbrego de +la plazuela, y llamó. + +Abrieron poco despues aquella puerta. + +Mediaron algunas palabras en voz baja, entre el marqués y la persona que +habia abierto; sonaron algunas monedas, y al fin doña Esperanza y el +marqués desaparecieron por el oscuro fondo. + +La puerta volvió á cerrarse en silencio. + + + + +CAPITULO II. + +¡La hermosa duquesita se ha perdido! + + +El incendio del monumento del Buen Suceso, en 1567, causó una sensacion +profunda en lo que podemos llamar mundo elegante de la córte. + +Y no era por cierto porque á sus magestades les hubiese acontecido +ninguna desgracia, ni porque se hubiera destruido el templo, que, +gracias á Dios, y al celo y actividad de los vecinos, solo habia quedado +ligeramente ahumado en la bóveda, y algo mas profundamente chamuscado en +el tabernáculo; ni porque hubiese habido muertes ni fracturas: todo se +habia reducido á un buen susto, á algunas contusiones, y á otras tantas +caidas: lo que habia hecho célebre al tal incendio, habia sido que á +causa de él, la magnífica duquesa de la Jarilla, la poseedora de diez +dehesas, veinte montes, y cien lugares, se habia perdido. + +Al salir la córte de la iglesia, hallaron las dueñas que de su hermoso +rebaño se habian descarriado cinco magníficas ovejas: cuatro de ellas, +que se habian revuelto entre la multitud, se presentaron de nuevo en sus +puestos, servidas por otros tantos caballeros, apenas el tumulto se hubo +desvanecido; pero la mas hermosa, la duquesita, la mujer del marquesito +de la Guardia, no parecia. + +El rey mandó que la mitad de los gentiles-hombres que le acompañaban, +algunas dueñas, y todos los alguaciles que hubiese á mano, se pusieran +en busca de la perdida duquesa, y la córte se volvió como si nada +hubiera acontecido á palacio: solamente la reina hablaba cuidadosa con +el rey; pero el rey contestaba que nada está perdido, que todo se +encuentra cuando se sabe buscar bien, y sobre todo que aquello era acaso +una permision de Dios, para que doña Esperanza de Cárdenas, que era un +tanto presumida y voluntariosa, doblegase su soberbia, y encontrase su +salvacion entrando á servir á Dios en el cláustro. + +Y cuando el rey decia esto, miraba de una manera singular; pero +disimulada y profunda, á su hijo el príncipe don Carlos de Austria, mozo +de veinte y dos años, que marchaba á su lado, cabizbajo y profundamente +pensativo y al parecer contrariado. + +--Porque, añadia el rey sin dejar de observar á su hijo, el que se +pierde es porque quiere, y dama que de tal modo se ha perdido, bien +pudiera perder á alguien, y no es bien tener en nuestro alcázar dama que +entre tan poca confusion se pierde, que en tan poca agua se ahoga. + +Asi es que el rey, en cuanto llegó al alcázar, tuvo muy buen cuidado de +hacer decir por un gentil-hombre al duque viudo de la Jarilla, que su +hija se habia perdido, y que se dispensase, si parecia, de enviarla á +palacio. + +El duque recibió por el rey aquella noticia; pero los gentiles-hombres, +la servidumbre de palacio, y los alguaciles, se encargaron de que la +supiese todo el mundo. + +Las dueñas, convenientemente acompañadas, anduvieron dando vueltas, y +preguntando durante dos horas, transcurridas las cuales se retiraron á +palacio: los alguaciles rondaron hasta la media noche, y dieron parte de +no haberse descubierto el menor indicio de su excelencia la señora +duquesa de la Jarilla, y en cuanto al padre de esta, el duque viudo, +estuvo dando vueltas por Madrid con todos sus criados, que venteaban +como sabuesos, y que, sin embargo, nada lograron sacar en limpio en toda +la noche. + +Cuando irritado Yaye, como un leon hambriento, se volvía á su palacio, +encontró delante de su puerta una mujer de mediana edad, de buena +apariencia, y á todas luces de la clase artesana, que llamaba á grandes +golpes, sin que nadie la contestase: esto consistia en que todos los +criados, desde el mayordomo hasta el último marmiton, habian salido en +busca de la duquesita, y la casa habia quedado abandonada solamente á +las mujeres de la servidumbre. + +Yaye, que no habia desfogado bastante su cólera con los criados, á pesar +de que habia llegado al lamentable extremo de aporrear á cuatro lacayos, +embistió muy de mal talante con aquella mujer. + +--¡Con mil legiones! ¿qué quereis vos á las puertas de mi casa? exclamó +mirando á la mujer con ojos centelleantes. + +--¿Es vuecelencia el señor duque viudo de la Jarilla? preguntó toda +trémula aquella mujer. + +--Sí, y bien... ¿qué quereis? + +--La señora hija de vuecelencia... + +--¡Mi hija! ¿qué sabeis vos de mi hija? + +--La señora duquesa, está en mi casa. + +--¡Que mi hija está en vuestra casa! + +--Y me ha dado esta carta para vuecelencia. + +Yaye tomó con una mano que temblaba de cólera, una carta que le dió +aquella mujer con otra mano que temblaba de miedo, rompió la nema y +devoró, que no leyó, el contenido del escrito. + +--¡Harum! exclamó roncamente Yaye, acercándose á uno de sus servidores +despues de haber leido la carta, y guardádola en su escarcela: pronto +una litera, y conmigo. + +La litera estuvo dispuesta al momento. + +--Y vos mujer, añadió Yaye, guiad á vuestra casa. + +La mujer echó á andar. + +--¿Cuándo fué mi hija á vuestra casa? la preguntó el emir. + +--La señora no fué, dijo la mujer. + +--¿Cómo que no fué? + +--La llevó mi marido que la encontró desmayada en la plazuela. + +--¡Ah! ¡la encontró desmayada! ¿y cuándo? + +--Despues de oscurecer. + +--¿Y por qué no me avisásteis al momento? + +--¡Ah, señor! nosotros no sabiamos que la señora fuese hija de +vuecelencia. + +--¿Cómo que no lo sabiais? ¿pues no os lo ha dicho mi hija? + +--La señora duquesa ha estado desmayada hasta el amanecer. + +--¡Desmayada! ¡Desmayada! ¿habeis llamado á algun médico? + +--No, no señor: temimos, como vimos que era una dama principal... que la +conocieran... y se enteráran de que habia estado perdida... y luego... +en fin, como nada sabiamos, no nos atrevimos á nada. + +--¿Y se atrevió vuestro marido á llevarla á su casa? + +--¿Y cómo habia de dejar en la calle, sola, abandonada, á una señora tan +jóven, tan hermosa, y con tan ricas alhajas, expuesta á los libertinos y +á los ladrones? no, no señor: mi marido hizo muy bien: sábenlo Dios y la +justicia; y si le castigasen por ello, harian muy mal. + +--Pero... ¿por qué no avisásteis á palacio? ¿No sabeis que en estos días +solo visten de ceremonia las damas de la reina? + +--Nosotros no entendemos de eso, señor, y como nada sabíamos dijimos: +cuando vuelva en sí, nos dirá quién es, y lo que debemos hacer. Hay que +confesar que el marquesito de la Guardia, autor de esta tragi-comedia, +habia previsto todos los golpes y preparado todas las paradas: lo que +demuestra, que cuando aquella mujer habia aprendido tan bien este juego, +era una bribona consumada. + +Al fin llegaron á la casa. + +Al ver su pobre aspecto, se le heló la sangre al duque; pero dominó su +cólera, á fin de que esta no le impidiese hacer con fruto la mas ligera +observacion, y dejando á sus criados, con la litera, en la calle, entro +en la casa cuya puerta habia abierto la mujer. + + + + +CAPITULO III. + + De cómo un niño puede ser el dedo de Dios. + + +Cuando entró en una húmeda y oscura sala baja el emir, una forma blanca +y gentil adelantó, y se arrojó sollozando en sus brazos. + +Era la duquesita. + +Yaye la estrechó dulcemente contra su pecho, afectando solamente el +cuidado natural de un padre en aquellas circunstancias, y la dijo +besándola en la frente. + +--¡Oh, qué noche! ¡qué noche tan horrible, hija mia! + +Despues la separó un tanto de sí, y la miró fijamente: la duquesita +estaba muy pálida; pero en sus ojos brillaba aun la expresion de su +tranquila pureza. + +--Yo no sé dónde he estado, padre mio; dijo la jóven... apenas +recuerdo... estas buenas gentes me han dicho que anoche... + +--Te encontraron desmayada. + +--Asi es, señor, dijo el marido. + +--Despues he recordado no sé que cosa horrorosa, dijo doña Esperanza: un +incendio... gentes que gritaban y se atropellaban... ¡Oh, Dios mio! +luego... yo corria... de repente sentí un vértigo... unas angustias +horribles... despues nada... no recuerdo mas, sino que al abrir los +ojos, me he encontrado aquí, tendida en un lecho, con las mismas ropas +que me habia puesto para acompañar á sus magestades. + +Mientras doña Esperanza hablaba, Yaye ponia el mayor cuidado en observar +cuanto tenia alrededor: los dos esposos, como dominados por la presencia +de tan nobles personas en su casa, estaban en la mas humilde actitud y +guardando el mas respetuoso silencio á la puerta del aposento, de la que +no habian pasado: un chiquillo como de cinco años, estaba junto á una +mesa mirando alternatívamente á un cajon entreabierto y á sus padres: en +un momento en que estos estaban abstraidos, mirando á Yaye y á su hija, +el muchacho abrió silenciosamente el cajon, y sacó de él una moneda: +Yaye se levantó rápidamente, asió la mano del niño, y sacando de ella un +dorado doblon de á ocho, le mostró al marido. + +--Vuestro hijo os roba, amigo mio, le dijo, y debeis castigarle: hoy os +roba á vos; mañana robará á otro. Y abrió mas el cajon para echar en él +la moneda. Dentro habia como hasta una docena de doblones. + +--Buenos ahorros teneis, dijo el duque señalando con un dedo inflexible +aquel oro. + +El marido se puso sumamente pálido y balbuceó algunas palabras; la +mujer, aunque un tanto alterada, contestó sobre la palabra de Yaye: + +--¡Ah, señor! los pobres no podemos ahorrar tanto dinero; lo debemos á +la caridad de la señora. + +--Has hecho bien, hija mía, dijo Yaye: debemos premiar cumplidamente á +los que de tal modo nos sirven, y yo me encargo de acabar de recompensar +á estas buenas gentes: tomad, añadió dándoles una bolsa de seda llena de +oro; que os quede un buen recuerdo de que ha pasado una noche en vuestra +casa la duquesa de la Jarilla. + +Y asiendo de la mano á su hija salió con ella. + +La pobre jóven leyó en los ojos de su padre cuanto aquel guardaba en su +alma; pero ni se inmutó ni tembló, aunque habia visto algo horrible. + +Esto consistía en que por uno de esos impulsos incomprensibles de la +mujer, habia aceptado su destino al entrar con don Juan en aquella casa. + +Entre tanto la mujer que habia permanecido en la puerta de la calle +hasta que doña Esperanza entró en la litera y Yaye se alejó con ella y +su servidumbre, dijo volviéndose á su marido. + +--¡Pedro, tenemos oro; pero es necesario que nos vayamos á gozarle muy +lejos! Ese duque me parece un hombre terrible y... todo lo ha +adivinado... estoy segura de ello. + +--Tú tienes la culpa, Francisca, contestó el marido con acento +profundo... yo no quería... pero tú te empeñaste... tú tienes la +culpa... ese oro maldito caerá sobre nuestra cabeza y sobre la de +nuestro hijo. + + * * * * * + +Apenas habia entrado Yaye en su casa y dejado á Doña Esperanza en su +aposento, cuando su ayuda de cámara le entregó una carta cuidadosamente +cerrada. + +Aquella carta contenia estas solas palabras: + +«Señor: el príncipe ha pasado la noche fuera del alcázar; como siempre +le ha acompañado el comediante Cisneros. Merced á los buenos servicios +del mayordomo del príncipe Garci-Alvarez Osorio, el rey no sabe nada. +Pero yo vigilo y lo sé todo. Señor: vuestro humilde esclavo, Aliathar. + +--¡El príncipe de Asturias ha pasado la noche fuera del alcázar! exclamó +con un acento incomprensible Yaye, y se quedó profundamente pensativo, +con los ojos fijos en aquella carta, apoyados los codos en la mesa y el +rostro en sus puños crispados. + +Gran rato despues de haber permanecido en esta posicion agitó una +campanilla de plata, y dijo á un camarero que se presentó á la puerta. + +--Que vayan al momento casa del comediante Cisneros, y que le digan que +sin pérdida de tiempo deseo verle. + + + + +CAPITULO IV. + + La fuerza de la mujer. + + +Yaye no permaneció mucho tiempo solo. + +Abrióse silenciosamente una puerta de servicio y sin ruido, apagado el +de sus pasos por lo muelle de la alfombra, adelantó, completamente +vestida de negro, doña Esperanza, que no se detuvo hasta sentarse en un +sillon junto á su padre. + +Este no la habia visto, abstraido en lo profundo de sus pensamientos, ni +reparó en ella hasta que la duquesita, despues de haberle mirado +intensamente durante algunos segundos, le dijo: + +--Padre: la fatalidad nos persigue. + +Volvió el duque la cabeza, miró fijamente á su hija con una mirada +extremadamente lúcida y la dijo con acento opaco: + +--¡Te has vestido de luto, Amina! ¡has hecho bien! + +[imagen: Don Juan siguió con su carga sin hablar una palabra.] + +--Vengo preparada á todo, padre, contestó Amina, á quien seguiremos +dando este nombre. + +--¿Con que es verdad? + +--Yo no sé mentir. + +--Y quién ha sido... exclamó con voz temblorosa Yaye, y se detuvo. + +--Escúchame padre, y mata despues á tu hija: pero sabe antes; que si ha +olvidado un momento lo que te debia, lo que á sí misma se debia, la ha +arrastrado la fatalidad. + +--¡Estaba escrito! exclamó con doloroso sarcasmo Yaye. + +--Lo que Dios quiera que se cumpla se cumplirá padre. ¿Qué somos sobre +la tierra? una hoja seca que arrastra delante de sí el viento del +destino. + +Yaye se estremeció. + +--Permiteme, padre, que te relate una leyenda que hace muchos años nos +contó, en una hermosa noche de verano, la esclava que el dey de Argel +habia destinado para que nos entretuviese á sus hijas y á mí, con +hermosos cuentos. + +Yaye miró con asombro á su hija. + +La jóven continuó sosteniendo con su diáfana mirada, la mirada sombría +de su padre. + +--Hé aquí la leyenda que nos refirió la esclava, dijo al fin: + +[imagen: La duquesita.] + +«Hay en el centro de la Arabia un jardin maravilloso, en que todo es +eterno, jóven é inmarchito. Este jardin, creado por Dios para recreo de +sus escogidos, es el jardin de Hiram. Muchos le han visto en diferentes +épocas; pero nadie sabe en qué lugar del desierto está situado. Algunas +mañanas, antes de que aparezca el sol en el horizonte, las caravanas que +atraviesan los ardientes arenales, suelen ver á lo lejos, tras una +diáfana niebla de color de rosa, una ciudad, cuyos minaretes de oro +brillan de una manera deslumbrante; aquella ciudad está rodeada de +bosques verdes como la esmeralda, cuyo suave murmurio al agitarlos el +viento, se escucha á lo lejos tenue y perdido; pero melodioso como la +música mas regalada. Los primeros de nuestros abuelos que vieron aquel +prodigio, creyeron que el jardin fuese alguna ciudad desconocida, +habitada por gentes ricas y poderosas, y dirigieron á ella sus pasos; +pero siempre que esto hacian, la ciudad caminaba delante de ellos como +una nube, y siempre desaparecia, cuando los primeros rayos del ardiente +sol reberberaban en los arenales. Despues se supo que el jardin solo se +dejaba ver, para patentizar á los hombres las delicias del paraiso, +donde despues de su muerte deben vivir los justos en un dia sin fin, y +desde que esto se supo, cuando el jardin de Hiram aparecia alguna vez á +los errantes árabes, no pretendian llegar á él, sino que se prosternaban +y adoraban la grandeza de Dios, despues de lo cual, seguian su ruta sin +dejar de mirar la hermosura de aquella obra del Altísimo, hasta que con +los primeros rayos del sol desaparecia.--Cuando Dios queria que un +justo, antes de acabar su peregrinacion sobre la tierra, gozase las +delicias del paraiso, le inspiraba el deseo ó la necesidad de ir á una +ciudad distante, cuyo camino fuese por el desierto. Cuando el varon á +quien Dios habia escogido para que viese el jardin de Hiram, cansado, +abrasados los pies y sediento, se apresuraba por llegar á un cercano +oasis, apenas entraba en él, Dios le inspiraba un sueño profundo, del +cual despertaba instantáneamente al eco de una música superior en +armonía á cuantas pueden oir los hombres. El justo se encontraba en un +jardin deleitoso: su suelo, cubierto de un finísimo césped, salpicado de +florecillas de vivísimos colores, era superior en belleza á la mas +preciada alfombra de la India: aquellas florecillas, de suavísima +fragancia, formaban con sus matices peregrinas labores, y aquí, y allá, +y en todas partes, se veian escritos con flores el nombre de Dios y sus +alabanzas, y los eternos versos del libro de la santa ley: el cielo era +diáfano y transparente y en medio de él, inundándole de resplandores que +no ofendian á la vista, brillaba un sol, cien veces mas grande, puro y +resplandeciente, que el sol del desierto: las hojas de los árboles, y de +los arbustos, y de las flores, eran de esmeraldas, de topacios, de +rubíes, de carbunclos y de cuantas preciosidades Dios en su grandeza +crió: los arroyos y los lagos parecian de líquidos diamantes, y entre la +sombra y la fragante frescura de los bosquecillos, habia magníficos +alcázares, de los cuales había sido el único artífice la palabra de +Dios. ¿Cómo se podría contar la belleza de lo que solo podía ver con los +ojos de su alma un justo? ¿ni cómo compararla con el lodo y la escoria +de la tierra? El que entraba allí solo salia para contar á los hombres +tanta maravilla y morir, para ser trasladado, en premio de sus virtudes +al paraiso, imponderablemente mas bello que el jardin de Hiram.--Pero la +maravilla de las maravillas del jardin, no lo eran ni sus prados +aromáticos y blandos á la planta, como un mullido lecho; ni sus +espesuras fragantes; ni su cielo, ni su sol, que brillaba inmóvil en un +eterno dia; ni sus alcázares ni sus flores, sino la hada de juventud +inmarchita y siempre pura, puesta por Dios en aquel edem como su flor +mas preciada. Muy pocos habían logrado ver su hermosura, y estos habian +desfallecido ante ella. Era mas blanca que los primeros albores de la +mañana; sus cabellos, negros como el manto de la noche, la cubrian casi +enteramente de suavísimos y perfumados rizos; sus ojos resplandecian á +través de sus negrísimas pupilas; su semblante daba á quien le veia la +paz de los cielos, y su resplandeciente túnica dejaba ver bajo su tela +sutilísima, la belleza mas perfecta que habia creado la voluntad de +Dios. El alma de quien la miraba se anegaba de delicias sin fin; el +perfume de su aliento dilataba la vida y la hacia mas fácil. El hombre +mas impuro se hubiera tornado casto como un arcángel del sétimo cielo +por sola una mirada de sus ojos y santo por un solo beso de su boca.--La +hada vivia feliz y venturosa con su eternidad sin deseos, en aquel edem +de delicias: para ella no existia el tiempo; flotaba alegre en los aires +sobre nubecillas de color de rosa, y sus cantos de alabanza á Dios, +solían ir á confortar al cansado peregrino del desierto, próximo á +sucumbir á la fatiga. Otras veces flotaba sobre las aguas de los lagos +tan diáfana y tan fresca como ellos, y se anegaba en su fondo, y fuego +se elevaba como un vapor y discurria por los bosques y por las praderas, +corriendo tras las mariposas.--Pero un dia, el eterno enemigo del cielo +y de los hombres, Satanás, el envidioso y el soberbio, sintió envidia +por la felicidad de la hada, y se propuso hacerla tan infeliz como las +mujeres de la tierra.--Dios quiso en sus misteriosos juicios, que el +espíritu maldito pudiese llegar hasta la hada, encubierto bajo una +hermosa apariencia. Satanás habia sabido ocultar su sonrisa impura, +apagar el fuego terrible de su mirada, y embellecerse con una hermosura +tal como la que habia perdido, ó mas bien lo consintió Dios.--La +inocente salió á su encuentro y le sonrió: entonces Satanás la estrechó +en sus brazos, la besó en la frente, y desapareció.--La hada arrojó un +grito agudísimo de dolor, y desde entonces ni flotó en los aires, ni en +la superficie de los lagos, ni corrió tras las mariposas: en su frente +habian quedado impresos, como una marca negra los hermosísimos labios de +Satanás, y su corazon ardía en deseos impuros: continuamente recordaba +aquel hermosísimo mancebo, y un amor impuro la devoraba, y le buscaba +anhelante por todas partes, le llamaba, gemia por él, y en su delirio se +habia olvidado de invocar el nombre de Dios, que la hubiera vuelto por +esto solo á su pureza y á su eternidad.--El jardin de Hiram habia +desaparecido para ella; la hada estaba desterrada y sujeta á las +miserias de la vida mortal.--Su planta se fatigaba y se veía reducida á +calmar la sed en las bramadoras aguas de los torrentes, su hambre con +los silvestres frutos que con gran pena y trabajo obtenia de los copudos +y ásperos árboles, y el aguacero, y el trueno y los relámpagos de la +tormenta, la obligaban á buscar asilo en las horrorosas grietas de las +rocas. Ya las mariposas y las aves no venian, como antes, con delicia, á +revolar en torno de su cabeza y á ponerse en sus manos; huian de ella, y +durante la noche, la aterraban los rugidos del leon y del tigre, y los +bramidos de las bestias hambrientas.--Un dia, en fin, Dios permitió que +un rayo de su divina luz inundase el espíritu de la hada, y este le +reconoció y le invocó.--El Altísimo tuvo compasion de ella; pero quiso +que antes de que volviese á ser lo que desde el principio habia sido, +quedasen su hermosura y su impureza sobre la tierra; pero variando de +forma, para perpetuar con un ejemplo lo que la hada hubiera sido, si +Dios no la hubiese perdonado.--La bondad de Dios habia vuelto la paz y +la inocencia á la hada; pero aun no habia vuelto á su perdido jardin de +Hiram. Sufria aun las penalidades de la vida, y estaba triste y +pensativa sentada sobre las breñas al borde de un precipicio, por cuyo +fondo se despeñaba un espumoso torrente.--De improviso una mariposa de +alas diáfanas y matizadas, vino á revolar á su alrededor; vióla la hada, +y como en otros dias, quiso acariciar al hermoso insecto, tenerle entro +sus manos, sin lastimarle, como otras veces; pero la mariposa huyó y fué +á posarse en un espino; la hada se levantó, se acercó recatadamente, +tendió la mano, y cuando esperaba tener asida á la mariposa, se sintió +punzada decorosamente por las agudas puas. La mariposa habia +desaparecido, y una sola gota de sangre de la hada habia caido sobre el +espino. Luego, el cuerpo de la hada se fue haciendo diáfano, mas +diáfano, hasta que se deshizo en el aire, como una niebla que se +desvanece.--El jardin de Hiram se habia abierto de nuevo para ella, y en +el espino, en el mismo lugar donde habia caido la gota de sangre de la +hada, habia aparecido una rosa purpúrea, cuya fragancia embalsamaba el +ambiente. ¡Cuán hermosa era aquella flor! ¡cuán pura! pero llegó un +viandante, la vió, la codició, arrancó despiadadamente del tronco el +gentil tallo en que se balanceaba, y aspiró ansioso su fragancia y la +besó. La pobre flor perdió su fragancia, su color y su frescura, y el +viajero, no encontrándola ya hermosa, la arrojó marchita al torrente, +que primero la enlodó y la despedazó despues. ¡Pobre flor! cada +primavera brota del tronco un pudico capullo, y siempre llega un viajero +y le corta de su tallo, antes de que haya abierto enteramente su corola, +goza un momento su naciente perfume, y como el viajero anterior, cuando +le ve marchito, le arroja al torrente. ¡Ay y cuan pocas rosas se salvan +del abandono y del olvido! ¡ay cuan pocas dejan de enlodarse en la +corriente bramadora!» + +Détuvose un momento Amina, cuyos ojos estaban arrasados de lágrimas, y +luego añadió con acento meláncolico y triste: + +--Cuando la esclava llegaba á este punto de su leyenda, añadia siempre: +«la rosa es la mujer, hijas mías; el espino la representacion de sus +dolores; el despiadado viandante, los deseos impuros del hombre; el +torrente de cieno, el mundo. Pero la mujer, como la hada, tiene un Dios +que la proteje, y la virtud y la pureza son para ella el eterno jardin +de Hiram.» + +Détuvose la jóven, posó en su padre tras un velo de lágrimas una mirada +desesperada y guardó silencio. + +Yaye habia comprendido perfectamente la amargura que contenia, +especialmente en aquellas circunstancias, la fábula oriental que habia +oido su hija de boca de la esclava destinada á entretener con hermosos +cuentos á las hijas del dey de Argel. Pero le interesaba sobre manera +conocer la aplicacion que hacia Amina de aquel cuento, y dijo fria y +severamente: + +--¿Y á qué propósito me has relatado esa leyenda? + +--Para que juzgues, padre, de la influencia que ese cuento y otros +semejantes, han podido tener en el porvenir de tu hija. + +Yaye inclinó la cabeza y quedó en la actitud del que escucha, y no +quiere perder ni una sílaba. + +--Desde el momento en que la esclava nos relató el cuento que acabas de +oir, padre, mis compañeras de infancia, casi mis hermanas, las hijas del +dey, no me llamaron como antes Amina, como me llamas tú, cuando nadie +nos escucha. Me llamaron Saruhl-Hiram: ¡Flor de Hiram! esto ya era +fatal: era como decirme: tú eres esa rosa puesta por la fatalidad al +lado de la via pública, al borde del torrente. Tú eres esa naciente flor +expuesta á las codiciosas miradas del viandante. Un dia, tú, pobre flor, +marchita y deshojada, serás arrojada al torrente. + +Yaye se estremeció: veia en aquellas palabras una acusacion de su hija: +se anonadó, inclinó aun mas la cabeza, y oprimiéndose el pecho con la +mano, como, si hubiera querido impedir que su corazon saltase, murmuró +de una manera opaca é ininteligible: + +--¡Oh, padre! ¡padre! ¡y cuán terrible herencia me has dejado! + +Amina continuó, con la vista siempre dilatada y fija en Yaye: + +--Prescindiendo de la fatalidad que parecia determinar, el que sin +motivo justificado me llamasen las hijas del dey, Flor de Hiram, ¿no +crees, padre, que es un modo singular de apartar á las mujeres de la +impureza, el presentarlas los ejemplos de la virtud envueltos con las +incitantes descripciones del placer? Los cuentos de la esclava eran muy +morales en el fondo, pero en su lenguaje... ¡Oh! siempre el vicio +hermoso, halagando á la mujer, enloqueciéndola, extraviándola: siempre +el deleite ardiente, las formas desnudas, el corazon que late anamorado, +los ojos que desfallecen de placer. ¿Qué vale presentar despues las +horrorosas consecuencias del vicio y de la impureza, si se ha dado el +veneno en copa de oro; si se ha hecho aspirar á la vírgen llena de vida +y de esperanzas, cuanto bello y tentador rodea y acecha la vida en la +mujer? ¿Qué vale que se os diga: apartaos de ese camino, si se os ha +presentado ese camino lleno de encantos, y solo al fin, se os presenta +un precipicio del que apartais con repugnancia los ojos, que solo +quieren mirar lo bello, lo ardiente, lo deslumbrador? ¿Cómo querer +formar á la esposa honesta, si se mancha la castidad de la vírgen, +desgarrando sin piedad, á ciegas, giron á giron, su velo de pureza? + +--¡Amina! exclamó Yaye, no pudiendo sufrir ya mas el peso de las justas, +aunque indirectas reconvenciones de su hija. + +--Los musulmanes, educan sus mujeres para el placer, continuó la +inflexible jóven; tienen un harem donde las encierran: horribles +esclavos que las guardan: una vírgen, que no hubiese perdido la +virginidad del alma, que no conociese profundamente la ciencia del bien +y del mal, seria para ellos ni mas ni menos que una hermosa estátua +inanimada: es necesario que la esposa ó la esclava, compongan ó canten, +hermosos y ardientes romances de deleite; que dancen como una bayadera; +que hayan perdido enteramente el pudor. Se las educa para el placer... y +¡horrible sarcasmo! se las pide luego virtud, y si desprovístas de su +pureza, invencible arma de la mujer; enloquecidas por el deseo, +marchando por una senda tapizada de flores, caen en un precipicio que no +han visto, hasta que han tocado su fondo, ¡oh! entonces no hay castigo +bastante para la esposa adúltera ó la virgen perdida: el hoyo de arena, +ó el saco de cuero y las ondas del mar. + +La voz de Amina era solemne y parecia doblegar como un horrible peso +material la cabeza de su padre. + +Amina, continuó. + +--Criada bajo el ardiente sol del Africa, á los doce años, tú lo sabes, +padre, era ya una mujer formada: cuando por el Rhamadan (la cuaresma), +ibas á visitarme durante algunos dias á la Casbá del dey, me sentabas +sobre tus rodillas y me llamabas tu pequeña mujercita. + +Yaye lanzó un rugido sordo, porque el recuerdo que evocaba su hija le +desgarraba el alma; irguió la cabeza y mirando frente á frente á Amina, +la dijo: + +--Muchas veces, y en mas de un recio combate, una lanza enemiga ha +desgarrado mi pecho; jamás esa lanza me ha causado tanto dolor como cada +una de tus palabras: pero continúa, continúa, porque quiero que llegues +al fin; quiero saber cuanto se encierra en el corazon y en la cabeza de +mi hija. + +--Padre, compréndeme y no creas un reproche ni una acusacion mis +palabras; pero tu hija necesita justificarse, porque... perdóname si te +desgarro el corazon, padre: tu hija está deshonrada. + +Yaye no hizo un solo movimiento, no pronunció una sola palabra; pero un +estremecimiento poderoso, un temblor semejante al de una montaña agitada +por un volcan, estremeció su cuerpo de los piés á la cabeza. + +--A los doce años, pues, era ya una mujer en toda la extension de la +palabra, y se habia procurado enseñarme tanto, que mi espíritu estaba +enteramente formado. En los pocos dias que cada año pasabas á mi lado, +procurabas informarte por tí mismo, si se me habia dado la enseñanza que +tú habias querido se me diese. Recuerdo que cuando me hablabas en +castellano, al ver la pureza con que yo te contestaba, decias: + +--Es maravilloso: un español te creeria andaluza; hija de ese pais +bendito, donde todo es hermoso; el cielo, la tierra y la mujer. + +Yo no sabia entonces nuestra historia y me maravillaba de que se me +hubiera hecho aprender un habla que nadie usaba en torno mio, sino los +cautivos españoles, los pobres viejos, con los cuales, durante algunos +años, se me hacia hablar muchas horas seguidas al dia. No comprendia +tampoco para qué se me habia instruido en la religion cristiana, cuando +se me repetia que aquella religion era una impostura, que no habia mas +Dios que Dios el Altísimo y Unico, y su profeta Mahomet. ¡Oh! esto era +tambien fatal: la una religion me prescribia la caridad, la humildad, la +pureza: me decia que una mujer, una santa vírgen, era la madre del +Redentor del mundo; me daba una parte en el paraiso como al hombre, me +hacia su igual, su compañera por el matrimonio; me daba derecho al amor +exclusivo de un esposo, amor al que debia ser fiel, vínculo que no +consiente una tercera persona, dulce alianza que constituia en uno á dos +seres durante la vida: el islamismo me decia: la mujer es una esclava, +una cosa que ningun derecho tiene: la mujer debe ser solo de su esposo ó +de su señor; pero no debe tener zelos si su esposo y su señor son de +otra ó de otras muchas: tu corazon no debe latir, tu cabeza no debe +pensar; eres para tu esposo ó para tu señor menos que su arco, su lanza +ó su caballo. + +Entre tan opuestas doctrinas, mi razon fluctuaba; no creia en ninguna de +ellas; pero me decidí por la que me daba mas derechos: esto era natural: +sabia que existia una religion bajo la cual era igual al hombre, en la +cual tendria familia, esposo, hijos, hijos mios que nadie me +arrebataria, y me decidí por el cristianismo. Despues... pérdoname, +padre, porque sé que aborreces á los cristianos: perdóname... pero +¿quieres saber lo que guardan mi corazon y mi cabeza, y quieres saber lo +de un dia solemne, en un dia en que la Iglesia conmemora la pasion de +Jesucristo; en un dia en que he elegido esposo?... Yo soy cristiana, +cristiana con todo mi corazon, porque Dios ha hablado á mi entendimiento +é iluminándole con un rayo de su divina luz, ha salvado mi alma. + +Otro extremecimiento comovió á Yaye, que como si se hubiese resignado á +todo, continuó callando. + +--Pero la fe, por poderosa que sea, no ha podido arrancar de mi la +influencia de la educacion que se me habia dado: yo no conocia el +placer, pero conocia el amor: le conocia porque me lo habian dado á +conocer de una manera tentadora, en una y otra leyenda, en uno y otro +romance. Tú mismo has dicho muchas veces despues de haberme oido cantar, +despues de haberme visto ejecutar una de esas lúbricas danzas +musulmanas: + +--¡Oh! ¡hermosa, hermosa como el amor! ¡irresistible! ¡tú serás la +tentacion que ayudará á mi espada! + +Yo no comprendia entonces estas palabras; despues cuando conocí nuestro +pasado y nuestro destino, comprendí que todo lo sacrificabas por tu +patria: ¡hasta el corazon y la honra de tu hija! + +--¡Oh, padre! ¡padre! murmuró de nuevo Yaye. + +--Si; acaso sea verdad que soy irresistible. Un príncipe real, exclamó +con amargura Amina, un pobre loco, arde por mí en deseos impuros, y por +mí es capaz de atentar á los de su padre. Ese mismo padre, el taciturno +y grave Felipe II, no ha podido ser siempre tan prudente, que yo no haya +visto en él alguna vez una chispa de deseo en una mirada; los grandes +mas grandes de la córte, se arrastran á mis piés, olvidada la soberbia +que les inspiran sus blasones y sus riquezas. Llámaseme por excelencia, +y con gran envidia de las damas de la córte, la hermosa duquesita, y +acaso, acaso, soy irresistible. Pero el adquirir ese poder tentador me +ha costado la paz de mi alma. Tú no sabes, padre, de qué modo han +llenado mi pensamiento despierta, y mi sueños dormida, todas esas +ardientes imágenes de los cuentos de hadas y de amores; tú no sabes, +padre, de qué manera lenta, pero segura, se ha ido formando en mi alma, +un amor intenso, ardiente, roedor, que me hace necesario un ser á quien +unir mi alma, á quien enamorar con todo el amor que mi alma encierra; á +quien enloquecer con mi hermosura desnuda, incitante, palpitante, con +toda la tentadora fuerza de mis ojos; tú no sabes de qué manera se ha +ido formando dentro de mí un ser imposible, por lo hermoso, por lo +grande, por lo enamorado; un conjunto de perfecciones; un amante divino, +á quien yo veo solo con cerrar los ojos: tú no sabes cuánto le acaricia +mi alma, cuanto le ama, cuanto desea verle ante sí, como una realidad +que se toca, no como un sueño que huye. Tú no sabes cuán hermoso es el +satanás que ha besado mi frente, dejando impresos en ella sus hermosos +labios, empalideciendo mi semblante, y arrojándome del perdido jardin de +Hiram de mi pureza. Tú no sabes cuán desesperado, cuán ansioso, cuán +muerto á la esperanza está el corazon de tu Esperanza. + +Este terrible juego de palabras, hizo levantar la cabeza á Yaye y fijar +una mirada infinitamente ansiosa en su hija. + +En efecto, el semblante de Amina, revelaba una desesperacion tan +profunda, que Yaye se sintió completamente aniquilado. + +--¡Pero ese hombre..! ¡ese hombre..! ¡ese esposo á quien has elegido! +exclamó el duque con un acento supremo por lo desesperado: ¿no le amas? + +--No lo sé aun. + +--¿Has sido suya en un momento de delirio? + +--Si. + +--¡Oh! exclamó Yaye. + +Y aquella exclamacion era al mismo tiempo una blasfemia y un rugido de +amenaza. + +--Desde que fui presentada en la córte, poco despues, continuó Amina, oí +hablar de un hombre con quien los ociosos habian tenido á bien casarme +de una manera singular: supe que, por un capricho, habian dejado de +llamarme la hermosa duquesita para llamarme la mujer del marquesito. + +--Pero ¿quién era este marquesito? + +Un jóven de mi misma edad ó poco mas, de quien se decian maravillas; las +damas hablaban de él con deseo, y los hombres con envidia; sin saber +como, di en pensar en el marquesito, y al fin, atribuyéndole todas las +prendas que yo soñaba en el hombre de mi amor, amé sin conocerle al +marqués, pero con delirio, como únicamente puedo amar yo. + +Guardaba, sin embargo, mi secreto, le deboraba, esperaba una ocasion de +verle en la córte; pero el marquesito jamás concurria á ella. Al fin, +ayer, cuando incendiado el tabernáculo del templo, huia despavorida, +sentí que unos brazos me levantaban del suelo, que un hombre me llevaba +consigo hasta un lugar solitario donde me dejó en tierra. Brillaba la +luna. Ante mí habia un jóven, la cabeza descubierta, y tan hermoso como +no habia visto ninguno. Sentí que mi corazon se rompia, que me +arrastraba hácia aquel hombre, y cuando en un accidente de la +conversacion brevísima que se cruzó entre nosotros, supe que aquel +hombre... + +--Era él... observó roncamente Yaye. + +--Si, el _marquesito_: ardiente, enamorado, audaz: quise defenderme en +vano: mi razon habia sido dominada por mi eterno sueño, por ese sueño +fatal de amores: lo olvidé todo: para mí no existia nadie en el mundo +mas que él: me dejé conducir á donde quiso, y cai en el abismo que se me +habia preparado, envenenando mi alma. + +Detúvose Amina, y Yaye no tuvo valor para pronunciar una sola palabra. + +--Ahora que ya lo sabes todo, padre, dijo Amina, levantándose y +arrodillándose á sus pies, mátame; mátame, porque te he deshonrado; +mátame, porque yo no puedo vivir; porque he probado el amor, y no es el +amor que yo habia soñado: porque al perder mi pureza he conocido que era +pura; porque no puedo volver á mi hermoso sueño que era mi edem, +porque... porque si tú no me matas, me mataran el dolor... y la +vergüenza. + +Y Amina de rodillas con las manos juntas y los ojos levantados al cielo +é inundados de lágrimas, era el mas bello trasunto del ángel de la +desolacion. + +--¡El nombre! ¡el nombre de ese hombre! exclamó Yaye levantándose con +impetu. + +--¡Ese hombre se llama el marqués de la Guardia! respondió Amina. + +Al oir esta revelacion el duque, cayó de nuevo desplomado sobre el +sillon. + +--¡El marqués de la Guardia! ¡El marqués de la Guardia! ¡Fatalidad! +¡Horrible fatalidad! + +Luego, como saliendo de un horrible sueño, exclamó: + +--Yo no puedo matar á ese hombre: tú no puedes ser su esposa. + +--¿Y quién te pide su muerte? exclamó palideciendo Amina. + +--¡Le amas! + +--¡Oh! ¡no lo sé! ¡no lo sé! ¡aun no le conozco bien! ¡pero si él me +amase, si él me amase como yo le amaria!... y luego... ¿Tiene la culpa +de haber encontrado en su camino una virtud tan frágil que se ha roto al +primer choque!... ¡matarle! ¿y por qué? ¡yo soy la que debo morir! + +--Si yo no fuese lo que soy, serias su esposa, Amina: si se negaba á ser +tu esposo, seria asunto de hacerle pagar con la vida la felicidad de +haberte poseido, y de encerrarte donde nadie pudiera ver tu deshonra. +Pero ese casamiento es de todo punto imposible por varias razones. +Sobre todas está la de que tú debes ser esposa del príncipe don Carlos. + +--¡El príncipe don Carlos! exclamó con terror Amina; con un terror que +no habia demostrado, durante su audaz revelacion á su padre, ni cuando +le pedia que la matase. + +--Si, dijo Yaye: la fatalidad quiere que tú seas reyna. + +--Pero, padre mio: ¿olvidais que para ello es necesario hacer de el +príncipe un parricida? ¿á tal malvado quereis unirme? + +--Mira, Amina: allí, y el duque extendió su brazo rígido y fatal hácia +el Oriente: allí hay un pueblo entero esclavo, despedazado por el +vencedor: allí se ahorca, se azota, se arranca de entre los brazos de su +familia, á ancianos cubiertos de canas, á hombres en la fuerza de su +vigor: allí los hijos no tienen madre, ni las madres, hijos: allí se +destila gota á gota por la mano del verdugo la sangre de tu pueblo: al +otro lado de los mares, tras la inmensidad del océano, un pueblo que +tambien es tuyo, sufre la misma suerte horrible, imposible. La sangre de +esos dos pueblos te alienta: la corona de esos dos pueblos ceñirá un dia +tu cabeza: el opresor de esos dos pueblos, el tirano que se alimenta con +sangre humana, es demasiado poderoso para que pueda vencérsele por la +fuerza: Satanás le ayuda: es necesario acercarse á él como la serpiente, +acechar su sueño, y morderle antes de que despierte, en el corazon: tú y +yo nos sacrificaremos por esos dos pueblos oprimidos; para salvarlos +romperemos nuestro corazon, y cubriremos, si es preciso, de vergüenza +nuestra frente: ¿qué importan los medios con tal de que nos lleven al +fin apetecido? + +--¡Pero si aun asi no logramos salvar á esos desgraciados! ¡si nos +perdemos inútilmente!... + +--Habremos luchado con todas nuestras fuerzas. + +--¡Esposa del príncipe don Carlos!... murmuró mortalmente pálida Amina. + +--Ni una palabra mas: la conversacion que hemos sostenido, es demasiado +dolorosa para que queramos prolongarla. ¡Dios lo ha querido, y es +necesario resignarse á su voluntad! vete: déjame solo; quítate esas +lúgubres ropas, y que nadie vea en tu frente ni la mas leve nube de +tristeza; preséntala altiva y serena al mundo, como yo le presento la +mia... y, sin embargo, guardo en mi corazon un infierno. Guárdalo tú +tambien, y sobre todo... olvida... olvida al marqués. + +Y despues de esto, llegó á su hija, la besó en la frente, la asió de una +mano, y la condujo hasta una de las puertas de la cámara. + +Amina desapareció tras el tapiz. + +Yaye permaneció algun tiempo inmóvil, como una estátua, con la mirada +fija, abstraida; luego se pasó la mano por la frente como si hubiera +querido arrancar de ella una pesadilla, y su impenetrable semblante, +adoptó de nuevo una expresion glacial, fria, reflexiva que parecia ser +su expresion característica; fué á la mesa, abrió un cajon con llave, +sacó cuidadosamente unos papeles y se puso á hojearlos. + +Poco despues se levantó, puso los papeles en un armario, cuya llave +guardó cuidadosamente en un bolsillo, y se fué á la puerta. + +--No ha venido aun el señor Cisneros, dijo con acento breve. + +--Ah, señor duque, dijo otra voz á la puerta opuesta de la antecámara; +aquí me teneis, y no muy á tiempo por cierto, porque creo que os +impacientais. + +--Si, me impaciento, Cisneros, dijo el duque dejando pasar á su cámara á +este segundo personaje y cerrando tras él la puerta. + +--Perdonad, dijo Cisneros; pero me he acostado anoche muy tarde, y +aunque ya han dado las diez de la mañana, hoy es para mí muy temprano. + +--Sentaos. + +El duque señaló un sillon á Cisneros y se sentó en otro junto á una +chimenea, cuyo fuego se puso á arreglar de la manera mas natural. + +Tenemos delante dos personajes, la fisonomía de uno de los cuales se +habia modificado, mientras la del otro nos es enteramente desconocida. + +Yaye era por aquel tiempo un hombre jóven aun, de poco mas de cuarenta +años, y de mediana estatura; era aun, sin embargo, gallardo sobremanera, +y de todos sus movimientos, de todas sus actitudes rebosaban nobleza y +distincion; esa especie de distincion que solo poseen los que desde la +cuna han vivido en la opulencia, mandando y siendo obedecidos. A mas de +su juventud y su gallardía, conservaba su poderosa hermosura, su tez +blanca, densamente pálida, y tersa y límpida, tanto en su semblante como +en sus manos, que revelaban por su forma que ningun rudo trabajo las +habia ocupado jamás: sus cabellos negrísimos, rígidamente cortados segun +la moda de la nobleza española, eran tan espesos que contrastaban de una +manera decidida con la mate y diáfana blancura de su frente: sus cejas y +su barba, convenientemente recortada, eran tan negras y tan tupidas como +el cabello, y sus negros ojos habian adquirido un no sé qué de +dominador, de fijo, de valiente, de incontrastable: aquellos ojos eran +un abismo en cuyo fondo solo se leía nobleza y talento, y á veces, +cuando nadie le veía, desesperacion y remordimiento. Su boca, aun sin +hablar, mandaba, por su configuracion particular, y su nariz, un tanto +aguileña, acababa de armonizar las líneas rígidas, bellas y magestuosas +de su semblante. + +Yaye debia imponer consideracion, respeto ó miedo á la persona con quien +hablase, con arreglo á la situacion ó al carácter de esta persona. + +Lo que indudablemente inspiraba al comediante Cisneros era miedo, lo que +se comprendia por mas que este quisiese disimularlo. + +Pertenecia Cisneros á otro tipo enteramente distinto: era buen mozo, +bien proporcionado, de buen talante; pero habia en su belleza un +decidido sabor picaresco, audacia baja en su mirada y mucho de +rufianesco en sus maneras: todo esto encubierto y como velado por un +baño de córte, y por su trage rico, término medio entre las ropas usadas +por la nobleza y los hombres ricos de la clase media. Llevaba espada de +gabilanes ancha y larga, un tanto mas de lo que consentian las +pragmáticas; limosnera y jubon bordados, pero con una profusion y una +riqueza de mal gusto; un arete en la oreja izquierda y las manos +cuajadas de cintillos: la hipocresía ó el fanatismo estaban +representadas en él, por un rosario de cuentas gordas y relucientes, +sujeto en su cinto al lado de la espada, y por lo demás, unas calzas de +grana, unas botas rizadas de gamuza, sin espuelas, y una capa larga, de +paño fino de Segovia, completaban su trage. + +Desde el momento en que Cisneros se encontró sentado frente á frente con +Yaye, fijó en él una mirada ambigua, que tanto tenia de audaz como de +recelosa. Yaye parecia no reparar absolutamente en Cisneros y seguia +arreglando sus tizones. + +--Hace un buen frio, dijo. + +--El invierno se alarga mas de lo justo, contestó Cisneros. + +--Y no deben ser las noches muy á propósito para pasarlas al sereno +corriendo aventuras. + +--¡Ah, señor duque! estas noches son mucho mas á propósito para pasadas +al lado de una chimenea entre dos cosas que se parecen mucho en la +figura y en los efectos. + +--¿Y cuáles son esas dos cosas que se parecen tanto? + +--Una botella y una mujer. + +--¡Ah! ¿y habeis pasado de tal suerte la noche el príncipe y vos? + +--¿El príncipe y yo? + +--¡Qué! ¿no le habeis acompañado? + +--No señor; pero me ha tenido de ronda toda la noche observando á otras +rondas que han andado de acá para allá, buscando como sabuesos, y sin +poder dar con lo que buscaban. + +--¿Y qué buscaba el príncipe? + +--Buscaba á vuestra hija, contestó con una audacia infinita Cisneros. + +--Solo se busca lo que se ha perdido, contestó friamente el duque, y mi +hija no ha estado perdida un solo momento. + +--Sin embargo no volvió con la córte al alcázar, y se dice ó se decia +anoche de público, que habia desaparecido entre el desórden causado en +el Buen-Suceso, por el incendio del monumento. + +--Es cierto; pero mi hija aterrada, apenas se vió por un milagro en la +calle, tomó el camino del monasterio de las Vallecas, que como sabeis, +está cerca del Buen-Suceso, en la calle de Alcalá, donde recientemente +ha profesado una parienta nuestra por parte de mi difunta esposa. Doña +Esperanza ha pasado la noche en el convento. Avisáronme algo tarde de +ello, cuando ya sabia yo que mi hija habia desaparecido, y cuando me +habia puesto en su busca, razon por la cual, no he podido saber su +paradero hasta que al amanecer he vuelto á mi casa. + +--Pues si vos no me hubiérais afirmado en mi creencia de que el convento +de las Vallecas está en la calle de Alcalá, dijo Cisneros doblando su +audacia, al saber de vuestra boca que mi señora doña Esperanza ha pasado +la noche en un convento, hubiera creido que el tal convento era un +casuco en la plazuela de Peranton, que está, por cierto, mas cerca que +las Vallecas del Buen-Suceso. + +--¿Quién os ha dado tales noticias? dijo Yaye posando una mirada +profunda y amenazadora en Cisneros. + +--Me lo han dicho mis ojos. + +--¿Vuestros ojos? + +--Si, por cierto. + +--¿De modo que vos visteis salir á mi hija de la iglesia? + +--No por cierto, aunque en la iglesia estaba. + +--¿Habrá habido en esto alguna infamia? + +--No, no, señor: el marqués de la Guardia guardará probablemente un +profundo secreto acerca de esta aventura. No es doña Esperanza una dama +cuyos secretos se tiran asi por la ventana: es demasiado hermosa, vale +mucho, para que no inspire un amor respetuoso y discreto. + +--¿Es decir, repuso Yaye con la misma serenidad, y el acento tan seguro +como pudiera haberlo usado al tratarse de una dama enteramente extraña á +él, es decir, que hay quien sabe que el marqués de la Guardia ha pasado +la noche bajo el mismo techo que mi hija? + +--Lo sé yo, y lo saben indudablemente los dueños de aquella casa: pero +estos deben ignorar el nombre de vuestra hija, aunque conocen demasiado +al marqués, á quien han prestado diferentes veces servicios semejantes +al que le prestaron anoche. + +--Seguid, maese Cisneros, seguid, dijo Yaye con su inalterable calma, á +fin de que sepamos lo que debemos hacer: pero tened mucha cuenta con no +engañarme. + +Unicamente tras esta palabra brilló una mirada amenazadora en los ojos +de Yaye; mirada tal y tan poderosa que hizo temblar á Cisneros. + +--Me interesa tanto serviros, dijo con un marcado servilismo el +comediante, que me guardaré bien de engañaros. Si vos no me hubiéseis +llamado, yo mismo hubiera venido á veros, porque sé muy bien que el +asunto que nos ocupa es grave. Voy por lo mismo á contaros todo lo que +sucedió, y vereis como ha podido la casualidad ponerme en la verdadera +situacion de este negocio. + +Anoche estaba yo en el Buen-Suceso, cuando aconteció aquel endiablado +incendio: naturalmente, y creyendo de mas gravedad el acontecimiento, +pensé en ponerme en salvo; pero al huir perdí mi gorra. Habeis de saber, +señor duque, que la gorra que perdí era de mucho valor y que la tenia en +gran estima por haberla bordado una dama amiga mia. Echéme, pues, á +pesar del peligro, á buscar la gorra, y á poco que tenté por el suelo, +encontré esta que veis. + +Y Cisneros mostró al duque una de terciopelo negro de Utrech, prendida +al lado izquierdo con un joyel de diamantes. + +--¿No sabeis de quién es esta gorra? continuó Cisneros. + +El duque se encogió de hombros. + +--Pues esta gorra es ni mas ni menos que del marqués de la Guardia; la +conozco demasiado porque este joyel de diamantes se ha perdido y se ha +ganado hace algunas noches por cien veces seguidas á los dados y habia +quedado definitivamente en poder del marqués. + +--Pero si el marqués es jugador, dijo con una expresion de repugnancia y +de hastío Yaye, puede haber perdido este joyel, y haber pasado á manos +de otro. + +--No, no, señor; estos dias el marqués está en ganancias, y aprecia +mucho esta joya porque era de su madre. Tanto la aprecia, que solo en +uno de esos momentos en que un jugador es capaz de echar á un dado su +honra, la echó sobre el tapete. + +Alegréme, pues, de que habiendo perdido el marqués su joyel, hubiese +venido á dar en mis manos, porque era lo mismo que si no le hubiese +perdido, y me encaminé á cierta mancebía, seguro de encontrarle, porque +el marqués estaba citado con un príncipe aleman, para darle el desquite +de una gruesa suma que le habia ganado la noche anterior. + +A pesar de que el marqués es todo un caballero y nunca falta á empeños +de juego, de amor ó de honra, dieron las ánimas, hora de la cita, y el +marqués no pareció: dieron las nueve, tampoco: temióse, conociendo su +puntualidad, que le hubiese sucedido alguna desgracia, y muchos de sus +amigos fuimos á buscarle á los lugares á que sabiamos que él podia +concurrir. + +En aquellos momentos otro de nuestros amigos nos trajo del alcázar la +noticia de que se habia perdido en el Buen-Suceso vuestra hija. Como +otros dos concurrentes, pronunciasen á propósito ¡la mujer del +marquesito! nombre que, como sabeis, se da tambien á vuestra hija... + +--Fatalidad, murmuró Yaye. + +--... estas dos frases me hicieron formar una idea atrevida; pero +posible: yo habia encontrado la gorra del marqués en la iglesia del +Buen-Suceso. Doña Esperanza habia desaparecido de la iglesia. ¿No podia +ser muy bien que hubiese tropezado vuestra hija con el marqués, y que en +un momento de desmayo, de terror, la hubiese arrastrado consigo? Habia +ademas en abono de mi pensamiento, el que solo por una dama tal como mi +señora doña Esperanza, hubiera faltado el marqués á dar un desquite de +juego. + +Sin decir á nadie nada, y calculando á qué lugar mas cercano á la +iglesia del Buen-Suceso, podia haber conducido el marqués á una dama, me +acordé de cierta casa de la plazuela de Peranton. En efecto, fuí á ella, +llamé, me ví obligado á alborotar para que me abriesen, señal clara de +que la casa estaba ocupada dignamente, y cuando pregunté por el marqués, +me le negaron de tal manera, que no tuve duda de que estaba en la casa. + +Como la noche estaba fria y húmeda, y era además Jueves Santo, me retiré +á mi posada y estaba haciendo mi colacion, cuando hé aquí que recibo un +recado de Garci Alvarez Osorio, en que, de órden del príncipe me mandaba +ir al alcázar por el Campo del Moro. Fuí y encontré al príncipe furioso +por la pérdida de vuestra hija. Doña Esperanza ha acabado de volver loco +á su alteza, señor duque, y haremos del príncipe lo que queramos. + +--Continuad, continuad, dijo secamente Yaye. + +--Ya conoceis el carácter voluntarioso é impaciente del príncipe: +despues de haber recorrido conmigo todos los lugares donde, de una +manera insensata y villana, creia podian tenerse noticias de doña +Esperanza, apeló á la justicia y á la Inquisicion: pagó á peso de oro +alguaciles y familiares, y puede decirse, señor duque, que no ha habido +posada, ni casa pública, ni lugares de sospecha, que no hayan sido +registrados. Esto ha producido la prision de mucha gente menuda que se +ha encontrado mal entretenida... + +--¡Y en tales lugares buscaba el príncipe á mi hija! + +--Los zelos son villanos, señor duque. Pero, á pesar de ellos, tan bien +oculta y en tan buenas manos estaba doña Esperanza, que ni alguaciles ni +familiares pudieron dar con ella. + +Poco antes del amanecer, transido de frio y trémulo de zelos y de +corage, se volvió su alteza al alcázar, y viéndome libre, me propuse +llegar hasta el fin de mis investigaciones, solo en servicio vuestro, +señor duque. Me fuí á la plazuela Peranton, me hice abrir la puerta de +una taberna, á pesar de que aun no habia amanecido, y mediante un +ducado, conseguí que me dejaran ponerme en acecho en una ventana baja, +desde la cual se veia perfectamente la puerta de la casa, donde estaba +seguro que se hallaba el marqués de la Guardia. + +Poco antes del amanecer se abrió aquella puerta y salió un hombre +embozado, en cuyo talante reconocí al marqués, á la dudosa luz del alba. + +Amaneció, volvió á abrirse aquella puerta, salió la dueña de la casa y +poco despues volvió. La acompañábais vos, y tras vos venia una litera +conducida por dos ganapanes. Entonces no tuve duda de que doña Esperanza +era la dama que habia pasado la noche en aquella casa. + +Calló concluida su exposicion Cisneros, y durante algunos segundos Yaye +se puso á arreglar de nuevo los tizones, en una posicion en la cual +Cisneros no podia ver su rostro. + +Levantóse al fin el duque: estaba perfectamente tranquilo. Miró de una +manera glacial á Cisneros y le dijo: + +--El trage que vistes; el oro que gastas; las ganancias que te dan tus +funciones en el corral de la Pacheca; el silencio de la justicia acerca +de tus truanerías y de tus delitos, todo me lo debes, Cisneros: sin mí +estarias representando con una mala comparsa por los villorrios de +Castilla, y aunque tienes habilidad é ingenio para tu oficio, nunca +llegarias á capa de raja. + +--En cambio, señor duque, yo soy el demonio que habeis puesto al lado +del príncipe. Por mí, una desmedida ambicion se ha apoderado de su alma, +y anda en tratos con los Hugonotes de Francia y los herejes de los +Paises-Bajos. Me pagais bien: pero me pagais mi cabeza, señor duque; +porque sirviéndoos soy traidor al rey, y ya sabeis lo que hace el rey +con los traidores cuando los descubre. + +--Bien, basta. Es necesario que nadie sepa donde ha estado mi hija esta +noche. El marqués de la Guardia, callará. En cuanto á los dueños de esa +infame casa, callarán tambien. Si se divulga en la córte este secreto, +tú solo habrás sido la causa, me habrás hecho traicion, y en cuanto á +los traidores soy yo un rey mas terrible que don Felipe. + +Levantóse tras esto Yaye, abrió el armario donde antes habia dejado en +un secreto unos papeles, y sacó un pesado saco que entregó á Cisneros. + +--Mi hija ha pasado la noche en el convento de las Vallecas. ¿Lo +entiendes? + +--Si señor, dijo Cisneros levantándose y poniéndose el pesado talego +bajo el brazo. + +--Vete, dijo Yaye. + +--Guárdeos Dios, señor, dijo el comediante inclinándose profundamente, y +salió. + +Apenas habia salido, se abrió una puerta, y se le presentó un hombre +membrudo, atlético, de fisonomía noble y simpática, un tanto pálido, de +ojos negros y mirada profunda é inteligente. + +Aquel hombre demostraba contar cuarenta y cinco años de edad, y llevaba +preseas, armas y coleto de soldado. + +--Dios te guarde, Harum, le dijo el emir á quien seguiremos dando su +verdadero nombre originario: te he mandado llamar para un grave empeño. + +--Mandad á vuestro esclavo, magnífico señor. + +--Hace mas de veinte años que me sirves con una lealtad y un valor á +toda prueba. + +--Es mi obligacion: ademas de eso me habeis recompensado magníficamente, +señor: cuando empecé á serviros era walí, y me hicísteis vuestro +secretario; ahora soy vuestro wazír. + +--Por lo mismo el servicio que voy á pedirte es mas humilde, mas +degradante, que el oficio que tienes delante de todo el mundo, siendo +alferez de los tercios viejos de Flandes. + +--Y te traigo muy buenas nuevas, señor. + +--Dejémoslas para mas adelante. ¿Cuándo has llegado? + +--Hace una hora; quise veros al momento; pero me dijeron que estabais +con la poderosa sultana Amina. + +--Para guardar el honor de la sultana, es necesario que busques cuatro +de nuestros monfíes, los mas astutos, los mas feroces, los mas callados, +con los cuales cumpliras el decreto que voy á darte. + +El emir escribió algunas lineas en caracteres árabes, y entregó despues +el papel donde las habia escrito, á Harum, que dijo despues de leerle: + +--Vuestras órdenes se cumplirán, poderoso señor. + +--Cuenta con equivocaros: las señas son claras. + +--Si, si, señor; plazuela de Peranton, rinconada: una claraboya redonda +sobre la puerta, y una reja de madera á la izquierda. + +--No sé cómo recompensarte el sacrificio que me haces encargándote de +este servicio. Pero no me fio de nadie... de nadie... y á veces ni aun +de mí mismo. + +--Vos ordenais, señor, y lo que ordenais debe ser justo. Vos sois el +señor, yo el vasallo: vos la cabeza, yo la mano. Ignoro el delito de +esas gentes. Pero vos las condenais y basta. + +--Si, justicia, justicia severa... véte Harum. Mas tarde me hallarás +dispuesto á escuchar las nuevas que me traes. + +--Pero esas nuevas, señor... + +--Por importantes que sean, necesito quedarme solo: arrojar la dolorosa +máscara de que me he cubierto y que me sofoca. Yo te llamaré, Harum. + +El leal monfí se inclinó profundamente y salió. + + * * * * * + +Lo que pasó en la noche de aquel mismo dia en la casa de la rinconada de +la plazuela de Peranton, donde habia pasado la noche anterior la hija +del emir de los monfíes; con el marqués de la Guardia, fue horrible. + +Despues de las doce los vecinos despertaron asustados por unos agudos +gritos de mujer que pedia socorro: cuando los mas ligeros salieron á las +ventanas, los gritos habian cesado; pero vieron cinco hombres que, +saliendo de la casa, se alejaron y se perdieron en la oscuridad. + +Poco despues vino la justicia llamada por los vecinos y encontró la +puerta de la casa violentada: los esposos que la noche antes habian +acogido á la hermosa Amina y al marquesito, estaban cosidos á puñaladas +sobre un lago de sangre. + +Un niño como de unos cinco años, jugaba arrastrándose por el suelo y +manchándose de sangre, á la luz de una lámpara, con algunas monedas de +oro: la justicia recogió los muertos, el niño y las monedas, se guardó +estas últimas, entregó el niño á una moza de vida alegre llamada la +Sastra, que le pidió para adoptarle, y envió los cadáveres al +cementerio. + +Nada mas se supo acerca de este lúgubre asunto: ni por mas que la +justicia se ocupó dos dias en averiguar quiénes fuesen los asesinos, +pudo dar con ellos. + + + + +CAPITULO V. + + De cómo el marquesito dió una prueba de que estaba perdidamente + enamorado de Amina, pensando en casarse con ella. + + +Cuando el marqués tuvo noticias de aquel doble asesinato, se le heló la +sangre, á impulsos de un terror mortal. Aquel tremendo duque que de una +manera tan sangrienta habia sellado los labios de las dos personas que +habian encubierto su deshonra (porque para el marqués era indudable que, +á pesar de sus precauciones, el duque lo sabia todo), seria capaz de +tomar, respecto á su hija, una resolucion terrible. + +Don Juan, al aterrarse por Amina, ni aun habia pensado que él podia +verse en peligro. Amina, solo Amina, era el cuidado que comprimia su +alma: porque aquel terrible burlador que en tantos dolores mujeriles se +habia gozado, sentia al fin el amor; pero ese amor violento, exclusivo, +que nos obliga á anteponer una mujer á todo otro amor, á todo otro +interés, aun á nosotros mismos: ¿qué mas podremos decir cuando digamos +que don Juan habia prometido solemnemente á Amina ser su esposo, y que +al prometerlo habia pensado cumplir rígidamente su promesa? + +Cuando su tio le oyó decir que iba á pedir por esposa su hija al duque, +palideció y sintió un terror mucho mayor que el que habia sentido su +sobrino al saber la muerte de los encubridores de sus amores con Amina: +una vez casado el marquesito, estaba, segun las leyes del reino, +emancipado de su tutela: esto importaba muy poco á don César de Arevalo, +pero importábale muchísimo primero verse obligado á rendir cuentas de +unos bienes que habia explotado sin precaucion alguna, y despues cesar +en el manejo de aquellas rentas, que aunque casi agotadas, aun podian +dar buenos rendimientos. + +Don César acusó de loco á su sobrino: púsole ante los ojos desde el +primero hasta el último de los inconvenientes del matrimonio: recordóle +los muchos maridos que él mismo habia modificado, y, á propósito, la +hipocresía, el talento y la astucia satánica de las mujeres para engañar +á sus maridos, respecto á lo cual apelaba á la experiencia propia del +marquesito: apuró toda la infame lógica de los libertinos; apeló á las +armas del ridículo; al egoismo, á todos los elementos enemigos del +matrimonio. Su sobrino le dejó hablar, y cuando el tio, creyendo que +habia causado en el marquesito un magnífico efecto su perorata, hubo +concluido, el jóven pronunció con un aplomo que daba á conocer lo +irrevocable de su resolucion: + +--Me caso. + +--Pues yo os digo que no os casareis. + +--Me casaré. + +--Yo no os daré mi consentimiento. + +--Me le dará el rey. + +--El duque no os dará su hija. + +--Se la robaré. + +--No teneis poder para ello. + +--Lo veremos. + +--Lo veremos. + +Y tio y sobrino se separaron altamente disgustados el uno del otro. + +Y es el caso que aquella frase de su tio: «_el duque no os dará su +hija_» habia impresionado sobremanera al jóven, causándole una triple +herida en su amor, en su vanidad, en su voluntad. Cabalmente las mismas +palabras le habia dicho Amina, cuando en un arrebato de pasion la habia +dicho el jóven estrechándola en sus brazos: + +--Te juro por lo mas sagrado ser tu esposo. + +--Mi padre no os dará mi mano, habia respondido Amina suspirando. + +--¿Y porqué? la habia preguntado anhelante el marqués. + +La _hermosa duquesita_ solo habia contestado con otro suspiro. + +Don Juan habia jurado que la duquesita seria su esposa á pesar de los +cielos y de la tierra. + +Irritado, pues, por la coincidencia de la observacion de su tio con la +de Amina, tomó una resolucion heróica. + +Fuese en derechura á la casa del duque, y se hizo anunciar. + +Inmediatamente fue introducido. + +Al ver á Yaye experimentó por primera vez ese sentimiento de respeto +hácia todo lo que concebimos superior á nosotros. Ya hemos dicho que +Yaye, á pesar de sus cuarenta y mas años, de sus desgracias, de su +lucha, se conservaba vigorosamente jóven, como en los dias en que +enamoraba por caridad á doña Isabel de Válor. El marquesito concibió +perfectamente que el duque de la Jarilla, á quien no conocia, fuese +padre de Amina, y que á no ser su hija, pudiera haber sido muy bien su +esposa, sin que el mundo hubiera encontrado nada de repugnante en aquel +enlace: Yaye en fin, representaba una de esas juventudes vigorosas que á +despecho de los años se estacionan; una de esas juventudes que han +perdido la expresion irreflexiva y confiada del adolescente, adquiriendo +el grave aspecto de experiencia del hombre. El marqués de la Guardia se +sintió, pues, dominado, y perdió mucho del valor audaz de que iba +provisto. + +--¿Tengo la honra, dijo inclinándose cortesmente, de hablar al señor +duque de la Jarilla? + +--Efectivamente, caballero, dijo Yaye indicándole con la mas perfecta +cortesanía un asiento. + +--Perdonad lo indiscreto de mi pregunta, dijo el marqués sentándose; +nunca os he visto; solo conocia vuestro nombre. + +--¡Qué quereis! aunque vivo en la córte ando muy retirado de ella: solo +he venido á Madrid por mi hija; no por buscarla un buen marido, como +hacen muchos, porque será difícil, muy difícil que mi hija se case; sino +porque no se fastidie en un rincon de nuestras montañas. + +--¿Decís que es muy difícil que vuestra hija, la hermosísima duquesa de +la Jarilla se case? dijo don Juan con cierto acento de proteccion, +creyendo que lo que establecia para el duque la dificultad de que su +hija se casase, era la circunstancia de haber estado una noche perdida +en la córte, circunstancia que sabia todo el mundo: ¿y podria +preguntaros, sin parecer indiscreto, por qué es muy difícil que se case +doña Esperanza? + +--Sí por cierto; y como me habeis hecho la pregunta, voy á contestaros; +entre mis caprichos tengo el de que mi hija sea reina. + +--¡Reina! exclamó atónito el marqués. + +--Si por cierto, mi hija no se casará sino con un rey. + +El marquesito miró fijamente al duque, y de tal modo, que Yaye le dijo, +como contestando á aquella mirada: + +--Ni me chanceo ni estoy loco: mi hija si se casa, se casará con un rey. + +--¿Estais enteramente decidido á ese empeño? + +--De todo punto. + +--¿Y contais con que vuestra hija?... + +--En mi familia, caballero, las mujeres, ni oyen, ni ven, ni entienden: +obedecen cuando la voz de su padre las manda: por consecuencia, mi hija +piensa como yo, enteramente como yo. + +--Permitidme que lo dude. + +--Dudad cuanto querais. + +--Permitidme que os recuerde que soy el marqués de la Guardia. + +--Sí, sí, ya sé que sois voluntarioso y valiente, y que amais á mi hija. + +--¡Cómo! ¿os ha dicho ella?... + +--Sé que venís á pedírmela por esposa. + +--Y cuando lo hago, es creyéndome autorizado.... + +--¡Por su amor! + +--Hace tres noches me lo juraba entre mis brazos, dijo el audaz jóven, +sin medir las consecuencias de su dicho. + +--Bien podrá ser, caballero, dijo Yaye sin alterarse en lo mas mínimo: +bien podrá ser: y es mas; cuando mi hija os dijo que os amaba, no +mentia, y porque os amaba habeis sido su amante, su amante de una noche: +porque os amaba con toda su alma: hay cosas que son fatales: Dios lo +quiso.--Pero lo que yo os puedo asegurar, es que mi hija no quiere ser +vuestra esposa. + +--¡Señor duque! + +--No os irriteis, caballero: ya veis que os hablo mesuradamente, á pesar +de que soy un padre engañado, injuriado: á pesar de que habeis +envenenado el corazon de mi hija. No os irriteis, y adios. Obrad como +mejor os parezca; decid por todas partes que habeis obtenido la suprema +felicidad de la posesion de mi hija. + +--¡Señor duque! + +--Haced lo que querais: decid lo que querais. De la misma manera que os +he recibido hoy, os recibiré mañana: siempre con indulgencia; siempre +como si fuerais mi hijo. ¿Y sabeis, añadió el duque levantándose +lentamente y dando un paso hácia el marqués, sabeis por qué no os hago +pedazos, como pudiera romper una copa de vidrio? + +El marqués fijó una mirada intensa, altanera, en la profunda mirada de +Yaye, que continuó. + +--No os mato, como maté á los dos miserables que os ayudaron en vuestra +infamia.... porque.... Dios no quiere..... porque..... porque, en fin, +mi hija os ama de tal modo, que vuestra muerte la mataria y..... yo, por +muy criminal que haya sido, no quiero matar á mi hija. + +--¿Conque ni la razon del honor, ni la de la sangre, ni ese amor que +ella me profesa y que no es mayor que el que yo siento por ella, os +hacen desistir de vuestro extraño propósito? + +--Por muy extraño que ese propósito os parezca, me afirmo en el. + +--¿Y sacrificareis á vuestra ambicion vuestra hija? + +--Mi hija piensa como yo. Quiere ser reina. + +--¿Y me ama? + +--Vais á juzgar por vos mismo. ¡Ola! + +Al llamamiento del duque, se abrió una mampara y apareció un criado. + +--Decid á la señora duquesa que la espero, dijo Yaye. + +Algunos momentos despues, se oyeron en una habitacion inmediata, pasos +de mujer, acompañados del crugir de un trage de seda; se levantó el +pestillo de una puerta, y al fin, Amina se presentó en la cámara de +recibo de su padre. + +Al ver al marqués se puso letalmente pálida, retrocedió un paso, ahogó +un grito, y se llevó involuntariamente la mano sobre el corazon, como si +hubiese recibido en él un golpe de muerte: despues quedó inmóvil, +fijando en el marquesito una mirada intensa, fascinada, insensata. + +Yaye se acercó á ella, la asió de una mano, y llevándola junto al +marqués, la dijo: + +--El señor marqués de la Guardia, nos hace la honra de solicitar tu +mano, hija mia. Antes de contestar quiero que sepas cual es mi voluntad: +esta se reduce, á que se cumpla la tuya. Poco importa que yo acoja de +buen ó mal grado los deseos del señor marqués: yo te juro, por la +memoria de tu madre, que si quieres ser esposa de don Juan, lo serás. +Ahora puedes responder al señor marqués. + +--Don Juan, dijo Amina que se habia sobrepuesto á su alteracion, y cuya +palidez mate era la única señal que conservaba de la emocion que habia +causado en ella la inesperada vista del marqués: yo os agradezco con +toda mi alma, el que os hayais acordado de mí para hacerme vuestra +esposa; jamás olvidaré que habeis venido á ofrecerme lo que +indudablemente me haría muy felíz; vuestro nombre y vuestra fé; pero yo +no puedo aceptar. + +--¡Que no podeis! ¡es decir que!.... + +--No quiero: contestó con firmeza Amina, completando la frase de don +Juan. + +--Ya lo oís, señor marqués; habeis obligado á mi hija á que para evitar +todo género de interpretaciones, os diga claramente y sin rodeos, que no +quiere ser vuestra esposa. + +Dicho esto, Yaye llevó á su hija á la puerta por donde habia entrado, la +besó en la frente, y despues que hubo salido, se volvió al lado del +marqués que estaba mudo de asombro y de cólera. + +--Ahora, señor don Juan, dijo el emir sentándose de nuevo, permaneced +cuanto tiempo querais en mi casa; pero os suplico que no me hableis mas +del asunto que os ha traido á ella. Seria un empeño inútil. Solo os diré +algunas palabras: el paso que acabais de dar, me reconcilia con vos: +fullero de amor, habeis contraido una mala deuda; pero despues habeis +reflexionado, y habeis venido lealmente á pagar con lo que únicamente +podiais pagar una deuda de tal género, con vuestro nombre: yo os lo +agradezco: yo os perdono.... á pesar de que me habeis causado una herida +que siempre brotará sangre. + +--Hay otro modo de pagar esas deudas, señor, dijo el marqués conmovido. + +--¿Cuál? contestó con amargura Yaye. + +Don Juan desnudó su daga y la entregó por el pomo al duque que la tomó +con indiferencia; luego el marqués dobló una rodilla, y dijo con voz +resuelta: + +--Tomad mi sangre, señor. + +--¿Para qué quiero yo vuestra sangre, niño? respondió con voz opaca el +emir; vos habeis sido una fatalidad que se ha puesto sobre mi camino: á +vos mismo os ha traido á ese camino la fatalidad: respetémosla +entrambos: quedaos vos con vuestro amor y vuestro remordimiento: dejadme +con mi dolor y con mi rabia: tomad vuestra daga: yo no necesito para +nada vuestra sangre: idos ó quedaos; pero no hablemos mas de esto. + +Y levantó al marqués y le puso por sí mismo la daga en la vaina. + +Don Juan lloraba por la primera vez de su vida: lloraba silenciosamente, +como pudiera haber llorado una mujer desesperada. + +--¡Oh! á pesar de vuestra fama de libertino, teneis corazon, dijo +conmovido Yaye. + +Hubo un momento de solemne silencio. + +Yaye tomó entrambas manos al jóven. + +--¡Con que tanto amais á Esperanza! le dijo. + +--¡Ah señor! exclamó el jóven: ella es la esperanza de mi vida, acaso la +salvacion de mi alma. + +--Pues, bien, pensad en vuestra Esperanza, dijo el emir. + +Iluminóse con una intensa expresion de alegría el semblante del jóven +marqués. + +--¡Ah señor! exclamó: ¿renunciareis al fin, de llevar á cabo vuestro +extraño empeño? + +--No, no por cierto: mi hija, vuestra _Esperanza_ se casará con un rey: +esto no quiere decir otra cosa, sino que será necesario haceros rey. + +Causó tal impresion aquella nueva extravagancia en el ánimo del marqués, +que miró fijamente al duque, temiendo habérselas con un loco; pero en +los ojos de aquel, brillaba la mas fria razon. + +Don Juan temió volverse loco si permanecia un momento mas en aquella +casa, y salió delirante, frenético, sin despedirse del duque. + +Este se quedó murmurando: + +--¡Fatalidad! ¡la mano que mató al padre, no debe matar al hijo! + + + + +CAPITULO VI. + + Del medio que eligió el marquesito de la Guardia para irritar el + amor de Amina. + + +Ciertamente era necesario un obstáculo de gran monta para detener en su +carrera al voluntarioso don Juan. + +Acostumbrado á que todo se rendiese á sus deseos, era un torrente cuyo +curso se hacia cada vez mas rápido, y sus aguas mas turbias: al fin +habia encontrado una roca en su camino; la habia enlodado, la habia +manchado, la habia hecho temblar; pero la roca era demasiado fuerte para +que la corriente la arrastrase y saltase por cima de ella, dejándola +enterrada en el fango; aquella roca era el amor de Amina contrapuesto al +torrente de las pasiones del marqués. + +Hasta entonces solo habia encontrado cortesanas que le provocaban y le +sonreian, abriéndole sus brazos, ó virtudes fáciles que cedian en el +momento en que se veian combatidas por la exigente voluntad del jóven. +Esto en cuanto á las mujeres. En cuanto á los hombres, como el marqués +era demasiado terrible, diestro y valiente para que le temiesen los mas +esforzados, nuestro jóven campaba entre ellos por su respeto, puesto que +el que no le rodeaba para explotarle, le evitaba para no verse +comprometido en un lance desastroso. + +Don Juan Coloma, favorecido por las mujeres, respetado por los hombres, +considerado en todas partes por su rango, por su fortuna y por su +belleza, no podia haber sido hecho esclavo, sino por la _hermosa +duquesita_, por aquella otra singularidad femenina, por aquel +hermosísimo misterio viviente, contra cuyo desden se estrellaban los +empeños de los mas libertinos, y contra cuya pureza se mellaba el diente +de acero de la murmuracion femenil. + +El marqués, que como hemos dicho, antes de conocer á Amina, se habia +sentido arrastrado hácia ella por un impulso instintivo; que al verla se +habia enamorado en un solo momento, como jamás se habia enamorado de +otra mujer; que al poseerla habia comprendido que aquella niña magnífica +en el cuerpo y el alma, era una parte de su ser, que no podia vivir sin +ella, que la luz de sus ojos eran su luz, y el aliento perfumado de su +boca su vida; se vió sujeto cuando mas libre se creia, y de tal modo, +que como hemos visto, habia dado el paso, en él extraño y casi milagroso +de pensar en el matrimonio. + +Don Juan se habia transformado de repente, de señor en siervo, de +burlador en burlado, de opresor en oprimido; se habia modificado dejando +de ser lo que era, para convertirse en un ser enteramente distinto: este +milagro lo habia hecho el amor, que es la pasion que conocemos con mas +dominio sobre el corazon humano, y Amina habia sido el instrumento de +que el amor se habia valido. + +Es necesario tambien tener en cuenta que no se necesitaba menos para +dominar al soberbio don Juan. + +Amina reunia cuantas cualidades puede reunir una hija de Eva para ser +codiciada: juventud, riqueza, ilustre cuna, elevacion de ideas y un no +sé qué dominador que se exhalaba de su mirada irresistible, de la +enérgica y vigorosa hermosura de sus formas, de su continente, de sus +maneras, de su palabra, de su acento. Era, en fin, un conjunto +irresistible de cualidades tentadoras, ante las cuales hubiera caido, no +don Juan, que cuando mas, era soberbio, sino el santo mas santo, con +toda la terrible fortaleza de la humildad, que es la primera de las +fuerzas que conocemos. + +Don Juan se sintió humillado; pero al ser humillado se sintió +engrandecido; porque no era una afrenta lo que le humillaba; no el +desprecio público; no las desesperadoras consecuencias de la pobreza: lo +que le humillaba dominándole, porque para él todo dominio era +humillante, era el amor, esa noble y ardiente pasion, que á todo se +sobrepone y que dominándolo todo, todo lo engrandece. Amina se habia +apoderado del alma del marqués, le habia hecho gozar por un momento de +un cielo para despeñarle despues á la tierra y decirle:--No pasarás de +ahí. + +Y don Juan, queriendo desplegar las poderosas alas para alzarse á aquel +cielo, conoció que sus alas se habian quemado; que era un ángel rebelde, +caido entre el lodo, y solo aspiró lo nauseabundo, lo fétido de aquel +lodo, cuando quiso levantarse á otra region mas pura, y no pudo; cuando +lleno de amor y de esperanza, regenerado, despierto del sueño de +impureza que habia dormido desde su infancia, oyó una voz terrible, la +de la mujer amada, que le decia con ese acento que demuestra una +resolucion irrevocable:--No quiero ser vuestra esposa. + +¿Acaso Amina rechazaba por dignidad al hombre que habia abusado de la +ocasion, de la situacion, de uno de esos momentos decisivos, en que la +fatalidad coloca á la mujer mas pura? Pero don Juan sabia que de la +misma manera instintiva, por decirlo asi, que el amaba á la _hermosa +duquesita_, era amado de ella. ¿Acaso aquel padre que parecia tan +terrible, tan valiente, que todo lo sufria, que todo lo confesaba, que +se burlaba de una manera inconcebible de la opinion pública, tendria por +objeto irritar la pasion en su alma en provecho de su hija? Pero él se +habia presentado decidido, resuelto á ser esposo de la duquesita y se le +habia rechazado. ¿Seria que efectivamente padre é hija estuviesen locos +ó fuesen tan soberbios, que aspirasen á un trono? ¿Y qué trono podia ser +este? ¿El de España? ¿El que ocupaba el tremendo, el frío, el calculador +Felipe II? + +Esto era un absurdo, un sueño insensato, y sin embargo, pensó en ello el +marqués de la Guardia, á pesar de lo monstruoso del pensamiento. + +¿Acaso se contaria con el príncipe de Asturias? + +Don Carlos de Austria tenia en aquella sazon veinte y dos años. +Contábanse de este príncipe en los círculos íntimos de la córte, vicios +repugnantes, acciones indignas de un caballero, severos castigos +impuestos al príncipe por el rey. Sin embargo, estos castigos en nada +habian influido respecto á las viciosas inclinaciones del príncipe. Las +damas de la reina se veian á cada paso obligadas á quejarse de las +tenaces solicitudes de don Carlos, y aun de atrevimientos de mayor +monta. Las gentes de su servidumbre, maltratadas y aterradas, +desaparecian del cuarto del príncipe, huyendo de su ferocidad. Su ayo, +sus gentiles-hombres, sus caballerizos, á trueque de no irritarle, +encubrian sus nocturnas salidas de palacio, y el rey se veia obligado á +cerrar los ojos y los oidos á muchas cosas, para no verse en la dura +necesidad de castigarlas; para no dar el escándalo de reducir á una +prision rigorosa al heredero inmediato de la corona. + +Solo habia un hombre que gozaba por entero de la amistad y de la +confianza del príncipe: este hombre era el famoso comediante Cisneros. + +Pero si Yaye, conociendo el carácter voluntarioso del príncipe, y +contando con la maravillosa hermosura de su hija, habia pensado en +ponerla por este medio en el trono de las Españas, era necesario +deducir como consecuencias de este pensamiento, sucesos horribles. + +En primer lugar, suponer que un soberano de la casa de Austria +consintiese en el casamiento de su hijo con una grande de España, y +cuando este soberano se llamaba Felipe II, hubiera sido contar con un +imposible, con un milagro. Si él se casaba secretamente... esto era +tambien imposible, porque los ojos y los oidos de Felipe II, segun don +Juan creia, alcanzaban á todas partes; pero contando con la maldad de +que tantas pruebas habia dado don Carlos de Austria, no era descabellado +suponer que el príncipe se rebelase contra su padre, procurase +destronarle, y al sentarse en el trono, impusiese á la altiva nacion +española una reina sacada de entre la nobleza, y sin otros títulos á la +corona que el capricho del príncipe. + +Estos proyectos podian muy bien caber en la cabeza enferma de don Carlos +(que, segun opiniones muy autorizadas, era víctima de una feroz +monomanía), ¿pero cómo suponer, sin injuria para el duque de la Jarilla +y para su hija, que se prestasen á tales proyectos? Siendo asi, el duque +era un traidor, un infame, y doña Esperanza una miserable prostituta; +porque la mujer, que sobreponiendo su ambicion á su amor, se casa con un +rey porque quiere ser reina, es una prostituta que vende su cuerpo y su +alma por un trono. + +Don Juan cerró con disgusto, con horror, los ojos de su alma á estas +suposiciones, y sin embargo, aquellas sospechas crueles, le perseguian, +le torturaban, magullaban, por decirlo asi, su orgullo; le hacian probar +unos zelos crueles, y con ellos la terrible pasion que siempre los +acompañan: la venganza. + +Don Juan necesitó salir á todo trance de aquella terrible duda, y para +salir de ella, poner de claro en claro cuanto habia de misterioso en el +duque viudo y en la duquesa de la Jarilla. + +Por la primera vez pensó don Juan en presentarse en el alto círculo de +la córte: hasta entonces le habian separado de ella sus libres +costumbres. Don Juan aborrecia la sujecion aunque solo fuese en la +forma. Nada le placia mas que ese género de reuniones, donde se puede +estar con el sombrero puesto, y entre tendido y sentado, con la palabra +suelta, en entera libertad de hacer y de decir; las casas de juego, las +mancebías, las tabernas, los nidos de las damas galantes, habian sido +hasta entonces sus lugares favoritos. Amina le hizo ver que habia un +mundo aparte, en el cual se respiraba mas fácilmente; en que lo bello +era realmente bello; en que, si habia vicio, estaba rígidamente oculto +por apariencias de virtud. Don Juan comprendió que se puede ser malo +pareciendo bueno, y viceversa. En una palabra: repetimos lo que ya hemos +dicho: el amor de Amina, comparado con los amores que hasta entonces +habia probado, le habia hecho sentir el olor del lodo de que hasta +entonces habia estado circuido. Asi es que una repulsion natural le +separó de su antigua sociedad y le hizo acercarse sin repugnancia á +aquel otro círculo decoroso de que hasta entonces habia estado alejado. + +No hay que decir que fue acogido con un completo éxito, porque esto se +comprende, teniendo en cuenta los antecedentes del marqués. En la córte +tambien, aunque bajo la máscara de una refinada hipocresía y con formas +convenientes, encontró don Juan, hechiceras cortesanas, ojos que, +aprovechando el descuido de otros ojos, le miraban chispeantes y ricos +de promesas; opulentas y nobilísimas herederas que le sonreian +diciéndole harto claro que era un marido codiciable: las altas +cortesanas distinguieron á don Juan del mismo modo que las cortesanas +aventureras. Toda la diferencia estaba en las formas. + +Don Juan notó que tambien en la córte habia cieno; pero cubierto de +césped y flores: es cierto que el que confiado aventuraba la planta +sobre aquel florido césped, se hundia hasta el cuello; pero se guardaba +bien de decirlo, por razones de conveniencia social: cada cual explotaba +en su provecho los filones riquísimos que se ocultaban bajo aquel +cesped. Pero don Juan fue prudente. + +En vez de revolcarse á diestro y siniestro por aquel lodo, se echó á +buscar entre él una víctima que le ayudase, sin saberlo, en sus +proyectos: una amante beneficiosa, en una palabra: cuando se ha llegado +á la intimidad con una alta dama, se saben cosas que no solo no se +hubieran creido posibles, sino que ni probables, respecto á ciertas +gentes. Ademas, don Juan, siguiendo esta línea de conducta, tenia dos +objetos: frecuentaba las primeras casas de la córte, veia en ellas á +Amina, la hablaba, gozaba, viendo representada la influencia de su amor +en la densa palidez que cubria el semblante de la hermosa duquesita, y +sobre todo, aumentaba su amor y le mantenia vivo con el punzante aguijon +de los zelos. El corazon de la mujer que ama nunca se engaña, y Amina +sabia distinguir entre cien mujeres á la favorita del marqués. + +Este habia tenido tacto: para dar zelos á Amina habia elegido una mujer +notabilísima por su hermosura, por su juventud, por su clase y por sus +singularidades. + +Esta mujer era veneciana, y se llamaba la princesa Angiolina Vizconti. +Una de las tres singularidades de la córte de Felipe II en aquellos +dias, como dijimos al principiar esta segunda parte. + +No le fué tan fácil á don Juan, como habia creido, la conquista de la +princesa, por mas que esta hubiera distinguido al marquesito desde sus +primeras vistas. Frecuentó su trato don Juan, la galanteó de una manera +delicada y ella se dejó galantear hasta cierto punto; pero cuando don +Juan se lanzó al fin á una declaracion decisiva, la princesa le contestó +con la dignidad mas dulce y graciosa del mundo: + +--No puedo aspirar á la felicidad de ser vuestra, caballero, porque soy +casada. + +Don Juan, respecto á las mujeres de cierta clase, no tenia absolutamente +experiencia; creyó que en la princesa italiana habia encontrado una +virtud á prueba de bomba, como diriamos en nuestros dias, y obstinado, +por lo mismo que habia encontrado resistencia, se empeñó en el sitio de +la durísima belleza, y para sostenerle con mas probabilidades de éxito +pidió informes á sus amigos. + +Esto equivalia á reconocer las obras avanzadas de la plaza. + +--Os habeis metido en una empresa diabólica, amigo mio, le dijo el +marqués del Vasto, á quien don Juan abrió su pecho. Nada conseguireis de +la princesa. + +--¿Y por qué razon, amigo don Alonso? repuso el marqués. + +--Por la sencilla razon de que en cuatro años que lleva en la córte, +ninguno de los muchos apasionados de esa dama, ha podido jactarse de +poseerla. + +--¡Ah! ¡ah! + +--Ya veis: es la mas hermosa de las damas que tenemos presentes. (Se +encontraban los interlocutores en un ángulo de un salon de la casa del +duque del Infantado). + +--Os engañais, don Alonso, hay otra mas hermosa que ella. + +--Ya se sabe, ya se sabe, que la hermosa duquesita es la primera en la +córte, antes que la reina en hermosura y discrecion, y despues de la +reina en riqueza; pero prescindiendo de ese portento, Angiolina es un +prodigio; ved qué cabellos, qué frente, qué ojos... qué todo. Pues bien: +lo que mas hace codiciable á esa mujer, no es su hermosura, sino la +situacion especial en que se encuentra: ya sabreis que es la llamada la +_casada-vírgen_. + +--¡Bah! siempre he tenido eso por una exageracion ó por una burla. + +--Pues no es ni burla ni exageracion. + +--¿Sabeis algo acerca de esa singularidad? + +--¡Bah! lo sabe todo el mundo. + +--Perdonad; yo formo parte del mundo, y no lo sé. + +--Pues vais á saberlo, para que todo el mundo lo sepa. + +--Os escucho. + +--Angiolina Vizconti, como lo demuestra su apellido, es veneciana. + +--Pues no pasan por muy virtuosas las hijas de la serenísima república. + +--La princesa se ha criado en Roma. + +--No son tampoco vestales todas las romanas. + +--Sea como quiera, Angiolina quedó huérfana á los diez y seis años. Su +padre, Paolo Vizconti, fue encontrado en una de las calles de Roma, +cosido á puñaladas. Sola y sin amparo Angiolina, salió de Roma, pasó á +Toscana, y entró en un convento en Lierna. Conocióla por un accidente en +el cláustro, el príncipe romano Maffei Lorencini; comprendió que +Angiolina no tenia vocacion al cláustro, en el que solo habia entrado +por necesidad, y se propuso hacer con ella una obra de misericordia. La +habló, la pidió su mano, y aunque el príncipe no era ni jóven ni +hermoso, Angiolina prefirió el mundo al lado de un esposo poco +agradable, al cláustro junto á monjas menos agradables que el príncipe. +Aceptó y se casó con él. Entonces Maffei, en vez de entrar con ella en +la cámara nupcial, la dijo: + +[imagen: La princesa Angiolina Vizconti.] + +--Entrásteis por necesidad en el cláustro, y no quiero que por necesidad +os sacrifiqueis á un hombre que no puede agradaros. En vez de ser +vuestro marido seré vuestro padre. Sois libre, pues; libre para todo +menos para manchar mi nombre, lo que estoy seguro que ni aun siquiera os +pasará por el pensamiento. Soy viejo, no tengo parientes: os he nombrado +mi heredera: vos sois jóven, y dentro de poco sereis viuda, libre, y +princesa. + +--El señor Maffei Lorencini fue un héroe, dijo don Juan. + +--No ha sido menos heroina la princesa. A pesar de que su esposo pasa la +vida viajando, hasta tal punto que nadie le conoce; á pesar de que, por +lo mismo, Angiolina está enteramente libre, ha guardado de tal modo la +honra del príncipe, que ha causado la desesperacion de cuantos han +tenido la desgracia de enamorarse de ella. Cuéntase (el marqués del +Vasto bajó la voz), que su magestad ha deseado tambien á la princesa, y +que ha salido tan mal parado como todos los demás. + +--¿Estais seguro de que esa mujer no es bastante discreta para recatar á +un amante? + +--¡Bah! es una mujer fria, altiva, orgullosa; está enamorada de sí +misma. Solo se la ha conocido una pasion. + +--¿Cuál? + +--La de la envidia, y esta no se la conoció hasta que se presentó en la +córte la hermosa duquesita. + +--¡Ah! exclamó profundamente don Juan. + +--Ya se ve: la pobre princesa era el sol de la córte, la reina de la +hermosura, hasta que se presentó ese nuevo sol, esa doña Esperanza, que +la ha eclipsado. + +--Os doy un millon de gracias por las noticias que me habeis dado de la +princesa, dijo don Juan, impaciente por poner en práctica un pensamiento +brillante que habia concebido. + +--Pues dadme dos millones de gracias por el consejo que voy á daros, +añadió el marqués del Vasto. Si no quereis sentenciaros á un sufrimiento +inútil, no volvais á pensar en la princesa. + +Estrechó don Juan la mano de su noble amigo, y aprovechando la ocasion +de haberse desocupado una silla colocada por acaso entre Amina y la +princesa, fué á sentarse en ella. + +[imagen: El marquesito] + +El pensamiento que habia concebido el marqués, era el siguiente: siendo +cierto que la princesa envidiaba á la duquesita, debia aborrecerla. Si +don Juan lograba que doña Esperanza se mostrase enamorada de él hasta el +punto de que lo notase la princesa, era asunto concluido: no solo era +suya la princesa, sino que tendria sumo cuidado en procurar hacer +conocer á la duquesita que la habia robado el corazon del hombre de su +amor. + +Don Juan no pensaba mal. Uno de los mejores medios para conquistar á la +mujer mas dificil, es servirse de sus pasiones. + + + + +CAPITULO VII. + + La una por la otra. + + +Habíase sentado el marquesito entre las dos rivales, en una disposicion +de espíritu muy favorable para conseguir su intento. Habíase colocado +entre dos polos opuestos, cada uno de los cuales tenia sobre él una +atraccion poderosa. Si bien estaba seriamente enamorado y mas que +seriamente empeñado por Amina, la princesa le impresionaba fuertemente, +y su hermosura aunque, de todo punto distinta de la de la jóven sultana, +excitaba sus deseos. + +Procuraremos describir la hermosura de la princesa, para que nuestros +lectores puedan juzgar si estaba don Juan impresionado con razon por +ella. + +Era alta, esbelta, de formas redondas, de seno turgente y de cuello +mórvido, cuya blancura era transparente; su cabeza, de una forma +magestuosa, parecia fatigada por el peso de una cabellera negra densa y +brillante; tenia la frente despejada y serena, las cejas anchas, +dulcemente arqueadas y negrísimas; negros los ojos, rasgados, +resplandecientes, sombreados por largas y espesas pestañas, que no +sabemos si servian para amortiguar el brillo de su mirada ó para +aumentar su fuego con el contraste de su sombra; era densamente pálida, +lo que aumentaba su blancura, y, como en muestra de que aquella palidez +no era enfermiza, sus labios tenian un color rojo vivísimo, puro, +fresco, como el de los granos de una granada: las formas de su cabeza, +de su semblante, de su cuello, de sus hombros, de su seno, de sus +brazos, de sus manos y de su talle, mostraban el puro y rígido contorno, +la magestuosa armonía, la extremada belleza de la estatuaria griega, de +los buenos tiempos en que los griegos robaron á la naturaleza sus mas +bellas y puras formas para animar con ellas el mármol. + +Era, en fin, la princesa Angiolina, una de esas bellezas reinas, que no +se ven sin admiracion, que no se recuerdan sin deseo. + +Tenia ademas, y como si la naturaleza hubiera querido dulcificar ese no +sé qué de severo, de casi duro, de las formas enérgicamente correctas, +el atractivo meridional de las venecianas, su sonrisa sensual é +incitante, y la mirada lánguida, velada, dulcísima. Esto, se entiende, +en los momentos en que Angiolina parecia feliz y tranquila, que cuando, +por efecto de su envidia y de su rivalidad hácia Amina, rivalidad hasta +entonces puramente de posicion, sufria y luchaba, el semblante de la +princesa tenia toda la siniestra, sombría y terrible expresion del angel +caido. + +Y no sabemos cuando estaba mas hermosa: si cuando sonreia tranquila, ó +cuando sus ojos mostraban la funesta expresion del odio y de la envidia. + +Ello era verdad que Angiolina era una de esas mujeres de alma terrible, +de las cuales un hombre prudente se aparta para no morir de deseos +siendo desdeñado, ó devorado por un amor frenético, exigente y zeloso, +siendo amado. + +Sobre todo esto, ya lo hemos dicho, era tan vigorosa, tan fresca, tan +pura, la juventud de la princesa, que, contando ya veinte, y seis años, +á penas representaba veinte. + +Cuando se presentó por primera vez en la córte de las Españas con su +viejo marido el príncipe Lorencini Maffei, causó una sensacion profunda. + +Y eso que en aquellos tiempos, en que la preponderancia española no +tenia rival en Europa, la córte de las Españas era muy concurrida de +gente noble y rica de todas las partes del mundo, y eran muy comunes en +ella las mujeres hermosas; encontrábanse á cada paso, en las iglesias, +en los paseos, en los saraos, ya flamencas de carne delicada y ojos +azules; ya italianas de mejillas morenas y aterciopeladas, pelinegras y +ojinegras; ya inglesas blancas, como la espuma del mar, y con cabellos +de oro; ya indias doradas, con su hermosura semisalvaje por lo +extremadamente enérgica; ya francesas galantes y espirituales etc. Esto +por lo relativo al extranjero, que en cuanto á lo relativo al interior, +al género de casa, la córte era una admirable y variada exposicion de +fidalgas vascongadas, montañesas, asturianas y gallegas, con su candor y +su nítida blancura; de andaluzas y estremeñas con su mirada volcánica; +de valencianas y murcianas con sus tentadores encantos y sus felices +disposiciones para las intrigas amorosas; de aragonesas y catalanas con +su hermosura altiva y tirante, por decirlo asi, y su acento enérgico y +duro; de toledanas (de ellas nos libre Dios) con su gracejo y travesura, +y por último de las hijas de Madrid, con su profunda experiencia en +galanteos, y sus artes y sus aliños que suplen á la hermosura. El +aficionado, pues, tenia una coleccion completa donde elegir, puesto que, +ademas de las blancas, las trigueñas, las morenas y las doradas, no +faltaban algunas incitantes hijas del Africa, negras como el ébano y +hermosas, con arreglo á su tipo, que servian de doncellas esclavas, en +la mayor parte de las casas de la nobleza. + +Difícil era, por lo tanto, que una mujer por hermosa que fuese, +brillase, se destacase, se hiciese notable entre una pleyada tal de +bellezas. Sin embargo, á su aparicion en la córte, Angiolina alcanzó un +éxito ruidoso; hubo por ella apuestas, desafios y empeños, y se hicieron +codiciables una mirada suya, una sonrisa ó una inclinacion de cabeza +algo expresivas. + +Si Angiolina hubiese cedido al amor de alguno de sus innumerables +galanteadores, indudablemente se hubiera vulgarizado, dejando de ser un +empeño; pero su firmeza, lo extraordinario de su situacion como +casada-vírgen, y las exageraciones que con relacion á ella se citaban, +la sostuvieron sin rival en el trono de la hermosura, hasta la aparicion +de Amina en la córte, que fue una singularidad de mas monta. + +Llevábala ventaja Amina, en juventud, en hermosura, en riqueza y en +singularidad de historia, puesto que todo el mundo sabia que era hija de +una mejicana y de un hidalgo oscuro (que por tal se tenia á Yaye); +conociase en razon de los pleitos que una poderosa familia habia +sostenido contra Estrella, la historia de esta, y era tan romancesca, +tan singular aquella historia, que no podia menos de dar un gran +prestigio á Amina. + +Por otra parte Yaye habia entrado en la córte, asombrándola con su +inmenso fausto: Amina eclipsaba en riqueza de trages y joyas á las mas +altivas grandes de España y se ponderaban los tesoros de la _duquesita_. +Angiolina se presentaba, es verdad, siempre que la ocasion lo requeria, +con un nuevo y rico trage; pero siempre las perlas y la pedrería eran +las mismas; no habia podido comprarse un palacio, ni aun amueblar como +hubiera convenido á su rango su enorme casaron alquilado, y en cuanto á +lo demás, no habia logrado aventajar, ni aun igualar, á muchas de las +riquísimas y faustosas señoras de la córte. + +Esto y su rivalidad con Amina, eran los únicos sinsabores que amargaban +el corazon de la princesa: por lo demás, tenia un excelente marido, ó +mejor dicho, esposo, que comunmente se encontraba viajando, que venia á +hacerla una brevísima visita de año en año, y que la dejaba enteramente +entregada á sí misma y dueña de sus acciones, libertad de que, segun +fama pública, no habia abusado en lo mas leve la princesa. + +Tal era la mujer de que habia pensado valerse el marqués de la Guardia +para excitar los zelos de Amina: la mujer de quien, hasta cierto punto, +podia decirse que estaba enamorado, acaso solo porque habia resistido á +sus deseos. + +La casualidad, que tantas veces hace que se encuentren reunidos, y mano +á mano, dos enemigos irreconciliables, habia hecho que Amina y la +princesa se encontrasen demasiado próximas aquella noche en la casa del +duque del Infantado, y la casualidad hizo tambien que se encontrase +vacío el único sillon que las separaba, en el que se sentó don Juan. + +Cuando un hombre que vale tanto como el marqués valia, se encuentra +colocado entre dos mujeres con las cuales tiene antecedentes, y mucho +mas cuando estas dos mujeres son rivales, se establece una situacion +especial que generalmente es fecunda en consecuencias. + +Amina, que antes de llegar el marqués, se habia mostrado indiferente y +altiva con la princesa, al saludar don Juan á esta, se puso pálida; al +sentarse el jóven se la comprimió el corazon, y sus ojos se fijaron con +ansiedad en el semblante de Angiolina, que contestaba sonriendo al +saludo del marqués. + +Este y la princesa notaron la turbacion y el anhelo de Amina, y +entrambos, cada cual por lo que le convenia, se propusieron forzar la +situacion. Don Juan tomó familiarmente, como un hombre que está +autorizado para ello, el abanico de plumas de la princesa, y á propósito +de su mérito y de su riqueza, sostuvo con ella una conversacion llena de +galanteos, de intenciones, de dobles sentidos. El rostro de Amina se +nubló; su altivez rugió poderosamente dentro de su alma, y las oleadas +de aquella tempestad salieron á su rostro, tanto mas determinadas cuanto +la jóven luchaba por ocultarlas: don Juan dejó que Angiolina gozase de +su triunfo, que lo saborease, esperando una ocasion propicia para +amargar aquel triunfo, para empeñar, en una palabra, á la princesa: +aquella ocasion no tardó en presentarse: algunos músicos, con guitarras +y arpas, que acababan de entrar, rompieron tocando uno de los bailes de +la época. + +Entonces el marqués se volvió á Amina, y mirándola de una manera tal que +parecia decir: «á vos, sola á vos amo,» la invito á bailar. + +Amina entregó su mano á don Juan, se levantó en un movimiento nervioso, +y clavó una humillante mirada de triunfo en la princesa, que la contestó +con otra mirada de amenaza. + +Amina y el marqués se lanzaron en el baile: la princesa se negó á todos +los que llegaron á invitarla; cada vez que Amina pasaba, reclinada entre +los brazos del marqués, envuelta en el torbellino de la danza, lanzaba +una mirada rápida, fugitiva como un relámpago, pero llena de insultos, á +la princesa: cada una de estas miradas ennegrecian mas, por decirlo asi, +el alma de Angiolina y hacia asomar á su semblante las oscilaciones de +una lucha interna y poderosa; al fin el semblante de la princesa tomó +una expresion glacial, profunda: la expresion de una resolucion +decidida; y cuando, terminada la danza, el marqués volvió con Amina y se +sentó de nuevo junto á la princesa, esta se apresuró á decirle: + +--Cuento con vuestra cortesanía, don Juan. + +--Quien os ha ofrecido su corazon, señora, contestó el marqués, está +siempre dispuesto á serviros. + +--Pues bien, repuso Angiolina; me siento mal; hace calor; estas luces me +sofocan; este ruido me aturde; necesito salir de aquí; respirar el aire +libre; mis criados aun no habrán venido; es temprano. ¿Quereis +acompañarme, señor marqués? + +Don Juan se levantó, saludó á Amina, y dió el brazo á la princesa. + +Amina sintió que el corazon se la rompia al recibir la mirada +indescribible con que Angiolina se despidió de ella: comprendió cual era +la resolucion de la princesa, y tuvo impulsos de levantarse y disputarla +la posesion de don Juan: pero existe una ley tiránica que encadena á la +mujer que tiene dignidad: la ley de su dignidad, y Amina permaneció +aniquilada en su asiento, mientras el marqués y la princesa salian +juntos, causando con su salida uno de esos sordos escándalos, que se +hacen por un momento dueños exclusivos de la sociedad en donde pasan; +que se comenten de mil maneras, y sostienen durante ocho dias la +conversacion de todos. + +--¿Quereis que pida una litera? dijo el marqués cuando estuvieron en el +zaguan. + +--No, contestó Angiolina con un acento poderosamente incitante: por nada +del mundo trocaria el placer de apoyarme en vuestro brazo. + +El alma de don Juan se sonrió, cediendo á un impulso de vanidad: habia +conseguido su objeto: Angiolina era su instrumento, y un instrumento muy +bello por cierto: sin embargo, temió perderlo todo por precipitacion y +se mantuvo en los límites de la mas profunda reserva. + +--Ved, dijo, que aun son las noches frias; que estais muy sofocada. + +--Por lo mismo necesito respirar libremente, y luego... la noche esta +hermosísima... no recuerdo otra noche mas hermosa. + +--¿Qué camino quereis que elijamos para que vayais á vuestra casa? + +--¿_Para que vayais_? Contestó la princesa subrayando con su intencion +particular estas palabras. ¡Qué! ¿en el caso de querer yo ir á mi casa, +no venís vos tambien? + +--¡Qué no vais á vuestra casa, señora! ¿pues á dónde quereis que os +acompañe? + +--No quiero que me lleveis; quiero llevaros yo. ¿No quereis que os sirva +de guia? + +--Indudablemente que guiándome vos, no puedo ir mas que al cielo. + +--¿Quién sabe? + +--Pero os suplico que mediteis, que nuestra salida del sarao se ha +notado; que vuestra dignidad requiere mi pronta vuelta que ademas, he +notado que alguien nos sigue. + +--¿Y qué me importa? ¿Qué os importa á vos?... Sigamos: mirad que noche +tan hermosa; mirad que luna: vaguemos por las calles al aire libre... y +que nos sigan en buen hora. + +--Creo señora que estais enferma; vuestra voz tiembla de un modo +singular; os estremeceis toda. + +--Si, si, estoy enferma: por lo mismo sigamos, aspiremos el fresco +viento de la noche. + +Y la princesa tiraba de don Juan, que se hacia el reacio exprofeso. + +Empezaron á rodear calles y en silencio: ella creia haber dicho +bastante; él se habia propuesto que ella lo dijese todo. + +Con el andar y con el fresco de la noche volvieron la calma y la razon á +Angiolina. + +--Qué pensareis de mi don Juan, le dijo. + +--¿Qué quereís que piense? dijo don Juan. + +--¿Que qué quiero que penseis? pero eso no es una respuesta: no se trata +de lo que yo quiero, sino de lo que pensais vos. + +--Pienso que he tenido la fortuna de que volvais la vista á mi, cuando +habeis necesitado de alguno que os acompañe. + +--¿Y pensais que yo hubiera pedido á cualquier otro que me acompañase? + +--Creo que respecto á vos me encuentro en el mismo caso que cualquiera +de vuestros conocidos. + +--Pues os habeis engañado. + +--¿Ocupo yo en vuestro corazón un lugar distinto que los demás? + +--¡Oh! ¡si! + +Y aquel ¡_oh_! ¡_si_! de la princesa equivalia á decir: _yo os amo_. + +Don Juan se hizo el torpe. + +--Pues no tengo motivos para creer... dijo. + +--¿Os habeis propuesto, don Juan, que yo lo diga todo? observó con suma +impaciencia la princesa. + +--¡Pero si vos, señora, me habeis dicho ya cuanto teniais que decirme! + +--¿Y qué os he dicho? + +--Que no podeis amarme. + +--Pues... ya que me obligais á ello... será preciso decíroslo. Cuando +contesté á vuestra demanda de amor que no podia amaros, me engañé. + +--¡Ah señora! + +--Cuando os ví, vuestra primera mirada me causó extrañeza. Casi me +ofendió. + +--¡Ah! me comprendisteis mal. + +--No don Juan; acostumbrado, sin duda, á tratar con ciertas mujeres, +sois demasiado audaz. Sin embargo de que me ofendió vuestra confianza en +vos mismo, no pude menos de recordaros... luego deseé volver á veros: os +ví y sentí algo misterioso por vos: como no he amado nunca, no comprendí +que os amaba: cuando me pedisteis amor os contesté poniéndoos delante +mis deberes, y os los puse de buena fe: pero esta noche he conocido que +os amo con toda mi alma... porque he tenido zelos. + +--¡Zelos! ¡zelos vos y por mí! exclamó don Juan afectando la mas +perfecta admiracion. + +--Si; zelos de una mujer á quien, no sé por qué, aborrezco: de una mujer +que os ama... que está loca por vos... de la duquesa de la Jarilla. + +--¡Ah! ¡zelos infundados! + +--¡Vos no la amais! exclamó con ansia la princesa. + +--Os juro que á nadie amo mas que á vos; que he galanteado á muchas +mujeres; pero que vos sois la primera á quien amo. + +--¡Oh! ¡que feliz seré si llego á creer en lo que me decis! + +--¿No os he dado bastantes pruebas? + +--Si, creo que me amais, porque necesito creerlo; porque yo no creia +amaros y al conocer que os amaba otra mujer se me ha desgarrado el +corazón: entonces me decidi á ser vuestra, á ser vuestra para siempre. + +--Creo señora, que no meditais bien lo que decis: que estais irritada. + +--Si, he meditado lo que digo: he medido con una sola mirada mi destino +respecto á vos, y esa mirada me ha dicho: serás suya, serás su esclava, +pero solamente suya. + +--¿Y vuestro esposo? + +--Solamente vuestra. + +--¿Pero no considerais? + +--Nada considero. Si muero por vos moriré contenta. + +--¿Pero el mundo?... + +--¿Y qué me importa el mundo? ¿qué me importa que ese mundo diga +señalandome con el dedo: esa, la altiva, la orgullosa, la invencible, es +al fin la querida del marqués de la Guardia: ha caido como todas? el +nombre de querida vuestra será mi orgullo. + +--Pero puede evitarse que el mundo sepa... + +--¡Evitar yo que el mundo sepa que os amo! ¡que soy vuestra querida! no; +yo no soy hipócrita, ni encuentro condiciones para el amor: ó amar ó no +amar: ó todo ó nada. Esta noche vais á venir á mi casa y vais á entrar +en ella por la puerta principal, dándome el brazo, delante de mis +criados, como si fuerais mi esposo: nada de misterios: suceda lo que +quiera: si mi esposo me mata... bien: si me arroja de sí... me iré con +vos; si vos me abandonais... me meteré en un convento á llorar y orar +por vos. Estoy decidida y nadie me hará volver atrás. + +¿Sentia la princesa lo que decia con toda su exageracion, con todo su +ardor, ó era que comprendia que todo aquello era necesario para vencer á +la _hermosa duquesita_? + +Entrambas cosas: Angiolina era una mujer exagerada: habia contraido un +empeño por el marqués y aborrecia á Amina. + +Por su parte don Juan no pudo menos de exclamar en el fondo de su alma +al ver la posicion en que se habia colocado la princesa. + +--¡Mi adorada Esperanza es mía! + +Despues don Juan y la princesa siguieron hablando como dos amantes +locos, hasta que llegaron á la casa de la princesa á cuya puerta +principal llamó el marqués. + +Abrió el portero: el zaguan estaba debilmente alumbrado y Angiolina +pidió luces. + +Luego la precedieron, alumbrándola con antorchas, dos pajes que se +asombraban de que su señora llegase á aquellas horas á pié, y acompañada +de un caballero jóven y buen mozo, que continuaba dándola el brazo hasta +dentro de su casa y que penetraba con ella en sus habitaciones +particulares. + +Angiolina despidió desde allí á los pajes, é introdujo á don Juan en una +preciosa cámara donde la esperaban dos doncellas que se asombraron al +ver al marqués. + +--La cena, dijo la princesa quitándose el manto. + +La cena fue servida, y cuando se hubo terminado la princesa despidió sus +doncellas hasta el otro dia. + + * * * * * + +Para completar este capítulo réstanos decir lo que pasó _sotto voce_ en +el palacio del duque del Infantado. + +Algunos caballeros jóvenes, que habian extrañado la temprana salida de +la princesa acompañada de don Juan, se propusieron averiguar hasta donde +pudiesen el resultado de aquella aventura, y uno de ellos fue +comisionado para seguir á la pareja. + +El seguidor volvió una hora despues con la estupenda noticia de que la +princesa y el marqués, distraidos en una animada conversacion, habian +vagado á la ventura por las calles, y de que, por último, la princesa +habia entrado en su casa por la puerta principal, arrastrando consigo al +marqués de la Guardia: esta noticia corrió de oido en oido hasta que +llegó á los de Amina. + +La pobre joven no necesitaba esta noticia confirmadora de sus zelos; en +la mirada que la habia fulminado Angiolina al salir del sarao, habia +comprendido que la robaba su amante. + +Pero por fuertes que sean nuestras convicciones, siempre es un golpe +terrible su funesta confirmacion. Amina se sintió verdaderamente +enferma, y, como siempre sus criados la esperaban, se trasladó á su +casa. + +Al dia siguiente el leal Harum se presentó al emir. + +--La noble sultana Amina le dijo, me ha mandado que averigue la historia +de una princesa italiana llamada Angiolina Visconti. + +Quedóse por un momento Yaye pensativo. + +--Pues bien, dijo al fin: vete á Roma y procura poner de claro en claro +la historia de Pedro Visconti, coronel que fue de lo suizos del papa. +Sigue el hilo, gasta oro, ejercita tu ingenio y trae las noticias que de +esa mujer encuentres, á la sultana. + + * * * * * + +Por una coincidencia singular, cuando el marqués de la Guardia se +despidió, bien entrado el dia, de la princesa, esta salió de su retrete, +atravesó algunas habitaciones y en una de ellas se detuvo y dió dos +palmadas. + +Al punto, y como lanzado por una máquina, apareció entre el tapiz de una +puerta un hombre. + +Aquel hombre era jóven; como de treinta y cuatro á treinta y cinco años, +y hermoso, con la hermosura meridional del tipo romano: sus ojos tenian +algo de lo sesgado y duro de la mirada del bandido de la campiña de +Roma: llevaba calada sobre los negros y rizados cabellos una gorra de +paño, revuelta una capa parda al cuerpo, entre cuyos pliegues asomaba la +enorme empuñadura de una espada de gabilanes; por cima de aquella capa +se veian su hombro y su brazo derecho, ancho el uno y robusto el otro, +vestidos por la manga de un jubon de terciopelo verde tomado de oro; el +otro hombro y el otro brazo estaban envueltos por la capa, y bajo el +corto extremo de esta, se veian dos piernas perfectamente contornadas, +ceñidas por unas calzas de grana y dos piés de excelente forma, +calzados por zapatos de ante. + +La princesa, anticipando su palabra á la de este hombre, que por su +parte permaneció impasible, le dijo con acento familiar: + +--Sígueme, Bempo. + +Bempo la siguió por una sucesion de habitaciones apartadas y +desamuebladas, y entró con ella en un retrete donde habia algunos +cofres. + +Abrió uno la princesa, buscó en él, sacó un estuche y del estuche un +brazalete de perlas y diamantes y le entregó á Bempo. + +--¿Para qué es esto? dijo aquel singular personaje. + +--Para que lo vendas, contestó la princesa. + +--¿Y qué he de hacer con el dinero? + +--Ir á Granada: necesito que busques allí noticias de la duquesa de la +Jarilla, de su padre, de su madre, de sus abuelos: que averigues dia por +dia la historia de su familia: esto no te será difícil, por que ha +existido un pleito ruidoso acerca de la posesion del ducado de la +Jarilla, y se han hecho muchas pruebas é informaciones. Nada te importe +gastar: el valor de esta joya es considerable: lo que quiero son +noticias acerca de la duquesa y pronto. + +--¿Y cuando he de partir? + +--Mañana. + +Al dia siguiente salieron Harum el monfí para Roma: Bempo para Granada. + + + + +CAPITULO VIII. + +Zelos italianos. + + +Habian pasado cuatro meses desde el jueves santo y dos desde que el +marquesito era amante público de la princesa. Angiolina habia demostrado +al marqués que sus protestas de amor no habian sido vanas: no recataba +de nadie el amor que le tenia, demostrándoselo delante de las gentes, +con la expresion, con la mirada, por cuantos medios puede demostrarlo +una mujer. + +Amina lo veia, sufria, callaba, ocultaba bajo la mas profunda reserva +sus dolores, pero por mucho que fuese su dominio sobre su corazon, habia +momentos en que el despecho la vendia; gentes hubo que, recogiendo estos +descuidos, mejor dicho: estos momentos de desesperacion, se encargasen +de decir á todo el mundo que la hermosa duquesita estaba enamorada del +marqués. + +--Hé ahí un mancebo afortunado, decia alguno; las dos mujeres mas +hermosas de la córte le aman; la una es su querida y la otra desea +serlo. + +Y seguia la murmuracion y el odio entre las dos rivales. + +Harum habia vuelto de Roma trayendo consigo la historia de Angiolina. + +Bempo habia vuelto tambien de Granada trayendo un mamotreto. + +Al leer la princesa los papeles que le entregó el italiano se extremeció +de placer: pero aquel placer era el de la venganza. + +Porque la princesa tenia zelos: hacia mucho tiempo que el marqués no era +ya para ella el amante frenético... hacia mucho tiempo que faltaba dias +enteros de su lado: Angiolina le habia hecho seguir y sabia que todas +las noches, al mediar, iba el marqués á rondar los balcones del palacio +de la duquesa. + +Angiolina, pues, que habia devorado su rabia, cuando tuvo en sus manos +un instrumento vengador, se apresuró á aprovecharle. + +Esperó á que don Juan se la presentase á la hora de costumbre, esto es, +al oscurecer. + +Entró don Juan confiado y alegre. Angiolina le asió de una mano. + +--Ven, le dijo, necesito hablarte donde nadie pueda escucharnos. + +El marqués siguió á la princesa algo interesado por este exordio. + +La princesa le llevó á un retrete apartado. + +Cuando estuvieron en él, Angiolina cerró las puertas de las habitaciones +contiguas y despues las del retrete. + +--¿A qué tanto misterio, Angiolina? la dijo el marqués: ¿no has cifrado +tu orgullo en que todo el mundo sepa que eres mi amante? + +--Si, contestó pálida de zelos la princesa; pero no quiero que nadie +sepa que he sido vilmente engañada. + +--¡Que yo te he engañado! + +--¡Si! ¡no me amas! + +--¡Que no te amo! exclamó afectando la mayor sorpresa el marqués, ¿pues +por quién estoy loco? + +--Voy á decírtelo: por esa mujer á quien llaman en la córte, no sé por +qué, la _hermosa duquesita_. + +--¡Bah! y ¿puedes tú tener zelos de doña Esperanza? ¿tu la mujer mas +hermosa del mundo? + +--Zelos, si, zelos terribles, porque se vengaran. ¡Herirme en el +corazon, abandonarme, y todo por una especie de aventurera! + +--La pasion te ciega: quieres mal, no sé por qué, á la duquesa de la +Jarilla, y la prueba está en que la niegas lo que nadie la ha negado: lo +ilustre de su cuna. + +--Si, ciertamente: es hija de una esclava y de un bandido. + +--¡Ah! ¡perdona, Angiolina! ¡nada de eso sabia yo! + +--Puedo contarte su historia: su madre doña Estrella de Cárdenas era +conocida en Granada con el nombre de la hermosa indiana, y gozaba allí +de la fama que, por extravagancia, ha obtenido en la córte su hija: doña +Estrella era morena, con ese horrible color moreno dorado de las Indias, +que las hace semejantes á una naranja con forma humana. + +--¡Ah! ¿crees que la duquesita es hija de una india? + +--No es que lo creo, tengo la prueba de ello. + +--Pues te escucho, vida mia, porque esa historia debe ser curiosa. + +--Te la contaré, y con tanta mas exactitud, como que poseo la relacion +escrita y la he aprendido de memoria. + +--¿Y quién ha escrito esa relacion? + +--La justicia de Granada, por las dos vias que pueden hacer escribir á +la justicia: la civil y la criminal: porque has de saber que el abuelo +de doña Esperanza, rey ó cacique de los indios rebeldes de Méjico, ha +estado encausado por crímenes, y que si el rey le ha indultado ha sido á +beneficio de las muchas perlas y el mucho oro que se han distribuido +entre algunas de las gentes del consejo de su magestad: como que dicen +que ese indio tiene tesoros inmensos: que la justicia haya tenido que +ver civilmente con esa familia, consiste en el pleito que sostuvo por la +herencia del duque de la Jarilla, un sobrino de este con la princesa +mejicana. Hay en el proceso declaraciones importantes del capitan +general del reino de Granada don Luis Hurtado de Mendoza; del duque de +la Jarilla bisabuelo materno, segun pretenden, de la doña Esperanza; +unos papeles que se encontraron en la casa de un capitan de infanteria +española, llamado Alvaro de Sedeño, y por último, una relacion escrita +de doña Inés de Cárdenas, abuela de doña Esperanza, y esposa del cacique +indio. + +--Has excitado vivamente mi curiosidad, adorada mia, dijo don Juan y +espero con impaciencia esa historia. + +La princesa palideció letalmente, porque comprendia el verdadero interés +de don Juan en conocer la historia de Amina; sin embargo, se dominó, se +reclinó indolentemente en el estrado, echó la cabeza atrás, dejando +enteramente descubierta su hermosa garganta y empezó de esta manera: + +--Hace treinta y cinco años, en 1522, dos despues del descubrimiento y +conquista de Méjico por el gran Hernan Cortés, fue enviado á aquellas +remotas regiones para servir al rey bajo la autoridad del virrey de +Méjico, uno de los caballeros mas principales de Castilla. + +Era este don Juan de Cárdenas, duque de la Jarilla, recientemente viudo +de doña Maria de Avendaño, cuya muerte le habia dejado inconsolable. De +este matrimonio solo habia nacido una niña: doña Inés de Cárdenas, que +en la ocasion en que su padre fue nombrado para aquel empleo contaba +solo catorce años. + +Amábala de tal modo el duque, que no tuvo valor para separarse de ella. +Ciertamente que era un amor muy extraño el de aquel padre, que llevaba +aquella hija única, aquella flor delicada, á aquellas regiones remotas, +donde ardia una guerra encarnizada, y para llegar á las cuales era +necesario arrostrar los peligros de mares aun no bien conocidos, y tan +bravos, que imponian espanto á los mas valientes pilotos. + +--¿Y sin embargo, dijo don Juan, el duque no desistió de su empeño? Los +hombres de aquellos tiempos eran atroces. + +--El duque, continuó la princesa con acento acerado, hizo aquel viaje +por amor á su hija. + +--¡Extraño amor el de ese padre! + +--Lo comprenderás cuando sepas, que el duque de la Jarilla, de que nos +ocupamos, habia corrido, como tú, una juventud borrascosa; que en todo +género de excesos habia gastado su salud y sus rentas, y que cuando +murió su esposa, no le quedaba mas que el título. Como las Indias son el +tesoro donde iban y donde van á reponerse los españoles arruinados, el +duque solicitó el oficio de adelantado sobre las fronteras de los +rebeldes, y el rey se lo concedió. + +--¡Ah! empiezo á comprender: el duque quiso volver á ser rico por amor á +su hija; y por amor tambien no tuvo valor para separarse de ella. + +--Cabalmente; pero habia en esto mucho de fatal. El libro santo dice que +los hijos pagaran los pecados de los padres hasta la tercera y cuarta +generacion. + +--El libro santo es al fin un santo libro, y dice muy santas cosas, +aunque harto duras, tales como las de que paguen justos por pecadores. +Pero continúa, Angiolina, continúa; te confieso que me va interesando +mucho tu cuento. + +--Mi historia, don Juan, mi historia. + +--Sea en buen hora; pero continúa. + +--Despues de una larga navegacion, el duque llegó sin accidente á +Méjico, y en seguida se trasladó á su adelantamiento. Hizo bravamente la +guerra á los indios, y en solos dos años logró ver reunidas unas +riquezas diez veces mayores que las que habia perdido. Enviada parte de +aquellas riquezas á España á un mayordomo leal, las rentas del ducado de +la Jarilla, fueron desempeñadas, pagadas las lanzas y medias annatas +atrasadas, para lo cual bastó, como he dicho, que el duque enviase +solamente una pequeña parte de las presas hechas á los indios. Todo +parecia indicar al duque que se volviese, pero la codicia le cegó, y +determinó seguir ejerciendo aquel su buen oficio de adelantado algunos +años mas. + +--Me parece, dijo don Juan, que vamos llegando al capítulo de las +pérdidas. + +--Efectivamente, segun la relacion sacada de los autos á que me refiero, +á los dos años, tres meses y diez dias de haberse embarcado el duque +para Nueva España, perdió su hija; el amor que le habia impulsado á +aquella arriesgada empresa; todo lo que le quedaba en el mundo. + +--Lo que demuestra que los hijos pagan los pecados de los padres. + +--Doña Inés pagó los del suyo de una manera cruel. Figúrate don Juan, +que durante la noche de... no recuerdo exactamente la fecha, pero esto +no hace al caso... los indios acometieron el fuerte que ocupaba el +adelantado, le entraron, hicieron una matanza horrible y se llevaron +consigo á doña Inés. + +--Preveo las consecuencias, dijo el marqués: el rey de aquellos bárbaros +se casó con la hermosa castellana. + +--¿Quién cuenta la historia, don Juan, dijo con impaciencia la princesa, +tú ó yo? + +--Perdóname, pero... + +--¡Querias darme una muestra de tu penetracion! renuncia por ahora á +ello, y del mismo modo á saber si el cacique se enamoró de doña Inés ó +doña Inés del cacique. Hemos concluido la primera parte de mi historia. + +--Pues no puede ser mas sencilla. + +--De una bellota nace una encina, don Juan, y ya verás como los sucesos +se complican. Voy á referirte la segunda parte que es mucho mas +sencilla, como que se reduce á muy pocas palabras: el duque de la +Jarilla buscó en vano á su hija, y en vano durante diez años envió al +desierto indios de paz, ofreciendo un crecidísimo rescate por ella. Por +último, habiendo enfermado y casi enloquecido el duque, los médicos le +declararon formalmente que si no volvia á su país natal moriria sin +remedio antes de seis meses. + +--¿Y se volvió? + +--Se volvió pensando recuperar su salud, solamente para volver á buscar +de nuevo á su hija: el duque se estableció primero en la córte, y +despues se vió obligado, por consejo de los médicos, á ir á buscar, no +su salud, porque la habia perdido para no volverla á recobrar, sino su +vida, bajo el templado cielo de Andalucía. + +El duque se retiró á uno de sus Estados cerca de Guadix. + +Hemos concluido la segunda parte de nuestra historia. + +--Pues te confieso, adorada Angiolina, y no te ofendas por ello, que tu +historia á fuerza de poco interesante, me va causando sueño. + +--Espera, espera; este no es un libro de caballerías donde se suceden +una sobre otra las aventuras; es una historia real y efectiva. Entremos +en la tercera parte. + +Era el año de 1546, veinte y cuatro años despues del dia en que el duque +salió de España para Méjico y veinte y uno desde el en que le fue robada +su hija por los indios. + +El duque la habia buscado inútilmente durante diez años en los mismos +lugares donde le habia sido robada, y debia encontrarla despues de su +venida á España en Granada, pero la encontró muerta. + +--¡Muerta! exclamó con asombro don Juan. + +--¿Ves como mi historia se va haciendo interesante? + +--¿Pero cómo fue ese encuentro? ¿Quién habia llevado allí á la hija +perdida? + +--Voy á entrar en pormenores: una noche, en el mismo ano de 1546, al +pasar una ronda por delante de una casa del Albaicin en Granada, +encontró su puerta franca, penetró en la casa y la encontró desamparada, +pero en una de sus cámaras encontró el cadáver de una mujer, muerta, al +parecer naturalmente, y el de un capitan de infantería española, manco y +cojo, atravesado de parte á parte por una espada que aun permanecia en +la herida. Preguntóse á los vecinos el nombre del dueño de aquella casa +y ninguno le conocia. Entonces la justicia mandó que los cadáveres +fuesen expuestos en la puerta de la parroquia. + +--¡Ah, ah! esto es ya distinto, me agradan los misterios. + +--Antes de pasar adelante te haré reparar en una circunstancia: al +recojer el cadáver de la mujer se notó que le faltaba enteramente un +rizo de cabellos de la izquierda de la cabeza. Reparóse tambien que en +una de las sábanas faltaba un pequeño pedazo cuadrado de lienzo, cortado +al parecer con puñal, navaja ó daga. + +--¿Y sirvió esta observacion para algo? + +--Ya verás. Aquel rizo de cabellos envuelto en aquel pedazo de sábana, +fue hallado sobre el pecho de un hombre á quien se habia preso la mañana +siguiente á la noche en que acontecieron aquellos sucesos, juntamente +con un aleman en cuya casa vivia. + +El preso á quien se encontraron el rizo y el pedazo de lienzo, era el +cacique mejicano. + +--¡Ah! ¿el preso en cuestion era el cacique? + +--Un indio feroz; un hombre cubierto de crímenes; el abuelo de tu +duquesita. + +--¿Y por qué crímenes le habian preso? + +--Por el de traicion al rey. + +--¡Traicion al rey! + +--Si; se le acusaba de andar en tratos con los moriscos de Granada, y de +darles el dinero que habian menester para un levantamiento: asi lo habia +declarado el capitan Sedeño, la misma noche que fue asesinado, á don +Luis Hurtado de Mendoza. En una palabra: el tal cacique era un criminal +que conspiraba contra el rey, y en una ocasion terrible, cuando estaban +convenidos en levantarse los moriscos de la ciudad de Granada en union +con los monfíes de las Alpujarras: este tal, este cacique, el abuelo de +doña Esperanza, era muy amigo del emir de los monfíes. + +--¿Y me querrás decir Angiolina, qué son monfíes? + +--¿Qué sé yo? una especie de moros sueltos, no reducidos, salteadores, +gente feroz, que viven de lo que roban, de lo que saquean, de lo que +incendian. ¡Dignos amigos del abuelo de tu amada! + +--¿Sabes que me va interesando demasiado tu historia? + +--Pues aun queda mas, mucho mas; dejando por ahora á un lado al cacique, +has de saber que el capitan general no teniendo en Granada bastante +gente de guerra, no ya para castigar, sino que ni aun para evitar el +levantamiento de los moriscos, envió con urgencia partes á las villas y +ciudades cercanas para que le acudiesen con gentes, y uno de los +caballeros que acudió con sus criados al llamamiento del capitan +general, fue el antiguo duque de la Jarilla, don Juan de Cárdenas, que +al entrar el dia siguiente en Granada, vió, por acaso, dos cadáveres +expuestos en la puerta de una iglesia, y en uno de ellos reconoció á su +hija... á su hija doña Inés, que le habia sido robada veinte y dos años +antes en Méjico. ¿Crees tú que el duque que era viejo y que estaba loco, +no pudo equivocarse? ¿crees que fuese efectivamente aquel cadáver el de +doña Inés de Cárdenas? + +--Bien podia ser. Y sobre todo cuando la justicia despues de repetidas, +y sin duda, minuciosas indagaciones y probanzas, lo dijo, no debió +engañarse. + +--La justicia es ciega, don Juan, sobre todo cuando se le pone sobre los +ojos una venda de oro. ¡La justicia! ¿Sabes el primer testigo que se +tuvo de la certeza del dicho del duque...? un viejo escudero tan +achacoso y tan loco como su amo que afirmaba que la difunta era su +señora doña Inés de Cárdenas. + +--No conozco el proceso. + +--Pues bien, voy á dártelo, porque ya me cansa esta historia, y en él +verás lo que dejo de decirte. + +La princesa se levantó, salió dejando profundamente pensativo al +marqués, que á duras penas habia sostenido su serenidad, y volvió, +trayendo un enorme volúmen de papeles. + +--Aquí tienes el proceso que me he procurado, deseando saber si la mujer +que amas es digna de tu amor:... en él encontrarás que la duquesa de la +Jarilla es una mujer de origen dudoso, y que, dado caso que proceda del +duque de la Jarilla, siempre será la nieta de un indio y la hija de un +hidalguillo oscuro, de un sopista de Salamanca. + +--¿Quién piensa en que yo ame mas que á la luz de mis ojos? dijo don +Juan disimulando su ansiedad y atrayendo hácia sí á la princesa, y +dándola un beso en la boca: tu historia me ha entretenido y nada mas: es +muy interesante. + +--¡Aparta, aparta traidor! dijo la italiana rechazando las caricias del +marqués: ¿por qué esforzarte tanto en disimular el interés que te +inspira la historia de la duquesita? + +--¡Ah, no! dijo indolentemente el marqués: cosas hay en el mundo que al +principio no nos interesan y que despues deciden de nuestra vida. + +--¿Y será para tí una de esas cosas la historia que se encierra en este +proceso? dijo la recelosa veneciana, posando en don Juan una mirada +candente. + +--Tus zelos, divino amor mio, dijo don Juan asiendo por sorpresa el +talle de la princesa y estrechándole amorosamente, acabaran por volverme +loco, porque ellos me demuestran cuanto me amas. + +--¡Ah, don Juan! tú eres mi primer amor, el primer amor que se ha +cruzado á mi paso en los veinte y seis años de mi vida; por tí he +olvidado mi decoro, me he manchado delante del mundo, he aborrecido á +una mujer á quien acaso, no mediando, tú habria amado; para darte á +conocer en parte á esa mujer he hecho sacar testimonio de ese proceso +por el escribano de cámara de la chancillería de Granada Alfon de +Villasante: ahí estan los derechos jurados al pié de cada testimonio, +que valen una buena suma de maravedises. + +--Permíteme Angiolina que te diga que esto no pasa de ser una +extravagancia de tu amor. + +--¡Una extravagancia! + +--Te pido de nuevo perdon por la palabra, pero no encuentro otra mas +exacta: ademas, si yo amara á doña Esperanza, lo que no es posible +amándote como te amo, ¿no comprendes que todas estas singularidades, lo +misterioso de su orígen, lo real de su alcurnia, porque al fin su abuelo +es ó ha sido rey..... siquiera de idólatras; las desgracias de su +familia, aumentarian mi amor en vez de extinguirle? + +Don Juan habia comprendido que la princesa tenia algo mas que revelarle +que lo contenido en el proceso respecto á Esperanza; no queria +preguntarla, y para saber todo lo que supiese Angiolina respecto á la +duquesa de la Jarilla, irritaba sus zelos. + +La princesa palideció densamente; miró de una mas manera sombría á don +Juan y exclamó trémula de cólera: + +--Bien sabia yo que la amabas: los ojos de una mujer, que ama como yo te +amo, no se engañan: pues bien: contaré á todo el mundo esa historia que +habia comprado para tí solo, y veremos si te atreves á amar á una mujer +á quien todo el mundo señale con el dedo: todo el mundo no tiene los +mismos motivos que los oidores de la chancillería de Granada, para creer +á ciegas cosas tan extraordinarias. + +--Por tu bien te aconsejo, dijo don Juan que iba perdiendo la paciencia, +que no propales esa historia, mi querida Angiolina: aborreces, aunque +sin motivo, á doña Esperanza, y no querrás ser la causa de que se haga +adorable, en el momento en que todo el mundo sepa su historia. ¡Bah! no +sé qué motivos tienes para desconfiar de mi amor. + +--Don Juan, dijo gravemente la princesa, ya que no basta lo que sabes +para que te apartes de esa mujer, voy á revelarte un secreto terrible: +tu padre murió á hierro. + +--¿Qué quieres decir, Angiolina? + +--Tu padre el marqués de la Guardia apareció una mañana muerto á +estocadas en una oscura calleja del Albaicin. + +--Es verdad. + +--¿Sabes quien le mató? + +--No pudo averiguarse quien fue el asesino. + +--Pues yo te lo voy á decir: el asesino de tu padre es don Juan de +Andrade, padre de la hermosa duquesita de la Jarilla. + +--¡Eso es imposible! gritó, perdiendo los estribos el marqués; mientes; +¡mientes de una manera infame! + +--¡Ah! exclamó Angiolina, poniéndose la mano sobre el corazon, como si +hubiese recibido en él una puñalada: tu amor por esa mujer se revela al +fin en una frase descortés, lanzada al rostro de una dama; pero me has +dicho que miento y es necesario que te presente la prueba de que te he +dicho la verdad, por mas terrible que haya sido. + +Y la princesa salió de nuevo precipitadamente y volvió con otro papel en +la mano, que entregó á don Juan. + +--¡Lee! ¡lee y cree! le dijo; ese es el testimonio de una declaracion +dada en el tormento por uno de los bandidos del padre de tu amada. + +El marqués leyó aquella declaracion, y no pudo acabar: se nublaron sus +ojos, vaciló, dejó caer el papel de las manos y se vió obligado á +sentarse en el estrado. + +--¡Oh! dijo la implacable princesa, recogiendo el testimonio y +guardándolo; horribles crímenes, y homicidios hechos por ese hombre; la +certeza de que es rey de los monfíes, por declaracion de un monfí; los +deshonrosos zelos de ese hombre hácia su esposa, todo está aquí, +escrito, testimoniado, vivo, acusador, y me basta solo quererlo para que +todo el mundo sepa que la mujer que amas es hija de una ramera y de un +bandido. ¡Oh! ¡las venecianas, don Juan, cuando amamos sabemos amar! +¡cuando hieren nuestro amor sabemos vengarnos! ¡Oh! ¡estoy plenamente +convencida de que me has tomado por tu juguete, porque te he parecido +bastante hermosa, ó por vanidad ó... no sé por qué.[..]! ó, tal vez, y +si esto fuese cierto seria horroroso, por dar zelos conmigo, con una +mujer digna á una mujer que ha estado perdida una noche en Madrid, sin +que nadie sepa donde ha estado. Me has tratado indignamente: me has +creido, sin duda, una de esas infames mujeres entre las cuales has +perdido el corazon y el pudor... pues bien, me vengaré don Juan, me +vengaré: pero de una manera horrible: ¡te juro por la salvacion del alma +de mi madre que me vengaré! + +Y la princesa irritada, altiva, mas hermosa que nunca, pero con una +hermosura que causaba miedo, salió dando un portazo y dejando solo á don +Juan. + +El testimonio que guardaba la historia de la familia materna de Amina, +quedó abandonado sobre los almohadones, donde poco antes descansaba la +enamorada princesa. + +Don Juan permaneció algun tiempo inmóvil, luego tomó silenciosamente el +testimonio y salió, primero del retrete y luego de la casa. + + + + +CAPITULO IX. + + De la no menos extraña aventura que sucedió al marquesito mientras + rondaba á la hermosa duquesita. + + +Don Juan se encaminó á su casa y se encerró en su cámara dando órden de +que por nada ni para nada le importunasen. Sentóse junto á una mesa y se +puso á hojear el testimonio. + +Pero tenía la imaginacion llena y turbada con las noticias que le habia +dado la terrible princesa: zumbaban aun en su oido aquellas funestas +palabras: + +--El emir de los monfíes de las Alpujarras es el asesino de tu padre. + +Don Juan no pudo leer una sola línea: una niebla de color impuro flotaba +entre sus ojos y aquellos papeles: una perturbacion extraña envolvia su +espíritu. Por mas que creyera que las noticias de Angiolina eran +exageradas y acaso mentiras aceptadas por sus zelos, habia en aquellas +noticias verdades comprobadas de las cuales no podia dudar. Por ejemplo: +si Esperanza no era decididamente una mujer de la raza indígena +mejicana, tenia mucho de aquel moreno rojo é incitante que habia tenido +ocasion de admirar el marquesito en algunas mujeres venidas de allende +los mares, como esclavas ó esposas de los españoles de la conquista del +Nuevo Mundo: el carácter del duque tenia mucho de escéntrico, de +poderoso, de extraordinario: don Juan recordó el extraño capricho del +duque de que su hija fuese reina, y todos estos misterios, la revelacion +de que el duque era el matador de su padre, fermentando en su loca +imaginacion, aumentaron de una manera prodigiosa y á despecho suyo su +amor por Amina: esto parecerá extraño á alguno que creerá que don Juan +debia mirar con aversion á la hija del matador de su padre: pero debe +recordarse que el marquesito extrañaba sobremanera el contesto de aquel +versículo de las sagradas escrituras que dice: + +_Yo soy el señor tu Dios fuerte, celoso, que visito la iniquidad de los +padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generacion de aquellos +que me aborrecen._ + +Don Juan no alcanzaba la profunda filosofía de que estan nutridos los +libros santos, y rechazaba aquel precepto que, segun él, hacia +responsables á los hijos de las faltas de los padres. + +Don Juan no comprendia siquiera la palabra fatalidad, con la cual +únicamente se explica aquella terrible é inapelable sentencia: Don Juan +no comprendia que las causas producen efectos, y que las consecuencias +de los crímenes de los padres alcanzan necesariamente á los hijos. + +Ademas que para tener estas ideas en los tiempos de don Juan era +necesario ser un hombre muy avanzado, porque tales ideas no eran de +aquellos tiempos, y casi casi no lo son aun de los nuestros. + +Sea como quiera, en Don Juan no habia que buscar otra cosa que corazon, +y aun este estaba harto viciado por la educacion que habia debido á su +tio: no habia conocido á su padre y no le amaba: si le habia irritado el +saber el nombre de su matador, habia sido mas porque aquel hombre era el +padre de su amada. Si hubiera sido otro, don Juan se hubiera ido á +buscarle y le hubiera dicho: + +--Vos matásteis á mi padre y yo voy á mataros aqui mismo, como quiera +que os encontreis: si quier sea en pecado mortal. + +Lo hubiera hecho, como lo hubiera dicho, y despues no se hubiera vuelto +á acordar de ninguno de los dos difuntos. + +Pero á despecho de don Juan, una voz interna le decia que debia hacer +justicia en el matador de su padre: pero como para hacer justicia en +causa propia es necesario estar justificado á los ojos de aquel á quien +debemos castigar, don Juan, siempre que pensaba en esto, tropezaba en su +conciencia. Recordaba aquel padre deshonrado, que con tanta calma, con +tanto valor, con tanta grandeza habia recibido al seductor de su hija: +entonces creia comprender por qué razon el duque ó el emir de los +monfíes, aquel personaje extraordinario, en una palabra, no habia lavado +con su sangre el deshonor de Amina: don Juan creia escuchar en los +labios del duque estas ó semejantes palabras: + +--Maté al padre por calumniador ó seductor de mi esposa: no quiero matar +al hijo por corruptor de mi hija. + +Cuando pensaba esto don Juan casi comprendia la terrible sentencia de +Dios, y sentia sobre su frente un peso enorme, que casi le obligaba á +doblegar su soberbia cabeza ante el duque. Aquel hombre habia tenido su +vida en sus manos y no la habia tomado. El duque habia matado al +marqués, sin duda justamente: el hijo del marqués habia herido de una +manera infame el corazon del duque. Casi estaban en paz. Don Juan, pues, +no pudo aborrecer al matador de su padre y en cuanto á Amina... + +Amina habia aumentado en valor á los ojos del marquesito de una manera +prodigiosa: su empeño por ella se habia centuplicado. Era necesario á +todo trance que fuese suya, enteramente suya, dijese la irritada sombra +del difunto marqués lo que quisiese: dijera el mundo lo que mas le +agradase: era necesario conceder, á pesar de lo mucho que se habia +hablado acerca de la pérdida de la duquesita, que esta tenia un +prestigio legitimamente adquirido, ya por la grandeza que naturalmente +rebosaba de ella, ya por su extremada hermosura, ya en fin por las +riquezas de su padre: ademas tanto se habia hecho respetar Amina de la +maledicencia, que á pesar de haber sabido toda la córte que habia estado +perdida toda una noche, se creyó lo del convento de las Ballecas, y +nadie sospechó siquiera que su pureza se hubiese empañado: todo el mundo +creyó lo que quiso creer excepto lo deshonroso, porque ni el duque, ni +su hija, ni sus criados, habian dado á nadie explicaciones, y por otra +parte, muertos los cómplices de don Juan, é interesado este por la honra +de la mujer que amaba, nada cierto se habia sabido, porque el que +hubiese podido servir de testigo fehaciente, el comediante Cisneros, +estaba demasiado interesado en guardar el secreto, y, por otra parte, +tenia tal fama de mancillador de honras, que nadie le hubiera creido +bajo su palabra. + +Sobre todo esto, Amina se habia presentado al dia siguiente de su +pérdida en los parajes mas públicos con la frente alta y radiante de +pureza y de inocencia, y habia conseguido lo que se consigue siempre +cuando se mira frente á frente al mundo con la expresion de la dignidad +y del orgullo. + +La funesta aventura de la noche del jueves santo de 1567, solo era +conocida de Yaye, de Amina, del marqués de la Guardia y del comediante +Cisneros. + +El secreto, pues, estaba perfectamente asegurado. + +Llena la imaginacion de delirios, enamorado, fuera de sí, don Juan salió +de su casa y se encaminó á Puerta de Moros, cerca de la cual tenia su +palacio Yaye. + +¿A qué iba allí el marquesito? A pasearse por la calle, á mirar las +ventanas de su amada, á ocultar en la sombra y el silencio el dolor de +sus amores. ¿Acaso en nuestra juventud no hemos hecho cada cual lo mismo +alguna vez? ¿Una ventana tras la cual se ve una luz, cuando aquella luz +ilumina la habitacion de la mujer que amamos, no ha tenido alguna vez +para nosotros encantos indefinibles? ¿No hemos esperado ver una sombra +tras los cristales, esbelta, hechicera, embellecida por nuestro +pensamiento y si la hemos visto, no nos hemos considerado felices? + +A eso pues iba don Juan á la estrecha calleja á donde daban algunos +balcones de los aposentos de Amina: á estar mas cerca de ella; á espiar +su sombra en los cristales de los miradores. + +Eran mas de las doce de la noche y esta muy oscura: ventiscaba y de +tiempo en tiempo el cerrado celaje arrojaba una ligera lluvia. + +Cuando llegó don Juan frente á frente de un postigo de la casa de Yaye y +debajo de un balcon cubierto con celosías, se ocultó tras uno de los +postes de un soportal de un casuco inmediato y se puso á atalayar el +balcon, á través del cual se veia el reflejo de una luz. + +Habian pasado cuatro meses desde el jueves santo y era una calorosa +noche de julio: hacia algun tiempo que Amina, so pretexto de enfermedad, +no asistia á las reuniones de costumbre, y decimos bajo pretexto de +enfermedad, porque todas las noches al mediar, cuando el marquesito +estaba ya en la calleja, aparecia una sombra esbelta en el balcon, tras +las celosías, y permanecia allí una hora, mirando á la otra sombra opaca +que habia en la calle. Despues la hechicera sombra se retiraba del +balcon, se cerraba este, y el marquesito abandonaba su poste y se +alejaba suspirando. + +Esto demostraba que Amina no estaba enferma, porque tratándose de la +casa del duque de la Jarilla, la sombra que hacia permanecer una hora en +la oscura calleja al marquesito, no podia ser otra que Esperanza. + +Haria tres dias que don Juan no habia asistido á aquella cita tácita, á +aquella muda y misteriosa entrevista, en que los amantes se hablaban con +el alma, y en que se lo prometian todo, se lo juraban todo. + +Por lo mismo, y á pesar de la máquina de pensamientos que se revolvian +en su cabeza, quiso saber si se le esperaba; si se contaba con que su +ausencia seria corta, y se ansiaba su vuelta: tras las celosías del +balcon brillaba la luz; pero Amina no estaba allí: don Juan para no ser +visto se ocultó detrás del poste, desde el cual hacia su acostumbrada +atalaya, y esperó. + +Pasó un cuarto de hora, media hora, que marcó lentamente la campana de +un relój dentro de la habitacion de la duquesita: al fin el marqués oyó +unas pisadas que conocia demasiado, en aquella habitacion; luégo +apareció una sombra tras las celosías, y se apoyó en la balaustrada del +balcon. + +Don Juan permaneció oculto. + +Poco despues la sombra se retiró con un movimiento de despecho, y se +entró en la habitacion: trascurrido un corto espacio, don Juan oyó el +preludio de una guitarra, y al fin la voz de Amina que cantaba. + +¿Pero qué cantaba? + +La armonía era lánguida, sentida, llena de expresion; un verdadero canto +de amores; pero de amores tristes; un gemido del alma. ¿Pero en qué +dialecto? era extranjero. Don Juan no comprendia una sola palabra, no +podia comprenderla; pero por la entonacion, por lo sentido del acento de +la jóven, se comprendia bien á qué género pertenecia su canto. + +¿Pero á qué aquel dialecto extranjero? + +Otro nuevo misterio se desplegaba ante el alma de don Juan, ó por mejor +decir, aquel misterio parecia comprobar las revelaciones de Angiolina. +¿Seria acaso una balada indiana, inspirada por la soledad y la ausencia +en una de las brabías y gigantescas selvas del desierto mejicano? + +Pero no, no podia ser. ¿Cómo un pueblo idólatra, y salvaje, segun creia +don Juan, podia haber llegado á expresar en sus cantos tan dulce +sentimiento, tan lánguida, tan triste, tan suspirante armonía? + +Aquel canto no era el canto rudo y monótono de un pueblo primitivo, sino +el de un pueblo civilizado que habia comprendido en todas sus +entonaciones el lenguaje del corazon y sabia hablar sin palabras por +medio de la música, ese lenguaje maravilloso comprensible para todos los +pueblos, cualquiera sea su dialecto, y que debe ser el lenguaje de los +ángeles. Don Juan comprendió en aquel canto, que para él no tenia +palabras, la espansion del alma de una mujer enamorada, que se encuentra +lejos del ser que ama y que solo alienta una dudosa esperanza de +poseerle. Las notas de aquel canto caian una á una en el corazon de don +Juan, y aumentaban su amor, sobreponiéndole á todo otro pensamiento; y +decimos que aumentaba, su amor, porque el amor, como todos los +sentimientos espansivos, puede crecer comprimiéndose hasta hacer +estallar el corazon que le contiene. + +Amina cantó algunas estrofas; despues cesó, y el marqués oyó el sonoro +gemido de la guitarra, al caer abandonada con descuido por la mano que +la habia sostenido. + +La duquesita volvió á aparecer en el balcon. + +Don Juan iba á dejarse ver, cuando sintió pasos de dos hombres en la +calle y se detuvo, y se ocultó mas, para dejar pasar á los importunos. +Pero, con gran sorpresa suya, los dos hombres se detuvieron junto al +postigo de la casa del duque, hablaron un momento, y despues uno de +ellos se acercó al postigo, sonó una llave en la cerradura, abrióse el +postigo, y uno de los dos hombres entró. Aquel hombre no era el duque, +ni tenia su altivo continente, ni su gallardía. El otro hombre se habia +quedado fuera, y se habia sentado, sin duda para esperar cómodamente, en +el dintel del postigo. + +Amina continuaba inmóvil en el mirador. + +En el primer momento el marquesito sintió en sus oidos un zumbido sordo, +terrible; luego la sangre se agolpó á su corazon, un movimiento salvage +de rabia, de zelos, de indignacion, como podia haberlo experimentado un +marido engañado, le agitó de piés á cabeza; sintió al fin un horrible +vértigo, el vértigo de la venganza, y, saliendo de repente de su +acechadero, desnudó la espada, y se fue con ella de punta hácia el +hombre que se habia sentado en la grada del postigo, y á quien no dejó, +como suele decirse, en el sitio, porque la cólera, haciendo errar el +golpe al marqués, salvó á aquel hombre por un momento. + +La espada de don Juan habia dado en la madera del postigo y se habia +clavado en ella fuertemente. + +El bulto se habia puesto de pié y habia desenvainado su espada. + +El marqués con un violento esfuerzo desclavó la suya, y se fue para +aquel hombre, que le esperó con una serenidad que demostraba bien claro +que se trataba de un valiente. + +Era la noche muy oscura, y no podian verse las caras, y mucho menos los +aceros. + +Ni uno ni otro pronunciaban una sola palabra. + +El marqués acometia, y el incógnito se mantenia firme. + +Pero muy pronto se vió obligado á retroceder ante el furioso ataque del +marqués; muy pronto aquella retirada fue violenta, el marqués le hizo +cejar á todo lo largo de la calle, y al fin, fatigado el otro, aflojó en +la defensa, y el marqués le alcanzó con una terrible estocada. + +Al sacar don Juan la espada de la herida, aquel hombre cayó redondo en +tierra, sin pronunciar una sola palabra. + +--¡Ah! exclamó don Juan: ¡ahora me queda el otro, y despues el duque, y +luego su hija! + +Como ven nuestros lectores, el marqués, en su zelosa rabia, queria +exterminar á medio mundo. + +Cuando llegó al postigo, se volvió á él con visible intencion de llamar. +Amina estaba aun en el balcon, y antes de que el marqués tocase al +llamador, se abrieron con extruendo las celosías, y la dulce y grave voz +de la jóven dijo con ansiedad: + +--Esperad, don Juan; yo os lo suplico. + +El marqués se detuvo; permaneció inmóvil y como anonadado algunos +segundos, y luego exclamó con un acento en que se exhalaba una alegría +infinita: + +--¡Ah!; eres tú! + +Aquel ¡eres tú! contenia en sus seis letras un mundo de sensaciones y de +pensamientos para cuya explanacion se necesitaria un volúmen. + +--Si, si, yo soy; dijo con ansiedad Amina: ¿habeis muerto á ese hombre? + +--No lo sé. + +--¿Estais herido? + +--No. + +--Pero pueden encontrar á ese hombre muerto ó herido: vos, os conozco, +no os retirareis: yo os esperaba para hablaros si veníais: os hubiera +hablado por una reja, pero ahora es imposible: podian encontraros... +¡Dios mio! + +--¿Y qué podria sucederme peor que lo que me sucede? exclamó con +desesperacion el marqués. + +--Yo no quiero que os acontezca ninguna desgracia. Por lo mismo, seguid +adelante junto á la pared hasta que encontreis una reja: trepad por +ella; encima hay un balcon: voy á abrir ese balcon. + +--¡Oh Dios mio! exclamó el marqués dominado por un intenso sentimiento +de felicidad. + +Poco despues trepaba por una reja, salvaba la balaustrada del balcon, +pisaba una alfombra, y una hermosa mano asia la suya. + +--¡Oh, Esperanza de mi alma! exclamó el marqués. + +--Ven conmigo, ven; dijo con voz opaca Amina: este momento es supremo. + +Y diciendo esto conducia al marqués asido de una mano á través de +habitaciones oscuras. + +Amina se detuvo en una de ellas, y dijo con acento grave: + +--Júrame, don Juan, que serás prudente: te voy á llevar á un lugar donde +mi padre cree que de nadie puede ser escuchado mas que de su hija. + +--¿Y para qué? dijo el marqués que lo habia olvidado todo: escuche yo tu +voz, vea yo tus ojos, y nada me importa el mundo entero. + +--Has visto entrar en mi casa un hombre, dijo Amina. + +--¡Ah! exclamó don Juan, como quien despierta de un hermoso sueño. + +--Pues bien, es menester que sepas por qué ha entrado y á qué ha entrado +ese hombre aquí: sígueme: no hables una palabra mas; recata tus pisadas: +silencio y prudencia. + +Don Juan se dejó conducir por la duquesita, que le hizo atravesar +algunas otras habitaciones oscuras, y al fin le introdujo en una en que +penetraba un débil resplandor á través de unas puertas vidrieras, +cubiertas con unas tupidas cortinas de cambray bordado. + +El marqués levantó imperceptiblemente una de las cortinas: en la otra +vidriera observaba Amina: los dos jóvenes estaban asidos de las manos. + +En la habitacion inmediata habia dos hombres. + + + + +CAPITULO X. + + Lo que oyeron la duquesita y el marquesito. + + +Uno de aquellos hombres era jóven, como de veinte y dos años. + +Aquel hombre era el príncipe de Asturias don Carlos de Austria. + +Estaba sentado y cubierto. + +El otro hombre estaba de pié y descubierto. + +Era Yaye. + +El príncipe, á pesar de sus pocos años, era uno de esos seres +repugnantes que se han gastado practicando constantemente el vicio; su +palidez enfermiza, sus ojos de un color impuro, la especie de vejez +prematura que sobre aquel semblante lívido aparecia, y la fosforescente +insensatez de su mirada, demostraban que su organizacion habia sufrido +mucho á causa de excesos. En los gruesos labios que habia heredado de su +padre, se adivinaba que el temblor de la cólera era su expresion +habitual: tenia los ojos azules, el cabello y las cejas rubias, y estaba +flaco, muy flaco. + +--En verdad, en verdad, decia el príncipe, en el momento en que el +marqués y Amina podian escucharle, no pensaba que tú, un oscuro +aventurero, ennoblecido por un casamiento afortunado, y tolerado por el +bueno de mi padre en la córte, cuando hay mas de una lengua maligna que +habla mal de tí, te atrevieses á representar una farsa tan grosera +conmigo. ¡Ya se vé! Sabes que estoy enamorado de tu hija y te +prevales... pues bien, concluyamos pronto: las condiciones, las +condiciones, duque. Ya que no ha salido á recibirme tu hija, segun +esperaba, te confieso que me molesta estar á estas horas en conversacion +contigo. ¡Por mi patron Satanás que esta es una treta que no te +perdonaré nunca, duque! + +--Ignora vuestra alteza con quién habla, dijo reposadamente Yaye, del +mismo modo que ignoraba que nada sucede en mi casa sin que yo lo sepa. + +El marqués estrechó fuertemente la mano de la duquesita, que no contestó +á la presion, porque era una especie de burla hecha á su padre. + +--En verdad, duque, repuso el príncipe con un acento en que habia una +ligera indicacion de cólera, que tratándose de una persona tan +misteriosa como tú, tan oscura, es difícil saber á qué atenerse; sin +embargo, tu aspecto es altivo y noble, y me agrada; algunas veces, +ahora, por ejemplo, tienes la misma expresion, sin quitar ni poner, que +mi padre cuando me sermonea porque he asustado á una dama de la reina. +Tu mirada á veces es la de un rey. ¿Serás acaso rey de alguna ínsula +desconocida? + +Habia un tan profundo desprecio en las palabras del príncipe, que otro +que no hubiera sido Yaye, se hubiera alterado. + +Apoyóse ligeramente en un ángulo de la mesa junto á la cual estaba de +pié y contestó: + +--Sea yo rey ó mendigo, hidalgo ó villano, caballero ó bandido, es lo +cierto que vuestra alteza está en mi casa y de mala manera llegado. Yo +sabia, sin embargo, que ibais á venir, y sino hubiera querido que +vinieseis no hubierais poseido la llave que os ha dado uno de mis +criados, no por vuestro oro, que le he hecho repartir á vuestro nombre +entre algunos pobres, sino porque yo le he mandado que os la dé. +Necesitaba hablar con vos, y ciertamente que lo que aquí puedo deciros, +no os lo hubiera dicho por nada del mundo en la córte. ¿En qué estado de +relaciones os encontrais con los rebeldes de Flandes? + +El príncipe se levantó de un salto al escuchar estas palabras, y el +marqués de la Guardia sintió que la mano de Amina temblaba entre la +suya. + +--¿Que en qué estado estoy de relaciones con los rebeldes? exclamó +acreciendo en lividez el príncipe. ¿Y te atreves á hacerme esa pregunta, +traidor? + +--Espere un momento vuestra alteza, dijo Yaye, y comprenderá, en vista +de una prueba indudable, que tengo razones poderosas para hacerle esta +pregunta. + +El duque fue á una especie de secreter de ébano incrustado de plata y +nacar, y de uno de sus secretos sacó una cartera de seda bordada de +lentejuelas de oro, desenvolvió lentamente la ancha cinta de raso que la +rodeaba, sacó de ella algunos papeles, y de entre ellos uno que retuvo +en sus manos. + +El príncipe le miraba atónito con la vaguedad de los insensatos: + +--Hace dos meses dijo Yaye, entró en Madrid secretamente, y se hospedó +en uno de los mesones menos concurridos de la villa, un jóven caballero +francés. Aquel caballero se llamaba Laurent de Perceval, y era hugonote. + +El duque se detuvo y miró profundamente al príncipe, que procuró en vano +sostener su mirada, y se puso lívido como un cadáver. + +Hubo un momento de silencio: durante él, don Juan dijo rápidamente al +oido de Amina: + +--Yo no puedo permanecer aquí: se trata de secretos terribles. + +--¡Mi honor te manda permanecer! exclamó profundamente Amina. + +--¡Oh, quiera Dios que tu amor no me pierda! murmuró el marqués. + +--Una noche, continuó Yaye, rompiendo su momentaneo silencio, un cierto +Cisneros, un comediante miserable que os acompaña, y que habia ido al +tal meson varias veces, y todas ellas preguntando por el Laurent, supo +al fin que aquel caballero habia llegado y le habló: una hora despues el +hugonote Perceval, el príncipe heredero del cristianísimo rey de las +Españas, y el comediante Cisneros, conspiraban abiertamente contra Dios +y contra el rey, en el oscuro aposento de un meson, harto agenos de que +eran escuchados. + +En efecto, todos los aposentos inmediatos estaban vacíos y cerrados. + +Yaye pronunciaba una á una y solemnemente sus palabras. + +--Pero sobre aquel aposento, continuó Yaye, habia un desvan á teja vana, +y en él vivia desde dos dias antes de la llegada á Madrid del caballero +francés, un pobre y anciano mendigo. Este mendigo habia levantado una +baldosa, y habia abierto en las tablas un agujero, desde el cual podia +mirar y escuchar cuanto pasase ó se dijese en el aposento inferior. La +noche, pues, que vuestra alteza estaba encerrado en aquel aposento con +el francés y el comediante, el mendigo observaba cuanto en aquel +aposento acontecia. El príncipe, con mas ambicion que paciencia, deseaba +la corona de su padre. + +El príncipe tenia la vista fija en el suelo y temblaba como un reo ante +su juez. + +La voz de Yaye era solemne. + +--¿Y qué mucho? añadió con voz vibrante y terrible. Estamos en una época +de crímenes. A donde quiera que se vuelvan ahora los ojos encuentran +sangre; rostros amoratados por el dogal ó lividos por el tósigo. Acá y +allá, cerca y lejos, solo encontrais opresores y esclavos; volved la +vista al Occidente, atravesad con ella los mares, mirad á la América: +allí, brutales aventureros, bandidos codiciosos, oprimen á millones de +hombres á quienes han robado la patria y los altares, á quienes han +arrojado de su hogar: los infelices indios se han visto obligados á huir +á los desiertos, donde se defienden con el valor de la desesperacion de +las infamias del feroz conquistador. Ved sus doncellas violadas y +vendidas como esclavas, sus viejos degollados, los niños arrebatados á +sus padres, y entregados á los frailes: ved sus guerreros domeñados, +reducidos á la servidumbre, bautizados á la fuerza: si penetrárais en +esos desiertos peñascosos, cubiertos de selvas interminables, surcados +por torrentes y abiertos por volcanes; si aportárais al fuego del +consejo de una de esas tribus errantes y escuchárais el cántico de +guerra con que se preparan al combate, les oiriais maldecir á los +rostros pálidos que llegaron en las grandes canoas: aquellos rostros +pálidos son los españoles: si los viérais en el combate, admirarías la +desesperacion con que prefieren la muerte á la esclavitud; veríais las +praderas cubiertas de cadáveres destrozados por el hierro y por los +cascos de los caballos, y despues del triunfo de los españoles, os +horrorizaria mirar cómo estos tratan á los vencidos; con cuanta innoble +avaricia aquellos miserables aventureros, se arrojan sobre el oro y +sobre las perlas que produce con una fecundidad maravillosa, la vírgen +América. Allí el testimonio del gran crímen de las Españas, se levanta +por todas partes; aquel es el tesoro donde á trueque de sangre y de +infamias van á enriquecerse miserables bandidos bajo las banderas de un +rey católico. Si no os satisfacen los crímenes de Occidente, si quereis +apurar mas horrores, volved la vista al Oriente, al reino de Granada: +allí tambien hay un pueblo vencido: allí tambien se esclavizan las +doncellas, se roban los hijos á sus padres, se bautiza á la fuerza, se +degüella y se quema á los hombres, y se arrasan pueblos enteros. Allí +tambien resuena la terrible voz del sacerdote español: allí tambien los +gemidos se mezclan al crugir de las cadenas. Una garra del leon de +España ataraza al Occidente, mientras la otra despedaza al Oriente. Si +quereis ser testigo de mas crímenes, volved la vista á Flandes; allí +tambien, so pretexto de religion, flotan los pendones de España, y sus +tercios se ensangrientan sobre los campos que respetan los mares, y el +saqueo y el incendio visitan una tras otra populosas y ricas ciudades; y +aun en el mismo corazon de la España, si quereis presenciar horrores, +bajad á los calabozos del Santo Oficio, penetrad en las mazmorras de los +castillos reales; en las unas se empareda y se descuartiza, en los otros +se estrangula y se degüella; por todas partes el terror imponiendo la +ley del fuerte; por todas partes, por el mar y por la tierra, los +innumerables galeones y las mil banderas de los tercios del rey. +Castilla quiso un dia sacudir el yugo, y cayó vencida con sus +comunidades: el rey ahogó con sangre la voz de la libertad: el sacerdote +sofocó con fuego los fueros de la conciencia. Si; España es grande, +poderosa, terrible; en todas partes domina; pero en todas partes domina +por el crímen. ¿Qué mucho, repito que, cuando tantas infamias se +levantan ante los ojos, un hijo ansíe ser rey aun á costa de la vida de +su padre? ¿Acaso don Felipe el II no era rey de Nápoles y de Inglaterra +á los diez y seis años? Es cierto que el emperador Carlos V se retiró +por su voluntad á una celda de San Gerónimo de Juste: pero ¿San Lorenzo +del Escorial no es tambien un magnífico monasterio? ¿Acaso una tumba es +otra cosa que una celda donde se duerme por toda una eternidad? + +[imagen: Tomad: leed.] + +El príncipe continuaba en silencio y cada vez mas turbado y trémulo, +dominado por la mirada y por la palabra cada vez mas penetrante y +solemne de Yaye. + +Este por cansancio ó por desprecio hácia el príncipe se sentó: don +Carlos continuó de pié. + +--Laurent de Perceval, continuó el duque cambiando su entonacion +declamatoria por otra sencillamente narrativa, era un enviado de +Guillermo de Nassau, príncipe de Orange: este le enviaba á vos, para +ofreceros la corona de los Paises Bajos, bajo el titulo de conde de +Flandes: esto no era otra cosa que excitaros á la rebeldía contra +vuestro padre; pretender arrancarle uno de los mas ricos florones de su +corona: se os pedian cartas que se pudiesen mostrar á los luteranos, y +vos, vos, príncipe rebelde á vuestro padre, escribísteis esta carta que +tengo entre mis manos. Tomad, leed. + +El príncipe tomó con una mano trémula aquella carta y la reconoció á +primera vista: estaba enteramente escrita de su mano, firmada por él, y +en ella aceptaba la propuesta del príncipe de Orange, y se declaraba +protector de la Reforma en los Estados de Flandes. Aquella carta era la +cabeza del príncipe si por un acaso iba á dar en las manos de su padre. + +--Ya podeis conocer, dijo el duque, que quien es poseedor de esa carta +es muy amigo vuestro cuando no ha usado de ella presentándola al rey. + +--¿Cómo ha venido á vuestro poder esta carta? dijo el príncipe +reteniéndola. + +--Recordad que os he dicho que mientras vos hablábais en cierto meson +excusado con Laurent de Perceval y el comediante Cisneros, habia otra +persona, que sin que vos lo supiéseis, lo presenciaba todo, á través de +un agujero abierto en el techo. Aquella persona, que tenia todas las +apariencias de un mendigo viejo y enfermo, era en la realidad jóven, +robusto, lleno de vida. En una palabra, aquella persona era yo. + +--¡Vos! + +--Si, yo. + +--¿Y quién os habia dicho que el caballero Laurent de Perceval debia +venir á Madrid enviado por el príncipe de Orange? + +[imagen:--¡Ah, Bempo! ¡Bempo! ¡yo te amo!] + +--Vos no sabeis quién soy, si bandido ó caballero, rey ó esclavo: yo +tengo medios de saber todo cuanto me interesa saber. Por otra parte, +como solo he venido á Madrid contando con vos, era natural que me +interesase por vos. Sabedor del dia en que Laurent de Perceval debia +ponerse en marcha para llevar vuestra imprudente carta á Guillermo de +Nassau, le esperé en el camino. + +--¡Y le matásteis! + +--No le maté. Iba perfectamente disfrazado con las preseas de alférez de +vuestra guardia, en términos que Perceval no me reconoceria si me viera +de nuevo ante sí. Dejéle pasar oculto en una venta, alcancéle luego, y +me presenté á él como vuestro enviado. Díjele que habiais meditado +mejor; que no creíais prudente todavía un alzamiento general en los +Paises-Bajos á vuestro nombre, y le dí tales señas de las conferencias +que el mismo Perceval habia tenido con vos, que sin dificultad me +entregó esa carta, y en cambio se encargó de un mensaje verbal para el +príncipe de Orange y de un libramiento de treinta mil florines á la +órden del Laurent, dado por un genovés de Madrid contra otro de +Bruselas, para que Orange pudiese sostener la guerra contra España por +algun tiempo; ved aquí el recibo del libramiento, que Perceval me hizo +en una venta del camino. + +Yaye sacó otro nuevo papel de la cartera y le entregó al príncipe. + +--Ahora, dijo el duque, podeis quemar esa carta y ese recibo. Tales +pruebas deben destruirse cuando ya han servido de la mejor manera que +podian servir. + +El príncipe se apresuró á quemar á la luz de una bujía aquellos +terribles papeles. + +--Y ahora bien, ¿qué quereis de mí? dijo cuando los hubo destruido. + +--Quiero en primer lugar que nada hagais sin consultarlo conmigo. + +--¿Y qué creeis que debo hacer? + +--Reinar. + +--¿A todo trance? + +--A todo trance. + +--Sin embargo, no ha mucho me hablábais con indignacion del crímen. + +--Por lo mismo que el crímen nos rodea por todas partes, debemos +valernos de él en nuestro provecho antes de que otros le empleen en +nuestro daño. + +--¿Creeis, pues, que debo aceptar el vasallage de los flamencos? + +--Si, si por cierto; pero no ahora. Aun no es tiempo: una tentativa en +estos momentos fracasaria: la infanta Margarita de Parma, gobernadora de +Flandes, es una mujer que con su gobierno blando y benéfico tiene +contenida la insurreccion: es necesario que á este poder tolerable, +sustituya un poder duro, despótico, insufrible; es necesario que sea +gobernador de los Paises Bajos el duque de Alba; dejad que pruebe +fortuna el príncipe de Orange; que despues, si la rebelion crece, tiempo +tendremos de obrar. Yo he hecho en vuestro nombre cuanto se debe hacer +por ahora: enviar dinero á los descontentos: del mismo modo alentaremos +á los hugonotes de Francia: cuando hay oro todo es fácil. + +--¡Y vos!... + +--Ya os he dicho que acaso soy un rey; acaso un bandido. Tal vez sea las +dos cosas á la vez. Ahora que ya me conoceis como vuestro partidario, +que ya sabeis que podeis recurrir á mí por oro y consejos, idos +príncipe, y no olvideis jamás cómo os ha recibido un hombre en cuya casa +habeis entrado con intencion de deshonrarle. + +--No, no saldré de aquí sin que me hagais una promesa. + +--¿Cuál? + +--Amo á vuestra hija. + +--¿Y la amais mirando en ella á vuestra esposa? + +--Si, aunque para ser su esposo hubiese de sacrificar mi vida. + +--¡Sed rey! + +--¡Cómo! + +--¡Sed rey! repitió fatídicamente el duque. + +--Pero... mi padre es jóven... balbuceó el príncipe. + +--¡Sed rey ó renunciad al amor de mi hija! + +--¡Pues bien, lo seré y pronto! + +--No os apresureis, no cometais una imprudencia; esperad. + +--Esperaré: pero... + +--Os prometo mi hija: ahora salid. + +Yaye tomó una bujía de sobre la mesa y acompañó al príncipe: la +habitacion quedó abandonada: detrás de las vidrieras habia quedado mudo, +aterrado, el marqués de la Guardia: Amina fijaba en él una mirada +lúcida. + +--¡Oh, Dios mio! ¡Dios mio! exclamó el marqués: ¡qué horror! ¡Tú, +Esperanza, prometida á ese príncipe infame á cambio de un parricidio! + +--El crímen se combate con el crímen, don Juan, dijo Amina: ahora bien, +¿tendrás valor para sacrificarte á mi amor como yo me sacrifico á +sagrados deberes? + +--¡Oh, Esperanza! ¡considera que soy español, noble y caballero! + +--El hombre que haya de ser mi esposo lo ha de sacrificar todo por mí. + +Llevó al jóven á una puerta; le dejó encerrado tras ella, volvió, abrió +la vidriera y entró en la cámara de su padre. Poco despues entró este, y +la besó en la frente. + +--El dia en que nuestros enemigos se hagan pedazos se acerca, dijo este. +Ese dia se enjugaran tus lágrimas, hija de mi alma. Entre tanto es +necesario que cumplamos el juramento que yo hice á mi padre moribundo. +¡Todo por la patria! ¡todo! ¡hasta la virtud!... + +Despues, estos dos extraordinarios seres se separaron; Amina fue á la +puerta tras la cual habia dejado á don Juan, y atravesando las mismas +habitaciones oscuras que habian recorrido hasta allí, le llevó á su +aposento, cerró el mirador y se sentó á su lado. + + + + +CAPITULO XI. + + Lo que puede el amor de una mujer. + + +La habitacion de Amina estaba amueblada con una riqueza suma: sus +cuadros, sus tapicerías, sus alfombras, sus divanes eran lo mas bello, +lo mas rico, lo mas raro que producian en aquellos tiempos las artes y +la industria. Sobre una mesa maravillosa, lucian dos candelabros de +plata cincelados, y el estrado en que se habian sentado los dos amantes, +era de brocado de tres altos. + +Don Juan, profundamente abstraido, no veia nada de todo esto, habia +llegado hasta allí maquinalmente; tenia abandonada una mano en otra mano +de Amina, y aquella mano temblaba y estaba fria como la de un cadáver. + +Amina le contemplaba con una fijeza intensa; estaba palida, y en sus +negros ojos brillaba una expresion de altivez indomable: parecia que +queria escudriñar y analizar con su mirada lo que pasaba en el alma del +marqués, que estaba aterrado, anonadado, como insensible, á causa de los +terribles secretos que sucesivamente habia descubierto. + +Su afan por ver claro en la vida interior de Amina, habia sido demasiado +satisfecho: don Juan se arrepentia de haber deseado salir de su +ignorancia. + +Como por efecto de un poder magnético, la intensa mirada de la jóven +atrajo al fin la mirada de don Juan, y entrambos se contemplaron durante +un segundo, con una de esas miradas que no pueden describirse, y que +jamás se olvidan por quien ha sido objeto de ellas. + +--Si, si, te amo, Esperanza; te amo á pesar de todo, dijo el marqués +comprendiendo la expresion de la mirada de Amina; te amo tanto, que á +pesar de que yo debia revelar al rey cuanto he visto y oido, guardaré +acerca de ello un profundo secreto. + +--¿Y qué sabeis? dijo Amina con un acento tal y tan dominador, que +fascinó á don Juan; verdadero acento de reina que sin despreciar impone, +y sin exigir manda; ¿sabeis acaso quién es la mujer que la fatalidad ha +puesto en vuestras manos? + +Don Juan lo sabia por la revelacion de Angiolina; pero se guardó muy +bien de demostrarlo: limitóse, pues, á contestar: + +--Seas lo que quieras, conozco que mi vida y mi alma son tuyas, +Esperanza. + +--Llegará un dia en que comprendas, don Juan, dijo Amina, cuya frente se +habia serenado, descendiendo, por decirlo así, de su terrible magestad; +llegará un dia en que comprendas cuánto te ama la mujer á quien con tus +locuras has hecho desgraciada. + +--¡Mis locuras! + +--Si por cierto, ¿qué son sino locuras tus amores con esa aventurera +italiana, con esa princesa Angiolina? ¿Tu empeño en causarme zelos con +ella? ¿qué ha sido sino una locura suponer que yo podria empenarme de +tus amores por arrebatarte á esa mujer? + +Habia tal dignidad, y una dignidad tan tranquila en Amina al pronunciar +estas palabras, que el marqués se desconcertó, y no pudiendo negar sus +amores con la princesa por demasiado públicos, contestó: + +--Yo me veia desdeñado por tí. + +--Desdeñado no: alejado si. + +--Sea como quieras; pero si nada te importa que yo ame á otra ¿por qué +eres desgraciada? + +--Porque te creia mas grande, mas noble de lo que eres en realidad. + +--He pretendido olvidar, dijo por decir algo el jóven. + +--¡Olvidar! ¡olvidarme!¡y para olvidarme...! ¡á mí! ¿has recurrido al +amor de esa mujer? lo repito: me he engañado: yo pensé que valias mas, +infinitamente mas que lo que vales. + +Don Juan conoció que habia incurrido en una necedad, y para remediarla +incurrió en otra, como sucede generalmente á todo el que quiere salir de +una posicion falsa sin confesarse vencido. + +--Rechazaste mi mano con un pretexto que no he podido comprender, dijo. + +--Un hombre que ama á una mujer y no puede obtenerla, la obtiene ó +muere; pero no intenta ultrajarla, contestó con dignidad Amina. + +--¿No me he puesto á tu paso? contestó apelando á la dulzura el marqués. + +--Conservando tu vanidad; pretendiendo que me humillase; enamorando á +otras á mis ojos. + +--¿No he venido todas las noches á esa calleja? + +--¡Esperando sin duda, dijo con sarcasmo Amina, que yo, arrastrada por +mi amor, te llamase! + +--¡Oh, y cuán cruel eres, Esperanza! + +--Y al fin te he llamado; y al fin estás en mi aposento, solo conmigo, +en medio de la noche. + +--¡Oh! ¡Esperanza! + +--Pero ya sabes para qué y por qué te he llamado: ahora don Juan es +necesario que nos separemos. + +--¡Con que es decir que me has llamado para que sepa que el príncipe va +á ser tu esposo! + +--Si mi padre lo exige, lo será. + +--¡Es decir que no me amas! + +--Nunca debimos unirnos, don Juan. + +--¿Que nunca nos debimos unir? + +--No, para evitar el dolor y la vergüenza de separarnos. + +--¡De separarnos...! ¡es decir que tu ambicion..! + +--Yo me sacrifico á mi nacimiento, á mi destino. + +--¡Oh! ¡si! dijo con doloroso sarcasmo el marqués; me he olvidado de que +eres... y se detuvo. + +--Si, soy reina, contestó con una fria dignidad Amina. + +--¡Reina tú! exclamó con creciente asombro el marqués. + +--Si, no importa de qué reino; pero mi reino existe, y mis vasallos, +cuando me presento entre ellos, doblan ante mí la rodilla. + +Don Juan quiso contestar y no pudo: la admiracion, el estupor, el miedo, +y aun podemos decirlo, un miedo supersticioso, habian cohartado sus +facultades de apreciacion; recordó entonces cuanto le habia revelado la +princesa, y comprendió que aquella mujer no le habia engañado: vió +delante de si á la reina de aquellos famosos monfíes de las Alpujarras, +solo conocidos por sus terribles hechos: trasladóse su pensamiento á +las, para él desconocidas, regiones del Nuevo Mundo, y parecióle ver á +Esperanza, en medio de las tribus indias, que la rendian homenaje; +entonces hablaron de una manera clarísima para él, el encendido color +moreno de Amina, aquel color tan bello, tan límpido, tan incitante; +parecióle ver destellar de sus negros ojos una chispa de magestad +salvaje, y que aquella frente magnífica, aquella mirada incontrastable, +le decian: + +--Soy nieta de los reyes de Granada, reina de los monfíes de las +Alpujarras; soy nieta de los emperadores de Méjico, reina de los +rebeldes del desierto. + +Esta era la única solucion que, contando con los antecedentes que tenia, +encontraba el marqués á tales misterios. + +--En vano te obstinarás, don Juan, dijo Amina, comprendiendo la +perplejidad del jóven, por descifrar el misterio de mis palabras. Solo +sabrás la verdad si un dia la desgracia cesa de afligirnos. Para eso +será necesario que se cambie la faz de los reinos de Europa, y que se +viertan torrentes de sangre. Entre tanto respeta el secreto que no debo +revelarte. + +--¿Pero nada puedo esperar? + +--Puedes esperarlo todo si consientes en sacrificarlo todo por mí. + +--¡Oh! ¡y qué sacrificio no haria yo por tu amor! + +--Hubo un momento, dijo tristemente Amina, en que yo olvidé por tí mi +condicion, mi honor y los proyectos de mi padre. Cuando vine en mal hora +á la córte del rey de España, para desempeñar al lado de la reina un +servicio que me humillaba, y que yo sufria porque tal era la voluntad de +mi padre, tenia el corazon libre, no amaba; pero sentia una ardiente +necesidad de amar: llegó un dia en que oí hablar de tí; se ponderaban, +tu hermosura, tu juventud, tu valor, tu generosidad: supe que los +ociosos de la córte habian unido nuestros destinos de una manera +extraña: á tí te llamaban _mi hombre_, á mi, _tu mujer_. Era necesario +que yo te viese, para que pudiera contestarme á esta pregunta que me +habia hecho con cólera al escuchar aquellas extrañas palabras.--¿Qué +puede haber de comun entre ese marqués tan ponderado y yo? Pero cuando +te ví al fin, cuando ví tu semblante al reflejo de la luna despues del +incendio de la iglesia del Buen Suceso, que me habia aterrado; cuando +sentí llegar tu mirada hasta el fondo de mi alma, inflamándola, llenando +su vacío con un fuego divino, abriendo para mí una nueva vida; la vida +del amor.... ¡Oh! entonces comprendí lo que el mundo habia encontrado de +comun entre nosotros; entonces comprendí que tú eras mi hombre; mas +todavía: mi esperanza, mi felicidad, mi Dios. + +Al decir estas palabras, el semblante de Amina fue perdiendo +gradualmente la fria rigidez que hasta entonces habia afectado por +orgullo; brotó á él la pasion; acreció su palidez, sus ojos lanzaron un +fulgor divino, sus hermosos y rojos labios se mostraron trémulos y +entreabiertos, y como iluminado por el reflejo del semblante de Amina, +el del marqués resplandecia tambien. + +Hay situaciones en que no se habla, porque el lenguaje humano no tiene +palabras para expresar lo que en tales momentos el alma siente; +situaciones en que los ojos que lucen con una fuerza superior á la que +puede suponerse en la vida; en que la sangre que afluye al corazon; los +latidos de este que se oyen; un no sé qué de sobrenatural, de +fantástico, de divino, que emana de esa semejanza de Dios que se llama +criatura, hablan por sí mismos con un lenguaje mas elocuente, mas +sublime que el lenguaje material; y cuando el alma se exhala, como que +se escapa por todo nuestro ser, cuando ese ser es una mujer tan hermosa +como Amina, tan pura (y decimos tan pura porque la pureza reside en el +alma y no pueden mancharla las miserias de la vida), aquella mujer es el +ángel de redencion y de perdon, ó el demonio de perdicion con que Dios +glorifica ó condena á un hombre sobre la tierra. + +Don Juan se extremecia bajo la mirada de Amina, bajo su aliento, ante su +hermosura; don Juan sentia el horrible tormento del placer que hiere +porque no tenemos sentidos bastantes para absorverle: don Juan se sentia +levantado á una altura inmensa sobre la tierra, flotando en un espacio +aéreo, ardiente, impulsado por un torbellino de fuego. + +--¿Con que me amas? ¿me amas? exclamó con delirio. + +--¿Si no te amara viviria? exclamó Amina. ¿Si no te amara te hubiera +introducido bajo el techo de mi padre para que vieses por tus ojos y no +dudases de mi? ¿si no te amara me importaria algo que dudases ó no? + +--Y bien; si me amas, ¿por qué no ser mi esposa? + +--Júrame que jamás levantarás el acero contra mi padre, y te prometo, te +juro, que si no soy tu esposa, no lo seré de otro. + +--¡Oh! si, si, dijo don Juan trasportado; te lo juro por la gloria de mi +madre, y por mi honor. + +--Por el descanso de tu buena madre si; dijo Amina levantándose con +enerjía; ¡por tu honor no! + +--¿Por mi honor no? exclamó levantándose asombrado el marqués. + +--¿A qué llamais los castellanos honor? exclamó con desprecio Amina; á +servir ciegamente y como viles esclavos á un rey tirano; á un rey á +quien el Altísimo sostiene en un trono para castigar los pecados de un +pueblo: cuando ese rey fija la mirada codiciosa en una region feliz, +rica y próspera y la ambiciona; cuando ese rey os dice: tomad mi +estandarte y empapadlo en sangre humana, porque es necesario que yo +añada á mi blason real los blasones de aquel otro pueblo, id, +conquistadle, destrozadle, esclavizadle, yo lo quiero; es necesario que +yo sea rico, grande y fuerte, á costa de la pobreza, la abyeccion, y la +debilidad de pueblos enteros; id, que os lo mando yo..... cuando el rey +os dice: id á llevar el luto, la servidumbre y la deshonra á otros +paises, vosotros llamais honor á la obediencia que os pone las armas en +la mano y os lleva, como bandidos en cuadrilla, á apoderaros por fuerza +de lo que no es vuestro; á robar lo que Dios quiere que sea respetado. +¡Oh, no! ese honor es la infamia; el verdadero honor es el que defiende +la patria, el que ampara al pobre y al desvalido, el que acomete á los +tiranos y los vence ó sucumbe: los castellanos no comprendeis ni el +honor ni la gloria; llamais honor al crímen y gloria á la infamia. No; +yo acepto tu juramento por el descanso de tu madre, por mi amor, por tu +alma, pero por lo que tú crees honor, no: ese honor te haria mi enemigo; +ese honor te obligaria á delatar á mi padre, á entregarle al verdugo; +ese honor te obligaria mañana á degollarme ó á contribuir á que fuese +vendida como esclava: ese honor te separa de mí. + +--¿Luego eres enemiga de los castellanos? + +--Si, enemiga á muerte. + +--¿Y por qué entonces cuando nos encontramos, no me dijiste: sigue tu +camino, y no procures unirte á mi porque un abismo nos separa? + +--¡Oh! ¡los hombres son cobardes, muy cobardes! exclamó con acento frio +y acerado Amina; ¡el valor es de la mujer, exclusivamente de la mujer! +¡nosotras lo sacrificamos todo por ellos, patria, religion, virtud, +felicidad! ¡nos perdemos en cuerpo y alma por ellos! ¡ellos no saben +sacrificarnos nada! ¡Ya se vé! ¡la mujer ha nacido para ser esclava! +¿por qué te amaba antes de conocerte? ¿por qué, si en aquellos momentos +me hubieras pedido la vida te la hubiera dado sonriendo? ¡Oh, vosotros +no amais! ¡vosotros..! ¡ni aun siquiera comprendeis de cuánto es capaz +una mujer enamorada! + +--Pues bien; si eso es verdad; si alientas en tu alma esa fuerza sublime +del amor, sígueme. + +--¡Abandonando á mi padre! ¡No! ¡jamás! + +--¿Con que en el momento de la prueba retrocedes? ¿Con que no has +pronunciado mas que palabras vanas?.. + +--Escrito está en los libros de luz, dijo gravemente Amina, que por el +hombre abandone la mujer á su padre y á su madre; pero no está escrito +en ninguna parte que la mujer asesine al hombre á quien ama. + +--¿Es decir que si me siguieses abandonando á tu padre?.. + +--Allí, á donde quiera que nos ocultásemos, iria la venganza de mi +padre: venganza terrible, implacable, fria: ¡oh, qué horror! cuanto he +podido sacrificarte, te lo he sacrificado, sin dudar, sin retroceder; +todo lo que en adelante pueda sacrificarte, te lo sacrificaré... pero no +me pidas tu propio sacrificio, ¡eso jamás! + +--¿De modo que será forzoso que nos separemos? + +Amina fijó en el marqués, con una ansiedad indescribible, sus hermosos +ojos, que á pesar de sus esfuerzos por mostrarse serena, se llenaron de +lágrimas. + +--Separémonos mas bien, dijo: olvídame si puedes; en cuanto á mí... yo +nunca te olvidaré. + +--¿Y para esto me has llamado? + +--Yo te esperaba y te esperaba para hablarte; pero sin el desgraciado +encuentro que has tenido junto al postigo de mi casa, sino hubieras +visto entrar por él un hombre, te hubiera hablado por la reja para +decirte:--«Me has ofendido de una manera cruel, y sin embargo te amo: +durante algun tiempo no nos veremos, pero espera: yo te amaré siempre: +cuenta conmigo.»--Dios lo quiso de otro modo: el príncipe don Carlos +habia entrado en mi casa, y era necesario que supieses lo que hacia en +ella; por esta razon has conocido graves secretos. + +--¡De modo que, obedeciendo á ese honor castellano que tan extraviado y +absurdo te parece; debia yo como español y caballero, revelar al rey +cuánto he visto y cuánto he oido..! + +Irguió la cabeza Amina y dijo friamente: + +--Hazlo, don Juan, hazlo, y me habrás devuelto la felicidad. + +--¡Ah! ¡serias feliz! + +--Si, porque si cometieras tal infamia, no serias ya el hombre que mi +amor habia soñado; dejaria de amarte, y... dejando de amarte, seria muy +feliz, mucho. + +--¡Muy feliz! exclamó con extrañeza el marqués. + +--Si, muy feliz: nada me importaria no verte, no saber de tí... y... mas +que eso: entonces me vengaria de un infame que me habia tomado por +juguete. + +Amina apenas podia hablar: la voz se ahogaba en su garganta. + +--¿Y nada temes por tí, nada por tu padre? exclamó asombrado y fuera de +si el marqués que sufria horriblemente. + +--El rey de España, dijo con altivez Amina, nada puede contra nosotros; +aunque nos sepultase en el mas lóbrego calabozo de la Inquisicion, +nuestras cadenas se romperian como si fueran de vidrio: las puertas, los +muros, se abririan para darnos libertad. De otro modo, sino estuviésemos +á salvo, ¿crees que por mucho que me interese el que no puedas dudar de +mi amor y de mi honra, hubiera yo vendido la cabeza de mi padre? + +--Sea cualquier el poder de tu padre, Esperanza, no seré yo quien le +ponga á prueba, revelando al rey lo que esta noche he visto y oido en tu +casa. + +--Pero repara que de ese modo eres traidor á tu amo el rey de España, +dijo con sarcasmo Amina. + +--Entre el rey y mi amor, dijo el marqués con voz firme, mi amor es lo +primero. + +--¡Oh! ¡espéralo todo de mí! exclamó con una alegría infinita Amina. + +--¡Que lo espere todo de tí! + +--¡Oh! si, si, has salido victorioso de una terrible prueba: tu amor es +grande, valiente, inmenso como el mio. Tú me sacrificas lo que crees, lo +que llamas tu honor. Yo te sacrificaré mi vida, mi corona... pero es +necesario esperar. + +Al oir la palabra _corona_, el marqués hizo un movimiento de extrañeza. + +--Si, mi corona, dijo Amina; no creas que estoy loca; mi corona, ya sea +la de un pueblo poderoso y vencedor; ya la de una raza vencida, +perseguida, errante, es siempre una corona. Si un dia me dices estoy +dispuesto á abrazar, aunque solo sea en apariencia, la religion de los +tuyos, á defender tu pueblo, á ser tu esposo, entonces se aclararan para +tí tantos misterios. Ahora, don Juan, escucha: la fatalidad nos obliga á +separarnos, y en algun tiempo no nos veremos. Pero siempre tendrás á tu +lado, sin que lo conozcas, sin que lo veas, como lo tienes ahora, +siguiéndote á todas partes, quien vele por tí, quien te proteja, quien +ponga oro en tu bolsa, si es necesario, sin que tú veas la mano que lo +pone. Ademas, podrá suceder que un dia tu lealtad, el resto de lealtad +que conservas aun al rey de las Españas, te lance á la guerra: entonces, +don Juan, si esa guerra es contra hombres de otra religion, toma: lleva +este amuleto sobre las armas, pero de modo que se vea y nada temas: el +hierro enemigo no te tocará. + +Amina se quitó del cuello una rica cadena de oro de la cual pendia una +placa esmaltada guarnecida de diamantes, en cuyo centro habia algunos +caracteres azules enteramente extraños para el marqués, y le puso la +cadena al cuello. + +--¡Oh! la llevaré siempre sobre mi corazon, exclamó don Juan besando +apasionadamente aquella joya, que aun conservaba el calor del seno de +Amina. + +--Sobre el corazon en paz; sobre la coraza en guerra. Ahora es preciso +que nos separemos, don Juan. + +--¡Separarnos! + +--Si; es necesario de todo punto. + +--¿Y cuándo nos volveremos á ver? + +--¡Oh! ¿quién sabe? dijo tristemente Amina: tal vez pronto, tal vez +nunca. + +Y asiendo de la mano al marqués le condujo á una habitacion oscura, +abrió un balcon y miró á fuera. + +--¡Nadie hay en la calle! dijo Amina: nada se oye... + +--¡Oh! ¡Esperanza! ¡Esperanza! dijo el marqués: ¡yo no puedo separarme +de tí! + +Oyéronse entonces en el interior algunas puertas que se abrian. + +--¡Mi padre! exclamó Amina: ¡vete! + +Don Juan la estrechó rápidamente entre sus brazos, Amina se escapó de +ellos, y empujándole hácia el balcon, le dijo: + +--Vete... ¡y no me olvides! + +--¡Adios, vida de mi vida! dijo el marqués: ¡jamás te olvidaré! + +Y echándose fuera de la balaustrada del balcon, se descolgó por una reja +á la calle. + +Cuando estuvo en ella, Amina se asomó al balcon, y dijo conteniendo mal +sus sollozos: + +--Toma, don Juan, y lee, y cuando hayas leido, comprenderás cuánto estás +obligado á amarme. + +Dicho esto, arrojó una carta á la calle, desapareció de la balaustrada, +y se oyó el ruido de las maderas del balcon que se cerraban. + +--¡Oh, Dios mio! exclamó don Juan recogiendo la carta: ¡esto es para +volverse loco! + +Y ansioso por conocer el contenido de aquella carta, se encaminó á buen +paso á una esquina situada al otro extremo de la calle, donde un +farolillo, puesto por la devocion de los vecinos, alumbraba el tétrico +nicho de un Ecce-Homo. + +Para llegar allí, tenia que pasar necesariamente por el sitio donde +habia caido muerto ó herido, el hombre que habia quedado aguardando al +príncipe de Asturias, en el postigo de la casa de Amina. + +El marqués no miró á aquel sitio, ni se acordó siquiera de que allí +acaso habia muerto á un hombre. + +Cuando llegó delante del nicho del Ecce-Homo, abrió la carta, de la cual +se desprendia un leve y delicado perfume, y leyó estas breves, pero +terribles palabras: + +«Don Juan de mi alma: hay cosas que el pudor impide á una mujer +revelarlas ni aun á su mismo esposo; pero es preciso que sepas que +alienta en mis entrañas un hijo de nuestro amor.--Tu Esperanza.» + +Don Juan lanzó un grito insensato de amor, de alegría, de dolor; arrugó +en un movimiento frenético aquella carta entre sus manos, la oprimió +contra su boca y luego... luego cayó de rodillas ante el Cristo, fijó en +él sus ojos, llenos de fe, de esperanza, y aun podremos decir de +caridad, y exclamó: + +--¡Señor! ¡Divino Señor! ¡Vela por ella y por mi hijo! + +En aquel momento el marqués se sintió asido... + +Pero antes de relatar lo que sucedió á don Juan, es necesario que +retrocedamos un tanto y volvamos á la casa de la princesa Angiolina +Visconti. + + + + +CAPITULO XII. + + Lo que hizo la princesa arrastrada por sus zelos. + + +El autor recuerda haber dicho anteriormente, que Angiolina Visconti se +habia separado de la manera mas ruda y tormentosa del marquesito de la +Guardia, dejándole solo en el lindo retrete donde le habia recibido. + +La princesa atravesó rápidamente algunas habitaciones, y en una de ellas +se detuvo y se puso á contemplarse en un magnifico espejo de Venecia. + +¿Con qué objeto era esta contemplacion de sí misma? + +La princesa estaba resuelta á vengarse, y por lo mismo concentraba sus +fuerzas y contaba sus recursos. + +Entre estos era uno poderosísimo su hermosura. + +Por esto Angiolina se miraba al espejo. Se preguntaba qué motivo habia +tenido el marqués para abandonarla á ella, la altiva hermosura que tan +codiciada era por los hombres de mas valer de la córte: el espejo la +dijo que era tan hermosa como la duquesa de la Jarilla, y sin embargo, +la fiebre que su hermosura habia producido en la loca imaginacion del +marqués de la Guardia habia pasado; la princesa comprendió que el +marqués habia usado de ella como de un instrumento; vió, sin que pudiera +quedarla ni aun el leve consuelo de la duda, que la hermosa duquesita +poseia todo entero el corazon de don Juan, á quien ella amaba con toda +su alma: su aborrecimiento hácia Amina creció, y pensó en vengarse de +ella usando de los terribles papeles que Bempo la habia traido de +Granada. + +Angiolina era una fatalidad mas que la suerte arrojaba delante de Yaye +ebn-Al-Hhamar, del poderoso emir de los monfíes, ó del duque viudo de la +Jarilla, si nuestros lectores han olvidado que tenia estos dos nombres. + +Amina, la nieta de cien reyes, ofrecida por su padre en aras de su +patria, tenia ante si un enemigo terrible, una mujer hermosa, altiva, +enamorada y zelosa de ella. Por aquella mujer, el marqués de la Guardia +habia llegado á ser para Amina una doble fatalidad. + +Pensando en su venganza Angiolina se miraba profundamente al espejo. + +Ya hemos dicho lo que sabemos acerca de la figura y de los atractivos de +la princesa; réstanos decir, que el traje que en aquella situacion +vestia, realzaba sus atractivos. + +Un justillo de brocado de oro sobre azul de cielo muy bajo, indicaba su +escasa y flexible cintura, su seno y sus hombros, cerrándose en el +cuello por una gola rizada de encaje de Flandes. Las mangas ceñidas, +acuchilladas y tomadas de perlas, dejaban ver el magnífico contorno de +sus brazos y terminaban en dos puñitos del mismo encaje, bajo los cuales +medio se ocultaban unos ricos brazaletes de oro cincelado y diamantes: +la falda ancha, larga, terminada por detrás en cola, flotante y +vaporosa, era de damasco brocado de oro en blanco. Las faldetas que +unian al justillo con la falda, estaban guarnecidas de perlas, y rodeaba +su cintura un cordon de oro; ese cordon estaba sujeto en el talle por un +broche de esmeraldas y anudado y trenzado caprichosamente á lo largo de +la falda, con perlas y esmeraldas en los entrelazos, terminando en dos +gruesas borlas de perlas; en los cabellos, recogidos atrás en trenzas, +mostraba tambien algunas ricas joyas, colocadas con un esquisito gusto; +últimamente, llevaba arracadas de pedrería, y en las bellisimas y +blancas manos una multitud de cintillos de valor segun la moda de +aquellos tiempos. + +La pobre princesa se habia puesto, por parecer bella á don Juan, todo lo +que la quedaba de su guarda-joyas. + +Pero como es lo mas dificil del mundo, que una mujer parezca hermosa á +un hombre hastiado de ella, la pobre princesa, aunque estaba, no +solamente hermosa, sino hermosísima, radiante, adorable, no logró causar +efecto en don Juan. + +Angiolina, por lo tanto, consultaba con su espejo, con ese severo +confidente de la mujer, que de una manera tan despiadada la arroja á la +cara los estragos que hacen en su hermosura los años, las enfermedades y +los pesares; que nada la oculta, ni la primera cana, ni la primera +arruga, ni la palidez del cansancio; confidente á quien la mujer sonrie +cuando la presenta tesoros de hermosura; ante el cual se irrita cuando +aquella hermosura empieza á empalidecer, á marchitarse: la princesa, +repetimos, preguntaba á su espejo la razon que podia haber tenido el +marqués para mostrarse con ella tan cruel, tan terrible, tan +desenamorado: el espejo la contestó que era hermosa, con todo el +esplendor de su hermosura; que sus ojos eran brillantes, sus miradas +irresistibles, irresistibles sus encantos: la presentó su vigorosa +juventud, con toda su exuberancia de vida, pero al mismo tiempo la +presentó la lividez de la cólera que alteraba aquellos encantos; la +expresion amenazadora y letal de su mirada, que daba á sus ojos toda la +apariencia de los ojos sangrientos de la leona irritada: comprendió que +la cólera era un enemigo terrible de la hermosura, que la verdadera +fuerza de la mujer está en su aparente debilidad: comprendió que habia +hecho muy mal en dejarse arrebatar por sus pasiones escitadas, y que +acaso don Juan habia retrocedido irritado y desencantado ante su mirada +amenazadora, cuando tal vez hubiera caido á sus piés, si en vez de +amenazarle hubiera recurrido á las lágrimas. + +Angiolina quiso saber si podia dominar la cólera, la irritacion, el +despecho que agitaban su alma; si podia ocultar aquel volcan rugiente y +amenazador bajo un aspecto tranquilo y riente: entonces tuvo lugar una +transformacion en el brillante fondo del espejo; desapareció el ángel +rebelde, y quedó el ángel del sufrimiento, con su belleza +espiritualizada por el dolor, por un dolor intenso, paciente, resignado. +Angiolina lanzó un grito de alegría: nunca se habia contemplado tan +hermosa como bajo aquel antifaz de resignacion, de sufrimiento íntimo. +Ensayó una y otra vez, irritando sus pasiones con el candente recuerdo +del desprecio de don Juan, si podia dominarlas, concentrarlas en el +fondo de su alma, velarlas con una mirada dulce, triste, anhelante: una +y otra vez el resultado sobrepujó á sus esperanzas; una y otra vez se +contempló sucesivamente mas hermosa. + +--¡Ah! exclamó: he ahí: he ahí mi fuerza: he sido una insensata en +dejarme arrebatar por la cólera: la amenaza ha irritado á don Juan: mi +sumision y mis lágrimas le hubieran hecho caer de nuevo enloquecido +entre mis brazos... probaré, probaré el rendimiento sin renunciar á mi +venganza, y si el rendimiento no basta para volverme el corazon de don +Juan... ¡ah! entonces es necesario tambien ocultar en el fondo de mi +alma mi desesperacion: mostrarme tranquila; provocar el amor de los que +pueden servirme para llevar á cabo mi venganza; no dejar sospechar á +nadie lo que pasa en mi alma, para que ninguno pueda despreciarme, ni +creerme despreciada: tal vez don Juan no resista al pensamiento de que +ninguna herida ha hecho en mí su abandono; los hombres son mas vanidosos +que las mujeres: tal vez el deseo de hacerme sufrir, de verme llorar y +retorcerme á sus piés desesperada, le vuelvan á mí, lo arrojen á mis +piés, me hagan su señora: ¡oh! ¡sí! ¡sí! y puesto que la mentira es el +arma de la mujer, mintamos... mintamos hasta el punto, de que todos me +crean venturosa; no debemos derramar ni aun á solas nuestras lágrimas... +las lágrimas dejan horribles huellas en el semblante de una mujer, +cuando estas lágrimas son de fuego, como las que yo verteria sino +dominase mi llanto, si no le encerrase en mi corazon: que hierva +encerrado en él, que se convierta en un tósigo mortal para el marqués y +para esa mujer por quien me abandona; una mujer que llora, solo puede +conmover al hombre que la ama; cuando el hombre amado ama á otra, la +mujer ofendida no debe llorar, no debe dejar ver al mundo su desolacion, +para que el mundo no pueda decir: ¡pobre mujer abandonada! para que el +mundo no pueda despreciarla. + +Y después de este razonamiento, la paz mas profunda se fijó en el +semblante de Angiolina, volvió á sus ojos su brillo deslumbrador, á su +mirada la dulzura, á su boca la expresion riente que tanto la +embellecia: nadie, al verla, hubiera sospechado que aquella mujer, que +parecía tan feliz, guardaba dentro de su alma un infierno; que era, por +decirlo asi, un horrible abismo cubierto de flores. + +Solo un hombre existia que debia necesariamente conocer aquel abismo; +ver el cieno infecto á través de la tersa superficie de aquel lago +engañador; aquel hombre era Bempo. + +En el momento en que Angiolina se separó del marqués, mandó al italiano +que siguiese al jóven, que averiguase donde paraba, y que volviese á +avisarla. + +Bempo volvió una hora despues. + +--Excelencia, dijo, en ese acento dulce y cadencioso de los romanos; he +cumplido vuestras órdenes. + +--¿Has seguido al marqués? + +--Sí, excelencia. + +--¿Dónde ha ido? + +--A colocarse en acecho bajo un soportal, frente al postigo de la casa +de la duquesa de la Jarilla. + +--¿Qué ha hecho despues? + +--Dos hombres han llegado á aquel postigo; el uno ha entrado, valiéndose +de una llave; el otro ha quedado esperando; el marqués le ha acometido, +aquel hombre se ha puesto en defensa, y al fin, ha caido bajo la espada +del marqués. + +--¡Muerto! + +--No. + +--¿Has reconocido, pues, á ese hombre? + +--Si. + +--Has sido imprudente, Bempo; ya sabes que no quiero que te expongas. + +--Es tarde: la calleja apartada y solitaria; no habia peligro. + +--¿Y dices que ese hombre no ha muerto? + +--No; pero puede morir. + +--¿Le has conocido? + +--Es la noche muy oscura. + +--¿Qué hizo despues el marqués? + +--Se dirigió furioso al postigo de la casa de la duquesa; pero antes de +llegar á él, la misma duquesa apareció en uno de los balcones y le +habló. + +--Y... ¿qué hablaron? + +--Estaba demasiado lejos para poder oir su conversacion, que por otra +parte, duró muy poco; el marqués trepó por una reja y entró por un +balcon en la casa de la duquesa. + +--¡Ah!... ¡entró!... ¡por un balcon! + +--Si, y yo, creyendo que no saldria tan pronto, he venido á avisaros, +excelencia. + +--Has hecho bien, Bempo, dijo tranquilamente Angiolina: es necesario que +vuelvas: + +Aquella especie de _lazzaroni_ puerta. + +--Espera, añadió la princesa: es necesario que vuelvas; pero no vuelvas +solo. + +--¿Y qué he de hacer? + +--Lleva contigo cuatro de tus amigos, de tus buenos amigos; ¿me +entiendes? + +Bempo hizo con la cabeza un movimiento afirmativo. + +--Ven con ellos por el postigo del huerto, continuó Angiolina; yo misma +te abriré: despues, te lo encargo ahora porque no quiero hablarte +delante de esos hombres; tomarás una de mis sillas de mano, é irás con +ella y con tus cuatro amigos á la calle donde ha quedado ese hombre +herido, y sino ha muerto le metereis en la silla, y le traerás á casa, +entrando en ella por el mismo postigo que yo abriré: luego volverás con +tus cuatro camaradas á la misma calle; te ocultarás donde puedas ver sin +ser visto el postigo de la casa de la duquesa, y harás que uno de los +tuyos siga, cuando salga, al hombre que entró por el postigo, y que +averigue su paradero. Tú, con los restantes, te apoderarás del marqués +cuando salga de esa casa: te apoderarás de él, ¿lo entiendes? + +--¿Muerto ó vivo? + +--Vivo: debes evitar una lucha: cuatro hombres bien pueden sorprender y +sujetar en una calleja oscura á otro hombre que va por ella descuidado. +Para conducirle aquí, te prevendrás de otra silla de manos, y le meterás +en ella con los ojos vendados. + +--¿Es decir que he de traer aquí al marqués como al otro? + +--Si. + +--¿Por el mismo sitio? + +--Si, por el postigo del huerto. Nada mas tengo que encargarte, Bempo. + +Bempo no se movió. + +--¿A qué esperas? dijo con impaciencia Angiolina. + +--No tengo dinero, excelencia, contestó gravemente Bempo. + +--¡Ah! ¡no tienes dinero! + +--Los cuatro hombres que han de acompañarme, no me seguiran sino se les +paga á peso de oro. Los valientes de España no me conocen tanto como los +_lazzaroni_ de Roma. Además, entonces un solo paseo nocturno por la +campiña, me bastaba para no verme en el caso de pediros nada: pero ahora +es distinto. + +--Toma: dijo Angiolina, quitándose un joyel de diamantes de su prendido. + +--¡Buena prenda! dijo Bempo: ahora todo es posible. + +Y girando sobre sus talones, desapareció por una puerta inmediata. + +Sigámosle. + +Atravesó algunas habitaciones y algunos corredores oscuros, bajó una +escalera, cruzó un patio, pasó de él á un huerto, y abrió una puerta +oculta bajo un emparrado: tras aquella puerta habia dos habitaciones +reducidas, y en la interior, que era un dormitorio, se veia una imágen +de la Vírgen, delante de la cual ardia una lámpara. + +Bempo abrió un arca que estaba en el mismo dormitorio, sacó de uno de +sus ángulos algunas monedas de oro, que guardó en una bolsa de seda, +envolvió el joyel en un paño, y le ocultó en otro ángulo del arca: +despues salió, cerró la puerta del aposento, atravesó el huerto, y +llegando á un postigo, descorrió sus cerrojos y salió á una calle +estrecha: poco despues una sombra informe de mujer, llegó á aquel +postigo que solo habia quedado encajado; corrió de nuevo sus cerrojos, y +quedó esperando junto al quicio. + +Aquella mujer estaba envuelta en un manto. + +Bempo se encaminó á buen paso á la Cava Baja de San Miguel, y llamó á la +puerta de una casa de mezquina apariencia. + +Contestó desde adentro una voz breve, enérgica, y al parecer de hombre +de brios; mediaron algunas breves contestaciones entre el de adentro y +el de afuera, y la puerta se abrió. + +Apareció tras ella un hombre fornido, de buena estatura, de semblante +extremadamente sesgado, verdadero semblante de bandido español: aquel +hombre por lo exíguo de sus vestidos, y por el efecto que causaba en sus +ojos el resplandor de la luz con que se alumbraba, demostraba claro que +acababa de dejar el sueño y el lecho. + +--¿Qué se os ofrece á estas horas, amigo?, dijo á Bempo. + +--Déjame entrar, camarada, contestó el italiano; tenemos que hablar de +cosas que no son para oidos de nadie. + +--Entrad, pues. + +Adelantó Bempo, cerró el otro la puerta, y atravesando el zaguan +introdujo á su visitante en una habitacion baja. + +--Aquí nadie puede oirnos, dijo el de la casa dejando sobre una mesa la +luz con que se alumbraba y sentándose en una arca. + +Sentóse Bempo en un banquillo de pino y dijo: + +--Los valientes se conocen, Pablo. + +--Bien, ¿y qué? contestó el otro. + +--Cuando los valientes se conocen y estan seguros unos de otros se +sirven en lo que han menester. + +--Bien, ¿y qué? repitió flemáticamente Pablo. + +--Yo necesito que me ayudeis tú y otro tres de tus camaradas. + +--¿En qué y cómo? + +--Hay que recoger á un herido y apresar á un hidalgo. + +--¡Ah! ¿y quién necesita eso? + +--La persona que me envía. + +--¿Y quién es esa persona? + +--No hay necesidad de conocer su nombre si se conoce su oro. + +--Señor Bempo, dijo Pablo levantándose: mereciais un chirlo en la cara +por vuestra desvergüenza. + +--¡Bah! dejémonos de brabatas, dijo Bempo sin moverse de su asiento, lo +que obligó al llamado Pablo á sentarse de nuevo; el hombre lleva en la +cara su oficio; y aunque yo solo os he conocido en la Tela y en los +tiros de espada, sabeis que nos hemos comprendido y nos hemos estrechado +las manos, porque, como quien dice, somos de la misma madera. Vosotros +pasais por buenos soldados de á caballo del rey, en la _corneta_ del +señor capitan don Luis Moncada, y yo paso por criado del príncipe +Lorenzini Maffei: pero cualquiera que no sea lerdo, á poco que nos mire +puede decir: he ahí unos buenos bandidos. ¡Bah! yo no os he pedido hasta +ahora ningun favor, pero contaba y cuento con vosotros, como vosotros +podeis contar conmigo, sobre todo, cuando los servicios se pagan bien, +tan bien como el que os pido. + +Y Bempo sacó algunos doblones de á ocho y los extendió sobre la mesa. + +Pablo miró con mas cólera que codicia el dinero; pero instantáneamente +aquella chispa de irritacion se apagó en sus ojos, reemplazándola una +expresion profundamente pensadora, y despues de un momento de silencio, +dijo: + +--Tú eres mayordomo, ó lacayo, ó qué sé yo, de una princesa italiana. + +--Es verdad, dijo Bempo. + +--De la señora Angiolina Visconti. + +--Es verdad. + +--¿Y es esa dama... quien nos paga? + +--Vamos, no quiero ocultártelo, ella es: pero guárdame el secreto. + +--¡Ah! tratándose de esa dama es distinto. Dicen que es querida del +marqués de la Guardia. + +--Mucho sabes. + +--Oimos hablar mucho de galanteos y aventuras á nuestros cabos y +alféreces cuando damos la guardia al rey. + +--Sea como quiera: aquí de lo que se trata es de recoger un herido, y de +esperar á que salga de cierta casa donde ha entrado el marqués de la +Guardia y apoderarnos de él. + +--Dicen que el marqués es muy valiente. + +--Pero la noche es oscura: se le deja pasar y se le acomete y se le +sujeta por la espalda. + +Quedó de nuevo profundamente pensativo Pablo. + +--Asunto concluido dijo: ¿esta es la señal? + +--Ese oro es la paga. + +--Poca paga es, pero no importa; voy á despertar á tres de los amigos y +al momento estamos listos. + +--Ya sabia yo que nos entenderiamos. + +--¡Los valientes se conocen! dijo Pablo con acento indefinible, +guardándose el dinero. + +Poco despues cinco hombres embozados salian de aquella casa, atravesaban +algunas calles, y llegaban al postigo del huerto de la casa de la +princesa, que se abrió inmediatamente despues de haber llamado á él +recatadamente Bempo. + +Los otros cuatro hombres no vieron quien habia abierto y entraron +siguiendo á Bempo que les llevó entre unos árboles, donde habia una +silla de manos. + +Dos de los embozados se terciaron las capas, cargaron con la silla, y +salieron precedidos de Bempo y de los otros dos: el postigo volvió á +cerrarse y sus cerrojos se corrieron en silencio. + +Un relój dió á lo lejos la una de la noche. + +Esta continuaba densamente oscura. + +Solo de tiempo en tiempo se escuchaba el reñir de dos perros que +disputaban un hueso: solo de largo en largo trecho se veia un embozado +pegado á una reja ocupado en lo que desde tiempo inmemorial se llama en +España _pelar la pava_: pero no encontraron una sola ronda. + +Era una noche á propósito para el crímen. + +Cuando llegaron á la calleja á donde correspondia la parte posterior de +la casa del duque de la Jarilla, Bempo se encaminó en derechura al sitio +donde habia visto caer al herido. + +Aun estaba allí; el trastorno, el desvanecimiento que le habia causado +la herida habia pasado, se quejaba, pero débilmente, á causa sin duda de +la pérdida de la sangre; pugnaba en vano por levantarse, y cuando sintió +junto á sí á Bempo y á sus cuatro acompañantes, exclamó con voz casi +imperceptible: + +--Quien quiera que seais, socorredme, y despues de pagaros yo, Dios os +lo pagará. + +--Si, si, dijo Bempo; á socorreros venimos, señor hidalgo: ea, +camaradas, ayudadme y pongámosle en la silla. + +Dos de aquellos hombres ayudaron á Bempo y levantaron del suelo al +herido, que con el dolor causado por aquel movimiento se desmayó. + +Una vez colocado en la silla, Bempo se dirigió á uno de los que le +acompañaban. + +--Ven conmigo, Pablo, le dijo, y que nos siga uno de tus camaradas. + +El italiano llevó á los dos hombres frente al postigo de la casa del +duque, y les dijo ocultándolos en el soportal donde poco antes se habia +ocultado el marqués. + +--Observad desde aquí ese postigo; si sale por él un hombre, seguidle +uno de vosotros recatadamente, y sin perderle de vista, hasta ver en +donde para. Luego el que le siga irá á esperar junto al postigo del +huerto por donde hemos sacado la silla de manos. + +--¿Y si ese hombre se apercibe de que lo siguen? + +--Que no pueda apercibirse. Mientras el uno le sigue, el otro debe +permanecer aquí, y observar lo que pase en esa casa (y señaló la del +duque). Ahora adios; voy á despachar el asunto del herido con vuestros +compañeros. + +Dicho esto, Bempo fue á reunirse con los que habian quedado guardando la +silla, y cuando llegó á ellos les dijo: + +--En marcha. + +Cargaron aquellos dos hombres con la silla, y precedidos por Bempo, y +dando una buena idea de sus fuerzas en la velocidad con que conducian al +herido, llegaron en poco tiempo al postigo de la casa de la princesa, +que se abrió al primer llamamiento de Bempo, y silla y hombres se +perdieron tras el postigo que volvió á cerrarse. + +Media hora despues, Bempo y los dos hombres llevando de nuevo consigo la +silla de manos salieron por el postigo y se encaminaron al soportal +donde habian quedado los otros dos hombres en acecho de la casa de Yaye. + +Bempo llamó á Pablo. + +--Ha ido en seguimiento de un hombre que ha salido por ese postigo, dijo +lacónicamente una voz contenida desde lo oscuro. + +--¿Hace mucho tiempo que ese hombre ha salido? preguntó Bempo. + +--A poco de haberos vosotros alejado. + +--¿Y no ha acontecido ninguna otra novedad en esa casa? + +--Ninguna, á excepcion de que, cuando nos pusimos en acecho todos los +balcones estaban oscuros, y desde poco despues de haber salido el hombre +á quien ha acompañado Pablo, ha aparecido la luz que se ve reflejar tras +las celosías de ese mirador. + +En efecto, se veia el reflejo de una luz tras los miradores de Amina. + +--Pues bien; atencion y silencio, dijo Bempo. + +Dieron sucesivamente las dos, las tres y las tres y media en los relojes +de la villa, sin que se notase movimiento alguno en la casa de Yaye: al +fin, poco despues de las tres y media, se abrió uno de los balcones que +habian permanecido oscuros, se oyeron en él las voces contenidas de dos +personas, y luego un hombre se descolgó del balcon por una reja á la +calle: apareció en el balcon una sombra blanca, habló algunas palabras +con el hombre que habia bajado, dejó caer un papel á la calle, y +retirándose del balcon le cerró: el hombre recogió el papel, fue al +nicho del Ecce-Homo de la esquina, y á su luz leyó el papel y cayó de +rodillas ante el Cristo. + +En aquel momento Bempo y los tres embozados que habian seguido +recatadamente al marqués de la Guardia, que él era, se arrojaron sobre +él. + + * * * * * + + * * * * * + + + + +CAPITULO XIII. + + De cómo la princesa y Cisneros, fueron la dama y el galan de una + escena de comedia. + + +En una habitacion extensa, entapizada con cueros de Flandes, por cima de +los cuales se mostraba á trechos la humedad de las paredes, y en un +lecho en un apartado ángulo, habia un hombre con el pecho descubierto y +fuertemente vendado. + +Aquel hombre era el comediante Cisneros. + +Sobre el vendaje se veian algunas gotas de sangre, y junto al lecho +apoyada en él y mirando con sumo interés al herido, que habia vuelto +enteramente en su conocimiento, estaba una mujer hermosa y +deslumbrantemente vestida. + +Aquella mujer era Angiolina Visconti. + +Una bujía de cera perfumada, puesta en un candelero de plata, sobre una +mesa de mármol, iluminaba este grupo. + +El semblante de Angiolina dulce y misericordioso, era el semblante de un +ángel. + +Cisneros la miraba con asombro, con agradecimiento, con toda la alegría +que le permitía tener su estado. De tiempo en tiempo sin embargo lanzaba +un profundo gemido. + +--Os sentís muy mal, amigo mio, ¿no es verdad? dijo en una de estas +ocasiones la princesa. + +--¡Ah, señora! dijo Cisneros: infinitamente peor me sentiria sino os +tuviese á mi lado, os veo, y me parece un sueño: ¡vos, vos junto á mi! +¡acaso en vuestra casa! ¡bendita sea la espada que me ha herido! + +--No digais eso, señor Cisneros; no digais eso, contesto dulcemente +Angiolina; sacadme mas bien de la ansiedad en que me teneis: ¿Cómo os +sentís? + +--Mi herida es muy incómoda, señora; pero juraria que no es peligrosa: +no respiro por ella, lo que me demuestra que no ha atravesado la +cavidad; sufro porque sin duda el hierro me ha tocado alguna costilla, á +lo que atribuyo el haberme desvanecido: estoy débil, pero debo de haber +perdido poca sangre: esto será cosa de quince dias: quince dias en que +vos estareis á mi lado, ¿no es verdad? + +--¿Y cómo podeis dudar eso, señor Cisneros? ¿á qué os habia yo de haber +recogido en mi silla de manos y traido á mi casa sino me interesase por +vos, é interesándome por vos, cómo puedo abandonaros ni un momento? + +--¡Ah! ¡me habeis encontrado! ¡habeis sido vos! + +--Si, amigo mio; despues de la desgracia que os ha acontecido, ha sido +para mí una felicidad el encontraros. + +--¡Ah! indudablemente Dios no me ha abandonado. ¿Cómo creer que tan +tarde la princesa Angiolina Visconti?... + +--¡Cómo! ¿me conoceis? + +--Los comediantes, señora, conocemos desde la escena á todas esas nobles +personas que protejen nuestro bajo oficio dándonos oro á cambio de una +habilidad escasa... yo os he visto muchas veces en el corral de la +Pacheca[10] en un aposento inmediato al que generalmente ocupa la señora +duquesa de la Jarilla. + +Angiolina tenia mucho interés en escuchar á Cisneros, al que pensaba +utilizar, y aquel interés creció en el momento en que Cisneros nombró á +la mujer que ella aborrecia. Por lo mismo que tenia un gran interés +creyó prudente ocultarle é interrumpiendo á Cisneros le dijo con la +mayor naturalidad: + +--Os suplico, amigo mio que calleis: hablais demasiado y esto, en el +estado en que os encontrais, os puede ser dañoso: si mi presencia ha de +haceros hablar será cosa de apartarme de vos para que reposeis. + +--¡Ah! ¡no! ¡no os vayais! vuestra presencia, señora, vuestra bondad, la +generosa compasion que brota de vuestras miradas, son el mejor bálsamo +que se podria aplicar á mi herida, que por otra parte, os lo afirmo, es +mas grande que grave: el hablar no me molesta, no me fatiga; por el +contrario me distrae y me alivia: desde que os he visto, desde que he +escuchado vuestra voz me siento reanimado; permaneced, pues, junto á mí, +y no me priveis de la felicidad de ver el cielo en vuestro semblante. + +--Ya que decís que nada os daña el hablar, de lo que me alegro en el +alma, porque eso me prueba que vuestra herida no es grave, permitirme, +señor Cisneros, que me ria. + +--¿Que os ríais? ¿y de qué? + +--De vuestro genio peregrino. Estais herido y débil, y sin embargo me +requebrais, y Dios me perdone, sino me estais enamorando. + +--¿Y de eso os reis? ¡Ah! ¡lo comprendo! os causa risa, una risa de +desprecio el que un humilde comediante... + +Cubrió una dulce seriedad el semblante de la princesa. + +--Yo no os desprecio, dijo: hombres de vuestro ingenio mas que para +despreciados, son para admirados: paréceme, sí, que os creeis en uno de +esos pasos de amor de las comedias que tan bien representais... y eso me +hace reir. + +--¡Ah, señora! la palabra de amor que nace del agradecimiento no debe +interpretarse de ese modo, y... luego... un cómico, por despreciado que +sea, al fin es un hombre: un hombre que tiene corazon: y cuando ese +hombre ha adorado largo tiempo en silencio á una alta persona, y de +repente, despues de un lance en que ha sido herido y vencido, encuentra +junto á sí á aquella mujer, á quien en otra ocasion no se hubiera +atrevido á mirar frente á frente; cuando la imaginacion está perturbada, +¿qué mucho que ese hombre, bajo cuanto querais, cuanto querais infeliz, +diga al ángel que tiene junto á sí: ¡Ah! ¡bendito sea Dios que ha hecho +que deba la vida á la mujer á quien amo! + +Angiolina miró gravemente, pero sin severidad ni desden á Cisneros, y le +inundó con una mirada lucida, intensa, poderosa, que á pesar del estado +en que se encontraba y que, como él mismo habia dicho, era mas doloroso +que grave, hizo estremecer al comediante. + +--¿Sabeis, señor Cisneros, que lo que me sucede es demasiado extraño? +dijo despues de un momento de silencio la princesa. + +--¡Extraño, señora! ¿y por qué? + +--Figuraos que estoy pasando de sorpresa en sorpresa, desde hace dos +horas: salgo de casa de una amiga mia, donde acostumbro á pasar algunas +veladas y de repente, los criados que conducen mi silla se paran: +pregunto la causa y me contestan que han tropezado con un hombre herido. + +--Muy trastornado estaba yo, cuando solo ví cuatro embozados que se +acercaron á socorrerme; dijo Cisneros. + +--¡Ah! yo habia dejado la silla para que os condujeran á vuestra casa ó +á donde indicárais y habia seguido á pié mi camino, acompañada de uno de +mis criados: yo esperaba que los que habia dejado para que os +socorriesen, me traerian la noticia de haberos dejado amparado: pero á +poco de haber yo llegado á mi casa se me presentó uno de ellos y me +dijo: + +--El herido se ha desvanecido, ha perdido el habla y no sabemos á donde +conducirle: en el hospital no nos abrirán á estas horas. + +¡Llevaros al hospital! yo no quise enviar á ciegas á tal punto á un +hombre que podia ser muy principal. + +--Os engañásteis, pues, señora, dijo Cisneros. + +--Y qué ¿no sois vos un hombre principal? ¿Creeis que el noble mas +noble, vale para las almas que saben sentir, lo que valeis vos que +arrancais dulces lágrimas ó alegre risa de los ojos ó de los labios de +vuestros espectadores? ¿que vos, que sabeis ser rey y mendigo, caballero +y villano, cortés y rústico, jóven y viejo? ¿que tomais todas las +formas, que expresais todos los sentimientos, que obligais á un público +entero á que arroje laureles á vuestros piés? ¿quereis ser mas +principal? ¿cambiariais vuestro ingenio por un título de nobleza? + +--Si, dijo Cisneros: aun á condicion de volverme estúpido. + +--No blasfemeis de la providencia de Dios. ¿Por qué deseais ser pequeño, +cuando habeis nacido grande? + +--Si os parezco noble, y grande, y digno de ser amado, no me cambio por +el rey mas poderoso de la tierra. + +--Dejaos de locuras, y seguidme escuchando: os decia, pues, que por vos +he pasado esta noche de sorpresa en sorpresa: sorpresa cuando os +encontré herido; sorpresa cuando os vi sobre ese lecho y os reconocí; +sorpresa cuando me habeis descubierto de una manera que puede llamarse +solemne, que me conociais antes de ahora, que me habeis amado en +silencio... ¡Ah, señor Cisneros! y todas estas sorpresas han sido +dolorosas para mí. + +--¡Dolorosas! + +--Si: doloroso el veros herido; doloroso el saber que me amais porque... + +--¿Por qué? + +--Porque yo no puedo recompensar vuestro amor. + +--¡Ah! ¡no me creeis digno! + +--No es eso, señor Cisneros, no es eso: es que soy casada. + +--¡Ah! murmuró el comediante. + +--Por lo mismo no debeis hablarme de amor. + +--Perdonad.... + +--Si, os perdono: pero á condicion de que no volvais á decirme amores. + +A pesar de esta severidad de palabra la princesa no habia retirado una +de sus manos que Cisneros habia asido y que estrechaba dulcemente. + +--Pero no me abandoneis; exclamó con ansiedad. + +--Pues es preciso que os abandone por un momento, amigo mio, dijo la +princesa; han llamado á la puerta de la habitacion: oíd, vuelven á +llamar. + +--Id, id, pues, señora, dijo Cisneros, llevando dulcemente la mano de la +princesa á sus labios y besándola. + +Angiolina solo castigó aquel atrevimiento retirando bruscamente su mano +de la de Cisneros, y separándose del lecho sin pronunciar una palabra. + +Cisneros vió que la princesa atravesó rápidamente la cámara y salió por +una puerta del fondo. + +--¡Ah! pensó Cisneros, dejando caer sobre la almohada la cabeza que +habia levantado para seguir con la vista á la princesa; padezco +horriblemente: mi cabeza se desvanece: siento irritada la herida: esa +mujer me ha obligado á hablar: no, no ha sido ella la que me ha +encontrado en la calle: los hombres que fueron á buscarme, iban sin duda +enviados de intento: ¡yo no pude conocer al hombre que me hirió! los +pasos en que ando con el príncipe don Cárlos son peligrosos: ¿quién sabe +lo que significa el encontrarme en casa de la princesa? Esta puede ser +una buena aventura, si mi herida no es peligrosa: es verdad que hace +mucho tiempo que esa mujer me enamora; pero ella amaba.... estaba loca +por el marqués de la Guardia.... y hace un momento que, á pesar de sus +palabras decorosas, parecia enamorada de mí... ¡ah! mis pensamientos se +embrollan. Es necesario que me tranquilice.... ¡Ah! ¡ah! no pensemos en +nada.... esperemos. + +Cisneros procuró detener su pensamiento, pero esto era imposible. La +fuerza con que su pensamiento se agitaba influyó al fin de una manera +poderosa en su físico y se desvaneció de nuevo. + + + + +CAPITULO XIV. + + De cómo la princesa descubrió que era mas fácil su venganza que lo + que habia creido. + + +--¿Y bien, qué has hecho? dijo Angiolina á Bempo, al que encontró en el +huerto. + +--He hecho cuanto he podido excelencia: el herido está en vuestro poder. + +--Pero... ¿y lo demás? lo demás.... nada... ¡te me vienes con las manos +vacias! + +--No he podido hacer mas excelencia: el hombre á quien mandé que +siguiera á la persona que saliese por el postigo de la casa del duque de +la Jarilla, la siguió, pero la ha perdido en la oscuridad. + +--¿Y el marqués? + +--No hemos podido apoderarnos de él. + +--¿Qué no habeis podido apoderaros de él cuatro hombres? ¡ah! ¡es +verdad! ¡el marqués es muy valiente! + +--Decid mas bien, excelencia, que le han ayudado Dios ó el diablo: ya +sabeis que Bempo es valiente. Lo sabeis demasiado, Angiolina.--Y al +pronunciar estas palabras que establecian cierta familiaridad entre el +criado y la señora, los ojos del romano, desplomaron, por decirlo asi, +una mirada tal sobre los ojos de la princesa, que aquellos ojos +vacilaron por un momento en una mirada vaga, dominada.--Ya sabeis que +Bempo es valiente: pues bien: el marqués, se desasió de nuestros brazos +en el momento en que le creiamos sujeto; tiró de la espada y nos llevó á +estocadas por delante, hasta que ganó un lugar ancho, y escapó. + +--¿De modo que será necesario que en adelante desconfíe de tu valor? + +--Creo que os he servido demasiado bien, excelencia, para que podais +desconfiar de Bempo. Ademas creo que esta noche os he hecho un servicio, +que no os hubiérais atrevido á esperar. + +--Si, no esperaba ciertamente que fueras tan cobarde. + +--Os he hablado de un servicio, excelencia. + +--¿Te queda algo que decirme? + +--Si, por cierto; y algo que daros: algo que os llenará de placer. + +--Estás abusando del predominio que crees tener sobre mí, porque posees +un secreto mio, Bempo, y me impacientas, y mas pareces mi señor, que mi +criado. + +--Bien sabeis, Angiolina, que ese secreto no ha salido de mi pecho, y en +cuanto á lo de impacientarse, no sé cuál de los dos se impacienta mas. +Pero concluyamos. Cuando acometimos el marqués, en el momento en que +este, con una vigorosa sacudida, se libertó de nuestras manos, dejó caer +al suelo un papel que le habia dado cierta dama: yo tuve tiempo de +recoger el papel, mientras el marqués se defendia, ó, mejor dicho, +obligaba á defenderse á mis tres camaradas: ese papel está aquí. + +Y Bempo entregó á Angiolina un papel arrugado. + +--¿Y qué esto? dijo la princesa. + +--Leedlo, excelencia, leedlo y comprendereis cuanto vale el papel que os +entrego. Vale mas que el marqués para vos: mucho mas, porque ese papel +es vuestra venganza. + +--¡Mi venganza! + +--Sí, porque ese papel es la deshonra pública de la duquesa de la +Jarilla: deshonra confesada por ella misma: una revelacion terrible +escrita de su mano. + +Angiolina abandonó el huerto, palpitante de ansiedad y entró en una +habitacion donde habia luz, se acercó á ella y leyó ávidamente el papel. + +Bempo la habia seguido, y al escuchar el grito de suprema alegría de la +princesa exclamó con acento profundo. + +--Satanás ha querido, que Bempo te sirva mejor de lo que esperabas. + +--¡Ah, Bempo, Bempo! ¡yo te amo! exclamó Angiolina arrojándose en los +brazos del lazzaroni arrastrada por el horrible agradecimiento de su +venganza satisfecha. + +Bempo la separó de sí asida por los hombros y la dijo con acento +indefinible, posando en ella una indefinible mirada. + +--Os engañais, señora; vos no amais á Bempo: Bempo no se llama marqués +de la Guardia. + +Y volviendo la espalda á la princesa salió lentamente de la habitacion. + +--¡Ah! dijo Angiolina viéndole alejarse: ¡tienes zelos! ¡zelos como yo! +¡pues bien, sírveme para mi venganza, aunque despues te vengues de mí! + +Luego atravesó un corredor, entró en la cámara donde estaba Cisneros, +que parecia aletargado, y se sentó en silencio junto al lecho. + + + + +CAPITULO XV. + + De cómo se conjuraba todo contra el emir de los monfíes. + + +Al dia siguiente, muy temprano, ó por mejor decir, al salir el sol de +aquel mismo dia, se notaba un gran tráfago en la casa del duque viudo de +la Jarilla. + +Algunos criados se ocupaban en cargar cofres á la zaga de un enorme +coche de camino, y algunos lacayos armados á la gineta sacaban de las +caballerizas fuertes caballos: las lanzas de estos hombres se veian en +un ángulo del patio, y del arzon posterior de cada caballo, pendia un +largo arcabuz. + +Todo parecia indicar que se preparaba un viaje. + +La casa estaba en movimiento de arriba á abajo, á pesar de que aun no +eran las cinco de la mañana, lo que nada tenia de nuevo, puesto que en +la casa de Yaye, todos inclusa Amina, tenian la costumbre de levantarse +muy temprano. + +Pero ninguna mañana como aquella, habia llamado la jóven á sus doncellas +para que la peinasen y ataviasen á tales horas. Amina estaba sentada +delante de un magnífico tocador, pálida y profundamente pensativa, y dos +doncellas se ocupaban en trenzar sus largos cabellos, mientras otras +preparaban un hermoso traje de camino. + +Ni una palabra se habló durante el atavio de Amina entre esta y sus +doncellas: al fin, cuando el tocador hubo concluido, la jóven dijo á una +de sus sirvientas: + +--Doña María; traed todos mis vestidos de córte y de casa. + +La doncella á quien Amina se habia dirigido, salió. + +--Doña Ana, añadió Amina, dirigiéndose á otra doncella; traed un +cofrecito que encontrareis en mi retrete. + +Salió la otra doncella. + +Poco despues, casi todos los sillones del aposento, estaban cubiertos +por magníficos trages, y sobre la mesa del tocador se veia abierto un +cofrecillo lleno de joyas. + +Amina se volvió á sus doncellas, y las dijo: + +--Amigas mias, vamos á separarnos, sabe Dios por cuánto tiempo. + +--Pero, señora, dijo una doncella, donde quiera que vuecelencia vaya, +necesitará de nuestros servicios. + +--Mi viaje es largo, y la vuelta dudosa; dijo tristemente la jóven: en +los lugares á donde voy, tengo ya preparada mi servidumbre. + +Guardó un momento silencio Amina, y luego continuó: + +--Estoy satisfecha de vosotras; me habeis servido bien, y quiero dejaros +un recuerdo mio. + +--¡Ah, señora! demasiado profundo nos los deja vuecelencia, con sus +bondades, dijo conmovida doña María. + +--Ahorremos las lágrimas, dijo Amina, procurando ocultar bajo una +sonrisa su conmocion, y aprovechemos el tiempo. Aunque nobles, sois +pobres; y siendo yo rica, no quiero, cuando voy á separarme de vosotras, +acaso para siempre, que quedeis sujetas á otra servidumbre, no tan +blanda quizá, como la que me habeis prestado. Mis ropas y las joyas que +uso diariamente, son vuestras. Aceptadlas, mas bien como el recuerdo de +una amiga, que como el don de una señora. + +Y Amina, en medio del asombro de las doncellas, repartió entre ellas sus +trages y las joyas que contenia el cofrecillo. + +Cuando estuvo concluido el reparto, Amina abrió el cajon de su tocador, +y sacó de él cuatro pesadas bolsas de oro. + +--Tomad, las dijo, dando á cada una una bolsa: este es vuestro dote. + +--¡Ah, señora! ¡cuánta bondad!-- + +--¡Cómo podremos olvidaros!-- + +--¡Qué noble y qué grande sois! exclamaron las doncellas. + +--Basta ya: tomad doña María: bajo esta llave, en un cofre que ha +quedado en mi retrete, encontrareis una cantidad en oro, que repartireis +á las criadas, y adios: mi confesor, á quien he mandado llamar, me +espera. + +--¿Y no volveremos á ver á vuecelencia? + +--Acaso no nos veamos en la tierra, pero podremos vernos en el cielo. + +Y Amina abrazó y besó en la boca á cada una de aquellas hermosas +jóvenes, que mas que sus sirvientas habian sido sus compañeras, y se +separó de ellas. Quedáronse las cuatro llorando, y Amina salió, +conteniendo sus lágrimas; atravesó algunas habitaciones, y entró en una +cámara donde la esperaba un anciano religioso de Atocha. + +--Frai Miguel, dijo la jóven adelantando hácia el sillon donde el +anciano estaba sentado, y arrodillándose á sus piés: adsolvedme de un +pecado que no os he confesado hasta hoy por pudor, y bendecidme por la +última vez. + +--¡Bendecirte por la última vez hija mia! exclamó el anciano, pálido y +turbado: ¡absolverte de una falta que no me has confesado por pudor! +¿qué falta es esa, Esperanza? + +Un padre no hubiera mostrado mas severidad ni mas interés, que el +anciano religioso en aquella pregunta. + +--¡Soy madre! dijo entre sollozos y ocultando su rostro entre sus manos +Amina. + +El buen sacerdote alzó los ojos y las manos al cielo, y sus labios +trémulos murmuraron una oracion, brotaron lágrimas á sus ojos, y luego +poniendo sus dos manos temblorosas sobre la cabeza de Amina, la dijo con +voz cobarde, por decirlo asi: + +--¿Sabe tu padre esa falta, hija mia? + +--La sabe y me envia lejos; muy lejos de la córte para ocultar mi +deshonra. + +--¿Y tu padre te ha perdonado? + +--Mi padre, como yo, se conforma humildemente con la voluntad de Dios. + +--Y... ¿no tiene reparacion esa falta? + +--Ni mi padre ni yo lo sabemos, padre mio. + +--Que te perdone Dios, pobre Esperanza, como tu padre y yo te +perdonamos, exclamó el religioso profundamente: yo, ministro del +Altísimo, te adsuelvo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu +Santo, y os bendigo á tí y á tu hijo. + +Despues de haber hecho descender su perdon y la bendicion de Dios sobre +la cabeza de la jóven, el anciano religioso se cubrió el rostro con las +manos. + +--¡Oh, que desgracia! exclamó: ¡que desgracia, Dios mio! ¡una casa tan +ilustre, una criatura tan caritativa, tan noble, tan religiosa +mancillada, por el mundo! ¡Oh! ¡que Dios tenga misericordia para el +causador de tantos males! ¡Que Dios le perdone, porque bien ha menester +de su perdon! + +--¿Oh! ¡sí, padre! ¡rogad, rogad á Dios por él! ¡pedid á Dios que no +olvide jamás á la pobre mujer que tanto le ama! + +--Pero ese hombre... ¿por qué no es ese hombre tu esposo? + +--Os suplico padre que no hablemos mas de esto: voy á marchar y tengo +que haceros antes un sagrado encargo. + +[imagen: D. Carlos de Austria.] + +--¡Un sagrado encargo! + +--Sí; pienso hacer una donacion á la santa casa de religiosos de Nuestra +Señora de Atocha. + +--La casa de Atocha es rica, á Dios gracias, hija mia; destina mas bien +esa donacion á los pobres. + +--Es que no he olvidado á los pobres, dijo Amina: tomad padre, tomad +esta carta; por ella mi padre os entregará tres mil doblones: los mil +son para la santa casa de Atocha: los dos mil restantes para que los +distribuyais entre necesitados. + +El anciano tomó aquella carta conmovido, y exclamó: + +--¡Ah! ¡eres buena cristiana y virtuosa, hija mia, Dios te protejerá! + +--¡Ay padre! ¡harto mas que otros que son muy desgraciados, necesito yo +de la proteccion de Dios! + + * * * * * + +Entre tanto y en otro aposento de la misma casa, pasaba una escena +enteramente distinta de las sencillas que acabamos de consignar. + +Aquel aposento era la misma cámara donde la noche antes habia recibido +el emir de los monfíes al príncipe don Carlos. + +Yaye se paseaba meditabundo y mostrando en lo contraido de su semblante, +una terrible irritacion interna. + +Con él, sentado en un sillon, habia otro personaje á quien hemos perdido +de vista desde la primera parte de nuestro libro. + +Aquel hombre era el rey del desierto, Calpuc. + +La vejez se mostraba ya en sus canas y en las arrugas de su semblante, +pero se conservaba en la apariencia fuerte y robusto. + +Acababa de llegar de las Alpujarras, llamado por Yaye el dia anterior, y +en el momento en que le presentamos á nuestros lectores, estaba +silencioso y pensativo. + +--Todo me sale mal, dijo Yaye, parándose de repente: parece que Satanás +anda metido en mis asuntos: este viaje de Amina me contraría, y sin +embargo es necesario: dentro de poco la deshonra la saldrá á la cara. + +--Has querido luchar con la astucia, al mismo tiempo que con las armas, +dijo Calpuc, y ante tu fuerza de voluntad se han puesto los +inconvenientes de la vida. La fatalidad nos persigue, Yaye. + +--Mi hija tiene un corazon de mujer. + +[imagen: Repartió entre ellas sus joyas.] + +--Tuya es la culpa: ¿por qué la has puesto al paso del mundo tan hermosa +y tan incitante? Todo lo has sacrificado á tu ambicion, Yaye: +sacrificaste primero á la pobre doña Isabel de Válor; luego á mi hija, á +mi pobre Estrella; despues á la hija de mi hija, á mi pobre Esperanza. + +--Si; todo eso y mas he sacrificado: pero lo he sacrificado á mi patria. + +--Tienes el grave defecto de dar á tus pasiones el pretesto de grandes +pensamientos. ¿Qué has conseguido con presentarte en la córte de +Castilla encubierto con el título que debiste á tu casamiento con mi +hija? + +--He conocido que España es un gigante enfermo, un gigante que se hará +pedazos, que no tiene fuerzas para resistir á todos los enemigos que le +acometen á un tiempo. He logrado rebelar al príncipe contra el rey. + +--Lo que no pasa de ser un horrible crímen. + +--Tratándose de mis enemigos en nada reparo: todos los medios de +destruirlos son buenos para mí: además, encubierto entre los cristianos, +he logrado introducir mi gente y mi oro entre ellos: mis monfíes están +en todas partes: en la servidumbre de palacio; bajo las banderas del +rey, en España, en Flandes, en Italia, en Francia, en Africa, en +América; los hugonotes tienen cuanto oro y cuantos avisos han menester; +los flamencos empiezan á corresponder á mis esperanzas, excitados por +mis emisarios y por mi oro, hasta el punto de que Felipe II, creyendo +poco fuerte la autoridad de su hermana la infanta doña Margarita de +Parma, envie á los Paises Bajos al duque de Alba: el mando feroz de este +capitan brutal, acabará la obra que yo he empezado; la guerra crece en +Méjico, y los moriscos de Granada estan ya en el caso de jugarlo todo á +un envite: la insurreccion general contra España amenaza, y los enemigos +del opresor universal crecen: es verdad que he perdido la paz del +corazon; que he enlodado á mi hija: pero, Calpuc, el dia de la venganza +se acerca: Felipe II está herido de muerte. + +--Nunca hemos pensado del mismo modo; si hubieras seguido mis consejos, +no hubiéramos sido mas afortunados de lo que lo somos respecto al tirano +que nos oprime; pero al menos tendríamos la conciencia tranquila: no +hubiéramos cometido crímenes, Yaye; no hubiéramos sacrificado á las dos +prendas de nuestra alma. + +--Si, siempre hemos pensado de distinto modo; por lo mismo lo mejor es +que no hablemos mas de tales asuntos. Lo que haya de suceder será. Vamos +á lo que importa. Todas nuestras joyas, todo nuestro oro, gran parte de +nuestro tesoro, en fin, ha sido encerrado en cofres, y va á partir con +Amina. Para defenderla á ella y á esas riquezas, te acompañarán treinta +de mis mas bravos monfíes con nombre y traje castellanos; el wali que +mande á esa gente y que te acompañará bajo el aspecto de mayordomo, es +el Partal: ya conoces su valor de leon y sus fuerzas de toro. Es ademas +muy leal. Vais, pues, perfectamente asegurados mi hija y tú. Cuando +llegues á Granada, aunque allí no tenemos palacio, tengo ya preparada +una hermosa casa que pertenece á Aben-Aboo... + +--¡Aben-Aboo... ¡pobre jóven! exclamó Calpuc. + +--No hablemos ni una palabra de eso, exclamó con irritacion Yaye; Dios +lo quiso... ó Satanás. La pobre Isabel ha quedado reducida á muy poco; +jamás he logrado que acepte nada de mi mano, y su hijo que ha perdido la +mayor parte de los bienes de... su padre Miguel Lopez, se ve hoy +obligado á alquilar á los nobles que van á Granada su casa junto á San +Miguel: yo he tomado esa casa. En ella puedes vivir con Amina todo el +tiempo que pueda encubrirse su estado: despues, cuando sea necesario, la +llevarás á mi alcázar de las Alpujarras, del que no saldrá hasta que +pueda salir, si es que Dios quiere sacarla salva de esa dura prueba. Yo +permaneceré en la córte todo el tiempo que sea posible, y no iré allá +sino para desplegar mi bandera y embestir decididamente con el +cristiano. He hecho cuanto he podido hacer. Dios hará lo demás. Ahora +silencio, siento que Amina se acerca. + +En efecto, poco despues se abrió una puerta, y Amina entró en la cámara +de su padre. + +Venia profundamente tranquila. + +--Estoy dispuesta, padre mio, dijo. + +--Si, abreviemos cuanto sea posible lo doloroso de esta separacion, dijo +Yaye besándola en la frente: tu abuelo está dispuesto á acompañarte y +todo está preparado. + +--¡Ah, padre mio! exclamó Amina cayendo de rodillas; ¡perdonadme y +bendecidme de nuevo, por si no nos volvemos á ver! + +--¿Quién piensa en no volvernos á ver? exclamó Yaye levantando á su +hija: ¿ni por qué he de negarte yo mi perdón ni mi amor, cuando lo que +es, ha sido porque Dios ha querido que sea? Yo te amo y procuraré +hacerte feliz, Amina; pero es preciso que luchemos aun. Es preciso que +nos separemos. + +Amina se arrojó sollozando en los brazos de su padre. Calpuc miraba con +un dolor profundo aquella escena. + +--Vamos, tranquilízate, dijo Yaye: adivino lo que no te atreves á +decirme. Yo velaré por don Juan, yo le amaré como á un hijo, á pesar de +que me ha hecho mucho daño. Ahora enjuga tus lágrimas, tranquilízate y +vamos. + +Amina hizo un violento esfuerzo sobre sí misma, y logró aparecer mas +tranquila: entonces Yaye fué á una de las puertas de la cámara. + +--¡Ola, Partal! dijo: + +Presentóse un hombre como de treinta años, vestido de camino á la usanza +de los hidalgos castellanos. + +--Baja y haz montar á la gente, le dijo Yaye. No olvides lo que te he +encargado. + +--No lo olvidaré, magnifico señor. + +--Vé, nosotros te seguimos. + +Cuando Calpuc, Yaye y Amina, bajaron al patio, encontraron montados á +los lacayos y la servidumbre, silenciosa y triste agolpada á la puerta: +se habia hecho amar la jóven de tal modo por todos, que su partida +causaba un sentimiento general. + +Sus doncellas, que la habian esperado en las escaleras, la siguieron +hasta la carroza: el anciano religioso fray Miguel, estaba esperándola +humildemente á la puerta. Un círculo de curiosos, aunque era muy +temprano, se agolpaba en la calle para presenciar aquella faustosa +marcha. + +Repitiéronse los abrazos, las lágrimas de las doncellas y las +demostraciones de afecto de la servidumbre; Amina entró en la carroza +con Calpuc: poco despues el pesado carruage se puso en marcha escoltado +por los lacayos. + +El duque se apartó con un movimiento brusco de la puerta, y se perdió en +el interior de su palacio; las doncellas saludaron con sus pañuelos á +Amina, que asomaba la cabeza por la portezuela, y antes de que aquella +cabeza se ocultase, el anciano fray Miguel la envió su última bendicion, +y se alejó todo lloroso y en paso tardo hácia su convento de Atocha. + + + + +CAPITULO XVI. + + Continuan las contrariedades del emir. + + +Al entrar en su cámara parecióle á Yaye que habia quedado solo en el +mundo; con su hija se alejaban por una parte su amor, por otra los +proyectos que mas habia acariciado: Yaye habia arrojado á Amina al paso +del mundo como un hermoso instrumento tentador: habia logrado irritar la +locura de que hacia tiempo era víctima el príncipe don Carlos, y +valiéndose de su ambicion y de su empeño por Amina, habia logrado +lanzarle de lleno en la senda de la rebeldía. + +Yaye esperaba con razon, que huyendo el príncipe á Flandes, poniéndose +al frente de los flamencos revelados, creándole un partido aun dentro de +la misma España, porque nunca faltan ambiciosos que ayuden á los +príncipes rebeldes; habia esperado, decimos, que Felipe II, demasiado +ocupado en reprimir rebeldías, no pudiese acudir con fuerzas bastantes +al reino de Granada, donde, en el momento preciso, debia levantarse por +los moriscos el estandarte de su emancipacion. Contaba con sus monfíes, +fuertes, acostumbrados al peligro y á la fatiga, y bastante numerosos +para poder apoderarse en un dia de la desatendida Granada: una vez +dueños de la ciudad, levantado el trono de la Alhambra, desplegado el +pendon de Islam sobre las torres de la alcazaba, degollados ó cautivos +los cristianos, enteramente reconquistadas las Alpujarras y la Vega, era +de esperar que el ambicioso Selim II, sultan del imperio de Oriente, y +sus tributarios el rey de Argel, y los reyes de Fez y de Marruecos, se +apresurarian á enviar á las costas de las Alpujarras sus galeotas +piratas henchidas de taifas de turcos, y de los indomables hijos de las +razas bereberes. Habia momentos en que Yaye soñaba que, rey de Granada, +avanzaba al frente de un innumerable y feroz ejército, sobre las +ciudades de Andalucía, que todo cedia á aquella inundacion de hombres, +que salvaba los desfiladeros que separan á Andalucía de Castilla, y que +arrojándose sobre esta como una tromba, se llevaba por delante villas y +ciudades, hasta ir á poner el estandarte del Profeta en una sola +campaña, sobre las torres de la catedral de Toledo. + +Y como el que es ambicioso nunca lo es á medias; como el hombre de +accion confia mas de lo que debiera en sus propios recursos y en su +fuerza de voluntad, Yaye, creyéndose un héroe, como Tarie-ebn-Ziak, ó +como Abd-el-Rajman-ebn-Moavia, ó como Almanzor, tendia su soberbia vista +á la inmensidad del porvenir, y no creía descabellado, el que, como en +tiempos antiguos, volviese á ser España bajo su espada el poderoso +califato de Occidente; que tal vez llegaria á conquistar la Europa, y +llevar sus banderas vencedoras á Constantinopla, tornándose de este modo +en conquistador de los que le hubiesen ayudado, y despues revolver sobre +el Africa, sujetarla bajo su mano, y hacer del mediterráneo un lago de +su imperio. + +La ambicion es una embriaguez, y nada tiene de extraño que el que se +embriaga sueñe delirios: y hasta cierto punto no eran delirios los de +Yaye: un poco de fortuna para ayudar á su genio, y sus sueños podian +realizarse: el pueblo árabe se desarrolló y dominó en una considerable +extension del globo bajo el espíritu de la conquista; el Koram la +prescribe: Dios, segun los musulmanes, les habia dado la espada para +llevar adelante el conocimiento de Dios Altísimo, y Unico sobre todas +las tierras de los infieles; el pueblo árabe fue indomable, fuerte, +mientras se le condujo al combate, y solo empezó á desmembrarse, á +corromperse, á decaer, cuando, halagado por el templado clima de España, +trocó sus tiendas de piel de camello en suntuosos alcázares; cuando, en +una palabra, se estableció: Yaye lo sabia demasiado: se lo habia +enseñado la historia de las generaciones de ocho siglos y Yaye se decia: +yo no pararé, yo no reposaré mientras haya tierras que conquistar bajo +el sol: si el valiente pueblo árabe ha desaparecido, queda en pié el +pueblo moro, resplandece el imperio turco y el Dios Altísimo y Unico se +adora en la tercera parte del mundo; el Koram da el supremo poder al +vencedor; pues bien, yo venceré porque quiero vencer. + +Pero Yaye no habia contado con los acontecimientos, ni se habia conocido +á sí propio: una tras otra contrariedad vinieron á demostrarle lo +colosal de la empresa que habia embestido; vió que tras largos afanes, +sus monfíes estaban en el mismo estado y con la misma fuerza que á la +muerte de su padre; que aquella niña, de quien habia pensado hacer uno +de los mas poderosos instrumentos de sus proyectos, se habia roto, por +decirlo asi, al ponerse en contacto con el mundo, vulgarizándose, como +todas las mujeres, por el amor; que si bien habia logrado empeñar por +medio de ella al príncipe de Asturias en un camino de perdicion, aquel +príncipe era loco, débil, voluntarioso, la persona menos á propósito +para poder apoyar en ella de una manera firme una empresa de +importancia; comprendió, en fin, que habia cometido crímenes estériles; +se sintió humillado delante de sí mismo, con la conciencia manchada, con +el porvenir incierto, y por esto cuando entró en su cámara, le pareció +que se encontraba solo en el mundo, abandonado del cielo y de la tierra, +mientras Satanás le sonreia y le mostraba con un dedo horrible la +espantosa página donde estaban consignados sus desaciertos, muchos de +los cuales eran horribles crímenes. + +Yaye se hallaba en un estado de exaltacion espantoso: sus ojos, +escandencidos, dejaban ver una expresion feroz: ardia en ellos la fiebre +y la rabia de la impotencia. Las figuras de los tapices flamencos que +adornaban la cámara, parecian agitarse, revolverse, cambiar de forma: +parecíale que de en medio de un infernal torbellino, salian dos damas, +hermosas aun, pero pálidas y con los ojos enrogecidos por un llanto +continuo: la una resignada y paciente, la otra iracunda y vengativa; +cada una de ellas llevaba de la mano un hermoso mancebo y se le +mostraba: Yaye, horrorizado, cerraba los ojos por no verlos, y sin +embargo, á través de sus párpados cerrados los veia: cada uno de +aquellos mancebos tenia impreso en la frente el estigma de fuego de una +ambicion insensata; alrededor de la cabeza de cada uno de aquellos +mancebos, habia una señal lívida, inflamada, como la que pudiera haber +dejado en ellas el círculo candente de una corona: alrededor del cuello +amoratado de aquellos mancebos, habia un dogal: en sus manos un puñal +rojo y humeante. Tras aquellos mancebos conducidos por sus madres, +marchaba una turba furiosa: mujeres, hombres, niños, ancianos, todos +agitaban las cadenas de que iban cargados, todos miraban á Yaye, y todos +le decian: + +--¡Tu ambicion nos ha hecho esclavos! ¡por tu ambicion nos vemos +hambrientos, desnudos, desesperados, sin padres, sin hijos, sin esposos, +lanzados del pueblo que nos vió nacer, vendidos como bestias, robados, +degradados!¡has querido ser rey y nos has impulsado pensando en tu +ambicion, solo en tu ambicion, á una empresa en que necesariamente +debiamos ser vencidos! ¡maldito, maldito, maldito seas! + +Yaye veia todo esto en el fondo de su conciencia: un sentido íntimo, ese +sentido misterioso, esa prodigiosa intuicion que tenemos en el fondo de +nuestro espíritu y que nunca nos engaña, le decia con el severo y +horrible acento de la verdad que marchaba hácia un lago de sangre; por +eso los objetos, en los cuales se fijaba su vista, tomaban formas, +cuerpo, color, vida fantástica; su conciencia le traia su pasado y le +presagiaba su porvenir; porvenir horrible, henchido de desgracias y de +horrores, entre los cuales debia desvanecerse la última esperanza de los +restos vencidos del pueblo moro español. + +Yaye queria en vano arrojar de sí el remordimiento y el presentimiento, +que le acometian implacables: en vano queria atribuir aquellos +pensamientos, aquellas visiones á la perturbacion de su espíritu, +causada por el dolor de haber visto á su hija alejarse de él, por +necesidad, para encubrir su deshonra, con la frente baja y manchada, con +el corazon ardiente y desgarrado. Cuanto mas pugnaba Yaye, por arrojar +de sí aquella terrible pesadilla que le combatia despierto, mas y mas se +condensaba aquella pesadilla y le acometia y le estrechaba. Hubo un +momento en que, de en medio de aquel horrible caos de fantasmas +acusadoras, salió una mujer envuelta en un sudario, desmelenada, lívida, +anhelante: aquella mujer, á pesar de su horrible estado y de su palidez +cadavérica, era muy hermosa; aquella mujer, ó por mejor decir, su +recuerdo, hizo lanzar un grito de espanto á Yaye, porque aquella mujer +era su esposa, Estrella, la hija de Calpuc. + +--¿Y qué has hecho, qué has hecho de mi hija, gritaba aquel fantasma +acusador? ¡Tu desamor me secó las fuentes de la vida, y tu ambicion ha +muerto á mi hija, matándola el alma! ¡Yaye-ebn-Al-Hhamar! ¿qué has hecho +de mi Esperanza? + +--¡Afuera, afuera, horribles visiones! exclamó Yaye clavándose las uñas +en la frente como si hubiera querido arrancarse de ella aquel infierno, +¡afuera! Yo he heredado la venganza de tres generaciones!, yo he bebido +mezclada con lágrimas, la sangre de mi padre: yo escucho continuamente, +despierto y dormido, en la soledad y en medio del mundo los gemidos de +dolor, y siento correr como un rio, las lágrimas de millares de esclavos +que todo lo esperan de mí. ¿Qué importa que vosotros hayais caido? ¿que +tú, Estrella, hayas sucumbido, esposa abandonada, madre sin hija? ¿qué +importa que Amina haya bebido toda la hiel que cabe en su corazon? yo +marcho hácia adelante, poderoso y terrible como el huracan, y como el +huracan no me detengo ante nada. ¡Mi ambicion! ¡me acusais de ambicioso! +¡y sin embargo, mi ambicion es vuestro poder, vuestra libertad y vuestra +gloria, porque yo nada puedo ser sin vosotros! + +Y mucha fuerza de voluntad tenia indudablemente Yaye dentro de su alma, +porque logró dominar el vértigo, sus ojos perdieron su sangriento color +y su expresion de tigre, dominóse, hizo callar la voz de su conciencia y +los latidos de su corazon, y su semblante volvió á mostrarse impasible y +frio como el de una estátua. + +Solo habian quedado en su frente como huellas de la tormenta las señales +amoratadas que habian impreso en ella sus dedos. + +Sentóse en un sillon, respiró profundamente, como quien descansa de una +larga jornada, y su pensamiento, frio ya y calculador, volvió á su +eterno objeto; á su lucha contra el rey de España, y contra sus reinos: +lucha encerrada hasta entonces en el pensamiento de Yaye, pero que debia +algun dia pasar inmensa y aterradora, al terreno de los hechos, al campo +de batalla. + +Pero parecia que la fatalidad perseguia á Yaye: la fatalidad preñada de +sangre y crímenes que le perseguia, y que se le presentó de repente +cuando menos lo esperaba, en la persona de Harum-el-Geniz, del valiente +wali, su leal secretario; el que durante veinte años le habia servido +con una fidelidad á toda prueba; el que poseia todos sus secretos, el +que adivinaba todos sus dolores. + +Abrió silenciosamente la puerta de la cámara, y adelantó hácia el emir, +sacándole de su distraccion con el ruido de sus espuelas de alferez +castellano. + +Miróle profundamente Yaye, y en la expresion grave y triste de Harum, +comprendió que le traia un asunto importante. + +--¿Qué me quieres? le dijo: no recuerdo haberte llamado. + +--Hay momentos en que el siervo debe llegar hasta el señor, y decirle +aunque descanse entre los brazos de la querida de su alma: levántate y +despierta, toma tus armas y prepárate al combate. + +Yaye se levantó como si le hubiera despedido del sillon un resorte. + +--¡Al combate! ¿aquí ó allá? ¿en la córte del rey de las Españas ó entre +las breñas de las Alpujarras? + +--No, no, poderoso señor; no son las armas que brillan entre la +polvareda del combate las que debes tomar, sino las armas que matan en +silencio y de una manera segura: las armas de la venganza. No vas á +luchar contra un rey poderoso, ni contra un ejército valiente, sino +contra una cortesana y un bandido. + +--¡Angiolina! ¡Laurenti! exclamó el emir. ¿Y de qué modo? ¿cómo me +provocan esos dos miserables?.. + +--Anoche, ya tarde, un hombre que ha conocido á Farrix, á Abdelhamar, y +á otros de los nuestros, que viven encubiertos en Madrid con nombre y +trage de soldados de la compañia de ginetes de don Luis Moncada, se +presentó á ellos en su casa de la Cava Baja, y pidió á Farrix que, con +algunos de sus camaradas y por algun oro que les ofrecia, le acompañasen +para una aventura. El oro dado por ese hombre está aquí: + +Y Harum arrojó sobre la mesa del emir algunos doblones de á ocho. + +--¡Y bien! ¿tenemos algo que ver en esa aventura? + +--¡Oh! exclamó Harum con acento de amenaza. + +--Acaba de una vez Harum, exclamó impaciente el emir. + +--El desconocido, continuó Harum, llevó á Farrix y á otros tres á una +casa en la cual entraron por el postigo de un huerto. + +--¿Y qué casa era aquella? + +--Farrix me ha llevado hasta el postigo, y he reconocido por él, que la +casa donde entraron, era la de la princesa Angiolina Visconti. + +--¡Ah! exclamó profundamente el emir ¿Y qué iban á hacer allí? + +--De la casa sacaron una silla de manos y fueron con ella á la calleja á +donde da el postigo de tu palacio, poderoso señor. De uno de los +extremos de aquella calle recogieron un hombre herido, le metieron en la +silla de manos y le condujeron á casa de la princesa, en la que entraron +por el mismo postigo. + +--¿Y qué tenemos que ver nosotros con eso? + +--Es que hay mas, magnífico señor: mientras el desconocido con dos de +los nuestros conducian al herido á casa de la princesa, otros dos, +Farrix y Abdelamar, quedaron en un soportal frente al postigo de tu +palacio, ocultos en la sombra y con encargo de observar cuanto +sucediese. Poco despues volvió el desconocido con los otros dos monfíes, +y se ocultó bajo el mismo soportal. Segun me habia dicho Farrix, habia +luz en tu casa en un mirador, y aquel mirador, era, á no dudarlo, del +aposento de la sultana Amina. + +--Nada tiene de extraño que la sultana velase, preparando su partida. + +--Es que hay mas que eso: antes del amanecer salió un hombre por el +postigo, y despues se abrió uno de los balcones de los aposentos de la +sultana, y por él se descolgó otro hombre á la calle. + +Irradiaron una mirada incalificable por lo feroz, los ojos de Yaye. + +--Farrix y sus compañeros mienten, exclamó. + +--Si han mentido, mancillando el honor de la sultana, dijo Harum cuya +mirada no se alteró, deben morir. + +--¡Que mueran! ¿lo entiendes? que mueran y que mueran al momento, +exclamó con voz cavernosa el emir. Pero... sigue, sigue relatando la +impostura de esos miserables. + +--Farrix asegura que cuando aquel hombre estuvo en la calle, una mujer +vestida de blanco habló algunas palabras amorosas con el que habia +descendido, y le arrojó un papel. + +--¡Oh, miserables! y si era verdad ese dicho, ¿por qué no aseguraron á +aquel hombre? ¿por qué no se apoderaron de aquel papel? + +--Cabalmente, segun dice Farrix, esta era la intencion del que los habia +conducido hasta allí, pero añade tambien, que aquel hombre era tan +valiente y tan diestro que se les escapó. + +--¿Y no aconteció mas? + +--No señor. Los cuatro monfíes se despidieron del hombre que los habia +buscado, y que les encargó el secreto, y Farrix vino á avisarme. + +--Paréceme que tú has creido esa impostura, Harum, dijo el emir fijando +en su confidente una mirada intensa. + +--Hace tanto tiempo señor que te persigue la desgracia.... + +--Pero la desgracia ha respetado hasta ahora mi honra, Harum. No adivino +la causa; pero deben haber comprado á esos miserables para que me hieran +en lo mas profundo de mi alma... en mi hija... acaso la princesa..... +pues bien.... es necesario que esos cuatro hombres no hablen. + +--No hablarán, señor. + +--Pero es necesario evitar escándalos. Envíalos á las Alpujarras, y +avisa para que cuando lleguen... + +--Muy bien, señor. + +Quedó profundamente pensativo Yaye durante algunos segundos. + +--Creo que la princesa Angiolina se vale para todos sus asuntos, de una +especie de bandido romano. + +--Si señor. + +--Cuando te envié á Roma hace dos meses para que averiguases quién era +esa princesa, me trajiste una relacion escrita. + +--Esa relacion debe estar en tu poder, señor. + +--Bien: bien: es necesario que hagas venir al momento á ese hombre que +sirve á la princesa. ¿Cómo se llama? + +--Andrea Bempo. + +--Pues bien, procura que ese hombre venga al instante. + +--Muy bien, señor. + +--Vete. Y al momento, al momento, esos cuatro monfíes a las Alpujarras y +un correo á caballo que les preceda. + +Harum se inclinó y salió. + +El emir permaneció algún tiempo como anonadado. Despues hizo un poderoso +esfuerzo para salir de su atonía, se levantó en fin de la mesa, y +escribió lo siguiente con mano firme: + +«Señor marqués de la Guardia: os suplico que hoy mismo vengais á verme: +espero que atendereis mi suplica, y no me hareis dudar, negándoos, del +afecto que creo inspiraros.--El duque de la Jarilla.» + +Yaye cerró esta carta y la entregó á un lacayo para que la llevase á su +destino. + +Dos horas despues la carta le fue devuelta cerrada, tal como la habia +enviado, dentro de otra de don César de Arévalo que contenia estas solas +palabras: + +«Señor duque: el loco de mi sobrino no parece en ninguna parte desde +ayer, y como vuestra carta para él puede ser importante, os la devuelvo +temiendo que se extravíe. Vuestro mas afecto criado.--Don César de +Arévalo.» + +El duque arrugó en un momento de cólera aquella carta. + +Luego envió cuatro ó seis de sus lacayos á que buscasen por todo Madrid +al marquesito. + +A las diez del dia el duque oyó pronunciar con asombro á la puerta de su +cámara á uno de sus sirvientes el nombre del señor príncipe Lorenzini +Maffei que venia á visitarle. + +Yaye mandó que le introdujesen en su salon de recibo. + + + + +CAPITULO XVII. + +Quien era el príncipe Lorenzini Maffei. + + +Antes de entrar en la cámara donde le esperaba su visitante, Yaye le +observó detenidamente tras las vidrieras de una puerta. + +Vió un hombre como de cincuenta años, un tanto encorvado, mas bien como +por el exceso de una vida estragada, que por los años, que no eran +excesivos: tenia el pelo entrecano, y un tanto largo y rizado según la +moda de los nobles italianos: llevaba por autoridad una cadena de oro al +cuello, y al costado una ligera espada de córte. + +Este hombre se paseaba meditabundo á lo largo de la camara, con las +manos juntas á su espalda y sosteniendo en ellas una gorra de +terciopelo. + +Durante algunos minutos Yaye le contempló con una mirada intensa, +lúcida, dibujóse en sus labios una sonrisa de desprecio, y luego +componiendo su semblante y adoptando la expresion mas impenetrable, +abrió la vidriera y entró en la cámara. + +Volvióse al saludo el príncipe, saludó profundamente á Yaye, y le dijo +con un perfecto acento italiano, aunque en buen español: + +--Os suplico, señor duque, me perdoneis si me he tomado la libertad de +venir á vuestra casa, cuando ningun antecedente media entre nosotros: +apenas si nos conocemos de nombre. + +Yaye señaló un sillon al príncipe, que se sentó, acercó otro en el que +se sentó á su vez, y prestó al príncipe una de esas atenciones que +interrogan. + +El príncipe no se alteró en lo mas mínimo por el silencio del duque, que +era hasta cierto punto grosero, y añadió: + +--Esta mañana uno de vuestros criados ha dejado en la casa de mi esposa, +es decir: en mi casa, un recado vuestro para cierto Andrea Bempo. Como +en mi casa no se conoce á tal sugeto; como su nombre es italiano y poco +ilustre por cierto; como, ademas, al volver de Italia he encontrado en +mi casa ciertas singularidades.... + +--¿Singularidades habeis encontrado en vuestra casa, señor príncipe? +dijo acentuando fuertemente sus palabras Yaye. + +--¡Oh! ¡si! llegué á Madrid anoche muy tarde, y como no me gusta +incomodar á nadie ni aun en mi misma casa, me quedé en una de las +posadas; pero apenas amaneció, me trasladé á mi casa... solo... me +gustan las sorpresas... porque amo entrañablemente á mi esposa... que +como sabreis sin duda.... + +--Es una de las damas mas hermosas, mas nobles y mas discretas que viven +en la còrte de España. + +--¡Oh, gracias! comprendereis, pues, que yo ame á mi esposa. + +--¡Oh! lo comprendo demasiado, dijo Yaye con acento frio. Como que yo +tambien, por mas que no se lo haya dicho, la amo... ¡oh! perdonad, pero +vuestra esposa, príncipe, es muy peligrosa. + +--¡Ah! ¡si! dijo con una perfecta impertinencia Lorenzini; mi esposa +tiene por destino el estar siempre rodeada de adoradores... lo que me +llena de orgullo, os lo aseguro; ¿pero qué deciamos? + +--Deciais que os agrada sorprender á la vuelta de vuestros viajes á +vuestra esposa. + +--¡Ah, si! por lo tanto siempre cuido de proveerme, á hurto, como si se +tratara de un ladron, de una llave de cierto postigo. Segun mi +costumbre, tomé el camino de mi casa, entré en ella furtivamente; +adelanté por una y otra habitacion de un piso bajo, y en una de ellas +¿qué creeis que encontré? + +--Una singularidad de esas á que se exponen los maridos que gustan de +sorprender á sus mujeres. + +--En efecto, encontré una singularidad de bulto: un hombre herido en un +lecho, según supe despues, y á mi esposa, bellamente ataviada, sentada +junto á la cabecera de aquel lecho, y durmiendo sobre la almohada. + +--¡Ah, ah! + +--¿Y qué creereis que hice yo? + +--Indudablemente os fuisteis de puntillas para no ser sentido. + +--De ningun modo, desperté á mi esposa. + +--Y vuestra esposa... + +--Se arrojó en mis brazos como de costumbre, delirante de alegría y me +colmó de caricias. Mi esposa me ama con toda su alma, pero es demasiado +caritativa, y esta era la causa de la singularidad, que al principio no +comprendí, pero que despues me fue explicada de la manera mas natural. +Mi esposa habia encontrado á aquel hombre, al célebre comediante Andrés +Cisneros, en una palabra, herido gravemente en una calle á que da +vuestra casa, y le habia recogido. Esto es todo. Como despues se ha +buscado en mi casa á ese Andrea Bempo, á quien no conozco; como el señor +Andrés Cisneros ha sido herido cerca de vuestra casa; como estos dos +sucesos podian tener relacion entre sí, me presento á vos, para serviros +á fuer de hidalgo en lo que hubiereis menester. + +Yaye cruzó una pierna sobre la otra, se echó atrás sobre el respaldo del +sillon, y apoyando en sus brazos los codos y cruzando las manos dijo al +príncipe con una sonrisa fria: + +--Vuestra esposa os engaña. + +Habia en Yaye una decidida intencion de provocar al príncipe. + +--¡Bah! dijo este. Estoy seguro, enteramente seguro de que no. + +--Os ha engañado al casarse con vos. + +--¡Bah! os afirmo que el engañado sois vos. + +--Os entregó una mano deshonrada por la desgracia y por la miseria, es +verdad, pero al fin deshonrada. + +--¡Bah! no conoceis la historia de Angiolina... de Angiolina á la que yo +saqué de un convento para hacerla mi esposa. + +--Pues ved ahí; Angiolina Visconti se jacta con sus amantes, ó por mejor +decir, con su único amante, de que si bien sois su esposo, no habeis +sido nunca su marido. + +--¡Ah! eso lo digo yo por todas partes; yo he preferido la ansiedad del +deseo que no se satisface, al hastío del deseo satisfecho... y luego... +ser esposo de una mujer jóven, de brillante hermosura y vírgen... + +--¡Vírgen! exclamó profundamente Yaye. + +--Yo gozo con lo extraordinario. Mi vida toda es una cadena de sucesos +extraordinarios. + +--Demasiado extraordinarios, príncipe. + +--Es que vos no sabeis mi historia. + +--Acaso, acaso. Acaso tambien sepa la de la princesa. + +--La historia de mi esposa es muy sencilla. Una vida de diez y seis años +en un convento. Despues diez años de matrimonio puro, sencillo, casto, +de un matrimonio, como de seguro no ha habido, ni hay, ni habrá dos en +el mundo. + +--Sin embargo, hablais de las caricias de vuestra... mujer. + +--Caricias de hermano y hermana. Un abrazo, un beso en la frente, hé +aquí todo. + +--Con que ¿segun eso, no conoceis la historia de vuestra esposa? + +--Sé la verdadera, pero ignoro la que puedan atribuirla. + +--Pues os voy á contar esa historia, verdadera ó falsa, y despues os +contaré... la vuestra dia por dia, hora por hora. + +--Os escucho, y si la historia es ingeniosa, os agradeceré el cuento... +pero os pediré tambien que me reveleis el nombre de quien la ha +inventado. + +--Os lo diré antes, porque no me gustan las historias en cuya primera +hoja no va el nombre del autor. Muchas veces por el nombre del autor se +juzga de la historia, y si este nombre es bueno poco importa que la +historia sea mala. El autor de las dos que voy á referiros, es el mejor +autor de historias que conozco, porque su autor es Dios. + +--¡Ah, Dios! + +--Dios, ó lo que es lo mismo, la fatalidad. + +--Pues empezad y juzguemos del ingenio de Dios. + +--Permitidme: todas las historias tienen un prólogo. + +--¡Ah! y esta... + +--Lo tiene tambien. Este prólogo se refiere á la causa de que hayan +venido á mis manos esas dos historias; la causa, ya os la he indicado: +es el amor, el deseo, el empeño que me inspira vuestra esposa, ó por +mejor decir, que me inspiraba cuando yo tenia dudas acerca de su +procedencia. + +--¿Dudas? todo el mundo sabe que es mi esposa. + +--Pero nadie conocia al tal esposo. Creo que yo soy el primero que tiene +la dicha de conoceros. + +El príncipe se inclinó. + +--Por lo mismo, dudando de si seria soltera, casada ó viuda, envié hace +dos meses á Roma un sugeto muy á propósito para desenterrar historias, y +provisto de oro suficiente para ello. Ese sugeto me ha traido las dos +historias que vienen á ser una misma. He concluido mi prólogo y +empiezo... + +--Os escucho. + +--¡Ah! dijo el duque, me olvidaba del título: llámase, pues, la que voy +á referiros, «Historia de una venganza infame.» + +Despues de estas palabras Yaye cerró los ojos como para concentrar y +ordenar sus recuerdos, y el príncipe se colocó en la actitud de la mas +perfecta atencion. + +Yaye empezó, al fin, de esta manera: + +--Nuestra historia principia en la cabeza del orbe católico, en Roma, en +el verano de 1537, es decir, hace diez años. + +Por aquel tiempo habia en Roma dos personas notables. + +La una era un famoso bandido de la campiña á quien nadie conocia mas que +por su terrible nombre: aquel nombre era Laurenti. + +La otra era una dama veneciana de diez y seis años á quien conocia todo +el mundo, mas que por el alto empleo que su padre desempeñaba en la +córte pontificia, por su peregrina, por su maravillosa hermosura. + +Esta dama se llamaba Angiolina Visconti. + +Su padre, Paolo Visconti, miembro de la poderosa familia de este título, +se habia visto obligado á huir de la justicia de la república de +Venecia, á causa de haberse visto envuelto en cierta conspiracion de +nobles contra el Estado. + +Paolo Visconti habia logrado ponerse á salvo con una hija única, con +Angiolina, de los esbirros de la serenísima república, pero no logró +poner del mismo modo á salvo sus bienes que fueron confiscados. + +Aportó á Roma, pobre pero provisto del interés que inspira todo hombre +que ha luchado por la libertad de su patria, que ha sido vencido, y que +vuelve las espaldas á sus hogares para no volver mas á ellos. + +Aumentaba este interés la belleza y la inocencia de Angiolina, pobre +desterrada en la adolescencia, que se veia envuelta en las desgracias de +su padre. + +Acogiósele bien por la nobleza romana, y especialmente por el papa, y +con tanta mayor deferencia por este, como que Visconti era perseguido +por una república con la cual no se encontraba en la mejor armonía la +silla pontificia. A fin, pues, de que Paolo Visconti pudiera vivir en +Roma, sino de una manera opulenta, conveniente á su clase, le concedió +el papa un alto oficio militar bajo sus banderas. + +Nombróle, pues, coronel de su guardia suiza. + +Entre otras ventajas, que á mas de su pingüe sueldo y de su +representacion, gozaba el coronel de los suizos, eran no pequeñas, el +vivir en un pequeño y bello palacio del papa junto al Coliseo y el uso +de carroza y servidumbre, pagados por el tesoro pontificio. + +Asi, pues, Paolo Visconti podia sostener á su hija en la posicion de una +ilustre dama. + +Visconti, que se habia casado muy jóven y muy jóven habia enviudado, era +por los años de 1537 un hermoso caballero de treinta y cuatro años, +galante como veneciano, altivo por su alcurnia y espléndido, cuanto se +lo permitía su sueldo. + +Los dados y los naipes habian sido con él sumamente propicios, y habia +ganado enormes sumas, indemnizándose casi por este medio, de lo que le +habia quitado su amor por las libertades patrias. + +Asi es, que se contaba mas de una escandalosa aventura de amores, en que +el coronel Paolo Vizconti habia sido el galan afortunado, y no habia +marido, padre ó hermano que no le temiesen, si tenian hijas, esposas ó +hermanas bellas; sin embargo, Vizconti logró salir sano y salvo de una y +otra aventura arriesgada, á lo que contribuyó no poco su fama de +valiente y de diestro en armas. Esto, acreciendo su soberbia, le impulsó +á nuevas y cada dia mas arriesgadas empresas amatorias, hasta que, +cansada la suerte de protegerle, le metió en una que debia decidir, no +solo de su suerte, sino tambien de la de su hija. + +Cerca del palacio que habitaba Visconti, entre este, y el Coliseo, en +una linda casita de un solo piso, vivia una jóven llamada Fioreta, al +solo cuidado de una anciana. Servíalas una vieja criada, y nunca se +habia visto entrar en aquella casa un hombre, ni acompañarlas jamás +nadie en sus breves salidas desde su casa á una iglesia próxima. Sin +embargo, Fioreta, que vestia como una dama de la alta nobleza romana, +era tan hermosa, tan cándida y tan jóven, que muchos nobles solicitaron +sus favores, sin faltar algun miembro del sacro colegio que no hubiera +vacilado en comprometer su alma, si le hubiesen mirado con amor los +negros ojos de Fioreta. + +Pero esta se mostraba inaccesible á los seguimientos, á las rondaduras y +las músicas de sus numerosos adoradores, y habia logrado adquirir una +fama de insensible, de inespugnable, que el mundo galanteador la impuso +el nombre de la _mujer fuerte_. + +Llegó esto á oidos de Visconti, del hombre irresistible, del corruptor, +por decirlo asi, de Roma, y deseó conocer á la tan ponderada y rigorosa +hermosura. Eran vecinos, y esto no le fue difícil. Púsose al paso de +Fioreta, engalanado con su ostentoso uniforme de coronel de los suizos; +la vió, se enamoró perdidamente, la siguió á la iglesia; se puso +continuamente á su paso, y no tardó en conocer, que la para todos +desdeñosa hermosura, era para él camino llano y abierto. Fioreta se +habia enamorado de Visconti, con un amor tan puro, tan intenso, tan +sublime, como era sensual y miserablemente ardoroso el de Vizconti. + +Por mas que quiera guardarse á una mujer, no se guarda si ella no quiere +guardarse: la iglesia á que la jóven concurria era oscura: cambiáronse +billetes entre los amantes, y por ellos supo Visconti que era amado como +jamás lo habia sido, y que en la existencia de Fioreta habia un misterio +que realzaba el valor que ya por su hermosura tenia sobradamente la +jóven. Este misterio consistia en que Fioreta no tenia padres conocidos, +y ademas, en que una mano invisible y que debia ser inmensamente rica y +poderosa la protegía, atendia á su subsistencia de una manera +expléndida, y la procuraba cuantos goces honestos puede desear una jóven +honrada. Se la habia dado una educacion de princesa; se ponderaban las +preciosidades que encerraba dentro de sí la pequeña casa en que vivia; +sus trajes eran riquísimos y nobles, y en las grandes solemnidades +públicas, se la veia cubierta de diamantes y brocados, en una magnífica +carroza dorada, tirada por cuatro caballos admirables, carroza que +aparecia por sí misma, sin saberse de donde venia, y que desaparecia sin +que Fioreta ni su aya supiesen á donde iba. En cuanto al cochero y los +lacayos eran mudos, siempre que las dos mujeres trataron de indagar por +ellos quien era aquella persona misteriosa, que de una manera tal, +cuidaba de la suerte de Fioreta. + +Todo esto lo supo Visconti, como he dicho, por las cartas de la jóven, y +el misterio de su nacimiento, la opulencia que la rodeaba, y el +desenlace problemático que podia tener aquel misterio, irritaron su +curiosidad, sus deseos, y aun su ambicion. Porque no sabiendo quien era +Fioreta, ¿no podia suponerse todo? ¿Y quién sino un altísimo personaje +podia sostener tan ruinosos gastos? + +Visconti, pues, se empeñó y quiso á todo trance, llegar á la resolucion +de aquel problema. Compelió en una y otra enamorada carta á Fioreta, á +que le concediese una cita, y esta al fin, se vió obligada á escribirle +la lacónica carta siguiente: + +«Contentaos con amarme, sin esperanza de obtenerme. Básteos saber, que +yo os amo hasta el punto de no pertenecer á otro hombre, sino puedo +algun dia ser vuestra. Yo no faltaré jamás á mi decoro, y me está +prohibido de una manera misteriosa y terrible disponer de mi +mano.--Fioreta.» + +Esta carta fue un nuevo combustible arrojado al empeño de Visconti, que +juró perecer ú obtener aquella dificilísima y misteriosa hermosura. + +Poco tiempo despues de recibida esta carta de Fioreta, notó Visconti, +que cuando seguia á la jóven á la iglesia, un hombre siempre embozado, á +pesar de que era el tiempo de los calores, les seguia á alguna +distancia, entraba en la iglesia, se ponia en acecho, y no desaparecia +hasta que las mujeres habian regresado á su casa. + +Empezaba Visconti á impacientarse con aquel espionaje descarado y tenaz, +cuando un dia encontró sobre la mesa de su aposento y sin que nadie +supiese por donde habia entrado, una carta concebida en estos términos. + +«Sé que seguís obstinadamente á Fioreta, y que Fioreta os ama. Si la +amais, será vuestra, pero para ello será necesario que deis á su hermano +una muestra indudable de vuestro amor. Para conocer las condiciones bajo +las cuales podreis ser su esposo, id esta noche, solo, á la vía Apia. +Allí encontrareis al hermano de Fioreta.» + +Inutil es decir, que Visconti no faltó á la cita. + +Apenas habia entrado en la vía Apia, cuando se le presentó el misterioso +embozado que se habia constituido en su espía. + +El camino estaba desierto, y la luna blanqueaba las ruinas de los +sepulcros romanos. El embozado hizo una seña á Visconti de que le +siguiese, y este le siguió hasta un bosque cercano en el que se +internaron. Allí, en lo mas oscuro del bosque, se detuvo el embozado, y, +sin descubrirse, dijo á Visconti con la voz dura é imperiosa del que +está acostumbrado á mandar despóticamente y ser servilmente obedecido: + +--Veamos si valeis lo bastante para que yo os dé mi hermana. + +--Yo me llamo Paolo Visconti, dijo con orgullo el coronel de suizos del +papa. + +--Sé quien sois y me convenís, como hombre valiente y arrojado: porque +me convenís, os daré mi hermana, si la mereceis, y lo que vale +infinitamente menos que ella, tesoros inmensos. Veamos si la amais. + +--Indicadme vuestras condiciones. + +--Vos me habeis dicho vuestro nombre, justo es que yo os diga el mio: me +llamo Giussepo Laurenti. + +Visconti dió un paso atrás asombrado: el misterio de la procedencia de +Fioreta se desenlazaba de una manera inesperada. Quien protegia á la +jóven, quien tenia sobre ella derechos indudables, era Laurenti, el +terrible bandido; el hombre á quien la justicia del papa no habia podido +castigar; el gefe de los invisibles que tenia cubierta de espanto la +campiña de Roma. Esto, por otra parte, explicaba las inmensas sumas que +se invertian para poner á Fioreta á mas altura que la mas rica é ilustre +dama romana. + +Hubo un momento de silencio. + +--Paréceme que os falta valor, caballero Visconti, dijo sombriamente +Laurenti. + +--No, no me falta valor, pero explicadme, aclaradme: vos sois hermano de +Fioreta, pero, ¿quién es vuestro padre? + +--Ved que cuanto mas os revele, mas grave será el peso del secreto que +habeis de guardar, so pena de vuestra vida. + +--No importa. Hablad. + +--Mi padre se llamaba Andrea Alberti. + +Dió otro paso atrás Visconti. Laurenti habia pronunciado el nombre de +otro terrible gefe de bandidos. + +--No os asombre esto, dijo Laurenti; hace mas de dos siglos que mi +familia viene reinando de generacion en generacion sobre la campiña de +Roma. El padre educa al hijo, y el hijo hereda al padre; nada mas +natural. + +--¡Pero la madre de Fioreta!... + +--Aumentemos la suma del secreto si os place. La madre de Fioreta era +una dama romana. + +--Su nombre. + +--Lo ignoro yo mismo. Mi padre al encargarme de la suerte de Fioreta, me +dijo solamente: su madre era una mujer casada; una hermosa é ilustre +dama. Yo la juré guardar como un depósito sagrado su honor, y muero con +su secreto. Pero á mas de guardar su honor, la juré proteger á nuestra +hija y hacerla feliz. Fioreta puede elegir libremente el claustro ó el +matrimonio, pero si eligiese este último estado, no será su esposo sino +quien sea bastante valiente y arrojado para partir con nosotros los +peligros. Ahora, bien, caballero Visconti, ¿amais bastante á Fioreta +para abandonar por ella vuestro baston de mando, vuestra hermosa banda +de coronel, y cambiar vuestro nombre de caballero en un nombre de +bandido? + +--¿Es esa vuestra resolucion irrevocable? + +--Es la voluntad de mi padre, á la que no faltaré en una sola palabra. + +--Pues os juro que Fioreta será mia á pesar vuestro. + +--Peor para los dos si eso sucede, dijo lacónicamente Laurenti. + +--Adios, pues, rey de la campiña de Roma. + +--Adios, señor coronel de los suizos del papa: pero escuchad antes una +palabra: me conoceis y todos los dias me estrechais la mano y me pedis +por la salud en la córte de su Santidad. Adonde jugais, concurro; en +donde bebeis, bebo; lo que hableis resonará en mis oidos, porque soy uno +de _vuestros mayores amigos_. He observado, que hasta ahora no habeis +hablado ni una sola palabra con nadie acerca de vuestras pretensiones +hácia Fioreta, y que no habeis mostrado ni una sola carta suya. Seguid +siendo prudente. Os lo aconsejo, en ello os va la vida. Adios. + +--Esperad. + +--¿Qué quereis? + +--Me habeis dicho que os conozco. + +--Es cierto. + +--¿Que sois uno de mis mayores amigos? + +--Por tal me teneis. + +--¿Que concurris á donde concurro? + +--Es verdad. + +--Sin embargo, yo no conozco vuestra voz. + +--Mi voz se desfigura al pasar por el hueco de mi antifaz de hierro. + +--Aclaradme..... + +--Ni una palabra mas; adios. + +--Esperad. + +--Adios. + +--¡Por san Paolo mi patron, que yo os haré esperar y daros á conocer! +dijo Visconti desnudando su espada y acometiendo rápidamente á Laurenti. + +Este se hizo atrás de un salto, y lanzó un fuerte silbido. + +Instantáneamente, aparecieron saliendo de detrás de cada árbol una +multitud de hombres cubiertos con antifaces y armados de arcabuces. + +Aquellos hombres rodearon al coronel de los suizos del papa. + +--Guiad á ese caballero hasta la salida del bosque, dijo Laurenti á sus +bandidos, perdiéndose en la espesura. Hasta mañana, caballero Visconti. + +Vióse este obligado á ceder, y rodeado de los bandidos, llegó hasta la +salida del bosque, y desde allí ganó la vía Apia y entró en Roma. + +En vano durante muchos dias buscó Visconti entre sus numerosos amigos, +uno que le presentase ni el mas ligero indicio del terrible bandido +romano. Creyó al fin, que aquello habia sido una amenaza y una burla, y +dejó de desconfiar de los que le rodeaban. + +En cuanto á Fioreta, su amor, ó por mejor decir, su empeño, se aumentó +en proporcion á las dificultades. Habian cambiado una y otra carta, pero +en ninguna de las suyas habia indicado Visconti á Fioreta lo que sabia +acerca de su orígen. + +Si las dificultades irritan al hombre, puede decirse que irritan +infinitamente mas á la mujer. El amor de Fioreta se exaltó, y concedió á +Visconti lo que siempre se habia negado á concederle: esto es, hablar +con él en las altas horas de la noche por las ventanas de su casa. +Visconti, despues de su primera entrevista de este género con Fioreta, +esperó que se revelase de cualquier modo, sino la venganza, la cólera +del terrible Laurenti: pero pasaron muchas entrevistas del mismo género, +y ni recibió una sola carta, ni el mas leve aviso. + +Visconti empezó á burlarse para sus adentros del Rey de la campiña, y le +despreció del todo cuando, enteramente rendida Fioreta, le concedió lo +último que podia concederle: su posesion completa. Todas las noches, una +escala llevaba á los brazos de Fioreta al afortunado Visconti, y el +terrible bandido, el hermano protector, permanecia mudo. + +Sin embargo, un dia, encontró Visconti sobre la mesa, y sin que nadie la +hubiera llevado, otra carta que contenia las frases siguientes: + +«Todo lo sé. Gozad en secreto de vuestra felicidad, y haced feliz á mi +hermana, pero, ¡ay de vos si por un accidente natural, ó por una +villanía vuestra, se hace pública su deshonra! ¡ay de vos, y ay de ella! +Laurenti.» + +Visconti era un hombre que no temia al cielo ni al infierno, y esta +amenaza lo irritó: acontecia ademas, que, como su amor hácia Fioreta no +habia sido mas que deseo y empeño, satisfecho el deseo, hastiado de la +pobre jóven, necesitó satisfacer su vanidad de libertino, publicando su +victoria sobre aquella mujer que habia resistido las pretenciones de los +hombres mas peligrosos. Esta vanidad infame fue desarrollándose en él, y +al fin, un dia, en una casa de juego, con ocasion de ponderar un nuevo +enamorado los desdenes de Fioreta, dijo: + +--¿Qué apuesta quereis hacer conmigo, señores, acerca de esa mujer? + +--¿Pretendeis acaso haceros amar de ella? dijo un jóven caballero muy +amigo de Visconti, llamado Marco Antonelli. + +--No, no pretendo hacerme amar de ella, dijo Visconti, porque es mi +querida. + +--¡Vuestra querida! exclamaron asombrados los circunstantes. + +--¡Vuestra querida! exclamó soltando la carcajada Marco Antonelli. + +--Os reis de un modo muy impertinente amigo mio, dijo Visconti picado +por la hilaridad de Antonelli. + +--¿Pues no quereis que me ria? Mientras no nos presenteis pruebas de +vuestro dicho me reiré. + +--Es que pudiera suceder...... + +--No debe suceder nada dijo, sin afectarse en lo mas mínimo Antonelli; +si esa mujer es vuestra querida, no merece ser la causa de un +rompimiento entre dos amigos, y si no lo es, mereceis en castigo de +vuestra mentira que nos riamos de vos. + +--Y si presento la prueba. + +--Me comprometo á perder quinientos escudos romanos, dijo Antonelli. + +--Y yo otros tantos. + +--Y yo. + +--Y yo. + +--Y yo, exclamaron todos los que estaban presentes. + +Visconti, salió y volvió poco tiempo despues con las cartas de Fioreta +que arrojó sobre la mesa, entre los dados y las botellas. + +Examináronse aquellas cartas; ellas probaban que Fioreta amaba á +Visconti; pero en ninguna de ellas habia una sola prueba de que fuese su +querida. + +--Y bien, dijo Antonelli sin perder su jovialidad: aun no habeis ganado +un solo escudo: estas cartas prueban que sois mas afortunado que otros: +y digo prueban, porque no quiero haceros el agravio de creer que estas +cartas sean falsas; pero de ser amado á poseer á la mujer que nos ama, +hay una diferencia incalculable. Asi, pues, la apuesta queda en pié +hasta que nos probeis que es vuestra querida Fioreta. + +--Una palabra señores. Ahora está la luna en creciente y las noches son +muy claras: ¿sabeis alguno de vosotros donde vive Fioreta? + +--Todos lo sabemos. + +--Sabeis á donde caen las ventanas de sus habitaciones. + +--Todos la hemos visto alguna vez en ellas. + +--Pues bien: si esta noche á las doce, al hacer yo una señal veis que se +abre una ventana de las habitaciones de Fioreta; si la veis á ella misma +salir á aquella ventana, y arrojarme una escala; si despues me veis +trepar por ella, recibirme Fioreta en sus brazos, retirarse la escala y +cerrarse silenciosamente la ventana ¿creereis.....? + +--Creeremos que Fioreta es vuestra querida, y os envidiaremos Visconti; +pero habreis ganado la apuesta. + +--Si, si, habreis ganado la apuesta dijeron todos. + +En efecto aquella noche se hizo la prueba: los amigos de Visconti +ocultos en la sombra, le vieron entrar en las habitaciones de Fioreta. +Al dia siguiente todo el mundo supo en Roma que Fioreta era la querida +de Paolo Visconti. + +Sin embargo el terrible bandido de la campiña permaneció mudo: pasaron +dias y dias hasta uno en que tuvo lugar un acontecimiento que heló la +insolente risa de la infamia, en los labios del seductor de Fioreta. + +El suceso á que me refiero pasó de la manera siguiente: + +Era una hermosa tarde de mayo. Angiolina Visconti habia expresado á su +padre el deseo de dar un paseo por la campiña; Visconti hizo preparar +una carroza, se disculpo con su hija por no acompañarla, y Angiolina +salió de Roma, acompañándola solo en el exterior el cochero y dos +lacayos. + +Caminaban lentamente por la via Apia: Angiolina, cuya alma aspiraba ya +ese amor vírgen que es el sueño de la adolescencia de las mujeres, +Angiolina inocente y pura, miraba con delicia el hermoso cielo de +Italia, perdiéndose tras los horizontes azules, y la árida campiña por +medio de la cual arrastra su turbia corriente el Tiber. + +Descendia el sol al Occidente; el dia iba perdiéndose en ese poético +tinte del crepúsculo vespertino tan bello y tan diáfano en la primavera +de los paises meridionales, y una dulce melancolía inundaba el alma de +la jóven, cuando la carroza se detuvo de repente y uno de los criados +asomó á la portezuela. + +--Si adelantamos mas excelencia, dijo el lacayo, se nos echará la noche +encima antes de que lleguemos á la ciudad, y no es prudente...... + +--Seguid, seguid, dijo la jóven, que de lo que menos se acordaba +entonces era del terrible Laurenti ni de los bandidos. + +La carroza siguió adelante: muy pronto, traspuesto enteramente el sol, +empezó la noche á invadir el opuesto horizonte. Angiolina entonces +sintió un vago temor y mandó al cochero que se volviera. + +Volviéronse en efecto. Roma se veia á lo lejos perdida tras la vaporosa +neblina, y quedaba mucho camino que andar para llegar á la ciudad. + +El cochero azotó á los caballos que partieron al galope: á pesar de esto +era ya de noche y quedaba mucho espacio para llegar á los arrabales. + +De improviso el coche se detuvo, y antes de que Angiolina pudiera +preguntar la razon, se abrió la portezuela y entro un hombre, vestido +enteramente como los aldeanos de la campiña, y cubierto el rostro con un +cumplido antifaz: aquel hombre llevaba á la cintura un puñal y un par de +pistolas. + +Angiolina solo tuvo tiempo para oir que aquel hombre decia: + +--¡Al bosque! + +Y se desmayó. + +Cuando volvió en sí se encontró en un lecho en un aposento densamente +oscuro. Un hombre la estrechaba entre sus brazos. Aquel hombre +prevaliéndose de su desmayo la habia deshonrado. + +Angiolina notó con terror, con el terror del pudor, que estaba medio +desnuda. + +Gritó, quiso resistirse, arrancarse de los brazos de aquel hombre, pero +aquel hombre la retuvo entre ellos y la dijo con un acento terrible: + +--Vuestro padre ha deshonrado á mi hermana, y yo empiezo á vengarme +deshonrándole en su hija. + +Roma entera supo, por los criados á quien Laurenti habia dejado en +libertad, que Angiolina Visconti, la noble hija del señor coronel de los +suizos del papa, habia sido robada por los bandidos de la campiña. + +Visconti sintió en medio del corazon la venganza de Laurenti; salió á la +campiña, le llamó á voces en el mismo lugar donde habia hablado con él +algunos meses antes; pero nadie respondió á las voces del desolado +padre, que al fin era padre Visconti. Pidió licencia al papa para +revolver con sus suizos la campiña y no logró ver un solo bandido. A los +quince dias, perdida casi la esperanza, se fué á buscar su último +consuelo junto á Fioreta y la dijo. + +--Es necesario que nos casemos: tu hermano sin duda nos escucha: pues +bien yo acepto todas sus proposiciones: si; yo acepto todas tus +proposiciones Laurenti, seré bandido, verdugo, si quieres, pero vuélveme +mi Angiolina. + +--Vuélveme tú la honra de mi hermana, dijo una robusta voz á tiempo que +se abrió una puerta y apareció un hombre. + +Fioreta dió un grito agudísimo y se desmayó. + +Visconti dió un paso atrás helado de espanto. + +El hombre que tenia delante pidiéndole la honra de su hermana era uno de +sus mayores amigos. + +--¡Marco Antonelli! exclamó. + +--No, Laurenti el bandido, Laurenti, que se venga, destrozándote el +corazon, deshonrando á tu hija, como tu se lo has destrozado, +desonrrando á su hermana: ahora defiéndete, infame, defiéndete por que +entre nosotros se ha colocado tu infamia y no puede haber mas que odio y +sangre entre los dos. + +Al dia siguiente se encontró junto al Coliseo el cadaver de Paolo +Visconti atravesado á estocadas, y sobre él un cartel en que se leia en +letras enormes: + +«Laurenti, hermano de la hermosa Fioreta ha hecho este cadáver.» + +La casa en que habia vivido Fioreta estaba completamente abandonada. + +¿Y sabeis vos príncipe, dijo Yaye, mirando profundamente á Lorenzini +Maffei lo que se hizo de la pobre Fioreta? + +--¡Qué! ¿no lo sabeis? dijo con la mas ingénua curiosidad el príncipe; +pues ved ahí que falta á vuestra historia una noticia esencialísima. + +--Lo que fue de Fioreta no lo sabe nadie, porque Laurenti á nadie se lo +dijo. + +--¿Y como, como, dijo el príncipe con una curiosidad creciente; como fue +á parar Angiolina al convento donde yo la conocí en Nápoles? + +--Se ignora tambien, porque á nadie lo ha dicho tampoco Laurenti. Pero +lo que se sabe de seguro, es, que al fin, por una traicion de uno de los +bandidos de Laurenti, fue descubierta su guarida, exterminada su +cuadrilla de malhechores y el.... + +--¿Y el?... + +--Hay quien cree que acaso quedó entre los cadáveres de los bandidos +que murieron defendiéndose, porque no se le oyó nombrar mas en las +inmediaciones de Roma. + +--Pues habeis burlado mis esperanzas, duque, en cuanto á la historia del +bandido. Debia ser curiosa. + +--Pues voy á contárosla en dos palabras: el bandido está ciegamente +enamorado de Angiolina que no le conoce: el bandido sigue á Angiolina +por todas partes bajo el nombre de Andrea Bempo: Andrea Bempo no es +otro, pues, que Laurenti, nombre fecundo en disfraces, y que sabe variar +de rostro como de vestido y de edad como de lenguaje: que unas veces se +llama Bempo, otras don Diego de Zayas, y pasa por caballero español, +como en Roma bajo el nombre de caballero romano pasaba por Marco +Antonelli: Laurenti, en fin, esposo enamorado de Angiolina, esposo +despreciado por Angiolina, que se llama el príncipe Lonrenzini Maffei. + +Mudáronse instantáneamente al oir estas palabras, la mirada, la actitud +y la expresion del príncipe; irguióse, centellearon sus ojos, temblaron +de cólera sus lábios y se puso de pié buscando un objeto entre su +justillo de terciopelo. + +El duque no se movió de su sillon. + +El príncipe, ó Laurenti, ó Bempo, aquel singular personaje, en fin, sea +que le dominara la imperturbabilidad de Yaye sea que fuese demasiado +valiente para cometer un asesinato, sea por otra causa cualquiera, +retiró la mano de su jubon entreabierto, y se sentó de nuevo. + +--¿Con que lo sabes todo? exclamó con acento convulso por la cólera: con +que sabes, que esa mujer á quien elegí en mal hora para instrumento de +mi venganza, me esclaviza, se burla de mí, me trata como un perro cuando +me cree Bempo, y me deshonra creyéndome el príncipe Lorenzini Maffei! +¡Oh! no importa: yo sé tambien que tú, bandido como yo, emir de los +Monfíes de las Alpujarras estás herido en el corazon, deshonrado en tu +hija, como yo estoy herido en el corazon, deshonrado en mi esposa, por +un mismo hombre, por el marqués de la Guardia. ¡Oh! secreto por secreto +monfí; y puesto que necesitamos vengarnos.... + +--¿Y que culpa tiene el marqués de la Guardia, dijo imperturbable el +duque de que le haya amado mi hija, de que le haya amado Angiolina? + +--El marqués no la ama, exclamó con sarcasmo Laurenti; el marqués la ha +tomado por instrumento para dar zelos á tu hija.... y lo ha +conseguido.... + +--Escucha Laurenti, dijo Yaye levantándose y asiendo á Bempo de un brazo +con la fuerza de un gigante. Estás en mi poder. + +--¿En tu poder yo? exclamó el bandido pretendiendo en vano desasirse. + +--A donde quiera que vayas, donde quiera que te ocultes allí te +encontrará mi mano. No lo pruebes, por que serias vencido en la prueba. +En cualquier terreno que elijas te haré pedazos si te niegas á servirme. + +--Yo no he servido á nadie mas que á esa mujer... + +--A quien no debiste deshonrar, á quien no has debido servir. + +--Tú has prostituido tu hija al príncipe don Cárlos: tú te has visto +obligado á apartarla de la córte, para que la córte no sepa tu deshonra. + +--¡Laurenti! exclamó el duque echando á su vez mano á su daga. + +--¡Laurenti es siempre el indomable rey de la campiña de Roma! contestó +sin inmutarse el bandido: Laurenti desprecia el furor del emir, como +antes el emir de los monfíes ha despreciado el furor de Laurenti. + +Yaye dejó la daga, soltó á Laurenti y se sentó de nuevo en el sillon. + +--Quiero que me digas, como has sabido mi nombre, exclamó despues de +unos instantes de silencio, recobrando enteramente su calma. + +--En Granada hay muchas personas que saben la interesante historia de la +hija y de la nieta del duque de la Jarilla: como en Roma hay otras que +saben la historia de Paolo Visconti: ademas como hubo un bandido que +vendió en Roma á Laurenti, hubo tambien en Granada un monfí que vendió +al emir de las Alpujarras... Habian pagado á peso de oro, ó por mejor +decir el alcalde de casa y córte que habia tomado la declaracion del +monfí traidor, prefirió vender aquella declaracion enriqueciéndose, á +servir al rey denunciando al falso cristiano, al falso duque: pero el +juez se quedó con copia de la declaracion por si alguna vez necesitaba +algun dinero, y se la vendió á Laurenti el bandido, que sabe andar sin +perderse por un laberinto y llegar al fin, solo con que coja el cabo de +un hilo: esa declaracion existe.... y acaso acaso esté á estas horas en +poder del rey. + +Yaye se puso letalmente pálido, sus ojos inyectados de sangre rodaron en +sus órbitas y desnudó su daga: pero en aquel momento un resplandor +vivísimo le cegó y luego... luego no sintió nada... + +Cuando volvió en sí, se encontró en un lecho: sintió una pesadez +inexplicable en la cabeza, se llevó las manos á ella y encontró un +vendaje: revolvió los ojos en torno suyo y se encontró en un calabozo; +movióse y sintió que sus piés estaban sujetos por un par de grillos. Vió +junto á sí un hombre de aspecto rudo y quiso preguntarle: pero se sintió +débil, y las palabras se ahogaron en su garganta. + +Aquel hombre pareció comprender el deseo de Yaye y le dijo como si este +le hubiese hecho una pregunta: + +--Habeis sido herido en vuestra casa de un pistoletazo en la cabeza por +el príncipe Lorenzini Maffei, segun han declarado vuestros criados; el +príncipe ha desaparecido: estais preso en el Santo Oficio por hereje, +sacrílego y traidor al rey y si no moris de la herida, morireis quemado +en auto público del Santo Oficio de la general Inquisicion. + +Yaye á falta de voz, dió á aquel hombre con una expresiva mirada las +gracias por su noticia, y luego, encerrándose en su pensamiento, exclamó +en el fondo de su alma: + +--¡Satanás se ha conjurado contra mí! + + + + +CAPITULO XVIII. + + Complicaciones. + + +Algunos dias despues de los acontecimientos que dejamos relatados estaba +Madrid profundamente conmovido en sus dos círculos cortesanos, el alto y +el bajo; algunas noticias extraordinarias habian ido circulando de boca +en boca, agravándose mas, á medida que se sucedian. + +Primeramente, la hermosa duquesita habia desaparecido de la córte sin +despedirse de nadie, y sin que nadie supiese á donde habia ido. + +En segundo lugar el hidalgo don César de Arévalo, tutor del marquesito +de la Guardia, andaba desolado por calles y plazas, tabernas y garitos, +mancebías y palacios, en busca de su sobrino que tambien se habia +perdido. Ayudábale en su árdua empresa Peralvillo, lacayo favorito y +confidente del marqués, mozo despierto y de puños, á quien no hemos +tenido ocasion de citar hasta ahora, y señalado con un profundo chirlo +en la cara, pero no por eso feo, ni desgraciado, respecto á ciertas +princesas de vida airada. Ni el tio ni el lacayo habian podido ponerse +sobre el rastro del marquesito. + +Ademas de esto y de que los acontecimientos que vamos á relatar, fueron +los que mas impresion causaron en la córte, el mismo dia de la salida de +Amina de Madrid, á la hora de la audiencia, apareció fijado en la +mampara de la antecámara pública de palacio, un papel en forma de carta, +escrito, al parecer, por una mujer, con señales de haber estado +arrugado, y vestigios de lágrimas en que se leian estas palabras: + +«_Don Juan de mi alma: hay cosas que el pudor impide á una mujer +revelarlas ni aun á su mismo esposo, pero es preciso que sepas que +alienta en mis entrañas un hijo de nuestro amor. Tu Esperanza._» + +Por debajo estaba, pegado asimismo, otro papel escrito tambien al +parecer por otra mujer, en que se leia en letras gordas: + +«La esperanza de este don Juan, es la hermosa duquesita de la Jarilla, y +el alma de esta Esperanza es el marquesito de la Guardia.» + +El escándalo era soberano y debia retumbar de una manera imponderable: +antes de que un ugier arrancase estos dos papeles y los entregase al +gentil hombre de cámara de servicio, ya se habian sacado cien copias por +los curiosos, y ya aquellos curiosos se habian esparcido por Madrid, +llevando consigo el escándalo. + +Pero no era esto solo. + +Aquellos dos carteles fueron entregados al rey que despachaba á la sazon +con el cardenal Espinosa. + +Felipe II leyó letra por letra los dos escritos, meditó algun tanto +sobre ellos, y luego dijo posando una mirada glacial en el cardenal +secretario: + +--Que se averigue á todo trance quién ha puesto estos carteles en +palacio, y averiguado y probado que sea, que le ahorquen secretamente +sin distincion de clase ni persona. + +El cardenal dió las órdenes oportunas, y á poco volvió trayendo un +pliego en las manos. + +--¿Qué es eso? preguntó el rey. + +--Se ha encontrado este pliego en una de las habitaciones bajas del +alcázar, donde han debido arrojarle por una reja, con sobre á vuestra +magestad. + +Tomó el rey el pliego. + +Sobre su nema se leia en letra exactamente igual á la que habia +esclarecido de una manera tan infame la carta de Amina al marqués: + +«Al católico y justiciero rey de las Españas.» + +El pliego era voluminoso. + +Contenia las pruebas que contra Yaye poseia la princesa Angiolina: la +historia del casamiento del emir con Estrella, la muerte del anterior +marqués de la Guardia, la declaracion del monfí traidor, y ademas la +para el rey terrible revelacion de que su hijo el príncipe don Cárlos le +hacia traicion conspirando contra su persona. + +«Y tenga en cuenta vuestra magestad, concluia la carta, que el hombre de +quien se trata, es poderoso, rico, mas rico que vuestra magestad, y que +si vuestra magestad tiene en su córte un ejército, en la córte, tiene +tambien ese hombre un ejército de monfíes disfrazados.» + +Solo por el cuidado con que don Felipe leyó aquel proceso, que tal lo +parecia el contenido del pliego, pudo traslucir Espinosa que se trataba +de un asunto de gran importancia: el rostro del rey habia permanecido +impasible. Despues que los hubo leido y releido, dobló de nuevo aquellos +papeles, los puso bajo su libro de devociones, y dijo al cardenal: + +--Que me llamen con urgencia al marqués de los Velez. + +Despues se puso á hojear algunos memoriales, y cuando volvió el cardenal +le dijo: + +--Sigamos en el despacho de Indias. + +Rey y secretario siguieron en el despacho. + +Como á las once del dia un gentil hombre anunció á don Luis Fajardo, +marqués de los Velez, que fue introducido. + +El rey despidió al cardenal y se quedó solo con el marqués, á quien ni +miró ni dijo una sola palabra. + +El rey escribia. + +--Tomad y cumplid inmediatamente esta órden, adelantado, dijo el rey +entregando al marqués de los Velez el papel en que habia escrito. + +Don Luis hincó una rodilla para tomar el papel, alzóse despues, saludó +profundamente al rey y salió. + +Al llegar á la antecámara, el marqués de los Velez se detuvo, y +ocultando la órden en el hueco de su gorra, la leyó; decia asi: + +«El rey.--A nuestro muy leal vasallo don Luis Fajardo, marqués de los +Velez, adelantado en el reino de Murcia.--Haceos acompañar de nuestra +órden de un alcalde de casa y córte y de un secretario. Tomad, asimismo +de nuestra órden, treinta alabarderos y un alférez de nuestra guardia +suiza; id con esta gente á la casa de don Juan de Andrade, duque viudo +de la Jarilla, grande de España, y prendedle muerto ó vivo. Mandad al +alcalde en nuestro real nombre, que haga inventario de los papeles del +duque, y de cuanto hubiere en su casa, que la desocupe, que selle los +armarios, cajones y puertas, y que ponga un cartel en la puerta en que +se conmine con pena de la vida al que pretendiere penetrar en dicha +casa. Preso que sea el duque, le conducireis á la cárcel del Santo +Oficio, que tiene en nuestra córte la Inquisicion del arzobispado de +Toledo, y mandareis, so pena de la vida, que nadie hasta nuestra órden +comunique con el preso. Del cumplimiento de esta me respondeis como +vasallo.--De nuestro alcázar de Madrid á los cinco dias del mes de julio +de 1567.--Yo el rey. + +El marqués de los Velez palideció primero, arqueó las cejas, y despues +se encogió de hombros, y sobre la marcha empezó á cumplimentar la órden +del rey. + +A las doce en punto, llegaba acompañado de un alcalde de casa y córte, +de un secretario, de algunos alguaciles y de un alférez y cincuenta +alabarderos suizos á la casa de Yaye. Cercóla á la redonda, tomó las +salidas y se hizo anunciar á Yaye de órden del rey. + +Pero encontró la casa en la mayor consternacion: los criados iban de acá +para allá, y no sabian que hacerse; al fin vino á sacarse en claro, que +aquella mañana habia entrado á visitar al duque un caballero que decia +llamarse el príncipe Lorenzini Maffei, que despues de largo tiempo que +el duque y el príncipe estaban encerrados, se habia oido un tiro en la +cámara del duque; que el príncipe habia desaparecido en el primer +momento de sorpresa, y que acababan de encontrar al duque en su cámara, +sin conocimiento y con la cabeza atravesada de un tiro. + +El marqués se hizo conducir hasta Yaye de órden del rey; en vista del +deplorable estado del emir, se llamaron doctores, y estos declararon que +tal como se encontraba el herido era expuestísimo para su vida, el que +se le trasladase á ninguna parte. El marqués de los Velez fue con estas +noticias al rey, pero el rey mandó que se curase en su casa al duque, y +que despues, fuese cual fuese su estado, se le condujese de la mejor +manera posible á la cárcel del Santo Oficio. Asimismo mandó que se +prendiese al príncipe Lorenzini Maffei. + +Hízose á Yaye la primera cura, sin que volviese en sí, despues de lo +cual fue puesto en una silla de manos y llevado á la prision. + +En seguida el marqués de los Velez, se presentó en la casa del príncipe +Lorenzini; salióle al encuentro Angiolina que se mostró profundamente +admirada de que un caballero tan galante como don Luis Fajardo fuese á +visitarla al frente de la justicia, y acompañado de un tan respetable +resguardo de alabarderos reales. + +--El rey lo manda, hermosa señora, dijo con galantería el marqués, y me +veo en la dolorosa pero imprescindible necesidad de prender á vuestro +esposo. + +--Pues os desafío á que le prendais, dijo riendo Angiolina: aunque +trajerais con vos, señor don Luis, todos los ejércitos de su magestad, +seria imposible prenderle. + +--¡Imposible porque le guardais vos! dijo sosteniendo su galanteria el +marqués. + +--Yo soy muy débil guarda contra el rey, dijo Angiolina, pero la +imposibilidad de que prendais á mi esposo consiste..... en que no está +en España. + +--¡Oh! ¿no está en España el señor príncipe? + +--No, no por cierto; está en Venecia, donde procura porque la república +me devuelva los bienes que en otro tiempo confiscó á mi padre. + +--¡Ah! ¿con que el señor príncipe está en Venecia? + +--Ni mas ni menos, y en prueba de ello, ved, ved una carta que acabo de +recibir de él. + +--¡Ah! basta vuestro dicho, señora, dijo el marqués rechazando +noblemente una carta que Angiolina habia tomado de encima de una mesa. +Ademas, no conozco la letra ni aun la persona de vuestro esposo. + +[imagen: Bempo.] + +--Se le conoce muy poco ó nada, señor marqués; mi esposo es un hombre +extraordinario. Yo apenas le conozco; hace seis años que nos casamos y +despues de la ceremonia solo permaneció un dia á mi lado; despues me +envió á España; sucesivamente ha venido á visitarme dos veces al año, y +eso por un solo dia; emplea el tiempo en viajar y en escribirme con suma +frecuencia cartas amorosas; eso lo sabe todo el mundo en Madrid; se sabe +tanto, que me llaman de pública voz la casada doncella..... y ¿qué ha +hecho, ó qué dicen ha hecho el príncipe para que el rey quiera +prenderle? + +--Se le acusa de haber dado muerte al duque viudo de la Jarilla. + +--¡De haber dado muerte al duque de la Jarilla! exclamó palideciendo +profundamente Angiolina, y dejando su acento y su aspecto ligero y +galante; pero eso es imposible, don Luis; imposible de todo punto; puedo +probar que mi esposo está ahora mismo en Venecia, á no ser que haya +venido corriendo postas como esta carta. Deben haberse equivocado; +alguien debe haber tomado el nombre de mi esposo para cometer ese +asesinato. + +--¿Es el príncipe un caballero como de cincuenta años? + +--Sí. + +--¿Un tanto encorbado? + +--Sí. + +--¿Con los cabellos entrecanos, largos y rizados? + +--Exactamente, exclamó con asombro Angiolina. + +--¿Usa anteojos verdes? + +--Sí, si señor, porque tiene débil la vista. + +--¿Ademas la nariz un tanto gruesa y encarnada? + +--No hay duda, esas son las señales de mi esposo. + +--Señales que ha dado uno de los criados del duque al alcalde de casa y +córte que me acompañaba, y que escritas traigo conmigo. Mirad, princesa, +mirad. + +El marqués sacó de su limosnera un papel doblado que desplegó y entregó +á Angiolina. + +--Si, si, dijo esta cada vez mas turbada, con sus señas; pero os juro, +don Luis, por mi honor, que no he visto al príncipe, que no le esperaba, +y por lo tanto que no está en mi casa. + +--Os creo señora, os creo, dijo el marqués guardando de nuevo el papel +que le devolvió Angiolina: vuestras palabras rebosan ingenuidad, pero me +veo en el doloroso compromiso... + +[imagen: Felipe II.] + +--¡De prenderme...! exclamó trémula y conmovida la princesa. + +--¡Oh! ¿quien piensa en eso? dijo el marqués: ¿quien podrá haceros cargo +de un delito que no habeis cometido? solo he querido decir al hablar de +compromiso, que no puedo escusarme de registrar vuestra casa, para +asegurarme y asegurar al rey con testimonio de escribano que no se +encuentra en ella el príncipe. + +--¡Ah! eso es distinto: podeis registrar cuanto gusteis, don Luis, pero +antes de que registreis tengo que haceros una advertencia. + +--Advertidme cuanto gusteis. + +--En estos momentos hay en mi casa un hombre herido. + +--¡Un hombre herido...! + +--Si por cierto: el comediante Andrés Cisneros, á quien encontré muy +tarde abandonado en la calle cuando volvia de casa de una amiga: pero ya +he dado parte de ello al alcalde del barrio, el herido ha declarado, y +sino ha sido trasladado ya á su casa, es porque el estado de su herida +no lo permite. + +--¡Ah! en ese caso nada temais, señora; por el contrario, esta bella +accion añadirá nuevo brillo á vuestra ardiente caridad, que tanto +conoce la córte. Ahora bien, como hace ya algun tiempo que estamos +solos, y espera fuera la justicia, permitidme que para evitar +enterpretaciones... + +--Si, si, don Luis, registrad cuanto gusteis, voy á mandar que os abran +mis criados todas las puertas. + +Procedióse al registro, revolvióse la casa de alto á abajo desde los +desvanes hasta los sótanos; abriéronse los muebles huecos, se tentaron +las paredes y el príncipe no pareció: no podia haberse escapado porque +el marqués de los Velez habia mandado cercar la casa antes de entrar en +ella. Solo se encontró á Cisneros herido; pero Angiolina lo habia +previsto todo, habia dado parte á la justicia, Cisneros, que habia +declarado de una manera que apartaba toda responsabilidad de la jóven, +prestó nueva declaracion ante el alcalde de casa y córte que acompañaba +al marqués de los Velez, y cuando se le pidió el nombre de quien le +habia herido, respondió que no le conocia, lo que era verdad, porque no +habia tenido ni tiempo, ni luz la noche antes, para reconocer al marqués +de la Guardia en su adversario. + +Don Luis Fajardo salió con la justicia: apenas se vió sola Angiolina, +tocó un silvato; entonces, como una aparicion, se la presentó el bandido +Laurenti, bajo la figura de Andrea Bempo, y con el mismo trage que la +noche anterior. + +--Has puesto la carta de la duquesita en la antecámara de la audiencia, +le preguntó. + +--Si, contestó Laurenti; en la misma mampara. + +--¿Has puesto el pliego que te dí en lugar á propósito para que pueda +llegar á las manos del rey? + +--Si. + +--Gracias Bempo, gracias, dijo Angiolina estrechando entre sus blancas +manos una membruda mano de Laurenti. + +El bandido se extremeció como si hubiese recibido un choque galvánico y +retiró su mano de las de Angiolina. + +--Sucede una cosa muy singular, dijo esta, y es necesario averiguar lo +que en ello hay de cierto. La justicia acaba de salir de casa. + +--Lo sé. + +--¿Y sabes por qué ha venido á casa la justicia? + +--Buscando á tu esposo. + +--¿Sabes de qué le acusan? + +--Si: de haber herido ó matado al duque viudo de la Jarilla, al emir de +los monfíes. + +--¿Pero es eso cierto? + +--¿Quién sabe? El príncipe Lorenzini es un hombre extraño. Siempre he +desconfiado en él. ¿Y luego quién es ese hombre? + +--Lleva un ilustre nombre italiano. + +--¿Pero sabeis quién es ese hombre? + +--Acuérdate, Bempo, de que tu fuiste quien me aconsejaste... + +--Si te aconsejé que te casarás con el príncipe, te lo aconsejé porque +debia aconsejartelo; cuando te libre de mi capitan el infame Laurenti, +el hombre que en medio de un misterio tenebroso te esclavizaba, te hacia +sufrir su odiosa brutalidad, pudimos sostenernos durante algun tiempo +con el dinero que logré sacar de las canteras que nos servian de asilo. +Despues la caberna fue descubierta: me ví privado de los recursos que me +proporcionaban algunos compañeros que conspiraban conmigo contra el +capitan, y sobrevino la miseria, una miseria horrible: yo no sabia +ningun oficio, no sabia mas que robar, y esto, encontrándome solo era +dificil: nos vimos obligados á buscar un medio de vivir; entonces tú, +con ese corazon fuerte que Dios te ha dado me dijiste: yo soy hermosa, +se tocar el laud y cantar; viviremos como vivian los trovadores en otros +tiempos: yo ganaré nuestro pan, tú me acompañaras y me defenderas. Asi +recorrimos la Italia. Un dia en Nápoles, un autor de cómicos españoles +te vió, y te dijo si querias formar parte de su compañía; aquello era +mas cómodo y mas decente que andar por calles y plazas como mendígos +sufriendo soeces injurias. Fuiste cómica, yo fuí cómico: antes de mucho +teniamos fama, nos aplaudian, ganábamos dinero abundante. Otro dia en +Pésaro, te vió el príncipe representar en una farsa y se enamoró de tí. +Aquel hombre no te buscó como se busca á una mujer perdida: aquel hombre +te dijo redondamente que si querias ser su esposa. Yo te amaba lo +bastante para anteponer tu felicidad á la mia, te amaba, aunque no tenia +esperanzas de ser correspondido, aunque me tratabas como un esclavo, +porque conocias mi amor y abusabas de él. + +--¡Ah! no, no, Bempo: es verdad que Dios no ha querido que yo te ame, +que he abusado acaso de tí... pero... + +--Dejemos eso, la interrumpió Laurenti; dejemos eso, porque me mortifica +y no quiero pensar en ello. El príncipe, antes de casarse contigo, quiso +que estuvieses algun tiempo en un convento de Nápoles, para cubrir las +apariencias. A los dos meses eras su esposa, y te enviaba á España, para +evitar que alguien te conociera en Italia, por donde habias andado +vagando como cantora y como cómica. Yo te seguí como sigue la sombra al +cuerpo, y en seis años que llevas de casada, he visto muy pocas veces al +príncipe. + +--¡Oh! ¡nunca he podido comprender á ese hombre! exclamó Angiolina. + +--¿Y estás segura de que ese hombre tan misterioso, no sea el bandido +Laurenti? + +--¡El bandido Laurenti! exclamó estremeciéndose Angiolina; yo no le +conozco, nunca le he visto: si sé que fue él el bandido que me robó, que +me deshonró, que me obligaba á satisfacer sus deseos en medio de una +eterna oscuridad, es porque tú me lo has dicho: en el aposento +subterráneo en que yo estaba, no entraba otra persona que el capitan +Laurenti. A mí, á pesar de la oscuridad, me parecia jóven y hermoso... +muy diferente del príncipe... + +--¿Y no has tenido nunca un recuerdo de amor para Laurenti? dijo él +mismo con voz insegura, que Angiolina atribuyó á zelos. + +--¡Yo! ¡amar yo al miserable que me robó, que me deshonró, que mató mi +porvenir, que asesinó á mi padre! ¡Amarle yo! si le conociese... si le +conociese, le sonreiria, sí, le colmaria de caricias, seria una vez mas +suya, y... le mataria cuando estuviese dormido entre mis brazos. + +--¡Ah! exclamó Laurenti... + +--Y si supiera que el príncipe era él... si lo supiera, si el príncipe +volviera á verme... ¡Oh! le daría ese amor que tanto desea... para +matarle, Bempo, para matarle, para vengar mi deshonra, para vengar á mi +padre. + +--¡Ah! exclamó de nuevo y mas profundamente Laurenti. + +--Pero tú, que conoces al príncipe, tú que has sido bandido de Laurenti, +descubre si el príncipe es Laurenti. + +--Nadie, ni el mas valiente, ni el mas allegado de sus bandidos, ha +visto nunca el rostro del capitan Laurenti, eternamente cubierto con una +máscara de hierro. + +--¿De modo que nada sabemos? + +--Nada. + +En aquel momento un criado entró con una carta para la princesa. + +Esta notó que la letra del sobre era del príncipe. + +--¿Quién ha traido esta carta? dijo preocupada por aquel inesperado +accidente. + +--Un hombre encubierto, que no se ha detenido, señora; contestó el +criado. + +--Vete. + +El criado salió. + +Angiolina rompió la nema de la carta, y la leyó rápidamente. + +--¡Ah! exclamó con un acento emanado del fondo de su alma; ¡abandonada! +¡abandonada otra vez á mí misma! + +--¡Abandonada! ¿y de quién? exclamó Laurenti. + +--¡De quién! ¡del príncipe! toma y lee. + +Laurenti tomó la carta que conocia demasiado, y la leyó en voz alta. + +Aquella carta decia: + +«Mi adorada Angiolina: me veo en la triste necesidad de deciros, que á +contar desde el dia de hoy, no puedo serviros de nada. Estoy arruinado. +He muerto ademas á un hombre poderoso, al duque de la Jarilla, y me veo +obligado á huir, á ocultarme, porque ese hombre tiene parientes +poderosos. Volved, pues, reina mia, á vuestro oficio de cómica, y buscad +otro príncipe que se case con vos... + +--¡Ah! ¡yo no he leido eso! exclamó Angiolina. + +--Pues aun queda mucho de la carta, que por lo visto no has leido. + +--¡Ah! sigue Bempo, sigue. + +Laurenti siguió. + +»Buscad otro príncipe que se case con vos, lo que podeis hacer sin +escrúpulo de conciencia, porque no estais casada, ni yo soy príncipe. +Por lo demás, aunque vos os habeis jactado de que yo no habia obtenido +la felicidad de poseeros, estais en un error. Os he poseido tanto, como +que me llamo Laurenti... + +--¡Ah! exclamó Angiolina. + +--¡Ya lo sospechaba yo! exclamó con la mayor formalidad Laurenti. + +--¡Oh! ¡sigue Bempo, sigue! exclamó irritada Angiolina. + +»Como ya no tengo mis buenos bandidos, como se me han acabado las +riquezas que pude salvar de mi antigua guarida, no solo no puedo daros, +sino que, mientras vos cuidabais al hermoso comediante Cisneros, os he +tomado los diamantes y las perlas que os habia regalado, valiéndome para +ello de la llave de vuestro postigo, que siempre me acompaña. Sin +embargo, os quedan las alhajas con que estabais prendida, mientras yo +hacia mi último robo, con las cuales podeis vivir algunos +meses.--Vuestro enamorado.--Giussepo Laurenti.» + +Angiolina miró pálida y convulsa á Laurenti. + +--¡Y qué hacer! ¡qué hacer Dios mio! exclamó llorando. + +--Aun queda un recurso, dijo Laurenti, si sigues mis consejos. + +--Por ellos me casé con ese infame. + +--Ya te he dicho que yo no conocia al capitan, me ha engañado como á tí. +Los consejos que te daré ahora son mas juiciosos. + +--Te escucho. + +--Yo te amo Angiolina, te amo con toda mi alma. En España no me conoce +nadie, y seré capaz por tí de ser un hombre honrado. + +--Y bien, dijo con impaciencia Angiolina. + +--Sé mi esposa. + +--¡Tu esposa!.... ¿y qué hemos de hacer pobres, sin apoyo..? tú no +sirves para nada mas que para bandido... esto sería expuesto... yo no sé +mas que representar y cantar... tú tenias zelos cuando era cómica. ¿Si +no adoptamos ninguno de esos dos partidos, cómo podremos vivir? + +--Te quedan bastantes alhajas de valor, y ricos trajes. Los muebles de +tu casa ascienden á una buena suma... + +--Pero viene un dia y otro dia, y el dinero se acaba. + +--Sí... cuando el dinero no se emplea... pero podriamos vender esas +alhajas, esas ropas, esos muebles; comprar unas tierras en un rincon de +Asturias ó de Galicia, y vivir felices. + +--¡Déjame que me vengue, y soy tuya! dijo Angiolina, levantando hácia +Laurenti sus ojos cubiertos de lágrimas. + +--¡Qué te vengues! ¿y de quién? + +--De la duquesita de la Jarilla. + +--¡Ah! ¡tú amas al marqués de la Guardia! + +--Pues bien, sí, dijo Angiolina levantando la frente radiante de amor: +no quiero engañarte Bempo; le amo, le amo con toda mi alma, le he +entregado mi corazon vírgen, y mi cuerpo... ¡vírgen! ¡vírgen tambien! +¿Qué importa? la violencia y la fatalidad no mancillan; yo he salido +pura de las manos de Laurenti, como habia caido en ellas; yo he dado á +don Juan toda mi alma, todo mi amor, toda mi felicidad... y don Juan no +me ama, don Juan ama á esa sultana, como que es mas noble, mas hermosa, +mas rica, mas jóven, mas feliz que yo, ¡necesito completar mi venganza +contra esa mujer, y despues morir! No quiero engañarte Bempo, te debo +mucho; te lastima mi trato acaso duro, esa es la corteza Bempo, debajo +está el corazon; yo no puedo ser tu amante, seré tu hermana: si esto no +te satisface, si te he hecho desgraciado sin quererlo, déjame que me +vengue, y mátame despues. + +Laurenti miró de una manera profunda, severa, terrible, desesperada, á +Angiolina: sus ojos se tiñeron de sangre, y puso mano á su puñal: +Angiolina se creyó sentenciada, dió un grito y cayó de rodillas: +Laurenti la contemplo un momento en silencio; en su semblante se pintó +una lucha horrible, y luego la volvió la espalda y salió de la estancia. + +Angiolina se dobló sobre sus rodillas, se cubrió el rostro con las +manos, y rompió á llorar de una manera desolada. + + + + +CAPITULO XIX. + + De cómo se vieron obligados á salir de la córte algunos de nuestros + personajes. + + +Algunos dias despues, el rey supo que Yaye ebn-Al-Hhamar, el terrible +emir de los monfíes, preso en los calabozos del Santo Oficio, estaba +bueno, y que antes de mucho podria empezarse el proceso contra él. + +El príncipe don Cárlos supo tambien, que Cisneros estaba á punto de +curar de su estocada. + +Angiolina Visconti, no pudo tener duda de que estaba abandonada y sola +en el mundo, sin mas caudal que su hermosura, su talento de cómica, su +habilidad de bailarina, y mas desgraciada que jamás lo habia sido, +puesto que estaba, como nunca lo habia estado, enamorada y zelosa. + +El hidalgo don César de Arévalo, supo al fin de su sobrino por una carta +de este, que le escribía desde las Alpujarras; pero la alegría del buen +tío se aguó, como suele decirse, porque en aquella carta, su sobrino, le +pedía dinero y Peralbillo. + +El tio envió al lacayo con una bolsa demasiado ligera, y esta carta +demasiado pesada. + +«Amado sobrino don Juan: de lo que me pedis, os envío lo que puedo +enviaros; vuestro lacayo y cincuenta doblones que es todo lo que he +podido reunir: y no me pidais mas en mucho tiempo, porque en este último +año nos hemos dado tal maña los dos para gastar vuestras rentas, que +estan empeñadas hasta el cuello, sin que haya fuerzas humanas que puedan +sacarlas de poder de los prestamistas. Si vuestros bienes no fueran +vinculados, podriamos vender alguna hacienda y salir de apuros. Pero +como esto no puede ser, y es menester vivir, yo me marcho á Flándes con +una provision de capitan que he podido sacar al príncipe Ruy Gomez. Para +que veais que no me he olvidado de vos, dentro de poco recibireis una +provision de capitan para vos, de una de las compañías de arcabuceros +del reino y costa de Granada. Si Dios quiere que entremos á saco algun +burgo flamenco, os acudiré con lo que hubiere. Es cuanto tiene que +deciros vuestro tio, que tiene ya puesto el pié en el estribo para ir á +buscar á sus soldados.--Don César de Arévalo.» + +En efecto, don César marchó dejando desesperadas á una porcion de +doncellas que vivian de sus buenas obras. + +En cuanto á Angiolina, habia recibido tambien una carta harto pesada, y +mas que pesada, terrible. Esta carta era de Laurenti. + +«Adorada Angiolina: El príncipe Lorenzini Maffei, Andrea Bempo y +Giussepo Laurenti, son una misma persona: debes haberlo adivinado +despues de la última y acalorada entrevista que tuvimos. Como hace diez +años que andamos juntos, me ha parecido descortés salir de la córte de +las Españas, de donde me alejo por muchas razones, sin despedirme de tí. +Ademas, mi conciencia me manda que cuando busques tus últimas joyas y tu +último dinero y no lo encuentres, no culpes á tus criados, porque esas +joyas y ese dinero me los llevo yo para la costa del viaje que será +largo. No te desconsueles por eso. Aun te quedan esperanzas. He sabido +por boca de don César de Arévalo, que es muy amigo mio, que el marqués +de la Guardia, tu adorado, el único hombre que ha sabido conmover tu +corazon, está en la villa de Cádiar, en las Alpujarras. Aunque no tienes +dinero puedes valerte, engañándole, del señor Andrés Cisneros, que, +segun creo, se verá muy pronto obligado á dejar la córte.--Tuyo, siempre +tuyo.--Giussepo Laurenti.» + +Es indecible la desesperacion de Angiolina, porque aquella carta no +mentia; sus joyas y su dinero habian desaparecido. Solo la quedaban sus +ricos trages y sus muebles; pero para vender los primeros, necesitaba +renunciar á presentarse en la córte; para vender los segundos, cerrar la +casa; nada de esto podia ser: Angiolina, pues, se vió obligada á adoptar +un partido decisivo. + +Anunció, pues, que su esposo el príncipe Lorenzini, la llamaba á su lado +á Italia, noticia que causó gran sensacion en la córte, porque mataba +las esperanzas tenaces de muchos enamorados, y curaba el rabioso +despecho de muchas damas envidiosas de Angiolina, y esta puso en +almoneda, sus muebles, sus tapices, sus literas, su carroza y sus +caballos. + +Una vez hecha aquella almoneda, y convertido en oro aquel mobiliario, +era preciso salir de la córte: ¿pero cómo? ¿adónde ir? ¿qué hacer? + +Despues de pensar mucho y en vano, de haber adoptado cien veces, y +rechazado otras tantas, la idea de encerrarse en un convento, tropezó al +fin en su imaginacion, como un recurso extremo, con el comediante +Cisneros. Aquel hombre estaba locamente enamorado de ella, y seria capaz +de todo por ella; pero Angiolina temia que no se prestase tan fácilmente +á dejar la córte; Angiolina, que habia pensado usar de Cisneros, como de +un instrumento de venganza, se vió obligada á asirse á él como á un +áncora de salvacion. + +En ocho dias que habian trascurrido desde que fue herido Cisneros, +Angiolina le habia rodeado de cuidados, de esos cuidados afectuosos que +con tan exquisita dulzura sabe prodigar la mujer á los seres que sufren; +habia velado junto á su lecho, habia sostenido con él largos debates +amorosos; habia sido indulgente con las no siempre respetuosas manos del +comediante; le habia empeñado, en fin, en un deseo voraz, en uno de esos +deseos que el mas experimentado confunde con el amor. Unas veces habia +alentado sus esperanzas, otras las habia contenido, y se habia guardado +muy bien de explorar á Cisneros, en cuanto á las rebeldías del príncipe, +de quien le creia, y no sin causa confidente, para no alarmarle y +hacerle sospechar acaso, que solo le queria para instrumento. + +Cisneros, pues, era una masa preparada á todo entre las manos de +Angiolina. + +Decidida al fin esta, á apoyarse por último recurso en el comediante, +bajó á la habitacion donde este se encontraba, sencilla, pero +voluptuosamente vestida de blanco, y vaporosa y leve como una nubecilla +de la mañana. Cisneros, cansado del lecho, se habia atrevido á +levantarse y á probar sus fuerzas: el éxito excedió á su deseo, se +encontró vigoroso, ágil, como si nada le hubiese acontecido; solo sentia +un ligero picor en la herida. + +Cuando Angiolina fué á entrar en la estancia, encontró á Cisneros á la +puerta. + +Iluminóse el semblante de Cisneros con una alegría infinita, sensual, +ardiente, al ver junto á sí y tan hermosa á Angiolina. + +Y aquella mujer que estaba desesperada, abandonada á sí misma, herida en +el corazon y en el orgullo, excitadas cuantas pasiones violentas +encierra el alma de la mujer, sonrió á Cisneros, con la alegría, con +amor, con un amor ardiente y casi sensual. + +Angiolina estaba segura, y podia estarlo, de que de todos sus secretos +solo conocia uno Cisneros: el amor ó el galanteo que habia tenido con el +marqués de la Guardia, y este, hemos dicho mal cuando le hemos +calificado de secreto, no lo era, lo sabia todo el mundo, porque +Angiolina habia necesitado hacer gala de aquellos amores para dar zelos +á Anima. + +Angiolina era, pues, para el comediante una gran señora, una princesa, +una de las hermosuras mas codiciadas, y tenida por inconquistable antes +de que hubiera dado el escándalo de sus amores con el marquesito de la +Guardia. + +Aun la circunstancia de haber sido el marqués el único que habia +triunfado de la severidad de Angiolina, mantenia el prestigio de esta, +porque ya se sabia por todo el mundo que el marquesito tenia tantos +elementos de seduccion, que era irresistible. + +Cuando una mujer domina á un hombre, puede decirse, sin temor de +equivocacion, que hará de aquel hombre lo que quiera. + +Angiolina dominaba al comediante por muchos conceptos, lo sabia y se +aprovechaba de su influencia. + +--¡Oh! ¡qué grata sorpresa, amigo mio! exclamó; os encuentro enteramente +distinto de como estabais ayer. De lo vivo á lo pintado. + +Y tendió su hermosa mano á Cisneros, que la besó de una manera demasiado +ardiente, sin que por esto diese muestras Angiolina de incomodarse. + +--Tan bueno me encuentro, señora, dijo Cisneros, que me parece lo de la +estocada un sueño, pero un sueño delicioso, porque he tenido un ángel á +mi lado. + +--¿En que comedia habeis aprendido eso de ángeles y de sueños, Cisneros? + +--¡Ah!¡señora! ¿será posible que desconfieis todavía de mi amor? + +--Las mujeres deben ser muy desconfiadas, muy cautas, antes de dar un +paso que puede decidir de su suerte. + +--¡Ah! ¡señora! ¡señora! ¡habeis meditado lo que habeis dicho! exclamó +Cisneros, pálido de emocion, absorviendo en su alma la sonrisa +envenenada con que Angiolina habia acompañado sus palabras, ó por mejor +decir con que las habia ilustrado. + +--¡Oh! sí: he meditado mucho antes de decirlas, y conozco su valor. + +Angiolina desasió indolentemente su mano de entre las de Cisneros, y fué +á sentarse en un estrado que habia en la cámara: el comediante fue +ansioso á sentarse junto á ella, y de tal modo se sentó, que Angiolina +se vió obligada á retirarse, obedeciendo á las prescripciones del +decoro, que nunca olvida una mujer que vale algo, y mucho menos cuando +se trata de un hombre de quien se quiere sacar partido, que tiene +ingenio, y, como se dice, mundo. + +--¡Habeis meditado vuestras palabras! dijo con intencion Cisneros. + +--Si; ya os he dicho que sí. + +--¿Las habeis pronunciado con intencion de ser comprendida? + +--Nunca pregunteis, Cisneros, á una mujer acerca de sus intenciones; +contentaos con adivinarlas. + +--¿Me permitireis que os diga lo que yo he entendido en esas palabras +divinas? + +--Puesto que os parecen divinas habreis comprendido algo que os halague. + +--¡Algo que me halague! ¡una vida de felicidad suprema! ¡todo un cielo, +señora! exclamó con entusiasmo Cisneros. + +--Pues si habeis comprendido que yo os guardo un cielo, dijo Angiolina +con una expresion y una sonrisa terriblemente seductoras, haceos digno +de ese cielo. + +--¡Oh! es que nadie, nadie sobre la tierra es digno de poseeros, señora. + +--Teneis atrevida la lengua como las manos, Cisneros, dijo severamente +Angiolina. + +--¡Ah! señora es que me habeis vuelto loco. + +--En ese caso será necesario que os alejeis de mí, dijo riendo la jóven: +no quiero á mi lado un hombre que pueda disculparse de todo á pretexto +de locura. Ademas, añadió con mas severidad, si habeis podido permanecer +en mi casa sin escándalo mientras los médicos han afirmado que +trasladándoos peligraba vuestra vida, ahora es distinto: afortunadamente +os encontrais curado y fuerte..... + +--¡Ah! no, no señora, dijo suspirando Cisneros: me encuentro mas enfermo +y mas débil que nunca: enfermo del corazon, que es todo vuestro; débil +de la cabeza, que llenais con sueños y con visiones insensatas. No, no +señora; no saldré de vuestra casa... + +--Si, si, saldreis por el momento, Cisneros, pero después volvereis á +entrar. + +--¿Cuando? + +--¡Oid y oidme con las manos cruzadas y de rodillas! + +Habia tal intensidad, tal calor, una expresion tan dulce, tan apasionada +en los ojos de Angiolina, que Cisneros cayó de rodillas. + +--¡Yo os amo! exclamó la jóven inclinando su rostro sobre el de Cisneros +casi hasta tocarle. + +Angiolina se retiró un tanto y miró al comediante: aquella mirada le +convenció de que aquel hombre era suyo. + +Cisneros estaba pálido, temblaba, asomaban á sus ojos las lágrimas, y su +hermosura, porque Cisneros era un hombre hermoso, se habia +transfigurado; se encontraba sujeto, esclavo por aquella mujer. + +--¡Oh! pensó Angiolina, ¡será el de este hombre amor, ó deseo, uno de +esos deseos frenéticos que he inspirado á tantos! + +Luego le alzó, le sentó á su lado y le dijo. + +--Os amo como nunca he amado: creí amar una sola vez, me sentí +deslumbrada, pero el hombre á quien creí amar no merecia mi amor; fue un +error, pero error en el que solo perdí momentaneamente algo de mi +orgullo: despues... despues me curé enteramente: ese hombre era el +marqués de la Guardia. + +--¡Ah, señora! + +--Ya os dije que me engañé... y ahora os digo que estoy segura de no +engañarme respecto á vos. Me amais y os amo. Os amo porque sois grande, +porque teneis un alma sublime, porque antes de hablarme á solas, habeis +hablado á mi alma delante de todo el mundo, la habeis hecho +estremecerse, comprimirse, espaciarse, alegrarse, entristecerse: yo he +corrido ansiosa á admiraros, siempre que os habeis dejado admirar del +vulgo, y despues, cuando os he tratado de cerca, he visto que sois +sublime, grande como comediante, porque como hombre sois grande y +sublime. Os amo, Cisneros, con toda mi alma, hasta el punto de +despreciarlo todo por vos. + +Cisneros estaba trastornado, doblegado, bajo el peso de tanta felicidad, +sufriendo no un dolor, sino un placer: hubo un momento en que, avaro de +mas placer, quiso llevar su felicidad basta el último punto, pero +Angiolina le adivinó y le dijo: + +--Respetad en mí las costumbres de una mujer honrada: seré vuestra, os +lo juro, pero no lo seré sino completamente. + +--¿Que quereis decir? + +--Quiero decir que no seré vuestra sino fuera de la casa de mi esposo; +fuera de la córte, cuando ya no hayamos de separarnos jamás. + +--¡Cómo! ¿y abandonais por mí...? + +--Lo abandono todo. + +--Pero si os venis conmigo... + +--Dirán lo que quieran, pero no haré ese doble y vergonzoso papel que +hacen tantas mujeres sonriendo á un tiempo á dos hombres, partiendo con +dos lo que solo debe ser de uno: seré adúltera..... en buen hora..... +seré adúltera porque os he conocido tarde: pero no mentiré.., una mujer +puede deshonrarse, pero en la deshonra, como en todo, hay dignidad ó +bajeza: yo no seré jamás baja ni cobarde: yo no engañaré nunca á dos +hombres á un tiempo. + +--Pero meditad... + +--¿Es que no quereis partir vuestra vida con la mia? ¿vuestro peligro +con el mio? + +--¡Oh! si, si... pero yo no puedo daros lo que dejais... una posicion +envidiable... + +--¿Quien os pide mas que amor? + +--¡Oh, Dios mio! + +--Oid: ahora vais á salir de esta casa: no volvais á ella: pero estad +todas las noches en la vuestra despues de media noche. Cuando menos lo +espereis yo iré á llamar á vuestra puerta vestida de viaje... yo iré á +arrojarme en vuestros brazos y á partir despues. + +--¡Ah, señora! aseguradme que no sueño, que estoy despierto: que sois +vos la que eso me decis... + +--Si, si, soy vuestra, enteramente vuestra... pero fuera de la córte, +donde nadie nos conozca. Adios. + +Angiolina se levantó, atravesó ligera y gentil la cámara y antes de +atravesar la puerta volvió el rostro á Cisneros y le sonrió. + +--¡Ah! ¡ah! exclamó Cisneros: es hermosa, hermosísima, divina: pero se +ha vuelto loca... ¡dejar la altura en que se encuentra colocada..! +¡obligarme á mí, á Cisneros, á dejar la córte! ¡oh! ¡esto es imposible! +¡imposible! pues bien: procuraremos que esta mujer sea racionalmente +nuestra querida ó de lo contrario abandonemos la empresa: bien sé que la +posesion de esa mujer aumentará mi renombre.... ¡pero el príncipe don +Carlos! ¡mis proyectos! ¡proyectos que un dia deben hacerme grande..! +¡bah! ¡bah! es necesario que nos dominemos y que pueda mas la cabeza que +el corazon. + + * * * * * + +Cisneros salió aquel mismo dia de la casa de Angiolina, donde, por +decirlo asi, habia estado incomunicado: cuando supo lo que pasaba en la +córte se aterró: el príncipe don Carlos estaba confinado en su cuarto en +el alcázar, bajo pretexto de enfermedad: acerca de la hermosa duquesita +se decian cosas horribles, y no se la llamaba entre las cortesanas mas +que la sultana enamorada. + +El emir de los monfíes estaba herido y preso en el Santo Oficio; la +princesa Angiolina no se presentaba en la córte, y su esposo estaba +procesado en rebeldía por asesinato intentado contra el duque viudo de +la Jarilla. + +Pero el prestigio de la princesa se mantenia en pié; á nadie se le habia +ocurrido que ella hubiese sido ni remotamente la causa de la herida del +duque moro, como se le llamaba, ni se creia tampoco que el príncipe, á +quien nadie conocia, hubiese realmente cometido aquel crímen. + +Cisneros se encontró perplejo sin saber que partido tomar, y de su +inaccion, de su perplejidad, sacó en claro que estaba realmente +enamorado de Angiolina. + +En cuanto á lo que debia hacer, el cardenal arzobispo de Toledo, se tomó +la molestia de prescribirselo. El licenciado Pelegrin, secretario +privado de su señoría[11] habia intimado de órden de su señor á Cisneros +que en el término de tercero dia saliese de la diócesis de Toledo (en la +cual estaba como ahora comprendido Madrid) porque con su mala conducta, +irreverencia y trato peligroso con el príncipe de Asturias, estaba dando +escándalo á todos los hombres de lealtad y religion. + +Hubo de resignarse Cisneros á esto y aun lo atribuyó á una intriga de la +princesa, lo que, como le alhagaba se consoló en parte. Pero queria +disculparse al menos con su señoría el cardenal arzobispo de Toledo y +escribió á su secretario la carta siguiente; + +«Señor licenciado Pelegrin: he recibido primero con gusto, y he leido +despues con sumo dolor de mi alma, la órden que vuesamerced me ha +enviado con un papel en que su señoría el cardenal arzobispo de Toledo +me manda que en término de tercero dia salga de su diócesis. Siéntolo +por muchas razones, y la principal de ellas, porque haciéndose público +este mandamiento, pueden creer las gentes, no solo que soy mal +cristiano, lo que es ya mucho, sino que soy mal hombre. Dícese en la +órden que yo traigo á su alteza en vicios y malas costumbres y bien sabe +Dios, señor, que si yo sirvo al príncipe es como criado; que le sirvo +lealmente y que estoy á los reparos de todo. Buena muestra es de ello la +estocada que recibí y que me ha tenido muy al cabo, causada, no por +imprudencias mias, sino por la tenacidad de su alteza en servir á cierta +dama de quien se habla mucho estos dias en la córte. Por mi parte, +aunque me ha dejado muy débil esta herida, que ha sido tal como recibida +de mano airada, saldré antes de tres dias á buscar mejores venturas por +esos mundos, obedeciendo como esclavo lo que me ordena su señoría el +arzobispo.--Dios guarde á vuesamerced, señor licenciado. De esta su casa +á los veinte dias del mes de julio de 1567.--Andrés Cisneros.» + +Al dia siguiente recibió Cisneros esta otra carta. + +«Mi buen amigo: haced vuestra maleta y venid á buscarme: por razones que +podeis adivinar no he querido ir á vuestra casa. Os espera en la venta +de los Angeles con un coche de camino, quien tanto os ama que todo por +vos lo deja.--Angiolina.» + +El señor Andrés Cisneros, pues, metió en su maleta sus joyas y sus +dineros; en sus cofres sus ropas de comediante, las cargó en un carro y +salió de Madrid con su amor y sus aventuras, no sin cuidarse de decir +antes á sus conocidos, para que lo divulgasen, que se iba acompañado por +la princesa Angiolina. + +Cisneros, que indudablemente se hubiera hecho interesante entre las +damas durante ocho dias, solo por haber sido desterrado por el arzobispo +de Toledo, lo estuvo siendo durante quince por la circunstancia de +haberse llevado consigo á la hermosísima princesa Angiolina Visconti. + + + + +CAPITULO XX. + + De cómo el rey don Felipe y la Inquisicion se convencieron de que + no podian todo lo que querian. + + +Menudeaban las cartas. Poco despues de haber salido de la córte +Cisneros, y de haber desaparecido de ella Angiolina, recibió el cardenal +inquisidor general don Fernando Valdés, la siguiente irreverentísima +epístola; + +«Verdugo con sotana: te aviso de que se me va acabando la tinta con que +te he escrito varias veces, advirtiéndote de que te abstengas de +atormentar al emir de los monfíes, mi señor, que si se encuentra en tu +poder es porque aun no puede movérsele por el estado de su peligrosa +herida. Vuelvo, pues, á advertirtelo, y que, como la tinta se me acaba, +la renovaré con tu sangre, que como alimentada de sangre humana, es de +la mejor calidad posible. + +»Y no desprecies este mi último aviso como los anteriores, porque sino +te haces mas humano, tomaré tu sangre, aunque te rodees de familiares, y +te escondas en las entrañas de la tierra.--Un moro tan moro como Mahoma, +vasallo del poderoso emir de los monfíes, que vive en Madrid, que te ve +todos los dias y todos los dias habla contigo; que se llama entre los +cristianos como quiere, y entre los moros, sus hermanos, Harum-el-Geniz. + +Entróle cierto miedo al bueno de don Fernando Valdés, con la lectura de +esta carta, que se habia encontrado sobre su mesa, sin que nadie la +hubiese llevado á no ser un duende ó un espíritu. Y tenia razon para +intimidarse el inquisidor general, porque asi, de la misma manera +invisible, habia recibido otras misivas amenazadoras, en las cuales se +le habia hecho ver que habia quien conocia lo que pasaba dentro de la +cárcel del Santo Oficio, como si fuera lo mas público, á pesar de que se +creia muy reservado. Supuso, y no sin razon el cardenal, que quien tenia +poder natural ó sobrenatural para sorprender los tenebrosos secretos de +la Inquisicion, lo tendria tambien para cumplir lo que amenazaba. +Aguijado, pues, por el miedo, llamó á un tremendo inquisidor llamado +Molina de Medrano, calificador de la Suprema y fiscal de la general +Inquisicion, y por no permitirle sus achaques ir en persona á ver al +rey, encargó á Medrano que llevase aquella insolente carta á su +majestad, y que le dijese, que estando ya el preso en estado de prestar +declaracion, podia pedirsele la indagatoria para abreviar de este modo, +y salir de una vez con un ejemplar castigo del cuidado de aquel preso, +que segun muchas y repetidas pruebas era peligroso. + +Partió el licenciado Medrano con la carta y el mensaje, orgulloso y +contento porque se le presentaba una ocasión de hablar al severo Felipe +II, dificilísimo de ver para ciertas gentes en razon de la rígida +etiqueta de la casa de Austria; llegó á las antecámaras y se hizo +anunciar para un asunto que atañia á la religion y á nombre del +inquisidor general, merced á lo cual fue introducido, no sin que tuviese +que esperar dos horas largas en la antecámara de audiencias. + +Oyó sin pestañear el rey su mensaje, leyó y releyó detenidamente la +carta de Harum el-Geniz, meditó sobre ella un gran rato y luego dijo: + +--Decid al cardenal que vé por todas partes visiones de moros: que no +sea tan asustadizo: que en nuestra córte estamos seguros de tales +duendes, y que en todo caso, obligacion suya es morir, si necesario +fuese, por nuestra santa religion; que no se atormente al preso, porque +atormentándole se dilatará mas su cura y la posibilidad de sujetarle, +como Dios manda, sano y bueno, á la prueba del tormento: y puesto que el +cardenal cree que ese moro puede prestar declaracion indagatoria, +decidle que me envie una órden en forma, para que una persona encubierta +pueda entrar en el calabozo del preso y permanecer á solas con el. Por +lo demás, advertid al cardenal, que no ponga mano en esto, porque todo +lo que respecta á ese hombre es asunto mio. Que se componga allá como +pueda en averiguar quien le envia estas amenazas, que bastantes +familiares y alguaciles tiene, y que no volvamos á hablar de esto. Id, +pues, en paz, Medrano, y cuidad de que se me envie al momento esa +órden. + +Y volviendo el rey las espaldas al licenciado, le dejó hecho una +estátua. + +--O el inquisidor general no sabe lo que se pesca, dijo Molina de +Medrano para su manteo, mientras salía de la cámara, ó el rey no sabe el +terreno que pisa. ¡Hum! con reyes como este la Inquisicion no sirve mas +que para gitanos, brujas y buhoneros. ¡Es mucho, mucho rey don Felipe! + +Cuando salió del alcázar Molina de Medrano era ya de noche, merced á las +dos horas que le habia hecho esperar el rey; entonces alrededor del +alcázar y en la parte que ahora se llama Plazuela de Oriente, existia un +enmarañado laberinto de callejuelas, por las cuales era aventurado +meterse de noche, á pesar de su proximidad al alcázar. + +Distraido Molina de Medrano, se aventuró por ellas, y no lo reparó hasta +que ya estaba en el centro del laberinto. + +--¡Hum! dijo; malos sitios son estos, muy malos, y especialmente para +quien tiene enemigos. + +Y apresuró el paso. + +De improviso y sin que antes hubiera sentido pisadas ni otra señal que +le revelase la aproximacion de persona alguna, sintió una mano que se +apoyaba pesadamente en su hombro derecho, y al volver la vista hácia +aquel lado, vió ante sí un bulto envuelto en una capa, á pesar del calor +de la estacion, cubierto con un ancho sombrero, y mostrándole á dos +dedos de los ojos otro objeto terrible, esto es, el cañon de un +pistolete. + +--¡Socorro! gritó instintivamente el inquisidor. + +--¡Eh! ¡silencio! exclamó una voz amenazadora, ó si quieres que hagamos +ruido, hagámosle en buen hora: pero te juro que ese ruido pasará muy +pronto. + +--No llevo dinero conmigo, dijo todo trémulo Molina de Medrano. + +--¡Por Mahoma! ¿y quién te pide dinero, clérigo? exclamó el embozado. + +Aquel _por Mahoma_, fue un rayo de luz, ó por mejor decir, un relámpago +que iluminó el turbado pensamiento de Medrano. Aquel hombre era mucho +mas temible que un ladron vulgar, porque aquel hombre era, sin duda, un +monfí. + +--¿Qué me quereis? dijo Medrano haciendo un esfuerzo para hablar. + +--Muy poca cosa, amigo mio, contestó el embozado; quiero que me sigas. + +--¡Qué os siga! ¿y á dónde? + +--Cerca de aquí. + +--¿Pero qué quereis hacer de mi? + +--Lo que tú haces con todos, todos los dias y á todas horas: +interrogarte, y si no contestas sujetarte al tormento. + +--Ved que lo que pretendeis hacer os pudiera pesar. + +--Lo que te interesa sobre todo es salvar tu vida obedeciéndome: no +siempre has de mandar tú: con que agarrate á mi brazo y sígueme. + +Y esto diciendo, asió el brazo derecho de Molina de Medrano, le sujetó +bajo su brazo izquierdo y tiró del inquisidor, que opuso resistencia. + +--Escucha, clérigo, le dijo el incógnito, si resistes, por la santa +Kaaba que te envio á cenar con el diablo, que hace mucho tiempo que debe +de tener la mesa puesta esperándote. ¡Adelante y silencio! + +Molina de Medrano se dejó arrastrar, temblando como un raton entre las +garras de un gato. + +Su apresador le hizo rodear dos ó tres callejas lóbregas, y en una de +ellas se detuvo y lanzó un largo silbido. + +Instantáneamente, de detrás de una esquina salieron otros cuatro hombres +que adelantaron y rodearon al inquisidor, que perdió toda esperanza. + +--Será preciso que consientas en que te vende los ojos, dijo el que +hasta allí le habia conducido. + +--Ved lo que haceis, repitió Medrano, queriendo valerse como de un arma +poderosa del terror que imponia á todo el mundo la Inquisicion, de que +era uno de los mas terribles ministros. + +--Tambien ahorcan al verdugo, amigo Molina, dijo uno de los recien +llegados, con la diferencia de que nosotros, si es necesario ahorcarte, +te ahorcaremos con mas humanidad que como vosotros lo haceis: te +dejaremos elegir la cuerda y la altura. Vamos, estate quieto y +concluyamos, que se va haciendo tarde. + +Y diciendo esto, sacó un pañuelo, le preparó en forma de venda, y cubrió +con él los ojos del inquisidor, que cediendo á las circunstancias: no +opuso la menor resistencia. + +Poco despues Medrano sintió que le metian en una litera, y luego que +aquella litera se ponia en marcha. + +Fuese por desorientarle, fuese porque efectivamente recorriesen una gran +extension, la litera, y junto á ella los embozados, cuyas pisadas sentia +el prisionero, anduvieron durante una hora. Al cabo de ella sintió que +una puerta se abria, pararon la litera y los hombres y se abrió la +portezuela. + +--Sal, dijo la voz del hombre que le habia apresado. + +El inquisidor salió. + +Una mano asió una de las suyas y tiró de él, conduciéndole en la +extension de algunos pasos en línea recta. + +Luego la misma voz le dijo. + +--Aquí hay una escalera. + +Molina de Medrano bajó y tuvo cuidado de contar los escalones. + +Cuando hubieron llegado al ciento cincuenta su guia le dijo: + +--Ya no hay escalera. + +El inquisidor siguió siempre asido y llevado, y contó doscientos pasos +por un pasadizo tortuoso y humedo, á cuyo fin se abrió una puerta y se +tornó á cerrar. + +Entonces el hombre que le conducia le quitó de los ojos el pañuelo. + +Molina de Medrano á la luz de una vela de sebo que ardia sobre una mesa, +vió un aposento reducido, humedo, y por únicos muebles una silla, la +mesa que hemos indicado, y sobre ella un tintero, papel blanco y una +bugía. + +Ante él habia un hombre: aquel hombre era alto, fornido, vestia coleto +de ante, greguescos pardos, calzas rojas y zapatos de ante con lazo: +llevaba en su talabarte una espada de voluminosa empuñadura, una daga +con enorme guardamano, y un par de pistoletes ó pedreñales de +extraordinaria longitud; tenia cubierta la cabeza con un sombrero ancho +de alas caidas, el rostro con un antifaz de cuero, y los hombros con una +ancha capa parda. + +--¿Que tal te parece esto? dijo aquel hombre sentándose en la única +silla que habia, y señalando con un ademan al inquisidor el aposento en +que se encontraban; no es muy hermoso que digamos, pero no son mucho +mejores vuestros calabozos de la Inquisicion. Aquí á lo menos no hay +cadenas, ni ruedas, ni hornillos, pero te advierto que no te fies mucho +de esto, porque ya, sin esos trevejos, encontraré medio de darte +tormento si te niegas á hablar. Veamos, añadió el incógnito poniéndose +en posicion de escribir; apunto mi primera pregunta. ¿Ha recibido el +inquisidor general don Fernando Valdés, una carta firmada por un moro? + +Molina de Medrano que se habia decidido por sacar su pellejo lo mejor +librado posible, contestó con un sí categórico. + +--¿Has estado esta tarde en casa del inquisidor general? + +--Si. + +--¿El inquisidor general te ha enviado á ver al rey? + +--Sí. + +--¿Has esperado en la antecámara de audiencias dos horas largas? + +--¡Lo sabeis todo! + +--No importa. Contesta. + +--Si. + +--¿Qué mensaje has llevado al rey? + +Molina de Medrano declaró al pié de la letra cuanto habia hecho desde +que salió de casa del inquisidor general, y cuanto le habia mandado y +dicho el rey. + +--Bien; perfectamente; dijo aquel hombre: eres dócil y mereces que te +tratemos bien. Firma esta declaracion. + +--Pero... balbuceó el inquisidor. + +--Espero que no me obligarás á tratarte con dureza. + +Era tan amenazador el acento del enmascarado, que Molina de Medrano +ocupó el asiento que aquel habia dejado vacío, y firmó. + +--Ahora toma otro papel. + +--¡Otro papel! ¿Y para qué? + +--Escribe con letra clara y puño firme lo que voy á decirte. + +--Espero que no tratareis de perderme. + +--No; pero trato de asegurarte. Escribe. + +Y dictó al inquisidor lo siguiente: + +«Mi buen amigo Harum-el-Geniz: agradecido á las dádivas que os debo... + +--¡Pero esto me deshonra! exclamó el inquisidor. + +--Escribe ó te mato, murmuró sordamente el encubierto, y continuó: + +»... á las dádivas que os debo, no puedo menos de avisaros que he ido á +ver al rey esta tarde de órden del inquisidor general, que ha recibido +vuestra carta. El rey me ha mandado pedir al inquisidor general, una +órden para que se permita entrar un encubierto en la cárcel del Santo +Oficio esta noche. Como esto tiene, sin duda, relacion con el emir, os +lo comunico para que esteis avisado y tomeis las medidas que creais +oportunas. Os advierto que el inquisidor general tiene mucho miedo, y +que podreis hacer de él cuanto querais. De lo que haya de nuevo os +avisaré, como debo. Guárdeos Dios. De esta vuestra casa á veintidos dias +del mes de julio de 1567.--El licenciado Molina de Medrano. + +El inquisidor escribió sudando y de la mejor manera que pudo esta carta, +que su tiránico apresador leyó detenidamente. + +--Ciérrala á tu modo, le dijo despues de leerla, y pon en el +sobrescrito: á Sidy Harum-el-Geniz, walí del poderoso emir de los +monfíes. + +El sacrificio estaba consumado: Molina de Medrano estaba cogido: por mas +que declarase la violencia de que habia sido víctima; por mas que se +preparase, estaba seguro de que, si aquella carta iba á dar en manos del +inquisidor general, era hombre perdido. + +Ademas de esto, y acaso porque fuese verdad, acaso por aterrarle, el +encubierto le dijo: + +--Vamos ven: voy á ponerte en libertad para que vayas á casa del +inquisidor general; pero cuenta con lo que hablas en ella, porque hay +allí ojos y oidos que ven y oyen, cuanto nosotros queremos ver y oir. + +Volvióle á vendar los ojos, le sacó fuera del subterráneo y de la casa, +de la misma manera que le habia llevado á ella, y luego, despues de +haber dado vueltas y revueltas, se abrió la portezuela y una mano le +condujo á alguna distancia. Poco despues sintió que el que le habia +conducido se alejaba, y se quitó el pañuelo de los ojos: encontróse en +una calle lóbrega y delante de la luz de una imágen: á aquella luz el +inquisidor vió el pañuelo con que le habian vendado y se estremeció: +aquel pañuelo estaba manchado de sangre. + +Dominóse lo mejor que pudo, se orientó y vió que estaba muy cerca de la +casa del inquisidor general, á la que se dirigió entrando en ella mas +muerto que vivo. + +Una hora despues salió. + +Al poco tiempo conoció que un hombre embozado le seguia: apresuró el +paso, pero el embozado le apresuró tambien: desgraciadamente marchaban +por una calle solitaria, y no habia una sola puerta abierta ni pasaba +una sola persona. + +Entróle á Medrano un miedo mortal, y se dió á un trotecillo picado que +tenia todas las señales de fuga. + +--¡Diablo, dijo el que le seguia, y como huis de los amigos, señor +licenciado! + +El inquisidor se estremeció: habia reconocido la voz del que +anteriormente le habia apresado, pero estaba cerca la desembocadura de +la calle, y probó á ganar la esquina. + +--Me vais á obligar á que os demuestre que una pelota de pistola corre +mas que vos, amigo mio, dijo roncamente el tenaz perseguidor. + +A aquella insinuacion, Molina de Medrano se detuvo y quedó inmóvil, como +si se hubiera convertido en una estátua. + +El embozado, á quien llevaba mucha delantera, llegó á él. + +--¿Adónde vais? le dijo. + +--Al alcázar. + +--¿Llevais, pues, la órden pedida por el rey? + +--Creo que si. + +--Venid á este soportal. + +El inquisidor obedeció y siguió al embozado á un soportal oscuro. + +Allí fue registrado escrupulosamente: no llevaba consigo mas que un +pliego cerrado, cuya oblea estaba todavia fresca. + +--Esperadme aquí, le dijo aquel hombre. + +--¿Pero os llevais la órden? + +--Yo volveré á traerósla... + +--Pero... + +--Esperad. + +Molina de Medrano se resignó y esperó un cuarto de hora escondido en el +soportal, y temblando, á que volviese el terrible incógnito. + +Cuando este volvió le entregó el pliego. + +--Veo con satisfaccion que no me habeis engañado, le dijo: es +efectivamente la órden consabida. Id y llevádsela al rey. Cuidad de no +tomar una necia precaucion, ó de procurar prenderme; porque no lo +conseguiriais, y la prueba os costaria muy cara. Id en paz; llevad al +rey esa órden, y no tengais miedo por el camino, porque yo os acompaño. + +Molina de Medrano salió todo trémulo y desconcertado, y tomó la +direccion del alcázar: por mas que aguzó el oido y volvió cautelosamente +algunas veces la cabeza durante el tránsito, no pudo notar tras sí +ninguna persona. + +Una hora despues salió del alcázar, y escarmentado ya, varió de +direccion y tomó hácia la iglesia de Santa María. + +Pero al pasar bajo el arco, que entonces existia en aquel lugar, se +despegó de la pared un bulto, que fue para el inquisidor una aparicion +lúgubre. + +--Seguidme, dijo aquel hombre. + +No era la misma voz, pero el aspecto del nuevo encubierto era +enteramente igual al del anterior. + +Molina de Medrano obedeció y siguió á su nuevo tirano hácia la calle de +Segovia, murmurando: + +--¡Dios mio! ¡ese condenado moro, tiene monfíes en todas partes! + + * * * * * + + * * * * * + +Entre tanto en la casa del inquisidor general, acontecia una escena que +no debemos pasar en silencio. + +Apenas habia salido de ella Molina de Medrano, un familiar anunció á don +Fernando Valdés, que el señor don Luis de Robles deseaba hablarle. + +--¡Oh! ¡me viene como llovido del cielo! murmuró el cardenal, despues de +haber mandado que le introdujeran. + +Entró á poco un jóven como de veinticuatro años, al parecer caballero, y +gentilmente vestido. + +--Guarde Dios á vuesamerced, señor familiar, dijo dulcificando su +acento, generalmente áspero, Valdés; ¡y que me place de veros! ¡venid, +venid á sentaros á mi lado! estos malditos humores me tienen postrado en +este sillon; y luego los sinsabores que debo á mi oficio de inquisidor +general me irritan la gota. Venid, venid acá, valiente caballero. +Pareceme que cada dia estais mas contento de la predileccion con que os +miro, y de las honras que os hace el Santo Oficio. + +--¡Ah, señor cardenal! dijo el jóven llevando un sillon junto á la +poltrona del prelado, y sentandose con noble soltura; indudablemente que +todo lo debo á vuestra señoría, no á mis pobres merecimientos. + +--No tal, no tal; vos sois uno de los miembros mas útiles del Santo +Oficio, y á vuestra fe cristiana, y á vuestro celo por la honra de Dios +y nuestro católico monarca, su imágen sobre la tierra, debemos muchas +noticias acerca de ese asunto de los monfíes, de ese asunto que se va +haciendo terrible. + +--Débese á la casualidad, señor cardenal; ya os dije que he estado +cautivo en Argel dos años, lo que me ha servido para aprender la lengua +de los moros, y por doble desgracia, al saltar en tierra de Almuñecar, y +en mi primer jornada por las Alpujarras, fuí apresado de nuevo por los +monfíes y obligada mi familia á pagar un crecido rescate. Estas +desgracias, sin embargo, han sido una felicidad para mi, puesto que me +proporcionan ciertos medios para entenderme con esa gente... la conozco +sobre todo. + +--¿Y creeis que haya en Madrid algunos de ellos? + +--¡Si lo creo! no tengo duda. El emir es hombre que nunca entra en un +lugar sin dejar cubierta la salida. + +--Pero no habeis podido descubrir..... + +--Esto es difícil: por su costumbre de tratar con los cristianos, esos +moros hablan perfectamente nuestra lengua, pueden disfrazarse y +proveerse de papeles falsos que prueben un nombre y un parentesco +cualquiera; venir á la córte y entrar al servicio del mismo rey, sin ser +conocidos. + +--Pero y bien... + +--Trabajo por ponerme en el caso de dar con el nido, ó mejor dicho, con +los nidos que deben tener en la córte esos traidores. A propósito, +valiéndome de mi cualidad de familiar del Santo Oficio, y de la +autorizacion que tengo para entrar en los calabozos de todos los presos +sin excepcion, he bajado hoy al del emir de los monfíes. + +--¿Y se encuentra en estado de sufrir la prueba del tormento? + +--¡Oh! ¡no señor! está fuera de peligro pero muy débil: nada se +conseguiria. + +--¡Ah! ¡ah! á ese hombre le protege lo mismo que le ha puesto en nuestro +poder: pero no importa: dicen que puede prestar declaracion. + +--Su razon está despejada y fuerte, de lo que he podido juzgar en dos +horas que he estado hablando con él. + +--¿Y de qué le habeis hablado? + +--Le he propuesto lisa y llanamente, para inspirarle confianza, que si +me dá una gran cantidad de dinero, le procuraré su fuga. + +--Y... ¿qué os ha respondido? + +--¡Oh! es un hombre terrible: me ha dicho con la serenidad mas +completa:--Agradezco vuestros servicios, pero yo no estoy preso, +caballero. + +--¡Cómo! pues ya diremos si está preso ó no á ese jactancioso. ¡Hum! + +Y Valdés contuvo una tos profunda que habia causado en él la irritacion. + +--Me ha hablado ademas de sus proyectos, como si se encontrase ni mas ni +menos, entre sus bandidos de las Alpujarras. + +--¡Sus proyectos...! ¡sus proyectos! ¿y qué proyectos son esos? + +--Hacer la guerra al rey. + +--¡Hum! hanme dicho que los moros como los andaluces, son muy +fanfarrones. + +--Eso dice quien no los conoce, dijo con cierto acento particular el +jóven. + +--¿Y vos creeis conocerlos? + +--¡Bah! como os conozco á vos, señor cardenal. + +--¡Ah! ¡me conoceis...! + +--Si por cierto: sé, por ejemplo, que el emir Yaye-ebn Al-Hhamar, se +escapará de las prisiones del Santo Oficio, como sé que tú, Fernando +Valdés, tienes miedo de tenerlo preso. + +Para comprender esta variacion de tono del familiar, debemos advertir, +que poco antes de pronunciar estas palabras, habia resonado en la calle +un silbido particular. + +--¿Qué significa esto? exclamó dominado por la sorpresa y por la cólera +Valdés. + +--Esto significa, que tienes delante un monfí en cuerpo y en alma; un +moro disfrazado de cristiano. + +--¡A mí! ¡pages! ¡familiares! exclamó pálido de espanto el inquisidor +general, apoyando fuertemente sus manos en los brazos del sillon, y +procurando, aunque inútilmente, levantarse. + +--No grites ni te esfuerces, viejo, dijo sin variar de tono el jóven, en +cuyo acento se notaba únicamente un profundo desprecio: en tu casa, +desde ahora hasta que esté libre el emir, no hay mas que monfíes; tus +pages y tus familiares están encerrados y no acudirán á tu voz. En +cambio, observa. ¡Ola! exclamó el jóven con acento de autoridad. + +Inmediatamente apareció en la cámara un hombre de las peores trazas +posibles, verdadero truan de plaza, que adelantó con desenfado. + +--¿Ha llegado la hora de aplastar la cabeza á este viejo víbora, +Suleiman? dijo aquel hombre dirigiendo la palabra al jóven, y una mirada +de odio salvaje al cardenal. + +--No, Jafar, pero será muy posible que haya necesidad de apretarle los +pulgares, lo que debes evitar, cardenal, porque estás achacosillo y +delicado, añadió volviéndose á Valdés que estaba mudo de sorpresa, de +miedo y de cólera; te ruego que te tranquilices, á fin de que puedas +escribir con seguridad y de manera que nadie dude de tu escrito, una +órden para el alcaide de la cárcel del Santo Oficio en Madrid, á fin de +que me entregue la persona del duque de la Jarilla, para trasladarle á +la cárcel del Santo Oficio en Toledo. Lo que te pedimos no es gran cosa. +¿Qué te importa que quemen ó no quemen al emir? + +--¡Oh! sí le importa Suleiman; porque si el emir muriese entre las +garras de estos clérigos, seria cosa de llevarse algun tiempo +agujereando sotanas á puñaladas, dijo ferozmente Jafar. + +--Moriré como mueren los mártires, dijo Valdés, desmintiendo con lo +trémulo de su voz lo valiente de sus palabras. + +--No perdamos el tiempo en sandeces, dijo Suleiman: esta es una lucha en +que has sido vencido, con las mismas armas que has querido usar contra +el emir; tú has querido conocer, descubrir á los monfíes por medio de un +traidor: un monfí te ha ganado por la mano, engañándote, fingiéndose +cristiano y verdugo é infame como tú: acepta, pues, tu suerte, y no la +hagas peor de lo que es: no nos obligues á cometer una violencia que +siempre es repugnante cuando se trata de hombres que solo saben matar +hombres fuertes, armados, frente á frente y con peligro. + +El mismo exceso del terror operó una reaccion en el cardenal, que tentó +un medio de salvacion. + +--Estais jugando vuestra vida, dijo, en una empresa descabellada: un +acaso puede revelar vuestra existencia en mi casa, y sois perdidos. + +--¡Oh! ¡oh! ¡y cuán amoroso nos trata! dijo el monfí que habia entrado y +que permanecia como un espectro amenazador, de pié delante del cardenal +y con su membruda mano puesta sobre su daga. + +--Os trato con la caridad de un cristiano, como debe trataros un +príncipe de la Iglesia; quiero que no perdais vuestro cuerpo y vuestra +alma. + +--Estás procurando ganar tiempo, cardenal, dijo Suleiman, y te advierto +que esto es de todo punto inutil: cualquiera que venga á tu casa +encontrará en la puerta familiares, que son monfíes como yo; familiares +que dirán á todo el que llegue que estás enfermo y no puedes recibir á +nadie. En todo caso el que entre, no saldrá, te lo aseguramos, y si yo +te pido esa órden, es solo para causar menos escándalo. ¿Qué, no tengo +yo una órden tuya que me autoriza para entrar con mis alguaciles en la +cárcel del Santo Oficio? + +Valdés tentó un nuevo medio de salvacion. + +--Puedo haceros ricos, dijo: puedo cubriros de oro; fijad el límite á +vuestra ambicion, y lo que me pidais será vuestro. + +--Si algo tomamos tuyo, mal clérigo, será la sangre, exclamó Jafar, +sacando con un movimiento enérgico su daga de la vaina y dando un paso +hácia el prelado. + +Este lanzó un grito horrible. + +--¡Eh, silencio! dijo Suleiman: ¡ó la órden ó tu vida, cardenal! + +Diciendo esto Suleiman tomó un libro en folio que habia sobre una mesa, +buscó un pedazo de papel, le puso sobre el libro, tomó una pluma del +tintero, y puso aquel libro con aquel papel sobre las rodillas del +prelado y en su mano la pluma. En tanto Jafar alumbraba con una bugía, y +en la otra mano tenia desnuda su daga. + +El inquisidor general comprendió, que habia llegado el momento de elegir +entre el martirio ó hacer al rey y al Santo Oficio traicion y se decidió +por la traicion. + +Tomó la pluma y ya enteramente entregado se puso en la actitud del que +espera que le dicten para escribir. + +Suleiman estaba perfectamente enterado de la forma, por decirlo asi, +chancilleresca, usada por la Inquisicion en estos casos, puesto que +dictó sin detenerse lo siguiente: + +«Nos don Fernando Valdés (seguian todos los cargos dignidades y títulos +del cardenal.) + +»Por la presente mandamos á el alcaide de las prisiones del Santo Oficio +de la Inquisicion de Toledo en Madrid, entregue al familiar don Luis de +Robles y á los ministros que le acompañen, el cuerpo de don Juan de +Andrade, preso en la dicha cárcel del Santo Oficio de Toledo en Madrid, +sin ponerle oposicion, ni obstáculo alguno, bajo pena de excomunion +mayor, perdimiento de oficio, y demás á que hubiere lugar. Dado en +Madrid á 22 de Junio de 1567.--Don Fernando Valdés.» + +--Falta el sello, dijo Suleiman. + +--¡Oh! ¡oh! exclamó el cardenal; ¡que falta el sello! pero el sello no +le tengo yo; le tiene el consejo de la Suprema. + +--Pero tú tienes un sello superior, y yo sé donde está ese sello. + +Suleiman fué á una mesa; forzó con su daga uno de los cajones, le abrió, +sacó de él una barra de lacre verde y un sello de hierro, derritió algun +lacre sobre el papel, estampó sobre el lacre el sello, y luego, +volviéndose triunfante al cardenal exclamó: + +--Deseabas conocer á los monfíes, cardenal, y los has conocido: pero has +tenido mas suerte que otros que solo les han visto el rostro para morir. + +Tras estas palabras salió, dejando encargado á Jafar de la guarda del +cardenal. + +Dos horas después se oyeron tres silbidos en la calle: entonces Jafar, +que se habia sentado frente al cardenal, se levantó, ató fuertemente al +inquisidor con una cuerda que sacó de su bolsillo, y sin consideracion á +su edad ni al estado de su salud, le puso una mordaza. + +--Es necesario procurar que no grites, le dijo, y des la alarma antes de +que nos hayamos puesto en cobro. En pasando una hora te desafiamos y lo +mismo á tus sabuesos para que nos encuentres. Me voy con el sentimiento +de no dejarte mudo para siempre; pero quien puede mas que yo no lo +quiere. Pídele á Dios no ver otra vez delante de tí, á los monfíes de +las Alpujarras. + +Y el impío hizo una mamola al prelado, dió una zapateta, se le rió en +las barbas y salió. + +Don Fernando Valdés, se quedó rugiendo tan fuerte como se lo permitia la +mordaza. + + + + +CAPITULO XXI. + + De lo que pasó en un calabozo de la Inquisicion de Madrid. + + +Dos horas antes de acontecer lo que en el capítulo anterior dejamos +referido, se detuvo delante de la puerta de la cárcel que tenia en +Madrid la Inquisicion del arzobispado de Toledo, una litera conducida +por dos hombres y escoltada por otros cuatro y salió de ella un hombre +embozado. + +Precedióle uno de los que escoltaban la litera, que llegando á la +guardia, hizo llamar al alcaide y cuando este estuvo presente, el +embozado que de la litera habia salido, mostró en silencio un papel al +alcaide, el cual, á penas hubo leido el papel, dijo á quien se lo habia +dado: + +--Sígame vuesamerced. + +--Despues de haber abierto dos fuertes rastrillos, de haber recorrido +callejones y patios y de haber bajado escaleras, el alcaide abrió la +puerta de un calabozo, situado en un sótano, é introdujo en el al +embozado. + +--Cuando quisiereis salir, le dijo señalándole una cuerda que pendia +dentro del calabozo de la pared, tirad de esta cuerda. + +Y dejó dentro al embozado, cerró la puerta y se sintieron sus pasos que +se alejaban. + +El embozado miró en torno suyo, y se encontró en un espacio cuadrado, +estrecho, de bóveda baja, sin mas muebles que un lecho, una mesa y una +silla. En la mesa habia una luz, algunas redomas, hilas y vendajes; y en +el lecho un hombre que estaba vuelto el rostro á la pared y que no se +movió, á pesar de la presencia del embozado en el calabozo. + +Mirábale profundamente el recien llegado entre su embozo y el ala de su +sombrero, pero pasó algún espacio sin que dijese una sola palabra. + +Al fin dijo con acento breve y duro: + +--¡Duque de la Jarilla! + +--Hé aquí que te esperaba, y no me he engañado, dijo Yaye sin volverse. + +--Creo, Dios me perdone, que os permitís tutearme, dijo con una cólera +mal contenida el embozado. + +--¿Y bien no somos iguales? dijo Yaye. + +--¡Iguales! + +--Si por cierto: los dos somos reyes. + +--¿Por quien me tomais? + +--Te tomo por quien eres: por mi enemigo el rey de España. + +--¡Oh! ¡esto es ya demasiado! exclamó el encubierto á quien irritaba lo +sereno del acento de Yaye. ¿Os atreveis á llamaros enemigo del rey? + +--Vaya si me atrevo: y me he atrevido á mucho mas y sabe Dios hasta que +punto me atreveré en lo sucesivo. + +--¡Es decir que creeis veros libre! + +--Tanto como lo creo. Cuando menos lo esperes, don Felipe, la +Inquisicion irá á decirte que ha encontrado mi calabozo vacío. + +--Solo un medio teneis de veros libre, duque. + +--¡Ah! ¿y vienes tú, señor rey, á proponerme ese medio? + +--Sí, vengo, yo, don Felipe, á quien llaman el prudente, á verte en tu +calabozo (y el rey, que él era, se descubrió); vengo á hablar contigo +aquí, donde nadie puede oirnos: vengo á ver hasta donde llega tu +audacia, y sobre todo á escuchar yo solo tu confesion. + +--Entre vosotros siempre se confiesa al que va á morir. + +--¿Y crees tú que si yo quisiera vivirias mucho tiempo? + +--Prueba á matarme. + +--Otros que se creian fuertes y poderosos..... + +--Han muerto á una sola palabra tuya, ya lo sé..... pero tú no me +matarás, don Felipe. + +--¿Y en que te fundas para tener esa seguridad? + +--En que no puedes matarme. + +--¿Te proteje el diablo? dijo con un acerado acento de sarcasmo el rey. + +--Tal vez: tal vez me proteja Satanás: por lo pronto las señales de mi +odio están ya en tu familia: + +--¡En mi familia! + +--El príncipe don Carlos tu hijo, tu heredero, te hace traicion. + +--¡La prueba! + +--No tardará el mismo príncipe en dártela. + +Estremecióse profundamente el rey. + +--¿Y has sido, tú, tú monfí, quien has impulsado á la rebeldía á mi +hijo? + +--Ha sido primero Satanás, que le ha dado perversas inclinaciones, y +luego yo, que soy tu enemigo, que necesito vencerte, y vengar con tu +desgracia, con una horrible desgracia, las infamias, las crueldades que +has cometido contra los mios. + +--Tu audacia, solo es comparable á tus delitos, dijo el rey. + +--¡Mis delitos! ¡y hablas tú de delitos, verdugo coronado! + +Nunca, el rey don Felipe se habia oido tratar de tal modo: nunca, él, +tan celoso de su autoridad, tan déspota como todos los déspotas de la +historia juntos, habia necesitado de tanta fuerza de voluntad para +dominarse: sin embargo, como Yaye poseia terribles secretos, muchos de +los cuales atañian al príncipe su hijo, no queria que nadie pudiese oir +las revelaciones del emir de los monfíes, y estaba resuelto á todo para +arrancarle la confesion que anhelaba; por otra parte, tales eran sus +intenciones con respecto á Yaye, que solo veia en el un cadáver. + +--Te estoy probando mi magnanimidad y mi grandeza, le dijo, cuando +tolero tu osadia: estás herido y preso, y es necesario que se conozca +cuanta diferencia hay entre un príncipe cristiano y un capitan de +bandidos. + +--¿Y por qué vienes tú solo, rey, encubierto, de una manera vergonzosa, +á visitar al capitan de malhechores? ¿No hay verdugos en tus reinos, ó +es que me crees tu igual y quieres que este asunto se quede entre los +dos? + +Don Felipe estaba mudo de asombro. Yaye que hasta entonces habia +permanecido echado, con el rostro vuelto á la pared, se levantó, se +sentó sobre el lecho y dijo contemplando frente á frente al rey: + +--Tu soberbia, le dijo, no te deja comprender la razon que tengo para +ser tu enemigo. Sin embargo, debia bastarte para conocerla, saber que yo +soy rey de los moros de las Alpujarras. + +--De los bandidos, querras decir. + +--En buen hora; pero entonces tú tambien eres un rey de bandidos. + +--¡Yo! + +--Si, tú, nieto de la reina Isabel, hijo del emperador don Carlos, es +decir descendiente de una raza maldita que se ha alimentado con sangre +humana y con lágrimas de desesperacion. + +--Me habian dicho que los monfíes erais una gente braba y desalmada, +pero no me habian dicho que erais maldicientes: ¡hasta donde llegará tu +audacia, moro! + +--Escúchame con calma y no me interrumpas, rey. Cuando un hombre es +enemigo de otro, y sobre ser su enemigo es caballero y leal, debe +procurar que se conozcan los motivos de su enemistad.--No es la causa de +mi odio hácia tí ni hácia los tuyos, el que en tiempos de los Reyes +Católicos, tus bisabuelos, fuese conquistado por ellos el reino de +Granada. El Dios de las batallas, el Dios fuerte, el Dios Altísimo y +Unico, da la victoria ó la quita; hace esclavo al señor y señor al +siervo. ¡Dios lo quiso! mi pueblo hubiera obedecido las leyes del +vencedor, si el vencedor hubiera cumplido religiosamente las +capitulaciones pactadas con el vencido: pero esto no sucedió: esas +capitulaciones han sido rotas: tus capitanes generales han azotado y +maltratado á los moriscos; tus frailes los han bautizado á la fuerza; +tus jueces y tus golillas los han robado; tus vasallos les han prodigado +toda clase de insultos, hasta el punto de manchar la honra de sus +mujeres y de sus hijos; la Inquisicion los ha quemado y la Chancillería +los ha ahorcado; un anatema de servidumbre, de muerte y de infamia ha +caido sobre ellos, y al probar la insurreccion una y otra vez, no han +sido rebeldes, sino que han usado del derecho que da Dios á los +oprimidos de levantarse contra la mano infame que los despedaza. Esto +solo bastaria para que yo, descendiente de ese pueblo, rey de los +valientes que no han sabido doblegarse al yugo, fuese tu enemigo: la +patria me manda defenderla contra tí, probar todos los medios de +libertarla de tu tiranía; y como si esto no bastase, voy á decirte las +razones que tengo como hombre para ser tu enemigo. Escucha: mi madre +murió á manos de la Inquisicion. + +--¡Hereje, acaso! + +--No, murió porque era hermosa, bajo el peso de la venganza de un +fraíle. + +--La Inquisicion no se engaña. + +--Es verdad, porque asesina á sabiendas. Pero déjame continuar: la mano +de un soldado español mató á mi padre, que espiró entre mis brazos, +pidiéndome venganza. Yo he empezado á vengarle. + +--¡Que le has vengado! + +--Si: he vengado á mis padres, matando á cuantos frailes, golillas y +soldados he habido á las manos: he vengado ademas en tí, á mi pueblo. + +--¿En mí? + +--Si, en tí. ¿Quien ha impulsado á la rebeldía á tu hijo? + +--¡Oh! exclamó, con acento rugiente, don Felipe. + +--Es verdad que para ello he roto el corazon de mi hija, pero te he +herido en tu soberbia, porque tú no tienes corazon, don Felipe. Te he +herido en tu esencia de rey, porque don Carlos es tu hijo único, y tú le +matarás, rey, tú le matarás. + +--¡Que yo mataré á mi hijo! + +--Si, tú le matarás, porque antes que padre eres rey, y tendrás miedo de +tu hijo. + +--Yo romperé con tu vida esa horrible red de desgracias: ¡por san +Lorenzo, mi patron, te lo juro!..... No te conocia bien y habia venido á +hacerte merced... pero ahora... ahora que sé que de tí no puedo esperar +mas que crímenes, ¡morirás, moro, morirás! + +--No faltará en todo caso quien gobierne á mis monfíes, que con mi +muerte tendrán una infamia mas de que pedirte cuenta, rey. + +--Has hablado de traiciones de mi hijo, preguntó con un creciente anhelo +don Felipe. + +--A tu hijo le pesa tu vida, rey. + +--Mi desventurado hijo está loco. + +--Sus locuras ó mas bien tu miedo te obligarán á matarle. + +--¡Matarle! ¿crees tú que para hacer justicia en los traidores me sea +necesario matar á mi hijo? + +--¡Le matarás! + +--¡El nombre! ¡el nombre de los que alientan las rebeldías de don +Carlos! + +--Esos nombres se reducen á uno solo: ese nombre es el mio. + +--¡Tú! ¡pero como has podido tú..! + +--¡Como! primero prevaliéndome del amor extremado, insensato que tu hijo +siente por mi hija, la hermosa duquesa de la Jarilla: despues derramando +oro á manos llenas entre los flamencos, y manteniendo entre ellos +consejeros que los decidan á negarte la obediencia y á aclamar por su +señor á tu hijo. + +--¡Oh! ¡infame! ¡infame alevosía! + +[imagen: ¡Morirás! ¡morirás como no ha muerto ningun hombre!] + +--Y ten mucho cuidado con el príncipe tu hijo, rey, no sea que la +Inquisicion averigue que anda en tratos con los luteranos y te le queme +vivo. + +El color generalmente pálido del rey se habia tornado lívido y sus ojos +centelleaban. + +--Ya ves si me vengo de tí; un solo hijo que tenias te lo he muerto en +cuerpo y en alma; porque tu le matarás por traidor y Dios le condenará +por hereje. + +--¡Morirás, morirás, como no ha muerto ningun hombre! exclamó don +Felipe, tirando de la cuerda que le habia indicado el alcaide, y +haciendo sonar una campana; morirás lentamente, dia por dia, hora por +hora, minuto por minuto; padecerás como padecen los condenados en el +infierno, y llegará un dia en que aterrado, domado, cobarde, me reveles +los nombres de los traidores. + +--¿Y crees tener poder para todo eso, don Felipe? + +--¡Que! ¡y creerás tú que puedes librarte de mi justicia, bandido! + +--Ya lo veremos. + +--Pues bien, si, lo veremos: tu único juez y tu único verdugo seré yo: +nuestros únicos testigos los muros de la Inquisicion. Adios, pues, rey +de las Alpujarras. Que vengan á sacarte de entre mis manos tus monfíes. + +--Ve en paz rey don Felipe, ve en paz, si puedes: has querido conocerme +y te he hablado franca y lealmente... Pero silencio, oigo pasos que se +acercan, hasta mas ver, don Felipe. + +En efecto, se habian escuchado pasos cercanos y poco despues resonaron +los candados y los cerrojos del calabozo, que se abrian. + +Yaye se volvió de nuevo á la pared. El rey se encubrió enteramente. + +La puerta se abrió y apareció el alcaide. + +--Guiad á fuera, le dijo el rey. + +Salieron y la puerta se cerró. + +Poco despues Yaye los sintió alejarse. + + + + +CAPITULO XXII. + + Que sirve de epílogo á esta segunda parte. + + +No habia pasado media hora cuando Yaye, que habia quedado profundamente +pensativo y preocupado por su anterior escena con el rey, sintió pasos +que se detuvieron junto á su calabozo, y luego el ruido en los cerrojos +y de los candados. + +[imagen: La Dama blanca.] + +La puerta se abrió. + +Entró en el calabozo el alcaide acompañado de dos familiares. + +--Levantáos y vestíos, don Juan, le dijo con acento duro el alcaide. + +Estremecióse Yaye porque creyó que habia llegado la hora del tormento. + +--¡Se habrá adelantado por fatalidad el rey á los mios! dijo para sí; y +luego añadió alto; ¿y para qué he de levantarme y vestirme? + +--Si no quereis levantaros, contestó el alcaide, se os levantará; sino +quereis vestiros, se os conducirá desnudo. + +Yaye comprendió que herido y débil, se encontraba enteramente á merced +de aquellos sicarios, y se levantó y se vistió lentamente. + +Cuando estuvo vestido, el alcaide mandó á los dos familiares que le +sostuviesen en razon de su debilidad, y sacándole del calabozo, le +condujo hasta un patio donde le esperaba una litera. + +--¿Es ese el duque de la Jarilla? dijo una voz que estremeció de alegría +á Yaye. + +--Si, por cierto, señor don Luis de Robles, este es ese condenado preso, +que tanto nos han encargado que guardemos. Alégrome que me quiten de +encima esta guarda, y lo cedo de muy buena gana al alcaide de la cárcel +de Toledo. Dadme, si gustais, el recibo de su excelencia, señor +familiar. + +--Tomad, pues, y que Dios os guarde señor Roquelillo; vamos, ganapanes, +cargad con la litera y en marcha, que se hace tarde. + +Yaye se sintió conducido, y poco despues oyó abrirse y cerrarse +sucesivamente tres rastrillos. + +Luego solo oyó el paso acompasado de algunos hombres que le acompañaban. + +Mientras estuvieron en Madrid no hablaron una sola palabra, pero apenas +hubieron salido por la puerta de los Pozos, cuando toda aquella gente se +metió, llevando consigo la litera, por las tierras á campo atraviesa, y +cuando se hubieron internado en ellas se pararon y un hombre abrió la +portezuela de la litera: + +--¿Vais bien, señor, preguntó? + +--¡Ah! ¿eres tú Harum? dijo Yaye. + +--Si, si señor, y espero vuestras órdenes. + +--¿Has enviado á alguien á mi casa á que recoja mis papeles? + +--Si señor, y ya no debe tardar. + +--¿Lo tienes preparado todo? + +--Si señor, y desafío á los familiares y alguaciles de la Inquisicion á +quienes tan á poca costa hemos burlado, á que nos encuentren. + +--Pues adelante, Harum, adelante. + +La litera se puso de nuevo en marcha, y tomando una senda, aquellas +gentes condujeron al emir á buen paso á una casa de campo en las +inmediaciones de Fuencarral. + + * * * * * + +Poco despues Harum entró en un aposento donde, en un magnífico lecho, +reposaba Yaye. + +--Señor, dijo: Malek ha penetrado en vuestro palacio de Madrid sin ser +sentido de nadie: ha ido á la cámara que indicásteis á Suleiman, y ha +encontrado descerrajada la papelera. + +--¡Descerrajada! + +--Si por cierto, y roto el sello que habia puesto sobre ella la +justicia. + +--Pero veo que traes en tus manos la cartera que yo habia pedido. + +--Si señor. + +--Dáme acá y acerca una bugia. + +Harum dió á Yaye una cartera que tenia en la mano y acercó una luz. + +Yaye abrió la cartera y buscó en ella con ansia. + +--¿Tienes confianza en Malek? dijo Yaye que estaba pálido. + +--Si, si señor, ademas Malek no sabe leer. + +--Aquí faltan dos papeles importantísimos; Harum, dos papeles que yo +debí haber quemado; dos cartas terribles. + +--Ya os he dicho, señor, que Malek encontró rotos la cerradura y el +sello de la papelera, como asimismo los de las puertas de la cámara. + +--¡Cúmplase la voluntad de Dios! dijo Yaye pálido de espanto. + +Las dos cartas que faltaban, eran la de doña Elvira de Céspedes y la de +doña Isabel de Válor, en que le avisaba la una del nacimiento de Diego +Lopez; la otra del de don Fernando de Válor. + +El emir hubiera dado diez años de su vida por recobrar aquellas cartas. + +Su pérdida encerraba para él una amenaza oscura, y en vano queria +adivinar quién fuese el que se habia atrevido á entrar en una casa +sellada por la justicia, en busca de aquellos papeles. + + * * * * * + +En aquel mismo punto, el rey recibia una carta escrita con mano trémula +por el inquisidor general don Fernando Valdés. + +Ni un solo músculo de su semblante se contrajo, aunque en aquella carta +el inquisidor general le avisaba de la violencia que se habia hecho con +él, y de haberse escapado el emir de los monfíes de la cárcel del Santo +Oficio. + +El rey tomó una pluma y escribió por bajo estas lacónicas palabras: + +«Vuestra cobardía no tiene ya remedio; procurad, pues, que nadie sepa +que la Inquisicion y el rey han sido burlados. ¡Que se cumpla la +voluntad de Dios!» + +Durante algunos dias los familiares y los alguaciles del Santo Oficio, +revolvieron hasta las piedras en Madrid y en sus alrededores. + +A pesar de esto el emir no pareció ni mas ni menos que una gota de agua +que cae en el mar. + + + + +TERCERA PARTE. + +LA REBELION. + + + + +CAPITULO PRIMERO. + + El castillo y la atalaya. + + +No á mucha distancia una de otra en ese laberinto montañoso que se llama +las Alpujarras, hay dos cumbres que se atalayan, y que descubren otras +muchas y son descubiertas por ellas, incluyendo la cima de Sierra +Nevada, y su gigantesco anfiteatro de montañas. + +Una de estas dos cumbres que hemos citado domina al pueblo de Válor, la +otra al de Cádiar. + +En ambas cumbres se conservan vestigios de cimientos: llaman los de +Válor á los unos castillo, los de Cádiar á los otros atalaya. + +Hoy los lagartos asoman entre las grietas de las ruinas, y las culebras +se deslizan entre los escombros cubiertos de musgo, y los habitantes +conservan acerca del castillo y de la atalaya la memoria de dos nombres +que son dos historias sangrientas. Las ruinas del castillo guardan el +nombre de Muley Aben-Humeya: las de la atalaya el de Muley Aben-Aboo. + +No hay alpujarreño que no sepa contaros, si se lo preguntais, cómo +murieron cada uno de los hombres que llevaban aquellos nombres; no hay +uno solo que no os diga que sus antiguas viviendas han sido arruinadas, +porque sus dueños estaban malditos de Dios. + +Las que hoy son ruinas, eran en 1568 dos edificios característicos. + +Empezemos por el castillo. + +Ocupando la ancha planicie de la cumbre se levantaban cuatro torreones +cuadrados, unidos entre sí por cuatro muros robustos y almenados: ni un +agimez, ni una galería, ni mas que algunas estrechas saeteras, se veian +en aquel recinto exterior, pero en el centro del extenso cuadrado +comprendido dentro de aquellas torres y muros, se veia un bellísimo +alcazar moruno, con torrecillas caladas, galerías, miradores, cúpulas y +pizarras, resplandeciente con sus vivos colores; era aquel alcázar, +dentro de aquel fuerte y rojizo recinto murado, lo que podia ser una +hermosa dama, cuya magnífica y engalanada cabeza se levantase sobre una +armadura de guerra: fuera, robustez, almenas enhiestas, profunda caba, +hondo rastrillo, puerta chata y maciza de herradura, matacanes y +ladroneras: dentro, todos los bellos caprichos de la arquitectura +oriental; galerías cinceladas con esbeltas columnas de alabastro; +agimeces con dobles arcos festonados, y entre estos arcos y trás estas +columnas, cristales rica y maravillosamente matizados, como los de +nuestras viejas catedrales góticas; era aquel un alcázar fuerte, de los +tiempos medios de la dominacion de los árabes en España; una especie de +casa de placer de algun rey moro, que al mismo tiempo servia de alcazaba +á la villa: una de esas magníficas huellas que dejó trás sí el paso de +ese maravilloso pueblo árabe. + +La atalaya que coronaba la cumbre del monte sobre Cádiar, era un +edificio severo, escueto, que se destacaba vigorosamente sobre el +horizonte, y que descubria con sus cuatro ojos negros, abiertos en su +muro circular de piedra, ennegrecida por el tiempo, un número +considerable de pueblos y montañas, y el mar por la parte de Levante. +Dábala entrada una pequeña puerta de herradura, y por la parte oriental, +sobre una cortadura del monte, se veia una ventana estucada, dividida +por una columnilla blanca, y guarnecida por vidrios de colores; este era +el único detalle delicado y bello que se notaba en aquel macizo torreon +negruzco; detalle que á tiro de arcabuz dejaba conocer que era una +adicion reciente, una herida abierta en el muro antiguo, una especie de +respiradero practicado en el centro de la torre para hacer habitable y +un tanto cómoda aquella atalaya de guerra. + +Dulcificaba un tanto su aspecto brabío, una pequeña huerta y una blanca +casita adherida á la atalaya por la parte del Sur. La cumbre se habia +allanado y cercado con un tapial, y una noria, á que daba vueltas un +enorme buey, mantenia la frescura y la frondosidad de un emparrado, +colocado como un toldo delante de la fachada de la casa, y que corria +hasta la puerta de la atalaya, y á las legumbres y á los árboles +frutales que ensanchaban sus frondas odoríferas, bajo el templado cielo +del Mediodía. + +Un perro, una legion de gallinas y algunos patos, que nadaban en un +estanque donde se recogian las aguas de la noria, daban ruido y vida, +una vida especial á aquel pequeño recinto, dulcificando lo severo y +sombrío del aspecto de la atalaya. + +Entre esta y el castillo de Válor existia no sé que de extraño y hostil. +La atalaya, hasta en la pequeña perforacion que se habia practicado en +ella abriendo en su muro un agimez, era severa y sencilla; pero altiva y +enérgica, por decirlo asi, como un viejo y veterano centinela avanzado +al enemigo: el castillo, cuyas defensas estaban deterioradas, y +desatendidas, parecía envilecido por aquel alcázar tan delicado y tan +bello que á nada podia compararse tanto como á una cortesana corrompida +y coronada de flores, que se sentase sobre un viejo y abollado arnés de +guerra: la atalaya parecia representar la ancianidad brabia aun é +indomable, y el castillo el valor degradado, el atleta rendido á los +pies de la hermosura. + +Entre el castillo y la atalaya filosóficamente considerados existía un +abismo. + +Pasando de los edificios á sus habitantes respectivos, hallaremos entre +ellos diferencias esenciales. + +Eran dos mujeres viudas, cada una de las cuales tenia un hijo. + +La una, la moradora de la atalaya se llamaba doña Isabel de Córdoba y de +Válor. La otra la habitante del castillo doña Elvira de Céspedes. + +Veinte y dos años habian pasado por estas dos mujeres desde la fecha en +que las presentamos á nuestros lectores al principio de nuestro relato. + +Doña Isabel contaba, pues, cuarenta y dos años; doña Elvira cuarenta y +cinco. + +Por un privilegio de la naturaleza estas dos mujeres se habian +conservado hermosas, en la edad en que generalmente ha empalidecido la +hermosura de la mujer, han brotado en su cabeza las canas, y se han +impreso en su rostro las arrugas. + +Doña Isabel y doña Elvira no tenian ni canas ni arrugas. + +Comprendiase, sí, á primera vista, que no eran jóvenes; pero nadie se +hubiera atrevido á decir que eran viejas. + +Encontrábanse en ese desarrollo de vida y de hermosura, que viene á ser +como el estío en la vida de la mujer, en que lo que la falta de frescura +la sobra de fuerza, de vigor. + +Eran todavía dos mujeres peligrosas. + +Cuando salia doña Isabel de su casita adherida á la atalaya, ó cuando +salia doña Elvira del castillo para bajar á las poblaciones, siempre +habia ricos y jóvenes moriscos que las aquejasen con pretensiones. + +Llamábanlas, por último, en la comarca las hermosas viudas. + +Sin embargo desde la muerte de Miguel Lopez, ó poco despues, doña Isabel +se habia retirado á las Alpujarras, á la villa de Cádiar donde habia +dado á luz un hijo, y se habia mostrado sorda á todas las pretensiones, +vistiendo severamente sus tocas de viuda, y dedicándose por completo al +cuidado de su hijo á quien amaba de una manera extremada; doña Elvira, +antes de la muerte de don Diego de Córdoba, su esposo, se habia retirado +á la villa de Válor donde habia dado á luz á don Fernando de Válor, y +del mismo modo despues de la muerte de don Diego se negó de todo punto á +contraer un nuevo enlace, concentrando, como doña Isabel, todo su amor +en su hijo. + +A pesar de que vivian á poca distancia, ninguna de las dos cuñadas se +visitaron, ni se vieron una sola vez, desde la noche en que, veinte y +dos años antes, habia sido incendiada por los moriscos la casa de don +Diego de Córdoba y de Válor. + +Pero si doña Isabel y doña Elvira no se veian, no acontecia lo propio +respecto á sus hijos Diego Lopez y don Fernando de Válor. + +Cuando fueron mozos, estos se encontraron cazando en la montaña, ó en +Granada, á donde solian ir con frecuencia, ó en donde era mas peligroso: +en las reuniones de los moriscos, á las que se les llevaba para nutrir +en sus almas el odio contra los cristianos. + +Las ambiciones de los parientes de entrambos jóvenes, habian hecho nacer +entre ellos rivalidad y aun odio; odio y rivalidad que disimulaban, pero +que no por ello eran menos fatales: los parientes de Miguel Lopez no +cesaban un punto de decir á Diego su hijo, que su madre doña Isabel, era +descendiente del Profeta; que si bien era verdad que don Fernando de +Válor su primo, era el primogénito de la familia, sus vicios, su +afeminacion, y la estrecha amistad que como veinticuatro de Granada y +capitan del rey de España sostenia con los cristianos, le hacian +peligroso, cuando él, pobre, aislado en las Alpujarras, contando sus +únicos amigos entre los moriscos, fuerte, robusto y severo en sus +costumbres, era mas á propósito para ponerse al frente de ellos: los +allegados de don Fernando de Válor excitaban de la misma manera la +ambicion de este, recordándole siempre su alto orígen y avivando su odio +á los cristianos con traerle continuamente á la memoria, el desastrado +fin de su padre. Contribuia no poco á ello, su tio don Fernando, á quien +se conocía entre los moriscos con el nombre de Aben-Jahuar-el-Zaquer. +Encargado este de su tutela, habia pretendido, aunque en vano, pasar de +tutor á padrastro por su casamiento con su cuñada doña Elvira; pero esta +se habia negado constantemente; don Fernando sin embargo no habia +cedido; enamorado y empeñado cada vez mas por la peligrosa hermosura de +doña Elvira, habia procurado hacerse de un arma contra la misma doña +Elvira de su hijo don Fernando: enervó su alma, se apoderó de él, le +corrompió, y para sujetarle mas á su influencia le casó con Inés de +Rojas, hija de Miguel de Rojas, morisco influyente, tan ambicioso como +Aben-Jahuar, y dispuesto á ayudarle en sus proyectos que eran +tenebrosos. + +Reducíanse estos, á poner como condicion á doña Elvira, el +engrandecimiento de su hijo, á trueque de su mano, ó su anulacion +completa ante los moriscos si persistia en su negativa. Fácil era de +comprender que, amando como amaba doña Elvira á Aben-Humeya, su hijo, no +vacilaria, por repugnante que le fuese, en entregar su mano á +Aben-Jahuar, su cuñado, á trueque de que Aben-Humeya fuese proclamado +rey por los moriscos de Granada, cuando llegase el caso inminente de una +insurreccion decisiva. Miguel Rojas, por su parte, morisco +influyentísimo, como ya hemos dicho, no podia menos de desear que el +marido de su hija, llegase á ser rey, y ayudaba con todas sus fuerzas á +Aben-Jahuar: este se habia cubierto de la mas profunda reserva, y nadie +mas que doña Elvira, porque los ojos de una madre lo adivinan todo, +habia adivinado, que Aben-Jahuar, satisfecho su empeño amoroso casándose +con ella, no pararia hasta ver satisfecha su ambicion: doña Elvira habia +comprendido que su cuñado elevaria á su hijo, que le sostendria hasta +cierto punto en el poder, y que le derribaría despues para hacer con su +cadáver un escalon del trono de Granada. + +Doña Elvira aborrecia, pues á su cuñado; pero encubria su odio, porque +Aben-Jahuar estaba apoderado de su hijo, y le tenia como en rehenes. + +Abandonado Aben-Humeya á su tio, habia contraido viciosas inclinaciones: +era jugador y camorrista como su padre; falto de fe en sus empeños como +su padre, y como él infatuado con su orígen: añadíase á esto el odio que +doña Elvira le habia hecho concebir contra su tia doña Isabel de Válor, +y su primo Aben-Aboo; su corazon era un depósito de amargas pasiones: su +pensamiento enloquecia con sueños insensatos: desconfiaba de todo el +mundo, y sin embargo á todo el mundo se entregaba: débil, irresoluto, +voluntarioso, era á todas luces inferior á su primo Aben-Aboo, á su +rival, á su antagonista. + +Era este un mancebo de veinte y dos años, á quien la reflexion hacia +parecer de mas edad; hermoso; pero con una hermosura enérgica; moreno, +con ese color dorado y característico de los oriundos de Africa; pálido, +con enormes y elocuentes ojos negros, nariz aguileña, boca de sutiles +labios, que indicaban astucia y firmeza, y miembros musculosos y +fuertes; pero constituyendo un conjunto esbelto, en que se adivinaban un +vigor sumo y una agilidad extraordinaria. + +Aben-Humeya, era otro tipo enteramente distinto: su semblante blanco, +pálido, de cútis fino y denso, y sus grandes ojos negros de mirada +sensual y lánguida recordaban la antigua y casi extinguida raza árabe: +aunque á veces brillaba una chispa de valor indómito en sus miradas, +aunque habia altivez en la actitud de su cabeza, y algo de magestad en +su frente, sin embargo, en la tersa morbidez de sus manos, que hubiera +envidiado una dama, en la indolencia de sus movimientos, en esa especie +de cansancio habitual que constituye la afeminacion en el hombre, se +comprendia que estaba enteramente entregado á la molicie, á los +placeres, á la vanidad: sin embargo, como un indicio, como un signo de +raza, en medio de esta degradacion, se notaban algunos destellos de +valor sereno é infinito, de actividad, de magestad: algo de regio, de +grande, de indomable, que debia revelarse y dominar á la degradacion en +situaciones dadas, haciendo de aquel hombre otro enteramente desemejante +de sí mismo, aunque por un momento. + +Aben-Aboo, aventajaba á Aben-Humeya en hermosura, en energía, en +virilidad; pero Aben-Humeya aventajaba á Aben-Aboo en fueros y +privilegios. + +Aben-Humeya era señor de Válor, regidor perpetuo, ó veinticuatro del +ayuntamiento de Granada, capitan de infantería, y se llamaba don +Fernando. + +Aben-Aboo, solo era hidalgo por su madre, vivia oscurecido, y se llamaba +lisa y llanamente Diego. + +Aben-Humeya era rico y brillaba entre la nobleza castellana. + +Aben-Aboo, ó por mejor decir doña Isabel, su madre, lo habia vendido +todo á excepcion de la atalaya y la huerta en que vivian en Cádiar, y +una enorme casa situada en el Albaicin de Granada, perteneciente al dote +de doña Isabel, que esta habia cedido á su hijo, y que estaba +continuamente alquilada. + +En vano Yaye-ebn-Al-Hhamar, habia pretendido de doña Isabel que +aceptase, al menos, cuanto fuese necesario para sostener dignamente los +gastos de Aben-Aboo. Doña Isabel se habia mostrado inexorable. + +Aben-Humeya tenia en Inés de Rojas una esposa jóven, pura y enamorada, +que le habia dado un hijo; en su tio un espíritu que hablaba siempre á +su vanidad y á sus pasiones; en su suegro un instrumento servil, que se +plegaba á todos sus caprichos, y numerosos amigos parásitos que le +adulaban y le ensoberbecian. + +Aben-Aboo, solo tenia á su madre, pura y santa mártir, que le predicaba +constantemente la virtud y el honor, y unos que, por parte de Miguel +Lopez, se creian parientes del jóven, y que este tenia por tales (hasta +tal punto habia quedado envuelto en el misterio el orígen de Aben-Aboo) +gentes zafias, brabías, que no pudiendo ser nada por sí mismas, lo +esperaban todo del derecho que parecia asistir en un caso dado á la +corona de Granada, á Aben-Aboo, como descendiente de los Aben-Humeyas +por parte de su madre. Pero estas gentes aunque ricas, eran oscuras y no +podian dar prestigio alguno á Aben Aboo. + +Habia ademas otras disparidades notabilísimas entre ambos jóvenes. + +Aben-Humeya, tenia en torno suyo una numerosa y espléndida servidumbre; +sus caballerizas estaban llenas de caballos de raza pura; tenia un +palacio en Granada y otro en Cádiar, y en estos palacios magníficas +cámaras, y en estas cámaras, costosos y bellísimos muebles, cuadros, +estátuas, alfombras; cuanto constituia, en fin, la ostentacion de un +gran señor de aquellos tiempos. + +Aben-Aboo, solo tenia á su servicio un esclavo africano, negro como la +noche, fuerte como un cedro, valiente como un leon, y fiel á su dueño +como un perro: en su cuadra no habia mas que dos caballos, valientes +animales de raza, y tan buenos como los mejores de don Fernando: vivia +encerrado en aquella vieja atalaya en cuyo centro habia habilitado un +reducido y desnudo aposento, al que, mirando al distante mar, que +aparecia á lo lejos entre las rompientes de las montañas, daba luz la +ventana ornamentada de que hemos hablado. En aquel aposento no habia mas +muebles que un lecho modesto, una ancha mesa de roble con recado de +escribir, y algunos legajos de papeles; un armario donde se encerraban +algunas ropas sencillas, y un medio arnés de hierro, suspendido de una +escarpia: los objetos de mas lujo que allí se veían, eran las vidrieras +de colores de la ventana, y una chimenea de mármol blanco del gusto del +renacimiento; una pequeña puerta que daba paso á una escalera de +caracol, servia de entrada á este aposento que era circular, y tenia +cierto aspecto severo y triste, á causa de un pilar de ladrillo +agramilado, que sostenia en el centro la bóbeda de agallones al estilo +árabe. + +Sin embargo, á pesar de las diferencias que existian, segun hemos +demostrado, entre ambos jóvenes, estaban puestos en contacto de una +manera peligrosa, bajo dos distintos aspectos; el de la ambicion, y el +del amor, siendo de advertir, que estas dos pasiones estaban alimentadas +por ellos sobre dos fantasmas. + +Su ambicion miraba á la corona de Granada. + +¿Y donde estaba aquella corona? + +En la acalorada imaginacion de los moriscos. + +Su amor, en un ser misterioso, cuyo nombre y cuyo semblante no conocian; +en una especie de fantasma. + +¿Y qué fantasma era esta? + +Fantasma ó mujer, el ser á quien amaban Aben-Aboo y Aben-Humeya, era... +¡la Dama blanca de la montaña! + +Cuanto de bello y de poético sueña la imaginacion meridional del pueblo +andaluz, se atribuia á aquella dama misteriosa: ¿era un fantasma, una +hada, un génio de la montaña, ó un ser viviente real y efectivo? Nadie +podia asegurarlo; pero era preciso contestar algo: aquella dama que, +durante el verano anterior, habia aparecido con suma frecuencia en los +desfiladeros de la montaña, por las mañanas antes de salir el sol, y +durante las noches de luna; aquella dama misteriosa, siempre encubierta, +siempre engalanada con regias vestiduras, conducida en un palanquin, ó +cabalgando en una blanca hacanea, resguardada siempre por soldados +moros, blancos como ella, y encubiertos con las viseras de sus cascos, +no podia ser otra que la sultana Zoraya[12], que consecuente á su nombre +y á su amor, se levantaba de su tumba antes de la salida del sol, ó á la +luz de la luna, para mirar la altísima y siempre nevada cumbre de +Muley-Hacem, donde creia ver la sombra de su esposo. + +Esto, que no pasaba de ser una conseja, era creido como un artículo de +fe, no solo por los moriscos, sino tambien por los cristianos viejos. +Estos la maldecian porque era la sombra de una _perra infiel y +renegada_, á cuya influencia se debian sin duda las calamidades que +afligian á la comarca: los moriscos sentian hácia la dama fantástica, un +horror invencible, porque, al fin, ¿la sultana Zoraya no habia sido +cristiana? ¿No se habia llamado doña Isabel de Solís? ¿Enamorando al rey +Hacem, no habia motivado los zelos y la venganza de la sultana Aixa la +Horra[13], las disidencias entre los infantes sus hijos y el rey +Boabdil, hijo de Muley-Hacem y de Aixa, y las guerras civiles de Granada +y por ellas la pérdida del reino? + +Segun los moriscos, la sultana Zoraya, castigada sin duda por Allah, +vagaba insepulta expiando sus pecados: ella era el espíritu maldito de +las Alpujarras; ella tenia sobre sí, no solo la execracion de los +habitantes cristianos, sino tambien la de los moriscos. + +¿Pero acertaba en sus deducciones el vulgo? ¿Habia algo de cierto en +aquella conseja? + +No hay tradicion que no tenga algun fundamento: la Dama blanca existia; +pero lejos de ser un fantasma, era lo que mas adelante, en el discurso +de nuestro relato, verá, el que lo leyere. + +Para Aben-Humeya y Aben-Aboo, la Dama blanca era mas que una mujer; +entrambos, habian acechado su paso escondidos entre las breñas; +entrambos la habian visto, y aunque siempre encubierta, era tal la +magia, el encanto que se desprendia de ella, que entrambos se habian +enamorado. + +Aben-Aboo y Aben-Humeya, estaban separados por las dos pasiones que mas +imperio ejercen sobre el corazon humano: el amor y la ambicion. + +Sin embargo, siempre que los dos jóvenes se encontraban, se saludaban +sonriendo; siempre antes de separarse, se estrechaban con fuerza las +manos; pero siempre que Aben-Humeya se asomaba á los miradores de su +castillo de Válor, lanzaba una mirada llena de odio á la atalaya de +Cádiar; siempre que Aben-Aboo sacaba la cabeza por la ventana de su +nido, arrojaba una mirada letal al castillo de Válor. + +Entrambos tenian respectivamente, el uno para el otro, la palabra de +amistad en los labios, y el odio en el corazon. + +Para aumentar este odio, la suerte parecia vacilar entre los dos. + +Los moriscos de las Alpujarras despreciaban á Aben-Humeya, y los +monfíes, aquellos horribles bandidos invisibles, habian dejado mas de +una vez el cadáver de un perro á la puerta de su castillo, lo que era +una afrenta horrible entre los moros, y al mismo tiempo una amenaza: por +el contrario, los xeques de la vega de Granada y del Albaicin, seducidos +por Aben-Jahuar-el-Zaquer, tio paterno de Aben-Humeya se habian +declarado ardientemente sus partidarios, y pensaban en él para hacerle +rey de Granada. + +Habia ademas, otra persona parienta de entrambos jóvenes, á la que nunca +habian visto; pero cuyo parentesco conocian, y cuya influencia sentian, +y á quien aborrecian por la misma razon que se aborrecian entre sí: por +ambicion: aquel hombre era demasiado poderoso para que no les fuese +temible: era el que mas derechos tenia á la corona de Granada; porque +aquel hombre, en una palabra, era Yaye-ebn-Al-Hhamar, emir de los +monfíes. + +Nuestros lectores, por lo que acabamos de consignar, comprenderan, que +la vida del emir habia llegado á su situacion mas dramática; nuestros +lectores conocen los amores de Yaye con doña Elvira de Céspedes, esposa +de don Diego de Córdoba y de Válor, y con doña Isabel, hermana de este: +saben tambien, que por una horrible fatalidad, aquellos amores habian +dado por fruto dos niños, cuyo verdadero orígen, habia sido cubierto +respectivamente por decoro de familia: nadie sabia aquel secreto, mas +que las dos mujeres y Yaye, siendo de presumir, que lo supiese tambien +la persona que se habia apoderado de las cartas de doña Elvira y de doña +Isabel, en que ellas mismas habian descubierto aquel secreto. Por mas +que habia hecho Yaye, no habia podido averiguar quién habia sido el +ladron de aquellas cartas, lo que le tenia en una ansiedad increible. + +Fuera de esta persona ignorada, nadie habia que pudiera revelar aquel +secreto. A nadie constaba si Miguel Lopez, antes de partirse á las +Alpujarras, habia poseido á su esposa. Nadie sabia la terrible escena +que habia acontecido entre don Diego de Válor y doña Elvira, á la vuelta +de aquel de las Alpujarras, y antes de que fuese preso por el capitan +general. Miguel Lopez no habia podido revelar nada, porque habia muerto +de hambre en el subterráneo; don Diego de Válor, que esperaba para +vengarse verse en libertad, acusado con pruebas fehacientes del +asesinato de su cuñado, habia muerto en la prision; su hermano don +Fernando, al tiempo de la muerte de don Diego, se encontraba en Africa á +donde habia ido á buscar auxilio en nombre de los moriscos de Granada, +en la córte del dey de Argel, y nada pudo revelarle el preso antes de +morir. El secreto, guardado de una parte por la tumba, y de otra por +intereses de familia, no podia ser descubierto, sino por la mano +misteriosa que habia robado sus únicas; pero terribles pruebas. + +Hermanos Aben-Humeya y Aben-Aboo, solo se creian primos, y se aborrecian +de muerte, y este aborrecimiento; cuya causa conocia Yaye, le aterraba. + +Porque Yaye no podia dudar de que los dos jóvenes eran sus hijos, y esto +para él era una fatalidad mas: sino hubieran sido hermanos de Amina, el +emir que conocia las rivalidades de entrambos, las hubiera atajado, +uniendo á Aben-Humeya con su hija, cumpliendo de este modo el antiguo +contrato de las dos familias, y satisfaciendo ó sosteniendo con mano +fuerte la ambición de Aben-Aboo. + +Llovian las contrariedades sobre el emir. Del mismo modo que Aben-Humeya +se habia hecho partido entre los moriscos de Granada y de la Vega, +Aben-Aboo, por las influencias de los parientes de Miguel Lopez, su +falso padre, se lo habia hecho entre los de las Alpujarras. + +Ademas, por su valor, por su fanatismo musulman, que en vano habia +querido dominar su madre; por sus atrevidas excursiones á la montaña; +por algunas muertes dadas, aunque secretamente, á algunos castellanos, +habia llamado la atencion de los monfíes que le apreciaban sobre manera, +del mismo modo, que, como dejamos dicho, insultaban á Aben-Humeya. + +Sabíalo esto Yaye, y veia venir las disidencias y las luchas intestinas +entre los moriscos. Queria remediarlo y no podia. Todos los caminos se +le cerraban. Amina, Aben-Aboo y Aben-Humeya, eran sus hijos. + +Yaye habia empezado á ser hombre, cometiendo grandes desaciertos. Habia +escuchado á su ambicion y á su fanatismo, mas que á su corazon; habia, +en una palabra, cometido crímenes: el crímen no puede producir mas que +crímen, y Yaye, ya casi en el otoño de su vida, veia levantarse contra +él su pasado de una manera aterradora: dos mujeres, hermosas aun y +llenas de vida, sedienta la una, doña Elvira, de venganza, lo que no se +ocultaba á Yaye; resignada la otra, dona Isabel, pero infeliz, víctima +de la ambicion y de los crímenes de su familia, mártir inocente que +devoraba su dolor y sus lágrimas, ocultándolas á todo el mundo. Ademas +de estas dos mujeres, era otro cruel remordimiento para Yaye, su hija, +su infeliz Amina, deshonrada á sus ojos, enamorada de una manera +insensata del marqués de la Guardia; una niña, una infeliz criatura dada +á luz por Amina, oculta, bastarda, con un porvenir oscuro; sus dos hijos +Aben-Humeya y Aben-Aboo, empeñados en una lucha sorda, pero por lo mismo +mas terrible. Calpuc, el rey del desierto, viniendo de tiempo en tiempo +de América, trayéndole tesoros, representante á un tiempo de la +desventura de Estrella y de la desventura de Amina, y luego ¡oh! luego +otro remordimiento mas terrible, mas aterrador... El príncipe don Cárlos +de Austria, el insensato, á quien él habia lanzado á la rebeldía contra +su padre, el infeliz loco habia sido procesado por el terrible Felipe +II, y habia muerto en el alcázar de Madrid[14]. + +Dios, el rey y los médicos de cámara, Oliva y Vallés, el divino (como se +le llama aun) sabian si el príncipe habia muerto por enfermedad, por +excesos, ó por un veneno: la historia nada sabe, nada ha podido decir, +sino que el príncipe murió preso y procesado por su padre, y este +horroroso suceso, este parricidio, acaso, pesaba sobre el alma de Yaye, +la torturaba, la estremecia, porque, aunque Felipe II fuese su enemigo +natural, el verdugo de su pueblo, lo horrible, lo monstruosamente +criminal, este sobre todos los odios, flota sobre todos los intereses. + +De modo que Yaye, que habia tenido la vanidad de la virtud, y la +ambicion de un héroe, se encontró cuando empezaba á descender el sol de +su vida, con el alma ennegrecida y humillado por el remordimiento, y con +la desesperadora certeza de no haber hecho nada por su patria. + +Tales eran la situacion de Yaye, de doña Isabel de Válor, de doña Elvira +de Céspedes y de sus hijos, en la fecha en que se encuentra nuestro +relato. + + + + +CAPITULO II. + + El peregrino y el ermitaño. + + +Un dia de invierno del año de 1568, domingo por cierto á 19 de +diciembre, despertó Granada, la que llaman los poetas paraiso oriental, +jardin de amores, alcázar de perlas, castillo fuerte y contentamiento de +la vida; despertó, decimos, tan envuelta en nieblas, que no parecia sino +dueña mogigata y pudibunda, ú honesta desposada, que sale á la calle la +mañana siguiente de sus bodas, y se cubre con su rebocillo en el breve +tránsito de la casa nupcial á la iglesia. Lo cierto del caso es, y nos +dejamos de peligrosas figuras, que tal y tan espesa era la niebla, que +apenas se lograban ver los objetos á diez pasos de distancia; que algo +mas allá los árboles parecian fantasmas y que, por último, algun espacio +mas allá nada absolutamente se veia mas que el fondo perdido, vago y +flotante de las extremidades de las nubes que tocaban á la tierra y la +inundaban con una lluvia menuda, espesa y fria como la nieve. + +Corria, otro si, un vientecillo tan sutil y helado que los traginantes y +demás gente de camino que iban por el de las Alpujarras á Granada, +tenian gran cuidado de llevar calados los chapeos hasta los ojos y +subidas las mantas, capas ó capotes hasta las narices, requisito sin el +cual se exponian á convertirse en carámbanos, á beneficio de un aire +colado y á pesar del cual se les helaba el aliento á la salida de las +narices, escarchándose sobre los mostachos de quien los tenia: era, en +fin, una de esas homicidas mañanas de invierno contra las cuales no hay +mejor defensa que el lecho y una habitacion herméticamente cerrada y +convenientemente caldeada. + +Si fuera preciso que nuestros lectores nos acompañasen en cuerpo y alma, +en una mañana tal y con tal frio, al lugar en que es necesario que nos +apostemos para esperar á ciertas personas, estamos seguros que del +infinito número de lectores que han de tomar en sus manos este libro, +solo quedaria alguno de esos calaveras á quienes nada pone espanto, y +que estan siempre dispuestos á correr una aventura, siquiera sea en el +infierno, ó algun desesperado cansado de la vida, y á quien fuese +indiferente morir de pulmonia, de pasmo ó á mano airada. Pero, +afortunadamente, tanto nuestros lectores como nosotros, no tenemos +necesidad de otra cosa que de trasladar nuestra atencion, entidad moral +é incorpórea, agena por lo tanto al frio ó al calor atmosférico, á la +ermita de san Sebastian, antigua mezquita de moros, convertida despues +de la conquista de Granada por el celo religioso de nuestros abuelos en +santuario y hoy (vicisitudes de la suerte) por el espíritu mercantil y +codicioso de nuestra época, en taberna. + +Sin embargo, y decimos esto de paso; sin embargo de que el humo del +aceite del figon y de los cigarros de los borrachos, ha ennegrecido el +interior de aquel pequeño edificio cuadrado, á pesar de que un innoble +hacecillo de sarmientos se mueve al impulso de las auras del Genil sobre +el venerable arco árabe de la antigua mezquita, como en muestra de que +allí puede embriagarse todo el que quiera por algunos maravedises, aquel +edificio, envilecido por los hombres, conserva los gloriosos recuerdos +de haber acampado junto á él los ejércitos de Castilla y de Aragon, el +mismo dia en que se entregó Granada á los Reyes Católicos, que, rodeados +de su córte, de sus prelados y de sus mas grandes capitanes, vieron +desde aquel punto ondear sobre la distante torre de la Alcazaba de la +Alhambra los tres pendones de Castilla, de la fe y de las órdenes +militares: una lápida antigua, incrustada en el lado oriental de la +ermita que conserva en una sencilla inscripcion estos gloriosos +recuerdos históricos, forma un enérgico contraste, es casi una protesta, +contra el hacecillo de sarmientos y las impuras bacanales de rameras y +gente perdida, cuotidianos concurrentes del garito, y una voz muda, pero +severa, que acusa ante el buen patricio, ante el hombre de corazon y +ante el extranjero, la incuria de los que no han sabido defender del +envilecimiento, aquel depósito de tan nobles tradiciones, aquel +santuario donde se ha elevado entre el humo del incienso del altar, el +homenaje de adoracion y alabanza del hombre á su Criador. + +Pero dejando el tono declamatorio que sin saber cómo, nos ha inspirado +el recuerdo de la mezquita-templo-taberna, situémonos junto á ella y +veamos si llegan las personas á quienes esperamos. + +Inútil es decir que en aquellos tiempos la ermita de san Sebastian era +una verdadera ermita, con su fraile-lego-sacristan, su esquilon colgado +entre dos postes sobre la puerta, su rejilla de hierro abierta en ella, +y su lámpara siempre encendida delante del altar, que se veia á través +de la rejilla. + +Acababa de amanecer, ó por mejor decir, de esclarecerse la luz del dia, +harto empañada por la niebla, cuando de entre esta y ya cerca de la +ermita, se destacó un bulto, primero informe, y perfectamente +perceptible poco despues; componian el bulto un hombre y un asno; vestia +el primero, que venia cabalgando en el segundo, un hábito de peregrino; +esto es: sombrero de anchas alas, fatigadas por enormes conchas, muceta +igualmente conchuda, túnica de buriel y bordon con la consabida +calabacilla pendiente de su extremo superior; era el segundo un sesudo y +robusto jumento de las Alpujarras, enjaezado con jáquima y albarda á la +morisca; esto es: enriquecidas ambas con flecos de estambre y seda de +colores á que llaman alhamares de la tierra, y adornada la cabeza con un +penacho voluminoso, cuya tiesura contrastaba de una manera original con +lo abatido y lacio de las enormes orejas del jumento, abatidas por el +frio y por la lluvia. + +En vez de seguir adelante por el enlodado y difícil camino que siguiendo +por la márgen izquierda del Genil, sobre que está situada la ermita, +conduce al cercano puente y á la ciudad, el peregrino tocó suavemente +con la extremidad de su bordon el lado derecho de la cabeza del asno, y +este se dirigió en derechura á la puerta de la habitacion del ermitaño, +adherida por la parte del rio á la ermita. + +Es de advertir que el peregrino no se habia descubierto ni santiguado al +pasar junto á la cruz de piedra situada delante de la ermita, +irreverencia notabilísima en aquellos tiempos, y que hacia sumamente +sospechoso á quien tal desacato se permitia: ello es verdad que nadie +podia haberlo visto, porque en la pequeña área en que podian ser +perceptibles los objetos á causa de la niebla, no habia otra persona que +el irreverente, ni otro testigo que el asno, y aun este, por su posicion +natural, no podia notar la falta, y caso de que la hubiera notado, ya +sabemos hasta donde llegan el silencio y la discrecion de un borrico. + +Apeóse el peregrino cuando el animal hubo de detenerse, no pudiendo +pasar adelante á causa de la interposicion del muro de la ermita, y +acercándose aquel á la puerta de la habitacion del ermitaño, dió en ella +y consecutivamente tres fuertes golpes con el herrado cuento de su +bordon. + +Contestó inmediatamente tras de la puerta una voz nasal y +característica, verdadera entonacion frailuna y untuosa, á cuyo sonido +contestó el peregrino en dialecto extranjero gutural y acentuado: + +--¡_Al-jandul-illah!_[15] + +--¡_Le ille-Allah!_[16] contestó inmediatamente con entonación devota y +enérgica una voz robusta y varonil, al mismo tiempo que se abría la +puerta y dejaba ver un ermitaño robusto de cuerpo, de barba bermeja, +cútis cobrizo y ojos negros y centelleantes, envuelto en un hábito +ceniciento de franciscano descalzo. + +Miráronse frente á frente ermitaño y peregrino y el primero dijo al +segundo: + +--Yo esperaba á un hombre que pronunciara á mi puerta el nombre de Dios. + +--Yo soy ese hombre, contestó el peregrino. + +--¿Ha llegado el dia hermano? dijo el ermitaño. + +--Se acerca la hora, contestó el peregrino. + +--Muéstrame una señal para que pueda creerte. + +--Déjame entrar en tu casa, dijo el peregrino, viendo que el ermitaño +cubria recelosamente la estrecha entrada. + +Apartóse el ermitaño, y el peregrino tirando del ronzal del asno, le +introdujo en un reducido patio en cuyo centro existia aun la pequeña +fuente de ablucion de la mezquita, y al fondo bajo un parral en +esqueleto, una preciosa puerta árabe minuciosamente labrada y orlada de +inscripciones cúficas, con leyendas del Koram. + +El ermitaño cerró inmediatamente la puerta exterior: entonces el +peregrino se quitó el sombrero, levantó una de sus conchas, y arrancó de +ella un pequeño pergamino cuidadosamente enrollado, que habia estado +adherido con cera á la parte interna de la concha, le desenrolló y le +mostró al ermitaño. + +Este leyó lentamente el contexto del pergamino, que consistia en algunas +líneas de pequeños y hermosos caracteres africanos, escritos con tinta +roja. + +--¿Cómo te llamas? dijo el ermitaño mirando profundamente al peregrino. + +--Abul-Hhassan, contestó aquel. + +--_¿Por dónde se camina hacia la luz hermano?_ replicó el ermitaño. + +--_Por las tinieblas_, contestó el peregrino. + +--Bien venido seas, hermano, dijo el ermitaño tomando la mano derecha +del peregrino y llevándola á la frente, muestra de aprecio y de amistad +entre los moros, recibida por ellos de los árabes. + +--Que el Altísimo y Unico te pague tu buena acogida hermano, contestó el +peregrino. + +--Entra y conforta tus miembros, Abul-Hhassan, dijo el ermitaño; por acá +tenemos el invierno crudo, y vienes sin duda de tierra donde el sol es +siempre ardiente. + +--Vengo de Argel. + +--¿Y qué noticias traes? + +--Malas, muy malas; dijo el peregrino sentándose en un taburete junto á +un hogar en que habia fuego. + +--¿Malas noticias dices que traes? + +--El dey Aluch-Alí, desconfia de nosotros. + +--¡Que desconfia de nosotros! y bien: tiene razón: hasta tal punto +sufren los moriscos las tiranías y las afrentas con que los afligen los +castellanos, que debe creerlos cobardes, y lo son, si, por la santa +Kaaba. ¿Por qué no imitan á los monfíes de la montaña? + +--Pero el dia de la venganza y del exterminio se acerca, exclamó con +energía Abul-Hhassan. + +--¿Y qué haran los moriscos solos, rodeados por todas partes de +soldados, de alguaciles y de inquisidores? + +El peregrino sonrió con desden. + +--El pueblo de Dios, dijo con solemnidad, vive entre los infieles; +parece sumiso y resignado; pero se agita en silencio, y está en todas +partes; en las casas de los magnates cristianos, sufriendo sus +insolencias y comiendo el pan de la servidumbre con la frente baja, la +mirada tranquila, la sonrisa en los labios; en los conventos, vistiendo +el sayal del fraile cristiano; bajo las banderas del rey impío, +vistiendo el coselete del soldado; nuestras hijas sonrien al castellano +y le enamoran, mostrándole el rostro descubierto y dominándole con su +hermosura; en nuestras casas entran descuidados, y en sus templos +penetramos nosotros encubiertos; tú mismo pasas por santo entre ellos, +eres sacristan de esta santa mezquita profanada, y ninguno desconfia de +tí; yo, cuando paso por los caminos del infiel, con mi bordon de +peregrino, les pido caridad en nombre de su dios, y con la máscara de +mendigo penitente, paso entre ellos, que me respetan y llenan mi bolsa +con sus limosnas. ¿Quieres mas? Llegará un dia en que el vencido, +humillado hoy, envilecido, doblegado ante su señor, se levante con el +puñal en una mano y la tea en la otra, cuando menos lo esperen los +cristianos; cuando esten mas confiados por nuestra humildad y nuestro +sufrimiento, y ese dia ha llegado ya. + +--Pero envuelto en nieblas: me parece muy pronto Abul-Hhassan. + +--Dentro de pocas horas esas nieblas se habran deshecho ante la luz del +sol; nos espera un hermoso dia, hermano. + +--¿Y por qué si tienen los moriscos tantas esperanzas los abandona el +dey de Argel? + +--Su guerra con los venecianos, á que le lleva su fidelidad hacia el +supremo emir de los creyentes, Selim II, á quien Dios prospere, le +tiene sin naves y sin dinero; hoy no nos podria dar ni una sola fusta, +ni un solo soldado, ni una sola dobla. Esperémoslo todo del sultan, del +sublime Selim. Entre tanto nos ayuda el emir de los monfíes de las +Alpujarras. + +--Ya, ya lo he visto por el pergamino que me has entregado. + +--Si unidos á los monfíes de la montaña logramos apoderarnos de Granada +y poner en armas la tierra desde Almería á Gibraltar; si vencidas, como +es de esperar, las armadas de Venecia, puede el sultan enviarnos sus +galeones, y sus taifas, que haran innumerables las taifas berberíes, +España volverá á ser nuestra como lo fue en tiempos de Muza y de Tarik, +y ¡ay entonces de la infame Europa! la palabra de Dios llevada adelante +por las espadas del Islam, llenará la tierra desde el Oriente á las mas +altas regiones del Occidente, mas allá de los grandes mares, y desde el +Mediodia al Septentrion; hasta los eternos hielos. + +--Cúmplase la voluntad de Allah. + +--Y se cumplirá, asi está escrito: ¿no crees tú en lo que revelan esas +palabras de luz que se llaman estrellas? + +--La carta que me has dado dice que eres sabio y astrólogo: solo Dios +sabe lo oculto, y él lo revela á sus escogidos. ¡Cúmplase la voluntad de +Dios! + +Hubo un momento de silencio. + +--¿Quién te ha dicho que me busques? preguntó al cabo el ermitaño que no +confiaba mucho en Abul-Hhassam. + +--El emir de los monfíes. + +--¿Y dónde has visto al emir? + +--En las Alpujarras. + +--¿Cuánto tiempo hace? + +--Dos dias. + +--Y nada mas te ha dicho el magnífico emir al enviarte á mí. + +--Si me ha dicho: busca al Julaní que vive encubierto en la mezquita de +Al-Morabethin[17] y á quien los cristianos llaman el hermano Pablo; +desde la mezquita hasta la casa de su hermano el Hardon en el Albaicin +hay una larga mina, cuya entrada por la mezquita sabe él solo: no es +prudente que tú, hombre de Dios, andes á la luz del dia por Granada, ni +te aposentes en las posadas públicas; en la ciudad hay gente que te +conoce y que sabe que andas oculto desde el levantamiento de las +Guajaras. Toma este escrito: mediante él, el Julaní te abrirá la puerta +de la mina, y por bajo de Granada, llegarás á casa del Hardon. Esto me +dijo el emir al darme el escrito que te he entregado. + +--Tú eres el faqui, dijo aun con recelo, pero mas tranquilo el Julaní, +que hace algunos años dijiste que las estrellas te habian revelado el +nombre del escogido por Dios para ser rey de Granada. + +--Sí es verdad, yo soy Abul-Hhassam el faqui. + +--¿Y quién debe ser rey de Granada? dijo con sarcasmo el Julaní. + +--Hubo un tiempo en que yo creí leer de una manera clara su nombre en el +eterno libro del firmamento. + +--¿Y era ese nombre el de Aben-Aboo, el hijo de doña Isabel de Córdoba y +de Válor? + +--Si, ese era el nombre que creí leer; pero despues las estrellas me han +dicho: «espera solo un momento antes de que el pueblo de Granada se +levante armado contra sus opresores y podrás saber ese nombre.» + +--¿De modo que?... + +--Esta noche á las doce, sabré quién ha de ser rey de Granada. + +--Que Dios te ilumine para bien de su pueblo santo faqui, dijo el Julaní +con acento de amenaza. Entre tanto, y como tu permanencia aquí no es +prudente, ven. + +El Julaní se levantó y llevó al faqui á un ángulo de la estancia donde +estaba la humilde tarima de penitente, que le servia como complemento de +su apariencia cenobítica; la apartó y debajo de ella quedó descubierta +una trampa cerrada con un candado: sacó el Julaní una llave de la manga +de su hábito, levantó la compuerta y quedó descubierta una trampa. + +Abul-Hhassam fue á descender por ella. + +--Espera, dijo el Julaní; es necesario que todo lo que ha venido contigo +desaparezca. + +Y salió al patio, asió el ronzal del jumento, tiró de él, le introdujo +en la habitacion y le hizo descender por la trampa: siguióle +Abul-Hhassam, y poco despues marchaban por un pasadizo llano, á cuyos +costados habia algunas puertas, iluminado por una lámpara pendiente del +techo. + +--¡Daruh! exclamó el Julaní cuando estuvieron en el pasadizo. + +Poco despues por una de las puertas laterales apareció un hombre jóven, +robusto y de aspecto feroz, vestido exactamente como los monfíes de la +montaña. + +Este hombre examinó atentamente á Abul-Hhassam, y volviéndose al Julaní +le dijo. + +--¿Qué me quieres walí? + +--Lleva este asno á la caballeriza, ponle pienso como á nuestros +caballos y vuelve. + +Daruh tomó el ronzal del asno, y desapareció con él por una puerta +inmediata. + +--¡Tus caballos! ¡tus caballerizas! exclamó con asombro el faquí. + +--Si por cierto: estamos preparados: en un solo momento los monfíes de +las Alpujarras saldran de debajo de la tierra armados y cabalgando como +en tiempos de Boabdil. + +--A quien Dios maldiga. + +--Si; maldígale Dios: fue un traidor. + +Apareció entonces Daruh. + +--Guia á este hombre de Dios, le dijo el Julaní señalando al faquí, á +casa del Hardon en el Albaicin. + +--¡Qué! ¿de esta entrada corren muchas minas al interior? + +--Tantas Abul-Hhassam, que si Daruh no te acompañase te perderias en su +laberinto. Pero á Dios: no puedo faltar mucho tiempo de la mezquita: que +Dios te guie y te ilumine, faquí. + +--Que la proteccion del Dios Altísimo y Unico esté sobre tí, hermano. + +Habia un ligero acento de amenaza en las palabras con que se habian +despedido el wali y el faquí. + +Daruh encendió una lámpara, y echó por la mina adelante precediendo al +faquí. + +El Julaní permaneció un momento inmóvil y pensativo. + +--El emir lo quiere, dijo al fin; pero hace algun tiempo no eran esas +sus intenciones: ¿le habrá engañado ese astrólogo embustero? ¿Quién +sabe? Que Dios ilumine al magnífico emir. + +Despues de estas palabras el Julaní subió, cerró la trampa, puso sobre +ella la tarima, y tomando de sobre una mesa en que habia un crucifijo y +una calavera, un cepillo de cobre, salió á la ermita, abrió su puerta y +se puso en ella exclamando de tiempo en tiempo con voz compungida, y +haciendo sonar algunas monedas que contenia el cepillo: + +--¡Hermanos caritativos! ¡ayudad con vuestras limosnas al culto de esta +santa ermita! + + + + +CAPITULO III. + +La recua, el carro y el ginete. + + +El sol habia salido, y haciendo honor á los pronósticos de Abul-Hhassam, +la niebla se habia disipado, contribuyendo á ello, un fuerte viento del +Norte que habia arrojado las nubes hácia Sierra-Nevada, en cuya cima se +agrupaban, como sirviéndola de turbante. + +El golpe de vista que se gozaba desde la ermita de san Sebastian era +bellisimo: una ciudad maravillosa, Granada, iluminada por los primeros +rayos del sol de la mañana, aparecia, extendiéndose su anfiteatro desde +el puente de Genil hasta la encumbrada Alhambra que recortaba sobre el +purísimo y radiante azul del cielo, sus torres y sus muros almenados, y +sobre estos y entre aquellos, los verdes cipreces de los adarves de la +torre de la Vela de la Alcazaba, el bello palacio del emperador Carlos +V, y la iglesia de santa María. Has cerca las torres Bermejas, con sus +robustas defensas; el cerro de los Mártires, cubierto de cármenes, y +estos cármenes cubiertos de verdura, á pesar de la estación, merced al +verdor eterno de los laureles, los naranjos, los cipreces y los nopales. +Mas abajo los muros, siguiendo las inflexiones de las colinas; la Puerta +del Sol, las torres de la ribera de los Molinos, la puerta de +Bib-Lachar, el Cuarto Real, la puerta, la del Rastro, de Bib-Ataubin, la +Real, de Bib-Arrambla, hasta perderse á lo lejos entre las calles de la +ciudad nueva; y dentro de los muros, cubriendo las colinas, casas +blancas como tórtolas en su nido, entre las que brotaban cipreces y +laureles, y los campanarios de las parroquias y de los conventos, y de +las capillas; y todos aquellos capiteles relumbrando, todas aquellas +casas frescas y galanas, todo aquel verdor desmintiendo al invierno y +aquellos castillos pesando sobre las cumbres; todo visto á través del +dorado vapor producido por la luz matinal del sol naciente, y á la +derecha la Sierra-Nevada con su turbante de nubes, su blanco manto y su +anfiteatro de montañas; á la izquierda la extendida vega y las distantes +y azules cordilleras; cerca el murmurante y claro Genil; en torno la +tierra empapada por la lluvia exhalando un tenue vapor bajo los rayos +del sol; todo aquello, repetimos, era una magnífica poesía, escrita la +mitad por la mano de Dios, la otra mitad por la mano del hombre. + +El camino de las Alpujarras, ó como ahora se dice, de Armilla, se hacia +mas concurrido á medida que avanzaba el dia; hermosas y robustas +aldeanas, la mayor parte moriscas, montadas á las ancas de sus pollinos, +por temor de manchar con el lodo, sus encarnados zagalejos, llevando en +los serones hortalizas ó en los capachos gallinas y corderos, pasaban +alegres entonando el lánguido fandango, é interrumpiéndole de tiempo en +tiempo para animar su cabalgadura; oíase sin interrupción el zumbido de +los cencerros de las recuas, que conducían á la ciudad los variados +frutos de las ricas Alpujarras, y de tiempo en tiempo pasaba tambien +algun hidalgo, ginete en su cuártago con el arcabuz en el arzon y la +espada al cinto; toda esta gente, las aldeanas que saltaban de una +manera hechicera de las ancas de sus asnos; los arrieros que se +separaban de su recua; el hidalgo que dejaba momentáneamente el camino, +se dirigian á la ermita, se descubrian, se santiguaban, y dejaban caer +media blanca, ó moneda de mayor valía, en el cepillo del ermitaño. + +Unos decian al dar la limosna: + +--¡Dios le guarde santo ermitaño! + +Otros: + +--Dios nos ayude hermano. + +A los primeros contestaba el Julaní: + +--Dios se lo pagará en el cielo. + +A los segundos. + +--Dios tendrá misericordia de nosotros. + +Los primeros eran cristianos viejos: esto es, vencedores. + +Los segundos eran moriscos: esto es, vencidos. + +Hacia ya mas de una hora que el fingido ermitaño pedia para el culto de +la ermita, y agitaba el cepillo que era enorme, y que sucesivamente iba +produciendo su sonido mas ronco, y haciéndose mas pesado, cuando se oyó +un cencerro mucho mas sonoro que los que habian pasado hasta entonces, +acompañado del sonido de muchas campanillas, y desembocó por el camino +una recua de poderosos burros que venian al trote, excitados por sus +arrieros. + +Pero lo que tenia de extraño esta recua, ademas de la riqueza y de la +variedad de los penachos y los caireles con que venian engalanados los +jumentos, era que para cada uno de ellos venia un hombre, y que estos +hombres eran jóvenes, robustos, bien encarados y gallardos; vestian ni +mas ni menos, como los traginantes de las Alpujarras; quien los hubiera +contado, hubiera visto que llegaban á veinte y dos, y que tras ellos, +ginete en un macho, sobre una vistosa enjalma, venia un hombre de mas +edad y respeto, y al parecer como capataz ó mayoral de aquella gente; en +cada asno detrás de la carga, que era abultada, aunque no de un peso +excesivo, á juzgar por lo desembarazado y fácil del trote de los +jumentos, se veia un largo arcabuz, y en cuanto al que hacia cabeza de +aquellos hombres, llevaba sujetos al cinto dos pedreñales y una daga, en +el talabarte una espada y á mas de esto dos arcabuces pendientes á los +costados de la parte posterior de la enjalma. + +Estos veinte y dos jumentos, sonoros con su cencerro y sus cascabeles, +pasaron como una exhalacion por delante de la ermita, no sin que el +Julaní los mirase de una manera profunda, no á los burros, sino á cada +uno de los hombres que llevaban á las ancas, ni sin que todos estos +hombres mirasen con profunda atención al Julaní. En cuanto al capataz de +aquella gente, se desvió del camino, enderezó su mulo á la ermita, se +descubrió respetuosamente al pasar por delante de la cruz; pero con un +tanto de tiesura y como quien lo hace de mala gana, y parando junto al +falso ermitaño, que acortó el trecho, saliendo al encuentro del que +llegaba, cepillo en ristre, el ginete se inclinó y echó en el cepillo un +doblon de á ocho. + +Aquella enorme limosna, que trocada en cobre hubiera llenado veinte +cepillos, era sin duda una seña, puesto que el Julaní dijo palideciendo +y mirando fijamente al ginete, que era un hombre como de cuarenta y seis +años. + +--¿Con que ha llegado la hora? + +--Si, contestó el otro. + +--Tú eres el walí, Harum-el-Geniz, exclamó el Julaní mirando fijamente +al otro. + +--Si, si por cierto, y vengo bien disfrazado cuando solo me has +reconocido por la voz. + +--Buena barba y buenas cejas traes. ¿Y esos valientes que han pasado con +la recua son de los nuestros? + +--Si, son de la taha de Cádiar. Pero vamos á lo que importa. Tras mí +viene un carro de mulas resguardado por cuatro de nuestros mejores +hermanos; dentro de poco estará aquí y entrará una persona que viene en +el carro á orar en la ermita: deja ya de pedir y espera dentro; ya +suenan las campanillas de las mulas del carro, y mi buena recua va +lejos. Adios. + +Y apretando las espuelas al mulo, partió al galope al mismo tiempo que +el Julaní se metia en la ermita. + +Poco despues apareció en el camino un carro que adelantó á buen paso; +tiraban de él cuatro mulas, al cabezon de una de las cuales iba asido un +zagal jóven y ágil: en la delantera iba un mayoral fornido, y la entrada +del carro iba cubierta por una doble cortina de cuero. + +Detrás y á poca distancia armados con lanzas á la gineta, venian cuatro +lacayos de buen aspecto, y lo bien costeado y lujoso del carro, el valor +de las mulas y de los caballos de la servidumbre, y las libreas de +estos, todo demostraba que quien de tal modo hacia su viaje, era una +persona principal. + +El carro se dirigió á la ermita y cuando estuvo cerca de ella paró, uno +de los lacayos echó pié á tierra, tomó de la zaga una escalerilla de +madera, la apoyó contra la delantera, y el mayoral abrió las cortinas +que cerraban la entrada: entonces salió una persona con trage negro de +caballero, y apoyándose ligeramente en el hombro del lacayo, que á pesar +del frio tenia el sombrero en la mano, saltó al suelo casi sin tocar los +travesaños de la escalerilla, pasó junto á la cruz, se quitó devotamente +la gorra y entrando en la ermita se arrodilló delante del altar. + +La estatura de esta persona era mediana para hombre y aventajada para +mujer, y decimos para mujer, por que por la redondez de sus formas, por +lo mórvido de su cuello, que se veia en parte entre una rica gorguera de +Cambray y un cumplido antifaz de terciopelo que cubria su semblante; por +lo brillante y sedoso de sus largos rizos, muy reparables entonces, +puesto que los nobles llevaban los cabellos exageradamente cortos; por +la altura de su pecho, por la pequeñez de sus manos, por mil indicios, +en fin, de delicadeza y de hermosura femenil, se comprendia que aquella +persona era una mujer disfrazada de hombre. + +Sus ropas eran ricas, y como hemos dicho, enteramente negras, y de +terciopelo; únicamente su capotillo era de riquísimo paño de Segovia, +forrado de armiños; llevaba espada y daga; pero no pequeñas como +pudieran suponerse pendientes de la cintura de una mujer, sino tales +como pudiera haberlas usado un capitan de los tercios de Italia, aunque +de gran riqueza y primor en sus empuñaduras; últimamente, sus botas de +gamuza adobada estaban armadas de espuelas de oro y (cosa extraña) +pendiente de un cordon de seda negro, llevaba sobre el pecho una +plaquita de oro, en que estaba esmaltada la cruz de Santo Domingo, +distintivo usado por los familiares del Santo Oficio de la Inquisicion. + +El antifaz que esta persona llevaba, sin duda para no ser conocida, no +era de reparar en aquellos tiempos, en que tanto los caballeros de algun +estado, como las damas, usaban el antifaz cuando iban de camino con el +objeto de resguardar el rostro de los agravios de la intemperie. + +La incógnita estuvo algun tiempo arrodillada ante el altar y luego se +levantó, miró en torno suyo, vió al Julaní que estaba relegado á un +ángulo junto á un confesonario, se dirigió á él, sacó de su limosnera un +pliego cerrado, se lo dió y sin decir una sola palabra salió de la +ermita, y entró en el carro que seguidamente tomó á buen paso el camino +del puente de Genil. + +El Julaní se volvió de espaldas á la puerta y rompió la nema del pliego +en la que se leia únicamente estas palabras: «_Obediencia y sigilo._» + +Dentro algunas líneas en caracteres africanos muy bien escritos decian: +«El Señor Altísimo y Unico prospere tus bienes y te de paz y salud. +Sabrás, Julaní, como esta noche á las doce, llamaran á tu puerta todos +los xeques de las tahas de las Alpujarras y de la Vega; cada uno de +ellos te mostrará una sortija de oro que tendrá escrito en la parte +exterior el nombre de Dios. A todo el que te presente una sortija tal le +introducirás por la mina, haciendo que uno de los monfíes que te +acompañan le guie á casa del Hardon junto á San Miguel. A todo el que +pretenda entrar sin mostrarte la sortija convenida, préndele y si +resistiere mátale.--El emir.» + +Guardó cuidadosamente el Julaní en su seno esta carta, fué á la puerta +de la ermita, permaneció en ella con el cepillo en la mano y tan +profundamente pensativo, que aconteció que mas de un viandante se +acercase á él, echase una moneda en el cepillo y pronunciase la fórmula +de costumbre, sin que el le contestara. + +Los cristianos al verle tan abstraido decian: + +--Es un santo. + +Los moriscos: + +--¿Qué sucederá que tan pensativo se muestra el Julaní? + +Pero hubo de volver en sí de su profunda meditacion al sentirse sacudido +de una manera vigorosa. + +Miró y vió ante sí á un jóven como de veinte y dos á veinte y cuatro +años, de altivo continente, rostro moreno y ojos negros y penetrantes: +vestia á la usanza de los hidalgos castellanos, usaba el pelo corto como +ellos, llevaba espada, daga y pedreñales y además, como arma defensiva +una coraza blanca y limpia y tenia del diestro un magnífico caballo de +raza árabe. + +--Te he llamado dos veces y no me has contestado, dijo el jóven, ¿en qué +diablos piensas, Julaní? + +--¡Ah! es Aben-Aboo, dijo aquel conociéndole. + +--Si, yo soy; ¿pero qué sucede? + +--¡Suceder! ¿quién sabe? pero me parece que llega la hora. + +--Lo mismo me parece á mí. + +--¿Estás seguro de tus parciales, Aben-Aboo? dijo gravemente el Julaní. + +--Como lo estoy de la hoja de mi espada, contestó el jóven. + +--Entra dentro, Aben-Aboo, dijo el Julaní, que no es prudente, hablar +largo tiempo donde alguien pueda vernos juntos. + +Y diciendo esto cerró la puerta de la ermita, fué á la que daba paso +desde el exterior á su habitacion, la abrió, miró con recelo al camino, +y viendo que en él no habia nadie, empujó al interior del patio á +Aben-Aboo que le habia seguido, tiró de su caballo, y cuando estuvo +dentro cerró el postigo. Un momento despues Aben-Aboo y el Julaní +estaban sentados frente á frente junto al hogar. + +--¡Oh! cómo nos engañamos los mas prudentes, dijo el Julaní: te muestras +muy seguro de tus parciales, y sin embargo ni aun puedes sospechar donde +se encuentra ahora Abul-Hhassam. Es, ó era segun creo uno de tus mayores +amigos. + +--Es sabio y santo, dijo Aben-Aboo: el espíritu de Dios ilumina sus +pensamientos y las estrellas hablan para él con tanta claridad como el +libro de Dios para los creyentes. Abul-Hhassam está en Argel donde yo le +he enviado á pedir ayuda al dey Aluch-Alí. + +--Sin duda que la costa del viaje habrá concluido con las últimas doblas +de la hacienda que te dejó tu padre. + +--En verdad, en verdad que ando muy pobre, Julaní. + +--Ya lo sospechaba yo. Tu hermosa casa de la calle de San Miguel está +alquilada; ya no eres el rico hidalgo que viajaba acompañado de lacayos, +ahora viajas solo como un cualquiera. + +--¡Qué quieres, Julaní! ¡decretos son de Dios! pero espero recojer con +usura el dinero que he sembrado. + +--Creo que te engañas, dijo el Julaní. Pero creo tambien que creerás en +mi amistad. + +--No tengo motivos para dudar de ella. ¡Hemos recorrido tantas veces +juntos la montaña! ¡juntos hemos dado muerte á tantos castellanos! + +--Y yo que te he visto valiente y noble, yo que sé que como Aben-Humeya +tienes derecho al trono de Granada; yo que comprendo que habria un medio +para que nuestro invencible emir, pensase en tí para hacerte su +heredero, yo que te amo, siento un dolor profundo al decirte que es +necesario que renuncieis á la corona de Granada. + +Púsose en pié de un salto Aben-Aboo. + +--¡Qué renuncie á ser el caudillo de mi pueblo en la guerra que va á +emprenderse contra el cristiano! ¡Que otro los lleve al combate! +exclamó con voz reconcentrada y el rostro lívido de cólera. ¿Piensas +acaso que yo ambiciono una corona? ¡Miseria humana! Honra y nada mas es +lo que quiero. Libertar á mi patria lo que ambiciono. ¿Y quién tiene mas +derecho que yo para empuñar la bandera del Islam? ¿Quién mas que yo ha +trabajado, ha velado, ha sufrido, por libertar á mi patria? ¿No he +expuesto mi vida? ¿No he gastado mis riquezas? + +--Hé ahí el mal, todo el mal. Por desgracia hay entre nosotros un hombre +á quien la plebe cree santo, inspirado por Dios, profeta: no será rey de +Granada, sino aquel cuyo nombre salga de la boca de ese hombre. Ese +hombre es el faquí Abul-Hhassam. + +--Pero Abul-Hhassam... + +--Abul-Hhassam sabe que has gastado tu último doblon. + +--Mis parientes han hecho pasar por su mano mis riquezas para ayudar la +predicacion con la caridad, para proveernos en Africa de armas y de +bajeles. + +--Tus riquezas han servido para aumentar las de ese embustero. + +--Abul-Hhassam es un santo. + +--Ha sabido parecerlo, y tanto que os ha engañado á tus parientes y á +tí. + +--La prueba, una sola prueba. + +--Vuelvo á repetirte una pregunta que ya te he hecho: ¿dónde crees que +está en estos momentos tu santo faquí? + +--Ya te he contestado que en Argel. + +--Hace una hora que Abul-Hhassam ha estado aquí, y ha entrado por la +mina en Granada. + +--Pero eso es imposible, imposible de todo punto. Ayer tarde se me mandó +de órden del emir, que estuviese hoy en Granada, y yo me he apresurado á +cumplir su mandato. Pero no sabia que me esperaban tan malas nuevas. + +--Pues aun hay mas. En Granada se dice entre los moriscos, que +Aben-Humeya será su rey, y que para evitar toda disension, casará con la +hija del emir. + +--¡Con la hija del emir! ¡con la sultana Amina! pero Aben-Humeya está +casado con Inés de Rojas. + +--La repudiará. + +--¿Y su hijo? + +--Le abandonará como á su madre. + +--Pero esto es un tejido de infamias. + +--¿Y crees tú que se pare mucho Aben-Humeya en cometerlas, si son +necesarias para alcanzar el reino? Es necesario que renuncies por ahora +á la corona. El emir es poderoso. Nosotros los monfíes lo podemos todo. +Cuando Yaye-ebn-Al-Hhamar, proteje á Aben-Humeya, es necesario obedecer +y callar. Y luego, aunque Aben-Humeya sea elegido rey, nada debe +importarte; él tendrá que vencer las primeras y mas duras dificultades, +y luego tú... + +--¿Y qué me importa que Aben-Humeya sea elegido rey, en comparacion de +la pérdida de Amina? + +--¿Cómo! ¿conoces á la sultana? + +--No. + +--¿Y estás enamorado de ella? + +--Como nos enamoramos de un misterio, tras el cual creemos encontrar un +tesoro. ¿Sabes tú lo que es en las Alpujarras la sultana Amina? + +--Si, sé que es un Dios. + +--Todos ansían conocerla y ninguno la conoce. + +--Te engañas. Hay un hombre que la conoce y que nunca se separa de ella. + +--¿Y qué hombre es ese? + +--Ese hombre es Harum-el-Geniz. + +Despejóse la frente de Aben-Aboo de la sombría nube que la habia +cubierto. + +--Algunas alboradas de verano, dijo suspirando, al volver la ladera de +una montaña, suelen verse en el borde del opuesto barranco, brillantes +armas, tocas y almaizares; algunos ginetes armados como nuestros abuelos +antes de la conquista, pasan deslumbrantes y magníficos, y entre ellos, +en un palanquin cubierto con un dosel de púrpura, va una dama con +vestiduras régias, cubierta con un velo: la cabalgata pasa, y con ella +el palanquin y la dama, y se pierden en las cercanas quebraduras: muchos +han visto este prodigio y siempre antes de la salida del sol: los +naturales creen que aquellos ginetes y aquella dama son sombras de +nuestros abuelos. Ninguno se atreve á seguirles por temor que aquellas +sombras condenadas pierdan su alma. Pero yo un dia me lancé tras ellos +al escape de mi caballo. + +--¿Y qué sucedió? + +--Uno de aquellos ginetes, magníficamente armado, que mostraba en su +adarga el blason real de los reyes de Granada, volvió hácia mí á rienda +floja, con la lanza baja, y me encontró de tal manera, que me arrojó en +tierra, valiéndome para no ser herido, el buen temple de mi coselete, +que es el mismo que llevo puesto: entonces aquel hombre, que llevaba +calada la visera, me puso la lanza al rostro, y me dijo: + +--Júrame si quieres vivir, que no volverás á seguirnos. + +--Te lo juro, le contesté. Pero una sola palabra. ¿No es verdad que esa +dama no es la sombra de la sultana Zoraya? + +El jinete lanzó una carcajada. + +--Esa dama, dije con harta imprudencia, es la sultana Amina, hija del +poderoso Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar. + +--Si tú no te llamases Aben-Aboo, contestó con acento irritado el +caballero, el nombre que acabas de pronunciar te costaria la vida. Pero +cuenta contigo Aben-Aboo; cuenta con lo que haces, con lo que dices y +con lo que piensas, porque los monfíes estan en todas partes, hasta en +el pensamiento de sus enemigos. + +Dicho esto, revolvió su caballo, y fué á incorporarse con la dama, que +desde su palanquin habia presenciado impasible mi aventura, y +desaparecieron en la vuelta de la montaña. Yo me levanté, monté como +pude, y volví á Cádiar. Desde entonces amo á esa mujer. Yo habia visto +su apostura magestuosa, sus largas trenzas negras pendientes bajo la +toquilla que la encubría: sus brazos desnudos, su talle esbelto, la +incitante y lánguida actitud con que iba reclinada en el palanquin que +conducian cuatro esclavos negros. Muchas veces he salido de noche de +Cádiar, y á pié y solo, he ido á ocultarme en las quebraduras cercana al +barranco por donde la ví pasar la vez primera y algunas otras veces, +antes de la salida del sol, la he vuelto á ver, ya reclinada en el +palanquin, ya á caballo, ya á pié, siempre gentil, siempre magestuosa, +pero siempre encubierta. Esa mujer arroja de sí, no sé qué de +voluptuoso, de bello, de magnifico, que arrebata, que enamora, que +obliga por su mismo misterio á que no pueda olvidársela. Y luego esa +mujer que gasta vestiduras tan deslumbrantes como las de una sultana, á +quien obedecen hombres feroces, que tiene, sin duda, en alguna sima +debajo de la tierra, alcázares maravillosos y tesoros inmensos, es un +misterio impenetrable. Llámanla unos la hechicera, otros el espíritu del +Islam, que en forma de mujer vaga por las montañas, de donde espera +renazca la gloria del pueblo moro; otros la Dama blanca. Yo sé que es la +sultana Amina, no sé por qué, pero lo juraria. Esa mujer, y no mi +pobreza como habias pensado, es la que me obliga á retirarme de Granada, +porque á donde ella esté va mi alma y yo no puedo vivir sin verla alguna +vez, oculto entre las breñas. + +--¿Y no conoces tú al emir? dijo profundamente el Julaní. + +--Nunca le he visto; pero obedezco sus órdenes, acato su valor y le +reconozco como nuestro señor. + +--¿Y te obstinas en el amor de su hija? + +--Es mi ambicion, es mi luz. La busco y se me huye como un misterio, +como una sombra: algunas veces he creido tenerla al lado, y luego... era +una pobre labriega, hermosa, sí, como son hermosas todas las hijas de +las Alpujarras, pero ruda y zafia. Algunas veces he creido escuchar +entre las quebraduras, una voz dulcísima que me gritaba: «¡Aben-Aboo!» y +era el viento en cuyos zumbidos creia escuchar mi locura acentos +humanos; era un sueño; era mi amor que cree verla en todas partes. + +En aquel momento rechinó violentamente la tarima, se alzó crugiendo, +impulsada por la compuerta de la mina, y apareció un hombre enteramente +envuelto, á la usanza mora, en un blanco almaizar. + +Al verle Aben-Aboo y el Julaní, se hicieron atrás, y el primero echó +mano á la empuñadura de su espada. + +--Antes imprudente y ahora loco, dijo aquel hombre cuyas palabras +estaban llenas de autoridad: los monfíes estan en todas partes y á nadie +temen. ¿Te has olvidado ya de la negra aventura que te aconteció, por +seguir á la Dama blanca de la montaña? + +--He olvidado la aventura, pero no la memoria de que fuiste generoso +conmigo. + +[imagen: Don Fernando de Válor.] + +--¡Yo! + +Te he reconocido en la voz. Tú fuiste el caballero que me derribó. + +--Has quedado pobre por la patria, noble Aben-Aboo, dijo aquel hombre +con voz solemne, has sacrificado tu amor á tus promesas. Sírvate esto +para disculpar tu imprudencia. Amas ó crees amar á esa dama, olvídala. +Te crees llamado á ser rey de Granada: los monfíes te daran rey. + +--¿Y con qué derecho? exclamó con orgullo Aben-Aboo. + +--Con el derecho de la fuerza, con el derecho de la justicia. ¿Qué +habeis hecho vosotros y vuestros padres, desde el dia de la conquista? +doblegaros cobardemente ante el cristiano, aprender su habla, vestir sus +trages, acudir á sus templos, y murmurar en voz baja y estremecidos de +espanto, en lo retirado de vuestras casas, delante de vuestras hijas +profanadas y envilecidas por el vencedor: y ¿qué hemos hecho nosotros +los monfíes de la montaña? no hemos cambiado con el castellano mas que +hierro y sangre, odio por odio, exterminio por exterminio: hemos huido +de las poblaciones impuras, y hemos hecho nuestros templos las montañas, +nuestros alcázares, las grutas de los barrancos: y admírate: somos +ricos, poderosos, terribles: la Chancilería se aterra á nuestro nombre, +el capitan general nos teme; cuando un monfí da en manos de la +Inquisicion, se apresura á entregárnoslo; por nosotros la ley alcoránica +vive en las Alpujarras y el Almanzora; y por nosotros, alentais la +esperanza de ser libres algun dia, vosotros, los infames habitantes de +las poblaciones. + +--¡Infame! ¡eso no! llama infame á quien lo sea, no á Aben-Aboo, no al +enemigo irreconciliable de los cristianos. + +--Eres bueno y leal, jóven: pero es necesario que no seas imprudente. +Antepon tu patria á tu ambicion: y espera. Entre tanto, toma. + +--¿Qué me dais aquí? dijo con orgullo Aben-Aboo: ¡un bolsillo! ¿Soy +acaso un mendigo? + +--El emir de los monfíes es tu pariente. + +--Es verdad. + +--El emir puede darte oro sin humillarte. + +--Sí. + +--Te ha mandado venir hoy á Granada. + +--Es verdad. + +--¡Y vienes sin dinero! + +El jóven se sonrojó y calló. + +--Guarda ese oro, jóven, guárdalo. Yo te lo entrego de órden del emir. + +Aben-Aboo guardó el pesado bolsillo. + +--Ahora vete: el emir te ha llamado á Granada. Cuando estés en ella, el +emir te buscará. + +Y señaló con un ademan de imperio la puerta á Aben-Aboo. + +Este, dominado, salió, tiró de su caballo, montó en él, y se dirigió á +la ciudad. + +--Para unos hombres la palabra que manda, dijo el incógnito, para otros +el amor, para otros la ambicion, para todos el oro. ¡Miseria humana! +Cierra tu puerta Julaní, y sígueme. + +El monfí cerró, y precedido del encubierto desapareció por la mina. + + + + +CAPITULO IV. + + El corral del Carbon. + + +Aben-Aboo habia tomado el camino del puente de Genil, harto pensativo y +preocupado; su porvenir era un laberinto en que se embrollaba su +pensamiento cuando queria aventurarse en él: no sabia si esperar ó +desesperar: tenia el alma poseida por dos terribles pasiones: la +ambicion y el amor: de un lado una corona, del otro una mujer: entrambas +misteriosas, pero magníficas, y entrambas difíciles y rodeadas por todas +partes de peligros. + +Usaban los monfíes de él como de instrumento: ¿le querian por gefe ó por +soldado? ¿Quiénes eran aquellos hombres? Bandidos los llamaba el vulgo, +pero Aben-Aboo no habia sabido explicarse lo que eran. Robaban, +incendiaban y degollaban sin compasion, pero jamás un buen creyente +habia sido acometido por mas que hubiese atravesado solo los +desfiladeros de la montaña, ni las haciendas de los buenos moriscos +habian sido taladas: los cuadrilleros de la Santa Hermandad jamás habia +logrado encontrarlos, ni nadie sabia sus guaridas: la dama encubierta +era á todas luces su reina, y se hacia rodear de un aparato tal, en sus +solitarios paseos por los pintorescos valles y quebradas de las +Alpujarras, que era necesario concebir en ella algo de regio, algo de +grande, algo de magnífico. + +Por otra parte, aquel hombre que acompañaba á la Dama blanca, hasta +entonces inaccesible para él, le daba oro en nombre del emir, y le hacia +escuchar una voz amiga. ¿Qué significaba esto? le amaba aquella mujer, ó +le temia y pretendia seducirle, engañarle y hacerle esperar por amor á +Aben-Humeya. De todos modos, Aben-Aboo, deducia, que cuando asi se le +trataba, debia temérsele ó apreciársele, y esto ya era mucho: esto +significaba que se reconocia su poder. + +La esperanza, ese dulce consuelo que Dios ha dado al hombre, empezó á +refrescar el hasta entonces árido y seco corazon de Aben-Aboo, y como la +esperanza nunca llena el corazon del hombre sin traer consigo alguna +parte de alegría, á medida que se abrigaba en el corazon del morisco, +iba dulcificando la torva expresion de su semblante, iluminándole con un +aspecto de paz y de resignacion que hasta entonces no habia expresado. +Al fin, parte por esta causa, y parte por la necesidad que como morisco +tenia de mostrarse satisfecho y tranquilo ante los cristianos para no +hacerse sospechoso, á medida que despues de haber pasado el puente de +Genil, se acercaba á la puerta del Rastro, su semblante se serenaba mas, +hasta que, llegando á la puerta, se mostró ya perfectamente tranquilo. + +Entonces sus pensamientos cambiaron de rumbo; volvia á Granada despues +de una ausencia de algunos meses, y podia decirse, que aunque tenia +casa, era como si no la tuviese: reducidos sus bienes por una y otra +venta, consumidos del todo en expediciones á Africa y á las Alpujarras, +sobre todo como sabemos, en pagar la codicia ó la ciencia de +Abul-Hhassan, solo le habia quedado en el Albaicin, dentro del recinto +de la Alcazaba Kadima, y cerca de la iglesia de san Miguel, la casa, con +honores de palacio, y palacio verdaderamente en aquellos tiempos, que +constituia el resto de la dote de su madre, y la atalaya de las +Alpujarras con su pequeño huerto. Pero hasta su última dobla habia +desaparecido. + +Un dia, pues, antes de que llegase el caso de contraer deudas, vendió +sus caballos y sus esclavos, quedose solo con dos hermosos caballos +árabes de montar, y un esclavo negro, se trasladó con su pequeño capital +y su escasa servidumbre á su antiguo señorío de las Alpujarras, y puso +su casa ó palacio del Albaicin con todos sus muebles y alhajas en +arrendamiento. + +Lo populoso, salubre, y en aquellos tiempos aristocrático, del barrio de +san Miguel, hizo que su casa estuviese poco tiempo sin inquilinos: +presentóse un dia el mayordomo de un caballero de Castilla al +administrador de Aben-Aboo en Granada, y por el precio de diez ducados +al mes tomó la casa para su señor y su familia. + +Aquel caballero continuaba viviéndola, y hé ahí por qué hemos dicho que +Ahen-Aboo tenia casa en Granada y no la tenia. + +Pero sus circunstancias habian variado: habia aceptado como pariente +cercano del emir, aceptando con él, una esperanza, un bolson de oro +bastante á satisfacer por algunos meses sus necesidades, y se decidió á +usar de su despotismo de propietario, y á arrojar de su cómoda vivienda +para ocuparla él mismo, á sus inquilinos. + +Pero para llegar á este fin, era preciso pasar por algunos trámites: á +saber: buscar al administrador, encargarle del mensaje, esperar la +respuesta, y acaso, acaso, andar de justicia. + +Pero es el caso, que Aben-Aboo no conocia á su administrador: era de tan +poca cuantía la renta que tenia que pasar por sus manos, que el morisco +habia desdeñado tratar directamente con él, y habia encargado de ello á +su fiel esclavo Agar. + +Recordando Aben-Aboo, vino á sacar en claro, ateniéndose á las noticias +que le habia dado el esclavo, que venia cada tres meses á Granada á +cobrar la renta, que su administrador era un rapista de los famosos de +Granada, no porque rasurase bien, sino por su habilidad en puntear la +vihuela, que vivia en el corral del Carbon, y que se llamaba maese +Pertiñez. + +Armado con estas noticias, y recordando que en el mismo corral del +Carbon habia una excelente hospedería donde poder esperar el resultado +de su intento de desalojo de sus inquilinos, el morisco tomó á buen paso +por las callejas que ahora se llaman de san Matías, y tropezando y +deslizándose por sus estrechuras, llegó al fin delante de la bellísima +portada árabe del corral del Carbon, en tiempo de los moros almarestan ú +hospital de los mas famosos de Granada. + +Entróse de rondon y á caballo por el arco flanqueado por los tenduchos ó +nidos de dos adobadores de pieles de gato, echó pié á tierra en el +destartalado corral, y miró en torno suyo. + +En un ángulo estaban levantando un tablado y poniendo una cortina, señal +clara de que habia llegado á la ciudad alguna compañía de farsantes, y +que para aquella tarde se preparaba algun auto, loa ó farsa. Esto tenia +en movimiento á todos los habitantes del corral; y las vecinas, andaban +en retruécanos y agudezas de casa de vecindad, y los chiquillos miraban +embobados á un hombre, que con trage de botarga, dirigia la construccion +de aquel teatro informe, muestra de la infancia del arte, compuesto de +una docena de malas tablas, de algunos tapices viejos, de una cortina +descolorida, y abierta enteramente á la intemperie. + +Como era natural, este objeto el mas notable de los que contenia el +corral, fijó por un momento la atencion del morisco, que seguidamente se +puso á buscar por los ámbitos del corral, los vestigios de la tienda de +su administrador rapista. + +Vió al fin, una vieja y abollada vacía que se balanceaba colgada del +dintel de una puerta tenebrosa, pero lo que mas que nada le indicó que +habia dado con su dependiente, fue un alegre y zarandeado ruido, que no +armonia, de guitarras y castañuelas, que salia como una tempestad por la +negra puerta donde la vacía se balanceaba. + +Enderezó para ella sus pasos el morisco, llevando su caballo del +diestro, y en breve se detuvo en el dintel de la tienda. + +A la presencia de uno que creyeron parroquiano, por interés al dueño de +la casa, callaron castañuelas y guitarras, para que se pudiese oir lo +que se hablase, y el morisco pudo decir sin temor de no ser oido, en un +acento entre llano y altivo, verdadero acento de gran señor que quiere +tratar bien á sus inferiores: + +--Dios guarde á la buena gente. + +--¡Ah! ¡voto á mil legiones de demonios! dijo una alegre voz de jóven +desde un negro ángulo: bien venido sea el señor Diego Lopez; ¿y á qué +hora? parece que os han llamado con campanilla, mi buen amigo: haced un +lugar en el barreño, princesas, é id llenando los vasos: ¡cuernos de +Lucifer! ¿pues si es mi mayor amigo? + +Y adelantó guitarra en mano y con los brazos abiertos, un bulto, que al +llegar mas hácia la puerta, pudo verse lo que era: á saber: un capitan +de infantería, jóven y buen mozo, con su abigarrado uniforme, su +castoreño, su espada de gabilanes, y unos atrocísimos mostachos +retorcidos de una longitud espantosa. + +--¡Ah! marqués de mis pecados! exclamó Aben-Aboo, aceptando el terreno +que le presentaban y abrazando cordialmente al capitan: vos en este +tabernáculo... siempre el mismo, pardiez. + +--Mi casa no es tabernáculo, dijo un hombre diminuto, que necesitó para +ver al rostro de Aben-Aboo, levantar la cabeza, del mismo modo que un +hombre de buena estatura puesto al pié de una torre, se vé obligado á +levantarla para ver su parte superior: sabed señor Diego Lopez, que esta +es una casa honrada donde concurre gente noble. + +--Ya, ya veo que entre vuestros conocimientos teneis nada menos que al +marqués de la Guardia. + +--¡Chits! exclamó el capitan, ya lo habeis dicho dos veces y me habeis +perdido: nadie extraña que un capitan ande con la bolsa un tanto +ligera... los pagadores de los tercios nunca tienen dinero... pero un +marqués... no lo creais, señores, el señor Diego Lopez, mi amigo, se +chancea... yo no soy ni mas ni menos que un buen soldado del rey, que +gasta lo que tiene, cuando lo tiene... eso si; ¡ea! siga la zambra, y +vos sentaos y mirad en qué buena compañía nos encontramos. + +Dispensad un momento, don Juan, dijo Aben-Aboo; necesito antes que todo, +hablar con maese Pertiñez. ¿No es esta la tienda de maese Pertiñez? + +--Ya se ve que si, y no me espanta que hayais preferido mis navajas, +caballero; son unas excelentes navajas cuando yo las uso... nos +conocemos hace ya mucho tiempo; el que se rasura una vez en mi casa, de +seguro viene ciento. + +Y el hombrecillo suavizaba una enorme navaja en un pedazo de cuero negro +y lustroso. + +--¡Ah! ¿sois vos maese Pertiñez? Pues mirad, nunca lo hubiera creído... +me pareceis hombre de bien. + +--¡Cómo, caballero de gente honrada vengo, y apellido uso, que mas +noble, ni en la córte... los Pertiñez... + +--Son indudablemente unas gentes honradas, pero nada importa eso: dejad +vuestra navaja que por ahora no pienso ser desollado, y ved donde +podemos hablar unas palabras á solas. + +Y Aben-Aboo, que no habia pasado dos palmos dentro de la tienda, ató las +bridas de su caballo á la celosía, que segun costumbre en esta clase de +establecimientos, heredada sin duda de los árabes, servía de cancela, y +siguió á maese Pertiñez que le indicaba una pequeña puerta. + +--Ya sé para lo que me habeis llamado aparte, caballero, dijo con gran +misterio Pertiñez cuando estuvieron dentro de un reducido cuartucho... +vaya si lo sé... pero os advierto, que la empresa en que os meteis es +difícil. + +Aben-Aboo, que tenia mas de un motivo para dar importancia á palabras +menos graves que aquellas, se alarmó, pero encubriendo su cuidado, dijo +de la manera mas natural del mundo: + +--¿De qué empresa quereis hablar, amigo mio? + +--¡Bah! todos los señores de Granada estan alborotados, desde que vino +ese prodigio; todos, hasta el mismo don Fernando de Válor, hombre que +jamás ha puesto los piés en mi casa, y que ha estado hablando conmigo +dos horas largas sobre el mismo asunto. + +--Pero, ¿de qué prodigio y de qué asunto hablais, mentecato? dijo +Aben-Aboo, que era por naturaleza impaciente, y que al oir el nombre de +don Fernando de Válor acabó de impacientarse. + +--¡Ah! yo creia que veniais por la reina mora. + +--¿Por la reina mora? ¿Qué reina es esa? + +Miró con asombro el barbero á Aben-Aboo, y luego dijo: + +--¿De donde venis caballero? + +--Quiero contestaros aunque vuestra pregunta sea importuna. Vengo de las +Alpujarras. + +--¡Ah! acabáramos: ya no me extraña que vos no conozcais á la reina +mora. Y decidme, ¿no era de eso de lo que veniais á hablarme? me alegro, +porque asi me ahorrais el trabajo de desesperanzaros. + +--Acabemos de una vez, dijo Aben-Aboo ya enteramente perdida la +paciencia y alarmado por el misterioso sentido de las palabras de maese +Pertiñez. Sepamos claro qué empresa es esa tan difícil, y de qué reina +mora se trata. + +--Pues señor, la reina mora no es ni mas ni menos, que una famosa +comedianta, llamada Angélica, que hace á las mil maravillas de reina +mora en una farsa de moros y cristianos, que se ha hecho ya tres veces +en otros tres dias de fiesta: y como la tal Angélica gasta unas plumas y +una saya de relumbron, que no hay mas que pedir, y tiene una voz de +ruiseñor, y llora que da lástima (porque la farsa es muy lastimosa), y +es la mas garrida manceba que yo he visto en todos los dias de mi vida, +que es mucho encarecer, porque en Granada hay mozas como serafines, han +dado las gentes en llamar á la Angélica la reina mora, y los caballeros +que gustan de galanteos, y aun los que nunca han andado en ellos, en la +empresa de rendir su desvio, que os juro que es empresa mayor y mas +difícil que ninguna de las que llevaron á cabo los Doce Pares de +Francia. + +--Acabarais de una vez, maese, con vuestras impertinencias que me han +hecho perder mas tiempo del que quisiera. Vamos á lo que me interesa. +Vos cobrais cada tres meses treinta ducados de una casa que poseo en san +Miguel. + +--¡Qué poseeis! ¡luego vos sois, el señor Diego Lopez! + +--Ya habeis oido que asi me nombraba el capitan don Juan. + +--Perdonad señor, pero hay en este mundo tantos Lopez y tantos Diegos... + +--Bien, quiero perdonaros, pero á condicion de que me habeis de hacer un +encargo que me interesa, por el aire. + +--Mandad, señor. + +--Ireis á mi casa. + +--Iré. + +--Direis á las gentes que la habitan, que se muden al momento. + +Rascóse una oreja, como en muestra de que encontraba sumas dificultades +en el negocio, el rapista, y murmuró algunos monosílabos. + +--¡Qué! ¿creeis, que no puedo yo cuando guste disponer de mi casa? Creo +que esa fue una de las condiciones del arriendo: ademas, que segun me ha +dicho Agar mi esclavo, la tal gente no ha traido un solo mueble, sino +que se sirven de los mios. De modo, que es lo mas fácil del mundo, que +carguen con sus maletas y se vayan á donde mejor les convenga: no he de +pasarlo yo mal, alojado en una hospedería, teniendo casa en Granada. + +--Y una casa tal como la vuestra; pero es el caso, que la casa está +arrendada á personas muy principales: y ya veis que el caso es +díficilillo... Cuando se trata de gente noble y rica... tomariánlo á +desprecio, me despedirian de mala manera, y vos podriais tener un lance. + +--Me importa poco. + +--Pero cuando las cosas pueden hacerse yendo por el buen camino, es +dislate echar por el malo... si consintierais en darle un plazo siquiera +de ocho dias... + +--Ni tres. + +--Yo os procuraría hospedaje tal, que no os pesase (y el rapista se +sonreia maliciosamente), tabique por medio de la Angélica, de la reina +mora. + +--De alguna mozuela descarada que me ponderais, esperando que os pague +bien las diligencias. + +--Me injurias, caballero; los Pertiñez... + +--Van á concluir á mis manos si sois vos el último de la familia. + +--Nada menos que eso, señor, nada menos: pero os ruego que mireis bien +lo que me pedis, aunque no sea mas que por el apuro en que me poneis: si +supiérais quiénes son vuestros inquilinos... + +--Me estan dando ganas de probar por mi mismo lo que haya de terrible en +esa gente. + +--Y que me place señor Diego Lopez, id vos, y ved... contadme despues si +yo tenia razon para negarme, es decir, para poner dificultades... en +fin, id vos y contadme. + +--¿Tendremos aquí otro misterio como el de la reina mora? + +--Sentaos, señor Diego Lopez; sentaos y escuchadme, que por media hora +mas ó menos no se descompone ningun negocio. + +Sentóse Aben-Aboo, un tanto interesado á su pesar por los misterios del +rapista, y este, tomando otra silla, se encaramó en ella, puso sus piés +en el primer travesaño, sus codos en sus rodillas y su barba entre sus +manos y en esta actitud en que á nada se parecia tanto como á un mono, +dijo: + +--Hace un año vuestro honrado negro Agar, que venia á mí casa á tomar +leccion de vihuela á que era muy aficionado, y para cuyo instrumento... + +--Maese, si empezais asi, yéndoos del camino de vuestra relacion por las +orillas, y á cada paso, no acabaremos nunca. + +--Pues si señor, bien; dejando á un lado, á la orilla, como vos decis, +la vihuela, vuestro esclavo Agar, á quien conocí... + +--Mi esclavo Agar, exclamó con cólera Aben-Aboo, merecia quinientos +azotes por haber pensado en vos para encargaros ningun asunto mio. Lo +que yo quiero saber es qué clase de gente vive en mi casa, por qué razon +es tan temible como decís y concluyamos. + +--Concluyamos: son cinco hombres y dos mujeres: el uno y la una amos: +los otros criados: el señor, el amo, es un hombre de cuarenta y mas +años, muy rico, muy noble, pero muy altivo: la señora, el ama, es una +doncella muy hermosa, segun dicen, y segun dicen tambien muy caritativa +y dulce, y tratable y muy cristiana, eso si: dicen que es un ángel. La +otra mujer, la criada, es una dueña como de cincuenta años, rezadora y +gruñona, con la cara enjabelgada de soliman y las tocas tales y tan +almidonadas, que mas que tocas parecen yelmo de encaje en lo tiesas: de +los otros cuatro hombres, el mayordomo, el rodrigon, el cocinero y el +paje, no hay que hablar: son cuatro demonios á los cuales nunca se les +ve la risa. El señor se llama don Alonso de Fuenzalida, la señora doña +Inés; la dueña doña Mónica, el mayordomo Rodriguez, el cocinero +Cuchillada, el paje Ballestilla y el lacayo Judas. + +--¡Pardiez! ¡pues tienen nombres de encargo los criados de mis +inquilinos! + +--Esto es todo lo que sé de esa familia... por lo demás pagan bien, +cuidan de la casa, y tanto que en ella no entra persona viviente y son +buenos cristianos. + +--¿Con que nadie entra en la casa? + +--Nadie; y eso que muchos señores que han visto alguna vez, aunque +siempre encubierta á la señora, andan que se desviven por ella, y muchos +se la han pedido á su padre... ¡pero ca! yo creo que doña Inés se +destina á monja. + +--¿Tan recatada anda? + +--Como que se pasan meses enteros sin que se la vea ni por una rendija +de los miradores: cuando sale á misa, y eso muy de mañana, va cubierta +de los piés á la cabeza con un manto, á través del cual el mas lince +solo puede verla un ojo, pero un ojo como un sol... eso si... por lo +hermoso del ojo, y luego por su andar noble y grave y por su talle y por +su apostura, y por una mano que suele asomar bajo el manto, y por la +punta de un pié que suele verse bajo la saya, se adivina... que es +adivinar, se tiene certeza, de que es hermosa, muy hermosa, hermosísima, +y... vamos señor Diego Lopez... vos sois noble, rico, valiente, gallardo +y vuestra inquilina es hermosa, honrada, noble y rica... sois mozo... y +ella soltera... y ¡qué diablos! si no os empeñárais en echarlos de la +casa, y os presentárais como dueño, acaso, acaso... + +--¿Y dónde habeis tenido vos ocasion de ver, aunque encubierta, á doña +Inés? dijo Aben-Aboo. + +--En mi casa tres veces. + +--En vuestra casa... ¡Ah! ¡ya! la habeis visto tres veces, y tres veces +han representado en el corral los comediantes... + +--Eso es. Cuando llegó la compañia de cómicos á Granada, como aquí es +donde se han hecho siempre las farsas y los entremeses y los bailes, el +autor de la compañia, el buen Godinez, me llamó aparte y me dijo: maese +Pertiñez, me han dicho que vos sois el vecino mas honrado del corral; +que haceis en él cabeza y que los otros vecinos van por donde vos +querais que vayan: ahora bien, segun costumbre, para hacer aquí farsas y +otros autos, es necesario pagar tantos reales á la hermandad de las +Animas, otros tantos á la Ciudad, cuyo es el corral, y otros á los +vecinos por el ruido.--Asi es, le contesté, porque asi era la +verdad.--Ahora bien á mas de eso hay que alquilar tablado y tapices y +músicos.--Con los músicos corro yo, le contesté.--Corred vos con todo, +me dijo; haced que los vecinos nos alquilen las ventanas en un precio +arreglado para que nosotros podamos revenderlas al público con alguna +ganancia; quedaos con las vuestras que yo os aseguro las podreis +alquilar á buen precio, porque la compañía es muy buena y hará ruido, y +vos ganareis, y yo ganaré y todos ganaremos. + +--¿Sabeis maese que para contestar á una pregunta, hablais mas palabras +que las que tiene un misal? + +--¿Que quereis? yo no sé dar razon de las cosas sino empezando por su +principio, y asi se entera bien el que pregunta y queda satisfecho el +que contesta. Como decia, tira de aquí y afloja de allá, ajustamos el +negocio el autor de los cómicos y yo; por mis conocimientos, que son +muchos, y todos por mi navaja, logré que el hermano mayor de las Animas +se contentase con tres reales por cada funcion, que la Ciudad perdonase +su parte, y que los vecinos por el ruido y el alquiler de las ventanas +no pidiesen mas de veinte reales. En cuanto el trato estuvo hecho, el +autor colgó un lienzo con pinturas extrañas y vistosas en la puerta del +corral, y el bobo de la compañia, tocando el tambor, se puso á gritar y +anunciar al público la primera funcion. Como hacia mucho tiempo que no +habian venido á Granada comediantes, se dieron de ojo á pedir aposentos +y sitio para las sillas, y aunque el corral hubiera sido como +Bibarrambla, tantas sillas vinieron que no quedó lugar para la gente de +á pié.--Yo, que al principio vi la bulla, me dije: tengo tres ventanas +que vender, las mejores, porque yo he tenido mucha cuenta con que el +tablado se haga cerca de mi ventana: si las vendo al principio ganaré +mucho menos, pero no si me quedo para lo último cuando ya todo esté +vendido: y dicho y hecho; me salió mejor la cuenta de lo que yo +esperaba. + +--Debeis descender de judios, maese Pertiñez... + +--Vos podeis decirme todo lo que querais, señor Diego Lopez, seguro de +que no me he de ofender. Pero vamos al asunto: ya era por la mañana del +domingo en que habia de hacerse la funcion y como á las siete, he aquí +que se encaja de rondon en mi casa Ballestilla, el paje de doña Inés, y +me dice que su señora quiere ver la funcion y que cuenta conmigo para +que le procure un aposento.--Yo le digo que no hay, que seria necesario +pagar mucho para lograr que alguno lo cediese por codicia.--Y no hay +cuidado por el dinero, me dice el paje poniéndome un bolsillo en la +mano.--Dígole que vuelva pasada media hora á saber la razon y cuando +vuelve le llevo á mi primera ventana desde la que puede tocarse casi con +la mano al tablado:--Todo esto está muy bien: pero mi señora quiere un +balcon.--Aquí no hay balcones.--Ya veo que todas son ventanas, pero +habiendo dinero, madera y carpinteros todo puede hacerse.--Consiento y +Ballestilla parte como un venablo, y á poco vuelve con carpinteros y +madera, y en un santiamen hacen el mirador que habeis visto desnudo á un +lado de mi casa: luego le vistió de tapices y he aquí un aposento tan +bueno como el del rey. El mirador se hizo en una hora. Entonces yo me +dije para mí: hijo de cristiano soy, gusto tengo como el que mas, +vendamos la ventana segunda, y hagamos en la tercera otro mirador, y no +faltarán muchos de mis parroquianos entre ellos el capitan don Juan +Coloma, que me paguen bien y sobradamente por ocupar un puesto en mi +aposento: manos á la obra: á la una estaba ya todo concluido y empezó á +entrar la gente. Ved ahí como he podido ver tres veces y en mi casa á +doña Inés de Fuensalida... ¡y qué talante el de doña Inés...! os +aconsejo señor Diego Lopez que antes de dar ningun paso acerca de +vuestra casa, os espereis á conocerla. + +--Me urge maese, me urge, y no estoy de humor de amoríos ni de +galanteos... no me pesa por otra parte que me hayais dado algunas +noticias de esa familia; bueno es saber con quien se trata; asi pues +ireis y direis á ese caballero... + +Interrumpió en aquel momento á Aben-Aboo el rechinar de la puerta de la +habitacion en que se encontraban y abriéndose aquella entró un hombre +como de veinte y cuatro años con librea de paje de casa noble, y al ver +á Aben-Aboo, se quitó respetuosamente su gorra. + +--¡Ah! ¡mil perdones! dijo, yo creia que estábais solo, maese Pertiñez. + +--¡Ah! es el buen Ballestilla, dijo el barbero; que me place. Se no os +venís como llovido del cielo; he aquí al señor Diego Lopez, el dueño del +palacio que habitan vuestros amos: y que en este momento... + +Ballestilla interrumpió providencialmente al barbero cuando este iba á +decir, por quitarse el muerto, la pretension de Aben-Aboo de que sus +inquilinos dejasen la casa. + +--¿Vuesa merced es el señor Diego Lopez? dijo acreciendo en cortesanía +Ballestilla: pues me alegro, si ciertamente. + +--¿De qué os alegrais mozo? contestó con secatura Aben-Aboo. + +--Me alegro porque el encontraros aquí me escusa de buscaros. + +--¿De buscarme? ¿y quién os manda buscarme? + +--Mi señor don Alonso de Fuensalida. + +--¿Y para qué me quiere vuestro señor? + +--Esta carta que me ha dado para vos os lo dirá, señor, contestó +Ballestilla sacando del bolsillo de sus gregüescos una carta. + +Tomóla Aben-Aboo, rompió el sello blasonado de la nema, en la cual se +leia: «Al señor Diego Lopez de un su amigo», desdobló el pliego y leyó +lo siguiente: + +«Amigo mio: permitidme que os trate con esta confianza, aunque no os +conozco, y que sabiendo que acabais de llegar hoy á Granada, me apresuro +á ofreceros en vuestra casa, en la cual con vuestra licencia vivo, el +aposento que os tengo preparado. Cómo sé que habeis venido, y las +sencillas razones que me aconsejan pediros vivais en nuestra compañia, +las sabreis si, como espero, consentís en honrarme acompañándome hoy á +la mesa. Dios os guarde. De Granada á 19 de diciembre de 1568.--vuestro +amigo don Alonso de Fuensalida.» + +Quedóse absorto con aquella novedad imprevista Aben-Aboo. Indudablemente +aquel era un dia para él de singularidades. Prudente por naturaleza y +conocedor por experiencia de que nada que tenga visos de singular debe +desatenderse por quién como él se encontraba en una de las situaciones +mas delicadas en que puede encontrarse un hombre, plegó lentamente la +carta, y dijo á Ballestilla.--Decid á vuestro noble amo, mozo, que he +recibido su carta, que he apreciado en lo que valen sus palabras, que no +le contesto por escrito por no deteneros, y detener con vos la expresion +de mi agradecimiento y que tendré el placer de comer con él en su +compañía segun me dice lo desea. + +--Tendré la honra de decirlo asi á mis señores, señor hidalgo. Mis +señores se sientan á la mesa á las doce. + +--No faltaré. + +--Permitidme que diga dos palabras á maese Pertiñez. + +--Decidle cuantas gusteis. + +Ballestilla sacó de su bolsillo una bolsa de seda y la entregó al +barbero. + +--A las dos, ya sabeis, le dijo, tened dispuesto el aposento, poned una +silla mas: es decir tres sillas. + +--No haré falta, señor Ballestilla. + +--Y adios señor hidalgo, añadió el paje inclinándose profundamente ante +Aben-Aboo; adios maese Pertiñez. + +Y se dirigió á la puerta volviéndose antes de salir para saludar otra +vez á Aben-Aboo. + +--¿Y deciais, exclamó el morisco cuando quedó solo con el barbero, que +los servidores de ese don Alonso de Fuensalida eran zafios y montaraces? + +--Es la primera vez que veo al señor Ballestilla cortés y comedido. Pero +á propósito de lo que estábamos hablando antes de que llegase, ¿qué os +decia yo..? es bueno esperar para ver... os convidan á comer... ¡bah! de +seguro que de este convite salen muchas cosas. + +--Por lo pronto sale una que me contraría en extremo. + +--Sepamos: ya podeis haber conocido que yo sé hacer milagros. + +--Pues ved si lograis hacer uno que necesito, aunque me parece difícil. + +--Veamos. + +--Decís que ese caballero es muy rico. + +--Si por cierto. + +--¿Viste con esplendidez? + +--Terciopelos y brocados, y una cruz de Santiago de diamantes y rubíes +lleva con mucha frecuencia, que vale un tesoro. + +--Pues ved ahí que yo no puedo presentarme en casa de hombre tan +principal y á primeras vistas con mi vestido de camino, ni con este +coleto usado que llevo bajo el coselete: necesito gorra, jubon +greguescos, calzas, zapatos, todo rico y bueno: hasta espada y daga: +diablo.... diablo.... necesito vestidos riquísimos, y nada traigo +conmigo mas que dinero y camisas limpias. + +--Pues me parece que el milagro lo tenemos hecho y á poca costa. + +--¡Cómo! ¿habrá un sastre que haga en dos horas esas prendas? ¿habrá un +armero en Granada que tenga daga y espada como las que yo necesito? + +--Estoy mirando que sois de la misma estatura y de las mismas carnes que +un amigo vuestro que no está lejos y que por mas señas está ahora mismo +alborotando por ciento. + +--¡Cómo! ¿el capitan don Juan Coloma? + +--Ciertamente. El os puede proveer de cuanto necesitais y asi como asi +le haceis un favor. + +--Don Juan es un loco, que jamás posee un escudo y fuera maravilla que +tuviera prendas como las que necesito. + +--Don Juan es un hombre de suerte: es cierto que gasta como el fuego; +pero cuando ha gastado su último real he aquí que sin saber como, se le +vienen mil á las manos. Ademas es jugador y le sucede como á todos los +jugadores: arca llena y arca vacía; cuando tiene una buena entrada +provee sus armarios, y se presenta relumbrante como el marqués de +Mondéjar en los dias de córte, ó como don Fernando de Válor en cabildo; +llega un apuro y los brocados y los cintillos y hasta el caballo, +vuelan: de la hostería de la Cruz se viene á vivir á la hospedería del +Carbon y hace su gasto diario con dos reales que yo le presto. Nunca ha +llegado á deberme treinta; siempre antes de los quince dias me paga, y +se vuelve á la hostería de la Cruz; ya sabeis en la plaza nueva, frente +al palacio de la Chancillería. + +--¿Y ahora os debe?. + +--Veintiocho reales. + +--Lo que demuestra que antes de apelar á vos habrá vendido todas sus +prendas. + +--No por que de esta vez está enamorado. Asistiendo en mi aposento, en +el aposento que como os he dicho, he reservado para mis amigos y para +mí; vió á doña Inés, la hermosa hija de Alonso, y se enamoró +perdidamente de ella. Tenia algunos doblones y los gastó en brocados, +tres ó cuatro vestidos completos, tres ó cuatro juegos de espada y daga. +Ya se ve, queria estar galan por que las galas para las mujeres son las +dos partes, y el hombre la una. Con que, vamos, vamos al asunto que es +ya tarde, tengo que hacer poner los tapices en los aposentos, y no hay +tiempo que perder. Oid: ya se marchan los cómicos para irse preparando +para la funcion. Procuraremos que don Juan no se nos marche con ellos. + +Y abriendo la puerta salió y asió por el coleto al capitan, que se iba +en pos de una turba de músicos y farsantes, que salian de la tienda con +las vihuelas debajo del brazo. + +--¡Eh, señor don Juan! perdona, le dijo, pero vuestro amigo el señor +Diego Lopez os necesita. + +--Yo creí que no acababais nunca, y estaba resignado á verle en mejor +ocasion, porque creo que el señor Diego Lopez será de los nuestros esta +tarde. + +--No lo sé; aunque creo que le tendremos vecino: pero venid. + +El capitan entró y Aben-Aboo le salió al encuentro. + +--Necesito pediros un favor, señor marqués, le dijo. + +--Cuantos querais amigo mio. ¡Diablo! á fe á fe que no esperaba yo nunca +tener la fortuna de favoreceros: ¿se trata de algun desafio? ¿de algun +empeño de honra? pues adelante á pesar de las pragmáticas del rey y del +capitan general de la córte y reino de Granada. + +--No, no se trata de eso.... tened la bondad de dejarnos solos maese +Pertiñez. + +--¡Que vanidosos son estos señores! dijo el barbero saliendo: y al fin y +al cabo en mas de una ocasion tienen que acudir á mí. + +--Se me atraviesa un compromiso infernal, don Juan, dijo el morisco +cuando se encontraron solos: yo me habia venido de mi retiro de Cádiar á +la ligera, sin pensar en que tuviera que necesitar nada, y he aquí que +me hallo en gran apuro. + +Púsose encarnado hasta lo blanco de los ojos, el marqués. + +--¡Diablo! ¡diablo! si fuera de noche y tuviéramos una hora de espera y +un solo escudo, yo tengo una suerte insolente al juego: solo que no +juego sino cuando me es de todo punto necesario dinero: el juego es un +robo, si, pardiez.... y.... vamos.... no podiais haber llegado á peor +ocasion; no tengo un maravedí, me podeis creer á fe de caballero, y lo +que mas me pesa es que podais creer que me niego cuando.... pues.... +¡Satanás me asista..!. he aquí un compromiso mayor que el vuestro. + +--¡Con que no teneis dinero! + +--Esas cómicas se han bebido y se han comido mi último real de á ocho. + +--¡Oh! pues ved ahí que no es dinero lo que me hace falta. + +Respiró recio como si le hubieran quitado una montaña de encima al +marqués. + +--¿Pues si no necesitais ni espada ni dinero, que quereis de mi? + +--Quiero que en el momento me vendais uno de vuestros mejores vestidos, +una daga y una espada de córte. + +--¡Acabáramos! me habeis dado un mal rato: esto es distinto: voy á +buscar á mi lacayo Peralvillo, y al punto teneis aquí lo que querais. + +--Esperad un momento; vos teneis lo que yo necesito y yo tengo lo que +vos necesitais; + +--¿Que quereis decir? exclamó el marqués poniéndose de nuevo encarnado +como una guinda. + +--Quiero decir que hace mucho tiempo que nos conocemos, para poder tener +entera confianza el uno respecto al otro. Ademas que recuerdo que nos +conocimos por haberme vos salvado la vida en una riña. ¿Os he ofrecido +yo oro por la vida que me disteis? + +--¡Bah! no hablemos de eso. Ahora bien: tomad de mi lo que habeis +menester; mejor dicho: tomad lo vuestro por que vuestro es todo lo mio, +y adios. + +--Ya sabeis que yo soy firme en sostener lo que digo. + +--Si á fe. + +--Pues os afirmo que si no aceptais el precio de esas prendas que +necesito no uso de ellas. + +--Esto es ponerme entre la espada y la pared, amigo Lopez. + +--Esto os lo digo para que sepais, que me interesa en gran manera tener +antes de poco esos vestidos y esas armas; que no cediéndomelos por su +valor, no los tomo, y que obligándome á no tomarlos, me poneis en un +caso apuradísimo. + +--Con vos no hay medio. Sea. Quedad con Dios. Ya hablaremos de eso. + +--No, ha de ser ahora. Estoy seguro, de que una vez esas prendas en mi +poder, huiriais de mí para no tomar su importe, con mas cuidado que de +un acreedor judío. + +--Lo que molesta debe terminarse pronto. Os conozco y veo que con vos no +hay escape. Me debeis treinta doblones, que os juro recibir otro dia. + +--No me gusta deber. Hé aquí los treinta doblones. + +Y Aben-Aboo sacó de la bolsa que habia recibido á nombre del poderoso +emir de los monfíes de las Alpujarras, una cantidad en oro equivalente á +la suma que habia marcado, el marqués. + +--No os perdonaré nunca este sonrojo, dijo este guardando con embarazo y +sin mirarla, la suma que Aben-Aboo habia puesto en su mano. Es la mayor +prueba de amistad que podia daros. Adios pues; ¿en donde os busca mi +lacayo? + +--Aquí mismo en la hospedería. + +--Pues adios. + +--Adios, señor marqués: hasta la tarde. + +--El marqués salió apresuradamente y Aben-Aboo salió tambien de la +tienda murmurando: + +--¡Que noble y que franco! ¡Lástima que sea cristiano! + + + + +CAPITULO V. + +De lo que vió y oyó Diego Lopez en el poco tiempo que estuvo en la +hospedería del Carbon. + + +Entre tanto maese Pertiñez, contento con haber salido del atolladero en +que le habia puesto la pretension de Aben-Aboo, habia conducido á este á +la hostería y recomendándole para que le diesen uno de los mejores +aposentos. + +Subiase á la hostería por una escalerilla situada en uno de los ángulos +del corral, escalera que tenia y aun tiene ciertos resabios moriscos, y +al desembocar de aquella escalera, se entraba por una puerta +ennegrecida, que al abrirse hacia sonar una campana en un corredor largo +y tortuoso, iluminado por unas altas lucanas desprovistas de vidrios, +por las cuales entraban el viento la lluvia ó el polvo segun era la +estacion ó el estado atmosférico. De la misma manera que sobre la puerta +de entrada estaba escrito con letras bárbaras: «Hostería del Carbon», +habia sobre las de los aposentos situados á derecha é izquierda enormes +números que seguian una correlacion casi infinita. Antes de llegar á +otra puerta donde se leia la palabra «cocina» y despues de muchas +vueltas y revueltas, habia contado Aben-Aboo, ó por mejor decir leido +hasta el número cincuenta y nueve. La numeracion seguia, pero maese +Pertiñez se entró de rondon en la cocina. + +Rey de aquel departamento, en medio de una atmósfera cálida y grasienta, +habia un hombre alto flaco, vestido de una manera ordinaria, y +constituyendo la mitad de su traje un enorme gorro blanco, y un mandilon +del mismo color que le cogia de alto á abajo por delante, y que no +estaba tan limpio como hubiera sido de desear: aquel hombre cuando +entraron Aben-Aboo y el barbero empuñaba una cacerola, y hacia andar de +prisa, en una actividad increible, á cuatro marmitones que se ocupaban +de faenas culinarias, en derredor de un inmenso fogon, enteramente +cubierto de tarteras, ollas y sartenes. Hervian los unos, chirriaban las +otras, desprendiase del todo un olor indefinible, y una niebla de humo +velaba aquel conjunto, capaz por sí mismo de dar hastío á un hambriento. + +Al ver entrar á maese Pertiñez en su habitacion principal, en su sala de +honor, por decirlo asi, con un jóven del aspecto de Aben-Aboo, el hombre +de la cacerola entregó la que tenia en la mano á un marmiton, y adelantó +hácia los recien llegados luciendo en sus labios la noble sonrisa del +cocinero y del hostalero á quien se presenta un huésped, y + +--¿En que puedo servir á vuesamerced? dijo prescindiendo enteramente del +barbero, á quien trataba como cosa de la casa. + +--Este caballero, dijo Pertiñez, necesita vivir en vuestra casa, +únicamente hasta las doce del dia. + +Secóse, por decirlo asi, la sonrisa en el semblante del hostalero: eran +ya las diez. + +--Lo que no importa, añadió Pertiñez, porque el conocimiento con un +hidalgo tal como el señor Diego Lopez, es siempre un conocimiento que +vale mucho. + +Volvió á la boca del hostalero la mitad de la sonrisa que habia +desaparecido de ella, y se inclinó de nuevo. + +--Siento mucho, muchísimo, que.... + +Aben-Aboo le interrumpió impaciente. + +--En fin, dijo: ¿no teneis un aposento donde meterme? Poco os importe el +tiempo; figuraos que he vivido en el un mes, que he comido todo lo que +teneis en la despensa, y poned la cuenta. + +--No no lo digo por tanto, contestó apresuradamente el hostalero, si +vuesamerced me hubiera dejado concluir, hubiera oido que lo que siento +mucho muchísimo, es no poder dar á vuesamerced aposento tal como el que +merece: con la multitud de hidalgos que han venido á las pascuas que se +acercan, y la compañía de comediantes del señor Godinez.... + +--Bien, bien; pero tendreis un aposento cualquiera. + +--Si señor, el número sesenta y siete. ¡Diablo! ¡diablo! un aposento +oscuro, donde es necesario tener luz encendida á todas horas si se ha de +ver algo. + +--No importa; llevadme á ese aposento y concluyamos. + +Era tan concluyente el mandato, que el hostalero, tomó dos bugías de +sobre un anden donde habia otras muchas, encendió la una, y tomando una +única llave de una larga espetera, llave que estaba colocada bajo un +número sesenta y nueve, salió precediendo á Aben-Aboo y á Pertiñez. + +A penas se habian aventurado en el corredor cuando se oyeron pisadas de +mujer, fuertes, como de buena moza, acompañadas del crugir de una falda +de seda. + +--Alto, dijo con un acento malicioso é insinuante maese Pertiñez; alto, +señor Diego Lopez; el corredor es estrecho y será bien que nos hagamos á +un lado para que pueda pasar su magestad la reina mora. + +--¡Ah! ¡sois vos! maese rapista, dijo una mujer que llegó á punto y cuyo +semblante al reflejar en el la luz del hostalero, deslumbró á Aben-Aboo +por lo extraordinariamente hermoso; Dios os guarde, amigo mio; y á +vosotros tambien, señores; y decidme, que tengo curiosidad de saberlo: +¿os han mandado poner ya las celosias en el aposento aquel que está +cerca del tablado...? hablo de aquel aposento que tiene unos reposteros +de terciopelo franjado tan ricos. + +--¡Ah! ¡ah! allí sin duda debe ocultarse algun enamorado de vos, que no +quiere acaso que le vean palidecer ante vuestra hermosura, y sufrir y +palidecer. + +--O alguna enamorada: me han dicho que en aquel aposento, han entrado +una mujer y un caballero. + +--¡Ah! ¡ah! os han dicho... + +--Y como soy curiosa, quiero que me digan mucho mas, señor Pertiñez; por +lo mismo os espero en mi aposento. Número 13. Con que hasta luego. Adios +señor hidalgo, añadió dirigiéndose á Aben-Aboo, á quien durante su corto +diálogo habia mirado con una extraña insistencia. Adios, maese +Briviesca, añadió dirigiéndose al hostalero. + +Y se alejó ligera y gentil, casi corriendo, entonando con una voz de +ruiseñor una copla de entremés. + +--La mejor ave de mi casa, exclamó Briviesca, pero dura de desplumar +como un grajo. + +--¡Oh! la cómica mas hermosa que ha desplumado hidalgos exclamó el +barbero. + +--¡Ah! ciertamente que es una mujer hermosísima, dijo con un acento +particular Aben-Aboo: ¿Y la llaman la reina mora? + +--Ya, ya vereis esta tarde como la aplauden, repuso el barbero. + +--Hemos llegado al número sesenta y nueve, dijo Briviesca dando vuelta á +la llave de una puerta. + +Entraron en una especie de zaquizami, en uno de cuyos ángulos habia un +fementido lecho: completaban aquel mueblaje de posada una mesa +mugrienta, dos sillas distintas en forma, aunque iguales en lo viejas y +media luna de espejo en un marco negro... + +--Esto es indigno... lo conozco, dijo Briviesca. + +--Esto es muy bueno, dijo Aben-Aboo: haced que suban mi maleta y que me +traigan agua para labarme. Vos, maese Pertiñez, venid despues á +afeitarme. Por ahora dejadme solo. + +--Y decís bien; aunque me hubiérais necesitado en el momento, os hubiera +suplicado me dejaseis libre para ir á ver que me quiere la reina mora. + +--¿Quiere algo mas vuesamerced? dijo Briviesca. + +--No, únicamente mi maleta que está en mi caballo á la puerta de maese +Pertiñez, y una taza de caldo de gallina. + +--¿Y vino? + +--No bebo vino, ¡ah! maese Pertiñez: haced que cuiden á mi caballo. + +--Muy bien; descuidad por vuestro caballo. + +--¡Ah! si viene preguntando á vuestra casa por mí el criado del +capitan... + +--Por supuesto, le enviaré. Que Dios os guarde. + +--Yd con Dios. + +A penas se quedó solo murmuró Aben-Aboo, obedeciendo al encendido +recuerdo que le habia dejado la comedianta: + +--¡Por la piedra negra de la santa Kaaba, que todos los dias de mi vida +no he visto una mujer tan hermosa! ¡La reina mora! es singular. + +Pero dejando á Aben-Aboo entregado á tales pensamientos, que nada tenian +de extraños en quien como él solo contaba veintidos años, edad en la que +el pensamiento, por graves que sean sus cuidados, pasa con facilidad de +uno á otro, sigamos aunque nos salgamos del epígrafe de este capítulo, á +maese Pertiñez que adelantaba con tanta prisa como era su curiosidad, +hácia el aposento número trece donde decia vivir la reina mora. + +Tenia ademas en esto un grave interés el rapista: un interés puramente +pecuniario; el interés que tiene por hacer un buen negocio un corredor +de amores. + +Era el caso que don Fernando de Válor, ó Aben-Humeya, como mejor +queramos, en el momento en que en la primera representacion de la +compañía de cómicos se habia presentado en la escena Angélica, se habia +enamorado de ella. Al concluir la primera jornada, don Fernando, segun +costumbre admitida en aquel tiempo, habia ido á la puerta del apartado +donde se vestian las cómicas, solicitando entrar para saludar á la dama. +Pero Godinez, que era al parecer un hombre como de treinta á cuarenta +años, cegijunto, enérgico, y un si es no es altivo, le dió con la puerta +en las narices diciéndole: que en su compañía no estaban en uso aquellas +costumbres y que las damas tenian casas donde ser visitadas. + +Don Fernando, pues, se volvió, echando ternos inútiles, y hubo de +contentarse con arrojar á Angélica el joyel de diamantes de su gorra, en +el momento en que el entusiasmo público enviaba una salva de aplausos á +la comedianta. + +Al dia siguiente, se presentó en la hospedería, preguntó por el número +de la habitacion de la dama y sabido este llegó á la puerta y llamó. +Abrióle una doncella, que contestó á la cortés demanda de don Fernando, +con que su señora estaba enferma y no podia recibir á nadie. + +Don Fernando, que iba preparado á todo evento, entregó á la doncella un +billete perfumado de que iba provisto y se retiró. + +El billete que habia dejado Aben-Humeya contenia las palabras +siguientes: + +«Hermosa señora: soy el caballero que tuvo el placer de ofreceros ayer +tarde su homenaje de la manera que pudo, arrojando á vuestros piés el +joyel que llevaba sobre su cabeza. Hoy ha venido á poner á vuestros piés +su corazon, que espera levanteis hasta unirle con el vuestro. Si hoy, +por un acaso, no puedo veros, os suplico me digais, contestándome, á que +hora podré veros mañana.--Quien os adora por hermosa y discreta: don +Fernando de Válor.» + +Al volver don Fernando á su casa despues de otros quehaceres, encontró +sobre su mesa, una preciosa caja de oro cincelada, con guarnicion de +piedras preciosas, y junto á ella un billete. Llamó á su lacayo y este +le dijo que aquellas dos cosas las habia traído una doncella. + +El billete contenia estas brebes palabras: + +«Señor don Fernando de Válor: ignoro si la joya que os devuelvo es la +misma que ayer me arrojasteis á la escena _rindiéndome un homenage_: +como no he encontrado papel á mano para envolverla, os la envio dentro +de una caja, que encontré tambien á mis piés, no sé de quien, y que +recogí, porque las cómicas nos vemos obligadas á hacer delante del +público, lo que como mujeres nunca hariamos. Si habeis creido que con +ese joyel pagabais la entrada en mi aposento particular, como por +algunos maravedises habeis comprado el derecho de juzgar de mi escaso +ingenio, os habeis engañado. Mi aposento no se abre con oro. Mi corazon +necesita de mas noble llave para abrirse. Perdonad si os he ofendido, +obrando no como una dama de comedias, sino como quien soy.--Vuestra +servidora.--Angélica, la comedianta.» + +Hombre de mundo á pesar de su juventud don Fernando, creyó que la +comedianta adoptaba aquella posicion digna y á todas luces mas noble, +para hacerse mas preciosa, y se obstinó, apuró cuantos medios se conocen +para obtener una cita de una mujer, y ya desesperado, se dirigió á maese +Pertiñez, que tenia una tremenda fama de corredor experimentado. +Ofrecióle oro á montones si le ayudaba á rendir aquella fortaleza, pero +en vano, aunque obraba con toda la fuerza y á toda la altura de su +codicia excitada, pretendió hablar á solas con Angélica: como maese +Pertiñez era una especie de omnipotencia en al corral del Carbon y en +la adjunta hostería tuvo mil veces ocasion de estar al lado de Angélica; +pero esta jamás se encontraba sola: jamás habia podido el rapista +decirla una sola palabra del asunto. Se concibe, pues, con cuanta ansia +iria á la cita que de una manera tan inesperada habia recibido de la +comedianta. + +Llamó, latiendole el corazon de esperanza, esperanza que se refería á +los doblones que debia recibir, si el negocio se llevaba á cabo, de don +Fernando de Válor, y al punto que llamó se abrió la puerta. Era Angélica +en persona. + +--Entrad, entrad, maese, le dijo, tengo que preguntaros muchas cosas. + +Pertiñez, restregándose las manos de alegría, atravesó, siguiendo á la +comedianta, dos habitaciones y entró en una inundada por un hermoso sol +de medio dia y tan ricamente alhajada como hubiera podido estarlo la de +la dama mas principal. + +Pertiñez abrió tanto ojo: aquellos muebles á todas luces no pertenecian +á maese Bribiesca, que era miserable y raquítico con sus huéspedes. + +--¡Ah! ¡ah! exclamó el rapista: ¿sabeis, señora, que debe de llevaros un +sentido por todo esto ese ladron de Bribiesca? + +--¡Ah! dijo Angélica, no os he llamado para eso: sentaos. + +Y le señaló un magnífico sillon. + +--Pero ved, señora, que voy á dejar inservible este hermoso terciopelo +de Utrech. + +--¿Y que os importa? dijo con impaciencia la comedianta. + +--¡Ah! ¡ah! los barberos nos estamos restregando continuamente con toda +clase de vichos grasientos: ¡qué vida la nuestra! + +--¿Me vais á contestar en verdad á lo que os pregunte maese? le dijo +Angélica sin escuchar sus últimas palabras. + +--Os contestaré á todo lo que querais y á mas de lo que querais, hermosa +señora, contestó el rapista. + +--Decidme, continuó Angélica, inclinándose hácia Pertiñez, sobre uno de +los brazos de su sillon, y con el acento ardiente y ansioso: ¿por qué +está cubierto con celosías el primer aposento del lado derecho de la +escena? + +--¡Ah! eso es lo que no podré deciros: por un capricho: lo que sé es que +quien ha tomado ese aposento tiene licencia de la Inquisicion y de la +Chancillería para tenerle cerrado. + +--Bien: ¿pero me podreis decir quienes son las personas que ocupan ese +aposento? + +--Las personas son un hombre y una mujer. + +--¡Ah! ya sabia yo que habia por medio una mujer; no me habia engañado. + +--Y, permitidme, señora, dijo sonriendo sutilmente el hombrecillo, si me +entremeto en lo que no debo: ¿qué razones teneis para pensar que haya +una mujer tras de las celosias? + +--Tengo tres razones poderosas, tres razones de mucho valor que hablan +por mí. Vais á ver. + +Angélica se levantó, fué á una especie de secreter de ébano, marfil, +concha y plata, le abrió y sacó de él un cofrecillo, con el cual fué á +sentarse en el sillon: cuando abrió aquel cofrecillo, se deslumbró el +barbero, y sus ojos casi se saltaron de codicia: tal le habian +deslumbrado las joyas que en el cofrecillo se encerraban. + +--Escuchad, dijo Angélica y como si nada la interesasen aquellas joyas; +vos habeis visto la comedia que hacemos. + +--¿Pues no he de haberla visto? contestó maquinalmente el rapista que no +quitaba ojo de la pedreria. + +--¿Recordais el momento en que Xarifa, la reina mora, jura vengar la +muerte de su padre el rey Mirtilo? + +--¡Oh! ¡vaya! como que se hunde el corral aplaudiendo; como que dais +miedo, señora; tan al vivo lo haceis. + +--Pues bien, me arrojaron confitura, llenaron la escena de gorras y +toquillas, y en medio de todo esto ¿qué diriais que cayo á mis piés? + +--¡Oh! ¿quién sabe, señora? + +--Pues bien, cayó este collar. Y la comedianta asió por un extremo su +magnífico collar de gruesas perlas con broche de brillantes y le levantó +ante los ojos admirados del barbero. + +--¿Y estais segura de que esas perlas y esos diamantes son finos? + +--¡Que si estoy segura! este es un collar de reina; este collar vale un +tesoro. + +--¿Y no sabeis quien pueda haber sido...? + +--Mientras devolvia al patio, segun costumbre, gorras y toquillas, miré +ansiosamente á todas partes: deseaba conocer á la mujer que se habia +desprendido por mi de tanta riqueza: yo habia recibido aquel collar como +hubiera recibido una bofetada: con cólera: este collar era para mí un +insulto... la mujer que me lo enviaba, solo habia tenido por objeto +humillarme... vos no conoceis á las mujeres, añadió Angélica +comprendiendo la estúpida expresion de asombro que se pintaba en los +ojos estraordinariamente abiertos del maese: si; quien me arrojaba este +collar, quien me decia sin palabras: «toma y deja de ofrecer tu +hermosura y tu ingenio á la soez admiracion del vulgo,» era sin disputa +una mujer enemiga mia, que me dispensaba una proteccion humillante; sin +embargo no vi ninguna dama, aunque las habia hermosas y bien prendidas, +que pudiese hacerme sospechar que era la dueña de esta joya: las mujeres +lo conocemos esto con una sola mirada: pero habia un aposento cerrado +con celosías... tras aquellas celosias debia estar mi enemiga: si, mi +enemiga, y en efecto en aquel aposento habia una mujer. + +--Si sabiais que la habia ¿á qué me habeis preguntado? + +--Os diré; mientras estuve dentro, antes de que se acabase la funcion, +encargué á un comediante que procurase informarse de qué personas habia +en el aposento misterioso: cumplió su encargo y me dijo que habia visto +salir un caballero de estado y una dama, pero enteramente cubierta con +un manto. Despues para asegurarme mas me dijo que no estaba seguro de si +la dama encubierta habia salido ó no del aposento cerrado, porque habia +mucha gente y se habia confundido: pero me aseguró que de todas las +damas que habia visto solo aquella llevaba manto. + +--¡Desesperarse porque sin duda la admiracion de una gran señora os ha +ofrecido un hermoso regalo...! + +--¿Qué entendeis vos de esto? dijo con impaciencia Angélica. Dejadme +seguir porque os cuento únicamente esto para que me ayudeis en mis +sospechas para que las aclareis, si es preciso: me vi obligada á esperar +otra funcion: en efecto el domingo siguiente, cuando el público me +aplaudia con frenesí, yo, que tenia fijos los ojos en el aposento de las +celosías vi abrirse una de estas, asomar una blanquísima mano de dama y +arrojar á mis piés este brazalete. + +Y Angélica mostró á maese Pertiñez, cuyo estupor crecia, una segunda y +riquísima joya. + +--Ya no podia tener duda, continuó la comedianta, de que en aquel +aposento estaba la dama que se atrevia á insultarme. Tenia preparado +como en la funcion anterior quien la siguiese, y aquella tarde fue +seguida. Al volver el comediante encargado de seguirla, me dijo que del +aposento de las celosías, acompañada de un caballero de mas de cuarenta +años habia salido una dama cubierta con un manto de terciopelo. Que +habia entrado en una litera y que rodeada de muchos criados, habia ido á +una casa grande y principal en el Albaicin, junto á la parroquia de San +Miguel. Encarguéle que se informase de quien era aquella dama, y solo +pudo decirme que se llamaba doña Inés de Fuensalida, que salia muy poco, +y siempre cuidadosamente encubierta, y por último que iba todos los dias +al amanecer á la primera misa á San Miguel. Irritada de que mi emisario +no supiese darme mas claras noticias, ansiosa de conocer por mi misma á +aquella mujer, me levanté al dia siguiente antes de que fuese de dia, y +me fuí á la iglesia de San Miguel á esperar á esa dama tan misteriosa: +al fin al segundo toque de la misa de alba, entró una dama tapada, y +aunque su andar y sus maneras no me eran desconocidas, no pude verla el +rostro: he procurado corromper á sus criados y los he encontrado +incorruptibles: por último, en la tercera función recibí un nuevo +ultrage, viendo á mis piés estas arracadas que valen tanto como +cualquiera de las dos joyas. + +--¿Y nada habeis podido averiguar mas claro? + +--No. He sabido, si, que vos sois el que cobra los alquileres de la casa +en que esas gentes viven; que esa casa es de un morisco... + +--Si, si por cierto, del señor Diego Lopez á quien conoceis. + +--¡Qué yo conozco al señor Diego Lopez! dijo palideciendo Angélica. + +--Si por cierto, es el hidalgo á quien encontrásteis conmigo en el +comedor, y á quien habéis saludado hace un momento. + +--¡Ah! ¡ese jóven moreno, pálido, de ojos negros, es Aben-Aboo! exclamó +profundamente pensativa Angélica. + +--Si, si señora; asi le llaman los moriscos, del mismo modo que llaman á +don Fernando de Válor Aben-Humeya. + +--¡Aben Aboo! ¡Aben-Humeya! repitió Angélica. + +--Y si supiérais, dijo envistiendo de frente el rapista, cuán loco, cuán +enamorado por vos está don Fernando de Válor. + +--¡Qué está enamorado de mí! + +--Cómo que me ha ofrecido no sé cuantas riquezas, si consigo de vos que +le permitais hablaros una sola vez. + +--¡Ah! murmuró Angélica; y reponiéndose, añadió: hablemos de la dama: +vos cobrais los alquileres de la casa donde vive. + +--Es verdad; pero jamás paso de un aposento del piso bajo, donde me +recibe y me paga el mayordomo. + +--Vos habeis revendido ese aposento cerrado á esa familia. + +--Es verdad. + +--Debeis, pues, haber visto á esa dama. + +--Si, pero cubierta con el manto. + +--¡Oh! ¿y no habéis tenido curiosidad? + +--Si por cierto: pero cerraban por dentro con llave la puerta del +aposento. + +--De modo que no la conoceis. + +--Ni mas ni menos que vos. + +Golpeó impaciente Angélica el pavimento con su pequeño pié. + +--Pues yo necesito ver frente á frente á esa mujer, dijo. + +--Lo creo, murmuró el rapista, no encontrando otra cosa mejor que +contestar á la comedianta. + +--Y es que vos me vais á procurar que la conozca. + +--¿Y cómo? + +--Buscando una llave que sirva para abrir la puerta del aposento. + +--¿Estais en vos? + +--Sé que os pido un gran servicio, pero os lo pagaré. + +--¡Cómo! + +--Dándoos una carta de cita para don Fernando de Válor. + +Alegróse en lo íntimo de sus entrañas el barbero, pero se mantuvo firme. + +--Me pedís una cosa muy arriesgada para mí, señora. Yo puedo proveeros, +á cambio siempre de esa cita con don Fernando, de un medio mejor y menos +expuesto; porque al fin, si os doy la llave y entrais, y esa dama no es +la que creeis... + +--¿Y qué medio es ese? + +--El señor Diego Lopez Aben-Aboo, dijo con acento de misterio el +barbero, está convidado á comer con ella, y va á vivir en su propia +casa. + +--Esa mujer será capaz de comer con antifaz, y de hablar á oscuras con +Aben-Aboo. La llave, la llave, maese Pertiñez, y por la llave del +aposento de esa mujer, os doy una cita al mio para don Fernando de +Válor. + +--¡Dádmela! + +--Cuando me hayais entregado la llave. + +--Pues dentro de una hora. + +--Pues hasta dentro de una hora. + +Pertiñez salió contando ya en su imaginacion los brillantes doblones, +que esperaba recibir de Aben-Humeya á cambio de la cita de Angélica, y +esta se quedó murmurando: + +--¡Aben-Humeya! ¡Aben-Aboo! ¡el uno me solicita loco de amores, y el +otro ha palidecido al verme por la primera vez! Creo que al fin +encuentro el principio de mi camino. + + + + +CAPITULO VI. + + En que continúa un asunto suspendido en el anterior. + + +Aben-Aboo se paseaba impaciente en el chirivitil, donde le habia +establecido maese Bribiesca: habíanle llevado el agua, el caldo y la +maleta; se habia lavado y mudado de ropa blanca, pero ni maese Pertiñez +se habia presentado á rasurarle, ni el lacayo del marqués de la Guardia, +el aun para nosotros desconocido Peralvillo le habia traido el trage +anhelado. + +Aben-Aboo impresionable, como todos los hombres de la raza de que era +hijo, tenia en la cabeza un hervidero de impresiones tentadoras; un +volcan en una palabra; pensaba á un tiempo en Aben-Humeya, que le +arrancaba la corona con que habia soñado; en la Dama blanca de la +montaña, en la inquilina de la casa de San Miguel, y por último, +flotante como una nube blanca y transparente sobre un celaje +ennegrecido, la magnífica mujer, la cómica, que habia visto un momento +al reflejo de la luz de maese Bribiesca en el oscuro corredor de la +hosteria. + +Eran estas bastantes impresiones para que el jóven estuviese +profundamente preocupado, pasando de la una á la otra en un continuo +torbellino, uniéndolas á veces como si fueran partes de un solo cuerpo, +como si hubiese entre aquellas mujeres una relación extraña. + +Demasiadamente excitado su cerebro, empezó á embrollarse su pensamiento +y el oscuro chirivitil en que se encontraba á dar vueltas en torno suyo. +Se sentó para dominar aquella especie de vértigo, en una de las sillas +que estaban arrimadas á la pared, y permaneció inmóvil procurando +dominar sus pensamientos. + +De repente oyó ruido en el aposento inmediato como de abrir una puerta; +luego la voz de dos personas que hablaban con interés. + +De seguro que Aben-Aboo no hubiera reparado en aquello mas que en +cualquier otro incidente vulgar y de poca monta, si la conversacion de +aquellos dos hombres no le hubiera llamado vivamente la atencion por +algunas palabras para él demasiado interesantes. + +--Os digo, os repito, decia una voz que acentuaba perfectamente el +castellano, que don Fernando acabará por perderse. + +--¡Bah! dijo otra voz que tenia, aunque levísima cierto acento +extranjero; y ¿qué os importa á vos Cisneros, que Aben-Humeya se pierda +ó se gane? + +--¡Oh! mas de lo que os parece, señor Godinez, os he traido á este +aposento apartado porque aquí nadie puede oirnos ¿sabeis lo que ha hecho +don Fernando de Válor? + +--Alguna cosa como suya, dijo Godinez. + +--Una atrocidad: ya sabeis que es regidor perpétuo de la Ciudad. + +--¿Y quién no lo sabe? + +--Pero no sabeis que este oficio se le habia quitado á su padre por +delitos, y que despues de su muerte en una prision, el rey le ha dado á +su hijo por gracia y con arreglo á una sentencia de la sala de Granada. +Afortunadamente la venticuatria no habia sido declarada vacante, y don +Fernando se vió horro de pleitos, pero no de envidias, porque ya algunos +caballeros principales habian contado con que se proveria en ellos el +tal oficio. Don Fernando, pues, al empuñar su vara de regidor perpetuo, +se encontró con que aquella vara era para el un haz de enemigos. Se le +ha mirado mal, porque todo el mundo mira mal al que es objeto de +envidias, y además de esto porque don Fernando ha tratado á todo el +mundo con tanta altanería, que á todos los tiene ofendidos, y nada hay +que extrañar en lo que le sucede. + +--¿Pero qué le sucede? + +--Esta mañana habia cabildo: segun costumbre inmemorial en Castilla, +todos los regidores al entrar en cabildo dejan todas las armas que +llevan á sus escuderos ó criados; pues bien, á pesar de esta costumbre +reconocida y acatada por todos, hasta por el mismo capitan general, don +Fernando de Válor entró en cabildo con la daga en la cintura. + +--¡Un olvido! + +--Ó una intencion imprudente. Lo cierto del caso es que habiendo notado +esto que creyó descuido en don Fernando, el regidor don Luis Dávila, +advirtióle con mesura que no era bien enterase armado donde nadie tenia +armas. Replicó descortesmente don Fernando, alegando privilegio; don +Luis Dávila irritado por su descortesia, le echó mano á la daga para +quitársela, y á esta accion, tambien imprudente, sucedió un tumulto +espantoso; en vano el corregidor quiso calmarlo: don Fernando amenazaba +al cielo y á la tierra, y yendo el escándalo en aumento, el corregidor +llamó traidor á grandes voces á don Fernando y le mandó llevar preso. +Mas este, que sin duda estaba preparado, rompió daga en mano por medio +de los que se acercaban á prenderle, dejóse herido un portero, ganó la +puerta de la sala, la antecámara y las escaleras, montó á caballo y +escapó, sin que hasta ahora se sepa donde para. Se ha armado una gresca +infernal. Se tienen sospechas de que los moriscos piensan rebelarse, y +se cree que todo lo que ha pasado en las casas consistoriales, no sea +otra cosa que un lance provocado por don Fernando para tener un pretexto +para ponerse á la cabeza de la rebelion. Los tercios se han +encastillado; no se ven por esas calles mas que caballeros armados de +lanza y coselete que corren á presentarse al capitan general, y este, el +presidente de la Chancillería, el corregidor y el alcalde mayor estan en +consejo. ¿Y creeis que esto no me importe nada? + +--Nada debe importaros Cisneros, nada absolutamente, puesto que vos no +sois ni morisco ni soldado. Si la cosa se enreda, con volvernos á +Sevilla de donde hemos venido, punto redondo. + +--¡Volvernos á Sevilla! ¿sabeis señor Godinez que estamos arruinados? + +--¿Y quién os manda ceder hasta tal punto á los caprichos de esa mujer? +Hemos ganado un rio de oro, en un año que andamos representando por +Andalucía, y esa mujer ha sido el embudo por donde ese oro ha +desaparecido. + +--Vos no conoceis á esa mujer, maese Godinez. + +--Sé que es muy difícil encontrar una dama tal como ella: sé que sin +ella no ganariamos ni la décima parte de lo que ganamos; pero en cambio +no tendriamos que gastar tanto. Es nuestro tirano: con sus humos de gran +señora, no hay medio de que se avenga á lo que otras damas se avienen; +los trages han de ser de lo mejor, de lo mas fino: sedas, pieles, +brocados, joyas: su habitacion ha de ser una habitacion de princesa, su +mesa una mesa de arzobispo. Si hay polvo ó humedad en las calles, +litera; si la duele un tanto la cabeza no hay medio de hacerla +representar, aunque la entrada esté hecha. Decís bien, no sé quien es, +porque esa mujer es un misterio, pero sé que todo lo que por ella se +gane se gastará con ella, y que en vez de ahorrar nos empeñaremos. + +--Pues ved ahí por lo que me contraria, me desconcierta, el lance de don +Fernando de Válor; porque á no dudarlo, esta tarde no habrá funcion, +habia muy buena entrada, con la cual esperaba salir de apuros, y será +necesario devolverle el dinero; ¡si al menos esto pasase! pero tiene +trazas de haber empezado para no concluir tan pronto. + +--Os aconsejo que os separeis de esa mujer, Cisneros. A mi, como autor, +me importa muy poco porsaco mi parte; pero vos os vais quedando cada dia +mas pobre. + +--¡Oh! ¡separarme de ella! ¡imposible! ¡imposible de todo punto; +Godinez! la amo con toda mi alma. + +--Pues ved ahí, yo no comprendo que un hombre ame sin ser amado, y sobre +todo cuando se le dan continuamente zelos. Y os digo esto porque se +dice, no sé con qué fundamento, que nada conseguis ni habeis conseguido +de ella. + +--¡Es verdad! ¡es verdad! hubo un tiempo en que creí que esa mujer me +amaba: pero me engañé. Aun espero el primer favor. + +--Dicen ademas que ella tiene un amante á quien adora, y que el tal +amante se jacta de que nadie mas que el ha poseido á esa hermosura, tras +la cual andan tantos desesperados. + +--¡Ah! ¡el marqués de la Guardia se jacta...! tiene razon... porque ella +le adora! + +--¿Y lo sufrís? + +--Sufro mas de lo que creeis; por ejemplo: yo que tengo mi aposento +cerca del de Angélica, siento todas las noches por delante de mi puerta +los pasos de un hombre, que se detiene delante de la puerta de Angélica +abre y entra; despues sale por la mañana, muchas veces sin recatarse de +nadie. + +--No comprendo vuestro amor. + +--Es porque yo amo de veras y soy esclavo. + +--Pues teneis fama de no haber sido asi en otro tiempo. + +--¿Qué quereis? Aquellos tiempos pasaron. Un príncipe poderoso era mi +esclavo. Tenia en mis manos mas de lo que pensaba. Pero un dia una mujer +terrible se puso entre el príncipe y yo... + +--La hija del emir de los monfíes... + +--¡Cómo! ¡exclamó Cisneros asustado! ¿quién os ha dicho eso? + +--¡Bah! yo sé quién sois, quién es Angélica, quién es la hija del emir. +Vos no sabeis quien soy yo... no os lo digo, porque necesito imponeros +respeto para salvaros. + +--¡Para salvarme! + +--No quiero que seais la víctima de esa mujer. + +--¡Y sabeis quién es esa mujer! + +--Vaya si lo sé. Como sé quién os hirió la noche que la conocisteis. + +--¡Que sabeis...! + +--Si por cierto: fue vuestro amigo el marqués de la Guardia. + +--¡Que rondaba la casa de la hija del emir...! + +--Y vió entrar al príncipe y tuvo zelos. + +--¡Ah! pero cuando tanto sabeis, quién sois.... + +--¿Que quién soy yo...? hace mucho tiempo que nadie me conoce mas que yo +mismo. Oid; unas veces soy jóven: otras viejo: suelo llamarme príncipe, +ó caballero, ó rufian, ó comediante: unas veces tengo un nombre, otras +otro: Angélica me conoce demasiado bajo otra forma: ¿pero preguntadle si +conoce á Salvador Godinez? ¿si sabe quién es? De seguro que no piensa +que yo soy una moneda falsa. Yo sé cambiar de semblante, de cento de +edad, aun de estatura: sé adaptarme á todas las condiciones. Ya me +habeis visto representar.... + +--Y lo haceis á las mil maravillas. He tenido zelos de vos. + +--No tanto, no tanto. Vos siempre sereis el famosísimo Cisneros, la +delicia de las damas de la córte, que lloran vuestra ausencia, y la +admiracion de los hombres de ingenio. Yo soy infinitamente mas cómico +que vos, pero no en el tablado y entre las cortinas, sino en el mundo, +entre las gentes. Tan cómico soy que Angélica, vuestra adorada Angélica, +que sabe que existe un hombre que la ama y la aborrece á un tiempo; que +sabe que ese hombre cambia de aspecto y de nombre, pero no de corazon ni +de propósito; que por lo tanto debia desconfiar de todo desconocido que +se la acercase, no desconfia de mí, y me cree simplemente Salvador +Godinez, comediante y autor de la compañía del señor Andres Cisneros. + +--¡Qué, amais á Angélica! exclamó Cisneros que solo esto habia oido de +las últimas palabras de Godinez. + +--¡Que si la amo! ¡sino la amara viviria! + +--¡La amais! yo creo que esa mujer ha nacido para enamorar á todo el +mundo. + +--Os engañais. A esa mujer la sucede lo que á otras muchas. Las aman +todos, menos el hombre que las posee. + +--Es decir que el marqués de la Guardia.... + +--No la ama, porque ama á otra. + +--¡A otra! + +--Si, á una mujer á quien yo amaria tambien, si mi amor hácia ella no +fuese insensato; un martirio á que me condenaria inútilmente. El marqués +de la Guardia ama á la hija del emir de los monfíes, y porque la ama +finge amor á Angélica. + +--Nos os comprendo. + +--La hija del emir se ha perdido para el marqués. Pero el marqués sabe +que si una mujer se pierde para su amante, no se pierde jamás para la +mujer que la aborrece, que la sigue, que la persigue ansiando venganza, +cuando esta mujer tiene medios para obrar tan poderosos como son los que +tiene Angélica. + +--Con que la hija del emir y Angélica.... + +--Son enemigas, enemigas á muerte por la sola razon de que aman á un +mismo hombre. + +--Lo que no comprendo bien, es por qué me haceis estas revelaciones, +dijo con intencion Cisneros. + +--Porque ha llegado ya el momento de obrar. Angélica sabe que tiene +cerca á su rival, tiene medios para envolverle en una horrible venganza +y obrará. Es mas: yo la ayudaré á que obre. Por lo mismo para ayudarla, +me veré obligado á estar separado de ella largas temporadas: yo puedo +trasformarme: pasar por monfí entre los monfíes, por soldado entre los +soldados del rey, como paso por comediante entre los comediantes; pero +no puedo duplicarme, no puedo hacer dos mi persona, y quiero saber todo +lo que dice, todo lo que hace, si es posible, todo lo que piensa +Angélica. Para ello necesito un hombre esperimentado, sagaz, que sepa +como yo encubrir bajo su semblante tranquilo sus pasiones, dominar los +sucesos y no dejarse dominar de ellos; ese hombre sois vos Cisneros: +pero para que lo seais, es necesario que os domineis: es necesario que +comprendais que una mujer que nos desprecia, que ama á otro, sin +recatarse de ello, que nos toma como instrumento, no debe inspirarnos +amor sino venganza. Es necesario que comprendais tambien que habeis sido +muy ambicioso y muy imprudente: que habeis cometido graves delitos cuyas +pruebas tengo yo.... + +--¡Que yo he cometido delitos! + +--Si, y ya que me habeis traido á un lugar donde nadie puede +escucharnos, voy á hablaros con lisura. Vos, nacido de la pleve, lanzado +por casualidad á la vida de comediante, para lo que poseeis grandes +talentos, os visteis aplaudido, enriquecido, acariciado por las damas, +casi recibido en la córte: entrabais en ella por el postigo es verdad, +pero aquel postigo os llevaba á donde no llevaba á otros la puerta +principal. Hace algunos años trabásteis conocimiento con el príncipe don +Carlos, como lo traban generalmente con los grandes señores los hombres +que han logrado hacerse famosos en cualquier oficio: á título de +proteccion del gran señor, hácia el gran comediante. El príncipe no +tenia la cabeza enteramente sana y habia nacido ademas muy mal +inclinado: era ambicioso, incorregible, déspota, amigo de escesos y +enemigo de toda sujecion: la dependencia en que vivia como hijo y como +vasallo de uno de los hombres mas terriblemente celosos de su autoridad, +le irritaba. Vos comprendísteis todo esto, como lo habian comprendido +otros, ú otro, y pensasteis como aquel otro, aprovechar las perversas +cualidades del príncipe para engrandeceros. Aquel otro, que era tambien +un gran señor, casi un rey, el emir, en una palabra, conoció que debia +aprovecharse de vos y se aprovechó. El vínculo que unia á un tiempo al +príncipe, al emir y á vos era el amor de una mujer: el amor voraz, +voluntarioso, impaciente, que el príncipe sentia hácia la hermosa +duquesita. ¿Quereis que invierta mas tiempo probándoos de qué manera +poseo pruebas de vuestra doble traicion contra el rey, incitando á la +rebeldia al príncipe, irritando sus deseos por doña Esperanza, y +sirviendo al mismo tiempo al emir de los monfíes? Vos habeis escrito +cartas imprudentes, cartas cada una de las cuales vale vuestra cabeza, y +esas cartas Cisneros estan en mi poder. + +--¡Es decir que me imponeis condiciones! + +--Me constituyo en vuestro señor, representando al diablo á quien os +habeis vendido por ambicion. + +--¿Y no temeis que esté desesperado? + +--No porque aun sois ambicioso. + +--¿Y qué me podeis vos dar? + +--Puedo daros, si os resistis á servirme, una muerte horrible. Porque +¿qué creereis que haria con vos Felipe II cuando supiese, que vos, +envenenando al corazon de su hijo, impulsándole á la traicion, le habeis +obligado á matar al príncipe? + +Cisneros calló. + +--Por el contrario si me servís bien, os enriqueceré; es mas: os pondré +en ocasion de ser. ¿Quereis ser walí de un rey moro..? pues bien: podrá +suceder que lo seais. ¿Quereis conquistar la gracia del rey de España y +su privanza? Servidme: si solo quereis ser rico, sedlo desde ahora. + +--¡Cómo! ¿vos podeis enriquecerme, hacer levantar el destierro que me +separa de la córte, fuera de la cual no vivo? + +--Lo puedo. + +--Y sin embargo, ¿teneis paciencia para vivir con un miserable +salario..? + +--¡Imbecil! ese es el antifaz, el medio. Decidme Cisneros: ¿habeis +creido de buena fe que hemos ganado todo el oro que se ha gastado en +pagar la compañía, y en sostener los caprichos de Angélica? + +--El público ha pagado muy caro.... + +--Por muy caro que hubiera pagado el público, las entradas no hubieran +bastado para pagar la compañia, que es muy numerosa y muy buena, porque +vos no quereis trabajar con malos cómicos. Quien ha pagado he sido yo: +como soy quien vendo las entradas; como nadie tiene que enterarse de +ello, he hecho al revés de otros que roban: he aumentado... he aumentado +diez veces mas: aposento habia por el que solo han pagado un escudo, y +yo he dicho que han pagado un doblon, y asi todo. Con que, nada os +importe que los moriscos se revelen ó no: mejor para nosotros... nada +importa que no podamos representar mas en Granada; mejor; nos +desembarazaremos de todos esos comediantes, que al fin son ojos que ven, +oidos que escuchan y bocas que mienten, y nos estorban. Por lo demás, y +ya que os prestais á servirme, tened muy en cuenta el no ser débil con +Angélica, revelándola una sola palabra de lo que hemos hablado; +continuad, como siempre; tratadme delante de los demás con la soberbia +que siempre me habeis tratado, y basta por ahora. Son ya cerca de las +doce, y voy á ponerme á despachar las entradas. + +--¿Pero creeis que despues, de lo que ha sucedido esta mañana pueda +haber funcion? + +[imagen: Encuentro de Angélica y Aben-Aboo.] + +--¡Bah! todo ello no pasará de ruido: ya vereis como se nos llena al +corral, y sobre todo que nosotros no podemos suspender la funcion sin +órden del corregidor. + +Tras estas palabras, Aben-Aboo que habia unido su oreja derecha á la +pared para oir mejor, sintió que los del aposento inmediato se dirigian +á la puerta, la abrian, salian y cerraban de nuevo. + +Luego los pasos de los dos se perdieron á lo largo del corredor. + +--¿Con que ese señor Godinez, no es Godinez? dijo Aben-Aboo, ¿ni esa +comedianta es lo que parece, ni el señor Cisneros por lo visto se +contenta con ganar su dinero representando? ¡Aben-Humeya, toma un +pretesto para la rebelion! ¡Amina ama al marqués de la Guardia! ¡la +comedianta tambien! ¡estas dos mujeres se conocen y son enemigas! ¡El +señor Godinez alienta proyectos! ¡Oh! ¡por el Dios Altísimo, que mi +buena suerte me ha traido á esta hostería. Creo que al fin de este +laberinto está mi suerte buena ó mala! la tumba ó el trono! Pues bien: +es necesario que yo me procure un hilo que me guie para llegar al fin de +ese laberinto. Cada uno de esos comediantes es un cabo. Pues bien yo +reuniré á los tres. Yo procuraré no perderlos. ¡Y el marqués de la +Guardia! ¡mi buen amigo! ¡oh! ¡oh! ¡Ahora mas que antes me impacienta +la tardanza del criado del marqués! y bien mirado ¿para qué necesito yo +sus vestidos? ¿No vengo de viaje? No se por qué tengo impaciencia de +conocer á esa doña Inés de Fuensalida; me parece que este es otro cabo +que me presenta mi fortuna. + +Habíase ya decidido Aben-Aboo por presentarse de cualquier modo en la +casa de sus inquilinos, cuando se oyeron pasos en el corredor que se +detuvieron junto á su puerta y una mano llamó á ella. + +Era el lacayo del marqués que traia un emboltorio bajo el brazo +izquierdo y una espada y una daga de córte en la mano derecha. + + + + +CAPITULO VII. + + De como hasta el fin del capítulo no pudo sacar nada en claro + Aben-Aboo acerca de sus inquilinos. + + +A punto que daban las doce, llegaba Aben-Aboo, bizarramente vestido con +un trage de brocado escarlata, calzas de grana y zapatos acuchillados, á +la puerta de la casa de don Alonso de Fuensalida, ó, por mejor decir, de +su casa. + +Al atravesar la ciudad habia observado profundamente el aspecto de ella +y nada habia encontrado de extraño: era muy posible que los tercios +estuviesen renuidos, instalados en consejo el cabildo y la Chancillería +y que se hubieran tomado algunas precauciones; pero las gentes iban +tranquilamente por la calle como de costumbre, salian de oir misa de las +iglesias multitud de damas ataviadas como la que va á misa tarda para +ser vista, y muchos soldados alféreces y capitanes, andaban, á su paso, +y á sus negocios, como si absolutamente no amenazara ningun peligro. + +[imagen: Acercáos, don Fernando, acercáos, dijo con una voz +sonora, grave y afectuosa...] + +El acontecimiento, pues, de aquella mañana en las casas consistoriales +habia quedado completamente aislado. + +Aben-Aboo, se entró por el zaguan, y pidió á uno de los lacayos que +vagaban por él, le anunciase á su señor. + +Inmediatamente aquel hombre le introdujo, precediéndole para guiarle por +unas anchas escaleras de mármol, alfombradas en el centro y unos +corredores, alfombrados tambien, á una antecámara y una cámara donde le +salió al encuentro un caballero como de cuarenta y seis años, +enteramente vestido de negro, de fisonomía enérgica, y hermosa. + +--El señor Diego Lopez, á quien esperaba vuecencia; dijo el lacayo á +penas vió á su señor, retirándose en seguida. + +--Bien venido seais, caballero, le dijo el señor excelentísimo á +Aben-Aboo, y tanto mas, cuando mi hija y yo empezábamos á estar +cuidadosos por vos. + +--¡Oh! permitidme que me enorgullezca de haber sido el objeto del +cuidado de esa hermosa señora. + +--Nada tiene esto de extraño caballero, cuando mi hija doña Inés os debe +muchas atenciones. + +--¡Atenciones! + +--Sí por cierto: cuando tuvísteis la complacencia de cedernos vuestra +casa... + +--Decid la necesidad, señor don Alonso: si yo no hubiera venido á la +pobreza en que me hallo... + +--No hablemos de esto, sois pobre por que sois honrado, y la honra es el +primer caudal de un hidalgo. Dejadme ahora probaros como os debe +atenciones mi hija. Cuando supísteis que venia á vivir á vuestra casa +una dama, vos, que del ajuste de arriendo habiais exceptuado cuatro +habitaciones, que eran para vos un santuario, las que habia vivido +vuestra madre, habitaciones que debian permanecer cerradas, os +apresurásteis á ofrecerlas á mi hija para su uso. Doña Inés aceptó con +placer vuestro ofrecimiento, ha vivido en esas habitaciones y ha +aspirado el perfume de santidad, de sufrimiento, de dulzura que en ellas +ha dejado vuestra madre. Doña Inés vive en la misma habitacion en que +vivió vuestra madre, Aben-Aboo. + +--¡Ah! ¡sabeis mi nombre! + +--Porque lo sabemos; porque sabemos que sois primo hermano de +Aben-Humeya, que ha cometido hoy, arrastrado por su mocedad y por su +imprudencia uno de los mayores desaciertos que pudiera haber cometido, +estábamos con cuidado por vos. + +--¿Con que sabeis? + +--¿Y quién no sabe los pensamientos de los moriscos? Sábelos el capitan +general, el presidente, el corregidor... y como vos sois tambien +morisco... + +--Pero vasallo leal del rey nuestro señor, aunque no me haya honrado +tanto como á mi primo hermano don Fernando de Válor, dijo cubriéndose de +la mayor reserva Aben-Aboo, por que no sabia el terreno que pisaba. + +--¿Y cómo andais Aben-Humeya y vos? + +--Nos tratamos como buenos parientes, pero nos vemos poco: él vive +generalmente en Válor con su madre doña Elvira, y yo vivo con mi madre +en Cádiar, cuidando de unas tierrecillas que nos han quedado. + +--¿Y cómo se encuentra vuestra buena madre? Yo la conocí antes de que os +diese á luz y era una doncella hermosísima, dulce, sufrida; un ángel en +una palabra. Baste deciros que estuve enamorado de ella, y que bien +hubiera podido ser que nos hubiésemos casado. A veces una casualidad +dispone del porvenir de dos personas: pero no hablemos mas de esto, +porque no debe hablarse de las cosas pasadas. Y puesto que ya os tenemos +aquí, vamos á tranquilizar á mi hija. + +--Una palabra, don Alonso, una sola palabra: desde que recibí vuestra +cortés invitacion para venir á vuestra casa, bajo pretexto de que era +mia, estoy luchando con la duda de quién habia podido deciros que yo +estaba en Granada, cuando me he venido solo, á la ligera y á mata +caballo desde mi atalayuela de Cádiar, sin avisar á nadie. + +--No lo extrañeis: me ha avisado maese Pertiñez. + +Aben-Aboo recordó que el rapista no se habia separado de él ni habia +hablado con nadie; aceptó con las muestras de la mayor credulidad la +respuesta de don Alonso, pero en su pensamiento se estereotipó por +decirlo así esta frase recelosa: + +--¿Quién será este hombre? ¿quién será su hija? + +Don Alonso le hizo atravesar algunas habitaciones demasiado conocidas +para él, y cuyo rico mueblaje encontró en el mismo estado en que se +encontraba cuando vivia en aquella casa con su madre, y al fin se acercó +con el corazon palpitante á una puerta cubierta de arabescos. Aquella +puerta era la de las habitaciones de su madre. + +Despues de pasar aquella puerta y una antecámara, don Alonso abrió una +mampara de cuero de Marruecos recamado, é hizo seña al jóven para que +pasase. Aben-Aboo, al abrirse aquella mampara habia arrojado un grito, +involuntario. Delante de él se habia presentado una doble aparicion. Una +dama hermosísima, vestida completamente de blanco, con una rozagante +túnica de brocado, resplandeciendo toda, con sus joyas, con su mirada, +con su hermosura, con sus ropas, y por cima de la cabeza de aquella +aparicion casi divina, otra mujer no menos hermosa, vestida de blanco, +pura, coronada de flores, é impresa sobre su semblante de niña, la +melancólica expresion de un sufrimiento resignado, que la hacia aparecer +mas hermosa: entre aquellas dos mujeres, real la una, pintada la otra, +que se tocaban y se confundian á la vista de Aben-Aboo, por un accidente +de posicion, habia algo de comun, algo de semejante, algo de eso que +puede llamarse aire de familia, y que bien podia ser ese misterioso +punto de contacto que existe entre dos mujeres hermosas que pertenecen +casi á un mismo tipo. Para completar mas esta analogía, en el semblante +de la una dama, de la dama que respiraba á dos pasos de Aben-Aboo, habia +la misma expresion de sufrimiento dulce y resignado, que en el semblante +de la dama pintada en un magnífico cuadro suspendido de la pared al +fondo de la cámara. Aben-Aboo no sabia quién era la dama viva, pero +sabia si, que la dama pintada era una reproduccion exacta de su madre +doña Isabel de Válor cuando solo tenia diez y siete años. + +La inesperada vista de su madre á quien amaba con delirio, puesta de +contraposicion con doña Inés, le habia arrancado del corazon un grito de +angustia, por decirlo asi, porque al mismo tiempo creia haber encontrado +en la jóven y hermosa dama que le contemplaba con una profunda paz, +mucho de semejante en el trage y en la actitud, con la misteriosa Dama +blanca de la montaña. + +Pero Aben-Aboo tardó poco en reponerse, saludó cortésmente á doña Inés, +se disculpó de su conmocion con la inesperada vista de su madre á quien +dijo haber dejado harto triste en las Alpujarras, y se sentó á la mesa +que ya estaba servida y á la que asistieron inmediatamente cuatro +lacayos á cuya librea no podia pedirse nada en cuanto á gusto y riqueza. + +¡Y cosa extraña! el semblante y las maneras de aquellos lacayos; la +precision con que servian; un no sé qué de característico impreso en +ellos, que Aben-Aboo, no comprendia bien, le impresionaban tanto, como +don Alonso, como su hija, como el recuerdo ardiente en todo cuanto habia +pasado por él aquel dia fecundo en aventuras. + +Pero Aben-Aboo era sagaz, astuto y prudente y sostuvo á pesar de sus +observaciones, con la mayor lisura y naturalidad, la conversacion de +generalidades que se sostuvo durante la comida. + +Nada vió Aben-Aboo que indicase en doña Inés el deseo de agradarle; le +trataba con esa fácil manera á que está acostumbrado todo el que ha +tenido trato de gentes; hacia los honores de la mesa de una manera +perfecta, y, sin embargo, lo perfumaba todo para Aben-Aboo, que acabó +por sentirse impresionado, y, por necesitar de toda su fuerza de +voluntad para no perder su aspecto tranquilo. Concluyóse la comida +cuando eran las dos, y don Alonso pidió las sillas. + +--Esperamos, dijo, que nos acompañareis: no siempre se encuentra en +Granada una compañía tal de comediantes como los que ha traido el señor +Andrés Cisneros. + +Aprovechó la ocasion Aben-Aboo para empezar á utilizar las observaciones +que le habia procurado la casualidad en la hostería del Carbon y dijo +con suma naturalidad: + +--En efecto, mi amigo el señor marqués de la Guardia, á quien he +encontrado de una manera imprevista casa de maese Pertiñez, me ha hecho +grandes elogios de esos comediantes, especialmente de una Angélica, que +dice es un prodigio; yo le habia creido de buena fe, pero despues he +dudado acerca de la habilidad de esa mujer. + +--¿Y por qué? dijo sonriendo doña Inés; habeis hecho mal: la Angélica es +toda una comedianta que se hace aplaudir con entusiasmo. + +--Créolo, señora, despues de que vos me lo afirmais. + +--¿Y por qué no creerlo por el dicho de vuestro amigo? + +--Porque mi amigo que es un loco, señora, un hombre de aventuras, está +ciegamente enamorado de la Angélica. + +--Y hace bien, porque es muy hermosa, caballero: en fin, vos la vereis y +la juzgareis. + +--¡Ah! mi opinion, señora, seria muy falsa: criado, como quien dice, en +las Alpujarras, entre cerros, siempre aguijando lebreles, y corriendo +tras los corzos, soy casi un rústico. + +--Pero un rústico, ya que vos lo quereis, que tiene un gusto exquisito, +dijo riendo la jóven; perdonad si me tomo con vos alguna confianza: +estoy viendo todos los dias á vuestra madre, he acabado por amarla, y +esto es bastante título para que trate á su hijo como á un conocido +antiguo, casi como á un pariente; os digo esto para que no extrañeis lo +que voy á deciros á cerca de vuestro buen gusto. + +--Que vos me suponeis. + +--Del que llevais sobre vos una prueba indudable. + +--¿Sobre mí? + +--Si, en el brocado de vuestro trage; es precioso... y rico... las +mujeres reparamos mucho en esto, y siempre procuramos informarnos de en +donde se venden tan ricas, tan hermosas telas. ¿Donde habeis comprado +ese brocado? + +--En Granada hoy mismo. + +--¡Hoy! + +--Elogiando mi buen gusto habeis elogiado el del marqués de la Guardia. + +--¡Ah! ¡dispensad! yo creia que vos... + +--Nada tiene esto de extraño. Habia venido á la ligera y no queria +presentarme con el lodo del camino. Afortunadamente encontré á mano al +marqués que se prestó á venderme un traje, y él mismo ha elegido este +entre los suyos. + +--Pues debeis estar muy agradecido á vuestro amigo. Por mi parte quiero +que le pregunteis donde ha obtenido tan hermosa tela. Yo creo que solo +en Venecia podrá encontrarse hoy y á un precio exorbitante. Reparad, +reparad, padre mio, lo fino, lo bello de este brocado; es de tres altos +y está bordado de aljofar. Con que ¿preguntareis al marqués?... + +--¡Oh! de seguro señora. + +--Las literas esperan á vuecencias, dijo un lacayo á la puerta. + +La hermosa dama llamó á una de sus doncellas, la pidió un manto, y esta +le trajo uno de terciopelo en que se envolvió completamente. + +Despues, asiéndose con la mayor lisura al brazo derecho de Aben-Aboo. + +--Vamos, señor Diego Lopez, dijo: estoy impaciente porque viendo á la +Angélica, comprendais que el marqués de la Guardia vuestro amigo, tiene +tanto gusto para sus amores como para sus brocados. + +Aben-Aboo, seguido de don Alonso, condujo á la jóven hasta el patio +donde esperaban dos literas: en la una entraron el padre y la hija, y en +la otra Aben-Aboo. + +Esta circunstancia favoreció al jóven. Se encontraba solo, y por decirlo +asi encerrado, y para aumentar mas aquella especie de aislamiento, +corrió las cortinillas de los cristales, y se entregó á la meditacion de +lo que habia observado durante la comida. + +Por muchas razones habia sospechado que quien le habia dado un bolsillo +de oro en la ermita de San Sebastian, y el que le habia convidado á su +casa eran una misma persona: en aquel caso don Alonso debia ser el emir +de los monfíes y su hija Amina, aquella misteriosa hermosura que nadie +conocia: tenia además razones para sospechar que la mujer rival de +Angélica fuese la hija del emir, y otras razones no tan claras para +creer que doña Inés, Amina, y la Dama blanca de la montaña eran una +misma persona. + +Pero todas sus suposiciones se estrellaban contra el aspecto y las +palabras tranquilas con que doña Inés habia oido y contestado las +palabras intencionadas que habia permitido á sus recelos Aben-Aboo: ni +al oir el nombre de Angélica ni el del marqués de la Guardia se habia +conmovido la jóven, ni un solo músculo de su semblante se habia +contraido, al saber que el marqués de la Guardia estaba enamorado de la +comedianta. + +Extrañábale, ademas sobre manera, que una dama de la calidad y del +estado que mostraba doña Inés, se hubiese entrometido, por mas que +hubiera querido justificarlo, en la calidad del brocado que vestia y en +su procedencia. Y en verdad que esto era de extrañar, tratándose de un +hombre á quien doña Inés veia, ó por lo menos hablaba, por la primera +vez. Todos estos pensamientos eran bastantes para revolver el seso á +otro menos cabiloso que Aben-Aboo, y como si esto no bastase, punzábale +el corazon un sentimiento agudo, amargado por un sin número de dudas y +de temores: este sentimiento era un amor naciente, puro, dominador y +tirano, aun en su principio, que habia aspirado Aben-Aboo en la +hermosura de doña Inés y de la atmósfera de misterios que la rodeaba. + +Antes de que el jóven hubiese encontrado la mas leve solucion á sus +pensamientos, paró la litera. Entonces, se encontró á la puerta del +corral del Carbon, á la que afluia una multitud inmensa. La funcion +debia haberse empezado, ó estaba á punto de empezarse, porque ya el bobo +y su tambor habian desaparecido. Sudando y codeando por hacerse visible +entre la multitud, aparecia maese Pertiñez vestido de dia de fiesta y +con su capa nueva de paño fino. Dos lacayos de don Alonso abrian plaza, +y al cabo, Aben-Aboo, siguiendo al padre y á la hija, se encontró +primero en unas escaleras, despues en un corredor, luego delante de una +puerta, que abrió con llave un lacayo, y al fin dentro de un pequeño +espacio cuadrado, cubierto de tapices en las paredes y en el techo, y de +alfombra en el suelo y cerrado por delante por una celosía. Ademas en el +centro, y por razon de lo frio de la habitacion, habia una copa de plata +con fuego. + +Tres sillones estaban colocados delante de la celosía: sentóse en el de +la derecha doña Inés, en el del centro Aben-Aboo, y don Alonso, despues +de haber cerrado la puerta del aposento con la llave que le entregó un +lacayo, se sentó en el sillon de la izquierda. + +Solo entonces y cuando estuvo segura de que de nadie podia ser vista mas +que de Aben-Aboo y de su padre, se despojó doña Inés de su velo, dejando +descubiertos ante Aben-Aboo, tesoros de hermosura en los redondos +hombros, y en el seno cuasi cubierto por un exagerado descote. + +Aben-Aboo estaba en malas condiciones para consagrarse á la observacion +de lo que pasaba, de lo que se veia mas allá de doña Inés; pero nosotros +que no estamos enamorados ni dominados por las pasiones que Aben-Aboo, +podemos salirnos de aquella especie de cajon en que estaban encerrados +los tres personajes, y dedicarnos á la contemplacion del aspecto que +presentaba el corral. + +Tres de sus lados mostraban sus ventanas y corredores henchidos de +damas, aderezadas, pintadas, ó afeitadas, como se decia entonces, +luciendo su desnudez á pesar del frio; entre las damas cubiertas de +plumas y de relumbrones, caballeros jóvenes, maduros y viejos, no menos +enjalbegados y aliñados muchos de ellos, mas que las mujeres: en un +aposento grande, al frente, se veia el tribunal del Santo Oficio de la +Inquisicion; en otro al lado, el capitan general y sus tenientes y +oficiales; mas allá el aposento de la Chancillería, y luego el de la +ciudad: todos estos aposentos tenian en sus balaustradas, asi como los +ocupados por las damas y caballeros particulares, ricas colgaduras de +seda ó de terciopelo, del color y con las armas que correspondian á cada +corporacion ó familia, lo que, siendo muchos los colores y harto +diferentes los blasones y las empresas, formaba un peregrino contraste: +solo habia una colgadura ó repostero que no tenia armas ni empresa; pero +en cambio era tan rico, tan recargado de oro y adornos, que valia él +solo por todos los del corral: este repostero era el del aposento del +llamado don Alonso de Fuensalida. + +Descendiendo al patio, allí era tambien grande la variedad de colores, +cintas y preseas: ocupaban las sillas hombres, en general, y algunas +damas galantes en la delantera junto á los músicos: á medida que las +sillas estaban mas lejos de la escena, era menor el lujo de los que las +ocupaban, y al fin, allá en último término, estrujándose, apretándose, +pisándose, apostrofándose, produciendo un ruido infernal, estaba la +gente de á pié, compuesta de hidalgos pobres y de gente valdía. + +El cuarto lado del corral, estaba enteramente ocupado por el escenario y +por los tapices que encubrian los cuartos provisionales donde se vestian +los actores: el escenario, propiamente dicho, formado por dos pabellones +de damasco rojo y un tapiz de Flandes, sobre un tablado de una vara de +altura, estaba inclinado notablemente hácia la derecha, y de tal modo, +que el aposento mas cercano á él, era el de la celosía. + +Esto tenia sus razones sin duda, pero los que ocupaban los aposentos y +la sillas de la izquierda, se quejaban con razon, porque desde sus +puestos no podia verse bien lo que pasaba en el escenario. + +El cielo estaba radiante y despejado, y como ya eran las dos largas de +la tarde, el sol iluminaba únicamente la parte alta de la pared oriental +del patio. + +Apenas habia entrado en su aposento don Alonso de Fuensalida, con su +hija y su huésped, cuando, como si solo hubieran esperado su llegada, +rompieron las guitarras de la música, acompañadas de trompetas y +tambores, que se habian llevado porque la comedia era de moros y +cristianos, y habia, por lo tanto, que tocar al arma. Todos estos +instrumentos juntos, mal tañidos y peor concertados, formaban un +estrépito infernal, que solo podia ser tolerable por la costumbre, y +sobre todo, por lo corto de su duracion. Concluida aquella especie de +obertura salvaje, se corrió la cortina, quedando descubierto un espacio +cuadrado, formado por tapices, y salió el bobo, vestido de pastor, con +zurron, cayado y pellica. + +Nuestros lectores nos permitiran que les demos una idea de lo que era +una representacion teatral en aquellos tiempos, en que el arte escénico +estaba en su infancia: ya hemos descrito la manera como se adornaban los +corrales en que estas representaciones se hacian: réstanos decír, en +cuanto á la parte material, que no habia decorado, sino muy raras veces, +representando generalmente los cómicos entre cortinas ó tapices, tras +los cuales aparecian ó desaparecian por una abertura, según que lo +requeria la marcha del asunto: representaban de memoria y sin apuntador, +y su declamacion era un tanto cantada, armónica, particularmente en las +obras en verso. En cuanto al órden de los espectáculos, vamos á +presentar, como muestra, el de la funcion que iba á representarse +aquella tarde en Granada por la compañía del famoso Cisneros. + +Primeramente el introito, con una loa de Torres Naharro, autor +dramático, que floreció á principios del siglo XVI. Despues la comedia +en cuatro jornadas, y en verso, de un autor desconocido, titulada: +«Reina Moraima». En tercer lugar, un coro y baile, titulados «El amor». +En cuarto, el «Paso del convidado», de Timoneda; autor valenciano, que +floreció por aquellos tiempos: y últimamente, el «Paso del ciego», de +Lope de Rueda, que de batidor de oro, se habia convertido en insigne +autor y comediante. + +En la imposibilidad de ofrecer á nuestros lectores toda esta funcion, +diálogo por diálogo y punto por punto, vamos á trascribirles la loa ó +introito que declamó el bobo (asi se llamaba entonces á los graciosos), +no solo para que juzguen del gusto dramático de entonces, sino para que +observen con cuánta libertad hablaban entonces al público los autores y +los comediantes. + +Hé aquí la loa que el bobo declamó con gran desemboltura y maestría á +vuelta de botargadas, que se recibian muy bien en aquella época. + + «Dios mantenga y remantenga + mia fé á cuantos aquí estais, + y tanto pracer os venga + como creo que deseais. + + * * * * * + + Pues pobretos, + que quereis vivir sugetos + al mundo y á su cebico, + en mi tierra los discretos + al contento llaman rico. + Por probar + ora os quiero preguntar: + quien duerme mas satisfecho, + yo de noche en un pajar + ó el Papa en su rico lecho? + Yo diria + quel no duerme, todavia + con mil cuidados y enojos; + yo recuerdo á medio dia + y aun no puedo abrir los ojos. + Mas veran: + que dais al Papa un faisan + y no come del dos granos; + yo tras los ajos y el pan + me quiero engollir las manos. + Todo cabe, + mas aunque el papa me alabe + sus vinos de gran natio, + menos cuesta y mejor sabe + el agua del dulce rio. + (_aplausos generales_.) + Yo, villano, + vivo mas tiempo y mas sano, + y alegre todos mis dias, + y vivo como cristiano + con aquestas manos mias. + Vos, señores, + vivís en muchos dolores + y sois ricos de mas penas, + y comeis de los sudores + de pobres manos agenas. + (_aplausos de la gente de á pié._) + Y infinitos, + que teneis los apetitos + tan buenos como palabras, + no comiérades cabritos + si yo no criase cabras. + Concrusion: + pues os demando perdon + me lo debeis conceder, + y pues que fué mi intencion + venir á daros prazer; + y será: + que una comedia verná + Reina Moraima llamada. + Sabed que no faltará + de graciosa ó desgraciada. + +A continuacion, el bobo charló en verso el argumento de la comedia, y, +concluido, retiróse dentro, llevando consigo una salva de aplausos. + +Despues de esto é inmediatamente debia salir la reina mora, y decir al +público, que su padre habia sido asesinado, su esposo asesinado, sus +hijos asesinados, y que iba por el mundo en busca de un caballero que la +vengase del hombre que habia asesinado á su padre, á su esposo y á sus +hijos. + +Sin embargo, Angélica que debia representar la reina mora, no parecia; +el público empezaba á impacientarse, y á murmurar, y á silbar al fin, y +armar un verdadero alboroto. + +Veamos en qué consistia la tardanza de Angélica. + +Apenas habia entrado en su aposento don Alonso de Fuensalida, cuando +maese Pertiñez, se deslizó por una escalera de mano, que mas allá, +apoyada en la balaustrada, daba al escenario, y pasando entre moros y +cristianos, llegó á un espacio cerrado por tapices, levantó uno y se +encontró frente á frente con Angélica. + +Estaba la comedianta deslumbrante de hermosura; tenia en la cabeza sobre +las pesadas trenzas de sus cabellos, un adorno de plumas y diamantes, un +riquísimo collar sobre el casi desnudo seno, y una magnífica y ancha +túnica de brocado blanco de tres altos: tenia en la mano su papel +plegado, en el que no estudiaba; por el contrario, le rompia lentamente +y con cólera en pequeños pedazos. Sobre una mesa inmediata habia un +objeto de poco volúmen envuelto en un pañuelo de encaje. + +Cuando entró Pertiñez, Angélica se levantó sobrexcitada. + +--¡Gracias á Dios que habeis venido! le dijo. ¿Traeis la llave del +aposento de las celosías? + +--Es que... me habiais prometido otra llave, que ya no sirve, porque don +Fernando de Válor... + +--Sí, si: ya sé que don Fernando ha hecho una de las suyas y anda +huyendo; pero no importa, dad mi llave al señor Diego Lopez. + +--Pero el señor Diego Lopez, no me pagará... + +--Acabárais de una vez; os pagaré yo. Tomad mi llave, añadió sacando una +de su limosnera, y esta carta para el señor Diego Lopez. Dadme la llave +del aposento de la dama encubierta. + +--Pero... + +--¡Ah! me habia olvidado de que era necesario pagaros: tomad. + +Y se quitó su magnífico collar, que no le hacia falta, porque su cuello +desnudo era mas hermoso. + +--Pero... repitió Pertiñez. + +--¡Oh y que cansado! tomad y dadme. + +Pertiñez sacó de sus gregüescos una llave que entregó á Angélica, y esta +le dió el collar. + +--Oid: haced de modo que el señor Diego Lopez reciba mi carta y mi llave +esta misma noche. Adios. + +Y rápida como el pensamiento, salió de entre sus tapices, atravesó el +interior del escenario, trepó por la escalera de mano, y se encontró en +el corredor de los aposentos del público, que estaba desierto á causa de +haberse empezado la funcion. Los lacayos de don Alonso que habian +quedado á la puerta del aposento de su señor, creyendo que no harian +falta, se habian escurrido para pillar algo de la funcion entre la gente +de á pié, y Angélica pudo llegar sin que nadie se lo impidiese á aquella +puerta, y metió en la cerradura la llave, abrió con mano trémula y se +precipitó dentro. + +Al ruido, doña Inés volvió la cabeza, al mismo tiempo que su padre y +Aben-Aboo. Angélica habia puesto sus manos sobre los dos hombros +desnudos de doña Inés, y la miraba frente á frente. + +--¡Oh! ¡no me habia engañado! exclamó, ¡eras tú!... ¡tú!... ¡siempre tú! + +--¿Qué quereis señora? dijo con asombro don Alonso. + +Palideció aun mas que lo estaba Angélica, temblaron sus labios, y sin +duda iba á pronunciar alguna palabra inconveniente, porque se la vió +hacer un esfuerzo sobre sí misma. Habia visto junto á sí á Aben-Aboo, +que la miraba admirado. + +--¡Perdonad! dijo, me he engañado señora: perdonad, señor caballero, +pero las cómicas tenemos corazon: yo creia que una mujer á quien +aborrezco de muerte, de quien he jurado vengarme, y de quien me vengaré, +me habia arrojado para humillarme desde este aposento estas tres joyas +(y Angélica desemvolvió el pañuelo de encaje); perdonad otra vez: si yo +hubiera encontrado aquí á esa mujer la hubiera arrojado estas joyas á la +cara; pero... me he equivocado... sin embargo, os suplico que volvais á +admitir estas joyas, que para nada me hacen falta, y que podrán aliviar +la suerte de muchos desgraciados. + +--Guardadlas, Angélica, guardadlas como un recuerdo mio, dijo dulcemente +doña Inés. Yo cuido ya bastante de los desgraciados que conozco. Por lo +demás, siento mucho que hayais podido creerme enemiga vuestra... + +--¡Oh! ¡no! he dicho simplemente, señora, que creia que quien tras +tantos misterios, tras estas celosías, me arrojaba á la escena estas +joyas, era una mujer á quien aborrezco, y que tiene muchos motivos para +aborrecerme. Una mujer á quien yo conocí cuando era una gran señora, +como vos lo sois y como yo misma espero volver á ser. Perdonadme, pues, +mis primeras palabras, hijas de mi equivocacion, y adios, porque veo que +la loa ha concluido y hago falta en la escena. + +--No, no recibiré esas joyas: son una muestra de mi entusiasmo hácia +vos. Reparo que os falta collar, dijo doña Inés, tomando el de perlas +que estaba entre el pañuelo; teneis un hermoso cuello, y os estará á las +mil maravillas. Permitidme, añadió levantándose: quiero ponérosle yo +misma. + +Y como nadie la viese por haberse vuelto, mas que Angélica, la lanzó una +mirada de amenaza, de odio, de desprecio y de mando á un tiempo. + +Angélica inclinó su hermosa cabeza hácia doña Inés, que, al ponerla el +collar, la dijo al oido con un acento casi imperceptible, pero que la +comedianta escuchó perfectamente. + +--Me le has robado, me has robado mi honra, y me debes tu vida. + +--Odio por odio, y odio á muerte, exclamó Angélica en el mismo acento. + +Y luego, alzando Angélica la cabeza: + +--¡Oh! ¡cuanto tengo que agradeceros, señora! exclamó: ¡cuán buena sois! + +--¡Ah! nada me agradezcais, guardad esas joyas en amor mio, y contad +siempre... siempre... con que seré la misma para vos. + +--Adios señora, y perdonad otra vez mi error; adios, caballeros: ya he +faltado á mi obligacion y el público se alborota. + +Y salió como un relámpago, dejando abierta la puerta. + +Don Alonso se levantó á cerrarla. Aben-Aboo entre tanto, decia á doña +Inés que se mostraba tranquila: + +--¡Esa mujer está loca! + +--Y es lástima, dijo doña Inés, porque es muy hermosa y tiene mucho +ingenio. + +No se volvió á hablar una palabra mas, ni Aben-Aboo, aunque estaba +gravemente alarmado por aquella nueva singularidad que parecia iluminar +el caos de sus dudas, notó una sola mirada de inteligencia entre el +padre y la hija. + +Entre tanto seguia el tumulto del patio, cuando hé aquí, que cesa como +por encanto, y le sucede una tempestad de aplausos y de víctores: tan +hermosa y tan bien prendida habia aparecido Angélica, y con tal donaire +habia avanzado hácia el proscenio. + +Pero cuando el entusiasmo público, no tuvo límites, fue cuando, despues +de haber hecho la reina mora la exposicion de sus amores y de sus +desgracias, exclamó con un arranque sobrenatural en una transicion +magnífica: + + Montes, árboles, fieras, + venid, y aprendereis de mil maneras, + como, pidiendo fuerzas á los cielos, + una amante infeliz venga sus duelos. + +Tras esto, siguió la representacion y siguieron los aplausos á Angélica +y á Cisneros, que hacia admirablemente el papel de traidor enamorado. + +Angélica fue tambien aplaudida con frenesí en la cancion y en el baile, +y, por último, al oscurecer, terminado el espectáculo con gran +contentamiento de todos, empezó á salir la gente. + +Al salir por los corredores de los aposentos, y como Aben-Aboo, habia +quedado un tanto rezagado de don Alonso y de su hija, sintió que le +tiraban con impaciencia de las faldetas del jubon. + +Volvióse y encontró bajo su vista la exigua figura de maese Pertiñez. + +¿Qué me quereis? le dijo. + +Escuchad una palabra al oído y mostrad una mano. La reina mora, la de la +comedia, me ha dado para vos esta carta y esta llave: la llave por si no +os lo dice en la carta, es la del corredor de su aposento: el número 13. +Teneis mucha suerte, señor, mucha suerte: todas os aman. + +Y el hombrecillo se escurrió, dejando en las manos de Aben-Aboo la carta +y la llave. + + + + +CAPITULO VIII. + + El panderete de las brujas. + + +A la misma hora en que el público salia de ver la comedia del corral del +Carbon, esto es: al oscurecer, se abrió silenciosamente un postigo en +una de las tapias de los huertos del cerro de San Miguel por la parte de +la Torre del Aceituno, y salio un hombre embozado hasta los ojos: +cerraron de nuevo el postigo y el bulto embozado siguió adelante por el +desierto callejon que existia entonces entre las tapias de los huertos y +la muralla del obispo don Gonzalo, por un portillo de la cual salió al +campo y sin ser notado por los guardas adelantó á buen paso hácia la +próxima falda del cerro de Santa Elena. + +Tenia un no sé qué de melancólico y fantástico el paisaje á la fria luz +del crepúsculo: el pendiente terreno por donde avanzaba el embozado +hácia un barranco cercano, era árido seco pedregoso cubierto, acá y allá +por tomillos y retamas raquíticas: mirando al frente hacia el Nordeste +solo se veia la oscura masa del monte de Santa Elena y la desembocadura +de un barranco que cortaba su falda por la parte del Este; pero si se +miraba á la derecha el alma podia aspirar un suave consuelo con la vista +de Sierra Nevada en cuyo altísimo picacho del Veleta, reflejaba aun el +postrer rayo del sol tiñéndole de color de rosa; mas abajo se veia el +magnífico anfiteatro de montañas, tendidas á los piés del blanco +gigante, y al fin, mas cerca, la roja cordillera de la Silla del Moro, +el verde y florido Generalífe, con su viejo y altísimo Ciprés de la +Sultana: mas abajo los cármenes del Darro, luego las arboledas de +avellanos, en fin, el profundo cauce del rio y las colinas que venian á +ser por aquella parte la falda del monte de Santa Elena. A la derecha el +horizonte se alejaba, la luz parecía mas diáfana, se perdian en la +lontananza las colinas de viñedos, y al fin confundidas en la neblina +del crepúsculo, apenas se percibian las distantes cimas de la cordillera +de los Dientes de la Vieja. + +Reinaba un profundo silencio y en medio de él solo se escuchaba el largo +silbido del viento del invierno, que se quebraba entre los barrancos. + +El embozado, sin cuidarse mucho ni de la soledad ni del frio, siguió +resueltamente un paso apresurado, pero con la cabeza inclinada sobre el +pecho en ademan pensativo. + +Llegó al barranco y antes de entrar en él se volvió de una manera brusca +y como al impulso de un sacudimiento nervioso. La luna que durante la +marcha del embozado, habia aparecido sobre la nevada cima del Veleta, +inundando con una dulce luz el espacio, hubiera dejado ver á quien cerca +de aquel hombre hubiera estado, la terrible expresion de sus grandes +ojos negros, fijos en Granada y en la Vega, que desde la altura en que +aquel hombre se encontraba, se veian por completo y casi á vista de +pájaro. + +--Hoy huyo de tí, Granada, dijo aquel hombre extendiendo su brazo +derecho hácia la ciudad como en ademan de aplazamiento; hoy me oculto +como un malhechor. Pero ¡ay de tus cristianos! ¡ay de tus verdugos, +cuando venga á llamar á tus puertas con las trompas de guerra de mis +soldados! ¡ay de tí entonces, marqués de Mondéjar! ¡ay de tí, presidente +Deza! + +Dichas estas palabras que habia pronunciado descuidadamente en voz alta +se volvió y al volverse encontró junto á sí un hombre que tenia un +caballo del diestro y que estaba tambien embozado. + +--¿Quien vá? exclamó el primero haciéndose un paso atrás y empuñando su +espada. + +--¿Quien ha de ser, contestó el otro con acento un tanto seco, sino +quien te está esperando yerto de frio hace una hora? + +--¡Ah! ¿eres tu Diego Alguacil? exclamó el primer embozado: de poco +desesperas, en empresa nos metemos en que tenemos que esperar mucho, +sufrir mucho. + +--Entonces bien; pero ahora es distinto: ahora cada instante vale una +perla: un descuido puede costarte la pérdida de tus esperanzas. + +--¡Cómo! exclamó con cuidado el otro: ¿pues qué sucede? + +--Aben-Aboo está en Granada. + +--¡En Granada Aben-Aboo! ¿y qué quiere aquí mi amado primo? ¿pretende +acaso, suscitarme dificultades? + +--Todo está preparado para esta noche: se ha guardado un gran secreto +pero la venida inesperada de Aben-Aboo, cuando estaba descuidado en las +Alpujarras, demuestra que entre nosotros hay traidores. + +--¡Traidores! exclamó con sarcasmo el primer embozado: ¡es verdad! hace +mucho tiempo que viven entre nosotros: allí ha vivido el primer traidor +de nuestro pueblo... y señalaba la distante Alhambra; allí en medio de +un vergonzoso silencio, firmó las capitulaciones que entregaban á +Granada á sus verdugos los cristianos. Pero el Altísimo fue justo, y el +traidor, el miserable, el cobarde Boabdil, fué á morir allá, al otro +lado del mar, defendiendo una corona agena, él, que no supo defender la +suya. + +--No es hora de largas pláticas, dije el otro: monta á caballo y marcha +al Panderete de las brujas. + +--Te confieso que voy con repugnancia á ese lugar maldito. + +--Te espera en él la Dama blanca. + +--¡Oh! ¡la Dama blanca de la montaña! es verdad. Adios. + +--No te olvides, de que á las doce debes estar en la taberna de San +Miguel. + +--No lo olvidaré. Adios. + +Y el segundo embozado se rebozó y se alejó y se perdió en el descenso +del monte hácia la cerca de don Gonzalo. + +El otro montó á caballo, le arrimó las espuelas y á buen paso, ya al +trote ya al galope, adelantó por un sendero, estrecho pero llano, que en +direccion al Norte orlaba la falda del monte de Santa Elena. + +Muy pronto llegó al camino de Guadix y al mismo sitio donde ahora se +levanta una venta ó parador; atravesó el camino, descendió por un +sendero mas estrecho, bajó á un barranco, le recorrió, trepó á una loma +y subiendo asi y bajando los repechos de algunas colinas, llegó al fin á +un terreno practicable y llano, que se perdía en medio de viñedos. + +Despues de haber recorrido por él una distancia como de tres tiros de +arcabuz, detuvo su caballo al pié de una colina árida y cónica, que +parecia un lunar, una escrescencia maldita en medio de la vigorosa +vegetacion que le rodeaba. Aunque de poca altura la colina, el sendero +que conducia hasta la cima era escarpado, y no se veia en todo la colina +ni una mata, ni un arbusto, ni aun una retama. + +--¡El Panderete de las brujas! dijo el ginete con cierto terror +supersticioso. + +Y aquel hombre, que de una manera tan hostil habia hablado de los +cristianos, se santiguó de la manera mas cristiana del mundo, despues de +lo cual hechó pié á tierra, y adelantó hácia la colina llevando el +caballo del diestro. + +Pero á penas habia andado algunos pasos, como si hubiera salido de la +tierra, se levantó de detrás de una peña una sombra blanca; aquella +sombra, que parecia un hombre, ó aquel hombre que parecia una sombra, +llevaba la misma armadura y demás ropas, que usaban los ginetes moros +del tiempo de la conquista de Granada. + +--Poderoso, señor, dijo aquel hombre dirigiéndose al incógnito, no te +cuides de tu caballo: yo te le guardaré. + +Sintió el embozado vergüenza de demostrar miedo, y aunque el lance se le +hacia extraño y desagradable, entregó su caballo á aquel bulto blanco y +sin decirle una palabra siguió adelante. + +Apenas se habia aventurado por el escarpado sendero que conducia á la +cumbre, se levantó de un costado otra sombra blanca, y sin decirle una +palabra, siguió delante de él á gran paso. Las pisadas de aquel hombre +crugian como si hubiera ido armado de punta en blanco. + +Una vez allí, el incógnito, por la misma razon que antes, esto es por +disimular el miedo, continuó hácia la subida de la colina, pero no sin +llevar la mano derecha á la empuñadura de su espada, ni sin invocar +fervorosamente el nombre de Dios. + +A poca distancia apareció una tercera sombra que siguió á la segunda en +silencio. + +--¡Será hoy sábado! pensó con terror el embozado: pero instantáneamente +desechó este terrible pensamiento: era domingo, dia en que las brujas no +podian tener conventículo. + +A medida que adelantaba en el ascenso se iban levantando de entre las +peñas y quebraduras que flanqueaban el sendero, nuevas sombras: cuando +llegaron á la cumbre el encubierto habia contado veinticuatro. + +La figura de la cumbre justificaba el nombre de la colina: era +enteramente redonda y perfectamente plana, como la superficie de un +pandero; en cuanto á su calificacion de Panderete de las brujas la +justificaba el ser pública voz y fama que en aquel lugar se reunian +todos los sábados á celebrar sus conventículos las brujas residentes en +diez leguas á la redonda. + +En medio de la cumbre habia un casuco arruinado y desvencijado, en donde +segun fama, los demonios levantaban su trono á Lucifer, siempre que se +celebraba una de aquellas negras, misteriosas y reprobadas festividades, +en cuyo trono se sentaba el espiritu de las tinieblas, disfrazado bajo +la forma de un macho cabrío. + +El Santo Oficio de la Inquisicion, como era natural y forzoso (y +perdónennos nuestros lectores si por un momento les detenemos en la +prosecucion de la aventura en que se hallaba tan misteriosamente +empeñado el incógnito). El Santo Oficio decimos, no habia podido +escuchar con indiferencia rumores tan alarmantes á la pureza de la +religion y de las costumbres de los dominios de la cristianísima España, +y se habia trasladado, representado por un exorciente, un maestro en +teología, un familiar y algunos soldados, en el lugar sobre que recaia +una tan grave acusacion pública. Desde el momento la esterilidad de +aquella colina en medio de unos campos tan fértiles, lo escabroso de la +subida, y, sobre todo, lo ennegrecido, aportillado, feo y verdaderamente +infernal, en cuanto al aspecto de aquel casucho medio arruinado, +hicieron concebir á los delegados del Santo Oficio, grata esperanza de +descubrir un filon de brujos y brujas con las cuales hacer un magnífico +auto de fe en que la justicia de Dios resplandeciese, tostándolos á +fuego lento: pero fuese que las brujas estuviesen avisadas, ó que les +diese en las narices el olor á tizon del Santo Oficio, ó que el vulgo se +hubiese engañado, como es mas verosimil, hallaron que la casa estaba +abandonada, y desmoronándose lentamente, sin visos de haber tenido +habitantes hacia muchos años. No satisfechos aun, esperaron á un sábado +y á la hora de las doce en punto, con la intencion, como quien dice, de +sorprender al infierno, república terrible contra la que, á pesar de su +formidable poder, no tenia medio alguno la Inquisicion y aunque llevaron +dobles exorcizadores, y calificadores, y aspersadores, nada hallaron en +sábado que lo mismo que habian visto de los demás dias de la semana: la +luna clara y diáfana alumbraba en paz el Panderete de las brujas y ni +estas parecieron, ni se vió una sola hoguera, ni la mas ligera señal de +ceniza, ni aun siquiera el mas leve olor á azufre ni á demonio: sin +embargo de esto recelando la Inquisicion que las brujas hubiesen +conocido de antemano su ida y se hubiesen abstenido de concurrir por no +ser cogidas _in fraganti_, repitieron sus visitas diferentes sábados: +pero siempre encontraron el mismo resultado: soledad y silencio, y algun +paredon menos, arruinado por las lluvias ó por los vientos. + +Limitóse, pues, la Inquisicion, á garantir el lugar calumniado de todo +acto contrario á la religion, bendiciéndole y gastando en él una +caldereta de agua bendita, y celosa de que en su jurisdiccion no hubiese +lugar manchado con fama tan nefanda, condenó con terribles censuras, +excomuniones y castigos á todo el que se atreviese á llamar de allí en +adelante á aquella colina el Panderete de las brujas. A pesar de esto, +el vulgo siguió en su tema, creyó únicamente que el diablo se habia +burlado de la Inquisicion, y siguió, aunque recatadamente y en voz baja, +dando su nombre maldito á la colina, nombre que se ha conservado por +tradicion hasta nuestros dias; puesto que aquel lugar se llama hoy y se +llamará mañana, y probablemente pasado mañana tambien, el Panderete de +las brujas. + +Conocido el lugar de la escena, sus antecedentes y la razon de su +nombre, volvamos al embozado. + +Sostenido por el orgullo mas que por el valor adelantó hácia la casa +arruinada á cuya puerta desguarnecida se agrupaban los veinte y tres +fantasmas que le habian precedido hasta allí; se detuvo á alguna +distancia de ellos y dijo con voz serena: + +--Ignoro quiénes sois y vuestras intenciones; pero aquí me llama un +empeño, y no veo á la persona que busco. Está acaso en esas ruinas. + +--Pasad, poderoso señor, dijo uno de aquellos hombres haciendo al mismo +tiempo señal á sus compañeros que abrieron una estrecha calle. + +El embozado pasó y se encontró en un espacio lóbregamente oscuro. + +No sabiendo á dónde encaminarse se detuvo. + +--Seguid, seguid adelante, señor, dijo uno de los hombres que estaban á +la puerta, y cuando hayais andado diez pasos volved á vuestra diestra +mano. + +El incógnito siguió forzando su valor artificial por decirlo asi; á los +diez pasos se volvió á la derecha y vió al fin de una galeria, el +resplandor de la luna que iluminaba de lleno un patio cubierto de +escombros, en medio de los cuales se levantaba una sombra blanca de +mujer, de pié é inmovil; mas allá todo era sombra y aquella forma +gentil, se destacaba sobre ella, con el mismo prestigio fantástico que +si hubiera tenido tras sí la eternidad. + +El embozado adelantó con el corazon violentamente agitado; la Dama de la +montaña, porque sin duda era ella, se le presentaba de la manera mas +extraña del mundo. + +El incógnito adelantó hácia la sombra y se detuvo al entrar en el patio. + +--Acercaos, don Fernando, acercaos, dijo con una voz sonora, grave y +afectuosa la mujer vestida de blanco; estais haciendo esperar á una +dama. + +--Perdonad, dijo don Fernando, adelantando mas y descubriéndose con suma +galantería, accion que dejó ver á la luz de la luna que su frente era +noble y altiva: perdonad; pero la situacion en que me encuentro... + +--Cubríos, don Fernando, y sentaos: necesitamos hablar durante un largo +espacio y no es justo ni quiero, que sufrais al descubierto el frio de +la noche ni que os fatigueis. + +Y señaló á don Fernando el brocal de un pozo cegado, sentándose al mismo +tiempo en el. + +Don Fernando fue perdiendo poco á poco su terror; y es que es muy +difícil sentir terror junto á una buena moza. Lo era la encubierta (y +decimos la encubierta porque tenia sobre el rostro un antifaz de seda +blanco) de una manera exagerada. El celoso antifaz no impedia que se +viesen su boca, su barba y su cuello; cada una de estas partes era +perfecta, y de una morbidez incitante: anchos y redondos sus hombros, +alto y puro en las formas su seno, sobre el que descansaba uno como +amuleto, pendiente de un collar que, sin duda por un contraste +caprichoso, era negro como el ébano; esbelto y gentil su talle, del cual +descendia en ancha plegadura, la flotante y vaporosa falda de brocado +blanco, larga hasta tocar sobradamente el suelo: sus manos eran manos de +dama, y la parte de sus brazos que se veia entre una nube de encages de +Flandes habian logrado fijar las miradas de don Fernando á pesar de lo +extraño de la aventura. + +Se nos olvidaba decir que á través de las dos averturas del antifaz, +brillaban dos ojos negros y de enorme tamaño, fijos de una manera tenaz +y profunda en don Fernando, y que, escapados sin duda de entre la +toquilla y el antifaz, se veian algunos rizos sedosos, pesados +brillantes y negrisimos. + +De aquella mujer se exhalaban á mas que su natural perfume, los que +estaban de moda en aquel tiempo entre las damas, lo que sino podia +tomarse como indicio de su alto linaje, bastaba á demostrar que aquella +mujer estaba muy sobre el vulgo, y que nada tenia de alma del otro +mundo. + +A esto podria contestársenos que nadie mejor que el diablo, cuya mas +grata ocupacion es tentar á los mortales, podia tomar las formas de una +mujer tentadora, por hermosa, por rica y por galana. Pero nosotros +creemos que á ellas para ser diablos las basta ser mujeres y que de todo +es capaz el Arcángel rebelde menos de convertirse por un solo momento en +mujer. + +--Sé, y por ello os disculpo, don Fernando, dijo la Dama blanca cuando +se hubieron sentado, qué cosas os han sucedido hoy, despues de +concertada nuestra vista, que os obligan á recataros y á huir de la luz +del dia. + +--Sabeis... + +--Si, sé por ejemplo, que esta mañana por descuido ó por intencion os +entrásteis en el cabildo con la daga en la cintura. + +--¿Y quién os lo ha dicho señora? + +--¡Bah! ¿acaso no lo sabe todo el mundo en Granada? Nadie ha extrañado +el suceso: se os conoce, por altivo y valiente, y se comprende bien que +cuando otro regidor os advirtió de vuestro olvido le contestáseis de una +manera violenta. + +--Se me acusaba de una falta que no habia cometido. + +--Es costumbre, segun dicen, que los veinticuatros, antes de entrar en +cabildo, dejen á la puerta sus armas. + +--Yo tengo privilegios... + +--Que alegásteis con demasiada dureza. + +--Eso podrá decir el corregidor que se atrevió á llamarme desleal y á +mandar que me llevasen preso. + +--El corregidor, vasallo fidelísimo de su magestad el rey de España é +Indias, tiene motivos para llamaros traidor. El presidente Deza ha +podido decir, por ejemplo, que andais en conspiraciones, que alentais á +los moriscos para que se rebelen... + +--¿Y quién ha dicho eso al presidente...? su nombre señora si lo +sabeis... el nombre del traidor. + +--Se lo he dicho yo... + +--¿Vos...? + +--Yo precisamente no, pero sí un escrito mio, en que le recordaba +vuestras continuas denuncias á las Alpujarras... + +--En ellas está mi señorio de Válor. + +--Sin embargo le hice reparar en lo mucho que favorecíais á los +moriscos: que de contínuo recibiais visitas recatadas de Bartolomé de +Barredo, de Diego Alguacil, de los principales promovedores de motines +que tiene Granada... + +--¡Ah! ¡Diego Alguacil os lo ha revelado todo! + +--Para contestaros será necesario que me contesteis á la pregunta que +voy á haceros. ¿Sabeis quién soy? + +--Diego Alguacil me ha dado cita para esta noche á este sitio á nombre +de la Dama blanca de la montaña. + +--¿Y sabeis quién es la Dama blanca de la montaña? + +--¿Lo sabe alguien señora? dijo con anhelo don Fernando. ¿Sabe alguien +acaso si la aparicion divina que hace algunos meses y con mucha +frecuencia, recorre las montañas de Cádiar, ya bajo la blanda luz del +alba, ya bajo los plateados rayos de la luna, es un espíritu ó una +realidad, la sombra de la sultana Zoraya como creen muchos, ó Amina, la +hermosísima hija de mi noble tio el emir de los monfíes de las +Alpujarras, Yaye-ebn-Al-Hhamar? ¿Conoce alguien al emir? + +Su brazo se siente, pero su rostro no se ve. ¿Conoce alguien á mi prima +Amina? + +Dicen que es hermosa como un lucero y pura como el sol. + +--¿Y quién os ha dicho eso? + +--Algunas veces he ido á la montaña á ponerme al paso de la Dama blanca +á vuestro paso señora; siempre me ha detenido un monfí: «no paseis +adelante» me ha dicho y cuando le he preguntado quién era esa Dama +blanca me ha dicho: «Esa dama es la niebla.» + +La Dama blanca se echó á reir. + +--¿Os reís? exclamó picado don Fernando. + +--Me rio porque los monfíes son ingeniosos. En efecto la niebla por la +mañana y por la noche, vista de lejos orlando las cumbres de las +montañas puede tomar formas muy caprichosas: puede parecer ya una dama +ya un monstruo. ¿No creeis que el vulgo es muy propenso á dar forma y +nombre á lo que al acercarnos á ello desaparece? + +--Pero el vulgo, respecto á vos no se ha engañado, porque os tengo +delante de mí, con vuestra divina apostura, y vuestras vestiduras de +sultana. + +--Podía haberse engañado el vulgo. + +--¡Ah y cuanto me ha hecho sufrir esa blanca aparicion!... porque yo +preguntaba siempre que un monfí me detenia: «¿es por acaso esa dama la +hija de vuestro emir?» y el monfí me contestaba: «bien pudiera serlo, +porque la sultana Amina, segun dicen los que la conocen, es hermosa como +una huri.» Y siempre que el monfí decia esto, suspiraba, porque teneis +el privilegio de ser amada antes de ser conocida. + +--Segun eso, ¿creeis que yo sea la sultana Amina? + +--Lo creo, señora, lo creo, porque me lo está diciendo á voces el +corazon. + +--Pues bien, no os engañais, yo soy vuestra prima Amina, la hija del +emir Yaye-ebn-Al-Hhamar, la sultana de los monfíes de las Alpujarras. + +--¿Y para qué me habeis llamado? exclamó alentando apenas don Fernando. + +--Mi padre, que tiene muchos motivos para ser severo con vos, no ha +querido hablaros, y me envia á vos como intermediaria. + +--¡Ah! + +--Sí, es preciso que sepamos si podeis ser proclamado rey de Granada. + +--Los moriscos me elegiran esta misma noche por su rey, dijo con un +acento impaciente y un tanto duro don Fernando: hay una profecía... + +--Sí, sí, sabemos la superchería de que se ha valido vuestro tio +Aben-Jahuar el Zaquer, comprando á cierto faquí embustero, que pasa por +santo entre los moriscos de Granada, á fin de haceros triunfar de las +pretensiones que tiene á la corona de Granada nuestro primo Aben-Aboo, +lo sabemos todo: mi padre está enojado con vos por vuestra conducta +licenciosa, pero os ama, del mismo modo que ama á Aben-Aboo; al fin y al +cabo entrambos sois sus parientes. Mi padre, pues, ha dejado correr los +sucesos, pero como la rebelion de los moriscos de Granada no puede +hacerse sin la ayuda de los monfíes de las Alpujarras, como sin esa +rebelion ninguna esperanza tendriais de ser rey, como mi padre el emir +no tiene mas descendiente que yo... una mujer... + +--¿Ha pensado tal vez en ceñirme una doble corona dándome la del amor al +hacerme vuestro esposo? + +--Eso no puede ser, primo, contestó dulcemente Amina. + +--¡Ah! no me amais. + +--Ni puedo amaros. + +--¿Que no podeis amarme....? + +--No, porque soy casada. + +--¡Casada! exclamó con asombro don Fernando. ¡Casada! ¿y con quien? + +--¿Qué os importa eso? ¿No sois vos tambien casado? + +--Pero casado con una cristiana á quien puedo repudiar. + +--¡Repudiar á la pobre Isabel, á la madre de vuestro hijo! + +--Los reyes prima..... + +--¡Aun no sois rey y ya quereis cometer los crímenes de los reyes! + +--¡Ah! vos que os habeis casado sin duda con algun poderoso príncipe +musulman, vos que en todo habeis sido afortunada... + +--¡Ah! que he sido afortunada en todo. Pedid á Dios, primo, que vuestro +corazon no vierta el llanto de sangre que ya ha vertido el mio; pedid á +Dios que os haga mas venturoso de lo que yo he sido. ¡Casada con un +príncipe musulman! Si tal fuere mi esposo, ¿seriais vos rey de Granada? + +--Y si nuestro casamiento es imposible, dijo con una cólera mal +encubierta don Fernando, ¿para qué me habeis llamado, señora? + +--Si nuestro casamiento es imposible, no es imposible el de nuestros +hijos. + +Don Fernando marchaba de sorpresa en sorpresa. + +--¡El de nuestros hijos! exclamó. + +--Si, de la misma manera que vos teneis un hijo, yo tengo una hija. + +--Explicaos, explicaos mejor, señora. + +--Voy á explicarme. Pero primero quiero haceros algunas preguntas. +¿Sabeis de quien desciendo? + +--Dícese que descendeis de Boabdil. + +--¡Oh! no ha querido Dios que yo descienda de traidores. Si en vez de +ocupar el trono de Granada Boabdil, cuando la acometieron los reyes de +Castilla y Aragon, le hubiera ocupado mi padre, Granada no seria esclava +de los cristianos, sino la poderosa reina de Occidente, altiva con su +poder y su hermosura. + +--¿Quienes han sido, pues, vuestros abuelos? dijo con cierto sarcasmo +don Fernando. + +--Mi sangre viene de las sangres mas ilustres del mundo. Oid. Cuando +Granada era todavía una ciudad musulmana, el rey Abul-Hacem, el viejo, +prendió en la frontera á una doncella. Aquella doncella era hija +bastarda del condestable de Castilla, el poderoso, el invencible don +Alvaro de Luna. Despues de la desastrada muerte de aquel magnate, su +hija bastarda, habida en una judia, doña Judid de Sotomayor, en fin, fue +cautivada por los ginetes del rey Muley-Hacem, y conducida á una torre +de la Alhambra. Aquella torre se llamó desde entonces la torre de la +cautiva. Vió el rey á la castellana, se enamoró de ella, y fuese por +amor ó por violencia, doña Judid fue suya. Un año despues, la cautiva +murió dando á luz un niño. Aquel niño fue años adelante, el caudillo mas +valiente de Granada, porque aquel niño, que tenia en sus venas la +valiente sangre de dos héroes, se llamó el emir Muza-ebn-Abil-Guzan, +hermano bastardo del rey Boabdil. ¿Y sabeis don Fernando lo que se hizo +del emir Muza, despues de la conquista de Granada? + +--Los historiadores moros, dicen, que no queriendo ser testigo de la +deshonra y de la destruccion de su patria, desapareció antes de la +rendicion de Granada, y añaden que no se volvió á saber de él. + +--Es verdad, Muza desapareció, pero seguido de sus valientes ginetes y +de sus esclavos, se ocultó en las montañas de las Alpujarras desconocido +para todo el mundo, y fue el primer emir de los monfíes. Sabeis ya mi +ascendencia paterna, oid mi ascendencia materna: mi madre era hija del +rey del desierto de Méjico, descendiente de los ascendientes del +emperador Motezuma. + +--¡Ah! no puede negarse que vuestra descendencia es ilustre; pero, ¿por +qué no vanagloriaros tambien de que vuestro abuelo era hermano de mi +abuelo? ¿por qué no decir con orgullo que teneis sangre de los +Abderramanes? + +--Sabéislo vos que sois mi pariente, y con vos estoy hablando. Ahora +bien, el derecho de mi padre al trono de Granada, es incontestable. + +--¿Y por qué no le reclama? dijo con altivez don Fernando. + +--Mi padre quiere robustecer con la alianza al pueblo moro de Granada, +en vez de debilitarle con la desunion. Mi padre renuncia en vos todos +sus derechos, pero con algunas condiciones. + +--¿Y esas condiciones? + +--Estan escritas en este pergamino, firmadas y selladas por mi padre. + +--Pero es imposible leer: la luz de la luna no basta. + +--Tendremos cuanto hayamos menester: seguidme. + +Amina se levantó, y se encaminó con paso seguro por el oscurísimo +espacio que poco antes tenia á sus espaldas: don Fernando la siguió: +poco despues, Amina empujó una puerta, y se encontraron en un aposento +ennegrecido y ruinoso. En el centro de él, habia una mesa con tapete, +sobre la que se veian dos bujias, y un tintero de plata: á uno y otro +lado de la mesa habia un sillon. Sentóse en uno de ellos Amina y en el +otro don Fernando. + +--Véamos esas condiciones, dijo este. + +--Esperad un momento: quiero cortaros toda evasiva, demostrándoos que +sois casado con Isabel de Rojas, y que teneis de ella un hijo que se +llama Ben-Yaschem. + +--Hablad: quiero probar si vuestro padre está bien informado. + +--Mi padre sabe todo lo que le conviene saber, primo. Vais, pues, á +juzgar: vuestro padre, mucho tiempo antes de que vos nacíeseis, fue +preso por el capitan general de Granada; esto hace mas de veintidos +años. Durante la prision de vuestro padre, os dió á luz vuestra madre +doña Elvira de Céspedes: acusado vuestro padre de la muerte de su cuñado +Miguel Lopez, esposo de vuestra tia doña Isabel de Válor, y padre de +nuestro primo Aben-Aboo, murió en la prision á que habia sido condenado +de por vida. + +--Mi padre fue víctima de una traicion oscura, exclamó con calor don +Fernando; y ¡ay del traidor si alguna vez llego á descubrirle! ¡ay de su +sangre! + +--En efecto, hay mucho de misterioso en algunos sucesos de nuestra +familia, misterios que mi padre no ha podido descubrir á pesar de su +poder. La verdad del caso es, que vuestra madre os amaba demasiado para +daros una buena crianza, y que vuestro tio don Fernando de Válor, que +ahora lleva el nombre de Aben-Jahuar, os pervirtió desde vuestros +primeros años. A los catorce, perdonad lo que voy á deciros primo, á los +catorce años erais ya un pequeño libertino. Por entonces conocísteis en +el Albaicin una doncella que tenia vuestra misma edad, os enamoráisteis +de ella, y ella se enamoró de vos. Pero el padre de Isabel de Rojas, que +ella era, tenia demasiado interés en haceros su yerno, y guardó tanto á +su hija, que vos á trueque de poseerla, os casásteis con ella, por ante +la iglesia católica, sin que lo supieran, ni vuestra madre ni vuestro +tio, porque aquel casamiento fue secreto. Si el padre de Isabel hubiera +vivido, aquel matrimonio no hubiera tardado en ser público: pero el +padre de Isabel murió antes de que su hija diese á luz el fruto de sus +amores, y quedó sola Isabel: vos la abandonásteis don Fernando, +abandonásteis á vuestro hijo... + +--Y quien os ha dicho, prima... + +--En vano buscais una disculpa, la conciencia os acusa: por lo demás, y +á pesar de que Isabel haya callado y sufrido, porque cree que no habeis +abandonado á su hijo... + +--Cada vez os comprendo menos. + +--Ya se vé: mi padre ha acudido secretamente á las necesidades de esa +desgraciada, á la que nada absolutamente falta, mas que el amor de su +esposo: mi padre ha hecho de modo que Isabel cree que atendeis á su +subsistencia y á la de vuestro hijo, y vuestra pobre esposa se cree +desgraciada, y sufre, pero os cree caballero y os respeta. + +--¡Ah! exclamó don Fernando. + +--Por lo demás, las pruebas de vuestro casamiento con Isabel de Rojas y +las de la legitimidad de vuestro hijo Ben-Yaschem, existen. Mi padre ha +contado con ello, y teniendo vos un hijo y yo una hija, ha creido que +todas las diferencias que podrian mediar entre nosotros por causa del +derecho á la corona de Granada, pueden salvarse por estas +capitulaciones. Leedlas, primo, y firmadlas ó rechazadlas, pero +contestadme definitivamente, para que mi padre pueda obrar en +consecuencia. + +Don Fernando desenrolló el largo pergamino que Amina le entregaba, y vió +que estaba escrito primorosamente en árabe: su contenido era el +siguiente: + +«En el nombre de Dios Altísimo y misericordioso, dador de la vida y de +la muerte, estas son las capitulaciones de alianza entre el emir de los +monfíes de las Alpujarras, el fuerte y vencedor, y el elegido de Dios +Muley Aben-Humeya, rey de Granada. + +Primeramente: el emir de los monfíes, Yaye-ebn-Al-Hhamar, renuncia á +todos los derechos que pueda tener y tenga á la corona de Granada, en su +sobrino Muley Aben-Humeya. + +Segundo. Muley Aben-Humeya, se obliga por su parte, á casar su hijo +único Ben-Yaschem, con Kinza, hija de la sultana Amina, hija única del +emir Yaye-ebn-Al-Hhamar. + +Tercero. En el caso de que por la voluntad de Dios, muriesen Aben-Humeya +ó Yaye-ebn-Al-Hhamar, el que sobreviva, mandará en los dominios del +otro, durante la menor edad de sus hijos Ben-Yaschem y Kinza. + +Cuarto. Si alguno de estos dos muriese antes de poder contraer +matrimonio, se consideran rotas y de ningun valor estas capitulaciones. + +Quinto. Si el matrimonio de Ben-Yaschem y Kinza se efectuase, y tuviesen +hijos, el primer hijo varon, heredará las coronas reunidas de Granada y +de las Alpujarras; si no tuviesen hijo varon, estas dos coronas +reunidas, pasarán al hijo segundo varon de Aben-Humeya si lo tuviere, ó +en igual caso al segundo hijo varon de la sultana Amina. + +Sexto. No habiendo por ninguna de las dos partes hijo varon, las coronas +reunidas de Granada y de las Alpujarras, pasarán á Sidi-Aben-Aboo, primo +hermano de Aben-Humeya, y sobrino de Yaye-ebn-Al-Hhamar, ó al hijo varon +de Aben-Aboo, si este hubiese muerto. + +Sétimo. En el caso de haber descendencia masculina por cualquier +concepto de Muley Aben-Humeya, ó de Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, +Sidi-Aben-Aboo, será considerado como infante de la casa real de +Granada, y se le señalará señorío bastante para que pueda vivir con +arreglo á su estado. + +Ultimamente. En virtud de las presentes capitulaciones, el emir de los +monfíes de las Alpujarras, se obliga á ayudar con sus gentes de guerra y +con sus tesoros, á Muley Aben-Humeya para reconquistar de los cristianos +el reino de Granada. + +Seguian la fórmula religiosa y cancilleresca, por decirlo asi, que +usaban en tales documentos los moros, la fecha, el nombre de los +testigos y el sello y la firma del emir. + +Despues de leer don Fernando detenidamente este pergamino, miró con +ansiedad á Amina. + +--Sultana, la dijo: todo esto seria inútil si tu consintieses en ser mi +esposa. + +--Eso es imposible, dijo con impaciencia y desagrado Amina. + +--¡Imposible! ¡los reyes pueden romper los vínculos del matrimonio!... + +--No lo haré jamás. + +--Y... ¿por qué? + +--Porque amo lo bastante á mi esposo para renunciar por él una corona, y +temo á Dios lo bastante para robar á una mujer y á un niño, su esposo y +su padre. + +--Y si yo no quisiese firmar esas capitulaciones. + +--No seriais rey de Granada. + +--¡Oh! ¡lo veríamos! + +--Una sola palabra de mi padre, y el faquí Abul-Hasam, á quien dentro de +poco consultaran los xeques del Albaicin y de la Vega, pronunciaria el +nombre de mi padre en vez del vuestro. + +Entróle un terror pánico á Aben-Humeya, que tenia tal idea del poder del +emir de los monfíes, que todo lo temió. + +--Firmaré, dijo tomando una pluma. + +--Esperad, dijo Amina: es necesario que firmeis solemnemente en +presencia de los wacires y de los katibs de mi padre. + +Amina dió tres fuertes golpes sobre la mesa, é instantáneamente se abrió +la puerta y aparecieron uno tras otro, las veintitres sombras blancas +que habian precedido hasta allí á Aben-Humeya. + +--Acércate, mi buen Harum, dijo Amina, y vé como firma Muley Aben-Humeya +las capitulaciones que voy á leerte: escuchad tambien vosotros ancianos +walies nobles secretarios de mi padre, sabios de su consejo. + +Amina leyó con voz sonora las capitulaciones. + +Entonces adelantó una de aquellas sombras, y dijo con autoridad á don +Fernando. + +--¿Te obligas á todo lo que has oido? + +--Me obligo. + +--¿Juras por el Dios Altísimo y Unico, guardar y cumplir estas +capitulaciones? + +--Lo juro. + +--Pon al pié de ellas tu nombre de rey, y junto á tu nombre este sello +de oro, que es el antiguo sello de los reyes de Granada. + +Y el que asi hablaba, sacó un magnífico sello de entre sus ropas y le +puso sobre la mesa. + +Don Fernando de Válor firmó, y cuando hubo firmado, el mismo moro +encubierto, sacó de una manga de su almaizar, otros tres pergaminos +enrollados. + +--¿Qué es eso? dijo cuidadoso don Fernando. + +--Tres copias iguales de estas capitulaciones, señor, contestó el moro. + +--¿Y para qué tanta copia? + +--Una para vos, otra para el emir de los monfíes; otra para +Sidi-Aben-Aboo. + +--¡Ah! es verdad, que tambien se le incluye en las capitulaciones. + +--Firmad si quereis estas otras. + +Don Fernando firmó con despecho. + +Entonces el mismo moro derritió cera encarnada sobre los tres +pergaminos, junto al nombre de don Fernando de Válor, estampó sobre la +cera en los tres el sello real de Granada, y luego firmaron como +wacires, secretarios y testigos, los tres pergaminos, los veintitres +moros que estaban presentes, despues de lo cual, el moro que hasta +entonces habia hablado, entregó el sello real y uno de los pergaminos á +don Fernando, y guardó los otros dos. + +--Id á ser rey, primo mio, dijo entonces Amina; los xeques del Albaicin +y los de la Vega, estaran á las doce de la noche, en la casa del Hardon, +junto á san Miguel. + +--¿Y vos...? + +--Yo... yo parto esta misma noche para las Alpujarras. + +--¿Y no me dejareis ver vuestro rostro? exclamó desesperado don +Fernando, sin reparar que le escuchaban todos aquellos hombres. + +--¡Oh! no, eso jamás. Adios primo, adios. Que él os ayude en la empresa +en que os vais á empeñar. + +Y Amina desapareció por la puerta, dejando á don Fernando, mudo, +asombrado, como presa de un sueño. + +Los veintitres fantasmas desfilaron tambien, y el jóven se encontró +solo: entonces se precipitó á la salida, atravesó el oscuro espacio de +la casa arruinada, y salió á la cumbre del Panderete de las brujas. + +Nada vió. Se precipitó por el sendero, y á nadie encontró; solo su +caballo atado á una vid al lado del camino. + +Volvió á trepar á la cumbre, entró en la casa esperando encontrar á +alguien, y llegó á tientas al mismo aposento donde se habian firmado +aquellas capitulaciones. Estaba densamente oscura. Palpó: la mesa, los +libros, todo habia desaparecido. Dudando aun, buscó mas, y oyó una voz +que le dijo: + +--No busques, señor, porque nada encontrarás. En la calle de San Miguel +te esperan, casa del Hardon. + +Don Fernando lanzó un rugido de rabia, salió de nuevo de las ruinas, +bajó del Panderete de las brujas, desató su caballo, montó en él, y +partió como una flecha en direccion á Granada. + +--¡Ella! ¡ella! ¡hermosa, rica! ¡hija del emir! ¡mi prima la sultana +Amina, mi esperanza! ¡y casada! ¡casada! ¿y con quién? con algun +reyezuelo de Africa. ¡Oh! ¡oh! si no tuviera en mi poder este pergamino +y este sello, creeria que todo lo que me ha acontecido era un sueño. + + + + +CAPITULO IX. + + De cómo por el amor se olvida la amistad. + + +Cuando llegaron don Alonso de Fuensalida, su hija doña Inés y Aben-Aboo +á su casa, que bien podia llamarse casa de todos, cuando estuvieron en +la cámara de recibo, doña Inés se inclinó graciosamente hácia Aben-Aboo +y le dijo: + +--Os suplico, señor Diego Lopez, que me perdoneis si os dejo solo con mi +padre, necesito variar de ropas... y rezar mis devociones de costumbre. +Adios. + +Y sonriendo al jóven de un modo que le hizo palidecer de emocion, salió. + +A su vez Aben-Aboo se inclinó tambien cortesmente ante don Alonso: + +--Os suplico me perdoneis, si os dejo por un momento. + +--¿Teneis alguna aventura, señor Diego Lopez? dijo don Alonso con un +acento de interés y de autoridad que maravilló á Aben-Aboo. + +--¡Aventura! no ciertamente; pero... quisiera ver á mi amigo. + +--¿A vuestro amigo...? + +--Creo haberos dicho que era mi amigo el marqués de la Guardia. + +--¿Estais citado con él? + +--No, pero le buscaré. + +--No andeis mucho por Granada esta noche; creedme á mí que soy vuestro +amigo: podreis tener malos encuentros. + +--¡Oh! por eso descuidad: voy siempre bien acompañado con mi espada. + +--Sé que sois valiente. Sin embargo, los encuentros que podeis tener, +son de aquellos en que nada vale una espada. + +--No os comprendo. + +--¿No sois morisco? + +--Si por cierto. + +--Pues bien, de seguro que los moriscos seran vigilados esta noche por +la justicia. + +--¡Ah! ¿y quién os ha dicho? + +--Es de suponer que suceda asi, despues de lo que ha pasado esta mañana +en el Ayuntamiento con don Fernando de Válor. + +--Don Fernando es un imprudente. + +--Paréceme que amais poco á vuestro primo. + +--Mi primo es enemigo mio. + +--¡Ah! esas enemistades no deben existir entre parentescos tan cercanos. + +--Vos no conoceis á don Fernando; él me provoca. + +--Perdonad, señor Diego Lopez; pero necesito hablaros mucho y despacio, +no os detengo ahora: id á ver á vuestro amigo... pero os lo ruego, os lo +suplico, no entreis esta noche en casa de ningun morisco; no nos +obligueis á hacer un esfuerzo para salvaros. ¿Cuándo volvereis de ver á +vuestro amigo? + +--¿Quién sabe? porque el tal marqués es un loco de atar, y estando á su +lado, no hay medio de ser mas cuerdo que él. Pero no quiero pasar esta +noche fuera de la casa. + +--Bien; á cualquier hora que vengais os estará esperando un criado que +os llevará á mi aposento. + +--¿Tan importante es lo que teneis que decirme...? + +--¡Oh! ¡mucho! con que id con Dios, y sed prudente. + +Aben-Aboo salió lleno de confusiones; no sabia qué pensar de aquella +familia con quien habia trabado conocimiento de una manera tan singular, +y si se quiere tan misteriosa; por otra parte, doña Inés habia causado +en él una sensación profundísima: su hermosura le habia hecho concebir +deseos ardientes; la habia aspirado, la habia visto de cerca, habia +estado en contacto con ella durante muchas horas, y su alma se habia +saturado del tentador perfume que emanaba de la jóven: por otra parte +habia sido testigo de muchas singularidades, y todas aquellas +singularidades venian á anudarse en un solo punto: en la comedianta +Angélica. + +[imagen: Sintió que una mano, formidable por su fuerza, detenia la +suya.] + +Segun la conversacion que habia oido en la hostería entre Andrés +Cisneros y el misterioso Godinez, Angélica estaba zelosa de una mujer á +quien amaba el marqués de la Guardia; aquella mujer á quien aborrecia +Angélica era hija del emir de los monfíes: era Amina: Angélica habia +entrado aquella tarde de una manera inesperada en el aposento de doña +Inés, y la habia insultado, porque Aben-Aboo á pesar de las protestas +que de haberse equivocado habia hecho la cómica, habia notado que +aquellas dos mujeres se aborrecian: sin duda doña Inés no era otra que +la hermosísima hija del emir, la sultana Amina, la Dama blanca de la +montaña; su primo, Aben-Aboo pues, estaba loco enamorado, zeloso aun +tiempo, é iba en busca del marqués de la Guardia, ansioso de esclarecer +cuanto le fuera posible sus dudas, y de arrancarle insidiosamente +algunas palabras con las que esperaba esclarecer sus sospechas. + +Atravesaba, pues, Aben-Aboo muy de prisa el corredor medio oscuro de que +hemos hablado, cuando se abrió silenciosamente una puerta, y sintió un +ceceo: detúvose, y el ceceo se repitió; entonces Aben-Aboo se dirigió á +donde sonaba, y á través de una puerta oscura una mano de mujer le dió +un papel y cerró. + +Estremecióse de placer Aben-Aboo; aquella carta no podia ser de otra que +de doña Inés, de doña Inés que le habia sonreido durante la comedia; de +doña Inés que se habia apoyado fuertemente en su brazo. Y si era de doña +Inés aquella carta, doña Inés no era Amina, se habia verdaderamente +equivocado Angélica, sus disculpas no eran fingidas; él se habia +engañado tambien creyendo encontrar una intencion en el acento de +aquellas dos mujeres; no, no podia ser Amina doña Inés, porque le +citaba, porque una mujer no cita á un hombre jóven mas que para asuntos +amorosos, y Amina no le hubiera citado porque amaba al marqués de la +Guardia. + +Aben-Aboo se precipitó por las escaleras, ansioso de salir de aquella +casa, é ir á otro lugar donde pudiese leer el papel que acababa de +recibir: al bajar por las escaleras se acordó de que en la misma calle +de San Miguel, lindando con su casa, estaba la taberna del Hardon. + +Atravesó el zaguan, salió, tomó la calle á la izquierda, y se metió por +una puerta inmediata. Muy pronto se encontró en una sala baja, en la +cual habia dos grandes rejas y un postigo que daban á un patio. Al +fondo, sentado tras un mostrador y entre toneles, habia un hombre de +fisonomía ruda, y enérgica, aunque franca: algunos bebedores charlaban y +bebian sentados en derredor de las mesas. + +[imagen: Aben-Aboo.] + +Aben-Aboo se dirigió resueltamente al mostrador: al verle el que estaba +al despacho, se puso de pié y clavó en el jóven una profunda mirada. + +--¿En qué puedo servir á vuesamerced, caballero? dijo llevándose +respetuosamente la mano á la gorra. + +--¿Teneis un aposento en que pueda estar solo? dijo Aben-Aboo. + +--¡Oh! si señor, y bien abrigado; seguidme si gustais. + +Y tomando de un anden una palmatoria con una bugia hizo luz, y saliendo +de detrás del mostrador, atravesó la taberna, y seguido de Aben-Aboo, +abrió una puerta, y entrambos subieron por una estrecha escalera, y se +encontraron en una reducida habitacion en que habia una mesa, algunas +sillas y un barreño con fuego. + +El tabernero puso la luz sobre la mesa, y dijo encarándose á Aben-Aboo. + +--¿Necesitais algo mas? + +--Si, necesito que me contesteis á una pregunta. ¿No sois el tabernero +que estaba aquí hace seis meses? + +--Ya veis que no, respondió con un severo laconismo el preguntado. + +--¿Y qué se ha hecho del otro? + +--Toméle la taberna, se fué é ignoro su paradero. + +--¿Pero esta taberna no es la del Hardon? + +Miró con doble profundidad el tabernero á Aben-Aboo. + +--El Hardon, ó Pero Alonso, que es como le llamamos, tiene parte conmigo +en la taberna, como la tenia con el otro tabernero. Ademas, la casa es +suya y vive en ella. + +--¿Cómo os llamais? + +--Roque Garcia, para serviros. + +--¿Sois morisco como el Hardon? + +--Algo de morisco tengo. + +--Entonces debeis conocerme; yo me llamo entre los moriscos Aben-Aboo. + +--Pues no os conozco. + +Mortificó un tanto esta respuesta al jóven que continuó. + +--¿Pero conoceis al marqués de la Guardia? + +--Tampoco conozco á ese caballero. + +--Es un jóven como de veinte y tres años, muy galan, muy valiente, muy +bebedor y gran jugador de dados. + +--Solo conozco de esas señas á un capitan de infantería, que se llama +don Juan Coloma. + +Acordóse entonces Aben-Aboo, de que don Juan ocultaba su título á causa +de su pobreza. + +--Y bien dijo: tambien don Juan Coloma es mi amigo. ¿Y viene con mucha +frecuencia á vuestra casa ese caballero? + +--¡Oh! si señor, y ahora mas que nunca. + +--¿Y por qué mas ahora que antes? + +--Porque anda enamorado en la vecindad. + +--¡Ola! ¿y de quién está enamorado? + +--De una dama que vive en la casa grande inmediata. + +--¿Y conoceis á esa dama? + +Fijó otra nueva y profunda mirada Roque en el semblante de Aben-Aboo. + +--Sábese, dijo, que el padre de esa dama es un caballero noble y rico, +pero en cuanto á su hija nadie puede jactarse de haberla visto el +rostro. + +--De modo, que solo el capitan Coloma nos puede decir... + +--Creo que tampoco la conoce don Juan: pero helo ahí: en nombrando al +ruin de Roma... me parece que le oigo gritar llamándome. + +En efecto, se oian en el piso bajo desaforadas voces. + +--Pues id, id, amigo, dijo Aben-Aboo, y decid al buen capitan que aquí +hay un conocido suyo que le espera. + +El tabernero desapareció por las escaleras. + +Aprovechando aquel momento, Aben-Aboo leyó el papel que le habian dado +en el oscuro corredor de su casa: el contenido era muy corto: + +«Si sois discreto, guardad un profundo secreto acerca de la cita que os +doy, y ningun pensamiento atrevido aventureis por ella; id á las ánimas, +por el postigo de vuestra casa; yo os abriré. Doña Inés.» + +Tras este billete y como no tenia tiempo que perder, sacó de la +escarcela el que le habia dado con una llave Pertiñez de parte de la +comedianta Angélica, y que no habia podido leer hasta entonces: decia +así: + +«Si sois tan cortés como bizarro, venid esta noche á las doce á la +hosteria del carbon: cuando llegueis á lo alto de las escaleras abrid +con la llave que os entregará maese Pertiñez la puerta, y adelantad por +el corredor: mi aposento es el número 13. Yo os estaré esperando. +Angélica.» + +Aben-Aboo no tuvo tiempo de meditar en el contenido de estos dos +billetes, porque el marqués de la Guardia se le echó encima. + +Traia en las manos una guitarra, al costado una espada descomunal, y +pendiente de la pretina un broquel cincelado. + +--¡Ah! gracias á Dios que os hallo, exclamó; no sabia donde podria +hallaros, y hubiera dado por hablaros esta noche... mi alma, porque no +tengo otra cosa que daros. + +--¿Y para qué me buscabais con tanto interés, don Juan? + +--¡Qué diablos! necesito explicarme con vos. + +--¿Explicaros conmigo? + +--Si por cierto, me habeis dado zelos. + +--¿Zelos yo? + +--Habeis acompañado esta tarde á una mujer á quien amo, á quien adoro, +por la que estoy loco. + +--¿La que vive en mi casa? + +--¿Cómo en vuestra casa? + +--Habeis de saber que la casa grande de al lado es mia, y que la tengo +alquilada á don Alonso de Fuensalida. + +--¡Ah! perdonad; pero decidme: vos habreis visto el rostro á esa dama. + +--Sin duda. + +--¿Y es hermosa? + +--Permitidme que extrañe, marqués, que me hagais una pregunta tal acerca +de una mujer de quien os confesais enamorado. + +--¡Ah! no lo extrañeis: sino es la que yo creo esa dama encubierta, no +la he visto en mi vida. + +--¡Ah! ¿creeis que sea una dama de la que habeis estado enamorado? + +--No he amado á otra que á ella. + +--Sin embargo, dicen que sois amante favorecido de una hermosísima +mujer. + +--¡Ah! de la princesa. + +--No, no os hablo de princesas; sino de una comedianta. + +--¡Ah! sí, de la comedianta Angélica: tanto da. + +--Es verdad las comediantas lo son todo, princesas reinas... pero en fin +ello es que pasais por su amante. + +--Yo amo á esa por la otra. Estoy seguro de que donde quiera esté esa +comedianta, estará la dama á quien amo. No sé por qué tengo esa +seguridad, pero creo que el odio que se profesan las atrae, las junta. + +--Os confieso que no os comprendo. + +--Y yo os confieso que lo que pienso es incomprensible: no hay ninguna +razon que lo justifique; se apoya en un instinto, en un impulso del +corazon, que me grita: donde está la una está la otra. + +--Pero ¿qué razones teneis para creer que doña Inés sea la mujer á quien +amais? + +--Os diré: hace algunos meses, yo, que habia dejado la córte siguiendo á +la mujer que amo, mujer que me arrebataba su padre me vine á Granada: en +Granada su padre fue mas astuto que yo y perdí su rastro de todo punto. + +--¡Ah! + +--Estaba ya desesperado, cuando una mañana, hace seis meses, al entrar á +oir misa en la iglesia de san Miguel, ví salir una dama enteramente +envuelta en un manto de seda. No vi ni su rostro ni su mano, ni su pié, +y sin embargo me pareció reconocerla, me pareció que era ella... mi +alma, á la que ando buscando desesperado: ella por su parte, al verme de +improviso ante sí, hizo un movimiento marcado, un movimiento que me hizo +creer que aquella dama me conocia, mas aun, que al verme habia sentido +una vivísima alegría: la seguí, y ví que se entró en esa casa de al +lado, en la vuestra, señor Diego Lopez. Empecé á rondar pero +inútilmente. Jamás se abrió un balcon ni una reja; pregunté á la +servidumbre, pero la encontré muda, incorruptible. Vine todas las +mañanas á la iglesia de san Miguel, y siempre la ví á la misma hora, +pero envuelta cuidadosamente en el manto, acompañada de una dueña tan +encubierta como ella y de un viejo escudero. Indagué cuanto pude, y solo +saqué en claro, que su padre era un rico indiano llamado don Alonso de +Fuensalida, que guardaba mucho á su hija y que nadie la habia visto el +rostro. Añadian aun que dentro de su casa tenia un antifaz puesto. + +--Y decidme: ¿habeis visto á esa dama todos los dias en misa? + +--No, todos los dias no, con frecuencia faltaba seguidos quince dias. + +--Tambien, dijo para sí Aben-Aboo, faltaba con frecuencia quince dias +seguidos la Dama blanca á sus paseos por la montaña. + +--Acontecióme por aquellos dias un suceso singular. Estando yo en mi +posada, entró mi lacayo una mañana, y me entregó una caja que habian +dejado para mi. Abrí la caja y encontré... ¿qué diréis que encontré? + +--¿Quién sabe? + +--Pues encontré tres cortes de brocado de los cuales es uno el que +teneis puesto, algunas ricas joyas de hombre y quinientos doblones de +oro. + +--¿Decís que encontrásteis dentro de la caja el córte del justillo que +llevo puesto? + +--Si por cierto, y á no ser vos tan mi amigo, no os hubiera dado por +nada del mundo ese justillo. + +Esta confidencia del marquesito, fue un rayo de luz que empezó á +esclarecer las dudas de Aben-Aboo: entonces comprendió por qué doña Inés +le habia hecho preguntas, basta cierto punto extrañas é inconvenientes, +acerca de la procedencia del brocado que vestia. + +--Ahora os agradezco doblemente vuestro sacrificio, dijo Aben-Aboo, pero +continuad. + +--Para obligarme á admitir aquel regalo venia dentro de la caja un +billete que contenia las siguientes palabras: + +«Podeis aceptar sin reparo lo que os envio, porque teneis mi alma.» + +--Era, pues, el regalo, de una dama enamorada de vos. + +--¿Y quién podía ser esa dama mas que la mujer á quien adoro? ¿Cómo pudo +conmoverme la vista de dona Inés encubierta sino era el amor que busco? + +Don Juan inclinó la cabeza sobre el pecho como para ocultar su +conmocion. + +--Pero vos habeis visto á esa doña Inés, exclamó de repente el marqués +levantando la cabeza y fijando una mirada entumecida en Aben-Aboo; vos +me direis si es hermosa ó fea, porque si es fea, no es ella, y me +interesa saberlo, porque mirad: hoy que se cumplen quince dias desde que +no he visto á mi encubierta, he recibido esta brevísima carta. + +Y el marqués sacó de su escarcela un papel que entregó á Aben-Aboo. + +Este al abrirle palideció: estaba escrito, al parecer, por la misma mano +que el billete de doña Inés que le habian entregado poco antes. Aquella +carta decia: + +«La constancia con que me habeis seguido me obliga; estad esta noche en +la taberna próxima y me conocereis.--Quien bien os ama. + +--Yo no puedo aseguraros, dijo el marqués, si esta carta esta escrita +por la misma mano que escribió la que acompañaba el regalo que me hizo +una dama hace seis meses antes por que aquella carta de puro guardarla +se me extravió. Lo que sé deciros es que estoy loco; que la cabeza se me +arde; que vine esta tarde á saludarla, frenético de alegría, aunque solo +pudiese enviarla mi saludo á través de las paredes, cuando os ví salir +con ella y con su padre, á quien creí reconocer, á quien creí haber +hablado alguna vez: soy muy mal fisonomista, y nada tiene de extraño que +si en efecto le he hablado alguna vez no recuerde su semblante: la +verdad del caso es que por una parte tuve zelos de vos, y por otra me +alegré porque me dije: el señor Diego Lopez es mi amigo, sabe que puede +contar con mi bolsa, y con mi espada y me hablará con franqueza. ¿Amais +á esa mujer? + +--Hoy es el primer dia que la he visto. + +--¡Ah! no importa; si es ella, con sola una vez que la hallais visto os +habreis enamorado de ella para no olvidarla jamás. + +--Eso piensan todos los que aman como vos, de los que conocen á su +amante. + +--¿No la amais, pues? + +--No marqués, no, porque amo á otra; á una mujer que es vuestra querida: +á la comedianta Angélica. + +--¡Oh! amadla cuanto querais: yo mismo os llevaré de noche, tarde, á la +puerta de su aposento. Llamaré y en vez de entrar yo entrareis vos. Pero +decidme: ¿esa doña Inés es hermosa? + +--No puede ser la que vos sospechais, marqués, es imposible, dijo +Aben-Aboo, empezando á tender un lazo traidor al confiado don Juan, lo +que demuestra que no hay amistad que no pueda romper una mujer. + +--¡Ah! no sabeis si es, eso posible, dijo el marqués; contestadme: ¿es +hermosa? + +--Hermosísima: tan hermosa como la comedianta, mas hermosa, porque hay +en doña Inés mas juventud y mas pureza. + +--¡Es jóven! exclamó el marqués que alentaba apenas. + +--Como de veintiun años. + +--¡Ah! ¡Dios mio! ¿Morena? + +--Moreno límpido, encendido, ardiente, y para concluir de una vez ojos +negros y grandes, cuello incomparable, alto y puro el seno, los labios +muy rojos, y la sonrisa de ángel, pero triste y apasionada. + +--¡Oh! ¡es ella! añadió levantándose fuera de si el marqués: la esposa +de mi alma, mi Esperanza. + +--¿Estais loco? dijo Aben-Aboo, dominando sus zelos y su rabia. + +--Si, si, perdonadme, amigo mio, dijo el marqués sentándose y apoyando +la frente calenturienta entre sus manos; estaba hablando como si hubiera +hablado con ella. + +--No lo digo por eso, sino porque os equivocais: porque esa dama que vos +llamais Esperanza y que yo llamo doña Inés, no puede ser vuestra esposa +ni vuestra amante, porque... en fin, no puede ser. + +--No, no me engaño: es ella; ni me he engañado nunca; me lo dijo el +corazon desde el momento en que la vi. + +--Os digo que no puede ser, insistió Aben-Aboo: para probároslo necesito +revelaros un secreto. + +--¿Y creeis que yo no soy bastante caballero para guardarlo? + +Aben-Aboo esperaba esta respuesta, y se apresuró á contestar: + +--Para que no creais que dudo, de vuestra, hidalguia, voy á deciros el +verdadero nombre de esa dama. Olvidadle despues é id á buscar con mas +fruto vuestra perdida Esperanza, á quien tanto amais. Esa dama tan +encubierta es una mora. + +--¡Y bien! dijo el marqués con fijeza. + +--Esa mora es sultana. + +--Y esa sultana, insistió el marqués, es mi esposa ante Dios y mi +conciencia. + +--Pero... ¿sabeis la que decís...? tartamudeó Aben-Aboo. + +--Esa dama á quien yo llamo Esperanza, es hija del emir de los monfíes +de las Alpujarras; ya veis que no me habeis revelado secreto alguno. + +Aben-Aboo al escuchar estas palabras hizo crugir la silla en que se +sentaba: todas sus dudas habian quedado esclarecidas por la revelacion +del marqués; habia sentido revolverse en su alma pasiones terribles, +salvajes; los zelos, la envidia, el odio; pero ninguna de estas +furiosas oleadas de su alma salió á su semblante. + +Entonces un pensamiento siniestro cruzó por su alma: sintió ansia mortal +contra el marqués, pensó en embriagarle y en asesinarle cuando lo +hubiese conseguido, y desplegando la funesta astucia, y la intencion +mortífera de que mas tarde se sirvió en la rebelion de las Alpujarras, +revistió su semblante de la mas engañadora alegría, y tendiendo la mano +al marqués exclamó: + +--¡Oh! ¡pues me alegro, me alegro con toda mi alma, don Juan! porque +amando vos á la sultana Amina, como la amais, ¡sois de los nuestros! + +--Soy enteramente de ella. Ya sé que sois morisco, señor Diego Lopez, +dijo con altivez el marqués, y que sois de los mas ilustres. Pues bien: +si mañana me dice Esperanza... ó Amina, como querais; «¡Defiende mi +corona!» seria traidor á Dios, traidor al rey, perderia mi alma, pero +empuñaria el estandarte de la rebelion por los moriscos, y os llevaria +al combate. + +--¡Que nos llevariais al combate! exclamó Aben-Aboo, cuya alma acabó de +ennegrecerse; sois digno del amor de la sultana; sois digno de la corona +que ese amor puede ceñir á vuestra cabeza: ¡oh, don Juan! permitid +tambien que dé rienda á la locura de mi alegría y que os abrace: ¿con +que al fin todos somos unos? ¿todos hermanos? + +Y Aben-Aboo se arrojó en los brazos del marqués que le estrechó en ellos +con efusion, porque se sentia feliz y el que es feliz, no odia, no +sospecha, no desciende á las miserias del mundo. + +--Pero Esperanza no me sujetará á tal prueba, dijo el marqués sentándose +de nuevo; Esperanza sabe que soy capaz de sacrificarlo todo por ella, +pero no me pedirá el sacrificio. Y sin embargo, y ahora recuerdo cuando +ví á su padre: un dia que fuí á pedírsela, en Madrid el año pasado, me +dijo estas palabras que no he podido olvidar: «Mi hija solo se casará +con un rey; pero no importa: si es preciso os haremos rey.» + +El alma de Aben-Aboo se decidió al crimen; sin embargo dijo con un +acento natural y amigable: + +--¡Oh! pues, si el emir se propone haceros rey lo sereis. + +--¡Dios me libre de ambicionar tal cosa! + +--Pero decidme don Juan, ¿si habeis hablado una vez al emir cómo no le +habeis reconocido al verle en Granada? + +--Ya os dije que solo tenia de ese caballero un recuerdo muy confuso, +como que hace muy cerca de dos años que le hablé y eso solo una vez y en +una ocasion en que estaba muy turbado. + +--Lo comprendo, dijo Aben-Aboo: y recayendo en su traidor pensamiento de +embriagar al marqués para matarle sin ruido añadió: pero lo que no +comprendo bien, es que vos, que sois tan bebedor... + +--¡Ah! es verdad: es necesario que brindemos juntos por mi felicidad. + +--No: bebed vos solo: ya sabeis que soy morisco: sabed ademas que solo +soy cristiano en el nombre, y que el Koran me veda el vino y las bebidas +espirituosas. + +--Sea como vos querais; pero en cuanto á mí necesito templar bebiendo y +cantando mi alegría. ¡Ola, Roque! ¡Roque de Satanás! mis dos botellas, +añadió levantándose y asomando la cabeza á la puerta de la escalera. + +Apareció á poco Roque, con dos botellas y un vaso; estaba pálido de una +manera notable, y miró de un modo singular al marqués. + +Después salió. + +El marqués se entregó á una alegría que podremos llamar lúgubre, en la +que habia mucho de locura, mucho de sufrimiento; habia encontrado, al +fin, á Esperanza, á la que habia buscado largo tiempo en vano, y un +presentimiento oscuro, de que no se apercibia, daba á su contento el +aspecto lúgubre y aterrador de que hemos hablado. Bebia á grandes +tragos, y con una frecuencia tal, como si hubiera querido ahogar en vino +lo que de una manera incomprensible, comprimia su alma. + +Pero cantaba, rasgueaba la guitarra, bebia y abrumaba á preguntas sobre +Amina á Aben-Aboo, que le contemplaba con ansiedad, esperando ver los +primeros síntomas de la embriaguez. + +Ya habia despachado el marqués una botella, y ni el mas ligero asomo de +embriaguez habia aparecido en su semblante. + +Destapó la segunda, llenó el vaso y le apuró de un trago. + +--¿A qué sabe este vino? dijo: ese Roque se descuida: este vino sabe á +húmedo. + +--¡Bah! os habreis engañado tal vez, dijo Aben-Aboo. + +--¿Qué es engañarme? dijo el marqués, llenando de nuevo el vaso y +apurándole hasta la mitad. Este vino está echado á perder. ¡Eh! ¡Roque! +¡Roque! + +Pero Roque no podia oirle, porque la voz del marqués se habia hecho +ronca; ademas se iba poniendo densamente pálido; Aben-Aboo sin saber qué +pensar de aquello, miraba al marqués con asombro. + +--¡Oh! ¿qué es esto? añadió don Juan, llevándose las manos á la frente: +la casa se me anda alrededor. ¡Ah! ¿qué... es... esto? + +Y como al impulso de una sospecha terrible, se levantó, dió un grito, y +cayó de nuevo, pálido como un cadáver sobre la silla. + +--¡Oh! ¿le habrán envenenado...? exclamó con terror y con alegria al +mismo tiempo Aben-Aboo. Tal vez le mate el amor de Amina. Le han citado +á esta taberna... acaso el emir se deshace de una manera tan buena como +cualquiera otra, de un amante de su hija, de un amante peligroso... + +Y siguió contemplando al marqués que pugnaba en vano por hablar y por +levantarse. Sus ojos se cargaban; su semblante palidecia mas y mas, y al +fin, su cabeza cayó inerte sobre la mesa. + +--¡Oh! esto está concluido, dijo con una feroz alegria Aben-Aboo: el +amor de Amina le ha costado la vida. + +Aben-Aboo, se levantó, se acercó á él, tomó la luz, levantó la cabeza +del jóven y la examinó atentamente: entonces notó con rabia, que el +marqués no estaba muerto, sino dormido: respiraba con facilidad, y la +palidez habia desaparecido. Aben-Aboo puso la mano sobre el pecho de don +Juan, y notó que su corazon latia naturalmente. + +--¡Oh! no era un veneno, exclamó; sin duda se le ha adormecido con la +intencion de conducirle misteriosamente, sin que pueda darse cuenta del +lugar, á los brazos de Amina. + +Y la sombría mirada de Aben-Aboo, y la letal palidez que cubrió +instantáneamente su semblante, demostraron que luchaba con un horrible +pensamiento. + +--Y bien, dijo; estoy solo con él; le tengo en mis manos; no puede haber +lucha ni gritos; aquí hay un misterio que no comprendo, y en el cual +está envuelta Amina; y luego... este hombre es peligroso; el emir ama +demasiado á su hija; el marqués ha dicho, si, lo recuerdo bien, que +cuando le pidió la mano de Amina, le dijo que era necesario que fuese +rey... que podria ser rey. ¡Oh! ¡y el marqués es valiente! ¡el emir +poderoso! Dios me entrega este hombre para que impida con su muerte una +traicion que nos perderia. + +Aben-Aboo salió; fué á la puerta de la escalera, escuchó, miró al oscuro +fondo de una manera insensata, y luego, despues de un momento de +vacilacion, en que pasaron por su rostro las mas horribles expresiones, +se arrancó la daga de la cintura, y se arrojó sobre el marqués. + +Pero cuando creia asegurado el golpe, cuando iba á descargarle sobre el +corazon de don Juan, sintió que una mano, formidable por su fuerza, +detenia la suya y le arrancaba la daga. + +Volvióse rugiente de cólera, y vió ante sí á Roque. + +--Los que quieren ser reyes, dijo profundamente, no deben ser asesinos. + +--¡Ah, traidor! exclamó Aben-Aboo: tú sirves al emir de los monfíes. + +--Y bien, ¿qué? contestó el tabernero, con una calma glacial. + +--Tú sabias, que esa dama encubierta por quien te pregunté, era la +sultana Amina. + +--Y bien, ¿qué? repitió con doble calma Roque. + +--Tú no eres lo que pareces. + +--¡Yo soy monfí! exclamó Roque con acento feroz. + +--¡Ah! ¡tú eres monfí! ¡esclavo de un hombre que nos tiende lazos +traidores, que mantiene amistades con los cristianos, y nos suscita +peligros! + +--No sé quien haya podido revelarte que don Alonso de Fonseca y su hija +doña Inés, son el poderoso Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar, y la noble sultana +Amina; pero no importa, Aben-Aboo: la suerte está echada: muy pronto la +sangre del combate correrá en la montaña, y acaso en la ciudad: importa +poco que hayas descubierto el secreto: y oye... guárdate: porque si te +atreves á levantarte contra el emir, eres hombre muerto. + +--¿Me retas? + +--Te aconsejo. + +--¿Y si yo te castigase y diese muerte al castellano que puede ser la +causa de nuestra ruina? exclamó Aben-Aboo, echando mano á su espada. + +--Aunque yo solo basto para reducirte á la razon; una sola voz mia, +haria caer sobre tí mil puñales. + +--¡Ah! los monfíes ¡siempre astutos y traidores! exclamó Aben-Aboo, +trasportado de rabia; ¡los monfíes en todas partes! + +--Vete; y olvida lo que aquí ha pasado, dijo con altívez Roque; es lo +mejor que puedes hacer. Pronto empezaran á venir los moriscos que +elegiran por rey de Granada á tu primo Aben-Humeya, y debes evitar que +te encuentren aquí. + +--¡Si; adios! exclamó trémulo de cólera Aben-Aboo: ¡pero hay del emir! +¡hay de Aben-Humeya! ¡hay de tí! + +--¡Y hay de tu cabeza! contestó con desprecio el monfí. + +Aben-Aboo, salió rugiendo; bajó como una avalancha las escaleras, y +salió á la calle, rebozóse, y se puso en un soportal, en acecho de su +casa y de la taberna. + +Entre tanto el monfí habia quedado profundamente pensativo en medio de +la habitacion. + +--No sé, dijo, por qué el emir anda con tantas contemplaciones con esos +dos mozos, permite que Aben-Humeya sea rey, y me ata las manos respecto +á Aben-Aboo. El emir se arrepentirá, porque esto acabará mal... muy +mal... los dos son miserables y traidores: Dios quiera que no sucedan +grandes desgracias: por ahora obedezcamos las órdenes de la sultana, y +avisémosla de lo que aquí ha pasado. + +Y asiendo del marqués, le cargó sobre sus hombros, con la misma +facilidad que si hubiera sido un niño, tomó la bugía que estaba sobre la +mesa, se encaminó á una puerta situada al fondo de la habitacion por la +parte que lindaba con la casa habitada por el emir, y desapareció por +aquella puerta con su carga. + + + + +CAPITULO X. + + En que se trata de lo que pasó entre la sultana Amina y Aben-Aboo. + + +El joven permaneció algun tiempo observando la casa y la taberna +contigua. + +La calle estaba desierta y envuelta en un profundo silencio. La luna +brillaba sobre ella. Al dar las diez en la iglesia del Salvador, hora en +que se cerraban las tabernas, la gente que habia en la del Hardon salió, +y se cerró la puerta. La calle quedó ya completamente silenciosa. + +Aben-Aboo esperó algun tiempo, pero nadie apareció, á pesar de que segun +las noticias del morisco, los xeques del Albaicin debian empezar á +acudir á las diez. Entonces recordó Aben-Aboo que á la casa del Hardon +podia entrarse por diferentes minas, algunas de las cuales conducian +fuera de la ciudad. + +--¡Oh! exclamó: los que han de elegir rey á don Fernando entraran por +las minas, y de la misma manera habran sacado por las minas al marqués: +aunque me estuviese aquí toda la noche nada descubriria... y luego... +luego quién sabe por qué se ha dado ese brebaje al marqués. Acaso he +supuesto lo que no existe: acaso mis zelos... tenia razon ese hombre... +no se puede ver á Amina una vez sin amarla... el amor que me ha +inspirado ha crecido con los zelos que el marqués me ha hecho sentir... +y acaso me engañe... porque si ella amara al marqués ¿á qué haberse +estado recatando de él durante dos años? pero sin embargo, la carta que +le citaba esta noche á la taberna... pero á mi me ha citado tambien y de +una manera mas directa, por el postigo... yo puedo saber si la sultana, +esa sultana que ha estado á mi lado sonriéndome horas enteras, es la +Dama blanca... y luego puede ser muy bien que me ame: que me conozca +hace mucho tiempo... yo me he puesto á su paso en la montaña... tal vez +solo ha tenido con el marqués una aventura galante... y sobre todo yo +debo apurar hasta donde pueda este misterio... yo debo acudir á la cita +de doña Inés. + +Y saliendo del soportal rodeó su propia casa como quien bien la conocia, +y se dirigió sin vacilar al postigo. + +Detúvose un momento en él á fin de dominarse, y cuando lo hubo +conseguido, cuando juzgó que en su semblante no quedaba el menor +vestigio de la reciente tormenta, llamó recatadamente al postigo. + +Inmediatamente aquel postigo se abrió, y Aben-Aboo lanzó un grito de +sorpresa al ver ante si entre las sombras una mujer enteramente vestida +de blanco y con un antifaz del mismo color sobre el rostro. + +--¡La Dama de la montaña! exclamó. + +--Seguidme, dijo la joven. + +Aben-Aboo la siguió con el corazon palpitante: atravesó el huerto tras +ella, y tras ella atravesó un corredor oscuro, subió unas escaleras, y +se encontró en un precioso retrete alumbrado por dos bugías de cera que +habia sobre una mesa. Sobre aquella mesa ademas habia un pergamino +enrollado y una daga que Aben-Aboo reconoció con terror: era la suya, la +que le habia arrebatado en la taberna el monfí. + +La jóven cerró la puerta, se quitó el antifaz y apareció el semblante +pálido y severo de Amina. + +--¿Qué habeis pensado de esta cita? dijo Amina con acento grave. + +--¿Me preguntais lo que he pensado ó lo que pienso? dijo con audacia +Aben-Aboo. + +--Os pregunto lo que habeis pensado, no lo que penseis ahora. + +--He pensado delirios, prima. + +--¡Delirios! + +--Si; he pensado que Dios se compadecia de mí y me daba con vos la +felicidad. + +--¿Y qué motivos habeis tenido para pensar que yo?... + +--Hace mucho tiempo que sin conoceros os amo. + +--¡Extraño amor! + +--Os he visto en la montaña... + +--Creo que ya os costó un lance desagradable vuestra obstinacion en +seguirme. + +--Con que confesais... + +--Lo confieso todo... todo lo que querais que confiese... que soy la +Dama blanca de la montaña, la sultana Amina, la amante del marqués de la +Guardia... + +Amina pronunció estas palabras con una indiferencia despreciativa. + +--¡Oh! exclamó con rabia Aben-Aboo, ¿sabeis que os amo, que os he +buscado con una tenacidad incansable, y os atreveis á decirme que amais +á otro? + +--Sino vinierais de donde venís, sino hubierais querido hacer lo que no +habeis podido, yo os hubiera dicho: soy vuestra prima Amina, la que +habeis seguido á la montaña con peligro de vuestra vida; en el tiempo +que hoy hemos estado juntos he comprendido que me amais: yo no puedo +pagar vuestro amor, porque no me pertenezco, porque mi corazon y mi vida +son de otro á quíen conocí antes que á vos; pero ahora despues de lo que +he hecho, despues de lo que habeis dicho, me limito á deciros: tomad +vuestra daga, infante Aben-Aboo, y dedicadla á mas noble uso que á +asesinar hombres dormidos. + +--¿Sabeis señora que ese hombre se jactaba de una manera insolente de +que le amabais? + +--Puede jactarse de ello: ademas creia hablar con un amigo. + +--¿Habeis olvidado señora que ese hombre desprecia vuestros dones +vendiéndolos? + +--Creia hacer un servicio á un amigo. + +--¿Es decir que creeis bueno y noble todo lo que proviene del marqués de +la Guardia?... + +--Es mí esposo, y debo respetarle... es mas, creo que solo peca de +imprudente, de enamorado. + +--¿Que es vuestro esposo, exclamó asombrado Aben-Aboo? + +--Tomad ese pergamino y comprended por qué os llamo infante, por qué +llamo mi esposo al marqués de la Guardia. + +Y entregó á Aben Aboo el pergamino enrollado que estaba sobre la mesa, y +que no era otra cosa que una copia de las capitulaciones concertadas +entre el emir de los Monfíes y Aben-Humeya. + +--¡Teneis una hija! exclamó ferozmente Aben-Aboo despues de haber leido +el pergamino; ¡Aben-Humeya tiene un hijo!... + +--¡Oh! nunca hubiera creido, dijo con profundo desden Amina, que la +ambicion hiciese á los hombres tan miserables. Pero ved lo que haceis, +Aben-Aboo, ved lo que haceis, porque os advierto que vuestra primera +traicion será la señal de vuestro castigo. + +--¿Para qué me habeis llamado aquí, señora? + +--Mi padre os conoce, Aben-Aboo, y lo ha temido todo de vos, en los +momentos en que los moriscos de Granada elijen por su señor á +Aben-Humeya: procuró distraeros, os llamó á su casa con un pretexto, os +retuvo á nuestro lado, y yo procuré haceros olvidar vuestra ambicion por +el amor. Creyéndoos enamorado os cité para apartaros acaso de vuestra +ruina, no para alentar un amor que era imposible. Pero vos habeis obrado +de tal modo, que me obligais á ser con vos todo lo severa que puede ser +una persona que aborrece el crímen. + +--Pues os anuncio que vos sereis la causa de muchos crímenes. + +--¡Yo! + +--Si, vos. Primero he codiciado la corona de Granada, y me la habeis +robado; despues os he codiciado á vos y os he perdido. + +--¿Y qué derecho teneis á esa corona, qué derecho á mi amor? + +--Mi voluntad. + +--Vuestra voluntad os llevará á vuestra ruina. Haced lo que mejor os +plazca, sed en buen hora mi enemigo. Ni os temo ni os desprecio. +Procuraré burlar la venganza que sin duda meditais contra mi padre y +contra mí. Pero os aconsejo una cosa. Recatad mucho vuestra venganza, y +sobre todo no hableis con mi padre como habeis hablado conmigo. Mi padre +nada sabe. Yo debia avisarle para que se precaviese de vos, pero sobre +ser vos casi impotente, espero que cuando salgais del estado de delirio +en que os encontrais, reflexionareis, comprendereis que en vez de odio +nos debeis agradecimiento, y sereis nuestro buen pariente. Si ese +momento llega, yo os tenderé mi mano, os perdonaré el mal que habeis +querido hacerme, y seré vuestra hermana. Ahora salid, porque todo lo que +teniamos que hablar lo hemos hablado ya. + +--Adios señora, adios, dijo Aben-Aboo, con acento sombrio, adios, y no +os olvideis de mi. + +--A pesar de vuestras amenazas, os aconsejo que nada intenteis esta +noche contra Aben-Humeya, por mas que tengais algunos parciales, ni +dejeis de ver á mi padre. No deis un paso hácia adelante, sino estais +seguro de que no habeis de arrepentiros, porque os lo repito, creo que +mas que criminal sois loco. + +La triste dulzura con que Amina pronunció estas palabras alentó á +Aben-Aboo que volvió desde la puerta y se arrojó á los piés de Amina. + +--¡Oh! tened compasion de mí, le dijo: teneis razon, yo no he pensado en +el crímen hasta que he visto defraudadas todas mis esperanzas... pero +amadme, señora, amadme, porque yo antes de ver vuestro semblante os +amaba, me habia fingido en vos la hermosura de un arcángel, y al veros +he visto que habia soñado poco, que sois mas hermosa, mas noble que lo +que soñó mi deseo: amadme, y sea en buen hora Aben-Humeya rey de +Granada: si vos sois mia, seré mas feliz que mandando sobre todos los +imperios del mundo. + +--¡Yo os amo! dijo Amina con una dulcísima voz de consuelo. + +--¡Oh! ¡que me amais! ¿luego vuestro amor al marqués de la Guardia es +mentira? + +--Y es mentira tambien mi hija Kinza. + +--¡Ah! + +--¿Y habeis podido creer que habria sido madre sino por el amor de un +hombre que hubiera llenado enteramente mi alma? + +--¡Oh! y entonces... entonces... ¿cómo me amais? + +--Levantad y oid: yo os amo porque una voz íntima de mi corazon me dice +que os ame; pero os amo de una manera tranquila; como creo que se debe +amar á los hermanos; el solo pensamiento de otro amor hácia vos, me +horroriza, me repugna... ese amor no puede ser entre nosotros: mi +corazon le rechazaria, aunque no amase á otro hombre. + +--Pues adios, señora... adios, dijo Aben-Aboo levantándose con el +semblante teñido de una palidez letal... ya que no puede haber entre +nosotros amor, habrá odio... no podeis amarme... yo os juro que me +aborrecereis. + +Y Aben-Aboo que conocia las entradas y salidas de la casa como quien era +su dueño, salió frenético, dejando sola y aterrada á Amina, que +comprendia bien lo temible que era Aben-Aboo. + +Por algun tiempo, este vagó á la ventura por calles y callejas; sin +direccion fija, calenturiento, entregado á pensamientos, ó por mejor +decir, á intenciones de venganza á cual mas horribles: la venganza, ese +monstruo del corazon humano, no habia tomado para él formas, pero se +revolvia fermentando y rugiendo en su alma. + +Asi anduvo una hora: al cabo de ella, el frio que era intenso, +contrapesó el ardor febril de su sangre, volvió á su pensamiento la +reflexion y se rehizo. Entonces no renunció á su venganza, sino que se +resignó á esperar que esta se le presentase en todo su esplendor, +justificada, traida por los acontecimientos; comprendió que debia ser +prudente, que cuanto mas encubriese su odio mas seguro seria su efecto, +y á paso lento tomó el camino de la calle de San Miguel; cuando llegó á +ella notó que estaba tan silenciosa y desierta como cuando la habia +abandonado, y que no se veia el reflejo de una sola luz ni se escuchaba +el mas leve rumor en la casa del Hardon. + +--Habrán venido por las minas y estaran en los subterráneos, dijo +suspirando, y se encaminó á la puerta principal de su casa. + +Abrióle un criado que le indicó que su señor le esperaba y le condujo á +su habitacion. + +Yaye estaba sentado junto á una mesa, tenia quitada la venda y se le +veia en el lado izquierdo de su frente una profunda cicatriz redonda. + +Aben-Aboo, ya enteramente dominado adelantó y dobló una rodilla ante el +emir besando una de sus manos. + +--¿Qué haces, hijo mio, le dijo conmovido Yaye? + +--Os rindo el homenaje que os hubiera rendido desde el primer momento, +señor, si hubiera sabido quien erais. + +Yaye le atrajó á sí y le besó conmovido en la frente: Aben-Aboo notó que +una lágrima del emir habia caido sobre sus mejillas. + +Esto que hubiese conmovido á otro, irritó á Aben-Aboo. + +--¿Has visto á tu prima? le dijo Yaye haciéndole sentar á su lado. + +--Si señor. + +--He preferido que ella sea quien te revele lo que no te he querido +revelar hasta este momento: queria retenerte junto á mí para que no +hicieses una locura, pero no quise imponerte el respeto que en este +momento te domina. Pero era necesario, cuando te se da un infantazgo, +que tu tio y tu señor hablase contigo. Ya sé que has pensado en un +puesto mas alto, pero en todos los puestos, hijo mio, encuentra un noble +lugar el que es valiente, caballero, y, sobre todo, ama á su patria. Ha +llegado el momento de la lucha, lucha que ya no puede dilatarse por mas +tiempo. Aben-Humeya cumplirá con su deber como rey de Granada y tú como +infante le ayudarás: yo os ayudaré á entrambos. No quiero ocultártelo; +la lucha es terrible, arriesgada, y si sobreviene la mas leve division +entre nosotros somos perdidos, y sentenciamos á nuestros pobres +hermanos, ya harto oprimidos, á la esclavitud, á la muerte, á la +deshonra, que es la peor de las muertes. Si hay en tí ambicion, espera y +no desesperes, hijo mio. Si el cristiano nos vence, nuestra corona será +la corona del martirio; si le vencemos, si, como en otro tiempo nuestros +abuelos, logramos avanzar sobre las tierras del cristiano, ayudados del +poder del Sultan de Constantinopla nuestro amigo, entonces Aben-Aboo, +sobraran coronas en los reinos que reconquistemos. + +--Solo os pido una gracia, señor, dijo hipócritamente el jóven. + +--¿Cual? + +--No separarme de vos, pelear á vuestro lado, llevar en el combate +vuestra bandera. + +--En lugar estarás, que satisfaga tu valor y tu orgullo, hijo mio. Ahora +escúchame, es necesario que partas al momento á las Alpujarras. + +--Eso mismo pensaba deciros, señor. + +--Yo partiré mañana. Toma: esta carta mia te abrirá paso entre los +monfíes que te ayudaran si necesario fuese. Tu madre vive en Cádiar, +añadió conmovido el emir. + +--Si señor. + +--Tu madre estará inquieta. + +--Mi madre me ama en extremo, señor. + +--Pues bien: dí á tu madre que nada tema, que el emir de los monfíes te +protege. Esto la tranquilizará. + +--Muy bien, señor. + +--Toma, añadió Yaye, abriendo un cajon de una mesa y sacando una repleta +bolsa de oro: sé infante de Granada. + +--¡Ah! ¡cuántas bondades, señor! + +--Adios, vete: sobre todo prudencia y sigilo: que nada puedan sospechar +los cristianos hasta el dia del alzamiento. + +--Adios, señor, adios, dijo Aben-Aboo que deseaba verse libre de la +influencia que ejercia sobre él el emir. + +--¿Y no te despides de mi hija? dijo el emir señalando á Amina que habia +aparecido en una puerta. + +--¡Ah, señora, adios! dijo Aben-Aboo dirigiéndose á ella. + +--Sed feliz..... y seguid mis consejos, le dijo Amina. + +--¡Ah! no los olvidaré, señora. + +Aben Aboo salió, y poco despues se sintió abrir la puerta exterior y las +pisadas de un caballo en la calle que se alejaron hasta perderse en el +silencio. + +--¡Ah! exclamó Amina en un acento que no pudo oir su padre: quiera Dios +que con ese hombre no nos preceda á las Alpujarras la desgracia. + +Amina sentia oprimido su corazon por un presentimiento funesto. + + + + +CAPITULO XI. + + Alianza de sangre y lodo. + + +A punto que Aben-Aboo entraba á caballo en el corral del Carbon, daban +las doce en el reló de la capilla real. + +Era la hora de la cita con Angélica. + +El corral estaba desierto, silencioso é iluminado de lleno por la luna. +Aun estaba alzado el tablado donde se habia hecho la representacion, +pero despojado de los tapices y de las cortinas: como si dijéramos: en +esqueleto. + +Aben-Aboo, pensó primero en llamar á maese Pertiñez para que le sirviera +de guia hasta el aposento de la comedianta. Pero prefirió no recurrir á +él, sino en un caso extremo, ató su caballo á un poste del corral, y se +aventuró por las estrechas escaleras que guiaban á la hospederia. + +Llegó á lo alto de las escaleras y palpó: encontró al fin una puerta que +abrió con la llave que le habia entregado maese Pertiñez de parte de +Angélica. + +Pero se encontró con una dificultad; el pasillo estaba oscuro, y apenas +penetraba en él un débil reflejo de los rayos de la luna á través de las +claravoyas del techo. + +Aben-Aboo recordó que el aposento de Angélica estaba á la derecha, y en +la parte media del pasillo, cabalmente por aquella parte y en el mismo +costado daba un rayo de la luna. + +Aben-Aboo adelantó con la esperanza de que tal vez aquel blanco rayo de +tibia luz le dejaria percibir algun número por el cual guiarse; se quitó +las espuelas para no hacer ruido, y adelantó recatadamente, hasta el +lugar iluminado por la luna. + +Aquel lugar de la pared estaba sobre una puerta; Aben-Aboo sintió una +extraña conmocion al notar que en medio del espacio iluminado por la +luna se destacaba un negro y enorme el número 13. + +¿Era aquello una casualidad ó que Dios ó el infierno le ayudaban? + +Otro estremecimiento distinto agitó á Aben-Aboo al llamar á la puerta; +al fin era jóven y por mas que un jóven esté poseido de las mas +violentas pasiones, siempre siente un no sé qué poderoso que le domina +cuando en medio del misterio se acerca á una buena moza que le espera. + +Porque Angélica debia esperarle. + +Aben-Aboo notó que la puerta cedia bajo su mano sin ruido, lo que +demostraba que la puerta estaba preparada para esta clase de lances: el +jóven adelantó y se encontró en un espacio alfombrado, con gran asombro +suyo, porque no esperaba encontrar tal lujo en tal hostería. + +Por una puerta al frente se percibia un tenue resplandor: Aben-Aboo +adelantó guiado por él, atravesó otro aposento oscuro y se encontró al +fin en la misma habitacion en que Angélica habia recibido aquella mañana +á maese Pertiñez. + +En un estrado de damasco, reclinada en sus almohadones, y dormida, +reflejando en su hermoso semblante, en su cuello y en su seno casi +descubierto, como por descuido, la luz de una bugía colocada en una +pequeña mesa junto á ella, estaba Angélica. + +¿Dormia ó fingia dormir? esta pregunta se hizo Aben-Aboo, pero +comprendió que aquella mujer que le esperaba á aquella hora, despierta ó +dormida, no debia de haberle citado para hablarle del gran turco. + +Aben-Aboo no se atrevió á despertarla en el momento: tan hermosa estaba +dormida; por intencion ó pereza, no se habia quitado el traje que habia +usado para la comedia, mas que el adorno de plumas: conservaba el +magnífico collar de perlas, regalo humillante de Amina, y sin duda, para +respirar mejor, se habia abierto el justillo; Aben-Aboo, pudo pues, +anegar sus miradas en aquel cuello divino, y en aquel seno de mármol; +luego como si una atraccion poderosa le hubiese dominado, acercó +lentamente su semblante á aquel seno y le besó. + +En esto, entraba al mismo tiempo el deseo y el cálculo, necesitaba +mostrarse enamorado y audaz con aquella mujer, en quien habia visto un +enemigo mortal de Amina, y cuya alianza podia convenirle. + +Al sentir el ardiente beso del jóven, Angélica despertó y exaló un +ligero grito de terror, que si fue fingido, lo fue admirablemente. +Luego, al reconocer al jóven se tranquilizó, se sonrió de una manera +tentadora, y tendió la mano á Aben-Aboo, cubriéndose con la otra el seno +con los encajes. + +--¿Por qué estais de rodillas? dijo infiltrando una mirada traidora por +lo amante, en los ojos entumecidos de Aben-Aboo. + +--Estaba adorando vuestra hermosura. + +--¡Ah! ¿y vos cuando adorais besais? + +--¡Ah, señora! perdonad; pero la culpa es de vuestra divina belleza. + +--¡Quién os ha enseñado á enamorar de ese modo? + +--Vos. + +--En poco tiempo hago yo maestros de amor. + +--Vos le enseñais con una sola mirada. + +--De modo que vos..... + +--Yo os adoro. + +--No lo creo. + +--¿Por qué? + +--Porque adorais á otra. + +--¡Ah! + +--Como yo adoro á otro. + +--¡Oh! + +--Pero vos necesitais vengaros. + +--Si. + +--Y yo tambien. + +--Yo de la altivez de una mujer. + +--Yo del desamor de un hombre. + +--Somos, pues, amigos. + +--Amigos de odio. + +--¿Y no mas que amigos? dijo Aben-Aboo rodeando la cintura de Angélica. + +--Ya veis que os dejo hacer... + +--¿Quereis sin duda serviros de mí? + +--Como vos de mí. + +--¡Ah! yo me serviria de vos para ser feliz. + +--Vos podeis hacerme feliz haciéndome vuestra. + +--¿Hablais de veras? + +--¿Pues nó? + +--Oid, señora: á pesar de que creo, que cuando me habeis llamado, me +conoceis y comprendeis que puedo serviros de mucho, á pesar de que estoy +seguro de que ni me amais ni podeis amarme, vos podeis estar segura +tambien, de que á pesar de que amo á otra mujer, á pesar de que lucho +con mi suerte, podeis ser mi tentacion, la mano que me impulse... y á +mas de eso, la fuente donde beba el amor de que estoy sediento. + +--¿De veras? ¿Hablais de veras? + +--Entre una mujer como vos y un hombre como yo, no puede haber mentira. +Yo os comprendo como vos me habeis comprendido. + +--¿Y qué habeis comprendido en mí? + +--Que sois capaz de todo por vengaros de una mujer. + +--¡Ah! sí, como vos arrostrareis la perdicion de vuestra alma por +vengaros de un hombre. + +--Yo os doy la mujer á quien amo. + +--Y yo el hombre á quien adoro. + +--A falta de ese hombre. + +--Acepto vuestro amor. + +--A falta de esa mujer, yo os doy mi alma. + +--Oid, dijo Angélica levantándose de entre los brazos de Aben-Aboo, y +separándole de sí en un movimiento de suprema dignidad: no creais que la +mujer que habeis visto representando sobre un tablado, ofreciendo su +talento y su hermosura al vulgo, es una de esas cómicas perdidas, que +abren sus brazos al primero que se las presenta con las manos llenas de +oro. Bajo la comedianta está la mujer con todo su pudor, con toda su +dignidad: tras mi presente de cómica, hay un pasado noble y altivo, +aunque lleno de amargura y de pasiones terriblemente combatidas. Lo he +perdido todo, todo, menos la honra y el corazon. Y os digo que no he +perdido la honra, porque solo he pertenecido á un hombre á quien he +considerado como mi esposo; os digo que no he perdido el corazon, porque +no puedo sufrir que ese hombre me engañe y me mienta amores cuando me +desprecia. El amor que sentia hácia el marqués, se ha convertido en +odio, en lo único que puede convertirse el amor, como un dia se +convertirá en odio el amor que os inspira esa duquesita de la Jarilla, +esa sultana mora, esa doña Esperanza ó Amina... + +--Se ha convertido ya. + +--Os habeis arrastrado á sus pies y os ha despreciado... + +--Si. + +--¡Oh! pues debeis vengaros. + +--Me vengaré, no sé cómo, pero me vengaré. + +--¡Oh! ¡cuanto me amareis si yo os proporciono una venganza doble, una +venganza horrible! + +--Siento, señora, que me dominais, que acabareis por enloquecerme por +ser el arcángel de fuego de mi vida. + +--¡Oh! seguid, seguid: irritad vuestro odio: ¡qué hermoso estas pensando +en vuestra venganza! + +En efecto, Aben-Aboo estaba hermoso, pero con una hermosura como la que +solo puede suponerse en Satanás. + +--Somos, pues, el uno del otro. Nos pertenecemos, dijo Aben-Aboo. + +--Si; somos desde ahora el uno del otro para vengarnos: despues, cuando +nos hayamos vengado; cuando yo pueda considerarme viuda, ahogaremos +nuestros remordimientos, el uno en los brazos del otro. + +--¡Remordimientos! + +--Sí; ¿qué culpa tienen Amina y don Juan, de que el cielo los haya +reunido para amarse como se aman los ángeles? Nosotros deberiamos +respetar ese amor, noble y grande, purificado por el infortunio, y sin +embargo, ese amor nos roe el alma, y necesitamos exterminarle para que +no nos despedace: cometeremos un crímen: lo sé: marcho á él de frente, +sé que me espera el remordimiento, pero me vengaré, ó por mejor decir, +destruiré lo que no puedo ver, lo que no puedo suponer sin sentir una +rabiosa sed de sangre. + +No parece sino que mi alma es una continuacion de vuestra alma, porque +lo mismo pensamos los dos, señora. + +--Nuestro comun odio hácia esos dos, que sin nosotros serian tan +felices, establece ya entre nosotros una especie de amor extraño... + +--Que tal vez mañana... + +--¿Quien sabe? + +--Os juro no perdonar nada por vengaros. + +--Yo os lo juro tambien. + +--Os seré fiel como la espada á la mano. + +--Y yo á vos como el veneno á la muerte. + +--Somos, pues, el uno del otro. + +--Como hermanos de venganza ahora. + +--¡Y cuando se satisfaga esa venganza! + +--Creo que para entonces os amaré..... os amaré como yo amo, con toda mi +alma. + +--Para eso es preciso que no nos separemos. + +He despedido esta noche á mi doncella para estar en libertad de obrar. + +--¿Qué quereis decir? + +--Que voy á seguiros ahora mismo. + +--¿Y el señor Cisneros? + +--¡Ah! ¡Cisneros! ¡pobre loco! + +--¿Y el señor Salvador Godinez? + +--¡Callad! dijo Angélica palideciendo: callad: cabalmente por temor á +ese hombre seria capaz de huir con Satanás. + +--El cree que no le conoceis. + +--¿Le conoceis vos? + +--No, pero creo... + +--Es mi verdugo, el autor de mis desgracias, el que me ha obligado á +arrojarme á las tablas: cree que no le conozco. ¡Ah! á una mujer como á +mi no se la engaña mas que una vez. + +--Pero, ¿quién es ese hombre? ¿por qué os causa tanto terror? + +--Si me probais que no desconfiais de mí, yo no desconfiaré de vos. +¿Como os llamais? + +--Me llamo el infante Sidi-Aben-Aboo. + +--¡Ah! ¡no mentís cuando decis que sois mio! ¿Sois moro? + +--Si. + +--¿Vais á revelaros contra el rey? + +--Si. + +--¿Ansiais beber la sangre de Aben-Humeya? + +--Si. + +--¡Oh! he buscado el crímen, y el infierno no podia habérmele presentado +mas completo, mas terrible. ¿Matareis á Aben-Humeya, vuestro pariente? + +--Aunque fuese mi hermano. + +--¡Y si yo os dijese el nombre del asesino de vuestro padre! + +--El nombre del asesino de mi padre... + +--Vuestro padre murió de hambre despues de haber sido herido por los +monfíes en una cueva de las Alpujarras. + +--¡Ah! y acaso el emir de los monfíes... + +--Es el asesino de vuestro padre..... y no solo de vuestro padre, sino +de don Diego de Válor, padre de Aben-Humeya. + +--¡Y aun no hace una hora, que el hipócrita, que el miserable me +abrazaba y me llamaba su hijo, y regaba con sus lágrimas mi semblante! + +Angélica se estremeció; su crímen era horrible; pero necesitaba +despedazar el corazon de Amina, y siguió marchando de frente al crímen. + +--¡La prueba! ¡la prueba de lo que acabais de revelarme, señora! + +--Si, os la daré clara y terminante: pero si hemos de llevar á cabo +nuestra alianza, es necesario que no nos separemos: para no separarnos, +es necesario que huyamos, para huir es necesario aprovechar los +momentos. ¿No os he dicho que me he quedado sola para estar dispuesta á +todo? + +--¡Huir! ¡huir conmigo, esta misma noche! + +--¿Os falta dinero? + +--Tengo unos cien doblones. + +--Y yo tengo joyas que valen un tesoro: joyas que he preparado para la +fuga. + +--¿Pero habeis meditado que estamos en diciembre, que tenemos que pasar +por la falda de la Sierra?... + +--¿Y quien teme al frio llevando un volcan en el corazon? + +--Luego... un viaje de algunas leguas á caballo... + +--Pero vuestro caballo es fuerte... + +--¡Oh! ¡sí! + +--¿Para llevarnos, y á mas mis joyas y mi dinero? + +--Si, indudablemente, si no es mas que lo que hay en ese cofrecillo. + +--¡Oh! pues entonces, esperad. + +Angélica, tomó la luz, dejando á oscuras á Aben-Aboo, y desapareció tras +una puerta de cristales. + +No es la oscuridad lo mejor para inspirar buenos pensamientos; parece +que hay mas bien allí donde hay mas luz. Durante el breve espacio que +Angélica tardó en volver, Aben-Aboo acabó de convertirse en un demonio, +sintió hácia Angélica un amor satánico, enteramente distinto del amor +que le habia inspirado Amina: ardió su sangre al recuerdo de su +hermosura; se inflamó su alma en un fuego sombrío al medir la +profundidad de aquella alma infame de mujer. En una palabra, Aben-Aboo +se vendió enteramente al diablo. + +Angélica volvió enteramente vestida de negro, y envuelta en un largo +manto, tomó el cofrecillo de sus joyas, puso en él las que tenia puestas +cuando llegó Aben-Aboo, cerró el cofrecillo y le entregó al jóven que le +puso debajo del brazo. Luego se asió al otro brazo de Aben-Aboo, y apagó +la luz. + +--Me habeis dicho vuestro nombre y vuestros intentos, dijo Angélica en +medio de las tinieblas, con un acento tal, que erizó los cabellos del +supersticioso Aben-Aboo. Voy á deciros el mio y mis intenciones. +Pertenezco á la familia mas ilustre de Venecia, y en la córte de las +Españas todos conocen mi nombre. Permitidme que os diga antes mis +intenciones. Quiero gozar con vos, un placer del infierno, quiero +quemaros y quemarme en ese amor; quiero morir en medio de un torbellino +de fuego levantado sobre mi venganza satisfecha. Os he llamado, y habeis +respondido á mi llamamiento. Sois mio, enteramente mio en cuerpo y en +alma, como en cuerpo y en alma soy toda vuestra. + +Y tras estas palabras, resonó, entre las tinieblas, un doble beso, +ardiente, terrible, por el que parecian haberse exhalado dos almas +condenadas. + +--Ahora, dijo la comedianta, sabed mi nombre: me llamo la princesa +Angiolina Visconti. + + + + +CAPITULO XII. + + De cómo fue la proclamacion de Aben-Humeya. + + +A la misma hora en que Aben-Aboo, desesperado se encaminaba al corral +del Carbon, en busca de Angiolina, dentro de una habitacion de una casa +situada en lo mas alto del Albaicin, se paseaba impaciente Aben-Humeya. + +Los adornos y los muebles de aquella habitacion, demostraban que la casa +pertenecia á un moro rico. + +Aben-Humeya, estaba completamente vestido á la castellana, con un trage +de terciopelo negro. + +En la casa no se oia el mas leve ruido. + +El jóven mostraba en su semblante, esa profunda preocupacion que se +apodera de todo el que está á punto de cambiar de posicion y de destino +de una manera grave y trascendental. + +Podia decirse, que las dos pasiones que de una manera mas marcada se +dejaban ver en aquella preocupacion, eran la ansiedad y el miedo. + +El jóven habia oido distintamente dar las doce en el reloj de la +colegiata del Salvador, y su ansiedad y su miedo parecieron doblarse. + +Aun duraba la vibracion de la última campanada, cuando resonó una llave +en una cerradura, se abrió una puerta, y apareció un moro completamente +vestido de blanco, cubierto el rostro con el extremo de su toca, y con +una linterna encendida en la mano. + +Aquella noche era para don Fernando de Válor, ó Aben-Humeya, una noche +de fantasmas blancos. + +--Sígueme, le dijo el moro. + +Aben-Humeya tiró de una manera resuelta tras el encubierto, que atravesó +algunas habitaciones y en el fondo de un corredor, abrió una puerta, +pasó por ella, y empezó á descender por unas estrechas escaleras. + +Aben-Humeya le siguió. + +Ya á bastante profundidad, el moro abrió otra pequeña puerta chapeada de +hierro mohoso, y tiró adelante, siempre seguido por Aben-Humeya. + +Marchaban por una estrecha mina abovedada, revestida por una argamasa +gris, dura y reluciente. + +Despues de haber recorrido una distancia como de mil pasos, el moro se +detuvo delante de otra puerta, igualmente forrada de hierro, la abrió y +empezó á subir por otras escaleras. + +Abrió al fin otra puerta, hizo atravesar á Aben-Humeya algunas +habitaciones, y al fin le dijo al entrar en un aposento circular +ricamente ornamentado y alhajado: + +--Espera aquí. + +Y cerró con llave la puerta. + +El jóven notó que sobre algunos almohadones, que constituian los +asientos de la estancia, habia ropas y armas moriscas. + +El sobresalto y la ansiedad, seguian siendo la expresion de su +semblante. + +No pasó mucho tiempo antes de que resonase una llave en la cerradura de +otra de las puertas de la estancia, que se abrió y dió paso á un hombre +grave, hermoso, noble, que llevaba vestiduras de califa, y corona de oro +en la cabeza. + +Tal era la magestad del recien entrado, que la turbacion de Aben-Humeya +creció. + +--En este momento, dijo á Aben-Humeya, se reunen en casa del Hardon, los +xeques del Albaicin y de la Vega, y los wazires, alimes y walíes de las +Alpujarras. ¿Estás dispuesto, Aben-Humeya? + +--¿Quién eres tú que te me presentas con las insignias de rey de los +creyentes, la espada de la conquista al costado, y la corona del imperio +en la cabeza? preguntó con recelo el jóven. + +--Soy el emir de los monfíes de las Alpujarras, el primo hermano de tu +padre, tu tio, contestó Yaye-ebn-Al-Hhamar, que él era. + +--¡Ah, señor! exclamó Aben-Humeya, dominado por el magestuoso aspecto de +Yaye, por su palabra, y por la conmocion misteriosa que se notaba en su +voz: ¡ah señor! ¿con que vos sois ese noble y poderoso pariente que +tanto ansiaba conocer? + +Y Aben-Humeya, se arrojó á los piés de Yaye, y asió sus manos, sobre las +cuales, como sobre las de Aben-Aboo, anteriormente rodó una lágrima del +emir. + +--Ha llegado la hora, dijo Yaye: nuestros hermanos no pueden resistir ya +el odioso yugo del conquistador y le rompen. El levantamiento necesita +un rey, y todos esos fieles creyentes que se congregan en casa del +Hardon, te aclamaran, hijo mio; pondran á tu costado la espada de la +conquista, y sobre tu cabeza la corona del imperio. + +--¿Y vos, señor? exclamó hipócritamente Aben-Humeya. + +--Cuando Granada obedecia las leyes del cristiano, cuando el emperador +don Carlos, antes, y despues su hijo don Felipe, se llamaban reyes de +Granada, yo sustentaba sobre mi cabeza, la corona de un pueblo de +valientes, que vivían y viven sueltos y libres en la montaña: esos +valientes son la esperanza del pueblo moro de Granada: sin los monfíes +nada podria hacerse: suya es la fuerza: yo he podido bien decir á los +moriscos de Granada, de Almería y del Almanzora: «héme aquí, +descendiente de reyes, que he sostenido con honra en las Alpujarras, +durante veinte años, siempre desnuda y roja en sangre infiel, la espada +de Islam; reconocedme y juradme vuestro señor y venid armados bajo mis +banderas.» Los moriscos me hubieran aclamado su emir supremo, y todas +las pretensiones de los que se hubieran creido con derecho á la corona +de Granada, hubieran quedado imposibilitadas de logro. Pero vives tú: el +Altísimo me ha negado hijos... + +--Pero te ha dado una hija que es un arcángel del sétimo cielo, señor. + +--Ya sé, ya sé, que bien quisieras ser esposo de la sultana Amina. Pero +ese casamiento es imposible. Has hablado con ella esta noche, has +firmado unas capitulaciones que ya habia yo firmado, por las que se +determina de qué manera serás rey de Granada, y el órden de sucesion de +la corona; por lo que mi hija te ha dicho, por el contexto de esas +capitulaciones, sabes que la sultana Amina es casada como tú lo eres: +que como tú tienes un hijo, la sultana tiene una hija, que si Dios no lo +impide seran esposos. + +--Y no era mejor, mas conveniente que la sultana Amina, rompiese su +matrimonio, que yo rompiese el mio... + +--Tu casamiento con mi hija es imposible, exclamó profundamente +conmovido Yaye, y daria parte de mi salvacion, porque ni aun en ello +hubieses pensado: seria provocar la justicia de Dios: no, no: y luego yo +no quiero ser cruel, no quiero romper el corazon de mi hija que adora á +su esposo; no quiero romper el corazon de la pobre Isabel de Rojas que +te ama con toda su alma. No, Aben-Humeya, hijo mio; cuanto he podido +hacer por tí, por tu engrandecimiento lo he hecho; serás rey de Granada; +cuanto pueda hacer por la gloria de tu nombre lo haré, y serás rey +vencedor. Luego, despues del triunfo, si el Altísimo en sus bondades se +digna concedérnoslo, cuando tu hijo y mi nieta, sean el uno del otro; +cuando haya asegurado sobre tu cabeza y la de tus descendientes la +corona del reino, yo que soy harto desdichado, y estoy harto cansado de +la vida, pasaré á Africa, y te dejaré dueño absoluto de tu herencia. +Entre tanto mi espada y mis consejos te son necesarios, y seré tu padre +y tu señor, mientras convenga que asi sea. No hablemos mas de esto; +vístete esas ropas, cíñete esas armas y vamos; es necesario que los que +te esperan no se impacienten. + +Aben-Humeya empezó á despojarse en silencio de su traje castellano, +sustituyéndole con el musulman. + +Hubo un momento de silencio. + +--¿Y estais seguro, señor, dijo de repente don Fernando como si hubieran +nacido sus palabras de un recelo, que no habrá quien quiera disputarme +la corona? + +--Peor para el que á ello se atreva, dijo con una autoridad llena de +confianza Yaye. + +--Sin contar con el brabío Farax-aben-Farax, que como descendiente de +Abencerrages, se dice merecedor de la corona, mi primo Aben-Aboo puede +alegar que como yo, que desciende del Profeta, y de los califas +omniades. + +--Farax-aben-Farax, es el valiente de los valientes de Granada, y +contentaremos su ambicion, y daremos entretenimiento á su valor, +haciéndole la segunda persona despues del rey; Farax será alguacil mayor +del reino[18]. Aben-Aboo es nuestro pariente, y como tal, infante de +Granada. Mi autoridad nos responde de su lealtad. Nada temas, pues, y +puesto que ya has cambiado de ropas, sígueme. + +Yaye, y Aben-Humeya salieron, y precedidos por el moro blanco que los +esperaba fuera, y alumbrados por su linterna, atravesaron algunas +habitaciones, llegaron á otra mina y al fin de ella Yaye despidió al +moro, y asiendo una mano al jóven le condujo á oscuras á una habitacion +en la que entraba una escasísima luz, por los claros de la celosía de +una ventana árabe que parecía corresponder al interior de una habitacion +iluminada. + +Yaye condujo á Aben-Humeya á la celosía. + +--Espera aquí le dijo: mira y escucha. + +Aben-Humeya apoyó su trémula mano en la columnilla de la ventana y miró +á la habitacion que se veia desde ella. + +Era extensa y magnífica; al fondo, bajo un arco labrado y dorado, se +veia un dosel real, con el escudo de las armas de los reyes de Granada; +bajo el dosel sobre dos gradas cubiertas con una magnífica alfombra, un +divan; á cada uno de los ángulos de las gradas sobre la alfombra del +pavimento general almohadones, destinados á los katibs ó secretarios: +alrededor de la estancia corría una galería de arcos, entre los cuales +pendían ricos tapices; á lo largo de estos arcos corría un divan, y mas +hácia el centro, paralelos á los divanes de los costados otros dos: +entre estos dos divanes, en el centro de la cámara, habia cuatro +almohadones superpuestos de riquísimo brocado, y sobre estos almohadones +vestiduras régias y una bandeja de oro, con una corona, y una espada +desnuda. + +Una lámpara de seda pendiente del techo iluminaba la cámara. + +Cuando Aben-Humeya se puso á observar tras la celosía, la cámara estaba +llena de moros, viejos y venerables los unos, hombres maduros los otros, +muy pocos jóvenes; hablaban con calor en corrillos y se notaba que +estaban impacientes; al fin poco despues de haberse puesto junto á la +celosía Aben-Humeya, se levantó el tapiz de uno de los arcos situados +junto al dosel y una voz sonora dijo: + +--¡El poderoso emir de los monfíes, Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar! + +Inmediatamente, un profundo silencio sucedió á la agitación anterior, +los moros se colocaron en órden junto á los asientos, los secretarios +ocuparon su lugar á los piés del dosel, y Yaye entró precedido y +seguido, de guardias wazires y walíes y ocupó el dosel: todos estaban de +pié é inclinados. + +A la derecha del dosel junto á los guardias se veian dos hombres que ya +conocemos: eran don Fernando de Válor el Zaquer, tio de Aben-Humeya, y +el faquí Abul-Hassam. + +Un poco mas allá fijando en los anteriores una mirada profunda y +recelosa se veia otro hombre como de cuarenta años, de semblante +enérgico y brabío. Aquel hombre era Farax-aben-Farax. + +Yaye estaba de pié sobre el trono. Todos los asistentes como hemos dicho +estaban de pié é inclinados. + +Reinaba un silencio profundo, en medio del cual se escuchó reposada +magestuosa y grave la voz de Yaye. + +--Buenos muslimes, dijo, creyentes del reino de Granada, héme entre +vosotros, en el momento necesario. Me habeis llamado y acudo á vuestro +llamamiento. Sentaos y escuchadme. + +Todos se sentaron; Yaye se sentó pero en una actitud valiente inclinado +hácia el concurso á quien dominaba desde su alto asiento. + +--Veo reunidos aquí, dijo paseando sus miradas por la sala, lo mas +notable del reino: el anciano y sabio Abul Ben-Eden, xeque del Albaicin, +el prudente Aben-Coraixí, la familia entera de los Homaiditas, el fiel +Hardon, los buenos y leales xeques de la Vega, y permitidme que lo diga, +el cedro del Islam, el leon de la ley, la espada de exterminio, el +valiente entre los valientes, Farax-aben-Farax el último que queda de la +generosa tribu de los Ben-Serajis[19], entre vosotros hay hombres que +han nacido conmigo, y de los cuales conoceis muy pocos: el valiente +Harum el Geniz, mi wazir, el Partal y alguno otro: los demás son mis +walíes, mis brabos walíes, los que acaudillan mis monfíes, y tienen +siempre teñidas en sangre fresca sus espadas. Veo ademas prestándonos su +ayuda el noble Aben-Jahuar-el-Zaquer, y asiste entre nosotros para +iluminarnos con su ciencia el sabio faquí Abul-Hassam. + +Detúvose un punto Yaye y luego continuó. + +--El lugar que ocupo sobre vosotros, nada significa sino que el emir de +los monfíes, que ha nacido sobre un trono, ocupa el trono que ha +sustentado con su espada: pero este no es el trono del reino, sino el +trono de las Alpujarras. El que vosotros elijais por rey, ocupará un +asiento en este trono á mi derecha, será mi hermano, y como nos habremos +sentado en un mismo divan, combatiremos juntos por la libertad de la +patria, y por el restablecimiento de la ley. Esto tenia que deciros y ya +os lo he dicho, me habeis llamado y he venido; necesitais para +levantaros mi ejército, y ya está aparejado y pronto para la pelea. +Ahora, vosotros, xeques y caballeros, tratad de lo que os pareciere +conveniente para la salud de la patria y para la eleccion del rey que ha +de gobernaros. + +Guardó silencio Yaye, y seguidamente se levantó el xeque mas anciano del +Albaicin, y apoyado en un baston dijo con la voz mas segura y robusta +que lo que se podia esperar de sus años. + +--El momento de probar si somos dignos de vivir como hombres, ó de gemir +y llorar nuestra ignominia como esclavos, ha llegado, poderoso emir, +nobles hermanos. Los capítulos que hace tanto tiempo estamos evitando +que se cumplan, van á ser al fin llevados á cabo, ¿qué digo que van á +ser llevados? ¿Acaso los alguaciles y las guardas que nos hace pagar el +presidente Deza no se atreven á entrar en nuestras casas? ¿no obligan á +nuestras mujeres á que lleven el rostro descubierto? ¿no nos vedan +nuestros baños? ¿no nos obligan á tener las puertas abiertas el dia de +viernes y los domingos? ¿Ya cuando nace entre nosotros un desventurado, +podemos celebrar la fiesta de las buenas hadas, ni ya nuestras doncellas +pueden regozijarse con las leilas y las zambras? Vienen casa por casa, +regístranlas, nos cuentan como cabezas de ganado y nos empadronan. +Llevan nuestros pequeñuelos á las iglesias y los bautizan: oblígannos á +ir á misa, cada dia, y despues de hacernos adorar figuras: despues de +predicarnos abominaciones, sacan un papel y allí nombran desde el mas +pequeño hasta el mas grande y al que falta le buscan y le prenden. ¿Pero +á qué he de repetiros lo que todos sabeis y no es necesario recordaros, +ni aun para excitar vuestra cólera que harto sublevada está contra +tantas infamias? Ya ha pasado el tiempo de las lamentaciones y llegado +es el de la venganza. Y puesto que el valiente emir de los monfíes nos +ayuda, abreviemos de pláticas y elijamos rey que nos gobierne. + +Sentóse Abul-Ben-Eden, y aprovechando su silencio Aben-Jahuar el Zaquer, +tio de Aben-Humeya, dijo con voz robusta adelantando hácia el centro. + +[imagen: Farax-aben-Farax.] + +--Sí, llegada es la hora de la venganza, pero aun no es ocioso +representar nuestras miserias á algunos que creen que aun pueden +esperarse treguas de nuestros verdugos, y ¿por qué no hemos de +justificar la causa que nos impulsa á levantarnos armados con toda +nuestra indignacion? ¿por qué no hemos de recordar la opresion en que +estamos, sujetos á letrados y legos y no menos esclavos que si lo +fuésemos? ¿Las mujeres, los hijos, las haciendas y nuestras propias +personas al arbitrio de nuestros enemigos, sin esperanza en muchos +siglos de vernos fuera de tal servidumbre, sufriendo tiranías y +tributos, y privados del asilo en los lugares de señorío y en las +iglesias, haciéndonos con esto de peor condicion que los castellanos, +pero obligados bajo pena de dinero á ir á rezar á las iglesias? Los +clérigos se enriquecen á costa nuestra, no tenemos acogida ni en Dios ni +en los hombres, los cristianos nos desprecian llamándonos moros, y los +moros nos niegan su ayuda creyéndonos cristianos: mándasenos que no +hablemos nuestra lengua cuando no sabemos la castellana, y no sabemos en +qué lengua nos hemos de expresar, ni cómo pedir las cosas; como sino se +pudiese ser cristiano hablando en arábigo, y moro hablando la lengua +castellana. Llevan á nuestros hijos á sus congregaciones y á sus +escuelas, y les enseñan artes prohibidas por nuestra ley: á cada momento +nos amenazan con arrebatarlos del pecho de sus madres y de la enseñanza +de sus padres, y llevarlos á extrañas tierras, donde olviden nuestras +costumbres y aprendan á ser enemigos de los padres que los engendraron y +de las madres que los parieron. Nos mandan dejar nuestro trage y vestir +el castellano, como si trajéramos la ley en el vestido y no en el +corazon; nuestras haciendas no bastan (tan pobres nos han dejado ya) +para comprar los nuevos trages para nosotros y nuestras familias: de las +ropas que tenemos no nos podemos valer, porque nadie compra lo que no ha +de vestir: para llevado es prohibido; para vendido inútil. Si +mendigamos, nadie nos socorre como á pobres, porque somos pelados como +ricos. Nuestros pasados quedaron tan pobres en las guerras contra +Castilla, que, cuando casó su hija el famoso Alí-Athar, alcaide de Loja, +pariente de algunos de los que aquí nos hallamos, se vió en la necesidad +de buscar prestados vestidos para la boda. Nos privan del servicio de +los esclavos negros y no nos permiten los blancos. Los habiamos comprado +criado y mantenido, y nos vemos sujetos á otra nueva pérdida. ¿Quién +nos servirá? ¿qué haremos, cuando á nuestras hijas y á nuestras mujeres +que van con los rostros cubiertos á servirnos y á proveer de lo +necesario sus casas se las manda descubrir los rostros? Son vistas y +codiciadas y requeridas, y la deshonra penetra entre nosotros, y no se +sabe cuál es la que da ocasion á la avilantez de los codiciosos. Nos +obligan á tener las casas abiertas, para que pueda entrar á todas horas +el ladron, el impuro, el adúltero. Nos quitan la alegría de nuestras +fiestas y nos prohiben los baños, que son la salud y la limpieza de +nuestras mujeres: las veremos en nuestras casas, tristes, sucias, +enfermas, donde tenian la limpieza por contentamiento y por vestido[20]. +¿Y queréis que no recordemos tales injurias? ¿quereis que no digamos á +cuanto somos obligados por nuestra patria y por nosotros mismos? + +[imagen: Reunion de los moriscos para elegir rey.] + +--Lo que queremos, dijo Farax-aben-Farax con arranque, no es que se nos +diga, lo que todos sabemos, lo que todos sentimos, por que lo tenemos +delante de los ojos. Lo que queremos son menos palabras y mas obras: +veinte años y mas llevamos de hablar, y de gemir, y de rescatar con oro +nuestra servidumbre: ¿será que ahora tambien ha de quedarse todo en +palabras? + +--¡Acuérdate Farax! dijo con voz grave Yaye: ¡acuérdate! hace veinte y +dos años, subieron al Albaicin, el capitan general con sus banderas, la +Chancilleria con sus oidores, el ayuntamiento con sus veinticuatros, la +Inquisicion con sus frailes: la ciudad estaba llena de soldados y de +piezas de artillería; un pregonero nos leyó su edicto, cuyos capítulos +nos llenaron y nos llenan de indignacion: hasta entonces, aunque aquel +edicto era ya antiguo, no se habia cumplido. Tú y yo, y muchos de los +que aquí estan, y muchos que han pasado ya de esta vida, oimos en +silencio, transportados de cólera aquel pregon infame: entonces... +¡acuérdate! yo, apenas habian salido de la Plaza Larga, los tiranos, +llamé al pueblo á la insurreccion: entonces ¡acuérdate, Farax! entonces, +dijiste tú: ¡no tenemos armas! entonces un noble anciano, el padre de +los moriscos del reino, el noble Abd-el-Gewar, que ya no existe, dijo: +¡Tenemos oro! los jóvenes tenian miedo; los viejos apelaban al dinero, +para entretener con la codicia de los cristianos el cumplimiento del +edicto. Yo comprendia demasiado aunque jóven, que no haciamos mas que +dar largas á la tiranía, que el oro acabaria por concluirse y que seria +tarde cuando apelaramos al hierro. Mis temores de entonces se han +cumplido: nuestros hermanos, nuestras mujeres, nuestros hijos, han +sufrido veinte y dos años de martirio inútil, durante los cuales el +vencedor ha aprendido la manera de aterrarnos y el modo de combatirnos. +Solo yo, solo los valientes que han vivido conmigo en la montaña, no +podemos acusarnos de haber contribuido á las desgracias de la patria con +nuestro apocamiento, con nuestra cobardia. + +--¡Nos llamas cobardes! exclamó cerrando los puños y lívido de cólera +Farax-aben-Fraax. + +--En una sola ocasion, continuó Yaye, sin dar muestras de haber notado +el furor de Farax, pretendisteis alzaros: yo era el capitan del +alzamiento: mi padre venia en socorro de Granada por los desfiladeros de +la sierra; vendidos por una traicion miserable los monfíes, mi padre +murió peleando por vosotros, y vosotros al saber que quedábais solos, +temblásteis de espanto y corrísteis, arrojando las armas, á esconderos +en vuestras casas. + +Levantóse un murmullo de disgusto. + +--Por mas que os pese, digo la verdad, continuó con energía Yaye +levantándose del divan; y testifican esa verdad los veintidos años de +ignominia que han pasado para vosotros. Yo lo he sacrificado todo por la +patria; yo he herido en el corazon al rey de España, y para herirle me +he herido á mí mismo: yo os he incitado contínuamente al levantamiento, +y vosotros habeis contestado siempre á mis excitadores: ¡tenemos oro! +¡os habeis arrastrado humildes ante el Presidente, ante el Capitan +general! ¡os habeis llamado fieles vasallos del rey de España, habeis +confesado la religion de los cristianos, habeis poblado sus iglesias, y +no habeis preferido á tanta humillacion, á tanta deshonra, el ir á vivir +entre las breñas donde viven mis monfíes, cambiando con el cristiano, +como ellos, hierro por hierro, sangre por sangre! + +Callaban todos dominados por la voz tonante de Yaye. + +--Al fin me habeis llamado, continuó este despues de un momento de +silencio: al fin habeis recurrido al último extremo: á la guerra, cuando +ya no teneis oro, cuando los ministros del rey de España os despedazan +despues de haberos chupado: no teneis oro, ni armas... + +--Pero tenemos sangre, emir, contestó levantándose con una energía +superior á sus años el viejo Abul-ben-Eden. + +--Me habeis llamado y he venido, continuó Yaye; no teneis oro ni armas: +pero acaba de decirlo el noble Abul-ben-Eden: teneis sangre. Yo tengo +tesoros y soldados: tesoros inagotables, soldados fuertes como robles y +bravos como leones. He sacrificado mucho por la patria, mi corazon está +desgarrado, muerta mi esperanza, pero me queda aun mas que sacrificaros +y os lo sacrificaré. Yo bien pudiera deciros: soy vuestro rey: sé que me +elegiriais sin dudar, pero no quiero que se crea mi ayuda interesada: os +prevengo que sera inutil que me elijais por que no habrá poder humano +que me haga aceptar: muchos de vosotros me conoceis y sabeis que mi +voluntad es firme como una roca. Elegid, pues, á otro. Pero antes, y +como sé que hay algunos que aspiran á la corona de un reino que aun +existe, que es necesario conquistar, quiero deciros el estado en que se +encuentra España en estos momentos, las fuerzas con que contamos y lo +funesta que seria para la patria una division entre nosotros. España +esta amenazada por todas partes: recela de Inglaterra, es enemiga de +Francia, combate en Flandes y en Italia. El rey no tiene ni dineros, ni +galeras: sus ejércitos no bastan para sus cuidados; la gente es valdia y +floja por mal pagada, las galeras estan mal armadas, y los capitanes y +cabos del ejército disgustados: Europa entera se conmueve bajo una +terrible lucha religiosa, en que combaten los católicos con los +sectarios de Lutero: por otra parte crece el poder del gran Selim II, +que nos ayudará con todas sus fuerzas, y los corsarios de Africa +llenaran el mar delante de nuestras costas: si nos unimos, si marchamos +todos como hermanos contra los ejércitos del rey de España, las +Alpujarras seran para nosotros, lo que fueron en otro tiempo las +montañas de Asturias para los cristianos: si unidos desplegamos todas +nuestras fuerzas, si obedecemos á una sola voz, si caemos sobre Granada +y la entramos (que no es difícil), al ver nuestros pendones clavados en +el alcazar de la Alhambra, al contemplarnos honrados por el triunfo, +nuestros hermanos de Africa y de Constantinopla se prestaran á +ayudarnos, y formidables ejércitos inundaran la España, é innumerables +galeras cubriran los mares: pero si les damos la muestra con nuestras +divisiones de una guerra oscura, sin triunfos, llevada de breña en +breña, y de valle en valle, nos abandonaran á nosotros mismos, que no +podremos resistir á los ejércitos de España: sino hemos de luchar como +debemos, mas vale que nada hagamos: si hemos de ser esclavos, seámoslo +sin irritar con la resistencia á nuestros enemigos. Es cuanto tenia que +deciros. Elegid rey. + +--En otros tiempos, dijo Aben-Jahuar el Zaquer, cuando era necesaria una +eleccion, nuestros abuelos consultaban á los sabios, á los alimes de +Dios, y el Altísimo por medio de ellos, expresaba su voluntad: ¿por qué +no hemos de hacer ahora lo mismo? + +--¿Y quién es el sabio, que nos ha de decir la sentencia de las +estrellas, dijo con sarcasmo Farax-aben-Farax? + +--Entre nosotros hay un hombre de Dios, dijo uno de los parciales de +Aben-Jahuar. + +--¿Y quién es ese hombre? dijo Farax. + +--El sabio Abul-Hassam, el faquí. + +Al escuchar este nombre, que era muy respetado por el fanatismo de los +moriscos, se escuchó un murmullo de respeto. + +Farax conoció que estaba vencido y calló. + +Abul-Hassam comprendió que estaba ayudado por la situacion y adelantó +grave y mesurado, cruzados los brazos, ocultas las manos en las anchas +mangas de su caftan, y con la cabeza inclinada. + +--Yo veo tres gigantes, á quienes siguen otros mas pequeños: dijo +despues de algunos segundos de silencio: el primero es el rey de España: +el segundo, representa á las gentes de iglesia; el tercero á las gentes +de justicia; los restantes á las gentes de guerra, rapaces y +aventureras. Estos demonios, castigaran al mundo con sus crueldades y +tiranías, hasta que el Altísimo permita que se levante en frente de +ellos, armado de armas resplandecientes, un rey poderoso, que seguirá la +ley del enviado Profeta de Dios: y este rey será el que está contenido +en esta profecia escrita en metros por el sabio Tauca el Hamema, cuyo +nombre significa _pecho de la paloma_, comparando su hermosura y +elegancia, con la hermosura de los colores del pecho de esta ave. + +Y Abul-Hassam, sacó un largo pergamino que desenrolló, en el cual leyó +lo siguiente: + +«En el nombre de Dios piadoso y misericordioso. + +»Las alabanzas sean á Dios solo, que no hay otro sino él. + +»Oid lo que dijo el Altísimo á su escogido: + +»Cuando viéres las mujeres correr tras los hombres, sin empacho ni +vergüenza, + +»Y creciere el logro y lo mal ganado en los hombres, + +»Y tomaren por ley la injuria y los homicidios, + +»Y se multiplicase la inobediencia de hijos á padres; + +»Cuando vieres abatido al buen creyente, y ser los sabios perseguidos +hasta servir á los malos; + +»Cuando viéres poblados todos los encuentros de tu casa de lo ilícito y +mal ganado, + +»Y desamparares á tu hermano y obedecieres á tu amigo; + +»Cuando viéres la madre caduca ganar con sus hijas entre los hombres, + +»Y salir el hijo de la obediencia de su padre y obedecer á su mujer en +todo negocio; + +»Cuando viéres las pinturas prohibidas en los templos, + +»Y las mujeres entregadas á todo linage de licencias, + +»Y los hombres de religion vivir en ricos y suntuosos edificios, + +»Y los temerosos de Dios solos como huérfanos, + +»Y los malos con las cabezas mas altas y duras que las aplomadas +tierras; + +»Cuando viéres las colas preceder á las cabezas, y el amigo muy allegado +negar al amigo, y no osarse fiar el hombre de aquel con quien se junta; + +»Cuando viéres empobrecer la gente liberal, y enriquecer y subir los +avarientos, + +»Y las manos liberales hacerse duras y crecer el número de los +mendigantes; + +»Cuando viéres la ley desamparada y sus secuaces tan pocos como lunares +blancos en cabellos prietos, + +»Y los hombres hechos lobos, cubiertos con vestiduras de hombres, + +»Y que el que fuese lobo, comerá con los lobos, y que el que no fuere +lobo será comido por los lobos; + +»Y cuando viéres crecer las discordias entre hermanos, y ser las lluvias +sobre la tierra pocas; + +»En este tiempo será el fin del imperio puesto entre los dos mares. + +»Y gentes soberbias y duras, correran como el fuego sobre aquel imperio, + +»Y no dejaran campo que no talen, ni aldea que no abrasen, ni ciudad que +no derroquen; + +»Y los que con sus pecados habran dado causa á la cólera del Altísimo, + +»Desamparados por él, pararan en servidumbre, y en envilecimiento y en +angustia. + +»Cadenas oprimiran sus cuellos, y veránse despojados de cuanto tuvieren, + +»Y vilipendiados en sus mujeres, y abandonados de sus hijas y azotados +en el rostro de sus padres. + +»Quitarles habran sus templos, y mudaránles las leyes, y enmudeceran sus +lenguas que no podran pronunciar el habla de sus padres. + +»Resistiran y seran vencidos; se quejaran y seran apretados. + +»Sus hijos seran llevados lejos de ellos y criados en otros dioses; + +»Sus dias seran de sombra, y sus noches de quebranto. + +»Y durará esta miseria muchos años. + +»Y mandará Dios salir en el Poniente un rey tirano, que lo atajará y lo +sujetará todo; + +»Y su vista no tendrá señal de vista humana, y maltratará y juzgará con +toda maldad á las gentes, + +»Y entre sus manos pereceran los moros del Poniente con todos sus +bienes. + +»Y el Andalucía quedará huérfana negra y oscura, hasta que aparezca un +rey en quien no habrá falta. + +»Rey hijo de rey será, y vendrá á Granada, la cándida y la clara, donde +le diran: + +»Vos sois nuestro rey y nuestro gobernador forzoso. + +»El cual subirá con sus ejércitos y estandartes á los alcázares de la +Alhambra, y allí estará algunos dias encubierto: + +»Y desde allí conquistará muchas y muy grandes fortalezas, climas y +provincias, + +»Y vereis pujante el cetro y la corona de los moros. + +»Poseerá este rey á Sevilla, y tomará noventa ciudades á los herejes; + +»Y todas las ciudades del Poniente seran dichosas bajo la corona de este +rey. + +»Siete años durará esta guerra victoriosa; + +»Y el rey de los creyentes alcanzará al cabo de este tiempo al rey de +los infieles, + +»Y le combatirá y le matará. + +»Y sobre la frente de este rey maldito se leerá: _tiranizó y pecó_. + +»Y el valiente rey que cumplirá todas estas maravillas, pasará sus +primeros años encubierto bajo un humilde nombre. + +»Y será bautizado y hereje de su ley; + +»Y para que podais conocerle mejor, este mozo será descendiente de la +santa familia del Profeta; + +»Y sus abuelos habran sido califas de Damasco y de Córdoba: + +»Y el astro esplendoroso de los Omeyas lucirá sobre su frente y le dará +victoria. + +»Y en el tiempo en que este mancebo sea reconocido y encumbrado, los +árboles llevaran abundantes frutos, + +»Y los agostos del pan seran mas ricos en los montes frios y en las +costas; + +»Y las abejas llenaran sus colmenas de miel en este año bendito; + +»Y la entrada de este año será en sábado; + +»Y el ángel Miguel y el ángel Gabriel bajaran sobre el Andalucia con la +espada de la justicia de Dios. + +»Glorifiquemos y alabemos al Señor Altísimo y Unico. + +»El levanta y abate los imperios: él da la vida y da la muerte; él es la +luz y él la sombra. + +»Glorifiquémosle y confesémosle: no hay otro Dios sino Dios. + +»Roguemos á su escogido Mahoma y por el amor que Dios le tiene, el +enviará sobre los tiranos su castigo en todo extremo y su rigor.» + +Calló Abul-Hassam y extendiendo el pergamino y mostrándolo á los +circunstantes que guardaban el mas profundo silencio, dijo: + +--Esta es la profecía de Tauca-el-Hamema, el sábio y el justo: vedlo: +aquí está escrito lo que os he leido. + +--¿No dice esa profecía, exclamó Yaye, que el rey que ha de libertarnos, +rey hijo de rey, será descendiente de la santa familia del Profeta, +nieto de los califas de Damasco y de Córdoba, y que vivirá entre +nosotros encubierto y hereje de su ley? + +--Si, dijo Abul-Hassam; eso dice la profecía. + +--¿Y no veis cumplido claramente su pronóstico, sabios y caballeros, en +Aben-Humeya, que ha llevado entre los cristianos el nombre de don +Fernando de Válor? + +--¡Si! ¡si, si! dijeron todos los parciales de Aben-Jahuar-el-Zaquer: + +--¿Cuanto oro te han dado por ese _jofor_[21] embustero? dijo +Farax-Aben-Farax adelantando lleno de cólera hácia el faquí. + +--La palabra de Dios ha resonado entre nosotros, dijo con acento solemne +Abul-ben-Eden, levantándose: ¿quién es el imprudente que se atreve á +blasfemar de la palabra de Dios? + +--¿Y qué crédito puede mereceros un artificio que cualquiera puede haber +inventado? + +--¡Esta es la profecía de Tauca-el-Hamema! exclamó con acento indignado +el faquí: ¡hay del impío que blasfema de los profetas de Dios! + +--El reino es libre para elegir su rey, Farax-aben-Farax, exclamó el +emir bajando de su trono: y mientras yo lleve espada al costado, nadie +se atreverá impunemente á contrariar la voluntad del reino. ¿Hay alguno +que se atreva á imponernos aquí su voluntad? + +Todos callaron. + +Yaye revolvió en torno suyo una mirada amenazadora, que acabó por +fijarse en Farax. Este se hizo atrás murmurando sordamente como un +mastin á quien su amo arrebata de los dientes una presa, y le amenaza +con un palo. + +Yaye volvió al diván. + +--Puesto que ya habeis oido esa profecía; puesto que estais decididos á +elegir rey, consultad entre vosotros; escribid cada uno en un papel el +nombre del elegido, y entregad ese papel doblado á los secretarios. + +Todos se levantaron y se dividieron en grupos; Yaye hizo á Farax señal +de que se acercase. + +El tremendo morisco se acercó hosco y sombrío, y Yaye estuvo hablando +con él largo tiempo en voz baja. + +--No es la ambicion la que me mueve, dijo al fin Farax, sino el amor de +la patria; pero puesto que quieres que Aben-Humeya sea rey de Granada, +sealo en buen hora: Dios quiera que no te arrepientas tarde, emir. + +Y tomando un papel, escribió en él el nombre de Aben-Humeya, le dobló y +le entregó á un secretario. + +Despues, cada uno de los moriscos y de los monfíes, fue entregando su +voto, y cuando se contaron, se vió que todos habian votado; cuando se +abrieron los papeles se encontró escrito en todos el nombre de +Aben-Humeya. + +Poco despues, buscado el jóven por su tio Aben-Jahuar-el-Zaquer, fue +traido á la cámara, revestido de las vestiduras reales, y proclamado rey +con las mismas ceremonias que vimos al principio de este libro proclamar +á Yaye emir de los monfíes en el alcázar subterráneo de las Alpujarras. + +El primer acto de soberanía de Aben-Humeya, fue nombrar alguacil mayor +del reino á Farax-aben-Farax, y capitan general _de sus ejércitos_, á su +tio paterno Aben-Jahuar-el-Zaquer. + +Aquella misma noche, Aben-Humeya partió acompañado de sus parciales á +las Alpujarras. + +Aquella misma noche tambien, partieron á la montaña, Yaye, Amina y los +monfíes. + + + + +CAPITULO XIII. + + Cómo estaba gobernada la villa de Cádiar. + + +La villa de Cádiar está situada entre lo mas montañoso de las +Alpujarras, sobre una vertiente. + +Esto no impide que los terrenos, colinas y montañas que rodean á esta +villa sean muy fértiles, siendo ademas recomendable esta poblacion, por +la pureza y salubridad de sus aires y de sus aguas. + +Hoy la tal villa es un poblacho feo, de reducido vecindario, albergado +en algunas casas ennegrecidas, agrupadas alrededor de una iglesia +situada en lo mas alto y deteriorada y fea. + +Cádiar ha perdido mucho de su antigua importancia; por mejor decir: lo +ha perdido todo. + +Pero en el año de 1568 era otra cosa. + +Solo habian pasado entonces setenta y seis años desde la conquista de +Granada, y aquella terrible catástrofe para los moros, que los habia +sujetado al fin bajo el yugo de los cristianos, sus enemigos, en toda la +extension de España, habia determinado el apogeo, la riqueza, no solo de +Cádiar, sino tambien el de las demás villas y lugares de las Alpujarras. + +Esto se explica facilmente: del mismo modo que el vencido +Muley-Abd'-Allah-al-Ssagir-el-Zogoibi[22], mas vulgarmente conocido por +Boabdil, al trasladarse á Andarax, despues de haber entregado la +Alhambra y los castillos de Granada á los reyes don Fernando y doña +Isabel, llevó consigo á aquel destierro, donde estuvo dos años, gran +parte de su córte y de sus caballeros: otros muchos nobilísimos y ricos +musulmanes, con sus familias, esclavos y tesoros, se habian trasladado +de Granada, á esta, ó á la otra villa de las Alpujarras, pretendiendo de +este modo robarse en parte á la vista de los aborrecidos vencedores, y +esta gente acostumbrada á la riqueza y á la molicie de sus alcázares, y +á la frescura y frondosidad de los jardines que habian dejado en la +ciudad perdida, embellecieron para hacer mas cómoda su residencia en +ellas, y aumentaron la poblacion y la riqueza de las villas á que se +habian acogido. + +Cádiar habia sido una de las villas mas favorecidas por esta especie de +inmigracion; muchas familias poderosas se avecindaron en ella, y con una +rapidez maravillosa, fueron desapareciendo las casas pobres y antiguas, +para dar lugar á otras mas bellas y mejor proporcionadas; construyéronse +algibes; convirtiéronse en amenos cármenes las laderas de la montaña, +estableciéronse en sus plazas mercaderes, creció el tráfico y el dinero, +y al cabo, la antes casi insignificante villa, se convirtió en una +poblacion importante, rica, populosa y considerada, llegando á tal +punto, que el capitan general de la costa y reino de Granada, en vista +de la aglomeracion en aquel lugar, de tanta gente recien conquistada y +mal sujeta al yugo, creyó oportuno establecer en la villa un presidio de +soldados, y uno de esos rígidos é inflexibles corregidores que son +capaces de ahorcar hasta á su sombra. + +A mas de esto, habia en Cádiar parte de una compañía de arcabuceros, +cuyo resto estaba dividido entre las villas de Válor y Yátor. + +El capitan de esta gente de guerra, que pertenecia á los presidios del +reino y córte de Granada, era nuestro antiguo conocido el marqués de la +Guardia, á quien, como recordaran nuestros lectores, habia procurado su +tio, don César de Arévalo, este oficio de capitan, para que se +mantuviese con su sueldo, no siempre pagado con exactitud, á falta de +las pingües rentas de su marquesado que sabemos estaban empeñadas. + +Un capitan de infantería de aquellos tiempos, era mucho mas considerado +que en los nuestros, y para llegar á este empleo, era necesario haber +servido mucho y bien, ser ya viejo, ó gastarse sendos doblones para +levantar á su costa una compañía. Fuera de estos dos casos, solo podia +ser capitan un jóven, por su título y su nobleza: como si dijéramos: en +premio á los servicios de sus antepasados. + +En este caso se encontraba el marqués de la Guardia, que era demasiado +jóven para capitan, no mediando favor ó méritos heredados, y demasiado +arruinado para poder gastar un solo doblon. + +En cambio era valiente hasta la temeridad, y se hacia respetar y +obedecer ciegamente de sus soldados, en las pocas ocasiones en que se +encontraba entre ellos. + +Y decimos las pocas ocasiones, porque tal estaba la disciplina militar +en aquellos tiempos, que la gente de sueldo ensanchaba cuanto podia y +aun mas de lo que podia el círculo de su licencia: singularmente los +capitanes iban de acá para allá y residian donde mejor les parecia, +dejando encargado el mando á su teniente. + +El marqués de la Guardia, que, como sabemos, buscaba desalado á _su +Esperanza_ sin lograr encontrarla, residia la mayor parte del tiempo en +Granada, yendo muy pocas veces á su presidio, y aun asi morando +alternativamente en Cádiar, en Válor ó en Yátor. + +En Cádiar estaba la bandera de la compañía, y con ella un teniente +soldadote y aventurero, que quedaba encargado del mando en ausencia del +marqués. + +Este teniente, pues, venía á ser en Cádiar, la segunda potencia despues +del corregidor. + +Ademas de estas autoridades que llamaremos temporales, habia otra +autoridad que llamaremos espiritual: el beneficiado de la iglesia +parroquial de la villa. + +Este eclesiástico era un varon duro, irascible y terriblemente fanático; +su fanatismo era para aquel pueblo de moriscos mal convertidos, tan +fatal como las arbitrariedades del corregidor, y las licencias del +teniente del marqués de la Guardia. + +El corregidor se llamaba el licenciado Lope Gutierrez, vivia de los +derechos que le daba su vara, no siempre recta é inflexible, y en cuanto +á calidad, tan tenebrosa era su procedencia, que solo se sabia de él, y +esto por el dicho de algunas lenguas murmuradoras, que habia sido +escolar sopista en Salamanca. + +El teniente se llama Cristóval de Belorado, era hidalgo y valiente, pero +hombre licencioso y cruel, que abusaba contra los pobres moriscos de la +fuerza que únicamente se le habia dado para sostener la justicia. + +El beneficiado se llamaba Juan de Ribera; trataba severísimamente á sus +feligreses, y á pesar de su rigidez y de sus pretensiones de santo, no +les daba el mejor ejemplo, teniendo en su casa á una mocetona de +veinticinco años, desenfadada y hermosa, que se llamaba Mariblanca, +morisca convertida, que despues de algunas negras aventuras, habia ido á +servir á su casa al eclesiástico. + +De modo que, la villa estaba encerrada dentro de un triángulo terrible: +el rey, la religion, y la justicia, tenian por representantes en ella, +tres corazones de pedernal. + +Las moriscas que escapaban de la soldadesca, iban á dar en los +alguaciles, entrando por último á la parte el sacristan maese Barbillo, +especie de bribon con sotana, que sabia ser lo suficientemente hipócrita +para que el señor beneficiado le creyese un casi santo, y diese el mayor +asenso á las acusaciones de impiedad que fulminaba el sacristan contra +todos aquellos que no reconocian su influencia. + +El teniente, dejaba á título de rebeldes á aquellos que tenian la +desgracia de querer emanciparse de sus tropelias; el corregidor, +multaba, encerraba, atormentaba y ponia á la vergüenza, siempre con +pretexto de una infraccion de las pragmáticas, á aquel contra quien, por +cualquier fútil motivo, habia contraido ojeriza; por último, el +licenciado Ribera, por las sugestiones del sacristan unas veces, por su +exagerada severidad religiosa otras, afligia á aquella pobre raza +vencida. + +El teniente los apaleaba; el corregidor los multaba y los prendía; el +beneficiado, á pretexto de irreligion, solia quitarles sus hijos menores +de diez años, para enviarlos á los hospicios del rey, donde debian +aprender á ser buenos cristianos. + +Lo que decimos, pues, de Cádiar, podriamos decir de cualquiera de las +demás poblaciones de las Alpujarras; no tenian seguridad personal, ni +hacienda ni familia, propiamente dicho: eran esclavos. + +¿Y por qué no huian de aquella region maldita? + +Porque en cualquiera de los lugares comprendidos en los dominios del +cristianísimo rey don Felipe el II, hubieran sido tratados de la misma +manera. + +Podían haber pasado á Africa, pero sucedia con frecuencia, que despues +de haber vendido sus propiedades, y embarcádose con su dinero y alhajas, +eran robados por los patrones de los barcos, y, lo que era peor, +arrojados al mar para que no pudiesen querellarse del robo. + +Asi, pues, preferian vivir miserablemente labrando la tierra donde +habian nacido, y practicar las industrias en que eran tan +sobresalientes, entre las demasías de los cristianos. + +Con tantas causas, con tan repetidos vejámenes, estaban dominados por un +profundo disgusto y predispuestos á la insurreccion por cien fatales +elementos. + + + + +CAPITULO XIV. + + El licenciado Juan de Ribera. + + +Era el jueves 24 de diciembre de aquel año, tres dias despues de la +proclamacion de Aben-Humeya. + +Era muy de mañana: despues de haber celebrado la misa de alba, y +mientras maese Barbillo le desnudaba de los ornamentos, el licenciado +Ribera, dijo al sacristan lego: + +--Ireis inmediatamente casa del señor corregidor, que con sus alguaciles +y gente de justicia esté esta misma mañana á la hora de las once en la +iglesia. + +--Se lo diré, contestó con voz gangosa y humilde Barbillo. + +--Ireis despues á la posada del señor marqués de la Guardia... + +--El señor marqués hace dias que anda fuera de la villa, observó el +sacristan. + +--Pues á falta del marqués, ireis á la posada de su teniente el señor +Cristóval de Belorado, y le direis que con su bandera y sus hombres +vestidos de gala, venga asimismo á las once. + +--Se lo diré, repitió con la misma mansedumbre Barbillo. + +--Ireis luego al convento de los frailes de San Francisco, y direis al +guardian, que de órden del Santo Oficio de la Inquisicion, venga con su +comunidad y estandarte; despues avisareis á los clérigos de la iglesia; +hareis que se vistan los monaguillos, sacareis la cruz y los ciriales de +plata, la capa pluvial de brocado de tres altos, y el alba de encajes de +Flandes. + +--¡Ah! ¡viene la Santa Inquisicion á la villa! dijo con acento de queja +maese Barbillo: y vea vuesamerced, señor licenciado: yo no sabia nada. + +--Ni yo mismo lo sabia hace una hora: como que aun era de noche cuando +llamaron á la puerta; asomóse á la ventana Mariblanca, y un alguacil del +Santo Oficio que se habia adelantado, la dió para mí cerrada y sellada, +esta órden del Santo Oficio. + +Y el beneficiado sacó de su bolsillo un papel grueso y basto, doblado en +forma de pliego, sobre el cual se veia en cera verde, la cruz de Santo +Domingo, sello de la Inquisicion. + +El sacristan acabó de doblar pausadamente una riquísima alba, la guardó, +tomó el papel que el beneficiado le entregaba, y sacando una caja de +cuero, y de ella unas enormes antiparras, leyó, tarda, pesada y +malamente el escrito, á pesar de que su letra era gorda y perfectamente +legible. + +--¡Ah! dijo devolviendo el pliego al beneficiado: ¡el señor inquisidor +de la Suprema, Molina de Medrano, viene á la visita! no esperaba yo tan +pronto al Santo Oficio. + +--¿Qué quereis buen Barbillo? la depravacion de las costumbres cunde +entre esos desdichados moriscos: no hay medio de apartarles de sus +zambras, de sus impuras fiestas de bodas, de sus baños y de sus torpes +placeres: será necesario que su magestad se deje de contemplaciones, y +haga cumplir á todo derecho, y con una severidad, que nunca será +sobrada, la pragmática de su nobilísimo y piadoso padre el gran +emperador don Carlos. ¡Fuera! ¡fuera esas fiestas malditas! ¡fuera esas +costumbres reprobadas! ¡fuera el misterio con que cierran sus puertas +para que no veamos sus impurezas! ¡que el rigor los haga cristianos, ya +que no bastan las persuasiones y el consejo humilde! ¡el hierro y el +fuego! De otro modo, el dia menos pensado, el dia en que menos la +esperemos, tendremos que lamentar una desdicha. ¡El hierro y el fuego +para los rebeldes y los descreidos! + +Y la voz del tremendo sacerdote tronaba: y el funesto fuego del +fanatismo lucia en sus ojos en una chispa sombría. + +--¡Ah! ¡ah! dijo untuosamente el sacristan: pues yo creia que el Santo +Oficio apresuraba su visita por otro motivo. + +--¿Y qué motivo puede ser ese? preguntó con severidad el licenciado; +¿motivo que yo no conozco, cuando me lo anuncias con tanto misterio? + +--¡Hum! dijo flemáticamente el sacristan: ese motivo es un hombre. + +--¿Un hombre que vive en el pueblo? + +--Hé ahí lo que yo encuentro de malo: que no vive en el pueblo ni se +sabe donde, ni quién es, ni á que viene. + +--¿De quién quereis hablar, maese? dijo el beneficiado, fijando sus ojos +grises con una fijeza extraordinaria en el sacristan. + +--Hablo de un hombre que, por su talante, parece un gran caballero, que +viene de noche al pueblo en un caballo que da envidia el verlo, se mete +en el meson Alto, y cuando ya es la queda, sale sin saberse á donde va. + +--Debiais haberme avisado. + +--Vuésamerced se hubiera quedado con el deseo de saber á donde iba, ó +qué venia á hacer porque... + +--¿Por qué? + +--Porque yo le seguí una noche, y al ir á entrar en la plaza, se volvió +aquel hombre y me dijo con una voz que me puso espanto:--«Vuélvete sino +quieres que te envie á cenar con el diablo.» + +--¡Ah! ¡eso os dijo! ¿y por qué no me dísteis cuenta para que yo se la +hubiera dado al corregidor? + +--Bien hecho hubiera estado, pero perdóneme vuesamerced; es el tal +hombre tan grave de suyo, parece tan principal, que yo quise saber antes +si tenia agarradero, no fuese que vuesamerced, que en nada repara, +cuando de estas cosas se trata, se pusiese en contingencia de un +peligro. ¿Qué sabe nadie lo que es un hombre á quien no se conoce? + +--Adelante, adelante, maese Barbillo. + +--A la noche siguiente me puse en acecho tras una esquina del meson +Alto, acompañado del organista y del barbero, que, como sabe vuesa +merced han sido soldados, y de los buenos de los tercios viejos: cada +uno llevaba una espada y una ballesta; para que no nos sintiera, porque +el asunto no era prenderle, sino saber á donde iba, y sacar por el hilo +el ovillo, nos habiamos calzado abarcas. Dió la queda; rechinó la puerta +del meson y salió nuestro hombre embozado en una capa negra. Dios me +perdone, si miento al decir, que al pasar por delante del cristo de la +Caba honda, ni se descubrió, ni aun se persignó. + +--¡Hum! dijo el beneficiado, acabándose de arreglar los manteos y +encasquetándose el bonete. + +--Dejámosle pasar un trecho adelante, y nos pusimos en su demanda á +larga distancia, por temor de ser vistos, aunque la noche era oscura, y +recatando nuestros pasos para no ser oidos. Pero ¡bah! ese hombre debe +de ser el diablo. + +--Suelto anda el enemigo entre estas gentes condenadas: pero seguid, +maese, seguid. + +--Digo que debe de ser el diablo, porque nos sintió, nos vió, se vino +para nosotros, y... mire vuesamerced, exclamó en acento entre dramático +y dolorido el sacristán, levantándose la manga de su balaudran y +mostrando al beneficiado un cardenal lívido y enorme. + +--¡Os maltrató! + +--Sin hablar una palabra; y lo que es mas: al organista le rompió la +cabeza, y al barbero un brazo. + +--¿Y quién os manda, mentecatos, poneros en seguimiento de quien no +conoceis? dijo una voz sonora á la puerta de la sacristía. + +Estremecióse todo al escuchar aquella voz maese Barbillo, y el +beneficiado, con gran asombro del sacristan, salió solícitamente al +encuentro del desconocido y le estrechó las manos con un ardor +completamente en contradiccion con la frialdad que, segun su aspecto, +parecia la base de su carácter. + +--¡Ah, señor don Alonso! exclamó, ¡vos al fin en mi iglesia! + +--Perdonad, pero necesitamos quedarnos solos, dijo con gravedad aquel +caballero, que no era otro que el emir de los monfíes. + +Antes de que el beneficiado mandara salir al sacristan, este se apresuró +á escurrirse: saludó profundamente á Yaye, le lanzó una recelosa mirada +de lobo escarmentado y salió murmurando: + +--Bien pensaba yo, cuando pensaba que un hombre á quien no se conoce, +puede ser muchas cosas. Pero yo sabré quien es ese hombre. + +Esto significaba que no conociendo el sacristan á Yaye, nadie lo conocia +en Cádiar. + +Entre tanto el beneficiado se deshacia en cumplidos con su visitante. + +Desde el momento en que Yaye, al entrar en la sacristía, fijó su mirada +en el licenciado, produjo en él el singular milagro de borrar de su +semblante la austeridad, y de matar en sus ojos la sombría y dominadora +mirada del sacerdote ascético y fanático: parecia que donde estaba Yaye, +solo podia haber un semblante grave; solo una mirada inflexible; su +semblante y su mirada. + +--Vengo á veros para dos negocios importantísimos, señor licenciado, le +dijo. + +--Si quereis, contestó el beneficiado, subiremos á mi casa y nos +encerraremos. + +--No, no por cierto; retirémonos á aquel rincon de la sacristía y allí +estaremos bien. + +Y Yaye se dirigió á un escaño situado al fondo de la sacristía, adonde +le siguió el eclesiástico. + +Sentáronse al par, y Yaye dijo, mirando con ansiedad al beneficiado. + +--¿La habéis visto? + +--Si señor, la he visto: la he hablado, he procurado convencerla: la he +dicho cuán desesperado estais..... + +--¿Y qué os ha contestado? + +--Como siempre, no: pero ayer añadió: decidle que, hace veintidos años, +le dije en una carta que debe recordar, cuál era mi resolucion +invariable: decidle, que como pensaba entonces pienso ahora, y que es +inútil, de todo punto inútil, su obstinacion. + +--Hágase la voluntad de Dios, dijo Yaye. + +--Siempre habeis sido muy cristiano y muy paciente, dijo el beneficiado, +y Dios os premiará. + +--Necesario me es que Dios tenga compasion de mí; pero pasando al otro +asunto de que necesito hablaros, habeis de saber, que hemos hecho una +adquisicion importantísima para el pueblo de Dios. + +--¡Acaso este terrible rey de los monfíes..! + +--No tanto, no tanto, señor Juan Ribera: pero sin embargo, debemos dar +muchas gracias á Dios por la adquisicion que hemos hecho. + +--Ciertamente don Alonso, que vos sois uno de los campeones, casi me +atrevería á decir, uno de los apóstoles mas ardientes de la iglesia de +Jesucristo: todavía me acuerdo de que lo que no pudieron hacer mis +pláticas, y todos mis esfuerzos, y todas mis amenazas, y el rigor que +estrené con los habitantes de las alquerías de la jurisdiccion de la +villa, á fin de que fuesen buenos cristianos, lo conseguísteis vos en +breve espacio: casi estaba ya resuelto á quitarles sus hijos para que no +se pervírtiesen con su ejemplo, cuando vos me digísteis: id á las +alquerías: entrad en ellas una por una, y abrid para esos infelices el +reino de Dios por la puerta del bautismo. ¡Oh don Alonso! yo os amaba +por vuestra piedad, por vuestra caridad, por el celo con que habeis +favorecido esta iglesia, que está encomendada á mi indignidad, y que sin +vos seria pobre, muy pobre: cuando veo esos hermosos cuadros que adornan +nuestra iglesia; cuando tomo en mis manos esos sagrados vasos de oro +purísimo; cuando me visto esas albas y esos ornamentos tan maravillosos +por su valor y por su mérito; sobre todo, cuando me dais para que las +distribuya entre los pobres esas cuantiosas limosnas, oro por vos al +Altísimo y os bendigo. + +--¡Orad señor licenciado, orad!, contestó solemnemente Yaye, en un +acento indeterminado que tenia mucho de terrible: orad, porque soy muy +pecador y aun estoy en el camino del pecado. + +--¡Oh! si vos no os salvais ¿quién se salva? No bastaba vuestra ardiente +fe, vuestra inagotable caridad; era necesario que como salvais á los +pobres de la miseria del cuerpo, los salvareis de la miseria del alma. +Cuando vi arrodillarse á mis piés pidiendo la regeneracion del bautismo, +una y otra familia, que antes habian rechazado el agua de vida que yo +les ofrecia, entonces, don Alonso, sentí por vos mas que amor; sentí +veneracion, y desde entonces no oro por vos, porque no se ora por los +santos... + +--No hay mas santo que Dios, el Altísimo y Unico... y trino, dijo Yaye +pronunciando con un acento estremadamente duro su última palabra. + +--Si, ciertamente, dijo el beneficiado; los santos lo son en Dios y vos +sois uno de sus elegidos. + +--Decíamos, continuó Yaye, á quien visiblemente contrariaba la mística +adulacion del beneficiado; decíamos que hemos hecho una gran adquisicion +para el rebaño del Señor. + +--Vos la habeis hecho. + +--Yo empiezo y vos concluís. Vamos, pues, sin mas rodeos al asunto: el +Ferih de los Berchules está en mi casa gravemente herido y desea +bautizarse. + +--¡Cómo! ¿ese terrible monfí, que no pasa semana que no ponga de noche +en la puerta de la iglesia, un impío cartel en que nos amenaza de muerte +si seguimos en la conversion? ¿ese terrible bandido que tiene aterrada á +la comarca? + +--Ese hombre, continuó reposadamente Yaye, me salió al camino ayer +cuando volvia con mi hija de Granada á mi heredad de Yátor: empezamos á +subir la cuesta, cuando hé aquí que siento pasar zumbando junto á mi +cabeza una jara, y oigo el chasquido de una ballesta entre una maleza +inmediata. Eché pié á tierra, me fuí hácia el asesino, me encomendé á +Dios, y Dios me amparó: poco despues, el Ferih de los Berchules estaba +en mi alquería: no le maté porque yo jamás vierto mas sangre que la +precisa para defender mi vida. El Ferih quiso matarme, segun me dijo +despues, á causa de haber motivado yo la conversion de la gente de las +alquerías: y mirad lo portentoso de los milagros de Dios: ese hombre que +habia deseado mi muerte por aquella causa, se convirtió á Dios despues +de dos horas de conversacion conmigo. Dios; siempre Dios; manso y +arrepentido queda allá como un cordero, esperando con ansia, antes de +morir, la vida del bautismo. + +--¿Pero ese pecador está tan en peligro de muerte, que sea necesario, +inevitable ir al momento? exclamó con una inquietud que no era fingida +el beneficiado. + +--Ese hombre estará en mi casa hasta mañana. + +--¡Vivirá... hasta mañana! + +--Eso es; mañana habrá salido de mi casa para no volver. + +--Pues bien, vuestra heredad está cerca: iremos esta tarde: bien +tendremos lugar maese Barbillo y yo de ir despues que la Inquisicion +haya hecho su visita y volver aun de dia. + +--¡Cómo! ¿esperais al Santo Oficio? + +--Hoy al medio dia, entrará solemnemente en el pueblo, y despues de que +haya cumplido su santa comision, pasará á Yátor. + +--¿Y qué inquisidor viene encargado de la visita? + +--El señor Molina de Medrano. + +--¡Molina de Medrano! dijo Yaye como quien no conoce un nombre en una +corporacion que le es muy conocida. + +--Si, si señor, dijo el beneficiado, comprendiendo la duda de Yaye: es +un santo varon muy severo y muy descontentadizo en religion: un ministro +de la Suprema, que el rey nuestro señor ha enviado de su córte para que +le informe del grado de conversion en que se encuentran los cristianos +nuevos de las Alpujarras. + +--¡Molina de Medrano! exclamó Yaye levantando decididamente la cabeza y +dejando ver en sus ojos una mirada semejante á un relámpago: será +necesario que yo conozca á ese señor Molina de Medrano: ¿decís que es +muy severo? + +--Es una de las lumbreras de la Orden de Predicadores, segun dicen: yo +tampoco le conozco. + +--Pues bien, tendremos á un tiempo el gusto de conocerle. Entre tanto y +en albricias de la conversion del Ferih, tomad, señor beneficiado; +repartid este poco de oro entre los pobres de vuestra feligresía. + +Y puso entre las manos del bachiller un repletísimo bolsillo. + +--¡Cómo! ¿os vais? dijo el beneficiado viendo que Yaye se levantaba. + +--Si, adios; esta tarde os espero en mi heredad, temprano. + +--Iré, señor don Alonso, iré. + +--Adios, pues, y hasta la tarde: quedaos: no me hagais la honra de +acompañarme: un sacerdote es mas que un simple hidalgo: quedaos, señor +licenciado, y hasta la tarde. Adios. + +--El os premie y os bendiga, señor, dijo el eclesiástico, lanzándole su +bendicion cuando salia por la puerta de la sacristía: luego añadió, +metiéndose el oro que aun tenia en la mano en el bolsillo: no me queda +duda ninguna; don Alonso es un santo. + +--¿Y le habeis dejado ir, cuando acaba de entrar en el pueblo una +compañía de arcabuceros? exclamó el sacristan entrando en aquel momento. + +--¿De quién hablais maese Barbillo? dijo con acento acre el beneficiado, +que al desaparecer Yaye habia recobrado su dureza y su severidad +habituales. + +--¿De quién he de hablar, pecador de mí, sino de ese hombre que ha +estado hablando con vos? respondió temblando todavía el sacristan. + +--¡Cómo! ¿de don Alonso hablábais? + +--Es que ese don Alonso, es quien anoche estropeó al organista y al +barbero, y á mí mismo, aunque mucho menos que á los otros, por la +misericordia de Dios. + +--Vamos claros, dijo el beneficiado mirando fijamente al sacristan: ¿no +me habeis dicho que el hombre á quien pretendisteis seguir anoche, pasó +irreverentemente por delante del cristo de la Caba honda? + +--Si señor, y lo afirmo y lo juraria á siete cruces. + +--¡Y os condenariais, desdichado! exclamó con una irritacion terrible el +eclesiástico, os condenariais si os atreviéseis á jurar que ese +caballero habia pasado por delante de la imágen de Nuestro Divino +Redentor sin descubrirse ni santiguarse. + +Barbillo se quedó mirando de una manera atónita al bachiller. + +--¡Arrepentíos! ¡arrepentíos, y haced penitencia por haber calumniado á +tan cristiano caballero! mas valiera que el tiempo que habeis empleado +en alentar tan ruines pensamientos, le hubiérais invertido avisando á la +gente que os dije. + +Cuando el sacristan volvió de su asombro y notó que se encontraba solo +en la sacristia, cambió rudamente de aspecto, dejó su posicion +encorvada, se irguió, brilló en sus ojos una expresion salvaje, y +exclamó: + +--¡Cien rayos y cien truenos! ese clérigo mentecato lo cree todo: +¡decirme que ese hombre es cristiano! Cuando doña Elvira me ha prometido +un tesoro si logro apoderarme de él, algo hay mas de lo que el +licenciado Ribera cree: yo he seguido á ese hombre y le he visto +perderse en la montaña; le he visto además hablar con los monfíes entre +las breñas de la rambla de Yátor, y esto mas de una vez: hace tres dias +que ha venido de Granada y no ha venido solo: le acompañaba una hermosa +dama; que me confunda Dios, si anoche cuando nos apaleó no le oimos +soltar un juramento en árabe.... yo no aborrecia á ese hombre..... pero +desde anoche que nos zurró de lo lindo, le tengo ojeriza. +Afortunadamente tenemos á las puertas del pueblo á la Inquisicion. + +Dicho esto, tomó una capa parda y un enorme sombrero de un rincon de la +sacristia, y salió: desde el momento en que estuvo en la calle, su +estatura herguida y corpulenta se encorvó; su rostro antes feroz, adoptó +de nuevo su expresion humilde, miserable é hipócrita, y empezó á saludar +á todos los que encontraba por la calle, con una expresion servicial que +tenia mucho de estúpida. + +De repente, una mano se apoyó vigorosamente en su hombro. + +Volvióse Barbillo, y vió ante sí á un hombre como de cuarenta y cinco +años. + +Aquel hombre era don Fernando de Válor, hermano de don Diego, tio de +Aben-Humeya, á quien nombraremos en adelante con su nombre árabe: esto +es, con el de Aben-Jahuar-el-Zaquer. + + + + +CAPITULO XV. + + Lo que iba á hacer á Cádiar Aben-Jahuar-el-Zaquer. + + +Volvióse maravillado el sacristan. + +--Yo no os conozco caballero, dijo á Aben-Jahuar. + +--Nada importa, con tal que te conozca yo. + +--A mí me conoce todo el mundo en Cádiar, dijo con su sonrisa untuosa +Barbillo. + +--Pues mira, creo que no te conoce nadie. + +--¿Y vos decís que me conoceis? + +--Si por cierto: hace mucho, muchísimo tiempo, que te conocí en otra +parte. + +--¿En dónde, señor? + +--En Granada. + +--¿En Granada? + +--Si por cierto: en la cárcel. + +--¡Bah! vuesamerced se equivoca, yo no he estado nunca en la cárcel. + +--Yo me llamo don Fernando de Válor. + +--¡Ah! ¡ah! ¡vuesamerced se llama don Fernando de Válor! + +--¡Vas recordando....! + +--No, no recuerdo muy bien: + +--Mi familia ha sido muy perseguida, Barbillo, y despues de la muerte de +mi hermano don Diego, he sido preso varias veces: hace diez años, lo fuí +á pretexto de no sé qué conspiracion de moriscos, en que yo no habia +tenido parte: pero los señores alcaldes de casa y córte, se mostraban +tan severos conmigo que lo temí todo: entonces pensé en escaparme: +entonces nos conocimos: tú tambien tenias miedo de ser ahorcado y +querias huir: nos concertamos y tú empezaste á abrir un agujero en mi +calabozo. + +--Repito á vuesamerced que se equivoca. + +--No perdamos el tiempo. Yo pude al fin probar mi inocencia, y fuí +puesto en libertad: tú quedaste preso. + +--Os juro que... + +--Déjame continuar. Yo me habia olvidado enteramente de tí: pero hace +algun tiempo, la casualidad y el empeño de una mujer, ha vuelto á +unirnos. + +--Pero si os digo... + +--Hace cuatro meses, que la conducta de mi cuñada doña Elvira de +Céspedes me tiene cuidadoso: recibia en su casa de Válor y á horas +desusadas, hoy á este, mañana al otro hombre desconocido. Doña Elvira no +podia tener amores con ellos, porque eran de tu estofa: pero por medio +de ellos podia tratar de amores con otro: hace algunos dias, aceché á +uno de estos mensajeros, le salí al camino y supe que te traia una +carta; yo no quise tocar á aquella carta, pero quise saber quién eras +tú: me dijeron que eras sacristan de la iglesia de Cádiar, y vine, te +ví, y te reconocí: entonces y antes de hablar contigo, quise saber si +descubria en tu vida algo que pudiese obligarte á servirme. Fuí á +Granada, pregunté, y averigüé que hace cinco años habias sido condenado +á galeras por diez; luego, eres un gallote escapado, Barbillo, y si te +niegas á servirme, te delato, te pierdo, porque á los galeotes huidos se +les ahorca cuando se les coge. + +Echóse á temblar Barbillo. + +--Pero nada te acontecerá si me sirves bien, añadió Aben-Jahuar. + +--Vamos, está visto que nada se os puede negar y os serviré en cuanto +querais, don Fernando, dijo el galeote escapado. + +--Y yo te pagaré. Pero los tiempos no estan para estar muy despacio en +la calle, y es necesario que busquemos un lugar donde nadie nos vea. + +--¿En qué posada vivís? porque vos sois forastero en Cádiar. + +--Vivo en el meson del _Cojo_. + +--Pues en mejor parte no pudierais vivir, porque el _Cojo_ es un grande +amigo mio, y á propósito para cualquier cosa. Yo iré por allá esta +noche. + +--¡Esta noche! sabe Dios lo que sucederá esta noche. + +--Sucederá que como es noche de Navidad, todos la celebraran y nadie se +acordará de nosotros. + +--Juro á Dios que han de acordarse muchos de la noche de Navidad de +1568. + +--¿Pues qué va á suceder? + +--Yo me entiendo y Dios me entiende. Es preciso que al momento, y +rodeando por otro lado, vayas al meson del _Cojo_. + +--Iré, en cuanto avise al corregidor y á los soldados y los frailes de +San Francisco. + +--¡Avisarles! ¿y de qué? + +--¡De que viene la Inquisicion al pueblo! + +--¡Ah! viene la Inquisicion, murmuró Aben-Jahuar: pues, no podia venir á +mejor hora. Vé, vé, y avisa, y al momento vé á buscarme. Te espero. + +--Iré. + +Separáronse los dos antiguos conocidos, y Aben-Jahuar, bajando por unas +pendientes y torcidas callejuelas, llegó á la entrada del pueblo á un +meson miserable. + +--Ahí está esperándoos hace una hora, el señor Diego Lopez, nuestro +vecino, dijo un viejecillo cojo. + +--¡Ah! mi sobrino Aben-Aboo, exclamó de una manera ininteligible +Aben-Jahuar. Ya era tiempo. + +Y entró, subió unas escaleras, atravesó unos corredores, y entró en un +aposento. + +Sentado junto á un brasero con fuego, habia un jóven. + +Era Aben-Aboo. + +Tan distraido estaba, que no reparó en que otra persona habia entrado en +el aposento: miraba á través de una ventana abierta y desguarnecida de +vidrieras, á unas breñas cercanas que estaban enteramente cubiertas de +nieve, y entre cuyas quebraduras se veian otras cumbres. + +Ibale á hablar su tio, cuando Aben-Aboo se levantó, se fué á la ventana, +y miró con grande interés hácia fuera en direccion á una cumbre que se +veía entre un rompimiento de las breñas. + +--¿Qué será lo que llame de tal modo la atencion de mi sobrino? dijo +para sí Aben-Jahuar; y permaneció inmóvil. + +--Ellos, son: murmuraba á su vez Aben-Aboo: si; los dos hombres que hace +dos dias rondan mi atalaya. Desde aquí no se les distingue bien; pero +los reconozco por la capa parda del uno, y la gris del otro: el de la +capa parda, es sin disputa aquel comerciante que representó con +Angiolina en la comedia «Reina Moraima», Andrés Cisneros: no me cabe +duda; en cuanto al otro creo haberle visto tambien, pero no sé quien es: +¿qué busca el señor Cisneros en mi casa? ¿Tendrá á caso algun derecho +sobre la princesa? pues en mal hora os habeis venido á las Alpujarras, +galanes. + +Y Aben-Aboo, trás estas palabras se separó de la ventana. + +Al volverse vió á su tio. + +--¡Ah! gracias á Dios, dijo: hace una hora que os espero. + +--He tenido que atender á asuntos importantes, sobrino; contestó +Aben-Jahuar: creo que tú tambien tienes entre manos asuntos de interés. + +--Si por cierto, tio, contestó Aben-Aboo, me ocupo en pensar de qué +manera puedo ser mas útil á mi patria. + +Movió en un movimiento de incredulidad la cabeza Aben-Jahuar. + +--¡Qué! dijo ofendido el jóven, ¿creeis que no haré yo tanto como el que +mas por romper el yugo de los cristianos? + +--No digo eso, sino que en estos momentos, en todo pensabas menos que en +nuestra empresa. + +--¿Teneis la pretension de adivinar, tio? dijo con cierta secatura +Aben-Aboo. + +--No, pero pretendo tener tan buenos ojos como tú. + +--No os comprendo. + +--Estoy viendo desde aquí, dijo Aben-Jahuar extendiendo el brazo hácia +la cumbre á donde antes habia mirado Aben-Aboo, dos hombres que llamaban +hace poco tiempo tu atencion: el uno tiene una capa parda, y el otro una +capa gris. Entrambos miran con la misma atencion con que tú los mirabas, +á la atalaya donde vives, y desde la cual no pueden ser vistos. + +--¡Ah! ¿habeis reparado eso? + +--Como lo has reparado tú. + +--¿Y qué interés creeis que puedan tener aquellos dos hombres en mirar á +mi casa? dijo con negligencia el jóven. + +--Veo con disgusto, sobrino, que me tratas con doblez, dijo Aben-Jahuar. + +--No, no por cierto; decid mas bien que vos sois receloso. + +--Me ha hecho receloso la experiencia: ademas de eso, de algun tiempo á +esta parte, no te reconozco: eras mas confiado, mas sincero: has +contraido con tu familia una reserva... + +--No hago mas que pagarla en la misma moneda. + +--Mi sobrino Aben-Humeya te ama. + +--Ciertamente, como ama el carnicero á la oveja. + +--En mala disposicion de ánimo empezamos la guerra. + +--Esforcémonos todos: mi primo es rey, Aben-Farax alguacil mayor, vos +capitan general, yo infante: nuestro poderoso pariente el emir de los +monfíes nos ayuda... + +--Y todos nos aborrecemos. + +--¡Que nos aborrecemos! + +--Esta es la verdad; Satanás se ha metido en medio de nosotros. + +--Yo por mi parte... + +--Tú estas tan empeñado como cada ano de nosotros. + +--¡Empeñado! ¿y en qué? + +--Has pensado en ser rey de Granada. + +--Creo que tenia derecho para pensar así; pero desde el momento en que +el reino ha elegido á mi noble primo Aben-Humeya, le he recibido por rey +y le he prestado homenaje: y si á eso vamos vos tambien... + +--¿Qué quieres suponer? exclamó con cuidado Aben-Jahuar. + +--¿No pretendeis casaros con vuestra cuñada, con mi tia, doña Elvira? + +--¡Oh! si... la amo, la amo hace muchos años. + +--Bien puede ser porque doña Elvira es muy hermosa... ¿pero no podria +tambien suceder que pretendiérais apartarla de su hijo, sin suscitar á +este dificultades, envolverle en un lazo y alzaros con el reino...? + +--Te repito que no te conozco, Aben-Aboo. + +--Si, es cierto, vos creiais que yo era un mancebo inexperto, confiado, +sobre quien su madre tenia una potestad absoluta... + +--Tu madre no es ambiciosa, tu madre no quiere la guerra: tu madre +tiembla de que esa guerra se empieze. + +--Harto lo sé. + +--¿Y sabes por qué tu madre tiembla la guerra? + +--Es cristiana de corazon. + +--Tu madre ama... + +--Es natural que ame á su hijo. + +--A mas que á tí ama á otra persona. + +--Mi madre no se ha quitado aun sus lutos de viuda, que lleva hace +veintidos años. + +--Mas de veintidos años hace que tu madre amaba con toda su alma á otro +hombre que no era tu padre. + +--Teneis fama de maldiciente, tio. + +--Yo no digo que mi hermana, la pobre Isabel haya faltado á su virtud; +la conozco mejor que tú: mi hermana ha sido una mártir de su familia, y +aunque ha amado, aunque ama á un hombre que debió ser su esposo, ni le +ha alentado con una sola esperanza, ni aun ha consentido en verle, desde +el dia en que se casó con tu padre. Pero ama á ese hombre, le adora, y +se estremece por él tanto como por tí... Teme la guerra, la evitaria á +costa de su sangre. + +--¿Y qué hombre es ese á quien decís que mi madre ama, y con quien debió +casarse? + +--Ese hombre es nuestro pariente el poderoso emir de los monfíes. + +--¡Ah! exclamó Aben-Aboo, comprendiendo entonces el amor con que le +habia tratado Yaye. + +--¿Y estás seguro sobrino, de que esos dos hombres que observan con tal +interés y tan de lejos tu casa, no sean monfíes enviados por el emir, en +un dia en que han de tener lugar graves acontecimientos? + +--Os afirmo que esos hombres no son monfíes. + +--Pues entonces, no es tu madre el objeto de esos hombres. + +--¿Y cuál creeis que pueda ser? + +--Bien pudiera ser una dama que has traido imprudentemente de Granada. + +--¿Quién os da tantas noticias, tio? + +--Nada pasa en las Alpujarras que yo no lo sepa: por ejemplo hace tres +dias que llegó á Yátor otra dama que tambien te interesa mucho. + +--¿Una dama que me interesa...? + +--Si por cierto: la sultana Amina. + +Palideció profundamente Aben-Aboo. + +--¿Y decis, que la sultana Amina está en Yátor...? + +--Si, si por cierto y repito que Satanás en forma de tres mujeres se ha +metido entre nosotros. + +--Explicaos. + +--Tú amas á la hija del emir. + +--Es verdad, contestó Aben-Aboo bajando los ojos. + +--Aben-Humeya la ama tambien. + +Destelló un relámpago de zelos salvajes en los ojos de Aben-Aboo. + +--¿Y qué pretende mi primo? + +--Pretende un imposible. Hacer su esposa á Amina. + +--Pero eso no puede ser, mi prima es casada. + +--¿Pero con quién? ¿con quién? dijo Aben-Jahuar con cierto temor ¿quién +es el afortunado esposo de esa mujer? + +--Se os sale la ambicion por los ojos, tio: no creeis que la sultana +Amina pueda estar casada con menos que con un emir de Africa y temeis +que ese emir se ponga entre Aben-Humeya y vos. Descuidad... descuidad de +todo punto. + +--¿Pero sabes tú quién es el marido de la sultana? + +Sonrió con el desden de la superioridad, Aben-Aboo. + +--Mi prima no está casada, dijo, sino simplemente deshonrada. + +--¡Mira lo que dices! exclamó Aben-Jahuar mirando en torno suyo con +recelo: en todas partes hay monfíes y esos tabiques... + +--Descuidad, tio: por lo mismo que sé que podemos estar espiados hablo +muy bajo. + +--¿Pero qué pruebas tienes...? + +--¿No habeis leido un contrato solemne, celebrado entre Aben-Humeya y el +emir de los monfíes? + +--Si. + +--¿No hay en él una cláusula por la que se acuerda el casamiento del +hijo de Aben-Humeya con una hija de la sultana? + +--Si. + +--Pues bien, esa hija es hija del amor: esa hija ha sido concebida en +Madrid, sin duda alguna, á contar por el tiempo en que la dió á luz la +sultana en las Alpujarras: esa niña es hija del capitan del presidio de +Cádiar, el marqués de la Guardia, á quien adora Amina; que es su amante. + +--¿La sultana amante del marqués de la Guardia? ¿y por qué no su esposa? + +--Hace cinco dias, en la fecha en que se firmaron las capitulaciones +entre Yaye y el emir, estuve hablando con el marqués de la Guardia en el +Albaicin, en la taberna del Hardon. El marqués buscaba á su amante, á +Amina, y estaba muy lejos de saber que era su esposa... esto no impide +que lo sea ya... y con haber atrasado la fecha... + +--Resulta, pues, que Amina se ha enamorado de un caballero castellano: +peor para el emir. + +--Si peor para el emir y para su hija, exclamó con acento reconcentrado +Aben-Aboo. Pero seguid, tio, seguid: sepamos cuáles son las otras +mujeres que Satanás ha metido en nuestros asuntos. + +--La sultana Amina bastaria; porque tanto tú como Aben-Humeya estais +empeñados por ella: pero existen ademas tu tia doña Elvira y tu madre. + +--¡Ah! + +--Si, ambas aman al emir y son enemigas á muerte: yo amo á mi cuñada y +soy enemigo del emir; los odios se cruzan entre nosotros: hay ademas +otra mujer por quien estais á un tiempo empeñados Aben-Humeya y tú: esa +comedianta que has traido de Granada. + +--Os confieso tio, que esa mujer me espanta, que no la comprendo, y que +á pesar de estar enamorado de la sultana, esa mujer me enloquece. + +--Eso consiste en que la sultana habla á tu ambicion, y la comedianta á +tu deseo. Pero es necesario que encubras tus amores hácia la sultana: es +necesario que separes de tí á la comedianta. + +--¿Y á qué propósito? + +--Para evitar el odio de Aben-Humeya. + +--¿Y qué me importa? Bien sabeis que desde antiguo, por mas que lo +hayamos disimulado, somos enemigos. + +--Pero esa enemistad es fatal en estos momentos. + +--Yo no quiero una patria en que he de ser esclavo. + +--Es que esa patria, si luchamos todos á una, podrá ser tan grande que +haya lugar en ella para todas las ambiciones. + +--Yo no puedo contar con la buena fe de Aben-Humeya. + +--Si Aben-Humeya te se muestra hostil, es porque desconfia de tí; +ayúdale, inspírale confianza y Aben-Humeya se unirá á tí como á un +hermano. + +--Ya habeis dicho, que entre nosotros se han colocado dos mujeres. + +--Si sigues mis consejos, solo habrá una, y esa es tal que no merece que +dos buenos creyentes sean enemigos por ella. + +--¿Y cuál de esas dos mujeres ha de ser la que ha de dejar de excitar +nuestra rivalidad? + +--La sultana Amina. + +--¡Ah! exclamó Aben-Aboo, cuyo rostro se cubrió con la expresion de la +mas profunda reserva; ¿y de qué modo podremos hacer para que la sultana +Amina deje de ser un objeto de rivalidad entre Aben-Humeya y yo? + +Sonrió sutilmente Aben-Jahuar. + +--Ni tú ni Aben-Humeya amais á la sultana, dijo: quereis sin embargo +casaros con ella, porque comprendeis que el que sea su esposo, tendrá en +su favor al poderoso emir de los monfíes. + +--Puede ser que piense así mi noble primo. + +--No piensas tú de otra manera. + +--Y bien, dado caso que yo piense así, ¿de qué modo hemos de obrar para +que la sultana deje de ser un medio de elevacion? + +Sonrió de nuevo sutilmente pero de una manera mas sesgada Aben-Jahuar. + +--Supongamos que muere el emir... + +--¡Ah! + +--Esto es muy fácil que suceda... acometemos una empresa peligrosa... +ademas el emir va todas las noches... + +--¿A dónde? + +--A ver á tu madre. + +--¡A ver á mi madre! + +--¿No te he dicho que se aman? + +--¡Eso es mentira! + +--Observa tu casa en las altas horas de la noche. + +--Sois un demonio, dijo Aben-Aboo; quereis envenenarme el corazon. + +--Tengo experiencia y te aconsejo bien. + +Guardó por un momento silencio Aben-Aboo, y luego dijo. + +--No hablemos mas de esto y vamos á lo que importa. Vos como capitan +general de los moriscos me habeis mandado llamar y he venido. + +--Ha llegado el momento de probar tu valor. + +--¿Es decir, que ha llegado la hora? + +--Si; Farax-aben-Farax, con seis mil hombres, marchará esta noche sobre +Granada, sublevará el Albaicin, acometerá la Alhambra, en la cual hay +poco resguardo, y para lo que llevan escalas, y es muy posible... los +cristianos se entregarán descuidados á sus fiestas de la Noche-Buena; +acudiran á los templos á la misa del Gallo, y cuando pretendan salir de +ella, se encontraran con la muerte. Pero es necesario obrar al mismo +tiempo en las Alpujarras: los cristianos, sea por casualidad ó por +recelo, se mueven en nuestras montañas; la parte de compañía del marqués +de la Guardia, que estaba en Cádiar, ha marchado á Yátor, pero en +cambio, acaba de entrar esta mañana en la villa y de alojarse en las +casas, la compañía de arcabuceros del capitan Diego de Herrera. + +--¡Cómo! ¿ese miserable que ha cometido en las Alpujarras tantas +infamias, vuelve entre nosotros? + +--Vuelve para morir. Ademas de esto, la Inquisicion nos visita hoy. + +--¡La Inquisicion! + +--Esto nos favorece: como nuestros hermanos estan poco instruidos en lo +que atañe á la religion cristiana, el inquisidor Molina de Medrano, que +viene encargado de la visita, se estremará con ellos: á pretexto de que +son poco celosos, de que ignoran los preceptos de la religion cristiana, +les amenazará, pretenderá arrebatarles sus hijos... + +--Es necesario arrancar el corazon á ese clérigo, exclamó Aben-Aboo. + +--¡Los monfíes! exclamó con un acento feroz Aben-Jahuar; los monfíes +haran eso. El Ferih el tremendo Abd-el-Melik el Ferih, te espera esta +tarde á la caida del sol en las quebraduras de la rambla de los Ciegos. + +--¡Ah! ¡me espera! + +--Sí; tú á mas de ser infante de Granada, eres el morisco de mas +influencia en Cádiar. + +--¿Y me obedecerá el Ferih? + +--Ciegamente. + +--¿Sabe esto el emir? + +--Ha dado órdenes al Ferih para que te espere. + +--¿Y qué he de hacer, tio? + +--¿Qué han hecho con nosotros los cristianos? + +--Nos han aterrado á fuerza de crueldades. + +--Pues bien, los cristianos te han dicho lo que debes hacer. + +--¡Oh! ¡oh! ¿debo hacer con los cristianos lo que los cristianos han +hecho con nosotros....? ¡bien! lo haré. + +--No olvides lo que hemos hablado. + +--¡Oh! es muy dificil olvidarlo: mi madre y mi tia aman al emir: el emir +ama á mi madre; el marqués de la Guardia está casado con la sultana +Amina y tiene de ella una hija... ¿Sabeis donde está la hija de la +sultana? exclamó de repente Aben-Aboo. + +--Puede ser que lo sepa. + +--¿Y por qué no he de saberlo yo? + +--Te he dicho que puede ser que lo sepa, lo que quiere decir que no lo +sé. + +--¿Y teneis medios para saberlo? + +--Los buscaré... + +--Y entonces... + +--Lo sabrás. + +--¡Ah tio, tio! conozco que sois un demonio, y sin embargo me parece que +me voy á condenar con vos. + +--O á salvarte. + +--El olor de la sangre y de la carniceria me da ya en las narices. + +--Procura que ese olor no te desvanezca: si oyes mis consejos, y eres +valiente y leal, hijo, grande suerte te espera. Pero por el momento +muéstrate con Aben-Humeya como un hermano; con Aben-Farax como con un +amigo. + +Aben-Aboo; estrechó la mano de Aben-Jahuar. + +--Ahora es necesario que te vayas, dijo este á Aben-Aboo: Espero á una +persona que no quisiera te viese conmigo. + +--Pues entonces adios, tio. + +--No te olvides de ir esta tarde á puestas del sol, á las quebraduras de +la rambla de los Ciegos: yo iré tambien. Adios. + +Aben-Aboo, salió, y poco despues, su tio le sintió bajar por las +escaleras. + +--Hé ahí un sobrino de buena raza, dijo Aben-Jahuar cuando se hubo +quedado solo. Es valiente y cruel, y sobre todo ambicioso: en mejores +manos no podría haberse puesto lo de Cádiar. Esta noche se verá claro en +las calles aunque no haga luna. + +Y se puso á pasear meditabundo á lo largo de la habitacion. + +Como se vé, el amor hácia su cuñada doña Elvira, y su anhelo por poner +las cosas á punto de que él fuese la única cabeza de la rebelion de los +moriscos, hacian meditar á don Fernando de Válor ó Aben-Jahuar, +horribles crímenes: para llegar á su objeto era preciso que se +ensangrentase en su misma familia, que matara á sus sobrinos; que +desgarrase el corazon de su hermana, y que hiciese caer en un lazo +traidor y horrible á Yaye, su pariente tambien, pariente generoso que le +habia dado continuamente oro y proteccion, y á cuya influencia debia el +no haber muerto en galeras, ó á lo menos en un encierro como murió su +hermano. Pero Aben-Jahuar queria poseer el amor de doña Elvira y la +corona de Granada, y nada le detenia en su terrible paso hácia aquellos +objetos: ni aun la sangre de los suyos. + +Oyéronse pasos en el corredor, se acercaron, se entreabrió la puerta, y +una voz clerical, dijo: + +--_Deo gratias._ + +--A Dios sean dadas, contestó don Fernando. + +Poco despues, maese Barbillo, el galeote escapado, el sacristan de la +iglesia parroquial de Cádiar, estaba de pié y caperuza en mano, delante +de Aben-Jahuar. + + + + +CAPITULO XVI. + + De qué manera servia á quien le pagaba, Maese Barbillo. + + +Miróle este por un momento fijamente. + +--¿Has concluido ya tus negocios? le preguntó. + +--Por el momento si; pero no puedo estar mucho tiempo con vuesamerced, +porque tengo que colgar la iglesia, y sacar los sillones para la +Inquisicion, y qué sé yo cuántas cosas. + +--Bien, siéntate. + +--Estoy así bien, señor. + +--Siéntate. + +Barbillo se sentó. + +--¿Has dicho á alma viviente lo que has hablado conmigo? + +--¡Cómo, señor! ¿desconfia vuesamerced de mí? + +--Desconfio de todo hombre que anda en tratos con mujeres. + +--¿Y yo? + +--Tú, á la socapa, tienes por novia á la morisca mejor moza de la villa. + +--¿Quién ha dicho á vuesamerced tanto? exclamó con cuidado Barbillo. + +--Me alegro que nada me niegues: yo sé que el ama del beneficiado Juan +de Ribera, la buena Mariblanca, arde por ti, y que teneis tratado +casaros. + +--Algo hay de eso: pero mientras viva el beneficiado..... + +--¿Quién sabe lo que el beneficiado vivirá? pero volviendo al asunto: +quien tiene por novia una mujer de tan buenos ojos, y tan ladina como +Mariblanca, está expuesto á ser imprudente. + +--¡Quiá! ¡no señor! ya sabe vuesamerced que yo soy mucho pez, y que +todas las Mariblancas y Marinegras del mundo, no me haran hacer lo que +no me convenga: es verdad que la Mariblanca es una muchacha que no la +hay mas garrída en la córte del rey: es verdad que he andado y ando y +andaré trás ella, y que lo que mucho cuesta se aprecia mucho: pero no +hay miedo que yo la diga mas de lo que la debo decir. + +--Yo sé que mi cuñada doña Elvira, viene algunas veces encubierta á +Cádiar, y que aunque no vea á su cuñada doña Isabel, siempre ve á +Mariblanca. + +--Es verdad, pero eso consiste... + +--¿En qué? + +--En que Mariblanca y yo, servimos á doña Elvira. + +--En sus amores... + +--Cierto que sí. + +--¿Pero tú sabes con quién tiene sus amores? + +--Ayer no lo sabia, pero hoy lo sé. + +--Y... ¿quién es? + +--Un caballero muy principal. + +--¿Como de cuarenta y cinco años? + +--Si señor. + +--¿Muy blanco, muy hermoso, con el pelo negro? + +--Eso es. + +--¿Y sabes cómo se llama ese caballero? + +--Lo que sé, es que es muy amigo del beneficiado Juan de Ribera. + +--¿Y cómo le conocias de antes? + +--De una manera muy sencilla: á causa de doña Elvira. Antes de conocerme +á mí, doña Elvira habia conocido á Mariblanca. + +--¿Y cómo conoció mi cuñada á tu novia? + +--El padre de Mariblanca es morisco. + +--Ya lo sé. + +--Un morisco feroz. + +--Es mas que morisco: es moro: es monfí: se llama Abd-el-Melik el Ferih. + +--Un moro muy principal... pues bien: habeis de saber que Mariblanca se +enamoró de un capitan del presidio de Andarax. De esto, hace diez años: +Mariblanca tenia entonces quince: el capitan la sedujo... la deshonró... +y la robó de la casa de su padre... todo esto me lo ha contado +Mariblanca. + +--Sigue, sigue. + +[imagen: El comediante Cisneros.] + +--Como decia, el capitan la sacó de su casa, jurándola que seria su +esposa, y la escondió, y gozó de ella cuanto quiso, y cuando se fastidió +de ella, empezó á distraerse y á requebrar á otras... entonces +Mariblanca le dijo, que la cumpliese su palabra, á lo que el capitan la +contestó, que no podia casarse con ella porque era mora. Entonces +Mariblanca se fué á buscar al beneficiado. + +--¿A Juan de Ribera? + +--Al mismo. Le dijo en confesion lo que la acontecia, y le pidió que la +bautizase. El beneficiado la bautizó, y ella, con la partida de bautismo +en la mano, volvió á Diego de Herrera y le dijo: + +--Yo he dejado por tí la casa de mi padre, que si me encuentra me +matará: yo te seguí, oyendo tus promesas de que te casarias conmigo: tú +me has dicho que no podias casarte con una mora: ya soy cristiana: +cúmpleme tu promesa. + +El capitan volvió la espalda á la muchacha, que se iba quedando á trás, +y que al ver este desprecio de su amante, cegó de cólera y de venganza, +y echando mano á un pequeño puñal que llevaba consigo, le hirió á +traicion. El capitan cayó: Mariblanca creyendo que le habia muerto, +huyó, y se refugió en la iglesia, donde tomó asilo. Entonces el +beneficiado, Juan de Ribera, la llevó á su casa, y antes de tomar +ninguna resolucion, fué á la casa del capitan: le encontró en el lecho +herido, pero no peligrosamente, y supo que el capitan no queriendo +acabar de perder á una mujer á quien ya habia hecho bastante daño, +habia dicho que le habian herido los monfíes. Condolióse, pues, de la +muchacha el beneficiado, ó enamorado de ella, segun dicen malas lenguas, +aunque Mariblanca lo niega, y la recibió por su ama, á pesar de que +entonces la muchacha solo tenia diez y siete años. + +Pasó mucho tiempo: Abd-el-Melik el Ferih que desque su hija huyó de su +casa habia desaparecido de Cádiar sin que nadie le hubiese vuelto á ver, +permaneció fuera, hasta que una noche, hace dos años, cuando Mariblanca +volvia de la fuente, se encontró de repente con un monfí. Era su padre. + +--¡Ah! ¡ah! ¡un encuentro endiablado! ¿Y cómo es que hasta hace dos años +no se habia presentado el padre á la hija? + +--El Ferih habia estado en Africa. + +--¿En Africa durante ocho años? + +--Sea como quiera, el Ferih no se presentó á su hija sino despues de +ocho años que su hija habia huido; pero cuando la vió ante sí... + +--No la maté puesto que vive; pero sin duda procuró matarla. + +--Nada de eso: la miró por un momento fijamente mientras la pobre +temblaba, y luego como si nunca la hubiese visto la dijo:--Sígueme +muchacha. + +[imagen: Sentados en dos taburetes de pino.... comian y bebian.] + +--¿Y le siguió Mariblanca? + +--¿Qué habia de hacer? estaban solos y el Ferih la miraba con los ojos +mas feroces del mundo. El padre delante y la hija detrás, salieron de la +villa, siguieron un sendero adelante y no se detuvieron hasta pasar la +valla del cercado de una huerta. Una vez dentro el Ferih se detuvo, y +señalando á su hija una casa, tras una de cuyas ventanas se veia una +luz, la dijo:--Vé allí; empuja la puerta, sube unas escaleras, y cuando +entrares en una habitacion, cuya puerta encontrarás tambien abierta, +dirás á una dama que verás allí: el monfí me envia.--La muchacha siguió +adelante hácia la casa, empujó la puerta, subió las escaleras, abrió +otra puerta y se encontró en una pequeña habitacion donde habia una dama +muy hermosa. + +--¿Quién eres? la dijo la dama. + +--El monfí me envia; contestó con voz medrosa Mariblanca. + +--¿Has conocido á ese monfí? replicó la señora. + +--¡Es mi padre! exclamó toda trémula Mariblanca. + +--¿Y sabes por qué tu padre no ha lavado con tu sangre la deshonra que +has echado sobre él? + +--No lo sé, señora; dijo Mariblanca. + +--Tu padre me debe la vida, repuso la dama, y en agradecimiento me ha +prometido no tocar á uno solo de tus cabellos. + +--¡Ah! ¡Dios se lo pague á vuesamerced, señora! exclamó Mariblanca +cayendo de rodillas. + +La dama se inclinó sobre ella, y sin levantarla del suelo la dijo: + +--Te he salvado la vida para que me sirvas. + +--¡Ah! ¡serviré á vuesamerced de rodillas! exclamó juntando las manos +Mariblanca, que no podia echar de si el terror que la habia causado la +súbita presencia de su padre. + +--No; quiero que me sirvas de pié y con gran discrecion, levántate. + +--¿Y en qué he de servir á vuesamerced? + +--Conoces tú á doña Isabel de Córdoba y de Válor. + +--¡Ah! ¡si señora! contestó Mariblanca; la conozco mucho, porque va con +frecuencia encubierta, á hablar con mi señor el beneficiado. + +--¿Que va á hablar con tu señor? + +--Si señora: muchas veces mi señor está en la iglesia, y doña Isabel le +espera; es un ángel: me habla con cariño porque soy morisca +convertida... + +--¿Es decir, repuso la dama, que con poco que hicieras podrias entrar y +salir libremente en casa de doña Isabel? + +--Si señora. + +--Pues bien; es necesario que entres en su casa cuantas mas veces +puedas, que observes, que veas... ademas de eso tú debes de tener un +amante... + +Mariblanca se turbó, tartamudeó, y al fin confesó que era mi novia. + +--¡Ah! dijo la dama: un sacristan... ciertamente el amante digno del ama +de un beneficiado; así todo se queda en casa: pues bien, es necesario +que de noche tu amante ronde por fuera de la casa de doña Isabel, y vea +quién entra y quién sale, ó quién ronda ó no. + +Mariblanca prometió á la dama servirla á su placer, y salió mas muerta +que viva, temiendo encontrar de nuevo á su padre; pero su padre habia +desaparecido: vínose á casa del beneficiado, y mientras este dormia +aquella noche su primer sueño, me contó todo lo que la habia acontecido. +De esta manera fue como Mariblanca conoció á vuestra cuñada doña Elvira +de Céspedes, y me ha contado tantas veces y tan al pormenor su aventura, +que la sé de memoria sin que en ella falte ni un ápice. + +--Me has dicho en esa relacion que doña Elvira habia salvado la vida al +Ferih. + +--Asi lo dijo doña Elvira á Mariblanca. + +--Esto lo sabré yo por la misma parte interesada; dijo para sí +Aben-Jahuar, y luego añadió alto: + +--¿Y qué vísteis Mariblanca y tú? + +--Mariblanca, que empezó á frecuentar, á pretexto de conocimiento y de +cariño á doña Isabel, vió que estaba siempre muy triste, que hasta +dentro de su casa llevaba sus lutos de viuda, aunque ha mas de veintidos +años que, segun cuentan, y estando de recien casada con él, murió su +marido: que ama mucho á su hijo Diego Lopez, y que es muy caritativa y +muy cristiana. + +--¿Y no vió nunca Mariblanca en la casa ningun hombre? + +--Si señor, los parientes del difunto marido de doña Isabel. + +--¿Y nadie mas? + +--Nadie mas. + +--¿Y tú qué vistes en tus rondaduras? + +--Os diré, señor: yo he visto mucho y no he visto nada. + +--Explícate. + +--He visto, por ejemplo, algunas temporadas en este último año un bulto +con trazas de caballero, y de caballero principal, que rondaba las +bardas de la huerta donde vive doña Isabel. + +--¿Rondarlas nada mas? + +--Algunas veces hablaba con el esclavo de Diego Lopez, que para hablarle +se ponia caballero en la tapia, y esto muy tarde. + +--¿Y no pudiste entender lo que hablaban? + +--Sí, sí señor; una noche por encargo de doña Elvira, que deseaba mucho +saber lo que el caballero hablaba con el esclavo, me arriesgué á todo, y +aprovechando la oscuridad, que era tal que no se veian los dedos de las +manos, me tendí cosido contra la tierra y la barda cerca del lugar por +donde solian hablar el caballero y el esclavo del señor Diego Lopez; +poco despues de estar allí oí ruido entre las matas, y sentí acercarse á +un hombre que se detuvo y silbó como una culebra: al silbido sentí que +por dentro se acercaba una persona que trepaba á la barda, y al fin oí +la voz de Alí, á quien conozco mucho, que decia: + +--¿Sois vos señor? + +--Sí, yo soy, contestó el de fuera: ¿qué tienes que decirme? + +--He puesto la carta de vuestra señoría, sobre la mesa del aposento de +mi señora; me he puesto en acecho; cuando mi señora ha entrado y visto +la carta se ha puesto pálida, la ha tomado y la ha leído temblando; +despues la ha ocultado, como ha hecho siempre con las otras, entre sus +ropas; ya entrado el dia, me ha encontrado en el huerto, me ha mirado +fijamente, como siempre que he dejado alguna carta, pero no me ha dicho +nada; á Genoveva, su doncella, la ha tratado con impaciencia, y como la +pobre muchacha no sospecha nada, se ha entristecido; yo por mi parte me +he hecho el torpe, como si nada supiese, y ha pasado. + +--¿Y nada mas? dijo el caballero. + +--Sí, si señor, contestó Alí: he robado un ramo de flores del búcaro de +la señora, y una de las marañas de cabello de su peinado. Ahí va todo +junto: los cabellos en las flores. + +--Paréceme que hubiera querido mucho mejor el incógnito, dijo +Aben-Jahuar, las flores en los cabellos. + +--Eso tambien creo yo, dijo Barbillo, porque el tal señor está +perdidamente enamorado de doña Isabel. + +--¿Y lo sabe eso doña Elvira? + +--¡Pues no ha de saberlo! como que yo la escribí relatándola, sin faltar +letra la conversacion que habia oido entre el hidalgo y Alí. + +--¿Y no ha entrado nunca ese enamorado, casa de mi hermana? + +--Nunca. Sabríalo yo, y hace algunas noches estaba tan desesperado como +antaño. + +--Continúa. + +--Pues señor, doña Elvira quiso á todo trance saber con certeza quién +era el desesperado amante de doña Isabel, y... ayer vino á Cádiar. + +--Ya lo sé. + +--Se ocultó en la casa que tiene de costumbre, en la Caba Alta. + +--Lo sé tambien: casa de la viuda de un mudéjar. + +--Eso es: con la viuda mandó llamar á Mariblanca. + +--Lo sé tambien: es decir que Mariblanca fué á ver á doña Elvira, pero +no sé lo que hablaron. + +--Doña Elvira queria á todo trance, que yo con algunos amigos me +apoderase del encubierto; anoche mismo Mariblanca me lo dijo, y como +pagaba bien doña Elvira, busqué al organista y al barbero, que son dos +mozos de pelo en pecho, y bien armados, esperamos á nuestro hombre por +el camino por donde suele entrar en la villa; el hombre vino, pero nos +aporreó: á pesar de la noche le conocí: esta mañana le ví en la +sacristía. + +--¿Con qué es decir que el beneficiado, anda en tratos con ese hombre? + +--¿Y como si anda? y jura y perjura que es el mejor cristiano que +conoce. + +--Pues no tiene mucho conocimiento el beneficiado. + +--¡Cómo! ¡qué! exclamó abispado, como suele decirse, Barbillo. + +--Dios me entiende y yo me entiendo, y basta con que Dios y yo nos +entendamos: vamos á otra cosa. Mariblanca seguirá frecuentando la casa +de mi hermana. + +--Ahora mas que nunca, y de tal manera la finge cariño y amistad +Mariblanca, que doña Isabel ha llegado á amarla y á no poder pasar sin +ella: de tal modo que la tarde que Mariblanca falta á su visita, la +envia á buscar doña Isabel. + +--¿Y qué sabe Mariblanca de cierta dama, que hace diez dias ha traido mi +sobrino Diego Lopez á su casa? + +--¡Ah! esa es otra historia. Diego Lopez ni aun se ha tomado el trabajo +de disculparse con su madre. + +--¡Ola! ¡Ola! ¿con qué de tal modo falta mi sobrino al respeto á mi +hermana? + +--Hace algun tiempo que el señor Diego Lopez está desconocido, antes era +alegre y decidor; iba á todas partes, galanteaba á las mozas, y hacia +finezas á Mariblanca, hasta el punto que casi, casi, llegué á tener +zelos: jugaba á la pelota, tiraba la barra y era el que mejor parte +llevaba en la palestrilla[23]. ¡Pero ahora! ni tiene un requiebro para +las mozas, ni una palabra para sus conocidos; anda triste y mohino, +pensativo y cabizbajo, y algunos pastores le han visto acechando por el +sitio por donde suele pasar la Dama Blanca de la montaña. + +--¡Bah! ¡bah! ¡la Dama Blanca! dijo con acento de burla Aben-Jahuar. + +--Burlaos cuanto querais, pero no por eso será menos cierto que anda por +nuestras montañas ese duende maldito, que hace mal de ojo á los ganados, +y mucho será que no se lo haya hecho al señor Diego Lopez. + +--Bien, bien; pero sigue, que nuestra conversacion se va haciendo +demasiado larga y tengo que hacer. + +--¿Pues y yo que estoy haciendo falta ya en la iglesia? ¡Ya se ve! +¡quiere vuesamerced saber tanto! + +--Quiero saber lo que sabe Mariblanca acerca de esa dama, que ha ido á +vivir desde hace tres días á la casa de mi hermana. + +--Esa dama es muy hermosa. + +--Lo sé. + +--Y muy principal. + +--Lo sé tambien. + +--Y gasta unos vestidos como no se han visto en las Alpujarras. + +--Vamos al asunto maese Barbillo. + +--Pues el asunto es, que el señor Diego Lopez se presentó en su casa el +lunes en la noche, trayendo á esa dama á la grupa de su caballo, y que +dijo á su madre, segun vuestra señora hermana ha dicho á Mariblanca, que +era necesario que la tuviese en su compañía. La dama, que se llama, +quisiera no equivocarme, doña Angélica, dijo á vuestra hermana que era +viuda de no sé qué príncipe, que se encontraba sola en el mundo, que el +señor Diego Lopez la habia enamorado, y que preferia vivir al arrimo de +doña Isabel, á que nadie viese que siendo moza y sola la galanteaba un +hidalgo jóven. Doña Isabel por amor á su hijo, y viéndose tambien sola, +ha dicho en el pueblo que la doña Angélica es una parienta suya, que ha +venido á vivir una temporada en las Alpujarras. ¡Pobre madre! + +Callóse Barbillo, porque no tenia mas que decir. + +--Toma maese, le dijo Aben-Jahuar sacando un escudo de oro de su +bolsillo y dándolo al sacristan, has cantado de plano y te estoy +agradecido. Ahora cuídate de no decir á alma viviente, ni aun á +Mariblanca, que has hablado conmigo, y adios. + +--¿Y no me encargais nada, señor? + +--Será muy posible que no necesite de ti, contestó Aben-Jahuar con voz +cavernosa. + +--Pues lo siento mucho, don Fernando, porque teneis una manera tal de +tratar á las gentes, que dan ganas de serviros de rodillas. + +--Si te necesito otra vez te buscaré. + +Y como al decir esto Aben-Jahuar habia demostrado con el acento y con el +gesto que deseaba quedarse solo, Barbillo, despues de haberle saludado +servilmente, salió. + +--No gozarás ese dinero, sino lo gastas de aquí á la noche, dijo el +capitan general de los moriscos: sé cuanto necesitaba saber: ahora +empecemos á obrar. + +Y yendo á la puerta gritó: + +--Ola mesonero: mi caballo y la cuenta. + +Un momento despues salia del meson y de Cádiar á un mismo tiempo. + + + + +CAPITULO XVII. + + El capitan Diego de Herrera. + + +Los pobres moriscos de la villa estaban consternados. + +En primer lugar desde el dia anterior se sabia una noticia en extremo +alarmante. + +El hecho á que aquella noticia se referia, era el siguiente: + +Acostumbraban los escribanos y los alguaciles de la audiencia de Ujijar +de Albacete, villa de las Alpujarras, ir á pasar las vacaciones de +Pascuas en Granada, donde los mas de ellos tenian sus familias, y al +hacer el camino, como los moriscos estaban acobardados y ellos lo sabian +bien, porque eran los que los acobardaban, llevábanse á su paso, +gallinas, pollos, miel, fruta y dinero, todo arrancado con amenazas, ó +mejor dicho: robado. + +Cinco de estos escribanos y alguaciles, entre los que iban dos +ferocísimos, Juan Duarte, y Pedro de Medina, salieron de Ujijar el +martes veinte y dos de diciembre llevando por guia á un morisco, é +hicieron por los lugares por donde pasaron desórdenes y tropelías, con +el mismo descuido que si las Alpujarras hubieran estado en perfecta +tranquilidad, y no agitadas y preparándose para un alzamiento; á las +noticias de estos desórdenes, salió á ellos con algunos monfíes nuestro +antiguo conocido Harum-el-Geniz, y encontrándolos en una senda cerca de +la villa de Poqueira les cortaron el camino y los pasaron á cuchillo, no +pudiendo escapar mas que el escribano Pedro de Medina y el guia morisco, +que fueron á ampararse á la villa de Orgiva. Del mismo modo los monfíes +mataron y quitaron los caballos á cinco escuderos que habian salido de +Motril. + +Temian, pues, los moriscos, que, como en otras ocasiones, pagasen justos +por pecadores, es decir, que el corregidor de Ujijar enviase al término +donde aquellos fracasos habian acontecido y aun mucho mas lejos; algunas +escuadras de soldados, y no pudiendo haber á los monfíes, ó no +atreviéndose á ellos, extremasen sus crueldades y sus licencias con los +que ninguna parte habian tenido en el caso. + +Lo que en segundo lugar los tenia como suele decirse con la mosca sobre +la oreja, era que se sabia de cierto que la Inquisicion iba á Cádiar á +hacer su visita, y lo que en su lugar los aterraba era la llegada á la +villa del capitan Diego de Herrera, y su cuñado Juan Hurtado Docampo, +hombres crueles, que con cincuenta soldados y una carga de arcabuces, +habian venido de Granada, causando á su paso por los pueblos agravios, +cometiendo desafueros, y tratando á los naturales como cosas viles de +las cuales dispone á su antojo su dueño. + +Aquella mañana antes de que entrasen los dos hidalgos cuñados con su +gente, sabíase en la villa, y encontrábanse en la plaza los moriscos +divididos en corros, hablando animadamente: pero notábase que cambiaban, +aunque con gran disimulo, de conversacion cuando pasaba junto á ellos +algun alguacil del corregidor, ú otro de los castellanos de los que +vivían en el pueblo con fueros y soberbia de autoridad, ya fuese por su +oficio, ya por su amistad con los oficiales del rey. + +Un observador hubiera notado que los moriscos trataban algo y algo +terrible. + +Como á las nueve de la mañana oyéronse en la parte baja de la villa +pífanos y tambores, y cambió como por ensalmo la expresion de los +semblantes de los moriscos, de tal modo que nadie los hubiera creido +sino los mas contentos y felices hombres del mundo: poco despues +entraron en la plaza con la bandera tendida los cincuenta arcabuceros, +llevando delante dos pífanos y dos tambores, tras ellos Diego de Herrera +y su cuñado Juan Hurtado Docampo, ginetes en dos rocines, con las +espadas desnudas, y con mas fueros, autoridad é hinchazon que podia +haber traido el mismo rey. + +--¡Eh! ¡tú, Tomás el Ansarí! dijo el capitan Herrera á un anciano que +estaba entre los moriscos y á quien conocia por haber estado antes de +presidio en la villa: mis muchachos vienen cansados, necesitan buen +almuerzo, buena cama, y buenas mozas: conque mira de qué modo se les +aposenta, que no tengan que enojarse con vosotros. + +El Ansarí, que era el xeque de la talla de Cádiar, noble anciano +descendiente de la esclarecida familia de los Abencerrages, se acercó al +capitan con la gorra en la mano, y le dijo con la sonrisa en los labios: + +--Bien venido sea vuesamerced entre nosotros: por mi parte, mi casa y +cuanto en ella tengo está para serviros y á ese honrado hidalgo que os +acompaña: juro á Dios que no os ha de faltar nada y en cuanto á la +tropa, yo haré de modo que á cada soldado se le aposente como si fuera +un rey. + +--Bien harás en eso Ansarí, porque tanto como un rey vale un soldado +español, y tal andais vosotros que os importa estar bien con la gente de +guerra; que nadie sabe lo que acontecerá, y ocasion podria llegar, en +que sea mas útil la amistad de un soldado que la del mismo Preste-Juan +de las Indias. + +--Si esa ocasion llega, ya procuraremos que los buenos soldados del rey +no puedan quejarse de nosotros. + +Tras estas palabras Tomás el Ansarí se llevó consigo hácia su casa al +capitan Herrera y á su cuñado, y los arcabuceros fueron alojados en las +mejores casas del pueblo. + +Al atravesar la plaza el capitan Herrera, detuvo de repente su caballo. + +--¡Juro á Dios que no la hubiera conocido! exclamo mirando á una moza +que pasaba á la sazon y que se detuvo á su voz y clavó una penetrante +mirada en el capitan; ha crecido y está hecha una reina: será preciso +volver á travar conocimiento con esta muchacha. + +Aquella muchacha era Mariblanca, que despues de haber mirado por un +momento el capitan, siguió su camino haciendo un mohin de desprecio. + +--¿Conoces á esa prenda? dijo el capitan al Ansarí, siguiendo adelante. + +--Es Mariblanca, contestó lacónicamente el xeque. + +--Cuando yo se la quité á su padre para hacerla mia, repuso con +desvergüenza el capitan, se llamaba Alida. + +--Entonces era mora. + +--Es verdad: recuerdo que por casarse conmigo se bautizó. + +--Y entonces la pusieron María: despues como es blanca como la nieve, +han dado en llamarla Mariblanca. + +--¿Y se ha casado?... + +--Es ama del licenciado Juan de Ribera, beneficiado de la iglesia de la +villa. + +--¡Ah! ¡ah! ¡querida de un clérigo!... bien... pues mira aposenta á mi +cuñado en tu casa, que yo voy á aposentarme en la del beneficiado. + +--Como guste vuesamerced, dijo el Ansarí. + +Diego de Herrera, como quien conocia el pueblo, se fué derecho á la casa +del beneficiado. + +Cuando llegó á ella no habia nadie mas que el niño de coro que servia á +Mariblanca, porque en cuanto al clérigo solo se dejaba servir por la +jóven. + +Era demasiado persona un capitan de infantería española en aquellos +tiempos y en tales circunstancias, para que un vecino, y mucho menos un +niño, se opusiese á su voluntad. El capitan metió por sí mismo el +caballo en la cuadra donde el beneficiado tenia su mula; entróse como +por su casa en las habitaciones interiores, y en la mejor se echó sobre +un ancho mueble, especie de sofá que el beneficiado, hombre cómodo si +los habia, tenia para su regalo, y clavó sus espuelas en el damasco de +los almohadones, sin importársele de ello un ardite. + +--¿Dónde está tu amo? dijo el capitan al niño de coro que le habia +seguido absorto. + +--Está en la iglesia, señor, contestó aturdido el muchacho. + +--¿Y no hay quien me dé de almorzar? + +--No, no señor, contestó mas aturdido el muchacho: la señora Mariblanca +está fuera. + +--¿Quién está ahí? dijo una voz sonora y fresca á la puerta del +aposento. + +El muchacho por toda respuesta señaló al capitan que estaba echado sobre +el sofá una pierna sobre la otra, y desceñido el talabarte. + +--¡Ah! dijo Mariblanca, de la manera mas natural y aun con alegría, con +la alegría de quien ve al cabo de mucho tiempo de ausencia á una persona +á quien ama: ¡bien venido sea el señor capitan! + +El muchacho se habia ido: Mariblanca y Diego de Herrera estaban solos. + +Reconozcamos á estas dos personas. + +Era ella una mujer como de veinte y cuatro á veinte y cinco años, pero +con el brillo de una juventud extremada, alta de frente, ancha de +hombros, un tanto largo el cuello, prominente el pecho, delgado el +talle, y gallardamente pronunciadas las caderas; era muy blanca, hasta +el último punto que puede ser blanca una mujer; levemente sonrosada en +las mejillas y los labios húmedos y muy rojos: tenia los cabellos muy +negros y muy abundantes: las cejas y las pestañas negrísimas y espesas; +los ojos garzos; torneados el cuello, los brazos y las piernas, y muy +pequeños y muy gruesecitos los piés y las manos: era una de esas +moriscas cuyo tipo se conserva aun en las Alpujarras, que enamoran á una +piedra, que derriten con su mirada el hielo, y que desesperarian á un +pintor. + +Vestia al uso del pais, y su corto zagalejo dejaba ver las deliciosas +extremidades en que se sustentaba: se nos olvidaba decir que era alta y +robusta, y que en sus ojos, en su boca y en la actitud de su cabeza, +habia algo de duro, altivo y fiero, que en vez de perjudicarla aumentaba +su hermosura, porque asociaba á ella la idea de la fuerza, del valor y +de la dignidad. + +Diego de Herrera era un hombre de cuarenta años; alto, robusto, +membrudo, con picaresco semblante de soldado, curtido por el sol, por +el aire, y por el polvo y el humo de las batallas; procacidad en los +ojos, cinismo en la expresion de la boca, audacia en sus maneras, y +rudeza y sabor soldadesco en todo su conjunto; todo como cubierto, +velado y dulcificado por cierto espíritu de nobleza de raza, que hacia +comprender que se trataba de un noble, aventurero y soldadote eso sí, +pero de _pur sang_. + +--¿Sabías tú que yo vivia en esta casa, Diego? dijo Mariblanca, posando +en el capitan una mirada entumecida, no sabemos si por el odio, pero que +podia haberlo sido del mismo modo por el amor. + +--¿Pues si tú no vivieras en esta casa vida mia, á qué habia yo de haber +venido á ella? + +--Pues has tardado en venir, contestó Mariblanca. + +--¿Qué quieres? En primer lugar el soldado es del rey en cuerpo y alma, +y es necesario ir á donde nos manda su magestad, sin que nos duelan +prendas del alma: ademas que la última vez que nos vimos me trataste de +un modo que no demostraba que tuvieses muchas ganas de volverme á ver. + +--Te dí de puñaladas. + +--Pero no me mataste, como me estas matando con tus ojos. + +Y el capitan se sentó en el sofá, y echó á un lado el talabarte con la +daga y la espada. + +Mariblanca se habia acercado, y habia apoyado una mano en el hombro del +capitan. + +--¿Es verdad que mis ojos te matan? le dijo. + +--¡Ah, diablo! me parece que respiro con dificultad, Alida, repuso el +capitan rodeando con sus dos manos su cintura. + +--A veces el tiempo que pasa hace milagros, dijo con un leve sarcasmo la +jóven. + +--Sí, si por cierto; el tiempo que pasa, cuando pasa como ha pasado por +tí, hace el milagro de convertir á una niña bonita en una moza como tú +¡cien rayos! ¿sabes que seria capaz por tí de matar á todos los clérigos +del mundo? + +--¿Y por qué? + +--¿No eres ama de un beneficiado? + +--¡Y bien! + +--Ama y manceba... + +--Son dos cosas distintas... + +--¿De veras? + +--Te lo juro. + +--Si se pudiera creer eso... + +--La que dió de puñaladas al amante que la engañaba, no es mujer de +tener mas que un amante. + +--¡Oh! ¡oh! si yo llego á creer eso... + +Y el capitan trajo hácia sí con tal fuerza á Mariblanca, que aunque esta +era fuerte, no pudo evitar que la diese un sonoro beso en el cuello. + +Mariblanca, sin embargo, saltó atrás y quedó libre. + +--Estas son locuras, dijo. + +--¡Cómo! exclamó el capitan: ¿no quieres ser mi mujer? + +--No digo eso: sino que venir á esta casa, y despues enamorarme en ella, +son locura sobre locura. + +--¿Pues qué he de hacer? + +--Ven á verme esta noche. + +--¿Esta noche? + +--Sí. + +--¿A hablarte por la reja? no me acomoda. + +--Toma: dijo Mariblanca yendo á una espetera y tomando una llave. + +--¿Y para qué esto? + +--Para que entres esta noche en el huerto por el postigo. + +--Hace mucho frio para estar al sereno. + +--Al huerto da la ventana de mi aposento. + +--¡Ah! eso es distinto. Pero es el caso, que yo no daré con ese postigo. + +--Pues es muy fácil; mira (y Mariblanca señaló al huerto que se veía por +una puerta del fondo): ¿ves aquella higuera? + +--Sí. + +--Sus ramas salen fuera de la tapia. + +--Sí. + +--Junto á esa higuera, está el postigo. + +El capitan tomó la llave y la guardó en el bolsillo de sus gregüescos. + +--¿Y á qué hora he de venir, luz de mis ojos? + +Quedóse un instante meditando Mariblanca. + +--Esta noche es noche de Navidad, dijo al fin. + +--Es verdad, repuso el capitan. + +--A las doce dirá la misa del Gallo el señor Juan de Ribera. + +--Y entre tanto tú te quedarás sola en la casa. + +--Sí, porque pretextaré que estoy enferma para no ir á misa. + +--Bien, muy bien: con que es decir, que esta noche á las doce. + +El capitan se levantó, y se dirigió á Mariblanca con notoria intencion +de abrazarla. + +--Quieto, quieto, señor mio, dijo la jóven: aunque estamos solos puede +entrar gente de un momento á otro. Vete. Hasta la noche. + +--Sea como tú quieras, Mariblanca: adios. + +El capitan se fué á la cuadra, sacó su caballo, montó en él, y fué á +hospedarse casa del Ansarí murmurando por el camino: + +--Está hecha una prenda de rey: y me ama: me ama aun: las mujeres no +olvidan nunca á su primer amante: vive Dios que esta Noche Buena, vá á +ser la mejor noche que haya pasado en toda mi vida. + + + + + +CAPITULO XVIII. + + El palacio encantado. + + +Aun no eran las once de la mañana, cuando salia de Cádiar una larga +procesion, en medio de los moriscos que la miraban con un mudismo de mal +agüero. + +Componian esta procesion, unos cuarenta frailes entre donados y de misa, +franciscanos descalzos, con sus hábitos cenicientos, sus anchas +sandalias y sus estrechos cerquillos, llevando su pendon y su cruz: trás +estos, iba la clerecía de la iglesia parroquial, con sus albas y sus +bonetes, llevando delante estandarte y ciriales, y detrás el señor +beneficiado, cubierto con una riquísima capa de coro, llevando á la +derecha un diácono, y á la izquierda un subdiácono; seguia el corregidor +con el escribano, y la turba alguacilesca, despues los vecinos mas ricos +del pueblo, entre los que se contaba Tomás el Ansarí, y por último, el +capitan Diego de Herrera, y su cuñado Juan Hurtado Docampo, vestidos de +gala, llevando trás sí, al compás de la marcha de pífanos y tambores, +los cincuenta arcabuceros que habian traido á la villa, no menos +engalanados y empenachados. + +Toda esta gente salia á recibir al señor Molina de Medrano, inquisidor +de la Suprema del Santo Oficio de la general Inquisicion, que con un +secretario, algunos alguaciles y un resguardo de cuadrilleros de la +Santa Hermandad, esperaba aquella procesion en la venta de la +Mala-noche, á un cuarto de legua de Cádiar, para entrar con ella en la +villa, con la pompa, decoro y aparato que correspondian al Santo Oficio. + +Llegaron á la venta los que recibian, se incorporaron á ellos los +recibidos, y tomaron el camino de Cádiar, aumentándose el ruido de los +pífanos y tambores de la infantería, con los clarines de los +cuadrilleros y los sordos timbales del Santo Oficio. + +Apenas el insigne maese Barbillo, que armado de sobrepelliz y sotana, +atalayaba desde la torre de la iglesia el camino, vió que los que iban, +se habian reunido á los que venian, cuando, satisfaciendo la +impaciencia de los monaguillos, les mandó echar las campanas á vuelo. + +Aquel alegre toque, penetró como una amenaza terrible en las casas de +los moriscos del pueblo: los hombres miraron con temor á sus mujeres +como si las viesen por la última vez, y estas abrazaron llorando á sus +pequeñuelos. + +¡La Inquisicion se acercaba! + +Sin embargo, esta consternacion, este dolor eran un delito, y debian +quedar ocultos en el fondo del hogar: fuera era necesario, no solo +mostrar el semblante alegre, sino tambien salir engalanados al encuentro +de la Inquisicion. + +Esta, con las gentes que la acompañaban, entró al fin en el pueblo; pero +apenas habia entrado, cuando de una breña cercana se levantó un hombre. + +Aquel hombre era el emir de los monfíes. + +Llevaba Yaye el mismo trage castellano, con que aquella mañana habia +hablado á Juan de Ribera, con el nombre de don Alonso de Fuensalida. + +Junto á él, oculto en las quebraduras, estaba su caballo. + +Silbó Yaye, y un momento despues saltaron por las rocas del barranco dos +hombres. + +Era el uno su wazir, Harum-el-Geniz, el otro, brabío, terrible, casi +salvaje, era el tremendo Ferih de los Berchules. + +--Al momento, Harum, al momento, dijo Yaye: vé y ordena á +Farax-aben-Farax, que con los seis mil hombres que le he entregado, +marche sobre Granada: que procure llegar á ella á la media noche; que +levante el Albaicin con unos pocos, mientras con los restantes enviste +la Alhambra. Que ponga, en fin, en ejecucion cuanto le tengo ordenado. +Vé. + +Harum partió. + +Yaye se volvió al Ferih, y le señaló á Cádiar que se levantaba delante +de ellos sobre su vericueto. + +--¿Oyes? le dijo. + +--¡Los infieles estan alegres! contestó el Ferih. + +--Allí vive tu hija, la hija que te ha deshonrado; allí está el que +deshonró á tu hija: es necesario que te vengues, Melik. + +--Hace mucho tiempo que estoy esperando mi venganza. + +--¡Allí tambien está doña Elvira de Céspedes! + +--¡Ah, señor! el amor que os tiene esa dama, os puede ser funesto: +¿porqué en estos momentos supremos no satisfaceis ese amor? ¿ignorais +que Aben-Jahuar-el-Zaquer, es un traidor? + +--No importa: una cabeza mas que cortar. + +--Es que Aben-Humeya y Aben-Aboo, son sus sobrinos. + +Estremecióse Yaye al escuchar el nombre de sus hijos, y repitió sin +embargo. + +--No importa: escúchame bien: en Cádiar tenemos ahora mismo un +inquisidor infame, un beneficiado hipócrita y cruel, un capitan de +infantería aventurero y asesino; una compañía de arcabuceros, un +convento de frailes; un corregidor, y una bandada de alguaciles: cerca á +la redonda á Cádiar: que no pueda salir ninguno de esas gentes; que cada +breña, cada piedra, cada mata, oculte á un monfí. + +--Cercaré la villa, señor, y no saldrá ni una mosca de ella. + +--Pero cércala bien: con gente sobrada, y de modo que nadie pueda verla. + +--Asi lo haré, señor. + +--Solo dejarás pasar por el camino de Yátor, al beneficiado Juan de +Ribera, y al sacristan Barbillo. + +--¿No sabeis, señor, que ese Barbillo es el amante con que ahora se +entretiene mi infame hija? + +--El beneficiado y el sacristan volverán á Cádiar: cuenta Ferih con que +les acontezca algo en el camino. + +--¿Y si fuese con ellos alguna otra persona? + +--La dejarás tambien pasar. + +--Muy bien, señor. + +--Vete y espérame en la rambla Roja. + +El Ferih desapareció entre las breñas. + +El emir desató su caballo de un espino, y siguió una rambla abajo. + +Las campanas de la iglesia de Cádiar seguian repicando. + +Yaye se perdió entre las quebraduras. + +Entonces, de una breña que estaba próxima al lugar donde habian hablado +Yaye, Harum y el Ferih, salieron dos hombres. + +El uno tenia una capa gris, y el otro una capa negra. + +Eran los mismos que habia estado mirando Aben-Aboo desde la ventana del +meson del Cojo. + +Eran el comediante Andrés Cisneros, y Laurenti ó Bempo ó Godinez, como +quieran nuestros lectores. + +--¿Habeis oido? dijo Laurenti á Cisneros. + +--Si por cierto, dijo el comediante todo trémulo, y me parece que +estamos en muy mal lugar. + +--Yo os creia mas valiente. + +--¿Podeis pedirme mas valor? Por esa mujer he hecho lo que no hubiera +hecho por ninguna. Desde que me dijisteis que no la perdiese de vista, +desde el domingo por la mañana, la he observado: en acecho estaba cuando +entró en su aposento Aben-Aboo, y me dieron tentaciones de entrar y de +matarle allí mismo. + +--Hubiérais hecho muy mal. + +--Los zelos son malos consejeros. + +--Vos no debeis tener zelos de esa mujer. + +--¿No los teneis vos? + +--¡Yo! lo que la tengo es odio. Ademas, no hay que tener zelos. Ella no +ama mas que á un hombre, y ese hombre no la ama. + +--¿Y á pesar de eso, huye con otro hombre? + +--Por vengarse. + +--¿Y por vengarse, ha hecho lo que yo la he visto hacer? + +--¿Y qué la habeis visto hacer vos? + +--He dicho mal, no lo he visto: lo he sentido. + +--¿Pero qué habeis sentido? + +--Ya os he dicho, que cuando salieron del corral del Carbon los seguí; +que cuando salieron de la ciudad los seguí tambien, pagando á los +guardas de la puerta del Rastro, para que me dejasen salir como á ellos; +que los seguí por el camino, á pesar de que el caballo de ese maldito +morisco, andaba mas deprisa de lo que yo hubiese querido; que cuando +ellos han entrado en una venta del camino, me he esperado fuera, sin +comer, descansando solo el tiempo que han tardado en salir: pues bien, +durante esa larga jornada, he sentido en medio del silencio de la +noche... + +--¡Algun beso!... + +--Besos ardientes: besos de enamorados. + +--Y bien, ¿no os ha besado tambien Angiolina? + +--Si. + +--¿No se ha mostrado tan amorosa con vos delante de las gentes, como os +han dicho se han mostrado con Aben-Aboo las mozas de las ventas á +quienes habeis preguntado, cediendo á vuestros ridículos zelos? + +--Si, si; es verdad que hasta que apareció en Granada el marqués de la +Guardia, todos me han creido amante de esa mujer. + +--Sin embargo nada habeis obtenido de ella. + +--Es verdad. + +--Y os ha mantenido continuamente en una falaz esperanza. + +--Es verdad. + +--Pues de la misma manera, aunque todo el mundo la crea enamorada de +Aben-Aboo, aunque Aben-Aboo, que si no la ama ya, la amará con toda su +alma, se crea amado por ella, os lo afirmo, os lo afirmo yo que la +conozco desde hace diez años: Angiolina, que solo ama al marqués, será +fiel á sus amores, se vengará del marqués, le matará si es posible: +matará si puede á la sultana Amina, á cuantos encuentre ante sus zelos y +su rabia: pero guardará puro su amor á ese hombre: vos no conoceis á +Angiolina, añadió suspirando Laurenti: no, no la conoceis: si ella me +hubiera amado, que bien pudiera haber sido si yo.... pero en fin, no +hablemos de esto: hay dolores que hierven en mi corazon, silenciosos, +terribles; que se agitan dentro de él, que luchan, que solo conoce esa +mujer... no hablemos mas de este asunto: pero vos necesitais vengaros... + +--Si... con toda mi alma. + +--Yo tambien. + +--Pues á vengarnos hemos venido á las Alpujarras, á vengarnos del +marqués de la Guardia. + +--Nuestra venganza es injusta, dijo moviendo tristemente la cabeza +Cisneros. + +--¡Oh! yo odio á ese hombre: yo la aborrezco á ella: á él porque ella le +ama, á ella porque le ama á él. Pero andad mas de prisa, Cisneros; ¿no +habeis oido al emir mandar á sus monfíes que cerquen á Cádiar á la +redonda? + +--Y es muy posible que si los monfíes nos encuentran y nos prenden, y +nos presentan al emir, no podamos dar cima á nuestros proyectos. + +--Si me seguís á buen andar yo os juro que no daran con nosotros. + +--La primer contra que tenemos es que no conocemos el terreno. + +--Vos no; yo si, y os sirvo de guia. + +--¿Que conoceis vos las Alpujarras? + +--Conozco la parte que necesito conocer. + +--Yo creia que nunca habiais venido á ellas. + +--Yo presentía que los sucesos me habian de traer á ellas alguna vez, +siguiendo á Angiolina, y procuré que me fuesen familiares. + +--No sé cuando habeis podido... + +--Yo necesito muy poco tiempo para conocer un terreno: como que he sido +bandido... + +--¡Ah! exclamó Cisneros, mirando con un asombro temeroso á Laurenti, que +á cada momento crecia en proporciones fatídicas ante sus ojos. + +--Si; he sido bandido, y famoso y terrible: me han perseguido y jamás +han podido dar conmigo: basta con que yo vea la estructura de un país +para que comprenda sin equivocarme las ventajas que puedo sacar de él. Y +sino juzgad, juzgad por vos mismo: ¿no me habeis encontrado junto á vos +en las Alpujarras cuando menos lo esperabais? + +--¿Y cómo habia de esperarlo? Yo creia que os quedábais en Granada al +frente de la compañía. + +--¡Que se la lleve el diablo! vos os vinísteis siguiendo á una mujer; yo +me vine siguiendo á un hombre. + +--¡Al marqués de la Guardia! ¿estará acaso en las Alpujarras? + +--En las Alpujarras se encuentra, aunque es muy posible que no lo sepa. + +--¿Y dónde está? + +--¿Para qué quereis saberlo? Dejaos guiar de mí, no me pregunteis mas de +lo que yo quiera deciros, y sobre todo andad mas de prisa. Porque +conozco el terreno os aguijo; hasta que salgamos de esta humbria estamos +en peligro. + +--Es que resbalo sobre el hielo. + +--Si no os sentís con fuerzas para la empresa en que os habeis metido +volveos. + +--No, no; os seguiré... os seguiré á donde querais. + +--Pues bien, seguidme, y por ahora callad; entramos en un terreno +nevado, y la nieve ahogará el ruido de nuestros pasos. + +--Pero el que pueda oirnos nos puede ver. + +--Son dos cosas distintas: pueden oirnos sin vernos: callemos, pues, ya +que no podemos hacernos invisibles. + +Cisneros siguió en silencio á Laurenti, que á gran paso, por entre +pinares lóbregos y estrechos y ásperas quebraduras, alejándose +constantemente hácia el Este, anduvo sin parar durante tres horas. + +Cisneros le seguia con gran fatiga; al fin en un barranco granítico de +altísimas cortaduras que á nada se parecia mas que á una profunda grieta +abierta en las rocas, se sentó sobre una piedra exclamando: + +--Señor Godinez, yo no puedo mas: si la jornada es mas larga seguid vos +solo; en cuanto á mí suceda lo que quiera, y aunque me esponga á ser +cogido por los monfíes aquí me quedo. + +--Descansad cuanto querais, contestó Laurenti, porque no pasaremos de +aquí: este es un escondrijo tan bueno, como que no hay un solo natural +de las Alpujarras que se atreva á pasar junto á él, ni en cuatro tiros +de arcabuz á la redonda: mirad bien: este es un agujero; ni hay en él +arena, ni yerba, ni musgo, la roca pelada, negra y calcárea, únicamente: +ni aun las águilas se atreven á anidar en ella: ¿veis ese pico, esa roca +informe que se levanta allá abajo, sola y escueta, y cuya parte superior +remeda groseramente una cabeza humana desgreñada? + +--Si que la veo. + +--Pues bien, los naturales pretenden que esa roca ha sentido alguna vez, +que ha sido una mujer hermosa... + +--Consejas de los montañeses. + +--Yo os contaré esa conseja en otra ocasion: ahora solo os diré el +nombre de esa roca. + +--¿La bruja maldita, acaso? + +--No, la princesa encantada. Pues bien, esa princesa nos va á servir de +abrigo y refugio, y al lado de un buen fuego y despues de un excelente +almuerzo, podremos hablar largamente de nuestros asuntos, puesto que +tenemos de plazo hasta la noche. + +--¿Y dónde encontraremos ese fuego y ese almuerzo? + +--En las faldas de la princesa; conque, levantaos y vamos, que estando +parados se hace mas sensible el frio de este aire maldito que zumba +entre las cortaduras. + +Laurenti se dirigió á la princesa encantada: siguióle Cisneros, dieron +la vuelta á la enorme roca, y el comediante vió, que sobre algunas +escabrosidades que remedaban bastante bien el repliegue de la falda de +una estátua sobre su pedestal, habia una estrecha y negra grieta por la +cual apenas cabia un hombre. + +Laurenti y Cisneros subieron á ella, recorrieron un pasadizo estrecho y +tortuoso, y se encontraron en un espacio densamente lóbrego. + +--¿Y qué diablos vamos á hacer aquí á oscuras? + +--Esperad, esperad un momento: este es mi palacio en el cual no falta +nada. + +--¡Ah! ¡teneis el don de hacer milagros! + +--Bien podeis decirlo: solo hace tres dias que he descubierto este +escondrijo y ya está habitable. + +--¿Y como lo descubristeis? No hay senda hasta él, y siendo un lugar de +maldicion para los naturales... + +--Es verdad: está en el centro de una sierra, lejos de las veredas y de +los pueblos; por lo mismo, yo que buscaba un lugar escondido y poco +frecuentado, he dado con él. + +Y entre tanto Cisneros, arrancaba chispas de un pedernal. + +--¿Y como supísteis su nombre y su historia? + +--¡Eh! ¡y que curioso sois amigo mio! observó Laurenti, haciendo luz en +la yesca encendida con una pajuela de azufre. + +--¡Diablo! exclamó Cisneros, al ver á la luz de la lámpara que habia +encendido con la pajuela, Laurenti, el gran espacio en que se +encontraban: nunca hubiera creido que fuese tan grande el vientre de la +_princesa encantada_. + +--Donde han dominado mucho tiempo los árabes y los moros, dijo +Cisneros, se encuentran cosas muy singulares, especialmente en las +montañas: los tales musulmanes son minadores como topos: ademas como +andaban siempre en continuas guerras civiles, y en rebeldías contra sus +emires ó reyes, necesitaban la mina para escapar en las ciudades, y en +las montañas para esconderse, los antros y las grutas: venid, venid +conmigo y vereis. + +Y se encaminó con Cisneros á un oscuro ángulo de la caverna, y se metió +por otro pasadizo. + +--¡Ah! con que es decir, preguntó Cisneros, que solo hemos visto como +quien dice, la antecámara. + +--Menos aun, amigo mio; hemos pasado el zaguan, y estamos en las +escaleras: ¿no notais que descendemos? + +--Si por cierto. + +--¿No reparais que por esta rampa cabe una cabalgadura? + +--Si. + +--Dentro de poco llegaremos á las galerías, solo que las galerías son +mas estrechas que las escaleras. + +--¿Qué bulto es aquel que hay allí? dijo deteniéndose Cisneros: parece +un hombre echado sobre sus manos. + +--Paréceme que teneis miedo, Cisneros. + +--¡Yo! + +--Si, y que el miedo os enturbia los ojos: lo que os parece un hombre +acurrucado, no es otra cosa que un asno de las Alpujarras, que come +tranquilamente su pienso. + +--¿Y qué hace ese asno aquí? + +--Vos supondreis, que yo no habia de reducirme á vivir en una casa +completamente desamueblada siendo rico, es decir, habiendo traido +conmigo oro y alhajas. + +--¡Ya..! + +--Habeis de saber, que cuando buscando yo un lugar apartado y seguro de +tropiezos, me encontré en los alrededores de este sitio, oí una voz que +me decia: á gritos: + +--¡Eh! ¡amigo! ¡buen amigo! ¡deteneos! ¡no deis un paso mas! Levanté la +vista al lugar de donde salia la voz y vi un pastor que en una vereda +aguijaba sus cabras. + +Supuse que habia cerca de mí algun peligro, y me detuve. + +--Si quereis salir al camino venid para acá, me dijo el pastor. + +Encaminéme á él. + +Cuando llegué le pregunté, que por qué me habia detenido. + +--¿Sois forastero? me dijo. + +--Forastero soy, le respondí. + +--Ya se conoce, repuso: si vos hubiérais estado en las Alpujarras algun +tiempo, hubiérais oido hablar de la _princesa encantada_. + +--¿Y qué princesa encantada es esa? + +--Dios os libre de conocerla, me dijo, porque moririais si no os +acontecia una desgracia peor. + +Y entonces me relató la historia del encantamento de la princesa, que es +tal, que darian de buena gana tres ducados por saberla Torres Navarro ó +Lope de Rueda. Se puede hacer con ella una comedia que daria muchas +ganancias. Ya os la referiré en otra ocasion. + +Seguí con el pastor algun tiempo. Durante este espacio, el pastor me +dijo que en el lugar donde estaba encantada la princesa habia un palacio +encantado tambien, solo que en vez de estar la princesa encantada en el +palacio, el palacio estaba encantado en la princesa. + +--He ahi una singularidad que no he visto en ningun libro de +caballerías, por mas que los tales libros están llenos de disparates. + +--Eso consiste en que el vulgo tiene el privilegio de inventar los mas +disparatados disparates: sin embargo, dentro del palacio encantado +estamos: hemos pasado el zaguan, hemos bajado las escaleras, pasado +junto á las caballerizas y nos revolvemos por los corredores. + +--Pues si este ha sido palacio, tal le ha puesto el encanto que no le +conociera el alarife que le construyó. + +--¡Eh! hasta el fin no podemos juzgar. Aun no hemos llegado al fin. +Dejadme que acabe de relataros mi conversacion con el pastor. + +--¿Y decís, le pregunté, que nadie se atreve á pasar ni á tres tiros de +arcabuz á la redonda junto á la sima de la princesa encantada? + +--Nadie, ni los pájaros, me contestó: cuando una cabra se pierde hácia +allá preferimos perderla á acercarnos en su busca al sitio maldito: y se +pierden muchas, señor: yo creo que las atraen los brujos que viven en el +palacio, para devorarlas. + +--Mirad no hayan corrido esa voz los monfíes para tener un albergue +seguro. + +--Ningun monfí se atreveria á llegar al sitio á donde vos llegásteis +cuando os llamé: y eso que los monfíes son valientes como demonios. + +--¿Y conoceis vos á los monfíes? cuasi nadie los conoce. + +--No los conocerán las justicias, ni los cuadrilleros, ni los soldados +del rey: pero los pastores de la sierra es distinto: como que nos +compran cabras y corderos y muchas noches duermen en nuestras majadas. +Si no fueran moros y tan crueles, son buena gente: buenos mozos, +gastadores, y bravos, eso sí, como lobos: á los pastores nos tratan +bien: pero desdichado del pastor que dice que los ha visto... + +--¿Con que tambien esos valientes monfíes tiemblan de acercarse á la +sima maldita? + +--Ya os digo que se dejarian coger y arcabucear por los soldados del rey +antes de pasar de ciertas piedras que están puestas como señales +alrededor de la síma. + +--Pues os agradezco el que me hayais salvado de tal peligro. + +--No habeis tenido mala suerte en que yo os vea. Ahora bien, he aquí el +camino de Orgiva. + +--Es que yo no iba á Orgiva, le contesté: por lo que me decís, me he +perdido. + +--¿Pues á donde ibais? + +--A Cádiar. + +--¡Diablo! pues teneis que desandar el camino, y un mal camino: +atravesar el puerto que estará cerrado... + +--No importa, solo que estoy cansado. + +--Pues meteos en una cortijada, descansad y tomad un guia. + +--No, no, prefiero otra cosa. ¿Me vendeis vuestro asno? le dije +señalando el que llevaba en el hato. + +--Es un jumento nuevo y de buena casta que puede cargar con una iglesia, +me dijo. + +--Pues mejor, asi podrá aguantar una buena jornada. + +--Es que yo no le venderé en menos de diez ducados. + +--No quede por eso tomad doce. + +Y sacándolos del bolsillo los di al pastor. + +--Vamos á aquella cortijada, me dijo; descargaré al pollino y os le +llevareis. + +Poco despues, y habiéndome dado el pastor las señas del camino por donde +debia ir para llegar al puerto, me encontraba cabalgando en mi asno por +la senda de un áspero desfiladero. + +A mis piés veia la especie de embudo donde está situada la sima de la +princesa encantada. + +Estaba enteramente solo; descendí, llegué á las quebraduras; ví la roca +á quien creen una mujer encantada, y encontré esta gruta: ¡ah! ¡á +propósito! deteneos un momento Cisneros: ¿veis ese agujero abierto +debajo de esa enorme roca? + +--Sí. + +--Pues ahí hay un barril de pólvora. + +--¡Un barril de pólvora! ¿y para qué? + +--En el centro de la primera gruta, me habia olvidado de deciroslo, hay +otro, y otro á la entrada de la galería, junto al lugar que sirve de +establo al asno. Estos tres barriles son mi defensa. + +--¡Ah! + +--Si, estoy ya escarmentado: si en otra ocasion hubiera tomado las +mismas precauciones, mi suerte seria otra, y acaso otra la vuestra, +porque entonces no hubiera venido á España con Angiolina. + +--Pero no comprendo... + +--Mis proyectos son tales, que puede suceder que me vea perseguido ya +por los tercios del rey, ya por los mismos monfíes. En un extremo, al +entrar en la gruta pongo fuego á la primera mecha, despues á la segunda, +por último á esta. + +--Pero os sentenciais á volar hecho pedazos. + +--No por cierto: la explosion se efectúa siempre de abajo arriba: nunca +de arriba á abajo. + +--Deben ser terribles vuestros proyectos cuando de tal modo os +preparais. + +--Vamos adelante Cisneros y sabreis parte de esos proyectos. Os anuncio +que vamos á penetrar dentro de poco en un verdadero palacio. + +--¿Será verdad lo del encantamento? + +--Si lo del encantamento no es verdad, estoy seguro que si estas rocas +habláran podrian contarnos alguna historia, y aun historias de mucho +interés. + +--¿Y creeis vos que se hayan abierto exprofeso estas galerías para hacer +un palacio en las entrañas de la tierra? + +--No amigo mio: estas galerías se han abierto para otro objeto; esta es +sin disputa una antigua mina romana, ó acaso mas antigua; á poco trabajo +encontrareis sobre el terreno escorias de fundiciones de plata; mirad un +pequeño fragmento. + +Y Laurenti levantó del suelo una partícula de una materia gris oscura y +esponjosa. + +--En lo que no cabe duda, es en que algun rico bandido, ó algun señor +rebelde se han aprovechado de estas y otras minas para ocultarse y de +que, para hacerlas mas cómodas han construido en ellas algunas +habitaciones con el bello gusto de los árabes. He aquí que llegamos á un +punto en que podeis admirar esa delicada arquitectura. + +En efecto tenian delante un arco árabe estucado, medianamente +conservado, pero sin puerta. + +--¡Ah! dijo Cisneros, esto se parece á la Alhambra. + +--¡Si! el mismo adorno, el mismo primor, pero mas reducidas las +habitaciones: bajad la cabeza sino quereis tropezar en el arco. + +Entraron y se encontraron en una pequeña habitacion cuadrada embaldosada +de marmol, estucada, con techo de bovedillas. + +Al fondo habia una puerta mas alta que la anterior que daba paso á una +galería, á cuyos costados habia algunas puertas, y á cuyo fin se abria +otro arco, por el que se ingresaba en una gran cámara. + +--Esto es muy bello, dijo Cisneros. + +--Ya lo creo; es un verdadero alcázar algo deteriorado. + +--Y en el que hace algun frio. + +--Lo que prueba que el aire tiene comunicacion. + +--¡Cómo! ¿no estais seguro de ello? + +--No he tenido tiempo de recorrer la mina. Las únicas habitaciones que +existen son las que habeis visto y las que corresponden á la puerta por +junto á las cuales acabamos de pasar. Esta cámara, no tiene mas que una +entrada y dos alcobas: mirad: el pavimento es magnífico: de mosáico +aunque empolvado y sucio: mirad qué bella es la fuente del centro; lo +que prueba que hay algun valle ó barranco mas abajo del nivel de esta +habitacion adonde puedan ir á parar las aguas: el encañado debe estar en +buen uso, porque ayer la fuente corria: Cuando salí al aire libre vi que +habia llovido. + +--Pues ha sido un hallazgo este escondite, dijo Cisneros, porque yo no +sabia donde meterme: me conoce el emir de los monfíes, me conocen +Aben-Humeya y Aben-Aboo, me conocen en fin otras muchas personas por +temor de encontrarme con las cuales, he andado á salto de mata, +durmiendo en los ventorrillos y aperreándome por los cerros. + +--Agradecedme, pues, el que haya pensado en vos, al establecerme aquí. + +--¡Como! + +--Aquel es vuestro aposento, dijo Laurenti señalando uno de los alhamies +ó alcobas: venid y juzgad. + +Dirigiéronse allá, y Cisneros con gran asombro encontró un lecho y una +pequeña mesa con algunas botellas. + +--Es cuanto aquí nos hace falta, dijo Laurenti: vino que beber y lecho +en que descansar. + +--Y el vino es bueno, dijo Cisneros empinando una botella. + +--Es de la tierra. + +--Pero falta algo mas. + +--¡Qué! + +--Algo que comer. + +--Mi olla debe estar cocida, dijo Laurenti. + +--¡Diablo! sois un hombre que de nadie necesitais. + +--Si tal, he necesitado de un jumento que traiga nuestras camas, +nuestros víveres y nuestra leña, á mas de dos buenos arcabuces que hay +en aquel rincon. + +--Sois todo un hombre, señor Godinez. + +--Voy á traer leña, la encenderemos, pondremos junto á ella nuestra +mesa, comeremos, beberemos, y acabaremos de entendernos. + +Algun tiempo despues, sentados en dos taburetes de pino, teniendo en +medio una mesa, en que se veian dos botellas, un vaso y una fuente de +estaño, en que humeaba una olla podrida, al lado de una hoguera que +ahumaba la habitacion, comian y bebian callando, en uno de esos primeros +momentos de la comida, en que solo se atiende á un apetito exigente, +Laurenti y Cisneros. + +--Vamos á ver, dijo el primero al segundo, sacando un enorme reloj de +bolsillo: son las once del dia, hasta las cuatro de la tarde en que +necesitamos ponernos en marcha, van cinco horas: en cinco horas de buena +conversacion, se puede convenir en muchas cosas. + +--Os digo en verdad, amigo Godinez, contestó Cisneros, que me encuentro +en las Alpujarras, y metido segun creo en una grande empresa, sin que yo +me dé otra razon de andar en estos pasos, mas que mi empeño por una +mujer, que se ha burludo de mí, que se ha burlado, por lo que entiendo +de vos, cuya historia es un misterio, y cuyo fin podrá ser desastroso. +Yo he tenido amores con muy nobles y hermosas damas; he gozado del favor +y de la amistad de poderosos señores; he manejado á mi antojo á un +príncipe, y he jugado con mi fortuna, sin pararme nunca á considerar en +qué vendrian á parar mis aventuras: nunca una mujer ha dominado mi +corazon como le domina la princesa: si me hubieran dicho que por esa +mujer habia yo de olvidar mis proyectos, mi conveniencia, cuanto me +interesa; que me habia de ver reducido á una vida casi miserable, sin +dinero, sin amistades, aislado enteramente, sujeto como un niño, y +corriendo trás ella por cerros y valles, no lo hubiera creido. + +--No hay burlas con el amor, dijo Laurenti: esa mujer os arrastra, os +lleva consigo, os atrae, os desespera: teneis zelos: zelos mortales: +teneis sed, una sed inextinguible de hacerla vuestra, y junto con esto, +la rabia de veros burlado, porque esa mujer se ha burlado de vos. + +--Es verdad. + +--Yo tambien voy detrás de esa mujer, pero con distintas intenciones: yo +la conocí por una venganza, y por una venganza me apoderé de ella: se la +robé á su padre: pero cuando se toma por medio de venganza una mujer tal +como Angiolina, nuestra venganza nos hiere, porque nos hace esclavos: al +poco tiempo de haberme apoderado de Angiolina, la amaba; la amaba, no +sabré deciros cómo, porque yo nunca habia amado, pero me parecia que el +ser de ella, se habia trasladado al mio; que respiraba con su aliento, +que mi corazon latia en el suyo... ¡ah! fuí muy imprudente en tomar por +instrumento de una horrible venganza á Angiolina: ella me recuerda mi +venganza: me la recuerda todos los días, á todas horas, porque desde que +me apoderé de ella, hasta hoy (y han pasado diez años), no he dejado de +verla continuamente, á excepcion de dos meses, el año pasado, que vine á +Granada: siempre que la veo, tan hermosa, y al parecer tan pura y tan +casta, se levanta ante mis ojos, detrás de ella, otra mujer hermosa, que +en mal hora dejó de ser casta y pura: otra mujer que me mira con sus +dulces ojos grandes y melancólicos y que me acusa. Nunca que miro á +Angiolina, dejo de ver el espectro de esa otra desdichada: nunca veo esa +figura sangrienta, sin que mi corazon se hiele y se estremezca, por mas +que mi semblante continúe impenetrable: ese fantasma que vive eterno +detrás de Angiolina, es mi remordimiento, mi horrible remordimiento, mi +infierno. + +--¿Fue una mujer que abandonásteis por Angiolina? dijo con interés +Cisneros. + +--No; contestó roncamente Laurenti; fue una mujer á quien maté: á quien +maté á puñaladas, á pesar de que pedia á gritos la vida; la vida, no +para ella, sino para el hijo que llevaba en sus entrañas. + +Laurenti se estremeció de una manera visible, y calló. + +--Mucho debió ofenderos esa mujer, cuando tan cruel fuísteis con ella: +¿era acaso vuestra esposa? + +--Era mi hermana, contestó con acento sepulcral, horrible, tremendo como +una blasfemia, reconcentrado como el rugido de un leon á quien devora la +calentura. + +Cisneros se puso de pié de una manera instintiva, y miró con terror á +Laurenti. + +--¡Matásteis á vuestra hermana! exclamó. + +--Si, pero sentaos: la maté... y ya no tiene remedio: pero esa +catástrofe horrible, aumentó mi amor por Angiolina: durante diez años la +he seguido á todas partes encubierto, disfrazado, sirviéndola, +tendiéndome á sus pies como un esclavo, procurando hacerme amar de ella, +y recibiendo solo en pago, indiferencia; la indiferencia de un mal amo +respecto á su criado: pero al menos no tenia zelos: si Angiolina no me +amaba, al menos no amaba á nadie; pero una noche, Angiolina entró en su +casa con un hombre: con la frente alta, sin recatarse de sus criados, é +introdujo á aquel hombre en sus mismas habitaciones como si hubiera sido +su marido. ¿Y qué creeis que hice yo?... + +--¡Esperásteis á aquel hombre á la salida, y le matásteis...! + +--No le maté, ese hombre vive... es el marqués de la Guardia. + +--¡Ah! + +--Pasé la noche sufriendo lo que ningun hombre ha sufrido jamás, pegado +á una pared medianera de los aposentos de Angiolina; pegado el oído á la +pared, oyendo, percibiendo cuanto Angiolina en su enamorado delirio dijo +y concedió á aquel hombre. + +--¿Y no le matásteis al salir? + +--No, porque tuve miedo. + +--¡Miedo! ¿y de qué? + +--Miedo de que me aborreciese Angiolina. + +--¡Ah! repitió Cisneros. + +--Vos no sabeis lo que es amar: si yo la hubiera amado menos, ella +hubiera sido la que hubiera muerto: pero era su esclavo, y lo soy aun. + +--Y entonces, ¿de quién quereis vengaros? + +--¿De quién? de el hombre que ha tenido la culpa de que Angiolina ame al +marqués. + +--No os comprendo. + +--Angiolina jamás hubiera amado, porque era honrada: porque aun cuando +ella creia no haber pertenecido á su marido, aunque no le amaba, le +estaba agradecida y hubiera respetado su nombre. + +--¿Por qué decis que Angiolina creia no haber pertenecido á su marido? + +--Porque ese marido, el príncipe Maffei Lorenzini, era una moneda falsa, +no habia tal príncipe. + +--¿Pues quién era ese hombre? + +--Ese hombre era yo: yo que habia tomado un disfraz impenetrable y un +nombre supuesto; yo que gastando mis tesoros de bandido, sostenia el +fausto con que Angiolina se presentaba en la córte como princesa. + +--¡Ah! ¡sois un hombre extraordinario! + +--Decia, pues, que Angiolina, por un amor vulgar nunca hubiera manchado +ante las gentes el nombre de su esposo. Pero las mujeres en general +vienen al mundo con un grave pecado: con el pecado de la +vanidad.--Angiolina se habia acostumbrado á ser la reina de las damas de +la córte por su hermosura y por su fausto: yo gastaba cuanto era +necesario: el homenaje y la envidia de los caballeros y de las damas de +la córte, mantenian satisfecha su vanidad; pero cuando se presentó en +Madrid la sultana Amina, ó doña Esperanza, ó la hermosa duquesita, como +dieron en llamarla... + +--La hermosa de las hermosas, la rica entre las ricas: la altiva entre +las altivas, observó Cisneros. + +--Decís bien: esa fatal mujer á cuya influencia debo la amargura que +tengo en el corazon.--A poco de presentarse en la córte la sultana, noté +con terror que Angiolina la envidiaba.--Nadie sabe hasta donde puede +llevar la envidia á una mujer, y yo lo temí todo.--En efecto, Angiolina +notó que la sultana estaba enamorada; buscó el hombre de su amor, le +encontró, y por una sucesion de fatales consecuencias, se hizo querida +del hombre á quien amaba la sultana, pretendió robárselo... la vanidad y +la envidia llevaron á Angiolina respecto al marqués, al mismo punto á +que á mi me llevó mi venganza respecto á Angiolina: se enamoró +perdidamente del marqués de la Guardia. Pues bien, ¿quién es la causa de +que Angiolina haya contraido ese empeño? + +--Indudablemente la sultana Amina; pero acaso, acaso, sin la sultana, +Angiolina se hubiera enamorado del mismo modo del marqués. + +--No la conoceis: el marqués la habia galanteado: y por lo mismo que el +marqués estaba reputado entre las damas de la córte por un hombre +irresistible, su vanidad hubiera defendido de él á Angiolina. + +--¿Quién sabe? + +--Sea como quiera, la causa palpable de mi desgracia es la sultana. La +causa de haber ido la sultana á la córte, la ambicion del emir de los +monfíes. Necesitaba, pues, no atreviéndome á saciar mi corage en +Angiolina, no pudiendo, saciarle en otro: hay rabias que necesitan +matar. Mi rabia se volvió al emir y á su hija. El rey don Felipe, supo +que el duque viudo de la Jarilla era el emir de los monfíes: la córte +supo que la hermosa hija del duque, estaba deshonrada por el amor del +marqués de la Guardia: el mismo emir, en una ocasion solemne cayó á mis +pies bañado en sangre, y la Inquisicion se apoderó de él: libráronle del +Santo Oficio sus monfíes: pero no importa; el golpe de gracia, el golpe +que acabará de hacer pedazos su corazon, que le exterminará, se lo daré +yo aquí, en las Alpujarras, en medio de su ejército: golpe terrible, del +cual se encargaran tales manos, que Satanás escribirá mi venganza entre +las mas terribles que halla producido el odio humano. + +Laurenti, calló, apoyó la cabeza entre sus manos, y quedó profundamente +pensativo: Cisneros le miraba con terror. + +--Ahora bien, dijo Laurenti alzando de nuevo la cabeza, despues de +algunos momentos de silencio; cuento con vos para mi venganza. + +--¡Conmigo! ¿y qué he de hacer yo? + +--Ya habeis oido que doña Elvira de Céspedes, viuda de don Diego de +Córdoba y de Válor, está en Cádiar. Lo habeis oido de boca del mismo +emir de los monfíes. + +--¿Y bien? + +--El emir ha recomendado al Ferih con un acento particular esa dama. + +--¿Y bien? + +--Es necesario que vayais á verla. + +--¿Y con qué pretexto? + +--Por ejemplo: vos conoceis á Aben-Humeya. + +--Mucho: como que el tal está tambien enamorado de Angiolina, y travó +amistad conmigo para aproximarse á ella por mi medio. + +--Pues bien, presentaos á doña Elvira, y decidla: que habiendo escapado +su hijo de Granada, y sabiéndose que los moriscos piensan sublevarse, +acudís á ella para que por su mediacion, os admita su hijo á su +servicio. + +--Pero no veo lo que en eso pueda convenirme. + +--Esta es una de las primeras mallas de una red, en que os juro se +cogeran tantas cosas, contribuyendo vos á ello, que el rey de España os +perdonará por lo de marras, y os dará cuanto querrais. + +--Pero Angiolina... + +--No hay que pensar en ella... ni os ama, ni me ama; esa será otra de +las buenas presas que queden en la red: no pudiendo obtener á Angiolina, +os importa abriros un camino para volver á la córte: vos fuera de Madrid +vivís como el pez de mar en agua dulce: estais mareado: procurad, pues, +enmendar vuestra mala suerte, y para eso servidme: yo necesito ser una +doble persona: vos sois alentado y astuto, y me convenís. + +--¡Qué diablos! dijo Cisneros, mas perdido que estoy no puedo estarlo: +haré cuanto querais. + +--Y no hareis nada que no sea en provecho vuestro: preparaos, sin +embargo, y fortaleceos, porque la empresa es dura y llena de peligros. + +--Entre peligros ando hace mucho tiempo, y de todos ellos me ha sacado +después de Dios, mi buen aliento. + +--Pues por lo pronto, hemos convenido en lo que debemos convenir: esta +tarde nos pondremos en camino, y esta noche entraremos en Cádiar. Con +que si teneis sueño, que bien podrá ser, segun lo que habeis trasnochado +y andado por cerros, dormid, que yo os llamaré cuando sea hora. + +Cisneros que comprendió que aquel terrible y misterioso Godinez, que se +habia convertido en su señor, no tenia mas ganas de hablar, y +sintiéndose por otra parte cansado, se metió en el alhami ó alcoba que +Laurenti le habia dicho era su aposento y se acostó, y á poco se durmió. + +Laurenti, cuando le oyó roncar, se levantó, fué á un rincón donde tenia +su maleta, la abrió, sacó de ella una cartera, y volviendo á sentarse +junto á la mesa, sacó de la cartera unos papeles y se puso á meditar +sobre ellos con profunda y terrible atencion. + + + + +CAPITULO XIX. + + El exámen de doctrina cristiana. + + +A las once de aquel mismo dia, el inquisidor Molina de Medrano, +acompañado del licenciado Juan de Ribera, del guardian de San Francisco, +de algunos clérigos y frailes, del corregidor, del capitan Diego de +Herrera y de algunos castellanos viejos vecinos de Cádiar, entró en la +iglesia. + +Quedaron fuera, Juan Hurtado Docampo, con los arcabuceros, los timbales +y los alguaciles de la Inquisicion. + +Desde el momento en que el inquisidor Molina de Medrano entró en la +iglesia, una campana empezó á tañer un toque lento y acompasado. + +Aquel toque llevó el terror á los oídos de todos los moriscos, porque +aquel toque era la voz que les llamaba á la iglesia para ser examinados +de doctrina cristiana. + +Cuando resonaba la campana tañendo de aquel modo, todos los moriscos +tenian obligacion estrecha, bajo severas penas, de acudir á la iglesia, +sucediendo muchas veces, que el terror hacia dejar el lecho á los mismos +enfermos. + +Apenas empezó el toque, de todas las casas de la villa empezó á salir +gente que se encaminó á la iglesia. + +Bien pronto esta se encontró llena de una multitud vestida en su mayor +parte con el pintoresco trage árabe, notándose solo que las mujeres no +llevaban albornoz ni nada que las cubriese el rostro. + +No era aquel un pueblo cristiano, que lleno de fe y por su libre y +espontánea voluntad acude al templo y se arrodilla ante los altares: era +un pueblo que iba allí llamado por una campana inexorable que parecia +decirles con su lúgubre son:--El que no acuda será condenado:--todos +estaban de pié, apilados hácia el fondo de la iglesia, vista desde el +presbiterio, dejando vacio un gran espacio entre las sillas que á los +piés del altar mayor ocupaba el inquisidor Molina de Medrano, teniendo á +su derecha al beneficiado Juan de Ribera, á su izquierda el sacristán +Barbillo, que tenia en las manos un papel en que se fijaban de una +manera medrosa las miradas de los moriscos, y detrás de su silla, los +clérigos de la iglesia, el guardian y los _padres graves_ del convento +de San Francisco, y por último, los familiares y alguaciles del Santo +Oficio. Ademas, y para no perdonar intimidacion ni aparato, á derecha é +izquierda del presbiterio, en su primer escalon habia dos soldados de la +fe con las alabardas al hombro. + +En el espacio que quedaba libre entre el presbiterio y el semicírculo +demarcado por la primera fila de los moriscos, habia algunas personas +arrodilladas: eran estas personas, dona Isabel de Córdoba y de Válor; +Aben-Aboo, su hijo, Angiolina Visconti, Mariblanca, Tomás el Ansarí, y +algunos otros cristianos viejos, alguaciles y oficiales castellanos, y +moriscos ricos, conocidos por todo el mundo como convertidos de buena +fe. + +Todas estas personas que estaban arrodilladas, parecian buenas +cristianas por su actitud recogida y tranquila, en contraposicion de los +moriscos que estaban de pié al fondo de la iglesia, y cuyos semblantes, +no solo se mostraban disgustados, sino hostiles. + +Angiolina Visconti por su parte, al ver de improviso ante sí al +inquisidor Molina de Medrano, palideció y se cubrió instintivamente el +semblante con el manto. Molina de Medrano habia fijado en ella una +mirada penetrante, y hasta cierto punto amenazadora: esto consistia, en +que Molina la habia conocido el año anterior, en razon á las actuaciones +del proceso fulminado por el Santo Oficio contra Yaye, y en razon á +pasar Angiolina en la córte por esposa del príncipe Lorenzini Maffei, á +quien se atribuia la herida que habia entregado al emir de los monfíes +al Santo Oficio. Angiolina habia desaparecido de Madrid por el mismo +tiempo de la fuga de Yaye, y esta circunstancia y la de encontrar á la +princesa en las Alpujarras, llenaron de alegria la negra alma del +inquisidor, que creyó haber encontrado un precioso hilo, que podia +llevarle á una rehabilitacion de la influencia del Santo Oficio que tan +mal parada habia quedado en el asunto de Yaye. Disimuló sin embargo +Molina de Medrano, y Angiolina, comprendiendo que era peor mostrar +miedo, que afrontar con valor aquella situación, descubrió de nuevo el +rostro, y acercándose á doña Isabel, la dijo con recato: + +--Es necesario que no digais que soy vuestra parienta, sino que he +venido á parar á vuestra casa. + +Doña Isabel miró con turbacion á Angiolina. + +Molina de Medrano se apercibió de todo esto. + +Despues de algunos momentos en que el inquisidor estuvo comtemplando con +su mirada de buho á los moriscos que tenia ante sí, se levantó, y con +voz tonante y acento enérgico y duro, les manifestó el objeto de su +visita: que su magestad el católico rey de las Españas, y el Santo +Tribunal de la Inquisicion, estaban indignados contra ellos, por la +tibieza de su fe, y por la tenacidad con que conservaban sus trages y +sus malas y reprobadas costumbres, contra los mandamientos de su +magestad; que el rey y la Inquisicion le enviaban para poner remedio á +todo aquello; que estaba decidido á obrar con un vigor saludable, y que +iba á examinarlos en el acto de doctrina cristiana. + +[imagen: Mariblanca.] + +Despues de esto, se volvió á maese Barbillo que continuaba con su papel +en ristre, y le dijo. + +--Id llamando á los vecinos, uno por uno, desde el mas alto, hasta el +mas bajo, sin dejar nombre que en el padron se encuentre, hasta los +niños de siete años. + +Maese Barbillo, se caló las antiparras, arrojó una mirada sobre el +papel, y dijo: + +--¡Doña Isabel de Córdoba y de Válor, viuda de Miguel Lopez! + +Levantóse doña Isabel de donde estaba arrodillada, y se acercó +tranquila, pero pálida, al inquisidor. + +--¿Sois vos esa doña Isabel á quien ha llamado el sacristan? dijo Molina +con voz áspera. + +--Yo soy, contestó doña Isabel. + +--¿Cuánto tiempo hace que os habeis bautizado? + +--El tiempo que cuento de vida. + +--¡Ah! ¿sois cristiana desde la cuna? + +--Lo es mi familia desde la conquista de Granada. + +--¡Lástima que tan noble familia se olvide de sus obligaciones para con +Dios y para con el rey! Vos debeis ser parienta de don Fernando de +Válor. + +--Soy su tia, hermana de su padre. + +--¿Y sabeis que don Fernando de Válor anda huido? + +--Sé que tuvo contestaciones en el cabildo de Granada, y que por +resultas de ellas, ha desaparecido. + +--¿Conoceis los misterios de la Religion Católica Apostólica Romana? + +--¡Oh! si señor, y los adoro. + +--¿Qué teneis que decir de esta mujer? preguntó el inquisidor +volviéndose con una ruda grosería al beneficiado. + +--Esa señora, dijo Juan de Ribera, es un modelo de piedad, y de caridad +cristiana. + +--¿De modo que no hay necesidad de examinarla? + +--Vuestra señoría puede hacerlo si gusta, y yo me alegraré mucho, porque +conozca vuestra señoria á una excelente cristiana. + +[imagen: El inquisidor Molina de Medrano.] + +--Apartaos, pero no os vayais de la iglesia, dijo Molina de Medrano. + +Doña Isabél fué á sentarse en un escaño. + +--Seguid, dijo el inquisidor á Barbillo. + +--Diego Lopez Aben-Aboo, dijo el sacristan; hijo de Miguel Lopez, +difunto, y de doña Isabel de Córdoba y de Válor. + +Adelantó Aben-Aboo. + +--Soy cristiano desde que nací, como mi madre, dijo con impaciencia el +jóven, sé la doctrina cristiana desde el principio hasta el fin, y soy +bueno y leal vasallo de su magestad. + +--Pero sois soberbio y poco respetuoso; nadie os ha preguntado. + +--Preguntad cuanto querais. + +--¿Es cristiano como su madre este mozo? dijo el inquisidor volviéndose +á Juan de Ribera. + +--Oye misa, y cumple con los preceptos de la Iglesia. + +--¿Está instruido? + +--Si señor. + +--¿Da escándalos? + +--No señor. + +--¿Cumple las pragmáticas de su magestad? + +--Si señor. + +--¿Y respeta su justicia? + +--Nunca ha sido preso ni aun reprendido. + +--¡Sois primo hermano de don Fernando de Válor! le dijo con voz tonante +el inquisidor. + +--Su primo soy, contestó Aben-Aboo. + +--¿Y sabeis donde para vuestro primo? + +--Mi primo vive en Válor, y yo en Cádiar. Apenas nos tratamos. + +--Bien, retiraos, pero no os vayais de la iglesia. + +Aben-Aboo, fué á sentarse junto á su madre. + +--Seguid, dijo el inquisidor á Barbillo. + +--Doña Angélica, forastera, que vive en casa de doña Isabel de Córdoba y +de Válor, su parienta. + +Adelantó Angiolina, y posó una mirada serena y altiva en el inquisidor. + +--¡Ah! ¡ah! hénos aquí otra vez frente á frente, señora princesa, dijo +con sarcasmo Molina de Medrano: por cierto que no esperaba yo volver á +ver á vuecencia tan lejos de la córte y entre tales parientes. + +--Yo no tengo aquí ningun pariente, contestó con altivez Angiolina; aquí +no hay ningun Visconti. Pero como soy viuda... + +--¡Ah! ¿ha muerto el señor príncipe? + +--Si señor: mi salud requeria el aire de las montañas, y lo repito, como +soy viuda y jóven, al venir á parar casa de mi buena amiga doña Isabel, +convinimos en que pasaria por su parienta. + +--Es extraño que os hayais venido á tomar los aires en una tierra por +donde anda sin duda vuestra antigua amiga la duquesa de la Jarilla con +su noble padre, y donde ademas se encuentra otro vuestro grande amigo, +el señor marqués de la Guardia. + +--Creo que no sean estas cosas para tratadas en un templo, dijo con +altivez Angiolina. + +--Teneis razon, estos asuntos deben tratarse en otra parte; por lo +mismo, tened la dignacion de esperar, señora, á que yo concluya la +importante comision que traigo. Seguid, añadió el inquisidor, mientras +Angiolina se retiraba al escaño donde estaban sentados doña Isabel y +Aben-Aboo. + +--Mariblanca, morisca, que antes de convertirse se llamaba Alida, hija +de Melik el Ferih. + +Adelantó Mariblanca con su resplandeciente hermosura y su bello trage de +montañesa alpujarreña. + +--Mariblanca es mi ama desde que se bautizó, dijo el beneficiado, y +cuando digo que es mi ama, añado que es buena cristiana y buena +doncella, que de otro modo no la tendria yo conmigo. + +--¿Y cuánto tiempo hace que se bautizó esta... doncella? + +--Hace diez años. + +--¿Y qué edad teneis, moza? + +--Veinticinco años, señor. + +--¿Es decir, exclamó severamente Molina de Medrano, que tomásteis por +ama, una doncella morisca de quince años, garrida y hermosa? + +--Estaba abandonada... su padre la habia abandonado. + +--Debísteis evitar el tenerla en vuestra casa. + +--Hícelo por caridad. + +--Idos á vuestros quehaceres, muchacha, dijo el inquisidor, y procurad +ser en lo sucesivo tan cristiana y tan honrada como lo habeis sido hasta +ahora. + +Mariblanca saludó al inquisidor, salió, y dijo al pasar, al capitan +Diego de Herrera, que estaba en la puerta de la iglesia. + +--Que no te olvides de que te espero esta noche Diego. + +--Esa muchacha está loca por mí, dijo el capitan, acariciándose el +vigote. + +Entre tanto, Barbillo habia llamado á Tomás el Ansari, morisco +bautizado. + +Adelantó humildemente el anciano. + +Examinóle minuciosamente Molina de Medrano, pidió informes de él al +beneficiado, y cuando estuvo convencido de su cristiandad y buenas +costumbres, le pidió por su familia. + +--Estoy solo en el mundo, señor, contestó el xeque; mi esposa murió, mis +hijos han muerto, y dos nietos pequeñuelos que me quedaban, han sido +llevados á Castilla para criarlos en los hospicios del rey. + +--Su magestad quiere que todos sus vasallos sean buenos católicos, y ha +mirado por el alma de vuestros nietos. + +--Dios se lo pague á su magestad, señor, contestó el Ansari. + +Y se retiró. + +--¡Malicatulzarah![24] dijo el sacristan. + +Adelantó una hermosísima mujer, muy jóven, como de veinte años, vestida +con el trage morisco, y llevando de la mano un niño como de ocho años, y +una niña como de siete, igualmente vestidos á la morisca. + +--¿Cómo os atreveis á presentaros asi en la iglesia, y delante de mí? +dijo el inquisidor á la pobre joven que temblaba. + +--¡Ah, señor! somos pobres y no tenemos dinero para comprar vestidos +castellanos. + +--¿Que sois pobres, y vestis sayas de lana fina, y gastais cadena de oro +y arracadas de plata? + +--Estas joyuelas eran de mi madre y las conservo por su amor. + +--¿Y esos niños? + +--Son mis hijos. + +--¡Vuestros hijos! + +--Si señor, soy casada. + +--¡Casada! ¿pero qué edad teneis? + +--Veinte años. + +--¿Y esos hijos, son hijos de vuestro esposo? + +--¡Oh! ¡si señor! + +--¿Pero á qué edad se casan estas gentes? exclamó escandalizado el +inquisidor. + +--Las castellanos pueden casarse á los doce años, señor, observó la +morisca. + +Irritóse el inquisidor. + +--Hablad cuando os pregunten, dijo. + +La morisca bajó los ojos, y calló. + +--¿Vive vuestro marido? + +--Si señor: todo el mundo le conoce en la villa: es tejedor de sedas. + +--¿Y por qué no ha venido á la iglesia? + +--Está gravemente enfermo, dijo maese Barbillo, y por eso no le habia +nombrado. + +--Que vayan al momento por él cuatro alguaciles del Santo Oficio, y uno +de la villa para que los guie. + +--¿Pero no ois, señor, que mi pobre Adel está enfermo de peligro? + +Irritóse mas con esta réplica Molina de Medrano, y gritó lleno de +cólera, sin tener en cuenta el sagrado lugar en que se encontraba: + +--Los enfermos y los sanos, los altos y los bajos, todos vendrán aquí: +es necesario limpiar los dominios del rey de la mala yerba, y si los +muertos pudieran oir y contestar, á los muertos sacaria yo de la tumba, +cuanto mas á los enfermos de sus lechos. Dios y el rey lo mandan. + +--Pero si mi Adel muere, ni vuestro Dios, ni vuestro rey, me le +volverán, exclamó desesperada Malicatulzarah. + +--Id ministros, id, exclamó en el colmo de su cólera el inquisidor: +traedme acá ese descreido. Y tú, tú la de _vuestro Dios y vuestro rey_, +como si no fuesen tambien tu Dios y tu señor, mira como me contestas, +porque si no te encuentro instruida en los misterios de nuestra santa +religion, si no te retractas de tus blasfemias, me apodero de tí en +nombre del Santo Tribunal de la Inquisicion. + +La jóven no temblaba: tenia fija una mirada lúcida, altiva, terrible, en +Molina de Medrano, que en vano queria dominarla con su mirada de lobo +hambriento. + +--Empecemos por tus hijos: si eres buena cristiana les habrás enseñado á +rezar: di el padre nuestro muchacho. + +--No lo sé, contestó el niño, estrechándose contra el zagalejo de su +madre. + +--¡Ah! ¡no sabes el padre nuestro! ¡no sabrás tampoco cuántas son las +personas de la Santísima Trinidad! + +--¡Le ille Allah! contestó el niño en árabe con voz sonora. + +--¿Qué quiere decir este muchacho? exclamó el inquisidor. + +--¡No hay otro Dios, que Dios el Altísimo y Unico y Mahoma su profeta! +dijo una voz débil desde el centro de la multitud, pero que á pesar de +su debilidad, resonó clara y distinta en el templo. + +Molina de Medrano se puso de pié, y gritó: + +--¿Quién es el blasfemo...? + +--Has preguntado lo que ha querido decir mi hijo, contestó adelantando +apoyado en un viejo, un hombre como de treinta años, demacrado, pálido, +vacilante, y á todas luces gravemente enfermo: al verle Malicatulzarah +corrió á él, seguida de sus hijos, y ayudó al anciano á llevar al jóven +hasta el presbiterio. + +Era toda una familia que se presentaba ante la Inquisicion: el abuelo +decrépito, el hijo enfermo, la mujer hermosa y desesperada, y los hijos +pequeñuelos asombrados y temblando por lo que veian. + +--Tus alguaciles han ido á buscarme, dijo, pero yo estaba allí entre mis +hermanos: yo esperaba que fueses un hombre de caridad, pero eres un +lobo, y vengo á que me despedaces con los mios, antes que el miedo haga +renegar á mi esposa del Dios de nuestros abuelos. + +--Es decir que te confiesas moro. + +--Moro soy y moros son los mios, y moros moriremos confesando al Dios +Altísimo y Unico. + +--¿Estan bautizados? dijo el inquisidor con una intencion de hiena +dirigiéndose al beneficiado. + +--Si señor, bautizados estan, pero siempre han sido flojos cristianos, +contestó todo trémulo el beneficiado. + +--Nunca hemos sido cristianos, ni lo son los que tienes delante: +ninguno... ninguno ha dejado de ser moro: hemos doblado la frente de +miedo, hemos mentido y Dios nos castiga: pero ha llegado la hora: ó +nosotros ó vosotros. + +--Morireis como mueren los herejes contumaces, gritó Molina de Medrano. +Llevaos ese hombre, esa mujer y ese viejo, y encerradlos en la cárcel. + +--¡Y mis hijos! exclamó con un grito indefinible Malicatulzarah, viendo +que los alguaciles la arrebataban sus pequeñuelos. + +--Quien no es cristiano no tiene hijos, gritó Molina de Medrano: estos +niños son hijos del rey. + +Malicatulzarah palideció, un destello terrible, un destello de sangre +lució en sus ojos, y antes de que nadie pudiera evitarlo, se avalanzó al +inquisidor, y le estrechó el cuello con entrambas manos. + +Era la leona que defendia sus cachorros. + +Pero instantáneamente la infeliz lanzó un grito agudísimo, soltó el +cuello de Medrano y cayó de espaldas exclamando: + +--¡Vengadme, hermanos, vengadme! + +Uno de los soldados de la fe la habia herido con su alabarda en el +costado izquierdo en el momento en que se arrojó sobre el inquisidor. + +La sangre corria sobre el pavimento: una exclamacion de horror habia +salido de todas las bocas: Adel arrojado sobre su esposa lloraba á +gritos: lloraban los niños, el viejo levantaba las manos y los ojos al +cielo en un ademan de blasfemia, y aterrados los moriscos, temiendo que +la maldicion de Dios cayese sobre aquel lugar de sangre, se precipitaron +por la puerta de la iglesia. + +Solo quedaron allí Aben-Aboo, que miraba de una manera letal al +inquisidor, doña Isabel y Angiolina, pálidas como la muerte; Tomás el +Ansari, impasible, Barbillo atortolado, el beneficiado confuso, los +soldados feroces, y Molina de Medrano mirando fascinado, á aquel hombre +y aquellos niños que se retorcian sobre el cadáver de su esposa y de su +madre, y el viejo morisco detrás de este grupo pidiendo justicia al +cielo por la sangre que corria á sus piés. + +--Llevaos esa gente... lleváosla, exclamó Medrano, el templo está +impuro, y es necesario purificarle: no podemos permanecer aquí. + +Y Molina de Medrano como si hubiera sentido miedo de permanecer en aquel +sitio salió. + +Doña Isabel corrió á aquella pobre familia, pero Aben-Aboo y el Ansari +se interpusieron. + +--Nada podemos hacer por ellos, dijo el Ansari: idos á vuestra casa +señoras; idos, y procurad olvidar lo que habeis visto. + +Doña Isabel salió llorando seguida de Angiolina que iba profundamente +preocupada. + +El Ansari y Aben-Aboo las seguian. + +--¡Oh! ¡y cuánto tarda la noche, dijo el Ansari! + +--¡Juro á Dios beber la sangre de ese clérigo! dijo con la voz ronca y +trémula Aben-Aboo. + + + + +CAPITULO XX. + + De cómo fue el casamiento del marqués de la Guardia. + + +Hacia tres dias que el marqués de la Guardia se impacientaba á causa de +la situacion en que se veia colocado. + +Veamos en la situacion en que se encontraba el marqués. + +Esta se reducia á estar encerrado en una casa desconocida para él, no +ver á otra persona viviente que á su criado Peralvillo que le servia, y +á un esclavo negro que le procuraba alimentos. + +La casa en que se encontraba el marqués estaba construida á la morisca, +bellamente amueblada, y con cuantas comodidades se conocian en aquellos +tiempos. + +En esta casa ocupaba el marqués un recibimiento, una cámara y un retrete +con alcoba y mirador á un jardin. + +En este retrete habia ademas una chimenea siempre provista de fuego. + +El jardin, que se veia desde el mirador, era muy bello, ó debia serlo +cuando sus árboles estuviesen verdes y no despojados como entonces por +el invierno, y cuando la nieve y la escarcha no cubriesen su cesped. + +Sobre las tapias, que estaban revestidas por espalderas de jazmines +silvestres, solo se veia á lo lejos la cumbre de una montaña distante, y +sobre aquella cumbre una atalaya. + +Mas allá se veia una estrecha línea azul oscura. + +Era el horizonte del Mediterráneo. + +Tres dias antes, esto es, el martes siguiente al domingo en que bebió en +casa del Hardon el vino aquel que le adormeció, despertó don Juan con la +cabeza un tanto pesada, y vió con admiracion suya á su lado á +Peralvillo, que tenia los ojos hinchados como de haber dormido mucho. + +--¿Que es esto, Peralvillo? dijo don Juan incorporándose en el lecho en +que se encontraba vestido: ¿nos hemos mudado? + +--Sin duda, señor: dijo restregándose los ojos Peralvillo, que tenia +todas las trazas de un lacayo de capa y espada de aquellos tiempos: pero +yo no conozco al dueño, ni sé cuánto pagamos por la casa. + +--¿Pero dónde estamos? + +--Eso mismo os pregunto yo señor: ¿dónde diablos nos han traido? + +--¡Cómo traido! pues qué, ¿no hemos venido nosotros? + +--Indudablemente: puesto que estamos aquí, hemos venido, pero no por +nuestro pié: cuando haya pasado algun tiempo y recordeis como yo... + +--¿Y qué has recordado? + +--Por mi parte recuerdo que yendo por la calle de Elvira á punto de +oscurecer un domingo, me he encontrado á un sargento amigo mio--¿A dónde +vais, señor Peralvillo, me ha dicho?--Voy á entretener el ocio por esas +calles, le he contestado.--Lo mismo ando yo, me ha dicho... + +--¿Pero qué tiene que ver el sargento y tu conversacion con él, con lo +que nos sucede? dijo impaciente el marqués. + +--Y tanto como tiene: figuraos que el sargento me convidó á ir á la +taberna, para dar tiempo á que volviesen del jubileo dos beatas amigas +suyas. + +--¡Ah! ¡te llevó á una taberna! + +--Si señor, comimos, bebimos... yo noté que el vino tenia cierto +sabor... y despues no noté nada.... porque me dormí. + +--¡Como yo! dijo el marqués. + +--Pues ved ahí que no entiendo para qué diablos hayan de habernos +aletargado. + +--Pero en fin, ¿hace mucho tiempo que has despertado tú? + +--Hará una hora: halléme en un colchon á los piés de otra cama mas alta; +primero nada recordé; despues fuí recordando; me levanté y os ví en la +cama dormido: os moví para despertaros, pero ¡bah! estabais como un +tronco: llamé... y como si hubiéramos estado en un desierto: examiné +nuestro alojamiento, que solo tiene cuatro piezas, aunque muy ricas, eso +sí, y hallé sobre una mesa una carta cerrada con sobrescrito para vos. + +--¡Una carta! exclamó el marqués: ¡dame, dame! + +Peralvillo salió y entró de nuevo en la alcoba con la carta. + +El marqués rompió la nema, abrió la carta y Peralvillo, que observaba el +semblante de su amo para ver el efecto que en él producia la carta, le +vió palidecer, temblar, levantarse luego trasportado de alegria y +exclamar: + +--¡Es de ella, de ella! + +--¿Pero quién es ella, señor, quién es ella? ¿acaso el duende negro de +la calle de San Miguel que nos trae de cabeza? + +--Ya sabes que no quiero que se me pregunte, Peralvillo, contestó el +marqués. + +--Es verdad, señor, pero la situacion en que nos encontramos... + +El marqués no contestó: se habia acercado á una vidriera y estaba +absorto en la lectura de la carta. + +Peralvillo se calló, y se puso á pasear por la cámara con las manos +atrás. + +Hé aquí lo que el marqués leia: + +«Don Juan de mi corazon: al fin mi padre se compadece de nosotros; al +fin consiente en que sea tu esposa. Para que nos unamos, mi padre te ha +robado de Granada, valiéndose del medio de aletargarte: yo te escribí +para que fueras á la taberna donde has sido aletargado. Nada te importe +donde estás. Nada te importe que pasen algunos dias antes de que me +veas. Nada te faltará. Tu criado estará contigo para servirte. Un +esclavo de mi padre te proveerá de cuanto quieras; pero nada preguntes á +ese esclavo, porque nada te contestará. Quien tanto confía en tí que ya +se llama tu esposa.--Esperanza de Cárdenas.» + +Luego por bajo se leia: + +«Nuestra hija sabe ya dar besos, y te se parece tanto, que aunque +quisiera olvidarte no podria.» + +El marqués leyó diez veces esta carta, la guardó y volvió á sacarla +otras tantas, y al fin cuando ya Peralvillo se habia sentado cansado de +dar paseos, el jóven se dirigió á él. + +--Tengo apetito, le dijo, y almorzaria de buena gana. + +--Y yo tambien, señor. Pero en esta casa no he visto la cocina. + +--No importa, llama. + +--Es que ya he llamado, y nadie me ha respondido. Mucho será que el +duende negro no nos haya encantado, señor. + +El marqués aplicó un puntapié á Peralvillo. + +Miróle este dolorosamente y salió de la cámara, se dirigió á la puerta +de la antecámara y dijo: + +--¡Ah de casa! Mi señor, que es un señor muy impaciente, y que trata de +una manera dolorosa á sus criados cuando tiene hambre, pide de almorzar. + +Oyéronse pasos tras de la puerta, luego una llave en la cerradura de +esta, abrióse y apareció un negro atlético, que hizo retroceder dos +pasos á Peralvillo. + +--Se va á servir al momento al señor, dijo el negro en buen castellano, +y desapareció volviendo á cerrar la puerta. + +--Paréceme, señor, que estamos metidos en una mala aventura, dijo +Peralvillo: no me gusta nada ese tizon de dos piés que acaba de +hablarnos. + +--Tienes el defecto de ser el hablador mas incorregible del mundo, +Peralvillo, dijo el marqués que preocupado con su pensamiento, queria +quedarse á solas con él, y devorar su alegría. + +Peralvillo comprendió la situacion en que se encontraba su amo y se +calló. + +Poco despues acudió á la puerta de la antecámara donde habia sonado la +llave, y vió que el negro entraba trayendo por sí solo una enorme mesa, +cubierta y servida. + +--Os ayudaré amigo mio, dijo Peralvillo que deseaba á todo trance +hacerse un conocimiento. + +--No hay necesidad, dijo el negro, entrando con la mesa en la cámara. + +Peralvillo quiso aprovechar la entrada del negro para ver lo que se +ocultaba tras la puerta de la antecámara, que habia quedado abierta, +pero al encaminarse á ella, se cerró. + +--Vamos, dijo Peralvillo volviéndose: cartas que no se sabe quien las ha +traido; negros que sirven sin permitir que nadie les ayude; puertas que +se cierran por sí mismas: decididamente estamos encantados. + +Cuando entró en la cámara, el marqués, que siguiendo las instrucciones +que le daba en la carta Amina, no habia dicho al esclavo una sola +palabra, se sentaba á la mesa. + +--Ponme vino, y trínchame esas perdices Peralvillo, dijo el marqués. + +Peralvillo se quitó los puños, se levantó las bocamangas, y se puso á +trinchar las perdices. + +--Y estan asadas con aceite, y soberbiamente asadas, dijo: ¿sois vos el +cocinero, amigo? añadió volviéndose al negro. + +Este hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. + +--Pues podiais servir en las cocinas de su magestad, á quien por +noticias de un galopin á quien yo conocia, sé que gustan mucho las +perdices asadas con aceite. + +Una mirada del marqués hizo callar á Peralvillo, que puso delante de su +amo la fuente de plata con las perdices trinchadas, y le sirvió vino en +una enorme copa de oro. + +Despues, y no atreviéndose á hablar por temor al marqués, se puso á +contemplar el servicio. + +--¡Cáspita! dijo para sí: del ramillete de su magestad no saldria una +mesa mejor servida: todo esto es regio: ¿y de dónde diablos han sacado +esas flores? decididamente estamos encantados y encantados por duendes +reales. + +--Otro plato, Peralvillo, dijo el marqués. + +--¿Qué quereis? ¿carne, cecina ó pescado? + +--Dame de ese salmon. + +Sirvió Peralvillo. + +Poco despues el marqués se levantó de la mesa. + +--Yo os aconsejaría señor, que comieseis de estos mariscos, de estas +ensaladas y de estas confituras. + +--Come de lo que quieras como si estuviese empezado Peralvillo, dijo el +marqués conociendo la intencion de su lacayo: come y déjame en paz. + +--¿Pero dónde he de comer, señor? + +--En esa mesa. + +--Pero... + +--No hay otra. + +El negro adelantó y se acercó á Peralvillo. + +--Fuera teneis vos mesa servida. + +--¡Ah! exclamó Peralvillo estremeciéndose, porque esperaba encontrar +fuera una olla podrida y un gigote, cuando ya se habia consentido á +gozar del excelente almuerzo del marqués. + +Salió, pero en la pequeña mesa que encontró en la antecámara, solo vió +un cubierto de plata, una copa de vidrio y algunos platos. + +--¡Pero y la comida! exclamó pálido Peralvillo. + +--Tomad de aquí lo que querais, dijo el esclavo con cierto acento de +superioridad. + +Volvió la cabeza Peralvillo y encontró tras si al negro que habia traido +consigo la mesa del marqués. + +--¡Ah! esto es distinto, dijo: mi amo está desganado pero yo no lo +estoy... estas perdices, despues esas ostras, luego aquella ensalada de +truchas, despues unas confituras y dos botellas de vino: perfectamente. +Hemos concluido, camarada. + +--Cuando vuestro señor necesite algo llamad, dijo el negro. + +--Se llamará, amigo. + +--Y en cuanto á vos no seais curioso, porque os pudiera pesar. + +--Y decidme, ¿durará mucho este encierro? dijo Peralvillo con la boca +llena. + +--No lo sé. + +--Y mientras estemos aqui, ¿comeremos del mismo modo? + +--Probablemente. + +--¡Y cuáles son las horas de comer en esta casa? + +--Las que vuestro señor quiera. + +--Bien, ¿pero y si mi señor no tiene ganas de comer?... + +--Pedid vos. + +--Y si... + +--Sois el lacayo mas hablador del mundo. + +--Lo que no quita para que seamos buenos amigos. + +--Yo no os conozco. + +--Pues conozcámonos. ¿Hay doncellas en esta casa? no me pesaria conocer +á las doncellas. + +--Quedad con Dios; dijo el esclavo abriendo la puerta. + +--Vaya con Dios vuesamerced, contestó empinándose una botella +Peralvillo. + + * * * * * + +Sin ningun nuevo accidente, comiendo cuando querian, durmiendo por +entretenimiento, y fastidiándose mas de lo que hubieran querido, pasaron +amo y criado, desde el anochecer del martes veintiuno de diciembre, +hasta el medio dia del viernes veinticuatro. + +Apunto que el sol señalaba el medio dia natural en un cuadrante, situado +en el mirador que daba sobre el jardin, apareció de improviso en la +cámara el esclavo negro, y presentó al marqués inclinándose +profundamente, una carta en una bandeja de oro. + +Tomó el marqués la carta, la abrió, y vió con suma sorpresa, que era de +su tio don César de Arévalo, de quien hacia mucho tiempo que no tenia +noticias. + +La carta era brevísima. + +«Mi amado sobrino decia: os estoy esperando con suma impaciencia; tengo +muchas cosas que deciros, y una grave comision que desempeñar con vos. +Seguid al dador de esta y me vereis.--Vuestro tio.--Don César de +Arévalo.» + +--En esta carta me dicen que os siga, dijo el marqués al esclavo. + +--Y yo tengo órden de guiar al señor á donde le esperan, contestó el +esclavo. + +--¿Es decir que salimos de nuestro encierro? dijo Peralvillo. + +--Vos no, repuso el esclavo, y salió precediéndo al marqués, despues de +lo cual cerró la puerta. + +Peralvillo se quedó durante algun tiempo mirando aquella puerta con +desesperacion, y luego se entró en la cámara, tomó de un rincón, donde +solia ocultarlas, una botella, se la empinó, y despues fué á tenderse de +una manera heróica en la cama de su amo. + +Este entre tanto, guiado por el esclavo, habia llegado á otra cámara á +cuya puerta le salió al encuentro un hombre que se arrojó entre sus +brazos. + +Era su tio. + +Despues de los primeros apretones, el marqués dijo á don César: + +--¿Qué significa esto? + +--¡Cómo! ¿no sabeis lo que esto significa? + +--No por cierto, mi buen tio, porque esperaba no volveros á ver tan +pronto. + +--Creo que te casas. + +--Eso sospecho. + +--¡Cómo! ¿pues no lo sabes de cierto? + +--Hace tres dias que he tenido el primer indicio. + +--¿Indicio no mas? + +--Nada mas, tio. + +--Pues te casas de veras, sobrino: digo, á no ser que no quieras +casarte, en lo que harias ciertamente muy mal. + +--Si es con doña Esperanza de Cárdenas, me caso. + +--¿Pues con quién habia de ser, sino con su excelencia la hermosa +duquesa de la Jarilla? + +--Ved tio, que el rey confiscó ese titulo. + +--Si, pero le ha devuelto á la duquesa. + +--¿Pero y el proceso contra su padre? + +--El emir de los monfíes es una cosa, y su hija la duquesa de la +Jarilla, es otra. ¿Qué culpa tiene la duquesa, de que su padre sea +enemigo del rey, y le haya provocado y se le haya ido de entre las +manos? + +--Si; pero ya sabeis que en el mundo en que vivimos pagan justos por +pecadores: y al menos el título y la grandeza del duque... + +--Es que el padre de doña Esperanza era duque viudo: que tu presunta +esposa, estaba en posesion de su título y de su grandeza: que se han +hecho muchas informaciones y muchas probanzas, se ha gastado mucho +dinero, y el Consejo de su Magestad, ha declarado: primero: que doña +Esperanza de Cárdenas, es descendiente legítima de los duques de la +Jarilla; segundo: que es cristiana desde su nacimiento, y muy piadosa, y +muy honrada, y muy pura; tercero: que si bien su padre es rebelde y moro +y traidor al rey, su hija no le ha ayudado en sus conspiraciones, ni ha +alentado los amores del difunto príncipe don Carlos, á quien +continuamente ha rechazado; cuarto: que por lo mismo no puede +imponérsela pena alguna, debiéndosela, por lo tanto, restituir sus +bienes y preeminencias como grande de España, exigiéndola, sin embargo, +juramento de fidelidad al rey. Por último, y en atencion á las rebeldías +de su padre, se la ha declarado mayor de edad, librándola de toda +tutela; se la ha puesto en posesion de su título, su grandeza y sus +bienes, y se la ha concedido licencia para casarse... con mi amado +sobrino, el señor marqués de la Guardia, capitan de infantería de los +ejércitos de su Magestad, y el mayor loco, que despues de mí he conocido +ni espero conocer. + +--Pero tio, esas noticias son tales, que no debeis ofenderos, si dudo de +que os encontreis en completo uso de razon. + +--Carta canta, dijo don César, yendo á una maleta que estaba sobre la +mesa, y sacando de ella un promontorio de papeles: y á los desconfiados +como vos, no hay cosa como darles con la prueba en las narices. + +Y desatando el legajo, sacó de él un pliego de papel sellado, moreno, +granugiento, escrito con letra gorda, y autorizado al fin, por la firma +de tres escribanos de cámara, y el sello de la Chancilleria de +Valladolid. + +Devoró el marqués el contenido de aquel pliego: era la restitucion hecha +por el rey á la excelentísima duquesa de la Jarilla, grande de España, +de su título y grandeza, y todos sus bienes que le habian sido +confiscados. + +--¿Y ahora crees, sobrino, dijo don César? + +--Creo tio; pero me parece que sueño. + +--Lee este otro documento, añadió don César, dando al marqués un segundo +pliego, autorizado del mismo modo que el primero. + +El rey declaraba en él mayor de edad, á la duquesa de la Jarilla, y +aprovaba su casamiento con el marqués de la Guardia, indultando á +entrambos de la pena en que habian incurrido, por haberse casado sin su +licencia en la villa de Yátor en las Alpujarras, el dia 30 de setiembre +de 1567. + +--Pero tio, dijo el marqués con asombro, aquí se me dá por casado desde +hace mas de un año, y vos solo me habeis dicho que se nos concedia +licencia para casarnos. + +--Tanto da: yo decia que te se daba licencia, porque me consta que no te +has casado: pero cuando hay mucho dinero para hacer probanzas falsas... + +--¿Pero quien ha andado en eso...? el emir no puede haber sido, porque +hace mas de un año que vive de incógnito fuera de la córte. + +--¡Ah! en eso hemos andado el abuelo de la duquesa y yo. + +--¡El abuelo de la duquesa! ¡pues no le conozco! + +--¡Cómo! ¿no conoces al abuelo materno de la duquesa, rey del desierto +de Méjico, cristiano, vasallo de su magestad, y el hombre mas rico de +España? + +--Pues no le conozco, tio. + +--Bien puede ser: á los enamorados, generalmente les basta con conocer á +la mujer que les enamora. Pero eso no quita, que á los muchos y buenos +doblones del megicano se deba el buen resultado de vuestro negocio: +porque desengáñate, sobrino: aunque el rey es demasiado caballero, y +altivo, y celoso de su autoridad para doblegarse por todo el oro del +mundo, sus consejeros, los que andan á su lado, no piensan del mismo +modo: título de Castilla, del Consejo de su magestad, ha habido, que ha +desempeñado sus rentas con lo que le ha producido este negocio, y oidor +que por la primera vez se ha visto dueño de una razonable cantidad de +oro. Y lo que es mas extraño; la Inquisicion, la tremenda Inquisicion, +ha cedido por la gracia del dinero. + +--¿Pero qué tenia que ver la Inquisicion...? + +--¡Ahí es nada! La Inquisicion, que habia preso al emir de los monfíes, +á quien no pudo quemar, por la sencilla razon de que el emir se les fué +como una anguila de entre las manos, le ha seguido _la vareta_, como +dicen los curiales, le ha sentenciado en rebeldia, le ha quemado en +estátua, ha declarado infames á sus hijos hasta la cuarta generacion, y +les ha sentenciado á llevar de por vida, el Sambenito; porque la +Inquisicion como sabes muy bien... + +--Si, lleva su castigo á los hijos y á los nietos de los que sentencia. + +--Pues para que la Inquisicion quite el Sambenito á tu esposa, y la +declare buena y limpia cristiana, ha sido necesario empezar por regalar +una vajilla de oro y mas de diez alhajas riquísimas al inquisidor +general, don Fernando Valdés, que estaba terriblemente irritado, y con +razon, contra los monfíes. Como que hicieron con su venerable persona +una herejia, y le causaron del susto una enfermedad que puso al pobre +señor muy al cabo. Ademas, fue necesario deslumbrar á los inquisidores +de la Suprema... todo esto invirtiendo un tesoro. + +--¡Oh! ¡y cuántos sacrificios! + +--De que tú eres la causa, sobrino, y por los que debes amar mucho á tu +mujer. + +--Pero tio, si yo la adoro. + +--¡Milagro! + +--Un milagro causado por la hermosura y por el alma de Esperanza. ¡Ah! +os juro tio, que no merezco tanta felicidad. Y sin embargo, esa +felicidad será amargada. + +--¡Amargada! ¿y por qué? + +--Yo quisiera que mi Esperanza fuera pobre, muy pobre, y de una muy +humilde cuna. + +--¡Bah! sobrino, tú estás loco: como parece mejor una bellísima rosa, ¿á +la luz de la luna, ó á los rayos del sol? ¿en un tiesto miserable, ó en +un magnífico jarron de oro? + +--Si, pero podrá creer que me caso... + +--¡Por interés! ¡bah! tus rentas son considerables, sobrino. + +--¡Mis rentas! ¡si estan empeñadas hasta el cuello, segun me dijísteis +vos hace mas de un año en una carta dentro de la cual, me enviásteis la +provision de la compañía que mando! + +--Es mucha verdad: pero tambien lo es, que los usureros que cobraban tus +rentas, me vinieron á ver uno trás otro, me dieron muchas y rendidas +gracias por haberles pagado... + +--¿Pero les pagásteis vos? + +--¡Yo! ¿de dónde ni cómo? Los sacos y las buenas presas, han andado por +el cielo en el poco tiempo que he estado en los Paises Bajos, y aunque +hubiéramos entrado en Gante, á saco mano, no hubiera tenido con mi parte +ni la centésima de la cantidad que se necesitaba para el tal desempeño. + +--¿Con que es decir...? + +--Que las escrituras de todas tus haciendas estan allí desempeñadas. + +El marqués que era noble, generoso y altivo, alzó los ojos al cielo, y +suspiró con impaciencia y pena. + +--¡Como ha de ser! dijo: ella es primero. + +--Y aun hay mas. Tu esposa, á mas de sus riquezas propias que son +inmensas, trae su dote; un tesoro por parte de su padre, y otro por +parte de su abuelo, en buenos doblones de oro, y alhajas. + +Tornó á lanzar su mirada de blasfemia al cielo don Juan. + +--¡Tú estás loco, sobrino! le dijo don Juan: cuando una mujer que tanto +vale se casa contigo... + +--Se casa tal vez por cubrir su honor... y yo necesito su alma, su alma +entera. + +--Bien, muy bien: pero eso pasará y quedará lo positivo: esto es, la +inmensa cantidad contante y sonante del dote de tu mujer: las rentas de +su título que ya son enormes, y que juntas con las del tuyo, llegan á +ser maravillosas. Dentro de un año me lo dirás si es que vuelvo por +España. + +--¡Pues qué os vais! + +--Sin duda debo parecer peligroso á los que te casan, cuando me apartan +de tu lado. + +--¡Pero cómo! + +--Soy oidor de la real Audiencia del Perú, dijo con hueca gravedad don +César. + +--¿Y eso...? + +--Tambien me lo han procurado los que te casan con tu mujer. + +--¡Ah! ¡ah! + +--Tengo órden ademas de llevarme á tu lacayo Peralvillo. + +--Lleváoslo en buen hora, cada dia se va haciendo mas hablador. + +--Ahora bien, y sin saber como, hé aquí que he terminado mi comision. + +--¿Pero qué comision era esa? + +--Darte parte de lo que sucedía, entregarte tus bienes; que ahí estan +con tu ejecutoria en esas escrituras, preparándote, en fin, para que +nada de esto tuviese que decirte el padre de tu mujer. + +--¡Cómo! ¿está aquí el emir de los monfíes? + +--Si. + +--¿Pero en donde estamos? + +--Ni mas ni menos que en el riñon de las Alpujarras, cerca de la villa +de Yátor, en una heredad del señor don Alonso de Fuensalida. + +--¡Ah! ¡el emir continúa disfrazado! + +--Si, pero aunque el padre de tu mujer está encubierto, es necesario +evitar que te presentes á él con ese trage de ronda. Ahí en mi maleta +traigo un rico vestido de terciopelo, y un collar de Santiago: con que +manos á la obra: voy á servirte de ayuda de cámara: ¿y qué mucho? casi +casi, eres un especie de rey. + +--¡Rey! murmuró el marqués mientras su tio le desnudaba, recordando la +frase que en otra ocasion le dijo Yaye: «si habeis de casaros con mi +hija, todo se reducirá á haceros rey.» + +--¿En qué piensas sobrino? dijo don César? encajándole al mismo tiempo +una camisa de Cambray. + +--Pienso en que el padre de doña Esperanza ha cambiado mucho de +intenciones. + +--¡Porque te da su hija! + +--Si. + +--¡Bah! ama á su hija, y las mujeres son capaces... estírate mas las +calzas, sobrino, y mira que grana... es de la mas rica: el jubon... +sencillo... pero los herretes de diamantes valen un mundo: vamos, la +daga, la espada y la gorra. El padre de tu mujer te espera, y como es un +gran personaje, moro ó cristiano, lo que importa poco, no debe +impacientársele: maldita arruga: suéltate el segundo herrete, sobrino: +vamos, ya está bien: ¡ola! + +Apareció el esclavo negro. + +--Id, y decid á vuestro señor, le dijo don César, que dentro de un +momento va á tener la honra de saludarle el señor marqués de la Guardia. + +El esclavo salió, y tras él, don César y el marqués: atravesaron algunas +habitaciones y se detuvieron en una antecámara, donde les indicó el +esclavo que se detuviesen; poco despues, el esclavo que habia salido, +volvió y dijo al marqués: + +--Mi noble señor, espera al señor marqués de la Guardia. + +--Hasta luego, sobrino, dijo don César, estrechando fuertemente la mano +del marqués. + +--¡Ah! no sé lo que me sucede tio, dijo don Juan, y entró por la puerta +cuyo tapiz tenia levantado el esclavo. + +Encontróse en una cámara magnífica. En ella con el mismo trage con que +se habia presentado aquella mañana al beneficiado de Cádiar, se paseaba +Yaye profundamente pensativo. + +Al sentir los pasos del marqués, se detuvo, se volvió á él, y le miró +con una grave benevolencia. + +--¡Ah! sois vos, dijo: bien venido seais. + +--¡Ah señor! dijo el marqués: disimulad mi turbacion porque... + +--Sentaos, marqués, dijo Yaye con una perfecta y fácil cortesanía: +sentaos, y hablemos un momento. + +Sentáronse en un estrado, y Yaye asió las manos del jóven. + +--¿Quereis ser mi hijo ahora, como lo queriais ser en otro tiempo? + +--No puedo vivir sin ella, dijo con la voz apagada y trémula el marqués. + +--Ni ella puede vivir sin vos. El Altísimo lo quiere, y no mereceria yo +su ayuda sino cumpliese con placer su voluntad. Pero, prescindiendo de +todas las dificultades que se oponian á este casamiento, y que ya estan +vencidas, hay en medio de nosotros un terrible secreto. + +Don Juan comprendió que Yaye se referia á la muerte de su padre, y bajó +los ojos. + +--A pesar de ese terrible secreto, señor, comprendo que debísteis tener +poderosas razones para obrar de la funesta manera que obrásteis y... no +hablemos mas de ello... yo no puedo aborreceros; no puedo... no... sois +padre de Esperanza... ¡que me perdone Dios...! + +--Tuve razon: pero decís bien... olvidemos... vos por Esperanza... yo... +¡cómo no he de amaros yo si sois la vida de mi hija! + +Yaye se enjugó una lágrima. + +--Pero hablemos de otros asuntos. Ha llegado para mi un momento supremo: +el momento de la guerra contra España. + +--Pero ¿por qué no os reducis á la obediencia del rey?... + +--No hablemos de eso... Felipe y yo somos enemigos á muerte. Por lo +mismo no debemos fiar en la devolucion de sus títulos y de su rango á mi +hija. Felipe es un lobo: le debo un hijo, y temo que si ha accedido al +dictámen de su Consejo, haciendo justicia á nuestra Esperanza, es solo +para tenderla un lazo, para apoderarse de ella, para cobrarse del hijo +que le he muerto. No, no debeis permanecer en España. En las aguas de +Motril os espera un bergantin fletado por mí que os llevará á Venecia, á +Francia, á cualquier Estado de Europa. No entreis en los dominios del +rey de España mientras don Felipe viva. + +--¡Pero separar de vos á vuestra hija...! + +--Dios lo quiere. Dejadme, dejadme luchar con mi destino, que es +terrible; yo no puedo exponer á mi hija. No quiero tampoco perderos. +Permaneciendo aquí, ó tendriais que haceros monfí y lidiar contra +España, ó servir á Felipe y volver las armas contra el pecho de vuestra +esposa y de vuestra hija. No, no; vais á casaros, y despues... vuestra +compañía está en Yátor; entregadla al teniente Velorado y tomad +testimonio de ello, para que el rey no pueda llamaros nunca desertor; ya +teneis su licencia para dejar la compañía: despues, escoltado por mis +monfíes ireis á Motril donde os embarcareis, vos, mi hija y mi nieta: +con vos irá para serviros el mas noble, el mas bravo, el mas fiel de mis +walíes: el noble Harum el Geniz, y permanecerá con vosotros si asi lo +quereis. Ha visto nacer á Esperanza y la ama casi tanto como yo. + +--Será lo que querais, señor, dijo el marqués que estaba aturdido. + +--Bien, puesto que estamos enteramente de acuerdo, id, abrid aquella +puerta, atravesad un corredor y encontrareis á vuestra esposa y á +vuestra hija. + +Zumbaron los oidos al marqués, se nublaron sus ojos, se levantó como un +ébrio, y dominado por su emocion, y sin decir una sola palabra á Yaye, +corrió á la puerta que este le habia indicado. + +Poco despues se oyeron dos gritos de suprema alegría, uno como de +hombre, otro de mujer; besos y sollozos. + +--¡Oh! era preciso, dijo el emir: Amina no puede amar ni ser amada de +otro modo. + +Y siguió paseándose á lo largo de la cámara. + + + + +CAPITULO XXI. + + Continuacion del anterior. + + +Anunciaron á Yaye que acababa de llegar á la heredad el beneficiado y el +sacristan de Cádiar. + +Yaye mandó introducir al momento á Juan de Ribera. + +--¡Oh, qué dia! qué dia tan aciago, exclamó el beneficiado apenas vió á +Yaye. + +--¿Pues qué sucede? contestó el emir. + +--Sucede... vamos... no sé cómo he podido escapar para cumpliros mi +promesa... sucede que el Santo Oficio ha venido á la villa. + +--Ya lo sé.. vos mismo me lo dijísteis. + +--Es verdad... pero tengo la cabeza trastornada.... ¡qué escándalo y qué +dolor, Dios mio!.. y que la tenacidad de esos desdichados nos obligue á +ver tales cosas... + +--¡Ah! ¡la muerte de esa morisca... de esa Malicatulzarah..! + +--¡La sabíais...! + +--Yátor está cerca de Cádiar. + +--¡Pero no sabreis...! + +--Si, si; sé y me pesa, que su marido Adel, el tejedor, que estaba +enfermo, ha muerto tambien: pero el anciano padre y los pequeñuelos +huérfanos estan amparados. + +--¡Por vos, siempre vos en todas partes donde hace falta la caridad! +¡Cuando digo que sois un santo! + +--No soy santo, pero creo que entre estas gentes se adelanta mas con la +blandura. + +--¡Hum! dijo el beneficiado; son duros como rocas. + +--Ya veis si yo he convertido gente. + +--Dios os da la gracia. + +--No, sino que obro de distinto modo que el inquisidor que ha venido á +visitar á Cádiar..... Me han dicho que ha obrado con muy poca caridad. + +--Es un tanto duro el señor Molina de Medrano, pero muy religioso, eso +sí... figuraos que aunque acababa de dejar el camino, no ha querido +reposar ni comer hasta que se ha purificado la iglesia que habia quedado +impura por la sangre que en ella se habia vertido. Por esa razon he +venido mas tarde y os he hecho esperar... pero en cambio se ha labado el +templo de su impureza, gracias á las ámplias facultades que trae el +señor Molina de Medrano y podrá celebrarse en él la Pascua... de otro +modo la iglesia hubiera estado impura algunos dias. + +--¡Gracias á Dios! asi tendremos misa del gallo. + +--A la que me alegraría mucho que asistieseis: celebrará el señor +inquisidor Medrano: yo seré diácono y el licenciado Arias subdiácono: +tendremos villancicos en que cantará con su hermosa voz... una dama que +vos apreciais mucho, y otra señora que ha venido á su casa... + +--Doña Isabel de Válor, ¿y la otra? + +--Una gran señora. + +--¡La princesa Angiolina Visconti..! Os prometo ir. + +--Con vuestra noble hija. + +--¿Conoceis vos á mi hija? + +--No señor, pero he oido ponderar su virtud y su hermosura. + +--Mi hija no está aquí en estos momentos. + +--¡Qué desgracia!.. pero en fin, os tendremos á vos. + +--Indudablemente: pero vamos á lo que importa. + +--Si, á la conversion del Ferih de los Berchules. + +--Pues no tenemos el gusto de bautizar á ese descreido. + +--¡Cómo! ¿por qué? + +--Porque mientras yo fuí á veros, el tal bandido se ha escapado. + +--¡Cómo! ¿pues no estaba herido, y herido de peligro? + +--Eso mismo me he dicho yo: no lo comprendo, pero lo cierto es que se ha +escapado... yo lo he sentido mucho y vos, no debeis sentirlo menos. + +--¡Oh! ¡siéntolo en el alma! ¡un miembro podrido que continúa separado +del cuerpo de los fieles! + +--Y aun por algo mas debeis sentirlo, señor beneficiado, porque segun +creo, aunque vos me habeis guardado el secreto, Melik el Ferih, es padre +de una morisca, de una Mariblanca que es vuestra ama. + +--¡Ah! dijo el beneficiado no pudiendo evitar un estremecimiento: vos lo +sabeis todo. + +--¿No veis que busco al bien, y para practicarle tengo por todas partes +gentes que se informan de todo? + +--¡Ah! dijo el beneficiado que empezaba á sentir algun recelo. + +--Por eso, porque lo sé todo, vuestra venida, á pesar de la fuga del +Ferih, no es inutil. No os ireis sin bautizar una mora, y aun mas sin +casar á una mora y á un cristiano, padres de la no bautizada. + +--¿Y por qué no bautizar tambien á la madre? + +--Por la sencilla razon de que, desde que nació la madre es cristiana. + +--¡Ah! ¡una morisca! + +--Algo mas que una morisca: una sultana. + +--¡No os comprendo! dijo el beneficiado que se sentia mal, y que iba +viendo transformarse en otro hombre distinto del que habia visto hasta +entonces á Yaye. + +--Pues es muy fácil de comprender: la dama á quien vais á casar es hija +del emir de los Monfíes: en una palabra, es mi hija. + +--¡Vos!.. exclamó el beneficiado y no pudo continuar. + +Anudósele la voz en la garganta; se puso pálido como un cadáver, tembló, +se anonadó; quedó tal como si la tremenda cabeza de Medusa, con toda su +terrible virtud y sus sierpes ponzoñosas se hubiese presentado ante su +vista. + +--¡Qué os espanta! ¿no sois vos el que con tanta crueldad habeis +martirizado á los pobres moriscos? ¿no sois vos el que habeis arrebatado +los hijos á sus madres y los habeis enviado á los hospicios del rey? +¡Habeis tenido valor suficiente para remitir las súplicas desesperadas, +las lágrimas, los gritos de angustia de las desdichadas á quienes +arrebatabais los hijos de sus entrañas, y os falta delante de mí que +ningun mal he de haceros, puesto que habeis venido bajo el seguro de mi +palabra! + +Tranquilizóse un tanto el eclesiástico. + +--¿Pero quién habia de creer..? dijo: yo hubiera jurado... + +--Que yo el don Alonso de Fuensalida á quien conociais, era el mayor +cristiano del mundo... + +--Vuestras obras... vuestra caridad... + +--Si, es cierto: mi caridad hácia los mios, me ha obligado á presentarme +ante vos encubierto con un nombre castellano, á captarme vuestra +voluntad con donaciones hechas á vuestra iglesia, á fingirme +catequizador de moriscos, cuando en verdad solo se bautizaban los +infelices por sugestion mia, para evitar las crueldades que so pretesto +de religion cometiais con ellos: si es cierto: mi caridad para con los +moriscos ha sido grande, porque lo que he hecho en Cádiar lo he hecho +tambien en las demás villas de las Alpujarras. Pero no hablemos mas de +esto. Procurad tranquilizaros, porque os lo repito: aunque os encontrais +entre monfíes, nada os acontecerá: por muy cruel y fanático que seais, +aunque mereciéseis un terrible castigo, os he llamado yo, porque os +necesito, y estais tan seguro como si os cobijara el trono del rey de +España. + +--¿Y para qué me necesitais, señor? dijo el beneficiado no bien repuesto +á pesar de las tranquilizadoras palabras de Yaye, y tratándole con tanto +respeto cuanto era su miedo. + +--Ya os he dicho para lo que os necesito: para casar á mi hija y +bautizar á mi nieta. + +--Estoy dispuesto á obedeceros, señor. + +--Con vos ha venido vuestro sacristan que se ha quedado fuera. + +--Si señor. + +--¿Sabe ese hombre á lo que venis? + +--Le he dicho que se trataba de bautizar... + +--Bien, por eso no quede, haremos una farsa; mandaré á uno de los mios +que se meta en cama... + +--Pero... + +--¿Y qué os importa á vos pronunciar algunas palabras y verter una poca +de agua sobre la cabeza de un hombre? + +--Lo que yo temo, es que maese Barbillo que es muy ladino conozca que no +se trata de un herido. + +--Descuidad que la farsa se hará bien. Ahora vamos á otra cosa. Es +necesario que la fecha de ese casamiento y de ese bautismo se anticipen. + +--No os comprendo bien. + +--Vais á comprender al momento. + +Yaye sacó de su bolsillo una cartera, y de aquella cartera dos papeles +doblados, y los presentó á Juan de Rivera. + +Eran dos partidas de casamiento y de bautismo; la una estaba fechada en +30 de setiembre de 1567, la otra nueve meses despues. Solo faltaba la +firma del beneficiado. + +--¿Pero no veis, dijo Juan de Ribera, que estas partidas no pueden +constar en el libro de la parroquia ni con los folios que aquí tienen? + +--Descuidad: el libro de la parroquia desaparecerá sin que os puedan +hacer cargo. Ya comprendereis que tratándose de mi hija y de mi nieta, +tengo un gran interés en que estas partidas no aparezcan falsas; á vos +os interesa tambien porque... pienso demostraros mi agradecimiento de +una manera digna de mí. + +Y Yaye abrió un cajon de su mesa, y sacó de él uno trás otro, +veinticinco columnas compuestas por veinticinco dorados doblones de á +ocho cada uno. + +--Si, si, es verdad: sois el mismo generoso señor de siempre, pero +encuentro una dificultad. + +--¿Cuál? + +--¿De quién es hija la dama que se va á casar? + +--Es hija mia. + +--Aquí dice: la excelentísima señora doña Esperanza de Cárdenas, duquesa +de la Jarilla, grande de España, hija del excelentísimo señor don Juan +de Andrade, duque viudo de la Jarilla. + +--Es que yo soy ese. + +--¿Pero no sois entonces el emir de los monfíes? + +--Tambien lo soy; para que os aclare mas dudas, preguntad al inquisidor +Medrano, ya que le teneis en la villa, y aposentado en vuestra casa, +quién es el duque viudo de la Jarilla: él me conoce bien. + +--¡Ah! + +--Lo que importa es que firmeis estos documentos, porque se va haciendo +tarde, y teneis que volver antes de la noche á Cádiar. + +Juan de Ribera firmó. + +Yaye guardó de nuevo las dos partidas, y dijo: + +--Vamos y terminemos. Casareis á mi hija, bautizareis á mi nieta, y +despues haremos delante del sacristan la farsa del bautismo de +Melik-el-Ferih, del padre de vuestra ama. + +--Vamos á donde querais, señor. + +Yaye y el beneficiado desaparecieron por una puerta. + +Pasó una hora, y maese Barbillo fue llamado. + +Atravesó la cámara acompañado de un lacayo y desapareció por otra +puerta. + +Media hora despues, el lacayo y Barbillo volvieron. + +--Es mucha, mucha, la caridad cristiana de don Alonso, dijo con cierto +intencionado sarcasmo Barbillo al atravesar la cámara: pero creo que ese +buen Ferih no está tan gravemente herido como dicen. ¿Eh? ¿qué decís +vos? + +--Digo, contestó el lacayo, que no era otra cosa que un monfí, mirando +fijamente á Barbillo, que jamás me entrometo en las cosas de mi señor. + +Y salieron por otra puerta. + +Apenas habian salido, cuando entraron de nuevo en la cámara Yaye y el +beneficiado. + +--Ya que habeis casado á mi hija, y bautizado á mi nieta, le dijo Yaye, +cuidad de que nadie sepa lo que aquí ha sucedido. Mi hija debe aparecer +casada en la fecha que consta en la partida de desposorios. Nadie ha +asistido á la ceremonia, mas que mi familia: si esto se sabe... vos lo +habreis dicho... y entonces... + +--¡Oh! descuidad, descuidad, señor, contestó todo humilde el +beneficiado. + +--Y no os atrevais á nada cuando os veais libre y seguro en Cádiar, +porque podria pesaros. + +--¿Y cómo me habia yo de atrever, viviendo en las Alpujarras, á faltar á +la voluntad de quien tan poderoso es en ellas? + +--Y aun fuera de ellas. Mis monfíes estan en todas partes. Oid: en una +ocasion, herido gravemente, caí en poder del Santo Oficio. La +Inquisicion hubiera tenido un grande placer en quemarme vivo: pero no +pudo. Mis monfíes me sacaron de la cárcel del Santo Oficio. Y esto +sucedió en Madrid, delante del rey, como quien dice, y del inquisidor +general. Guardaos, pues, si apreciais vuestra vida. + +--¿Pero me prometeis, señor, que ningun peligro corro? los moriscos +estan inquietos... esta mañana... + +--Si; esta mañana se ha cometido un horrible crímen en vuestra +iglesia..... pero nada temais por ahora..... mas adelante podrá +suceder.... para mas adelante, ya os habré procurado yo una buena +prebenda. + +--¡Una prebenda! ¡vos! + +--Si por cierto. Si, yo quiero haceros obispo..... yo moro, capitan de +bandidos, como vosotros decís... sereis obispo. + +--¡Ah, señor! exclamó el beneficiado, arrojándose casi á los piés de +Yaye. + +--Pero para que yo os favorezca, será necesario que os hagais merecedor +de mis favores. + +--Descuidad, callaré, os serviré, seré vuestro esclavo. + +--Bien: obrando asi obrareis prudente: ahora idos: ya el sol desciende y +es necesario que llegueis á Cádiar antes de la noche. Algunos de mis +criados os acompañaran hasta la entrada del pueblo, id. + +El beneficiado se dirigió á la puerta. + +--Se os olvida eso, dijo Yaye, señalándole el dinero que estaba sobre la +mesa. + +El beneficiado, con vergüenza, no de recibir el dinero, sino por la +manera con que lo recibia, guardó el oro en sus bolsillos. + +Despues salió con Yaye que le precedia, con las muestras de la mayor +distincion y amistad. + +Poco despues, Yaye entró de nuevo en la cámara. + +--Ha sido necesario, dijo, confiar á ese miserable, para que no hable +una sola palabra: difundido este secreto, cualquiera que por casualidad +escapase, podria llevarlo á oidos tales, que perjudicasen á mi hija!... +¡Mi hija! ¿puede hacer un padre mas sacrificios que los que yo he hecho +por Amina? + +Yaye se pasó la mano por la frente, como si hubiera querido arrancarse +de ella una horrible pesadilla. + +--¡Cúmplase la voluntad de Dios! exclamó. + +Y luego dirigiéndose á una puerta, la abrió y llamó. + +--¡Suleiman! + +Presentóse el mismo monfí jóven que habia burlado un año antes en Madrid +al inquisidor general. + +--¿Qué me mandais, magnífico señor? dijo. + +--¿Has mirado bien á ese clérigo? le preguntó. + +--Le conocería aunque pasasen muchos años, y le viese entre mil. + +--¿Y al que le acompañaba? + +--Si señor. + +--Es necesario que esos dos hombres mueran. + +--Morirán, señor. + +--Vete, y di á mi wazir Harum, que le espero. + +Fuése Suleiman, y á poco entró Harum. + +Yaye se encerró con él. + + + + +CAPITULO XXII. + + Lo que hicieron contra el emir Aben-Aboo y Aben-Jahuar. + + +Aquella misma tarde, un jóven con un trage sumamente pintoresco, y con +una escopeta al hombro, atravesaba por el áspero desfiladero de una +montaña próxima á Cádiar. + +El trage de este jóven, consistia en un gorro ó bonete de granada, una +chaquetilla de colores vivos, y adornada con alhamares y bordados de +plata; una camisa sin cuello, bajo una chupa del mismo color que la +chaqueta (jaqueta la llamaban los moros); una faja de seda sobre la +chupa, y unos calzones anchos, cortos hasta la rodilla, abiertos por +abajo, cuadrados en su abertura, y en las piernas unos botines de grana +bordados. + +Llevaba ademas sobre la faja un cinto con dos bolsas, llenas la una de +balas de hierro, y la otra de pólvora: en el cinto dos largos pedreñales +ó pistoletes, y un puñal; pendiente del cinto con dos cordones de seda, +un alfange berberisco, y sobre el hombro un albornoz de lana, listado á +anchas franjas negras y blancas. + +Este jóven era Aben-Aboo. + +Con su bello trage morisco, su fisonomía se habia completado: era el +infante de Granada, brabío y valiente, con el sello característico de su +raza fijo en el semblante, y la expresion sombría y amenazadora del +oprimido, que tras largos años de paciencia, se levanta ante su opresor. + +Era á punto que el sol se ponia, el cielo hasta entonces limpio y +despejado, empezaba á cargarse de oscuras nubes hácia el Norte, y allá +entre los altos picos de Sierra Nevada se escuchaba rodar el trueno á lo +lejos: frias ráfagas de viento pasaban silbando entre los brazos +desnudos de las encinas y las peladas rocas, á las que se veia acudir +las águilas para preservarse en su profundo nido de la tempestad. + +Aben-Aboo siguió andando á gran paso. + +El nublado siguió avanzando con extrañada rapidez, y al fin, al ponerse +el sol, un tupido toldo de densas nubes cubrió las montañas. + +Algunas gruesas gotas cayeron sobre las rocas. + +Aben-Aboo entonces partió á la carrera. + +Los que hayan viajado por las Alpujarras, y hayan tenido necesidad de +atravesar una rambla para llegar al término de su viaje, comprenderán +por qué Aben-Aboo, que tenia que atravesar la rambla de los Ciegos, +corria. + +A los que no conozcan aquel terreno, les diremos: que basta una lluvia +de algunos minutos para que en aquel quebradísimo terreno, las +innumerables vias de las vertientes de las montañas, conduzcan á la +rambla que viene á ser un punto de reunion, un pequeño arroyo, y que +juntos todos estos arroyos produzcan por su inconcebible número una +corriente bastante considerable para que no pueda ser atravesada por un +hombre. + +Cuando la lluvia es fuerte y dura algunas horas, no es ya un rio +invadeable, el que rueda por la rambla, sino un torrente monstruoso, +atronador, que se extiende de monte á monte, que arrastra árboles y aun +rocas: un alubion gigantesco que dura muchas horas despues de haber +terminado la lluvia que lo produce, que va á aumentar alguno de los +traidores rios de las Alpujarras, y que cuando se extingue deja sobre la +rambla un fango arenoso, entre el cual, no es difícil encontrar reses +muertas y aun cadáveres humanos. + +Por eso corria Aben-Aboo. + +La tormenta se le echaba encima, y la lluvia empezaba, lenta si, pero +con indicios de aumentarse progresivamente hasta convertirse en un +furioso aguacero. + +Saltaba el jóven como un gamo de roca en roca, y al fin vió una ancha +abertura practicada entre dos rocas gigantes, por la cual se veia un +plano ancho, pendiente, de arena blanca y brillante. + +Tan blanca era esta arena, que cuando reverberaba en ella el sol, +ofendia la vista, por cuya razon la habian llamado la rambla de los +Ciegos. + +Entre estas dos altísimas y cortadas rocas, habia un hombre cubierto en +otro albornoz rayado, que al saltar junto á él Aben-Aboo, desde una +breña, retrocedió un paso y preparó su escopeta, exclamando con acento +enérgico: + +--¡Párate! ¡la señal! + +--¡Granada y los monfíes! contestó Aben-Aboo. + +--¡Ah! ¿eres tú sobrino? dijo el que esperaba, y dejó caer el embozo de +su albornoz. + +Era Aben-Jahuar-el-Zaquer. + +--¿Y nuestra gente? dijo Aben-Aboo. + +--Estan mas abajo. + +--Está con ellos Abd-el-Melik-el-Ferih. + +--No; pero ya hemos quedado de acuerdo: nuestra gente se compone de +veinte de los mios. + +--¡No son monfíes! + +--No; son moriscos y cristianos renegados por delitos, gente dura y +braba, que yo estoy reclutando hace tiempo, y cuyo número aumento con +todo hombre á proporcion que se me viene á las manos. + +--¿Y sabe el emir que vos teneis esa gente? + +--Si lo sabe yo no se lo he dicho. + +--¿Y entonces quien paga á esa gente? + +--Los moriscos de Granada y de la Vega. + +--¡Ah! ¿y cuántos son? + +--Unos trescientos que podran servirnos de mucho para nuestros asuntos +particulares. + +--¿Y para qué habeis traido con vos esos veinte hombres? + +--Atravesemos la rambla, sobrino, que la noche y la lluvia se nos vienen +encima por fortuna nuestra, y sabrás para lo que he traido conmigo á esa +gente. + +Y Aben-Jahuar tomó á buen paso hácia las quebraduras del frente seguido +de Aben-Aboo. + +Cuando hubieron atravesado la rambla, subido un áspero repecho, y +penetrado en las quebraduras que habia indicado el tio al sobrino, se +encontraron en un terreno extremadamente brabío, oculto bajo el saliente +de una roca. + +--¿Ves la Muela del Lobo, sobrino? dijo Aben-Jahuar, señalando una alta +roca que se veia á lo lejos hácia el Sur, al pié de una montaña. + +--Si por cierto. + +--¿Ves al pié de la Muela una huerta, y en medio de la huerta una casa? + +--Sí. + +--¿Y alcanzas á percibir á la poca luz que tenemos, lo que pasa delante +de aquella casa? + +--Tengo muy buena vista, tio: delante de aquella casa hay tres literas, +seis caballos y algunas acémilas que estan cargando con maletas y +cofres. Eso indica que la gente que vive en aquella casa, ha olido la +tempestad de sangre que se prepara, y huye antes de que se le eche +encima. Algunos perros cristianos que piensan ponerse en salvo antes de +que arrecie el peligro. + +--¡Bah! en aquella casa hay cristianos y monfíes. + +--¡Cristianos y monfíes! + +--Si por cierto: voy á decirte el nombre de los cristianos: primeramente +la excelentísima señora duquesa de la Jarilla, doña Esperanza de +Cárdenas, ó sino la conoces por ese nombre, la sultana Amina. + +--¡La sultana Amina! exclamó estremeciéndose Aben-Aboo. + +--Déjame que continúe mi lista de cristianos: el antes solamente marqués +de la Guardia, y hoy duque de la Jarilla por su casamiento con la +sultana, don Juan Coloma. + +--¡Ah! ¡mi amigo el marqués! exclamó con un sarcasmo amenazador el +jóven. + +--Ademas, doña Estrella Coloma y Cárdenas, hija de los excelentísimos +duques de la Jarilla. + +--¡Su hija! + +--Item: la nodriza de doña Estrella y dos criadas: Calpuc, el indiano, +abuelo de doña Esperanza, y bisabuelo de doña Estrella; don César de +Arévalo, tio del marqués de la Guardia, ó mejor dicho del duque de la +Jarilla, y por último Peralvillo, lacayo del duque. + +--Y sin duda allí estará tambien... + +--Sí, voy á decirte los monfíes que estan en esa casa: primero el +magnífico emir de los monfíes nuestro pariente: luego Harum-el-Geniz, su +wazir, Suleiman, su walí, y como hasta cincuenta monfíes. + +--¿Pero á dónde es ese viaje? + +--No sé tanto; solo sé que podrá suceder muy bien si tienes valor que +hagamos un buen negocio. + +--Tio... jugamos el todo por el todo. + +--Y á qué nos habíamos de haber puesto estos vestidos berberiscos +nosotros y nuestra gente, á qué traer antifaces rojos sino para no ser +conocidos. Sígueme sobrino, y confia en mí y en el diablo que nos dará +buena suerte. + +Aben-Jahuar y Aben-Aboo siguieron las breñas adelante, descendieron á +unas ásperas quebraduras y al entrar en ellas, Aben-Jahuar gritó +ténuemente como un cuclillo. + +En el acto respondió otro grito semejante, y otro y otro. + +--Ahí estan, dijo Aben-Jahuar. + +--¿Quién? + +--Los mios. + +--Pues os juro que hubiera pasado junto á ellos sin notarlos, dijo +Aben-Aboo. + +--Eso prueba, cuando han podido engañarte á tí, que eres astuto y +experimentado como el monfí mas viejo, que engañaran tambien á los +monfíes. Ahora, ocultémonos tambien nosotros, y guardemos el mas +profundo silencio. + +Tio y sobrino se perdieron entre un jaral. + +Junto al sitio en que toda esta gente estaba oculta, habia un estrecho +desfiladero, y en él una senda escabrosa. + +El desfiladero estaba desierto. + +Nadie tampoco hubiera sospechado que junto á él habia gente oculta. + +Pasó algun tiempo; empezó al fin á llover con mas fuerza, y en el +momento en que arreciaba la lluvia, se oyeron resonar pasos de +cabalgaduras en la parte baja del pedregoso sendero, y voces de hombres +que hablaban descuidadamente. + +--Aquijad, aquijad, decia una voz robusta; marchad de prisa, la lluvia +arrecia, y mucho será que podamos pasar la rambla de los Ciegos. + +--Las mulas no pueden marchar mas deprisa, señor, contestó otra voz: nos +vemos obligados á llevar las literas una detrás de la otra. + +--Pues aprisa cuanto se pueda, dijo la voz que mandaba. + +De repente se oyó un sordo mugido, indistinto y sordo primero, que fue +creciendo y aumentándose hasta oirse perfectamente el bramido de las +aguas que corrian á alguna distancia. + +En aquel punto la lluvia caia á torrentes. + +--¡La avenida en la rambla de los Ciegos! gritó una voz. + +--Pues volved, volved atrás; gritó con energía la voz que antes habia +mandado; dentro de poco tendremos por aquí otra avenida. + +Apenas habia pronunciado aquella voz estas palabras, cuando sonó un +tiro: luego otro y otro, sucediendo á esto el rumor de un reñido +combate. + +Veamos lo que era aquello. + +Hemos dicho que la gente de Aben-Jahuar estaba oculta en unos arenales +al lado de un pendiente desfiladero: á uno de sus lados se habian +ocultado tambien Aben-Jahuar y Aben-Aboo. + +Por aquel desfiladero habia aparecido una caravana, que aunque la noche +habia cerrado anticipadamente á causa de la tempestad, se veia de tiempo +en tiempo á la clara luz de los relámpagos. + +Componian esta caravana cuatro monfíes; tras ellos tres literas, cada +una de las cuales era llevada por dos mulas una delante y otra detrás, y +cada una de estas mulas por un monfí. Luego á caballo, el marqués de la +Guardia, Calpuc, el rey del desierto, don César de Arévalo, Peralvillo y +Harum-el-Geniz: últimamente como hasta cuarenta monfíes. + +En el momento en que, las literas pasaron del lugar donde estaban +escondidos con su gente Aben-Jahuar y Aben-Aboo, sonaron los disparos +que hemos dicho, y á poco se trabó un combate cuerpo á cuerpo entre los +de Aben-Jahuar, y los del emir. + +Las literas habian quedado cortadas y delante, y se oia la voz de Amina +y las de sus doncellas que pedian socorro, y las imprecaciones en árabe +de los monfíes que guiaban las literas. + +Uno de los relámpagos iluminó la escena. + +--¡Ah! exclamó con rabia Harum el Geniz que se batia como un lobo: ¡son +corsarios berberiscos! + +La estratagema de Aben-Jahuar, por lo que vemos, habia producido muy +buen efecto. + +De repente el pavor se apoderó de todos. + +No era un enemigo humano el que les aterraba: eran los elementos: +algunos pedazos de roca habian pasado zumbando por el desfiladero y por +la parte alta se dejó oir un ronco mugido. + +--¡La avenida! ¡la avenida! gritaron todos. + +Y se arrojaron fuera del desfiladero. + +No tardó mucho en dejarse ver el torrente que pasó brillando entre la +oscuridad como una serpiente inmensa, blanquecina, puesta en fuga y cuya +carrera fuera velocísima. + +A la luz de los relámpagos vieron Harum, el marqués, y todos los demas, +que los que creian berberiscos se perdian entre las breñas al otro lado +del torrente que por efecto de la tempestad llenaba el desfiladero. + +Por una casualidad no habia quedado entre ellos ni uno solo. + +Faltaban los monfíes que precedian á las literas; los que las conducian +y Amina, su hija, la nodriza y las doncellas de Amina que eran llevadas +en las literas. + +Al ver esto el marqués de la Guardia, que era valiente hasta la +temeridad, antes de que nadie pudiese impedirlo, se arrojó con su +caballo á la avenida, pretendiendo atravesarla. + +Un grito de horror salió de todas las bocas. + +El caballo y el ginete fueron arrebatados por la corriente. + +--Pronto, pronto, á buscar el puente del salto del Gamo, gritó Harum: +salvemos á la sultana: la sultana antes que todo. + +--Es que, dijo un monfí viejo, no podremos llegar al salto del Gamo. + +--Tienes razon Mahdar; el desfiladero del Fraile estaba invadeable: +estamos encerrados, señores, añadió con desesperacion; estamos +encerrados por la avenida entre una rambla y dos desfiladeros: ¡que se +haga la voluntad de Dios! + + * * * * * + +--Dios ó el diablo nos han protegido, sobrino, decia Aben-Jahuar á +Aben-Aboo, entrando con él en Cádiar, en el meson del Cojo, cubiertos +con sus capas castellanas; la tormenta nos ha ayudado; de otro modo +aunque sin duda hubieramos vencido, alguno de dos nuestros hubiera +quedado en poder de ellos y era un mal cabo; ahora... ahora... no salen +á bien librar hasta mañana de la prision en que los han puesto las +aguas. + +--Pero han sucedido horribles desgracias tio, dijo Aben-Aboo, cuyo +semblante tenia una expresion ferozmente sombría. + +--¿Y qué importa? ya no es un obstáculo á nuestros proyectos la hija del +emir. + +Y al decir estas palabras se entró con su sobrino en el aposento en que +se habian encontrado aquella mañana. + +Poco despues un hombre llamó recatadamente á la puerta, le abrieron y +entró. Era el emir. + + + + +CAPITULO XXIII. + + Cómo trataba Yaye á sus parientes. + + +Tendió á un tiempo las manos á Aben-Jahuar y Aben-Aboo y se las estrechó +con fuerza. + +[imagen: El licenciado Juan de Ribera.] + +--¡Oh! dijo sentándose. Estoy contento. Al fin he tomado una resolucion +decisiva, he fijado la suerte de mi hija y me quedo libre para hacer con +vosotros la guerra al cristiano. + +--¡Qué habeis fijado la suerte de vuestra hija! primo, dijo Aben-Jahuar +con las muestras del mas solícito interés. + +--Sí, esta tarde se la he entregado á su marido. Era para mí un +obstáculo inseparable; la acompaña su abuelo, y va bien escoltada. Es +verdad que puede haberles cortado el camino la tormenta impidiéndoles +pasar la rambla de los Ciegos, pero esto no es mas que algunas horas de +detencion; remontaran la montaña y llegaran mañana á Motril, donde en +una galeota mia se trasladaran á Venecia. Y estoy alegre, vive Dios, muy +alegre. Era necesario decidirse, decidirse de todo punto. Pero tengo +apetito. Manda, hijo mio que nos den de cenar. + +Se levantó Aben-Aboo y salió. + +--Tengo que hablarte primo, de un asunto, ó por mejor decir de dos +asuntos importantísimos para los dos. No he querido decírtelo delante de +nuestro sobrino. + +--¿Tan de repente has pensado ese asunto? + +--Si; cuando al fin he visto asegurada la suerte de Amina, me he +encontrado otro hombre. Pienso abdicar... + +--Abdicar... ¿y en qiuén? + +--Aben-Aboo es muy brabo y los monfíes le aman... + +--¡Cómo! + +--Silencio, le siento acercarse... cuando hayamos cenado, yo me +despediré, é iré á esperarte á la salida de la villa por la Caba-honda. + +--Iré. + +Aben-Aboo entró en aquel momento y á la primer mirada comprendió que +habia pasado algo grave entre sus dos tios. + +Sin embargo comprendió tambien que debia disimular. + +--¿Conqué mi prima, dijo, se va á Venecia? ¡Y yo que contaba al menos +con verla! + +--¿Y qué habiamos de hacer aquí con ella una vez empeñada la guerra? No, +no: era prudente ponerla fuera del incendio. Si Dios nos ayuda y +triunfamos tiempo tendremos de verla. + +El Cojo entró entonces con una verdadera cena de meson, pero era tal el +apetito de los comensales, estaban todos tan contentos, cada cual por su +causa, que devoraban un pésimo gigote y algunas aves, acompañadas de una +liebre que por casualidad tenia cabeza. + +Durante la cena y como estaban servidos por el Cojo y por su hija, +alegre mocetona de veinte y cuatro años, la cena pasó con una +conversacion indiferente. + +[imagen: El capitan Diego de Herrera.] + +--¿Qué diria la Inquisicion si nos viera comer carne la noche de +navidad?, dijo el emir. + +--¿Y si viera que esta carne nos la servia una mora de tan buena carne +como Pascuala? dijo Aben-Jahuar. + +--Vamos señor, siempre que hay gentes delante se estrella vuesamerced, +contestó la muchacha. + +--¡Cuándo digo yo que esta Pascuala acabará por arruinarme! dijo el +Cojo. + +--¿Pues qué hace la muchacha para ello? dijo Aben-Aboo. + +--¡Bah! con esa cara de hereje que pone á los huéspedes... no hay +ninguno que no se me haya quejado, sobre todo de la mala cama. + +--Es que los tales huéspedes quieren á veces, que las camas sean tan +completas... dijo la muchacha. + +--Y no crean usamercedes que esto es por virtud; no señor; sino porque +la tiene bebidos los sesos ese organista del diablo, que solo gana tres +maravedises... que... que en fin, es un haragan, un desarrapado... lo +que no impide que esta señora se pase las noches de claro en claro +pelando la pava con él. + +--¿Y qué tiene eso de malo? + +Y asi mientras duró la cena, los tres personajes ocultaron su verdadero +estado con conversaciones tales, como la de que acabamos de dar una +muestra. + +Acabada la cena, el emir se despidió de Aben-Jahuar y de Aben-Aboo. + +--¡Que está tranquilo acerca de su hija! dijo sombriamente el jóven +apenas se quedó solo con su tio. + +--Afortunadamente, nadie nos ha conocido, ni los mismos que nos han +ayudado saben lo que han hecho. El emir no puede hacernos cargo de nada. + +--¿Y á dónde irá ahora? + +--Es muy posible que vaya á ver á tu madre. + +Ya sabemos que Aben-Jahuar sabia que Yaye no habia ido en busca de su +hermana doña Isabel. + +--¿A buscar á mi madre en una noche como esta? + +--Pues esta noche mas que otra, debe el emir estar cuidadoso por mi +hermana. + +--Pero la tenacidad de _ese hombre_, cuando mi madre... + +--¿Y qué quieres? asi son todos los enamorados. + +--¡Pues juro á Dios...! + +Aben-Aboo se detuvo, pero Aben-Jahuar adivinó el resto del juramento: +Aben-Aboo se habia puesto de pié, y se arreglaba la capa y el talabarte. + +--Mira lo que haces, sobrino, exclamó profundamente Aben-Jahuar: el emir +es poderoso, y está acostumbrado á satisfacer sus empeños: prudencia, +sobrino, prudencia, y no aventuremos en un minuto lo que tanta paciencia +y tantos sacrificios nos ha costado. + +--Tan prudente seré, dijo Aben-Aboo, que daré ocasion á que otros +aprendan en mi prudencia. + +Aben-Aboo que habia pronunciado estas palabras de una manera ambigua, +cuya verdadera intencion no podia apreciarse bien, salió. + +--¡Ah! dijo Aben-Jahuar: ¡quiere abdicar en Aben-Aboo! ¡si ese insensato +llega á ser emir de los monfíes, todo está perdido para mí! los monfíes +conocen su ferocidad y le aprecian: le servirian á ciegas, y correrian +tras él, aunque los llevase á arrojarse de cabeza á un volcan. Pero +aunque sois astuto y feroz, señor sobrino, yo os llevo la delantera, y +nos veremos, vive Dios, ¡nos veremos!¡vos, el emir y yo...! ¡Ah! ¡ah! yo +os juro amigo mio, que no habeis de ver la verdad hasta que esa verdad +os espante. + +Despues llamó, pagó la cuenta que le ajustó el Cojo por los dedos, y se +fué á encontrar al emir. + +Hallóle en la parte baja del pueblo junto á las tapias. + +--Empezaba á impacientarme, le dijo. + +--He tenido que engañar á Aben-Aboo para separarme de él. + +--¿Y sospecha algo? + +--Nada: solo espera con impaciencia que llegue la hora. + +--Poco tardará en sonar, ya son las nueve. Entre tanto podemos hablar +nosotros, y ponernos de acuerdo. + +--¿Pues qué estamos discordes? + +--Si; y este es un mal presagio. + +--¿Y en qué consiste esa discordancia? + +--En que todos teneis ambicion, y vuestras ambiciones encontradas, seran +la causa de nuestra ruina. + +--¿Y nada dices de tu propia ambicion? + +--Yo la he perdido: todo me ha salido mal: en todos mis afectos, en +todos mis deseos, en todas mis esperanzas, estoy ya contrariado: ya no +soy el hombre que luchaba con toda su inteligencia, con todas sus +fuerzas: soy un vencido que se rinde. + +--¡Un vencido!... + +--Sí vencido por su suerte. + +--Desmayas en los momentos en que mas necesitamos de tu ayuda. + +--No por cierto: yo os doy todo lo que tengo: mi ejército, mis tesoros, +mi espada. ¿Quereis mas? + +--Pero esa abdicacion... + +--Es necesaria. Aben-Aboo está descontento: Aben-Humeya le mira con +recelo: señor es uno, vasallo el otro: ni Aben-Aboo serviria bien á +Aben-Humeya, ni Aben Humeya confiará en Aben-Aboo. Por el contrario, +siendo Aben-Aboo emir de los monfíes, se encontraran igualmente +poderosos... + +--Aben-Aboo pesará sobre Aben-Humeya. + +--Pero aun vivimos nosotros: nosotros mas experimentados que ellos: +nosotros que tenemos una poderosa influencia, tú sobre los moriscos, yo +sobre los monfíes: nosotros que podemos enlazarnos á ellos por sagrados +vínculos. + +--¡Cómo! + +--Tu amas á tu cuñada doña Elvira, dijo Yaye. + +--Es verdad, contestó con voz cavernosa Aben-Jahuar. + +--Yo amo... cada dia con mas fuerza, cada dia con mas desesperación, á +tu hermana doña Isabel. + +--¿Por qué no la amaste del mismo modo hace veintidós años? entonces +Aben-Aboo sería tu hijo... + +--¡Ah! exclamó Yaye: olvidemos lo pasado y pensemos solo en el presente: +estoy irrevocablemente decidido á lo que te he propuesto. + +--No creo realizable tu proyecto mas que en lo relativo á la abdicacion +en Aben-Aboo: por lo demás, ni mi hermana se casará contigo, ni conmigo +mi cuñada doña Elvira; ademas, y seamos francos... doña Elvira te ama, +Yaye. + +--¡Oh! ¿quién te ha dicho eso? + +--¿No crees que los zelos son muy perspicaces? + +--Los zelos mienten, ó por mejor decir, los zelos se engañan. Doña +Elvira no ama á nadie, á nadie mas que á su hijo: por eso, encontrando +solo un hombre ante el porvenir de su hijo, siendo ese hombre yo, +pretende inhabilitarme, apoderarse de mí, matarme, en una palabra; Doña +Elvira, primo, me aborrece, y por que me aborrece, me cerca de +asechanzas, me ataca con todas sus armas, con su astucia, con un amor +fingido, con un empeño tenaz. Cuando vea que yo abdico en Aben-Aboo... +que me caso con tu hermana, doña Elvira se casará contigo, para +contrabalancear el poder de Aben-Aboo: no lo dudes Aben-Jahuar: doña +Elvira solo ama á su hijo Aben-Humeya. + +Quedóse profundamente pensativo Aben-Jahuar. + +--¿Y qué hemos de hacer? dijo. + +--¿Consientes en que pongamos por obra mis proyectos? + +--¿Y tú estás seguro de que doña Elvira querrá casarse conmigo? + +--Sí, en el momento en que yo me case con tu hermana doña Isabel. + +--Pero es necesario empezar á obrar al momento. + +--Es necesario que vayamos á casa de tu hermana. + +--¡Ah! + +--Tú hablarás á Aben-Aboo; le participarás mi resolucion, y le +prepararás para que desde esta noche empiece á obrar como corresponde á +su nuevo estado: yo entre tanto hablaré á tu hermana. + +--Quiera Dios, dijo Aben-Jahuar que saques de ella tan buen partido como +yo espero sacar de Aben-Aboo. + +Y tomando por fuera de las tapias arriba, se encaminó con Yaye á la +atalaya donde vivia Aben-Aboo. + + + + +CAPITULO XXIV. + + De cómo se encontraron reunidas de una manera extraña, personas que + se creian muy separadas. + + +En una habitacion completamente blanca, con el pavimento cubierto de una +estera de esparto, desnudas las paredes y con techo de bovedillas y +adornada con algunos muebles modestos, al lado de una chimenea +encendida, habia dos mujeres. + +Era la una doña Isabel de Córdoba y de Válor: la otra Angiolina +Visconti. + +Doña Isabel, si bien contaba ya cuarenta años, estaba en el esplendor de +su hermosura: no de esa hermosura brillante, vaporosa, delicada, +esmaltada, por decirlo así, de la jóven, de la adolescente casi, sino +en esa fuerte y brillante hermosura de la mujer, en que hay un exceso de +vida y de pasion, en que se mira con dolor el pasado, y se espera con +temor ó al menos con una dolorosa resignacion la metamorfosis de la +mujer, en que se marchitan las mejillas, en que aparecen las canas y las +arrugas, en que las formas mas hermosas se deprimen, en que la mirada se +apaga, en que los cabellos se disminuyen, se aclaran, se retiran de la +frente, ó por mejor decir, la ensanchan: doña Isabel no tenia ya la +belleza de la esbeltez, pero tenia en cambio, la magestad y la incitante +hermosura de la matrona: habia engruesado, pero sin perder la belleza de +sus formas; su pecho se habia levantado, pero sin perder su aspecto puro +y virginal; doña Isabel habia crecido en vida y en hermosura y no habia +perdido nada de su pureza: el sufrimiento agudo de un amor contrariado, +de una vida robada á la felicidad, habia impreso, fijado sobre su +semblante, la expresion del sufrimiento, pero de un sufrimiento valiente +y resignado, y esta expresion daba á su hermosísimo semblante, á su +ardiente mirada, un resplandor sublime, por decirlo así, casi divino: +doña Isabel era á los cuarenta años, una de esas mujeres que hacen +bendecir á Dios que las ha criado, que inspiran un amor exento de +competencias de todo género, que absorven completamente la vida y el +alma de un hombre. + +Sin embargo, en los veintidos años que habian pasado desde la muerte de +Miguel Lopez, se habia visto libre de pretensiones, exceptuando las de +Yaye. + +¿En qué podia consistir esto, tratándose de una mujer tan hermosa y tan +pura? + +Consistia en que en Cádiar no la conocia nadie mas que los parientes +próximos de su hijo, su confesor y un escaso número de mujeres. + +Estas en verdad habian ponderado su hermosura: pero doña Isabel no salia +de su casa sino para ir á misa (eso todos los dias), y en esta sola +ocasion se cubria de tal modo el rostro con el manto, que solo podia +apreciarse lo airoso de su andar, lo gentil de su conjunto, y ese +perfume particular que deja tras si toda mujer hermosa. + +Su casa, encerrada dentro de una tapia y situada en una altura, estaba +libre de miradas curiosas, y en ella no penetraba nadie, mas que, como +hemos dicho los parientes, y estos viejos unos, ó casados los otros, y +algunas mujeres. + +La hermosura pues, de doña Isabel, solo se conocia de fama. + +Pero lo repetimos: era esta tal, que á pesar de ser hermosísima +Angiolina, se encontraba como empalidecida, como borrada, como +vulgarizada, al lado de doña Isabel. + +Encontrábanse las dos, en el momento en que las presentamos de nuevo en +escena, en esa disposicion de ánimo en que se piensa mucho y se habla +muy poco. + +Ademas, la situacion en que se encontraban colocadas la una respecto á +la otra, era tirante y difícil: vivian juntas y apenas se conocian: al +llevar Aben-Aboo á Angiolina de Granada, habia dicho á su madre: + +--Esta dama es una noble viuda á quien amo, y que se encuentra sola en +el mundo: sino fuera la persona que es, pudiera haberme recibido en su +casa, como otras tantas; pero esto no era conveniente ni decoroso, ni +para ella ni para mí: he contado, pues, con que vos la servireis de +madre hasta el dia en que pueda llamarse vuestra hija. + +Doña Isabel tendió la mano á la aventurera que su hijo la presentaba, la +admitió en su casa, la llamo su parienta para salvar las apariencias, y +nada la preguntó ni nada la dijo Angiolina. + +La dulzura y la virtud, y la magnífica belleza de doña Isabel, empezaron +á dominar á la veneciana, que se sintió arrastrada hácia ella. Angiolina +por su parte, que era una mujer digna y noble cuando no se trataba de su +empeño por el marqués de la Guardia, empezaba tambien á hacerse lugar en +el corazon de doña Isabel. + +Esta no sabia quién era: pero aquella mañana en el exámen, delante de la +Inquisicion, se habia llamado Angiolina princesa. + +Doña Isabel no habia podido olvidar aquella revelacion: ni que el +inquisidor habia tratado á Angiolina como una conocida antigua, ni la +turbacion y la vacilacion de Angiolina al reconocer al inquisidor. +Cuando doña Isabel dejaba de pensar en esto, se la venia á la memoria la +terrible muerte de Malicatulzarah, con sus horribles detalles, con toda +su aguda pasion, y entonces los ojos de doña Isabel se llenaban de +lágrimas, y su corazón se levantaba á Dios rogando por aquellos +desventurados. + +Por esta razon estaba tan profundamente pensativa doña Isabel. + +El haberse visto reconocida por Molina de Medrano cuando menos lo +esperaba; el haber visto aquella mañana desde la atalaya entre las +breñas y á lo lejos á Laurenti y á Cisneros, y el recuerdo de la +sangrienta escena de la iglesia, tenian tambien profundamente pensativa +á Angiolina. + +Dieron las ánimas, y doña Isabel las rezó. + +Contestóla Angiolina, y por esta razon se cruzaron entre ellas algunas +palabras. + +--Cómo zumba el viento en la chimenea, dijo doña Isabel arreglando los +tizones. + +--Todo es hoy lúgubre, contestó Angiolina. + +--¿Y mi hijo? ¿dónde estará mi Diego? añadió doña Isabel: otras noches +ha venido mas temprano. + +--Aquí estoy madre, dijo la voz de Aben-Aboo á la puerta. + +Y el jóven adelantó, se quitó la gorra, la capa y el talabarte, y se +sentó delante del fuego entre las dos mujeres. + +--No es prudente andar á deshora por la calle cuando tenemos el pueblo +lleno de soldados, y cuando la Inquisicion hace su visita, dijo doña +Isabel: recelan demasiado de nosotros, y es peligroso... + +--Pues ved ahí, madre mia, dijo Aben-Aboo: yo quisiera que hubiese cien +veces mas soldados y mil veces mas inquisidores en el pueblo. + +Palideció doña Isabel al escuchar la ronca y amenazadora voz de su hijo +y no contestó. + +Angiolina miró de una manera profunda al jóven. + +Su semblante estaba terriblemente contraido, ceñudo. + +--Supongo, dijo doña Isabel, que nos acompañarás á la misa del gallo. + +--Cabalmente he venido á deciros que no ireis. + +--¿Que no iremos? exclamó doña Isabel: ¿y por qué? + +--Porque no debeis ir. + +--¡Que no debemos ir! explícate por Dios, Diego. + +--Ha llegado la hora, replicó el jóven. + +--¿La hora de qué? + +--Esta mañana se ha vertido en la iglesia sangre inocente. + +--¡Ah! exclamaron las dos mujeres. + +--Esta noche se verterá en la misma iglesia sangre de infames. + +--Pero tú no la verterás, Diego, hijo mio; exclamó toda asustada doña +Isabel: el crímen ageno no autoriza el crímen propio; tú te harás ageno +á esos crímenes. + +--¿Crímenes llamais á la venganza de un pueblo oprimido? + +--Dios toma á su cargo las lágrimas y la sangre de los que sufren. + +--No queremos esperar tanto. + +--Pero no meditas que una vez dado un paso... + +--Se dan diez, ciento, mil... en buen hora: yo daré el primero sin +vacilar. + +--No, tú no darás ninguno. + +--He jurado beber la sangre de ese infame inquisidor y la beberé, madre. + +--Pero te perderás, y perderás á los tuyos. + +--¿Temeis que alguien perezca en esa lucha, señora? dijo con acento de +reconvencion Aben-Aboo. + +--Temo que perezcas tú, contestó con dignidad doña Isabel que habia +comprendido la intencion de su hijo. + +--¿Y no temeis por nadie mas? + +--Temo por todos, por todos, Diego, ¿lo entiendes? + +--Yo creia que antes que por mí temblabais por... + +--¿Por quién? preguntó con tal altivez doña Isabel que Aben-Aboo á su +despecho se vió obligado á bajar los ojos. + +En aquel momento y cortando la conversacion que empezaba á hacerse +difícil, se abrió la puerta y apareció en ella Alí, el esclavo de +Aben-Aboo. + +--Señora, dijo; vuestro hermano don Fernando, que viene con otro +caballero, desea veros. + +--Dí á mi tio, contestó Aben-Aboo, que pase á mi habitacion. + +--No, no, dijo doña Isabel: díle que entre aquí. + +El esclavo salió. + +--Acaso mi tio me busca á mí, no á vos, señora. + +--Tu tio, dijo á la puerta Aben-Jahuar, os busca á todos; pasad, primo, +pasad; hermana, te traigo un antiguo conocido. + +Y adelantaba llevando de la mano á Yaye que temblaba como un niño. + +Todos se pusieron de pié. + +Aben-Aboo miró con recelo á su tio: doña Isabel fijó una mirada atónita, +vaga, indescribible en Yaye, y Angiolina al ver al emir se puso +sumamente pálida. + +--¿Qué es esto, dijo Aben-Aboo? pues no me habiais dicho... + +--Indudablemente te he dicho mucho y aun tengo mas que decirte. + +--Si, dijo Yaye; vuestro tio tiene que deciros de mi parte graves cosas; +seguidle, Aben-Aboo; yo tambien tengo que tratar con vuestra madre +gravísimos asuntos. + +--Aben-Aboo vaciló un momento, y luego dijo: + +--Veamos lo que teneis que decirme, tio don Fernando; os dejo con mi +madre, tio don Juan: oid vos señora á ese mi tio que se queda con vos, +como yo voy á oir á este con quien me voy. + +Y salió con Aben-Jahuar. + +--Permitidme, dijo Angiolina; vais á hablar de graves negocios y... + +--No, no; quedaos doña Angélica, dijo con precipitacion doña Isabel. + +--La princesa Angiolina Visconti, mi antigua amiga, dijo Yaye con acento +natural, dulce, casi cariñoso, dice bien; tenemos que tratar gravísimos +asuntos, prima, y necesitamos tratarlos á solas. Venid, princesa, venid +y perdonadme, pero graves razones me disculpan. + +--¡Oh! siempre estais para mí perdonado, dijo Angiolina, y aceptando la +mano de Yaye se dejó conducir á una puerta inmediata. + +Doña Isabel habia quedado de pié y temblando junto á la chimenea. + +Su mirada estaba fija en Yaye de una manera lúcida, ardiente, medrosa, +enamorada. + +Yaye se conservaba tan hermoso como ella se habia conservado. + +Yaye cerró las dos puertas de la habitacion. + +--¡Oh, no! exclamó doña Isabel; pueden venir, encontrar las puertas +cerradas. + +--Nadie vendrá, dijo Yaye: tu hermano tiene que hablar mucho en mi +nombre á nuestro hijo. + +--¡Ah! exclamó doña Isabel cubriéndose el rostro con las manos. + +Yaye se acercó y apartó las manos del rostro de doña Isabel. + +Esta le miró frente á frente. + +Sus ojos parecian absorver á Yaye. + +--¡Oh Dios mio! ¡mas hermosa que hace veinte y dos años! + +Doña Isabel bajó los ojos y calló. + +--¡Veinte y dos años sin vernos! continuó Yaye: ¡veinte y dos años +amándonos de una manera desesperada! + +--¡Ah! ¡no, no, yo no! exclamó doña Isabel. + +--Si, me amas, tus ojos me lo dicen, me lo dicen tus manos que tiemblan +entre las mias, me lo dice tu alma, Isabel, esposa mia. + +Y en un momento de fascinacion aquellos dos semblantes se unieron, +aquellas dos bocas se besaron. + +Doña Isabel exhaló un grito ahogado, se retiró bruscamente de Yaye, se +desasió de él y le dijo trémula y conmovida: + +--Vete. + +--¡Que me vaya! + +--Si, vete: vete y déjame con mi pobre amor sin esperanza, resignado, +sufrido; vete, y no me atormentes, porque me atormentarias en vano, +Yaye. Lo que Dios quiso que fuera, fue: me has hecho avergonzarme ante +mí misma; no me hagas que me avergüence ante Dios; vete, Yaye, vete: +sabes que te amo, que te amo como el primer dia en que te confesé mi +amor, pero... Dios no quiere que pasemos de ahí; vete, Yaye, y déjame en +mi triste paz. + +--Los dos somos viudos, dijo Yaye. + +--Pluguiera á Dios que no lo fuésemos, repuso doña Isabel. + +Ennegrecióse el semblante del emir. + +--¿Habré yo vivido soñando? dijo. + +--Sí, contestó doña Isabel; toda tu vida ha sido un sueño, y un sueño +horrible. + +--Pero es que quiero despertar de ese sueño: es que quiero olvidar lo +que por mí ha pasado: es que quiero volver á la vida, renacer +transformado en otro hombre: es que desde hace algun tiempo, veo +claramente que Dios aparta de mí su mano y maldice todas mis obras: +¿será tambien que Dios haya maldecido mi sincero amor, la luz que +continuamente ha alumbrado mi existencia? ¿será que trás tantos años de +esperar y de sufrir, haya tambien de renunciar á tí, á tí á quien he +buscado en vano, á tí á quien adoro y á quien me amparo perdida ya la +esperanza de todo? + +--¿Y la patria á quien me sacrificaste, Yaye? + +--¡La patria! ¡la patria! exclamó con sordo acento el emir; ¡no hay +esperanza para la patria como no la hay para mí! + +--Lo que habeis hecho vosotros los ambiciosos, dijo doña Isabel, ha sido +mantener el descontento entre los moriscos; excitarlos á la rebelion, en +vez de aconsejarles una sumision que hubiera hecho mas blando el yugo +del conquistador. Pero los moriscos han resistido, excitados por +vosotros, los que queriais ser á costa suya; se han rebelado una y cien +veces, han resistido de todo punto la conversion, se han hecho temibles +á fuerza, de indómitos, y solo han conseguido venir al punto de un +rompimiento fatal: esta mañana, ¡oh Dios mio! ¡esta mañana he visto +morir una familia delante de mis ojos! he visto el templo del señor +manchado de sangre y... ¡te he acusado Yaye! + +--¡Isabel! exclamó el emir. + +--Sí; yo no puedo hacer otra cosa que acusarte. ¡Acuérdate! + +--¡Isabel! repitió Yaye. + +--¿Qué has hecho de tus hijos, emir de los monfíes? exclamó con acento +solemne y doloroso doña Isabel. + +--¡Oh! ¡calla! ¡calla! exclamó Yaye con terror: y luego añadió con voz +sorda y reconcentrada: mis hijos estan malditos de Dios. + +--¡Oh! ¡si! exclamó doña Isabel: malditos de Dios porque son hijos del +adulterio. + +--Pero ya te he dicho que mi vida ha sido un sueño horrible: que +necesito tu amor para ahogar en él mis recuerdos... mis +remordimientos... porque tengo remordimientos, Isabel... remordimientos +crueles... y tú... tú eres la primera causa de esos remordimientos. + +--¡Yo...! + +--Si, tú, porque tú fuiste mi primera víctima. + +A esta confesion tan franca, tan espontánea, la generosa doña Isabel no +supo qué contestar. + +--Cuando yo te conocí, continuó Yaye, alentado por el silencio de doña +Isabel; cuando yo te conocí, abria mis alas al viento de la vida, volaba +de frente, al sol, le miraba cara á cara, y en vez de deslumbrarme, me +parecia el sol pequeño. Sin embargo, te amaba Isabel, te amaba: aun no +se ha cerrado la dolorosa herida que abrió en mi alma nuestra +separacion; solo la muerte de Miguel Lopez y la certeza de que no fuiste +suya, pudo calmar la desesperada amargura que sintió mi alma al verte su +esposa. Yo te necesitaba para llegar á mis sueños de gloria, como la +nube fresca y olorosa que debia sustentarme en mi vuelo por el espacio. +Durante veintidos años he estado pensando continuamente en tí; +llorándote á mis solas, ó entregado al furor por no poseerte: durante +veintidos años, me has esquivado, te has apartado de mí, y yo que +siempre he estado á tu alrededor, no me he valido de los mil medios con +que contaba para apoderarme de tí, porque no podia decirte: soy tuyo, +enteramente tuyo: tú eres mi Dios y mi patria; mis altares y mi honra: +tú lo eres todo para mí, noble y pura mujer engrandecida por el +martirio. + +Doña Isabel miraba fascinada á Yaye: podia decirse que su magnífica +hermosura se habia transfigurado. + +Yaye creia ver alrededor de su cabeza una aureola de luz. + +La desdichada se habia apoyado desfallecida en el respaldo de su sillon, +y miraba de hito en hito á Yaye. + +Y un amor inmenso, sin reserva, apareció en su rostro en una explosion +de felicidad; pero de repente, aquel hermoso semblante se nubló de nuevo +bajo su pálida tristeza; el fuego divino de sus ojos se apagó bajo dos +brillantes lágrimas, y oprimiéndose el pecho sobre el corazon, exclamó: + +--¡Ya es tarde! + +Yaye se estremeció. + +Aquella terrible frase ¡ya es tarde! hacia mucho tiempo que se +presentaba ante sus ojos saliendo al encuentro de todos sus proyectos. + +--¡Tarde! ¡tarde aun para arrepentirse! + +--Tu arrepentimiento no puede evitar las desgracias que nos amenazan, +exclamó dolorosamente doña Isabel. ¿Qué vá á suceder en Cádiar esta +noche? + +Yaye se estremeció. + +--Es necesario vengar á nuestro pueblo, dijo con voz ronca. + +--Y para ello es necesario que se ensangrienten tus hijos, que se cubran +de crímenes. Me destrozaste el corazon como amante, y ahora me le +destrozas como madre. ¿Qué vá á ser de nuestro hijo, Yaye? + +Y arrebatada por su pasion de madre, doña Isabel levantó la voz mas de +lo que hubiera debido. + +--¡Oh! ¡silencio! ¡silencio, imprudente! exclamó el emir palideciendo de +una manera mortal: cuando yo entré aquí estaba contigo una mujer +terrible, esa italiana, esa farsanta... nos hemos olvidado de todo al +vernos solos, y no hemos cuidado de la seguridad de nuestra entrevista. + +Y Yaye tomó una bujía y salió á una habitacion inmediata. + +--Afortunadamente no habia nadie, dijo volviendo á entrar; he cerrado +las puertas y podemos hablar sin temor: pero es necesario que nos +decidamos pronto: tu hermano no podrá entretener por mucho tiempo á +nuestro hijo: escúchame Isabel, y escúchame como quien vá á salvar ó á +perder irremisiblemente á una criatura: estoy cansado de la vida: la +fatalidad me ha convencido de que todo lo que haga para salvar á mi +pueblo será inútil: antes de empezar la lucha estan divididos; tu +hermano, mis hijos, todo morisco que vale algo, que puede algo quiere la +corona: se levantan á un tiempo, pero con el odio en el corazon los unos +para los otros: esto acabará mal: Selin II que podria ser para nosotros +una poderosa ayuda, está demasiado entretenido con los venecianos, y +nada hará por el momento: Felipe II sujeta á Flandes con el severísimo +gobierno del duque de Alba, y los hugonotes estan acobardados en +Francia: la reina Isabel de Inglaterra contemporiza y no he podido meter +la rebeldía en Italia: todo nos sale mal. Desde hace año y medio, Dios +se ha encargado de mostrarme palpablemente que yo seré el último emir, +que nuestros hijos seran los últimos moros de España. + +--Hace veintidos años, pensaba yo del mismo modo: veia á pesar de mi +juventud, que la lucha de los moriscos contra el rey de España era una +lucha insensata: veia con dolor á mis hermanos empeñados en esa +lucha.... pero ya no es tiempo de hablar de eso, aprovechemos el tiempo +Yaye, porque es necesario que nuestra entrevista concluya pronto, porque +sufro demasiado. ¿A qué has venido con mi hermano, amparándote de él? + +--He venido á decirte: sé mi esposa. + +--¿Y para qué se ha llevado mi hermano á nuestro hijo? + +--Para que nuestro hijo sepa que yo le dejo mi herencia. + +--¡Tú herencia! + +--Sí; yo abdico en él mi dignidad de emir de los monfíes. + +--¡Dios mio! ¡mi hijo rey de tus bandidos! + +--Mis bandidos le haran mejor de lo que él seria sin ellos. + +--Pero... en vez de evitar... + +--Yo no puedo evitar nada. ¡Dios lo quiere! Aben-Aboo es ambicioso, +Isabel. + +--¡Oh Dios mio! + +--Y no podrás acusarme de que yo he excitado su ambicion. + +--¡Oh no! + +--Los parientes de Miguel Lopez, su ascendencia, su nombre, todo le ha +alentado para fundar esperanzas ambiciosas sobre la corona de Granada; +ademas, Isabel, la fatalidad me hizo traer hace año y medio á las +Alpujarras á mi hija Esperanza. + +--¡Ah! ¡pobre niña! exclamó doña Isabel. + +--La fatalidad ó mi ambicion, ó Satanás, han determinado su destino. +Esperanza cayó entre los brazos de un castellano, y fue necesario +ocultar su deshonra. Mi alcázar subterráneo la ahogaba: entonces y +mientras le construia un pequeño palacio en Yátor, Esperanza salió á +respirar el aire libre por las noches y por las mañanas. + +--¡Ah! ¡la Dama blanca de la montaña! + +--¿Quién fue el primero que pronunció este nombre? La fatalidad sin +duda. No podia haberse elegido un nombre mas misterioso ni mas +incitante. ¡La Dama blanca de la montaña! ¡la hermosísima Dama blanca! y +como si la fatalidad no hubiera quedado satisfecha, extendió este nombre +por todas las Alpujarras: le llevó á los oidos de todos los moriscos, y +acreciendo la fatalidad, Aben-Humeya y Aben-Aboo, la buscaron, la vieron +escondidos en las quebraduras y... se enamoraron de ella sin conocerla; +de ella... de su hermana... + +--¡Oh! ¡que horror! + +--Luego sospecharon que era mi hija..... despues esta sospecha se +convirtió en certidumbre y entrambos me la pidieron por esposa. + +--Dios te castiga de una manera tremenda Yaye, y el castigo de tu culpa +recae sobre los que han tenido la desgracia de pertenecerte. Tú has +condenado á tu amor y á tu familia: tú has hecho maldito á todo lo que +has tocado con tu mano. + +--Mi culpa ha sido haber amado á mi patria y habérselo sacrificado +todo... mi culpa ha sido... + +--Haber ambicionado lo imposible, haber mirado con desprecio la +felicidad sencilla, humilde, pero tranquila, sin remordimientos. Has +querido salvar á tu pueblo y le has perdido. + +--Sea como quiera ya es tarde para volver atrás: vale mas morir +luchando, que ser martirizados lentamente dia por dia, hora por hora, +minuto por minuto: en el punto en que estan las cosas... y no nos +engañemos, en el punto en que yo las encontré... la lucha la guerra, han +sido y son la única, la última esperanza de nuestro pueblo. Nuestro hijo +ha tenido la desgracia de nacer de tí... + +--¡Ah! exclamó doña Isabel! + +--Y acaso, si hubiera sido hijo de Miguel Lopez, si este hubiera vivido, +fuera mas feroz, mas impetuoso. La sangre de los Válor que corre por sus +venas es la que le da soberbia: si fuera hijo de otra mujer... + +--¡Me acusas! es decir que yo no debí casarme..... + +--Acaso no: y si tu no te hubieras casado... + +--Mi desesperacion al verme abandonada... + +--¡Tu venganza! + +--¡Ah Dios mio!... + +--Dejemos, pues, las recriminaciones porque entrambos tenemos de qué +acusarnos. Si tu no te hubieras casado, hubieras sido mi esposa: +Aben-Humeya, mi otro hijo de la fatalidad, tú lo sabes bien Isabel, no +existiria; no existiria mi otra hija Esperanza: nuestro hijo educado por +mí, seria un caballero... + +--¿Y qué no lo es? + +Movió dolorosamente la cabeza Yaye. + +--Mucho me temo dijo, de que Aben-Aboo no sea un infame. + +--Le juzgas con demasiada ligereza. + +--¡A qué ha traido esa comedianta de Granada! ¿sabes tú quien es esa +comediante? + +--Solo sé que es una ilustre dama viuda... + +--Tu hijo afrenta á su madre permitiendo que se la engañe, que se la +escarnezca: esa mujer es enemiga á muerte de mi hija, enemiga mia: +Aben-Aboo, uniéndose á ella, se conjura contra mí que le he colmado de +beneficios; acaso se apresta á ser el brazo de exterminio de esa mujer. + +--¡No, no! ¡Dios no lo permitirá! + +--Nuestros padres han cometido sin duda grandes pecados, porque estamos +malditos de Dios. + +--¿Has venido á acabarme de rasgar el corazon? + +--Solo un medio de salvacion nos queda. + +--¿Cuál? + +--Sé mi esposa... + +--Y siendo yo tu esposa... + +--Cuando seas mi esposa, Aben-Aboo sabrá quien es su padre. + +--¡Otro sacrificio..! + +--Te lo pido por nuestro hijo... + +--¡Pero si es ambicioso..! + +--Cúrele yo del amor de su hermana, que ya sabré buscarle en Africa un +reino donde mande á su placer. + +--¡Ay! no tengo esperanza ninguna, Yaye. + +--Ni amor tampoco. + +--Amor si; y un amor desesperado: lo sabes: te lo escribí hace veintidos +años: te amaré siempre, te dije entonces, y he cumplido mi juramento; yo +te amo Yaye, ahora mas que entonces; con toda mi alma, con todo mi +deseo, y me pareces mas hermoso y mas grande: pero en medio de los dos +se levanta una sombra maldita. + +--¿Piensas acaso que yo tuve alguna parte en el asesinato de Miguel +Lopez? + +--¡Ah, no! ¡no! ya lo sé: ya sé que eres inocente de aquel crímen: pero +escucha: algunas noches estoy desvelada: mi cabeza revuelve sus +recuerdos, y tu entre ellos te levantas diciéndome siempre yo te amo: te +miro enamorado, anhelante, sufriendo por mí; y cuando voy á arrojarme en +tus brazos me detiene una sombra horrible, la sombra de Miguel Lopez. Yo +te amaba me dice: y tu amor me costó la vida: un hijo de otro lleva mi +nombre: yo me vengaré en ese hijo de la afrenta que se me ha hecho: Yaye +te ama, le amas tú, pero yo espíritu condenado vago en derredor de +vosotros envidioso de vuestra felicidad..... ¡oh! ¡yo estoy loca, Yaye! +todo lo que pasa á mi alrededor me asusta; el mas leve ruido me +estremece; creo que solo estoy segura á los piés del altar, á donde no +se atreven á perseguirme esos recuerdos, ni ese horrible fantasma. + +--Pues bien, dijo Yaye: vamos juntos al pié de ese altar arrodillémonos +ante él, y levantémonos con las manos asidas, esposos. + +--¿Y cómo vendrias tú ante el altar del Dios de los cristianos? + +--Isabel, ¿creerás en lo inmenso de mi amor, cuando sepas que ese amor +me ha convertido? + +Doña Isabel lanzó un grito de alegría. + +--¿Convertido tú? + +--Mira: + +Y Yaye se abrió el jubon, y mostró á doña Isabel el relicario con la +imágen de la Vírgen, que ella le habia dado veintidos años antes, +pendiente de su cuello. + +--Pero este relicario quedó en poder de mi cuñada doña Elvira, dijo +alentando apenas doña Isabel. + +--Es verdad, pero yo se lo hice robar. ¿No sabes que mis monfíes entran +en todas partes? + +--Y la santa imágen de la Vírgen... ¡oh Dios mio!.. ¡y mi amor..! ¡no me +engañes por Dios, Yaye! + +--Mi hija Esperanza á quien amo con toda mi alma, es cristiana tambien +como tú; el padre de doña Estrella, de la madre de Esperanza, el rey del +desierto de Méjico, profesa tambien el cristianismo; rodeado de una +familia de convertidos, he meditado mucho y me he convertido tambien. + +Doña Isabel miró de una manera vaga, ansiosa, insensata á Yaye, y +poniendo sus manos sobre sus hombros, le dijo con la voz desfallecida: + +--Júrame que no mientes, Yaye: ¡júramelo! + +--Te lo juro por el misterio de la Encarnacion del Verbo, contestó Yaye. + +--¡Cristiano! ¡cristiano! exclamó estremecida de placer doña Isabel: +pues bien: soy tuya, tuya: tu esposa, tu amante, tu esclava, lo que tú +quieras que sea... ¡oh Dios mió! ¡Dios mio! ¡al fin has tenido compasión +de mí! + +Y doña Isabel se arrojó entre los brazos de Yaye, le estrechó en ellos, +y rompió á llorar. + +Yaye lloraba de placer. + +--Serenémonos dijo: retirando suavemente á doña Isabel, y sentándola en +un sillon. Es necesario evitar que nuestro hijo nos encuentre +encerrados. + +--Sí, si; es necesario, necesario de todo punto que... que nuestro +hijo..... + +Y doña Isabel se detuvo. + +--Para curarle de su ambicion, es necesario darle á probar algunos +amargos desengaños: yo abdico en él: pero mi nombre y mi espada quedan +al frente de los monfíes.... + +--¡Con que esa guerra es inevitable! + +--Has olvidado ya la muerte de la desdichada Malicatulzarah. + +--¡Oh miserables! exclamó con fiereza doña Isabel. + +--¿Crees que los castellanos no son unos infames, á quienes si +pudiéramos deberiamos exterminar? + +--Harto se han ensangrentado con los pobres moriscos. + +--Pues bien, Isabel, ha llegado el dia de la venganza: no podremos +exterminar á todos los verdugos, pero gran parte de ellos caerán bajo +nuestra espada... y.... ¿quien sabe? Tu amor me engrandece, Isabel mia, +el Dios misericordioso á quien adoro, me demostrará que me ha perdonado +por tu amor, si me concede el triunfo... + +--Y yo te aliento al combate: antes temblaba, temblaba por mi hijo... +pero ahora... ahora que levantas tu corazon á Dios, ahora que solo +desnudas tu espada para defender al débil y al oprimido, ahora Yaye, +siento hervir en mis venas la sangre de mi raza: levántate, valiente +mio, y extermina en nombre del Dios de la justicia á esos miserables +asesinos de viejos, moribundos y mujeres: levántate con la espada de +Dios en la mano, y cuenta con el aliento de tu esposa... + +--Silencio, se acercan... por aquella otra puerta que no está cerrada, +dijo Yaye. + +En efecto, se oian pasos precipitados. + +Levantóse el tapiz y apareció Aben-Aboo, adelantó, se detuvo, y fijó una +mirada indescribible en Yaye y en su madre. + +Tras él venia Aben-Jahuar. + +--¿Es verdad lo que acaba de decirme mi tio, señor? dijo el jóven con la +voz ronca. + +--¿Y qué os ha dicho mi buen primo? + +--Me ha dicho que mi madre y vos... + +--Es verdad lo que mi hermano te ha dicho, hijo mio. Amo á nuestro +pariente Sidy Yaye. + +--¿Y os casais con él? + +--Me caso. + +--¿Y vos me dejais la dignidad de emir de los monfíes? + +--Sí, porque os amo Aben-Aboo, porque quiero que no tengais zelos de +vuestro primo Aben-Humeya. + +--¿Es decir que vais á ser mi padre...? + +--Si. + +--¿Que levantaré vuestra bandera contra los castellanos? + +--Si. + +--Yo habia creido que todo esto era un sueño terrible, dijo con voz casi +sepulcral Aben-Aboo. + +--¡Te parece terrible mi casamiento con tu madre, mi abdicacion en tí de +mi corona! dijo con extrañeza Yaye. + +--¿Sabia esto mi tio Aben-Jahuar hace algun tiempo? dijo el jóven +señalando con una mirada hosca al morisco. + +--No lo ha sabido hasta esta noche. + +--Madre, dijo el jóven acercándose á doña Isabel y asiéndola una mano; +que Dios os haga feliz; señor, añadió asiendo otra mano de Yaye, os juro +que muy pronto habeis de ver el buen uso que hago del poder que me dais. + +--Tú serás sin embargo, mi hijo y mi vasallo, dijo Yaye. + +--Lo seré, señor. + +--Si cumples bien y fielmente, como lo espero, antes de mucho, tu madre +y yo nos retiraremos á una vida oscura y pacífica. + +--A donde quiera que vayais, allí irá con vosotros el corazon de vuestro +hijo. + +--Esta noche es la mas feliz de mi vida, dijo Yaye: mi hija sale de +España con su esposo; una mujer digna del amor de un héroe, me da con su +amor la paz de mi alma, y tú valiente hijo mio, aceptas mi espada, y te +aprestas á un combate que ya no puede dilatarse: nuestro pariente el +noble Aben-Jahuar nos ayuda con su valor y sus consejos, y Aben-Humeya +verá con placer, que ya entre él y su valiente primo no existe motivo de +rivalidad. Dios ha querido que llegue este fausto momento. Hagámonos, +pues, dignos de él, aprovechando el tiempo en su servicio, Isabel: +añadió volviéndose á ella: no salgais esta noche de vuestra casa: suceda +lo que suceda, nada temais. Pero añadió en voz tan baja que solo doña +Isabel pudo oirla; tened mucha cuenta con esa mujer, con esa italiana. + +--Pero... murmuró doña Isabel. + +--Os va en ello la honra y acaso la vida. Y luego añadió alto: mi +valiente sobrino, mi noble primo: ya es tarde y sabeis que nos esperan. +Adios Isabel, os repito que nada temais, y, sobre todo, no olvideis lo +que os he encargado. + +--Adios, señor, dijo doña Isabel: adios hermano, adios hijo mio. + +Y al pronunciar estas últimas palabras, se arrojó sollozando en los +brazos de Aben-Aboo. + +--¡Oh madre mia! ¡madre mia! exclamó el jóven, ¡rogad á Dios! + +Pronunció con tal acento Aben-Aboo sus últimas palabras, que doña +Isabel, sin poderse explicar la causa de ello se estremeció. + +Poco despues estaba sola, pensativa, pálida y llorosa al lado de la +chimenea: una mujer de pié, inmóvil en una puerta, la observaba. + +Era Angiolina. + +--¡Con que Aben-Aboo es vuestro hijo! ¡con que tú no has tenido otro +esposo que el emir! murmuraba la veneciana. ¡Ah! ¡ah! ¡mi venganza se va +haciendo cada dia mas horrible! + +Y dos gruesas lágrimas surcaron las mejíllas de aquella mujer singular. + + + + +CAPITULO XXV. + + De qué modo satisfizo Mari-Blanca la honra de su padre. + + +Cádiar estaba en aquellos momentos completamente desierto. + +Nevaba; la leve claridad emanada por el reflejo de la nieve, era la +única luz dudosa y fantástica que determinaba de una manera vaga las +formas en las estrechas pendientes y tortuosas calles. + +Yaye, Aben-Jahuar y Aben-Aboo, se habian deslizado por fuera del pueblo +á lo largo de las tapias, en direccion á la montaña. + +Reinaban, pues, en la villa, una tranquilidad absoluta y un silencio +profundo. + +La oscuridad era tambien densa, modificada solo por el débil reflejo de +la nieve. + +En ninguna ventana, ni aun por los resquicios se veia luz, á excepcion +de una casa, en la cual se veia un rojizo reflejo, tras las vidrieras de +un balcon. + +Aquella casa era la del beneficiado Juan de Ribera. + +Ademas la puerta estaba abierta, y en el zaguan se veian dando guarda +algunos soldados y dos alguaciles del Santo Oficio, lo que demostraba +que el inquisidor Molina de Medrano se habia aposentado en casa del +párroco. + +Mariblanca, maese Barbillo y el niño de coro, estaban atareados en la +cocina, cuidando de cazuelas y cacerolas, lo que demostraba tambien que +el beneficiado por temor ó respeto á la Inquisicion, se habia propuesto +obsequiar con una excelente cena de navidad al señor ministro de la +Suprema, Molina de Medrano. + +Maese Barbillo y Mariblanca estaban indudablemente en mala disposicion +de ánimo, iban de acá para allá evitando tropezarse, no se miraban y se +mostraban silenciosos y ceñudos. + +Pero á primera vista se notaba que el ceño y el disgusto de Mariblanca, +nada tenia que ver con maese Barbillo, á quien trataba con una +indiferencia, y casi podriamos decir con un desprecio, irritante. + +El aspecto sombrío de Mariblanca, era la causa del aspecto hosco de +maese Barbillo. + +Solo el niño de coro se mostraba indiferente, y dirigia la palabra ya al +uno ya á la otra, sin obtener por contestacion mas que monosílabos. + +Sin embargo, una observacion del niño de coro vino á dar lugar al +diálogo siguiente: + +--¿Sabeis señora Mariblanca, que esta Noche-Buena pasa lo que nunca ha +pasado? dijo el niño de coro. + +--¿Y qué pasa esta Noche-Buena que no ha pasado en otras, Cristovalillo? +dijo Mariblanca mirando con recelo al muchacho. + +--No andan mozos por las calles, respondió el niño. + +--Nieva y hace frio, repuso Mariblanca. + +--El año pasado nevaba mas y el frío no podia resistirse, y acuérdese +vuesamerced, señora ama; á estas horas todo era cuadrillas de mozos, y +habia un ruido de zambombas, rabeles y villancicos, que daba gozo. + +--Tiene razon Cristobalillo, dijo el sacristan: esta noche parece Cádiar +un cementerio. + +--¿Qué entendeis vos de eso maese Barbillo? dijo con despego Mariblanca: +si esta noche no rondan ni cantan, será porque no quieran, ó por que +tienen miedo ó frio, y sobre todo, ¿qué se os da? + +--Sin duda que habeis pisado alguna mala yerba, María; dijo maese +Barbillo. + +--Pudiera ser, contestó Mariblanca. + +--Y tanto como que puede ser: y á propósito, ya que se os sacan algunas +palabras del cuerpo: ¿qué diablos haciais en la cañada de San Juan esta +tarde? + +--¡Yo! contestó con precipitacion Mariblanca. + +--No me querais negar que habeis ido á la cañada de San Juan: os he +visto yo al pasar por el camino cuando iba á Yátor con el señor +beneficiado. + +--¿Quién ha traído los berros de la ensalada? dijo Mariblanca. + +--Es verdad que en la cañada de San Juan hay muy buenos berros; pero +tambien hay muy buenos hongos, de los que os habeis traido una cantìdad +no pequeña. + +--Os engañais; lo que yo he traido son setas. + +--Os digo que son hongos, y os advierto que por lo que pueda suceder +arrojeis al albañal esa cazuela de truchas que con los hongos habeis +guisado. + +--No la serviré á nadie, maese Barbillo, dijo Mariblanca; porque ese +guiso de setas y truchas le he hecho yo para mí. + +--¡Ah! eso es distinto: entonces si solo para vos lo habeis hecho, voy +creyendo que seran buenas setas y no hongos, porque vos no querreis +morir envenenada. + +--¡Yo! ¡tan desesperada creeis que esté! + +--No lo digo por tanto... pero hé aquí que son las once... Cristovalillo +anda vete á vestir al señor beneficiado, que dentro de poco tendremos +que ir á la iglesia á la misa del gallo. + +Cristovalillo miró picarescamente al sacristan y al ama, y salió +cantando un villancico. + +Apenas se quedaron solos, cuando maese Barbillo tomó otro talante y se +encaró con Mariblanca. + +--¿Por qué estais tan mal carada y tan silenciosa? le dijo. + +--¡Qué no puedo yo tener la cara que mejor me convenga! dijo Mariblanca. + +--Creo que yo tengo derecho á preguntaros. + +--¡Vos! ¿y quién os le ha dado? + +--Tenemos tratado casarnos. + +--¡Se tratan tantas cosas que no se cumplen! + +--Señora Mariblanca; me parece que habeis variado mucho. + +--¿Qué os he concedido otro dia mas de lo que os doy ahora? + +--¡Ah! ¡ah! es verdad que hace mucho tiempo que me estais haciendo +penar. + +--Dejadme en paz, Barbillo, y no me canseis con vuestras quejas ni con +vuestros zelos; ningun motivo os he dado; ningun favor os he hecho... + +--Ya lo creo, como el licenciado tiene ojos de lince... + +--Ya sabeis que el licenciado me importa tanto como vos: en una palabra, +Barbillo: solo he querido á un hombre; solo he sido de un hombre, y es +disparate pretender que sea de otro... lo entendeis... si no lo +entendeis, bien claro os lo digo: acordaos de ello siempre, y no me +fastidieis mas. + +--¿Pero me habeis prometido?... + +--Porque no me atosigueis continuamente. + +--¿Es decir que no sereis mi mujer?... + +--¡Yo!... ni de vos ni de nadie. + +--Ya, ya lo creo; no habia querido deciros nada porque no me dijérais +que era zeloso; pero se conoce que ha vuelto al pueblo el capitan Diego +de Herrera. + +--Y bien, para que no os coja de susto: sabed que me caso con el +capitan. + +--¡Que os casais! + +--Si por cierto: por toda una eternidad. + +--¡Ah! ¡ah! ¡con un miserable que os insultó!... + +--Señor Barbillo, dijo á la puerta de la cocina el niño de coro. + +--¿Qué diablos quieres? dijo Barbillo irritado por aquella intempestiva +interrupcion. + +--No soy yo quien quiere, sino el señor beneficiado. Me ha dicho que +vayamos á la iglesia. + +--¡Pero si acaban de dar las once! + +--No importa: como oficia el señor inquisidor... + +Maldijo Barbillo en su foro interno al inquisidor y al beneficiado, y +empezó á quitarse su mandil de cocinero. + +--¿Y vos no ireis á la misa del gallo? dijo á Mariblanca. + +--Ya veis que tengo que acabar de arreglar la cena. + +--Es verdad: como tenemos convidados... + +--Señor Barbillo, dijo otra vez el niño de coro: que el señor +beneficiado y el señor inquisidor van ya camino de la iglesia. + +--¿Nos veremos luego Mariblanca? dijo el sacristan. + +--Ciertamente, porque yo creo que vendreis á cenar... + +--Despues... + +--¿Despues de la cena? + +--Sí. + +--Tengo un convidado... + +--¿El capitan?... + +--Cierto: le espero... para pelar la pava... + +Barbillo lanzó una mirada de tigre á Mariblanca, y salió. + +La jóven quedó sola en la cocina. + +Esperó á que pasase algun tiempo, y luego tomó una bujía, la encendió y +salió al zaguan. + +No habia nadie: sin duda los soldados y los alguaciles habian seguido al +inquisidor. + +La puerta de la calle estaba cerrada con llave. + +--¡Ah! ¡ah! dijo Mariblanca: me habeis dejado encerrada, pero yo voy á +encerrarme mas; habeis salido de la casa y no volvereis á entrar, yo os +lo juro. + +Y echó los cerrojos por la parte de adentro de la puerta y á mas de esto +la atrancó. + +Luego recorrió la casa. Nadie habia en ella. + +Entonces bajó al huerto, apagó la luz, se acercó á la tapia y cantó un +villancico de Navidad. + +Se oyó fuera un silbido y Mariblanca calló. + +Poco despues al escaso reflejo de la nieve se vió trepar á un hombre por +la tapia y saltar al huerto. + +Mariblanca se estremeció, adelantó hácia el bulto y exclamó: + +--¡Padre! ¿eres tú? + +--Yo soy, dijo una voz ronca. + +--Ven, ven conmigo, le dijo asiéndole de una mano. + +Y condujo á su padre á un sotechado, abrió una puerta y le introdujo en +una habitacion oscura. + +--Espera aquí, le dijo. + +--¿Qué aposento es este? dijo la misma ronca voz. + +--Es el mio. Espera, voy por luz. + +Mariblanca salió y poco tiempo despues volvió con dos bujías que puso +sobre una mesa. + +Aquella mesa estaba cubierta por un mantel y por un servicio para dos +personas. + +--¿Me has convidado á cenar, mi buena hija? dijo Melik-el-Ferih, que él +era, mirando de una manera profundamente amenazadora á la jóven. + +El Ferih llevaba el trage característico de los monfíes é iba +completamente armado. + +--Te he convidado para que conozcas á tu hija. + +--Tú deshonraste á tu familia. + +--Me cegó el amor de un hombre. + +--Tú renegaste del Dios Altísimo y Unico. + +--Por salvar la honra de mi familia. + +--Tú huiste de mi casa. + +--Creí haber matado al infame que se burló de mí. + +--Has sido manceba de un clérigo. + +--Quien te ha dicho eso ha mentido, padre: tu hija ni ha dejado de ser +honrada, ni ha dejado de ser mora. Tú verás, padre, tú verás, cómo +satisface tu honra tu hija. + +Movió fatídicamente la cabeza el Ferih. + +--Si no quedas satisfecho, padre, mátame.... pero espera.... espera.... +y verás que tu hija es digna de tí. + +--¿Pero qué prueba puedes darme...? + +--Estoy esperando de un momento á otro al capitan Diego de Herrera. + +--Para cenar con él.... + +--Sí, para cenar con él. Y ya es la hora, padre, ya es la hora exclamó +con voz lúgubre Mariblanca. + +--¿Y quieres que yo asista á tu cita? + +--Escóndete. + +--Esconderme.... + +--Sí, escóndete en mi alcoba y espera. + +Y la jóven llevó tras las cortinas de su alcoba á su padre que la siguió +fascinado por el aspecto, por el acento, por la mirada singular de +Mariblanca. + +La jóven salió entonces al huerto. + +Durante algunos instantes el aposento permaneció desierto; al fin, se +abrió la puerta y apareció Mariblanca llevando de la mano al capitan +Herrera. + +Este venia casi ébrio y se arrojó cansado sobre una silla. + +Mariblanca salió y trajo algunos platos que puso sobre la mesa. + +--¿Sabes, Alida, la dijo el capitan, que ha sido mucho que me acuerde de +tu cita? Solo el amor que te tengo ha podido ayudarme, como que hemos +estado bebiendo de lo lindo mi cuñado Ocampo, el alférez de la compañía +y yo.... Vamos, esto es asunto de que nos vayamos cuanto antes á +descansar como dos buenos casados: no sé, no sé cómo he podido trepar +por la tapia: tu amor siempre, tu amor que me daba fuerzas. ¡Vive Dios y +qué hermosa está la muchacha!.... ¿Sabes, Mariblanca, que me se va +quitando la borrachera? + +--¿Sabeis, señor mio, que á mi no me gustan los hombres borrachos? dijo +sonriendo dulcemente Mariblanca. + +--¡Ira de Dios! á fe que cuando vine al pueblo no me acordaba no, vivo +Dios, no me acordaba de tí, y sino te veo... ¡bah! no hubiera vuelto á +acordarme... pero asi que te ví... ven y dame un abrazo Alida. + +--No he de acercarme á tí, mientras estes de ese modo. + +--Pues entonces para rato tenemos... vamos... ha sido una buena broma... +como nuestra... es necesario si has de ser mi mujer que te vayas +acostumbrando á esto. + +--Diego, comiendo se quita la embriaguez. + +Y Mariblanca servia un plato al capitan. + +--¡Comiendo, eh! ¡pues comamos! asi como asi, solo hemos bebido... y +tengo apetito. ¡Ah! ¡ah! ahora el señor beneficiado estará en la iglesia +bien ageno de que su ama se divierta con un buen mozo. + +El capitan comia con apetito. + +Mariblanca se sirvió del mismo manjar, y al llevar el primer pedazo á la +boca se puso pálida y se estremeció; sin embargo comió. + +--¡Qué felices vamos á ser Diego! dijo Mariblanca: ¡oh! ¡que felices! +¡vamos á estar eternamente juntos! + +--Juntos eternamente... por ahora no me desagrada: eres hermosa y jóven +y me amas... vaya si me amas... pero dices eso de eternamente de un +modo... + +--Te juro que estaremos juntos hasta la muerte. + +--No te conozco muchacha; dijo el capitan engullendo siempre: antes eras +mas desconfiada: y ahora hablas con una seguridad... ¡diablo! no parece +sino que sabes cuando vamos á morir. + +Mariblanca soltó una carcajada que heló la sangre al capitan. + +Tan aguda, tan acerada por decirlo asi, tan sarcástica, tan llena de +crueldad y de odio habia resonado aquella carcajada en sus oidos. + +--Tienes una manera muy singular de reir, niña, dijo el capitan. + +--Es verdad, cuando te conocí reia de otro modo. Es verdad que entonces +era feliz y confiada... despues... han pasado diez años, diez años de +vergüenza y de tormento y lentamente mi risa ha cambiado hasta +convertirse en esa risa de odio y de venganza. + +Y soltó otra carcajada mas terrible. + +El capitan se levantó: Mariblanca se levantó tambien. + +--¿Qué significa esto? exclamó: ¿qué burlas son estas, Alida? + +--Estas son burlas con que pago la burla que me hiciste: esto es que no +confio mucho en el puñal que ya me engañó una vez, y te hiero de una +manera mas segura, capitan Herrera. + +--Vamos, tú estas loca Alida, dijo el capitan sentándose de nuevo: con +todo eso solo consigues que mi embriaguez se aumente, y que me ponga +malo. Dejémonos de niñerías, sigamos nuestra cena, y hablemos como +buenos amigos. Ponme mas de estas truchas Alida; estan muy sabrosas. + +--Basta con las que hemos comido, Diego, para nuestro viaje. + +--¿Qué viaje? + +--El que vamos á hacer juntos dentro de un momento á la eternidad. + +--¡Un viaje á la eternidad! exclamó el Ferih saliendo de repente de +detrás de las cortinas de la alcoba. + +--¡Un monfí! exclamó el capitan. + +--Mi padre, testigo de nuestra boda, Diego, dijo Mariblanca y soltó otra +carcajada. + +--Pero ese manjar que has comido... estas pálida, lívida..... hija mia, +exclamó el Ferih que al fin era padre. + +--Eran truchas, con hongos venenosos de las humbrías de la cañada de San +Juan; en la salsa habia jugo de yerbas. + +--¡Ah! ¡infame ramera! exclamó el capitan que aun conservaba sus +fuerzas, lanzándose sobre Mariblanca. + +Pero el Ferih le asió del cuello y ciego de furor, le dió de puñaladas. + +El capitan cuando le soltó el Ferih, cayó desplomado debajo de la mesa. + +--¡Mata ahora á tu hija, padre! exclamó Alida, repitiendo otra horrible +carcajada. + +--¡Oh! ¡matarte! ¡matarte, hija mia! ¡no, no! yo te perdono: yo quiero +que vivas: yo durante mi destierro de España no te he olvidado un solo +dia: yo no me hubiera atrevido á matarte. + +--Me he atrevido yo porque estoy deshonrada: porque le he visto otra +vez... he visto al miserable... le amo... y él... él no me amaba... solo +pretendia volver á burlarme... + +--Pero..... es necesario que vivas... es necesario pedir socorro... + +--¿Para qué?... ¿para que la justicia encuentre aqui al capitan +asesinado? + +--¡Oh! ¡Dios mio, Dios mio! y cada vez te pones mas pálida... + +--Solo hay un remedio... una yerba... y esa yerba..... + +--Está en la montaña, exclamó con desesperacion el Ferih. + +Y luego añadió con un acento de resolucion suprema. + +--Pero no importa... no... yo te salvaré. + +Y asiendo de su hija, la cargó sobre sus hombros; salió al huerto, buscó +el postigo, dejó por un momento á Alida en tierra, violentó el postigo +con sus fuerzas de toro y dió á correr con ella, por las desiertas +calles hácia la salida de la villa. + +En el momento en que salia el Ferih del pueblo con su preciosa carga, +tocaban á la misa del gallo las campanas de la iglesia. + +--Es de noche, decia Alida dejándose conducir, y con voz ya bastante +débil: es de noche y no encontraremos la yerba, padre. + +El Ferih rugia. + +--La nieve cubre la montaña... no encontrareis la yerba, repetia con voz +mas débil Alida. + +El Ferih forzaba su carrera rugiendo como un leon. + +--La muela del Hermitaño donde se encuentra la yerba está lejos, y habré +muerto antes de que llegues. + +El Ferih corria y lloraba. + +De repente Alida se retorció entre sus brazos y dió un horrible grito. + +El Ferih sintió un estremecimiento de horror. + +--¡Padre! ¡padre! exclamó Alida llorando: mátame, porque padezco +horriblemente. + +El Ferih se detuvo dominado por el horror de la situacion. + +Estaba en el campo á la salida del pueblo, y se habia parado bajo el +saliente de una roca. + +El horror, la fatiga, le obligaron á descansar un momento; se sentó y al +poner la mano sobre el suelo se estremeció de alegría. + +Habia creido tocar la yerba salvadora. + +Arrancó algunos tallos y los mordió. + +Entonces lanzó una exclamacion indescribible. + +--¡La bendita yerba de San Juan! exclamó. + +--Es ya tarde, dijo Alida con voz apenas perceptible. + +--¡Tarde hija mia! ¡tarde! ¡Dios nos favorece! toma: la yerba de San +Juan te salvará. + +--Es tarde... tarde... dijo Alida, yo muero: véngame padre... un +cristiano me ha asesinado. + +El Ferih pretendió introducir en la boca de su hija el jugo de la yerba +salvadora, pero Alida tenia los dientes fuertemente apretados por el +dolor: cuando arostrándolo todo el Ferih logró abrir con su puñal los +dientes de Alida, la cabeza de esta cayó desplomada. + +Ya todo era inútil: la infeliz habia muerto. + +En aquel momento repicaron á _gloria_ las campanas de la iglesia de la +villa. + +El monfí que habia quedado mudo, aterrado, replegado sobre su hija, se +alzó rígido y trémulo. + +No dió un solo grito, no derramó una sola lágrima, pero exclamó de una +manera terrible: + +--¡Los cristianos! siempre los cristianos! ¡ayer mi honra! ¡hoy su vida! +¡Necesito la honra y la vida de todos los castellanos! + +Y se llevó á la boca una bocina y la tocó, haciendo retumbar las breñas. + +Y luego de breña en breña se oyeron á la redonda bocina de bocina, y +aquella señal, saliendo de entre las quebraduras, avanzaron en círculo y +á la carrera sobre Cádiar los monfíes. + +Las campanas seguian repicando á gloria. + + + + +CAPITULO XXVI. + + De cómo fue para la villa de Cádiar y para otras muchas en las + Alpujarras, una noche muy mala la Noche-Buena de 1568. + + +Apenas los monfíes en un número considerable habian cargado sobre la +villa, cuando aparecieron en un repecho cercano, dos bultos informes. + +Iban envueltos en capas, y bajo ellas asomaban dos largos arcabuces, á +juzgar por las apariencias. + +--Ha llegado el momento amigo mio, dijo uno de aquellos bultos al otro: +las campanas de la villa han dado sin saberlo la señal á las bocinas de +los monfíes. La jornada va á ser caliente, con que preparaos, señor +Cisneros. + +--Tan desesperado estoy Godinez, repuso Cisneros, que me importa muy +poco lo que pueda suceder. ¿Pero qué diablos vamos á hacer en la villa? + +--Ya veremos: aproximémonos entre tanto y esperemos una ocasion +favorable, yo os avisaré. Hasta entonces andad y callad. + +Siguieron adelante Cisneros y Laurenti, vencieron el repecho, y se +perdieron en un barranco. + +Entre tanto, los cristianos de la villa y aun algunos moriscos, llenaban +la iglesia en que se celebrara la misa del gallo. + +El presbiterio estaba hecho un ascua de oro, como suele decirse: tantas +luces brillaban en él. + +El órgano trocando las graves notas de la música sagrada, por las +ligeras y alegres de los villancicos llenaba el templo de armonía, unido +á las voces de los niños de coro, y á las de algunas mujeres á quienes +por gran merced habia permitido cantar en aquella ocasion el inquisidor +Medrano. + +Todo parecia alegre, todo tranquilo: sin embargo, habia al pié de las +gradas del presbiterio cuatro soldados de la fe, con las alabardas +enhiestas, dos á cada lado, y en la puerta de la iglesia habia una +respetable guarda de soldados de la compañía de Diego de Herrera, +mandada por un sargento. + +Esto podia ser muy bien en honor del Santo Oficio, representado en +Cádiar por el licenciado Molina de Medrano; pero en realidad habia algo +de temor: el suspicaz miembro del Consejo de la Suprema, no habia visto +sin recelo ciertas señales de agitacion en la villa, aunque recatadas, y +el silencio sepulcral de aquella noche, por lo general ruidosa en las +poblaciones cristianas: se habia rodeado de soldados y de alguaciles, y +confiando demasiado en el terror que infundian el rey y la Inquisicion +celebraba su misa tranquilo. + +El corregidor por su parte, habia acudido á la iglesia rodeado de +alguaciles armados, con ánimo de rondar por la villa asi que concluyese +la misa, y Hurtado de Ocampo, medio borracho, decia á sus conocidos sin +respeto al lugar en que se encontraba: + +--No os extrañe la falta de mi cuñado, porque se ha ido á soplarle el +ama al beneficiado Juan de Ribera, mientras está entretenido en la +iglesia. + +Unos se escandalizaban, y otros se reian; seguian entre tanto los +villancicos, la misa tocaba á su fin, y el pueblo parecia tranquilo. + +De repente se oyó á lo lejos una campana que tocaba apresuradamente á +rebato. + +Aquella campana era del convento de San Francisco: poco despues sonaron +en la plaza arcabuzazos, y algunos vecinos se lanzaron despavoridos en +la iglesia gritando: + +--¡Cerrad las puertas! ¡cerrad las puertas, y á las armas! ¡Los monfíes +estan en la villa! + +Sucedió á estas palabras un alarido general y una confusion horrorosa: +los mas valientes de los hombres desnudaron sus espadas: los demás y las +mujeres corrian sin saber á donde, y los moriscos que habia en la +iglesia se levantaron armados, y corrieron al presbiterio donde estaban +aturdidos el inquisidor Medrano, el beneficiado Juan de Ribera y el +licenciado Arias. + +Y en medio de aquel primer tumulto, de aquella confusion, entre los +disparos que sonaban en la plaza, entre los gritos de terror de los +cristianos se oia gritar á los moriscos que empezaban á herir en la +multitud y abrirse paso hasta el altar: + +--¡Le ille Allah! + +Los soldados de la fe, los alguaciles y algunos hombres esforzados se +batian desesperadamente al fondo de la iglesia, en tanto que Juan de +Ribera, el licenciado Arias, Molina de Medrano y maese Barbillo +escapaban por la puerta de la sacristía. + +Pero al entrar en ella el inquisidor se sintió cogido y al volverse vió +dos ojos ardientes como dos brasas, fijos en los suyos. + +--Yo soy Aben-Aboo, le dijo quien le habia cogido: yo soy quien he +jurado beber tu sangre, miserable lobo, y ha llegado la hora. + +Y arrastraba hácia la iglesia al inquisidor. + +Ya en otro lugar hemos tenido ocasion de dar á conocer que si la +crueldad era el pecado culminante del inquisidor Medrano, no tenia ni un +tanto de la noble virtud que ha ceñido una aureola á la frente de los +mártires del cristianismo: carecia absolutamente de valor, y por lo +tanto de dignidad. + +Asi es que rompió á llorar y á pedir piedad á gritos. + +Pedir piedad á Aben-Aboo era lo mismo que pedir dulzura al acibar, +suavidad á la zarza, agua á una roca. + +Aben-Aboo seguia arrastrando al inquisidor hácia la iglesia con un gozo +feroz. + +Cuando Aben-Aboo asomó á la puerta de la sacristía, el espectáculo que +presentaba el templo era terrible. + +El combate habia cesado; todos los que habian resistido estaban por +tierra: solo quedaba la matanza continua, cruel, gozada con una lentitud +horrible por los monfíes. + +Brillaban por todas partes las antorchas y los yataganes ensangrentados, +y tenian lugar escenas repugnantes, horribles; todo género de excesos +cometidos con las mujeres sobre la sangre de sus padres, de sus +hermanos, de sus hijos, y de sus esposos. + +Herian, los monfíes y los moriscos, mataban y despedazaban, ebrios de +furor. + +--No mateis á las mujeres, decia un monfí, cuyos ojos irradiaban una +mirada insensata; no las mateis, afrentadlas, deshonradlas, delante de +su Dios, de sus padres y de sus esposos, como ellos han deshonrado á +nuestras hijas; no mateis tan aprisa: bebamos gota á gota la sangre de +los castellanos; gota á gota como ellos han bebido la de nuestros +padres, y la de nuestros hijos: no los mateis como mata el leon en el +combate, sino como matan los clérigos en la Inquisicion. ¡Ah! ¡ah! ¡ah! + +Y aquel hombre que blandia con furia un largo puñal ensangrentado, soltó +una carcajada horrible, dolorosa, la carcajada de un loco. + +Aquel hombre era Melik-el-Ferih. + +El padre de Mariblanca. + + * * * * * + +El autor siente una verdadera repugnancia, una repugnancia de horror, al +llegar á este sangriento episodio de la historia de aquellos tiempos; +porque lo que el autor va á contaros, no es el aborto monstruoso de una +imaginacion calenturienta; son hechos terribles, resultado de la presion +brutal de un despotismo sombrío y cruel, ejercida sobre los moriscos del +reino de Granada en un espacio de setenta y seis años: durante ellos, +los moriscos no habian sido tratados como hombres, sino como cosas de +que disponia á su antojo el feroz conquistador: cuantas rapiñas pueden +inventarse, cuantos excesos pueden cometerse, cuantas afrentas pueden +inferirse, cuantos dolores pueden causarse, todo lo habian sufrido los +moriscos: no se habia procurado asimilarlos por medio de la tolerancia y +del tiempo al pueblo vencedor, bajo la triple faz de la religion, las +leyes y las costumbres; no se habia procurado su refundicion lenta, pero +segura en la gran masa del pueblo español; no se habia cuidado de +aligerar el yugo, como lo exigian la fe de los tratados, la política, y +para decirlo de una vez, la caridad: desde el principio, desde el dia +siguiente al de la conquista de Granada se habia tendido á destruirlos: +España, embrutecida, fanatizada por sus frailes, no conocia los grandes +beneficios que debia á la civilizacion de los árabes y de sus +descendientes los moros; si tenia industria, aquella industria era +originaria de árabes; si se habia suavizado la gótica rudeza de sus +costumbres, á su contacto contínuo con los árabes lo debia: si su +agricultura habia mejorado; si los antes yermos campos habian sido +transformados en fértiles campiñas por los canales de riego, aquellos +canales los habian abierto los árabes: si sus médicos, si sus letrados +sabian algo, aquellos médicos, aquellos letrados habian ido á beber la +ciencia á las escuelas de Córdoba, ó la habian encontrado en los libros +que de aquellas escuelas salian como otras tantas antorchas luminosas: +el espíritu civilizador del pueblo árabe, se habia infiltrado de una +manera profunda en el pueblo español: de ellos habia tomado este, en el +lenguaje un número incalculable de voces, en sus códigos gran número de +leyes; habia adoptado casi por completo sus sistemas monetario y +administrativo, y hasta la denominacion de sus ministros de justicia, y +de muchos de los altos cargos del Estado: al poco tiempo de la +dominacion de los árabes en España, el gefe de las fuerzas marítimas de +los solariegos, de los españoles indígenas, se llamaba almirante; +alcalde, el juez; alcaide, el gobernador de plaza fuerte; alguacil, el +encargado de las obligaciones menudas de la ley; su arquitectura, sus +trages, sus armas, tomaron su bello carácter oriental que las distingue +de los edificios, de los trages y de las armas de los otros Estados +contemporáneos de Europa, y hasta en su religion existe, como un +testimonio irrefragable de la influencia de los árabes sobre los +solariegos, el misal mozárabe: ellos, con sus órdenes religiosas de los +rabits y los morabithos, dieron la norma de las órdenes +religioso-militares, y hasta en las diversiones públicas nos legaron las +justas, las cañas, la lidia de toros: en poesía, en música, nos dieron +su carácter y sus instrumentos: la buena poesía española de nuestros +tiempos aun conserva el sonido cadencioso, y la forma hiperbólica de la +poesía árabe, y aun conservamos la guitarra, como instrumento de placer; +el timbal y el tambor como instrumentos de guerra: nuestras enseñas de +honor, las banderas que nos han llevado tanto tiempo al combate y al +triunfo, no son las águilas romanas; nosotros, cuando mas, hemos +heredado de los romanos el estandarte, copia del lábaro; pero la +bandera, y sobre todo el antiguo pendon de dos puntas de Castilla, son +una copia de las divisas que ondeaban en su centro las apiñadas taifas +de los sectarios del Profeta. + +¿Pero á qué esforzarnos en demostrar la influencia que tuvieron y aun +tienen sobre nosotros, la civilizacion y las costumbres de los árabes? + +Basta pisar el territorio español para encontrar las profundas huellas +del paso de aquel pueblo extinguido: el castillo, la catedral, la villa, +la campiña, muestran por do quier en España la forma del pueblo árabe: +su lenguaje, sus costumbres, sus cantos populares, sus fiestas, +conservan aun vivo entre nosotros el espíritu de aquel pueblo, que pasó, +como un meteoro, con el rápido vuelo de la conquista, desde el Yemen +basta los Pirineos, dejando por do quiera las señales indelebles de su +paso. Puede asegurarse, sin temor de ser desmentido, que la mitad de la +sangre española es sangre árabe; en una palabra, que si fueron nuestros +abuelos los solariegos descendientes de Pelayo y de Teodorimo tambien lo +fueron los descendientes de los que vinieron de Oriente acaudillados por +Tarik y por Muza. + +¿Quereis conocer una mujer típicamente árabe? Id á Andalucía y á +Valencia. + +¿Quereis encontrar ese tipo en toda su pureza, en todo el esplendor de +su indolente y magnifica hermosura? + +[imagen: Degüello de los cristianos en Cádiar.] + +Enriscaos en las Alpujarras; recorred nuestro litoral del Océano desde +Huelva á Gibraltar, el del Mediterráneo desde Gibraltar á Valencia: +mezclaos entre sus habitantes, escuchad su lenguaje, observad sus +costumbres, estudiad sus pasiones, y habreis conocido en toda su pureza +á la mujer de la raza de Oriente importada á España por los árabes. + +Oid la poesía de ese pueblo. + +Encontrareis el romance árabe con toda su síntesis, con toda su +expansion, con todo su sentimiento: un poema de amor, de dolor, ó de +esperanza en cuatro versos, en una copla; poemas no escritos, +improvisados por el corazon, cantados por la felicidad, por la +desesperacion ó por el deseo. + +Y presenciad sus bailes, acompasados por una guitarra y acompañados por +ese canto; contemplad el corto zagalejo de la que baila, con sus rayas +de vivos colores; su corpiño de pana negra ceñido á un talle, á una +espalda, á un pecho y á unos brazos incomparables; ved ese pañuelo de +mil colores que apenas cubre una magnífica cabellera, y se anuda +ligeramente bajo la barba de un semblante encantador ligeramente moreno +ó deslumbrantemente blanco, cuyos ojos negros ó garzos despiden +relámpagos de pasion, y cuya boca sonrie, como ayudando á los ojos en su +guerra contra el corazon del que los ve sonreir y mirar; observad á ese +jóven moreno que baila con ella, con su pañuelo en la cabeza, su chupa +ó su chaqueta, su ancha faja encarnada, sus anchísimos zaragüelles, ó su +ajustado calzon, su media y su alpargata, ó su botin labrado y su zapato +blanco: observad la contera de la vaina del cuchillo, ó el extremo de +las cachas de la navaja saliendo del bolsillo interno del lado izquierdo +de la chaqueta: oid el repique de las castañuelas, las palmas de las +gentes del corro, acompañando á la guitarra, á la copla, al baile; mirad +el paisage esplendoroso que os rodea, levantad los ojos al radiante +cielo que inunda de una luz fuertemente meridional el cuadro, y podreis +afirmar que casi habeis visto una zambra árabe. + +Tan fuertes raices habia echado en el suelo español ese pueblo, de tal +manera habia mezclado su sangre de vencedor con la sangre del vencido, +que la única diferencia esencial que existia entre ambos pueblos eran +dos libros, por otra parte muy semejantes: quitad á los árabes de España +el Koram y dadles la Biblia, ó quitad la Biblia á los solariegos y dadle +el Koram, y no encontrareis mas que un solo pueblo, pero un pueblo +maravilloso. + +[imagen:--Te juro que estaremos juntos hasta la muerte.] + +Dícese que los árabes españoles tenian mucho del carácter de los +solariegos. + +Nosotros decimos que los solariegos habian tomado mucho, todo lo que +habian podido tomar de sus enemigos, y que se parecian mucho á ellos. + +Por lo mismo despues de la conquista de Granada, una política tolerante, +amplia, fecunda, protectora; simplemente el religioso cumplimiento de +los tratados, hubiera sido bastante para refundir á los moriscos, sin +violencia, de una manera lenta, si, pero segura, en el pueblo español. + +Para esto hubiera sido necesario que los hombres de la conquista +hubiesen sido tolerantes é ilustrados y no eran ni lo uno ni lo otro. + +Desde el último tercio del siglo XV el estado político de España habia +variado completamente de faz: durante la edad media, la nobleza +robustecida por las concesiones forzosas de los reyes habia llegado á +hacerse prepotente: entonces no existian mas que dos poderes: la alta +nobleza en la cual se refundia el alto clero, y el estado llano, ó sea +las universidades como llamaban á la muchedumbre en Aragon, ó las +comunidades como la llamaban en Castilla: el trono se encontraba +anulado, sin fuerza propia, con una autoridad prestada entre la alta +nobleza, con sus escandalosos privilegios feudales, y el estado llano +con sus fueros populares y su bravio espíritu de independencia: +rebelabanse de una parte los nobles por el mas fútil protesto contra la +corona; negaba á esta por otra parte subsidios de nombres y dinero en +las cortes el estado llano, para lo cual bastaba que la peticion real +pareciese atentar, aunque remota y levísimamente á los fueros y +libertades del reino: compraba el rey partidarios, en la nobleza con +mercedes dispendiosas, en el estado llano con franquicias y fueros que +hacian cada vez mas precaria y mas nula la autoridad real. Enrique II se +vió obligado para ser rey á repartir en mercedes el patrimonio de la +corona: Enrique III llegó hasta el punto de no tener un dia que comer; +don Juan el II se vió obligado á pedir á su favorito dinero para comprar +su jubon nuevo, y Enrique IV hubo de contemporizar con los bandos, +humillarse, deshonrarse, deshonrar á su esposa, desheredar á su hija, +sin librarse por eso de ser destituido é insultado en estátua por la +faccion rebelde, y de ver proclamado rey á su hermano el infante don +Alonso. + +La corona necesitaba vengar los ultrajes que debia á la nobleza: esta +habia escarnecido el poder real durante centenares de años, y habia +pesado con gravamenes insoportables sobre la masa comun. Habian llegado +á tal punto la ambicion, la rapiña y la corrupcion de los nobles, que +era imposible que pasaran adelante: la codicia y la soberbia los habian +dividido de tal modo, que bastaba dejarlos entregados á sí propios para +que se destruyesen. + +Al subir al trono Isabel de Castilla, su marido Fernando de Aragon, +comprendió que era llegado el momento de destruir de una manera radical +y para siempre el poder de la nobleza: pero era Fernando V demasiado +astuto y político, para exponer á un fracaso sus proyectos de +restauracion del poder real, obrando de una manera violenta, +impremeditada y prematura. Necesitaba contemporizar para ganar tiempo y +procurarse sus medios de combate, y contemporizó: necesitaba destruir al +alto clero y á la alta nobleza, y buscó á los enemigos de aquellos dos +poderes en el bajo clero y en el estado llano: el bajo clero le dió al +famoso fray Francisco Jimenez de Cisneros, al fanático ermitaño del +Castañar, al hombre que poseia la humildad mas vanidosa y mas soberbia +de que puede encontrarse ejemplo, con una tenacidad invencible á la cual +se ha dado nombre de firmeza, y con un ascetismo sistemático y feroz al +cual se ha dado nombre de virtud: hombre de acero, profundamente +reservado y suspicaz, dotado de alguna instruccion, pero de miras +estrechas, poco previsor y extremadamente testarudo. + +Fernando V vió en él un ariete y le aprovechó, le elevó gradualmente +hasta ponerle á la altura de aquellos con quienes debia combatir, y le +apoyó con todo el poder que le daban las circunstancias y con los +elementos de fuerza de las diferentes coronas que poseia. + +Fray Hernando de Talavera, y fray Tomás de Torquemada, fueron dos +instrumentos poderosísimos que el bajo clero dió á los Reyes Católicos, +y en cuanto al estado llano, le dió en la Santa Hermandad un ejército +que debia contrapesar la prepotencia de la nobleza. + +Alarmada esta, representó contra la organizacion de la Santa Hermandad, +á pretexto de que con esta reorganizacion se lastimaban sus privilegios, +pero ya era tarde: fuerte Fernando para la lucha, la habia empezado +incorporando á la corona los maestrazgos de las órdenes militares, +levantando ejércitos permanentes pagados por las ciudades, y acabando al +fin por instituir la Inquisicion, tribunal terrible, con el cual, +despues de amansada la nobleza á la que se habia arrancado sus banderas, +esto es: sus ejércitos particulares, y sus guaridas, esto es, sus +castillos que fueron desmantelados, debía contener al pueblo. + +La nobleza habia muerto como poder, herida por el cetro de los Reyes +Católicos: habiase apoyado la corona para vencer á la alta nobleza y al +alto clero, en el estado llano y en el clero bajo, pero dándola zelos +aun el poder popular, que le habia ayudado á su triunfo, se alió +estrechamente con el altar, y la Inquisicion y el rey fueron ya los +únicos poderes que imperaron de una manera absoluta; dependiente la +Inquisicion de la corona, es verdad, pero activa, incansable, ambiciosa, +tendiendo en tiempos no muy distantes al dominio universal, llenó de +hogueras las plazas públicas, de víctimas los calabozos, de horror la +historia: la razon fue proscrita, la discusion anatematizada, la +libertad de conciencia perseguida, la familia espiada hasta en lo íntimo +de sus hogares: todo fiscalizado, todo subordinado á los intereses del +trono y del altar y todo empequeñecido, como debia serlo, para dar +fuerza á aquellos dos astutos poderes, que habian sabido engrandecerse +con los mismos elementos que les eran contrarios. + +Cuando aconteció la conquista de Granada, se habia operado ya la +maravillosa transformacion política de España: el gran cardenal don +Pedro de Mendoza habia creado la Inquisicion, los tercios reales estaban +organizados, y los altivos ricos-hombres, los que pocos años antes +podian llamarse pequeños reyes, servian á sueldo bajo el estandarte +real: tres años despues de la conquista, fray Francisco Jimenez de +Cisneros era cardenal arzobispo de Toledo, canciller mayor de Castilla y +ministro universal: fray Hernando de Talavera confesor de la reina, +arzobispo de Granada, y el sombrío, el terrible dominico fray Tomás de +Torquemada inquisidor general: las comunidades religiosas habian sido +reformadas, la Inquisicion habia quemado millares de criaturas, Colon +habia descubierto un nuevo mundo, y las prepotentes banderas españolas +amenazaban á la Europa. + +En tales circunstancias, los moros de Granada habian rendido pleito +homenaje á los Reyes Católicos: esto es, se habian confesado sus +vasallos. + +La tiranía y el fanatismo dominaban de consuno: el altar empezaba á +predicar el derecho divino de los reyes, y la corona apoyaba fuertemente +el exclusivismo de Roma: continuaban en ejercicio muchas de las bárbaras +leyes de la edad media, y los jueces de una parte, los inquisidores de +otra, y el elemento militar por último, empezaron á pesar sobre la +antigua tolerancia que tan amplia habia sido en Castilla y sobre las +libertades públicas que no podian ser compatibles con la autoridad real +tal cual se queria que esta autoridad fuese. + +El primer acto de intolerancia de los Reyes Católicos, fue la expulsion +de los judíos. + +Treinta mil familias industriosas salieron de España á consecuencia de +aquella medida hija del fanatismo religioso. + +Dado este golpe á los judíos se reparó en los moriscos. + +El feroz fanatismo de los preclaros varones que sustentaban el pendon de +la fe en España, encontró que era una cosa muy dura que los vencidos +siguiesen en la practica de su religion, de sus leyes y de su dialecto +nacional, en el uso de sus trages y en la práctica de sus costumbres. + +Empezáronse á violar las capitulaciones de la conquista de una manera +curva, casuística: encontróse que habia entre los moriscos una clase de +gente llamada _elches_, esto es, descendientes de cristianos que en otro +tiempo habian abjurado el catolicismo abrazando la religion musulmana. + +A estos se les mandó convertirse. + +No obedeciendo, se empezó á ejercer con ellos la fuerza. + +El resultado de esta abierta infraccion de los tratados, produjo una +insurreccion. + +Esta insurreccion dió pretexto para extender á los moriscos las +prescripciones que se habian hecho á los _elches_. + +Entonces empezó el martirio lento, horrible de los moriscos de Granada. + +El aspecto amenazador de los moriscos, obligó á los reyes á que enviasen +allá á Cisneros. + +Partióse este de Alcalá de Henares, donde se encontraba erigiendo su +colegio, que despues fue Universidad, y llegó á Granada donde se +encontraban los Reyes Católicos; la primera providencia del grande +hombre fue quemar cuantos manuscritos árabes le vinieron á las manos, +destruyendo con ellos un caudal inapreciable de ciencia, y apagando con +las llamas del fanatismo luminosas noticias que nos hubieran servido en +gran manera para esclarecer la confusion que reina en la historia de los +árabes españoles. + +Empezáronse á seguida los trabajos de la conversion de una manera ruda y +tenaz: en vez de apelarse á la mansedumbre evangélica se apeló al +terror: al que resistia el bautismo se le prendia, se le encerraba con +un fraile fanático, y no se perdonaba medio, hasta que aterrada la +víctima pedia á voces el bautismo. + +Crecia con esto el descontento, huian á centenares de las poblaciones +los moriscos y se iban á la montaña haciéndose monfíes, y entregándose, +irritados por la tiranía de los vencedores, á los mas graves excesos +contra los cristianos. + +La lucha era sorda, sostenida: habíanse bautizado todos los moriscos de +Granada y la mayor parte de los de las Alpujarras, pero si bien +ostensiblemente profesaban el catolicismo, seguian siendo moros en +secreto. + +Si iban á misa los dias de precepto, era porque los parrocados estaban +facultados á imponerles multas y aun prision por la falta de asistencia. + +Si confesaban, jamás decian la verdad. + +Los giumas (viernes), dias consagrados por el Koram, se encerraban en +sus casas, hacian las abluciones y se consagraban á la oracion á puerta +cerrada. + +Del mismo modo y tambien á puerta cerrada, trabajaban los dias de fiesta +prescritos por el rito católico. + +Inmediatamente despues de ser bautizados sus hijos, les lababan con agua +caliente la cabeza, para quitarles el crisma y el santo oleo, los +circuncidaban, celebraban segun sus usos la fiesta de las buenas hadas, +y les ponian el imprescindible sobrenombre árabe. + +Cuando se casaba una doncella, al volver á su casa, la quitaban los +vestidos castellanos con que se habia visto obligada á ir á la iglesia, +la vestian ropas moriscas y hacian las bodas, con leilas, zambras y +banquetes segun sus costumbres. + +Solo aprendian la doctrina católica los que tenian necesidad de casarse, +porque para ello sufrian un exámen prévio, y aun muchos se disculpaban +con no saber la lengua. + +Llenos de odio y ansiosos de venganza por la tirania de que eran +víctimas, recibian á los monfíes, y aun á los turcos y piratas +berberiscos en sus alquerías y les avisaban de cuándo podian sorprender +recuas de castellanos para robarlos, hacerlos cautivos ó matarlos. + +Aterrados los castellanos por esta asechanza sorda, por este peligro +contínuo, unian su voz á las declamaciones de los frailes, y el trono y +la Inquisicion se propusieron estremar el rigor contra ellos, y +destruirlos si necesario fuese. + +Entonces se promulgó el famoso edicto del emperador don Carlos, de que +dimos cuenta á nuestros lectores en el principio de este libro. + +Viéronse los pobres vencidos atacados á un tiempo en su industria, en +sus haciendas, en sus costumbres, y lo que era peor, vejados, tratados +vilmente, con una injusticia notoria, con una crueldad siempre en +aumento, sin que se oyesen sus quejas, sin que se diese castigo á los +que los ofendían y vieron con temor empadronados sus hijos desde la edad +de tres años, hasta la de quince, porque no sabian lo que querian hacer +con ellos. + +Haciáseles pagar los alguaciles y las guardias que servian para +oprimirlos; se les obligaba á tener las casas abiertas; se les exigian +tributos onerosos; se prendia á las mujeres que iban por la calle con +los rostros cubiertos; se les arrebataban sus hijos y los llevaban á los +hospicios por el mas leve pretexto, y en vano eran sus quejas, porque +los clérigos mandaban á nombre de Dios, y Felipe II era tan sombría y +fanáticamente cruel como los clérigos. + +No se pensó ni un solo momento en que los moriscos constituian una parte +considerable de la poblacion de España, ni en que por su industria y sus +riquezas, eran un gran elemento de prosperidad pública. + +Los funestos reyes de la casa de Austria todo lo posponian, todo lo +olvidaban á trueque de que no hubiese en sus Estados una sola persona +que no fuese católica; manía lamentable, fanatismo ignorante que han +dado al trono y al clero español de aquel tiempo y aun de los tiempos +subsiguientes, un carácter odioso y repugnante: ciega brutalidad que ha +costado á España torrentes de sangre, que ha retrasado su civilizacion, +que nos ha debilitado, atacando nuestra poblacion y nuestra riqueza, +comprometiéndonos en guerras desastrosas, colocándonos á retaguardia de +las demás naciones de Europa: fatales resultados de la estrecha alianza +del trono y del altar: de los reyes de derecho divino y del clero +omnipotente y sanguinario, sostenido por el infame tribunal de la +Inquisicion. + +El rey y el fraile, al destrozar entre sus garras á los que se atrevian +á rebelarse contra su despotismo, destrozaban á España: el terror hacia +callar al derecho, el desuso del derecho, le puso en olvido, y el pueblo +tan libre otros dias, vino á ser la troje hollada por los dos fatales +elementos reunidos. + +Uniase á esto una magistratura inmoral, un ejército compuesto de +aventureros, una nobleza degradada, que se arrastraba á los piés de la +Inquisicion y del trono, y un pueblo degradado tambien, que todo lo +sufria en silencio, ó que, por mejor decir, por resultado de su +degradacion y de su envilecimiento, no sufria nada. + +En los tiempos de la dominacion austriaca, un español, en siendo esclavo +sumiso, y católico fanático, era cuanto podia ser: un leal vasallo del +rey, y un hijo obediente de la Iglesia. + +La literatura y las artes, sufrieron, como era preciso, la suerte del +país: se vieron marcadas con el sello realista monástico, que se +imprimia en todo, y apenas dieron á conocer alguno que otro rasgo tímido +de independencia; nuestros mejores artistas, nuestros mas aventajados +escritores, no brillaron como hubieran brillado de seguro, bajo un +gobierno digno de hombres que hubieran sabido serlo: la mezquindad de la +época los hacia mezquinos: los mataba. + +En todas las empresas de la casa de Austria, exceptuando las de Carlos +V, se ve, no la política, no la sagacidad, sino la tenacidad y la +ignorancia: Felipe II desangró y debilitó la nacion en empresas +descabelladas aconsejadas por el fanatismo, y una de estas empresas que +pudo traer fatalísimos resultados, no solo para España, sino tambien +para Europa, fue la de la conversion de los moriscos, no solo bajo el +punto de vista religioso, sino tambien bajo el de las costumbres. + +La rebelion de las Alpujarras motivada por la crudeza con que quiso +llevarse á cabo la sumision completa de los moriscos, fue de tanta +trascendencia, como que refiriéndose á ella en el principio de su +historia de la guerra de Granada, dijo Hurtado de Mendoza, autor +contemporáneo, y tanto, como que tomó personalmente parte en aquella +guerra: + +«Veráse una guerra al parecer tenida en poco, y liviana dentro en casa, +mas fuera estimada y de gran coyuntura; que en cuanto duró tuvo atentos, +y no sin esperanza, los ánimos de príncipes amigos y enemigos lejos y +cerca.» + +Mas adelante el mismo autor confiesa las graves circunstancias en que se +encontraba España al estallar la rebelion de las Alpujarras, en las +siguientes líneas: + +«... Los Estados de Flandes, desasosegados por el príncipe de Orange, +eran recien pacificados por el duque de Alba. Mas, puesto que las +fuerzas del rey, y la experiencia del duque capitan, criado debajo de la +disciplina del emperador, testigo y parte de sus victorias, bastasen +para mayores empresas; todavía lo que se temia de parte de Inglaterra, y +las fuerzas de los hugonotes en Francia, algunas sospechas de príncipes +de Alemania y designios en Italia, daban cuidado; y tanto mayor, por ser +la rebelion de Flandes por _causas de religion_ comunes con los +franceses, ingleses y alemanes, y _por quejas de tributos y gravezas +comunes con todos los que son vasallos_, aunque sean livianas y ellos +bien tratados.» + +Por las citas anteriores, se vé que en aquellos tiempos habia quien veia +claro, y que solo el rey y los clérigos estaban ciegos por su fatal +locura religiosa. + +Y esta ceguedad, esta monomanía feroz por exterminar todo lo que no era +católico, como si el catolicismo no fuese una religion altamente afecta +á la discusion y á la libertad, hacen comprender hasta qué punto serian +vejados, tiranizados, martirizados los moriscos por aquel doble +despotismo, por aquella tenaz ferocidad, por aquella cólera sagrada, por +decirlo asi; por aquella intemperancia de mando, por el odioso _sic +voleo sic jubeo_ del tirano. + +Y esta ferocidad, esta carencia total de miras políticas, ya que no de +sentimientos humanitarios, habian hecho precisa, inevitable la rebelion +de los moriscos, porque cuando llega á un limite dado la miseria humana, +la desesperacion suple con ventaja al valor, y la sed de venganza +produce horribles catástrofes, á vueltas de sublimes rasgos de heroismo. + +Y cuando un pueblo ha sido insultado, robado, azotado, herido en sus mas +intimas afecciones cuando se han visto holladas las canas de los +ancianos, separada la esposa del esposo, el hijo de los padres; cuando +las sospechas han bastado como si hubiesen sido evidencias para imponer +castigos atroces; cuando se han desoido una y cien veces las súplicas +humildes; cuando el que manda se ha mantenido inflexible en el mandato +cruel; cuando esto sucede, no hay pueblo cobarde, lo arrostra todo, +prefiere la muerte aunque sea horrorosa, al martirio lento, continuado, +dia por dia, hora por hora, minuto por minuto, y como se lanza á la +pelea enloquecido por la desesperacion, excitado por la sed de venganza, +se entrega respecto á sus enemigos á las mismas crueldades, á los mismos +horrores, á los mismos crímenes de que ha sido víctima. + +Los pueblos cuando se insurreccionan en nombre de su derecho, ponen +siempre en práctica la tremenda ley del _Talion_. + +Por eso antes de condenar los horrores de una revolucion, es necesario +meditar á sangre fria las causas que la han motivado. + +Hemos creido necesaria la antecedente digresion, para que nuestros +lectores no crean ficciones de una fantasia salvaje, los hechos que +vamos á continuar relatándoles. + +No los inventamos: únicamente los ordenamos y los trascribimos con la +historia á la vista, apoyándonos en su testimonio. + + + + +CAPITULO XXVII. + + Continúa el asunto interrumpido en el anterior. + + +La iglesia de la villa de Cádiar, era teatro de una orgía de sangre. + +Melik-el-Ferih, enloquecido por el reciente recuerdo de la desastrada +muerte de Alida, y por la dolorosa causa que habia motivado aquella +catástrofe, estaba ébrio de sangre y sediento de venganza. + +Aben-Aboo, con la mirada sangrienta como un lobo, arrastraba desde la +sacristía al presbiterio, asido por el cuello al inquisidor Molina de +Medrano que tropezaba embarazado por sus largos y rígidos ornamentos +pontificales. + +Al ver Melik-el-Ferih aquel grupo á la viva luz de las cien velas que +aun ardian en el tabernáculo, saltó del monton de cadáveres en que habia +subido, y se lanzó hácia el presbiterio, pero antes de llegar á él +tropezó en un muerto y cayó. + +Al levantarse vió ante sí una mujer pálida, de rodillas, mirándole de +una manera ansiosa, y procurando ocultar entre sus brazos, entre sus +ropas, á una criatura. + +Aquella mujer para salvar á su hija se habia acurrucado entre los +muertos, y solo se habia alzado al ver caer junto á ella el monfí. + +Melik-el-Ferih contempló á la madre y á la hija con una mirada tal, en +que habia tan feroz, tan cruel alegría, que la pobre madre se +estremeció. + +--¡No la mateis! gritó: no mateis á mi hija: mi hija no os ha hecho +ningun daño. + +--¿Y qué daño habia hecho mi hija á los cristianos? gritó el Ferih +mezclando á sus palabras una carcajada insensata. + +--¡Ah! ¡teneis una hija! dijo la infeliz: pues bien, por la vida de +vuestra hija, no mateis á la mia. + +--¡Por la vida de mi hija! exclamó el Ferih. + +Y sus ojos rodaron de una manera espantosa en sus órbitas. + +La infeliz madre dió un grito horrible. + +El Ferih la habia arrebatado la pobre criatura asida por el cuello, y la +habia abierto de una sola puñalada: despues habia arrojado aquel +miserable despojo palpitante á los piés de la madre, y de un salto se +habia puesto en el presbiterio y asido al inquisidor Molina de Medrano. + +--¡No le mates! ¡no le mates! exclamó Aben-Aboo: una puñalada es poco +castigo para este infame lobo: ¡no le mates, Ferih! + +--¡Matarle! no por cierto... ya verás... ya verás... la noche es +nuestra, y es necesario que nos divertamos... vamos á divertirnos +mucho... + +El solo anuncio de aquella diversion, de que sin duda iba á ser él el +protagonista, despegó la carne de los huesos del inquisidor. + +El Ferih entre tanto habia acercado uno de los tres sillones del +presbiterio, y le habia puesto sobre el altar. + +--Siéntate ahí, dijo el Ferih: te ponemos en un trono... no tienes por +qué quejarte te vamos á adorar, faquí de los cristianos: vamos sube: ¿no +quieres ser rey? + +--No puedo subir, soy viejo; exclamó llorando el inquisidor: tened +compasion de mi. + +--¡Ah! ¿no puedes subir? dijo Aben-Aboo, por eso no quede: échamelo acá, +Ferih, añadió desde el altar á donde habia subido de un salto. + +El Ferih asió por la cintura al inquisidor y le levantó: Aben-Aboo le +asió por el cuello le puso sobre el altar y le sentó rudamente en el +sillon. + +Desde aquel momento puede decirse que Molina de Medrano no vió ni sintió +mas que un terror pánico: todo daba vueltas en derredor suyo, pero +cubierto de una niebla densa, azul, inpura, y el miserable temblaba, +pero de una manera exclusivamente orgánica. + +--No basta, no basta eso: dijo el Ferih: es necesario asegurarle en su +trono. + +Y volviéndose hácia el fondo de la iglesia donde continuaban el degüello +y las crueldades, tocó por tres veces la bocina. + +Cesó la matanza y un numeroso grupo de monfíes adelantó hasta el +presbiterio, y se pusieron á reir y á señalar con ademanes grotescos al +inquisidor. + +--¡Ah, valientes mios! dijo el Ferih: ved á este respetable señor +encaramado en su silla, vestido de oro y rodeado de luces, ni mas ni +menos que como los ídolos que han querido que adoremos: pero este trono +es todavía poco resplandeciente. + +--Es verdad, si, es verdad. + +--Aumentemos el resplandor de su trono. + +--Pongamos fuego al altar. + +Y algunos adelantaron blandiendo sus antorchas. + +--Esperad: esperad, dijo Aben-Aboo: ¿no veis que tanto resplandor puede +parecerle demasiado y hacerle huir de una gloria de que se creerá +indigno? es necesario que se vea obligado á recibir nuestros homenajes. +Buscad cuerdas, y sino las halláreis, vengan las de vuestras ballestas. + +--Dice bien. + +--Asegurémosle en su trono. + +--Que no pueda escapar. + +--Como no pueden escapar los sentenciados por la Inquisicion. + +--Como no pudo escapar mi padre, á quien vi revolverse como una +sabandija por entre las llamas. + +--Ni mi madre á quien quemaron porque decian que era bruja. + +--¡Allah Ahbar! (Dios es grande). + +--¡Allah Galib! (Dios es vencedor). + +--¡Allah Rahman! (Dios es misericordioso). + +Y sin saber de donde, salieron á plaza cordeles, y en medio de un +tumulto espantoso de carcajadas y silbidos, el inquisidor fue +fuertemente atado á la silla, y la silla no menos fuertemente atada á +las columnas del tabernáculo. + +Volvieron á avanzar los implacables monfíes con las antorchas. + +--Esperad, esperad: aun no es tiempo: traed acá á cuantos cristianos +encontreis. + +Extendiéronse los monfíes por la iglesia, y á poco volvieron trayendo á +empellones como unas veinte personas entre hombres, mujeres y niños. + +--Pocos son, dijo Aben-Aboo: pero ahí veo á mi buen amigo Lope +Gutierrez, corregidor de la villa. ¿Eh? ¿que te parece de esto? + +El corregidor tan feroz antes, cuando mandaba, cuando se creia fuerte, +rompió á llorar. + +--Yo no os he hecho ningun daño, dijo: yo era mandado; me lo mandaba el +rey. + +--¿Y te mandaba el rey, dijo una morisca jóven y hermosa, saliendo de +entre la multitud, que para obligar á una mujer á ser tuya, la +amenazases con ahorcar su padre, y vender por esclavos á sus hermanos? + +--Yo no he hecho eso... yo no he hecho eso, os lo juro. + +--¿Me conoces? exclamó la morisca arrancando una antorcha á un monfí, +acercándola á su semblante, y acercándose al mismo tiempo al corregidor +Lope Gutierrez, que retrocedió. + +La morisca le miraba con los ojos dilatados escandescidos como los de +una bacante. + +--¿Me conoces al fin Lope Gutierrez? repitió la morisca; tú me +deshonraste, y no bastó mi sumision á tus deseos: poco tiempo después á +pretexto de que eran monfíes ahorcaste á mi padre, y echaste á galeras á +mis hermanos. + +--¡Ah! ¡no! ¡no! exclamó el corregidor. + +--Ese miserable me abofeteó á pretexto de que no me habia quitado el +sombrero en su presencia, echó á galeras á mi hijo porque tomó la +defensa de su anciano padre, mi pobre esposa murió al verse separada en +su ancianidad de su hijo, y despues me vi reducido á la indigencia: mis +bienes, unas escasas tierrecillas habian sido confiscadas: ¡vengadme, +hermanos! + +--Ese miserable mató á mi amante porque no quise ser su manceba. + +--Ese hombre deshonró á mi hija. + +--Ese hombre es nuestro, exclamaron las mujeres apoderándose de él, y +sacándole arrastrando de la iglesia. + +--Hé aquí un buen exámen de doctrina cristiana, dijo Aben-Aboo +volviéndose al inquisidor que no le oia. Dejad, dejad á esas buenas +muchachas que despachen á su gusto al señor corregidor: no lo querais +todo para vosotros. ¿Quién es aquel que se esconde detrás de esotro que +está tan cabizbajo? + +--El cabizbajo es el alguacil Truchuela, un bribon que merece ser +desollado vivo: el que se esconde es el escribano Diego de Angulo. + +--¡Ah! ¿con que sois vos el escribano que no tenia mas placer que +fulminar procesos para engordar con las costas perdiendo hombres? ¿y vos +maese Truchuela el alguacil que prendia con perro á los moriscos?... + +Rompieron á dar alaridos los dos acusados. + +--Colgad de los piés á esos dos perros, dijo Aben-Aboo. + +No le escucharon sordos ni remisos, porque media docena de monfíes +asieron del alguacil y del escribano, y los colgaron cabeza abajo de la +verja de una capilla. + +Los miserables gritaban de una manera horrorosa. + +--Ponedles mordazas, gritó uno. + +Poco despues aquellos hombres dejaron de gritar. + +--¿Qué mujer es aquella exclamó el Ferih que está detrás de aquellos dos +soldados castellanos? + +--Yo soy doña María de Cáceres, dijo aquella mujer que era bastante +hermosa, y que lloraba silenciosamente adelantando hácia el presbiterio. + +--¿Quién tiene que quejarse de esa mujer? dijo Aben-Aboo que se habia +constituido en único juez de un tribunal ejecutivo. + +Nadie contestó. + +--Ya lo veis, nadie tiene que quejarse de mí, contestó con acento sereno +doña María. + +--¿Y por qué lloráis? ¿creeis que los moros somos tan infames como los +castellanos? ¿creeis que nosotros sentenciamos á los inocentes solo por +el placer de verter sangre? + +--Lloro, dijo doña María, porque he visto muchas desdichas. + +--¿Qué pretendeis hacer con esa mujer? dijo una de las moriscas que +volvían de dar fin del corregidor. Esta cristiana es nuestra. + +--¿De qué teneis que acusarla? dijo Aben-Aboo. + +--¡Acusarla! ¡por el contrario, tenemos mucho que decir en su favor! + +--Es caritativa. + +--Es buena. + +--Ha dotado á muchas doncellas. + +--Ha remediado muchas desdichas. + +--Es la madre de los infelices. + +--Una sola condicion y os libro, dijo Aben-Aboo. + +--¿Y qué condición es esa? + +--Abrid los ojos al conocimiento de la santa ley del Dios altísimo y +único. + +--¡Qué reniegue de Jesucristo! exclamó con horror doña María. + +El Ferih que desde que habia empezado este diálogo habia templado su +ballesta y armado en ella una jara, se echó de repente la ballesta al +rostro, y exclamó disparándola sobre doña María: + +--Mi hija tambien era inocente y ha muerto. + +Doña María cayó sin exhalar un gemido. + +--¡Oh! ¿qué has hecho? exclamó horrorizado á pesar de su ferocidad +Aben-Aboo. + +--Estamos perdiendo el tiempo, gritó el Ferih: yo he sido encargado por +el emir de hacer justicia en la villa de Cádiar... ¡ea mis valientes! +acabad con esos perros... y tú clérigo, tostador de criaturas de Dios, +añadió volviéndose al inquisidor que continuaba alelado por el miedo, +muere como debes morir. + +Y tomando una antorcha de manos de un monfí, se encaminó al altar. + +--¡Detente, Ferih! exclamó una voz poderosa, terrible, llena de +autoridad y de mando en el fondo de la iglesia. + +El Ferih quedó inmóvil en el lugar en que se encontraba cuando resonó +aquella voz: los monfíes que habian empezado de nuevo la matanza, se +detuvieron tambien. + +Entre tanto un hombre armado como los caballeros moros del tiempo de la +conquista, con corona en la cabeza é insignias de califa, adelantó +evitando pisar los cadáveres, pero sin poder evitar teñir sus piés de +sangre. + +Detrás de él ondeaba un estandarte rojo, en cuyo centro se veian las +armas de Granada, y tras el estandarte seguia un escuadron cerrado de +monfíes. + +Aquel hombre era el emir Yaye-ebn-Al-Hhamar. + +--¿Qué es lo que estais haciendo? exclamó: ¿es esto lo que yo te he +mandado hacer Ferih: es esto lo que conviene hacer á un caballero +Aben-Aboo? + +Ni el Ferih, ni Aben-Aboo, contestaron: pero se levantó un sordo +murmullo entre los monfíes que estaban en la iglesia á la llegada del +emir. + +--¿Quién se atreve á murmurar, cuando su señor habla? exclamó con voz +tonante Yaye, revolviendo en torno suyo una mirada amenazadora: ¿hay +alguno que se atreva á levantar la voz, ni los ojos, ni un solo dedo, +cuando habla su emir? + +Nadie contestó: nadie se movió. + +--¿Qué es lo que miro en rededor mio? exclamó creciendo en su cólera +Yaye: ¡mi vista solo encuentra cadáveres! + +--Cadáveres de castellanos, señor, contestó humildemente Aben-Aboo. + +--Pero entre esos cadáveres hay viejos, niños y mujeres: doncellas que +han sido violadas, madres delante de cuyos ojos se han degollado los +niños de pecho. ¿Quereis acaso igualar y aun exceder las crueldades de +los castellanos? ¿Pensais acaso que porque este es un lugar de +idolatria, no está presente en él el Dios altísimo y único? + +--¡Señor! murmuró Aben-Aboo. + +--¡Basta! exclamó Yaye: los que se precian de valientes no se +ensangrientan en los débiles: los que se precian de justos no sacrifican +inocentes: los que se creen buenos muslimes deben temer á Dios, á Dios +que escribe en el libro de su justicia la sentencia de los asesinos con +la sangre de los débiles. + +--Hemos sufrido cuantas desdichas, cuantas crueldades, cuantas +humillaciones puede sufrir un hombre, dijo el Ferih. + +--Los crímenes agenos, deben inspirarnos horror, no deseo de imitarlos: +repuso el emir: ademas, si hemos de triunfar es necesario que sepamos +obedecer. ¿Qué te habia ordenado yo Ferih? + +Melik no contestó. + +--Te dije, cerca la villa, que no salga de ella un cristiano... + +--Degüella y mata, me dijiste. + +--Si, pero degüella y mata á los clérigos, á los ministros de justicia, +y á los soldados: pero sé justo y clemente con los que no han cometido +otro delito que no ser moros como nosotros. + +--¿Qué estas hablando de justicia y de clemencia, emir, á quien como yo +ha visto su hija deshonrada; á quien la ha visto morir á consecuencia de +las infamias de los castellanos; á quien la ha mirado espirar, gritando +de dolor entre sus brazos y pidiéndole venganza? ¡Mi hija! ¡mi pobre +Alida queda allá muerta entre las breñas, y me pides templanza á mi, á +quien despedazan la rabia y el dolor! + +Y el Ferih rompió á llorar como una mujer. + +Hubo algunos momentos de solemne silencio, durante el cual solo se +oyeron los gemidos de los que espiraban á consecuencia de sus heridas. + +--Desatad ese clérigo que está en el altar, dijo el emir. + +Pareció reanimarse á estas palabras Molina de Medrano. + +--Ved, señor, dijo Aben-Aboo, que este es el miserable que causó esta +mañana la muerte de la infeliz Malicatulzarah y de su esposo Adel: ved +señor que es un lobo sediento de sangre. + +--Ese hombre debe morir, y morirá, pero no de la manera horrible, cruel +con que ellos matan á sus víctimas. + +El inquisidor habia sido bajado del altar y se arrastraba á los piés de +Yaye, en cuyo semblante fijaba una mirada entumecida por la atonía. + +--Yo os conozco... señor... yo os conozco... tartamudeó. + +Y se asió á las ropas talares de Yaye. + +Yaye se inclinó. + +--Tú eres Molina de Mediano... + +--Si, si, pero yo obedecia al rey... + +--Obedecias á un tirano... + +--Por el Dios de Abraham y de Ismael que es nuestro mismo Dios... no me +mateis... cautivadme... vendedme... llevadme á Africa... pero no me +mateis. + +--Tú has predicado el exterminio contra los que adoran al Dios de Abram, +de Agar y de Ismael, y ahora pides misericordia á nombre de ese mismo +Dios... suele suceder que los asesinos cuando se apodera de ellos la +justicia mueran con valor: pero tú á mas de asesino eres cobarde. + +--¡Perdon! ¡señor, perdon! + +--Arrancadle de mi y matadle; matadle á hierro y pronto... necesitamos +salir de aquí. + +--¡Piedad! gritó Medrano al sentirse asido por una turba de monfíes. + +Fue su última palabra: rasgado su pecho á un tiempo por veinte puñales +manchaba de sangre su vestidura pontifical. + +--Acabad con esos soldados, dijo el emir. + +Seis soldados que habian sido apresados por los monfíes fueron inmolados +en pocos segundos. + +--Ahora soltad esa gente menuda. + +--Nos mataran los que estan fuera señor, dijo un viejo. + +--Id con ellos diez hombres, y amparadlos en las casas del ayuntamiento +de la villa: asimismo llevareis á esas casas las mujeres, los viejos y +los niños que encontreis. + +Algunos monfíes salieron escoltando algunos cristianos que por fortuna +habian escapado con vida de la iglesia. + +--Rematad á esos desdichados que penan, añadió Yaye. + +Pocos momentos despues, y mientras el emir hablaba acaloradamente con +Aben-Aboo, fueron cesando los gemidos de los moribundos hasta dominar un +silencio pavoroso. + +Los monfíes que se agrupaban inmóviles tras el estandarte rojo del emir, +llenando la iglesia, parecian fantasmas. + +Yaye y Aben-Aboo siguieron hablando algun tiempo con gran interés. + +El Ferih, doblegado al fin por su dolor estaba apoyado sobre el altar, +inmóvil, insensible á todo. + +Al fin Yaye se separó de Aben-Aboo, y dirigió la voz á los monfíes. + +--Valientes, les dijo: al hacer lo que hemos hecho, hemos herido el +rostro del tirano rey de España: hemos arrojado á sus ojos la sangre +infame de sus jueces, de sus clérigos, y de sus soldados: ya no hay +medio de retroceder: los ejércitos del rey de España vendrán sobre +nosotros, pero vendrán tarde, porque el alguacil mayor del reino, el +valiente Farax-Aben-Farax se apodera en estos momentos de Granada: Dios +nos alienta y nos guia: pero no irritemos á Dios cometiendo actos de +crueldad y de barbarie semejantes á los que acaban de cometerse: si +apreciais en algo mi espada, si creeis que yo puedo llevaros á la +victoria, no vertais mas sangre débil, no cometais mas crímenes, porque +yo nunca desnudaré mi espada para ponerme al frente de infames ni de +asesinos. + +--¡Viva el emir! gritaron á una voz los monfíes. + +--Ademas, dijo Yaye: oidme y entendedme bien: yo no soy el emir que debe +mandaros. + +Levantóse un murmullo de descontento que era una adulacion al emir. + +--Los moriscos de Granada han elegido un rey. + +--¡Viva el emir poderoso y vencedor Yaye-ebn-Al-Hhamar! gritaron los +monfíes. + +--Yo soy emir de las Alpujarras, únicamente, dijo Yaye: los granadinos +han elegido legítimamente su rey; su rey es aliado y pariente mio. +Obedeced al rey de Granada Muley-Aben-Humeya. + +Pronunció con tal acento estas palabras Yaye, que los monfíes viendo en +ellas un mandato gritaron: + +--¡Viva el rey de Granada Muley-Aben-Humeya! + +--¡Gracias, gracias, valientes muslimes de la montaña! exclamó una voz á +las puertas de la iglesia; oyóse precipitado ruido de espuelas, y +adelantó y abrazó á Yaye un jóven sencillamente vestido á la morisca. + +Aquel jóven era Aben-Humeya. + +Tras él seguia otro hombre de mas edad igualmente vestido á la usanza +mora, llegó junto al emir, pero en vez de abrazarle se inclinó +profundamente. + +Aquel hombre era Aben-Jahuar el Zaquer. + +--¿Y tu hermana? le dijo rápidamente y en voz baja Yaye. + +--Está en seguridad en un cortijo de la montaña. + +--¡Oh! ¡gracias hermano, gracias! Y volviéndose á los monfíes continuó +en voz alta asiendo de la mano á Aben-Aboo, que era el único que vestia +á la castellana: ¿Conoceis á este caballero? + +--Si, si, gritaron todos. + +--Es Sidy Aben-Aboo, de la raza de los Omeyas, añadieron algunos. + +--Es mi pariente, añadió Yaye. Desde ahora, leales muslimes compartiré +con él vuestro gobierno: obedecedle como á mí mismo: es mi compañero: +aclamadle. + +--¡Viva Muley Aben-Aboo!, gritaron espontáneamente los monfíes. + +--Y para concluir, este otro caballero, Sidy Aben-Jahuar el Zaquer, mi +pariente tambien, es el walí de los walíes[25] de Granada y de las +Alpujarras. + +--¡Viva Sidy Aben-Jahuar! gritaron los monfíes. + +--Lo que á vosotros os he hecho saber en persona, se hará saber á las +demás taifas por sus xeques. ¡La guerra empieza! constancia y valor y +triunfaremos. + +--¡Viva el emir! + +--Pero si hemos concluido, dijo Aben-Humeya que habia oido con un +profundo disgusto la espontánea aclamacion de los monfíes á su primo +Aben-Aboo, si hemos concluido, bueno será, que nos preparemos á un +próximo y sangriento combate. + +--¿Pues qué sucede? dijo con gran calma Yaye. + +--La compañía de infanteria española que estaba en Yátor, viene sobre +Cádiar, dijo Aben-Humeya; y segun me han informado mis corredores viene +á su frente, bramando de corage, el valiente marqués de la Guardia. + +--¡El marqués de la Guardia! ¡no! ¡es imposible! + +--Si es posible ó no, pronto lo veremos, dijo Aben-Humeya; entre tanto +oid. + +Se habian escuchado algunos distantes disparos de arcabuz. Animados por +aquel socorro los cristianos que se habian refugiado á la torre de +Cádiar empezaron á tocar de nuevo á rebato. + +Yaye, Aben-Aboo, Aben-Humeya y Aben-Jahuar, se lanzaron fuera de la +iglesia: los monfíes los siguieron á la carrera. + +La iglesia quedó silenciosa, poblada solo de cadáveres, iluminada y +resplandeciente, pero manchado de sangre el altar, y presentando delante +de él un bulto brillante á trozos, rojo en otros. + +Aquel bulto era el cadáver de Molina de Medrano, á quien cubrian aun los +ornamentos pontificiales. + +Por una coincidencia terrible aquel cadáver ocupaba el mismo lugar donde +habia caido muerta Malicatulzarah. + + + + +CAPITULO XXVIII. + + Continúan las escenas de sangre. + + +En aquellos momentos en un estrecho y oscuro callejon de Cádiar habia +dos hombres como ocultos en la sombra, y hablando en voz muy baja por +temor acaso de ser escuchados desde las casas. + +Oíanse desde allí las campanas de la iglesia parroquial y del convento +de San Francisco, tocando, de una manera que podia llamarse desesperada, +á rebato, y se oian á lo lejos, perdidos, indistintos, gritos salvajes, +alaridos, voces confusas. + +Alguna vez un hombre pasaba en huída por la calleja, sin reparar en los +dos hombres que estaban como cosidos á un entresijo de ella, y poco +despues de haber pasado el que huia, en la parte baja, á la salida de la +villa, se oia algun disparo de arcabuz, lo que demostraba que el pueblo +estaba cercado. + +A excepcion de estos ruidos lejanos ningun otro ruido se oia: la calleja +estaba profundamente silenciosa, cerradas las puertas y ventanas de sus +casas, y sin que ni por un solo resquicio se viese una luz. + +Aquel era el silencio del miedo, porque á no dudarlo, los habitantes de +aquellas casas, como todos los de Cádiar, velaban. + +De repente se sintió abrirse silenciosamente una ventana, y desde su +fondo oscuro cayó á la calle un objeto pesado que produjo un ruido +opaco, sordo, como el de una odre que se rebienta. + +La ventana volvió á cerrarse, y volvió el silencio. + +--¿Qué es eso? dijo uno de los dos escondidos con voy temblorosa. + +--Paréceme que teneis miedo, señor Cisneros, dijo el otro hombre. + +--No tengo miedo, pero me repugna lo que está sucediendo; Dios me +perdone, sino es un cuerpo humano el que han arrojado á la calle. + +--Es sin duda el cadáver de algun soldado de los de la compañía de Diego +de Herrera, que estaban aposentados en las casas de la villa: ¿pero qué +os importa eso? No hemos venido á Cádiar ciertamente á divertirnos. + +--¿Pero qué hacemos aquí, á estas horas y en tales circunstancias, señor +Godinez? + +--¿No habeis venido á ver esta noche, como teníamos concertado, á doña +Elvira de Céspedes? + +--Sí. + +--¿No la habeis dicho que su hijo Aben-Humeya os conoce, y que veniais á +ampararos de ella? + +--Sí. + +--¿No la habeis dicho ademas, como tambien convinimos, que venia con vos +un amigo que igualmente necesitaba del amparo de Aben-Humeya? + +--Si. + +--¿Y no habeis venido á buscarme? + +--Ciertamente. + +--Ahora bien, la entrada de los monfíes nos ha hecho ampararnos de lo +apartado y oscuro de esta calleja; pero ahora que los monfíes estan allá +dentro, y por lo que se vé, bien entretenidos, podemos y debemos ir á +casa de doña Elvira. + +--Es que yo no he estado nunca en Cádiar: valíme de las señas que me +dísteis, pregunté por la calle donde vive doña Elvira, y hallé la casa +por su mirador de madera y el farol de su imágen... pero ahora estoy +seguro de no dar con la calle. + +--Pues la tenemos bien cerca. + +--¡Ah! + +--Si, aquí á la vuelta. Venid conmigo. + +--¿Pero no oís? + +--Oigo y no oigo. Es decir, antes se oia tocar á rebato en al convento +de San Francisco, y ya no se oye: antes no se oian disparos, y ahora se +oyen descargas de arcabucería. + +--Seran los vecinos del pueblo que se defienden desde sus casas. + +--No, no; solo dispara asi la infantería española; son descargas +cerradas. + +--¿Pero qué infantería es esa? La compañía de Diego de Herrera ha sido +degollada. + +--Pero estaba en Yátor la compañía del marqués de la Guardia. + +--Pero en Yátor habran entrado los monfíes como en Cádiar, y habran +degollado á los soldados. + +--Asi es probable que haya sucedido: pero os afirmo, y no me engaño, que +tenemos cerca infantería española, mucha y valiente. Esto nos favorece. + +--¿Qué nos favorece? + +--Ya vereis. No podian presentarse mejor nuestros negocios. Andad, andad +mas de prisa, que se nos va acercando el combate. He aquí que estamos en +la calle de doña Elvira. + +--Creo que os engañais. No veo el farol. + +--¿Queriais que los monfíes dejasen ardiendo una luz debajo de una +imágen? Llamad. + +--¿Dónde? + +--Estamos á la puerta de doña Elvira. + +--¡Ah! ¿esta es la casa? + +--Esta es. + +Cisneros buscó el llamador de la puerta, y dió tres golpes. + +Vióse poco despues luz por las rendijas y una voz de vieja dijo desde +adentro: + +--¿Quién sois? + +--Vuestra señora me espera, contestó el comediante. + +--¿Sois el hidalgo que vino esta noche? + +--Yo soy. + +--¿Venís solo? + +--No, viene conmigo un amigo. + +--Abrid, abrid, dijo con precipitacion otra voz de mujer mas fresca y +mas sonora. + +Abrióse la puerta y entraron Laurenti y Cisneros. + +--Y á tiempo ha sido, dijo este: entrad, entrad con esa luz, señora, que +tenemos el combate ya en la calle. + +La vieja, una dama hermosa, vestida de negro que estaba en la segunda +puerta del zaguan, y Cisneros y Laurenti desaparecieron en el interior. + +Entre tanto el fuego de la mosquetería redoblaba, oíase entre él el +crugir de las ballestas y el silbar de las jaras, y alguno que otro +grito de un hombre herido. + +Veamos lo que pasaba en la villa. + +Debemos retroceder: mientras tenian lugar los terribles acontecimientos +de la iglesia, otros no menos terribles tenian lugar en el convento de +San Francisco: por mas que los frailes se habian defendido, por mas que +habian tocado á rebato; incendiado el convento, incendiada la torre de +la iglesia, último refugio á donde aquellos desdichados se habian +acogido, se habian visto obligados á rendirse; mas ceñido que el Ferih á +las órdenes del emir, el wali que mandaba á los monfíes que habian +asaltado el convento, dejó libres á las mujeres, á los niños y á los +viejos que á él se habian refugiado y solo degolló á los frailes y á los +hombres robustos. + +Despues de esto penetraron en el convento entre las llamas, tomaron los +vasos sagrados y los ornamentos y fueron á depositarlos en la plaza. + +En seguida empezaron el saqueo por las casas una parte de los monfíes, y +otra se fué á combatir la torre de la iglesia donde estaban refugiados +el beneficiado Ribera, maese Barbillo y algunos alguaciles, soldados, +vecinos y mujeres. + +Aquellos infelices se encontraban apurando desde hacia mucho tiempo una +agonía horrible: oian á sus piés los gemidos de los que eran asesinados +en la iglesia, veian recorrer las calles monfíes con antorchas, +penetrando en las casas; matando cristianos, saqueando y arrojando á un +tiempo por las ventanas los cadáveres y los objetos robados: veian +ardiendo el convento de San Francisco y lo que mas les aterraba era el +notar que la campana de los frailes habia cesado de tocar á rebato. + +Ellos por lo mismo, redoblaron su toque de una manera desesperada: al +principio solo habian tañido la campana mayor; despues asociaron á ella +otra campana: por último, hasta los esquilones se pusieron en +movimiento. + +--¿Habeis cortado las escaleras de la torre, Barbillo? decia lleno de +angustia el beneficiado. + +--Si señor, contestaba repicando á dos manos Barbillo. + +--¿No pueden subir? + +--No señor, como no pongan escala, y para eso les arrojaremos los +ladrillos que hemos arrancado del suelo y cuando estos falten los +esquilones... + +--Nos pondran fuego, exclamó llorando de terror el beneficiado. + +Barbillo siguió repicando. + +--¿Qué habrá sido de la pobre Mariblanca? añadió Juan de Ribera. + +Barbillo soltó un bufido, y apretó con entrambas manos las cuerdas de +ambos badajos. + +--¡Ay señor beneficiado, exclamó una pobre mujer! ¡Mire vuesamerced; +mire por allá: por la parte de Yátor se ven antorchas! + +--Y son soldados del rey, exclamó un muchacho. + +--¿Soldados del rey has dicho, hijo? exclamó Juan de Ribera, +avalanzándose al arco de campana que miraba á Yátor. + +--Yo no veo mas que las luces. + +--Pues yo si, yo veo muy bien los coletos de gamuza y los capacetes de +los soldados, dijo una jóven. ¡Oh, Dios mio! vendran á socorrernos. + +--Es la compañía del señor marqués de la Guardia, exclamó con alegría +Barbillo: veo tendida su bandera blanca, con su cruz de bastos rojos. + +--Muy alegre os habeis puesto, maese. + +--¡Si son ciento y cuarenta demonios, y el marqués de la Guardia un +leon, y el teniente Belorado un toro, y el alférez Cordavias un lobo! +¡ah, señores monfíes, paréceme que vais á dar con la horma de vuestro +zapato! + +--¿Pero vendran aquí? + +--¡Pues no han de venir! vedlos que suben por el repecho. + +--Pero no estarian en Yátor, porque si hubieran estado allí no hubieran +podido atravesar la rambla ni los barrancos, dijo el beneficiado. + +--Habran subido á la sierra y habran pasado por el puerto. + +--Pues entonces traen seis leguas en el cuerpo, vendran rendidos, +exclamó con desaliento el beneficiado. + +--¡Pero calla! exclamó Barbillo, han apagado las antorchas; encima los +tenemos. ¡Ah valientes! + +Y se tiró con el furor del miedo á las campanas. + +En aquel momento una jara que penetró por el arco se le clavó en la +frente y cayó de espaldas. + +Levantóse un alarido de terror entre los prisioneros de la torre. + +Otra jara hizo sonar de una manera aguda una campana y otra y otra y +otra siguieron entrando por los arcos. + +Toda aquella pobre gente se arrodilló. + +Solo siguió tocando á rebato la campana mayor, cuyo badajo ponian en +movimiento los prisioneros tirando desde el suelo, de su cuerda. + +Pero de improviso un nuevo incidente vino á centuplicar su terror. + +Un humo espeso y acre empezó á penetrar por los arcos de las campanas. + +Los monfíes habian puesto fuego á la torre. + +Sin embargo, entre aquel torbellino de humo y de llamas la campana +seguia tocando apresuradamente á rebato. + +Allá en los extremos de la villa y en el centro ardían tambien algunas +casas de cristianos. + +No tardaron en oirse en las entradas del pueblo disparos de arcabucería. + +Entonces fue cuando Yaye, Aben-Aboo, Aben-Humeya, Aben-Jahuar y el +Ferih, salieron de la iglesia con los monfíes. + +Al salir á la plaza desembocaba en ella á la carrera una manga de +arcabucería, en medio de la cual flotaba la bandera blanca con la cruz +de bastos rojos que habia visto desde la torre el difunto Barbillo. + +Al frente de la manga y armado con una pica corta, venia un caballero +jóven, con el rostro pálido y la mirada chispeante é iracunda, que +apenas vió á los monfíes mandó hacer fuego con voz ronca á sus soldados. + +Aquel caballero era el marqués de la Guardia. + +Brillaron primero las mechas sopladas por los soldados y poco despues se +vió un relámpago y se escuchó una detonacion uniforme: algunos monfíes +cayeron por tierra: á la descarga de la mosquetería española contestó +una descarga de la ballestería de la montaña. + +Algunos soldados cayeron tambien. + +Una segunda descarga de los soldados diezmó de nuevo á los monfíes. + +--¡Es el marqués de la Guardia! exclamó con rabia Aben-Aboo. + +--¡El marqués de la Guardia! exclamó con terror el emir. ¿Qué es esto, +Dios mio? + +--Hierro en mano y á degüello, gritó con voz tonante Aben-Aboo á los +monfíes, lanzándose el primero alfanje en mano sobre los soldados. + +--¡Ah! dijo el marqués de la Guardia con una alegría insensata, +horrible: ¡te me vienes á las manos, asesino! ¡á mí, camaradas! los +arcabuces bajo el brazo izquierdo y fuera las espadas: ¡á ellos! +¡Santiago y cierra España! + +Pero de repente los monfíes se detuvieron cortados: por otra avenida de +la plaza habia aparecido el teniente Cristóval de Belorado, y los barria +enfilándolos con las descargas de sus arcabuceros. + +Casi al mismo tiempo el sargento Gaspar de Aponte desembocaba por otro +punto y los heria por la espalda. + +Los monfíes acorralados entre tres fuegos, se arrojaron en tropel por +una salida de la plaza que quedaba descubierta, obligando á que los +siguiesen á Yaye, Aben-Humeya, Aben-Aboo y Aben-Jahuar. + +--¿A dónde va vuestra señoría? exclamó el teniente Cristóval de +Belorado, atravesándole al marqués de la Guardia que se habia puesto en +seguimiento de los monfíes. + +--¡Huyen! + +--No huyen: desembarazan un lugar en que se han encontrado acorralados +por sorpresa; pero dentro de poco cargaran sobre nosotros á centenares. +¡A cubrir las calles! gritó inmediatamente el viejo soldado. + +--¡Es verdad! dijo suspirando el marqués: mandad barrear las calles: +primero es nuestra obligacion como nobles y castellanos: sacad todos los +muebles y colchones que encontreis en las casas: ¿tenemos bastante +pólvora? + +--Nos hemos traido cargadas cuatro acémilas. + +--Destinad veinte hombres que apaguen el incendio de la iglesia: ola +¿qué haceis, alférez Cordavias? id cubriendo: sargento Aponte, vivo; +haced abrir las casas y barread aprisa. Recoged nuestros heridos y +rematad á esos perros monfíes. ¡Ah! primero es nuestra obligacion como +cristianos y caballeros. + +Y se puso á pasear por la plaza, con la pica debajo del brazo y con una +distraccion espantosa, murmurando monosílabos y lanzando de tiempo en +tiempo un horroroso juramento. + +En un momento las calles que daban á la plaza estuvieron cubiertas y +barreadas; esto es, cortadas con altas barricadas; muchos de los +cristianos que vivian en la plaza y que habian estado escondidos, +salieron con sus escopetas, y unos veinte soldados de la compañía de +Diego de Herrera que se habian salvado en la torre descolgándose con una +cuerda, fueron armados con los arcabuces de los soldados que habian sido +muertos ó heridos en la sorpresa de la plaza. + +--¿Pero dónde está el señor beneficiado? decian algunas mujeres que +habian salido de la torre. + +--¡El beneficiado! dijo uno de los de la compañia de Diego de Herrera: +no ha tenido valor para descolgarse por la cuerda como nosotros y se ha +quedado en la torre. + +--¡Cómo! ¡el beneficiado de Cádiar! exclamó el marqués de la Guardia; +¡el que me casó esta tarde!... ¡Ah! Diez hombres conmigo! + +Pero cuando llegaron al pié de la torre, les detuvo un espectáculo +horrible. + +La torre, que se habia incendiado por el centro, arrojaba por los arcos +de sus campanas torbellinos de fuego: por la parte que miraba á la +plaza, un hombre asido á una cuerda se contraia, se izaba, luchaba, daba +gritos, pero no descendia; estaba aferrado á la cuerda con el terror de +la muerte. + +En vano le gritaban los soldados que se dejase resvalar. + +Aquel hombre no les oia. + +Viósele agotar sus fuerzas en conatos desesperados, extenderse al fin, +quedar un momento pendiente de los brazos, y caer luego desde la altura +dando vueltas. + +--¡Es el beneficiado! gritaron las mujeres. + +--¡Está muerto! dijo un soldado. + +El marqués de la Guardia se separó de aquel lugar, y se puso á pasear de +nuevo á lo largo de la plaza. + +Entre tanto seguian los preparativos de defensa: muy pronto todas las +avenidas de la plaza estaban perfectamente cubiertas, todas las calles +que de ellas nacian, cortadas. Solo con un largo sitio y por hambre, +podian rendir los monfíes á los castellanos, y era de esperar que el +capitan general enviase pronto socorro. + +Cuando todo estuvo preparado, distribuidos los centinelas, apagado el +incendio de la iglesia, se esperó en vano la acometida de los monfíes: +el mas profundo silencio reinaba en la villa. + +--¿Qué hacemos aquí? dijo el marqués de la Guardia, volviéndose +bruscamente á Cristóval de Belorado: ¿nos vamos á quedar esperando al +Mesías? los enemigos se han marchado. + +--Los moros son mala gente, señor marqués, dijo Belorado: callan, pero +no se fie usia de su silencio: han huido, pero no se fie usía de su +fuga: saben que somos pocos, y quieren que nos extendamos en la villa. +Como estamos, estamos bien. + +--Os digo que los moros se han retirado. + +--Como guste usía, pero. + +--¡Señor Cristóval de Belorado! ¿Sereis acaso vos el capitan de la +compañía, y estaré yo acaso faltando á mi obligacion disputando con vos? + +Callóse el teniente. + +--Tomad veinte hombres y reconoced. + +El marqués volvió la espalda al teniente y siguió paseando. + +--El capitan está loco, dijo Belorado, y su locura nos va á costar el +pellejo; pero ¿qué hemos de hacer? lo manda; desobedecer ó cumplir mal +su mandato, seria una cobardía: ¡Hola sargento Aponte! escoged veinte +hombres, y conmigo. + +--¿A dónde vamos, señor Cristóval de Belorado? dijo el sargento. + +--¡Eh! ¿y qué os importa á vos? ¿Teneis miedo? + +El sargento se calló ante el teniente, como el teniente se habia callado +ante el capitan. + +--¡Ah, de la primera escuadra! gritó. + +Formáronse inmediatamente en tres filas unos treinta hombres; el +sargento hizo adelantar los hombres de las dos primeras filas, envió á +los diez restantes á sus puestos, y fijó una mirada terrible en los +veinte hombres que se habian quedado. + +Algunos de ellos murmuraban. + +--¡Eh! ¿Qué dices tú, Gil Perez? ¿y tú Pedro Donoso? ¿y tú, Chirlo del +diablo? ¡eh! ¿teneis miedo, vergantes? ¡silencio y firmes! ¡ó voto á!... + +Y la soltó redondo, arrimando al mismo tiempo á los soldados algunos +golpes con el asta de su alabarda. + +El sargento se vengaba en los soldados de las palabras del teniente, +como el teniente se habia vengado en el sargento del exabrupto del +capitan: pero hay que notar que aquella venganza aumentaba á medida que +descendia. + +Los soldados no podian desagraviarse con nadie, porque la venganza habia +dado fondo en ellos. + +El sargento dió parte á Belorado de que la gente estaba dispuesta, y +Belorado se adelantó hácia ellos, y les dijo apoyado en su pica: + +--Muchachos: vamos á hacer un reconocimiento sobre los enemigos: esto +quiere decir que sopleis las cuerdas para que den pronto fuego. El lance +es apretadillo y se os ha buscado para él, á vosotros, que por valientes +marchábais en la vanguardia de la companía: ¡cuerpo de Dios! todos +habeis estado en Flandes, y ya sabeis á lo que sabe el hierro: ¡voto +á... que el que se me vuelva atrás un paso, se encuentra con la punta de +mi pica! ¡Treinta legiones! debeis ser valientes porque sois soldados, +y... ¡fuego y rayos! acordaos de que estos moriscos son muy ricos y de +que podemos encontrar al paso alguna cosa. Con que no os digo mas. Id +adonde yo vaya... y en marcha, hijos, en marcha. + +Y el teniente, con el sargento y los veinte hombres salió por el claro +de una barricada. + +--¡Una valiente espada que perdemos, y veinte y un leones, que van á +quedar tendidos á oscuras, y miserablemente! dijo el alferez Cordavias, +que estaba apoyado en su bandera, al aposentador de la compañía. + +--Pero yo no entiendo esto, dijo el aposentador: á nosotros nos habia +relevado la compañía de Diego de Herrera, estábamos en Yator y de él no +debiamos de habernos movido: el marqués parece dominado por algo +terrible: vamos, no lo comprendo: ¿y á qué enviar á Belorado con esa +gente? + +--Yo no sé, yo no sé lo que le pasa al marqués, amigo Macías: todos le +creiamos en Granada, cuando he aquí que se presenta en la posada de +Belorado... yo estaba con él, y con dos buenas mozas.--Que se vayan esas +mujeres, dijo el marqués. + +Por mas que nos extrañase esta salida tan descortés, porque al fin, si +él es título de Castilla no es mas hidalgo que nosotros, venia de tal +manera que nos causó espanto: venia con la cabeza descubierta, con el +semblante desencajado: mojado de piés á cabeza; mas que mojado, cubierto +de lodo; miraba en torno suyo de una manera insensata, y arrojaba llamas +por los ojos. ¿Veís que es buen mozo y buena cara? pues daba miedo: +cuando salieron las mujeres dijo á Belorado.--Dadme vestidos y vos +Cordavias, haced que los trompetas toquen llamada de infantes, y á la +plaza con la gente. + +Yo salí: algunos minutos despues, y antes de que hubiese acudido toda la +compañía, vi venir al capitan vestido con otras ropas, y con una coraza +limpia al lado del teniente, ¿y no habeis reparado? trae sobre la coraza +una cadena de oro, y pendiente de la cadena una rica joya. + +--Si, si; ya lo he visto, y no sé á qué vienen esas galas: sobre todo +cuando hace una noche tan oscura, y cuando es mas fácil encontrar un +arcabuzazo que un galanteo. + +--Yo tampoco lo entiendo: ni sé si el capitan ha cumplido con su +obligacion abandonando á Yátor y trayéndonos á Cádiar, con tres leguas +en el cuerpo y enlodados hasta la cintura. + +--En Yátor debe de haber habido tambien jarana. + +--Esto se estaba esperando de un momento á otro, y creo, Dios me +perdone, que tenemos faena para algun tiempo. + +--¿Creeis que esto sea una guerra? + +--Creo que nosotros somos los primeros soldados del rey que han +disparado en esta guerra los arcabuces. + +--¡Bah! ¡Diego de Herrera!... + +--En la iglesia hay algunos soldados muertos de su compañía: sin armas, +con todas las señas de haber sido sorprendidos: juraria á que esos +perros los han degollado en sus mismas casas. + +--Todo pudiera ser: pero noto una cosa singular. + +--¿Qué? + +--Ya sabeis que Cristóval de Belorado es hombre capaz de meterse en el +infierno, antes de que uno solo de sus soldados pueda decir que se ha +parado ante el peligro. De seguro se ha metido por las calles de la +villa y reconocido en regla y como Dios manda. + +--¿Y qué encontrais de extraño en eso? + +--Que no se oye un solo arcabuzazo. + +--Eso no quiere decir mas sino que á los monfíes les gusta mas el campo +que las calles, y que han cercado la villa. + +--Belorado ha tenido ya tìempo para salir de la villa y habrá salido: á +lo menos habrá mandado internarse en las quebraduras inmediatas algunos +hombres, y nada, nada se oye. Los moros se han retirado de Cádiar. + +--Vayan con Dios: á enemigo que huye... + +--¡Alférez! dijo el capitan desde el centro de la plaza. + +Se echó el alférez la bandera al hombro, y se dirigió al capitan. + +--Dejad una escuadra de guardia y con la demás gente reconoced los +muertos que hay en la iglesia y en la plaza. + +El alférez obedeció. + +--Es extraña la confianza que tiene el capitan, dijo volviendo junto al +aposentador. No parece sino que está seguro de que los monfíes se han +retirado. + +--Pues no lo entiendo, dijo Macías. + +--Ni yo tampoco. ¡Ola sargento Astudillo! quedaos de guardia con vuestra +escuadra en la plaza! + +--Muy bien, mi alférez. + +--Poned en cada bocacalle un centinela. + +--Muy bien. + +--Y decid á los sargentos de las otras tres escuadras que formen la +gente. + +El resto de la compañía, que no habia ido á reconocer ni quedaba de +guardia, se encontraba poco despues en la iglesia, reconociendo los +cadáveres. + +La mayor parte de las velas se habian apagado, pero aun quedaban muchas +ardiendo. + +La iglesia exhalaba un insoportable olor á sangre fresca. + +Los soldados revolvian los cadáveres y los amontonaban. + +Cuando encontraban una mujer, la arrancaban las arracadas, y si las +orejas resistan se las abrian con las dagas: no perdonaban joya ni suma +que hallaban ni dejaban de registrar la bolsa á un solo muerto. + +Y en aquella ocupacion ni parecian sentir el olor de la sangre, ni el +horror que naturalmente inspiran cadáveres despedazados. + +Eran dignos míembros de aquella famosa infantería española compuesta de +vagos y aventureros, á la cual para que tomasen una plaza al asalto, no +habia necesidad de hablarles de la gloria que podian alcanzar, sino de +las horas que se les concedian de saqueo y licencia, una vez tomado el +castillo ó la ciudad sobre la que los arrojaban como una tromba de +exterminio. + +Encontráronse mas de cien cadáveres, entre ellos el corregidor, algunos +alguaciles, algunos soldados, mas de treinta mujeres, algunos niños, y +como sabemos el del inquisidor Medrano, el del beneficiado Juan de +Ribera, el de maese Barbillo, y el de Hurtado do Campo. + +Despues de este reconocimiento se reconocieron las casas de la plaza, y +en ellas, desiertas todas porque los moriscos habian escapado con los +monfíes, se encontraron soldados asesinados en sus lechos, y en la del +beneficiado Juan de Ribera, el capitan Diego de Herrera, cosido á +puñaladas bajo una mesa servida. + +Los primeros soldados que entraron allí, al ver los manjares los +devoraron: poco despues dos soldados que habian comido de las setas +preparadas por Mariblanca murieron en medio de las mas horrorosas +convulsiones. + +Al amanecer volvió de su reconocimiento el teniente Cristóval de +Belorado. + +--Señor marqués, dijo: los monfíes se han retirado enteramente. + +--Ya lo sabia yo, dijo el marqués de la Guardia: ahora, añadió, que ya +es claro, poned guardias en la atalaya y en la torre de la iglesia: +haced que los demás que hayan quedado recojan los muertos y los +entierren, y aposentad la compañia. + +Dicho esto, el marqués fue á aposentarse en la vecina casa de Juan de +Ribera, escribió un largo parte al capitan general de Granada, y le +envió con un correo. + + + + +CAPITULO XXIX. + + De lo que aconteció aquella misma noche en Granada. + + +Farax-Aben-Farax, con seis mil monfíes, habia emprendido aquella tarde, +cumpliendo la órden del emir, su marcha sobre Granada. + +Pero estaban tan difíciles los pasos de la sierra, que para llegar á la +media noche se vió obligado á elegir los mas prácticos en el terreno, +los mas hábiles y los mas fuertes y con solo trescientos hombres tomó á +buen paso el camino de la ciudad. + +Pero no llegó tan pronto que no pasase con mucho la hora de la media +noche, y las gentes de la ciudad tuvieron tiempo para ir á las iglesias +á oir la misa del gallo, y volver tranquilamente á sus casas. + +Aunque los moriscos del Albaicin estaban prevenídos y todo lo tenian +preparado, no se atrevieron á moverse por sí solos, porque, +amedrentados, querian que se lo diesen hecho todo los monfíes. + +Por otra parte la tardanza de estos empezaba á desanimarlos. + +Contaban ademas con ocho mil moriscos del valle de Lecrin, del partido +de Orgiva y de las alquerías de la Vega, y ni un solo emisario de estos +se habia presentado. En un lugar de la sierra que se llama Cenes, debian +esperar ocultos en un cañaveral dos mil hombres, y tambien faltaron: +estos hombres mandados por los walíes de la montaña el Partal y el Nacoz +debian acometer la Alhambra, y escalar la parte que corresponde á +Generalife, para cuyo efecto se habian fabricado en los lugares de Dudar +y Quentar diez y siete escalas grandes de esparto, por cuyos anchos +travesaños de madera podían subir á un tiempo tres hombres: la longitud +de estas escalas se habia hecho con arreglo á la altura de los muros, +cuyas medidas habia dado un morisco albañil llamado maese Francisco +Aben-Edem, y los moriscos del Albaicin debian acudir con sus capitanes á +la primera señal. + +Lo que debian hacer estos capitanes era lo siguiente: + +Miguel Acis, con las gentes de las parroquias de San Cristóval, San +Gregorio el Alto y San Nicolás debia acudir á la puerta de Frex-el-Leux, +ó de Fajalanza con un estandarte de damasco carmesí con lunares de plata +y flecos de oro: Diego Niquelí, el mozo, con las gentes de San Salvador, +Santa Isabel de los Abades y San Luís, y una bandera de tafetan +amarillo, á la plaza de Bib-al-Bonut, y Miguel Mozagaz con la gente de +San Miguel, San Juan de los Reyes, y San Pedro y San Pablo, y una +bandera de damasco azul turquesado, á la puerta de Guadix. + +Lo primero que debian hacer los de esta parte, era pasar á cuchillo á +los cristianos que vivian en el Albaicín, y, dejando une guardia en +aquellos lugares, acometer despues la ciudad por tres partes, y al mismo +tiempo la fortaleza de la Alhambra. + +Los de la puerta de Frex-el-Leux, debian bajar al campo del Triunfo por +fuera de los muros, ocupar el Hospital Real, acometer la puerta de +Elvira, entrar por ella, matando á los cristianos que encontrasen, +forzar la cárcel de la Inquisicion, y soltar los moriscos presos en +ella. + +Los de la plaza de Bib-al-Banut, debian bajar por la cuesta de Alacaba, +dando por la calle de la Calderería en la cárcel de la ciudad, poniendo +libertad á los moriscos, y yendo despues á las casas del arzobispo y +procurando prenderle ó matarle. + +Los de la puerta de Guadix debian bajar por la ribera del Darro, +acometer las casas de la Audiencia Real, y prender al presidente don +Pedro de Deza, yendo despues á reunirse todos á la plaza de Bibarrambla +donde debian acudir tambien los ocho mil hombres del valle de Lecrin, +del partido de Orgiva y de la Vega. + +La ciudad debia ser entregada al degüello, al saqueo y al incendio. + +Teníase sospechas de que los moriscos tramaban algo; pero como no +hubiese un solo traidor entre ellos, ni se conocía su plan, ni se sabia +el dia de la rebelion, ni aun se creia que pudiese ser, á pesar de que +en Granada habia muy poca gente de armas y casi ningun pertrecho. + +El marqués de Mondéjar don Iñigo Lopez de Mendoza, habia escrito al +consejo del rey pidiendo hombres, y su peticion se habia desatendido +hasta tal punto, que si los moriscos llegan á poner en práctica su plan +concertado, hubiera sido horrible lo que hubiera acontecido en Granada +la Noche Buena de 1568. + +Todo consistió en esperar los unos la resolucion de los otros: Farax +Aben-Farax confiando en las gentes del Albaicin y necesitando aprovechar +el tiempo, creyó que le bastaba presentarse en el Albaicin con los +trescientos monfíes que llevaba, y tanto anduvo, que á pesar del +temporal, de lo oscuro de la noche y de lo intransitable de la sierra, +llegó á Granada á la una de la noche, y tomando de los molinos que estan +junto al rio Darro los picos y herramientas que habia de ellos, llegó á +un muro que en aquellos tiempos existia aun, y del cual solo quedan hoy +algunos restos, y abriendo con los picos un portillo que estaba tapiado +por cima de la puerta de Guadix, entró por lo alto del barrio de +Raab-Albayda, en el Albaicin, dejando veinticinco monfíes de guardia en +el portillo, y haciendo que los restantes se pusieran bonetes encarnados +y tocas blancas para parecer turcos, se fué á la casa que tenia en +Granada junto al convento de Santa Isabel de los Abades, y llamó á los +principales moriscos con quienes estaba concertado el alzamiento. + +[imagen: Harum-el-Geniz.] + +--¿Qué es esto, les dijo? acabo de entrar en la ciudad y la encuentro +tranquila, desiertas y silenciosas las calles, y hasta las rondas +metidas en sus casas. ¿Qué es lo que pensais hacer? La Alpujarra se ha +levantado, y en estos momentos los cristianos son degollados é +incendiadas sus haciendas: vosotros solos estais en silencio y +acobardados. + +Disculpáronse los llamados con que nadie les habia acudido. + +--Los ocho mil hombres que deben venir del Valle y de la Vega, dijo +Farax, y los capitanes de las parroquias del Albaicin estan prevenidos. +Pero es necesario que vosotros los ricos y los respetados les deis los +primeros el ejemplo, no mostrándoos cobardes y débiles. Que para esto he +venido yo. + +--Has venido con muy poca gente, dijo Abul-ben-Eden, y te perderás: +nosotros no queremos perdernos mas de lo que estamos. Los primeros que +nos han faltado son los monfíes. + +--¡Cómo! exclamó irritado Farax; me habeis hecho perder mi casa, mi +familia y mi hacienda, y darme á la sierra, solo por la libertad de la +patria, y ahora que llegamos al punto del combate, los que mas debiais +favorecernos y ayudarnos os echais fuera del peligro, como si hubiese +otra salvacion que la guerra, ó como si despues de lo que hemos hecho +esperasemos alcanzar perdon de los cristianos! antes debiais haberlo +pensado: pero ya que sois tan miserables y tan cobardes, yo, yo solo con +los que tengo, haré que el Albaicin se levante ó perezcais todos los que +estais en él. + +Y rugiendo en cólera se salió de su casa antes del amanecer, llevando +los trescientos monfíes en dos cuadrillas, y por la calle de +Raab-Albayda se encaminó á la plazuela que está delante de la colegiata +del Salvador, donde le dijeron que habia una guardia de seis ú ocho +soldados. + +Cuando llegaron á la plazuela los monfíes que iban delante, se +detuvieron á esperar la llegada de los otros, porque vieron un soldado +que se paseaba por la plazuela haciendo centinela, y cuando sintió el +ruido de los pasos de los monfíes que subian por Raab-Albayda, creyendo +que era la ronda del corregidor, se fué hácia los monfíes con la mano +puesta en la espada y echándola de valiente y cuando estaba cerca de +ellos les dió el ¿quién vive? + +La contestacion de los monfíes fue disparar sobre él las ballestas que +llevaban armadas, hiriéndole en un muslo. + +El soldado dió á huir hácia el lugar donde sus compañeros dormian +descuidadamente alrededor de una hoguera, y empezó á dar gritos y á +llamar al arma. + +Los monfíes cargaron sobre los soldados, que aturdidos con el sueño, no +pudieron levantarse tan pronto que no dejasen dos hombres muertos, +llevando consigo otros dos heridos. + +Siguiéronlos los monfíes por unas callejuelas estrechas hasta la plaza +de Bib-al-Bonut, donde en aquellos tiempos estaba el convento de los +Jesuitas: llamaron é insultaron al jesuita Albotodo, que era morisco, y +no pudiendo forzar la puerta que era muy fuerte, arrancaron una cruz de +madera que estaba clavada sobre ella y la hicieron pedazos. + +La otra cuadrilla de monfíes, capitaneada por el walí Nacoz, tomó desde +la plazuela del Salvador á la derecha, llegó á la Plaza Larga, derribó +la puerta de una botica que era de un familiar del Santo Oficio, llamado +Diego de Madrid, y no habiéndole encontrado dentro, le robaron é +hicieron pedazos botes, redomas, armarios, cuanto encontraron, y luego +pasaron el portillo de San Nicolás, situado junto á la puerta mas +antigua de la alcazaba Cadima, y saliendo á la plazuela de la iglesia, +desde donde se ve enteramente la Alhambra, el barrio del Hajeriz y gran +parte de la ciudad, empezaron á tocar la zambra con sus dulzainas y +atabalejos, y á decir á grandes voces: + +--No hay mas Dios que Dios y Mahoma su mensajero: todos los moros que +quisieren vengar las injurias que los cristianos han hecho á sus +personas y ley, vénganse á juntar con estas banderas, porque el rey de +Argel y el Xerife, á quien Dios ensalce, nos favorecen y nos han enviado +toda esta gente, y la que nos está aguardando allí arriba. Ea, ea, +venid, venid, que ya es llegada nuestra hora y toda la tierra de los +moros está levantada[26]. + +Los cristianos escucharon aterrados este pregon, porque temian lo que no +sucedió: esto es: que se levantanse los moriscos del Albaicin: en vano +Farax-Aben-Farax y Nacoz y el Niqueli, repitieron sus pregones: ni un +solo morisco salió á la calle. + +Entre tanto las campanas de la Colegiata del Salvador tocaban +apresuradamente á rebato, y empezaba á extenderse este toque á las +torres de las demás parroquias. + +Desesperado Farax, y viendo que ya amanecia, que nadie le ayudaba, y que +no llegaba el grueso de los monfíes, se decidió á abandonar la ciudad. + +Al pasar ya en retirada con sus dos cuadrillas por la calle de los +Panaderos, se abrió una ventana y apareció un viejo. + +--¿Cuantos sois? preguntó á Farax. + +--Seis mil contestó, el alguacil mayor del reino. + +--Venís pocos y venís tarde; exclamó el viejo con desprecio, y cerró la +ventana. + +Salióse ya enteramente desesperado Farax por el portillo por donde habia +penetrado en el Albaicin, y antes de retirarse definitivamente quiso +probar el último recurso, y subiendo al cerro de San Miguel hizo dar +desde su cumbre otro pregon, y como nadie le contestase tampoco, gritó +con todas sus fuerzas como si hubiera querido que le oyesen todos los +moriscos del Albaicin: + +--¡Perros! ¡traidores! ¡cobardes! ¡que nos habeis engañado y no cumplis +lo prometido! ¡quedaos en paz! ¡pero yo os juro que si vuelvo será para +degollaros lo mismo que á los cristianos! + +Y seguidamente, rugiendo como un leon herido, se precipitó con sus +trescientos monfíes por la ladera del cerro, y subiendo por el rio Darro +tomó el camino del lugar de Cenes. + +Solo Dios sabe lo que hubiera acontecido aquella noche, si los moriscos +del Albaicin se hubiesen levantado á la voz de Farax, ó si hubiesen +llegado los restantes monfíes, que á causa de la nieve no pudieron +atravesar la sierra. + + + + +CAPITULO XXX. + + Complemento del anterior. + + +Entre tanto los soldados que habian huido de la plazuela del Salvador, +donde como dijimos estaban de guardia, fueron á avisar á Bartolomé de +Santa María, uno de los alguaciles encargados por el presidente Deza de +rondar el Albaicin. Por el camino los soldados habian ido llamando á +grandes voces al arma; mas estaban los vecinos tan descuidados, que +creyendo que fuese burla, se asomaban á las ventanas gritándoles que +callasen, y creyéndolos borrachos. Otros vecinos, salieron á medio +vestir, asombrados, soplando las mechas de los arcabuces, y no sabiendo +qué hacer ni adonde ir. + +Llegados, pues, el alguacil, los soldados y algunos vecinos á las casas +de la Chancilleria, dieron parte de lo que sucedia al presidente Deza, +aunque de una manera confusa é incompleta, porque el miedo que antes no +les habia dejado ver, no les dejaba entonces hablar. El presidente hizo +avisar al corregidor y al marqués de Mondéjar, y mandó al Albaicin al +alguacil Santa María, para que se enterase bien del hecho y volviese á +noticiárselo. Entre tanto el soldado que fue á avisar al marqués de +Mondéjar estuvo detenido mucho tiempo en las puertas de la Alhambra, que +no quisieron abrir, hasta que lo mandó el conde de Tendilla que andaba +rondando por los adarves, y habia ya oido desde ellos la zambra y las +voces de los monfíes en el Albaicin. + +El soldado le informó de todo, y el conde de Tendilla le llevó al +aposento de su padre el marqués de Mondéjar, que no queria creer lo que +le decian, hasta que afirmándole su hijo que habia escuchado +instrumentos moriscos en el Albaicin, y el soldado que habia visto +hombres vestidos y tocados como turcos, saltó del lecho, se armó y mandó +que la gente de la fortaleza se pusiese en armas. + +Pero se encontró con que solo tenia ciento cincuenta infantes y +cincuenta caballos: gente que no bastaba para defender el castillo, +cuanto mas para sacarla de él. Tanto mas no sabiéndose el número de los +enemigos, que podian ser muchos, puesto que solo en el Albaicin podian +tomar las armas diez mil moriscos: en la ciudad habia muy poca gente +bien armada de que poder disponer, y lo estrecho, peniente y tortuoso +de sus calles favorecia á los moriscos para la defensa. + +Resolvióse por eso á no dejar la Alhambra hasta que amaneciese, y +habiendo sabido que el alguacil que fué á reconocer el Albaicin no habia +encontrado rastro de moro, ni mas que algunos vecinos asustados, mandó +que las campanas cesasen de tocar á rebato y que subiesen algunas rondas +para asegurar el Albaicin, no fuese que con el pretexto del alboroto, +saqueara la gente de mal vivir las casas de los moriscos. + +El corregidor por su parte apenas recibió el primer aviso, montó á +caballo y con algunos caballeros que se le presentaron armados, fué á +situarse en la Plaza Nueva, delante del palacio de la Chancillería, +donde recogió la gente que bajaba desbandada del Albaicin, y allí estuvo +quieto hasta que amaneció, temeroso que el lance siguiese mas adelante. + +Habian encontrado los que fueron á reconocer el Albaicin el portillo +abierto por los monfíes, y junto á él las herramientas de que se habian +servido y un saco lleno de bonetes turcos: cuando fue de dia el marqués +de Mondéjar dejó la Alhambra y bajó á la Plaza Nueva con don Alonso de +Cárdenas, su yerno y sus hijos el conde de Tendilla y don Francisco de +Mendoza, reuniéndosele en la Plaza Nueva los marqueses de Villena y +Villanueva, el conde de Miranda y otros muchos caballeros que se +encontraban en Granada siguiendo pleitos y otros muchos escuderos y +gentes de guerra, que habian acudido temerosos de lo que aquello pudiese +ser. + +En aquellos momentos un traginero dijo al marqués de Mondéjar, que habia +encontrado á los monfíes caminando con dos banderas tendidas por detrás +del cerro del Sol hácia el lugar de Casa Gallinas. + +Alborotáronse con estas noticias los que estaban con el capitan general, +y quisieron marchar tras los monfíes. Pero el marqués de Mondéjar no lo +consintió á causa de que era mas importante la seguridad de la ciudad, y +de no saberse el número de los enemigos. + +Limitóse á enviar un escudero suyo con alguna gente á reconocerlos, y él +con treinta caballos, cuarenta arcabuceros y los alabarderos de su +guardia, subió al Albaicin; atravesó por medio de él sin encontrar una +sola persona, porque los moriscos estaban encerrados y prevenidos en sus +casas temerosos de ser robados: y llegando á la plazuela del Salvador, +preguntó á algunos cristianos que se encontraban en ella, por qué no se +veian moriscos por las calles y le respondieron que se habian retirado á +sus casas. + +Entonces mandó á Jorge de Baeza que llamase á los principales de ellos y +venidos y habiendo protestado que ellos no tenian culpa alguna de lo que +habia sucedido, y que eran buenos y leales vasallos del rey, el marqués +les respondió: que puesto se habian mostrado tales no acudiendo al +llamamiento de los monfíes, continuasen en su lealtad, y que contasen +con su amparo. + +Afectaron quedar muy contentos los moriscos, bajó á la plaza Nueva el +capitan general, y como ya era bien entrado el dia se resolvió dar sobre +los monfíes, y salieron cuando los que habian salido á reconocerlos +trajeron noticia del camino que llevaban. + +Los monfíes seguian entre tanto su camino hácia la sierra y sin +detenerse en los lugares de Dudar y Quentar pasaron por ellos y bajaron +á Cenes, donde se detuvieron á almorzar, y habiendo sido avisados que el +capitan general de Granada, se les venia encima tomaron de nuevo el +camino por la falda de Sierra Nevada hácia el lugar de Dilar. + +El marqués de Mondéjar tomó por cima de Huetor hácia Dilar, y al llegar +al campo de Gueni los caballos de vanguardia, descubrieron á los moros +que iban ya embreñándose en la sierra. + +Don Alonso de Cárdenas apretó las espuelas á su caballo, y seguido de +algunos ginetes, se puso en demanda de los monfíes creyendo poder +alcanzarlos antes que se embreñasen; pero se lo impidió una cuesta muy +agria que hay en el barranco del rio de Dilar, y tardaron tanto en subir +y bajar, que los monfíes tuvieron tiempo de posesionarse de un cerro +alto y muy áspero que se levanta á la derecha del pueblo, y poniendo las +banderas en medio, empezaron á jugar sobre los del marqués las ballestas +y los arcabuces. + +Mataron algunos soldados, pusiéronse en respeto á los demás, obligaron +al marqués de Mondéjar á no pasar adelante, y luego tomaron lo áspero de +la sierra, donde no podian subir los caballos, y burlando al marqués de +Mondéjar, bajaron al valle de Lecrin, le sublevaron diciendo que dejaban +alborotada á Granada, y se entregaron respecto á los cristianos que +vivian en los pueblos del valle, á las mismas atrocidades que habian +ensangrentado á Cádiar. + +El marqués mandó tocar á recoger, y cuando tuvo la gente formada; cuando +vió que por su poco número se veia obligado á volver á la ciudad, tomó +el camino de ella murmurando para su celada: + +--Los del consejo de Su Magestad creen que aqui no necesitamos ni +hombres ni dinero, y si este descuido dura, Granada se perderá. + +En medio del camino le detuvo un soldado que traía para él una carta: +aquella carta era del marqués de la Guardia, en que le daba cuenta de +los terribles sucesos de Cádiar. + + + + +CAPITULO XXXI. + + De cómo supo Yaye que su mala estrella se le hacia cada vez mas + enemiga. + + +Volvamos al marqués de la Guardia en el punto en que despues de haber +escrito su carta para el capitan general se habia quedado solo. + +Era poco despues del amanecer. + +El marqués estaba en un estado de exaltacion terrible. + +Estaba loco. + +Solo se le oia murmurar. + +--¡Esperanza! ¡Mi Esperanza! ¡Mi hija! + +Y despues de murmurar estas palabras revolvia en torno suyo su mirada +ensangrentada y furiosa. + +Abrióse la puerta del aposento, y un soldado le entregó una carta. + +Aquella carta decia: + +--«Caballero: ignoro por qué razon os he encontrado al frente de vuestra +compañía en Cádiar, cuando es creia al lado de mi hija. Tengo derecho á +que me satisfagais, y os mando que vengais á encontrarme, siguiendo al +hombre que os llevará esta carta.--El emir de los monfíes.» + +--¿Dónde está el hombre que ha traido esta carta? dijo el marqués, +guardándosela en el bolsillo. + +--Espera en el zaguan, señor, contestó el soldado. + +--Hacedle entrar. + +Entró un hombre de aspecto al parecer humilde, y miserable y pobremente +vestido. + +El marqués se quedó solo con él. + +--¿Sabes quién te envia? dijo el marqués. + +Irguióse el mendigo. + +--Soy wali del poderoso emir de los monfíes, contestó: y me llamo +Suleiman. + +--¿Y te atreves á decírmelo? + +--Si: tú eres tambien monfí. + +--¡Yo! + +--Si, tú: tú eres monfí, eres traidor. + +El marqués echó mano á su espada. + +--Sí, dijo Suleiman, sin inmutarse por el movimiento amenazador del +marqués: eres monfí, porque eres esposo de la sultana Amina; y eres +traidor, porque ayudas á los cristianos. + +--¡La sultana Amina! exclamó con acento rugiente el marqués: ¡sabes tú +lo que ha sido de la sultana Amina! ¡sabes si está muerta ó viva... ó +tal vez peor que muerta! + +Palideció profundamente Suleiman, y asió con furor un brazo del marqués. + +--¿Te habrás atrevido, perro cristiano?... exclamó. + +--Me la han robado, gritó el marqués, lanzando de sí á Suleiman, y con +ella me han robado á mi hija. + +--¡Que te han robado á la sultana Amina! ¿y quién, quién? gritó +Suleiman, sin temor de ser oido: ¿sabes tú lo que hará contigo el emir, +sino le das cuenta de su hija, aunque te ocultes en medio de los +escuadrones del rey de España? + +--¿Dónde está Aben-Aboo? + +--¡Aben-Aboo! ¡el compañero en el mando del emir! exclamó con extrañeza +Suleiman, porque no sabia á dónde el marqués iba á parar. + +--¡Llévame, llévame á donde esté el emir! dijo el marqués: á él solo +daré cuenta de lo que ha sucedido; llévame á donde esté el emir, y nada +temas. + +--Yo nada temo, replicó Suleiman, pero puesto que obedeces á nuestro +comun señor, sígueme. + +Calóse el marqués su morrion de hierro, envolvióse en una capa que le +habian prestado, y siguió á Suleiman. + +En cuanto este estuvo fuera de la casa, tomó todo el aspecto de un +mendigo anciano y enfermo. + +Bajaron torciendo por algunas callejas y salieron al campo: esto es, á +la montaña. + +En cuanto estuvieron en ella, Suleiman se irguió de nuevo, y siguió +adelante á gran paso. + +El marqués iba tras él. + +Pasaron algunos barrancos, en los cuales quedaba el fango del pasado +aluvíon, y al fin Suleiman empezó á trepar por un sendero escarpado, á +cuyo fin se veia la entrada de una cueva. + +Cuando llegaron á ella, el marqués vió que dentro se paseaba un hombre +enteramente vestido á la usanza mora. + +Aquel hombre era el emir. + +Al sentir á Suleiman, se volvió: al ver tras él al marqués, se puso +totalmente pálido, y con un ademan imperioso mandó á Suleiman que se +retirase. + +El monfí descendió á la carrera por el sendero. + +Yaye y don Juan quedaron solos. + +--¡Cómo te encuentro aquí, mi buen hijo! exclamó el emir con un acento +doloroso y reconcentrado, conteniendo mal su cólera. + +--Teneis razon, señor, dijo el marqués. Teneis razon en extrañar que me +encuentre á vuestro lado porque debia estar muerto. + +Pronunció de tal modo el marqués estas palabras, que la irritacion del +emir pasó para dejar su lugar al espanto. + +--¡Muerto! ¡y por qué! ¿y mi hija y tu esposa? + +--No sé qué ha sido de ellas, exclamó con desesperacion el marqués. + +--¡Habla! ¡habla! ¡acaba! no sé por qué veo en tus palabras, en tus +miradas, los indicios de una gran desgracia. + +--¡Me la han robado! exclamó con acento rugiente el jóven. + +--¡Robado! ¡pero quién! ¡cómo! + +--¡Quién! Diego Lopez Aben-Aboo, exclamó el marqués: sí, le reconocí, y +eso que solo le ví á la luz del fuego de un arcabuzazo; pero tenia fijos +en mí los ojos con una expresion infernal... y luego oí su voz ronca que +gritaba: ¡embreñaos! ¡embreñaos con ella!... despues nos separó la mano +de Dios: una maldita avenida por el barranco donde nos encontrabamos. + +Yaye estaba aterrado, contraido, mudo, sin poder pronunciar una sola +palabra. + +El marqués le refirió de qué manera habian sido sorprendidos, y cómo +desesperado se arrojó con su caballo á la corriente. + +Despues continuó: + +--Yo debí perecer: la violencia de la avenida arrastraba á mi caballo: +veia pasar rápidamente á ambos costados mios las sombras informes de las +rocas: encontréme de repente fuera del caballo que se habia sumergido, y +me sentí sumergir: pero tambien de repente me sentí alzado y me encontré +sobre el tronco de un árbol que arrastraba la avenida. Por una +casualidad aquel tronco se detuvo en una roca: yo tendí los brazos á +aquella roca, y encontré por casualidad las raices de un árbol: trepé... +y me encontré salvo, pero me encontré solo... solo... ¿qué habia sido +entre tanto de mi Esperanza? + +El marqués inclinó la cabeza desesperado. + +--¡Mi hija...! ¡robada por Aben-Aboo! murmuraba entre tanto sordamente +el emir. + +Y luego cerrando los puños, y levantando los ojos al cielo exclamó: + +--¡Oh! ¡es mucho, mucho castigo! ¡es demasiado! ¡es horrible, señor! + +Y luego volviéndose al marqués, continuó: + +--¿Pero estas seguro?... seguro de todo punto? + +--¡Oh! tan seguro estoy de ello, que donde quiera que le encuentre, he +de beber la sangre de ese infame. + +--Pero, exclamó desconfiando aun en el emir, tú te encontraste solo en +una roca en la montaña... en un terreno que no conoces, de noche... y +despues te he encontrado con tu compañía en Cádiar: tu compañía estaba +en Yátor. + +--La avenida me habia echado cerca de Yátor. + +--¿Pero cómo pudiste conocerlo, no siendo práctico en la tierra? + +--Se escuchaba á lo lejos el ladrido de algunos perros, y se veian +algunas luces inmóviles entre la oscuridad; yo me dirigí adonde se +escuchaban aquellos ladridos, adonde brillaban aquellas luces, y me +encontré en Yátor. Entonces busqué á mi teniente Cristóval de Belorado, +y le mandé reunir la gente, con la cual me encaminé á Cádiar, adonde +llegué despues de la media noche. Yo sabia que Aben-Aboo era vecino de +Cádiar, que tenia allí á su madre, y no sé por qué, estaba seguro de +encontrar en Cádiar á Aben-Aboo. Y no me engañé. ¿Por qué huyeron los +monfíes? + +--¡Huyeron!... porque yo no queria que tú murieses; porque yo los mandé +retirar: pero en estos momentos, en el punto en que tú has salido de +Cádiar, en el momento en que no puedes correr peligro, mis monfíes +habrán envestido de nuevo la villa, y no dejarán ni uno solo de tus +soldados vivos. + +--¿Y para qué quiero yo vivir? + +--¿Para qué? si es cierto lo que dices, ¿por qué quieres morir y no +vengarte? + +--¿Y no me habeis impedido vos mi venganza? + +Yaye se estremeció: el hombre que habia robado á su hija, era su +hermano; el hombre de quien con tanta justa causa queria vengarse el +marqués de la Guardia, era su hijo. + +La fatalidad ó la justicia de Dios eran con él inexorables: él habia +matado al padre del marqués de la Guardia creyéndole corruptor de su +esposa, y el hijo del difunto marqués habia seducido á su hija: su hija +habia enloquecido al príncipe don Carlos, le habia hecho traidor á su +padre, y Felipe II se habia visto obligado á prenderle, á procesarle y +acaso á matarle: Amina habia enloquecido tambien á Aben-Aboo, y le habia +hecho traidor á su padre, rebelde, inobediente, feroz. Acaso Yaye, como +Felipe II, se veria obligado á matar á su hijo por el bien de su pueblo. +Acaso en medio de todo aquello podia haber horrorosos crímenes: el +incesto, el fratricidio acaso: Amina, Aben-Aboo y Aben-Humeya ignoraban +que eran hermanos, y los dos hermanos amaban á su hermana y estaban +zelosos entre sí. + +El emir estaba consternado: la mas terrible desesperacion le torturaba +el alma, la vida se le habia hecho de todo punto insoportable, y un +remordimiento voraz le roia las entrañas. + +--¿Dónde te robaron tu esposa? dijo al fin dirigiéndose al marqués. + +--En un barranco, cuando caminábamos bien de prisa, porque segun decian, +teniamos que atravesar una rambla peligrosa. + +--¿Y estábais ya cerca de esa rambla? + +--Si señor. + +--¡Ah de abajo! gritó el emir asomándose á la boca de la cueva. + +Poco despues subió Suleiman. + +--Que se reunan al momento cuarenta monfíes, y mi caballo. + +Poco despues el emir cabalgaba en el fondo del barranco y Suleiman, á +quien habia hablado algunas palabras Yaye, dijo al marqués. + +--Sígueme, señor. + +El marqués miró á Yaye. + +--Síguele, síguele, hijo mio, dijo el emir: él te llevará á lugar +seguro. + +El marqués siguió á Suleiman y Yaye siguió adelante con su gente, á gran +paso, salvando todo género de obstáculos, por lo mas áspero de la +montaña. + +De repente los monfíes que iban de descubierta, se detuvieron y se +encararon las ballestas que llevaban armadas. + +--¿Quién va? gritó el que iba mas adelante. + +--¡Allah le ille Allah! gritó una voz muy conocida del emir. + +--¡Harum! exclamó Yaye haciendo saltar hácia adelante su caballo, al +escuchar aquella voz. + +--¡Ah, poderoso señor! exclamó desesperado el wazir. + +--Nuestra hija nos ha sido arrebatada, gritó Calpuc. + +--Y mi sobrino ha perecido, dijo todo desencajado don César de Arévalo. + +--Y sobre todo, dijo para su capote Peralvillo, que estaba entre los +recien encontrados; hemos pasado una muy mala Noche-buena con el agua á +la rodilla y dando diente con diente. + +El emir desmontó y se apartó á un lado con Calpuc, Harum y don César. + +--¿Con qué es verdad? dijo. + +--Si, si, verdad es, dijo Calpuc: una horrible verdad. ¿Pero quién te lo +ha dicho? + +--Basta que yo lo sepa, dijo el emir. + +--¿Y sabeis tambien, poderoso señor, quiénes han sido los ladrones? +¿Sabeis quién puede haberlos pagado? + +--¡Qué! ¿no habeis podido vosotros conocer á los robadores? + +--Eran piratas berberiscos, dijo Harum. + +--Corsarios berberiscos eran, repitió Calpuc. + +--Si, si, unos horribles berberiscos, con bonetes encarnados, añadió don +César de Arévalo. + +--¿Pero no sabeis que los monfíes que han ido á Granada con +Farax-Aben-Farax, llevaban muchos vestidos berberiscos y bonetes +colorados para hacer creer á los de Granada que habian venido á +ayudarnos los africanos? + +--¡Ah! exclamó como quien encuentra una difícil solucion Harum. Ya decia +yo. Farax-Aben-Farax debia ya de estar en marcha para Granada cuando +sucedió la desgracia. + +--¿Y qué importa? ¿No pudiste conocer á ninguno de los robadores? + +--No señor. + +--¿Y por qué no los perseguísteis? + +--Nos lo impidió la tempestad, nos vimos encerrados entre de tres +torrentes, dijo Harum. + +--Y tan verdad es esto, dijo entristecido don César, que mi sobrino, que +se arrojó á la corriente para perseguir á los infames, fue arrastrado +por las aguas sin que se sepa qué ha sido de él. Es necesario que +averigueis lo que ha sido de mi sobrino, poderoso emir. + +--¿Qué me hablais de vuestro sobrino, cuándo he perdido á mi hija? +exclamó Yaye; y luego volviéndose á Harum dijo: es necesario batir en +derredor la montaña: los ladrones no deben estar lejos: deben haberles +cortado el paso otros barrancos. Conmigo, caballeros, conmigo, y que nos +proteja Dios. + +En vano el emir registró por aquella parte todos los barrancos, +quebraduras y escondrijos de la montaña: nada se encontró. + +Yaye se volvió desesperado. + +No le quedaba otro recurso que ir á encontrar frente á frente á +Aben-Aboo. + +Cuando volvió á Cádiar encontró á los monfíes al mando del Ferih +enteramente apoderados de la villa. + +Su pronostico al marqués de la Guardia se habia cumplido. + +Cercada por todas partes y abrumada por el número la valiente compañía +de arcabuceros, habia sucumbido toda, á excepcion del marqués de la +Guardia de quien estaba apoderado Yaye, y del soldado que el marqués +habia enviado al capitan general de Granada. + +La poblacion presentaba un aspecto horrible. + +No se veia en las calles mas que sangre y cadáveres; en la plaza estaba +amontonado un botin sangriento, y algunas casas que habian sido +incendiadas ardian aun. + +La atalaya y la huerta que habian servido de habitacion á Aben-Aboo, +estaban desiertas: doña Isabel de Válor y Angiolina Visconti habian +desaparecido. + +Cuando Yaye hizo buscar á doña Elvira de Céspedes no pudo darse con +ella, y solo quedaban en la villa algunos moriscos aterrados y los +monfíes triunfantes. + +Cuando Yaye preguntó por Aben-Aboo y por Aben-Jahuar el Zaquer, le +dijeron que habian marchado á la taha de Jubiles. + +Aben-Humeya habia marchado tambien á la taa de Válor. + +Yaye envió dos de sus walíes con órden terminante de que se presentaran +Aben-Humeya y Aben-Aboo. + +Pero Aben-Humeya contestó con altivez que era rey de Granada y que no +obedecia á nadie, y Aben-Aboo no pudo ser encontrado. + +Yaye conoció que era llegada para él la hora de la expiacion. + +Entre tanto don César de Arévalo esperó en vano á que pareciese su +sobrino, y cuando, no teniendo que hacer en las Alpujarras, se despidió +del emir y se fué con Peralvillo á Granada, supo con horror que el +capitan general habia recibido una carta del marqués de la Guardia, +fechada en la madrugada del primer dia de Pascua, en que le participaba +que con su compañia habia batído los monfíes y ocupado la villa de +Cádiar. + +Todo el mundo, incluso don César de Arévalo, dió por cosa cierta, cuando +se supo el degüello de la compañía por los monfíes, que el marqués de la +Guardia habia perecido víctima de su lealtad al rey. + +Entonces, y no teniendo ya cosa que le detuviese en España, se fué con +Peralvillo al Perú donde le llamaba su oficio de oidor de aquella real +audiencia. + +Desde este momento don César y Peralvillo se nos pierden: no se sabe si +se ahogaron en la travesía, ó si don César se murió de viejo haciendo +injusticias á los peruanos. + + + + +CAPITULO XXXII. + + En que se ve que se estrechan las distancias entre nuestros + personajes. + + +¿Qué habia sido de Angiolina Visconti y de doña Elvira de Céspedes? + +Vamos á decirlo sin rodeos á nuestros lectores. + +Aben-Aboo habia llevado á Angiolina á un caserío de sus parientes en la +montaña donde no podia correr el menor peligro. + +Doña Elvira habia sido conducida por Laurenti, medio robada, engañada, +al subterráneo de la Princesa encantada. + +Es tal la multitud de sucesos que se agolpan en esta parte, que se +embrollan, en las viejas memorias que nos sirven de guia, que nos vemos +obligados á desenredarlos y darles claridad, á dejar en suspenso la +explicacion de la causa de algunos; de este número, es la razon que tuvo +Laurenti para apoderarse de doña Elvira, y el por qué del consentimiento +de doña Elvira á seguirle. + +En cuanto á doña Isabel de Córdoba y de Válor ya hemos apuntado +anteriormente que Yaye la habia puesto en seguridad en la montaña. + +El marqués de la Guardia habia sido conducido por Suleiman, de órden de +Yaye, al alcázar subterráneo de los emires de los monfíes. + +En cuanto á Amina y su hija nada podemos decir por ahora á nuestros +lectores. + +Digamos algo á cerca de la rebelion, puesto que su historia nos llevará +como por la mano al desenlace de los sucesos complicadísimos que vamos +relatando. + +Lo que habia acontecido en la villa de Cádiar la noche del 24 de +diciembre de 1568 habia acontecido en todas las villas de las +Alpujarras. + +Los moriscos se habian rebelado enteramente apoyados en los monfíes, +habian acometido á los cristianos, matado á los que no pudieron escapar, +cautivando á las mujeres jóvenes, incendiando, robando, martirizando con +una crueldad infinita: tan cierto es que cuanto mas dura y ferozmente ha +sido tiranizado un pueblo, mas terrible, mas cruel, mas abominable es su +venganza. + +Ni es nuestro objeto entrar en los detalles de aquellas inhumanas +carnicerías, ni nuestro carácter se presta á ello: en el relato de los +acontecimientos de Cádiar de que no hemos podido dispensarnos, no hemos +tenido afortunadamente necesidad de presentar niños crucificados, y +acañavereados, sacerdotes á quienes se arrancaba vivos el corazon; +hombres quemados á fuego lento; horrores inauditos, venganzas +monstruosas, que se llevaron á cabo en casi todos los lugares de la +Alpujarra, y que empañaron la causa defendida por los monfíes, haciendo +de ellos innobles ladrones y repugnantes asesinos. + +Yaye veia desvanecerse sus sueños: comprendia al fin que solo habia sido +rey de una numerosa banda de malhechores, contenida por su espada, +mientras no se habia llegado á un rompimiento decisivo, pero desbordada +y alentada y puesta en insubordinacion por fatales elementos el dia del +rompimiento. Alrededor de Yaye habia muchos caballeros entre ellos +Harum, que conservaban la tradicional y generosa hidalguía de los +antiguos árabes, pero que eran impotentes para contener el mal. + +Yaye conoció que en todo se habia engañado: pero cada uno de sus engaños +habia sido para él de una trascendencia terrible. + +Yaye estaba desesperado. + +A mas de sus desgracias domésticas, que eran bastantes para desgarrarle +el corazon, veia con espanto que la guerra se habia empezado con los +peores auspicios posibles. + +La justicia, la opinion pública, la conciencia debian protestar y +protestaban contra aquellas gentes que no cesaban de incendiar, de +violar, de matar, de robar. + +Los horrores se sucedian sin intermision[27]. + +Inmediatamente despues del alzamiento de Cádiar se alzó la taa de +Poqueira; á continuacion los quince lugares ó alquerias de la taa de +Orgiva; los once lugares de la de Ferreria; los veinte de la de Jubiles; +los veinte de las taas de los dos Cebeles; los diez y nueve de la de +Ujijar, todas estas villas y lugares, los primeros del alzamiento, lo +verificaron, como Cádiar, el dia 24 de diciembre; despues y hasta el 1.º +de enero del siguiente año de 1569, esto es: en el espacio de seis días +se rebelaron los lugares de la tierra de Adra, las taas de Veria, +Andarax, Dalias, Lucha, Marchena, Rio Boluduy, las tierras de Salobrena +y Almería y el marquesado del Zenete: es decir: todas las Alpujarras y +parte de la Axarquía de Málaga y de la provincia de Almería. + +Un número considerable de cristianos asesinados, cuyo número no seria +exagerado determinándolo en diez mil, habian sido el terrible reto, +lanzado por los moriscos al rostro de Felipe II; una oleada de sangre +que estremeció á España, y que hizo se fijasen en ella las miradas de +Europa; sombrío relámpago de una insurreccion comprimida hacia mucho +tiempo, y que al fin estallaba salvaje en todo el esplendor de su +horrorosa venganza. + +Encontró esta rebelion al marqués de Mondéjar sin gente y sin +pertrechos: afortunadamente la tentativa de los monfíes sobre Granada +habia fracasado: si por un acaso, por una combinacion mejor meditada, el +estandarte de Mahoma llega á tremolar sobre las torres de la Alhambra, +España se hubiera encontrado de repente acometida por un enemigo +formidable: Africa entera se hubiera lanzado á los puertos españoles +ocupados por los turcos y el ambicioso sultan de Constantinopla, el +guerreador y terrible Selín II hubiera encontrado en España su campo de +batalla contra la cristiandad. + +¿Quién sabe lo que pudo haber sido de Europa, por la imprevision de +Felipe II, por lo antipolítico de su opresor fanatismo, por su ciega +confianza en las fuerzas del clero y de las gentes de justicia? En el +reino de Granada, como en todo país recien conquistado, se necesitaba un +gobierno justo y benévolo para atraer, un ejército respetable para +reprimir. Nada de esto habia; se azotaba al vencido, se le provocaba, se +le excitaba á la rebelion, y no se tenia ningun medio represivo. + +Asi es que el marqués de Mondéjar no supo que hacer en los primeros +momentos; urgia ir á apagar el terrible incendio de las Alpujarras y no +contaba con fuerzas para ello: temia una acometida sobre la ciudad y no +encontraba los medios de defensa: tenia los enemigos dentro de la casa, +esto es: los moriscos del Albaicin, porque, aunque reprimidos y al +parecer leales, porque no veian aun en los monfíes bastante apoyo para +rebelarse, se rebelarian en el momento en que supiesen que un ejército +turco venia en su ayuda; todo esto era inminente: urgia guarnecer la +ciudad, y atravesando á todo trance por medio de las rebeladas +Alpujarras, cubrir las costas. + +En este conflicto el marqués de Mondéjar apeló á la antigua usanza de +Castilla, apellidó guerra: hizo llamamiento de gente á las ciudades y +señores de Andalucia, con arreglo á la antigua obligacion de los +concejos: puso banderas para el enganche de soldados aventureros, buscó +cuantas armas, pertrechos y provisiones pudo, gran parte con su propio +caudal y parte con la ayuda de los mas principales señores del reino de +Granada, y como todos estos esfuerzos no bastasen para tanta empresa, +escribió á Felipe II, manifestándole lo grave del suceso, y pidiéndole +con urgencia capitanes, hombres y dinero. + +Entre tanto la ciudad estaba profundamente desasosegada: las noticias +que se sabian cada dia de las Alpujarras, y los que venian de ellas +aterrados y acaso maltratados y heridos, exagerando aun lo terrible de +la rebelion, eran una continua ocasion de alarmas falsas: veíanse de +repente correr los vecinos sin saber á donde con los arcabuces +afianzados y las espadas desnudas; y volver á su casa despavoridos, solo +por el pensamiento del peligro que no existia: todo era turbacion y +miedo: desconfiaban los unos de los otros: las mujeres corrian á los +templos á rogar á Dios, y las principales señoras se acogieron á la +Alhambra, como lugar mas fuerte, siendo infinito el número de las +familias que abandonaron á Granada: no se veian por todas partes mas que +casas vacias y tiendas cerradas: los clérigos y los frailes en +rogativas, y todos ansiosos por la venida de gentes de guerra. + +Las primeras que llegaron fueron las de Alcalá y Loja: una compañía fué +por órden del marqués á Restabal, pueblo inmediato á las Alpujarras, +para poner en salvo á los cristianos viejos, sus familias y haciendas; +otras dos compañías se estacionaron en Durcal para impedir á los +enemigos el paso á la ciudad, y el capitan don Diego de Quesada con una +bandera de infantería y una corneta de caballos fué á ponerse sobre el +puente de Tablate, lugar estrecho á la entrada de las Alpujarras. + +El presidente Deza por su parte, queriendo emular con el marqués de +Mondéjar, escribió á don Luis Fajardo, marqués de los Velez, adelantado +en el reino de Murcia y capitan general de la provincia de Cartagena, +excitándole á que con sus gentes, y las de sus parientes y amigos, +acometiese á los rebelados de las Alpujarras por la parte del rio de +Almería: á lo que se prestó hidalgamente el marqués de los Velez, +levantando banderas y empezando á reunir gente. + +La misma incertidumbre, la misma perplejidad de que estaban poseidos el +capitan general, el presidente de la Chancillería y el corregidor de +Granada, se habia apoderado de las cabezas de la rebelion. + +Yaye estaba aturdido; Aben-Aboo, oculto; Aben-Jahuar, receloso; +Aben-Humeya, desalentado; al ver el poco efecto que habia hecho en los +moriscos de la ciudad y de la Vega el alzamiento, no sabia qué partido +tomar: y entre tanto la turba multa, esto es: los monfíes, los moros +_gandules_ (entre monfí y morisco) y los moriscos rebelados, se +entregaban á la matanza, al saqueo, al incendio y á toda clase de +licencias, haciendo de la guerra una empresa de bandidos, +desprestigiándola, haciéndola odiosa. El mismo aspecto repugnante y +brutal que habia tomado la rebelion, la reconcentró en la montaña, sin +poder pasar mas adelante; hizo que Selin II mirase con poco calor la +ayuda de aquella empresa, que el dey de Argel, Aluch-Ali, mas ocupado de +presas y piraterías que de este asunto, y mas siendo tan dudoso el de +los moriscos, contestase á sus peticiones de socorro de una manera vaga, +y que solo el rey de Fez, descendiente de los Xerifes, que por su +religiosidad veia en la sublevacion de las Alpujarras una guerra santa, +fuese con ellos mas esplícito. + +Pero lo que sobraba al Xerife de buenos deseos, le faltaba de fuerzas: +temia exponer sus naves en el mar contra las galeras de España, y aplazó +su socorro; limitóse solo, á formar una alianza con el dey de Argel, y á +ayudar indirectamente á los moriscos, distrayendo las fuerzas marítimas +de España en una empresa contra Túnez y Biserta. + +Si estaban divididos y empeñados en una vieja rivalidad, el presidente +don Pedro de Deza y el capitan general don Iñigo Lopez de Mendoza, no +estaban menos divididos los gefes de los moriscos. + +Aben-Humeya desalentado andaba errante de villa en villa; el emir de los +monfíes se ocupaba mas de sus asuntos particulares que de la guerra; +Aben-Aboo, conspiraba contra el emir, y contra Aben-Humeya, y +Aben-Jahuar le alentaba, previendo el dia en que, quedándose solo +Aben-Aboo pudiese vencerle haciéndole á su vez traicion y apoderándose +de todo. + +De parte de los cristianos faltaban fuerzas: de parte de los moriscos +conciencia: la lucha se habia reducido desde el principio +empequeñeciéndose á una guerra de montaña que podia durar mas ó menos, +pero sin otro horizonte por el momento, sin otros augurios que los de +una sucesion de sangrientas escaramuzas sin resultado de una parte ni de +la otra. + +España tenia su poder y sus ejércitos: los moriscos sus breñas +inaccesibles, y su brabío y feroz espíritu su independencia; pero España +podia, como lo hizo mas adelante, aislar el incendio é impedir que por +la agregacion de nuevos elementos se extendiese. + +La balanza, pues, estaba igual al empezarse la guerra: entrambas partes +se temian: entrambas estaban recelosas: entrambas contaban con temor las +fuerzas probables que podria poner en accion la parte contraria. + +Porque ni los moriscos apreciaban bien las dificultades casi +insuperables que tenia que vencer España, distraida en otras empresas +para levantar enormes ejércitos, ni los cristianos sabian las tambien +insuperables dificultades con que contaban los moriscos para procurarse +una eficaz ayuda de sus correligionarios de Africa. + +Desalentado Aben-Humeya, se salió un dia solo de Lanjaron, resuelto á +pasar á Africa abandonando la empresa, y no atreviéndose ya en razon al +estado de las cosas á demandar perdon del rey de España. + +Encontráronle unos monfíes atravesando un barranco, á pié triste, +cabizbajo, llevando el caballo del diestro. + +Aquel encuentro fue para él decisivo; fue, puede decirse, una prision: +desde entonces Aben-Humeya, á pretexto de lealtad estuvo vigilado, +pusiéronle casa real á usanza de los antiguos reyes de Granada: le +casaron con tres moriscas principales, una del Albaicin, otra del rio +Almanzora, y otra de Tabernas: procuráronle un pequeño harem con las mas +bellas de las cristianas que habian robado en las villas y lugares +entrados á sangre y fuego, y le obligaron á desnudar la espada y á +dirigir la guerra. + +Dividió los moriscos y los monfíes en dos ejércitos: el uno ocupó el +camino de Orgiva, entre Granada y la entrada de las Alpujarras al +Levante de Almería, al Poniente de Salobreña y Almuñecar, y al Norte de +Granada. El otro ejército adelantó sobre Granada, poniéndose sobre +Durcal, pero habiendo sido rechazado despues de una noche de combate +dudoso (4 de enero de 1569) por las gentes de las compañías de Lorenzo +de Avila y de Gonzalo de Alcántara, que fueron socorridas por el marqués +de Mondéjar, que con dos mil infantes y cuatrocientos caballos se habia +puesto sobre la villa del Padul, se retiraron del centro de las +Alpujarras al Laujar, barrio inmediato á Válor el Alto, y allí se +hicieron fuertes y sentaron sus reales. + +En tal estado se encontraba la guerra de Granada al empezar el año de +1569. + + + + +CAPITULO XXXIII. + + En que el autor deja la historia para tomar otra vez la novela. + + +Aben-Jahuar y Aben-Aboo, habian abandonado, no sin razon la escena +pública, por decirlo asi. + +La noche del 24 de diciembre del año anterior, esto es, aquella terrible +noche en que la esterminadora venganza de los monfíes habia caido sobre +Cádiar: en el momento en que el marqués de la Guardia al frente de sus +soldados, cargaba sobre los enemigos y llamaba á Aben-Aboo ansioso de +matarle: cuando el emir al ver en peligro al marido de su hija mandó +retirar á los monfíes, Aben-Jahuar al parar junto á la embocadura de una +oscura calleja habia asido á su sobrino de un brazo y le habia +arrastrado consigo. + +--¿A dónde me lleváis? dijo el jóven. + +--Sigue, sigue aprisa, dijo Aben-Jahuar: es preciso huir del peligro. + +--¿Pero qué peligro nos amenaza? esta es una retirada falsa, sin duda, +para sacar á esos perros de la plaza. + +--Los cristianos no son en estos momentos nuestro peligro. El peligro +está entre nosotros. Nuestro peligro es el emir de los monfíes. + +--¿Nos hará acaso traicion? + +--No me entiendes. El emir no puede hacer traicion á los moros. El emir +matará hasta el último de esos cristianos, pero será cuando no esté +entre ellos su hijo, el duque de la Jarilla. + +--¡Ah! + +--El emir llamará al duque, le robará, si es necesario, para salvarle, y +cuando el duque de la Jarilla, esto es, el esposo de Amina hable con el +emir, eres hombre perdido. + +--¡Ah! + +--Fuiste muy imprudente cuando nos apoderamos de Amina, te olvidaste de +ponerte el antifaz. El resplandor aunque momentáneo de los disparos de +las escopetas de nuestros hombres, bastó para que el marqués, que estaba +cerca de ti en el barranco, te reconociera. + +--Acaso os equivoqueis: con la turbacion del lance, con una noche tan +oscura... + +--El duque... + +--Me martirizais con llamar duque á ese hombre. + +--Pues bien: el marqués de la Guardia, es valiente y sereno, y no hay en +él, por grande que sea el peligro, turbacion que le impida ver pronto, y +bien; tú eras el que estabas turbado... + +--Yo no soy cobarde. + +--Pero tenias ansiedad por apoderarte de Amina: por lo mismo no pudiste +oir lo que yo oi; el marqués te llamó por tu nombre y te apellidó +infame, ladron y asesino. Poco despues la avenida del barranco le +arrastró; yo di la cosa por concluida... porque ¿quién habia de pensar +que el marqués se salvase? Sin embargo, se ha salvado: el emir le ha +visto entre los soldados que combatian en Cádiar, y no ha mandado +retirar al verle sino para salvarle. Le salvará, lo sabrá todo. ¿Qué +piensas tú responder al emir cuando te pregunte por Amina? ¿puedes +entregarle su hija? + +--¡Ah! exclamó Aben-Aboo. + +--Anda, pues, mas de prisa, sobrino; es necesario que nos perdamos: que +no puedan dar con nosotros. + +--¿Pero no considerais que perdernos ahora, es perdernos para siempre? + +--Es que estaremos poco tiempo perdidos. + +--No os entiendo; ¿creeis que mañana no me preguntará Yaye por su hija? + +--Dentro de algun tiempo no podrás temerle. + +--Explicaos, explicaos, tio, porque no os entiendo. + +--Hablemos, pues, sin rodeos. Es necesario que muera el emir. + +--¡Que muera! pero no es tan fácil matarle. + +--Tú le matarás. + +--¡Ah! sois mas sanguinario y mas cruel que yo. + +--Conozco la necesidad. Y entre matar y morir, prefiero matar. + +--Pero mi pobre madre... mi pobre madre que le ama. + +--Tu madre le amaba antes de casarse con tu padre. + +--¡Tio! ¡tio! ved lo que decís. + +--Yaye debió casarse con tu madre; el casarse con ella costó la vida á +tu padre. + +--Harto lo sé, dijo roncamente Aben-Aboo: me lo ha dicho Angiolina, que +no sé por qué, aborrece al emir. + +--Le aborrece porque el emir es padre de Amina, y Amina ha robado á +Angiolina Visconti, que este es su verdadero nombre, el hombre á quien +amaba, porque la princesa ama con toda su alma al marqués de la Guardia. + +--Parece que Satanás habla por vuestra boca. ¿No sabeis que estoy +enamorado de esa mujer? + +--Por lo mismo mata al emir, para poder matar despues al marqués de la +Guardia. + +--¿Olvidais que el emir me ha proclamado su sucesor, y su compañero en +el mando? ¿que los monfíes me miran ya como su señor? + +--Pues mejor, mucho mejor; los monfíes no tienen necesidad ninguna de +saber que tú has matado al emir, y cuando él haya muerto, tú serás el +rey único y absoluto de esos valientes. Con ellos, y alguna habilidad, +puedes dar de través con Aben-Humeya, y quedar único rey de Granada. + +--Me aconsejais que atraviese un lago de sangre. + +--Cuando se buscan coronas, los cadáveres se pisan. + +--Si al menos el emir hubiera tenido una parte directa en el asesinato +de mi padre... pero quien le mató fue vuestro difunto hermano... por mas +que ha hecho Angiolina no ha podido hacerme ver claro que el emir tomase +parte alguna en aquel crímen. Vos, que en aquella ocasion acompañábais +al verdadero asesino... + +--¿Quién te ha dicho que mi hermano fue el autor de esa muerto? Monfíes +fueron los que la mataron. + +--Probadme que asesinó á mi padre... + +--¡Le matarás, sobrino, le matarás!... y para ello te ayudará tu madre. + +--¡Mi madre! ¡mi madre que tanto le ama! + +--Te ayudará sin saberlo: pero adelante sobrino, adelante, que ya viene +el dia. + +--¿Pero dónde nos ocultaremos? + +--¿Dónde? en el lugar donde murió tu padre. + +--¡Ah! exclamó Aben-Aboo. + +En efecto, el dia se entraba por el Oriente á buen andar, y á buen andar +tambien Aben-Jahuar y Aben-Aboo, se perdieron entre las quebraduras de +la montaña. + + + + +CAPITULO XXXIV. + + De cómo puede parecer feliz y aun serlo á medias un desgraciado. + + +En vano, como sabemos, habia pretendido Yaye apoderarse de Aben-Aboo. + +Aben-Aboo no parecia. + +Del mismo modo Angiolina Visconti, doña Elvira de Céspedes y Aben-Jahuar +habian desaparecido. + +En vano Yaye apuró cuantos recursos tenia en su mano para descubrir su +paradero. + +Los monfíes no pudieron dar con ellos. + +Entonces Yaye desesperado se volvió á buscar consuelo á la única persona +que podia dárselo: á doña Isabel de Córdoba y de Válor. + +Pero para que esta pudiera darle aquel consuelo, era preciso que fuese +feliz. + +Para esto era preciso engañarla hasta cierto punto. + +Y decimos hasta cierto punto, porque una de las cosas que Yaye +necesitaba hacer para que la felicidad de doña Isabel fuese una verdad, +era bautizarse y casarse legitimamente ante la Iglesia Católica con +ella. + +Y la conversion de Yaye no era una mentira. + +Fuese que la desgracia continuada y terrible hubiese creado en su +corazon una ardiente necesidad de consuelo; que hubiese llegado á ese +caso extremo en que el corazon humano se levanta al cielo, buscando en +Dios la resignacion y la fuerza, y que el Dios del islamismo no +pareciese á Yaye tan grande, tan misericordioso, tan inagotable de +consuelos, como el Dios que, todo caridad, se humanizó, y lavó con su +sangre las culpas de los hombres; fuese que su amor hácia doña Isabel +influyese en él bajo el punto de vista religioso, Yaye se habia +convertido; Yaye habia dejado hacia mucho tiempo de rogar al dios de +Mahoma, para levantar su espíritu á Jesús crucificado: Yaye era +cristiano de corazon. + +Acaso tambien consistió en que del islamismo al cristianismo no hay mas +que un solo paso; creer en un misterio altamente poético: en la +maternidad de una vírgen. + +Acaso tambien, perdida la ambicion y el odio que ciegan, habia +comprendido Yaye lo que antes habia comprendido Amina: que la religion +cristiana es una religion eminentemente grande, racional, conveniente, +como por su esencia divina lo es, y no puede dejar de serlo: acaso +influyó en él el pensamiento de que habia atribuido injustamente á la +religion mas dulce, mas caritativa, mas pacífica, las crueldades, la +intolerancia y el fanatismo que solo pertenecian á los vicios y á los +errores de los hombres. + +Yaye, como todo hombre dotado de un gran espíritu y de una alta +inteligencia, habia discutido y combatido mucho en su pensamiento, y no +se convirtió al cristianismo, sino cuando su razon le dijo que debia +convertirse. + +Si Yaye hubiese pensado del mismo modo veintidos años antes, acaso +hubiese sido feliz; y lo que es indudable, no hubiera llenado su +conciencia de remordimientos. + +Perdido todo, familia, patria, porque Yaye desde el momento en que +empezó la guerra, la vió vencida; desesperado hasta el último punto, +buscó su consuelo en la embriaguez: porque lo único que podia ya +embriagarle era el amor de doña Isabel. + +Yaye la habia llevado la misma noche de la sangrienta catástrofe de +Cádiar á su heredad de Yátor. + +Un respetable número de monfíes aseguraba de todo peligro al último +tesoro de Yaye. + +El emir no habia dejado de verla un solo dia, ni de tranquilizarla +acerca de su hijo: Yaye habia guardado un profundísimo secreto acerca de +la terrible posicion en que se encontraba colocado respecto á Aben-Aboo. + +Porque si Yaye hubiera revelado á doña Isabel que su hijo se habia +apoderado de su hermana; que probablemente habria cometido, sin saberlo, +uno de estos dos horribles crímenes: el fratricidio ó el incesto, +hubiese desgarrado el corazon de aquella pobre mujer que tanto habia +sufrido, que habia olvidado todas sus penas desde el momento en que +habia visto á Yaye en la senda de la salvacion y del honor, profesando +el cristianismo y desenvainando su espada en defensa de un pueblo +oprimido, y que se habia quitado su luto, llevado veintidos años, cuando +habia desaparecido el luto de su corazon. + +Yaye, pues, guardó un profundo secreto acerca de aquellas horribles +desgracias: del mismo modo doña Isabel, sacada á tiempo de Cádiar, no +habia podido ser testigo de la ferocidad con que habian manchado la +justicia de su causa los monfíes: doña Isabel creía que se habia +empezado una guerra justa, noble y leal: la guerra entre el oprimido que +rompe sus cadenas y el tirano que lucha por ponérselas de nuevo: doña +Isabel, creyente de corazon, confiaba en que Dios, que es misericordioso +y ayuda al débil y al desventurado, sea cualquiera su religion, ayudaria +á los moriscos, y completando el milagro, los convertiria despues: doña +Isabel lo veia todo de color de rosa, y era porque todo lo veia á través +de su virtud, de su caridad y de su amor. + +Una noche entró Yaye en su heredad de Yátor. + +Doña Isabel estaba impaciente porque tardaba mas que otras noches: al +sentirle cerca doña Isabel, se levantó de junto á la chimenea donde +estaba sentada, se arrojó en sus brazos, le estrechó palpitante de +pasion entre ellos, y le besó en la boca. + +No extrañen esto nuestros lectores, porque Yaye y doña Isabel eran +esposos. + +El dia anterior un sacerdote, salvado por Yaye del furor de los monfíes, +habia venido con él á la heredad. + +El buen anciano, porque anciano era, demostraba ardientemente su +gratitud á Yaye. Cuando Yaye le dijo que queria bautizarse, lloró de +alegría: sin embargo, se informó minuciosamente de si Yaye conocia el +espíritu del Evangelio, si era cristiano por su voluntad; y cuando +estuvo seguro de ello, le bautizó: despues, cuando pidió que le casase +con doña Isabel, se informó asimismo de la cristiandad de ella, y al +fin, de una manera misteriosa, sin testigos, arrodillados á los piés del +anciano sacerdote, Yaye y doña Isabel recibieron la bendicion de Dios, y +se levantaron asidos de las manos, convertidos en uno por su sagrada +alianza. + +Inútil es creer que Yaye cuidó de que el anciano sacerdote fuese puesto +fuera de peligro en Granada por los mas leales de sus monfíes. + +Pero ninguno de estos supo, incluso Harum-el-Geniz, que Yaye se habia +bautizado, ni mucho menos casado con doña Isabel. + +Sabian si que al hacer su compañero en el mando á Aben-Aboo, debia +casarse con su madre en un breve plazo. + +La noche en que dijimos que Yaye habia entrado en la habitacion donde se +encontraba doña Isabel, y se habia arrojado entre sus brazos, iba +deslumbrantemente vestido. + +Doña Isabel por el momento no reparó en ello, pero cuando se separó de +él y le miró, lanzó un grito de niña, un grito de alegría y exclamó: + +--¡Oh! ¡y qué hermoso y qué resplandeciente estás, rey mio! + +--¡Oh! ¡no estás tú menos hermosa y resplandeciente mi sultana! contestó +sonriendo de una manera melancólica Yaye. + +En efecto, Yaye y doña Isabel estaban vestidos de una manera maravillosa +por lo bello y al mismo tiempo por lo sencillo de sus vestiduras. + +Doña Isabel llevaba por la primera vez de su vida un traje árabe: aquel +traje se lo habia enviado aquel mismo dia Yaye en una caja de sándalo, y +dentro de aquella caja, sobre aquel traje, habia encontrado doña Isabel +un cofrecillo de ágata, y dentro de este cofrecillo una riquísima +diadema de oro, perlas, rubíes, amatistas y diamantes y un collar de +gruesas perlas, todas iguales, como vaciadas en un mismo molde, con un +broche en que campeaba un gruesísimo brillante, rodeado de rubíes: +aquellas perlas se parecian de tal modo á las que Calpuc habia vendido +en otro tiempo al aleman Franz, que era de sospechar que hubiesen +provenído del Nuevo Mundo: era tan rico este collar, que podia dar tres +vueltas al magnífico cuello de doña Isabel, lo que significa que el +collar valia un tesoro: habia asimismo en el cofrecillo dos arracadas +tan grandes, que podian descansar sobre los hombros y tan cuajadas de +pedrería que relumbraban como soles; últimamente, dos ajorcas ó +brazaletes formados por tres filas de perlas compañeras de las del +collar, y con enormes y bellos broches de pedrería; una flor de gran +tamaño de diamantes, perlas y esmeraldas, destinada á servir de herrete +sobre el pecho, á la túnica interior de brocado blanco y encajes que +venia entre las ropas, y un ceñidor maravilloso, en el que formando +arabescos, se veian todas las piedras preciosas conocidas formaban el +riquísimo aderezo destinado por Yaye á su esposa. + +Las ropas eran una túnica de brocado de seda y plata, formando +arabescos, delicada, feble, como la tela mas sutil, ancha, flotante, que +la caia hasta los piés, determinando por detrás una pequeña cola +redonda: y esta túnica cerrada en la parte superior sobre el pecho por +el herrete de que hemos hablado, dejando ver en su abertura, hasta el +ceñidor, riquísimos encajes de Flandes; sobre esta túnica un caftan de +brocado verde mar con grandes arabescos negros de terciopelo +sobrepuesto; con anchas mangas perdidas; con falda hasta la rodilla, y +sobre este caftan, descendiendo de la diadema, un largo veto de gasa de +plata salpicada de pequeñísimas violetas de oro. + +No podia ser esta traje mas sencillo á pesar de su riqueza, ni una mujer +cuya hermosura, cuya expresion, cuya poesia pudiesen estar mas en +relacion con la hermosura y con la riqueza del traje. + +Doña Isabel, durante su juventud, es decir, antes de su desastrado +casamiento con Miguel Lopez, habia sido la doncella, que por su +hermosura y por la riqueza de sus trajes y joyas, se habia hecho mas +reparable en el Albaicin. Su hermano don Diego la habia amado con +delirio, acaso porque era la única mujer de la familia, acaso porque +doña Isabel se hacia amar de todo el mundo: á pesar de sus ruinosos +dispendios, don Diego, no solo no habia tocado á las ricas joyas de +familia que habia heredado de su madre, como su madre de la suya, y asi +sucesivamente desde la primera abuela de su raza la sultana Howara, +esposa de Abd-el-Rahman-Aben-Moavia, primer califa onmiade de Occidente, +sino que habia aumentado cuanto habia podido el número de aquellas joyas +puramente árabes, con otras puramente del renacimiento, y sostenido una +magnífica coleccion de costosísimos trajes á su hermana. Doña Isabel +estaba, pues, acostumbrada á las galas y á las joyas; es mas, la +agradaba porque la agradaba todo lo bello, pero habia usado de unos y +otras sin afectacion y sin orgullo, y habia dejado de usarlas sin pena, +desde el momento en que por sus desgraciados amores con Yaye, por su +casamiento con Miguel Lopez, y por la extraña fatalidad que la habia +arrojado casada y vírgen entre los brazos del hombre de su amor, habia +perdido la alegría de su alma: desde entonces, y durante veinte y dos +años, solo habia vestido un sencillo traje negro de lana, y una toca +blanca, y lo que es mas, por amor á su hijo, y para que nada le faltase, +habia vendido una á una y sin pena las admirables joyas de las sultanas +y damas sus abuelas, como las que debia á su hermano, y los ricos trajes +con que se habia engalanado en su tranquila juventud: doña Isabel habia +vivido apartada del mundo, replegada en si misma, viviendo solo para su +hijo y para su amor, que era el recuerdo de Yaye; llorando á solas con +su lecho; inflamando su corazon en el candente recuerdo de la terrible +felicidad que habia producido como una consecuencia maldita á Aben-Aboo, +rogando á Dios con toda la pasion de su alma, porque reducido Yaye al +cristianismo, pudiera abrirle sus brazos. + +Aquel dia habia llegado: Yaye era cristiano: Yaye era su esposo: doña +Isabel habia arrojado lejos de sí con su traje de luto el luto de su +alma: como su alma se habia engalanado con todas las flores, con todos +los perfumes de la felicidad, cuando recibió el rico canastillo de bodas +de Yaye, al que acompañaban dos esclavas para servirla de doncellas, +Doña Isabel, que habia vuelto á ser la niña, habia visto aquellas joyas +y aquel traje con placer, se habia perfumado, se habia puesto aquellas +galas, y se habia contemplado al espejo: entonces su alma habia +sonreido, y su conciencia íntima la habia dicho: + +--Eres mas hermosa que hace veinte y dos años: eres la alegría y la vida +de Yaye. + +Y doña Isabel habia llorado de felicidad, y habia esperado impaciente á +su esposo, con lo mas hermoso que la naturaleza produce, sobre su +hermosura, con la magnífica y pura frente ceñida por la diadema de las +sultanas. + +Si no alcanzais á soñar en cuerpo y en alma, una mujer tal como la que +el autor ve en su pensamiento, viva, palpitante, irresistíble, al +describiros á doña Isabel, debeis sentirlo porque perdeis un bellísimo +sueño: y como la vida es sueño.... + +Pero esto es muy vulgar. Os describiremos á Yaye. + +Su traje era mas sencillo que el de doña Isabel, y pertenecia á la moda +de los tiempos medios de la dominacion árabe en España: una pequeña +corona de oro macizo de puntas, lisa y sencilla: alrededor de la corona, +una toca blanca, cuyo extremo, cayendo del lado ízquierdo de la cabeza, +ondulaba sobre el pecho y venia á caer á su espalda pasando sobre el +hombro derecho: una túnica ceñida de brocado verde con arabescos negros, +grandes y sobrepuestos, larga hasta las rodillas, cerrada en el cuello +sobre una camisa blanca y plegada, y abrochada por delante con una sola +fila de botones de piedras preciosas: una faja de seda y oro ceñida á la +cintura: una espada árabe con empuñadura de oro cincelada en arabescos +con inscripciones cúficas esmaltadas, y un grueso brillante en el pomo: +unas calzas de seda ceñidas, á grandes listas rojas y negras: unos +borceguíes de tafilete verde bordados con hilo de plata, y sobre este +traje una especie de toga talar negra, abierta por delante, con mangas +perdidas y forrada de armiños. + +Doña Isabel llevaba asido de la mano á Yaye hácia la chimenea. + +--¡Oh! ¡y como tiemblas! le dijo: hace mucho frio, ¿no es verdad? + +Yaye no temblaba por el frio, sino por la poderosa conmocion que le +dominaba, cuando quería, acobardado por su destino, olvidarlo todo y +embriagarse con el amor, con la hermosura, con el irresistible encanto +de doña Isabel. + +--Sí, sí, el invierno es crudo, dijo Yaye asiendo por la redonda cintura +á doña Isabel, que llena de solicitud, con todas sus galas, se habia +inclinado sobre la chimenea para avivar su fuego. + +--Siéntate, luz de mi vida, la dijo Yaye; tengo que hablarte. + +--Me dices eso de una manera demasiado séria, dijo palideciendo doña +Isabel. + +--Nada temas, la dijo sonriendo melancólicamente Yaye. + +Y asiendo un sillon, le unió al de doña Isabel; se sentó en él y asió +las manos de su esposa que le miraba con ansiedad. + +--¿Por qué esa palidez, Isabel? la dijo Yaye que empezaba á embriagarse +y á olvidarlo todo delante de ella. ¿Acaso no tienes una gran confianza +en mí? + +--Despues de Dios en nadie confio tanto como en tí, Yaye: pero desde que +puedo llamarme legítimamente tuya: desde que puedo levantar mi frente +tranquila y feliz, porque mi felicidad no puede avergonzarme... ¡oh! un +vago cuidado se ha apoderado de mí: un recelo misterioso, que me he +apresurado á arrojar de mi alma: si, si, yo te amo; no sé cómo hacerte +comprender cuánto te amo: mira: lo que voy á decirte, es terrible, no +debiera ser.... pero.... te amo mas... infinitamente mas, sin +comparacion, ya lo creo.... te amo mas... ¡que á mi hijo! ¡que al hijo +de mis entrañas!... es mas: cuando al fin Dios ha tenido compasion de +mí, y te me ha dado, he comprendido que amaba á mi hijo, porque era hijo +tuyo... he comprendido y me he sonrojado al comprenderlo.... que cuando +durante mi viudez y mi luto, pasaba no sé cuánto tiempo bebiendo la +mirada de nuestro hijo, fijos mis ojos en los suyos... era porque en la +mirada de nuestro hijo hay algo de la tuya... ¡oh! no sabes cuánto me he +desesperado, cuánto he vacilado cuando he recibido tus cartas; cuánto he +deseado llorando estrecharte contra mi corazon: ¡oh! yo te he amado +siempre asi; desde el dia en que te ví... desde el tiempo en que +pasábamos tan dulces mañanas cada cual en su mirador no he olvidado +nada... nada... y cuando veia que el tiempo no me hacia vieja; que á +pesar de los años, porque ya estamos cerca de las puertas de la vejez, +mi corazon era siempre el corazon de una niña: cuando por un privilegio +sin duda, veia,--yo puedo y debo decírtelo todo, todo lo que pienso, +todo lo que siento,--veia, que mis ojos eran cada vez mas brillantes, y +que me hacia mas hermosa... ¡oh! ¡y cómo la modesta viuda, la que +siempre tenia fijos los ojos en el suelo delante de las gentes, la que +siempre estaba pálida, oh y cómo se contemplaba al espejo! ¡y cómo se +coloraban sus mejillas, y cómo decia su corazon: gracias Dios mio, +porque me conservas hermosa para mi Yaye! ¡haz Dios mio, que crea en tí +para que yo pueda unirme á él! ¡para que pueda mirarme en sus ojos como +me miro en este espejo! + +Y al decir estas palabras doña Isabel, atrajo á sus labios las manos de +Yaye y las besó suspirando. + +Yaye estaba al fin embriagado: lo habia olvidado todo: no veia mas que á +doña Isabel, y no la veia en la tierra, se creia con ella en el cielo. + +Y esta embriaguez de Yaye, que era hermoso, daba tal expresion á su +semblante, tal lucidez á sus ojos, que doña Isabel abria toda su alma +para que la fecundase aquel amor. + +--Y mira, añadió doña Isabel: si nos hubiéramos casado entonces, yo +nunca te hubiera dicho esto, aunque pensaba del mismo modo; y no hubiera +sido tan feliz, porque no hubiera conocido la desgracia. + +Estaba tan dominado Yaye, que no contestó. + +--Escucha, dijo doña Isabel inclinándose sobre su semblante, colorada de +un leve rubor y con el acento ligeramente trémulo: anoche, ya tarde, +dormias: yo no: la felicidad, lo inmenso de mi felicidad, no me dejaba +dormir: la lámpara iluminaba blandamente tu semblante: tu sueño parecia +fatigoso, tu aliento ronco: yo velé tu sueño; yo hubiera querido leer á +través de tu hermosa frente tus pensamientos: yo te contemplaba +enamorada y cuidadosa, me parecia que el ensueño que se habia apoderado +de tí te hacia sufrir; de repente tu entrecejo se plegó de una manera +terrible, tu semblante todo tomó un aspecto de amenaza, tu boca una +expresion cruel, feroz, y con una voz ronca, con palabras apenas +articuladas, murmuraste: ¡Amina! ¡Aben-Aboo! yo me incliné sobre tí, uní +casi mis oidos á tus labios, y sentí tu aliento que abrasaba, pero no oi +ni una palabra mas. + +--¡Oh! dijo Yaye sonriendo, acabo de separarme de mi hija; mi hijo vela +en la montaña frente al cristiano, ¡mientras yo duermo entre los brazos +de su madre! + +--Porque yo lo soy todo para tí, como tú lo eres para mí, exclamó con +acento opaco y ardiente doña Isabel: porque olvidas entre mis brazos +como yo olvido entre los tuyos... pero esos son breves momentos: algunas +horas robadas á la realidad; despues nuestro mismo amor vuelve sobre +nuestros hijos: ¿no es verdad?... ¿no es verdad que nos engañamos cuando +creemos que los amamos menos que á nosotros mismos?... ¿cómo hemos de +amarlos menos? ¿acaso no son ellos tu sangre? ¿acaso mi hijo no es un +pedazo de mis entrañas? ¡Yaye! ¡Yaye de mi alma! tú, y tus hijos y yo... +no somos mas que un solo corazon...! ¡no los olvidamos anegándonos en +nuestro amor, porque ellos son hijos de nuestro amor! + +--Es necesario romper á todo trance la situacion en que nos encontramos: +yo era valiente cuando era desgraciado, cuando nada tenia que perder... +ahora que te tengo á tí, me encuentro cobarde: el combate me estremece: +se me figura que el primer arcabuz disparado por el enemigo ha de +matarme: ¡Isabel! añadió gravemente Yaye: es necesario que sepas lo que +eres para mí: desde anoche, luz de mis ojos, desde que he empezado á +satisfacer la sed de mi corazon, nada hay ya en el mundo para mí mas que +tú: he vivido soñando: he buscado lejos de tí la vida, y solo he +encontrado la muerte: y cuando al fin vuelvo á vivir, la inflexible +fatalidad me cierra el camino. Pues bien, estoy resuelto á todo: nada +puedo hacer por mi patria, porque la patria ha muerto: la ha borrado del +libro de los pueblos y de las generaciones la mano de Dios. He resuelto +revelarlo todo á nuestro hijo... + +--¡Ah! dijo doña Isabel cubriéndose el rostro con las manos. + +--Es preciso, preciso de todo punto, dijo Yaye: y quiera Dios que mi +revelacion no llegue tarde, nuestro hijo está enamorado de su hermana. + +Dona Isabel se puso de pié pálida como un difunto. + +--¿Y acaso tu hija le ama tambien? + +--No, es peor que eso: le aborrece. + +--Estamos malditos de Dios Yaye, exclamó anonadada doña Isabel. + +--No, no; nuestro hijo, cuando sepa que Amina es su hermana, se +horrorizará de su amor y le olvidará, le sustituirá con otro... ademas, +yo no estoy seguro... necesito averiguar... probar... en esto pasará +algun tiempo... y en ese tiempo te obligo á hacer un pequeño sacrificio. + +--Ante todo júrame que estás seguro de que podemos salvar á nuestros +hijos. + +--Lo estoy, contestó Yaye. + +--Pues bien, sepa Diego en buen hora que soy su madre. + +--El sacrificio que acabo de indicarte, es mas sencillo. Se trataba de +mi casamiento ante mi pueblo, de un casamiento aparente... + +--¿Con quién?... + +--Con la sultana Howara, dijo Yaye sonriendo. + +--¡Casarte tú!... segun las costumbres de los moros, ese matrimonio debe +consumarse, debe presentarse un testimonio á la córte... y yo... yo no +puedo permitir eso... tú me has engañado de una manera infame. + +Y doña Isabel se levantó con la cólera de una leona. + +--Es que ese matrimonio está consumado, dijo Yaye sonriendo. + +Los hermosos ojos de doña Isabel irradiaron en una expresion de agonía, +de tal modo, que Yaye asustado se apresuró á decir: + +--¡Isabel! ¡Isabel de mi alma! ¡la sultana Howara eres tú! + +--¡Dios mio! y ¡que horrible juego! exclamó doña Isabel dejándose caer +sobre el sillon. + +--Toca la corona que rodea tu frente; mira la corona que ciño: ¿á qué +habia yo de ceñírmela sino porque el momento de mi union contigo delante +de los mios se aproxima? + +--¡Pero yo no comprendo esto! ese nombre árabe... + +--Es el de tu ilustre Abuela la sultana de Córdoba, la esposa del califa +Abd-el-Rahman, el de la gran mujer á quien debió Abd-el-Rahman el trono +que le hizo grande. + +--Pero yo no quiero dejar de llamarme Isabel ni renegar de Dios. + +--Ya te he dicho que es solo un casamiento aparente. + +--¿Me obligaran á confesar el islamismo? + +--Todos te creen morisca. + +--¿No tendré que pronunciar una palabra sola contra Dios? + +--No: es muy sencillo... se supone que ya está todo hecho: entregadas +las arras concluido el contrato... todo se reducirá á tu presentacion; y +á una fiesta de bodas. + +--¡Ah! ¿es decir que solo engañamos á los hombres? + +--Y los engañamos por necesidad: Dios lo sabe. Si yo no tuviese que +esperar por nuestro hijo... + +--¡Por nuestro hijo!... + +--Si... necesito reducirle... convencerle á que nos siga. Los moriscos y +los monfíes han empezado la guerra de una manera infame: como verdaderos +bandidos. + +--¡Oh! ¡Dios mio! + +--Han incendiado, robado, degollado, exterminado: un caballero no puede +desnudar con honra su espada al frente de ellos... he vivido soñando; +pero no he despertado tarde... durante algunos dias los engañaremos: +después nosotros, con nuestro hijo, nos acercaremos á la costa, +embarcaremos nuestros tesoros y nos trasladaremos á Francia ó á Venecia, +para vivir solo por nosotros mismos. + +--¿Y tu ambicion? + +--Mi ambicion ha sido anegada por un torrente de sangre. + +--¡Oh! ¡Dios mio! + +--Te juro que antes de un mes habremos arrojado esta corona que abrasa +la frente, y estas vestiduras reales que oprimen el pecho. Pero es +necesario dar el último paso hácia nuestra libertad. + +Y Yaye se levantó y asió á doña Isabel de la mano. + +--¿Es decir que es esta noche? + +--Si, dijo Yaye. + +--¡Que nos esperan! + +--Si. + +--Yo me habia puesto estas joyas y estas vestiduras por darte gusto; +pero no creia... + +--Si, ha llegado la hora de que los moros vean por un momento levantarse +ante ellos una sultana tan hermosa y tan llena de magestad como la +esposa de Abd-el-Rahman: es necesario que te aclamen, que los fascines y +que contribuyas á que no desconfien de nosotros. + +--Pero este terrible convenio durará poco. + +--¡Oh! te juro que antes de que pase un mes habremos fijado nuestro +destino. + +Yaye llamó á las esclavas, y las mandó que trajesen un haike. Envolvióse +en él doña Isabel á la usanza mora, y enteramente encubierta, sin que se +la viesen mas que sus magníficos ojos negros, y sin mostrar de su +hermosura mas que la gallardia de su cuerpo y lo magestuoso de su paso, +salió de la cámara. + +Aquella cámara estuvo desierta durante cuatro horas: al cabo de ellas +oyóse en el exterior ruido de caballos y de gente armada, y los alegres +acordes de la zambra. + +Poco despues se oyeron abrir puertas en el interior, y al fin +aparecieron Yaye y doña Isabel de vuelta, como á su salida, en el haike, +que arrojó de sí doña Isabel. + +--¡Oh! ¡cuanta magnificencia y cuanta grandeza! dijo: no sabia yo que +eras tan poderoso, Yaye mio. + +--Si, pero tras esa grandeza hay sangre y lágrimas dijo Yaye. Feliz +aquel que en vez de nacer sobre un trono nace en una cabaña. + +--Ha habido un momento, dijo doña Isabel quitándose por sí misma su +diadema y sus ropas, en que aquellos ancianos de barbas blancas que +llegaban uno tras otro á inclinarse delante de mi; en que aquellos +fuertes soldados que de igual modo me saludaban; en que aquella música +heredada de nuestros abuelos; aquellas lámparas que brillaban tan +numerosas como estrellas sobre aquellas paredes de oro; aquellas +esclavas que bailaban al compás de la zambra; aquel trono que tenia bajo +mis piés, me fascinaron, me lucieron sentir no se qué vanidad, no sé qué +sentimiento de que aquello fuera un sueño. Porque eso ha sido un sueño, +¿no es verdad? Ya no volveré á ponerme mas esa diadema: la venderé y +daré su precio á los pobres: ya no volveré á ponerme mas esta túnica +dorada y negra, emblema de la dignidad real: ¿no es verdad Yaye? ¿No es +verdad que tu me amas del mismo modo con estas sencillas ropas +castellanas? + +Doña Isabel se habia puesto un trage de terciopelo negro, y se habia +colocado de una manera hechicera sus trenzas; pero como era +excesivamente blanca, como habia conservado las arracadas, el collar de +perlas y los brazaletes, con el ancho y largo vestido negro de +terciopelo, indolentemente reclinada en el divan, asomando un precioso +pié calzado aun con el borceguí morisco recamado de perlas, sobre el +dintel de la chimenea; apoyando en el sillon un magnífico brazo desnudo, +la cabeza en la mano, y fijando en Yaye una mirada intensa y enamorada, +estaba infinitamente mas hermosa que con el deslumbrante trage, con el +trage de relumbron de que se habia despojado. + +Yaye se levantó, se quitó la corona, la arrojó con desden sobre un +sillon, se desciñó la espada, arrojó el ropon negro, se puso una loba de +terciopelo que cruzó sobre su pecho, y se acercó á doña Isabel. + +--¡Oh! ¡vida de mi vida! la dijo: ¡tú eres toda la felicidad que existe +para mí! + + + + +CAPITULO XXXV. + + El reverso de la medalla. + + +Era verdaderamente lástima que la fortuna no ayudase á Yaye. + +Mientras él se embriagaba al lado de doña Isabel, el destino implacable, +seguia su terrible camino y le preparaba nuevas desgracias. + +Yaye se habia arrepentido tarde. + +Las pasiones, los odios, los intereses que se habian cruzado en su +camino habian llegado á tal extremo que solo un milagro de Dios podia +deshacer sus fatales consecuencias. + +Como si la justicia divina le castigase, no habia llegado á la posesion +completa del amor de doña Isabel, de su eterno sueño, de su pasion viva, +sino cuando otras terribles desgracias amargaban su felicidad y la +ennegrecian. + +Y deciamos mal cuando llamamos felicidad al estado en que se encontraba +Yaye; es verdad que habia momentos en que la hermosura, la magia y el +amor de doña Isabel le hacian olvidarse de todo y no vivir mas que para +ella: pero ya lo hemos dicho: aquellos solo eran momentos que pasaban +con una rapidez fatal para traerle de nuevo á la memoria á su hijo, +apoderado de su hermana en una situacion misteriosa, tras cuyas +tinieblas podia suponerse todo lo mas horrible: veia á su pueblo +ensangrentado de una manera criminal, horrorosa en una guerra feroz: lo +veia todo perdido, sin esperanza de recobro, desde la felicidad de su +hija hasta la libertad de su patria. + +Porque dado caso que Amina le fuese devuelta, ¿en qué estado se la +devolverian? Suponiendo lo que no era probable que Aben-Aboo la hubiese +respetado, ¿cómo hacer creer al marqués de la Guardia en aquel respeto? +¿Cómo arrancar de en medio de los dos esposos el terrible espectro de la +desconfianza, y la amargura de la suposicion, matando sus placeres, su +paz, su felicidad? ¿Cómo evitar que el marqués vertiese ó procurase +verter la sangre de Aben-Aboo ni cómo podía su mismo padre dispensarse +de castigarle? + +Y viniendo á los moriscos ¿cómo volver atrás despues de las horrorosas +desvastaciones, de los asesinatos, de los horribles crímenes cometidos +en las Alpujarras? ¿Cómo seguir adelante, solos, abandonados de todos, +encerrados en las breñas de las Alpujarras, rodeados por los ejércitos +de España, y combatidos por los grandes capitanes de Felipe II? + +[imagen: Venis pocos, y venis tarde.] + +Desesperado, loco y calenturiento, pero con la locura del leon, Yaye, +habia corrido al remedio de aquellos males con una energía imponderable: +habia aterrado á los monfíes, ahorcando á algunos de aquellos que se +habian mostrado mas infames en el degüello de las Alpujarras: se puso á +su frente, los reorganizó, se dejó ver de todos ellos indómito, +soberano, prepotente, con la espada desnuda y la cólera y la amenaza en +los ojos. Les afeó sus excesos, y promulgó una ley por la cual se +prohibia terminantemente so pena de muerte, asesinar á los niños menores +de siete años, á las mujeres fuese cualquiera su edad, y aun á los +hombres que no hubiesen tomado las armas ó que tomándolas no hubiesen +hecho resistencia, ó que después de hecha se hubieren entregado: en una +palabra, regularizó la guerra; la matanza y el incendio cesaron, pero +cuando ya habian sucumbido doce mil víctimas; cuando el horror de +aquella catástrofe zumbaba por España, pidiendo venganza, y por Europa, +llamando gravemente la atencion de las córtes extranjeras: en cuanto á +sus asuntos de familia nada habia conseguido: parecia que la tierra se +habia tragado á Amina, á su hija y á Aben-Aboo: solo se habian +encontrado en unos barrancos cercanos al lugar del robo, los monfíes que +conducían las literas y los que las precedian, muertos á hierro, y las +dos doncellas que acompañaban á Amina en aquella ocasion, degolladas: +vestigios que no eran los mas á propósito para tranquilizar á Yaye +acerca de las intenciones de Aben-Aboo; respecto á su hijo, +Aben-Jahuar, Angiolina Visconti y doña Elvira de Céspedes habian +asimismo desaparecido, y solo quedaba delante de Yaye, con la corona en +la cabeza y la espada desnuda, avanzado á las posiciones del ejército de +España, Aben-Humeya, pero triste, desalentado, sombrío, y receloso. + +Harum-el-Geniz, Suleiman y algunos de los mas leales walíes de Yaye, +acompañados de cuadrillas compuestas de los monfíes mas astutos y mas +prácticos y conocedores de los escondrijos y senos de la montaña, +buscaban por todas partes á los que se habian perdido, pero de una +manera inútil. + +Todos los dias recibia Yaye un desesperante aviso de que nada se habia +descubierto, y mas desesperado cada dia después de este aviso, iba á +buscar consuelo en el frenesí de su amor por doña Isabel: de aquel amor +que le embriagaba. + +[imagen: Rogad á Dios que os ampare, porque podreis morir aqui +sepultada.] + +Antes de presentarse á ella, Yaye hacia una violenta reaccion sobre sí +mismo, concentraba en su corazon todos sus dolores, y entraba sonriendo, +como el hombre mas feliz del mundo, y se arrojaba en los brazos de su +esposa. + +Doña Isabel le preguntaba por su hijo. + +Yaye le contestaba que Aben-Aboo estaba al frente del ejército, que se +obtenian triunfos y que pronto podría, sin manchar su honra, dejando +encomendada la prosecucion de la guerra á buenos caudillos, abandonar á +España é ir á gozar de su felicidad al extranjero. + +Doña Isabel creia á Yaye, era feliz, le inundaba con todo el poderío de +su magnifica hermosura, con toda la poesía de su alma, con toda su +pureza de niña, con todo su ardiente amor, y le fascinaba, le hacia +soñar y le daba algunas horas de olvido de todo lo que no era ella; +algunas horas de felicidad suprema. + +Pero cuando la fascinacion pasaba, cuando Yaye se separaba de doña +Isabel, caia de repente de aquel cielo soñado, al infierno de la +terrible verdad: en vano hacia esfuerzos desesperados: el terrible +circulo que le rodeaba se estrechaba cada vez mas, amenazando ahogarle. +Los sucesos ayudaban á la venganza de sus enemigos. + +Venganzas algunas de ellas injustificadas, absurdas, pero ciertas, +porque en el corazon humano dominan, por desgracia, la injusticia y el +absurdo. + +A tal especie pertenecia el odio que profesaban á Yaye Laurenti y +Angiolina, porque este odio se fundaba en que Yaye era padre de una +mujer cuya hermosura, cuyos amores con el marqués de la Guardia, habian +herido el corazon y exasperado las pasiones de aquellos dos funestos +personajes. + +Pero este odio era resultado de la ambicion de Yaye: si Yaye no hubiera +llevado á la córte con una intencion terrible á Amina, Amina no hubiera +excitado las pasiones de nadie. + +Es cierto que sin la venganza de Laurenti y de Angiolina, Yaye se +hubiera encontrado combatido por la ambicion de Aben-Jahuar, por las +rivalidades de sus hijos, por el amor desesperado de doña Elvira: Yaye +meditaba todo esto, y veia con dolor que su culpa estaba en su +nacimiento, primero, y despues en la educacion que se le habia dado; por +último en la ignorancia en que habia vivido durante su primera juventud +acerca de su orígen, de su posicion y de los proyectos de su padre. + +Ninguna historia como la de Yaye tan á propósito para probar la +influencia de la fatalidad en la existencia de los seres. Todo lo que +Yaye habia hecho, era lógico, necesario, y sin embargo todo lo que Yaye +habia hecho se habia vuelto contra él amenazador y terrible. + +Jóven aun, como que solo contaba cuarenta y cinco años, no se atrevia á +volver la vista atrás, porque el pasado le obligaba á cerrar los ojos, +pretendia huir de su presente, y no se atrevia á mirar al porvenir. + +Ni aun podia salvarse, huyendo con doña Isabel, la única felicidad de su +vida, á continuar aquella felicidad en medio de una vida oscura: la +situacion en que se encontraban sus hijos, le detenia en el peligro. + +¿Y qué peligro podia ser este? + +Yaye no le veia claro y distinto, pero lo temia todo: temia horribles +desgracias; conocia que aquellas desgracias eran fatales, precisas; la +expiacion necesaria de sus errores, y aun lo diremos: de sus crímenes. + +La desaparicion de tantas personas de quien con fundado motivo +desconfiaba, era ya una terrible amenaza. + +¿Por qué se ocultaban Aben-Jahuar y Aben-Aboo? ¿Por qué Aben-Humeya se +mostraba con él taciturno, reservado, sombrío? + +Yaye veia agolparse sobre su frente la tempestad, y habia perdido el +valor que tan necesario le era para conjurarla: mejor dicho: Yaye no +podia conjurar aquella tempestad y se aterraba. + +Por eso iba á buscar la felicidad del olvido y de la embriaguez, todas +las noches, al lado de su esposa. + +Por eso doña Isabel habia sorprendido alguna vez su sueño fatigoso, su +suerte horrible. + +Yaye no podia expiar de una manera mas horrorosa sus errores, ó sus +crímenes. + + + + +CAPITULO XXXVI. + + En que el autor descubre donde estaban los que se habian perdido. + + +Necesitamos dividir nuestra atencion entre tres lugares distintos. + +Dos de ellos los conocemos. + +El otro nos es enteramente desconocido. + +Si penetramos en el uno, en el subterráneo donde vivió en otro tiempo +Calpuc, á donde este tuvo herido á Miguel Lopez, y donde Miguel Lopez +murió por último de hambre, encontraremos á uno de nuestros perdidos +personajes. + +A Amina. + +La veremos sentada sobre un lecho, inmóvil, teniendo sobre su regazo á +su pequeña hija, á quien amamanta; y para besar la cual de una manera +delirante, sale de tiempo en tiempo de su inaccion. + +Nada falta en el subterráneo que pueda hacer soportar la permanencia en +él de una persona: nada mas que aire y dìa. + +Por lo demás se ha procurado embellecer y hacer habitable, cuanto ha +sido posible, aquel antro. + +¿Quién habia revelado á Aben-Aboo la existencia de aquel antro? + +Nuestros lectores adivinan su nombre sin duda. Habia sido Laurenti. + +Nuestros lectores saben que Laurenti habia encontrado en un proceso en +la Chancillería de Granada, la historia entera en que se contenia la +muerte de Miguel Lopez, la del capitan Sedeño, el orígen de dona +Estrella de Cárdenas, y demás sucesos que dejamos relatados en la +primera parte. + +La justicia habia bajado al subterráneo, guiada por el mismo Calpuc; +pero despues aquel subterráneo habia quedado abandonado. + +Un dia en que Aben-Aboo vagaba fugitivo por la montaña, y se habia +entrado á dormir en una cueva, encontró junto á sí, al despertar, una +carta. + +Aquella carta contenia las siguientes palabras: + +«Hace ya muchos dias que vagais á pié, acompañado de algunos hombres de +vuestra confianza, llevando con vos una dama y una niña, y evitando, +siempre con peligro, el encuentro de los monfíes que os buscan. Esa +señora, demasiado delicada para andar con lluvia y con nïeve por breñas +y vericuetos, será causa de que una vez deis en las manos del emir, que +no seria en tal caso muy humano con vos. Yo, como vos, soy enemigo del +emir, y quiero ayudaros, indicándoos un lugar muy escondido, donde +podreis guardar á vuestra prisionera y quedar libre para vuestros +negocios y para evitar la persecucion de que sois objeto. (A seguida el +autor del anónimo daba á Aben-Aboo las señas indudables, por las cuales +podia dar con el subterráneo). No desconfieis de quien os escribe, +concluia, porque si fuese vuestro enemigo, podria haberos muerto ó preso +mientras dormiais, en vez de haber dejado junto á vos y sobre vuestra +ballesta, esta carta.» + +Temeroso Aben-Aboo de que embarazado por Amina y por su hija, diesen con +él los monfíes que le buscaban, como ya habia estado á punto de suceder +alguna vez, buscó el subterráneo por las señas que tan misteriosamente +le habian dado, y encerró en él á Amina y á su hija. + +Aben-Aboo se encontraba, como Yaye, sin poder ir ni atrás ni adelante. +Su tio Aben-Jahuar le habia metido de una manera insidiosa en aquel +laberinto, del cual el jóven no encontraba la salida. + +Sabia, á no dudarlo, que el emir no tenia duda alguna de que él habia +sido el raptor de Amina: sabia que del mismo modo que Yaye le habia +colmado de beneficios, se ensangrentaria con él, si le habia á las +manos, porque sabia demasiado hasta donde llegaba la tremenda justicia +del emir. Habia conocido al fin claramente, que su tio Aben-Jahuar le +habia envuelto con una intencion refinadamente traidora en aquel +compromiso, y en vez de presentarse lealmente á Yaye, para manifestarle +la verdad de los hechos é implorar su perdon, le aconsejó su miedo +deshacerse á todo trance y cuando pudiese del hombre que se lo +inspiraba. + +La muerte del emir estaba decretada en el pensamiento de Aben-Aboo como +un medio de seguridad; la de Aben-Jahuar como la satisfaccion de la +venganza de una parte, y por otra como una medida prudente que debia +librarle de un rival peligroso, porque Aben-Aboo habia comprendido de +una manera clara que el objeto de Aben-Jahuar era destruir cuantos +obstáculos se oponian á su ambicion, y quedar solo, como señor soberano, +al frente de la rebelion de los moriscos. + +Para esto necesitaba Aben-Aboo una alianza, y la buseó, ó mejor dicho, +aplazó el buscarla en Aben-Humeya. + +Aben-Aboo entraba de lleno impulsado por su ambicion y por su miedo en +la senda del crimen. + +Sin embargo, y como á mujer, habia tratado y trataba con un profundo +respeto á Amina. + +Consistía esto, primero: en que Aben-Aboo no amaba á Amina, porque +estaba enamorado de la princesa: segundo, en que habiendo resuelto +deshacerse por medio del asesinato de Yaye, el resto de conciencia que +le quedaba le separaba de la jóven: y tercero, en que, prescindiendo de +estos dos antecedentes, sabia que Amina jamás podria ser para él mas que +una esclava violentada. + +Aben-Aboo tenia en Amina una carga que conservaba por temor, y que en +todo caso podia servirle para dictar condiciones al emir. + +Asi es que cuando Aben-Aboo bajaba todos los dias al subterráneo á +cuidar de Amina, no la hablaba una sola palabra. + +Unicamente un dia la dijo: + +--Parto para una empresa aventurada, en la cual podré perecer: os dejo +provisiones para muchos dias. Si falto tres, rogad á Dios que os ampare, +porque podreis morir aquí sepultada. + +Amina lanzó un grito de terror, estrechando contra su corazon á su hija. + +¿Cuál podria ser la empresa aventurada que acometia Aben-Aboo? + +Antes necesitamos revelar á nuestros lectores los otros dos lugares +donde encontraremos el resto de nuestros perdidos personajes. + +El segundo lugar que hemos dicho que conocemos, era el subterráneo de la +princesa encantada. + +Si entramos en él una noche, encontraremos á dos personas muy conocidas +nuestras: á doña Elvira de Céspedes, viuda de don Diego de Córdoba y de +Válor y á Aben-Jahuar, su cuñado. + +El lugar en que se encontraban no era aquel salon árabe en que ya hemos +entrado una vez con Laurenti y Cisneros, sino un pequeño retrete, á que +se entraba por una de las puertas que, como dijimos, daban al corredor +por donde era necesario pasar para llegar á la gran cámara. + +Doña Elvira estaba recostada en un colchon doblado que la servia de +divan: Aben-Jahuar estaba sentado junto á ella en un escabel ó banquillo +de pino; una candileja clavada en la pared, alumbraba aquel espacio de +una manera siniestra, y por último, algunas astillas de madera en el +centro del pavimento roto, servian de calorífero. + +Doña Elvira se conservaba sumamente hermosa; pero su hermosura habia +tomado un aspecto terrible: conocíase que el disgusto contínuo, la ira +reprimida, el deseo contrariado, el orgullo ofendido, habian ido fijando +lentamente su marca en aquel semblante, hasta darle el aspecto del de un +hermosísimo demonio; su sencillo y severo traje estaba en armonía con la +terrible expresion de su semblante, y sin embargo, sonreia á su cuñado, +y le sonreia con tal intencion, de una manera tal, que Aben-Jahuar +estaba fascinado: porque en la mirada de doña Elvira hácia él habia +amor, mas que amor, pasion: Aben-Jahuar se creia soñando. + +--¿Sabes Elvira, la dijo, que apenas puedo creer á lo que mis oidos han +escuchado, á lo que ven mis ojos? ¿Que tú me amas y que me amas hace +mucho tiempo? + +--Si, dijo doña Elvira, te amo, te amo porque lentamente tu amor y tus +sacrificios me han obligado. ¿Y sabes por qué te he ocultado mi amor? + +--Yo creia que era imposible que me amases, dijo con recelo Aben-Jahuar. + +--¡Imposible! ¿y por qué? + +--Porque... creia que amabas á otro. + +--¿A Yaye? dijo con la mayor naturalidad doña Elvira. + +--Si, á Yaye, contestó con acento reconcentrado Aben-Jahuar. + +--¡Qué poco conoces el corazon de las mujeres! + +--Sin embargo, has rechazado constantemente mis deseos. + +--Porque no queria comprometerte... porque esperaba á concluir para +siempre de una manera desembarazada. + +--¿Concluir, qué? + +--Concluir mi venganza. + +--¿Contra Yaye? + +--Contra Yaye. + +--¿Venganza de amor? + +--Venganza de odio. + +--¡Tú has amado á Yaye! + +--Yo no podia amar al asesino de mi marido. + +--¡Ah! + +--Yo no podia ni puedo amar al que es un obstáculo para el +engrandecimiento de mi hijo. + +--¿Consistirá tu odio en que Yaye se haya casado con Isabel? + +--No, de ningun modo: ¡Isabel y Yaye! ¡digno consorcio! la mujer +adúltera unida al asesino de su marido! + +--Dame una prueba indudable de que me amas. + +--¿Y qué prueba? dijo doña Elvira infiltrando una candente mirada en los +ojos de Aben-Jahuar. + +--Sé mi esposa. + +--Juro serlo en el momento en que me vengue de Yaye. + +--¿Y cómo piensas vengarte? preguntó Aben-Jahuar. + +--No lo sé: hace mucho tiempo que Dios ó el diablo protegen á ese +hombre: he gastado á manos llenas el oro para lograr que se apoderan de +él, y no he podido conseguirlo. + +--En otro tiempo le tuviste en tu poder. + +--¡Enfermo! ¡hé ahi como me muestra su agradecimiento Yaye! casa á su +hija con ese marqués de la Guardia, hace su compañero en el gobierno de +los monfíes al hijo de su amante, y todo viene á asegurarme su intencion +de que piensa robar á mi hijo la corona de Granada. + +--Una sola palabra, Elvira. + +--¿Cuál? + +--¿No has sido tu tambien adúltera? + +--¡Yo! + +--¿No has sido amante de Yaye? + +--¡Yo amante de ese miserable! + +--Pronto me darás una prueba de si le amas ó le aborreces. + +--¡Una prueba! + +--Si, porque si es cierta tu sed de venganza muy pronto vas á ser +vengada. + +--¡Vengada! exclamó doña Elvira, y palideció y se extremeció. + +--¡Paréceme que te espanta mi venganza, Elvira! dijo con acento terrible +Aben-Jahuar. + +--¡Porque tiemblo! tiemblo de impaciencia. + +--Pues creo que esta noche quedarás vengada. + +--¡Esta noche! ¿pero cómo? + +--¿Qué te importa como sea, si esta noche ves ante tus plantas al emir? + +--¡Pero explícame!... + +--¡Oh! ¡oh! cualquiera diria Elvira que le amas y que temes por su vida. + +--¡Su vida! exclamó doña Elvira no pudiendo contenerse en el fingimiento +que se habia propuesto: ¿pues qué le vais á matar? + +--Verdaderamente Elvira, dijo Aben-Jahuar con acento siniestro, ¿qué +estás muy ansiosa de su sangre? + +--¡Si! ¡pero!... ¡pero quién le va á matar! exclamó doña Elvira +descubriendo cada vez mas su amor hácia Yaye. + +--No ha faltado quien diga á tu hijo, quien se lo pruebe, que Yaye fue +la causa de la prision y de la muerte de mi hermano. + +--¿Y mi hijo lo ha creido?... + +--Acaso en estos momentos, tu hijo se encamina al lugar donde sabe que +debe encontrar al emir solo y desarmado. + +--¡Para matarle! + +--Cree que el emir ha sido la causa de la muerte de su padre. + +--Pero eso no es verdad: Yaye no ha tenido culpa alguna... + +--¿Pues no le acusabas poco hace tú misma?... + +--¡Mentira! ¡mentira! y escucha hermano: yo te creo violento, zeloso, +irritado, pero no miserable: escúchame por Dios hermano... porque es +necesario evitar un horrible crímen. + +--¿Es decir, que amas á Yaye? + +--¡Oh! ¡Dios mio! ¡si! exclamó doña Elvira cubriéndose el rostro con las +manos: le amo desesperadamente hace veintidos años. + +--¿Y por qué me engañabas? dijo Aben-Jahuar, dominando su odio y dando á +sus palabras un acento tristemente melancólico: ¿por qué me decias que +querias vengarte de Yaye? + +--¡Oh! ¡yo no sé! ¡yo no sé! ¡yo estoy loca! Yaye me ha despreciado: le +he escrito arrojando en mis cartas todo mi corazon, y no ha contestado á +mis cartas: he querido apoderarme de él, y no he podido: ¡al fin se ha +casado!... ¡se ha casado con Isabel! yo queria vengarme... quiero +vengarme... pero ya te lo he dicho: no sé como: porque yo no quiero +matarle... + +--Le matará tu hijo. + +Doña Elvira al escuchar esta terrible profecía lanzó un grito de horror. + +--¡Mi hijo! exclamó: ¡mi hijo! ¡un parricidio! + +--¡Un parricidio! exclamó Aben-Jahuar levantándose: ¡un parricidio has +dicho! + +--Si, si: ¡porque... mi hijo es hijo de Yaye! + +Destelló de los ojos de Aben-Jahuar una mirada salvaje indescribible. + +--¡Oh! exclamó: ¡oh! pues entonces es necesario... necesario de todo +punto evitar... yo no sabia... yo estaba engañado... y ese hombre... ese +hombre extraño que nos ha procurado este asilo... ese hombre á quien yo +esperaba... + +--Pero yo quiero ir, volar junto á mi hijo: decirle: el hombre que +quieres asesinar es tu padre... es necesario salir al momento de aquí... +¡Dios mio! ¡ Dios mio! ¿no oyes que es necesario que salgamos de +aquí?... + +--Pero yo no sé las salidas, dijo afectando desesperación Aben-Jahuar. + +--¡Llévame, llévame á detener á mi hijo! exclamó doña Elvira arrojándose +á sus piés: logre yo impedir ese horroroso crímen... y te amaré, +Fernando, te amaré con toda mi alma... y seré tuya, y seré tu esclava. +¿No oyes que mi hijo es hijo de Yaye? + +--Alzate, y silencio; suenan pasos; acaso sea ese hombre: si es él, aun +tenemos tiempo... si, si, él es... pero enjuga tus lágrimas, +tranquilízate... se acerca. + +--¡Ya es hora! dijo acercándose á la puerta Laurenti. + + * * * * * + +Debemos trasladarnos á otro lugar, al lugar que hemos dicho que no +conociamos, y donde encontraremos á Angiolina. + +Todos los que hayan estado en Granada ó en las Alpujarras, habran tenido +ocasion de ver que hay una clase de gente pobre, que vive en muy pobres +habitaciones. + +Son estas, cuevas naturales, á las que se ha puesto una puerta, abierto +una chimenea, dilatado y blanqueado el interior. En Granada y en las +Alpujarras, hay barrios enteros de estas viviendas, barrios cuyas calles +son barrancos, y á los que sirve de terrado el repecho de la montaña, +cubierta de higueras de Túnez y de pitas, entre las cuales se levanta el +humo de las chimeneas. + +Por lo general las gentes que viven en estos miserables albergues son +gitanos. + +En una de estas negras viviendas, entró Aben-Aboo, la misma noche en que +tuvo lugar la escena anterior. + +El jóven iba solo, vestido á la berberisca y armado con un arcabuz. + +Dentro de la cueva estaba una vieja calentándose junto á un fuego medio +extinguido, y asando castañas. + +Cuando entró, el jóven se dirigió á la vieja. + +--¿Ha pasado alguien? dijo Aben-Aboo. + +--¡Nadie! dijo la vieja: hoy como todos los dias el barranco ha estado +solitario; solo he visto á lo lejos por la loma de la fuente pasar un +pastor de cabras. + +--¿Y no se acercó? + +--No. + +--¿Qué hizo? + +--¿Qué hizo? estar parado algun tiempo apoyado en su báculo. + +--¿Y nada mas? ya te he dicho que observes bien cuanto hagan los que +pasen cerca ó lejos de la cueva. + +--¿Qué hizo? no me acuerdo de que haya hecho nada. + +--¡Nada! exclamó con impaciencia Aben-Aboo. + +--Nada hizo, solamente puso un lazo en un madroño. + +--¡Ah! ¿un lazo para coger gorriones? + +--Eso es. + +--¿Y no volvió? + +--No por cierto; aunque á poco de irse, cayó un gorrion en el lazo: yo +esperé algún tiempo á ver si volvia, y como no volvia, atravesé el +barranco, llegué al madroño, cogí el gorrión, me le traje, le asé y me +le comi. + +--¡Un lazo para coger gorriones! murmuró Aben-Aboo. + +Y luego sacando de su bolsillo unas monedas de plata, dijo á la vieja: + +--Vete. + +--¡Que me vaya! ¿y á dónde? + +--Ya no haces falta aquí. + +--¿Y quién cuidará de esa señora? + +--Te digo que no haces ya falta, tu cueva está cerca: vete con tus +hijas. + +--¿Y ya no me dareis mas dinero? + +--¡Toma, toma, sanguijuela insaciable! dijo Aben-Aboo, dando á la vieja +dos ducados mas. + +--Todos los dias el hambre pide pan: antes cuando mi marido y mis hijos +vivian, trabajaban y mi casa estaba alegre, porque siempre habia una +olla al fuego y pan en la cesta; pero los cristianos mataron á mi marido +y á mis hijos: mi casa ha quedado triste, y mis hijas buscan á los +pastores y á los monfíes para que les den un pedazo de pan, porque +tienen hambre. + +--Yo mandaré que te den cuatro ducados todos los meses. + +--¡Cuatro ducados! ¡Dios es grande y misericordioso, y os recompensará, +señor! + +--Bien, pero vete: necesito quedarme solo. + +Aben-Aboo franqueó la puerta. + +--¡Qué oscura y qué callada está la noche! dijo la vieja, asomando á la +puerta la cabeza: pero á bien que dentro de dos horas saldrá la luna. +Que Dios os guarde, hermoso señor. + +Y la vieja se rebujó la cabeza en un andrajo, salió de la cueva, y +pronto se perdió entre la oscuridad. + +Aben-Aboo cerró entonces fuertemente la puerta. + +--¡Un lazo para coger gorriones! repitió Aben-Aboo, tomando de un hueco +de la cueva una linterna, y encendiéndola con una astilla del fuego: esa +es la señal convenida: ¡esta noche! ¡esta noche al fin! + +Aben-Aboo se estremeció, y permaneció inmóvil con la linterna en la +mano. + +--¡Esta noche...! ese hombre, ese castellano es terrible: me ha probado +casi que el emir es el asesino de mi padre: me ha probado que mi madre +es una infame; ella amaba al emir antes de casarse con mi padre: recien +casado con ella, don Diego de Válor y mi tio Aben-Jahuar se llevaron +consigo á mi padre, y la justicia le encontró despues muerto de hambre y +herido en el mismo lugar donde tengo escondida á la sultana Amina: ¡Dios +es justo y misericordioso! Pero aun no estoy satisfecho: ese Godinez ó +ese demonio en quien parece confiar tanto doña Elvira, la madre de +Aben-Humeya, no me ha presentado ninguna prueba concluyente: es cierto +que me ha hecho reparar en muchas circunstancias que casi me +convencen... pero me ha dicho que la prueba indudable la tiene la +princesa, que por su rivalidad con Amina, se la procuró: la princesa +está en mi poder... puedo tocar la verdad, y sin embargo esa verdad me +estremece. + +Aben-Aboo dió un paso hácia una oscura gruta de la cueva que conducia al +interior, y se detuvo otra vez irresoluto. + +--¿Seré yo acaso el instrumento de una venganza infame? se dijo: pero +no: la princesa... la princesa me embriaga... parece amarme... ¿pero +estaré yo ciego? sin embargo la princesa me domina, sabe que soy su +esclavo... sabe cuánto la amo, que mi amor puede arrastrarme á una +violencia, y sin embargo, se encuentra conmigo alegre, satisfecha, +tranquila: solo me opone que mientras viva el marqués de la Guardia... +indudablemente el amor que ha tenido al marqués se ha convertido en +odio... y yo... yo la amo mas cada dia. Es necesario resolverse. + +Y Aben-Aboo penetró en aquel antro. + +Llegó á un ángulo, arrolló con el pié un monton de tascos de estopa, +removió despues el suelo terrizo que la estopa habia dejado descubierto, +y apareció una trampa de madera. + +Levantó aquella trampa, bajó unas escaleras abiertas á pico, y se +encontró en un pequeño espacio, donde habia una cama, una silla y una +mesa con una lámpara encendida. + +Salióle al encuentro una mujer vestida de negro. + +Aquella mujer le abrazó y le besó en la frente. + +Aben-Aboo se estremeció porque aquella mujer era Angiolina Visconti. + +--¡Oh!; ¿cuándo sereis mi esposa? exclamó el jóven. + +--Cuando sea viuda, contestó tranquilamente Angiolina. + +--¡Viuda! + +--Ya sabeis que yo no he pertenecido mas que á un hombre, que le he +considerado mi esposo, y que mientras viva... + +--El marqués ha muerto, dijo Aben-Aboo. + +--¡Que ha muerto el marqués! dijo Angiolina con un acento reconcentrado, +comprimiendo y dominando la angustia que se apoderó de su alma. + +Aben-Aboo que la observaba profundamente, engañado por el violento +esfuerzo con que Angiolina habia dominado su alma, dijo para sí: + +--Indudablemente la princesa, no ama ya al marqués: si le amara se +hubiera estremecido, se hubiera entregado á alguna demostracion de dolor +al saber su muerte. + +Angiolina leyó sin duda el pensamiento de Aben-Aboo en su mirada, porque +dijo con interés, con conmocion, pero sin terror, sin sentimiento: + +--¿Y dónde ha muerto el marqués? + +--En Cádiar: la noche de Navidad; la compañía entera á cuyo frente se +encontraba ha sido exterminada. + +--¡Ah! ¿y le habeis matado vos? + +--Afortunadamente no. + +--¿Por qué decís afortunadamente? + +--Porque no quisiera unirme á vos trayendo las manos manchadas con la +sangre de ese nombre á quien habia considerado como vuestro esposo. + +--¿De modo que, dijo Angiolina, anduve acertada en vestirme de negro +para huir con vos de Cádiar? + +--¿Llevais por él luto? + +--¿No habeis dicho vos mismo que yo le consideraba mi esposo? + +--¿Y esa muerte no os causa pesar? + +--Ya lo veis, hablo de ello tranquilamente con vos como si se tratara de +la de cualquier otro. + +--Pero no os mostrais alegre. + +--Yo no tengo mal corazon. + +Era que Angiolina no tenia sobre sí misma dominio bastante para llevar +su fingimiento hasta el punto de mostrarse alegre por la muerte del +marqués, cuando estaba transida de dolor, anhelante, haciendo poderosos +esfuerzos para que no saliesen á sus ojos las lágrimas, á sus labios los +gritos desesperados. + +--¿Será acaso que no creais que el marqués haya muerto? dijo el receloso +jóven. + +--Sí lo creo: porque según lo que ha pasado en las Alpujarras, el +marqués que era muy noble y muy valiente ha debido morir. + +--¡Ah! ¡le elogiais! + +--El que haya sido conmigo un infame, el que yo me haya visto obligada +primero á desear vengarme de él, después á despreciarle, no prueba que +cuando se trataba del servicio del rey fuese cobarde ni villano: para +probaros que os creo, voy á deciros una sola palabra: soy vuestra. + +--¡Que sois mia! exclamó Aben-Aboo, levantándose de la silla. + +--¡Si, si, dijo Angiolina conteniéndole con un movimiento: después de +algunos dias... + +--¡Ah! dijo Aben-Aboo. ¡Otro plazo! + +--¿No despreciaríais algun dia á una mujer que os abriese sus brazos, +caliente aun el cadáver de su esposo? + +--¡Esa extraña manía de llamar vuestro esposo al marqués...! + +--Yo le he considerado como tal. Sin embargo, podeis abreviar ese plazo. + +--¿Cómo? + +--Sabeis que soy enemiga del emir, porque de él vienen mis desgracias. +Si él hubiera guardado mas á su hija, no me hubiera visto ultrajada por +el marqués. Si mi esposo... + +--¿De qué esposo hablais ahora...? + +--Del príncipe Lorencini Maffei. + +--¡Ah! + +--Si, mi esposo no sé por qué malhirió al emir en Madrid, y huyó: desde +entonces quedé abandonada, y me ví obligada á ampararme de Cisneros. +Solo por una sucesion de tristes casualidades he podido venir á vuestras +manos. Aborrezco al emir y á su hija, el odio que siento hácia ellos me +abrasa el corazon. Si exterminais al emir y á la sultana Amina... el dia +en que me digais: no existen, podéis pisar su sepultura, aquel dia... me +arrojo en vuestros brazos. + +Angiolina se estremeció horrorizada de sí misma: sabia que Aben-Aboo era +hijo del emir, hermano de Amina, y sin embargo le pedia la sangre de su +padre y de su hermana: y era que aunque comprimia su dolor, dolor +causado por la noticia de la muerte del marqués, que Aben-Aboo la habia +dado con la mayor seguridad, aunque sabia que el marqués no habia +muerto, la enloquecia, la hacia sentir una horrible sed de exterminio, +la arrastraba á todo. + +Una fatalidad mas que se levantaba contra Yaye. + +Porque Angiolina, que, como hemos dicho, solo era infame cuando se +tocaba á su corazon, á sus zelos, á su desesperacion por el marqués, se +habia reservado de dar á Aben-Aboo la prueba aparentemente terrible de +que Yaye habia tenido parte en el asesinato de Miguel Lopez. + +Si Aben-Aboo no se hubiera enamorado de Angiolina hasta el punto de +inventar una mentira para procurarse su posesion, acaso Angiolina no se +hubiera atrevido á afrontar el horroroso crímen de levantar el puñal de +un hijo contra su padre. + +Pero al escuchar la noticia de la muerte del marqués, noticia dada con +tal maestría, que Angiolina creyó en ella, enloqueció y lo arrostró +todo: en aquellos momentos, si hubiera podido, hubiera incendiado la +creacion. + +--¡Otra condicion mas! exclamó Aben-Aboo. + +--Pero condicion que podeis satisfacer fácilmente. + +--¡Matando al emir! + +--¿Acaso no fue él la causa, y el cómplice de la muerte de vuestro +padre? + +--Me lo habeis repetido mil veces, pero no me habeis dado la prueba, +dijo Aben-Aboo. + +--¡La prueba! ¿queréis la prueba? exclamó Angiolina levantándose de +donde estaba sentada, y sacando de debajo el cofre de sus alhajas que +habia traido de Granada: os voy á dar la prueba, añadió abriendo con +mano temblorosa el cofrecillo, y sacando de él unos papeles doblados que +entregó á Aben-Aboo. + +Aquellos papeles eran parte del testimonio que Laurenti habia traido de +Granada: en él constaban las informaciones hechas acerca de la muerte de +Miguel Lopez, la acusacion y la sentencia contra don Diego de Córdoba y +de Válor, y las inculpaciones que este habia hecho, descargándose, +contra el emir de los monfíes, puesto que monfíes habian sido los +asesinos visibles de Miguel Lopez. + +Si Aben-Aboo hubiera meditado un poco, hubiera aplazado hasta informarse +mejor, la ejecucion de su venganza: hubiera podido saber por Aben-Jahuar +que ninguna parte habian tenido Yaye ni su padre Yuzuf en aquella +muerte; pero solo leyó esta terrible frase: los monfíes fueron los +asesinos de Miguel Lopez, y el emir de los monfíes estaba enamorado de +doña Isabel de Córdoba y de Válor. + +Aben-Aboo, con los ojos desencajados se volvió á Angiolina despues de +haber cogido aquellos papeles, que por desgracia para Aben-Aboo estaban +autorizados en forma. + +--Me habeis dicho que sereis mia, el dia en que podais pisar las +sepulturas de Yaye y de Amina. Os aseguro que si cumplis vuestra promesa +sereis mia mañana. + +Y sin decir una palabra mas, salió desencajado, frenético. + +Cuando se quedó sola Angiolina, lanzó un largo grito de angustia, se +arrojó de costado sobre el lecho y rompió á llorar por el marqués. + +Aben-Aboo entre tanto corria frenético á través de las breñas, en medio +de las tinieblas de la noche. + + + + +CAPITULO XXXVII. + + En que se cuentan sucesos horribles. + + +Aquella misma noche, el emir estaba sentado junto á una chimenea en su +alquería de Cádiar. + +Doña Isabel sentada frente á él, indolente, magnífica, pero preocupada, +fijaba su vista distraida á través de los cristales de una ventana, en +la luna que acababa de parecer sobre una montaña inmediata. + +Yaye estaba tambien profundamente pensativo. + +--Será necesario al fin romper por todo, dijo Yaye dirigiéndose á doña +Isabel. + +--¿Romper por todo? exclamó esta. + +--Si, es necesario... necesario de todo punto, buscar á nuestro hijo: +necesito hablarle... despues de hablarle, espero que todo se arreglará: +es un sacrificio, un sacrificio enorme: ¿pero qué hacer? + +--¿No hemos resuelto ya que nuestro hijo sepa la verdad de su +nacimiento? + +--Si, es cierto: pero yo lo dilataba; yo esperaba; el momento es +llegado: despues de esto... + +--Despues de esto, y para evitar nuevas y mayores desgracias, será +necesario que hagas otra revelacion á otro hijo tuyo. + +Yaye se puso pálido: hasta entonces doña Isabel ni una sola palabra le +habia dicho que indicase que conocia el misterio del nacimiento de +Aben-Humeya: las últimas palabras de doña Isabel, aunque tranquilas y +afectuosas, le aterraron. + +--¡De otro hijo mio! exclamó: ¿acaso sabes?... ¿acaso esa funesta mujer +te ha revelado?.... + +--No; mi cuñada nada me ha dicho: ¿pero no sabia yo que hace veinte y +dos años, doña Elvira te tuvo en su poder? ¿Acaso pudieron engañarse mis +ojos? como no pudo engañarse mi corazon, no pudieron engañarse mis +zelos; yo sabia que doña Elvira te amaba, que te amaba con toda su alma, +con toda la vehemencia de un empeño contrariado. Mi hermano, despues de +haber quedado tú en poder de doña Elvira por aquella sucesion terrible +de fatalidades, solo volvió para estar un momento al lado de su esposa y +ser preso por el Capitan general. Cuando nació Aben-Humeya, no pude +dudar de que era tu hijo: lo que habia visto, el tiempo trascurrido +desde la prision de mi hermano, hasta el nacimiento de Aben-Humeya, todo +me confirmó en que era tu hijo. He guardado este terrible secreto de +familia, pero en el estado á que han llegado las cosas, es necesario que +Aben-Aboo y Aben-Humeya sepan que son hermanos: preciso de todo punto. + +--¿Y crees que yo fui culpable, que yo acepté por mi voluntad los amores +con doña Elvira? dijo Yaye cuya voz temblaba. + +--¡Doña Elvira era muy hermosa! contestó tristemente doña Isabel. + +--Doña Elvira abusó de mi situacion: cuando doña Elvira me perteneció, +yo no vivia, propiamente dicho: estaba dominado por un marasmo +profundo... y es mas Isabel, y puedes creerme como si leyeses en mi +conciencia: en medio de aquella fascinacion fatal, yo creia poseerte +cuando poseia á doña Elvira. ¡Oh! ¡cuán terrible, cuán funesta es mi +historia! + +--No hablemos mas de eso: ha sido lo que Dios, sin duda para probarte, +ha permitido que sea. Pero en el punto en que nos encontramos, es +necesario obrar, y obrar pronto: romper esa cadena funesta con que nos +estrecha el destino y nos ahoga; remediar como se pueda el mal causado, +y empezar otra nueva vida, una vida enteramente distinta. Me has +prometido arrojar esa sangrienta corona; quiero mejor vivir en una +choza, al lado del mar, alimentándome de la pesca, tranquila, +descuidada, feliz, con el amor de mi familia, que los alcázares dorados, +la servidumbre de los esclavos, las vestiduras regias, la grandeza del +imperio, en medio de los remordimientos de horribles crímenes y bajo el +peso de insoportables cuidados. + +--¡Oh! ¡si quisiera Dios! + +--¡Ojalá que Dios no esté irritado contra nosotros! + +Y doña Isabel se puso de pié. + +--¿A dónde vas? la dijo Yaye. + +--Ha salido la luna, contestó doña Isabel. + +--No te comprendo. + +--Dentro de un momento me comprenderás. + +--Pero... + +--Silencio... déjame hacer. + +--Te confieso que me espanta ese misterio. + +--Ese misterio se esclarecerá pronto; pero no me detengas, dentro de un +momento volveré. + +Doña Isabel salió, y Yaye quedó entregado á una ansiedad indescribible, +á una curiosidad punzante y gravísima. + +Doña Isabel entre tanto habia ido á una retirada habitacion de la +alquería, cuyas ventanas daban sobre un barranco. + +Pero antes de decir lo que encontró doña Isabel en aquel aposento, +debemos poner en antecedentes á nuestros lectores. + +Algunos dias antes, doña Isabel habia recibido por medio de un gitano, +mientras paseaba en el valle próximo á la alquería, una carta de su hijo +concebida en estos términos: + +«Necesito hablaros, madre mia: si quereis concederme esta merced, +esperadme esta noche cuando salga la luna en una de las ventanas de +vuestra casa que dan sobre el barranco. Yo llevaré una escala que vos +podreis recoger con un cordon. Nada de esto digais á vuestro +esposo.--Vuestro hijo que bien os quiere, Diego Lopez Aben-Aboo.» + +Esta carta maravilló á doña Isabel, porque no podia comprenderla: ella +creia que su hijo estaba al frente de los monfíes avanzado contra +Granada. + +Pero eran tan graves las circunstancias en que se encontraba Yaye, en +que ella misma se encontraba, que guardó un profundo silencio acerca de +la carta de su hijo, y aquella noche, en el momento que salió la luna, +fué á la ventana indicada por Aben-Aboo, la abrió é hizo una ligera +señal; la contestaron con otra señal desde abajo, y doña Isabel echó el +cordon de que se habia provisto, sintió que abajo tiraban de él, tiró á +su vez doña Isabel y trajo consigo una escala: la aseguró al alfeizar, +se atirantó, y poco despues entró por la ventana un hombre. + +Aquel hombre era Aben-Aboo. + +--¿Qué significa esto, Diego? le dijo con ansiedad doña Isabel. + +--¿Estamos solos, madre mia? dijo el jóven mirando con recelo á su +alrededor. + +--Si, solos estamos: el emir está en la montaña y no vendrá hasta la +media noche. + +--Tenemos entonces tiempo sobrado. + +--Pero yo te creia lejos de aquí. + +--¿No os ha dicho nada vuestro esposo, madre? + +--¿Y qué habia de decirme? + +--¿Nada os ha dicho de mí? + +--No; solamente que te encontrabas mandando los monfíes hácia el puente +de Tablate. + +--¡Ah! ¿no os ha dicho que yo le hago traicion? + +--No... no... ¿pero eso es verdad? + +--No, madre, no, pero hay traidores que pretenden desunirnos á todo +trance. + +--Mi esposo está satisfecho de tí. + +--Vuestro esposo sabe que me amais madre, y os engaña. + +--¡Engañarme! + +--Si: desde la noche del levantamiento de las Alpujarras ando huyendo, +madre mia, y desde entonces el emir me anda buscando. + +--Pero ¿por qué huyes? + +--Porque sé que el emir me cree traidor, y me castigará. Vos sola, vos +sola podreis, madre, hacer que el emir se contenga y consienta en +escucharme. Si me escucha, yo me justificaré: os lo aseguro, porque soy +inocente: pero quiero que me escuche aquí, aquí y á solas. + +Doña Isabel, que amaba con delirio á su hijo, se afligió, lloró, y le +prometió que el emir le escucharia y que el que se hubiera propuesto +dividirlos y enemistarlos, seria castigado. + +Doña Isabel y Aben-Aboo quedaron en verse tres noches despues. + +Doña Isabel iba á cumplir su promesa. + +Abrió una ventana, arrojó una piedrecilla al barranco, y se oyó abajo +una palmada. + +Doña Isabel echó un cordon, le retiró, trayendo una escala, la aseguró, +y á poco apareció un hombre en la ventana y saltó dentro. + +Era Aben-Aboo. + +--¿Habeis hablado al emir, madre mia? la dijo con ansiedad. + +--No; pero le he preparado; ahora le hablaré; él tambien desea hablarte: +pero, qué pálido estás Diego, qué desencajado: ¿te ha sucedido alguna +desgracia, hijo mío? + +--Es que tengo miedo, madre. + +--¡Miedo! ¿y de qué? + +--¡Miedo del emir! + +--¡Miedo de mi esposo! ¿crees tú que aunque fueses culpable, el emir +podría castigarte? + +--¡Oh! ¡madre mia! un demonio se ha puesto en medio de nosotros. + +--¿Quién? + +--Mi tio don Fernando el Zaguer. + +--¡Oh! ¡siempre fue mi hermano traidor y miserable! pero nada temas, +Diego, nada: ¿no sabes que el emir me ama con toda su alma? que te +ama... á tí... porque... porque eres mi hijo? + +--¡Madre, madre! ¡decís eso de una manera! + +--El emir tiene que revelarte grandes secretos: secretos que tocan á tu +madre, que te tocan á tí: por terrible que te parezca lo que te revele +mi esposo... créelo, hijo mio, créelo: tu madre te dice que lo creas. + +--¡Pero explicadme! + +--No; no: seria para mi demasiado sacrificio: el emir te lo explicará. + +--Una palabra: ¿ese secreto pertenece á vos? + +--Si. + +--¿Y por qué no me lo revelais? + +--¿No te digo que seria para mí un horrible sacrificio? + +--Me poneis en confusion, madre. + +--Mi esposo te sacará de ella. Adios. + +--¿Tardará mucho en venir, madre? + +--Tardará un tanto, porque necesito prevenirle. Adios. + +Y doña Isabel, conmovida y trémula escapó. + +Aben-Aboo se quedó solo. + +--Si, si, dijo: sin duda pretenden revelarme, que mi padre murió á manos +de mi tio don Diego de Córdoba y de Válor: pero es ya tarde; ya sé á lo +que debo atenerme: ¿se referirá esa revelacion á Amina? ¿Quién sube? +pero es preciso no perder el tiempo; ¡ola! ¡eh! ¡primo! ¡subid, y subid +pronto! dijo Aben-Aboo en voz breve asomándose á la ventana. + +Poco despues otro hombre entró en la habitacion. + +Era Aben-Humeya. + +--¿Está el emir en la alquería? + +--Si, contestó Aben-Aboo. + +--¿Y has hablado á tu madre? + +--Si. + +--¿Y nada sospecha? + +--Nada. + +--¿De modo que podemos dar el golpe? + +--Si, podremos vengar á nuestros padres. + +--¡Oh! ¡y qué horribles misterios, primo! + +--Pero le tenemos en nuestras manos. La justicia de Dios caerá sobre los +infames: él muerto: mi madre... no la mataré, porque al fin me llevó en +sus entrañas; pero castigaré en ella á la infame que se ha unido con el +asesino de su esposo, con el padre de su hijo. + +--Si, si; con el asesino de mi padre. + +--Despues, tú, rey de Granada, yo, emir de los monfíes... + +--Una palabra, primo: ¿sabes tú del paradero de Amina? + +--Yo no: ¿la amas?... + +--Te juro que si quise casarme con ella, solo fue por atraerme la +amistad del emir. + +--Y yo lo mismo. + +--Muerto el emir... + +--Amina nada importa... + +--Si la encontramos... + +--Si la encontramos la jugaremos á los dados. + +--La jugaremos... + +--Y quien la gane.... + +--La encerrará en su haren. + +--Convenido. + +--Me parece que suenan pasos. + +--¡Oh! ¡si! debe ser el emir; escóndete y está pronto: cuando yo me +abrace á él, hiérele tú por detrás. + +--Esconderme ¿y dónde? + +--Aquí, tras de este tapiz. Pronto; ocúltate. + +Aben-Humeya se escondió. + +En aquel momento se abrió la puerta y apareció Yaye. + +Se detuvo á alguna distancia de Aben-Aboo y le miró profundamente: el +jóven temblaba. + +--Tu madre me ha dicho que deseabas hablarme, dijo el emir. + +--Si, si señor, deseaba hablaros, porque me han calumniado, porque han +suscitado vuestra cólera contra mí. + +--Creo que aquí no hay calumnia, sino error, dijo conteniéndose Yaye. +Pero necesito que me hables con verdad: ¿me has injuriado de una manera +irreparable? + +--No señor. + +--¡Desdichado de tí si no has respetado á Amina! + +--Señor, dijo Aben-Aboo, poniéndose letalmente pálido. + +--Si, desdichado de tí... porque es necesario decírtelo de una vez... +Amina es tu hermana. + +--¡Que Amina as mi hermana! exclamó aturdido por aquel golpe imprevisto +Aben-Aboo. + +--Si, tu hermana, dijo profundamente conmovido Yaye, porque tú eres... +porque tú eres mi hijo... + +--¡Vuestro hijo! ¡que yo soy vuestro hijo! exclamó Aben-Aboo... pero +esto no puede ser, no... mi padre se llamaba Miguel Lopez. + +--Tu padre soy yo: tú naciste diez meses despues de la muerte de Miguel +Lopez. + +--¡La prueba! ¡la prueba! gritó Aben-Aboo. + +--¿No te ha dicho tu madre que creas cuanto yo te digo? + +--Pero mi madre es vuestra esposa, exclamó Aben-Aboo: mi madre tiene +interés... en hacerme pasar por vuestro hijo... + +--Aben-Aboo, gritó Yaye: ¿te atreverás á dudar de mí? + +Mí padre murió asesinado y le asesinásteis vos. + +--¿Yo?... + +--Si, vos, emir de los monfíes... y por vengar á mi padre yo he venido á +mataros... + +--¡A matarme! exclamó Yaye, cuya frente se cubrió de sudor frío. + +--Si, á mataros y os mato, exclamó Aben-Aboo, y por un movimiento +rápido, que Yaye aturdido no pudo evitar, se abrazó á él. + +Y en aquel momento Aben-Humeya, saltó como un tigre del lugar en donde +estaba escondido, y antes de que Yaye pudiese desprenderse de Aben-Aboo, +le clavó un puñal por tres veces en un costado, gritando: + +--¡Muere, asesino de mi padre! ¡su hijo le venga en tí! + +--¡Misericordia de Dios! exclamó cayendo Yaye: ¡asesinado, y asesinado +por mis hijos! + +Aquella exclamacion en la boca de un hombre herido de muerte, aterró á +los dos jóvenes que se miraron pálidos de espanto. + +--¡Ah! ¡que os perdone Dios! exclamó Yaye cayendo; ¡que os perdone Dios, +porque no habeis sabido lo que habeis hecho! + +--Pero... exclamó Aben-Aboo, inclinándose sobre el emir; ¿sostendreis +aun á punto de muerte esta impostura? + +--¡Que os perdone Dios! dijo con desesperacion Yaye. + +--¿Será cierta esa horrible revelacion?... + +--Corred, corred: buscad socorro; dijo el emir: yo quiero salvarme, no +por mí, sino por vosotros: quiero salvarme para que no tengais el +remordimiento de un parricidio. + +En este momento un hombre apareció en la ventana y saltó á la estancia. + +Aquel hombre era Laurenti. + +--¿Es decir que todo se ha consumado? dijo viendo á Yaye por tierra +sobre un lago de sangre: ¿es decir que los hijos han matado á su +padre?... + +--Laurenti, exclamó Yaye... tú... + +--Si: yo el bandido que se venga. + +--¿Has dicho que el emir es nuestro padre? exclamaron los jóvenes. + +--Si, y os traigo la prueba. Lee tú esta carta de tu madre, Aben-Humeya; +la escribió hace veinte y dos años; toma tú esotra, Ahen-Aboo; tambien +hace veinte y dos años que la escribió tu madre doña Isabel. + +--¡Ah! ¡las cartas! ¡las terribles cartas que me robaron! exclamó +espirando Yaye, mientras los jóvenes devoraban las cartas en que sus +madres habian anunciado su nacimiento á Yaye. + +--Si, si, te las robé yo, dijo Laurenti, rompiendo los sellos de la +Inquisicion: me he vengado y nada tengo ya que hacer aquí. Adios. + +Y antes de que los dos jóvenes pudieran detenerle, se precipitó á la +ventana y se deslizó por la escala. + +--¡Oh! ¡no hay duda, no hay duda, exclamó con desesperacion Aben-Aboo, +es mi padre! ¡Estoy maldito de Dios! + +Y sin atreverse á mirar á Yaye huyó, ganando la ventana y la escala. + +Aben-Humeya quedó inmóvil, aterrado, como herido por un rayo, despues de +leer la carta de doña Elvira. + +Luego tieso, ríjido, terrible, como impulsado por un poder superior, se +acercó á Yaye, se inclinó sobre él y le miró. + +Yaye estaba muerto. + +--¡Mi padre! dijo con voz ronca: ¡mi padre! añadió, y se apretó las +sienes con las dos manos, y luego con los cabellos erizados, vacilante, +como un ebrio, se acercó á la ventana, ganó la escala y se deslizó por +ella. + +El cadáver de Yaye quedó sobre un lecho de sangre en la estancia, y á +los piés de la mesa donde estaba la luz, las dos cartas que el horror +habia dejado caer de las manos de Aben-Humeya y de Aben-Aboo. + + + + +CAPITULO XXXVIII. + + En que empieza á desenlazarse nuestra historia, con la salida pera + la eternidad de dos de sus principales personajes. + + +Entre tanto doña Isabel esperaba impaciente. + +Suponia que debia ser larga la entrevista de Yaye y de Aben-Aboo y no se +habia atrevido á escucharla. + +Durante algun tiempo permaneció anonadada en un sillon junto á la +chimenea. Luego, no pudiendo dominar su ansiedad se levantó, fué á su +aposento, abrió una puerta, entró en un pequeño retrete, se arrodilló +delante de un reclinatorio en que habia un cristo crucificado y se puso +á rezar. + +Para doña Isabel aquella era una situacion suprema. + +Su pudor de madre iba á verse herido por la horrible revelacion que Yaye +en aquellos momentos hacia sin duda á su hijo. + +Un terror misterioso se habia apoderado de doña Isabel. + +Se sentía mal, con el alma comprimida y no sabia darse razon de la +causa. + +Estaba bajo la influencia de esa intuicion inexplicable que nos anuncia +una desgracia; intuicion ó augurio del cual no podemos darnos cuenta, +sino cuando la desgracia ha acontecido. + +Dominaba en torno suyo un silencio profundísimo y aquel silencio la +asustaba. + +Se distraia y solo rezaban sus labios. + +Su corazon no estaba en Dios, sino en aquel apartado aposento donde se +habian encerrado Yaye y Aben-Aboo. + +Pasó asi algun tiempo, sin que nada turbase aquel denso silencio, +aquella calma glacial. + +De repente se oyeron fuertes ladridos de los perros de la alquería, +luego ruido de voces, y al cabo pasos precipitados en la cámara de doña +Isabel. + +Esta se levantó del reclinatorio y corrió á su cámara. + +En ella encontró á Harum-el-Geniz, en cuyo semblante se notaba algo +extraordinario. + +--¿Qué sucede? dijo doña Isabel. + +--Debe amenazarnos una gran desgracia, señora, dijo el leal monfí. + +--¡Una gran desgracia! + +--Si, porque Aben-Jahuar el Zaguer, vuestro hermano y vuestra cuñada +doña Elvira de Céspedes, acaban de llegar á la alquería y preguntan +anhelantes por el emir, por vos, por vuestro hijo, por Aben-Humeya. + +--Hacedles, hacedles entrar al momento, dijo doña Isabel. + +Aben-Jahuar y doña Elvira fueron introducidos. + +Doña Elvira se avalanzó pálida á doña Isabel. + +Hacia veinte y dos años que aquellas dos mujeres no se veian: es mas, +que se aborrecian. + +Doña Isabel miró con una expresion de gran extrañeza á su cuñada. + +--¿Qué quereis en mi casa, señora? la dijo. + +--¡Qué quiero! salvar á Yaye, á quien vos habeis perdido, contestó doña +Elvira. + +--¿Qué decis? exclamó con un supremo desprecio doña Isabel. + +--¿Dónde está Yaye? exclamó con afan doña Elvira. + +--Si, ¿dónde está el emir? repitio Aben-Jahuar. + +--¿Pero por qué me preguntais por él de ese modo? + +--Urge aprovechar los momentos, hermana, dijo Aben-Jahuar, imponiendo +silencio con un ademan á doña Elvira. + +--Está aquí, en su casa, dijo cada vez mas admirada doña Isabel. + +--¡Ah! ¡loado sea Dios! dijo Aben-Jahuar. + +--Está hablando de negocios de familia con mi hijo, añadió doña Isabel. + +--¿Que está encerrado con tu hijo, hermana? exclamó Aben-Jahuar, +palideciendo de nuevo: ¿y hace mucho tiempo que han quedado solos? + +--Cerca de una hora; pero no comprendo.... + +--¡Una hora! exclamó aterrada doña Elvira. + +--Ha tenido tiempo bastante para asesinarle. + +--¡Para asesinarle! exclamó doña Isabel: ¿qué decis? + +--Tu hijo cree á tu esposo asesino de su padre. + +Doña Isabel no escuchó mas: se precipitó hacia la habitacion donde habia +dejado á Yaye y á su hijo, y Aben-Jahuar y doña Elvira la siguieron. + +La puerta de aquella habitacion estaba cerrada por dentro, y no se +escuchaba hablar á nadie en aquella habitacion. + +--¡Harum! ¡Harum! gritó fuera de sí doña Isabel: echad esta puerta +abajo, echadla. + +Acudieron Harum y algunos monfíes y la puerta cayó por tierra. + +Un grito de horror se exhaló de todas las bocas al ver el espectáculo +que se presentó de repente á los ojos de todos. + +Yaye estaba boca abajo sobre un lecho de sangre. + +Todos quedaron inmóvibles, aterrados; doña Isabel con el semblante +desencajado, con la mirada extraviada, dió algunos pasos hácia el +cadáver, luego se detuvo, vaciló, lanzó uno de esos horribles gritos que +solo lanzan las mujeres, y que solo expresan en toda su tremenda +extension, el horror, el dolor, la desesperacion: extendió los brazos y +cayó de boca sobre el cadáver, como un árbol á quien el hacha hiere por +el pié. + +Doña Elvira habia quedado muda, inmóvil, con la mirada terriblemente +fija en aquel grupo horrible de la esposa desmayada, sobre el cadáver +del esposo asesinado. + +Aben-Jahuar, horrorizado de sí mismo, miraba tambien, como petrificado, +aquel grupo, abrumado por el peso de su conciencia. + +Harum blasfemaba, levantando el cadáver de su señor, llorando, rugiendo, +amenazando á los cielos y á la tierra. + +Los otros monfíes habian levantando á doña Isabel que parecia muerta, y +la habian llevado á un divan. + +De repente Harum, cierto ya, de que su señor no existia, le dejó de +nuevo sobre la alfombra, y se volvió con la cólera reconcentrada del +tigre á doña Elvira y á Aben-Jahuar. + +--Vosotros habeis venido, dijo lanzando llamas por los ojos, vosotros +habeis venido á esta casa anunciando una desgracia, preguntando por +Aben-Aboo y por Aben-Humeya. + +--¡Ellos! ¡ellos! ¡los malditos! ¡ellos han sido! gritó doña Elvira: +¡sus hijos! ¡el hijo mio y el hijo de esa mujer! + +Y doña Elvira, con los ojos inflamados, pero sin verter una lágrima, +adelantó hácia el cadáver: + +--¡Yaye! exclamó: ¡tú has sacrificado todo cuanto has tenido á tu +alrededor! tu aliento ha sido maldito para todo lo que ha tocado, y te +has despedazado á tí propio, porque has caido bajo el puñal de tus +hijos: ¡has vivido de la desgracia agena, y te has labrado tu propia +desgracia! ¡Que te perdone Dios! + +Y aquella mujer cayo de rodillas, levantó las manos al cielo, y luego se +cubrió con ellas el rostro, y rompió á llorar. + +--¡Idos! exclamó Harum-el-Geniz, dirigiéndose á Aben-Jahuar: ¡idos antes +que mi razon se extravie y no pueda responder de mí mismo! ¡idos y +llevaos á esa mujer! + +--Una palabra, dijo Aben-Jahuar que apenas podia hablar: el emir tenia +una hija. + +--¿Sabeis vos lo que ha sido de la sultana Amina? + +--La sultana Amina está en poder de Aben-Aboo. + +--¿Pero dónde, dónde? + +--En el mismo subterráneo donde murió de hambre Miguel Lopez. + +--¡Es decir que vos, cuando tanto sabeis, sois cómplice en el robo de la +sultana, y acaso en el asesinato del emir! dijo Harum, desnudando su +puñal y adelantando demudado hácia Aben-Jahuar. + +Una mano vigorosa detuvo el brazo de Harum. + +Volvióse, y vió tras sí, pálido como un cadáver, á Calpuc, al rey del +desierto mejicano. + +--¡Idos! ¡idos! exclamó Calpuc con voz conmovida. + +--Si, me voy, dijo con acento sentido Aben-Jahuar y pluguiera á Dios que +nunca hubiera venido: pero recordad, Calpuc: Amina está en el +subterráneo donde vos tuvísteis á Miguel Lopez. + +Y arrojando una última é indescribible mirada á Yaye, y asiendo de la +mano á su cuñada, salió. + +Quedaron solos Calpuc, Harum y algunos monfíes junto al cadáver de Yaye +y doña Isabel desmayada. + +--Aquí hay una escala, dijo uno de los monfíes. + +--Por aquí han huido los infames, gritó Harum. + +--Y en el suelo hay dos cartas, dijo otro monfí. + +Tomólas Calpuc, y las leyó extremeciéndose; despues las quemó á la luz +de la lámpara. + +Calpuc parecia sereno, pero en lo pálido de su semblante, y en lo +concentrado de su mirada, revelaba todo lo intenso de su padecimiento +interno. + +--¡Todo! ¡todo cuanto he amado! exclamó mirando á Yaye. + +Harum no podia creer aquello, no queria creerlo, y continuaba rugiendo y +blasfemando. + +--¡Juro al Dios Altísimo y Unico, desgraciado señor, no reposar hasta +vengarte! ¡juro al Dios Altísimo y Unico, vengarte de tus asesinos! ¡no +reposaré hasta verter la sangre de Aben-Aboo y de Aben-Humeya! + +--Si, pero es necesario salvar á la esposa y á la hija de tu señor: la +esposa está allí, entre la vida y la muerte... la hija... yo iré delante +de vosotros á salvar á mi nieta. + + * * * * * + +Yaye fue puesto en un lecho por los monfíes que acompañaban á Harum, y +doña Isabel conducida á su aposento y entregada al cuidado de sus +doncellas. + +Poco despues, armados y á gran paso, atravesaban la montaña cincuenta +monfíes mandados por Harum y guiados por Calpuc. + + * * * * * + +Entre tanto Aben-Jahuar y doña Elvira marchaban por un estrecho camino. + +Doña Elvira lloraba. + +Aben-Jahuar iba profundamente pensativo. + +Al llegar cerca de una venta, Aben-Jahuar se detuvo, y dijo á doña +Elvira: + +--No podemos permanecer en las Alpujarras; aquí todo es terrible para +nosotros. + +--¡Oh! ¡terrible, muy terrible! exclamó doña Elvira. + +--Debemos pasar á Africa: la guerra, muerto Yaye, enemistados +Aben-Humeya y Aben-Aboo, empeñados los monfíes en la venganza del emir, +fracasará: ¿no podremos olvidar lejos de esta tierra tantos horrores? + +--Haced de mí lo que os plazca, porque ya todo me importa poco, contestó +doña Elvira. + +Y se dirigió á la venta en la que entró con Aben-Jahuar. + + * * * * * + +Al mismo tiempo Laurenti se encaminaba acompañado de Cisneros á la cueva +donde habia dejado Aben-Jahuar á Angiolina. + +--¿Con que hemos concluido ya, señor Godinez? dijo el comediante. + +--Si; si por cierto. Yo os daré tales papeles, que cuando os presenteis +con ellos al arzobispo de Toledo, basten para que podais sin miedo +volver á vuestro oficio, por toda España, y permanecer cuanto querais en +la córte. + +--¿Y esa mujer? + +--¿La amais todavia? + +--Os lo confieso. + +--Pues renunciad á ella, porque soy mas fuerte que vos, y tambien la +amo. + +Llegaban en aquel punto á la cueva: en el barranco un hombre tenia dos +caballos del diestro. + +--Esperad aquí, dijo Laurenti. + +Y entró en la cueva. + +Al sentir sus pasos en la escalera, Angiolina, que habia esperado llena +de ansiedad algunas horas hacia, se levantó anhelante creyendo que era +Aben-Aboo. + +--¿Me habeis vengado ya? exclamó. + +--Si, dijo Laurenti: Aben-Aboo ha matado á su padre. + +Angiolina dió un grito al reconocer á Laurenti. + +--Y como nada tenemos que hacer aquí ya, dijo el bandido, nos volvemos á +Roma, mi adorada Angiolina. El destino ha querido que no salgas de mis +manos, hermosa; primero he sido para tí en los tiempos mas felices de mi +vida, un hombre misterioso, que gozaba, sino tus amores, tu hermosura; +despues tu salvador Bempo; luego á veces tu esposo el príncipe Lorenzini +Maffei, á veces Bempo tu esclavo: después he sido Salvador Godinez, +autor de comediantes, y al cabo vengo á ser Laurenti el bandido, +Laurenti tu señor. Prepárate para acompañarme mientras escribo una carta +para que ese pobre enamorado tuyo Andrés Cisneros pueda volver á la +córte. + +Laurenti sacó de su bolsillo un tintero de asta, le destornilló, sacó de +una cartera papel, y escribió una carta al arzobispo de Toledo, +recomendándole á Cisneros, que era merecedor de la gracia del rey, +decia, contribuyendo á la muerte del emir de los monfíes, el enemigo mas +respetable que tenia España en las Alpujarras. + +Laurenti firmaba aquella carta con el nombre de Lope de Arias. + +Mientras Laurenti escribia, Angiolina, considerándose perdida, habia +meditado un atrevido proyecto: resuelta ya á lo que pensaba hacer, +compuso su semblante, se dominó, y cuando Laurenti la mandó que le +siguiese, se apoyó sonriendo de su brazo. + +--Sin duda meditas alguna traicion, dijo el bandido, cuando tan +tranquila te muestras. + +--¡Una traicion! dijo Angiolina: te engañas Laurenti... ¿acaso no eres +tu mi esposo? ¿acaso no me he vengado ya de ese aborrecido emir? ¿pues +qué causa puede haber para que yo me entristezca? + +--Asi cantan las sirenas, pensó para sus adentros Laurenti. + +Y siguió hácia afuera llevando consigo á Angiolina. + +Cuando llegaron al barranco, Laurenti dijo acercándose á Cisneros. + +--Tomad la carta que os habia prometido para el arzobispo de Toledo, y +una bolsa con que podais hacer el viaje. Montad á caballo y adios. + +--¿Y no nos volveremos á ver? + +--¿Quien sabe? contestó Laurenti. + +--Adios, señora, adios, dijo Cisneros montando á caballo. + +Angiolina no contestó, y Cisneros se alejó despechado. + +Laurenti puso sobre un cogin, en el arzon delantero, á Angiolina, y +montó á caballo; dió algunas monedas á quien habia tenido aquellos +caballos, y siguió el barranco adelante. + +Por algún tiempo caminaron en silencio. + +La noche era nebulosa, fria, áspero el terreno y el caballo, aunque era +fuerte y ágil, tropezaba con frecuencia. + +--¿Nada tienes que decirme, Angiolina? dijo Laurenti. + +--Nada, absolutamente nada, contestó Angiolina con la voz perfectamente +sonora. + +--¿No te aterra estar en mi poder? + +--No. + +--¿No temes que yo sea para tí un amante excesivamente despótico? + +--No, Laurenti, no: si yo hubiera sabido que Bempo, el hombre que me ha +acompañado durante diez años, eras tú, tú el primer hombre de mi amor... + +--¡De tu amor...! + +--Si tú hubieras observado otra conducta conmigo... sino me hubieras +sentenciado á aquella oscuridad misteriosa, á aquella prision, á aquella +violencia contínua... + +--¡Me hubieras amado...! + +--Yo te amaba y te aborrecia á un tiempo. + +--No te comprendo. + +--Miraba en tí á un tiempo el amante y el verdugo: hui del verdugo, pero +he recordado siempre al amante. + +--Para ultrajarle. + +--No. + +--Has sido querida del marqués de la Guardia. + +--Me arrojó en sus brazos un empeño de mujer. + +--Has sentido zelos de muerte contra la hija del emir. + +--Siempre mi empeño y mi vanidad de mujer: pero me he vengado y estoy +tranquila: he vuelto á tu poder, y no tiemblo, porque sé que me amas +Laurenti, que enloqueces por mí, que por mí eres capaz de todo: porque +sé que no seré tu esclava, sino tu señora. + +--¡Ah! + +--Si; mis miradas te embriagan, mis palabras te fascinan: mi amor te +hace esclavo mio. + +--Es verdad, dijo con voz ronca Laurenti: por tu amor he cometido mis +mas repugnantes crímenes; mis crímenes mas horribles: esa hermana en +poder de su hermano... ese padre asesinado por sus hijos... + +Laurenti se estremeció: Angiolina se estremeció tambien. + +A entrambos los habian llevado el amor y los zelos á crímenes +monstruosos; en entrambos la conciencia se sublevaba contra sus hechos, +implacable, severa: eran dos espíritus condenados. + +Pero en entrambos quedaba arraigado el gérmen que los habia llevado á +aquellos crímenes. + +Laurenti amaba con toda su alma á Angiolina, y por un fenómeno singular, +á aquel amor se unia un odio implacable, porque Laurenti se sentia +aborrecido por ella. + +Lo mismo acontecia á Angiolina; amaba, codiciaba al marqués, pero el +marqués habia herido su corazon y su vanidad, abandonándola, +despreciándola por Amina. + +Angiolina creia muerto al marqués; le creia muerto por consecuencia de +los manejos vengativos de Laurenti, y sentia contra él una insaciable +sed de venganza. + +--¡Oh! ¡yo te mataré! dijo en su pensamiento Angiolina, cuando conoció +que Laurenti estaba, mas que nunca lo habia estado, enamorado de ella. + +--Angiolina, dijo Laurenti, despues de algunos momentos de silencio: si +tú me amases, aun podria ser feliz. + +--¿Y por qué no he de amarte? ¿no has hecho por mi inmensos sacrificios? +¿no lo has sufrido todo? ¿no me has visto acompañada por el marqués, +apoyada en su brazo, sonriéndole enamorada? + +--¡Ah! exclamó Laurenti. + +--Sin embargo, yo no amaba al marqués: estaba únicamente ofendida en mi +orgullo, y creia amor lo que solo eran zelos de vanidad, empeño. Pero +cuando he sabido que el marqués ha muerto, no he llorado... + +--¿Quién te ha dicho que ha muerto el marqués? exclamó Laurenti, +disimulando su extrañeza, porque sabia bien que el marqués vivia. + +--¡Aben-Aboo! contestó Angiolina. + +--¿Has sabido que el marqués ha muerto, y no has vertido todo tu corazon +en lágrimas? ¡si tu hubieras muerto, yo no hubiera podido sobrevivirte! + +--Eso debe probarte que no le amaba. + +--¡Ah! yo te lo perdonaria todo Angiolina si pudiera creerte. + +--¿Y qué pruebas puedo darte para que me creas? + +Laurenti se estremeció de conmocion, estrechó convulsivamente la cintura +de la jóven y la besó en el cuello. + +Angiolina suspiró, se volvió, y rodeó sus brazos al cuello de Laurenti. + +--¡Yo te amo! le dijo suspirando. + +Y le besó en la boca. + +--¡Oh! ¡tu amor! ¡tu amor Angiolina! exclamó el bandido ¿no me engañas? + +--No; yo te amaré toda tu vida y aun despues de tu muerte. + +--¡Oh! ¡amado por tí, mi vida será muy corta, porque la felicidad me +matará! + +--No, no te matará la felicidad, dijo Angiolina, apoderándose +rápidamente de la daga de Laurenti, y estrechándole con fuerza contra su +seno: te mato yo. + +Laurenti dió un grito: habia sentido una punzada agudísima en su costado +izquierdo, un cuerpo agudo que penetraba lentamente en su carne. + +--Si, te mato yo; miserable asesino; raptor y deshonrador de mujeres; +ladron infame. + +Y Angiolina apretaba con fuerza la daga sobre el costado de Laurenti; y +la estrecha daga penetraba con lentitud. + +De repente Laurenti abrió los brazos, cayó sobre la grupa del caballo, y +desde allí al suelo. + +Angiolina saltó del caballo, y fué al sitio donde estaba Laurenti. + +--¡Muerto! exclamó reconociéndole: ¡le he atravesado el corazon! +¡miserable, que has sido la causa de todas mis desgracias! ¡al fin me +veo libre de tí! ¡líbre y sola! Ya me he vengado de tí, pero aun me +queda que vengarme de otro hombre: don Juan ha muerto... es necesario +que Aben-Aboo muera tambien: y le mataré; sí, le mataré, no sé cómo, +pero el infierno le arrojará en mis manos. + +Y temerosa de que Laurenti no estuviese bien muerto, con la crueldad del +odio y del miedo, le atravesó las sienes con la daga, sirviéndose para +hacer penetrar el arma, de una piedra á manera de martillo. + +La daga quedó atravesada en el cráneo de Laurenti. + +Angiolina registró los bolsillos del cadáver, se apoderó del dinero que +llevaba y de sus pistoletes, y montando de nuevo á caballo, se alejó, +exclamando con un gozo horrible. + +--¡Oh! ¡de esta vez estoy segura de no volverte á encontrar! + +Y resuelta á todo, llevando en la mano un pistolete amartillado, dejó al +caballo en libertad de marchar por donde mejor quisiera. + +Poco le importaba lo que pudíera acontecerla; si encontraba cristianos, +les diria que era una cautiva escapada del poder de los monfíes, y si +eran monfíes se declararia cautiva de Aben-Aboo. + +El caballo caminaba á la ventura. + +De repente, al atravesar una rambla, se escucharon pasos y voces de +hombres, y se vieron relumbrando algunas antorchas. + +Al sentir las pisadas del caballo, todos aquellos hombres avanzaron y +rodearon á Angiolina. + +--Es una dama, exclamaron con asombro. + +--Sí, una dama que huye de sus enemigos, exclamó Angiolina. + +--¡Ah! dijo un jóven que acababa de sobrevenir: vos sois la princesa +Angiolina Visconti. + +--Y vos sois don Fernando de Válor. + +--Sí, yo soy Aben-Humeya. + +--Pues me doy por dichosa, dijo Angiolina, porque he huido de mis +verdugos, y os buscaba para que me amparáseis, señor. + +--¡Ah! hermosa princesa, en mala hora venis á ampararos de mí: pero no +importa: asid del diestro el caballo de esa dama, y adelante. No podemos +detenernos un momento hasta que estemos en medio de mi ejército. Hasta +entonces, perdonadme si para salvaros y para salvarme, no me detengo un +punto. Adelante, adelante y aprisa: es necesario que antes del amanecer +lleguemos al Laujar. + +Aben-Humeya siguió á gran paso al frente de sus moriscos entre los +cuales siguió marchando el caballo de Angiolina, ó mas bien del difunto +Laurenti. + + + + +CAPITULO XXXIX. + + De cómo se perdieron de nuevo Amina y el marqués. + + +Entre tanto Calpuc, Harum, y un cuerpo como de quinientos monfíes, +marchaban á gran paso atravesando las Alpujarras en direccion á Orgiva. + +Iba ademas con ellos otra persona muy conocida nuestra. + +El marqués de la Guardia que habia sido sacado por Harum del alcázar +subterráneo del emir. + +El marqués caminaba entre Calpuc y Harum. + +De tiempo en tiempo Calpuc exhalaba un profundo suspiro, al que +contestaba una imprecacion del marqués y una blasfemia de Harum. + +--¡Por los siete cielos, y por el infierno! exclamaba Harum: ¡muerto mi +señor, y muerto villanamente á traicion! ¡muerto por esos dos +miserables! + +[imagen: ¡Muere, asesino de mi padre!] + +El marqués juraba y votaba, y ofrecia su alma al diablo por matar á +Aben-Aboo que le habia robado á su esposa y á su hija; pero el marqués +no sabia, que Aben-Aboo y Aben-Humeya eran hijos del emir, y que por lo +tanto Amina era hermana de ellos. + +Calpuc guardaba tambien dentro de su alma aquel terrible secreto. + +Los tres aguijaban sus caballos, hasta el punto de dejar atrás á los +monfíes, que aunque iban á la carrera, no podian seguirlos. + +De tiempo en tiempo Harum se volvia y gritaba á los monfíes: + +--¿Os habeis convertido en bueyes cansados, de cabras sueltas que érais? +¿no sabeis que vamos en busca del asesino del emir, que vamos á libertar +á la sultana? + +Los monfíes lanzaban un alarido de furor y forzaban su carrera. + +Pero por mucho que apresuraban su marcha, y aunque eran fuertes é +incansables, no podian seguir á los caballos. + +Estos les tomaron gran delantera. + +A punto de amanecer, el caballo del marqués, mas fuerte, ó mejor llevado +por su ginete, habia adelantado á los de Calpuc y Harum, y entraba en la +rambla de los Gamos, en aquella rambla donde existia aun la encina +muerta, de cuyas deshojadas ramas habia mandado colgar veinte y dos años +antes Yuzuf, padre de Yaye, á los monfíes asesinos de Miguel Lopez. + +Pasaba el marqués á la carrera junto á aquella viegísima encina, cuando +de repente se oyó el galope de otro caballo, y apareció al fin, trayendo +sobre su lomo un hombre y una mujer. + +Este caballo, conduciendo aquel grupo, pasó como una exhalacion por +delante del marqués cortando la carrera á su caballo. + +A la luz de la mañana, el marqués creyó reconocer en aquella mujer á +Amina, en aquel hombre á Aben-Aboo, y no pudo quedarle duda, porque +reconocido por Amina, la oyó gritar: + +--¡Sálvame! ¡sálvame de este infame! + +El marqués revolvió violentamente su caballo, exponiéndole á dar de +través, y destrozándole en esta vuelta violenta; y se puso en +seguimiento de Aben-Aboo. + +Pero fuese que el caballo de este fuese mas fuerte que el del marqués ó +que estuviera mas descansado, á pesar de la desventaja de llevar sobre +sí dos personas, siguió sosteniendo la ventaja que habia ganado, y sin +que el marqués pudiera por mas que castigaba y excitaba á su caballo, +hacerle disminuir aquella ventaja. + +Hubo un momento en que Aben-Aboo revolvió su caballo con la intencion +manifiesta de venir sobre el marqués y empeñar un combate. + +Pero vió tras el marqués á otros dos ginetes á lo lejos, aunque no pudo +reconocerlos, y allá, mas lejos aun, los monfíes que entraban á la +carrera en la rambla, y se puso de nuevo en fuga. + +--¡Flanquead! ¡flanquead y cortadle la huida! gritó Harum á los monfíes: +¡flanquead, mientras nosotros le seguimos por derecho! + +Y los monfíes, al escuchar aquella voz de mando, se dividieron en dos +bandas, y tomaron los atajos y los desfiladeros de la sierra. + +El marqués continuaba clavando sus espuelas en los flancos de su caballo +que lanzaba gemidos de dolor, y corria cubierto de espuma, pero sin +alcanzar ventaja. + +El caballo de Aben-Aboo no podia adelantar tampoco, por el aumento de su +carga. + +De repente el caballo del marqués, se paró jadeante: se extendió, tosió +fatigosamente, arrojó un vómito de sangre y cayó muerto. + +Don Juan lanzó una blasfemia, se desembarazó de los estribos, y siguió +corriendo tras Aben-Aboo, pero desesperado. + +De improviso lanzó un grito de alegría. + +El caballo de Aben-Aboo habia caido rebentado tambien. + +Calpuc y Harum continuaban montados, pero sus caballos se resistian á +las espuelas y se negaban á correr. + +Los monfíes empezaban á aparecer sobre los flancos de la montaña y se +oian sus gritos de amenaza á Aben-Aboo. + +Este se desembarazó tambien de los estribos, asió á Amina; cargó con +ella y se embreñó. + +Parecia inevitable la captura de Aben-Aboo, ó que á lo menos se veria +obligado á abandonar su presa. + +De tiempo en tiempo, Amina lanzaba un grito de socorro, y Harum, que +habia logrado incorporarse al marqués, gritaba á los monfíes, algunos de +los cuales preparaban sus arcabuces y sus ballestas: + +--¡No tireis! ¡no tireis! ¿no veis que podeis herir á la sultana? + +Aben-Aboo, como si le hubiera prestado fuerzas un poder sobrenatural, +seguia corriendo. + +Oyóse de improviso un grito de triunfo de Aben-Aboo. + +Acababa de entrar en la jurisdiccion maldita, por decirlo asi, de la +Princesa encantada; en aquel escondrijo que habia encontrado por +casualidad Laurenti. + +Ya hemos dicho que aquel lugar era terriblemente respetado por la +credulidad supersticiosa de los monfíes: al llegar á cierto punto, Harum +se detuvo aterrado, como si hubiera tratado de penetrar en el infierno, +y los monfíes que flanqueaban la montaña, se detuvieron tambien y +retrocedieron cuando reconocieron la hoya. + +Solo el marqués, con la espada desnuda en una mano, y un pistolete +amartillado en la otra, seguia tras Aben-Aboo y Amina, que se acercaban +ya á la roca á la que se habia dado el nombre de Princesa encantada. + +Aben-Aboo dió la vuelta á la roca y penetró por la grieta, recorrió los +primeros senos, y al llegar á un paraje se detuvo, dejó en el suelo á +Amina que se habia desmayado por la emocion y la fatiga, se inclinó +sobre el suelo, levantó una piedra, y descubrió una mecha de yesca seca +y perfectamente preparada. + +Aben-Aboo cogió aquella mecha entre la cazoleta del pedreñal, y dió +fuego: la mecha empezó á arder; Aben-Aboo cargó de nuevo con Amina y +continuó descendiendo á la carrera, internándose rápidamente en el +subterráneo. + +El marqués de la Guardia, aunque muy retrasado, penetró tambien en la +gruta espada en mano, siguiendo á Aben-Aboo. + +Entre tanto los monfíes detenidos por su terror supersticioso en la +frontera, por decirlo asi, de aquel terreno maldito, no daban un paso: +el mismo Harum vacilaba, solo Calpuc atravesó á la carrera aquella +demarcacion fatal. + +Excitado al fin Harum por su lealtad á sus señores, la pasó tambien. + +Pero ni un solo monfí adelantó. + +Limitáronse á rodear aquella demarcacion. + +Calpuc adelantaba, Harum le seguia. + +De improviso una detonacion horrorosa hizo temblar la tierra; la roca +que representaba la Princesa encantada, voló lanzando á gran altura +enormes fragmentos, y solo quedó en el lugar que ocupaba un monton de +escombros calcáreos. + +Calpuc y Harum se detuvieron pálidos de espanto; y los monfíes lanzaron +un alarido de terror. + +Era imposible ya penetrar en el subterráneo: Aben-Aboo, Amina y el +marqués de la Guardia, habian quedado sin duda sepultados. + +Calpuc y Harum, pasado el primer momento de terror, corrieron al lugar +de la catástrofe, y al contemplar aquel hacinamiento de rocas rotas, +impidiéndoles el paso, separándolos de Amina y del marqués, cayeron de +rodillas y oraron por ellos. + +Pero de repente Harum se alzó. + +En su semblante pálido se veia una expresion terrible de venganza, de +una venganza ansiosa; sus ojos destellaban sombríos relámpagos de +muerte. + +Como él, Calpuc se habia alzado rígido y terrible. + +--De seguro, dijo volviéndose á Harum, en esta terrible voladura, solo +ha perecido el marqués de la Guardia. Aben-Aboo se ha dirigido aquí sin +vacilar: debia conocer este escondrijo: debia tenerlo preparado á todo +evento. Las voladuras se efectúan siempre para arriba: esto lo sé yo muy +bien, como que he hecho volar muchas masas de pedernal, en el desierto +mejicano para buscar el diamante: esa caverna debe tener una salida por +la cual se habrá sin duda salvado ó se salvará con Amina Aben-Aboo... +pero el pobre marqués... + +--Acaso se haya salvado tambien, murmuró con acento ronco Harum; seguia +ya de cerca á Aben-Aboo. + +--Pero lo que nos queda que salvar es mi viznieta; sin duda ha sido +abandonada por Aben-Aboo en el lugar donde ha tenido oculta á mi nieta. +Corramos, Harum, corramos: salvemos al menos á la última de nuestra +familia. + +--Y á los que no podamos salvar, los vengaremos, exclamó Harum +roncamente. + +Y alejándose de la sima que habia abierto la explosion llegó con paso +lento y tardo al lugar de donde no se habian atrevido á pasar los +monfíes. + +Calpuc le seguia. + +Harum hizo sonar su corneta. + +Poco despues los quinientos monfíes, con sus dos banderas, estaban +agrupados á su alrededor: + +--¡Valientes! gritó Harum: ya sabeis que el emir ha sido asesinado por +Aben-Aboo y Aben-Humeya. + +--¡Venganza! gritaron á una voz todos los monfíes como impulsados por un +mismo pensamiento. + +--¡Si, venganza, y venganza terrible! vosotros sois los valientes que +componiais la guardia del emir, los que ibais tras su bandera: á +vosotros toca vengarle y le vengareis. ¿Hay alguno entre vosotros que no +quiera jurar enemistad á muerte á Aben-Aboo y Aben-Humeya? + +Todos callaron. + +--Mirad que vuestro silencio es un juramento de venganza contra esos dos +infames: que el que no quiera ser de los nuestros hable, y quedará +libre. + +Continuó aquel elocuente silencio. + +--¿Es decir que desde hoy todos somos hermanos? gritó Harum. + +--Si. + +--¿Que todos nos obligamos á ayudarnos, defendernos y avisarnos? + +--Si. + +--¿Que en cualquier tiempo y ocasion puedo contar con vosotros cuando os +llame? + +--Si. + +--¡En el nombre de Dios Altísimo y Unico! ¡que ninguno de vosotros +olvide lo que ha jurado, sino quiere ser tenido por infame y traidor! + +--¡No! ¡no! gritaron en coro los monfíes. + +--Pues bien: que ninguno de vosotros diga ni aun á su padre el nombre de +los asesinos del emir. + +--¡No! ¡no! + +--Ahora, valientes, separémonos: yo haré de modo que todos, cualquiera +que sea en el lugar donde nos encontremos, sepamos los unos de los +otros: quedaos conmigo los de mi taifa: los demás á vuestros +apostaderos. + +Harum extendió el brazo en un ademan de imperio, y los monfíes se +disolvieron, encaminándose á distintos puntos. + +Solo quedaron con Harum cien hombres con una bandera. + +--Ahora, dijo Calpuc, á mi antiguo subterráneo. + + * * * * * + +Al oscurecer de aquel mismo dia, Calpuc y Harum penetraron en el +subterráneo. + +Antes de llegar á la habitacion donde habia muerto Miguel Lopez, oyeron +el llanto desesperado de una criatura. + +Cuando llegaron á aquella habitacion, encontraron á la pequeña hija de +Amina abandonada sobre el lecho. + +Tomóla Calpuc en sus brazos, la besó en la frente, y exclamó llorando: + +--¡Lo último, lo último acaso que me queda de todo cuanto he amado! + + + + +CONCLUSION. + +LA VENGANZA DE LOS MONFIES. + + + + +CAPITULO XL. + + En qué estado se encontraba la guerra de las Alpujarras algunos + meses despues de los sucesos anteriores. + + +La guerra de las Alpujarras se hacia cada vez mas difícil y de resultado +mas dudoso. + +El marqués de Mondéjar no tenia medios para reprimir la insurreccion. + +Le faltaban hombres y dinero. + +Ademas, entre él y el presidente de la Chancillería, se cruzaban +competencias de autoridad. + +Las prudentes medidas que el marqués de Mondéjar tomaba para mantener en +paz á los moriscos del Albaicin y de la Vega, eran inutilizadas por las +severas é imprudentes represiones que el presidente don Pedro de Deza +ejecutaba sobre los moriscos. + +Los alguaciles y las guardas de la Chancillería, se permitian con ellos +toda clase de excesos, y por la mas leve causa, con los mas absurdos +pretextos, eran encarcelados. + +La mayor parte huian á las Alpujarras. + +La rebelion crecia. + +Un dia y otro llegaban noticias terribles. + +Ya era la de que en Guecija, los monfíes, despues de haber acorralado en +la torre de su iglesia á una comunidad entera de frailes agustinos la +habian matado, echándoles aceite hirviendo por un agujero abierto en el +techo de la habitacion en que se encontraban; ya de que habian enchido ó +rodeado de pólvora al cura de Mairena, y le habian puesto fuego, y de +que habian enterrado hasta la cintura al vicario de la misma villa, y le +habian asaeteado; enterrando á otros eclesiásticos hasta el cuello, y +dejándolos morir de frio y de hambre; ya de que á otros cristianos +habian mutilado los miembros y entregádolos á las mujeres para que con +almaradas los acabasen de matar; ya que á este ó al otro corregidor, +alguacil, corchete, ó miembro de justicia habian acañabereado, +apedreado, desollado ó despeñado; ya que á los hijos del alcaide de la +Poza llamado Arze, habian dado cruel muerte degollando al uno; azotando, +crucificando, é hiriendo en el costado al otro, como en escarnio y +reproduccion de la muerte de Jesucristo; ya que un convento entero de +monjas habia sido entrado, y repartidas las monjas jóvenes entre ellos y +hechas sus mancebas, y destinadas á la mas dura servidumbre las monjas +viejas: ya, en fin, de horrores repugnantes, inconcebibles, de todo +punto infames, practicados por los monfíes. + +Los que escapaban, maltratados algunos y heridos, llevaban el terror á +Granada, y las peticiones de represion y de venganza de los ciudadanos +atemorizados, hacian mas precaria la situacion de los moriscos de la +ciudad, y enconaban las diferencias entre el presidente don Pedro de +Deza, y el capitan general, marqués de Mondéjar. + +Este opinaba que nada debia hacerse contra los que en nada habian +delinquido, y protegia abiertamente á los moriscos de la ciudad, porque +decia: + +--Si ellos tuviesen pensamiento de alzarse, y de faltar á la lealtad al +rey, hubieran aprovechado la entrada de los monfíes en el Albaicin la +noche de Navidad: manteniéndoles en su lealtad por medio de la blandura; +se conseguirá que muchos de los moriscos de las Alpujarras que ven la +guerra dudosa y la temen, se vengan á Granada á ponerse bajo el amparo +del rey, cuando si á los de la ciudad se les trata con rigor, huiran á +las Alpujarras y aumentaran desesperados la fuerza de la rebelion. + +Pero en contra de las razones del marqués, el presidente decia. + +--Los de la ciudad y los de las Alpujarras son unos mismos: si los de +acá no se han levantado, es porque no han visto seguro el suceso, pero +el dia en que por recibir ayuda de Berbería los rebeldes, ó por otra +circunstancia, crean llegada la hora del triunfo, se sublevaran y nos +encontraremos con los enemigos en casa. Deben, pues, ser considerados +como enemigos ocultos y tratados con rigor. + +No se sabia á cuál de estos dos opuestos pareceres conceder el acierto; +pero el resultado era que el presidente conspiraba contra el marqués de +Mondéjar; y que el marqués de Mondéjar andaba contrario y enemistado con +el presidente; que la ciudad, dependiente de la Chancillería en gran +manera, andaba rehacia en ayudar en lo que podia al marqués, y que los +habitantes castellanos, acusaban públicamente de blandura y de +parcialidad por los moriscos al capitan general, y pedian le sustituyese +el marqués de los Velez don Luis Fajardo, adelantado de Murcia, en quien +decian tener mas confianza. + +Del mismo modo los caballeros y gentes que habian venido á ayudar en la +empresa al marqués de Mondejar, estaban divididos, ayudando los unos al +capitan general, poniéndose los otros de parte del presidente y del +marqués de los Velez. + +Aben-Humeya entre tanto habia acabado de levantar todas las Alpujarras; +habia dado ocasion á que el fuego cundiese á la tierra de Almería, á la +Axarquia de Málaga y á la serranía de Ronda; habia enviado embajadores +al rey de Argel avisándole del buen punto en que se encontraba la +guerra, y pidiéndole socorro, y habia enviado á Africa á Hernando el +Habaquí á tomar turcos á sueldo, de los que andaban pirateando en el +Mediterráneo. + +Entre tanto las gentes del rey de España llevaban en las Alpujarras la +peor parte; el capitan Avila habia sido vencido y encerrado en Adia; +Castil de Ferro fue tomado por los monfíes; Orgiva habia sido entrada y +ocupada; y el mismo Aben-Humeya, cargando con seis mil hombres sobre el +puente de Tablate donde estaban las avanzadas de la gente del marqués de +Mondejar, las hizo retroceder, venciéndolas y obligando al capitan Diego +de Quesada que las mandaba á retirarse á Durcal. + +Por esta victoria de Aben-Humeya, Granada estaba amenazada. + +El marqués de Mondejar se vió obligado, pues, á salir contra el enemigo, +dejando encomendado el gobierno de la ciudad á el presidente don Pedro +de Deza, y llevando por todo ejército ochocientos infantes, doscientos +caballos y algunos caballeros particulares. + +Cuando llegaron encontraron cortado el puente. + +Al otro lado estaba Aben-Humeya con un estandarte y tres mil y +quinientos hombres entre monfíes y moriscos, armados parte con arcabuces +y ballestas, parte con hondas y armas enhastadas. + +Parecian dispuestos á defender á todo trance aquella puerta de las +Alpujarras. + +Aben-Humeya, ginete en un caballo negro, con corona en la cabeza y +vestiduras reales, seguido de su estandarte, recorria sus apiñados +escuadrones que ocupaban el repecho; alentaba á los unos, excitaba á los +otros, ofrecia recompensas, se multiplicaba, acudia á todas partes, y +obraba, en fin, como un valiente capitan. + +El marqués de Mondejar por su parte, mandó á la infantería forzar el +paso del puente; pero la infantería que acompañaba al marqués, reunida +de improviso pocos dias antes, mal regida y poco disciplinada, fue +rechazada por los monfíes, que repasaron el puente cargando en tropel y +con recio alarido sobre las gentes del marqués. + +Entonces Mondejar mandó cargar á la caballería, pero á la primera +envestida empezaron á arremolinar algunas picas de su escuadron, y el +marqués, resuelto á todo, se vió obligado á envestir en persona, seguido +de su guardia, de sus escuderos y de los caballeros particulares que le +acompañaban. + +Aconteció que, como el paso era estrecho, entre dos cerros, y los +monfíes se embarazaban unos á otros por el poco espacio, y presentaban +un frente de ocho hombres, no pudieron resistir los primeros la +acometida del marqués y de sus gentes, fueron arroyados y arrojados á +los barrancos laterales los primeros en que se encarnizó la embestida, y +revueltos los de detrás, y siendo muy estrecho el paso del puente, +cayeron la mayor parte despeñados al fondo del tajo, se retiraron los +demás, y alentada la gente del marqués, pasó á la carrera y á la +deshilada por las tablas, apretando á los monfíes y haciéndoles +retirarse á la montaña, donde no podian perseguirlos los caballos. + +El marqués pasó adelante, puso alguna arcabucería en el castillo de +Lanjaron, que encontró abandonado, y acampó en una cumbre delante de los +enemigos. + +Pero esta victoria, señalada é importantísima, porque quebraba el primer +ímpetu de los monfíes, debida al arrojo y á la sangre fría de Mondejar, +no fue bastante para darle autoridad como capitan y acallar las +rencillas y las competencias del presidente de la Chancillería y la +rivalidad del marqués de los Velez. + +De nada le sirvió tampoco el haber libertado á Orgiva, el haber +conseguido notables ventajas sobre el enemigo, obligándole á +concentrarse, y todo esto con poca gente, sin ningun dinero, sin +bastimentos ni provisiones. + +Culpábasele por el presidente Deza de haber causado con sus +contemporizaciones la rebelion de los moriscos; se desestimaban sus +triunfos, se atribuian al acaso mas que á la pericia, todo esto en +cartas al rey en que por el contrario se elogiaba al marqués de los +Velez, que, requerido por el presidenta Deza, habia entrado con sus +deudos, amigos y allegados en el reino de Almeria; se ponderaban su +valor y su pericia: se referia enfáticamente cómo habia combatido una +gruesa taifa de moros que atravesaban desvandados por Illar; cómo habia +tomado á Flix, villa de moriscos y saqueádola y llevádola á sangre y +fuego, y matando mas mujeres que hombres, y cómo por falta de vituallas, +se habia visto obligado á recogerse á Casar de Canjayar, á quien por +otro nombre llamaban y aun llaman hoy, barranco de la Hambre, en memoria +de que en él se recogieron los moriscos cuando don Fernando el Católico +fué sobre Andarax, en la primera rebelion de las Alpujarras, barranco en +el cual murieron de hambre casi todos los moriscos que en él se +refugiaron. + +Felipe II recibia estas cartas; las leia detenidamente, conocia la +parcialidad que en ellas se encerraba, y no proveia socorros ni para +Mondejar ni para el marqués de los Velez, ni se decidia por el uno ni +por el otro. + +Política incomprensible, que dejaba crecer una rebelion respetable, que +dilataba la guerra y empequeñecia la influencia del rey en las +Alpujarras. + +Sin embargo, puso algun temor á los moriscos la toma de Poqueira, +Jubiles y Paterna, lugares que por su aspereza creian inexpugnables, +tomas tanto mas dolorosas para ellos, cuanto por la reputacion de +fuertes de aquellas villas, habia recogido en ellas todos sus caudales +que fueron tomados por los cristianos. + +Con estas ventajas creyó el marqués de Mondejar tener ya vencida y á +punto de terminar la rebelion; pero esta, que parecia sosegada en el +centro de las Alpujarras, saltó por otras partes á las Guajaras, que son +tres lugares pequeños al Poniente de las Alpujarras, situados entre +Almuñecar y el valle de Lecrin, en la rambla que va á parar al puerto de +la Herradura. + +Los monfíes ocuparon los dos peñones que se llaman las Guajaras, uno +alto, de subida áspera y dificil, y otro mas bajo y accesible. + +Fortificáronlos como pudieron, con piedra seca y mantas y enjalmas, á +falta de tierra y ramas, y aumentado su número por tres mil moriscos de +los lugares vecinos, esperaron al marqués, que dejando con sobrada +impremeditacion á sus espaldas lugares sospechosos y mal reducidos como +Ohañez y Válor, cargó sobre las Guajaras donde de nuevo aparecia la +rebelion audaz y provocadora. + +Desastrada pudo ser para los castellanos esta empresa por la imprevision +del marqués de dejar á sus espaldas y á sus flancos lugares enemigos. + +Acometidas las Guajaras, los monfíes y los moriscos se defendieron con +el valor de la desesperacion; el ardor del capitan de infantería don +Juan de Villaroel empeñó á una bandera de arcabuceros en el asalto +imprudente del peñon mas difícil; cundió la imprudencia, y ya pasaban de +ochocientos infantes los que subian por lo mas áspero del peñon, sin que +el marqués de Mondéjar pudiese contenerlos; alentado el capitan +Villaroel con aquel aumento de gente, creyendo tener asegurado para sí +el honor de la jornada, desoyendo las órdenes del marqués, prosiguió en +el asalto de una manera desvandada, dando ocasion á los monfíes de que +le rechazasen con sus arcabuces y ballestas, y con una lluvia de piedras +derrumbadas desde el alto del peñon. + +De los moros, todos eran á arrojar: hombres, mujeres, viejos y niños. + +Los cristianos fueron rotos, muertos de una manera desastrada la mayor +parte de ellos; cargados por los moros que, al ver el desórden, saltaron +del peñon abajo, y mataron entre otros muchos hidalgos al imprudente +capitan Villaroel, que cayó desalentado con la espada en la cinta, +acuchillado en la cabeza, y mutiladas las manos con que pretendia parar +los golpes de los alfanjes y yataganes. + +Murió allí tambien don Luís Ponce de Leon, que estando herido de muerte +y por tierra, le despeñó un criado suyo por salvarle; y asimismo +murieron el veedor de las compañías de Granada Juan de Ronquillo, y el +único hijo del maestre de campo Hernando de Oruña, que cayó +ensangrentado á los piés de su mismo padre. + +El marqués, á la vista de aquel estrago y de los enemigos que +embravecidos por el triunfo cargaban, prolongándose por la cumbre para +tomarle las espaldas, guiados por los terribles walies Gironcillo y el +Zamar, envió á don Alonso de Cárdenas con una manga de arcabucería á que +contuviese su ímpetu. + +Logróse, conteniéndose el impetu de los enemigos; llegó la noche, y el +marqués con su gente recogida y en ordenanza permaneció acampado delante +de los moros. + +Al amanecer llegó al campo del marqués su retaguardia, compuesta de +cinco mil quinientos hombres y cuatrocientos caballos. + +Renovóse de nuevo el asalto del peñon por todas partes, y siendo el +combate encarnizado todo el dia, con gran mortandad de los cristianos, +que eran heridos por los moros desde sus reparos y asperezas á mansalva. + +Visto por los monfíes y los moriscos que se encontraban cercados, que el +campo del marqués habia vencido, que les faltaban municiones y víveres, +y que al dia siguiente podrian resistir mal un nuevo asalto, rompieron +durante la noche por el lugar que encontraron mas flacamente cercado, +salvándose los monfíes con sus capitanes Gironcillo y el Zamar, y +sacando las mujeres y niños que pudieron, pero quedando otro gran número +de los naturales en las Guajaras defendiendo el peñon. + +El marqués puso parte de su gente en demanda de los que huian, y el wali +Zamar, embarazado por el peso de una hija doncella, á quien habia tomado +en sus brazos, porque no podia seguir de cansada, fue herido en un muslo +por un arcabucero preso, cautivada y deshonrada aquella hija por cuya +salvacion se habia perdido, y enviado él mismo á Granada, donde le mandó +atenacear el conde de Tendilla, hijo del marqués de Mondéjar. + +Los horrores crecian. + +Los desdichados que habian quedado cercados en el peñon, gente floja, +mujeres, niños y viejos la mayor parte, fueron acometidos, tomada la +cumbre del peñon despues de un ligero combate, y pasados todos los que +allí se encontraron á cuchillo, sin distincion de persona, edad, ni +sexo. + +Cuando hoy se pasa por entre los peñones de las Guajaras, los naturales +señalan algunas anchas ráfagas de tierra roja, y pretenden que aquella +es la señal de la sangre vertida en aquella jornada. + +Esta jornada fue de poco honor para Mondéjar; habia triunfado si, pero +perdiendo la mitad de su gente, sin un gran resultado decisivo, puesto +que aquella matanza de moriscos irritó mas que aterró á los +insurreccionados. + +Aquella victoria habia sido tan costosa, que se tenia por una derrota, é +hizo pensar que si de esta suerte seguia triunfando con frecuencia el +marqués, se necesitarian para la guerra de las Alpujarras los ejércitos +de Jerjes y los tesoros de Creso. + +Apretaban, pues, el presidente Deza y los vecinos mas calificados de +Granada en que se encomendase la empresa de la pacificacion de las +Alpujarras al marqués de los Velez, quitando este cargo al de Mondéjar. + +Este último, por su parte, daba por concluida la guerra; pero para +desmentirle se levantaban Ohañez y el marquesado del Zenete con nuevo +empeño y temeridad increible; apenas castigados estos lugares, se +alzaban otros, y los vencidos volvian á levantarse cuando el ejército +cristiano, yendo de acá para allá, los desalojaba para ir á sujetar +nuevas insurrecciones. + +Perseguíase, buscábase á Aben-Aboo y Aben-Humeya, y no se les +encontraba; pero los soldados no se volvian sin haber saqueado y +cometido todo género de excesos en los lugares á donde habian ido á +buscarlos. + +Válor, Narila, Orgiva, sufrieron sucesivamente cuantas calamidades +pueden llevar la guerra y el bandidaje á una poblacion; las mujeres y +los niños eran cautivados y vendidos, y muertos los hombres y los +viejos. + +Veíase con frecuencia una larga caravana de moriscas descalzas, +desgreñadas, aterradas, llevando sus hijos en los brazos unas, y otras +de la mano, atravesando las montañas, escoltadas por algunos monfíes, en +fuga de los cristianos que se habian acercado á su poblacion. + +Acontecia muchas veces que estas pobres caravanas de fugitivos +encontraban con un cuerpo de cristianos, que los acometian, se +ensangrentaban en ellos, los cautivaban, y no perdonaban género de +ferocidad. + +Otras veces, por el contrario, los monfíes encontraban al revolver de un +desfiladero una inmensa turba desvandada de soldados españoles, cargados +con la presa de una poblacion que acababan de saquear, y llevando +consigo mujeres cautivas; entonces los cristianos, embarazados por el +botin, eran degollados, sin que los monfíes tomasen uno solo preso, y á +veces sin que perdiesen los degolladores un solo hombre. + +Era, en fin, una guerra de exterminio y de bandidaje, cuyo fin no se +veia, y que amenazaba siempre con el peligro de que el turco tomase +parte en ella, enviando á las Alpujarras un formidable ejército. + +Por resultado de un terrible descalabro sufrido en Válor por las gentes +del marqués, el rey mandó á este que recogiese su gente á los lugares +fuertes y suspendiese todo género de hostilidades hasta recibir nuevas +órdenes. + +Algo mas adelante el rey conoció que se necesitaba mas capitan para +aquella empresa, que el marqués de los Velez y el de Mondéjar, y encargó +de ella á su hermano don Juan de Austria, á quien, á pesar de su +mocedad, daba aliento y autorizaba la generosa sangre de su padre, el +poder y respeto de su hermano, y bajo cuyas órdenes estarian mas +obedientes los capitanes y mas sujetos los soldados. + +Por otra parte, alentados los monfíes y los moriscos por las ventajas +que recientemente habian alcanzado tras los pasados desastres, habian +crecido en brios; Aben-Humeya mas ayudado por los suyos entró con mayor +autoridad en el gobierno; imitó la manera de ordenar la gente y de +combatir de los cristianos, dividió su ejército en tercios, compañías y +escuadras; nombró para estos cuerpos, maestres de campo, coroneles, +capitanes, alféreces y cabos; dió á cada compañía una bandera, y como +estandarte suyo levantó un guion rojo con las armas de Granada. + +Dividió las Alpujarras en partidos, y estos partidos en taas, poniendo +en cada taa para su gobierno un alcaide que atendiese á la defensa y al +mando de su demarcacion, y por último, para su decoro y seguridad +personal, creó una guardia de cuatrocientos arcabuceros. + +Tranquilos entre tanto y sosegados los moriscos de Granada, y los de la +Vega, estaban muy lejos de temer la inmensa desgracia que se les +preparaba con la venida de don Juan de Austria. + +El primer augurio de estas desdichas, fue la matanza que hicieron +algunas gentes de Granada, de moriscos que estaban presos en la cárcel +de la Chancillería por mandado del presidente Deza. + +Culpábaseles, con razon ó sin ella, de estar en tratos con los de las +Alpujarras, para alzarse con la ciudad, y entregarla al saqueo, al +incendio y al degüello. + +Aumentó el temor y el odio de los cristianos el haber corrido la voz el +dia 17 de marzo de 1569, de que en la ladera de la Sierra Nevada mas +próxima á la ciudad, se habian visto de noche fuegos que parecian +señales, y que de algunas ventanas y terrados del Albaicin habian +contestado con otras lumbres. + +El presidente habia tomado precauciones en consecuencia, y habia mandado +á don Gerónimo de Padilla, capitan de la gente de guerra que aseguraba +al Albaicin, y al cuadrillero Bartolomé de Santa María, que mandaba las +rondas, estuviesen atentos y prevenidos, y al alcaide de la cárcel que +tuviese gran cuidado con algunos moriscos principales que tenia presos. + +El alcaide reunió á algunos parientes y amigos suyos armados para que +custodiasen á los presos, y todo parecia estar prevenido, cuando una +casualidad vino á producir una catástrofe. + +Desde muy antiguo, la campana de la torre de la Vela del castillo de la +Alhambra, al dar las once de la noche, toca treinta y tres campanadas; á +este toque se llamaba en aquellos tiempos el cuarto de la modorra. + +La noche del 18 de marzo, como el encargado de la campana tocase este +cuarto mas tarde que de costumbre, y de una manera mas apresurada, +creyóse en la ciudad que tocaba á rebato y se alborotó Granada. + +Alborotáronse asimismo los presos de la cárcel, tanto cristianos como +moros, y llegaron á tal punto que vinieron á las manos. + +Los moriscos se valian para acometer y defenderse, de muebles, ladrillos +y palos que sacaban de los calabozos, y los cristianos y la guardia, +unos con los travesaños de los grillos, otros con sus espadas y +arcabuces acometian á los moriscos. + +El corregidor Juan Rodriguez de Villafuerte, que dormia en una sala del +palacio de la Audiencia, oyó entre sueños el ruido del combate de la +cárcel, se levantó y mandó á un soldado que fuera á ver qué era aquello. + +El soldado volvió diciendo que los moriscos presos se habian rebelado, y +que estaban peleando con la guardia y con los otros presos cristianos; +que los unos decian «¡viva Mahoma!» y los otros, «¡viva la fe de +Jesucristo!» + +Avisado de lo que sucedia el presidente don Pedro de Deza, mandó que la +compañía de infantería que estaba de guardia en la Plaza Nueva, cercase +la cárcel, pero á este tiempo ya grandes turbas de gente de la ciudad, +creyendo que se tocaba á arrebato, habian acudido armadas y entrado en +la cárcel. + +Los moriscos desesperados, habian juntado las esteras, los muebles, las +camas, y les habian puesto fuego, y los cristianos á un tiempo apagaban +el fuego y pasaban á cuchillo á los moriscos entre torbellinos de humo. + +Diez horas duró esta escena de sangre, y fueron muertos á hierro y fuego +ciento diez moriscos que estaban presos, y cinco cristianos, resultando +ademas diez y siete heridos. + +Muchas casas del Albaicin fueron saqueadas y robadas, y gran número de +moriscos, aterrados, pasaron á las Alpujarras á aumentar la rebelion. + +En estas circunstancias el 6 de abril de 1569 partió don Juan de Austria +para Granada, desde Aranjuez, á donde habia ido á recibir instrucciones +del rey. + +Acompañábale su ayo don Luis Quijada, y el 12 del mismo mes llegó á la +villa de Iznalloz, á cinco leguas de Granada, en la que entró al +siguiente dia con gran solemnidad, como quien era hijo del famoso +emperador don Carlos, y hermano del rey de España. + +Acompañábale en la entrada el marqués de Mondejar que habia venido para +esto solo de las Alpujarras. + +Salióle á recibir el conde de Tendilla con doscientos ginetes, vestidos +y armados á la morisca, y adelantó al lugar de Albolote. + +Fuera de las puertas de la ciudad, le recibió el presidente Deza con +cuatro oidores, y los alcaldes del crímen, y el corregidor con cuatro +veinticuatros y sus tenientes y el arzobispo con cuatro dignidades del +cabildo, y muchos caballeros particulares. + +Todas estas gentes llegaron hasta el rio Beiro, próximo á la ciudad por +la parte de la puerta Elvira, y allí encontraron á don Juan de Austria. + +En el llano del rio estaba formada la infantería en número de diez mil +hombres, que al pasar don Juan, hicieron salva con sus arcabuces. + +Por industria del presidente Deza, y para predisponer al rigor la jóven +alma de don Juan de Austria, se habia preparado una farsa. + +Al llegar á la puerta de Elvira, le salieron al encuentro mas de +cuatrocientas mujeres, desarrapadas, desmelenadas, enlutadas, dando +alaridos, y arrojándose á los pies de su caballo. + +--Justicia, señor, justicia, gritaban en coro. + +--Nosotras somos las viudas y las huérfanas de los que han matado +cruelmente los viles moriscos de las Alpujarras. + +--Venganza contra los asesinos de nuestros padres, de nuestros esposos, +de nuestros hijos, de nuestros parientes. + +--Justicia, señor, y que no tengamos el dolor de ver á nuestros enemigos +perdonados. + +Y siguieron con sus alaridos, con sus lágrimas y con sus aclamaciones de +venganza, hasta el punto de que don Juan de Austria se enterneció, las +consoló y las prometió cumplida venganza, todo con gran consentimiento +del presidente Deza, autor de aquella pantomima, y con no pequeño +fruncimiento de cejas del marqués de Mondéjar, que veia claro á donde +iba encaminado todo aquello. + +Entrado don Juan en la ciudad, no tardó en presentársele una diputacion +de los moriscos del Albaicin y de la Vega, compuesta de cuatro de los +mas rícos y principales de ellos y un procurador general, el cual le +espetó el siguiente discurso que tomamos á la letra del historiador +Mármol: + +«Grande es el contento que aquestas gentes tienen de ver á vuestra +excelencia en esta ciudad para el remedio de tantos males como hay en +ella, que cierto es, representan su destruicion. Temen que algunos +habran desatado las lenguas y dado falsas nuevas de su fidelidad, +diciendo ser autores del mal, ó favorecedores de los malos; mas confian +en Dios, y en la bondad y clemencia de Su Magestad, que los que hubieren +sido leales, seran favorecidos y bien tratados, como es justo sean +rigorosamente castigados los que pareciere haber sido culpados en el +levantamiento. Quéjanse que son molestados por los ministros de las +cosas de justicia y de guerra con cohechos; que los soldados les roban +sus haciendas y les deshonran sus casas; y que hasta agora los +superiores no han puesto remedio en ello. Y suplican á vuestra +excelencia lo mande remediar de manera, que desagraviados de lo pasado, +proviniendo á lo porvenir, cese el alojamiento de las gentes de guerra +en las casas, y tengan libertad de poder ir seguros á sus labores. Bien +sabe que en esta ciudad cada uno da fuerza á la ruin opinion, ó la +acrecienta de manera, que muchos temen lo que ellos mesmos inventaren; +mas asegúralos la prudencia de vuestra excelencia, en cuya proteccion y +amparo ponen sus vidas, honras y haciendas.» + +A lo que don Juan de Austria, con sumo agrado, contestó con las palabras +siguientes: + +«El Rey, mi Señor, me mandó venir á este reyno, por la quietud y +pacificacion de él; sed ciertos que todos los que hubiéredes sido leales +al servicio de Dios, Nuestro Señor, y de Su Magestad, como decís, sereis +mirados, favorecidos y honrados, y se os guardarán vuestras libertades y +franquezas; pero tambien quiero que sepais, que juntamente con usar de +equidad y clemencia, con los que lo merecieren, los que no hubieran sido +tales, serán castigados con grandísimo rigor. Y en cuanto á los agravios +que vuestro procurador general dice que habeis recibido, darme habeis +vuestros memoriales, que yo lo mandaré ver y remediar luego, y quiéroos +advertir, que lo que dixeredes sea con verdad, porque de otra manera +habriades hecho daño á vosotros mesmos.» + +Pero al salir los moriscos consolados con las nobles palabras de don +Juan de Austria, estaban lejos de sospechar la tormenta que amenazaba á +sus cabezas. + +Pocos dias despues de la llegada de don Juan de Austria, llegó el duque +de Sesa, y con su presencia empezó á tratarse del asunto de la +pacificacion en consejo. + +Componíase este consejo, bajo la presidencia de don Juan de Austria, del +arzobispo, del duque de Sesa, del marqués de Mondéjar, de Luis Quijada, +y del presidente Deza, al cual se añadió algunos dias el licenciado +Bribiesca de Muñatones, del consejo y cámara de Felipe II, al cual habia +enviado este exprofeso á Granada. + +El marqués de Mondéjar fue de opinion, á la que se adhirieron el +arzobispo y Luis Quijada, de que se remediase el daño poniendo +guarniciones bastantes en los lugares de las Alpujarras, concentrando á +los moriscos que querian la paz en la parte llana de las taas de Verja y +Dalias, y tomar las sierras con la gente de guerra: que sino bastase +esto, se le diesen al mismo marqués mil infantes y doscientos caballos, +con los cuales, y con la gente que habia dejado en Orgiva, destruiria +los sembrados y quemaria á los moriscos todos los bastimentos que +tenian, reduciéndolos por hambre. + +Pero el presidente Deza, enemigo declarado del marqués de Mondéjar, +creyó insuficiente lo que aquel habia opinado, y dijo que lo que se +debia hacer antes que todo, era quitar de Granada y de la Vega á los +moriscos y deportarlos tierra adentro de España, para que no pudiesen +ayudar á los moriscos rebelados con avisos, armas y gentes. Aconsejó +ademas, que para aplacar á Dios, ofendido por tanto sacrilegio y tanto +delito, se ejecutase un rigurosísimo castigo en los alzados empezando +por las Albunuelas y siguiendo á las otras taas de las Alpujarras. + +Pidió, en fin, como buen clérigo de aquellos tiempos, la deportacion, el +hierro y el fuego para los moriscos, y declaró que solo de este modo +podria llegarse á la pacificacion absoluta y duradera del reino. + +El marqués de Mondéjar, apoyado por el arzobispo y el duque de Sesa, se +opuso con energía á tan violentas y sanguinarias medidas, como quien +sabia bien por haber sido muchos años capitan general de Granada, que no +era de los moriscos toda la culpa del alzamiento, sino del rigor y de la +injusticía con que hacia tantos años se les venia tratando. + +Dijo: que no podia ni debia despoblarse un reino como el de Granada, de +gente útil y rica, exponiéndose á perder el fruto las de ricas +industrias que solo los moriscos conocian; que no era el rigor lo mas á +propósito para reducir á gentes que excitadas por añejos y cada dia mas +duros rigores, se habian levantado, y que solo servirian para despoblar +y empobrecer el reino por una parte, y por otra para hacer mas +encarnizada y duradera la guerra. + +Durante esta controversia, sobrevino el licenciado Muñatones, con la +autoridad de enviado especial del rey, y aunque al principio repugnó la +deportacion, instigado al fin por Deza y por el licenciado Bohorques, +gente de su mismo oficio, convino en ella y en extremar el rigor; tuvo +esta opinion mayoría, se aprobó, y no le quedó al marqués otro recurso +que representar al rey, y enviar con la representacion á la córte á su +hijo el conde de Tendilla. + +Esta lucha del consejo producia dilaciones, se perdia tiempo y de él se +aprovechaba Aben-Humeya para rehacerse, para organizar á sus gentes, en +una palabra. + +Conoció el consejo lo que en tiempo se perdia, y se dió órden de seguir +la guerra mientras llegaba la resolucion del rey acerca de las medidas +que debian tomarse respecto á los moriscos. + +Llamóse de nuevo gentes de las ciudades, se atendió á la provision de +víveres y municiones, enviáronse banderas de infantería de guarnicion á +las principales villas de las Alpujarras, y se recomendó á sus capitanes +que tuviesen gran cuidado con la costa, porque se habian recibido +noticias de la llegada de galeotas de Berbería con gente, armas y +municiones para los moriscos. + +En efecto, Aben-Humeya enviaba mensages y presentes á los alcaides y +faquís que privaban con el Xerife y con el dey de Argel para que +inclinasen y decidiesen á sus amos á socorrerle. De Tetuan habian venido +á las Alpujarras algunos soldados y mercaderes con provisiones; el dey +de Argel, Aluch-Alí, prometia venir en socorro de las Alpujarras en el +momento que llegasen cuarenta galeras que Selim II le enviaba para +aquella empresa; por último, el Xerife habia enviado á Aben-Humeya +algunas fuerzas, y muchos turcos aventureros habian venido á ponerse +bajo sus banderas. + +Alentados los moriscos al ver que les acudian tantas gentes, no solo +dieron por logrado el triunfo, sino que volvieron á las poblaciones, y +se dedicaron á sus industrias y á las labranzas de sus campos. + +Este aumento de fuerza de los rebelados, y la confianza de los moriscos +eran demasiado amenazadores para que el receloso Felipe II no se +decidiere por las medidas terribles. + +Entre tanto seguia completándose el alzamiento de las Alpujarras, y +empezaba el de los lugares del rio Almanzora. + +Al fin llegó la resolucion de Felipe II acerca de la suerte de los +moriscos. + +La deportacion de los de Granada y del Albaicin habia sido decretada. + + + + +CAPITULO XLI. + + De lo que aconteció á los moriscos de Granada la víspera de San + Juan de 1559. + + +Al amanecer, los tambores y los pífanos de las compañías de infantería +tocaron llamada á las gentes de guerra. + +Las principales plazas de la ciudad se vieron llenas de soldados. + +Luego se pregonó solemnemente un bando, por el cual se mandaba á todos +los moriscos y mudejares que habitaban en la ciudad, en el Albaicin y en +la Alcazaba, asi vecinos como forasteros, se reuniesen en sus +respectivas iglesias parroquiales. + +No pudiendo resistir obedecieron. + +Pero aterrados, porque lo temian todo, porque no sabian qué iba á +hacerse con ellos. + +Cuando estuvieron reunidos en las iglesias, fueron encerrados en ellas. + +Preguntaron aterrados qué suerte iba á ser la suya y el presidente Deza +les ofreció cédulas de seguros de sus vidas, y lo que mas los +tranquilizó fue la palabra que don Juan de Austria les empeñó en nombre +del rey, de que los tomaba bajo el seguro y amparo real, que no se les +haria daño, y de que se les sacaba de Granada para apartarlos del +peligro en que se encontraban entre la gente de guerra. + +Los desdichados hubieron de satisfacerse con esto: permanecieron aquella +noche presos en las iglesias guardados por algunas compañías de +infantería, y al dia siguiente escuadronada y apercibida la gente de +guerra en el campo del Triunfo, que está situado entre la puerta de +Elvira y el Hospital Real, campo que aun no llevaba aquel nombre, +salieron los moriscos de las iglesias entre arcabuceros, yendo entre +ellos para protegerlos con su autoridad, don Juan de Austria, el duque +de Sesa, el marqués de Mondéjar, don Luis Quijada, ayo de don Juan, y el +licenciado Briviesca de Muñatones, y fueron encerrados en el Hospital +Real, donde Francisco Gutierrez de Cuellar, caballero del hábito de +Santiago, y teniente de contador mayor, venido por órden del rey á +Granada, y con él algunos otros contadores y escribanos, hizo lista de +ellos con sus nombres, estado y profesiones, encontrándose despues de +hecha la lista, pasar de diez mil los moriscos arrancados de sus +hogares. + +No se hizo esta prision en mano sin que aconteciese algo terrible. + +A pesar de cuanto se procuró por don Juan de Austria y los del consejo, +que nada siniestro aconteciese al tiempo de trasladar á los moríscos de +las iglesias al hospital Real, sobrevino un hecho, que puso en peligro +de ser muertos á manos de la soldadesca todos los moriscos. + +Don Alonso de Orellana, uno de los capitanes de la infantería de +Sevilla, queriendo señalar su compañía de las otras, ató en el asta de +una lanza un crucifijo cubierto con un velo negro, y puso al soldado que +le llevaba á la cabeza de la compañía: al sacar aquella compañía los +moriscos de las iglesias, los infelices, al ver la cruz enlutada, +creyeron que los llevaban á morir, y creyendo lo mismo las moriscas que +iban llorando tras ellos, empezaron á dar alaridos y á mesarse los +cabellos y á exclamar: + +--¡Oh desventurados de vosotros, que os llevan como corderos al +degolladero! ¡cuánto mejor os fuera morir en las casas donde nacísteis! + +En estos momentos, un soldado dió un palo á un morisco jóven, que +llevaba medio ladrillo debajo del brazo, y que, al sentir el golpe se lo +tiró al soldado partiéndole una oreja; esto aconteció cerca de don Juan +de Austria: arrojáronse los alabarderos de la Guardia sobre el morisco, +y allí mismo le hicieron pedazos. + +Revolviéronse los soldados y los moriscos, empezaron á correr voces +entre los primeros de que el herido era don Juan de Austria, entre los +segundos de que los iban á matar á todos, y fue necesaria la autoridad +de don Juan de Austria, del presidente Deza y del marqués de Mondéjar, +para que no aconteciese una gran desdicha. + +Apaciguóse, pues, á los moriscos, se sosegó á los soldados, se apartó al +muerto, se retiró al herido, y para que no se alborotase la ciudad y +matasen á los moriscos que iban por las calles, don Juan de Austria +mandó á don Francisco de Solís y á Luis de Mármol Carvajal, que mas +adelante historió la rebelion de los moriscos de Granada, se pusiesen á +las puertas de la ciudad y no dejasen entrar á nadie dentro. + +Al fin los moriscos fueron encerrados en el Hospital Real, edificio +gótico de fines del siglo XV ó principios del XVI, fundado por doña +Isabel la Católica, para la curacion de toda clase de enfermedades y +expecialmente para recoger locos. + +Aquellos pobres moriscos, solo por el delito de serlo, y por haber +inspirado temor, fueron deportados al interior de Castilla: todos fueron +tratados cruelmente, y muchos de ellos muertos, vendidos otros por +esclavos y repartidas entre la soldadesca las moriscas mas hermosas. + +A pesar de esta deportacion, no quedó Granada enteramente limpia, como +se decia entonces, de moriscos: habian quedado en la ciudad y en las +alquerías de la Vega los niños menores de siete años, y los viejos +mayores de cuarenta, como gente que no podian causar recelo; y á mas de +esto, muchos oficiales de artes y oficios, que eran necesarios en la +ciudad, y los mudejares, porque alegaron que no debian ser tratados de +igual manera que los moriscos, porque decian descender de cristianos, +que habian vivido como en vasallaje entre los moros, y que sus +antepasados habian servido buena y fielmente á los príncipes cristianos +contra los reyes moros. + +Hecha esta limpia de seguridad, por decirlo asi, los ciudadanos de +Granada se creyeron salvos; pero sin embargo, empezó á notarse la falta +de los moriscos deportados; resintióse el comercio, se enflaqueció la +industria, las casas y jardines de los moriscos tan bellos poco antes, +empezaron á verse asolados, destruidos y tan mal parados, que parecia, +segun el dicho de los contemporáneos, que habia caido una maldicion +sobre Granada. + +Los moriscos viejos, llorando sus desventuras, decian haberse cumplido +un pronóstico hecho en otro tiempo á los de Granada: este pronóstico les +habia anunciado que vendria un tiempo en que bajaria por la cuesta de +Alacaba un arroyo de sangre morisca que cubriria una gran piedra puesta +en la desembocadura de aquella cuesta al campo del Triunfo, en una +esquina del convento de la Merced: y ciertamente que pudieron dar por +cumplido el pronóstico, porque el dia de la deportacion bajaron por +aquella cuesta tantos moriscos, que bien pudo considerárseles como +sangre que cubrió la cuesta y la piedra. + +Hubo otra circunstancia, sin duda casual, pero que podria tenerse por +peor resultado de un fatalismo: la batalla de las Navas de Tolosa, fue +la mas funesta de cuantas ganaron los cristianos á los moros: en las +crónicas árabes, se encuentra aquel hecho señalado con el nombre de +batalla de Hins al-Acab[28]: Hins al-Acab, se llamaba y se llama hoy en +Granada, la cuesta por donde bajaron del Albaicin los moriscos para ser +deportados. + +Dado este terrible paso de precaucion, á costa de la libertad, de la +vida y de las haciendas de diez mil infelices, se pensó en llevar +adelante la guerra de las Alpujarras á todo rigor. + +Aben-Humeya y Aben-Aboo, rey el uno, alcaide de los alcaides el otro, +entre los moriscos, se robustecian y organizaban sus fuerzas: el marqués +de Mondéjar no inspiraba gran confianza por su blandura, y don Luis +Fajardo se averiguaba muy mal con los moriscos del Almanzora y del +Marquesado. Aben-Humeya se habia apoderado de las fortalezas del rio +Almanzora, y puesto por general de aquel distrito al Malek, tristemente +célebre por sus desgracias, y que mas tarde debia morir desastradamente, +con su amante Maleka en Galera, y ensoberbecido con los socorros que le +habia enviado el dey de Argel, no dejaba reposar un punto á los +cristianos, y aunque no alcanzase grandes ventajas, la confianza de los +moriscos de la Alpujarra crecia hasta el punto de que labraban +tranquilamente sus tierras y se entregaban al artefacto de la seda, como +si fuesen las gentes mejor defendidas y seguras del mundo. + +En vista de esto, y de que Aben-Humeya seguia levantando la tierra, y +extendiendo la rebelion, temiéndose que esta cundiese á los reinos de +Valencia y Murcia donde habia un considerable número de moriscos, el rey +determinó que se hiciesen dos campos contra los rebeldes, uno bajo las +órdenes de don Juan de Austria, y otro bajo las del marqués de los +Velez. + +En cuanto al marqués de Mondéjar, para evitar entorpecimientos y +competencias, se le apartó de Granada con el pretexto de que fuese á la +córte á informar en persona al rey acerca de los asuntos del reino de +Granada, y de la manera que se habia de tener para sujetar á los +moriscos, como quien habiendo sido tantos años capitan general de +Granada, debia conocer bien á aquellas gentes. + +Al saber que el marqués de Mondéjar era llamado á la córte, el +licenciado Briviesca de Muñatones, como práctico que era en cosas de +estado, dijo (era tuerto de un ojo): _que me saquen el otro si el +marqués torna de allá mientras dure la guerra_. + +En tal estado se encontraba la rebelion del reino de Granada á +principios del mes de octubre de 1569. + + + + +CAPITULO XLII. + + De cómo empezaba Harum á vengar al emir. + + +Era una de esas terribles noches de tormenta que tan frecuentes son en +el otoño en las Alpujarras. + +Llovia, relampagueaba, tronaba, zumbaba el viento entre las breñas. + +Las calles de Andarax estaban completamente desiertas. + +En Andarax estaba Aben-Humeya con trescientos escopeteros de su guardia, +y mas descuidado de lo que debiera estarlo, acompañado siempre de dos +mujeres y entretenido en zambras y diversiones. + +Una de estas mujeres era Angiolina Visconti. + +Irritábale esta con su hermosura, le enloquecia, le entretenia con +promesas y entre tanto le vendia. + +La otra mujer se llamaba María de Rojas, y era morisca. + +Esta María de Rojas, prima de Diego Alguacil, uno de los moriscos mas +influyentes en las Alpujarras y en Granada, era sobrina de aquel Miguel +Rojas, padre de Isabel de Rojas, con quien ante la Iglesia Católica se +habia casado Aben-Humeya. + +Este, voluntarioso y tirano antes de haber asegurado á su cabeza la +corona, habia repudiado á su mujer, dejándola abandonada en Granada, +habia matado con extremada crueldad á los parientes de su esposa que se +atrevieron á pedirle cuenta de aquel abandono, y enamorándose de María +de Rojas, que era hermosísima, se la arrebató á Diego Alguacil de quien +era amante, y se casó con ella á la usanza mora. + +Aben-Humeya no comprendió que debia ser natural y precisamente su +enemigo una mujer á cuyo padre y hermanos habia muerto, á quien habia +arrebatado sus amores, y que aquella mujer debia pensar en vengarse; +creyó que todo lo olvidaria una vez sultana de las Alpujarras, y la +arrastró á su tálamo: mató su alma como habia matado á sus parientes, y +se embriagó con sus amores fingidos, porque María de Rojas no habia +olvidado nada, ni su padre extrangulado, ni sus hermanos degollados, ni +á Diego Alguacil, de cuyos brazos casi habia sido arrancada. + +Fuese que el remordimiento de haber matado á su padre, fuese que la +confianza de su fortuna hubiesen embriagado á Aben-Humeya, nada temia, y +lo que era peor aun, se rodeaba de enemigos y provocaba el peligro. + +María de Rojas, al ver un dia en la casa de Aben-Humeya á Angiolina +Visconti, apareciendo como un nuevo sol, al cual se volvian los +inconstantes amores de Aben-Humeya, no tuvo zelos, porque no puede +tenerlos quien no ama, pero alentó esperanzas: comprendió que Angiolina +era tan desgraciada como ella, y que como ella ardia en sed de venganza +contra Aben-Humeya: no tardaron en comprenderse las dos mujeres, y al +comprenderse, hicieron de su venganza una causa comun, y se ayudaron +mutuamente, y se encubrieron la una á la otra. + +Cuando María de Rojas necesitaba algunos momentos de libertad, Angiolina +entretenia á Aben-Humeya escuchando sus protestas de amor, alentándole, +dándole esperanzas. Cuando Angiolina necesitaba disponer de algun +tiempo, quien le entretenía, no ya con esperanzas, sino con fingidos +zelos, era María de Rojas. + +¿En qué invertian el tiempo que se procuraban la una á la otra estas dos +mujeres? + +Al lado de Aben-Humeya, sirviéndole con la mayor lealtad en las +apariencias, acompañándole á todas partes, poniéndose delante de él en +todos los peligros, habia tres personajes terribles: Aben-Aboo su +hermano, que á pesar de serlo, ambicionaba su corona, y tendia +asechanzas á su vida. Diego Alguacil, el primer amante de María de +Rojas, que se fingia el súbdito mas sumiso y mas leal del mundo, y +Harum-el-Geniz, el valiente caudillo de los monfíes despues de la muerte +del infortunado Yaye, que afectaba ayudar á Aben-Humeya con todas sus +fuerzas. + +El insensato jóven nada sospechaba: ensoberbecido con algunas ventajas +obtenidas sobre los castellanos, con la ayuda decidida del dey de Argel +que le habia enviado algunos centenares de turcos, bajo las órdenes de +los capitanes Alí, Huscen y Carcax, piratas levantinos, que solo al olor +del oro y de la sangre habian dejado los puertos del sultan de +Constantinopla Selim II, se creia ya decididamente sultan de Andalucia +en el momento en que le acechaba de cerca la muerte. + +Era, como dijimos al principio de este capítulo, una fria, nublada y +tempestuosa noche de otoño. + +Acababan de dar las doce en el reló de la villa. + +A aquella hora, entraron en un casaron medio derruido en la parte baja +del pueblo dos hombres. + +El uno llevaba el ostentoso traje de walí de los walíes ó capitan +general de los monfíes. + +Era Harum-el-Geniz. + +El otro llevaba un bello traje berberisco. + +Era Aben-Aboo. + +La estancia en que habian penetrado, estaba alumbrada únicamente por la +fuerte luz de un monton de ramas de olivo que ardian en un ancho hogar. + +Sentado junto al hogar habia un hombre como de treinta años, con traje +morisco. + +Este hombre era Diego Alguacil. + +Al oir á los recien llegados se levantó. + +--¡Cuánto habeis tardado! dijo. + +--Los barrancos estan invadeables, respondió Harum-el-Geniz, y trayendo +tanta gente nos ha sido preciso rodear mucho. + +--¿Cuánta gente traeis? + +--Dos mil monfíes. + +--¡Ah! pues si traeis dos mil monfíes ¿á qué esperar? ¿acaso no teneis +confianza en ellos? + +--Si, si ciertamente. Pero es necesario justificar la muerte de +Aben-Humeya para que el dey de Argel y el sultan no puedan acusarnos de +ella, dijo Aben-Aboo. + +--¿Y habeis encontrado un medio? + +--Excelente. + +--¿Y qué medio es ese? + +--Que le maten los turcos que le ha enviado Aluch-Alí. + +--¡Ah! pero los turcos aunque estan disgustados con él, no se atreveran +á tanto. + +Sonrió sesgadamente Aben-Aboo, y miró con una expresion de horrible +inteligencia á Harum. + +--Los turcos, dijo, mataran á Aben-Humeya, cuando sepan que Aben-Humeya +quiere matarlos á ellos. + +--Pero eso no es verdad, dijo Diego Alguacil. + +--Poco importa que no lo sea con tal de que lo crean los turcos. + +--Si, bien: yo aborrezco á Aben-Humeya, yo deseo su muerte: me ha herido +en el corazon, me ha afrentado, dijo Diego Alguacil. Pero el deseo que +tengo de esterminarle me hace desconfiar de que podamos herirle. + +--¡Bah! dijo Aben-Aboo: tú serás quien cause la muerte de mi buen primo. + +--¡Cómo! + +--Toma, contestó Aben-Aboo dando una carta cerrada á Diego Alguacil. + +--Esta carta, dijo el morisco mirando el sobrescrito, es para el alcaide +de Mecina de Bombaron, y la letra parece de Aben-Humeya. + +--Tan de Aben-Humeya es como mia, dijo sonriendo de una manera sesgada +Aben-Aboo. Esa carta la ha escrito Diego de Arcos que, como sabes, ha +sido secretario de Aben-Humeya. Y esta carta es tal, que yo te juro que +nadie nos culpará de la muerte de Aben-Humeya. + +--Quiera Dios que esta carta nos libre de ese malvado, dijo Diego +Alguacil, devolviendo la carta á Aben-Aboo. + +--Se necesita un hombre de confianza para llevar esa carta, dijo con +acento breve Harum-el-Geniz. + +--Diego Alguacil la llevará, repuso Aben-Aboo. + +--¿Y para qué he de llevarla yo? + +--¿No quieres vengarte de la afrenta que te ha hecho Aben-Humeya? + +--¡Oh! ¡si! ¡vengarme! ¡vengarme de una manera terrible! + +--Pues para eso es necesario que esta carta dé en manos de él. + +--¡Recelaran! + +--Concluyamos, Diego Alguacil: ¿podemos contar contigo, ó no? dijo +Harum-el-Geniz. + +--Quiero saber la parte que tomo en mi venganza, y para ello os estoy +esperando. + +--En esa carta llevas la muerte de Aben Humeya, de ese miserable +traidor, repuso Harum-el-Geniz. Lo que necesitas hacer es muy sencillo: +como los barrancos van crecidos, tendras que tomar la falda de la +sierra: en la muela de las Aguilas estan los capitanes turcos esperando +á Aben-Aboo; procura pasar por el sendero que cruza delante de la cueva, +y cuando llegues á ella, como sorprendiéndote de encontrar allí gente, +pides un guia para llegar á Mecina de Bombaron con la carta de +Aben-Humeya á pretexto de haberte extraviado. + +--¿Y nada mas? + +--Nada mas. + +--¿Es decir que en esta carta va la muerte de Aben-Humeya? + +--Si. Ahora bien; dicen que Aben-Humeya está tan descuidado que todas +las noches se anda en zambras y fiestas. + +--Es verdad; ese maldito está abandonado de la mano de Dios. + +--Dios abandona siempre á los traidores y á los desleales; pero estamos +ya perdiendo tiempo. Vamos, Diego Alguacil; yo te acompañaré por el +camino, y luego tomaré por los atajos para llegar antes que tú á la +muela de las Aguilas y con distinta direccion, al pasar por la cueva +donde me esperan los capitanes turcos. + +Aben-Aboo se levantó y se puso en marcha: Harum-el-Geniz y Diego +Alguacil le siguieron dejando la casa abandonada. + +--¡Que Dios os dé buena ventura! dijo Harum-el-Geniz cuando estuvieron +fuera de la casa volviéndose hácia la parte alta del pueblo. + +--¡Cómo! ¿te quedas tú? dijo Diego Alguacil. + +--Importa que yo me quede en Andarax, dijo Harum: y ademas ¿quién se ha +de quedar al frente de los dos mil monfíes que cercan la villa para que +no pueda escapar Aben-Humeya? + +--Dices bien. Adios. + +--Adios, dijo Aben-Aboo. + +--Adios, contestó Harum-el-Geniz tomando para la parte alta del pueblo. + +Aben-Aboo y Diego Alguacil salieron al campo mientras Harum se +encaminaba á la plaza murmurando: + +--¡Ah, mi noble y desgraciado señor! me he visto obligado á esperar +mucho tiempo la venganza de tu sangre: pero al fin esos dos miserables +van á hacerse pedazos. ¡Tus hijos! ¡no podian ser tus hijos, no: +aquellas cartas mentían! ¡si hubieran sido tus hijos la sangre hubiera +hablado á esos corazones de tigre! ¡y si eran tus hijos!... ¡oh Dios +poderoso!... si eran tus hijos... el hijo que tiñe las manos en la +sangre de su padre merece ser muerto por su hermano. + +Y entrando á punto en la plaza Harum, se encaminó hacia la iglesia +transformada entonces en mezquita, y torciendo por una estrecha calleja, +llegó á un postigo oscuro de la tapia de un huerto. + + + + +CAPITULO XLIII. + + De cómo la princesa Angiolina Visconti volvia á ser un instrumento + manejado por Harum. + + +Harum se detuvo junto á aquel postigo y escuchó con la mayor atencion. + +Nada se oia. + +Una gran casa situada en el fondo del huerto y á la cual pertenecia, +estaba envuelta en un silencio profundo y en una oscuridad lúgubre. + +Solo en una ventana morisca se veia luz á través de su arco calado. + +--¡Vela! dijo Harum: vela esperándome y Aben-Humeya no está en la casa: +esa luz que brilla en el aposento de la italiana me lo dice. ¡Miserable +mujer! su amor y su empeño por el marqués son acaso la causa de estas +desgracias. Acaso sin ella mi desventurado señor, hubiera podido dar el +golpe de muerte al rey don Felipe en su misma córte... pero aquella +funesta herida... aquella imprevista prision en el Santo Oficio... +¡Vamos, es necesario no pensar mas en lo pasado porque es cosa de +desesperarse! miremos adelante... á la venganza: ¡por el Dios Altísimo y +Unico, que será cumplida y que te alcanzará en ella tu parte y una parte +horrible, infame italiana! + +Y tras estos pensamientos, buscó en el marco del postigo, halló el nudo +de una cuerda, tiró, y el postigo se abrió. + +Harum adelantó por el huerto como sobre un terreno conocido: atravesóle +en pocos instantes, llegó á una galería, buscó en uno de les oscuros +extremos una puerta, encontró unas escaleras, las subió, y al fin de +ellas llamó con recato á una puerta. + +Poco despues se oyeron apresurados pasos de mujer, la puerta se abrió y +apareció una dama que por su traje parecia mora y mora riquísima, pero +no lo era. + +Era Angiolina. + +--Entrad, entrad amigo mio, dijo á Harum-el-Geniz: os esperaba con +ansia. + +--¿Y María de Rojas? dijo con interés Harum. + +--Antes de que veais á María necesito hablaros, dijo con ansiedad +Angiolina. + +--Hablemos, pues, pero invertamos en nuestra conversación el menos +tiempo posible. + +--Sentaos, dijo Angiolina, acercándo unos almohadones á su lado. + +Harum se sentó. + +¡Oh! ¡y por cuan horrible causa nos hemos conocido! dijo Angiolina, +asiéndole una mano. + +Harum miró fijamente á la veneciana. + +--Horrible, si, muy horrible, señora: Dios no puede perdonar á los que +han sido la causa de la desastrada y terrible muerte de mi señor. + +--Os juro, Harum, os lo juro por la salvacion de mi alma, que no he +tenido la menor parte en ella, que nada sabia, que si alguna noticia +hubiera tenido, habria evitado ese horroroso asesinato. + +Harum se contuvo de una manera admirable hasta el punto de que, á pesar +de hervir la cólera en su corazon, su semblante permaneció impasible, y +ni el mas ligero extremecimiento agitó la mano que Angiolina tenia en +prenda de amistad entre las suyas. + +--Todos hemos sido bien desgraciados: la sultana Amina ha perdido á su +hijo y á su esposo. + +--¡Ah! ¡infeliz! dijo Angiolina, dominando su alegría por la desgracia +de Amina, como Harum habia devorado su odio. + +--La misma sultana... ¿quién sabe lo que ha sido de la sultana? + +--¿Qué no lo sabeis Harum? dijo insidiosamente Angiolina. + +--No. + +--Pues mirad, para eso os habia detenido, para preguntaros por ella. + +--¿Y qué os importa ya la sultana Amina? ¿no ha muerto el hombre que os +hacia enemigas? + +--Creo que no, dijo con fijeza Angiolina. + +--Desengañaos, señora; cuando yo os busqué la primera vez para que me +ayudáseis en nuestra comun desgracia, os dije la verdad. El marqués +pereció en la voladura de un subterráneo cuando perseguia á Aben-Aboo +que se llevaba robada á su esposa. + +--¿Y si yo os dijese que el marqués de la Guardia vive? + +--¿Que vive el marqués de la Guardia? exclamó con la expresion de la +mayor extrañeza Harum. Seria necesario creer en un milagro. + +--Ese milagro le ha efectuado Dios, compadecido sin duda de mí, que por +la muerte del marqués hubiera muerto de dolor. + +--Pero eso es imposible: os aseguro, á fuer de buen creyente, que vi +perecer al marqués de la Guardia. + +--Os engañásteis: yo sé que vive. Y vamos claros, Harum: vos sabeis +tambien como yo que vive. + +--¡Yo! + +--Si, es mas: vos me habeis traido el consuelo de la certeza de su +existencia. + +--¡Yo! + +--¡Si, vos! ¿os acordais de un dia en que vinisteis á ver al rey, que os +habia llamado? + +Este rey que citaba Angiolina, era Aben-Humeya. + +--Si, si, es verdad; hace seis meses. + +--Cabalmente. + +--Pues bien: con vos venia un moro encubierto. + +--¡Ah! ¡el moravito[29] de Africa! exclamó con la mayor naturalidad +Harum: ese hombre ha prometido llevar el rostro cubierto y no dormir +bajo techado, hasta tanto que logre una venganza. + +--¿Y quién mejor que el marqués pudiera haber hecho ese juramento? + +--Insistís en vano, señora, os equivocais. + +--¿Y si yo os diese una prueba? + +--¿Cuál? + +--Ese moro encubierto se quedó en el patio, entre vuestros monfíes. + +--Es verdad. + +--Yo le veia desde una celosía: sin saber por qué aquel moro me habia +llamado la atencion: su estatura, su actitud, sus ojos negros, que se +veian por cima de la toca con que llevaba cubierto el semblante... + +--Pudisteis equivocaros, señora. + +--Dudé un momento; pero mi corazon me decia que era él y quise salir de +dudas: entonces le llamé en voz alta desde la celosía. + +--¿Que le llamásteis? + +--Si: le llamé por su nombre: ¡Don Juan! exclamé: y entonces el moro +hizo un movimiento marcado: dió algunos pasos hácia delante y miró con +interés al lugar donde habia reconocido mi voz. + +--Esa es una prueba muy vaga. + +--Es que tengo otras. + +--¿Cuales? + +--Una carta de Don Juan á su esposa. + +--¡Ah! exclamó Harum. + +--¿Sabeis acaso que don Juan recibió una carta en la que se le +participaba que Amina estaba en una cueva en Mecina de Bombaron? + +--Yo, señora... no recuerdo. + +--Esperad: voy á ayudaros á recordar, dijo Angiolina sacando de su seno +dos papeles doblados. + +Desdobló el uno y leyó lo siguiente: + +«Señor marqués de la Guardia: soy un cautivo cristiano, que para +librarme de la muerte he renegado en la apariencia y estoy como soldado +entre las gentes de Aben-Aboo. A fuerza de fingir y de disimular, he +logrado la confianza de este moro, hasta el punto de que con mucha +frecuencia me confió la guarda de una mujer que tiene presa en una cueva +en el barranco de la fuente de la Zorra. Esta dama que es jóven y +hermosa, se ha atrevido hoy á confiarse á mí, me ha contado su historia +y me ha pedido que la ayude. Yo no he podido negarme á ello, porque esa +dama es vuestra esposa doña Esperanza de Cárdenas, duquesa de la +Jarilla. Escribidla para que se tranquilice acerca de vos, porque +Aben-Aboo la afirma que habeis muerto: no sabiendo yo vuestro paradero, +y habiéndome dicho doña Esperanza que el wazir Harum-el-Geniz os +buscaria si no sabia vuestro paradero, dirijo esta carta al dicho Harum, +y le suplico que os busque y os la entregue: doña Esperanza no escribe, +porque me es imposible procurarla los medios; espera vuestra esposa una +contestacion pronta: dádsela por Dios, porque si tarda creerá que habeis +muerto: vuestro servidor que os besa las manos.--Juan de Carreño.» + +--Vos debisteis recibir esta carta, Harum, añadió la italiana, y dársela +al marqués, porque á los ocho dias recibí esta otra escrita del puño y +letra de don Juan: llena de ternezas á su esposa, avisándola de que +corria á salvarla...? + +--¿Estais segura, señora, de que esta carta está escrita por el +marqués... + +--¿Quereis que no conozca su letra cuando aun tengo en mi poder las +cartas de amor que me escribia hace dos años, cuando pretendia ser mi +amante y yo le desdeñaba? + +--De modo que... + +--Si, Harum, si, os he tendido un lazo porque amo. + +--¿Amais al marqués á pesar de haberse casado con otra? + +--Cabalmente por eso le amo mas. + +--¿Ignorais que despues de muerto el emir de los monfíes, yo soy el +padre de la sultana Amina? + +--Padre que no sabe donde está su hija. + +--Lo sabré, puesto que está en poder de Aben-Aboo. + +--Vos no sabreis nada, ni hareis nada si yo no quiero que lo hagais. + +--¡Ah! os creis con poder... + +--Puedo en vez de entregaros la persona de Aben-Humeya avisarle; Aben +Humeya me ama como ama á una mujer todo aquel que no ha logrado de ella +favor alguno... + +--Todos os creen la amante favorecida del rey. + +--Pues todos se engañan. Solo he sido de un hombre, y solo de él seré; +porque prefiero la muerte á ser de otro; pero concluyamos que el tiempo +se pasa. Habladme con verdad porque os voy á imponer condiciones. + +--Veamos, dijo Harum. + +--¿Qué gente habeis traido? + +--Dos mil hombres. + +--¿Cercan esos dos mil hombres la villa? + +--Sí. + +--¿Y creis que no puede escaparse Aben-Humeya? dijo con intencion +Angiolina. + +--Yo creo que sin vuestra ayuda y sin la de María de Rojas nos seria +imposible apoderarnos de él. + +--Si le avisamos; su huida es segura; ademas de que podria intentar la +resistencia porque tiene la villa ochocientos escopeteros. + +--Bien, bien, señora; vuestras condiciones. + +--¿Viene con vuestra gente el marqués de la Guardia? + +--Sí. + +--Haced que yo le vea al momento. + +--¡Que vos le veais! ¿y para qué? + +--¿Sabeis acaso hasta qué punto llega mi amor? ¿sabeis si por acaso +desesperada quiero obligarle á que me ame á costa de un nuevo +sacrificio? + +--¿Y sé yo si pretendeis hacer una traicion? + +--Señaladme un lugar donde yo pueda verle á solas rodeada de vuestras +gentes: es mas, entre vosotros vienen mujeres: me someto á ser +registrada por una de esas mujeres para que os convenzais de que no +llevo puñal ni nada que pueda dañar al marqués. + +--Y bien, ¿si os concedo esa entrevista con el marqués, me entregareis á +Aben-Humeya? + +--Sí: yo y María os entregaremos á ese hombre. + +--¿Dónde? + +--Aquí mismo: en su casa. + +--Pues bien, llamad á María de Rojas. + +--Pero me jurais... + +--Os juro que inmediatamente vereis al marqués. + +--Os creo Harum, os creo, como creo que llegará un dia en que me hareis +probar vuestra venganza. Pero vea yo por la última vez á don Juan, y +todo me importa poco: ¿para qué quiero yo vivir? pero no hablemos de +esto. Voy á llamar á María de Rojas. + +Y Angiolina se levantó y desapareció tras una puerta. + +--¡Oh! ¡esta mujer! ¡esta mujer! exclamó Harum: ¡su maldita pasion por +el marqués, nos ha sido funesta, funestísima! ¡y sin embargo, al +herirnos se ha herido ella misma: hay en sus ojos algo de insensato, +algo que me causa compasion! compasion á pesar de mi odio hácia ella. +¡Dios mio! ¡Dios mio! + +Harum compuso su semblante porque sintió los pasos de dos mujeres que se +acercaban. + +Levantóse el tapiz y apareció Angiolina seguida de otra mujer. + +Aquella mujer era muy joven: de frente altiva, blanca y pálida; los +cabellos, las cejas, las pestañas y los ojos negros, los labios rojos; +el cuello y el talle largos, redondos, esbeltos; el andar indolente; la +mirada lánguida, la boca anhelante, el seno conmovido. + +Se detuvo delante de Harum y le dijo con el acento ardiente de la mujer +que ama. + +--¿Y Diego Alguacil? + +--Ha ido en busca de quien atacará á Aben-Humeya. + +--¿Con qué ha llegado la hora? + +--Si; si vosotras me ayudais. + +--Te ayudaremos, dijo María de Rojas: es necesario concluir de una vez; +ese infame se ha convertido en lobo: me causa horror, y cuando me veo +obligada á sonreirle se me parte el corazon: cuando le abro mis brazos +creo morir. Y... ¿será esta noche?. + +--Si, esta noche. + +--Pero para ello es necesario que yo salga con Harum, y que detengas á +Aben-Humeya para que no repare en mi falta. + +--Aben-Humeya está en una zambra y vendrá tarde, dijo María de Rojas. Yo +le entretendré si cuando vuelva no has vuelto tú. Ademas, escucha, +Harum: ni tú ni tus gentes entreis á matarle sino cuando veais una luz +detrás de la celosía que está sobre la puerta que da á la plaza. Ahora, +idos, aprovechad el tiempo. Yo me quedo aquí esperando con impaciencia. + +Angiolina se envolvió en un albornoz y salió con Harum, bajaron al +huerto, le atravesaron y salieron por el postigo. + +Llovía á mares y relampagueaba. + +Muy pronto Harum y Angiolina salieron de la villa y se perdieron entre +los barrancos. + + + + +CAPITULO XLIV. + + De cómo los capitanes turcos sirvieron á Aben-Aboo ó creyeron + servirse á sí mismos. + + +La muela del Aguila era una pequeña montaña en direccion á Andarax. + +Por la parte media de su vertiente oriental corria un sendero que aunque +áspero atajaba el camino desde Andarax á Mecina de Bombaron. + +Este sendero pasaba junto á la entrada de una enorme gruta. + +En esta gruta, la noche en que marcha nuestra accion, ardia una hoguera +de ramas de olivo. + +Sentados en piedras alrededor de la hoguera, habia tres hombres +atezados, de mirada ávida, armados hasta los dientes, y revelando en su +trage tanto á los turcos vasallos del sultan de Constantinopla, como al +pirata berberisco de los mares de Levante. + +Estos tres hombres parecían estar impacientes é irritados. + +--Por Allah, decia uno de ellos: en esta tierra es durísima la fatiga: +el combate es nada, comparado con los hielos y con este viento crudísimo +que vuela de cumbre en cumbre. + +--Aluch-Alí, nuestro señor, dijo otro de ellos dirigiéndose al que habia +hablado, nos quiere mal cuando nos ha enviado á esta empresa, Carcax; en +esta tierra maldita solo se siembran ingratitudes y se cogen traiciones; +por el Dios Altísimo y Unico, que cuando me acuerdo de mi buena galeota, +se me abre el corazon: prefiero verme sobre ella, dando caza viento en +popa á los cruzados de Malta, que ser rey de esta tierra miserable. + +--Miserable, porque son miserables los que en ella han levantado su +bandera, Alí; por lo demás, Granada es el jardin del Profeta; pero con +Aben-Humeya... hace algunos días que solo recibimos reveses: en Válor +hemos sido destrozados: en Cádiar hemos huido de breña en breña delante +de los cristianos, y si Aluch-Alí, nuestro señor, no nos saca de aquí +perecemos en la lucha. + +--¡Por Alah, Huscen! ¿qué dirian de nosotros en Argel si dejásemos +abandonados á nuestros hermanos? + +--No, no son estos mezquinos hermanos nuestros; nuestros hermanos no +arremeterian al peligro para huir despues aterrados: Aben-Humeya es un +insensato, que cuando ha menester de mas valor se entrega al desaliento +ó á los placeres, ó lucha mal, poco y tarde. Aben-Aboo aunque es +valiente, descontento ú ofendido, no hace lo que debia: y los moriscos +desvandados, desnudos, miserables, ó perecen por la espada, ó al rigor +del hambre. + +--¡Aben-Aboo! exclamó Huscen; hace dos horas que le esperamos yertos de +frio, y aun no ha venido: tal vez tenga miedo... ó prefiera tal vez +dormir en Andarax á arrostrar para venir á buscarnos, los rigores de una +noche tan fria. + +--¿Quién se atreve á dudar de Aben-Aboo, y á llamarle indolente y +cobarde? dijo una voz robusta á la entrada de la cueva. + +[imagen: Don Juan de Austria.] + +Volviéronse los capitanes turcos al sonido de aquella voz y vieron á un +moro que adelantaba en la cueva. + +Era Aben-Aboo. + +Los turcos se levantaron. + +--¡Ah! ¡es Aben-Aboo, el alcaide de los alcaides! dijo Alí. + +--¡Por Allah! exclamó con desprecio Aben-Aboo mirando con una profunda +fijeza á los turcos: ¿á quién parece tarde? ¿quién se atreve á blasonar +de valiente amancillando mi honra? + +--¡Aben-Aboo! exclamó el feroz Huscen. + +--¡Yertos de frio, y murmurando como mujeres! ¡nunca lo hubiera creido +de vosotros, capitanes! + +--Perdona si te hemos ofendido Aben-Aboo, dijo Carcax; pero tenemos +razones para quejarnos; desde que llegamos á las Alpujarras no hemos +visto en torno de nosotros mas que traidores; si hemos empeñado alguna +empresa hemos sido vencidos ó abandonados. ¿Quién nos ha traido del +Africa á estas montañas para sufrir sonrojos y reveses? ¿quién humilla +nuestro esfuerzo y nos obliga á ser testigos de tanto oprobio? ¿Y +quieres que callemos como viles y cobardes, y no levantemos la voz +contra tanta vergüenza? + +--No, vive Dios, dijo Aben-Aboo: como vosotros estoy irritado, como +vosotros veo que el insensato Aben-Humeya, ó es cobarde ó aprecia en +poco su vida y su honra. + +--¿Y quién le ha aclamado rey? dijo Carcax: vosotros, vosotros que +creísteis que sacaría al reino del yugo del cristiano y estableceria el +estandarte del Profeta sobre los muros de la Alhambra. ¿Y qué ha hecho +ese miserable? entregarse al ócio, gastar su vida en fiestas y en +zambras, empobrecer á los suyos para alentar sus vicios; y despues de +algunos triunfos que no ha sabido aprovechar, al ver á don Juan de +Austria en las Alpujarras, acobardarse y huir de breña en breña como la +res acosada por los perros, cuando resuenan á sus espaldas las trompas +castellanas. + +--Y bien, exclamó con arranque Alí; ¡qué nos importa que Granada sea +cristiana ó no! si esta guerra concluye mal, los moros solo verán un +pedazo de menos en sus dominios: mas ¡ay si un dia Africa se arroja +sobre Europa! ¡hay si clava en su vieja frente el estandarte del +Profeta! + +[imagen: Deportacion de los moriscos de Granada.] + +--¡Escrito está! exclamó con acento solemne Aben-Aboo: pero vencidos en +tanto los moriscos, habran visto desvanecerse su esperanza como humo que +arrebata el viento. Volvereis si: pero os aterra el nombre de don Juan +de Austria, y quereis abandonarnos. Pues bien: ¡idos! me causa rubor +vuestra cobardía ¡idos! impacientes os esperan los vuestros á la orilla +del mar en las galeras que han aprestado para la fuga. + +--Si, nos iremos, gritó Alí, trémulo de cólera; mas no será sin herir +antes la cabeza de ese miserable que descansa entre débiles mujeres. +¡Que tememos á don Juan de Austria! ¡que huimos aterrados ante el +peligro! Pues bien, si valemos tan poco; si tú, Aben-Aboo, el mas bravo +de los moriscos nos desprecias y nos rechazas, volveremos humillados al +Africa, pero antes dejaremos en las riberas de la Alpujarra las señales +sangrientas de nuestros piés. + +--Aden-Aboo, dijo Huscen, con acento amigable: ni creo tus palabras ni +me ofenden, porque son hijas del despecho con que ves las desdichas de +tu patria. No tienes razon para acusarnos; hemos venido á ayudaros y os +hemos ayudado, partiendo con vosotros el peligro, ensangrentando en los +cristianos nuestras armas. + +--¿Y porqué retroceder ahora? exclamó Aben-Aboo. + +--Mientras Aben-Humeya esté en el trono, respondió Carcax; mientras +haya una sola villa en las Alpujarras que le aclame rey, no entraran en +la pelea mis gentes: haced vosotros lo que querais. + +--Ni yo expondré otra vez mi estandarte á la vergüenza, dijo Alí. + +--¿Y no es mas conveniente, dijo Huscen, hacer pedazos la frente de +Aben-Humeya y dar la corona á quien valga mas que él; á un hombre como +Aben-Aboo, valiente, leal, emprendedor, buen musulman y buen caballero? + +--¡Yo! ¡yo rey! exclamó Aben-Aboo, disimulando su alegría. ¿Qué dices +Huscen? ¿sobre mis débiles hombros quieres arrojar tan pesada carga? +¡No! ¡no! matad en buen hora á Aben-Humeya, y ocupe su trono otro que +yo: uno de vosotros por ejemplo. + +--Aluch-Alí nuestro señor, dijo Carcax, nos ha enviado á ayudaros, no á +ser reyes... arreglad este asunto entre vosotros los moriscos... mas... +alguien se acerca... ¿has traido á alguno contigo Aben-Aboo? + +--He venido solo. + +En aquel momento apareció en la entrada de la cueva un hombre. + +Era Diego Alguacil. + +Al ver á Aben-Aboo y á los turcos, adelantó y les dirigió confiadamente +la palabra. + +--Musulmanes, dijo: dadme ayuda; me he perdido en la montaña y necesito +un guia para cumplir un encargo en servicio del rey. + +--¿De qué rey hablas? dijo Aben-Aboo afectando no conocer á Diego +Alguacil. + +--¿De que rey he de hablar?, contestó el morisco, sino del alto el +grande Muley Aben-Humeya, á quien Dios ensalze... + +--Cuadra muy mal tu comisión con tu torpeza, moro, dijo con recelo +Carcax. + +--Tiene trazas de espía de los cristianos, dijo con acento de amenaza +Huscen. + +--Esta carta responderá por mí, dijo Diego Alguacil sacando del seno la +que le habia dado en Andarax Aben-Aboo. + +--De Aben-Humeya, sultan de Andalucía al alcaide de Mecina de Bombaron, +dijo Carcax leyendo el sobre escrito de la carta que habia tomado de +manos de Diego Alguacil. + +Aben-Aboo, miró recatadamente á los turcos con una mirada enérgicamente +significativa, con la que parecia decirles: + +--Necesitamos apoderarnos de esa carta. + +Y luego añadió volviéndose á Diego Alguacil como si no le conociera: + +--Ven conmigo: llevo el mismo camino que tú y antes del alba habremos +llegado á Mecina de Bombaron. + +Alí adelantó receloso. + +--Descuida, le dijo rápidamente Aben-Aboo: va conmigo, y yo ni vacilo ni +dudo: y luego añadió alto: sígueme moro: hermanos mios, adios. + +--Que Allah te guarde, contestaron los turcos. + +Aben-Aboo y Diego Alguacil salieron de la cueva. + +--Sigámosles, dijo Huscen, y castiguemos á Aben-Aboo si nos hace +traicion. + +--Deteneos, dijo Alí: el estrecho sendero por donde caminan está sobre +el tajo. + +--¿Y qué? dijo Huscen. + +--¿Y qué? ¡Dios ayude al mensajero de Aben-Humeya! + +Como para confirmar las palabras de Alí se escuchó en aquel momento uno +de esos horribles gritos que exhala el que de repente siente la muerte +sobre sí. + +--¿Habeis oido? dijo Huscen. + +--Si, un grito de horror, de agonía: sin duda ha caido el mensajero: ¡es +la senda tan estrecha, y está tan resbaladiza con el hielo!... + +En aquel momento Aben-Aboo apareció en la entrada de la cueva y adelantó +hacia los turcos. + +Parecia horrorizado: su mirada erraba sin objeto. + +--Por fortuna llevaba yo la carta, dijo con voz opaca. + +--Ha resbalado... + +--Sí... + +--Ha caido... + +--Sí; un salto horrible: ha rebotado en las rocas, y ha caido al fin al +torrente. Os juro que me ha causado horror. + +--¿Y la carta? exclamó con afan Carcax. + +--Aquí está, dijo Aben-Aboo, entregándola á Alí: llevadla, enviadla al +alcaide de Mecina de Bombaron: yo me vuelvo á Andarax: esa desgracia me +ha horrorizado. + +--¿Que llevemos esta carta al alcaide de Mecina? dijo con asombro Alí. + +--Sí; el rey lo manda, repuso Aben-Aboo: habeis venido á servirle y +debeis obedecerle. + +--¡Ah! no hace mucho que nos hablabas de otra manera, Aben-Aboo, dijo +Carcax. + +--La muerte enseña mucho y acabo de verla, contestó sentenciosamente +Aben-Aboo, y salió de la cueva y se alejó. + +Los turcos quedaron asombrados. + +--O nos hace traicion ó está loco, dijo Alí. + +--Lo que nos importa es saber lo que dice esa carta, repuso Carcax. + +--Sí, veamos, porque recelo una traición, añadió Huscen. + +Alí se inclinó sobre la hoguera, abrió la carta y la leyó. + +He aquí el contenido de aquella carta: + +«En el nombre de Dios Altísimo y misericordioso: el ensalzado, el +favorecido de Dios, gobernador de los moros de España, Muley Aben-Humeya +al valiente alcaide de Mecina de Bombaron, desea salud y +prosperidades.--Sabrás alcaide, porque todo el mundo lo sabe, que los +turcos que nos ha enviado el dey de Argel, mas que de provecho y de +ayuda nos sirven de escándalo y perjuicio, haciendo insultos y +deshonestidades, forzando mujeres, y robando las haciendas á los moros +de la tierra. Hácenlo como corsarios y ladrones que son, gente +aventurera y mala, agenos á todo respeto, sin temor á los hombres ni á +Dios. Necesario es pues, evitar estos males, mas como son poderosos, te +los enviaré á Mecina de Bombaron mañana: cuando llegaren, haz muestra de +festejarlos: ordena una zambra, dáles de cenar y pon zumo de hagiz[30] +en los manjares; cuando estén aletargados, mátalos, que después yo me +disculparé con el dey de Argel, manifestándole las causas que he tenido +para obrar asi.--Prospérete Dios y te dé ventura.» + +Por bajo se leia en mal carácter africano la frase siguiente con que +acostumbraba á firmar Aben-Humeya: _Esto es verdad_, como si dijera: +esta carta es legítima. + +El furor, la ira, la venganza, todas las malas pasiones, se pintaron en +el semblante de los turcos apenas conocieron el contenido de la carta. + +--¿Y dudaremos aun? exclamó el iracundo Carcax: ¿Dudaremos despues de lo +que hemos leido? + +--¡Dudar! exclamó Alí: ¡necesito toda la sangre de ese perro infiel! + +--¡Mil vidas que tuviera! exclamó Huscen. Si vosotros esperais, yo no +espero ni un momento. Yo voy á buscar á los mios... + +--Y yo... + +--Y yo... contestaron Alí y Carcax. + +Y salieron de la cueva trémulos de corage, y en paso rápido se perdieron +entre las quebraduras. + +Apenas habian desaparecido los turcos cuando de entre un matorral salió +una sombra informe, y se asomó al borde del abismo. + +--¡Ah del muerto! exclamó. + +--¿Quién va allá? contestó una voz desde abajo. + +--Espérame, contestó el de arriba. + +Y se deslizó por el borde de la cortadura. + +Poco despues se detenia junto á otra sombra. + +Eran Aben-Aboo y Diego Alguacil. + +--Lo han creido, dijo Diego. + +--¡Lo de tu muerte! ¿pues no han de haberla creido, si yo hubiera +dudado? ¡oh! ¡qué grito tan lastimero! + +--¿Y los turcos? + +--Allá van hácia Andarax; vamos tambien nosotros: los turcos y los +monfíes nos ayudan. + +--¡Los monfíes! exclamó Diego Alguacil: Dios me perdone: pero desconfío +de ellos. + +--¡Desconfiar! ¿y por qué? + +--Huyen demasiado. + +--Los tercios que ha traido don Juan de Austria... + +--Son valientes es verdad: pero los monfíes nunca han sido tan cobardes: +parece que á la primera arremetida huyen de intento. + +--¡Oh! ¡si eso fuera! + +--Yo creo... + +--¡Qué! + +--Que la muerte del emir los ha irritado; que os atribuyen á vosotros +esa muerte. + +--¿Y quienes somos nosotros? + +--Tú y Aben-Humeya. + +Se estremeció todo Aben-Aboo. + +--Te engañas, te engañas, Diego, contestó el jóven procurando dominar lo +conmovido de su voz: los monfíes no tienen razon para sospechar... no +pueden sospechar. + +--Allá lo veremos, replicó Diego Alguacil: ó mas bien lo veran los que +se queden. + +--¿Y tú por qué no? + +--Porque yo, en cuanto Aben-Humeya muera, que será esta noche, recobro á +María, á la prenda de mi alma, que ese infame me ha robado, y me voy con +ella á Africa. Te aconsejo que hagas lo mismo, Aben-Aboo. + +--¿Que abandone yo la corona, cuando ya la siento sobre mi cabeza? + +--Los monfíes te mataran como mataran á Aben-Humeya. + +--¿Crees tú que no sea tan fácil matar á los monfíes como á los turcos? + +--Dios es grande y vencedor, dijo Aben-Aboo. + +--Pues bien haz lo que quieras: en cuanto á mí he tomado mi resolucion. +Ahora vamos á Andarax. + +--Vamos, contestó Aben-Aboo. + +Poco despues los dos moriscos habian desaparecido entre las quebraduras. + + + + +CAPITULO XLV. + + En que volvemos á encontrar al perdido marqués de la Guardia, y se + sabe cómo escapó del subterráneo de la princesa encantada, y la + escena que tuvo con su antigua amante. + + +Entre tanto, á pesar de la lluvia y del frio, y á través de breñas y +despeñaderos, habia seguido Angiolina á Harum-el-Geniz. + +El monfí se detuvo un momento, habló algunas palabras con otros monfíes, +y él y Angiolina pasaron. + +Anduvieron aun algun tiempo. + +Al fin la italiana vió una luz entre la oscuridad. + +--¿Está el marqués de la Guardia donde brilla aquella luz? dijo: + +--Si; contestó secamente Harum. + +Llegaron á poco á una especie de venta situada al lado de uno de los +estrechos caminos de herradura que cruzan las Alpujarras. + +Al llegar á la puerta, Harum previno á Angiolina que se cubriese con su +velo, y asiéndola de la mano, la condujo á un pequeño aposento alto, á +través de unas escaleras. + +Al abrir su puerta, Harum desasió la mano de Angiolina. + +--Dentro encontrareis al marqués de la Guardia, la dijo: fuera os +espero. + +Angiolina entró con el corazon comprimido. + +Sentado en un lecho mezquino, verdadero tormento de la hospitalidad de +una venta, habia un hombre meditabundo é inmóvil. + +Al sentir el ruido de la puerta que se abria, el hombre que estaba +sentado en el lecho levantó la cabeza, y miró á Angiolina. + +Al verle la veneciana lanzó un grito de horror, palideció, sus ojos se +llenaron de lágrimas y corrió á aquel hombre, le abrazó, y le miró con +ansiedad. + +--¡Oh! ¡Dios mio! exclamó: ¡me le vuelven muerto! + +El marqués contestó con una triste sonrisa. + +Estaba pálido, con la palidez impura de la enfermedad, de una enfermedad +lenta: estaba demacrado, y sus ojos, sus antes hermosos ojos, casi +hundidos en los alveólos: la barba larga, el aspecto macilento: la +actitud como de hombre cansado, y de tiempo en tiempo desgarraba su +pecho una tos seca, aguda, terrible. + +La mirada de Angiolina se extravió. + +--¿Quién sois, señora? dijo con voz ronca el marqués de la Guardia. + +--¡Qué! ¿tan desdichada soy que ha llegado el caso de que no me +reconozcas, don Juan? dijo la veneciana. + +--Yo he escuchado vuestra voz, señora; la he escuchado no recuerdo +cuándo ni dónde, dijo el marqués; pero recuerdo que ha sido en otros +dias mas felices. + +Y el marqués la miraba con esa expresion de deseo del que quiere +reconocer á una persona. + +--¿Pero que es esto? exclamó Angiolina: ¿qué te sucede don Juan? ¿habrás +perdido acaso la razon? + +--No, la razon no; pero la memoria, la vista, el oido... ¡oh! ¡oh! ha +sido una cosa horrible. + +--Pero... ¿qué horrible cosa ha sido esa? dímela, dímela, y yo te +vengaré. + +--¡Vengarme! ¿y por qué? Seria necesario que me vengárais en mí mismo: +yo he sido la causa de todo: ella no tiene la culpa: me ama y ha tenido +zelos. + +--Y... ¿quién es esa mujer que te ama y está zelosa? exclamó con ansia +la jóven. + +--¡Ah! ¿y qué te importa?... ¿tú no conoces á la princesa Angiolina +Visconti? una hermosa mujer que me sirvió para hacerme amar de otra. + +--¡Ah! exclamó Angiolina. + +Y su exclamacion fue semejante á un rugido. + +--¿Y dices tú que esa mujer, que esa Angiolina, se ha vengado de tí? + +--Si; se ha vengado de una manera horrible. + +--¿Pero no me conoces? ¿no reconoces en mí á esa Angiolina que solo ha +amado por tí, que solo ha vivido por tí, que solo por tí ha odiado, que +solo por tí ha teñido sus manos en sangre, y ha llenado de +remordimientos su conciencia? + +--No, tú no eres Angiolina; si lo fueras mi odio me lo diria. ¡Oh! +¡funesta mujer! + +Un nuevo acceso de tos cortó la palabra al marqués, y al retirar el +pañuelo de su boca, Angiolina le vió manchado de sangre. + +Hubo un momento de terrible silencio. + +Don Juan contemplaba á Angiolina con una curiosidad cada vez mas +creciente. + +Angiolina contemplaba á don Juan con una ansiedad cada vez mas terrible. + +--¿Pero quién te ha puesto en ese horrible estado? exclamó Angiolina. + +--Ella, esa mujer, exclamó el marqués. + +--¿Pero qué mujer es esa? + +--¿No os he dicho que se llama la princesa Angiolina Visconti? + +--No, no; ella no hubiera atentado á tu vida... ella hubiera muerto mil +veces antes que tocar á uno solo de tus cabellos:... ella, porque tú +vivieses seria capaz de buscar á tu adorada Amina, de entregártela, y de +morir después. + +--¡Amina! ¡Amina! esa infame mujer la ha perseguido; ella ha causado la +desgracia de su padre; ella la ha entregado á Aben-Aboo; ella me ha +asesinado. + +--¡Oh! ¡no! exclamó con angustia Angiolina. + +--Vos debéis conocer á esa mujer, cuando de tal modo la disculpais, dijo +el marqués. + +--¡Que si la conozco! Pluguiera á Dios que de tal modo me conocieses tú, +exclamó llorando Angiolina. + +--¡Llorais! ¡me compadeceis! teneis razon en llorar y en compadecerme +señora, y puesto que conoceis á esa malvada, puesto que ella me ama con +ese amor de Satanás. ¡Oid, oid, y contadla lo que vais á oir para que se +estremezca y tema la justicia de Dios! + +El marqués se sentó en el lecho, se reclinó sobre las almohadas é +inclino la cabeza; Angiolina se arrodilló á sus pies, y continuó +llorando en silencio. + +--Oid: hubo un dia el mas feliz de mi vida, en que un sacerdote me unió +á la única mujer que he amado. Yo juzgaba el mundo estrecho para mí; yo +creí que Dios me habia anticipado su gloria dándomela sobre la tierra, +representada por una mujer. + +Tosió el marqués, y apareció en su pañuelo una nueva mancha de sangre. + +Angiolina anonadada, ocultó su semblante sobre las rodillas del marqués. + +Este continuó. + +--Era de noche; caminábamos hácia la costa: de repente nos sorprendieron +la tempestad y los hombres: mi esposa me fue robada, y yo arrebatado por +la corriente, milagrosamente salvado, viví para buscar á mi Esperanza... +y la encontré... pero robada por un infame.--Su caballo corria; veloz +como el viento seguíale mi caballo... rendidos entrambos animales por la +fatiga, el miserable que me robaba mi Esperanza, continuó su fuga á pié +llevándola á ella sobre sus hombros.--Yo le seguia... le seguia... +entróse en una caverna, y yo me entré tras él.--Sentí sus pisadas á +través de un oscuro laberinto, y le seguí en las tinieblas.--De +repente... no sé lo que aconteció.--Parecia que el mundo entero habia +caido sobre mí, y luego no sentí nada... nada...--Despues de no sé +cuanto tiempo volví á la vida, pero á una vida horrible: parecíame +sentir despedazadas mis entrañas; ardia mi cabeza; mis miembros estaban +como descoyuntados, y me rodeaban las mas lóbregas tinieblas.--Me creí +en la region de los muertos.--Y sin embargo hice un esfuerzo, y logré +arrastrarme sobre mis manos; impulsado por la desesperacion y por el +terror, redoblé mis esfuerzos, y no sé en cuánto tiempo, pero largo, +lento, débil, estenuado, sin cesar de arrastrarme, logré al fin volver á +ver la luz del dia.--Estaba en una cueva.--Cuando me acerqué á su +entrada, me ví en la parte media de la vertiente de una montaña al borde +de una roca: abajo, mi vista debilitada, turbia, veia como á través de +una niebla sangrienta un pequeño valle.--El vértigo zumbaba en mi +cabeza.--De improviso, y como en medio de un sueño, oí un lejano ladrido +que se acercaba, se acercaba, hasta resonar junto á mí.--Era un perro +guardian del ganado que pastaba en el valle.--Junto al perro habia un +pastor anciano.--Los buenos pastores me recogieron, cuidaron de mí, y +ellos avisaron á mi amigo Harum.--¿Y sabeis lo que me dijo Harum cuando +estuve en estado de escucharle?--Seguiais de cerca á Aben-Aboo, cuando +os perdimos de vista: poco después, y cuando nos acercábamos á la +caverna por donde habiais desaparecido, sonó una detonacion terrible; la +roca voló rota en mil pedazos y... os dimos por muerto. + +--¡Oh! ¡qué horror! + +--Y todo esto es obra de esa mujer maldita: porque ella ha sido el +primer eslabon de la cadena de desgracias que á todos, inclusa ella +misma, nos han acontecido.--De ella es la obra de mi asesinato, porque +yo, por resultado de aquella explosion estoy enfermo de muerte, y +pluguiese á Dios viviese lo bastante para volver á ver á mi Esperanza y +á mi pobre hija.--Puesto que conoceis á Angiolina, puesto que acaso ella +os envia, contadla, señora, cómo me habeis encontrado: enfermo, loco... +si, loco, transformado enteramente en cuerpo y en alma, desesperado, +desalentado, inutilizado, muerto; decidle que todo esto es obra suya, y +que yo la maldigo. + +--¡Oh! no, no la maldigas, don Juan, perdónala, perdónala, y extermínala +despues: ¡pero maldecirla porque te ha amado...! ¡porque te ama con toda +su alma..! ¡esto es horrible, esto no puede ser! + +--¿Quién sois vos que os interesais tanto por esa mujer, que llorais, +que os retorceis las manos desesperada? dijo el marqués mirando +fijamente á la joven. + +--¡Oh! ¡no me conoce, no conoce á la mujer que por él lo ha perdido +todo; su honra, su conciencia, su alma! Y ¡es verdad! estas ropas +moriscas me desfiguran; este albornoz que me envuelve, esta toca que +rodea mi cabeza, y mi terror, y mi dolor... + +Y Angiolina arrojó el albornoz, se arrancó la toca dejó flotar sus +hermosos cabellos, y asió las manos del marqués, infiltró en sus ojos +una mirada lúcida, intensa, impregnada de amor, y acercando su boca seca +y árida á la contraida boca del marqués, estampó en ella un beso +candente, supremo, satánico. + +El marqués dió un grito, y como obedeciendo á la poderosa magia de +aquella mirada y de aquel beso, reconoció á Angiolina. + +--¡Oh! ¡si! ¡tú! ¡eres tú! exclamó: pues bien miserable; has venido á +tiempo porque aun me queda fuerza para exterminarte. + +Y con un movimiento rápido é imprevisto, verdadero arranque de loco, +asió con sus dos manos la garganta de Angiolina, que dió un grito +ahogado y cayó de espaldas, mas por la dolorosa impresión de las +intenciones del marqués respecto á ella, que por la fuerza de sus manos, +demasiado débiles para que Angiolina no pudiese desprenderse de ellas. + +En aquel momento se abrió la puerta, y apareció Harum. + +--Un caballero, dijo con voz severa, nunca tiene razon bastante para +convertirse en verdugo. + +Y apartó al marqués, que fué á sentarse en su lecho en la actitud de un +tigre replegado en sí mismo; levantó á Angiolina, la dió su toca y su +albornoz en que ella se envolvió en silencio, y asiéndola de la mano la +sacó de la habitacion. + +--¡Oh! ¿por qué no me habeis dejado morir á sus manos? dijo llorando +Angiolina. + +--Porque le amo demasiado para permitir que tiña sus manos en sangre, y +porque vos debeis vivir. + +--¡Ah! vuestra venganza es cruel, muy cruel; pero os aseguro que no +viviré mucho. ¿Y él? hablemos de él: yo no importo nada. ¿Y él? ¿creeis +que podrá vivir, Harum? + +--Solo Dios sabe lo oculto: solo Dios, que es fuerte y misericordioso, +puede hacer milagros, contestó sentenciosamente. + +--¡Oh! no me habiais engañado al decirme que el marqués habia muerto, +¡Muerto!.. lo que es lo mismo... loco... agonizando lentamente... si el +amor de la sultana Amina pudiese salvarle... + +--¡Qué decís, señora!.. exclamó con extrañeza Harum. + +--¡Qué! ¿no creeis que yo sea capaz de sacrificarlo todo por él?.. mi +vida, mis zelos... vos no habeis amado nunca... si yo pudiese salvarle +sentenciándome á tormentos continuos, inauditos, insoportables, le +salvaria. ¿Qué me importan Amina, ni vos, ni el mundo entero, ni el +cielo, ni el infierno, cuando se trata de salvarle á él? + +--¡Ah! ¡funesto amor! exclamó aterrado Harum. + +--Decidme, decidme lo que yo puedo hacer: exclamó con afan Angiolina. + +--¿Sois capaz de sacrificaros? + +--¿No os he dicho que soy capaz de todo por él? + +--Creo haber oido decir que Aben-Aboo os ama. + +--Aunque no me amara, yo le obligaria á amarme. + +--Obligad á Aben-Aboo, enamoradle, sed suya, embriagadle. + +--Lo haré, contestó sin vacilar Angiolina. + +--Y averiguad, descubrid, dónde para la sultana... salvadle... salvad +acaso á ese pobre loco... + +--Lo haré... ¡pero los medios!... los medios, dádmelos vos. + +--Esta noche irá Aben-Aboo á matar á Aben-Humeya. + +--¡Ah! me pondré á su paso... él estaba enamorado de mí... salvaré á +vuestra señora, Harum, si está en poder de Aben-Aboo, y si el amor de +doña Esperanza vuelve la razon y la salud al marqués, si son felices, +despues que yo muera, decidles: su amor la hizo cometer crímenes: su +amor os fue fatal, pero tambien su amor os ha salvado: perdonadla y +rogad á Dios por ella. + +--¡Vamos! ¡vamos! no sois tan malvada como yo creia. Asios bien á mi +brazo, y volvámonos á Andarax. Se acerca la hora. + +Poco tiempo despues Angiolina volvia á entrar en casa de Aben-Humeya, y +en la habitacion que habia abandonado á la llegada de Harum. + + + + +CAPITULO XLVI. + + De cómo fue la muerte de Aben-Humeya. + + +Los turcos habian llegado á Andarax con cuatrocientos de sus piratas; +pero contenidos por la línea de los monfíes, no habian podido pasar +adelante. + +Aben-Aboo habia llegado tambien con trescientos hombres, y +Farax-aben-Farax, alguacil mayor de las Alpujarras como hemos dicho, con +trescientos moriscos. + +Pero Suleiman, nuestro antiguo conocido, que se habia quedado mandando +los monfíes en ausencia de Harum, habia declarado que nada se haria +hasta que Harum llegase. + +--¿Con que es decir, que nada podemos hacer, ni á nada podemos +atrevernos sin los monfíes? exclamó el iracundo Alí. + +--El emir de los monfíes, repuso Suleiman, es el rey, el único rey de +las Alpujarras; sin los monfíes no hubiera sido posible la guerra; el +dia en que los monfíes cedan y se recojan á sus guaridas, los cristianos +se encontraran, como antes, dueños de las villas y lugares de las +Alpujarras. Entre tanto los fuertes somos nosotros: tenemos rodeado á +Andarax, y nadie entrará en él mientras no lo permita el emir de los +monfíes. + +--¿Y quién es el emir de los monfíes? dijo con acento torbo Aben-Aboo: +¿acaso no ha muerto mi tio Yaye-ebn-Al-Hhamar? + +--Ciertamente que tu noble tio, ha sido villanamente asesinado, replicó +con voz ronca Suleiman; pero vive su hija. + +--¡La sultana Amina! + +--Si, la sultana de los monfíes. + +--¡Una mujer! ¡y una mujer, cuyo paradero no se sabe! + +--Pero la sultana Amina tiene un esposo, dijo Suleiman. + +--¡El marqués de la Guardia! ¡un cristiano renegado! repitió Aben-Aboo. + +--El esposo de la sultana Amina, es el emir de los monfíes. + +--Pero si la sultana Amina muriese... + +--¡Mas le valdria no haber nacido al miserable que se atreviese á la +vida de la sultana! exclamó con acento de amenaza Suleiman. + +--Pero puede darse por muerta, puesto que nadie sabe donde se encuentra. + +--Y bien, dijo Suleiman, dejándose arrastrar por las circunstancias, á +falta de la sultana Amina, tenemos á su hija la sultana Zoraya[31]. + +--Mal nombre la habeis puesto, porque la otra sultana Zoraya, hija como +esta de cristiano, y esposa de Muley Hacem, fue muy desgraciada. + +--¿A qué es esa inútil disputa? dijo una nueva voz terciando en la +conversacion: os he llamado y habeis venido; Aben-Humeya está descuidado +y ha llegado el momento de obrar. + +Quien asi hablaba, era Harum, walí de los walies de los monfíes, que +acaba de llegar. + +--Es verdad, dijo el capitan turco Carcax: esta disputa es inútil: si +los monfíes teneis derecho á llamaros dueños de las Alpujarras, nosotros +que hemos venido de Africa á ayudaros, tenemos tambien derecho á que se +nos trate lealmente, á que se nos honre, á que se cumplan los pactos que +hemos establecido: en vez de esto se pretende destruirnos, se nos +acecha, y se nos manda matar: debemos, pues, vengarnos, y nos vengaremos +matando á Aben-Humeya. + +--Aben-Humeya es rey de Granada, exclamó Harum. + +--¿Y pretenderás acaso disuadirnos de nuestra venganza? exclamó Alí: +¿ignoras que tenemos la prueba de la traicion del rey contra nosotros? + +--Aben-Humeya debe morir, exclamó Farax-Aben-Farax, pero debe pensarse +en un nuevo rey. + +--¿Y qué rey pensais que debemos elegir, caballeros? dijo Harum. + +Sucedió un silencio solemne... + +En medio de él, se alzó la voz de Aben-Aboo. + +--Concluyamos antes, dijo, con Aben-Humeya, que nos hace traicion, y +despues tendremos lugar de pensar en un nuevo rey. + +El rey que ha de gobernarnos, dijo Farax-Aben-Farax, acaba de hablar. +Aben-Aboo será nuestro rey. + +--Si, si, que sea rey de Granada Aben-Aboo, exclamaron á una voz todos +los que allí estaban congregados. + +En aquel momento y antes de que Aben-Aboo pudiese contestar, se oyó una +voz que hablaba con dificultad á causa del sobrealiento causado por la +fatiga de quien hablaba. + +--Pronto, exclamó, pronto capitanes, acudid: Aben-Humeya se nos escapa, +tiene preparados caballos en la puerta de su casa. + +El hombre que hablaba asi, era Gironcillo de la Vega, alguacil mayor de +Granada por los moriscos. + +La noticia de que Aben-Humeya intentaba escapar causó una gran sensacion +entre turcos, moriscos y monfíes. + +Especialmente los turcos expresaron su furor de una manera violenta. + +--Aben-Humeya no puede escapar, dijo reposadamente Harum; la villa está +cercada por mis monfíes. + +--Es que tus monfíes se han dividido, dijo Gironcillo: y ó tú nos haces +traicion ó te la hacen los tuyos. + +--Quien eso dice miente, exclamó Harum fuera de sí de cólera: ni yo ni +mis monfíes somos traidores; y en prueba de ello seguidme los que +querais. + +Y Harum tiró por un barranco arriba en direccion de la villa. + +Inmediatamente le seguia Aben-Aboo. + +Despues Gironcillo de la Vega, Suleiman, los tres capitanes turcos, y +como quinientos hombres entre turcos, moriscos y monfíes. + +Aquella gente caminaba en silencio sin pronunciar una sola palabra, +apagadas sus pisadas sobre la tierra empapada por la lluvia. + +A pesar de la gente que tenia en el pueblo Aben-Humeya, ni un solo +hombre armado ni que se les opusiese, ni que diese aviso ó hiciera +señal, encontraron los conspiradores, en su tránsito por la villa hasta +la plaza. + +Cuando entraron en ella, Harum vió puesta una luz tras la celosía de un +agimez sobre la puerta. + +Aquella luz, era la señal concertada entre él y María de Rojas. + +Aquella luz era la señal de que Aben-Aboo estaba en su casa y de que +habia llegado la hora. + +Harum, Aben-Aboo, los turcos, Gironcillo, Suleiman y sus gentes, +avanzaron en silencio hácia la casa. + +En aquel momento sonó un tiro, disparado por uno de los moriscos que +daban la guardia á Aben-Humeya, y como si aquella detonacion hubiera +sido una señal de combate, todos se lanzaron con las armas enhiestas, +sobre la guardia, la arrollaron, rompieron las puertas y se precipitaron +en la casa. + + * * * * * + +Poco antes habia entrado en ella Aben-Humeya. + +Su paso era vacilante y sus miradas vagas. + +Venia de una zambra, donde, á pesar del Koram que prohibia el uso de las +bebidas espirituosas, se habia embriagado. + +Sin embargo no era su embriaguez tal, que le privase del uso de sus +sentidos, y cuando María de Rojas fue á encontrarle, sonriéndole, la +dijo: + +--¿Por qué me haces traicion? + +A esta pregunta brusca, directa, imprevista, la jóven se desconcertó y +solo contestó con embarazo: + +--A nadie amo mas que á tí, señor, á tí que eres mi esposo: quien te +diga otra cosa te engaña y merece la muerte; porque ha calumniado á tu +esposa, á la sultana de Granada. + +Aben-Humeya la rechazó de nuevo y le dijo con acento indolente: + +--Ve, y cuéntale eso á tu amante, á Diego Alguacil: pero apresúrate á +contárselo, porque mañana su cabeza no te podrá oir. + +--Algun enemigo de tu reposo, señor, dijo María de Rojas dominándose, ha +inventado esas mentiras. + +--¡Oh! afortunadamente, repuso Aben-Aboo, reclinándose en su divan y ya +soñoliento, he sido avisado á tiempo y he prevenido la traicion: al +principio crei de mas gravedad el peligro y mandé ensillar dos +caballos... pero despues... me quedará tiempo para descabezar á los +traidores, y ayudado por los monfíes que son valientes y leales, acabaré +con todos mis enemigos. ¡Ah! ¡mi buen hermano Aben-Aboo, mi querido +hermano! ¡quereis cobrar vuestra parte de aquel asesinato..! ¡ah! ¡ah! +¡como herí al emir, os heriré á vos mi buen hermano! ¡quien mató á su +padre... puede muy bien... sí... puede muy bien matar á su hermano! + +--¡Tu hermano! ¡tu padre! exclamó asombrada María de Rojas, que conocia +el terrible crímen de los hijos de Yaye. + +--¡Ah! estabas todavía ahí, dijo Aben-Humeya. + +--Has hablado del asesinato de tu padre, y has llamado tu hermano á +Aben-Aboo. + +--¿No era mi tio, el pariente mas poderoso que me quedaba, el emir de +los monfíes? ¿no debió haber sido mi padre? + +--¡Ah! dijo María. + +--¿Y no me vi obligado á matarlo para que él no me matase? + +--¡Ah! repitió la jóven. + +--¿Y mi buen primo, el hijo de la hermana de mi padre, el alcaide de mis +alcaides, no debia tratarme como á un hermano? + +--¡Ah! repitió por tercera vez María de Rojas. + +--¡Pues! ¡mi padre y mi hermano! mi corona destila sangre sobre mi +frente, y ese velo rojo me incita... quieren matarme... y yo los mataré +á ellos, ¡los mataré y dormiré tranquilo! + +Aben-Humeya inclinó la cabeza vencido por el sueño. + +--Si, dijo María de Rojas con voz ronca: si son traidores debes +matarlos; enemigo muerto no daña: pero... + +--¡Ah! ¿estabas todavía ahí...? vete... vete y puesto que amas tanto á +Diego Alguacil, díle que su cabeza está mal segura. ¡Ah! ¡ah! + +Inclinó de nuevo la cabeza. + +--Si, voy á avisarle, murmuró la jóven para sí, y cuando le avise +veremos cuál cabeza está menos segura sobre los hombros, si la suya ó la +tuya. + +María se encaminó á la puerta y al llegar á ella, se encontró con +Angiolina. + +--No le pierdas de vista, permanece junto á él, dijo María de Rojas: su +embriaguez no es bastante para hacerle perder el conocimiento. + +Dijo estas palabras en voz tan baja y de una manera tan rápida María, +que Aben-Humeya no pudo percibir ni aun su murmullo. + +María salió, y Angiolina magnífica é incitantemente vestida, adelantóse +hácia el divan donde estaba reclinado Aben-Humeya. + +Como si Angiolina hubiese lanzado delante de sí una influencia mágica, +cuando estuvo á poca distancia de Aben-Humeya, este se incorporó sobre +el divan y la miró frente á frente. + +La hermosura de Angiolina parecia como que habia dominado, como que +habia desvanecido su embriaguez. + +--¡Ah! ¿sois vos señora? la dijo: ¿á qué debo la felicidad de vuestra +presencia? + +--Habeis tardado y estaba inquieta, dijo Angiolina sentándose en el +divan, al lado del jóven. + +--¿Inquieta vos por mí? permitidme que me maraville de tal mudanza; +hasta ahora he sido para vos la persona mas indiferente del mundo. + +--Siempre he sido vuestra amiga, bien lo sabeis. + +--¡Amiga! ¡amiga! pero yo no quiero vuestra amistad, sino vuestro amor: +recordad: desde que os ví representando en Granada, os importuné con mis +ruegos: despues una feliz casualidad os trajo á mi lado, he seguido en +mis importunaciones... y vos... + +--Ya os lo he dicho una y mil veces y os lo repito, soy vuestra amiga y +no puedo ser otra cosa. + +--Pero esa fria amistad... + +--Don Fernando, la amistad en la mujer es el prólogo del amor. + +--Ved lo que decis, señora. + +--Y bien... si yo os dijese que mi amistad hácia vos es interesada, algo +mas que amistad... + +--Os preguntaria la razon de no concederme por completo vuestro amor. + +--Recordad: yo no os he llamado jamás Aben-Humeya, sino don Fernando. + +--No os comprendo. + +--Comprendedme, pues; yo no os quisiera ver moro. + +--¡Ah! ¡sois vasalla fidelísima del rey de España! + +--No, porque no soy española: por el contrario le aborrezco, porque es +el opresor de mi patria la hermosa Italia: pero si no soy española, soy +cristiana, don Fernando. + +--¿Y pensais que yo no soy cristiano tambien, señora? + +--Habeis renegado de Jesucristo por llamaros Muley Aben-Humeya[32]. + +--He renegado con los labios, pero no con el corazon. + +--Sin embargo persistis en esa dañosa apariencia. + +--Acaso no persista mucho tiempo, señora. + +--¿Pensais acogeros al perdon del rey de España? + +--No he dicho tanto: soy demasiado altivo para humillarme á las plantas +de aquel cuyos ministros mataron á mi padre; que dió lugar á la +avilantez de los que sin respetar mi linaje, me arrancaron, ó +pretendieron arrancarme de la cintura, la daga con que en uso de mis +privilegios habia entrado en su cabildo como regidor perpetuo: he +aceptado la corona que me dieron los moriscos para vengarme, y me he +vengado ya de todos mis enemigos: quédanme en verdad algunos, pero sus +cabezas rodaran muy pronto á mis piés. Entonces, no pediré yo perdon al +rey de España, sino que apretaré de tal modo la guerra que le obligaré á +una avenencia honrosa, le obligaré á que me conceda mis privilegios, mi +nobleza, mi rango de infante de Granada, con las tierras y señoríos que +fueron de mis abuelos, y cuando esto suceda, declararé ante la iglesia +católica, que jamás he sido musulman, que dentro de mi corazon, y esta +es la verdad, he tenido levantado un altar al dios de mis padres, y que +si he alentado una sedicion de gentes desesperadas, ha sido porque yo +estaba desesperado tambien, porque se cometian conmigo degradantes +injustícias. + +--Y bien, haced eso cuanto antes, don Fernando: salvaos: salvad si aun +es tiempo vuestro honor de caballero: acabad de una vez una guerra +inútil, que no puede haceros rey, y que cuanto mas dure, mas desgraciada +hará la condicion de los moriscos: aprovechad la primera ocasion de una +avenencia; haced proposiciones al rey de España, y poned por primera +condicion para la paz, el perdon primero, y la tolerancia y el respeto á +los tratados para con los moriscos. + +--Y bien mirado, señora, ¿qué se os da á vos de que la guerra con el rey +de España concluya ó siga? ¿ó es que quereis meterme en una conversacion +de Estado para que no os hable de mi amor? Eso es imposible; porque +teniéndoos delante, solo veo vuestra hermosura que me enloquece. + +--Yo no puedo ser vuestra. + +--¡Por que soy musulman, ó lo parezco! ¡qué extraño capricho! + +--Aunque volvíeseis á vuestro antiguo estado; aunque os reconcilíaseis +con la Iglesia, yo no seria vuestra. + +--¡Ah! ¿no querriais ser mi esposa? + +--No, porque sois casado. + +--¡Casado! + +--Si; con Isabel de Rojas como cristiano; con María de Rojas como moro. + +--¿Es decir, que de ningun modo sereis mia? + +--No puedo serlo. + +--Y si no podeis serlo, ¿á qué habeis venido de tal modo engalanada, de +tal modo hermosa, á mi aposento en medio de la noche, y cuando por las +circunstancias en que me encuentro, estoy desesperado y dispuesto á +todo? + +--He venido, contestó sin alterarse Angiolina, porque sé que antes que +todo sois caballero. He venido, porque han llegado á mis oidos, no sé +qué rumores de traicion contra vos: porque soy vuestra amiga y quiero +guardaros el sueño. + +--¿Y por qué no guardar mi sueño entre vuestros brazos? + +--Por una razon suprema, contestó con dignidad Angiolina. + +--¿Y cuál es esa suprema razon? dijo Aben-Humeya. + +--Esa suprema razon consiste en que amo con toda mi alma á otro hombre, +y no quiero, no puedo, no debo ser de otro. + +--¡Ah! ¿amais á otro hombre, y me lo decis á mí, que os adoro? + +--Os digo la verdad. + +--Pero esa verdad me ofende. + +--No debe ofenderos. + +--Y me empeña. + +--No debe empeñaros. + +--¿Sabeis señora, que en el poco tiempo que llevo de reinar, me he +acostumbrado á que nadie resista á mi voluntad? + +--Habeis hecho muy mal en acostumbraros á eso, porque á cada paso +encontrareis imposibles. + +--Pues os juro que vos no sereis un imposible para mí. + +--No jureis don Fernando, no jureis, porque os exponeis á jurar en vano. + +--¿Os creis con fuerzas para resistirme? + +En aquel momento sonó un tiro fuera. + +--Yo os amo y soy vuestra, exclamó Angiolina arrojándose entre los +brazos de Aben-Humeya, abrazándole y sujetándole. + +--¡Oh! ¿qué es esto? exclamó Aben-Humeya. + +--Esto es que cedo al fin á vuestro amor. + +--¡Esos golpes, ese ruido de armas! exclamó Aben-Humeya luchando con +Angiolina. + +--¿Quién piensa ahora mas que en mi amor? exclamó con languidez la +italiana. + +--¡Ah! ¡miserable! exclamó Aben-Humeya: ¡tú estás vendida á los +traidores! + +Y haciendo un violento esfuerzo, logró desasirse de los brazos de +Angiolina y puso mano á su puñal y le desnudó. + +Pero Angiolina le tenia asido fuertemente del brazo izquierdo, se lo +retorcia, y le tenia en una posicion violenta en que no podia volverse, +para herirla Aben-Humeya. + +Pero aquella lucha no podia ser larga, porque Angiolina era una mujer y +sus fuerzas, por mas que se violentara, empezaban á faltarle. + +Pero afortunadamente para ella, María de Rojas se precipitó en la +habitacion, seguida de Aben-Aboo, de Harum el Geniz, de los tres +capitanes turcos, de Farax-Aben-Farax, de Diego Alguacil, de Gironcillo +de la Vega, y de una multitud de conjurados. + +--¡Ah! teneis al miserable, al traidor, al asesino, exclamó María de +Rojas, señalando á Aben-Humeya, que aun luchaba con Angiolina. + +Aben-Aboo fue el primero que se arrojó sobre él; tras Aben-Aboo los +otros, y Aben-Humeya fue desarmado. + +La situacion era terrible, pero Aben-Humeya se puso á la altura de la +situacion. + +Miró tranquilamente en torno suyo, enteramente desvanecida la +embriaguez, y dijo con acento sereno: + +--Los que me avisaron de vuestra traicion no mintieron: hé aquí que +sucede lo que yo habia previsto que sucederia... + +--Tienes razon, dijo con ímpetu el capitan turco Alí: los que cometen +traiciones, deben temer que un dia su misma traicion se vuelva contra +ellos. + +--¿Quién se atreve á hablar aquí de traicion? dijo Aben-Humeya: pero ya +lo veo: os tengo delante cometiendo una traicion, y os cuadra bien +llamar traidor al que venis á asesinar. + +--El asesino debe ser asesinado, gritó María de Rojas; esa es la +justicia de Dios. + +--¿Por qué hablan las mujeres, antes que los hombres? dijo el turco +Carcax, ¿se acostumbra esto en esta tierra? + +--Cuando una mujer, dijo sin bajar de su tono solemne y trémulo María +de Rojas, ha visto asesinados á su padre, á sus parientes, á sus +hermanos; cuando ha sido separada del hombre á quien ama; cuando se ha +visto obligada á servir los horribles caprichos del que ha matado á su +familia y á su amor, esa mujer tiene derecho de acusar ante Dios y ante +los hombres al asesino. El asesino es ese, exclamó señalando con un dedo +inflexible á Aben-Humeya, y yo os le he entregado; pero para que me +hagais justicia. + +--Si es cierto, dijo con acento ronco Aben-Humeya, María de Rojas tiene +derecho á acusarme: yo me he ensangrentado en su familia, familia de +miserables traidores, y solo he cometido una falta: la de no +ensangrentarme tambien en ella. + +Y soltó una impia carcajada. + +Todos callaron dominados por el acento febril, sarcástico, terrible de +Aben-Humeya. + +--Y bien, ¿no hay nadie que me acuse mas? añadió el jóven. + +--Si, gritó Farax-Aben-Farax: yo te acuso de traidor á tu patria y de +hereje á tu Dios. + +--¿Y sabes tú cuál es mi Dios? exclamó con desprecio Aben-Humeya. + +Ante esta audacia todos callaron. + +--Mi Dios es el Dios de los cristianos, el Dios que confieso delante de +vosotros; el Dios cuya fe no ha faltado en el fondo de mi corazon. + +--¿Y por qué has ceñido la corona de un pueblo musulman? exclamó con +indignacion Harum-el-Geniz. + +--A tí solo, te contestaré, wali de los walies, dijo Aben-Humeya, á tí +que eres el único que tienes derecho á acusarme; pero si me juzgas á mí +¿por qué no juzgas tambien á Aben-Aboo? + +--Ignoro la causa por qué deba yo acusarte especialmente, y acusar á +Aben-Aboo, dijo reposadamente Harum. + +--Pues qué, ¿ignoras que Aben-Aboo y yo matamos á tu noble señor el emir +de los monfíes? + +--Mientes, exclamó Aben-Aboo, que creía que solo Dios, su madre y +Aben-Humeya eran los conocedores de aquel crímen; mientes, miserable: yo +puedo probar que la noche que murió el emir, mi noble tio, yo estaba muy +lejos de Yátor, en cuyas inmediaciones pasó aquella muerte.--Mientes, +repito; estás perdido y quieres perderme: y si no, presenta una prueba +bastante de que yo he tomado parte en la horrible muerte de mi tio y +señor. + +--Es verdad, faltan sobre la tierra los testigos; unos han muerto, otros +estan lejos. Algunos que pudieran hablar, callan. Pero Dios lo sabe, +Dios arrojará sobre tí la sangre del emir de los monfíes, como la arroja +sobre mi cabeza, ¡Dios castigará á los dos parricidas! + +--¡Parricidas! sonó como un eco de horror entre los circunstantes. + +--¿Qué os estremece? dijo Aben-Humeya: ¿acaso no debiamos llamar nuestro +padre, al noble y poderoso emir nuestro pariente? + +--Repito que ese hombre, al encontrarse perdido, arroja sobre mi cabeza, +para perderme, un crímen en que no he tenido parte. + +--Es verdad, tú no le hiriste. + +--¡Lo ois! al cabo no se atreve á sostener su impostura. + +--Pero le sujestaste entre tus brazos para que no pudiese defenderse +mientras yo le heria, dijo con una horrible calma Aben-Humeya. + +Dominaba un silencio de horror en los circunstantes. + +--¡La prueba! ¡la prueba! gritó fuera de sí Aben-Aboo. + +--Es inútil, dijo con autoridad Harum-el-Geniz: ni Aben-Aboo, ni +Aben-Humeya han cometido ese asesinato. + +--¡Ah! ¿te importa acaso ocultar el nombre de los asesinos, wali de los +walies? dijo Aben-Humeya. + +--No; pero yo me encontraba aquella noche en la alquería donde moraba mi +pobre señor, y sé quién fue el asesino. + +--¿Y quién fue? dijo con sarcasmo Aben-Humeya. + +--Fue un emisario del rey de España: un bandido italiano llamado +Laurenti, que se habia introducido entre nosotros. + +Al escuchar el nombre de Laurenti, se estremecieron Aben-Humeya, +Aben-Aboo y Angiolina. + +Harum tenia razon: el verdadero asesino del emir habia sido Laurenti, +puesto que él habia incitado á los jóvenes á aquel asesinato. + +--Fue ese miserable que acabo de nombraros: asi me lo reveló bañada en +llanto, la sultana Howara, la noble esposa del emir mi señor: la madre +de Aben-Aboo. + +--¡Oh! ¡mi madre! ¡pobre madre mia! exclamó Aben-Aboo. + +--Yo, dijo Harum, juré vengar á mi señor con la muerte de su asesino; un +dia Laurenti fue encontrado en la montaña por los monfíes, con una +puñalada profunda en un costado, y con su propia daga clavada en la sien +izquierda. + +Angiolina tembló y se puso mortalmente pálida. + +--Le maté yo, como se mata á un perro, añadió Harum, y del mismo modo +hubiera muerto á los otros asesinos del emir, si hubiera habido mas que +uno. Tengo la evidencia; mas: la prueba, de que ni Aben-Humeya ni +Aben-Aboo, han tenido parte en esa muerte. + +--¡Oh! ¡mi madre! ¡mi pobre madre, dijo para si Aben-Aboo, ha cubierto +el delito horrible de su hijo! infeliz madre mia! + +--No se trata, pues, de vengar la muerte del emir, dijo con acento +conmovido Harum: el emir está vengado. Aben-Aboo tiene razon; +Aben-Humeya lleva su maldad hasta el punto de acusarse de un delito que +no ha cometido, para que se le crea, para perder al noble, al valiente +Aben-Aboo, acusándole de complicidad en aquel crímen. Afortunadamente +estoy yo aqui, y soy un testimonio vivo al que prestareis entera fe, +caballeros: ¿no es verdad, que no creeis que Aben-Aboo haya cometido tan +odioso crímen? + +--¡No! ¡no! ¡no! exclamaron todos. + +--Puedes engañar con tu autoridad á los hombres, wali de los walies, +¡pero no puedes engañar á Dios! + +--¡Y aun insiste el miserable renegado! exclamó con indignacion Harum: +pero tu resistencia es inútil: no venimos aquí á castigarte como asesino +del emir de los monfíes: no: venimos á juzgarte como traidor á tu +patria: estás en inteligencia con los cristianos. + +--¿No os he dicho ya que soy cristiano? exclamó con insolencia +Aben-Humeya. + +--¿Qué mas quereis oir, caballeros? dijo Farax-Aben-Farax: el miserable +confiesa su crímen. + +--¿Y por qué no los confiesa todos? exclamó el turco Huscen. + +--¿Teneis tambien vosotros de qué acusarme? dijo Aben-Humeya. + +--¿Conoces esto? dijo Carcax adelantando fuera de sí de furor y +mostrando á Aben-Humeya, la carta en que mandaba al alcaide de Medina de +Bombaron, matar alevosamente á los turcos. + +Aben-Humeya tomó la carta y la leyó: cuando la hubo leido desapareció la +fria calma de su semblante, tembló no de miedo, sino de furor y exclamó +arrugando entre sus manos la carta: + +--Esta es una infamia horrible. Veo aquí tu mano Aben-Aboo, miserable, +que mataste al padre y matas al hermano: tú has comprado á mi +secretario, Diego de Arcos, cuya es esta letra, y has fingido esta +carta. + +--Estamos perdiendo el tiempo, dijo Carcax; este descreido lo negará +todo: ¿no es justa su muerte, capitanes y caballeros? + +--Si; si; debe morir, gritaron todos. Y como si aquella hubiese sido una +señal, el feroz Carcax se arrojó sobre Aben-Humeya. + +--¡A mí, esclavos! ¡á mí! ¡ha llegado la hora de la muerte! gritó el +turco!: ¡á mi, verdugos! + +Y sofocaba entre tanto á Aben-Humeya á quien habia asido por la +garganta. + +Dos africanos atezados habian aparecido y avanzaban hacia Aben-Humeya: +uno de ellos llevaba un cordon en la mano. + +Los detalles de la muerte de Aben-Humeya son repugnantes; oigamos cómo +refiere esta catástrofe don Diego Hurtado de Mendoza, en su guerra de +Granada. + +«Ahogáronle dos hombres: uno tirando de una parte y otro de otra de la +cuerda, que le cruzaron en la garganta; él mismo se dió la vuelta como +le hiciesen menos mal; concertó la ropa; cubrióse el rostro.» + +El mismo historiador refiere en otro lugar: + +«Saqueáronle la casa; repartiéronse las mujeres, dinero, ropa; +desarmaron y robaron la guardia; juntáronse con los capitanes y +soldados, y... eligieron á Aben-Aboo por cabeza en público, segun lo +habian acordado en secreto.» + +La muerte de Aben-Humeya fue la señal de dispersion de los que la habian +decretado y ejecutado; los turcos se alejaron con su gente; +Farax-Aben-Farax, con sus moriscos y con su nuevo rey Aben-Aboo, que se +llevó consigo á Angiolina; Diego Alguacil por su parte se unió de nuevo +á María de Rojas, y preveyendo que ninguna buena aventura podia +acontecerles en las Alpujarras, pasaron algunos dias despues á Africa, +donde se casaron. + +Antes de separarse Harum y Angiolina tuvieron este breve diálogo: + +--¿Por qué habeis atestiguado que Aben-Humeya y Aben Aboo, eran +inocentes de la muerte del emir? + +--Necesito que Aben-Aboo confie en mí, contestó Harum. + +--¿Y por qué no habeis muerto tambien á Aben-Aboo? dijo Angiolina, +¿acaso no teneis poder para ello? + +--¿Se sabe dónde está la hija de mi señor? repuso Harum. + +--¡Ah! teneis razon, exclamó con amargura Angiolina. + +--Acordaos señora, la dijo Harum, del estado en que habeis visto al +infeliz marqués de la Guardia: acordaos de lo que me habeis prometido: +Aben-Aboo os ama: fascinadle; emplead toda vuestra astucia, toda vuestra +inteligencia: averiguad el paradero de la sultana, y cuando le hayais +averiguado, cuando nos hayamos apoderado de ella, entonces... entonces +Aben-Aboo, sentirá sobre su cabeza la venganza de los monfíes. + +--Os juro, os juro ayudaros, exclamó Angiolina; pero ayudadme vos +tambien. + +--Os ayudaré, os lo juro, dijo Harum; pero silencio: Aben-Aboo se +acerca: salidle al encuentro y empezad á ser un demonio fascinador para +él. + +Angiolina salió sonriendo al encuentro de Aben-Aboo, y Harum triste, +cabizbajo, preocupado, salió de Andarax, llegó á los primeros puestos de +los monfíes y mandó tocar á recoger. + +Cuando todos estuvieron reunidos los llevó á una rambla distante, y +puesto en medio de ellos les dijo: + +--Nuestra venganza por el noble emir que hemos perdido, se ha cumplido +ya. Aben-Humeya ha muerto. + +--¿Y Aben-Aboo? ¿y Aben-Aboo? gritaron acá y allá. + +--Aben-Aboo no tardará mucho en caer tambien. Estoy satisfecho de +vosotros, hermanos. Nada tenemos que hacer aquí: marchad á vuestros +apostaderos y estad dispuestos á la primera señal. + +Los monfíes se dividieron en grupos y Harum, con una banda de ellos se +internó en la montaña. + + + + +CAPITULO XLVII. + + Reseña de la continuacion de la guerra de las Alpujarras hasta su + terminacion. + + +Puesto que ya hemos reseñado el principio de aquella guerra, nos parece +oportuno para redondear nuestro libro, acabarla de dar á conocer, aunque +sumariamente, á nuestros lectores. + +Aben-Aboo, fue coronado según la usanza mora, y proclamado bajo el +nombre de Muley Abdalá Aben-Aboo. + +Pero esta jura y coronacion fue condicional por tres meses mientras +venia la confirmacion del título de rey para él, del dey de Argel. + +A este efecto envió á Africa Aben-Aboo á un morisco tintorero de +Granada, llamado Ben-Daud, con dinero y presentes para captarse la +voluntad del dey. + +En poco tiempo envió Ben-Daud la aprobacion de Aluch-Alí, pero, +previendo los resultados de la guerra, el buen emisario, obrando +prudentemente, se quedó por allá. + +Recibida la aprobacion del dey se procedió formalmente á la coronacion, +poniéndole en la mano derecha una espada desnuda, y en la izquierda un +estandarte, corona de oro en la cabeza y manto de púrpura sobre los +hombros, y en esto le levantaron en alto por tres veces delante del +pueblo y otras tantas gritaron: ¡_Dios ensalce al rey de la Andalucía y +de Granada, Abdalá Aben-Aboo_! + +Reconociéronle por su señor todos los pueblos sublebados de las +Alpujarras, y todos los capitanes de moriscos, excepto Aben-Mequenum, y +Giron el Archidoni. + +Nombró walí de los walies ó capitan general, á Gerónimo-el-Melek, y +nombró de su consejo, para tenerlos propicios, á los capitanes turcos +Carcax y Dalhy. + +Otro capitan turco, el Caravaxí, pasó á Africa por gente para reforzar +el ejército morisco; y Huscen fue enviado con el mismo objeto de obtener +gente y armas, con un presente de cautivos, al dey de Argel. + +Creó una guardia de cuatro mil arcabuceros, parte de los cuales debian +estar constantemente junto á su persona, y parte rodeando su casa en +línea avanzada, y el lugar en que residiese, y vigilar á los que +llegasen. + +El miedo habia empezado á roer el corazon de Aben-Aboo, hasta el punto +de no creerse seguro sino rodeado de un pequeño ejército, escogido entre +las taifas de los capitanes que creia mas leales. + +Uno de estos capitanes era Harum el Geniz, y la mayor parte de sus +arcabuceros monfíes. + +De modo que Aben-Aboo, sin saberlo, estaba en medio de sus enemigos y se +creia asegurado por ellos. + +El primer hecho de Aben-Aboo despues de su proclamacion, fue proveer á +Castil de ferro, de armas, artillería y municiones, y á seguida sitió la +villa de Orgiva, á cuyo socorro envió don Juan de Austria al duque de +Sesa. + +Aben-Aboo entonces dividió en dos partes su gente, dejó la una +continuando el cerco de Orgiva, y con la otra parte dió sobre las gentes +del duque de Sesa, en un lugar que se llamaba entonces Calat-el-Hhajara, +(castillo de la peña) y hoy Acequia de las tres peñas, y despues de +muchas escaramuzas, las venció matando algunos capitanes y como hasta +cuatrocientos soldados, y obligando al duque á ampararse de la noche +para recoger su gente y retirarse. + +Por otra parte, el capitan Francisco de Medina, abandonó la villa de +Orgiva á causa de faltarle municiones y víveres, y ensoberbecido con +estos triunfos Aben-Aboo, bajó por Guejar y el Puntal de la Vega, robó +ganados, saqueó é incendió la villa de Medina y llegó con su ejército +compuesto de monfíes, turcos y moriscos hasta media legua de Granada. + +El duque de Sesa por desagravio, cargó sobre la Abuñuelas, las quemó, +quemó asimismo á Restaval, Belejy, Dúdar y otros lugares, y tornó á +Granada, donde don Juan de Austria se encontraba reformando la +infantería. + +Era ya al mes de noviembre, y el invierno se presentaba recio. + +Por aquel tiempo se alzó la villa de Galera á una legua de Huesca, en +tierras de Baza, lugar fuertísimo en el paso de Cartagena al reino de +Granada, y no distante del de Valencia. + +Defendian á Galera por órden de Aben-Aboo, cien arcabuceros turcos y +berberiscos, á las órdenes del Maleh, alcaide de aquel distrito: +levantóse asimismo Orce, y todos los lugares del rio de Almanzora (de la +Victoria). + +Crecia la insolencia de los rebeldes: Aben-Aboo, mostraba ser mas +diestro, mas inteligente, mas activo y mas afortunado que lo fue +Aben-Humeya; llegó hasta el punto de ponerse sobre la Silla del moro, +por la parte de los montes al Sur, amenazando la Alhambra y el barrio +del Realejo, aunque de allí no pasaron ni hicieron demostracion alguna, +y llegando solo de noche, y retirándose de dia. + +Crecia el desasosiego de la ciudad, dábanse guardias y rondas en la +puerta de los Molinos, en la de la Antequeruela, en el cerro de los +Mártires; se enviaban descubiertas á los lugares de Pinillos y Cenes, +cercanos á Güejar donde tenia su campo Aben-Aboo, y todos los dias se +tenian noticias de personas y de recuas cogidas por los moriscos á las +mismas puertas de la ciudad. + +Entre tanto el marqués de los Velez, sitiaba á Galera, con poca +artillería, con poca gente y por lo tanto con poco provecho. + +Escribió don Juan de Austria á Felipe II quejándose de que le hiciese +estar ocioso en Granada cuando esta se encontraba amenazada de cerca por +el campo que tenia Aben-Aboo puesto en Güejar, y por otra parte por la +resistencia de Galera, que podia dar causa á que la rebelion se +extendiera al reino de Valencia; en vista de estas quejas, el rey mandó +formar dos campos; uno á cargo de don Juan, que asistido por el marqués +de los Velez, el comendador mayor de Castilla y Luis Quijada, hiciese la +guerra en el rio Almanzora; y otro bajo el mando del duque de Sesa que +debia quedar en las Alpujarras. + +Don Juan de Austria marchó bien provisto y pertrechado contra Güejar á +23 de diciembre de 1569, con nueve mil hombres de infantería, +seiscientos caballos y ocho piezas de campo. Por la parte alta, esto es, +por el mas encumbrado de los dos caminos que hay de Granada á Güejar, +fue el mismo don Juan con cinco mil infantes y cuatrocientos caballos; +Luis Quijada iba en la vanguardia con dos mil infantes; don García +Manrique con el resto de la caballería, y en la retaguardia, con el +estandarte real, el resto de la infantería, la artillería y las +municiones, Pedro Lopez de Mendoza y don Francisco de Solís. + +Pero cuando llegó la expedicion á Güejar hallaron que los moriscos +habian abandonado el pueblo, retirándose á las Alpujarras. Solo se +encontraron en la trinchera diez ó doce viejos que fueron degollados, ni +se vió de los enemigos mas que algunas mujeres y niños, y bagajes +cargados, que subian por la sierra resguardados por arcabuceros y +ballesteros como en número de ciento, que disparaban, retirándose de +breña en breña, estorbando que se les diese alcance. Hubo algunas +muertes de una y otra parte; tomáronse cautivos á los enemigos cuarenta +personas entre hombres y mujeres, matándoles otros tantos; de los +cristianos murieron cuarenta soldados y el capitan Quijada, á quien, +siguiendo el alcance dió una pedrada una morisca: entróse al lugar á +saco y degüello, y don Juan, reposando poco en victoria tan fácil, se +preparó á otra mas aventurada, marchando sobre Galera. + +Corrido habia por toda España la fama de la fortaleza de aquella villa, +la dificultad de entrarla y lo bien proveida de defensa que se +encontraba, y multitud de caballeros de todo el reino, partieron para +aquella empresa, no sin disgusto del rey que comprendia claro que era +mas de estorbo que de provecho tanta gente allegadiza: enviaron las +ciudades nuevas gentes de á pié y de á caballo, y poblacion hubo en que +cada cinco vecinos pagaron un soldado que fuera contra Galera. + +Esto significa harto claro, que, cuando tales sacrificios se hacian, se +daba gran importancia, se juzgaba como de gran consideracion la guerra +de las Alpujarras. + +Acudieron mas de ciento y veinte banderas con capitanes naturales de los +mismos pueblos, y organizada toda esta gente, partió la mitad con el +duque de Sesa para las Alpujarras, y la otra mitad con don Juan de +Austria contra Galera. + +Indignado Aben-Aboo con el desgraciado suceso de Güejar, quiso dar +alguna muestra de sí mismo, y envistió, aunque inútilmente, de noche, á +Almuñecar y á Salobreña; y viendo el poco efecto de sus esfuerzos y la +decision con que era acometido, envió de nuevo emisarios á Argel á pedir +socorro. + +Entre tanto el marqués de los Velez, perdiendo mas que ganando, +continuaba su simulacro de sitio sobre Galera, viéndose con frecuencia +obligado á retirarse, y volviendo mas por honra, que por certeza de +mejores resultados. + +En este lugar nos presenta la historia un diálogo notable que hemos de +mostrar, aunque no sea mas que porque da á conocer de lleno, el carácter +del marqués de los Velez. + +Habiendo salido este á recibir á don Juan de Austria, el jóven príncipe +abrazó al viejo soldado y le dijo: + +--Marqués ilustre: vuestra fama con mucha razon os engrandece, y +atribuyo á buena suerte, haberse ofrecido ocasion de conoceros. Estad +cierto que mi autoridad no acortará la vuestra, pues quiero que os +entretengais conmigo, y que seais obedecido de toda mi gente, haciéndolo +yo mismo como hijo vuestro, acatando vuestro valor y canas, y +amparándome en todas ocasiones en vuestros consejos. + +A cuyas benévolas palabras contestó el marqués con las siguientes aunque +mesuradas, extrañas: + +--Yo soy el que mas ha deseado conocer de mi rey un tal hermano, y quien +mas ganara de ser soldado de tan alto príncipe; mas si respondo á lo que +siempre profesé, irme quiero á mi casa, pues no conviene á mi edad +anciana haber de ser cabo de escuadra. + +Por lo que se ve, en 1570 á cuyos principios sucedió esta conversacion, +los nobles castellanos aun no habian perdido los humos de la edad media; +aun se hombreaban con los reyes. + +El marqués de los Velez lo hizo como lo dijo: dejó la guerra y se marchó +mohino á su casa donde nadie podia disputarle la primacía. + +Entre tanto y mientras el duque de Sesa acometiendo la empresa de las +Alpujarras, marchaba sobre Orgiva, don Juan de Austria se encaminaba +sobre Galera, resuelto ya definitivamente el sitio. + +Empezaron las operaciones por la alcazaba alta: se la habia minado y al +volar la mina cayó un lienzo de muralla con algunos moros que le +defendian; alborotáronse algunos soldados y sin órden para ello, +embistieron por entre el humo y el polvo, y fueron tan rudamente +rechazados por los enemigos y tal la confusion y el desórden, que el +mismo don Juan arremetió en persona y tan de veras, que recibió un +balazo en el peto, que aunque no le causó daño, causó sí una gran +impresion en cuantos de ello tuvieron noticia, especialmente en su ayo +Luis de Quijada, que no se separaba un momento de su persona, que le +amaba como un padre y que jamás olvidaba, ni aun cuando por don Juan +ponia en peligro su vida, el encarecimiento con que le habia encomendado +la guarda de su hijo el gran emperador don Carlos. + +Con gran trabajo pudo don Juan recoger la gente, que no escarmentada por +el mal suceso, pidió al otro dia que se la llevase al asalto; pero don +Juan viendo lo dañoso que aquel asalto seria, mandó hacer dos minas mas +y cuando estas volaron, empezó á jugar la artillería y se renovó el +asalto, si bien con mas órden, no menos sangriento, y despues de +horribles estragos se entró el castillo, y al fin fue tomada Galera. + +Don Juan fue rigorosísimo con ella; ya fuese por lo que habia resistido +y la gente que habia costado, ya por poner miedo á los otros pueblos +levantados: entróla á cuchillo, arrasóla, aróla y la mandó sembrar de +sal, como se acostumbraba en aquellos tiempos con las casas de los +traidores. + +Solo quedó la peña, coronada de escombros humeantes, y la terrible +tradicion de las desdichas de Maleh y de su amante Maleka, de la cual +hizo Calderon su drama: el _Tuzani de las Alpujarras_. + +En efecto, la toma de Galera, lugar fuertísimo y en el que tenian gran +confianza, aterró á los moriscos: Aben-Aboo desalentado no pudo arrojar +al duque de Sesa de las Alpujarras y este, sin que los moros osaran á +otra cosa que á escaramucear con su gente, llegó á Güejar y de allí pasó +á Válor, donde se alojó. + +Don Juan, excitado por el duque de Sesa, se volvió sobre las Alpujarras +pretendiendo coger á Aben-Aboo, entre su gente y la del duque, y llegó á +vista de Seron, donde algunos soldados desvandados, se arrojaron á +combatir, sin que nadie pudiera impedirlo, á los moros que encontraron +puestos en defensa. Incitados por el ejemplo de estos pocos, fueron +uniéndoseles mas, hasta que al fin, contra la voluntad de don Juan, toda +la gente de su hueste se movió contra la villa: y aunque vinieron en +socorro de Seron los moros de Tíjola, la villa fue entrada al primer +embate, saqueada y pasados los que se encontraron dentro á cuchillo; +pero esta victoria costó muy cara, tanto por el gran número de +cristianos que perecieron en el asalto, como porque, herido malamente de +un balazo, murió entre los brazos de don Juan, su ayo Luis de Quijada. + +Aben-Aboo, viendo que los cristianos se le habian metido en el corazon +de las Alpujarras, repartió su campo y la gente vecinal que llevaba +consigo; puso gente en el camino de Granada para evitar que llegasen +provisiones al duque de Sesa, y parte á la falda de la Sierra Nevada y +al Puntal de la vega para que amenazasen á Granada: quedando él contra +el duque, estorvándole los mantenimientos con los cuatro mil arcabuceros +de su guardia, y los soldados del duque se vieron obligados á mantenerse +con fruta seca, pescado y aceite, que recibian por las marinas, de +Málaga. + +Llegó el mes de abril: los moriscos si encontraban alguna ventaja en las +escaramuzas ligeras, en las sorpresas de convoyes, ó de soldados que +pasaban desprevenidos por la montaña, no habia lance algo formal en que +no fuesen deshechos y rotos. + +Cundia el desaliento. + +Don Juan, venida la buena estacion, apretaba sin descanso y procuraba +por medio de tratos, la sumision de los moros y la ida á Africa de los +turcos. + +Hablábase de condiciones pedidas por Aben-Aboo, aunque exorbitantes, y +la guerra seguia, aunque embarazada por estos tratos y empeños de +avenencia. + +Castil de Ferro fue abandonado y ocupado por el marqués de la Fávara y +por don Juan de Mendoza: solo se encontraron dentro veinte hombres, +entre moriscos viejos, turcos y berberiscos, y diez y siete mujeres, en +ocasion que estaban para embarcarse; alguna sidra, veinte quintales de +vizcochos y la artillería que estaba en el castillo, mala y poca. + +Seguíanse entre tanto tratos de reduccion con Fernando el Habaquí y +Felipe II, que se habia acercado á Sevilla y luego á Córdoba; para poder +proveer con mas oportunidad á la guerra, pasado el peligro y estando +apagado casi el incendio, se tornó á Madrid, remitiendo para allí, la +conclusion de las Córtes que poco antes habia convocado. + +El mayor peligro quedaba en la Serranía de Ronda: partió para ella de +órden de don Juan de Austria, el 20 de mayo, don Antonio de Luna con +cuatro mil quinientos infantes y cien caballos que sacó de Ronda; en la +primera salida fue rechazado y obligado á volverse á la ciudad: los +moriscos de la Serranía, aconsejados por los que habian ido á ellos +huidos de las Alpujarras, se concentraron en Sierra Bermeja, y en la del +Iztan: tomaron el mar á las espaldas para facilitar los socorros de +Berbería, y bajaban hasta las puertas de Ronda, causaban continuas +alarmas, robaban los ganados y cautivaban y mataban á los labradores +cristianos, no como salteadores, sino como enemigos. + +Esto empezó á acontecer cuando Felipe II estaba todavía en Sevilla, y +acudió de improviso al remedio, y envió á la Serranía á los duques de +Arcos y de Medina Sidonia. + +El de Arcos, que tenia mucha parte de sus Estados en la Serranía de +Ronda, pretendió reducir á los moriscos; pero estos estaban irritados; +mas que irritados, desesperados, y fue necesario recurrir á la fuerza y +acometerlos en Sierra Bermeja, en el mismo lugar donde años antes murió +á manos del Ferih de Benastepar, don Alonso de Aguilar, uno de los mas +esclarecidos parientes del Gran Capitan Gonzalo Fernandez de Córdoba. + +Encontraron allí, segun referia Mendoza, «Calaveras de hombres y huesos +de caballos amontonados, esparcidos, segun, como y donde habian parado; +pedazos de armas, frenos, despojos de jaeces: vieron mas adelante, el +fuerte de los enemigos, cuyas señales parecian pocas y bajas y +aportilladas; iban los prácticos de la tierra señalando donde habian +caido oficiales, capitanes y gente particular: referian donde y cómo se +salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el conde de Ureña y don +Pedro de Aguilar, hijo mayor de don Alonso de Aguilar: en qué lugar y +dónde se retrajo don Alonso y se defendia entre dos peñas; la herida que +el Ferih, cabeza de los moros, le dió primero en la cabeza y despues en +el pecho, con que cayó; las palabras que le dijo andando á brazos: _Yo +soy don Alonso de Aguilar_; las que el Ferih le respondió cuando le +heria: _Tú eres don Alonso_, mas _yo soy el Ferih de Benastepar_, y que +no fueron tan desdichadas las heridas que dió don Alonso, como las que +recibió.... Mandó el general hacer memoria por los muertos y rogaron los +soldados que estaban presentes que reposasen en paz, inciertos si +rogaban por deudos ó por extraños y esto les acrecentó la ira y el deseo +de hallar gente contra quien tomar venganza.» + +Ocupó el duque de Arcos el antiguo fuerte reparándole. Vino en este +tiempo resolucion del rey don Felipe, que concedia perdon á los +moriscos: empezaron á presentarse algunos; pero sin armas y alegando que +los que quedaban alzados no se las dejaban traer. + +Pero de improviso, un morisco que habia escapado de la Inquisicion y que +por temor al castigo no queria reducirse, empezó á excitarles de nuevo, +á decirles que se les engañaba, que cuando se hubiesen entregado serian +muertos, ó sentenciados por toda su vida á galeras, esclavas sus +mujeres, vendidos sus hijos. + +Tanto dijo y tanto alborotó, que los de Sierra Bermeja se levantaron de +nuevo con mas furia que antes: mataron á los moriscos que trataban en el +avenimiento é impidieron por el terror que se sometiesen los que querian +hacerlo. + +Redújoselos al fin, pero con varias alternativas, con mucha sangre y +terribles catástrofes: los restos dispersos de los moriscos se acogian +á las breñas, descalzos, hambrientos, miserables; las Alpujarras, el +marquesado del Zenete, el rio de Almanzora, y la Serranía de Ronda, +estaban ocupados por el ejército vencedor y don Juan de Austria escribia +á su hermano el rey don Felipe «que la salida de los moros de todo el +reino seria el postrero dia de octubre.» + +Quedaban, sin embargo, acá y allá llamaradas del incendio: los +labradores cristianos que habian vuelto á sus haciendas, no se atrevian +á labrarlas; los caminantes eran robados y muertos, y todos los lugares +enteramente de moriscos que no habian dejado las Alpujarras, eran una +amenaza muda. + +Aben-Aboo andaba de cerro en cerro, con un puñado de parciales +llamándose todavía rey. + +¿Y qué habian hecho entre tanto los monfíes? + +Cejar los primeros en el combate, abandonar los lugares que se les +confiaban, ser traidores á los moriscos. + +Y Harum-el-Geniz era quien acompañaba siempre á Aben-Aboo. + +¿Por qué hacian traicion los monfíes á sus hermanos? + +[imagen:--¡Ahí teneis al miserable, al traidor, al asesino!] + +Porque necesitan vengar la muerte de su emir. + +Porque no habian muerto á Aben-Aboo, como habian muerto á Aben-Humeya. + +Porque ignoraban donde tenia escondida á la sultana Amina, Aben-Aboo. + +La guerra habia acabado, Aben-Aboo andaba fugitivo, y sin embargo, ni +Angiolina Visconti, ni Harum, que acompañaba siempre á Aben-Aboo, habian +logrado descubrir el paradero de la sultana. + + + + +CAPITULO XLVIII. + + En que se sabe entre otras muchas cosas importantes, de qué muerte + murió Aben-Aboo. + + +El castillo de Vérchul, era, que hoy no es, un punto importante, situado +en medio de las Alpujarras. Rodeado de agrias cuestas, asentado como un +nido de águila sobre una roca, sin mas acceso que un tortuoso sendero, +abierto á pico en una peña, podia casi llamarse inespugnable. + +A su pié ramblas profundas, montañas, colinas, formaban un verdadero +laberinto, extremadamente selvático, y bravío, y á lo lejos, ya sobre +una cresta, ya en la vertiente de un valle, se veia algun lugarejo, +algun caserio, alguna choza. Al pié del castillo estaban sobre un +barranco sumamente agreste unas profundas cuevas que se llamaban de los +Vérchules, y donde, como en un último refugio, se habian concentrado los +restos dispersos de los moriscos fugitivos y vencidos. + +Allí, hambrienta, desnuda, miserable, aterrada, aquella multitud +infeliz, viejos sin hijos, huérfanos sin padres, esposas sin esposo, +cuantas miserias humanas pueden concebirse, se agrupaban cubiertas de +harapos, estremecidas de miedo, con los ojos fijos siempre en las +distantes avenidas temiendo ver asomar por ellas las banderas de los +crueles y sanguinarios soldados del rey don Felipe el II. + +Pero entre estas gentes no habia un solo monfí, á excepcion del wali de +los walies Harum, que no se apartaba sino por breves espacios de +Aben-Aboo. + +Parecia que á los demás monfíes los habia tragado la tierra. + +Fuese porque reposasen en el triunfo, fuese porque creyesen inútil una +persecucion de gente miserable y desvandada, ni á los alrededores del +castillo de Vérchul, ni en los lugares que desde su altura se divisaban, +aparecia un solo cristiano. + +[imagen:--¡Esta es la justicia de Dios! exclamó Harum; ¡mueres +coma has matado!] + +Pero tambien es cierto que estaba tan devastada aquella demarcacion, tan +cortados los caminos que á ella conducian, por los soldados del rey de +España, que los pobres moriscos acorralados en aquellas breñas no +encontraban para sustentarse mas que raices de árboles, yerbas y +reptiles. + +De tiempo en tiempo Harum-el-Geniz solia aparecer entre aquellos +desgraciados, como una providencia de Dios, con algunos mulos cargados +de maiz, de trigo ó de legumbres, que aquellos infelices devoraban en +pocos instantes. + +Siempre que Harum llevaba uno de estos ineficaces consuelos, les decia: + +--Amigos, esto ha costado sangre humana. + +Y--Dios te bendiga, wali; exclamaban los míseros: Dios acoja en su +misericordia á los que han derramado su sangre por nosotros. + +Harum al escuchar estas palabras se volvia de espaldas para ocultar sus +lágrimas y murmuraba: + +--¡Estaba escrito! ¡oh! ¡si esos miserables no hubieran asesinado al +emir! + +Entre tanto Aben-Aboo, encerrado en el castillo de Vérchul, acompañado +únicamente de Angiolina, de algunos escopeteros, de Harum y de su +antiguo esclavo africano Alí, recelaba de todo, atalayaba por sí mismo +los caminos, temiendo ser sorprendido, y velaba de noche por los adarves +como un alma en pena. + +Habia enviado á algunos de sus parientes á Africa en demanda de nuevos +socorros, los esperaba con esa tenacidad con que confian en su fortuna +los ambiciosos y esperanzado en estos socorros, se negaba de todo punto +á someterse al perdon prometido por el rey á los moriscos que depusieran +las armas. + +Rey en sueños, haciasele duro el despertar: sus remordimientos, entre +tanto, le obligaban á buscar el olvido en la embriaguez. + +Porque los remordimientos se habian dejado oir al fin en aquella alma +que todo lo habia arrostrado por la ambicion. Mientras se encontró entre +el ruido de las armas, en medio de sus gentes, que seguian al combate su +bandera y se batian con fe y con entusiasmo, la continua actividad, el +interés siempre vivo de nuevas empresas, el ansia del mando supremo +asegurado por la victoria, le habian distraido, mejor dicho: le habian +embriagado hasta el punto de que nada veia mas que el dosel rojo de un +trono levantado en la cámara de Embajadores de la Alhambra; pero cuando +en el solitario y silencioso castillo de Vérchul, se encontró una noche +y otra, velando receloso por sí mismo, bajo un firmamento opaco, +reflejando en sus pupilas escandencidas por la fiebre la misteriosa luz +de las estrellas, solo consigo mismo en presencia de la inmensidad muda, +bajo la mirada de Dios, un frio de terror empezó á circular por sus +huesos: muy pronto sus ojos de loco no vieron ya un firmamento sombrío; +vieron mas que eso: millares de fantasmas que se agitaban, que hervian +en aquel firmamento y que arrojaban una lluvia de sangre sobre su +cabeza: estremecióle el zumbido del viento entre las almenas, creyendo +escuchar en él quejas humanas, alaridos de rabia, gritos de agonía, +imprecaciones, amenazas. Parecíale oir en un eco muy lejano, entre el +silencio, la voz del emir de los monfíes, que exclamaba: + +--¡Parricida! ¡maldito seas! + +Otra, la de Aben-Humeya, que rugia: + +--¡Ay de tí, fratricida! + +Otra, la de su madre que exclamaba: + +--¡Menguada fue la hora en que te concebí! + +Otra, en fin, la de Amina, que llorando le decia: + +--¡Qué has hecho de mi padre, asesino! ¡qué has hecho de mi esposo y de +mi hija! + +Y cuando huyendo de estas voces se precipitaba por las escaleras de los +adarves, y se perdia en la profunda penumbra de los muros, pareciale ver +deslizarse delante de él como pretendiendo precederle, llevarle, á un +lugar de juicio supremo, los espectros de su padre, de su hermano y del +marqués de la Guardia (porque Aben-Aboo creia que el marqués de la +Guardia habia muerto) envueltos en sudarios rojos. + +Entonces, erizados los cabellos de espanto, pálido, trémulo, cubierto de +un sudor frio, penetraba en la cámara, donde sufriendo un largo, +doloroso é inútil martirio, dormitaba Angiolina y exclama: + +--¡Vino! ¡adorada de mi alma! ¡dame vino! ¡necesito embriagarme, dormir +entre tus brazos, olvidar! ¿No oyes que quiero olvidar, ó tú tambien me +haces traicion? + +Y entonces Angiolina, grave, lenta, silenciosa, se levantaba, llenaba de +vino un cáliz que servia de copa á Aben-Aboo y se le servia. + +Aben-Aboo apuraba el vino de un trago, y pedia mas, mas, porque su miedo +no desaparecia sino con la embriaguez, y se arrojaba entre los brazos de +Angiolina, que cumplia heróicamente su palabra empeñada á +Harum-el-Geniz, de procurar saber, á costa del último de los sacrificios +que podian exigírsela, el paradero de Amina. + +En vano habia apurado cuantos recursos encontró su astucia: en vano +habia tendido hábiles lazos á Aben-Aboo: nada habia podido descubrir: ó +Aben-Aboo ignoraba lo que habia sido de Amina, ó el recelo le hacia ser +prudente aun en sus momentos de embriaguez. + +Al fin Angiolina se vió obligada á guardar silencio acerca de Amina á +consecuencia del siguiente diálogo que tuvo con Aben-Aboo. + +--¿Qué te importa, le dijo, lo que haya sido de esa mujer? + +--Tengo un gran interés, dijo con acento profundo Angiolina. + +--¡Un gran interés! repuso Aben-Aboo, lanzando sobre la veneciana una +mirada friamente investigadora: ¡Ah! ¡sí, es verdad! tú amabas al +marqués de la Guardia, y acaso le amas aun, á pesar de que sabes por mi +boca que ha muerto.... y de una manera singular: como que le ha matado +la misma tierra que le sirve de sepultura. + +--¿Y qué me importa el marqués de la Guardia? repuso Angiolina: ¿acaso +no tuve bastantes razones para olvidarle, para despreciarle? ¿puede amar +una mujer como yo á un hombre que la pospone á otra? No, la sultana +Amina me interesa, no por el marqués á quien Dios perdone, como yo le he +perdonado, sino por tí. + +--¿Por mí? + +--Si ciertamente: ¿no te amo yo? + +--Escucha, Angiolina, dijo profundamente Aben-Aboo: soy jóven: criado en +la montaña, pensando siempre en la corona que estoy á punto de perder ó +ganar decisivamente, las mujeres no habian hablado á mi corazon. Pero te +ví, y no sé qué destino incomprensible, poderoso, arrastró mi alma y la +impulsó á unirse á la tuya. Te tuve á mi lado, al lado de mi madre en +Cádiar: creí tus palabras de amor, y cuando por una imprevision mia +fuiste á dar en manos de Aben-Humeya, sentí lo que nunca habia sentido +por una mujer: la rabia de los zelos: tú acaso fuiste una de las causas +mas poderosas de la muerte de Aben-Humeya. + +--Pero tú sabes que Aben-Humeya me amó en vano.... + +--He querido creerte, porque necesitaba creerte; pero cuando me abriste +tus brazos por primera vez, cuando los rodeaste á mi cuello, sabes lo +que sentí... + +--Tú te llamabas en aquellos momentos el mas dichoso de los hombres. + +--Y lo era, en efecto, porque tu hermosura me enloquece, porque tu +mirada conmueve mi alma, como no la han conmovido jamás las +incertidumbres de mi triunfo y los azares de la guerra. ¿Pero sabes lo +que sentia yo en el fondo de mi razon, como esclareciéndola, como +pretendiendo dominar mi delirio? pues bien, escuchaba una voz que me +decia:--«Los brazos de esa mujer no son los dulces lazos del amor que +ansías, son una serpiente que pretende ahogarte.» Y cuando este +recuerdo, cuando este recelo me asalta en medio de tus caricias; cuando +pretendes averiguar el paradero de la sultana Amina, un pensamiento +terrible pasa por mi cabeza. + +--¿Y qué pensamiento es ese que te inspira tu delirio? + +--El de ahogarte antes de que me ahogues tú. + +Sonrió lánguidamente Angiolina y repuso: + +--Ni yo te ahogaré, porque te amo, ni el amor que sientes por mí te +permitiria ahogarme. ¡Oh! ¡no! tus recelos pueden menos que tu amor. Tú, +si pones la bandera del Profeta sobre las alcazabas de Granada, me +llamarás tu sultana, tu adorada sultana. + +--Pero esa tenacidad en nombrarme á Amina.... + +--¡Tengo zelos! + +--¡Zelos! + +--Ella es una sultana poderosa. + +Sonrió sesgadamente Aben-Aboo. + +--¿Y dónde están los monfíes? ¿qué se han hecho esos valientes? pregunta +á Harum-el-Geniz, el wali de los walies de esos moros y él te +contestará:--«Han sido vencidos, dispersados: los unos se han acogido á +la clemencia del rey de España, los otros han pasado á Africa y los que +quedan aquí vagan sueltos por la montaña sin obedecer á capitan alguno? +¡La poderosa sultana! ¿Dónde está su alcazar tan maravilloso de que nos +hablaban? el paraiso escondido del emir de los monfíes? Sueño, sueño +todo, como la hermosa sultana Amina; como la misteriosa dama blanca de +la montaña. + +--¡Sueño! ¿pretenderás hacerme creer que la hija del emir, la sultana +Amina, ó doña Esperanza, la orgullosa, duquesa de la Jarilla, ha sido un +sueño? + +--Como un sueño ha pasado, repuso Aben-Aboo. + +--¡Que ha pasado! + +--Si; ha muerto: ha muerto de hambre.... + +--¡De hambre! + +--Si; yo.... por recelo de que los monfíes me vendiesen.... porque yo +siempre he desconfiado de ellos, pretendí tener en rehenes á la sultana +Amina, y la guardé en una cueva.... no importa dónde. Yo mismo iba á +llevarla la comida, las ropas.... pero los cristianos me arrojaron de +repente del lugar donde se encontraba encerrada la sultana.... yo en +verdad nunca habia pensado en matarla; pero pasaron muchos dias antes de +que yo volviera á apoderarme del lugar donde habia quedado abandonada; +cuando fuí en su busca la encontré muerta. + +--¡Muerta! + +--Si; muerta de hambre. + +Angiolina calló dominada por el horror. La habia revelado Aben-Aboo de +una manera tan segura la muerte de Amina, que no se atrevió á dudar de +ella. + +--Lléname otra vez la copa, dijo Aben-Aboo. + +Angiolina le sirvió la copa de nuevo. + +--Cuando vengan los refuerzos de Africa, dijo Aben-Aboo, que empezaba á +embriagarse, será distinto, amada mia: no estaremos en este triste +castillo, cercados, atajados los caminos por los cristianos, ni nos +veremos obligados á pasar la noche en vela. Dame mas vino: necesito +embriagarme para tener paciencia. + +Angiolina presentó otra vez la copa á Aben-Aboo. Este acabó de +embriagarse completamente, cayendo en un estado en que nunca le habia +visto Angiolina. + +--¡Oh! dijo esta: duerme, y duerme de una manera profunda: yo no estoy +segura de las intenciones de este hombre. Creo que obra con doblez +respecto á mí y á Harum-el-Geniz. Acaso, acaso, seria prudente +deshacernos de él. Pero si esa mujer que me propuse devolver al marqués +de la Guardia no hubiese muerto... si muerto Aben-Aboo, no pudiese +descubrirse el lugar donde la tiene acaso oculta. ¡Oh! ¡Dios mio! ¡Dios +mio! ¡iluminadme! + +Angiolina se sentó en el divan donde dormia Aben-Aboo, y apoyó su cabeza +pensativa en sus manos. + +--Todas las noches, dijo Angiolina recordando, Aben-Aboo sale de sus +habitaciones por una pequena puerta de hierro, que está al fin de una +galería. Luego cierra, y cuando vuelve, torna á cerrar y guarda +cuidadosamente la llave entre sus ropas: si yo me atreviese... + +Angiolina se inclinó sobre Aben-Aboo y contempló su semblante con una +atencion profunda: Aben-Aboo dormia intensamente; le movió y no +despertó: entonces cerró la puerta de la cámara, para evitar ser vista, +se acercó rápidamente á Aben-Aboo, palpó sus ropas, y encontró bajo de +ellas una llave y una cartera. + +Guardó la llave y se acercó á la luz y abrió temblando de impaciencia la +cartera. + +Encontró dentro algunas cartas que la desesperaron porque estaban +escritas en árabe; pero entre ellas encontró una sola que estaba escrita +en castellano. Angiolina dió un grito de alegría. Al pié de aquella +carta se leia como firma: Esperanza de Cárdenas. + +--¡Es de ella! exclamó: pero esta carta no es una prueba de que vive: +esta carta puede haber sido escrita hace mucho tiempo: veamos. + +Y leyó lo siguiente: + +«Al ver la manera con que obrais conmigo, vos mi pariente, vos que tanto +debeis á mi padre, no sé lo que pensar de vos. El estado en que me +encuentro es insoportable; lo que me haceis sufrir es tanto que temo +volverme loca. ¿Temeis acaso que mi esposo pueda haceros sombra +protegido por mi padre? Os engañais. Ni mi esposo ni yo renegaremos de +Dios. Os lo he dicho una y otra vez. Os lo dije cuando hace tres dias me +vísteis, ¿por qué no habeis vuelto? vuestro esclavo, me ha asegurado, y +no lo creo, porque no sois miserable, que vos no me restituireis la +libertad sino cuando os revele el lugar donde se encuentra el alcázar +subterráneo de mi padre, en el cual creis encontrar inmensos tesoros. Yo +dudo que por tal motivo me tengais sepultada viva, llorando, presa de la +incertidumbre mas cruel: ignoro la suerte de mi padre, la de mi esposo, +la de mi hija. No sé si han muerto ó si viven, pues aunque vos me +asegurais de que nada tengo que temer por ellos, no os creo. Vuestro +esclavo me ha dicho que sois rey de las Alpujarras. ¿Y cómo lo sois si +vive Aben-Humeya, si vive mi padre? ¿y si no viven, cómo han muerto? +Desesperada por no veros, he pedido á Alí, que os suplique de mi parte +que vengais á verme, y me ha contestado que estais ausente: entonces le +he pedido que me traiga con qué escribiros, y lo ha hecho y os escribo. +Si yo nada tuviese en el mundo, sino fuese por el amor de los mios nada +os diria; moriria sin suplicaros: pero el que ama no puede ser altivo. +Venid, venid, y oidme: concluyamos de una vez: ya no puedo sufrir mas: +si no habeis de devolverme á los mios, matadme: al menos descansaré: +pero no me hagais apurar este horroroso martirio. Soy hija, soy esposa, +soy madre: vos no me amais, no teneis disculpa de vuestra horrible +conducta. Volvedme á los mios y nada temais porque los mios os +perdonaran.--De mi tumba á 10 de marzo de 1571.--Esperanza de Cárdenas.» + +--¡Ah! exclamó Angiolina, ¡no ha muerto! ¡no! ¡ese miserable me ha +engañado: esta carta ha sido escrita hace tres dias: estamos á 13: si, +no hay duda; durante estos tres dias, Alí ha recibido de Aben-Aboo esta +llave y ha salido por la puerta de hierro de la galería: despues de +algun tiempo de ausencia ha devuelto esta llave á Aben-Aboo. Pretender +seducir á Alí, es un delirio: sirve á su amo con cuerpo y alma. Pues +bien: esta llave está en mi poder. Aprovechemos el tiempo: veamos. + +Y Angiolina salió de la cámara, se aventuró por un laberinto de +estrechos corredores, llegó al extremo de uno delante de una puerta de +hierro, y puso la llave en su cerradura. + +La puerta se abrió y Angiolina tornándola á cerrar, alumbrándose con la +lámpara que habia tomado de la cámara de Aben-Aboo, empezó á descender +por una estrecha escalera de ojo. + +Apenas habia cerrado Angiolina la puerta, cuando por la otra parte un +hombre atlético, que se alumbraba con una linterna, llegó á la puerta y +la golpeó furioso. + +--¡Ah! exclamó: estas malditas visiones que mi señor me ha metido en la +cabeza, me han hecho creer que esa mujer era un fantasma, y he tenido +miedo, pero no: es ella, es doña Angélica; la he reconocido al volverse +para cerrar la puerta. El señor no puede haberla dado esa llave. Me +hubiera avisado. + +Y Alí partió desalado á la cámara de su señor. + +--¡Ah! ¡está borracho! ¡aletargado! gritó con rabia Alí: yo tengo una +yerba que sirve para disipar la embriaguez; yerba que me ha servido para +que nadie pueda notar que he bebido vino contra la ley: pero mientras +voy por ella; mientras esprimo su zumo... ¡oh! y es preciso... preciso +de todo punto. + +Alí salió y permaneció fuera algun tiempo. + +Cuando tornó traia en la mano una copa: cogió la cabeza de Aben-Aboo, +le abrió la boca y derramó en ella parte del líquido que la copa +contenia, poco despues, y como por un efecto mágico, Aben-Aboo despertó +y volvió en sí de una manera completa. + +--¡Oh! ¡qué horrible dolor en las sienes! exclamó. + +--Os han embriagado señor, y ha sido preciso que yo me valga de unas +yerbas para haceros volver en vos. + +--¿Y quién te ha mandado eso? dijo con enojo Aben-Aboo. ¿Por qué no me +has dejado dormir? + +--Una sola palabra, señor; dijo Alí: ¿habeis dado á doña Angélica la +llave de la puerta de las cuevas del castillo? + +--No; dijo Aben-Aboo: tú estás soñando Alí. + +--Doña Angélica ha entrado hace media hora por esa puerta. + +--¡Doña Angélica! exclamó Aben-Aboo todo trémulo buscando la llave entre +sus ropas. ¡Oh! me ha robado la llave. Esa mujer está zelosa de Amina. +Esa mujer es terrible: será capaz de matarla y no nos conviene que la +sultana muera. + +Aben-Aboo se equivocaba, como ven nuestros lectores, respecto á las +intenciones de Angiolina. + +--Pronto, pronto, exclamó lanzándose á la puerta. + +Pero de repente se detuvo: habia sonado fuera de los muros una corneta +en un toque particular. + +Aquel toque se repitió tres veces. + +--Algo terrible sucede: algo que nos importa mas que esas dos mujeres: +es mi secretario Bernardino Abu-Amer: suceda lo que quiera á la sultana, +abre antes á Abu-Amer: sepamos qué noticias nos trae: que esten +preparados los escopeteros que nos quedan. + +Alí salió deshalado. + +Poco despues entró con un morisco viejo, pero robusto, enérgico, que le +dijo alentando apenas: + +--Sálvate, señor: sálvate por las minas: ¡te hacen traicion! + +--¿Y quién me hace traicion? + +--Harum-el-Geniz. + +--¡Oh! ¡imposible! + +--Lo sé: lo he visto con mis ojos; lo he escuchado con mis oidos. + +--¿Y qué has visto? ¿qué has escuchado? + +--Los monfíes, todos los monfíes sin faltar uno, cercan el castillo de +Vérchul. + +--¡Ah! ¡los monfíes sin faltar uno! pero si los monfíes estan vencidos, +fugitivos... + +--Te engañas señor: son en tanto número, como cuando vivia el emir. + +--Tú has soñado Abu-Amer: cuando vivia el emir tenia un ejército de diez +mil monfíes. + +--¡Pues todos estan allí! + +--Pero si su número se habia reducido á la tercera parte... si apenas +podian ayudarme..... + +--Los monfíes te han engañado, te han abandonado, te han hecho traicion; +han permanecido escondidos en sus guaridas, han huido sin valor delante +del cristiano: recuerda señor: recuerda, créeme y sálvate. + +--Pero ¿por dónde han pasado tantos hombres sin que los cristianos los +detengan? + +--No lo sé: pero ellos son capaces de entrar en un lugar por el aire, si +les falta la tierra: ó estan en inteligencia con los cristianos... + +--Si eso es... solo la sangre fria, solo el valor puede salvarnos... + +--Las minas... + +--Si los monfíes vienen contra mí, habran tomado las salidas. + +--Acaso no las conozcan, señor. + +--Ellos conocen todos los escondrijos de las Alpujarras. + +--Probemos al menos, señor. + +--No; el huir no es la mejor prueba: es mejor presentar la frente serena +y altiva al peligro... y luego yo no he sido jamás cobarde... prefiero +morir como rey, á que me den caza como á un lobo, y me acorralen y me +maten villanamente. Alí, mis mejores vestiduras, mi alfanje y mi +escopeta... que se preparen mis escopeteros... y mira, añadió mientras +Alí le vestia; aunque la puerta es fuerte, tú eres mas fuerte que ella; +rómpela á hachazos; llévatela por las minas... la noche es oscura; +véndala la boca para que no pueda gritar: eres astuto, ágil: procura +burlar á los monfíes... si lo consigues, toma: y Aben-Aboo escribió +apresuradamente una carta: en cualquier parte encontrarás amigos mios; +enviala con uno de ellos á Harum-el-Geniz: vé, haz lo que te he dicho. + +--¿Y doña Angélica? + +--¡Ah! ¡doña Angélica! déjala... no la toques: de seguro ella no ha +querido hacerme traicion, me ama. Pero vé, vé..... + +--¿Y por qué no intentar salvaros, señor? + +--Es necesario anticiparse al golpe por una parte y por otra el que huye +se pierde. Ve Alí, cumple con lo que te he encargado, y tú Abu-Amer, +conmigo y con mis escopeteros fuera del castillo: ¿sabes dónde está +Harum-el-Geniz? + +--Si, en la cueva grande de los Vérchules. + +--Pues á la ventura de Dios, dijo Aben-Aboo, y salió de la cámara, y +luego del castillo con Abu-Amer y una cuadrilla de veinte escopeteros, +que fué toda la gente que pudo reunir. + +La noche era densamente oscura y nada se oia; ni aun el vuelo del +viento. + +Al sentir aquella calma, Aben-Aboo dijo á Abu-Amer: + +--Creo que te has equivocado: todo reposa; hemos andado un buen trecho +de camino, y á nadie hemos encontrado. + +--Mira señor á lo alto del barranco de los Vérchules: ¿nada ves? + +--Si, veo el resplandor de una luz. + +--¿Y para qué crees que puedan estar velando en la cueva? + +--Adelante, dijo Aben-Aboo. + +Y siguieron hácia el barranco, pero apenas habian entrado en él cuando +se escuchó una voz ronca que gritó: + +--¿Quién va? + +--El rey de Granada, contestó con voz serena Aben-Aboo. + +--¡El rey de Granada! gritó la misma voz ronca, como avisando á otras +gentes. + +--¿Y quiénes sois vosotros? dijo Aben-Aboo sin detenerse. + +--¡Los monfíes de las Alpujarras! dijo la voz de otro nombre que al +frente de algunos adelantaba. + +--¿Y quién eres tú que me hablas? + +--¡El walí Suleiman! + +--Paso al rey dijo Aben-Aboo, al sentir que le cercaban. + +--Perdona señor, pero tenemos órden de llevarte á nuestro walí de los +walíes. + +--¡Ah! ¿con que Sidy[33] Harum-el-Geniz, se atreve á prenderme? dijo con +sarcasmo Aben-Aboo. + +--Sidy Harum-el-Geniz, no te prende; te detiene, porque asi es preciso +para la salud del reino, y nosotros obedecemos á Sidy Harum, porque es +wali de nuestros walíes. + +Aben-Aboo guardó silencio y siguió hasta el pié de un sendero escarpado +que conducia á la cueva grande de los Vérchules; al llegar á aquel punto +mandó á los escopeteros que se quedasen abajo, y subió acompañado solo +por Suleiman y por Abu-Amer. + +Invirtieron un largo espacio en llegar á lo alto porque la senda era +áspera, escarpada y larga. Al fin entraron en la cueva, y adelantó un +hombre. + +Aquel hombre era Harum-el-Geniz. + +En medio de la cueva quedaban de pié otros dos hombres, pero notábase +que estaban vestidos de castellanos, á pesar de que eran moriscos; el +uno era Francisco de Barrado, y el otro Pedro el Zataharí. + +No estaban estas personas solas en la cueva, cuya extension era inmensa; +á su fondo se apiñaban ateridos de frio y de hambre, una multitud de +moriscos de todas edades y sexos, y salia de aquel antro un hálito +nauseabundo de miseria. + +Al entrar Aben-Aboo, salió de entre aquella turba un sordo murmullo. + +--¡Héme aquí! ¿qué me quieres, Geniz? exclamó con altivez Aben-Aboo: +¿qué significa lo que acontece? yo soy vuestro rey. + +--Muley Abdalah-Aben-Aboo, dijo Harum-el-Geniz; solo quiero que mires á +qué punto ha traido tu obstinacion á estos infelices que aquí estan +desesperados, enfermos, miserables, y que consideres que las cosas son +llegadas ya á tal extremo, que no ofrecen ya ni aun esperanzas de +salvacion. + +--¿Y qué quereis? + +--El presidente de la chancillería de Granada, don Pedro de Deza y el +capitan general, nos dan cartas de seguro, y el perdon de su magestad el +rey de España si nos reducimos. + +--¿Y quién ha andado en estos tratos? dijo afectando la calma mas fria +Aben-Aboo. + +--Yo, dijo uno de los dos moriscos que estaban vestidos á la castellana. + +--¡Ah! ¿eres tú, Francisco de Barredo? dijo Aben-Aboo: tú en quien tanto +confiaba, y tú tambien, el Zataharí, el grande amigo del único hombre +que me queda leal, Abu-Amer. + +--Te engañas, dijo Harum-el-Geniz, Abu-Amer te ha traido, pero sabia +como nosotros para lo que venias. + +--Es verdad, dijo Abu-Amer, con un insolente descaro que estaba en +completa contradiccion con la afectuosa conducta que hasta entonces +habia usado respecto á Aben-Aboo. + +--¿Con que es decir que estoy abandonado de todos? + +--No por cierto, Muley Abdalah, no por cierto, dijo Harum-el-Geniz: solo +queremos hacerte partícipe de la merced que nos concede el rey de +España. + +--¿Y esto dices teniendo en los barrancos segun me han dicho diez mil +monfíes? + +--¿Y qué tienen que ver los monfíes con vosotros los moriscos? ¿acaso +ellos antes de la guerra no tenian su patria en la montaña? ¿acaso no la +tendran si quieren despues? + +--¡Oh! ¡si! ¡los monfíes me habeis hecho traicion! + +--No por cierto; pero desde que nuestro emir el gran Yaye-ebn-Al-Hhamar +murió asesinado por dos miserables, juramos vengarle y le hemos vengado: +uno de sus asesinos ha muerto: el otro morirá tambien. + +--Justo es que muera el que ha asesinado, dijo dominando su terror +Aben-Aboo; pero prescindiendo de esto: ¿creeis que no podemos resistir +aun? + +--Los moriscos estan desalentados, ven el poco fruto que sacan de la +guerra y quieren la paz: el presidente de la chancillería les envia á +decir, que se reduzcan al servicio de su magestad el rey de España, que +seran perdonados, y que se les dejará vivir libremente en donde quieran; +ademas de esto les ofrece mercedes que estan firmadas en este papel. + +Harum sacó unos pliegos y los mostró á Aben-Aboo, que no pudo contenerse +por mas tiempo: + +--¿Qué es esto Geniz? exclamó con la voz trémula de cólera; ¿tal +traicion me tenias guardada? ¡no me hables mas, ni te vea yo! + +Y fué á tomar la salida de la cueva. + +--No, no has de salir, exclamó Harum; te he llamado porque aun quedaba +vivo el último de los asesinos del emir. + +Aben-Aboo sintió un terror pánico y quiso huir, pero el Zataharí, +Abu-Amer y Barredo se asieron á él y le detuvieron. + +Entonces Harum le hirió, y al caer le dió un terrible golpe con el mocho +de su escopeta. + +--¡Ah traidor! dijo espirante Aben-Aboo. + +--¡Esta es la justicia de Dios! exclamó Harum; ¡mueres como has matado! + +Aben-Aboo hizo un débil esfuerzo pero cayó, y poco despues era un +cadáver. + +--¡Libres sois ya, hermanos mios! dijo Harum, mañana presentaremos á +este traidor al Presidente, y os será otorgado el perdon. Si nuestro +emir, nuestro valiente Yaye, no hubiera sido asesinado por esos dos +miserables, por Aben-Humeya y Aben-Aboo, no os veriais obligados á +acogeros al perdon de los cristianos; pero Dios lo ha querido asi. ¡Que +se cumpla su voluntad! + +Y como viese que algunos moriscos asian del cadáver de Aben-Aboo, y se +dirigian al sendero de la cortadura les dijo: + +--¿Para qué quereis sufrir esa carga fatigosa? mas pronto llegará abajo +si le arrojais por ahí. + +Los moriscos arrojaron el cuerpo de Aben-Aboo al barranco, desde una +peña alta que estaba á la entrada de la cueva. + +Era ya enteramente de dia. + +La luz del alba reflejaba en la sangre de Aben-Aboo, y espantados de +aquella muerte los moriscos que estaban en la cueva, empezaron á salir +de ella como espectros. + +Harum salió tambien con Francisco de Barredo, el Zataharí, y Abu-Amer; +bajó de prisa el sendero, y rodeando por el barranco, salió á una ancha +rambla donde habia una cuadrilla de monfíes. + +--Tocad á recoger, dijo Harum á los trompeteros y atabaleros. + +Poco despues se oyó, no solo en la rambla, sino en las alturas, una +especie de toque de llamada, al cual empezaron á acudir á la rambla +taifas enteras, con sus estandartes. + +Poco despues un pequeño ejército de diez mil hombres, se apiñaba en la +rambla. + +Harum mandó traer el cuerpo de Aben-Aboo, y ponerlo en una peña alta +para que le vieran todos los monfíes. + +--¡He ahí al asesino de nuestro emir! gritó Harum. + +Una aclamacion atronadora salió de las cerradas filas de los monfíes. + +--He aquí á vuestro emir, gritó Harum descubriendo el rostro de un moro +que estaba junto á él: he aquí al esposo de la sultana Amina. + +--¡Viva el emir! gritaron en coro los monfíes. + +--¿Pero qué haceis? dijo el marqués de la Guardia: eso no puede ser. + +--Consentid por ahora, dijo Harum. + +Y volviéndose á los monfíes añadió: + +--El esposo de la noble sultana Amina, acepta la corona que le +ofrecemos. + +--¡Viva el emir! repitieron los monfíes. + +--Ahora, dijo Harum, nos resta salvar á la Sultana. + +Un espontáneo y bravo murmullo de asentimiento respondió á estas +palabras. + +--¿Pero será cierto que mi esposa está en el castillo del Vérchul? + +--Tan cierto dijo Abu-Amer, como que ha encargado á su esclavo Alí que +la lleve á otro lugar, y que os envie una carta que ha escrito para Sidy +Harum. Ya, cuando yo dije á este que la Sultana estaba en el castillo +de Vérchul no tenia duda; pero ahora no puedo tenerla, porque he visto y +he oido. + +En aquel momento un hombre apareció por uno de los flancos de los +monfíes, y por el otro lado una mujer. + +El hombre era un morisco, y la mujer Angiolina Visconti. + +--¿Quién de vosotros es Sidy Harum-el-Geniz? dijo aquel hombre que traia +una carta en la mano, mientras Angiolina gritaba: + +--Venid, Harum, venid, que se llevan á la Sultana: venid, marqués de la +Guardia, venid, que os roban á vuestra esposa. + +Y Angiolina partió á correr por el mismo lugar por donde habia venido, +seguida del marqués de la Guardia, que aunque debil y enfermo, sacaba +fuerzas de flaqueza y corria con suma rapidez. + +--Seguid, seguid, y flanquead la montaña, gritó Harum á los monfíes +poniéndose tambien á la carrera tras Angiolina y el marqués, después de +haber leido rápidamente la carta que le habia entregado el morisco. + +Aquella era la carta que Aben-Aboo habia dado á Alí, para que la enviase +á Harum. + +Aben-Aboo habia desfigurado su letra: aquella carta decia asi: + +Mi señor Muley Abdalah Aben-Aboo, ha salido del castillo de Vérchul, á +encontrarte, Harum-el-Geniz, y temo que le hagas traicion: me apresuro, +pues, á escribirte: tengo en mi poder á la sultana Amina, y será la +señal de su muerte la primera noticia de una traicion hecha por tí á mi +señor.--Alí, esclavo fiel del rey Abdalah Aben-Aboo. + +Harum corria, y corrian los monfíes, y corria Angiolina. y el marqués +excitado por el peligro de Amina iba delante de todos, por instinto, +veloz como el viento, sostenido por su amor y efectuando un milagro de +vigor y de fuerza, en el estado en que se encontraba. + +Solo pronunciaba estas palabras. + +--¡Esperanza! ¡mi Esperanza! + +Y Angiolina como si toda su vida hubiera andado en la montaña, corria +tambien á poca distancia del marqués, y los monfíes, abiertos en dos +largas hileras, con las ballestas al hombro, trepaban á buen paso por la +montaña, flanqueándola, seguros de encerrar en un círculo al hombre que +se llevaba á la sultana. + +El cadáver de Aben-Aboo, quedó solo en la rambla sobre la peña, con el +rostro macerado, en que reflejaba los primeros rayos del sol, y algunos +moriscos rodeándole, hambrientos, desnudos, le contemplaban inmóviles +con un silencio estúpido. + + + + +CAPITULO XLIX. + + En que se cuenta lo que pasó en las cuevas del castillo de Vérchul. + + +Cuando Angiolina, segun hemos dicho, se encontró después de franquear la +puerta de hierro, en las escaleras de las cuevas, se deslizó rápidamente +por ellas y al llegar á su fin encontró un callejón y al comedio de él, +á la izquierda, otra puerta de hierro cerrada simplemente con un +cerrojo. + +Angiolina abrió aquella puerta: la luz de la lámpara dejó ver un espacio +pequeño, en el cual habia un lecho y algunos muebles, y en el lecho una +mujer dormida, pero vestida y cuidadosamente cubierta. + +--¡Ella es! exclamó estremeciéndose de zelos y de dolor Angiolina. + +Y acercó la luz de la lámpara al semblante de Esperanza, que Esperanza +era en efecto. + +--¡Oh! y está mas hermosa, mas hermosa que nunca; con su semblante +pálido y flaco. ¡Oh! ¡Dios mio! ¿y voy yo á arrojar á esta mujer entre +los brazos del hombre á quien amo? + +Angiolina se detuvo. + +--Pero primero es él: no le llevo una rival odiosa, le llevo su vida. +¿Haria esta mujer lo mismo que yo hago? ¡Oh! si lo haria porque le ama, +y una mujer cuando ama lo sacrifica todo, hasta su alma á su amor. + +Detúvose de nuevo Angiolina. + +--Y es necesario despertarla: es necesario salvarla: aprovecharé el +tiempo: ¡si Aben-Aboo despertara...! es preciso, preciso, debo tratarla +con dulzura... es necesario apurar de una manera completa el sacrificio. +Todo por él, Dios mio, todo por él. + +Y moviendo dulcemente á la jóven, dijo: + +--Despertad, doña Esperanza. + +Amina abrió los ojos, los cerró deslumbrada por la luz, se incorporó en +el lecho y dijo con la voz soñolienta aun, pero dulce y resignada. + +--¿Quién sois? + +--Miradme, y escusadme de pronunciar mi nombre, dijo Angiolina. + +--¡Ah! ¡la princesa! ¡la comedianta! exclamó Amina reconociéndola por la +voz. + +--¡La infeliz! dijo Angiolina con acento conmovido. + +--¡La infeliz! repuso con sarcasmo Amina. ¿Qué buscais aquí? + +--Os busco á vos... y soy muy feliz en encontraros. + +--¡Que me buscais! ¿y para qué? dijo Amina. + +--Para llevar con vos la vida á vuestro esposo. + +--¿Pues qué? ¡mi esposo! + +--Está enfermo y loco. + +--¡Enfermo y loco! exclamó aterrada Amina. + +--Si, y si vos no le volveis la salud y la razón, solo Dios podrá +volvérselas. + +--Pero... yo no puedo creeros, vos sois mi enemiga, vos me aborreceis; +yo os aborrezco... + +--¿Y qué importa nuestro mutuo aborrecimiento cuando se trata de su vida +y de su felicidad? El os ama, vos lo sois para él todo, y yo... yo que +le amo quiero que sea feliz. + +--No, vos no le amais tanto, dijo con un concentrado acento de zelos +Amina. + +--¡Que no le amo! ¡que no le amo! ¡os digo yo acaso que no sereis capaz +del mas horrible de los sacrificios por él...! Casi soy capaz de amaros, +de llamaros mi hermana, por el amor que él os tiene. + +--¿No me engañais? dijo Amina, asiendo bruscamente las manos de la +veneciana, y mirándola frente á frente. + +--¿Y para qué he de engañaros? ¿Acaso tengo yo alguna esperanza de que +pueda amarme don Juan? ¡que sea él feliz al menos, ya que no puedo serlo +yo! sed tambien vos feliz con él, señora, y acordaos alguna vez de mí: +acordaos de que me le debeis... + +Angiolina se echó á llorar. Amina se desarmó, se conmovió, confió en su +enemiga y no supo que decirla. + +La veneciana se secó las lágrimas, y dijo á Amina: + +--Ya sabeis el objeto que me ha traido aquí: seguidme: aprovechemos el +tiempo y no hablemos mas porque nuestra conversacion seria muy dolorosa. + +--Una palabra no mas: despues de lo que haceis yo no puedo aborreceros: +¿aborrecereis vos á quien os tiende su mano? + +--Perdonad, señora, pero nuestra situacion es enteramente distinta: ved +que necesito mucho valor para hacer lo que hago y que ese valor me +podria faltar. No hablemos ni una palabra mas acerca de ese asunto. Os +lo suplico, os lo ruego. Pero seguidme, seguidme, porque los momentos +son preciosos. + +Y se dirigió decididamente á la puerta de aquella especie de mazmorra. + +Amina la siguió en silencio. + +Pero una vez fuera de aquel recinto, despues de haber recorrido la +citada mina en que se encontraban, se perdieron en un laberinto de +minas, enmarañado, oscuro, que al parecer no tenia salida. + +Y pasaba el tiempo. + +De repente se oyeron golpes terribles que retumbaban huecos en el +subterráneo, y se repetian, cada vez mas fuertes, cada vez mas +numerosos. + +Era Alí que forzaba con una hacha la puerta de hierro de la escalera que +conducia á las cuevas. + +Angiolina lo comprendió. + +--¡Ah! dijo, somos perdidas: Aben-Aboo ha vuelto en sí, aunque no puedo +explicármelo, de su embriaguez; sin duda ha notado la falta de la llave +y fuerza la puerta para perseguirnos; ya no suenan los golpes, lo que +quiere decir que la puerta ha sido forzada, pero suenan pisadas sordas, +¡Oh! Dios mio, ¿y qué hacer? + +--Seguid, seguid, dijo Amina: me parece que siento en el rostro el +viento fresco del campo, el viento puro de la madrugada. + +Como para confirmar el dicho de Amina, una ráfaga apagó la luz de la +lámpara, y allá al fondo de la mina se vió una leve claridad. + +--Seguid, seguid, dijo Amina. + +Las dos jóvenes siguieron, pero de repente y á los pocos pasos +tropezaron con una puerta: sobre aquella puerta una reja circular dejaba +penetrar la primera luz del alba. + +--¡Una puerta y cerrada! gritó con desesperacion Angiolina. + +--Y se escuchan cerca pisadas rápidas, pisadas de hombre, repuso Amina +con angustia. + +--Si la llave con que he abierto la puerta de arriba sirviese para este +postigo... dijo la veneciana. + +Y probó y lanzó un grito de alegría: cedió la cerradura y la puerta se +abrió. + +Las dos jóvenes se encontraron en el repecho de una colina. + +--¡Oh! ¡amanece! somos perdidas: y esta puerta no puede cerrarse por +fuera... + +Y mientras Angiolina reconocia la puerta, abrióse esta impulsada por una +fuerza ruda, y apareció un hombre que la miró con ansia á la débil luz +del alba. + +--¡Ah! no sois vos, gritó: es esta... esta, sí... + +Y asió á Amina, y partió con ella á la carrera, llevándola sobre sus +hombros. + +Angiolina los siguió algún tiempo sin perderlos de vista: pero el +esclavo era vigoroso, habia ganado una delantera inmensa á Angiolina, y +esta los perdió en la revuelta de un barranco. + +Y sin embargo, siguió á la ventura, sin saber si acertaba ó no, +aterrada, herida en el corazon, porque lo que la habia arrebatado el +esclavo, era la vida del marqués. + +Y el dia esclarecia mas y mas, y empezaban á verse sobre las colinas al +Oriente las primeras ráfagas rojas de la salida del sol. + +De repente Angiolina, oyó un ronco estruendo de trompetas y atabales muy +cerca, y se volvió hácia donde sonaba aquel estruendo. + +Al volver un repecho, se encontró de repente delante de una taifa de +monfíes que se ponia en movimiento obedeciendo el toque de llamada. + +Al reparar en ellos Angiolina en vez de huir, se precipitó hácia los que +estaban mas cerca y que al ver una mujer hermosa y jóven, se detuvieron. + +--¿Sois monfíes? preguntó con afan Angiolina. + +--Sí, monfíes somos, la contestaron. ¿Y tú eres morisca? + +--Sí. ¿Está con vosotros Harum-el-Geniz? + +--Sí. ¿Es tu pariente? + +--Sí. ¿Dónde está? + +--En aquella loma, en la rambla. + +Angiolina corrió, llegó y habló. + +Ya lo hemos dicho. + +Continuemos ahora el anterior capítulo que interrumpimos. + +Corria el marqués á la ventura como sostenido por la mano de Dios; le +seguian Angiolina, Harum y algunos monfíes: los otros flanqueaban la +montaña. + +--¡Guarda! ¡guarda! ¡allá va por Gebel-el-Rabah! ¡guarda! ¡á él! ¡á él! +¡á él! + +En efecto, los monfíes delanteros habian descubierto á Alí, que al +verlos, se volvió, se detuvo un momento, y lanzó una mirada terrible á +los que le perseguian. + +De repente el marqués de la Guardia torció un repecho, y Alí le vió, y +tras él nuevas gentes cuando menos lo esperaba. + +El marqués lanzó un grito de triunfo y desnudó su espada. + +Pero apenas la habia desnudado, cuando lanzó otro grito horrible de +dolor, y cayó en tierra. + +Habia recibido en el pecho un ballestazo disparado por Alí, que asió +inmediatamente á Amina, y se dió á correr por una rambla abajo en +direccion á una roca tajada. + +La intencion de Alí era manifiesta: no pudiendo salvarse, porque le +perseguian por derecho y le flanqueaban, concibió el terrible proyecto +de arrojarse con Amina, antes que entregarla, por aquella cortadura. + +Al ver caer al marqués, al adivinar la terrible resolucion de Alí, Harum +se cubrió de un sudor frio, y arrancando á uno de los monfíes que +llevaba al lado su ballesta armada, exclamó deteniéndose: + +--Es aventurado: es terrible: pero es preciso. + +Y encarándose la ballesta, apuntó con lentitud y disparó. + +El venablo partió silbando, y fué á clavarse en el cráneo de Alí, que +rodó por tierra con Amina. + +Amina estaba desmayada. Harum, que ignoraba si el marqués habia sido +herido de muerte ó no cuando se alejaron, volvió al sitio donde estaba +el marqués. + +Angiolina le miraba sentada en el suelo, con las manos cruzadas sobre +sus rodillas, y de tiempo en tiempo soltaba una carcajada. + +¡Se habia vuelto loca! + +Harum la hizo apartar de allí, recogió al marqués que solo estaba herido +levemente, y se alejó con sus monfíes, dejando abandonado á Alí, que +habia muerto mártir de su fidelidad á su señor. + + * * * * * + +Tres dias despues, repicaban todas las campanas de Granada. + +Este repique general era en albricias de que se habia acabado la guerra +de las Alpujarras. + +La prueba de que la guerra se habia acabado, adelantaba por el camino de +Armilla, cerca ya del puente de Genil, en direccion á la puerta del +Rastro. + +Veamos en qué consistia esta prueba. + +Gran multitud de gentes estaban á los lados del camino; hasta en los +árboles habia espectadores; detrás de una inmensa muchedumbre de gentes +de todas clases, edades y sexos, que servian, por decirlo asi, de +flanqueadores, venia Leonardo de Rotulo, alcaide del presidio de Cádiar, +con su medio arnés de ginete, su banda de capitan, y caballero en su +rocin. A la izquierda del alcaide iba Francisco de Barredo, vestido á la +castellana, con una gorra de belludo, una loba de camelote y unas calzas +de grana atacadas y botas altas, á caballo tambien y sin armas: á la +derecha, igualmente caballero en un magnífico caballo andaluz, rodado +con arneses de guerra, iba Harum-el-Geniz, con el ostentoso traje de +walí de los walíes de los monfíes, y llevando en las manos el alfange y +la escopeta de Aben-Aboo. + +Detrás iba el cadáver de Aben-Aboo sobre un mulo, entablillado el +cuerpo bajo los vestidos, para que pudiese tenerse derecho como si +cabalgara vivo, y á los dos lados una taifa de monfíes con las ballestas +al hombro, y llevando ya, en señal de vasallaje, y como soldados del +rey, las armas reales de España sobre los pechos. + +Luego seguian los moros que se habian acogido al perdon, á pié y á +caballo, con sus bagajes y sus mujeres y familias: los que llevaban +ballestas, quitadas las cuerdas: los que arcabuces y escopeta, las +llaves: á los lados, llevando á los moriscos entre filas, iba la +cuadrilla de infantería del capitan Luis de Arroyo, y en la retaguardia, +cerrando la marcha, con un estandarte de caballos, Gerónimo de Oviedo, +comisario de la gente de guerra de los presidios de las Alpujarras. + +Entraron en el órden que hemos marcado por la puerta del Rastro de la +ciudad, haciendo salva los arcabuceros, contestando la artillería de la +Alhambra, y entre los repiques de campanas y la alegría de los de +Granada, que se consideraban salvos con haberse acabado la guerra. + +Llegaron hasta el palacio de la Chancillería, donde los recibió el duque +de Arcos, el presidente don Pedro de Deza y los demás del consejo, y los +caballeros y vecinos principales de Granada. + +Leonardo Rotulo, Harum-el-Geniz, y Francisco Barredo, subieron á la +cámara donde el consejo estaba, y Harum entregó al presidente el alfange +y la escopeta de Aben-Aboo, y besándole las manos en representación del +rey, le rindió justo homenaje á nombre de los moriscos de las +Alpujarras. + +Dijéronle los del consejo muchas lisonjeras palabras, hiciéronle muchas +preguntas á que Harum contestó con dignidad, y luego, asegurando á los +moriscos perdonados el cumplimiento de lo que se les habia ofrecido, +mandaron arrastrar y hacer cuartos el cadáver de Aben-Aboo, y poner su +cabeza en una jaula de hierro sobre el arco de la puerta del Rastro, que +sale al camino de las Alpujarras. + + * * * * * + +--Oid, hermanos, decia poco despues escondido entre las breñas de las +Alpujarras Harum á sus monfíes: todo se ha perdido: alentar nuevas +esperanzas, seria una locura. Nos faltó nuestro emir, y nos faltó todo. +Le hemos vengado: las cabezas de los dos asesinos están la una junto á +la otra en dos jaulas de hierro, sobre una puerta del muro de Granada. +Los de Africa y los de Turquía no nos socorreran. Yo os aconsejaria que +mas bien que quedaros aquí, pasáseis á Africa, y sirviéseis al dey de +Argel ó al rey de Marruecos. Quédese aquí quien quiera, pero hará mal: +los buenos tiempos en que los monfíes podian hacerse respetar han +pasado, y lentamente irian dando en las manos de los cuadrilleros, y de +ellas en la horca. Dios lo ha querido asi, hijos mios. Voy á daros en +nombre de nuestro desgraciado señor el último oro: despues yo, +consagrándome á la sultana Amina, salgo de España. Esta es la última vez +que nos vemos, valientes, y al decíroslo se me escapan las lágrimas. +¡Dios lo ha querido! ¡Cúmplase su voluntad! + +Los monfíes se arremolinaron y todos, unos despues de otros, vinieron á +rendir su último homenaje á su primer walí. + +Harum dió á cada uno parte del oro que contenia un enorme cofre de +hierro, abrazó á los capitanes, les dió sus últimos consejos, y montó á +caballo y se separó de ellos. + +Al trasmontar la cumbre de una loma, revolvió su caballo, y miró por +última vez á aquellos brabíos soldados con quienes habia pasado la mayor +parte de su vida: extendió los brazos hacia ellos y dijo, llorando como +un niño, aunque por la distancia no le podian oir. + +--¡Ah! ¡no creia yo que habia de llegar un dia en que me separara de +vosotros para no volveros á ver, mis valientes monfíes, hermanos mios! + +Y los monfíes, cuyos rostros estaban vueltos hácia él, como si le +hubieran comprendido, agitaron sus tocas en señal de despedida, y el eco +hizo retumbar un gemido inmenso, el gemido de diez mil bocas, en las +montañas circunvecinas. + +En aquel momento se ponia el sol. + +Harum revolvió desesperado su caballo y le lanzó á toda carrera por el +camino de Cádiar exclamando: + +--¡Estaba escrito! + + + + +EPILOGO. + + +I. + +Pasaron tres meses. + +Al cabo de ellos, en una hermosa mañana de julio, salieron por la puerta +de la Mar de Almería, un caballero anciano, otro jóven, pero pálido y +hermoso, y al parecer debil, que se apoyaba en el brazo de una dama +hermosísima, que le miraba á cada paso con suma solicitud. + +Al lado de estos dos jóvenes iba una doncella que llevaba en brazos una +niña como de dos á tres años, tan hermosa como la dama. + +Por último, detrás iba una numerosa servidumbre. + +Nos parece inútil decir que aquellas personas eran Calpuc, el marqués de +la Guardia, ó mejor dicho, el duque de la Jarilla, su esposa la noble y +hermosa duquesa doña Esperanza de Cárdenas y su pequeña hija. + +Llegaron á la ribera, entraron en una lancha y se dirigieron en ella á +una enorme galera de dos bandas surta en el puerto. + +Cuando saltaron á bordo, se quedaron mirando con inquietud á la playa. + +--¿En qué consistirá la tardanza de Harum? dijo Amina: sabe que á pesar +de que el rey disimula con nosotros, no estamos seguros, y que es +prudente apartarnos cuanto antes de España. + +--Hélo ahí, hélo ahí, dijo con la alegría de un niño el marqués de la +Guardia: mírale, Esperanza mia: pero es que no comprendo esa multitud de +acémilas que le siguen cargadas de toneles. + +--¡Ah! ni yo tampoco, dijo Esperanza. + +--Ni yo, añadió Calpuc. + +--Pronto lo hemos de ver, dijo el marqués, porque embarca en lanchas los +toneles. + +--Apostaria á que sé lo que aquello es, dijo Calpuc. + +--El tesoro de mi infeliz padre, dijo Esperanza conmovida: ¡oh! +¡pluguiera á Dios que nos apartáramos miserables de España pero con él! + +Cuando Harum puso á bordo los toneles, dijo á Esperanza: + +--Poderosa sultana, todo lo que enriquecia el alcázar de tus abuelos, +sus joyas, sus tesoros, va contigo. + +--¡Y esa pobre mujer! dijo Esperanza casi al oido de Harum. + +--¡Ah! ¡la horrible veneciana! su locura es admirable; á mi despecho he +dejado casi un tesoro en manos de mi hermano Gonzalo para que cuide de +ella: ¡Bah! á pesar de todo la tengo lástima: ¡le amaba tanto! ¡y le +cree muerto! + +--¿Qué es eso? dijo el marqués. + +--Nada: hablábamos de si Harum habia dejado algo á su familia para que +se consolase de su ausencia, dijo Esperanza enjugándose una lágrima. + +Harum se volvió al patron que se paseaba sobre cubierta: + +--Nostramo, le dijo: á zarpar: el viento es fresco: rumbo á las costas +de Francia y que Dios nos dé buen pasaje. + +Poco despues la galera, viento en popa, adelantaba gallardamente, +reclinada sobre un costado. + + +II. + +Diez años despues, la infeliz doña Isabel de Córdoba y de Válor, mártir +del amor, asesinado su esposo por su hijo, muerto su hijo por sus +parciales, murió en el convento de Santa Isabel la Real de Granada, á +donde se habia retirado, y el mismo dia en que una jóven acompañada de +su madre, y de un caballero mas bien viejo que jóven, preguntaban por +ella en la portería. + +La enfermedad de doña Isabel era una consuncion lenta; se habia secado +en su corazon el raudal de las lágrimas; la sonrisa no aparecia jamás en +su boca, y pasaba la mayor parte de su tiempo, arrodillada ante Dios en +el coro, inmóvil y silenciosa como una estátua. + +Desde que se habia retirado al claustro, nadie habia ido á preguntar por +ella, únicamente de mes á mes llegaba una carta de Francia; aquella +carta contenia cuatro cosas: consuelos delicados como pudieran suponerse +los de un ángel; la firma de Esperanza de Cárdenas; la de +Harum-el-Geniz, y una libranza de cien ducados contra genoveses. + +Doña Isabel besaba aquella carta, la metia con las anteriores en una +cartera, se ponia la cartera sobre el corazon, y entregaba la libranza á +la abadesa diciéndola siempre: + +--Dad á los pobres, señora, lo que despues de lo mas preciso para mi +sustento, sobre de esa cantidad. + +Maravillóse, pues, la madre tornera de que á los diez años una voz de +dama, y de dama al parecer por lo mesurado y noble de sus palabras, muy +principal, preguntara por doña Isabel de Córdoba y de Válor. + +--¡Ah! señora, está enferma y acaso Dios la llamará hoy mismo. + +La dama exhaló un ligero grito. + +--¡Ah! exclamó: ¡pues necesito verla, deseo verla! ¡oh Dios mio! + +--¡De modo que si fuérais una parienta suya inmediata! + +--¡Soy hija de su difunto esposo! dijo con angustia la dama. + +Mediaron mensajes, y al fin la superiora permitió que la dama y la niña +entrasen, pero no fue posible que entrase el caballero, que se quedó, +renegando del que habia inventado la clausura, en la portería. + +Las dos señoras entraron en una humilde celda: doña Isabel con los +hermosos ojos dilatados, flaca, blanca hasta lo diáfano, sonrió +imperceptiblemente al ver á la dama y á la niña. + +--¡Oh! ¡bendito sea Dios, exclamó, que me envia un ángel antes de morir! + +--¡Madre mia! exclamó Esperanza arrojándose sobre doña Isabel y +besándola. + +La enferma pareció reanimarse, y por primera vez despues de diez años, +brotaron lágrimas á sus ojos. + +--¿Y tú eres feliz, hija mia? la dijo. + +--¡Oh! ¡sí! y seria mas feliz si os encontrase buena, si os pudiese +llevar conmigo. Mi esposo ha vuelto á España, y á fuerza de oro ha +conseguido que se reconozcan nuestros títulos... pero vos... + +--¿Y qué importo yo..? déjame ver á tu hija, á la nieta de mi Yaye... + +Doña Esperanza se levantó de sobre el rostro de doña Isabel, y asió á su +hija de la mano. + +Al verla la enferma dió un grito horrible: + +--¡Oh! ¡Dios mio! exclamó, ¡me traes en esa niña, cuando voy á morir, su +rostro y su mirada! + +En efecto, la nieta se parecia enteramente al abuelo. + +Doña Isabel no volvió á hablar, y murió aquella tarde entre los brazos +de Esperanza. + +Esta salió llorando, la niña triste; y Harum, que era el caballero que +se habia quedado fuera, blasfemando. + +Pero le quedaba á Harum que ser testigo de otra agonía, aunque no le fue +tan dolorosa. + +Un mes despues tomó á caballo y solo el camino de las Alpujarras. + +--Es un extraño capricho, decia para sus adentros, que la sultana Amina +(Harum cuando hablaba consigo mismo no daba otro nombre á la hija del +emir) se interese tanto por la suerte de esa mujer que la ha hecho +probar tantas desgracias, y que casi casi tiene la culpa de que no se +siente en un trono: como que si el emir no hubiera sido herido y preso +en la Inquisicion... ¿Y qué necesidad tiene la sultana..? está mas +hermosa que nunca; el señor duque de la Jarilla, su muy adorado esposo, +ha echado fuera la ruinera, y la adora: Dios no los ha castigado con +hijos: la luz de mis ojos, la pequeña Estrella no puede ser mas cándida +ni mas hermosa: pues señor, véngase vuesa merced á las Alpujarras, donde +necesariamente tengo que padecer, aunque no sea mas que por los +recuerdos, á saber de una loca castigada justamente por Dios. Vamos: si +yo no la amara tanto... + +Atravesaba en aquellos momentos un desfiladero que conocia demasiado, y +detuvo su caballo, se puso las dos manos en la boca á manera de embudo, +y lanzó un grito salvaje. + +El eco le repitió á la redonda: pero nadie contestó á aquel grito. + +--¡No queda ni uno solo! exclamó roncamente Harum: si uno solo quedase, +estaria precisamente aquí, en el lugar mas inaccesible, mas solitario, +mas seguro. En otro tiempo, cuando yo hacia esta señal, de detrás de +cada piedra salía un monfí. ¡Y pensar que yo paso ahora por aquí como un +forastero! ¡Yo que he sido el rey de la montaña! ¡Y ver que las rocas +estan en el mismo sitio, y que los monfíes han pasado como sino hubieran +existido nunca! ¡Ira de Dios! + +Apretó las espuelas á su caballo, y llegó aquella noche á Mecina de +Bombaron, y á casa de su hermano Gonzalo. + +Despues de la charla natural de dos hermanos que no se han visto en diez +años, Harum preguntó por doña Angélica. + +--¡Pobre señora! dijo Gonzalo: ¡y cuánta compasion me causa á pesar de +todo! + +--¿Continúa en la locura..? + +--Cada vez mas furiosa... pero Dios ha tenido compasion de ella... + +--¡Cómo! + +--El médico dice que se muere. + +--Perdónela Dios, dijo friamente Harum. + +--¡Oh! ven, ven, hermano, y te juro que tendrás compasion de ella. + +Y le llevó á un aposento inmediato. + +--¡Oh! lo de siempre, exclamó, viendo un lecho vacío y revuelto; se ha +escapado á la montaña... y en el estado en que se encuentra... y de +noche... ¡Gabriela! ¡hija! dame mi loba y mi arcabuz, y suelta á la +ventora. + +--¿Pero, á dónde vas Gonzalo? + +--¡Dónde he de ir sino por ella! infeliz... ven conmigo, si quieres; +ven, y verás una cosa que te partirá el corazón... yo no crei que +pudiese amar tanto una mujer. + +--¡Amor maldito! dijo Harum siguiendo á su hermano. + +Por el camino que hacian á gran paso, guiados por ventora, Gonzalo contó +á Harum cómo Angiolina tenia el capricho de vestirse de blanco; que al +contrario de otras locas se aliñaba, se peinaba, cuidaba de sí misma, y +que cuando la preguntaban las traviesas muchachas, si lo hacia para +enamorar á alguien, contestaba: + +--¡Oh! ¡si! cuando voy á verle las noches de luna, cuando me arrodillo +delante de la cruz, él se levanta detrás de ella, y me mira fijamente... +es mi amado, y es muy hermoso... yo quiero parecerle hermosa. + +--¡Diablo! ¡Diablo! dijo al oir esto Harum. + +--Y es inútil pretender que no vaya á la montaña: siempre inventa un +medio ingenioso para escaparse. + +--¡Oh! si: pluguiera al Altísimo que no hubiera tenido tanto ingenio, +replicó Harum. + +--Y es preciso llevar para encontrarla la ventora por que unas veces va +al castillo de Vérchul, otras á la cueva, otras á Gebel-Rabah... pero +esta noche, segun el camino que lleva la ventora, ha ido á la sepultura. + +--¿A qué sepultura? + +--A la sepultura de su amante. + +--¡Ah! + +--Si; hay un lugar al pié de Gebel-Rabah, donde ha puesto una cruz +formada con ramas de pino, donde pretende que duerme su enamorado, cuya +sombra se levanta cuando ella llega. + +--¡Dios la ha castigado en justicia! + +--Ha sido demasiado castigo, Harum. Pero vamos llegando; mucho será que +no la encontremos... + +--¡Muerta! + +--¡Bien pudiera ser! ya te he dicho que el médico la habia sentenciado, +y estaba tan débil... + +En aquel momento ahulló la perra. + +--¡No te lo decia yo, dijo Gonzalo! y se precipitó á un cercano repecho. + +Harum le siguió. + +De repente se levantó una sombra blanca al rayo de la luna, corrió hácia +ellos, y cayó entre los brazos de Gonzalo el Geniz. + +--¡Ah! ¡socorredme! ¡socorredme! exclamó: ¡yo no sé dónde estoy! ¿quién +me ha traido aquí? Sola, de noche, vestida de blanco, tendida sobre una +sepultura. + +--Habeis venido á ver á vuestro amante como otras veces. + +--¡A mi amante! exclamó Angiolina y rompió á llorar. + +--¡Oh! cuidado, Gonzalo, cuidado, dicen que los locos cuando lloran +recobran la razon. + +--¡Los locos! ¡los locos! exclamó Angiolina. ¿Conque he estado loca? +¿Quién sois vos? acercaos, no os veo. + +--Soy Harum-el-Geniz. + +--¡Ah! ¡Dios mio! si es cierto, ¡este lugar! aquí le ví caer herido: mi +sacrificio fue inútil... ¿cuándo sucedió eso...? ¿cuándo...? no me +acuerdo: me parece que acaba de suceder. + +--Vuestro sacrificio no ha sido inútil, señora, porque el marqués vive. + +--¡Pero no vivirá muriendo como yo! ¿no es verdad? + +--El marqués es muy feliz, dijo el rencoroso Harum, que no podia olvidar +los crímenes á que su amor habia llevado á Angiolina. + +--¡Feliz, muy feliz! exclamó ¡con ansia de amor ella! + +--¡Oh! ¡si! + +--¿Y ha recobrado la salud? + +--¡Oh! ¡si! + +--¡Gracias, Dios mio! ¡gracias! exclamó Angiolina: ¡tú no has querido +que muera desesperada! + +Y sus rodillas se doblaron, y Gonzalo se vió obligado á sostenerla. + +--Decid.... á la sultana.... que me perdone.... y á él.... á él no le +digais nada.... ¡si por milagro algun dia preguntase.... por mí.... +decidle que vivo....! y que.... soy feliz! + +Angiolina no habló mas: algun tiempo despues murió. + +Harum al verla pálida, muerta, inmóvil, exclamó: + +--¡Hermosa aun muerta! ¡Era mucha, mucha mujer! ¡Perdónela Dios! + +--Ya no veran mas los pastores á la Dama blanca de la montaña, como +llamaban á doña Angélica. + +--Ni á los monfíes, replicó suspirando Harum. + +Y, sin embargo, si viajais por las Alpujarras sobre la escueta albarda +de un asno vigoroso; si alguna vez al amanecer se levanta la niebla +sobre los barrancos remedando figuras fantásticas, el arriero, que +probablemente será oriundo de los moriscos, os preguntará señalándoos +las crestas envueltas por las brumas: + +--¿Sabe V. lo que es aquello? + +--Aquello es niebla, le respondereis. + +--¡Niebla, eh! para mi abuela: aquella figura alta que anda tan +reposadamente es la Dama blanca de la montaña: y las otras figuras que +la siguen, los Monfíes de las Alpujarras. + +FIN. + + + + +ÍNDICE + +DE LOS CAPÍTULOS QUE CONTIENE ESTA OBRA. + + +PRIMERA PARTE. + +LOS AMORES DE YAYE. + + Pág. + +CAPÍTULO PRIMERO. El edicto del señor emperador. 3 + +CAP. II. De cómo un hombre puede amar por +caridad á una mujer, de cómo á veces, puede +parecer la caridad amor. 6 + +CAP. III. De cómo puede haber reyes sin reino +conocido, y abdicaciones de las cuales no se +hace cargo la historia. 12 + +CAP. IV. Lo que eran los monfíes.--Yuzuf +cuenta su historia á Yaye. 19 + +CAP. V. Del encuentro que tuvieron en el camino +antes de llegar á Granada nuestros caminantes. 30 + +CAP. VI. En que se presentan nuevos é interesantes +personajes. 33 + +CAP. VII. En que se relatan extraños é importantes +sucesos. 43 + +CAP. VIII. ¡El emir se ha perdido! 47 + +CAP. IX. En que se sabe lo que hicieron con +Miguel Lopez, don Diego y don Fernando de +Válor. id. + +CAP. X. Del resultado que tuvieron las investigaciones +de Arum. 62 + +CAP. XI. Hasta adonde habia llegado doña Elvira, +arrastrada por su amor á Yaye. 66 + +CAP. XII. De cómo Dios premió la constancia de +Yaye. 68 + +CAP. XIII. De cómo la caridad era una virtud +peligrosísima para el poderoso emir de los +monfíes Muley-Yaye-ebn-Al-Hhamar. 69 + +CAP. XIV. En que se sabe por qué habia dejado +su casa el capitan estropeado. 76 + +CAP. XV. De cómo el capitan Sedeño hizo traicion +á todo el mundo. 90 + +CAP. XVI. La venganza de don Diego de Cordoba +y de Válor. 93 + +CAP. XVII. Cómo se encontraron el rey del desierto +y el capitan estropeado. 95 + +CAP. XVIII. Continuacion del anterior. 98 + +CAP. XIX. De como la justicia fué á cerrar la +casa del capitan, dejándola enteramente deshabitada. 99 + +CAP. XX. Estrella. 100 + +CAP. XXI. Los Xeques del Albaicin. 104 + +CAP. XXII. Del tristísimo y horrible encuentro +que tuvo un caballero al entrar en Granada. 106 + +CAP. XXIII. Los desfiladeros de Dar-al-Huet. 109 + +CAP. XXIV. De cómo, á causa del levantamiento +del Albaicin, cometió Yaye su primera +infamia. 111 + +CAP. XXV. Cómo encontró Yaye á su padre. 115 + +CAP. XXVI. Procedimientos judiciales. 116 + +CAP. XXVII. De cómo fue el casamiento de +Yaye. 119 + + +SEGUNDA PARTE. + +EL MARQUESITO Y LA DUQUESITA. + +CAPÍTULO PRIMERO. Tres notabilidades de la córte +del rey don Felipe. 125 + +CAP. II. ¡La hermosa duquesita se ha perdido! 130 + +CAP. III. De cómo un niño puede ser el dedo +de Dios. 131 + +CAP. IV. La fuerza de la mujer. 132 + +CAP. V. De cómo el marquesito dió una prueba +de que estaba perdidamente enamorado +de Amina, pensando en casarse con ella. 140 + +CAP. VI. Del medio que eligió el marquesito de +la Guardia para irritar el amor de Amina. 142 + +CAP. VII. La una por la otra. 145 + +CAP. VIII. Zelos italianos. 149 + +CAP. IX. De la no menos extraña aventura que +sucedió al marquesito mientras rondaba á la +hermosa duquesita. 152 + +CAP. X. Lo que oyeron la duquesita y el marquesito. 154 + +CAP. XI. Lo que puede el amor de una mujer. 158 + +CAP. XII. Lo que hizo la princesa arrastrada por +sus zelos. 161 + +CAP. XIII. De cómo la princesa y Cisneros, fueron +la dama y el galan de una escena de comedia. 165 + +CAP. XIV. De cómo la princesa descubrió que +era mas fácil su venganza que lo que habia +creido. 166 + +CAP. XV. De cómo se conjuraba todo contra el +emir de los monfíes. 167 + +CAP. XVI. Continúan las contrariedades del +emir. 170 + +CAP. XVII. Quién era el príncipe Lorenzini +Maffei. 173 + +CAP. XVIII. Complicaciones. 178 + +CAP. XIX. De cómo se vieron obligados á salir +de la córte algunos de nuestro personajes. 183 + +CAP. XX. De cómo el rey don Felipe y la Inquisicion +se convencieron de que no podian +todo lo que querian. 186 + +CAP. XXI. De lo que pasó en un calabozo de la +Inquisicion de Madrid. 190 + +CAP. XXII. Que sirve de epílogo á esta segunda +parte. 193 + + +TERCERA PARTE. + +LA REBELION. + +CAPÍTULO PRIMERO. El castillo y la atalaya. 194 + +CAP. II. El peregrino y el ermitaño. 198 + +CAP. III. La recua, el carro y el ginete. 200 + +CAP. IV. El corral del carbon. 205 + +CAP. V. De lo que vió y oyó Diego Lopez en el +poco tiempo que estuvo en la hospedería del +Carbon. 210 + +CAP. VI. En que continúa un asunto suspendido +en el anterior. 213 + +CAP. VII. De cómo hasta el fin del capítulo no +pudo sacar nada en claro Aben-Aboo acerca +de sus inquilinos. 217 + +CAP. VIII. El panderete de las brujas. 222 + +CAP. IX. De cómo por el amor se olvida la +amistad. 227 + +CAP. X. En que se trata de lo que pasó entre +la sultana Amina y Aben-Aboo. 233 + +CAP. XI. Alianza de sangre y lodo. 235 + +CAP. XII. De cómo fue la proclamacion de Aben-Humeya. 237 + +CAP. XIII. Cómo estaba gobernada la villa de +Cádiar. 244 + +CAP. XIV. El licenciado Juan de Ribera. 245 + +CAP. XV. Lo que iba á hacer á Cádiar Aben-Jahauar-el-Zaquer. 248 + +CAP. XVI. De qué manera servia á quien le pagaba, +maese Barbillo. 251 + +CAP. XVII. El capitan Diego de Herrera. 255 + +CAP. XVIII. El palacio encantado. 257 + +CAP. XIX. El exámen de doctrina cristiana. 263 + +CAP. XX. De cómo fue el casamiento del marqués +de la Guardia. 267 + +CAP. XXI. Continuacion del anterior. 271 + +CAP. XXII. Lo que hicieron contra el emir +Aben-Aboo y Aben-Jahuar. 274 + +CAP. XXIII. Como trataba Yaye á sus parientes. 276 + +CAP. XXIV. De cómo se encontraron reunidas +de una manera extraña, personas que se +creian muy separadas. 278 + +CAP. XXV. De cómo satisfizo Mari-Blanca la +honra de su padre. 283 + +CAP. XXVI. De cómo fue para la villa de Cádiar +y para otras muchas en las Alpujarras, +una noche muy mala la Noche-Buena +de 1568. 286 + +CAP. XXVII. Continúa el asunto interrumpido +en el anterior. 292 + +CAP. XXVIII. Continúan las escenas de sangre. 295 + +CAP. XXIX. De lo que aconteció aquella misma +noche en Granada. 299 + +CAP. XXX. Complemento del anterior. 301 + +CAP. XXXI. De cómo supo Yaye que su mala +estrella se le hacia cada vez mas enemiga. 302 + +CAP. XXXII. En que se ve que se estrechan las +distancias entre nuestros personajes. 305 + +CAP. XXXIII. En que el autor deja la historia +para tomar otra vez la novela. 307 + +CAP. XXXIV. De cómo puede parecer feliz y aun +serlo á medias un desgraciado. id. + +CAP. XXXV. El reverso de la medalla. 311 + +CAP. XXXVI. En que el autor descubre donde +estaban los que se habian perdido. 314 + +CAP. XXXVII. En que se cuentan sucesos horribles. 318 + +CAP. XXXVIII. En que empieza á desenlazarse +nuestra historia, con la salida para la eternidad +de dos de sus principales personajes. 320 + +CAP. XXXIX. De cómo se perdieron de nuevo +Amina y el marqués. 334 + + +CONCLUSION. + +LA VENGANZA DE LOS MONFÍES. + + +CAP. XL. En qué estado se encontraba la guerra +de las Alpujarras algunos meses despues +de los sucesos anteriores. 326 + +CAP. XLI. De lo que aconteció á los moriscos +de Granada la víspera de San Juan de 1559. 331 + +CAP. XLII. De cómo empezaba Harum á vengar +al emir. 332 + +CAP. XLIII. De cómo la princesa Angiolina Visconti +volvia á ser un instrumento manejado +por Harum. 333 + +CAP. XLIV. De cómo los capitanes turcos sirvieron +á Aben-Aboo ó creyeron servirse á sí +mismos. 335 + +CAP. XLV. En que volvemos á encontrar al perdido +marqués de la Guardia, y se sabe cómo +escapó del subterráneo de la princesa encantada, +y la escena que tuvo con su antigua +amante. 339 + +CAP. XLVI. De cómo fue la muerte de Aben-Humeya. 341 + +CAP. XLVII. Reseña de la continuacion de la +guerra de las Alpujarras hasta su terminacion. 345 + +CAP. XLVIII. En que se sabe entre otras muchas +cosas importantes, de qué muerte murió +Aben-Aboo. 348 + +Cap. XLIX. En que se cuenta lo que pasó en +las cuevas del castillo de Vérchul. 354 + +EPÍLOGO. 356 + +FIN DEL INDICE. + + * * * * * + +Notas: + +[1] Este arzobispo era el cardenal don Fray Francisco Jimenez de +Cisneros. + +[2] Llamaban los moros de Granada _Elches_ á los descendentes de +cristianos renegados que habiéndose hecho moros vivian entre ellos. + +[3] Despues de oscurecer. + +[4] Ancianos, gefes de tribu. + +[5] Como si en castellano dijéramos monge. + +[6] El mas alto de Sierra Nevada. + +[7] Equivalente á gobernador, á capitan de gente de guerra. + +[8] No hay otro Dios que Dios. + +[9] Es una de las prescripciones del Koran, que los califas, reyes ó +emires, no puedan casarse sino con doncellas. + +[10] Este corral ocupaba poco mas ó menos el mismo sitio que hoy ocupa +el teatro del Príncipe. + +[11] En aquel tiempo aun no tenian los cardenales el tratamiento de +eminencia. + +[12] Lucero de la mañana: así llamaron los moros de Granada á doña +Isabel de Solís, que fue sultana por su casamiento con Muley-Hacem. + +[13] La honesta. + +[14] Fue la muerte del príncipe á 24 de Julio de 1568. + +[15] Alabanza á Dios. + +[16] No hay otro Dios que Dios. + +[17] De los morabitos ó penitentes. + +[18] «Alguacil dicen ellos (los moros) al primer oficio despues de la +persona del rey, que tiene libre poder en la vida y muerte de los +hombres, sin consultarlo.»--_Hurtado de Mendoza.--Guerra de +Granada.--Libro I._--Al fin entraron algunos de por medio, y los +concertaron de esta manera: que don Fernando de Válor fuese el rey, y +Farax su alguacil mayor, que es el oficio mas preeminente entre los +moros cerca de la persona real.--_Marmol.--Rebelion de los +moriscos.--Libro IV.--Capítulo VII._ + +[19] Abencerrages. + +[20] Véase el discurso de Aben-Jahuar el Zaquer en Hurtado de Mendoza, +Guerra de Granada.--Libro I. + +[21] Los moros llaman jofores á las profecías. + +[22] Este largo nombre árabe quiere decir en castellano: rey servidor de +Dios el pequeño y el desdichadillo. + +[23] Llamábase en aquellos tiempos, y aun casi hasta nuestros dias, +palestrilla, el lugar donde se tiraba la espada blanca ó negra. Este +lugar, que era siempre en las plazas publicas, estaba demarcado por +cuatro escaños, dentro de los cuales, en presencia de un maestro de +armas, se sacudian tajos y reveses todos los que querian, sin careta ni +otro objeto alguno defensivo, y sin mas precaucion que un boton puesto +en las puntas de las espadas y de las dagas. + +[24] _Malicatu-'l-Zarah_, reina de las flores. + +[25] Lo que equivale á nuestra denominacion de capitan general. + +[26] Mármol: historia de la rebelion y castigo de los moriscos de +Granada: libro IV, capítulo IV. + +[27] Lo primero que hicieron fue apellidar el nombre y secta de Mahoma, +declarando ser moros agenos de la santa fe católica, que tantos años +habia que profesaban ellos y sus padres y abuelos... Y á un mismo tiempo +sin respetar con divina ni humana, como enemigos de toda religion y +caridad, llenos de rabia cruel y diabólica ira, robaron, quemaron, y +destruyeron las iglesias, despedazaron las venerables imágenes, +deshicieron los altares, y poniendo manos violentas en los sacerdotes de +Jesucristo, que les enseñaban cosas de la fe, y administraban los +sacramentos, los llevaron por las calles y plazas desnudos y descalzos, +en público escarnio y afrenta. A unos asaetearon, á otros quemaron +vivos, y á muchos hicieron padecer diversos géneros de martirios. La +misma crueldad usaron con los cristianos legos que moraban en aquellos +lugares, sin respetar vecino á vecino, compadre á compadre, ni amigo á +amigo; y aunque algunos lo quisieron hacer no fueron parte para ello, +porque era tanta la ira de los malos, que matando cuantos les venían á +las manos, tampoco daban vida á quien se lo impedia. Robáronles las +casas, y á los que se recogian en las torres y lugares fuertes, los +cercaron y rodearon con llamas de fuego, y quemando á muchos de ellos, á +todos los que se les rindieron á partido dieron igualmente la muerte, no +queriendo que quedase hombre cristiano vivo en toda la tierra que pasase +de diez años arriba. Mármol: historia de la rebelion y castigo de los +moriscos del reino de Granada: Lib. IV, cap. VIII. + +[28] Cuesta de la Fortaleza. + +[29] Ermitaño. + +[30] El jugo de esta yerba produce embriaguez y modorra. + +[31] Lucero de la mañana. + +[32] Muley, corrupcion de Malek, significa rey. + +[33] Sidy, significa señor. + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Los monfíes de las Alpujarras, by +Manuel Fernández y González + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44584 *** diff --git a/44584-h.zip b/44584-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 484c3d0..0000000 --- a/44584-h.zip +++ /dev/null diff --git a/44584-h/44584-h.htm b/44584-h/44584-h.htm index ebbef53..2719359 100644 --- a/44584-h/44584-h.htm +++ b/44584-h/44584-h.htm @@ -3,7 +3,7 @@ <html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> <head> <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> -<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=utf-8" /> +<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=UTF-8" /> <title> The Project Gutenberg eBook of Los Monfies de las Alpujarras, por Manuel Fernandez y Gonzalez. </title> @@ -96,45 +96,7 @@ display: inline-block; text-align: left;} </style> </head> <body> - - -<pre> - -The Project Gutenberg EBook of Los monfíes de las Alpujarras, by -Manuel Fernández y González - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Los monfíes de las Alpujarras - -Author: Manuel Fernández y González - -Release Date: January 4, 2014 [EBook #44584] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS MONFÍES DE LAS ALPUJARRAS *** - - - - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was -produced from scanned images of public domain material -from the Google Print project.) - - - - - - -</pre> +<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44584 ***</div> <hr class="full" /> @@ -50769,387 +50731,6 @@ moriscos del reino de Granada: Lib. IV, cap. VIII.</p></div> </div> <hr class="full" /> - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Los monfíes de las Alpujarras, by -Manuel Fernández y González - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS MONFÍES DE LAS ALPUJARRAS *** - -***** This file should be named 44584-h.htm or 44584-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/4/4/5/8/44584/ - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was -produced from scanned images of public domain material -from the Google Print project.) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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