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+ <title>
+ The Project Gutenberg eBook of Abel Sánchez, by Miguel de Unamuno.
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+<body>
+<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44512 ***</div>
+
+<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/>
+ Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br />
+
+ Con la intención de conservar el texto original, signos de interrogación y exclamación no se usan al
+ principio de la mayoría de las preguntas y exclamaciones respectivamente.<br /><br />
+
+ Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/>
+</p>
+
+
+
+<p class="p6 large center">ABEL SÁNCHEZ</p>
+
+<p class="large center ht">UNA HISTORIA DE PASIÓN</p>
+
+
+<p class="center p6 ht">IMP. JOSÉ POVEDA.&mdash;PRÍNCIPE, 24.&mdash;MADRID</p>
+
+
+
+
+<h1>ABEL SÁNCHEZ<br />
+UNA HISTORIA DE PASIÓN</h1>
+
+<p class="center">POR</p>
+<p class="center large">MIGUEL DE UNAMUNO</p>
+
+
+
+<div class="figcenter6m"><img src="images/title.jpg" width="125"
+height="141" alt="logo" title="" /></div>
+
+
+<p class="p6 center ht">RENACIMIENTO<br />
+SAN MARCOS, 42<br />
+MADRID<br />
+1917</p>
+
+
+
+<h2>ABEL SÁNCHEZ<br />
+
+UNA HISTORIA DE PASIÓN</h2>
+
+
+<p>Al morir Joaquín Monegro encontróse
+entre sus papeles una especie de
+Memoria de la sombría pasión que le
+hubo devorado en vida. Entremézclase
+en este relato fragmentos tomados
+de esa confesión&mdash;así lo rotuló&mdash;, y
+que vienen a ser al modo de comentario
+que se hacía Joaquín a sí mismo
+de su propia dolencia. Esos fragmentos
+van entrecomillados. La <b>Confesión</b>
+iba dirigida a su hija.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>No recordaban Abel Sánchez y Joaquín
+Monegro desde cuándo se conocían. Eran conocidos
+desde antes de la niñez, desde la primera
+infancia, pues ya sus sendas nodrizas
+se juntaban y los juntaban cuando aun ellos
+no sabían hablar. Aprendió cada uno de ellos
+a conocerse conociendo al otro. Y así vivieron
+y se hicieron juntos amigos desde nacimiento
+casi, más bien hermanos de crianza.</p>
+
+<p>En sus paseos, en sus juegos, en sus otras
+amistades comunes, parecía dominar e iniciarlo
+todo Joaquín, el más voluntarioso;
+pero era Abel quien, pareciendo ceder, hacía
+la suya siempre. Y es que le importaba más
+<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span>
+no obedecer que mandar. Casi nunca reñían.
+«Por mí como tú quieras...!» le decía Abel a
+Joaquín, y éste se exasperaba a las veces porque
+con aquel «como tú quieras...!» esquivaba
+las disputas.</p>
+
+<p>&mdash;Nunca me dices que no!&mdash;exclamaba
+Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Y para qué?&mdash;respondía el otro.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, este no quiere que vayamos al
+Pinar&mdash;dijo una vez aquel cuando varios
+compañeros se disponían a un paseo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo? pues no he de quererlo...!&mdash;exclamó
+Abel.&mdash;Sí, hombre, sí; como tú quieras.
+Vamos allá!</p>
+
+<p>&mdash;No, como yo quiera, no! Ya te he dicho
+otras veces que no! Como yo quiera no! Tú
+no quieres ir!</p>
+
+<p>&mdash;Que sí, hombre...</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces no lo quiero yo...</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo tampoco...</p>
+
+<p>&mdash;Eso no vale&mdash;gritó ya Joaquín.&mdash;O con
+él o conmigo!</p>
+
+<p>Y todos se fueron con Abel, dejándole a
+Joaquín solo.</p>
+
+<p>Al comentar éste en sus <i>Confesiones</i> tal<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span>
+suceso de la infancia, escribía: «Ya desde entonces
+era él simpático, no sabía por qué, y
+antipático yo, sin que se me alcanzara mejor
+la causa de ello, y me dejaban solo.
+Desde niño me aislaron mis amigos».</p>
+
+<p>Durante los estudios del bachillerato, que
+siguieron juntos, Joaquín era el empollón, el
+que iba a la caza de los premios, el primero
+en las aulas y el primero Abel fuera de ellas,
+en el patio del Instituto, en la calle, en el campo,
+en los novillos, entre los compañeros.
+Abel era el que hacía reir con sus gracias y,
+sobre todo, obtenía triunfos de aplauso por
+las caricaturas que de los catedráticos hacía.
+«Joaquín es mucho más aplicado, pero Abel
+es más listo... si se pusiera a estudiar...» Y
+este juicio común de los compañeros, sabido
+por Joaquín, no hacía sino envenenarle el corazón.
+Llegó a sentir la tentación de descuidar
+el estudio y tratar de vencer al otro en el
+otro campo, pero diciéndose: «bah! qué saben
+ellos...» siguió fiel a su propio natural. Además,
+por más que procuraba aventajar al
+otro en ingenio y donosura no lo conseguía.
+Sus chistes no eran reídos y pasaba por ser<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>
+fundamentalmente serio. «Tú eres fúnebre»&mdash;solía
+decirle Federico Cuadrado&mdash;«tus chistes
+son chistes de duelo».</p>
+
+<p>Concluyeron ambos el bachillerato. Abel
+se dedicó a ser artista siguiendo el estudio de
+la pintura y Joaquín se matriculó en la Facultad
+de Medicina. Veíanse con frecuencia y
+hablaba cada uno al otro de los progresos que
+en sus respectivos estudios hacían, empeñándose
+Joaquín en probarle a Abel que la Medicina
+era también un arte y hasta un arte
+bella, en que cabía inspiración poética. Otras
+veces, en cambio, daba en menospreciar las
+bellas artes, enervadoras del espíritu, exaltando
+la ciencia, que es la que eleva, fortifica
+y ensancha el espíritu con la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es que la Medicina tampoco es ciencia&mdash;le
+decía Abel.&mdash;No es sino un arte, una
+práctica derivada de ciencias.</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo no he de dedicarme al oficio
+de curar enfermos&mdash;replicaba Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Oficio muy honrado y muy útil...&mdash;añadía
+el otro.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero no para mí. Será todo lo honrado
+y todo lo útil que quieras, pero detesto<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>
+esa honradez y esa utilidad. Para otros el hacer
+dinero tomando el pulso, mirando la lengua
+y recetando cualquier cosa. Yo aspiro a
+más.</p>
+
+<p>&mdash;A más?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, yo aspiro a abrir nuevos caminos.
+Pienso dedicarme a la investigación científica.
+La gloria médica es de los que descubrieron
+el secreto de alguna enfermedad y no
+de los que aplicaron el descubrimiento con
+mayor o menor fortuna.</p>
+
+<p>&mdash;Me gusta verte así, tan idealista.</p>
+
+<p>&mdash;Pues qué, ¿crees que sólo vosotros, los
+artistas, los pintores, soñáis con la gloria?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, nadie te ha dicho que yo sueñe
+con tal cosa...</p>
+
+<p>&mdash;Que no? pues por qué, si no, te has dedicado
+a pintar?</p>
+
+<p>&mdash;Porque si se acierta es oficio que promete...</p>
+
+<p>&mdash;Que promete?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, sí, que da dinero.</p>
+
+<p>&mdash;A otro perro con ese hueso, Abel. Te conozco
+desde que nacimos casi. A mí no me la
+das. Te conozco.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Y he pretendido nunca engañarte?</p>
+
+<p>&mdash;No, pero tú engañas sin pretenderlo. Con
+ese aire de no importarte nada, de tomar la
+vida en juego, de dársete un comino de todo,
+eres un terrible ambicioso...</p>
+
+<p>&mdash;Ambicioso yo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ambicioso de gloria, de fama, de renombre...
+Lo fuiste siempre, de nacimiento.
+Sólo que solapadamente.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ven acá, Joaquín, y dime: te disputé
+nunca tus premios? no fuiste tú siempre
+el primero en clase? el chico que promete?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero el gallito, el niño mimado de los
+compañeros tú...</p>
+
+<p>&mdash;Y qué iba yo a hacerle...?</p>
+
+<p>&mdash;Me querrás hacer creer que no buscabas
+esa especie de popularidad...?</p>
+
+<p>&mdash;Haberla buscado tú...</p>
+
+<p>&mdash;Yo? yo? Desprecio a la masa!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno, déjame de esas tonterías
+y cúrate de ellas. Mejor será que me hables
+otra vez de tu novia.</p>
+
+<p>&mdash;Novia?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, de esa tu primita que quieres
+que lo sea.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p>
+
+<p>Porque Joaquín estaba queriendo forzar
+el corazón de su prima Helena y había puesto
+en su empeño amoroso todo el ahinco de su
+ánimo reconcentrado y suspicaz. Y sus desahogos,
+los inevitables y saludables desahogos
+de enamorado en lucha, eran con su amigo
+Abel.</p>
+
+<p>Y lo que Helena le hacía sufrir!</p>
+
+<p>&mdash;Cada vez la entiendo menos&mdash;solía decirle
+a Abel.&mdash;Esa muchacha es para mí una
+esfinge...</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabes lo que decía Oscar Wilde, o
+quien fuese, que toda mujer es una esfinge
+sin secreto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues Helena parece tenerlo. Debe de
+querer a otro, aunque éste no lo sepa. Estoy
+seguro de que quiere a otro.</p>
+
+<p>&mdash;Y por qué?</p>
+
+<p>&mdash;De otro modo no me explico su actitud
+conmigo...</p>
+
+<p>&mdash;Es decir, que porque no quiere quererte
+a ti... quererte para novio, que como primo
+sí te querrá...</p>
+
+<p>&mdash;¡No te burles!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues porque no quiere quererte<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>
+para novio, o más claro, para marido, tiene
+que estar enamorada de otro? Bonita lógica!</p>
+
+<p>&mdash;Yo me entiendo!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, y también yo te entiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Tú?</p>
+
+<p>&mdash;No pretendes ser quien mejor me conoce?
+Qué mucho, pues, que yo pretenda conocerte?
+Nos conocimos a un tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que esa mujer me trae loco y me
+hará perder la paciencia. Está jugando conmigo.
+Si me hubiera dicho desde un principio
+que no, bien estaba, pero tenerme así, diciendo
+que lo verá, que lo pensará... Esas cosas
+no se piensan... coqueta!</p>
+
+<p>&mdash;Es que te está estudiando.</p>
+
+<p>&mdash;Estudiándome a mí? Ella? Qué tengo
+yo que estudiar? Qué puede ella estudiar?</p>
+
+<p>&mdash;Joaquín, Joaquín, te estás rebajando y
+la estás rebajando...! O crees que no más
+verte y oirte y saber que la quieres y ya debía
+rendírsete?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, siempre he sido antipático...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, hombre, no te pongas así...</p>
+
+<p>&mdash;Es que esa mujer está jugando conmigo!
+Es que no es noble jugar así con un hom<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span>bre
+como yo, franco, leal, abierto... Pero si
+vieras qué hermosa está! Y cuanto más fría
+y más desdeñosa se pone más hermosa. Hay
+veces que no sé si la quiero o la aborrezco
+más...! Quieres que te presente a ella...?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, si tú...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; os presentaré.</p>
+
+<p>&mdash;Y si ella quiere...</p>
+
+<p>&mdash;Qué?</p>
+
+<p>&mdash;Le haré un retrato.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, sí!</p>
+
+<p>Mas aquella noche durmió Joaquín mal
+rumiando lo del retrato, pensando en que
+Abel Sánchez, el simpático sin proponérselo,
+el mimado del favor ajeno, iba a retratarle a
+Helena.</p>
+
+<p>Qué saldría de allí? Encontraría también
+Helena, como sus compañeros de ellos, más
+simpático a Abel? Pensó negarse a la presentación,
+mas como ya se la había prometido.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>&mdash;Qué tal te pareció mi prima?&mdash;le preguntaba
+Joaquín a Abel al día siguiente de
+habérsela presentado y propuesto a ella, a
+Helena, lo del retrato, que acojió alborozada
+de satisfacción.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, quieres la verdad?</p>
+
+<p>&mdash;La verdad siempre, Abel; si nos dijéramos
+siempre la verdad, toda la verdad, esto
+sería el paraíso.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, y si se la dijera cada cual a sí mismo...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues la verdad!</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que tu prima y futura novia,
+acaso esposa, Helena, me parece una
+pava real... es decir, un pavo real hembra...
+ya me entiendes...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Sí, te entiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Como no sé expresarme bien más que
+con el pincel...</p>
+
+<p>&mdash;Y vas a pintar la pava real, o el pavo
+real hembra, haciendo la rueda acaso, con
+su cola llena de ojos, su cabecita...</p>
+
+<p>&mdash;Para modelo, excelente! Excelente, chico!
+Qué ojos! Qué boca! Esa boca carnosa y a
+la vez fruncida... esos ojos que no miran...
+Qué cuello! Y sobre todo qué color de tez! Si
+no te incomodas...</p>
+
+<p>&mdash;Incomodarme yo?</p>
+
+<p>&mdash;Te diré que tiene un color como de india
+brava, o mejor, de fiera indómita. Hay algo,
+en el mejor sentido, de pantera en ella. Y
+todo ello fríamente.</p>
+
+<p>&mdash;Y tan fríamente!</p>
+
+<p>&mdash;Nada, chico, que espero hacerte un retrato
+estupendo.</p>
+
+<p>&mdash;A mí? Será a ella?</p>
+
+<p>&mdash;No, el retrato será para ti, aunque de
+ella.</p>
+
+<p>&mdash;No, eso no, el retrato será para ella!</p>
+
+<p>&mdash;Bien, para los dos. Quién sabe... Acaso
+con él os una.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Vamos, sí, que de retratista pasas a...</p>
+
+<p>&mdash;A lo que quieras, Joaquín, a celestino,
+con tal de que dejes de sufrir así. Me duele
+verte de esa manera.</p>
+
+<p>Empezaron las sesiones de pintura, reuniéndose
+los tres. Helena se posaba en su
+asiento solemne y fría, henchida de desdén,
+como una diosa llevada por el destino. «Puedo
+hablar?», preguntó al primer día, y Abel
+le contestó: «Sí, puede usted hablar y moverse;
+para mí es mejor que hable y se mueva,
+porque así vive la fisonomía... Esto no es fotografía,
+y además no la quiero hecha estatua...»
+Y ella hablaba, hablaba, pero moviéndose
+poco y estudiando la postura. Qué
+hablaba? Ellos no lo sabían. Porque uno y
+otro no hacían sino devorarla con los ojos; la
+veían, no la oían hablar.</p>
+
+<p>Y ella hablaba, hablaba, por creer de
+buena educación no estarse callada, y
+hablaba zahiriendo a Joaquín cuanto podía.</p>
+
+<p>&mdash;Qué tal vas de clientela, primito?&mdash;le
+preguntaba.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto te importa eso?...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Pues no ha de importarme, hombre,
+pues no ha de importarme...! Figúrate...</p>
+
+<p>&mdash;No, no me figuro.</p>
+
+<p>&mdash;Interesándote tú tanto como por mí te
+interesas, no cumplo con menos que con interesarme
+yo por ti. Y además, quién sabe...</p>
+
+<p>&mdash;Quién sabe, qué?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, dejen eso&mdash;interrumpía Abel;&mdash;no
+hacen sino regañar.</p>
+
+<p>&mdash;Es lo natural&mdash;decía Helena&mdash;entre parientes...
+Y además, dicen que así se empieza.</p>
+
+<p>&mdash;Se empieza, qué?&mdash;preguntó Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Eso tú lo sabrás, primo, que tú has empezado.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que voy a hacer es acabar!</p>
+
+<p>&mdash;Hay varios modos de acabar, primo.</p>
+
+<p>&mdash;Y varios de empezar.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda. Qué, me descompongo con
+este floreteo, Abel?</p>
+
+<p>&mdash;No, no, todo lo contrario. Este floreteo,
+como le llama, le da más expresión a la mirada
+y al gesto. Pero...</p>
+
+<p>A los dos días tuteábanse ya Abel y Helena;
+lo había querido así Joaquín. Quien al
+tercer día faltó a una sesión.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;A ver, a ver cómo va eso&mdash;dijo Helena
+levantándose para ir a ver el retrato.</p>
+
+<p>&mdash;Qué te parece?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no entiendo, y además no soy quien
+mejor puede saber si se me parece o no.</p>
+
+<p>&mdash;Qué? No tienes espejo? No te has mirado
+a él?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero...</p>
+
+<p>&mdash;Pero qué...</p>
+
+<p>&mdash;Qué sé yo...</p>
+
+<p>&mdash;No te encuentras bastante guapa en
+este espejo?</p>
+
+<p>&mdash;No seas adulón.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, se lo preguntaremos a Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;No me hables de él, por favor. Qué
+pelma!</p>
+
+<p>&mdash;Pues de él he de hablarte.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces me marcho...</p>
+
+<p>&mdash;No, y oye. Está muy mal lo que estás
+haciendo con ese chico.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Pero ahora vienes a abogar por él?
+Es esto del retrato un achaque.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Helena, no está bien que estés así,
+jugando con tu primo. El es algo, vamos,
+algo...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Sí, insoportable!</p>
+
+<p>&mdash;No, él es reconcentrado, altivo por dentro,
+terco, lleno de sí mismo, pero es bueno,
+honrado a carta cabal, inteligente, le espera
+un brillante porvenir en su carrera, te quiere
+con delirio...</p>
+
+<p>&mdash;Y si a pesar de todo eso no le quiero yo?</p>
+
+<p>&mdash;Pues debes entonces desengañarle.</p>
+
+<p>&mdash;Y poco que le he desengañado! Estoy
+harta de decirle que me parece un buen chico,
+pero que por eso, porque me parece un buen
+chico, un excelente primo&mdash;y no quiero hacer
+un chiste,&mdash;por eso no le quiero para novio
+con lo que luego viene.</p>
+
+<p>&mdash;Pues él dice...</p>
+
+<p>&mdash;Si él te ha dicho otra cosa, no te ha dicho
+la verdad, Abel. Es que voy a despedirle y
+prohibirle que me hable siendo como es mi
+primo? Primo! Qué gracia!</p>
+
+<p>&mdash;No te burles así.</p>
+
+<p>&mdash;Si es que no puedo...</p>
+
+<p>&mdash;Y él sospecha más, y es que se empeña
+en creer que puesto que no quieres quererle
+a él, estás en secreto enamorada de otro...</p>
+
+<p>&mdash;Eso te ha dicho?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Sí, eso me ha dicho.</p>
+
+<p>Helena se mordió los labios, se ruborizó y
+calló un momento.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, eso me ha dicho&mdash;repitió Abel, descansando
+la diestra sobre el tiento que apoyaba
+en el lienzo, y mirando fijamente a
+Helena, como queriendo adivinar el sentido
+de algún rasgo de su cara.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si se empeña...</p>
+
+<p>-Qué...?</p>
+
+<p>&mdash;Que acabará por conseguir que me enamore
+de algún otro...</p>
+
+<p>Aquella tarde no pintó ya más Abel. Y
+salieron novios.</p><hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>El éxito del retrato de Helena por Abel
+fué clamoroso. Siempre había alguien contemplándolo
+frente al escaparate en que fué
+expuesto. «Ya tenemos un gran pintor más»,
+decían. Y ella, Helena, procuraba pasar
+junto al lugar en que su retrato se exponía
+para oir los comentarios y paseábase por las
+calles de la ciudad como un inmortal retrato
+viviente, como una obra de arte haciendo la
+rueda. No había acaso nacido para eso?</p>
+
+<p>Joaquín apenas dormía.</p>
+
+<p>&mdash;Está peor que nunca&mdash;le dijo a Abel.&mdash;Ahora
+es cuando juega conmigo. Me va a
+matar!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Naturalmente! Se siente ya belleza profesional...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, la has inmortalizado! Otra Joconda!</p>
+
+<p>&mdash;Pero tú, como médico, puedes alargarle
+la vida...</p>
+
+<p>&mdash;O acortársela.</p>
+
+<p>&mdash;No te pongas así, trágico.</p>
+
+<p>&mdash;Y qué voy a hacer, Abel, qué voy a
+hacer...?</p>
+
+<p>&mdash;Tener paciencia...</p>
+
+<p>&mdash;Además, me ha dicho cosas de donde
+he sacado que le has contado lo de que la creo
+enamorada de otro...</p>
+
+<p>&mdash;Fué por hacer tu causa...</p>
+
+<p>&mdash;Por hacer mi causa... Abel, Abel, tú estás
+de acuerdo con ella... vosotros me engañáis...</p>
+
+<p>&mdash;Engañarte? En qué? Te ha prometido
+algo?</p>
+
+<p>&mdash;Y a ti?</p>
+
+<p>&mdash;Es tu novia acaso?</p>
+
+<p>&mdash;Y es ya la tuya?</p>
+
+<p>Callóse Abel, mudándosele la color.</p>
+
+<p>&mdash;Lo ves?&mdash;exclamó Joaquín, balbuciente
+y tembloroso.&mdash;Lo ves?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;El qué?</p>
+
+<p>&mdash;Y lo negarás ahora? Tendrás cara para
+negármelo?</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, Joaquín, somos amigos de
+antes de conocernos, casi hermanos...</p>
+
+<p>&mdash;Y al hermano, puñalada trapera, no es
+eso?</p>
+
+<p>&mdash;No te sulfures así; ten paciencia...</p>
+
+<p>&mdash;Paciencia? Y qué es mi vida sino continua
+paciencia, continuo padecer?... Tú el
+simpático, tú el festejado, tú el vencedor, tú
+el artista... Y yo...</p>
+
+<p>Lágrimas que le reventaron en los ojos
+cortáronle la palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Y qué iba a hacer, Joaquín, qué querías
+que hiciese...?</p>
+
+<p>&mdash;No haberla solicitado, pues que la quería
+yo...!</p>
+
+<p>&mdash;Pero si ha sido ella, Joaquín, si ha sido
+ella...</p>
+
+<p>&mdash;Claro, a ti, al artista, al afortunado, al
+favorito de la fortuna, a ti son ellas las que
+te solicitan. Ya la tienes, pues...</p>
+
+<p>&mdash;Me tiene ella, te digo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya te tiene la pava real, la belleza<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span>
+profesional, la Joconda... Serás su pintor...
+La pintarás en todas posturas y en todas
+formas, a todas las luces, vestida y sin vestir...</p>
+
+<p>&mdash;Joaquín!</p>
+
+<p>&mdash;Y así la inmortalizarás. Vivirá tanto
+como tus cuadros vivan. Es decir, vivirá, no!
+Porque Helena no vive; durará. Durará
+como el mármol, de que es. Porque es de
+piedra, fría y dura, fría y dura como tú.
+Montón de carne...!</p>
+
+<p>&mdash;No te sulfures, te he dicho.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no he de sulfurarme, hombre, pues
+no he de sulfurarme! Esto es una infamia,
+una canallada!</p>
+
+<p>Sintióse abatido y calló, como si le faltaran
+palabras para la violencia de su pasión.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ven acá, hombre&mdash;le dijo Abel con
+su voz más dulce, que era la más terrible&mdash;y
+reflexiona. Iba yo a hacer que te quisiese si
+ella no quiere quererte? Para novio no le
+eres...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, no soy simpático a nadie; nací condenado.</p>
+
+<p>&mdash;Te juro, Joaquín...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;No jures!</p>
+
+<p>&mdash;Te juro que si en mí sólo consistiese,
+Helena sería tu novia, y mañana tu mujer.
+Si pudiese cedértela...</p>
+
+<p>&mdash;Me la venderías por un plato de lentejas,
+no es eso?</p>
+
+<p>&mdash;No, vendértela no! Te la cedería gratis
+y gozaría en veros felices, pero...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, que ella no me quiere y te quiere
+a ti, no es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Eso es!</p>
+
+<p>&mdash;Que me rechaza a mí, que la buscaba,
+y te busca a ti, que la rechazabas.</p>
+
+<p>&mdash;Eso! Aunque no lo creas; soy un seducido.</p>
+
+<p>&mdash;Qué manera de darte postín! Me das
+asco!</p>
+
+<p>&mdash;Postín?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ser así, seducido, es más que ser seductor.
+Pobre víctima! Se pelean por ti las
+mujeres...</p>
+
+<p>&mdash;No me saques de quicio, Joaquín...</p>
+
+<p>&mdash;A ti? Sacarte a ti de quicio? Te digo que
+esto es una canallada, una infamia, un crimen...
+Hemos acabado para siempre!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p>
+
+<p>Y luego, cambiando de tono, con lágrimas
+insondables en la voz:</p>
+
+<p>&mdash;Ten compasión de mí, Abel, ten compasión.
+Ve que todos me miran de reojo, ve
+que todos son obstáculos para mí... Tú eres
+joven, afortunado, mimado, te sobran mujeres...
+Déjame a Helena, mira que no sabré
+dirigirme a otra... Déjame a Helena...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si ya te la dejo...</p>
+
+<p>&mdash;Haz que me oiga; haz que me conozca;
+haz que sepa que muero por ella, que sin ella
+no viviré...</p>
+
+<p>&mdash;No la conoces...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, os conozco! Pero, por Dios... Júrame
+que no has de casarte con ella...</p>
+
+<p>&mdash;Y quién ha hablado de casamiento?</p>
+
+<p>&mdash;Ah, entonces es por darme celos nada
+más? Sí, ella no es más que una coqueta...
+peor que una coqueta, una...</p>
+
+<p>&mdash;Cállate!&mdash;rugió Abel.</p>
+
+<p>Y fué tal el rugido, que Joaquín se quedó
+callado, mirándole.</p>
+
+<p>&mdash;Es imposible, Joaquín; contigo no se
+puede! Eres imposible!</p>
+
+<p>Y Abel marchóse.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span></p>
+
+<p>«Pasé una noche horrible&mdash;dejó escrito en
+su <i>Confesión</i> Joaquín&mdash;volviéndome a un
+lado y otro en la cama, mordiendo a ratos
+la almohada, levantándome a beber agua
+del jarro del lavabo. Tuve fiebre. A ratos me
+amodorraba en sueños acerbos. Pensaba
+matarles y urdía mentalmente, como si se
+tratase de un drama o de una novela que
+iba componiendo, los detalles de mi sangrienta
+venganza, y tramaba diálogos con
+ellos. Parecíame que Helena había querido
+afrentarme y nada más, que había enamorado
+a Abel por menosprecio a mí, pero que
+no podía, montón de carne al espejo, querer
+a nadie. Y la deseaba más que nunca y
+con más furia que nunca. En alguna de las
+interminables modorras de aquella noche
+me soñé poseyéndola y junto al cuerpo frío
+e inerte de Abel. Fué una tempestad de malos
+deseos, de cóleras, de apetitos sucios, de
+rabia. Con el día y el cansancio de tanto sufrir
+volvióme la reflexión, comprendí que no
+tenía derecho alguno a Helena, pero empecé
+a odiar a Abel con toda mi alma y a proponerme
+a la vez ocultar ese odio, abonarlo,<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span>
+criarlo, cuidarlo en lo recóndito de las entrañas
+de mi alma. Odio? Aun no quería
+darle su nombre, ni quería reconocer que
+nací, predestinado, con su masa y con su
+semilla. Aquella noche nací al infierno de mi
+vida.»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>IV</h2>
+
+
+<p>&mdash;Helena&mdash;le decía Abel,&mdash;eso de Joaquín
+me quita el sueño...!</p>
+
+<p>&mdash;El qué?</p>
+
+<p>&mdash;Cuando le diga que vamos a casarnos
+no sé lo que va a ser. Y eso que parece ya
+tranquilo y como si se resignase a nuestras
+relaciones...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, bonito es él para resignarse!</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que esto no estuvo del
+todo bien.</p>
+
+<p>&mdash;Qué? También tú? Es que vamos a ser
+las mujeres como bestias, que se dan y prestan
+y alquilan y venden?</p>
+
+<p>&mdash;No, pero...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Pero qué?</p>
+
+<p>&mdash;Que fué él quien me presentó a ti, para
+que te hiciera el retrato, y me aproveché...</p>
+
+<p>&mdash;Y bien aprovechado! Estaba yo acaso
+comprometida con él? Y aunque lo hubiese
+estado! Cada cual va a lo suyo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero...</p>
+
+<p>&mdash;Qué? Te pesa? Pues por mí... Aunque
+si tú me dejases ahora, ahora que estoy comprometida
+y todas saben que eres mi novio
+oficial y que me vas a pedir un día de estos,
+no por eso buscaría a Joaquín, no! Menos que
+nunca! Me sobrarían pretendientes, así, como
+los dedos de las manos&mdash;y levantaba sus dos
+largas manos, de ahusados dedos, aquellas
+manos que con tanto amor pintara Abel, y
+sacudía los dedos, como si revolotearan.</p>
+
+<p>Abel le cojió las dos manos en las recias
+suyas, se las llevó a la boca y las besó alargadamente.
+Y luego en la boca...</p>
+
+<p>&mdash;Estate quieto, Abel!</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón, Helena, no vamos a turbar
+nuestra felicidad pensando en lo que sienta
+y sufra por ella el pobre Joaquín...</p>
+
+<p>&mdash;Pobre? No es más que un envidioso!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Pero hay envidias, Helena...</p>
+
+<p>&mdash;Que se fastidie!</p>
+
+<p>Y después de una pausa llena de un negro
+silencio:</p>
+
+<p>&mdash;Por supuesto, le convidaremos a la
+boda...</p>
+
+<p>&mdash;Helena!</p>
+
+<p>&mdash;Y qué mal hay en ello? Es mi primo, tu
+primer amigo, a él debemos el habernos conocido.
+Y si no le convidas tú, le convidaré
+yo. Que no va? Mejor! Que va? Mejor que
+mejor!</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>V</h2>
+
+
+<p>Al anunciar Abel a Joaquín su casamiento,
+éste dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Así tenía que ser. Tal para cual.</p>
+
+<p>&mdash;Pero bien comprendes...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo comprendo, no me creas un demente
+o un furioso; lo comprendo, está bien,
+que seáis felices... Yo no lo podré ser ya...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Joaquín, por Dios, por lo que más
+quieras...</p>
+
+<p>&mdash;Basta y no hablemos más de ello. Haz
+feliz a Helena y que ella te haga feliz... Os
+he perdonado ya...</p>
+
+<p>&mdash;De veras?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, de veras. Quiero perdonaros. Me
+buscaré mi vida.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Entonces me atrevo a convidarte a la
+boda, en mi nombre...</p>
+
+<p>&mdash;Y en el de ella, eh?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, en el de ella también.</p>
+
+<p>&mdash;Lo comprendo. Iré a realzar vuestra
+dicha. Iré.</p>
+
+<p>Como regalo de boda mandó Joaquín a
+Abel un par de magníficas pistolas damasquinadas,
+como para un artista.</p>
+
+<p>&mdash;Son para que te pegues un tiro cuando
+te canses de mí&mdash;le dijo Helena a su futuro
+marido.</p>
+
+<p>&mdash;Qué cosas tienes, mujer!</p>
+
+<p>&mdash;Quién sabe sus intenciones... Se pasa
+la vida tramándolas...</p>
+
+<p>«En los días que siguieron a aquel en que
+me dijo que se casaban&mdash;escribió en su <i>Confesión</i>
+Joaquín&mdash;sentí como si el alma toda
+se me helase. Y el hielo me apretaba el corazón.
+Eran como llamas de hielo. Me costaba
+respirar. El odio a Helena, y sobre
+todo, a Abel, porque era odio, odio frío cuyas
+raíces me llenaban el ánimo, se me había
+empedernido. No era una mala planta, era
+un témpano que se me había clavado en el<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>
+alma; era, más bien, mi alma toda congelada
+en aquel odio. Y un hielo tan cristalino,
+que lo veía todo a su través con una
+claridad perfecta. Me daba acabada cuenta
+de que razón, lo que se llama razón, eran
+ellos los que la tenían; que yo no podía alegar
+derecho alguno sobre ella; que no se
+debe ni se puede forzar el afecto de una mujer,
+que, pues se querían, debían unirse.
+Pero sentía también confusamente que fuí
+yo quien les llevó, no sólo a conocerse, sino
+a quererse, que fué por desprecio a mí por
+lo que se entendieron, que en la resolución de
+Helena entraba por mucho el hacerme rabiar
+y sufrir, el darme dentera, el rebajarme
+a Abel, y en la de éste el soberano egoísmo
+que nunca le dejó sentir el sufrimiento ajeno.
+Ingenuamente, sencillamente no se
+daba cuenta de que existieran otros. Los
+demás éramos para él, a lo sumo, modelos
+para sus cuadros. No sabía ni odiar; tan
+lleno de sí vivía.»</p>
+
+<p>»Fuí a la boda con el alma escarchada de
+odio, el corazón garapiñado en hielo agrio
+pero sobrecojido de un mortal terror, te<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>miendo
+que al oir el <i>sí</i> de ellos, el hielo se
+me resquebrajara y hendido el corazón quedase
+allí muerto o imbécil. Fuí a ella como
+quien va a la muerte. Y lo que me ocurrió
+fué más mortal que la muerte misma; fué
+peor, mucho peor que morirse. Ojalá me hubiese
+entonces muerto allí.</p>
+
+<p>»Ella estaba hermosísima. Cuando me saludó
+sentí que una espada de hielo, de hielo
+dentro del hielo de mi corazón, junto a la
+cual aun era tibio el mío, me lo atravesaba;
+era la sonrisa insolente de su compasión.
+<i>Gracias!</i> me dijo, y entendí: <i>Pobre Joaquín!</i>
+El, Abel, él ni sé si me vió. «Comprendo tu
+sacrificio&mdash;me dijo, por no callarse.» No,
+no hay tal&mdash;le repliqué;&mdash;te dije que vendría
+y vengo; ya ves que soy razonable; no
+podía faltar a mi amigo de siempre, a mi...
+hermano.» Debió de parecerle interesante
+mi actitud, aunque poco pictórica. Yo era
+allí el convidado de piedra.</p>
+
+<p>»Al acercarse el momento fatal, yo contaba
+los segundos. «Dentro de poco&mdash;me decía&mdash;ha
+terminado para mí todo!» Creo que se me
+paró el corazón. Oí claros y distintos los dos<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>
+<i>sís</i>, el de él y el de ella. Ella me miró al pronunciarlo.
+Y quedé más frío que antes, sin
+un sobresalto, sin una palpitación, como si
+nada que me tocase hubiese oído. Y ello
+me llenó de un infernal terror a mí mismo.
+Me sentí peor que un monstruo, me sentí
+como si no existiera, como si no fuese nada
+más que un pedazo de hielo, y esto para
+siempre. Llegué a palparme la carne, a pellizcármela,
+a tomarme el pulso. «Pero estoy
+vivo? Yo soy yo?»&mdash;me dije.</p>
+
+<p>»No quiero recordar todo lo que sucedió
+aquel día. Se despidieron de mí y fuéronse
+a su viaje de luna de miel. Yo me hundí en
+mis libros, en mi estudio, en mi clientela,
+que empezaba ya a tenerla. El despejo mental
+que me dió aquel golpe de lo ya irreparable,
+el descubrimiento en mí mismo de
+que no hay alma, moviéronme a buscar en
+el estudio, no ya consuelo&mdash;consuelo, ni lo
+necesitaba ni lo quería,&mdash;sino apoyo para
+una ambición inmensa. Tenía que aplastar
+con la fama de mi nombre la fama, ya incipiente,
+de Abel; mis descubrimientos científicos,
+obra de arte, de verdadera poesía,<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>
+tenían que hacer sombra a sus cuadros. Tenía
+que llegar a comprender un día Helena
+que era yo, el médico, el antipático, quien
+habría de darle aureola de gloria, y no él,
+no el pintor. Me hundí en el estudio. Hasta
+llegué a creer que los olvidaría! Quise hacer
+de la ciencia un narcótico y a la vez un estimulante!»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>VI</h2>
+
+
+<p>Al poco de haber vuelto los novios de su
+viaje de luna de miel, cayó Abel enfermo de
+alguna gravedad y llamaron a Joaquín a
+que le viese y le asistiese.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy muy intranquila, Joaquín&mdash;le
+dijo Helena;&mdash;anoche no ha hecho sino delirar,
+y en el delirio no hacía sino llamarte.</p>
+
+<p>Examinó Joaquín con todo cuidado y minucia
+a su amigo, y luego, mirando ojos a
+ojos a su prima, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;La cosa es grave, pero creo que le salvaré.
+Yo soy quien no tiene salvación ya.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sálvamelo!&mdash;exclamó ella.&mdash;Y ya
+sabes...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo sé todo!&mdash;y se salió.</p>
+
+<p>Helena se fué al lecho de su marido, le
+puso una mano sobre la frente, que le ardía,
+y se puso a temblar. «Joaquín, Joaquín&mdash;deliraba
+Abel,&mdash;perdónanos, perdóname!»</p>
+
+<p>&mdash;Calla&mdash;le dijo casi al oído Helena,&mdash;calla;
+ha venido a verte y dice que te curará,
+que te sanará... Dice que te calles...</p>
+
+<p>&mdash;Que me curará...?&mdash;añadió maquinalmente
+el enfermo.</p>
+
+<p>Joaquín llegó a su casa también febril,
+pero con una especie de fiebre de hielo. «Y
+si se muriera...!» pensaba. Echóse vestido
+sobre la cama y se puso a imaginar escenas
+de lo que acaecería si Abel se muriese: el
+luto de Helena, sus entrevistas con la viuda,
+el remordimiento de ésta, el descubrimiento
+por parte de ella de quién era él, Joaquín, y
+de cómo, con qué violencia necesitaba el desquite
+y la necesitaba a ella, y cómo caía al
+fin ella en sus brazos y reconocía que lo otro,
+la traición, no había sido sino una pesadilla,
+un mal sueño de coqueta, que siempre le había
+querido a él, a Joaquín y no a otro. «Pero
+no se morirá!», se dijo luego. «No dejaré yo<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span>
+que se muera, no debo dejarlo, está comprometido
+mi honor, y luego... necesito que
+viva!»</p>
+
+<p>Y al decirse este: «necesito que viva!»,
+temblábale toda el alma, como tiembla el
+follaje de una encina a la sacudida del huracán.</p>
+
+<p>«Fueron unos días atroces aquellos de la
+enfermedad de Abel&mdash;escribía en su <i>Confesión</i>
+el otro&mdash;unos días de tortura increíble.
+Estaba en mi mano dejarle morir, aun
+más, hacerle morir sin que nadie lo sospechase,
+sin que de ello quedase rastro alguno.
+He conocido en mi práctica profesional
+casos de extrañas muertes misteriosas
+que he podido ver luego iluminadas al trágico
+fulgor de sucesos posteriores, una nueva
+boda de la viuda y otros así. Luché entonces
+como no he luchado nunca conmigo
+mismo, con este hediondo dragón que me
+ha envenenado y entenebrecido la vida.
+Estaba allí comprometido mi honor de médico,
+mi honor de hombre, y estaba comprometida
+mi salud mental, mi razón. Comprendí
+que me agitaba bajo las garras de la<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span>
+locura; vi el espectro de la demencia haciendo
+sombra a mi corazón. Y vencí. Salvé
+a Abel de la muerte. Nunca he estado más
+feliz, más acertado. El exceso de mi infelicidad
+me hizo estar felicísimo de acierto.»</p>
+
+<p>&mdash;Ya está fuera de todo cuidado tu... marido&mdash;le
+dijo un día Joaquín a Helena.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, Joaquín, gracias&mdash;y le cojió la
+mano, que él se la dejó entre las suyas;&mdash;no
+sabes cuánto te debemos...</p>
+
+<p>&mdash;Ni vosotros sabéis cuánto os debo...</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, no seas así... ahora que tanto
+te debemos, no volvamos a eso...</p>
+
+<p>&mdash;No, si no vuelvo a nada. Os debo mucho.
+Esta enfermedad de Abel me ha enseñado
+mucho, pero mucho...</p>
+
+<p>&mdash;Ah, le tomas como a un caso?</p>
+
+<p>&mdash;No, Helena, no; el caso soy yo!</p>
+
+<p>&mdash;Pues no te entiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo del todo. Y te digo que estos días
+luchando por salvar a tu marido...</p>
+
+<p>&mdash;Di a Abel!</p>
+
+<p>&mdash;Bien, sea; luchando por salvarle he estudiado
+con su enfermedad la mía y vuestra
+felicidad y he decidido... casarme!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Ah, pero tienes novia?</p>
+
+<p>&mdash;No, no la tengo aún, pero la buscaré. Necesito
+un hogar. Buscaré mujer. O crees tú,
+Helena, que no encontraré una mujer que me
+quiera?</p>
+
+<p>&mdash;Pues no la has de encontrar, hombre,
+pues no la has de encontrar...!</p>
+
+<p>&mdash;Una mujer que me quiera, digo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, te he entendido, una mujer que te
+quiera, sí!</p>
+
+<p>&mdash;Porque como partido...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sin duda eres un buen partido... joven,
+no pobre, con una buena carrera, empezando
+a tener fama, bueno...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno... sí, y antipático, no es eso?</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre, no; tú no eres antipático!</p>
+
+<p>&mdash;Ay, Helena, Helena, dónde encontraré
+una mujer...</p>
+
+<p>&mdash;Que te quiera?</p>
+
+<p>&mdash;No, sino que no me engañe, que me diga
+la verdad, que no se burle de mí, Helena, que
+no se burle de mí...! Que se case conmigo por
+desesperación, porque yo la mantenga, pero
+que me lo diga...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Bien has dicho que estás enfermo, Joaquín.
+Cásate!</p>
+
+<p>&mdash;Y crees, Helena, que hay alguien, hombre
+o mujer, que pueda quererme?</p>
+
+<p>&mdash;No hay nadie que no pueda encontrar
+quien le quiera.</p>
+
+<p>&mdash;Y querré yo a mi mujer? Podré quererla,
+dime?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, pues no faltaba más...</p>
+
+<p>&mdash;Porque mira, Helena, no es lo peor no
+ser querido, no poder ser querido; lo peor es
+no poder querer.</p>
+
+<p>&mdash;Eso dice don Mateo, el párroco, del demonio,
+que no puede querer.</p>
+
+<p>&mdash;Y el demonio anda por la tierra, Helena.</p>
+
+<p>&mdash;Cállate y no me digas esas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Es peor que me las diga a mí mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues cállate!</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>VII</h2>
+
+
+<p>Dedicóse Joaquín, para salvarse, requiriendo
+amparo a su pasión, a buscar mujer,
+los brazos maternales de una esposa en que
+defenderse de aquel odio que sentía, un regazo
+en que esconder la cabeza, como un
+niño que siente terror al coco, para no ver
+los ojos infernales del dragón de hielo.</p>
+
+<p>Aquella pobre Antonia!</p>
+
+<p>Antonia había nacido para madre; era
+todo ternura, todo compasión. Adivinó en
+Joaquín, con divino instinto, un enfermo,
+un inválido del alma, un poseso, y sin saber
+de qué, enamoróse de su desgracia. Sentía
+un misterioso atractivo en las palabras frías<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>
+y cortantes de aquel médico que no creía en
+la virtud ajena.</p>
+
+<p>Antonia era la hija única de una viuda a
+que asistía Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Cree usted que saldrá de ésta?&mdash;le preguntaba
+a él.</p>
+
+<p>&mdash;Lo veo difícil, muy difícil. Está la pobre
+muy trabajada, muy acabada; ha debido de
+sufrir mucho... su corazón está muy débil...</p>
+
+<p>&mdash;Sálvemela usted, don Joaquín, sálvemela
+usted, por Dios! Si pudiera, daría mi
+vida por la suya!</p>
+
+<p>&mdash;No, eso no se puede. Y, además, quién
+sabe? La vida de usted, Antonia, ha de hacer
+más falta que la suya...</p>
+
+<p>&mdash;La mía? Para qué? Para quién?</p>
+
+<p>&mdash;Quién sabe...!</p>
+
+<p>Llegó la muerte de la pobre viuda.</p>
+
+<p>&mdash;No ha podido ser, Antonia&mdash;dijo Joaquín.&mdash;La
+ciencia es impotente!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, Dios lo ha querido!</p>
+
+<p>&mdash;Dios?</p>
+
+<p>&mdash;Ah&mdash;y los ojos bañados en lágrimas de
+Antonia clavaron su mirada en los de Joa<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>quín,
+enjutos y acerados.&mdash;Pero usted no
+cree en Dios?</p>
+
+<p>&mdash;Yo...? No lo sé...!</p>
+
+<p>A la pobre huérfana la compunción de piedad
+que entonces sintió por el médico aquel
+le hizo olvidar un momento la muerte de su
+madre.</p>
+
+<p>&mdash;Y si yo no creyera en él, qué haría ahora?</p>
+
+<p>&mdash;La vida todo lo puede, Antonia.</p>
+
+<p>&mdash;Puede más la muerte! Y ahora... tan
+sola... sin nadie...</p>
+
+<p>&mdash;Eso sí, la soledad es terrible. Pero usted
+tiene el recuerdo de su santa madre, el vivir
+para encomendarla a Dios... Hay otra soledad
+mucho más terrible!</p>
+
+<p>&mdash;Cual?</p>
+
+<p>&mdash;La de aquel a quien todos menosprecian,
+de quien todos se burlan... la del que no encuentra
+quien le diga la verdad...</p>
+
+<p>&mdash;Y qué verdad quiere usted que se le
+diga?</p>
+
+<p>&mdash;Me la dirá usted, ahora, aquí, sobre el
+cuerpo aun tibio de su madre? Jura usted decírmela?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, se la diré.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Bien, yo soy antipático, no es así?</p>
+
+<p>&mdash;No, no es así!</p>
+
+<p>&mdash;La verdad, Antonia...</p>
+
+<p>&mdash;No, no es así!</p>
+
+<p>&mdash;Pues qué soy...?</p>
+
+<p>&mdash;Usted? Usted es un desgraciado, un
+hombre que sufre...</p>
+
+<p>Derritiósele a Joaquín el hielo y asomáronsele
+unas lágrimas a los ojos. Y volvió a
+temblar hasta las raíces del alma.</p>
+
+<p>Poco después Joaquín y la huérfana formalizaban
+sus relaciones, dispuestos a casarse
+luego que pasase el año de luto de ella.</p>
+
+<p>«Pobre mi mujercita!&mdash;escribía, años después,
+Joaquín en su <i>Confesión</i>&mdash;empeñada
+en quererme y en curarme, en vencer la repugnancia
+que sin duda yo debía de inspirarle.
+Nunca me lo dijo, nunca me lo dió a
+entender, pero podía no inspirarle yo repugnancia,
+sobre todo cuando le descubrí la
+lepra de mi alma, la gangrena de mis odios?
+Se casó conmigo como se habría casado con
+un leproso, no me cabe duda de ello, por divina
+piedad, por espíritu de abnegación y
+de sacrificio cristianos, para salvar mi alma<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>
+y así salvar la suya, por heroísmo de santidad.
+Y fué una santa! Pero no me curó de
+Helena; no me curó de Abel! Su santidad
+fué para mí un remordimiento más.</p>
+
+<p>»Su mansedumbre me irritaba. Había veces
+en que, Dios me perdone!, la habría querido
+mala, colérica, despreciativa.»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>VIII</h2>
+
+
+<p>En tanto la gloria artística de Abel seguía
+creciendo y confirmándose. Era ya uno de
+los pintores de más nombradía de la nación
+toda, y su renombre empezaba a traspasar
+las fronteras. Y esa fama creciente era como
+una granizada desoladora en el alma de Joaquín.
+«Sí, es un pintor muy científico; domina
+la técnica; sabe mucho, mucho; es habilísimo»&mdash;decía
+de su amigo, con palabras
+que silbaban. Era un modo de fingir exaltarle
+deprimiéndole.</p>
+
+<p>Porque él, Joaquín, presumía ser un artista,
+un verdadero poeta en su profesión, un
+clínico genial, creador, intuitivo, y seguía<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span>
+soñando con dejar su clientela para dedicarse
+a la ciencia pura, a la patología teórica, a la
+investigación. Pero ganaba tanto...!</p>
+
+<p>«No era, sin embargo, la ganancia&mdash;dice
+en su <i>Confesión</i> póstuma&mdash;lo que más me
+impedía dedicarme a la investigación científica.
+Tirábame a ésta por un lado el deseo
+de adquirir fama y renombre, de hacerme
+una gran reputación científica y asombrar
+con ella la artística de Abel, de castigar así
+a Helena, de vengarme de ellos, de ellos y
+de todos los demás, y aquí encadenaba los
+más locos de mis ensueños, mas por otra
+parte, esa misma pasión fangosa, el exceso
+de mi despecho y mi odio me quitaban serenidad
+de espíritu. No, no tenía el ánimo
+para el estudio, que lo requiere limpio y
+tranquilo. La clientela me distraía.</p>
+
+<p>La clientela me distraía, pero a las veces
+temblaba pensando que el estado de distracción
+en que mi pasión me tenía preso me
+impidiera prestar el debido cuidado a las
+dolencias de mis pobres enfermos.</p>
+
+<p>«Ocurrióme un caso que me sacudió las
+entrañas. Asistía a una pobre señora, en<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>ferma
+de algún riesgo, pero no caso desesperado,
+a la que él había hecho un retrato,
+un retrato magnífico, uno de sus mejores
+retratos, de los que han quedado como definitivos
+de entre los que ha pintado, y aquel
+retrato era lo primero que se me venía a
+los ojos y al odio así que entraba en la casa
+de la enferma. Estaba viva en el retrato,
+más viva que en el lecho la de carne y hueso
+sufrientes. Y el retrato parecía decirme:
+«Mira, él me ha dado vida para siempre; a
+ver si tú me alargas esta otra de aquí abajo.»
+Y junto a la pobre enferma, auscultándola,
+tomándole el pulso, no veía sino a la otra, a
+la retratada. Estuve torpe, torpísimo, y la
+pobre enferma se me murió; la dejé morir
+más bien, por mi torpeza, por mi criminal
+distracción. Sentí horror de mí mismo, de
+mi miseria.</p>
+
+<p>»A los pocos días de muerta la señora aquella,
+tuve que ir a su casa, a ver allí otro enfermo,
+y entré dispuesto a no mirar al retrato.
+Pero era inútil, porque era él, el retrato
+el que me miraba aunque yo no le mirase
+y me atraía la mirada. Al despedirme<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>
+me acompañó hasta la puerta el viudo. Nos
+detuvimos al pie del retrato, y yo, como empujado
+por una fuerza irresistible y fatal,
+exclamé:</p>
+
+<p>»&mdash;Magnífico retrato! Es de lo mejor que
+ha hecho Abel!</p>
+
+<p>»&mdash;Sí&mdash;me contestó el viudo,&mdash;es el mayor
+consuelo que me queda. Me paso largas horas
+contemplándola. Parece como que me
+habla.</p>
+
+<p>»&mdash;Sí, sí&mdash;añadí,&mdash;este Abel es un artista
+estupendo!</p>
+
+<p>»Y al salir me decía: «Yo la dejé morir y él
+la resucita!»</p>
+
+<p>Sufría Joaquín mucho cada vez que se le
+morían algunos de sus enfermos, sobre todo
+los niños, pero la muerte de otros le tenía sin
+grave cuidado. «Para qué querrá vivir...?&mdash;decíase
+de algunos.&mdash;Hasta le haría un favor
+dejándole morir...»</p>
+
+<p>Sus facultades de observador psicólogo
+habíansele aguzado con su pasión de ánimo
+y adivinaba al punto las más ocultas lacerías
+morales. Percatábase en seguida, bajo
+el embuste de las convenciones, de que ma<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>ridos
+preveían sin pena, cuando no deseaban,
+la muerte de sus mujeres y qué mujeres ansiaban
+verse libres de sus maridos, acaso
+para tomar otros de antemano escojidos ya.
+Cuando al año de la muerte de su cliente Alvarez,
+la viuda se casó con Menéndez, amigo
+íntimo del difunto, Joaquín se dijo: «Sí que
+fué rara aquella muerte... Ahora me la explico...
+La humanidad es lo más cochino que
+hay, y la tal señora, dama caritativa, una
+de las señoras de lo más honrado...!»</p>
+
+<p>&mdash;Doctor&mdash;le decía una vez uno de sus enfermos&mdash;máteme
+usted, por Dios, máteme
+usted sin decirme nada, que ya no puedo
+más... Deme algo que me haga dormir para
+siempre...</p>
+
+<p>«Y por qué no había de hacer lo que este
+hombre quiere?&mdash;se decía Joaquín&mdash;si no
+vive más que para sufrir? Me da pena! Cochino
+mundo!»</p>
+
+<p>Y eran sus enfermos para él no pocas veces
+espejos.</p>
+
+<p>Un día le llegó una pobre mujer de la vecindad,
+gastada por los años y los trabajos,
+cuyo marido, en los veinticinco años de ma<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span>trimonio,
+se había enredado con una pobre
+aventurera. Iba a contarle sus cuitas la
+mujer desdeñada.</p>
+
+<p>&mdash;Ay, don Joaquín&mdash;le decía,&mdash;usted, que
+dicen que sabe tanto, a ver si me da un remedio
+para que le cure a mi pobre marido
+del bebedizo que le ha dado esa pelona.</p>
+
+<p>&mdash;Pero qué bebedizo, mujer de Dios?</p>
+
+<p>&mdash;Se va a ir a vivir con ella, dejándome a
+mí, al cabo de veinticinco años...</p>
+
+<p>&mdash;Más extraño es que la hubiese dejado
+de recién casados, cuando usted era joven y
+acaso...</p>
+
+<p>&mdash;Ah, no, señor, no! Es que le ha dado un
+bebedizo trastornándole el seso, porque si no,
+no podría ser... no podría ser...</p>
+
+<p>&mdash;Bebedizo... bebedizo...&mdash;murmuró Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, don Joaquín, sí, un bebedizo... Y usted,
+que sabe tanto, deme un remedio para él.</p>
+
+<p>&mdash;Ay, buena mujer; ya los antiguos trabajaron
+en balde para encontrar un agua que
+los rejuveneciese...</p>
+
+<p>Y cuando la pobre mujer se fué desolada,
+Joaquín se decía: «Pero no se mirará al es<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>pejo
+esta desdichada? No verá el estrago de
+los años de rudo trabajo? Estas gentes del
+pueblo todo lo atribuyen a bebedizos o a
+envidias... Que no encuentran trabajo...?
+Envidias! Que les sale algo mal? Envidias.
+El que todos sus fracasos los atribuye a ajenas
+envidias es un envidioso. Y no lo seremos
+todos? No me habrán dado un bebedizo?»</p>
+
+<p>Durante unos días apenas pensó más que
+en el bebedizo. Y acabó diciéndose: «Es el
+pecado original!»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>IX</h2>
+
+
+<p>Casóse Joaquín con Antonia buscando en
+ella un amparo, y la pobre adivinó desde
+luego su menester, el oficio que hacía en el
+corazón de su marido y cómo le era un escudo
+y un posible consuelo. Tomaba por marido
+a un enfermo, acaso a un inválido incurable,
+del alma; su misión era la de una enfermera.
+Y le aceptó llena de compasión,
+llena de amor a la desgracia de quien así
+unía su vida a la de ella.</p>
+
+<p>Sentía Antonia que entre ella y su Joaquín
+había como un muro invisible, una cristalina
+y trasparente muralla de hielo. Aquel
+hombre no podía ser de su mujer, porque no<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span>
+era de sí mismo, dueño de sí, sino a la vez un
+enajenado y un poseído. En los más íntimos
+trasportes del trato conyugal, una invisible
+sombra fatídica se interponía entre ellos. Los
+besos de su marido parecíanle besos robados,
+cuando no de rabia.</p>
+
+<p>Joaquín evitaba hablar de su prima Helena
+delante de su mujer, y ésta, que se percató
+de ello al punto, no hacía sino sacarla a
+colación a cada paso en sus conversaciones.</p>
+
+<p>Esto en un principio, que más adelante
+evitó mentarla.</p>
+
+<p>Llamáronle un día a Joaquín a casa de
+Abel, como a médico, y se enteró de que Helena
+llevaba ya en sus entrañas fruto de su
+marido, mientras que su mujer, Antonia, no
+ofrecía aún muestra alguna de ello. Y al pobre
+le asaltó una tentación vergonzosa, de
+que se sentía abochornado, y era la de un diablo
+que le decía: «Ves? Hasta es más hombre
+que tú! El, el que con su arte resucita e
+inmortaliza a los que tú dejas morir por tu
+torpeza, él tendrá pronto un hijo, traerá un
+nuevo viviente, una obra suya de carne y
+sangre y hueso al mundo, mientras tú... Tú<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>
+acaso no seas capaz de ello... Es más hombre
+que tú!»</p>
+
+<p>Entró mustio y sombrío en el puerto de
+su hogar.</p>
+
+<p>&mdash;Vienes de casa de Abel, no?&mdash;le preguntó
+su mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Sí. En qué lo has conocido?</p>
+
+<p>&mdash;En tu cara. Esa casa es tu tormento. No
+debías ir a ella...</p>
+
+<p>&mdash;Y qué voy a hacer?</p>
+
+<p>&mdash;Excusarte! Lo primero es tu salud y tu
+tranquilidad...</p>
+
+<p>&mdash;Aprensiones tuyas...</p>
+
+<p>&mdash;No, Joaquín, no quieras ocultármelo...&mdash;y
+no pudo continuar, porque las lágrimas le
+ahogaron la voz.</p>
+
+<p>Sentóse la pobre Antonia. Los sollozos se
+le arrancaban de cuajo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero qué te pasa, mujer, qué es eso...?</p>
+
+<p>&mdash;Dime tú lo que a ti te pasa, Joaquín,
+confíamelo todo, confiésate conmigo...</p>
+
+<p>&mdash;No tengo nada de que acusarme...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, me dirás la verdad, Joaquín, la
+verdad?</p>
+
+<p>El hombre vaciló un momento, parecien<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>do
+luchar con un enemigo invisible, con el
+diablo de su guarda, y con voz arrancada de
+una resolución súbita, desesperada, gritó casi:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, te diré la verdad, toda la verdad!</p>
+
+<p>&mdash;Tú quieres a Helena; tú estás enamorado
+todavía de Helena.</p>
+
+<p>&mdash;No, no lo estoy! no lo estoy! lo estuve;
+pero no lo estoy ya, no!</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces?...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, qué?</p>
+
+<p>&mdash;A qué esa tortura en que vives? Porque
+esa casa, la casa de Helena, es la fuente de
+tu malhumor, esa casa es la que no te deja
+vivir en paz, es Helena...</p>
+
+<p>&mdash;Helena no! Es Abel!</p>
+
+<p>&mdash;Tienes celos de Abel?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, tengo celos de Abel; le odio, le odio,
+le odio&mdash;y cerraba la boca y los puños al decirlo,
+pronunciándolo entre dientes.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes celos de Abel... luego quieres a
+Helena.</p>
+
+<p>&mdash;No, no quiero a Helena. Si fuese de otro
+no tendría celos de este otro. No, no quiero
+a Helena, la desprecio, desprecio a la pava
+real esa, a la belleza profesional, a la modelo<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span>
+del pintor de moda, a la querida de Abel...</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, Joaquín, por Dios...!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, a su querida... legítima. O es que
+crees que la bendición de un cura cambia un
+arrimo en matrimonio?</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Joaquín, que estamos casados
+como ellos...</p>
+
+<p>&mdash;Como ellos no, Antonia, como ellos, no!
+Ellos se casaron por rebajarme, por humillarme,
+por denigrarme; ellos se casaron para
+burlarse de mí; ellos se casaron contra mí.</p>
+
+<p>Y el pobre hombre rompió en unos sollozos
+que le ahogaban el pecho, cortándole el
+respiro. Se creía morir.</p>
+
+<p>&mdash;Antonia... Antonia...&mdash;suspiró con un
+hilito de voz apagada.</p>
+
+<p>&mdash;Pobre hijo mío!&mdash;exclamó ella abrazándole.</p>
+
+<p>Y le tomó en su regazo como a un niño enfermo,
+acariciándole. Y le decía:</p>
+
+<p>&mdash;Cálmate, mi Joaquín, cálmate... Estoy
+aquí yo, tu mujer, toda tuya y sólo tuya. Y
+ahora que sé del todo tu secreto, soy más
+tuya que antes y te quiero más que nunca...
+Olvídalos... desprécialos... Habría sido<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span>
+peor que una mujer así te hubiese querido...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero él, Antonia, él...</p>
+
+<p>&mdash;Olvídale!</p>
+
+<p>&mdash;No puedo olvidarle... me persigue... su
+fama, su gloria me sigue a todas partes...</p>
+
+<p>&mdash;Trabaja tú y tendrás fama y gloria, porque
+no vales menos que él. Deja la clientela,
+que no la necesitamos, vámonos de aquí a
+Renada, a la casa que fué de mis padres, y
+allí dedícate a lo que más te guste, a la ciencia,
+a hacer descubrimientos de esos y que
+se hable de ti... yo te ayudaré en lo que pueda...
+yo haré que no te distraigan... y serás
+más que él...</p>
+
+<p>&mdash;No puedo, Antonia, no puedo; sus éxitos
+me quitan el sueño y no me dejarían trabajar
+en paz... la visión de sus cuadros maravillosos
+se pondría entre mis ojos y el microscopio
+y no me dejaría ver lo que otros no han
+visto aún por él... No puedo... no puedo...</p>
+
+<p>Y bajando la voz como un niño, casi balbuciendo
+como atontado por la caída en la
+sima de su abyección, sollozó diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Y van a tener un hijo, Antonia...</p>
+
+<p>&mdash;También nosotros lo tendremos&mdash;le sus<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>piró
+ella al oído, envolviéndolo en un beso&mdash;no
+me lo negará la Santísima Virgen a quien
+se lo pido todos los días... Y el agua bendita
+de Lourdes...</p>
+
+<p>&mdash;También tú crees en bebedizos, Antonia?</p>
+
+<p>&mdash;Creo en Dios!</p>
+
+<p>&mdash;«Creo en Dios»&mdash;se repitió Joaquín al
+verse sólo; sólo con el otro&mdash;; «y qué es creer
+en Dios? Dónde está Dios? Tendré que buscarle!»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>X</h2>
+
+
+<p>«Cuando Abel tuvo su hijo&mdash;escribía en su
+<i>Confesión</i> Joaquín&mdash;sentí que el odio se me
+enconaba. Me había invitado a asistir a Helena
+al parto, pero me excusé con que yo no
+asistía a partos, lo que era cierto y con que
+no sabría conservar toda la sangre fría, mi
+sangre arrecida más bien, ante mi prima si
+se viera en peligro. Pero mi diablo me insinuó
+la feroz tentación de ir a asistirla y de
+ahogar a hurtadillas al niño. Vencí a la asquerosa
+idea.</p>
+
+<p>»Aquel nuevo triunfo de Abel, del hombre,
+no ya del artista&mdash;el niño era una hermosura,
+una obra maestra de salud y de vigor, un
+<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span>
+angelito» decían&mdash;me apretó aun más a mi
+Antonia, de quien esperaba el mío. Quería,
+necesitaba que la pobre víctima de mi ciego
+odio&mdash;pues la víctima era mi mujer más
+que yo&mdash;fuese madre de hijos míos, de carne
+de mi carne, de entrañas de mis entrañas
+torturadas por el demonio. Sería la madre
+de mis hijos y por ellos superiora a las madres
+de los hijos de otros. Ella, la pobre, me había
+preferido a mí, al antipático, al despreciado,
+al afrentado; ella había tomado lo
+que otra desechó con desdén y burla. Y
+hasta me hablaba bien de ellos!</p>
+
+<p>»El hijo de Abel, Abelín, pues le pusieron
+el nombre mismo de su padre y como para
+que continuara su linaje y la gloria de él, el
+hijo de Abel; que habría de ser andando el
+tiempo instrumento de mi desquite, era una
+maravilla de niño. Y yo necesitaba tener
+uno así, más hermoso aún que él.»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>XI</h2>
+
+
+<p>&mdash;Y qué preparas ahora?&mdash;le preguntó a
+Abel Joaquín un día en que, habiendo ido
+a ver al niño, se encontraron en el cuarto de
+estudio de aquél.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ahora voy a pintar un cuadro de
+Historia, o mejor, de Antiguo Testamento,
+y me estoy documentando...</p>
+
+<p>&mdash;Cómo? Buscando modelos de aquella
+época?</p>
+
+<p>&mdash;No, leyendo la Biblia y comentarios a
+ella.</p>
+
+<p>&mdash;Bien digo yo, que tú eres un pintor científico...</p>
+
+<p>&mdash;Y tú un médico artista, no es eso?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Peor que un pintor científico... literato!
+Cuida de no hacer con el pincel literatura!</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por el consejo.</p>
+
+<p>&mdash;Y cuál va a ser el asunto de tu cuadro?</p>
+
+<p>&mdash;La muerte de Abel por Caín, el primer
+fratricidio.</p>
+
+<p>Joaquín palideció aún más, y mirando fijamente
+a su primer amigo, le preguntó a media
+voz:</p>
+
+<p>&mdash;Y cómo se te ha ocurrido eso?</p>
+
+<p>&mdash;Muy sencillo&mdash;contestó Abel sin haberse
+percatado del ánimo de su amigo;&mdash;es la
+sugestión del nombre. Como me llamo Abel...
+Dos estudios de desnudo...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, desnudo del cuerpo...</p>
+
+<p>&mdash;Y aun del alma...</p>
+
+<p>&mdash;Pero piensas pintar sus almas?</p>
+
+<p>&mdash;Claro está! El alma de Caín, de la envidia,
+y el alma de Abel...</p>
+
+<p>&mdash;Alma de qué?</p>
+
+<p>&mdash;En eso estoy ahora. No acierto a dar con
+la expresión, con el alma de Abel. Porque
+quiero pintarle antes de morir, derribado en
+tierra y herido de muerte por su hermano.<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>
+Aquí tengo el Génesis y el <i>Caín</i> de lord Byron;
+lo conoces?</p>
+
+<p>&mdash;No, no conozco el <i>Caín</i> de lord Byron. Y
+qué has sacado de la Biblia?</p>
+
+<p>&mdash;Poca cosa... Verás&mdash;y tomando un libro,
+leyó: «y conoció Adán a su mujer Eva, la
+cual concibió y parió a Caín y dijo: He adquirido
+varón por Jehová. Y después parió
+a su hermano Abel y fué Abel pastor de ovejas,
+y Caín fué labrador de la tierra. Y aconteció,
+andando el tiempo, que Caín trajo del
+fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y
+Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas
+y de su grosura. Y miró Jehová con agrado
+a Abel y a su ofrenda, mas no miró propicio
+a Caín y a la ofrenda suya...»</p>
+
+<p>&mdash;Y eso, por qué?&mdash;interrumpió Joaquín.
+Por qué miró Dios con agrado la ofrenda de
+Abel y con desdén la de Caín?</p>
+
+<p>&mdash;No lo explica aquí...</p>
+
+<p>&mdash;Y no te lo has preguntado tú antes de
+ponerte a pintar tu cuadro?</p>
+
+<p>&mdash;Aún no... Acaso porque Dios veía ya en
+Caín el futuro matador de su hermano... al
+envidioso...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Entonces es que le había hecho envidioso,
+es que le había dado un bebedizo. Sigue
+leyendo.</p>
+
+<p>&mdash;«Y ensañóse Caín en gran manera y decayó
+su semblante. Y entonces Jehová dijo
+a Caín: Por qué te has ensañado? y por qué
+se ha demudado tu rostro? Si bien hicieres,
+no serás ensalzado? y si no hicieres bien el
+pecado está a tu puerta. Ahí está que te
+desea, pero tú le dominarás...»</p>
+
+<p>&mdash;Y le venció el pecado&mdash;interrumpió Joaquín&mdash;porque
+Dios le había dejado de su
+mano. Sigue!</p>
+
+<p>&mdash;«Y habló Caín a su hermano Abel, y
+aconteció que estando ellos en el campo, Caín
+se levantó contra su hermano Abel y le mató.
+Y Jehová dijo a Caín...»</p>
+
+<p>&mdash;Basta! No leas más. No me interesa lo
+que Jehová dijo a Caín luego que la cosa no
+tenía ya remedio.</p>
+
+<p>Apoyó Joaquín los codos en la mesa, la
+cara entre las palmas de la mano, y clavando
+una mirada helada y punzante en la mirada
+de Abel, sin saber de qué alarmado, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No has oído nunca una especie de broma<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>
+que gastan con los niños que aprenden de
+memoria la Historia sagrada cuando les preguntan:
+«Quién mató a Caín?»</p>
+
+<p>&mdash;No!</p>
+
+<p>&mdash;Pues sí, les preguntan eso y los niños,
+confundiéndose, suelen decir: «su hermano
+Abel!»</p>
+
+<p>&mdash;No sabía eso.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ahora lo sabes. Y dime, tú que
+vas a pintar esa escena bíblica... y tan bíblica!
+no se te ha ocurrido pensar que si Caín
+no mata a Abel habría sido éste el que habría
+acabado matando a su hermano?</p>
+
+<p>&mdash;Y cómo se te puede ocurrir eso?</p>
+
+<p>&mdash;Las ovejas de Abel eran aceptas a Dios,
+y Abel, el pastor, hallaba gracia a los ojos
+del Señor, pero los frutos de la tierra de Caín,
+del labrador, no gustaban a Dios ni tenía
+para él gracia Caín. El agraciado, el favorito
+de Dios era Abel... el desgraciado Caín...</p>
+
+<p>&mdash;Y qué culpa tenía Abel de eso?</p>
+
+<p>&mdash;Ah, pero tú crees que los afortunados,
+los agraciados, los favoritos, no tienen culpa
+de ello? La tienen de no ocultar y ocultar
+como una vergüenza, que lo es todo favor<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span>
+gratuito, todo privilegio no ganado por propios
+méritos, de no ocultar esa gracia en vez
+de hacer ostentación de ella. Porque no me
+cabe duda de que Abel restregaría a los hocicos
+de Caín su gracia, le azuzaría con el
+humo de sus ovejas sacrificadas a Dios. Los
+que se creen justos suelen ser unos arrogantes
+que van a deprimir a los otros con la ostentación
+de su justicia. Ya dijo quien lo
+dijera que no hay canalla mayor que las personas
+honradas...</p>
+
+<p>&mdash;Y tú sabes&mdash;le preguntó Abel sobrecojido
+por la gravedad de la conversación&mdash;qué
+Abel se jactara de su gracia?</p>
+
+<p>&mdash;No me cabe duda, ni de que no tuvo respeto
+a su hermano mayor, ni pidió al Señor
+gracia también para él. Y sé más, y es que los
+abelitas han inventado el infierno para los
+cainitas porque si no su gloria les resultaría
+insípida. Su goce está en ver, libres de padecimiento,
+padecer a los otros...</p>
+
+<p>&mdash;Ay, Joaquín, Joaquín, qué malo estás!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, nadie es médico de sí mismo. Y ahora,
+dame ese Caín de lord Byron, que quiero
+leerlo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Tómalo!</p>
+
+<p>&mdash;Y dime, no te inspira tu mujer algo para
+ese cuadro? no te da alguna idea?</p>
+
+<p>&mdash;Mi mujer? En esta tragedia no hubo
+mujer.</p>
+
+<p>&mdash;En toda tragedia la hay, Abel.</p>
+
+<p>&mdash;Sería acaso Eva...</p>
+
+<p>&mdash;Acaso... La que les dió la misma leche;
+el bebedizo...</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>XII</h2>
+
+
+<p>Leyó Joaquín el <i>Caín</i> de lord Byron. Y en
+su <i>Confesión</i> escribía más tarde:</p>
+
+<p>«Fué terrible el efecto que la lectura de
+aquel libro me hizo. Sentí la necesidad de
+desahogarme y tomé unas notas que aún
+conservo y las tengo ahora aquí, presentes.
+Pero fué sólo por desahogarme? No; fué con
+el propósito de aprovecharlas algún día pensando
+que podrían servirme de materiales
+para una obra genial. La vanidad nos consume.
+Hacemos espectáculo de nuestras más
+íntimas y asquerosas dolencias. Me figuro
+que habrá quien desee tener un tumor pestífero
+como no le ha tenido antes ninguno<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span>
+para hombrearse con él. Esta misma <i>Confesión</i>
+no es algo más que un desahogo?</p>
+
+<p>»He pensado alguna vez romperla para
+librarme de ella. Pero me libraría? No! Vale
+más darse en espectáculo que consumirse. Y
+al fin y al cabo no es más que espectáculo la
+vida.</p>
+
+<p>»La lectura del <i>Caín</i> de lord Byron me entró
+hasta lo más íntimo. Con que razón culpaba
+Caín a sus padres de que hubieran cojido
+de los frutos del árbol de la ciencia en
+vez de cojer de la del árbol de la vida! A
+mí, por lo menos, la ciencia no ha hecho más
+que exacerbarme la herida.</p>
+
+<p>»Ojalá nunca hubiera vivido!&mdash;digo con
+aquel Caín. Por qué me hicieron? Por qué he
+de vivir? Y lo que no me explico es cómo
+Caín no se decidió por el suicidio. Habría sido
+el más noble comienzo de la historia humana.
+Pero por qué no se suicidaron Adán y Eva
+después de la caída y antes de haber dado
+hijos? Ah, es que entonces Jehová habría hecho
+otros iguales y otro Caín y otro Abel. No
+se repetirá esta misma tragedia en otros mundos,
+allá por las estrellas? Acaso la tragedia<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span>
+tiene otras representaciones, sin que baste
+el extremo de la tierra. Pero fué extremo?</p>
+
+<p>»Cuando leí cómo Luzbel le declaraba a
+Caín cómo era éste, Caín, inmortal, es cuando
+empecé con terror a pensar si yo también
+seré inmortal y si será inmortal en mí mi
+odio. «Tendré alma&mdash;me dije entonces»&mdash;será
+este mi odio alma? y llegué a pensar que
+no podría ser de otro modo, que no puede ser
+función de un cuerpo un odio así. Lo que no
+había encontrado con el escalpelo en otros
+lo encontré en mí. Un organismo corruptible
+no podía odiar como yo odiaba. Luzbel
+aspiraba a ser Dios, y yo desde muy niño,
+no aspiré a anular a los demás? Y cómo podía
+ser yo tan desgraciado si no me hizo
+tal el creador de la desgracia?</p>
+
+<p>»Nada le costaba a Abel criar sus ovejas,
+como nada le costaba a él, al otro, hacer sus
+cuadros; pero a mí? a mí me costaba mucho
+diagnosticar las dolencias de mis enfermos.</p>
+
+<p>«Quejábase Caín de que Adah, su propia
+querida Adah, su mujer y hermana, no comprendiera
+el espíritu que a él le abrumaba.
+Pero sí, sí, mi Adah, mi pobre Adah com<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span>prendía
+mi espíritu. Es que era cristiana.
+Mas tampoco yo encontré algo que conmigo
+simpatizara.</p>
+
+<p>»Hasta que leí y releí el <i>Caín</i> byroniano, yo,
+que tantos hombres había visto agonizar y
+morir, no pensé en la muerte, no la descubrí.
+Y entonces pensé si al morir me moriría
+con mi odio, si se moriría conmigo o si me
+sobreviviría; pensé si el odio sobrevive a
+los odiadores, si es algo sustancial y que se
+trasmite, si es el alma, la esencia misma del
+alma. Y empecé a creer en el Infierno y que
+la muerte es un ser, es el Demonio, es el
+Odio hecho persona, es el Dios del alma.
+Todo lo que mi ciencia no me enseñó me enseñaba
+el terrible poema de aquel gran odiador
+que fué lord Byron.</p>
+
+<p>»Mi Adah también me echaba dulcemente
+en cara cuando yo no trabajaba, cuando no
+podía trabajar. Y Luzbel estaba entre mi
+Adah y yo. «No vayas con ese Espíritu!»&mdash;me
+gritaba mi Adán. Pobre Antonia! Y me
+pedía también que le salvara de aquel Espíritu.
+Mi pobre Adán no llegó a odiarlos
+como los odiaba yo. Pero llegué yo a querer<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span>
+de veras a mi Antonia? Ah, si hubiera sido
+capaz de quererla me habría salvado. Era
+para mí otro instrumento de venganza. Queríala
+para madre de un hijo o de una hija
+que me vengaran. Aunque pensé, necio de
+mí, que una vez padre se me curaría aquello.
+Mas acaso no me casé sino para hacer odiosos
+como yo, para trasmitir mi odio, para
+inmortalizarlo.</p>
+
+<p>»Se me quedó grabada en el alma como con
+fuego aquella escena de Caín y Luzbel en el
+abismo del espacio. Vi mi ciencia a través
+de mi pecado y la miseria de dar vida para
+propagar la muerte. Y vi que aquel odio inmortal
+era mi alma. Ese odio pensé que debió
+de haber precedido a mi nacimiento y que
+sobreviviría a mi muerte. Y me sobrecojí de
+espanto al pensar en vivir siempre para aborrecer
+siempre. Era el Infierno. Y yo que
+tanto me había reído de la creencia en él!
+Era el Infierno!</p>
+
+<p>»Cuando leí cómo Adah habló a Caín de su
+hijo, de Enoc, pensé en el hijo, o en la hija
+que habría de tener; pensé en ti, hija mía, mi
+redención y mi consuelo; pensé en que tú<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span>
+vendrías a salvarme un día. Y al leer lo que
+aquel Caín decía a su hijo dormido e inocente,
+que no sabía que estaba desnudo,
+pensé si no había sido en mí un crimen engendrarte,
+pobre hija mía! Me perdonarás
+haberte hecho? Y al leer lo que Adah decía
+a su Caín, recordé mis años de paraíso, cuando
+aun no iba a cazar premios, cuando no
+soñaba en superar a todos los demás. No,
+hija mía, no; no ofrecí mis estudios a Dios
+con corazón puro, no busqué la verdad y el
+saber, sino que busqué los premios y la fama
+y ser más que él.</p>
+
+<p>»El, Abel, amaba su arte y lo cultivaba
+con pureza de intención y no trató nunca
+de imponérseme. No, no fué él quien me la
+quitó, no! Y yo llegué a pensar en derribar
+el altar de Abel, loco de mí! Y es que no había
+pensado más que en mí.</p>
+
+<p>»El relato de la muerte de Abel tal y como
+aquel terrible poeta del demonio nos le expone,
+me cegó. Al leerlo sentí que se me
+iban las cosas y hasta creo que sufrí un mareo.
+Y desde aquel día, gracias al impío Byron,
+empecé a creer.»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>XIII</h2>
+
+
+<p>Le dió Antonia a Joaquín una hija. «Una
+hija&mdash;se dijo&mdash;y él un hijo!» Mas pronto se
+repuso de esta nueva treta de su demonio. Y
+empezó a querer a su hija con toda la fuerza
+de su pasión y por ella a la madre. «Será mi
+vengadora»&mdash;se dijo primero, sin saber de
+qué habría de vengarle, y luego: «Será mi
+purificadora».</p>
+
+<p>«Empecé a escribir esto&mdash;dejó escrito en
+su <i>Confesión</i>&mdash;más tarde para mi hija, para
+que ella, después de yo muerto, pudiese conocer
+a su pobre padre y compadecerle y
+quererle. Mirándola dormir en la cuna, soñando
+su inocencia, pensaba que para criar<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>la
+y educarla pura tenía yo que purificarme
+de mi pasión, limpiarme de la lepra de mi
+alma. Y decidí hacerle que amase a todos y
+sobre todo a ellos. Y allí, sobre la inocencia
+de su sueño, juré libertarme de mi infernal
+cadena. Tenía que ser yo el mayor heraldo
+de la gloria de Abel.»</p>
+
+<p>Y sucedió que habiendo Abel Sánchez acabado
+su cuadro, lo llevó a una Exposición,
+donde obtuvo un aplauso general y fué admirado
+como estupenda obra maestra, y se
+le dió la medalla de honor.</p>
+
+<p>Joaquín iba a la sala de la Exposición a
+contemplar el cuadro y a mirar en él, como
+si mirase en un espejo, al Caín de la pintura
+y a espiar en los ojos de las gentes si le miraban
+a él, después de haber mirado al otro.</p>
+
+<p>«Torturábame la sospecha&mdash;escribió en su
+<i>Confesión</i>&mdash;de que Abel hubiese pensado en
+mí al pintar su Caín, de que hubiese descubierto
+todas las insondables negruras de la
+conversación que con él mantuve en su
+casa cuando me anunció su propósito de
+pintarlo y cuando me leyó los pasajes del
+Génesis, y yo me olvidé tanto de él y pensé<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>
+tanto en mí mismo, que puse al desnudo mi
+alma enferma. Pero no! No había en el Caín
+de Abel el menor parecido conmigo, no
+pensó en mí al pintarlo, es decir, no me despreció,
+no lo pintó desdeñándome, ni Helena
+debió de decirle nada de mí. Les bastaba
+con saborear el futuro triunfo, el que esperaban.
+Ni siquiera pensaban en mí!</p>
+
+<p>»Y esta idea de que ni siquiera pensasen
+en mí, de que no me odiaran, torturábame
+aun más que lo otro. Ser odiado por él con
+un odio como el que yo le tenía, era algo y
+podía haber sido mi salvación.»</p>
+
+<p>Y fué más allá, o entró más dentro de sí
+Joaquín, y fué que lanzó la idea de dar un
+banquete a Abel para celebrar su triunfo y
+que él, su amigo de siempre, su amigo de antes
+de conocerse, le ofrecería el banquete.</p>
+
+<p>Joaquín gozaba de cierta fama de orador.
+En la Academia de Medicina y Ciencias era
+el que dominaba a los demás con su palabra
+cortante y fría, precisa y sarcástica de ordinario.
+Sus discursos solían ser chorros de
+agua fría sobre los entusiasmos de los principiantes,
+acres lecciones de escepticismo pe<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span>simista.
+Su tesis ordinaria que nada se sabía
+de cierto en Medicina, que todo era hipótesis
+y un continuo tejer y destejer, que lo
+más seguro era la desconfianza. Por esto, al
+saberse que era él, Joaquín, quien ofrecería
+el banquete, echáronse los más a esperar alborozados
+un discurso de doble filo, una disección
+despiadada, bajo apariencias de elogio,
+de la pintura científica y documentada,
+o bien un encomio sarcástico de ella. Y un
+regocijo malévolo corría por los corazones de
+todos los que habían oído alguna vez hablar
+a Joaquín del arte de Abel. Apercibiéronle
+a éste del peligro.</p>
+
+<p>&mdash;Os equivocáis&mdash;les dijo Abel.&mdash;Conozco
+a Joaquín y no le creo capaz de eso. Sé algo
+de lo que le pasa, pero tiene un profundo sentido
+artístico y dirá cosas que valga la pena
+de oirlas. Y ahora quiero hacerle un retrato...</p>
+
+<p>&mdash;Un retrato?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, vosotros no le conocéis como yo. Es
+un alma de fuego, tormentosa...</p>
+
+<p>&mdash;Hombre más frío...</p>
+
+<p>&mdash;Por fuera. Y en todo caso dicen que el
+fuego quema. Es una figura que ni a posta...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span></p>
+
+<p>Y este juicio de Abel llegó a oídos del juzgado,
+de Joaquín, y le sumió más en sus cavilaciones.
+«Qué pensará en realidad de mí?»,
+se decía.&mdash;«Será cierto que me tiene así, por
+un alma de fuego, tormentosa? Será cierto
+que me reconoce víctima del capricho de la
+suerte?»</p>
+
+<p>Llegó en esto a algo de que tuvo que avergonzarse
+hondamente, y fué que, recibida en
+su casa una criada que había servido en la
+de Abel, la requirió de ambiguas familiaridades
+aun sin comprometerse, no más que
+para inquirir de ella lo que en la otra casa
+hubiera oído decir de él.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, vamos, dime, es que no les oíste
+nunca nada de mí?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, señorito, nada.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no hablaban alguna vez de mí?</p>
+
+<p>&mdash;Como hablar, sí, creo que sí, pero no
+decían nada.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, nunca nada?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no les oía hablar. En la mesa, mientras
+yo les servía, hablaban poco y cosas de
+esas de que se habla en la mesa. De los cuadros
+de él...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Lo comprendo. Pero nada, nunca nada
+de mí?</p>
+
+<p>&mdash;No me acuerdo.</p>
+
+<p>Y al separarse de la criada sintió Joaquín
+entrañada aversión a sí mismo. «Me estoy
+idiotizando&mdash;se dijo.&mdash;Qué pensará de mí
+esta muchacha!» Y tanto le acongojó esto que
+hizo que con un pretexto cualquiera se le
+despachase a aquella criada. «Y si ahora
+va&mdash;se dijo luego&mdash;y vuelve a servir a Abel
+y le cuenta esto?» Por lo que estuvo a punto
+de pedir a su mujer que volviera a llamarla.
+Mas no se atrevió. E iba siempre temblando
+de encontrarla por la calle.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>XIV</h2>
+
+
+<p>Llegó el día del banquete. Joaquín no durmió
+la noche de la víspera.</p>
+
+<p>&mdash;Voy a la batalla, Antonia&mdash;le dijo a su
+mujer al salir de casa.</p>
+
+<p>&mdash;Que Dios te ilumine y te guíe, Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero ver a la niña, a la pobre Joaquinita...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ven, mírala... está dormida...</p>
+
+<p>&mdash;Pobrecilla! No sabe lo que es el demonio!
+Pero yo te juro, Antonia, que sabré arrancármelo.
+Me lo arrancaré, lo estrangularé y
+lo echaré a los pies de Abel. Le daría un beso
+si no fuese que temo despertarla...</p>
+
+<p>---No, no! Bésala!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p>
+
+<p>Inclinóse el padre y besó a la niña dormida,
+que sonrió al sentirse besada en
+sueños.</p>
+
+<p>&mdash;Ves, Joaquín, también ella te bendice.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, mujer!&mdash;Y le dió un beso largo,
+muy largo.</p>
+
+<p>Ella se fué a rezar ante la imagen de la
+Virgen.</p>
+
+<p>Corría una maliciosa expectación por debajo
+de las conversaciones mantenidas durante
+el banquete. Joaquín, sentado a la
+derecha de Abel, e intensamente pálido, apenas
+comía ni hablaba. Abel mismo empezó
+a temer algo.</p>
+
+<p>A los postres se oyeron siseos, empezó a
+cuajar el silencio, y alguien dijo: «Que hable!»
+Levantóse Joaquín. Su voz empezó
+temblona y sorda, pero pronto se aclaró y
+vibraba con un acento nuevo. No se oía más
+que su voz, que llenaba el silencio. El asombro
+era general. Jamás se había pronunciado
+un elogio más férvido, más encendido, más
+lleno de admiración y de cariño a la obra y a
+su autor. Sintieron muchos asomárseles las
+lágrimas cuando Joaquín evocó aquellos días<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span>
+de su común infancia con Abel, cuando ni
+uno ni otro soñaban lo que habrían de ser.</p>
+
+<p>«Nadie le ha conocido más adentro que yo&mdash;decía;&mdash;creo
+conocerte mejor que me conozco
+a mí mismo, más puramente, porque
+de nosotros mismos no vemos en nuestras
+entrañas sino el fango de que hemos sido
+hechos. Es en otros donde vemos lo mejor
+de nosotros y lo amamos, y eso es la admiración.
+El ha hecho en su arte lo que yo
+habría querido hacer en el mío, y por eso es
+uno de mis modelos; su gloria es un acicate
+para mi trabajo y es un consuelo de la gloria
+que no he podido adquirir. El es nuestro,
+de todos, él es mío sobre todo, y yo, gozando
+su obra, la hago tan mía como él la hizo suya
+creándola. Y me consuelo de verme sujeto a
+mi medianía...»</p>
+
+<p>Su voz lloraba a las veces. El público estaba
+subyugado, vislumbrando oscuramente
+la lucha gigantesca de aquel alma con su
+demonio.</p>
+
+<p>«Y ved la figura de Caín&mdash;decía Joaquín
+dejando gotear las ardientes palabras,&mdash;del
+trágico Caín, del labrador errante, del pri<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>mero
+que fundó ciudades, del padre de la industria,
+de la envidia y de la vida civil,
+vedla! Ved con qué cariño, con qué compasión,
+con qué amor al desgraciado está pintada.
+Pobre Caín! Nuestro Abel Sánchez admira
+a Caín como Milton admiraba a Satán,
+está enamorado de su Caín como Milton lo
+estuvo de su Satán, porque admirar es amar
+y amar es compadecer. Nuestro Abel ha sentido
+toda la miseria, toda la desgracia inmerecida
+del que mató al primer Abel, del que
+trajo, según la leyenda bíblica, la muerte al
+mundo. Nuestro Abel nos hace comprender
+la culpa de Caín, porque hubo culpa, y compadecerle
+y amarle... Este cuadro es un acto
+de amor!»</p>
+
+<p>Cuando acabó Joaquín de hablar medió un
+silencio espeso, hasta que estalló una salva
+de aplausos. Levantóse entonces Abel y, pálido,
+convulso, tartamudeante, con lágrimas
+en los ojos, le dijo a su amigo:</p>
+
+<p>&mdash;Joaquín, lo que acabas de decir vale más,
+mucho más que mi cuadro, más que todos
+los cuadros que he pintado, más que todos los
+que pintaré... Eso, eso es una obra de arte<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>
+y de corazón. Yo no sabía lo que he hecho
+hasta que te he oído. Tú y no yo has hecho
+mi cuadro, tú!</p>
+
+<p>Y abrazáronse llorando los dos amigos de
+siempre entre los clamorosos aplausos y vivas
+de la concurrencia puesta en pie. Y al
+abrazarse le dijo a Joaquín su demonio: «Si
+pudieses ahora ahogarle en tus brazos...!»</p>
+
+<p>&mdash;Estupendo!&mdash;decían.&mdash;Qué orador! Qué
+discurso! Quién podía haber esperado esto?
+Lástima que no se haya traído taquígrafos!</p>
+
+<p>&mdash;Esto es prodigioso&mdash;decía uno.&mdash;No espero
+volver a oir cosa igual.</p>
+
+<p>&mdash;A mí&mdash;añadía otro&mdash;me corrían escalofríos
+al oirlo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero mírale, mírale qué pálido está!</p>
+
+<p>Y así era. Joaquín, sintiéndose, después
+de su victoria, vencido, sentía hundirse
+en una sima de tristeza. No, su demonio no
+estaba muerto. Aquel discurso fué un éxito
+como no lo había tenido, como no volvería
+a tenerlo, y le hizo concebir la idea de dedicarse
+a la oratoria para adquirir en ella gloria
+con que oscurecer la de su amigo en la
+pintura.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Has visto cómo lloraba Abel?&mdash;decía
+uno al salir.</p>
+
+<p>&mdash;Es que este discurso de Joaquín vale
+por todos los cuadros del otro. El discurso
+ha hecho el cuadro. Habrá que llamarle el
+cuadro del discurso. Quita el discurso y qué
+queda del cuadro? Nada! A pesar del primer
+premio.</p>
+
+<p>Cuando Joaquín llegó a casa, Antonia salió
+a abrirle la puerta y a abrazarle:</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sé, ya me lo han dicho. Así, así!
+Vales más que él, mucho más que él; que sepa
+que si su cuadro vale será por tu discurso.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad, Antonia, es verdad, pero...</p>
+
+<p>&mdash;Pero qué? Todavía...</p>
+
+<p>&mdash;Todavía, sí. No quiero decirte las cosas
+que el demonio, mi demonio, me decía mientras
+nos abrazábamos...</p>
+
+<p>&mdash;No, no me las digas, cállate!</p>
+
+<p>&mdash;Pues tápame la boca.</p>
+
+<p>Y ella se la tapó con un beso largo, cálido,
+húmedo, mientras se le nublaban de lágrimas
+los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;A ver si así me sacas el demonio, Antonia,
+a ver si me lo sorbes.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Sí, para quedarme con él, no es eso?&mdash;y
+procuraba reirse la pobre.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sórbemelo, que a ti no puede hacerte
+daño, que en ti se morirá, se ahogará en tu
+sangre como en agua bendita...</p>
+
+<p>Y cuando Abel se encontró en su casa, a
+solas con su Helena, ésta le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ya han venido a contarme lo del discurso
+de Joaquín. Ha tenido que tragar tu
+triunfo... ha tenido que tragarte...!</p>
+
+<p>&mdash;No hables así, mujer, que no le has oído.</p>
+
+<p>&mdash;Como si le hubiese oído,</p>
+
+<p>&mdash;Le salía del corazón. Me ha conmovido.
+Te digo que ni yo sé lo que he pintado hasta
+que no le he oído a él explicárnoslo.</p>
+
+<p>&mdash;No te fíes... no te fíes de él... cuando
+tanto le ha elogiado, por algo será...</p>
+
+<p>&mdash;Y no puede haber dicho lo que sentía?</p>
+
+<p>---Tú sabes que está muerto de envidia
+de ti...</p>
+
+<p>&mdash;Cállate.</p>
+
+<p>&mdash;Muerto, sí, muertito de envidia de ti...</p>
+
+<p>&mdash;Cállate, cállate, mujer, cállate!</p>
+
+<p>&mdash;No, no son celos, porque él ya no me<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span>
+quiere, si es que me quiso... es envidia... envidia...</p>
+
+<p>&mdash;Cállate! Cállate!&mdash;rugió Abel.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, me callo, pero tú verás...</p>
+
+<p>&mdash;Ya he visto y he oído y me basta. Cállate,
+digo!</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XV</h2>
+
+
+<p>Pero no, no! Aquel acto heroico no le curó
+al pobre Joaquín.</p>
+
+<p>«Empecé a sentir remordimiento&mdash;escribió
+en su <i>Confesión</i>&mdash;de haber dicho lo que
+dije, de no haber dejado estallar mi mala
+pasión para así librarme de ella, de no haber
+acabado con él artísticamente, denunciando
+los engaños y falsos efectismos de su arte,
+sus imitaciones, su técnica fría y calculada,
+su falta de emoción; de no haber matado
+su gloria. Y así me habría librado de lo otro,
+diciendo la verdad, reduciendo su prestigio
+a su verdadera tasa. Acaso Caín, el bíblico,
+el que mató al otro Abel, empezó a querer a<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span>
+éste luego que le vió muerto. Y entonces fué
+cuando empecé a creer: de los efectos de
+aquel discurso provino mi conversión.»</p>
+
+<p>Lo que Joaquín llamaba así en su <i>Confesión</i>
+fué que Antonia, su mujer, que le vió no
+curado, que le temió acaso incurable, fué induciéndole
+a que buscase armas en la religión
+de sus padres, en la de ella, en la que había
+de ser de su hija, en la oración.</p>
+
+<p>&mdash;Tú lo que debes hacer es ir a confesarte...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, si hace años que no voy a
+la iglesia...</p>
+
+<p>&mdash;Por lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no creo en esas cosas...</p>
+
+<p>&mdash;Eso creerás tú, pero a mí me ha explicado
+el padre cómo vosotros, los hombres de
+ciencia, creéis no creer, pero creéis. Yo sé que
+las cosas que te enseñó tu madre, las que yo
+enseñaré a nuestra hija...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno, déjame!</p>
+
+<p>&mdash;No, no te dejaré. Vete a confesarte, te
+lo ruego.</p>
+
+<p>&mdash;Y qué dirán los que conocen mis ideas?</p>
+
+<p>&mdash;Ah, es eso? Son respetos humanos?</p>
+
+<p>Mas la cosa empezó a hacer mella en el co<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>razón
+de Joaquín y se preguntó si realmente
+no creía y aun sin creer quiso probar si la
+Iglesia podría curarle. Y empezó a frecuentar
+el templo, algo demasiado a las claras, como
+en son de desafío a los que conocían sus ideas
+irreligiosas, y acabó yendo a un confesor. Y
+una vez en el confesonario se le desató el
+alma.</p>
+
+<p>&mdash;Le odio, padre, le odio con toda mi alma,
+y a no creer como creo, a no querer creer
+como quiero creer, le mataría...</p>
+
+<p>&mdash;Pero eso, hijo mío, eso no es odio; eso
+es más bien envidia.</p>
+
+<p>&mdash;Todo odio es envidia, padre, todo odio
+es envidia.</p>
+
+<p>&mdash;Pero debe cambiarlo en noble emulación,
+en deseo de hacer en su profesión y sirviendo
+a Dios, lo mejor que pueda...</p>
+
+<p>&mdash;No puedo, no puedo, no puedo trabajar.
+Su gloria no me deja.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que hacer un esfuerzo... para eso
+el hombre es libre...</p>
+
+<p>&mdash;No creo en el libre albedrío, padre. Soy
+médico.</p>
+
+<p>&mdash;Pero...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Qué hice yo para que Dios me hiciese
+así, rencoroso, envidioso, malo? Qué mala
+sangre me legó mi padre?</p>
+
+<p>&mdash;Hijo mío... hijo mío...</p>
+
+<p>&mdash;No, no creo en la libertad humana, y el
+que no cree en la libertad no es libre. No, no
+lo soy! Ser libre es creer serlo!</p>
+
+<p>&mdash;Es usted malo porque desconfía de Dios.</p>
+
+<p>&mdash;El desconfiar de Dios es maldad, padre?</p>
+
+<p>&mdash;No quiero decir eso, sino que la mala
+pasión de usted proviene de que desconfía
+de Dios...</p>
+
+<p>&mdash;El desconfiar de Dios es maldad? Vuelvo
+a preguntárselo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, es maldad.</p>
+
+<p>&mdash;Luego desconfío de Dios porque me hizo
+malo, como a Caín le hizo malo. Dios me
+hizo desconfiado...</p>
+
+<p>&mdash;Le hizo libre.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, libre de ser malo.</p>
+
+<p>&mdash;Y de ser bueno!</p>
+
+<p>&mdash;Por qué nací, padre?</p>
+
+<p>&mdash;Pregunte más bien que para qué nació...</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XVI</h2>
+
+
+<p>Abel había pintado una Virgen con el niño
+en brazos, que no era sino un retrato de Helena,
+su mujer, con el hijo, Abelito. El cuadro
+tuvo éxito, fué reproducido, y ante una espléndida
+fotografía de él rezaba Joaquín a
+la Virgen Santísima, diciéndole: «Protégeme!
+Sálvame!»</p>
+
+<p>Pero mientras así rezaba, susurrándose en
+voz baja y como para oirse, quería acallar
+otra voz más honda, que brotándole de las
+entrañas le decía: «Así se muera! Así te la
+deje libre!»</p>
+
+<p>&mdash;Con que te has hecho ahora reaccionario?&mdash;le
+dijo un día Abel a Joaquín.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Yo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, me han dicho que te has dado a la
+iglesia y que oyes misa diaria, y como nunca
+has creído ni en Dios ni en el Diablo, y no es
+cosa de convertirse así, sin más ni menos,
+pues que te has hecho reaccionario!</p>
+
+<p>&mdash;Y a ti qué?</p>
+
+<p>&mdash;No, si no te pido cuentas; pero... crees
+de veras?</p>
+
+<p>&mdash;Necesito creer.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es otra cosa. Pero crees?</p>
+
+<p>&mdash;Ya te he dicho que necesito creer, y no
+me preguntes más.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a mí con el arte me basta; el arte
+es mi religión.</p>
+
+<p>&mdash;Pues has pintado Vírgenes...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, a Helena.</p>
+
+<p>&mdash;Que no lo es precisamente.</p>
+
+<p>&mdash;Para mí como si lo fuese. Es la madre
+de mi hijo...</p>
+
+<p>&mdash;Nada más?</p>
+
+<p>&mdash;Y toda madre es virgen en cuanto es
+madre.</p>
+
+<p>&mdash;Ya estás haciendo teología!</p>
+
+<p>&mdash;No sé, pero aborrezco el reaccionarismo<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>
+y la gazmoñería. Todo eso me parece que no
+nace sino de la envidia, y me extraña en ti,
+que te creo muy capaz de distinguirte del
+vulgo, de los mediocres, me extraña que te
+pongas ese uniforme.</p>
+
+<p>&mdash;A ver, a ver, Abel, explícate!</p>
+
+<p>---Es muy claro. Los espíritus vulgares,
+ramplones, no consiguen distinguirse, y como
+no pueden sufrir que otros se distingan, les
+quieren imponer el uniforme del dogma, que
+es un traje de munición, para que no se distingan.
+El origen de toda ortodoxia, lo mismo
+en religión que en arte, es la envidia, no te
+quepa duda. Si a todos se nos deja vestirnos
+como se nos antoje, a uno se le ocurre un
+atavío que llame la atención y pone de realce
+su natural elegancia, y si es hombre hace que
+las mujeres le admiren, y se enamoren de él
+mientras otro, naturalmente ramplón y vulgar,
+no logra sino ponerse en ridículo buscando
+vestirse a su modo, y por eso los vulgares,
+los ramplones, que son los envidiosos,
+han ideado una especie de uniforme, un
+modo de vestirse como muñecos, que pueda
+ser moda, porque la moda es otra ortodoxia.<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>
+Desengáñate, Joaquín: eso que llaman ideas
+peligrosas, atrevidas, impías, no son sino
+las que no se les ocurre a los pobres de ingenio
+rutinario, a los que no tienen ni pizca de
+sentido propio ni originalidad y sí sólo sentido
+común y vulgaridad. Lo que más odian
+es la imaginación y porque no la tienen.</p>
+
+<p>&mdash;Y aunque así sea&mdash;exclamó Joaquín,&mdash;es
+que esos que llaman los vulgares, los ramplones,
+los mediocres, no tienen derecho a
+defenderse?</p>
+
+<p>&mdash;Otra vez defendiste en mi casa, ¿te
+acuerdas?, a Caín, al envidioso, y luego, en
+aquel inolvidable discurso que me moriré leyéndotelo,
+en aquel discurso a que debo lo
+más de mi reputación, nos enseñaste, me
+enseñaste a mí al menos, el alma de Caín.
+Pero Caín no era ningún vulgar, ningún ramplón,
+ningún mediocre...</p>
+
+<p>&mdash;Pero fué el padre de los envidiosos...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero de otra envidia, no de la de esa
+gente... La envidia de Caín era algo grande;
+la del fanático inquisidor es lo más pequeño
+que hay. Y me choca verte entre ellos...</p>
+
+<p>«Pero este hombre&mdash;se decía Joaquín al<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span>
+separarse de Abel&mdash;es que lee en mí? Aunque
+no, parece no darse cuenta de lo que me
+pasa. Habla y piensa como pinta, sin saber
+lo que dice y lo que pinta. Es un inconsciente,
+aunque yo me empeñe en ver en él un
+técnico reflexivo...»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XVII</h2>
+
+
+<p>Enteróse Joaquín de que Abel andaba enredado
+con una antigua modelo, y esto le corroboró
+en su aprensión de que no se había
+casado con Helena por amor. «Se casaron&mdash;decíase&mdash;por
+humillarme.» Y luego se añadía:
+«Ni ella, ni Helena le quiere, ni puede
+quererle... ella no quiere a nadie, es incapaz
+de cariño, no es más que un hermoso estuche
+de vanidad... Por vanidad, y por desdén
+a mí, se casó, y por vanidad o por capricho
+es capaz de faltar a su marido... Y hasta con
+el mismo a quien no quiso para marido...»
+Surgíale a la vez de entre pavesas una brasa
+que creía apagada al hielo de su odio, y era<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span>
+su antiguo amor a Helena. Seguía, sí, a pesar
+de todo, enamorado de la pava real, de la
+coqueta, de la modelo de su marido. Antonia
+le era muy superior, sin duda, pero la otra
+era la otra. Y luego, la venganza... es tan
+dulce la venganza! Tan tibia para un corazón
+helado!</p>
+
+<p>A los pocos días fué a casa de Abel, acechando
+la hora en que éste se hallara fuera
+de ella. Encontró a Helena sola con el niño,
+a aquella Helena, a cuya imagen divinizada
+había en vano pedido protección y salvación.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me ha dicho Abel&mdash;le dijo su prima&mdash;que
+ahora te ha dado por la iglesia. Es
+que Antonia te ha llevado a ella, o es que vas
+huyendo de Antonia?</p>
+
+<p>&mdash;Pues?</p>
+
+<p>&mdash;Porque los hombres soléis haceros beatos
+o a rastras de la mujer o escapando de
+ella...</p>
+
+<p>&mdash;Hay quien escapa de la mujer, y no para
+ir a la iglesia precisamente.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, eh?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero tu marido, que te ha venido<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span>
+con el cuento ese, no sabe algo más, y es que
+no sólo rezo en la iglesia...</p>
+
+<p>&mdash;Es claro! Todo hombre devoto debe hacer
+sus devociones en casa.</p>
+
+<p>&mdash;Y las hago. Y la principal es pedir a la
+Virgen que me proteja y me salve.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece muy bien.</p>
+
+<p>&mdash;Y sabes ante qué imagen pido eso?</p>
+
+<p>&mdash;Si tú no me lo dices...</p>
+
+<p>&mdash;Ante la que pintó tu marido...</p>
+
+<p>Helena volvió la cara de pronto, enrojecida,
+al niño que dormía en un rincón del gabinete.
+La brusca violencia del ataque la desconcertó.
+Mas reponiéndose dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Eso me parece una impiedad de tu
+parte y prueba, Joaquín, que tu nueva devoción
+no es más que una farsa y algo peor...</p>
+
+<p>&mdash;Te juro, Helena...</p>
+
+<p>&mdash;El segundo: no jurar su santo nombre
+en vano.</p>
+
+<p>&mdash;Pues te juro, Helena, que mi conversión
+fué verdadera, es decir que he querido
+creer, que he querido defenderme con la fe
+de una pasión que me devora...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, conozco tu pasión.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;No, no la conoces!</p>
+
+<p>&mdash;La conozco. No puedes sufrir a Abel.</p>
+
+<p>&mdash;Pero por qué no puedo sufrirle?</p>
+
+<p>&mdash;Eso tú lo sabrás. No has podido sufrirle
+nunca, ni aun antes de que me le presentases.</p>
+
+<p>&mdash;Falso!... Falso!</p>
+
+<p>&mdash;Verdad! Verdad!</p>
+
+<p>&mdash;Y por qué no he de poder sufrirle?</p>
+
+<p>&mdash;Pues porque adquiere fama, porque
+tiene renombre... No tienes tú clientela? No
+ganas con ella?</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, Helena, voy a decirte la verdad,
+toda la verdad. No me basta con eso!
+Yo querría haberme hecho famoso, haber
+hallado algo nuevo en mi ciencia, haber unido
+mi nombre a algún descubrimiento científico...</p>
+
+<p>&mdash;Pues ponte a ello, que talento no te
+falta.</p>
+
+<p>&mdash;Ponerme a ello... ponerme a ello... Habríame
+puesto a ello, sí, Helena, si hubiese
+podido haber puesto esa gloria a tus pies...</p>
+
+<p>&mdash;Y por qué no a los de Antonia?</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos de ella!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Ah, pero has venido a esto? Has espiado
+el que mi Abel&mdash;y recalcó el <i>mi</i>&mdash;estuviese
+fuera para venir a esto?</p>
+
+<p>&mdash;Tu Abel... tu Abel... valiente caso hace
+de ti tu Abel!</p>
+
+<p>&mdash;Qué? También delator, acusique, soplón?</p>
+
+<p>&mdash;Tu Abel tiene otros modelos que tú.</p>
+
+<p>&mdash;Y qué?&mdash;exclamó Helena, irguiéndose.&mdash;Y
+qué si las tiene? Señal de que sabe ganarlas!
+O es que también de eso le tienes envidia?
+Es que no tienes más remedio que
+contentarte con... tu Antonia? Ah, y porque
+él ha sabido buscarse otra vienes tú aquí
+hoy a buscarte otra también? Y vienes así,
+con chismes de estos? No te da vergüenza,
+Joaquín? Quítate, quítate de ahí, que me da
+bascas sólo el verte.</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, Helena, que me estás matando...
+que me estás matando!</p>
+
+<p>&mdash;Anda, vete, vete a la iglesia, hipócrita,
+envidioso; vete a que tu mujer te cure, que
+estás muy malo.</p>
+
+<p>&mdash;Helena, Helena, que tú sola puedes curarme!
+Por cuanto más quieras, Helena, mira
+que pierdes para siempre a un hombre!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Ah, y quieres que por salvarte a ti pierda
+a otro, al mío?</p>
+
+<p>&mdash;A ese no le pierdes; le tienes ya perdido.
+Nada le importa de ti. Es incapaz de quererte.
+Yo, yo soy el que te quiero, con toda
+mi alma, con un cariño como no puedes soñar.</p>
+
+<p>Helena se levantó, fué al niño y despertándolo,
+cojiólo en brazos, y volviendo a
+Joaquín le dijo: «Vete! Es éste, el hijo de
+Abel, quien te echa de su casa; vete!»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XVIII</h2>
+
+
+<p>Joaquín empeoró. La ira al conocer que se
+había desnudado el alma ante Helena, y el
+despecho por la manera como ésta le rechazó,
+en que vió claro que le despreciaba, acabó
+de enconarle el ánimo. Mas se dominó buscando
+en su mujer y en su hija consuelo y
+remedio. Ensombreciósele aun más su vida
+de hogar; se le agrió el humor.</p>
+
+<p>Tenía entonces en casa una criada muy
+devota, que procuraba oir misa diaria y se
+pasaba las horas que el servicio le dejaba
+libre, encerrada en su cuarto haciendo sus devociones.
+Andaba con los ojos bajos, fijos
+en el suelo, y respondía a todo con la mayor<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>
+mansedumbre y en voz algo gangosa. Joaquín
+no podía resistirla y la regañaba con
+cualquier pretexto. «Tiene razón el señor»,
+solía decirle ella.</p>
+
+<p>&mdash;Cómo que tengo razón?&mdash;exclamó una
+vez, ya perdida la paciencia, él, el amo.&mdash;No,
+ahora no tengo razón!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, señor, no se enfade, no la tendrá.</p>
+
+<p>&mdash;Y nada más?</p>
+
+<p>&mdash;No le entiendo, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Cómo que no me entiendes, gazmoña,
+hipócrita? Por qué no te defiendes? Por
+qué, no me replicas? Por qué no te rebelas?</p>
+
+<p>&mdash;Rebelarme yo? Dios y la Santísima Virgen
+me defiendan de ello, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Pero quieres más&mdash;intervino Antonia&mdash;sino
+que reconozca sus faltas?</p>
+
+<p>&mdash;No, no las reconoce. Está llena de soberbia!</p>
+
+<p>&mdash;De soberbia yo, señor?</p>
+
+<p>&mdash;Lo ves? Es la hipócrita soberbia de no
+reconocerla. Es que está haciendo conmigo,
+a mi costa, ejercicios de humildad y de paciencia;
+es que toma mis accesos de mal humor
+como cilicios para ejercitarse en la vir<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>tud
+de la paciencia. Y a mi costa, no! No,
+no y no! A mi costa, no! A mí no se me toma
+de instrumento para hacer méritos para el
+cielo. Eso es hipocresía!</p>
+
+<p>La criadita lloraba, rezando entre dientes.</p>
+
+<p>&mdash;Pero y si es verdad, Joaquín&mdash;dijo Antonia&mdash;que
+realmente es humilde... Por qué
+va a rebelarse? Si se hubiese rebelado te habrías
+irritado aún más.</p>
+
+<p>&mdash;No! Es una canallada tomar las flaquezas
+del prójimo como medio para ejercitarnos
+en la virtud. Que me replique, que
+se insolente, que sea persona... y no criada...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, Joaquín, te irritaría más.</p>
+
+<p>&mdash;No, lo que más me irrita son esas pretensiones
+a mayor perfección.</p>
+
+<p>&mdash;Se equivoca usted, señor&mdash;dijo la criada,
+sin levantar los ojos del suelo;&mdash;yo no
+me creo mejor que nadie.</p>
+
+<p>&mdash;No, eh? Pues yo sí! Y el que no se crea
+mejor que otro, es un mentecato. Tú te
+creerás la más pecadora de las mujeres, es
+eso? Anda, responde!</p>
+
+<p>&mdash;Esas cosas no se preguntan, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Anda, responde, que también San Luis<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>
+Gonzaga dicen que se creía el más pecador
+de los hombres; responde: te crees, sí o no,
+la más pecadora de las mujeres?</p>
+
+<p>&mdash;Los pecados de las otras no van a mi
+cuenta, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Idiota, más que idiota. Vete de ahí!</p>
+
+<p>&mdash;Dios le perdone, como yo le perdono,
+señor.</p>
+
+<p>&mdash;De qué? Ven y dímelo, de qué? De qué
+me tiene que perdonar Dios? Anda, dilo.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, señora, lo siento por usted, pero
+me voy de esta casa.</p>
+
+<p>&mdash;Por ahí debiste empezar&mdash;concluyó Joaquín.</p>
+
+<p>Y luego, a solas con su mujer, le decía:</p>
+
+<p>&mdash;Y no irá diciendo esta gatita muerta
+que estoy loco? No lo estoy acaso, Antonia?
+Dime, estoy loco, sí o no?</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, Joaquín, no te pongas así...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí creo estar loco... Enciérrame. Esto
+va a acabar conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Acaba tú con ello.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XIX</h2>
+
+
+<p>Concentró entonces todo su ahinco en su
+hija, en criarla y educarla, en mantenerla libre
+de las inmundicias morales del mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Mira&mdash;solía decirle a su mujer,&mdash;es una
+suerte que sea sola, que no hayamos tenido
+más.</p>
+
+<p>&mdash;No te habría gustado un hijo?</p>
+
+<p>&mdash;No, no, es mejor hija, es más fácil aislarla
+del mundo indecente. Además, si hubiésemos
+tenido dos, habrían nacido envidias
+entre ellos...</p>
+
+<p>&mdash;O no!</p>
+
+<p>&mdash;O sí. No se puede repartir el cariño
+igualmente entre varios: lo que se le da al<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>
+uno se le quita al otro. Cada uno pide todo
+para él y sólo para él. No, no, no quisiera
+verme en el caso de Dios...</p>
+
+<p>&mdash;Y cuál es ese caso?</p>
+
+<p>&mdash;El de tener tantos hijos. No dicen que
+somos todos hijos de Dios?</p>
+
+<p>&mdash;No digas esas cosas, Joaquín...</p>
+
+<p>&mdash;Unos están sanos para que otros estén
+enfermos... Hay que ver el reparto de las enfermedades...</p>
+
+<p>No quería que su hija tratase con nadie.
+La llevó una maestra particular a casa,
+y él mismo, en ratos de ocio, le enseñaba
+algo.</p>
+
+<p>La pobre Joaquina adivinó en su padre a
+un paciente mientras recibía de él una concepción
+tétrica del mundo y de la vida.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo&mdash;le decía Joaquín a su mujer&mdash;que
+es mejor, mucho mejor que tengamos
+una hija sola, que no tengamos que repartir
+el cariño...</p>
+
+<p>&mdash;Dicen que cuanto más se reparte crece
+más...</p>
+
+<p>&mdash;No creas así. Te acuerdas de aquel pobre
+Ramírez, el procurador? Su padre tenía<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>
+dos hijos y dos hijas y pocos recursos. En su
+casa no se comía sino sota, caballo y rey, cocido,
+pero no principio; sólo el padre, Ramírez
+padre, tomaba principio, del cual daba
+alguna vez a uno de los hijos y a una de las
+hijas, pero nunca a los otros. Cuando repicaban
+gordo, en días señalados, había dos
+principios para todos y otro además para él,
+para el amo de la casa, que en algo había de
+distinguirse. Hay que conservar la jerarquía.
+Y a la noche, al recojerse a dormir Ramírez
+padre daba siempre un beso a uno de los hijos
+y a una de las hijas, pero no a los otros
+dos.</p>
+
+<p>&mdash;Qué horror! Y por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Qué sé yo... Le parecerían más guapos
+los preferidos...</p>
+
+<p>&mdash;Es como lo de Carvajal, que no puede
+ver a su hija menor...</p>
+
+<p>&mdash;Es que le ha llegado la última, seis años
+después de la anterior y cuando andaba mal
+de recursos. Es una nueva carga, e inesperada.
+Por eso le llama la intrusa.</p>
+
+<p>&mdash;Qué horrores, Dios mío!</p>
+
+<p>&mdash;Así es la vida, Antonia, un semillero de<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>
+horrores. Y bendigamos a Dios el no tener
+que repartir nuestro cariño.</p>
+
+<p>&mdash;Cállate!</p>
+
+<p>&mdash;Cállome!</p>
+
+<p>Y le hizo callar.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XX</h2>
+
+
+<p>El hijo de Abel estudiaba Medicina, y su
+padre solía dar a Joaquín noticias de la marcha
+de sus estudios. Habló Joaquín algunas
+veces con el muchacho mismo y le cobró algún
+afecto; tan insignificante le pareció.</p>
+
+<p>&mdash;Y cómo le dedicas a médico y no a pintor?&mdash;le
+preguntó a su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;No le dedico yo, se dedica él. No siente
+vocación alguna por el arte...</p>
+
+<p>&mdash;Claro, y para estudiar Medicina no hace
+falta vocación...</p>
+
+<p>&mdash;No he dicho eso. Tú siempre tan mal
+pensado. Y no sólo no siente vocación por
+la pintura, pero ni curiosidad. Apenas si se<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>
+detiene a ver lo que pinto ni se informa de
+ello.</p>
+
+<p>&mdash;Es mejor así acaso...</p>
+
+<p>&mdash;Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque si se hubiera dedicado a la pintura,
+o lo hacía mejor que tú, o peor. Si peor,
+eso de ser Abel Sánchez, hijo, al que llamarían
+Abel Sánchez el Malo o Sánchez el Malo
+o Abel el Malo, no está bien ni él lo sufriría...</p>
+
+<p>&mdash;Y si fuera mejor que yo?</p>
+
+<p>&mdash;Entonces serías tú quien no lo sufriría.</p>
+
+<p>&mdash;Piensa el ladrón que todos son de su
+condición.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, venme ahora a mí, a mí, con esas
+pamemas. Un artista no soporta la gloria
+de otro, y menos si es su propio hijo o su
+hermano. Antes la de un extraño. Eso de
+que uno de su sangre le supere... eso no!
+Cómo explicarlo? Haces bien en dedicarle
+a la Medicina.</p>
+
+<p>&mdash;Además, así ganará más.</p>
+
+<p>&mdash;Pero quieres hacerme creer que no ganas
+mucho con la pintura?</p>
+
+<p>&mdash;Bah, algo.</p>
+
+<p>&mdash;Y además, gloria.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Gloria? Para lo que dura...</p>
+
+<p>&mdash;Menos dura el dinero.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es más sólido.</p>
+
+<p>&mdash;No seas farsante, Abel, no finjas despreciar
+la gloria.</p>
+
+<p>&mdash;Te aseguro que lo que hoy me preocupa
+es dejar una fortuna a mi hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Le dejarás un nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Los nombres no se cotizan.</p>
+
+<p>&mdash;El tuyo, sí!</p>
+
+<p>&mdash;Mi firma, pero es... Sánchez! Y menos
+mal si no le da por firmar Abel S. Puig!&mdash;que
+le hagan marqués de Casa Sánchez.
+Y luego el Abel quita la malicia al Sánchez.
+Abel Sánchez suena bien.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XXI</h2>
+
+
+<p>Huyendo de sí mismo, y para ahogar con
+la constante presencia del otro, de Abel, en
+su espíritu, la triste conciencia enferma que
+se le presentaba, empezó a frecuentar una
+peña del Casino. Aquella conversación ligera
+le serviría como de narcótico, o más bien se
+embriagaría con ella. No hay quien se entrega
+a la bebida para ahogar una pasión devastadora
+en ella, para derretir en vino un
+amor frustrado? Pues él se entregaría a la
+conversación casinera, a oirla más que a
+tomar parte muy activa en ella, para ahogar
+también su pasión. Sólo que el remedio,
+fué peor que la enfermedad.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span></p>
+
+<p>Iba siempre decidido a contenerse, a reir
+y bromear, a murmurar como por juego, a
+presentarse a modo de desinteresado espectador
+de la vida, bondadoso como un escéptico
+de profesión, atento a lo de que comprender
+es perdonar, y sin dejar traslucir el
+cáncer que le devoraba la voluntad. Pero el
+mal le salía por la boca, en las palabras, cuando
+menos lo esperaba, y percibían todos en
+ellas el hedor del mal. Y volvía a casa irritado
+contra sí mismo, reprochándose su cobardía
+y el poco dominio sobre sí y decidido
+a no volver más a la peña del Casino. «No&mdash;se
+decía&mdash;no vuelvo, no debo volver; esto me
+empeora, me agrava; aquel ámbito es deletéreo;
+no se respira allí más que malas pasiones
+retenidas; no, no vuelvo; lo que yo
+necesito es soledad, soledad. Santa soledad!»</p>
+
+<p>Y volvía.</p>
+
+<p>Volvía por no poder sufrir la soledad. Pues
+en la soledad, jamás lograba estar solo, sino
+que siempre allí el otro. El otro! Llegó a sorprenderse
+en diálogo con él, tramando lo
+que el otro le decía. Y el otro, en estos diálogos
+solitarios, en estos monólogos dialoga<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>dos,
+le decía cosas indiferentes o gratas, no
+le mostraba ningún rencor. «Por qué no me
+odia, Dios mío!&mdash;llegó a decirse.&mdash;Por qué
+no me odia?»</p>
+
+<p>Y se sorprendió un día a sí mismo a punto
+de pedir a Dios, en infame oración diabólica,
+que infiltrase en el alma de Abel odio
+a él, a Joaquín. Y otra vez: «Ah, si me envidiase...
+si me envidiase...!» Y a esta idea, que
+como fulgor lívido cruzó por las tinieblas de
+su espíritu de amargura, sintió un gozo
+como de derretimiento, un gozo que le hizo
+temblar hasta los tuétanos del alma, escalofriados.
+Ser envidiado...! Ser envidiado...!</p>
+
+<p>«Mas no es esto&mdash;se dijo luego&mdash;que me
+odio, que me envidio a mí mismo...?» Fuese a
+la puerta, la cerró con llave, miró a todos lados,
+y al verse solo arrodillóse murmurando
+con lágrimas de las que escaldan en la voz:
+«Señor, Señor. Tú me dijiste: ama a tu prójimo
+como a ti mismo! Y yo no amo al prójimo,
+no puedo amarle, porque no me amo,
+no sé amarme, no puedo amarme a mí mismo.
+Qué has hecho de mí, Señor!»</p>
+
+<p>Fué luego a cojer la Biblia y la abrió por<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>
+donde dice: «Y Jehová dijo a Caín: dónde
+está Abel tu hermano?» Cerró lentamente el
+libro, murmurando: «Y dónde estoy yo?» Oyó
+entonces ruido fuera y se apresuró a abrir la
+puerta. «Papá, papaíto!», exclamó su hija al
+entrar. Aquella voz fresca pareció volverle
+a la luz. Besó a la muchacha y rozándole el
+oído con la boca le dijo bajo, muy bajito,
+para que no lo oyera nadie: «Reza por tu
+padre, hija mía!»</p>
+
+<p>&mdash;Padre! Padre!&mdash;gimió la muchacha,
+echándole los brazos al cuello.</p>
+
+<p>Ocultó la cabeza en el hombro de la hija
+y rompió a llorar.</p>
+
+<p>&mdash;Qué te pasa, papá, estás enfermo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, estoy enfermo. Pero no quieras saber
+más.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXII</h2>
+
+
+<p>Y volvió al Casino. Era inútil resistirlo.
+Cada día se inventaba a sí mismo un pretexto
+para ir allá. Y el molino de la peña seguía
+moliendo.</p>
+
+<p>Allí estaba Federico Cuadrado, implacable,
+que en cuanto oía que alguien elogiaba a otro
+preguntaba: «Contra quién va ese elogio?»</p>
+
+<p>&mdash;Porque a mí&mdash;decía con su vocecita fría
+y cortante&mdash;no me la dan con queso; cuando
+se elogia mucho a uno, se tiene presente a
+otro al que se trata de rebajar con ese elogio,
+a un rival del elogiado. Eso cuando no se le
+elogia con mala intención, por ensañarse en
+él... Nadie elogia con buena intención.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Hombre&mdash;le replicaba León Gómez, que
+se gozaba en dar cuerda al cínico Cuadrado&mdash;ahí
+tienes a don Leovigildo, al cual nadie le
+ha oído todavía hablar mal de otro...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;intercalaba un diputado provincial,&mdash;es
+que don Leovigildo es un político
+y los políticos deben estar a bien con
+todo el mundo. Qué dices Federico?</p>
+
+<p>&mdash;Digo que don Leovigildo se morirá sin
+haber hablado mal ni pensado bien de nadie.
+El no dará acaso ni el más lijero empujoncito
+para que otro caiga, ni aunque no se lo
+vean, porque no sólo teme al código penal,
+sino también al infierno; pero si el otro se
+cae y se rompe la crisma, se alegrará hasta
+los tuétanos. Y para gozarse en la rotura de
+la crisma del otro, será el primero que irá a
+condolerse de su desgracia y darle el pésame.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no sé cómo se puede vivir sintiendo
+así&mdash;dijo Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Sintiendo cómo?&mdash;le arguyó al punto
+Federico.&mdash;Como siente don Leovigildo,
+como siento yo o como sientes tú?</p>
+
+<p>&mdash;De mí nadie ha hablado!&mdash;Y esto lo
+dijo con acre displicencia.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Pero hablo yo, hijo mío, porque aquí
+todos nos conocemos...</p>
+
+<p>Joaquín se sintió palidecer. Le llegaba
+como un puñal de hielo hasta las entrañas
+de la voluntad aquel <i>hijo mío!</i> que prodigaba
+Federico, su demonio de la guarda,
+cuando echaba la garra sobre alguien.</p>
+
+<p>&mdash;No sé por qué le tienes esa tirria a don
+Leovigildo&mdash;añadió Joaquín, arrepintiéndose
+de haberlo dicho apenas lo dijera, pues sintió
+que estaba atizando la mala lumbre.</p>
+
+<p>&mdash;Tirria? Tirria yo? Y a don Leovigildo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, no sé qué mal te ha hecho...</p>
+
+<p>&mdash;En primer lugar, hijo mío, no hace falta
+que le hayan hecho a uno mal alguno para
+tenerle tirria. Cuando se le tiene a uno tirria,
+es fácil inventar ese mal, es decir, figurarse
+uno que se lo han hecho... Y yo no le tengo
+a don Leovigildo más tirria que a otro cualquiera.
+Es un hombre y basta. Y un hombre
+honrado!</p>
+
+<p>&mdash;Como tú eres un misántropo profesional...&mdash;empezó
+el diputado provincial.</p>
+
+<p>&mdash;El hombre es el bicho más podrido y
+más indecente, ya os lo he dicho cien veces.<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>
+Y el hombre honrado es el peor de los hombres.</p>
+
+<p>&mdash;Anda, anda, qué dices a eso tú, que hablabas
+el otro día del político honrado, refiriéndote
+a don Leovigildo?&mdash;le dijo León Gómez
+al diputado.</p>
+
+<p>&mdash;Político honrado!&mdash;saltó Federico.&mdash;Eso
+sí que no!</p>
+
+<p>&mdash;Y por qué?&mdash;preguntaron tres a coro.</p>
+
+<p>&mdash;Que por qué? Porque lo ha dicho él
+mismo. Porque tuvo en un discurso la avilantez
+de llamarse a sí mismo honrado. No es
+honrado declararse tal. Dice el Evangelio
+que Cristo Nuestro Señor...</p>
+
+<p>&mdash;No mientes a Cristo, te lo suplico!&mdash;le
+interrumpió Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Qué? Te duele también Cristo, hijo mío?</p>
+
+<p>Hubo un breve silencio, oscuro y frío.</p>
+
+<p>&mdash;Dijo Cristo Nuestro Señor&mdash;recalcó Federico&mdash;que
+no le llamaran bueno, que bueno
+era sólo Dios. Y hay cochinos cristianos
+que se atreven a llamarse a sí mismos honrados!</p>
+
+<p>&mdash;Es que honrado no es precisamente bueno&mdash;intercaló
+don Vicente, el magistrado.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Ahora lo ha dicho usted, don Vicente.
+Y gracias a Dios que le oigo a un magistrado
+alguna sentencia razonable y justa!</p>
+
+<p>&mdash;De modo&mdash;dijo Joaquín&mdash;que uno no
+debe confesarse honrado. Y pillo?</p>
+
+<p>&mdash;No hace falta.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que quiere el señor Cuadrado&mdash;dijo
+don Vicente, el magistrado&mdash;es que los hombres
+se confiesen bellacos y sigan siéndolo;
+no es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Bravo!&mdash;exclamó el diputado provincial.</p>
+
+<p>&mdash;Le diré a usted, hijo mío&mdash;contestó Federico,
+pensando la respuesta.&mdash;Usted debe
+saber cuál es la excelencia del sacramento de
+la confesión en nuestra sapientísima Madre
+Iglesia...</p>
+
+<p>&mdash;Alguna otra barbaridad&mdash;interrumpió
+el magistrado.</p>
+
+<p>&mdash;Barbaridad, no, sino muy sabia institución.
+La confesión sirve para pecar más
+tranquilamente, pues ya sabe uno que le ha
+de ser perdonado su pecado. No es así, Joaquín?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, si uno no se arrepiente...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Sí, hijo mío, sí, si uno se arrepiente,
+pero vuelve a pecar y vuelve a arrepentirse
+y sabe cuando peca que se arrepentirá y sabe
+cuando se arrepiente que volverá a pecar, y
+acaba por pecar y arrepentirse a la vez; no
+es así?</p>
+
+<p>&mdash;El hombre es un misterio&mdash;dijo León
+Gómez.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, no digas sandeces!&mdash;le replicó
+Federico.</p>
+
+<p>&mdash;Sandez, por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Toda sentencia filosófica, así, todo axioma,
+toda proposición general y solemne,
+enunciada aforísticamente, es una sandez.</p>
+
+<p>&mdash;Y la filosofía, entonces?</p>
+
+<p>&mdash;No hay más filosofía que ésta, la que hacemos
+aquí...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, desollar al prójimo.</p>
+
+<p>&mdash;Exacto. Nunca está mejor que desollado.</p>
+
+<p>Al levantarse la tertulia, Federico se acercó
+a Joaquín a preguntarle si se iba a su casa,
+pues gustaría de acompañarle un rato, y al
+decirle éste que no, que iba a hacer una visita
+allí, al lado, aquél le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, te comprendo; eso de la visita es un<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span>
+achaque. Lo que tú quieres es verte solo. Lo
+comprendo.</p>
+
+<p>&mdash;Y por qué lo comprendes?</p>
+
+<p>&mdash;Nunca se está mejor que solo. Pero
+cuando te pese la soledad, acude a mí. Nadie
+te distraerá mejor de tus penas.</p>
+
+<p>&mdash;Y las tuyas?&mdash;le espetó Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Bah! ¡Quién piensa en eso...!</p>
+
+<p>Y se separaron.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXIII</h2>
+
+
+<p>Andaba por la ciudad un pobre hombre
+necesitado, aragonés, padre de cinco hijos y
+que se ganaba la vida como podía, de escribiente
+y a lo que saliera. El pobre acudía
+con frecuencia a conocidos y amigos, si es
+que un hombre así los tiene, pidiéndoles con
+mil pretextos que le anticiparan dos o tres
+duros. Y lo que era más triste, mandaba a
+alguno de sus hijos, y alguna vez a su mujer,
+a las casas de los conocidos con cartitas de
+petición. Joaquín le había socorrido algunas
+veces, sobre todo cuando le llamaba a que
+viese, como médico, a personas de su familia.
+Y hallaba un singular alivio en socorrer a<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span>
+aquel pobre hombre. Adivinaba en él una
+víctima de la maldad humana.</p>
+
+<p>Preguntóle una vez por él a Abel.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, le conozco&mdash;le dijo éste,&mdash;y hasta le
+tuve algún tiempo empleado. Pero es un haragán,
+un vago. Con el pretexto de que tiene
+que ahogar sus penas, no deja de ir ningún
+día al café, aunque en su casa no se encienda
+la cocina. Y no le faltará su cajetilla de cigarros.
+Tiene que convertir sus pesares en
+humo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no es decir nada, Abel. Habría que
+ver el caso por dentro...</p>
+
+<p>&mdash;Mira, déjate de garambainas. Y por lo
+que no paso es por la mentira esa de pedirme
+prestado y lo de «se lo devolveré en cuanto
+pueda...» Que pida limosna y al avío. Es más
+claro y más noble. La última vez me pidió
+tres duros adelantados y le di tres pesetas,
+pero diciéndole: «Y sin devolución!» Es un
+haragán!</p>
+
+<p>&mdash;Y qué culpa tiene él...!</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, sí, ya salió aquello, qué culpa
+tiene...</p>
+
+<p>&mdash;Pues claro! De quién son las culpas?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Bueno, mira, dejémonos de esas cosas.
+Y si quieres socorrerle, socórrele, que yo no
+me opongo. Y yo mismo estoy seguro de que
+si me vuelve a pedir, le daré.</p>
+
+<p>&mdash;Eso ya lo sabía yo, porque en el fondo
+tú...</p>
+
+<p>&mdash;No nos metamos al fondo. Soy pintor
+y no pinto los fondos de las personas. Es más,
+estoy convencido de que todo hombre lleva
+fuera todo lo que tiene dentro.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, sí, que para ti un hombre no es
+más que un modelo...</p>
+
+<p>&mdash;Te parece poco? Y para ti un enfermo.
+Porque tú eres el que les andas mirando y
+auscultando a los hombres por dentro...</p>
+
+<p>&mdash;Mediano oficio...</p>
+
+<p>&mdash;Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque acostumbrado uno a mirar a los
+demás por dentro, da en ponerse a mirarse
+a sí mismo, a auscultarse.</p>
+
+<p>&mdash;Ve ahí mi ventaja. Yo con mirarme al
+espejo tengo bastante...</p>
+
+<p>&mdash;Y te has mirado de veras alguna vez?</p>
+
+<p>&mdash;Naturalmente! Pues no sabes que me he
+hecho un autorretrato?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Que será una obra maestra...</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, no está del todo mal... Y tú,
+te has registrado por dentro bien?</p>
+
+<hr class="tb" />
+
+<p>Al día siguiente de esta conversación Joaquín
+salió del Casino con Federico para preguntarle
+si conocía a aquel pobre hombre que
+andaba así pidiendo de manera vergonzante.
+«Y dime la verdad, eh, que estamos solos;
+nada de tus ferocidades».</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, ese es un pobre diablo que
+debía estar en la cárcel, donde por lo menos
+comería mejor que come y viviría más tranquilo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues qué ha hecho?</p>
+
+<p>&mdash;No, no ha hecho nada; debió hacer, y
+por eso digo que debería estar en la cárcel.</p>
+
+<p>&mdash;Y qué es lo que debió haber hecho?</p>
+
+<p>&mdash;Matar a su hermano.</p>
+
+<p>&mdash;Ya empiezas!</p>
+
+<p>&mdash;Te lo explicaré. Ese pobre hombre es,<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span>
+como sabes, aragonés y allá en su tierra aún
+subsiste la absoluta libertad de testar. Tuvo
+la desgracia de nacer el primero a su padre,
+de ser el mayorazgo y luego tuvo la desgracia
+de enamorarse de una muchacha pobre,
+guapa y honrada, según parecía. El padre se
+opuso con todas sus fuerzas a esas relaciones
+amenazándole con desheredarle si llegaba
+a casarse con ella. Y él, ciego de amor, comprometió
+primero gravemente a la muchacha,
+pensando convencer así al padre, y acaso
+por casarse con ella y por salir de casa. Y
+siguió en el pueblo, trabajando como podía
+en casa de sus suegros, y esperando convencer
+y ablandar a su padre. Y éste, buen aragonés,
+tesa que tesa. Y murió desheredándole
+al pobre diablo y dejando su hacienda al
+hijo segundo; una hacienda regular. Y muertos
+poco después los suegros del hoy aquí
+sablista, acudió éste a su hermano pidiéndole
+amparo y trabajo, y su hermano se los negó,
+y por no matarle, que es lo que le pedía el
+coraje, se ha venido acá a vivir de limosna y
+del sable. Esta es la historia, como ves, muy
+edificante.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Y tan edificante!</p>
+
+<p>&mdash;Si le hubiera matado a su hermano, a
+esa especie de Jacob, mal, muy mal, y no habiéndole
+matado mal, muy mal también...</p>
+
+<p>&mdash;Acaso peor.</p>
+
+<p>&mdash;No digas eso, Federico.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, porque no sólo vive miserable y vergonzosamente,
+del sable, sino que vive odiando
+a su hermano.</p>
+
+<p>&mdash;Y si le hubiera matado?</p>
+
+<p>&mdash;Entonces se le habría curado el odio, y
+hoy, arrepentido de su crimen, querría su
+memoria. La acción libra del mal sentimiento,
+y es el mal sentimiento el que envenena
+el alma. Créemelo, Joaquín, que lo sé
+muy bien.</p>
+
+<p>Miróle Joaquín a la mirada fijamente y le
+espetó un:</p>
+
+<p>&mdash;Y tú?</p>
+
+<p>&mdash;Yo? No quieras saber, hijo mío, lo que
+no te importa. Bástete saber que todo mi cinismo
+es defensivo. Yo no soy hijo del que
+todos vosotros tenéis por mi padre; yo soy hijo
+adulterino y a nadie odio en este mundo más
+que a mi propio padre, al natural, que ha sido<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span>
+el verdugo del otro, del que por vileza y
+cobardía me dió su nombre, este indecente
+nombre que llevo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero padre no es el que engendra; es
+el que cría...</p>
+
+<p>&mdash;Es que ese, el que creéis que me ha criado,
+no me ha criado sino que me destetó
+con el veneno del odio que guarda al otro,
+al que me hizo y le obligó a casarse con mi
+madre.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXIV</h2>
+
+
+<p>Concluyó la carrera el hijo de Abel, Abelín,
+y acudió su padre, a su amigo, por si quería
+tomarle de ayudante para que a su lado practicase.
+Lo aceptó Joaquín.</p>
+
+<p>«Le admití&mdash;escribía más tarde en su <i>Confesión</i>,
+dedicada a su hija&mdash;por una extraña
+mezcla de curiosidad, de aborrecimiento a
+su padre, de afecto al muchacho, que me
+parecía entonces una medianía y por un
+deseo de libertarme así de mi mala pasión a
+la vez que, por más debajo de mi alma, mi
+demonio me decía que con el fracaso del hijo
+me vengaría del encumbramiento del padre.
+Quería por un lado, con el cariño al hijo,<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span>
+redimirme del odio al padre, y por otro lado
+me regodeaba esperando que si Abel Sánchez
+triunfó en la pintura, otro Abel Sánchez de
+su sangre marraría en la Medicina. Nunca
+pude figurarme entonces cuán hondo cariño
+cobraría luego al hijo del que me amargaba
+y entenebrecía la vida del corazón.»</p>
+
+<p>Y así fué que Joaquín y el hijo de Abel sintiéronse
+atraídos el uno al otro. Era Abelín
+rápido de comprensión y se interesaba por las
+enseñanzas de Joaquín, a quien empezó llamando
+maestro. Este su maestro se propuso
+hacer de él un buen médico y confiarle el
+tesoro de su experiencia clínica. «Le guiaré&mdash;se
+decía&mdash;a descubrir las cosas que esta maldita
+inquietud de mi ánimo me ha impedido
+descubrir a mí».</p>
+
+<p>&mdash;Maestro,&mdash;le preguntó un día Abelín,&mdash;por
+qué no recoje usted todas esas observaciones
+dispersas, todas esas notas y apuntes
+que me ha enseñado y escribe un libro? Sería
+interesantísimo y de mucha enseñanza.
+Hay cosas hasta geniales, de una extraordinaria
+sagacidad científica.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, hijo&mdash;(que así solía llamar<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>le)
+respondió&mdash;yo no puedo, no puedo...
+No tengo humor para ello, me faltan ganas,
+coraje, serenidad, no sé qué...</p>
+
+<p>&mdash;Todo sería ponerse a ello...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hijo, sí, todo sería ponerse a ello,
+pero cuantas veces lo he pensado no he llegado
+a decidirme. Ponerme a escribir un libro...
+y en España... y sobre Medicina...! No
+vale la pena. Caería en el vacío...</p>
+
+<p>&mdash;No, el de usted, no, maestro, se lo respondo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo debía haber hecho es lo que tú
+has de hacer, dejar esta insoportable clientela
+y dedicarte a la investigación pura, a la verdadera
+ciencia, a la fisiología, a la histología,
+a la patología y no a los enfermos de pago. Tú
+que tienes alguna fortuna, pues los cuadros de
+tu padre han debido dársela, dedícate a eso.</p>
+
+<p>&mdash;Acaso tenga usted razón, maestro; pero
+ello no quita para que usted deba publicar
+sus memorias de clínico.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, si quieres, hagamos una cosa. Yo
+te doy mis notas todas, te las amplío de palabra,
+te digo cuanto me preguntes y publica
+tú el libro. Te parece?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;De perlas, maestro. Ya vengo apuntando
+desde que le ayudo todo lo que le oigo y
+todo lo que a su lado aprendo.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien, hijo, muy bien!&mdash;y le abrazó
+conmovido.</p>
+
+<p>Y luego se decía Joaquín: «Este, éste será
+mi obra! Mío y no de su padre. Acabará venerándome
+y comprendiendo que yo valgo
+mucho más que su padre y que hay en mi
+práctica de la Medicina mucha más arte que
+en la pintura de su padre. Y al cabo se lo
+quitaré, sí, se lo quitaré! El me quitó a Helena,
+yo les quitaré el hijo. Que será mío, y
+quién sabe?... acaso concluya renegando de
+su padre, cuando le conozca y sepa lo que
+me hizo».</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XXV</h2>
+
+
+<p>&mdash;Pero dime&mdash;le preguntó un día Joaquín
+a su discípulo&mdash;cómo se te ocurrió estudiar
+Medicina?</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé...</p>
+
+<p>&mdash;Porque lo natural es que hubieses sentido
+inclinación a la pintura. Los muchachos
+se sienten llamados a la profesión de sus
+padres; es el espíritu de imitación... el ambiente...</p>
+
+<p>&mdash;Nunca me ha interesado la pintura,
+maestro.</p>
+
+<p>&mdash;Lo sé, lo sé por tu padre, hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Y la de mi padre menos.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, hombre, y cómo así?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;No la siento y no sé si la siente él...</p>
+
+<p>&mdash;Eso es más grande. A ver, explícate.</p>
+
+<p>&mdash;Estamos solos; nadie nos oye; usted,
+maestro, es como si fuese mi segundo padre...
+segundo... Bueno. Además usted es el
+más antiguo amigo suyo, le he oído decir que
+de siempre, de toda la vida, de antes de tener
+uso de razón, que son como hermanos...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, así es; Abel y yo somos como hermanos...
+Sigue.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, quiero abrirle hoy mi corazón,
+maestro.</p>
+
+<p>&mdash;Ábremelo. Lo que me digas caerá en él
+como en el vacío, nadie lo sabrá!</p>
+
+<p>&mdash;Pues sí, dudo que mi padre sienta la pintura
+ni nada. Pinta como una máquina, es
+un don natural, pero sentir?</p>
+
+<p>&mdash;Siempre he creído eso.</p>
+
+<p>&mdash;Pues fué usted, maestro, quien, según
+dicen; hizo la mayor fama de mi padre con
+aquel famoso discurso de que aún se habla...</p>
+
+<p>&mdash;Y qué iba yo a decir?</p>
+
+<p>&mdash;Algo así me pasa. Pero mi padre no siente
+ni la pintura ni nada. Es de corcho, maestro,
+de corcho.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;No tanto, hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, de corcho. No vive más que para su
+gloria. Todo eso de que la desprecia es farsa,
+farsa, farsa. No busca más que el aplauso.
+Y es un egoísta, un perfecto egoísta. No quiere
+a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, a nadie...</p>
+
+<p>&mdash;A nadie, maestro, a nadie! Ni sé cómo se
+casó con mi madre. Dudo que fuera por amor.</p>
+
+<p>Joaquín palideció.</p>
+
+<p>&mdash;Sé&mdash;prosiguió el hijo&mdash;que ha tenido
+enredos y líos con algunas modelos, pero eso
+no es más que capricho y algo de jactancia.
+No quiere a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Pero me parece que no eres tú quien debieras...</p>
+
+<p>&mdash;A mí nunca me ha hecho caso. A mí me
+ha mantenido, ha pagado mi educación y
+mis estudios, no me ha escatimado ni me escatima
+su dinero, pero yo apenas si existo
+para él. Cuando alguna vez le he preguntado
+algo, de historia del arte, de técnica, de la
+pintura o de sus viajes o de otra cosa, me ha
+dicho: «Déjame, déjame en paz» y una vez
+llegó a decirme: «apréndelo, como lo he apren<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>dido
+yo! ahí tienes los libros». Qué diferencia
+con usted, maestro!</p>
+
+<p>&mdash;Sería que no lo sabía, hijo. Porque mira,
+los padres quedan a las veces mal con sus
+hijos por no confesarse más ignorantes o más
+torpes que ellos.</p>
+
+<p>&mdash;No era eso. Y hay algo peor.</p>
+
+<p>&mdash;Peor? A ver!</p>
+
+<p>&mdash;Peor, sí. Jamás me ha reprendido, haya
+hecho yo lo que hiciera. No soy, no he sido
+nunca un calavera, un disoluto, pero todos
+los jóvenes tenemos nuestras caídas, nuestros
+tropiezos. Pues bien, jamás los ha inquirido
+y si por acaso los sabía nada me ha dicho.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es respeto a tu personalidad, confianza
+en ti... Es acaso la manera más generosa
+y noble de educar a un hijo, es fiarse...</p>
+
+<p>&mdash;No, no es nada de eso, maestro. Es sencillamente
+indiferencia.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, no exageres, no es eso... Qué te
+iba a decir que tú no te lo dijeras? Un padre
+no puede ser un juez...</p>
+
+<p>&mdash;Pero sí un compañero, un consejero, un
+amigo o un maestro como usted.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Pero hay cosas que el pudor impide se
+traten entre padres e hijos.</p>
+
+<p>&mdash;Es natural que usted, su mayor y más
+antiguo amigo, su casi hermano, le defienda
+aunque...</p>
+
+<p>&mdash;Aunque qué?</p>
+
+<p>&mdash;Puedo decirlo todo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, dilo todo!</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, de usted no le he oído nunca
+hablar sino muy bien, demasiado bien, pero...</p>
+
+<p>&mdash;Pero qué?</p>
+
+<p>&mdash;Que habla demasiado bien de usted.</p>
+
+<p>&mdash;Qué es eso de demasiado?</p>
+
+<p>&mdash;Que antes de conocerle yo a usted, maestro,
+le creía otro.</p>
+
+<p>&mdash;Explícate.</p>
+
+<p>&mdash;Para mi padre es usted una especie de
+personaje trágico, de ánimo torturado, de hondas
+pasiones. «Si se pudiera pintar el alma de
+Joaquín!» suele decir. Habla de un modo como
+si mediase entre usted y él algún secreto...</p>
+
+<p>&mdash;Aprensiones tuyas...</p>
+
+<p>&mdash;No, no lo son.</p>
+
+<p>&mdash;Y tu madre?</p>
+
+<p>&mdash;Mi madre...</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XXVI</h2>
+
+
+<p>&mdash;Mira, Joaquín&mdash;le dijo un día Antonia a
+su marido,&mdash;me parece que el mejor día nuestra
+hija se nos va o nos la llevan...</p>
+
+<p>&mdash;Joaquina? Y a dónde?</p>
+
+<p>&mdash;Al convento!</p>
+
+<p>&mdash;Imposible!</p>
+
+<p>&mdash;No, sino muy posible. Tú distraído con
+tus cosas y ahora con ese hijo de Abel al que
+pareces haber prohijado... cualquiera diría
+que le quieres más que a tu hija...</p>
+
+<p>&mdash;Es que trato de salvarle, de redimirle de
+los suyos...</p>
+
+<p>&mdash;No; de lo que tratas es de vengarte. Qué
+vengativo eres! Ni olvidas ni perdonas! Temo<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span>
+que Dios te va a castigar, va a castigarnos...</p>
+
+<p>&mdash;Ah, y es por eso por lo que Joaquina se
+quiere ir al convento?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no he dicho eso.</p>
+
+<p>&mdash;Pero lo digo yo y es lo mismo. Se va acaso
+por celos de Abelín? Es que teme que le
+llegue a querer más que a ella? Pues si es por
+eso...</p>
+
+<p>&mdash;Por eso no.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces?</p>
+
+<p>&mdash;Qué sé yo...! Dice que tiene vocación,
+que es adonde Dios la llama...</p>
+
+<p>&mdash;Dios... Dios... será su confesor. Quién es?</p>
+
+<p>&mdash;El padre Echevarría.</p>
+
+<p>&mdash;El que me confesaba a mí?</p>
+
+<p>&mdash;El mismo!</p>
+
+<p>Quedóse Joaquín mustio y cabizbajo, y al
+día siguiente, llamando a solas a su mujer, le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Creo haber penetrado en los motivos
+que empujan a Joaquina al claustro, o mejor,
+en los motivos por que le induce el padre
+Echevarría a que entre en él. Tú recuerdas
+cómo busqué refugio y socorro en la iglesia
+contra esta maldita obsesión que me embar<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>ga
+el ánimo todo, contra este despecho que
+con los años se hace más viejo, es decir, más
+duro y más terco, y cómo, después de los mayores
+esfuerzos, no pude lograrlo? No, no
+me dió remedio el padre Echevarría, no pudo
+dármelo. Para este mal no hay más que un
+remedio, uno sólo.</p>
+
+<p>Callóse un momento como esperando una
+pregunta de su mujer, y como ella callara,
+prosiguió diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;Para ese mal no hay más remedio que
+la muerte. Quién sabe... Acaso nací con él y
+con él moriré. Pues bien, ese padrecito que
+no pudo remediarme ni reducirme empuja
+ahora, sin duda, a mi hija, a tu hija, a nuestra
+hija, al convento, para que en él ruegue
+por mí, para que se sacrifique salvándome...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no es sacrificio... si dice que es su
+vocación...</p>
+
+<p>&mdash;Mentira, Antonia; te digo que eso es
+mentira. Las más de las que van monjas o
+van a trabajar poco, a pasar una vida pobre,
+pero descansada, a sestear místicamente o
+van huyendo de casa, y nuestra hija huye
+de casa, huye de nosotros...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Será de ti...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, huye de mí! Me ha adivinado!</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora que le has cobrado ese apego a
+ese...</p>
+
+<p>&mdash;Quieres decirme que huye de él?</p>
+
+<p>&mdash;No sino de tu nuevo capricho...</p>
+
+<p>&mdash;Capricho? capricho? capricho dices? Yo
+seré todo menos caprichoso, Antonia. Yo
+tomo todo en serio, todo, lo entiendes?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, demasiado en serio&mdash;agregó la mujer
+llorando.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, no llores así, Antonia, mi santa,
+mi ángel bueno, y perdóname si he dicho
+algo...</p>
+
+<p>&mdash;No es peor lo que dices, sino lo que callas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, por Dios, Antonia, por Dios, haz
+que nuestra hija no nos deje; que si se va al
+convento, me mata, sí, me mata, porque me
+mata! Que se quede... que yo haré lo que ella
+quiera... que si quiere que le despache a Abelín,
+le despacharé...</p>
+
+<p>&mdash;Me acuerdo cuando decías que te alegrabas
+de que no tuviéramos más que una
+hija, porque así no teníamos que repartir el
+cariño...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Pero si no lo reparto!</p>
+
+<p>&mdash;Algo peor entonces...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, Antonia, esa hija quiere sacrificarse
+por mí, y no sabe que si se va al convento
+me deja desesperado. Su convento es esta
+casa!</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XXVII</h2>
+
+
+<p>Dos días después encerrábase en el gabinete
+Joaquín con su mujer y su hija.</p>
+
+<p>&mdash;Papá, Dios lo quiere!&mdash;exclamó resueltamente
+y mirándole cara a cara su hija Joaquina.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, no! No es Dios quien lo quiere,
+sino el padrecito ese&mdash;replicó él.&mdash;Qué sabes
+tú, mocosuela, lo que quiere Dios? Cuándo
+te has comunicado con él?</p>
+
+<p>&mdash;Comulgo cada semana, papá.</p>
+
+<p>&mdash;Y se te antojan revelaciones de Dios los
+desvanecimientos que te suben del estómago
+en ayunas.</p>
+
+<p>&mdash;Peores son los del corazón en ayunas.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;No, no, eso no puede ser; eso no lo quiere
+Dios, no puede quererlo, te digo que no lo
+puede querer!</p>
+
+<p>&mdash;Yo no sé lo que Dios quiere, y tú, padre,
+sabes lo que no puede querer, eh? De cosas
+del cuerpo sabrás mucho, pero de cosas de
+Dios, del alma...</p>
+
+<p>&mdash;Del alma, eh? Con que tú crees que no
+sé del alma?</p>
+
+<p>&mdash;Acaso lo que mejor te sería no saber.</p>
+
+<p>&mdash;Me acusas?</p>
+
+<p>&mdash;No, eres tú, papá, quien se acusa a sí
+mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo ves, Antonia, lo ves, no te lo decía?</p>
+
+<p>&mdash;Y qué te decía, mamá?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, hija mía, nada; aprensiones, cavilaciones
+de tu padre...</p>
+
+<p>&mdash;Pues bueno&mdash;exclamó Joaquín como
+quien se decide,&mdash;tú vas al convento para
+salvarme, no es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Acaso no andes lejos de la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;Y salvarme de qué?</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé bien.</p>
+
+<p>&mdash;Lo sabré yo...! De qué? de quién?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;De quién, padre, de quién? Pues del demonio
+o de ti mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Y tú qué sabes?</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, Joaquín, por Dios&mdash;suplicó
+la madre con lágrimas en la voz, llena de
+miedo ante la mirada y el tono de su marido.</p>
+
+<p>&mdash;Déjanos, mujer, déjanos, déjanos a ella
+y a mí. Esto no te toca!</p>
+
+<p>&mdash;Pues no ha de tocarme? Pero si es mi
+hija...</p>
+
+<p>&mdash;La mía! Déjanos, ella es una Monegro,
+yo soy un Monegro; déjanos. Tú no entiendes,
+tú no puedes entender estas cosas...</p>
+
+<p>&mdash;Padre, si trata así a madre delante mío,
+me voy. No llores, mamá.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tú crees, hija mía...?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo creo y sé es que soy tan hija
+suya como tuya.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto?</p>
+
+<p>&mdash;Acaso más.</p>
+
+<p>&mdash;No digáis esas cosas, por Dios&mdash;exclamó
+la madre llorando&mdash;si no me voy...</p>
+
+<p>&mdash;Sería lo mejor&mdash;añadió la hija.&mdash;A solas
+nos veríamos mejor las caras, digo, las almas,
+nosotros, los Monegros.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span></p>
+
+<p>La madre besó a la hija y se salió.</p>
+
+<p>&mdash;Y bueno&mdash;dijo fríamente el padre, así
+que se vió a solas con su hija,&mdash;para salvarme
+de qué o de quién te vas al convento?</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, padre, no sé de quién, no sé
+de qué, pero hay que salvarte. Yo no sé lo
+que anda por dentro de esta casa, entre tú
+y mi madre, no sé lo que anda dentro de ti,
+pero es algo malo...</p>
+
+<p>&mdash;Eso te lo ha dicho el padrecito ese?</p>
+
+<p>&mdash;No, no me lo ha dicho el padrecito; no
+ha tenido que decírmelo; no me lo ha dicho
+nadie, sino que lo he respirado desde que
+nací. Aquí, en esta casa, se vive como en tinieblas
+espirituales!</p>
+
+<p>&mdash;Bah, esas son cosas que has leído en tus
+libros...</p>
+
+<p>&mdash;Como tú has leído otras en los tuyos. O
+es que crees que sólo los libros que hablan de
+lo que hay dentro del cuerpo, esos libros tuyos
+con esas láminas feas, son los que enseñan
+la verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, esas tinieblas espirituales que
+dices, qué son?</p>
+
+<p>&mdash;Tú lo sabrás mejor que yo, papá; pero<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>
+no me niegues que aquí pasa algo, que aquí
+hay, como si fuese una niebla oscura, una
+tristeza que se mete por todas partes, que
+tú no estás contento nunca, que sufres, que
+es como si llevases a cuestas una culpa grande...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, el pecado original&mdash;dijo Joaquín con
+sorna.</p>
+
+<p>&mdash;Ese, ese!&mdash;exclamó la hija.&mdash;Ese, del
+que no te has sanado!</p>
+
+<p>&mdash;Pues me bautizaron...!</p>
+
+<p>&mdash;No importa.</p>
+
+<p>&mdash;Y como remedio para esto vas a meterte
+monja, no es eso? Pues lo primero era averiguar
+qué es ello, a qué se debe todo esto...</p>
+
+<p>&mdash;Dios me libre, papá, de tal cosa. Nada
+de querer juzgaros.</p>
+
+<p>&mdash;Pero de condenarme, sí, no es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Condenarte?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, condenarme; eso de irte así es condenarme...</p>
+
+<p>&mdash;Y si me fuese con un marido? Si te dejara
+por un hombre...?</p>
+
+<p>&mdash;Según el hombre.</p>
+
+<p>Hubo un breve silencio.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Pues sí, hija mía&mdash;reanudó Joaquín,&mdash;yo
+no estoy bien, yo sufro, sufro casi toda mi
+vida; hay mucho de verdad en lo que has adivinado;
+pero con tu resolución de meterte
+monja me acabas de matar, exacerbas y enconas
+mis males. Ten compasión de tu padre,
+de tu pobre padre...</p>
+
+<p>&mdash;Es por compasión...</p>
+
+<p>&mdash;No, es por egoísmo. Tú huyes; me ves
+sufrir y huyes. Es el egoísmo, es el despego,
+es el desamor lo que te lleva al claustro. Figúrate
+que yo tuviese una enfermedad pegajosa
+y larga, una lepra, me dejarías yendo
+al convento a rogar por Dios que me sanara?
+Vamos, contesta, me dejarías?</p>
+
+<p>&mdash;No, no te dejaría, pues soy tu única
+hija.</p>
+
+<p>&mdash;Pues haz cuenta que soy un leproso.
+Quédate a cuidarme. Me pondré bajo tu cuidado,
+haré lo que me mandes.</p>
+
+<p>&mdash;Si es así...</p>
+
+<p>Levantóse el padre, y mirando a su hija a
+través de lágrimas, abrazóla, y teniéndola
+así, en sus brazos, con voz de susurro, le dijo
+al oído:</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Quieres curarme, hija mía?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, papá.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, cásate con Abelín.</p>
+
+<p>&mdash;Eh?&mdash;exclamó Joaquina, separándose
+de su padre y mirándole cara a cara.</p>
+
+<p>&mdash;Qué? Qué te sorprende?&mdash;balbució el
+padre, sorprendido a su vez.</p>
+
+<p>&mdash;Casarme? Yo? Con Abelín? Con el hijo
+de tu enemigo?</p>
+
+<p>&mdash;Quién te ha dicho eso?</p>
+
+<p>&mdash;Tu silencio de años.</p>
+
+<p>&mdash;Pues por eso, por ser el hijo del que llamas
+mi enemigo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no sé lo que hay entre vosotros, no
+quiero saberlo, pero al verte últimamente
+cómo te aficionabas a su hijo, me dió miedo...
+temí... no sé lo que temí. Ese tu cariño a
+Abelín me parecía monstruoso, algo infernal...</p>
+
+<p>&mdash;Pues no, hija, no! Buscaba en él redención.
+Y créeme, si logras traerle a mi casa,
+si le haces mi hijo, será como si sale al fin el
+sol en mi alma...</p>
+
+<p>&mdash;Pero pretendes tú, tú, mi padre, que yo
+le solicite, le busque?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;No digo eso.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces?</p>
+
+<p>&mdash;Y si él...</p>
+
+<p>&mdash;Ah, pero lo teníais ya tramado entre los
+dos y sin contar conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;No, lo tenía pensado yo, yo, tu padre, tu
+pobre padre, yo...</p>
+
+<p>&mdash;Me das pena, padre.</p>
+
+<p>&mdash;También yo me doy pena. Y ahora todo
+corre de mi cuenta. No pensabas sacrificarte
+por mí?</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, sí, me sacrificaré por ti. Dispón
+de mí!</p>
+
+<p>Fué el padre a besarla, y ella, desasiéndosele,
+exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;No, ahora no! Cuando lo merezcas. O es
+que quieres que también yo te haga callar
+con besos?</p>
+
+<p>&mdash;Dónde has aprendido eso, hija?</p>
+
+<p>&mdash;Las paredes oyen, papá.</p>
+
+<p>&mdash;Y acusan!</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXVIII</h2>
+
+
+<p>&mdash;Quién fuera usted, don Joaquín&mdash;decíale
+un día a éste aquel pobre desheredado
+aragonés, el padre de los cinco hijos, luego
+que le hubo sacado algún dinero.</p>
+
+<p>&mdash;Querer ser yo! No lo comprendo!</p>
+
+<p>&mdash;Pues sí, lo daría todo por poder ser usted,
+don Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Y qué es eso todo que daría usted?</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo que puedo dar, todo lo que
+tengo.</p>
+
+<p>&mdash;Y qué es ello?</p>
+
+<p>&mdash;La vida!</p>
+
+<p>&mdash;La vida por ser yo!&mdash;y a sí mismo se<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>
+añadió Joaquín: «Pues yo la daría por poder
+ser otro!»</p>
+
+<p>&mdash;Sí, la vida por ser usted.</p>
+
+<p>&mdash;He ahí una cosa que no comprendo bien,
+amigo mío; no comprendo que nadie se disponga
+a dar la vida por poder ser otro, ni siquiera
+comprendo que nadie quiera ser otro.
+Ser otro es dejar de ser uno, de ser el que
+se es.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda.</p>
+
+<p>&mdash;Y eso es dejar de existir.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no para ser otro...</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces...</p>
+
+<p>&mdash;Quiero decir, don Joaquín, que de buena
+gana dejaría de ser, o dicho más claro, me
+pegaría un tiro o me echaría al río si supiera
+que los míos, los que me atan a esta vida perra,
+los que no me dejan suicidarme, habrían
+de encontrar un padre en usted. No comprende
+usted ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Sí que lo comprendo. De modo que...</p>
+
+<p>&mdash;Que maldito el apego que tengo a la
+vida y que de buena gana me separaría de<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>
+mí mismo y mataría para siempre mis recuerdos
+si no fuese por los míos. Aunque también
+me retiene otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Qué?</p>
+
+<p>&mdash;El temor de que mis recuerdos, de que
+mi historia me acompañen más allá de la
+muerte. Quién fuera usted, don Joaquín!</p>
+
+<p>&mdash;Y si a mí me retuvieran en la vida, amigo
+mío, motivos como los de usted?</p>
+
+<p>&mdash;Bah, usted es rico.</p>
+
+<p>&mdash;Rico... rico...</p>
+
+<p>&mdash;Y un rico nunca tiene motivo de queja.
+A usted no le falta nada. Mujer, hija, una
+buena clientela, reputación... qué más quiere
+usted? A usted no le desheredó su padre;
+a usted no le echó de su casa su hermano a
+pedir... A usted no le han obligado a hacerse
+un mendigo! Quién fuera usted, D. Joaquín!</p>
+
+<p>Y al quedarse luego éste solo se decía:
+«Quién fuera yo! Ese hombre me envidia! me
+envidia! Y yo quién quiero ser?»</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXIX</h2>
+
+
+<p>Pocos días después Abelín y Joaquina estaban
+en relaciones de noviazgo. Y en su
+<i>Confesión</i>, dedicada a su hija, escribía algo
+después Joaquín:</p>
+
+<p>«No es posible, hija mía, que te explique
+cómo llevé a Abel, tu marido de hoy, a que
+te solicitase por novia pidiéndote relaciones.
+Tuve que darle a entender que tú estabas
+enamorada de él o que por lo menos te
+gustaría que de ti se enamorase sin descubrir
+lo más mínimo de aquella nuestra conversación
+a solas, luego que tu madre me
+hizo saber como querías entrar por mi causa
+en un convento. Veía en ello mi salvación.<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span>
+Sólo uniendo tu suerte a la suerte del hijo
+único de quien me ha envenenado la fuente
+de la vida, sólo mezclando así nuestras sangres
+esperaba poder salvarme.</p>
+
+<p>»Pensaba que acaso un día tus hijos, mis
+nietos, los hijos de su hijo, sus nietos, al heredar
+nuestras sangres, se encontraran con
+la guerra dentro, con el odio en sí mismos.
+Pero no es acaso el odio a sí mismo, a la propia
+sangre, el único remedio contra el odio
+a los demás? La escritura dice que en el
+seno de Rebeca se peleaban ya Esaú y Jacob.
+Quién sabe si un día no concebirás tú
+dos mellizos, el uno con mi sangre y el otro
+con la suya, y se pelearán y se odiarán ya
+desde tu seno y antes de salir al aire y a la
+conciencia! Porque esta es la tragedia humana
+y todo hombre es, como Job, hijo de
+contradicción.</p>
+
+<p>»Y he temblado al pensar que acaso os
+junté, no para unir, sino para separar aún
+más vuestras sangres, para perpetuar un
+odio. Perdóname! Deliro.</p>
+
+<p>»Pero no son sólo nuestras sangres, la de
+él y la mía; es también la de ella, la de He<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span>lena.
+La sangre de Helena! Esto es lo que
+más me turba; esa sangre que le florece en
+las mejillas, en la frente, en los labios, que
+le hace marco a la mirada, esa sangre que
+me cegó desde su carne!</p>
+
+<p>»Y queda otra, la sangre de Antonia, de
+la pobre Antonia, de tu santa madre. Esta
+sangre es agua de bautismo. Esta sangre es
+la redentora. Sólo la sangre de tu madre,
+Joaquina, puede salvar a tus hijos, a nuestros
+nietos. Esa es la sangre sin mancha que
+puede redimirlos.</p>
+
+<p>»Y que no vea nunca ella, Antonia, esta
+<i>Confesión</i>; que no la vea. Que se vaya de
+este mundo, si me sobrevive, sin haber más
+que vislumbrado nuestro misterio de iniquidad.»</p>
+
+<p>Los novios comprendiéronse muy pronto
+y se cobraron cariño. En íntimas conversaciones
+conociéronse sendas víctimas de sus
+hogares, de dos ámbitos tristes, de frívola
+impasibilidad el uno, de helada pasión oculta
+el otro. Buscaron su apoyo en Antonia, en
+la madre de ella. Tenían que encender un
+hogar, un verdadero hogar, un nido de amor<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span>
+sereno que vive de sí mismo, que no espía los
+otros amores, un castillo de soledad amorosa,
+y unir en él a las dos desgraciadas familias.
+Le harían ver a Abel, al pintor, que la vida
+íntima del hogar es la sustancia imperecedera
+de que no es sino resplandor, cuando
+no sombra, el arte; a Helena, que la juventud
+perpetua está en el alma que sabe hundirse
+en la corriente viva del linaje, en el alma de
+la familia; a Joaquín, que nuestro nombre se
+pierde con nuestra sangre, pero para recobrarse
+en los nombres y en las sangres de
+los que las mezclan a los nuestros; a Antonia
+no le tenían que hacerle ver nada, porque era
+una mujer nacida para vivir y revivir en la
+dulzura de la costumbre.</p>
+
+<p>Joaquín sentía renacerse. Hablaba con
+emoción de cariño de su antiguo amigo, de
+Abel, y llegó a confesar que fué una fortuna
+que le quitase toda esperanza respecto a Helena.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien&mdash;le decía una vez a solas a su
+hija;&mdash;ahora que todo parece tomar otro
+cauce, te lo diré. Yo quería a Helena, o por
+lo menos creía quererla y la solicité sin con<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>seguir
+nada de ella. Porque, eso sí, la verdad,
+jamás me dió la menor esperanza. Y entonces
+le presenté a Abel, al que será tu suegro...
+tu otro padre, y al punto se entendieron. Lo
+que tomé yo por un menosprecio, una ofensa...
+Qué derecho tenía yo a ella?</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad eso, pero así sois los hombres.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón, hija mía, tienes razón.
+He vivido como loco, rumiando esa que estimaba
+una ofensa, una traición...</p>
+
+<p>&mdash;Nada más, papá?</p>
+
+<p>&mdash;Cómo nada más?</p>
+
+<p>&mdash;No había más que eso, nada más?</p>
+
+<p>&mdash;Que yo sepa... no!</p>
+
+<p>Y al decirlo, el pobre hombre se cerraba
+los ojos hacia adentro y no lograba contener
+al corazón.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora os casaréis&mdash;continuó&mdash;y viviréis
+conmigo, sí, viviréis conmigo, y haré de
+tu marido, de mi nuevo hijo, un gran médico,
+un artista de la Medicina, todo un artista, que
+pueda igualar siquiera la gloria de su padre.</p>
+
+<p>&mdash;Y él escribirá, papá, tu obra, pues así
+me lo ha dicho.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, la que yo no he podido escribir...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Me ha dicho que en tu carrera, en la
+práctica de la Medicina, tienes cosas geniales
+y que has hecho, descubrimientos...</p>
+
+<p>&mdash;Aduladores!</p>
+
+<p>&mdash;No, así me ha dicho. Y que como no se
+te conoce, y al no conocerte no se te estima
+en todo lo que vales, que quiere escribir ese
+libro para darte a conocer.</p>
+
+<p>&mdash;A buena hora...</p>
+
+<p>&mdash;Nunca es tarde si la dicha es buena.</p>
+
+<p>&mdash;Ay, hija mía, si en vez de haberme somormujado
+en esto de la clientela, en esta
+maldita práctica de la profesión que ni deja
+respirar libre ni aprender... si en vez de eso
+me hubiese dedicado a la ciencia pura, a la
+investigación...! Eso que ha descubierto el
+doctor Alvarez y García y por lo que tanto
+le bombean, lo habría descubierto antes yo,
+yo, tu padre, yo lo habría descubierto, pues
+estuve a punto de ello. Pero esto de ponerse
+a trabajar para ganarse la vida...</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, no necesitábamos de ello.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero... Y además, qué sé yo... Mas
+todo eso ha pasado y ahora comienza vida
+nueva. Ahora voy a dejar la clientela...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;De veras?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, voy a dejársela al que va a ser tu
+marido, bajo mi alta inspección, por supuesto.
+Lo guiaré, y yo a mis cosas! Y viviremos
+todos juntos, y será otra vida... otra
+vida... Empezaré a vivir; seré otro... otro...
+otro...</p>
+
+<p>&mdash;Ay, papá, qué gusto! Cómo me alegra
+oirte hablar así. Al cabo!</p>
+
+<p>&mdash;Qué te alegra oirme decir que seré otro?</p>
+
+<p>La hija le miró a los ojos al oir el tono de
+lo que había debajo de su voz.</p>
+
+<p>&mdash;Te alegra oirme decir que seré otro?&mdash;volvió
+a preguntar el padre.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, papá, me alegra!</p>
+
+<p>&mdash;Es decir que el otro, que el otro, el que
+soy, te parece mal?</p>
+
+<p>&mdash;Y a ti, papá?&mdash;le preguntó a su vez, resueltamente,
+la hija.</p>
+
+<p>&mdash;Tápame la boca!&mdash;gimió él.</p>
+
+<p>Y se la tapó con un beso.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XXX</h2>
+
+
+<p>&mdash;Ya te figurarás a lo que vengo&mdash;le dijo
+Abel a Joaquín apenas se encontraron a solas
+en el despacho de éste.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo sé. Tu hijo me ha anunciado tu visita.</p>
+
+<p>&mdash;Mi hijo y pronto tuyo, de los dos. Y no
+sabes bien cuánto me alegro! Es como debía
+acabar nuestra amistad. Y mi hijo es ya casi
+tuyo; te quiere ya como a padre, no sólo como
+a maestro. Estoy por decir que te quiere más
+que a mí...</p>
+
+<p>&mdash;Hombre... no... no... no digas así.</p>
+
+<p>&mdash;Y qué? Crees que tengo celos? No, no<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span>
+soy celoso. Y mira, Joaquín, si entre nosotros
+había algo...</p>
+
+<p>&mdash;No sigas por ahí, Abel, te lo ruego, no
+sigas...</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso. Ahora que van a unirse nuestras
+sangres, ahora que mi hijo va a serlo
+tuyo y mía tu hija, tenemos que hablar de
+esa vieja cuenta, tenemos que ser absolutamente
+sinceros.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, de ningún modo, y si hablas de
+ella, me voy!</p>
+
+<p>&mdash;Bien, sea! Pero no creas que olvido, no
+lo olvidaré nunca, tu discurso aquel cuando
+lo del cuadro.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco quiero que hables de eso.</p>
+
+<p>&mdash;Pues de qué?</p>
+
+<p>&mdash;Nada de lo pasado, nada! Hablemos sólo
+del porvenir...</p>
+
+<p>&mdash;Pues si tú y yo, a nuestra edad, no hablamos
+del pasado, de que vamos a hablar?
+Si nosotros no tenemos ya más que pasado!</p>
+
+<p>&mdash;No digas eso!&mdash;casi gritó Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Nosotros ya no podemos vivir más que
+de recuerdos!</p>
+
+<p>&mdash;Cállate, Abel, cállate!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Y si te he de decir la verdad, vale más
+vivir de recuerdos que de esperanzas. Al fin,
+ellos fueron y de éstas no se sabe si serán.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, recuerdos, no!</p>
+
+<p>&mdash;En todo caso, hablemos de nuestros hijos,
+que son nuestras esperanzas.</p>
+
+<p>&mdash;Eso sí!</p>
+
+<p>&mdash;De ellos y no de nosotros, de ellos, de
+nuestros hijos...</p>
+
+<p>&mdash;Él tendrá en ti un maestro y un padre...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pienso dejarle mi clientela, es decir,
+la que quiera tomarlo, que ya la he preparado
+para eso. Le ayudaré en los casos graves.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, gracias.</p>
+
+<p>&mdash;Eso además de la dote que doy a Joaquina.
+Pero vivirán conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso me ha dicho mi hijo. Yo, sin embargo,
+creo que deben poner casa; el casado,
+casa quiere.</p>
+
+<p>&mdash;No, no puedo separarme de mi hija.</p>
+
+<p>&mdash;Y nosotros de nuestro hijo, sí, eh?</p>
+
+<p>&mdash;Más separados que estáis de él... Un
+hombre apenas vive en casa; una mujer apenas
+sale de ella. Necesito a mi hija.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Sea. Ya ves si soy complaciente.</p>
+
+<p>&mdash;Y más que esta casa será la vuestra, la
+tuya, la de Helena...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por la hospitalidad. Eso se entiende.</p>
+
+<p>Después de una larga entrevista en que
+convinieron todo lo atañedero al establecimiento
+de sus hijos, al ir a separarse Abel,
+mirándole a Joaquín a los ojos, con mirada
+franca, le tendió la mano, y sacando la voz
+de las entrañas de su común infancia le
+dijo: «Joaquín!» Asomáronsele a éste las lágrimas
+a los ojos al cojer aquella mano.</p>
+
+<p>&mdash;No te había visto llorar desde que fuimos
+niños, Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;No volveremos a serlo, Abel.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, y es lo peor.</p>
+
+<p>Se separaron.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXXI</h2>
+
+
+<p>Con el casamiento de su hija pareció entrar
+el sol, un sol de ocaso de otoño, en el hogar
+antes frío de Joaquín, y éste empezar a
+vivir de veras. Fué dejándole al yerno su
+clientela, aunque acudiendo, como en consulta,
+en los casos graves y repitiendo que
+era bajo su dirección como aquél ejercía.</p>
+
+<p>Abelín, con las notas de su suegro, a quien
+llamaba su padre, tuteándole ya, y con sus
+ampliaciones y explicaciones verbales, iba
+componiendo la obra en que se recojía la
+ciencia médica del doctor Joaquín Monegro,
+y con un acento de veneración admirativa
+que el mismo Joaquín no habría podido darle.<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span>
+«Era mejor, sí&mdash;pensaba éste&mdash;era mucho
+mejor que escribiese otro aquella obra, como
+fué Platón quien expuso la doctrina socrática.»
+No era él mismo quien podía, con toda
+libertad de ánimo y sin que ello pareciese
+no ya presuntuoso, mas un esfuerzo para
+violentar el aplauso de la posteridad, que
+se estimaba no conseguible; no era él quien
+podía exaltar su saber y su pericia. Reservaba
+su actividad literaria para otros empeños.</p>
+
+<p>Fué entonces, en efecto, cuando empezó
+a escribir su <i>Confesión</i>, que así la llamaba,
+dedicada a su hija y para que ésta la abriese
+luego que él hubiese muerto, y que era el relato
+de su lucha íntima con la pasión que fué
+su vida, con aquel demonio con quien peleó
+casi desde el albor de su mente dueña de sí
+hasta entonces, hasta cuando lo escribía.
+Esta confesión se decía dirigida a su hija,
+pero tan penetrado estaba él del profundo
+valor trágico de su vida de pasión y de la pasión
+de su vida, que acariciaba la esperanza
+de que un día su hija o sus nietos la dieran
+al mundo, para que éste se sobrecojiera de<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span>
+admiración y de espanto ante aquel héroe de
+la angustia tenebrosa que pasó sin que le conocieran
+en todo su fondo los que con él convivieron.
+Porque Joaquín se creía un espíritu
+de excepción, y como tal torturado y
+más capaz de dolor que los otros, un alma
+señalada al nacer por Dios con la señal de
+los grandes predestinados.</p>
+
+<p>«Mi vida, hija mía&mdash;escribía en la <i>Confesión</i>,&mdash;ha
+sido un arder continuo, pero no
+la habría cambiado por la de otro. He odiado
+como nadie, como ningún otro ha sabido
+odiar, pero es que he sentido más que los
+otros la suprema injusticia de los cariños
+del mundo y de los favores de la fortuna.
+No, no, aquello que hicieron conmigo los
+padres de tu marido no fué humano ni noble;
+fué infame, pero fué peor, mucho peor,
+lo que me hicieron todos, todos los que encontré
+desde que, niño aún y lleno de confianza,
+busqué el apoyo y el amor de mis
+semejantes. Por qué me rechazaban? Por
+qué me acojían fríamente y como obligados
+a ello? Por qué preferían al lijero, al
+inconstante, al egoísta? Todos, todos me<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span>
+amargaron la vida. Y comprendí que el
+mundo es naturalmente injusto y que yo
+no había nacido entre los míos. Esta fué mi
+desgracia, no haber nacido entre los míos.
+La baja mezquindad, la vil ramplonería de
+los que me rodeaban, me perdió.»</p>
+
+<p>Y a la vez que escribía esta <i>Confesión</i>, preparaba,
+por si ésta marrase, otra obra que sería
+la puerta de entrada de su nombre en el
+panteón de los ingenios inmortales de su pueblo
+y casta. Titularíase <i>Memorias de un médico
+viejo</i> y sería la mies del saber de mundo,
+de pasiones, de vida, de tristezas y alegrías,
+hasta de crímenes ocultos, que había cosechado
+de la práctica de su profesión de médico.
+Un espejo de la vida, pero de las entrañas,
+y de las más negras, de ésta; una bajada
+a las simas de la vileza humana; un libro de
+alta literatura y de filosofía acibarada a la
+vez. Allí pondría toda su alma sin hablar de
+sí mismo; allí, para desnudar las almas de
+los otros, desnudaría la suya; allí se vengaría
+del mundo vil en que había tenido que
+vivir. Y las gentes, al verse así, al desnudo,
+admirarían primero y quedarían agradeci<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>das
+después al que las desnudó. Y allí, cambiando
+los nombres a guisa de ficción, haría
+el retrato que para siempre habría de quedar
+de Abel y de Helena. Y su retrato valdría por
+todos los que Abel pintara. Y se regodeaba
+a solas pensando que si él acertaba aquel retrato
+literario de Abel Sánchez, le habría de
+inmortalizar a éste más que todos sus propios
+cuadros, cuando los comentaristas y
+eruditos del porvenir llegasen a descubrir,
+bajo el débil velo de la ficción, al personaje
+histórico. «Sí, Abel, sí&mdash;se decía Joaquín a
+sí mismo&mdash;la mayor coyuntura que tienes
+de lograr eso por lo que tanto has luchado,
+por lo único que has luchado, por lo único
+que te preocupa, por lo que me despreciaste
+siempre o, aun peor, no hiciste caso de mí, la
+mayor coyuntura que tienes de perpetuarte
+en la memoria de los venideros, no son tus
+cuadros, no! sino es que yo acierte a pintarte
+con mi pluma tal y como eres. Y acertaré,
+acertaré, porque te conozco, porque te he
+sufrido, porque has pesado toda mi vida sobre
+mí. Te pondré para siempre en el rollo,
+y no serás Abel Sánchez, no, sino el nombre<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>
+que yo te dé. Y cuando se hable de ti como
+pintor de tus cuadros, dirán las gentes: «Ah,
+sí, el de Joaquín Monegro!» Porque serás de
+este modo mío, mío, y vivirás lo que mi obra
+viva, y tu nombre irá por los suelos, por el
+fango, a rastras del mío, como van arrastrados
+por el Dante los que colocó en el Infierno.
+Y serás la cifra del envidioso.»</p>
+
+<p>Del envidioso! Pues Joaquín dió en
+creer que toda la pasión que bajo su aparente
+impasibilidad de egoísta animaba a Abel,
+era la envidia, la envidia de él, a Joaquín,
+que por envidia le arrebatara de mozo el
+afecto de los compañeros, que por envidia le
+quitó a Helena. Y cómo, entonces, se dejó
+quitar el hijo? «Ah&mdash;se decía Joaquín,&mdash;es
+que él no se cuida de su hijo, sino de su nombre,
+de su fama, no cree que vivirá en las vidas
+de sus descendientes de carne, sino en
+las de los que admiren sus cuadros, y me
+deja su hijo para mejor quedarse con su gloria.
+Pero yo le desnudaré!»</p>
+
+<p>Inquietábale la edad a que emprendía la
+composición de esas <i>Memorias</i>, entrado ya
+en los cincuenta y cinco años, pero, no había<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span>
+acaso empezado Cervantes su <i>Quijote</i> a los
+cincuenta y siete de su edad? Y se dió a averiguar
+qué obras maestras escribieron sus
+autores después de haber pasado la edad
+suya. Y a la par se sentía fuerte, dueño de
+su mente toda, rico de experiencia, maduro
+de juicio y con su pasión, fermentada en
+tantos años, contenida pero bullente.</p>
+
+<p>Ahora, para cumplir su obra, se contendría.
+Pobre Abel! La que le esperaba...! Y
+empezó a sentir desprecio y compasión hacia
+él. Mirábale como a un modelo y como a una
+víctima, y le observaba y le estudiaba. No
+mucho, pues Abel iba poco, muy poco, a casa
+de su hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Debe de andar muy ocupado tu padre&mdash;decía
+Joaquín a su yerno;&mdash;apenas parece
+por aquí. Tendrá alguna queja? Le habremos
+ofendido yo, Antonia o mi hija en algo? Lo
+sentiría...</p>
+
+<p>&mdash;No, no, papá&mdash;así le llamaba ya Abelín,&mdash;no
+es nada de eso. En casa tampoco
+paraba. No te dije que no le importa nada
+más que sus cosas? Y sus cosas son las de su
+arte y qué sé yo...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;No, hijo, no, exageras... algo más habrá...</p>
+
+<p>&mdash;No, no hay más.</p>
+
+<p>Y Joaquín insistía para oir la misma versión.</p>
+
+<p>&mdash;Y Abel, cómo no viene?&mdash;le preguntaba
+a Helena.</p>
+
+<p>&mdash;Bah, él es así con todos!&mdash;respondía
+ésta.</p>
+
+<p>Ella, Helena, sí solía ir a casa de su nuera.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XXXII</h2>
+
+
+<p>&mdash;Pero dime&mdash;le decía un día Joaquín a su
+yerno&mdash;cómo no se le ocurrió a tu padre
+nunca inclinarte a la pintura?</p>
+
+<p>&mdash;No me ha gustado nunca...</p>
+
+<p>&mdash;No importa; parecía lo natural que él
+quisiera iniciarte en su arte...</p>
+
+<p>&mdash;Pues, no, sino que antes más bien le molestaba
+que yo me interesase en él. Jamás me
+animó a que cuando niño hiciera lo que es
+natural en niños, figuras y dibujos.</p>
+
+<p>&mdash;Es raro... es raro...&mdash;murmuraba Joaquín.&mdash;Pero...</p>
+
+<p>Abel sentía desasosiego al ver la expresión
+del rostro de su suegro, el lívido ful<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>gor
+de sus ojos. Sentíase que algo le escarabajeaba
+dentro, algo doloroso y que deseaba
+echar fuera; algún veneno sin duda. Siguióse
+a esas últimas palabras un silencio cargado
+de acre amargura. Y lo rompió Joaquín diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;No me explico que no quisiese dedicarte
+a pintor...</p>
+
+<p>&mdash;No, no quería que fuese lo que él...</p>
+
+<p>Siguióse otro silencio, que volvió a romper,
+como con pesar, Joaquín, exclamando
+como quien se decide a una confesión:</p>
+
+<p>&mdash;Pues sí, lo comprendo!</p>
+
+<p>Abel tembló, sin saber a punto cierto por
+qué, al oir el tono y timbre con que su suegro
+pronunció esas palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Pues...?&mdash;interrogó el yerno.</p>
+
+<p>&mdash;No... nada...&mdash;Y el otro pareció recojerse
+en sí.</p>
+
+<p>&mdash;Dímelo!&mdash;suplicó el yerno, que por ruego
+de Joaquín ya le tuteaba como a padre
+amigo&mdash;amigo y cómplice!&mdash;aunque temblaba
+de oir lo que pedía que se le dijese.</p>
+
+<p>&mdash;No; no, no quiero que digas luego...</p>
+
+<p>&mdash;Pues eso es peor, padre, que decírmelo,<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>
+sea lo que fuere. Además, que creo adivinarlo...</p>
+
+<p>&mdash;Qué?&mdash;preguntó el suegro, atravesándole
+los ojos con la mirada.</p>
+
+<p>&mdash;Que acaso temiese que yo con el tiempo
+eclipsara su gloria...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;añadió con reconcentrada voz Joaquín,&mdash;sí,
+eso! Abel Sánchez hijo, o Abel
+Sánchez el Joven! Y que luego se le recordase
+a él como tu padre y no a ti como a su
+hijo. Es tragedia que se ha visto más de una
+vez dentro de las familias... Eso de que un
+hijo haga sombra a su padre...</p>
+
+<p>&mdash;Pero eso es...&mdash;dijo el yerno, por decir
+algo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es envidia, hijo, nada más que envidia.</p>
+
+<p>&mdash;Envidia de un hijo...! Y un padre!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, y la más natural. La envidia no puede
+ser entre personas que no se conocen apenas.
+No se envidia al de otras tierras ni al de
+otros tiempos. No se envidia al forastero, sino
+los del mismo pueblo entre sí; no al de más
+edad, al de otra generación, sino al contemporáneo,
+al camarada. Y la mayor envidia<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span>
+entre hermanos. Por algo es la leyenda de
+Caín y Abel... Los celos más terribles, tenlo
+por seguro, han de ser los de uno que cree que
+su hermano pone ojos en su mujer, en la cuñada...
+Y entre padres e hijos...</p>
+
+<p>&mdash;Pero y la diferencia de edad en este
+caso?</p>
+
+<p>&mdash;No importa! Eso de que nos llegue a
+oscurecer aquel a quien hicimos...</p>
+
+<p>&mdash;Y del maestro al discípulo?&mdash;preguntó
+Abel.</p>
+
+<p>Joaquín se calló, clavó un momento su
+vista en el suelo, bajo el que adivinaba la
+tierra, y luego añadió, como hablando con
+ella, con la tierra:</p>
+
+<p>&mdash;Decididamente, la envidia es una forma
+de parentesco.</p>
+
+<p>Y luego:</p>
+
+<p>&mdash;Pero hablemos de otra cosa, y todo esto,
+hijo, como si no lo hubiese dicho. Lo has oído?</p>
+
+<p>&mdash;No!</p>
+
+<p>&mdash;Cómo que no?...</p>
+
+<p>&mdash;Que no he oído lo que antes dijiste.</p>
+
+<p>&mdash;Ojalá no lo hubiese oído yo tampoco!&mdash;y
+la voz le lloraba.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXXIII</h2>
+
+
+<p>Solía ir Helena a casa de su nuera, de sus
+hijos, para introducir un poco de gusto más
+fino, de mayor elegancia, en aquel hogar de
+burgueses sin distinción, para corregir&mdash;así
+lo creía ella&mdash;los defectos de la educación
+de la pobre Joaquina, criada por aquel padre
+lleno de una soberbia sin fundamento y
+por aquella pobre madre que había tenido
+que cargar con el hombre que otra desdeñó.
+Y cada día dictaba alguna lección de buen
+tono y de escojidas maneras.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, como quieras!&mdash;solía decirle Antonia.</p>
+
+<p>Y Joaquina, aunque recomiéndose, resig<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span>nábase.
+Pero dispuesta a rebelarse un día.
+Y si no lo hizo fué por los ruegos de su marido.</p>
+
+<p>&mdash;Como usted quiera, señora&mdash;le dijo una
+vez y recalcando el <i>usted</i>, que no habían logrado
+lo dejase al hablarle;&mdash;yo no entiendo
+de esas cosas ni me importa. En todo eso se
+hará su gusto...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no es mi gusto, hija, si es...</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo da! Yo me he criado en la
+casa de un médico, que es ésta, y cuando se
+trate de higiene, de salubridad, y luego que
+nos llegue el hijo, de criarle, sé lo que he de
+hacer, pero ahora, en estas cosas que llama
+usted de gusto, de distinción, me someto a
+quien se ha formado en casa de un artista.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no te pongas así, chicuela...</p>
+
+<p>&mdash;No, si no me pongo. Es que siempre nos
+está usted echando en cara que si esto no se
+hace así, que si se hace asá. Después de todo
+no vamos a dar saraos ni tés danzantes.</p>
+
+<p>&mdash;No sé de dónde te ha venido, hija, ese
+fingido desprecio, fingido, sí, fingido, lo repito,
+fingido...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si yo no he dicho nada, señora...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Ese fingido desprecio a las buenas formas,
+a las conveniencias sociales. Aviados
+estaríamos sin ellas...! No se podría vivir!</p>
+
+<p>Como a Joaquina le habían recomendado
+su padre y su marido que se pasease, que
+airease y solease la sangre que iba dando al
+hijo que vendría, y como ellos no podían
+siempre acompañarla, y Antonia no gustaba
+de salir de casa, escoltábala Helena, su suegra.
+Y se complacía en ello, en llevarla al
+lado como a una hermana menor, pues por
+tal la tomaban los que no las conocían, en
+hacerle sombra con su espléndida hermosura
+casi intacta por los años. A su lado su nuera
+se borraba a los ojos precipitados de los
+transeuntes. El encanto de Joaquina era para
+paladeado lentamente por los ojos, mientras
+que Helena se ataviaba para barrer las miradas
+de los distraídos. «Me quedo con la
+madre!»&mdash;oyó que una vez decía un mocetón,
+a modo de chicoleo, cuando al pasar ellas le
+oyó que llamaba <i>hija</i> a Joaquina, y respiró
+más fuerte, humedeciéndose con la punta
+de la lengua los labios.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, hija&mdash;solía decirle a Joaquina,&mdash;haz<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span>
+lo más por disimular tu estado, es muy
+feo eso de que se conozca que una muchacha
+está encinta... es así como una petulancia...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo hago, madre, es andar cómoda
+y no cuidarme de lo que crean o no
+crean... Aunque estoy en lo que los cursis
+llaman estado interesante, no me hago la
+tal como otras se habrán hecho y se hacen.
+No me preocupo de esas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hay que preocuparse; se vive en
+el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Y qué más da que lo conozcan...? O es
+que no le gusta a usted, madre, que sepan
+que va para abuela?&mdash;añadió con sorna.</p>
+
+<p>Helena se escocía al oir la palabra odiosa:
+abuela, pero se contuvo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, lo que es por edad...&mdash;dijo,
+picada.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por edad podía usted ser madre de
+nuevo&mdash;repuso la nuera, hiriéndola en lo
+vivo.</p>
+
+<p>&mdash;Claro, claro...&mdash;dijo Helena, sofocada y
+sorprendida, inerme por el brusco ataque.&mdash;Pero
+eso de que se te queden mirando...</p>
+
+<p>&mdash;No; esté tranquila, pues a usted es más<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span>
+bien a la que miran. Se acuerdan de aquel
+magnífico retrato, de aquella obra de arte...</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo en tu caso...&mdash;empezó la suegra.</p>
+
+<p>&mdash;Usted en mi caso, madre, y si pudiese
+acompañarme en mi estado mismo, entonces?</p>
+
+<p>&mdash;Mira, niña, si sigues así nos volvemos
+en seguida y no vuelvo a salir contigo ni a
+pisar tu casa... es decir, la de tu padre.</p>
+
+<p>&mdash;La mía, señora, la mía, y la de mi marido
+y la de usted...!</p>
+
+<p>&mdash;Pero de dónde has sacado ese geniecillo,
+niña?</p>
+
+<p>&mdash;Geniecillo? Ah, sí, el genio es de otros!</p>
+
+<p>&mdash;Miren, miren la mosquita muerta... la
+que se iba a ir monja antes de que su padre
+le pescase a mi hijo...</p>
+
+<p>&mdash;Le he dicho a usted ya, señora, que no
+vuelva a mentarme eso. Yo sé lo que me
+hice.</p>
+
+<p>&mdash;Y mi hijo también.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sabe también lo que se hizo, y no
+hablemos más de ello.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXXIV</h2>
+
+
+<p>Y vino al mundo el hijo de Abelín y de
+Joaquina, en quien se mezclaron las sangres
+de Abel Sánchez y de Joaquín Monegro.</p>
+
+<p>La primer batalla fué la del nombre que
+había de ponérsele; su madre quería que Joaquín;
+Helena, que Abel, y Abel, su hijo Abelín
+y Antonia, remitieron la decisión a Joaquín,
+que sería quien le diese nombre. Y fué
+un combate en el alma de Monegro. Un acto
+tan sencillo como es dar nombre a un hombre
+nuevo, tomaba para él tamaño de algo agorero,
+de un sortilegio fatídico. Era como si se
+decidiera el porvenir del nuevo espíritu.</p>
+
+<p>«Joaquín&mdash;se decía éste,&mdash;Joaquín, sí,<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span>
+como yo, y luego será Joaquín S. Monegro y
+hasta borrará la ese, la ese a que se le reducirá
+ese odioso Sánchez, y desaparecerá su
+nombre, el de su hijo, y su linaje quedará
+anegado en el mío... Pero no, es mejor que
+sea Abel Monegro. Abel S. Monegro, y se
+redima así el Abel? Abel es su abuelo, pero
+Abel es también su padre, mi yerno, mi
+hijo, que es ya mío, un Abel mío, que he hecho
+yo. Y qué más da que se llame Abel si él,
+el otro, su otro abuelo, no será Abel ni nadie
+le conocerá por tal, sino será como yo le
+llame en las <i>Memorias</i>, con el nombre con
+que le marque en la frente con fuego? Pero
+no...»</p>
+
+<p>Y, mientras, así dudaba, fué Abel Sánchez,
+el pintor, quien decidió la cuestión, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Que se llame Joaquín. Abel el abuelo,
+Abel el padre, Abel el hijo, tres Abeles... son
+muchos! Además, no me gusta, es nombre de
+víctima...</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien dejaste ponérselo a tu hijo&mdash;objetó
+Helena.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, fué un empeño tuyo, y por no oponerme...
+Pero figúrate que en vez de ha<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span>berse
+dedicado a médico se dedica a pintor,
+pues... Abel Sánchez el Viejo y Abel Sánchez
+el Joven...</p>
+
+<p>&mdash;Y Abel Sánchez no puede haber más
+que uno&mdash;añadió Joaquín, sotorriéndose.</p>
+
+<p>&mdash;Por mí que haya ciento&mdash;replicó aquél.
+Yo siempre he de ser yo.</p>
+
+<p>&mdash;Y quién lo duda?&mdash;dijo su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, nada, que le llamen Joaquín, decidido!</p>
+
+<p>&mdash;Y que no se dedique a la pintura, eh?</p>
+
+<p>&mdash;Ni a la medicina!&mdash;concluyó Abel, fingiendo
+seguir la fingida broma.</p>
+
+<p>Y Joaquín se llamó el niño.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXXV</h2>
+
+
+<p>Tomaba al niño su abuela Antonia, que
+era quien le cuidaba, y apechugándolo como
+para ampararlo y cual si presintiese alguna
+desgracia, le decía: «Duerme, hijo mío, duerme,
+que cuanto más duermas, mejor. Así
+crecerás sano y fuerte. Y luego también, mejor
+dormido que despierto, sobre todo en esta
+casa. Qué va a ser de ti? Dios quiera que no
+riñan en ti tus dos sangres!» Y dormido el
+niño, ella, teniéndole en brazos, rezaba y
+rezaba.</p>
+
+<p>Y el niño crecía a la par que la <i>Confesión</i>
+y las <i>Memorias</i> de su abuelo de madre
+y que la fama de pintor de su abuelo de pa<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span>dre.
+Pues nunca fué más grande la reputación
+de Abel que en este tiempo. El cual, por
+su parte, parecía preocuparse muy poco de
+toda otra cosa que no fuese su reputación.</p>
+
+<p>Una vez se fijó más intensamente en el
+nietecillo, y fué que al verle una mañana
+dormido exclamó: «Qué precioso apunte!»
+Y tomando un álbum se puso a hacer un bosquejo
+a lápiz del niño dormido.</p>
+
+<p>---Qué lástima&mdash;exclamó&mdash;no tener aquí
+mi paleta y mis colores! Ese juego de la luz en
+la mejilla, que parece como de melocotón, es
+encantador. Y el color del pelo! Si parecen
+rayos del sol los rizos!</p>
+
+<p>&mdash;Y luego&mdash;le dijo Joaquín,&mdash;cómo le llamarías
+al cuadro? Inocencia?</p>
+
+<p>&mdash;Eso de poner títulos a los cuadros se
+queda para los literatos, como para los médicos
+el poner nombres a las enfermedades,
+aunque no se curen.</p>
+
+<p>&mdash;Y quién te ha dicho, Abel, que sea lo
+propio de la medicina curar las enfermedades?</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, qué es?</p>
+
+<p>&mdash;Conocerlas. El fin de la ciencia es conocer.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Yo creí que conocer para curar. De qué
+nos serviría haber probado del fruto de la
+ciencia del bien y del mal si no era para librarnos
+de éste?</p>
+
+<p>&mdash;Y el fin del arte, cuál es? Cuál es el fin
+de ese dibujo de nuestro nieto que acabas de
+hacer?</p>
+
+<p>&mdash;Eso tiene su fin en sí. Es una cosa bonita
+y basta.</p>
+
+<p>&mdash;Qué es lo bonito? Tu dibujo o nuestro
+nieto?</p>
+
+<p>&mdash;Los dos!</p>
+
+<p>&mdash;Acaso crees que tu dibujo es más hermoso
+que él, que Joaquinito?</p>
+
+<p>&mdash;Ya estás en las tuyas! Joaquín! Joaquín!</p>
+
+<p>Y vino Antonia, la abuela, y cojió al niño
+de la cuna y se lo llevó como para defenderlo
+de uno y de otro abuelo. Y le decía: «Ay,
+hijo, hijito, hijo mío, corderito de Dios, sol de
+la casa, angelito sin culpa, que no te retraten,
+que no te curen! No seas modelo de pintor,
+no seas enfermo de médico... Déjales, déjales
+con su arte y con su ciencia y vente con
+tu abuelita, tú, vida, vida, vidita, vidita<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span>
+mía! Tú eres mi vida; tú eres nuestra vida;
+tú eres el sol de esta casa. Yo te enseñaré a
+rezar por tus abuelos y Dios te oirá. Vente
+conmigo, vidita, vida, corderito sin mancha,
+corderito de Dios!» Y no quiso Antonia ver
+el apunte de Abel.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+
+<h2>XXXVI</h2>
+
+
+<p>Joaquín seguía con su enfermiza ansiedad
+el crecimiento en cuerpo y en espíritu de su
+nieto Joaquinito. A quién salía? A quién se
+parecía? De qué sangre era? Sobre todo cuando
+empezó a balbucir.</p>
+
+<p>Desasosegábale al abuelo que el otro abuelo,
+Abel, desde que tuvo el nieto, frecuentaba
+la casa de su hijo y hacía que le llevasen
+a la suya el pequeñuelo. Aquel grandísimo
+egoísta&mdash;por tal le tenían su hijo y su consuegro&mdash;parecía
+ablandarse de corazón y
+aun aniñarse ante el niño. Solía ir a hacerle
+dibujos, lo que encantaba a la criatura.
+«<i>Abelito</i>, santos!», le pedía. Y Abel no se can<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span>saba
+de dibujarle perros, gatos, caballos, toros,
+figuras humanas. Ya le pedía un jinete,
+ya dos chicos haciendo cachetina, ya un niño
+corriendo de un perro que le sigue, y que las
+escenas se repitiesen.</p>
+
+<p>&mdash;En mi vida he trabajado con más gusto&mdash;decía
+Abel;&mdash;esto, esto es arte puro y lo
+demás... chanfaina!</p>
+
+<p>&mdash;Puedes hacer un álbum de dibujos para
+los niños&mdash;le dijo Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;No, así no tiene gracia, para los niños...
+no! Eso no sería arte sino...</p>
+
+<p>&mdash;Pedagogía&mdash;dijo Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Eso, sí, sea lo que fuere, pero arte no.
+Esto es arte, esto; estos dibujos que dentro
+de media hora romperá nuestro nieto.</p>
+
+<p>&mdash;Y si yo los guardase?&mdash;preguntó Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Guardarlos? Para qué?</p>
+
+<p>&mdash;Para tu gloria. He oído de no sé qué pintor
+de fama que se han publicado los dibujos
+que les hacía, para divertirlos, a sus hijos,
+y que son de lo mejor de él.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no los hago para que los publiquen
+luego, entiendes? Y, en cuanto a eso de la<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span>
+gloria, que es una de tus reticencias, Joaquín,
+sábete que no se me da un comino de
+ella.</p>
+
+<p>&mdash;Hipócrita! Si es lo único que de veras
+te preocupa...</p>
+
+<p>&mdash;Lo único? Parece mentira que me lo digas
+ahora. Hoy lo que me preocupa es este
+niño. Y será un gran artista!</p>
+
+<p>&mdash;Que herede tu genio, no?</p>
+
+<p>&mdash;Y el tuyo!</p>
+
+<p>El niño miraba sin comprender el duelo
+entre sus dos abuelos, pero adivinando algo
+en sus actitudes.</p>
+
+<p>&mdash;Qué le pasa a mi padre?&mdash;preguntaba
+a Joaquín su yerno&mdash;que está chocho con el
+nieto, él que apenas nunca me hizo caso? Ni
+recuerdo que siendo yo niño me hiciese esos
+dibujos...</p>
+
+<p>&mdash;Es que vamos para viejos, hijo&mdash;le respondió
+Joaquín,&mdash;y la vejez enseña mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Y hasta el otro día, a no sé qué pregunta
+del niño, le vi llorar. Es decir, le salieron las
+lágrimas. Las primeras que le he visto.</p>
+
+<p>&mdash;Bah! Eso es cardíaco!</p>
+
+<p>&mdash;Cómo?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Que tu padre está ya gastado por los
+años y el trabajo y por el esfuerzo de la inspiración
+artística y por las emociones; que
+tiene muy mermadas las reservas del corazón
+y que el mejor día...</p>
+
+<p>&mdash;Qué?</p>
+
+<p>&mdash;Os da, es decir, nos da un susto. Y me
+alegro que haya llegado ocasión de decírtelo,
+aunque ya pensaba en ello. Adviérteselo
+a Helena, a tu madre.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, él se queja de fatiga, de disnea, será...?</p>
+
+<p>&mdash;Eso es. Me ha hecho que le reconozca
+sin saberlo tú y le he reconocido. Necesita
+cuidado.</p>
+
+<p>Y así era que en cuanto se encrudecía el
+tiempo Abel se quedaba en casa y hacía que
+le llevasen a ella al nieto, lo que amargaba
+para el día todo al otro abuelo. «Me lo está
+mimando&mdash;se decía Joaquín&mdash;, quiere arrebatarme
+su cariño; quiere ser el primero;
+quiere vengarse de lo de su hijo. Sí, sí, es
+por venganza, nada más que por venganza.
+Quiere quitarme este último consuelo. Vuelve
+a ser él, él, él, que me quitaba los amigos
+cuando éramos mozos.»</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p>
+
+<p>Y en tanto Abel le repetía al nietecito
+que quisiera mucho al abuelito Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Te quiero más a ti&mdash;le dijo una vez el
+nieto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no! No debes quererme a mí más;
+hay que querer a todos igual. Primero a papá
+y mamá y luego a los abuelos y a todos lo
+mismo. El abuelito Joaquín es muy bueno,
+te quiere mucho, te compra juguetes...</p>
+
+<p>&mdash;También tú me los compras...</p>
+
+<p>&mdash;Te cuenta cuentos...</p>
+
+<p>&mdash;Me gustan más los dibujos que tú me
+haces. Anda, píntame un toro y un picador
+a caballo!</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XXXVII</h2>
+
+
+<p>&mdash;Mira, Abel&mdash;le dijo solemnemente Joaquín,
+así que se encontraron solos,&mdash;vengo
+a hablarte de una cosa grave, muy grave, de
+una cuestión de vida o muerte.</p>
+
+<p>&mdash;De mi enfermedad?</p>
+
+<p>&mdash;No, pero si quieres de la mía.</p>
+
+<p>&mdash;De la tuya?</p>
+
+<p>&mdash;De la mía, sí! Vengo a hablarte de nuestro
+nieto. Y para no andar con rodeos es menester
+que te vayas, que te alejes, que nos
+pierdas de vista; te lo ruego, te lo suplico...</p>
+
+<p>&mdash;Yo? Pero estás loco, Joaquín? Y por
+qué?</p>
+
+<p>&mdash;El niño te quiere a ti más que a mí. Esto<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span>
+es claro. Yo no sé lo que haces con él... no
+quiero saberlo...</p>
+
+<p>&mdash;Le aojaré o le daré algún bebedizo, sin
+duda...</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé. Le haces esos dibujos, esos
+malditos dibujos, le entretienes con las artes
+perversas de tu maldito arte...</p>
+
+<p>&mdash;Ah, pero eso también es malo? Tú no
+estás bueno, Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser que no esté bueno, pero eso
+no importa ya. No estoy en edad de curarme.
+Y si estoy malo debes respetarme. Mira,
+Abel, que me amargaste la juventud, que
+me has perseguido la vida toda...</p>
+
+<p>&mdash;Yo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, tú, tú.</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo ignoraba.</p>
+
+<p>&mdash;No finjas. Me has despreciado siempre...</p>
+
+<p>&mdash;Mira, si sigues así, me voy, porque me
+pones malo de verdad. Ya sabes mejor que
+nadie, que no estoy para oir locuras de ese
+jaez. Vete a un manicomio a que te curen o
+te cuiden y déjanos en paz.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Abel, que me quitaste, por humillarme,
+por rebajarme, a Helena...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Y no has tenido a Antonia...?</p>
+
+<p>&mdash;No, no es por ella, no! Fué el desprecio,
+la afrenta, la burla.</p>
+
+<p>&mdash;Tú no estás bueno, te lo repito, Joaquín,
+no estás bueno...</p>
+
+<p>&mdash;Peor estás tú.</p>
+
+<p>&mdash;De salud del cuerpo, desde luego. Sé
+que no estoy para vivir mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Demasiado...</p>
+
+<p>&mdash;Ah, pero me deseas la muerte?</p>
+
+<p>&mdash;No, Abel, no, no digo eso&mdash;y tomó Joaquín
+tono de quejumbrosa súplica, diciéndole:
+Vete, vete de aquí, vete a vivir a otra
+parte, déjame con él... no me lo quites... por
+lo que te queda...</p>
+
+<p>&mdash;Pues por lo que me queda, déjame
+con él.</p>
+
+<p>&mdash;No, que le envenenas con tus mañas,
+que le desapegas de mí, que le enseñas a despreciarme...</p>
+
+<p>&mdash;Mentira, mentira y mentira! Jamás me
+ha oído ni me oirá nada en desprestigio tuyo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero basta con lo que le engatusas.</p>
+
+<p>&mdash;Y crees tú que por irme yo, por quitarme
+yo de en medio habría de quererte? Si a<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span>
+ti, Joaquín, aunque uno se proponga no
+puede quererte... Si rechazas a la gente....</p>
+
+<p>&mdash;Lo ves, lo ves...</p>
+
+<p>&mdash;Y si el niño no te quiere como tú quieres
+ser querido, con exclusión de los demás o
+más que a ellos, es que presiente el peligro,
+es que teme...</p>
+
+<p>&mdash;Y qué teme?&mdash;preguntó Joaquín, palideciendo.</p>
+
+<p>---El contagio de tu mala sangre.</p>
+
+<p>Levantóse entonces Joaquín, lívido, se fué
+a Abel y le puso las dos manos, como dos garras,
+en el cuello, diciendo: Bandido!</p>
+
+<p>Mas al punto las soltó. Abel dió un grito,
+llevándose las manos al pecho, suspiró un
+«Me muero!» y dió el último respiro. Joaquín
+se dijo: «El ataque de angina; ya no hay remedio;
+se acabó!»</p>
+
+<p>En aquel momento oyó la voz del nieto
+que llamaba: «Abuelito! Abuelito!» Joaquín
+se volvió:</p>
+
+<p>&mdash;A quién llamas? A qué abuelo llamas?
+A mí?&mdash;Y como el niño callara lleno de estupor
+ante el misterio que veía:&mdash;Vamos, dí,
+a qué abuelo? A mí?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;No, al abuelito Abel.</p>
+
+<p>&mdash;A Abel? Ahí le tienes... muerto. Sabes
+lo que es eso? Muerto.</p>
+
+<p>Después de haber sostenido en la butaca
+en que murió el cuerpo de Abel, se volvió
+Joaquín al nieto y con voz de otro mundo le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Muerto, sí! Y le he matado yo, yo, ha
+matado a Abel Caín, tu abuelo Caín. Mátame
+ahora si quieres. Me quería robarte; quería
+quitarme tu cariño. Y me lo ha quitado.
+Pero él tuvo la culpa; él.</p>
+
+<p>Y rompiendo a llorar, añadió:</p>
+
+<p>&mdash;Me quería robarte a ti, a ti, al único consuelo
+que le quedaba al pobre Caín! No le
+dejarán a Caín nada? Ven acá, abrázame.</p>
+
+<p>El niño huyó sin comprender nada de
+aquello, como se huye de un loco. Huyó llamando
+a Helena: abuela, abuela!</p>
+
+<p>&mdash;Le he matado, sí&mdash;continuó Joaquín
+solo;&mdash;pero él me estaba matando; hace más
+de cuarenta años que me estaba matando.
+Me envenenó los caminos de la vida con su
+alegría y con sus triunfos. Quería robarme
+el nieto...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span></p>
+
+<p>Al oir pasos precipitados, volviendo Joaquín
+en sí, volvióse. Era Helena, que entraba.</p>
+
+<p>&mdash;Qué pasa... qué sucede... qué dice el
+niño...</p>
+
+<p>&mdash;Que la enfermedad de tu marido ha tenido
+su fatal desenlace&mdash;dijo Joaquín heladamente.</p>
+
+<p>&mdash;Y tú?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no he podido hacer nada. En esto se
+llega siempre tarde.</p>
+
+<p>Helena le miró fijamente y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Tú... tú has sido!</p>
+
+<p>Luego se fué, pálida y convulsa, pero sin
+perder su compostura, al cuerpo de su marido.</p>
+
+<hr class="chap" />
+
+
+<h2>XXXVIII</h2>
+
+
+<p>Pasó un año, en que Joaquín cayó en una
+honda melancolía. Abandonó sus <i>Memorias</i>,
+evitaba ver a todo el mundo, incluso a
+sus hijos. La muerte de Abel había aparecido
+el natural desenlace de su dolencia, conocida
+por su hija, pero un espeso bochorno
+de misterio pesaba sobre la casa. Helena encontró
+que el traje de luto la favorecía mucho
+y empezó a vender los cuadros que de
+su marido le quedaban. Parecía tener cierta
+aversión al nieto. Al cual le había nacido ya
+una hermanita.</p>
+
+<p>Postróle, al fin, una oscura enfermedad
+en el lecho. Y sintiéndose morir, llamó un día
+a sus hijos, a su mujer, a Helena.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Os dijo verdad el niño&mdash;empezó diciendo,&mdash;yo
+le maté.</p>
+
+<p>&mdash;No digas esas cosas, padre&mdash;suplicó
+Abel, su yerno.</p>
+
+<p>&mdash;No es hora de interrupciones ni de embustes.
+Yo le maté. O como si yo le hubiera
+matado, pues murió en mis manos...</p>
+
+<p>&mdash;Eso es otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Se me murió teniéndole yo en mis manos,
+cojido del cuello. Aquello fué como un
+sueño. Toda mi vida ha sido como un sueño.
+Por eso ha sido como una de esas pesadillas
+dolorosas que nos caen encima poco antes de
+despertar, al alba, entre el sueño y la vela.
+No he vivido ni dormido... ojalá! ni despierto.
+No me acuerdo ya de mis padres, no quiero
+acordarme de ellos y confío en que ya
+muertos me hayan olvidado. Me olvidará
+también Dios? Sería lo mejor acaso, el
+eterno olvido. Olvidadme, hijos míos!</p>
+
+<p>&mdash;Nunca!&mdash;exclamó Abel, yendo a besarle
+la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Déjala! Estuvo en el cuello de tu padre
+al morirse éste. Déjala! Pero no me dejéis.
+Rogad por mí.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Padre, padre!&mdash;suplicó la hija.</p>
+
+<p>&mdash;Por qué he sido tan envidioso, tan malo?
+Qué hice para ser así? Qué leche mamé? Era
+un bebedizo de odio? Ha sido un bebedizo mi
+sangre? Por qué nací en tierra de odios? En
+tierra en que el precepto parece ser: «Odia a
+tu prójimo como a ti mismo.» Porque he vivido
+odiándome; porque aquí todos vivimos
+odiándonos. Pero... traed al niño.</p>
+
+<p>&mdash;Padre!</p>
+
+<p>&mdash;Traed al niño!</p>
+
+<p>Y cuando el niño llegó le hizo acercarse:</p>
+
+<p>&mdash;Me perdonas?&mdash;le preguntó.</p>
+
+<p>&mdash;No hay de qué&mdash;dijo Abel.</p>
+
+<p>&mdash;Dí que sí, arrímate al abuelo&mdash;le dijo
+su madre.</p>
+
+<p>&mdash;Sí!&mdash;susurró el niño.</p>
+
+<p>&mdash;Dí claro, hijo mío, dí si me perdonas.</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;Así, sólo de ti, sólo de ti, que no tienes
+todavía uso de razón, de ti que eres inocente,
+necesito perdón. Y no olvides a tu abuelo
+Abel, al que te hacía los dibujos. Le olvidarás?</p>
+
+<p>&mdash;No!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;No, no le olvides, hijo mío, no le olvides.
+Y tú, Helena...</p>
+
+<p>Helena, la vista en el suelo, callaba.</p>
+
+<p>&mdash;Y tú, Helena...</p>
+
+<p>&mdash;Yo, Joaquín, te tengo hace tiempo perdonado.</p>
+
+<p>&mdash;No te pedía eso. Sólo quiero verte junto
+a Antonia. Antonia...</p>
+
+<p>La pobre mujer, henchidos de lágrimas los
+ojos, se echó sobre la cabeza de su marido y
+como queriendo protegerla.</p>
+
+<p>&mdash;Tú has sido aquí la víctima. No pudiste
+curarme, no pudiste hacerme bueno...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si lo has sido, Joaquín... Has sufrido
+tanto!...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, la tisis del alma. Y no pudiste hacerme
+bueno porque no te he querido.</p>
+
+<p>&mdash;No digas eso!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo digo, lo tengo que decir, y lo digo
+aquí, delante de todos. No te he querido. Si
+te hubiera querido me había curado. No te
+he querido. Y ahora me duele no haberte
+querido. Si pudiéramos volver a empezar...</p>
+
+<p>&mdash;Joaquín! Joaquín!&mdash;clamaba desde el
+destrozado corazón la pobre mujer.&mdash;No di<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span>gas
+esas cosas. Ten piedad de mí; ten piedad
+de tus hijos, de tu nieto que te oye, y que,
+aunque parece no entenderte, acaso mañana...</p>
+
+<p>&mdash;Por eso lo digo, por piedad. No, no te
+he querido; no he querido quererte. Si volviésemos
+a empezar! Ahora, ahora es cuando...</p>
+
+<p>No le dejó acabar su mujer, tapándole la
+moribunda con su boca y como si quisiera
+recojer en el propio su último aliento.</p>
+
+<p>&mdash;Esto te salva, Joaquín.</p>
+
+<p>&mdash;Salvarme? Y a qué llamas salvarse?</p>
+
+<p>&mdash;Aun puedes vivir unos años, si lo quieres.</p>
+
+<p>&mdash;Para qué? Para llegar a viejo? A la verdadera
+vejez? No; la vejez, no! La vejez
+egoísta no es más que una infancia en que
+hay conciencia de la muerte. El viejo es un
+niño que sabe que ha de morir. No, no quiero
+llegar a viejo. Reñiría con los nietos por
+celos, les odiaría... No, no... basta de odio!
+Pude quererte, debí quererte, que habría sido
+mi salvación, y no te quise.</p>
+
+<p>Calló. No quiso o no pudo proseguir. Besó
+a los suyos. Horas después rendía su último
+cansado respiro.</p><hr class="chap" />
+
+
+
+
+
+<h2>OBRAS DEL MISMO AUTOR</h2>
+
+<p class="center">EDITADAS POR LA BIBLIOTECA</p>
+
+<p class="center large">RENACIMIENTO</p>
+
+
+<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="obras">
+
+<tr>
+ <td class="tdr" colspan="2">Ptas.</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Por tierras de Portugal y España</td>
+ <td class="tdr">3,50</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Soliloquios y conversaciones</td>
+ <td class="tdr">3,50</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Contra esto y aquello</td>
+ <td class="tdr">3,50</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Del sentimiento trágico de la vida</td>
+ <td class="tdr">3,50</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Vida de Don Quijote y Sancho</td>
+ <td class="tdr">4,00</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Niebla, <i>novela</i></td>
+ <td class="tdr">3,50</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Recuerdos de niñez y de mocedad</td>
+ <td class="tdr">3,00</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Poesías</td>
+ <td class="tdr">3,00</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">De mi país</td>
+ <td class="tdr">2,00</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Rosario de sonetos líricos</td>
+ <td class="tdr">3,00</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">El espejo de la muerte, <i>novelas</i></td>
+ <td class="tdr">1,00</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">Abel Sánchez</td>
+ <td class="tdr">3,50</td>
+</tr>
+
+<tr>
+ <th colspan="2">UNAMUNO Y GANIVET</th>
+</tr>
+
+<tr>
+ <td class="tdl">El porvenir de España</td>
+ <td class="tdr">2,00</td>
+</tr>
+
+</table>
+
+<div>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44512 ***</div>
+</body>
+</html>
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