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| author | nfenwick <nfenwick@pglaf.org> | 2025-03-07 16:57:43 -0800 |
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You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org - - -Title: La Lucha Por La Vida; La Busca - -Author: Pío Baroja - -Release Date: August 9, 2013 [EBook #43432] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA LUCHA POR LA VIDA; LA BUSCA *** - - - - -Produced by Carlos Colon and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was -created from images of public domain material made available -by the University of Toronto Libraries -(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).) - - +<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 43432 ***</div> +<p class="p6 center xlarge">OBRAS DE PIÓ BAROJA</p> -</pre> - - -<p class="p6 center xlarge">OBRAS DE PIÓ BAROJA</p> - - -<p class="p4">Vidas sombrías.</p> +<p class="p4">Vidas sombrÃas.</p> <p>Idilios vascos.</p> -<p>El tablado de Arlequín.</p> +<p>El tablado de ArlequÃn.</p> -<p>Nuevo tablado de Arlequín.</p> +<p>Nuevo tablado de ArlequÃn.</p> -<p>Juventud, egolatría.</p> +<p>Juventud, egolatrÃa.</p> -<p>Idilios y fantasías.</p> +<p>Idilios y fantasÃas.</p> <p>Las horas solitarias.</p> @@ -228,7 +194,7 @@ by the University of Toronto Libraries <p>Divagaciones sobre la Cultura.</p> -<p class="p4 center">LAS TRILOGÍAS</p> +<p class="p4 center">LAS TRILOGÃAS</p> <p class="p2 center smcap">tierra vasca</p> @@ -236,12 +202,12 @@ by the University of Toronto Libraries <p>El Mayorazgo de Labraz.</p> -<p>Zalacaín, el aventurero.</p> +<p>ZalacaÃn, el aventurero.</p> -<p class="p2 center smcap">la vida fantástica</p> +<p class="p2 center smcap">la vida fantástica</p> -<p>Camino de perfección.</p> +<p>Camino de perfección.</p> <p>Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox.</p> @@ -254,7 +220,7 @@ by the University of Toronto Libraries <p>La ciudad de la niebla.</p> -<p>El árbol de la ciencia.</p> +<p>El árbol de la ciencia.</p> <p class="p2 center smcap">la lucha por la vida</p> @@ -270,30 +236,30 @@ by the University of Toronto Libraries <p>La feria de los discretos.</p> -<p>Los últimas románticos.</p> +<p>Los últimas románticos.</p> <p>Las tragedias grotescas.</p> <p class="p2 center smcap">las ciudades</p> -<p>César o nada.</p> +<p>César o nada.</p> -<p>El mundo es ansí.</p> +<p>El mundo es ansÃ.</p> <p class="p2 center smcap">el mar</p> <p>Las inquietudes de Shanti -Andía.</p> +AndÃa.</p> <p class="p2 center smcap">memorias de un hombre -de acción</p> +de acción</p> <p>El aprendiz de conspirador.</p> -<p>El escuadrón del Brigante.</p> +<p>El escuadrón del Brigante.</p> <p>Los caminos del mundo.</p> @@ -320,27 +286,27 @@ de acción</p> -<p class="p6 center">ES PROPIEDAD<br /> +<p class="p6 center">ES PROPIEDAD<br> -DERECHOS RESERVADOS<br /> +DERECHOS RESERVADOS<br> -PARA TODOS LOS PAÍSES</p> +PARA TODOS LOS PAÃSES</p> -<p class="p2 center">COPYRIGHT BY<br /> +<p class="p2 center">COPYRIGHT BY<br> -RAFAEL CARO RAGGIO<br /> +RAFAEL CARO RAGGIO<br> 1920</p> -<p class="p6 ht">Establecimiento tipográfico<br /> +<p class="p6 ht">Establecimiento tipográfico<br> de Rafael Caro Raggio.</p> -<p class="p6 center large">PIÓ BAROJA</p> +<p class="p6 center large">PIÓ BAROJA</p> <p class="p4 center">LA LUCHA POR LA VIDA</p> @@ -349,18 +315,18 @@ de Rafael Caro Raggio.</p> <p class="center">NOVELA</p> -<p class=" p2 center">QUINTA EDICIÓN</p> +<p class=" p2 center">QUINTA EDICIÓN</p> <div class="figcenter6m"><img src="images/page1.png" width="100" -height="124" alt="image1" title="" /></div> +height="124" alt="image1" title=""></div> -<p class="p4 center ht">RAFAEL CARO RAGGIO<br /> +<p class="p4 center ht">RAFAEL CARO RAGGIO<br> -<span class="smcap">editor</span><br /> +<span class="smcap">editor</span><br> -MENDIZÁBAL, 34<br /> +MENDIZÃBAL, 34<br> MADRID</p> @@ -372,62 +338,62 @@ MADRID</p> -<h2 id="CAPITULO_PRIMERO">CAPÍTULO PRIMERO</h2> +<h2 id="CAPITULO_PRIMERO">CAPÃTULO PRIMERO</h2> -<p class="center smcap">Preámbulo.—Conceptos un tanto inmorales de +<p class="center smcap">Preámbulo.—Conceptos un tanto inmorales de una pupilera.—Charlas.—Se oye cerrar un -balcón.—Canta un grillo.</p> +balcón.—Canta un grillo.</p> <p class="p2"><span class="smcap">Acababan</span> de dar las doce, de una manera pausada, acompasada y respetable, en el reloj del pasillo. Era costumbre de aquel viejo reloj, alto y de caja estrecha, adelantar y retrasar a su gusto -y antojo la uniforme y monótona serie de las +y antojo la uniforme y monótona serie de las horas que va rodeando nuestra vida, hasta envolverla -y dejarla, como a un niño en la cuna, en el +y dejarla, como a un niño en la cuna, en el obscuro seno del tiempo.</p> -<p>Poco después de esta indicación amigable del +<p>Poco después de esta indicación amigable del viejo reloj, hecha con la voz grave y reposada, propia de un anciano, sonaron las once, de un modo agudo y grotesco, con una impertinencia juvenil, en un relojillo petulante de la vecindad, y -unos minutos más tarde, para mayor confusión y -desbarajuste cronométrico, el reloj de una iglesia -próxima dió una larga y sonora campanada, que -vibró durante algunos segundos en el aire silencioso.</p> +unos minutos más tarde, para mayor confusión y +desbarajuste cronométrico, el reloj de una iglesia +próxima dió una larga y sonora campanada, que +vibró durante algunos segundos en el aire silencioso.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span> -¿Cuál de los tres relojes estaba en lo fijo? ¿Cuál -de aquellas tres máquinas para medir el tiempo -tenía más exactitud en sus indicaciones? El autor +¿Cuál de los tres relojes estaba en lo fijo? ¿Cuál +de aquellas tres máquinas para medir el tiempo +tenÃa más exactitud en sus indicaciones? El autor no puede decirlo, y lo siente. Lo siente, porque el -tiempo es, según algunos graves filósofos, el cañamazo -en donde bordamos las tonterías de nuestra -vida; y es verdaderamente poco científico el no -poder precisar con seguridad en qué momento -empieza el cañamazo de este libro. Pero el autor -lo desconoce: sólo sabe que en aquel minuto, en -aquel segundo, hacía ya largo rato que los caballos +tiempo es, según algunos graves filósofos, el cañamazo +en donde bordamos las tonterÃas de nuestra +vida; y es verdaderamente poco cientÃfico el no +poder precisar con seguridad en qué momento +empieza el cañamazo de este libro. Pero el autor +lo desconoce: sólo sabe que en aquel minuto, en +aquel segundo, hacÃa ya largo rato que los caballos de la noche galopaban por el cielo. Era, pues, la hora del misterio; la hora de la gente maleante; la hora en que el poeta piensa en la inmortalidad, rimando hijos con prolijos y amor con dolor; la hora en que la buscona sale de su cubil y el jugador -entra en él; la hora de las aventuras que se +entra en él; la hora de las aventuras que se buscan y nunca se encuentran; la hora, en fin, de -los sueños de la casta doncella y de los reumatismos +los sueños de la casta doncella y de los reumatismos del venerable anciano. Y mientras se deslizaba -esta hora romántica, cesaban en la calle los -gritos, las canciones, las riñas; en los balcones se +esta hora romántica, cesaban en la calle los +gritos, las canciones, las riñas; en los balcones se apagaban las luces, y los tenderos y las porteras retiraban sus sillas del arroyo para entregarse en -brazos del sueño.</p> +brazos del sueño.</p> -<p>En la morada casta y pura de doña Casiana, la -pupilera, reinaba hacía algún tiempo apacible silencio; -solo entraba por el balcón, abierto de par +<p>En la morada casta y pura de doña Casiana, la +pupilera, reinaba hacÃa algún tiempo apacible silencio; +solo entraba por el balcón, abierto de par en par, el rumor lejano de los coches y el canto de un grillo de la vecindad, que rascaba en la chirriante cuerda de su instrumento con una persistencia @@ -436,1727 +402,1727 @@ desagradable.</p> <p>En aquella hora, fuera la que fuese, marcada por los doce lentos y gangosos ronquidos del reloj del pasillo, no se encontraban en la casa mas -que un señor viejo, madrugador impenitente; la -dueña, doña Casiana, patrona también impeniten<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span>te, -para desgracia de sus huéspedes, y la criada +que un señor viejo, madrugador impenitente; la +dueña, doña Casiana, patrona también impeniten<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span>te, +para desgracia de sus huéspedes, y la criada Petra.</p> -<p>La patrona dormía en aquel instante sentada -en la mecedora, en el balcón abierto; la Petra, -en la cocina, hacía lo mismo, con la cabeza -apoyada en el marco de la ventana, y el señor -viejo madrugador se entretenía tosiendo en la +<p>La patrona dormÃa en aquel instante sentada +en la mecedora, en el balcón abierto; la Petra, +en la cocina, hacÃa lo mismo, con la cabeza +apoyada en el marco de la ventana, y el señor +viejo madrugador se entretenÃa tosiendo en la cama.</p> -<p>Había concluído la Petra de fregar, y el sueño, +<p>HabÃa concluÃdo la Petra de fregar, y el sueño, el calor y el cansancio la rindieron, sin duda. A -la luz de la lamparilla colgada en el fogón se la -veía vagamente. Era una mujer flaca, macilenta, +la luz de la lamparilla colgada en el fogón se la +veÃa vagamente. Era una mujer flaca, macilenta, con el pecho hundido, los brazos delgados, las -manos grandes, rojas, y el pelo gris. Dormía con -la boca abierta, sentada en una silla, con una respiración +manos grandes, rojas, y el pelo gris. DormÃa con +la boca abierta, sentada en una silla, con una respiración anhelante y fatigosa.</p> <p>Al sonar las campanadas en el reloj del pasillo, -se despertó de repente: cerró la ventana, de donde +se despertó de repente: cerró la ventana, de donde entraba un nauseabundo olor a establo de la -vaquería de la planta baja; dobló los paños, salió -con un rimero de platos y los dejó sobre la mesa -del comedor; luego guardó los cubiertos, el mantel -y el pan sobrante en un armario; descolgó la -candileja y entró en el cuarto, en cuyo balcón dormía +vaquerÃa de la planta baja; dobló los paños, salió +con un rimero de platos y los dejó sobre la mesa +del comedor; luego guardó los cubiertos, el mantel +y el pan sobrante en un armario; descolgó la +candileja y entró en el cuarto, en cuyo balcón dormÃa la patrona.</p> -<p>—¡Señora! ¡Señora!—llamó varias veces.</p> +<p>—¡Señora! ¡Señora!—llamó varias veces.</p> -<p>—¿Eh? ¿Qué pasa?—murmuró doña Casiana, -de un modo soñoliento.</p> +<p>—¿Eh? ¿Qué pasa?—murmuró doña Casiana, +de un modo soñoliento.</p> <p>—Si quiere usted algo.</p> -<p>—No, nada. ¡Ah, sí! Mañana dígale usted al panadero -que el lunes que viene le pagaré.</p> +<p>—No, nada. ¡Ah, sÃ! Mañana dÃgale usted al panadero +que el lunes que viene le pagaré.</p> -<p>—Está bien. Buenas noches.</p> +<p>—Está bien. Buenas noches.</p> -<p>Salía la criada del cuarto, cuando se iluminaron -los balcones de la casa de enfrente; después se -abrieron de par en par, y se oyó un preludio suave +<p>SalÃa la criada del cuarto, cuando se iluminaron +los balcones de la casa de enfrente; después se +abrieron de par en par, y se oyó un preludio suave de guitarra.</p> -<p>—¡Petra! ¡Petra!—gritó doña Casiana—. Venga<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> -usted. ¿Eh? En casa de la Isabelona... se conoce +<p>—¡Petra! ¡Petra!—gritó doña Casiana—. Venga<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> +usted. ¿Eh? En casa de la Isabelona... se conoce que ha venido gente.</p> -<p>La criada se asomó al balcón y miró con indiferencia +<p>La criada se asomó al balcón y miró con indiferencia la casa frontera.</p> -<p>—Eso, eso produce—siguió diciendo la patrona—; -no estas porquerías de casas de huéspedes.</p> +<p>—Eso, eso produce—siguió diciendo la patrona—; +no estas porquerÃas de casas de huéspedes.</p> -<p>En aquel momento apareció en uno de los balcones +<p>En aquel momento apareció en uno de los balcones de la casa vecina una mujer envuelta en amplia bata, con una flor roja en el pelo, cogida -estrechamente de la cintura por un señorito vestido +estrechamente de la cintura por un señorito vestido de etiqueta, con frac y chaleco blanco.</p> -<p>—Eso, eso produce—repitió la patrona varias +<p>—Eso, eso produce—repitió la patrona varias veces.</p> -<p>Luego, esta idea debió alterar su bilis, porque -añadió con voz irritada:</p> +<p>Luego, esta idea debió alterar su bilis, porque +añadió con voz irritada:</p> -<p>—Mañana voy a echar el toro al curita y a -esas golfas de las hijas de doña Violante, y a todo -el que no me pague. ¡Que tenga una que luchar -con esta granujería! No; pues de mí no se ríen -más...</p> +<p>—Mañana voy a echar el toro al curita y a +esas golfas de las hijas de doña Violante, y a todo +el que no me pague. ¡Que tenga una que luchar +con esta granujerÃa! No; pues de mà no se rÃen +más...</p> -<p>La Petra, sin replicar nada, dió nuevamente las -buenas noches y salió del cuarto. Doña Casiana -siguió mascullando sus iras; después repantigó su -cuerpo rechoncho en la mecedora y soñó con un +<p>La Petra, sin replicar nada, dió nuevamente las +buenas noches y salió del cuarto. Doña Casiana +siguió mascullando sus iras; después repantigó su +cuerpo rechoncho en la mecedora y soñó con un establecimiento de la misma especie que el de la vecindad; pero un establecimiento modelo, con salas -lujosamente amuebladas, adonde iban en procesión -todos los jóvenes escrofulosos de los -círculos y congregaciones, místicos y mundanos, -hasta tal punto, que se veía ella en la necesidad +lujosamente amuebladas, adonde iban en procesión +todos los jóvenes escrofulosos de los +cÃrculos y congregaciones, mÃsticos y mundanos, +hasta tal punto, que se veÃa ella en la necesidad de poner un despacho de billetes a la puerta.</p> -<p>Mientras la patrona mecía su imaginación en -este dulce sueño de burdel monstruo, la Petra entró +<p>Mientras la patrona mecÃa su imaginación en +este dulce sueño de burdel monstruo, la Petra entró en un cuartucho obscuro, lleno de trastos viejos; -dejó la luz en una silla, puso una caja de fósforos, -grasienta, en el recazo de la candileja; leyó<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> +dejó la luz en una silla, puso una caja de fósforos, +grasienta, en el recazo de la candileja; leyó<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> un instante en un libro de oraciones, sucio y mugriento, -con letras gordas; repitió algunos rezos -mirando al techo, y comenzó a desnudarse. La +con letras gordas; repitió algunos rezos +mirando al techo, y comenzó a desnudarse. La noche estaba sofocante; en aquel agujero el calor -era horrible. La Petra se metió en la cama, se persignó, -apagó la candileja, que humeó largo rato, -se tendió y apoyó la cabeza en la almohada. Un +era horrible. La Petra se metió en la cama, se persignó, +apagó la candileja, que humeó largo rato, +se tendió y apoyó la cabeza en la almohada. Un gusano de la carcoma en alguno de aquellos trastos -viejos hacía crujir la madera de un modo isócrono...</p> +viejos hacÃa crujir la madera de un modo isócrono...</p> -<p>La Petra durmió con un sueño profundo un par -de horas, y se despertó ahogada de calor. Habían -abierto la puerta, se oían pasos en el pasillo.</p> +<p>La Petra durmió con un sueño profundo un par +de horas, y se despertó ahogada de calor. HabÃan +abierto la puerta, se oÃan pasos en el pasillo.</p> -<p>—Ya está ahí doña Violante con sus hijas—murmuró -la Petra—. Será muy tarde.</p> +<p>—Ya está ahà doña Violante con sus hijas—murmuró +la Petra—. Será muy tarde.</p> -<p>Volverían las tres damas de los jardines, adonde -iban después de cenar en busca de las pesetas -necesarias para vivir. La suerte no debió favorecerlas, -porque traían mal humor, y las dos jóvenes -disputaban, achacándose una a otra la culpa +<p>VolverÃan las tres damas de los jardines, adonde +iban después de cenar en busca de las pesetas +necesarias para vivir. La suerte no debió favorecerlas, +porque traÃan mal humor, y las dos jóvenes +disputaban, achacándose una a otra la culpa de haber perdido el tiempo.</p> -<p>Cesó la conversación, después de unas cuantas -frases agrias e irónicas, y volvió a reinar el silencio. -La Petra, desvelada, se abismó en sus preocupaciones; +<p>Cesó la conversación, después de unas cuantas +frases agrias e irónicas, y volvió a reinar el silencio. +La Petra, desvelada, se abismó en sus preocupaciones; de nuevo se oyeron pasos, pero leves y -rápidos, en el corredor; después, el ruido de la falleba -de un balcón abierto con cautela.</p> +rápidos, en el corredor; después, el ruido de la falleba +de un balcón abierto con cautela.</p> -<p>—Alguna de esas se ha levantado—pensó la -Petra—. ¿Qué trapisonda traerá?</p> +<p>—Alguna de esas se ha levantado—pensó la +Petra—. ¿Qué trapisonda traerá?</p> -<p>Al cabo de unos minutos se oyó la voz de la +<p>Al cabo de unos minutos se oyó la voz de la patrona, que gritaba imperiosamente desde su cuarto:</p> -<p>—¡Irene!... ¡Irene!</p> +<p>—¡Irene!... ¡Irene!</p> -<p>—¿Qué?</p> +<p>—¿Qué?</p> -<p>—Salga usted del balcón.</p> +<p>—Salga usted del balcón.</p> -<p>—Y ¿por qué tengo <i>de</i> salir?—replicó una voz -áspera, con palabra estropajosa.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p> +<p>—Y ¿por qué tengo <i>de</i> salir?—replicó una voz +áspera, con palabra estropajosa.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p> -<p>—Porque sí... porque sí.</p> +<p>—Porque sÃ... porque sÃ.</p> -<p>—¿Pues qué hago yo en el balcón?</p> +<p>—¿Pues qué hago yo en el balcón?</p> -<p>—Usted lo sabrá mejor que yo.</p> +<p>—Usted lo sabrá mejor que yo.</p> -<p>—Pues no sé.</p> +<p>—Pues no sé.</p> -<p>—Pues yo sí sé.</p> +<p>—Pues yo sà sé.</p> <p>—Estaba tomando el fresco.</p> -<p>—Usted sí que es fresca.</p> +<p>—Usted sà que es fresca.</p> -<p>—La fresca será usted, señora.</p> +<p>—La fresca será usted, señora.</p> -<p>—Cierre usted el balcón. Usted se figura que +<p>—Cierre usted el balcón. Usted se figura que mi casa es lo que no es.</p> -<p>—Yo ¿qué he hecho?</p> +<p>—Yo ¿qué he hecho?</p> -<p>—No tengo necesidad de decírselo. Para eso, +<p>—No tengo necesidad de decÃrselo. Para eso, enfrente, enfrente.</p> -<p>—Quiere decir que en casa de la Isabelona—pensó +<p>—Quiere decir que en casa de la Isabelona—pensó la Petra.</p> -<p class="ht">Se oyó cerrar el balcón de golpe; sonaron pasos +<p class="ht">Se oyó cerrar el balcón de golpe; sonaron pasos en el corredor, seguidos de un portazo. La -patrona continuó rezongando durante largo tiempo; -luego hubo un murmullo de conversación -tenida en voz baja. Después no se oyó mas que +patrona continuó rezongando durante largo tiempo; +luego hubo un murmullo de conversación +tenida en voz baja. Después no se oyó mas que el chirriar persistente del grillo de la vecindad, -que siguió rascando en su desagradable instrumento +que siguió rascando en su desagradable instrumento con la constancia de un aprendiz de violinista.</p> -<h2 id="CAPITULO_II">CAPÍTULO II</h2> +<h2 id="CAPITULO_II">CAPÃTULO II</h2> -<p class="center smcap">La casa de doña Casiana.—Una ceremonia +<p class="center smcap">La casa de doña Casiana.—Una ceremonia matinal.—Complot.—En donde se discurre acerca del valor alimenticio de los huesos.—La Petra y su familia.—Manuel: su llegada a Madrid.</p> -<p class="p2">... Y el grillo, como virtuoso obstinado, persistió +<p class="p2">... Y el grillo, como virtuoso obstinado, persistió en sus ejercicios musicales, a la verdad -algo monótonos, hasta que apareció en el cielo la -plácida sonrisa del alba. A los primeros rayos del -sol calló el músico, satisfecho, sin duda, de la perfección -de su artístico trabajo, y una codorniz le -sustituyó en el solo, dando los tres golpes consabidos. -El sereno llamó con su chuzo en las tiendas, +algo monótonos, hasta que apareció en el cielo la +plácida sonrisa del alba. A los primeros rayos del +sol calló el músico, satisfecho, sin duda, de la perfección +de su artÃstico trabajo, y una codorniz le +sustituyó en el solo, dando los tres golpes consabidos. +El sereno llamó con su chuzo en las tiendas, pasaron uno o dos panaderos con la cesta a -la cabeza, se abrió una tienda, luego otra, después -un portal, echó una criada la basura a la acera, -se oyó el vocear de un periódico. Poco después la +la cabeza, se abrió una tienda, luego otra, después +un portal, echó una criada la basura a la acera, +se oyó el vocear de un periódico. Poco después la calle entraba en movimiento.</p> -<p>Sería el autor demasiado audaz si tratase de -demostrar la necesidad matemática en que se encontraba -la casa de doña Casiana de hallarse colocada +<p>SerÃa el autor demasiado audaz si tratase de +demostrar la necesidad matemática en que se encontraba +la casa de doña Casiana de hallarse colocada en la calle de Mesonero Romanos, antes del Olivo, porque, indudablemente, con la misma<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> -razón podía haber estado emplazada en la del -Desengaño, en la de Tudescos, o en otra cualquiera; +razón podÃa haber estado emplazada en la del +Desengaño, en la de Tudescos, o en otra cualquiera; pero los deberes del autor, sus deberes de cronista -imparcial y verídico, le obligan a decir la +imparcial y verÃdico, le obligan a decir la verdad, y la verdad es que la casa estaba en la calle de Mesonero Romanos, antes del Olivo.</p> -<p>En aquellas horas tempranas no se oía en ella -el menor ruido; el portero había abierto el portal -y contemplaba la calle con cierta melancolía.</p> +<p>En aquellas horas tempranas no se oÃa en ella +el menor ruido; el portero habÃa abierto el portal +y contemplaba la calle con cierta melancolÃa.</p> -<p>El portal, largo, obscuro, mal oliente, era más +<p>El portal, largo, obscuro, mal oliente, era más bien un corredor angosto, a uno de cuyos lados -estaba la portería.</p> +estaba la porterÃa.</p> -<p>Al pasar junto a esta última, si se echaba una +<p>Al pasar junto a esta última, si se echaba una mirada a su interior, ahogado y repleto de muebles, -se veía constantemente una mujer gorda, inmóvil, +se veÃa constantemente una mujer gorda, inmóvil, muy morena, en cuyos brazos descansaba -un niño enteco, pálido y larguirucho, como una +un niño enteco, pálido y larguirucho, como una lombriz blanca. Encima de la ventana, se figuraba -uno que, en vez de «Portería», debía poner: «La -mujer cañón con su hijo», o un letrero semejante +uno que, en vez de «PorterÃa», debÃa poner: «La +mujer cañón con su hijo», o un letrero semejante de barraca de feria.</p> <p>Si a esta mujer voluminosa se la preguntaba -algo, contestaba con una voz muy chillona, acompañada -de un gesto desdeñoso bastante desagradable. -Se seguía adelante, dejando a un lado el -antro de la mujer-cañón, y a la izquierda del portal, +algo, contestaba con una voz muy chillona, acompañada +de un gesto desdeñoso bastante desagradable. +Se seguÃa adelante, dejando a un lado el +antro de la mujer-cañón, y a la izquierda del portal, daba comienzo la escalera, siempre a obscuras, -sin más ventilación que la de unas ventanas altas, +sin más ventilación que la de unas ventanas altas, con rejas, que daban a un patio estrecho, de paredes sucias, llenas de ventiladores redondos. Para una nariz amplia y espaciosa, dotada de una pituitaria perspicaz, hubiese sido un curioso <i>sport</i> el de descubrir e investigar la procedencia y la especie de todos los malos olores, constitutivos -de aquel tufo pesado, propio y característico de la +de aquel tufo pesado, propio y caracterÃstico de la casa.</p> -<p>El autor no llegó a conocer los inquilinos que<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span> +<p>El autor no llegó a conocer los inquilinos que<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span> habitaban los pisos altos; tiene una idea vaga de -que había dos o tres patronas, alguna familia que +que habÃa dos o tres patronas, alguna familia que alquilaba cuartos a caballeros estables, pero nada -más. Por esta causa el autor no se remota a las +más. Por esta causa el autor no se remota a las alturas y se detiene en el piso principal.</p> -<p>En éste, de día apenas si se divisaba, por la -obscuridad reinante, una puerta pequeña; de noche, -en cambio, a la luz de un farol de petróleo, -podía verse una chapa de hoja de lata, pintada -de rojo, en la cual se leía escrito con letras negras: -«Casiana Fernández».</p> +<p>En éste, de dÃa apenas si se divisaba, por la +obscuridad reinante, una puerta pequeña; de noche, +en cambio, a la luz de un farol de petróleo, +podÃa verse una chapa de hoja de lata, pintada +de rojo, en la cual se leÃa escrito con letras negras: +«Casiana Fernández».</p> <p>A un lado de la puerta colgaba un trozo de cadena -negruzco, que sólo poniéndose de puntillas +negruzco, que sólo poniéndose de puntillas y alargando el brazo se alcanzaba; pero como la -puerta estaba siempre entornada, los huéspedes -podían entrar y salir sin necesidad de llamar.</p> +puerta estaba siempre entornada, los huéspedes +podÃan entrar y salir sin necesidad de llamar.</p> -<p>Se pasaba dentro de la casa. Si era de día, encontrábase +<p>Se pasaba dentro de la casa. Si era de dÃa, encontrábase uno sumergido en las profundas tinieblas; -lo único que denotaba el cambio de lugar -era el olor, no precisamente por ser más agradable -que el de la escalera, pero sí distinto; en cambio, +lo único que denotaba el cambio de lugar +era el olor, no precisamente por ser más agradable +que el de la escalera, pero sà distinto; en cambio, de noche, a la vaga claridad difundida por una mariposa de corcho, que nadaba sobre el agua y el aceite de un vaso, sujeto por una anilla -de latón a la pared, se advertían, con cierta vaga -nebulosidad, los muebles, cuadros y demás trastos +de latón a la pared, se advertÃan, con cierta vaga +nebulosidad, los muebles, cuadros y demás trastos que ocupaban el recibimiento de la casa.</p> -<p>Frente a la entrada había una mesa ancha y -sólida, y sobre ella una caja de música de las antiguas, +<p>Frente a la entrada habÃa una mesa ancha y +sólida, y sobre ella una caja de música de las antiguas, con unos cilindros de acero erizados de pinchos, y junto a ella una estatua de yeso: una -figura ennegrecida y sin nariz, que no se conocía -fácilmente si era de algún dios, de algún semidiós -o de algún mortal.</p> +figura ennegrecida y sin nariz, que no se conocÃa +fácilmente si era de algún dios, de algún semidiós +o de algún mortal.</p> <p>En la pared del recibimiento y en la del pasillo -se destacaban cuadros pintados al óleo, grandes -y negruzcos. Un inteligente quizá los hubiese en<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>contrado +se destacaban cuadros pintados al óleo, grandes +y negruzcos. Un inteligente quizá los hubiese en<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>contrado detestables; pero la patrona, que se figuraba -que cuadro muy obscuro debía de ser muy -bueno, se recreaba, a veces, pensando que quizá -aquellos cuadros, vendidos a un inglés, le sacarían -algún día de apuros.</p> +que cuadro muy obscuro debÃa de ser muy +bueno, se recreaba, a veces, pensando que quizá +aquellos cuadros, vendidos a un inglés, le sacarÃan +algún dÃa de apuros.</p> -<p>Eran unos lienzos en donde el pintor había -desarrollado escenas bíblicas tremebundas: matanzas, +<p>Eran unos lienzos en donde el pintor habÃa +desarrollado escenas bÃblicas tremebundas: matanzas, asolamientos, fieros males; pero de tal manera, que a pesar de la prodigalidad del artista en sangre, llagas y cabezas cortadas, aquellos -lienzos, en vez de horrorizar, producían una impresión +lienzos, en vez de horrorizar, producÃan una impresión alegre. Uno de ellos representaba la hija de Herodes contemplando la cabeza de San Juan Bautista. Las figuras todas eran de amable jovialidad; el rey, con una indumentaria de rey de baraja y en la postura de un jugador de naipes, -sonreía; su hija, una señora coloradota, sonreía; +sonreÃa; su hija, una señora coloradota, sonreÃa; los familiares, metidos en sus grandes cascos, -sonreían, y hasta la misma cabeza de San Juan -Bautista sonreía, colocada en un plato repujado. +sonreÃan, y hasta la misma cabeza de San Juan +Bautista sonreÃa, colocada en un plato repujado. Indudablemente el autor de aquellos cuadros, si -no el mérito del dibujo ni el del colorido, tenía el +no el mérito del dibujo ni el del colorido, tenÃa el de la jovialidad.</p> <p>A derecha e izquierda de la puerta de la casa -corría el pasillo, de cuyas paredes colgaban otra -porción de lienzos negros, la mayoría sin marco, -en los cuales no se veía absolutamente nada, y -sólo en uno se adivinaba, después de fijarse mucho, +corrÃa el pasillo, de cuyas paredes colgaban otra +porción de lienzos negros, la mayorÃa sin marco, +en los cuales no se veÃa absolutamente nada, y +sólo en uno se adivinaba, después de fijarse mucho, un gallo rojizo picoteando en las hojas de una verde col.</p> <p>A este pasillo daban las alcobas, en las que -hasta muy entrada la tarde solían verse por el +hasta muy entrada la tarde solÃan verse por el suelo calcetines sucios, zapatillas rotas, y, sobre -las camas sin hacer, cuellos y puños postizos.</p> +las camas sin hacer, cuellos y puños postizos.</p> -<p>Casi todos los huéspedes se levantaban en +<p>Casi todos los huéspedes se levantaban en aquella casa tarde, excepto dos comisionistas, un tenedor de libros y un cura, los cuales madruga<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span>ban -por mor del oficio, y un señor viejo, que lo -hacía por costumbre o por higiene.</p> +por mor del oficio, y un señor viejo, que lo +hacÃa por costumbre o por higiene.</p> <p>El tenedor de libros se largaba a las ocho de la -mañana sin desayunarse; el cura salía <i>in albis</i> -para decir misa; pero los comisionistas tenían la -audaz pretensión de tomar algo en casa, y la patrona +mañana sin desayunarse; el cura salÃa <i>in albis</i> +para decir misa; pero los comisionistas tenÃan la +audaz pretensión de tomar algo en casa, y la patrona empleaba un procedimiento muy sencillo para no darles ni agua: los dos comisionistas comenzaban su trabajo de nueve y media a diez; se acostaban muy tarde, y encargaban a la patrona que les despertase a las ocho y media; ella cuidaba de no llamarles hasta las diez. Al despertarse -los viajantes y ver la hora, se levantaban, se vestían +los viajantes y ver la hora, se levantaban, se vestÃan de prisa y escapaban disparados, renegando de la patrona. Luego, cuando el elemento femenino -de la casa daba señales de vida, se oían por +de la casa daba señales de vida, se oÃan por todas partes gritos, voces destempladas, conversaciones -de una alcoba a otra, y se veía salir de +de una alcoba a otra, y se veÃa salir de los cuartos, la mano armada con el servicio de -noche, a la patrona, a alguna de las hijas de doña -Violante, a una vizcaína alta y gorda, y a otra señora, +noche, a la patrona, a alguna de las hijas de doña +Violante, a una vizcaÃna alta y gorda, y a otra señora, a la que llamaban la Baronesa.</p> -<p>La patrona llevaba invariablemente un cubrecorsé +<p>La patrona llevaba invariablemente un cubrecorsé de bayeta amarilla; la Baronesa, un peinador -lleno de manchas de cosmético, y la vizcaína, -un corpiño rojo, por cuya abertura solía presentar -a la admiración de los que transitaban por el corredor +lleno de manchas de cosmético, y la vizcaÃna, +un corpiño rojo, por cuya abertura solÃa presentar +a la admiración de los que transitaban por el corredor una ubre monstruosa y blanca con gruesas venas azules...</p> -<p>Después de aquella ceremonia matinal, y muchas +<p>Después de aquella ceremonia matinal, y muchas veces durante la misma, se iniciaban murmuraciones, -disputas, chismes y líos, que servían de +disputas, chismes y lÃos, que servÃan de comidilla para las horas restantes.</p> -<p>Al día siguiente de la riña entre la patrona y la -Irene, cuando ésta volvió a su cuarto, luego de -realizada su misión, hubo conciliábulo secreto +<p>Al dÃa siguiente de la riña entre la patrona y la +Irene, cuando ésta volvió a su cuarto, luego de +realizada su misión, hubo conciliábulo secreto entre las que quedaron.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p> -<p>—¿No saben ustedes? ¿No han oído nada esta -noche?—dijo la vizcaína.</p> +<p>—¿No saben ustedes? ¿No han oÃdo nada esta +noche?—dijo la vizcaÃna.</p> <p>—No—contestaron la patrona y la Baronesa—. -¿Qué ocurre?</p> +¿Qué ocurre?</p> <p>—La Irene ha metido esta noche un hombre en casa.</p> -<p>—¿Sí?</p> +<p>—¿SÃ?</p> -<p>—Yo misma he oído cómo hablaba con él.</p> +<p>—Yo misma he oÃdo cómo hablaba con él.</p> -<p>—¡Y habrá abierto la puerta de la calle! ¡Qué -perro!—murmuró la patrona.</p> +<p>—¡Y habrá abierto la puerta de la calle! ¡Qué +perro!—murmuró la patrona.</p> <p>—No; el hombre era de la vecindad.</p> <p>—Alguno de los estudiantes de arriba—dijo la Baronesa.</p> -<p>—Ya le diré yo cuatro cosas a ese pingo—replicó -doña Casiana.</p> +<p>—Ya le diré yo cuatro cosas a ese pingo—replicó +doña Casiana.</p> -<p>—No; espere usted—contestó la vizcaína—. -Vamos a darle un susto a ella y al galán. Cuando -estén hablando, si él viene esta noche, le avisamos +<p>—No; espere usted—contestó la vizcaÃna—. +Vamos a darle un susto a ella y al galán. Cuando +estén hablando, si él viene esta noche, le avisamos al sereno para que llame a la puerta de casa, y al mismo tiempo salimos de nuestros cuartos -con luz, como si fuéramos al comedor, y los cogemos.</p> +con luz, como si fuéramos al comedor, y los cogemos.</p> <p>Mientras se tramaba el complot en el pasillo, la Petra preparaba el almuerzo en las obscuridades -de la cocina. No tenía gran cosa que preparar, pues -el almuerzo se componía invariablemente de un -huevo frito, que nunca, por casualidad, fué grande, -y un <i>beefsteak</i>, que desde los más remotos -tiempos no se recordaba que una vez, por excepción, +de la cocina. No tenÃa gran cosa que preparar, pues +el almuerzo se componÃa invariablemente de un +huevo frito, que nunca, por casualidad, fué grande, +y un <i>beefsteak</i>, que desde los más remotos +tiempos no se recordaba que una vez, por excepción, hubiese sido blando.</p> -<p>Al mediodía, la vizcaína, con mucho misterio, -contó a la Petra el complot; pero la criada no estaba -aquel día para bromas: acababa de recibir -una carta que la llenó de preocupaciones. Su cuñado -le escribía que a Manuel, el mayor de los +<p>Al mediodÃa, la vizcaÃna, con mucho misterio, +contó a la Petra el complot; pero la criada no estaba +aquel dÃa para bromas: acababa de recibir +una carta que la llenó de preocupaciones. Su cuñado +le escribÃa que a Manuel, el mayor de los hijos de la Petra, lo enviaban a Madrid; no le -daba explicaciones claras del porqué de aquella<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> -determinación; decía únicamente la carta que allí, -en el pueblo, el chico perdía el tiempo, y que lo +daba explicaciones claras del porqué de aquella<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> +determinación; decÃa únicamente la carta que allÃ, +en el pueblo, el chico perdÃa el tiempo, y que lo mejor era que fuese a Madrid a aprender un oficio.</p> <p>A la Petra, aquella carta la hizo cavilar mucho. -Después de fregar los platos se puso a lavar en +Después de fregar los platos se puso a lavar en la artesa; no le abandonaba la idea fija de que, -cuando su cuñado le enviaba a Manuel, habría +cuando su cuñado le enviaba a Manuel, habrÃa hecho alguna barbaridad el muchacho. Pronto lo -podía saber, porque a la noche llegaba.</p> +podÃa saber, porque a la noche llegaba.</p> -<p>La Petra tenía cuatro hijos, dos varones y dos +<p>La Petra tenÃa cuatro hijos, dos varones y dos hembras; las dos muchachas estaban bien colocadas: -la mayor, de doncella, con unas señoras muy -ricas y religiosas; la pequeña, en casa de un empleado.</p> +la mayor, de doncella, con unas señoras muy +ricas y religiosas; la pequeña, en casa de un empleado.</p> -<p>Los chicos le preocupaban más; el menor no -tanto, porque, según le decían, seguía siendo de -buena índole; pero el mayor era revoltoso y díscolo.</p> +<p>Los chicos le preocupaban más; el menor no +tanto, porque, según le decÃan, seguÃa siendo de +buena Ãndole; pero el mayor era revoltoso y dÃscolo.</p> -<p>—No se parece a mí—pensaba la Petra—. En +<p>—No se parece a m×pensaba la Petra—. En cambio, tiene bastante semejanza con mi marido.</p> -<p>Y esto le producía inquietudes; su marido, Manuel -Alcázar, había sido un hombre enérgico y -fuerte, y en la última época de su vida, malhumorado +<p>Y esto le producÃa inquietudes; su marido, Manuel +Alcázar, habÃa sido un hombre enérgico y +fuerte, y en la última época de su vida, malhumorado y brutal.</p> <p>Era maquinista de tren y ganaba un buen sueldo. -La Petra y él no se entendían, y el matrimonio +La Petra y él no se entendÃan, y el matrimonio andaba siempre a trastazos.</p> <p>La gente, los conocidos, culpaban de todo a -Alcázar, el maquinista, como si la oposición sistemática -de la Petra, que parecía gozar impacientando +Alcázar, el maquinista, como si la oposición sistemática +de la Petra, que parecÃa gozar impacientando al hombre, no fuera bastante para exasperar -a cualquiera. Siempre la Petra había sido así, +a cualquiera. Siempre la Petra habÃa sido asÃ, voluntariosa, con apariencia de humilde, de una testarudez de mula; en haciendo su capricho, lo -demás le importaba poco.</p> +demás le importaba poco.</p> -<p>En vida del maquinista, la situación económica<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> -de la familia era relativamente buena. Alcázar y +<p>En vida del maquinista, la situación económica<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> +de la familia era relativamente buena. Alcázar y la Petra pagaban diez y seis duros de casa en la -calle del Reloj, y tenían huéspedes: un ambulante +calle del Reloj, y tenÃan huéspedes: un ambulante de Correos y otros empleados del tren.</p> <p>La existencia de la familia hubiera podido ser sosegada y agradable sin las diarias peleas entre -marido y mujer. Habían llegado los dos a experimentar -una necesidad tal de reñir, que por la cosa -más insignificante armaban un escándalo; bastaba -que él dijera blanco para que ella afirmase negro; -aquella oposición enfurecía al maquinista, +marido y mujer. HabÃan llegado los dos a experimentar +una necesidad tal de reñir, que por la cosa +más insignificante armaban un escándalo; bastaba +que él dijera blanco para que ella afirmase negro; +aquella oposición enfurecÃa al maquinista, que tiraba los platos por el aire, abofeteaba a su -mujer y andaba a puñetazos con todos los muebles +mujer y andaba a puñetazos con todos los muebles de la casa. Entonces la Petra, satisfecha de -tener un motivo suficiente de aflicción, se encerraba +tener un motivo suficiente de aflicción, se encerraba a llorar y a rezar en su cuarto.</p> <p>Entre el alcohol, las rabietas y el trabajo duro, -el maquinista estaba torpe; un día de agosto, de -calor horrible, se cayó del tren a la vía, y, sin herida +el maquinista estaba torpe; un dÃa de agosto, de +calor horrible, se cayó del tren a la vÃa, y, sin herida ninguna, lo encontraron muerto.</p> <p>La Petra, desoyendo las advertencias de sus -huéspedes, se empeñó en mudarse de casa porque -no le gustaba aquel barrio; lo hizo, tomó nuevos +huéspedes, se empeñó en mudarse de casa porque +no le gustaba aquel barrio; lo hizo, tomó nuevos pupilos, gente informal y sin dinero, que dejaban a deber mucho, o que no pagaban nada, y, -al poco tiempo, se vió en la necesidad de vender +al poco tiempo, se vió en la necesidad de vender sus muebles y abandonar su nueva casa.</p> -<p>Entonces puso a sus hijas a servir, envió a los +<p>Entonces puso a sus hijas a servir, envió a los dos chicos a un pueblecillo de la provincia de Soria, -en donde su cuñado estaba de jefe de un apeadero, -y entró de sirviente en la casa de huéspedes -de doña Casiana. De ama pasó a criada, sin quejarse. -Le bastaba habérsele ocurrido a ella la idea +en donde su cuñado estaba de jefe de un apeadero, +y entró de sirviente en la casa de huéspedes +de doña Casiana. De ama pasó a criada, sin quejarse. +Le bastaba habérsele ocurrido a ella la idea para considerarla la mejor.</p> -<p>Dos años llevaba en la casa guardando la soldada; +<p>Dos años llevaba en la casa guardando la soldada; su ideal era que sus hijos pudiesen estudiar en un Seminario y que llegasen a ser curas.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span></p> <p>Aquella vuelta de Manuel, el hijo mayor, desbarataba -sus planes. ¿Qué habría pasado?</p> +sus planes. ¿Qué habrÃa pasado?</p> -<p>Y hacía una porción de conjeturas. En tanto, -removía con sus manos deformadas la ropa sucia -de los huéspedes.</p> +<p>Y hacÃa una porción de conjeturas. En tanto, +removÃa con sus manos deformadas la ropa sucia +de los huéspedes.</p> -<p>Llegaba de la ventana del patio una baraúnda -de cánticos y voces de gente que riñe, alternando +<p>Llegaba de la ventana del patio una baraúnda +de cánticos y voces de gente que riñe, alternando con el chirriar de las garruchas de las cuerdas para tender la ropa.</p> -<p>A media tarde, la Petra comenzó a preparar la -comida. La patrona mandaba traer todas las mañanas +<p>A media tarde, la Petra comenzó a preparar la +comida. La patrona mandaba traer todas las mañanas una cantidad enorme de huesos para el sustento -de los huéspedes. Es muy posible que en -aquel montón de huesos hubiera, de cuando en +de los huéspedes. Es muy posible que en +aquel montón de huesos hubiera, de cuando en cuando, alguno de cristiano; lo seguro es que, -fuesen de carnívoro o de rumiante, en aquellas -tibias, húmeros y fémures, no había casi nunca -una mala piltrafa de carne. Hervía el osario en el +fuesen de carnÃvoro o de rumiante, en aquellas +tibias, húmeros y fémures, no habÃa casi nunca +una mala piltrafa de carne. HervÃa el osario en el puchero grande con garbanzos, a los cuales se -ablandaba con bicarbonato, y con el caldo se hacía +ablandaba con bicarbonato, y con el caldo se hacÃa la sopa, la cual, gracias a su cantidad de sebo, -parecía una cosa turbia para limpiar cristales o +parecÃa una cosa turbia para limpiar cristales o sacar brillo a los dorados.</p> -<p>Después de observar en qué estado se encontraba +<p>Después de observar en qué estado se encontraba el osario en el puchero, la Petra hizo la -sopa, y luego se dedicó a extraer todas las piltrafas -de los huesos y a envolverlas hipócritamente -con una salsa de tomate. Esto constituía el principio -en casa de doña Casiana.</p> +sopa, y luego se dedicó a extraer todas las piltrafas +de los huesos y a envolverlas hipócritamente +con una salsa de tomate. Esto constituÃa el principio +en casa de doña Casiana.</p> -<p>Gracias a este régimen higiénico, ninguno de -los huéspedes caía enfermo de obesidad, de gota +<p>Gracias a este régimen higiénico, ninguno de +los huéspedes caÃa enfermo de obesidad, de gota ni de cualquiera de esas otras enfermedades por -exceso de alimentación, tan frecuentes en los +exceso de alimentación, tan frecuentes en los ricos.</p> -<p>Luego de preparar y de servir a los huéspedes -la comida, la Petra dejó el fregado para más tarde -y salió de casa a recibir a su hijo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p> +<p>Luego de preparar y de servir a los huéspedes +la comida, la Petra dejó el fregado para más tarde +y salió de casa a recibir a su hijo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p> -<p>Aun no había obscurecido del todo; el cielo estaba +<p>Aun no habÃa obscurecido del todo; el cielo estaba vagamente rojizo, el aire sofocante, lleno de -un vaho denso de polvo y de vapor. La Petra subió -la calle de Carretas, siguió por la de Atocha, entró -en la estación del Mediodía y se sentó en un +un vaho denso de polvo y de vapor. La Petra subió +la calle de Carretas, siguió por la de Atocha, entró +en la estación del MediodÃa y se sentó en un banco a esperar a Manuel...</p> -<p>Mientras tanto, el muchacho venía medio dormido, -medio asfixiado en un vagón de tercera.</p> +<p>Mientras tanto, el muchacho venÃa medio dormido, +medio asfixiado en un vagón de tercera.</p> -<p>Había tomado el tren por la noche en el apeadero -en donde su tío estaba de jefe. Al llegar a -Almazán tuvo que esperar más de una hora a que +<p>HabÃa tomado el tren por la noche en el apeadero +en donde su tÃo estaba de jefe. Al llegar a +Almazán tuvo que esperar más de una hora a que saliera un mixto, dando paseos para hacer tiempo por las calles desiertas.</p> -<p>A Manuel le pareció Almazán enorme, tristísimo; -tenía el pueblo, vislumbrado en la obscuridad +<p>A Manuel le pareció Almazán enorme, tristÃsimo; +tenÃa el pueblo, vislumbrado en la obscuridad de una noche vagamente estrellada, la apariencia -de grande y fantástica ciudad muerta. En +de grande y fantástica ciudad muerta. En las calles estrechas, de casas bajas, brillaba la luz -eléctrica, pálida y mortecina; la espaciosa plaza +eléctrica, pálida y mortecina; la espaciosa plaza con arcos estaba desierta; la torre de una iglesia -se erguía en el cielo.</p> +se erguÃa en el cielo.</p> -<p>Manuel bajó hacia el río. Desde el puente presentábase -el pueblo aun más fantástico y misterioso; -adivinábanse sobre una muralla las galerías +<p>Manuel bajó hacia el rÃo. Desde el puente presentábase +el pueblo aun más fantástico y misterioso; +adivinábanse sobre una muralla las galerÃas de un palacio; algunas torres altas y negras se -alzaban en medio del caserío confuso del pueblo; -un trozo de luna resplandecía junto a la línea del -horizonte, y el río, dividido en brazos por algunas +alzaban en medio del caserÃo confuso del pueblo; +un trozo de luna resplandecÃa junto a la lÃnea del +horizonte, y el rÃo, dividido en brazos por algunas isletas, brillaba como si fuera de azogue.</p> -<p>Salió Manuel de Almazán y tuvo que esperar +<p>Salió Manuel de Almazán y tuvo que esperar unas horas en Alcuneza para transbordar. Estaba -cansado, y como en la estación no había bancos, se -tendió en el suelo entre fardos y pellejos de aceite.</p> +cansado, y como en la estación no habÃa bancos, se +tendió en el suelo entre fardos y pellejos de aceite.</p> -<p>Al amanecer tomó el otro tren, y, a pesar de la -dureza del asiento, logró dormirse.</p> +<p>Al amanecer tomó el otro tren, y, a pesar de la +dureza del asiento, logró dormirse.</p> -<p>Manuel llevaba dos años con sus parientes; dejaba -la casa con más satisfacción que pena.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span></p> +<p>Manuel llevaba dos años con sus parientes; dejaba +la casa con más satisfacción que pena.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span></p> -<p>No tuvo para él la vida nada de agradable en -aquellos dos años.</p> +<p>No tuvo para él la vida nada de agradable en +aquellos dos años.</p> -<p>La pequeña estación en donde su tío estaba de -jefe hallábase próxima a una aldehuela pobre, rodeada -de áridas pedrizas, sin árboles ni matas. -Solía hacer en aquellos parajes una temperatura +<p>La pequeña estación en donde su tÃo estaba de +jefe hallábase próxima a una aldehuela pobre, rodeada +de áridas pedrizas, sin árboles ni matas. +SolÃa hacer en aquellos parajes una temperatura siberiana; pero las inclemencias de la Naturaleza no eran cosa para preocupar a un chico, y a Manuel -le tenían sin cuidado.</p> +le tenÃan sin cuidado.</p> -<p>Lo peor era que ni su tío ni la mujer de su tío +<p>Lo peor era que ni su tÃo ni la mujer de su tÃo le mostraron afecto, sino indiferencia, y esta indiferencia -preparó al muchacho para recibir los +preparó al muchacho para recibir los pocos beneficios recibidos con una completa frialdad.</p> <p>No pasaba lo mismo con el hermano de Manuel, -con quien los tíos llegaron a encariñarse.</p> +con quien los tÃos llegaron a encariñarse.</p> <p>Los dos muchachos manifestaron condiciones casi en absoluto opuestas: el mayor, Manuel, gozaba -de un carácter ligero, perezoso e indolente; -no quería estudiar ni ir a la escuela; le encantaban -las correrías por el campo, todo lo atrevido -y peligroso; el rasgo característico de Juan, el +de un carácter ligero, perezoso e indolente; +no querÃa estudiar ni ir a la escuela; le encantaban +las correrÃas por el campo, todo lo atrevido +y peligroso; el rasgo caracterÃstico de Juan, el hermano menor, era un sentimentalismo enfermizo -que se desbordaba en lágrimas por la menor +que se desbordaba en lágrimas por la menor causa.</p> <p>Manuel recordaba que el maestro de escuela y -organista del pueblo, un vejete medio dómine que -enseñaba latín a los dos hermanos, aseguraba -que Juan llegaría a ser algo: a Manuel le consideraba -como un holgazán aventurero y vagabundo -que no podía acabar bien.</p> +organista del pueblo, un vejete medio dómine que +enseñaba latÃn a los dos hermanos, aseguraba +que Juan llegarÃa a ser algo: a Manuel le consideraba +como un holgazán aventurero y vagabundo +que no podÃa acabar bien.</p> <p>Mientras Manuel dormitaba en el coche de tercera -se amontonaban en su imaginación mil recuerdos: -los hechos sucedidos la víspera en casa -de sus tíos se mezclaban en su cerebro con fugaces +se amontonaban en su imaginación mil recuerdos: +los hechos sucedidos la vÃspera en casa +de sus tÃos se mezclaban en su cerebro con fugaces impresiones de Madrid, ya medio olvidadas, -y las sensaciones de distintas épocas se interca<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>laban -unas en otras en su memoria, sin razón ni -lógica, y, entre ellas, en la turbamulta de imágenes -lejanas y próximas que pasaban ante sus +y las sensaciones de distintas épocas se interca<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>laban +unas en otras en su memoria, sin razón ni +lógica, y, entre ellas, en la turbamulta de imágenes +lejanas y próximas que pasaban ante sus ojos, se destacaban fuertemente aquellas torres -negras entrevistas de noche en Almazán a la luz +negras entrevistas de noche en Almazán a la luz de la luna...</p> -<p>Cuando uno de los compañeros de viaje anunció -que ya estaban en Madrid, Manuel sintió verdadera -angustia; un crepúsculo rojo esclarecía +<p>Cuando uno de los compañeros de viaje anunció +que ya estaban en Madrid, Manuel sintió verdadera +angustia; un crepúsculo rojo esclarecÃa el cielo, inyectado de sangre como la pupila de un monstruo; el tren iba aminorando su marcha; pasaba por delante de barriadas pobres y de casas -sórdidas; en aquel momento brillaban las luces -eléctricas pálidamente sobre los altos faros -de señales...</p> +sórdidas; en aquel momento brillaban las luces +eléctricas pálidamente sobre los altos faros +de señales...</p> -<p>Se deslizó el tren entre filas de vagones, retemblaron -las placas giratorias con estrépito férreo -y apareció la estación del Mediodía iluminada +<p>Se deslizó el tren entre filas de vagones, retemblaron +las placas giratorias con estrépito férreo +y apareció la estación del MediodÃa iluminada por arcos voltaicos.</p> -<p>Descendieron los viajeros; bajó Manuel con su -fardelillo de ropa en la mano, miró a todas partes -por si encontraba a su madre, y no la vió en -toda la anchura del andén. Quedó perplejo; siguió -luego a la gente que marchaba de prisa con líos +<p>Descendieron los viajeros; bajó Manuel con su +fardelillo de ropa en la mano, miró a todas partes +por si encontraba a su madre, y no la vió en +toda la anchura del andén. Quedó perplejo; siguió +luego a la gente que marchaba de prisa con lÃos y jaulas hacia una puerta; le pidieron el billete, -se detuvo a registrarse los bolsillos, lo encontró -y salió por entre dos filas de mozos que anunciaban +se detuvo a registrarse los bolsillos, lo encontró +y salió por entre dos filas de mozos que anunciaban nombres de hoteles.</p> -<p>—¡Manuel! ¿Adónde vas?</p> +<p>—¡Manuel! ¿Adónde vas?</p> -<p>Allí estaba su madre. La Petra tenía intención +<p>Allà estaba su madre. La Petra tenÃa intención de mostrarse severa; pero al ver a su hijo -se olvidó de su severidad y le abrazó con efusión.</p> +se olvidó de su severidad y le abrazó con efusión.</p> -<p>—Pero ¿qué ha pasado?—preguntó en seguida +<p>—Pero ¿qué ha pasado?—preguntó en seguida la Petra.</p> <p>—Nada.</p> -<p>—Y entonces, ¿por qué vienes?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span></p> +<p>—Y entonces, ¿por qué vienes?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span></p> -<p>—Me han preguntado si quería estar allá o venir -a Madrid, y yo he dicho que prefería venir a +<p>—Me han preguntado si querÃa estar allá o venir +a Madrid, y yo he dicho que preferÃa venir a Madrid.</p> -<p>—¿Y nada más?</p> +<p>—¿Y nada más?</p> -<p>—Nada más—contestó Manuel con sencillez.</p> +<p>—Nada más—contestó Manuel con sencillez.</p> -<p>—Y Juan, ¿estudiaba?</p> +<p>—Y Juan, ¿estudiaba?</p> -<p>—Sí; mucho más que yo. ¿Está lejos la casa, +<p>—SÃ; mucho más que yo. ¿Está lejos la casa, madre?</p> -<p>—Sí. Qué, ¿tienes apetito?</p> +<p>—SÃ. Qué, ¿tienes apetito?</p> <p>—Ya lo creo: no he comido en todo el camino.</p> -<p>Salieron de la estación al Prado; después subieron -por la calle de Alcalá. Una gasa de polvo +<p>Salieron de la estación al Prado; después subieron +por la calle de Alcalá. Una gasa de polvo llenaba el aire; los faroles brillaban opacos en la -atmósfera enturbiada.... Al llegar a la casa, la -Petra dió de cenar a Manuel y le hizo la cama +atmósfera enturbiada.... Al llegar a la casa, la +Petra dió de cenar a Manuel y le hizo la cama en el suelo, al lado de la suya. El muchacho se -acostó, y era tan violento el contraste del silencio -de la aldea con aquella algarabía de +acostó, y era tan violento el contraste del silencio +de la aldea con aquella algarabÃa de ruido de pasos, conversaciones y voces de la casa, que, a pesar del cansancio, Manuel no pudo dormir.</p> -<p>Oyó cómo entraban todos los huéspedes; ya -era más de media noche cuando el cotarro quedó -tranquilo; pero de repente se armó una trapatiesta -de voces y de risas alborotadoras, que terminó -con una imprecación de triple blasfemia y una -bofetada que resonó estrepitosamente.</p> +<p>Oyó cómo entraban todos los huéspedes; ya +era más de media noche cuando el cotarro quedó +tranquilo; pero de repente se armó una trapatiesta +de voces y de risas alborotadoras, que terminó +con una imprecación de triple blasfemia y una +bofetada que resonó estrepitosamente.</p> -<p>—¿Qué será eso, madre?—preguntó Manuel +<p>—¿Qué será eso, madre?—preguntó Manuel desde su cama.</p> -<p>—A la hija de doña Violante que la han cogido -con el novio—contestó la Petra, medio dormida; -luego le pareció una imprudencia decir esto -al muchacho, y añadió, malhumorada:</p> +<p>—A la hija de doña Violante que la han cogido +con el novio—contestó la Petra, medio dormida; +luego le pareció una imprudencia decir esto +al muchacho, y añadió, malhumorada:</p> <p>—Calla y duerme ya.</p> -<p>La caja de música del recibimiento, movida por -la mano de alguno de los huéspedes, comenzó a<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span> +<p>La caja de música del recibimiento, movida por +la mano de alguno de los huéspedes, comenzó a<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span> tocar aquel aire sentimental de <i>La Mascota</i>, el -dúo de Pippo y Bettina:</p> +dúo de Pippo y Bettina:</p> -<p class="center small">¿Me olvidarás, gentil pastor?</p> +<p class="center small">¿Me olvidarás, gentil pastor?</p> -<p class="ht">Luego quedó todo en silencio.</p> +<p class="ht">Luego quedó todo en silencio.</p> -<h2 id="CAPITULO_III">CAPÍTULO III</h2> +<h2 id="CAPITULO_III">CAPÃTULO III</h2> -<p class="center smcap">Primeras impresiones de Madrid.—Los huéspedes.—Escena +<p class="center smcap">Primeras impresiones de Madrid.—Los huéspedes.—Escena apacible.—Dulces y deleitosas -enseñanzas.</p> +enseñanzas.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">La</span> madre de Manuel tenía un pariente, primo -de su marido, que era zapatero. Había pensado -la Petra, en los días anteriores, enviar a Manuel -de aprendiz a la zapatería; pero le quedaba +<p class="p2"><span class="smcap">La</span> madre de Manuel tenÃa un pariente, primo +de su marido, que era zapatero. HabÃa pensado +la Petra, en los dÃas anteriores, enviar a Manuel +de aprendiz a la zapaterÃa; pero le quedaba la esperanza de que el muchacho se convenciera -de que le convenía más estudiar cualquier cosa +de que le convenÃa más estudiar cualquier cosa que aprender un oficio; y esta esperanza la hizo no decidirse a llevar al chico a casa de su -cuñado.</p> +cuñado.</p> -<p>Algún trabajo costó a Petra convencer a la patrona +<p>Algún trabajo costó a Petra convencer a la patrona que permitiera estar en casa a Manuel; -pero al fin lo consiguió. Se convino en que el chico -haría recados y serviría la comida. Luego, -cuando pasara la época de vacaciones, seguiría +pero al fin lo consiguió. Se convino en que el chico +harÃa recados y servirÃa la comida. Luego, +cuando pasara la época de vacaciones, seguirÃa estudiando.</p> -<p>Al día siguiente de su llegada, el muchacho -ayudó a servir la mesa a su madre.</p> +<p>Al dÃa siguiente de su llegada, el muchacho +ayudó a servir la mesa a su madre.</p> -<p>En el comedor se sentaban todos los huéspedes, -menos la Baronesa y su niña, presididos por<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> +<p>En el comedor se sentaban todos los huéspedes, +menos la Baronesa y su niña, presididos por<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> la patrona, con su cara llena de arrugas, de color -de orejón, y sus treinta y tantos lunares.</p> +de orejón, y sus treinta y tantos lunares.</p> <p>El comedor, un cuarto estrecho y largo, con una ventana al patio, comunicaba con dos angostos -corredores, torcido en ángulo recto; frente a +corredores, torcido en ángulo recto; frente a la ventana se levantaba un aparador de nogal -negruzco con estantes, sobre los cuales lucían +negruzco con estantes, sobre los cuales lucÃan baratijas de porcelana y de vidrio, y copas y vasos en hilera. La mesa del centro era tan larga -para cuarto tan pequeño, que apenas dejaba sitio +para cuarto tan pequeño, que apenas dejaba sitio para pasar por los extremos cuando se sentaban -los huéspedes.</p> +los huéspedes.</p> <p>El papel amarillo del cuarto, rasgado en muchos -sitios, ostentaba a trechos círculos negruzcos, -de la grasa del pelo de los huéspedes, que, -echados con la silla hacia atrás, apoyaban el respaldar +sitios, ostentaba a trechos cÃrculos negruzcos, +de la grasa del pelo de los huéspedes, que, +echados con la silla hacia atrás, apoyaban el respaldar del asiento y la cabeza en la pared.</p> <p>Los muebles, las sillas de paja, los cuadros, la estera, llena de agujeros, todo estaba en aquel cuarto mugriento, como si el polvo de muchos -años se hubiese depositado sobre los objetos +años se hubiese depositado sobre los objetos unido al sudor de unas cuantas generaciones de -huéspedes.</p> +huéspedes.</p> -<p>De día, el comedor era obscuro; de noche, lo -iluminaba un quinqué de petróleo de sube y baja +<p>De dÃa, el comedor era obscuro; de noche, lo +iluminaba un quinqué de petróleo de sube y baja que manchaba el techo de humo.</p> -<p>La primera vez que sirvió la mesa Manuel, -obedeciendo las indicaciones de su madre, presidía -la mesa la patrona, según costumbre; a su -derecha se sentaba un señor viejo, de aspecto cadavérico, -un señor muy pulcro, que limpiaba los +<p>La primera vez que sirvió la mesa Manuel, +obedeciendo las indicaciones de su madre, presidÃa +la mesa la patrona, según costumbre; a su +derecha se sentaba un señor viejo, de aspecto cadavérico, +un señor muy pulcro, que limpiaba los vasos y los platos con la servilleta concienzudamente. -Este señor tenía a su lado un frasco con -un cuentagotas, y antes de comer comenzó a +Este señor tenÃa a su lado un frasco con +un cuentagotas, y antes de comer comenzó a echar la medicina en el vino. A la izquierda de -la patrona se erguía la vizcaína, mujer alta, gruesa, +la patrona se erguÃa la vizcaÃna, mujer alta, gruesa, de aspecto bestial, nariz larga, labios abulta<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span>dos y color encendido; y al lado de esta dama, -aplastada coma un sapo, estaba doña Violante, a -quien los huéspedes llamaban en broma unas veces -doña Violente y otras doña Violada.</p> +aplastada coma un sapo, estaba doña Violante, a +quien los huéspedes llamaban en broma unas veces +doña Violente y otras doña Violada.</p> -<p>Cerca de doña Violante se acomodaban sus hijas; +<p>Cerca de doña Violante se acomodaban sus hijas; luego, un cura que charlaba por los codos, -un periodista a quien decían el Superhombre, un +un periodista a quien decÃan el Superhombre, un joven muy rubio, muy delgado y muy serio, los comisionistas y el tenedor de libros.</p> -<p>Sirvió Manuel la sopa, la tomaron todos los -huéspedes, sorbiéndola con un desagradable resoplido, +<p>Sirvió Manuel la sopa, la tomaron todos los +huéspedes, sorbiéndola con un desagradable resoplido, y, por mandato de su madre, el muchacho -quedó allí, de pie. Vinieron después los garbanzos, +quedó allÃ, de pie. Vinieron después los garbanzos, que, si no por lo grandes, por lo duros -hubiesen podido figurar en un parque de artillería, -y uno de los huéspedes se permitió alguna +hubiesen podido figurar en un parque de artillerÃa, +y uno de los huéspedes se permitió alguna broma acerca de lo comestible de legumbre tan -pétrea; broma que resbaló por el rostro impasible -de doña Casiana sin hacer la menor huella.</p> +pétrea; broma que resbaló por el rostro impasible +de doña Casiana sin hacer la menor huella.</p> -<p>Manuel se dedicó a observar a los huéspedes. -Era el día siguiente al complot, y doña Violante -y sus niñas estaban hurañas y malhumoradas. La -cara abotagada de doña Violante se fruncía a +<p>Manuel se dedicó a observar a los huéspedes. +Era el dÃa siguiente al complot, y doña Violante +y sus niñas estaban hurañas y malhumoradas. La +cara abotagada de doña Violante se fruncÃa a cada momento, y en sus ojos saltones y turbios -se adivinaba una honda preocupación. Celia, la +se adivinaba una honda preocupación. Celia, la mayor de las hijas, molestada por las bromas del -cura, comenzó a contestarle violentamente, maldiciendo +cura, comenzó a contestarle violentamente, maldiciendo de todo lo divino y humano con una rabia y un odio desesperado y pintoresco, lo que -provocó grandes risas de todos. Irene, la culpable -del escándalo de la noche anterior, una muchacha -de quince a diez y seis años, de cabeza +provocó grandes risas de todos. Irene, la culpable +del escándalo de la noche anterior, una muchacha +de quince a diez y seis años, de cabeza gorda, manos y pies grandes, cuerpo sin desarrollo completo y ademanes pesados y torpes, no hablaba apenas, ni separaba la vista del plato.</p> -<p>Concluyó la comida, y los huéspedes se largaron +<p>Concluyó la comida, y los huéspedes se largaron cada uno a su trabajo. Por la noche, Manuel<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span> -sirvió la cena sin tirar nada ni equivocarse una -vez; pero a los cinco o seis días ya no daba pie +sirvió la cena sin tirar nada ni equivocarse una +vez; pero a los cinco o seis dÃas ya no daba pie con bola.</p> -<p>No se sabe hasta qué punto impresionaron al +<p>No se sabe hasta qué punto impresionaron al muchacho los usos y costumbres de la casa de -huéspedes y la clase de pájaros que en ella vivían; +huéspedes y la clase de pájaros que en ella vivÃan; pero no debieron impresionarle mucho. Manuel -tuvo que aguantar mientras sirvió la mesa en los -días posteriores una serie interminable de advertencias, +tuvo que aguantar mientras sirvió la mesa en los +dÃas posteriores una serie interminable de advertencias, bromas y cuchufletas.</p> <p>Mil incidentes, chuscos para el que no tuviera -que sufrirlos, se producían a cada paso: unas -veces se encontraba tabaco en la sopa, otras carbón, +que sufrirlos, se producÃan a cada paso: unas +veces se encontraba tabaco en la sopa, otras carbón, ceniza, pedazos de papel de color en la botella del agua.</p> -<p>Uno de los comisionistas, que padecía del estómago -y se pasaba la vida mirándose la lengua -en el espejo, solía levantarse, furioso, cuando pasaba -alguna de estas cosas, a pedir a la dueña -que despachase a un zascandil que hacía tantos +<p>Uno de los comisionistas, que padecÃa del estómago +y se pasaba la vida mirándose la lengua +en el espejo, solÃa levantarse, furioso, cuando pasaba +alguna de estas cosas, a pedir a la dueña +que despachase a un zascandil que hacÃa tantos disparates.</p> -<p>Manuel se acostumbró a estas manifestaciones +<p>Manuel se acostumbró a estas manifestaciones contra su humilde persona, y contestaba cuando -le reñían con el mayor descaro e indiferencia.</p> +le reñÃan con el mayor descaro e indiferencia.</p> -<p>Pronto se enteró de la vida y milagros de todos -los huéspedes, y se hallaba dispuesto a soltarles +<p>Pronto se enteró de la vida y milagros de todos +los huéspedes, y se hallaba dispuesto a soltarles cualquier barbaridad si le fastidiaban demasiado.</p> -<p>Doña Violante y sus niñas manifestaron por -Manuel gran simpatía, la vieja sobre todo. Llevaban +<p>Doña Violante y sus niñas manifestaron por +Manuel gran simpatÃa, la vieja sobre todo. Llevaban ya varios meses las tres damas viviendo en -la casa; pagaban poco, y cuando no podían, no -pagaban, pero eran fáciles de contentar. Dormían +la casa; pagaban poco, y cuando no podÃan, no +pagaban, pero eran fáciles de contentar. DormÃan las tres en un cuarto interior, que daba al patio, -del cual venía un olor a leche fermentada, repugnante, +del cual venÃa un olor a leche fermentada, repugnante, que escapaba del establo del piso bajo.</p> -<p>No tenían en el cubil donde se albergaban sitio -ni aun para moverse; el cuarto que les había asig<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>nado -la patrona, en relación a la pequeñez del -pupilaje y a la inseguridad del pago, era un chiscón +<p>No tenÃan en el cubil donde se albergaban sitio +ni aun para moverse; el cuarto que les habÃa asig<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>nado +la patrona, en relación a la pequeñez del +pupilaje y a la inseguridad del pago, era un chiscón obscuro, ocupado por dos estrechas camas de hierro, entre las cuales, en el poco sitio que dejaban ambas, se hallaba embutido un catre de tijera.</p> -<p>Allá dormían aquellas galantes damas; de día +<p>Allá dormÃan aquellas galantes damas; de dÃa correteaban todo Madrid, y se pasaban la existencia haciendo combinaciones con prestamistas, -empeñando y desempeñando cosas.</p> - -<p>Las dos jóvenes, Celia e Irene, aunque madre e -hija, pasaban como hermanas. Doña Violante -tuvo en sus buenos tiempos una vida de pequeña -cortesana; logró hacer sus ahorros, sus provisiones, -allá para el invierno de la vejez, cuando un -protector anciano le convenció de que tenía una -combinación admirable para ganar mucho dinero -en el Frontón. Doña Violante cayó en el lazo, y -el protector la dejó sin un céntimo. Entonces, -doña Violante volvió a las andadas, se quedó -medio ciega, y llegó a aquel estado lamentable, al -cual hubiera llegado, seguramente mucho más +empeñando y desempeñando cosas.</p> + +<p>Las dos jóvenes, Celia e Irene, aunque madre e +hija, pasaban como hermanas. Doña Violante +tuvo en sus buenos tiempos una vida de pequeña +cortesana; logró hacer sus ahorros, sus provisiones, +allá para el invierno de la vejez, cuando un +protector anciano le convenció de que tenÃa una +combinación admirable para ganar mucho dinero +en el Frontón. Doña Violante cayó en el lazo, y +el protector la dejó sin un céntimo. Entonces, +doña Violante volvió a las andadas, se quedó +medio ciega, y llegó a aquel estado lamentable, al +cual hubiera llegado, seguramente mucho más pronto, si en el comienzo de su vida le diera el naipe por ser honrada.</p> -<p>De día, la vieja se pasaba casi siempre metida -en su cuarto obscuro, que olía a establo, a polvos -de arroz y a cosmético; de noche, tenía que -acompañar a su hija y a su nieta, en paseos, cafés +<p>De dÃa, la vieja se pasaba casi siempre metida +en su cuarto obscuro, que olÃa a establo, a polvos +de arroz y a cosmético; de noche, tenÃa que +acompañar a su hija y a su nieta, en paseos, cafés y teatros, a la busca y captura del cabrito, como -decía el viajante enfermo del estómago, hombre +decÃa el viajante enfermo del estómago, hombre entre humorista y malhumorado.</p> -<p>Celia e Irene, la hija y la nieta de doña Violante, +<p>Celia e Irene, la hija y la nieta de doña Violante, cuando estaban en casa disputaban a todas -horas; quizá esta irritación continua del carácter -dependía de lo amontonadas que vivían; quizá de -tanto pasar ante los ojos de los demás como hermanas +horas; quizá esta irritación continua del carácter +dependÃa de lo amontonadas que vivÃan; quizá de +tanto pasar ante los ojos de los demás como hermanas llegaron a convencerse de que lo eran, y, -efectivamente, se insultaban y reñían como tales.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p> +efectivamente, se insultaban y reñÃan como tales.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p> -<p>Lo único en que concordaban era en asegurar -que doña Violante las estorbaba; la impedimenta +<p>Lo único en que concordaban era en asegurar +que doña Violante las estorbaba; la impedimenta de la ciega asustaba a todo viejo libidinoso que se pusiese a tiro de la Irene y de la Celia.</p> -<p>La patrona doña Casiana, que veía a la menor -ocasión el abandono de la ciega, aconsejaba maternalmente +<p>La patrona doña Casiana, que veÃa a la menor +ocasión el abandono de la ciega, aconsejaba maternalmente a las dos que se armasen de paciencia; -doña Violante, al fin y al cabo, no era como +doña Violante, al fin y al cabo, no era como Calipso, inmortal; pero ellas contestaban que eso -de que tuviesen que trabajar a toda máquina para +de que tuviesen que trabajar a toda máquina para comprar potingues y jarabes no les resultaba.</p> -<p>Doña Casiana agitaba la cabeza con melancolía, +<p>Doña Casiana agitaba la cabeza con melancolÃa, porque por su edad y sus circunstancias se -colocaba en el lugar de doña Violante, y argumentaba -con el ejemplo, y decía que se pusieran +colocaba en el lugar de doña Violante, y argumentaba +con el ejemplo, y decÃa que se pusieran en el caso de la abuela; pero ninguna de ellas se daba por convencida.</p> <p>Entonces la patrona les aconsejaba que se mirasen -en su espejo. Ella, según aseguraban, bajó +en su espejo. Ella, según aseguraban, bajó desde las alturas de la comandancia (su marido -había sido comandante de carabineros) hasta las -miserias del patronato de huéspedes, resignada, +habÃa sido comandante de carabineros) hasta las +miserias del patronato de huéspedes, resignada, con la sonrisa del estoicismo en los labios.</p> -<p>Doña Casiana sabía lo que es la resignación, -y no tenía en esta vida más consuelos que unos +<p>Doña Casiana sabÃa lo que es la resignación, +y no tenÃa en esta vida más consuelos que unos cuantos tomos de novelas por entregas, dos o tres -folletines y un líquido turbio fabricado misteriosamente +folletines y un lÃquido turbio fabricado misteriosamente por ella misma con agua azucarada y alcohol.</p> -<p>Este líquido lo echaba en un frasco cuadrado -de boca ancha, en cuyo interior ponía un tronco -grueso de anís, y lo guardaba en el armario de su +<p>Este lÃquido lo echaba en un frasco cuadrado +de boca ancha, en cuyo interior ponÃa un tronco +grueso de anÃs, y lo guardaba en el armario de su alcoba.</p> <p>Alguno que hizo el descubrimiento del frasco, -con su rama negra de anís, lo comparó con esos -en donde suelen conservarse fetos y otras porquerías +con su rama negra de anÃs, lo comparó con esos +en donde suelen conservarse fetos y otras porquerÃas por el estilo, y desde entonces, cuando la<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span> -patrona aparecía con las mejillas sonrosadas, +patrona aparecÃa con las mejillas sonrosadas, mil comentarios nada favorables a la templanza -de la dueña corrían entre los huéspedes.</p> +de la dueña corrÃan entre los huéspedes.</p> -<p>—Doña Casiana está ajumada con el aguardiente +<p>—Doña Casiana está ajumada con el aguardiente de feto.</p> -<p>—La buena señora abusa del feto.</p> +<p>—La buena señora abusa del feto.</p> <p>—El feto se le ha subido a la cabeza...</p> <p>Manuel participaba amigablemente de estos espirituales -esparcimientos de los huéspedes. Las -facultades de acomodación de muchacho eran, +esparcimientos de los huéspedes. Las +facultades de acomodación de muchacho eran, sin disputa, muy grandes, porque a la semana de verse en casa de la patrona se figuraba haber -vivido siempre allí.</p> +vivido siempre allÃ.</p> -<p>Se desenvolvían sus aptitudes por encanto: -cuando se le necesitaba, no se le veía, y al menor +<p>Se desenvolvÃan sus aptitudes por encanto: +cuando se le necesitaba, no se le veÃa, y al menor descuido ya estaba en la calle jugando con los chicos de la vecindad.</p> -<p>A consecuencia de sus juegos y de sus riñas -tenía el traje tan sucio y tan roto, que la patrona -solía llamarle el paje don Rompe Galas, recordando -un tipo desastrado de un sainete que doña -Casiana vió, según decía, representar en sus verdes -años.</p> +<p>A consecuencia de sus juegos y de sus riñas +tenÃa el traje tan sucio y tan roto, que la patrona +solÃa llamarle el paje don Rompe Galas, recordando +un tipo desastrado de un sainete que doña +Casiana vió, según decÃa, representar en sus verdes +años.</p> -<p>Generalmente, los que utilizaban con más frecuencia +<p>Generalmente, los que utilizaban con más frecuencia los servicios de Manuel eran el periodista, a quien llamaban el Superhombre, para enviar cuartillas a la imprenta, y la Celia y la Irene para el servicio de cartas y de peticiones de dinero -que tenían con sus amigos. Doña Violante, cuando -robaba a su hija algunos céntimos, solía mandar +que tenÃan con sus amigos. Doña Violante, cuando +robaba a su hija algunos céntimos, solÃa mandar a Manuel al estanco por una cajetilla, y por el recado le daba un cigarro.</p> -<p>—Fúmalo aquí—le decía—, no te verá nadie.</p> +<p>—Fúmalo aqu×le decÃa—, no te verá nadie.</p> -<p>Manuel se sentaba sobre un baúl, y la vieja, +<p>Manuel se sentaba sobre un baúl, y la vieja, con el pitillo en la boca y echando humo por las narices, contaba aventuras de sus tiempos de esplendor.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p> -<p>El cuarto aquel de doña Violante y de sus niñas +<p>El cuarto aquel de doña Violante y de sus niñas era infecto; colgaban en las escarpias clavadas en la pared trapajos sucios, y, entre la falta -de aire y la mezcolanza de olores que allí había, +de aire y la mezcolanza de olores que allà habÃa, se formaba un tufo capaz de marear a un buey.</p> -<p>Manuel escuchaba las historias de doña Violante -con verdadera fruición. Sobre todo, en los -comentarios era donde la vieja estaba más graciosa.</p> +<p>Manuel escuchaba las historias de doña Violante +con verdadera fruición. Sobre todo, en los +comentarios era donde la vieja estaba más graciosa.</p> -<p>—Porque, hijo, créelo—le decía—, una mujer -que tenga buenos pechos y que sea así cachondona—y +<p>—Porque, hijo, créelo—le decÃa—, una mujer +que tenga buenos pechos y que sea asà cachondona—y la vieja daba una chupada al cigarro y -explicaba con un gesto expresivo lo que entendía +explicaba con un gesto expresivo lo que entendÃa por aquella palabra, no menos expresiva—, siempre -se llevará de calle a los hombres.</p> +se llevará de calle a los hombres.</p> -<p>Doña Violante solía cantar canciones de zarzuelas -españolas y de operetas francesas, que a -Manuel le producían una tristeza horrible. Sin saber -por qué, le daban la impresión de un mundo -de placeres inasequible para él. Cuando oía a -doña Violante cantar aquello de <i>El Juramento</i></p> +<p>Doña Violante solÃa cantar canciones de zarzuelas +españolas y de operetas francesas, que a +Manuel le producÃan una tristeza horrible. Sin saber +por qué, le daban la impresión de un mundo +de placeres inasequible para él. Cuando oÃa a +doña Violante cantar aquello de <i>El Juramento</i></p> <div class="poetry-container"> <div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Es el desdén espada de doble filo:</div> +<div class="line i1">Es el desdén espada de doble filo:</div> <div class="line">uno mata de amores, otro, de olvido...,</div> </div></div></div> -<p>se figuraba salones, damas, amores fáciles; pero -más que esto, aun le daba una impresión de tristeza +<p>se figuraba salones, damas, amores fáciles; pero +más que esto, aun le daba una impresión de tristeza los valses de <i>La Diva</i> y de <i>La gran Duquesa</i>.</p> -<p>Las reflexiones de doña Violante abrían los +<p>Las reflexiones de doña Violante abrÃan los ojos a Manuel; pero tanto como ellas colaboraban en este resultado las escenas que diariamente -ocurrían en la casa.</p> +ocurrÃan en la casa.</p> -<p>Era también buena profesora una sobrina de -doña Casiana, de la edad poco más o menos de +<p>Era también buena profesora una sobrina de +doña Casiana, de la edad poco más o menos de Manuel, una chiquilla flaca, esmirriada, de tan -mala intención, que siempre estaba tramando +mala intención, que siempre estaba tramando complots en contra de alguien.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span> -Si le pegaban no derramaba una lágrima; solía -bajar a la portería cuando el chico de la portera -estaba solo, lo cogía por su cuenta y le pellizcaba -y le daba puntapiés, y de esta manera se vengaba -de los porrazos que ella había recibido.</p> +Si le pegaban no derramaba una lágrima; solÃa +bajar a la porterÃa cuando el chico de la portera +estaba solo, lo cogÃa por su cuenta y le pellizcaba +y le daba puntapiés, y de esta manera se vengaba +de los porrazos que ella habÃa recibido.</p> -<p>Después de comer, casi todos los huéspedes +<p>Después de comer, casi todos los huéspedes iban a sus ocupaciones; la Celia y la Irene, en -unión de la vizcaína, tenían el gran holgorio espiando +unión de la vizcaÃna, tenÃan el gran holgorio espiando a las mujeres de casa de la Isabelona, las -cuales solían asomarse al balcón y hablaban y se -hacían señas con los vecinos. Algunas veces +cuales solÃan asomarse al balcón y hablaban y se +hacÃan señas con los vecinos. Algunas veces aquellas pobres odaliscas de burdel no se contentaban -con hablar, y bailaban y enseñaban las +con hablar, y bailaban y enseñaban las pantorrillas.</p> <p>La madre de Manuel, como siempre, estaba pensando en el cielo y en el infierno; no se preocupaba -gran cosa de las pequeñeces de la tierra y -no sabía apartar al chico de espectáculos tan +gran cosa de las pequeñeces de la tierra y +no sabÃa apartar al chico de espectáculos tan edificantes. El procedimiento educativo de la Petra -no consistía mas que en darle algún golpe a Manuel +no consistÃa mas que en darle algún golpe a Manuel y en hacerle leer libros de oraciones.</p> -<p>La Petra creía ver resurgir en el muchacho alguno -de los rasgos de carácter del maquinista, y -esto le preocupaba. Quería que Manuel fuese +<p>La Petra creÃa ver resurgir en el muchacho alguno +de los rasgos de carácter del maquinista, y +esto le preocupaba. QuerÃa que Manuel fuese como ella, humilde con los superiores, respetuoso -con los sacerdotes...; pero, ¡buen sitio era aquél +con los sacerdotes...; pero, ¡buen sitio era aquél para aprender a respetar nada!</p> -<p>Una mañana, luego de celebrada la solemne +<p>Una mañana, luego de celebrada la solemne ceremonia, en la cual todas las mujeres de la -casa salían al pasillo blandiendo el servicio de -noche, se oyó en el cuarto de doña Violante un -estrépito de gritos, lloros, patatas y vociferaciones.</p> +casa salÃan al pasillo blandiendo el servicio de +noche, se oyó en el cuarto de doña Violante un +estrépito de gritos, lloros, patatas y vociferaciones.</p> -<p>La patrona, la vizcaína y algunos huéspedes +<p>La patrona, la vizcaÃna y algunos huéspedes salieron al pasillo a fisgar. De dentro debieron comprender el espionaje, porque abrieron la puerta -y siguió la riña en voz baja.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p> +y siguió la riña en voz baja.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p> <p>Manuel y la sobrina de la patrona se quedaron -en el pasillo. Se oían gimoteos de la Irene y las -increpaciones de la Celia y de doña Violante.</p> +en el pasillo. Se oÃan gimoteos de la Irene y las +increpaciones de la Celia y de doña Violante.</p> -<p>Al principio no se entendía bien lo que decían; +<p>Al principio no se entendÃa bien lo que decÃan; pero se conoce que las tres mujeres se olvidaron -pronto de la determinación de hablar bajo y las +pronto de la determinación de hablar bajo y las voces se levantaron iracundas.</p> -<p>—¡Anda! ¡Anda a la casa de socorro a que te -quiten la hinchazón! ¡Bribona!—decía la Celia.</p> +<p>—¡Anda! ¡Anda a la casa de socorro a que te +quiten la hinchazón! ¡Bribona!—decÃa la Celia.</p> -<p>—¿Y qué? ¿Y qué?—contestaba la Irene—¿Qué -estoy preñada? Ya lo sé. ¿Y qué?</p> +<p>—¿Y qué? ¿Y qué?—contestaba la Irene—¿Qué +estoy preñada? Ya lo sé. ¿Y qué?</p> -<p>Doña Violante abrió la puerta del pasillo con +<p>Doña Violante abrió la puerta del pasillo con furia; Manuel y la chica de la patrona huyeron, y -la vieja salió con una camisa de bayeta remendada -y sucia y un pañuelo de hierbas anudado a la +la vieja salió con una camisa de bayeta remendada +y sucia y un pañuelo de hierbas anudado a la cabeza y se puso a pasear, arrastrando las chanclas, de un lado a otro del corredor.</p> -<p>—¡Cochina! ¡Más que cochina!—murmuraba—. -¡Habráse visto la guarra!</p> +<p>—¡Cochina! ¡Más que cochina!—murmuraba—. +¡Habráse visto la guarra!</p> -<p>Manuel fué al gabinete, en donde la patrona y -la vizcaína charloteaban en voz baja. La sobrina +<p>Manuel fué al gabinete, en donde la patrona y +la vizcaÃna charloteaban en voz baja. La sobrina de la patrona, muerta de curiosidad, preguntaba -a las dos mujeres con irritación creciente:</p> +a las dos mujeres con irritación creciente:</p> -<p>—Pero, ¿por qué la riñen a la Irene?</p> +<p>—Pero, ¿por qué la riñen a la Irene?</p> -<p>La patrona y la vizcaína cambiaron una ojeada -amistosa, y se echaron a reír.</p> +<p>La patrona y la vizcaÃna cambiaron una ojeada +amistosa, y se echaron a reÃr.</p> -<p>—Di—gritó la niña porfiada, agarrando de la -toquilla a su tía—. ¿Qué importa que tenga ese -bulto? ¿Quién le ha hecho ese bulto?</p> +<p>—Di—gritó la niña porfiada, agarrando de la +toquilla a su tÃa—. ¿Qué importa que tenga ese +bulto? ¿Quién le ha hecho ese bulto?</p> -<p>Entonces ya la patrona y la vizcaína no pudieron +<p>Entonces ya la patrona y la vizcaÃna no pudieron contener la carcajada, mientras la chiquilla las miraba con avidez, tratando de penetrar el -sentido de lo que oía.</p> +sentido de lo que oÃa.</p> -<p>—¿Quién le ha hecho ese bulto?—decía entre -risotadas la vizcaína—. Pero, hija, si nosotras no -sabemos quién le ha hecho el bulto.</p> +<p>—¿Quién le ha hecho ese bulto?—decÃa entre +risotadas la vizcaÃna—. Pero, hija, si nosotras no +sabemos quién le ha hecho el bulto.</p> -<p>—Todos los huéspedes repitieron con fruición y<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> +<p>—Todos los huéspedes repitieron con fruición y<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> entusiasmo la pregunta de la sobrina de la patrona, -y en cualquier discusión de sobremesa algún -chusco salía diciendo de improviso:</p> +y en cualquier discusión de sobremesa algún +chusco salÃa diciendo de improviso:</p> -<p>—Ya veo que usted sabe quién le ha hecho el -bulto—y la frase se acogía con grandes risotadas.</p> +<p>—Ya veo que usted sabe quién le ha hecho el +bulto—y la frase se acogÃa con grandes risotadas.</p> -<p>Luego, pasados unos días, se habló de una -consulta misteriosa, celebrada por las niñas de -doña Violante con la mujer de un barbero de la +<p>Luego, pasados unos dÃas, se habló de una +consulta misteriosa, celebrada por las niñas de +doña Violante con la mujer de un barbero de la calle de Jardines, especie de proveedora de angelitos para el limbo; se dijo que la Irene, al volver de la conferencia tenebrosa, vino en un coche, -muy pálida, que la tuvieron que meter en la -cama. Lo cierto fué que la muchacha pasó sin -salir del cuarto más de una semana; que, al aparecer, +muy pálida, que la tuvieron que meter en la +cama. Lo cierto fué que la muchacha pasó sin +salir del cuarto más de una semana; que, al aparecer, su aspecto era de convaleciente, y que el -ceño de la madre y de la abuela se desarrugó por +ceño de la madre y de la abuela se desarrugó por completo.</p> <p>—Tiene cara de infanticida—dijo el cura al -verla de nuevo—, pero está más guapa.</p> - -<p>Si algo nefando hubo, nadie podría asegurarlo; -pronto se olvidó lo ocurrido; a la niña se le presentó -un protector rico, al parecer, y, en conmemoración -de tan fausto acontecimiento, los huéspedes -participaron del alboroque. Después de -cenar, se bebió <i>cognac</i> y aguardiente; el cura -tocó la guitarra; la Irene bailó sevillanas, con -menos gracia que un albañil, según dijo la patrona; -el Superhombre cantó unos fados aprendidos -en Portugal, y la vizcaína, por no ser menos, -se arrancó con unas malagueñas, que lo mismo -podían ser cante flamenco que salmos de David.</p> - -<p>Sólo el estudiante rubio, con sus ojos de acero, +verla de nuevo—, pero está más guapa.</p> + +<p>Si algo nefando hubo, nadie podrÃa asegurarlo; +pronto se olvidó lo ocurrido; a la niña se le presentó +un protector rico, al parecer, y, en conmemoración +de tan fausto acontecimiento, los huéspedes +participaron del alboroque. Después de +cenar, se bebió <i>cognac</i> y aguardiente; el cura +tocó la guitarra; la Irene bailó sevillanas, con +menos gracia que un albañil, según dijo la patrona; +el Superhombre cantó unos fados aprendidos +en Portugal, y la vizcaÃna, por no ser menos, +se arrancó con unas malagueñas, que lo mismo +podÃan ser cante flamenco que salmos de David.</p> + +<p>Sólo el estudiante rubio, con sus ojos de acero, no participaba de la juerga, embebido en sus pensamientos.</p> <p>—Y usted, Roberto—le dijo la Celia varias veces—, -¿no canta ni hace usted nada?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span></p> +¿no canta ni hace usted nada?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span></p> -<p>—Yo, no—replicó él, fríamente.</p> +<p>—Yo, no—replicó él, frÃamente.</p> <p>—No tiene usted sangre en las venas.</p> -<p>El jovencito la contempló un momento, se encogió +<p>El jovencito la contempló un momento, se encogió de hombros con indiferencia, y en sus labios -pálidos se marcó una sonrisa de desdén y de +pálidos se marcó una sonrisa de desdén y de burla.</p> -<p class="ht">Luego, como acontecía casi siempre en las -francachelas de la casa de huéspedes, un chusco -se puso a darle a la caja de música del pasillo, -y el «Gentil pastor» de <i>La Mascota</i> y el vals +<p class="ht">Luego, como acontecÃa casi siempre en las +francachelas de la casa de huéspedes, un chusco +se puso a darle a la caja de música del pasillo, +y el «Gentil pastor» de <i>La Mascota</i> y el vals de <i>La Diva</i> brotaron confusos; el Superhombre y Celia dieron unas vueltas de vals y concluyeron cantando todos una habanera, hasta que -se cansaron y se marchó cada mochuelo a su +se cansaron y se marchó cada mochuelo a su olivo.</p> -<h2 id="CAPITULO_IV">CAPÍTULO IV</h2> +<h2 id="CAPITULO_IV">CAPÃTULO IV</h2> -<p class="center smcap">¡Oh, el amor, el amor!—¿Qué hace don Telmo? -¿Quién es don Telmo?—En el cual el estudiante +<p class="center smcap">¡Oh, el amor, el amor!—¿Qué hace don Telmo? +¿Quién es don Telmo?—En el cual el estudiante Y Don Telmo toman ciertas proporciones novelescas.</p> -<p class="p2">A la Baronesa apenas se la veía en casa, excepto -en las primeras horas de la mañana -y de la noche. Comía y cenaba fuera. A creer a la -patrona, era una trapisondista, y tenía grandes -alternativas en su posición, pues tan pronto se +<p class="p2">A la Baronesa apenas se la veÃa en casa, excepto +en las primeras horas de la mañana +y de la noche. ComÃa y cenaba fuera. A creer a la +patrona, era una trapisondista, y tenÃa grandes +alternativas en su posición, pues tan pronto se mudaba a una casa buena y llevaba coche como -desaparecía varios meses en el cuartucho infecto +desaparecÃa varios meses en el cuartucho infecto de una casa de pupilos barata.</p> -<p>La hija de la Baronesa, una niña de unos doce -a catorce años, no se presentaba nunca en el comedor -ni en el pasillo; su madre la prohibía toda -comunicación con los huéspedes. Se llamaba Kate. +<p>La hija de la Baronesa, una niña de unos doce +a catorce años, no se presentaba nunca en el comedor +ni en el pasillo; su madre la prohibÃa toda +comunicación con los huéspedes. Se llamaba Kate. Era una muchacha rubia, muy blanca y muy bonita. -Sólo el estudiante Roberto hablaba con ella -algunas veces en inglés.</p> +Sólo el estudiante Roberto hablaba con ella +algunas veces en inglés.</p> <p>El muchacho miraba a la chiquilla con entusiasmo.</p> -<p>Aquel verano debió de terminar la mala racha -de la Baronesa, porque comenzó a hacerse ropa -y se preparó a mudarse de casa.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span></p> +<p>Aquel verano debió de terminar la mala racha +de la Baronesa, porque comenzó a hacerse ropa +y se preparó a mudarse de casa.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span></p> -<p>Durante unas semanas iban todos los días una +<p>Durante unas semanas iban todos los dÃas una costurera y una aprendiza con trajes y sombreros para la Baronesa y Kate.</p> -<p>Manuel, una noche, vió pasar a la aprendiza de +<p>Manuel, una noche, vió pasar a la aprendiza de la costurera con una caja grande en la mano, y -se sintió enamorado.</p> +se sintió enamorado.</p> -<p>La siguió de lejos con gran miedo de que lo viera. +<p>La siguió de lejos con gran miedo de que lo viera. Mientras iba tras ella, pensaba en lo que se le -tendría que decir a una muchacha así, al acompañarla. -Había de ser una cosa galante, exquisita; +tendrÃa que decir a una muchacha asÃ, al acompañarla. +HabÃa de ser una cosa galante, exquisita; llegaba a suponer que estaba a su lado y torturaba -su imaginación ideando frases y giros, y no se -le ocurrían mas que vulgaridades. En esto, la +su imaginación ideando frases y giros, y no se +le ocurrÃan mas que vulgaridades. En esto, la aprendiza y su caja se perdieron entre la gente y -no volvió a verlas.</p> +no volvió a verlas.</p> -<p>Fué para Manuel el recuerdo de aquella chiquilla -como una música encantadora, una fantasía, -base de otras fantasías. Muchas veces ideaba historias, -en que él hacía siempre de héroe y la -aprendiza de heroína. En tanto que Manuel lamentaba +<p>Fué para Manuel el recuerdo de aquella chiquilla +como una música encantadora, una fantasÃa, +base de otras fantasÃas. Muchas veces ideaba historias, +en que él hacÃa siempre de héroe y la +aprendiza de heroÃna. En tanto que Manuel lamentaba los rigores del destino, Roberto, el estudiante -rubio, se dedicaba también a la melancolía, +rubio, se dedicaba también a la melancolÃa, pensando en la hija de la Baronesa. Algunas -bromas tenía que sufrir el estudiante, sobre todo -de la Celia, que, según malas lenguas, trataba de +bromas tenÃa que sufrir el estudiante, sobre todo +de la Celia, que, según malas lenguas, trataba de arrancarle de su habitual frialdad; pero Roberto no se ocupaba de ella.</p> -<p>Días después, un motivo de curiosidad agitó +<p>DÃas después, un motivo de curiosidad agitó la casa.</p> -<p>Al volver de la calle los huéspedes, se saludaban -en broma unos a otros, diciéndose, a manera -de santo y seña: ¿Quién es don Telmo? ¿Qué +<p>Al volver de la calle los huéspedes, se saludaban +en broma unos a otros, diciéndose, a manera +de santo y seña: ¿Quién es don Telmo? ¿Qué hace don Telmo?</p> -<p>Un día estuvo el delegado de policía del distrito +<p>Un dÃa estuvo el delegado de policÃa del distrito hablando en la casa con don Telmo, y alguien -oyó o inventó que se ocuparon los dos del célebre -crimen de la calle de Malasaña. La expecta<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>ción -entre los huéspedes al conocerse la noticia -fué grande, y todos, entre burlas y veras, se pusieron +oyó o inventó que se ocuparon los dos del célebre +crimen de la calle de Malasaña. La expecta<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>ción +entre los huéspedes al conocerse la noticia +fué grande, y todos, entre burlas y veras, se pusieron de acuerdo para espiar al misterioso -señor.</p> +señor.</p> -<p>Don Telmo se llamaba el viejo cadavérico que +<p>Don Telmo se llamaba el viejo cadavérico que limpiaba con la servilleta las copas y las cucharas, -y su reserva predisponía a observarle. Callado, +y su reserva predisponÃa a observarle. Callado, indiferente, sin terciar en las conversaciones, hombre de muy pocas palabras, que no se quejaba -nunca, llamaba la atención por lo mismo que -parecía empeñado en no llamarla.</p> +nunca, llamaba la atención por lo mismo que +parecÃa empeñado en no llamarla.</p> -<p>Su única ocupación visible era dar cuerda a los +<p>Su única ocupación visible era dar cuerda a los siete u ocho relojes de la casa y arreglarlos cuando -se descomponían, cosa que ocurría a cada +se descomponÃan, cosa que ocurrÃa a cada paso.</p> -<p>Don Telmo tenía las trazas de un hombre profundamente +<p>Don Telmo tenÃa las trazas de un hombre profundamente entristecido, de un ser desgraciado; -en su cara lívida se leía un abatimiento profundo. +en su cara lÃvida se leÃa un abatimiento profundo. La barba y el pelo blancos los llevaba muy -recortados; sus cejas caían como pinceles sobre +recortados; sus cejas caÃan como pinceles sobre los ojos grises.</p> -<p>En casa andaba envuelto en un gabán verdoso, -con un gorro griego y zapatillas de paño. A -la calle salía con una levita larga y un sombrero -de copa muy alto, y sólo algunos días de verano +<p>En casa andaba envuelto en un gabán verdoso, +con un gorro griego y zapatillas de paño. A +la calle salÃa con una levita larga y un sombrero +de copa muy alto, y sólo algunos dÃas de verano sacaba un jipijapa habanero.</p> -<p>Durante más de un mes don Telmo fué el motivo -de las conversaciones de la casa de huéspedes.</p> +<p>Durante más de un mes don Telmo fué el motivo +de las conversaciones de la casa de huéspedes.</p> -<p>En el famoso proceso de la calle de Malasaña, -una criada declaró que una tarde vió al hijo de -doña Celsa en un aguaducho de la plaza de +<p>En el famoso proceso de la calle de Malasaña, +una criada declaró que una tarde vió al hijo de +doña Celsa en un aguaducho de la plaza de Oriente hablando con un viejo cojo. Para los -huéspedes el tal hombre no podía ser otro que +huéspedes el tal hombre no podÃa ser otro que don Telmo. Con esta sospecha se dedicaron a espiar -al viejo; pero él tenía buena nariz y lo notó -al momento; viendo los huéspedes lo infructuoso +al viejo; pero él tenÃa buena nariz y lo notó +al momento; viendo los huéspedes lo infructuoso de sus tentativas, trataron de registrarle el cuar<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>to; -ensayaron una porción de llaves hasta abrir +ensayaron una porción de llaves hasta abrir la puerta, y se encontraron dentro con que no -había mas que un armario con un cerrojo de seguridad +habÃa mas que un armario con un cerrojo de seguridad formidable.</p> -<p>La vizcaína y Roberto, el estudiante rubio, rechazaron -aquella campaña de espionaje. El Superhombre, +<p>La vizcaÃna y Roberto, el estudiante rubio, rechazaron +aquella campaña de espionaje. El Superhombre, el cura, los comisionistas y las mujeres -de la casa inventaron que la vizcaína y el estudiante +de la casa inventaron que la vizcaÃna y el estudiante eran aliados de don Telmo, y, probablemente, -cómplices en el crimen de la calle de Malasaña.</p> +cómplices en el crimen de la calle de Malasaña.</p> <p>—Indudablemente—dijo el Superhombre—, -don Telmo mató a doña Celsa Nebot; la vizcaína -fué la que regó el cadáver con petróleo y le pegó -fuego, y Roberto el que guardó las alhajas en la +don Telmo mató a doña Celsa Nebot; la vizcaÃna +fué la que regó el cadáver con petróleo y le pegó +fuego, y Roberto el que guardó las alhajas en la casa de la calle de Amaniel.</p> -<p>—¡Ese pájaro frito!—replicaba la Celia—. ¿Qué -va hacer ése?</p> +<p>—¡Ese pájaro frito!—replicaba la Celia—. ¿Qué +va hacer ése?</p> <p>—Nada, nada; hay que seguirles la pista—dijo el cura.</p> -<p>—Y pedirle dinero al viejo Shylock—añadió +<p>—Y pedirle dinero al viejo Shylock—añadió el Superhombre.</p> <p>Aquel espionaje, llevado entre bromas y veras, -terminó en discusiones y disputas, y, a consecuencia +terminó en discusiones y disputas, y, a consecuencia de ellas, se formaron dos grupos en la -casa: el de los sensatos, constituído por los tres +casa: el de los sensatos, constituÃdo por los tres criminales y la patrona, y el de los insensatos, en -donde se alistaban todos los demás.</p> +donde se alistaban todos los demás.</p> -<p>Esta limitación de campos hizo que Roberto y +<p>Esta limitación de campos hizo que Roberto y don Telmo intimaran, y que el estudiante cambiara de sitio en la mesa y se sentara junto al viejo.</p> -<p>Una noche, después de comer, mientras Manuel -recogía de la mesa los cubiertos, los platos y +<p>Una noche, después de comer, mientras Manuel +recogÃa de la mesa los cubiertos, los platos y copas, hablaban don Telmo y Roberto.</p> -<p>El estudiante era un razonador dogmático, -seco, rectilíneo, que no se desviaba de su punto<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span> -de vista nunca; hablaba poco, pero cuando lo hacía, +<p>El estudiante era un razonador dogmático, +seco, rectilÃneo, que no se desviaba de su punto<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span> +de vista nunca; hablaba poco, pero cuando lo hacÃa, era de un modo sentencioso.</p> -<p>Un día, discutiendo si los jóvenes debían o no +<p>Un dÃa, discutiendo si los jóvenes debÃan o no ser ambiciosos y preocuparse del porvenir, Roberto -aseguró que era lo primero que debía hacer +aseguró que era lo primero que debÃa hacer uno.</p> <p>—Pues usted no lo hace—dijo el Superhombre.</p> -<p>—Tengo el convencimiento absoluto—contestó +<p>—Tengo el convencimiento absoluto—contestó Roberto—de que he de llegar a ser millonario. -Estoy construyendo la máquina que me llenará de +Estoy construyendo la máquina que me llenará de dinero.</p> <p>El Superhombre, que se las echaba de mundano -y de corrido, se permitió, al oír esto, una broma -desdeñosa acerca de las facultades de Roberto, -y éste le replicó de una manera tan violenta y +y de corrido, se permitió, al oÃr esto, una broma +desdeñosa acerca de las facultades de Roberto, +y éste le replicó de una manera tan violenta y tan agresiva, que el periodista se descompuso y -balbuceó una porción de excusas.</p> +balbuceó una porción de excusas.</p> <p>Luego, cuando quedaron solos don Telmo y Roberto en la mesa, siguieron hablando, y del -tema general de si los jóvenes debían o no ser +tema general de si los jóvenes debÃan o no ser ambiciosos, pasaron a tratar de las esperanzas -que el estudiante tenía de llegar a ser millonario.</p> +que el estudiante tenÃa de llegar a ser millonario.</p> -<p>—Yo estoy convencido de que lo seré—dijo el +<p>—Yo estoy convencido de que lo seré—dijo el muchacho—. En mi familia han abundado las personas de gran suerte.</p> -<p>—Eso está muy bien, Roberto—murmuró el -viejo—; pero hay que saber cómo se hace uno +<p>—Eso está muy bien, Roberto—murmuró el +viejo—; pero hay que saber cómo se hace uno rico.</p> <p>—No crea usted que mi esperanza es ilusoria; yo tengo que heredar, y no poca cosa; tengo que -heredar muchísimo... millones...; los cimientos de -mi obra y el andamiaje están hechos; ahora el +heredar muchÃsimo... millones...; los cimientos de +mi obra y el andamiaje están hechos; ahora el caso es que necesito dinero.</p> -<p>En el rostro de don Telmo se pintó una expresión +<p>En el rostro de don Telmo se pintó una expresión de sorpresa desagradable.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span></p> -<p>—No tenga usted cuidado—replicó Roberto—, +<p>—No tenga usted cuidado—replicó Roberto—, no se lo voy a pedir.</p> -<p>—Hijo mío, si yo tuviera se lo daría con mucho -gusto y sin interés. A mí se me cree millonario.</p> +<p>—Hijo mÃo, si yo tuviera se lo darÃa con mucho +gusto y sin interés. A mà se me cree millonario.</p> <p>—No; ya le digo a usted que no trato de sacarle -ni un céntimo; lo único que le pediría a usted -sería un consejo.</p> +ni un céntimo; lo único que le pedirÃa a usted +serÃa un consejo.</p> <p>—Hable usted, hable usted; le escucho con verdadera -atención—repuso el viejo, apoyando un +atención—repuso el viejo, apoyando un codo en la mesa.</p> -<p>Manuel, que recogía el mantel, aguzó los -oídos.</p> +<p>Manuel, que recogÃa el mantel, aguzó los +oÃdos.</p> -<p>En aquel instante entró en el comedor uno de +<p>En aquel instante entró en el comedor uno de los comisionistas, y Roberto, que se preparaba a -contar algo, se calló y contempló al intruso con -impertinencia. Era un tipo aristocrático el del estudiante, +contar algo, se calló y contempló al intruso con +impertinencia. Era un tipo aristocrático el del estudiante, de pelo rubio, espeso y peinado para arriba, bigote blanco, como si fuera de plata; la piel, algo curtida por el sol.</p> -<p>—¿No sigue usted?—le dijo don Telmo.</p> +<p>—¿No sigue usted?—le dijo don Telmo.</p> -<p>—No—replicó el estudiante, mirando al comisionista—, +<p>—No—replicó el estudiante, mirando al comisionista—, porque no quiero que nadie se entere de lo que yo hablo.</p> <p>—Venga usted a mi cuarto—repuso don Telmo—; -allí hablaremos tranquilamente. Tomaremos -café en mi habitación. ¡Manuel!—dijo después—, -vete por dos cafés.</p> +allà hablaremos tranquilamente. Tomaremos +café en mi habitación. ¡Manuel!—dijo después—, +vete por dos cafés.</p> -<p>Manuel, que tenía un gran interés en oír lo que -contaba el estudiante, salió a la calle disparado. -Tardó en volver con las cafeteras más de un +<p>Manuel, que tenÃa un gran interés en oÃr lo que +contaba el estudiante, salió a la calle disparado. +Tardó en volver con las cafeteras más de un cuarto de hora, con lo que supuso que Roberto -habría terminado su narración.</p> +habrÃa terminado su narración.</p> -<p>Llamó en el cuarto de don Telmo y se preparó a -tardar el mayor tiempo posible allí, para oír todo -lo que pudiese de la conversación. Limpió el velador -del cuarto de don Telmo con un paño.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span></p> +<p>Llamó en el cuarto de don Telmo y se preparó a +tardar el mayor tiempo posible allÃ, para oÃr todo +lo que pudiese de la conversación. Limpió el velador +del cuarto de don Telmo con un paño.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span></p> -<p>—¿Y cómo averiguó usted eso—preguntaba -don Telmo—si no lo sabía su familia?</p> +<p>—¿Y cómo averiguó usted eso—preguntaba +don Telmo—si no lo sabÃa su familia?</p> -<p>—Pues de una manera casual—replicó el estudiante—. -Hará dos años por esta época quise +<p>—Pues de una manera casual—replicó el estudiante—. +Hará dos años por esta época quise yo hacer un regalillo a una hermana, que es ahijada -mía, y a quien le gusta mucho tocar el piano, -y se me ocurrió, tres días antes de su santo, comprar -dos óperas, encuadernarlas y enviárselas. -Yo quería que encuadernasen el libro en seguida, -pero en las tiendas donde entré me dijeron que no -había tiempo; iba con mis óperas bajo el brazo +mÃa, y a quien le gusta mucho tocar el piano, +y se me ocurrió, tres dÃas antes de su santo, comprar +dos óperas, encuadernarlas y enviárselas. +Yo querÃa que encuadernasen el libro en seguida, +pero en las tiendas donde entré me dijeron que no +habÃa tiempo; iba con mis óperas bajo el brazo por cerca de la plaza de las Descalzas, cuando veo en la pared trasera de un convento una tiendecilla -muy pequeña de encuadernador, como una +muy pequeña de encuadernador, como una covachuela, con escaleras para bajar. Pregunto al hombre, un viejo encorvado, si quiere encuadernarme -el libro en dos días, y me dice que sí. -Bueno—le digo—, pues yo vendré dentro de dos -días.—Se lo enviaré a usted; deme usted sus señas—. -Le doy mis señas y me pregunta el nombre. -Roberto Hasting y Núñez de Letona.—¿Es -usted Núñez de Letona?—me pregunta, mirándome -con curiosidad.—Sí, señor.—¿Es usted oriundo -de la Rioja?—Sí, ¿y qué?—le digo yo, fastidiado +el libro en dos dÃas, y me dice que sÃ. +Bueno—le digo—, pues yo vendré dentro de dos +dÃas.—Se lo enviaré a usted; deme usted sus señas—. +Le doy mis señas y me pregunta el nombre. +Roberto Hasting y Núñez de Letona.—¿Es +usted Núñez de Letona?—me pregunta, mirándome +con curiosidad.—SÃ, señor.—¿Es usted oriundo +de la Rioja?—SÃ, ¿y qué?—le digo yo, fastidiado con tanta pregunta—. Y el encuadernador, -cuya mujer es Núñez de Letona y oriunda de la -Rioja, me cuenta la historia ésta que le he dicho a -usted. Yo, al principio, lo tomé a broma; luego, al -cabo de algún tiempo, escribí a mi madre, y me -contestó que sí, que recordaba algo de todo esto.</p> +cuya mujer es Núñez de Letona y oriunda de la +Rioja, me cuenta la historia ésta que le he dicho a +usted. Yo, al principio, lo tomé a broma; luego, al +cabo de algún tiempo, escribà a mi madre, y me +contestó que sÃ, que recordaba algo de todo esto.</p> -<p>Don Telmo paró la vista en Manuel.</p> +<p>Don Telmo paró la vista en Manuel.</p> -<p>—¿Qué haces tú aquí?—le preguntó—. Anda -fuera; no quiero que vayas contando después...</p> +<p>—¿Qué haces tú aquÃ?—le preguntó—. Anda +fuera; no quiero que vayas contando después...</p> <p>—Yo no cuento nada.</p> -<p>—Bueno, pues márchate.</p> +<p>—Bueno, pues márchate.</p> -<p>Salió Manuel, y don Telmo y Roberto siguieron -hablando. Los huéspedes interrogaron a Manuel,<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> -pero éste no quiso decir nada. Se había decidido +<p>Salió Manuel, y don Telmo y Roberto siguieron +hablando. Los huéspedes interrogaron a Manuel,<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> +pero éste no quiso decir nada. Se habÃa decidido por el bando de los sensatos.</p> <p>Con esta amistad del viejo y el estudiante el -servicio de espías siguió funcionando. Uno de los -comisionistas averiguó que don Telmo celebraba +servicio de espÃas siguió funcionando. Uno de los +comisionistas averiguó que don Telmo celebraba contratos de retroventa y se dedicaba a prestar dinero sobre casas y muebles y a otros negocios usurarios.</p> -<p>Alguien le vió en una ropavejería del Rastro, -que probablemente sería suya, y se inventó que +<p>Alguien le vió en una ropavejerÃa del Rastro, +que probablemente serÃa suya, y se inventó que en su cuarto guardaba monedas de oro y que de noche jugaba con ellas encima de la cama.</p> -<p>Se supo también que don Telmo iba a visitar +<p>Se supo también que don Telmo iba a visitar con alguna frecuencia a una muchacha muy elegante -y guapa, según unos querida suya, y, según +y guapa, según unos querida suya, y, según otros, su sobrina.</p> -<p>Al siguiente domingo, Manuel sorprendió una -conversación entre el viejo y el estudiante. En -un cuarto obscuro había un montante que daba a -la habitación de don Telmo, y desde allí se puso -a oír.</p> +<p>Al siguiente domingo, Manuel sorprendió una +conversación entre el viejo y el estudiante. En +un cuarto obscuro habÃa un montante que daba a +la habitación de don Telmo, y desde allà se puso +a oÃr.</p> -<p>—¿De manera que se niega a dar más datos?—preguntaba +<p>—¿De manera que se niega a dar más datos?—preguntaba don Telmo.</p> -<p>—Se niega en absoluto—decía el estudiante—; -y él me aseguró que el que no apareciera el nombre -de Fermín Núñez de Letona en el libro parroquial -era consecuencia de una falsificación; que -esto lo mandó hacer un tal Shapfer, agente de +<p>—Se niega en absoluto—decÃa el estudiante—; +y él me aseguró que el que no apareciera el nombre +de FermÃn Núñez de Letona en el libro parroquial +era consecuencia de una falsificación; que +esto lo mandó hacer un tal Shapfer, agente de Bandon, y que luego los curas se aprovecharon -para apoderarse de unas capellanías. Yo tengo la -certidumbre de que el pueblo en donde nació Fermín -Núñez fué Arnedo o Autol.</p> +para apoderarse de unas capellanÃas. Yo tengo la +certidumbre de que el pueblo en donde nació FermÃn +Núñez fué Arnedo o Autol.</p> <p>Don Telmo contemplaba atentamente un pliego -de papel grande: el árbol genealógico de la familia +de papel grande: el árbol genealógico de la familia de Roberto.</p> -<p>—¿Qué camino cree usted que debía seguir?—preguntó +<p>—¿Qué camino cree usted que debÃa seguir?—preguntó el estudiante.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p> -<p>—Necesita usted dinero; pero ¡es tan difícil encontrarlo!—murmuró -el viejo—. ¿Por qué no se +<p>—Necesita usted dinero; pero ¡es tan difÃcil encontrarlo!—murmuró +el viejo—. ¿Por qué no se casa usted?</p> -<p>—¿Y qué adelantaría?</p> +<p>—¿Y qué adelantarÃa?</p> <p>—Con una mujer rica es lo que digo...</p> -<p>Aquí don Telmo se puso a hablar en voz baja, +<p>Aquà don Telmo se puso a hablar en voz baja, y tras breves palabras se despidieron los dos.</p> -<p>El espionaje de los huéspedes se hizo tan fastidioso -para los espiados, que la vizcaína y don +<p>El espionaje de los huéspedes se hizo tan fastidioso +para los espiados, que la vizcaÃna y don Telmo advirtieron a la patrona que se marchaban. -La desolación de doña Casiana al saber su -decisión fué grandísima; tuvo que recurrir varias +La desolación de doña Casiana al saber su +decisión fué grandÃsima; tuvo que recurrir varias veces al armario y dedicarse a los consuelos del -líquido fabricado por ella.</p> +lÃquido fabricado por ella.</p> -<p>Los huéspedes, con la fuga de la vizcaína y +<p>Los huéspedes, con la fuga de la vizcaÃna y don Telmo, se encontraron tan chasqueados, -que ni los líos de la Irene y la Celia, ni los cuentos -del cura don Jacinto, que exageró la nota +que ni los lÃos de la Irene y la Celia, ni los cuentos +del cura don Jacinto, que exageró la nota soez, bastaron para sacar de su mutismo a la gente.</p> -<p>El tenedor de libros, un hombre ictérico, de cara -chupada y barba de judío de monumento, muy silencioso -y tímido, que había roto a hablar intrigado -por las cábalas ideadas y fantaseadas sobre -la vida de don Telmo, se fué poniendo cada vez -más amarillo de hipocondría.</p> +<p>El tenedor de libros, un hombre ictérico, de cara +chupada y barba de judÃo de monumento, muy silencioso +y tÃmido, que habÃa roto a hablar intrigado +por las cábalas ideadas y fantaseadas sobre +la vida de don Telmo, se fué poniendo cada vez +más amarillo de hipocondrÃa.</p> <p>La marcha de don Telmo la pagaron el estudiante -y Manuel. Con el estudiante no se atrevían +y Manuel. Con el estudiante no se atrevÃan mas que a darle bromas acerca de su complicidad -con el viejo y la vizcaína; a Manuel le -chillaba todo el mundo, cuando no le daban algún -puntapié.</p> +con el viejo y la vizcaÃna; a Manuel le +chillaba todo el mundo, cuando no le daban algún +puntapié.</p> -<p>Uno de los comisionistas, el enfermo del estómago, +<p>Uno de los comisionistas, el enfermo del estómago, exasperado por el aburrimiento, el calor y -las malas digestiones, no encontró otra distracción -mas que insultar y reñir a Manuel mientras éste -servía la mesa, viniera o no a cuento.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p> - -<p>—¡Anda, ganguero!—le decía—. ¡Lástima de la -comida que te dan! ¡Calamidad!</p> - -<p>Esta cantinela, unida a otras del mismo género, -comenzaba a fastidiar a Manuel. Un día el comisionista -cargó la mano de insultos y de improperios -sobre Manuel. Le habían enviado al chico -por dos cafés, y tardaba mucho en venir con el -servicio; precisamente aquel día no era suya la +las malas digestiones, no encontró otra distracción +mas que insultar y reñir a Manuel mientras éste +servÃa la mesa, viniera o no a cuento.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p> + +<p>—¡Anda, ganguero!—le decÃa—. ¡Lástima de la +comida que te dan! ¡Calamidad!</p> + +<p>Esta cantinela, unida a otras del mismo género, +comenzaba a fastidiar a Manuel. Un dÃa el comisionista +cargó la mano de insultos y de improperios +sobre Manuel. Le habÃan enviado al chico +por dos cafés, y tardaba mucho en venir con el +servicio; precisamente aquel dÃa no era suya la culpa de la tardanza, pues le hicieron esperar mucho.</p> -<p>—Te debían poner una albarda, ¡imbécil!—gritó +<p>—Te debÃan poner una albarda, ¡imbécil!—gritó el comisionista al verle entrar.</p> -<p>—No será usted el que me la ponga—le contestó +<p>—No será usted el que me la ponga—le contestó de mala manera Manuel, colocando las tazas en la mesa.</p> -<p>—¿Que no? ¿Quieres verlo?</p> +<p>—¿Que no? ¿Quieres verlo?</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> -<p>El comisionista se levantó y le pegó un puntapié +<p>El comisionista se levantó y le pegó un puntapié a Manuel en una canilla, que le hizo ver las -estrellas. Dió el muchacho un grito de dolor, y, -furioso, agarrando un plato, se lo tiró a la cabeza -del comisionista; éste se agachó; cruzó el proyectil -el comedor, rompió un cristal de la ventana y -cayó al patio, rompiéndose allí con estrépito. El -comisionista cogió una de las cafeteras llenas de -café con leche y se la tiró a Manuel, con tanto -acierto, que le dió en la cara; bramó el chico, cegado -por la ira y el café con leche, se lanzó sobre -su enemigo, lo arrinconó, y se vengó de sus insultos +estrellas. Dió el muchacho un grito de dolor, y, +furioso, agarrando un plato, se lo tiró a la cabeza +del comisionista; éste se agachó; cruzó el proyectil +el comedor, rompió un cristal de la ventana y +cayó al patio, rompiéndose allà con estrépito. El +comisionista cogió una de las cafeteras llenas de +café con leche y se la tiró a Manuel, con tanto +acierto, que le dió en la cara; bramó el chico, cegado +por la ira y el café con leche, se lanzó sobre +su enemigo, lo arrinconó, y se vengó de sus insultos y de sus golpes con una serie inacabable de -puñetazos y patadas.</p> +puñetazos y patadas.</p> -<p>—¡Que me mata! ¡Que me mata!—chillaba el +<p>—¡Que me mata! ¡Que me mata!—chillaba el comisionista con unos gritos de mujer.</p> -<p>—¡Ladrón! ¡Morral!—vociferaba Manuel empleando -el repertorio de insultos más escogido de +<p>—¡Ladrón! ¡Morral!—vociferaba Manuel empleando +el repertorio de insultos más escogido de la calle.</p> <p>El Superhombre y el cura sujetaron por los<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span> -brazos a Manuel, dejándole a merced del comisionista; -éste trató de vengarse viendo al chico acorralado; -pero cuando se disponía a pegarle, Manuel -le dió una patada en el estómago que le hizo +brazos a Manuel, dejándole a merced del comisionista; +éste trató de vengarse viendo al chico acorralado; +pero cuando se disponÃa a pegarle, Manuel +le dió una patada en el estómago que le hizo vomitar toda la comida.</p> <p>Todos se pusieron en contra de Manuel; pero -Roberto le defendió. El comisionista se marchó a -su cuarto, llamó a la patrona y le dijo que no permanecería +Roberto le defendió. El comisionista se marchó a +su cuarto, llamó a la patrona y le dijo que no permanecerÃa un momento en la casa mientras estuviera -allí el hijo de la Petra.</p> +allà el hijo de la Petra.</p> -<p>La patrona, cuyo interés mayor era conservar -el huésped, comunicó la decisión a su criada.</p> +<p>La patrona, cuyo interés mayor era conservar +el huésped, comunicó la decisión a su criada.</p> <p>—Ya ves lo que has conseguido: ya no puedes -estar aquí—dijo la Petra a su hijo.</p> +estar aqu×dijo la Petra a su hijo.</p> -<p>—Bueno. Ese morral me las pagará—replicó el -muchacho apretándose los chichones de la frente—. +<p>—Bueno. Ese morral me las pagará—replicó el +muchacho apretándose los chichones de la frente—. Le digo a usted que si le encuentro le voy a machacar los sesos.</p> -<p>—Te guardarás muy bien de decirle nada.</p> +<p>—Te guardarás muy bien de decirle nada.</p> -<p>En este momento entró el estudiante en la cocina.</p> +<p>En este momento entró el estudiante en la cocina.</p> -<p>—Has hecho bien, Manuel—exclamó dirigiéndose -a la Petra—. ¿A qué le insultaba ese mamarracho? -Aquí todo dios tiene derecho a meterse -con uno si no hace lo que los demás quieren. -¡Gentuza cobarde!</p> +<p>—Has hecho bien, Manuel—exclamó dirigiéndose +a la Petra—. ¿A qué le insultaba ese mamarracho? +Aquà todo dios tiene derecho a meterse +con uno si no hace lo que los demás quieren. +¡Gentuza cobarde!</p> -<p>Al decir esto, Roberto se puso pálido de ira; luego -se calmó y preguntó a la Petra:</p> +<p>Al decir esto, Roberto se puso pálido de ira; luego +se calmó y preguntó a la Petra:</p> -<p>—¿Adónde va usted a llevar ahora a Manuel?</p> +<p>—¿Adónde va usted a llevar ahora a Manuel?</p> -<p>—A una zapatería de un primo mío de la calle +<p>—A una zapaterÃa de un primo mÃo de la calle del Aguila.</p> -<p>—¿Está por barrios bajos?</p> +<p>—¿Está por barrios bajos?</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> -<p>—Algún día iré a verle.</p> +<p>—Algún dÃa iré a verle.</p> -<p>Antes de acostarse Manuel, volvió a aparecer +<p>Antes de acostarse Manuel, volvió a aparecer Roberto en la cocina.</p> -<p>—Oye—le dijo a Manuel—, si conoces algún<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> +<p>—Oye—le dijo a Manuel—, si conoces algún<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> sitio raro por barrios bajos donde haya mala -gente, avísame: iré contigo.</p> +gente, avÃsame: iré contigo.</p> -<p>—Le avisaré a usted, no tenga usted cuidado. -Bueno. Hasta la vista. ¡Adiós!</p> +<p>—Le avisaré a usted, no tenga usted cuidado. +Bueno. Hasta la vista. ¡Adiós!</p> -<p class="ht">Roberto le dió la mano a Manuel, y éste la estrechó +<p class="ht">Roberto le dió la mano a Manuel, y éste la estrechó muy agradecido.</p> @@ -2166,16 +2132,16 @@ muy agradecido.</p> -<h2 id="CAPITULO_PRIMERO2">CAPÍTULO PRIMERO</h2> +<h2 id="CAPITULO_PRIMERO2">CAPÃTULO PRIMERO</h2> -<p class="center smcap">La regeneración del calzado y El león de la zapatería.—El +<p class="center smcap">La regeneración del calzado y El león de la zapaterÃa.—El primer domingo.—Una escapatoria. -El «Bizco» y su cuadrilla.</p> +El «Bizco» y su cuadrilla.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">El</span> madrileño que alguna vez, por casualidad, -se encuentra en los barrios pobres próximos -al Manzanares, hállase sorprendido ante el espectáculo +<p class="p2"><span class="smcap">El</span> madrileño que alguna vez, por casualidad, +se encuentra en los barrios pobres próximos +al Manzanares, hállase sorprendido ante el espectáculo de miseria y sordidez, de tristeza e incultura que ofrecen las afueras de Madrid con sus rondas miserables, llenas de polvo en verano y de @@ -2183,308 +2149,308 @@ lodo en invierno. La corte es ciudad de contrastes; presenta luz fuerte al lado de sombra obscura; vida refinada, casi europea, en el centro vida africana, de aduar, en los suburbios. Hace -unos años, no muchos, cerca de la ronda de Segovia -y del Campillo de Gil Imón, existía una +unos años, no muchos, cerca de la ronda de Segovia +y del Campillo de Gil Imón, existÃa una casa de sospechoso aspecto y de no muy buena -fama, a juzgar por el rumor público. El observador...</p> +fama, a juzgar por el rumor público. El observador...</p> -<p>En este y otros párrafos de la misma calaña -tenía yo alguna esperanza, porque daban a mi -novela cierto aspecto fantasmagórico y misterioso; +<p>En este y otros párrafos de la misma calaña +tenÃa yo alguna esperanza, porque daban a mi +novela cierto aspecto fantasmagórico y misterioso; pero mis amigos me han convencido de que<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span> -suprima los tales párrafos, porque dicen que en -una novela parisiense estarán bien, pero en una -madrileña, no; y añaden, además, que aquí nadie -extravía, ni aun queriendo; ni hay observadores, +suprima los tales párrafos, porque dicen que en +una novela parisiense estarán bien, pero en una +madrileña, no; y añaden, además, que aquà nadie +extravÃa, ni aun queriendo; ni hay observadores, ni casas de sospechoso aspecto, ni nada. Yo, resignado, -he suprimido esos párrafos, por los cuales -esperaba llegar algún día a la Academia Española, -y sigo con mi cuento en un lenguaje más +he suprimido esos párrafos, por los cuales +esperaba llegar algún dÃa a la Academia Española, +y sigo con mi cuento en un lenguaje más chabacano.</p> -<p>Sucedió, pues, que al día siguiente de la bronca -en el comedor de la casa de huéspedes, la Petra, -muy de mañana, despertó a Manuel y le mandó +<p>Sucedió, pues, que al dÃa siguiente de la bronca +en el comedor de la casa de huéspedes, la Petra, +muy de mañana, despertó a Manuel y le mandó vestirse.</p> -<p>Recordó el muchacho la escena del día anterior; -la comprobó, llevándose la mano a la frente, -pues aun le dolían los chichones, y por el tono de -su madre comprendió que persistía en su resolución -de llevarle a la zapatería.</p> +<p>Recordó el muchacho la escena del dÃa anterior; +la comprobó, llevándose la mano a la frente, +pues aun le dolÃan los chichones, y por el tono de +su madre comprendió que persistÃa en su resolución +de llevarle a la zapaterÃa.</p> <p>Luego que se hubo vestido Manuel salieron madre -e hijo de casa y entraron en la buñolería a -tomar una taza de café con leche. Bajaron después +e hijo de casa y entraron en la buñolerÃa a +tomar una taza de café con leche. Bajaron después a la calle del Arenal, cruzaron la plaza de Oriente, y por el Viaducto, y luego por la calle del Rosario, siguiendo a lo largo de la pared de un cuartel, llegaron a unas alturas a cuyo pie pasaba -la ronda de Segovia. Veíase desde allá arriba -el campo amarillento que se extendía hasta Getafe +la ronda de Segovia. VeÃase desde allá arriba +el campo amarillento que se extendÃa hasta Getafe y Villaverde, y los cementerios de San Isidro con sus tapias grises y sus cipreses negros.</p> <p>De la ronda de Segovia, que recorrieron en corto trecho, subieron por la escalinata de la calle del -Aguila, y en una casa que hacía esquina al Campillo -de Gil Imón se detuvieron.</p> +Aguila, y en una casa que hacÃa esquina al Campillo +de Gil Imón se detuvieron.</p> -<p>Había dos zapaterías, ambas cerradas, una enfrente +<p>HabÃa dos zapaterÃas, ambas cerradas, una enfrente de la otra; y la madre de Manuel, que no -recordaba cuál de las dos era la de su pariente, -preguntó en una taberna.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span></p> +recordaba cuál de las dos era la de su pariente, +preguntó en una taberna.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span></p> -<p>—La del señor Ignacio es la de la casa grande—contestó +<p>—La del señor Ignacio es la de la casa grande—contestó el tabernero—. Creo que el zapatero -vino ya, pero aun no ha abierto el almacén.</p> +vino ya, pero aun no ha abierto el almacén.</p> <p>Madre e hijo tuvieron que esperar a que abrieran. -No era la casa aquélla pequeña ni de mal -aspecto; pero parecía que tenía unas ganas atroces -de caerse, porque ostentaba, aquí sí y allí también, +No era la casa aquélla pequeña ni de mal +aspecto; pero parecÃa que tenÃa unas ganas atroces +de caerse, porque ostentaba, aquà sà y allà también, desconchaduras, agujeros y toda clase de -cicatrices. Tenía piso bajo y principal, balcones +cicatrices. TenÃa piso bajo y principal, balcones grandes y anchos con los barandados de hierro -carcomidos por el orín, y los cristales, pequeños y +carcomidos por el orÃn, y los cristales, pequeños y verdes, sujetos con, listas de plomo.</p> <p>En el piso bajo de la casa, en la parte que daba -a la calle del Aguila, había una cochera, una carpintería, -una taberna y la zapatería del pariente -de la Petra. Este establecimiento tenía sobre la -puerta de entrada un rótulo que decía:</p> +a la calle del Aguila, habÃa una cochera, una carpinterÃa, +una taberna y la zapaterÃa del pariente +de la Petra. Este establecimiento tenÃa sobre la +puerta de entrada un rótulo que decÃa:</p> -<p class="center smcap">a la regeneración del calzado</p> +<p class="center smcap">a la regeneración del calzado</p> -<p>El historiógrafo del porvenir seguramente encontrará +<p>El historiógrafo del porvenir seguramente encontrará en este letrero una prueba de lo extendida -que estuvo en algunas épocas cierta idea de -regeneración nacional, y no le asombrará que esa -idea, que comenzó por querer reformar y regenerar -la Constitución y la raza española, concluyera -en la muestra de una tienda de un rincón de los -barrios bajos, en donde lo único que se hacía era +que estuvo en algunas épocas cierta idea de +regeneración nacional, y no le asombrará que esa +idea, que comenzó por querer reformar y regenerar +la Constitución y la raza española, concluyera +en la muestra de una tienda de un rincón de los +barrios bajos, en donde lo único que se hacÃa era reformar y regenerar el calzado.</p> <p>Nosotros no negaremos la influencia de esa -teoría regeneradora en el dueño del establecimiento -<i>A la regeneración del calzado</i>; pero tenemos -que señalar que este rótulo presuntuoso fué -puesto en señal de desafío a la zapatería de enfrente, -y también tenemos que dar fe de que había -sido contestado por otro aun más presuntuoso.</p> - -<p>Una mañana los de <i>A la regeneración del calzado</i> +teorÃa regeneradora en el dueño del establecimiento +<i>A la regeneración del calzado</i>; pero tenemos +que señalar que este rótulo presuntuoso fué +puesto en señal de desafÃo a la zapaterÃa de enfrente, +y también tenemos que dar fe de que habÃa +sido contestado por otro aun más presuntuoso.</p> + +<p>Una mañana los de <i>A la regeneración del calzado</i> <span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> -se encontraron anonadados al ver el rótulo -de la zapatería rival. Se trataba de una hermosa +se encontraron anonadados al ver el rótulo +de la zapaterÃa rival. Se trataba de una hermosa muestra de dos metros de larga, con este letrero:</p> -<p class="center smcap">«el león de la zapatería»</p> +<p class="center smcap">«el león de la zapaterÃa»</p> <p>Esto aun era tolerable; pero lo terrible, lo aniquilador, era la pintura que en medio ostentaba -la muestra. Un hermoso león amarillo con cara +la muestra. Un hermoso león amarillo con cara de hombre y melena encrespada, puesto de pie, -tenía entre las garras delanteras una bota, al parecer, -de charol. Debajo de la pintura se leía lo -siguiente: <i>La romperás, pero no la descoserás</i>.</p> - -<p>Era un lema abrumador: ¡Un león (fiera) tratando -de descoser la bota hecha por el León (zapatería), -y sin poderlo conseguir! ¡Qué humillación -para la fiera! ¡Qué triunfo para la zapatería! -La fiera, en este caso, era <i>A la regeneración de -calzado</i>, que había quedado, como suele decirse, -a la altura del betún.</p> - -<p>Además del rótulo de la tienda del señor Ignacio, -en uno de los balcones de la casa grande había -un busto de mujer, de cartón probablemente, -y un letrero debajo: <i>Perfecta Ruiz; se peinan señoras</i>; +tenÃa entre las garras delanteras una bota, al parecer, +de charol. Debajo de la pintura se leÃa lo +siguiente: <i>La romperás, pero no la descoserás</i>.</p> + +<p>Era un lema abrumador: ¡Un león (fiera) tratando +de descoser la bota hecha por el León (zapaterÃa), +y sin poderlo conseguir! ¡Qué humillación +para la fiera! ¡Qué triunfo para la zapaterÃa! +La fiera, en este caso, era <i>A la regeneración de +calzado</i>, que habÃa quedado, como suele decirse, +a la altura del betún.</p> + +<p>Además del rótulo de la tienda del señor Ignacio, +en uno de los balcones de la casa grande habÃa +un busto de mujer, de cartón probablemente, +y un letrero debajo: <i>Perfecta Ruiz; se peinan señoras</i>; a los lados del portal, en la pared, colgaban -varios anuncios, indignos de llamar la atención -del historiógrafo antes mencionado, y en los -cuales se ofrecían cuartos baratos con cama y sin -cama, memorialistas y costureras. Sólo un cartel, +varios anuncios, indignos de llamar la atención +del historiógrafo antes mencionado, y en los +cuales se ofrecÃan cuartos baratos con cama y sin +cama, memorialistas y costureras. Sólo un cartel, en donde estaban pegados horizontal, vertical y -oblicuamente una porción de figurines recortados, -merecía pasar a la historia por su laconismo; -decía:</p> +oblicuamente una porción de figurines recortados, +merecÃa pasar a la historia por su laconismo; +decÃa:</p> -<p class="center smcap">«moda parisién. escorihuela, sastre»</p> +<p class="center smcap">«moda parisién. escorihuela, sastre»</p> -<p>Manuel, que no se había tomado el trabajo de -leer todos estos rótulos, entró en la casa por una +<p>Manuel, que no se habÃa tomado el trabajo de +leer todos estos rótulos, entró en la casa por una <span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span> -puertecilla que había al lado del portalón de la -cochera, y siguió por un corredor hasta un patio +puertecilla que habÃa al lado del portalón de la +cochera, y siguió por un corredor hasta un patio muy sucio.</p> -<p>Cuando salió a la calle habían abierto la zapatería. +<p>Cuando salió a la calle habÃan abierto la zapaterÃa. La Petra y el chico entraron.</p> -<p>—¿No está el señor Ignacio?—preguntó ella.</p> +<p>—¿No está el señor Ignacio?—preguntó ella.</p> -<p>—Ahora viene—contestó un muchacho que +<p>—Ahora viene—contestó un muchacho que amontonaba zapatos viejos en el centro de la tienda.</p> -<p>—Dígale usted que está aquí su prima, la Petra.</p> +<p>—DÃgale usted que está aquà su prima, la Petra.</p> -<p>Salió el señor Ignacio. Era un hombre de unos -cuarenta a cincuenta años, seco y enjuto. Comenzaron a -hablar la Petra y él, mientras el muchacho -y un chiquillo seguían amontonando los zapatos +<p>Salió el señor Ignacio. Era un hombre de unos +cuarenta a cincuenta años, seco y enjuto. Comenzaron a +hablar la Petra y él, mientras el muchacho +y un chiquillo seguÃan amontonando los zapatos viejos. Manuel les miraba, cuando el mozo le dijo:</p> -<p>—¡Anda, tú, ayuda!</p> +<p>—¡Anda, tú, ayuda!</p> <p>Manuel hizo lo que ellos, y cuando terminaron los tres, esperaron a que cesaran de hablar la Petra -y el señor Ignacio. La Petra contaba a su primo -la última hazaña de Manuel, y el zapatero escuchaba -sonriendo. El hombre no tenía trazas de +y el señor Ignacio. La Petra contaba a su primo +la última hazaña de Manuel, y el zapatero escuchaba +sonriendo. El hombre no tenÃa trazas de mala persona; era rubio e imberbe; en su labio -superior sólo nacían unos cuantos pelos azafranados. +superior sólo nacÃan unos cuantos pelos azafranados. La tez amarilla, rugosa, los surcos profundos de su cara, el aire cansado, le daban aspecto -de hombre débil. Hablaba con cierta vaguedad -irónica.</p> +de hombre débil. Hablaba con cierta vaguedad +irónica.</p> -<p>—Te vas a quedar aquí—le dijo la Petra a Manuel.</p> +<p>—Te vas a quedar aqu×le dijo la Petra a Manuel.</p> <p>—Bueno.</p> -<p>Este es un barbián—exclamó el señor Ignacio, +<p>Este es un barbián—exclamó el señor Ignacio, riendo—; se conforma pronto.</p> -<p>—Sí; éste todo lo toma con calma. Pero, mira—añadió, -dirigiéndose a su hijo—, si yo sé que -haces alguna cosa como la de ayer, ya verás.</p> +<p>—SÃ; éste todo lo toma con calma. Pero, mira—añadió, +dirigiéndose a su hijo—, si yo sé que +haces alguna cosa como la de ayer, ya verás.</p> -<p>Se despidió Manuel de su madre.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p> +<p>Se despidió Manuel de su madre.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p> -<p>—¿Has estado mucho tiempo en ese pueblo de -Soria con mi primo?—le preguntó el señor Ignacio.</p> +<p>—¿Has estado mucho tiempo en ese pueblo de +Soria con mi primo?—le preguntó el señor Ignacio.</p> -<p>—Dos años.</p> +<p>—Dos años.</p> -<p>—Y qué, ¿allí trabajabas mucho?</p> +<p>—Y qué, ¿allà trabajabas mucho?</p> -<p>—Allí no trabajaba nada.</p> +<p>—Allà no trabajaba nada.</p> -<p>—Pues hijo, aquí no tendrás más remedio. -Anda, siéntate a trabajar. Ahí tienes a tus primos—añadió -el señor Ignacio, mostrando al mozo y -al chiquillo—. Estos también son unos guerreros.</p> +<p>—Pues hijo, aquà no tendrás más remedio. +Anda, siéntate a trabajar. Ahà tienes a tus primos—añadió +el señor Ignacio, mostrando al mozo y +al chiquillo—. Estos también son unos guerreros.</p> <p>El mozo se llamaba Leandro, y era robusto; no -se parecía nada a su padre: tenía la nariz y los -labios gruesos, la expresión testaruda y varonil; +se parecÃa nada a su padre: tenÃa la nariz y los +labios gruesos, la expresión testaruda y varonil; el otro era un chico de la edad de Manuel, delgaducho, esbelto, con cara de pillo, y se llamaba Vidal.</p> -<p>Se sentaron el señor Ignacio y los tres muchachos +<p>Se sentaron el señor Ignacio y los tres muchachos alrededor de un tajo de madera, formado -por un tronco de árbol con una gran muesca. El -trabajo consistía en desarmar y deshacer botas y +por un tronco de árbol con una gran muesca. El +trabajo consistÃa en desarmar y deshacer botas y zapatos viejos, que en grandes fardos, atados de mala manera, y en sacos, con un letrero de papel -cosido a la tela, se veían por el almacén por todas +cosido a la tela, se veÃan por el almacén por todas partes. En el tajo se colocaba la bota destinada -al descuartizamiento; allí se le daba un golpe -o varios con una cuchilla, hasta cortarle el tacón; -después, con las tenazas, se arrancaban las +al descuartizamiento; allà se le daba un golpe +o varios con una cuchilla, hasta cortarle el tacón; +después, con las tenazas, se arrancaban las distintas capas de suela; con unas tijeras se quitaban los botones y tirantes, y cada cosa se echaba en su espuerta correspondiente: en una, los tacones; en otras, las gomas, las correas, las hebillas.</p> -<p>A esto había descendido <i>La regeneración del -calzado</i>: a justificar el título de una manera bastante +<p>A esto habÃa descendido <i>La regeneración del +calzado</i>: a justificar el tÃtulo de una manera bastante distinta de la pensada por el que lo puso.</p> -<p>El señor Ignacio, maestro de obra prima, había +<p>El señor Ignacio, maestro de obra prima, habÃa tenido necesidad, por falta de trabajo, de aban<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>donar -la lezna y el tirapié para dedicarse a las +la lezna y el tirapié para dedicarse a las tenazas y a la cuchilla; de crear, a destruir; de hacer botas nuevas, a destripar botas viejas. -El contraste era duro; pero el señor Ignacio podía -consolarse viendo a su vecino, el de <i>El león -de la zapatería</i>, que sólo de Pascuas a Ramos tenía +El contraste era duro; pero el señor Ignacio podÃa +consolarse viendo a su vecino, el de <i>El león +de la zapaterÃa</i>, que sólo de Pascuas a Ramos tenÃa alguna mala chapuza que hacer.</p> -<p>La primera mañana de trabajo fué pesadísimo -para Manuel; el estar tanto tiempo quieto le resultó -insoportable. Al mediodía entró en el almacén +<p>La primera mañana de trabajo fué pesadÃsimo +para Manuel; el estar tanto tiempo quieto le resultó +insoportable. Al mediodÃa entró en el almacén una vieja gorda, con la comida en una cesta; -era la madre del señor Ignacio.</p> +era la madre del señor Ignacio.</p> -<p>—¿Y mi mujer?—le preguntó el zapatero.</p> +<p>—¿Y mi mujer?—le preguntó el zapatero.</p> <p>—Ha ido a lavar.</p> -<p>—¿Y la Salomé? ¿No viene?</p> +<p>—¿Y la Salomé? ¿No viene?</p> <p>—Tampoco; le ha salido trabajo en una casa para toda la semana.</p> -<p>Sacó la vieja un puchero, platos, cubiertos y -un pan grande de la cesta; extendió un paño en -el suelo, sentáronse todos alrededor de él, vertió +<p>Sacó la vieja un puchero, platos, cubiertos y +un pan grande de la cesta; extendió un paño en +el suelo, sentáronse todos alrededor de él, vertió el caldo del puchero en los platos, en donde -cada uno desmigó un pedazo de pan, y fueron -comiendo. Después dió la vieja a cada uno su ración -de cocido, y, mientras comían, el zapatero -discurseó un poco acerca del porvenir de España -y de los motivos de nuestro atraso, conversación -agradable para la mayoría de los españoles que +cada uno desmigó un pedazo de pan, y fueron +comiendo. Después dió la vieja a cada uno su ración +de cocido, y, mientras comÃan, el zapatero +discurseó un poco acerca del porvenir de España +y de los motivos de nuestro atraso, conversación +agradable para la mayorÃa de los españoles que nos sentimos regenadores.</p> -<p>Era el señor Ignacio de un liberalismo templado, +<p>Era el señor Ignacio de un liberalismo templado, hombre a quien entusiasmaban esas palabras -de la soberanía nacional y que hablaba a boca -llena de la Gloriosa. En cuestiones de religión se +de la soberanÃa nacional y que hablaba a boca +llena de la Gloriosa. En cuestiones de religión se mostraba partidario de la libertad de cultos; para -él, el ideal hubiese sido que en España existiese -el mismo número de curas católicos, protestantes, -judíos, de todas las religiones, porque así, -decía, cada uno elegiría el dogma que le parecie<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>ra -mejor. Eso sí, si él fuera del Gobierno, expulsaría +él, el ideal hubiese sido que en España existiese +el mismo número de curas católicos, protestantes, +judÃos, de todas las religiones, porque asÃ, +decÃa, cada uno elegirÃa el dogma que le parecie<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>ra +mejor. Eso sÃ, si él fuera del Gobierno, expulsarÃa a todos los frailes y monjas, porque son -como la sarna, que viven mejor cuanto más -débil se encuentra el que la padece. A esto arguyó +como la sarna, que viven mejor cuanto más +débil se encuentra el que la padece. A esto arguyó Leandro, el hijo mayor, diciendo que a los -frailes, monjas y demás morralla lo mejor era +frailes, monjas y demás morralla lo mejor era degollarlos, como se hace con los cerdos, y que -respecto a los curas, fuesen católicos, protestantes +respecto a los curas, fuesen católicos, protestantes o chinos, aunque no hubiera ninguno, no se -perdería nada.</p> +perderÃa nada.</p> -<p>Terció también la vieja en la conversación, y -como para ella, vendedora de verduras, la política -era principalmente cuestión entre verduleras -y guardias municipales, habló de un motín en que +<p>Terció también la vieja en la conversación, y +como para ella, vendedora de verduras, la polÃtica +era principalmente cuestión entre verduleras +y guardias municipales, habló de un motÃn en que las amables damas del mercado de la Cebada dispararon sus hortalizas a la cabeza de unos cuantos guindillas, defensores de un contratista -del mercado. Las verduleras querían asociarse, y -después poner la ley y fijar los precios; y eso a -ella no le parecía bien.</p> +del mercado. Las verduleras querÃan asociarse, y +después poner la ley y fijar los precios; y eso a +ella no le parecÃa bien.</p> -<p>—Porque ¡qué moler!—dijo—. ¿Por qué le han -de quitar a una el género, si quiere venderlo más -barato? Como si a mí se me pone en el moño darlo +<p>—Porque ¡qué moler!—dijo—. ¿Por qué le han +de quitar a una el género, si quiere venderlo más +barato? Como si a mà se me pone en el moño darlo todo de balde.</p> -<p>—Pues, no, señora—le replicó Leandro—. Eso -no está bien.</p> +<p>—Pues, no, señora—le replicó Leandro—. Eso +no está bien.</p> -<p>—¿Por qué no?</p> +<p>—¿Por qué no?</p> <p>—Porque no; porque los industriales tienen que ayudarse, y si usted hace eso, pongo por caso, @@ -2497,130 +2463,130 @@ del hombre y que la maten.</p> <p>Hablaba la mujer muy cachazuda y sentenciosamente. Estaba su calma muy en perfecta consonancia -con su corpachón, de un grosor y de<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> -una rigidez de tronco; tenía la cara carnosa y de +con su corpachón, de un grosor y de<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> +una rigidez de tronco; tenÃa la cara carnosa y de torpes facciones; las arrugas profundas, bolsas de piel lacia debajo de los ojos; en la cabeza llevaba -un pañuelo negro, muy ceñido y apretado a +un pañuelo negro, muy ceñido y apretado a las sienes.</p> -<p>Era la señora Jacoba, así se llamaba, una mujer -que no debía sentir ni el frío ni el calor: verano e +<p>Era la señora Jacoba, asà se llamaba, una mujer +que no debÃa sentir ni el frÃo ni el calor: verano e invierno se pasaba las horas muertas sentada en -su puesto de verduras de Puerta de Moros; si vendía +su puesto de verduras de Puerta de Moros; si vendÃa una lechuga, desde que el sol nace hasta que -se pone, vendía mucho.</p> +se pone, vendÃa mucho.</p> -<p>Después de comer la familia del zapatero, fueron +<p>Después de comer la familia del zapatero, fueron unos a dormir la siesta al patio de la casa, y -otros se quedaron allí en el almacén.</p> +otros se quedaron allà en el almacén.</p> -<p>Vidal, el hijo menor del zapatero, se tendió en -el patio al lado de Manuel, y después de interrogarle +<p>Vidal, el hijo menor del zapatero, se tendió en +el patio al lado de Manuel, y después de interrogarle acerca de la causa de aquellos chichones -que apuntaban en la frente de su primo, le preguntó:</p> +que apuntaban en la frente de su primo, le preguntó:</p> -<p>—¿Tú habías estado alguna vez en esta calle?</p> +<p>—¿Tú habÃas estado alguna vez en esta calle?</p> <p>—Yo, no.</p> <p>—Por estos barrios se divierte uno la mar.</p> -<p>—Sí, ¿eh?</p> +<p>—SÃ, ¿eh?</p> -<p>—Ya lo creo. ¿Tú no tienes novia?</p> +<p>—Ya lo creo. ¿Tú no tienes novia?</p> <p>—Yo, no.</p> -<p>—Pues hay muchas chicas que están deseando -tener avío.</p> +<p>—Pues hay muchas chicas que están deseando +tener avÃo.</p> -<p>—¿De veras?</p> +<p>—¿De veras?</p> -<p>—Sí, hombre. En la casa donde vivimos hay +<p>—SÃ, hombre. En la casa donde vivimos hay una chica muy bonita, amiga de mi novia. Te puedes quedar con ella.</p> -<p>—Pero vosotros, ¿no vivís en esta casa?</p> +<p>—Pero vosotros, ¿no vivÃs en esta casa?</p> <p>—No; nosotros vivimos en el arroyo de Embajadores; -mi tía Salomé y mi abuela son las -que viven aquí. Pero allá en mi casa se divierte -uno; ¡gachó! las cosas que me han pasado a -mí allí.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span></p> +mi tÃa Salomé y mi abuela son las +que viven aquÃ. Pero allá en mi casa se divierte +uno; ¡gachó! las cosas que me han pasado a +mà allÃ.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span></p> <p>—En el pueblo en donde he estado yo—dijo -Manuel, para no dejarse achicar por su primo—había -montes más altos que veinte casas de éstas.</p> +Manuel, para no dejarse achicar por su primo—habÃa +montes más altos que veinte casas de éstas.</p> -<p>—En Madrid también hay la Montaña del Príncipe -Pío.</p> +<p>—En Madrid también hay la Montaña del PrÃncipe +PÃo.</p> -<p>—Pero no será tan grande como la del pueblo.</p> +<p>—Pero no será tan grande como la del pueblo.</p> -<p>—¿Que no? Si en Madrid está todo lo mejor.</p> +<p>—¿Que no? Si en Madrid está todo lo mejor.</p> <p>Molestaba bastante a Manuel la superioridad -que su primo quería asignarse, hablándole de +que su primo querÃa asignarse, hablándole de mujeres con el tono de un hombre experimentado -que las conoce a fondo. Después de echar la +que las conoce a fondo. Después de echar la siesta y de terminar una partida al mus, en que se enzarzaron el zapatero y unos vecinos, volvieron -el señor Ignacio y los muchachos a su faena de -cortar tacones y destripar botas. Se cerró de -noche el almacén; el zapatero y sus hijos se fueron -a su casa. Manuel cenó en el cuarto de la señora -Jacoba la verdulera, y durmió en una hermosa -cama, que le pareció bastante mejor que la de la -casa de huéspedes.</p> - -<p>Ya acostado, pesó el pro y el contra de su nueva -posición social, y, calculando si el fiel de la -balanza se inclinaría a uno u otro lado, se quedó +el señor Ignacio y los muchachos a su faena de +cortar tacones y destripar botas. Se cerró de +noche el almacén; el zapatero y sus hijos se fueron +a su casa. Manuel cenó en el cuarto de la señora +Jacoba la verdulera, y durmió en una hermosa +cama, que le pareció bastante mejor que la de la +casa de huéspedes.</p> + +<p>Ya acostado, pesó el pro y el contra de su nueva +posición social, y, calculando si el fiel de la +balanza se inclinarÃa a uno u otro lado, se quedó dormido.</p> -<p>Al principio, la monotonía en el trabajo y la sujeción +<p>Al principio, la monotonÃa en el trabajo y la sujeción atormentaban a Manuel; pero pronto se -acostumbró a una cosa y otra, y los días le parecieron -más cortos y la labor menos penosa.</p> +acostumbró a una cosa y otra, y los dÃas le parecieron +más cortos y la labor menos penosa.</p> -<p>El primer domingo dormía Manuel a pierna -suelta en casa de la señora Jacoba, cuando entró -Vidal a despertarle. Eran más de las once; la verdulera, -según su costumbre, había salido al amanecer +<p>El primer domingo dormÃa Manuel a pierna +suelta en casa de la señora Jacoba, cuando entró +Vidal a despertarle. Eran más de las once; la verdulera, +según su costumbre, habÃa salido al amanecer para su puesto, dejando al muchacho solo.</p> -<p>—¿Qué haces?—le preguntó Vidal—. ¿Por qué +<p>—¿Qué haces?—le preguntó Vidal—. ¿Por qué no te levantas?</p> -<p>—Pues ¿qué hora es?</p> +<p>—Pues ¿qué hora es?</p> <p>—La mar de tarde.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span></p> -<p>Se vistió Manuel de prisa y corriendo, y salieron +<p>Se vistió Manuel de prisa y corriendo, y salieron los dos de casa; cerca, enfrente de la calle del Aguila, en una plazoleta, se reunieron a un grupo de granujas que jugaban al chito, y observaron muy atentos las peripecias del juego.</p> -<p>Al mediodía Vidal le dijo a su primo:</p> +<p>Al mediodÃa Vidal le dijo a su primo:</p> -<p>—Hoy vamos a comer allá.</p> +<p>—Hoy vamos a comer allá.</p> -<p>—¿En vuestra casa?</p> +<p>—¿En vuestra casa?</p> -<p>—Sí; anda, vamos.</p> +<p>—SÃ; anda, vamos.</p> -<p>Vidal, cuya especialidad eran los hallazgos, encontró -cerca de la fuente de la Ronda, que está -próxima a la calle del Aguila, un sombrero de +<p>Vidal, cuya especialidad eran los hallazgos, encontró +cerca de la fuente de la Ronda, que está +próxima a la calle del Aguila, un sombrero de copa, viejo, de grandes alas, escondido el cuitado -en un rincón, quizá por modestia, y empezó a -darle de puntapiés y a echarlo por el alto; se asoció +en un rincón, quizá por modestia, y empezó a +darle de puntapiés y a echarlo por el alto; se asoció Manuel a la empresa, y entre los dos llevaron -aquella reliquia, venerable por su antigüedad, +aquella reliquia, venerable por su antigüedad, desde la ronda de Segovia a la de Toledo, y de -ésta a la de Embajadores, hasta dejarla, sin copa +ésta a la de Embajadores, hasta dejarla, sin copa y sin alas, en medio del arroyo. Cometida esta perversidad, Manuel y Vidal desembocaron en el paseo de las Acacias y entraron en una casa cuya @@ -2628,135 +2594,135 @@ entrada mostraba un arco sin puerta.</p> <p>Pasaron los dos muchachos por una callejuela, empedrada con cantos redondos, hasta un patio, -y después, por una de sus muchas escalerillas subieron -al balcón del piso primero, en el cual se -abría una fila de puertas y de ventanas pintadas +y después, por una de sus muchas escalerillas subieron +al balcón del piso primero, en el cual se +abrÃa una fila de puertas y de ventanas pintadas de azul.</p> -<p>—Aquí vivimos nosotros—dijo Vidal, señalando +<p>—Aquà vivimos nosotros—dijo Vidal, señalando una de aquellas puertas.</p> -<p>Pasaron adentro; era la casa del señor Ignacio -pequeña: la componían dos alcobas, una sala, la +<p>Pasaron adentro; era la casa del señor Ignacio +pequeña: la componÃan dos alcobas, una sala, la cocina y un cuarto obscuro. El primer cuarto era -la sala, amueblada con una cómoda de pino, un -sofá, varias sillas de paja y un espejo verde, lleno -de cromos y de fotografías, envuelto en una gasa<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span> -roja. Solía la familia del zapatero hacer de comedor -este cuarto los domingos, por ser el más espacioso -y el de más luz.</p> - -<p>Cuando llegaron Manuel y Vidal, hacía tiempo -que los esperaban. Sentáronse todos a la mesa, y -la Salomé, la cuñada del zapatero, se encargó de -servir la comida. Manuel no conocía a la Salomé. -Era parecidísima a su hermana, la madre de Vidal. -Las dos, de mediana estatura, tenían la nariz +la sala, amueblada con una cómoda de pino, un +sofá, varias sillas de paja y un espejo verde, lleno +de cromos y de fotografÃas, envuelto en una gasa<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span> +roja. SolÃa la familia del zapatero hacer de comedor +este cuarto los domingos, por ser el más espacioso +y el de más luz.</p> + +<p>Cuando llegaron Manuel y Vidal, hacÃa tiempo +que los esperaban. Sentáronse todos a la mesa, y +la Salomé, la cuñada del zapatero, se encargó de +servir la comida. Manuel no conocÃa a la Salomé. +Era parecidÃsima a su hermana, la madre de Vidal. +Las dos, de mediana estatura, tenÃan la nariz corta y descarada, los ojos negros y hermosos; a -pesar de su semejanza física, las diferenciaba por +pesar de su semejanza fÃsica, las diferenciaba por completo su aspecto: la madre de Vidal, llamada Leandra, sucia, despeinada, astrosa, con trazas de -malhumor, parecía mucho más vieja que la Salomé, +malhumor, parecÃa mucho más vieja que la Salomé, aunque no la llevaba mas que tres o cuatro -años. La Salomé mostraba en su semblante un +años. La Salomé mostraba en su semblante un aire alegre y decidido.</p> -<p>¡Y lo que es la suerte! La Leandra, a pesar de -su abandono, de su humor agrio y de su afición +<p>¡Y lo que es la suerte! La Leandra, a pesar de +su abandono, de su humor agrio y de su afición al aguardiente, estaba casada con un hombre trabajador -y bueno, y, en cambio, la Salomé, dotada +y bueno, y, en cambio, la Salomé, dotada de excelentes condiciones de laboriosidad y buen -genio, había concluído amontonándose con un -gachó entre estafador, descuidero y matón, del -cual tenía dos hijos. Por un espíritu de humildad +genio, habÃa concluÃdo amontonándose con un +gachó entre estafador, descuidero y matón, del +cual tenÃa dos hijos. Por un espÃritu de humildad o de esclavitud, unido a un natural independiente -y bravío, la Salomé adoraba a su hombre, y se engañaba -a sí misma, para considerarlo como tremendo +y bravÃo, la Salomé adoraba a su hombre, y se engañaba +a sà misma, para considerarlo como tremendo y bragado, aunque era un cobarde y un -gandul. El bellaco se había dado cuenta clara de -la cosa, y cuando le parecía bien, con un ceño terrible -aparecía en la casa y exigía los cuartos que -la Salomé ganaba cosiendo a máquina, a cinco -céntimos las dos varas. Ella le daba sin pena el +gandul. El bellaco se habÃa dado cuenta clara de +la cosa, y cuando le parecÃa bien, con un ceño terrible +aparecÃa en la casa y exigÃa los cuartos que +la Salomé ganaba cosiendo a máquina, a cinco +céntimos las dos varas. Ella le daba sin pena el producto de su penoso trabajo, y muchas veces el -truhán no se contentaba con sacarle el dinero, -sino que la zurraba además.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span></p> +truhán no se contentaba con sacarle el dinero, +sino que la zurraba además.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span></p> -<p>Los dos niños de la Salomé no estaban este día -en casa del señor Ignacio; los domingos, después +<p>Los dos niños de la Salomé no estaban este dÃa +en casa del señor Ignacio; los domingos, después de ponerlos muy guapos y bien vestidos, su madre los enviaba a casa de una parienta suya, maestra de un taller, en donde pasaban la tarde.</p> -<p>En la comida, Manuel escuchó, sin terciar en la -conversación. Se habló de una de las muchachas -de la vecindad que se había ido con un chalán +<p>En la comida, Manuel escuchó, sin terciar en la +conversación. Se habló de una de las muchachas +de la vecindad que se habÃa ido con un chalán muy rico, hombre casado y con familia.</p> <p>—Ha hecho bien—dijo la Leandra, vaciando un vaso de vino.</p> -<p>—Si no sabía que era casado...</p> +<p>—Si no sabÃa que era casado...</p> -<p>—¿Qué más da?—contestó la Leandra, con aire +<p>—¿Qué más da?—contestó la Leandra, con aire indiferente.</p> -<p>—Mucho. ¿A ti te gustaría que una mujer se llevara -tu marido?—preguntó la Salomé a su hermana.</p> +<p>—Mucho. ¿A ti te gustarÃa que una mujer se llevara +tu marido?—preguntó la Salomé a su hermana.</p> -<p>—¡Psch!</p> +<p>—¡Psch!</p> -<p>—Sí; ahora ya se sabe—interrumpió la madre -del señor Ignacio—. ¡Si de dos mujeres no hay una -<i>honrá</i>!</p> +<p>—SÃ; ahora ya se sabe—interrumpió la madre +del señor Ignacio—. ¡Si de dos mujeres no hay una +<i>honrá</i>!</p> -<p>—Bastante se adelanta con ser <i>honrá</i>—repuso +<p>—Bastante se adelanta con ser <i>honrá</i>—repuso la Leandra—: miseria y hambre... Si no se casara -una, podría una alternar y hasta tener dinero.</p> +una, podrÃa una alternar y hasta tener dinero.</p> -<p>—Pues no sé cómo—replicó la Salomé.</p> +<p>—Pues no sé cómo—replicó la Salomé.</p> -<p>—¿Cómo? Aunque fuese haciendo la carrera.</p> +<p>—¿Cómo? Aunque fuese haciendo la carrera.</p> -<p>El señor Ignacio desvió con disgusto la vista -de su mujer, y el hijo mayor, Leandro, miró a su +<p>El señor Ignacio desvió con disgusto la vista +de su mujer, y el hijo mayor, Leandro, miró a su madre de un modo torvo y severo.</p> -<p>—¡Bah!, eso se dice—arguyó la Salomé, que -quería discutir la cuestión impersonalmente—; +<p>—¡Bah!, eso se dice—arguyó la Salomé, que +querÃa discutir la cuestión impersonalmente—; pero a ti no te hubiera gustado que te insultaran por todas partes.</p> -<p>—¿A mí? ¡Bastante me importa a mí lo que digan!—contestó -la zapatera—. ¡Ay, qué leñe! Si me +<p>—¿A mÃ? ¡Bastante me importa a mà lo que digan!—contestó +la zapatera—. ¡Ay, qué leñe! Si me dicen golfa, y no soy golfa..., ya ves: corona de flores; y si lo soy..., pata.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p> -<p>El señor Ignacio se sentía ofendido, y desvió la -conversación, hablando del crimen de las Peñuelas: -se trataba de un organillero celoso que había +<p>El señor Ignacio se sentÃa ofendido, y desvió la +conversación, hablando del crimen de las Peñuelas: +se trataba de un organillero celoso que habÃa matado a su querida por una mala palabra; la -cuestión apasionaba; cada uno dió su parecer. -Concluyó la comida, y el señor Ignacio, Leandro, -Vidal y Manuel salieron a la galería a echar la +cuestión apasionaba; cada uno dió su parecer. +Concluyó la comida, y el señor Ignacio, Leandro, +Vidal y Manuel salieron a la galerÃa a echar la siesta mientras las mujeres quedaban dentro hablando.</p> <p>En el patio, todos los vecinos sacaban el petate fuera, y, en camiseta, medio desnudos, sentados -unos, tendidos los otros, dormían en las galerías.</p> +unos, tendidos los otros, dormÃan en las galerÃas.</p> -<p>—Anda, tú, vamos—dijo Vidal a Manuel.</p> +<p>—Anda, tú, vamos—dijo Vidal a Manuel.</p> -<p>—¿Adónde?</p> +<p>—¿Adónde?</p> -<p>—Con los Piratas. Hoy tenemos cita; nos estarán +<p>—Con los Piratas. Hoy tenemos cita; nos estarán esperando.</p> -<p>—Pero ¿qué piratas?</p> +<p>—Pero ¿qué piratas?</p> <p>—El <i>Bizco</i> y esos.</p> -<p>—¿Y por qué los llaman así?</p> +<p>—¿Y por qué los llaman asÃ?</p> <p>—Porque son como los piratas.</p> @@ -2765,494 +2731,494 @@ casa y descendieron por el arroyo de Embajadores.</p> <p>—Pues nos llaman los Piratas—dijo Vidal—, de una pedrea que tuvimos. Unos chicos del paseo -de las Acacias se habían formado con palos, -y llevaban una bandera española, y, entonces, yo, +de las Acacias se habÃan formado con palos, +y llevaban una bandera española, y, entonces, yo, el <i>Bizco</i> y otros tres o cuatro, empezamos con ellos a pedradas y les hicimos escapar; y el <i>Corretor</i>, uno que vive en nuestra casa y que nos -vió ir detrás de ellos, nos dijo: «—Pero vosotros, -¿sois piratas o qué? Porque si sois piratas debéis -llevar la bandera negra». Y al día siguiente yo -cogí un delantal obscuro de mi padre y lo até en -un palo y fuimos detrás de los que llevaban la -bandera española, y por poco no se la quitamos; +vió ir detrás de ellos, nos dijo: «—Pero vosotros, +¿sois piratas o qué? Porque si sois piratas debéis +llevar la bandera negra». Y al dÃa siguiente yo +cogà un delantal obscuro de mi padre y lo até en +un palo y fuimos detrás de los que llevaban la +bandera española, y por poco no se la quitamos; por eso nos llaman los piratas.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span></p> <p>Llegaron los dos primos a una barriada miserable -y pequeña.</p> +y pequeña.</p> <p>—Esta es la Casa del Cabrero—dijo Vidal—; -aquí están los socios.</p> +aquà están los socios.</p> <p>Efectivamente; se hallaba acampada toda la -piratería. Allí conoció Manuel al <i>Bizco</i>, una especie -de chimpancé, cuadrado, membrudo, con los +piraterÃa. Allà conoció Manuel al <i>Bizco</i>, una especie +de chimpancé, cuadrado, membrudo, con los brazos largos, las piernas torcidas y las manos enormes y rojas.</p> -<p>—Este es mi primo—añadió Vidal, presentando -Manuel a la cuadrilla; y después, para hacerle -más interesante, contó cómo había llegado a casa +<p>—Este es mi primo—añadió Vidal, presentando +Manuel a la cuadrilla; y después, para hacerle +más interesante, contó cómo habÃa llegado a casa con dos chichones inmensos producidos en lucha -homérica sostenida contra un hombre.</p> +homérica sostenida contra un hombre.</p> -<p>El <i>Bizco</i> miró atentamente a Manuel, y viendo +<p>El <i>Bizco</i> miró atentamente a Manuel, y viendo que Manuel le observaba a su vez con tranquilidad, -desvió la vista. La cara del <i>Bizco</i> producía -el interés de un bicharraco extraño o de un tic patológico. +desvió la vista. La cara del <i>Bizco</i> producÃa +el interés de un bicharraco extraño o de un tic patológico. La frente estrecha, la nariz roma, los labios abultados, la piel pecosa y el pelo rojo y duro, le daban el aspecto de un mandril grande y rubio.</p> -<p>Desde el momento que llegó Vidal, la cuadrilla -se movilizó y anduvieron todos los chicos merodeando +<p>Desde el momento que llegó Vidal, la cuadrilla +se movilizó y anduvieron todos los chicos merodeando por la Casa del Cabrero.</p> -<p>Llamaban así a un grupo de casuchas bajas con +<p>Llamaban asà a un grupo de casuchas bajas con un patio estrecho y largo en medio. En aquella -hora de calor, a la sombra, dormían como aletargados, +hora de calor, a la sombra, dormÃan como aletargados, tendidos en el suelo, hombres y mujeres medio desnudos. Algunas mujeres en camisa, acurrucadas y en corro de cuatro o cinco, fumaban el -mismo cigarro, pasándoselo una a otra y dándole +mismo cigarro, pasándoselo una a otra y dándole cada una su chupada.</p> <p>Pululaba una nube de chiquillos desnudos, de -color de tierra, la mayoría negros, algunos rubios, -de ojos, azules. Como si sintieran ya la degradación +color de tierra, la mayorÃa negros, algunos rubios, +de ojos, azules. Como si sintieran ya la degradación de su miseria, aquellos chicos no alborotaban ni gritaban.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p> -<p>Unas cuantas chiquillas de diez a catorce años -charlaban en grupo. El <i>Bizco</i> y Vidal y los demás -las persiguieron por el patio. Corrían las chicas -medio desnudas, insultándoles y chillando.</p> +<p>Unas cuantas chiquillas de diez a catorce años +charlaban en grupo. El <i>Bizco</i> y Vidal y los demás +las persiguieron por el patio. CorrÃan las chicas +medio desnudas, insultándoles y chillando.</p> -<p>El <i>Bizco</i> contó que había forzado algunas de +<p>El <i>Bizco</i> contó que habÃa forzado algunas de aquellas muchachitas.</p> <p>—Son todas puchereras, como las de la calle de Ceres—dijo uno de los piratas.</p> -<p>—¿Hacen pucheros?—preguntó Manuel.</p> +<p>—¿Hacen pucheros?—preguntó Manuel.</p> -<p>—Sí; buenos pucheros.</p> +<p>—SÃ; buenos pucheros.</p> -<p>—Pues ¿por qué son puchereras?</p> +<p>—Pues ¿por qué son puchereras?</p> -<p>—Pu... lo demás—añadió el chico haciendo un +<p>—Pu... lo demás—añadió el chico haciendo un corte de mangas.</p> -<p>—Que son zorras, tartamudeó el <i>Bizco</i>—. Pareces +<p>—Que son zorras, tartamudeó el <i>Bizco</i>—. Pareces tonto.</p> -<p>Manuel contempló al <i>Bizco</i> con desprecio, y -preguntó a su primo:</p> +<p>Manuel contempló al <i>Bizco</i> con desprecio, y +preguntó a su primo:</p> -<p>—¿Pero esas chicas?</p> +<p>—¿Pero esas chicas?</p> -<p>—Ellas y sus madres—repuso Vidal con filosofía—. -Casi todas las que viven aquí.</p> +<p>—Ellas y sus madres—repuso Vidal con filosofÃa—. +Casi todas las que viven aquÃ.</p> <p>Salieron los Piratas de la Casa del Cabrero, -bajaron a una hondonada, después de pasar al +bajaron a una hondonada, después de pasar al lado de una valla alta y negra, y por en medio -de Casa Blanca desembocaron en el paseo de Yeserías.</p> +de Casa Blanca desembocaron en el paseo de YeserÃas.</p> -<p>Se acercaron al Depósito de cadáveres, un pabellón -blanco próximo al río, colocado al comienzo +<p>Se acercaron al Depósito de cadáveres, un pabellón +blanco próximo al rÃo, colocado al comienzo de la Dehesa del Canal. Le dieron vuelta por -si veían por las ventanas algún muerto, pero las +si veÃan por las ventanas algún muerto, pero las ventanas estaban cerradas.</p> <p>Siguieron andando por la orilla del Manzanares, -entre los pinos torcidos de la Dehesa. El río -venía exhausto, formado por unos cuantos hilillos +entre los pinos torcidos de la Dehesa. El rÃo +venÃa exhausto, formado por unos cuantos hilillos de agua negra y de charcos encima del barro.</p> <p>Al final de la Dehesa de la Arganzuela, frente a un solar espacioso y grande, limitado por una -valla hecha con latas de petróleo, extendidas y<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span> +valla hecha con latas de petróleo, extendidas y<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span> clavadas en postes, se detuvo la cuadrilla a contemplar -el solar, cuya área extensa la ocupaban -carros de riego, barrederas mecánicas, bombas de +el solar, cuya área extensa la ocupaban +carros de riego, barrederas mecánicas, bombas de extraer pozos negros, montones de escobas y otra -porción de menesteres y utensilios de la limpieza +porción de menesteres y utensilios de la limpieza urbana.</p> <p>A uno de los lados del solar se levantaba un -edificio blanco, en otra época iglesia o convento, +edificio blanco, en otra época iglesia o convento, a juzgar por sus dos torres y el hueco de las campanas abierto en ellas.</p> -<p>Anduvo la cuadrilla husmeando por allí; pasaron +<p>Anduvo la cuadrilla husmeando por allÃ; pasaron los chicos por debajo de un arco, con un letrero, -en donde se leía: «Depósito de Caballos Padres»; -y por detrás del edificio con trazas de convento +en donde se leÃa: «Depósito de Caballos Padres»; +y por detrás del edificio con trazas de convento llegaron cerca de unas barracas de esteras sucias y mugrientas: chozas de aduar africano, -construídas sobre armazón de palitroques y -cañas.</p> +construÃdas sobre armazón de palitroques y +cañas.</p> -<p>El <i>Bizco</i> entró en una de aquellas chozas y salió +<p>El <i>Bizco</i> entró en una de aquellas chozas y salió con un pedazo de bacalao en la mano.</p> -<p>Manuel sintió un miedo horrible.</p> +<p>Manuel sintió un miedo horrible.</p> <p>—Me voy—dijo a Vidal.</p> -<p>—¡Anda éste!...—exclamó uno con ironía—. -Pues no tienes tú poco sorullo.</p> +<p>—¡Anda éste!...—exclamó uno con ironÃa—. +Pues no tienes tú poco sorullo.</p> -<p>De pronto otro de los chicos gritó:</p> +<p>De pronto otro de los chicos gritó:</p> <p>—A <i>najarse</i>, que viene gente.</p> <p>Echaron todos los de la cuadrilla a correr por el paseo del Canal.</p> -<p>Se veía Madrid envuelto en una nube de polvo, -con sus casas amarillentas. Las altas vidrieras relucían +<p>Se veÃa Madrid envuelto en una nube de polvo, +con sus casas amarillentas. Las altas vidrieras relucÃan a la luz del sol poniente. Del paseo del Canal, atravesando un campo de rastrojo, entraron -todos por una callejuela en la plaza de las Peñuelas; +todos por una callejuela en la plaza de las Peñuelas; luego, por otra calle en cuesta, subieron al paseo de las Acacias.</p> -<p>Entraron en el Corralón, Manuel y Vidal, después +<p>Entraron en el Corralón, Manuel y Vidal, después de citarse con la cuadrilla para el domingo<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span> -siguiente, subieron la escalera hasta la galería de -la casa del señor Ignacio, y cuando se acercaron +siguiente, subieron la escalera hasta la galerÃa de +la casa del señor Ignacio, y cuando se acercaron a la puerta del zapatero oyeron gritos.</p> -<p>—Padre está zurrando a la vieja—murmuró -Vidal—. Lo que haya hoy que <i>jamar</i> aquí, <i>pa</i> el +<p>—Padre está zurrando a la vieja—murmuró +Vidal—. Lo que haya hoy que <i>jamar</i> aquÃ, <i>pa</i> el gato. Me marcho a acostar.</p> -<p>—Y yo, ¿cómo voy a la otra casa?—preguntó +<p>—Y yo, ¿cómo voy a la otra casa?—preguntó Manuel.</p> <p>—No tienes mas que seguir la Ronda hasta llegar a la escalera de la calle del Aguila. No hay -pérdida.</p> +pérdida.</p> -<p>Manuel siguió el camino indicado. Hacía un calor +<p>Manuel siguió el camino indicado. HacÃa un calor horrible; el aire estaba lleno de polvo: jugaban algunos hombres a los naipes a las puertas de las tabernas, y en otras, al son de un organillo, bailaban abrazados.</p> -<p>Cuando llegó Manuel frente a la escalera de la -calle del Aguila, anochecía. Se sentó a descansar -un rato en el Campillo de Gil Imón. Veíase desde -allá arriba el campo amarillento, cada vez más -sombrío con la proximidad de la noche, y las chimeneas +<p>Cuando llegó Manuel frente a la escalera de la +calle del Aguila, anochecÃa. Se sentó a descansar +un rato en el Campillo de Gil Imón. VeÃase desde +allá arriba el campo amarillento, cada vez más +sombrÃo con la proximidad de la noche, y las chimeneas y las casas, perfiladas con dureza en el horizonte. El cielo azul y verde arriba se inyectaba -de rojo a ras de la tierra, se obscurecía y tomaba +de rojo a ras de la tierra, se obscurecÃa y tomaba colores siniestros, rojos cobrizos, rojos de -púrpura.</p> +púrpura.</p> <p>Asomaban por encima de las tapias las torrecitas y cipreses del cementerio de San Isidro; una -cúpula redonda se destacaba recortada en el aire; -en su remate se erguía un angelote, con las alas +cúpula redonda se destacaba recortada en el aire; +en su remate se erguÃa un angelote, con las alas desplegadas, como presto para levantar el vuelo sobre el fondo incendiado y sangriento de la tarde.</p> -<p class="ht">Por encima de las nubes estratificadas del crepúsculo -brillaba una pálida estrella en una gran +<p class="ht">Por encima de las nubes estratificadas del crepúsculo +brillaba una pálida estrella en una gran franja verde, y en el vago horizonte, animado por -la última palpitación del día, se divisaban, inciertos, +la última palpitación del dÃa, se divisaban, inciertos, montes lejanos.</p> -<h2 id="CAPITULO_II2">CAPÍTULO II</h2> +<h2 id="CAPITULO_II2">CAPÃTULO II</h2> -<p class="center smcap">El corralón o la casa del tío Rilo. +<p class="center smcap">El corralón o la casa del tÃo Rilo. Los odios de vecindad.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">Cuando</span> la Salomé terminó su labor de costura -y fué a dormir a la calle del Aguila, Manuel -pasó definitivamente a sentar sus reales a la casa -del tío Rilo, del arroyo de Embajadores. Llamaban -unos a esta casa la Corrala, otros el Corralón, +<p class="p2"><span class="smcap">Cuando</span> la Salomé terminó su labor de costura +y fué a dormir a la calle del Aguila, Manuel +pasó definitivamente a sentar sus reales a la casa +del tÃo Rilo, del arroyo de Embajadores. Llamaban +unos a esta casa la Corrala, otros el Corralón, otros la Piltra, y con tantos nombres la designaban, -que no parecía sino que los inquilinos se +que no parecÃa sino que los inquilinos se pasaban horas y horas pensando motes para ella.</p> -<p>Daba el Corralón—este era el nombre más familiar -de la piltra del tío Rilo—al paseo de las -Acacias, pero no se hallaba en la línea de este paseo, -sino algo metida hacia atrás. La fachada de +<p>Daba el Corralón—este era el nombre más familiar +de la piltra del tÃo Rilo—al paseo de las +Acacias, pero no se hallaba en la lÃnea de este paseo, +sino algo metida hacia atrás. La fachada de esta casa, baja, estrecha, enjalbegada de cal, no -indicaba su profundidad y tamaño; se abrían en +indicaba su profundidad y tamaño; se abrÃan en esta fachada unos cuantos ventanucos y agujeros -asimétricamente combinados, y un arco sin puerta -daba acceso a un callejón empedrado con cantos, -el cual, ensanchado después, formaba un +asimétricamente combinados, y un arco sin puerta +daba acceso a un callejón empedrado con cantos, +el cual, ensanchado después, formaba un patio, circunscrito por altas paredes negruzcas.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span></p> -<p>De los lados del callejón de entrada subían escaleras -de ladrillo a galerías abiertas, que corrían +<p>De los lados del callejón de entrada subÃan escaleras +de ladrillo a galerÃas abiertas, que corrÃan a lo largo de la casa en los tres pisos, dando la -vuelta al patio. Abríanse de trecho en trecho, en -el fondo de estas galerías, filas de puertas pintadas -de azul, con un número negro en el dintel de +vuelta al patio. AbrÃanse de trecho en trecho, en +el fondo de estas galerÃas, filas de puertas pintadas +de azul, con un número negro en el dintel de cada una.</p> <p>Entre la cal y los ladrillos de las paredes asomaban, como huesos puestos al descubierto, largueros -y travesaños, rodeados de tomizas resecas. -Las columnas de las galerías, así como las -zapatas y pies derechos en que se apoyaban, debían +y travesaños, rodeados de tomizas resecas. +Las columnas de las galerÃas, asà como las +zapatas y pies derechos en que se apoyaban, debÃan haber estado en otro tiempo pintados de -verde; pero, a consecuencia de la acción constante +verde; pero, a consecuencia de la acción constante del sol y de la lluvia, ya no les quedaban mas que alguna que otra zona con su primitivo color.</p> -<p>Hallábase el patio siempre sucio; en un ángulo -se levantaba un montón de trastos inservibles, cubierto -de chapas de cinc; se veían telas puercas y +<p>Hallábase el patio siempre sucio; en un ángulo +se levantaba un montón de trastos inservibles, cubierto +de chapas de cinc; se veÃan telas puercas y tablas carcomidas, escombros, ladrillos, tejas y cestos: un revoltijo de mil diablos. Todas las tardes algunas vecinas lavaban el patio, y cuando terminaban su faena vaciaban los lebrillos en el suelo, y los grandes charcos, al secarse, dejaban manchas blancas y regueros azules del agua de -añil. Solían echar también los vecinos por cualquier -parte la basura, y cuando llovía, como se +añil. SolÃan echar también los vecinos por cualquier +parte la basura, y cuando llovÃa, como se obturaba casi siempre la boca del sumidero, se -producía una pestilencia insoportable de la corrupción +producÃa una pestilencia insoportable de la corrupción del agua negra que inundaba el patio, y sobre la cual nadaban hojas de col y papeles pringosos.</p> <p>A cada vecino le quedaba para sus menesteres -el trozo de galería que ocupaba su casa; por el -aspecto de este espacio podía colegirse el grado +el trozo de galerÃa que ocupaba su casa; por el +aspecto de este espacio podÃa colegirse el grado de miseria o de relativo bienestar de cada familia, sus aficiones y sus gustos,<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -Aquí se advertía cierta limpieza y curiosidad: la +Aquà se advertÃa cierta limpieza y curiosidad: la pared blanqueada, una jaula, algunas flores en -pucheretes de barro; allá se traslucía cierto instinto +pucheretes de barro; allá se traslucÃa cierto instinto utilitario en las ristras de ajos puestas a secar, en las uvas colgadas; en otra parte, un banco de carpintero, la caja de herramientas, denunciaban al hombre laborioso, que trabajaba en las horas libres.</p> -<p>Pero, en general, no se veían mas que ropas sucias, +<p>Pero, en general, no se veÃan mas que ropas sucias, colgadas en las barandillas; cortinas hechas con esteras, colchas llenas de remiendos de abigarrados colores, harapos negruzcos puestos sobre mangos de escobas o tendidos en cuerdas atadas -de un pilar a otro, para interceptar más aún la +de un pilar a otro, para interceptar más aún la luz y el aire.</p> -<p>Cada trozo de galería era manifestación de una +<p>Cada trozo de galerÃa era manifestación de una vida distinta dentro del comunismo del hambre; -había en aquella casa todos los grados y matices +habÃa en aquella casa todos los grados y matices de la miseria: desde la heroica, vestida con el harapo -limpio y decente, hasta la más nauseabunda +limpio y decente, hasta la más nauseabunda y repulsiva.</p> <p>En la mayor parte de los cuartos y chiribitiles de la Corrala, saltaba a los ojos la miseria resignada -y perezosa, unida al empobrecimiento orgánico +y perezosa, unida al empobrecimiento orgánico y al empobrecimiento moral.</p> <p>En el espacio que disfrutaba la familia del zapatero; -en la punta de una pértiga muy larga, atada +en la punta de una pértiga muy larga, atada a uno de los pilares, colgaban unos pantalones -llenos de remiendos, que se balanceaban cómicamente.</p> +llenos de remiendos, que se balanceaban cómicamente.</p> -<p>Del patio grande del Corralón partía un pasillo, +<p>Del patio grande del Corralón partÃa un pasillo, lleno de inmundicias, que daba a otro patio -más pequeño, en el invierno convertido en un -fétido pantano.</p> +más pequeño, en el invierno convertido en un +fétido pantano.</p> <p>Un farol, metido dentro de una alambrera, para evitar que lo rompiesen los chicos a pedradas, colgaba de una de sus paredes negras.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span></p> <p>En el patio interior los cuartos costaban mucho -menos que en el grande; la mayoría eran de veinte -y treinta reales; pero los había de dos y tres pesetas -al mes: chiscones obscuros, sin ventilación -alguna, construídos en los huecos de las escaleras +menos que en el grande; la mayorÃa eran de veinte +y treinta reales; pero los habÃa de dos y tres pesetas +al mes: chiscones obscuros, sin ventilación +alguna, construÃdos en los huecos de las escaleras y debajo del tejado.</p> -<p>En otro clima más húmedo, la Corrala hubiera -sido un foco de infección; el viento y el sol de Madrid, +<p>En otro clima más húmedo, la Corrala hubiera +sido un foco de infección; el viento y el sol de Madrid, ese sol que saca ronchas en la piel, se encargaba de desinfectar aquella madriguera.</p> <p>Para que en aquella casa hubiese siempre algo -terrible y trágico, al entrar solía verse en el portal +terrible y trágico, al entrar solÃa verse en el portal o en el pasillo una mujer borracha y delirante, -que pedía limosna e insultaba a todo el mundo, a -quien llamaban <i>La Muerte</i>. Debía ser muy vieja, o -lo parecía al menos; su mirada era extraviada, su -aspecto huraño, la cara llena de costras; uno de -sus párpados inferiores, retraído por alguna enfermedad, +que pedÃa limosna e insultaba a todo el mundo, a +quien llamaban <i>La Muerte</i>. DebÃa ser muy vieja, o +lo parecÃa al menos; su mirada era extraviada, su +aspecto huraño, la cara llena de costras; uno de +sus párpados inferiores, retraÃdo por alguna enfermedad, dejaba ver el interior del globo del ojo, -sangriento y turbio. Solía andar <i>La Muerte</i> cubierta +sangriento y turbio. SolÃa andar <i>La Muerte</i> cubierta de harapos, en chanelas, con una lata y un cesto -viejo, donde recogía lo que encontraba. Por -cierta consideración supersticiosa no la echaban +viejo, donde recogÃa lo que encontraba. Por +cierta consideración supersticiosa no la echaban a la calle.</p> -<p>La primera noche de Manuel en la Corrala vió, -no sin cierto asombro, la verdad de lo que decía -Vidal. Este y casi todos los de su edad tenían sus +<p>La primera noche de Manuel en la Corrala vió, +no sin cierto asombro, la verdad de lo que decÃa +Vidal. Este y casi todos los de su edad tenÃan sus novias entre las chiquillas de la casa, y no era -raro, al pasar junto a un rincón, ver una pareja +raro, al pasar junto a un rincón, ver una pareja que se levantaba y echaba a correr.</p> -<p>Los chicos pequeños se divertían jugando al -toro, y entre las suertes más aplaudidas se contaba -la de Don Tancredo. Se ponía un chico a cuatro +<p>Los chicos pequeños se divertÃan jugando al +toro, y entre las suertes más aplaudidas se contaba +la de Don Tancredo. Se ponÃa un chico a cuatro patas, y otro, que no pesase mucho, encima, con los brazos cruzados, el cuerpo echado para -atrás, y en la cabeza, alta y erguida, un sombrero +atrás, y en la cabeza, alta y erguida, un sombrero de papel de tres picos.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span></p> -<p>Se acercaba el que hacía de toro, mugía sonoramente, +<p>Se acercaba el que hacÃa de toro, mugÃa sonoramente, olfateaba a Don Tancredo y pasaba junto -a él sin derribarle; volvía a pasar un par de +a él sin derribarle; volvÃa a pasar un par de veces, hasta que se largaba. Entonces Don Tancredo bajaba de su vivo pedestal a recibir el aplauso -del público. Había toros marrajos, y guasones -que se les ocurría tirar estatua y pedestal al suelo, +del público. HabÃa toros marrajos, y guasones +que se les ocurrÃa tirar estatua y pedestal al suelo, lo cual era recibido entre el clamoreo y la algazara -del público.</p> +del público.</p> <p>Mientras tanto, las chicas jugaban al corro, las -mujeres gritaban de galería a galería y los hombres +mujeres gritaban de galerÃa a galerÃa y los hombres charlaban en mangas de camisa; alguno, sentado -en el suelo, rasgueaba monótonamente en +en el suelo, rasgueaba monótonamente en las cuerdas de una guitarra.</p> -<p><i>La Muerte</i>, la vieja mendiga, solía también amenizar +<p><i>La Muerte</i>, la vieja mendiga, solÃa también amenizar las veladas con sus largos parlamentos.</p> -<p>Era la Corrala un mundo en pequeño, agitado -y febril, que bullía como una gusanera. Allí se trabajaba, -se holgaba, se bebía, se ayunaba, se moría -de hambre; allí se construían muebles, se falsificaban -antigüedades, se zurcían bordados antiguos, -se fabricaban buñuelos, se componían porcelanas -rotas, se concertaban robos, se prostituían +<p>Era la Corrala un mundo en pequeño, agitado +y febril, que bullÃa como una gusanera. Allà se trabajaba, +se holgaba, se bebÃa, se ayunaba, se morÃa +de hambre; allà se construÃan muebles, se falsificaban +antigüedades, se zurcÃan bordados antiguos, +se fabricaban buñuelos, se componÃan porcelanas +rotas, se concertaban robos, se prostituÃan mujeres.</p> -<p>Era la Corrala un microcosmo; se decía que, -puestos en hilera los vecinos, llegarían desde el +<p>Era la Corrala un microcosmo; se decÃa que, +puestos en hilera los vecinos, llegarÃan desde el arroyo de Embajadores a la plaza del Progreso; -allí había hombres que lo eran todo, y no eran +allà habÃa hombres que lo eran todo, y no eran nada: medio sabios, medio herreros, medio carpinteros, -medio albañiles, medio comerciantes, +medio albañiles, medio comerciantes, medio ladrones.</p> -<p>Era, en general, toda la gente que allí habitaba -gente descentrada, que vivía en el continuo +<p>Era, en general, toda la gente que allà habitaba +gente descentrada, que vivÃa en el continuo aplanamiento producido por la eterna e irremediable miseria; muchos cambiaban de oficio, como un -reptil, de piel; otros no lo tenían; algunos peones -de carpintero, de albañil, a consecuencia de su<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span> -falta de iniciativa, de comprensión y de habilidad, -no podían pasar de peones. Había también gitanos, +reptil, de piel; otros no lo tenÃan; algunos peones +de carpintero, de albañil, a consecuencia de su<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span> +falta de iniciativa, de comprensión y de habilidad, +no podÃan pasar de peones. HabÃa también gitanos, esquiladores de mulas y de perros, y no faltaban cargadores, barberos ambulantes y saltimbanquis. Casi todos ellos, si se terciaba, robaban -lo que podían; todos presentaban el mismo aspecto -de miseria y de consunción. Todos sentían +lo que podÃan; todos presentaban el mismo aspecto +de miseria y de consunción. Todos sentÃan una rabia constante, que se manifestaba en imprecaciones furiosas y en blasfemias.</p> -<p>Vivían como hundidos en las sombras de un -sueño profundo, sin formarse idea clara de su +<p>VivÃan como hundidos en las sombras de un +sueño profundo, sin formarse idea clara de su vida, sin aspiraciones, ni planes, ni proyectos, ni nada.</p> -<p>Había algunos a los cuales un par de vasos de +<p>HabÃa algunos a los cuales un par de vasos de vino les dejaba borrachos media semana; otros -parecían estarlo, sin beber, y reflejaban constantemente -en su rostro el abatimiento más absoluto, -del cual no salían mas que en un momento de ira -o de indignación.</p> +parecÃan estarlo, sin beber, y reflejaban constantemente +en su rostro el abatimiento más absoluto, +del cual no salÃan mas que en un momento de ira +o de indignación.</p> -<p>El dinero era para ellos la mayoría de las veces +<p>El dinero era para ellos la mayorÃa de las veces una desgracia. Comprendiendo instintivamente la debilidad de sus fuerzas y de sus inclinaciones, -se preparaban a hacer ánimos yendo a la taberna; -allí se exaltaban, gritaban, discutían, olvidaban -las penas del momento, se sentían generosos, -y cuando, después de soltar baladronadas, se -creían dispuestos para algo, se encontraban sin -un céntimo y con las energías ficticias del alcohol +se preparaban a hacer ánimos yendo a la taberna; +allà se exaltaban, gritaban, discutÃan, olvidaban +las penas del momento, se sentÃan generosos, +y cuando, después de soltar baladronadas, se +creÃan dispuestos para algo, se encontraban sin +un céntimo y con las energÃas ficticias del alcohol que se iba disipando.</p> <p>Las mujeres de la casa, por lo general, trabajaban -más que los hombres, y reñían casi constantemente. -De treinta años para arriba tenían todas -el mismo carácter y casi el mismo tipo: negras, +más que los hombres, y reñÃan casi constantemente. +De treinta años para arriba tenÃan todas +el mismo carácter y casi el mismo tipo: negras, desmelenadas, iracundas; gritaban y se desesperaban por cualquier cosa.</p> <p>De cuando en cuando, como un suave rayo de -sol en la umbría, penetraba en el alma de aque<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>llos +sol en la umbrÃa, penetraba en el alma de aque<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>llos hombres entontecidos y bestiales, de aquellas -mujeres agriadas por la vida áspera y sin consuelo -ni ilusión, un sentimiento romántico, de -desinterés, de ternura, que les hacía vivir humanamente; +mujeres agriadas por la vida áspera y sin consuelo +ni ilusión, un sentimiento romántico, de +desinterés, de ternura, que les hacÃa vivir humanamente; y cuando pasaba la racha de sentimentalismo, -volvían otra vez a su inercia moral, +volvÃan otra vez a su inercia moral, resignada y pasiva.</p> -<p>Los vecinos constantes del Corralón se contaban -entre los del primer patio. En el otro, la mayoría -ambulantes, pasaban en la casa a lo más un -par de semanas, y luego, como se decía allí, ahuecaban +<p>Los vecinos constantes del Corralón se contaban +entre los del primer patio. En el otro, la mayorÃa +ambulantes, pasaban en la casa a lo más un +par de semanas, y luego, como se decÃa allÃ, ahuecaban el ala.</p> -<p>Un día se presentaba un lañador con su gran -zurrón, su berbiquí y sus alicates, que gritaba por -las calles, con voz bronca: «¡A componer tinajas -y artesones..., barreños, platos y fuentes!», y después +<p>Un dÃa se presentaba un lañador con su gran +zurrón, su berbiquà y sus alicates, que gritaba por +las calles, con voz bronca: «¡A componer tinajas +y artesones..., barreños, platos y fuentes!», y después de pasar una corta temporada se largaba; a -la semana siguiente aparecía un vendedor de telas -de saldo, que pregonaba a gritos pañuelos de -seda a diez y quince céntimos; otro día se hospedaba +la semana siguiente aparecÃa un vendedor de telas +de saldo, que pregonaba a gritos pañuelos de +seda a diez y quince céntimos; otro dÃa se hospedaba un buhonero con sus cajas llenas de alfileres, -horquillas y pasadores, o algún comprador -ce galones de oro y plata. Ciertas épocas del año +horquillas y pasadores, o algún comprador +de galones de oro y plata. Ciertas épocas del año daban un contingente de tipos especiales; la primavera -se revelaba por la aparición de vendedores +se revelaba por la aparición de vendedores de burros, caldereros, gitanos y bohemios; -en otoño se presentaban cuadrillas de paletos +en otoño se presentaban cuadrillas de paletos con quesos de la Mancha y pucheros de miel, -y en el invierno abundaban los nueceros y castañeros.</p> +y en el invierno abundaban los nueceros y castañeros.</p> <p>De los vecinos constantes del primer patio, los -que se trataban con el señor Ignacio el zapatero +que se trataban con el señor Ignacio el zapatero eran: un corrector de pruebas, a quien llamaban el <i>Corretor</i>; un tal Rebolledo, barbero e inventor, -y cuatro ciegos, que se conocían por los remoquetes -de el <i>Calabazas</i>, el <i>Sopistas</i>, el <i>Brígido</i> y -el <i>Cuco</i>, los cuales vivían decentemente con sus<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> +y cuatro ciegos, que se conocÃan por los remoquetes +de el <i>Calabazas</i>, el <i>Sopistas</i>, el <i>BrÃgido</i> y +el <i>Cuco</i>, los cuales vivÃan decentemente con sus<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> mujeres respectivas y tocaban por las calles los -últimos tangos, tientos y coplas de zarzuela.</p> +últimos tangos, tientos y coplas de zarzuela.</p> -<p>El corrector tenía una familia numerosa: su mujer, -la suegra, una hija de veinte años y una lechigada +<p>El corrector tenÃa una familia numerosa: su mujer, +la suegra, una hija de veinte años y una lechigada de chiquillos; no le bastaba el jornal que ganaba -corrigiendo pruebas en un periódico, y solía -pasar grandes apuros. El corrector solía llevar un -macfarlán destrozado, lleno de flecos, un pañuelo +corrigiendo pruebas en un periódico, y solÃa +pasar grandes apuros. El corrector solÃa llevar un +macfarlán destrozado, lleno de flecos, un pañuelo grande y sucio anudado a la garganta y un hongo amarillo, blanco y mugriento.</p> @@ -3260,906 +3226,906 @@ hongo amarillo, blanco y mugriento.</p> fina como un pajarito, estaba en relaciones con Leandro, el primo de Manuel.</p> -<p>Los novios solían tener alternativas en sus -amores, unas veces por coqueterías de ella, otras, -por la mala vida de él.</p> +<p>Los novios solÃan tener alternativas en sus +amores, unas veces por coqueterÃas de ella, otras, +por la mala vida de él.</p> -<p>No se entendían, porque la Milagros era un +<p>No se entendÃan, porque la Milagros era un poco entonada y ambiciosa, se consideraba como -venida a menos, y Leandro tenía, en cambio, un +venida a menos, y Leandro tenÃa, en cambio, un genio brusco e irascible.</p> -<p>El otro vecino del zapatero, el señor Zurro, tipo -pintoresco y curioso, no se trataba con el señor +<p>El otro vecino del zapatero, el señor Zurro, tipo +pintoresco y curioso, no se trataba con el señor Ignacio y odiaba cordialmente al corrector. El Zurro andaba siempre agazapado tras de unas antiparras azules, llevaba gorra de piel y balandranes largos.</p> -<p>—Se llama Zurro de apellido—decía el corrector—; +<p>—Se llama Zurro de apellido—decÃa el corrector—; pero es un zorro en sus actos; de estos zorros camperos, maestros en malicias y habilidades.</p> -<p>Según se hablaba, el Zurro entendía su negocio; -tenía un puesto en la parte baja del Rastro, +<p>Según se hablaba, el Zurro entendÃa su negocio; +tenÃa un puesto en la parte baja del Rastro, una choza obscura e infecta rellena de trapos, casacas -antiguas, retales de telas viejas, tapicerías, -trozos de casullas, y, además de esto, botellas vacías, +antiguas, retales de telas viejas, tapicerÃas, +trozos de casullas, y, además de esto, botellas vacÃas, botellas llenas de aguardiente y <i>cognac</i>, sifones -de agua de Seltz, cerraduras roñosas, esco<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>petas +de agua de Seltz, cerraduras roñosas, esco<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>petas tomadas por la herrumbre, llaves, pistolas, botones, medallas y otras baratijas sin valor.</p> -<p>Y a pesar de que en la tienda del señor Zurro -no entraban, seguramente, al cabo del día, más de -dos personas, que harían un gasto de un par de +<p>Y a pesar de que en la tienda del señor Zurro +no entraban, seguramente, al cabo del dÃa, más de +dos personas, que harÃan un gasto de un par de reales, el ropavejero marchaba bien.</p> -<p>Vivía con su hija, la Encarna, una flamencona -de unos veinticinco años, muy chulapa, muy descarada, -que los domingos salía a pasear con su -padre cargada de joyas. La Encarna sentía arder -en su pecho el fuego de la pasión por Leandro; -pero éste, enamorado de la Milagros, no correspondía +<p>VivÃa con su hija, la Encarna, una flamencona +de unos veinticinco años, muy chulapa, muy descarada, +que los domingos salÃa a pasear con su +padre cargada de joyas. La Encarna sentÃa arder +en su pecho el fuego de la pasión por Leandro; +pero éste, enamorado de la Milagros, no correspondÃa al fuego del alma de la ropavejera.</p> <p>Por tal motivo, la Encarna odiaba cordialmente a la Milagros y a los individuos de su familia, -y los ponía a todas horas de cursis y de muertos -de hambre, los injuriaba con motes desdeñosos, +y los ponÃa a todas horas de cursis y de muertos +de hambre, los injuriaba con motes desdeñosos, como el de <i>Sopista mendrugo</i>, adjudicado por ella al corrector, y el de <i>La Loca del Vaticano</i> a su hija.</p> -<p class="ht">Odios de personas de vida casi común, no era +<p class="ht">Odios de personas de vida casi común, no era raro que fuesen de un encono y de un rencor violento; -así, los de una y otra familia, no se miraban +asÃ, los de una y otra familia, no se miraban sin maldecirse y sin desearse mutuamente las mayores desgracias.</p> -<h2 id="CAPITULO_III2">CAPÍTULO III</h2> +<h2 id="CAPITULO_III2">CAPÃTULO III</h2> -<p class="center smcap">Roberto Hasting en la zapatería.—Procesión +<p class="center smcap">Roberto Hasting en la zapaterÃa.—Procesión de mendigos.—Corte de los Milagros.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">Una</span> mañana de fines de septiembre presentóse -Roberto en la puerta de <i>La regeneración +<p class="p2"><span class="smcap">Una</span> mañana de fines de septiembre presentóse +Roberto en la puerta de <i>La regeneración del calzado</i>, y asomando la cabeza al interior -del almacén, dijo:</p> +del almacén, dijo:</p> -<p>—¡Hola, Manuel!</p> +<p>—¡Hola, Manuel!</p> -<p>—¡Hola, don Roberto!</p> +<p>—¡Hola, don Roberto!</p> -<p>—Se trabaja, ¿eh?</p> +<p>—Se trabaja, ¿eh?</p> -<p>Manuel se encogió de hombres dando a entender +<p>Manuel se encogió de hombres dando a entender que no era precisamente por su gusto.</p> -<p>Roberto vaciló un momento para entrar en la -zapatería, y, al último, se decidió y entró.</p> +<p>Roberto vaciló un momento para entrar en la +zapaterÃa, y, al último, se decidió y entró.</p> -<p>—Siéntese usted—le dijo el señor Ignacio, ofreciéndole +<p>—Siéntese usted—le dijo el señor Ignacio, ofreciéndole una silla.</p> -<p>—¿Usted es el tío de Manuel?</p> +<p>—¿Usted es el tÃo de Manuel?</p> <p>—Para servirle.</p> -<p>Se sentó Roberto, ofreció un cigarro al señor +<p>Se sentó Roberto, ofreció un cigarro al señor Ignacio, otro a Leandro, y se pusieron a fumar los tres.</p> <p>—Yo conozco a su sobrino—dijo Roberto al zapatero—, porque vivo en casa de la Petra.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span></p> -<p>—¡Ah! ¿Sí?</p> +<p>—¡Ah! ¿SÃ?</p> <p>—Y hoy quisiera que le dejara usted libre un par de horas.</p> -<p>—Sí, señor; toda la tarde, si usted quiere.</p> +<p>—SÃ, señor; toda la tarde, si usted quiere.</p> -<p>—Bueno; entonces, yo vendré por él después +<p>—Bueno; entonces, yo vendré por él después de comer.</p> -<p>—Está bien.</p> +<p>—Está bien.</p> -<p>Roberto contempló cómo trabajaban, y de repente -se levantó y se fué.</p> +<p>Roberto contempló cómo trabajaban, y de repente +se levantó y se fué.</p> -<p>Manuel no comprendía qué le quería Roberto, y -por la tarde le esperó con verdadera impaciencia. -Llegó, y los dos salieron de la calle del Aguila y +<p>Manuel no comprendÃa qué le querÃa Roberto, y +por la tarde le esperó con verdadera impaciencia. +Llegó, y los dos salieron de la calle del Aguila y bajaron a la ronda de Segovia.</p> -<p>—¿Tú sabes dónde está la Doctrina?—preguntó +<p>—¿Tú sabes dónde está la Doctrina?—preguntó Roberto a Manuel.</p> -<p>—¿Qué Doctrina?</p> +<p>—¿Qué Doctrina?</p> -<p>—Un sitio donde se reúnen los viernes muchos +<p>—Un sitio donde se reúnen los viernes muchos mendigos.</p> -<p>—No sé.</p> +<p>—No sé.</p> -<p>—¿Sabes dónde está el camino alto de San +<p>—¿Sabes dónde está el camino alto de San Isidro?</p> -<p>-Sí.</p> +<p>-SÃ.</p> -<p>—Bueno; pues allí vamos a ir; ahí es dónde -está la Doctrina.</p> +<p>—Bueno; pues allà vamos a ir; ahà es dónde +está la Doctrina.</p> <p>Manuel y Roberto bajaron por el paseo de los -Pontones y siguieron en dirección del puente de +Pontones y siguieron en dirección del puente de Toledo. El estudiante no dijo nada, y Manuel nada quiso preguntarle.</p> -<p>El día estaba seco, polvoriento. El viento sur, +<p>El dÃa estaba seco, polvoriento. El viento sur, sofocante, echaba bocanadas de calor y de arena; -algunos relámpagos iluminaban las nubes; se oía +algunos relámpagos iluminaban las nubes; se oÃa el sonar lejano de los truenos; el campo amarilleaba cubierto de polvo.</p> -<p>Por el puente de Toledo pasaba una procesión -de mendigos y mendigas, al cual más desastrados -y sucios. Salía gente, para formar aquella procesión +<p>Por el puente de Toledo pasaba una procesión +de mendigos y mendigas, al cual más desastrados +y sucios. SalÃa gente, para formar aquella procesión del harapo, de las Cambroneras y de las In<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>jurias; llegaban del paseo Imperial y de los Ocho Hilos; y ya, en filas apretadas, entraban por el -puente de Toledo y seguían por el camino alto de +puente de Toledo y seguÃan por el camino alto de San Isidro a detenerse ante una casa roja.</p> <p>—Esto debe ser la Doctrina—dijo Roberto a -Manuel señalándole un edificio, que tenía un patio +Manuel señalándole un edificio, que tenÃa un patio con una figura de Cristo en medio.</p> <p>Se acercaron los dos a la verja. Era aquello un -conclave de mendigos, un conciliábulo de Corte +conclave de mendigos, un conciliábulo de Corte de los Milagros. Las mujeres ocupaban casi todo el patio; en un extremo, cerca de una capilla, se -amontonaban los hombres; no se veían mas que -caras hinchadas, de estúpida apariencia, narices +amontonaban los hombres; no se veÃan mas que +caras hinchadas, de estúpida apariencia, narices inflamadas y bocas torcidas; viejas gordas y pesadas -como ballenas, melancólicas; viejezuelas -esqueléticas de boca hundida y nariz de ave rapaz; +como ballenas, melancólicas; viejezuelas +esqueléticas de boca hundida y nariz de ave rapaz; mendigas vergonzantes con la barba verrugosa, -llena de pelos, y la mirada entre irónica y -huraña; mujeres jóvenes, flacas y extenuadas, -desmelenadas y negras; y todas, viejas y jóvenes, -envueltas en trajes raídos, remendados, zurcidos, +llena de pelos, y la mirada entre irónica y +huraña; mujeres jóvenes, flacas y extenuadas, +desmelenadas y negras; y todas, viejas y jóvenes, +envueltas en trajes raÃdos, remendados, zurcidos, vueltos a remendar hasta no dejar una pulgada sin su remiendo. Los mantones, verdes, de color de aceituna, y el traje tiste ciudadano, alternaban con los refajos de bayeta, amarillos y rojos, de las campesinas.</p> -<p>Roberto paseó mirando con atención el interior -del patio. Manuel le seguía indiferente.</p> +<p>Roberto paseó mirando con atención el interior +del patio. Manuel le seguÃa indiferente.</p> -<p>Entre los mendigos, un gran número lo formaban -los ciegos; había lisiados, cojos, mancos; -unos hieráticos, silenciosos y graves; otros movedizos. +<p>Entre los mendigos, un gran número lo formaban +los ciegos; habÃa lisiados, cojos, mancos; +unos hieráticos, silenciosos y graves; otros movedizos. Se mezclaban las anguarinas pardas con -las americanas raídas y las blusas sucias. Algunos +las americanas raÃdas y las blusas sucias. Algunos andrajosos llevaban a la espalda sacos y morrales negros; otros, enormes cachiporras en la mano; un negrazo, con la cara tatuada a rayas -profundas, esclavo, sin duda, en otra época, en<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span>vuelto +profundas, esclavo, sin duda, en otra época, en<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span>vuelto en harapos, se apoyaba en la pared con una indiferencia digna; por entre hombres y mujeres correteaban los chiquillos descalzos y los -perros escuálidos; y todo aquel montón de mendigos, -revuelto, agitado, palpitante, bullía como +perros escuálidos; y todo aquel montón de mendigos, +revuelto, agitado, palpitante, bullÃa como una gusanera.</p> -<p>—Vamos—dijo Roberto—, no está aquí ninguna -de las que busco. ¿Te has fijado?—añadió—. -¡Qué pocas caras humanas hay entre los hombres! +<p>—Vamos—dijo Roberto—, no está aquà ninguna +de las que busco. ¿Te has fijado?—añadió—. +¡Qué pocas caras humanas hay entre los hombres! En estos miserables no se lee mas que la -suspicacia, la ruindad, la mala intención, como +suspicacia, la ruindad, la mala intención, como en los ricos no se advierte mas que la solemnidad, -la gravedad, la pedantería. Es curioso, ¿verdad? +la gravedad, la pedanterÃa. Es curioso, ¿verdad? Todos los gatos tienen cara de gatos, todos los bueyes tienen cara de bueyes; en cambio, la -mayoría de los hombres no tienen cara de +mayorÃa de los hombres no tienen cara de hombres.</p> <p>Salieron del patio Roberto y Manuel. Frente a la Doctrina, al otro lado de la carretera, en unos desmontes arenosos, se sentaron.</p> -<p>—A ti te chocarán—dijo Roberto—estas maniobras -mías; pero no te extrañarán cuando te -diga que busco aquí dos mujeres; una, pobre, -que puede hacerme rico; otra, rica, que quizá +<p>—A ti te chocarán—dijo Roberto—estas maniobras +mÃas; pero no te extrañarán cuando te +diga que busco aquà dos mujeres; una, pobre, +que puede hacerme rico; otra, rica, que quizá me hiciera pobre.</p> -<p>Manuel contempló a Roberto con asombro. Tenía +<p>Manuel contempló a Roberto con asombro. TenÃa siempre cierta sospecha de que la cabeza del estudiante no andaba bien.</p> -<p>—No, no creas que es una tontería; voy corriendo -detrás de una fortuna, pero de una fortuna -enorme; si tú me ayudas, me acordaré de ti.</p> +<p>—No, no creas que es una tonterÃa; voy corriendo +detrás de una fortuna, pero de una fortuna +enorme; si tú me ayudas, me acordaré de ti.</p> -<p>—Bueno; y ¿qué quiere usted que yo haga?</p> +<p>—Bueno; y ¿qué quiere usted que yo haga?</p> -<p>—Te lo diré cuando llegue el momento.</p> +<p>—Te lo diré cuando llegue el momento.</p> -<p>Manuel no pudo ocultar una sonrisa de ironía.</p> +<p>Manuel no pudo ocultar una sonrisa de ironÃa.</p> -<p>—Tú no lo crees—murmuró Roberto—; no importa; -cuando veas, creerás.</p> +<p>—Tú no lo crees—murmuró Roberto—; no importa; +cuando veas, creerás.</p> <p>—Claro.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span></p> -<p>—Por si acaso, si te necesito, ayúdame.</p> +<p>—Por si acaso, si te necesito, ayúdame.</p> -<p>—Le ayudaré a usted en todo lo que pueda—contestó +<p>—Le ayudaré a usted en todo lo que pueda—contestó Manuel con fingida seriedad.</p> <p>Unos golfos se tendieron en los desmontes, -cerca de Manuel y de Roberto, y éste no quiso +cerca de Manuel y de Roberto, y éste no quiso seguir hablando.</p> <p>—Ya empiezan a dividirse en secciones—dijo uno de los golfos, que llevaba una gorra de cochero, -señalando con una vara a las mujeres que +señalando con una vara a las mujeres que estaban en la Doctrina.</p> -<p>Efectivamente; formáronse grupos alrededor -de los árboles del patio, en cada uno de los cuales -colgaba un cartelón con una imagen y un número +<p>Efectivamente; formáronse grupos alrededor +de los árboles del patio, en cada uno de los cuales +colgaba un cartelón con una imagen y un número en medio.</p> -<p>—Ahí están las marquesas—añadió el de la -gorra indicando a unas cuantas señoras vestidas +<p>—Ahà están las marquesas—añadió el de la +gorra indicando a unas cuantas señoras vestidas de negro que se presentaron en el patio.</p> <p>Se destacaban las caras blancas entre las telas de luto.</p> -<p>—Todas son marquesas—advirtió uno.</p> +<p>—Todas son marquesas—advirtió uno.</p> -<p>—Pues todas no son guapas—replicó Manuel -terciando en la conversación—. ¿Y a qué vienen -aquí?</p> +<p>—Pues todas no son guapas—replicó Manuel +terciando en la conversación—. ¿Y a qué vienen +aquÃ?</p> -<p>—Son éstas las que enseñan la doctrina—contestó +<p>—Son éstas las que enseñan la doctrina—contestó el de la gorra—; de vez en cuando regalan -sábanas y camisas a las mujeres y a los hombres. +sábanas y camisas a las mujeres y a los hombres. Ahora van a pasar lista.</p> -<p>Comenzó a sonar una campana; cerraron la +<p>Comenzó a sonar una campana; cerraron la verja del edificio; se formaron corros, y en medio -de cada uno de ellos entró una señora.</p> +de cada uno de ellos entró una señora.</p> -<p>—¿Ves aquella que está allá?—preguntó Roberto—. +<p>—¿Ves aquella que está allá?—preguntó Roberto—. Es la sobrina de don Telmo.</p> -<p>—¿Aquella rubia?</p> +<p>—¿Aquella rubia?</p> -<p>—Sí. Espérame aquí.</p> +<p>—SÃ. Espérame aquÃ.</p> -<p>Bajó Roberto el camino y se acercó a la verja.</p> +<p>Bajó Roberto el camino y se acercó a la verja.</p> -<p>Comenzó la lección de doctrina; salía del patio -un rumor de rezo, lento y monótono.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span></p> +<p>Comenzó la lección de doctrina; salÃa del patio +un rumor de rezo, lento y monótono.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span></p> -<p>Manuel se tendió de espaldas en el suelo. Desde -allá surgía Madrid, muy llano, bajo el horizonte +<p>Manuel se tendió de espaldas en el suelo. Desde +allá surgÃa Madrid, muy llano, bajo el horizonte gris, por entre la gasa del aire polvoriento. El cauce ancho del Manzanares, de color de ocre, -aparecía surcado por alguno que otro hilillo de +aparecÃa surcado por alguno que otro hilillo de agua negra. El Guadarrama destacaba de un -modo confuso la línea de sus crestas en el aire -empañado.</p> +modo confuso la lÃnea de sus crestas en el aire +empañado.</p> -<p>Roberto paseaba por delante del patio. Seguía +<p>Roberto paseaba por delante del patio. SeguÃa el rumor de los mendigos recitando la doctrina. -Una vieja, con un pañuelo rojo en la cabeza y un -mantón negro que verdeaba, se sentó en el desmonte.</p> +Una vieja, con un pañuelo rojo en la cabeza y un +mantón negro que verdeaba, se sentó en el desmonte.</p> -<p>—¿Qué es eso <i>agüela</i>? ¿No le han querido abrir -la puerta?—gritó el de la gorra.</p> +<p>—¿Qué es eso <i>agüela</i>? ¿No le han querido abrir +la puerta?—gritó el de la gorra.</p> -<p>—No... ¡Las tías brujas esas!</p> +<p>—No... ¡Las tÃas brujas esas!</p> <p>—No tenga usted cuidado, que hoy no dan nada. El viernes que viene es el reparto. Ya le -darán a usted lo menos una sábana—añadió el -de la gorra con aviesa intención.</p> +darán a usted lo menos una sábana—añadió el +de la gorra con aviesa intención.</p> -<p>—Si no me dan más que una sábana—chilló la +<p>—Si no me dan más que una sábana—chilló la vieja torciendo la jeta—, les digo que se la guarden -en el moño. ¡Las tías zorras!...</p> +en el moño. ¡Las tÃas zorras!...</p> -<p>—Ya la han tañado a usted, <i>agüela</i>—exclamó +<p>—Ya la han tañado a usted, <i>agüela</i>—exclamó uno de los golfos tendidos en el suelo—. Usted lo que es, es una ansiosa.</p> -<p>Celebraron los circunstantes la frase, que procedía -de una zarzuela, y el de la gorra siguió explicando +<p>Celebraron los circunstantes la frase, que procedÃa +de una zarzuela, y el de la gorra siguió explicando a Manuel particularidades de la Doctrina.</p> <p>—Hay algunas y algunos que se inscriben en -dos y en tres secciones para coger más veces limosnas—dijo—. +dos y en tres secciones para coger más veces limosnas—dijo—. Nosotros, mi padre y yo, nos inscribimos una vez en cuatro secciones con nombres -distintos... ¡Vaya un lío que se armó! Y ¡menudo +distintos... ¡Vaya un lÃo que se armó! Y ¡menudo choteo que tuvimos con las marquesas!</p> -<p>—Y ¿para qué querías tanta sábana?—le preguntó +<p>—Y ¿para qué querÃas tanta sábana?—le preguntó Manuel.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span></p> -<p>—¡Toma!, para pulirlas. Se venden aquí en la -misma puerta a dos <i>chulés</i>.</p> +<p>—¡Toma!, para pulirlas. Se venden aquà en la +misma puerta a dos <i>chulés</i>.</p> <p>—Yo voy a comprar una—dijo un cochero de -punto que se acercó al corro—; la unto con aceite +punto que se acercó al corro—; la unto con aceite de linaza, luego la doy barniz, y hago un impermeable cogolludo.</p> -<p>—Pero las marquesas, ¿no notan que la gente +<p>—Pero las marquesas, ¿no notan que la gente vende en seguida lo que ellas dan?</p> -<p>—¡Qué han de notar!</p> +<p>—¡Qué han de notar!</p> <p>Para los golfos todo aquello no era mas que un -piadoso entretenimiento de las señoras devotas; -hablaban de ellas con amable ironía.</p> +piadoso entretenimiento de las señoras devotas; +hablaban de ellas con amable ironÃa.</p> -<p>No llegó a durar una hora la lección de doctrina.</p> +<p>No llegó a durar una hora la lección de doctrina.</p> -<p>Sonó una campana; se abrió la puerta de la +<p>Sonó una campana; se abrió la puerta de la verja; se disolvieron y confundieron los grupos; todo el mundo se puso de pie, y comenzaron a marcharse las mujeres con sus sillas, colocadas en -equilibrio sobre la cabeza, gritando, empujándose +equilibrio sobre la cabeza, gritando, empujándose violentamente unas a otras; dos o tres vendedoras -pregonaron su mercancía mientras salía aquella -muchedumbre de andrajosos apretándose, chillando, -como si escaparan de algún peligro. Unas -viejas corrían pesadamente por la carretera; otras -se ponían a orinar acurrucadas, y todas vociferaban -y sentían la necesidad de insultar a las señoras +pregonaron su mercancÃa mientras salÃa aquella +muchedumbre de andrajosos apretándose, chillando, +como si escaparan de algún peligro. Unas +viejas corrÃan pesadamente por la carretera; otras +se ponÃan a orinar acurrucadas, y todas vociferaban +y sentÃan la necesidad de insultar a las señoras de la Doctrina, como si instintivamente adivinasen -lo inútil de un simulacro de caridad que no -remediaba nada. No se oían mas que protestas y +lo inútil de un simulacro de caridad que no +remediaba nada. No se oÃan mas que protestas y manifestaciones de odio y desprecio.</p> -<p>—¡Moler! Con las mujeres de Dios...</p> +<p>—¡Moler! Con las mujeres de Dios...</p> <p>—Ahora <i>quien</i> que se confiese una.</p> -<p>—Esas tías borrachas.</p> +<p>—Esas tÃas borrachas.</p> -<p>—¡Anda que confiesen ellas y la <i>maire</i> que las -ha <i>parío</i>!</p> +<p>—¡Anda que confiesen ellas y la <i>maire</i> que las +ha <i>parÃo</i>!</p> <p>—Que las den morcilla a todas.</p> -<p>Después de las mujeres salían los hombres, los<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> +<p>Después de las mujeres salÃan los hombres, los<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> ciegos, los tullidos y los mancos, sin apresurarse, hablando con gravedad.</p> -<p>—¡Pues no <i>quien</i> que me case!—murmuraba -un ciego, sarcásticamente, dirigiéndose a un cojo.</p> +<p>—¡Pues no <i>quien</i> que me case!—murmuraba +un ciego, sarcásticamente, dirigiéndose a un cojo.</p> -<p>—Y tú ¿qué dices?—le preguntaba éste.</p> +<p>—Y tú ¿qué dices?—le preguntaba éste.</p> -<p>—¿Yo? ¡Que naranjas de la China! Que se casen -ellas si <i>tien</i> con quién. Vienen aquí amolando -con rezos y oraciones. Aquí no hacen falta oraciones, +<p>—¿Yo? ¡Que naranjas de la China! Que se casen +ellas si <i>tien</i> con quién. Vienen aquà amolando +con rezos y oraciones. Aquà no hacen falta oraciones, sino <i>jierro</i>, mucho <i>jierro</i>.</p> -<p>—Claro, hombre..., <i>parné</i>, eso es lo que hace +<p>—Claro, hombre..., <i>parné</i>, eso es lo que hace falta.</p> -<p>—Y todo lo demás... leñe y jarabe de pico...; +<p>—Y todo lo demás... leñe y jarabe de pico...; porque <i>pa</i> dar consejos <i>toos semos</i> buenos; pero -en tocante al <i>manró</i>, ni las gracias.</p> +en tocante al <i>manró</i>, ni las gracias.</p> <p>—Me parece.</p> -<p>Salieron las señoras con sus libros de rezos en -la mano; las viejas mendigas las perseguían y las +<p>Salieron las señoras con sus libros de rezos en +la mano; las viejas mendigas las perseguÃan y las atosigaban con sus peticiones.</p> <p>Manuel miraba a todas partes por si encontraba -al estudiante; al fin lo vió cerca de la sobrina -de don Telmo. La rubia se volvió a mirarle, y subió -en un coche. Roberto la saludó y el coche echó +al estudiante; al fin lo vió cerca de la sobrina +de don Telmo. La rubia se volvió a mirarle, y subió +en un coche. Roberto la saludó y el coche echó a andar.</p> <p>Volvieron Roberto y Manuel por el camino de San Isidro.</p> -<p>Seguía el cielo nublado, el aire seco; la procesión -de mendigos avanzaba en dirección a Madrid. +<p>SeguÃa el cielo nublado, el aire seco; la procesión +de mendigos avanzaba en dirección a Madrid. Antes de llegar al puente de Toledo, en la esquina del camino alto de San Isidro y de la carretera de Extremadura, en una taberna muy -grande entraron Roberto y Manuel. Roberto pidió +grande entraron Roberto y Manuel. Roberto pidió una botella de cerveza.</p> -<p>—¿Vives ahí en la misma casa en donde está la -zapatería?—preguntó Roberto.</p> +<p>—¿Vives ahà en la misma casa en donde está la +zapaterÃa?—preguntó Roberto.</p> <p>—No; vivo en el paseo de las Acacias, en una -casa que se llama el Corralón.</p> +casa que se llama el Corralón.</p> -<p>—Bueno, te iré a ver allá; y ya sabes, siempre<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span> -que vayas a algún sitio donde se reúna gente pobre -o de mala vida avísame.</p> +<p>—Bueno, te iré a ver allá; y ya sabes, siempre<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span> +que vayas a algún sitio donde se reúna gente pobre +o de mala vida avÃsame.</p> -<p>—Le avisaré a usted. Ya he visto cómo le miraba +<p>—Le avisaré a usted. Ya he visto cómo le miraba a usted la rubia. Es bonita.</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> <p>—Y tiene un coche pistonudo.</p> <p>—Ya lo creo.</p> -<p>—Y ¿qué? ¿Es que se va usted a casar con ella?</p> +<p>—Y ¿qué? ¿Es que se va usted a casar con ella?</p> -<p>—¿Qué sé yo? Ya veremos. Vamos, aquí no se -puede estar—dijo Roberto—y se acercó al mostrador +<p>—¿Qué sé yo? Ya veremos. Vamos, aquà no se +puede estar—dijo Roberto—y se acercó al mostrador a pagar.</p> -<p>En la taberna, un gran número de mendigos, -sentados en las mesas, engullían pedazos de bacalao +<p>En la taberna, un gran número de mendigos, +sentados en las mesas, engullÃan pedazos de bacalao y piltrafas de carne; un olor picante de gallinejas -y de aceite salía de la cocina.</p> +y de aceite salÃa de la cocina.</p> -<p>Salieron. El viento seguía soplando, lleno de +<p>Salieron. El viento seguÃa soplando, lleno de arena: volaban locamente por el aire hojas secas -y trozos de periódicos; las casas altas próximas +y trozos de periódicos; las casas altas próximas al puente de Segovia, con sus ventanas estrechas -y sus galerías llenas de harapos, parecían más -sórdidas, más grises, entrevistas en la atmósfera +y sus galerÃas llenas de harapos, parecÃan más +sórdidas, más grises, entrevistas en la atmósfera enturbiada por el polvo. De repente, Roberto se -paró, y, poniendo la mano en el hombro de Manuel, +paró, y, poniendo la mano en el hombro de Manuel, le dijo:</p> <p>—Hazme caso, porque es la verdad. Si quieres hacer algo en la vida, no creas en la palabra imposible. Nada hay imposible para una voluntad -enérgica. Si tratas de disparar una flecha, apunta -muy alto, lo más alto que puedas; cuanto más -alto apuntes más lejos irá.</p> +enérgica. Si tratas de disparar una flecha, apunta +muy alto, lo más alto que puedas; cuanto más +alto apuntes más lejos irá.</p> -<p class="ht">Manuel miró a Roberto con extrañeza, y se encogió +<p class="ht">Manuel miró a Roberto con extrañeza, y se encogió de hombros.</p> -<h2 id="CAPITULO_IV2">CAPÍTULO IV</h2> +<h2 id="CAPITULO_IV2">CAPÃTULO IV</h2> -<p class="center smcap">La vida en la zapatería.—Los amigos de Manuel.</p> +<p class="center smcap">La vida en la zapaterÃa.—Los amigos de Manuel.</p> <p class="p2"><span class="smcap">Hizo</span> calor en aquellos meses de septiembre y -octubre; en el almacén de zapatos no se -podía respirar.</p> +octubre; en el almacén de zapatos no se +podÃa respirar.</p> -<p>Todas las mañanas, Manuel y Vidal, mientras -iban a la zapatería, hablaban de mil cosas, se comunicaban +<p>Todas las mañanas, Manuel y Vidal, mientras +iban a la zapaterÃa, hablaban de mil cosas, se comunicaban sus impresiones; el dinero, las mujeres, los planes para el porvenir, eran los motivos -constantes de sus charlas. A los dos les parecía +constantes de sus charlas. A los dos les parecÃa un gran sacrificio, algo como una eventualidad -desgraciada de su mala suerte, pasar días y -días metidos en un rincón arrancando suelas +desgraciada de su mala suerte, pasar dÃas y +dÃas metidos en un rincón arrancando suelas usadas.</p> -<p>Las tardes lánguidas convidaban al sueño. Sobre -todo, después de comer, Manuel sentía un sopor +<p>Las tardes lánguidas convidaban al sueño. Sobre +todo, después de comer, Manuel sentÃa un sopor y un abatimiento profundo. Desde la puerta -del almacén se veían los campos de San Isidro -inundados de luz; en el Campillo de Gil Imón las +del almacén se veÃan los campos de San Isidro +inundados de luz; en el Campillo de Gil Imón las ropas puestas a secar centelleaban al sol.</p> -<p>Oíase cacareos de gallos, gritos lejanos de +<p>OÃase cacareos de gallos, gritos lejanos de vendedores, silbidos, apagados por la distancia, de locomotoras. El aire vibraba seco, abrasado.<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> -Algunas vecinas salían a peinarse a la calle, y +Algunas vecinas salÃan a peinarse a la calle, y los colchoneros vareaban la lana, a la sombra, en el Campillo, mientras las gallinas correteaban y escarbaban en el suelo.</p> -<p>Después, al caer de la tarde, el aire y la tierra +<p>Después, al caer de la tarde, el aire y la tierra quedaban grises, polvorientos; a lo lejos, cortando -el horizontes, ondulaba la línea del campo -árido, una línea ingenua, formada por la enarcadura -suave de las lomas; una línea como la de +el horizontes, ondulaba la lÃnea del campo +árido, una lÃnea ingenua, formada por la enarcadura +suave de las lomas; una lÃnea como la de los paisajes dibujados por los chicos, con sus casas -aisladas y sus chimeneas humeantes. Sólo algunas +aisladas y sus chimeneas humeantes. Sólo algunas arboledas verdes manchaban a trechos la llanura amarilla, tostada por el sol y bajo el cielo -pálido, blanquecino, turbio por los vapores del -calor; ni un grito, ni un leve ruido hendía el aire.</p> +pálido, blanquecino, turbio por los vapores del +calor; ni un grito, ni un leve ruido hendÃa el aire.</p> -<p>Transparentábase, al anochecer, la niebla, y el +<p>Transparentábase, al anochecer, la niebla, y el horizonte se alargaba hasta verse muy a lo lejos -vagas siluetas de montañas no entrevistas de día, -sobre el fondo rojo del crepúsculo.</p> +vagas siluetas de montañas no entrevistas de dÃa, +sobre el fondo rojo del crepúsculo.</p> -<p>Cuando en la zapatería dejaban el trabajo, solía -ser ya de noche. Bajaban el señor Ignacio, -Leandro, Manuel y Vidal a la ronda y volvían a +<p>Cuando en la zapaterÃa dejaban el trabajo, solÃa +ser ya de noche. Bajaban el señor Ignacio, +Leandro, Manuel y Vidal a la ronda y volvÃan a casa.</p> <p>Las luces de gas brillaban a largos trechos en el aire polvoriento; filas de carros pasaban con lentitud, y a lo largo de las rondas marchaban en -cuadrillas los obreros de los talleres próximos.</p> +cuadrillas los obreros de los talleres próximos.</p> -<p>Y constantemente, al ir y al venir, la conversación +<p>Y constantemente, al ir y al venir, la conversación de Manuel y Vidal versaba sobre lo mismo: las mujeres, el dinero.</p> -<p>No tenía ninguno de los dos una idea romántica, +<p>No tenÃa ninguno de los dos una idea romántica, ni mucho menos, de las mujeres. Para Manuel, -una mujer era un animal magnífico, con la carne -dura y el pecho turgente; Vidal no sentía este entusiasmo +una mujer era un animal magnÃfico, con la carne +dura y el pecho turgente; Vidal no sentÃa este entusiasmo sexual; experimentaba por todas las mujeres un sentimiento confuso de desprecio, de -curiosidad y preocupación.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span></p> +curiosidad y preocupación.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span></p> -<p>En cuestión de dinero, los dos estaban conformes -en que era lo más selecto y admirable; hablaba, +<p>En cuestión de dinero, los dos estaban conformes +en que era lo más selecto y admirable; hablaba, sobre todo Vidal, del dinero con un entusiasmo feroz; pensar que pudiese haber algo, bueno o malo, que no se consiguiera con <i>jierro</i>, era -para él el colmo de los absurdos. Manuel deseaba +para él el colmo de los absurdos. Manuel deseaba el dinero para correr el mundo y ver pueblos, -y más pueblos, y andar en barco. Vidal soñaba +y más pueblos, y andar en barco. Vidal soñaba con llevar la buena vida en Madrid.</p> -<p>A los dos o tres meses de estancia en el Corralón, +<p>A los dos o tres meses de estancia en el Corralón, Manuel se hallaba tan acostumbrado a su -trabajo y a su vida, que no comprendía que pudiese +trabajo y a su vida, que no comprendÃa que pudiese hacer otra cosa. No le daban aquellas barriadas -miserables la impresión de tristeza sombría -y adusta que producen al que no está acostumbrado -a vivir en ellas; al revés, se le antojaban -llenas de atractivos. Conocía a casi toda la -gente del barrio. Vidal y él se escapaban de casa -con cualquier pretexto, y los domingos se reunían +miserables la impresión de tristeza sombrÃa +y adusta que producen al que no está acostumbrado +a vivir en ellas; al revés, se le antojaban +llenas de atractivos. ConocÃa a casi toda la +gente del barrio. Vidal y él se escapaban de casa +con cualquier pretexto, y los domingos se reunÃan con el <i>Bizco</i> en casa del Cabrero, y marchaban por los alrededores: a las Injurias, a las Cambroneras, -a las ventas de Alcorcón, al Campamento -y a los ventorros del camino de Andalucía, en +a las ventas de Alcorcón, al Campamento +y a los ventorros del camino de AndalucÃa, en donde se juntaban con merodeadores y randas, -y jugaban con ellos al cané o a la rayuela.</p> +y jugaban con ellos al cané o a la rayuela.</p> -<p>A Manuel no le gustaba la compañía del <i>Bizco</i>; -éste no quería reunirse mas que con ladrones. A +<p>A Manuel no le gustaba la compañÃa del <i>Bizco</i>; +éste no querÃa reunirse mas que con ladrones. A Manuel y a Vidal constantemente los llevaba a sitios donde pululaban bandidos y tipos de mala -traza, pero Manuel no se decidía a oponerse a lo +traza, pero Manuel no se decidÃa a oponerse a lo que pensaba Vidal.</p> -<p>El lazo de unión entre Manuel y el <i>Bizco</i> era -Vidal. El <i>Bizco</i> odiaba a Manuel y éste sentía odio +<p>El lazo de unión entre Manuel y el <i>Bizco</i> era +Vidal. El <i>Bizco</i> odiaba a Manuel y éste sentÃa odio y repugnancia por el <i>Bizco</i> y no le ocultaba su -repulsión. Era un bruto, una alimaña digna de -exterminio. Lujurioso como un mono, había forzado +repulsión. Era un bruto, una alimaña digna de +exterminio. Lujurioso como un mono, habÃa forzado algunas chiquillas de la casa del Cabrero a<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span> -puñetazos; solía robar a su padre, un miserable -tejedor de caña, dinero para ir a algún bajo prostíbulo -de las Peñuelas o de la calle de la Chopa, +puñetazos; solÃa robar a su padre, un miserable +tejedor de caña, dinero para ir a algún bajo prostÃbulo +de las Peñuelas o de la calle de la Chopa, en donde encontraba mujeronas pintarrajeadas, -con la colilla en los labios, que a él le parecían -princesas. Su cráneo estrecho, su mandíbula fuerte, +con la colilla en los labios, que a él le parecÃan +princesas. Su cráneo estrecho, su mandÃbula fuerte, su morro, la mirada torva, le daban un aspecto de brutalidad y animalidad repelentes. Hombre -primitivo, afilaba su puñal, comprado en el +primitivo, afilaba su puñal, comprado en el Rastro, y lo guardaba como una cosa sagrada. Si -cogía a algún gato o perro por su cuenta, lo mataba +cogÃa a algún gato o perro por su cuenta, lo mataba a pinchazos, gozando en martirizar al animal. Hablaba torpemente, rellenando sus frases con barbaridades y blasfemias.</p> -<p>No se sabe quién indujo al <i>Bizco</i> a tatuarse los -brazos, o si la idea se le ocurrió a él; probablemente +<p>No se sabe quién indujo al <i>Bizco</i> a tatuarse los +brazos, o si la idea se le ocurrió a él; probablemente el tatuaje, visto en alguno de los bandidos -con quien se juntaba, le induciría a él a hacer lo -mismo. Vidal le imitó, y los dos se dedicaron en -una época a tatuarse con entusiasmo. Se pinchaban +con quien se juntaba, le inducirÃa a él a hacer lo +mismo. Vidal le imitó, y los dos se dedicaron en +una época a tatuarse con entusiasmo. Se pinchaban con un alfiler hasta hacerse un poco de sangre -y después mojaban las heridas con tinta.</p> +y después mojaban las heridas con tinta.</p> -<p>El <i>Bizco</i> se pintó cruces, estrellas y nombres +<p>El <i>Bizco</i> se pintó cruces, estrellas y nombres en el pecho; Vidal, a quien no le gustaba pincharse, puso su nombre en un brazo y el de su novia en el otro; Manuel no quiso marcarse, primeramente, -porque le daba miedo la sangre, y además -porque la idea se le había ocurrido al <i>Bizco</i>.</p> +porque le daba miedo la sangre, y además +porque la idea se le habÃa ocurrido al <i>Bizco</i>.</p> -<p>Sentían los dos, uno para el otro, una hostilidad +<p>SentÃan los dos, uno para el otro, una hostilidad sorda.</p> <p>Manuel, siempre en acecho, se encontraba dispuesto a hacerle frente; el <i>Bizco</i>, sin duda, notaba el desprecio y el odio en los ojos de Manuel, -y esto le confundía.</p> +y esto le confundÃa.</p> <p>Para Manuel, la superioridad de un hombre estaba -en el talento y, sobre todo, en la maña; para -el <i>Bizco</i>, el valor y la fuerza constituían las úni<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>cas -cualidades envidiables: el mérito mayor para -él era ser muy bruto, como decía con entusiasmo.</p> - -<p>Por esta condición de habilidad y de maña, que -Manuel en tanta estima tenía, admiraba a los Rebolledos, -padre e hijo, los cuales habitaban también -en el Corralón. Rebolledo padre, contrahecho +en el talento y, sobre todo, en la maña; para +el <i>Bizco</i>, el valor y la fuerza constituÃan las úni<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>cas +cualidades envidiables: el mérito mayor para +él era ser muy bruto, como decÃa con entusiasmo.</p> + +<p>Por esta condición de habilidad y de maña, que +Manuel en tanta estima tenÃa, admiraba a los Rebolledos, +padre e hijo, los cuales habitaban también +en el Corralón. Rebolledo padre, contrahecho de cuerpo, enano y jorobado, barbero de -oficio, solía afeitar al sol en la Ronda, cerca del -Rastro. Tenía el tal enano una cara muy inteligente, +oficio, solÃa afeitar al sol en la Ronda, cerca del +Rastro. TenÃa el tal enano una cara muy inteligente, ojos profundos; gastaba bigote y patillas, y -melena azulada y grasienta. Vestía de luto; en -verano y en invierno llevaba gabán, y no se sabe -por qué misterios de la química, el gabán negro -verdeaba ostensiblemente, mientras que el pantalón, -también negro, tiraba a rojo.</p> +melena azulada y grasienta. VestÃa de luto; en +verano y en invierno llevaba gabán, y no se sabe +por qué misterios de la quÃmica, el gabán negro +verdeaba ostensiblemente, mientras que el pantalón, +también negro, tiraba a rojo.</p> -<p>Por las mañanas, Rebolledo salía del Corralón +<p>Por las mañanas, Rebolledo salÃa del Corralón cargado con un banco y una palomilla de madera, -de la que colgaba una bacía de azófar y un rótulo. -Al llegar a un punto de la tapia de las Américas, -sujetaba la palomilla y a su lado el rótulo, -un anuncio humorístico, cuya gracia, probablemente, -sólo él comprendía, y que cantaba así:</p> - -<p class="center"><span class="smcap">Barbería Modernista</span><br /> -<i>Barbería Antisética.</i><br /> -<i>Pasar cabayeros, Reboyedo afeita<br /> -y<br /> +de la que colgaba una bacÃa de azófar y un rótulo. +Al llegar a un punto de la tapia de las Américas, +sujetaba la palomilla y a su lado el rótulo, +un anuncio humorÃstico, cuya gracia, probablemente, +sólo él comprendÃa, y que cantaba asÃ:</p> + +<p class="center"><span class="smcap">BarberÃa Modernista</span><br> +<i>BarberÃa Antisética.</i><br> +<i>Pasar cabayeros, Reboyedo afeita<br> +y<br> da dinero.</i></p> <p>Los Rebolledos, padre e hijo, eran muy habilidosos; -hacían juguetes de alambre y de cartón, -que vendían luego a los vendedores de las calles; -tenían su casa, un cuartucho del primer patio, -convertido en taller, y allí un tornillo de presión, +hacÃan juguetes de alambre y de cartón, +que vendÃan luego a los vendedores de las calles; +tenÃan su casa, un cuartucho del primer patio, +convertido en taller, y allà un tornillo de presión, un banco de carpintero y una serie de baratijas -rotas, sin aplicación, al parecer, posible.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p> +rotas, sin aplicación, al parecer, posible.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p> -<p>Con esta frase indicaban en el Corralón el agudo +<p>Con esta frase indicaban en el Corralón el agudo ingenio de Rebolledo:</p> -<p>—Ese enano—decían—tiene en la cabeza un -arca de Noé.</p> +<p>—Ese enano—decÃan—tiene en la cabeza un +arca de Noé.</p> -<p>Rebolledo padre había construído para su uso -particular una dentadura postiza. Cogió un servilletero -de hueso, lo cortó en dos partes desiguales, -y con la mayor de éstas, limando por un lado -y por otro, logró adaptársela a la boca. Luego, +<p>Rebolledo padre habÃa construÃdo para su uso +particular una dentadura postiza. Cogió un servilletero +de hueso, lo cortó en dos partes desiguales, +y con la mayor de éstas, limando por un lado +y por otro, logró adaptársela a la boca. Luego, con una sierrecilla hizo los dientes, y para imitar -la encía recubrió una parte del antiguo servilletero -de lacre. Rebolledo se quitaba y se ponía la -dentadura con una maravillosa facilidad y comía -con ella perfectamente, siempre que tuviera qué, -como decía él.</p> - -<p>El hijo del enano, Perico de nombre, prometía -ser más avispado aun que el padre. Entre las +la encÃa recubrió una parte del antiguo servilletero +de lacre. Rebolledo se quitaba y se ponÃa la +dentadura con una maravillosa facilidad y comÃa +con ella perfectamente, siempre que tuviera qué, +como decÃa él.</p> + +<p>El hijo del enano, Perico de nombre, prometÃa +ser más avispado aun que el padre. Entre las hambres que pasaba y las tercianas pertinaces, -estaba flaco y de color de limón. No era contrahecho, +estaba flaco y de color de limón. No era contrahecho, como el padre, sino esbelto, delgado, con los ojos brillantes y los movimientos vivos y desordenados. -Parecía, como suele decirse, un ratón +ParecÃa, como suele decirse, un ratón debajo de una escudilla.</p> <p>Una de las pruebas de su ingenio era un apagavelas -mecánico que había construído con una -caja de betún para limpiar las botas.</p> +mecánico que habÃa construÃdo con una +caja de betún para limpiar las botas.</p> -<p>Sentía Perico un gran entusiasmo por las paredes -blancas, y allí donde encontraba alguna -dibujaba con carbón procesiones de hombres, +<p>SentÃa Perico un gran entusiasmo por las paredes +blancas, y allà donde encontraba alguna +dibujaba con carbón procesiones de hombres, mujeres, caballos y perros, casas echando humo, soldados, barcos en el mar, la lucha de los hombres flacos con los hombres gordos, y otros pasos igualmente divertidos.</p> <p>La obra maestra de Perico en dibujo era el -tríptico de Don Tancredo, pintado al carbón en +trÃptico de Don Tancredo, pintado al carbón en la callejuela de entrada de la Corrala. La obra -produjo la admiración y el asombro de todos los<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> -habitantes de la casa. La primera parte del tríptico +produjo la admiración y el asombro de todos los<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> +habitantes de la casa. La primera parte del trÃptico representaba al valiente sugestionador de toros marchando a la plaza a caballo, en medio de -un gran golpe de jinetes; la leyenda decía: «Don -Tancredo <i>ba</i> a los toros». En la segunda parte -del tríptico, el <i>rey del valor</i> estaba con su sombrero +un gran golpe de jinetes; la leyenda decÃa: «Don +Tancredo <i>ba</i> a los toros». En la segunda parte +del trÃptico, el <i>rey del valor</i> estaba con su sombrero de tres picos, cruzado de brazos frente a la -fiera; la leyenda cantaba: «Don Tancredo en su -pedestal». Debajo del tercer dibujo se leía: «El -toro <i>uye</i>»; y la representación de esta última escena -era admirable; se veía escapar al toro como +fiera; la leyenda cantaba: «Don Tancredo en su +pedestal». Debajo del tercer dibujo se leÃa: «El +toro <i>uye</i>»; y la representación de esta última escena +era admirable; se veÃa escapar al toro como alma que lleva el diablo, por entre los toreros, a -los cuales se les veía la nariz de perfil y al mismo +los cuales se les veÃa la nariz de perfil y al mismo tiempo la boca y los dos ojos de frente.</p> <p>A pesar de sus triunfos, Perico Rebolledo no se -envanecía ni se consideraba superior a los hombres -de su época; su mayor placer era sentarse a +envanecÃa ni se consideraba superior a los hombres +de su época; su mayor placer era sentarse a lado de su padre en el patio de la Corrala, entre -máquinas de reloj viejas, manojos de llaves y -otra porción de cosas negras y descabaladas, y +máquinas de reloj viejas, manojos de llaves y +otra porción de cosas negras y descabaladas, y pensar y cavilar las aplicaciones de un cristal de unas gafas, por ejemplo, o de un braguero, o del cuerpo de bomba de una lavativa, o de cualquier otro trasto roto o descompuesto.</p> -<p>Padre e hijo pasaban la vida soñando maquinarias; -para ellos no había nada inservible: la +<p>Padre e hijo pasaban la vida soñando maquinarias; +para ellos no habÃa nada inservible: la llave que no abre puerta alguna; la cafetera de viejo sistema, estrafalaria como un instrumento -de física; el quinqué de aceite con máquina, todo -se guardaba, se descomponía y se utilizaba. Rebolledo, -padre e hijo, gastaban más ingenio para +de fÃsica; el quinqué de aceite con máquina, todo +se guardaba, se descomponÃa y se utilizaba. Rebolledo, +padre e hijo, gastaban más ingenio para vivir miserablemente que el que emplean un par -de docenas de autores cómicos, de periodistas y +de docenas de autores cómicos, de periodistas y de ministros para vivir con esplendidez.</p> <p>Amigos de Perico Rebolledo eran los Aristas, que luego intimaron con Manuel.</p> <p>Los Aristas, dos hermanos, hijos de una plan<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>chadora, -estaban de aprendices en una fundición -de metales de la Ronda. El más pequeño de los +estaban de aprendices en una fundición +de metales de la Ronda. El más pequeño de los dos se pasaba la vida en una continua cabriola, -dando saltos mortales, encaramándose por los -árboles, andando con los pies para arriba y haciendo +dando saltos mortales, encaramándose por los +árboles, andando con los pies para arriba y haciendo flexiones en todos los montantes de las puertas.</p> <p>El hermano mayor, un muchacho zanquilargo -y tartamudo, a quien llamaban en broma el Aristón, -era el chico más fúnebre del planeta; tenía -una necromanía aguda; todo lo relacionado con -ataúdes, muertos, capillas ardientes y cirios le entusiasmaba. +y tartamudo, a quien llamaban en broma el Aristón, +era el chico más fúnebre del planeta; tenÃa +una necromanÃa aguda; todo lo relacionado con +ataúdes, muertos, capillas ardientes y cirios le entusiasmaba. Hubiera querido ser enterrador, cura de una sacramental, guarda de un cementerio; -pero su sueño, lo que más le encantaba, era una +pero su sueño, lo que más le encantaba, era una funeraria; pensaba, como en un bello ideal, en las -conversaciones que debía de tener el amo de una -tienda de pompas fúnebres con el padre o con la +conversaciones que debÃa de tener el amo de una +tienda de pompas fúnebres con el padre o con la viuda inconsolable, al ofrecerle coronas de siemprevivas, al ir a tomar las medidas a un muerto, -al pasearse entre los ataúdes. Hacer cajas mortuorias -de hombres, mujeres y chicos, y acompañarles -luego al cementerio. Para el Aristón, las -cosas relacionadas con la muerte eran las más +al pasearse entre los ataúdes. Hacer cajas mortuorias +de hombres, mujeres y chicos, y acompañarles +luego al cementerio. Para el Aristón, las +cosas relacionadas con la muerte eran las más importantes de la vida.</p> <p class="ht">Por estos contrastes del destino, que casi siempre pone las etiquetas cambiadas a las cosas y a -los hombres, el Aristón estaba de comparsa en un -teatro del género chico, por consideración a su -padre, que fué tramoyista, y el tal oficio le disgustaba, +los hombres, el Aristón estaba de comparsa en un +teatro del género chico, por consideración a su +padre, que fué tramoyista, y el tal oficio le disgustaba, porque en el teatro adonde iba no se -moría nadie en la escena, ni salía gente de luto, -ni se lloraba. Y mientras el Aristón no pensaba -mas que en cosas fúnebres, el otro hermano soñaba +morÃa nadie en la escena, ni salÃa gente de luto, +ni se lloraba. Y mientras el Aristón no pensaba +mas que en cosas fúnebres, el otro hermano soñaba con circos y trapecios y volatineros, y esperaba -que alguna vez la suerte le proporcionaría +que alguna vez la suerte le proporcionarÃa el medio de cultivar sus facultades de gimnasta.</p> -<h2 id="CAPITULO_V2">CAPÍTULO V</h2> +<h2 id="CAPITULO_V2">CAPÃTULO V</h2> -<p class="smcap center">La Taberna De La «Blasa»</p> +<p class="smcap center">La Taberna De La «Blasa»</p> <p class="p2"><span class="smcap">Las</span> disputas frecuentes entre Leandro y su -novia, la hija del <i>Corretor</i>, servían muy a +novia, la hija del <i>Corretor</i>, servÃan muy a menudo de comidilla a los inquilinos de la Corrala. Leandro era malhumorado y camorrista; se le -despertaban los instintos brutales rápidamente; -a pesar de que casi todos los sábados, por la noche, +despertaban los instintos brutales rápidamente; +a pesar de que casi todos los sábados, por la noche, iba a las tabernas y cafetines dispuesto a armar broncas con matones y gente cruda, no le -había sucedido hasta entonces ningún accidente +habÃa sucedido hasta entonces ningún accidente desagradable. A su novia, en parte, le gustaba -este valor; pero a la madre de la Milagros le producía -verdadera indignación, y recomendaba a +este valor; pero a la madre de la Milagros le producÃa +verdadera indignación, y recomendaba a todas horas a su hija que diera a Leandro una despedida terminante.</p> -<p>La muchacha despedía a su novio; pero luego, +<p>La muchacha despedÃa a su novio; pero luego, al verle volver humilde y dispuesto a aceptar toda -condición, se mostraba menos rigurosa.</p> - -<p>Esta confianza en su fuerza hacía a la muchacha -ser despótica, caprichosa y voluble; se divertía -dando celos a Leandro; había llegado a un estado -especial, mezcla de cariño y de odio, en el cual el<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span> -cariño quedaba dentro y el odio fuera, manifestándose -en una crueldad sañuda, en la satisfacción +condición, se mostraba menos rigurosa.</p> + +<p>Esta confianza en su fuerza hacÃa a la muchacha +ser despótica, caprichosa y voluble; se divertÃa +dando celos a Leandro; habÃa llegado a un estado +especial, mezcla de cariño y de odio, en el cual el<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span> +cariño quedaba dentro y el odio fuera, manifestándose +en una crueldad sañuda, en la satisfacción de mortificar constantemente a su novio.</p> -<p>—Un día lo que tú debías hacer—dijo el señor -Ignacio a Leandro, indignado con las coqueterías -de la muchacha—es cogerla en un rincón y allá -hartarte..., y después darla una paliza y dejarla el -cuerpo hecho una breva...; al día siguiente te seguía +<p>—Un dÃa lo que tú debÃas hacer—dijo el señor +Ignacio a Leandro, indignado con las coqueterÃas +de la muchacha—es cogerla en un rincón y allá +hartarte..., y después darla una paliza y dejarla el +cuerpo hecho una breva...; al dÃa siguiente te seguÃa como un perro.</p> <p>Leandro, tan valiente con los matones, al lado de su novia resultaba un doctrino; algunas veces -pensó en el consejo de su padre; pero nunca hubiese -tenido ánimos para llevarlo a cabo.</p> +pensó en el consejo de su padre; pero nunca hubiese +tenido ánimos para llevarlo a cabo.</p> -<p>Un sábado por la tarde, después de una agria -disputa con la Milagros, Leandro invitó a Manuel -a dar una vuelta de noche en su compañía.</p> +<p>Un sábado por la tarde, después de una agria +disputa con la Milagros, Leandro invitó a Manuel +a dar una vuelta de noche en su compañÃa.</p> -<p>—¿Adónde iremos?—le preguntó Manuel.</p> +<p>—¿Adónde iremos?—le preguntó Manuel.</p> -<p>—Al café de Naranjeros, o al cafetín de la Esgrima.</p> +<p>—Al café de Naranjeros, o al cafetÃn de la Esgrima.</p> <p>—Donde te parezca.</p> <p>—Daremos una vuelta por esos <i>chabisques</i> e iremos luego a la taberna de la <i>Blasa</i>.</p> -<p>—¿Va por ahí gente del bronce?</p> +<p>—¿Va por ahà gente del bronce?</p> -<p>—Claro que va, de lo más granado.</p> +<p>—Claro que va, de lo más granado.</p> -<p>—Entonces avisaré a don Roberto, a aquel señorito +<p>—Entonces avisaré a don Roberto, a aquel señorito que me vino a buscar para ir a la Doctrina.</p> <p>—Bueno.</p> -<p>—Después del trabajo fué Manuel a la casa de -huéspedes y habló con Roberto.</p> +<p>—Después del trabajo fué Manuel a la casa de +huéspedes y habló con Roberto.</p> -<p>—Pasar por el café de San Millán a eso de las -nueve de la noche—dijo Roberto—; allí estaré yo -con una prima mía.</p> +<p>—Pasar por el café de San Millán a eso de las +nueve de la noche—dijo Roberto—; allà estaré yo +con una prima mÃa.</p> -<p>—¿La va usted a llevar allá?—preguntó asombrado +<p>—¿La va usted a llevar allá?—preguntó asombrado Manuel.</p> -<p>—Sí; es una mujer original, una pintora.</p> +<p>—SÃ; es una mujer original, una pintora.</p> -<p>Manuel cenó en la Corrala y contó a Leandro -lo que le había dicho Roberto.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p> +<p>Manuel cenó en la Corrala y contó a Leandro +lo que le habÃa dicho Roberto.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p> -<p>—¿Y esa pintora es guapa?—pregunto Leandro.</p> +<p>—¿Y esa pintora es guapa?—pregunto Leandro.</p> -<p>—No sé; no la conozco.</p> +<p>—No sé; no la conozco.</p> -<p>—¡Maldita sea la...! Daría cualquier cosa porque +<p>—¡Maldita sea la...! DarÃa cualquier cosa porque viniera, hombre.</p> <p>—Y yo.</p> -<p>Fueron ambos al café de San Millán, se sentaron +<p>Fueron ambos al café de San Millán, se sentaron y esperaron con impaciencia. A la hora indicada -apareció Roberto con su prima, a la que llamó -Fanny. Era ésta una mujer de treinta a cuarenta -años, muy delgada, de mal color y de tipo varonil -y distinguido; tenía algo de la belleza desgarbada -de un caballo de carrera; la nariz corva, la mandíbula +apareció Roberto con su prima, a la que llamó +Fanny. Era ésta una mujer de treinta a cuarenta +años, muy delgada, de mal color y de tipo varonil +y distinguido; tenÃa algo de la belleza desgarbada +de un caballo de carrera; la nariz corva, la mandÃbula larga, las mejillas hundidas y los ojos grises -y fríos. Vestía una chaqueta de tafetán verde -obscuro, falda negra y un sombrero pequeño.</p> +y frÃos. VestÃa una chaqueta de tafetán verde +obscuro, falda negra y un sombrero pequeño.</p> <p>Leandro y Manuel la saludaron con gran timidez y torpeza; dieron la mano a Roberto, y hablaron.</p> @@ -4167,89 +4133,89 @@ y torpeza; dieron la mano a Roberto, y hablaron.</p> <p>—Mi prima—dijo Roberto—tiene gana de ver algo de la vida de estos pobres barrios.</p> -<p>—Pues cuando ustedes quieran—contestó -Leandro—. Eso sí, les advierto a ustedes que hay -mala gente por allá.</p> +<p>—Pues cuando ustedes quieran—contestó +Leandro—. Eso sÃ, les advierto a ustedes que hay +mala gente por allá.</p> -<p>—¡Oh, yo voy prevenida!—dijo la dama con -ligero acento extranjero, mostrando un revólver -de pequeño calibre.</p> +<p>—¡Oh, yo voy prevenida!—dijo la dama con +ligero acento extranjero, mostrando un revólver +de pequeño calibre.</p> -<p>Pagó Roberto, a pesar de las protestas de -Leandro, y salieron todos del café. Desembocaron +<p>Pagó Roberto, a pesar de las protestas de +Leandro, y salieron todos del café. Desembocaron en la plaza del Rastro, bajaron por la Ribera de Curtidores hasta la ronda de Toledo.</p> -<p>—Si quiere ver la señora la casa donde vivimos -nosotros, es ésta—dijo Leandro.</p> +<p>—Si quiere ver la señora la casa donde vivimos +nosotros, es ésta—dijo Leandro.</p> -<p>Pasaron al interior del Corralón; un grupo de -chiquillos y de viejas se les acercó, asombrados -de ver a aquellas horas a una mujer con tan extrañas +<p>Pasaron al interior del Corralón; un grupo de +chiquillos y de viejas se les acercó, asombrados +de ver a aquellas horas a una mujer con tan extrañas trazas, y acosaron a preguntas a Manuel y -a Leandro. Este quería que supiese la Milagros<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span> -como había estado allí con una dama, y fué -acompañando a Fanny y enseñándola los cuchitriles -del corralón.</p> +a Leandro. Este querÃa que supiese la Milagros<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span> +como habÃa estado allà con una dama, y fué +acompañando a Fanny y enseñándola los cuchitriles +del corralón.</p> -<p>—Aquí miseria es lo único que se ve—decía +<p>—Aquà miseria es lo único que se ve—decÃa Leandro.</p> -<p>—¡Oh, sí, sí!—contestaba la dama.</p> +<p>—¡Oh, sÃ, sÃ!—contestaba la dama.</p> <p>—Ahora, si ustedes quieren, vamos a la taberna de la <i>Blasa</i>.</p> -<p>Salieron del Corralón hasta tomar el arroyo de +<p>Salieron del Corralón hasta tomar el arroyo de Embajadores, y siguieron a lo largo de la empalizada -negra de un lavadero. Hacía una noche +negra de un lavadero. HacÃa una noche obscura; empezaba a lloviznar. Tropezaron con la -vía de circunvalación.</p> +vÃa de circunvalación.</p> <p>—Tengan ustedes cuidado—dijo Leandro—, que hay un alambre.</p> -<p>Le puso el pie encima. Cruzaron todos la vía y +<p>Le puso el pie encima. Cruzaron todos la vÃa y pasaron por delante de unas casas blancas hasta entrar en el barrio de las Injurias.</p> -<p>Se acercaron a una casita baja con un zócalo -obscuro; una puerta de cristales rotos, empañados, +<p>Se acercaron a una casita baja con un zócalo +obscuro; una puerta de cristales rotos, empañados, compuestos con tiras de papel, iluminados -por una luz pálida, daba acceso a esta casa. En +por una luz pálida, daba acceso a esta casa. En la opaca claridad de la vidriera se destacaba a veces la sombra de alguna persona.</p> -<p>Abrió la puerta Leandro, y entraron todos. Un -vaho caliente y cargado de humo les dió en la -cara. Un quinqué de petróleo, colgado del techo, +<p>Abrió la puerta Leandro, y entraron todos. Un +vaho caliente y cargado de humo les dió en la +cara. Un quinqué de petróleo, colgado del techo, con una pantalla blanca, iluminaba la taberna, -pequeña y de techo bajo.</p> +pequeña y de techo bajo.</p> <p>Al entrar los cuatro, todos los concurrentes se -les quedaron mirando con expresión de extrañera; -hablaron entre ellos y después siguieron unos +les quedaron mirando con expresión de extrañera; +hablaron entre ellos y después siguieron unos jugando, otros viendo jugar.</p> <p>Fanny, Roberto, Leandro y Manuel se sentaron a la derecha de la puerta.</p> -<p>—¿Qué van a tomar?—dijo la mujer del mostrador.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p> +<p>—¿Qué van a tomar?—dijo la mujer del mostrador.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p> -<p>—Cuatro quinces—contestó Leandro.</p> +<p>—Cuatro quinces—contestó Leandro.</p> -<p>Llevó la mujer vasos en una bandeja sucia y -los colocó en la mesa, Leandro sacó sesenta céntimos.</p> +<p>Llevó la mujer vasos en una bandeja sucia y +los colocó en la mesa, Leandro sacó sesenta céntimos.</p> <p>—Son a diez—dijo la mujer en tono malhumorado.</p> -<p>—¿Por qué?</p> +<p>—¿Por qué?</p> <p>—Porque esto es el extrarradio.</p> <p>—Bueno; cobre usted lo que sea.</p> -<p>La mujer dejó veinte céntimos en la mesa y volvió +<p>La mujer dejó veinte céntimos en la mesa y volvió al mostrador. Era ancha, tetuda, de obesidad enorme, con la cabeza metida entre los hombros, con cinco o seis papadas en el cuello; despachaba @@ -4257,389 +4223,389 @@ de cuando en cuando una copa, que cobraba de antemano, y hablaba poco, con displicencia, con un gesto invariable del malhumor.</p> -<p>Tenía aquel hipopótamo malhumorado al lado -derecho un depósito de hoja de lata con su grifo +<p>TenÃa aquel hipopótamo malhumorado al lado +derecho un depósito de hoja de lata con su grifo para el aguardiente, y al izquierdo un frasco de -peleón y un jarro desportillado con un embudo +peleón y un jarro desportillado con un embudo negro encima, adonde echaba el sobrante de las copas de vino.</p> -<p>La prima de Roberto sacó un frasco de esencias, -lo ocultó en la mano cerrada, y de vez en cuando +<p>La prima de Roberto sacó un frasco de esencias, +lo ocultó en la mano cerrada, y de vez en cuando aspiraba las sales.</p> <p>Al otro lado de donde estaban Roberto, Fanny, Leandro y Manuel, un corro de unos veinte hombres se amontonaban alrededor de una mesa jugando -al cané.</p> +al cané.</p> <p>Cerca de ellos, acurrucadas en el suelo, junto a -la estufa, recostadas en la pared, se veían unas -cuantas mujeres feas, desgreñadas, vestidas con -corpiños y faldas haraposas, sujetas a la cintura +la estufa, recostadas en la pared, se veÃan unas +cuantas mujeres feas, desgreñadas, vestidas con +corpiños y faldas haraposas, sujetas a la cintura por cuerdas.</p> -<p>—¿Qué son estas mujeres?—preguntó la pintora.</p> +<p>—¿Qué son estas mujeres?—preguntó la pintora.</p> -<p>—Son golfas viejas—contestó Leandro—de -esas que van al Botánico y a los desmontes.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span></p> +<p>—Son golfas viejas—contestó Leandro—de +esas que van al Botánico y a los desmontes.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span></p> <p>Dos o tres de aquellas infelices llevaban en sus -brazos niños de otras mujeres que iban a pasar -allí la noche; algunas dormitaban con la colilla +brazos niños de otras mujeres que iban a pasar +allà la noche; algunas dormitaban con la colilla pegada en el extremo de la boca. Entre la fila de -viejas había algunas chiquillas de trece a catorce -años, monstruosas, deformes, con los ojos legañosos; -una de ellas tenía la nariz carcomida completamente, +viejas habÃa algunas chiquillas de trece a catorce +años, monstruosas, deformes, con los ojos legañosos; +una de ellas tenÃa la nariz carcomida completamente, y en su lugar un agujero como una -llaga; otra era hidrocéfala, con el cuello muy delgado, -y parecía que al menor movimiento se le iba +llaga; otra era hidrocéfala, con el cuello muy delgado, +y parecÃa que al menor movimiento se le iba a caer la cabeza de los hombros.</p> -<p>—¿Tú has visto las tinajas que hay aquí?—preguntó +<p>—¿Tú has visto las tinajas que hay aquÃ?—preguntó Leandro a Manuel—, Ven a verlas.</p> <p>Se levantaron los dos y se acercaron al grupo -de los jugadores. Uno de éstos interrumpía el +de los jugadores. Uno de éstos interrumpÃa el paso.</p> -<p>—¿Hace usted el favor?—le dijo Leandro con +<p>—¿Hace usted el favor?—le dijo Leandro con marcada impertinencia.</p> -<p>El hombre separó la silla malhumorado. Las -tinajas no ofrecían nada de particular; eran grandes, +<p>El hombre separó la silla malhumorado. Las +tinajas no ofrecÃan nada de particular; eran grandes, empotradas en la pared, pintadas de minio; cada una de ellas llevaba un letrero de la clase -de vino que contenía y un grifo.</p> +de vino que contenÃa y un grifo.</p> -<p>—Y ¿qué tiene esto de raro?—preguntó Manuel.</p> +<p>—Y ¿qué tiene esto de raro?—preguntó Manuel.</p> -<p>Leandro sonrió; volvieron a pasar por el mismo +<p>Leandro sonrió; volvieron a pasar por el mismo sitio, a molestar al jugador y a sentarse en la mesa.</p> -<p>Roberto y Fanny hablaban en inglés.</p> +<p>Roberto y Fanny hablaban en inglés.</p> <p>—Ese a quien hemos hecho levantar—dijo Leandro—es el baratero de esta taberna.</p> -<p>—¿Cómo se llama?—preguntó Fanny.</p> +<p>—¿Cómo se llama?—preguntó Fanny.</p> <p>—El <i>Valencia</i>.</p> -<p>El aludido, que oyó su apodo, se volvió y contempló -a Leandro; la mirada de los dos se cruzó -un momento desafiadora; el <i>Valencia</i> desvió los -ojos y siguió jugando. Era hombre fuerte, corpu<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>lento, -de unos cuarenta años, de cara juanetuda, -pelo rojizo y expresión de sarcasmo desagradable. +<p>El aludido, que oyó su apodo, se volvió y contempló +a Leandro; la mirada de los dos se cruzó +un momento desafiadora; el <i>Valencia</i> desvió los +ojos y siguió jugando. Era hombre fuerte, corpu<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>lento, +de unos cuarenta años, de cara juanetuda, +pelo rojizo y expresión de sarcasmo desagradable. De vez en cuando echaba una mirada severa al grupo formado por Fanny, Roberto y los otros dos.</p> -<p>—Y ese <i>Valencia</i>, ¿quién es?—preguntó la dama +<p>—Y ese <i>Valencia</i>, ¿quién es?—preguntó la dama en voz baja.</p> -<p>—Es esterero de oficio—contestó Leandro alzando +<p>—Es esterero de oficio—contestó Leandro alzando la voz—, un gandul que saca las perras a -los chavalejos de mal vivir; antes fué de los del +los chavalejos de mal vivir; antes fué de los del pote, de esos que van a las casas los domingos, llaman, y si ven que no hay nadie, meten la palanqueta en la cerradura y crac... Pero ni -para eso tenía alma, porque es más blanco que el +para eso tenÃa alma, porque es más blanco que el papel.</p> -<p>—Sería curioso averiguar—dijo Roberto—hasta -qué punto la miseria ha servido de centro de -gravedad para la degradación de estos hombres.</p> +<p>—SerÃa curioso averiguar—dijo Roberto—hasta +qué punto la miseria ha servido de centro de +gravedad para la degradación de estos hombres.</p> -<p>—¿Y ese viejo de barba blanca que está a su -lado?—preguntó Fanny.</p> +<p>—¿Y ese viejo de barba blanca que está a su +lado?—preguntó Fanny.</p> -<p>—Ese es un apóstol de los que curan con agua; +<p>—Ese es un apóstol de los que curan con agua; dicen que sabe mucho... Tiene una cruz en la lengua; -pero creo que se la ha pintado él mismo.</p> +pero creo que se la ha pintado él mismo.</p> -<p>—¿Y esa otra?</p> +<p>—¿Y esa otra?</p> <p>—Esa es la <i>Paloma</i>, la <i>gamberra</i> del <i>Valencia</i>.</p> -<p>—¿Prostituta?—preguntó la dama.</p> +<p>—¿Prostituta?—preguntó la dama.</p> -<p>—Desde hace lo menos cuarenta años—contestó +<p>—Desde hace lo menos cuarenta años—contestó Leandro riendo.</p> -<p>Todos contemplaron a la <i>Paloma</i> con atención; -tenía una cara enorme, blanda, con bolsas de -piel violácea, una mirada tímida, de animal; representaba -cuarenta años lo menos de prostitución, +<p>Todos contemplaron a la <i>Paloma</i> con atención; +tenÃa una cara enorme, blanda, con bolsas de +piel violácea, una mirada tÃmida, de animal; representaba +cuarenta años lo menos de prostitución, con sus enfermedades consiguientes; cuarenta -años de noches pasadas en claro, rondando +años de noches pasadas en claro, rondando los cuarteles, durmiendo en cobertizos de -las afueras, en las más nauseabundas casas de +las afueras, en las más nauseabundas casas de dormir.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p> -<p>Entre las mujeres había también una gitana, +<p>Entre las mujeres habÃa también una gitana, que de cuando en cuando se levantaba y cruzaba la taberna con un jacarandoso contoneo.</p> -<p>Pidió Leandro unas copas de aguardiente; pero +<p>Pidió Leandro unas copas de aguardiente; pero era tan malo, que nadie lo pudo beber.</p> -<p>—Tú—dijo Leandro a la gitana, ofreciéndole la -copa—. ¿Quieres?</p> +<p>—Tú—dijo Leandro a la gitana, ofreciéndole la +copa—. ¿Quieres?</p> <p>—No.</p> <p>La gitana puso sus manos sobre la mesa, unas manos cortas, rugosas, incrustadas en negro.</p> -<p>—¿Quiénes son estos <i>payos</i>?—preguntó a +<p>—¿Quiénes son estos <i>payos</i>?—preguntó a Leandro.</p> -<p>—Son amigos. ¿Quieres o no?—Y le volvió a +<p>—Son amigos. ¿Quieres o no?—Y le volvió a ofrecer la copa.</p> <p>—No.</p> -<p>Luego, con una voz aguda, gritó:</p> +<p>Luego, con una voz aguda, gritó:</p> -<p>—Apóstol, ¿quieres una copa?</p> +<p>—Apóstol, ¿quieres una copa?</p> -<p>Se levantó del grupo de los jugadores el Apóstol. -Estaba borracho y no podía andar; tenía los -ojos viscosos, de animal descompuesto; se acercó -a Leandro y tomó la copa, que tembló entre sus -dedos; la acercó a los labios y la vació.</p> +<p>Se levantó del grupo de los jugadores el Apóstol. +Estaba borracho y no podÃa andar; tenÃa los +ojos viscosos, de animal descompuesto; se acercó +a Leandro y tomó la copa, que tembló entre sus +dedos; la acercó a los labios y la vació.</p> -<p>—¿Quieres más?—le dijo la gitana.</p> +<p>—¿Quieres más?—le dijo la gitana.</p> -<p>—Sí, sí—murmuró.</p> +<p>—SÃ, s×murmuró.</p> -<p>Luego se puso a hablar, enseñando los raigones +<p>Luego se puso a hablar, enseñando los raigones de los dientes amarillos, sin que se le entendiera -nada; bebió las otras copas, apoyó la mano -en la frente, y despacio fué a un rincón, se arrodilló -y se tendió en el suelo.</p> +nada; bebió las otras copas, apoyó la mano +en la frente, y despacio fué a un rincón, se arrodilló +y se tendió en el suelo.</p> -<p>—¿Quieres que te la diga, princesa?—preguntó -la gitana a Fanny, agarrándole la mano.</p> +<p>—¿Quieres que te la diga, princesa?—preguntó +la gitana a Fanny, agarrándole la mano.</p> -<p>—No—replicó secamente la dama.</p> +<p>—No—replicó secamente la dama.</p> -<p>—¿No me darás unas perrillas para los <i>churumbeles</i>?</p> +<p>—¿No me darás unas perrillas para los <i>churumbeles</i>?</p> <p>—No.</p> -<p>—<i>Escarriá</i>, ¿por qué no me das unas perrillas +<p>—<i>Escarriá</i>, ¿por qué no me das unas perrillas para los <i>churumbeles</i>?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span></p> -<p>—¿Qué son <i>churumbeles</i>?—preguntó la dama.</p> +<p>—¿Qué son <i>churumbeles</i>?—preguntó la dama.</p> -<p>—Los hijos—contestó, riendo, Leandro.</p> +<p>—Los hijos—contestó, riendo, Leandro.</p> -<p>—¿Tienes hijos?—le dijo Fanny a la gitana.</p> +<p>—¿Tienes hijos?—le dijo Fanny a la gitana.</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> -<p>—¿Cuántos?</p> +<p>—¿Cuántos?</p> -<p>—Dos. Míralos aquí.</p> +<p>—Dos. MÃralos aquÃ.</p> -<p>Y la gitana vino con un chiquitín, rubio, y una -niña de cinco a seis años.</p> +<p>Y la gitana vino con un chiquitÃn, rubio, y una +niña de cinco a seis años.</p> -<p>La dama acarició al chiquitín; luego sacó un -duro de un portamonedas, y le dió a la gitana.</p> +<p>La dama acarició al chiquitÃn; luego sacó un +duro de un portamonedas, y le dió a la gitana.</p> -<p>Esta comenzó a hacer aspavientos y zalamerías +<p>Esta comenzó a hacer aspavientos y zalamerÃas y a mostrar el duro a todos los de la taberna.</p> -<p>—Vamos—dijo Leandro—, sacar aquí un machacante +<p>—Vamos—dijo Leandro—, sacar aquà un machacante de esos es peligroso.</p> <p>Salieron los cuatro de la taberna.</p> -<p>—¿Quieren ustedes que demos una vuelta por -el barrio?—preguntó Leandro.</p> +<p>—¿Quieren ustedes que demos una vuelta por +el barrio?—preguntó Leandro.</p> -<p>—Sí; vamos—dijo la dama.</p> +<p>—SÃ; vamos—dijo la dama.</p> <p>Recorrieron juntos las callejuelas de las Injurias.</p> <p>—Tengan ustedes cuidado, que en medio va la -alcantarilla—advirtió Manuel.</p> +alcantarilla—advirtió Manuel.</p> -<p>Seguía lloviendo; se internaron los cuatro en -patios angostos, en donde se hundían los pies en -el lodo infecto. Sólo algún farol de petróleo, sujeto -en la pared de alguna tapia medio caída, brillaba -en toda la extensión de la hondonada, negra +<p>SeguÃa lloviendo; se internaron los cuatro en +patios angostos, en donde se hundÃan los pies en +el lodo infecto. Sólo algún farol de petróleo, sujeto +en la pared de alguna tapia medio caÃda, brillaba +en toda la extensión de la hondonada, negra de cieno.</p> -<p>—¿Volvemos ya?—preguntó Roberto.</p> +<p>—¿Volvemos ya?—preguntó Roberto.</p> -<p>—Sí—respondió la dama.</p> +<p>—S×respondió la dama.</p> <p>Tomaron por el arroyo de Embajadores, y subieron por el paseo de las Acacias. Arreciaba la lluvia; alguna que otra luz mortecina brillaba a lo -lejos; en el cielo, obscurísimo, se destacaba, de +lejos; en el cielo, obscurÃsimo, se destacaba, de una manera vaga, la silueta alta de una chimenea...</p> -<p>Acompañaron Leandro y Manuel hasta la plaza<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span> -del Rastro a Fanny y a Roberto, y allí se despidieron, -cambiando un apretón de manos.</p> +<p>Acompañaron Leandro y Manuel hasta la plaza<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span> +del Rastro a Fanny y a Roberto, y allà se despidieron, +cambiando un apretón de manos.</p> -<p>—¡Qué mujer!—exclamó Leandro.</p> +<p>—¡Qué mujer!—exclamó Leandro.</p> -<p>—Es simpática, ¿eh?—preguntó Manuel.</p> +<p>—Es simpática, ¿eh?—preguntó Manuel.</p> -<p class="ht">—Sí es. Daría cualquier cosa por tener algo que +<p class="ht">—Sà es. DarÃa cualquier cosa por tener algo que ver con ella.</p> -<h2 id="CAPITULO_VI2">CAPÍTULO VI</h2> +<h2 id="CAPITULO_VI2">CAPÃTULO VI</h2> -<p class="smcap center">Roberto en busca de una mujer.—El «Tabuenca» -y sus artificios.—Don Alonso o el «Hombre boa».</p> +<p class="smcap center">Roberto en busca de una mujer.—El «Tabuenca» +y sus artificios.—Don Alonso o el «Hombre boa».</p> -<p class="p2"><span class="smcap">Unos</span> meses después se presentó Roberto en la +<p class="p2"><span class="smcap">Unos</span> meses después se presentó Roberto en la Corrala, a la hora en que Manuel y los de -la zapatería tornaban de su trabajo.</p> +la zapaterÃa tornaban de su trabajo.</p> -<p>—¿Tú conoces al señor Zurro?—preguntó Roberto +<p>—¿Tú conoces al señor Zurro?—preguntó Roberto a Manuel.</p> -<p>—Sí; aquí al lado vive.</p> +<p>—SÃ; aquà al lado vive.</p> -<p>—Ya lo sé; quisiera hablarle.</p> +<p>—Ya lo sé; quisiera hablarle.</p> <p>—Pues llame usted, porque debe estar.</p> -<p>—Acompáñame tú.</p> +<p>—Acompáñame tú.</p> -<p>Llamó Manuel, les abrió la Encarna y pasaron -adentro. El señor Zurro leía un periódico a la luz -de un velón en su cuarto, un verdadero almacén -repleto de bargueños viejos, arcas apolilladas, -relojes de chimenea y otra porción de cosas. Se -ahogaba allí cualquiera; no se podía respirar ni +<p>Llamó Manuel, les abrió la Encarna y pasaron +adentro. El señor Zurro leÃa un periódico a la luz +de un velón en su cuarto, un verdadero almacén +repleto de bargueños viejos, arcas apolilladas, +relojes de chimenea y otra porción de cosas. Se +ahogaba allà cualquiera; no se podÃa respirar ni dar un paso sin tropezar con algo.</p> -<p>—¿Es usted el señor Zurro?—preguntó Roberto.</p> +<p>—¿Es usted el señor Zurro?—preguntó Roberto.</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> -<p>—Yo venía de parte de don Telmo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span></p> +<p>—Yo venÃa de parte de don Telmo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span></p> -<p>—¡De don Telmo!—repitió el viejo, levantándose -y ofreciendo una silla al estudiante—. Siéntese -usted. ¿Cómo está ese buen señor?</p> +<p>—¡De don Telmo!—repitió el viejo, levantándose +y ofreciendo una silla al estudiante—. Siéntese +usted. ¿Cómo está ese buen señor?</p> <p>—Muy bien.</p> -<p>—Es muy amigo mío—siguió diciendo el Zurro. -¡Vaya! Ya lo creo. Pero usted me dirá lo que desea, -señorito. Para mí basta que venga usted de +<p>—Es muy amigo mÃo—siguió diciendo el Zurro. +¡Vaya! Ya lo creo. Pero usted me dirá lo que desea, +señorito. Para mà basta que venga usted de parte de don Telmo, para que yo haga lo que pueda por servirle.</p> <p>—Lo que yo deseo es informarme del paradero -de una muchacha volatinera que vivió hace cinco -o seis años en una posada de estos barrios, en el -mesón del Cuco.</p> +de una muchacha volatinera que vivió hace cinco +o seis años en una posada de estos barrios, en el +mesón del Cuco.</p> -<p>—¿Y usted sabe cómo se llamaba la muchacha?</p> +<p>—¿Y usted sabe cómo se llamaba la muchacha?</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> -<p>—¿Y dice usted que vivió en el mesón del +<p>—¿Y dice usted que vivió en el mesón del Cuco?</p> -<p>—Sí, señor.</p> +<p>—SÃ, señor.</p> -<p>—Yo conozco alguno que vive ahí—murmuró +<p>—Yo conozco alguno que vive ah×murmuró el ropavejero.</p> -<p>—Sí; es verdad—repuso la Encarna.</p> +<p>—SÃ; es verdad—repuso la Encarna.</p> -<p>—Aquel hombre de los monos, ¿no vivía allá?—preguntó -el señor Zurro.</p> +<p>—Aquel hombre de los monos, ¿no vivÃa allá?—preguntó +el señor Zurro.</p> -<p>—No; era la Quinta de Goya—contestó su +<p>—No; era la Quinta de Goya—contestó su hija.</p> -<p>—¡Pues, señor!... Espere usted un poco, joven...; +<p>—¡Pues, señor!... Espere usted un poco, joven...; espere usted.</p> -<p>—¿No será el <i>Tabuenca</i> el que vive allá, padre?—interrumpió +<p>—¿No será el <i>Tabuenca</i> el que vive allá, padre?—interrumpió la Encarna.</p> <p>—Ese es; ese mismo. El <i>Tabuenca</i>. Vaya usted -a verle. Dígale usted—añadió el señor Zurro, dirigiéndose +a verle. DÃgale usted—añadió el señor Zurro, dirigiéndose a Roberto—que va de mi parte. Es un -tío de mal genio, muy cascarrabias.</p> +tÃo de mal genio, muy cascarrabias.</p> -<p>Se despidió Roberto del ropavejero y de su -hija, y salió con Manuel a la galería de la casa.</p> +<p>Se despidió Roberto del ropavejero y de su +hija, y salió con Manuel a la galerÃa de la casa.</p> -<p>—¿Y dónde está el mesón del Cuco?—preguntó.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span></p> +<p>—¿Y dónde está el mesón del Cuco?—preguntó.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span></p> -<p>—Por ahí, por las Yeserías—le dijo Manuel.</p> +<p>—Por ahÃ, por las YeserÃas—le dijo Manuel.</p> -<p>—Acompáñame; luego cenaremos juntos—dijo +<p>—Acompáñame; luego cenaremos juntos—dijo Roberto.</p> <p>—Bueno.</p> -<p>Fueron los dos al mesón, colocado en un paseo +<p>Fueron los dos al mesón, colocado en un paseo a aquellas horas desierto. Era una casa grande, -con un zaguán a estilo de pueblo y un patio lleno +con un zaguán a estilo de pueblo y un patio lleno de carros. Preguntaron a un muchacho. El <i>Tabuenca</i> acababa de llegar—les dijo—. Entraron -en el zaguán, iluminado por un farol. Allí había +en el zaguán, iluminado por un farol. Allà habÃa un hombre.</p> -<p>—¿Vive aquí uno a quien llaman el <i>Tabuenca</i>?—preguntó +<p>—¿Vive aquà uno a quien llaman el <i>Tabuenca</i>?—preguntó Roberto.</p> -<p>—Sí. ¿Qué hay?—dijo el hombre.</p> +<p>—SÃ. ¿Qué hay?—dijo el hombre.</p> <p>—Pues que quisiera hablarle.</p> -<p>—Puede usté hablar, porque el <i>Tabuenca</i> soy yo.</p> +<p>—Puede usté hablar, porque el <i>Tabuenca</i> soy yo.</p> -<p>Al volverse éste, la luz del farol de petróleo, -colgado en la pared, le dió en la cara, y Roberto -y Manuel le miraron con extrañeza. Era un tipo -apergaminado, amarillento; tenía una nariz absurda, -una nariz arrancada de cuajo y substituída -por una bolita de carne. Parecía que miraba al +<p>Al volverse éste, la luz del farol de petróleo, +colgado en la pared, le dió en la cara, y Roberto +y Manuel le miraron con extrañeza. Era un tipo +apergaminado, amarillento; tenÃa una nariz absurda, +una nariz arrancada de cuajo y substituÃda +por una bolita de carne. ParecÃa que miraba al mismo tiempo con los ojos y con los dos agujeros de la nariz. Estaba afeitado, vestido decentemente y con una boina de visera verde.</p> -<p>El hombre oyó con displicencia lo que le indicó -Roberto; después encendió un cigarro y tiró -lejos el fósforo. A causa, sin duda, de la exigüidad -de su órgano nasal, se veía en la necesidad +<p>El hombre oyó con displicencia lo que le indicó +Roberto; después encendió un cigarro y tiró +lejos el fósforo. A causa, sin duda, de la exigüidad +de su órgano nasal, se veÃa en la necesidad de tapar con los dedos las ventanas de la nariz para poder fumar.</p> -<p>Roberto creyó que el hombre no había entendido -su pregunta, y la repitió dos veces. El <i>Tabuenca</i> +<p>Roberto creyó que el hombre no habÃa entendido +su pregunta, y la repitió dos veces. El <i>Tabuenca</i> no hizo caso; pero, de repente, presa de la mayor -indignación, tiró el cigarro con furia y empezó +indignación, tiró el cigarro con furia y empezó a blasfemar con una voz gangosa, una voz de -gaviota, y a decir que no comprendía por qué le<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span> -molestaban con cosas que a él no le importaban +gaviota, y a decir que no comprendÃa por qué le<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span> +molestaban con cosas que a él no le importaban nada.</p> <p>—No chille usted tanto—le dijo Roberto, molestado -con aquella algarabía—; van a creer que +con aquella algarabÃa—; van a creer que hemos venido a asesinarle a usted, lo menos.</p> <p>—Chillo, porque me da la gana.</p> @@ -4647,857 +4613,857 @@ hemos venido a asesinarle a usted, lo menos.</p> <p>—Bueno, hombre, bueno; chille usted lo que quiera.</p> -<p>—A mí no me dices tú eso, porque te ando en la -cara—gritó el <i>Tabuenca</i>.</p> +<p>—A mà no me dices tú eso, porque te ando en la +cara—gritó el <i>Tabuenca</i>.</p> -<p>—¿Usted a mí?—replicó riéndose Roberto—; y -añadió dirigiéndose a Manuel—: Me hacen la santísima -los hombres sin nariz, y a este tío chato le +<p>—¿Usted a mÃ?—replicó riéndose Roberto—; y +añadió dirigiéndose a Manuel—: Me hacen la santÃsima +los hombres sin nariz, y a este tÃo chato le voy a dar un disgusto.</p> -<p>Se retiró el <i>Tabuenca</i>, decidido, y salió al poco -rato con un bastón de estoque, que desenvainó; -Roberto buscó por todas partes algo para defenderse, -y encontró una vara de un carretero; -el <i>Tabuenca</i> tiró una estocada a Roberto, y éste -la paró con la vara; volvió a tirarle otra estocada, -y Roberto, al pararla, rompió el farol del -portal y quedaron a obscuras. Roberto comenzó -a hacer molinetes con su vara, y debió de -dar una vez a el <i>Tabuenca</i> en algún sitio delicado, -porque el hombre empezó a gritar horriblemente:</p> +<p>Se retiró el <i>Tabuenca</i>, decidido, y salió al poco +rato con un bastón de estoque, que desenvainó; +Roberto buscó por todas partes algo para defenderse, +y encontró una vara de un carretero; +el <i>Tabuenca</i> tiró una estocada a Roberto, y éste +la paró con la vara; volvió a tirarle otra estocada, +y Roberto, al pararla, rompió el farol del +portal y quedaron a obscuras. Roberto comenzó +a hacer molinetes con su vara, y debió de +dar una vez a el <i>Tabuenca</i> en algún sitio delicado, +porque el hombre empezó a gritar horriblemente:</p> -<p>—¡Asesinos! ¡Asesinos!</p> +<p>—¡Asesinos! ¡Asesinos!</p> <p>En esto se presentaron unas cuantas personas -en el zaguán, y entre ellas un arriero gordo, con +en el zaguán, y entre ellas un arriero gordo, con un candil en la mano.</p> -<p>—¿Qué pasa?—preguntó.</p> +<p>—¿Qué pasa?—preguntó.</p> -<p>—Estos asesinos, que me quieren matar—gritó +<p>—Estos asesinos, que me quieren matar—gritó el <i>Tabuenca</i>.</p> <p>—No hay nada de eso—repuso Roberto con voz tranquila—, sino que hemos venido a preguntarle -una cosa a este tío, y, sin saber por qué, ha +una cosa a este tÃo, y, sin saber por qué, ha empezado a gritar y a insultarme.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></p> -<p>—Y te andaré en la cara—interrumpió el <i>Tabuenca</i>.</p> +<p>—Y te andaré en la cara—interrumpió el <i>Tabuenca</i>.</p> <p>—Pues venga usted de una vez; no se quede con -las ganas—replicó Roberto.</p> +las ganas—replicó Roberto.</p> -<p>—¡Granuja! ¡Cobarde!</p> +<p>—¡Granuja! ¡Cobarde!</p> -<p>—Usted sí que es cobarde. Tiene usted tan pocos -riñones como poca nariz.</p> +<p>—Usted sà que es cobarde. Tiene usted tan pocos +riñones como poca nariz.</p> -<p>El <i>Tabuenca</i> engarzó una porción de insultos y -blasfemias, y, volviendo la espalda, se fué.</p> +<p>El <i>Tabuenca</i> engarzó una porción de insultos y +blasfemias, y, volviendo la espalda, se fué.</p> -<p>—¿Y a mí quién me paga el farol?—preguntó +<p>—¿Y a mà quién me paga el farol?—preguntó el arriero.</p> -<p>—¿Cuánto vale?—dijo Roberto.</p> +<p>—¿Cuánto vale?—dijo Roberto.</p> <p>—Tres pesetas.</p> -<p>—Ahí van.</p> +<p>—Ahà van.</p> <p>Ese <i>Tabuenca</i> es un boceras—dijo el arriero -del candil, al recibir el dinero—. ¿Y qué es lo que -querían ustedes?</p> +del candil, al recibir el dinero—. ¿Y qué es lo que +querÃan ustedes?</p> -<p>—Preguntarle por una mujer que vivió aquí -hace años y que era volatinera.</p> +<p>—Preguntarle por una mujer que vivió aquà +hace años y que era volatinera.</p> -<p>—Eso, don Alonso, el <i>Titiri</i>, quizá lo sepa. Si -quieren, díganme ustedes adónde van, y yo le encargaré +<p>—Eso, don Alonso, el <i>Titiri</i>, quizá lo sepa. Si +quieren, dÃganme ustedes adónde van, y yo le encargaré al <i>Titiri</i> que les busque.</p> -<p>—Bueno; pues dígale usted que le esperamos en -el café de San Millán, a las nueve—dijo Roberto.</p> +<p>—Bueno; pues dÃgale usted que le esperamos en +el café de San Millán, a las nueve—dijo Roberto.</p> -<p>—¿Y cómo le vamos a conocer a ese hombre?—preguntó +<p>—¿Y cómo le vamos a conocer a ese hombre?—preguntó Manuel.</p> -<p>—Es verdad—dijo Roberto—; ¿cómo le vamos +<p>—Es verdad—dijo Roberto—; ¿cómo le vamos a conocer?</p> -<p>—Muy fácilmente. Él suele andar, de noche, por -los cafés con un aparato de esos para oír canciones.</p> +<p>—Muy fácilmente. Él suele andar, de noche, por +los cafés con un aparato de esos para oÃr canciones.</p> -<p>—¿Un fonógrafo?</p> +<p>—¿Un fonógrafo?</p> <p>—Eso es.</p> -<p>En esto apareció en el portal una vieja, que +<p>En esto apareció en el portal una vieja, que vino gritando:</p> -<p>—¿Quién ha sido el hijo de la grandísima perra +<p>—¿Quién ha sido el hijo de la grandÃsima perra que ha roto el farol?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></p> -<p>—Calla, calla—le contestó el arriero—, que -está todo arreglado.</p> +<p>—Calla, calla—le contestó el arriero—, que +está todo arreglado.</p> -<p>—¡Hala, vamos!—dijo Manuel a Roberto.</p> +<p>—¡Hala, vamos!—dijo Manuel a Roberto.</p> <p>Los dos salieron de la posada y echaron a andar -de prisa. Entraron en el café de San Millán. -Roberto pidió de cenar. Manuel conocía al <i>Tabuenca</i> -de verle por las rondas, y explicó a Roberto +de prisa. Entraron en el café de San Millán. +Roberto pidió de cenar. Manuel conocÃa al <i>Tabuenca</i> +de verle por las rondas, y explicó a Roberto la clase de tipo que era mientras cenaban.</p> -<p>El <i>Tabuenca</i> vivía de una porción de artificios -construídos por él. Cuando notaba que el público +<p>El <i>Tabuenca</i> vivÃa de una porción de artificios +construÃdos por él. Cuando notaba que el público se cansaba de una cosa, sacaba otra al mercado, -y así iba tirando. Uno de estos artificios era una +y asà iba tirando. Uno de estos artificios era una rueda de barquillero, que daba vueltas por un -círculo de clavos, entre los cuales había escritos -números y pintados colores. Esta rueda la llevaba -su dueño en una caja de cartón, que tenía dos -tapas, divididas en cuadritos con números y colores, -donde se apuntaba, y que correspondían a los -números puestos alrededor de los clavos. Solía +cÃrculo de clavos, entre los cuales habÃa escritos +números y pintados colores. Esta rueda la llevaba +su dueño en una caja de cartón, que tenÃa dos +tapas, divididas en cuadritos con números y colores, +donde se apuntaba, y que correspondÃan a los +números puestos alrededor de los clavos. SolÃa llevar el <i>Tabuenca</i> en una mano la caja cerrada y en la otra una mesita de tijera. Colocaba sus trastos -en el rincón de una calle, hacía girar la rueda +en el rincón de una calle, hacÃa girar la rueda y, con una voz gangosa, murmuraba:</p> -<p>—¡Ande la reolina! Hagan juego, señores... Hagan -juego. Número o color... número o color... +<p>—¡Ande la reolina! Hagan juego, señores... Hagan +juego. Número o color... número o color... hagan juego.</p> -<p>Cuando había ya bastantes puestas, lo que era +<p>Cuando habÃa ya bastantes puestas, lo que era frecuente, daba el <i>Tabuenca</i> a la rueda del barquillero, diciendo al mismo tiempo su frase: -«¡Ande la reolina!» Saltaba la ballena en los clavos, -y antes que se detuviera, ya sabía el hombre -el número y el color que ganaban, y decía: «El -siete encarnado», o «el cinco azul», y siempre +«¡Ande la reolina!» Saltaba la ballena en los clavos, +y antes que se detuviera, ya sabÃa el hombre +el número y el color que ganaban, y decÃa: «El +siete encarnado», o «el cinco azul», y siempre acertaba...</p> -<p>Mientras Manuel hablaba, Roberto parecía pensativo.</p> +<p>Mientras Manuel hablaba, Roberto parecÃa pensativo.</p> -<p>—¿Ves?—dijo de pronto—estas dilaciones son<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span> +<p>—¿Ves?—dijo de pronto—estas dilaciones son<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span> las que aburren; se tiene un caudal de voluntad en billetes, en onzas, en grandes unidades, y se -necesita la energía en céntimos, en perros chicos. +necesita la energÃa en céntimos, en perros chicos. Lo mismo sucede con la inteligencia; por eso fracasan -muchos ambiciosos, inteligentes y enérgicos. -Les falta las fracciones, les falta también, en +muchos ambiciosos, inteligentes y enérgicos. +Les falta las fracciones, les falta también, en general, el talento para disimular sus fuerzas. -Poder ser estúpido en algunas ocasiones, sería -más útil probablemente que poder ser discreto en +Poder ser estúpido en algunas ocasiones, serÃa +más útil probablemente que poder ser discreto en otras tantas.</p> -<p>Manuel, que no comprendía el motivo de aquel -chaparrón de frases, se quedó mirando atónito a -Roberto, quien volvió a sumirse en sus cavilaciones.</p> +<p>Manuel, que no comprendÃa el motivo de aquel +chaparrón de frases, se quedó mirando atónito a +Roberto, quien volvió a sumirse en sus cavilaciones.</p> <p>Permanecieron los dos silenciosos largo tiempo, -cuando entró en el café un hombre alto, flaco, de +cuando entró en el café un hombre alto, flaco, de pelo entrecano y bigote gris.</p> -<p>—¿Será este el <i>Titiri</i>, ese don Alonso?—preguntó +<p>—¿Será este el <i>Titiri</i>, ese don Alonso?—preguntó Roberto.</p> -<p>—Quizá.</p> +<p>—Quizá.</p> -<p>El hombre flaco pasó por delante de todas las -mesas, mostrando una cajita, y diciendo: «Novedé, -novedé».</p> +<p>El hombre flaco pasó por delante de todas las +mesas, mostrando una cajita, y diciendo: «Novedé, +novedé».</p> -<p>Iba a salir cuando le llamó Roberto.</p> +<p>Iba a salir cuando le llamó Roberto.</p> -<p>—¿Usted vive en el mesón del Cuco?—le preguntó.</p> +<p>—¿Usted vive en el mesón del Cuco?—le preguntó.</p> -<p>—Sí, señor.</p> +<p>—SÃ, señor.</p> -<p>—¿Es usted don Alonso?</p> +<p>—¿Es usted don Alonso?</p> <p>—Para servirle.</p> -<p>—Pues le estábamos esperando. Siéntese usted; -tomará usted café con nosotros.</p> +<p>—Pues le estábamos esperando. Siéntese usted; +tomará usted café con nosotros.</p> -<p>El hombre se sentó. Tenía un aspecto cómico, -mezcla de humildad, de fanfarronería y de jactancia -triste. Miró el plato que acababa de dejar Roberto, -en donde quedaba todavía un trozo de carne +<p>El hombre se sentó. TenÃa un aspecto cómico, +mezcla de humildad, de fanfarronerÃa y de jactancia +triste. Miró el plato que acababa de dejar Roberto, +en donde quedaba todavÃa un trozo de carne asada.</p> -<p>—Perdón—le dijo a Roberto—. ¿Usted no pien<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>sa -concluir este trozo? ¿No? Entonces... con su -permiso—y cogió el plato, el tenedor y el cuchillo.</p> +<p>—Perdón—le dijo a Roberto—. ¿Usted no pien<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>sa +concluir este trozo? ¿No? Entonces... con su +permiso—y cogió el plato, el tenedor y el cuchillo.</p> -<p>—Le traerán a usted otro bisteck—dijo Roberto.</p> +<p>—Le traerán a usted otro bisteck—dijo Roberto.</p> <p>—No, no. Si es un capricho; me ha parecido -que esta carne debía estar buena. ¿Me quieres dar -un pedazo de pan?—añadió, dirigiéndose a Manuel—.Gracias, +que esta carne debÃa estar buena. ¿Me quieres dar +un pedazo de pan?—añadió, dirigiéndose a Manuel—.Gracias, joven, muchas gracias.</p> -<p>Tragó el hombre la carne y el pan en un momento.</p> +<p>Tragó el hombre la carne y el pan en un momento.</p> -<p>—¿Qué? ¿Queda un poco de vino?—preguntó, +<p>—¿Qué? ¿Queda un poco de vino?—preguntó, sonriendo.</p> -<p>—Sí—contestó Manuel, vaciando la botella en +<p>—S×contestó Manuel, vaciando la botella en la copa.</p> -<p>—<i>Ol rait</i>—dijo el hombre al bebería—. ¡Señores! -A su disposición. Creo que querían preguntarme +<p>—<i>Ol rait</i>—dijo el hombre al beberÃa—. ¡Señores! +A su disposición. Creo que querÃan preguntarme algo.</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> -<p>—Pues a su disposición. Me llamo Alonso de -Guzmán Calderón y Téllez. Aquí donde me ven -ustedes, he sido director de un circo en América, +<p>—Pues a su disposición. Me llamo Alonso de +Guzmán Calderón y Téllez. Aquà donde me ven +ustedes, he sido director de un circo en América, he viajado por todas las tierras y todos los mares del mundo; ahora estoy sufriendo un temporal -deshecho; por las noches ando de café en café -con este fonógrafo, y por la mañana llevo un juego +deshecho; por las noches ando de café en café +con este fonógrafo, y por la mañana llevo un juego de esos de martingala, que consiste en una torre <i>Infiel</i> con un espiral. Por debajo de la torre -hay un cañón con resorte que lanza una bola de +hay un cañón con resorte que lanza una bola de hueso por la espiral arriba, y cae luego en un tablero lleno de agujeros y de colores. Esa es mi -vida. ¡Yo! ¡El director de un circo ecuestre! He +vida. ¡Yo! ¡El director de un circo ecuestre! He venido a parar en esto, en ayudante del <i>Tabuenca</i>. -¡Qué cosas se ven en el mundo!</p> +¡Qué cosas se ven en el mundo!</p> -<p>—Quería yo preguntarle—interrumpió Roberto—si -por haber vivido en el mesón del Cuco conocía +<p>—QuerÃa yo preguntarle—interrumpió Roberto—si +por haber vivido en el mesón del Cuco conocÃa usted a una tal Rosita Buenavida, volatinera.</p> -<p>—¡Rosita Buenavida! ¿Dice usted que esa mujer<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> +<p>—¡Rosita Buenavida! ¿Dice usted que esa mujer<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> se llamaba Rosita Buenavida?... No, no recuerdo... -Tuve en mi compañía una Rosita, pero no se llamaba +Tuve en mi compañÃa una Rosita, pero no se llamaba Buenavida; mejor se hubiera llamado Mala vida y costumbres.</p> -<p>—Quizá varió de apellido—dijo Roberto impacientado—. -¿Qué edad tenía la Rosita que conoció +<p>—Quizá varió de apellido—dijo Roberto impacientado—. +¿Qué edad tenÃa la Rosita que conoció usted?</p> -<p>—Pues le diré a usted; yo fuí a París el sesenta +<p>—Pues le diré a usted; yo fuà a ParÃs el sesenta y ocho, contratado al circo de la Emperatriz. Yo era entonces contorsionista, y en los carteles me llamaban el <i>Hombre-Boa</i>; luego me hice malabarista, -y adopté el nombre de don Alonso. Alonso -es mi nombre. A los cuatro meses, Pérez y yo, Pérez -ha sido el gimnasta más grande del mundo, -fuimos a América, y dos o tres años después conocía -a Rosita, que entonces tendría veinticinco o +y adopté el nombre de don Alonso. Alonso +es mi nombre. A los cuatro meses, Pérez y yo, Pérez +ha sido el gimnasta más grande del mundo, +fuimos a América, y dos o tres años después conocÃa +a Rosita, que entonces tendrÃa veinticinco o treinta.</p> -<p>—De manera que la Rosita que usted dice tendría +<p>—De manera que la Rosita que usted dice tendrÃa ahora sesenta y tantos—dijo Roberto—; la -que yo busco tendrá a lo más treinta.</p> +que yo busco tendrá a lo más treinta.</p> -<p>—Entonces no es ella. ¡Caramba, cuánto lo -siento!—murmuró don Alonso, agarrando el vaso -de café con leche y llevándoselo a los labios, +<p>—Entonces no es ella. ¡Caramba, cuánto lo +siento!—murmuró don Alonso, agarrando el vaso +de café con leche y llevándoselo a los labios, como si tuviera miedo de que se lo fuesen a quitar—. -¡Y qué bonita era aquella chiquilla! Tenía +¡Y qué bonita era aquella chiquilla! TenÃa unos ojos verdes como los de un gato. Una monada, una verdadera monada.</p> -<p>Roberto había quedado pensativo; don Alonso -prosiguió hablando, dirigiéndose a Manuel:</p> - -<p>—No hay vida como la del artista de circo—exclamó—. -No sé la profesión de ustedes, y no -quiero rebajarla; pero donde esté el arte... ¡Aquel -París, aquel circo de la Emperatriz, no los olvidaré -nunca! Verdad es que Pérez y yo tuvimos suerte: -hicimos furor allá, y no digo nada lo que eso -supone. ¡Oh! Era una cosa... Una noche, después -de trabajar, se encontraba uno con un recado: «Se<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> -le espera en el café tal». Iba uno allá y se encontraba +<p>Roberto habÃa quedado pensativo; don Alonso +prosiguió hablando, dirigiéndose a Manuel:</p> + +<p>—No hay vida como la del artista de circo—exclamó—. +No sé la profesión de ustedes, y no +quiero rebajarla; pero donde esté el arte... ¡Aquel +ParÃs, aquel circo de la Emperatriz, no los olvidaré +nunca! Verdad es que Pérez y yo tuvimos suerte: +hicimos furor allá, y no digo nada lo que eso +supone. ¡Oh! Era una cosa... Una noche, después +de trabajar, se encontraba uno con un recado: «Se<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> +le espera en el café tal». Iba uno allá y se encontraba uno con una mujer de la <i>jai laif</i>, una mujer caprichosa, que convidaba a cenar... y a todo lo -demás. Pero vinieron otros gimnastas al circo de +demás. Pero vinieron otros gimnastas al circo de la Emperatriz; nosotros dejamos de ser novedad, -y el empresario, un yanqui que tenía una porción -de compañías, nos dijo a Pérez y a mí si queríamos +y el empresario, un yanqui que tenÃa una porción +de compañÃas, nos dijo a Pérez y a mà si querÃamos ir a Cuba. <i>Alante</i>—dije yo—, <i>Ol rait</i>.</p> -<p>—¿Ha estado usted en Cuba?—preguntó Roberto, -saliendo de su abstracción.</p> +<p>—¿Ha estado usted en Cuba?—preguntó Roberto, +saliendo de su abstracción.</p> -<p>—¡He estado en tantos sitios!—contestó, con +<p>—¡He estado en tantos sitios!—contestó, con aire de superioridad, el antiguo <i>Hombre-Boa</i>—. -Nos embarcamos en el <i>Abre</i>—siguió diciendo don +Nos embarcamos en el <i>Abre</i>—siguió diciendo don Alonso—en un barco que se llamaba la <i>Navarr</i>, y estuvimos en La Habana durante unos ocho meses; -trabajando allí, nos salió un negocio de una lotería, -y Pérez y yo ganamos veinte mil pesos oro.</p> +trabajando allÃ, nos salió un negocio de una loterÃa, +y Pérez y yo ganamos veinte mil pesos oro.</p> -<p>—¡Veinte mil duros!—dijo Manuel.</p> +<p>—¡Veinte mil duros!—dijo Manuel.</p> -<p>—¡Cabalito! A la semana siguiente ya los habíamos -perdido, y nos encontrábamos Pérez y yo -sin un centavo. Pasábamos unos días alimentándonos -de guayaba y de ñame, hasta que encontramos +<p>—¡Cabalito! A la semana siguiente ya los habÃamos +perdido, y nos encontrábamos Pérez y yo +sin un centavo. Pasábamos unos dÃas alimentándonos +de guayaba y de ñame, hasta que encontramos en el muelle de La Habana unos gimnastas -que estaban más arruinados que el verbo y nos +que estaban más arruinados que el verbo y nos reunimos a ellos. Era gente que no trabajaba -mal; había acróbatas, <i>clauns</i>, pantomimistas, barristas +mal; habÃa acróbatas, <i>clauns</i>, pantomimistas, barristas y una <i>equiyer</i> francesa; formamos una -compañía e hicimos una <i>turné</i> por los pueblos de -la isla; pero una <i>turné</i> morrocotuda. ¡Cómo nos -obsequiaban en aquella tierra! «Pase, mi amigo, -y tomará una copa». «Muchísimas gracias». «No -me desaire el <i>señó</i>; <i>vamo a tomá</i> una copa en <i>eta</i> -cantina, ¿no?...» Y la bebida andaba que era un -gusto. Como yo era el único de la cuadrilla que -sabía hacer cuentas, he tenido educación—añadió -don Alonso—, mi padre fué militar, me nombré -director. En uno de los pueblos reforcé la<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span> -compañía con una bailarina y un Hércules. La -bailarina se llamaba Rosita Montañés; de ésta me +compañÃa e hicimos una <i>turné</i> por los pueblos de +la isla; pero una <i>turné</i> morrocotuda. ¡Cómo nos +obsequiaban en aquella tierra! «Pase, mi amigo, +y tomará una copa». «MuchÃsimas gracias». «No +me desaire el <i>señó</i>; <i>vamo a tomá</i> una copa en <i>eta</i> +cantina, ¿no?...» Y la bebida andaba que era un +gusto. Como yo era el único de la cuadrilla que +sabÃa hacer cuentas, he tenido educación—añadió +don Alonso—, mi padre fué militar, me nombré +director. En uno de los pueblos reforcé la<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span> +compañÃa con una bailarina y un Hércules. La +bailarina se llamaba Rosita Montañés; de ésta me he acordado cuando me hablaban ustedes de esa -Rosita que buscan. La Montañés era española y -estaba casada con el Hércules, un italiano, Napoleó +Rosita que buscan. La Montañés era española y +estaba casada con el Hércules, un italiano, Napoleó Pitti, de nombre. El matrimonio llevaba como secretario a un galleguito muy inteligente, pero -detestable como artista, y la Rosita y él se la pegaban -al Hércules. No era esto difícil, porque Napoleó -era uno de los hombres más brutos que he -conocido; como fuerte no había otro: tenía una +detestable como artista, y la Rosita y él se la pegaban +al Hércules. No era esto difÃcil, porque Napoleó +era uno de los hombres más brutos que he +conocido; como fuerte no habÃa otro: tenÃa una espalda como una pared maestra; las orejas aplastadas -por los puñetazos del boxeo; era un barbarote, -y es lo que se dice: «al hombre por la palabra -y al buey por el asta»; y el galleguito le llevaba -al Hércules por el asta. El condenado marusiño -me engañó a mí también, aunque no como al -Hércules, pues siempre he sido soltero, gracias a -Dios, parte por aprensión y parte por cálculo; y +por los puñetazos del boxeo; era un barbarote, +y es lo que se dice: «al hombre por la palabra +y al buey por el asta»; y el galleguito le llevaba +al Hércules por el asta. El condenado marusiño +me engañó a mà también, aunque no como al +Hércules, pues siempre he sido soltero, gracias a +Dios, parte por aprensión y parte por cálculo; y mujeres no me han faltado—dijo don Alonso, con jactancia.</p> -<p>¿En qué iba? ¡Ah, sí! Yo no sabía el inglés; la -condenada lengua esa, aunque no es muy difícil, -no me entraba; tenía necesidad de un intérprete, -y nombré al gallego secretario de la compañía y -taquillero. Así, juntos, estuvimos cerca de un año, +<p>¿En qué iba? ¡Ah, sÃ! Yo no sabÃa el inglés; la +condenada lengua esa, aunque no es muy difÃcil, +no me entraba; tenÃa necesidad de un intérprete, +y nombré al gallego secretario de la compañÃa y +taquillero. AsÃ, juntos, estuvimos cerca de un año, y al cabo de este tiempo llegamos a una isla inglesa -que está cerca de la Jamaica. El gobernador -de la isla, un inglés más barbián que el mundo, -con unas patillas que parecían de fuego, me -llamó al desembarcar; y como no había sitio para -que trabajáramos nosotros, habilitó la escuela -municipal, que era un palacio, y mandó tirar todos +que está cerca de la Jamaica. El gobernador +de la isla, un inglés más barbián que el mundo, +con unas patillas que parecÃan de fuego, me +llamó al desembarcar; y como no habÃa sitio para +que trabajáramos nosotros, habilitó la escuela +municipal, que era un palacio, y mandó tirar todos los tabiques y hacer la pista y las gradas. En -el pueblo sólo los negros iban a aquella escuela; -y estas criaturas, ¿para qué quieren saber leer y +el pueblo sólo los negros iban a aquella escuela; +y estas criaturas, ¿para qué quieren saber leer y escribir?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span></p> -<p>Llevábamos allá un mes, y, a pesar de que no -pagábamos el local, de que solía estar lleno todas -las tardes, y de que no teníamos apenas gastos, -no ganábamos. ¿En qué consistirá?—me decía yo +<p>Llevábamos allá un mes, y, a pesar de que no +pagábamos el local, de que solÃa estar lleno todas +las tardes, y de que no tenÃamos apenas gastos, +no ganábamos. ¿En qué consistirá?—me decÃa yo continuamente—. Un misterio.</p> -<p>—¿Y en qué consistía?—preguntó Manuel.</p> +<p>—¿Y en qué consistÃa?—preguntó Manuel.</p> <p>—Ahora voy. Antes hay que explicar que el gobernador -de las patillas rojas se enamoró de la -Rosita, y, sin andarse por las ramas, se la llevó a -su palacio. El pobre Hércules mugía, rompía los +de las patillas rojas se enamoró de la +Rosita, y, sin andarse por las ramas, se la llevó a +su palacio. El pobre Hércules mugÃa, rompÃa los platos con los dedos y desahogaba su dolor y su rabia haciendo barbaridades.</p> <p>El gobernador, muy campechano, nos invitaba -al galleguito y a mí a su palacio, y allí, en un jardín -que tenía con cedros y palmeras, solíamos -preparar el programa de las funciones y nos entreteníamos -en tirar al blanco, mientras fumábamos -unos tabacos admirables y bebíamos copas -de ron. Hacíamos la corte a Rosita, y ella se reía +al galleguito y a mà a su palacio, y allÃ, en un jardÃn +que tenÃa con cedros y palmeras, solÃamos +preparar el programa de las funciones y nos entretenÃamos +en tirar al blanco, mientras fumábamos +unos tabacos admirables y bebÃamos copas +de ron. HacÃamos la corte a Rosita, y ella se reÃa como una loca, y bailaba el tango, la cachucha y -el vito, y le faltaba al inglés una barbaridad de -veces; un día me dijo el gobernador, que me trataba -como a un amigo: «Ese secretario de usted -le roba.» «Creo que sí», le contesté. «Esta noche -tendrá usted la prueba».</p> +el vito, y le faltaba al inglés una barbaridad de +veces; un dÃa me dijo el gobernador, que me trataba +como a un amigo: «Ese secretario de usted +le roba.» «Creo que sû, le contesté. «Esta noche +tendrá usted la prueba».</p> -<p>Concluímos la función; me fuí a casa, cené e +<p>ConcluÃmos la función; me fuà a casa, cené e iba a acostarme, cuando viene un negrito y me dice que le siga; bueno: lo hago; salimos los dos: -nos acercamos al circo, y en una cantina próxima -veo al gobernador y al jefe de policía del pueblo. -Hacía una noche de luna muy hermosa; en la cantina -no había luz; esperamos, y esperamos, y de +nos acercamos al circo, y en una cantina próxima +veo al gobernador y al jefe de policÃa del pueblo. +HacÃa una noche de luna muy hermosa; en la cantina +no habÃa luz; esperamos, y esperamos, y de pronto aparece un bulto, y se cuela por una ventana -del circo. «<i>For uer</i>»—murmuró el gobernador—. -Esto quiere decir: <i>¡Alante!</i>—añadió don +del circo. «<i>For uer</i>»—murmuró el gobernador—. +Esto quiere decir: <i>¡Alante!</i>—añadió don Alonso.</p> <p>Nos acercamos los tres, y por la misma venta<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>na pasamos sin hacer ruido; llegamos, de puntillas, -al portal de la antigua escuela, que hacía de -vestíbulo del circo, y que era donde estaba la taquilla, +al portal de la antigua escuela, que hacÃa de +vestÃbulo del circo, y que era donde estaba la taquilla, y vemos al secretario con una linterna en -la mano, registrando la caja. «—¡Alto a la autoridad!»—gritó -el gobernador—, y, con el revólver -que llevaba en la mano, disparó un tiro al aire. -El secretario quedó paralizado mirándonos; el -gobernador entonces le apuntó con el arma al -pecho y volvió a disparar a boca de jarro; el -hombre vaciló, dió una vuelta en el aire y cayó +la mano, registrando la caja. «—¡Alto a la autoridad!»—gritó +el gobernador—, y, con el revólver +que llevaba en la mano, disparó un tiro al aire. +El secretario quedó paralizado mirándonos; el +gobernador entonces le apuntó con el arma al +pecho y volvió a disparar a boca de jarro; el +hombre vaciló, dió una vuelta en el aire y cayó muerto.</p> <p>El gobernador estaba celoso, y la verdad es -que la Rosita le quería al secretario. Yo no he +que la Rosita le querÃa al secretario. Yo no he visto en mi vida un dolor tan grande como el de -aquella mujer cuando encontró a su amante +aquella mujer cuando encontró a su amante muerto. Lloraba y se arrastraba dando unos lamentos -que partían el alma. Napoleó lloró también.</p> +que partÃan el alma. Napoleó lloró también.</p> <p>Enterramos al secretario, y a los cuatro o cinco -días del entierro nos comunicó el jefe de policía -de la isla que la escuela no podía estar más -tiempo haciendo de circo, y que nos fuéramos. -Obedecimos la orden, porque no había más remedio, -y durante un par de años estuvimos andando -por pueblos del centro de América del Yucatán -y de Méjico, hasta que en Tampico se deshizo -la compañía. Como allá no había medio de -trabajar, Pérez y yo nos embarcamos para Nueva -Orleáns.</p> - -<p>—Hermoso pueblo, ¿eh?—dijo Roberto.</p> - -<p>—Hermoso ¿Ha estado usted allí?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Hombre, ¡cuánto me alegro!</p> - -<p>—Qué río, ¿eh?</p> - -<p>—¡Un mar! Pues voy a mi historia. La primera -vez que trabajamos en la ciudad, señores, ¡qué<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span> -éxito! El circo era más alto que una iglesia; yo le -dije al carpintero: «—Pon el trapecio nuestro lo -más alto posible»; y después de hacer esta recomendación -me fuí a comer.</p> - -<p>En nuestra ausencia llegó al circo el empresario -y preguntó: «—¿Es que los gimnastas españoles -quieren trabajar a esa altura?» «—Eso han -dicho»—le contestó el carpintero. «—Que les avisen +dÃas del entierro nos comunicó el jefe de policÃa +de la isla que la escuela no podÃa estar más +tiempo haciendo de circo, y que nos fuéramos. +Obedecimos la orden, porque no habÃa más remedio, +y durante un par de años estuvimos andando +por pueblos del centro de América del Yucatán +y de Méjico, hasta que en Tampico se deshizo +la compañÃa. Como allá no habÃa medio de +trabajar, Pérez y yo nos embarcamos para Nueva +Orleáns.</p> + +<p>—Hermoso pueblo, ¿eh?—dijo Roberto.</p> + +<p>—Hermoso ¿Ha estado usted allÃ?</p> + +<p>—SÃ.</p> + +<p>—Hombre, ¡cuánto me alegro!</p> + +<p>—Qué rÃo, ¿eh?</p> + +<p>—¡Un mar! Pues voy a mi historia. La primera +vez que trabajamos en la ciudad, señores, ¡qué<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span> +éxito! El circo era más alto que una iglesia; yo le +dije al carpintero: «—Pon el trapecio nuestro lo +más alto posible»; y después de hacer esta recomendación +me fuà a comer.</p> + +<p>En nuestra ausencia llegó al circo el empresario +y preguntó: «—¿Es que los gimnastas españoles +quieren trabajar a esa altura?» «—Eso han +dicho»—le contestó el carpintero. «—Que les avisen que no quiero ser responsable de una barbaridad -semejante».</p> - -<p>Estábamos Pérez y yo en el hotel, y nos dan el -recado de que fuéramos en seguida al circo. -«—¿Qué pasará?»—me preguntó mi compañero. -«—Ya verás—le dije yo—cómo nos van a exigir -que bajemos el trapecio».</p> - -<p>Efectivamente; vamos Pérez y yo al circo, y le -vemos al empresario. Era eso lo que quería. -«—Nada—le dije—aunque venga el mismísimo -presidente de la República de los Estados Unidos -con su señora madre, no bajo el trapecio ni una -pulgada». «—Pues se le obligará a usted». «—Lo -veremos.» Llamó el empresario a uno de policía; -le enseñé yo a éste el contrato, y me dió la razón: -me dijo que mi compañero y yo teníamos el perfecto +semejante».</p> + +<p>Estábamos Pérez y yo en el hotel, y nos dan el +recado de que fuéramos en seguida al circo. +«—¿Qué pasará?»—me preguntó mi compañero. +«—Ya verás—le dije yo—cómo nos van a exigir +que bajemos el trapecio».</p> + +<p>Efectivamente; vamos Pérez y yo al circo, y le +vemos al empresario. Era eso lo que querÃa. +«—Nada—le dije—aunque venga el mismÃsimo +presidente de la República de los Estados Unidos +con su señora madre, no bajo el trapecio ni una +pulgada». «—Pues se le obligará a usted». «—Lo +veremos.» Llamó el empresario a uno de policÃa; +le enseñé yo a éste el contrato, y me dió la razón: +me dijo que mi compañero y yo tenÃamos el perfecto derecho de rompernos la cabeza...</p> -<p>—¡Qué país!—murmuró irónicamente Roberto.</p> +<p>—¡Qué paÃs!—murmuró irónicamente Roberto.</p> -<p>—Tiene usted razón—dijo en serio don Alonso—. -¡Qué país! ¡Eso es adelanto!</p> +<p>—Tiene usted razón—dijo en serio don Alonso—. +¡Qué paÃs! ¡Eso es adelanto!</p> -<p>Por la noche, en el circo, antes de debutar, estábamos -Pérez y yo oyendo los comentarios del -público. «—Pero esos españoles, ¿van a trabajar -a esa altura?»—se preguntaba la gente. «—Se -van a matar». Nosotros tan tranquilos, sonriendo.</p> +<p>Por la noche, en el circo, antes de debutar, estábamos +Pérez y yo oyendo los comentarios del +público. «—Pero esos españoles, ¿van a trabajar +a esa altura?»—se preguntaba la gente. «—Se +van a matar». Nosotros tan tranquilos, sonriendo.</p> <p>Ibamos a salir a la pista, cuando se nos acerca -un señor de sotabarba marinera, sombrero de +un señor de sotabarba marinera, sombrero de copa de alas planas y carrick, y gangueando mucho, -nos dice que nos podía suceder una desgra<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>cia -trabajando tan alto, y que, si queríamos, podíamos -asegurar la vida, para lo cual no había +nos dice que nos podÃa suceder una desgra<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>cia +trabajando tan alto, y que, si querÃamos, podÃamos +asegurar la vida, para lo cual no habÃa mas que firmar unos papeles que llevaba en la -mano. ¡Cristo! Me quedé muerto; sentí ganas de -estrangular al tío aquel.</p> +mano. ¡Cristo! Me quedé muerto; sentà ganas de +estrangular al tÃo aquel.</p> -<p>Temblando y haciendo de tripas corazón salimos -Pérez y yo a la pista. Tuvimos que darnos -colorete. Llevábamos un traje azul cuajado de estrellas -plateadas; una alusión a la bandera del +<p>Temblando y haciendo de tripas corazón salimos +Pérez y yo a la pista. Tuvimos que darnos +colorete. Llevábamos un traje azul cuajado de estrellas +plateadas; una alusión a la bandera del <i>Unichs Steis</i>; saludamos, y arriba por la cuerda.</p> -<p>Al principio, yo creí que me caía; se me iba la -cabeza, me zumbaban los oídos; pero con los primeros -aplausos se me olvidó todo, y Pérez y yo -hicimos los ejercicios más difíciles con una precisión -admirable. El publicó aplaudía a rabiar. ¡Qué +<p>Al principio, yo creà que me caÃa; se me iba la +cabeza, me zumbaban los oÃdos; pero con los primeros +aplausos se me olvidó todo, y Pérez y yo +hicimos los ejercicios más difÃciles con una precisión +admirable. El publicó aplaudÃa a rabiar. ¡Qué tiempos!</p> -<p>Y el viejo gimnasta sonrió; luego hizo una mueca -de amargura; se le humedecieron los ojos; parpadeó -para absorber una lágrima, que escapó al -fin y corrió por la mejilla terrosa.</p> +<p>Y el viejo gimnasta sonrió; luego hizo una mueca +de amargura; se le humedecieron los ojos; parpadeó +para absorber una lágrima, que escapó al +fin y corrió por la mejilla terrosa.</p> -<p>—Soy un tonto; no lo puedo remediar—murmuró +<p>—Soy un tonto; no lo puedo remediar—murmuró don Alonso para explicar su debilidad.</p> -<p>—¿Y siguieron ustedes en Nueva Orleáns?—preguntó +<p>—¿Y siguieron ustedes en Nueva Orleáns?—preguntó Roberto.</p> -<p>—Allí—contestó don Alonso—nos contrató a -Pérez y a mí una gran empresa de circos de <i>Niu -Yoc</i>, que tenía veinte o treinta compañías andando -por toda América. Ibamos en un tren especial -todos los gimnastas, bailarinas, <i>equiyeres</i>, acróbatas, +<p>—All×contestó don Alonso—nos contrató a +Pérez y a mà una gran empresa de circos de <i>Niu +Yoc</i>, que tenÃa veinte o treinta compañÃas andando +por toda América. Ibamos en un tren especial +todos los gimnastas, bailarinas, <i>equiyeres</i>, acróbatas, pantomimistas, <i>clauns</i>, contorsionistas, -Hércules... La mayoría eran italianos y franceses.</p> +Hércules... La mayorÃa eran italianos y franceses.</p> -<p>—Habría mujeres guapas, ¿eh?—dijo Manuel.</p> +<p>—HabrÃa mujeres guapas, ¿eh?—dijo Manuel.</p> -<p>—¡Uf..., así...—contestó don Alonso uniendo -sus dedos—. ¡Mujeres con unos músculos!... Era -una vida como no hay otra—añadió volviendo a -su tema melancólico—. Se tenía dinero, mujeres, +<p>—¡Uf..., asÃ...—contestó don Alonso uniendo +sus dedos—. ¡Mujeres con unos músculos!... Era +una vida como no hay otra—añadió volviendo a +su tema melancólico—. Se tenÃa dinero, mujeres, trajes... y, sobre todo, la gloria, el aplauso...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span></p> -<p>Y el gimnasta quedó entusiasmado, mirando +<p>Y el gimnasta quedó entusiasmado, mirando fijamente a un punto.</p> <p>Roberto y Manuel le contemplaban con curiosidad.</p> -<p>—Y a la Rosita, ¿no la volvió usted a ver más?—preguntó +<p>—Y a la Rosita, ¿no la volvió usted a ver más?—preguntó Roberto.</p> -<p>—No; me dijeron que se había divorciado de -Napoleó para casarse de nuevo en <i>Beustón</i> con -un millonario del Oeste. Las mujeres... ¿Quién se -fía de ellas?... Pero, señores, son las once. Perdonen -ustedes; me tengo que marchar. ¡Muchas -gracias! ¡Muchísimas gracias!—murmuró don -Alonso apretando con efusión la mano de Roberto +<p>—No; me dijeron que se habÃa divorciado de +Napoleó para casarse de nuevo en <i>Beustón</i> con +un millonario del Oeste. Las mujeres... ¿Quién se +fÃa de ellas?... Pero, señores, son las once. Perdonen +ustedes; me tengo que marchar. ¡Muchas +gracias! ¡MuchÃsimas gracias!—murmuró don +Alonso apretando con efusión la mano de Roberto y la de Manuel—. Ya nos veremos otra vez -¿verdad?</p> +¿verdad?</p> -<p>—Sí; nos veremos—contestó Roberto.</p> +<p>—SÃ; nos veremos—contestó Roberto.</p> -<p>Don Alonso cogió su fonógrafo en la mano y -pasó por entre las mesas repitiendo su frase: -<i>¡Novedé! ¡Novedé!</i> Luego, después de saludar -nuevamente a Roberto y a Manuel, desapareció.</p> +<p>Don Alonso cogió su fonógrafo en la mano y +pasó por entre las mesas repitiendo su frase: +<i>¡Novedé! ¡Novedé!</i> Luego, después de saludar +nuevamente a Roberto y a Manuel, desapareció.</p> -<p>—Nada, no se averigua nada—murmuró Roberto—. -Vaya, adiós; hasta otro día.</p> +<p>—Nada, no se averigua nada—murmuró Roberto—. +Vaya, adiós; hasta otro dÃa.</p> -<p class="ht">Manuel quedó solo, y pensando en las historias +<p class="ht">Manuel quedó solo, y pensando en las historias de don Alonso y en los misterios de Roberto, -se fué al Corralón a acostarse.</p> +se fué al Corralón a acostarse.</p> -<h2 id="CAPITULO_VII2">CAPÍTULO VII</h2> +<h2 id="CAPITULO_VII2">CAPÃTULO VII</h2> -<p class="smcap center">La «kermesse» de la calle de la Pasión.—El -«Lechuguino».—Un café cantante.</p> +<p class="smcap center">La «kermesse» de la calle de la Pasión.—El +«Lechuguino».—Un café cantante.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">La</span> <i>kermesse</i> de la calle de la Pasión fué esperada -por Leandro con ansiedad. Otros años -había acompañado a la Milagros a la verbena de -San Antonio y a las del Prado; bailó con ella, la -convidó a buñuelos, la regaló un tiesto de albahaca; -aquel verano la familia del <i>Corretor</i> parecía -tener empeño decidido de apartar a la Milagros -de Leandro. Este se enteró de que su novia -y su madre pensaban ir a la <i>kermesse</i>, y se agenció -dos billetes, y anunció a Manuel que los dos -se presentarían allá.</p> +<p class="p2"><span class="smcap">La</span> <i>kermesse</i> de la calle de la Pasión fué esperada +por Leandro con ansiedad. Otros años +habÃa acompañado a la Milagros a la verbena de +San Antonio y a las del Prado; bailó con ella, la +convidó a buñuelos, la regaló un tiesto de albahaca; +aquel verano la familia del <i>Corretor</i> parecÃa +tener empeño decidido de apartar a la Milagros +de Leandro. Este se enteró de que su novia +y su madre pensaban ir a la <i>kermesse</i>, y se agenció +dos billetes, y anunció a Manuel que los dos +se presentarÃan allá.</p> <p>Efectivamente: fueron una noche de agosto, -que hacía un calor horrible; un vaho denso y -turbio llenaba las calles de las cercanías del +que hacÃa un calor horrible; un vaho denso y +turbio llenaba las calles de las cercanÃas del Rastro, adornadas e iluminadas con farolillos a la veneciana.</p> <p>Se celebraba la fiesta en un solar grande de la -calle de la Pasión. Entraron Leandro y Manuel: -la música del Hospicio tocaba una habanera. El +calle de la Pasión. Entraron Leandro y Manuel: +la música del Hospicio tocaba una habanera. El solar, alumbrado con arcos voltaicos, estaba<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span> adornado con cintas, gasas y flores artificiales, -que partían como radios de un poste del centro e +que partÃan como radios de un poste del centro e iban hasta los extremos. Frente a la puerta de entrada -había una caseta de tablas, recubierta con -percalina roja y amarilla, y una porción de banderas -españolas: era la tómbola.</p> +habÃa una caseta de tablas, recubierta con +percalina roja y amarilla, y una porción de banderas +españolas: era la tómbola.</p> -<p>Leandro y Manuel se sentaron en un rincón y +<p>Leandro y Manuel se sentaron en un rincón y esperaron. El corrector y su familia llegaron pasadas las diez; la Milagros estaba muy bonita: -vestía traje claro con dibujos azules, pañuelo de -crespón negro y zapato blanco. Iba un poco escotada +vestÃa traje claro con dibujos azules, pañuelo de +crespón negro y zapato blanco. Iba un poco escotada hasta el nacimiento del cuello, terso y redondo.</p> <p>En aquel momento la banda del Hospicio tocaba a trompetazos el scottish de <i>Los Cocineros</i>, -y Leandro, emocionado, invitó a bailar a +y Leandro, emocionado, invitó a bailar a la Milagros. La muchacha hizo un gestillo de enfado.</p> -<p>—A ver si me manchas el traje nuevo—murmuró, -y se puso el pañuelo en la cintura.</p> +<p>—A ver si me manchas el traje nuevo—murmuró, +y se puso el pañuelo en la cintura.</p> -<p>—Si bailas con otro también te manchará—contestó +<p>—Si bailas con otro también te manchará—contestó Leandro humildemente.</p> -<p>La Milagros no hizo caso: bailaba cogiéndose +<p>La Milagros no hizo caso: bailaba cogiéndose la falda con una mano, contestando de una manera -displicente y por monosílabos.</p> +displicente y por monosÃlabos.</p> -<p>Concluyó el scottish, y Leandro invitó a la familia -a ir al ambigú. A la derecha de la puerta -había dos escalinatas adornadas, que conducían -a otro solar a un nivel de seis o siete metros más +<p>Concluyó el scottish, y Leandro invitó a la familia +a ir al ambigú. A la derecha de la puerta +habÃa dos escalinatas adornadas, que conducÃan +a otro solar a un nivel de seis o siete metros más alto del sitio donde se celebraba el baile. En una -de las escaleras, llenas de banderas españolas, -había un letrero, sostenido por un poste, donde -ponía: «Subida al ambigú»; en la otra: «Bajada -del ambigú».</p> - -<p>Subieron todos la escalera. El ambigú era un -sitio espacioso, con árboles, alumbrado por globos -eléctricos, que colgaban de gruesos cables.<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span> +de las escaleras, llenas de banderas españolas, +habÃa un letrero, sostenido por un poste, donde +ponÃa: «Subida al ambigú»; en la otra: «Bajada +del ambigú».</p> + +<p>Subieron todos la escalera. El ambigú era un +sitio espacioso, con árboles, alumbrado por globos +eléctricos, que colgaban de gruesos cables.<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span> Sentados a las mesas, una multitud abigarrada -hablaba a gritos, palmoteaba y reía.</p> - -<p>Tuvieron que esperar muchísimo tiempo para -que un mozo trajese cerveza; la Milagros pidió -un helado, y, como no había, no quiso tomar -nada. Estuvo así, sin hablar, considerándose profundamente -ofendida, hasta que se encontró con -dos muchachas de su taller, se reunió con ellas -y se le marchó el enfado al momento. Leandro, -a la primera ocasión, abandonó al corrector, se -reunió con Manuel y fué a buscar a su novia. -En el solar próximo de la entrada, en el sitio del +hablaba a gritos, palmoteaba y reÃa.</p> + +<p>Tuvieron que esperar muchÃsimo tiempo para +que un mozo trajese cerveza; la Milagros pidió +un helado, y, como no habÃa, no quiso tomar +nada. Estuvo asÃ, sin hablar, considerándose profundamente +ofendida, hasta que se encontró con +dos muchachas de su taller, se reunió con ellas +y se le marchó el enfado al momento. Leandro, +a la primera ocasión, abandonó al corrector, se +reunió con Manuel y fué a buscar a su novia. +En el solar próximo de la entrada, en el sitio del baile, paseaban, dando vueltas, las parejas en los momentos de descanso; las dos amigas de la Milagros -y ésta, las tres agarradas del brazo, paseaban +y ésta, las tres agarradas del brazo, paseaban muy alegres, seguidas muy de cerca por tres -hombres. Uno de ellos era un señorito achulapado, +hombres. Uno de ellos era un señorito achulapado, alto, de bigote rubio; el otro, un hombre bajito, de facha ordinaria, con el bigote pintado, la pechera y los dedos llenos de brillantes, y el tercero, -un chulapón, con patillas de hacha, mezcla +un chulapón, con patillas de hacha, mezcla de gitano y tratante en ganados, con las trazas -del más abyecto truhán.</p> +del más abyecto truhán.</p> <p>Leandro, al notar la maniobra de los tres compadres, se interpuso entre las muchachas y sus -galanteadores, y, volviéndose hacia ellos con impertinencia, +galanteadores, y, volviéndose hacia ellos con impertinencia, dijo:</p> -<p>—¿Qué hay?</p> +<p>—¿Qué hay?</p> -<p>Los tres se hicieron los distraídos y se rezagaron.</p> +<p>Los tres se hicieron los distraÃdos y se rezagaron.</p> -<p>—¿Quiénes son?—preguntó Manuel.</p> +<p>—¿Quiénes son?—preguntó Manuel.</p> <p>—Uno es el <i>Lechuguino</i>—dijo Leandro en voz -alta para que le oyera su novia—, un tío que -tiene lo menos cincuenta años y anda por ahí -echándoselas de pollo; el bajito, del bigote pintado, +alta para que le oyera su novia—, un tÃo que +tiene lo menos cincuenta años y anda por ahà +echándoselas de pollo; el bajito, del bigote pintado, es <i>Pepe el Federal</i>, y el otro, <i>Eusebio el Carnicero</i>, -un hombre que es dueño de unas cuantas +un hombre que es dueño de unas cuantas casas de compromiso.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span></p> -<p>El arranque fanfarrón de Leandro gustó a una -de las muchachas, que se volvió a mirar al -mozo y sonrió; pero a la Milagros no le hizo gracia -ninguna, y, mirando hacia atrás, buscó repetidas +<p>El arranque fanfarrón de Leandro gustó a una +de las muchachas, que se volvió a mirar al +mozo y sonrió; pero a la Milagros no le hizo gracia +ninguna, y, mirando hacia atrás, buscó repetidas veces con la mirada al grupo de los tres hombres.</p> -<p>En esto apareció el que Leandro había designado -con el mote de <i>Lechuguino</i>, acompañando +<p>En esto apareció el que Leandro habÃa designado +con el mote de <i>Lechuguino</i>, acompañando al corrector y a su mujer. Las tres muchachas -se acercaron a ellos, y el <i>Lechuguino</i> invitó a -bailar a la Milagros. Leandro miró a su novia angustiosamente; +se acercaron a ellos, y el <i>Lechuguino</i> invitó a +bailar a la Milagros. Leandro miró a su novia angustiosamente; ella, sin hacerle caso, se puso a bailar. Tocaban el paso doble de <i>El tambor de -granaderos</i>. El <i>Lechuguino</i> era un bailarín consumado; +granaderos</i>. El <i>Lechuguino</i> era un bailarÃn consumado; llevaba a su pareja como una pluma y -le hablaba tan de cerca, que parecía que le estaba +le hablaba tan de cerca, que parecÃa que le estaba besando.</p> -<p>Leandro no sabía qué cara poner, sufría horriblemente; -no se decidía a marcharse. Concluyó -aquel baile, y el <i>Lechuguino</i> acompañó a Milagros +<p>Leandro no sabÃa qué cara poner, sufrÃa horriblemente; +no se decidÃa a marcharse. Concluyó +aquel baile, y el <i>Lechuguino</i> acompañó a Milagros adonde estaba su madre.</p> -<p>—¡Vámonos! ¡Vámonos!—dijo Leandro a Manuel—. +<p>—¡Vámonos! ¡Vámonos!—dijo Leandro a Manuel—. Si no, voy a hacer un disparate.</p> -<p>Salieron de allí escapados y entraron en un -café cantante de la calle de la Encomienda. +<p>Salieron de allà escapados y entraron en un +café cantante de la calle de la Encomienda. Estaba desierto. Dos chiquillas bailaron en un tablado: una vestida de maja, y otra de manolo.</p> <p>Leandro, pensativo, no hablaba una palabra; -Manuel sentía sueño.</p> +Manuel sentÃa sueño.</p> -<p>—Vamos de aquí—murmuró Leandro, después -de breve rato—. Esto está muy triste.</p> +<p>—Vamos de aqu×murmuró Leandro, después +de breve rato—. Esto está muy triste.</p> <p>Salieron a la plaza del Progreso; Leandro, siempre cabizbajo y pensativo; Manuel, muerto de -sueño.</p> +sueño.</p> -<p>—En el café de la Marina—dijo Leandro—habrá +<p>—En el café de la Marina—dijo Leandro—habrá holgorio.</p> -<p>Más nos vale ir a casa—contestó Manuel.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> +<p>Más nos vale ir a casa—contestó Manuel.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> -<p>Leandro, sin atenderle, bajó a la Puerta del +<p>Leandro, sin atenderle, bajó a la Puerta del Sol; entraron los dos muy silenciosos por la calle de la Montera y volvieron la esquina de la de -Jardines. Era más de la una. Al paso las busconas, +Jardines. Era más de la una. Al paso las busconas, apostadas en los portales, con sus trajes -claros, les detenían, y al ver el aspecto torvo de +claros, les detenÃan, y al ver el aspecto torvo de Leandro y la facha pobre de Manuel, les dejaban -pasar, dándoles alguna broma por su seriedad.</p> +pasar, dándoles alguna broma por su seriedad.</p> <p>A la mitad de la calle, estrecha y obscura, brillaba -un farol rojo, que iluminaba la portada sórdida -del café de la Marina.</p> +un farol rojo, que iluminaba la portada sórdida +del café de la Marina.</p> -<p>Empujó la puerta Leandro y pasaron adentro. +<p>Empujó la puerta Leandro y pasaron adentro. Enfrente, el tablado con cuatro o cinco espejos, -relucía lleno de luz; en el local, angosto, la fila de +relucÃa lleno de luz; en el local, angosto, la fila de mesas arrinconadas a una y otra pared no dejaban en medio mas que un pasillo.</p> -<p>Se sentaron Leandro y Manuel. Este apoyó la -frente en la mano y quedó dormido; Leandro -hizo una seña a dos <i>cantaoras</i>, vestidas con trajes +<p>Se sentaron Leandro y Manuel. Este apoyó la +frente en la mano y quedó dormido; Leandro +hizo una seña a dos <i>cantaoras</i>, vestidas con trajes vistosos, que hablaban con unas mujeres gordas, y las dos fueron a sentarse a la mesa.</p> -<p>—¿Qué vais a tomar?—las preguntó Leandro.</p> +<p>—¿Qué vais a tomar?—las preguntó Leandro.</p> -<p>—Yo alpiste—contestó una de ellas, que era -delgadita, nerviosa, con los ojos pequeños y pintados.</p> +<p>—Yo alpiste—contestó una de ellas, que era +delgadita, nerviosa, con los ojos pequeños y pintados.</p> -<p>—¿Tú cómo te llamas?</p> +<p>—¿Tú cómo te llamas?</p> -<p>—Yo, <i>María la Chivato</i>.</p> +<p>—Yo, <i>MarÃa la Chivato</i>.</p> -<p>—¿Y ésta?</p> +<p>—¿Y ésta?</p> <p>—<i>La Tarugo.</i></p> -<p>La <i>Tarugo</i>, que era una malagueña gorda y -agitanada, se sentó al lado de Leandro, y se pusieron +<p>La <i>Tarugo</i>, que era una malagueña gorda y +agitanada, se sentó al lado de Leandro, y se pusieron los dos a hablar bajo.</p> -<p>Se acercó el mozo a la mesa.</p> +<p>Se acercó el mozo a la mesa.</p> -<p>—Tráenos cuatro medias de aguardiente—dijo -la <i>Chivato</i>—, porque éste beberá—añadió dirigiéndose -a Manuel y agarrándole del brazo—. ¡Tú, +<p>—Tráenos cuatro medias de aguardiente—dijo +la <i>Chivato</i>—, porque éste beberá—añadió dirigiéndose +a Manuel y agarrándole del brazo—. ¡Tú, chaval!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p> -<p>—¡Eh!—exclamó el muchacho, despertándose, -sin tener idea de dónde estaba—. ¿Qué quiere +<p>—¡Eh!—exclamó el muchacho, despertándose, +sin tener idea de dónde estaba—. ¿Qué quiere usted?</p> -<p>La <i>Chivato</i> se echó a reír.</p> +<p>La <i>Chivato</i> se echó a reÃr.</p> -<p>—¡Despiértate, hombre, que se te va el tren! -¿Has venido en el mixto de esta tarde?</p> +<p>—¡Despiértate, hombre, que se te va el tren! +¿Has venido en el mixto de esta tarde?</p> -<p>—He venido en la...—y Manuel soltó un rosario +<p>—He venido en la...—y Manuel soltó un rosario de barbaridades.</p> <p>Luego, de muy malhumor, se puso a mirar a todos lados, haciendo esfuerzos para no dormirse.</p> <p>En una mesa de al lado, un hombre con trazas -de chalán discutía acerca del cante y del baile flamenco +de chalán discutÃa acerca del cante y del baile flamenco con un bizco de cara de asesino.</p> -<p>—Ya no hay artistas—decía el chalán—; antes -venía uno aquí a ver al <i>Pinto</i>, al <i>Canito</i>, a los -<i>Feos</i>, a las <i>Macarronas</i>... Ahora, ¿qué? Ahora, <i>na</i>; +<p>—Ya no hay artistas—decÃa el chalán—; antes +venÃa uno aquà a ver al <i>Pinto</i>, al <i>Canito</i>, a los +<i>Feos</i>, a las <i>Macarronas</i>... Ahora, ¿qué? Ahora, <i>na</i>; pollos en vinagre.</p> -<p>—Me parece—decía muy serio el bizco.</p> +<p>—Me parece—decÃa muy serio el bizco.</p> -<p>—Ese es el <i>tocaor</i>—dijo, señalando a este último +<p>—Ese es el <i>tocaor</i>—dijo, señalando a este último la <i>Chivato</i>.</p> <p>No pararon mucho tiempo las dos <i>cantaoras</i> en la mesa de Leandro y Manuel. El bizco estaba ya -en el tablado; empezó a puntear la guitarra, se +en el tablado; empezó a puntear la guitarra, se sentaron seis mujeres en fila y comenzaron a palmotear -rítmicamente; la <i>Tarugo</i> se levantó de su -asiento y se arrancó a bailar de costado, luego -zarandeó las caderas de una manera convulsiva; -el <i>cantaor</i> comenzó a gargarizar suavemente; a -intervalos callaba y no se oía entonces más que -el castañeteo de los dedos de la <i>Tarugo</i> y los +rÃtmicamente; la <i>Tarugo</i> se levantó de su +asiento y se arrancó a bailar de costado, luego +zarandeó las caderas de una manera convulsiva; +el <i>cantaor</i> comenzó a gargarizar suavemente; a +intervalos callaba y no se oÃa entonces más que +el castañeteo de los dedos de la <i>Tarugo</i> y los golpes de sus tacones, que llevaban el contrapunto.</p> -<p>Cuando concluyó la <i>cantaora</i> malagueña, se -levantó un gitano de piel achocolatada, y bailó -un tango, un danzón de negro; se retorcía, echaba -el abdomen para adelante y los brazos atrás. -Terminó con movimientos de caderas afeminados<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span> -y un trenzado complicadísimo de brazos y de +<p>Cuando concluyó la <i>cantaora</i> malagueña, se +levantó un gitano de piel achocolatada, y bailó +un tango, un danzón de negro; se retorcÃa, echaba +el abdomen para adelante y los brazos atrás. +Terminó con movimientos de caderas afeminados<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span> +y un trenzado complicadÃsimo de brazos y de piernas.</p> -<p>—Eso es trabajar—dijo el chalán.</p> +<p>—Eso es trabajar—dijo el chalán.</p> -<p>—Mira, yo me voy—murmuró Manuel.</p> +<p>—Mira, yo me voy—murmuró Manuel.</p> <p>—Espera; vamos a tomar otra copa.</p> <p>—No; me marcho.</p> -<p>-Bueno; vámonos. ¡Es lástima!</p> +<p>-Bueno; vámonos. ¡Es lástima!</p> <p class="ht">En aquel momento un <i>cantaor</i> gordo, con una cerviz poderosa, y el guitarrista bizco de cara de -asesino, se adelantaron al público, y mientras el +asesino, se adelantaron al público, y mientras el uno rasgueaba la guitarra, poniendo de repente la mano sobre las cuerdas para detener el sonido, el otro, con la cara inyectada, las venas del cuello -tensas y los ojos fuera de las órbitas, lanzaba +tensas y los ojos fuera de las órbitas, lanzaba una queja gutural, sin duda muy dificultosa, porque -le hacía enrojecer hasta la frente.</p> +le hacÃa enrojecer hasta la frente.</p> -<h2 id="CAPITULO_VIII2">CAPÍTULO VIII</h2> +<h2 id="CAPITULO_VIII2">CAPÃTULO VIII</h2> <p class="smcap center">Las vacilaciones de Leandro.—En la taberna de -la «Blasa».—El de las tres cartas.—Lucha con -El «Valencia».</p> +la «Blasa».—El de las tres cartas.—Lucha con +El «Valencia».</p> -<p class="p2"><span class="smcap">Algunas</span> noches Manuel oía a Leandro en su -cuarto que se revolvía en la cama y suspiraba +<p class="p2"><span class="smcap">Algunas</span> noches Manuel oÃa a Leandro en su +cuarto que se revolvÃa en la cama y suspiraba con unos suspiros tan profundos como los mugidos de un toro.</p> @@ -5505,40 +5471,40 @@ mugidos de un toro.</p> <p>La ruptura entre la Milagros y Leandro era definitiva. El <i>Lechuguino</i>, en cambio, ganaba terreno: -había conquistado a la madre de la muchacha, -convidaba al corrector y esperaba y acompañaba +habÃa conquistado a la madre de la muchacha, +convidaba al corrector y esperaba y acompañaba a la Milagros.</p> -<p>Un día, al anochecer, los vió Manuel a los dos, -calle de Embajadores abajo: él iba contoneándose, +<p>Un dÃa, al anochecer, los vió Manuel a los dos, +calle de Embajadores abajo: él iba contoneándose, con la capa terciada; ella, arrebujada en el -mantón; el la hablaba y ella se reía.</p> +mantón; el la hablaba y ella se reÃa.</p> -<p>—¿Qué va a hacer Leandro cuando lo sepa?—preguntó +<p>—¿Qué va a hacer Leandro cuando lo sepa?—preguntó Manuel—. No, pues yo no se lo digo; -ya se encargará alguna bruja de la vecindad de +ya se encargará alguna bruja de la vecindad de darle la noticia.</p> -<p>Efectivamente, así pasó; y antes de un mes<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> +<p>Efectivamente, asà pasó; y antes de un mes<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> nadie ignoraba en la casa que la Milagros era la -novia del <i>Lechuguino</i>; que éste había abandonado +novia del <i>Lechuguino</i>; que éste habÃa abandonado la vida de juerga y de garito, y pensaba seguir con el negocio de su padre: la venta de materiales para construcciones, y establecerse y hacer la vida de una persona formal.</p> -<p>Mientras que Leandro trabajaba en la zapatería, -el <i>Lechuguino</i> solía visitar a la familia del corrector, +<p>Mientras que Leandro trabajaba en la zapaterÃa, +el <i>Lechuguino</i> solÃa visitar a la familia del corrector, y hablaba con la Milagros ya con el consentimiento de los padres.</p> -<p>Leandro era o aparentaba ser el único no enterado +<p>Leandro era o aparentaba ser el único no enterado de las nuevas relaciones de la Milagros. Algunas -mañanas, al pasar el mozo por delante de -la casa del señor Zurro, para bajar al patio, solía -encontrar a la Encarna, y ésta, al verle, le preguntaba +mañanas, al pasar el mozo por delante de +la casa del señor Zurro, para bajar al patio, solÃa +encontrar a la Encarna, y ésta, al verle, le preguntaba con sorna por la Milagros, cuando no -solía cantarle un tango, que empezaba diciendo:</p> +solÃa cantarle un tango, que empezaba diciendo:</p> <div class="poetry-container"> <div class="poetry"><div class="stanza"> @@ -5547,622 +5513,622 @@ solía cantarle un tango, que empezaba diciendo:</p> </div></div></div> <p>y especificando la locura y entrando en detalles, -añadía a voz en grito:</p> +añadÃa a voz en grito:</p> <div class="poetry-container"> <div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y por la mañana él va a la oficina,</div> -<div class="line">y ella queda en casa con algún vecino</div> +<div class="line i1">Y por la mañana él va a la oficina,</div> +<div class="line">y ella queda en casa con algún vecino</div> <div class="line">que es persona fina.</div> </div></div></div> -<p>Leandro sentía el amargor que se deslizaba -hasta el fondo de su alma, y por más que se revolvía +<p>Leandro sentÃa el amargor que se deslizaba +hasta el fondo de su alma, y por más que se revolvÃa para dominar sus instintos, no lograba -tranquilizarse. Un sábado por la noche, mientras -volvían por la Ronda hacia casa, Leandro se acercó +tranquilizarse. Un sábado por la noche, mientras +volvÃan por la Ronda hacia casa, Leandro se acercó a Manuel.</p> -<p>—¿Tú sabes si la Milagros habla con el <i>Lechuguino</i>?—le -preguntó.</p> +<p>—¿Tú sabes si la Milagros habla con el <i>Lechuguino</i>?—le +preguntó.</p> -<p>-¿Yo?</p> +<p>-¿Yo?</p> -<p>—¿No has oído decir que se van a casar?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span></p> +<p>—¿No has oÃdo decir que se van a casar?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span></p> -<p>—Sí; eso se ha dicho.</p> +<p>—SÃ; eso se ha dicho.</p> -<p>—¿Tú que harías en mi caso?</p> +<p>—¿Tú que harÃas en mi caso?</p> -<p>—Yo... me enteraría.</p> +<p>—Yo... me enterarÃa.</p> -<p>—¿Y si resultaba verdad?</p> +<p>—¿Y si resultaba verdad?</p> -<p>Manuel se calló. Fueron andando juntos sin -hablarse. De pronto Leandro se paró bruscamente, +<p>Manuel se calló. Fueron andando juntos sin +hablarse. De pronto Leandro se paró bruscamente, y puso la mano en el hombro de Manuel.</p> -<p>—¿Tú crees—dijo—que si una mujer le engaña +<p>—¿Tú crees—dijo—que si una mujer le engaña a un hombre no tiene uno el derecho de matarla?</p> -<p>—Yo creo que no—contestó Manuel, mirando +<p>—Yo creo que no—contestó Manuel, mirando a Leandro a los ojos.</p> -<p>—Pues cuando un hombre tiene riñones lo hace -con derecho o sin él.</p> +<p>—Pues cuando un hombre tiene riñones lo hace +con derecho o sin él.</p> -<p>—Pero ¡moler! ¿A ti te ha engañado la Milagros? -¿Estabas casado con ella? Habéis reñido, y -nada más.</p> +<p>—Pero ¡moler! ¿A ti te ha engañado la Milagros? +¿Estabas casado con ella? Habéis reñido, y +nada más.</p> <p>—Yo voy a concluir haciendo una barbaridad. -Créelo—murmuró Leandro.</p> +Créelo—murmuró Leandro.</p> <p>Se callaron los dos. Cruzaron el portal de la Corrala; subieron las escaleras y entraron en -casa. Sacaron la cena; pero Leandro no comió, bebió -tres vasos de agua seguidos y salió a la galería.</p> +casa. Sacaron la cena; pero Leandro no comió, bebió +tres vasos de agua seguidos y salió a la galerÃa.</p> -<p>Iba a salir Manuel después de cenar, cuando -oyó que Leandro le llamaba repetidas veces.</p> +<p>Iba a salir Manuel después de cenar, cuando +oyó que Leandro le llamaba repetidas veces.</p> -<p>—¿Qué quieres?</p> +<p>—¿Qué quieres?</p> <p>—Anda, vamos.</p> -<p>Manuel salió al balcón corrido; la Milagros y +<p>Manuel salió al balcón corrido; la Milagros y su madre, desde la puerta de su casa, insultaban a Leandro violentamente.</p> -<p>—¡Golfo! ¡Granuja!—decía la mujer del corrector—. -Si estuviera aquí su padre no hablarías de +<p>—¡Golfo! ¡Granuja!—decÃa la mujer del corrector—. +Si estuviera aquà su padre no hablarÃas de ese modo.</p> -<p>—Y si estuviera su abuelo lo mismo—exclamó -Leandro, riéndose de un modo salvaje—. Anda, -vámonos, tú—añadió dirigiéndose a Manuel—. -Ya está uno harto de estas zorras.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span></p> +<p>—Y si estuviera su abuelo lo mismo—exclamó +Leandro, riéndose de un modo salvaje—. Anda, +vámonos, tú—añadió dirigiéndose a Manuel—. +Ya está uno harto de estas zorras.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span></p> -<p>Salieron los dos de la galería, y después del -Corralón.</p> +<p>Salieron los dos de la galerÃa, y después del +Corralón.</p> -<p>—Pero, ¿qué ha pasado?—preguntó Manuel,</p> +<p>—Pero, ¿qué ha pasado?—preguntó Manuel.</p> -<p>—Nada, que esto se ha concluído—contestó +<p>—Nada, que esto se ha concluÃdo—contestó Leandro—. La he dicho de buena manera: Oye, -Milagros, ¿es verdad que te vas a casar con el -<i>Lechuguino</i>? «Sí, es verdad, ¿te importa algo?» -«Sí, la he contestado, porque ya sabes que yo te -quiero. ¿Es porque es más rico que yo?» «Aunque -fuera más pobre que una rata me casaba -con él». «¡Bah!» «¿Es que no lo crees?» «Bueno». -Al último me ha indignado, y la he dicho que me +Milagros, ¿es verdad que te vas a casar con el +<i>Lechuguino</i>? «SÃ, es verdad, ¿te importa algo?» +«SÃ, la he contestado, porque ya sabes que yo te +quiero. ¿Es porque es más rico que yo?» «Aunque +fuera más pobre que una rata me casaba +con él». «¡Bah!» «¿Es que no lo crees?» «Bueno». +Al último me ha indignado, y la he dicho que me daba lo mismo que se casara con un perro, y que -era una tía zorra indecente... Luego la madre ha -salido a insultarme... Esto ya se ha concluído. -Mejor. Los cosas claras. ¿Adónde vamos? ¿Vamos +era una tÃa zorra indecente... Luego la madre ha +salido a insultarme... Esto ya se ha concluÃdo. +Mejor. Los cosas claras. ¿Adónde vamos? ¿Vamos otra vez a las Injurias?</p> -<p>—¿Para qué?</p> +<p>—¿Para qué?</p> -<p>—A ver si ese <i>Valencia</i> se sigue poniendo moños +<p>—A ver si ese <i>Valencia</i> se sigue poniendo moños conmigo.</p> -<p>Cruzaron la vía de circunvalación. Leandro, -dando zancadas, se plantó en un momento en las -Injurias. Manuel apenas podía seguirle.</p> +<p>Cruzaron la vÃa de circunvalación. Leandro, +dando zancadas, se plantó en un momento en las +Injurias. Manuel apenas podÃa seguirle.</p> <p>Entraron en la taberna de la <i>Blasa</i>; los mismos -hombres de la noche anterior jugaban al cané -cerca de la estufa. De las mujeres, sólo estaban +hombres de la noche anterior jugaban al cané +cerca de la estufa. De las mujeres, sólo estaban la <i>Paloma</i> y la <i>Muerte</i>. Esta, completamente borracha, -dormía sobre la mesa. La luz daba en su +dormÃa sobre la mesa. La luz daba en su cara erisipelatosa y llena de costras; de la boca -entreabierta, de labios hinchados, le fluía la saliva; -la melena estoposa, gris, sucia y enmarañada -le salía en mechones por debajo del pañuelo +entreabierta, de labios hinchados, le fluÃa la saliva; +la melena estoposa, gris, sucia y enmarañada +le salÃa en mechones por debajo del pañuelo negro, verdoso y lleno de caspa; a pesar de los -gritos y riñas de los jugadores, no pestañeaba; -sólo de cuando en cuando lanzaba un ronquido +gritos y riñas de los jugadores, no pestañeaba; +sólo de cuando en cuando lanzaba un ronquido prolongado, que, al comenzar, era sibilante, y que terminaba con un estertor ronco. A su lado<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span> la <i>Paloma</i>, acurrucada en el sucio al lado del -<i>Valencia</i>, tenía un niño de tres o cuatro años en -los brazos, un chiquillo delgaducho y pálido, que +<i>Valencia</i>, tenÃa un niño de tres o cuatro años en +los brazos, un chiquillo delgaducho y pálido, que parpadeaba sin cesar, a quien daba a beber una copa de aguardiente.</p> <p>Por delante del mostrador un hombre alto y -flaco, con una gorrilla con un número dorado en -la cabeza y una blusa azul, se paseaba melancólico; +flaco, con una gorrilla con un número dorado en +la cabeza y una blusa azul, se paseaba melancólico; los brazos, a lo largo del cuerpo, como si no fueran suyos; las piernas, dobladas. Echaba un -sorbo de una copa cuando se le ocurría; se limpiaba -los labios con el dorso de la mano, y volvía +sorbo de una copa cuando se le ocurrÃa; se limpiaba +los labios con el dorso de la mano, y volvÃa a pasearse con indolencia. Era hermano de la mujer de la taberna.</p> <p>Se sentaron Leandro y Manuel en la misma -mesa donde estaban los jugadores. Leandro pidió -vino, vació un vaso grande de un trago y suspiró +mesa donde estaban los jugadores. Leandro pidió +vino, vació un vaso grande de un trago y suspiró varias veces.</p> -<p>—¡Cristo!—murmuró sordamente Leandro—. +<p>—¡Cristo!—murmuró sordamente Leandro—. Que no se te ocurra entusiasmarte con una mujer. -La más buena es tan venenosa como un sapo.</p> +La más buena es tan venenosa como un sapo.</p> -<p>Después pareció calmarse; contempló los dibujos +<p>Después pareció calmarse; contempló los dibujos del tablero de la mesa: corazones heridos por -una flecha, nombres de mujeres; sacó una navaja +una flecha, nombres de mujeres; sacó una navaja del bolsillo y se puso a grabar letras en la tabla.</p> -<p>Cuando se cansó convidó a uno de los jugadores -a beber con él.</p> +<p>Cuando se cansó convidó a uno de los jugadores +a beber con él.</p> -<p>—Hombre, muchas gracias—replicó el otro—, +<p>—Hombre, muchas gracias—replicó el otro—, estoy jugando.</p> <p>—Bueno; pues deja usted el juego, y si no quiere -usted no se le obliga. ¿Nadie quiere tomar una +usted no se le obliga. ¿Nadie quiere tomar una copa? Yo le convido.</p> <p>—Se acepta—dijo un hombre alto, encorvado, de aire enfermizo, a quien llamaban el <i>Pastiri</i>—, -levantándose y acercándose a Leandro.</p> +levantándose y acercándose a Leandro.</p> -<p>Este pidió más vino, y se entretuvo en reír alto<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span> -cuando alguno perdía y en apostar contra el <i>Valencia</i>.</p> +<p>Este pidió más vino, y se entretuvo en reÃr alto<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span> +cuando alguno perdÃa y en apostar contra el <i>Valencia</i>.</p> <p>El <i>Pastiri</i> se aprovechaba, vaciando un vaso -tras otro. Era el tal un borrachín, compadre del -<i>Tabuenca</i>, que se dedicaba también a engañar a +tras otro. Era el tal un borrachÃn, compadre del +<i>Tabuenca</i>, que se dedicaba también a engañar a los incautos con juegos de ballestilla. Manuel le -conocía de verle en la Ribera de Curtidores, Solía +conocÃa de verle en la Ribera de Curtidores, SolÃa ejercer su arte en las afueras, jugando a las tres cartas. Colocaba tres naipes sobre una tablita; -uno de éstos lo mostraba; luego cambiaba de +uno de éstos lo mostraba; luego cambiaba de lugar los otros dos muy despacio, dejando quieta -la carta que había enseñado, y ponía encima de +la carta que habÃa enseñado, y ponÃa encima de los tres naipes un palito, y apostaba a que no se -indicaba cuál era la que había enseñado. Y no se +indicaba cuál era la que habÃa enseñado. Y no se daba con la carta nunca; tan bien preparado estaba el juego.</p> -<p>Una operación parecida a ésta solía realizar el +<p>Una operación parecida a ésta solÃa realizar el <i>Pastiri</i> con tres fichas de juego de damas, debajo -de una de las cuales ponía una bolita de papel o -miga de pan; apostaba a que no se decía debajo -de cuál de las tres estaba la bolita, y si por +de una de las cuales ponÃa una bolita de papel o +miga de pan; apostaba a que no se decÃa debajo +de cuál de las tres estaba la bolita, y si por casualidad alguno acertaba, la escamoteaba con -la uña.</p> +la uña.</p> <p>El <i>Pastiri</i> aquella noche estaba repleto de alcohol -y completamente afónico.</p> +y completamente afónico.</p> -<p>Manuel, que había bebido algo de más, sintió el -principio del mareo, pensó en el modo de huir -disimuladamente; pero, cuando se decidió, el hermano +<p>Manuel, que habÃa bebido algo de más, sintió el +principio del mareo, pensó en el modo de huir +disimuladamente; pero, cuando se decidió, el hermano de la tabernera cerraba la puerta de la taberna.</p> -<p>Antes de que concluyese de hacerlo entró, por la +<p>Antes de que concluyese de hacerlo entró, por la media puerta que aun quedaba abierta, un hombre bajito, afeitado, vestido de negro, con una boina de visera, el pelo rizado y un aspecto de -andrógino repugnante. Saludó afectuosamente a -Leandro. Era un cordonero de la casa del tío +andrógino repugnante. Saludó afectuosamente a +Leandro. Era un cordonero de la casa del tÃo Rilo, de fama sospechosa, a quien llamaban el<span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span> <i>Besuguito</i>, por su cara de pez, y por mal mote, la <i>Tragabatallones</i>.</p> -<p>Bebió el cordonero un sorbo de una copa, de +<p>Bebió el cordonero un sorbo de una copa, de pie, y se puso a hablar con una voz gruesa, pero de mujer, una voz untuosa, desagradable, recalcando -sus palabras con una porción de aspavientos +sus palabras con una porción de aspavientos y dengues.</p> -<p>No atajaba nadie su verbosidad. El mejor día—dijo—iban +<p>No atajaba nadie su verbosidad. El mejor dÃa—dijo—iban a quedar enterrados todos los que -vivían en las Injurias, entre los escombros de la -Fábrica del Gas.</p> +vivÃan en las Injurias, entre los escombros de la +Fábrica del Gas.</p> -<p>—<i>Pa</i> mí—añadió—que se debía terraplenar -toda esta hondonada; en parte yo lo sentiría, porque +<p>—<i>Pa</i> m×añadió—que se debÃa terraplenar +toda esta hondonada; en parte yo lo sentirÃa, porque tengo buenas amistades en este barrio.</p> -<p>—¡Ay!... Zape—dijo uno de los jugadores</p> +<p>—¡Ay!... Zape—dijo uno de los jugadores</p> -<p>—Sí, lo sentiría—siguió diciendo el <i>Besuguito</i>, -sin hacer caso de la interrupción—; pero la verdad +<p>—SÃ, lo sentirÃa—siguió diciendo el <i>Besuguito</i>, +sin hacer caso de la interrupción—; pero la verdad es que poco se iba a perder, porque, como -dice Angelillo, el sereno del barrio, aquí no viven +dice Angelillo, el sereno del barrio, aquà no viven mas que los de la busca, randas y prostitutas.</p> -<p>—¡Cállate tú, <i>sarasa</i>! <i>¡Tragabatallones!</i>—gritó +<p>—¡Cállate tú, <i>sarasa</i>! <i>¡Tragabatallones!</i>—gritó la tabernera—; este barrio es tan bueno como el tuyo.</p> -<p>—Y en eso no dejas de tener razón—replicó el +<p>—Y en eso no dejas de tener razón—replicó el <i>Besuguito</i>—; porque mira que el Portillo de Embajadores -y las Peñuelas hay que verlos. <i>Na</i>, allí +y las Peñuelas hay que verlos. <i>Na</i>, allà el sereno no ha conseguido que se cierren las puertas de noche. El las cierra, y las abren los vecinos. Porque como todos son de la busca... A -mí me dan cada susto...</p> +mà me dan cada susto...</p> -<p>Se celebró entre algazara el susto del <i>Besuguito</i>, -que siguió impertérrito con su charla insubstancial +<p>Se celebró entre algazara el susto del <i>Besuguito</i>, +que siguió impertérrito con su charla insubstancial y redicha, adornada de consideraciones y -recovecos. Manuel apoyó un brazo encima de la -mesa, y con una mejilla sobre él quedó dormido.</p> +recovecos. Manuel apoyó un brazo encima de la +mesa, y con una mejilla sobre él quedó dormido.</p> -<p>—Pero tú, ¿por qué no bebes, <i>Pastiri</i>?—preguntó -Leandro—. ¿Es que me desairas? ¿A mí?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span></p> +<p>—Pero tú, ¿por qué no bebes, <i>Pastiri</i>?—preguntó +Leandro—. ¿Es que me desairas? ¿A mÃ?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span></p> -<p>—No, hombre; es que ya no puede pasar—contestó +<p>—No, hombre; es que ya no puede pasar—contestó el de las tres cartas, con su voz desgarrada, llevando la mano abierta a la garganta. Luego, -con una voz que parecía venir de un órgano roto, -gritó:</p> +con una voz que parecÃa venir de un órgano roto, +gritó:</p> -<p>—<i>¡Paloma!</i></p> +<p>—<i>¡Paloma!</i></p> -<p>—¿Quién llama a esta mujer?—contestó inmediatamente +<p>—¿Quién llama a esta mujer?—contestó inmediatamente el <i>Valencia</i>, levantando la mirada por entre el grupo de jugadores.</p> -<p>—Yo—contestó el <i>Pastiri</i>—. Que venga la <i>Paloma</i>.</p> +<p>—Yo—contestó el <i>Pastiri</i>—. Que venga la <i>Paloma</i>.</p> -<p>—¡Ah!... ¿Eres tú? Pues no <i>pue</i> ser—replicó el +<p>—¡Ah!... ¿Eres tú? Pues no <i>pue</i> ser—replicó el <i>Valencia</i>.</p> <p>—He dicho que venga la <i>Paloma</i>—repuso el -<i>Pastiri</i>, sin mirar al matón.</p> +<i>Pastiri</i>, sin mirar al matón.</p> -<p>Este pareció no oír la frase. El de las tres cartas -se levantó molestado por la descortesía, y -dando en la manga al <i>Valencia</i> con el revés de la -mano, repitió su frase, recalcando palabra por +<p>Este pareció no oÃr la frase. El de las tres cartas +se levantó molestado por la descortesÃa, y +dando en la manga al <i>Valencia</i> con el revés de la +mano, repitió su frase, recalcando palabra por palabra:</p> <p>—He dicho que venga la <i>Paloma</i>, que esos amigos -<i>quien</i> hablar con esa señora.</p> +<i>quien</i> hablar con esa señora.</p> -<p>—Pues yo te digo que no <i>pue</i> ser—contestó +<p>—Pues yo te digo que no <i>pue</i> ser—contestó el otro.</p> <p>—Es que esos <i>cabayeros quien</i> hablar con <i>eya</i>.</p> -<p>—Bueno... pues que me pidan a mí permiso.</p> +<p>—Bueno... pues que me pidan a mà permiso.</p> -<p>El <i>Pastiri</i> acercó su cara a la del matón, y mirándole -a los ojos, gritó:</p> +<p>El <i>Pastiri</i> acercó su cara a la del matón, y mirándole +a los ojos, gritó:</p> -<p>—¿Sabes, <i>Valencia</i>, que te estás poniendo más +<p>—¿Sabes, <i>Valencia</i>, que te estás poniendo más patoso que Dios?</p> -<p>—¡Mentira!—replicó el aludido, continuando +<p>—¡Mentira!—replicó el aludido, continuando tranquilamente su juego.</p> -<p>—¿Sabes que te voy a dar dos <i>trompás</i>?</p> +<p>—¿Sabes que te voy a dar dos <i>trompás</i>?</p> -<p>—¡Mentira!</p> +<p>—¡Mentira!</p> -<p>El <i>Pastiri</i> se retiró un poco, con la torpeza de -un borracho, y comenzó a buscar la navaja en el +<p>El <i>Pastiri</i> se retiró un poco, con la torpeza de +un borracho, y comenzó a buscar la navaja en el bolsillo interior de su chaqueta, entre las risas<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> burlonas de todos. Entonces, de pronto, con una -decisión repentina, Leandro se levantó con la -cara inyectada de sangre, agarró al <i>Valencia</i> por -las solapas de la chaqueta, y lo zarandeó y le golpeó +decisión repentina, Leandro se levantó con la +cara inyectada de sangre, agarró al <i>Valencia</i> por +las solapas de la chaqueta, y lo zarandeó y le golpeó contra la pared rudamente.</p> -<p>Todos los jugadores se interpusieron: cayó la -mesa y se armó un estrépito infernal de gritos y -vociferaciones. Manuel se despertó despavorido. -Se encontró en medio de una trapatiesta horrorosa; -la mayoría de los jugadores, con el hermano -de la tabernera a la cabeza, quería echar fuera -a Leandro; pero éste apoyado en el mostrador, -recibía a patadas a todo el que se le acercaba.</p> +<p>Todos los jugadores se interpusieron: cayó la +mesa y se armó un estrépito infernal de gritos y +vociferaciones. Manuel se despertó despavorido. +Se encontró en medio de una trapatiesta horrorosa; +la mayorÃa de los jugadores, con el hermano +de la tabernera a la cabeza, querÃa echar fuera +a Leandro; pero éste apoyado en el mostrador, +recibÃa a patadas a todo el que se le acercaba.</p> <p>—Dejadnos solos—gritaba el <i>Valencia</i> con los labios llenos de saliva y tratando de desasirse de los que lo sujetaban.</p> -<p>—Sí; dejadlos solos—dijo uno de los jugadores.</p> +<p>—SÃ; dejadlos solos—dijo uno de los jugadores.</p> -<p>—Al que me agarre lo mato—exclamó el <i>Valencia</i>, -y apareció armado con un cuchillo largo +<p>—Al que me agarre lo mato—exclamó el <i>Valencia</i>, +y apareció armado con un cuchillo largo de cachas negras.</p> <p>—Eso es—dijo Leandro con sorna—, que se vean los hombres.</p> -<p>—¡Ole!—gritó el <i>Pastiri</i>, entusiasmado con su +<p>—¡Ole!—gritó el <i>Pastiri</i>, entusiasmado con su voz ronca.</p> -<p>Leandro sacó del bolsillo interior de la americana +<p>Leandro sacó del bolsillo interior de la americana una navaja larga y estrecha; todo el mundo -se acercó a las paredes para dejar sitio a los contendientes. -La <i>Paloma</i> se desgañitaba gritando:</p> +se acercó a las paredes para dejar sitio a los contendientes. +La <i>Paloma</i> se desgañitaba gritando:</p> -<p>—¡Que te pierdes! ¡Que te pierdes!</p> +<p>—¡Que te pierdes! ¡Que te pierdes!</p> -<p>—Llevad a esa mujer—gritó el <i>Valencia</i> con -voz trágica—. ¡Ea!—añadió, haciendo un molinete +<p>—Llevad a esa mujer—gritó el <i>Valencia</i> con +voz trágica—. ¡Ea!—añadió, haciendo un molinete con su navaja—. Ahora veremos los hombres -de riñones.</p> +de riñones.</p> <p>Avanzaron los dos rivales hasta el centro de la -taberna, lanzándose furiosas miradas. El interés -y el espanto sobrecogió a los espectadores.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p> - -<p>El primero que atacó fué el <i>Valencia</i>, se inclinó -hacia adelante, como si quisiera saber dónde le -hería al contrario, se agachó, apuntó a la ingle y -se lanzó sobre Leandro; pero viendo que éste le -esperaba sin retroceder, tranquilo, dió un rápido -salto hacia atrás. Luego volvió a los mismos ataques +taberna, lanzándose furiosas miradas. El interés +y el espanto sobrecogió a los espectadores.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p> + +<p>El primero que atacó fué el <i>Valencia</i>, se inclinó +hacia adelante, como si quisiera saber dónde le +herÃa al contrario, se agachó, apuntó a la ingle y +se lanzó sobre Leandro; pero viendo que éste le +esperaba sin retroceder, tranquilo, dió un rápido +salto hacia atrás. Luego volvió a los mismos ataques en falso, intentando sorprender al adversario con sus fintas, amagando al vientre y tratando -de herirle en la cara; pero ante el brazo inmóvil -de Leandro, que parecía querer ahorrar movimiento -hasta tener el golpe seguro, el matón se -desconcertó y retrocedió. Entonces avanzó Leandro. -Se adelantaba el mozo con una sangre fría -que daba miedo; se veía en su cara la resolución +de herirle en la cara; pero ante el brazo inmóvil +de Leandro, que parecÃa querer ahorrar movimiento +hasta tener el golpe seguro, el matón se +desconcertó y retrocedió. Entonces avanzó Leandro. +Se adelantaba el mozo con una sangre frÃa +que daba miedo; se veÃa en su cara la resolución de clavar al <i>Valencia</i>. En la taberna reinaba un -silencio angustioso, y sólo se oía el hipo de la +silencio angustioso, y sólo se oÃa el hipo de la <i>Paloma</i> en el cuarto de al lado.</p> -<p>El <i>Valencia</i> palideció de tal modo al comprender -la decisión de Leandro, que su cara quedó -azulada, los ojos se le dilataron y le castañetearon -los dientes. Al primer envite retrocedió, pero -quedó en guardia; luego el miedo pudo más que -él y huyó, sin pensar ya en atacar, derribando los +<p>El <i>Valencia</i> palideció de tal modo al comprender +la decisión de Leandro, que su cara quedó +azulada, los ojos se le dilataron y le castañetearon +los dientes. Al primer envite retrocedió, pero +quedó en guardia; luego el miedo pudo más que +él y huyó, sin pensar ya en atacar, derribando los bancos, y Leandro, ciego, con una sonrisa de crueldad -en los labios, le persiguió implacablemente.</p> +en los labios, le persiguió implacablemente.</p> -<p>El espectáculo era triste y penoso; todos los -partidarios del matón comenzaban a mirarle con +<p>El espectáculo era triste y penoso; todos los +partidarios del matón comenzaban a mirarle con sorna.</p> -<p>—<i>Menúo</i> canguelo <i>ties</i>, gachó—gritó el <i>Pastiri</i>—. -Pareces un saltamontes. ¡Anda ahí, barbián! -¡Que te la <i>diñan</i>! Si no te retiras pronto te meten +<p>—<i>Menúo</i> canguelo <i>ties</i>, gachó—gritó el <i>Pastiri</i>—. +Pareces un saltamontes. ¡Anda ahÃ, barbián! +¡Que te la <i>diñan</i>! Si no te retiras pronto te meten un palmo <i>jierro</i> en el cuerpo.</p> -<p>Una de los golpes de Leandro rasgó la chaqueta -del matón.</p> +<p>Una de los golpes de Leandro rasgó la chaqueta +del matón.</p> -<p>Entonces éste, poseído del mayor pánico, se refugió -detrás del mostrador; los ojos desencajados +<p>Entonces éste, poseÃdo del mayor pánico, se refugió +detrás del mostrador; los ojos desencajados reflejaban un terror espantoso.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span></p> -<p>Leandro, despreciativo e insolente, quedó parado +<p>Leandro, despreciativo e insolente, quedó parado en medio de la taberna, y tirando del muelle -de su navaja la cerró. Un murmullo de admiración -salió de los espectadores.</p> +de su navaja la cerró. Un murmullo de admiración +salió de los espectadores.</p> -<p>El <i>Valencia</i> lanzó un grito de dolor, como si le +<p>El <i>Valencia</i> lanzó un grito de dolor, como si le hubieran herido; su honra, su fama de valiente, -quedaba por los suelos; desesperado se acercó a -la puerta de la trastienda y miró a la tabernera -anhelante. Esta debió de entenderle, porque le -dió una llave y el <i>Valencia</i> se escabulló. Pero de -pronto volvió a abrirse con rapidez la puerta de -la trastienda, y apareció en ella el matón de nuevo, +quedaba por los suelos; desesperado se acercó a +la puerta de la trastienda y miró a la tabernera +anhelante. Esta debió de entenderle, porque le +dió una llave y el <i>Valencia</i> se escabulló. Pero de +pronto volvió a abrirse con rapidez la puerta de +la trastienda, y apareció en ella el matón de nuevo, y blandiendo su largo cuchillo por la punta, -lo lanzó furioso a la cara de Leandro. Pasó el +lo lanzó furioso a la cara de Leandro. Pasó el arma zumbando por el aire como una terrible flecha -y quedó temblando clavado en la pared.</p> +y quedó temblando clavado en la pared.</p> -<p>Leandro se levantó al momento, pero el <i>Valencia</i> -había desaparecido. Entonces, repuesto el -mozo de la impresión, desclavó la navaja con calma, -la cerró y se la entregó a la tabernera.</p> +<p>Leandro se levantó al momento, pero el <i>Valencia</i> +habÃa desaparecido. Entonces, repuesto el +mozo de la impresión, desclavó la navaja con calma, +la cerró y se la entregó a la tabernera.</p> <p>—Cuando no se sabe hacer uso de estas cosas—la dijo con petulancia—, no se deben emplear. -Adviértaselo usted así a ese señor cuando +Adviértaselo usted asà a ese señor cuando le vea.</p> -<p>La tabernera contestó con un gruñido, y Leandro -se sentó a recibir felicitaciones por su valor y -sangre fría; todos querían obsequiarle.</p> +<p>La tabernera contestó con un gruñido, y Leandro +se sentó a recibir felicitaciones por su valor y +sangre frÃa; todos querÃan obsequiarle.</p> <p>—El <i>Valencia</i> empezaba a molestar demasiado—dijo uno—. Daba el pego todas las noches; y se lo pasaban por ser quien era; pero ya estaba molestando.</p> <p>—Claro—repuso otro de los jugadores, un viejo -sombrío escapado de Ceuta, que tenía un aire +sombrÃo escapado de Ceuta, que tenÃa un aire de zorro—. Porque un hombre, cuando <i>tie</i> lado izquierdo, echa los negros a la manta—e hizo -ademán de coger con los dedos las monedas de +ademán de coger con los dedos las monedas de encima de la mesa—y se <i>naja</i>.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p> <p>Pero si ese <i>Valencia</i> es un blanco—dijo el <i>Pastiri</i> con su voz estropajosa—. Un boceras, que no -<i>tie</i> media <i>bofetá</i>.</p> +<i>tie</i> media <i>bofetá</i>.</p> -<p>—Pues él se había <i>empalmao</i> en seguida. ¡Por -si acaso!—repuso el <i>Besuguito</i> con su voz extraña, +<p>—Pues él se habÃa <i>empalmao</i> en seguida. ¡Por +si acaso!—repuso el <i>Besuguito</i> con su voz extraña, imitando la actitud del que va a atacar con una navaja.</p> -<p>—¿Y qué? ¿Y qué?—repuso el <i>Pastiri</i>—. Yo te +<p>—¿Y qué? ¿Y qué?—repuso el <i>Pastiri</i>—. Yo te digo que es un <i>pipi</i> y que no <i>pue</i> con la <i>jinda</i> que tiene.</p> -<p>—Bueno; pero él se rascaba y echaba cada derrote...—añadió +<p>—Bueno; pero él se rascaba y echaba cada derrote...—añadió el cordonero.</p> -<p>—¡Que se rascaba! Pero, ¡qué cacho de primo! -¿Tú lo has visto?</p> +<p>—¡Que se rascaba! Pero, ¡qué cacho de primo! +¿Tú lo has visto?</p> <p>—Y bien.</p> -<p>—Pero, ¡qué vas a ver tú, si estás <i>cheo</i>!</p> +<p>—Pero, ¡qué vas a ver tú, si estás <i>cheo</i>!</p> -<p>—Ya quisieras estar tan fresco como yo, ¡bah!</p> +<p>—Ya quisieras estar tan fresco como yo, ¡bah!</p> -<p>—¡Pero si no puedes con la tajada que llevas!</p> +<p>—¡Pero si no puedes con la tajada que llevas!</p> -<p>—Calla, calla, tú sí que no puedes con la curda; -yo te digo que si se descuida aquí—y el <i>Besuguito</i> -señaló a Leandro—, con los viajes que le ha tirado +<p>—Calla, calla, tú sà que no puedes con la curda; +yo te digo que si se descuida aqu×y el <i>Besuguito</i> +señaló a Leandro—, con los viajes que le ha tirado malamente, le moja.</p> -<p>—¡Magras!</p> +<p>—¡Magras!</p> -<p>—Es una opinión, hombre.</p> +<p>—Es una opinión, hombre.</p> -<p>—Tú no opinas aquí ni <i>na</i>—exclamó Leandro—. -Tú te vas a tomar el fresco y te callas. El -<i>Valencia</i> es más blanco que el papel; lo que dice +<p>—Tú no opinas aquà ni <i>na</i>—exclamó Leandro—. +Tú te vas a tomar el fresco y te callas. El +<i>Valencia</i> es más blanco que el papel; lo que dice el <i>Pastiri</i>, eso. Muy valiente para explotar a los -<i>sarasas</i> como tú y a los chavalejos de mal vivir...; -pero cuando se encuentra con un tío que los tiene -bien puestos, ¿qué? <i>Na</i>, que es un ganguero más +<i>sarasas</i> como tú y a los chavalejos de mal vivir...; +pero cuando se encuentra con un tÃo que los tiene +bien puestos, ¿qué? <i>Na</i>, que es un ganguero más blanco que el papel.</p> <p>—Es verdad—asintieron todos.</p> -<p>Y <i>menúo abucheo</i> que le vamos a dar a ese gachó—dijo -el presidiario cumplido—, si viene aquí +<p>Y <i>menúo abucheo</i> que le vamos a dar a ese gachó—dijo +el presidiario cumplido—, si viene aquà a cobrar el barato.</p> -<p>—¡La pértiga!—exclamó el <i>Pastiri</i>.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> +<p>—¡La pértiga!—exclamó el <i>Pastiri</i>.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> -<p>—Bueno, señores; ahora yo convido—dijo -Leandro—, porque tengo dinero, y porque sí—y -sacó unas monedas del bolsillo y dió con ellas en +<p>—Bueno, señores; ahora yo convido—dijo +Leandro—, porque tengo dinero, y porque s×y +sacó unas monedas del bolsillo y dió con ellas en la mesa—. Tabernera, unas tintas.</p> <p>—Ya van.</p> -<p>—¡Manuel! ¡Manuel!—gritó después Leandro -varias veces—. Pero, ¿dónde está ese chaval?...</p> +<p>—¡Manuel! ¡Manuel!—gritó después Leandro +varias veces—. Pero, ¿dónde está ese chaval?...</p> -<p class="ht">Manuel, siguiendo el camino del matón, se había +<p class="ht">Manuel, siguiendo el camino del matón, se habÃa escapado por la puerta de la trastienda.</p> -<h2 id="CAPITULO_IX2">CAPÍTULO IX</h2> +<h2 id="CAPITULO_IX2">CAPÃTULO IX</h2> -<p class="smcap center">Una historia inverosímil.—Las hermanas de +<p class="smcap center">Una historia inverosÃmil.—Las hermanas de Manuel.—Lo incomprensible de la vida.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">Era</span> ya a principios de otoño; Leandro, por consejo -del señor Ignacio, vivía con su abuela -en la calle del Aguila; la Milagros seguía en relaciones +<p class="p2"><span class="smcap">Era</span> ya a principios de otoño; Leandro, por consejo +del señor Ignacio, vivÃa con su abuela +en la calle del Aguila; la Milagros seguÃa en relaciones con el <i>Lechuguino</i>. Manuel abandonaba a Vidal y al <i>Bizco</i> en sus escaramuzas y se juntaba con Rebolledo y los dos Aristas.</p> -<p>El mayor, el <i>Aristón</i>, le entretenía y le aterrorizaba -contándole cosas lúgubres de cementerios y -aparecidos; el Aristas pequeño seguía en sus ejercicios -gimnásticos; había hecho un trampolín con -una tabla puesta sobre un montón de arena, y allí -aprendía a dar saltos mortales.</p> +<p>El mayor, el <i>Aristón</i>, le entretenÃa y le aterrorizaba +contándole cosas lúgubres de cementerios y +aparecidos; el Aristas pequeño seguÃa en sus ejercicios +gimnásticos; habÃa hecho un trampolÃn con +una tabla puesta sobre un montón de arena, y allà +aprendÃa a dar saltos mortales.</p> -<p>Un día apareció en el Corralón don Alonso, el -ayudante del <i>Tabuenca</i>, acompañado de una mujer -y de una niña.</p> +<p>Un dÃa apareció en el Corralón don Alonso, el +ayudante del <i>Tabuenca</i>, acompañado de una mujer +y de una niña.</p> -<p>La mujer parecía vieja y cansada; la niña era -larguirucha pálida. Don Alonso las acomodó en -un chiscón del patio pequeño.</p> +<p>La mujer parecÃa vieja y cansada; la niña era +larguirucha pálida. Don Alonso las acomodó en +un chiscón del patio pequeño.</p> -<p>Traían un fardelillo de ropa, un perro de lanas +<p>TraÃan un fardelillo de ropa, un perro de lanas sucio con una mirada muy inteligente y un mono<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span> atado a una cadena; al poco tiempo tuvieron que -vender el mono a unos gitanos que vivían en la +vender el mono a unos gitanos que vivÃan en la Quinta de Goya.</p> -<p>Don Alonso llamó a Manuel y le dijo:</p> +<p>Don Alonso llamó a Manuel y le dijo:</p> <p>—Vete a buscar a don Roberto y dile que hay -aquí una mujer que se llama Rosa, y que es o ha +aquà una mujer que se llama Rosa, y que es o ha sido volatinera; debe ser la que el busca.</p> -<p>Manuel fué inmediatamente a la casa; Roberto -se había marchado de allí y no sabía su paradero.</p> +<p>Manuel fué inmediatamente a la casa; Roberto +se habÃa marchado de allà y no sabÃa su paradero.</p> -<p>Don Alonso iba por el Corralón con mucha frecuencia -y hablaba con la mujer y la niña. En el -marco de la ventana de su casa tenían madre e +<p>Don Alonso iba por el Corralón con mucha frecuencia +y hablaba con la mujer y la niña. En el +marco de la ventana de su casa tenÃan madre e hija una cajita con una mata de hierbabuena, que, -aunque la regaban todas las mañanas, como no le -daba el sol, apenas crecía. Un día las mujeres desaparecieron +aunque la regaban todas las mañanas, como no le +daba el sol, apenas crecÃa. Un dÃa las mujeres desaparecieron con su hermoso perro de aguas; no dejaron en la casa mas que una pandereta usada y rota...</p> -<hr class="tb" /> +<hr class="tb"> -<p>Don Alonso tomó la costumbre de aparecer -por el Corralón; solía echar un párrafo con Rebolledo, -el de la barbería modernista, que hablaba -por los codos, y presenciaba las habilidades gimnásticas -del Aristas. Una tarde la madre de éste -le preguntó al antiguo <i>Hombre-Boa</i> si el chico tenía +<p>Don Alonso tomó la costumbre de aparecer +por el Corralón; solÃa echar un párrafo con Rebolledo, +el de la barberÃa modernista, que hablaba +por los codos, y presenciaba las habilidades gimnásticas +del Aristas. Una tarde la madre de éste +le preguntó al antiguo <i>Hombre-Boa</i> si el chico tenÃa verdaderas disposiciones.</p> -<p>Don Alonso se puso serio y examinó detenidamente +<p>Don Alonso se puso serio y examinó detenidamente los trabajos del muchacho para darse cuenta -de sus facultades, y le dió algunos útiles consejos.</p> +de sus facultades, y le dió algunos útiles consejos.</p> <p>Era verdaderamente curioso ver al viejo titiritero -dando órdenes; lo hacía con una seriedad +dando órdenes; lo hacÃa con una seriedad augusta.</p> -<p>—Una, dos, tres... <i>O pla</i>... De nuevo. En posición. -Las rodillas cerca de la cabeza..., uñas para +<p>—Una, dos, tres... <i>O pla</i>... De nuevo. En posición. +Las rodillas cerca de la cabeza..., uñas para abajo..., una, dos..., una, dos... <i>O pla</i>.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> -Don Alonso no quedó descontento del Aristas, -pero afirmó la necesidad ineludible del trabajo +Don Alonso no quedó descontento del Aristas, +pero afirmó la necesidad ineludible del trabajo constante.</p> <p>—Quien algo quiere, algo le cuesta, chiquillo—dijo—, -y el ser gimnasta no está a la altura de +y el ser gimnasta no está a la altura de cualquiera.</p> -<p>A la madre, confidencialmente, le aseguró que su -hijo podría ser un buen artista de circo.</p> +<p>A la madre, confidencialmente, le aseguró que su +hijo podrÃa ser un buen artista de circo.</p> -<p>Después don Alonso, viéndose ante un público -numeroso, comenzó a hablar con volubilidad de -los Estados Unidos, de Méjico y de las Repúblicas +<p>Después don Alonso, viéndose ante un público +numeroso, comenzó a hablar con volubilidad de +los Estados Unidos, de Méjico y de las Repúblicas sudamericanas.</p> -<p>—¿Por qué no nos cuenta usted cosas de esos -países que ha visto?—le preguntó Perico Rebolledo.</p> +<p>—¿Por qué no nos cuenta usted cosas de esos +paÃses que ha visto?—le preguntó Perico Rebolledo.</p> <p>—No, ahora no; tengo que salir con la torre <i>Infiel</i>.</p> -<p>—¡Ah!... Cuente usted—dijeron todos.</p> +<p>—¡Ah!... Cuente usted—dijeron todos.</p> -<p>—Don Alonso aparentó que le molestaba la petición; -pero, cuando tomó el hilo, contó, una tras -otra, historias y anécdotas en tal cantidad, que +<p>—Don Alonso aparentó que le molestaba la petición; +pero, cuando tomó el hilo, contó, una tras +otra, historias y anécdotas en tal cantidad, que casi le tuvieron que pedir que se callara.</p> -<p>—¿Y en esas tierras no ha visto usted hombres -muertos por los leones?—preguntó Aristón.</p> +<p>—¿Y en esas tierras no ha visto usted hombres +muertos por los leones?—preguntó Aristón.</p> <p>—No.</p> -<p>—¿Es que no hay leones?</p> +<p>—¿Es que no hay leones?</p> <p>—Leones en jaulas... muchos.</p> @@ -6170,340 +6136,340 @@ muertos por los leones?—preguntó Aristón.</p> <p>—En el campo, no.</p> -<p>Don Alonso pareció bastante contrariado al +<p>Don Alonso pareció bastante contrariado al hacer estas confesiones.</p> -<p>—¿Ni otras fieras tampoco?</p> +<p>—¿Ni otras fieras tampoco?</p> -<p>—Ya no hay fieras en los países civilizados—dijo +<p>—Ya no hay fieras en los paÃses civilizados—dijo el barbero.</p> -<p>—Pues mire usted, si, allá hay fieras—y don -Alonso hizo una mueca burlona y una señal de -inteligencia a Rebolledo—. Una vez me sucedió +<p>—Pues mire usted, si, allá hay fieras—y don +Alonso hizo una mueca burlona y una señal de +inteligencia a Rebolledo—. Una vez me sucedió <span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span> -una cosa terrible; pasábamos cerca de una isla y -oímos cañonazos. Era la guarnición que tiraba +una cosa terrible; pasábamos cerca de una isla y +oÃmos cañonazos. Era la guarnición que tiraba salvas.</p> -<p>—Pero, ¿por qué se ríe usted?—preguntó el -Aristón.</p> +<p>—Pero, ¿por qué se rÃe usted?—preguntó el +Aristón.</p> -<p>—Es nervioso... Pues sí, me acerqué al capitán -del barco y le pedí permiso para que me dejase -desembarcar en la isla. Bueno—me dijo—; llévese +<p>—Es nervioso... Pues sÃ, me acerqué al capitán +del barco y le pedà permiso para que me dejase +desembarcar en la isla. Bueno—me dijo—; llévese usted la <i>Golondrina</i>, si quiere—la <i>Golondrina</i> era el nombre de la piragua—; pero dentro de un -par de horas esté usted de vuelta.</p> +par de horas esté usted de vuelta.</p> -<p>Me embarco en mi bote, y ¡hala!, ¡hala!..., llego -a la isla, que estaba poblada de plátanos y cocoteros, +<p>Me embarco en mi bote, y ¡hala!, ¡hala!..., llego +a la isla, que estaba poblada de plátanos y cocoteros, y desembarco en una playa, en donde se -hundió la proa de la <i>Golondrina</i>.</p> +hundió la proa de la <i>Golondrina</i>.</p> -<p>Aquí, don Alonso hizo una mueca del hombre -que no puede contener la risa, y lanzó después -al barbero una mirada, acompañada de un guiño +<p>AquÃ, don Alonso hizo una mueca del hombre +que no puede contener la risa, y lanzó después +al barbero una mirada, acompañada de un guiño confidencial.</p> -<p>—Salto a tierra—siguió diciendo don Alonso—; +<p>—Salto a tierra—siguió diciendo don Alonso—; echo a andar, y de pronto, paf... en la cara, un mosquito enorme, y luego, paf... otro mosquito, -hasta que me rodeó una nube de aquellos animales -tan grandes como murciélagos. Con la cara +hasta que me rodeó una nube de aquellos animales +tan grandes como murciélagos. Con la cara martirizada echo a correr a la playa, a embarcarme, cuando veo a un cangrejo que estaba junto -a la <i>Golondrina</i>; pero ¡qué cangrejo! Sería como -un oso de grande; era negro, reluciente y hacía -fa... fa... fa..., como un automóvil. Verme el bicho -y echarse a correr sobre mí, gritando, todo fué -uno; yo corría hacia un cocotero, y tras... tras... -tras..., subí por él hasta arriba. El cangrejo se -acerca al árbol, se detiene pensativo y se decide -y empieza a subir también.</p> - -<p>—Terrible situación—dijo el barbero.</p> - -<p>—Figúrese usted—replicó don Alonso guiñando -los ojos—, yo no tenía en la mano mas que un +a la <i>Golondrina</i>; pero ¡qué cangrejo! SerÃa como +un oso de grande; era negro, reluciente y hacÃa +fa... fa... fa..., como un automóvil. Verme el bicho +y echarse a correr sobre mÃ, gritando, todo fué +uno; yo corrÃa hacia un cocotero, y tras... tras... +tras..., subà por él hasta arriba. El cangrejo se +acerca al árbol, se detiene pensativo y se decide +y empieza a subir también.</p> + +<p>—Terrible situación—dijo el barbero.</p> + +<p>—Figúrese usted—replicó don Alonso guiñando +los ojos—, yo no tenÃa en la mano mas que un <span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> -palito, y me defendí del cangrejo dándole golpes -en los nudillos; pero él, bramando de rabia y con -los ojos brillantes, seguía subiendo. Yo no podía -ir más lejos, y pensé en bajar; pero al hacer un -movimiento, ¡tras!... me agarra el granuja del bicho +palito, y me defendà del cangrejo dándole golpes +en los nudillos; pero él, bramando de rabia y con +los ojos brillantes, seguÃa subiendo. Yo no podÃa +ir más lejos, y pensé en bajar; pero al hacer un +movimiento, ¡tras!... me agarra el granuja del bicho con una de sus muchas patas de la levita y -se queda colgando de mí. El condenado pesaba +se queda colgando de mÃ. El condenado pesaba de una manera atroz; ya estaba levantando otra de las zarpas para agarrarme, cuando me acorde que llevaba en el bolsillo del chaleco un limpiadientes -que había comprado en Chicago y que -tenía una navajita; abrí esta, y en un momento -corté los faldones de mi levita, y ¡cataplún! desde +que habÃa comprado en Chicago y que +tenÃa una navajita; abrà esta, y en un momento +corté los faldones de mi levita, y ¡cataplún! desde una altura, lo menos de cuarenta metros, el -cangrejo se cayó al suelo. Yo no sé cómo no se -mató. Allá empezó a llorar, y a berrear, y a dar -vueltas al cocotero, en donde yo estaba, mirándome +cangrejo se cayó al suelo. Yo no sé cómo no se +mató. Allá empezó a llorar, y a berrear, y a dar +vueltas al cocotero, en donde yo estaba, mirándome con ojos terribles. Yo entonces, para algo le -tenía que servir a uno el ser gimnasta, fuí saltando +tenÃa que servir a uno el ser gimnasta, fuà saltando de una rama a otra, de cocotero en cocotero -y de plátano en plátano, y el cangrejo siguiéndome, +y de plátano en plátano, y el cangrejo siguiéndome, berreando, con los faldones de la levita en la boca.</p> <p>Al llegar cerca de la playa me encuentro con -que había bajado la marea y que la <i>Golondrina</i> -andaba a más de cincuenta metros por encima de -las olas. Esperaré—me dije—; pero en esto veo -asomar en la copa del árbol donde estaba la cabeza +que habÃa bajado la marea y que la <i>Golondrina</i> +andaba a más de cincuenta metros por encima de +las olas. Esperaré—me dije—; pero en esto veo +asomar en la copa del árbol donde estaba la cabeza de una serpiente; me agarro a una rama, me -balanceo para caer lo más lejos posible del cangrejo -y se me rompe la rama y me falta el sostén.</p> +balanceo para caer lo más lejos posible del cangrejo +y se me rompe la rama y me falta el sostén.</p> -<p>—¿Y qué hizo usted entonces?—preguntó el +<p>—¿Y qué hizo usted entonces?—preguntó el barbero.</p> <p>—Di dos saltos mortales en el aire, por si acaso.</p> -<p>—Fué una precaución útil.</p> +<p>—Fué una precaución útil.</p> -<p>—Ciertamente, creí que estaba perdido. Todo lo +<p>—Ciertamente, creà que estaba perdido. Todo lo contrario: estaba salvado.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> -—Pero, ¿cómo?—preguntó el Aristón.</p> +—Pero, ¿cómo?—preguntó el Aristón.</p> <p>—Nada, que al caer, con la rama que llevaba en la mano di sobre el cangrejo, y como llevaba -tanta fuerza, lo atravesé de parte a parte y le -dejé clavado en la playa. El animal bramaba -como un toro; yo me metí en la <i>Golondrina</i> y me -escapé; pero el barco mío se había marchado. Me -puse a remar, no había una vela a la vista. Estoy +tanta fuerza, lo atravesé de parte a parte y le +dejé clavado en la playa. El animal bramaba +como un toro; yo me metà en la <i>Golondrina</i> y me +escapé; pero el barco mÃo se habÃa marchado. Me +puse a remar, no habÃa una vela a la vista. Estoy perdido—dije—; pero gracias al cangrejo me -salvé...</p> +salvé...</p> -<p>—¿Al cangrejo?—preguntaron todos extrañados.</p> +<p>—¿Al cangrejo?—preguntaron todos extrañados.</p> -<p>—Sí; un vapor que pasó a muchas millas, al -oír los lamentos del cangrejo pensó si sería la señal -de alarma de algún barco náufrago, se acercó -a la isla, me recogió, y a los pocos días ya estaba -con mi compañía.</p> +<p>—SÃ; un vapor que pasó a muchas millas, al +oÃr los lamentos del cangrejo pensó si serÃa la señal +de alarma de algún barco náufrago, se acercó +a la isla, me recogió, y a los pocos dÃas ya estaba +con mi compañÃa.</p> -<p>Don Alonso, al concluir su narración, hizo una -mueca más expresiva, y con su torre <i>Infiel</i> se -marchó a la calle. El Aristas, Rebolledo y Manuel +<p>Don Alonso, al concluir su narración, hizo una +mueca más expresiva, y con su torre <i>Infiel</i> se +marchó a la calle. El Aristas, Rebolledo y Manuel celebraron las historias del titiritero, y el aprendiz -de gimnasta se afianzó más en su idea de seguir -trabajando en el trapecio y en el trampolín, +de gimnasta se afianzó más en su idea de seguir +trabajando en el trapecio y en el trampolÃn, para ver aquellas lejanas tierras de las cuales hablaba don Alonso.</p> -<p>Un par de semanas después ocurrió una de -las cosas que más impresionaron a Manuel en -toda su vida. Era domingo; el muchacho fué a -casa de su madre, la ayudó, como solía hacer -siempre, a secar platos. Vinieron después las -hijas de la Petra, y, por cuestión de unas faldas o -de unas enaguas que la menor había comprado +<p>Un par de semanas después ocurrió una de +las cosas que más impresionaron a Manuel en +toda su vida. Era domingo; el muchacho fué a +casa de su madre, la ayudó, como solÃa hacer +siempre, a secar platos. Vinieron después las +hijas de la Petra, y, por cuestión de unas faldas o +de unas enaguas que la menor habÃa comprado con el dinero de la mayor, se pasaron las dos -toda la tarde riñendo.</p> +toda la tarde riñendo.</p> -<p>Manuel, aburrido de la charla, se fué, pretextando -una ocupación.</p> +<p>Manuel, aburrido de la charla, se fué, pretextando +una ocupación.</p> -<p>Estaba lloviendo a cántaros; Manuel llegó a la +<p>Estaba lloviendo a cántaros; Manuel llegó a la <span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span> -Puerta del Sol, entró en el café de Levante y se -sentó cerca de la ventana. Huía la gente endomingada +Puerta del Sol, entró en el café de Levante y se +sentó cerca de la ventana. HuÃa la gente endomingada corriendo a refugiarse en los portales de la ancha plaza; los coches pasaban de prisa en medio -de aquel diluvio; los paraguas iban y venían +de aquel diluvio; los paraguas iban y venÃan y se entrecruzaban con sus convexidades negras, -brillantes por el agua, como un rebaño de tortugas. -A la hora escampó, y Manuel salió del café; -era todavía temprano para ir a casa; Manuel pasó -por la plaza de Oriente y quedó en el Viaducto -mirando desde allá ala gente que pasaba por la +brillantes por el agua, como un rebaño de tortugas. +A la hora escampó, y Manuel salió del café; +era todavÃa temprano para ir a casa; Manuel pasó +por la plaza de Oriente y quedó en el Viaducto +mirando desde allá a la gente que pasaba por la calle de Segovia.</p> <p>En el cielo, ya despejado, nadaban nubes obscuras, -blancas en los bordes, como montañas coronadas -de nieve; a impulsos del viento corrían +blancas en los bordes, como montañas coronadas +de nieve; a impulsos del viento corrÃan y desplegaban sus alas; el sol claro alumbraba con rayos de oro el campo, resplandeciente en -las nubes, las enrojecía como brasas; algunos celajes -corrían por el espacio, blancos jirones de +las nubes, las enrojecÃa como brasas; algunos celajes +corrÃan por el espacio, blancos jirones de espuma. Aun no manchaba la hierba verde las -lomas y las hondonadas de los alrededores madrileños; -los árboles del Campo del Moro aparecían -rojizos, esqueléticos, entre el follaje de los -de hoja perenne; humaredas negruzcas salían rasando +lomas y las hondonadas de los alrededores madrileños; +los árboles del Campo del Moro aparecÃan +rojizos, esqueléticos, entre el follaje de los +de hoja perenne; humaredas negruzcas salÃan rasando la tierra para ser pronto barridas por el viento. Al paso de las nubes la llanura cambiaba de color; era sucesivamente morada, plomiza, amarilla, de cobre; la carretera de Extremadura -trazaba una línea quebrada, con sus dos filas de +trazaba una lÃnea quebrada, con sus dos filas de casas grises y sucias. Aquel severo, aquel triste -paisaje de los alrededores madrileños con su hosquedad -torva y fría le llegaba a Manuel al alma.</p> +paisaje de los alrededores madrileños con su hosquedad +torva y frÃa le llegaba a Manuel al alma.</p> -<p>Abandonó el balcón del Viaducto, cruzó por +<p>Abandonó el balcón del Viaducto, cruzó por unas cuantas callejuelas, hasta llegar a la calle de -Toledo; bajó a la Ronda y se dirigió a su casa +Toledo; bajó a la Ronda y se dirigió a su casa Llegaba cerca del paseo de las Acacias cuando -oyó a dos viejas que hablaban de un crimen cometido +oyó a dos viejas que hablaban de un crimen cometido <span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span> -hacía un instante en la esquina de la calle +hacÃa un instante en la esquina de la calle del Amparo.</p> -<p>—Cuando le iban a coger, él mismo se ha matado—dijo +<p>—Cuando le iban a coger, él mismo se ha matado—dijo una.</p> -<p>Manuel apresuró el paso por curiosidad y se -acercó a un grupo de personas que había a la -puerta del Corralón.</p> +<p>Manuel apresuró el paso por curiosidad y se +acercó a un grupo de personas que habÃa a la +puerta del Corralón.</p> -<p>—¿De dónde era ese que se ha matado?—preguntó +<p>—¿De dónde era ese que se ha matado?—preguntó Manuel a Aristas.</p> -<p>—¡Pero si es Leandro!</p> +<p>—¡Pero si es Leandro!</p> -<p>—¡Leandro!</p> +<p>—¡Leandro!</p> -<p>—Sí; Leandro, que ha matado a la Milagros, y -luego se ha matado él.</p> +<p>—SÃ; Leandro, que ha matado a la Milagros, y +luego se ha matado él.</p> -<p>—Pero... ¿es verdad?</p> +<p>—Pero... ¿es verdad?</p> -<p>—Sí, hombre. Hace un momento.</p> +<p>—SÃ, hombre. Hace un momento.</p> -<p>—¿Aquí, en casa?</p> +<p>—¿AquÃ, en casa?</p> -<p>—Aquí mismo.</p> +<p>—Aquà mismo.</p> -<p>Manuel, despavorido, subió la escalera hasta la -galería. Aun quedaba el charco de sangre en el -suelo. El señor Zurro, el único espectador del +<p>Manuel, despavorido, subió la escalera hasta la +galerÃa. Aun quedaba el charco de sangre en el +suelo. El señor Zurro, el único espectador del drama, contaba lo ocurrido a un grupo de vecinos.</p> -<p>—Estaba yo aquí, leyendo el periódico—dijo +<p>—Estaba yo aquÃ, leyendo el periódico—dijo el ropavejero—, y la Milagros, con su madre, hablaba con el <i>Lechuguino</i>. Estaban los novios de -broma, cuando subió Leandro a la galería; fué a -abrir la puerta de su casa y, antes de entrar, volviéndose -de repente, le dice a la Milagros: «¿Es -ese tu novio?» Me pareció que él estaba pálido -como un muerto. «Si», contestó ella. «Bueno; -pues yo vengo aquí a concluir de una vez», gritó. -«¿A cuál de los dos quieres, a él o a mí?» «A -él», chilló la Milagros. «Entonces se acabó todo», -gritó Leandro con una voz ronca. «Voy a matarte.» +broma, cuando subió Leandro a la galerÃa; fué a +abrir la puerta de su casa y, antes de entrar, volviéndose +de repente, le dice a la Milagros: «¿Es +ese tu novio?» Me pareció que él estaba pálido +como un muerto. «Si», contestó ella. «Bueno; +pues yo vengo aquà a concluir de una vez», gritó. +«¿A cuál de los dos quieres, a él o a mÃ?» «A +él», chilló la Milagros. «Entonces se acabó todo», +gritó Leandro con una voz ronca. «Voy a matarte.» Luego, ya no me pude dar cuenta de nada; -fué todo rápido como un rayo; cuando me acerqué, -la muchacha echaba un caño de sangre por +fué todo rápido como un rayo; cuando me acerqué, +la muchacha echaba un caño de sangre por <span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span> la boca, la mujer del <i>Corretor</i> gritaba y Leandro -seguía al <i>Lechuguino</i> con la navaja abierta.</p> +seguÃa al <i>Lechuguino</i> con la navaja abierta.</p> -<p>—Yo le vi salir de casa—añadió una vieja—; +<p>—Yo le vi salir de casa—añadió una vieja—; llevaba en la mano la navaja manchada de sangre; -mi marido quiso detenerle, pero él paró como un -toro, le echó un derrote y por poco le mata.</p> +mi marido quiso detenerle, pero él paró como un +toro, le echó un derrote y por poco le mata.</p> -<p>—Y mis tíos, ¿dónde están?—preguntó Manuel.</p> +<p>—Y mis tÃos, ¿dónde están?—preguntó Manuel.</p> -<p>—En la Casa de Socorro. Han ido detrás de la +<p>—En la Casa de Socorro. Han ido detrás de la camilla.</p> -<p>Bajó Manuel al patio.</p> +<p>Bajó Manuel al patio.</p> -<p>—¿Adónde vas?—le preguntó el <i>Aristón</i>.</p> +<p>—¿Adónde vas?—le preguntó el <i>Aristón</i>.</p> <p>—Voy a la Casa de Socorro.</p> -<p>—Yo iré contigo.</p> +<p>—Yo iré contigo.</p> -<p>Se reunió a los dos muchachos un aprendiz de -un taller de máquinas que vivía en la Corrala.</p> +<p>Se reunió a los dos muchachos un aprendiz de +un taller de máquinas que vivÃa en la Corrala.</p> -<p>—Yo le vi cuando se mató—dijo el aprendiz—; -íbamos corriendo todos detrás de él, gritando: -«¡A ése! ¡A ése!», cuando aparecieron por la calle +<p>—Yo le vi cuando se mató—dijo el aprendiz—; +Ãbamos corriendo todos detrás de él, gritando: +«¡A ése! ¡A ése!», cuando aparecieron por la calle del Amparo dos guardias, sacaron el sable y se -pusieron delante de él; entonces Leandro dió un -bote hacia atrás, abrió paso entre la gente y volvió -otra vez para aquí; iba a bajar por el paseo -de las Acacias, cuando tropezó con la <i>Muerte</i>, -que le empezó a insultar. Leandro se paró, miró -a todos lados; nadie se atrevía a acercarse; le -echaban fuego los ojos. De pronto se metió la -navaja por el costado izquierdo, yo no sé cuántas -veces. Cuando uno de los guardias le agarró del -brazo, se cayó como un saco.</p> - -<p>Los comentarios del <i>Aristón</i> y del aprendiz +pusieron delante de él; entonces Leandro dió un +bote hacia atrás, abrió paso entre la gente y volvió +otra vez para aquÃ; iba a bajar por el paseo +de las Acacias, cuando tropezó con la <i>Muerte</i>, +que le empezó a insultar. Leandro se paró, miró +a todos lados; nadie se atrevÃa a acercarse; le +echaban fuego los ojos. De pronto se metió la +navaja por el costado izquierdo, yo no sé cuántas +veces. Cuando uno de los guardias le agarró del +brazo, se cayó como un saco.</p> + +<p>Los comentarios del <i>Aristón</i> y del aprendiz eran inacabables; llegaron los muchachos a la -Casa de Socorro, y allí les dijeron que los dos cadáveres, +Casa de Socorro, y allà les dijeron que los dos cadáveres, el de la Milagros y el de Leandro, los -habían llevado al Depósito. Bajaron los tres chicos -al Canal, a la casita próxima al río, que tantas +habÃan llevado al Depósito. Bajaron los tres chicos +al Canal, a la casita próxima al rÃo, que tantas veces Manuel y los de su cuadrilla miraban <span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span> con curiosidad desde las ventanas. En la puerta se agrupaban varias personas.</p> -<p>—Vamos a mirar—dijo el <i>Aristón</i>.</p> +<p>—Vamos a mirar—dijo el <i>Aristón</i>.</p> -<p>Había una ventana abierta de par en par y se +<p>HabÃa una ventana abierta de par en par y se asomaron a ella. Tendido sobre una mesa de -mármol estaba Leandro; tenía un color de cera, y -en su rostro se leía una expresión de soberbia y -de desafío. A su lado, la señora Leandra gritaba -y vociferaba; el señor Ignacio, con la mano de su +mármol estaba Leandro; tenÃa un color de cera, y +en su rostro se leÃa una expresión de soberbia y +de desafÃo. A su lado, la señora Leandra gritaba +y vociferaba; el señor Ignacio, con la mano de su hijo entre las suyas, lloraba en silencio. En otra -mesa rodeaban el cadáver de la Milagros un grupo -de personas. El empleado del Depósito hizo -salir a todos. Al encontrarse el <i>Corretor</i> y el señor +mesa rodeaban el cadáver de la Milagros un grupo +de personas. El empleado del Depósito hizo +salir a todos. Al encontrarse el <i>Corretor</i> y el señor Ignacio en la puerta, se vieron y desviaron la vista: las dos madres, en cambio, se lanzaron una mirada de odio terrible.</p> -<p>El señor Ignacio dispuso que no fueran a dormir -al Corralón, sino a la calle del Aguila. Allí, en -casa de la señora Jacoba, hubo una algarabía horrorosa +<p>El señor Ignacio dispuso que no fueran a dormir +al Corralón, sino a la calle del Aguila. AllÃ, en +casa de la señora Jacoba, hubo una algarabÃa horrorosa de lloros y de imprecaciones. Las tres mujeres echaban la culpa de todo a la Milagros, que era una golfa, una mala hembra descastada, -egoísta y miserable.</p> +egoÃsta y miserable.</p> -<p>Un vecino de la Corrala señaló un detalle raro; -al reconocer el médico forense a la Milagros y al -quitarle el corsé para apreciar la herida, entre -unos escapularios encontró un medallón chiquito +<p>Un vecino de la Corrala señaló un detalle raro; +al reconocer el médico forense a la Milagros y al +quitarle el corsé para apreciar la herida, entre +unos escapularios encontró un medallón chiquito con un retrato de Leandro.</p> -<p>—¿De quién es este retrato?—dicen que preguntó.</p> +<p>—¿De quién es este retrato?—dicen que preguntó.</p> <p>—Del que la ha matado—le contestaron.</p> <p>Era una cosa rara que intrigaba a Manuel; muchas -veces había pensado que la Milagros quería +veces habÃa pensado que la Milagros querÃa a Leandro; aquello casi lo confirmaba.</p> -<p>Durante toda la noche, el señor Ignacio, sentado -en una silla, lloró sin cesar; Vidal estaba asustado -y Manuel también. La presencia de la muerte, -vista tan de cerca, les aterrorizó a los dos.</p> +<p>Durante toda la noche, el señor Ignacio, sentado +en una silla, lloró sin cesar; Vidal estaba asustado +y Manuel también. La presencia de la muerte, +vista tan de cerca, les aterrorizó a los dos.</p> <p class="ht"><span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> -Y mientras lloraban dentro, en la calle las niñas +Y mientras lloraban dentro, en la calle las niñas cantaban a coro; y aquel contraste de angustia y de calma, de dolor y de serenidad, daba a Manuel -una sensación confusa de la vida; algo pensaba -él que debía ser muy triste; algo muy incomprensible -y extraño.</p> +una sensación confusa de la vida; algo pensaba +él que debÃa ser muy triste; algo muy incomprensible +y extraño.</p> @@ -6513,478 +6479,478 @@ y extraño.</p> -<h2 id="CAPITULO_I3">CAPÍTULO PRIMERO</h2> +<h2 id="CAPITULO_I3">CAPÃTULO PRIMERO</h2> -<p class="smcap center">El drama del tío Patas.—La tahona.—Karl el +<p class="smcap center">El drama del tÃo Patas.—La tahona.—Karl el hornero.—La Sociedad de los Tres.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">La</span> impresión por la muerte de su hijo en el -señor Ignacio fué tan profunda, que cayó -enfermo. Se dejó de trabajar en el almacén, y al -cabo de dos o tres semanas, como el señor Ignacio -no se ponía bueno, la Leandra le dijo a +<p class="p2"><span class="smcap">La</span> impresión por la muerte de su hijo en el +señor Ignacio fué tan profunda, que cayó +enfermo. Se dejó de trabajar en el almacén, y al +cabo de dos o tres semanas, como el señor Ignacio +no se ponÃa bueno, la Leandra le dijo a Manuel:</p> -<p>—Mira: vete a casa de tu madre, porque aquí +<p>—Mira: vete a casa de tu madre, porque aquà yo no te puedo tener.</p> -<p>Volvió Manuel a la casa de huéspedes, y la Petra, -por mediación de la patrona, llevó al muchacho +<p>Volvió Manuel a la casa de huéspedes, y la Petra, +por mediación de la patrona, llevó al muchacho de mozo a un puesto de pan y verduras situado en la plaza del Carmen.</p> -<p>Allá Manuel tuvo que sujetarse más que en la -casa del señor Ignacio. El tío <i>Patas</i>, el dueño del +<p>Allá Manuel tuvo que sujetarse más que en la +casa del señor Ignacio. El tÃo <i>Patas</i>, el dueño del puesto, un gallegazo pesadote como un buey, puso al corriente a Manuel de sus obligaciones.</p> -<p>Tenía que levantarse el muchacho al amanecer, +<p>TenÃa que levantarse el muchacho al amanecer, abrir el puesto, soltar los fardos de verdura que -subía un mozo de la plaza de la Cebada, e ir to<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span>mando -el pan que traían los repartidores. Después, +subÃa un mozo de la plaza de la Cebada, e ir to<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span>mando +el pan que traÃan los repartidores. Después, barrer la tienda y esperar a que se levantara -el tío <i>Patas</i>, su mujer o su cuñada. Al llegar alguno +el tÃo <i>Patas</i>, su mujer o su cuñada. Al llegar alguno de ellos, Manuel abandonaba el mostrador, y -con una cesta pequeña a la cabeza iba con el pan +con una cesta pequeña a la cabeza iba con el pan a las casas de los parroquianos de la vecindad. -En ir y venir se pasaba toda la mañana. Por la -tarde era más pesado el trabajo: Manuel tenía -que estarse quieto detrás del mostrador, aburriéndose, -vigilado por el ama y su cuñada.</p> +En ir y venir se pasaba toda la mañana. Por la +tarde era más pesado el trabajo: Manuel tenÃa +que estarse quieto detrás del mostrador, aburriéndose, +vigilado por el ama y su cuñada.</p> <p>Acostumbrado a los paseos diarios por las rondas, le desesperaba tal inmovilidad.</p> -<p>La tienda del tío <i>Patas</i>, pequeña y mal oliente, -tenía un papel amarillo, que se despegaba de +<p>La tienda del tÃo <i>Patas</i>, pequeña y mal oliente, +tenÃa un papel amarillo, que se despegaba de puro viejo, con unas cenefas verdes. Un mostrador de madera, unos cuantos vasares sucios, un -quinqué de petróleo en el techo y dos bancos -constituían todo el mobiliario.</p> +quinqué de petróleo en el techo y dos bancos +constituÃan todo el mobiliario.</p> <p>La trastienda, a la cual se llegaba por una puerta -del fondo, era un cuarto sin más luz que la que +del fondo, era un cuarto sin más luz que la que entraba por un montante que daba al portal. En -este cuarto se comía; de él se pasaba a la cocina y -de ésta a un patio estrecho, muy sucio, con una +este cuarto se comÃa; de él se pasaba a la cocina y +de ésta a un patio estrecho, muy sucio, con una fuente. Al otro lado del patio estaban las alcobas -del tío <i>Patas</i>, de su mujer y de la cuñada.</p> +del tÃo <i>Patas</i>, de su mujer y de la cuñada.</p> -<p>A Manuel le ponían un jergón y unas mantas -detrás del mostrador. Allí dentro, de noche sobre -todo, olía a berza podrida; pero más que esto aun +<p>A Manuel le ponÃan un jergón y unas mantas +detrás del mostrador. Allà dentro, de noche sobre +todo, olÃa a berza podrida; pero más que esto aun molestaba a Manuel el levantarse de madrugada, cuando el sereno daba dos o tres golpes con el chuzo a la puerta de la tienda.</p> -<p>En el puesto se vendía algo, lo bastante para -vivir, nada más. En aquel tabuco había reunido -el tío Patas una fortuna, ahorrando céntimo a céntimo.</p> +<p>En el puesto se vendÃa algo, lo bastante para +vivir, nada más. En aquel tabuco habÃa reunido +el tÃo Patas una fortuna, ahorrando céntimo a céntimo.</p> -<p>La historia del tío <i>Patas</i> era verdaderamente -interesante. Manuel la averiguó por las habladu<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>rías +<p>La historia del tÃo <i>Patas</i> era verdaderamente +interesante. Manuel la averiguó por las habladu<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>rÃas de los repartidores de pan y de los chicos de los otros puestos.</p> -<p>El tío <i>Patas</i> había llegado a Madrid, desde un +<p>El tÃo <i>Patas</i> habÃa llegado a Madrid, desde un pueblo de Lugo, a buscarse la vida, a los quince -años. Al cabo de veinte de economías inverosímiles, -trabajando en una tahona, ahorró tres o cuatro -mil pesetas, y con ellas estableció un puesto +años. Al cabo de veinte de economÃas inverosÃmiles, +trabajando en una tahona, ahorró tres o cuatro +mil pesetas, y con ellas estableció un puesto de pan y de verdura. Su mujer despachaba en el -puesto, y él seguía trabajando en la tahona y -guardando dinero. Cuando su hijo creció, le tomó +puesto, y él seguÃa trabajando en la tahona y +guardando dinero. Cuando su hijo creció, le tomó en traspaso una taberna, y luego una casa de -préstamos. En esta época de prosperidad murió -la mujer del tío <i>Patas</i>, y el hombre, ya viudo, quiso -saborear la vida, que tan estéril fué para él, y -se casó, a pesar de sus cincuenta y tantos, con una +préstamos. En esta época de prosperidad murió +la mujer del tÃo <i>Patas</i>, y el hombre, ya viudo, quiso +saborear la vida, que tan estéril fué para él, y +se casó, a pesar de sus cincuenta y tantos, con una muchacha, paisana suya, de veinte, que no pensaba, al ir al matrimonio, mas que en convertirse -de criada en ama. Todos los amigos del tío <i>Patas</i> +de criada en ama. Todos los amigos del tÃo <i>Patas</i> trataron de convencerle de que era una barbaridad -el casarse a sus años, y con una moza tan -joven; pero él siguió en sus trece, y se casó.</p> - -<p>A los dos meses de matrimonio, el hijo del tío -<i>Patas</i> se entendía con su madrastra, y poco tiempo -después el viejo se enteraba. Espió un día, y -vió salir a su hijo y a su mujer de una casa de -compromiso de la calle de Santa Margarita. Quizá -el hombre pensó tomar una determinación enérgica, +el casarse a sus años, y con una moza tan +joven; pero él siguió en sus trece, y se casó.</p> + +<p>A los dos meses de matrimonio, el hijo del tÃo +<i>Patas</i> se entendÃa con su madrastra, y poco tiempo +después el viejo se enteraba. Espió un dÃa, y +vió salir a su hijo y a su mujer de una casa de +compromiso de la calle de Santa Margarita. Quizá +el hombre pensó tomar una determinación enérgica, decir a los dos algo muy fuerte; pero como -era calmoso y tranquilo, y no quería perturbar sus -negocios, dejó pasar tiempo, y poco a poco se -acostumbró a su situación. Después, la mujer del -tío <i>Patas</i> trajo del pueblo a una hermana suya, y -cuando llegó, entre la mujer y el hijo del tío <i>Patas</i> -se la empujaron al viejo, y éste concluyó amontonándose -con su cuñada. Desde entonces los cuatro -vivieron con una tranquilidad completa. Se entendían +era calmoso y tranquilo, y no querÃa perturbar sus +negocios, dejó pasar tiempo, y poco a poco se +acostumbró a su situación. Después, la mujer del +tÃo <i>Patas</i> trajo del pueblo a una hermana suya, y +cuando llegó, entre la mujer y el hijo del tÃo <i>Patas</i> +se la empujaron al viejo, y éste concluyó amontonándose +con su cuñada. Desde entonces los cuatro +vivieron con una tranquilidad completa. Se entendÃan admirablemente.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span></p> <p>A Manuel, que estaba curado de espanto, porque -en la Corrala había más de una combinación -matrimonial parecida, no le asombró la cosa; lo -que le indignaba era la tacañería del tío <i>Patas</i> y +en la Corrala habÃa más de una combinación +matrimonial parecida, no le asombró la cosa; lo +que le indignaba era la tacañerÃa del tÃo <i>Patas</i> y de su gente.</p> -<p>Toda la escrupulosidad que no tenía la mujer -del tío <i>Patas</i> en otras cuestiones, la guardaba, sin +<p>Toda la escrupulosidad que no tenÃa la mujer +del tÃo <i>Patas</i> en otras cuestiones, la guardaba, sin duda, para las cuentas. Acostumbraba a sisar, -conocía al dedillo las socaliñas de las criadas, y -no se le escapaba un céntimo: siempre creía que -la robaban. Era tal su espíritu de economía, que -todos en casa comían pan seco, confirmando el -dicho popular de que «en casa del herrero, cuchillo -de palo».</p> - -<p>La cuñada, una mujer cerril, de nariz corta, mejillas -rojas, de pecho y caderas abundantes, podía +conocÃa al dedillo las socaliñas de las criadas, y +no se le escapaba un céntimo: siempre creÃa que +la robaban. Era tal su espÃritu de economÃa, que +todos en casa comÃan pan seco, confirmando el +dicho popular de que «en casa del herrero, cuchillo +de palo».</p> + +<p>La cuñada, una mujer cerril, de nariz corta, mejillas +rojas, de pecho y caderas abundantes, podÃa dar lecciones de sordidez a su hermana, y en -cuestión de falta de pudor y de dignidad la aventajaba -con mucho. Solía andar por la tienda despechugada, -y no había repartidor que no la diese +cuestión de falta de pudor y de dignidad la aventajaba +con mucho. SolÃa andar por la tienda despechugada, +y no habÃa repartidor que no la diese un tiento en la pechera.</p> -<p>—¡Qué gorda estás, <i>oh</i>!—la decían los paisanos.</p> +<p>—¡Qué gorda estás, <i>oh</i>!—la decÃan los paisanos.</p> -<p>Y no parecía sino que toda aquella grasa tan -manoseada no la pertenecía, porque no protestaba; +<p>Y no parecÃa sino que toda aquella grasa tan +manoseada no la pertenecÃa, porque no protestaba; pero si alguien trataba de escamotearla en la -cuenta algún panecillo, entonces se ponía hecha +cuenta algún panecillo, entonces se ponÃa hecha una fiera.</p> -<p>Los domingos por la tarde el tío <i>Patas</i>, su mujer, -su cuñada y su hijo solían jugar en la calle, +<p>Los domingos por la tarde el tÃo <i>Patas</i>, su mujer, +su cuñada y su hijo solÃan jugar en la calle, al mus, en una mesita, en medio del arroyo; nunca -se atrevían a dejar la tienda sola.</p> +se atrevÃan a dejar la tienda sola.</p> -<p>A los tres meses de entrar Manuel allá, la Petra -fué a ver al tío <i>Patas</i>, y le dijo que diera al chico -algún jornal. El tío <i>Patas</i> se echó a reír: le parecía -la pretensión el colmo de lo absurdo, y dijo +<p>A los tres meses de entrar Manuel allá, la Petra +fué a ver al tÃo <i>Patas</i>, y le dijo que diera al chico +algún jornal. El tÃo <i>Patas</i> se echó a reÃr: le parecÃa +la pretensión el colmo de lo absurdo, y dijo que no, que era imposible: que el muchacho no -ganaba el pan que comía.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span></p> +ganaba el pan que comÃa.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span></p> -<p>Entonces la Petra buscó otra casa para Manuel, -y lo llevó a una tahona de la calle del Horno de +<p>Entonces la Petra buscó otra casa para Manuel, +y lo llevó a una tahona de la calle del Horno de la Mata, a que aprendiera el oficio de panadero.</p> <p>En la tahona, para comenzar el aprendizaje, le pusieron en el horno, a ayudar al oficial de pala. -El trabajo era superior a sus fuerzas. Se tenía que +El trabajo era superior a sus fuerzas. Se tenÃa que levantar a las once de la noche, y comenzaba por limpiar con una raedera unas latas de hierro, en -donde se cocían bollos, pasándolas, después de +donde se cocÃan bollos, pasándolas, después de frotadas, con una brocha untada en manteca derretida; hecho esto, ayudaba al oficial de pala a sacar la brasa del horno con un hierro; luego, -mientras el hornero cocía, iba cogiendo tablas -pesadísimas, cargadas de panecillos, y las llevaba +mientras el hornero cocÃa, iba cogiendo tablas +pesadÃsimas, cargadas de panecillos, y las llevaba del amasadero a la boca del horno; y cuando el -oficial metía los panecillos dentro, volvía Manuel +oficial metÃa los panecillos dentro, volvÃa Manuel con las tablas al amasadero. A medida que el pan -salía del horno, lo mojaba con un cepillo empapado +salÃa del horno, lo mojaba con un cepillo empapado en agua, para dar brillo a la corteza. A las -once de la mañana se concluía el trabajo, y en los +once de la mañana se concluÃa el trabajo, y en los intervalos de descanso, Manuel y los trabajadores -dormían.</p> +dormÃan.</p> -<p>La vida allí era horriblemente penosa.</p> +<p>La vida allà era horriblemente penosa.</p> -<p>La tahona ocupaba un sótano obscuro, triste y -sucio. Estaba el piso del sótano por debajo del -nivel de la calle, a la cual tenía unas ventanas +<p>La tahona ocupaba un sótano obscuro, triste y +sucio. Estaba el piso del sótano por debajo del +nivel de la calle, a la cual tenÃa unas ventanas con cristales tan obscurecidos por el polvo y las -telarañas, que no dejaban pasar mas que una luz +telarañas, que no dejaban pasar mas que una luz turbia y amarillenta. A todas horas se trabajaba con gas.</p> <p>Se entraba a la tahona por una puerta que daba a un patio grande, en el cual se levantaba un cobertizo -de cinc agujereado, que protegía de la +de cinc agujereado, que protegÃa de la lluvia, o trataba de proteger al menos, las cargas -de ramaje de retama y las pilas de leña allí amontonadas.</p> +de ramaje de retama y las pilas de leña allà amontonadas.</p> <p>De este patio, por una puerta baja, se pasaba a<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span> -un largo corredor, estrecho y húmedo, negro por -todas partes, y en el cual no se veía mas que allá +un largo corredor, estrecho y húmedo, negro por +todas partes, y en el cual no se veÃa mas que allá en el fondo un cuadrado de luz de una ventana alta con unos cuantos cristales rajados y sucios, por donde entraba una claridad triste.</p> <p>Cuando los ojos se acostumbraban a la penumbra -reinante, se veían en las paredes del corredor +reinante, se veÃan en las paredes del corredor cestos de repartir, palas del horno, blusas, gorras y zapatos colgados en clavos, y en el techo, -gruesas telas de araña plateadas y llenas de +gruesas telas de araña plateadas y llenas de polvo.</p> <p>A ambos lados del pasillo y a la mitad de su -longitud se abrían dos puertas frente por frente: +longitud se abrÃan dos puertas frente por frente: una daba al horno, la otra, al amasadero.</p> <p>El sitio del horno era anchuroso, con las paredes -recubiertas de hollín, negro como una cámara +recubiertas de hollÃn, negro como una cámara obscura; un mechero de gas brillaba en aquella caverna, sin iluminar apenas nada. Delante de la boca del horno, en un tinglado de hierro, estaban colocadas las palas; arriba, en el techo, se -entreveían tubos grandes de chimenea cruzados.</p> +entreveÃan tubos grandes de chimenea cruzados.</p> -<p>El amasadero, menos negro, resultaba más -sombrío que la cocina del horno; a su interior -llegaba una luz pálida por dos ventanas que daban -al patio, con los cristales empañados por el -polvo de la harina. Veíase siempre allí a diez o +<p>El amasadero, menos negro, resultaba más +sombrÃo que la cocina del horno; a su interior +llegaba una luz pálida por dos ventanas que daban +al patio, con los cristales empañados por el +polvo de la harina. VeÃase siempre allà a diez o doce hombres en camiseta, agitando los brazos desesperadamente sobre las artesas, y en el fondo -del local una mula movía lentamente la máquina +del local una mula movÃa lentamente la máquina de amasar.</p> -<p>La vida en la tahona era antipática y molesta; -el trabajo, abrumador, y el jornal, pequeño: siete -reales al día. Manuel, no acostumbrado a sufrir -el calor del horno, se mareaba; además, al mojar -los panes recién cocidos se le quemaban los dedos -y sentía repugnancia al verse con las manos -infiltradas de grasa y de hollín.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></p> +<p>La vida en la tahona era antipática y molesta; +el trabajo, abrumador, y el jornal, pequeño: siete +reales al dÃa. Manuel, no acostumbrado a sufrir +el calor del horno, se mareaba; además, al mojar +los panes recién cocidos se le quemaban los dedos +y sentÃa repugnancia al verse con las manos +infiltradas de grasa y de hollÃn.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></p> -<p>Tuvo también la mala suerte de que su cama +<p>Tuvo también la mala suerte de que su cama estuviese en el cuarto de los panaderos, al lado de la de un viejo, mozo de la tahona, enfermo -de catarro crónico, por la infiltración de harina -en el pulmón, que gargajeaba a todas horas.</p> +de catarro crónico, por la infiltración de harina +en el pulmón, que gargajeaba a todas horas.</p> -<p>Manuel, de asco, no podía dormir en el cuarto +<p>Manuel, de asco, no podÃa dormir en el cuarto de los panaderos, y se marchaba a la cocina del -horno y se echaba en el suelo. Se sentía siempre -cansado; pero, a pesar de esto, trabajaba automáticamente.</p> +horno y se echaba en el suelo. Se sentÃa siempre +cansado; pero, a pesar de esto, trabajaba automáticamente.</p> -<p>Luego nadie le hacía caso; los demás panaderos, -una colección de gallegos bastante brutos, le -trataban como a una mula; ni siquiera se ocupó +<p>Luego nadie le hacÃa caso; los demás panaderos, +una colección de gallegos bastante brutos, le +trataban como a una mula; ni siquiera se ocupó alguno de ellos en saber el nombre de Manuel, y -unos le llamaban: «¡Eh, tú, <i>Choto</i>!»; otros le gritaban: -«¡Hala, <i>Barriga</i>!»; cuando hablaban de él, decían -«O golfo de Madrid», o solamente «o golfo». +unos le llamaban: «¡Eh, tú, <i>Choto</i>!»; otros le gritaban: +«¡Hala, <i>Barriga</i>!»; cuando hablaban de él, decÃan +«O golfo de Madrid», o solamente «o golfo». El contestaba a los nombres y motes que le daban.</p> -<p>Al principio, de todos, el más odioso para Manuel, -fué el hornero: le mandaba de una manera -despótica; se incomodaba si no lo encontraba -todo hecho en seguida. Era este hornero un alemán -llamado Karl Schneider; había venido a España -huyendo de las quintas de su país, vagabundeando. -Tenía unos veinticuatro o veinticinco -años, los ojos muy claros, el pelo y el bigote casi +<p>Al principio, de todos, el más odioso para Manuel, +fué el hornero: le mandaba de una manera +despótica; se incomodaba si no lo encontraba +todo hecho en seguida. Era este hornero un alemán +llamado Karl Schneider; habÃa venido a España +huyendo de las quintas de su paÃs, vagabundeando. +TenÃa unos veinticuatro o veinticinco +años, los ojos muy claros, el pelo y el bigote casi blancos, de puro rubios.</p> -<p>Hombre tímido y flemático, todo le asombraba -y le parecía difícil. Sus impresiones fuertes no se +<p>Hombre tÃmido y flemático, todo le asombraba +y le parecÃa difÃcil. Sus impresiones fuertes no se manifestaban ni en gestos ni en palabras, sino -en un enrojecimiento súbito, que coloreaba sus -mejillas y su frente, y que desaparecía para ser +en un enrojecimiento súbito, que coloreaba sus +mejillas y su frente, y que desaparecÃa para ser reemplazado por una palidez intensa.</p> <p>Se expresaba Karl muy bien en castellano, pero -de una manera rara; sabía una retahíla de refranes +de una manera rara; sabÃa una retahÃla de refranes y de frases, que barajaba sin medida; esto -daba a su conversación un carácter extraño.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span></p> +daba a su conversación un carácter extraño.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span></p> -<p>Pronto pudo ver Manuel que el alemán, a pesar +<p>Pronto pudo ver Manuel que el alemán, a pesar de su brusquedad, era un excelente muchacho, muy inocente, muy sentimental y de una candidez -paradisíaca.</p> +paradisÃaca.</p> <p>Al mes de trabajar en la tahona, Manuel consideraba -a Karl como su único amigo: se trataban -los dos como camaradas; se llamaban de tú, y si +a Karl como su único amigo: se trataban +los dos como camaradas; se llamaban de tú, y si el hornero ayudaba muchas veces a su pinche para cualquier trabajo de fuerza, en cambio, en -ocasiones, le pedía su parecer y le consultaba +ocasiones, le pedÃa su parecer y le consultaba acerca de puntos y complicaciones sentimentales, -que al alemán intrigaban, y que Manuel resolvía +que al alemán intrigaban, y que Manuel resolvÃa con su perspicacia y su instinto de chiquillo vagabundo, -convencido de que todos los móviles de -la vida son egoístas y bajos. La igualdad entre -maestro y ayudante desaparecía desde que Karl -se ponía a la boca del horno. Entonces Manuel -debía obedecer al alemán sin vacilaciones ni tardanzas.</p> - -<p>El único vicio de Karl era la borrachera: continuamente -tenía sed; cuando bebía vino y cerveza, -marchaba bien; llevaba método en su vida, y +convencido de que todos los móviles de +la vida son egoÃstas y bajos. La igualdad entre +maestro y ayudante desaparecÃa desde que Karl +se ponÃa a la boca del horno. Entonces Manuel +debÃa obedecer al alemán sin vacilaciones ni tardanzas.</p> + +<p>El único vicio de Karl era la borrachera: continuamente +tenÃa sed; cuando bebÃa vino y cerveza, +marchaba bien; llevaba método en su vida, y las horas libres las pasaba en la plaza de Oriente o en la Moncloa, leyendo los dos tomos que -constituían su biblioteca: uno, <i>Las ilusiones perdidas</i>, -de Balzac, y el otro, una colección de poesías +constituÃan su biblioteca: uno, <i>Las ilusiones perdidas</i>, +de Balzac, y el otro, una colección de poesÃas alemanas.</p> -<p>Estos dos libros, constantemente leídos, comentados -y anotados por él, le llenaban la cabeza de -preocupaciones y de sueños. Entre los razonamientos +<p>Estos dos libros, constantemente leÃdos, comentados +y anotados por él, le llenaban la cabeza de +preocupaciones y de sueños. Entre los razonamientos amargos y desesperados de Balzac, pero en el fondo llenos de romanticismo, y las idealidades -de Goethe y de Heine, el pobre hornero vivía -en el más irreal de los mundos. Muchas veces +de Goethe y de Heine, el pobre hornero vivÃa +en el más irreal de los mundos. Muchas veces Karl le explicaba a Manuel los conflictos de los personajes de su novela favorita, y le preguntaba -cómo se conduciría él en casos semejantes.<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span> -Manuel encontraba casi siempre una solución tan -lógica, tan natural y tan poco romántica, que el -alemán quedaba perplejo e intrigado con la claridad +cómo se conducirÃa él en casos semejantes.<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span> +Manuel encontraba casi siempre una solución tan +lógica, tan natural y tan poco romántica, que el +alemán quedaba perplejo e intrigado con la claridad de juicio del muchacho; pero luego, pensando -otra vez sobre el mismo tema, veía que la tal -solución no podía tener valor para sus personajes +otra vez sobre el mismo tema, veÃa que la tal +solución no podÃa tener valor para sus personajes quintaesenciados, porque el conflicto mismo de la novela no hubiera llegado a existir entre gente de pensamientos vulgares.</p> -<p>En algunas épocas de diez y doce días el alemán -necesitaba excitantes más fuertes que el vino -y la lectura, y solía emborracharse con aguardiente, -y bebía media botella como si fuera agua.</p> +<p>En algunas épocas de diez y doce dÃas el alemán +necesitaba excitantes más fuertes que el vino +y la lectura, y solÃa emborracharse con aguardiente, +y bebÃa media botella como si fuera agua.</p> -<p>Según le contaba a Manuel, sentía una avalancha -de tristeza y todo lo veía negro y desagradable; -se encontraba febril, y el único remedio para +<p>Según le contaba a Manuel, sentÃa una avalancha +de tristeza y todo lo veÃa negro y desagradable; +se encontraba febril, y el único remedio para su tristeza era el alcohol.</p> -<p>Cuando entraba en la taberna llevaba el corazón +<p>Cuando entraba en la taberna llevaba el corazón oprimido y la cabeza pesada y llena de ideas -feas, y a medida que iba bebiendo sentía que el -corazón se le ensanchaba y respiraba mejor, y los -pensamientos alegres se le metían en la cabeza. -Luego, al salir de la taberna, por más esfuerzos -que hacía, le era imposible conservar la seriedad, +feas, y a medida que iba bebiendo sentÃa que el +corazón se le ensanchaba y respiraba mejor, y los +pensamientos alegres se le metÃan en la cabeza. +Luego, al salir de la taberna, por más esfuerzos +que hacÃa, le era imposible conservar la seriedad, y la risa le retozaba en los labios. Entonces llegaban a su memoria canciones de su tierra, y las -cantaba, llevando el compás al andar. Mientras -iba por las calles céntricas caminaba derecho; +cantaba, llevando el compás al andar. Mientras +iba por las calles céntricas caminaba derecho; pero cuando llegaba a las callejuelas apartadas, a las avenidas desiertas, se abandonaba al placer de trompicar y de ir haciendo eses, dando un encontronazo -aquí y un tropezón allá. En aquellas -horas todo le parecía al alemán grande, hermoso, +aquà y un tropezón allá. En aquellas +horas todo le parecÃa al alemán grande, hermoso, soberbio; el sentimentalismo de su raza se desbordaba -en él y comenzaba a recitar versos y a +en él y comenzaba a recitar versos y a llorar, y a cualquier conocido que encontraba en -la calle le pedía perdón por su falta imaginaria<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> -y le preguntaba si le seguía estimándole y concediéndole +la calle le pedÃa perdón por su falta imaginaria<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> +y le preguntaba si le seguÃa estimándole y concediéndole su amistad.</p> <p>Por muy borracho que se encontrara, nunca se -le olvidaba la obligación, y a la hora de cocer se +le olvidaba la obligación, y a la hora de cocer se marchaba vacilando a la tahona; e inmediatamente -que se ponía a la boca del horno se le pasaba -la borrachera y trabajaba como si tal cosa, riéndose -él solo de sus extravagancias.</p> +que se ponÃa a la boca del horno se le pasaba +la borrachera y trabajaba como si tal cosa, riéndose +él solo de sus extravagancias.</p> -<p>Tenía el alemán una fuerza orgánica maravillosa, +<p>TenÃa el alemán una fuerza orgánica maravillosa, una resistencia inaudita; Manuel necesitaba dormir todo el tiempo que estaba libre, y aun -así no conseguía levantarse de la cama descansado. -Durante dos meses que pasó Manuel en la -tahona, vivió como un autómata. El trabajo en el -horno le había cambiado de tal modo las horas -de sueño, que los días le parecían noches, y al -revés.</p> - -<p>Un día, Manuel cayó enfermo, y toda la fuerza -que le sostenía le abandonó de repente; dejó -el trabajo, cobró la quincena y, sin saber cómo, -casi arrastrándose, fué hasta la casa de huéspedes.</p> +asà no conseguÃa levantarse de la cama descansado. +Durante dos meses que pasó Manuel en la +tahona, vivió como un autómata. El trabajo en el +horno le habÃa cambiado de tal modo las horas +de sueño, que los dÃas le parecÃan noches, y al +revés.</p> + +<p>Un dÃa, Manuel cayó enfermo, y toda la fuerza +que le sostenÃa le abandonó de repente; dejó +el trabajo, cobró la quincena y, sin saber cómo, +casi arrastrándose, fué hasta la casa de huéspedes.</p> <p>La Petra, al verle en aquel estado, le hizo acostarse, -y Manuel pasó cerca de dos semanas con +y Manuel pasó cerca de dos semanas con una calentura muy alta, delirando. Al levantarse -había crecido, estaba demacrado y sentía una +habÃa crecido, estaba demacrado y sentÃa una gran laxitud y desmadejamiento en todo el cuerpo -y una sensibilidad tal, que una palabra más +y una sensibilidad tal, que una palabra más fuerte que otra le daba ganas de llorar.</p> -<p>Cuando salió a la calle, por consejo de la Petra, -compró un broche de dublé y se lo regaló a -doña Casiana, y ésta lo agradeció tanto que le -dijo a su criada que el muchacho podía quedarse +<p>Cuando salió a la calle, por consejo de la Petra, +compró un broche de dublé y se lo regaló a +doña Casiana, y ésta lo agradeció tanto que le +dijo a su criada que el muchacho podÃa quedarse en la casa hasta su completo restablecimiento.</p> -<p>Aquellos días fueron de los más agradables de -la vida de Manuel; lo único que le molestaba era +<p>Aquellos dÃas fueron de los más agradables de +la vida de Manuel; lo único que le molestaba era el hambre.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p> -<p>Hacía un tiempo soberbio, y Manuel marchaba -por las mañanas a pasear al Retiro. El periodista, +<p>HacÃa un tiempo soberbio, y Manuel marchaba +por las mañanas a pasear al Retiro. El periodista, a quien llamaban el <i>Superhombre</i>, utilizaba a Manuel para que le copiara cuartillas, y, como -compensación, sin duda, le prestaba novelas de -Paúl de Kock y de Pigaul-Lebrún, algunas de un +compensación, sin duda, le prestaba novelas de +Paúl de Kock y de Pigaul-Lebrún, algunas de un verde muy subido, como <i>Monjas y corsarios</i> y <i>Gustavo el calavera</i>.</p> -<p>Las teorías amorosas de los dos escritores convencieron +<p>Las teorÃas amorosas de los dos escritores convencieron a Manuel de tal manera, que quiso ponerlas -en práctica con la sobrina de la patrona. -En dos años la muchacha se había desarrollado +en práctica con la sobrina de la patrona. +En dos años la muchacha se habÃa desarrollado tanto, que estaba hecha una mujer.</p> -<p>Una noche, a primera hora, poco después de -cenar, por influencia de la estación primaveral o -por seguir las teorías del autor de <i>Monjas y corsarios</i>, -el caso fué que Manuel convenció a la chica -de la patrona de la utilidad de una explicación -a solas, y una vecina los vió a los dos que marchaban +<p>Una noche, a primera hora, poco después de +cenar, por influencia de la estación primaveral o +por seguir las teorÃas del autor de <i>Monjas y corsarios</i>, +el caso fué que Manuel convenció a la chica +de la patrona de la utilidad de una explicación +a solas, y una vecina los vió a los dos que marchaban juntos, escaleras arriba, y entraban en el -desván.</p> +desván.</p> -<p>Cuando iban a encerrarse, la vecina les sorprendió -y los llevó contritos a presencia de doña -Casiana. La paliza que la patrona propinó a su -sobrina le quitó a la muchacha las ganas de nuevas -aventuras, y a la tía fuerzas para administrar +<p>Cuando iban a encerrarse, la vecina les sorprendió +y los llevó contritos a presencia de doña +Casiana. La paliza que la patrona propinó a su +sobrina le quitó a la muchacha las ganas de nuevas +aventuras, y a la tÃa fuerzas para administrar otra a Manuel.</p> -<p>—Tú te vas a la calle—le dijo, agarrándole del -brazo e hincándole las uñas—, y que no te vuelva -a ver más aquí, porque te desuello.</p> +<p>—Tú te vas a la calle—le dijo, agarrándole del +brazo e hincándole las uñas—, y que no te vuelva +a ver más aquÃ, porque te desuello.</p> <p>Manuel, avergonzado y confuso, no deseaba en -aquel momento mas que escapar, y se marchó a +aquel momento mas que escapar, y se marchó a la calle en cuanto pudo, como un perro azotado. -Estaba la noche fresca, agradable. Como no tenía -un céntimo, se aburrió pronto de pasear; llamó -en la tahona, preguntó por Karl el hornero, le -abrieron y se tendió en una de las camas. Al<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> -amanecer se despertó a la voz de uno de los panaderos, +Estaba la noche fresca, agradable. Como no tenÃa +un céntimo, se aburrió pronto de pasear; llamó +en la tahona, preguntó por Karl el hornero, le +abrieron y se tendió en una de las camas. Al<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> +amanecer se despertó a la voz de uno de los panaderos, que gritaba:</p> -<p>—¡Eh, tú, <i>golfo</i>, ahueca!</p> +<p>—¡Eh, tú, <i>golfo</i>, ahueca!</p> -<p>Se levantó Manuel, y salió a la calle. Paseando, -se acercó al Viaducto, a su sitio favorito, a mirar +<p>Se levantó Manuel, y salió a la calle. Paseando, +se acercó al Viaducto, a su sitio favorito, a mirar el paisaje y la calle de Segovia.</p> -<p>Era una mañana espléndida, de un día de primavera. -En el sotillo próximo al Campo del Moro +<p>Era una mañana espléndida, de un dÃa de primavera. +En el sotillo próximo al Campo del Moro algunos soldados se ejercitaban tocando cornetas y tambores; de una chimenea de ladrillo de la -ronda de Segovia salía a borbotones un humazo +ronda de Segovia salÃa a borbotones un humazo obscuro que manchaba el cielo, limpio y transparente; en los lavaderos del Manzanares brillaban -al sol las ropas puestas a secar, con vívida +al sol las ropas puestas a secar, con vÃvida blancura.</p> -<p>Manuel cruzó despacio el Viaducto, llegó a las -Vistillas, miró cómo unos traperos hacían sus -apartijos, después de extender el contenido de los -sacos en el suelo, y se sentó un rato al sol. Veía, +<p>Manuel cruzó despacio el Viaducto, llegó a las +Vistillas, miró cómo unos traperos hacÃan sus +apartijos, después de extender el contenido de los +sacos en el suelo, y se sentó un rato al sol. VeÃa, con los ojos entornados, los arcos de la iglesia -de la Almudena, por encima de una tapia; más +de la Almudena, por encima de una tapia; más arriba, el Palacio Real, blanco y brillante; los desmontes -arenosos de la Montaña del Príncipe Pío, +arenosos de la Montaña del PrÃncipe PÃo, y su cuartel rojo y largo, y la hilera de casas del paseo de Rosales, con sus cristales incendiados por la luz del sol.</p> @@ -6993,661 +6959,661 @@ por la luz del sol.</p> se destacaban, escuetos, con dos o tres pinos, como recortados y pegados sobre el aire azul.</p> -<p>De las Vistillas bajó Manuel a la ronda de Segovia. -Al pasar por la calle del Aguila vió que el -almacén del señor Ignacio seguía cerrado. Entró -Manuel en la casa, y preguntó en el patio por la -Salomé.</p> +<p>De las Vistillas bajó Manuel a la ronda de Segovia. +Al pasar por la calle del Aguila vió que el +almacén del señor Ignacio seguÃa cerrado. Entró +Manuel en la casa, y preguntó en el patio por la +Salomé.</p> -<p>—Estará trabajando en su casa—le dijeron.</p> +<p>—Estará trabajando en su casa—le dijeron.</p> -<p>Subió por la escalera y llamó en el cuarto; se -oía desde fuera el ruido de la máquina de coser.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span></p> +<p>Subió por la escalera y llamó en el cuarto; se +oÃa desde fuera el ruido de la máquina de coser.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span></p> -<p>Abrió la Salomé y pasó Manuel. Estaba la costurera +<p>Abrió la Salomé y pasó Manuel. Estaba la costurera tan guapa como siempre, y, como siempre, -trabajando. Sus dos chicos todavía no habían ido -al colegio. La Salomé contó a Manuel que el señor -Ignacio había estado en el hospital y que andaba +trabajando. Sus dos chicos todavÃa no habÃan ido +al colegio. La Salomé contó a Manuel que el señor +Ignacio habÃa estado en el hospital y que andaba buscando dinero para pagar algunas deudas y seguir con el negocio; la Leandra, en aquel momento, -en el río; la señora Jacoba, en el puesto, y -Vidal, golfeando y sin querer trabajar. Se empeñaba -en reunirse con un condenado bizco, más malo +en el rÃo; la señora Jacoba, en el puesto, y +Vidal, golfeando y sin querer trabajar. Se empeñaba +en reunirse con un condenado bizco, más malo que un dolor, y estaba hecho un randa. Andaban siempre los dos con mujeres perdidas, en los -cajones y merenderos de la carretera de Andalucía.</p> +cajones y merenderos de la carretera de AndalucÃa.</p> -<p>Manuel contó cómo había estado de panadero -y cómo se puso malo; lo que no dijo fué la despedida +<p>Manuel contó cómo habÃa estado de panadero +y cómo se puso malo; lo que no dijo fué la despedida de casa de su madre.</p> -<p>—Eso no te conviene a ti; debías aprender algún -oficio menos fuerte—le aconsejó la Salomé.</p> +<p>—Eso no te conviene a ti; debÃas aprender algún +oficio menos fuerte—le aconsejó la Salomé.</p> <p>Manuel estuvo charlando con la costurera toda -la mañana; ella le convidó a almorzar, y él aceptó +la mañana; ella le convidó a almorzar, y él aceptó con gusto.</p> -<p>Por la tarde, Manuel se fué de casa de la Salomé, -pensando que si él tuviera más años y un -buen oficio que le diera dinero, se casaría con la -Salomé, aunque se viese en la precisión de darle -una puñalada al chulapo que la entretenía.</p> +<p>Por la tarde, Manuel se fué de casa de la Salomé, +pensando que si él tuviera más años y un +buen oficio que le diera dinero, se casarÃa con la +Salomé, aunque se viese en la precisión de darle +una puñalada al chulapo que la entretenÃa.</p> <p>Al encontrarse en la ronda, lo primero que se -le ocurrió a Manuel fué que no debía ir al puente -de Toledo, ni mucho menos a la carretera de Andalucía, -porque allí era fácil que se encontrase -con Vidal o con el <i>Bizco</i>. Pensó así, efectivamente, -y, a pesar de esto, bajó hacia el puente, echó -una ojeada por los cajones, y viendo que allí no -estaban sus amigos, siguió por el Canal, atravesó +le ocurrió a Manuel fué que no debÃa ir al puente +de Toledo, ni mucho menos a la carretera de AndalucÃa, +porque allà era fácil que se encontrase +con Vidal o con el <i>Bizco</i>. Pensó asÃ, efectivamente, +y, a pesar de esto, bajó hacia el puente, echó +una ojeada por los cajones, y viendo que allà no +estaban sus amigos, siguió por el Canal, atravesó el Manzanares por el puente de un lavadero y -salió a la carretera de Andalucía. En un meren<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span>dero, +salió a la carretera de AndalucÃa. En un meren<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span>dero, con varias mesas debajo del cobertizo, estaban Vidal y el <i>Bizco</i> entre unos cuantos golfos -que jugaban al cané.</p> +que jugaban al cané.</p> -<p>—¡Eh!, tú, Vidal—gritó Manuel.</p> +<p>—¡Eh!, tú, Vidal—gritó Manuel.</p> -<p>—¡Rediez! ¿Eres tú?—dijo su primo.</p> +<p>—¡Rediez! ¿Eres tú?—dijo su primo.</p> <p>—Ya ves...</p> -<p>—¿Qué te haces?</p> +<p>—¿Qué te haces?</p> -<p>—Nada, ¿y vosotros?</p> +<p>—Nada, ¿y vosotros?</p> <p>—A lo que cae.</p> -<p>Contempló Manuel cómo jugaban al cané. +<p>Contempló Manuel cómo jugaban al cané. Cuando terminaron una de las partidas, Vidal dijo:</p> -<p>—¿Qué? ¿vamos a dar un paseo?</p> +<p>—¿Qué? ¿vamos a dar un paseo?</p> <p>—Vamos.</p> -<p>—¿Vienes tú, <i>Bizco</i>?</p> +<p>—¿Vienes tú, <i>Bizco</i>?</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> -<p>Echaron los tres a andar carretera de Andalucía +<p>Echaron los tres a andar carretera de AndalucÃa adelante.</p> -<p>Vivían Vidal y el <i>Bizco</i> de randas: aquí cogiendo -una manta de un caballo, allá llevándose las -lamparillas eléctricas de una escalera o robando -alambres del teléfono; lo que se terciaba. No iban +<p>VivÃan Vidal y el <i>Bizco</i> de randas: aquà cogiendo +una manta de un caballo, allá llevándose las +lamparillas eléctricas de una escalera o robando +alambres del teléfono; lo que se terciaba. No iban al centro de Madrid porque no se consideraban -todavía bastante diestros.</p> +todavÃa bastante diestros.</p> -<p>Hacía unos días, contó Vidal, birlaron entre +<p>HacÃa unos dÃas, contó Vidal, birlaron entre los dos a un chico una cabra, a orillas del Manzanares, cerca del puente de Toledo; Vidal entretuvo al chico jugando a las chapas, mientras que el -<i>Bizco</i> agarraba la cabra y la subía por la rampa -de los pinos al paseo de las Yeserías y la llevaba -después a las Injurias. Entonces Vidal, señalándole +<i>Bizco</i> agarraba la cabra y la subÃa por la rampa +de los pinos al paseo de las YeserÃas y la llevaba +después a las Injurias. Entonces Vidal, señalándole al chico la parte opuesta de la rampa, le -dijo: «Corre, que por allá va tu cabra», y mientras -el muchacho echaba a trotar en la dirección indicada, -Vidal se escabullía en las Injurias y se juntaba -con el <i>Bizco</i> y su querida. Todavía estaban +dijo: «Corre, que por allá va tu cabra», y mientras +el muchacho echaba a trotar en la dirección indicada, +Vidal se escabullÃa en las Injurias y se juntaba +con el <i>Bizco</i> y su querida. TodavÃa estaban comiendo la carne de la cabra.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p> -<p>—Es lo que tú debes hacer—dijo Vidal—. Venirte -con nosotros. ¡Si esta es una vida de <i>chipendi</i>! -Ya ves, hace unos días Juan el <i>Burra</i> y el +<p>—Es lo que tú debes hacer—dijo Vidal—. Venirte +con nosotros. ¡Si esta es una vida de <i>chipendi</i>! +Ya ves, hace unos dÃas Juan el <i>Burra</i> y el <i>Arenero</i>, que viven en Casa Blanca, se encontraron -en el camino de las Yeserías con un cerdo +en el camino de las YeserÃas con un cerdo muerto. Iba un mozo con una piara al matadero, -cuando se conoce que murió el animal; el mozo lo -dejó allá, y Juan el <i>Burra</i> y el <i>Arenero</i> lo arrastraron +cuando se conoce que murió el animal; el mozo lo +dejó allá, y Juan el <i>Burra</i> y el <i>Arenero</i> lo arrastraron hasta su casa, lo descuartizaron y hemos -comido cerdo sus amigos durante más de una semana. -¡Si te digo que es una vida de <i>chipendi</i>!</p> +comido cerdo sus amigos durante más de una semana. +¡Si te digo que es una vida de <i>chipendi</i>!</p> -<p>Se conocían, por lo que decía Vidal, todos los -randas, hasta los de los barrios más lejanos. Era +<p>Se conocÃan, por lo que decÃa Vidal, todos los +randas, hasta los de los barrios más lejanos. Era una vida extrasocial la suya, admirable; hoy se -veían en los Cuatro Caminos; a los tres o cuatro -días, en el puente de Vallecas o en la Guindalera, +veÃan en los Cuatro Caminos; a los tres o cuatro +dÃas, en el puente de Vallecas o en la Guindalera, se ayudaban unos a otros.</p> -<p>Su radio de acción era una zona comprendida +<p>Su radio de acción era una zona comprendida desde el extremo de la Casa de Campo, en donde se encuentran el ventorro de Agapito y las ventas -de Alcorcón, hasta los Carabancheles; desde aquí, -las orillas del arroyo Abroñigal, La Elipa; el -Este, las Ventas y la Concepción hasta la Prosperidad; -luego, Tetuán hasta la Puerta de Hierro. -Dormían, en verano, en corrales y cobertizos de +de Alcorcón, hasta los Carabancheles; desde aquÃ, +las orillas del arroyo Abroñigal, La Elipa; el +Este, las Ventas y la Concepción hasta la Prosperidad; +luego, Tetuán hasta la Puerta de Hierro. +DormÃan, en verano, en corrales y cobertizos de las afueras.</p> -<p>Los del centro, mejor vestidos, más aristócratas, -tenían ya su golfa, a la que fiscalizaban las -ganancias y que se cuidaban de ellos; pero la golfería +<p>Los del centro, mejor vestidos, más aristócratas, +tenÃan ya su golfa, a la que fiscalizaban las +ganancias y que se cuidaban de ellos; pero la golferÃa del centro era ya distinta, de otra clase, con otros matices.</p> -<p>A veces el <i>Bizco</i> y Vidal habían pasado malas -épocas, comiendo gatos y ratas, guareciéndose en +<p>A veces el <i>Bizco</i> y Vidal habÃan pasado malas +épocas, comiendo gatos y ratas, guareciéndose en las cuevas del cerrillo de San Blas, de Madrid Moderno -y del cementerio del Este; pero ya tenían los -dos su apaño.</p> +y del cementerio del Este; pero ya tenÃan los +dos su apaño.</p> -<p>—¿Y de trabajar? ¿Nada?—preguntó Manuel.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span></p> +<p>—¿Y de trabajar? ¿Nada?—preguntó Manuel.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span></p> -<p>—¡Trabajar!... <i>pa</i> el gato—contestó Vidal.</p> +<p>—¡Trabajar!... <i>pa</i> el gato—contestó Vidal.</p> -<p>Ellos no trabajaban, tartamudeó el <i>Bizco</i>; con -su chaira en la mano, ¿quien le tosía a el?</p> +<p>Ellos no trabajaban, tartamudeó el <i>Bizco</i>; con +su chaira en la mano, ¿quien le tosÃa a el?</p> -<p>En el cerebro de aquella bestia fiera no habían +<p>En el cerebro de aquella bestia fiera no habÃan entrado, ni aun vagamente, ideas de derechos y de -deberes. Ni deberes, ni leyes, ni nada; para él la -fuerza era la razón; el mundo un bosque de caza. -Sólo los miserables podían obedecer la ley del -trabajo; así decía él: El trabajo <i>pa</i> los primos; el +deberes. Ni deberes, ni leyes, ni nada; para él la +fuerza era la razón; el mundo un bosque de caza. +Sólo los miserables podÃan obedecer la ley del +trabajo; asà decÃa él: El trabajo <i>pa</i> los primos; el miedo <i>pa</i> los blancos.</p> <p>Mientras hablaban los tres, pasaron por la carretera -un hombre y una mujer con un niño en -brazos. Tenían un aspecto entristecido, de gente -perseguida y famélica, la mirada tímida y huraña.</p> +un hombre y una mujer con un niño en +brazos. TenÃan un aspecto entristecido, de gente +perseguida y famélica, la mirada tÃmida y huraña.</p> -<p>—Esos son los que trabajan—exclamó Vidal—. -Así están ellos.</p> +<p>—Esos son los que trabajan—exclamó Vidal—. +Asà están ellos.</p> -<p>—Que se hagan la santísima—murmuró el +<p>—Que se hagan la santÃsima—murmuró el <i>Bizco</i>.</p> -<p>—¿Adónde irán?—preguntó Manuel, contemplándolos +<p>—¿Adónde irán?—preguntó Manuel, contemplándolos con pena.</p> -<p>—A los tejares—contestó Vidal—. A vender -azafrán, como dicen por ahí.</p> +<p>—A los tejares—contestó Vidal—. A vender +azafrán, como dicen por ahÃ.</p> -<p>—¿Y por qué dicen eso?</p> +<p>—¿Y por qué dicen eso?</p> -<p>—Como el azafrán es tan caro...</p> +<p>—Como el azafrán es tan caro...</p> <p>Se detuvieron los tres y se tendieron en el suelo. -Estuvieron más de una hora hablando de mujeres +Estuvieron más de una hora hablando de mujeres y de medios de sacar dinero.</p> -<p>—¿No tenéis perras?—preguntó Vidal a Manuel +<p>—¿No tenéis perras?—preguntó Vidal a Manuel y al <i>Bizco</i>.</p> -<p>—Dos reales—contestó éste.</p> +<p>—Dos reales—contestó éste.</p> -<p>—¡Anda, convida! Vamos a tomar una botella.</p> +<p>—¡Anda, convida! Vamos a tomar una botella.</p> -<p>Accedió el <i>Bizco</i> refunfuñando, se levantaron y +<p>Accedió el <i>Bizco</i> refunfuñando, se levantaron y se fueron acercando a Madrid. Una fila de burros -blanquecinos pasó por delante de ellos; un gitano +blanquecinos pasó por delante de ellos; un gitano joven y moreno, con una larga vara debajo del -brazo, montado en las ancas del último borrico -de la fila, gritaba a cada paso: <i>¡Coroné!</i>, <i>¡coroné!</i></p><p><span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></p> +brazo, montado en las ancas del último borrico +de la fila, gritaba a cada paso: <i>¡Coroné!</i>, <i>¡coroné!</i></p><p><span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></p> -<p>—¡Adiós, <i>cañí</i>!—le dijo Vidal.</p> +<p>—¡Adiós, <i>cañÃ</i>!—le dijo Vidal.</p> -<p>—Vaya con Dios la gente buena—contestó el +<p>—Vaya con Dios la gente buena—contestó el gitano, con voz ronca. Al llegar a una taberna del camino, al lado de la casucha de un trapero, -se detuvieron, y Vidal pidió la botella de vino.</p> +se detuvieron, y Vidal pidió la botella de vino.</p> -<p>—¡Qué es esa fábrica?—preguntó Manuel, señalando +<p>—¡Qué es esa fábrica?—preguntó Manuel, señalando una que estaba a la izquierda de la carretera -de Andalucía, según se había vuelto a +de AndalucÃa, según se habÃa vuelto a Madrid.</p> -<p>—Ahí hacen dinero con sangre—contestó Vidal +<p>—Ahà hacen dinero con sangre—contestó Vidal solemnemente.</p> -<p>Manuel le miró asustado.</p> +<p>Manuel le miró asustado.</p> <p>—Es que hacen cola con la sangre que sobra en -el Matadero—añadió su primo, riéndose.</p> +el Matadero—añadió su primo, riéndose.</p> -<p>Escanció Vidal en las copas y bebieron los tres.</p> +<p>Escanció Vidal en las copas y bebieron los tres.</p> -<p>Se veía Madrid en alto, con su caserío alargado +<p>Se veÃa Madrid en alto, con su caserÃo alargado y plano, sobre la arboleda del Canal. A la luz roja del sol poniente brillaban las ventanas con -resplandor de brasa; destacábanse muy cerca, debajo -de San Francisco el Grande, los rojos depósitos -de la fábrica del gas, con sus altos soportes, +resplandor de brasa; destacábanse muy cerca, debajo +de San Francisco el Grande, los rojos depósitos +de la fábrica del gas, con sus altos soportes, entre escombreras negruzcas; del centro de la ciudad brotaban torrecillas de poca altura y chimeneas que vomitaban, en borbotones negros, columnas de humo inmovilizadas en el aire tranquilo. -A un lado se erguía el Observatorio, sobre un +A un lado se erguÃa el Observatorio, sobre un cerrillo, centelleando el sol en sus ventanas; al otro, el Guadarrama, azul, con sus crestas blancas, se recortaba en el cielo limpio y transparente, surcado por nubes rojas.</p> -<p>—<i>Na</i>—añadió Vidal, después de un momento -de silencio, dirigiéndose a Manuel—, tú has de venir +<p>—<i>Na</i>—añadió Vidal, después de un momento +de silencio, dirigiéndose a Manuel—, tú has de venir con nosotros; formaremos una cuadrilla.</p> -<p>—Eso es—tartamudeó el <i>Bizco</i>.</p> +<p>—Eso es—tartamudeó el <i>Bizco</i>.</p> -<p>—Bueno; ya veré—dijo Manuel de mala gana.</p> +<p>—Bueno; ya veré—dijo Manuel de mala gana.</p> -<p>—¿Qué ya veré ni qué hostia? Ya está formada -la cuadrilla. Se llamará la cuadrilla de los Tres.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span></p> +<p>—¿Qué ya veré ni qué hostia? Ya está formada +la cuadrilla. Se llamará la cuadrilla de los Tres.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span></p> -<p>—Muy bien—gritó el <i>Bizco</i>.</p> +<p>—Muy bien—gritó el <i>Bizco</i>.</p> -<p>—¿Y nos ayudaremos unos a otros?—preguntó +<p>—¿Y nos ayudaremos unos a otros?—preguntó Manuel.</p> -<p>—Claro que sí—contestó su primo—. Y si hay -alguno que hace traición...</p> +<p>—Claro que s×contestó su primo—. Y si hay +alguno que hace traición...</p> -<p>—Si hay alguno que haga traición—interrumpió -el <i>Bizco</i>—, se le cortan los riñones—. Y para -dar fuerza a su afirmación, sacó el puñal y lo clavó -con energía en la mesa.</p> +<p>—Si hay alguno que haga traición—interrumpió +el <i>Bizco</i>—, se le cortan los riñones—. Y para +dar fuerza a su afirmación, sacó el puñal y lo clavó +con energÃa en la mesa.</p> <p>Al anochecer volvieron los tres por la carretera -hasta el puente de Toledo, y se separaron allí, citándose -para el día siguiente.</p> +hasta el puente de Toledo, y se separaron allÃ, citándose +para el dÃa siguiente.</p> -<p>Manuel pensaba en lo que le podía comprometer +<p>Manuel pensaba en lo que le podÃa comprometer la promesa hecha de entrar a formar parte de la Sociedad de los Tres. La vida del <i>Bizco</i> y de Vidal -le daba miedo. Tenía que resolverse a dar a -su existencia un nuevo giro; pero ¿cuál? Eso es lo -que no sabía.</p> - -<p class="ht">Durante algún tiempo, Manuel no se atrevió a -aparecer en casa de la patrona; veía a su madre en -la calle, y dormía en la cuadra de la casa en donde -servía una de sus hermanas. Luego se dió el +le daba miedo. TenÃa que resolverse a dar a +su existencia un nuevo giro; pero ¿cuál? Eso es lo +que no sabÃa.</p> + +<p class="ht">Durante algún tiempo, Manuel no se atrevió a +aparecer en casa de la patrona; veÃa a su madre en +la calle, y dormÃa en la cuadra de la casa en donde +servÃa una de sus hermanas. Luego se dió el caso de que a la sobrina de la patrona la encontraron en la alcoba de un estudiante de la vecindad, -y esto le rehabilitó un tanto a Manuel en la -casa de huéspedes.</p> +y esto le rehabilitó un tanto a Manuel en la +casa de huéspedes.</p> -<h2 id="CAPITULO_II3">CAPÍTULO II</h2> +<h2 id="CAPITULO_II3">CAPÃTULO II</h2> <p class="center smcap">Una de las muchas maneras desagradables de -morirse que hay en Madrid.—El «Expósito».—El -«Cojo» y su cueva.—La noche en el Observatorio.</p> +morirse que hay en Madrid.—El «Expósito».—El +«Cojo» y su cueva.—La noche en el Observatorio.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">Un</span> día Manuel se vió bastante sorprendido al +<p class="p2"><span class="smcap">Un</span> dÃa Manuel se vió bastante sorprendido al saber que su madre no se levantaba y que -estaba enferma. Hacía tiempo que echaba sangre +estaba enferma. HacÃa tiempo que echaba sangre por la boca; pero no le daba importancia a esto.</p> -<p>Manuel se presentó en la casa humildemente, y +<p>Manuel se presentó en la casa humildemente, y la patrona, en vez de recriminarle, le hizo pasar a -ver a su madre. No se quejaba ésta mas que de un +ver a su madre. No se quejaba ésta mas que de un magullamiento grande en todo el cuerpo y de dolor en la espalda.</p> -<p>Pasó así días y días, unas veces mejor, otras -peor, hasta que empezó a tener mucha fiebre y -hubo que llamar al médico. La patrona dijo que -habría que llevar a la enferma al hospital; pero -como tenía buen corazón, no se determinó a +<p>Pasó asà dÃas y dÃas, unas veces mejor, otras +peor, hasta que empezó a tener mucha fiebre y +hubo que llamar al médico. La patrona dijo que +habrÃa que llevar a la enferma al hospital; pero +como tenÃa buen corazón, no se determinó a hacerlo.</p> -<p>Ya había confesado a la Petra el cura de la -casa una porción de veces. Las hermanas de Manuel -iban de vez en cuando por allí, pero ninguna<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span> -de las dos traía el dinero necesario para comprar +<p>Ya habÃa confesado a la Petra el cura de la +casa una porción de veces. Las hermanas de Manuel +iban de vez en cuando por allÃ, pero ninguna<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span> +de las dos traÃa el dinero necesario para comprar las medicinas y los alimentos que recomendaba el -médico.</p> +médico.</p> -<p>El Domingo de Piñata, por la noche, la Petra se -puso peor; por la tarde había estado hablando -animadamente con su hijo: pero esta animación -fué desapareciendo, hasta que quedó presa de un +<p>El Domingo de Piñata, por la noche, la Petra se +puso peor; por la tarde habÃa estado hablando +animadamente con su hijo: pero esta animación +fué desapareciendo, hasta que quedó presa de un aniquilamiento mortal.</p> -<p>Aquella noche del Domingo de Piñata tenían los -huéspedes de doña Casiana una cena más suculenta -que de ordinario, y después de la cena unas -rosquillas de postre, regadas con el más puro -amílico de las destilerías prusianas.</p> +<p>Aquella noche del Domingo de Piñata tenÃan los +huéspedes de doña Casiana una cena más suculenta +que de ordinario, y después de la cena unas +rosquillas de postre, regadas con el más puro +amÃlico de las destilerÃas prusianas.</p> -<p>A las doce de la noche seguía la juerga. La Petra +<p>A las doce de la noche seguÃa la juerga. La Petra le dijo a Manuel:</p> -<p>—Llámale a don Jacinto y dile que estoy peor.</p> +<p>—Llámale a don Jacinto y dile que estoy peor.</p> -<p>Manuel entró en el comedor. En la atmósfera, -espesa por el humo del tabaco, apenas se veían +<p>Manuel entró en el comedor. En la atmósfera, +espesa por el humo del tabaco, apenas se veÃan las caras congestionadas. Al entrar Manuel, uno dijo:</p> <p>—Callad un poco, que hay un enfermo.</p> -<p>Manuel dió el recado al cura.</p> +<p>Manuel dió el recado al cura.</p> -<p>—Tu madre no tiene mas que aprensión. Luego -iré—repuso don Jacinto.</p> +<p>—Tu madre no tiene mas que aprensión. Luego +iré—repuso don Jacinto.</p> -<p>Manuel volvió al cuarto.</p> +<p>Manuel volvió al cuarto.</p> -<p>—¿No viene?—preguntó la enferma.</p> +<p>—¿No viene?—preguntó la enferma.</p> -<p>—Ahora vendrá; dice que no tiene usted mas -que aprensión.</p> +<p>—Ahora vendrá; dice que no tiene usted mas +que aprensión.</p> -<p>—¡Sí; buena aprensión!—murmuró ella tristemente—. -Estate aquí.</p> +<p>—¡SÃ; buena aprensión!—murmuró ella tristemente—. +Estate aquÃ.</p> -<p>Manuel se sentó sobre un baúl; tenía un sueño -que no veía.</p> +<p>Manuel se sentó sobre un baúl; tenÃa un sueño +que no veÃa.</p> -<p>Iba a dormirse cuando le llamó su madre.</p> +<p>Iba a dormirse cuando le llamó su madre.</p> <p>—Mira—le dijo—, trae el cuadro de la Virgen de los Dolores que hay en la sala.</p> -<p>Manuel descolgó el cuadro, un cromo barato, y -lo llevó a la alcoba.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span></p> +<p>Manuel descolgó el cuadro, un cromo barato, y +lo llevó a la alcoba.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span></p> <p>—Ponlo a los pies de la cama, que lo pueda ver yo.</p> -<p>Hizo el muchacho lo que le mandaban, y volvió -a sentarse. Seguía el jaleo de canciones, palmadas -y castañuelas en el comedor.</p> +<p>Hizo el muchacho lo que le mandaban, y volvió +a sentarse. SeguÃa el jaleo de canciones, palmadas +y castañuelas en el comedor.</p> <p>De pronto, Manuel, que estaba medio dormido, -oyó un estertor fuerte, que salía del pecho de su -madre, y al mismo tiempo vió que su cara, más -pálida, tenía extrañas contracciones.</p> +oyó un estertor fuerte, que salÃa del pecho de su +madre, y al mismo tiempo vió que su cara, más +pálida, tenÃa extrañas contracciones.</p> -<p>—¿Que le pasa a usted?</p> +<p>—¿Que le pasa a usted?</p> -<p>La enferma no contestó. Entonces Manuel volvió -a avisar al cura. Este abandonó el comedor -refunfuñando, miró a la enferma y le dijo al muchacho:</p> +<p>La enferma no contestó. Entonces Manuel volvió +a avisar al cura. Este abandonó el comedor +refunfuñando, miró a la enferma y le dijo al muchacho:</p> -<p>—Tu madre se muere. Estate aquí, que yo vengo -en seguida con la Unción.</p> +<p>—Tu madre se muere. Estate aquÃ, que yo vengo +en seguida con la Unción.</p> -<p>Mandó el cura callar a los que alborotaban en -el comedor, y enmudeció la casa entera.</p> +<p>Mandó el cura callar a los que alborotaban en +el comedor, y enmudeció la casa entera.</p> -<p>No se oyó entonces mas que un ruido de pasos, +<p>No se oyó entonces mas que un ruido de pasos, abrir y cerrar de puertas y luego el estertor de la moribunda y el tic-tac de un reloj del pasillo.</p> -<p>Llegó el cura con otro que traía una estola e -hizo todas las ceremonias de la Unción. Cuando -el vicario y sacristán salían, Manuel miró a su -madre y la vió lívida, con la mandíbula desencajada. +<p>Llegó el cura con otro que traÃa una estola e +hizo todas las ceremonias de la Unción. Cuando +el vicario y sacristán salÃan, Manuel miró a su +madre y la vió lÃvida, con la mandÃbula desencajada. Estaba muerta.</p> -<p>El muchacho se quedó solo en el cuarto, iluminado -por la luz de aceite, sentado en un baúl, -temblando de frío y de miedo.</p> +<p>El muchacho se quedó solo en el cuarto, iluminado +por la luz de aceite, sentado en un baúl, +temblando de frÃo y de miedo.</p> -<p>Toda la noche la pasó así; de vez en cuando -entraba la patrona en paños menores y preguntaba -algo a Manuel, o le hacía alguna recomendación, -que este, en general, no comprendía.</p> +<p>Toda la noche la pasó asÃ; de vez en cuando +entraba la patrona en paños menores y preguntaba +algo a Manuel, o le hacÃa alguna recomendación, +que este, en general, no comprendÃa.</p> -<p>Manuel aquella noche pensó y sufrió lo que, -quizá nunca pensara ni sufriera: reflexionó acerca +<p>Manuel aquella noche pensó y sufrió lo que, +quizá nunca pensara ni sufriera: reflexionó acerca de la utilidad de la vida y acerca de la -muerte con una lucidez que nunca había tenido.<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span> -Por más esfuerzos que hacía, no podía detener +muerte con una lucidez que nunca habÃa tenido.<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span> +Por más esfuerzos que hacÃa, no podÃa detener aquel flujo de pensamientos que se enlazaban unos con otros.</p> -<p>A las cuatro de la mañana estaba toda la casa -en silencio, cuando se oyó el ruido del picaporte -en la puerta de la escalera; después, pasos en el +<p>A las cuatro de la mañana estaba toda la casa +en silencio, cuando se oyó el ruido del picaporte +en la puerta de la escalera; después, pasos en el corredor, y luego, el sonido quejumbroso de la -caja de música colocada en la mesa del vestíbulo, +caja de música colocada en la mesa del vestÃbulo, que tocaba la Mandolinata.</p> -<p>Manuel se despertó sobresaltado, como de un -sueño; no se pudo dar cuenta de lo que era aquella -música; hasta pensó si se le había trastornado -la cabeza. El organillo, después de unas cuantas -paradas y asmáticos hipos, abandonó la Mandolinata -y comenzó a tocar atropelladamente el -dúo de Bettina y de Pippo, de <i>La Mascota</i>:</p> +<p>Manuel se despertó sobresaltado, como de un +sueño; no se pudo dar cuenta de lo que era aquella +música; hasta pensó si se le habÃa trastornado +la cabeza. El organillo, después de unas cuantas +paradas y asmáticos hipos, abandonó la Mandolinata +y comenzó a tocar atropelladamente el +dúo de Bettina y de Pippo, de <i>La Mascota</i>:</p> <div class="poetry-container"> <div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Me olvidarás, gentil pastor,</div> -<div class="line">con ese traje tan señor.</div> +<div class="line i1">Me olvidarás, gentil pastor,</div> +<div class="line">con ese traje tan señor.</div> </div></div></div> -<p>Manuel salió de la alcoba y preguntó en la +<p>Manuel salió de la alcoba y preguntó en la obscuridad:</p> -<p>—¿Quién es?</p> +<p>—¿Quién es?</p> -<p>Al mismo tiempo se oyeron voces que salían -de todos los cuartos. El organillo interrumpió el -aire de <i>La Mascota</i> para emprender con brío el +<p>Al mismo tiempo se oyeron voces que salÃan +de todos los cuartos. El organillo interrumpió el +aire de <i>La Mascota</i> para emprender con brÃo el himno de Garibaldi. De repente cesaron las notas -de la caja de música y una voz ronca gritó:</p> +de la caja de música y una voz ronca gritó:</p> -<p>—¡Paco! ¡Paco!</p> +<p>—¡Paco! ¡Paco!</p> -<p>La patrona se levantó y preguntó quiénes alborotaban -así; uno de los que habían entrado en la +<p>La patrona se levantó y preguntó quiénes alborotaban +asÃ; uno de los que habÃan entrado en la casa, con voz aguardentosa, dijo que eran estudiantes -de la casa de huéspedes del piso tercero, -que venían del baile en busca de Paco, uno de -los comisionistas. La patrona les dijo que había +de la casa de huéspedes del piso tercero, +que venÃan del baile en busca de Paco, uno de +los comisionistas. La patrona les dijo que habÃa un muerto en la casa, y uno de los borrachos, que era estudiante de Medicina, dijo que deseaba<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span> verle. Se le pudo disuadir de su idea y todos se -marcharon. Al otro día se avisó a las hermanas -de Manuel y se enterró a la Petra...</p> +marcharon. Al otro dÃa se avisó a las hermanas +de Manuel y se enterró a la Petra...</p> -<p>Al día siguiente del entierro, Manuel salió -de la casa de huéspedes y se despidió de doña +<p>Al dÃa siguiente del entierro, Manuel salió +de la casa de huéspedes y se despidió de doña Casiana.</p> -<p>—¿Qué vas a hacer?—le dijo ésta.</p> +<p>—¿Qué vas a hacer?—le dijo ésta.</p> -<p>—No sé; ya veremos.</p> +<p>—No sé; ya veremos.</p> <p>—Yo no te puedo tener, pero no quiero que -pases hambre. Alguna que otra vez ven por aquí.</p> +pases hambre. Alguna que otra vez ven por aquÃ.</p> -<p>Después de callejear toda la mañana, Manuel se -encontró al mediodía en la ronda de Toledo, recostado -en la tapia de las Américas y sin saber -qué hacer. A un lado, sentado también en el suelo, -había un chiquillo astroso, horriblemente feo +<p>Después de callejear toda la mañana, Manuel se +encontró al mediodÃa en la ronda de Toledo, recostado +en la tapia de las Américas y sin saber +qué hacer. A un lado, sentado también en el suelo, +habÃa un chiquillo astroso, horriblemente feo y chato, con un ojo nublado, los pies desnudos y -un chaquetón roto, por cuyos agujeros se veía la +un chaquetón roto, por cuyos agujeros se veÃa la piel negra, curtida por el sol y la intemperie. Colgando del cuello llevaba un bote para coger colillas.</p> -<p>¿Dónde vives tú?—le preguntó Manuel.</p> +<p>¿Dónde vives tú?—le preguntó Manuel.</p> -<p>—Yo no tengo padre ni madre—contestó indirectamente +<p>—Yo no tengo padre ni madre—contestó indirectamente el muchacho.</p> -<p>—¿Cómo te llamas?</p> +<p>—¿Cómo te llamas?</p> -<p>—El <i>Expósito</i>.</p> +<p>—El <i>Expósito</i>.</p> -<p>—¿Y por qué te llaman <i>Expósito</i>?</p> +<p>—¿Y por qué te llaman <i>Expósito</i>?</p> -<p>—¡Toma! Porque soy inclusero.</p> +<p>—¡Toma! Porque soy inclusero.</p> -<p>—Y tú ¿no has tenido nunca casa?</p> +<p>—Y tú ¿no has tenido nunca casa?</p> <p>—Yo no.</p> -<p>—¿Y dónde sueles dormir?</p> +<p>—¿Y dónde sueles dormir?</p> <p>—Pues en el verano, en las cuevas y en los corrales, y en el invierno, en las calderas del asfalto.</p> -<p>—¿Y cuando no hay asfalto?</p> +<p>—¿Y cuando no hay asfalto?</p> -<p>—En algún asilo.</p> +<p>—En algún asilo.</p> -<p>—Pero bueno, ¿qué comes?</p> +<p>—Pero bueno, ¿qué comes?</p> <p>—Lo que me dan.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span></p> -<p>—¿Y se vive bien así?</p> +<p>—¿Y se vive bien asÃ?</p> -<p>El inclusero no debió de entender la pregunta -o le pareció muy necia, porque se encogió de -hombros. Manuel siguió interrogándole con curiosidad.</p> +<p>El inclusero no debió de entender la pregunta +o le pareció muy necia, porque se encogió de +hombros. Manuel siguió interrogándole con curiosidad.</p> -<p>—¿No tienes frío en los pies?</p> +<p>—¿No tienes frÃo en los pies?</p> <p>—No.</p> -<p>—¿Y no haces nada?</p> +<p>—¿Y no haces nada?</p> -<p>—¡Psch...!, lo que se tercia: cojo colillas, vendo +<p>—¡Psch...!, lo que se tercia: cojo colillas, vendo arena, y cuando no gano nada voy al cuartel de -María Cristina.</p> +MarÃa Cristina.</p> -<p>—¿A qué?</p> +<p>—¿A qué?</p> <p>—Toma, por rancho.</p> -<p>—¿Y dónde está ese cuartel?</p> +<p>—¿Y dónde está ese cuartel?</p> -<p>—Cerca de la estación de Atocha. ¿Qué? ¿También -quieres ir tú allí?</p> +<p>—Cerca de la estación de Atocha. ¿Qué? ¿También +quieres ir tú allÃ?</p> -<p>—Sí; también.</p> +<p>—SÃ; también.</p> <p>—Pues vamos, no se vaya a pasar la hora del cocido.</p> <p>Se levantaron los dos y echaron a andar por -las rondas. El <i>Expósito</i> entró en las tiendas del +las rondas. El <i>Expósito</i> entró en las tiendas del camino a pedir, y le dieron dos pedazos de pan y una perra chica.</p> -<p>—¿Quieres, <i>ninchi</i>?—dijo ofreciendo uno de los +<p>—¿Quieres, <i>ninchi</i>?—dijo ofreciendo uno de los pedazos a Manuel.</p> <p>—Venga.</p> <p>Llegaron los dos por la ronda de Atocha frente -a la estación del Mediodía.</p> +a la estación del MediodÃa.</p> -<p>—¿Tú conoces la hora?—preguntó el <i>Expósito</i>.</p> +<p>—¿Tú conoces la hora?—preguntó el <i>Expósito</i>.</p> -<p>—Sí, son las once.</p> +<p>—SÃ, son las once.</p> <p>—Entonces aun es temprano para ir al cuartel.</p> -<p>Frente a la estación, una señora, subida en un -coche rojo, peroraba y ofrecía un ungüento para -las heridas y un específico para quitar el dolor de +<p>Frente a la estación, una señora, subida en un +coche rojo, peroraba y ofrecÃa un ungüento para +las heridas y un especÃfico para quitar el dolor de muelas.</p> -<p>El <i>Expósito</i>, mordiendo el pedazo de pan, inte<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>rrumpió -el discurso de la señora del coche, gritando -irónicamente:</p> +<p>El <i>Expósito</i>, mordiendo el pedazo de pan, inte<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>rrumpió +el discurso de la señora del coche, gritando +irónicamente:</p> -<p>—¡Deme usted una tajada para que se me quite +<p>—¡Deme usted una tajada para que se me quite el dolor de muelas!</p> -<p>—Y a mí otra—dijo Manuel.</p> +<p>—Y a mà otra—dijo Manuel.</p> -<p>—El marido de la señora del coche, un viejo -con un ranglán muy largo, que, en el grupo de los +<p>—El marido de la señora del coche, un viejo +con un ranglán muy largo, que, en el grupo de los oyentes, escuchaba con el mayor respeto lo que -decía su costilla, se indignó y, hablando medio en +decÃa su costilla, se indignó y, hablando medio en castellano, dijo:</p> -<p>—Ahora sí que os van a <i>dolert</i> de <i>veres</i>.</p> +<p>—Ahora sà que os van a <i>dolert</i> de <i>veres</i>.</p> -<p>—Este señor ha venido del Archipipi—interrumpió -el <i>Expósito</i>.</p> +<p>—Este señor ha venido del Archipipi—interrumpió +el <i>Expósito</i>.</p> -<p>El señor trató de coger a uno de los chicos. -Manuel y el <i>Expósito</i> se alejaban corriendo, le -daban un quiebro al del ranglán y se plantaban -frente a él.</p> +<p>El señor trató de coger a uno de los chicos. +Manuel y el <i>Expósito</i> se alejaban corriendo, le +daban un quiebro al del ranglán y se plantaban +frente a él.</p> -<p><i>Sinvergüenses</i>—gritaba el señor—os voy a +<p><i>Sinvergüenses</i>—gritaba el señor—os voy a <i>dart</i> una <i>guantade</i>, que <i>entonses</i> si que os van a <i>dolert</i> de <i>verdat</i>.</p> <p>—Si ya nos duelen—le replicaban ellos.</p> -<p>El hombre, en el último grado de exasperación, -comenzó a perseguir frenético a los chicos; un -grupo de golfos y de vendedores de periódicos le -achucharon irónicamente, y el viejo, sudando, secándose -la cara con el pañuelo, fué en busca de +<p>El hombre, en el último grado de exasperación, +comenzó a perseguir frenético a los chicos; un +grupo de golfos y de vendedores de periódicos le +achucharon irónicamente, y el viejo, sudando, secándose +la cara con el pañuelo, fué en busca de un guardia municipal.</p> -<p>—¡Golfolaire! ¡Frachute! <i>¡Méndigo!</i>—le gritó el -<i>Expósito</i>.</p> +<p>—¡Golfolaire! ¡Frachute! <i>¡Méndigo!</i>—le gritó el +<i>Expósito</i>.</p> -<p>Luego, riéndose de la guasa, se acercaron al +<p>Luego, riéndose de la guasa, se acercaron al cuartel y se pusieron a la cola de una fila de pobres y de vagos que esperaban la comida. Una -vieja, que ya había comido, les prestó una lata +vieja, que ya habÃa comido, les prestó una lata para recoger el rancho.</p> -<p>Comieron, y después, en unión de otros chiquillos +<p>Comieron, y después, en unión de otros chiquillos andrajosos, subieron por los altos arenosos del cerrillo de San Blas, a ver desde<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> -allá el ejercicio de los soldados en el paseo de +allá el ejercicio de los soldados en el paseo de Atocha.</p> -<p>Manuel se tendió perezosamente al sol; sentía +<p>Manuel se tendió perezosamente al sol; sentÃa el bienestar de hallarse libre por completo de -preocupaciones, de ver el cielo azul extendiéndose -hasta el infinito. Aquel bienestar le llevó a un -sueño profundo.</p> +preocupaciones, de ver el cielo azul extendiéndose +hasta el infinito. Aquel bienestar le llevó a un +sueño profundo.</p> -<p>Cuando se despertó era ya media tarde; el +<p>Cuando se despertó era ya media tarde; el viento arrastraba nubes obscuras por el cielo. -Manuel se sentó; había un grupo de golfos junto -él, pero entre ellos no estaba el <i>Expósito</i>.</p> +Manuel se sentó; habÃa un grupo de golfos junto +él, pero entre ellos no estaba el <i>Expósito</i>.</p> -<p>Un nubarrón negro vino avanzando hasta ocultar -el sol; poco después empezó a llover.</p> +<p>Un nubarrón negro vino avanzando hasta ocultar +el sol; poco después empezó a llover.</p> -<p>—¿Vamos a la cueva del <i>Cojo</i>?—dijo uno de los +<p>—¿Vamos a la cueva del <i>Cojo</i>?—dijo uno de los muchachos.</p> <p>—Vamos.</p> -<p>Echó toda la golfería a correr, y Manuel con -ella, en la dirección del Retiro. Caían las gruesas -gotas de lluvia en líneas oblicuas de color de acero; +<p>Echó toda la golferÃa a correr, y Manuel con +ella, en la dirección del Retiro. CaÃan las gruesas +gotas de lluvia en lÃneas oblicuas de color de acero; en el cielo, algunos rayos de sol pasaban brillantes -por entre las violáceas nubes obscuras y -alargadas, como grandes peces inmóviles.</p> +por entre las violáceas nubes obscuras y +alargadas, como grandes peces inmóviles.</p> -<p>Delante de los golfos, a bastante distancia, corrían +<p>Delante de los golfos, a bastante distancia, corrÃan dos mujeres y dos hombres.</p> <p>Son la <i>Rubia</i> y la <i>Chata</i>, que van con dos paletos—dijo uno.</p> -<p>—Van a la cueva—añadió otro.</p> +<p>—Van a la cueva—añadió otro.</p> <p>Llegaron los muchachos a la parte alta del cerrillo; en la entrada de la cueva, un agujero hecho @@ -7655,251 +7621,251 @@ en la arena; sentado en el suelo, un hombre, a quien le faltaba una pierna, fumaba en una pipa.</p> -<p>—Vamos a entrar—advirtió uno de los golfos +<p>—Vamos a entrar—advirtió uno de los golfos al <i>Cojo</i>.</p> -<p>—No se puede—replicó él.</p> +<p>—No se puede—replicó él.</p> -<p>—¿Por qué?</p> +<p>—¿Por qué?</p> <p>—Porque no.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p> -<p>—¡Hombre! Déjenos usted entrar hasta que pase +<p>—¡Hombre! Déjenos usted entrar hasta que pase la lluvia.</p> <p>—No puede ser.</p> -<p>—¿Es que están la <i>Rubia</i> y la <i>Chata</i> ahí?</p> +<p>—¿Es que están la <i>Rubia</i> y la <i>Chata</i> ahÃ?</p> -<p>—A vosotros ¿qué os importa?</p> +<p>—A vosotros ¿qué os importa?</p> -<p>—¿Vamos a darles un susto a esos paletos?—propuso +<p>—¿Vamos a darles un susto a esos paletos?—propuso uno de los golfos, que llevaba largos tufos negros por encima de las orejas.</p> -<p>—Ven y verás—masculló el <i>Cojo</i>, agarrando +<p>—Ven y verás—masculló el <i>Cojo</i>, agarrando una piedra.</p> -<p>—Vamos al Observatorio—dijo otro—. Allá no +<p>—Vamos al Observatorio—dijo otro—. Allá no nos mojaremos.</p> -<p>Los de la cuadrilla volvieron hacia atrás, saltaron -una tapia que les salió al paso, y se guarecieron -en el pórtico del Observatorio, del lado de -Atocha. Venía el viento del Guadarrama, y allá +<p>Los de la cuadrilla volvieron hacia atrás, saltaron +una tapia que les salió al paso, y se guarecieron +en el pórtico del Observatorio, del lado de +Atocha. VenÃa el viento del Guadarrama, y allá quedaban al socaire.</p> <p>La tarde y parte de la noche estuvo lloviendo, y la pasaron hablando de mujeres, de robos y de -crímenes. Dos o tres de aquellos chicos tenían -casa, pero no querían ir. Uno, que se llamaba el -<i>Mariané</i>, contó una porción de timos y de estafas +crÃmenes. Dos o tres de aquellos chicos tenÃan +casa, pero no querÃan ir. Uno, que se llamaba el +<i>Mariané</i>, contó una porción de timos y de estafas notables; algunos, que demostraban un ingenio y habilidad portentosos, entusiasmaron a la concurrencia. Agotado este tema, unos cuantos se pusieron -a jugar al cané, y el de los tufos negros, a -quien llamaban el <i>Canco</i>, cantó por lo bajo canciones +a jugar al cané, y el de los tufos negros, a +quien llamaban el <i>Canco</i>, cantó por lo bajo canciones flamencas con voz de mujer.</p> -<p>De noche, como hacía frío, se tendieron muy +<p>De noche, como hacÃa frÃo, se tendieron muy juntos en el suelo y siguieron hablando. A Manuel -le chocaba la mala intención de todos; uno explicó -cómo a un viejo de ochenta años, que dormía +le chocaba la mala intención de todos; uno explicó +cómo a un viejo de ochenta años, que dormÃa furtivamente en un cuchitril formado por cuatro esteras en el lavadero del Manzanares el Arco -Iris, le abrieron una noche que corría un viento -helado dos de las esteras, y al día siguiente lo -encontraron muerto de frío; el <i>Mariané</i> contó que<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span> -había estado con un primo suyo, que era sargento -de caballería, en una casa pública, y el sargento -se montó sobre la espalda de una mujer desnuda -y con las espuelas le desgarró los muslos.</p> +Iris, le abrieron una noche que corrÃa un viento +helado dos de las esteras, y al dÃa siguiente lo +encontraron muerto de frÃo; el <i>Mariané</i> contó que<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span> +habÃa estado con un primo suyo, que era sargento +de caballerÃa, en una casa pública, y el sargento +se montó sobre la espalda de una mujer desnuda +y con las espuelas le desgarró los muslos.</p> <p>—Es que para tener contentas a las mujeres -no hay como hacerlas sufrir—terminó diciendo -el <i>Mariané</i>.</p> +no hay como hacerlas sufrir—terminó diciendo +el <i>Mariané</i>.</p> -<p>Manuel oyó esta sentencia asombrado; pensó +<p>Manuel oyó esta sentencia asombrado; pensó en aquella costurerita que iba a casa de la patrona, -y después en la Salomé, y en que no le hubiese -gustado hacerse querer de ellas martirizándolas; -y barajando estas ideas quedó dormido.</p> - -<p>Cuando despertó sintió el frío, que le penetraba -hasta los huesos. Alboreaba la mañana, ya no -llovía; el cielo, aun obscuro, se llenaba de nubes -negruzcas. Por encima de un seto de evónimos -brillaba una estrella, en medio de la pálida franja -del horizonte, y sobre aquella claridad de ópalo -se destacaban entrecruzadas las ramas de los árboles, -todavía sin hojas.</p> - -<p>Se oían silbidos de las locomotoras en la estación -próxima; hacia Carabanchel palidecían las +y después en la Salomé, y en que no le hubiese +gustado hacerse querer de ellas martirizándolas; +y barajando estas ideas quedó dormido.</p> + +<p>Cuando despertó sintió el frÃo, que le penetraba +hasta los huesos. Alboreaba la mañana, ya no +llovÃa; el cielo, aun obscuro, se llenaba de nubes +negruzcas. Por encima de un seto de evónimos +brillaba una estrella, en medio de la pálida franja +del horizonte, y sobre aquella claridad de ópalo +se destacaban entrecruzadas las ramas de los árboles, +todavÃa sin hojas.</p> + +<p>Se oÃan silbidos de las locomotoras en la estación +próxima; hacia Carabanchel palidecÃan las luces de los faroles en el campo obscuro entrevisto -a la vaga luminosidad del día naciente.</p> +a la vaga luminosidad del dÃa naciente.</p> -<p>Madrid, plano, blanquecino, bañado por la humedad, +<p>Madrid, plano, blanquecino, bañado por la humedad, brotaba de la noche con sus tejados, que -cortaban en una línea recta el cielo; sus torrecillas, -sus altas chimeneas de fábrica y, en el silencio +cortaban en una lÃnea recta el cielo; sus torrecillas, +sus altas chimeneas de fábrica y, en el silencio del amanecer, el pueblo y el paisaje lejano -tenían algo de lo irreal y de lo inmóvil de una +tenÃan algo de lo irreal y de lo inmóvil de una pintura.</p> -<p>Clareaba más el cielo, azuleando poco a poco. +<p>Clareaba más el cielo, azuleando poco a poco. Se destacaban ya de un modo preciso las casas -nuevas, blancas; las medianerías altas de ladrillo, -agujereadas por ventanucos simétricos; los tejados, +nuevas, blancas; las medianerÃas altas de ladrillo, +agujereadas por ventanucos simétricos; los tejados, los esquinazos, las balaustradas, las torres -rojas, recién construídas, los ejércitos de chime<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span>neas, -todo envuelto en la atmósfera húmeda, fría -y triste de la mañana, bajo un cielo bajo de color +rojas, recién construÃdas, los ejércitos de chime<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span>neas, +todo envuelto en la atmósfera húmeda, frÃa +y triste de la mañana, bajo un cielo bajo de color de cinc.</p> -<p>Fuera del pueblo, a lo lejos, se extendía la llanura -madrileña en suaves ondulaciones, por donde +<p>Fuera del pueblo, a lo lejos, se extendÃa la llanura +madrileña en suaves ondulaciones, por donde nadaban las neblinas del amanecer; serpenteaba el Manzanares, estrecho como un hilo de plata; -se acercaba al cerrillo de los Ángeles, cruzando +se acercaba al cerrillo de los Ãngeles, cruzando campos yermos y barriadas humildes, para curvarse -después y perderse en el horizonte gris. -Por encima de Madrid, el Guadarrama aparecía +después y perderse en el horizonte gris. +Por encima de Madrid, el Guadarrama aparecÃa como una alta muralla azul, con las crestas blanqueadas por la nieve.</p> -<p>En pleno silencio el esquilón de una iglesia comenzó +<p>En pleno silencio el esquilón de una iglesia comenzó a sonar alegre, olvidado en la ciudad dormida.</p> -<p>Manuel sentía mucho frío y comenzó a pasearse -de un lado a otro, golpeándose con las manos en +<p>Manuel sentÃa mucho frÃo y comenzó a pasearse +de un lado a otro, golpeándose con las manos en los hombros y en las piernas. Entretenido en esta -operación, no vió a un hombre de boina, con una -linterna en la mano, que se acercó y le dijo:</p> +operación, no vió a un hombre de boina, con una +linterna en la mano, que se acercó y le dijo:</p> -<p>—¿Qué haces ahí?</p> +<p>—¿Qué haces ahÃ?</p> -<p>Manuel, sin contestar, echó a correr para abajo; -poco después comenzaron a bajar los demás, -despertados a puntapiés por el hombre de la +<p>Manuel, sin contestar, echó a correr para abajo; +poco después comenzaron a bajar los demás, +despertados a puntapiés por el hombre de la boina.</p> -<p>Al llegar junto al Museo Velasco, el <i>Mariané</i> dijo:</p> +<p>Al llegar junto al Museo Velasco, el <i>Mariané</i> dijo:</p> <p>—Vamos a ver si hacemos la Pascua a ese morral del <i>Cojo</i>.</p> -<p>—Sí; vamos.</p> +<p>—SÃ; vamos.</p> <p>Volvieron a subir por una vereda al sitio en -donde habían estado la tarde anterior. De las -cuevas del cerrillo de San Blas salían gateando -algunos golfos miserables que, asustados al oír +donde habÃan estado la tarde anterior. De las +cuevas del cerrillo de San Blas salÃan gateando +algunos golfos miserables que, asustados al oÃr ruido de voces, y pensando sin duda en alguna -batida de la policía, echaban a correr desnudos, +batida de la policÃa, echaban a correr desnudos, con los harapos debajo del brazo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span></p> -<p>Se acercaron a la cueva del <i>Cojo</i>; el <i>Mariané</i> +<p>Se acercaron a la cueva del <i>Cojo</i>; el <i>Mariané</i> propuso que en castigo a no haberles dejado entrar -el día anterior, debían hacer un montón de +el dÃa anterior, debÃan hacer un montón de hierbas en la entrada de la cueva y pegarle fuego.</p> <p>—No, hombre, eso es una barbaridad—dijo el <i>Canco</i>—. El hombre alquila su cueva a la <i>Rubia</i> y -a la <i>Chata</i>, que andan por ahí y tienen su parroquia +a la <i>Chata</i>, que andan por ahà y tienen su parroquia en el cuartel, y no puede menos de respetar sus contratos.</p> -<p>—Pues hay que amolarle—repuso el <i>Mariané</i>—. Ya -veréis. El muchacho entró a gatas en la -cueva y salió poco después con la pierna de palo +<p>—Pues hay que amolarle—repuso el <i>Mariané</i>—. Ya +veréis. El muchacho entró a gatas en la +cueva y salió poco después con la pierna de palo del <i>Cojo</i> en una mano y en la otra un puchero.</p> -<p>—<i>¡Cojo! ¡Cojo!</i>—gritó.</p> +<p>—<i>¡Cojo! ¡Cojo!</i>—gritó.</p> -<p>A los gritos se presentó el lisiado en la boca -de la cueva, apoyándose en las manos, andando +<p>A los gritos se presentó el lisiado en la boca +de la cueva, apoyándose en las manos, andando a rastras, vociferando y blasfemando con furia.</p> -<p>—<i>¡Cojo! ¡Cojo!</i>—le volvió a gritar el <i>Mariané</i> -como quien azuza a un perro—. ¡Que se te va la -pierna! ¡Que se te escapa el <i>piri</i>!—y cogiendo la -pata de palo y el puchero los tiró por el desmonte +<p>—<i>¡Cojo! ¡Cojo!</i>—le volvió a gritar el <i>Mariané</i> +como quien azuza a un perro—. ¡Que se te va la +pierna! ¡Que se te escapa el <i>piri</i>!—y cogiendo la +pata de palo y el puchero los tiró por el desmonte abajo.</p> <p class="ht">Echaron todos a correr hacia la ronda de Vallecas. Por encima de los altos y hondonadas del -barrio del Pacífico, el disco rojo enorme del sol -brotaba de la tierra y ascendía lento y majestuoso -por detrás de unas casuchas negras.</p> +barrio del PacÃfico, el disco rojo enorme del sol +brotaba de la tierra y ascendÃa lento y majestuoso +por detrás de unas casuchas negras.</p> -<h2 id="CAPITULO_III3">CAPÍTULO III</h2> +<h2 id="CAPITULO_III3">CAPÃTULO III</h2> <p class="smcap center">Encuentro con Roberto.—Roberto cuenta el -origen de una fortuna fantástica.</p> +origen de una fortuna fantástica.</p> <p class="p2"><span class="smcap">Tuvo</span> Manuel que volver a la tahona a pedir -trabajo, y allí, gracias a que Karl le habló -al amo, pasó el muchacho algún tiempo substituyendo +trabajo, y allÃ, gracias a que Karl le habló +al amo, pasó el muchacho algún tiempo substituyendo a un repartidor.</p> -<p>Manuel comprendía que aquello no era definitivo, -ni llevaba a ninguna parte; pero no sabía qué -hacer, ni qué camino seguir.</p> +<p>Manuel comprendÃa que aquello no era definitivo, +ni llevaba a ninguna parte; pero no sabÃa qué +hacer, ni qué camino seguir.</p> -<p>Cuando se quedó sin jornal, mientras no le faltó -para comer, en un figón fué viviendo; llegó un día -en que se quedó sin un céntimo y recurrió al cuartel -de María Cristina.</p> +<p>Cuando se quedó sin jornal, mientras no le faltó +para comer, en un figón fué viviendo; llegó un dÃa +en que se quedó sin un céntimo y recurrió al cuartel +de MarÃa Cristina.</p> -<p>Dos o tres días aguardaba entre la fila de mendigos -a que sacasen el rancho, cuando vió a Roberto +<p>Dos o tres dÃas aguardaba entre la fila de mendigos +a que sacasen el rancho, cuando vió a Roberto que entraba en el cuartel. Por no perder la -vez no se acercó, pero, después de comer, le esperó -hasta que le vió salir.</p> +vez no se acercó, pero, después de comer, le esperó +hasta que le vió salir.</p> -<p>—¡Don Roberto!—gritó Manuel.</p> +<p>—¡Don Roberto!—gritó Manuel.</p> -<p>El estudiante se puso muy pálido; luego se tranquilizó +<p>El estudiante se puso muy pálido; luego se tranquilizó al ver a Manuel.</p> -<p>—¿Qué haces aquí?—dijo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span></p> +<p>—¿Qué haces aquÃ?—dijo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span></p> -<p>—Pues, ya ve usted, aquí vengo a comer; no encuentro +<p>—Pues, ya ve usted, aquà vengo a comer; no encuentro trabajo.</p> -<p>—¡Ah! ¿Vienes a comer aquí?</p> +<p>—¡Ah! ¿Vienes a comer aquÃ?</p> -<p>—Sí, señor.</p> +<p>—SÃ, señor.</p> -<p>—Pues yo vengo a lo mismo—murmuró Roberto, -riéndose.</p> +<p>—Pues yo vengo a lo mismo—murmuró Roberto, +riéndose.</p> -<p>—¿Usted?</p> +<p>—¿Usted?</p> -<p>—Sí; el destino que tenía me lo quitaron.</p> +<p>—SÃ; el destino que tenÃa me lo quitaron.</p> -<p>—¿Y qué hace usted ahora?</p> +<p>—¿Y qué hace usted ahora?</p> -<p>—Estoy en un periódico trabajando y esperando +<p>—Estoy en un periódico trabajando y esperando a que haya una plaza vacante. En el cuartel me he hecho amigo de un escultor que viene a comer -también aquí y vivimos los dos en una guardilla. -Yo me río de estas cosas, porque tengo el convencimiento +también aquà y vivimos los dos en una guardilla. +Yo me rÃo de estas cosas, porque tengo el convencimiento de que he de ser rico, y, cuando lo sea, -recordaré con gusto mis apuros.</p> +recordaré con gusto mis apuros.</p> -<p>—Ya empieza a desbarrar—pensó Manuel.</p> +<p>—Ya empieza a desbarrar—pensó Manuel.</p> -<p>—¿Es que tú no estás convencido de que yo voy +<p>—¿Es que tú no estás convencido de que yo voy a ser rico?</p> -<p>—Sí; ¡ya lo creo!</p> +<p>—SÃ; ¡ya lo creo!</p> -<p>—¿Adónde vas?—preguntó Roberto.</p> +<p>—¿Adónde vas?—preguntó Roberto.</p> <p>—A ninguna parte.</p> @@ -7909,103 +7875,103 @@ a ser rico?</p> <p>Bajaron a la calle de Alfonso XII y entraron en el Retiro; llegaron hasta el final del paseo de coches, -y allí se sentaron en un banco.</p> +y allà se sentaron en un banco.</p> -<p>—Por aquí andaremos nosotros en carruaje +<p>—Por aquà andaremos nosotros en carruaje cuando yo sea millonario—dijo Roberto.</p> -<p>—Usted...; lo que es yo—replicó Manuel.</p> +<p>—Usted...; lo que es yo—replicó Manuel.</p> -<p>—Tú también. ¿Te crees tú que te voy a dejar +<p>—Tú también. ¿Te crees tú que te voy a dejar comer en el cuartel cuando tenga millones?</p> -<p>—La verdad es que estará chiflado, pero tiene -buen corazón—pensó Manuel—; luego añadió:—¿Han +<p>—La verdad es que estará chiflado, pero tiene +buen corazón—pensó Manuel—; luego añadió:—¿Han adelantado mucho sus cosas?</p> -<p>—No, mucho, no; todavía la cuestión está embrollada; -pero ya se aclarará.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span></p> +<p>—No, mucho, no; todavÃa la cuestión está embrollada; +pero ya se aclarará.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span></p> -<p>—¿Sabe usted que el titiritero aquel del fonógrafo—dijo +<p>—¿Sabe usted que el titiritero aquel del fonógrafo—dijo Manuel—vino con una mujer que se -llamaba Rosa? Yo fuí a buscarle a usted para ver -si era la que usted decía.</p> +llamaba Rosa? Yo fuà a buscarle a usted para ver +si era la que usted decÃa.</p> <p>—No. Esta que yo buscaba ha muerto</p> -<p>—¿Entonces el asunto de usted se habrá aclarado?</p> +<p>—¿Entonces el asunto de usted se habrá aclarado?</p> -<p>—Sí; pero me falta dinero. Don Telmo me prestaba -diez mil duros, a condición de cederle, en el +<p>—SÃ; pero me falta dinero. Don Telmo me prestaba +diez mil duros, a condición de cederle, en el caso de ganar, la mitad de la fortuna al entrar en -posesión de ella, y no he aceptado.</p> +posesión de ella, y no he aceptado.</p> -<p>—Qué disparate.</p> +<p>—Qué disparate.</p> -<p>—Quería, además, que me casase con su sobrina.</p> +<p>—QuerÃa, además, que me casase con su sobrina.</p> -<p>—¿Y usted no ha querido?</p> +<p>—¿Y usted no ha querido?</p> <p>—No.</p> <p>—Pues es guapa.</p> -<p>—Sí; pero no me gusta.</p> +<p>—SÃ; pero no me gusta.</p> -<p>—¿Qué? ¿Se acuerda usted todavía de la chica +<p>—¿Qué? ¿Se acuerda usted todavÃa de la chica de la Baronesa?</p> -<p>—¡No me he de acordar! La he visto. Está preciosa.</p> +<p>—¡No me he de acordar! La he visto. Está preciosa.</p> -<p>—Sí; es bonita.</p> +<p>—SÃ; es bonita.</p> -<p>—¡Bonita sólo! No blasfemes. Desde que la vi, +<p>—¡Bonita sólo! No blasfemes. Desde que la vi, me he decidido. O va uno al fondo o arriba.</p> <p>—Se expone usted a quedarse sin nada.</p> -<p>—Ya lo sé; no me importa. O todo o nada.</p> +<p>—Ya lo sé; no me importa. O todo o nada.</p> -<p>Los Hasting han tenido siempre voluntad y decisión +<p>Los Hasting han tenido siempre voluntad y decisión para las cosas. El ejemplo de un pariente -mío me alienta. Es un caso de terquedad, tonificador. -Verás.</p> +mÃo me alienta. Es un caso de terquedad, tonificador. +Verás.</p> -<p>Mi tío, el hermano de mi abuelo, estuvo en Londres +<p>Mi tÃo, el hermano de mi abuelo, estuvo en Londres en una casa de comercio; supo por un marino -que en una isla del Pacífico habían sacado una -vez una caja llena de plata, que suponían sería de -un barco que había salido del Perú para Filipinas. -Mi tío logró saber el punto fijo en donde había<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span> -naufragado el barco, e, inmediatamente, dejó su -empleo y se fué a Filipinas. Fletó un barquito, -llegó al punto señalado, un peñón del archipiélago +que en una isla del PacÃfico habÃan sacado una +vez una caja llena de plata, que suponÃan serÃa de +un barco que habÃa salido del Perú para Filipinas. +Mi tÃo logró saber el punto fijo en donde habÃa<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span> +naufragado el barco, e, inmediatamente, dejó su +empleo y se fué a Filipinas. Fletó un barquito, +llegó al punto señalado, un peñón del archipiélago de Magallanes, sondaron en distintas partes y -no llegaron a sacar, después de grandes trabajos, +no llegaron a sacar, después de grandes trabajos, mas que unas cuantas cajas rotas, en donde no -quedaban huellas de nada. Cuando los víveres se -acabaron tuvieron que volver, y mi tío llegó sin -un cuarto a Manila, y se metió de empleado en -una casa de comercio. Al año de esto, un yanqui -le propuso buscar el tesoro juntos, y mi tío aceptó, -con la condición de que partirían entre los dos +quedaban huellas de nada. Cuando los vÃveres se +acabaron tuvieron que volver, y mi tÃo llegó sin +un cuarto a Manila, y se metió de empleado en +una casa de comercio. Al año de esto, un yanqui +le propuso buscar el tesoro juntos, y mi tÃo aceptó, +con la condición de que partirÃan entre los dos las ganancias. En este segundo viaje sacaron dos -cajas pesadísimas y grandes, una llena de lingotes +cajas pesadÃsimas y grandes, una llena de lingotes de plata, la otra con onzas mejicanas. El yanqui y -mi tío se repartieron el dinero, y a cada uno le -tocó más de cien mil duros; pero mi tío, que era -terco, volvió al lugar del naufragio, y entonces ya -debió de encontrar el tesoro, porque llegó a Inglaterra +mi tÃo se repartieron el dinero, y a cada uno le +tocó más de cien mil duros; pero mi tÃo, que era +terco, volvió al lugar del naufragio, y entonces ya +debió de encontrar el tesoro, porque llegó a Inglaterra con una fortuna colosal. Hoy los Hasting, que viven en Inglaterra, siguen siendo millonarios. -¿No te acuerdas de Fanny, la que vino a +¿No te acuerdas de Fanny, la que vino a la taberna de las Injurias con nosotros?</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> <p>—Pues es de los Hasting ricos de Inglaterra.</p> -<p>—¿Y usted por qué no les pide algún dinero?—preguntó +<p>—¿Y usted por qué no les pide algún dinero?—preguntó Manuel.</p> <p>—No, nunca, aunque me muriera de hambre, y @@ -8014,85 +7980,85 @@ Antes de venir a Madrid estuve viajando por casi todas partes del mundo en un yate del hermano de Fanny.</p> -<p>—¿Y esa fortuna que usted piensa encontrar está -también en alguna isla?—dijo Manuel.</p> +<p>—¿Y esa fortuna que usted piensa encontrar está +también en alguna isla?—dijo Manuel.</p> -<p>—Me parece que eres de los que no tienen fe—contestó +<p>—Me parece que eres de los que no tienen fe—contestó Roberto—. Antes de que cantara el -gallo me negarías tres veces.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span></p> +gallo me negarÃas tres veces.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span></p> <p>—No; yo no conozco sus asuntos; pero si usted -me necesitara a mí, yo le serviría con mucho +me necesitara a mÃ, yo le servirÃa con mucho gusto.</p> <p>—Pero dudas de mi estrella, y haces mal; te figuras que estoy chiflado.</p> -<p>—No, no, señor.</p> +<p>—No, no, señor.</p> -<p>—¡Bah! Tú te crees que esa fortuna que yo tengo +<p>—¡Bah! Tú te crees que esa fortuna que yo tengo que heredar es una filfa.</p> -<p>—Yo no sé.</p> +<p>—Yo no sé.</p> -<p>—Pues, no; la fortuna existe. ¿Tú te acuerdas +<p>—Pues, no; la fortuna existe. ¿Tú te acuerdas una vez que hablaba con don Telmo delante de ti -de cómo había estado en casa de un encuadernador, -y la conversación que tuve con él?</p> +de cómo habÃa estado en casa de un encuadernador, +y la conversación que tuve con él?</p> -<p>—Sí, señor; me acuerdo.</p> +<p>—SÃ, señor; me acuerdo.</p> -<p>Pues bien; aquella conversación fué para mí la -base de las indagaciones que he hecho después; -no te contaré yo cómo he ido recogiendo datos y -más datos, poco a poco, porque esto te resultaría -pesado; te mostraré escuetamente la cuestión.</p> +<p>Pues bien; aquella conversación fué para mà la +base de las indagaciones que he hecho después; +no te contaré yo cómo he ido recogiendo datos y +más datos, poco a poco, porque esto te resultarÃa +pesado; te mostraré escuetamente la cuestión.</p> -<p>Al concluir esto, Roberto se levantó del banco +<p>Al concluir esto, Roberto se levantó del banco en donde estaban sentados, y dijo a Manuel:</p> -<p>—Vamos de aquí. Aquel señor anda rondándonos; -trata de oír nuestra conversación.</p> +<p>—Vamos de aquÃ. Aquel señor anda rondándonos; +trata de oÃr nuestra conversación.</p> -<p>Manuel se levantó convencido de la chifladura -de Roberto; pasaron por delante del Ángel -Caído, llegaron cerca del Observatorio Meteorológico, -y de allí salieron a unos cerrillos que están -frente al Pacífico y al barrio de Doña Carlota.</p> +<p>Manuel se levantó convencido de la chifladura +de Roberto; pasaron por delante del Ãngel +CaÃdo, llegaron cerca del Observatorio Meteorológico, +y de allà salieron a unos cerrillos que están +frente al PacÃfico y al barrio de Doña Carlota.</p> -<p>—Aquí se puede hablar—murmuró Roberto—. -Si viene alguno, avísame.</p> +<p>—Aquà se puede hablar—murmuró Roberto—. +Si viene alguno, avÃsame.</p> -<p>—No tenga usted cuidado—respondió Manuel.</p> +<p>—No tenga usted cuidado—respondió Manuel.</p> -<p>—Pues como te decía, esa conversación fué la -base de una fortuna que pronto me pertenecerá; -pero mira si será uno torpe y lo mal que se ven -las cosas cuando están al lado de uno. Hasta pasado -lo menos un año de la conversación no empecé +<p>—Pues como te decÃa, esa conversación fué la +base de una fortuna que pronto me pertenecerá; +pero mira si será uno torpe y lo mal que se ven +las cosas cuando están al lado de uno. Hasta pasado +lo menos un año de la conversación no empecé yo a hacer gestiones. Las primeras las hice<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span> -hace dos años. Un día de Carnaval se me ocurrió -la idea. Yo daba lecciones de inglés y estudiaba +hace dos años. Un dÃa de Carnaval se me ocurrió +la idea. Yo daba lecciones de inglés y estudiaba en la Universidad; con el poco dinero que ganaba -tenía que enviar parte a mi madre, y parte me -servía para vivir y para las matrículas. Este día -de Carnaval, un martes, lo recuerdo, no tenía mas +tenÃa que enviar parte a mi madre, y parte me +servÃa para vivir y para las matrÃculas. Este dÃa +de Carnaval, un martes, lo recuerdo, no tenÃa mas que tres pesetas en el bolsillo; llevaba tanto tiempo trabajando sin distraerme un momento, que dije:—Nada, hoy voy a hacer una calaverada; me voy a disfrazar. Efectivamente, en la calle de San -Marcos alquilé un dominó y un antifaz por tres -pesetas, y me eché a la calle, sin un céntimo en el -bolsillo. Comencé a bajar hacia la Castellana, y -al llegar a la Cibeles me pregunté a mí mismo, -extrañado: ¿Para qué habré hecho yo la necedad -de gastar el poco dinero que tenía en disfrazarme +Marcos alquilé un dominó y un antifaz por tres +pesetas, y me eché a la calle, sin un céntimo en el +bolsillo. Comencé a bajar hacia la Castellana, y +al llegar a la Cibeles me pregunté a mà mismo, +extrañado: ¿Para qué habré hecho yo la necedad +de gastar el poco dinero que tenÃa en disfrazarme cuando no conozco a nadie?</p> <p>Quise volver hacia arriba a abandonar mi disfraz; -pero había tanta gente, que tuve que seguir -con la marea. No sé si te habrás fijado en lo solo -que se encuentra uno esos días de Carnaval entre +pero habÃa tanta gente, que tuve que seguir +con la marea. No sé si te habrás fijado en lo solo +que se encuentra uno esos dÃas de Carnaval entre las oleadas de la multitud. Esa soledad entre la muchedumbre es mucho mayor que la soledad en el bosque. Esto me hizo pensar en las mil torpezas @@ -8100,334 +8066,334 @@ que uno comete: en la esterilidad de mi vida.—Me voy a consumir—me dije—en una actividad de ratoncillo; voy a terminar en ser un profesor, una especie de institutriz inglesa. No; eso -nunca. Hay que buscar una ocasión y un fin para +nunca. Hay que buscar una ocasión y un fin para emanciparse de esta existencia mezquina, y si no -lanzarse a la vida trágica. Pensé también en que -era muy posible que la ocasión hubiese pasado -ante mí sin que yo supiese aprovecharme de ella, -y de pronto recordé la conversación con el encuadernador. -Me decidí a enterarme, hasta ver la cosa -claramente, sin esperanza ninguna, sólo como una -gimnasia de la voluntad.—Se necesita más volun<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>tad—me +lanzarse a la vida trágica. Pensé también en que +era muy posible que la ocasión hubiese pasado +ante mà sin que yo supiese aprovecharme de ella, +y de pronto recordé la conversación con el encuadernador. +Me decidà a enterarme, hasta ver la cosa +claramente, sin esperanza ninguna, sólo como una +gimnasia de la voluntad.—Se necesita más volun<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>tad—me dije—para vencer los detalles que aparecen a cada instante que no para hacer un gran -sacrificio o para tener un momento de abnegación. +sacrificio o para tener un momento de abnegación. Los momentos sublimes, los actos heroicos, son -más bien actos de exaltación de la inteligencia +más bien actos de exaltación de la inteligencia que de voluntad; yo me he sentido siempre capaz de hacer una gran cosa, de tomar una trinchera, de defender una barricada, de ir al Polo Norte; -pero ¿sería capaz de llevar a cabo una obra diaria, -de pequeñas molestias y de fastidios cotidianos? -Sí, me dije a mí mismo, y decidido me metí -entre las máscaras, y volví a Madrid mientras los -demás alborotaban.</p> +pero ¿serÃa capaz de llevar a cabo una obra diaria, +de pequeñas molestias y de fastidios cotidianos? +SÃ, me dije a mà mismo, y decidido me metà +entre las máscaras, y volvà a Madrid mientras los +demás alborotaban.</p> -<p>—¿Y desde entonces trabajó usted?</p> +<p>—¿Y desde entonces trabajó usted?</p> <p>—Desde entonces, con una constancia rabiosa. -El encuadernador no quería darme ningún dato; -me instalé en la Casa de Canónigos, pedí el libro -de Turnos, y allí un día y otro estuve revisando -listas y listas, hasta que encontré la fecha del -proceso; de aquí me fuí a las Salesas, di con el -archivo, y un mes entero pasé allá en una guardilla +El encuadernador no querÃa darme ningún dato; +me instalé en la Casa de Canónigos, pedà el libro +de Turnos, y allà un dÃa y otro estuve revisando +listas y listas, hasta que encontré la fecha del +proceso; de aquà me fuà a las Salesas, di con el +archivo, y un mes entero pasé allá en una guardilla abriendo legajos, hasta que pude ver los autos. Luego tuve que sacar fes de bautismo, buscar recomendaciones para un obispo, andar, correr, -intrigar, ir de un lado a otro, hasta que la cuestión -comenzó a aclararse, y con mis documentos -en regla hice mi reclamación en Londres. He plantado -durante estos dos años los cimientos para +intrigar, ir de un lado a otro, hasta que la cuestión +comenzó a aclararse, y con mis documentos +en regla hice mi reclamación en Londres. He plantado +durante estos dos años los cimientos para levantar la torre a la que he de subir.</p> -<p>—¿Y está usted seguro que los cimientos son -sólidos?</p> +<p>—¿Y está usted seguro que los cimientos son +sólidos?</p> -<p>—¡Oh, son los hechos! Aquí están—y Roberto -sacó un papel doblado del bolsillo—. Es el árbol -genealógico de mi familia. Este círculo rojo es -don Fermín Núñez de Letona, cura de Labraz, +<p>—¡Oh, son los hechos! Aquà están—y Roberto +sacó un papel doblado del bolsillo—. Es el árbol +genealógico de mi familia. Este cÃrculo rojo es +don FermÃn Núñez de Letona, cura de Labraz, que va a Venezuela, a fines del siglo <span class="smcap">XVIII</span>. Hace, -no se sabe cómo, una inmensa fortuna, y vuelve a<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span> -España en la época de Trafalgar. En la travesía, -un barco inglés aborda al español en donde viene -el cura, y a éste y a los demás pasajeros los apresan -y los llevan a Inglaterra. Don Fermín reclama -su fortuna al Gobierno inglés, se la devuelven, y -la coloca en el Banco de Londres, y viene a España -en la época de la guerra de la Independencia. +no se sabe cómo, una inmensa fortuna, y vuelve a<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span> +España en la época de Trafalgar. En la travesÃa, +un barco inglés aborda al español en donde viene +el cura, y a éste y a los demás pasajeros los apresan +y los llevan a Inglaterra. Don FermÃn reclama +su fortuna al Gobierno inglés, se la devuelven, y +la coloca en el Banco de Londres, y viene a España +en la época de la guerra de la Independencia. Como en aquellos tiempos el dinero no estaba -muy seguro en España, don Fermín deja su +muy seguro en España, don FermÃn deja su fortuna en el Banco de Londres, y una de las veces que trata de retirar una cantidad grande para comprar propiedades, va a Inglaterra con la -sobrina de un primo suyo y único pariente, llamado -Juan Antonio. Esta sobrina—y Roberto señaló -un círculo en el papel—se casa con un señorito -irlandés, Bandon, y muere a los tres años de -casada. El cura don Fermín decide volver a España, +sobrina de un primo suyo y único pariente, llamado +Juan Antonio. Esta sobrina—y Roberto señaló +un cÃrculo en el papel—se casa con un señorito +irlandés, Bandon, y muere a los tres años de +casada. El cura don FermÃn decide volver a España, y manda girar su fortuna al Banco de San Fernando, y antes de que se haga el giro don -Fermín muere. Bandon, el irlandés, presenta un +FermÃn muere. Bandon, el irlandés, presenta un testamento en que el cura deja como heredera -universal a su sobrina, y además prueba que tuvo -un hijo de su mujer, que murió después de bautizado. -El primo de don Fermín, Juan Antonio, el +universal a su sobrina, y además prueba que tuvo +un hijo de su mujer, que murió después de bautizado. +El primo de don FermÃn, Juan Antonio, el de Labraz, le pone pleito a Bandon, y el pleito -dura cerca de veinte años, y muere Juan Antonio, -y el irlandés puede recoger una parte de la herencia.</p> +dura cerca de veinte años, y muere Juan Antonio, +y el irlandés puede recoger una parte de la herencia.</p> <p>La otra hija de Juan Antonio se casa con un primo suyo, comerciante de Haro, y tiene tres hijos, dos varones y una hembra. Esta se mete monja, uno de los varones muere en la guerra carlista y el otro entra en un comercio y se va a -América.</p> +América.</p> -<p>Este, Juan Manuel Núñez, hace una fortuna +<p>Este, Juan Manuel Núñez, hace una fortuna regular, se casa con una criolla y tiene dos hijas: Augusta y Margarita. Augusta, la menor, se casa<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> con mi padre, Ricardo Hasting, que era un calavera -que se escapó de su casa, y Margarita, con +que se escapó de su casa, y Margarita, con un militar, el coronel Buenavida. Vienen todos a -España en muy buena posición, mi padre se mete -en negocios ruinosos, y ya arruinado, no sé por -dónde averigua que la fortuna del cura Núñez de -Letona está a disposición de los herederos; va a -Inglaterra, hace su reclamación, le exigen documentos, +España en muy buena posición, mi padre se mete +en negocios ruinosos, y ya arruinado, no sé por +dónde averigua que la fortuna del cura Núñez de +Letona está a disposición de los herederos; va a +Inglaterra, hace su reclamación, le exigen documentos, saca las fes de bautismo de los antepasados de su mujer y se encuentra con que la partida -de nacimiento del cura don Fermín no se encuentra -por ningún lado. De pronto, mi padre deja de -escribir y pasan años y años, y al cabo de más -de diez recibimos una carta participándonos que +de nacimiento del cura don FermÃn no se encuentra +por ningún lado. De pronto, mi padre deja de +escribir y pasan años y años, y al cabo de más +de diez recibimos una carta participándonos que ha muerto en Australia.</p> <p>Margarita, la hermana de mi madre, queda viuda con una hija, se vuelve a casar, y el segundo -marido resulta un bribón de marca mayor, -que la deja sin un céntimo. La hija del primer +marido resulta un bribón de marca mayor, +que la deja sin un céntimo. La hija del primer matrimonio, Rosa, sin poder sufrir al padrastro, -se escapa de casa con un cómico, y no sabe más +se escapa de casa con un cómico, y no sabe más de ella.</p> -<p>Si has seguido—añadió Roberto—mis explicaciones, -habrás visto que no quedan más parientes -de don Fermín Núñez de Letona que mis hermanas +<p>Si has seguido—añadió Roberto—mis explicaciones, +habrás visto que no quedan más parientes +de don FermÃn Núñez de Letona que mis hermanas y yo, porque la hija de Margarita, Rosa -Núñez, ha muerto.</p> +Núñez, ha muerto.</p> -<p>Ahora, la cuestión está en probar este parentesco, -y ese parentesco está probado; tengo las +<p>Ahora, la cuestión está en probar este parentesco, +y ese parentesco está probado; tengo las partidas de bautismo que acreditan que descendemos -en línea directa de Juan Antonio, el hermano -de Fermín. Pero ¿por qué no aparece el -nombre de Fermín Núñez de Letona en el libro -parroquial de Labraz? Eso es lo que a mí me -preocupó y eso es lo que he resuelto. Bandon el -irlandés, cuando murió su contrincante Juan Antonio, -envió a España un agente llamado Shaph<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span>ter, -y éste hizo desaparecer la fe de bautismo de -don Fermín. ¿Cómo? Aun no lo sé. Mientras tanto, -yo sigo en Londres la reclamación, sólo para +en lÃnea directa de Juan Antonio, el hermano +de FermÃn. Pero ¿por qué no aparece el +nombre de FermÃn Núñez de Letona en el libro +parroquial de Labraz? Eso es lo que a mà me +preocupó y eso es lo que he resuelto. Bandon el +irlandés, cuando murió su contrincante Juan Antonio, +envió a España un agente llamado Shaph<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span>ter, +y éste hizo desaparecer la fe de bautismo de +don FermÃn. ¿Cómo? Aun no lo sé. Mientras tanto, +yo sigo en Londres la reclamación, sólo para mantener la causa en estado de litigio, y los Hasting son los que llevan el proceso.</p> -<p>—¿Y a cuánto asciende esa fortuna?—preguntó +<p>—¿Y a cuánto asciende esa fortuna?—preguntó Manuel.</p> -<p>—Entre el capital y los intereses, a un millón +<p>—Entre el capital y los intereses, a un millón de libras esterlinas.</p> -<p>—¿Y es mucho eso?</p> +<p>—¿Y es mucho eso?</p> <p>—Sin el cambio, unos cien millones de reales; con el cambio, ciento treinta.</p> -<p>Manuel se echó a reír.</p> +<p>Manuel se echó a reÃr.</p> -<p>—¿Para usted solo?</p> +<p>—¿Para usted solo?</p> -<p>—Para mí y para mis hermanas. Figúrate tú, +<p>—Para mà y para mis hermanas. Figúrate tú, cuando yo coja esa cantidad, lo que van a ser -para mí estos cochecitos y estas cosas. Nada.</p> +para mà estos cochecitos y estas cosas. Nada.</p> <p>—Y ahora, mientras tanto, no tiene usted una perra.</p> -<p>—Así es la vida, hay que esperar, no hay más -remedio. Ahora que nadie me cree, gozo yo más -con el reconocimiento de mi fuerza que gozaré -después con el éxito. He construído una montaña -entera; una niebla profunda impide verla; mañana -se desgarrará la niebla y el monte aparecerá erguido, +<p>—Asà es la vida, hay que esperar, no hay más +remedio. Ahora que nadie me cree, gozo yo más +con el reconocimiento de mi fuerza que gozaré +después con el éxito. He construÃdo una montaña +entera; una niebla profunda impide verla; mañana +se desgarrará la niebla y el monte aparecerá erguido, con las cumbres cubiertas de nieve.</p> <p class="ht">Manuel encontraba necio estar hablando de -tanta grandeza cuando ni uno ni otro tenían para -comer, y, pretextando una ocupación, se despidió +tanta grandeza cuando ni uno ni otro tenÃan para +comer, y, pretextando una ocupación, se despidió de Roberto.</p> -<h2 id="CAPITULO_IV3">CAPÍTULO IV</h2> +<h2 id="CAPITULO_IV3">CAPÃTULO IV</h2> -<p class="smcap center">Dolores la «Escandalosa».—Las engañifas del -«Pastiri».—Dulce salvajismo.—Un modesto robo +<p class="smcap center">Dolores la «Escandalosa».—Las engañifas del +«Pastiri».—Dulce salvajismo.—Un modesto robo en despoblado.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">Después</span> de una semana pasada al sereno, un -día Manuel se decidió a reunirse con Vidal +<p class="p2"><span class="smcap">Después</span> de una semana pasada al sereno, un +dÃa Manuel se decidió a reunirse con Vidal y el <i>Bizco</i> y a lanzarse a la vida maleante.</p> -<p>Preguntó por sus amigos en los ventorros de la -carretera de Andalucía, en la Llorosa, en las Injurias, +<p>Preguntó por sus amigos en los ventorros de la +carretera de AndalucÃa, en la Llorosa, en las Injurias, y un compinche del <i>Bizco</i>, que se llamaba el <i>Chungui</i>, le dijo que el <i>Bizco</i> paraba en las Cambroneras, en casa de una mujer ladrona de fama, conocida por Dolores la <i>Escandalosa</i>.</p> -<p>Fué Manuel a las Cambroneras, preguntó por +<p>Fué Manuel a las Cambroneras, preguntó por la Dolores y le indicaron una puerta en un patio habitado por gitanos.</p> -<p>Llamó Manuel, pero la Dolores no quiso abrir -la puerta; luego, con las explicaciones que le dió -el muchacho, le dejó entrar.</p> +<p>Llamó Manuel, pero la Dolores no quiso abrir +la puerta; luego, con las explicaciones que le dió +el muchacho, le dejó entrar.</p> -<p>La casa de la <i>Escandalosa</i> consistía en un cuarto +<p>La casa de la <i>Escandalosa</i> consistÃa en un cuarto de unos tres metros en cuadro; en el fondo se -veía una cama, donde dormía vestido el <i>Bizco</i>; a +veÃa una cama, donde dormÃa vestido el <i>Bizco</i>; a un lado, una especie de hornacina con su chime<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>nea -y un fogón pequeño. Además, ocupaban el -cuarto una mesa, un baúl, un vasar blanco con +y un fogón pequeño. Además, ocupaban el +cuarto una mesa, un baúl, un vasar blanco con platos y pucheros de barro y una palomilla de -pino con un quinqué de petróleo encima.</p> +pino con un quinqué de petróleo encima.</p> -<p>La Dolores era una mujer de cincuenta años -próximamente; vestía traje negro, un pañuelo rojo +<p>La Dolores era una mujer de cincuenta años +próximamente; vestÃa traje negro, un pañuelo rojo atado como una venda a la frente, y otro, de color obscuro, por encima.</p> -<p>Llamó Manuel al <i>Bizco</i>, y, cuando éste se despertó, -le preguntó por Vidal.</p> +<p>Llamó Manuel al <i>Bizco</i>, y, cuando éste se despertó, +le preguntó por Vidal.</p> -<p>—Ahora vendrá—dijo el <i>Bizco</i>; luego, dirigiéndose -a la vieja, gritó—: Tráeme las botas, tú.</p> +<p>—Ahora vendrá—dijo el <i>Bizco</i>; luego, dirigiéndose +a la vieja, gritó—: Tráeme las botas, tú.</p> <p>La Dolores no hizo pronto el mandado, y el <i>Bizco</i>, por alarde, para demostrar el dominio que -tenía sobre ella, le dió una bofetada.</p> +tenÃa sobre ella, le dió una bofetada.</p> -<p>La mujer no chistó; Manuel miró al <i>Bizco</i> fríamente, -con disgusto; el otro desvió la vista de un -modo huraño.</p> +<p>La mujer no chistó; Manuel miró al <i>Bizco</i> frÃamente, +con disgusto; el otro desvió la vista de un +modo huraño.</p> -<p>—¿Quieres almorzar?—le preguntó el <i>Bizco</i> a +<p>—¿Quieres almorzar?—le preguntó el <i>Bizco</i> a Manuel cuando se hubo levantado.</p> <p>—Si das algo bueno...</p> -<p>La Dolores sacó la sartén del fuego llena de pedazos +<p>La Dolores sacó la sartén del fuego llena de pedazos de carne y de patatas.</p> -<p>—No os tratáis poco bien—murmuró Manuel, -a quien el hambre hacía profundamente cínico.</p> +<p>—No os tratáis poco bien—murmuró Manuel, +a quien el hambre hacÃa profundamente cÃnico.</p> -<p>—Nos dan fiado en la casquería—dijo la Dolores, +<p>—Nos dan fiado en la casquerÃa—dijo la Dolores, para explicar la abundancia de carne.</p> -<p>—¡Si tú y yo no afanáramos por ahí—saltó el -<i>Bizco</i>, dirigiéndose a la vieja—, lo que comiéramos +<p>—¡Si tú y yo no afanáramos por ah×saltó el +<i>Bizco</i>, dirigiéndose a la vieja—, lo que comiéramos nosotros!</p> -<p>La mujer sonrió modestamente. Acabaron con -el almuerzo, y la Dolores sacó una botella de vino.</p> +<p>La mujer sonrió modestamente. Acabaron con +el almuerzo, y la Dolores sacó una botella de vino.</p> -<p>—Esta mujer—dijo el <i>Bizco</i>—, ahí donde la ves, -no hay otra como ella. Enséñale lo que tenemos -en el rincón.</p> +<p>—Esta mujer—dijo el <i>Bizco</i>—, ahà donde la ves, +no hay otra como ella. Enséñale lo que tenemos +en el rincón.</p> <p>—Ahora, no, hombre.</p> -<p>—¿Por qué no?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span></p> +<p>—¿Por qué no?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span></p> -<p>—¿Si viene alguno?</p> +<p>—¿Si viene alguno?</p> <p>—Echo el cerrojo.</p> <p>—Bueno.</p> -<p>Cerró la puerta el <i>Bizco</i>, la Dolores empujó la -cama al centro del cuarto, se acercó a la pared, -despegó un trozo de tela rebozado de cal, de una -vara en cuadro, y apareció un boquete lleno de -cintas, cordones, puntillas y otros objetos de pasamanería.</p> +<p>Cerró la puerta el <i>Bizco</i>, la Dolores empujó la +cama al centro del cuarto, se acercó a la pared, +despegó un trozo de tela rebozado de cal, de una +vara en cuadro, y apareció un boquete lleno de +cintas, cordones, puntillas y otros objetos de pasamanerÃa.</p> -<p>—¿Eh?—dijo el <i>Bizco</i>—; pues todo esto lo ha +<p>—¿Eh?—dijo el <i>Bizco</i>—; pues todo esto lo ha afanado ella.</p> -<p>—Aquí debéis tener mucho dinero.</p> +<p>—Aquà debéis tener mucho dinero.</p> -<p>—Sí; algo hay—contestó la Dolores—. Luego, -dejó caer el trozo de tela que tapaba la excavación -de la pared, lo sujetó y colocó delante la -cama. El <i>Bizco</i> descorrió el cerrojo. Al poco rato +<p>—SÃ; algo hay—contestó la Dolores—. Luego, +dejó caer el trozo de tela que tapaba la excavación +de la pared, lo sujetó y colocó delante la +cama. El <i>Bizco</i> descorrió el cerrojo. Al poco rato llamaban en la puerta.</p> -<p>—Debe ser Vidal—dijo el <i>Bizco</i>, y añadió en -voz baja, dirigiéndose a Manuel—: Oye, tú, a éste +<p>—Debe ser Vidal—dijo el <i>Bizco</i>, y añadió en +voz baja, dirigiéndose a Manuel—: Oye, tú, a éste no le digas nada.</p> -<p>Entró Vidal con su aire desenvuelto, celebró la +<p>Entró Vidal con su aire desenvuelto, celebró la llegada de Manuel, y los tres camaradas salieron a la calle.</p> -<p>—¿Vais a barbear por ahí?—preguntó la vieja.</p> +<p>—¿Vais a barbear por ahÃ?—preguntó la vieja.</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> -<p>—A ver si no vienes tarde, ¿eh?—añadió la Dolores, -dirigiéndose al <i>Bizco</i>.</p> +<p>—A ver si no vienes tarde, ¿eh?—añadió la Dolores, +dirigiéndose al <i>Bizco</i>.</p> -<p>Este no se dignó contestar a la recomendación.</p> +<p>Este no se dignó contestar a la recomendación.</p> <p>Salieron los tres a la glorieta del puente de -Toledo; allí cerca tomaron una copa, en el cajón +Toledo; allà cerca tomaron una copa, en el cajón del <i>Garatusa</i>, un licenciado de presidio, protector -de descuideros, no sin interés y su cuenta, y luego, +de descuideros, no sin interés y su cuenta, y luego, por el paseo de los Ocho Hilos, salieron a la ronda de Toledo.</p> <p>Como domingo, los alrededores del Rastro rebosaban gente.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span></p> -<p>A lo largo de la tapia de las grandiosas Américas, +<p>A lo largo de la tapia de las grandiosas Américas, en el espacio comprendido entre el Matadero y la Escuela de Veterinaria, una larga fila de vendedores -ambulantes establecía sus reales.</p> +ambulantes establecÃa sus reales.</p> -<p>Había algunos de éstos con trazas de mendigos, -inmóviles, somnolientos, apoyados en la pared, -contemplando con indiferencia sus géneros: cuadros -viejos, cromos nuevos, libros, cosas inútiles, +<p>HabÃa algunos de éstos con trazas de mendigos, +inmóviles, somnolientos, apoyados en la pared, +contemplando con indiferencia sus géneros: cuadros +viejos, cromos nuevos, libros, cosas inútiles, desportilladas, sucias, convencidos de que nadie -mercaría lo que ellos mostraban al público. Otros -gesticulaban, discutían con los compradores; algunas +mercarÃa lo que ellos mostraban al público. Otros +gesticulaban, discutÃan con los compradores; algunas viejas horribles y atezadas, con sombreros de paja grandes en la cabeza, las manos negras, los -brazos en jarra, la desvergüenza pronta a surgir +brazos en jarra, la desvergüenza pronta a surgir del labio, chillaban como cotorras.</p> <p>Las gitanas de trajes abigarrados peinaban al sol a las gitanillas morenuchas y a los <i>churumbeles</i> -de pelo negro y ojos grandes; una porción de -vagos discurría gravemente; pordioseros envueltos +de pelo negro y ojos grandes; una porción de +vagos discurrÃa gravemente; pordioseros envueltos en harapos, lisiados, lacrosos, clamaban, cantaban, -se lamentaban, y el público dominguero, -buscador de gangas, iba y venía, deteniéndose en +se lamentaban, y el público dominguero, +buscador de gangas, iba y venÃa, deteniéndose en este puesto, preguntando, husmeando, y la gente pasaba, con el rostro inyectado por el calor del sol, un sol de primavera que cegaba al reflejar la @@ -8435,433 +8401,433 @@ blancura de creta de la tierra polvorienta, y brillaba y centelleaba con reflejos mil en los espejos rotos y en los cachivaches de metal, tirados y amontonados en el suelo. Y para aumentar aquella -baraúnda turbadora de voces y de gritos, +baraúnda turbadora de voces y de gritos, dos organillos llenaban el aire con el campanilleo alegre de sus notas, mezcladas y entrecruzadas.</p> <p>Manuel, el <i>Bizco</i> y Vidal subieron a la cabecera del Rastro y volvieron a bajar. En la puerta de las -Américas se encontraron con el <i>Pastiri</i>, que andaba -husmeando por allí.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span></p> +Américas se encontraron con el <i>Pastiri</i>, que andaba +husmeando por allÃ.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span></p> <p>Al ver a Manuel y a los otros dos, el de las tres -cartas se les acercó y les dijo:</p> +cartas se les acercó y les dijo:</p> -<p>—¿Vamos a tomar unas tintas?</p> +<p>—¿Vamos a tomar unas tintas?</p> <p>—Vamos.</p> <p>Entraron en una tasca de la Ronda. El <i>Pastiri</i> -aquel día estaba solo, porque su compañero se -había marchado a El Escorial, y como no tenía -quien le hiciera el paripé en el juego, no sacaba +aquel dÃa estaba solo, porque su compañero se +habÃa marchado a El Escorial, y como no tenÃa +quien le hiciera el paripé en el juego, no sacaba una perra. Si ellos tomaban el papel de ganchos, -para decidir a los curiosos a jugar, les daría una +para decidir a los curiosos a jugar, les darÃa una parte en las ganancias.</p> -<p>—Pregúntale cuánto—dijo el <i>Bizco</i> a Vidal.</p> +<p>—Pregúntale cuánto—dijo el <i>Bizco</i> a Vidal.</p> <p>—No seas tonto.</p> -<p>El <i>Pastiri</i> explicó la cosa para que la entendiera -el <i>Bizco</i>; la cuestión era apostar y decir en voz -alta que ganaban, que él se encargaría de meter +<p>El <i>Pastiri</i> explicó la cosa para que la entendiera +el <i>Bizco</i>; la cuestión era apostar y decir en voz +alta que ganaban, que él se encargarÃa de meter en ganas de jugar a los espectadores.</p> <p>—Ya, ya sabemos lo que hay que hacer—dijo Vidal.</p> -<p>—¿Y aceptáis la <i>combi</i>?</p> +<p>—¿Y aceptáis la <i>combi</i>?</p> -<p>—Sí, hombre.</p> +<p>—SÃ, hombre.</p> -<p>Repartió el <i>Pastiri</i> tres pesetas por barba, y salieron +<p>Repartió el <i>Pastiri</i> tres pesetas por barba, y salieron los cuatro de la taberna, atravesaron la Ronda y se metieron en el Rastro.</p> -<p>A veces se paraba el <i>Pastiri</i>, creyendo tener algún +<p>A veces se paraba el <i>Pastiri</i>, creyendo tener algún tonto a la vista; el <i>Bizco</i> o Manuel apuntaban; -pero el que parecía tonto sonreía al notar la celada, +pero el que parecÃa tonto sonreÃa al notar la celada, o pasaba indiferente, acostumbrado a presenciar aquella clase de timos.</p> -<p>De pronto vió venir el <i>Pastiri</i> un grupo de paletos -con sombrero ancho y calzón corto.</p> +<p>De pronto vió venir el <i>Pastiri</i> un grupo de paletos +con sombrero ancho y calzón corto.</p> -<p>—<i>Aluspiar</i>, que ahí vienen unos pardillos, y -puede caer algo—dijo, y se plantó delante de los -paletos con su tablita y sus cartas, y comenzó el +<p>—<i>Aluspiar</i>, que ahà vienen unos pardillos, y +puede caer algo—dijo, y se plantó delante de los +paletos con su tablita y sus cartas, y comenzó el juego.</p> -<p>El <i>Bizco</i> apuntó dos pesetas y ganó; Manuel -hizo lo mismo, y ganó también.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span></p> +<p>El <i>Bizco</i> apuntó dos pesetas y ganó; Manuel +hizo lo mismo, y ganó también.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span></p> <p>—Este hombre es un primo—dijo Vidal, en voz -alta, y dirigiéndose al grupo de los campesinos—. -Pero ¿han visto ustedes el dinero que está perdiendo?—añadió—. +alta, y dirigiéndose al grupo de los campesinos—. +Pero ¿han visto ustedes el dinero que está perdiendo?—añadió—. Aquel militar le ha ganado seis duros.</p> -<p>Uno de los paletos se acercó al oír esto, y viendo -que Manuel y el <i>Bizco</i> ganaban, apostó una -peseta y ganó. Los compañeros del paleto le +<p>Uno de los paletos se acercó al oÃr esto, y viendo +que Manuel y el <i>Bizco</i> ganaban, apostó una +peseta y ganó. Los compañeros del paleto le aconsejaron que se retirara con su ganancia; pero -la codicia pudo más en él, y, volviendo, apostó -dos pesetas y las perdió.</p> +la codicia pudo más en él, y, volviendo, apostó +dos pesetas y las perdió.</p> <p>Vidal puso entonces un duro.</p> <p>—Un machacante—dijo, dando con la moneda -en el suelo—. Acertó la carta y ganó.</p> +en el suelo—. Acertó la carta y ganó.</p> <p>El <i>Pastiri</i> hizo un gesto de fastidio.</p> -<p>Apostó el paleto otro duro y lo perdió; miró -angustiado a sus paisanos, sacó otro duro y lo -volvió a perder.</p> +<p>Apostó el paleto otro duro y lo perdió; miró +angustiado a sus paisanos, sacó otro duro y lo +volvió a perder.</p> -<p>En aquel momento se acercó un guardia y se -disolvió el grupo; al ver el movimiento de fuga del -<i>Pastiri</i>, el paleto quiso sujetarle, agarrándole de -la americana; pero el hombre dió un tirón y se -escabulló por entre la gente.</p> +<p>En aquel momento se acercó un guardia y se +disolvió el grupo; al ver el movimiento de fuga del +<i>Pastiri</i>, el paleto quiso sujetarle, agarrándole de +la americana; pero el hombre dió un tirón y se +escabulló por entre la gente.</p> <p>Manuel, Vidal y el <i>Bizco</i> salieron por la plaza del Rastro a la calle de Embajadores.</p> -<p>El <i>Bizco</i> tenía cuatro pesetas, Manuel seis y +<p>El <i>Bizco</i> tenÃa cuatro pesetas, Manuel seis y Vidal catorce.</p> -<p>—¿Y qué le vamos a devolver a ése?—preguntó +<p>—¿Y qué le vamos a devolver a ése?—preguntó el <i>Bizco</i>.</p> -<p>—¿Devolver? Nada—contestó Vidal.</p> +<p>—¿Devolver? Nada—contestó Vidal.</p> -<p>—Le vamos a <i>apandar</i> la ganancia del año—dijo +<p>—Le vamos a <i>apandar</i> la ganancia del año—dijo Manuel.</p> -<p>—Bueno; que lo maten—replicó Vidal—. <i>Pa</i> -chasco que nos fuéramos nosotros de rositas.</p> +<p>—Bueno; que lo maten—replicó Vidal—. <i>Pa</i> +chasco que nos fuéramos nosotros de rositas.</p> -<p>Era hora de almorzar, discutieron adónde irían, +<p>Era hora de almorzar, discutieron adónde irÃan, y Vidal dispuso que ya que se encontraban en la calle de Embajadores, la Sociedad de los Tres en<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span> pleno siguiera hacia abajo hasta el merendero de la Manigua.</p> -<p>Se tuvo en cuenta la indicación, y los socios +<p>Se tuvo en cuenta la indicación, y los socios pasaron toda la tarde del domingo hechos unos -príncipes; Vidal estuvo espléndido, gastando el +prÃncipes; Vidal estuvo espléndido, gastando el dinero del <i>Pastiri</i>, convidando a unas chicas y bailando a lo chulo.</p> -<p>A Manuel no le pareció tan mal el comienzo de -la vida de golfería. De noche, los tres socios, un +<p>A Manuel no le pareció tan mal el comienzo de +la vida de golferÃa. De noche, los tres socios, un poco cargados de vino, subieron por la calle de -Embajadores, tomando después por la vía de circunvalación.</p> +Embajadores, tomando después por la vÃa de circunvalación.</p> -<p>—¿Adónde iré yo a dormir?—preguntó Manuel.</p> +<p>—¿Adónde iré yo a dormir?—preguntó Manuel.</p> -<p>—Ven a mi casa—le contestó Vidal.</p> +<p>—Ven a mi casa—le contestó Vidal.</p> -<p>Al acercarse a Casa Blanca, se separó el <i>Bizco</i>.</p> +<p>Al acercarse a Casa Blanca, se separó el <i>Bizco</i>.</p> -<p>—Gracias a Dios que se va ese tío—murmuró +<p>—Gracias a Dios que se va ese tÃo—murmuró Vidal.</p> -<p>—¿Estás reñido con él?</p> +<p>—¿Estás reñido con él?</p> -<p>—Es un tío bestia. Vive con la <i>Escandalosa</i>, que +<p>—Es un tÃo bestia. Vive con la <i>Escandalosa</i>, que es una vieja zorra; es verdad que tiene lo menos -sesenta años y gasta lo que roba con sus queridos; -pero bueno, le alimenta y él debía considerarla; -pues nada, anda siempre con ella a puntapiés y a -puñetazos y la pincha con el puñal, y hasta una +sesenta años y gasta lo que roba con sus queridos; +pero bueno, le alimenta y él debÃa considerarla; +pues nada, anda siempre con ella a puntapiés y a +puñetazos y la pincha con el puñal, y hasta una vez ha calentado un hierro y la ha querido quemar. Bueno que la quite el dinero; pero eso de -quemarla, ¿para qué?</p> +quemarla, ¿para qué?</p> <p>Llegaron a Casa Blanca, que era como una aldea -pobre, de una calle sola; Vidal abrió con su -llave una puerta, encendió un fósforo y subieron -los dos a un cuarto estrecho con un colchón puesto +pobre, de una calle sola; Vidal abrió con su +llave una puerta, encendió un fósforo y subieron +los dos a un cuarto estrecho con un colchón puesto sobre los ladrillos.</p> -<p>—Te tendrás que echar en el suelo—dijo Vidal—. Esta +<p>—Te tendrás que echar en el suelo—dijo Vidal—. Esta cama es la de mi chica.</p> <p>—Bueno.</p> -<p>—Toma esto para la cabeza—y le arrojó una -falda de mujer arrebuñada.</p> +<p>—Toma esto para la cabeza—y le arrojó una +falda de mujer arrebuñada.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -Manuel apoyó allí la cabeza y quedó dormido. -Se despertó a la madrugada. Se incorporó y se -sentó en el suelo sin darse cuenta de dónde podía -encontrarse. Entraba pálida claridad de un -ventanuco. Vidal, tendido en el colchón, roncaba: -a su lado dormía una muchacha, respirando con +Manuel apoyó allà la cabeza y quedó dormido. +Se despertó a la madrugada. Se incorporó y se +sentó en el suelo sin darse cuenta de dónde podÃa +encontrarse. Entraba pálida claridad de un +ventanuco. Vidal, tendido en el colchón, roncaba: +a su lado dormÃa una muchacha, respirando con la boca abierta; grandes chafarrinones de pintura le surcaban las mejillas.</p> -<p>Manuel sentía el malestar de haber bebido demasiado -el día anterior y un profundo abatimiento. -Pensó seriamente en su vida:</p> +<p>Manuel sentÃa el malestar de haber bebido demasiado +el dÃa anterior y un profundo abatimiento. +Pensó seriamente en su vida:</p> <p>—Yo no sirvo para esto—se dijo—; ni soy un salvaje como el <i>Bizco</i>, ni un desahogado como -Vidal. ¿Y qué hacer?</p> +Vidal. ¿Y qué hacer?</p> -<p>Ideó mil cosas, la mayoría irrealizables; imaginó +<p>Ideó mil cosas, la mayorÃa irrealizables; imaginó proyectos complicados. En el interior luchaban obscuramente la tendencia de su madre, de respeto a todo lo establecido, con su instinto antisocial de vagabundo, aumentado por su clase de vida.</p> -<p>—Vidal y el <i>Bizco</i>—se dijo—son más afortunados +<p>—Vidal y el <i>Bizco</i>—se dijo—son más afortunados que yo; no tienen vacilaciones ni reparos; se han lanzado...</p> -<p>Pensó que al final podían encontrar el palo o -el presidio; pero mientras tanto no sufrían; el uno +<p>Pensó que al final podÃan encontrar el palo o +el presidio; pero mientras tanto no sufrÃan; el uno por bestialidad, el otro por pereza, se abandonaban con tranquilidad a la corriente...</p> -<hr class="tb" /> +<hr class="tb"> -<p>A pesar de sus escrúpulos y remordimientos, el -verano lo pasó Manuel protegido por el <i>Bizco</i> y +<p>A pesar de sus escrúpulos y remordimientos, el +verano lo pasó Manuel protegido por el <i>Bizco</i> y Vidal, viviendo en Casa Blanca con su primo y la -querida de éste, una muchachuela vendedora de -periódicos y buscona al mismo tiempo.</p> +querida de éste, una muchachuela vendedora de +periódicos y buscona al mismo tiempo.</p> -<p>La Sociedad de los Tres funcionó por las afueras +<p>La Sociedad de los Tres funcionó por las afueras y las Ventas, la Prosperidad y el barrio de -Doña Carlota, el puente de Vallecas y los Cuatro +Doña Carlota, el puente de Vallecas y los Cuatro <span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span> Caminos; y si la existencia de esa Sociedad no -llegó a sospecharse ni a pasar a los anales del -crimen, fué porque sus fechorías se redujeron a +llegó a sospecharse ni a pasar a los anales del +crimen, fué porque sus fechorÃas se redujeron a modestos robos de los llamados por los profesionales al descuido.</p> <p>No se contentaban los tres socios con espigar -en las afueras de Madrid: extendían su radio de -acción a los pueblos próximos y a todos los sitios +en las afueras de Madrid: extendÃan su radio de +acción a los pueblos próximos y a todos los sitios en general en donde se reuniera alguna gente.</p> <p>Los mercados y las plazuelas eran lugares de -prueba, porque el <i>descuido</i> podía ser de mayor -cantidad, pero, en cambio, la policía andaba ojo +prueba, porque el <i>descuido</i> podÃa ser de mayor +cantidad, pero, en cambio, la policÃa andaba ojo avizor.</p> -<p>En general, los puntos más explotados por ellos +<p>En general, los puntos más explotados por ellos eran los lavaderos.</p> -<p>Vidal, con su genuina listeza, convenció al <i>Bizco</i> -de que él era quien poseía más condiciones para +<p>Vidal, con su genuina listeza, convenció al <i>Bizco</i> +de que él era quien poseÃa más condiciones para el afano; el otro, por vanidad, se lanzaba siempre -a lo más peligroso, el coger la prenda, mientras +a lo más peligroso, el coger la prenda, mientras Vidal y Manuel estaban a la husma.</p> -<p>Solía decir Vidal a Manuel, en el momento mismo +<p>SolÃa decir Vidal a Manuel, en el momento mismo del robo, cuando el <i>Bizco</i> se guardaba debajo -de la chaqueta la sábana o la camisa:</p> +de la chaqueta la sábana o la camisa:</p> -<p>—Si viene alguno no hagas una seña ni nada. +<p>—Si viene alguno no hagas una seña ni nada. Que lo cojan; nosotros callados, hechos unos -<i>púas</i>, sin movernos; nos preguntan algo, nosotros -no sabemos nada, ¿eh?</p> +<i>púas</i>, sin movernos; nos preguntan algo, nosotros +no sabemos nada, ¿eh?</p> <p>—Convenido.</p> -<p>Sábanas, camisas, mantas y otra porción de -ropas robadas por ellos las pulían en la ropavejería -de la Ribera de Curtidores, adonde solía ir +<p>Sábanas, camisas, mantas y otra porción de +ropas robadas por ellos las pulÃan en la ropavejerÃa +de la Ribera de Curtidores, adonde solÃa ir de visita don Telmo. El amo, encargado o lo que fuese, de la tienda, compraba todo lo que le llevaban los randas, a bajo precio.</p> -<p>Vigilaba esta ropavejería de peristas, de las asechanzas -de algún polizonte torpe (los listos no se +<p>Vigilaba esta ropavejerÃa de peristas, de las asechanzas +de algún polizonte torpe (los listos no se ocupaban de estas cosas), un hombre a quien llamaban <span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span> -el <i>Tío Pérquique</i>. Este hombre se pasaba -la vida paseándose por delante del establecimiento. -Para disimular la guardia vendía cordones -para las botas y géneros de saldo que le entregaban -en la ropavejería.</p> +el <i>TÃo Pérquique</i>. Este hombre se pasaba +la vida paseándose por delante del establecimiento. +Para disimular la guardia vendÃa cordones +para las botas y géneros de saldo que le entregaban +en la ropavejerÃa.</p> -<p>En la primavera este hombre se ponía un gorro +<p>En la primavera este hombre se ponÃa un gorro blanco de cocinero y pregonaba unos pastelillos con una palabra que apenas pronunciaba y -que se entretenía en cambiar constantemente. -Unas veces la palabra parecía ser ¡Pérquique! -¡Pérquique!; pero inmediatamente cambiaba el sonido, -se transformaba en ¡Pérqueque! o en ¡Párquique!, -y estas evoluciones fonéticas se alargaban +que se entretenÃa en cambiar constantemente. +Unas veces la palabra parecÃa ser ¡Pérquique! +¡Pérquique!; pero inmediatamente cambiaba el sonido, +se transformaba en ¡Pérqueque! o en ¡Párquique!, +y estas evoluciones fonéticas se alargaban hasta el infinito.</p> -<p>El origen de esta palabra Pérquique, que no se +<p>El origen de esta palabra Pérquique, que no se encuentra en el diccionario, era el siguiente: Los -pastelillos rellenos de crema que vendía el del gorro -blanco los daba al precio de cinco céntimos y -los voceaba: ¡A perra chica! ¡A perra chica! De -vocearlos perezosamente suprimió la A primera y -convirtió en e las otras dos, transformando su -grito en ¡Perre chique! ¡Perre chique! Después Perre -chique se convirtió en Pérquique.</p> - -<p>El guardián de la ropavejería, hombre de carácter -jovial, tenía la especialidad en los pregones, -los matizaba artísticamente; iba de las notas agudas -a las más graves, o al contrario. Comenzaba, +pastelillos rellenos de crema que vendÃa el del gorro +blanco los daba al precio de cinco céntimos y +los voceaba: ¡A perra chica! ¡A perra chica! De +vocearlos perezosamente suprimió la A primera y +convirtió en e las otras dos, transformando su +grito en ¡Perre chique! ¡Perre chique! Después Perre +chique se convirtió en Pérquique.</p> + +<p>El guardián de la ropavejerÃa, hombre de carácter +jovial, tenÃa la especialidad en los pregones, +los matizaba artÃsticamente; iba de las notas agudas +a las más graves, o al contrario. Comenzaba, por ejemplo, en un tono muy alto, gritando:</p> -<p>—¡Miren, a real! ¡Miren, a real! ¡Calcetines y -medias a real! ¡Miren, a real!—Luego bajaba el -diapasón, y decía gravemente—: ¡Chalequito de -Bayona muy bonito!—Y, por último, en voz de -bajo profundo, añadía—: ¡A cuatro perra <i>orda</i>!</p> +<p>—¡Miren, a real! ¡Miren, a real! ¡Calcetines y +medias a real! ¡Miren, a real!—Luego bajaba el +diapasón, y decÃa gravemente—: ¡Chalequito de +Bayona muy bonito!—Y, por último, en voz de +bajo profundo, añadÃa—: ¡A cuatro perra <i>orda</i>!</p> -<p>El <i>Tío Pérquique</i> conocía la Sociedad de los +<p>El <i>TÃo Pérquique</i> conocÃa la Sociedad de los Tres, y daba al <i>Bizco</i> y a Vidal algunos consejos.</p> -<p>Más seguro y mucho más productivo que el trato -con los peristas de la ropavejería era el procedimiento +<p>Más seguro y mucho más productivo que el trato +con los peristas de la ropavejerÃa era el procedimiento <span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span> -de Dolores la <i>Escandalosa</i>, la cual vendía +de Dolores la <i>Escandalosa</i>, la cual vendÃa las cintas y encajes robados por ella a buhoneros que pagaban bien; pero los socios de la Sociedad -de los Tres querían cobrar sus dividendos +de los Tres querÃan cobrar sus dividendos pronto.</p> <p>Hecha la venta se iban los tres a una taberna del final del paseo de Embajadores, esquina al de -las Delicias, que llamaban del Pico del Pañuelo.</p> +las Delicias, que llamaban del Pico del Pañuelo.</p> -<p>Tenían los socios especial cuidado de no robar +<p>TenÃan los socios especial cuidado de no robar en el mismo sitio y de no presentarse juntos por -aquellos parajes de donde había temor de una vigilancia +aquellos parajes de donde habÃa temor de una vigilancia molesta.</p> -<p>Algunos días, muy pocos, que la rapiña no dió +<p>Algunos dÃas, muy pocos, que la rapiña no dió resultado, se vieron los tres socios obligados a trabajar en el Campillo del Mundo Nuevo, esparciendo -montones de lana y recogiéndola, después +montones de lana y recogiéndola, después de aireada y seca, con unos rastrillos.</p> <p>Otro de los medios de subsistencia de la Sociedad era la caza del gato. El <i>Bizco</i>, que no atesoraba -ningún talento, su cabeza, según frase de -Vidal, era un melón salado, poseía, en cambio, -uno grandísimo para coger gatos. Con un saco y +ningún talento, su cabeza, según frase de +Vidal, era un melón salado, poseÃa, en cambio, +uno grandÃsimo para coger gatos. Con un saco y una vara se las arreglaba admirablemente. Bicho -que veía, a los pocos instantes había caído.</p> - -<p>Los socios no distinguían de gato flaco o tísico, -ni de gata embarazada; todos los que caían se -devoraban con idéntico apetito. Se vendían las -pieles en el Rastro; el tabernero del Pico del Pañuelo -fiaba el vino y el pan, cuando no había fondos -con qué pagarlos, y la Sociedad se entregaba -al sardanapalesco festín...</p> - -<p>Una tarde de agosto, Vidal, que había estado -merendando en las Ventas con su prójima el día -anterior, expuso ante sus socios y compañeros el +que veÃa, a los pocos instantes habÃa caÃdo.</p> + +<p>Los socios no distinguÃan de gato flaco o tÃsico, +ni de gata embarazada; todos los que caÃan se +devoraban con idéntico apetito. Se vendÃan las +pieles en el Rastro; el tabernero del Pico del Pañuelo +fiaba el vino y el pan, cuando no habÃa fondos +con qué pagarlos, y la Sociedad se entregaba +al sardanapalesco festÃn...</p> + +<p>Una tarde de agosto, Vidal, que habÃa estado +merendando en las Ventas con su prójima el dÃa +anterior, expuso ante sus socios y compañeros el proyecto de asaltar una casa abandonada del camino del Este.</p> -<p>Se discutió el proyecto con seriedad, y al día +<p>Se discutió el proyecto con seriedad, y al dÃa <span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> siguiente, por la tarde, fueron los tres a estudiar el terreno.</p> -<p>Era domingo; había novillos en la plaza; pasaban -por la calle de Alcalá ómnibus y tranvías llenos +<p>Era domingo; habÃa novillos en la plaza; pasaban +por la calle de Alcalá ómnibus y tranvÃas llenos de bote en bote, manuelas ocupadas por mujeronas con mantones de Manila y hombres de aspecto rufianesco.</p> -<p>En los alrededores de la plaza el gentío se -amontonaba; de los tranvías bajaban grupos de -gente que corrían hacia la puerta; los revendedores +<p>En los alrededores de la plaza el gentÃo se +amontonaba; de los tranvÃas bajaban grupos de +gente que corrÃan hacia la puerta; los revendedores se abalanzaban sobre ellos voceando; brillaban entre la masa negra de la multitud los cascos de los guardias a caballo. Del interior de la plaza -salía un vago rumor, como el de la marea.</p> +salÃa un vago rumor, como el de la marea.</p> -<p>Vidal el <i>Bizco</i> y Manuel, lamentándose de no -poder entrar allí, siguieron adelante, pasaron las -Ventas y tomaron el camino de Vicálvaro. El viento -sur, cálido, ardoroso, blanqueaba de polvo el +<p>Vidal el <i>Bizco</i> y Manuel, lamentándose de no +poder entrar allÃ, siguieron adelante, pasaron las +Ventas y tomaron el camino de Vicálvaro. El viento +sur, cálido, ardoroso, blanqueaba de polvo el campo; por la carretera pasaban y se cruzaban coches de muerto blancos y negros, de hombres y -de niños, seguidos de tartanas llenas de gente.</p> +de niños, seguidos de tartanas llenas de gente.</p> -<p>Vidal mostró la casa: hallábase a un lado del -camino; parecía abandonada; por delante la rodeaba -un jardín con su verja; por la parte de atrás -se extendía un huerto plantado de arbolillos sin +<p>Vidal mostró la casa: hallábase a un lado del +camino; parecÃa abandonada; por delante la rodeaba +un jardÃn con su verja; por la parte de atrás +se extendÃa un huerto plantado de arbolillos sin hojas, con un molino para sacar agua. La tapia -del huerto, baja, podía escalarse con relativa facilidad; -ningún peligro amenazaba; ni vecinos curiosos -ni perros; la casa más próxima, un taller -de marmolista, distaba más de trescientos metros.</p> - -<p>Desde las cercanías de la casa se divisaba el -cementerio del Este, rodeado de campos áridos -amarillos y lomas yermas; en dirección contraria +del huerto, baja, podÃa escalarse con relativa facilidad; +ningún peligro amenazaba; ni vecinos curiosos +ni perros; la casa más próxima, un taller +de marmolista, distaba más de trescientos metros.</p> + +<p>Desde las cercanÃas de la casa se divisaba el +cementerio del Este, rodeado de campos áridos +amarillos y lomas yermas; en dirección contraria se presentaba la Plaza de Toros, con su bandera flameante, y las primeras casas de Madrid; el camino -del camposanto se tendía, polvoriento, por +del camposanto se tendÃa, polvoriento, por entre hondonadas y taludes verdes, por entre tejares <span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span> -abandonados y lomas con las entrañas de +abandonados y lomas con las entrañas de ocre rojo al descubierto.</p> <p>Cuando examinaron bien las condiciones de la casa, volvieron los tres a las Ventas. De noche, se hallaban dispuestos a regresar a Madrid; pero Vidal -aconsejó el quedarse allá para dar el golpe al -amanecer del día siguiente. Decidieron esto, y se -tendieron en un tejar, en el callejón constituído +aconsejó el quedarse allá para dar el golpe al +amanecer del dÃa siguiente. Decidieron esto, y se +tendieron en un tejar, en el callejón constituÃdo por dos murallas de ladrillos apilados.</p> -<p>El viento, frío, sopló durante toda la noche con -violencia. El primero que se despertó fué Manuel, -y llamó a los otros dos. Salieron del callejón formado +<p>El viento, frÃo, sopló durante toda la noche con +violencia. El primero que se despertó fué Manuel, +y llamó a los otros dos. Salieron del callejón formado por los dos muros de ladrillo. Aun era de noche; un trozo de luna asomaba de vez en cuando en el cielo por entre las nubes obscuras; a veces -se ocultaba, a veces parecía descansar en el +se ocultaba, a veces parecÃa descansar en el seno de uno de aquellos nubarrones, a los cuales -plateaba débilmente.</p> +plateaba débilmente.</p> -<p>A lo lejos, sobre Madrid, se cernía una gran +<p>A lo lejos, sobre Madrid, se cernÃa una gran claridad, irradiada de las luces del pueblo; en el -camposanto blanqueaban algunas lápidas pálidamente.</p> +camposanto blanqueaban algunas lápidas pálidamente.</p> -<p>El alba teñía con su claridad melancólica el cielo, +<p>El alba teñÃa con su claridad melancólica el cielo, cuando los tres socios se acercaron a la casa.</p> -<p>A Manuel le palpitaba el corazón con fuerza.</p> +<p>A Manuel le palpitaba el corazón con fuerza.</p> -<p>—¡Ah! Una advertencia—dijo Vidal—: Si por +<p>—¡Ah! Una advertencia—dijo Vidal—: Si por casualidad nos pescaran, no hay que echar a correr, sino quedarse dentro de la casa.</p> -<p>El <i>Bizco</i> se echó a reír; Manuel, que comprendía -que su primo no hablaba por hablar, preguntó:</p> +<p>El <i>Bizco</i> se echó a reÃr; Manuel, que comprendÃa +que su primo no hablaba por hablar, preguntó:</p> -<p>—¿Y por qué?</p> +<p>—¿Y por qué?</p> <p>—Porque si nos pescan en la casa es un robo frustrado, y tiene poco castigo; en cambio, si nos -cogieran huyendo, sería un robo consumado, lo +cogieran huyendo, serÃa un robo consumado, lo que tiene mucha pena. Esto me lo dijeron ayer.</p> <p>—Pues yo escapo si puedo—dijo el <i>Bizco</i>.</p> @@ -8869,366 +8835,366 @@ que tiene mucha pena. Esto me lo dijeron ayer.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span> —Haz lo que quieras.</p> -<p>Saltaron la cerca de la casa; Vidal quedó a caballo -encima, agachado, espiando, por si venía +<p>Saltaron la cerca de la casa; Vidal quedó a caballo +encima, agachado, espiando, por si venÃa alguno. Manuel y el <i>Bizco</i>, a horcajadas, se acercaron a la casa y, afianzando el pie en el tejadillo de un cobertizo, bajaron a una terraza con un emparrado -un tanto más alto que la huerta.</p> +un tanto más alto que la huerta.</p> -<p>A esta galería daban la puerta trasera y los +<p>A esta galerÃa daban la puerta trasera y los balcones del piso bajo de la casa; pero estaban una y otros tan bien cerrados, que era imposible abrirlos.</p> -<p>—¿No se puede?—preguntó Vidal desde arriba.</p> +<p>—¿No se puede?—preguntó Vidal desde arriba.</p> <p>—No.</p> -<p>—Ahí va mi navaja—y Vidal la tiró a la galería.</p> +<p>—Ahà va mi navaja—y Vidal la tiró a la galerÃa.</p> -<p>Manuel intentó con la navaja abrir los balcones; -pero no había medio; el <i>Bizco</i> se puso a empujar -con el hombro la puerta, cedió algo, dejando un -resquicio, y entonces Manuel introdujo por allí la -hoja del cuchillo, e hizo correr la lengüeta de la +<p>Manuel intentó con la navaja abrir los balcones; +pero no habÃa medio; el <i>Bizco</i> se puso a empujar +con el hombro la puerta, cedió algo, dejando un +resquicio, y entonces Manuel introdujo por allà la +hoja del cuchillo, e hizo correr la lengüeta de la cerradura hasta conseguir abrir la puerta. Al momento entraron el <i>Bizco</i> y Manuel.</p> -<p>El piso bajo de la casa constaba de un vestíbulo, +<p>El piso bajo de la casa constaba de un vestÃbulo, desde donde comenzaba la escalera de un corredor, -y de dos gabinetes con balcón al huerto.</p> +y de dos gabinetes con balcón al huerto.</p> -<p>La primera idea de Manuel fué salir al vestíbulo +<p>La primera idea de Manuel fué salir al vestÃbulo y echar el cerrojo a la puerta que daba a la carretera.</p> -<p>—Ahora—le dijo al <i>Bizco</i>, que quedó admirado -de aquel rasgo de prudencia—vamos a ver qué -hay aquí.</p> +<p>—Ahora—le dijo al <i>Bizco</i>, que quedó admirado +de aquel rasgo de prudencia—vamos a ver qué +hay aquÃ.</p> <p>Se pusieron a registrar la casa con tranquilidad, -sin apurarse; no había nada que valiera tres +sin apurarse; no habÃa nada que valiera tres ochavos. Estaban forzando el armario del comedor, cuando, de pronto, oyeron muy cerca los ladridos -de un perro, y salieron asustados a la galería.</p> +de un perro, y salieron asustados a la galerÃa.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span> -—¿Qué hay?—preguntaron a Vidal.</p> +—¿Qué hay?—preguntaron a Vidal.</p> <p>—Un condenado perro que se ha puesto a ladrar -y va a llamar la atención de alguno.</p> +y va a llamar la atención de alguno.</p> -<p>—Tírale una piedra.</p> +<p>—TÃrale una piedra.</p> -<p>—¿De dónde?</p> +<p>—¿De dónde?</p> -<p>—Asústale.</p> +<p>—Asústale.</p> -<p>—Ladra más.</p> +<p>—Ladra más.</p> -<p>—Baja aquí, si no te van a ver.</p> +<p>—Baja aquÃ, si no te van a ver.</p> -<p>—Vidal saltó al huerto. El perro, que debía ser -un perro moral, defensor de la propiedad, siguió +<p>—Vidal saltó al huerto. El perro, que debÃa ser +un perro moral, defensor de la propiedad, siguió ladrando fuerte.</p> -<p>—Pero ¡leñe!—dijo Vidal a sus amigos—, ¿no -habéis concluído?</p> +<p>—Pero ¡leñe!—dijo Vidal a sus amigos—, ¿no +habéis concluÃdo?</p> -<p>—¡Si no hay nada!</p> +<p>—¡Si no hay nada!</p> <p>Entraron los tres llenos de miedo, atortolados, cogieron una servilleta y metieron dentro lo que encontraron a mano, un reloj de cobre, un candelero -de metal blanco, un timbre eléctrico roto, -un barómetro de mercurio, un imán y un cañón de +de metal blanco, un timbre eléctrico roto, +un barómetro de mercurio, un imán y un cañón de juguete.</p> -<p>Vidal se subió a la tapia con el lío.</p> +<p>Vidal se subió a la tapia con el lÃo.</p> -<p>—Ahí está—dijo asustado.</p> +<p>—Ahà está—dijo asustado.</p> -<p>—¿Quién?</p> +<p>—¿Quién?</p> <p>—El perro.</p> -<p>—Yo bajaré primero—murmuró Manuel—y se -puso la navaja en los dientes y se dejó caer. El -perro, en vez de acercarse, se alejó un poco; pero -siguió ladrando.</p> +<p>—Yo bajaré primero—murmuró Manuel—y se +puso la navaja en los dientes y se dejó caer. El +perro, en vez de acercarse, se alejó un poco; pero +siguió ladrando.</p> -<p>Vidal no se atrevía a saltar la tapia con el lío -en la mano y lo echó con cuidado sobre unas matas; -en la caída no se rompió mas que el barómetro, -lo demás estaba roto. Saltaron la tapia el +<p>Vidal no se atrevÃa a saltar la tapia con el lÃo +en la mano y lo echó con cuidado sobre unas matas; +en la caÃda no se rompió mas que el barómetro, +lo demás estaba roto. Saltaron la tapia el <i>Bizco</i> y Vidal, y los tres socios echaron a correr a campo traviesa, perseguidos por el perro defensor de la propiedad, que ladraba tras de ellos.</p> -<p>—¡Qué brutos somos!—exclamó Vidal deteniéndose—. -Si nos ve un guardia correr así nos coge.</p> +<p>—¡Qué brutos somos!—exclamó Vidal deteniéndose—. +Si nos ve un guardia correr asà nos coge.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span> -—Y si pasamos por el fielato reconocerán lo -que llevamos en el lío y nos detendrán—añadió +—Y si pasamos por el fielato reconocerán lo +que llevamos en el lÃo y nos detendrán—añadió Manuel.</p> <p>La Sociedad se detuvo a deliberar y a tomar -acuerdos. Se dejó el botín al pie de una tapia. Se +acuerdos. Se dejó el botÃn al pie de una tapia. Se tendieron en el suelo.</p> -<p>—Por aquí—dijo Vidal—pasan muchos traperos +<p>—Por aqu×dijo Vidal—pasan muchos traperos y basureros a La Elipa. Al primero que veamos le ofrecemos esto.</p> -<p>—Si nos diese tres duros—murmuró el <i>Bizco</i>.</p> +<p>—Si nos diese tres duros—murmuró el <i>Bizco</i>.</p> -<p>—Sí, hombre.</p> +<p>—SÃ, hombre.</p> -<p>Esperaron un rato y no tardó en pasar un trapero -con un saco vacío en dirección a Madrid. -Le llamó Vidal y le propuso la venta.</p> +<p>Esperaron un rato y no tardó en pasar un trapero +con un saco vacÃo en dirección a Madrid. +Le llamó Vidal y le propuso la venta.</p> -<p>—¿Cuánto nos da usted por estas cosas?</p> +<p>—¿Cuánto nos da usted por estas cosas?</p> -<p>El trapero miró y remiró lo que había en el lío, -y después en tono de chunga y manera de hablar -achulapada preguntó:</p> +<p>El trapero miró y remiró lo que habÃa en el lÃo, +y después en tono de chunga y manera de hablar +achulapada preguntó:</p> -<p>—¿Dónde habéis <i>robao</i> eso?</p> +<p>—¿Dónde habéis <i>robao</i> eso?</p> <p>Protestaron los tres socios, pero el trapero no hizo caso de sus protestas.</p> -<p>—No os puedo dar por <i>to</i> más que tres pesetas.</p> +<p>—No os puedo dar por <i>to</i> más que tres pesetas.</p> -<p>—No—contestó Vidal—; para eso nos llevamos -el lío.</p> +<p>—No—contestó Vidal—; para eso nos llevamos +el lÃo.</p> <p>—Bueno. Al primer guardia que encuentre le -daré vuestras señas y le diré que <i>sus</i> lleváis unas -cosas <i>robás</i>.</p> +daré vuestras señas y le diré que <i>sus</i> lleváis unas +cosas <i>robás</i>.</p> <p>—Vengan las tres pesetas—dijo Vidal—; tome -<i>usté</i> el lío.</p> +<i>usté</i> el lÃo.</p> -<p>Tomó Vidal el dinero, y el trapero, riéndose, el +<p>Tomó Vidal el dinero, y el trapero, riéndose, el envoltorio.</p> <p>—Cuando veamos al primer guardia le diremos -que lleva usted unas cosas <i>robás</i>—le gritó Vidal -al trapero—. Alteróse éste y empezó a correr -detrás de los tres.</p> +que lleva usted unas cosas <i>robás</i>—le gritó Vidal +al trapero—. Alteróse éste y empezó a correr +detrás de los tres.</p> -<p>—<i>¡Esperaisos! ¡Esperaisos!</i>—gritaba.</p> +<p>—<i>¡Esperaisos! ¡Esperaisos!</i>—gritaba.</p> -<p>—¿Qué quiere <i>usté</i>?</p> +<p>—¿Qué quiere <i>usté</i>?</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span> -—Dame mis tres pesetas y toma el lío.</p> +—Dame mis tres pesetas y toma el lÃo.</p> -<p>—No; denos <i>usté</i> un duro y no decimos nada.</p> +<p>—No; denos <i>usté</i> un duro y no decimos nada.</p> <p>—Un tiro.</p> -<p>—Denos <i>usté</i> aunque no sea mas que dos pesetas.</p> +<p>—Denos <i>usté</i> aunque no sea mas que dos pesetas.</p> -<p>—Ahí tienes una, bribón.</p> +<p>—Ahà tienes una, bribón.</p> -<p>Cogió Vidal la moneda que tiró el trapero, y -como no las tenían todas consigo, fueron andando +<p>Cogió Vidal la moneda que tiró el trapero, y +como no las tenÃan todas consigo, fueron andando de prisa. Cuando llegaron a la casa de la Dolores, en las Cambroneras, estaban rendidos, nadando en sudor.</p> <p>Mandaron traer un frasco de vino de la taberna.</p> -<p>—Menuda chapuza hemos hecho, ¡moler!—dijo +<p>—Menuda chapuza hemos hecho, ¡moler!—dijo Vidal.</p> -<p class="ht">Después de pagado el frasco les quedaban diez +<p class="ht">Después de pagado el frasco les quedaban diez reales; repartidos entre los tres les tocaron a -ochenta céntimos cada uno. Vidal resumió la jornada -diciendo que robar en despoblado tenía +ochenta céntimos cada uno. Vidal resumió la jornada +diciendo que robar en despoblado tenÃa todos los inconvenientes y ninguna de las ventajas, -pues, además de exponerse a ir a presidio +pues, además de exponerse a ir a presidio para casi toda la vida y a recibir una paliza y a -ser mordido por un perro moral, corría uno el -riesgo de ser miserablemente engañado.</p> +ser mordido por un perro moral, corrÃa uno el +riesgo de ser miserablemente engañado.</p> -<h2 id="CAPITULO_V3">CAPÍTULO V</h2> +<h2 id="CAPITULO_V3">CAPÃTULO V</h2> <p class="smcap center">Vestales del arroyo.—Los trogloditas.</p> <p class="p2"><span class="smcap">Nada</span>. Tenemos que separarnos de ese bruto -de <i>Bizco</i>. Cada vez le tengo más odio y -más asco.</p> +de <i>Bizco</i>. Cada vez le tengo más odio y +más asco.</p> -<p>—¿Por qué?</p> +<p>—¿Por qué?</p> <p>—Porque es un bestia. Que se vaya con esa -vieja zorra de la Dolores. Nosotros, tú y yo, vamos +vieja zorra de la Dolores. Nosotros, tú y yo, vamos a ir al teatro todas las noches.</p> -<p>—¿Cómo?</p> +<p>—¿Cómo?</p> -<p>—Con la <i>clac</i>. No tenemos que pagar; lo único +<p>—Con la <i>clac</i>. No tenemos que pagar; lo único que hay que hacer es aplaudir cuando nos den -la señal.</p> +la señal.</p> -<p>La condición le pareció a Manuel tan fácil de -cumplir, que le preguntó a su primo:</p> +<p>La condición le pareció a Manuel tan fácil de +cumplir, que le preguntó a su primo:</p> -<p>—Pero oye, ¿cómo no va todo el mundo así?</p> +<p>—Pero oye, ¿cómo no va todo el mundo asÃ?</p> <p>—Todos no conocen como yo al jefe de la <i>clac</i>.</p> <p>Fueron, efectivamente, al teatro de Apolo. Manuel -los primeros días no hizo mas que pensar +los primeros dÃas no hizo mas que pensar en las funciones y en las actrices. Vidal, con la -superioridad que tenía para todo, aprendió las +superioridad que tenÃa para todo, aprendió las canciones en seguida; Manuel, en secreto, le envidiaba.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span> En los entreactos iban los de la <i>clac</i> a una taberna de la calle del Barquillo, y algunas veces a -otra de la plaza del Rey. En esta última abundaban +otra de la plaza del Rey. En esta última abundaban los alabarderos del circo de Price.</p> -<p>Casi todos los que formaban la legión de aplaudidores -contaban pocos años; algunos, en corto -número, trabajaban en algún taller; la mayoría, -golfos y organilleros, terminaban después en comparsas, +<p>Casi todos los que formaban la legión de aplaudidores +contaban pocos años; algunos, en corto +número, trabajaban en algún taller; la mayorÃa, +golfos y organilleros, terminaban después en comparsas, coristas o revendedores.</p> -<p>Había entre ellos tipos afeminados, afeitados, +<p>HabÃa entre ellos tipos afeminados, afeitados, con cara de mujer y voz aguda.</p> <p>A la puerta del teatro conocieron Vidal y Manuel una cuadrilla de muchachas, de trece a diez -y ocho años, que merodeaban por la calle de Alcalá, -acercándose a los buenos burgueses, fingiéndose -vendedoras de periódicos y llevando +y ocho años, que merodeaban por la calle de Alcalá, +acercándose a los buenos burgueses, fingiéndose +vendedoras de periódicos y llevando constantemente un <i>Heraldo</i> en la mano.</p> -<p>Vidal cultivó la amistad de las muchachas; casi +<p>Vidal cultivó la amistad de las muchachas; casi todas eran feas, pero esto no estorbaba para sus -planes, que consistían en ensanchar el radio de -acción de sus conocimientos.</p> +planes, que consistÃan en ensanchar el radio de +acción de sus conocimientos.</p> <p>—Hay que dejar las afueras y meterse en el -centro—decía Vidal.</p> +centro—decÃa Vidal.</p> -<p>Vidal quería que Manuel le secundase, pero -éste no tenía aptitudes. Vidal llegó a ser el indispensable -para cuatro muchachas que vivían juntas -en Cuatro Caminos, que se llamaban la <i>Mellá</i>, -la <i>Goya</i>, la <i>Rabanitos</i> y la Engracia, y que habían +<p>Vidal querÃa que Manuel le secundase, pero +éste no tenÃa aptitudes. Vidal llegó a ser el indispensable +para cuatro muchachas que vivÃan juntas +en Cuatro Caminos, que se llamaban la <i>Mellá</i>, +la <i>Goya</i>, la <i>Rabanitos</i> y la Engracia, y que habÃan formado con Vidal, el <i>Bizco</i> y Manuel una Sociedad, -aunque anónima.</p> - -<p>Las pobres muchachas necesitaban alguna protección; -las perseguían los polizontes más que a -las demás mujeres de la vida porque no pagaban -a los inspectores. Solían andar huyendo de los -guardias y agentes, los cuales, cuando había recogida, -las llevaban al Gobierno civil, y de aquí al +aunque anónima.</p> + +<p>Las pobres muchachas necesitaban alguna protección; +las perseguÃan los polizontes más que a +las demás mujeres de la vida porque no pagaban +a los inspectores. SolÃan andar huyendo de los +guardias y agentes, los cuales, cuando habÃa recogida, +las llevaban al Gobierno civil, y de aquà al convento de las Trinitarias.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span> La idea de quedar encerradas en el convento -producía en ellas un verdadero terror.</p> +producÃa en ellas un verdadero terror.</p> -<p>—¡Eso de no ver la <i>caye</i>!—decían, como si +<p>—¡Eso de no ver la <i>caye</i>!—decÃan, como si fuera un tremendo castigo.</p> <p>Y el abandono de noche, en las calles desamparadas, -para otros un motivo de horror: el frío, +para otros un motivo de horror: el frÃo, el agua, la nieve, era para ellas la libertad y la vida.</p> -<p>Hablaban todas de una manera tosca; decían -<i>veniría</i>, <i>saliría</i>, <i>quedría</i>; en ellas el lenguaje -saltaba hacia atrás en una curiosa regresión atávica.</p> +<p>Hablaban todas de una manera tosca; decÃan +<i>venirÃa</i>, <i>salirÃa</i>, <i>quedrÃa</i>; en ellas el lenguaje +saltaba hacia atrás en una curiosa regresión atávica.</p> <p>Adornaban sus dichos con una larga serie de frases y muletillas del teatro.</p> <p>Llevaban las cuatro una vida terrible; pasaban -la mañana y tarde durmiendo y se acostaban al +la mañana y tarde durmiendo y se acostaban al amanecer.</p> -<p>—Nosotras somos como los gatos—decía la -<i>Mellá</i>—, cazamos de noche y dormimos de día.</p> +<p>—Nosotras somos como los gatos—decÃa la +<i>Mellá</i>—, cazamos de noche y dormimos de dÃa.</p> -<p>La <i>Mellá</i>, la <i>Goya</i>, la <i>Rabanitos</i> y la Engracia, -solían venir de noche al centro de Madrid, acompañadas +<p>La <i>Mellá</i>, la <i>Goya</i>, la <i>Rabanitos</i> y la Engracia, +solÃan venir de noche al centro de Madrid, acompañadas por un mendigo de barba blanca, cara sonriente y boina a rayas.</p> -<p>El viejo venía a pedir limosna, era vecino de -las muchachas y éstas le llamaban el <i>Tío Tarrillo</i> +<p>El viejo venÃa a pedir limosna, era vecino de +las muchachas y éstas le llamaban el <i>TÃo Tarrillo</i> y le daban broma por las borracheras que pescaba. Completamente chocho, le gustaba hablar de lo corrompido de las costumbres.</p> -<p>La <i>Mellá</i> contaba que el <i>Tío Tarrillo</i> la quiso +<p>La <i>Mellá</i> contaba que el <i>TÃo Tarrillo</i> la quiso forzar al volver a casa los dos solos una noche -en los jardinillos del Depósito de Agua, y la dió +en los jardinillos del Depósito de Agua, y la dió a la muchacha tanta risa que no pudo ser.</p> -<p>El mendigo se indignaba al oír esto y perseguía +<p>El mendigo se indignaba al oÃr esto y perseguÃa a la indiscreta como un viejo fauno.</p> -<p>De las cuatro muchachas la más fea era la <i>Mellá</i>; +<p>De las cuatro muchachas la más fea era la <i>Mellá</i>; con su cabeza gorda y disforme, los ojos negros, la boca grande con los dientes rotos, el <span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span> -cuerpo rechoncho, parecía la bufona de una antigua -princesa. Había estado a punto de entrar de +cuerpo rechoncho, parecÃa la bufona de una antigua +princesa. HabÃa estado a punto de entrar de corista en un teatro; pero no pudo, porque, a pesar -de su buena voz y oído, no pronunciaba con +de su buena voz y oÃdo, no pronunciaba con claridad por la falta de dientes.</p> -<p>Estaba la <i>Mellá</i> siempre alegre, a todas horas -cantando y riendo; llevaba una polvera pequeña en +<p>Estaba la <i>Mellá</i> siempre alegre, a todas horas +cantando y riendo; llevaba una polvera pequeña en el bolsillo del delantal, que en el fondo de la tapa -tenía un espejo, y mirándose en él a la luz de un +tenÃa un espejo, y mirándose en él a la luz de un farol, se enharinaba la cara a cada paso.</p> -<p>La <i>Mellá</i> era cariñosa y de muy buen corazón; +<p>La <i>Mellá</i> era cariñosa y de muy buen corazón; a Manuel se le atragantaba por demasiado fea; -la muchacha quería captarse sus simpatías, pero -Vidal aconsejó a su primo que no se quedara con -ella; le convenía más la <i>Goya</i>, que sacaba más +la muchacha querÃa captarse sus simpatÃas, pero +Vidal aconsejó a su primo que no se quedara con +ella; le convenÃa más la <i>Goya</i>, que sacaba más dinero.</p> -<p>A Manuel no le gustaba la <i>Mellá</i>, a pesar de +<p>A Manuel no le gustaba la <i>Mellá</i>, a pesar de sus arrumacos; pero la <i>Goya</i> estaba comprometida -con el <i>Soldadito</i>, un hombre con oficio, según -decía ella, porque cuando se ponía a trabajar era +con el <i>Soldadito</i>, un hombre con oficio, según +decÃa ella, porque cuando se ponÃa a trabajar era pianista de manubrio.</p> <p>Este organillero sacaba los cuartos a la <i>Goya</i>, -que, como más bonita, tenía también más parroquia; +que, como más bonita, tenÃa también más parroquia; el <i>Soldadito</i> la vigilaba, y cuando se iba -con alguno, la seguía y la esperaba a la salida de +con alguno, la seguÃa y la esperaba a la salida de la casa de citas para sacarle el dinero.</p> <p>Vidal, de las cuatro, se dignaba proteger a la <i>Rabanitos</i> y a la Engracia; las dos se lo disputaban. -La <i>Rabanitos</i> parecía una mujer en miniatura: +La <i>Rabanitos</i> parecÃa una mujer en miniatura: una carita blanca con manchas azules alrededor -de la nariz y de la boca; un cuerpecillo raquítico +de la nariz y de la boca; un cuerpecillo raquÃtico y delgaducho; labios finos y ojos grandes de -esclerótica azul; en el vestir una vieja, con su -mantoncito obscuro y su falda negra: ésta era la +esclerótica azul; en el vestir una vieja, con su +mantoncito obscuro y su falda negra: ésta era la <i>Rabanitos</i>. Echaba sangre por la boca con frecuencia; hablaba con unos remilgos de comadre, haciendo gestos y jeribeques, y todo su dinero @@ -9238,126 +9204,126 @@ lo gastaba en mojama, en caramelos y en golosinas.</p> <p>La Engracia, la otra favorita de Vidal, era el tipo de la mujer de burdel: llevaba la cara blanca por los polvos de arroz; sus ojos, negros y brillantes, -tenían una expresión de melancolía puramente -animal; al hablar enseñaba los dientes azulados, +tenÃan una expresión de melancolÃa puramente +animal; al hablar enseñaba los dientes azulados, que contrastaban con la blancura de su -cara empolvada. Pasaba de la alegría al enfado -sin transición. No sabía sonreír. En su cara aleteaba -tan pronto la estupidez como una alegría -canallesca, insultante y cínica.</p> +cara empolvada. Pasaba de la alegrÃa al enfado +sin transición. No sabÃa sonreÃr. En su cara aleteaba +tan pronto la estupidez como una alegrÃa +canallesca, insultante y cÃnica.</p> <p>La Engracia hablaba poco, y cuando hablaba era para decir algo muy bestial y muy sucio, algo -de un cinismo y de una pornografía complicada. -Tenía la imaginación monstruosa y fecunda.</p> +de un cinismo y de una pornografÃa complicada. +TenÃa la imaginación monstruosa y fecunda.</p> <p>Un imaginero macabro hubiese encontrado algo genial tallando en piedra los pensamientos de aquella muchacha en el infierno de una Danza de la Muerte.</p> -<p>La Engracia no sabía leer. Vestía blusas vistosas, -azules y sonrosadas; pañuelo blanco en la +<p>La Engracia no sabÃa leer. VestÃa blusas vistosas, +azules y sonrosadas; pañuelo blanco en la cabeza y delantal de color; andaba siempre corriendo de un lado a otro, haciendo sonar las -monedas del bolsillo. Llevaba ocho años de buscona -y tenía diez y siete. Se lamentaba de haber -crecido, porque decía que de niña ganaba más.</p> +monedas del bolsillo. Llevaba ocho años de buscona +y tenÃa diez y siete. Se lamentaba de haber +crecido, porque decÃa que de niña ganaba más.</p> <p>Las amistades de Manuel y Vidal con las muchachas duraron un par de meses; Manuel no se -decidía por la <i>Mellá</i>, le resultaba demasiado fea; -Vidal extendía su radio de acción, copeaba con +decidÃa por la <i>Mellá</i>, le resultaba demasiado fea; +Vidal extendÃa su radio de acción, copeaba con unos cuantos chulos y se dedicaba a la conquista -de una florera que vendía claveles.</p> +de una florera que vendÃa claveles.</p> -<p>La Engracia y la <i>Rabanitos</i> tenían un odio feroz +<p>La Engracia y la <i>Rabanitos</i> tenÃan un odio feroz a la muchacha.</p> -<p>—Esa—decía la <i>Rabanitos</i>—, esa está ya tan -<i>deshonrá</i> como nosotras...</p> +<p>—Esa—decÃa la <i>Rabanitos</i>—, esa está ya tan +<i>deshonrá</i> como nosotras...</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span> -Una noche, Vidal no se presentó en Casa Blanca, -y a los dos o tres días apareció en la Puerta +Una noche, Vidal no se presentó en Casa Blanca, +y a los dos o tres dÃas apareció en la Puerta del Sol con una mujerona alta, vestida de gris.</p> -<p>—¿Quién es?—le preguntó Manuel a su primo.</p> +<p>—¿Quién es?—le preguntó Manuel a su primo.</p> <p>—Se llama Violeta; me he quedado con ella.</p> -<p>—¿Y la otra, la de Casa Blanca?</p> +<p>—¿Y la otra, la de Casa Blanca?</p> -<p>Vidal se encogió de hombros.</p> +<p>Vidal se encogió de hombros.</p> -<p>—Quédate tú con ella si quieres—dijo.</p> +<p>—Quédate tú con ella si quieres—dijo.</p> -<p>La antigua querida de Vidal dejó de aparecer -también por Casa Blanca, y a las dos semanas de +<p>La antigua querida de Vidal dejó de aparecer +también por Casa Blanca, y a las dos semanas de no pagar, el administrador puso a Manuel en la -calle y vendió el mobiliario: unas cuantas botellas -vacías, un puchero y una cama.</p> +calle y vendió el mobiliario: unas cuantas botellas +vacÃas, un puchero y una cama.</p> -<p>Manuel durmió durante algunos días en los +<p>Manuel durmió durante algunos dÃas en los bancos de la plaza de Oriente y en las sillas de la Castellana y Recoletos. Era al final del verano y -todavía se podía dormir al raso. Algunos céntimos -que ganó subiendo maletas de las estaciones le +todavÃa se podÃa dormir al raso. Algunos céntimos +que ganó subiendo maletas de las estaciones le permitieron ir viviendo, aunque malamente, hasta octubre.</p> -<p>Hubo días en que no comió mas que tronchos +<p>Hubo dÃas en que no comió mas que tronchos de berza cogidos en el suelo de los mercados; -otros, en cambio, se regaló con banquetes de setenta -y ochenta céntimos en los figones.</p> +otros, en cambio, se regaló con banquetes de setenta +y ochenta céntimos en los figones.</p> -<p>Llegó octubre, y Manuel empezó a helarse por -las noches; su hermana mayor le proporcionó un -gabán raído y una bufanda; pero, a pesar de esto, +<p>Llegó octubre, y Manuel empezó a helarse por +las noches; su hermana mayor le proporcionó un +gabán raÃdo y una bufanda; pero, a pesar de esto, cuando no encontraba sitio donde dormir bajo -techado, se moría de frío en la calle.</p> +techado, se morÃa de frÃo en la calle.</p> <p>Una noche, a principios de noviembre, Manuel -se encontró a la puerta de un cafetín de la Cabecera +se encontró a la puerta de un cafetÃn de la Cabecera del Rastro con el <i>Bizco</i>, que iba encorvado, casi desnudo, con los brazos cruzados por delante -del pecho, y descalzo; tenía un aspecto imponente -de miseria y de frío.</p> +del pecho, y descalzo; tenÃa un aspecto imponente +de miseria y de frÃo.</p> -<p>Dolores la <i>Escandalosa</i> le había dejado por +<p>Dolores la <i>Escandalosa</i> le habÃa dejado por otro.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span> -—¿Dónde podríamos ir a dormir?—le preguntó +—¿Dónde podrÃamos ir a dormir?—le preguntó Manuel.</p> -<p>—Vamos a las cuevas de la Montaña—contestó +<p>—Vamos a las cuevas de la Montaña—contestó el <i>Bizco</i>.</p> -<p>—Pero ¿allá se podrá entrar?</p> +<p>—Pero ¿allá se podrá entrar?</p> -<p>—Sí; si no hay mucha gente.</p> +<p>—SÃ; si no hay mucha gente.</p> <p>—Entonces, andando.</p> <p>Salieron los dos, por Puerta de Moros y la calle de los Mancebos, al Viaducto; cruzaron la plaza de Oriente, siguieron la calle de Bailen y la de -Ferraz, y, al llegar a la Montaña del Príncipe Pío, -subieron por una vereda estrecha, entre pinos recién +Ferraz, y, al llegar a la Montaña del PrÃncipe PÃo, +subieron por una vereda estrecha, entre pinos recién plantados.</p> <p>A obscuras anduvieron el <i>Bizco</i> y Manuel de -un lado a otro, explorando los huecos de la Montaña, -hasta que una línea de luz que brotaba de -una rendija de la tierra les indicó una de las +un lado a otro, explorando los huecos de la Montaña, +hasta que una lÃnea de luz que brotaba de +una rendija de la tierra les indicó una de las cuevas.</p> -<p>Se acercaron al agujero; salía del interior un +<p>Se acercaron al agujero; salÃa del interior un murmullo interrumpido de voces roncas.</p> -<p>A la claridad vacilante de una bujía, sujeta en -el suelo entre dos piedras, más de una docena de +<p>A la claridad vacilante de una bujÃa, sujeta en +el suelo entre dos piedras, más de una docena de golfos, sentados unos, otros de rodillas, formaban un corro jugando a las cartas. En los rincones se esbozaban vagas siluetas de hombres tendidos @@ -9367,363 +9333,363 @@ en la arena.</p> agujero.</p> <p>Temblaba la llama, iluminando a ratos, ya un -trozo de la cueva, ya la cara pálida de uno de los +trozo de la cueva, ya la cara pálida de uno de los jugadores, y, al parpadear de la luz, las sombras de los hombres se alargaban y se achicaban en -las paredes arenosas. De cuando en cuando se oía -una maldición o una blasfemia.</p> +las paredes arenosas. De cuando en cuando se oÃa +una maldición o una blasfemia.</p> -<p>Manuel pensó haber visto algo parecido en la +<p>Manuel pensó haber visto algo parecido en la pesadilla de una fiebre.</p> <p>—Yo no entro—le dijo al <i>Bizco</i>.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span> -—¿Por qué?—preguntó éste.</p> +—¿Por qué?—preguntó éste.</p> <p>—Prefiero helarme.</p> <p>—Haz lo que quieras. Yo conozco a uno de esos. -Es el <i>Intérprete</i>.</p> +Es el <i>Intérprete</i>.</p> -<p>—¿Y quién es el <i>Intérprete</i>?</p> +<p>—¿Y quién es el <i>Intérprete</i>?</p> -<p>—El capitán de los golfos de la Montaña.</p> +<p>—El capitán de los golfos de la Montaña.</p> -<p>A pesar de estas seguridades, Manuel no se decidió.</p> +<p>A pesar de estas seguridades, Manuel no se decidió.</p> -<p>—¿Quién está ahí?—se oyó que preguntaban +<p>—¿Quién está ahÃ?—se oyó que preguntaban de dentro.</p> -<p>—Yo—contestó el <i>Bizco</i>.</p> +<p>—Yo—contestó el <i>Bizco</i>.</p> -<p>Manuel se alejó de allá a todo correr. Cerca de -la cueva había dos o tres casuchas reunidas, con +<p>Manuel se alejó de allá a todo correr. Cerca de +la cueva habÃa dos o tres casuchas reunidas, con un corral en medio, cercada por una tapia de pedruscos.</p> -<p>Era aquello, según el nombre irónico puesto -por la golfería, el Palacio de Cristal, nido de palomas +<p>Era aquello, según el nombre irónico puesto +por la golferÃa, el Palacio de Cristal, nido de palomas torcaces de bajo vuelo que garfaban en el -cuartel de la montaña, y a las cuales, por la noche, -acompañaban gavilanes y gerifaltes amigos.</p> +cuartel de la montaña, y a las cuales, por la noche, +acompañaban gavilanes y gerifaltes amigos.</p> <p>El paso del corral estaba cerrado por una puerta de dos hojas.</p> -<p>Manuel la examinó por ver si cedía, pero era +<p>Manuel la examinó por ver si cedÃa, pero era fuerte, y blindada con latas extendidas y claveteadas sobre esteras.</p> -<p>Pensó que allí no habría nadie, e intentó saltar -la tapia; subió sobre el muro bajo de cascote y, -al ir a pasar, se enredó en un alambre, cayó una -piedra de la cerca al suelo, comenzó a ladrar un -perro con furia y se oyó de dentro una maldición.</p> +<p>Pensó que allà no habrÃa nadie, e intentó saltar +la tapia; subió sobre el muro bajo de cascote y, +al ir a pasar, se enredó en un alambre, cayó una +piedra de la cerca al suelo, comenzó a ladrar un +perro con furia y se oyó de dentro una maldición.</p> <p>Manuel pudo convencerse de que el nido no estaba -vacío, y huyó de allá. En un hueco, algo -resguardado de la lluvia, se metió y se acurrucó +vacÃo, y huyó de allá. En un hueco, algo +resguardado de la lluvia, se metió y se acurrucó a dormir.</p> -<p>Era de noche aún cuando se despertó tiritando -de frío, temblando de la cabeza a los pies. Echó +<p>Era de noche aún cuando se despertó tiritando +de frÃo, temblando de la cabeza a los pies. Echó <span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span> -a correr para entrar en reacción; llegó al paseo -de Rosales y dió varias vueltas arriba y abajo.</p> +a correr para entrar en reacción; llegó al paseo +de Rosales y dió varias vueltas arriba y abajo.</p> <p>La noche se le hizo eterna.</p> -<p class="ht">Dejó de llover; a la mañana salió el sol; en un -agujero abierto en la pendiente del terraplén, Manuel -se guareció. El sol comenzaba a calentar de -una manera deliciosa. Manuel soñó con una mujer +<p class="ht">Dejó de llover; a la mañana salió el sol; en un +agujero abierto en la pendiente del terraplén, Manuel +se guareció. El sol comenzaba a calentar de +una manera deliciosa. Manuel soñó con una mujer muy blanca y muy hermosa, con unos cabellos -de oro. Se acercó a la dama, muerto de frío, -y ella le envolvió con sus hebras doradas y él se -fué quedando en su regazo agazapado dulcemente, +de oro. Se acercó a la dama, muerto de frÃo, +y ella le envolvió con sus hebras doradas y él se +fué quedando en su regazo agazapado dulcemente, muy dulcemente...</p> -<h2 id="CAPITULO_VI3">CAPÍTULO VI</h2> +<h2 id="CAPITULO_VI3">CAPÃTULO VI</h2> -<p class="center smcap">El señor Custodio y su hacienda.—A la busca.</p> +<p class="center smcap">El señor Custodio y su hacienda.—A la busca.</p> -<p class="p2">... Y dormía con el más dulce de los sueños, -cuando una voz áspera le trajo a las amargas +<p class="p2">... Y dormÃa con el más dulce de los sueños, +cuando una voz áspera le trajo a las amargas e impuras realidades de la existencia.</p> -<p>—¿Qué haces ahí, golfo?—le dijeron.</p> +<p>—¿Qué haces ahÃ, golfo?—le dijeron.</p> -<p>—¡Yo!—murmuró Manuel, abriendo los ojos y +<p>—¡Yo!—murmuró Manuel, abriendo los ojos y contemplando a quien le hablaba—. Yo no hago nada.</p> -<p>—Sí; ya lo veo; ya lo veo.</p> +<p>—SÃ; ya lo veo; ya lo veo.</p> -<p>Manuel se incorporó; tenía ante sí un viejo de +<p>Manuel se incorporó; tenÃa ante sà un viejo de barba entrecana y mirada adusta, con un saco al hombro y un gancho en la mano. Llevaba el viejo -una gorra de piel, una especie de gabán amarillento +una gorra de piel, una especie de gabán amarillento y una bufanda rojiza arrollada al cuello.</p> -<p>—¿Es que no tienes casa?—preguntó el hombre.</p> +<p>—¿Es que no tienes casa?—preguntó el hombre.</p> -<p>—No, señor.</p> +<p>—No, señor.</p> -<p>—¿Y duermes al aire libre?</p> +<p>—¿Y duermes al aire libre?</p> <p>—Como no tengo casa...</p> -<p>El trapero se puso a escarbar en el suelo, sacó -algunos trapos y papeles, los guardó en el saco -y, volviendo a mirar a Manuel, añadió:</p> +<p>El trapero se puso a escarbar en el suelo, sacó +algunos trapos y papeles, los guardó en el saco +y, volviendo a mirar a Manuel, añadió:</p> -<p>—Más te valdría trabajar.</p> +<p>—Más te valdrÃa trabajar.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span> -—Si tuviera trabajo, trabajaría; pero como no -tengo... a ver...—y Manuel, harto de palabras inútiles, -se acurrucó para seguir durmiendo.</p> +—Si tuviera trabajo, trabajarÃa; pero como no +tengo... a ver...—y Manuel, harto de palabras inútiles, +se acurrucó para seguir durmiendo.</p> <p>—Mira...—dijo el trapero—ven conmigo. Yo -necesito un chico... te dará de comer.</p> +necesito un chico... te dará de comer.</p> -<p>Manuel miró al viejo, sin contestar nada.</p> +<p>Manuel miró al viejo, sin contestar nada.</p> -<p>—Conque ¿quieres o no? Anda, decídete.</p> +<p>—Conque ¿quieres o no? Anda, decÃdete.</p> -<p>Manuel se levantó perezosamente. El trapero -subió la cuesta del terraplén con el saco al hombro, +<p>Manuel se levantó perezosamente. El trapero +subió la cuesta del terraplén con el saco al hombro, hasta llegar a la calle de Rosales, en donde -tenía un carrito, tirado por dos burros. Arreó el +tenÃa un carrito, tirado por dos burros. Arreó el hombre a los animales, bajaron al paseo de la -Florida, y después, por el de los Melancólicos, pasaron +Florida, y después, por el de los Melancólicos, pasaron por delante de la Virgen del Puerto y siguieron la ronda de Segovia. El carro era viejo, compuesto con tiras de pleita, con su chapa y su -número y estaba cargado con dos o tres sacos, +número y estaba cargado con dos o tres sacos, cubos y espuertas.</p> -<p>El trapero, el señor Custodio, así dijo él que se -llamaba, tenía facha de buena persona.</p> +<p>El trapero, el señor Custodio, asà dijo él que se +llamaba, tenÃa facha de buena persona.</p> -<p>De cuando en cuando recogía algo en la calle +<p>De cuando en cuando recogÃa algo en la calle y lo echaba en el carro.</p> <p>Debajo del carro, sujeto por una cadena y andando despacio, iba un perro con unas lanas -amarillas, largas y lustrosas, un perro simpático -que, en su clase, le pareció a Manuel que debía +amarillas, largas y lustrosas, un perro simpático +que, en su clase, le pareció a Manuel que debÃa ser tan buena persona como su amo.</p> -<hr class="tb" /> +<hr class="tb"> <p>Entre el puente de Segovia y el de Toledo, no muy lejos del comienzo del paseo Imperial, se abre una hondonada negra con dos o tres chozas -sórdidas y miserables. Es un hoyo cuadrangular, -ennegrecido por el humo y el polvo del carbón, +sórdidas y miserables. Es un hoyo cuadrangular, +ennegrecido por el humo y el polvo del carbón, limitado por murallas de cascote y montones de escombros.</p> <p>Al llegar a los bordes de esta hondonada, el <span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span> -trapero se detuvo e indicó a Manuel una casucha -próxima a un <i>Tío Vivo</i> roto y a unos columpios, +trapero se detuvo e indicó a Manuel una casucha +próxima a un <i>TÃo Vivo</i> roto y a unos columpios, y le dijo:</p> -<p>—Esa es mi casa; lleva el carro ahí y vete descargando. -¿Podrás?</p> +<p>—Esa es mi casa; lleva el carro ahà y vete descargando. +¿Podrás?</p> -<p>—Sí; creo que sí.</p> +<p>—SÃ; creo que sÃ.</p> -<p>—¿Tienes hambre?</p> +<p>—¿Tienes hambre?</p> -<p>—Sí, señor.</p> +<p>—SÃ, señor.</p> -<p>—Bueno; pues dile a mi mujer que te dé de almorzar.</p> +<p>—Bueno; pues dile a mi mujer que te dé de almorzar.</p> -<p>Bajó Manuel con el carro hasta la hondonada +<p>Bajó Manuel con el carro hasta la hondonada por una pendiente de escombros. La casa del trapero -era la mayor de todas y tenía corral y un +era la mayor de todas y tenÃa corral y un cobertizo adosado a ella.</p> <p>Se detuvo Manuel en la puerta de la casucha; -una vieja le salió al encuentro:</p> +una vieja le salió al encuentro:</p> -<p>—¿Qué quieres tú, chaval?—le dijo—. ¿Quién -te manda venir aquí?</p> +<p>—¿Qué quieres tú, chaval?—le dijo—. ¿Quién +te manda venir aquÃ?</p> -<p>—El señor Custodio. Me ha encargado que me -diga usted dónde tengo que dejar lo que va en el +<p>—El señor Custodio. Me ha encargado que me +diga usted dónde tengo que dejar lo que va en el carro.</p> -<p>La vieja le indicó el cobertizo.</p> +<p>La vieja le indicó el cobertizo.</p> -<p>—Me ha dicho también—agregó el muchacho—que -me dé usted de almorzar.</p> +<p>—Me ha dicho también—agregó el muchacho—que +me dé usted de almorzar.</p> -<p>—¡Te conozco, lebrel!—murmuró la vieja.</p> +<p>—¡Te conozco, lebrel!—murmuró la vieja.</p> -<p>Y después de refunfuñar durante largo rato y +<p>Y después de refunfuñar durante largo rato y de esperar a que Manuel descargara el carro, le -dió un trozo de pan y de queso.</p> +dió un trozo de pan y de queso.</p> -<p>La vieja desenganchó los dos borricos del carrito -y soltó al perro, que se puso a ladrar y a -jugar de contento; ladró a los burros, uno negro +<p>La vieja desenganchó los dos borricos del carrito +y soltó al perro, que se puso a ladrar y a +jugar de contento; ladró a los burros, uno negro y otro rucio, que volvieron la cabeza para mirarle -y le enseñaron los dientes; persiguió desesperadamente +y le enseñaron los dientes; persiguió desesperadamente a un gato blanco de cola erizada como -un plumero, luego se acercó a Manuel, que, sentado -al sol, comía su trozo de queso y de pan en +un plumero, luego se acercó a Manuel, que, sentado +al sol, comÃa su trozo de queso y de pan en espera de algo. Almorzaron los dos.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span> -Manuel dió vuelta a la casa para verla. Uno de -sus lados estrechos lo componían dos casetas de -baño.</p> +Manuel dió vuelta a la casa para verla. Uno de +sus lados estrechos lo componÃan dos casetas de +baño.</p> <p>Estas dos casetas no se hallaban unidas, dejaban entre ambas un espacio tapado por una puerta de hierro, de las usadas para cerrar las tiendas, -llenas de orín.</p> +llenas de orÃn.</p> -<p>Formaban las dos paredes más largas de la +<p>Formaban las dos paredes más largas de la casa del trapero estacas embreadas, y la pared -contraria a la de las dos casetas de baño estaba -construída con piedras gruesas e irregulares, y se +contraria a la de las dos casetas de baño estaba +construÃda con piedras gruesas e irregulares, y se curvaba hacia el exterior con un abombamiento -como el del ábside de una iglesia. Por dentro, -esta curvatura correspondía a un hueco a modo -de ancha hornacina, ocupado por el fogón de la +como el del ábside de una iglesia. Por dentro, +esta curvatura correspondÃa a un hueco a modo +de ancha hornacina, ocupado por el fogón de la chimenea.</p> -<p>La casa, a pesar de ser pequeña, no tenía un +<p>La casa, a pesar de ser pequeña, no tenÃa un sistema igual de cubierta; en unas partes, las latas, con grandes pedruscos encima y con los intersticios -llenos de paja, substituían a las tejas; +llenos de paja, substituÃan a las tejas; en otras, las pizarras sujetas y afianzadas con barro; en otras, las chapas de cinc.</p> -<p>Se notaba en la construcción de la casa las fases -de su crecimiento. Como el caparazón de una +<p>Se notaba en la construcción de la casa las fases +de su crecimiento. Como el caparazón de una tortuga aumenta a medida del desarrollo del animal, -así la casucha del trapero debió ir agrandándose -poco a poco. Al principio aquello debió ser +asà la casucha del trapero debió ir agrandándose +poco a poco. Al principio aquello debió ser una choza para un hombre solo, como la de un -pastor; luego se ensanchó, se alargó, se dividió -en habitaciones; después agregó sus dependencias, +pastor; luego se ensanchó, se alargó, se dividió +en habitaciones; después agregó sus dependencias, su cubierto y su corraliza.</p> <p>Frente a la puerta de la vivienda, en un raso de -tierra apisonado, se levantaba un <i>Tío Vivo</i>, rodeado +tierra apisonado, se levantaba un <i>TÃo Vivo</i>, rodeado de una valla bajita, octogonal, en cuyos -palitroques, podridos por la acción de la humedad +palitroques, podridos por la acción de la humedad y del calor, se conservaban algunos restos de pintura azul.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span> -Aquellos pobres caballos del <i>Tío Vivo</i>, pintados -de rojo, ofrecían a las miradas del espectador -indiferente el más cómico y al mismo tiempo -el más lamentable de los aspectos; uno de los -corceles, desteñido, presentaba un color indefinible; -otro debió de olvidar una de sus patas en su +Aquellos pobres caballos del <i>TÃo Vivo</i>, pintados +de rojo, ofrecÃan a las miradas del espectador +indiferente el más cómico y al mismo tiempo +el más lamentable de los aspectos; uno de los +corceles, desteñido, presentaba un color indefinible; +otro debió de olvidar una de sus patas en su veloz carrera; algunos de ellos, en una postura -elegantemente incómoda, simbolizaba la tristeza +elegantemente incómoda, simbolizaba la tristeza humilde y la modestia honrada y de buen gusto.</p> <p>Al lado del <i>Tio Vivo</i> se levantaba un caballete -formado por dos trípodes, sobre los cuales se -apoyaba una viga, cuyos ganchos servían para +formado por dos trÃpodes, sobre los cuales se +apoyaba una viga, cuyos ganchos servÃan para colgar los columpios.</p> <p>La hondonada negra contaba con tres casuchas -más, las tres construídas con latas, escombros, +más, las tres construÃdas con latas, escombros, tablas, cascotes y otros elementos similares de -construcción; una de las chozas se cuarteaba por -vejez o mala construcción, y para impedir su caída, -su dueño, sin duda, la puso, a lo largo de una +construcción; una de las chozas se cuarteaba por +vejez o mala construcción, y para impedir su caÃda, +su dueño, sin duda, la puso, a lo largo de una de las paredes, una fila de estacas, en las cuales se apoyaba como un cojo en su muleta; otra de -las casas tenía, a modo de asta bandera, un palo +las casas tenÃa, a modo de asta bandera, un palo largo en el tejado, con un puchero en la punta...</p> -<p>Después de almorzar, Manuel indicó a la vieja -cómo el señor Custodio le había dicho que se -quedara allí.</p> +<p>Después de almorzar, Manuel indicó a la vieja +cómo el señor Custodio le habÃa dicho que se +quedara allÃ.</p> -<p>—Dígame usted si tengo que hacer algo—concluyó +<p>—DÃgame usted si tengo que hacer algo—concluyó diciendo.</p> -<p>—Bueno; quédate aquí. Ten cuidado con la lumbre; -si el puchero hierve, déjalo; si no, echa al -fuego un poco de carbón. ¡Reverte! ¡Reverte!—gritó +<p>—Bueno; quédate aquÃ. Ten cuidado con la lumbre; +si el puchero hierve, déjalo; si no, echa al +fuego un poco de carbón. ¡Reverte! ¡Reverte!—gritó la vieja llamando al perro—. Que se quede -aquí.</p> +aquÃ.</p> -<p>Se fué la mujer y quedó Manuel solo con el -perro. La olla hervía. Manuel, seguido de Reverte, -recorrió la casa por dentro. Estaba dividida en -tres cuartos: una cocina pequeña y un cuarto +<p>Se fué la mujer y quedó Manuel solo con el +perro. La olla hervÃa. Manuel, seguido de Reverte, +recorrió la casa por dentro. Estaba dividida en +tres cuartos: una cocina pequeña y un cuarto <span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span> grande, al cual entraba la luz por dos altos ventanillos.</p> -<p>En este cuarto o almacén, por todas partes, de +<p>En este cuarto o almacén, por todas partes, de las paredes y del techo, colgaban trapos viejos de diversos colores, ropas blancas, barretinas y -boinas rojas, trozos de mantones de crespón. En +boinas rojas, trozos de mantones de crespón. En los vasares y en el suelo, separados por clases y -tamaños, había frascos, botellas, tarros, botes, un -verdadero ejército de cacharros de cristal y de -porcelana; rompían fila esos botellones verdosos -hidrópicos de las droguerías y unas cuantas ventrudas -damajuanas; luego venían botellas de +tamaños, habÃa frascos, botellas, tarros, botes, un +verdadero ejército de cacharros de cristal y de +porcelana; rompÃan fila esos botellones verdosos +hidrópicos de las droguerÃas y unas cuantas ventrudas +damajuanas; luego venÃan botellas de azumbre, altas, negruzcas; bombonas recubiertas -de paja; después seguía la sección de aguas medicamentosas, -la más variada y numerosa, pues -en ella se incluían los sifones de agua de Seltz y +de paja; después seguÃa la sección de aguas medicamentosas, +la más variada y numerosa, pues +en ella se incluÃan los sifones de agua de Seltz y de agua oxigenada, los botellines de gaseosa, las -botellas de Vichy, de Mondariz, de Carabaña; y -pasada esta sección, se amontonaba la morralla, -los frascos de perfumería, los tarros y botes de +botellas de Vichy, de Mondariz, de Carabaña; y +pasada esta sección, se amontonaba la morralla, +los frascos de perfumerÃa, los tarros y botes de pomada, de crema y de velutina.</p> -<p>Además de este departamento de botillería, -había otros: de lata de conservas y de galletas, +<p>Además de este departamento de botillerÃa, +habÃa otros: de lata de conservas y de galletas, colocadas en vasares; de botones y llaves metidos en cajas; de retales, de cintas y de puntillas arrollados en carretes y cartones.</p> -<p>A Manuel le pareció agradable aquello. Hallábase +<p>A Manuel le pareció agradable aquello. Hallábase todo arreglado, limpio relativamente, se notaba la mano de una persona ordenada y pulcra.</p> <p>En la cocina, enjalbegada de cal, brillaban los -pocos trastos de la espetera. En el fogón, sobre -la ceniza blanca, un puchero de barro hervía con +pocos trastos de la espetera. En el fogón, sobre +la ceniza blanca, un puchero de barro hervÃa con un glu glu suave.</p> <p>De fuera, apenas llegaba vagamente, y eso -como un pálido rumor, el ruido lejano de la ciudad; +como un pálido rumor, el ruido lejano de la ciudad; reinaba un silencio de aldea; a intervalos, <span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span> -algún perro ladraba, algún carro resonaba al dar -barquinazos por el camino y volvía el silencio, y -en la cocina sólo se escuchaba el glu glu del puchero, +algún perro ladraba, algún carro resonaba al dar +barquinazos por el camino y volvÃa el silencio, y +en la cocina sólo se escuchaba el glu glu del puchero, como un suave y confidencial murmullo...</p> -<p>Manuel echaba una mirada de satisfacción, por +<p>Manuel echaba una mirada de satisfacción, por la rendija de la puerta, a la hondonada negra. En el corral, las gallinas picoteaban la tierra; un cerdo -hozaba y corría asustado de un lado a otro, -gruñendo y agitándose con estremecimientos nerviosos; -Reverte bostezaba y guiñaba los ojos con +hozaba y corrÃa asustado de un lado a otro, +gruñendo y agitándose con estremecimientos nerviosos; +Reverte bostezaba y guiñaba los ojos con gravedad, y uno de los burros se revolcaba alegremente entre pucheros rotos, cestas carcomidas y montones de basura, mientras el otro contemplaba @@ -9731,1291 +9697,1291 @@ con la mayor sorpresa, como escandalizado por un comportamiento tan poco distinguido.</p> <p>Toda aquella tierra negra daba a Manuel una -impresión de fealdad, pero al mismo tiempo de -algo tranquilizador, abrigado; le parecía un medio -propio para él. Aquella tierra, formada por el aluvión +impresión de fealdad, pero al mismo tiempo de +algo tranquilizador, abrigado; le parecÃa un medio +propio para él. Aquella tierra, formada por el aluvión diario de los vertederos; aquella tierra, cuyos -únicos productos eran latas viejas de sardinas, +únicos productos eran latas viejas de sardinas, conchas de ostras, peines rotos y cacharros desportillados; -aquella tierra, árida y negra, constituída -por detritus de la civilización, por trozos de -cal y de mortero y escorias de fábricas, por todo -lo arrojado del pueblo como inservible, le parecía -a Manuel un lugar a propósito para él, residuo -también desechado de la vida urbana.</p> - -<p>Manuel no había visto más campos que los +aquella tierra, árida y negra, constituÃda +por detritus de la civilización, por trozos de +cal y de mortero y escorias de fábricas, por todo +lo arrojado del pueblo como inservible, le parecÃa +a Manuel un lugar a propósito para él, residuo +también desechado de la vida urbana.</p> + +<p>Manuel no habÃa visto más campos que los tristes y pedregosos del pueblo de Soria y los -más tristes aún de los alrededores de Madrid. No +más tristes aún de los alrededores de Madrid. No sospechaba que en sitios no cultivados por el hombre hubiese praderas verdes, bosques frondosos, -macizos de flores; creía que los árboles -y las flores sólo nacían en los jardines de los +macizos de flores; creÃa que los árboles +y las flores sólo nacÃan en los jardines de los ricos...</p> -<p>Los primeros días en casa del señor Custodio +<p>Los primeros dÃas en casa del señor Custodio <span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span> -parecieron a Manuel de demasiada sujeción; pero +parecieron a Manuel de demasiada sujeción; pero como en la vida del trapero hay mucho de vagabundaje, -pronto se acostumbró a ella.</p> +pronto se acostumbró a ella.</p> -<p>Se levantaba el señor Custodio todavía de noche, +<p>Se levantaba el señor Custodio todavÃa de noche, despertaba a Manuel, enganchaban entre los dos los borricos al carro y comenzaban a subir a Madrid, a la caza cotidiana de la bota vieja y del pedazo de trapo. Unas veces iban por el paseo -de los Melancólicos; otras, por las rondas o por +de los Melancólicos; otras, por las rondas o por la calle de Segovia.</p> -<p>El invierno comenzaba; a las horas que salían +<p>El invierno comenzaba; a las horas que salÃan Madrid estaba completamente a obscuras. El trapero -tenía sus itinerarios fijos y sus puntos de +tenÃa sus itinerarios fijos y sus puntos de parada determinados. Cuando iba por las rondas -y subía por la calle de Toledo, que era lo más -frecuente, se detenía en la plaza de la Cebada y +y subÃa por la calle de Toledo, que era lo más +frecuente, se detenÃa en la plaza de la Cebada y en Puerta de Moros, llenaba los serones de verdura -y seguía hacia el centro.</p> +y seguÃa hacia el centro.</p> -<p>Otros días se encaminaba por el paseo de los -Melancólicos a la Virgen del Puerto, de aquí a la -Florida, luego a la calle de Rosales, en donde escogía +<p>Otros dÃas se encaminaba por el paseo de los +Melancólicos a la Virgen del Puerto, de aquà a la +Florida, luego a la calle de Rosales, en donde escogÃa lo que echaban algunos volquetes de la -basura, y seguía a la plaza de San Marcial y llegaba +basura, y seguÃa a la plaza de San Marcial y llegaba a la plaza de los Mostenses.</p> -<p>En el camino, el señor Custodio no veía nada +<p>En el camino, el señor Custodio no veÃa nada sin examinar al pasar lo que fuera, y recogerlo -si valía la pena; las hojas de verdura iban a los +si valÃa la pena; las hojas de verdura iban a los serones; el trapo, el papel y los huesos, a los sacos; -el cok medio quemado y el carbón, a un -cubo, y el estiércol, al fondo del carro.</p> +el cok medio quemado y el carbón, a un +cubo, y el estiércol, al fondo del carro.</p> -<p>Regresaban Manuel y el trapero por la mañana -temprano; descargaban en el raso que había delante +<p>Regresaban Manuel y el trapero por la mañana +temprano; descargaban en el raso que habÃa delante de la puerta, y marido y mujer y el chico -hacían las separaciones y clasificaciones. El trapero -y su mujer tenían una habilidad y una rapidez +hacÃan las separaciones y clasificaciones. El trapero +y su mujer tenÃan una habilidad y una rapidez para esto pasmosa.</p> -<p>Los días de lluvia hacían la selección dentro del +<p>Los dÃas de lluvia hacÃan la selección dentro del <span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span> -cobertizo. En estos días la hondonada era un -pantano negro, repugnante, y para cruzarlo había +cobertizo. En estos dÃas la hondonada era un +pantano negro, repugnante, y para cruzarlo habÃa que meterse en el lodo, en algunos sitios hasta -media pierna. Todo en estos días chorreaba agua; +media pierna. Todo en estos dÃas chorreaba agua; en el corral, el cerdo se revolcaba en el cieno; las -gallinas aparecían con las plumas negras, y los +gallinas aparecÃan con las plumas negras, y los perros andaban llenos de barro hasta las orejas.</p> -<p>Después de la clasificación de todo lo recogido, -el señor Custodio y Manuel, con una espuerta +<p>Después de la clasificación de todo lo recogido, +el señor Custodio y Manuel, con una espuerta cada uno, esperaban a que vinieran los carros de escombros, y cuando descargaban los carreros, iban apartando en el mismo vertedero: los cartones, los pedazos de trapo, de cristal y de hueso.</p> -<p>Por las tardes, el señor Custodio iba a algunas -cuadras del barrio de Argüelles a sacar el estiércol +<p>Por las tardes, el señor Custodio iba a algunas +cuadras del barrio de Argüelles a sacar el estiércol y lo llevaba a las huertas del Manzanares.</p> -<p>Entre unas cosas y otras, el señor Custodio sacaba -para vivir con cierta holgura; tenía su negocio +<p>Entre unas cosas y otras, el señor Custodio sacaba +para vivir con cierta holgura; tenÃa su negocio perfectamente estudiado, y como el vender -su género no le apremiaba, solía esperar las ocasiones -más convenientes para hacerlo con alguna +su género no le apremiaba, solÃa esperar las ocasiones +más convenientes para hacerlo con alguna ventaja.</p> <p>El papel que almacenaba se lo compraban en -las fábricas de cartón; le daban de treinta a cuarenta -céntimos por arroba. Exigían los fabricantes -que estuviera perfectamente seco, y el señor Custodio -lo secaba al sol. Como a veces querían escatimarle -en el peso, solía meter en cada saco +las fábricas de cartón; le daban de treinta a cuarenta +céntimos por arroba. ExigÃan los fabricantes +que estuviera perfectamente seco, y el señor Custodio +lo secaba al sol. Como a veces querÃan escatimarle +en el peso, solÃa meter en cada saco tres o cuatro arrobas justas, pesadas con una romana; -en la jerga del talego pintaba un número -con tinta, indicador de las arrobas que contenía; +en la jerga del talego pintaba un número +con tinta, indicador de las arrobas que contenÃa; estos sacos los guardaba en una especie de bodega -o sentina de barco que había hecho el trapero +o sentina de barco que habÃa hecho el trapero ahondando en el suelo del cobertizo.</p> -<p>Cuando había una partida grande de papel se -vendía en una fábrica de cartón que había en el +<p>Cuando habÃa una partida grande de papel se +vendÃa en una fábrica de cartón que habÃa en el <span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span> -paseo de las Acacias. No solía perder el viaje el -señor Custodio, porque además de vender el género +paseo de las Acacias. No solÃa perder el viaje el +señor Custodio, porque además de vender el género en buenas condiciones, a la vuelta llevaba -su carro a unas escombreras de una fábrica de -alquitrán que había por allá, y recogía del suelo +su carro a unas escombreras de una fábrica de +alquitrán que habÃa por allá, y recogÃa del suelo una carbonilla muy menuda, que se quemaba bien -y ardía como cisco.</p> +y ardÃa como cisco.</p> -<p>Las botellas las vendía el trapero en los almacenes -de vino, en las fábricas de licores y de cervezas; -los frascos de específicos en las droguerías; -los huesos iban a parar a las refinerías y el -trapo a las fábricas de papel.</p> +<p>Las botellas las vendÃa el trapero en los almacenes +de vino, en las fábricas de licores y de cervezas; +los frascos de especÃficos en las droguerÃas; +los huesos iban a parar a las refinerÃas y el +trapo a las fábricas de papel.</p> <p>Los desperdicios de pan, hojas de verdura, restos de frutas, se reservaban para la comida de los -cerdos y gallinas, y lo que no servía para nada se +cerdos y gallinas, y lo que no servÃa para nada se echaba al pudridero y, convertido en fiemo, se -vendía en las huertas próximas al río.</p> +vendÃa en las huertas próximas al rÃo.</p> -<p>El primer domingo que estuvo allí Manuel, el -señor Custodio y su mujer aprovecharon la tarde. -Hacía mucho tiempo que no salían juntos por +<p>El primer domingo que estuvo allà Manuel, el +señor Custodio y su mujer aprovecharon la tarde. +HacÃa mucho tiempo que no salÃan juntos por no dejar la casa sola; se vistieron los dos muy elegantes y fueron a visitar a su hija, que estaba de modista en el taller de una parienta.</p> -<p>Manuel se quedó solo muy a gusto con Reverte, +<p>Manuel se quedó solo muy a gusto con Reverte, contemplando la casa, el corral, la hondonada; -hizo dar vueltas al <i>Tío Vivo</i>, que rechinó como -malhumorado; se subió al caballete del columpio, -contempló a las gallinas, molestó un poco al cerdo -y corrió de un lado para otro, perseguido +hizo dar vueltas al <i>TÃo Vivo</i>, que rechinó como +malhumorado; se subió al caballete del columpio, +contempló a las gallinas, molestó un poco al cerdo +y corrió de un lado para otro, perseguido por el perro, que ladraba alegremente con furia fingida.</p> -<p>Atraía a Manuel, sin saber por qué, aquella negra +<p>AtraÃa a Manuel, sin saber por qué, aquella negra hondonada con sus escombreras, sus casuchas -tristes, su cómico y destartalado <i>Tío Vivo</i>, su +tristes, su cómico y destartalado <i>TÃo Vivo</i>, su caballete de columpio y su suelo lleno de sorpresas, -pues lo mismo brotaba de sus entrañas negruzcas +pues lo mismo brotaba de sus entrañas negruzcas el pucherete tosco y ordinario, que el elegante <span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span> frasco de esencias de la dama; lo mismo el -émbolo de una prosaica jeringa, que el papel satinado +émbolo de una prosaica jeringa, que el papel satinado y perfumado de una carta de amor.</p> <p>Aquella vida tosca y humilde, sustentada con los detritus del vivir refinado y vicioso; aquella existencia casi salvaje en el suburbio de una capital, -entusiasmaba a Manuel. Le parecía que todo -lo arrojado allí de la urbe, con desprecio, escombros -y barreños rotos, tiestos viejos y peines sin -púas, botones y latas de sardinas, todo lo desechado +entusiasmaba a Manuel. Le parecÃa que todo +lo arrojado allà de la urbe, con desprecio, escombros +y barreños rotos, tiestos viejos y peines sin +púas, botones y latas de sardinas, todo lo desechado y menospreciado por la ciudad, se dignificaba y se purificaba al contacto de la tierra.</p> -<p class="ht">Manuel pensó que si con el tiempo llegaba a -tener una casucha igual a la del señor Custodio y +<p class="ht">Manuel pensó que si con el tiempo llegaba a +tener una casucha igual a la del señor Custodio y su carro, y sus borricos y sus gallinas, y su perro, -y además una mujer que le quisiera, sería uno de +y además una mujer que le quisiera, serÃa uno de los hombres casi felices de este mundo.</p> -<h2 id="CAPITULO_VII3">CAPÍTULO VII</h2> +<h2 id="CAPITULO_VII3">CAPÃTULO VII</h2> -<p class="center smcap">El señor Custodio y sus ideas.—La Justa, el -«Carnicerín» y el «Conejo».</p> +<p class="center smcap">El señor Custodio y sus ideas.—La Justa, el +«CarnicerÃn» y el «Conejo».</p> -<p class="p2"><span class="smcap">El</span> señor Custodio era un hombre inteligente, +<p class="p2"><span class="smcap">El</span> señor Custodio era un hombre inteligente, de luces naturales, muy observador y aprovechado. -No sabía leer ni escribir, y, sin embargo, -hacía notas y cuentas; con cruces y garabatos de -su invención, llegaba a substituir la escritura, al +No sabÃa leer ni escribir, y, sin embargo, +hacÃa notas y cuentas; con cruces y garabatos de +su invención, llegaba a substituir la escritura, al menos para los usos de su industria.</p> -<p>Sentía el señor Custodio un gran deseo de instruirse, -y a no ser porque le parecía ridículo, se +<p>SentÃa el señor Custodio un gran deseo de instruirse, +y a no ser porque le parecÃa ridÃculo, se hubiese puesto a aprender a leer y escribir. Por las -tardes, concluído el trabajo, solía decir a Manuel -que leyese los periódicos y revistas ilustradas que -recogía por la calle, y el trapero y su mujer prestaban -gran atención a la lectura.</p> - -<p>Guardaba también el señor Custodio unos -cuantos tomos de novelas por entregas que había -dejado su hija, y Manuel comenzó a leerlos en voz +tardes, concluÃdo el trabajo, solÃa decir a Manuel +que leyese los periódicos y revistas ilustradas que +recogÃa por la calle, y el trapero y su mujer prestaban +gran atención a la lectura.</p> + +<p>Guardaba también el señor Custodio unos +cuantos tomos de novelas por entregas que habÃa +dejado su hija, y Manuel comenzó a leerlos en voz alta.</p> <p>Las observaciones del trapero, el cual tomaba -por historia la ficción novelesca, eran siempre +por historia la ficción novelesca, eran siempre atinadas y justas, reveladoras de un instinto de <span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span> sensatez y de buen sentido. El criterio sensato del trapero a Manuel no siempre le agradaba, y a veces -se atrevía a defender una tesis romántica e inmoral; -pero el señor Custodio le atajaba en seguida, +se atrevÃa a defender una tesis romántica e inmoral; +pero el señor Custodio le atajaba en seguida, sin permitirle que siguiera adelante.</p> -<p>Por razón de su oficio, el trapero tenía una -preocupación por el abono que se desperdiciaba +<p>Por razón de su oficio, el trapero tenÃa una +preocupación por el abono que se desperdiciaba en Madrid.</p> -<p>Solía decir a Manuel:</p> +<p>SolÃa decir a Manuel:</p> -<p>—¿Tú te figuras el dinero que vale toda la basura +<p>—¿Tú te figuras el dinero que vale toda la basura que sale de Madrid?</p> <p>—Yo no.</p> -<p>—Pues haz la cuenta. A sesenta céntimos la -arroba, los millones de arrobas que saldrán al -año... Extiende eso por los alrededores y haz que +<p>—Pues haz la cuenta. A sesenta céntimos la +arroba, los millones de arrobas que saldrán al +año... Extiende eso por los alrededores y haz que el agua del Manzanares y la del Lozoya rieguen -estos terrenos, y verías tú huertas y más huertas.</p> +estos terrenos, y verÃas tú huertas y más huertas.</p> <p>Otra de las ideas fijas del trapero era la de regenerar -los materiales usados. Creía que se debía +los materiales usados. CreÃa que se debÃa de poder sacar la cal y la arena de los cascotes de mortero, el yeso vivo del ya viejo y apagado, y -suponía que esta regeneración daría una gran +suponÃa que esta regeneración darÃa una gran cantidad de dinero.</p> -<p>El señor Custodio, que había nacido cerca de -aquella hondonada en donde estaba su casa, sentía +<p>El señor Custodio, que habÃa nacido cerca de +aquella hondonada en donde estaba su casa, sentÃa por sus barrios, y, en general, por Madrid, un -gran entusiasmo; el Manzanares era para él un -río tan serio como el Amazonas.</p> +gran entusiasmo; el Manzanares era para él un +rÃo tan serio como el Amazonas.</p> -<p>El señor Custodio tenía dos hijos, de los cuales -no conocía Manuel mas que a Juan, un chulapo +<p>El señor Custodio tenÃa dos hijos, de los cuales +no conocÃa Manuel mas que a Juan, un chulapo alto y moreno, que estaba casado con la hija de -la dueña de un lavadero de la Bombilla. La hija, +la dueña de un lavadero de la Bombilla. La hija, Justa de nombre, estaba de modista en un taller.</p> <p>En las primeras semanas, ninguno de los hijos -apareció por casa de los padres. Juan vivía en el -lavadero, y la Justa, con una pariente suya, dueña +apareció por casa de los padres. Juan vivÃa en el +lavadero, y la Justa, con una pariente suya, dueña de un taller.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span> -Manuel, que solía hablar mucho con el señor +Manuel, que solÃa hablar mucho con el señor Custodio, pudo notar pronto que el trapero era, -aunque comprendiendo lo ínfimo de su condición, -de un orgullo extraordinario, y que tenía acerca -del honor y de la virtud las ideas de un señor noble +aunque comprendiendo lo Ãnfimo de su condición, +de un orgullo extraordinario, y que tenÃa acerca +del honor y de la virtud las ideas de un señor noble de la Edad Media.</p> -<p>Al mes de vivir allí estaba Manuel un domingo -a la puerta de la casa, después de comer, cuando -vió que por la pendiente del vertedero bajaba a +<p>Al mes de vivir allà estaba Manuel un domingo +a la puerta de la casa, después de comer, cuando +vió que por la pendiente del vertedero bajaba a la hondonada corriendo, con las faldas recogidas, -una muchacha, Al verla de cerca, Manuel quedó -rojo, luego pálido. Era la chiquilla que había ido +una muchacha, Al verla de cerca, Manuel quedó +rojo, luego pálido. Era la chiquilla que habÃa ido dos o tres veces a casa de la patrona, a probar los trajes a la Baronesa, pero hecha ya una mujer.</p> -<p>Se acercó la muchacha, levantando las faldas y +<p>Se acercó la muchacha, levantando las faldas y las enaguas almidonadas, cuidando de no ensuciarse los zapatitos de charol.</p> -<p>—¿Qué vendrá a hacer aquí?—se dijo Manuel.</p> +<p>—¿Qué vendrá a hacer aquÃ?—se dijo Manuel.</p> -<p>—¿Está padre?—preguntó ella.</p> +<p>—¿Está padre?—preguntó ella.</p> -<p>Salió el señor Custodio y abrazó a la muchacha. +<p>Salió el señor Custodio y abrazó a la muchacha. Era la hija del trapero, la Justa, de quien Manuel -oía hablar continuamente, y que, sin saber -por qué, se había figurado que debía de ser muy +oÃa hablar continuamente, y que, sin saber +por qué, se habÃa figurado que debÃa de ser muy flaca, muy esmirriada y desagradable.</p> -<p>La Justa entró en la cocina, y después de mirar -las sillas, por si tenían algo que ensuciara su vestido, -se sentó en una. Luego habló por los codos, -diciendo tonterías a porrillo y riendo ella misma +<p>La Justa entró en la cocina, y después de mirar +las sillas, por si tenÃan algo que ensuciara su vestido, +se sentó en una. Luego habló por los codos, +diciendo tonterÃas a porrillo y riendo ella misma chistes.</p> <p>Manuel la escuchaba silencioso; la verdad es -que no era tan guapa como se había figurado, -pero no por eso le gustaba menos. Tendría unos -diez y ocho años, era morena, bajita, de ojos muy +que no era tan guapa como se habÃa figurado, +pero no por eso le gustaba menos. TendrÃa unos +diez y ocho años, era morena, bajita, de ojos muy negros y muy vivos, la nariz respingona y descarada, la boca sensual, de labios gruesos. Era algo fondoncilla y abundante de pecho y de caderas; <span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span> -iba limpia, fresca, con el moño muy empingorotado +iba limpia, fresca, con el moño muy empingorotado y unos zapatos nuevos y relucientes.</p> -<p>Mientras hablaba la Justa y la oían extasiados -sus padres, se presentó en la cocina un jorobado +<p>Mientras hablaba la Justa y la oÃan extasiados +sus padres, se presentó en la cocina un jorobado de una de las casuchas de la hondonada, a quien -llamaban el <i>Conejo</i>, y que tenía, efectivamente, en -su rostro una gran semejanza con el simpático +llamaban el <i>Conejo</i>, y que tenÃa, efectivamente, en +su rostro una gran semejanza con el simpático roedor cuyo nombre llevaba.</p> -<p>Era el <i>Conejo</i> del gremio del señor Custodio, y -conocía a Justa desde niño; Manuel solía verle todos -los días, pero no paraba su atención en él.</p> +<p>Era el <i>Conejo</i> del gremio del señor Custodio, y +conocÃa a Justa desde niño; Manuel solÃa verle todos +los dÃas, pero no paraba su atención en él.</p> -<p>Entró el <i>Conejo</i> en casa del señor Custodio y -se puso a decir simplezas y a reírse a carcajadas; -pero de un modo tan mecánico que molestaba, -porque parecía que detrás de aquel reír continuo -debía haber una amargura muy grande. La Justa -le tocó la joroba, pues sabido es que esto da la -buena suerte, y el <i>Conejo</i> se echó a reír.</p> +<p>Entró el <i>Conejo</i> en casa del señor Custodio y +se puso a decir simplezas y a reÃrse a carcajadas; +pero de un modo tan mecánico que molestaba, +porque parecÃa que detrás de aquel reÃr continuo +debÃa haber una amargura muy grande. La Justa +le tocó la joroba, pues sabido es que esto da la +buena suerte, y el <i>Conejo</i> se echó a reÃr.</p> -<p>—¿Te han llevado alguna otra vez a la Delegación?—le -preguntó ella.</p> +<p>—¿Te han llevado alguna otra vez a la Delegación?—le +preguntó ella.</p> -<p>—Sí; muchas veces... ji... ji...</p> +<p>—SÃ; muchas veces... ji... ji...</p> -<p>—¿Y por qué?</p> +<p>—¿Y por qué?</p> -<p>—Porque el otro día me puse a gritar en la -calle: ¡Aire, quién compra el paraguas de Sagasta, -el sombrero de Krüger, el orinal del Papa, +<p>—Porque el otro dÃa me puse a gritar en la +calle: ¡Aire, quién compra el paraguas de Sagasta, +el sombrero de Krüger, el orinal del Papa, una lavativa que se le ha perdido a una monja -cuando estaba hablando con el sacristán!...</p> +cuando estaba hablando con el sacristán!...</p> <p>El <i>Conejo</i> daba gritos formidables y la Justa se -reía a carcajadas.</p> +reÃa a carcajadas.</p> -<p>—¿Y ya no cantas la misa como antes?</p> +<p>—¿Y ya no cantas la misa como antes?</p> -<p>—Sí, también.</p> +<p>—SÃ, también.</p> -<p>—Pues cántala.</p> +<p>—Pues cántala.</p> -<p>El jorobado había tomado, como motivo de escándalo, -el Prefacio de la Misa, y substituía las +<p>El jorobado habÃa tomado, como motivo de escándalo, +el Prefacio de la Misa, y substituÃa las palabras sagradas por otras con que anunciaba -su comercio, y empezó a gritar:</p> +su comercio, y empezó a gritar:</p> -<p>—Quién me vende... las zapatillas... los pantalones... +<p>—Quién me vende... las zapatillas... los pantalones... <span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span> las alpargatas... las botas viejas... y las usadas... las lavativas... los orinales y hasta la camisa.</p> -<p>A la Justa le producían los gritos del jorobado -una risa nerviosa. El <i>Conejo</i>, después de cantar -dos o tres veces el Prefacio, tomó el aire de las -rogativas y cantó unas cosas con voz de tiple y +<p>A la Justa le producÃan los gritos del jorobado +una risa nerviosa. El <i>Conejo</i>, después de cantar +dos o tres veces el Prefacio, tomó el aire de las +rogativas y cantó unas cosas con voz de tiple y otras con voz de bajo:</p> <p>El sombrero de copa... y en vez de decir <i>Liberanos -dominé</i>, decía: ahora mismo compraré... el -chaleco viejo... una perra gorda daré...</p> +dominé</i>, decÃa: ahora mismo compraré... el +chaleco viejo... una perra gorda daré...</p> <p>El jorobado tuvo que callarse para que dejara -de reír la Justa.</p> +de reÃr la Justa.</p> -<p>De pronto ésta advirtió el entusiasmo de Manuel, -y, a pesar de que no le parecía una gran conquista, -se puso seria, le animó y le dedicó miradas +<p>De pronto ésta advirtió el entusiasmo de Manuel, +y, a pesar de que no le parecÃa una gran conquista, +se puso seria, le animó y le dedicó miradas furtivas, que hicieron latir apresuradamente -el corazón del muchacho.</p> +el corazón del muchacho.</p> -<p>Cuando se fué la hija del señor Custodio, Manuel -se quedó como si le hubieran dejado a obscuras. -Pensó que con el recuerdo de las miradas -incendiarias tendría que vivir dos o tres semanas.</p> +<p>Cuando se fué la hija del señor Custodio, Manuel +se quedó como si le hubieran dejado a obscuras. +Pensó que con el recuerdo de las miradas +incendiarias tendrÃa que vivir dos o tres semanas.</p> -<p>Al día siguiente, cuando Manuel se encontró -con el <i>Conejo</i>, escuchó las tonterías que le dijo el +<p>Al dÃa siguiente, cuando Manuel se encontró +con el <i>Conejo</i>, escuchó las tonterÃas que le dijo el jorobado, que siempre estaba hablando del obispo -de Madrid-Alcalá, y luego trató de llevar la -conversación al tema del señor Custodio y su +de Madrid-Alcalá, y luego trató de llevar la +conversación al tema del señor Custodio y su familia.</p> -<p>—Es guapa la Justa, ¿verdad?</p> +<p>—Es guapa la Justa, ¿verdad?</p> -<p>—Psch... sí—y el <i>Conejo</i> le miró a Manuel con +<p>—Psch... s×y el <i>Conejo</i> le miró a Manuel con un aspecto reservado de hombre que oculta un misterio.</p> -<p>—Usted la ha conocido de chica, ¿eh?</p> +<p>—Usted la ha conocido de chica, ¿eh?</p> -<p>—Sí; pero he conocido otras muchas.</p> +<p>—SÃ; pero he conocido otras muchas.</p> -<p>—¿Tiene novio?</p> +<p>—¿Tiene novio?</p> -<p>—Sí lo tendrá. Todas las mujeres tienen novio, +<p>—Sà lo tendrá. Todas las mujeres tienen novio, a no ser que sean muy feas.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span> -—¿Y quién es el novio de la Justa?</p> +—¿Y quién es el novio de la Justa?</p> -<p>—Cualquiera; yo creo que es el obispo de Madrid-Alcalá.</p> +<p>—Cualquiera; yo creo que es el obispo de Madrid-Alcalá.</p> <p>El <i>Conejo</i> era un hombre de aspecto muy inteligente; -tenía la cara larga, la nariz corva, la frente -ancha, los ojos pequeños y brillantes y una perilla +tenÃa la cara larga, la nariz corva, la frente +ancha, los ojos pequeños y brillantes y una perilla rojiza y en punta como la de un chivo.</p> <p>Un tic especial, un movimiento convulsivo de la nariz agitaba su rostro de vez en cuando, y era lo -que le daba más semejanza con un conejo. Reía -tan pronto con una carcajada nerviosa, metálica, +que le daba más semejanza con un conejo. ReÃa +tan pronto con una carcajada nerviosa, metálica, sonora, como con una risa sorda de polichinela. Miraba a la gente de arriba abajo y de abajo arriba, de una manera insolente a fuerza de ser -burlona, y para más sorna detenía su mirada en +burlona, y para más sorna detenÃa su mirada en los botones del traje de su interlocutor, e iba danzando -con la vista de la corbata al pantalón y de -las botas al sombrero. Tenía especial empeño en -vestir de un modo ridículo y le gustaba adornarse +con la vista de la corbata al pantalón y de +las botas al sombrero. TenÃa especial empeño en +vestir de un modo ridÃculo y le gustaba adornarse la gorra con vistosas plumas de gallo, andar -con botas de montar y hacer otra porción de extravagancias.</p> +con botas de montar y hacer otra porción de extravagancias.</p> -<p>Le gustaba también embromar a la gente con +<p>Le gustaba también embromar a la gente con sus mentiras, y afirmaba las cosas que inventaba -con tal tesón, que no se comprendía si se estaba +con tal tesón, que no se comprendÃa si se estaba riendo o hablando en serio:</p> -<p>—¿No sabe usted lo que le ha pasado esta tarde -al obispo de Madrid-Alcalá en las Cambroneras?—decía -a algún conocido.</p> +<p>—¿No sabe usted lo que le ha pasado esta tarde +al obispo de Madrid-Alcalá en las Cambroneras?—decÃa +a algún conocido.</p> <p>—No.</p> <p>—Pues que ha ido a hacer una visita para darle una limosna a <i>Garibaldi</i>, y <i>Garibaldi</i> le ha sacado -una jícara de chocolate al señor obispo. Se -ha sentado el señor obispo, ha tomado una sopa -y clac... no se sabe qué le ha pasado: se ha quedado +una jÃcara de chocolate al señor obispo. Se +ha sentado el señor obispo, ha tomado una sopa +y clac... no se sabe qué le ha pasado: se ha quedado muerto.</p> -<p>—¡Pero, hombre!...</p> +<p>—¡Pero, hombre!...</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span> -—Es cosa de los republicanos—decía el <i>Conejo</i>, +—Es cosa de los republicanos—decÃa el <i>Conejo</i>, muy serio, y se marchaba a otra parte a propalar -la noticia o a contar otro embuste. Se metía +la noticia o a contar otro embuste. Se metÃa en un grupo:</p> -<p>—¿Ya saben ustedes eso de Weyler?</p> +<p>—¿Ya saben ustedes eso de Weyler?</p> -<p>—No, ¿qué ha pasado?</p> +<p>—No, ¿qué ha pasado?</p> <p>—Nada; que al volver del Campamento unas moscas se le han puesto en la cara y le han comido toda la oreja. Ha pasado por el puente de Segovia echando sangre.</p> -<p>Así se divertía aquel bufón.</p> +<p>Asà se divertÃa aquel bufón.</p> -<p>Por las mañanas echaba el saco a la espalda e +<p>Por las mañanas echaba el saco a la espalda e iba al centro de Madrid y anunciaba su oficio por las calles, mezclando en sus pregones a personajes -políticos y hombres ilustres, lo que algunas -veces le había valido los honores de la Delegación.</p> +polÃticos y hombres ilustres, lo que algunas +veces le habÃa valido los honores de la Delegación.</p> <p>Era el <i>Conejo</i> perverso y malintencionado como un demonio; la muchacha de los alrededores que -tuviera su lío podía temblar, porque se las apañaba -para sorprenderla. Lo sabía todo, lo husmeaba -todo; pero, al parecer, no se valía de sus +tuviera su lÃo podÃa temblar, porque se las apañaba +para sorprenderla. Lo sabÃa todo, lo husmeaba +todo; pero, al parecer, no se valÃa de sus descubrimientos. Con asustar, estaba satisfecho.</p> -<p>—El <i>Conejo</i> lo sabrá—le solían decir algunas +<p>—El <i>Conejo</i> lo sabrá—le solÃan decir algunas veces cuando se sospechaba algo.</p> -<p>—Yo no sé nada; yo no he visto nada—contestaba -él riéndose—; yo no sé nada.</p> +<p>—Yo no sé nada; yo no he visto nada—contestaba +él riéndose—; yo no sé nada.</p> -<p>Y de aquí no había medio de sacarle.</p> +<p>Y de aquà no habÃa medio de sacarle.</p> -<p>Cuando Manuel fué conociendo al <i>Conejo</i>, sintió -por él, si no estimación, un cierto respeto por +<p>Cuando Manuel fué conociendo al <i>Conejo</i>, sintió +por él, si no estimación, un cierto respeto por su inteligencia.</p> -<p>Era tan listo aquel jorobado bufón, que se las -arreglaba en el Rastro muchas veces para engañar -a sus colegas, que de tontos no tenían un +<p>Era tan listo aquel jorobado bufón, que se las +arreglaba en el Rastro muchas veces para engañar +a sus colegas, que de tontos no tenÃan un pelo.</p> -<p>Casi todas las mañanas se reunían los traperos +<p>Casi todas las mañanas se reunÃan los traperos en la cabecera del Rastro para cambiar impresiones <span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span> y prendas usadas. El <i>Conejo</i> se enteraba de lo que necesitaban los vendedores de los -puestos, y aquello que querían, él lo compraba a -los traperos y se lo revendía a los de los puestos, -y entre cambalaches y ventas siempre salía +puestos, y aquello que querÃan, él lo compraba a +los traperos y se lo revendÃa a los de los puestos, +y entre cambalaches y ventas siempre salÃa ganando...</p> -<p>En los domingos sucesivos la Justa tomó como +<p>En los domingos sucesivos la Justa tomó como entretenimiento el entusiasmar a Manuel. La muchacha -tenía una libertad absoluta de palabra y +tenÃa una libertad absoluta de palabra y un conocimiento completo y acabado de todas las -frases y timos madrileños.</p> +frases y timos madrileños.</p> <p>Manuel, al principio, se mostraba respetuoso; pero viendo que ella no se incomodaba, se iba -atreviendo cada vez más y la abrazaba a traición. -La Justa se desasía con facilidad y se reía al ver +atreviendo cada vez más y la abrazaba a traición. +La Justa se desasÃa con facilidad y se reÃa al ver al mozo con su cara seria y la mirada brillante de deseos.</p> <p>Con la libertad de palabras que le caracterizaba, -la Justa tenía conversaciones escabrosas; contaba -a Manuel lo que la decían en la calle, las +la Justa tenÃa conversaciones escabrosas; contaba +a Manuel lo que la decÃan en la calle, las proposiciones que los hombres deslizaban en su -oído y hablaba con gran delectación de compañeras -de taller que habían perdido su flor de azahar +oÃdo y hablaba con gran delectación de compañeras +de taller que habÃan perdido su flor de azahar en la Bombilla o en las Ventas con cualquier Tenorio -de mostrador que se pasaba la vida atusándose -el bigote delante del espejo de alguna perfumería +de mostrador que se pasaba la vida atusándose +el bigote delante del espejo de alguna perfumerÃa o tienda de sedas.</p> -<p>Las frases de la Justa tenían siempre un doble +<p>Las frases de la Justa tenÃan siempre un doble sentido y eran, a veces, alusiones candentes. Su -malicia y su coquetería chulesca y desgarrada -creaba en derredor suyo una atmósfera de +malicia y su coqueterÃa chulesca y desgarrada +creaba en derredor suyo una atmósfera de deseo.</p> -<p>Manuel sentía por ella un anhelo doloroso de -posesión, mezclado con una gran tristeza y hasta -con odio, al ver que la Justa se reía de él.</p> +<p>Manuel sentÃa por ella un anhelo doloroso de +posesión, mezclado con una gran tristeza y hasta +con odio, al ver que la Justa se reÃa de él.</p> <p>Muchas veces, al verla llegar, Manuel se juraba -a sí mismo no hablarla, ni mirarla, ni decirla nada +a sà mismo no hablarla, ni mirarla, ni decirla nada <span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span> -y entonces ella le buscaba y le sonreía y le provocaba -haciéndole señas y dándole con el pie.</p> +y entonces ella le buscaba y le sonreÃa y le provocaba +haciéndole señas y dándole con el pie.</p> -<p>Era la Justa de una desigualdad de carácter +<p>Era la Justa de una desigualdad de carácter perturbadora. Unas veces, al verla asida por Manuel de la cintura y sentada en sus rodillas, se -dejaba abrazar y besar; otras, en cambio, sólo +dejaba abrazar y besar; otras, en cambio, sólo porque se le acercaba y le tomaba la mano, le soltaba una bofetada que le dejaba aturdido.</p> -<p>—Y vuelve por otra—añadía, al parecer incomodada.</p> +<p>—Y vuelve por otra—añadÃa, al parecer incomodada.</p> -<p>Manuel sentía ganas de llorar de ira y de rabia, -y se tenía que contener para no preguntarle con -una lógica infantil: «¿Por qué la otra tarde dejaste -que te besara?» Pero luego pensaba en la ridiculez -de una pregunta así hecha.</p> +<p>Manuel sentÃa ganas de llorar de ira y de rabia, +y se tenÃa que contener para no preguntarle con +una lógica infantil: «¿Por qué la otra tarde dejaste +que te besara?» Pero luego pensaba en la ridiculez +de una pregunta asà hecha.</p> -<p>La Justa iba sintiendo cierto cariño por Manuel, -pero un cariño de hermana o de amiga; como novio, -como pretendiente, no le parecía bastante +<p>La Justa iba sintiendo cierto cariño por Manuel, +pero un cariño de hermana o de amiga; como novio, +como pretendiente, no le parecÃa bastante para tomarle en serio.</p> -<p>Aquel flirteo, que fué para la Justa como un simulacro -de amor, constituyó para Manuel un doloroso -despertar de la pubertad. Sentía vértigos -de lujuria, que terminaban en una atonía y en un +<p>Aquel flirteo, que fué para la Justa como un simulacro +de amor, constituyó para Manuel un doloroso +despertar de la pubertad. SentÃa vértigos +de lujuria, que terminaban en una atonÃa y en un aplanamiento mortales. Y entonces echaba a andar -de prisa con el paso irregular de un atáxico; +de prisa con el paso irregular de un atáxico; muchas veces, al atravesar el pinar del Canal, le -entraban deseos de dejarse ahogar en el río; pero +entraban deseos de dejarse ahogar en el rÃo; pero el agua sucia y negra no invitaba a sumergirse en ella.</p> -<p>En estas rachas de lujuria era cuando le acometían -con más fuerza los pensamientos negros y +<p>En estas rachas de lujuria era cuando le acometÃan +con más fuerza los pensamientos negros y tristes, la idea de la inutilidad de su vida, de la seguridad de un destino adverso, y al pensar en la existencia de abandonado que se le preparaba, -sentía su alma llena de amargura y los sollozos -le subían a la garganta...</p> +sentÃa su alma llena de amargura y los sollozos +le subÃan a la garganta...</p> -<p>Un domingo de invierno, la Justa, que había tomado +<p>Un domingo de invierno, la Justa, que habÃa tomado <span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span> -la costumbre de ir todos los días de fiesta -a casa de sus padres, dejó de aparecer por allá; -Manuel supuso si la causa de esto sería el mal -tiempo, y pasó toda la semana intranquilo y nervioso, -contando los días que faltaban para ver a +la costumbre de ir todos los dÃas de fiesta +a casa de sus padres, dejó de aparecer por allá; +Manuel supuso si la causa de esto serÃa el mal +tiempo, y pasó toda la semana intranquilo y nervioso, +contando los dÃas que faltaban para ver a la Justa.</p> -<p>Al domingo siguiente, Manuel se apostó en la +<p>Al domingo siguiente, Manuel se apostó en la esquina del paseo de los Pontones a esperar que -pasara la muchacha, y al verla de lejos le dió un -vuelco el corazón. Venía acompañada por un joven -elegante, medio torero, medio señorito, con -sombrero cordobés y capa azul llena de bordados. -Al final del paseo se despidió la Justa del -que la acompañaba.</p> - -<p>Al otro domingo, la Justa se presentó en casa +pasara la muchacha, y al verla de lejos le dió un +vuelco el corazón. VenÃa acompañada por un joven +elegante, medio torero, medio señorito, con +sombrero cordobés y capa azul llena de bordados. +Al final del paseo se despidió la Justa del +que la acompañaba.</p> + +<p>Al otro domingo, la Justa se presentó en casa de su padre con una amiga y el joven de la capa -bordada, y presentó a éste al señor Custodio. -Dijo después que era hijo de un carnicero de la +bordada, y presentó a éste al señor Custodio. +Dijo después que era hijo de un carnicero de la Corredera Alta y muy rico, hermano de una muchacha -del taller, y a su madre la Justa le confesó, -alborozada, que el muchacho le había pedido +del taller, y a su madre la Justa le confesó, +alborozada, que el muchacho le habÃa pedido relaciones. Aquella frase de pedir relaciones, que -lo dicen relamiéndose, desde la princesa altiva -hasta la portera humilde, encantó a la mujer del -trapero, mayormente tratándose de un muchacho +lo dicen relamiéndose, desde la princesa altiva +hasta la portera humilde, encantó a la mujer del +trapero, mayormente tratándose de un muchacho rico.</p> -<p>El hijo del carnicero fué considerado en casa -del señor Custodio como prototipo de todas las -perfecciones y bellezas; Manuel únicamente protestaba -y fulminaba sobre el <i>Carnicerín</i>, como le -denominó desde el primer momento con desprecio, +<p>El hijo del carnicero fué considerado en casa +del señor Custodio como prototipo de todas las +perfecciones y bellezas; Manuel únicamente protestaba +y fulminaba sobre el <i>CarnicerÃn</i>, como le +denominó desde el primer momento con desprecio, miradas asesinas.</p> <p>Los sufrimientos de Manuel al comprender que -la Justa admitía con entusiasmo como novio al -hijo del carnicero fueron crueles; ya no la melancolía, -la ira y la desesperación más rabiosa agitaban +la Justa admitÃa con entusiasmo como novio al +hijo del carnicero fueron crueles; ya no la melancolÃa, +la ira y la desesperación más rabiosa agitaban su alma.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span> -Eran también demasiadas ventajas las de aquel +Eran también demasiadas ventajas las de aquel mozo: alto, gallardo, esbelto, de naciente y rubio bigote, bien vestido, con los dedos llenos de sortijas, -bailarín consumado y guitarrista hábil; tenía +bailarÃn consumado y guitarrista hábil; tenÃa casi el derecho de estar tan satisfecho de su persona como lo estaba.</p> -<p>—¿Cómo no notará esa mujer—pensaba Manuel—que -ese tipo no se quiere mas que a sí +<p>—¿Cómo no notará esa mujer—pensaba Manuel—que +ese tipo no se quiere mas que a sà mismo? En cambio yo...</p> -<p>Solía haber los domingos baile en una explanada -próxima a la ronda de Segovia, y el señor Custodio, -con su mujer, la Justa y su novio, iban allí. +<p>SolÃa haber los domingos baile en una explanada +próxima a la ronda de Segovia, y el señor Custodio, +con su mujer, la Justa y su novio, iban allÃ. A Manuel le dejaban guardando la casa, pero algunas -veces se escapó para ver el baile.</p> +veces se escapó para ver el baile.</p> -<p>Cuando vió a la Justa bailando con el <i>Carnicerín</i> +<p>Cuando vió a la Justa bailando con el <i>CarnicerÃn</i> le dieron ganas de ahogarles a los dos.</p> <p>Luego el novio era de una petulancia extraordinaria; -cuando bailaba se contoneaba y parecía -que iba jaleándose y piropeándose a sí mismo y +cuando bailaba se contoneaba y parecÃa +que iba jaleándose y piropeándose a sà mismo y que guardaba en el ritmo del baile algo tan precioso, -que un movimiento de abandono podría +que un movimiento de abandono podrÃa echarlo todo a perder. Ni aun para decir misa, lo hubiera hecho con tanta ceremonia.</p> <p>Como es natural, un conocimiento tan completo de la ciencia del baile, unido a la conciencia de -su superioridad, le daban al <i>Carnicerín</i> un admirable -aplomo. Era él quien se dejaba conquistar -indolentemente por la Justa, que estaba frenética. +su superioridad, le daban al <i>CarnicerÃn</i> un admirable +aplomo. Era él quien se dejaba conquistar +indolentemente por la Justa, que estaba frenética. Al bailar se le echaba encima, sus ojos brillaban -y le temblaban las alas de la nariz; parecía que le -quería sujetar, tragar, devorar. No separaba la -vista de él, y si le veía con otra mujer se alteraba -su rostro rápidamente.</p> +y le temblaban las alas de la nariz; parecÃa que le +querÃa sujetar, tragar, devorar. No separaba la +vista de él, y si le veÃa con otra mujer se alteraba +su rostro rápidamente.</p> -<p>Una de las tardes, el <i>Carnicerín</i> hablaba con -un amigo suyo. Manuel se acercó a oír la conversación.</p> +<p>Una de las tardes, el <i>CarnicerÃn</i> hablaba con +un amigo suyo. Manuel se acercó a oÃr la conversación.</p> -<p>—¿Es aquélla?—le preguntaba el amigo.</p> +<p>—¿Es aquélla?—le preguntaba el amigo.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span> -—Sí.</p> +—SÃ.</p> -<p>—Gachó, como está de <i>colá</i> contigo.</p> +<p>—Gachó, como está de <i>colá</i> contigo.</p> -<p>Y el <i>Carnicerín</i>, con una sonrisa petulante, -añadió:</p> +<p>Y el <i>CarnicerÃn</i>, con una sonrisa petulante, +añadió:</p> -<p>—La tengo <i>chalá</i>.</p> +<p>—La tengo <i>chalá</i>.</p> <p>Manuel en aquel momento le hubiera arrancado -el corazón.</p> +el corazón.</p> -<p>La decepción amorosa hizo que Manuel pensara -en abandonar la casa del señor Custodio.</p> +<p>La decepción amorosa hizo que Manuel pensara +en abandonar la casa del señor Custodio.</p> -<p>Un día se encontró cerca del puente de Segovia -con el <i>Bizco</i> y otro golfo que le acompañaba.</p> +<p>Un dÃa se encontró cerca del puente de Segovia +con el <i>Bizco</i> y otro golfo que le acompañaba.</p> -<p>Iban los dos desharrapados; el <i>Bizco</i> tenía un -aspecto más ceñudo y brutal que nunca; llevaba +<p>Iban los dos desharrapados; el <i>Bizco</i> tenÃa un +aspecto más ceñudo y brutal que nunca; llevaba una chaqueta vieja, por entre cuyos agujeros se -veía la piel negruzca; los dos marchaban, según +veÃa la piel negruzca; los dos marchaban, según le dijeron, al cruce del camino de Aravaca con la -carretera de Extremadura, a un rincón que llamaban -el Confesonario. Allí pensaban reunirse con +carretera de Extremadura, a un rincón que llamaban +el Confesonario. Allà pensaban reunirse con el <i>Cura</i> y el <i>Hospiciano</i> para asaltar una casa.</p> -<p>—Anda, ¿vienes?—le dijo irónicamente el +<p>—Anda, ¿vienes?—le dijo irónicamente el <i>Bizco</i>.</p> <p>—Yo, no.</p> -<p>—¿Dónde estás ahora?</p> +<p>—¿Dónde estás ahora?</p> <p>—En una casa... trabajando.</p> -<p>—¡Valiente panoli! Anda, vente con nosotros.</p> +<p>—¡Valiente panoli! Anda, vente con nosotros.</p> -<p>—No, no puede ser... Oye, ¿y Vidal? ¿No le has +<p>—No, no puede ser... Oye, ¿y Vidal? ¿No le has vuelto a ver?</p> -<p>El rostro del <i>Bizco</i> quedó más ceñudo.</p> +<p>El rostro del <i>Bizco</i> quedó más ceñudo.</p> -<p>—Ya me las pagará ese charrán. No se escapa +<p>—Ya me las pagará ese charrán. No se escapa sin que yo le pinte un chirlo en la cara... Pero, -¿vienes o no?</p> +¿vienes o no?</p> <p>—No.</p> -<p class="ht">Las ideas del señor Custodio habían influído +<p class="ht">Las ideas del señor Custodio habÃan influÃdo en Manuel fuertemente; pero, como a pesar de -esto sus instintos aventureros le persistían, pensaba -marcharse a América, en hacerse marinero, +esto sus instintos aventureros le persistÃan, pensaba +marcharse a América, en hacerse marinero, en alguna cosa por el estilo.</p> -<h2 id="CAPITULO_VIII3">CAPÍTULO VIII</h2> +<h2 id="CAPITULO_VIII3">CAPÃTULO VIII</h2> <p class="center smcap">La plaza.—Una boda en la Bombilla.—Las calderas del asfalto.</p> -<p class="p2"><span class="smcap">El</span> noviazgo del <i>Carnicerín</i> y de la Justa se -formalizaba; el señor Custodio y su mujer -se bañaban en agua de rosas, y únicamente Manuel -creía que el matrimonio, al fin, no se realizaría.</p> +<p class="p2"><span class="smcap">El</span> noviazgo del <i>CarnicerÃn</i> y de la Justa se +formalizaba; el señor Custodio y su mujer +se bañaban en agua de rosas, y únicamente Manuel +creÃa que el matrimonio, al fin, no se realizarÃa.</p> -<p>El <i>Carnicerín</i> era demasiado estirado y señorito +<p>El <i>CarnicerÃn</i> era demasiado estirado y señorito para casarse con la hija de un trapero; Manuel pensaba que iba a ver si se aprovechaba de la -ocasión; pero nada autorizaba por el momento estas -malévolas suposiciones.</p> +ocasión; pero nada autorizaba por el momento estas +malévolas suposiciones.</p> -<p>El <i>Carnicerín</i> se mostraba generoso y tenía delicados +<p>El <i>CarnicerÃn</i> se mostraba generoso y tenÃa delicados obsequios para los padres de su novia.</p> -<p>Un día de verano convidó a toda la familia y a +<p>Un dÃa de verano convidó a toda la familia y a Manuel a una corrida de toros. La Justa se puso muy elegante y bonita para ir con su novio. El -señor Custodio llevaba las prendas de toda gala: -el sombrero hongo nuevo, nuevo aunque tenía -más de treinta años; su chaqueta de pana forrada, -excelente para las regiones boreales, y un bastón -con puño de cuerno comprado en el Rastro; la +señor Custodio llevaba las prendas de toda gala: +el sombrero hongo nuevo, nuevo aunque tenÃa +más de treinta años; su chaqueta de pana forrada, +excelente para las regiones boreales, y un bastón +con puño de cuerno comprado en el Rastro; la <span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span> mujer del trapero llevaba un traje antiguo y un -pañuelo alfombrado, y Manuel estaba ridículo con -un sombrero sacado del almacén, que le salía un +pañuelo alfombrado, y Manuel estaba ridÃculo con +un sombrero sacado del almacén, que le salÃa un palmo por delante de los ojos, un traje de invierno que le sofocaba y unas botas estrechas.</p> -<p>Detrás de la Justa y del <i>Carnicerín</i>, el señor -Custodio, su mujer y Manuel llamaban la atención -de la gente, que se reía al verlos.</p> +<p>Detrás de la Justa y del <i>CarnicerÃn</i>, el señor +Custodio, su mujer y Manuel llamaban la atención +de la gente, que se reÃa al verlos.</p> -<p>La Justa se volvía a mirarlos y sonreía. Manuel +<p>La Justa se volvÃa a mirarlos y sonreÃa. Manuel iba furioso, sofocado; el sombrero le apretaba en -la frente y le dolían los pies.</p> +la frente y le dolÃan los pies.</p> <p>Salieron a la calle de Toledo y llegaron en el -tranvía a la Puerta del Sol; allí subieron a un ómnibus, -que los llevó a la plaza de toros.</p> +tranvÃa a la Puerta del Sol; allà subieron a un ómnibus, +que los llevó a la plaza de toros.</p> -<p>Entraron, y, dirigidos por el <i>Carnicerín</i>, se colocaron -cada uno en su sitio. Había empezado la -corrida; la plaza estaba llena. Se veían todas las +<p>Entraron, y, dirigidos por el <i>CarnicerÃn</i>, se colocaron +cada uno en su sitio. HabÃa empezado la +corrida; la plaza estaba llena. Se veÃan todas las gradas y tendidos ocupados por una masa negra de gente.</p> -<p>Manuel miró al redondel; iban a matar al toro +<p>Manuel miró al redondel; iban a matar al toro cerca de la barrera, a muy poca distancia de donde ellos estaban. El pobre animal, ya medio muerto, andaba despacio, seguido de tres o cuatro toreros y del matador, que, encorvado hacia adelante, con la muleta en una mano y la espada en -la otra, marchaba tras de él. Tenía el matador un -miedo horrible; se ponía enfrente del toro, tanteaba -dónde le había de pinchar, y al menor movimiento +la otra, marchaba tras de él. TenÃa el matador un +miedo horrible; se ponÃa enfrente del toro, tanteaba +dónde le habÃa de pinchar, y al menor movimiento de la bestia, se preparaba para correr. Luego, si el toro se quedaba quieto, le daba un -pinchazo; después, otro pinchazo, y el animal bajaba +pinchazo; después, otro pinchazo, y el animal bajaba la cabeza y, con la lengua fuera, chorreando sangre, miraba con ojos tristes de moribundo. -Tras de mucho bregar el matador, le clavó la espada -más, y lo mató.</p> +Tras de mucho bregar el matador, le clavó la espada +más, y lo mató.</p> -<p>Aplaudió la gente y comenzó a tocar la música. -El lance le pareció bastante desagradable a Manuel; +<p>Aplaudió la gente y comenzó a tocar la música. +El lance le pareció bastante desagradable a Manuel; <span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span> -pero esperó con ansiedad. Salieron las mulillas +pero esperó con ansiedad. Salieron las mulillas y arrastraron al toro muerto.</p> -<p>Al poco rato cesó la música y salió otro toro. +<p>Al poco rato cesó la música y salió otro toro. Los picadores se quedaron cerca de las vallas, los toreros se aventuraban un poco, daban un capotazo y echaban a correr en seguida.</p> <p>No era aquello, ni mucho menos, lo que Manuel -se figuraba, lo visto por él en los cromos de <i>La -Lidia</i>. El creía que los toreros, a fuerza de arte, -andarían jugando con el toro, y no había nada de -aquello; encomendaban su salvación a las piernas, +se figuraba, lo visto por él en los cromos de <i>La +Lidia</i>. El creÃa que los toreros, a fuerza de arte, +andarÃan jugando con el toro, y no habÃa nada de +aquello; encomendaban su salvación a las piernas, como todo el mundo.</p> -<p>Después de los capotazos de los toreros, dos +<p>Después de los capotazos de los toreros, dos monosabios empezaron a golpear con unas varas al caballo de un picador, hasta hacerle avanzar -al medio. Manuel vió al caballo de cerca, era -blanco, grande, huesudo, con un aspecto tristísimo. +al medio. Manuel vió al caballo de cerca, era +blanco, grande, huesudo, con un aspecto tristÃsimo. Los monosabios acercaron al caballo al toro. -Este, de pronto, se acercó; el picador le aplicó la -punta de su lanza, el toro embistió y levantó el -caballo en el aire. Cayó el jinete al suelo, y lo cogieron -en seguida; el caballo trató de levantarse, -con todos los intestinos sangrientos fuera, pisó -sus entrañas con los cascos y, agitando las piernas, -cayó convulsivamente al suelo.</p> +Este, de pronto, se acercó; el picador le aplicó la +punta de su lanza, el toro embistió y levantó el +caballo en el aire. Cayó el jinete al suelo, y lo cogieron +en seguida; el caballo trató de levantarse, +con todos los intestinos sangrientos fuera, pisó +sus entrañas con los cascos y, agitando las piernas, +cayó convulsivamente al suelo.</p> -<p>Manuel se levantó pálido.</p> +<p>Manuel se levantó pálido.</p> -<p>Un monosabio se acercó al caballo, que seguía -estremeciéndose; el animal levantó la cabeza como -para pedir auxilio; entonces, el hombre le dió un -cachetazo y lo dejó muerto.</p> +<p>Un monosabio se acercó al caballo, que seguÃa +estremeciéndose; el animal levantó la cabeza como +para pedir auxilio; entonces, el hombre le dió un +cachetazo y lo dejó muerto.</p> -<p>—Yo me voy. Esto es una porquería—dijo Manuel -al señor Custodio—; pero no era fácil salir -de allí en aquel momento.</p> +<p>—Yo me voy. Esto es una porquerÃa—dijo Manuel +al señor Custodio—; pero no era fácil salir +de allà en aquel momento.</p> <p>—Al muchacho—dijo el trapero a su mujer—no le gusta.</p> -<p>La Justa, que se enteró, se echó a reír.</p> +<p>La Justa, que se enteró, se echó a reÃr.</p> -<p>Manuel esperó la muerte del toro mirando al +<p>Manuel esperó la muerte del toro mirando al <span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span> suelo; volvieron a salir las mulillas, y al arrastrar el caballo quedaron todos los intestinos en el suelo, -y un monosabio los llevó con un rastrillo.</p> +y un monosabio los llevó con un rastrillo.</p> <p>—Mira, mira el mondongo—dijo, riendo, la Justa.</p> <p>Manuel, sin decir nada ni hacer caso de observaciones, -salió del tendido. Bajó a unas galerías -grandes, llenas de urinarios que olían mal, y anduvo +salió del tendido. Bajó a unas galerÃas +grandes, llenas de urinarios que olÃan mal, y anduvo buscando la puerta, sin encontrarla.</p> -<p>Sentía rabia contra todo el mundo, contra los -demás y contra él. Le pareció el espectáculo una +<p>SentÃa rabia contra todo el mundo, contra los +demás y contra él. Le pareció el espectáculo una asquerosidad repugnante y cobarde.</p> -<p>Él suponía que los toros era una cosa completamente +<p>Él suponÃa que los toros era una cosa completamente distinta a lo que acababa de ver; pensaba -que se advertiría siempre el dominio del hombre -sobre la fiera, que las estocadas serían como +que se advertirÃa siempre el dominio del hombre +sobre la fiera, que las estocadas serÃan como rayos y que en todos los momentos de la lidia -habría algo interesante y sugestivo; y en vez de -un espectáculo como él soñaba, en vez de una -apoteosis sangrienta del valor y de la fuerza, veía -una cosa mezquina y sucia, de cobardía y de intestinos; +habrÃa algo interesante y sugestivo; y en vez de +un espectáculo como él soñaba, en vez de una +apoteosis sangrienta del valor y de la fuerza, veÃa +una cosa mezquina y sucia, de cobardÃa y de intestinos; una fiesta en donde no se notaba mas que el miedo del torero y la crueldad cobarde -del público recreándose en sentir la pulsación de +del público recreándose en sentir la pulsación de aquel miedo.</p> -<p>Aquello no podía gustar—pensó Manuel—mas -que a gente como el <i>Carnicerín</i>, a chulapos afeminados +<p>Aquello no podÃa gustar—pensó Manuel—mas +que a gente como el <i>CarnicerÃn</i>, a chulapos afeminados y a mujerzuelas indecentes.</p> -<p>Al llegar a casa, Manuel arrojó de sí con rabia -el sombrero y las botas y el traje con el cual había -ido a la plaza tan ridículo...</p> +<p>Al llegar a casa, Manuel arrojó de sà con rabia +el sombrero y las botas y el traje con el cual habÃa +ido a la plaza tan ridÃculo...</p> -<p>Se comentó mucho por el señor Custodio y su -mujer la indignación de Manuel, y a él mismo le -produjo cierto asombro; comprendía que no le +<p>Se comentó mucho por el señor Custodio y su +mujer la indignación de Manuel, y a él mismo le +produjo cierto asombro; comprendÃa que no le hubiera gustado; lo que le chocaba es que le produjese tanta ira y tanta rabia.</p> -<p>Pasó el verano; la Justa comenzó a hacer los +<p>Pasó el verano; la Justa comenzó a hacer los <span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span> preparativos para la boda, Manuel mientras tanto -proyectaba marcharse de casa del señor Custodio -y salir de Madrid, ¿Adónde? No lo sabía; cuanto -más lejos, mejor, pensaba.</p> +proyectaba marcharse de casa del señor Custodio +y salir de Madrid, ¿Adónde? No lo sabÃa; cuanto +más lejos, mejor, pensaba.</p> -<p>En el mes de noviembre se celebró la boda de -una compañera del taller de la Justa, en la Bombilla. -No podían ir el señor Custodio y su mujer, -y Manuel acompañó a la Justa.</p> +<p>En el mes de noviembre se celebró la boda de +una compañera del taller de la Justa, en la Bombilla. +No podÃan ir el señor Custodio y su mujer, +y Manuel acompañó a la Justa.</p> -<p>Vivía la novia en la ronda de Toledo, y su casa +<p>VivÃa la novia en la ronda de Toledo, y su casa era el punto de partida de los invitados.</p> -<p>A la puerta esperaba un ómnibus grande, en -donde cabían una infinidad de personas.</p> +<p>A la puerta esperaba un ómnibus grande, en +donde cabÃan una infinidad de personas.</p> <p>Subieron todos los invitados; la Justa y Manuel se acomodaron en la imperial del coche y esperaron un rato. Se presentaron los novios rodeados de una nube de chiquillos que gritaban; -él tenía facha de hortera; ella, esmirriada y fea, -parecía una mona; los padrinos iban detrás, y en -el grupo de éstos, una vieja gorda, chata, bizca, +él tenÃa facha de hortera; ella, esmirriada y fea, +parecÃa una mona; los padrinos iban detrás, y en +el grupo de éstos, una vieja gorda, chata, bizca, de pelo blanco, con una rosa roja en la cabeza y una guitarra en la mano, avanzaba con aire flamenco.</p> -<p>—¡Viva la novia! ¡Vivan los padrinos!—gritó la +<p>—¡Viva la novia! ¡Vivan los padrinos!—gritó la bizca; contestaron todos sin gran entusiasmo y -echó andar el coche en medio de la algarabía y las +echó andar el coche en medio de la algarabÃa y las voces de unos y de otros. En el camino fueron todos chillando y cantando.</p> -<p>Manuel, al no ver al <i>Carnicerín</i> allí, no se atrevía -a alegrarse, pensando que estaría ya en los +<p>Manuel, al no ver al <i>CarnicerÃn</i> allÃ, no se atrevÃa +a alegrarse, pensando que estarÃa ya en los Viveros.</p> -<p>La mañana era hermosa, húmeda; los árboles, -de color de cobre, iban desprendiéndose de sus -hojas secas, a impulso de las ráfagas suaves de -viento; surcaba el cielo pálido nubes blancas, la +<p>La mañana era hermosa, húmeda; los árboles, +de color de cobre, iban desprendiéndose de sus +hojas secas, a impulso de las ráfagas suaves de +viento; surcaba el cielo pálido nubes blancas, la carretera brillaba por la humedad, a lo lejos en el -campo ardían montones de hojas, y las humaredas -espesas corrían rasando la tierra.</p> +campo ardÃan montones de hojas, y las humaredas +espesas corrÃan rasando la tierra.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span> Se detuvo el coche en una de las fondas de los -Viveros; bajaron todos del ómnibus, y se reprodujeron -los gritos y el clamoreo. El <i>Carnicerín</i> no -estaba allí, pero se presentó poco después, y en la -mesa se colocó al lado de la Justa.</p> - -<p>A Manuel le pareció el día odioso; hubo momentos -en que sintió ganas de llorar. Pasó toda la -tarde desesperado en un rincón, viendo cómo bailaba -la Justa con su novio al compás de las notas +Viveros; bajaron todos del ómnibus, y se reprodujeron +los gritos y el clamoreo. El <i>CarnicerÃn</i> no +estaba allÃ, pero se presentó poco después, y en la +mesa se colocó al lado de la Justa.</p> + +<p>A Manuel le pareció el dÃa odioso; hubo momentos +en que sintió ganas de llorar. Pasó toda la +tarde desesperado en un rincón, viendo cómo bailaba +la Justa con su novio al compás de las notas de un organillo.</p> -<p>Al anochecer, Manuel se acercó a la Justa y, con -gravedad cómica, la dijo bruscamente:</p> +<p>Al anochecer, Manuel se acercó a la Justa y, con +gravedad cómica, la dijo bruscamente:</p> -<p>—Vamos, tú—y viendo que no le hacía caso, -añadió—. Oye, Justa, vamos a casa.</p> +<p>—Vamos, tú—y viendo que no le hacÃa caso, +añadió—. Oye, Justa, vamos a casa.</p> -<p>—Anda ¡Déjame a mí en paz!—replicó ella con +<p>—Anda ¡Déjame a mà en paz!—replicó ella con malos modos.</p> <p>—Es que tu padre ha dicho que para la noche -estés en casa. Anda, vamos.</p> +estés en casa. Anda, vamos.</p> -<p>—Oye, niño—dijo el <i>Carnicerín</i> con pausa—. -¿A ti quién te da vela en este entierro?</p> +<p>—Oye, niño—dijo el <i>CarnicerÃn</i> con pausa—. +¿A ti quién te da vela en este entierro?</p> -<p>—A mí me han encargado...</p> +<p>—A mà me han encargado...</p> -<p>—Bueno; pues tú te callas. ¿Sabes?</p> +<p>—Bueno; pues tú te callas. ¿Sabes?</p> <p>—No me da la gana.</p> -<p>—Te haré callar yo calentándote las orejas.</p> +<p>—Te haré callar yo calentándote las orejas.</p> -<p>—¿Usted a mí?... Si usted lo que es es un morral, -un ladrón—y Manuel se echó sobre el <i>Carnicerín</i>; -pero uno de los amigos de éste le soltó -un garrotazo en la cabeza que lo dejó atontado. -Trató el muchacho de volver a acometer al hijo +<p>—¿Usted a mÃ?... Si usted lo que es es un morral, +un ladrón—y Manuel se echó sobre el <i>CarnicerÃn</i>; +pero uno de los amigos de éste le soltó +un garrotazo en la cabeza que lo dejó atontado. +Trató el muchacho de volver a acometer al hijo del carnicero; dos o tres invitados le empujaron y lo zarandearon hasta ponerle en la carretera a la puerta de la fonda.</p> -<p>—¡Hambrón!... Golfo—gritaba Manuel.</p> +<p>—¡Hambrón!... Golfo—gritaba Manuel.</p> <p>—Expresiones en casa—le dijo una de las amigas -de la Justa con sorna—y <i>canalla novedá</i>.</p> +de la Justa con sorna—y <i>canalla novedá</i>.</p> <p>Manuel, avergonzado y sediento de venganza, -medio aturdido aún con el golpe, se tapó la cara +medio aturdido aún con el golpe, se tapó la cara <span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span> -con la boina y fué andando por el camino llorando -de rabia. Al poco tiempo sintió alguien que se -le acercaba corriendo tras él.</p> +con la boina y fué andando por el camino llorando +de rabia. Al poco tiempo sintió alguien que se +le acercaba corriendo tras él.</p> <p>—Manuel, Manolillo—le dijo la Justa con voz -cariñosa y burlona—, ¿qué tienes?</p> +cariñosa y burlona—, ¿qué tienes?</p> -<p>Manuel respiró fuerte y se le escapó un largo +<p>Manuel respiró fuerte y se le escapó un largo sollozo de dolor.</p> -<p>—¿Qué tienes? Anda; vuelve. Iremos juntos.</p> +<p>—¿Qué tienes? Anda; vuelve. Iremos juntos.</p> -<p>—No, no; déjame.</p> +<p>—No, no; déjame.</p> -<p>Luego no supo qué resolución tomar, y sin hablar -más echó a correr camino de Madrid.</p> +<p>Luego no supo qué resolución tomar, y sin hablar +más echó a correr camino de Madrid.</p> -<p>La carrera secó sus lágrimas y reanimó sus iras. -Estaba dispuesto a no volver a casa del señor +<p>La carrera secó sus lágrimas y reanimó sus iras. +Estaba dispuesto a no volver a casa del señor Custodio, aunque se muriera de hambre.</p> -<p>La ira le subía en oleadas a la garganta, sentía +<p>La ira le subÃa en oleadas a la garganta, sentÃa un furor negro, vagas ideas de acometer, de destruir todo, de echar todas las cosas al suelo y despanzurrar a todos los hombres.</p> -<p>El le prometía al <i>Carnicerín</i> que, si alguna vez -le encontraba a solas, le echaría las zarpas al -cuello hasta estrangularle, le abriría en canal -como a los cerdos y le colgaría con la cabeza +<p>El le prometÃa al <i>CarnicerÃn</i> que, si alguna vez +le encontraba a solas, le echarÃa las zarpas al +cuello hasta estrangularle, le abrirÃa en canal +como a los cerdos y le colgarÃa con la cabeza para abajo y un palo entre las costillas y otro en -las tripas, y le pondría, además, en la boca una -taza de hoja de lata, para que gotease allí su maldita +las tripas, y le pondrÃa, además, en la boca una +taza de hoja de lata, para que gotease allà su maldita sangre de cochino.</p> <p>Y luego generalizaba su odio y pensaba que la -sociedad entera se ponía en contra de él y no trataba +sociedad entera se ponÃa en contra de él y no trataba mas que de martirizarle y de negarle todo.</p> -<p>Pues bien; él se pondría en contra de la sociedad, -se reuniría con el <i>Bizco</i> y asesinaría a diestro -y siniestro, y cuando, cansado de hacer crímenes, -le llevaran al patíbulo, miraría desde allí al -pueblo con desprecio y moriría con un supremo -gesto de odio y de desdén.</p> +<p>Pues bien; él se pondrÃa en contra de la sociedad, +se reunirÃa con el <i>Bizco</i> y asesinarÃa a diestro +y siniestro, y cuando, cansado de hacer crÃmenes, +le llevaran al patÃbulo, mirarÃa desde allà al +pueblo con desprecio y morirÃa con un supremo +gesto de odio y de desdén.</p> <p>Mientras barajaba en la cabeza todas estas ideas de exterminio, iba obscureciendo. Manuel <span class="pagenum"><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span> -subió a la plaza de Oriente, y de aquí siguió por +subió a la plaza de Oriente, y de aquà siguió por la calle del Arenal.</p> <p>Estaban asfaltando un trozo de la Puerta del Sol; diez o doce hornillos puestos en hilera vomitaban por sus chimeneas un humo espeso y acre. -Todavía las luces blancas de los arcos voltaicos -no habían iluminado la plaza; las siluetas de unos -cuantos hombres que removían la masa de asfalto +TodavÃa las luces blancas de los arcos voltaicos +no habÃan iluminado la plaza; las siluetas de unos +cuantos hombres que removÃan la masa de asfalto en las calderas con largos palos, se agitaban -diabólicamente ante las bocas inflamadas de los +diabólicamente ante las bocas inflamadas de los hornillos.</p> -<p>Manuel se acercó a una de las calderas y oyó +<p>Manuel se acercó a una de las calderas y oyó que le llamaban. Era el <i>Bizco</i>; se hallaba sentado sobre unos adoquines.</p> -<p>—¿Qué hacéis aquí?—le preguntó Manuel.</p> +<p>—¿Qué hacéis aquÃ?—le preguntó Manuel.</p> -<p>—Nos han derribado las cuevas de la Montaña—dijo -el <i>Bizco</i>—, y hace frío. Y tú, ¿qué? ¿Has +<p>—Nos han derribado las cuevas de la Montaña—dijo +el <i>Bizco</i>—, y hace frÃo. Y tú, ¿qué? ¿Has dejado la casa?</p> -<p>—Sí.</p> +<p>—SÃ.</p> -<p>—Anda, siéntate.</p> +<p>—Anda, siéntate.</p> -<p>Manuel se sentó y se recostó en una barrica de +<p>Manuel se sentó y se recostó en una barrica de asfalto.</p> <p>En los escaparates y en los balcones de las casas -iban brillando luces; llegaban los tranvías +iban brillando luces; llegaban los tranvÃas suavemente, como si fueran barcos, con sus faroles amarillos, verdes y rojos; sonaban sus timbres, -y corrían por la Puerta del Sol, trazando elegantes -círculos. Cruzaban coches, caballos, carros, +y corrÃan por la Puerta del Sol, trazando elegantes +cÃrculos. Cruzaban coches, caballos, carros, gritaban los vendedores ambulantes en las -aceras, había una baraúnda ensordecedora... Al +aceras, habÃa una baraúnda ensordecedora... Al final de una calle, sobre el resplandor cobrizo del -crepúsculo, se recortaba la silueta aguda de un +crepúsculo, se recortaba la silueta aguda de un campanario.</p> -<p>—Y a Vidal, ¿no lo ves?—preguntó Manuel.</p> +<p>—Y a Vidal, ¿no lo ves?—preguntó Manuel.</p> -<p>—No. Oye: ¿tú tienes dinero?—dijo el <i>Bizco</i>.</p> +<p>—No. Oye: ¿tú tienes dinero?—dijo el <i>Bizco</i>.</p> -<p>—Veinte o treinta céntimos nada más.</p> +<p>—Veinte o treinta céntimos nada más.</p> -<p>—¿Vamos por una libreta?</p> +<p>—¿Vamos por una libreta?</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span> —Bueno.</p> -<p>Compró Manuel un panecillo, que dió al <i>Bizco</i>, +<p>Compró Manuel un panecillo, que dió al <i>Bizco</i>, y los dos tomaron una copa de aguardiente en -una taberna. Anduvieron después correteando por -las calles, y a las once, próximamente, volvieron +una taberna. Anduvieron después correteando por +las calles, y a las once, próximamente, volvieron a la Puerta del Sol.</p> -<p>Alrededor de las calderas del asfalto se habían +<p>Alrededor de las calderas del asfalto se habÃan amontonado grupos de hombres y de chiquillos -astrosos; dormían algunos con la cabeza apoyada +astrosos; dormÃan algunos con la cabeza apoyada en el hornillo, como si fueran a embestir contra -él. Los chicos hablaban y gritaban, y se reían +él. Los chicos hablaban y gritaban, y se reÃan de los espectadores que se acercaban con curiosidad a mirarles.</p> -<p>—Dormimos como en campaña—decía uno de +<p>—Dormimos como en campaña—decÃa uno de los golfos.</p> -<p>—Ahora no vendría mal—agregaba otro—pasarse +<p>—Ahora no vendrÃa mal—agregaba otro—pasarse a dar una vuelta por la Plaza Mayor, a ver -si nos daban una libra de jamón.</p> +si nos daban una libra de jamón.</p> <p>—Tiene trichina.</p> -<p>—Cuidado con el colchón de muelles—vociferaba +<p>—Cuidado con el colchón de muelles—vociferaba uno chato, que andaba con una varita dando -en las piernas de los que dormían—. ¡Eh, tú, que -estás estropeando las sábanas!</p> +en las piernas de los que dormÃan—. ¡Eh, tú, que +estás estropeando las sábanas!</p> -<p>Al lado de Manuel, un chiquillo raquítico, de +<p>Al lado de Manuel, un chiquillo raquÃtico, de labios belfos y ojos ribeteados, con uno de los pies envuelto en trapos sucios, lloraba y gimoteaba; -Manuel, absorto en sus ideas, no se había fijado -en él.</p> +Manuel, absorto en sus ideas, no se habÃa fijado +en él.</p> -<p>—Pues no berreas tú poco—le dijo al enfermo +<p>—Pues no berreas tú poco—le dijo al enfermo un muchacho que estaba tendido en el suelo, con las piernas encogidas y la cabeza apoyada en una piedra.</p> <p>—Es que me duele mucho.</p> -<p>—Pues, amolarse. Ahórcate.</p> +<p>—Pues, amolarse. Ahórcate.</p> -<p>Manuel creyó oír la voz del <i>Carnicerín</i>, y miró +<p>Manuel creyó oÃr la voz del <i>CarnicerÃn</i>, y miró al que hablaba. Con la gorra puesta sobre los -ojos, no se le veía la cara.</p> +ojos, no se le veÃa la cara.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span> -—¿Quién es ése?—preguntó Manuel al <i>Bizco</i>.</p> +—¿Quién es ése?—preguntó Manuel al <i>Bizco</i>.</p> -<p>—Es el capitán de los de la Montaña: el <i>Intérprete</i>.</p> +<p>—Es el capitán de los de la Montaña: el <i>Intérprete</i>.</p> -<p>—¿Y por qué le habla así a ese chico?</p> +<p>—¿Y por qué le habla asà a ese chico?</p> -<p>—El <i>Bizco</i> se encogió de hombros con un ademán +<p>—El <i>Bizco</i> se encogió de hombros con un ademán de indiferencia.</p> -<p>—¿Qué te pasa?—le preguntó Manuel al chiquillo.</p> +<p>—¿Qué te pasa?—le preguntó Manuel al chiquillo.</p> -<p>—Tengo una llaga en un pie—contestó el otro, +<p>—Tengo una llaga en un pie—contestó el otro, volviendo a llorar.</p> -<p>—Te callarás—interrumpió el <i>Intérprete</i> soltando +<p>—Te callarás—interrumpió el <i>Intérprete</i> soltando una patada al enfermo, el cual pudo esquivar el golpe—. Vete a contar eso a la perra de tu madre... -¡Moler! No se puede dormir aquí.</p> +¡Moler! No se puede dormir aquÃ.</p> -<p>—Amolarse—gritó Manuel.</p> +<p>—Amolarse—gritó Manuel.</p> -<p>—Eso ¿a quién se lo dices?—preguntó el <i>Intérprete</i>, -echando la gorra hacia atrás y mostrando -su cara brutal de nariz chata y pómulos salientes.</p> +<p>—Eso ¿a quién se lo dices?—preguntó el <i>Intérprete</i>, +echando la gorra hacia atrás y mostrando +su cara brutal de nariz chata y pómulos salientes.</p> -<p>—A ti te lo digo ¡ladrón! ¡cobarde!</p> +<p>—A ti te lo digo ¡ladrón! ¡cobarde!</p> -<p>El <i>Intérprete</i> se levantó y marchó contra Manuel; -éste, en un arrebato de ira, le agarró del -cuello con las dos manos, le dió con el talón derecho +<p>El <i>Intérprete</i> se levantó y marchó contra Manuel; +éste, en un arrebato de ira, le agarró del +cuello con las dos manos, le dió con el talón derecho un golpe en la pierna, le hizo perder el -equilibrio y le tumbó en la tierra. Allí le golpeó -violentamente. El <i>Intérprete</i>, más forzudo que -Manuel, logró levantarse; pero había perdido la -fuerza moral, y Manuel estaba enardecido y volvió +equilibrio y le tumbó en la tierra. Allà le golpeó +violentamente. El <i>Intérprete</i>, más forzudo que +Manuel, logró levantarse; pero habÃa perdido la +fuerza moral, y Manuel estaba enardecido y volvió a tumbarle, e iba a darle con un pedrusco en -la cara, cuando una pareja de municipales los separó -a puntapiés. El <i>Intérprete</i> se marchó de allí +la cara, cuando una pareja de municipales los separó +a puntapiés. El <i>Intérprete</i> se marchó de allà avergonzado.</p> -<p>Se tranquilizó el corro, y fueron, unos tras -otros, tendiéndose nuevamente alrededor de la +<p>Se tranquilizó el corro, y fueron, unos tras +otros, tendiéndose nuevamente alrededor de la caldera.</p> -<p>Manuel se sentó sobre unos adoquines; la lucha -le había hecho olvidar el golpe recibido a la -tarde; se sentía valiente y burlón, y encarándose +<p>Manuel se sentó sobre unos adoquines; la lucha +le habÃa hecho olvidar el golpe recibido a la +tarde; se sentÃa valiente y burlón, y encarándose <span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span> con los curiosos que contemplaban el corro, -unos con risas y otros con lástima, se puso a +unos con risas y otros con lástima, se puso a hablar con ellos.</p> -<p>—Se va a terminar la sesión—les dijo—. Ahora +<p>—Se va a terminar la sesión—les dijo—. Ahora van a dar comienzo los grandes ejercicios de -canto. Vamos a empezar a roncar, señores. ¡No -se inquieten los señores del público! Tendremos -cuidado con las sábanas. Mañana las enviaremos -a lavar al río. Ahora es el momento. El que quiera—señalando +canto. Vamos a empezar a roncar, señores. ¡No +se inquieten los señores del público! Tendremos +cuidado con las sábanas. Mañana las enviaremos +a lavar al rÃo. Ahora es el momento. El que quiera—señalando una piedra—puede aprovecharse de estas almohadas. Son almohadas finas, como las gastan los marqueses del Archipipi. El que -no quiera que se vaya y no moleste. ¡Ea!, señores: +no quiera que se vaya y no moleste. ¡Ea!, señores: si no pagan, llamo a la criada y digo que cierre...</p> -<p>—Pero si a todos éstos les pasa lo mismo—dijo +<p>—Pero si a todos éstos les pasa lo mismo—dijo uno de los golfos—; cuando duermen van al -mesón de la Cuerda. Si todos tienen cara de +mesón de la Cuerda. Si todos tienen cara de hambre.</p> -<p>Manuel sentía una verbosidad de charlatán. -Cuando se cansó se apoyó en un montón de piedras +<p>Manuel sentÃa una verbosidad de charlatán. +Cuando se cansó se apoyó en un montón de piedras y, con los brazos cruzados, se dispuso a dormir.</p> -<p>Poco después el grupo de curiosos se había +<p>Poco después el grupo de curiosos se habÃa dispersado; no quedaban mas que un municipal -y un señor viejo, que hablaban de los golfos en -tono de lástima.</p> +y un señor viejo, que hablaban de los golfos en +tono de lástima.</p> -<p>El señor se lamentaba del abandono en que se -les dejaba a los chicos, y decía que en otros países +<p>El señor se lamentaba del abandono en que se +les dejaba a los chicos, y decÃa que en otros paÃses se creaban escuelas y asilos y mil cosas. El -municipal movía la cabeza en señal de duda. Al -último resumió la conversación, diciendo con un +municipal movÃa la cabeza en señal de duda. Al +último resumió la conversación, diciendo con un tono tranquilo de gallego:</p> -<p>—Créame usted a mí: éstos ya no son buenos.</p> +<p>—Créame usted a mÃ: éstos ya no son buenos.</p> -<p>—Manuel, al oír aquello, se estremeció; se levantó -del suelo en donde estaba, salió de la Puerta -del Sol y se puso a andar sin dirección ni rumbo.</p> +<p>—Manuel, al oÃr aquello, se estremeció; se levantó +del suelo en donde estaba, salió de la Puerta +del Sol y se puso a andar sin dirección ni rumbo.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span> -«¡Estos ya no son buenos!» La frase le había -producido una impresión profunda. ¿Por qué no -era bueno él? ¿Por qué? Examinó su vida. El no -era malo, no había hecho daño a nadie. Odiaba -al <i>Carnicerín</i> porque le arrebataba su dicha, le -imposibilitaba vivir en el rincón donde únicamente -encontró algún cariño y alguna protección. -Después, contradiciéndose, pensó que quizá era -malo y, en ese caso, no tenía más remedio que +«¡Estos ya no son buenos!» La frase le habÃa +producido una impresión profunda. ¿Por qué no +era bueno él? ¿Por qué? Examinó su vida. El no +era malo, no habÃa hecho daño a nadie. Odiaba +al <i>CarnicerÃn</i> porque le arrebataba su dicha, le +imposibilitaba vivir en el rincón donde únicamente +encontró algún cariño y alguna protección. +Después, contradiciéndose, pensó que quizá era +malo y, en ese caso, no tenÃa más remedio que corregirse y hacerse mejor.</p> -<p>Embebido en estos pensamientos oyó, al pasar -por la calle de Alcalá, que le llamaban repetidas -veces. Era la <i>Mellá</i> y la <i>Rabanitos</i>, acurrucadas +<p>Embebido en estos pensamientos oyó, al pasar +por la calle de Alcalá, que le llamaban repetidas +veces. Era la <i>Mellá</i> y la <i>Rabanitos</i>, acurrucadas en un portal.</p> -<p>—¿Qué queréis?—las dijo.</p> +<p>—¿Qué queréis?—las dijo.</p> -<p>—<i>Na</i>, hombre, hablarte. ¿Has heredado?</p> +<p>—<i>Na</i>, hombre, hablarte. ¿Has heredado?</p> -<p>—No; ¿qué hacéis?</p> +<p>—No; ¿qué hacéis?</p> -<p>—Aquí filando—contestó la <i>Mellá</i>.</p> +<p>—Aquà filando—contestó la <i>Mellá</i>.</p> -<p>—¿Pues qué pasa?</p> +<p>—¿Pues qué pasa?</p> <p>—Que hay recogida, y ese morral de <i>ispetor</i>, a pesar de que le pagamos, nos <i>quie</i> llevar a la -<i>delega</i>. ¡Acompáñanos!</p> +<i>delega</i>. ¡Acompáñanos!</p> -<p>Manuel las acompañó un rato; pero una y otra -se fueron con unos señores y él quedó sólo. Volvió +<p>Manuel las acompañó un rato; pero una y otra +se fueron con unos señores y él quedó sólo. Volvió a la Puerta del Sol.</p> -<p>La noche le pareció interminable: dió vueltas y -más vueltas; apagaron la luz eléctrica, los tranvías -cesaron de pasar, la plaza quedó a obscuras.</p> +<p>La noche le pareció interminable: dió vueltas y +más vueltas; apagaron la luz eléctrica, los tranvÃas +cesaron de pasar, la plaza quedó a obscuras.</p> -<p>Entre la calle de la Montera y la de Alcalá iban -y venían delante de un café, con las ventanas iluminadas, -mujeres de trajes claros y pañuelos de -crespón, cantando, parando a los noctámbulos; +<p>Entre la calle de la Montera y la de Alcalá iban +y venÃan delante de un café, con las ventanas iluminadas, +mujeres de trajes claros y pañuelos de +crespón, cantando, parando a los noctámbulos; unos cuantos chulos, agazapados tras de los faroles, -las vigilaban y charlaban con ellas, dándoles -órdenes...</p> +las vigilaban y charlaban con ellas, dándoles +órdenes...</p> <p>Luego fueron desfilando busconas, chulos y celestinas. -Todo el Madrid parásito, holgazán, alegre, +Todo el Madrid parásito, holgazán, alegre, <span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span> abandonaba en aquellas horas las tabernas, los garitos, las casas de juego, las madrigueras y @@ -11023,39 +10989,39 @@ los refugios del vicio, y por en medio de la miseria que palpitaba en las calles, pasaban los trasnochadores con el cigarro encendido, hablando, riendo, bromeando con las busconas, indiferentes -a las agonías de tanto miserable desharrapado, +a las agonÃas de tanto miserable desharrapado, sin pan y sin techo, que se refugiaba temblando -de frío en los quicios de las puertas.</p> +de frÃo en los quicios de las puertas.</p> <p>Quedaban algunas viejas busconas en las esquinas, -envueltas en el mantón, fumando...</p> +envueltas en el mantón, fumando...</p> -<p>Tardó mucho en aclarar el cielo; aun de noche -se armaron puestos de café; los cocheros y los +<p>Tardó mucho en aclarar el cielo; aun de noche +se armaron puestos de café; los cocheros y los golfos se acercaron a tomar su vaso o su copa. Se apagaron los faroles de gas.</p> <p>Danzaban las claridades de las linternas de los serenos en el suelo gris, alumbrado vagamente -por el pálido claror del alba, y las siluetas negras -de los traperos se detenían en los montones de -basura, encorvándose para escarbar en ellos. Todavía -algún trasnochador pálido, con el cuello -del gabán levantado, se deslizaba siniestro como -un búho ante la luz, y mientras tanto comenzaban +por el pálido claror del alba, y las siluetas negras +de los traperos se detenÃan en los montones de +basura, encorvándose para escarbar en ellos. TodavÃa +algún trasnochador pálido, con el cuello +del gabán levantado, se deslizaba siniestro como +un búho ante la luz, y mientras tanto comenzaban a pasar obreros... El Madrid trabajador y honrado se preparaba para su ruda faena diaria.</p> -<p>Aquella transición del bullicio febril de la noche -a la actividad serena y tranquila de la mañana +<p>Aquella transición del bullicio febril de la noche +a la actividad serena y tranquila de la mañana le hizo pensar a Manuel largamente.</p> -<p>Comprendía que eran las de los noctámbulos y +<p>ComprendÃa que eran las de los noctámbulos y las de los trabajadores vidas paralelas que no llegaban ni un momento a encontrarse. Para los unos, el placer, el vicio, la noche; para los otros, -el trabajo, la fatiga, el sol. Y pensaba también que -él debía ser de éstos, de los que trabajan al sol, +el trabajo, la fatiga, el sol. Y pensaba también que +él debÃa ser de éstos, de los que trabajan al sol, no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <p class="center large p6">FIN</p> @@ -11063,12 +11029,12 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> -<h2 id="INDICE">ÍNDICE</h2> +<h2 id="INDICE">ÃNDICE</h2> -<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="7" summary="indice"> +<table class="autotable"> <tr> - <td class="tdr" colspan="3">Págs.</td> + <td class="tdr" colspan="3">Págs.</td> </tr> <tr> @@ -11077,15 +11043,15 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_PRIMERO">I.</a></td> - <td class="tdlt">—Preámbulo.—Conceptos un tanto inmorales + <td class="tdlt">—Preámbulo.—Conceptos un tanto inmorales de una pupilera.—Charlas.—Se oye cerrar un - balcón.—Canta un grillo.</td> + balcón.—Canta un grillo.</td> <td class="tdrb">9</td> </tr> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_II">II.</a></td> - <td class="tdlt">—La casa de doña Casiana.—Una ceremonia + <td class="tdlt">—La casa de doña Casiana.—Una ceremonia matinal.—Complot.—En donde se discurre acerca del valor alimenticio de los huesos.—La Petra y su familia.—Manuel; su llegada @@ -11096,15 +11062,15 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_III">III.</a></td> <td class="tdlt">—Primeras impresiones de Madrid.—Los - huéspedes.—Escena apacible.—Dulces y - deleitosas enseñanzas.</td> + huéspedes.—Escena apacible.—Dulces y + deleitosas enseñanzas.</td> <td class="tdrb">29</td> </tr> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_IV">IV.</a></td> - <td class="tdlt">—¡Oh, el amor, el amor!—¿Qué hace don - Telmo?—¿Quién es don Telmo?—En el cual el + <td class="tdlt">—¡Oh, el amor, el amor!—¿Qué hace don + Telmo?—¿Quién es don Telmo?—En el cual el estudiante y don Telmo toman ciertas proporciones novelescas.</td> <td class="tdrb">41</td> @@ -11116,29 +11082,29 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_PRIMERO2">I.</a></td> - <td class="tdlt">—La regeneración del calzado y El león de - la zapatería.—El primer domingo.—Una + <td class="tdlt">—La regeneración del calzado y El león de + la zapaterÃa.—El primer domingo.—Una escapatoria.—El <i>Bizco</i> y su cuadrilla.</td> <td class="tdrb">53</td> </tr> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_II2">II.</a></td> - <td class="tdlt">—El corralón o la casa del tío Rilo.—Los + <td class="tdlt">—El corralón o la casa del tÃo Rilo.—Los odios de vecindad.</td> <td class="tdrb">71</td> </tr> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_III2">III.</a></td> - <td class="tdlt">—Roberto Hasting en la zapatería.—Procesión + <td class="tdlt">—Roberto Hasting en la zapaterÃa.—Procesión de mendigos.—Corte de los Milagros.</td> <td class="tdrb">81</td> </tr> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_IV2">IV.</a></td> - <td class="tdlt">—La vida en la zapatería.—Los amigos de + <td class="tdlt">—La vida en la zapaterÃa.—Los amigos de Manuel.</td> <td class="tdrb">91</td> </tr> @@ -11160,7 +11126,7 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_VII2">VII.</a></td> <td class="tdlt">—La <i>kermesse</i> de la calle de la - Pasión.—El <i>Lechuguino</i>.—Un café cantante.</td> + Pasión.—El <i>Lechuguino</i>.—Un café cantante.</td> <td class="tdrb">125</td> </tr> @@ -11174,7 +11140,7 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_IX2">IX.</a></td> - <td class="tdlt">—Una historia inverosímil.—Las hermanas + <td class="tdlt">—Una historia inverosÃmil.—Las hermanas de Manuel.—Lo incomprensible de la vida.</td> <td class="tdrb">147</td> </tr> @@ -11185,7 +11151,7 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_I3">I.</a></td> - <td class="tdlt">—El drama del <i>Tío Patas</i>.—La tahona.—Karl + <td class="tdlt">—El drama del <i>TÃo Patas</i>.—La tahona.—Karl el hornero.—La Sociedad de los Tres.</td> <td class="tdrb">159</td> </tr> @@ -11193,7 +11159,7 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_II3">II.</a></td> <td class="tdlt">—Una de las muchas maneras desagradables - de morirse que hay en Madrid.—El <i>Expósito</i>.—El + de morirse que hay en Madrid.—El <i>Expósito</i>.—El <i>Cojo</i> y su cueva.—La noche en el Observatorio.</td> <td class="tdrb">177</td> </tr> @@ -11201,14 +11167,14 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_III3">III.</a></td> <td class="tdlt">—Encuentro con Roberto.—Roberto cuenta - el origen de una fortuna fantástica.</td> + el origen de una fortuna fantástica.</td> <td class="tdrb">189</td> </tr> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_IV3">IV.</a></td> <td class="tdlt">—Dolores la <i>Escandalosa</i>.—Las - engañifas del <i>Pastiri</i>.—Dulce salvajismo.—Un + engañifas del <i>Pastiri</i>.—Dulce salvajismo.—Un modesto robo en despoblado.</td> <td class="tdrb">199</td> </tr> @@ -11221,15 +11187,15 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_VI3">VI.</a></td> - <td class="tdlt">—El señor Custodio y su hacienda.—A la + <td class="tdlt">—El señor Custodio y su hacienda.—A la busca.</td> <td class="tdrb">227</td> </tr> <tr> <td class="tdrt"><a href="#CAPITULO_VII3">VII.</a></td> - <td class="tdlt">—El señor Custodio y sus ideas.—La - Justa, el <i>Carnicerín</i> y el <i>Conejo</i>.</td> + <td class="tdlt">—El señor Custodio y sus ideas.—La + Justa, el <i>CarnicerÃn</i> y el <i>Conejo</i>.</td> <td class="tdrb">239</td> </tr> @@ -11247,17 +11213,17 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> -<p class="p6 center"><i>Rafael Caro Raggio: Editor.—Ventura Rodríguez, 18.</i></p> +<p class="p6 center"><i>Rafael Caro Raggio: Editor.—Ventura RodrÃguez, 18.</i></p> -<p class="p4 center large">COLECCIÓN SELECTA</p> +<p class="p4 center large">COLECCIÓN SELECTA</p> -<p class="smcap p2 center">volúmenes publicados</p> +<p class="smcap p2 center">volúmenes publicados</p> -<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="7" summary="coleccion"> +<table class="autotable"> <tr> - <td class="tdlt"><span class="smcap">Julio Vallés.</span></td> - <td class="tdlt">—<b>El Niño.</b> (Vida de Jaime Vigntras.)</td> + <td class="tdlt"><span class="smcap">Julio Vallés.</span></td> + <td class="tdlt">—<b>El Niño.</b> (Vida de Jaime Vigntras.)</td> </tr> <tr> @@ -11272,7 +11238,7 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdlt"><span class="smcap">Carlos Rivet.</span></td> - <td class="tdlt">—<b>El último Romanof.</b> (Historia del Tsar + <td class="tdlt">—<b>El último Romanof.</b> (Historia del Tsar de Rusia y su corte.)</td> </tr> @@ -11297,19 +11263,19 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> </tr> <tr> - <td class="tdlt"><span class="smcap">José María Salaverría.</span></td> + <td class="tdlt"><span class="smcap">José MarÃa SalaverrÃa.</span></td> <td class="tdlt">—<b>Los conquistadores.</b> (El - origen heroico de América).</td> + origen heroico de América).</td> </tr> <tr> <td class="tdlt"> </td> - <td class="tdlt">—<b>En la Vorágine.</b></td> + <td class="tdlt">—<b>En la Vorágine.</b></td> </tr> <tr> <td class="tdlt"><span class="smcap">Juan Gualberto Nessi.</span></td> - <td class="tdlt">—<b>Aventuras del submarino alemán U...</b></td> + <td class="tdlt">—<b>Aventuras del submarino alemán U...</b></td> </tr> <tr> @@ -11339,7 +11305,7 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> <tr> <td class="tdlt"><span class="smcap">Abel Hermant.</span></td> - <td class="tdlt">—<b>Los amores de Fanfán.</b></td> + <td class="tdlt">—<b>Los amores de Fanfán.</b></td> </tr> <tr> @@ -11358,7 +11324,7 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> </tr> <tr> - <td class="tdlt"><span class="smcap">Augusto Martínez Olmedilla.</span></td> + <td class="tdlt"><span class="smcap">Augusto MartÃnez Olmedilla.</span></td> <td class="tdlt">—<b>Resurgimiento.</b></td> </tr> @@ -11368,44 +11334,44 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> -<h2><a name="JOSE_MARTINEZ_RUIZ_AZORIN" id="JOSE_MARTINEZ_RUIZ_AZORIN">JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ (AZORÍN)</a></h2> +<h2><a name="JOSE_MARTINEZ_RUIZ_AZORIN" id="JOSE_MARTINEZ_RUIZ_AZORIN">JOSÉ MARTÃNEZ RUIZ (AZORÃN)</a></h2> -<p class="p4 center smcap">COLECCIÓN DE OBRAS COMPLETAS</p> +<p class="p4 center smcap">COLECCIÓN DE OBRAS COMPLETAS</p> <p class="i2 p2">I.—<span class="smcap">El alma castellana.</span></p> <p class="i2">II.—<span class="smcap">La Voluntad.</span></p> -<p class="i2">III.—<span class="smcap">Antonio Azorín.</span></p> -<p class="i2">IV.—<span class="smcap">Las Confesiones de un pequeño filósofo.</span> (Aumentada.)</p> -<p class="i2">V.—<span class="smcap">España.</span></p> +<p class="i2">III.—<span class="smcap">Antonio AzorÃn.</span></p> +<p class="i2">IV.—<span class="smcap">Las Confesiones de un pequeño filósofo.</span> (Aumentada.)</p> +<p class="i2">V.—<span class="smcap">España.</span></p> <p class="i2">VI.—<span class="smcap">Los pueblos.</span></p> -<p class="i2">VII.—<span class="smcap">Fantasías y devaneos.</span></p> -<p class="i2">VIII.—<span class="smcap">El político.</span></p> +<p class="i2">VII.—<span class="smcap">FantasÃas y devaneos.</span></p> +<p class="i2">VIII.—<span class="smcap">El polÃtico.</span></p> <p class="i2">IX.—<span class="smcap">La ruta de Don Quijote.</span></p> -<p class="i2">X.—<span class="smcap">Lecturas españolas.</span></p> +<p class="i2">X.—<span class="smcap">Lecturas españolas.</span></p> <p class="i2">XI.—<span class="smcap">Los valores literarios.</span></p> -<p class="i2">XII.—<span class="smcap">Clásicos y modernos.</span></p> +<p class="i2">XII.—<span class="smcap">Clásicos y modernos.</span></p> <p class="i2">XIII.—<span class="smcap">Castilla.</span></p> <p class="i2">XIV.—<span class="smcap">Un discurso de La Cierva.</span></p> -<p class="i2">XV.—<span class="smcap">Al margen de los clásicos.</span></p> +<p class="i2">XV.—<span class="smcap">Al margen de los clásicos.</span></p> <p class="i2">XVI.—<span class="smcap">El licenciado Vidriera.</span></p> <p class="i2">XVII.—<span class="smcap">Un pueblecito.</span></p> <p class="i2">XVIII.—<span class="smcap">Rivas y Larra.</span></p> -<p class="i2">XIX.—<span class="smcap">El paisaje de España visto por los españoles.</span></p> -<p class="i2">XX.—<span class="smcap">Entre España y Francia.</span></p> -<p class="i2">XXI.—<span class="smcap">Parlamentarismo español.</span></p> -<p class="i2">XXII.—<span class="smcap">París, bombardeado y Madrid sentimental.</span></p> +<p class="i2">XIX.—<span class="smcap">El paisaje de España visto por los españoles.</span></p> +<p class="i2">XX.—<span class="smcap">Entre España y Francia.</span></p> +<p class="i2">XXI.—<span class="smcap">Parlamentarismo español.</span></p> +<p class="i2">XXII.—<span class="smcap">ParÃs, bombardeado y Madrid sentimental.</span></p> <p class="i2">XXIII.—<span class="smcap">Laberinto.</span></p> <p class="p4 center">OTRAS PUBLICACIONES</p> -<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="7" summary="publicaciones"> +<table class="autotable"> <tr> <td class="tdlt"><span class="smcap">Lorenzo Gallego Carranza.</span></td> - <td class="tdlt">—<b>Lecciones de Topografía.</b> 9 ptas.</td> + <td class="tdlt">—<b>Lecciones de TopografÃa.</b> 9 ptas.</td> </tr> <tr> @@ -11415,388 +11381,15 @@ no de los que buscan el placer en la sombra.</p> </table> -<hr class="tb" /> +<hr class="tb"> -<p class="box">Nota del Transcriptor: Errores obvios de imprenta han sido corregidos. Páginas en blanco +<p class="box">Nota del Transcriptor: Errores obvios de imprenta han sido corregidos. Páginas en blanco han sido eliminadas.</p> - - - -<pre> - - - - - -End of Project Gutenberg's La Lucha Por La Vida; La Busca, by Pío Baroja - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA LUCHA POR LA VIDA; LA BUSCA *** - -***** This file should be named 43432-h.htm or 43432-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/4/3/4/3/43432/ - -Produced by Carlos Colon and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was -created from images of public domain material made available -by the University of Toronto Libraries -(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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