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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org/license + + +Title: Oriente + +Author: Vicente Blasco Ibáñez + +Release Date: July 9, 2012 [EBook #40182] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ORIENTE *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was +produced from images available at The Internet Archive) + + + + + + + + +Nota del transcriptor: En esta edición se han mantenido las convenciones +ortográficas del original, incluyendo las variadas normas de acentuación +presentes en el texto. + + + + +ORIENTE + + +OBRAS DEL MISMO AUTOR + +=En el país del arte= (viajes). + +=Cuentos valencianos.= + +=La condenada= (cuentos). + +=Arroz y tartana= (novela). + +=Flor de Mayo= (novela). + +=La barraca= (novela). + +=Entre naranjos= (novela). + +=Sónnica la cortesana= (novela). + +=Cañas y barro= (novela). + +=La Catedral= (novela). + +=El Intruso= (novela). + +=La Bodega= (novela). + +=La Horda= (novela). + +=La maja desnuda= (novela). + +=Sangre y arena= (novela). + +=Los muertos mandan= (novela). + +=Luna Benamor= (novela). + +=ARGENTINA Y SUS GRANDEZAS= + +OBRAS TRADUCIDAS DEL AUTOR + +TERRES MAUDITES (Traducción de G. Hérelle), París. + +FLEUR DE MAI (Traducción de G. Hérelle), París. + +BOUE ET ROSEAUX (Traducción de Maurice Bixio), París. + +CONTES ESPAGNOLS (Traducción de G. Menetrier), París. + +DANS L'OMBRE DE LA CATHÉDRALE (Traducción de G. Hérelle), París. + +TERRAS MALDITAS (Traducción de Napoleão Toscano), Lisboa. + +A CATHEDRAL (Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa), Lisboa. + +DIE KATHEDRALE (Traducción de Josy Priems), Zurich. + +FLOR DE MAYO (Traducción de Josy Priems), Zurich. + +ERDFLUCH (Traducción de Wilhelm Thal), Berlín. + +SCHILF UND SCHLAMM (Traducción de Wilhelm Thal), Berlín. + +DER EINDRINGLING (Traducción de J. Broutá), Berlín. + +DE VLOEK (Traducción del doctor A. A. Fokker), Haarlem. + +WAAR ORANJEBOOMEN BLOEIEN (Traducción del Dr. A. A. Fokker), Amsterdán. + +CHALUPA (Traducción de A. Pikhart), Praga. + +MARNÁ CHLOUBA (Traducción de A. Pikhart), Praga. + +AH, IL PANE!... (Traducción de F. Gelormini), Palermo. + +HVAD EN MAND HAR AT GOVE (Traducción de Johanne Allen), Copenhague. + +VINNYI SKLAD (Traducción de M. Watson), Petersburgo. + +BODEGA (Traducción de K. G.), Petersburgo. + +PROKLIATAC POLE (Traducción de M. Watson), Petersburgo. + +SOBOR (Traducción de M. Watson), Petersburgo. + +DUOYÑOY VISTREL (Traducción de M. Watson), Petersburgo. + +GELEZNODOROGNOY ZAIAZ (Traducción de M. Watson), Petersburgo. + +NALOGUIZA OBNAGENNAIA (Traducción de M. Watson), Petersburgo. + +ARÉNES SANGLANTES (Traducción de G. Hérelle), París. + +LA HORDE (Traducción de G. Hérelle), París. + +A CORTEZAN DE SAGUNTO (Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa), +Lisboa. + +O INTRUSO (Traducción de Carvalho), Lisboa. + + + + +Vicente Blasco Ibáñez + +ORIENTE + +28.000 + +F. SEMPERE Y COMPAÑÍA, EDITORES + +Calle de las Germanías, F S + +Sucursal: Mesonero Romanos, 42 + +VALENCIA MADRID + +_Esta Casa Editorial obtuvo Diploma de Honor y Medalla de Oro en la +Exposición Regional de Valencia de 1909 y Gran Premio de Honor en la +Internacional de Buenos Aires de 1910._ + +_Derechos de traducción reservados en todos los países, incluso Suecia y +Noruega._ + +Imp. de la Casa Editorial F. Sempere y Comp.ª--VALENCIA + + * * * * * + +_Este libro--algunos de cuyos capítulos aparecieron antes en_ EL LIBERAL +_de Madrid_, LA NACIÓN _de Buenos Aires y_ EL IMPARCIAL _de México--va +dedicado al ilustre periodista_ + + =Miguel Moya= + +_claro talento, voluntad enérgica, poderoso reformador de la prensa +española._ + + * * * * * + + + + +CAMINO DE ORIENTE + + + + +I + +La peregrinación cosmopolita + + +Recuerdo que en cierta ocasión tuve en mis manos un ejemplar de la +_Gaceta Imperial_ de Pekín, y al revolver sus finas hojas de papel de +arroz, entre las apretadas columnas de misteriosos caracteres, sólo +encontré dos anuncios comprensibles por sus grabados: el que llaman +vulgarmente _tío del bacalao_, ó sea el marinero que lleva á sus +espaldas un enorme pez, pregonando las excelencias de la Emulsión Scott, +y una botella de largo cuello con la etiqueta «Vichy-État». + +Pocas empresas en el mundo habrán hecho la propaganda que la Compañía +Arrendataria de las aguas de Vichy. + +Circulan por las calles de la pequeña y elegante ciudad francesa los +pesados carromatos cargados de cajones, camino de la estación del +ferrocarril. Marchan las botellas alineadas en apretadas filas al salir +de Vichy, para luego esparcirse como una esperanza de salud. ¿Adonde +van?... La fama de su nombre les asegura el dominio del mundo entero. +Una botella irá á morir, derramando el líquido gaseoso de sus entrañas, +en una aldea obscura de las montañas españolas, y la que cabecea junto á +ella no se detendrá hasta llegar á alguna población sueca, cubierta de +nieve, vecina al Polo; y la otra irá á Australia; y la de más allá +arrojará su burbujeante contenido, bajo el sol del África, en un +campamento de europeos, de estómago quebrantado por las escaseces de la +colonización. + +Y así como el agua de Vichy se esparce por el mundo, para llevar á +remotos países sus virtudes curativas, los médicos de toda la tierra por +un lado, y la moda por otro, empujan hacia aquí á las gentes más +diversas de aspecto y de lengua. + +París, con ser la más cosmopolita de las ciudades, por la atracción que +ejercen sus placeres y sus elegancias, no ofrece el aspecto mundial que +el pequeño Vichy, con sus miles de extranjeros. En las primeras horas de +la mañana, la muchedumbre que llena el Parque y se agolpa en torno de +las fuentes, hace recordar los muelles de Gibraltar ó ciertos puertos de +Asia, que son como encrucijadas marítimas, en los que se tropiezan y +confunden todos los pueblos y todas las lenguas. + +La gente europea, igual y monótona al primer golpe de vista, muestra su +infinita variedad de trajes, gestos y actitudes bajo los paseos +cubiertos del Parque. Desfilan los ingleses con la cara impasible bajo +su pequeña gorra, moviendo al andar sus anchos calzones cortos sobre las +pantorrillas enfundadas en medias escocesas; pasan los alemanes con +sombrerillos tiroleses rematados por enhiesta pluma; los españoles y +americanos, de corbatas vistosas y conversación á gritos; los italianos, +que copian con exagerado servilismo las modas británicas; los franceses, +todos con una roseta ó una cinta en la solapa. Las mujeres se exhiben +envueltas en velos como odaliscas, con el rostro sombreado por el panamá +ó el sombrero enorme, de alas caídas y cargado de flores, copiado de los +retratos de los pintores ingleses. Las blusas de encajes transparentan +en su trama sutil rosadas desnudeces; las faldas, cortas y blancas, +dejan en su revoloteo una estela de perfumes. Confundidos en esta +avalancha de tonos uniformes, pasan los egipcios y turcos, de levita +clara y elevado fez; los chinos, de túnica azul y bonete negro con rojo +botón sobre el trenzado pelo de rata; los malayos, de blancos calzones, +con femeniles trenzas arrolladas en torno de su rostro amarillo y +simiesco; los persas, vestidos á la europea, pero coronando su bigotuda +cara con un gorro de astrakán; dos ó tres _rajahs_ indios, de albas +vestiduras, graves, hermosos y perfumados, como sacerdotes de una +religión poética que tuviese por deidades á las flores; judíos sórdidos, +cubiertos de sedas tan brillantes como sucias, y moros ricos de Argel y +Túnez, _jeiques_ de tribu, que ostentan sobre el nítido albornoz la +mancha roja de la Legión de Honor y unen á su arrogancia tradicional la +satisfacción de hallarse en su propia casa, como súbditos de la +República francesa. Y juntos con estas gentes extrañas se muestran los +franceses exóticos, los militares venidos de lejanas Francias, los +oficiales del ejército colonial, que llegan á reponerse de las fiebres +de los pantanos tonkineses, del sol que devora á los hombres en las +casas de tierra de Tombouctu, en los puestos avanzados del Sahara ó en +las factorías del Senegal y del Congo; spahis y cazadores de África, de +teatrales uniformes; marinos y coloniales con traje blanco y casco +ligero de lienzo y corcho. + +El agua turbia y burbujeante que salta en las fuentes, bajo una gran +cúpula de cristal, es la que realiza el milagro de reunir gentes tan +diversas y de origen tan lejano en esta pequeña ciudad del centro de +Francia, que hace menos de tres siglos dió á conocer la pluma de Mad. +Sévigné. + +Nada hay nuevo en el mundo. Lo mismo que la gente viene ahora á las +estaciones termales de las que es reina Vichy, iba hace tres mil años, +con un fin religioso y de curación al mismo tiempo, á pequeñas ciudades +de Grecia, famosas por sus aguas y sus profetisas, buscando á la vez la +salud del cuerpo y la certeza del porvenir. + +No hay aquí ninguna Pitonisa que, montada en un trípode sobre la fuente +de la _Grand Grille_ ó de los _Celestinos_, profetice nuestra vida +futura; pero diarios y prospectos anuncian la presencia en Vichy de +acreditadas profesoras de cartomancia y magia, venidas de París para +rasgar los sombríos misterios de lo futuro, á razón de veinte francos +por consulta. + +No se encuentra una Friné que se muestre desnuda en medio del Parque, +como la irresistible cortesana griega, despojándose de sus velos ante +los peregrinos enfermos de Delfos para alegrar su miseria con la regia +limosna de la exhibición de sus gracias; pero las Frinés vestidas son +legión; se cuentan á centenares: unas hablan francés, otras español, +otras ruso; son ortodoxas, heterodoxas, hebreas ó simplemente impías; +las hay rubias, morenas, amarillas y hasta negras, y repitiendo á puerta +cerrada la suerte de la bella ateniense, ahorran para la campaña de +invierno en París ó Marsella, Argel ó Madrid. + +Los graves sacerdotes, majestuosos y sibilinos, de este moderno +santuario de la salud universal, son los médicos. Ochenta y cuatro he +contado en la lista que figura por todos lados, en las esquinas, en los +programas de los conciertos, en las cartas de cafés y restaurants, y +hasta en las paredes de los mingitorios, para recordar á todas horas al +olvidadizo viajero que estos imponentes personajes son los verdaderos +soberanos de Vichy, y no debe nadie beber una gota de agua sin previa +consulta. + +Siendo á modo de grandes sacerdotes, inútil es decir que ocupan las +mejores casas de la ciudad, lujosos hoteles, sonrientes _villas_ +rodeadas de flores, cuyos salones de espera están siempre llenos de +clientes. + +Con las aguas de Vichy no se puede jugar. Los graves hombres de la +ciencia hablan de ellas como si fuesen terribles venenos. Cada vez que +hay que aumentar la dosis en un sorbo, conviene consultarles +previamente, con un luis de oro en la mano. Causa admiración la +sabiduría, el tino con que estos respetables arúspices de la ciencia +combinan la toma de las aguas de las diversas fuentes, armonizando unas +con otras. + +--Un vaso de la _Grand Grille_ á tal hora; luego uno de _Celestinos_ á +tal otra. Más adelante variaremos y serán _Chomet_ y _Hôpital_. Sobre +todo, nada de prisas. La curación debe seguir su marcha. + +¡Nada de prisas!... Lo mismo que los graves doctores piensan los +hoteleros de Vichy, los dueños de cafés, los empresarios de teatros, +hasta las Frinés del Parque, y esta unanimidad de pareceres convence al +viajero, que no sabe cómo agradecer el interés que todos muestran por +retenerle á su lado. + +En torno de las fuentes, los bebedores de agua, apurando lentamente sus +vasos, se preguntan á veces por sus dolencias. Uno tiene enfermo el +hígado, otro la garganta, el de más allá sufre diabetes; una señora +calla y enrojece, pensando en la tristeza de los árboles, que mueven +sus copas sin llegar nunca á dar fruto... ¡Y todos beben lo mismo! + +La humanidad, que desprecia la salud mientras la posee, guarda su fe más +ciega para los que la consuelan y entretienen en la gran cobardía de la +dolencia. + + + + +II + +Aguas y música + + +El sol de las primeras horas de la tarde, filtrándose al través del +follaje del Parque de Vichy, extiende un manto temblón de harapos de +sombra y retazos de luz sobre la muchedumbre sentada en sillas de +hierro, en torno del kiosco de la música. La orquesta, acompañada de +lejos por las bocinas de los automóviles que pasan veloces, por el +vocerío de los vendedores de periódicos que pregonan las últimas hojas +llegadas de París, y por los gritos de los cocheros que invitan á +pintorescas excursiones por las riberas del Allier, puebla el espacio +con los lamentos de las ondinas del Rhin, llorando el mágico tesoro +arrebatado por el maligno Nibelungo, con el melancólico adiós de +Lohengrin al alejarse de Elsa, ó con la romántica _Canción de la +Estrella_ que entona Wolfram, el grave trovador, contemplando el astro +del atardecer. + +Vichy es la ciudad de la música. Los viajeros que ocupan los hoteles +inmediatos al Parque, despiertan, apenas comenzada la mañana, arrullados +por el primer concierto del día. El _Sigur_, de Reyer, lanza sus bélicos +apóstrofes, ó la _Thais_, de Massenet, se entrega á su mística +meditación, arrepintiéndose de sus desórdenes de cortesana, mientras el +viajero se viste y se lava y va á beber el primer vaso del día en la +fuente de la _Grand Grille_. Luego, á las once, empieza otro concierto +en el café de la Restauración, con aditamento de cantantes, y á éste +sigue el grande de la tarde, en pleno Parque, que dura hasta las cinco, +sin que entre las piezas existan otros intermedios que brevísimos +instantes de descanso, como si la orquesta se avergonzase de su inacción +y Vichy no pudiese vivir sin una melodía interminable vibrando en su +ambiente. Y á las siete, después de la comida, empiezan á la vez, para +durar hasta media noche, tres grandes conciertos en los tres casinos +importantes, á más de una representación de ópera en el Gran Teatro y +los innumerables concertistas que _actúan_ en los cafés y _music-halls_. + +Parece como que todos los instrumentistas de Francia vengan á Vichy, +durante la temporada termal, para entretener el ocio del público +cosmopolita, que digiere las famosas aguas al arrullo de las orquestas. +Toda la música del mundo es devorada por el enorme consumo melódico de +esta población, que llaman orgullosamente los franceses la _Reine des +Villes d'Eaux_. Desde el _Fuego encantado_, de Wágner, hasta la _Jota +Aragonesa_ y la _Marcha Real_, la música de todos los tiempos y de todos +los países halaga los oídos de la muchedumbre extranjera, tropel de aves +de paso que llena Vichy durante algunas semanas; y tan pronto suenan las +graves notas de una composición de Bach, como se desarrollan picarescos +y juguetones los cantos del _género chico_ español, y se contonea +chulescamente el diabólico tango, haciendo murmurar á los graves señores +condecorados: _Ollé, ollé!_ y moverse los pies de las señoras, que +exclaman: _Comme c'est joli!_ + +Música y aguas á todo pasto. ¿Y los enfermos?... Los enfermos no se ven +en ninguna parte. Á Vichy se viene á descansar. Además, la mayor parte +de las enfermedades que curan estas aguas son de «larga espera»: males +de estómago, diabetes, etc., y los dolientes no se diferencian, en su +aspecto exterior ni en su gesto, de los sanos. De vez en cuando se ve un +señor que, escuchando el concierto, deposita un pie hinchado, enorme, +elefantíaco, sobre la silla que tiene delante; pero las bandas de +franela y la pantufla son lo único que revela su enfermedad al +contrastar con el otro pie calzado de charol. Pasan algunas señoras +sentadas en sillones de ruedas, de los que tiran mozos de cordel; pero +van pintadas y compuestas como las demás mujeres, con tal estiramiento +elegante en su enfermedad y tal respeto de sí mismas, que hacen pensar +si en Vichy morirá la gente vistiendo traje de _soirée_ al arrullo del +último vals de moda. + +En los bailes del Gran Casino se ven jóvenes con muletas, ó muchachas +que cojean ligeramente, esforzándose por ocultar la flojedad de sus +huesos, triste herencia de las diversiones de sus progenitores; pero el +frac de los unos y las _toilettes_ escotadas de las otras, parecen +borrar la gravedad de sus dolencias, y todos sonríen, con un deseo +vehemente de divertirse. Cuando suena la orquesta, el que puede bailar, +baila, y el que se ve imposibilitado de hacer esto, se mete en la sala +de juego. + +Vichy se divierte: los enfermos malhumorados, que alborotan en sus casas +y llevan á mal traer á los suyos, sonríen aquí, y á las seis de la tarde +visten su traje de ceremonia. Venir á tomar estas aguas sin traer un +_smoking_ en la maleta equivale á un sacrilegio. + +Hay que descansar, y aunque una gran parte de los que llegan á Vichy son +favoritos de la fortuna, que no conocen la rudeza del trabajo, descansan +y descansan, bebiendo dos vasos de agua por día y charlando durante el +curso de tres ó cuatro conciertos diarios. + +Las buenas relaciones entre Francia y España, su acción común en +Marruecos, han influído para dar mayor boga á nuestra música. Los mismos +compositores de segundo orden, que hace algunos años escribían danzas +rusas y melodías moscovitas en honor de la Doble Alianza, producen ahora +la _Marche des gitanos_, la _Marche des Aficionados_ y otras obras de no +menos color, con fragmentos de la _Marcha Real_ en sordina, repiqueteo +de castañuelas, tintineo de triángulo y golpes de pandero. + +La música del género chico, tangos dislocantes, pasacalles alegres, dúos +de ligera pasión y jotas alborozadas, al alternar con las obras de los +maestros más famosos, alcanza un éxito que no consiguen éstos muchas +veces. + +Yo respeto y admiro el llamado _género chico_. De sus libretos, dramas +comprimidos ó sainetes coloristas, apenas si me acuerdo una semana +después de haberlos visto. Pero la música de esas obras es una de las +manifestaciones artísticas más respetables y más grandes de la España +actual. Se ha hablado mucho de la necesidad de una ópera española. ¿Para +qué? España ya tiene su música, que no puede ser más suya. Á los pueblos +no hay que forzarlos para que produzcan artísticamente en determinada +dirección, sino aceptar lo que den espontáneamente y celebrarlo, siempre +que tenga una individualidad marcada. + +El ilustre maestro Bretón se ha pasado gran parte de su vida batallando +y penando por crear y afirmar la ópera española. Yo he viajado por +varios países de Europa sin oir en ninguna parte fragmentos de sus +óperas, que pudiéramos llamar solemnes ó grandes, y en cambio, he +escuchado y he visto aplaudir en Francia y en Italia _La verbena de la +Paloma_, y la he oído canturrear á gentes de los Estados Unidos. + +En Nápoles (país de los concursos de romanzas, que cada año da al mundo +una canción de moda) los músicos callejeros y las orquestas de los cafés +no tienen otra música amada que la de Caballero, Chapí, Chueca y otros +españoles. + +En Venecia, la de las serenatas románticas, he visto las góndolas +cargadas de cantores y orladas de luces, navegar por el Gran Canal, bajo +las ventanas de los hoteles, poblando el silencio de la noche con la +«Marcha de los marineritos» de _La Gran Vía_. + +Cada país debe alegrarse por lo que tiene, sin detenerse á desentrañar y +aquilatar su mérito, pues peor es no poseer nada y no despertar la +atención más allá de las fronteras. + +La fama de hermosura y gracia de la mujer española la sostienen hoy, +desde París á San Petersburgo, todas esas muchachas que, con apodos más +ó menos extraños, bailan ó cantan «cosas de la tierra». Sólo cuando +aparece en la escena un mantón con flecos y un pavero ladeado sobre un +moño con claveles se acuerda el gran público de que existe España. +Cuando las orquestas acarician los nervios de la muchedumbre con la +música fácil, alegre y bizarra del llamado _género chico_, se enteran en +Europa de que existe un arte español y de que en la Península nos +dedicamos á algo más que á matar toros. + +Á muchos les parecerá un sacrilegio lo que voy á decir, pero no por esto +es menos cierto. La música de _La Gran Vía_ la tocan más en el mundo y +es más conocida que la de _El anillo del Nibelungo_. Ya sabemos que +Chueca no es Wágner. Pero la inmensa mayoría de los que escuchan +conciertos en el extranjero, aunque fingen por _snobismo_ una admiración +de personas correctas hacia las obras consagradas, prefieren en su +interior el «Caballero de Gracia» á todos los caballeros del Santo +Graal. + + + + +III + +Las mesas verdes + + +El Casino de Vichy es una construcción enorme y blanca, con adornos +serpenteantes de «arte nuevo». Contiene un teatro espléndido, en el que +todas las noches se cantan óperas ó actúan las «estrellas» de la Comedia +Francesa y del Odeón, que hacen su _tournée_ anual: sala de conciertos, +grandes salones de baile, gabinete de lectura, una rotonda con espejos +colosales, y el oro chorreando por todas las tallas y adornos de los +muros... Es, en fin, á modo de una catedral moderna, dedicada á toda +clase de diversiones. + +De día se forman elegantes grupos de claros colores, bajo las +marquesinas de sus terrazas ó á la sombra de los plátanos de sus +jardines; de noche brilla como un palacio de leyenda, marcando con +innumerables bombillas eléctricas, sobre la lobreguez del espacio, las +líneas de sus cornisas, la esbeltez de sus columnas y las armónicas +curvas de su cúpula central. + +En este santuario de las diversiones, al que acude todo Vichy, existe +como capilla predilecta un salón blanco, enorme y de alto techo, que +tiene sus fieles inconmovibles y fijos desde las primeras horas de la +tarde hasta las últimas de la madrugada, y en el que se entra con cierto +recogimiento, bajando el tono de la voz y aminorando el ruido de los +pasos. Imponentes criados de empaque principesco indican al abrir la +cancela de cristales que hay que despojarse del sombrero, y el visitante +avanza respetuosamente después de esta advertencia, pisando muchas veces +las colas de los vestidos femeniles y pidiendo perdón á todas las +espaldas que empuja á su paso. + +Aglomérase la gente en torno de una docena de mesas verdes. Junto á +ellas están sentados los jugadores de importancia, graves, mudos, con +caras de palo y ojos inexpresivos, moviendo las manos cargadas de +billetes y fichas sobre los cuadros marcados en la bayeta verde, ó +llevándoselas al pelo con lentos rascuñones que delatan la emoción. +Contra sus dorsos se empuja y se aplasta la turba de los mirones, que +_apunta_ de tarde en tarde y sigue con interés anhelante las peripecias +del juego; señoras maduras y pintarrajeadas, cubiertas de joyas de +empañado brillo; _cocottes_ de perfil hebraico; correctos señores +condecorados con un _tic_ de maniáticos en sus hoscas facciones. Todos +se empujan con una vehemencia febril. Brilla en las miradas un fuego +malsano. Los ojos, que siguen el vaivén de los azules billetes, entre +la paletada del banquero y las manos de los jugadores, son ojos que se +ven en los juicios orales ó en la primera plana de los periódicos cuando +relatan un crimen sensacional. Pero el aspecto de esta gente no puede +ser más correcto y honorable. Ellas, aventureras de incierta +nacionalidad y edad misteriosa, descotadas y con grandes sombreros; +ellos, elegantes, ostentando en la solapa del _smoking_ condecoraciones +de raros colores, son hombres de una gallardía profesional que hace +recordar á las mundanas retiradas del pecado, y todavía caprichosas, que +aparecen una mañana degolladas en su lecho, con la caja de las alhajas +vacía. + +En Vichy son muchos los que confiesan su llegada sin motivo alguno de +enfermedad. Vienen _pour s'amuser_, según declaran con maliciosa +sonrisa. Unos, sencillos en sus gustos, encuentran diversión sobrada en +el gran rebaño femenino que atrae la fama de Vichy. Otros, más +complicados en sus pasiones y temibles en sus apetitos, se encierran +tarde y noche en la sala de juego del Casino. Los exóticos, los venidos +de muy lejos, son los que con más asiduidad se sientan junto á la bayeta +verde. + +Todas las noches contemplo en un extremo de la mesa donde se juega más +fuerte á un fantasma blanco é inmóvil. Es un jeique de Argel. Pálido, +con una palidez de hostia, entre la blancura de sus tocas y la orla +nevada de su barba, el viejo jeique parece una figura de cera. Sus ojos +brillan, inmóviles, como si fuesen de vidrio, fijos en las manos del +banquero. Esa frialdad musulmana, desdeñosa y altiva, que permite á los +árabes contemplar impasibles las mayores grandezas de nuestra +civilización, mantiene al venerable moro inmóvil y sin pestañear. +Pierde, pierde siempre, y su vida parece concentrarse en sus manos, que +se ocultan bajo las blancas vestiduras, escarabajean en el sitio donde +la Legión de Honor se marca como una gota de sangre sobre el nítido +albornoz, y vuelven á crujir, estrujando azules papelillos que arrojan +ante ellas. + +¡Pobre jeique!... Veo praderas abrasadas por el sol junto á un riachuelo +africano casi seco. Los grupos de palmeras se destacan en negro sobre el +horizonte rojo y oro de la tarde. Los perros flacos y lanudos ladran y +corretean en torno de las tiendas; las mujeres, con el rostro cubierto +por un trapo blanco, van y vienen, llevando sobre su cabeza un cántaro +derecho, ó hunden sus brazos gordos y tostados en la harina amasada, +preparando el pan para el día siguiente y haciendo sonar á cada +movimiento los pesados brazaletes de cobre. Los pequeñuelos, panzudos, +de color de ladrillo, con la cabeza rapada y un pincel de pelos en el +cogote, corren persiguiendo á los saltamontes. El jefe está ausente; el +amo se fué, y una tristeza de orfandad pesa sobre la tribu. El médico +del inmediato puesto militar le recomendó unas aguas milagrosas de la +lejana Francia, país de maravillas, y allá vive el gran jefe, mientras +el campamento parece más solo, más triste. ¡Están lejos los días en que +los hombres de la tribu hacían galopar sus caballos y disparaban sus +fusiles en alborazada _fantasía_, para recibir al personaje de kepis +rojo, que en nombre del gobernador general de Argel colocó sobre el +pecho del jefe la cinta encarnada con la estrella de cinco puntas, +motivo de envidia y respeto para las demás tribus del contorno!... + +Comienza á morir el sol en el rápido crepúsculo africano; álzase en el +horizonte la nube de polvo de los rebaños; óyese el trote de los +caballos; ladran los mastines, y los jinetes pastores, al echar pie á +tierra ante las tiendas, luego de encerrar sus lanudos tesoros, formulan +todos la misma pregunta, sin despojarse del fusil ni haber hecho la +oración de la tarde: «¿Nada de Francia?...» ¡Nada! Y cuando cierra la +noche, los hijos, los yernos, los sobrinos y nietos del ausente, todos +los hombres de la tribu, se duermen envueltos en su albornoz pensando en +el jefe, interpretando su silencio como una señal de grandezas, que les +llenarán luego de orgullo al ser relatadas junto á las hogueras del +invierno. Creen en su sencillez que el jeique condecorado alcanza en el +lejano país de las maravillas los honores que corresponden al venerado +jefe de un centenar de arrogantes centauros. Y á la misma hora, las +manos finas y pálidas, manos de cera, dejan sobre la mesa verde, de +minuto en minuto, con la regularidad de un reloj que suena la desgracia, +la fortuna y el bienestar de los que sueñan en el lejano campamento +africano, bajo la luz difusa de las estrellas, entre el pataleo de las +bestias, el ladrido de los perros y el monótono canto de los grillos. Un +puñado de papeles azules representa una parte de los corderos que se +aprietan durante su sueño, como si presintiesen en el obscuro horizonte +la bestia carnicera que ronda; otro, un caballo de larga crin, narices +de fuego y patas finas, orgullo de la tribu. Todo lo que el jeique deja +en el montón del banquero significa la esperanza perdida de aplacar á +Nathán ó á Samuel, el prestamista hebreo, cuando, al llegar el invierno, +se presenta en la tienda del jefe á hablar de negocios. + +Salgo de la sala de juego, y en la rotonda central, entre brillantes +_toilettes_, veo dormitando en un diván á una mujer obesa y morena. Es +una judía, relativamente joven, pero con su belleza ahogada bajo una +marea ascendente de grasa. El vientre, libre de corsé, se marca como una +cúpula bajo la falda de seda de anchas y vistosas rayas; el rostro, +moreno y abultado, con los ojos perdidos en bullones de carne y unas +cejas gruesas y unidas como una barra de tinta, asoma en el marco de un +rebozo de seda y oro, tan majestuoso como sucio. Contempla impasible las +miradas de curiosidad de las mujeres, y vuelve á adormecerse, ansiando +que llegue el instante de regresar al hotel. Su marido está en la sala +de juego, y la buena Rebeca ó Miryam, sumida en su coraza adiposa, +aguarda horas y horas, viendo en sus cortos ensueños, como ángeles de +luz, algunos nuevos billetes y luises de oro que vengan á unirse al +capital que amasan los dos con una avidez de raza. + +En todas partes, los usureros, los prestamistas, los adoradores de la +fortuna, son los fieles más fervientes del juego. Parece una +incongruencia, pero cuanto más se ama el dinero, llegando en esta +adoración hasta la manía, más dispuesto se está á arriesgarlo á un azar, +con la locura de la ganancia rápida. En España, los principales +consumidores de billetes de la Lotería Nacional son avaros que apenas +comen. En las timbas y casinos, los _puntos_ más asiduos son +prestamistas y usureros, capaces de cometer una mala acción por una +peseta y que pierden mil sin desesperarse, bajo la ilusión de una +próxima ganancia. + +Los artistas, los escritores, hombres poco prácticos, faltos de +habilidad para conservar el dinero, y que parecen despreciarlo por la +prisa que se dan en separarse de él, apenas se sienten tentados por el +juego, y eso que no pretenden pasar por ejemplos de virtud. Son muchas +veces alcohólicos; el eterno femenino complica y desordena los días y +las horas de los más; hasta los hay que en sus pasiones y gustos +desobedecen las órdenes de la Naturaleza... pero jugadores tenaces y +convencidos yo no conozco ninguno. + +Todo jugador es un avaro que desea el dinero de los demás y siente la +fiebre de quitárselo sin arrostrar persecuciones de la justicia. En +fuerza de adorar al dinero, el jugador acaba por no saber para lo que +sirve, y sólo lo admira como una divinidad majestuosa de la que no puede +sacarse provecho alguno. + +Yo he conocido un viejo famélico y haraposo, que dormía durante la +mañana en los bancos del Retiro y pasaba la tarde y las noches en las +casas de juego. Comía las sobras de los otros jugadores, asistía con +preferencia á los círculos donde le obsequiaban con algún café, como +_punto fuerte_, y cuando perdía, que era las más de las veces, +ocultábase por unos instantes en el lugar más nauseabundo de la casa, y +extraía billetes de Banco de sus zapatos rotos, del sudador del +grasiento sombrero, de las ropas haraposas, esparciendo sobre el tapete +verde una parte de sus pegajosos habitantes. + +--El dinero se ha hecho para jugar--decía sentenciosamente--. Y lo que +quede, si queda algo... para comer. + + + + +IV + +La ciudad del refugio + + +Bandas de cisnes, unos blancos, otros negros, cortan, con majestuosa +natación, las atropelladas aguas de un río ancho y azul; casas enormes, +de puntiagudos techos, asoman por encima de la arboleda de los muelles; +más allá, las verdes colinas se abren, mostrando por el ancho desgarrón +una superficie glauca y ligeramente ondulada, como un pedazo de mar; más +allá aún, cierra el horizonte una muralla de montañas, esfumadas por la +distancia, y entre dos de sus cumbres se ve algo así como un +amontonamiento de nubes que á ciertas horas, bajo la luz anaranjada del +sol, toma las formas de un bloque inmenso de cristal, con agudas +aristas. El río en que nadan los cisnes es el Ródano, que acaba de +nacer; la ciudad es Ginebra; el pedazo de mar, el azul lago de Leman, y +el cristalino amontonamiento que parece flotar en el espacio, más allá +de las montañas, el famoso Mont-Blanch. + +En Ginebra la realidad no responde á las ilusiones y simpatías que trae +el viajero como producto de sus lecturas. ¿Quién no ha amado á la +tranquila ciudad suiza, la _Roma protestante_, que durante dos siglos +fué el refugio de todos los rebeldes de Europa, en guerra con los papas +y los reyes? El respeto á la libertad humana fué y es aún un dogma +religioso del pueblo ginebrino. Teniendo que luchar siglos y siglos +contra los duques de Saboya y contra sus propios arzobispos soberanos +para conseguir la independencia, los ginebrinos, conocedores de lo que +cuesta la libertad, la respetaron siempre en la persona del extranjero. +Aquí se refugiaron los réprobos perseguidos por la Inquisición española +ó por los reyes de Francia; aquí encontraron un asilo, en la República +cristiana, gobernada por el ascético Consistorio, todos los que por +desear una conciencia libre no encontraban en Europa tierra donde +colocar sus pies y una piedra en la que descansar la cabeza; todos menos +nuestro compatriota Miguel Servet, víctima de los rencores de Calvino. +Aquí vinieron los fugitivos de Francia luego de la revocación del edicto +de Nantes, y en los modernos tiempos Ginebra dió asilo á los románticos +defensores de la moribunda Polonia, á los revolucionarios italianos, á +los revolucionarios españoles, á los apóstoles de _La Internacional_ y á +los nihilistas y anarquistas, acosados y arrojados de otras tierras como +perros rabiosos. + +Esta ciudad liberal y clemente, que abre sus puertas en el centro de +Europa, como los antiguos templos poseedores del derecho de asilo, +ofrece el más rudo contraste entre sus habitantes y su historia. Parece +que debiera ser una ciudad de pensadores y de artistas, una república de +hombres de estudio, llegados á la suprema tolerancia por la elevación de +su pensamiento, y es una población burguesa, llana y monótona, en la que +no creo exista una mediana imaginación: un Estado de relojeros +pacienzudos y vendedores de peletería, que come bien, fabrica excelentes +cronómetros, despacha tabaco barato y da gracias á Dios, cantando lo más +desafinadamente que puede, al son de un mal órgano, en el interior de +los desnudos templos calvinistas ó en grandes mítines religiosos al aire +libre. + +En varios siglos de libertad y horizontes sin límites para el +pensamiento, Ginebra no ha producido un gran artista ni un escritor +célebre. Toda su gloria intelectual se concentra en Rousseau, ginebrino +de ocasión, bohemio inquieto, complicado y enfermizo, que se honró con +el título de ciudadano de Ginebra, siendo lo más contrario del pacífico +y tranquilo burgués de la ciudad del Leman. + +Á Ginebra le basta para su esplendor intelectual con la gloria de las +ilustres personalidades que se refugiaron en ella buscando reposo: desde +el batallador español Servet que, huyendo del brasero inquisitorial +encendido en nombre de Cristo, cayó aquí en la hoguera, iluminada en +honor de la Biblia, hasta Voltaire, Rousseau, madame Stael y los +modernos revolucionarios, como Bakounine, Mazzini, etc. + +El recuerdo de Rousseau llena la ciudad de Ginebra, y el de Voltaire +sale en los alrededores al encuentro del viajero. + +Los cisnes blancos, que mueven su cuello sobre las aguas como serpientes +de marfil, y los cisnes negros de pico de escarlata, se refugian tras +una isleta que marca el límite donde el lago Leman se convierte en el +impetuoso Ródano. Es la isla de Rousseau. Hoy está convertida en pulcro +paseo, con una estatua del pensador, y ocupa el verdadero corazón de la +ciudad. Hace siglo y medio era un apacible retiro, algo agreste, donde +el artista meditaba sentado en la hierba, bajo la sombra de los grandes +álamos, con los ojos fijos en el azul horizonte del lago. + +En este paisaje sonriente y dulce, que parece exhalar un intenso amor á +la Naturaleza, inspirando nuevos entusiasmos por la vida, se comprende +la originalidad artística de Rousseau y su poderosa influencia +literaria, que aun dura y durará por los siglos de los siglos. Rousseau +introdujo la Naturaleza en la literatura; fué el padrino que tuvo en sus +brazos al arte moderno en el instante de su nacimiento. + +Antes de él, sólo aparecía el hombre como único protagonista en novelas +y poemas. Rousseau infundió vida á cosas hasta entonces inanimadas, y +gracias á su poder de evocación, los pájaros, las flores, las montañas, +el cielo, entraron como nuevos personajes en el escenario de la +literatura. + +Al relatar su infancia introdujo por primera vez como elemento artístico +el revoloteo y el canto de una alondra, y «este canto--como dice +Sainte-Beuve--saludó el nacimiento de la literatura moderna, con sus +descripciones que hacen de la Naturaleza el primer protagonista». Sus +hijos fueron primeramente Chateaubriand, y luego Víctor Hugo con toda la +escuela romántica, que infundió el alma de los hombres á las cosas, +haciendo hablar á las viejas catedrales. Sus nietos son los modernos +naturalistas, y su posteridad acabará cuando perezcan la vida y el arte. + +Ginebra y su lago infundieron á Rousseau este amor á la Naturaleza. El +gran artista sentimental soñaba rodeado de obesos comerciantes y +tranquilos relojeros, incapaces de sentir otros anhelos que los de una +buena mesa y una familia sana. + +Sus _Confesiones_ hablan con ternura de la paz de Ginebra, de la belleza +del lago, de su tranquilo refugio en Vevey, en la posada de «La Llave». +Su _Nueva Eloísa_ tiene á Clarens por escenario, con la superficie azul +del lago, y enfrente las verdes y sombrías cumbres de los montes +saboyanos. + +Cuando los azares de su existencia errante le arrancaron de Ginebra, +otro huésped ilustre, pero más rico y ostentoso, vino á ocupar su sitio. +Era un artista, un bohemio como él, pero en esferas más altas, con un +egoísmo sonriente que le permitió extraer de la vida sus mejores +dulzuras. Rodaba de palacio en palacio, así como el otro iba de hostería +en hostería. Sus acreedores eran reyes y duques; sus amantes, damas de +la corte, mientras las de Rousseau eran infelices criadas ó burguesas. Á +su puerta llegaban con exótica curiosidad lores y boyardos, deseando +conocer al árbitro de los elegantes cinismos y de la gracia francesa. +Era Voltaire. + +Su vejez quebrantada buscó refugio en los alrededores de Ginebra, +estableciéndose en la pequeña aldea de Ferney, donde adquirió la +majestad de un patriarca sonriente. El contacto con la Naturaleza hizo +tierno, sentimental y bondadoso al terrible burlón de los salones de +Versalles, é infundió una religiosidad deísta á su escepticismo. + +Los últimos años de su vida, en medio del campo, á la vista de las +inmensas montañas, fueron de bondad y filantropía. Educó á los +campesinos, pleiteó y escribió por librarles de las gabelas feudales, +estableció riegos y escuelas y expuso su tranquilidad por defender á los +Dreyfus de su tiempo. Vivía como un príncipe en Ferney. Habitaba un +gracioso palacio en el fondo de un parque, y allí escribía á sus buenos +amigos Federico de Prusia y Catalina de Rusia, ó recibía las visitas de +todos los grandes señores que pasaban por Suiza. + +El palacio de Ferney es hoy una de las peregrinaciones obligatorias de +los viajeros que visitan Ginebra. Los salones se conservan como en +tiempos de su ilustre dueño, con muebles de estilo rococo y cuadros que +recuerdan á los soberanos y las beldades que distinguieron con su +amistad al poeta. + +En un extremo del parque se eleva una pequeña iglesia de aldea, +construída por el impío autor del _Diccionario filosófico_ en sus +últimos años. + +«_Dea erexit Voltaire_», dice una dedicatoria grabada en la fachada. +Esto, que parece una blasfemia, fué una de tantas humoradas del anciano +de Ferney. + +--Esta iglesia que he construído--decía Voltaire--es la única de todo el +universo elevada en honor á Dios. Inglaterra tiene iglesias construídas +para San Pablo; Roma, para San Pedro; Francia, para Santa Genoveva; +España, para innumerables vírgenes; pero en todos esos países no hay un +solo templo dedicado á Dios. + +En el salón principal del palacio, sobre una enorme chimenea, se ve un +pequeño mausoleo que guardó el corazón del poeta poco después de su +muerte. + +«Su corazón está aquí, pero su espíritu está en todas partes», dice una +inscripción. + +Esto es verdad, pero no por completo. El espíritu que está en todas +partes no es el de Voltaire, sino el de su siglo. Voltaire fué como esas +estrellas solitarias que anuncian con su fría luz un amanecer ardoroso. + +Sus burlas destructoras no bastaban para preparar una revolución. El +plebeyo y dolorido Rousseau, si resucitase, encontraría su espíritu +difundido en la sociedad moderna, mucho más que el aristocrático +patriarca de Ferney. + + + + +V + +El lago azul + + +Desciende el viento de las montañas sobre la inmensa copa del lago. Las +aguas, de un azul celeste, se obscurecen al rizarse, con una opacidad +semejante á la del mar, y blancos vellones ruedan sobre las ondas, como +rebaños dispersos por el pánico trotando hacia las lejanas riberas. Las +barcas destacan su doble vela latina sobre las colinas verdes, moteadas +de rojo por las techumbres de los _chalets_ y coronadas por la diadema +negra de los bosques. Los grandes vapores de pasajeros ensucian por un +instante el puro azul del cielo con su penacho de humo. La soberbia +cadena del Jura alza en la orilla francesa sus colosales moles, y en la +ribera de enfrente, las montañas suizas alinean sus declives cubiertos +de viñedos, de bosquecillos y de casitas que parecen extraídas de una +caja de juguetes, lo mismo que las vacas que pastan en sus prados y los +aldeanos vestidos como los coros de una ópera cómica. En el último +término de la azul extensión, las montañas se aproximan, las riberas se +estrechan hasta desaparecer, las cumbres descienden casi verticalmente +sobre las aguas, entenebreciéndolas con su densa sombra, y todo adquiere +un carácter áspero y bravío. + +Es el Leman, el lago azul, el más famoso de los pequeños mares +interiores de Europa, el amado de los poetas é idealizado mil veces por +el pincel de los artistas. En sus riberas puso Rousseau las aventuras +sentimentales de sus mejores novelas: aquí imaginó madama Stael las +desventuras amorosas de su «Corina», que fué una _superhembra_ de su +época; por estas aguas vagó la barca de lord Byron, y en nuestros +tiempos han visto pasar sus orillas las merovingias melenas y la fina +sonrisa de Alfonso Daudet, preocupado en el arreglo de las aventuras +alpinas de su Tartarín, ó han presenciado la lenta agonía de un anciano +de áspera barba, robusto y rudo, que llevaba en su entrecejo la +desesperada obstinación de todo un pueblo moribundo, y se llamaba Pablo +Krüger. + +Las aguas azules, rizadas y espumeantes, parecen las de una inmensa +bahía. La imaginación, olvidando las alturas del macizo país suizo, +forja, al través de las montañas, invisibles y lejanos estrechos que +ponen al Leman en comunicación con el Mediterráneo, del cual tiene el +color de las aguas. Pequeños puertos frente á cada población del lago +revelan en sus escolleras de peñascos la irritación de que es +susceptible este poético lago cuando llega el invierno y las ráfagas +que descienden de los montes mueven en espumoso revoltijo este mar +encajonado, batiendo las riberas con el martilleo de su ola corta é +incesante. En estos puertos, el cisne majestuoso que parece haber +presenciado las más remotas leyendas, y la barca de dobles velas igual á +la de los tiempos de la independencia helvética, se rozan y mezclan con +el yate de vapor de los millonarios y las canoas automóviles que +revuelven las aguas con un hervor de tempestad. + +La orilla francesa y la suiza, Thonon y Evian á un lado, y enfrente +Lausana, Vevey y Montreux, son iguales en su aspecto exterior: risueños +bosques, hoteles enormes como ciudades, todas las alturas coronadas por +palacios destinados al hospedaje y orquestas malas á las puertas de los +cafés, bajo las arboledas de los muelles y sobre las cubiertas de los +buques. + +Las diferencias entre ambos países, con ser de poca monta, resultan de +gran interés. + +En la orilla francesa se ven mujeres hermosas y elegantes, rodeadas de +hombres que las siguen y las envuelven en las más respetuosas +atenciones, como sagradas vestales. Son _cocottes_ que poseen el chic, +ese espíritu indefinible y misterioso que nadie sabe en qué consiste, +santo _tabou_ que hace caer de rodillas á los salvajes de la imbecilidad +elegante. + +En la orilla suiza se ven mujeres solas, de ademanes sueltos y aire +decidido, que van de un lado á otro con la más tranquila audacia. Son +señoras decentes, que pueden moverse con entera libertad, sin miedo á +verse confundidas con una clase que no existe, ó caso de existir, +excepcionalmente, se ve repelida por la hostilidad del ambiente +protestante. + +Á un lado del lago campea el anuncio francés, gracioso y ligero; damas +escotadas, con grandes sombreros y las piernas al aire, que pregonan las +excelencias de un chocolate ó unos baños. En la ribera suiza, el cartel +de macizos colores representa siempre una niña ordeñando una vaca, una +osa dando el biberón á un osezno, ó un _chalet_ á cuya puerta bebe +glotonamente la tranquila familia el licor de sus rebaños. La leche y el +oso (animal amado de los suizos y símbolo de su país) son los dos +principales elementos artísticos de este pueblo, que es siempre pesado y +sólido cuando se propone _hacer_ imaginación. + +El lago Leman tiene en un extremo más cerrado y abrupto una joya +histórica, un lugar de peregrinación, al que acuden todos los +extranjeros. + +El castillo de Chillón vale tanto para los suizos como el recuerdo de +Guillermo Tell. Hasta tiene sobre éste la ventaja de que, siendo muchos +los que dudan de la existencia del héroe suizo, nadie puede dudar de la +del castillo, pues ahí está, cuidadosamente conservado y restaurado, +hundiendo sus cimientos en las aguas profundísimas del Leman y +destacando sobre el verde de las montañas las caperuzas rojas de sus +torres. + +Cada país ama lo que no tiene y se lo apropia inventándolo. El plácido +montañés suizo, que vive en plena libertad, en el tranquilo equilibrio +de una buena digestión, sin conocer brujas ni temer ánimas en pena, en +medio de un paisaje sonriente y gracioso, necesita salpimentar su +existencia con algo terrorífico y espeluznante. + +Así como España se esfuerza en demostrar que la Inquisición y las +expulsiones de judíos y moriscos no fueron tan terribles como se ha +dicho, y Francia arregla á su modo lo de San Bartolomé y las Dragonadas, +y todos los países se sacuden como pueden las ferocidades del pasado, el +buen suizo amontona horrores sobre horrores en el castillo de Chillón, +especie de Bastilla helvética, con vistas al lago y las montañas, lo +mismo que cualquier hotel de los alrededores, en los que se paga con +generosidad principesca el honor de vivir alojado. La prisión de +Bonivard, un patriota ginebrino, mártir igual ó inferior á los miles de +miles de mártires que suman todas las patrias de este planeta, ha +servido de punto de partida á los suizos para cargar al pobre y +sonriente Chillón con toda clase de crímenes. + +Entráis en el castillo, confundidos en un rebaño de viajeros ingleses, y +la guardiana, una suiza peliblanca, seca y de ojos claros, que da +vueltas á una enorme llave introducida en uno de sus índices, os señala +un hecho espeluznante á cada paso, con una voz monjil, como si estuviera +cantando el domingo en la capilla de lo que llaman «religión nacional». + +Ve una viga y os dice al momento: «De aquí colgaban los duques de Saboya +á sus enemigos.» Ante un montón de piedras: «Aquí dormían los condenados +á muerte su último sueño.» En un cuartucho, sin otros muebles que unos +cofres viejos: «Esta era la cámara de tormento donde despedazaban á los +hombres.» Frente á una poterna que se abre sobre el lago: «Por aquí +arrojaban los cadáveres de los condenados. Cien metros de fondo, señores +míos.» En la cocina del castillo, su indignación patriótica, no sabiendo +qué inventar, señala la chimenea, afirmando que en ella se asaban bueyes +enteros, para que el buen auditorio se diga escandalizado: «¡Pero qué +tíos tan brutos eran los duques de Saboya!...» + +Y mientras se suceden las horripilantes explicaciones, en los llamados +subterráneos, que tienen grandes ventanas por las que penetra á raudales +la luz, ó en las altas cámaras, con miradores por los que se ve el +mágico espectáculo del lago, el castillo sonríe, hundidos sus pies en el +azul y su cabeza rodeada de un nimbo. Y la hiedra que escala los góticos +ventanales, moviéndose al soplo de la brisa, como con un ademán +negativo, las ondas que susurran al morir dulcemente contra los fuertes +bastiones, el sol que colora con un tono naranja las vetustas piedras, +dándolas palpitaciones de vida, todo parece decir á gritos: «No la +creáis; ¡mentira! ¡todo es mentira! Su oficio es dar una sensación +emocionante á los viajeros, para que á la salida le suelten medio +franco.» + +Lord Byron fué quien inmortalizó este castillo con sus versos «El +prisionero de Chillón». El pobre Bonivard le debe la inmortalidad. + +Pero ¡ay! el ridículo mata las mayores sublimidades, y después que el +poeta inglés grabó su nombre en una columna del _subterráneo_ de +Chillón, otro artista ha pasado por él, «mezcla de bayadera y de +pilluelo parisién», como dijo Zola, y poseedor de esa gracia grotesca +que los hijos del Mediodía franceses comunican á cuanto tocan. + +Desde que á Alfonso Daudet se le ocurrió encerrar al desventurado y +heroico Tartarín en el castillo de Chillón, se acabó su romántico +encantamiento. ¡Adiós, pobre Bonivard! Es inútil que la guardiana +salmodie con su voz de beata calvinista: + +--En esta columna estuvo atado seis años Bonivard, héroe de la libertad +de Ginebra. + +Por encima del organismo escuálido y haraposo, y de la cabeza de Cristo +del patriota cantado por Byron, aparece el cuerpo rechoncho y la fiera +cabezota morena y barbuda del intrépido hijo de Tarascón, nieto +ilegítimo de Don Quijote é incansable cazador de leones... y de gorras. + + + + +VI + +Los osos de Berna + + +Cuando llegan los extranjeros á la capital de la Confederación +Helvética, su primer deseo es siempre el mismo. + +--Lléveme usted á ver los osos--dicen al cochero ó al guía del hotel. + +Y al extremo de un puente, en el fondo de un foso circular, semejante á +una pequeña plaza de toros cuidadosamente enlosada, encuentran á los +hijos favoritos de Berna, á los famosos osos, que figuran en el escudo +nacional, sirven de adorno á los monumentos y se exhiben como motivo +decorativo en las fachadas y salones de los edificios públicos. + +Numeroso gentío ocupa siempre la balaustrada del gran redondel, hablando +de lejos á los pesados animales, excitándolos con gritos cariñosos, +enviándoles una nube de mendrugos y frescas zanahorias. En torno del +foso hay una pequeña feria, con puestos en los que se venden vituallas +para la bestia amada y tarjetas con los retratos de estos personajes +populares. De vez en cuando uno de ellos se encarama por las ramas +transversales de un viejo tronco plantado en el centro del redondel, y +el gentío se entusiasma ante la gracia y la agilidad del pesado animal. + +Los osos de Berna son ricos. Han heredado un sinnúmero de veces, pues +ciertas solteronas patrióticas les legan al morir una parte de su +fortuna. Viven en opulenta abundancia, soberbiamente alimentados, como +el pueblo suizo, del cual son á modo de un símbolo; y como si no les +bastase la manutención que les da el municipio bernés, administrador de +sus bienes, la admiración popular los acosa y abruma bajo un espeso +aguacero de regalos. + +Ahora son seis nada más. Sentados sobre las patas traseras, ventrudos, +enormes, con lanas cuidadosamente lavadas, miran á lo alto, contestando +con sonrientes colmillos al griterío de la fila circular de admiradores. +Ahítos hasta la inmóvil pesadez, cogen al vuelo la zanahoria ó el pan +untado con miel, que les viene directamente á la boca; pero si el +donativo resbala ante sus colmillos y cae á sus pies, no hacen el menor +esfuerzo por recogerlo. Nuevos regalos llueven en torno de ellos, y +dejan lo que cae para sus compañeros de foso, para los parásitos que les +acompañan en su agradable cautiverio, centenares y tal vez miles de +pájaros del inmediato parque, que saltan sobre las losas buscando +migajas en los intersticios, ó picotean en el vientre y las patas de los +enormes camaradas, animando su lanudo volumen con inquietos aleteos. + +Cada pueblo, en los albores de su vida, cuando aun balbucea el infantil +lenguaje de la tradición, simboliza su carácter y su existencia en un +animal. La Roma antigua, ávida y feroz, escogió á la loba; Francia tiene +al gallo fanfarrón, arrogante y belicoso; los Estados del Norte ostentan +águilas de pico rapaz y estómago insaciable; España es el león solemne +hasta en su decadencia, cuando los piojos invaden sus flácidas melenas y +la consunción de la vejez amenaza romper el pellejo con las aristas del +esqueleto; Suiza es el oso. + +El fundador de Berna, que según la tradición se dejó guiar por uno de +estos animales, escogió, tal vez sin saberlo, la más exacta +representación del carácter de sus conciudadanos. + +Es inútil repetir una vez más las glorias pacíficas de la República +Helvética. Todo el mundo las conoce. En cada ciudad, y hasta en la más +pequeña aldea, los dos mejores edificios son siempre la escuela y la +casa de correos. La gente come bien y tiene un aspecto saludable; sólo +se ven soldados en tiempo de grandes maniobras, cuando el gobierno +federal convoca á las reservas; en campos y caminos apenas se encuentran +gendarmes; la policía es escasa en las calles; la suprema graduación en +el ejército es la de coronel, y el que más sabe entre todos ellos toma +el mando supremo; la gran mayoría de los suizos no conoce el nombre del +presidente de la República, que sólo ejerce el cargo un año, y este +presidente, que cobra poco más que uno de nuestros subsecretarios, sale +en las mañanas de verano del magnífico palacio del Gobierno en Berna y +va á tomar un vaso de cerveza en el café Federal, alegre tabernilla que +está enfrente. En los _cabarets_ berneses se sienta uno al lado de un +señor vestido descuidadamente, con sombrero de paja viejo, el chaleco +abierto, la panza en libertad, mientras lee un periódico de apretados +caracteres alemanes, y resulta luego que es un ministro federal ó un +presidente de cantón venido á Berna para hablar mano á mano con los +gobernantes centrales. Cada uno hace lo que quiere y vive como quiere, +con la tranquilidad de que le avisarán apenas estorbe ó perjudique á los +otros, y de que su carácter pacífico, simple y disciplinado, le +aconsejará obedecer, sin el más leve intento de protesta. + +¡Un país dichoso la Confederación Helvética! ¡La mejor de las +repúblicas!... Realmente, la nacionalidad más apetecible del mundo es +ser ciudadano de Suiza... pero habiendo nacido suizo. + +Yo creo firmemente que esta paz del país helvético, esta tranquilidad, +este orden, es una condición de raza. Así como en la vida individual los +seres más felices y satisfechos son los que piensan menos y sólo se +inquietan de lo que toca directa é inmediatamente á sus apetitos y +necesidades, en la vida de los pueblos los que alcanzan existencia más +tranquila y ordenada son los que carecen de imaginación. + +El suizo sólo contempla lo presente. Su pensamiento, tardo, pesado y un +tanto espeso, pero de paso seguro (las mismas condiciones del animal +favorito), no va más allá de lo que le rodea. La vida pública se +concentra para él en el municipio, ó cuando más en el cantón. Ni +siquiera llega á preocuparse de lo que ocurre en Berna. Encuentra +aceptable lo que le rodea, y esto basta para que no sienta deseos de +novedad. + +Si de la noche á la mañana los suizos se convirtiesen en franceses, una +parte de la población fijaría su entusiasmo en el coronel Tal ó Cual, +viendo en su rostro los rasgos de un Bonaparte; se enardecería con el +redoble de los tambores, creyendo que el ejército helvético estaba +llamado á grandes glorias, y en odio á la variedad y el fraccionamiento, +borraría cantones, unificando la nación como bajo un rasero, y +convirtiendo á Berna en un París, depositario de toda la vida suiza. + +Que los suizos se convirtiesen en españoles, y antes de un mes los +católicos de Friburgo, cantón que tiene más conventos y más frailes de +todos colores que cualquiera ciudad nuestra, declararían deshonroso para +su cuerpo y peligroso para su alma el hacer vida común con los cantones +que son protestantes, y las plácidas montañas verdes se llenarían de +partidas capitaneadas por curas, y la causa del Dios verdadero +intentaría convencer á tiros á los herejes para que no persistiesen en +el error. + +Que fuesen italianos todos los habitantes de la libre Helvecia, y sin +perjuicio de atraer y desvalijar en sus hoteles á los extranjeros, los +insultarían con su desprecio de pueblo escogido, llamándolos _barbari_. + +Pero los habitantes de Suiza son suizos, «están bien donde se +encuentran», reconocen como muy aceptable su vida presente, y no piensan +nada nuevo ni se sienten agitados por originales aspiraciones. + +Viendo de cerca á Suiza, hay que decir: «¡Benditos los pueblos que +carecen de imaginación! ¡De ellos serán la tranquilidad y las virtudes +vulgares!» La falta de individualidad permite mantener á los hombres en +el goce de sus completas libertades, sin miedo á que abusen de ellas +saliéndose del nivel común. La carencia de imaginación evita el peligro +de que los más inquietos y audaces tiren impacientes de las riendas de +la ley, turbando la marcha lenta, ordenada y mecánica de este pueblo, +que por su carácter monótono ha hecho de la relojería un arte nacional. + +Todas sus aspiraciones hacia lo desconocido, lo inesperado y novelesco, +se cifran en la servidumbre. En otro tiempo se vendían como soldados á +los reyes de Europa, y los hijos de la libre Helvecia formaban los +regimientos suizos, favoritos de las cortes, que se encargaban de +acuchillar á los pueblos para que se mantuviesen por el miedo sometidos +á los déspotas. Verdaderos mercenarios, pasaban del servicio de unos +Estados á otros, y esto hacía que en los combates se batiesen sin +entusiasmo, con ciertos miramientos, convencidos de que en las filas +enemigas figuraban hermanos suyos igualmente á sueldo. + +Ahora se dedican á fondistas y cafeteros, y corren el mundo para servir +platos ó bocks, lo mismo en California que en Australia ó el Cabo, pero +siempre con el pensamiento fijo en las verdes montañas y los azules +lagos, imágenes que les siguen en su peregrinación, sin que logren +borrarlas nuevos espectáculos. + +Yo creo que ningún suizo sueña cuando duerme. Su obligación al cerrar +los ojos es dormir: un ensueño sería un desorden inútil de la «loca de +la casa», que no tiene aquí amigos ni adeptos. + +En Ginebra he comido todos los días en un modesto restaurant, donde +entré casualmente al llegar á la ciudad. Una irresistible simpatía me +atrajo á este establecimiento. + +El reloj, una soberbia pieza con la hora de París, la hora de la Europa +Central y todas las horas del mundo, estaba siempre parado. + +¡Un reloj parado en Ginebra, la Salamanca del muelle real, la Sorbona de +la rueda catalina!... ¡Un suizo á quien no importa saber qué hora es, +ni se preocupa del buen orden de su vida! + +Me he ido de Ginebra sin conocer al dueño del restaurant, pero estoy +convencido de que es un poeta que se pierde Suiza. + + + + +VII + +El lago y el Concilio + + +Escribo junto á una ventana, por cuyo amplio rectángulo se ve, en primer +término, el follaje de los árboles y la saliente redondez de un pequeño +torreón; más allá una superficie azul, tranquila y tersa, que se pierde +hasta juntarse con el cielo, y en esta línea indecisa del horizonte, una +bruma que no consiguen disipar los rayos del sol de la mañana, y en la +que se dibujan vagamente obscuras siluetas, que tan pronto parecen nubes +rastreras como altivos montes. + +La ventana es del _Insel Hôtel_, antiguo y famoso convento de dominicos, +situado en una isla, entre soberbios jardines, y convertido por los +artistas alemanes en uno de los más hermosos hoteles del mundo; la +torrecilla es la prisión en la que vivió Juan Huss antes de ser +conducido á la hoguera; la inmensa extensión azul, el tranquilo lago de +Constanza, límite entre Suiza y Alemania, y los obscuros perfiles +esfumados por la niebla, los lejanos Alpes del Tirol. + +Hace unas horas he abandonado la tranquila, burguesa y antipática +Zurich, convertida, por las maniobras militares de verano, en una ciudad +belicosa, con las calles llenas de suizos uniformados, arrastrando el +sable; me he detenido en Schaffhouse para ver el _Rheinfall_, la +prodigiosa caída del Rhin, dividiéndose en dos soberbias cascadas al +chocar con una isleta saliente, que parece imposible pueda resistir el +ímpetu de las espumas hirvientes y ruidosas, y después, saliéndome del +camino que habitualmente siguen los viajeros, he venido á la tranquila +ciudad de Constanza, penetrando en los dominios del gran duque de Baden. + +Suiza acaba en la misma estación de Constanza. Para seguir el viaje á +Munich hay que volver al territorio helvético, embarcarse en Romanzhon y +atravesar el lago hasta Lindan, entrando de nuevo en Alemania. Cuatro +aduanas, con otros tantos registros de equipaje en el transcurso de unas +cuantas horas. + +Constanza, antigua ciudad episcopal, venerable y plácida, fué libre +durante muchos siglos. Los españoles la atacaron en el siglo XVI. Los +austriacos la hicieron suya, matando la república protestante que se +había organizado dentro de sus muros, y perteneció á los emperadores de +Viena hasta 1806, en que entró á formar parte del gran ducado de Baden. +Hoy es un resto de aquella Alemania anterior á los triunfos militares, +pacífica, alegre y poética, con sus costumbres patriarcales y su +tranquila libertad. Se ven pocos soldados en su recinto. Las calles +venerables, con edificios de puntiagudos techos y puertas blasonadas, +resuenan de tarde en tarde bajo los pasos de los transeuntes. En los +muelles, limpios y sombreados por los tilos, pasean las muchachas de +trenzas rubias, brazos sonrosados y ojos de un azul clarísimo. Á las +puertas de las cervecerías, bajo la frondosa parra, apuran lentamente +los ciudadanos el jarro de barro blanco chorreante de espuma. + +Es una ciudad vieja, en la que la vida se desliza sin sentir, falta de +intensas alegrías, pero limpia de grandes dolores. Los ciudadanos de +Constanza hacen recordar la plácida existencia de _El amigo Fritz_, y es +indudable que cuando sueñan bajo la parra, con el estómago lleno de +cerveza, canta en sus cerebros la satisfacción de vivir, con una +lentitud majestuosa, semejante á la del _Himno á la alegría_, de +Beethoven. Es una de esas ciudades en las que se entra como en un lugar +amigo que no se ha visto nunca, pero que evoca confusamente simpatías y +familiaridades de una misteriosa existencia anterior. El viajero parte +con pena, prometiéndose volver, y piensa en la felicidad de pasar en +ella el resto de sus días, apartado del mundo, si las exigencias de la +vida no le obligasen al movimiento, tirando de él hacia otro país. + +Sin embargo, esta ciudad de vida placentera debe su celebridad á un gran +crimen. Este paisaje sonriente, este lago tranquilo y casi desierto, con +gaviotas que rizan bajo el contacto de sus plumas las tranquilas aguas, +y bandas de gorriones que caen sobre las barcas solitarias, han +presenciado uno de los conflictos que trajo más revuelta á la humanidad +y fué motivo de guerra y otros males. + +El _Múnster_, la gran Catedral gótica de Constanza, el _Kaufhaus_, +caserón de los Museos históricos de la ciudad, las casas venerables de +sus calles, y hasta el antiguo convento de dominicos, cuyas ruinas se +han utilizado para el hotel en que vivo, todo recuerda la gran gloria y +la gran vergüenza de la tranquila ciudad: el famoso Concilio que lleva +su nombre y el suplicio de Juan Huss con su compañero Jerónimo de Praga. + +Cuatro años duró el tal Concilio. Nunca atravesó el cristianismo una +crisis tan ruidosa y aguda. Tres papas tenía á un tiempo la Iglesia: +uno, vagabundo por Cataluña, Aragón y Valencia, el testarudo español +Luna; otro, en Italia; otro, en Alemania, y de continuar la anómala +situación, los sumos pontífices iban á multiplicarse hasta el punto de +que el Espíritu Santo, con toda su divina sapiencia, no podría bastarse +para atender á la tarea de tan numerosas inspiraciones. + +De 1414 á 1418 duró la gran reunión de autoridades eclesiásticas y +laicas, convocada en Constanza para poner remedio á tales males. El +emperador Segismundo, primer soberano de la tierra en aquellos tiempos, +y gran _métomentodo_ de la época (algo semejante al kaiser actual), +presidía el Concilio, rodeado de toda la pompa de su majestad: guerreros +bigotudos de Bohemia, rubios barones alemanes, feudatarios cubiertos de +hierro, de la Europa Central. Frente á su trono, guardado por los cuatro +grandes dignatarios, uno con la corona en un almohadón, otro con el +cetro, el de más allá con la espada y el último con el globo de oro, +símbolo de universal grandeza, alineábanse los cardenales, vestidos de +rojo, con su perfil de pájaro sombreado por el ancho sombrero escarlata +de pendiente borlaje; los prelados venidos de todas las naciones +cristianas y los frailes multicolores, que leían horas y horas +interminables rollos de pergamino ó peroraban en latín, con una facundia +pesada, para sostener las pretensiones de sus respectivos partidos. Cada +personaje llevaba detrás un séquito interminable. El emperador traía con +él un verdadero ejército y todo cardenal arrastraba tras su cola roja un +pequeño pueblo de familiares, pajes, cocineros y reposteros, caballos y +acémilas. Los príncipes de la Iglesia, rivalizando en lujo, habían +acudido á la cita seguidos de interminable mesnada, y la pequeña +Constanza no sabía cómo contener y guardar todas las grandezas +terrenales, llegadas á su seno para examinar y fallar el gran pleito +surgido en el arreglo de la herencia de Cristo. + +Un vasto campamento rodeaba la ciudad. Miles de caballos agitaban por +las mañanas las riberas del lago al bañarse en sus aguas; las barcas, +cargadas de víveres y forraje, iban en interminable rosario de una +orilla á otra; en las calles, repletas de gentío, sonaban todos los +idiomas de Europa, y cada semana se veían llegar nuevas gentes de países +lejanos: frailes de España, venidos á pie de convento en convento, para +sostener las pretensiones de su pontífice; sacerdotes procedentes del +fondo de la Bohemia ó de las lejanas riberas del Báltico, que parecían +traer con ellos un olor de herejía y eran los precursores de la Reforma, +á la que sólo le faltaba un siglo para nacer. + +Transcurría el tiempo, y el concilio no adelantaba en sus decisiones. +Todo acuerdo exigía una información en lejanos países ó provocaba +protestas, y mientras tanto, el pequeño mundo aglomerado en Constanza se +aburría, sumiéndose en los mayores pecados por culpa del tedio. Los +mercenarios del emperador correteaban á las muchachas en los +bosquecillos inmediatos al lago; la cerveza y el vino del Rhin rodaban á +torrentes; los santos cardenales cerraban bajo llave á los pajecillos +italianos, para librarles de incurrir en pecado con gentes que no fuesen +eclesiásticas, y para general distracción y derrota del diablo tentador, +se organizaban procesiones ostentosas, amenizadas con la quema de algún +que otro miserable judío. + +He visitado el _Kaufhaus_, enorme edificio, vecino al puertecillo +actual, en el que se celebraron las sesiones del Concilio. Es un caserón +de piedra, con las puertas negruzcas, de ojiva chata, rematadas por +groseros relieves góticos. El último piso, de madera carcomida, está +rematado por un techo de barraca, de ruda pendiente, igual al usado en +todos los países donde abunda la nieve. + +Un día, el Concilio, reunido en el salón que ocupa todo el piso +superior, vió comparecer á un sacerdote de gran barba rubia y ojos +azules, vestido de raída sotana y cubriendo con un cuadrado bonete sus +cabellos ensortijados. Era Juan Huss. + +Traía revuelta á Hungría con sus predicaciones. La muchedumbre marchaba +tras sus pasos, y el sacerdote deteníase en los caminos, predicando al +pie de los árboles sus nuevas doctrinas. La gran masa, ansiosa de +rebelión, adoraba al profeta. El emperador Segismundo le había invitado +á venir al Concilio, para explicar sus creencias, dándole un +salvoconducto y empeñando su palabra imperial para convencerle de que su +vida no corría peligro. La espada del Imperio velaba sobre él. Su +existencia era sagrada. + +Al verle aparecer y escuchar su voz, corrió un estremecimiento por la +santa asamblea, semejante al que agita á la jauría cuando huele la caza. + +Los hábitos negros y blancos de los dominicos palpitaron de emoción; +las cabezas severas y duras de los frailes alemanes, intolerantes y +rudos, y de los frailes españoles, sus discípulos y herederos, +agitáronse con aullidos de muerte. + +El sacerdote bohemio se explicó tan claramente, que, á los pocos días, +estaba preso, y para mayor seguridad, en el convento de los dominicos, +en este torreón que puedo tocar con sólo extender el brazo fuera de mi +ventana. El emperador se olvidó de él y de la palabra dada, ejemplo de +villanía repugnante que no siguió Carlos V cuando un siglo después +compareció Lutero ante la Dieta de Worms. + +La muchedumbre reunida en Constanza gozó al fin de una gran fiesta. Los +padres del Concilio, que llevaban tanto tiempo sin hacer nada y se veían +desobedecidos en sus acuerdos, pensaron satisfechos en que iban á hacer +algo sonado. + +Una mañana, el prisionero del convento de la Isla fué sacado del +torreoncillo, por cuyas estrechas ventanas contemplaba la extensión azul +del lago buscando las montañas de su lejano país. Cruces en alto; +blandones encendidos; largas filas de monjes encapuchados; un canto +lúgubre, que contrasta con el piído de los pájaros y el susurro del lago +al morir en la orilla. Como representantes del brazo secular, los +barbudos _lansquenetes_, oliendo á cerveza, empujan al sacerdote, lo +amarran, lo visten con una mitra y una túnica pintadas de diablos y +serpientes y la procesión de muerte emprende el camino hacia el arrabal +de Brülh, donde hoy se alza una roca cubierta de inscripciones en honor +del mártir. Otra procesión igual surge en el camino conduciendo á +Jerónimo de Praga, el fiel compañero y discípulo. + +La gloria de la cristiandad, lo más selecto é ilustre de la época, ocupa +la llanura de Brülh. El emperador no ha osado contemplar su obra, pero +allí están, junto al montón de leña seca, rematada por dos postes, los +cardenales á caballo, con sus séquitos de príncipes; los nobles +guerreros y las hermosas damas alemanas, rubias, blancas y pechonas, +montadas en vistosas hacaneas y avanzando todo cuanto pueden para no +perder nada del interesante espectáculo. + +¡Prodigios de la fe! El inmenso montón de leña ha sido traído +voluntariamente pieza á pieza, por la piedad de los fieles, por el buen +populacho, que desea la quema de estos dos hombres, á los que no conoce, +pero cuya maldad le parece indudable. + +Empiezan á crepitar las llamas, asomando sus lenguas rojas entre los +leños. Surge el humo de las ropas carnavalescas que cubren á los +condenados como un último insulto. + +De pronto se abren las filas de soldados sonrientes, y sonríen también +las hermosas damas, los príncipes eclesiásticos y los jinetes de +luciente coraza. + +Una vieja, arrugada y casi ciega, miserable andrajo humano, avanza, +encorvada bajo un pequeño haz de sarmientos. Viene de muy lejos, y teme +haber llegado tarde para depositar su ofrenda, perdiendo la ocasión de +hacerse grata á Dios. Al arrojar su haz en la hoguera, suspira +satisfecha, como si librase su alma de un gran peso. + +Juan Huss también sonríe. Sus ojos azules, de dulce profeta, +lagrimeantes por el humo, miran al cielo. Su barba rubia, que empieza á +chamuscarse, muévese á impulsos de una admiración lastimera. + +--_¡Oh sancta simplicitas!_--gime. + +Las últimas palabras del mártir fueron para la santa y eterna +imbecilidad de los simples, que creen lo que les enseñan, odian lo que +les señalan, y con la sencillez de la inconsciencia, matan ó persiguen, +creyendo realizar una gran hazaña, á los que se preocuparon de su +suerte, trabajando y sufriendo por ellos. + + + + +VIII + +La Atenas germánica + + +Munich es una de las capitales de Europa de fundación más moderna, y sin +embargo, muy pocas le igualan en el aspecto, majestuosamente venerable. + +En el siglo XII, cuando eran viejas ya las grandes ciudades europeas, +Munich se componía de un puente sobre el Isar, con algún caserío y un +fuerte convento. _Forum ad Monachos_ la llamaban entonces, y de aquí su +nombre actual, München (Monje), y el fraile que figura en su escudo de +armas, y los pequeños y graciosos encapuchados que se ven en todas +partes como símbolos de la ciudad, en los escaparates de juguetes, en +los adornos de las esquinas, en los toneles de cerveza y en las jarras +de las _braserías_. + +Munich, por sus edificios, por sus escuelas, por el respeto oficial de +que rodea á las artes, es la Atenas germánica. No significa esto que sus +habitantes, morenos, católicos, habladores y ruidosos, que hacen de la +Baviera una especie de Andalucía alemana, formen una democracia +intelectual y refinada como la ateniense. Aquí los verdaderos artistas +han sido los príncipes--simpáticos desequilibrados que se entregaron al +culto de la Belleza con un fervor rayano en la manía--, y el buen +pueblo, obedeciéndoles con ciega disciplina germánica, les siguió en sus +deseos. + +La pintura, la poesía y la música han sido las grandes manifestaciones +de la vida de Munich, y sus habitantes admiran, como dioses tutelares, á +los célebres artistas protegidos por los reyes. Wágner figura en todos +los escaparates: su perfil de bruja pensativa adorna hasta las muestras +de las tiendas. Goethe y Schiller, coronados de laurel y semidesnudos +como griegos, yerguen sus cuerpos de bronce en grandes plazas, +acompañando á monarcas y príncipes de la casa bávara, cuyos hechos +fueron superiores á los de Mecenas. El lujoso estudio del pintor Lenbach +se visita como un templo, y un culto igual recibe la memoria de +Cornelius, Kieuze y todos los demás pintores y escultores que desde los +tiempos de Luis I á los del infortunado Luis II (el Lohengrin coronado), +contribuyeron en menos de un siglo al embellecimiento de la ciudad. + +Los palacios ostentosos, los museos, los arcos de triunfo, los teatros +monumentales, ocupan casi una mitad de Munich. Los reyes de Baviera +trabajaron sin descanso. Su manía de embellecimiento no les dejaba +dormir. El demonio de la construcción turbaba sus días con nuevas +sugestiones. La caja del Estado estaba abierta para todo el que se +presentaba con una idea nueva. Los favoritos de la corte fueron artistas +alemanes, que no habían nacido en Baviera, y sin embargo, llegaron hasta +á intervenir en la vida política y aconsejar á los soberanos. Un músico +silbado en París, de costumbres bizarras y humor intratable, llegaba á +ser á modo de un virrey, derrochando la fortuna pública en la erección +de extraños teatros y organizando misteriosas representaciones que sólo +presenciaba el monarca. Éste era casi un actor, bajo las órdenes de su +amigo Wágner, imperioso artista contra el cual gruñía el pueblo, próximo +á sublevarse como años antes se alzó contra Lola Montes. El entusiasmo +dilapilador del abuelo por la bailarina española, reina bávara de la +_mano izquierda_, lo sintió el nieto por el autor de _El anillo del +Nibelungo_. No existe más diferencia entre ambas pasiones que el amor +físico regaló joyas y dejó como única huella un gran escándalo +histórico, mientras el amor intelectual creó teatros y monumentos, +haciendo nacer las mayores obras musicales de nuestra época. + +Cuando Wágner, olvidado momentáneamente de la música, se dedicó á +filosofar, é hizo una confesión de creencias, dijo que sus dos dioses +eran Cristo y Apolo, inventando para la humanidad del porvenir una +religión, mezcla de cristianismo y helenismo, en la que se unen y +confunden la humilde piedad hacia el semejante con la adoración de la +soberbia belleza. + +Cristo y Apolo fueron también los dioses de los soberanos bávaros, y +todavía imperan juntos, partiéndose equitativamente el dominio de este +pueblo. + +Munich, capital de la Alemania católica, tiene unos veinte templos que +son como catedrales, y cuyo interior ostentoso recuerda el de las +iglesias españolas, así como el exterior es puramente italiano. Al lado +de estos monumentos de Cristo, álzanse majestuosos, con la autoridad de +un origen más antiguo, las innumerables obras de los monarcas bávaros á +la gloria de nuestra madre Grecia: los museos de la Pinacotheca antigua +y la Pinacotheca nueva; la Glyptotheca; los Propyleos; el Templo de la +Gloria con su estatua colosal de la Bavaria, predecesora de «La Libertad +iluminando al mundo», de Nueva York; el palacio de la Residencia; los +varios teatros griegos con sus frontones, en los que danzan las Musas al +son de la lira de Apolo; las vastas salas en las que brilla +discretamente el mármol ambarino de las estatuas clásicas, y se exhiben +fragmentos de templos traídos de Egina y otros lugares helénicos. La +columnata dórica alínea su bosque de piedra en las fachadas de los +palacios ó encierra en su armónico cuadrilátero jardines, grandes como +bosques. El rojo de los vasos griegos, con sus pequeños cuadros de +figuras negras ó polícromas, cubre muros interminables, cortado á +trechos por las manchas blancas de bustos y cariátides. + +Asombra el trabajo realizado por los reyes de Baviera en menos de un +siglo. Sus buenos súbditos de la ciudad de Munich han debido de vivir +años y años entre andamios, tragando yeso y oyendo á todas horas el +choque del martillo sobre la piedra. La manía constructora de los reyes +debió constituir su gloria y su suplicio. + +El arte se muestra en amontonamiento, como creado de real orden, en +pocos años, ejecución admirable, pero sin la originalidad y la noble +armonía que es producto de los siglos. Se ve que todo está hecho de una +sola vez, que ha surgido del suelo en una sola pieza, falto de esas +capas de sucesiva formación que va secretando el paso de las +generaciones. + +El aspecto monumental de Munich--una vez desvanecida la primera +impresión de asombro por lo grandioso de la obra--causa igual efecto que +esas sinfonías cuyos motivos agrandan ó conmueven, al mismo tiempo que +la memoria se estremece con la sensación de haber oído antes los mismos +sonidos. + +--Esto no es nuevo--se dice el viajero al contemplar la ciudad--. Todo +me parece haberlo visto en otras partes. + +Indudablemente los monumentos griegos nada tienen de originales, y en +esto consiste su mérito. Son reconstrucciones ingeniosas, evocaciones +sabias de las obras que han llegado hasta nosotros, mutiladas é +indecisas. Pero ¿y los otros monumentos? + +Á los pocos días de estar en Munich, van surgiendo en la memoria +imágenes del pasado, recuerdos de viajes por otros países. El aire de +familia se marca cada vez más en las cosas, como en esos rostros que nos +parecen extraños al primer instante y acaban por ser de antiguos amigos. +Unas iglesias recuerdan las de Florencia; tal vivienda real es el +palacio Pitti; tal otro un palacio de Roma; la Logia de los Mariscales +es una copia de la Logia de Orcagna en la capital toscana; los mástiles +enormes, ante la Residencia, son hijos de los mástiles de la República +en Venecia, y así todo. + +Hasta los palomos que aletean en los frisos y descienden al pavimento, +animándolo con el reflejo de sus plumas metálicas, son palomos +«traducidos del italiano», que no pueden menos de saludar como +venerables abuelos á los que contemplan el Adriático desde los aleros de +mármol de la plaza de San Marcos ó saltan en la columnata florentina +junto al Arno. + +Munich no tiene de original más que dos cosas: la cerveza y la música. + +Las famosas _braserías_ de estilo germánico, con sus frontones agudos, +rematados por complicadas veletas, y sus fachadas de pesados balconajes +y torrecillas salientes, valen más que todos los templos griegos que +llenan las plazas de Munich. + +De la música ya hablaremos. La capital bávara está celebrando, en estos +momentos, el Festival Wágner. Por las tardes la muchedumbre se agolpa á +ambos lados de la enorme avenida del Príncipe Regente, para presenciar +el paso de los que van á escuchar _El anillo del Nibelungo_, lo mismo +que el vecindario de Madrid se congrega en la calle de Alcalá en un día +de toros. + +Cuando el viajero se familiariza con Munich, su entusiasmo por las +glorias artísticas de la ciudad va restringiéndose hasta el punto de que +sólo queda erguida una sola admiración: Wágner y su obra. + +¡Pobre Atenas germánica! De sus monumentos nada malo puede decirse. Son +notables reproducciones del arte griego: la sabiduría artística luce en +ellos, pero son fríos y repelentes como cuerpos sin alma. Es Atenas sin +atenienses y sin el cielo de la Ática. En verano, el espacio se muestra +azul y brilla un hermoso sol. Pero el invierno germánico, duro y cruel +en Baviera, muerde con sus dientes negros estos monumentos que nacieron +en la tibia atmósfera del archipiélago, favorable á la desnudez. + +El mármol en el país del sol se dora en el curso de los siglos, tomando +el majestuoso matiz anaranjado del oro viejo. Aquí, en unos cuantos +años, se ennegrece, con una opacidad antipática de ceniza de carbón. + +Los dioses olímpicos, los héroes coronados de laurel y ligeros de ropa, +parecen temblar en pleno verano, recordando los largos meses de frío. El +rojo griego del interior de las columnatas se destiñe con las lluvias. +Los frescos se esfuman y desaparecen. Todo se vuelve gris y opaco. + +Sí; esta ciudad es una Atenas... Pero pasada por cerveza. + + + + +IX + +El Festival Wágner + + +Un periódico satírico de Munich publicaba hace cuarenta años una +caricatura de Wágner, saliendo del hermoso palacete en que le tenía +alojado el rey Luis II de Baviera. + +--Voy al teatro--decía el gran maestro--y de paso entraré en palacio á +dar un golpe á la caja del amigo Luis. + +Nunca se ha conocido una protección tan generosa como la que el monarca +bávaro dispensó á Wágner. La prodigalidad de Luis II tomó el carácter de +una locura. Este _rey virgen_, que creaba en su palacio de la Residencia +una galería de bellezas célebres, y sin embargo, prohibía que asistiesen +damas á las fiestas íntimas de su corte, fué un Nerón, pero Nerón +tranquilo, que construyó en vez de quemar, y semejante al déspota de +Roma, puso sus amores musicales y poéticos por encima del orgullo de su +majestad. + +Sus caprichos y aficiones costaron muy caros á Baviera, y sin embargo, +el pueblo le recuerda y le respeta. Fué un monarca que, en fuerza de +excentricidades, prestó un gran servicio al arte, logrando al mismo +tiempo que la atención del mundo entero se fijase en Baviera. + +Por él vienen todos los años aquí, en artística peregrinación, los +intelectuales de remotos países. Su retrato está en todas partes. +Baviera le compadece con maternal ternura y guarda su memoria. También +la tumba de Nerón, veinte años después del suicidio del imperial +cantante, aparecía muchas mañanas cubierta de rosas, ofrenda del popular +recuerdo. + +Famosa época la de la amistad de Luis II y Wágner. El monarca, llena la +mente de los dioses germánicos y de los héroes cuyas hazañas ponía su +amigo en rotundos versos, acompañándolos de prodigiosa orquestación, +apartábase cada vez más de la existencia real, viviendo como un +sonámbulo, en medio de legendarios ensueños. Odiaba el traje moderno y +hasta sus uniformes á la prusiana, por parecerle vulgares y +antiartísticos. Los cortesanos ocultaban su turbación al verse recibidos +por él, vestido como un gran señor del Renacimiento. Las verdes aguas +del lago Stanberg cruzábalas en barcas doradas, con ninfas y quimeras en +la proa, y grandes paños de escarlata arrastrando sobre la estela. +Durante las noches de invierno, corría los campos de nieve, en veloces +trineos con luces eléctricas, pasando entre resplandores como una +aparición fantástica. Una orquesta invisible sonaba en la famosa _Gruta +Azul_ del castillo de Linderhof, mientras Luis, vestido de Lohengrin, +paseábase erguido sobre un esquife de nácar. Un día acabó este ensueño, +ahogándose el simpático perturbado en una laguna del castillo de Bergi. + +El gran músico le había precedido algunos años en su salida del +escenario mundanal; pero mucho antes de que Wágner muriese, ya había +dado la generosidad de Luis todo lo necesario para la realización de los +ensueños del maestro. + +Wágner ansiaba un teatro suyo, con arreglo á su genio inventivo y +revolucionario, el cual no sólo realizó innovaciones en la música, sino +en la escenografía y en la construcción. El coliseo de Bayreuth fué su +obra. Luego Munich, siguiendo los mismos planos, ha elevado el teatro +del Príncipe Regente, dedicándolo á la representación de las obras de +Wágner. Hoy el _Prinz-Regenten-Theater_, de Munich, celebra todos los +años un Festival Wágner que atrae á una muchedumbre cosmopolita, y +triunfa sobre Bayreuth por el esmero con que presenta las obras. Su +maquinaria escenográfica es muy superior á la de los tiempos de Wágner, +que aun funciona en el primitivo teatro. + +Gentes de todos los países de Europa y de mucha parte de América, se +encuentran en Munich, con motivo del Festival. Inútil describir lo que +es este teatro con sus novedades y misterios, pues todo el mundo conoce +las innovaciones introducidas por Wágner en la representación de sus +obras. La orquesta es subterránea é invisible, lo que llamaba el maestro +«el abismo místico» de donde surgen las melodías como si viniesen de +otro mundo, sin ver el espectador á los músicos, que sudan y gesticulan, +y al director, que se mueve como un loco. El teatro está completamente á +obscuras. Las puertas de los pasillos se cierran al empezar cada acto, +sin que exista poder terrenal capaz de abrirlas antes de que aquél +termine. La disciplina alemana reglamenta el curso del espectáculo; el +programa marca las horas y minutos que se invertirán, tanto en el +conjunto de la obra como acto por acto. Las trompetas, sustituyendo á +los toques de campana, hacen correr á los espectadores lo mismo que +reclutas que temen faltar á la lista. + +Las representaciones del Festival Wágner empiezan á las cuatro de la +tarde y acaban á las nueve y media de la noche. El último entreacto es +de media hora, para que el público pueda cenar en los grandes comedores +del teatro. Una admirable igualdad reina sobre el público. Todos los +asientos son iguales y cuestan lo mismo, veinte marcos (veinticinco +pesetas). El teatro, aparte de los seis palcos del fondo, destinados á +la familia real y á los potentados extranjeros, sólo se compone de +butacas que se alínean en peldaños, subiendo desde la concha circular, +que cubre el foso de la orquesta, hasta lo más alto de la sala. Todos +ven el espectáculo de frente. Las dos paredes laterales son lisas, sin +otros adornos que las portadas de salida y unas hornacinas con vasos +griegos. + +¿Á qué hablar de _El anillo del Nibelungo_?... Wotan, Brunilda, +Sigfrido, todos los dioses, los héroes, las beldades desventuradas, los +gigantes espantosos y los nibelungos enanos, que figuran en esta serie +de óperas, con su fantástica Historia Natural de dragones que cantan, +pájaros que aconsejan y serpientes y osos, son personajes conocidos del +público y no ofrecen ya novedad. La _Walkyria_ y el _Sigfrido_ los +cantan en Munich lo mismo que en el Real de Madrid, ó tal vez un poco +peor. Todos los artistas de lengua alemana tienen empeño en cantar en +este Festival, porque _da cartel_. Algunos proceden de Nueva York, y +creo que hasta después de trabajar gratuitamente, dan dinero encima. + +Además, en este teatro, donde no se admiten manifestaciones del público, +el artista puede atreverse á todo, sin ese miedo que inspiran los +espectadores exigentes de Italia y España, los cuales llevan á la ópera +algo del espíritu de la gente que asiste á una corrida de toros. Total, +que al lado de buenos artistas, encanecidos en el culto wagneriano, +aparecen otros indignos de cantar en su compañía. Por fortuna, la +orquesta, las maravillas del decorado y la escrupulosidad y atención en +el juego escénico, justifican el largo viaje que ha tenido que realizar +una gran parte de este público, híbrido en su aspecto exterior, y tan +interesante casi como las obras de Wágner. + +La uniformidad militar del teatro contrasta con la variedad infinita de +los espectadores. En lugar alguno de Europa puede encontrarse un público +tan heterogéneo. Una amable libertad impera en el vestido. Las damas +alemanas y algunas francesas se presentan en traje de ceremonia; los +oficiales marchan tiesos, en sus apretadas levitas de alto cuello, +arrastrando el sable; los _herr_ germánicos llevan frac y se cubren la +cabeza con fieltros de anchas alas; pero revueltos con estas gentes +elegantes, pasan inglesas y americanas, vistiendo blancos trajecitos de +falda corta; viajeros con su terno gris á grandes cuadros, los gemelos +en bandolera y la gorrilla en la mano; gruesos y rubicundos sacerdotes +católicos, con levita y pechera negras, que, recordando lo que acaban de +oir, mueven los dedos como si estuviesen ya ante los órganos de sus +catedrales; vírgenes de lacias faldas, con el exangüe rostro asomado +entre dos caídos cortinajes de pelo; jóvenes melenudos, que estiran la +afeitada cara sobre las innumerables roscas de una corbata obscura; +muchachas enfurruñadas, que al llegar tarde y encontrar las puertas +cerradas, se tienden en las escalinatas de los pasillos, ansiando oir un +eco del lejano misterio por debajo de los pesados _portiers_, junto á +las piernas de los impasibles acomodadores; mujeres con cierta +originalidad en su traje y sus maneras, que son grandes cantantes en +vacaciones ó famosas concertistas; viejos condecorados, de cabellera +gris y cara arrugada, que inspiran un vago recuerdo de retratos vistos +en ilustraciones extranjeras. + +Es un público de sorpresas. Todos presienten en el vecino que pueda ser +_alguien_. La mayoría está formada de artistas, de escritores, de gentes +que gozan celebridad en sus países, pero que pasan inadvertidas en esta +reunión universal, que sólo dura algunos días. + +Esta importancia del público que parece presentirse, como si flotase en +el ambiente, obliga á una extremada sencillez á los grandes de la +tierra. + +Yo me he codeado, del modo más irreverente, al pasear por las galerías, +con una señora joven, tan elegante como granujienta y fea. Un poco más +allá dos viejas damas, cargadas de brillantes, pusieron al verla una +rodilla en tierra, con esa sumisión germánica, al lado de la cual el +cortesanismo español resulta de costumbres democráticas. + +--¡Alteza! ¡Alteza!... + +Y le besaron la mano como si llevase en ella el Santísimo Sacramento. +Era una hija ó una nieta (no me enteré bien) del emperador de Austria. Y +de igual categoría que ésta, aunque más simpáticas por su modestia, +encontré en los pasillos á otras altezas, cuyo nombre no necesité +preguntar por serme sus caras bien conocidas. + +Cuando termina el espectáculo, la gran mayoría del público sale en +silencio; pero algunos manifiestan su fervor á gritos. + +--¡Sublime! ¡Inmenso! + +Casi siempre son españoles, italianos ó franceses los que gritan +entusiasmados. Pero sus voces suenan á falso, y parece que gritando +intentan convencerse á sí mismos. + +Han oído hablar del Festival Wágner como de algo extraordinariamente +misterioso; han venido atraídos por la curiosidad, creyendo en lo +sobrenatural del espectáculo, y salen de él dudando de la sensatez de su +viaje, sintiendo cierta sospecha de haber sido engañados, diciéndose +que, aparte de la sala á obscuras y de la orquesta subterránea, nada +nuevo han visto. + + + + +X + +El "Mozarteum" + + +Al ir de Munich á Viena, la primera población que se encuentra, pasada +la frontera austriaca, es Salzburgo, famosa desde hace siglos como uno +de los lugares más hermosos de la vieja Alemania. + +Es una ciudad episcopal que hasta principios del siglo XIX estuvo regida +por un príncipe-arzobispo, y sólo en 1816, después que el Congreso de +Viena, repartiéndose los despojos del vencido Napoleón, rehizo el mapa +de Europa, pasó á incorporarse á Austria. Construída en las dos orillas +del Salzach, que corre entre verdes montañas, la población extiéndese +por ambas laderas, rompiendo los densos bosques y asomando á trechos su +edificación roja y negruzca y sus altas torres sobre el verde follaje. +Una catedral gótica recuerda el gobierno de los príncipes mitrados; un +castillo, el Hoen, domina uno de los panoramas más hermosos del mundo. + +Pero Salzburgo no es famosa por su belleza y su antigüedad. Á pesar de +las glorias históricas de sus arzobispos, de la hermosura de sus +paisajes y de haber habitado en ella el famoso médico Teofrasto +Paracelso, hoy dormitaría olvidada, como muchas poblaciones de la +antigua Alemania, sin que un viajero curioso descendiese en su estación +y sin otra vida que el trompeteo del regimiento acuartelado en el +castillo y el arrastre de sables de los oficiales bajo los tilos del +paseo. Un niño nacido en Salzburgo en 1756 ha bastado para dar una +celebridad universal é imperecedera á la pequeña población alemana. + +El príncipe-arzobispo de dicha época, amante de la música, como todos +los señores alemanes, tenía á su servicio un maestro de capilla, pagado +miserablemente y abrumado por un continuo trabajo. + +Este pobre músico ocupaba un cuarto piso en una calle estrecha de +Salzburgo; una casa de vecindad, con su escalera en forma de túnel y sus +galerías, dando acceso á innumerables puertas. Un día el necesitado +maestro vió aumentarse sus apuros con el nacimiento de un nuevo hijo. Le +pusieron los nombres de Wolfgan Amadeo y el obscuro apellido de su +padre, llamado Leopoldo Mozart. + +Los vecinos del viejo caserón vivían en continuo concierto. Por las +tardes, cuando terminaban sus ocupaciones en la catedral ó en el palacio +del arzobispo, los músicos de la capilla, tan pobres y entusiastas como +el maestro, reuníanse en la casa de éste. No tenían dinero para ir á la +cervecería, y se juntaban trayendo sus instrumentos, para deleitarse +mutuamente con interminables conciertos, en los que ejecutaban las obras +de su gusto, sin tener que seguir los caprichos del señor. Llegaban con +sus raídas casacas negras, de largos faldones, sus pelucas de un blanco +rojizo, las medias con puntos sueltos, los zapatos viejos, y se +agrupaban ávidos en torno del bondadoso Leopoldo, que les aguardaba con +un voluminoso cuaderno en la mano, última novedad musical enviada por el +_kapells-meister_ de algún otro principillo alemán. + +Sentábase al piano el maestro, gemían los violines, roncaba el +contrabajo, extendía el violoncello la caricia aterciopelada de su +varonil suspiro, lanzaba la flauta sus trinos de alegría pastoril, y la +vieja casa parecía rejuvenecerse con esta alma melódica que corría por +las arterias de sus escalas y corredores. La mujer del maestro, la +hacendosa y dulce Ana María Pertlin, cosía con los ojos bajos y el oído +atento; la hija mayor, Mariana, de pie junto á su padre, seguía con +admiración el desarrollo de la música; el pequeño Amadeo, á gatas por la +habitación, interrumpía con sus balbuceos el sonido de los instrumentos. +Cuando apenas sabía hablar se quejó amargamente viendo que llegaba un +amigo de sus padres con las manos vacías. + +--¡Hoy no traes tu violín de manteca!--exclamó con acento de decepción. + +La manteca era para el pequeño salzburgués lo más fino y más dulce del +mundo. + +No sabía aún modular palabras con su boca y hacía ya hablar al piano; +los signos del solfeo los aprendió antes que los caracteres del +alfabeto. Mariana dominaba la música lo mismo que él. En Salzburgo, +todos se hacían cruces del niño prodigioso, que á los seis años tocaba +el piano como un concertista. El mismo príncipe-arzobispo se dignó +llamarlo al palacio, admirando la habilidad del hijo de su maestro de +capilla, pero sin ocurrírsele aumentar el sueldo de éste en unas cuantas +_coronas_. + +Las necesidades de la vida impulsan de pronto á Leopoldo á una +resolución digna de nuestros tiempos. Despiértase en él una avidez de +empresario. Un día, el pequeño Amadeo, ante los ojos llorosos de la +madre, que ve próxima una separación, contémplase en un espejo, ridícula +y graciosamente vestido como un gran señor, con casaca galoneada, blanca +peluca de corte y una espadita al costado. Va á correr el mundo con su +padre y su hermana, dando conciertos, y empieza sus peregrinaciones +penosas de corte en corte, durmiendo en malas posadas ó en palacios de +potentados _dilettanti_; teniendo que tocar unas veces ante reyes, y +otras ante muchedumbres que discuten con Leopoldo el precio de la +entrada. En la corte de Viena, le tratan como un príncipe y juega con +la archiduquesa María Antonieta, futura reina de Francia. En Versalles +le besan y lo adormecen sobre sus grandes faldas las beldades amigas de +Luis XV. En Italia, la muchedumbre fanática de Nápoles, asombrada de su +precocidad, cree que el músico niño ha hecho pacto con el diablo y le +obliga á tocar quitándose una pequeña sortija que lleva, á la que +atribuye la superstición un poder mágico. En Milán compone una ópera á +los nueve años, dirige la orquesta la noche del estreno, y el público le +saca en hombros, gritando: _¡Eviva il maestrino!_ + +Muere el padre; la hermana, simple compañera de ejecución musical, +vuelve al lado de la madre; Mozart, hecho ya hombre, se ve sumido en la +obscuridad que llega de pronto para los artistas precoces, cuando +pierden el encanto de la infancia. Empieza entonces su vida en Viena de +luchas y miserias. Es un innovador, y la corte prefiere á los músicos +italianos que llenan la capital austriaca. El mismo emperador le +aconseja pedantescamente que imite al primer músico de la época, el hoy +olvidado Sallieri. Para vivir, escribe sus graciosos _minuettos_, por +unos cuantos florines, cada vez que un gran señor da un baile en su +palacio. Los rivales abusan de su carácter bondadoso y dulce, acosándolo +con insultos, dificultando su trabajo con toda clase de intrigas. Entre +la nube de músicos y poetas de todos los países, caída sobre Viena por +la atracción que ejerce una corte aficionada á las artes, encuentra +pocos amigos. Su dulce debilidad sólo halla apoyo y consuelo en el +español Vicente Martín, un músico procedente de Valencia, autor de +óperas olvidadas y que figura en la historia de la música como inventor +del vals. También son sus amigos el italiano Daponte, abate bohemio y +licencioso, que escribe los versos de sus _libretos_ en plena +embriaguez, y un alemán feo, sombrío y malhumorado, incapaz de intrigas +y de numerosos afectos, llamado Luis Beethoven. + +Las óperas que escribe gustan á lo más selecto del público, pero no le +dan dinero. Cuando se casa con Constanza Wéber, sus amigos Martín y +Daponte van á visitarle en su pobre casita, al día siguiente de la boda, +y le encuentran bailando con la mujer. + +--Hace tanto frío y la leña cuesta tan cara, que nos calentamos +así--dice el maestro sonriendo. + +Y continúa el baile, moviendo su cuerpo débil, elegante y gracioso, que +hacía de él uno de los más distinguidos danzarines de la época. + +En Praga, con el estreno de _Don Juan_, empieza para él la celebridad. +Tiene dos hijos, su mujer puede reunir algún dinero; los empresarios le +piden nuevas obras; la corte fija su atención en él y le encargan misas +ó contradanzas... y cuando el bienestar entra en la casa, se introduce +igualmente la muerte siguiendo sus pasos. + +Un día, un señor vestido de negro y de aspecto siniestro llega á la +vivienda de Mozart, y entregándole como adelanto una bolsa llena de oro, +le encarga que escriba cuanto antes una misa de muertos. + +Es el testamentario de un gran señor fallecido en el campo, pero á +Mozart, roído por la tisis y perturbado por las supersticiones que +acompañan á toda enfermedad, le parece que el hombre vestido de negro es +la misma Muerte que viene á anunciarle su próximo fin, y se lanza á +escribir la famosa _Misa de Requiem_ convencido de que se estrenará en +sus propios funerales. ¡Las noches de cruel insomnio, con la certeza de +que toda nota trazada es un segundo menos de vida, de que avanza el +temido final con cada nueva hoja añadida á la partitura, amontonando +sobre el pentagrama lágrimas y melancolías!... Su vida iba +extinguiéndose así como avanzaba su obra. Casi moribundo, quiso oirla, y +con un esfuerzo supremo cogió en sus manos el papel del tenor. + +Un discípulo se sentó al piano; otros se encargaron de las diversas +partes de la obra; Mozart, hundido en un sillón, con el papel ante los +ojos, cantaba con una voz trémula y dulce, como el cisne de las leyendas +antes de morir. Al llegar al _Lacrimosa_, su voz se cortó con un gemido. + +--¡No, no puedo más! + +Y echó la cabeza sobre el respaldo, para no levantarla nunca, entre las +lágrimas de amigos y discípulos, y los alaridos de Constanza, que, al +fin, podía dar expansión á su dolor. + +Al día siguiente fué el entierro, día tempestuoso y gris que arrojaba +sobre Viena un verdadero diluvio. + +Gran concurrencia en la casa mortuoria: todos los músicos de Viena, +algunos grandes señores de la corte y delegaciones de la Masonería, +agradecida á Mozart por su _Cantata de los fracmasones_, que aun se toca +en muchas logias. + +El fúnebre cortejo emprendió la marcha bajo la lluvia torrencial. El +agua saltaba furiosa sobre los rojos paraguas de ballena; los zapatos de +hebillas y las negras medias de los acompañantes hundíanse en los +arroyos fangosos. Hay que conocer Viena, enorme ciudad, para darse +cuenta de lo penoso de una marcha hasta el cementerio, por calles +interminables. En una esquina se quedaba un grupo del cortejo, +diciéndose que ya había acompañado bastante al difunto camarada en un +día como aquel; más allá desertaban otros; las carrozas de los señores +habían desaparecido; los más valientes y más fieles llegaron hasta las +afueras. Total, que al anochecer, con los caballos chorreando y á un +paso vacilante, en la penumbra del crepúsculo, llegó al cementerio un +coche fúnebre... sin que lo siguiese nadie. + +Algunas semanas después, cuando la viuda quiso saber dónde estaba el +cuerpo de Mozart, nadie supo contestarle. Ninguno del cortejo había +presenciado el entierro. Los sepultureros no supieron explicarse, ni +pudieron nunca ponerse de acuerdo. ¡Se entierra tanta gente durante un +solo día en una ciudad enorme!... La Nada tragó para siempre el cuerpo +del maestro, y la Duda le sirvió de lápida mortuoria. Se sabe de cierto +que sus restos están en el cementerio viejo de Viena, y esto es todo. + +La ciudad de Salzburgo ha convertido en museo la vieja casa del maestro +de capilla Leopoldo Mozart, donde nació el prodigioso compositor. El +_Mozarteum_ contiene en sus pobres habitaciones, de techo bajo y +pavimento de vieja madera, todos los recuerdos de la vida del maestro: +instrumentos, retratos, vestidos y hasta cartas. En una vitrina figura +un cráneo... ¡El cráneo de Mozart! El catálogo no lo asegura, pero el +conserje lo afirma bajo su palabra, y los más de los visitantes admiran +la cúpula ósea bajo la cual nacieron tantas bellas melodías. + +Si el alma es inmortal y se entera de lo que ocurre en este mundo, tal +vez á estas horas algún antiguo mozo de cordel de Viena estará riendo en +el Paraíso, al ver que atribuyen á su pobre calavera la paternidad del +_Don Juan_. + + + + +XI + +Viena la elegante + + +Desde Munich á Viena los hombres del pueblo, y aun muchos burgueses, +bien sean bávaros ó austriacos, muestran todos tres aficiones comunes: +aman el canto, se agujerean las orejas para llevar pequeñas monedas á +guisa de pendientes, y no pueden usar un sombrero sin adornarlo con una +pluma ó un grupo de flores silvestres. + +Los pequeños chambergos de felpa verde ó acaramelada, con el ala caída +sobre el bigotudo rostro, están siempre rematados por enhiestas plumas +de gallo, que se cimbrean junto al cogote. El pueblo de la Baja Alemania +siente una gran simpatía por el Tirol y sus pintorescos montañeses, +únicos que en días de desgracia para la patria supieron resistir á la +invasión napoleónica, imitando á los guerrilleros españoles. + +La _tirolesa_, canción robada al gorjeo de los pájaros, hace oir sus +trinos desde Munich á Viena, en caminos y ferias, teatros y montañas. +En el _Theresien-Wiese_, de Munich, extensa explanada frente á la +estatua de Bavaria, se verifica á fines de verano la feria anual de los +tiroleses, y de la mañana á la noche trina el ruiseñor, canta el mirlo y +gorjea la alondra, no con notas vagas, sino intercalando en sus escalas +versos que hablan de amores y luchas en las montañas verdes, coronadas +de nieve. + +La música es una necesidad para los pueblos de la Baja Alemania. Cuando +se les ve de cerca se comprende que las estatuas de grandes +compositores, compatriotas suyos, llenen calles y plazas. No hay café +que no tenga orquesta, ni restaurant al aire libre sin banda militar. En +Munich, el público de las cervecerías canta á coro, acompañado por los +violines y chocando los bocks como los bebedores de Goethe en el +_Fausto_. En Viena, la patria de Strauss y de Suppé, el vals lánguido y +elegante ó la marcial retreta suenan en todos los establecimientos +públicos. + +El catolicismo austriaco es el más armonioso de la cristiandad papal. +Una simple misa rezada en la catedral de San Esteban, ó en cualquier +otro templo de Viena, es en los domingos un verdadero concierto. Suena +el órgano un ligero preludio, como para dar el tono; los fieles, +hombres, mujeres y niños, tiran del librito que les sirve de guía para +recordar los versos de los himnos, y la misa se desarrolla en medio de +un coro de centenares y aun de miles de voces, sin que ni una sola +desentone, siguiendo todas instintivamente el ritmo, sin necesidad de +dirección, con un ajuste maravilloso. Las voces graves acompañan con +artísticas disonancias el canto femenino ó infantil, y este coro, de +música difícil, suena durante una hora como el del mejor teatro de +ópera. + +En Viena, la música es algo nacional, que constituye el orgullo del +pueblo. Las bandas de los regimientos austriacos son verdaderas +orquestas. Cuando Austria dominaba la Alta Italia, los patriotas +venecianos y milaneses ocultábanse en sus casas para no ver á los +abominables invasores; pero así que sus bandas sonaban en las calles, +abrían instintivamente las ventanas, confesándose que los malditos +_tedescos_ manejaban como ángeles sus instrumentos. + +Viena ha visto ella sola nacer más obras musicales de fama universal que +todo el resto del mundo. En modestas callejuelas vecinas al Palacio +Imperial y al teatro de la Ópera, vivieron Mozart, que escribía +_minuettos_ originales para cada baile que se celebraba en Viena, y +Beethoven, que componía una cantata por cada victoria de los ejércitos +aliados, ó producía todas las semanas algo nuevo para los conciertos y +fiestas de los grandes plenipotenciarios, arregladores de Europa, en el +famoso Congreso de 1815. + +Viniendo de Alemania, se presenta Viena como una ciudad encantadora, +resumen de toda clase de bellezas y elegancias. Las tiendas de modas +del imperio germánico, en su deseo de aislar á Francia creándola el +vacío, pretenden ignorar que existe un París, al que las mujeres de todo +el mundo piden el último tipo de elegancia. _Modelo de Viena_, dicen en +los escaparates alemanes las etiquetas de los sombreros y vestidos. + +Si fuera posible colocar juntos á París y Viena, para abarcarlos en una +sola ojeada, es seguro que la capital austriaca saldría vencida de la +comparación. Pero Viena está muy lejos, y para llegar á ella hay que +atravesar las ciudades alemanas, con sus mujeres vestidas como +institutrices pobres, de malfachada gordura, y que para colmo de +desdicha, por un patriótico orgullo de su exuberante maternidad, +raramente usan corsé. + +Por eso la elegancia de Viena causa mayor impresión, desde el primer +momento, que la que se siente en París cuando se llega á éste procedente +de España ó de Italia. + +Hay que confesar también que las vienesas son físicamente superiores á +las parisienses, y su fama universal de belleza no es usurpada. La +española hermosa es muy superior á la vienesa; pero en las calles de +Viena se encuentra mayor número de mujeres guapas que en las calles de +Madrid. Las nuestras las vencen por la calidad, pero ellas son +superiores por la variedad y el número. + +Austria es la verdadera frontera de la Europa central... y _europea_. +Más allá, hacia el Oriente, están acampados pueblos que, aunque de +aspecto semejante al nuestro, son de origen asiático y han sido +depositados en el lugar que ocupan por el oleaje de las invasiones. Por +dos veces llegó la avalancha turca hasta el pie de los muros de Viena. +Los doscientos y pico de pueblos que constituyen hoy el imperio +austriaco, con su carnavalesca variedad de colores, lenguas, trajes y +costumbres, unos rubios, como los germanos más septentrionales, otros +obscuros ó amarillentos, cual las tribus del interior de Asia, han +producido con sus cruzamientos extraños tipos de belleza. En esta tierra +ha ocurrido el último choque de Oriente y Occidente. Hasta aquí llegó el +supremo empujón del Asia invasora, y como núcleo de un pueblo perdido en +las remotas lobregueces de la historia, viven en Austria los _tzíganos_ +ó bohemios, de los que son ramas sueltas los gitanos y _romanicheles_ +que vagan por Europa. + +Conjunto de mil caracteres extraños á su raza, es la mujer vienesa. Su +color resulta incierto. Puede ser morena y de ojos de brasa como una +gitana, ó rubia y de mirada azul como si hubiese nacido en Berlín. Es +devota como una española, y al mismo tiempo alegre como una italiana, y +elegantemente desenvuelta cual la parisién. La blanca piel de las razas +del Norte no tiene en ella la fría pasividad germánica, pues parece +caldeada por la voluptuosa sangre de la odalisca. + +El amor no la enloquece, á juzgar por los conflictos de su vida, que se +reflejan en el teatro y la novela. + +El lujo, el deseo de parecer aun más hermosa la dominan tan +imperiosamente, que en su alma no queda espacio para otras pasiones. + +En Viena todos visten bien, hombres y mujeres. En ninguna capital de +Europa se ve á la gente mejor presentada. Los hombres parecen recién +salidos de la tienda del sastre. Las mujeres elegantes son incontables. +Todas, aun las más modestas, si son hermosas, parecen escapadas de las +láminas de un periódico de modas. + +Algunas son ricas; una gran parte sólo gozan de cierto bienestar; la +inmensa mayoría son pobres, como en los demás países. ¡Y sin embargo, +Viena, por lo mismo que es una ciudad elegante, resulta muy cara y exige +grandes gastos para el sostenimiento de lo superfluo!... + +La emperatriz Elisabeth, asesinada en Ginebra, odiaba á Viena, donde +había pasado la mayor parte de su vida. Para no verla, iba errante por +Europa, viviendo tan pronto en las islas griegas como en las montañas +suizas, hasta que la hirió el puñal anarquista en las riberas del Leman. + +--Viena...--decía con indignación--. ¡La ciudad bella y engañosa! ¡El +lugar más corrompido de la tierra!... + +Hoy la soberana de las tristezas errantes, la infatigable lectora de +Heine, poeta de las inmensas amarguras, se pudre en el panteón +imperial, con todas sus decepciones y protestas. + +En calles y jardines siguen sonando las valses; las enaguas revolotean +en las aceras con rítmica marcha que deja tras los graciosos pies una +estela de perfumes; los lujosos carruajes, tirados por caballos +húngaros, corren por las avenidas del Prater; á la entrada del célebre +paseo, en el _Wurst el Prater_ ó «Prater del Polichinela», el buen +pueblo, satisfecho de su emperador, baila y se emborracha con cerveza, +esperando la noche para fabricarle nuevos súbditos al soberano, y por +encima de los tejados de Viena suenan á todas horas las campanas de cien +iglesias y conventos, lo mismo que en una ciudad española. + + + + +XII + +El subterráneo de los emperadores + + +El fraile capuchino, un arrogante mocetón de barba rubia, agita sus +brazos blancos y fuertes fuera de las mangas del hábito, al mismo tiempo +que me habla en alemán. La expresión negativa de su voz me hace +comprenderle. Es domingo, y hasta el día siguiente no se abre el Panteón +Imperial. Estoy en la sacristía del _Capuzinekirche_, templo en cuya +cripta reposan los cadáveres de los emperadores de Austria. + +--El caso es que mañana no podré volver--digo yo por contestar algo al +fraile. + +--¿Es usted francés?--balbucea él en dicho idioma, al mismo tiempo que +sonríe, mirando á una de mis solapas, en la que llevo la roseta de la +Legión de Honor, como si tuviese cierta satisfacción en molestarme. + +--No señor; soy español. + +Su rostro parece iluminarse. El azul de sus ojos toma una ternura +acariciadora. + +--¡Ah, español!... + +Puede correrse Europa entera sin que la condición de español despierte +en hoteles y ferrocarriles otro interés que la vaga curiosidad que +inspira un país novelesco y lejano. Pero allí donde se tropieza con un +fraile, bien sea italiano, francés, alemán ó austriaco, la nacionalidad +española atrae inmediatamente la más graciosa de las sonrisas, como si +España fuese el pueblo feliz elegido de Dios, algo así como las doce +tribus depositarias del Arca Santa, que no tenían otro quehacer que +alabar al Señor y engullirse el maná caído del cielo. + +--¡Español! ¡español!--repite en su francés balbuciente el hermoso +capuchino. + +Y después de descolgar una llave, me invita con bondadosa protección á +seguirle por los corredores que conducen al Panteón Imperial. Siendo +español, soy católico de primera clase y nada puede negárseme. + +De pronto se detiene para decirme con amigable confianza, como si +hubiese encontrado un nuevo parentesco entre los dos: + +--La reina de usted es de Viena. La conozco mucho... y á su madre, la +señora archiduquesa, también. Nos distinguen mucho á los capuchinos. + +Cruzamos otro pasadizo y vuelve á detenerse para comunicarme sus +impresiones. + +--Yo he estado en España; un día nada más. Fui á Lourdes y pasé á San +Sebastián para ver á la reina. Me regaló un pequeño Cristo muy +milagroso: el Cristo de... de... + +Y se calla, con el pensamiento embrollado y la lengua torpe, no pudiendo +recordar el nombre de la famosa imagen y mirándome con ojos suplicantes +para que eche una mano á su memoria. + +--No sé--murmuro algo avergonzado de mi escandalosa ignorancia--. ¡Hay +tantos allá!... ¡Tantos!... + +El también adopta un tono vago, como si contemplase una bella y remota +visión. + +--¡España! Mucho gusto en volver á verla... ¡Pero tan lejos! + +Hace girar una llave de luz eléctrica y descendemos por una escalera, +recta y abovedada como un túnel, cubierta de azulejos blancos. Al final +de ella entramos en unas cuevas mal enjalbegadas, con un resplandor gris +de bodega que penetra por los tragaluces. Unas cuantas verjas oxidadas; +dos tumbas monumentales con estatuas yacentes, y en todas las cuevas del +imperial subterráneo cajones de cinc, muchos cajones, unos ciento +cuarenta, con breves rótulos en la tapa superior y esparcidos al azar, +lo mismo que los bultos depositados en un almacén. Un olor nauseabundo +de humedad de siglos y podredumbre encerrada, apesta el ambiente. Este +es el último asilo de los orgullosos emperadores de Austria, que han +reinado sobre media Europa y dado reinas á la otra media. + +El subterráneo de los Capuchinos era sólo para la tumba de María Teresa, +hembra gloriosa que vale en la historia por todos los emperadores de +Austria. Pero después de muerta ella, sus descendientes han venido á +sumirse en la nada cerca de su tumba, y faltos de espacio para tener +mausoleo propio, están encerrados en ataúdes de plomo y de cinc, +pudriéndose en su propia corrupción, sin el contacto de la madre tierra, +que limpia y consume al envolvernos en su caricia. + +La dinastía imperial de Austria, como si pretendiese vencer á la muerte, +se resiste á desaparecer en las entrañas del suelo, y está como de +cuerpo presente dentro de su panteón. Es algo semejante á su imperio, +que en la geografía política representa un cuerpo enorme que un día +vivió, pero cumplida ya su misión, abruma á Europa con la pesadez de un +cuerpo muerto, en que se notan próximas descomposiciones, origen de +nuevas vidas. + +Este vulgar subterráneo, almacén sin grandeza de la muerte, con sus +cajas metálicas, feas y pesadas, tiene, sin embargo, un ambiente +trágico. + +Una implacable maldición parece gravitar sobre esta familia +todopoderosa, la más católica y la más venerable de todas las reinantes. +Por ella conserva el Vicario de Dios una enorme parte de Europa. + +La revolución protestante hubiese arrebatado á Roma sus mejores Estados +espirituales, á no ser por la casa de Austria. Los reyes de España, +después de largas guerras, sólo pudieron conservar fiel al Papado la +católica Bélgica. Los emperadores de Austria, con la espada implacable +de Wallestein y los horrores de la guerra de los Treinta Años, +mantuvieron sumisos al Pontífice enormes Estados. + +Este buen servicio á la causa de Dios ha sido pagado al pueblo austriaco +con toda clase de derrotas, hasta el punto de que sus ejércitos, con ser +muy valientes, parecen sin otra misión en la historia que la de ser +vencidos por franceses, alemanes é italianos. Sus monarcas han sido +objeto de toda clase de infortunios, como si el Todopoderoso les +distinguiese con especial antipatía. + +La cripta de los Capuchinos recuerda los subterráneos de las +terroríficas novelas de Ana Radcliffe, donde cada tumba encierra una +tragedia, vagando entre ellas espectros ensangrentados. En menos de un +siglo se han amontonado en este lugar los despojos de las más tristes +historias. + +Dos féretros de plomo, cubiertos de coronas, rasgan, con la brillantez +de los colores de sus cintas y el oro de sus franjas, la penumbra gris +del subterráneo. Uno de ellos guarda los restos de la emperatriz +Elisabeth, la esposa del emperador actual, asesinada en Ginebra. Vagaba +por el mundo de riguroso incógnito, como una viajera cualquiera. Nadie +la conocía; ella misma deseaba olvidar su rango de emperatriz; +transcurrían años sin que volviese á sus dominios; pero sin embargo, la +fatalidad, que respeta á los monarcas ostentosos rodeados de la pompa de +su investidura, hizo que una mirada feroz se fijase en la modesta +viajera, vestida de negro. + +En la otra caja está su hijo Rodolfo, el heredero de uno de los más +grandes Estados de Europa, muerto misteriosamente en un drama de alcoba, +como un protagonista de «Crónica de sucesos», dejando, al abandonar el +mundo, la duda entre un suicidio voluntario, una monstruosa amputación ó +un asesinato bestial, perpetrado en la locura de la embriaguez. + +Unos ataúdes, sin adorno, oxidados por los años, encierran los dos +últimos pensamientos de Napoleón. En uno está María Luisa, graciosa y +casquivana archiduquesa, esposa del primero de los guerreros modernos, +entregada cobardemente por su padre á un sublime advenedizo, ansioso de +ennoblecerse históricamente tomando mujer de la casa austriaca, antiguo +y acreditado centro de exportación de reinas. Ser esposa amada de un +Napoleón, sentir en sus sienes la mayor de las coronas, y al llegar la +hora de las gloriosas desgracias y las tristezas ennoblecedoras, +abandonar al marido sin un recuerdo, ahogando su memoria con amorcillos +vulgares y muriendo en un ridículo principadillo italiano... ¡qué final +puede hallarse más triste! + +Junto á ella duerme el _rey de Roma_, el _Aiglon_, el joven paliducho, +soñador y vacilante, que Napoleón dió al mundo, como esas ramas faltas +de savia que echan los árboles gigantescos cansados de producir. La +sangre de la madre atrajo sobre su cabeza el eterno infortunio de la +dinastía austriaca. Sus ojos, al abrirse á la luz, vieron en torno de +él, como servidores, á los hombres más poderosos de la época: brazos que +conquistaban reinos se emplearon en pasear su infancia; el imperio de +Europa figuraba en su canastilla al nacer; los primeros guerreros del +mundo sentían rodar lágrimas por los canos mostachos al contemplar su +retrato en los nevados campamentos de Rusia; y sin embargo, cuando le +sorprendió la muerte en las habitaciones de Schoenbrunn (un palacio en +el que se instaló su padre como conquistador y que habitó él como nieto +pobre, portador de un apellido odioso), este engendro triste del genio y +la sangre rancia sólo dejó como recuerdo de su paso por el mundo un +melancólico vals. La última vez que le vió el pueblo de Viena fué +mandando un piquete en el entierro de un general obscuro. ¡El hijo de +Napoleón escoltando el cadáver de un militar sin nombre, que más de una +vez habría corrido ante su padre!... + +Un ataúd aislado, junto á una pilastra, guarda otra tragedia. El nombre +de _Queratarus_, que figura en la inscripción latina de la tapa, hace +surgir el recuerdo de Méjico y la fantástica tentativa de un imperio +americano, derrumbada al estampido de un fusilamiento. En esta caja +está Maximiliano I y último de Méjico, que llevó al otro lado de los +mares el destino fatídico de su familia. + +El pensamiento abandona el fúnebre subterráneo para esparcirse por el +mundo, y abarca á los innumerables archiduques errantes sobre la tierra, +como si quisieran huir de las glorias terrenales de su familia, que +equivalen á una maldición, y olvidar un apellido famoso, que parece +atraer la muerte ó la locura. El fantástico Juan Ort desaparece como un +héroe de novela en la punta más avanzada de la América meridional; otro +archiduque vive como un labriego en una isla del Mediterráneo; otro +reniega de su apellido para ser capitán mercante; otro más se casa con +una cómica, ansioso de aplebeyarse y que todos olviden su origen... La +desesperación ó la locura guían los pasos de estos descendientes de la +más católica y rígida de las monarquías. + +La familia se deshace. ¡Quién sabe la suerte de su vasto imperio, simple +expresión geográfica, sin cohesión de razas ni de espíritu, que +lógicamente debe fraccionarse, dando vida á organismos más homogéneos! + +La densa humedad del subterráneo, su vulgar desnudez, cargada de hedores +de corrupción y moho, me hace ansiar la vuelta á la luz y al aire libre. + +Al llegar arriba, el capuchino mira su reloj, y espontáneamente me +indica qué templo debo escoger para oir misa. + +--Cuando usted vuelva á España--añade con tono insinuante--, si ve usted +á la reina... + +--¡Gracias! No la conozco, no la trato...--digo modestamente, ante su +mirada de asombro. + +Y al irme, para agradecerle sus molestias y que no pierda el alto +concepto que tiene de los españoles (¡los primeros de los católicos!), +le alargo una peseta austriaca. + + + + +XIII + +¡Hermoso Danubio azul!... + + +De Viena á Budapest se va en cuatro horas por el tren y en trece horas +por el Danubio. Escoger entre ambos modos de locomoción no ofrece duda +para los más de los viajeros. Sin embargo, yo me embarqué á las siete de +la mañana en un vaporcito, frente al muelle del Prater, y dije adiós á +Viena, envuelta todavía en las neblinas del amanecer. + +_¡Hermoso Danubio azul!_... como cantan en el famoso vals. Lo de azul es +una exageración patriótica del músico Strauss, pues yo no lo he visto de +tal color un solo instante, ni en los muelles de Viena, de reciente +construcción, ni en las revueltas de su curso, que forma más de cien +islas, ni en las inmediaciones de Budapest, donde muge al tropezar con +altivos y negros promontorios, que son como estribaciones avanzadas de +los montes Karpatos. Su color es un blanco gris y luminoso, semejante al +reflejo del acero pulido. + +Pero hermoso sí que lo es el célebre río, de una belleza majestuosa, +imponente y algo salvaje, que bien merece los versos y los suspiros de +violín dedicados á su gloria. + +Cerca del puente del Brünn transbordamos á un vapor grande, y empieza la +navegación río abajo, moviendo el buque las ruedas en una corriente +veloz que acelera su marcha. + +¡Famoso viaje! Sobre la cubierta agrúpase una multitud pintoresca y +abigarrada, que parece resumir el amontonamiento de pueblos del imperio +austriaco: gitanas bronceadas, envueltas en mantones y con un pañuelo +sombreando los ojos de brasa, lo mismo que las que se ven en Madrid +cerca del puente de Toledo; aldeanas con blancas camisetas de mangas de +farol y faldellín corto y hueco, como el de las bailarinas, que al menor +descuido deja ver la carne sonrosada y maciza más allá de las medias +atadas bajo las rodillas; campesinos húngaros de fiero bigote y +encintado sombrerillo, moviendo al andar los pantalones blancos de +campana y la blusa ceñida por una faja multicolor; soldados azules con +las piernas ajustadas en un _colant_ que les da aspecto de gimnastas, y +mezclado con todo este mundo un revoltijo de fardos, cestos, cuerdas y +maletas, un oso y varios monos de una banda de bohemios y una cantidad +regular de perros enormes, que se espeluznan y enseñan los dientes cada +vez que llega hasta nosotros un ladrido de las lejanas orillas. + +El vapor danubiano es un arca de Noé por el amontonamiento de personas, +animales y lenguajes. Cada grupo habla diferente idioma, y sin embargo, +de la proa á la popa no hay quien entienda una palabra de francés, ni +menos de español. El capitán, lobo fluvial de rudas maneras, sabe que +existe en el mundo un pueblo italiano, y conoce vagamente de su lengua +hasta media docena de palabras: esto es todo. En el comedor del barco, +donde sólo entran los contados pasajeros de primera, los dos criados +puestos de frac sonríen estúpidamente, encogiendo los hombros, y hay que +emplear con ellos el más universal de los _esperantos_, el idioma de la +seña. En la cubierta, el pasaje, abigarrado y movedizo como un coro de +ópera, me habla con palabras extrañas, y yo contesto con la misma +sonrisa de los mozos del comedor. + +El Danubio, al alejarse de Viena, ensancha su superficie y toma un +aspecto más majestuoso, libre ya de las cadenas de piedra en que le +aprisiona la gran ciudad. En ambas orillas se extiende una ancha faja, +deshabitada, desnuda de cultivos y arboleda, sin otra vegetación que +espesos juncos, cañas y matorrales enmarañados. Es el terreno reservado +á las crecidas del gran río, que éste invade durante el invierno. De vez +en cuando, agítase la silvestre vegetación y surgen de ella, como +espantados por los bramidos del buque, rebaños de toros blancos ó de +color de canela, con los cuernos enormes, pero tímidos y mansos como +vacas. + +Más allá de este Danubio en seco, los bosquecillos, de árboles delgados, +pero de apretado follaje, dejan ver en sus claros campos, de intenso +cultivo, granjas en torno de las cuales agítanse hombres y mujeres +vestidos de blanco, aldeas de casitas rojas, agrupadas en torno de la +iglesia, como una pollada alrededor de la madre. + +El curso del río, uniforme y grandioso, se bifurca y parece borrarse al +través de innumerables islas. Vamos por canales que tienen muchos +kilómetros de longitud. Las orillas están próximas; se oyen los gritos +de los labriegos en los campos, el ladrido de los canes, el canto de un +gallo, el tintineo de las campanas en las aldeas. Una de ellas se llama +Essling, otra se llama Wagram. Las dos no son más que dos puñados de +casitas, y sin embargo, sus nombres corren por el mundo, figuran +esculpidos en uno de los arcos de triunfo más grandes de la tierra, y +han servido para bautizar grandes bulevares de París. + +Hace próximamente un siglo, un hombrecillo de levitón plomizo y pequeño +tricornio, montado en una yegua blanca, encontró magníficos estos campos +para hacer pelear, en condiciones ventajosas, á los miles de hombres que +le seguían, contra otros miles de hombres que intentaban defender sus +familias y sus medios de vida, ó sea lo que se llama la patria. Aquí +ocurrieron las famosas batallas que aseguraron á Napoleón su dominio +sobre Austria. Nada recuerda en las tranquilas aldeas estos sucesos +_gloriosos_ que las hacen inmortales. Un perro de pastor ladra sobre una +altura que tal vez sirvió de pedestal durante unas horas al gran +conductor de pueblos. Un rebaño blanco rumia la hierba en el mismo suelo +que conmovieron hace noventa y ocho años, con pataleos de rabia ó de +agonía, numerosos rebaños de hombres. Brilla el acero de unas guadañas +en los campos, cortando algo que no puedo ver, pero que seguramente +sirve para el sustento de la vida y es producto de la corrupción de +quince ó veinte mil hombres que se mataron sin conocerse y sin odiarse. + +En las alturas inmediatas al río, van apareciendo, fuera del dédalo de +islas, viejas iglesias góticas, ruinosos castillos, pueblos con antiguas +fortificaciones. Es el Austria venerable y heroica, que data de las +correrías de los turcos, y logró contener y esterilizar ante los muros +de Viena el empuje oriental, librando al centro de Europa de una +invasión que hubiese cambiado el curso de la Historia. Sobre una colina +elévase una pirámide de tierra, de 19 metros, llamada el _Hütelberg_, +que conmemora la expulsión definitiva de los otomanos. Su nombre +proviene de que la tierra la llevaron los habitantes de los alrededores +en sus sombreros (_hüte_). + +Al llegar á la desembocadura del Morava en el Danubio, acaba el +territorio austriaco y empieza el de la autónoma Hungría, que tiene por +rey al emperador de Austria, pero se gobierna aparte, con toda la +altivez de un pueblo de vieja historia. + +Hasta Budapest, todas las poblaciones de la ribera del Danubio tienen un +nombre alemán y otro magyar. + +Presburgo, la segunda ciudad húngara, que un tiempo fué la capital, la +llaman los magyares Pozsony. Su catedral, donde antiguamente se +coronaban los reyes de Hungría, levanta por encima de los tejados una +aguja de piedra con calados que transparentan el azul del cielo. + +Gran movimiento de personas y fardos en el muelle de desembarque. Frente +al vapor suena una alegre música. Es una orquesta de zíngaros, negros y +melenudos, que saludan á los pasajeros, haciendo sonar sus instrumentos, +al mismo tiempo que ruedan los ojos y sonríen con una expresión +inquietante, como si la música les inspirase proposiciones deshonestas. +Son los violinistas de los cafés de París, los famosos _tzíganos_ de +todos los restaurants elegantes del mundo, pero al natural, sin casacas +rojas ni peinado brillante de pomada, servidos en su propia salsa de +andrajos y suciedad. No llegan á diez y parecen una orquesta enorme por +el terreno que ocupan y la _autoridad_ con que tocan. + +En primera fila están los pequeños, abiertos en extensa guerrilla y casi +ocultos tras el violín; mucho más lejos, los padres, y todos tocando la +_cazarda_, de ritmo desigual, endiablado y loco, con el busto echado +atrás, el vientre saliente y la mirada perdida en lo alto, como si +fuesen á desmayarse á impulsos de desconocida voluptuosidad. Es la +actitud tradicional, el gesto de Rigo, que trastornó algo más que el +seso á la inflamable princesa de Caramán-Chimay. + +Al alejarnos de Presburgo ó de Pozsony, la navegación adquiere una +hermosura monótona; siempre ante la proa una extensión de río enorme, +con el horizonte cerrado por una revuelta, que lo convierte +aparentemente en mansa laguna. En las riberas se ven colinas cubiertas +de cepas, que producen los vinos rojos de Hungría y el famoso _Tokay_, ó +enormes peñones, cuyas cimas coronan castillos arruinados. + +Empiezo á arrepentirme de la larga navegación. Cae la tarde. El sol no +es ya más que un charco de oro, que parece hervir en el horizonte entre +montones de nubes negras. Su agonía se refleja en el Danubio, poblando +de impalpables peces de fuego las aguas que rebullen en torno de las +paletas de las ruedas. La fatiga de una navegación entre orillas que +parecen siempre iguales, como si el río se repitiese á cada revuelta, +empieza á apoderarse de mí. ¡Qué mala idea venir por el río! Fatal +afición á lo raro, que hace preferir los viajes difíciles siempre que +sean extraordinarios y no los hagan los demás. + +Una isla cierra el horizonte. Entramos en un canal entre ella y la +orilla. En la ribera opuesta, sobre una altura, empiezan á surgir +blancos grupos de caserío y torres puntiagudas. + +¡Budapest!... Nunca he experimentado sorpresa tan grande. La decepción +de poco antes se cambia en alegría. Bendita idea la de venir por el +Danubio y llegar embarcado á la capital de los magyares. Budapest es +sencillamente la ciudad más hermosa de Europa al primer golpe de vista. +No lo digo yo: lo afirman todas las guías y todos los viajeros. + +Á la derecha del río, Buda, la ciudad antigua, extendiendo sobre una +cadena de alturas sus recuerdos históricos. En la ribera izquierda, +Pest, la población enorme, donde están los edificios recientes y las +industrias modernas. Enormes puentes colgantes unen una orilla á otra, +siendo como el guión que junta el nombre doble de la ciudad: Buda-Pest. + +Nos detenemos en la isla Margarita, que parte al río en una regular +extensión antes de penetrar éste entre las dos ciudades. + +En una colina inmediata, rodeada de jardines, existe una pequeña +mezquita de forma octógona. Llama la atención este templo musulmán, +blanco y escrupulosamente cuidado, en el católico Budapest, que ostenta +junto al Danubio la iglesia de San Matías, semejante á un castillo. + +La mezquita guarda bajo su blanca cúpula la tumba de Gül Baba, santón +turco, que sus compatriotas juzgaron sacrílego llevarse á Constantinopla +al evacuar á Budapest. La obligación de conservar en buen estado la +tumba del santo musulmán, figura en un artículo del Tratado de paz de +Carlowitz, entre Austria y Turquía, en el siglo XVII, y los austriacos +respetan el antiguo compromiso. + +Esta huella de la dominación turca me hace recordar que estoy ya en las +puertas del imperio de Oriente. + + + + +XIV + +La ciudad de los magyares + + +De noche parece Budapest una población de ensueño. La doble ciudad +refleja en el Danubio--que tiene cerca de medio kilómetro de +anchura--los fuegos de su espléndida iluminación. Desde los muelles de +Pest, que es la más grande por estar en el llano, se contempla enfrente +á Buda, enroscando sus rosarios de luces de gas por las sinuosidades de +las colinas y sembrando las rocas de faros eléctricos, que brillan como +lunas. + +Por las negras aguas pasan las linternas de los vaporcillos invisibles, +borrando momentáneamente, con el remolino de su marcha, los temblones +reflejos de las luces de los muelles. + +De los cafés, que brillan como bocas de horno en la orilla opuesta, +llegan á intervalos, con los soplos de la brisa, suspiros de violines ó +el rugido metálico de una banda militar. En los paseos, campesinas de la +Galitzia austriaca ó de Transilvania, con trajes pintorescos, que +recuerdan las invasiones turcas ó las guerras de María Teresa, van de +restaurant en restaurant, llevando sobre el vientre grandes cestos de +frutas. La sandía, casi desconocida en los pueblos del centro de Europa, +se muestra aquí y parece sonreir amigablemente con su purpúrea y redonda +boca, anunciando que el Oriente está cerca. Los violines bohemios suenan +tras los verdes arbustos de las terrazas, y las canciones melancólicas +de Rumania sorprenden con sus palabras de origen latino, que hacen +recordar al glorioso español Trajano, fundador y civilizador de dicho +pueblo. + +De vez en cuando truena el suelo de los muelles y pasa un carruaje +tirado por caballos húngaros, incomparables animales que marchan siempre +al trote largo, como si éste fuese su paso natural, y unen el vigor y la +corpulencia á la esbelta ligereza del corcel árabe. + +Cuando los esplendores del sol disuelven el negro misterio, moteado de +luces, que envuelve á la doble ciudad, se muestra ésta monumental y +grandiosa. En el moderno Pest, los grandes hoteles, los edificios del +Estado, los templos de diversas religiones y los establecimientos de +enseñanza, asoman sus masas arquitectónicas por encima del caserío. En +el antiguo Buda, ciudad de alturas, hay una larga colina, que es como el +Capitolio del pueblo magyar, pues la extensa meseta soporta los +principales monumentos de su vida política. Sobre la ondulada cresta, +cubierta de profundas manchas de jardinería, está el San Matías, templo +del siglo XV, fortificado como un castillo. Á sus naves tuvo que venir +á coronarse, como rey de Hungría, el actual emperador de Austria, entre +las corvas cimitarras de los señores magyares, vestidos con el dolmán +tradicional, haciendo sonar las espuelas de sus botas de cuero rojo, y +ondulando sobre su gorro de húsar el blanco penacho sujeto con un joyel. + +Al lado de San Matías extiende sus innumerables cuerpos arquitectónicos +el _Királyi palota_, palacio real, en el que no ha vivido ningún rey +desde hace más de un siglo, pero que no por esto respetan menos los +húngaros como un símbolo de su relativa independencia. Ochocientas +sesenta habitaciones tiene este palacio, que comenzó á construir María +Teresa, todas lujosas, todas deshabitadas, y muchas de ellas con muebles +modernísimos que nadie ha usado. El palacio, con su ostentosa frialdad +de mansión vacía, tiene algo de tumba; pero los húngaros lo adoran, +viendo en él una prueba de que en nada dependen del grandioso alcázar +que se alza en el corazón de Viena. + +El palacio real, el Parlamento y la Academia, son los tres orgullos de +los ciudadanos de Budapest. Los rudos señores magyares, que en el campo +llevan aún una vida casi feudal, que no poseen otra ciencia que la +hípica, educando los caballos en los pantanos inmediatos al Danubio, y +cuando quieren obsequiar á un compatriota ilustre, pianista ó poeta, le +regalan... _un sable de honor_, hablan de la Academia de Budapest con el +respeto supersticioso que inspira lo desconocido. La Academia húngara +es una institución particular, fundada hace años por el conde Szechenyi, +quien la instaló en lujoso palacio y la legó un excelente museo. + +Compuesta de trescientos miembros, se dedica, según los estatutos que +dictó su fundador, al estudio de la historia y la lengua húngaras, y al +de todas las ciencias, menos la Teología. Su biblioteca la forman medio +millón de volúmenes; su museo de Pinturas tiene mil cuadros, de los +cuales unos cincuenta (los mejores) son de la escuela española, +figurando á la cabeza cinco de Murillo. + +Pero de todos los edificios públicos, el que más entusiasma á los +magyares es el Parlamento. Los hijos y nietos de aquellos húngaros +revolucionarios que en 1848 fundaron la República, presidida por Kosuth, +ya que no pueden lanzarse al campo sobre veloces caballos de batalla, +vestidos con su uniforme tradicional de húsar y blandiendo el corvo +sable contra los opresores austriacos, se han refugiado en el +Parlamento, el _Uj Orszaghaz_, como en un lugar de combate, donde dan +expansión á sus resentimientos históricos. + +El edificio, de construcción reciente, es digno de la importancia que +atribuyen los húngaros á la vida parlamentaria, última manifestación, +por el momento, de su antigua rebeldía. + +Visto este palacio por primera vez, asombra é intimida con su grandeza. +Examinado más despacio, parece un disparate arquitectónico, una +fanfarronada de piedra, con centenares de habitaciones y alas enteras +que para nada sirven. El deseo de los húngaros fué poseer un Parlamento +más grande que el de Viena y todos los del mundo; algo que por su +inmensidad estuviera en relación con la importancia de sus aspiraciones +políticas, y construyeron como gigantes. + +El palacio ocupa una superficie de 15.000 metros cuadrados; su cúpula +central tiene 106 metros de altura; su coste ha sido de 36 millones de +coronas. + +El exterior, mezcla de gótico y bizantino, ofrece cierta semejanza con +San Marcos de Venecia, pero considerablemente amplificado. Su interior +tiene algo que recuerda las doradas filigranas del decorado árabe. + +--Esto se parece á la Alhambra--afirman con irresistible convicción los +húngaros entusiastas, que jamás han estado en España ni han visto del +palacio árabe más que alguna tarjeta postal. + +Nada tienen de la Alhambra sus salones; pero algunos recuerdan vagamente +las cámaras del Alcázar de Sevilla. + +Bajo la gran cúpula central, al término de una escalinata de mármol +construída para colosos, está la rotonda de oro y mármoles polícromos +titulada Salón del Trono. En ella, al abrirse el Parlamento, se reunen á +escuchar el discurso del invisible rey de Hungría, que vive en Viena, +los 450 individuos de la Cámara de Diputados y los 300 de la Cámara de +los Señores, todos vistiendo el uniforme nacional, cargados de +cordones, con cinturón y collares de pedrería, la pelliza flotante sobre +un hombro, el sable haciendo sonar las losas con el tintineo de su vaina +de bronce, prolijamente cincelada; la mayoría con ojos belicosos, +prontos á tirar del acero, como sus remotos abuelos se presentaron á la +abandonada emperatriz de Austria para gritar: _¡Moriamo pro regem +nostrum Maria Teresa!_; pero éstos si desean morir por alguien, es por +la independencia de Hungría. + +El partido llamado independiente cuenta con más de la mitad de los +individuos del Parlamento, acaudillados por el hijo de Kosuth, el héroe +magyar. Los amigos incondicionales de Austria no llegan á cincuenta. Los +misioneros viven gracias á la desdeñosa protección del partido de la +independencia, que aun no cree llegada la hora de moverse, por miedo á +la Alemania aliada del emperador austriaco. Cuando muera el anciano rey +de Hungría ó cuando surja un conflicto en Europa que distraiga las +fuerzas de la Triple Alianza, los húngaros harán indudablemente algo más +que asistir á las sesiones de su Parlamento. + +Mientras tanto, procuran dar á éstas la mayor amenidad posible, para +entretenimiento del pueblo magyar, y que no se pierda la tradicional +acometividad de la raza. + +Los húngaros no son hermosos, arrogantes y bigotudos, como los pintan +generalmente, con sus uniformes de fiesta. Los hay pequeños, con una +amarillez asiática, pómulos salientes y mirada salvaje, que parecen +verdaderos kalmucos. Las tradiciones magyares hablan de Atila como de un +héroe del país, y atribuyen á los hunos la fundación de Buda. En el +techo de uno de los salones del Parlamento aparece el temible guerrero +«Azote de Dios», en compañía de Wotan, Sigfrido y demás héroes +mitológicos. + +Cuando los diputados magyares se enfurecen contra el gobierno, tratan su +magnífico palacio como una ciudad tomada por asalto. Rompen bancos y +pupitres en el salón de sesiones y arrojan los pedazos á la cabeza del +presidente del Consejo y sus ministros, si éstos son tan inocentes que +aguardan á pie firme la contundente rociada. + +Después se restaura el mueblaje, se reparan las estatuas descabezadas, +se muestran más blandos y tolerantes los amigos de Austria, y... hasta +que llegue la hora en que las escenas interiores del Parlamento se +repitan fuera, á lo largo de las riberas del Danubio, donde piafan los +caballos salvajes, y los pastores, con capas de pieles, hablan de la +corona de San Esteban y de los héroes de su raza, desde el valeroso rey +Matías Corvino hasta el abogado Kosuth, convertido en general, que dijo +adiós á la patria y prefirió morir en suelo extranjero, tras larga y +obscura ancianidad, antes que verla gobernada por austriacos. + + + + +EN ORIENTE + + + + +XV + +Los Balkanes + + +El tren deja atrás Kiskörös, patria de Petofi, el famoso poeta húngaro, +y la ciudad de Carlowitz, célebre por su tratado de paz entre Austria y +Turquía y por ser cuna del poeta servio Branko Radichevié. + +En los corredores de los vagones suena un ruido de sables, y un capitán +del ejército servio, seguido de varios gendarmes, va pidiendo el +pasaporte á los viajeros. Salimos de la verdadera Europa. En adelante, +imposible viajar, ni aun moverse, sin exhibir á cada momento el +pasaporte, contestando á bulto las preguntas del policía, á quien no +entendéis y que no os entiende. + +Empieza el Oriente, al que sirven de avanzada los Balkanes, con sus +pequeños y revoltosos Estados. Pasamos el Save, amplio afluente del +Danubio, por un puente larguísimo, y la ciudad de Belgrado, capital de +la Servia, aparece sobre un promontorio, dominando con su antigua +ciudadela turca la confluencia de los dos ríos. + +Al apearme en la estación, gran extrañeza de los viajeros, todos los +cuales van directamente á Constantinopla, y de los mismos servios que +llenan el andén: gendarmes, policías de uniforme ó de paisano, simples +curiosos habituados á ver pasar los trenes de Oriente sin que á ningún +extranjero se le ocurra detenerse en su capital. + +Es de noche, hace frío y llueve. En la Aduana vuelven á examinar mi +pasaporte varios oficiales de gendarmería y un comisario joven, de largo +gabán, con perfil de ave de presa, que hace adivinar bajo el sombrero un +cráneo puntiagudo y pelado. Es el sabio de la compañía. Después de +examinar largamente el papel, atina con la nacionalidad. + +--_¡Spaniske!_--exclama con cierto asombro. + +¡Un español en Belgrado!... Y la pregunta, que parece reflejarse en los +ojos de los oficiales servios, la formula el policía en una jerga mezcla +de italiano y servio. Les asombra mi propósito de entrar en Belgrado, y +aun se extrañan más al enterarse que es sólo un capricho, una curiosidad +de viajero. + +Me abstengo prudentemente de decir que mi detención no tiene otro objeto +que ver de cerca el Konak, el trágico palacio donde, hace cuatro años, +fueron asesinados en la cama el rey Alejandro y la reina Draga por los +oficiales sublevados. + +Los nuevos gobernantes de Servia viven en perpetuo recelo. Bien se nota +en las precauciones de la policía y en su deseo manifiesto de aislar al +país del resto de Europa. El nuevo rey, Pedro, cuenta con el ejército, +que le dió inesperadamente la corona cuando más desesperanzado vivía en +un tercer piso de la ciudad de Ginebra, sufriendo grandes estrecheces; +pero á pesar de este apoyo, no olvida que existe en Constantinopla un +hijo natural de Milano, hermano, por consiguiente, del asesinado +Alejandro, al cual educan para pretendiente, y que, cualquier noche, un +grupo de oficiales que se juzguen ofendidos pueden reunirse en el Casino +Militar, inmediato al Konak, y entrar en éste sable en mano, como +entraron hace cuatro años. + +Al fin, el bicho raro, el _spaniske_, puede penetrar en la ciudad, +dentro de un coche de alquiler que salta sobre el suelo mal empedrado y +pendiente de las calles empinadas. Las casas son bajitas; las calles, +obscuras. Á grandes trechos farolas de electricidad, como para fingir +una civilización occidental; pero su luz turbia se pierde en las +tinieblas de Belgrado, haciendo aun más palpable la lobreguez. La +capital de Servia tiene por la noche cierto aspecto de ciudad española; +algo así como un gobierno civil de quinta clase, ó una de esas +poblaciones episcopales, sin otra vida que la que le proporcionan el +palacio del prelado y el seminario. Aquí, el obispo que da importancia á +la ciudad es un rey. + +Ni un transeunte en las calles. Son las diez de la noche y Belgrado está +muerta. Cada cien pasos, inmóvil bajo un cubertizo ó en el quicio de una +puerta, veo un gendarme. No existe en Europa ciudad mejor guardada. El +gendarme servio da una alta idea del país, con su aire arrogante de +funcionario bien mantenido y su uniforme azul obscuro con vueltas +encarnadas, altas botas y gorra de plato. Son jóvenes, con una expresión +insolente de bravura en sus duros ojos. Ciertos objetos tienen una +fisonomía y un alma lo mismo que las personas, y el revólver que llevan +al cinto los gendarmes servios parece suelto y vivo dentro de su funda, +con deseos de saltar y hacer fuego por sí solo, sin mirar contra quién, +por un exceso de recelo y de fervor monárquico. Los que piensen +conspirar contra el anciano Pedro Karageorgewitch, tienen que pasarlas +muy duras. + +Encuentro abrigo en el «Hotel de los Balkanes», especie de posada, á +pesar de su pretencioso título, en cuyo piso bajo, al través de una +espesa nube de tabaco, veo bebiendo cerveza á media docena de popes +griegos, sacerdotes morenos, melenudos y barbones, de expresión feroz, +con la aceitosa cabellera coronada por un gorro en forma de bellota. Más +allá llenan varias mesas como dos docenas de oficiales de diversos y +vistosísimos uniformes, blancos, rojos, grises ó azul celeste, +excelentes jóvenes con un perfil de ave de rapiña semejante al de su +rey, que mueven sables y hacen sonar espuelas con cierta delectación, +como saboreando la omnipotencia de su fuerza, que les permite cambiar de +monarca al final de una cena. En las otras mesas, simples paisanos, +acompañados de sus mujeres é hijas, beben con cierto encogimiento +respetuoso y sonríen cuando logran cambiar alguna palabra con los +sacerdotes y los soldados. + +Son tenderos judíos ó griegos, que saben venerar á estos firmes pilares +de la sociedad, y por esto el Señor bendice sus negocios y hace que +prosperan á costa de los pobres campesinos servios. + +Muchos de ellos se animan al conocer mi nacionalidad, y hablan un +castellano fantástico, mezcla de palabras anticuadas y de voces +orientales. + +--Yo espanyol... Los mayores, de allá... Espanya terra bunita. + +Abren los ojos desmesuradamente al decir esto; sonríen señalando al +vacío, como si viesen á los mayores en su éxodo doloroso al ser +expulsados de la _terra bunita_, y acaban por mirarme con la misma +expresión de humildad sonriente que á los popes y á los fierabrás +uniformados, cual si la vista de un español les abriese las carnes con +amenazas de hogueras y degollinas. Pero su atávico terror de raza +acobardada por luengos siglos de palos y despojos, no impide á estos +dulces _espanyoles_ que al día siguiente le suelten al compatriota +moneda falsa en sus tiendas, ó le hagan pagar doble el paquete de +cigarros ó la tarjeta postal. + +En la plaza del mercado, poco después de la salida del sol, puede +apreciarse el carácter pintoresco que aun guarda el pueblo servio. +Llegan los campesinos de los alrededores de Belgrado, llevando al hombro +largos palos, de los que penden en balanza verduras, frutas ó volatería. +Los hombres, de ojos salvajes y bigotes felinos, llevan el gorro +nacional, una tiara de felpa, y por debajo de su chaleco de colores caen +unas faldillas blancas que ocultan los bombachos y dejan al descubierto +unas polainas de piel de cordero, ceñidas por las correas de puntiagudas +abarcas. Las mujeres tapan sus trenzas con pañuelos puestos á la +oriental, encierran el busto en una chaqueta redonda de amplias mangas, +y sobre la ropa interior, de dudosa blancura, llevan arrollada, á guisa +de falda, una pieza de tela gruesa de anchas fajas de colores semejante +á un pedazo de alfombra. Son aún los campesinos de la dominación turca, +el pueblo formado con los sedimentos de innumerables invasiones +guerreras. En vano ofrece Belgrado cierto aspecto de civilización +occidental, con sus tranvías, su alumbrado, sus tiendas, sus periódicos +y su único teatro. El pueblo servio no es más que una tribu belicosa que +cultiva la tierra. + +La tragedia del Konak debió parecerle el suceso más natural del mundo. +Matar á unos reyes para poner á otros en su sitio todavía caliente, es +un hecho vulgarísimo en Servia. Alejandro no fué el primer soberano +asesinado, ni será, ciertamente, el último. + +Los vecinos de Belgrado aprecian como un gran honor el ir por las calles +al lado de un oficial ó de un pope. Los sacerdotes son innumerables, y +en cuanto á militares, se ven, relativamente, más en Servia que en +Alemania. Hay sotanas negras, verdes y azules, popes con faja y sin +ella, con grandes pectorales ó con una simple cruz, y los uniformes +militares son tan incontables que, dada la pequeñez de Servia, hay que +creer que cada regimiento usa traje distinto. Pero todos los servios, +vistan como vistan, lo mismo los que imitan las modas occidentales con +la exageración propia de una ciudad de provincias, que los que siguen +fieles á los antiguos usos; así los sacerdotes, los militares, los +estudiantes saturados de teología ortodoxa y los altos empleados del +Estado, como las damas que copian las novedades de Viena y París, todos +tienen algo de inquietante, de rudo, de oriental y violento, +adivinándose que una ligera raspadura en su moderno exterior basta para +dejar al descubierto al bárbaro, al servio belicoso de otros tiempos, +que fué el más implacable de los guerreros. + +Mi curiosidad me lleva ante el Konak, un palacio no más grande que +cualquier hotel de la Castellana. Esta monarquía, que sólo lleva +cuarenta años escasos de existencia y ha tenido que improvisar todos los +servicios de la vida moderna, manteniendo, además, por halagar el +sentimiento nacional, un gran ejército, no permite á sus soberanos +grandes lujos. + +Recuerdo que cuando fueron asesinados Alejandro y Draga, al hacerse el +inventario de la _aventurera_, de la _Mesalina_ odiada por el pueblo, su +ajuar resultó más insignificante que el de una mediana _cocotte_. Creo +que, entre nuevos y usados, sus vestidos no pasaban de media docena. Su +dormitorio lo tenía adornado con esas baratijas que regalan en los +cotillones, lo mismo que una señorita pobre. Sobre la mesa de noche se +encontró abierta una novela de Anatole France, que estaba leyendo en el +instante que entraron los oficiales sable en mano para hacer pedazos á +ella y á su esposo, como una pareja de bestias dañinas. Seguramente que +este volumen era el único libro francés que existía en Belgrado. + +Paso un día entero aburridísimo en la capital de Servia, aguardando la +noche para tomar otra vez el tren de Oriente. Amortiguada la primera +impresión de novedad, Belgrado me parece una odiosa población de +provincias. Militares por todas partes, con su aire de perdonavidas, de +bravos sin instrucción, que tienen metido en el puño á su país; popes +que van de café en café empinando el codo con una sed insaciable; +señoritas de ojos asiáticos y sombreros copiados de París, que pasean +por la calle principal seguidas de estudiantes y cadetes; una banda de +música que toca en el jardín de la Ciudadela, en una plazoleta rodeada +de bustos de servios ilustres... + +Salgo de la ciudad con el propósito de visitar, en una llanura lejana, +la famosa «Torre de los Cráneos». Los turcos, para intimidar á los +belicosos hijos del país, que les molestaban con una incesante lucha de +guerrillas, elevaron la torre, cubriendo sus paredes con cráneos de +servios desde los cimientos á las almenas. Hoy los cráneos han sido +enterrados por la veneración patriótica, pero la torre sigue en pie, +mostrando en su argamasa los innumerables alvéolos que contenían las +calaveras. + +Al ir á la estación y ver por última vez las calles de Belgrado, paso +ante el pequeño teatro Real, que exhibe en su portada los anuncios de la +función del día. Por ellos me entero con sorpresa de que estamos á 24 de +Agosto, cuando yo creía vivir en el 6 de Septiembre. El calendario de la +religión ortodoxa griega me regala trece días más de vida al pasar por +el país de los Balkanes. + + + + +XVI + +Los turcos + + +Un río, el Maritza, el Hebro de los antiguos, padre ó abuelo por el +nombre de nuestro río aragonés, y en cuyas orillas destrozaron las +Furias al dulce Orfeo, corre con grandes tortuosidades por el territorio +de Servia y Bulgaria, cruza la Rumelia y penetra en la Turquía europea. +Allí donde alcanza la benéfica influencia de sus aguas, el suelo +balkánico es fértil y bien poblado. Frondosos bosques orlan las orillas +de los torrentes, en cuyos cauces brama y se despeña una agua roja que +arrastra la envoltura de tierra de las montañas. En los extensos prados +pacen salvajes potradas ó rebaños de bueyes con las astas echadas atrás, +en compañía de corderos enormes, de cuernos retorcidos como caracoles, y +tan extraordinaria y majestuosamente voluminosos, que se comprende que +los artistas de la antigüedad los escogieran para el adorno decorativo +de palacios y altares. + +En los terrenos pantanosos de la Bulgaria y la Rumelia crece el arroz; +en los campos secos amarillea el maíz; por las pendientes espárcense las +viñas que producen el vino de los Balkanes, único que beben los +cristianos y judíos del imperio turco. Las aldeas apenas si sobresalen, +con débil relieve, sobre el fondo rojo de los montes, faltas de +campanarios ó de minaretes, con la llana monotonía de la religión +griega, que no siente el menor deseo de escalar el espacio y dirigir sus +plegarias á las nubes. + +Sofía, la capital de Bulgaria, es otro Belgrado, aunque sus habitantes +parecen de carácter más dulce. Su gobierno, dirigido por un príncipe de +origen francés, que ha vivido largas temporadas en París, muestra gran +empeño en asimilarse los progresos de otros pueblos. Los dos mejores +edificios de Sofía son la Escuela de Medicina y la Imprenta Nacional, de +donde salen importantes publicaciones. Esto, en un país como el de los +Balkanes, significa algo notable. + +En Filopópolis, capital de la Rumelia oriental, todavía se ven los +uniformes búlgaros; sables pendientes del hombro, altas botas, bonetes +de astracán copiados de los rusos, grandes protectores del país; pero +las mezquitas cortan el horizonte, incendiado por la puesta del sol, con +la línea blanca y esbelta de sus alminares sutiles y puntiagudos como +agujas. La huella de la dominación turca no se borra fácilmente. + +Cambia de pronto el personal del tren: los empleados de amplia gorra á +la alemana son sustituídos por otros con fez rojo. Este gorro otomano, +de color uniformemente purpúreo, empieza á verse por todas partes, dando +á la muchedumbre vestida de obscuro el aspecto de una aglomeración de +botellas lacradas. Suben á los vagones los aduaneros, arrastrando el +corvo sable y llevándose para saludar una mano á la frente y otra al +corazón. Gran registro de maletas, para no tocar nada más que los libros +y los papeles. Luego se presenta la policía, graves señores de barba +negra, pálidos y tristes como ascetas, con algo de clerical en sus +levitas negras y sus gorros rojos é inmóviles. + +Examinan los pasaportes con cierto aire de cansancio, sin hablar apenas, +y se van lo mismo que han venido, después de copiar los nombres en +caracteres turcos, desfigurándolos al capricho de su pronunciación +gutural. + +Estamos en el imperio otomano, en la estación de Adrianópolis, segunda +capital de la Turquía europea, que sigue en importancia á +Constantinopla. Los andenes están llenos de militares, con sus sombríos +y elegantes uniformes europeos, semejantes á los de Alemania, pero +rematados invariablemente por el fez rojo. + +Adrianópolis es la gran población militar de Turquía. Un ejército de +80.000 hombres está acuartelado en la ciudad y sus alrededores. Los +rusos, la última guerra con Turquía, llegaron á Adrianópolis y +acamparon en su recinto. ¡Quién sabe si tardarán mucho, los mismos +extranjeros ú otros, en vivaquear en esta ciudad de hermosas mezquitas y +enormes fortificaciones!... + +Turquía es el «gran enfermo» de Europa, según una frase mil veces +repetida, y los pueblos importantes que no osan asesinarlo, por cerrarse +el paso unos á otros, aguardan á que el enfermo se muera para repartirse +sus bienes, procurando cada uno asistirle traidoramente en su dolencia, +para familiarizarse con los secretos y costumbres de la casa y escoger +con más seguridad cuando llegue el momento de la rebatiña general. + +Yo soy de los que aman á Turquía y no se indignan, por un prejuicio de +raza ó religión, de que este pueblo bueno y sufrido viva todavía en +Europa. Todo su pecado es haber sido el último en invadirla y estar, por +tanto, más reciente el recuerdo de las violencias y barbaries que +acompañan á toda guerra. Si sólo debieran vivir en Europa los +descendientes directos de sus remotos pobladores, expulsando á las razas +invasoras que llegaron después procedentes de Asia ó África, nuestro +continente quedaría desierto. + +Yo amo al turco, como lo han amado, con especial predilección, todos los +escritores y artistas que le vieron de cerca. Diez y nueve razas pueblan +el vasto imperio otomano. Mahometanos, judíos y cristianos, divididos en +innumerables sectas, forman esta aglomeración de seres, distintos por +orígenes y tradiciones, que lleva el nombre de Turquía, y sin embargo, +como dice Lamartine, «el turco es el primero y el más digno entre todos +los pueblos de su vasto imperio». + +Existe una concepción imaginaria del turco, que es la que acepta el +vulgo en toda Europa. Según ella, el turco es un bárbaro, sensual, capaz +de las mayores ferocidades, que pasa la vida entre cabezas cortadas ó +esclavas que danzan desplegando sus voluptuosidades de odalisca. Con +igual exactitud piensan sobre nosotros los viejos de Holanda ó los +Países Bajos, los cuales no pueden oir hablar de España sin imaginarse +un país de implacables inquisidores, capaces de quemar por una simple +errata en una oración, y donde todos los ciudadanos somos duros é +inexorables como el antiguo duque de Alba. + +Los turcos han sido crueles porque han guerreado mucho, y la guerra +jamás ha sido ni será escuela de bondades y de dulces costumbres. Otros +pueblos civilizados, que llevan en los labios el nombre de Cristo, han +tratado por medio de sus cañones y fusiles á los indígenas de África y +Asia peor que los turcos á las poblaciones de los Balkanes. + +Todos los escritores que han viajado por Turquía, se irritan contra la +injusticia con que es apreciado este pueblo. El turco es bueno y franco. +Su dulzura se manifiesta por un gran respeto á los animales. Jamás se le +ve maltratarlos. + +La injusticia y la traición son los dos resortes que disparan su cólera. +Esto hace que aunque el turco oculte, bajo las formas de una exquisita +cortesía, su pèna por las injurias ó las humillaciones sufridas, +aproveche la primera ocasión para saciar su resentimiento. + +La hospitalidad es la más visible de sus virtudes. No hay aldea en +Turquía, especialmente en Asia, donde la falta de aglomeración de +europeos aun no les ha enseñado lo que somos, que no tenga en todas sus +casas la «habitación para viajeros», el _mussafir odassi_, donde todo +viandante encuentra abrigo por una noche, sin tener que pagar nada y sin +que el dueño muestre el más leve empeño en saber quién es y cuáles son +sus opiniones. + +El turco es el más religioso de los hombres. Su fe es inquebrantable: ni +la menor sombra de duda viene á turbar sus creencias. Está convencido de +que posee la verdad; pero no siente el afán de los occidentales por +imponer esta verdad á los otros, despreciando ó escarneciendo lo que el +vecino piensa. Podrá creerse superior á los demás por ser musulmán y +tener su religión como la única verdadera; pero no hace el menor +esfuerzo por imponerla á nadie. El fanatismo mahometano del moro de +África no lo conoce el turco. En sus ciudades funcionan diversos cultos, +y sacerdotes y templos son respetados con el escrúpulo que inspira á los +otomanos todo lo que representa la fe en Dios. + +Su prudencia silenciosa y un tanto altiva da en Constantinopla grandes +muestras de tolerancia. Jamás entran los turcos en los templos +católicos, en las capillas protestantes, en las sinagogas ó las iglesias +griegas á turbar el culto de los fieles. En cambio, fervientes +mahometanos, tienen que irse á las mezquitas de los arrabales á hacer +sus plegarias, pues en las céntricas y famosas se ven molestados por las +bandas de europeos y europeas que entran con el _Baedecker_ en la mano y +el guía al frente de la expedición, tocándolo todo, queriendo verlo +todo, riéndose de las ceremonias y de la cara en éxtasis de los fieles, +y apostrofándolos algunas veces porque siguen las creencias de sus +padres y no quieren conocer la verdad descubierta por los padres de los +otros. + +Las matanzas de _cristianos_ que ocurren de vez en cuando en Turquía, no +tienen nada de religioso. Á ningún turco se le ocurre matar porque la +plegaria ordenada por el Profeta sea mejor que la misa de los armenios. +En tal caso, dirigiría sus ataques contra los templos. Esas matanzas de +cristianos, que explotan en Europa el fanatismo religioso y el interés +político, desfigurando su carácter, son simples conflictos por el pan; +choques sociales semejantes á las sangrientas peleas que ocurren á veces +en Marsella entre trabajadores franceses é italianos, ó á los asesinatos +de chinos que perpetran los trabajadores de los Estados Unidos cuando +ven que, por la concurrencia terrible de los asiáticos, pierde su +precio la mano de obra. + +El armenio, que es en Turquía el cristiano por excelencia, se atrae las +mismas cóleras populares que el judío de la Edad Media. El turco, señor +del país, no puede moverse sin tropezar con el armenio, raza vencida que +aprieta el dogal á sus dominadores con un odio de siglos. Los armenios +son los comerciantes, los tenderos, los prestamistas, los ricos que poco +á poco se apoderan de todo, consumiendo con las artimañas de la usura la +vida entera del pobre osmanlí, que trabaja y trabaja sin verse libre +nunca de la esclavitud del dinero. De propietario pasa insensiblemente á +ser mísero arrendatario de la tierra que cultiva; si toma una industria, +el armenio le empobrece fingiendo protegerle; si, acosado por el hambre, +quiere hacerse _hamal_ y cargar fardos en los puertos turcos, su +enemigo, más musculoso y listo que él, le quita el sitio, trabajando por +menos dinero. + +Caballeresco hasta en sus defectos, el turco gusta mucho de proteger á +los demás y es magnánimo en sus dádivas; pero por esto mismo resulta +ávido de dominación y la resistencia le vuelve cruel. Sus odios se +condensan, su orgullo de raza se subleva ante estos antiguos siervos que +se convierten astutamente en sus amos, y entonces apela á la espada, +suprema razón del Profeta. + +¡Pobre Turquía! Viéndola de cerca se la ama más, porque se aprecian +mejor sus cualidades y se ven con mayor claridad los peligros que la +amenazan. + +Al llegar á ella, sorpréndese el ánimo viendo los enormes territorios +que ha perdido casi recientemente. + +En nuestros días ha sido expulsada del Montenegro, de la Bosnia y la +Herzegovina, de Servia, Bulgaria y Rumania, y recientemente de la +Rumelia. Esos despojos de su antigua dominación forman reinos. + +La Europa Occidental sueña con arrojar á los turcos al otro lado del +Bósforo, arrebatándoles los territorios que poseen en el continente, +enormes todavía, pero insignificantes comparados con sus dominios del +pasado. + +Algunos ven en esto una gran victoria histórica, un desquite de la vieja +Europa, que devuelve el territorio asiático á los invasores que tanto +miedo la hicieron sufrir. + +Error: el turco ya no es asiático, como nosotros no somos latinos, á +pesar de que nos agrupamos bajo este nombre. Ningún pueblo del mundo +merece con justicia el origen que ostenta. + +Los turcos del Asia Central, que aun existen en el territorio de los +Mongoles, son hermanos de estos otros que les abandonaron para marchar +hacia Occidente como una ola devoradora. Los turcos asiáticos son de +raza amarilla. Los turcos del imperio otomano, los que todos conocemos, +son ya caucásicos como nosotros. Sus incesantes cruzamientos con la +raza blanca y los azares de la guerra con sus alborotadas mezcolanzas, +han fundido y hecho desaparecer el primitivo elemento étnico. + +Ir por una calle de Constantinopla es casi lo mismo que por una calle de +Madrid. Cada cara recuerda un nombre. Á veces se duda, al cruzar la +mirada con los ojos de un transeunte, y se lleva la mano al sombrero +para saludar. Se cree uno en Carnaval y dan ganas de decir: + +--Amigo López... ó amigo Fernández: ¡basta de broma! ¡Quítese el gorrito +rojo, que le he conocido! + + + + +XVII + +Constantinopla + + +Cuando Constantino hizo de Bizancio la capital del imperio y la llamó +_Nueva Roma_, estaba lejos de imaginarse que su propio nombre +prevalecería como título de la enorme ciudad. + +No hay población que pueda compararse, por su belleza topográfica, con +la famosa Constantinopla, compuesta de tres ciudades. Pera y Galata, +formando una sola agrupación urbana; Stambul, que ocupa el solar de la +antigua Bizancio, y Scutari, en la ribera asiática. + +Para dar una idea aproximada de la situación de esa triple ciudad, hay +que imaginarse una inmensa Y de forma irregular. El tronco de la Y es el +final del mar de Mármara y la entrada del Bósforo; la rama de la +izquierda, el famoso Cuerno de Oro, profundo brazo de mar que atraviesa +la ciudad y se pierde tierra adentro; la rama de la derecha, la +continuación del Bósforo, hasta dar con el Mar Negro. + +En el espacio comprendido entre el tronco de la Y y el final de la rama +izquierda, está Stambul. En el espacio que existe entre las dos ramas, ó +sea en la península limitada por el Cuerno de Oro y el Bósforo, se +hallan asentadas Galata y Pera. Á lo largo del Bósforo, ó sea en todo el +lado derecho de la Y, desde la base de la letra á su remate superior, +están Scutari y demás poblados que pertenecen igualmente á +Constantinopla. El lado izquierdo de la Y y el espacio comprendido entre +las dos ramas, es Europa: todo el lado derecho de la letra, es Asia. Dos +piastras (que son unos 60 céntimos) bastan para que un vigoroso remero +turco, gran maestro en el arte de sortear las corrientes que van y +vienen por el enorme callejón acuático, entre el mar de Mármara y el mar +Negro, os lleve en unos cuantos minutos de un continente á otro. + +Las tres ciudades más importantes en la historia de la humanidad son +Atenas, Roma y Constantinopla. + +Grecia enseñó á los hombres el arte de pensar, el culto de la belleza, y +aun hoy vivimos de sus lecciones. Las leyes y usos de Roma regulan +todavía la vida moderna. Constantinopla fué la intermediaria +indispensable entre el mundo antiguo y el actual, hasta el punto de que +si ella no hubiese existido, el mundo veríase privado de su más noble +herencia, ignorando lo que filósofos, poetas y artistas pensaron y +produjeron para nosotros hace tres mil años. + +Es de uso corriente despreciar á Bizancio y desconocer la importancia +histórica del imperio de Oriente. + +Es cierto que la existencia del llamado Bajo Imperio fué poco noble, por +su historia de miserias, crímenes y disensiones religiosas, que acababan +siempre en derramamientos de sangre. El populacho, capitaneado por +monjes bárbaros y falsos profetas, mataba ó moría defendiendo sutilezas +teológicas que no le era dado entender. Por si los templos cristianos +debían tener imágenes ó privarse de ellas, por si el Hijo era más ó +menos que el Padre y el Espíritu Santo superior á los dos, el pueblo de +«las discusiones bizantinas», saturado de nimias sutilezas de la +decadencia griega, andaba á palos y cuchilladas en las callejuelas de +Bizancio. Además, el Hipódromo, con los mil incidentes de sus carreras +de carros, monopolizaba toda la vida nacional. El color de los dos +bandos de cocheros, el verde y el azul, dividía al pueblo bizantino en +dos grandes partidos, y _verdes_ y _azules_ ocupaban el poder á fuerza +de revoluciones, derrocando emperadores y convirtiendo el circo en campo +de batalla. + +Á todas estas desgracias se unieron las grandes hambres, los incendios, +la peste y los continuos ataques de los búlgaros durante los mil años +que sobrevivió el decaído Bajo Imperio. + +Pero á pesar de su larga agonía. Constantinopla, centro del imperio de +Oriente, tuvo su grandeza y sirvió noblemente á la civilización. Ella +guardó las tradiciones del arte griego, la legislación romana, los +monumentos literarios, toda la antigüedad; y cuando en el siglo XI +surgió el primer intento de Renacimiento, y en el XV llegó á ser un +hecho el hermoso despertar de la Humanidad, de su seno salieron los +hombres y las ideas que realizaron en Italia el retroceso bendito hacia +la antigüedad clásica. Además, durante la Edad Media fué Constantinopla +la gran muralla que contuvo el empuje de las invasiones asiáticas. +Europa, defendida por este puesto avanzado, pudo constituirse lentamente +á su abrigo. La cristiandad se dió cuenta de la importancia de +Constantinopla cuando después de caer ésta en poder de los turcos, los +vió avanzar en unos cuantos años hasta el corazón de Europa, siendo +precisa una acción común para atajarlos junto á los muros de Viena y en +las aguas de Lepanto. + +Grecia, aunque mutilada por los siglos y los hombres, guarda grandezas +de su pasado en el Partenón y otros monumentos; Roma conserva el +esqueleto de su gloria en ruinas, casi enteras, de termas, templos y +circos; pero de la antigua Bizancio apenas quedan vestigios. El turco lo +arrasó todo, más que por barbarie, por afán de dominación, por celos del +pasado, por su deseo de que ninguna obra antigua pudiera rivalizar con +las del período de gran esplendor que vino tras la conquista. Si respetó +Santa Sofía fué para convertirla en una mezquita, borrando de ella todo +signo del cristianismo griego. + +Otros conquistadores no menos temibles que los turcos cayeron sobre la +ciudad. En 1204 los cruzados creyeron más cómodo y lucrativo conquistar +la gran metrópoli cristiana que pelear con los musulmanes de Asia, y su +asalto fué terrible. En la ciudad de Constantino y Justiniano no quedó +piedra sobre piedra. Los guerreros de la Cruz robaron templos y palacios +y los marinos genoveses y venecianos que conducían en sus galeras la +expedición, se cobraron el pasaje de la cruzada llevándose á sus +repúblicas lo mejor de Constantinopla. Los famosos caballos de Lissippo, +los cuatro corceles de bronce dorado que se encabritan en la fachada de +San Marcos de Venecia, son un recuerdo de este gran saqueo. Cuando, +expulsados al fin los cruzados, volvió á restablecerse el imperio +griego, la ciudad conservaba sus famosos monumentos, pero empobrecidos +por el despojo, y antes llegó la conquista de los turcos que el nuevo +florecimiento de Bizancio. + +Nada queda en Constantinopla del pasado; pero ¡cuán hermosa es con su +aspecto musulmán! No existe ciudad que pueda comparársela en grandeza. +Londres ó París son más enormes, pero el viajero se convence de esto +porque así lo dicen los libros, no porque lo vean sus ojos. Es imposible +encontrar en ellas una calle ó una plaza que proporcione la sensación +exacta de la grandeza de la ciudad. Constantinopla, en cambio, puede +abarcarse de un solo golpe de vista. Basta colocarse en mitad del Cuerno +de Oro sobre un caique, ligero y movedizo como una piragua, ó en el Gran +Puente, para admirar toda la importancia de la metrópoli musulmana. +Ninguna ciudad del mundo, al decir de viajeros famosos, tiene tal +aspecto de inmensidad. Su vecindario es de millón y medio de seres, pero +cualquiera puede atribuirle cuatro ó cinco millones. + +Á lo largo del Cuerno de Oro, en ambas riberas, el caserío ondula +apretado sobre las colinas. En primer término se ven dos ciudades, +siguiendo las tortuosidades de las orillas, y sobre éstas aparecen +otras, en alturas que se alejan, y más allá continúa el caserío hasta +esfumarse en el horizonte, azuleando como las montañas remotas. Y cuando +la vista, cansada de esa inmensidad de edificios, se vuelve hacia la +extensión de agua azul, ve al través de un bosque de mástiles una ribera +que cierra el horizonte, la de Asia, y en ella nuevas agrupaciones +urbanas, que cubren llanuras, escalan montañas y son también +Constantinopla. + +La torre de Galata, pesada y enorme, mira desde lo alto de su península +al viejo Stambul, erizado de minaretes, sutiles y blancos como la +plegaria del buen creyente, y en cuya cima tiembla la flecha como una +llama de oro. Las grandes mezquitas son amontonamientos de plomizas +cúpulas que ascienden en torno de la cúpula central, rematada por una +media luna que arde bajo los rayos del sol. + +¡El atardecer de mi primer día en Constantinopla!... Venía yo de +contemplar, á cierta distancia, la santa mezquita de Eyoub, donde jamás +ha puesto su pie ningún cristiano. Eyoub es un arrabal, en el fondo del +Cuerno de Oro, que se conserva como lo más turco y creyente de +Constantinopla. Su mezquita viene, en rango de santidad, detrás de la +Meca. Las viejas del barrio, envueltas en su manto negro, escupen á los +pies de todo cristiano que encuentran al anochecer en sus calles, y le +desean á gritos las mayores desgracias. + +La corriente del Cuerno de Oro empujaba el caique dulcemente, y el +remero sólo tenía que dar débiles paletadas para seguir el viaje. Había +desaparecido el sol. Los minaretes de Constantinopla cortaban con su +blanca línea un cielo suave, teñido de rosa y violeta. Una estrella +centelleaba en este intenso telón de seda, como un brillante perdido. En +lo alto del cielo brillaba un fragmento de luna en creciente, como la +que se muestra en el escudo otomano: la media luna de los turcos. + +La enorme ciudad aparecía partida en diversos términos, como los +bastidores de un teatro. Los barrios inmediatos á la ribera, negros y +levemente moteados de rojo por las luces de las ventanas iluminadas; los +de segundo término, ligeramente sonrosados por los reflejos del +atardecer; los remotos, marcándose, azulados é indecisos, como +montañas, reflejando con fulgores de incendio los últimos rayos de un +sol invisible en los cristales de los miradores, y sobre esta +aglomeración, envuelta en el misterio del crepúsculo, los bosques de +marfil de los agudos minaretes, los enormes huevos blanquecinos de las +cúpulas de las mezquitas. + +Un silencio sagrado descendía del cielo, esparciéndose en compañía de la +sombra sobre la ciudad y las aguas. Pasábamos entre buques de guerra, +anclados en el puerto militar: acorazados grises de triple chimenea, +cruceros de una sola cofa, esbeltos avisos, yates imperiales que +aguardan la visita del sultán, el cual no los ha visto nunca. + +De pronto, la roja bandera con la media luna blanca comenzó á descender +de los mástiles. Sobre las cubiertas veíanse agrupadas las +tripulaciones, con el fez, que iguala á oficiales y marineros. En el +cuartel del Almirantazgo, la infantería de marina extendía sus pelotones +á lo largo del muelle, destacándose en la penumbra la línea roja de sus +cabezas alineadas. + +Á un mismo tiempo se conmovió la calma majestuosa del crepúsculo con +gritos que parecieron rasgar el espacio como disparos cruzados. En los +balconcillos circulares de los minaretes, hombres liliputienses, con +turbante blanco, agitaban los brazos, acompañando estos movimientos con +las modulaciones de un chillido sobrehumano. Sobre los puentes de los +buques de guerra, un hombre entonaba un canto majestuoso y triste, +semejante á las saetas de la Semana Santa en Andalucía. + +_¡La Ilah il Allah ve Mohammed resoul Allah!_ cantaban con melancolía +religiosa, en el misterio del crepúsculo, los hombrecillos semejantes á +hormigas, sobre los puentes de los acorazados. Los centenares de gorros +alineados á lo largo de las bordas, entre las bocas de los enormes +cañones y las torres blindadas, rugían al contestar como un estampido: +_¡Allah! ¡Allah!_ Y al ver esa fe de los desiertos asiáticos, este ardor +fervoroso de los jinetes errantes de otros tiempos, repetirse á bordo de +los buques acorazados, última expresión de los adelantos científicos que +repelen y destruyen con sus bocas de acero las fantasmagorías del +pasado, tuve una visión exacta de lo que es la Turquía moderna: europea +exteriormente, pero cuando escucha la voz del Profeta, siente +despertarse en ella la misma alma de los que llegaron tras el caballo de +Mahomed II á la conquista de Constantinopla. + + + + +XVIII + +El Gran Puente + + +Para el que desea conocer en conjunto la variadísima población de +Constantinopla, el mejor punto de observación es el Gran Puente, que va +de Galata á Stambul. + +Tiene medio kilómetro de extensión, y su piso de maderos desiguales, en +los que tropieza el transeunte, está asentado sobre pontones +insumergibles, pues la profundidad del Cuerno de Oro, que en algunos +lugares tiene cerca de cien metros, no permite sostenes más sólidos. + +Á un lado descuella, sobre el caserío en pendiente, la maciza torre de +Galata, empavesada con los pabellones de las grandes potencias, que +parecen proteger los barrios europeos. En el extremo opuesto, como si +cerrase el paso por la parte de Stambul, alza la mezquita de la Sultana +Validé sus esbeltas torrecillas y sus cúpulas con medias lunas de oro, +cual una construcción de _Las mil y una noches_. + +Desde el centro del puente se abarca en todo su esplendor el espectáculo +del Cuerno de Oro, grandioso puerto que lleva tal nombre por su forma +curva, rematada en punta, y por las riquezas incalculables desembarcadas +en él. + +Navíos de todos los países forman una segunda ciudad flotante á ambos +lados del puente. En las primeras horas de la madrugada se abre una +parte de éste para dar paso hacia el Bósforo á los grandes navíos de +guerra y los vapores comerciales que anclan en el fondo del Cuerno de +Oro. Los vaporcillos de viajeros para los pueblos del Bósforo; las islas +de los Príncipes ó Brussa, parten con gran frecuencia de los muelles del +Puente. Cada cuarto de hora sale uno agitando sus ruedas, con la doble +cubierta repleta de gorros rojos. Braman las sirenas, humean las +chimeneas, tiemblan los pontones con el encontronazo de los veloces +cascos, y sobre las aguas verdosas, agitadas naturalmente por las +corrientes y que el continuo paleteo de ruedas y hélices conmueve con +violento oleaje, pasan los caiques, ligeros como flechas, con una +inestabilidad que les hace danzar locamente, volcando á la menor +imprudencia del viajero, que debe conservarse en la popa inmóvil y medio +tendido. + +Los bergantines turcos, de arcaica forma, que recuerda á las galeras de +la piratería, extienden sus velas amarillentas y salen cabeceando como +venerables mendigos entre las elegantes parejas de yates y la revoltosa +é inquieta granujería de vaporcitos _moscas_ y botes automóviles, que +parecen burlarse de estos ancianos del mar, pasando y repasando ante sus +tardías proas. Las barcas griegas despliegan sus velas triangulares +hacia los puertos del Mármara: los buques del Occidente europeo van +hacia el Mar Negro en busca de trigo y de petróleo. Grandes bandas de +gaviotas, ebrias de sol y de azul, flotan inertes sobre las violentas +ondulaciones del agua, hasta que una proa las despierta con su revoltijo +de espumas cortadas, y todas ellas levantan el vuelo con ruidoso crujir +de plumas. Una niebla de humo de carbón flota sobre el Cuerno de Oro en +los días de calma, y por encima de esta nube parda, á la que da el sol +doradas transparencias, aparecen las cúpulas y minaretes del viejo +Stambul, blanco y rojo, como una ciudad de ensueño flotando en el +espacio. + +Para ser capitán de buque ó simple remero de caique en el Cuerno de Oro +y el Bósforo, se necesita tanta habilidad como para ser cochero en +Constantinopla, donde las callejuelas se abrieron con el propósito de +que pasase por ellas cuando más un carruaje, y sin embargo, circulan dos +en distinta dirección. + +La primera vez que se navega por los citados callejones marítimos, el +alma parece subirse á la garganta. El caique, mísero cascarón que apenas +puede sostenerse, se pega con la mayor tranquilidad á las ruedas ó las +hélices de los vapores, que le hacen danzar locamente. Otras veces pasan +los caiques ante la proa de un gran buque en movimiento con una precisa +exactitud para no ser alcanzados. Un instante más y desaparecerían. Los +vaporcillos se van sobre los barcos de vela, y cuando parece inevitable +el abordaje pasan por su lado rozándolos, pero sin choque alguno. + +Los buques, tanto de vela como de vapor, tienen que marchar en zig-zag, +sorteando un obstáculo á cada instante, navegando con la misma atención +que le es precisa al viajero al transitar por primera vez las calles de +Constantinopla. El capitán ve cerrado su derrotero por otros buques que +vienen hacia él ó que oblicuan su marcha cortándole el camino, y á esto +hay que añadir el enjambre de caiques que trasladan pasajeros de una +orilla á otra; de vaporcillos _moscas_, que llevan en su popa banderas +de todas las naciones; de largas góndolas blancas y doradas, con remeros +negros, en cuya popa se muestran damas misteriosas, cubiertas con +antifaces y capuchones que sólo dejan visibles los pintados ojos. Gritan +los barqueros en todas las lenguas; saltan de un barco á otro las malas +palabras de todos los idiomas; chillan los silbatos, rugen las sirenas; +arrastra el viento asfixiante vedijas de humo sobre el corto y violento +oleaje; álzanse unos remos contra otros con impulso homicida para vengar +un descuido, un choque insignificante; á cada momento parece inevitable +una colisión, y sin embargo, nadie se ahoga ni ocurren naufragios más +que muy de tarde en tarde. + +Á lo largo del Gran Puente han ido extendiéndose, como hongos adheridos +á él, un sinnúmero de casuchas flotantes, muelles y pequeños cafés, todo +miserable, de maderas carcomidas por la lluvia y el aire salino, pero +con esa alegría dorada que el sol oriental comunica á las mayores +suciedades. + +Estos hijos del Puente cabecean con el continuo movimiento del agua +removida por los buques, y parecen temblar con las palpitaciones de la +extensa plataforma de medio kilómetro, por la que pasa toda +Constantinopla, tronando la madera bajo las ruedas de los carruajes. Los +cafetines flotantes tienen terrazas embreadas, á las que una línea de +macetas de flores dan el aspecto de pensiles. Viejos turcos, sentados á +la oriental y con la barba descendiendo hasta el abdomen, fuman el +_narghilé_ y pasan las cuentas de su rosario de ámbar, gozando al +permanecer impasibles é indiferentes en medio de este movimiento loco y +ensordecedor. El tropel de gorros rojos y de mujeres encapuchadas como +máscaras, se precipita en los muelles salientes que dan acceso á los +vapores de viajeros. El suelo, inseguro, es de tablones desiguales, por +entre los que puede pasar un pie, y además, están cubiertos de residuos +de frutas. + +Á ambos lados de estos muelles amarrados al Gran Puente, hay casuchas +que ocupan los vendedores de comidas y bebidas. Judíos que hablan un +español extravagante, van de un lado á otro pregonando rosarios +musulmanes, sorbetes, rollos de pan espolvoreados de ajonjolí, y +bizcochos, á los que llaman en Constantinopla «pan de España». En las +puertas de los tenduchos se elevan pirámides de melones amarillos y +enormes sandías con su verdor cortado por blancas inscripciones en +árabe. En los cafetines se exhiben en primera fila las ventrudas +botellas de limonada ó naranja con un limón por tapadera, y más adentro +humean las pequeñísimas tazas de café turco, líquido pastoso digno de +los dioses. Los perros vagabundos, que son en Constantinopla algo así +como una institución pública venerada y popular, pasan por entre las +piernas del gentío, mansos, corteses y silenciosos, buscando su comida. + +Los extranjeros se mueven desorientados en este torbellino de gente, y +si desean tomar un barco siempre llegan tarde. + +Hay dos problemas en Constantinopla que el viajero no resuelve nunca y +mira como un misterio: la hora y la moneda. + +En Constantinopla hay dos horas: la hora _á la franca_, que es la de los +relojes de la Europa occidental, y la hora _á la turca_, que es por la +que se rigen vapores, tranvías, etc.; todo lo que depende del municipio +y del gobierno. + +La jornada empieza para el turco al ponerse el sol, y de aquí que todos +los días los buenos otomanos tengan que arreglar su reloj, sin que ni +aun ellos mismos sepan ciertamente en ningún momento cuál es la hora +exacta. La medida del tiempo cambia por día y por estación. Cuando +nuestro reloj _á la franca_ marca el mediodía, el turco dice +tranquilamente que son las cinco ó las seis, así como unos meses después +dirá que son las tres ó las cuatro. + +No hay en esto otro daño que el llegar tarde á todas partes, perdiendo +trenes y vapores, ó verse obligado á largas esperas: pero lo de la +moneda trae mayores perjuicios. + +En Turquía hay _buena moneda y mala moneda_, y según se recibe un pago +en una ó en otra, la cantidad vale más ó menos. Hay también moneda +borrosa, que nadie toma, pero que todos procuran dar al viajero; hay +papel emitido por el gobierno otomano, llamado _kaimé_, que carece de +valor, y otros misterios crematísticos que requieren un largo estudio. +Pero lo más original es el cambio. Exceptuando algunos cafés y +restaurants europeos, nadie cambia gratuitamente una moneda. + +En las calles importantes de Constantinopla, junto al Gran Puente, cerca +de los tranvías y muelles de embarque, en el Gran Bazar y en todos los +lugares de algún tránsito, existen numerosos puestos de cambiadores de +moneda, antiguos compatriotas nuestros, que siguen fieles á Abraham y +Moisés. + +En Constantinopla, el que no lleva á mano _moneda menuda_, aunque guarde +en su bolsillo oro y billetes á puñados, como si no llevase nada. El +cochero ó el conductor de tranvía le hace bajar para que vaya al +cambiador más inmediato, y el que despacha billetes en una taquilla ó +cobra peaje en el Puente, le enviará al judío más próximo, sin dejarle +pasar. + +Cambiáis una moneda de oro, y el cambiador os da el dinero en +_medjidiés_ de plata, especie de duros turcos, quedándose por el cambio +con una piastra, que es aproximadamente lo que un real en España. +Después se os ofrece cambiar uno de los _medjidiés_, y el cambiador os +entrega _cuartos de medjidié_, que son como las pesetas turcas, y se +queda otra piastra. Luego cambiáis en otro sitio una de esas pesetas y +se quedan otra piastra... y así, de cambio en cambio, de cada veinte +francos el cambiador se queda con uno ó más. El que conoce esta +costumbre cambia de golpe una pieza de oro en _pequeña moneda_, y tiene +que ir con los bolsillos repletos de piastras y _paras_, monedas más +pequeñas que botones de camisa. + +La moneda de oro tomada de un judío, es pérfida y peligrosa. No pasa por +sus manos que no la lime hábilmente para arrancarle un poco de polvo de +oro, y así, de rascuñón en rascuñón, juntando limaduras, se gana doce ó +quince francos _extraordinarios_, según las piezas que toca durante el +día. Después, en los Bancos y demás establecimientos públicos donde +conocen la artimaña, someten las monedas al peso, y el incauto que las +ha tomado pierde dos ó tres francos. + +La discusión con el _compatriota_ que intenta estafaros, es interesante +por la fogosidad con que se expresa y los ademanes dramáticos que +acompañan á su castellano especial. + +--Que por mis hixos que no te engaño, señoreto... Que toma la pieza, que +yo soy un buen trocador de dinero... Que la tomes como si fuese una +alahaxa... Que por mis viexos te lo juro, que antaño vinieron de allá, +como tú vienes agora; porque yo, señoreto, también soy espanyol. + + + + +XIX + +Los que pasan por el Gran Puente + + +Unos mocetones, con la gordura musculosa de los turcos, vistiendo largas +blusas blancas, semejantes á camisones de mujer, cortan el paso al +transeunte, extendiendo una mano. Son los cobradores del puente, que +exigen el peaje: diez _paras_. + +Toda Constantinopla pasa por el Gran Puente. Los turcos del viejo +Stambul necesitan ir á Galata y Pera, donde están los Bancos, los +consulados, las embajadas, los grandes almacenes, y los habitantes de +estos dos barrios europeos se ven obligados á pasar á la ciudad turca, +porque en ella se encuentran los centros administrativos del gobierno +otomano, la Sublime Puerta, con sus ministerios é innumerables +dependencias. + +No hay en las grandes calles de Londres ni en los bulevares de París +lugar alguno tan concurrido como el Gran Puente. La plataforma de madera +tiembla bajo el rodar de los carruajes y el paso de millares de +transeuntes. Aturde y ensordece el vocear de este pueblo políglota, +donde el que menos habla cinco idiomas, y son mayoría los que poseen más +de doce. Asombra y deslumbra la carnavalesca variedad de los trajes. + +Al entrar en el puente, parece éste un campo interminable de rojos +geranios. Miles de gorros oscilan al marchar, sirviendo de remate lo +mismo á tocados puramente turcos que á trajes europeos. Los marinos +otomanos completan su uniforme, igual al de todas las marinas del mundo, +con el fez, que da una gracia exótica á su aspecto de navegantes +europeos. Los oficiales, con sus insignias á la inglesa, enguantados de +blanco, calzados de charol y el sable bajo el brazo, cubren también su +cabeza con el gorro turco, que es obligatorio para todo súbdito otomano +y para todo extranjero dependiente del gobierno. + +El ejército de tierra, uniformado á la alemana, guarda también el +cubrecabezas nacional, y el mismo fez escarlata sirve al último soldado +que al pachá, que se muestra en caballo brioso, con dorada silla, +saltando sobre sus hombros el oro de las pesadas charreteras al compás +del galope. + +Sobre la nota obscura y dorada de los uniformes militares, destácase la +muchedumbre variadísima de Constantinopla, formada de diez y nueve +pueblos distintos, que aun guardan sus usos y sus trajes tradicionales. +Pasan los árabes del lejano Yemen ó los moros africanos de la +Tripolitania con sus chilabas pardas y la cuerda de pelo de camello +anudada á las sienes; los croatas, que sirven de porteros en las grandes +casas de Constantinopla, vestidos de rojo y azul, con gran profusión de +galones y bordados, un bonetillo redondo sobre la bigotuda cabeza y un +enorme revólver de Eibar atravesado en la faja; los albaneses y +macedonios, con faldillas blancas, planchadas y encañonadas, sobre el +traje oriental; los judíos, con la túnica á rayas de los días de fiesta, +y encima un gabán de pieles, aunque sea verano; los armenios, con un +pañuelo de hierbas anudado en torno del gorro; los griegos, vestidos á +la europea, pero con una palidez aceitunada y unos ojos como tizones, +que revelan su origen; el clero innumerable, de _imanes_, _soffas_ y +derviches, unos con el turbante blanco, otros con el turbante verde, +recuerdo de su peregrinación á la Meca; algunos con gorros de grotesca +forma, y todos ellos con el rosario de ámbar en la mano, repitiendo á +cada cuenta la monótona alabanza á Alláh. + +La muchedumbre tiene que apartarse, abriendo sus filas á cada momento, +para dejar paso á los carruajes, que avanzan veloces, ó á las sillas de +mano, que todavía son aquí de uso corriente; aparatosas literas, dentro +de las cuales van las damas turcas á sus visitas en los estrechos +callejones. + +Un pelotón de jinetes, carabina en mano, escolta á un coche que todos +saludan. Es el Gran Visir que va á la Sublime Puerta. Tras él pasan +varios cargadores armenios, no menos temibles que un vehículo, pues +marchan abrumados por pesos inauditos que no les permiten mirar ni +apartarse. + +En Constantinopla es donde se ve con asombro hasta dónde pueden llegar +las fuerzas del hombre. Por algo dice el proverbio «fuerte como un +turco». La estrechez de las calles y el respeto amoroso que siente el +otomano por los animales, son causa de que en Constantinopla se haga +todo á brazo: el comercio, las mudanzas, etc. Se ven venir por el Gran +Puente pilas de cajas que parecen marchar solas, pues apenas si se +distinguen entre ellas y el suelo unos pies entrapajados y un fez, tras +el cual suena un bufido de asfixia. Yo he visto á un cargador armenio +echarse un piano á la espalda, en una mudanza, y emprender la marcha +vacilante bajo el peso, pero sin detenerse un momento. Los hombres, +abrumados por este esfuerzo sobrehumano, caminan á ciegas, y el público +tiene que huir de sus fatales encontronazos. + +Por el centro del puente se abren paso de pronto, con las manos cruzadas +sobre el estómago, en una actitud frailuna de mansedumbre, varios +señores vestidos de negro. Llevan la elegante levita de corte, llamada +_stambulina_, sin solapas y cerrada como una sotana, que es aquí el +traje de ceremonia. Tras ellos marcha lentamente una carroza que todos +saludan, y en su interior se ven varias damas envueltas en velos +blancos, ó un caballero de gorro rojo, con bigotes á lo _kaiser_. Son +señoras del harem imperial que vienen á comprar á la ciudad, con un +séquito de empleados palatinos, ó alguno de los innumerables hijos, +hermanos ó sobrinos del sultán. + +Con aire de superioridad, se abren paso á codazos unos negros +elegantemente vestidos del mismo color de su piel, con la _stambulina_ +de ceremonia y el fez muy recto sobre las pasas de la crespa cabeza. +Tienen las piernas larguísimas; el cuello es enorme, y en su rostro +chato é insolente hay algo de infantil y meticuloso, que hace imaginar +una vida de chismorreos, intrigas y murmuraciones. Cuando abren la boca +sale de sus gruesos labios un chillido estridente, semejante al del pavo +real; algo extrahumano, falso y grotesco, que hace reir é irrita al +mismo tiempo. Son personajes que viven aparte, y á los que mira la gente +con cierto respeto; son eunucos del palacio imperial ó de los haremes de +los grandes pachás, que, habituados á su existencia entre beldades +misteriosas y grandes magnates, parecen tristes y descontentos cuando se +dejan ver en las calles de Constantinopla. + +Algunas veces van sentados en el pescante de un coche de lujo, en cuyo +interior ríen y comen dulces cuatro beldades turcas, vestidas con trajes +parisienses de la _rue de la Paix_, y con el rostro cubierto por una +finísima nube de gasa, que realza engañosamente sus facciones pintadas. +Estas mujeres de pachá, que van á las grandes tiendas de Pera, son +turcas modernas que hablan francés é inglés, tocan el piano, leen +novelas _psicológicas_ con cubierta amarilla traídas de París y conocen +todas las seducciones de la vida europea... todas menos el adulterio, +que es aquí imposible, no por falta de ganas, sino por la vigilancia +brutal, continua é incorruptible, que nadie consigue vencer, por más que +digan é inventen poetas y novelistas. + +Las turcas más modestas, esposas de musulmanes pegados á la tradición +que viven en Stambul, ó las simples mujeres del pueblo, van á pie, +vistiendo amplios trajes semejantes á dominós de gruesa seda adamascada, +negra, roja, verde ó azul. Por las amplias mangas de esta envoltura +asoman los brazos de la blusa interior, encintada y vaporosa. Las manos +enguantadas sostienen la sombrilla y el bolso. La abertura del capuchón +que corresponde al rostro tiene un teloncillo de seda negra á modo de +máscara, que en unas es tupida é inaccesible á toda mirada, y en otras +diáfana y atrayente, como una invención de la coquetería. + +La calidad de estas mascarillas permite apreciar el valor de lo que se +oculta detrás, aun antes de verlo. Regla general: todo velo espeso +esconde una vieja dama ó una fea desfigurada por las horribles +enfermedades de Oriente. Al través de los velos claros se encuentra +siempre alguna cara de criadota española ó de monja fresca, con triple +barbilla, carrillos de luna arrebolados por el colorete y unos ojos +hermosos, de vaca tranquila, agrandados por tiznajos negros. + +La moral y la decencia son frágiles invenciones humanas, que cambian con +la mayor facilidad, según los tiempos y los pueblos. Estas damas turcas, +para las cuales es una indecencia levantarse el velo ante otro hombre +que su legítimo señor, y á las que vigila en todas partes la terrible +policía otomana para que no cambien una palabra con el extranjero, se +arremangan la faldamenta hasta más arriba de la rodilla, aunque no +llueva, y muestran con la mayor naturalidad sus pantorrillas enormes, +con medias á rayas, multicolores y chillonas, que, según dicen los +comerciantes de aquí, proceden de Cataluña. + +Estas máscaras, encapuchadas y misteriosas, bajo la luz del sol, que +caldea los maderos del Gran Puente, dan un atractivo novelesco á la +multitud. Las mujeres circulan entre el gentío con la mayor +tranquilidad, sabiendo que nadie osará mirarlas, que todo musulmán +bajará la vista para no verlas, como el que evita una acción vergonzosa, +y por esto, cuando se encuentran sus ojos con los ojos audaces del +europeo, unas, las más hermosas, sonríen con cierta turbación, y otras +crispan su cara, indignadas, encabritándose su fealdad bajo el acicate +religioso. + +De toda la multitud cosmopolita que diariamente circula por el Gran +Puente, el más simpático y cortés es el turco. Yo no entiendo su lengua, +pero los ademanes constituyen un idioma inteligible y claro para el +extranjero que, privado del habla, observa con mayor atención. Además, +los que conocen el turco, elogian con entusiasmo la cortesía y mesura de +este pueblo, grave, un tanto triste, pero bueno y generoso. No hay +idioma, según ellos, que contenga iguales expresiones de afecto. La +madre turca habla siempre á sus pequeños dándoles el nombre de flores ó +graciosos animales; el hombre tributa al extranjero ó al amigo los más +extremados elogios, al par que le da hospitalidad y protección. + +La caridad cristiana de los pueblos occidentales, que tiene las calles +llenas de mendigos y deja morir de hambre á muchos infelices, es bien +poca cosa considerada desde Constantinopla. Aquí los pobres son +muchísimos miles, y sin embargo, sólo se encuentran pordioseros en el +Gran Puente ó en los alrededores de alguna mezquita, y éstos nunca son +turcos, sino griegos y judíos. El pobre es sagrado para el turco, y no +se contenta con darle unos céntimos, abandonándolo después, satisfecha +la conciencia, sino que le abre su casa y le da cuanto necesita. En este +pueblo generoso, que tiene la noble manía de la protección, todos los +pobres están _colocados_; todos cuentan con una casa á la que se +adhieren como si fuese suya. + +De los actos exteriores del otomano, el que más admiro, como suprema +expresión de nobleza, es el saludo. Los europeos no sabemos saludar. +Cogemos el sombrero, lo levantamos con más ó menos rudeza, sonreímos, y +ya está todo hecho. El turco es un verdadero artista de la cortesía. Su +gorro rojo es inconmovible. Se lo pone al levantarse y no se despoja de +él, ni un instante, hasta la noche. Descubrirse la cabeza es la mayor +descortesía y algo así como una blasfemia religiosa. Quitarse el +cubrecabezas para saludar significaría lo mismo que si un europeo se +despojase de un zapato para dar la bienvenida á una señora. Esta +necesidad de mantener el fez recto é inmóvil sobre la cabeza, como si +estuviese metido á tornillo, ha confiado á la mano y á los ojos todo el +saludo. + +¡La noble dignidad oriental de los turcos al encontrarse!... La mano, +que parece hablar, desciende á la rodilla, y de allí se remonta al +corazón, pasando luego á la frente, al mismo tiempo que el cuerpo se +inclina con majestad y los ojos expresan el respeto y la alegría del +encuentro, con un arte y una gracia que ningún europeo puede imitar. + +De vez en cuando, entre esta muchedumbre que transcurre por el Gran +Puente, se ven ojos negros de mirada inquietante, perfiles de aves de +presa, sonrisas melosas que hacen llevar las manos á los bolsillos, +gentes corteses que infunden pavor. + +Constantinopla es el gran vertedero del continente. Aquí se ocultan y +se pierden los más temibles aventureros. Turquía es un pan blando, en el +que vienen á hincar el diente los lobos más temibles del mundo. + +Esos turcos de aspecto inquietante, que sólo son turcos por el fez que +llevan en la cabeza, inspiran miedo con sobrado motivo... Son europeos, +y el europeo es lo peor de Turquía. + + + + +XX + +El Gran Visir + + +Mi amigo Mizzi es un abogado inglés notabilísimo, que desde hace treinta +y cinco años vive en Constantinopla. Habla y escribe con la mayor +facilidad doce idiomas, y en un mismo día perora ante el tribunal +consular de Inglaterra, hace una defensa en turco, escribe una demanda +en griego ó en ruso y acaba su jornada en el consulado español +expresándose en castellano. + +Desde Constantinopla ha ido á defender pleitos á Siberia. Otra vez fué á +Bagdad y á Bassora, países de leyenda, para intervenir como abogado en +una herencia de príncipes árabes, que se disputaban sacos de diamantes, +de rubíes y esmeraldas. Sólo en Oriente pueden encontrarse estos +litigios de cuento fantástico. + +Mizzi es inglés porque nació en Malta; pero su madre era española, y él +siente un gran afecto por España. Es consejero legista de casi todas las +embajadas y consulados; condecoraciones y títulos llueven sobre él de +las más importantes naciones de Europa, y sin embargo, lo que más +aprecia es su nombramiento de vicecónsul de España. _The Levant Herald_, +el diario más grande de Constantinopla, es propiedad suya, y en él +trabaja diariamente, dando al público una información del mundo entero. +Ir con Mizzi por las calles de Pera y Galata, es asistir á un desfile de +popularidad. Saludo á un turco en su lengua, conversación con un griego, +diálogo con un francés ó un italiano, sombrerazos, apretones de manos, +frases cariñosas; un curso completo de idiomas. + +Una mañana me lleva Mizzi á saludar al Gran Visir, antiguo amigo suyo de +la juventud. + +¡El Gran Visir!... Este nombre evoca visiones de inmenso poder; hace +recordar las lecturas de la niñez, los mágicos cuentos de _Las mil y una +noches_; presenta ante la imaginación un imponente personaje de luenga +barba y turbante blanco enorme como un globo, con una majestuosa cohorte +de esclavos, ejecutores, escribas y fanáticos santones. + +El Gran Visir de Turquía, que es más que nuestros jefes de Gobierno +(algo así como el vicesultán), resulta uno de los personajes más +importantes del mundo. Gobernar naciones como, por ejemplo, España, +puede hacerlo cualquiera. Con tener una mayoría en las Cámaras, todo +está asegurado. Ningún peligro exterior amenaza al país, y la vida +interior se desarrolla plácida y entretenida al través de chismes y +comadreos, á los que se da el nombre de política, entendiéndose todos +al final, pues la estrechez de horizontes impone la vida en familia á +unos y á otros. + +Para llegar á Gran Visir hay que ser un hombre extraordinario. Sustentar +unidas y en paz las diez y nueve razas del imperio separadas por odios +históricos y radicales diferencias religiosas; gobernar desde +Constantinopla el lejano Yemen, poblado de fanáticos que se irritan al +ver que Turquía hace una vida europea, ó Bagdad, alejada de la capital +por un viaje de cincuenta y cuatro días (casi tantos como se necesitan +para dar la vuelta al globo), y al mismo tiempo hacer frente con engaños +y energías al tropel de lobos de las grandes potencias europeas, que ya +han arrancado miembros enteros del cuerpo otomano, y cada vez aullan más +fuerte, pidiendo nueva carnaza, todo esto es empresa que requiere la +inteligencia y la firme voluntad de un hombre superior. + +Vamos á visitar al Gran Visir en su casa, antes de que se traslade á su +despacho de la Sublime Puerta, en las primeras horas de la mañana, pues +este personaje, sobre cuya inteligencia pesa todo un imperio, es un gran +madrugador. + +Llegamos al palacio, situado en las afueras de Pera, cerca de un gran +campo de maniobras, donde galopan, en traje de campaña, varios +escuadrones de caballería. Un cuerpo de guardia, con numerosos +centinelas, se eleva frente á la vivienda del Gran Visir, precaución que +no es superflua en este país, donde han sido frecuentes los atentados +contra el sultán y sus ministros. + +El palacio no tiene nada de oriental. Es una gran casa, con amplias +escaleras de mármol. El fez de los empleados y servidores, que van de un +lado á otro, y la falta de alumbrado eléctrico, son los únicos detalles +que recuerdan á Turquía. + +Entramos en una pequeña antesala, saludamos á otros visitantes que +aguardan, y ellos nos contestan con la grave cortesía oriental, +inclinándose, llevando su diestra de las rodillas al corazón y á la +frente. Son turcos de correcto exterior, con el fez muy planchado y +erguido y la negra levita militarmente abrochada; _imanes_ jóvenes, de +luenga barba, elegantes y limpios, que para entretener la espera pasan +entre sus dedos, con vertiginosa rapidez, las cuentas del rosario. Nos +distraemos fumando cigarrillos orientales, hasta que un oficial del Gran +Visir viene á advertirnos que Su Alteza nos espera, recibiéndonos antes +que á los demás visitantes. Estos aguardarán con su paciencia turca, que +ignora el valor del tiempo y del número. + +Mizzi me advierte que debo llamar Alteza al Gran Visir. En Turquía, +fuera de la familia del sultán, no hay más que dos altezas: el Gran +Visir... y el Gran Eunuco del harem imperial. + +Pasamos ante un salón de enormes proporciones, que parece un almacén de +muebles por la gran cantidad que contiene de sillerías, lámparas, +cuadros, cojines y espejos, todo europeo. Son regalos de los gobiernos +extranjeros al primer ministro turco, y que éste amontona en el salón +destinado á las fiestas diplomáticas. Los objetos de Europa, con su +abigarrada y rica variedad, quedan en la pieza destinada á recibir á los +europeos. Más allá, está la vida íntima, la vida turca. + +Me veo de pronto en un pequeño gabinete. Tres hombres están de pie, con +levita negra, calado el fez, la mirada en el suelo y las manos cruzadas +sobre el abdomen, en actitud rígida y respetuosa. Otro hombre, también +de levita, avanza hacia nosotros, sonriendo, con una mano tendida. Creo +estar en una antesala, desde la cual van á anunciarnos al poderoso +personaje... Pero no: estoy en el gabinete del primer ministro de +Turquía, y el hombre que sonríe y nos tiende la mano es el propio Gran +Visir. + +Me siento desconcertado por esta sencillez. El gabinete es una pieza de +paredes blancas y desnudas, sin otro adorno que una fotografía del +Sultán. En un extremo, dos pequeñas librerías con cristales de colores. +Unos divanes bajos, de sedas obscuras, son los únicos muebles, y junto á +una ventana que encuadra un pedazo de cielo y de jardín, acaba de tomar +asiento el poderoso personaje. + +Nada hay en él que recuerde _Las mil y una noches_. Ni su aspecto ni su +habitación revelan el poder inmenso de que está investido. Parece un +señor europeo que, por exótico capricho, se ha calado el fez como gorra +casera. Viste de negro, y por entre las solapas de su levita asoma un +rico chaleco de seda oriental. Al colocar una pierna sobre otra, la boca +del pantalón deja ver en el interior de éste una alta bota á la turca, +unico detalle que desentona en su aspecto europeo. + +Tomamos asiento junto á él y empieza á hablarme en francés, con acento +claro y sonoro, dando á sus palabras una majestad natural, á la que +acompañan los más nobles ademanes. + +Realmente, Ferid-Pachá, Gran Visir de Turquía desde hace nueve años, +período de gobierno que no alcanza ningún político de Europa, es un +hombre extraordinario. Me siento subyugado por la majestad de sus +maneras de gran señor, por la sonoridad poética de su voz de barítono, +por el fuego de su mirada, que quiere hacer amable, y sin embargo, es +imperiosa y firme: la mirada del Visir en los cuentos orientales. + +Es un hombre de gran estatura, fuerte y musculoso, sin dejar de ser +delgado, y con una hermosa barba negra que empieza á blanquear. Tendrá +poco más de cincuenta años, y en sus ojos brilla el fuego entusiasta de +la primera juventud. Sobre su rostro europeo se destaca la nariz, como +un signo de raza, una nariz de turco peleador, encorvada como pico de +combate, con les aletas anchas y palpitantes. + +Ferid-Pachá, con esa benevolencia protectora de los otomanos, me sonríe +y muestra interés por conocer mis impresiones sobre Constantinopla y si +me es grata la estancia en ella. + +Mientras él habla, yo le contemplo y evoco rápidamente su historia. +Ferid-Pachá es un albanés, un turco que ha nacido cerca de Italia y de +Grecia. Su juventud en la Universidad de Janina fué brillantísima. El +futuro gobernante asombró á los profesores griegos con sus profundos +estudios sobre los poetas de la antigüedad. Luego vino á Constantinopla, +entrando en la administración pública, donde escaló con rapidez los +primeros puestos. Fué gobernador de lejanos pueblos de Asia (algo así +como los antiguos virreyes americanos), hasta que su talento político +llamó la atención del Sultán, que le hizo su Gran Visir. + +Al mismo tiempo que le escucho, mis ojos vagan por la habitación, +admirando su sencillez. Sobre una librería portátil, vecina al gran +personaje, hay un busto de mármol, el único que adorna el gabinete. Yo +conozco esta cara arrugada, de vieja maliciosa; pero me desorienta su +cráneo pelado. Yo la he visto en muchos sitios, y sin embargo, no puedo +recordar su nombre. ¿Quién es?... ¿Quién es?... + +La hermosa voz de Ferid-Pachá toma una expresión más grave, la temblona +majestad del _imán_ que declama su plegaria, y dice así: + +--De todos los pueblos con los que vive Turquía en excelentes relaciones +de amistad, España es uno de los que amamos más sinceramente. Ningún +mal hemos recibido de ella; siempre la amistad y el cariño guiaron +nuestras relaciones; sus desgracias las sentimos como nuestras, pues +aunque vivimos alejados, existe algo inexplicable entre los dos pueblos +que los une con sincera amistad. + +Hasta aquí su expresión era de majestuosa cortesía; pero de pronto cerró +enérgicamente la mano derecha, y añadió con sincero entusiasmo: + +--¡Ah, España! ¡Qué tenacidad para vivir! ¡Qué fuerza para levantarse +cuando tropieza! Admiro á vuestra nación, más aún por su enérgica +voluntad en tiempos de paz que por su valor en la guerra. Todo un siglo +de calamidades ha pesado sobre su historia: guerras civiles, +revoluciones, pérdidas de territorios, y sin embargo, se ha levantado de +tantas caídas, y sigue su camino, y resucita cuando la creen muerta, y +desarrolla sus riquezas naturales. ¡Ah, España, noble pueblo de la firme +voluntad de vivir!... + +Y al hablar de territorios perdidos, de guerras desgraciadas y de la +voluntad de vivir, por encima de toda clase de infortunios, sus ojos +miraron en torno de él con cierta tristeza. + +En el fondo de la habitación seguían en fila y de pie los tres +subordinados, como testigos mudos, con las manos cruzadas sobre la +levita y las cabezas inclinadas hacia el suelo. + +El Gran Visir recobra su majestuosa frialdad y empieza á hacerme +preguntas, aprovechando la ocasión para enterarse de un lejano país. + +--¿Vuestra flota la vais á rehacer ahora? + +--Eso dicen, Alteza. + +--Bien, muy bien. Una gran nación necesita barcos. Pero creo que á los +españoles les ocurre lo que á los turcos. Les gusta más pelear por +tierra que por mar... ¿Quién es ahora el generalísimo de vuestro +ejército? + +Yo le digo que en España no hay generalísimo, y que el ejército lo +dirige el ministro de la Guerra. Su Alteza frunce el ceño como para +recordar un nombre. + +--Y Weyler, ¿qué hace ahora? + +--Es un general como los otros. + +--Martínez Campos murió, ¿no es así?... Aquel era un hombre. + +Y Ferid-Pachá sonrie y vuelve á cerrar el puño con expresión de energía. + +Me hace otras preguntas sobre España, y yo, mientras las contesto, sigo +mirando el busto. ¿Pero de quién será?... + +--¿Conocéis á _monsieur_ Moret? Es abogado nuestro. Nos lo ha +recomendado el emperador de Alemania para que intervenga en un asunto de +Turquía. + +Y Ferid-Pachá, con una expresión triste, me cuenta en breves palabras el +asunto. Uno de tantos abusos de la rapacidad europea: grandes empresas +de Occidente que vienen á establecerse en Turquía con el pretexto de +civilizarla, y luego de enriquecerse engañando la sencillez otomana, +todavía se fingen perjudicadas y exigen enormes indemnizaciones al +gobierno. + +Su Alteza sigue haciéndome preguntas sobre mi país, y yo continúo +mirando el busto con excitada curiosidad. + +--¿Y vuestro rey?--pregunta sonriendo el Gran Visir. + +No sé qué contestar á esta breve interrogación, y el personaje añade con +dulce sonrisa: + +--¡Qué actividad! ¡Qué exuberancia de vida! ¡Oh, la juventud!... Vuestro +rey nos inspira grandes simpatías. Viaja, se entrega á los _sport_, le +gusta ser soldado, se divierte... Hace bien, hace bien. + +Luego añade con expresión sentenciosa: + +--Los monarcas deben divertirse. Para eso tienen servidores fieles que +se encargan de gobernar por ellos, sufriendo las amarguras del poder. + +Llega el momento de despedirnos con solemnes saludos orientales. Al +pasar junto al busto lo reconozco de pronto y me explico mi torpeza. +Estaba acostumbrado á ver con peluca esta cabeza de mono malicioso. + +Es Voltaire. + + + + +XXI + +El palacio de la Estrella + + +El marqués de Campo Sagrado, nuestro ministro en Constantinopla, es el +más conocido de los representantes diplomáticos. Hasta los turcos +modestos de Stambul conocen su nombre. Nueve años de permanencia en +Turquía y un carácter franco y bondadoso de gran señor, que para +inspirar respeto no necesita imitar á ciertos embajadores, altivos é +inabordables como reyes, han dado al marqués una gran popularidad en +Constantinopla. + +Cuando se citan los nombres de los representantes de Europa, el de +Constans, embajador de Francia, y el de Campo Sagrado, son los primeros +que acuden á la memoria de los turcos. Al pasar yo la frontera otomana, +apenas dije á los encargados de los pasaportes que iba recomendado al +embajador de España, todos, funcionarios y viajeros del país, le +designaron por su nombre. + +--¡Su Excelencia el marqués de Campo Sagrado!... Un gran señor muy +simpático. Lo conocemos: le vemos muchas veces en su carruaje por la +gran calle de Pera. + +Hasta las damas turcas que parecen vivir aisladas del mundo cristiano y +fingen ignorar la existencia de _infieles_ en Constantinopla, conocen +todas al representante de España, y cuando le ven, sonríen amablemente +bajo sus velos. + +Es un excelente embajador para un país como el nuestro, que tiene pocas +relaciones con Turquía. Ya que le faltan ocasiones para ejercitar su +acción diplomática, mantiene el prestigio de España á honrosa altura con +su generosidad y su cortesía, condiciones que alcanzan profundo respeto +en este pueblo oriental, amigo de imponentes exterioridades. + +Cuando llegué al palacio que tiene España en Buyuk-Deré, en la ribera +del Bósforo, cerca del Mar Negro, vi avanzar á Campo Sagrado, sonriente +y corpulento, con un aire animoso de segunda juventud, tendiéndome su +fuerte diestra de cazador asturiano. Este Nemrod infatigable, luego de +perseguir al oso en sus montañas natales, ha pasado muchos años en las +estepas rusas cazando con el zar y los grandes duques, y ahora acosa á +los venados turcos en compañía de los pachás más poderosos. Cuando el +sultán conversa con él, se entera con interés de sus hazañas venatorias. + +--Está usted en su casa--dice el marqués con graciosa amabilidad--. Esta +es la casa de España. + +Y nos da un almuerzo, en el que figura como plato de circunstancias un +buen arroz á la valenciana. + +El almuerzo es bueno; al final se brinda por la lejana patria... pero +más notable es aún el comedor. Por un lado, las ventanas dejan ver el +parque de la legación, que extiende su arboleda cuesta arriba por la +ribera europea. En el lado opuesto, las arcadas de una logia sirven de +marco al mágico espectáculo del Bósforo y á las verdes montañas de la +vecina costa de Asia. Por la extensión azul pasan caiques con remeros +vestidos de blanco, y sentadas en el fondo de estas ligeras +embarcaciones, damas turcas, que sólo dejan ver encima de la borda su +cabeza encapuchada, teniendo frente á ellas esclavas negras, libres de +velos. El sol del mediodía hace temblar las aguas con chisporroteos de +oro. Un viento frío, que viene del Mar Negro, aligera la ardorosa +temperatura estival. + +--Verá usted en Constantinopla muchas cosas interesantes--dice el +ministro de España--. Pero créame usted á mí, que llevo en esta tierra +algunos años; los dos espectáculos extraordinarios, lo que no puede +verse en ninguna otra parte, son el Bósforo y el Sélamlik. + +El Bósforo ya lo había visto yo, en toda su extensión, al dirigirme á la +legación de España. Me quedaba por ver el Sélamlik, cosa difícil para la +gran mayoría de los extranjeros, pues se necesita para ello la +recomendación de un embajador. Pero Campo Sagrado es incansable cuando +se trata de favorecer á un compatriota, y á pesar de encontrarse un +tanto enfermo, me acompañó en persona á la ceremonia palaciega. + +Todos los viernes, al mediodía, el sultán va con gran pompa á hacer su +plegaria á la mezquita Hamidié, vecina á su palacio. Es el único momento +en que se deja ver públicamente. + +Abdul-Hamid podía prescindir de esta ceremonia, especialmente desde hace +tres años, en que estuvo próximo á perecer, por la explosión de una +máquina infernal, á la salida de la mezquita. Pero el «Comendador de los +Creyentes» quiere cumplir sus deberes de supremo jefe religioso, y en +treinta y cinco años sólo dos viernes, por causa de enfermedad, ha +dejado de presentarse en el Sélamlik. + +Esta asistencia voluntaria á una fiesta en la que ha sido objeto de +atentados, demuestra que Abdul-Hamid no vive sometido á locos temores ni +le trastorna una manía persecutoria, como han hecho creer los armenios +que escriben desde París. + +El sultán vive más allá de los arrabales de Constantinopla, en Yildiz +Kiosk ó «Palacio de la Estrella», extensión amurallada, como diez ó doce +veces Madrid, en la que hay un lago donde pesca y navega á vapor, +caminos por los que corre en automóvil, bosques plagados de caza y unos +cincuenta palacios, que habita y abandona á su capricho, mudando su +residencia varias veces en una misma semana. Con una instalación tan +completa se comprende que el majestuoso señor no sienta ningún deseo de +visitar Constantinopla. Sólo una vez por año entra en la gran ciudad; +pero es por mar, atravesando el Bósforo en dorado caique, para hacer una +visita religiosa al Viejo Serrallo, donde se guardan como milagrosas +reliquias el manto y el estandarte del Profeta. + +Todos sus caprichos y deseos puede cumplirlos sin salir del inmenso +jardín que le sirve de palacio. Entre esposas legítimas, odaliscas y +parientas, su harem guarda unas trescientas mujeres. + +No por esto hay que suponer al sultán entregado á pecaminosas +diversiones. Hombre de gran actividad para los negocios públicos, quiere +saber todo lo que ocurre en sus vastos dominios, y le falta el tiempo +para tantos estudios, consultas y audiencias. Su harem numerosísimo es +puro aparato; necesidad de seguir las tradiciones musulmanas, +Abdul-Hamid repite--según dicen--, con la certidumbre de la experiencia, +que el hombre sólo debe acordarse de tarde en tarde de las mujeres, para +no ser un esclavo. + +Cinco mil personas forman su servidumbre alta y baja. Las cocinas +imperiales dan de almorzar y de comer diariamente á cinco mil bocas, con +la generosidad propia de una vivienda imperial. Imagínese el lector los +carros de pan, los rebaños de ovejas y carneros, los cargamentos de +hortalizas, las tinajas de miel y otras vituallas que diariamente +entran en las despensas del palacio. Á los cinco mil servidores hay que +añadir los regimientos que acampan en el recinto de Yildiz Kiosk, lo que +forma un total de diez mil personas. + +El intendente del palacio es un importante personaje; pero el Gran +Eunuco es superior á él, y exhibe con orgullo su título de Alteza. En +realidad, es el más poderoso de los funcionarios de una monarquía +absoluta, pues conoce de cerca las debilidades del señor, y esto crea +siempre cierta confianza. + +Tenía grandes deseos de ver de cerca á este extraño personaje, y amigos +influyentes preparaban nuestra entrevista. Después he desistido. ¿Para +qué? El Gran Eunuco iba á recibirme en su casa, una casa á la europea, +con muebles seguramente traídos de Viena, que serán su orgullo. Además, +sólo habla turco. Para ver la colección de blondas artísticas que está +formando y que exhibe á los extranjeros, no vale la pena de molestarse y +llamar Alteza á este grotesco y triste personaje. + +No es fácil el acceso al «Palacio de la Estrella». El día del Sélamlik +los embajadores, que son en Turquía los personajes más respetados +después del sultán, se quedan fuera del palacio en un elegante y +grandioso pabellón de dos pisos, entre el Yildiz Kiosk y la mezquita +Hamidié. Allí, en un palacio anexo, recibe el sultán á los embajadores, +después de la ceremonia religiosa, si es que tiene algo que preguntarles +ó comunicarles. + +Cuando por algún asunto urgente entran los representantes diplomáticos +en el interior del inmenso jardín, siempre los recibe Abdul Hamid en un +palacio ó kiosco distinto. + +Los banquetes en Yildiz Kiosk son algo semejante á las fiestas de _Las +mil y una noches_. El convidado se ve en un salón con gruesos +candelabros de oro de la altura de dos hombres. Los platos son de oro +trabajado á martillo; los cubiertos, de oro; de oro las botellas y hasta +las argollas de las servilletas. + +Casi siempre estos banquetes son de treinta ó cuarenta cubiertos; pero +hace poco se dió en palacio una comida á la oficialidad de la flota +inglesa (unas doscientas personas) y el servicio fué de oro, tan +completo como siempre, sin que se notase la menor falta por el excesivo +número de convidados. Este palacio de misteriosas riquezas es +inagotable. Comerían mil á la mesa del sultán, y es posible que á nadie +le faltase su pila de platos de oro y su áureo cubierto. + +En Turquía, la riqueza ostentosa resulta aplastante. El viajero se +marcha hastiado para siempre de las piedras preciosas, enormes hasta la +ridiculez, y tan exageradamente ricas, que se acaba por perderlas todo +respeto. + +Algo semejante ocurre con las condecoraciones. El sultán, al darlas, +regala las insignias en brillantes. Los _maîtres_ que dirigen el +servicio en un banquete del sultán, llevan el pecho cruzado de bandas y +constelado de estrellas de diamantes. El Gran Señor condecora también á +las damas turcas, hijas ó parientes de los pachás, y muchas de las +encapuchadas que pasan en carruaje por las calles de Stambul, yendo á +visitas y fiestas, llevan bajo el misterioso dominó bandas multicolores +y estrellas y medias lunas de brillantes. + + * * * * * + +Trotan los escuadrones de jinetes por las fangosas calles vecinas al +Bósforo, camino de Yildiz Kiosk; pasan en sus carruajes imponentes +pachás, bordados, galoneados y con pesadas charreteras de oro; desfilan +los batallones, precedidos de una música con alegres chinescos; +presentan las armas los cuatro centinelas de cada cuartel á los coches +de los diplomáticos, que llevan en el pescante al _cabás_, criado que +sirve de insignia á toda la legación, con su uniforme de oficial turco, +completado por el sable corvo y el revólver de funda dorada. + +La Constantinopla oficial y vistosa, el ejército, los pachás, la +diplomacia, los jefes árabes venidos de los lejanos _vilayetos_ +asiáticos, todos marchan en la misma dirección. + +Vamos al Sélamlik. + + + + +XXII + +El Sélamlik + + +Desde el kiosco destinado al cuerpo diplomático, contemplo el más +asombroso de los panoramas que ofrece Constantinopla. + +En el horizonte, el mar de Mármara une su azul intenso con el azul del +cielo, blanqueado por el sol, y extiende la corriente del Bósforo entre +la ribera asiática, cubierta de bosques y palacios, y la ribera europea, +que desaparece como abrumada bajo el caserío de Constantinopla. El +oleaje de tejados rojos y negruzcos se pierde de vista, siguiendo las +ondulaciones de las colinas y los ángulos entrantes y salientes de la +costa. + +Los agudos minaretes, con balconcillos circulares, semejan los mástiles +con cofas de blancos navíos encallados é invisibles en la inmensa masa +de la ciudad. En la azul extensión del mar, se destacan, cual dormidos +insectos, los buques de guerra, negros é inmóviles, con manchas de +vivos colores temblando junto á sus colas. Sus banderas de las grandes +potencias que ondean en la popa de los buques _estacionarios_, ó el +pabellón otomano, rojo, con media luna y estrellas blancas, que se +exhibe en las vergas de varios yates imperiales que el sultán no ha +visto nunca, ó de modernos navíos que envejecen sin levar sus anclas. + +De la ventana del kiosco diplomático se domina el mar, las colinas y la +ciudad. Desde las hondas orillas del Bósforo remóntanse, formando +distintas mesetas, las barriadas y los jardines, hasta las alturas en +que se halla situado el palacio de la Estrella. Un ancho camino pasa por +debajo de la ventana. Es el que conduce desde la puerta del palacio á la +mezquita Hamidié: un trayecto de unos cuatrocientos metros en suave +pendiente. En este espacio, que ocupa toda la cumbre de la colina de +Orta-Keni, se verifica todos los viernes la ceremonia del Sélamlik. + +Van llegando las tropas. No existe ejército de exterior más impotente +que el turco. Contra todas las precauciones que puede inspirar la +afición de los orientales á lo vistoso y abigarrado, las tropas turcas +ofrecen un aspecto sombrío y grave. Sus uniformes obscuros sólo están +animados por los vivos toques del rojo de las bocamangas y del fez. +Visto desde lo alto, este ejército no ofrece ninguna distinción de +categorías. El mismo gorro llevan los generales, y aun el mismo Sultán, +que el último soldado. El fez, cobertera uniforme de todos los +otomanos, unifica las filas. No hay aquí la diversidad de penachos, +galones y cascos de los ejércitos occidentales, que clasifica á los +guerreros según el aspecto de las cabezas. Hay que mirar de cerca á los +militares turcos para reconocer en los dorados de sus hombreras las +diferencias de categorías. + +Desfilan al son de estrepitosas bandas de bárbara marcialidad los +regimientos de línea, vestidos de obscuro azul, llevando al frente á sus +jefes, montados en pequeños caballos turcos, que aun parecen más +diminutos bajo la obesidad de sus jinetes. Los batallones árabes se +distinguen, en esta aglomeración de cabezas rojas, por sus turbantes +verdes, color religioso exaltado por el Profeta. Los albaneses, vestidos +de blanco, á la zuava, forman en la puerta del palacio como tropa de +preferencia, encargada de la guarda del sultán. Llegan los marinos de la +escuadra, con sus oficiales á caballo: unos marinos de altas botas, que +llevan al cinto por toda arma el ancho sable de abordaje. Al pie de la +colina de Orta-Keni, ondean las rojas banderolas de los lanceros. Los +regimientos de caballería tienen bandas de música, y se ve á los +trombones, enroscados al cuerpo de los jinetes, como enormes serpientes +de metal, saltar bruscamente á impulsos de los botes de los caballos, +ocultos tras un pliegue del terreno. + +El aspecto imponente de estas tropas se debe á la edad de los soldados. +El ejército turco es un ejército _duro_. No se ven en sus filas +muchachos barbilampiños y á medio formar, como en los ejércitos de +Europa. El soldado turco es hombre de veinticinco á treinta años, +fuerte, macizo, bigotudo, en todo el esplendor de su desarrollo. Unase á +esto la fe ciega del mahometano, ese fervor religioso que inspira +respeto por su ingenuidad aun á los más escépticos, y se comprenderá lo +que es una masa de siete ú ocho mil soldados otomanos. Después de +verlos, nada puede asombrar de cuanto se diga sobre su resistencia ante +el enemigo y su fiera conformidad ante la muerte. Se lo imagina uno mal +dirigido en los campos de batalla, y dejándose matar, sin retroceder un +paso. Pero volviendo la espalda, no hay quien se lo figure. + +Al detenerse y extender sus filas á lo largo del camino, descansan sus +fusiles en tierra con un golpe seco y uniforme, y quedan inmóviles, con +una inmovilidad que parece de ensueño. + +Nadie diría que al pie de la ventana hay formados algunos miles de +hombres. Ni un susurro, ni una palabra, ni una tos. Hasta los caballos +permanecen inmóviles, sin el más ligero relincho. Parece una inmensa +exhibición de figuras de cera. La brisa mueve las borlas de los gorros, +el oro de las charreteras, las gualdrapas de los caballos; pero esto es +todo lo que se agita y parece tener vida en la enorme aglomeración de +hombres. Los cuerpos no se mueven; los ojos, vagos y como de vidrio, +miran sin ver; las bocas, cerradas, no parecen respirar. + +Un silencio absurdo lo envuelve todo; un silencio de pesadilla, un +silencio más profundo que el de la noche, reproduciéndose bajo la luz +del sol. + +En el kiosco, los embajadores y las grandes damas del cuerpo diplomático +hablan con entera libertad; pero, sin embargo, sus voces suenan con +cierta sordina, como cohibidas instintivamente por el silencio exterior. +Campo Sagrado, con su hidalga cortesía española, cumplimenta á las +señoras; Constans, el famoso embajador de la República francesa, habla +en correcto español, recordando sus años juveniles de Madrid: todo un +mundo de oficiales extranjeros, puestos de gran uniforme, agregados +diplomáticos, secretarios, dragomanes y elegantes damas, rodea á los +embajadores europeos, que son en Constantinopla algo así como +semidioses, con más poder que el mismo sultán, pues muchas veces amargan +sus días con enérgicas reclamaciones y turban su sueño. + +Las palabras, las risas y los cuchicheos caen de las ventanas, como +involuntarias irreverencias, sobre la muchedumbre guerrera, silenciosa é +inmóvil. Ni una mirada se eleva; ni un rostro se contrae. No ven, no +oyen; están como muertos bajo la doble mortaja de la disciplina militar +y el fervor religioso. Esperan al _Padichá_, nombre que dan los turcos á +su emperador. El título de _Sultán_ sólo lo emplean los árabes. + +La conversación y la risa de los europeos tampoco conmueven á los +ayudantes de campo del emperador, cubiertos de oro, y á los empleados +palatinos, de negra _stambulina_, que permanecen erguidos é inmóviles en +las puertas y ventanas de los salones del kiosco. Imposible moverse sin +tropezar con ellos. Levantáis un cortinaje, y vuestra mano tropieza con +el pecho de un coronel, inmóvil como un adorno del salón, y que no +cambia de lugar ni os mira. Vais á una ventana, é inmediatamente +percibís la sensación de que alguien está detrás: un señor de levita y +gorro, con un rosario de ámbar en las manos, que jamás fija sus ojos en +los vuestros, como si ignorase vuestra presencia. + +El sultán recibe á sus huéspedes con la mayor cortesía, enviándoles +orientales saludos de amistad. Estáis como en vuestra casa; los esclavos +negros ofrecen cigarrillos; bajo tapices de seda, con flores doradas, +llegan las humeantes tacitas de café y los vasos de oro llenos de +confitura de rosas; pero no podéis dar un paso sin que unos ojos os +sigan; no podéis sentaros sin que alguien se siente cerca de vosotros; +no podéis hablar sin que un señor de uniforme ó de levita venga á +situarse á pocos pasos, volviéndoos la espalda, para mayor disimulo. Al +asomaros á una ventana, debéis arrojar antes el cigarro. Nadie puede +llevar nada en las manos. Las señoras deben abandonar sus sombrillas, +aunque las tueste el sol. Una maquinilla fotográfica es un crimen que +se paga con la expulsión. El alto espionaje, que consume con enormes +sueldos una gran parte de la renta pública, vela por la existencia del +_Padichá_ con una meticulosidad ridícula. + +Un crujido de arena, bajo la marcha acompasada de muchos pies, turba el +profundo silencio exterior. + +Me asomo á la ventana. Dos filas de pachás descienden la cuesta, camino +de la mezquita, con el sable en una mano enguantada de blanco, y +moviendo la otra al andar con una regularidad de simples soldados. Son +los generales que tienen empleo palatino ó están en los ministerios. +Salen del palacio y van á la mezquita, agrupándose en la puerta de ésta +para recibir al señor. Sobre sus levitas de obscuro azul, adornadas con +grandes charreteras de oro, brillan condecoraciones de un esplendor +fantástico; estrellas de brillantes, soles de rubíes y esmeraldas, todas +las insignias que puede regalar un monarca oriental de fabulosa +generosidad. + +Estos pachás son la flor del imperio. Los hay viejos, tostados y secos, +con grandes barbas blancas y gafas de oro, antiguos generales que +pelearon con los rusos en las orillas del Danubio y resistieron en +Plewna con la tenacidad inconmovible del musulmán. Otros, jóvenes, +morenos y obesos, son altos oficiales por la voluntad del Gran Señor; +generales por nacimiento, que nunca han mandado tropas; almirantes +hereditarios que jamás pisaron el puente de un acorazado. + +El silencio se agranda. En las muchedumbres occidentales, la emoción se +manifiesta con empujones de impaciencia y sordos rugidos. Los turcos, al +llegar el momento esperado, lo anuncian con una inmovilidad mayor, con +un silencio absoluto, absolutísimo; con la ausencia de todo signo de +vida. + +En el balconcillo del minarete de la mezquita Hamidié aparece un hermoso +_imán_, de barba negra y turbante blanco. Visto de lejos, parece un +muñequillo asomado á un balcón de encajes. Extiende, como alas de +murciélago, las grandes mangas negras de su sotana, y un canto plañidero +y dulce, semejante á una _saeta_ andaluza, rasga el denso silencio, +descendiendo hasta nosotros, como si viniera del cielo. + +Empiezan á bajar carrozas por la enarenada cuesta, camino de la +mezquita. Son las sultanas y odaliscas del harem imperial; unas cuantas +nada más, pues de ir todas en el cortejo, duraría éste horas enteras. + +Los eunucos negros, con las manos cruzadas sobre el vientre, marchan +formando un círculo en torno de cada coche. En unos van las hermanas é +hijas del _Padichá_; en otros, sus tías; en los que rompen la marcha, +las odaliscas preferidas. Entre los generales y almirantes que, sable en +mano, forman un grupo ante el kiosco, hay hijos y hermanos del +emperador. Lo mismo pueden llegar un día al trono, que morir desterrados +en una provincia de Asia, ó amanecer con las venas cortadas y unas +tijeras junto á la cama, para que todos crean en un suicidio. + +Al través de los vidrios de las carrozas se ven blancos velos, ojos +pintados de negro, joyas enormes, mantos bordados de oro con una +suntuosidad oriental... y vestidos parisienses, chillones y de mal +gusto, de esos que los costureros de París guardan, según ellos dicen, +para las damas turcas y las millonarias de América. + +Un rugido feroz corre al frente de las filas. Los soldados presentan las +armas. Un _landeau_ sencillo, tirado por seis caballos de una belleza +inexplicable, como sólo puede poseerlos el soberano de la Arabia, avanza +lentamente. Delante de él y á los lados marchan, en revuelta confusión, +guardias albaneses con el fusil al hombro y la bayoneta calada; pachás +que se codean y pisotean con los simples soldados; palafreneros de +dalmática bordada, gruesa como coraza de oro; simples dignatarios de +palacio vestidos de negro; jefes árabes, de nítido albornoz, venidos del +Yemen para saludar al descendiente del Profeta. Los grupos de generales +y almirantes situados al paso se unen á este grupo que corre en torno +del carruaje, oprimiéndose contra sus ruedas y agrandándose por +momentos. + +Solo en el _landeau_, con la capota caída, se muestra el emperador, el +hombre omnipotente, el _Padichá_, el Sultán, el Comendador de los +Creyentes, rey y pontífice á un mismo tiempo de muchos millones de +hombres. + +Al pasar ante el kiosco diplomático, levanta los ojos hacia las ventanas +y saluda levemente, con gravedad musulmana. Es un hermoso tipo +masculino; una figura de guerrero y de creyente. Sin duda va pintado +como las mujeres de su harem. Á juzgar por los años que ocupa el trono y +su anterior juventud, debe estar en los setenta, y sin embargo, la +luenga barba es de un negro intenso y el rostro tiene un aspecto de +juventud. Este hombre, que es señor de una parte considerable de Asia y +de una de las primeras capitales de Europa, que posee tesoros como los +de _Las mil y una noches_, que es rey de Bassora, la de las perlas, y de +Bagdad, la de las fantásticas riquezas, se muestra simplemente vestido +de negro, sin un adorno, sin una alhaja, con algo de clerical y severo +en su indumentaria. + +Lo que se admira al momento en él es la tranquilidad, la resignación +valerosa del musulmán. Este hombre no tiene miedo ni puede tenerlo, á +pesar de cuanto han dicho los periodistas franceses. Es un fatalista. Si +está escrito que le maten, le matarán de todas maneras, por ser así la +voluntad de Alláh. Y á pesar de que en el Sélamlik intentaron +asesinarle, valiéndose de un vehículo cargado de dinamita, va á él todos +los viernes, y pasa bajo las ventanas del kiosco diplomático, desde las +cuales se le puede alcanzar fácilmente, y se exhibe más allá, ante una +muchedumbre que aguarda bajo el sol, contenida por las filas de la +tropa. + +Las bandas de música hacen sonar el himno imperial, una especie de +mazurca alegre; los gritos del _imán_ llegan de lo alto durante las +breves pausas del himno; los soldados lanzan por tres veces una +aclamación feroz, un grito de guerra que es un viva. + +El sultán penetra en la mezquita. Fuera, en el gran patio, aguardan las +damas del harem, dentro de sus carrozas, con los caballos +desenganchados, por una precaución tradicional. Todas las tropas vuelven +el frente á la mezquita para no estar, ni aun á gran distancia, de +espaldas al emperador. + +Cuando media hora después, terminada la plegaria del Sélamlik, vuelve el +sultán al palacio, el regreso parece menos ceremonioso y más entusiasta. +El Comendador de los Creyentes, dejando partir las carrozas de las +mujeres, los caballos de respeto que llevan de la brida los dorados +palafreneros, toda la pompa de su corte, avanza en un ligero cochecillo +de dos ruedas, tirado por un tronco de hermosas bestias que él mismo +guía, acariciándolas con el látigo. Su hijo favorito, vestido de +almirante, se sienta al lado de él. + +El tumulto de generales, dignatarios y simples soldados de la guardia, +se hace mayor en torno del ligero cochecillo. Corren jadeantes los +pachás y los oficiales, pisoteándose y aclamando al emperador. Suenan +otra vez las músicas; pero apenas se oyen, sofocadas por el griterío de +muchos miles de hombres. + +Los soldados, silenciosos antes como estatuas, rugen al presentar las +armas y ver de cerca á su emperador: «¡Larga vida al _Padichá_!» + +No son los fríos vivas de ordenanza de otros países. Las aclamaciones +del turco vienen de adentro, de lo más hondo. + +En este país es inútil soñar con reformas y revoluciones. + +Turquía podrá desaparecer; pero cambiar... ¡nunca! Sólo puede ser como +es, y así vivirá ó morirá. + +El buen musulmán jamás discute á su soberano. El _Padichá_ es algo más +que un rey de la tierra: es representante de los poderes del cielo. +Cuanto él hace, bueno ó malo, lo hace Dios, y el turco es el más +religioso y resignado de los hombres. + +Aun en sus mayores desgracias, al verse en la miseria ó ante el cadáver +de un ser amado, nunca tiene una lágrima ni una palabra de protesta. Le +basta, para consolarse, suspirar melancólicamente:--¡Alláh lo ha +querido! + + + + +XXIII + +Los perros + + +Antes de conocer Constantinopla, cuando yo evocaba en la imaginación la +gran ciudad oriental, reconstruyéndola con arreglo á ciertas lecturas, +lo primero que veía eran los perros, los famosos perros de la metrópoli +turca. + +Muchas cosas que amaba por los libros, no las he encontrado al llegar +aquí. Unas han desaparecido bajo las huellas del tiempo; otras eran +mentiras poéticas, que jamás tuvieron realidad. Pero los perros, los +célebres perros, aquí están, como en otros siglos, llenando las calles, +obstruyendo las aceras, dificultando el paso de los vehículos, sin casa, +sin amo, sin otro medio de subsistencia que el respeto tradicional y la +ternura que siente el turco por todos los animales. + +¿Quién no ha oído hablar de los perros de Constantinopla? Hasta hace +pocos años eran la única policía urbana de la gran ciudad; el cuerpo de +limpieza pública, encargado de que las calles no quedasen totalmente +obstruídas por carroñas de animales y montones de estiércol. Ahora, la +influencia europea ha logrado que la triple ciudad de Constantinopla, ó +sea Stambul, Pera y Scutari, tengan tres municipios, compuestos +exclusivamente de ciudadanos turcos, que velan á su modo por la limpieza +de las calles. Hay barrenderos indolentes y carretillas de riego para +las principales vías; mas no por esto los perros han perdido sus +antiguos privilegios. Al anochecer, de todas las casas arrojan á la vía +pública el estiércol y los desperdicios; acuden los perros; la noche +entera pasa entre ladridos, mordiscos y estrépito de lucha en torno del +festín, y á la mañana siguiente, los barrenderos «quitan la mesa», +llevándose lo que no han podido devorar estos pupilos de Constantinopla. + +Venecia tiene sus palomas, que han vivido y procreado durante siglos á +expensas de la República, como una institución nacional. + +Constantinopla tiene sus perros, respetados por el turco con cierta +superstición, como si su suerte fuese unida á los destinos del pueblo +otomano en el suelo de Europa. + +Vinieron, según la tradición, desde el fondo del Asia, siguiendo al +ejército turco. Cuando éste tomó á Constantinopla, los perros se +aposentaron en las calles y en las ruinas, considerando á la enorme +ciudad como conquista propia. Eran perros vagabundos y guerreros, +acostumbrados á toda clase de privaciones; perros de soldado, sin dueño +fijo, acariciados y mantenidos por todo un ejército; animales de +campamento hechos á la vida común, á buscarse el sustento por sí mismos. +Dentro de Constantinopla continuaron su vida de vivac. Su parte de +gloria en la gran hazaña turca, su muda colaboración en la marcha de +siglos, desde el centro de Asia á las bóvedas de Santa Sofía, la cobran +estos animales con el respeto de todo un pueblo, con una consideración +popular que parece elevarlos casi al nivel del hombre. + +Yo me los imaginaba feos, hirsutos, flacos, amenazantes, con colmillos +babosos de rabia y ojos amarillentos de fiebre: una especie de leopardos +urbanos, que hacían peligroso el tránsito por las calles de +Constantinopla. Me sorprendí al verlos por primera vez, gordos, +lustrosos, de una belleza ruda y silvestre, con hocico y gestos de lobo, +pero de buen lobo, cortés y juguetón, con un pelo de color de miel, +lavado por las lluvias. Son de regular alzada; muestran unos colmillos +de espeluznante blancura; casi os derriban cuando se alzan sobre las +patas traseras para acariciaros, y sin embargo, á nadie inspiran miedo. +Peléanse entre ellos con encarnizamiento de fieras: todos llevan en su +cuerpo señales de mordiscos; un combate de dos perros es algo horrible +que pone en conmoción á toda una calle, y á pesar de esto, basta que un +niño les amenace con un palo, para que se retiren, basta que un turco +les largue una patada, para que huyan sin revolverse, pasando del +rugido feroz al lamento lacrimoso. Saben que su subsistencia depende del +hombre, y lo respetan como á un dios que dispone de sus vidas. Rara vez +atacan á las personas; nunca se ha conocido la enfermedad de la rabia en +estos vagabundos, y cuando muerden, muy de tarde en tarde, á los +transeuntes, casi siempre son mujeres las víctimas de sus ataques. + +¿Cuántos perros vagabundos existen en las calles de Constantinopla? +Nadie lo sabe. Los más parcos en sus cálculos dicen que 80.000. Otros +los hacen ascender á centenares de miles. Un comerciante francés ofreció +al gobierno otomano una enorme cantidad para exterminar los perros y +aprovechar sus pieles. Un buen negocio industrial, según parece. El +vecindario turco se indignó. ¡Matar sus perros! ¡Exterminar á los fieles +camaradas de los conquistadores de Constantinopla!... + +Los extranjeros van por las calles con grandes pedazos de pan, para +obsequiar á estos pupilos de Turquía. Así como en la plaza de San Marcos +las damas viajeras tienden sus manos llenas de trigo á los palomos +venecianos, desapareciendo envueltas en una nube de plumas palpitantes y +picos acariciadores, aquí se las ve, hundidas hasta las rodillas, entre +pelos rojizos, hocicos babeantes y rabos inquietos, partiendo un +mendrugo con los enguantados dedos y arrojando pellizcos de pan á las +fauces glotonamente abiertas. + +Causa admiración el orden de esta república perruna, falta de +gobernantes y de leyes escritas, pero sometida, por el instinto de +vivir, á una disciplina social. Muchas veces, al abandonar yo el comedor +del hotel, recolecto en todas las mesas los pedazos de pan olvidados, +tarea en la que se me adelantan con frecuencia otros viajeros. Salgo á +la calle y me rodea un grupo de perros estacionados frente á la casa; la +familia ó tribu á la que corresponde por derecho tradicional este trozo +de vía. Ni ladridos ni empujones de impaciencia. El jefe de grupo, el +patriarca, el guerrero, alcanza en el aire el primer pedazo, y va á +situarse lejos de los suyos, vigilando la calle para evitar que ningún +intruso se ingiera en el banquete. Mientras tanto, la familia va +cogiendo al vuelo los otros pedazos, siguiendo un turno riguroso, sin +que á nadie se le ocurra adelantarse á otro y arrebatarle su parte. De +vez en cuando se aproximan otros perros, azuzados por el hambre, +queriendo introducirse en el grupo, y una ruidosa batalla pone en +conmoción á la calle entera. + +El guerrero, erguido sobre las patas traseras, hace frente á los +invasores, y pelea él solo, mientras la tribu come. Aullidos, mordiscos, +lucha á brazo partido; pues los perros de Constantinopla combaten +poniéndose de pie y agarrándose como hombres, al mismo tiempo que +dirigen á la cara del enemigo las acometidas de sus colmillos. Cuando el +peleador sale ensangrentado del encuentro, se tiende en el arroyo, y +toda la familia le rodea, con aulladora gratitud, lamiendo horas y +horas sus heridas. + +Marcháis por una callejuela seguido de varios perros que os husmean las +manos y se empinan hasta vuestros bolsillos, con la esperanza del pan. +De pronto, os veis solo. Los perros quedan atrás, y no os seguirán por +más que intentéis atraerlos con silbidos y exclamaciones cariñosas. +Están en los límites de «su jurisdicción»: han llegado al término del +trozo de calle que les pertenece, y no pasarán de allí. Otros perros os +salen al encuentro, os acarician, os siguen, hasta llegar al término de +su territorio, y allí os dejan rodeados por una nueva tropa canesca. +Así, de escolta en escolta, podéis correr por la noche toda +Constantinopla. Cuando estalla una tempestad de ladridos, es que un +grupo ha osado introducirse en terreno enemigo. Cuando una riña feroz +conmueve el barrio, es que un perro vagabundo, sin familia y sin +domicilio, es atacado por los burgueses de la raza, gente de bien, amiga +del orden, que no puede tolerar tales faltas de disciplina social. El +bohemio canino que vaga por Constantinopla, acaba inevitablemente sus +días asesinado y devorado por las familias honradas de su especie. + +Según es la calle, así es el aspecto de los perros acampados en ella. En +las vías modernas más elegantes de Pera y Galata, donde están las +grandes tiendas de bisutería, ropas, muebles y libros, los perros +ofrecen un aspecto lamentable; flacos, piojosos y lanudos, mirando +melancólicamente á las enormes lunas de los escaparates, tras los cuales +se exhiben cosas hermosísimas, pero que no sirven para comer. En las +callejuelas turcas, llenas de inmundicias y de pequeños puestos de +comestibles alineados en el arroyo, el perro es alegre, juguetón y de +sano aspecto. + +Dice un antiguo refrán turco: «Si mirando se aprendiese un oficio, todos +los perros serían carniceros.» + +No hay carnicería de Constantinopla que no tenga ante la puerta unos +veinte ó treinta perros, todos en fila, sentados sobre el cuarto +trasero, silenciosos, con una gravedad de gentes bien educadas, fijos +sus ojos en el dueño, con expresión de súplica, y abriendo la roja +garganta á impulsos de insinuantes bostezos. Aguardan lo que caiga, y lo +que cae las más de las veces es una mano de latigazos, pues el carnicero +turco acaba por enojarse con esta tertulia muda que obstruye la puerta +de la tienda y hace tropezar á los parroquianos. + +En medio de las bandas de perros que corretean por las calles á la caída +de la tarde y duermen enroscados en las aceras á la hora del sol, se ven +animales grotescos y repugnantes, tristes caricaturas de su especie. +Unos llevan los ojos saltados; otros el lomo partido por sanguinolentas +dentelladas ó el hocico medio devorado y con un morro pendiente. Son +recuerdos de sus batallas con los compañeros de raza. Otros caminan á +saltos, con una pata rota vuelta hacia arriba, ó arrastran por el suelo +su inmóvil parte trasera, como si fuesen extraños lagartos. Las ruedas +de un vehículo les han dejado así, á pesar del respetuoso cuidado con +que los turcos tratan á los animales. El cochero de Constantinopla antes +prefiere volcar que aplastar á los perros. Los carruajes se detienen á +cada instante ó dan bruscos rodeos para salvar sus vidas. Pero estos +animales, habituados á un respeto tradicional, abusan de él, durmiendo +tranquilamente en mitad de las calles de más tránsito. + +Cuando una perra lanza su prole en plena vía pública, el buen turco saca +un cajón, un tonel, un gran cesto lleno de paja, y lo coloca en mitad de +la acera para que sirva de cuna á los reciennacidos. La gente tiene que +dar un rodeo y bajarse de la acera desafiando el peligro de los coches; +la circulación se dificulta é interrumpe, pero nadie protesta ni mueve +el obstáculo. Sálvense los animales, aunque perezcan las personas. + +Las primeras noches de estancia en Constantinopla son horribles. Los +viajeros buscan en los hoteles las habitaciones interiores, lejos de la +calle. Ladridos toda la noche; batallas en torno de los montones de +estiércol; concierto de aullidos cada vez que pasa un trapero con un +farol, ó cuando un transeunte les parece sospechoso. Las noches de luna, +Constantinopla se estremece con ruidosas y feroces contorsiones. Hasta +las piedras parecen ladrar al astro de la noche. Al fin, el viajero +adquiere oídos turcos, y se duerme arrullado por esta tempestad de +ladridos, como podría dormir bajo el susurro de las olas ó la brisa +perfumada de un jardín lleno de ruiseñores. + +¡Las obscuras tragedias que se desarrollan en esta sociedad animal, +regida por el misterioso idioma de la mirada y el ladrido! ¡Las leyes +crueles é inexorables de esta república de los perros!... + +Una tarde fuí al santo barrio de Eyoub en un vaporcito, siguiendo el +Cuerno de Oro en toda su extensión. Un perro flaco, triste, de mirada +dulce, pasaba y repasaba durante el viaje, entre las piernas de los +viajeros. Al abordar al pontón de Eyoub, intentó deslizarse, oculto +entre el gentío, pero un estrépido horripilante estalló de pronto, +asustando á las buenas turcas encapuchadas que salían del vapor. Más de +una docena de perros se arrojaron sobre el recién llegado como bestias +feroces, mordiendo de veras, «tirándose á matar», buscando su cabeza con +los agudos colmillos. El pobre can, como si esto no le sorprendiese, +como si fuera algo esperado, corrió á refugiarse en el barco que volvía +á Constantinopla. + +Pasé la tarde en Eyoub. Al anochecer esperé en el pontón la llegada del +barco que iba á hacer su último viaje á la ciudad. Llegó el vapor, y +entre la avalancha de viajeros intentó pasar el mismo perro. Pero otra +vez salieron á su encuentro los enemigos, con terrible acometida de +aullidos y mordiscos, y tuvo que refugiarse de nuevo en la cubierta. + +¡El triste regreso hacia Constantinopla! En vano di pan al mísero +animal. Comía con avidez de hambriento, pero sus ojos iban hacia Eyoub, +que se perdía en el fondo del Cuerno de Oro, con sus cristales +inflamados por la agonía del sol; hacia Eyoub, al que le atraía el +instinto, y en el que no podía desembarcar. Cuando llegamos, ya de +noche, al Gran Puente, el pobre perro se alejó á la luz de las +estrellas, para refugiarse entre dos tablones y esperar el primer vapor +de la mañana, emprendiendo de nuevo su viaje. Y al día siguiente +comenzaría su triste peregrinación, sin otro resultado que mordiscos y +una fuga vergonzosa; y al otro y al otro lo mismo; y aun estoy seguro de +encontrarle si emprendo el viaje; y así vivirá hasta que muera ó le +maten; empujado hacia la santa barriada de Eyoub por un buen recuerdo +del pasado, y detenido siempre por la ferocidad implacable de unos +enemigos que ladran y muerden, tal vez á impulsos de una antipatía de +raza, de una venganza de familia ó de un obscuro drama de animalidad +inferior... ¡Quién sabe! + + + + +XXIV + +Los Derviches Danzantes + + +El muro oriental de la mezquita de Bakarié, en las afueras de Eyoub, +está rasgado por grandes ventanales con celosías encristaladas, y á +través de ellas, mientras llega la hora de los oficios, veo cabrillear, +bajo la lluvia de oro del sol del mediodía, las aguas azules, densas y +como muertas del Cuerno de Oro, allí donde éste se confunde con las +llamadas Aguas Dulces de Europa. + +De vez en cuando, como una visión cinematográfica, pasa por la extensión +azul que tiembla más allá de los ventanales una lancha de vela con un +cargamento de mujeres, ó un caique blanco y dorado, con damas envueltas +en obscuro dominó, llevando como escolta de honor, junto á los remeros +sudorosos, una esclava negra. + +Adivino que desembarcan en el muelle de la mezquita, invisible para mí. +Después pasan otra vez estas mujeres misteriosas, ante los ventanales, +pero á pie, siguiendo lo largo del muro, como actrices que cruzan el +fondo de una escena dejándose ver sólo por los huecos de la decoración. + +Á cada entrada de éstas crece el zumbido de conversaciones y risas que +se escapa de todo un lado del piso superior de la mezquita, galería +cerrada con espeso enrejado, tras el cual asisten á la fiesta las +mujeres turcas. + +Yo estoy en lo que pudiera llamarse el coro de la mezquita; una tribuna +de madera, sobre la puerta de entrada, frente á los ventanales que dan á +la ría azul, y al lado de la galería enrejada, tras cuyas celosías se +adivinan vagamente los mismos bultos blancos y negros, é iguales +movimientos de curiosidad misteriosa que en una iglesia de monjas. + +Es miércoles y la respetable cofradía de los Derviches Danzantes va á +celebrar la fiesta en Bakarié, que es su templo más importante en +Constantinopla. Los viernes dan otra _representación_ en pleno barrio de +Pera, en una mezquita perdida entre edificios europeos, rodeada de cafés +y tiendas modernas, interrumpida muchas veces la solemnidad del rito por +el pitar de los tranvías y los gritos de los vendedores de periódicos. +Es una fiesta para los extranjeros de paso; algo semejante á las +diversiones pintorescas que organiza la Agencia Cook para que los +viajeros se enteren de las costumbres tradicionales de un país, á tanto +por ejecutante. + +En Bakarié la fiesta religiosa no tiene otro público que los devotos, y +asiste á ella el Cheik, sacerdote jefe de los Derviches Danzantes. +Bakarié sólo atrae á las gentes del país. Es una mezquita perdida entre +risueños cementerios y jardines abandonados en las afueras de Eyoub, +barrio extremo de Constantinopla, donde no vive ningún europeo, donde +subsiste la santa mezquita cerrada é inabordable á todo infiel durante +siglos, donde es molesto á ciertas horas transitar por las tortuosas +callejuelas, pues las viejas fanáticas, encapuchadas de negro, escupen +con entusiasmo religioso á los pies del cristiano y le siguen con un +barboteo senil de palabras incomprensibles, en las que sólo se adivina +la palabra _perro_ seguida de misteriosas maldiciones. + +En el coro de la mezquita de Bakarié no hay otro europeo que yo. Me +siento como avergonzado por las cien miradas de curiosidad desdeñosa que +adivino tras las espesas celosías y por el gesto impasible de los +músicos sentados junto á mí, que parecen no haberse enterado de mi +presencia. Ocupo una silla mugrienta, algo coja y con el asiento de paja +próximo á desfondarse, único mueble europeo que el sacristán, tras larga +rebusca, ha podido encontrar en la mezquita. Los músicos se sientan en +el suelo, con las piernas cruzadas sobre esteras de fresca y amarilla +limpieza, y todos ellos visten el traje de los derviches danzantes; +largas túnicas de pesado paño rojo, verde, blanco ó azul, y sobre ellas +un manto negro. Sus caras barbudas, bronceadas, feroces, de cejas +hirsutas y ojos con manchas de color de tabaco, parecen empequeñecerse, +abrumadas bajo la enormidad del respetable gorro que sirve de distintivo +á la cofradía: un cono truncado de fieltro gris, sin alas y sin otro +saliente que un ligero reborde circular. Algo así como una maceta de +flores, de barro cocido, puesta boca abajo. Unos tienen en sus manos la +flauta turca y soplan en ella ligeramente, haciendo sordas escalas para +convencerse de la bondad del instrumento; otros colocan junto á ellos +los _darboukas_, pequeños timbales que sirven de acompañamiento. Los +cantores abarcan entre sus rodillas unos catrecillos de madera que +sustentan el libro abierto, de amarillento papel, con caracteres negros +y rojos. + +Miro al fondo de la mezquita. Las columnas de madera que sostienen las +galerías superiores están unidas por una barandilla blanca y roja. Entre +esta barandilla y los muros se hallan las tumbas de los derviches de la +cofradía que murieron en olor de santidad, catafalcos de paño verde, +apolillado por el polvo de los siglos, y con enormes turbantes que +usaron en vida los varones bienaventurados. Entre las tumbas, sobre +frescas esteras de junco, se sientan en cuclillas ó se arrodillan +descansando el cuerpo en los talones todos los fieles que acuden á la +fiesta; gruesos tenderos de Eyoub, burgueses venidos en barca desde +Constantinopla, jardineros de las cercanías, marinos de los acorazados +turcos eternamente inmóviles en el Cuerno de Oro, todos con los zapatos +en la mano y el fez erguido sobre la frente. + +Las barandillas de las cuatro columnatas cierran el centro de la +mezquita, formando á modo de un gran salón de baile con el pavimento de +madera, limpio, encerado y brillante. Allí están aguardando su hora los +sagrados ejecutantes de la fiesta, los derviches acurrucados en el +suelo, formando tres filas, frente al Cheik, que ocupa él solo la parte +de Oriente, sentado en una piel de cordero. Envueltos en sus mantos +negros, que forman en torno de ellos amplio embudo, é inclinando á +impulsos de la meditación el alto gorro que cubre su cabeza, parecen +extraños insectos que se repliegan para saltar de pronto sobre una presa +invisible. + +Un cantor se ha puesto de pie y avanza con el libro abierto hasta la +barandilla del coro. Su manto, al entreabrirse, deja descubierta una +gruesa túnica anaranjada, de pliegues rígidos: una prenda venerable, con +la respetabilidad de varias generaciones sacerdotales, y que parece +tejida al mismo tiempo de lana y de plegarias. Es un joven barbilampiño +y rubio. Su pescuezo blanco se hincha y colorea de sangre con los +esfuerzos de la voz de falsete. Una ruda protuberancia del cuello, la +nuez de la garganta, se agita convulsa, sube y baja, marcando las +modulaciones de la voz. + +La plegaria tiene el ritmo de un canto oriental, monótona, soñolienta, +de misteriosa lentitud, retardándose cada palabra con reflexivas pausas, +prolongándose con repeticiones é interminables gorjeos, como ciertas +canciones de Andalucía. + +Los derviches, abajo, con la frente en una mano y el codo en la rodilla, +parecen soñar replegándose cada vez más dentro de sus embudos negros, +empequeñeciéndose con el reconcentramiento de la meditación. + +¿Qué dice la plegaria?... Nada. Interminables alabanzas á Alláh +invisible, señor del universo, misterioso justiciero sin forma material +ni otra imagen que los dorados caracteres árabes de elegantes rabos que +lucen en la mezquita sobre el fondo verde de redondos escudos; nombres +de sultanes que, agrupados en lista cronológica, son como la historia +del pueblo turco. Y sin embargo, esta oración, cuyas palabras carecen de +mérito literario y sólo tiene el encanto de la música adormecedora, +causa en el auditorio un efecto de recogimiento sincero que rara vez se +encuentra en los ritos occidentales. La voz del cantor parece hipnotizar +á los oyentes. Los fieles, con la mirada perdida y el cuerpo rígido, +empiezan á moverse sobre su cintura, siguiendo con un vaivén cada vez +más enérgico las palabras del derviche. Los rostros se colorean como si +reflejasen las llamas de una combustión interior. Las narices se dilatan +y en los ojos brilla como chispa perdida un punto de luz azulada y +misteriosa. De vez en cuando un rudo suspiro se escapa de estos pechos +contraídos por la emoción religiosa. El europeo, solo y aislado en esta +mezquita lejana, entre la vehemencia silenciosa de unas ceremonias que +parecen resucitar siglos lejanos, bárbaros y belicosos, se siente +invadido por la inquietud. + +Calla el cantor, cierra el libro, se retira remontando sobre sus hombros +anaranjados el negro aleteo de su capa, y una música tenue y dulce, un +suspiro pastoril se extiende en el silencio profundo de la mezquita, +donde los hombres parecen cuerpos sin alma. + +Es una flauta. La media hora de meditación que precede á la danza +sagrada la llena el gorjeo de este instrumento bucólico. El músico, +inmóvil entre sus compañeros en cuclillas, que parecen maniquíes, hincha +sus carrillos, enrojece, suda con el continuo esfuerzo, pero al mismo +tiempo sus ojos mates, perdidos en éxtasis, delatan el fiero orgullo de +tener pendiente de su soplo el fervor de los fieles y de los santos +hermanos de cofradía. + +El tierno vagido del instrumento parece enardecer á los orientales, +creyentes de una religión, en la cual la ausencia de estatuas y pinturas +litúrgicas obliga al devoto á un continuo esfuerzo imaginativo para +representarse los poderes ultraterrenos. Los fieles de la mezquita de +Bakarié sueñan en pleno mediodía, bajo la luz de las ventanas llenas de +azul y de sol, mecidos suavemente por los lentos trinos de la flauta. + +¿Qué ven en sus ensueños? Huéspedes nada más del continente civilizado, +europeos de paso, obligados á soportar una vida moderna extraña á sus +costumbres y su tradición, su pensamiento va al más viejo de los mundos, +á la venerable y misteriosa Asia, cuyas montañas casi pueden +contemplarse desde los ventanales de la mezquita. El pastoril +instrumento les hace ver los amarillentos rebaños escalando lentamente +las colinas tostadas de la Siria y ramoneando sus hierbas olorosas; el +fresco pozo del desierto al que llega el rudo jinete, mezcla de pastor y +de pirata de la llanura, saludando á la doncella envuelta en velos que +extrae el cubo con sus brazos redondos, en los que tintinean anillos de +bronce; los arenales del Yemen, obscuros á la caída de la tarde, por +cuyo horizonte pasan las filas de camellos, como cabeceantes y gibosos +monstruos, sobre el cielo inflamado de rojo; los grupos de palmeras que +ondean sus penachos de verdes plumas en los oasis que marcan el camino +solitario hacia la Santa Meca; las tumbas venerables de Medina, +cubiertas de polvo secular y ostentando entre andrajos de oro las +pesadas cimitarras de los guerreros de Dios: las plácidas callejuelas de +Damasco, de húmeda sombra y cerrados jardines; las rojizas y pedregosas +colinas de Jerusalén, sobre las cuales parece haber pasado el soplo de +hoguera del Gran Implacable; Bagdad, con sus mezquitas de cúpulas +partidas y sus bazares como pueblos, adonde acuden las caravanas +portadoras de fantásticas riquezas; Bassora, cuyos marineros desnudos +pescan la perla: toda la gloria y todo el esplendor, latentes aún, de la +raza semita, despreciada ó perseguida por los hombres modernos, y que +sin embargo, un día, siguiendo las palabras de paz de Jesuhá, el hijo +del carpintero, se hizo dueña de medio mundo y siglos después, +repitiendo los gritos de Mohamed, el hijo del camellero, se enseñoreó +del otro medio. + +Un nuevo espectador de la fiesta se sienta junto á mí. Es un oficial de +la escuadra turca, un joven teniente de navío, con su uniforme inglés +modificado únicamente por el gorro rojo que cubre su cabeza. Los galones +de oro de la bocamanga, rematados por un óvalo, brillan sobre el paño +azul obscuro de la levita. Entre el alto cuello de inmaculada blancura, +que refleja los objetos inmediatos como un espejo, y la nítida pechera +de su camisa, resalta la corbata anudada de seda negra, con una gruesa +perla. Lleva en la mano sus zapatos de charol y sus pies huellan la +alfombrilla de junco con sus calcetines de seda. Al pasar, parece +sonreirme con los ojos, como á una persona que no se conoce, pero que se +ha visto con frecuencia. Todas las noches le encuentro en el barrio +europeo de Pera, en el teatro de Petits-Champs, donde actúa una compañía +de opereta francesa. Unas veces lleva su uniforme, otras viste de +_smoking_, y mientras se atusa los empinados bigotes á lo kaiser, mira +amorosamente, á través de sus lentes de oro, á las _cocottes_ de +diversas nacionalidades que pululan en Constantinopla, y habla con ellas +en diversos idiomas. Se adivina que ha vivido en París y en Londres, que +es un marino de largos viajes... en tierra, un secretario de comisiones +internacionales, un agregado militar de embajadas. ¿Qué extraña +curiosidad le guiaba á la mezquita de Bakarié?... + +Se sentó en el suelo, cruzando sus piernas, oprimiéndolas con las manos +para aproximarlas más al tronco. Escuchó inmóvil la plegaria del cantor, +y poco á poco su cuerpo empezó á moverse con un balanceo creciente, lo +mismo que los otros fieles. Luego el susurro de la flauta le sumió, como +á los demás, en profunda meditación. + +Cuando volví á mirarle, sus lentes habían caído sobre el pecho. Un +arrebol de sangre coloraba su rostro, antes pálido. Su pelo, lustroso y +plano á los dos lados de la raya central, parecía alborotado por un +espeluznamiento de cólera. Su ancha nariz turca, nariz de caballo leal y +arrogante, ensanchábase palpitante como si oliese pólvora. Sus ojos +miopes, al encontrarse con los míos, reflejaron una extrañeza hostil y +salvaje. El azul uniforme, con sus insignias europeas, parecía despegado +de su cuerpo. + +Aquel marino era la personificación de la Turquía europea que se +apropia los inventos modernos, copia la organización alemana, habla +todos los idiomas de los pueblos civilizados, y adopta las modas de +París... pero guardando bajo este exterior su alma asiática. + +Me imaginé al amigo de las _cocottes_ de Petits-Champs, al marino casi +inglés, al elegante agregado de embajada, al que yo creía un escéptico y +alegre vividor, escuchando á un _imán_ que proclamase la guerra santa; y +vi al asiático despojándose de golpe de su complicado disfraz de europeo +y agitando en una punta del sable una cabeza cortada, lo mismo que los +grandes capitanes de Mohamed blandían sus cimitarras tintas en sangre +para demostrar la unidad de Dios. + + * * * * * + +En el coro de la mezquita de Bakarié, el flautista sagrado sigue +improvisando trinos ó lanza agudas y gimientes notas, mientras abajo, +acurrucados sobre el lustroso pavimento, meditan los derviches +danzantes. + +De pronto suena un golpe sobre la madera. Es el Cheik, que ha salido de +su inmovilidad dejando caer las dos manos sobre el suelo, como si fuese +á desplomarse. Un sonoro redoble contesta á este movimiento. Todos los +derviches dejan caer igualmente sus manos á un mismo tiempo, quedando á +gatas, con el enorme gorro junto al suelo. + +Al gemido de la flauta se unen los _darboukas_, que baten una marcha +lenta, cortada por endiablados repiqueteos, y al compás de esta marcha, +los derviches se yerguen y emprenden un lento paseo á lo largo de las +barandillas. Al erguirse han dejado caer los mantos obscuros, y quedan +al descubierto sus trajes de ceremonia, cada uno de uniforme color, pero +abarcando en su variado conjunto todas las tintas del iris. + +¡Extraña vestimenta que haría reir en otro lugar, y á la que da cierto +respeto el gesto solemne de las barbudas cabezas, iluminadas por el +fuego hostil de unos ojos de fanático!... De cintura arriba son hombres, +con chaquetilla á la turca, alto chaleco y faja rayada. De cintura abajo +son mujeres, arrastrando una falda amplísima de rígidos pliegues, que +roza el entarimado con crujidos de pesadez. + +Avanzan descalzos, contoneándose ligeramente al compás de la marcha, con +los brazos cruzados sobre el pecho y las manos extendidas junto á los +hombros. El Cheik camina al frente de la hilera, marcando las ceremonias +del lento paseo. Al llegar junto al Mirab, gira sobre sus talones y +saluda profundamente al derviche que le sigue, con tan profunda +inclinación, que las dos caperuzas de fieltro se tocan. Los demás +repiten el mismo saludo. Al pasar ante la barandilla, tras la cual están +las tumbas de los santos varones de la orden, se reproduce igual +ceremonia. + +Tres veces da vuelta á la sala la procesión de los derviches, y este +desfile dura mucho tiempo, con la rígida lentitud que es para los +orientales el signo más imponente de la majestad. Los pies, descalzos, +se mueven incesantemente al compás de la música, pero sin adelantar +apenas. Por fin, el Cheik, al pasar por tercera vez ante el Mirab, queda +inmóvil en el centro del muro oriental, con los brazos en el pecho, +destacando su figura sobre los vidrios iluminados de una gran ventana. + +Los derviches, formados en larga fila, parecen bailarinas que se +preparan á lanzarse, haciendo piruetas, hasta el borde de un escenario. +Poco antes, al despojarse de los mantos sombríos y aparecer en todo el +esplendor de sus vestiduras deslumbradoras, recordaban á las danzarinas +de ciertas óperas que surgen de entre bastidores como negras brujas, y +de pronto, abandonando sus disfraces, muéstranse luminosas, envueltas en +gasas y colores rosados. + +Los instrumentos del coro adoptan un ritmo semejante al del vals, y al +repiqueteo de los tamborcillos y el dulce ganguear de las flautas, se +unen las voces de los cantores, que entonan una salmodia bailable, +monótona y chillona, sin otra variación que el cambio de tono al final +de cada estrofa. + +Avanza un derviche hacia el gran sacerdote, lo saluda con reverente +inclinación, como pidiendo su venia, el Cheik le contesta con ligero +gesto, y el sagrado danzarín empieza á girar sobre sus talones, con una +velocidad cada vez mayor, añadiendo á este vertiginoso movimiento de +rotación otro ligerísimo de traslación, que le hace avanzar lentamente, +siguiendo el contorno de la sala. La falda pesadísima arremolina sus +pliegues en torno de las piernas, y poco á poco, con la velocidad, toma +aire y se hincha... se hincha, adquiriendo proporciones gigantescas. +Primero es un enorme paraguas á medio abrir, luego un globo, después un +paracaídas, y el paño pesadísimo se extiende casi horizontal, girando +con loco vértigo sobre las piernas desnudas, que dan vueltas y vueltas +como una peonza loca. + +Al comenzar su movimiento de rotación, el derviche lleva los brazos +cruzados sobre el pecho, en actitud sacerdotal. Poco á poco los despega, +los extiende sonriente, con gracioso desperezo de bailarina, hasta que +al fin los mantiene rígidos, en cruz, ayudándole esta tensión á la +rapidez de su volteo. Apenas se sume en esta embriaguez rotatoria, ya no +sonríe. Sus ojos quedan vidriosos y vagos, su rostro palidece y se +contrae con un gesto de estupidez extática, de voluptuosidad dolorosa. + +Tras el derviche vestido de blanco, empieza á girar otro verde; luego +otro azul; después otro rojo, y así van saliendo en ruidosa ondulación +circular faldas rosadas, azules, vinosas, amarillas y naranja, con esa +intensidad profunda de color que es la gloria de los tintoreros +orientales. + +La mezquita se llena de peonzas vistosas que giran y giran, dando al +espectador el mareo del vértigo. En las raras pausas de la música se oye +el aleteo del pesado paño cortando el aire y el roce de los pies. El +espectáculo es original, obsesionante, con el extraño poder que ejerce +la mezcla de lo bello y lo ridículo. Son flores gigantescas que bailan, +rematadas por hombres feos y barbudos. Rosas fantásticas que giran +llevando hundidos en el centro de su corola unos gnomos de rostro feroz +coronados por un gorro de fieltro. + +Los cantores aceleran el ritmo, gritando cada vez más fuerte; los +_darboukas_ repiquetean con redobles de trueno; las flautas saltan y +balan como cabras locas, y los danzantes giran y giran con tal rapidez, +que sus brazos y piernas son pálidas sombras, borrosas por la velocidad, +y las faldas cortan el aire como sierras horizontales... ¿Cuánto tiempo +dura la sagrada danza?... No lo sé. Siento, á pesar de mi inmovilidad, +los efectos del vértigo: mi vista se deslumbra y marea con este continuo +girar de colores. Creo estar rodando por una pendiente que no termina +nunca. La música infernal y el volteo de los derviches embriaga á los +fieles. Encogidos en el suelo, mueven sus cuerpos al compás de la +música, y la mezquita parece una enorme caja de juguetes donde +centenares de monigotes mecánicos, con gorro rojo y cara de palo, se +balancean impasibles á los sones de un cilindro de música. + +El Cheik hace un gesto; cesa el coro; los derviches contienen su +rotación; van descendiendo sus faldas con la falta de movimiento; se +deshinchan; dejan de ser un paraguas para convertirse en un embudo; +luego se achican más aún, surgen los pesados pliegues, que acaban por +rozar el suelo, y los sagrados bailarines vuelven á formarse en fila, á +un lado del templo. Sus rostros brillan con el gotear del sudor: los +ojos vidriosos tienen aún la locura del vértigo. Agítanse sus pechos +como fuelles con el jadear de la fatiga. Algunos, mareados por la +repentina inmovilidad, se tambalean como ebrios. Pero á pesar de esto +todos miran al Cheik, esperando un gesto suyo para pedir de nuevo la +venia y reanudar la loca danza. + +Los cantores entonan durante el descanso una especie de himno litúrgico, +lento y solemne, pero sus voces vuelven pronto á adoptar el ritmo del +sagrado baile, y otra vez las peonzas animadas tornan á girar en el +centro de la mezquita. + +Por tres veces bailan los derviches, y durante una hora larga giran y +giran, con un movimiento vertiginoso, que agotaría las fuerzas, la razón +y aun la existencia de cualquier occidental. Al fin cesan de voltear, y +vacilando sobre sus congestionados pies salen para despojarse de los +trajes de ceremonia en una casa ruinosa, inmediata á la mezquita, +atravesando el huerto de nopales y palmeras que rodea á ésta. + +El Cheik hace su oración ante el Mirab, se prosterna varias veces sobre +la piel de cordero, extiende los brazos invocando el nombre de Alláh y +se retira también. + +La ceremonia ha terminado... ¡Ridícula!... Los que la vieron desde +pequeños, cuando su razón comenzó á abrirse á las cosas del mundo +aceptándolas tal como las encontraron, asisten á ella con sincero fervor +y la consideran como el más noble y poético de los cultos... ¿Quién sabe +lo que un oriental, entusiasta de los derviches danzantes, pensará al +ver por vez primera las ceremonias litúrgicas de los occidentales? Todos +los pueblos del misterioso Oriente, tierra natalicia de dioses, han +danzado ante las potencias celestes, haciendo del baile una ceremonia +religiosa. La danza es seguramente un acto más elevado y menos material +en honor de la Divinidad que beber vino, aunque sea en copas de oro. + +De todas las cofradías musulmanas de Oriente, la de los derviches +danzantes es la más aristocrática. Sus afiliados gozan de general +respeto. El Sumo Sacerdote, al que pudiéramos llamar el Papa de los +derviches, reside en Konia, la gran ciudad turca de Asia, hogar de las +tradiciones otomanas, adonde no ha llegado aún la influencia europea que +atrofia y envilece á la vieja Turquía. + +Cuando muere el sultán y hay que consagrar un nuevo Comendador de los +creyentes, el jefe supremo de los derviches viene desde Konia á la Santa +Mezquita de Eyoub, donde se verifica la ceremonia de investir al +emperador. Este no tiene corona. El signo visible de su majestad y su +poder es el sable del Profeta, que se guarda en la famosa mezquita de +Eyoub. El gran derviche ciñe la venerable cimitarra de Mohamed á la +cintura del nuevo soberano, y Turquía entera aclama á su _Padichá_. + +La Santa Mezquita de Eyoub es el único lugar que guarda el misterio y el +aislamiento religioso del pueblo turco. Ningún cristiano ha pisado ni +siquiera las losas de sus patios interiores. Los viajeros, al pasar ante +ella, procuran no mirar por las puertas y rejas de los muros que rodean +sus patios y jardines. + +Al salir yo de Bakarié, buscando la ribera del Cuerno de Oro para que +una embarcación me condujese á Constantinopla, me perdí en unas +callejuelas inmediatas á Eyoub, formadas por blancos panteones, kioscos +funerarios al través de cuyas rejas se ven túmulos de sultanes y santos, +coronados de turbantes y cubiertos de terciopelo y oro. + +Al final de un callejón vi una gran arcada con la verja abierta. Me +aproximé. Enfrente, un patio solitario y fresco; más allá una arcada; en +último término, una gran extensión inundada de sol y cerrada por +murallas, en cuyo centro, como un monstruo vegetal, alzábase la +enormísima pilastra de un plátano de quinientos años, con el ramaje +invisible. Cantaban las fuentes en la sombra de los claustros de +azulejos, desgranando sus surtidores sobre tazas de verde mármol; +centenares de palomos obscuros aleteaban en los capiteles de las +columnas, cortando con sus arrullos el silencio animado por el gotear +del agua. En el último patio jugueteaban varios grupos de pilluelos casi +desnudos, y permanecían acurrucadas viejas horribles, esperando una +limosna. + +Eran los patios de la Santa Mezquita, del templo inabordable para el +cristiano, donde no pudo entrar ni el mismo emperador de Alemania en su +visita á Constantinopla. Á un lado una fachada misteriosa, de azulejos +verdes y negros, con un fanal turco pendiente ante el arco de herradura. + +Apenas asomé mi cabeza, un _zapethie_, gendarme turco, vino hacia mí. +Los pilluelos inclinaron sus gorros al suelo como si buscaran piedras, +chillando y manoteando con belicosa alegría: «¡_Giaour_! ¡_Giaour_!» +(¡Un cristiano!) + +Me alejé prudentemente, pero la rápida visión del patio solitario con +sus palomos y sus chorros de agua, y de la fachada verde y negra, de +feroz misterio, no se borrará fácilmente de mi memoria. + +¿Qué habrá en el interior de la Santa Mezquita de Eyoub?... + + + + +XXV + +El heredero de «Las mil y una noches» + + +La punta de Stambul, que avanza ante Galata formando de un lado la +entrada del Bósforo y del otro la embocadura del Cuerno de Oro, la ocupa +el palacio del Serrallo, enorme como una ciudad, y que hace muchos años +dejó de servir de residencia á los soberanos de Constantinopla. + +Los occidentales confunden con frecuencia el serrallo con el harem. +Serrallo es simplemente un palacio: sólo el harem (_lugar sagrado_) es +el departamento destinado á las mujeres. + +Este extremo de Stambul forma una altura desde la cual se abarca el más +asombroso de los panoramas. Á un lado la azul extensión del mar de +Mármara, infinita á la vista, con las deliciosas islas de Prinkopo, que +parecen inmóviles bajeles, de casco sonrosado y velas verdes: enfrente +la ribera asiática de montañas rojas, con el Bósforo que oculta en sus +revueltas los veleros de blancas lonas y los buques modernos de negro +penacho: al lado opuesto, Constantinopla, extendiendo en pendiente su +caserío por ambas riberas del Cuerno de Oro, que tiene sus aguas casi +invisibles bajo los cascos de toda una ciudad flotante. + +En esta colina, que avanza como un cabo, estuvo situada la acrópolis de +la antigua Bizancio. Aquí, el maravilloso palacio de la emperatriz +Placidia, las mansiones de los personajes más importantes del imperio, +las termas de Arcadio, la iglesia de la Madre de Dios Hodégetria +(conductora de los ciegos) y el alcázar de los emperadores bizantinos, +monumento de monstruosa grandeza, mezcla de harem y de convento, donde +las vastas salas destinadas á la orgía y á la muerte estaban decoradas +con escenas bíblicas sobre fondos de oro. + +Cuando Mohamed II conquistó Constantinopla, sus construcciones de gusto +oriental se elevaron sobre los escombros de los palacios del vencido, y +en esta colina vivieron los _Padichás_ hasta los primeros años del siglo +XIX. Los motines de Constantinopla y las amenazas de la milicia de los +jenízaros, hicieron levantar el campo á Mahmoud II. El Serrallo era una +vivienda demasiado grande para que el Comendador de los creyentes +pudiese subsistir con entera seguridad. Enclavada en el corazón de +Stambul, dominadas sus murallas por edificios pegados á ellas, el pueblo +sublevado ó los pretorianos descontentos podían invadirlo con gran +facilidad. El sultán abandonó el antiguo Serrallo en 1808, trasladándose +á la otra ribera del Cuerno de Oro, y desde entonces los emperadores +viven en plena campiña, apartados de su ciudad y rodeados de un pueblo +fiel de guardias y cortesanos que ellos mismos se forman. + +Sólo algunas sultanas viejas, con su corte olvidada y pobre de parientas +del emperador, viven como monjas en los abandonados palacios del antiguo +Serrallo. + +Éste se halla dividido en tres partes: los jardines, el Patio de los +Jenízaros y los palacios ó kioscos esparcidos caprichosamente en la +meseta de la colina. Los jardines son viejos, con todo el encanto de la +vegetación secular abandonada á la libre expansión de sus fuerzas; +terrazas en escalones con enormes cipreses ó seculares plátanos; rosales +que crecen y se enmarañan como bravías malezas, y en medio de este +oleaje de verde sombrío, kioscos de simples líneas y amarillenta +blancura. Un cinturón de murallas rojas, con puntiagudas almenas y +gruesos torreones, cierra el recinto del Serrallo, como una ciudad +aparte dentro del antiguo Stambul. + +Lo más notable que encierra es el tesoro de los sultanes, la colección +de riquezas históricas de estos soberanos del fabuloso Oriente, que +conquistaron Bagdad y guerrearon con la opulenta Persia. Para visitarlo +se necesita una invitación del sultán, y aun así la visita no está al +alcance de todos. Yo mismo, después de recibir la invitación, tuve que +aguardar durante muchos días la oportunidad de que otros viajeros +sintiesen el mismo deseo. + +Para visitar el Tesoro se moviliza en el antiguo palacio un verdadero +ejército de criados, funcionarios de corte, ayudantes del sultán, pachás +depositarios de las llaves, soldados de la guardia, en total unos +trescientos hombres, y como en Turquía es natural y corriente la +costumbre del _batchis_ ó propina, y nadie cree envilecerse tomándola, +la tal visita cuesta unos setecientos francos, y los viajeros, para +realizarla, se reunen, poniéndose á escote. + +Dos personajes de Rumania venidos á Constantinopla para una conferencia +con el gobierno turco sobre las minas de petróleo, recibieron la +invitación de visitar el Tesoro al mismo tiempo que yo, y junto con +ellos y sus esposas, entré en este depósito de fabulosas riquezas, á las +tres de la tarde, precedido de una doble fila de eunucos negros y +personajes pálidos de espesa barba y ojos tristes, todos con levita +_stambulina_ y gorro rojo, marchando con la frente baja y las manos +cruzadas sobre el vientre. + +Así atravesamos el extenso Patio de los Jenízaros, pasando bajo la +Puerta Augusta, un arco de mármol blanco y negro con columnas de jaspe +verde. Á cada lado de la puerta hay un nicho que aun conserva señales +de escarpias. De estas escarpias se colgaban para terrible ejemplo las +cabezas de pachás cortadas por orden del Gran Señor. + +Nuestros conductores nos entran en un kiosco blanco, cuyos grandes +ventanales dan sobre una terraza que domina la entrada del Bósforo. Una +alfombra sedosa de finos colores, ámbar y rosa, se hunde bajo nuestros +pies. Grandes espejos nos reflejan con toda nuestra escolta de empleados +palatinos y negros eunucos. Los muebles (¡oh anacronismo!) son de estilo +Luis XV, aunque enormes y en extremo dorados, como para satisfacer el +gusto oriental, amigo de exuberancias. Desde la terraza se admira el +agua azul y mansa que bate silenciosamente el pie de la colina del +Serrallo. La roca, casi cortada á pico, da al Bósforo en este lugar una +gran profundidad: cien metros, ¡Los misterios que guarda esta superficie +límpida, débilmente rizada por la brisa que viene del mar de Mármara, y +en la que tiemblan como pedazos de espejo los suaves rayos del sol de la +tarde!... Aquí caían en el eterno misterio, con una piedra al cuello, +los hermanos de los sultanes, estrangulados para evitar á Turquía una +guerra civil; aquí desaparecían para siempre los pachás ambiciosos y en +desgracia; aquí acababan las perfumadas sultanas y las odaliscas de +voluptuosos ojos, sospechosas de infidelidad, cosidas dentro de un saco +de cuero, antes de rodar á las tenebrosas profundidades. + +Entran nuevos criados en el kiosco, portadores de grandes bandejas +cubiertas de tapices de seda con bordados de oro. Es el obsequio del +sultán á los extranjeros que visitan su antigua residencia. + +El maestro de ceremonias tira de las ricas envolturas. Dos eunucos +sostienen una bandeja de bronce cincelado, enorme como un escudo, y en +ella se yergue majestuosa una compotera de cristal y oro llena de +confituras de rosas y flanqueada de cucharillas del mismo metal. Es el +eterno presente de toda visita turca. Un criado circula una bandeja con +vasos de agua y tras él llega otro con un gran incensario dorado lleno +de brasas, en el que humea una cafetera. Las minúsculas tacitas de +porcelana persa se llenan de café espeso como pasta, y el perfume +intenso del negro y delicioso brebaje se une al olor de rosa que +impregna el ambiente. El maestro de ceremonias manda ofrecer los +cigarrillos de dorada boquilla, y todo el grupo de invitados, hombres y +mujeres, sentándonos en divanes de rayada seda, contemplamos durante un +cuarto de hora las espirales de humo en los cuadros de puro azul (azul +de cielo y azul de mar), á los que sirven de marco las ventanas del +kiosco. + +Otra vez en marcha, precedidos de la procesión de servidores de negra +levita y gorro rojo, que parece haber aumentado considerablemente. Son +ya más de cien. + +Atravesamos un patio extenso, ó más bien una llanura cerrada por un +sinnúmero de claustros, kioscos sueltos y palacios ruinosos, en los +cuales se abren los muros bajo el peso de los siglos, de los mantos de +hiedra y de las parras trepadoras. + +Junto á una puerta de arco, y bajo un porche de tejas viejísimas, +cubiertas de moho y desunidas por las raíces de plantas parásitas, están +formados los soldados de una compañía de infantería, en cuatro filas, +dos á cada lado del espacio por el que debemos pasar. Un oficial de +marina con cordones de ayudante avanza hacia nosotros, una mano en la +empuñadura del sable y la otra en el fez, saludando con una rigidez +alemana. Puesto que somos europeos é invitados del sultán, +indudablemente debemos ser grandes personajes en nuestro país. Los +soldados, al pasar nosotros, lanzan el rugido de ordenanza, elevando sus +fusiles y presentándolos. Después vuelven á aullar con unidad atronadora +y los dejan caer al mismo tiempo, conmoviendo con las culatas las viejas +losas, en cuyos intersticios crece la hierba. + +Estamos en la entrada del _Hasné_, del famoso Tesoro, puerta venerable +de cedro, roída por los años, con clavos oxidados y cerraduras que +parecen olvidadas durante siglos y de imposible funcionamiento. Junto á +ella aparecen nuevos personajes como si surgiesen de la tierra. Son +viejos pachás de miembros trémulos y barbillas blancas, arrugados +personajes con el paño del dorso de la levita tirante sobre la +curvatura de la espina dorsal. Cada uno saca su llave pesada y +brillante; se abre con estridente _cric-cric_ un enorme candado, giran +con doloroso gemido los pernos de las cerraduras y se quejan los +cerrojos al ser arrancados de la inmovilidad de su sueño. Los +respetables gnomos del Serrallo van de un lado á otro trabajando en su +penosa obra, y al fin giran chirriantes las hojas de cedro en el +silencio conventual del Serrallo, y de la penumbra surge una bocanada de +aire húmedo y espeso, una respiración de lugar cerrado, de antigua +bodega. + +Todos los criados que nos preceden entran apresuradamente, mientras +nosotros, contenidos cortésmente por el ayudante y el maestro de +ceremonias, permanecemos en la puerta. Se oyen sus precipitadas carreras +en el interior, el roce de sus sordas babuchas, la rápida confusión del +grupo que penetra de golpe y se desgrana inmediatamente, encontrando +cada cual el sitio que tiene designado con anticipación. + +Cuando entramos, cada mesa, cada vitrina, ofrece como nuevo adorno una +pareja de hombres inmóviles, tan inmóviles como las estatuas y los +maniquíes que contiene el Tesoro, las manos sobre el vientre y sin +respirar apenas, pero que os siguen con ojos fijos en todas vuestras +evoluciones. Imposible moverse sin tropezar con ellos. Se adosan á los +descansos de las escaleras, se introducen en el hueco entre armario y +armario, se empequeñecen y disimulan para no ocultar con su cuerpo la +vista de ningún objeto, pero ni por un instante podéis encontraros más +allá del fuego cruzado de sus miradas. + +Todos los visitantes deben ser excelentes personas, ya que el Comendador +de los creyentes los honra con su invitación, pero los pachás +guardadores del Tesoro conocen el impulso tentador de Eblis y demás +potencias infernales, y desconfían de la codicia del hombre y de la +demencia de la mujer ante el oro que embriaga y la piedra preciosa que +enloquece. + +¡El Tesoro del sultán, dueño desde hace siglos de la prodigiosa Bagdad! +¡La colección de riquezas de este heredero de _Las mil y una noches_!... + +Al abarcar con la vista el amontonamiento de objetos preciosos, +experimenté una profunda decepción. Los objetos están guardados como en +un museo europeo, pero las vitrinas palidecen bajo el polvo, y los +vidrios se enturbian, dando á todo un aspecto de pobreza y falsedad. +Ocurre aquí como en los tesoros de las catedrales católicas, donde los +siglos y la inercia dan al oro un tono miserable de cobre, y convierten +los diamantes en vidrio y las perlas en gotas de cera. + +El Tesoro del sultán (que no ha visto nunca el sultán actual ni +visitaron jamás muchos de sus antecesores) parece una enorme tienda de +anticuario, abandonada. Hasta los vidrios de las ventanas están rotos en +parte, y las goteras del techo hacen caer en grandes desconchados el +enlucido del cielorraso. Polvo, telarañas y vejez por todas partes. + +Este abandono y la enormidad absurda de las riquezas que contiene, hacen +dudar en el primer momento del valor del Tesoro. + +--¡Todo mentira!--murmuran en nuestro interior la malicia y la +desconfianza--. ¡Baratijas orientales para deslumbrar al pueblo de otros +siglos! Esto no es posible: es demasiado sobrehumano para que pueda ser +verdad. + +Y sin embargo, es verdad, por más que la razón se subleve ante lo enorme +de semejantes riquezas. Por algo los poetas de todos los tiempos, cuando +han querido cantar magnificencias fabulosas, han vuelto sus ojos á +Oriente. + +Un trono es el primer objeto que se encuentra al entrar en el Tesoro; un +trono para descansar en él con las piernas cruzadas, bajo y casi tan +grande como un lecho. Lo robaron los turcos á los persas en el siglo +XVI, durante la guerra del sultán Selim contra el sha Ismail. Es de oro +macizo, y sus cortas patas, al descansar en el suelo, dan una sensación +de ruda pesadez. El precioso metal sólo es visible en pequeñísimos +espacios. Un mosaico de fina labor, formado con riquísimos materiales, +cubre todas sus caras, hasta las que son poco visibles, como la parte +inferior del asiento. Son millares y millares de perlas, de esmeraldas, +de rubíes, todos de igual tamaño, que se repiten formando flores y +hojas. La razón, que parece rebelarse ante tanta magnificencia y duda de +su autenticidad, sólo se convence tras largo examen de la riqueza de +este mueble. + +En otra sala se encuentra el verdadero trono de los sultanes, semejante +á un púlpito de musulmán. Es á modo de una garita de ébano, dentro de la +cual se sentaba el _Padichá_ con las piernas cruzadas. De cada ángulo +del asiento se levanta una columna sosteniendo el techo en forma de +cúpula, y en el centro de ésta se eleva un joyel de inverosímil +magnificencia, un ramillete de diamantes tan enormes, que parecen +simples pedazos de empañado cristal. Todo este pequeño edificio de ébano +y sándalo está incrustado de nácar, concha, plata y oro. Por todas sus +caras interiores y exteriores corre un dibujo de plantas fantásticas en +nácar, y el centro de cada flor está formado de grandes cabujones de +rubíes, esmeraldas, zafiros y perlas. En su interior pende del techo una +cadena de oro que venía á caer sobre la cabeza del sultán. La cadena +sostiene un corazón también de oro y de éste cuelga una esmeralda de +forma irregular, pero de un tamaño inaudito, gruesa de cinco centímetros +y grande como una mano abierta. + +¡Las esmeraldas del sultán! Después de visitar el pabellón del Tesoro se +hace igual caso de esta piedra preciosa que de los guijarros de un +camino. + +Apenas se entra, el maestro de ceremonias os lleva ante una vitrina, +donde sobre el fondo de terciopelo polvoriento se ven tres pedruscos +planos de un verde obscuro, algo así como tres adoquines de vidrio +opaco. ¡Son esmeraldas!... Las tres más grandes que existen en el mundo. +Una de ellas pesa cerca de tres kilos. + +Y á lo largo de las otras vitrinas empieza el aturdidor espectáculo de +las riquezas amontonadas por el heredero de _Las mil y una noches_: +armas que son verdaderas joyas; yataganes y grandes sables con la vaina +cubierta de perlas y rubíes y la empuñadura formada de brillantes y +esmeraldas: armaduras antiguas de gruesas placas de oro, con dibujos de +brillantes y topacios; telas de seda de brocado y terciopelo, en cuyo +bordado se mezclan con los brillantes hilos centenares y miles de +piedras preciosas; vasos de cristal de roca, de jade, de onix; copas y +frascos de cincelado oro persa; joyas indias de sutil labor; cofrecillos +de menudas incrustaciones en maderas perfumadas ó ricos metales, que +reproducen escenas al borde del Eufrates, en las riberas del Ganges ó +sobre las mesetas del Isphan llenas de rosas, donde cantaron los poetas +Shadi y Ferdussi. + +Una gualdrapa de caballo (la del corcel favorito de los antiguos +sultanes) llena todo el fondo de una vitrina. Tiene dos metros y medio +de ancha y casi tanto de larga. Es de terciopelo carmesí y está bordada +con miles de perlas, todas exactamente del mismo tamaño, que es el de +un garbanzo grueso. El color de la tela apenas se deja entrever como un +rojo arabesco entre el apretado mosaico de granos preciosos. + +La armadura que Mourad IV llevó á la toma de Bagdad en el siglo XVII, +deslumbra majestuosa frente á dos ventanas. Es una cota de mallas de oro +con placas damasquinadas, y á su lado está la cimitarra, con la guarda y +el puño cubiertos de brillantes en forma de tablero de ajedrez, todos de +la misma dimensión y de trece milímetros de grueso. + +En una galería superior está lo más interesante del Tesoro: las +vestiduras de gala, los trajes de aparato de los antiguos sultanes, +desde Mohamed II, que conquistó Constantinopla, hasta Mahmoud, que murió +en 1839. Estas vestiduras están puestas sobre maniquíes, sin cabeza, +coronadas por un turbante de aparato, enorme como un globo. Cada +turbante está rematado por un penacho sujeto con un joyel magnífico, y +en la faja de todo maniquí luce un puñal, que es obra maestra de +cincelado y un alarde de fantástica riqueza. Los hay que parecen +trabajados por Benvenuto Cellini. La empuñadura de una daga está formada +de una sola esmeralda. Otra se compone simplemente de cinco brillantes: +dos en cada cara del puño y el restante sirviendo de pomo. + +La profusión de pedrerías sobre las armas y en los penachos de los +turbantes, deslumbra y confunde. Uno de los joyeles que retienen estos +ramilletes de plumas, está formado de dos esmeraldas y un rubí, que +tienen pulgada y media de gruesos. Las túnicas son de brocado magnífico, +tan cubierto de bordados y de oro, que pueden sostenerse derechas sin el +apoyo interior del maniquí. Las fajas de rica seda, sustentan los +puñales, y cada uno de ellos representa una enorme fortuna; maravillosos +símbolos de la majestad de estos soberanos, para los cuales era la daga +lo que el cetro para los monarcas de Occidente. + +La larga fila de sultanes, inmóviles y sin cabeza, cubiertos de las +mayores magnificencias de la tierra, encierra la historia del pueblo +turco. Dentro de estas rígidas y deslumbrantes túnicas vivieron hombres +respetados como dioses, que se hacían obedecer desde las orillas del +golfo Pérsico hasta los muros de Viena y obligaban á temblar á toda la +cristiandad, en perpetuo escalofrío de miedo, turbando el santo reposo +del Vicario de Cristo. + +La imaginación, entre estas vestiduras pesadas y deslumbrantes como +corazas y los hinchados turbantes faltos de cabeza, evoca rostros +barbudos y morenos, de picuda y ancha nariz, de ojos sensuales é +imperiosos. Bastaba un gesto de estas caras entristecidas por el exceso +de poder y las harturas del harem, para que centenares de galeras +aparejasen en el Cuerno de Oro y miles y miles de arqueros negros y +jinetes turcos emprendiesen la marcha por las riberas del Danubio, +queriendo llegar conquistadores hasta sus fuentes. + +«¡Que baja el turco!», gritaba pavorosamente la cristiandad desde Viena +á Lisboa, desde Cádiz á Londres, y la vida pacífica quedaba en suspenso, +y las naves mercantes de Venecia, Génova y España convertíanse en barcos +guerreros, haciéndose á la vela para salir al encuentro del enemigo en +los mares de Grecia, y los monarcas de Europa alistaban ejércitos, y el +continente entero quedaba inmóvil, en angustiosa espera, sin saber +ciertamente si había llegado su última hora ó si tendría aún derecho á +seguir existiendo. + +Los hechos que en la historia parecen más lejanos y faltos de relación, +están unidos por el misterioso engranaje, generador del movimiento de +avance que desde hace siglos empuja á la humanidad. Sin los sultanes de +Constantinopla, fanáticos koranistas ansiosos de someter Europa entera á +la ley del Profeta, la Reforma religiosa iniciada por Lutero habría +perecido, lo mismo que otros intentos anteriores, y tal vez el Norte +europeo seguiría á estas horas con la conciencia sometida al gran +sacerdote de Roma. + +Los reyes católicos de Europa (especialmente nuestro Carlos V), á +instigaciones del Papa, hubiesen acabado por entrar á sangre y fuego en +Alemania, sometiendo con mano férrea á los pequeños señores germánicos +partidarios de la nueva doctrina, como siglos antes habían sido +vencidos los provenzales heréticos y los húngaros entusiastas de Huss. +Pero el miedo al turco no dejaba espacio para pensar en esto. El peligro +exterior no permitía al catolicismo ocuparse de los asuntos internos de +su casa. Como si los déspotas de Oriente estuviesen de acuerdo con los +partidarios de la Protesta religiosa, cada vez que los soberanos +europeos, á impulsos de una paz momentánea, volvían los ojos hacia el +hogar de la herejía, en Constantinopla se armaba una nueva expedición y +el grito pavoroso corría por todo el continente: «¡Que baja el turco!» + +La cristiandad necesitaba combatientes, Alemania era un plantel +inagotable de soldados, y el Papa y los monarcas católicos, para salir +del peligro inmediato, procuraban no ver la rebelión espiritual del país +que les ayudaba en la santa empresa militar de impedir los avances de +los infieles. Cuando el turco, escarmentado en Lepanto y en las llanuras +del centro de Europa, ya _no bajó_ más, era tarde para el catolicismo +romano. La herejía, fácil de matar en la cuna, había crecido +desmesuradamente. La necesidad de hacer frente al turco costó á Roma la +pérdida de media Europa. + + * * * * * + +Salgo del Tesoro con un deslumbramiento en los ojos, con el mareo de una +borrachera de riquezas. Dentro del pabellón vetusto se pierde la noción +del valor de las cosas. La retina, habituada al brillo del oro y al +centelleo de las piedras, como si esto fuese un espectáculo ordinario, +experimenta una gran extrañeza al reflejar la desnuda miseria que existe +fuera del pabellón. + +Tardo un buen rato en volver á la realidad al salir del _Hasné_. En los +primeras momentos me extraña que los fusiles de los soldados formados +junto á la puerta no sean de oro; que sus tristes y viejos uniformes no +estén rígidos, bajo una capa de preciosos bordados, como las túnicas que +quedan allá dentro; que la hierba de las losas no esté formada de +esmeraldas, y que no sean brillantes las gotas de agua que cantan y +ruedan en un tazón al final del patio. + +Al fin logro serenarme, y me habitúo al nuevo ambiente, como el que pasa +de un salón iluminado con vivas luces á una callejuela lóbrega. ¡Adiós, +esplendores absurdos, riquezas turbadoras é inauditas de _Las mil y una +noches_, que quedáis invisibles, sumidas en el polvo y la penumbra, tras +la venerable puerta de cedro que vuelven á cerrar los gnomos de barbilla +blanca, con chirridos de herrumbre!... Sólo el recuerdo me llevo de +vosotros, pero juro que en adelante no habrá escaparate parisién de la +_rue de la Paix_ que me haga detener el paso con asombro, y que sonreiré +como hombre que está en el secreto cuando en noches de gala vea en la +Grande Opera ó en el Real de Madrid el desfile de la centelleante +pedrería sobre los hombros desnudos. + +En el centro del patio del Tesoro vemos el _Kafess_, un kiosco enrejado, +una prisión que casi es una jaula, dedicada antiguamente á los hermanos +de todo sultán, príncipes infelices, esclavos de la razón de Estado, que +así habían de vivir para no turbar el sueño del soberano con amenazas de +rivalidades. Esta prisión en pleno Serrallo casi resultaba para ellos +una felicidad. Peor era que un día su augusto hermano, no satisfecho del +encarcelamiento, les hiciera cortar las arterias, colocando después unas +tijeras junto al lecho ensangrentado para hacer creer en un suicidio. + +Al otro lado del patio del Tesoro está la sala del Trono, el famoso +_Diván_. Aquí recibían los sultanes á los embajadores de la cristiandad, +bajo un techo, que aun subsiste, de dorados arabescos. En el fondo de la +sala está el trono, en forma de diván, lecho enorme con un toldo de +viejo terciopelo sostenido por columnas incrustadas de piedras +preciosas. Existe una ventana enrejada junto al _Diván_, y tras ella +escuchaba el _Padichá_ á los embajadores, que ocupaban una pieza +inmediata. Merced á tal precaución, los sultanes, que vivían en continuo +miedo al asesinato, y las más de las veces no acababan sus días en la +cama, creíanse á cubierto de una agresión de parte de los enviados +extranjeros, á los que apenas conocían. + +Cerca de la ventana hay una fuente. El sultán, apenas comenzada la +entrevista, la hacía correr, y el murmullo del agua ensordecía y apagaba +la conversación para que no la oyesen los familiares de los dos +séquitos. + +¡Los caprichos de estos déspotas, ahítos de poder, y semejantes en sus +bromas terribles á los emperadores romanos de la decadencia!... + +Cierto día un duque francés, embajador de Luis XIV, fué admitido como +gran honor en el mismo salón del Trono, manteniéndose de pie ante el +diván en el que estaba tendido el _Padichá_. + +--Mira lo que tienes al lado--dijo el déspota sonriendo, con una malicia +infantil en la mirada. + +El embajador miró á la derecha, miró á la izquierda, y sin la más leve +emoción, continuó el discurso, exagerando más aún su actitud rígida y +tranquila. + +Dos fieros leones estaban junto á él, frotando la melena alborotada +contra sus piernas, rugiendo de extrañeza, mirando al intruso y mirando +á su amo, como si sólo esperasen un ademán de éste para caer sobre él. +El sultán experimentó una gran decepción al no poder divertirse con el +miedo del extranjero. El embajador terminó su conferencia y salió +dejando aturdidos á todos con su serenidad. + +Un héroe el tal embajador: un diplomático que sabía sobreponerse á las +terribles emociones. Pero después, al llegar al palacio de la embajada, +cuenta el duque modestamente en sus Memorias que se apresuró á +despojarse de la vistosa casaca cubierta de condecoraciones y bandas, +que se quitó los calzones de terciopelo... y llamó á la lavandera, para +entregarla su ropa interior. + + + + +XXVI + +Santa Sofía + + +Estoy en el gran patio de la mezquita «Aya Sophia» (la famosa Santa +Sofía de los bizantinos), sentado bajo las ramas de un plátano +venerable, ante una mesilla en la que humean dos tazas de café, y +aspirando el perfume de sándalo de un rosario musulmán que acabo de +comprar á un mercader sirio. + +Á mi lado está Nazim-Bey, joven capitán de caballería que ha viajado por +toda Europa, y ostenta sobre el pecho los cordones de oro de los +oficiales del cuarto militar del emperador. + +¡Lo que me costó entrar en Santa Sofía!... Todos los viajeros que han +visitado Constantinopla hasta hace unos meses, han podido verla con +entera libertad. «Aya Sophia» estaba abierta á todo el mundo, como las +demás mezquitas. Pero una comisión de jefes del Yemen, árabes fanáticos, +habituados á la vida de los desiertos arenales, que no entienden de +relaciones internacionales y desprecian á los infieles, vino á +Constantinopla á visitar al _Padichá_, y al entrar en la más famosa de +las mezquitas, todos ellos se indignaron viendo el poco respeto con que +la frecuentaban los cristianos, viajeros en su mayoría, que iban de un +lado á otro hablando fuerte y con el _Baedeker_ en la mano. + +Pocos extranjeros entrarán ya en ella. El sultán, para dar gusto á los +revoltosos jefes del Yemen, ha prohibido el acceso á los infieles, y yo +tuve que invertir más de quince días en ruegos, visitas y gestiones casi +diplomáticas para visitar la famosa mezquita. ¡Irse de Constantinopla +sin conocer Santa Sofía!... Al fin, una tarde, á la hora en que escasean +los fieles en el templo, y acompañado de un ayudante del sultán, pude +entrar en la antigua basílica. + +Sentados en un cafetucho del patio, junto á las fuentes de abluciones, +que chorrean incesantemente, aguardamos á que un servidor del templo nos +avisase el momento más propicio para la visita, después de la salida de +ciertos devotos rezagados y antes que los _muezines_ se asomaran á los +balconcillos de los cuatro alminares llamando á los fieles á la oración +de la tarde. + +Por fin, entramos... ¡Inolvidable impresión! No todos los días puede +pisarse un pavimento fabricado por hombres que vivieron hace mil +cuatrocientos años; no se respira con frecuencia bajo unas bóvedas que +cuentan catorce siglos de antigüedad. + +Inútil es describir Santa Sofía. Su atrevida cúpula, agujereada por +estrechas é innumerables ventanas, sus nobles y grandiosas proporciones, +sus tribunas sostenidas por columnatas de jaspe verde, y desde las +cuales se ven como enormes insectos pender sobre el suelo las lámparas, +los huevos de avestruz y demás adornos de la religiosidad musulmana, son +conocidos en todo el mundo. El grabado antiguo, la fotografía y la +tarjeta postal han popularizado el interior de este monumento, que es el +más antiguo de la cristiandad europea, y puede ser llamado el Partenón +del arte bizantino. + +La luz que penetra por las ventanas de la cúpula toma una densidad +amarillenta de ámbar. La capa de pintura con que han cubierto los turcos +las imágenes de los muros, contribuye á colorar el ambiente de este tono +suave. La repugnancia religiosa de los musulmanes á toda representación +de la forma humana, ha borrado los deslumbrantes mosaicos bizantinos, en +los cuales santos y emperadores de rostro puntiagudo y miembros +alargados, destacábanse con rigidez hierática sobre un fondo de oro. + +Es el único vandalismo que se han permitido los otomanos. Las hermosas +columnas, los arcos de graciosa majestad, los huecos de las capillas, +las balaustradas de jaspe, todo se mantiene lo mismo que en tiempo de +los emperadores de Bizancio. La costra de pintura amarilla se ha caído +en algunas partes del muro, y el mosaico antiguo brilla con una luz mate +y discreta, como una venerable armadura de oro al través de los +desgarrones de una capa vieja. Unos cartelones verdes de diez metros de +diámetro, con inscripciones gigantescas en honor de Alláh, y cuatro +ángeles pintados en el arranque de la bóveda, son todos los adornos que +el arte turco ha osado añadir al templo erigido por Justiniano. Los +ángeles son convencionales. Cada uno de ellos está representado por +cuatro alas en forma de rueda. La pintura musulmana no puede ir más +allá. + +Un interminable susurro, un batir incesante de plumas, llena el ambiente +ambarino y crepuscular de la mezquita, uniéndose al crepitar de las +lámparas y á la cantinela monótona de los aprendices eclesiásticos, que, +encogidos sobre las rodillas, balancean el cuerpo cantando de memoria +_suras_ enteras del Korán, mientras un efebo, con el libro entre las +piernas, sigue con la mirada el texto, para corregir el más leve olvido. +Centenares de palomos obscuros, con plumas de metálicos reflejos, +aletean en las bóvedas, descansan en capiteles y cornisas, ó descienden +hasta las cabezas de los fieles, inmóviles como estatuas en su oración, +posándose por unos instantes en sus brazos. Con frecuencia abandonan +desde lo alto sus superfluidades digestivas, y los servidores de la +mezquita tienen que limpiar continuamente la fresca estera del +pavimento, sobre la cual marchan los fieles descalzos y con los pies +limpios, para que después el buen creyente, al prosternarse, pueda +besarla sin contagio alguno. + +Ocurre en este grandioso monumento, al contemplarlo por primera vez, lo +que en San Pedro, de Roma. La vista lo abarca todo sin extrañeza alguna. +Un templo poco más grande que los otros... y nada más. Sólo cuando se +avanza, y la perspectiva va prolongándose á cada paso, es cuando se da +cuenta el visitante de la enormidad de proporciones que van surgiendo de +esta armonía general. Lo que de lejos parecían esbeltas columnas, son +troncos enormísimos de piedra, junto á los cuales el hombre se iguala á +la hormiga: las distancias entre una arcada y otra se prolongan +mágicamente, como si el templo fuese creciendo y estirándose á cada paso +que se avanza. + +La antigua basílica es enorme, abrumadora, soberbia, y sin embargo, da +una impresión dulce, de suave ligereza. + +Su historia es tan accidentada como la de una nación. + +Santa Sofía no fué elevada en honor de una santa de este nombre, como +muchos creen. _Sancta_ _Sophia_ es una invocación á la Santa Sabiduría, +y en honor de la Sabiduría divina elevó Constantino la primera basílica, +en el mismo lugar que ocupa la actual. Cien años después la quemó el +populacho, creyente y revoltoso, excitado por el destierro de San Juan +Crisóstomo. Teodosio II la volvió á construir, y en 532 la incendió de +nuevo el pueblo de Bizancio, amotinado esta vez, no por un santo, sino +por una cuestión de Circo, el motín de los _Victoriatos_, en los +primeros tiempos de Justiniano. + +Fué este emperador legista, manso marido de la interesante Teodora, +mezcla de voluptuoso tirano oriental y austero teólogo, quien creó el +monumento que aun hoy subsiste, y que vivirá siglos y siglos. + +Quiso en sus ambiciones de gloria que el templo á la Santa Sabiduría +fuese «la obra más magnífica que se hubiese visto después de la +creación», y en todas las partes del vasto imperio de Oriente hizo +recoger los materiales más preciosos: mármoles, columnas y esculturas. +Los monumentos de la antigüedad griega fueron saqueados. Éfeso le envió +las columnas de jaspe verde de su famoso templo de Diana; Roma, las que +había robado del templo del Sol en Heliópolis, é igualmente fueron +puestos á contribución los santuarios de Atenas, Delos, Cizica é Isis y +Osiris, en Egipto. Dos arquitectos griegos, los mejores de la época, +Antemio de Tales é Isidoro de Mileto, se encargaron de la dirección de +los trabajos; pero la credulidad popular, ansiosa de lo maravilloso, +propaló que un ángel había entregado á Justiniano los planos del +monumento con el dinero necesario para construirlo. + +Diez mil obreros, dirigidos por cien maestros alarifes, trabajaron á la +vez. Una capa de betún de veinte varas de espesor, que llegó á adquirir +la dureza del hierro, sirvió de base al edificio. Los alfareros de Rodas +hicieron los ladrillos para la bóveda de una tierra tan ligera, que doce +de ellos no llegaban á pesar lo que un ladrillo ordinario. Todos ellos +llevaban una inscripción: «Es Dios quien me ha fundado y Dios me +socorrerá.» + +La construcción fué una mezcla de esfuerzos arquitectónicos y ceremonias +religiosas. Los sacerdotes bendecían los materiales, acompañaban con +plegarias la erección de cada columna, y al elevarse los muros, los +albañiles introducían en la argamasa huesos de santos y otras reliquias. + +Sumas inmensas se consumieron en este alarde arquitectónico, y +Justiniano se vió en los mayores apuros, y recurrió á los medios más +criminales para conseguir dinero y terminar la casa de la Santa +Sabiduría. Por fin, en 537 la obra quedó acabada. Después de una marcha +triunfal por el Hipódromo, con todo el esplendor de su corte bizantina, +y de pródigas distribuciones al populacho, hambriento de pan y ahíto de +disputas teológicas, Justiniano inauguró el monumento. + +--¡Gloria á Dios, que me ha juzgado digno de terminar esta obra!--gritó +al entrar--. ¡He vencido á Salomón! + +Catorce días duraron las plegarias, los festines públicos y las +distribuciones de dinero. + +La Santa Sapiencia vivió siglos en una relativa tranquilidad, sin otros +accidentes que los que sufren los monumentos gigantescos, eternos +enfermos necesitados de cuidados y reparaciones. Toda la vida del +imperio de Bizancio se reconcentró en ella. Bajo sus bóvedas se +consagraron aquellos emperadores que se asesinaban unos á otros, se +sacaban los ojos, ó degollaban en masa á sus súbditos, por si el Hijo +era igual al Padre, y otras sutilezas teológicas, que tomaron el +carácter de verdaderos programas políticos. + +El día que los turcos sitiadores acabaron por penetrar en +Constantinopla, una muchedumbre de sacerdotes, mujeres y combatientes +fugitivos se amontonó en la santa basílica, que tenía ya cerca de mil +años de antigüedad. El caudillo victorioso entró á caballo hasta el +altar mayor, y gritó agitando su cimitarra: «No hay más Dios que Dios, y +Mohamed es su Profeta.» + +¡Se acabó la Santa Sapiencia! Las cruces rodaron por el suelo, los +sables se enrojecieron hundiéndose en la muchedumbre cristiana, y el +saqueo y la matanza dentro de la basílica duraron tres días. + +En el momento de la entrada de los turcos, un sacerdote celebraba la +misa, y huyó del altar con el sagrado cáliz, desapareciendo por una +puertecilla practicada en una de las galerías. Inmediatamente la puerta +se cerró milagrosamente, con una pared de piedra que nadie pudo +distinguir del resto del muro. El día que Santa Sofía sea devuelta al +culto cristiano y los turcos huyan expulsados de Constantinopla, volverá +á abrirse la puerta y el mismo sacerdote acabará su misa interrumpida. + +Esto lo sé por mi guía Stellio, un honrado griego, verídico y creyente, +que me acompaña á todas partes, discurriendo el medio más rápido y +seguro para extraer el dinero de mis bolsillos. + +Los historiadores de Santa Sofía dicen que esto es una leyenda; pero +Stellio se ríe de su ignorancia. + +Todas las viejas del barrio del Fanar, residencia de las antiguas +familias griegas, piden á Dios que no las llame á su seno sin haber +visto antes á ese pobre sacerdote, que aguarda entre paredes, durante +cuatro siglos y medio, el momento de terminar su misa. + + + + +XXVII + +El Papa griego + + +El barrio del Fanar es Bizancio que se sobrevive. Los griegos, antiguos +señores de la gran ciudad, se refugiaron en este barrio después de la +conquista turca, y allí continúan, en viejos palacios adosados á +murallas medio derruídas del tiempo de los Paleólogos. + +Los guerreros bizantinos se hicieron comerciantes después de la derrota, +ó mejor dicho, continuaron siéndolo, pues en tiempo de su imperio +siempre fueron mercaderes, dejando la defensa de su país confiada á +bravos mercenarios comprados en Asia ó en Bulgaria. + +La fama de los comerciantes _fanariotas_ ha sido universal. Durante +siglos, el oro de todo el mundo se amontonó en este barrio del Fanar. +Los turcos belicosos, ocupados en hacer la guerra á la cristiandad, +dejaron á los griegos, vencidos y astutos, el manejo de sus riquezas, y +el _fanariota_ fué el intermediario entre Asia y Europa, el mercader de +los objetos preciosos de Oriente, y al mismo tiempo el proveedor y +prestamista de sus señores otomanos. Este barrio del Fanar ha sido +durante siglos una Venecia, una Génova, de poderoso movimiento +comercial. Una gran flota mercante movíase en los mares de Oriente y en +todo el Mediterráneo, siguiendo las inspiraciones de sus mercaderes. El +Cuerno de Oro, que lame con sus aguas las piedras verdosas de los +edificios del Fanar--palacios obscuros con balcones bajos, que casi se +tocan con la cabeza--, veíase cortado incesantemente por las galeras que +llegaban de las escalas de Siria y el Mar Negro y partían hacia los +puertos de Nápoles y Marsella. + +Hoy el Fanar está solitario y tranquilo. Junto á sus muelles no se ven +más que viejas barcazas en reparación, y enfrente, al otro lado del +brazo de mar, los navíos de guerra turcos, los buques antiguos que +sirven de pontones, y el palacio del Almirantazgo rodeado de las +innumerables construcciones del Arsenal. Mas los _fanariotas_ aun viven +tan ricos y poderosos como en otros tiempos. Los nuevos puentes que +dificultan la navegación en el Cuerno de Oro, el gran calado de los +buques modernos y las exigencias del comercio, les han obligado á +trasladar sus oficinas á Galata, cerca del Bósforo, en medio de los +chorros de vapor, rugidos de sirena, chirriar de grúas y ensordecedora y +negra actividad de un puerto de nuestros días. + +Pero las venerables casas del Fanar son, como en otros siglos, á modo +de un título de nobleza para los que las habitan, y en ellas siguen +viviendo las familias de estos griegos, más griegos que los que habitan +Atenas, y que hacen remontar sus orígenes en línea recta á los tiempos +gloriosos del imperio bizantino. + +El pequeño reino actual de Grecia se nutre de la rica savia del Fanar. +Todos estos helenos de Constantinopla son grandes patriotas, con el +entusiasmo nacional excitado por largos siglos de servidumbre y +desgracia. Son riquísimos, pero no tienen una patria. Fingen sumisión al +turco, á quien explotan, pero su pensamiento va á todas horas á la +pequeña nacionalidad formada en torno de la acrópolis ateniense, viendo +en ella como un huevo del que resurgirá un pasado glorioso. + +¡Atenas! ¡Constantinopla!... Estos dos nombres de gran sonoridad excitan +á todas horas su entusiasmo. Todos conocen en el Fanar los misterios del +porvenir. Grecia volverá á ser lo que fué: se apoderará de la Macedonia, +se extenderá por las riberas de Asia, pasará un día los Dardanelos, y la +antigua Bizancio será otra vez helena, brillando sobre la cúpula de +Santa Sofía la cruz del Santo Sínodo, en vez de la media luna de oro. Y +enardecidos por una fantasmagoría tan generosa, no hay sacrificio que no +hagan estos comerciantes avaros, capaces de los mayores crímenes en el +curso de los negocios, y que, sin embargo, desparraman el dinero á manos +llenas en empresas patrióticas. + +Los griegos del archipiélago vuelven sus ojos al Fanar cada vez que +intentan moverse. La sublevación de los isleños de Candía, las +guerrillas macedónicas, la misma guerra turcohelena de hace pocos años, +que tan grotesco y vergonzoso final tuvo para los nietos de Temístocles, +y la agitación presente, que convierte las fronteras griegas en perpetuo +campo de combate, todo es obra del dinero _fanariota_, que corre +pródigamente, como sangre vivificadora del patriotismo. El griego de +Constantinopla es un buen súbdito del sultán, incapaz de provocar ningún +disturbio. Procura separarse del armenio revoltoso, que intenta +revoluciones dentro del imperio, pero trabaja y sacrifica su fortuna por +crear á éste en el exterior toda clase de conflictos. + +No sólo piensa en su pequeña patria para lanzarla á la guerra contra el +país en que vive. Sabe que los pueblos son grandes por algo más que las +armas y que la fama imperecedera de la antigua Grecia no se asienta en +los ruidosos triunfos sobre los persas, sino en las enseñanzas y las +inspiraciones de los filósofos, poetas y artistas, gloriosos abuelos de +la presente humanidad. La grandeza intelectual de su raza preocupa á los +_fanariotas_ hasta el punto de que en Grecia es insignificante la +instrucción pública costeada por el gobierno, en comparación con la que +sostiene la iniciativa particular. No muere un griego rico de +Constantinopla que no deje fuertes legados para las escuelas de su +país. Muchos han dejado dos y tres millones de francos. Innumerables +escuelas del archipiélago, grandes universidades, valiosas bibliotecas +se sostienen con herencias de patriotas del Fanar, que pasaron su vida +explotando á turcos y cristianos y dando las más fieles muestras de +adhesión al sultán que aborrecen. + +Además, el Fanar es para todos los griegos del mundo el barrio santo, la +tierra sagrada donde tiene puesto un pie Dios: algo semejante á lo que +es para el católico el barrio de Roma inmediato al Tíber, donde alza la +basílica de San Pedro su enorme cúpula y se alínean perforando la piedra +las innumerables ventanas del Vaticano. + +En el Fanar está el palacio del Patriarcado, la residencia del Papa +griego, llamado vulgarmente Patriarca de Constantinopla. + +Este representante de Dios es un personaje poderosísimo, un sacro pastor +que extiende su cayado de oro sobre millones de místicas ovejas. Si el +Papa de Roma no tuviese al otro lado del Atlántico la antigua América +española, su colega de Constantinopla sería tan poderoso como él. +Grecia, Bulgaria, Servia, Rumania, Montenegro, los cristianos ortodoxos +de la enorme Turquía, que son millones, y la inmensa Rusia, que aunque +autónoma religiosamente, respeta, sin embargo, al sumo sacerdote de +Constantinopla, forman el feudo espiritual de este pontífice que vive en +el barrio del Fanar y una vez al año bendice toneladas y toneladas de +aceite, convirtiéndolo en óleo santo que envía á los metropolitanos y +popes de sus Estados. + +El patriarca actual es Joaquín II. Un amigo suyo, que á la vez lo es +mío, me invita á visitar al Pontífice, ensalzando la llaneza de su trato +y costumbres. ¿Por qué no?... El amigo añade que ya ha hablado de mí á +Su Santidad, y una tarde á las dos, llegamos juntos al palacio del +Patriarcado. + +Es un enorme caserón sin adorno alguno, situado en la cumbre de una +colina vecina al Cuerno de Oro. Una tapia alta cierra los patios +exteriores, y ante la triple puerta de entrada hay un cuerpo de guardia. + +Su Santidad es después del Gran Imán el primer funcionario religioso del +Imperio. El sultán lo recibe con frecuencia y vive en las mejores +relaciones con él, temiendo la influencia que puede ejercer sobre varios +millones de almas que forman parte del pueblo otomano. Los soldados +turcos, fervorosos musulmanes, velan, bayoneta en el fusil, sobre la +existencia y el reposo de este sacerdote extraño á sus creencias, lo +mismo que en Jerusalén montan la guardia cerca del sepulcro de Cristo. +Además, Su Santidad recibe del sultán una paga enorme, uno de esos +sueldos inauditos que sólo puede concebir la prodigalidad de un soberano +oriental. + +Joaquín II es bueno y tan generoso al repartir como el sultán al dar. +Vive sin aparato, como en los tiempos que era un pobre teólogo en una +universidad de Grecia, y su enorme asignación la devora el populacho del +Fanar, que descansa en sus tugurios como una nube de langosta en torno +del Patriarcado. + +Entramos en éste por una puerta lateral. El arco del centro está +cerrado, y sólo se abre, con largos intervalos de años, en las grandes +conmemoraciones religiosas. + +En el interior encontramos unos criados, bigotudos y morenos, semejantes +á los piratas antiguos del archipiélago, y popes jovencitos que deben +ser familiares de Su Santidad. Subimos una escalera de madera con +esterilla de junco. Las paredes están adornadas con pinturas de imágenes +bizantinas y retratos de patriarcas. Entramos en un salón de espera +igualmente modesto, con la misma esterilla é idénticos retratos de +patriarcas: cabezas venerables y barbudas, con la mitra cuadrada y +lóbrega envuelta en una gasa fúnebre que pende sobre los hombros y la +cruz de oro destacándose sobre el pecho negro. + +Se abre una puerta, y avanza unos pasos en la inmediata habitación un +pope de estatura enorme, un venerable gigante que mueve los brazos +invitándonos á entrar. + +Hermoso hombre. Yo, que no soy bajo de estatura, tengo que echar atrás +la cabeza para verle bien. Tiene blancas, con una nitidez de nieve, las +barbas luengas y ensortijadas; blancas igualmente, las guedejas que se +escapan de su alto gorro, semejante á un sombrero de copa sin alas. Pero +el rostro es joven, y aunque algo demacrado, da una impresión de fuerza +y salud, por el lustre de la tez, de un moreno rojizo, y la solidez ósea +de la faz. La nariz, un tanto grande y demasiado aguileña, es sin +embargo hermosa por su pureza de líneas, sin la más leve desviación. Los +ojos, grandes é imperiosos, ojos de mando que se esfuerzan por ser +dulces, parecen gotas de densa tinta, brillando un pequeñísimo punto de +luz en su negra intensidad. + +Este gigante, blanco, fuerte y majestuoso como un Padre Eterno, se agita +al andar con enérgicos movimientos y encorva la espalda para ponerse al +nivel de los que llegan. Mi amigo se inclina al coger su diestra y besa +un gran anillo. Entonces reparo en la faja de seda que ciñe la sotana +del arrogante sacerdote y en la cruz que brilla sobre su pecho, con un +suave fulgor de oro antiguo. Es Joaquín II. + +Mi amigo le habla en griego brevemente, y yo adivino por las miradas que +hace mi presentación. + +--¡Ah, Blascos!--dice el Patriarca con una voz sonora de barítono, al +mismo tiempo que me coge una mano y tira de mí para que avance--. +¡Blascos Ibañides!... + +Cualquiera diría que Su Santidad se había pasado la existencia no oyendo +otro nombre que el mío. Es la amabilidad superior de los soberanos, de +los grandes personajes que fingen conocer á todos los que llegan y +parecen recordar sus nombres, que les han dicho momentos antes. Y +repitiendo mi apellido desfigurado á la griega, con una expresión +satisfecha, como si no conociera otra cosa, me empuja con su volumen de +coloso, me hace sentar en un diván redondo en el centro de la pieza, y +él vuelve al sillón dorado y viejo que ocupaba momentos antes. + +La sala, larga y estrecha, es una galería cerrada con cristales. Al +través de ellos, se ve abajo parte del caserío del Fanar, y más allá de +los tejados, una mitad del Cuerno de Oro, los navíos de guerra, el +Arsenal, y los montes desnudos de la ribera de enfrente, con abandonados +cementerios turcos, en los cuales las blancas fichas de las tumbas dan +la sensación de lejanos corderos rumiando inmóviles en las laderas. + +El Patriarca está sentado de espaldas á los cristales, con el cuerpo en +la sombra y rodeado de un nimbo de luz que forma el sol de la tarde en +torno de su alba cabellera. Junto á él sonríe un joven pequeño, vestido +como un _gentleman_, el monóculo brillante sobre el rostro afeitado y el +pelo rubio y lustroso partido por una raya central en dos bandós que +caen sobre la frente cual lacios cortinajes. Es el secretario de la +legación de Grecia, que está en conferencia con el Patriarca y juntos +pasan el tiempo hablando de los asuntos del amado país. + +Joaquín II habla en su idioma, de sonora armonía, ininteligible para +mí, y al terminar mi amigo, que parece emocionado en presencia del +Patriarca y apenas osa levantar los ojos, me dice en francés: + +--Su Santidad está muy contento de verle, y dice que le es usted +simpático... Además le desea una estancia muy feliz en Constantinopla. + +--Su Santidad es muy amable. Dele usted las gracias. + +Quedamos los cuatro en profundo silencio, mirándonos, como es de buen +tono en toda visita oriental, donde la conversación animada no surge más +que tras larguísima pausa luego de haber tomado el café. + +El Patriarca ha dado sus órdenes con una voz de marino que ordena una +maniobra, y aparecen los criados trayendo el inevitable obsequio de toda +visita. + +El café no es gran cosa, los cigarrillos son comunes y el servicio de +porcelana de lo más vulgar. Joaquín II vuelvo á repetir que vive +pobremente, como un hombre de escasas necesidades. Nos ofrece las tazas +y los cigarrillos con ademanes de graciosa cortesía, pero él no bebe ni +fuma. Sólo la confitura es magnífica: un dulce de exquisitez monacal, +formado de diversos y misteriosos aromas: un regalo tal vez de lejano +convento, ó de algunas griegas devotas, enclaustradas voluntariamente en +algún ruinoso palacio del Fanar. + +El Patriarca, sin dejar de mirarme, habla al joven que tiene al lado. +Este sacude su actitud indolente, se desenrolla en el interior de su +sillón, y avanza la cabeza, en la que parece pegado el monóculo, +sonriéndome con diplomática calma. Su Santidad sólo habla el griego y el +turco, pero desea conversar conmigo. Es la primera vez que ve á un +español. Él me traducirá en francés lo que diga Su Santidad y á +continuación le comunicará en griego lo que yo responda. + +--Puede preguntar Su Santidad lo que guste. + +Y Joaquín II se lanza á hablar apresuradamente, con un ímpetu de orador +tribunicio, rodando como truenos los párrafos sonoros, en los que +abundan las armoniosas onomatopeyas. + +Cuando el Papa se calla, el diplomático hace la traducción, +acompañándola de fina sonrisa. + +--Su Santidad dice que siente muchísimo las desgracias de España; que +durante la guerra con América, dedicó muchas veces sus oraciones á +vuestro pueblo, que le es muy simpático, y que comprende que en vuestro +país aun estará vivo el dolor por tan grandes pérdidas. + +La lástima bondadosa de Joaquín II me irrita un poco. + +--Dígale á Su Santidad que no hay para qué lamentarse de lo pasado; que +en mi país ya nadie se acuerda de eso, y que habiendo perdido hace un +siglo casi toda la América, no había razón para conservar unas cuantas +islas que eran en cierto modo un bagaje pesado. + +El Patriarca, de ojos imperiosos, es un intuitivo, de rápida +penetración. Mirándome fijamente parece adivinar mis palabras, mueve la +cabeza como si me entendiese, y cuando el secretario hace su traducción, +él se adelanta completando las ideas. + +Continúa el diálogo entre Su Santidad y yo, con la mediación del +elegante intérprete. Joaquín II se entera con gran interés de las +costumbres españolas, de las que tiene una vaga y fantástica idea, y me +pregunta especialmente por nuestra literatura nacional. + +Él, gran erudito en letras clásicas, comentador de Homero, como todo +griego ilustrado que se respeta un poco, no conoce nada de España. Hace +muchos años, cuando no era en Atenas más que un simple pope dedicado á +enseñanzas teológicas, vió un drama español traducido al griego, un +drama de un señor que se llamaba... se llamaba... + +Y el patriarca y el diplomático se consultan con la mirada, al mismo +tiempo que pugnan por pronunciar un hombre, sin llegar á completarlo en +sus dudas. + +--Echegaray--digo yo, adivinando sus balbuceos. + +Su Santidad sonríe moviendo la cabeza. Eso es, Echegaray. El Patriarca +guarda un hermoso recuerdo de la obra. Indudablemente fué la única vez +que asistió al teatro el austero sacerdote. + +--¿Vive aún _monsieur_ Echegaray?--pregunta Su Santidad con gran +interés por mediación del secretario. + +--Vive, y á pesar de sus años es animoso como un muchacho y no descansa. + +Su Santidad vuelve á sonreir, como si bendijese con el gesto al lejano +poeta que alegró con la magia del arte algunas horas de su existencia. Y +yo sonrío también, pensando en el ilustre don José, muy ajeno á +imaginarse que el Papa griego es uno de sus más sinceros admiradores, +con esa admiración del que sólo ha ido una vez al teatro y se acuerda +del magno suceso durante toda su vida. + +El Patriarca, después de esto, habla de la literatura griega +contemporánea. Hay en Atenas poca producción; escasos dramas y muy +contadas novelas. Los literatos, antes de dedicarse al trabajo, viven +enzarzados en interminable disputa sobre si deben escribir en griego +antiguo ó en el griego vulgar que hoy se habla en el archipiélago. Esta +disputa apasiona á la nación entera, dividida en dos partidos. + +--Su Santidad pregunta qué opina usted sobre esto--dice el secretario. + +--Pues dígale á Su Santidad que si novelas y dramas tienen por +protagonistas á personajes de ahora, lo natural es que hablen el griego +moderno, aunque no sea puro. Un mozo de cordel del Pireo no va á +expresarse como el Aquiles homérico. + +El Patriarca acoge mis palabras con un gesto cortés, pero deja adivinar +en sus ojos que piensa todo lo contrario. + +La conversación languidece y yo me preparo á marcharme. Llevo más de +media hora con Su Santidad é indudablemente muchos fieles de importancia +aguardan en la antesala. + +El Pontífice de Constantinopla es un Papa _constitucional_. Ni es +infalible por sí solo, ni puede tomar una resolución en materias de fe. +Dos veces por semana se reune bajo su presidencia el Santo Sínodo, +compuesto de eclesiásticos y laicos influyentes, y esta asamblea es la +que legisla, dejando al Patriarca el poder ejecutivo. + +Voy á abandonar mi asiento, cuando Joaquín II emprende una larga arenga +dirigida al secretario, en la que percibo varias veces la palabra +_democraticón_. El Patriarca parece poner un gran interés en lo que +dice, y cuando al fin calla, el diplomático me habla gravemente. + +--Su Santidad pregunta si en España los sacerdotes son muy respetados, +si la religión tiene el mismo prestigio que en otros tiempos, si los +reyes son queridos, y sobre todo, si existen partidos democráticos como +en otras naciones desgraciadas, y si el pueblo, movido por malas +enseñanzas, intenta levantarse contra sus mayores. + +Quedo indeciso algunos momentos. ¿Qué contestar al buen Patriarca?... +Después de tan buena acogida, siento cierto escrúpulo de decirle la +verdad. ¿Para qué discutir con él? ¿Para qué desvanecer la santa +ignorancia de este sacerdote, que ya no volverá á acordarse de España y +jamás podrá influir en nuestra suerte?... + +--Dígale á Su Santidad que allá no hay partidos democráticos ni nada de +esas pestes modernas que como él dice hacen la infelicidad de los +pueblos. Los reyes velan por nuestra dicha; los sacerdotes son +veneradísimos; todos los españoles somos católicos... + +Joaquín II sonríe, adivinando otra vez mis palabras, y mueve sus melenas +blancas y su gorro negro, como diciendo: «Muy bien.» + +--Su Santidad--añade el diplomático al poco rato--dice que se alegra +muchísimo de las palabras de usted, que éstas son para él un inmenso +consuelo, y que España será siempre grande si no se aparta del buen +camino. + +Me levanto, despidiéndome del Papa con una solemne inclinación. Su +Santidad está alegre, parece encantado por mis afirmaciones, y me +acompaña hasta la puerta, repitiendo mi nombre con paternal sonrisa. + +--¡Blascos! ¡Ah, Blascos! ¡Blascos Ibañides!... + +No me entrega su mano á besar como á los otros. Respeta mis escrúpulos +de buen católico español, pero me acompaña, dándome cariñosos golpes en +un hombro con sus manos fuertes, y la más paternal de las sonrisas +contrae las ondas de nieve de su barba. + +Cuando llego á la puerta le parece poco esta despedida, y eleva la +diestra con su gran sortija de oro... y me bendice. + +Salgo del Patriarcado admirando la espontánea solidaridad de todos los +que viven á la sombra de la cruz. ¡Extraña y poderosa fracmasonería de +los hombres de sotana! Durante siglos y siglos, el Vicario de Dios en +Roma y el Vicario de Dios en Constantinopla se han insultado con baba +rabiosa, llamándose hijos del diablo, asquerosas víboras y demás +insultos inventados por el rencor eclesiástico, maldiciéndose con +acompañamiento de cirios llama abajo y cánticos de muerte. Ahora fingen +no conocerse, ignoran mutuamente su existencia, viven vueltos de +espalda, asumiendo cada uno la verdadera herencia de Cristo, y sin +embargo, por encima de tantos siglos de abominación y de odio, se entera +cada uno de la existencia del otro, y celebra que ésta sea próspera y +fuerte. Lo mismo hacen los comerciantes cuando preguntan con interés por +los negocios de los colegas, y se alegran de que marchen bien, aunque +nada les produzcan, viendo en ellos una prueba de que el mercado no se +debilita, de que sigue la demanda y de que mientras los clientes no se +llamen á engaño habrá ganancia para todos. + + * * * * * + +Algunos días después, al volver al centro de Europa, el tren que me +conducía chocó con otro de mercancías en las inmediaciones de Budapest. +Cinco muertos y un número enorme de heridos. Yo salí ileso. + +Luego en París recibí una carta del amigo que me había presentado al +Patriarca. + +Su Santidad, al leer la noticia en los diarios griegos de +Constantinopla, había celebrado mucho la inspiración que tuvo al +bendecirme, y repetía sobre mi cabeza el gesto pontifical, +recomendándome de nuevo en sus oraciones. + +Leyendo esto me expliqué mi buena suerte. + +En adelante, siempre que vaya á un país donde exista Papa, pienso no +salir de él sin la correspondiente bendición. + + + + +XXVIII + +Turcas y eunucos + + +Cuando un occidental relata su viaje á Turquía, la curiosidad, excitada +por todo lo que es extraño y misterioso, le interrumpe siempre con las +mismas preguntas: + +--¿Y las turcas? ¿Y la vida del harem?... ¿Y los eunucos? + +¡Las turcas!... Se las ve en todas partes; pasean por los cementerios, +frondosos como jardines; entran tapadas á hacer sus compras en las +lujosas tiendas á la europea, van en la buena estación á solazarse en +las Aguas Dulces de Asia, lugar de moda á orillas del Bósforo; salen en +carruaje, ó transitan á pie por el Gran Puente; se visitan unas á otras; +gozan de más libertad que las europeas; salen á la calle tanto como +éstas, y sin embargo, no hay en Constantinopla nada tan misterioso é +inabordable como las mujeres. + +Viviendo aquí, se convence el europeo de la frescura con que han mentido +los novelistas y los poetas al describir amores entre turcas y +cristianos. En otros tiempos, tal vez pudo ser esto. Durante el reinado +de Abdul-Aziz, loco generoso, Nerón oriental, que condecoraba á sus +gallos de pelea con las mismas bandas usadas por los generales, y se +divertía arrojando al populacho espuertas de monedas de oro, tal vez +podrían desarrollarse estos amores internacionales. Abdul-Aziz, +apasionado romántico de la emperatriz Eugenia, debió ser tolerante con +las pasiones de sus súbditas. + +El actual emperador Abdul-Hamid, austero creyente que se encierra en la +tradición y el aislamiento de raza para defenderse de la codicia +europea, muestra empeño en evitar que la mujer musulmana tenga contacto +alguno con el cristiano, y vela sobre ella con una minuciosidad de +déspota curioso y activo, que lo mismo ansía conocer el pensamiento del +emperador de Alemania que las intrigas del harem del último de sus +pachás. + +Las damas turcas marchan encubiertas por las calles de Pera, +contemplando al través del velo á los europeos, que las siguen con ojos +ávidos. Aburridas por la soledad del harem y la indiferencia de un señor +en el cual el exceso de cantidad embota y debilita todo afecto, ¡cuántas +veces su pequeño cerebro de niña, apenas educada, experimenta la +embriaguez del deseo, viendo en este barrio cristiano la gran abundancia +de hombres, venidos solos del otro extremo de Europa, y á los que un +celibato forzoso da audacias y ademanes de lobo carnívoro!... + +Viven libres, sin ver al esposo más que de tarde en tarde; pueden entrar +y salir de su casa sin otra vigilancia que la del eunuco, fácil de +sobornar; disponen de su tiempo mejor que una europea, y sin embargo, la +intriga amorosa es dificilísima para ellas, por no decir imposible. + +Que levanten un poco el velo sobre su rostro para dejarlo visible al +hombre que pasa, y al momento, un otomano, que parece distraído en medio +de la acera tomando el aire, seguirá sus pasos cautelosamente, para +saber en qué termina la inusitada audacia. Que se permita un gesto, una +mirada significativa ó volver la cabeza, y el polizonte avisará en el +mismo día al marido ó al padre. + +La policía y la fuerza tradicional de las costumbres velan sobre la +mujer turca, la rodean á todas horas, dejándola en completa libertad +para todo... para todo, menos para lo que ella desearía. + +Una tercera parte del presupuesto del imperio se consume en servicio +policíaco. Un importante personaje de la corte es el jefe de los espías, +y á su vez hay espías de los espías... y así hasta lo infinito. Todas +las clases de Turquía figuran en el inmenso cuerpo de la delación. Los +policías se reclutan lo mismo entre los mozos de cordel de los muelles +que entre los grandes personajes. Algunos cobran un sueldo mucho mayor +que el de un ministro de Europa. Lo que cuesta al sultán este servicio, +representa más que lo invertido por algunos Estados en ejército, marina, +administración y obras públicas. Muchos de los señoritos turcos que +pasean en caique, llenan los cafés y teatros de Pera y son clientes de +los sastres europeos, luciendo empinados bigotes á lo kaiser, bajo el +erguido fez, no tienen otro medio de existencia que lo que cobran por +repetir al ministro de Policía cuanto ven y cuanto oyen. + +Además, para las mujeres, todo turco es un agente que vigila por las +buenas costumbres. El europeo no puede mirar mucho tiempo, y con marcada +atención, á las mujeres que pasan. Imposible seguir sus pasos, como +ocurre en las ciudades europeas. Si es en el barrio puramente turco de +Stambul, corre peligro de recibir como aviso una pedrada ó un palo. Si +es en las demarcaciones europeas de Pera y Galata, cualquier respetable +_effendi_ que pasa junto á él le preguntará cortésmente si es forastero, +ya que le ve faltar tan abiertamente á las costumbres del país. + +La mujer, sitiada por la vigilancia del policía y el fanatismo nacional +de todo compatriota, obligada á no hablar con otro hombre que el que +tiene en su casa, se venga de este aislamiento con un orgullo rencoroso, +que la hace antipática las más de las veces. En las aceras empuja al +hombre con soberano desprecio para que le ceda el paso. Cuando van en +carruaje se ríen del transeúnte europeo con una insolencia de colegialas +en libertad. + +La mujer pobre ó de la clase media sigue fiel al dominó de pesado +damasco y á la cortinilla de gruesa seda que le sirve de antifaz. Así se +la ve pasar, como máscara misteriosa, llevando en una mano la sombrilla +cerrada ó tirando de un turquito cabezudo, y sosteniendo con otra la +crujiente faldamenta, que deja ver las pantorrillas enormes, hinchadas, +elefantíacas, por ir encerrados, dentro de las medias, los extremos de +los calzones interiores. + +Pero las grandes damas, las elegantes esposas de los pachás y los turcos +ricos, las moradoras de los haremes lujosos, hace tiempo que, valiéndose +de la moda, han acabado con los trajes tradicionales, que recluían á la +mujer en obscuro incógnito. Bajo el gabán oriental, semejante á una +_salida de teatro_, llevan trajes de París recargados de adornos y en +extremo vistosos. Se cubren el pelo y parte del rostro siguiendo las +exigencias de la costumbre religiosa, pero lo hacen con el _yachmaks_, +velo tenue y transparente como una nubecilla, suspiro de seda casi +impalpable, que sirve para dulcificar su rostro, pintado de rosa y +adornado con lunares artificiales, para dar mayor realce á sus ojos, +agrandados por una aureola negra de _kool_. Ocupando grandes carrozas +con ruedas doradas, y bajo la escolta de eunucos negros, á los que la +perturbación del sexo hace luchar con las señoras en chismes, odios é +histéricas rabietas, van á las tiendas ó visitan á las amigas de otro +harem, situado á tres ó cuatro horas de distancia, al final del Bósforo. + +Algunas veces un harem se traslada á la orilla de Asia para ver á las +compañeras de un gran señor amigo del suyo. La visita dura tres ó cuatro +días, y esposas y odaliscas, libres de velos y escrúpulos, en el +misterio de las habitaciones privadas, hacen en común sus comiditas de +muñecas, abundantes en dulce, duermen juntas, tocan y cantan, y sobre +todo, hablan... hablan mucho, con una verbosidad de prisioneras ó de +monjas, repitiendo los chismes del silencioso Stambul, donde las casas +parecen cárceles, con sus puertas siempre cerradas y sus ventanas de +celosía, tras las cuales espía á todas horas la curiosidad maligna, la +sospecha calumniosa, como en una muerta ciudad de provincias. + +Estas damas, mujeres opulentas á los diez y seis años, saben pintarse +las mejillas de carmín, los ojos de negro y las uñas de rojo, y en esto +invierten la mayor parte del día. Además, las mejor educadas saben +fabricar agua de rosas, dulces de varias clases y á veces hasta bordan +gruesas flores de oro sobre telas de seda. + +Hablar, con una charla interminable de pájaro loco, embriagándose en sus +propias palabras, hablar bien de ellas y mal de sus amigas, es su mayor +placer. Se comprende que el buen turco, temiendo pasar el resto de su +vida frente á frente con una sola de estas hermosas muñecas, vacía de +cráneo y expedita de lengua, multiplique su número para encontrar +alivio. Pero esta variedad, cuando todo el harem ha perdido el encanto +de lo nuevo, sólo sirve para aumentar el tormento. + +Los turcos modernos, que han viajado por Europa amoldándose á nuestras +costumbres, sólo tienen una mujer y sonríen cuando les hablan del harem. +Están enterados de lo que es la poligamia y compadecen á los turcos á +estilo antiguo, á los tradicionalistas, que por seguir la costumbre +tienen varias esposas. + +Sólo un pachá del viejo régimen poseedor de una paciencia inagotable ó +aficionado á murmuraciones y futilidades como una mujer, puede soportar +durante toda su vida el contacto con el rebaño femenino del harem. + +Es un error generalizado en Europa creer que la mujer turca, porque se +compra las más de las veces, es una esclava, un objeto, un ser sin +derechos y sin libertad, fuera de las leyes. La religión del Profeta +nunca habló con desprecio de la mujer, ni vió en ella un ser impuro, un +aborto del demonio, como los Padres de la Iglesia cristiana. El hombre +tiene sin disputa un alma superior, porque es el guerrero y pesan sobre +él los más rudos deberes de la vida, pero la mujer es igual á él en toda +clase de derechos. La ley musulmana sólo es implacable y feroz en caso +de infidelidad conyugal. Conoce la escasa solidez de estos seres +adorables y sin seso, y presiente que si abriese la mano y no se +impusiera por el terror, ningún musulmán podría llevar su turbante sobre +la frente con entera comodidad. + +En los antiguos haremes de Turquía figuraban sobre la puerta dos versos, +que poco más ó menos dicen así: + + Nada iguala + la astucia de la dama. + +El encierro (que no es tal encierro, pues la turca sale á todas horas, y +ellas y los eunucos se entienden con la fraternal solidaridad del +interés común) y la prohibición de hablar con los hombres, son las dos +únicas tiranías que pesan sobre las mujeres de alta clase. Pero junto á +esto, ¡qué insoportables derechos, exagerados por la susceptibilidad +femenil, gravitan sobre el infeliz otomano, que entusiasta de las +glorias de la vieja Turquía, se empeña en mantener un harem, como alarde +de patriotismo!... + +Si hace un regalo á una de sus esposas, por costoso que éste sea, las +otras tienen derecho á otro igual, y pueden llevarlo á los tribunales +para exigírselo. Si una riñe con sus compañeras y declara que le es +imposible seguir viviendo en el harem, la ley turca obliga al marido á +que le construya una casa aparte; igual, absolutamente igual, hasta que +satisfaga los gustos de la esposa. Y se han visto pleitos que han durado +años y años, sin darse nunca por contenta la reclamante al visitar la +nueva vivienda, exigiendo unas veces que tuviese igual número de +ventanas que la antigua, pretextando otras que las lámparas eran menores +en número, que los muebles no estaban tapizados con la misma seda, que +las alfombras no eran antiguas, y así hasta lo infinito de una histeria +caprichosa, agravada por la rivalidad femenina. + +Y á más de esto, el amontonamiento de hijos que se forma en pocos años +en un harem rico, donde las esposas y odaliscas son un par de docenas y +el Señor, poderoso personaje falto de ocupaciones, se queda en casa los +fríos días de invierno, y únicamente sale los viernes para ver al sultán +en el Sélamlik. + +Yo he conocido á un viejo pachá, entusiasta de las tradiciones, que +tiene trescientos cuarenta y dos hijos. Es un hombre virtuoso, dado á +los estudios teológicos, poco amigo de pecados carnales, y que desprecia +á los europeos, como seres inferiores que á todas horas tienen el +pensamiento puesto en la mujer. Á pesar de la extensa prole, yo no creo +en su concupiscencia. En la vida del harem no hay golpe perdido, y +aunque los olvidos de la virtud sean poco frecuentes, todos tienen +consecuencias por la variedad y el número de la colaboración, llegando +el respetable padre á no conocer á sus hijos ni saber sus nombres, á +pesar de que viven bajo el mismo techo. + +La poligamia es un lujo de personajes, y pocas fortunas la soportan. +Los hijos son más costosos aún que las mujeres, pues hay que darles +colocación. Cada sultán se basta él solo para fabricar la mayor parte de +los gobernadores, generales y altos funcionarios de su imperio, y las +demás plazas las proveen, con su fuerza reproductora, los personajes que +viven junto á él. + +El harem imperial y el de los grandes pachás son incubadoras de altos +empleados que no dejan lugares libres á los turcos de más bajo origen. +Por algo se transmite el imperio de Turquía de hermano á hermano y no de +padre á hijo, como en las monarquías europeas. Si la sucesión imperial +fuese por este último sistema, Turquía viviría en eterna guerra civil, +siendo centenares los pretendientes al trono que se combatirían, con una +saña de hermanos, cada uno de distinta madre. + +Los turcos modernos y jóvenes ríen y ríen del viejo harem. ¡La +poligamia! ¡Tonta inutilidad del pasado!... Ellos viven con sólo una +turca, ó con ninguna, admirando los grandes adelantos de la civilización +europea, la más perfecta de todas para la satisfacción de las +necesidades humanas, y cuando sienten el deseo de la variedad, pasan los +puentes y suben á Pera, y allí encuentran en las calles un harem suelto +y por horas, de rumanas, italianas, austriacas y judías. + + * * * * * + +La afición de ciertos personajes á los progresos modernos, ha creado una +clase de turcas más infelices y dignas de compasión que la antigua dama +otomana, devota y contenta de su vida, satisfecha de sus visitas y sus +lujosos trajes, sin otro ideal que una joya nueva ó una banda con placa +de brillantes, regalo del sultán, sin otros horizontes que las montañas +de la ribera asiática, ni otros deberes que incubar nuevos turcos. + +Los grandes pachás que envían sus hijos á correr Europa, han traído +institutrices ingleses y francesas para sus hijas. Muchas de las tapadas +que pasan en carruaje, delatando bajo sus orientales velos la frescura +esbelta de los pocos años, la delgadez de una mujer en formación, +desprecian las confituras, odian como perfume vulgar el aceite de rosas +y consideran el bordado como obra de esclavas, sonriendo ante las obras +de juventud que les enseñan con orgullo sus obesas madres. Tienen en una +pieza del harem donde nacieron un piano de cola, en el que tocan los +valses melancólicos de Chopín ó el último _couplet_ de moda en París, y +cerca del sonoro Erard una biblioteca llena de novelas inglesas y +francesas. Algunas hasta han roto con la preocupación religiosa de la +raza, que prohibe la reproducción de las formas vivas, y pintan +acuarelas con palomos, flores ó barquitos. + +Conozco á una francesa vieja, que vive hace muchos años en +Constantinopla de dar lecciones de su idioma y entra diariamente en +ricos haremes. ¡Las confidencias de estas pobres jóvenes, que han de +vivir como las mujeres del tiempo de Mohamed II, y por la imprudencia de +sus padres llevan bajo las vestiduras orientales la misma alma que una +muchacha de París ó Londres!... + +--Sabemos francés, sabemos inglés--dicen á la vieja confidente--. +Tocamos el piano, cantamos, pintamos. ¿Para qué todo esto?... La mujer +aprende para lucir sus conocimientos, para hacer vida de sociedad... +para hablar con los hombres. + +Y la pobre turca de moderno estilo sólo podrá hablar con uno, el que les +designe su padre como esposo. Un día la adornarán de piedras preciosas y +se casará con un joven turco, al que sólo habrá visto de lejos, al +través de una celosía, y con el que cruzará la palabra por vez primera +en el momento de ser su esposa. La llevarán á una casa nueva, en la que +vivirá como única señora si su marido no ama las costumbres antiguas, ó +en la que se confundirá con otras, iguales á ella en derechos, distintas +á ella en alma, como si fuesen de otro planeta. Su madre se extrañará de +sus lágrimas y melancolías. Así vivió ella, así vivieron sus abuelas y +todas las honradas damas temerosas de Dios. Pero la madre era feliz, +abroquelada en su santa ignorancia: no la habían hecho morder el fruto +embriagador de la cultura occidental... Y la infeliz reclusa de las +tradiciones de su pueblo, asustada ante el porvenir, y mientras llega +el momento del matrimonio, se consuela con la lectura, y devora las +novelas francesas que llenan los escaparates de las librerías de la gran +calle de Pera. + +Sus autores favoritos son los mismos de las damas europeas; novelistas +elegantes y discretos que creen en Dios y sólo describen personajes con +buenas rentas, faltos de ocupación y dedicados al amor. La pobre turca +admira á la duquesa rubia y _espiritual_, que en cada capítulo luce un +traje nuevo de Paquin ó de Doucet; se crispa con los dulces diálogos +entre ella y el conde ó el artista de moda; se conmueve ante las «crisis +de alma» que obligan á la noble señora á cambiar de amante todos los +años; la sigue palpitante de emoción cuando á la caída de la tarde va +cautelosa al estudio ó á la _garçonniére_ de su nuevo ídolo, cubierta +con espeso velo (lo que llaman los grandes modistos _velo de +adulterio_); desfallece con la descripción de los sabios besos, en el +saloncito caldeado discretamente por la chimenea, sobre cuyo mármol hay +rosas, muchas rosas, como es de ritual en toda cita novelesca de +personas que se respetan... y la pobre turquita acaba por abandonar el +libro sobre sus rodillas, y queda con sus ojos de gacela pensativos y +lacrimosos. + +Esa es, indudablemente, la vida de las europeas: no puede ser otra, pues +todos los libros dicen lo mismo. Ella sabe inglés y francés; ella toca +en el piano cosas sentimentales; ella hablaría tan bien como la duquesa +y la sentaría igual ó tal vez mejor el misterioso velo de la caída de la +tarde. ¡Y tiene que acabar su vida en un harem, murmurando con las +esclavas zafias y el eunuco negro, de risa infantil! ¡Y todos sus viajes +serán al Bósforo asiático, ó cuando más á Brussa, en el mar de Mármara! +¡Y el conde de sus ensueños, el artista de complicadas pasiones, será un +señor con el fez eternamente calado, que vivirá en una mitad de la misma +casa ocupada por ella, que entrará y saldrá por distinta puerta, que +tendrá diferente servidumbre, como si fuese un huésped, y sólo una ó dos +veces por semana vendrá á tomar con ella varias tazas minúsculas de +café, y fumará cigarrillo tras cigarrillo, pensando en el último gesto +del Gran Señor y en las intrigas del Yildiz Kiosk!... + +La virgen musulmana siente que un impulso de rebeldía rompe la costra de +su mansedumbre oriental, y tiende sus brazos con un crispamiento de +inmensa angustia, como si llamase en su auxilio el misterioso poder que +convierte en paraíso la tierra maldita del Profeta, donde viven los +_giaoures_. + +--¡Oh Europa!... ¡París! ¡París! + +Algunas, más audaces ó afortunadas, llegan á consumar la rebeldía. Las +hay que han conseguido librarse por procedimientos novelescos de esta +tierra, donde para entrar y salir se necesita pasaporte. Viven en el +Paraíso soñado, en París, y repiten á la inversa la afición poligámica +de sus ascendientes. En Constantinopla nadie quiere hablar de esto, como +no sea para negarlo. El Gran Señor sufre enormes disgustos con estas +fugas. + +Hace poco tiempo, en un mitin feminista de Suiza, al que asistieron +mujeres de todas las naciones, subió á la tribuna una joven de ojos +orientales, que hablaba con facilidad varios idiomas, y se expresó con +reconcentrado odio contra la tiranía masculina. + +Era una parienta del sultán fugada del harem imperial. + + * * * * * + +En Turquía todavía existe la venta de esclavas. + +Yo quise cándidamente ver un mercado. No existe mercado. Desde que +Inglaterra y otras potencias intervinieron en la vida interna de +Turquía, se acabó la trata de esclavas. Los antiguos caravanserrallos, +enormes posadas de vastos claustros donde hace cincuenta años se +exhibían libres de velos los lotes de carne juvenil llegados de la +Circasia, sólo están ocupados hoy por mercaderes de Trebisonda y Bagdad, +que fuman su _narghilé_ exhibiendo pacientemente los rollos de tapices y +los cofrecitos repletos de piedras preciosas. + +Las esclavas se guardan y se venden en las casas de los particulares. +Todo turco á la antigua tiene una irresistible tendencia á la mercadería +de carne femenil. Es una afición atávica heredada de sus ascendientes, +invasores de reinos y bandidos del mar. Cuando un personaje de Stambul +tiene un crédito por cobrar en las provincias de Asia, las más de las +veces le paga éste con una pareja de niñas flacas, mal comidas, pero de +espléndidos ojos, que á su vez ha adquirido de los padres, míseros +montañeses de la Georgia. + +Las pequeñas sirven de criadas de lujo en la casa de Stambul, hasta que +la pubertad empieza á hinchar sus formas y el señor propone la mercancía +á sus conocidos, verificándose la venta amigablemente, sin intervención +alguna de los representantes de la ley. + +Cuando se visita la morada de un turco á la antigua, salen á vuestro +paso, en el departamento de los hombres, pequeñas niñas sin velo, con +anchos calzones y la trenza colgando sobre la espalda, que os toman el +sombrero y el bastón, dándoos la bienvenida como si fuesen hijas del +dueño. Son las esclavas que esperan su hora para ser vendidas ó que +acaban por pasar al harem del señor convertidas en esposas. + +Las agentes de carne conocen las casas donde existen géneros, y todos +los días hacen sus negocios. No sólo venden para los ciudadanos ricos de +Constantinopla y de todos los _vilayetos_ de Turquía, sino que mantienen +negocios continuos con clientes de Egipto, Túnez y Marruecos. La +circasiana y la georgiana siguen siendo, como en otros tiempos, el +adorno elegante de todo harem respetable, y el género, impulsado por una +continua demanda, parece multiplicarse con arreglo á las exigencias. + +Ningún miedo acerca del porvenir, ningún terror futuro se transparenta +en la límpida mirada de estas hermosas bestiezuelas, delgados capullos +que esperan para esparcirse la tibia y cerrada atmósfera del harem. Son +esclavas porque han costado dinero á los dueños, pero su suerte es igual +á la de todas las mujeres turcas que nacieron libres. Siempre las compra +algún otomano viejo, para unirlas al batallón de sus antiguas esposas ó +para darlas á un hijo tan joven como ellas. Por poca influencia que +ejerzan sobre el dueño, éste las convierte en mujeres legítimas, deseoso +de establecer cierta igualdad entre sus hembras, medio seguro para +conseguir en la casa una paz relativa. Muchas sultanas comenzaron siendo +esclavas. + +Los precios de estos animalillos de lujo, que viven alegres con una +inconsciencia infantil hasta los días de la vejez fumando rubios +cigarrillos en un diván, tragando confituras y haciendo danzar las +babuchas amarillas sobre los pulgares de sus pies sonrosados, varían +según los méritos del género. + +Una muchacha defectuosa y de miembros secos puede adquirirse por +quinientas pesetas. Las de buena dentadura, largo pelo, ojos grandes, y +que prometen ensancharse de formas, hasta llegar á una gordura blanca, +firme y sedosa, valen dos mil ó dos mil quinientas. + +Un caballo turco, de escasa alzada, largas crines, cabezón y con +inquietos remos, cuesta mucho más. + + * * * * * + +Los eunucos son más caros. + +En realidad no sirven para nada. Son seres de lujo, signos de poder y de +riqueza para el amo. Equivalen á los lacayos que se exhiben majestuosos +en los pescantes de los coches de Europa. Estorban al cochero las más de +las veces, se pasean sin que los dueños necesiten casi nunca de sus +servicios, molestan con su presencia estirada y solemne, pero ninguna +persona rica puede pasarse sin ellos. + +En otros tiempos, el turco celoso confiaba en la vigilancia de su +eunuco, feroz guardador de las mujeres. Hoy es escéptico, sabe que estos +hombres-hembras, por un irresistible impulso de su naturaleza neutra, +aunque riñan con la mujer por celos femeniles acaban entendiéndose con +ella y prestándose á toda clase de tercerías. Sin embargo, el eunuco +negro sigue en favor, como una manifestación de poder y de riqueza. Es +algo así como el blasón de armas de la casa, y los señores rivalizan en +tenerlos agasajados y bien vestidos. Un harem no puede salir á la calle +si no marcha escoltado por un par de eunucos de señorial aspecto. +Cuando las mujeres van en carroza, los negros trotan junto á las +portezuelas, jinetes en los mejores caballos del amo. Si de noche sale +el rebaño femenil á hacer visita á otro harem, ellos marchan á la +cabeza, por las solitarias calles de Stambul, garrote en mano y con +grandes farolones que trazan en el camino una danza de pálidos +resplandores y gesticulantes sombras. + +El eunuco es el administrador que corre con los gastos de la casa; el +intermediario obligado entre las esposas y el marido. El da el dinero +para las compras, regatea con las mujeres, se muestra quisquilloso, +avaro y gruñón, como no lo es nunca el turco. El esclavo chilla á las +señoras, las empuja, es un gallo sin cresta que picotea continuamente á +las habitantes del gallinero, y éstas, que temen sus delaciones y su +malhumor, lo acarician como un niño grande, y acaban por reirse de él. + +Sólo el sultán y los grandes personajes de la corte tienen un numeroso +cortejo de eunucos. Los turcos de cierta posición se contentan con dos ó +con uno solo. + +Un eunuco cuesta casi una fortuna, pues escasean mucho. + +Antes se fabricaban con mayor facilidad, y la abundancia rebajaba los +precios. + +En esta monstruosa deformación del hombre, ha habido sus modas. El arte +de formar el eunuco ha progresado, pero extremando su crueldad. El +refinamiento del turco en sus sospechas y sus celos, ha sido fatal para +estos infelices negros, lúgubres mamarrachos, enormes como colosos, de +rostro fiero, y con una vocecilla estridente y crispadora, semejante al +chasquido de una caña que se rompe. + +Antes les bastaba para cumplir su oficio con verse libres de las +preciosas superfluidades cuya ausencia motiva, según dicen, la angélica +voz de los cantores del Papa. + +Pero algo quedaba en ellos, después de la monda, que constituía un +motivo de perpetua alarma para los señores turcos. La mujer, ociosa y +triste en el encierro, discurre mil diabluras: la eterna presencia del +eunuco, único hombre compañero de clausura, la inspiraba según parece +los más refinados ardides. Y echando mano á lo que aun podían encontrar, +las malditas pasaban horas y horas recreándose en un entretenimiento sin +fin, tranquila la conciencia porque no aumentaban ilegítimamente la +prole del señor, pero faltando á la fidelidad descaradamente en el +sagrado del hogar. + +Los turcos, escamados por estos abusos, extreman actualmente la humana +poda. Sobre los pobres negros, guardianes del honor, se abate una furia +semejante á la de los leñadores de bosques vírgenes, que nada perdonan, +echando abajo ramas y tronco. Su obscura piel es campo roturado y liso, +en la que no queda el más leve rastro de frutos humanos. + +La espeluznante operación la realizan los crueles fabricantes en negros +de pocos años, allá en los arenales de Africa. Los cuerpos los hunden en +el suelo hasta la cintura, y así permanece el operado semanas y meses, +entre sus verdugos que le cuidan y le alimentan, hasta que la arena +cicatriza la cuchillada atroz ó se les va por ella la sangre y el alma. + +El noventa y cinco por ciento de los eunucos muere tras la cruenta +amputación. + +Por esto los que quedan son personajes poseídos de su importancia, +influyentes en la vida turca, caprichosos é irresistibles, lo mismo que +una tiple que se considera indispensable y precisa. + + + + +XXIX + +Los derviches aulladores + + +En la orilla asiática de Constantinopla, entre el barrio puramente turco +de Scutari, en el que no vive ningún europeo, y el cementerio que lleva +el mismo nombre, vasta extensión bordeada de kioscos funerarios y +sombreada por plátanos seculares, está la mezquita del Roufat, donde +todos los jueves, á las dos de la tarde, celebran su ceremonia religiosa +los derviches aulladores. + +Esta mezquita no es grande y luminosa como la de Eyoub, donde los +derviches danzantes voltean, como flores, sus pesadas faldas. La secta +de los aulladores es sombría y feroz, y parece guardar en sus extraños +ritos el alma fanática é implacable del antiguo turco, terror de Europa. +Una sala baja y casi obscura, con el techo sostenido por columnas de +madera, y desnuda de todo adorno arquitectónico, es el lugar de la +ceremonia. En las paredes, algunos cartelones, con versículos del Korán, +y unos negruzcos panderos. Sobre el tapiz que cubre el Mirab, una +panoplia de armas antiguas, turcas é indias: espadas onduladas, +cimitarras venerables, hachas de curva entrante y mazas erizadas de +clavos. + +Sobre la piel de cordero tendida en este sitio de honor, se sienta, con +las piernas cruzadas, el _imán_, el gran sacerdote de los derviches +aulladores, que ostenta en su turbante blanco la arrollada faja verde de +los que se tienen por descendientes del Profeta. + +Este _imán_ es un árabe que goza de gran popularidad, aparte de su poder +de hacer milagros, por ser el hombre más hermoso de Constantinopla. No +he visto tipo más perfecto de la belleza semita. De regular estatura, +parece, sin embargo, muy alto, por la gallardía de su cuerpo enjuto y +ágil, en el cual el esqueleto sólo está revestido de los tejidos +indispensables para la vida. Las facciones son de un moreno brillante, +entre rojizo y verdoso; el mismo tono de los bronces florentinos. La +nariz, aguileña y fina, avanza sobre una barba clara y rizosa, de un +negro azulado, y los ojos, enormes y misteriosos, tienen una veladura de +color de tabaco en sus córneas, que hace resaltar el fuego de las +luminosas pupilas. Es un jinete de los desiertos arábigos, un pirata del +mar de arena, un caballero andante de las soledades asiáticas, +majestuoso y melancólico, que se ha dedicado á sacerdote y vive en la +civilizada Constantinopla, rozándose con los europeos. + +Las viajeras que ocupan las galerías de la mezquita contemplan con +admiración á este Apolo árabe; pero él permanece inmóvil en la piel de +cordero, envuelto en su sotana negra, por cuya abertura luce un rico +chaleco de seda, de rayas menudas y multicolores. No sé por qué +presiento que el jefe de los derviches aulladores, que forman la +cofradía más fanática de Constantinopla, es un hombre _enterado_, sin +ninguna fe en las ceremonias que preside. Tiene la expresión demasiado +inteligente para creer en tales cosas. Un día, hablando de él con +Constans, el embajador de Francia, éste rompió á reir, con la +irreverencia de un viejo republicano: + +--Le conozco mucho. Un _blagueur_. Lo que ustedes llaman un guasón. Un +hombre inteligente que se amolda á las circunstancias. + +Pero aunque este árabe majestuoso engañe á los suyos, no teniendo fe en +los mismos ritos que ejecuta, hay en sus actos una gran nobleza. Es un +buen turco, que cree necesario para la vida de su pueblo el +mantenimiento de las tradiciones, y las sigue con solemne gravedad, sin +creer en ellas. + +Frente á él están los derviches, formados en fila, llevando sobre la +cabeza, como distintivo de la cofradía, un solideo de fieltro, semejante +á media corteza de coco. Unos son negros, medio desnudos, de lanuda +cabellera y ojos diabólicos; otros, blancos, que conservan el traje de +calle y parecen tenderos del inmediato barrio de Scutari. + +Todos ellos repiten á coro una especie de letanía monótona, y balancean +su cabeza adelante y atrás, como si estuviera muerta sobre los hombros, +doblando al mismo tiempo el cuerpo por la cintura. Este vaivén continuo, +acompañado de un canturreo semejante al de los niños en la escuela, +acaba por dar una especie de vértigo. El sudor rueda por el cuerpo de +los negros, cubriéndolos de una capa húmeda y goteante. Los blancos +pierden por momentos su correcto exterior de burgueses. Los cuellos de +camisa se arrugan y ennegrecen como trapos; las corbatas se esparcen +deshechas; las cadenas de reloj saltan locas sobre el vientre, como si +fuesen á romperse. + +«¡_La Ilah il Allah_!», cantan los derviches con un furor creciente, +extremando su loco vaivén de muñecos mecánicos, y el gran sacerdote los +contempla inmóvil, como un maestro que preside su escuela, y cuando el +movimiento parece debilitarse, hace una imperceptible señal á uno de sus +acólitos, encogido junto á él, y éste grita y palmotea para acelerar el +curso de la oración. + +Formando una larga cadena, y apoyado cada uno en el hombro del vecino, +los derviches se mueven, como un péndulo humano, á un lado y á otro, con +monótona regularidad. Este balanceo, y la repetición monótona de su +plegaria, parece embriagarles. Unos tienen los ojos casi salidos de las +órbitas, con una expresión feroz. Otros los cierran, como si estuviesen +dormidos, moviéndose y cantando en pleno ensueño. Los derviches +empiezan á justificar su título de aulladores. La letanía se corta con +gritos estridentes, verdaderos ladridos, que espeluznan de horror á los +espectadores europeos. La movible cofradía semeja una aglomeración de +fieras amaestradas. Sus voces no tienen ya nada de humano. Hay momentos +en que parece que van á saltar las barandillas para morder á los +occidentales curiosos, agrupados detrás de ellas. + +De pronto, un golpe ensordecedor sobre la madera del pavimento. Un +cuerpo que se desploma. El auditorio se estremece como ante la caída de +un cadáver. Es un negro grande y enjuto, cubierto de sagrados harapos, +que se revuelca en el suelo con los miembros torcidos, la boca espumosa +y los ojos en blanco por un estrabismo loco. Según cuentan, este negro, +que dentro de la mezquita parece un mendigo fanático, es capitán de +caballería en el ejército del sultán. De su pecho oscilante sale un +rugido, que es al mismo tiempo una queja de dulce agonía. ¡_Allah +hou_!... Y en la crispación de su rostro lustroso, en su mirada +completamente blanca, hay algo de éxtasis, como si contemplase á su Dios +asomando entre esplendores de oro sobre las tiendas celestiales, en +cuyas aberturas aguardan las huríes de redondas formas y húmedos ojos á +los guerreros fieles del Profeta. + +Tras el negro cae otro derviche, y luego otro. Ruedan sobre el +entarimado los cuerpos, convulsos por la embriaguez hipnótica, lanzando +aullidos espeluznantes. Las viajeras occidentales huyen desfallecidas, +ocultando los ojos en el pañuelo, sintiendo que ellas también van á +desplomarse á impulsos del excitado histerismo de su sexo; y mientras +tanto, los derviches que aun se mantienen de pie se agitan cada vez con +mayor ímpetu y desfiguran sus voces hasta convertirlas en ladridos. + +Cerca de una hora dura esta pesadilla feroz, esta escena que parece de +otro mundo. + +Al fin, el gran sacerdote se mueve, hace un gesto y se rompe la fila de +los derviches. Los que aun se mantienen de pie salen de la sala con paso +vacilante, en pleno vértigo, para ir á secarse el sudor y tomar aliento +en una pieza vecina. Los que están inertes en el suelo, como si +durmiesen, son sacados á brazos. + +Un ayudante del gran sacerdote entra en la mezquita llevando de la mano +larga fila de niños y niñas. Todos se arrodillan ante el _imán_, +esperando el momento de la curación. Vienen de los barrios más apartados +de Constantinopla, han pasado el Bósforo, para llegar á la mezquita de +los derviches aulladores. El gran sacerdote, descendiente del Profeta, +venido de la misteriosa Arabia, donde reside toda sabiduría, cura con el +soplo de su aliento y el contacto de sus pies. Unos á otros se +transmiten, con el alto sacerdocio, este divino poder. Esto lo saben +desde el sultán hasta el último _hamal_ de los muelles del Cuerno de +Oro. + +Las criaturas se tienden boca abajo en el suelo de la mezquita. El +hermoso _imán_ se yergue despojándose de las babuchas, y apoyado en uno +de sus ayudantes camina lentamente sobre los riñones de las criaturas. +Poco debe pesar el enjuto y esbelto árabe, pero aun así parece imposible +que no revienten estos cuerpecillos, que forman un pavimento animado +bajo sus pies. ¡El noble y sereno gesto de resignación del hermoso +sacerdote! ¡Su triste gravedad al volver á repasar sobre los cuerpos de +los pequeños!... + +Éstos se levantan, se sacuden, salen riendo y empujándose, como +criaturas acostumbradas á venir todas las semanas, y para las cuales el +viaje es una verdadera fiesta. No presentan ninguna enfermedad exterior. +Parecen sanos y robustos. Sus padres quieren curarlos de embrujamientos +é inapetencias, males de los que triunfa casi siempre el santo _imán_... +con ayuda del tiempo. Después se prosternan ante él, implorando la +huella de sus pies, hombres de todas clases; viejos cargadores, soldados +y marineros. + +Cerca de mí está sentado un joven turco, elegantemente vestido á la +europea, con alto cuello, vistosa corbata y un gabán inglés á rayas. El +fez es lo único que delata su nacionalidad. Tiene cara de alegre +vividor, falto de escrúpulos; sus ojos son de fría insolencia; en su +rostro lleva marcas recientes de enfermedades irrevelables. ¡Cómo reirá +este turco ultramoderno de la credulidad de sus compatriotas!... + +El _imán_, ocupado en marchar sobre los riñones de los fieles, lanza +rápidas miradas á unas celosías tras las cuales se adivina cierta +agitación, acompañada de sordo zumbido. Son las damas turcas que se +impacientan. El sacerdote debe subir para la curación de las enfermas en +una pieza aparte. + +Acurrucado en la piel de cordero, se prepara á hacer su oración ante el +Mirab antes de partir, cuando llega el último enfermo. Es el joven turco +vestido á la inglesa, el elegante del gabán rayado, que se arrodilla +compungido, brillantes de fe los audaces ojos. + +El _imán_ escucha con un gesto de inmensa misericordia la corta +confesión de sus pecados y enfermedades. Le abraza, le sopla varias +veces en los ojos y en la boca, sin perder su noble gravedad, y luego +pasa varias veces sobre él, manteniéndose derecho en sus riñones con la +calma de un filósofo, convencido de que la humanidad cobarde quiere ser +engañada en sus dolores, y que la mentira es buena cuando puede servir +de consuelo. + + + + +XXX + +Libertad religiosa + + +En ninguna ciudad del mundo existe la libertad religiosa que en +Constantinopla. + +Los que confunden á todos los mahometanos en un concepto común, y creen +que el fanático y cruel marroquí es semejante al turco, se extrañarán de +esta afirmación; y sin embargo, nada más cierto. En Constantinopla viven +todos los cultos con entera libertad y todos sus ministros gozan de +igual respeto. El patriarca griego, el patriarca armenio, el gran +rabino, el arzobispo armenio católico y el arzobispo católico romano, +todos son funcionarios del imperio, iguales en respeto al gran _imán_ y +retribuídos por el emperador con generosa largueza, según el número de +adeptos que cada religión cuenta en sus Estados. + +Es más: el Comendador de los creyentes, el heredero del Profeta, que +muchísimos occidentales se imaginan como un mahometano feroz é +intolerante, tiene en su Consejo de Estado y entre los altos pachás que +le rodean hombres de todas las religiones para poder atender á los +diversos servicios sin lastimar las creencias de sus súditos. + +Si ha de nombrar el gobernador del Líbano, elige siempre á un pachá +católico, por ser ésta la religión de los pobladores de dicha provincia; +si se trata de Samos ó cualquiera isla turca vecina al archipiélago, +designa á un pachá griego; y así hace en los demás _vilayetos_ de su +vasto imperio. + +Los turcos no sienten la fiebre del proselitismo. Á sus imanes no se les +ocurre jamás catequizar á nadie. Es más: desprecian al _renegado_, y +miran con inquietud al hombre que cambia de religión, aunque sea para +abrazar la suya. Lo que ellos aman es el poder político, la dominación +conquistadora, y les basta con que los hombres se sometan á su autoridad +y sus leyes, sin importarles el secreto de su conciencia. + +Siempre hablan con respeto de las religiones ajenas. + +--Están equivocados--dice el viejo turco con superioridad bondadosa--. +No conocen la verdad; pero al fin creen en Dios, que es lo importante, y +le honran y glorifican á su manera, lo mismo que nosotros. + +Los turcos sólo tienen un odio religioso, irracional y feroz: el odio al +persa, musulmán que es para ellos un conjunto de todas las herejías y +abominaciones: lo que el protestante para un católico rancio. + +Los musulmanes de Persia, partidarios de la secta chiíta, que creen en +el Profeta, pero le dan distintos descendientes, inspiran un odio +irreductible al buen turco. + +--¡Esos perros!--exclaman cuando ven un rostro de verde aceitunado, +cubierto con gorro de astracán--. Los _giaoures_ (los cristianos) no son +culpables de sus errores. Siguen la religión que les enseñaron sus +padres. ¡Pero esos persas, que conocieron la verdad y se apartaron de +ella!... + +Un desprecio invencible separa al turco del persa. Los numerosos +súbditos del sha que viven en Constantinopla se ven rodeados de la +general animadversión. Las guerras con Persia han sido siempre +popularísimas en Turquía. Si no existiese la vigilancia de las grandes +potencias y el llamado «equilibrio de las naciones», hace tiempo que el +ejército del _Padichá_ habría entrado vencedor en los palacios de +Teherán. + +Pero á pesar de este odio, que resulta implacable por lo mismo que se +desarrolla entre próximos parientes, el persa goza en Constantinopla de +una libertad absoluta. Cuando llega su cuaresma--cuaresma asiática, +sanguinaria y salvaje--, los fieles se reunen públicamente para +entregarse á crueles fiestas. Se azotan con látigos de hierro; se +atraviesan las carnes con puñales; se hieren, al compás de los himnos, +con agudos sables, hundiendo siempre las hojas entre los labios de la +misma herida; danzan haciendo ondular sus blancas túnicas manchadas de +sangre, aullan como poseídos, y el turco les contempla impasible, sin +intervenir jamás en su delirio, alabando á Alláh omnipotente, que +castiga á los enemigos con tales errores y locuras. + +En los países que monopolizan el título de civilizados, en las naciones +de mayor tolerancia religiosa, Inglaterra y los Estados Unidos, por +ejemplo, los diversos cultos gozan de libertad, pero ven limitados sus +derechos cuando intentan salir á la vía pública. + +En Constantinopla la libertad es más completa, pues ni siquiera existe +dicha limitación. La Gran Calle de Pera podría titularse la calle de las +religiones. En la misma acera, y casi tocándose, existen una mezquita de +derviches danzantes, la iglesia de San Antonio de los frailes franceses, +el pequeño convento de franciscanos españoles de Jerusalén, dos +sinagogas, un templo armenio, una capilla evangélica alemana y otra +inglesa. El paseante ve al través de las grandes rejas de un ventanal +túmulos venerables de viejo terciopelo, coronados de enormes turbantes y +alumbrados por tenues lámparas; más allá un patio con claustros y una +cruz en medio, á la sombra de árboles seculares: y al mismo tiempo que +suena la campana del templo católico, se escapa por ciertas ventanas el +coral luterano, lento y solemne, de los que cantan la gloria de Jesús +libre de las corrupciones de Roma, y llega hasta la calle el ruido +monótono de flautas y tamboriles que acompaña el baile de los derviches. + +El turco, tolerante con todas las creencias, se detiene á la puerta de +los templos, y por poco que insista el celo catequizador del sacristán ó +el empleado que está á la entrada, penetra en ellos con una gravedad +respetuosa. No se quita el fez, porque esto sería en él señal de +menosprecio, y cubierto, asiste á las ceremonias de un culto que no es +el suyo, con una rigidez respetuosa, sin parpadear, sin darse cuenta de +la curiosidad que despierta entre los fieles. + +Hay que oir hablar á un turco de sus visitas á los templos extraños, +para darse cuenta de la gravedad con que trata la fe ajena. Allí no está +Mohamed, el amado Profeta, pero hay algo de Alláh, poderoso señor cuyo +poder reverencian los infieles, aunque indirectamente. + +No hay miedo de que el contacto con las otras religiones perturbe la +conciencia del turco, convirtiéndole. Si él no se preocupa de catequizar +á los infieles, considerándolo tarea inútil, es porque los juzga con +arreglo á su fe, inconmovible y á prueba de seducciones. Si á un turco +llegan á convencerle de lo irracional de sus creencias, vivirá en +completo escepticismo, será ateo, pero jamás se le ocurrirá reemplazar +con una nueva religión las doctrinas muertas. La apostasía tiene para él +una importancia más que religiosa: es renegar de la raza, de los padres +y del nacimiento; una descalificación por toda la vida; una abyección +incompatible con el honor. + +Jamás mezcla el turco la religión del enemigo en los odios que le +impulsan contra éste. Le combate y le extermina porque cree que desea +apoderarse de su territorio, porque amenaza con quitarle el pan, porque +es valeroso y arrogante como él y no pueden subsistir juntos; pero nunca +porque adore á un Dios distinto del suyo. Tiene en poco aprecio al +judío, porque es rapaz y de mala fe en sus tratos, á pesar de lo cual +los hijos de Israel gozan aquí de una ciudadanía que les negaron en el +resto del mundo. Ha degollado recientemente al armenio en las calles de +Constantinopla, porque éste, más malicioso y activo, le arrebataba la +hacienda y además soñaba con trastornar la sedentaria vida turca +arrojando bombas de dinamita en mezquitas y calles. Le exterminó por +rivalidad económica y por librarse de las angustias del terrorismo; no +porque fuese cristiano. Mira con desconfianza al griego porque la +religión cismática es la del ruso, eterno peligro de su patria, y porque +tras sus melosas cortesías oculta el deseo de una sublevación general en +los países de la antigua Grecia. Pero á pesar de todos estos odios, más +ó menos justificados, jamás el populacho de Constantinopla, en sus +terribles motines, ha penetrado en las sinagogas ni en los templos +griegos y armenios. Mata al enemigo en las calles y se detiene +respetuoso ante los umbrales de las iglesias, convencido de que allí, +como en todos los lugares donde se reverencie á Dios, vive Alláh con +distinto nombre. + +Su fe religiosa, sincera, profunda, inconmovible, únicamente se permite +cierta ironía despectiva ante la fe de los judíos y cristianos. Su +pensamiento, un tanto primitivo, discurre en salvaje línea recta, sin +desorientarse entre esas concesiones que enmarañan y retuercen nuestros +razonamientos de civilizados. + +Ellos tienen sus lugares santos en la Meca y Medina, y las dos ciudades +venerables son suyas. Jamás un lugar donde puso sus pies el Profeta +caerá en poder de los _giaoures_: antes morirán todos los creyentes. +Europa se burla de la pobre Turquía, la explota, la escarnece, pero +Turquía guarda su herencia de Dios. En cambio los pueblos civilizados +hablan á todas horas de Cristo. Sus religiones, sus costumbres, sus +leyes, todo está moldeado en el nombre y conforme al espíritu de un +judío que hace muchos siglos vivió en Jerusalén... ¡Y Jerusalén, Belén y +todos los lugares por donde paseó el hombre-dios, señor ahora de los +pueblos más poderosos del planeta, siguen en poder del Comendador de los +creyentes, del soberano de Constantinopla! ¿Para qué los grandes barcos +que escupen fuego y muerte, los enormes ejércitos, las máquinas de +mágico poder, las inmensas riquezas de los banqueros judíos, si la tumba +del Dios de los unos y la ciudad santa de los otros continúa bajo el +dominio del sucesor del Profeta?... El buen turco, pensando esto, +sonríe, y cree firmemente en la grandeza de su religión y de su raza, ya +que conserva en cautividad de siglos la cuna religiosa de los pueblos +más fuertes de la tierra. + +Su tolerancia, producto del carácter más que de la imposición de las +leyes, es una manifestación de la bondad orgullosa con que el turco +protege siempre al que considera débil. Nada le importa que las +religiones extrañas se establezcan junto á las mezquitas y que salgan en +sus ritos á las calles de Constantinopla. Las considera con la benévola +sonrisa del guerrero que durante su descanso contempla un juego de +niños; y las religiones se aprovechan de esta benevolencia, gozando de +una libertad que no tienen en ninguna parte. + +Desde la ventana de un hotel del barrio de Pera, he asistido al desfile +de todas las religiones de Europa. Suenan graves cantos litúrgicos, +acompañados de una calma repentina en los ruídos de la calle. Me asomo. +Los carruajes de alquiler se han detenido junto á la acera: los turcos á +caballo tiran de las riendas á sus cabalgaduras y se alínean á lo largo +de la calle: los _hamal_, encorvados bajo sus cargas, y los simples +transeuntes se agolpan junto á las paredes, formando dos masas de gorros +rojos. Es un entierro. Al frente avanza la cruz, entre candelabros +sostenidos por monaguillos, lo mismo que en los pueblos católicos. +Detrás vienen en dos filas barbudos frailes, cantando el oficio de +difuntos. Luego se agolpan, con grandes blandones encendidos ó +disputándose el honor de llevar en hombros el féretro, un sinnúmero de +súbditos otomanos, todos con el fez en la cabeza. Unos son católicos, +otros no lo son, pero todos acompañan con fraternal piedad al amigo +muerto, y se unen á los sacerdotes y los símbolos de la que fué su +religión. Al pasar la cruz, los turcos parecen saludarla con sus ojos +graves. Algunos se llevan una mano á la frente, acogiéndola con el +solemne saludo oriental. + +Tras el entierro católico, pasa una boda griega, con su charanga al +frente, y el pope barbudo sentado junto á los novios; y el cortejo +fúnebre de un niño de la misma religión, en el que marchan los parientes +con sacos de bombones para obsequiar á los amigos cuando termine el +sepelio; y un casamiento armenio, en el cual llevan los contrayentes +enormes cirios labrados, verdaderos monumentos de cera, con rizadas +volutas y prolijos capiteles. Y todas estas manifestaciones de los +diversos cultos, con sus sacerdotes y sus ritos, sólo producen en la vía +pública un movimiento de curiosidad, acompañado de cortés benevolencia. + +La fiesta semanal de cada religión se observa con entera libertad. Los +turcos, señores del país, son los que menos ocupan la atención de los +otros: los que menos molestan á sus conciudadanos. El viernes (que es +su domingo) pasaría inadvertido, á no ser por el movimiento de tropas y +funcionarios que acompañan al _Padichá_ en la fiesta del Sélamlik. El +sábado, fiesta de los judíos, se cierran las principales tiendas de +Constantinopla, más de la mitad de los puestos del Gran Bazar, y queda +en suspenso una buena parte de la vida comercial. El domingo repican las +campañas de los numerosos templos católicos de Galata y Pera, suena el +armónium en las capillas evangélicas, ciérranse bancos y tiendas, y las +gentes, endomingadas, van á misa ó á los oficios, lo mismo que en +Europa, ante la mirada benévola del turco, que supeditado al poderoso +occidental, se ve obligado á observar un nuevo día de fiesta. + +De todas las religiones que existen en el imperio, la cristiana es la +que parece más allegada á la simpatía del turco. Este habla de Jesuhá +como de un profeta algo inferior al suyo, pero igualmente venerable: una +especie de segundón de Mahoma. Es más: como el turco sabe poco de +historia y su pensamiento espeso no tiene una noción clara de los años y +la distancia, cree de buena fe que los dos vivieron á un mismo tiempo, +que fueron grandes amigos y trabajaron juntos en la obra de Dios, aunque +al final cada uno tomó distinta dirección. + +En Constantinopla es popular la anécdota de un soldado turco, que entró +en un templo católico durante la Semana Santa. + +El soldado turco es lo más leal, lo más noblote, y al mismo tiempo lo +más salvaje y duro de mollera que existe en el imperio. El servicio de +las armas pesa únicamente sobre los otomanos musulmanes, y como á +Turquía le quedan pocos territorios en Europa, comparados con los que +poseía hace medio siglo, su ejército se nutre de reclutas extraídos de +las entrañas del Asia, de las lejanas y bárbaras provincias. Son +mocetones semisalvajes, silenciosos, de facciones rígidas y ojos +inmóviles, como si estuviesen abstraídos continuamente en una laboriosa +reflexión para comprender lo que les hablan. La ruda disciplina á la +alemana y la severidad de unos oficiales que no se andan en +contemplaciones, mantienen á estos soldados semibárbaros en una +subordinación automática. Sólo así, bajo las amenazas del castigo, +pueden vivir en una gran ciudad estos asiáticos, en cuyo interior +dormita el alma de los hombres primitivos. En los tiempos en que se +amotinaba el ejército turco, la soldadesca al correr libre por las +calles de Constantinopla, violaba á las mujeres con una lubricidad +feroz, excitados por la privación en el seno de una sociedad que +mantiene recluídas á las hembras, y hacía sufrir á los hombres odiosos +ultrajes, más que por vicio por menosprecio de raza. Hoy, que viven +acuartelados y obedientes, sin el más leve intento de rebeldía, aun se +permiten tímidos desmanes á impulsos de su ardorosa naturaleza oriental +y del hambre del celibato. La mujer que es de su raza les inspira +respeto y miedo, pero en las calles de Constantinopla se aprovechan de +la confusión y el tránsito para tentar con bárbara galantería el dorso +de todas las señoras vestidas á la europea. + +Junto con este salvajismo, tienen una noble franqueza para confesar sus +delitos. Jamás ha habido que castigar en masa á un regimiento. Cuando +los oficiales, enterados del crimen de un soldado, preguntan á su gente +quién es el autor y la amenazan con penas generales, el delincuente sale +de las filas para marchar tal vez al cuadro de fusilamiento, resignado á +morir antes de que sufran por su culpa los compañeros inocentes. + +Este salvaje, disciplinado y uniformado á la alemana, es de una +credulidad y de una ignorancia que hacen reir á las gentes. Deslumbrado +por las maravillas de Constantinopla al llegar de su lejana aldea de +Asia, todo lo cree posible, y escucha sin pestañear las más estupendas +mentiras, limitándose á un mugido de asombro. Sobre su puro cerebro, +surgen como débiles eflorescencias muy contadas ideas. Sólo indiscutible +considera que Mohamed es el Profeta de la verdad, el _Padichá_ el +monarca más poderoso de la tierra, y los turcos los hombres más +valerosos del mundo. Fuera de estas creencias, inconmovibles, lo demás +lo acepta sin discusión, con la indiferencia de un pensamiento que no +quiere darse el trabajo de funcionar. + +Un Viernes Santo, cierto soldado turco, falto de distracción, sintióse +atraído por una gran puerta del barrio de Pera. Entraba y salía el +gentío europeo al través de ella, y en el fondo brillaban luces, como +estrellas rojas en un cielo negro. Era un templo católico. El soldado +entró, erguido el fez sobre la frente, llevándose á él una mano con +expresión de respeto y examinando impasible los altares enlutados y el +traje sombrío de los fieles. + +Un europeo, de carácter alegre, conocedor del idioma turco, se unió á él +para gozarse en su estupefacción y su ignorancia. + +--¿Quién es ese?--preguntó el soldado señalando un cadáver tendido en +rico lecho, cerca del altar mayor. + +--Ese es Jesús que ha muerto. ¿Tú conoces á Jesús?... Jesuhá, el amigo +de Mohamed, el hijo de María. + +El mocetón, tras larga pausa reflexiva, movió la cabeza. + +--¡Ah!... Jesuhá... hijo de Miryam... amigo de Mohamed... Conozco--dijo +al fin, con la concisión del idioma turco. + +Se acercó para contemplar de más cerca el sagrado cuerpo, y así +permaneció mucho tiempo en rígida actitud de respeto, como si estuviese +en presencia de su coronel. Sus ojos parecieron conmovidos al fijarse en +las heridas sangrientas. + +--¿Lo han matado?--preguntó. + +--Sí; lo han matado. + +--¿Quiénes?... + +--Los judíos. + +El buen osmanlí hizo un gesto como si no le sorprendiese la noticia. +¡Los judíos! ¡Las gentes malditas que viven allá en el barrio de Galata! +¿Quiénes otros podían ser?... + +--¡Pobre Jesuhá!... ¿Y cómo fué? + +El europeo, animado por la grave credulidad del turco, creyó del caso +aumentar aun más su estupefacción. + +--Iban juntos de camino, Mohamed y Jesuhá, predicando la gloria de Dios. +Salieron los judíos á su encuentro. Mohamed pudo huir, pero el pobre +Jesuhá, como era más débil, fué asesinado, y ahí le tienes. + +Quedó en silencio el soldado. + +--¿Y los judíos querían matar á Mohamed?... + +El europeo lo afirmó varias veces, gozándose en las exclamaciones de +asombro del crédulo mocetón. + +--¡Ah! ¡Mohamed! ¡Querer matarle! + +Cansado de contemplar el cadáver de Jesuhá y las gentes que se +arrodillaban para besarle los pies, el soldado salió á la calle. + +Los turcos tienen un sentido especial para reconocer al judío, aunque se +vista á la europea. Lo olfatean, lo adivinan al través de toda clase de +disfraces. Á los pocos pasos tropezó con un israelita. Impávido, con su +flema de oriental, levantó el puño, y rodó el judío por el suelo con el +rostro lleno de sangre. Un puñetazo de osmanlí es terrible. «Fuerte +como un turco», dice el proverbio. + +Se arremolinó la gente, surgieron en un instante numerosos +correligionarios del caído, pues los israelitas están en todas partes +para ayudarse, y la policía militar se apoderó del agresor, llevándolo +al cuartel entre las vociferaciones y lamentos de la muchedumbre judía. + +En el cuarto de banderas, los oficiales se asombraron del suceso. ¡Un +buen soldado, que nunca había dado motivo de queja! «¿Por qué has hecho +eso?» + +El mozo, intimidado en presencia de sus superiores, balbuceó como el que +repite una lección: + +--Mohamed y Jesuhá iban juntos... Salieron judíos y mataron á Jesuhá... +Mohamed huyó porque es fuerte y tiene buenas piernas. ¡Pero si llegan á +alcanzarlo!... + +Y como los oficiales rompieran á reir, asombrados de tanta simplicidad, +el soldado añadió con la fe del buen creyente: + +--Yo lo sé... Yo lo he visto. + + + + +XXXI + +Restos de Bizancio + + +La _At Meidan_, ó «Plaza de los Caballos», es el antiguo Hipódromo de +Bizancio. Antes que el sultán Mahmoud reformase la vida turca á +principios del siglo XIX, aquí venían los _itchoglans_ ó pajes del +Serrallo á ejercitarse en el manejo de la jabalina. Aquí también, en +esta plaza, teatro tantas veces de las revueltas de los jenízaros, acabó +el enérgico sultán con la terrible milicia que después de haber salvado +á Turquía hacía imposible su existencia. Fué en 1826. Mahmoud dió á los +jenízaros un gigantesco banquete en la Plaza de los Caballos, y á los +postres cerráronse todas las bocacalles con regimientos fieles y +numerosas baterías. Los cañones vomitaron metralla sobre la plaza, y en +unos cuantos minutos perecieron aquellos guerreros feroces que habían +hecho temible en Europa el nombre de Turquía. + +La plaza es un rectángulo prolongado, que comunica por uno de sus +extremos con otra plaza más pequeña, donde está Santa Sofía. + +_At-Meidan_ es el Agora del viejo Stambul. En los cafetuchos y pequeños +puestos de la plaza se reunen á charlar tomando café ó pasando las +cuentas del rosario los turcos más turcos de la ciudad; los +tradicionalistas de grueso turbante y caftán multicolor, los derviches +silenciosos de capa parda y gorro de fieltro, los imanes jóvenes, de +rostro ascético, vestidos de negro, que permanecen con la mirada fija en +el espacio, como si contemplasen la gloria de Alláh. + +Todo un lado de la gran plaza lo ocupan un gran cuartel y el palacio de +Justicia, flanqueado de sombrías prisiones. En el lado opuesto está la +mezquita del sultán Ahmed, la más grande de Constantinopla por el +terreno que ocupa, rodeada de muros con rejas que dejan ver los patios y +jardines interiores, y coronada por seis minaretes blancos, altísimos y +sutiles, con remates de oro. + +En el centro de la plaza, siguiendo una línea que marca la divisoria de +las antiguas arenas del Hipódromo, mantiénense en pie tres monumentos +interesantes de la antigüedad: el Obelisco de Teodosio, la Columna +Serpentina y la Pirámide Murada. + +El Obelisco de Teodosio es padre venerable del de la plaza de la +Concordia de París y de todas las agujas egipcias que adornan jardines +en Inglaterra y los Estados Unidos. Fué el monarca bizantino el primero +á quien se le ocurrió aprovechar para su propia gloria los monumentos +con obscuros jeroglíficos extraídos del misterioso Egipto. Este +Obelisco, enorme aguja de granito rosa, fué traído de Heliópolis y +erigido en el centro del Hipódromo, sobre una base esculpida en honor de +Teodosio. La base aun subsiste con sus altos relieves, que apenas han +sufrido desgaste después de una existencia de diez y seis siglos. Las +lluvias y el aire, más que la irreverencia de los hombres, han roído los +salientes de las figuras, achatando sus rostros. Las escenas de la vida +pública de Bizancio hace mil seiscientos años reviven en este monumento. +En una de sus caras, Teodosio, con su esposa y sus hijos Arcadio y +Honorio, muéstrase rodeado de toda la pompa oriental. Los cortesanos se +prosternan á sus pies, y en el fondo, como espeso bosque, agrúpanse las +lanzas de los pretorianos. En otra cara aparece erguido en el palco +imperial, presidiendo los juegos del Circo. En otra recibe el homenaje +de los enviados extranjeros. Y junto á estas escenas de la vida +bizantina, vense esculpidas las máquinas, las grúas, los primitivos é +ingeniosos artefactos que sirvieron en aquella época para erigir la +pesada mole. + +Algunos metros más allá álzase la Pirámide Murada, triste ruina que hace +sonreir cuando se piensa en su pretencioso origen. El emperador +Constantino Porfirogente, al erigirla, la llamó el Coloso, afirmando que +era digno rival del de Rodas; pero hoy del pobre Coloso sólo queda un +obelisco de piedra vulgar, sin adorno alguno. En otros tiempos estaba +revestida, desde la base hasta el vértice, de gruesas láminas de bronce, +que ciertamente le darían un aspecto deslumbrador. Pero llegaron los +guerreros de la cuarta Cruzada, soldados de Dios que hicieron más daño á +Constantinopla que los turcos, y tomando el bronce por oro, despojaron á +la pirámide de su envoltura, dejándola en su desnudez actual. + +De los tres monumentos del Hipódromo, el más antiguo é importante es la +llamada Columna Serpentina. Maltratada por los hombres y los siglos; +reducida á una tercera parte de su altura, rota y casi informe como un +andrajo del pasado, da sin embargo la impresión de esos monumentos +venerables en los que se admira más lo que no se ve que lo todavía +visible. El suelo del Hipódromo, con las ruinas de la ciudad, el paso de +los siglos y los temblores de tierra, se ha elevado más de tres metros, +y la columna famosa, lo mismo que los otros monumentos del Hipódromo, +está á cierta profundidad, en el fondo de un hoyo rodeado de barandilla. + +Esta columna es el monumento más auténtico é importante que poseemos de +la antigüedad griega. Fué fundida en Atenas para conmemorar la victoria +de Platea sobre los persas, y la colocaron en el templo de Delfos, +frente al gran altar. Representaba tres serpientes de bronce enlazadas +tan estrechamente, que formaban á modo de un solo reptil, con tres +cuerpos y tres cabezas. Los nombres de todas las ciudades griegas que +tomaron parte en los gloriosos combates de Salamina y Platea, figuraban +grabados en ella. Un trípode de oro consagrado á Apolo reposaba sobre +las cabezas de las tres serpientes. Este trípode fué robado por los +focios, pero la columna mantúvose intacta en Delfos hasta los tiempos de +Constantino, en que éste la arrancó de la tierra sagrada de Grecia para +embellecer su nueva ciudad del Bósforo. + +Las mutilaciones de la Columna Serpentina datan de muchos siglos. El +fanatismo cristiano de los bizantinos se ensañó en el monumento, viendo +en las tres serpientes una obra del demonio. Varias veces el populacho +la atacó con palos y piedras. En tiempos del emperador Teófilo, el +patriarca de Constantinopla vino cauteloso una noche, y á martillazos +rompió las cabezas de los reptiles. Solamente pudo destruir dos. Siglos +después la superstición musulmana reemplazó al fanatismo cristiano. + +Al entrar Mohamed II vencedor en Constantinopla, sobre su caballo +ensangrentado, ebrio de cólera y de matanza, llegó á la plaza del +Hipódromo, deteniéndose ante la triple serpiente, á la que tomó por un +ídolo de los vencidos. ¡Pueblo execrable de infieles, adoradores del +demonio!... Y lanzó su maza de guerra con tal fuerza contra la bestia, +que partió la única cabeza que aun se mantenía intacta. Después de este +acto--según cuenta la tradición turca--, una invasión de serpientes +vivas se esparció por Constantinopla, y el pueblo, poseído de +supersticioso terror, respetó y reparó el monumento. Pero los ladrones +acabaron la obra destructora de la superstición. La columna tentó su +codicia, se dedicaron á robar fragmentos de ella, y fué vendido como +vulgar metal el bronce contemporáneo de Temístocles, que aun conservaba +legibles los nombres de las treinta ciudades griegas que tomaron parte +en la guerra contra los persas, las mismas que menciona Plutarco. + +Para encontrar otros vestigios de la dominación bizantina en esta +Constantinopla modificada por los turcos, hay que salir de ella y seguir +el extenso recinto de sus murallas. + +Más de ocho kilómetros de longitud tienen las antiguas fortificaciones +de Bizancio. Se sale de Stambul en ferrocarril, y el tren atraviesa +extensas campiñas con pueblos que no son más que barrios apartados de +Constantinopla. Desde la ventanilla del vagón se ven tierras desoladas, +pedazos de desierto, cementerios que se pierden de vista con sus +pequeñas tumbas blancas y apretadas, como un rebaño inmóvil que en vano +busca un hierbajo en la tierra árida. ¡Y todo este suelo muerto, hollado +muy de tarde en tarde por los pies del hombre, fué la antigua +Bizancio!... + +El tren, después de detenerse en varias estaciones, llega al lugar de +donde arrancan las murallas, á orillas del Mármara, para extenderse +hasta las riberas del Cuerno de Oro, formando una línea de ocho +kilómetros en la parte más ancha de la península triangular. + +Al descender del vagón el viajero cae en una soledad de cementerio. +Míseros bancales mal cultivados vegetan á la sombra de las murallas, que +son enormes, rojizas, con profundos socavones, más semejantes á restos +de un cataclismo geológico que á obra de los hombres. Los torreones que +antiguamente la flanqueaban son informes montículos por los que trepan +las plantas parásitas huyendo del matorral que rodea sus bases como una +inundación sombría y pinchosa. Sobre sus plataformas, semejantes á bocas +viejas, en las que sólo queda el diente aislado de algunas almenas, +crecen higueras salvajes, árboles silvestres que tienen siglos, parias +de la vegetación que hunden sus raíces en sillares y argamasa y viven de +chupar el jugo de la piedra; parasoles verdes y frondosos que agitan su +cúpula bajo el viento de la estepa, en esta soledad, libres del hombre. + +La llamada Torre de Mármol descuella en la confusión de escombros rojos +y obscura hojarasca, con el brillo de su nítida blancura. Está en la +orilla del mar, ó más bien dicho, en el mismo mar. La emanación +salitrosa del agua azul, el paso de los siglos, las inclemencias del +cielo no han conseguido empañar ni modificar su blancura. La torre +parece sonreir al reflejarse invertida en la glauca entraña del Mármara +que riza sus blancos contornos. Los sillares son de pilastras de remotos +templos, de columnas griegas, de lápidas sagradas. Vista de lejos +parece de una sola pieza. De cerca revela el origen de sus materiales, +en las inscripciones, los capiteles y las estrías arquitectónicas que +aun se marcan en sus diversos sillares. Parece el fantasma gracioso de +Bizancio surgiendo entre la destrucción, obra de siglos, y el +aniquilamiento, obra del invasor. Su cúspide está limpia de melenas +vegetales. Las semillas silvestres no han encontrado jugo vital en el +pulido mármol. Abajo los blancos cimientos se hunden en las aguas +profundas y las algas agarradas al mármol forman una cabellera verde y +ondulante. _¡Chap!... ¡chap!_ susurran las olas del Mármara, con lento +compás, al batir esta torre desde hace más de mil años; y los largos +filamentos verdes se rizan estremecidos á cada vaivén de las aguas, y +arriba responden las cigarras y los abejorros rozando sus chirriantes +élitros en la rumorosa soledad. Y así vivirá aún, siglos y siglos, la +Torre de Mármol, blanca como un panteón, olvidada de los tiempos en que +lucían á sus pies las lanzas de los guerreros bizantinos, entraban en +sus cámaras las damas del Bajo Imperio arrastrando túnicas bordadas, con +escenas bíblicas. Apenas si presume ya este venerable monumento que +existe el hombre. La vida humana sólo va á su encuentro de tarde en +tarde, en forma de algún pelotón de viajeros que la fotografía de lejos. +Ninguna nave atraca junto á sus muros, que aun guardan vestigios de +anillas de bronce. Los barcos modernos son para ella leves manchas de +humo que resbalan por el lomo remoto del mar solitario. + +¿Cómo describir la gigantesca y aplastante monotonía de las murallas que +partiendo de aquí van á buscar las aguas azules al otro lado de +Stambul?... Media jornada se invierte en el viaje á lo largo de este +recinto que un día fué la más imponente de las fortificaciones de la +tierra, y hoy, visto de lejos, da la sensación de una barda de corral +arruinada. Se marcha durante horas y horas viendo siempre á la derecha +el murallón rojizo, flanqueado de torres. Á trechos, la obra está entera +y ofrece un aspecto majestuoso: más allá cae en ruinas, y por las +brechas se ven terrenos yermos ó blancos cementerios. Las puertas +antiguas que aun abren paso entre los dos desiertos, á un lado y á otro +de la muralla, parecen gargantas del vacío. La soledad y la muerte por +todas partes. Á la izquierda, la tierra es una inmensa necrópolis. Los +turcos ricos buscan su tumba en la santa colina de Eyoub, en los +cementerios próximos al Bósforo ó en el inmenso de Scutari. Aquí vienen +á pudrirse los pobres, los esclavos, los griegos, los armenios, todos +los que no tienen fortuna ó una familia que vele por ellos. + +Inmenso el cementerio, sin tapias que lo limiten ni escaseces de terreno +que obligan á amontonar un cadáver sobre otro, cada muerto goza como +dueño absoluto su pedazo de tierra; cada ficha funeraria marca sólo un +cuerpo, y la necrópolis se extiende hasta perderse de vista, +confundiendo sus mojoncillos de piedra con la línea del horizonte. +Parece que un ejército incalculable, superior á toda imaginación, +millones y millones de muertos, envuelven en apretado bloqueo á la +ciudad antes de asaltar sus muros. + +¡Los cementerios turcos!... En el corazón de Constantinopla, en el mismo +barrio europeo de Pera, existen aún, sin que el transeunte se sienta +impresionado al pasar junto á ellos. La muerte no tiene en Turquía el +aspecto horripilante que en los países occidentales. Los que sobreviven +recuerdan al difunto amado á todas horas, le lloran, pero nunca se les +ocurre visitar la tumba que guarda sus despojos y cubrirla de adornos +repugnantes. Este pueblo sabe que el ser perdido no está ya en la +tierra, que su verdadera esencia no es lo que se pudre en el suelo, y +olvida la tumba, no imitando á las gentes cristianas, extraños +espiritualistas, falsos charlatanes de la inmortalidad del alma, que +rinden á la materia en descomposición y al pelado esqueleto un culto +casi igual al que los egipcios tributaban á sus momias. + +Este olvido de los cuerpos da á los cementerios turcos el majestuoso +encanto de la verdadera soledad. Los de Constantinopla y Stambul se ven +frecuentados, porque sus arboledas y kioscos los convierten en lugares +de recreo; pero los cementerios de los grandes muros son el verdadero +campo de la muerte, el desierto de la nada. Se caminan leguas sin +encontrar un ser viviente. Hasta los pájaros huyen espantados por la +falta de vegetación: hasta los lagartos emigran de esta tierra seca, +donde apenas crecen hierbas. Sobre el suelo no se ven más que tumbas y +tumbas, todas semejantes, todas pequeñas, con una sobriedad serena y +tranquila que despoja á la muerte de su aparato terrorífico. Son simples +láminas de mármol, anchas y semicirculares por arriba, y estrechas +abajo, clavadas en el suelo: una especie de corazones muy prolongados. +El remate de cada uno de estos mojones indica el sexo y la calidad del +cadáver. Las tumbas de las mujeres tienen esculpido en lo alto un grupo +de flores; las de los sacerdotes un turbante; las de los simples +ciudadanos un fez. Cuando la tumba es reciente, las flores están +pintadas de oro y los gorros de rojo: las inscripciones de plácida +resignación brillan doradas sobre un fondo verde, pero esto dura poco. +Las lluvias y el viento devoran los colores, nadie viene á repararlos, y +todos, pobres y ricos, santos y pecadores, hombres y mujeres, toman la +amarillez uniforme del mármol en el gran abandono de la muerte. + +Nadie transita en este bosque bajo, de pétreos matorrales, que se pierde +de vista. De tarde en tarde se columbra, en lo más remoto del horizonte, +el negro hormigueo de un grupo humano. Es un entierro. Bajarán el +cadáver á la fosa, plantarán el mojón fúnebre y volverán las espaldas +para no acordarse más del lugar donde dejaron los restos del muerto +querido, cuya memoria llevan siempre en el pensamiento. + +La soledad por todas partes: una soledad absoluta, sin huellas humanas, +sin cantos de pájaros, sin estremecimientos de hierba, sin roce de +insectos; un silencio de esterilidad y de muerte, como no se encuentra +jamás en un paisaje europeo. + +Este vacío fúnebre hace que la visita á las grandes murallas sea la +única excursión de Constantinopla en la que se recomienda al viajero la +necesidad de llevar armas. Cuando se tropieza con seres vivientes, el +encuentro es más inquietante que la soledad. En un torreón acampan +familias de zíngaros, de aspecto salvaje: diez ó doce torres más allá, +unos cíclopes han instalado su fragua bajo un trozo de cúpula bizantina, +pero sus ojos inquietantes de bandido revelan que viven de algo más que +de batir el hierro. En las ruinas de los que fueron palacios de +Paleólogos y Comennos, pululan los más inquietantes ejemplares de la +mendicidad oriental; gentes roídas por la miseria y desfiguradas por las +más atroces enfermedades; leprosos con media cara devorada por la +putrefacción; ciegos que muestran sus órbitas sin globos, rojizas, +piltrafosas, rodeadas de zumbantes moscardones; mujeres esqueléticas, +comidas de piojos, que enseñan entre los harapos el flácido pellejo de +sus pechos. + +De hora en hora se ve en las murallas el túnel de una gran puerta. En +otros siglos fueron espléndidos arcos de triunfo. Uno de ellos se llamó +la _Puerta Dorada_. Aun quedan en el muro vestigios de águilas +imperiales. Hoy nadie entra ni sale por ellas, y su profundo arco, +ennegrecido por las hogueras, sirve de refugio á los vagabundos de las +más extrañas nacionalidades. + +Tristes restos que nada guardan de su pasado, son también las famosas +_Siete Torres_, el _Heptapyrgión_ de los emperadores griegos. Cuando +llegaron los turcos era ya una ruina, y Mohamed el Conquistador lo +reedificó, haciendo de él algo semejante á lo que fué la Bastilla para +los reyes de Francia. Este castillo, en cuyos restos acampan hoy, como +fieras ahuyentadas del trato humano, los mendigos y los vagabundos, era +una de las fortalezas más famosas de Europa. Aquí encerraban los +sultanes á los embajadores de Europa cuando entraban en guerra con sus +naciones. Aquí permanecieron años y años los enviados de Venecia y +Génova. Los jenízaros, omnipotentes pretorianos de la vieja Turquía, +encerraban aquí á los sultanes destronados, ó los degollaban en el gran +patio. Siete sultanes murieron en las _Siete Torres_, y es incontable el +número de grandes visires y pachás cuyas cabezas se pudrieron +enganchadas á las escarpias de las almenas. En uno de los patios del +antiguo castillo, que es hoy una extensión de malezas limitada por +ruinas, está el llamado _Pozo de la sangre_, donde se sumían los +cuerpos de los decapitados. Otro patio se titulaba la _Plaza de las +cabezas_, y los cráneos iban apilándose en él, después de las +ejecuciones, hasta que el lúgubre montón llegaba á la altura de las +almenas. + +Nos alejamos de las _Siete Torres_ siguiendo el monótono camino, á lo +largo de las murallas, siempre entre ruinas y cementerios. Llevamos +muchas horas de marcha. El recinto fortificado se extiende como una +cinta roja sin fin, subiendo y bajando con las ondulaciones del terreno. +Una puerta abandonada recuerda la muerte de Constantino Dragecés, el +último emperador de Bizancio, valeroso é infortunado combatiente, que +cayó de los muros y siguió luchando con su hacha de armas hasta +desaparecer bajo un montón de cadáveres. Otro lugar evoca la muerte de +Eyoub, el santo portaestandarte del Profeta, el compañero de Mohamed el +Conquistador, que pereció en el sitio de la ciudad y dió su nombre al +barrio del Cuerno de Oro. + +Vamos aproximándonos al término de nuestro viaje. Aparecen en la +desolada extensión grupos de habitaciones humanas, y entramos á +descansar en el pequeño monasterio de Balouki. En sus criptas surge la +fuente milagrosa de Zootocos, cuyas aguas obran prodigios, según los +griegos. Es una cisterna, bajo cúpula sombría, en cuyo líquido nadan +muchos peces rojos. + +El monje griego que nos la enseña, relata la historia de la prodigiosa +fuente; el famoso «milagro de los peces». + +En el mismo instante que los turcos entraban por asalto en +Constantinopla, un monje de este convento estaba friendo unos pescados. +Otro monje, consternado por el suceso, se presentó en la puerta dándole +la terrible noticia. + +--¡Bah!--repuso el primero no admitiendo que Bizancio pudiera ser +tomada--. Creeré en eso cuando vea á mis pescados saltar de la sartén. + +Y los pescados saltaron, medio rojos y medio negros, pues sólo estaban +fritos por un lado, y fueron á refugiarse en el agua de la cisterna, +donde nadan aún. + +El barbudo monje de ahora nos cuenta esta leyenda, simple hasta la +estupidez, con grandes aspavientos dramáticos para demostrar su fe: pero +indudablemente cree en ella lo mismo que nosotros. + +Después, siguiendo la costumbre, nos hisopea con el agua prodigiosa, á +guisa de bendición, y... tiende la mano. + +He aquí el verdadero milagro de los peces. Este sí que es indiscutible. + +Convertir en monedas las gotas de agua de la santa cisterna. + + + + +XXXII + +La Noche de la Fuerza + + +Va á comenzar el Ramadán, el mes sagrado de los musulmanes, la extraña +Cuaresma que es, mientras luce el sol, ayuno y angustias, y así que +cierra la noche, una orgía sin término. + +Constantinopla brilla en la sombra, coronada de luces. La piedad +musulmana cubre con guirnaldas de fuego los balconcillos de los +minaretes y los arcos de las mezquitas, al mismo tiempo que la fidelidad +al _Padichá_ y á las tradiciones ilumina los palacios, los puentes, +todos los edificios oficiales y las viviendas de los personajes. + +En tiempos normales, Constantinopla es una ciudad discreta y recatada +que se entrega al descanso apenas se oculta el sol. El turco se acuesta +pronto para levantarse antes del alba, y fuera de los barrios europeos, +donde teatros y cafés prolongan la vida hasta pasada media noche, la +gran metrópoli tiene sus calles obscuras, sin otra luz que el pálido +resplandor de las lámparas transparentando por los ventanales de +mezquitas y kioscos funerarios, ni otros transeuntes que los perros +vagabundos y el sereno que marca las horas con fuertes garrotazos en el +suelo. + +Al llegar el Ramadán, Pera y Galata continúan su vida nocturna de +siempre, pero el viejo Stambul, Scutari y todos los distritos turcos, +sobrepujan durante la noche en luz y movimiento á los barrios europeos. +Apenas suena el cañonazo de la puesta del sol, el musulmán, que ha +pasado el día sin comer, sin fumar y hasta privado del agua, se abalanza +como bestia famélica á los bodegones y cafés, asaltándolos. Es la orgía +de toda una ciudad. No comen, tragan: no beben, sino cuelan; y este +devorar feroz, va acompañado de risas, aullidos, danzas y peleas. El +turco no prueba el vino, pero la comida parece embriagarle, y ciertos +líquidos fermentados acaban por dar á su borrachera una alegría bestial +y peligrosa. + +Mientras abajo, en las tortuosas calles donde brillan como bocas de +infierno las puertas de bodegones y cafés, aulla el populacho turco, +arriba lucen las coronas de fuego de las mezquitas, y la luna, símbolo +del pueblo musulmán, rueda por el cielo de suave azul, presenciando con +cara bonachona la ruidosa orgía de sus amigos. + +¡Las iluminaciones de Constantinopla!... Esta ciudad europea, que aun +vive privada de la electricidad, por orden del emperador, y no conoce +otro gas que el de los macilentos faroles de las calles, muestra un +gran talento artístico, una rara habilidad, al iluminar sus fiestas. El +farolillo de aceite ó la linterna con bujía, le bastan para realizar las +más asombrosas combinaciones de su imaginación oriental. El día que el +foco incandescente y los rosarios interminables de bombillas eléctricas +aparezcan en Constantinopla, ésta habrá perdido una de sus mayores +originalidades; el encanto de sus fantásticas iluminaciones. No tienen +el estallido deslumbrante y brutal de las luces modernas; son reflejos +dulces, velados, discretos; una iluminación de ensueño, un esplendor +vagoroso y poético, semejante al de las fiestas de _Las mil y una +noches_. + +Vistas de cerca, las iluminaciones en palacios y templos son miles y +miles de vulgares linternas colgadas en clavos, en andamios de madera. +Contempladas de lejos, se convierten en maravillosas luces de color de +oro, que forman las más extraordinarias visiones: flores fantásticas, +lunas, estrellas, soles, arcadas aéreas, un mundo de encantamiento, que +parece flotar impalpable, ligero y sin realidad, en la negrura del +ensueño, para disolverse apenas despertemos. + +La luna rompe sus reflejos en las inquietas aguas del Bósforo, trazando +un extenso triángulo de luz, y junto á los peces de plata que rebullen +en su enorme estela, nadan enjambres de peces de oro, al reproducirse +invertidos los palacios iluminados de ambas riberas. + +Una noche alquilo un caique de un solo remero para recorrer el Bósforo á +la luz de la luna. Es noche de fiesta extraordinaria dentro del Ramadán: +la llamada «Noche de la Fuerza». Necesito llevar conmigo una +autorización de la policía, pues al ocultarse el sol está prohibido +circular sin permiso de una á otra orilla, y la vigilancia es tan grande +sobre el agua como en tierra. + +¡La inolvidable excursión por el mar encajonado y silencioso! Al seguir +el Bósforo contra la corriente, la barca queda envuelta de pronto en un +nimbo de luz, viéndose como una figura de oro viejo el remero casi +desnudo, que jadeante mueve sus brazos junto á la proa. Es el resplandor +de un palacio de la orilla. El agua tiembla luminosa en torno de la +embarcación con ondulaciones doradas, como si transparentase una fiesta +de ondinas en las profundas entrañas del Bósforo. Después la barca +vuelve á sumirse en la sombra; las aguas son negras, casi invisibles, +adivinándose por los violentos vaivenes que imprimen á la ligera +embarcación y por el sordo chirriar de su corriente chocando con la +quilla y los remos. Y así, pasando de la sombra á la luz y del +resplandor á la obscuridad, vamos Bósforo arriba, bogando en lo +desconocido con cierta emoción al pensar en la profundidad de las aguas, +agrandada por el misterio, y en la fragilidad del esquife, balanceados +como una pluma por el sombrío elemento que se abre siempre ante nosotros +en la pavorosa lobreguez. En las lejanas orillas brillan luces, suenan +músicas y se adivina la presencia del gentío, como si las ráfagas +rumorosas de la brisa nos trajesen su respiración. En lo alto brilla la +luna, pálida y anémica al contrastar con las guirnaldas de oro de los +edificios. + +De tarde en tarde, entre los palacios del Bósforo con sus estrellas y +sus lunas de colores, se adivina un edificio vagoroso que hunde en el +misterio azul sus tentáculos blancos. Es una mezquita. La discreta luz +de la lámpara del Mirab tiembla como una lágrima amarilla en las opacas +vidrieras, que parecen de un panteón. + +La embarcación salta y gime en ciertos parajes, chapoteando su proa en +las aguas invisibles. Son las rudas corrientes del Bósforo que rugen en +los recodos y los estrechos. El remero sigue adelante con la confianza +del que ejerce su oficio. De pronto un ojo deslumbrante surge de la +obscuridad. Un haz de vivos resplandores viene de él, paseándose sobre +las aguas, á las que da una blancura funeraria. Es el reflector +eléctrico de un buque que marcha al Mar Negro. Pasa el monstruo obscuro +á corta distancia, con ojos deslumbrantes en las antenas, y otros ojos +rojizos y más tenues formando doble línea en sus flancos negros, donde +están los camarotes. El agua que desplaza su gigantesco vientre +arremolínase en este callejón marítimo, formando unas cuantas olas, +seguidas, cortas y violentas, que crecen y se prolongan hasta las +orillas, para morir en ruidoso asalto. + +El caique, que parece de papel, salta y se acuesta en este remolino +negro, amenazando zozobrar. ¡Ya hay bastante! Ser tragado por el +Bósforo, á la vista de palacios iluminados, oyendo músicas y el ruido de +una muchedumbre que no puede enterarse de lo que ocurre en las aguas +obscuras, á cincuenta metros de distancia, es un final inaceptable. +Todas las semanas se traga víctimas este Bósforo de enorme profundidad y +orillas cortadas como á pico. De día, gentes que caen en los +desembarcaderos, aturdidas por el empuje de las muchedumbres que asaltan +los vaporcillos ó tranvías acuáticos; de noche caiques que zozobran. Y +estos turcos, familiarizados con el brazo de mar, que es la primera de +sus calles, no prestan atención á tales sucesos, y los periódicos apenas +si le dedican dos líneas... ¡Atrás! + +Vamos ahora Bósforo abajo, siguiendo el impulso de la corriente. El +remero descansa, dando sólo de vez en cuando alguna paletada para no +abordar á la orilla. Otra vez saltamos de la luz á la sombra y de la +sombra á la luz, pasando ante los palacios de los parientes del sultán, +de los grandes pachás y de los buques de guerra otomanos, con sus +guirnaldas de luces que marcan todos sus contornos, bordas, palos y +chimeneas. + +Nos aproximamos al palacio del ministro de Marina. La muchedumbre llena +el muelle. Grupos de mujeres con cerrado manto que van como colegialas +en ruta, haremes enteros, pasean entre el gentío, en esta noche de +libertad y de fiesta. Los vendedores de bebidas gritan pregonando sus +mercancías. La banda de música de un crucero toca bajo las ventanas de +Su Excelencia, y el público parece entusiasmado. No baila como en las +fiestas de Europa, pero su alegría infantil se desborda á impulsos de la +música amada, de la música popular, _La Mascota_, y sobre todo _La Gran +Vía_, de la cual el «coro de los marineritos» es insustituíble para el +populacho de Constantinopla. + +Nos alejamos Bósforo abajo. Va amortiguándose el movimiento en las +orillas; las iluminaciones lucen solitarias en los muelles abandonados. +Una hora después desembarco, siguiendo á pie las calles pendientes que +conducen á las alturas de Bechik-Tach, donde están los palacios de los +principales personajes de Turquía. + +Soledad completa. Todos los edificios están iluminados, las calles +envueltas en un resplandor rojizo que expulsa la sombra hasta de los +últimos rincones. En ambas aceras se elevan andamios con miles y miles +de linternas, formando dibujos inabarcables de cerca. ¡Luces y luces, +hasta donde alcanza la vista!... Y nadie: ni un hombre, ni un perro. Las +bestias vagabundas, acostumbradas á la lobreguez, han huido de la luz y +de la momentánea limpieza, buscando los callejones y solares donde se +amontona el estiércol. + +Los pasos despiertan en las losas una sonoridad fúnebre. Se marcha como +en un ensueño. Pueden surgir facinerosos en esta soledad luminosa, y ser +uno asesinado, sin que de los palacios esplendorosos y mudos salga el +menor auxilio. Parece que los turcos, después de cubrir la ciudad de +luces, la han abandonado para siempre. + +Todo buen musulmán se ha encerrado en su casa, aislándose del mundo. Es +la gran noche, la más dulce de las noches. ¡La Noche de la Fuerza! + +El sabio Mohamed pensó en todo al legislar para su pueblo. Predicó la +guerra como elemento indispensable para sostener la vida; prohibió +manjares y líquidos incompatibles con la salud en un clima oriental; +elevó la limpieza y el agua á la categoría de dogmas, conociendo el amor +ancestral de la bestia humana á la suciedad y el abandono; y para que +sus pueblos no decreciesen, como les ocurre á ciertas naciones modernas, +decretó en nombre de Alláh la Noche de la Fuerza. + +En esta noche, todo musulmán que tiene su compañera no debe dormir, sino +velar mientras le queden alientos. El buen creyente, con el pensamiento +puesto en Alláh y en la reproducción de su raza, debe gustar todos los +frutos que guarda su harem... mientras tenga dientes para ello. La +prescripción religiosa es severa é ineludible. El amor por orden del +Profeta: el supremo escalofrío como grata oración á Dios. Nadie se +escapa á este supremo mandato. El viejo trémulo, exprimido y seco por +largos años de poligamia, debe probar á cumplirlo (con probar nada se +pierde); el adolescente recibe la iniciación del misterio de la vida, +por obra de alguna esclava de la casa, y entusiasmado con la dulce +novedad de la ceremonia repite sus oraciones hasta que cae extenuado; el +hombre en plena virilidad hace un llamamiento á sus fuerzas y ora toda +la noche en diversos altares, con la convicción de que será grato á Dios +si el sol le sorprende ocupado todavía en tales ritos. + +La piedad musulmana se exalta y sobrepasa en esta noche, queriendo cada +cual ir lo más lejos posible, para satisfacción de Alláh y orgullo de +las propias fuerzas. Y todos corren y corren por el camino del santo +deber, sin más pausa que la de los relevos, cambiando de montura para +enardecer su energía con el incentivo de la novedad, y llegando en el +sacro deporte á límites donde sólo pueden alcanzar el entusiasmo +religioso y el apasionamiento oriental. + +Esta Noche de la Fuerza es la de la «Ceremonia del Pañuelo» en el Yildiz +Kiosk. Es vulgar la creencia de que los sultanes, desde hace muchos +siglos, cada vez que desean hablar aparte con una de sus innumerables +mujeres, la avisan arrojándola un pañuelo. Nada hay de esto. La +ceremonia del pañuelo existe, pero es sólo una vez por año: la Noche de +la Fuerza. Las tradiciones ordenan que en esta noche el Comendador de +los Creyentes, para cumplir el deber religioso como todas sus súbditos +musulmanes, sacrifique una doncella. + +En un salón del harem imperial se alínea, bajo la mirada del Gran Eunuco +y sus tropas de negros, un centenar de vírgenes. Unas son esclavas de la +Circasia enviadas como regalo por los gobernadores de los _vilayetos_ +asiáticos; otras, hijas de pachás, entusiastas del emperador, que +aprovechan esta ocasión para introducir la influencia de su familia en +los departamentos secretos del Yildiz Kiosk. Todas, esclavas y señoras, +confundidas en la igualdad femenil de las costumbres turcas, que no +reconocen más que dos rangos, la belleza y la fealdad, aguardan trémulas +la presencia del Gran Señor, sabiendo que en breves instantes puede +decidirse su suerte. + +Aparece el _Padichá_. Con ojos impasibles examina la fila, el Gran +Eunuco secretea en su oído, y al fin arroja con indiferencia el +pañuelo... ¡Cualquiera! Su tranquilidad es igual á la del católico que +todos los domingos va á misa, sabiendo que es un espectáculo santo, pero +sin emoción alguna. La ha oído tantas veces, que no encuentra en ella el +encanto de la novedad. + +¡Pobre Abdul-Hamid! ¡Augusto Comendador de los Creyentes, con sus +sesenta años bien contados!... Me lo imagino en esta noche, á puerta +cerrada con la virgen, hermoso potro, bello y salvaje, con el fuego de +los pocos años y el deseo de agradar, excediéndose en toda clase de +iniciativas. El majestuoso _Padichá_, que tal vez lleva ocupado el +pensamiento por alguna nueva reclamación de los embajadores de las +potencias, tiene que pasar una noche, por deber religioso, junto á esta +primavera ardiente, que vela junto á él, excitada y nerviosa. Sus +preocupaciones de gobernante, sus pensamientos de Felipe II, papelista +enterado minuciosamente de todo lo que ocurre en su vasto imperio, le +preparan mal indudablemente para estas encerronas, ordenadas por el +Profeta. La soberana de una noche sonríe invitadora con sus labios +coloreados de carmín, levanta la mirada de sus ojos agrandados por la +pintura negra, saca incitante las curvas de su cuerpo en celo... pero al +tender sus manos encuentra ¡ay! el ánimo del Gran Señor flácido y +desmayado, como el pañuelo simbólico. + +Pensando en estos desastres y tormentos, impuestos por el deber +religioso, que no tiene en cuenta edades ni circunstancias, sigo las +calles iluminadas y silenciosas, acompañado únicamente del eco de mis +pasos. ¡Nadie! ¡Siempre ante mí la soledad, roja y brillante! Pueden +robarme, pueden matarme sin que al sonar mis gritos se abra una ventana +ó una puerta de estos palacios luminosos. Sus habitantes están demasiado +ocupados para fijarse en lo que ocurre en la calle. + +El palo del sereno chocando contra las baldosas no altera esta noche el +silencio profundo del barrio señorial. También para él, musulmán +fervoroso, es esta noche la de la Fuerza. Los ladrones, los vagabundos +deben igualmente estar dedicados á la santa ceremonia. Allá lejos, en la +depresión del terreno por donde corren las aguas del Cuerno de Oro, el +cielo tiene resplandores de incendio y se eleva un zumbido de colmena +gigantesca. El populacho sigue divirtiéndose en Stambul y Galata. + +Voy hacia allá, por las calles abandonadas, muertas y luminosas, como si +marchase por una ciudad fantástica, mirando con despecho las puertas +cerradas, pensando con cierta amargura en la fría cama del hotel que me +espera, lamentando mi condición de mísero _giaour_, de despreciable +cristiano, que me hace vagar triste é inútil en esta noche de la +abundancia hasta el desfallecimiento: la santa Noche de la Fuerza. + + + + +XXXIII + +La entrada en Europa + + +¡Adiós, Constantinopla! + +En plena noche atravieso por última vez el Gran Puente, sintiendo como +caricias amistosas de despedida los estremecimientos y saltos que +imprimen al carruaje los tablones de la plataforma. El Cuerno de Oro es +una zanja profunda y brumosa, en la que brillan los ojos inflamados de +las embarcaciones. Enfrente, el venerable Stambul recorta su silueta +negra de cúpulas y minaretes, sobre un cielo esfumado, en el que brilla +pálida la luna menguante. Las luces del Ramadán parecen flotar en el +espacio como constelaciones perdidas. + +¡Adiós! + +Hace más de un mes que vivo en estos lugares á los que nada me une, ni +el nacimiento, ni la raza, ni la historia, y sin embargo, la partida es +melancólica y penosa. + +Cuando se viaja se abandonan las ciudades, por gratas que sean, con un +sentimiento de alegría. Es la curiosidad que se despierta de nuevo, el +instinto ancestral de cambio y movimiento, que llevamos en nosotros como +herencia de nuestros remotísimos abuelos, nómadas incansables del mundo +prehistórico. ¿Qué habrá más allá? ¿Qué nos espera en la próxima +etapa?... + +Pero al partir de Constantinopla, este sentimiento alegre y curioso se +amortigua y desvanece. Por interesante que sea lo futuro, no llegará á +serlo tanto como el presente. La Europa occidental, con sus ciudades +cómodas y uniformes, seguramente que no puede borrar el recuerdo de esta +aglomeración de razas, lenguas, colores, libertades inauditas y +despotismos irresistibles, que ofrece la metrópoli del Bósforo. + +¡Adiós!... Y á la melancólica despedida se une la incertidumbre del +porvenir, la sospecha de que no volveré á contemplar estos lugares +amados, de que las circunstancias de mi vida harán que ésta se extinga +antes de poder cumplir mi deseo. + +Al recuerdo de Constantinopla va unido el del mar de Mármara con sus +aguas tranquilas y verdes, por cuyas transparentes entrañas pasan +flotando las medusas como un desfile de paraguas de nácar. Recuerdo +también las poblaciones del Asia Menor, que acabo de visitar, Mudania y +Brussa, ciudades puramente turcas, donde vive el musulmán sin nada de +europeo que desfigure y envilezca su existencia. Algún día hablaré de +Brussa, la de la Mezquita Verde, edificada por alarifes de la Andalucía +musulmana: Brussa, la de las sedas brillantes como oro, la Granada +turca, dormitando al pie del Olimpo de Bitinia, frente á una vega +situada á muchos centenares de metros sobre el nivel del mar y +eternamente frondosa, lo que hace que los otomanos la llamen con orgullo +_Brussa la Verde_. Y también hablaré, en una novela, del barrio de +Galata en Constantinopla, «el barrio de los españoles», como lo titula +la topografía popular, donde veintiocho mil judíos que se apellidan +Salcedo, Cobo, Hernández, Camondo, etc., emplean en el seno de la +familia un castellano arcaico que es la lengua sagrada, el medio de +comunicación para librarse de la vigilancia de los enemigos. + +--¡Ah, Espania! ¡La bella Sión de Occidente! Los míos, los viexos, +baxaron de allá. + +Los cuentos que entretienen á la familia en las noches de sábado, +leyendas de enormes tesoros enterrados, tienen siempre por escenario la +lejana España, país fantástico del que hablan los patriarcas á los niños +con grave misterio, como hablamos nosotros de Bagdad, la de _Las mil y +una noches_. Y en las fiestas israelitas, las viejas descuelgan los +panderos y entonan con sus bocas desdentadas villancicos del siglo XV, +aprendidos por sus abuelas en Toledo, que fué como el París del mundo +judío. + +Abandono Constantinopla después de pasar por las innumerables +ceremonias del pasaporte, que son aquí tan precisas para salir del país +como para entrar. Rueda el tren durante la noche por las desoladas +llanuras de la Tracia. Al amanecer estamos en Rumelia y después en +Bulgaria. Se acabaron los gorros rojos. Los soldados que ocupan los +andenes de las estaciones ó acampan en tiendas grises al pie de alguna +loma, van vestidos á la rusa. Los campesinos, con una tiara negra de +piel de oveja y rudas abarcas, marchan por los caminos amarillentos, +ante los tardos bueyes que arrastran unas carretas chirriantes de ruedas +macizas. Al cerrar la noche atravesamos Servia, y al lucir de nuevo el +sol estamos en tierra húngara. + +Nos aproximamos á Budapest, á las verdaderas puertas de la Europa +europea. + +Es la hora del almuerzo. En el vagón restaurant, que va á la cola del +tren, nos juntamos los viajeros del exprés de Constantinopla, gentes de +diversas nacionalidades. Ocupo una mesa con dos viajeros desconocidos y +una señora rubia y elegante, sentada frente á mí. Silencio absoluto ó +lacónicos ofrecimientos de platos, con esa reserva cortés y fría de los +que van por el mundo y no saben quién pueda ser su compañero de mesa. El +almuerzo toca á su fin. Tomamos el café. Por el cristal de la ventanilla +veo pasar barriadas de casas blancas con grandes anuncios. Se adivina la +proximidad de una enorme población. Debemos estar en las afueras de +Budapest. Veo un cartel de teatro, impreso en magyar, del cual sólo es +inteligible para mí el título de la obra, _Carmen_. + +De pronto un choque, un tropezón gigantesco contra un obstáculo. Luego, +la milésima de un segundo, que nos parece un siglo, y durante este +espacio nos contemplamos todos con los ojos desmesuradamente abiertos, y +en ellos una expresión loca de espanto. Á continuación el rudo +movimiento de retroceso que lo desordena todo, que lo rompe todo, que +nos hace saltar y rodar en medio de una lluvia y un estrépito mortales. +Es mediodía; luce el sol; el cielo es azul, sin una nube, y sin embargo, +nos sentimos ciegos, como si hubiésemos caído en plena noche. + +La mesa en que estamos rompe con la violencia del retroceso los goznes +de bronce que la unen á la pared del vagón. Rueda sobre mí con sus +platos, tazas y cafeteras y me arroja al suelo. Siento sobre el pecho su +doloroso filo, á más del peso de la señora de enfrente y otros cuerpos +que se agitan con el pasmo del terror. + +Pasan unos instantes brevísimos, pero la imaginación los llena +vertiginosamente, poblándolos de miedos y esperanzas como si fuesen +años. ¿Estaré herido? ¿Qué se habrá roto en mi organismo? ¿Iré á morir +pasado el primer aturdimiento? ¿Qué encontraré en mí cuando llegue á +incorporarme?... + +Me levanto. Un pie se me hunde en una cosa blanda y elástica, envuelta +en paño azul con botones de oro. Es el vientre del camarero que nos +servía momentos antes. Está de espaldas, con los brazos en cruz, los +ojos agrandados por el espanto, y no se mueve del suelo á pesar de mi +pisotón. + +Frente á mí se incorpora la señora, que parece haber envejecido en unos +instantes; pálida, con amarillez de cirio; los rubios cabellos en +desorden, el sombrero aplastado, las facciones afiladas y trémulas por +la emoción. + +--No somos más que una porquería--dice en francés. + +Tal vez fué la influencia del momento, pero juro que jamás he oído una +frase tan _profunda_ y tan justa. + +Al mirar en torno no conozco el comedor. Todo roto, todo demolido, como +si un proyectil de cañón hubiese pasado por él. Cuerpos en el suelo, +mesas caídas, manteles rasgados, líquidos que chorrean, no sabiéndose +ciertamente lo que es café, lo que es licor y lo que es sangre; platos +hechos trizas y todos los cristales del vagón, los gruesos cristales, +partidos en láminas agudas, esparcidos como transparentes hojas de +espada. + +Instintivamente arranco de la espalda de la señora una especie de puñal +de vidrio clavado en su corsé. Es un fragmento de la luna que estaba +detrás de ella. Un poco más arriba, y queda degollada en el sitio. + +Sin saber cómo, me veo pisando tierra, corriendo á lo largo de la vía, +junto á un talud altísimo. Otros viajeros corren también, tropezando en +los guijarros. Un hervor gigantesco llena el espacio de humo, viéndose +entre sus vedijas el caserío blanco de Pest en una montaña. El vapor se +escapa con un chirrido de sartén enorme. Llegamos á la cabeza del tren, +que parece haberse desdoblado, y vemos dos locomotoras caídas y +mugiendo, como dos toros que acaban de embestirse, desplomándose +moribundos. A un lado nuestro tren; al otro lado un largo rosario de +vagones de mercancías. El encuentro ha sido en lo más hondo de un +desmonte, bajo un puente de madera que desaparece entre la humareda de +las dos máquinas heridas de muerte. Unas vagonetas cargadas de +materiales de construcción se han roto, esparciendo á ambos lados de la +vía, entre las ruedas sueltas y retorcidas, una cascada de yeso y de +ladrillos. + +Los dos primeros vagones de nuestro tren ya no existen. Son á modo de +acordeones cerrados por el choque, con pliegues trágicos que dan un +escalofrío de terror. Como ocurre casi siempre... de tercera clase. El +furgón de los equipajes es un amasijo de maderos y hierros, que á cada +estremecimiento del tren moribundo vomita maletas y cofres. Hombres +sangrientos que aun no se han dado cuenta de sus heridas, corren +excitados por la emoción y gritan en magyar, en alemán, en servio, en +turco. Los empleados se mueven, queriendo servir de algo, pero sin saber +ciertamente por dónde empezar. Siguiendo el impulso de los demás, +intento subir á los vagones demolidos. Al poner el pie en la rota +plataforma chapoteo en algo negro, que es líquido y sólido á un tiempo. +Una mosca revolotea ansiosa sobre este banquete de sangre y piltrafas, +anunciando la llegada de sus compañeras. ¿Para qué añadir el horror á la +emoción sufrida?... + +Recojo mis dos maletas y subo el talud, para salir cuanto antes de esta +zanja maldita. Al verme arriba me asombro de la fuerza nerviosa que da +la emoción, de la ligereza con que he subido cargado por la ruda +pendiente. + +Me siento al borde del declive sobre mi equipaje y quedo en una +insensibilidad estúpida, aturdido, sin saber qué hacer, contemplando los +restos de la catástrofe, viendo cómo el humo rojizo de las locomotoras +empieza á incendiar el puente de madera. + +Por todos los caminos de la campiña llegan corriendo grupos de húngaros +melenudos. De las casas inmediatas salen mujeres. Abajo aumenta el +número de los que se agitan junto á los dos trenes y penetran en los +vagones demolidos. + +Una catástrofe estúpida. En la estación de Budapest han dejado salir un +tren de mercancías á la hora en que diariamente llega el tren de +Constantinopla. Esto pasa en la Europa central, la de los grandes +ferrocarriles organizados militarmente, y nadie parece indignado... ¡Y +después hablamos de las «cosas de España»!... + +Veo de pronto sombras que se interponen ocultándome la luz del sol. Son +mujeres húngaras, con sus chiquillos: buenas mozas, gordas, morenotas y +ventrudas, que visten batas de percal y llevan el pañuelo de seda +formando visera sobre los ojos, lo mismo que las chulas de Madrid. + +Sienten la curiosidad de los grandes sucesos, la necesidad de rozarse +con alguien que ha visto el peligro de cerca, y me hablan en su idioma +ininteligible, mirándome con simpática compasión. Adivino que me +preguntan si estoy asustado; se asombran al verme entero, sin un +rasguño, sin una gota de sangre. Una joven se empeña en hacerme beber un +vaso de agua. Una vieja, arrugada y negra como una gitana, me pasa las +manos por el rostro con sonrisa de bruja bondadosa. + +El puente es una gran llama que esparce intenso hedor de madera vieja. +La muchedumbre se agita con vaivenes de audacia y de miedo. Estupendas +noticias la conmueven, haciéndola huir talud arriba en espantoso +desorden. ¡Que las locomotoras van á estallar!... ¡Que el tren contiene +dinamita!... Se esparcen con pánico de rebaño, pero transcurridos +algunos minutos, la curiosidad tira de ellos otra vez, y descienden la +cuesta para mezclarse con los empleados y trabajadores, dificultando las +operaciones de salvamento. + +Ha transcurrido cerca de una hora. Por un camino se ve avanzar al galope +un escuadrón de caballería. Por otros se presentan compañías de +infantería y escuadras de polizontes. Llegan carruajes cerrados, con el +escudo de la Cruz Roja. Empiezan á descender camillas por la cuesta del +desmonte. + +De los fúnebres acordeones de abajo salen grupos de hombres arrastrando +bultos inánimes. Uno... dos... tres... cuatro... cinco. ¡Cuándo acabará +esa extracción horripilante! Junto á mí pasan hombres y mujeres +sostenidos en brazos y con la cabeza entrapajada. Unos la dejan pender +sobre los hombros vecinos con mortal desmayo; otros gimen con palabras +extrañas que no puedo entender. + +La caballería da una carga á la muchedumbre curiosa, para limpiar los +alrededores. Los infantes austríacos entran á la bayoneta, con furiosos +gritos de los oficiales y victorioso tremolar de sables. + +Las mujeres se apelotonan en torno mío, como si mi calidad de víctima +las sirviese de amparo para permanecer en su sitio... ¿Por qué sigo +aquí? ¿De qué sirve mi presencia? + +Me restriego el pecho, contusionado por el choque de la mesa y el peso +de mis vecinos. El costillaje me duele cada vez más, al desvanecerse el +primer aturdimiento de la emoción. Escupo sin cesar, pensando medroso en +el color púrpura... No; no hay nada roto. + +Empleando el idioma universal de la mirada y la seña, coloco una de las +maletas en la cabeza de un muchacho, me defiendo galantemente de las +mujeres que quieren encargarse de la otra, y escoltado por estas amigas, +que hablan y hablan sin descorazonarse ante mi silencio, emprendo la +marcha, al través de campos recién labrados y movedizos, hacia un camino +por el que veo pasar un tranvía eléctrico. + +¿Para qué permanecer aquí, donde á nadie conozco y nadie me entiende? +Voy á Budapest á tomar otra vez el tren, que me inspira un pánico +invencible. + +Y así entro en la verdadera Europa, á pie, al través de los campos, +llevando mi hato al hombro, lo mismo que un invasor oriental de hace +siglos, atraído por los esplendores de Occidente. + +FIN + +Agosto-Noviembre 1907. + + + + +INDICE + + Págs. + +CAMINO DE ORIENTE + +I.--La peregrinación cosmopolita. 9 + +II.--Aguas y música. 16 + +III.--Las mesas verdes. 23 + +IV.--La ciudad del refugio. 31 + +V.--El lago azul. 39 + +VI.--Los osos de Berna. 46 + +VII--El lago y el Concilio. 54 + +VIII.--La Atenas germánica. 64 + +IX.--El Festival Wágner. 72 + +X.--El _Mozarteum_. 80 + +XI.--Viena la elegante. 89 + +XII.--El subterráneo de los emperadores. 96 + +XIII.--¡Hermoso Danubio azul!. 105 + +XIV.--La ciudad de los magyares. 114 + +EN ORIENTE + +XV.--Los Balkanes. 123 + +XVI.--Los turcos. 132 + +XVII.--Constantinopla. 142 + +XVIII.--El Gran Puente. 151 + +XIX.--Los que pasan por el Gran Puente. 160 + +XX.--El Gran Visir. 170 + +XXI--El palacio de la Estrella. 180 + +XXII.--El Sélamlik. 188 + +XXIII.--Los perros. 200 + +XXIV.--Los Derviches Danzantes 210 + +XXV.--El heredero de _Las mil y una noches_ 229 + +XXVI.--Santa Sofía 249 + +XXVII--El Papa griego 258 + +XXVIII.--Turcas y eunucos 275 + +XXIX.--Los derviches aulladores 296 + +XXX.--Libertad religiosa 304 + +XXXI.--Restos de Bizancio 319 + +XXXII.--La Noche de la Fuerza 334 + +XXXIII.--La entrada en Europa 346 + + * * * * * + +Estas correcciones hizo el transcriptor del texto electronico: + +cisnes negros de pico de escarleta=>cisnes negros de pico de escarlata + +al que acuden todos los extranjeroe=>al que acuden todos los extranjeros + +cabeza rodeaba de un nimbo=>cabeza rodeada de un nimbo + +para que á á la salida le suelten medio franco=>para que á la salida le +suelten medio franco + +pasando entre resplandores como una aparición fantásticas=>pasando entre +resplandores como una aparición fantástica + +sus acupaciones en la catedral=>sus ocupaciones en la catedral + +trina el ruiseñor, canta si mirlo=>trina el ruiseñor, canta el mirlo + +clase de iufortunios=>clase de infortunios + +todas lujosas, todas deshabitatas=>todas lujosas, todas deshabitadas + +Podrá creerse superior ó los demás=>Podrá creerse superior á los demás + +arrendatario de la tierra que cultima=>arrendatario de la tierra que +cultiva + +poserlos el soberano=>poseerlos el soberano + +todas las mesas las pedazos de pan olvidados=>todas las mesas los +pedazos de pan olvidados + +Eran los patios de la Santa Mezquita, del temblo?>Eran los patios de la +Santa Mezquita, del templo + +volvían los ojos hacia al hogar=>volvían los ojos hacia el hogar + +para hacer creer en una suicidio=>para hacer creer en un suicidio + +el mansjo de sus riquezas=>el manejo de sus riquezas + +enclaustradas voluntamente=>enclaustradas voluntariamente + +el gesto pontifical, recomendánme=>el gesto pontifical, recomendándome + +institutrices ingleses y franceses=>institutrices ingleses y francesas + +envuelto en su sotana uegra=>envuelto en su sotana negra + +creencias de sus súdditos=>creencias de sus súditos + +abrazar al suya=>abrazar la suya + +láminas de bronce, qne ciertamente=>láminas de bronce, que ciertamente + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Oriente, by Vicente Blasco Ibáñez + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ORIENTE *** + +***** This file should be named 40182-8.txt or 40182-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/4/0/1/8/40182/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was +produced from images available at The Internet Archive) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org/license + + +Title: Oriente + +Author: Vicente Blasco Ibáñez + +Release Date: July 9, 2012 [EBook #40182] + +Language: Spanish + +Character set encoding: UTF-8 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ORIENTE *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was +produced from images available at The Internet Archive) + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<table summary="note" border="4" cellpadding="10" style="background-color: #ffffff; +margin-right:auto;margin-left:auto;max-width:60%;"> + <tr> + <td valign="top">Nota del transcriptor: En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del +original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el +texto.</td> + </tr> +</table> + +<p class="figcenter"> +<img src="images/cover.jpg" width="351" height="550" alt="" title="" /> +</p> + +<table border="4" cellpadding="4" cellspacing="0" summary=""> +<tr><td align="center"><a href="#INDICE"><b>Al ÃNDICE</b></a></td></tr> +</table> + +<h1><a name="page_001" id="page_001"></a></h1> + +<p class="sans">ORIENTE</p> + +<p><a name="page_002" id="page_002"></a></p> + +<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary=""> +<tr valign="top"><th align="center" colspan="2">OBRAS DEL MISMO AUTOR</th></tr> +<tr><td align="center" colspan="2">——</td></tr> +<tr valign="top"><td><b>En el paÃs del arte</b> (viajes).<br /> +<b>Cuentos valencianos.</b><br /> +<b>La condenada</b> (cuentos).<br /> +<b>Arroz y tartana</b> (novela).<br /> +<b>Flor de Mayo</b> (novela).<br /> +<b>La barraca</b> (novela).<br /> +<b>Entre naranjos</b> (novela).<br /> +<b>Sónnica la cortesana</b> (novela).<br /> +<b>Cañas y barro</b> (novela).</td> +<td><b>La Catedral</b> (novela).<br /> +<b>El Intruso</b> (novela).<br /> +<b>La Bodega</b> (novela).<br /> +<b>La Horda</b> (novela).<br /> +<b>La maja desnuda</b> (novela).<br /> +<b>Sangre y arena</b> (novela).<br /> +<b>Los muertos mandan</b> (novela).<br /> +<b>Luna Benamor</b> (novela).</td></tr> +<tr valign="top"><td align="center" colspan="2"><b>ARGENTINA Y SUS GRANDEZAS</b></td></tr> +</table> + +<hr /> + +<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="" +style="font-size:85%;"> +<tr><td align="center" colspan="2">OBRAS TRADUCIDAS DEL AUTOR</td></tr> +<tr><td align="center" colspan="2">——</td></tr> +<tr valign="top"><td><span class="smcap">Terres maudites</span> (Traducción de G. Hérelle), ParÃs.<br /> +<span class="smcap">Fleur de Mai</span> (Traducción de G. Hérelle), ParÃs.<br /> +<span class="smcap">Boue et Roseaux</span> (Traducción de Maurice Bixio), ParÃs.<br /> +<span class="smcap">Contes Espagnols</span> (Traducción de G. Menetrier), ParÃs.<br /> +<span class="smcap">Dans l'ombre de la cathédrale</span> (Traducción de G. Hérelle), ParÃs.<br /> +<span class="smcap">Terras malditas</span> (Traducción de Napoleão Toscano), Lisboa.<br /> +<span class="smcap">A Cathedral</span> (Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa), Lisboa.<br /> +<span class="smcap">Die Kathedrale</span> (Traducción de Josy Priems), Zurich.<br /> +<span class="smcap">Flor de Mayo</span> (Traducción de Josy Priems), Zurich.<br /> +<span class="smcap">Erdfluch</span> (Traducción de Wilhelm Thal), BerlÃn.<br /> +<span class="smcap">Schilf und Schlamm</span> (Traducción de Wilhelm Thal), BerlÃn.<br /> +<span class="smcap">Der Eindringling</span> (Traducción de J. Broutá), BerlÃn.<br /> +<span class="smcap">De Vloek</span> (Traducción del doctor A. A. Fokker), Haarlem.<br /> +<span class="smcap">Waar Oranjeboomen Bloeien</span> (Traducción del Dr. A. A. Fokker), Amsterdán.<br /> +<span class="smcap">Chalupa</span> (Traducción de A. Pikhart), Praga.</td> +<td><span class="smcap">Marná Chlouba</span> (Traducción de A. Pikhart), Praga.<br /> +<span class="smcap">Ah, il pane!...</span> (Traducción de F. Gelormini), Palermo.<br /> +<span class="smcap">Hvad en Mand har at gove</span> (Traducción de Johanne Allen), Copenhague.<br /> +<span class="smcap">Vinnyi Sklad</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br /> +<span class="smcap">Bodega</span> (Traducción de K. G.), Petersburgo.<br /> +<span class="smcap">Prokliatac Pole</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br /> +<span class="smcap">Sobor</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br /> +<span class="smcap">Duoyñoy vistrel</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br /> +<span class="smcap">Geleznodorognoy Zaiaz</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br /> +<span class="smcap">Naloguiza obnagennaia</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br /> +<span class="smcap">Arénes sanglantes</span> (Traducción de G. Hérelle), ParÃs.<br /> +<span class="smcap">La Horde</span> (Traducción de G. Hérelle), ParÃs.<br /> +<span class="smcap">A cortezan de Sagunto</span> (Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa), Lisboa.<br /> +<span class="smcap">O Intruso</span> (Traducción de Carvalho), Lisboa.</td></tr> +</table> + +<p><a name="page_003" id="page_003"></a></p> + +<hr /> + +<p class="cb">Vicente Blasco Ibáñez</p> + +<h1>ORIENTE</h1> + +<p class="c">28.000<br /><br /><br /> +<img src="images/colofon.png" +width="120" height="56" alt="colofon" title="" /></p> + +<table border="0" cellpadding="4" cellspacing="5" summary=""> +<tr><td align="center" colspan="2"><span class="smcap">F. Sempere y CompañÃa, Editores</span></td></tr> + +<tr align="center"> +<td style="border-right:1px solid black;"><small>Calle de las GermanÃas, F S</small><br /> +VALENCIA</td> <td style="border-left:1px solid black;"><small>Sucursal: Mesonero Romanos, 42</small><br /> +MADRID</td></tr> +</table> + +<p><a name="page_004" id="page_004"></a></p> + +<p class="r"><i>Esta Casa Editorial obtuvo Diploma<br /> +de Honor y Medalla de Oro en la +Exposición<br /> +Regional de Valencia de 1909 y<br /> +Gran Premio de Honor en la +Internacional<br /> +de Buenos Aires de 1910.</i></p> + +<p class="c"><i>Derechos de traducción reservados en todos los paÃses,<br /> +incluso Suecia y Noruega.</i></p> + +<p class="cov"> +Imp. de la Casa Editorial F. Sempere y Comp.ª—<span class="smcap">Valencia </span></p> + +<p><a name="page_005" id="page_005"></a></p> + +<div class="dedic"> +<p><i>Este libro—algunos de cuyos capÃtulos aparecieron antes en</i> <span class="smcap">El Liberal</span> +<i>de Madrid</i>, <span class="smcap">La Nación</span> <i>de Buenos Aires y</i> <span class="smcap">El Imparcial</span> <i>de México—va +dedicado al ilustre periodista</i></p> + +<p class="cb"><big>Miguel Moya</big></p> + +<p class="nind"><i>claro talento, voluntad enérgica, poderoso reformador de la prensa +española.</i></p> +</div> + +<p><a name="page_006" id="page_006"></a></p> + +<p><a name="page_007" id="page_007"></a></p> + +<h2><a name="CAMINO_DE_ORIENTE" id="CAMINO_DE_ORIENTE"></a>CAMINO DE ORIENTE</h2> + +<p><a name="page_008" id="page_008"></a></p> + +<p><a name="page_009" id="page_009"></a></p> + +<h3><a name="I" id="I"></a>I<br /><br /> +La peregrinación cosmopolita</h3> + +<p>Recuerdo que en cierta ocasión tuve en mis manos un ejemplar de la +<i>Gaceta Imperial</i> de PekÃn, y al revolver sus finas hojas de papel de +arroz, entre las apretadas columnas de misteriosos caracteres, sólo +encontré dos anuncios comprensibles por sus grabados: el que llaman +vulgarmente <i>tÃo del bacalao</i>, ó sea el marinero que lleva á sus +espaldas un enorme pez, pregonando las excelencias de la Emulsión Scott, +y una botella de largo cuello con la etiqueta «Vichy-État».</p> + +<p>Pocas empresas en el mundo habrán hecho la propaganda que la CompañÃa +Arrendataria de las aguas de Vichy.</p> + +<p>Circulan por las calles de la pequeña y elegante ciudad francesa los +pesados carromatos cargados de cajones, camino de la estación del +ferrocarril. Marchan las botellas alineadas en apretadas filas al salir +de Vichy, para luego esparcirse como una<a name="page_010" id="page_010"></a> esperanza de salud. ¿Adonde +van?... La fama de su nombre les asegura el dominio del mundo entero. +Una botella irá á morir, derramando el lÃquido gaseoso de sus entrañas, +en una aldea obscura de las montañas españolas, y la que cabecea junto á +ella no se detendrá hasta llegar á alguna población sueca, cubierta de +nieve, vecina al Polo; y la otra irá á Australia; y la de más allá +arrojará su burbujeante contenido, bajo el sol del Ãfrica, en un +campamento de europeos, de estómago quebrantado por las escaseces de la +colonización.</p> + +<p>Y asà como el agua de Vichy se esparce por el mundo, para llevar á +remotos paÃses sus virtudes curativas, los médicos de toda la tierra por +un lado, y la moda por otro, empujan hacia aquà á las gentes más +diversas de aspecto y de lengua.</p> + +<p>ParÃs, con ser la más cosmopolita de las ciudades, por la atracción que +ejercen sus placeres y sus elegancias, no ofrece el aspecto mundial que +el pequeño Vichy, con sus miles de extranjeros. En las primeras horas de +la mañana, la muchedumbre que llena el Parque y se agolpa en torno de +las fuentes, hace recordar los muelles de Gibraltar ó ciertos puertos de +Asia, que son como encrucijadas marÃtimas, en los que se tropiezan y +confunden todos los pueblos y todas las lenguas.</p> + +<p>La gente europea, igual y monótona al primer golpe de vista, muestra su +infinita variedad de trajes, gestos y actitudes bajo los paseos +cubiertos<a name="page_011" id="page_011"></a> del Parque. Desfilan los ingleses con la cara impasible bajo +su pequeña gorra, moviendo al andar sus anchos calzones cortos sobre las +pantorrillas enfundadas en medias escocesas; pasan los alemanes con +sombrerillos tiroleses rematados por enhiesta pluma; los españoles y +americanos, de corbatas vistosas y conversación á gritos; los italianos, +que copian con exagerado servilismo las modas británicas; los franceses, +todos con una roseta ó una cinta en la solapa. Las mujeres se exhiben +envueltas en velos como odaliscas, con el rostro sombreado por el panamá +ó el sombrero enorme, de alas caÃdas y cargado de flores, copiado de los +retratos de los pintores ingleses. Las blusas de encajes transparentan +en su trama sutil rosadas desnudeces; las faldas, cortas y blancas, +dejan en su revoloteo una estela de perfumes. Confundidos en esta +avalancha de tonos uniformes, pasan los egipcios y turcos, de levita +clara y elevado fez; los chinos, de túnica azul y bonete negro con rojo +botón sobre el trenzado pelo de rata; los malayos, de blancos calzones, +con femeniles trenzas arrolladas en torno de su rostro amarillo y +simiesco; los persas, vestidos á la europea, pero coronando su bigotuda +cara con un gorro de astrakán; dos ó tres <i>rajahs</i> indios, de albas +vestiduras, graves, hermosos y perfumados, como sacerdotes de una +religión poética que tuviese por deidades á las flores; judÃos sórdidos, +cubiertos de sedas tan brillantes como sucias, y<a name="page_012" id="page_012"></a> moros ricos de Argel y +Túnez, <i>jeiques</i> de tribu, que ostentan sobre el nÃtido albornoz la +mancha roja de la Legión de Honor y unen á su arrogancia tradicional la +satisfacción de hallarse en su propia casa, como súbditos de la +República francesa. Y juntos con estas gentes extrañas se muestran los +franceses exóticos, los militares venidos de lejanas Francias, los +oficiales del ejército colonial, que llegan á reponerse de las fiebres +de los pantanos tonkineses, del sol que devora á los hombres en las +casas de tierra de Tombouctu, en los puestos avanzados del Sahara ó en +las factorÃas del Senegal y del Congo; spahis y cazadores de Ãfrica, de +teatrales uniformes; marinos y coloniales con traje blanco y casco +ligero de lienzo y corcho.</p> + +<p>El agua turbia y burbujeante que salta en las fuentes, bajo una gran +cúpula de cristal, es la que realiza el milagro de reunir gentes tan +diversas y de origen tan lejano en esta pequeña ciudad del centro de +Francia, que hace menos de tres siglos dió á conocer la pluma de Mad. +Sévigné.</p> + +<p>Nada hay nuevo en el mundo. Lo mismo que la gente viene ahora á las +estaciones termales de las que es reina Vichy, iba hace tres mil años, +con un fin religioso y de curación al mismo tiempo, á pequeñas ciudades +de Grecia, famosas por sus aguas y sus profetisas, buscando á la vez la +salud del cuerpo y la certeza del porvenir.</p> + +<p>No hay aquà ninguna Pitonisa que, montada en un trÃpode sobre la fuente +de la <i>Grand Grille</i> ó<a name="page_013" id="page_013"></a> de los <i>Celestinos</i>, profetice nuestra vida +futura; pero diarios y prospectos anuncian la presencia en Vichy de +acreditadas profesoras de cartomancia y magia, venidas de ParÃs para +rasgar los sombrÃos misterios de lo futuro, á razón de veinte francos +por consulta.</p> + +<p>No se encuentra una Friné que se muestre desnuda en medio del Parque, +como la irresistible cortesana griega, despojándose de sus velos ante +los peregrinos enfermos de Delfos para alegrar su miseria con la regia +limosna de la exhibición de sus gracias; pero las Frinés vestidas son +legión; se cuentan á centenares: unas hablan francés, otras español, +otras ruso; son ortodoxas, heterodoxas, hebreas ó simplemente impÃas; +las hay rubias, morenas, amarillas y hasta negras, y repitiendo á puerta +cerrada la suerte de la bella ateniense, ahorran para la campaña de +invierno en ParÃs ó Marsella, Argel ó Madrid.</p> + +<p>Los graves sacerdotes, majestuosos y sibilinos, de este moderno +santuario de la salud universal, son los médicos. Ochenta y cuatro he +contado en la lista que figura por todos lados, en las esquinas, en los +programas de los conciertos, en las cartas de cafés y restaurants, y +hasta en las paredes de los mingitorios, para recordar á todas horas al +olvidadizo viajero que estos imponentes personajes son los verdaderos +soberanos de Vichy, y no debe nadie beber una gota de agua sin previa +consulta.<a name="page_014" id="page_014"></a></p> + +<p>Siendo á modo de grandes sacerdotes, inútil es decir que ocupan las +mejores casas de la ciudad, lujosos hoteles, sonrientes <i>villas</i> +rodeadas de flores, cuyos salones de espera están siempre llenos de +clientes.</p> + +<p>Con las aguas de Vichy no se puede jugar. Los graves hombres de la +ciencia hablan de ellas como si fuesen terribles venenos. Cada vez que +hay que aumentar la dosis en un sorbo, conviene consultarles +previamente, con un luis de oro en la mano. Causa admiración la +sabidurÃa, el tino con que estos respetables arúspices de la ciencia +combinan la toma de las aguas de las diversas fuentes, armonizando unas +con otras.</p> + +<p>—Un vaso de la <i>Grand Grille</i> á tal hora; luego uno de <i>Celestinos</i> á +tal otra. Más adelante variaremos y serán <i>Chomet</i> y <i>Hôpital</i>. Sobre +todo, nada de prisas. La curación debe seguir su marcha.</p> + +<p>¡Nada de prisas!... Lo mismo que los graves doctores piensan los +hoteleros de Vichy, los dueños de cafés, los empresarios de teatros, +hasta las Frinés del Parque, y esta unanimidad de pareceres convence al +viajero, que no sabe cómo agradecer el interés que todos muestran por +retenerle á su lado.</p> + +<p>En torno de las fuentes, los bebedores de agua, apurando lentamente sus +vasos, se preguntan á veces por sus dolencias. Uno tiene enfermo el +hÃgado, otro la garganta, el de más allá sufre diabetes; una señora +calla y enrojece, pensando en<a name="page_015" id="page_015"></a> la tristeza de los árboles, que mueven +sus copas sin llegar nunca á dar fruto... ¡Y todos beben lo mismo!</p> + +<p>La humanidad, que desprecia la salud mientras la posee, guarda su fe más +ciega para los que la consuelan y entretienen en la gran cobardÃa de la +dolencia.</p> + +<p><a name="page_016" id="page_016"></a></p> + +<h3><a name="II" id="II"></a>II<br /><br /> +Aguas y música</h3> + +<p>El sol de las primeras horas de la tarde, filtrándose al través del +follaje del Parque de Vichy, extiende un manto temblón de harapos de +sombra y retazos de luz sobre la muchedumbre sentada en sillas de +hierro, en torno del kiosco de la música. La orquesta, acompañada de +lejos por las bocinas de los automóviles que pasan veloces, por el +vocerÃo de los vendedores de periódicos que pregonan las últimas hojas +llegadas de ParÃs, y por los gritos de los cocheros que invitan á +pintorescas excursiones por las riberas del Allier, puebla el espacio +con los lamentos de las ondinas del Rhin, llorando el mágico tesoro +arrebatado por el maligno Nibelungo, con el melancólico adiós de +Lohengrin al alejarse de Elsa, ó con la romántica <i>Canción de la +Estrella</i> que entona Wolfram, el grave trovador, contemplando el astro +del atardecer.<a name="page_017" id="page_017"></a></p> + +<p>Vichy es la ciudad de la música. Los viajeros que ocupan los hoteles +inmediatos al Parque, despiertan, apenas comenzada la mañana, arrullados +por el primer concierto del dÃa. El <i>Sigur</i>, de Reyer, lanza sus bélicos +apóstrofes, ó la <i>Thais</i>, de Massenet, se entrega á su mÃstica +meditación, arrepintiéndose de sus desórdenes de cortesana, mientras el +viajero se viste y se lava y va á beber el primer vaso del dÃa en la +fuente de la <i>Grand Grille</i>. Luego, á las once, empieza otro concierto +en el café de la Restauración, con aditamento de cantantes, y á éste +sigue el grande de la tarde, en pleno Parque, que dura hasta las cinco, +sin que entre las piezas existan otros intermedios que brevÃsimos +instantes de descanso, como si la orquesta se avergonzase de su inacción +y Vichy no pudiese vivir sin una melodÃa interminable vibrando en su +ambiente. Y á las siete, después de la comida, empiezan á la vez, para +durar hasta media noche, tres grandes conciertos en los tres casinos +importantes, á más de una representación de ópera en el Gran Teatro y +los innumerables concertistas que <i>actúan</i> en los cafés y <i>music-halls</i>.</p> + +<p>Parece como que todos los instrumentistas de Francia vengan á Vichy, +durante la temporada termal, para entretener el ocio del público +cosmopolita, que digiere las famosas aguas al arrullo de las orquestas. +Toda la música del mundo es devorada por el enorme consumo melódico de +esta población, que llaman orgullosamente los franceses<a name="page_018" id="page_018"></a> la <i>Reine des +Villes d'Eaux</i>. Desde el <i>Fuego encantado</i>, de Wágner, hasta la <i>Jota +Aragonesa</i> y la <i>Marcha Real</i>, la música de todos los tiempos y de todos +los paÃses halaga los oÃdos de la muchedumbre extranjera, tropel de aves +de paso que llena Vichy durante algunas semanas; y tan pronto suenan las +graves notas de una composición de Bach, como se desarrollan picarescos +y juguetones los cantos del <i>género chico</i> español, y se contonea +chulescamente el diabólico tango, haciendo murmurar á los graves señores +condecorados: <i>Ollé, ollé!</i> y moverse los pies de las señoras, que +exclaman: <i>Comme c'est joli!</i></p> + +<p>Música y aguas á todo pasto. ¿Y los enfermos?... Los enfermos no se ven +en ninguna parte. à Vichy se viene á descansar. Además, la mayor parte +de las enfermedades que curan estas aguas son de «larga espera»: males +de estómago, diabetes, etc., y los dolientes no se diferencian, en su +aspecto exterior ni en su gesto, de los sanos. De vez en cuando se ve un +señor que, escuchando el concierto, deposita un pie hinchado, enorme, +elefantÃaco, sobre la silla que tiene delante; pero las bandas de +franela y la pantufla son lo único que revela su enfermedad al +contrastar con el otro pie calzado de charol. Pasan algunas señoras +sentadas en sillones de ruedas, de los que tiran mozos de cordel; pero +van pintadas y compuestas como las demás mujeres, con tal estiramiento +elegante en su enfermedad y tal respeto de sÃ<a name="page_019" id="page_019"></a> mismas, que hacen pensar +si en Vichy morirá la gente vistiendo traje de <i>soirée</i> al arrullo del +último vals de moda.</p> + +<p>En los bailes del Gran Casino se ven jóvenes con muletas, ó muchachas +que cojean ligeramente, esforzándose por ocultar la flojedad de sus +huesos, triste herencia de las diversiones de sus progenitores; pero el +frac de los unos y las <i>toilettes</i> escotadas de las otras, parecen +borrar la gravedad de sus dolencias, y todos sonrÃen, con un deseo +vehemente de divertirse. Cuando suena la orquesta, el que puede bailar, +baila, y el que se ve imposibilitado de hacer esto, se mete en la sala +de juego.</p> + +<p>Vichy se divierte: los enfermos malhumorados, que alborotan en sus casas +y llevan á mal traer á los suyos, sonrÃen aquÃ, y á las seis de la tarde +visten su traje de ceremonia. Venir á tomar estas aguas sin traer un +<i>smoking</i> en la maleta equivale á un sacrilegio.</p> + +<p>Hay que descansar, y aunque una gran parte de los que llegan á Vichy son +favoritos de la fortuna, que no conocen la rudeza del trabajo, descansan +y descansan, bebiendo dos vasos de agua por dÃa y charlando durante el +curso de tres ó cuatro conciertos diarios.</p> + +<p>Las buenas relaciones entre Francia y España, su acción común en +Marruecos, han influÃdo para dar mayor boga á nuestra música. Los mismos +compositores de segundo orden, que hace algunos<a name="page_020" id="page_020"></a> años escribÃan danzas +rusas y melodÃas moscovitas en honor de la Doble Alianza, producen ahora +la <i>Marche des gitanos</i>, la <i>Marche des Aficionados</i> y otras obras de no +menos color, con fragmentos de la <i>Marcha Real</i> en sordina, repiqueteo +de castañuelas, tintineo de triángulo y golpes de pandero.</p> + +<p>La música del género chico, tangos dislocantes, pasacalles alegres, dúos +de ligera pasión y jotas alborozadas, al alternar con las obras de los +maestros más famosos, alcanza un éxito que no consiguen éstos muchas +veces.</p> + +<p>Yo respeto y admiro el llamado <i>género chico</i>. De sus libretos, dramas +comprimidos ó sainetes coloristas, apenas si me acuerdo una semana +después de haberlos visto. Pero la música de esas obras es una de las +manifestaciones artÃsticas más respetables y más grandes de la España +actual. Se ha hablado mucho de la necesidad de una ópera española. ¿Para +qué? España ya tiene su música, que no puede ser más suya. à los pueblos +no hay que forzarlos para que produzcan artÃsticamente en determinada +dirección, sino aceptar lo que den espontáneamente y celebrarlo, siempre +que tenga una individualidad marcada.</p> + +<p>El ilustre maestro Bretón se ha pasado gran parte de su vida batallando +y penando por crear y afirmar la ópera española. Yo he viajado por +varios paÃses de Europa sin oir en ninguna parte fragmentos de sus +óperas, que pudiéramos llamar<a name="page_021" id="page_021"></a> solemnes ó grandes, y en cambio, he +escuchado y he visto aplaudir en Francia y en Italia <i>La verbena de la +Paloma</i>, y la he oÃdo canturrear á gentes de los Estados Unidos.</p> + +<p>En Nápoles (paÃs de los concursos de romanzas, que cada año da al mundo +una canción de moda) los músicos callejeros y las orquestas de los cafés +no tienen otra música amada que la de Caballero, ChapÃ, Chueca y otros +españoles.</p> + +<p>En Venecia, la de las serenatas románticas, he visto las góndolas +cargadas de cantores y orladas de luces, navegar por el Gran Canal, bajo +las ventanas de los hoteles, poblando el silencio de la noche con la +«Marcha de los marineritos» de <i>La Gran VÃa</i>.</p> + +<p>Cada paÃs debe alegrarse por lo que tiene, sin detenerse á desentrañar y +aquilatar su mérito, pues peor es no poseer nada y no despertar la +atención más allá de las fronteras.</p> + +<p>La fama de hermosura y gracia de la mujer española la sostienen hoy, +desde ParÃs á San Petersburgo, todas esas muchachas que, con apodos más +ó menos extraños, bailan ó cantan «cosas de la tierra». Sólo cuando +aparece en la escena un mantón con flecos y un pavero ladeado sobre un +moño con claveles se acuerda el gran público de que existe España. +Cuando las orquestas acarician los nervios de la muchedumbre con la +música fácil, alegre y bizarra del llamado <i>género chico</i>, se enteran en +Europa de que existe un arte<a name="page_022" id="page_022"></a> español y de que en la PenÃnsula nos +dedicamos á algo más que á matar toros.</p> + +<p>à muchos les parecerá un sacrilegio lo que voy á decir, pero no por esto +es menos cierto. La música de <i>La Gran VÃa</i> la tocan más en el mundo y +es más conocida que la de <i>El anillo del Nibelungo</i>. Ya sabemos que +Chueca no es Wágner. Pero la inmensa mayorÃa de los que escuchan +conciertos en el extranjero, aunque fingen por <i>snobismo</i> una admiración +de personas correctas hacia las obras consagradas, prefieren en su +interior el «Caballero de Gracia» á todos los caballeros del Santo +Graal.<a name="page_023" id="page_023"></a></p> + +<h3><a name="III" id="III"></a>III<br /><br /> +Las mesas verdes</h3> + +<p>El Casino de Vichy es una construcción enorme y blanca, con adornos +serpenteantes de «arte nuevo». Contiene un teatro espléndido, en el que +todas las noches se cantan óperas ó actúan las «estrellas» de la Comedia +Francesa y del Odeón, que hacen su <i>tournée</i> anual: sala de conciertos, +grandes salones de baile, gabinete de lectura, una rotonda con espejos +colosales, y el oro chorreando por todas las tallas y adornos de los +muros... Es, en fin, á modo de una catedral moderna, dedicada á toda +clase de diversiones.</p> + +<p>De dÃa se forman elegantes grupos de claros colores, bajo las +marquesinas de sus terrazas ó á la sombra de los plátanos de sus +jardines; de noche brilla como un palacio de leyenda, marcando con +innumerables bombillas eléctricas, sobre la lobreguez del espacio, las +lÃneas de sus cornisas, la esbeltez de sus columnas y las armónicas +curvas de su cúpula central.<a name="page_024" id="page_024"></a></p> + +<p>En este santuario de las diversiones, al que acude todo Vichy, existe +como capilla predilecta un salón blanco, enorme y de alto techo, que +tiene sus fieles inconmovibles y fijos desde las primeras horas de la +tarde hasta las últimas de la madrugada, y en el que se entra con cierto +recogimiento, bajando el tono de la voz y aminorando el ruido de los +pasos. Imponentes criados de empaque principesco indican al abrir la +cancela de cristales que hay que despojarse del sombrero, y el visitante +avanza respetuosamente después de esta advertencia, pisando muchas veces +las colas de los vestidos femeniles y pidiendo perdón á todas las +espaldas que empuja á su paso.</p> + +<p>Aglomérase la gente en torno de una docena de mesas verdes. Junto á +ellas están sentados los jugadores de importancia, graves, mudos, con +caras de palo y ojos inexpresivos, moviendo las manos cargadas de +billetes y fichas sobre los cuadros marcados en la bayeta verde, ó +llevándoselas al pelo con lentos rascuñones que delatan la emoción. +Contra sus dorsos se empuja y se aplasta la turba de los mirones, que +<i>apunta</i> de tarde en tarde y sigue con interés anhelante las peripecias +del juego; señoras maduras y pintarrajeadas, cubiertas de joyas de +empañado brillo; <i>cocottes</i> de perfil hebraico; correctos señores +condecorados con un <i>tic</i> de maniáticos en sus hoscas facciones. Todos +se empujan con una vehemencia febril. Brilla en las miradas un fuego +malsano. Los ojos, que siguen<a name="page_025" id="page_025"></a> el vaivén de los azules billetes, entre +la paletada del banquero y las manos de los jugadores, son ojos que se +ven en los juicios orales ó en la primera plana de los periódicos cuando +relatan un crimen sensacional. Pero el aspecto de esta gente no puede +ser más correcto y honorable. Ellas, aventureras de incierta +nacionalidad y edad misteriosa, descotadas y con grandes sombreros; +ellos, elegantes, ostentando en la solapa del <i>smoking</i> condecoraciones +de raros colores, son hombres de una gallardÃa profesional que hace +recordar á las mundanas retiradas del pecado, y todavÃa caprichosas, que +aparecen una mañana degolladas en su lecho, con la caja de las alhajas +vacÃa.</p> + +<p>En Vichy son muchos los que confiesan su llegada sin motivo alguno de +enfermedad. Vienen <i>pour s'amuser</i>, según declaran con maliciosa +sonrisa. Unos, sencillos en sus gustos, encuentran diversión sobrada en +el gran rebaño femenino que atrae la fama de Vichy. Otros, más +complicados en sus pasiones y temibles en sus apetitos, se encierran +tarde y noche en la sala de juego del Casino. Los exóticos, los venidos +de muy lejos, son los que con más asiduidad se sientan junto á la bayeta +verde.</p> + +<p>Todas las noches contemplo en un extremo de la mesa donde se juega más +fuerte á un fantasma blanco é inmóvil. Es un jeique de Argel. Pálido, +con una palidez de hostia, entre la blancura<a name="page_026" id="page_026"></a> de sus tocas y la orla +nevada de su barba, el viejo jeique parece una figura de cera. Sus ojos +brillan, inmóviles, como si fuesen de vidrio, fijos en las manos del +banquero. Esa frialdad musulmana, desdeñosa y altiva, que permite á los +árabes contemplar impasibles las mayores grandezas de nuestra +civilización, mantiene al venerable moro inmóvil y sin pestañear. +Pierde, pierde siempre, y su vida parece concentrarse en sus manos, que +se ocultan bajo las blancas vestiduras, escarabajean en el sitio donde +la Legión de Honor se marca como una gota de sangre sobre el nÃtido +albornoz, y vuelven á crujir, estrujando azules papelillos que arrojan +ante ellas.</p> + +<p>¡Pobre jeique!... Veo praderas abrasadas por el sol junto á un riachuelo +africano casi seco. Los grupos de palmeras se destacan en negro sobre el +horizonte rojo y oro de la tarde. Los perros flacos y lanudos ladran y +corretean en torno de las tiendas; las mujeres, con el rostro cubierto +por un trapo blanco, van y vienen, llevando sobre su cabeza un cántaro +derecho, ó hunden sus brazos gordos y tostados en la harina amasada, +preparando el pan para el dÃa siguiente y haciendo sonar á cada +movimiento los pesados brazaletes de cobre. Los pequeñuelos, panzudos, +de color de ladrillo, con la cabeza rapada y un pincel de pelos en el +cogote, corren persiguiendo á los saltamontes. El jefe está ausente; el +amo se fué, y una tristeza de orfandad pesa sobre la tribu. El<a name="page_027" id="page_027"></a> médico +del inmediato puesto militar le recomendó unas aguas milagrosas de la +lejana Francia, paÃs de maravillas, y allá vive el gran jefe, mientras +el campamento parece más solo, más triste. ¡Están lejos los dÃas en que +los hombres de la tribu hacÃan galopar sus caballos y disparaban sus +fusiles en alborazada <i>fantasÃa</i>, para recibir al personaje de kepis +rojo, que en nombre del gobernador general de Argel colocó sobre el +pecho del jefe la cinta encarnada con la estrella de cinco puntas, +motivo de envidia y respeto para las demás tribus del contorno!...</p> + +<p>Comienza á morir el sol en el rápido crepúsculo africano; álzase en el +horizonte la nube de polvo de los rebaños; óyese el trote de los +caballos; ladran los mastines, y los jinetes pastores, al echar pie á +tierra ante las tiendas, luego de encerrar sus lanudos tesoros, formulan +todos la misma pregunta, sin despojarse del fusil ni haber hecho la +oración de la tarde: «¿Nada de Francia?...» ¡Nada! Y cuando cierra la +noche, los hijos, los yernos, los sobrinos y nietos del ausente, todos +los hombres de la tribu, se duermen envueltos en su albornoz pensando en +el jefe, interpretando su silencio como una señal de grandezas, que les +llenarán luego de orgullo al ser relatadas junto á las hogueras del +invierno. Creen en su sencillez que el jeique condecorado alcanza en el +lejano paÃs de las maravillas los honores que corresponden al venerado +jefe de un centenar de arrogantes centauros.<a name="page_028" id="page_028"></a> Y á la misma hora, las +manos finas y pálidas, manos de cera, dejan sobre la mesa verde, de +minuto en minuto, con la regularidad de un reloj que suena la desgracia, +la fortuna y el bienestar de los que sueñan en el lejano campamento +africano, bajo la luz difusa de las estrellas, entre el pataleo de las +bestias, el ladrido de los perros y el monótono canto de los grillos. Un +puñado de papeles azules representa una parte de los corderos que se +aprietan durante su sueño, como si presintiesen en el obscuro horizonte +la bestia carnicera que ronda; otro, un caballo de larga crin, narices +de fuego y patas finas, orgullo de la tribu. Todo lo que el jeique deja +en el montón del banquero significa la esperanza perdida de aplacar á +Nathán ó á Samuel, el prestamista hebreo, cuando, al llegar el invierno, +se presenta en la tienda del jefe á hablar de negocios.</p> + +<p>Salgo de la sala de juego, y en la rotonda central, entre brillantes +<i>toilettes</i>, veo dormitando en un diván á una mujer obesa y morena. Es +una judÃa, relativamente joven, pero con su belleza ahogada bajo una +marea ascendente de grasa. El vientre, libre de corsé, se marca como una +cúpula bajo la falda de seda de anchas y vistosas rayas; el rostro, +moreno y abultado, con los ojos perdidos en bullones de carne y unas +cejas gruesas y unidas como una barra de tinta, asoma en el marco de un +rebozo de seda y oro, tan majestuoso como sucio. Contempla impasible las +miradas<a name="page_029" id="page_029"></a> de curiosidad de las mujeres, y vuelve á adormecerse, ansiando +que llegue el instante de regresar al hotel. Su marido está en la sala +de juego, y la buena Rebeca ó Miryam, sumida en su coraza adiposa, +aguarda horas y horas, viendo en sus cortos ensueños, como ángeles de +luz, algunos nuevos billetes y luises de oro que vengan á unirse al +capital que amasan los dos con una avidez de raza.</p> + +<p>En todas partes, los usureros, los prestamistas, los adoradores de la +fortuna, son los fieles más fervientes del juego. Parece una +incongruencia, pero cuanto más se ama el dinero, llegando en esta +adoración hasta la manÃa, más dispuesto se está á arriesgarlo á un azar, +con la locura de la ganancia rápida. En España, los principales +consumidores de billetes de la LoterÃa Nacional son avaros que apenas +comen. En las timbas y casinos, los <i>puntos</i> más asiduos son +prestamistas y usureros, capaces de cometer una mala acción por una +peseta y que pierden mil sin desesperarse, bajo la ilusión de una +próxima ganancia.</p> + +<p>Los artistas, los escritores, hombres poco prácticos, faltos de +habilidad para conservar el dinero, y que parecen despreciarlo por la +prisa que se dan en separarse de él, apenas se sienten tentados por el +juego, y eso que no pretenden pasar por ejemplos de virtud. Son muchas +veces alcohólicos; el eterno femenino complica y desordena los dÃas y +las horas de los más; hasta los hay que<a name="page_030" id="page_030"></a> en sus pasiones y gustos +desobedecen las órdenes de la Naturaleza... pero jugadores tenaces y +convencidos yo no conozco ninguno.</p> + +<p>Todo jugador es un avaro que desea el dinero de los demás y siente la +fiebre de quitárselo sin arrostrar persecuciones de la justicia. En +fuerza de adorar al dinero, el jugador acaba por no saber para lo que +sirve, y sólo lo admira como una divinidad majestuosa de la que no puede +sacarse provecho alguno.</p> + +<p>Yo he conocido un viejo famélico y haraposo, que dormÃa durante la +mañana en los bancos del Retiro y pasaba la tarde y las noches en las +casas de juego. ComÃa las sobras de los otros jugadores, asistÃa con +preferencia á los cÃrculos donde le obsequiaban con algún café, como +<i>punto fuerte</i>, y cuando perdÃa, que era las más de las veces, +ocultábase por unos instantes en el lugar más nauseabundo de la casa, y +extraÃa billetes de Banco de sus zapatos rotos, del sudador del +grasiento sombrero, de las ropas haraposas, esparciendo sobre el tapete +verde una parte de sus pegajosos habitantes.</p> + +<p>—El dinero se ha hecho para jugar—decÃa sentenciosamente—. Y lo que +quede, si queda algo... para comer.<a name="page_031" id="page_031"></a></p> + +<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV<br /><br /> +La ciudad del refugio</h3> + +<p>Bandas de cisnes, unos blancos, otros negros, cortan, con majestuosa +natación, las atropelladas aguas de un rÃo ancho y azul; casas enormes, +de puntiagudos techos, asoman por encima de la arboleda de los muelles; +más allá, las verdes colinas se abren, mostrando por el ancho desgarrón +una superficie glauca y ligeramente ondulada, como un pedazo de mar; más +allá aún, cierra el horizonte una muralla de montañas, esfumadas por la +distancia, y entre dos de sus cumbres se ve algo asà como un +amontonamiento de nubes que á ciertas horas, bajo la luz anaranjada del +sol, toma las formas de un bloque inmenso de cristal, con agudas +aristas. El rÃo en que nadan los cisnes es el Ródano, que acaba de +nacer; la ciudad es Ginebra; el pedazo de mar, el azul lago de Leman, y +el cristalino amontonamiento que parece flotar en el espacio, más allá +de las montañas, el famoso Mont-Blanch.<a name="page_032" id="page_032"></a></p> + +<p>En Ginebra la realidad no responde á las ilusiones y simpatÃas que trae +el viajero como producto de sus lecturas. ¿Quién no ha amado á la +tranquila ciudad suiza, la <i>Roma protestante</i>, que durante dos siglos +fué el refugio de todos los rebeldes de Europa, en guerra con los papas +y los reyes? El respeto á la libertad humana fué y es aún un dogma +religioso del pueblo ginebrino. Teniendo que luchar siglos y siglos +contra los duques de Saboya y contra sus propios arzobispos soberanos +para conseguir la independencia, los ginebrinos, conocedores de lo que +cuesta la libertad, la respetaron siempre en la persona del extranjero. +Aquà se refugiaron los réprobos perseguidos por la Inquisición española +ó por los reyes de Francia; aquà encontraron un asilo, en la República +cristiana, gobernada por el ascético Consistorio, todos los que por +desear una conciencia libre no encontraban en Europa tierra donde +colocar sus pies y una piedra en la que descansar la cabeza; todos menos +nuestro compatriota Miguel Servet, vÃctima de los rencores de Calvino. +Aquà vinieron los fugitivos de Francia luego de la revocación del edicto +de Nantes, y en los modernos tiempos Ginebra dió asilo á los románticos +defensores de la moribunda Polonia, á los revolucionarios italianos, á +los revolucionarios españoles, á los apóstoles de <i>La Internacional</i> y á +los nihilistas y anarquistas, acosados y arrojados de otras tierras como +perros rabiosos.<a name="page_033" id="page_033"></a></p> + +<p>Esta ciudad liberal y clemente, que abre sus puertas en el centro de +Europa, como los antiguos templos poseedores del derecho de asilo, +ofrece el más rudo contraste entre sus habitantes y su historia. Parece +que debiera ser una ciudad de pensadores y de artistas, una república de +hombres de estudio, llegados á la suprema tolerancia por la elevación de +su pensamiento, y es una población burguesa, llana y monótona, en la que +no creo exista una mediana imaginación: un Estado de relojeros +pacienzudos y vendedores de peleterÃa, que come bien, fabrica excelentes +cronómetros, despacha tabaco barato y da gracias á Dios, cantando lo más +desafinadamente que puede, al son de un mal órgano, en el interior de +los desnudos templos calvinistas ó en grandes mÃtines religiosos al aire +libre.</p> + +<p>En varios siglos de libertad y horizontes sin lÃmites para el +pensamiento, Ginebra no ha producido un gran artista ni un escritor +célebre. Toda su gloria intelectual se concentra en Rousseau, ginebrino +de ocasión, bohemio inquieto, complicado y enfermizo, que se honró con +el tÃtulo de ciudadano de Ginebra, siendo lo más contrario del pacÃfico +y tranquilo burgués de la ciudad del Leman.</p> + +<p>à Ginebra le basta para su esplendor intelectual con la gloria de las +ilustres personalidades que se refugiaron en ella buscando reposo: desde +el batallador español Servet que, huyendo del<a name="page_034" id="page_034"></a> brasero inquisitorial +encendido en nombre de Cristo, cayó aquà en la hoguera, iluminada en +honor de la Biblia, hasta Voltaire, Rousseau, madame Stael y los +modernos revolucionarios, como Bakounine, Mazzini, etc.</p> + +<p>El recuerdo de Rousseau llena la ciudad de Ginebra, y el de Voltaire +sale en los alrededores al encuentro del viajero.</p> + +<p>Los cisnes blancos, que mueven su cuello sobre las aguas como serpientes +de marfil, y los cisnes negros de pico de escarlata, se refugian tras +una isleta que marca el lÃmite donde el lago Leman se convierte en el +impetuoso Ródano. Es la isla de Rousseau. Hoy está convertida en pulcro +paseo, con una estatua del pensador, y ocupa el verdadero corazón de la +ciudad. Hace siglo y medio era un apacible retiro, algo agreste, donde +el artista meditaba sentado en la hierba, bajo la sombra de los grandes +álamos, con los ojos fijos en el azul horizonte del lago.</p> + +<p>En este paisaje sonriente y dulce, que parece exhalar un intenso amor á +la Naturaleza, inspirando nuevos entusiasmos por la vida, se comprende +la originalidad artÃstica de Rousseau y su poderosa influencia +literaria, que aun dura y durará por los siglos de los siglos. Rousseau +introdujo la Naturaleza en la literatura; fué el padrino que tuvo en sus +brazos al arte moderno en el instante de su nacimiento.</p> + +<p>Antes de él, sólo aparecÃa el hombre como<a name="page_035" id="page_035"></a> único protagonista en novelas +y poemas. Rousseau infundió vida á cosas hasta entonces inanimadas, y +gracias á su poder de evocación, los pájaros, las flores, las montañas, +el cielo, entraron como nuevos personajes en el escenario de la +literatura.</p> + +<p>Al relatar su infancia introdujo por primera vez como elemento artÃstico +el revoloteo y el canto de una alondra, y «este canto—como dice +Sainte-Beuve—saludó el nacimiento de la literatura moderna, con sus +descripciones que hacen de la Naturaleza el primer protagonista». Sus +hijos fueron primeramente Chateaubriand, y luego VÃctor Hugo con toda la +escuela romántica, que infundió el alma de los hombres á las cosas, +haciendo hablar á las viejas catedrales. Sus nietos son los modernos +naturalistas, y su posteridad acabará cuando perezcan la vida y el arte.</p> + +<p>Ginebra y su lago infundieron á Rousseau este amor á la Naturaleza. El +gran artista sentimental soñaba rodeado de obesos comerciantes y +tranquilos relojeros, incapaces de sentir otros anhelos que los de una +buena mesa y una familia sana.</p> + +<p>Sus <i>Confesiones</i> hablan con ternura de la paz de Ginebra, de la belleza +del lago, de su tranquilo refugio en Vevey, en la posada de «La Llave». +Su <i>Nueva EloÃsa</i> tiene á Clarens por escenario, con la superficie azul +del lago, y enfrente las verdes y sombrÃas cumbres de los montes +saboyanos.<a name="page_036" id="page_036"></a></p> + +<p>Cuando los azares de su existencia errante le arrancaron de Ginebra, +otro huésped ilustre, pero más rico y ostentoso, vino á ocupar su sitio. +Era un artista, un bohemio como él, pero en esferas más altas, con un +egoÃsmo sonriente que le permitió extraer de la vida sus mejores +dulzuras. Rodaba de palacio en palacio, asà como el otro iba de hosterÃa +en hosterÃa. Sus acreedores eran reyes y duques; sus amantes, damas de +la corte, mientras las de Rousseau eran infelices criadas ó burguesas. à +su puerta llegaban con exótica curiosidad lores y boyardos, deseando +conocer al árbitro de los elegantes cinismos y de la gracia francesa. +Era Voltaire.</p> + +<p>Su vejez quebrantada buscó refugio en los alrededores de Ginebra, +estableciéndose en la pequeña aldea de Ferney, donde adquirió la +majestad de un patriarca sonriente. El contacto con la Naturaleza hizo +tierno, sentimental y bondadoso al terrible burlón de los salones de +Versalles, é infundió una religiosidad deÃsta á su escepticismo.</p> + +<p>Los últimos años de su vida, en medio del campo, á la vista de las +inmensas montañas, fueron de bondad y filantropÃa. Educó á los +campesinos, pleiteó y escribió por librarles de las gabelas feudales, +estableció riegos y escuelas y expuso su tranquilidad por defender á los +Dreyfus de su tiempo. VivÃa como un prÃncipe en Ferney. Habitaba un +gracioso palacio en el fondo de un parque, y allà escribÃa á sus buenos +amigos Federico de<a name="page_037" id="page_037"></a> Prusia y Catalina de Rusia, ó recibÃa las visitas de +todos los grandes señores que pasaban por Suiza.</p> + +<p>El palacio de Ferney es hoy una de las peregrinaciones obligatorias de +los viajeros que visitan Ginebra. Los salones se conservan como en +tiempos de su ilustre dueño, con muebles de estilo rococo y cuadros que +recuerdan á los soberanos y las beldades que distinguieron con su +amistad al poeta.</p> + +<p>En un extremo del parque se eleva una pequeña iglesia de aldea, +construÃda por el impÃo autor del <i>Diccionario filosófico</i> en sus +últimos años.</p> + +<p>«<i>Dea erexit Voltaire</i>», dice una dedicatoria grabada en la fachada. +Esto, que parece una blasfemia, fué una de tantas humoradas del anciano +de Ferney.</p> + +<p>—Esta iglesia que he construÃdo—decÃa Voltaire—es la única de todo el +universo elevada en honor á Dios. Inglaterra tiene iglesias construÃdas +para San Pablo; Roma, para San Pedro; Francia, para Santa Genoveva; +España, para innumerables vÃrgenes; pero en todos esos paÃses no hay un +solo templo dedicado á Dios.</p> + +<p>En el salón principal del palacio, sobre una enorme chimenea, se ve un +pequeño mausoleo que guardó el corazón del poeta poco después de su +muerte.</p> + +<p>«Su corazón está aquÃ, pero su espÃritu está en todas partes», dice una +inscripción.<a name="page_038" id="page_038"></a></p> + +<p>Esto es verdad, pero no por completo. El espÃritu que está en todas +partes no es el de Voltaire, sino el de su siglo. Voltaire fué como esas +estrellas solitarias que anuncian con su frÃa luz un amanecer ardoroso.</p> + +<p>Sus burlas destructoras no bastaban para preparar una revolución. El +plebeyo y dolorido Rousseau, si resucitase, encontrarÃa su espÃritu +difundido en la sociedad moderna, mucho más que el aristocrático +patriarca de Ferney.<a name="page_039" id="page_039"></a></p> + +<h3><a name="V" id="V"></a>V<br /><br /> +El lago azul</h3> + +<p>Desciende el viento de las montañas sobre la inmensa copa del lago. Las +aguas, de un azul celeste, se obscurecen al rizarse, con una opacidad +semejante á la del mar, y blancos vellones ruedan sobre las ondas, como +rebaños dispersos por el pánico trotando hacia las lejanas riberas. Las +barcas destacan su doble vela latina sobre las colinas verdes, moteadas +de rojo por las techumbres de los <i>chalets</i> y coronadas por la diadema +negra de los bosques. Los grandes vapores de pasajeros ensucian por un +instante el puro azul del cielo con su penacho de humo. La soberbia +cadena del Jura alza en la orilla francesa sus colosales moles, y en la +ribera de enfrente, las montañas suizas alinean sus declives cubiertos +de viñedos, de bosquecillos y de casitas que parecen extraÃdas de una +caja de juguetes, lo mismo que las vacas que pastan en sus prados y los +aldeanos vestidos como los coros de una ópera cómica. En el último +término de la<a name="page_040" id="page_040"></a> azul extensión, las montañas se aproximan, las riberas se +estrechan hasta desaparecer, las cumbres descienden casi verticalmente +sobre las aguas, entenebreciéndolas con su densa sombra, y todo adquiere +un carácter áspero y bravÃo.</p> + +<p>Es el Leman, el lago azul, el más famoso de los pequeños mares +interiores de Europa, el amado de los poetas é idealizado mil veces por +el pincel de los artistas. En sus riberas puso Rousseau las aventuras +sentimentales de sus mejores novelas: aquà imaginó madama Stael las +desventuras amorosas de su «Corina», que fué una <i>superhembra</i> de su +época; por estas aguas vagó la barca de lord Byron, y en nuestros +tiempos han visto pasar sus orillas las merovingias melenas y la fina +sonrisa de Alfonso Daudet, preocupado en el arreglo de las aventuras +alpinas de su TartarÃn, ó han presenciado la lenta agonÃa de un anciano +de áspera barba, robusto y rudo, que llevaba en su entrecejo la +desesperada obstinación de todo un pueblo moribundo, y se llamaba Pablo +Krüger.</p> + +<p>Las aguas azules, rizadas y espumeantes, parecen las de una inmensa +bahÃa. La imaginación, olvidando las alturas del macizo paÃs suizo, +forja, al través de las montañas, invisibles y lejanos estrechos que +ponen al Leman en comunicación con el Mediterráneo, del cual tiene el +color de las aguas. Pequeños puertos frente á cada población del lago +revelan en sus escolleras de peñascos la irritación de que es +susceptible este poético lago cuando llega<a name="page_041" id="page_041"></a> el invierno y las ráfagas +que descienden de los montes mueven en espumoso revoltijo este mar +encajonado, batiendo las riberas con el martilleo de su ola corta é +incesante. En estos puertos, el cisne majestuoso que parece haber +presenciado las más remotas leyendas, y la barca de dobles velas igual á +la de los tiempos de la independencia helvética, se rozan y mezclan con +el yate de vapor de los millonarios y las canoas automóviles que +revuelven las aguas con un hervor de tempestad.</p> + +<p>La orilla francesa y la suiza, Thonon y Evian á un lado, y enfrente +Lausana, Vevey y Montreux, son iguales en su aspecto exterior: risueños +bosques, hoteles enormes como ciudades, todas las alturas coronadas por +palacios destinados al hospedaje y orquestas malas á las puertas de los +cafés, bajo las arboledas de los muelles y sobre las cubiertas de los +buques.</p> + +<p>Las diferencias entre ambos paÃses, con ser de poca monta, resultan de +gran interés.</p> + +<p>En la orilla francesa se ven mujeres hermosas y elegantes, rodeadas de +hombres que las siguen y las envuelven en las más respetuosas +atenciones, como sagradas vestales. Son <i>cocottes</i> que poseen el chic, +ese espÃritu indefinible y misterioso que nadie sabe en qué consiste, +santo <i>tabou</i> que hace caer de rodillas á los salvajes de la imbecilidad +elegante.</p> + +<p>En la orilla suiza se ven mujeres solas, de ademanes sueltos y aire +decidido, que van de un lado á otro con la más tranquila audacia. Son +señoras<a name="page_042" id="page_042"></a> decentes, que pueden moverse con entera libertad, sin miedo á +verse confundidas con una clase que no existe, ó caso de existir, +excepcionalmente, se ve repelida por la hostilidad del ambiente +protestante.</p> + +<p>à un lado del lago campea el anuncio francés, gracioso y ligero; damas +escotadas, con grandes sombreros y las piernas al aire, que pregonan las +excelencias de un chocolate ó unos baños. En la ribera suiza, el cartel +de macizos colores representa siempre una niña ordeñando una vaca, una +osa dando el biberón á un osezno, ó un <i>chalet</i> á cuya puerta bebe +glotonamente la tranquila familia el licor de sus rebaños. La leche y el +oso (animal amado de los suizos y sÃmbolo de su paÃs) son los dos +principales elementos artÃsticos de este pueblo, que es siempre pesado y +sólido cuando se propone <i>hacer</i> imaginación.</p> + +<p>El lago Leman tiene en un extremo más cerrado y abrupto una joya +histórica, un lugar de peregrinación, al que acuden todos los +extranjeros.</p> + +<p>El castillo de Chillón vale tanto para los suizos como el recuerdo de +Guillermo Tell. Hasta tiene sobre éste la ventaja de que, siendo muchos +los que dudan de la existencia del héroe suizo, nadie puede dudar de la +del castillo, pues ahà está, cuidadosamente conservado y restaurado, +hundiendo sus cimientos en las aguas profundÃsimas del Leman y +destacando sobre el verde de las montañas las caperuzas rojas de sus +torres.<a name="page_043" id="page_043"></a></p> + +<p>Cada paÃs ama lo que no tiene y se lo apropia inventándolo. El plácido +montañés suizo, que vive en plena libertad, en el tranquilo equilibrio +de una buena digestión, sin conocer brujas ni temer ánimas en pena, en +medio de un paisaje sonriente y gracioso, necesita salpimentar su +existencia con algo terrorÃfico y espeluznante.</p> + +<p>Asà como España se esfuerza en demostrar que la Inquisición y las +expulsiones de judÃos y moriscos no fueron tan terribles como se ha +dicho, y Francia arregla á su modo lo de San Bartolomé y las Dragonadas, +y todos los paÃses se sacuden como pueden las ferocidades del pasado, el +buen suizo amontona horrores sobre horrores en el castillo de Chillón, +especie de Bastilla helvética, con vistas al lago y las montañas, lo +mismo que cualquier hotel de los alrededores, en los que se paga con +generosidad principesca el honor de vivir alojado. La prisión de +Bonivard, un patriota ginebrino, mártir igual ó inferior á los miles de +miles de mártires que suman todas las patrias de este planeta, ha +servido de punto de partida á los suizos para cargar al pobre y +sonriente Chillón con toda clase de crÃmenes.</p> + +<p>Entráis en el castillo, confundidos en un rebaño de viajeros ingleses, y +la guardiana, una suiza peliblanca, seca y de ojos claros, que da +vueltas á una enorme llave introducida en uno de sus Ãndices, os señala +un hecho espeluznante á cada paso, con una voz monjil, como si estuviera +cantando el<a name="page_044" id="page_044"></a> domingo en la capilla de lo que llaman «religión nacional».</p> + +<p>Ve una viga y os dice al momento: «De aquà colgaban los duques de Saboya +á sus enemigos.» Ante un montón de piedras: «Aquà dormÃan los condenados +á muerte su último sueño.» En un cuartucho, sin otros muebles que unos +cofres viejos: «Esta era la cámara de tormento donde despedazaban á los +hombres.» Frente á una poterna que se abre sobre el lago: «Por aquà +arrojaban los cadáveres de los condenados. Cien metros de fondo, señores +mÃos.» En la cocina del castillo, su indignación patriótica, no sabiendo +qué inventar, señala la chimenea, afirmando que en ella se asaban bueyes +enteros, para que el buen auditorio se diga escandalizado: «¡Pero qué +tÃos tan brutos eran los duques de Saboya!...»</p> + +<p>Y mientras se suceden las horripilantes explicaciones, en los llamados +subterráneos, que tienen grandes ventanas por las que penetra á raudales +la luz, ó en las altas cámaras, con miradores por los que se ve el +mágico espectáculo del lago, el castillo sonrÃe, hundidos sus pies en el +azul y su cabeza rodeada de un nimbo. Y la hiedra que escala los góticos +ventanales, moviéndose al soplo de la brisa, como con un ademán +negativo, las ondas que susurran al morir dulcemente contra los fuertes +bastiones, el sol que colora con un tono naranja las vetustas piedras, +dándolas palpitaciones de vida, todo parece decir á gritos: «No la +creáis;<a name="page_045" id="page_045"></a> ¡mentira! ¡todo es mentira! Su oficio es dar una sensación +emocionante á los viajeros, para que á la salida le suelten medio +franco.»</p> + +<p>Lord Byron fué quien inmortalizó este castillo con sus versos «El +prisionero de Chillón». El pobre Bonivard le debe la inmortalidad.</p> + +<p>Pero ¡ay! el ridÃculo mata las mayores sublimidades, y después que el +poeta inglés grabó su nombre en una columna del <i>subterráneo</i> de +Chillón, otro artista ha pasado por él, «mezcla de bayadera y de +pilluelo parisién», como dijo Zola, y poseedor de esa gracia grotesca +que los hijos del MediodÃa franceses comunican á cuanto tocan.</p> + +<p>Desde que á Alfonso Daudet se le ocurrió encerrar al desventurado y +heroico TartarÃn en el castillo de Chillón, se acabó su romántico +encantamiento. ¡Adiós, pobre Bonivard! Es inútil que la guardiana +salmodie con su voz de beata calvinista:</p> + +<p>—En esta columna estuvo atado seis años Bonivard, héroe de la libertad +de Ginebra.</p> + +<p>Por encima del organismo escuálido y haraposo, y de la cabeza de Cristo +del patriota cantado por Byron, aparece el cuerpo rechoncho y la fiera +cabezota morena y barbuda del intrépido hijo de Tarascón, nieto +ilegÃtimo de Don Quijote é incansable cazador de leones... y de gorras.<a name="page_046" id="page_046"></a></p> + +<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI<br /><br /> +Los osos de Berna</h3> + +<p>Cuando llegan los extranjeros á la capital de la Confederación +Helvética, su primer deseo es siempre el mismo.</p> + +<p>—Lléveme usted á ver los osos—dicen al cochero ó al guÃa del hotel.</p> + +<p>Y al extremo de un puente, en el fondo de un foso circular, semejante á +una pequeña plaza de toros cuidadosamente enlosada, encuentran á los +hijos favoritos de Berna, á los famosos osos, que figuran en el escudo +nacional, sirven de adorno á los monumentos y se exhiben como motivo +decorativo en las fachadas y salones de los edificios públicos.</p> + +<p>Numeroso gentÃo ocupa siempre la balaustrada del gran redondel, hablando +de lejos á los pesados animales, excitándolos con gritos cariñosos, +enviándoles una nube de mendrugos y frescas zanahorias. En torno del +foso hay una pequeña feria, con puestos en los que se venden vituallas +para la<a name="page_047" id="page_047"></a> bestia amada y tarjetas con los retratos de estos personajes +populares. De vez en cuando uno de ellos se encarama por las ramas +transversales de un viejo tronco plantado en el centro del redondel, y +el gentÃo se entusiasma ante la gracia y la agilidad del pesado animal.</p> + +<p>Los osos de Berna son ricos. Han heredado un sinnúmero de veces, pues +ciertas solteronas patrióticas les legan al morir una parte de su +fortuna. Viven en opulenta abundancia, soberbiamente alimentados, como +el pueblo suizo, del cual son á modo de un sÃmbolo; y como si no les +bastase la manutención que les da el municipio bernés, administrador de +sus bienes, la admiración popular los acosa y abruma bajo un espeso +aguacero de regalos.</p> + +<p>Ahora son seis nada más. Sentados sobre las patas traseras, ventrudos, +enormes, con lanas cuidadosamente lavadas, miran á lo alto, contestando +con sonrientes colmillos al griterÃo de la fila circular de admiradores. +AhÃtos hasta la inmóvil pesadez, cogen al vuelo la zanahoria ó el pan +untado con miel, que les viene directamente á la boca; pero si el +donativo resbala ante sus colmillos y cae á sus pies, no hacen el menor +esfuerzo por recogerlo. Nuevos regalos llueven en torno de ellos, y +dejan lo que cae para sus compañeros de foso, para los parásitos que les +acompañan en su agradable cautiverio, centenares y tal vez miles de +pájaros del inmediato parque, que saltan sobre<a name="page_048" id="page_048"></a> las losas buscando +migajas en los intersticios, ó picotean en el vientre y las patas de los +enormes camaradas, animando su lanudo volumen con inquietos aleteos.</p> + +<p>Cada pueblo, en los albores de su vida, cuando aun balbucea el infantil +lenguaje de la tradición, simboliza su carácter y su existencia en un +animal. La Roma antigua, ávida y feroz, escogió á la loba; Francia tiene +al gallo fanfarrón, arrogante y belicoso; los Estados del Norte ostentan +águilas de pico rapaz y estómago insaciable; España es el león solemne +hasta en su decadencia, cuando los piojos invaden sus flácidas melenas y +la consunción de la vejez amenaza romper el pellejo con las aristas del +esqueleto; Suiza es el oso.</p> + +<p>El fundador de Berna, que según la tradición se dejó guiar por uno de +estos animales, escogió, tal vez sin saberlo, la más exacta +representación del carácter de sus conciudadanos.</p> + +<p>Es inútil repetir una vez más las glorias pacÃficas de la República +Helvética. Todo el mundo las conoce. En cada ciudad, y hasta en la más +pequeña aldea, los dos mejores edificios son siempre la escuela y la +casa de correos. La gente come bien y tiene un aspecto saludable; sólo +se ven soldados en tiempo de grandes maniobras, cuando el gobierno +federal convoca á las reservas; en campos y caminos apenas se encuentran +gendarmes; la policÃa es escasa en las calles; la suprema graduación en +el ejército es la de coronel, y el que más<a name="page_049" id="page_049"></a> sabe entre todos ellos toma +el mando supremo; la gran mayorÃa de los suizos no conoce el nombre del +presidente de la República, que sólo ejerce el cargo un año, y este +presidente, que cobra poco más que uno de nuestros subsecretarios, sale +en las mañanas de verano del magnÃfico palacio del Gobierno en Berna y +va á tomar un vaso de cerveza en el café Federal, alegre tabernilla que +está enfrente. En los <i>cabarets</i> berneses se sienta uno al lado de un +señor vestido descuidadamente, con sombrero de paja viejo, el chaleco +abierto, la panza en libertad, mientras lee un periódico de apretados +caracteres alemanes, y resulta luego que es un ministro federal ó un +presidente de cantón venido á Berna para hablar mano á mano con los +gobernantes centrales. Cada uno hace lo que quiere y vive como quiere, +con la tranquilidad de que le avisarán apenas estorbe ó perjudique á los +otros, y de que su carácter pacÃfico, simple y disciplinado, le +aconsejará obedecer, sin el más leve intento de protesta.</p> + +<p>¡Un paÃs dichoso la Confederación Helvética! ¡La mejor de las +repúblicas!... Realmente, la nacionalidad más apetecible del mundo es +ser ciudadano de Suiza... pero habiendo nacido suizo.</p> + +<p>Yo creo firmemente que esta paz del paÃs helvético, esta tranquilidad, +este orden, es una condición de raza. Asà como en la vida individual los +seres más felices y satisfechos son los que piensan menos y sólo se +inquietan de lo que toca directa<a name="page_050" id="page_050"></a> é inmediatamente á sus apetitos y +necesidades, en la vida de los pueblos los que alcanzan existencia más +tranquila y ordenada son los que carecen de imaginación.</p> + +<p>El suizo sólo contempla lo presente. Su pensamiento, tardo, pesado y un +tanto espeso, pero de paso seguro (las mismas condiciones del animal +favorito), no va más allá de lo que le rodea. La vida pública se +concentra para él en el municipio, ó cuando más en el cantón. Ni +siquiera llega á preocuparse de lo que ocurre en Berna. Encuentra +aceptable lo que le rodea, y esto basta para que no sienta deseos de +novedad.</p> + +<p>Si de la noche á la mañana los suizos se convirtiesen en franceses, una +parte de la población fijarÃa su entusiasmo en el coronel Tal ó Cual, +viendo en su rostro los rasgos de un Bonaparte; se enardecerÃa con el +redoble de los tambores, creyendo que el ejército helvético estaba +llamado á grandes glorias, y en odio á la variedad y el fraccionamiento, +borrarÃa cantones, unificando la nación como bajo un rasero, y +convirtiendo á Berna en un ParÃs, depositario de toda la vida suiza.</p> + +<p>Que los suizos se convirtiesen en españoles, y antes de un mes los +católicos de Friburgo, cantón que tiene más conventos y más frailes de +todos colores que cualquiera ciudad nuestra, declararÃan deshonroso para +su cuerpo y peligroso para su alma el hacer vida común con los cantones +que<a name="page_051" id="page_051"></a> son protestantes, y las plácidas montañas verdes se llenarÃan de +partidas capitaneadas por curas, y la causa del Dios verdadero +intentarÃa convencer á tiros á los herejes para que no persistiesen en +el error.</p> + +<p>Que fuesen italianos todos los habitantes de la libre Helvecia, y sin +perjuicio de atraer y desvalijar en sus hoteles á los extranjeros, los +insultarÃan con su desprecio de pueblo escogido, llamándolos <i>barbari</i>.</p> + +<p>Pero los habitantes de Suiza son suizos, «están bien donde se +encuentran», reconocen como muy aceptable su vida presente, y no piensan +nada nuevo ni se sienten agitados por originales aspiraciones.</p> + +<p>Viendo de cerca á Suiza, hay que decir: «¡Benditos los pueblos que +carecen de imaginación! ¡De ellos serán la tranquilidad y las virtudes +vulgares!» La falta de individualidad permite mantener á los hombres en +el goce de sus completas libertades, sin miedo á que abusen de ellas +saliéndose del nivel común. La carencia de imaginación evita el peligro +de que los más inquietos y audaces tiren impacientes de las riendas de +la ley, turbando la marcha lenta, ordenada y mecánica de este pueblo, +que por su carácter monótono ha hecho de la relojerÃa un arte nacional.</p> + +<p>Todas sus aspiraciones hacia lo desconocido, lo inesperado y novelesco, +se cifran en la servidumbre. En otro tiempo se vendÃan como soldados<a name="page_052" id="page_052"></a> á +los reyes de Europa, y los hijos de la libre Helvecia formaban los +regimientos suizos, favoritos de las cortes, que se encargaban de +acuchillar á los pueblos para que se mantuviesen por el miedo sometidos +á los déspotas. Verdaderos mercenarios, pasaban del servicio de unos +Estados á otros, y esto hacÃa que en los combates se batiesen sin +entusiasmo, con ciertos miramientos, convencidos de que en las filas +enemigas figuraban hermanos suyos igualmente á sueldo.</p> + +<p>Ahora se dedican á fondistas y cafeteros, y corren el mundo para servir +platos ó bocks, lo mismo en California que en Australia ó el Cabo, pero +siempre con el pensamiento fijo en las verdes montañas y los azules +lagos, imágenes que les siguen en su peregrinación, sin que logren +borrarlas nuevos espectáculos.</p> + +<p>Yo creo que ningún suizo sueña cuando duerme. Su obligación al cerrar +los ojos es dormir: un ensueño serÃa un desorden inútil de la «loca de +la casa», que no tiene aquà amigos ni adeptos.</p> + +<p>En Ginebra he comido todos los dÃas en un modesto restaurant, donde +entré casualmente al llegar á la ciudad. Una irresistible simpatÃa me +atrajo á este establecimiento.</p> + +<p>El reloj, una soberbia pieza con la hora de ParÃs, la hora de la Europa +Central y todas las horas del mundo, estaba siempre parado.</p> + +<p>¡Un reloj parado en Ginebra, la Salamanca del muelle real, la Sorbona de +la rueda catalina!...<a name="page_053" id="page_053"></a> ¡Un suizo á quien no importa saber qué hora es, +ni se preocupa del buen orden de su vida!</p> + +<p>Me he ido de Ginebra sin conocer al dueño del restaurant, pero estoy +convencido de que es un poeta que se pierde Suiza.<a name="page_054" id="page_054"></a></p> + +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII<br /><br /> +El lago y el Concilio</h3> + +<p>Escribo junto á una ventana, por cuyo amplio rectángulo se ve, en primer +término, el follaje de los árboles y la saliente redondez de un pequeño +torreón; más allá una superficie azul, tranquila y tersa, que se pierde +hasta juntarse con el cielo, y en esta lÃnea indecisa del horizonte, una +bruma que no consiguen disipar los rayos del sol de la mañana, y en la +que se dibujan vagamente obscuras siluetas, que tan pronto parecen nubes +rastreras como altivos montes.</p> + +<p>La ventana es del <i>Insel Hôtel</i>, antiguo y famoso convento de dominicos, +situado en una isla, entre soberbios jardines, y convertido por los +artistas alemanes en uno de los más hermosos hoteles del mundo; la +torrecilla es la prisión en la que vivió Juan Huss antes de ser +conducido á la hoguera; la inmensa extensión azul, el tranquilo lago de +Constanza, lÃmite entre Suiza y Alemania,<a name="page_055" id="page_055"></a> y los obscuros perfiles +esfumados por la niebla, los lejanos Alpes del Tirol.</p> + +<p>Hace unas horas he abandonado la tranquila, burguesa y antipática +Zurich, convertida, por las maniobras militares de verano, en una ciudad +belicosa, con las calles llenas de suizos uniformados, arrastrando el +sable; me he detenido en Schaffhouse para ver el <i>Rheinfall</i>, la +prodigiosa caÃda del Rhin, dividiéndose en dos soberbias cascadas al +chocar con una isleta saliente, que parece imposible pueda resistir el +Ãmpetu de las espumas hirvientes y ruidosas, y después, saliéndome del +camino que habitualmente siguen los viajeros, he venido á la tranquila +ciudad de Constanza, penetrando en los dominios del gran duque de Baden.</p> + +<p>Suiza acaba en la misma estación de Constanza. Para seguir el viaje á +Munich hay que volver al territorio helvético, embarcarse en Romanzhon y +atravesar el lago hasta Lindan, entrando de nuevo en Alemania. Cuatro +aduanas, con otros tantos registros de equipaje en el transcurso de unas +cuantas horas.</p> + +<p>Constanza, antigua ciudad episcopal, venerable y plácida, fué libre +durante muchos siglos. Los españoles la atacaron en el siglo XVI. Los +austriacos la hicieron suya, matando la república protestante que se +habÃa organizado dentro de sus muros, y perteneció á los emperadores de +Viena hasta 1806, en que entró á formar parte del gran<a name="page_056" id="page_056"></a> ducado de Baden. +Hoy es un resto de aquella Alemania anterior á los triunfos militares, +pacÃfica, alegre y poética, con sus costumbres patriarcales y su +tranquila libertad. Se ven pocos soldados en su recinto. Las calles +venerables, con edificios de puntiagudos techos y puertas blasonadas, +resuenan de tarde en tarde bajo los pasos de los transeuntes. En los +muelles, limpios y sombreados por los tilos, pasean las muchachas de +trenzas rubias, brazos sonrosados y ojos de un azul clarÃsimo. à las +puertas de las cervecerÃas, bajo la frondosa parra, apuran lentamente +los ciudadanos el jarro de barro blanco chorreante de espuma.</p> + +<p>Es una ciudad vieja, en la que la vida se desliza sin sentir, falta de +intensas alegrÃas, pero limpia de grandes dolores. Los ciudadanos de +Constanza hacen recordar la plácida existencia de <i>El amigo Fritz</i>, y es +indudable que cuando sueñan bajo la parra, con el estómago lleno de +cerveza, canta en sus cerebros la satisfacción de vivir, con una +lentitud majestuosa, semejante á la del <i>Himno á la alegrÃa</i>, de +Beethoven. Es una de esas ciudades en las que se entra como en un lugar +amigo que no se ha visto nunca, pero que evoca confusamente simpatÃas y +familiaridades de una misteriosa existencia anterior. El viajero parte +con pena, prometiéndose volver, y piensa en la felicidad de pasar en +ella el resto de sus dÃas, apartado del mundo, si las exigencias de la +vida<a name="page_057" id="page_057"></a> no le obligasen al movimiento, tirando de él hacia otro paÃs.</p> + +<p>Sin embargo, esta ciudad de vida placentera debe su celebridad á un gran +crimen. Este paisaje sonriente, este lago tranquilo y casi desierto, con +gaviotas que rizan bajo el contacto de sus plumas las tranquilas aguas, +y bandas de gorriones que caen sobre las barcas solitarias, han +presenciado uno de los conflictos que trajo más revuelta á la humanidad +y fué motivo de guerra y otros males.</p> + +<p>El <i>Múnster</i>, la gran Catedral gótica de Constanza, el <i>Kaufhaus</i>, +caserón de los Museos históricos de la ciudad, las casas venerables de +sus calles, y hasta el antiguo convento de dominicos, cuyas ruinas se +han utilizado para el hotel en que vivo, todo recuerda la gran gloria y +la gran vergüenza de la tranquila ciudad: el famoso Concilio que lleva +su nombre y el suplicio de Juan Huss con su compañero Jerónimo de Praga.</p> + +<p>Cuatro años duró el tal Concilio. Nunca atravesó el cristianismo una +crisis tan ruidosa y aguda. Tres papas tenÃa á un tiempo la Iglesia: +uno, vagabundo por Cataluña, Aragón y Valencia, el testarudo español +Luna; otro, en Italia; otro, en Alemania, y de continuar la anómala +situación, los sumos pontÃfices iban á multiplicarse hasta el punto de +que el EspÃritu Santo, con toda su divina sapiencia, no podrÃa bastarse +para atender á la tarea de tan numerosas inspiraciones.</p> + +<p>De 1414 á 1418 duró la gran reunión de autoridades<a name="page_058" id="page_058"></a> eclesiásticas y +laicas, convocada en Constanza para poner remedio á tales males. El +emperador Segismundo, primer soberano de la tierra en aquellos tiempos, +y gran <i>métomentodo</i> de la época (algo semejante al kaiser actual), +presidÃa el Concilio, rodeado de toda la pompa de su majestad: guerreros +bigotudos de Bohemia, rubios barones alemanes, feudatarios cubiertos de +hierro, de la Europa Central. Frente á su trono, guardado por los cuatro +grandes dignatarios, uno con la corona en un almohadón, otro con el +cetro, el de más allá con la espada y el último con el globo de oro, +sÃmbolo de universal grandeza, alineábanse los cardenales, vestidos de +rojo, con su perfil de pájaro sombreado por el ancho sombrero escarlata +de pendiente borlaje; los prelados venidos de todas las naciones +cristianas y los frailes multicolores, que leÃan horas y horas +interminables rollos de pergamino ó peroraban en latÃn, con una facundia +pesada, para sostener las pretensiones de sus respectivos partidos. Cada +personaje llevaba detrás un séquito interminable. El emperador traÃa con +él un verdadero ejército y todo cardenal arrastraba tras su cola roja un +pequeño pueblo de familiares, pajes, cocineros y reposteros, caballos y +acémilas. Los prÃncipes de la Iglesia, rivalizando en lujo, habÃan +acudido á la cita seguidos de interminable mesnada, y la pequeña +Constanza no sabÃa cómo contener y guardar todas las grandezas +terrenales, llegadas á su seno para examinar<a name="page_059" id="page_059"></a> y fallar el gran pleito +surgido en el arreglo de la herencia de Cristo.</p> + +<p>Un vasto campamento rodeaba la ciudad. Miles de caballos agitaban por +las mañanas las riberas del lago al bañarse en sus aguas; las barcas, +cargadas de vÃveres y forraje, iban en interminable rosario de una +orilla á otra; en las calles, repletas de gentÃo, sonaban todos los +idiomas de Europa, y cada semana se veÃan llegar nuevas gentes de paÃses +lejanos: frailes de España, venidos á pie de convento en convento, para +sostener las pretensiones de su pontÃfice; sacerdotes procedentes del +fondo de la Bohemia ó de las lejanas riberas del Báltico, que parecÃan +traer con ellos un olor de herejÃa y eran los precursores de la Reforma, +á la que sólo le faltaba un siglo para nacer.</p> + +<p>TranscurrÃa el tiempo, y el concilio no adelantaba en sus decisiones. +Todo acuerdo exigÃa una información en lejanos paÃses ó provocaba +protestas, y mientras tanto, el pequeño mundo aglomerado en Constanza se +aburrÃa, sumiéndose en los mayores pecados por culpa del tedio. Los +mercenarios del emperador correteaban á las muchachas en los +bosquecillos inmediatos al lago; la cerveza y el vino del Rhin rodaban á +torrentes; los santos cardenales cerraban bajo llave á los pajecillos +italianos, para librarles de incurrir en pecado con gentes que no fuesen +eclesiásticas, y para general distracción y derrota del diablo tentador, +se organizaban procesiones ostentosas,<a name="page_060" id="page_060"></a> amenizadas con la quema de algún +que otro miserable judÃo.</p> + +<p>He visitado el <i>Kaufhaus</i>, enorme edificio, vecino al puertecillo +actual, en el que se celebraron las sesiones del Concilio. Es un caserón +de piedra, con las puertas negruzcas, de ojiva chata, rematadas por +groseros relieves góticos. El último piso, de madera carcomida, está +rematado por un techo de barraca, de ruda pendiente, igual al usado en +todos los paÃses donde abunda la nieve.</p> + +<p>Un dÃa, el Concilio, reunido en el salón que ocupa todo el piso +superior, vió comparecer á un sacerdote de gran barba rubia y ojos +azules, vestido de raÃda sotana y cubriendo con un cuadrado bonete sus +cabellos ensortijados. Era Juan Huss.</p> + +<p>TraÃa revuelta á HungrÃa con sus predicaciones. La muchedumbre marchaba +tras sus pasos, y el sacerdote detenÃase en los caminos, predicando al +pie de los árboles sus nuevas doctrinas. La gran masa, ansiosa de +rebelión, adoraba al profeta. El emperador Segismundo le habÃa invitado +á venir al Concilio, para explicar sus creencias, dándole un +salvoconducto y empeñando su palabra imperial para convencerle de que su +vida no corrÃa peligro. La espada del Imperio velaba sobre él. Su +existencia era sagrada.</p> + +<p>Al verle aparecer y escuchar su voz, corrió un estremecimiento por la +santa asamblea, semejante al que agita á la jaurÃa cuando huele la caza.</p> + +<p>Los hábitos negros y blancos de los dominicos<a name="page_061" id="page_061"></a> palpitaron de emoción; +las cabezas severas y duras de los frailes alemanes, intolerantes y +rudos, y de los frailes españoles, sus discÃpulos y herederos, +agitáronse con aullidos de muerte.</p> + +<p>El sacerdote bohemio se explicó tan claramente, que, á los pocos dÃas, +estaba preso, y para mayor seguridad, en el convento de los dominicos, +en este torreón que puedo tocar con sólo extender el brazo fuera de mi +ventana. El emperador se olvidó de él y de la palabra dada, ejemplo de +villanÃa repugnante que no siguió Carlos V cuando un siglo después +compareció Lutero ante la Dieta de Worms.</p> + +<p>La muchedumbre reunida en Constanza gozó al fin de una gran fiesta. Los +padres del Concilio, que llevaban tanto tiempo sin hacer nada y se veÃan +desobedecidos en sus acuerdos, pensaron satisfechos en que iban á hacer +algo sonado.</p> + +<p>Una mañana, el prisionero del convento de la Isla fué sacado del +torreoncillo, por cuyas estrechas ventanas contemplaba la extensión azul +del lago buscando las montañas de su lejano paÃs. Cruces en alto; +blandones encendidos; largas filas de monjes encapuchados; un canto +lúgubre, que contrasta con el piÃdo de los pájaros y el susurro del lago +al morir en la orilla. Como representantes del brazo secular, los +barbudos <i>lansquenetes</i>, oliendo á cerveza, empujan al sacerdote, lo +amarran, lo visten con una mitra y una túnica pintadas de diablos y +serpientes y la procesión de muerte emprende<a name="page_062" id="page_062"></a> el camino hacia el arrabal +de Brülh, donde hoy se alza una roca cubierta de inscripciones en honor +del mártir. Otra procesión igual surge en el camino conduciendo á +Jerónimo de Praga, el fiel compañero y discÃpulo.</p> + +<p>La gloria de la cristiandad, lo más selecto é ilustre de la época, ocupa +la llanura de Brülh. El emperador no ha osado contemplar su obra, pero +allà están, junto al montón de leña seca, rematada por dos postes, los +cardenales á caballo, con sus séquitos de prÃncipes; los nobles +guerreros y las hermosas damas alemanas, rubias, blancas y pechonas, +montadas en vistosas hacaneas y avanzando todo cuanto pueden para no +perder nada del interesante espectáculo.</p> + +<p>¡Prodigios de la fe! El inmenso montón de leña ha sido traÃdo +voluntariamente pieza á pieza, por la piedad de los fieles, por el buen +populacho, que desea la quema de estos dos hombres, á los que no conoce, +pero cuya maldad le parece indudable.</p> + +<p>Empiezan á crepitar las llamas, asomando sus lenguas rojas entre los +leños. Surge el humo de las ropas carnavalescas que cubren á los +condenados como un último insulto.</p> + +<p>De pronto se abren las filas de soldados sonrientes, y sonrÃen también +las hermosas damas, los prÃncipes eclesiásticos y los jinetes de +luciente coraza.</p> + +<p>Una vieja, arrugada y casi ciega, miserable<a name="page_063" id="page_063"></a> andrajo humano, avanza, +encorvada bajo un pequeño haz de sarmientos. Viene de muy lejos, y teme +haber llegado tarde para depositar su ofrenda, perdiendo la ocasión de +hacerse grata á Dios. Al arrojar su haz en la hoguera, suspira +satisfecha, como si librase su alma de un gran peso.</p> + +<p>Juan Huss también sonrÃe. Sus ojos azules, de dulce profeta, +lagrimeantes por el humo, miran al cielo. Su barba rubia, que empieza á +chamuscarse, muévese á impulsos de una admiración lastimera.</p> + +<p>—<i>¡Oh sancta simplicitas!</i>—gime.</p> + +<p>Las últimas palabras del mártir fueron para la santa y eterna +imbecilidad de los simples, que creen lo que les enseñan, odian lo que +les señalan, y con la sencillez de la inconsciencia, matan ó persiguen, +creyendo realizar una gran hazaña, á los que se preocuparon de su +suerte, trabajando y sufriendo por ellos.<a name="page_064" id="page_064"></a></p> + +<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII<br /><br /> +La Atenas germánica</h3> + +<p>Munich es una de las capitales de Europa de fundación más moderna, y sin +embargo, muy pocas le igualan en el aspecto, majestuosamente venerable.</p> + +<p>En el siglo XII, cuando eran viejas ya las grandes ciudades europeas, +Munich se componÃa de un puente sobre el Isar, con algún caserÃo y un +fuerte convento. <i>Forum ad Monachos</i> la llamaban entonces, y de aquà su +nombre actual, München (Monje), y el fraile que figura en su escudo de +armas, y los pequeños y graciosos encapuchados que se ven en todas +partes como sÃmbolos de la ciudad, en los escaparates de juguetes, en +los adornos de las esquinas, en los toneles de cerveza y en las jarras +de las <i>braserÃas</i>.</p> + +<p>Munich, por sus edificios, por sus escuelas, por el respeto oficial de +que rodea á las artes, es la Atenas germánica. No significa esto que sus +habitantes,<a name="page_065" id="page_065"></a> morenos, católicos, habladores y ruidosos, que hacen de la +Baviera una especie de AndalucÃa alemana, formen una democracia +intelectual y refinada como la ateniense. Aquà los verdaderos artistas +han sido los prÃncipes—simpáticos desequilibrados que se entregaron al +culto de la Belleza con un fervor rayano en la manÃa—, y el buen +pueblo, obedeciéndoles con ciega disciplina germánica, les siguió en sus +deseos.</p> + +<p>La pintura, la poesÃa y la música han sido las grandes manifestaciones +de la vida de Munich, y sus habitantes admiran, como dioses tutelares, á +los célebres artistas protegidos por los reyes. Wágner figura en todos +los escaparates: su perfil de bruja pensativa adorna hasta las muestras +de las tiendas. Goethe y Schiller, coronados de laurel y semidesnudos +como griegos, yerguen sus cuerpos de bronce en grandes plazas, +acompañando á monarcas y prÃncipes de la casa bávara, cuyos hechos +fueron superiores á los de Mecenas. El lujoso estudio del pintor Lenbach +se visita como un templo, y un culto igual recibe la memoria de +Cornelius, Kieuze y todos los demás pintores y escultores que desde los +tiempos de Luis I á los del infortunado Luis II (el Lohengrin coronado), +contribuyeron en menos de un siglo al embellecimiento de la ciudad.</p> + +<p>Los palacios ostentosos, los museos, los arcos de triunfo, los teatros +monumentales, ocupan casi una mitad de Munich. Los reyes de Baviera +trabajaron<a name="page_066" id="page_066"></a> sin descanso. Su manÃa de embellecimiento no les dejaba +dormir. El demonio de la construcción turbaba sus dÃas con nuevas +sugestiones. La caja del Estado estaba abierta para todo el que se +presentaba con una idea nueva. Los favoritos de la corte fueron artistas +alemanes, que no habÃan nacido en Baviera, y sin embargo, llegaron hasta +á intervenir en la vida polÃtica y aconsejar á los soberanos. Un músico +silbado en ParÃs, de costumbres bizarras y humor intratable, llegaba á +ser á modo de un virrey, derrochando la fortuna pública en la erección +de extraños teatros y organizando misteriosas representaciones que sólo +presenciaba el monarca. Éste era casi un actor, bajo las órdenes de su +amigo Wágner, imperioso artista contra el cual gruñÃa el pueblo, próximo +á sublevarse como años antes se alzó contra Lola Montes. El entusiasmo +dilapilador del abuelo por la bailarina española, reina bávara de la +<i>mano izquierda</i>, lo sintió el nieto por el autor de <i>El anillo del +Nibelungo</i>. No existe más diferencia entre ambas pasiones que el amor +fÃsico regaló joyas y dejó como única huella un gran escándalo +histórico, mientras el amor intelectual creó teatros y monumentos, +haciendo nacer las mayores obras musicales de nuestra época.</p> + +<p>Cuando Wágner, olvidado momentáneamente de la música, se dedicó á +filosofar, é hizo una confesión de creencias, dijo que sus dos dioses +eran Cristo y Apolo, inventando para la humanidad del<a name="page_067" id="page_067"></a> porvenir una +religión, mezcla de cristianismo y helenismo, en la que se unen y +confunden la humilde piedad hacia el semejante con la adoración de la +soberbia belleza.</p> + +<p>Cristo y Apolo fueron también los dioses de los soberanos bávaros, y +todavÃa imperan juntos, partiéndose equitativamente el dominio de este +pueblo.</p> + +<p>Munich, capital de la Alemania católica, tiene unos veinte templos que +son como catedrales, y cuyo interior ostentoso recuerda el de las +iglesias españolas, asà como el exterior es puramente italiano. Al lado +de estos monumentos de Cristo, álzanse majestuosos, con la autoridad de +un origen más antiguo, las innumerables obras de los monarcas bávaros á +la gloria de nuestra madre Grecia: los museos de la Pinacotheca antigua +y la Pinacotheca nueva; la Glyptotheca; los Propyleos; el Templo de la +Gloria con su estatua colosal de la Bavaria, predecesora de «La Libertad +iluminando al mundo», de Nueva York; el palacio de la Residencia; los +varios teatros griegos con sus frontones, en los que danzan las Musas al +son de la lira de Apolo; las vastas salas en las que brilla +discretamente el mármol ambarino de las estatuas clásicas, y se exhiben +fragmentos de templos traÃdos de Egina y otros lugares helénicos. La +columnata dórica alÃnea su bosque de piedra en las fachadas de los +palacios ó encierra en su armónico cuadrilátero jardines, grandes como +bosques. El rojo de<a name="page_068" id="page_068"></a> los vasos griegos, con sus pequeños cuadros de +figuras negras ó polÃcromas, cubre muros interminables, cortado á +trechos por las manchas blancas de bustos y cariátides.</p> + +<p>Asombra el trabajo realizado por los reyes de Baviera en menos de un +siglo. Sus buenos súbditos de la ciudad de Munich han debido de vivir +años y años entre andamios, tragando yeso y oyendo á todas horas el +choque del martillo sobre la piedra. La manÃa constructora de los reyes +debió constituir su gloria y su suplicio.</p> + +<p>El arte se muestra en amontonamiento, como creado de real orden, en +pocos años, ejecución admirable, pero sin la originalidad y la noble +armonÃa que es producto de los siglos. Se ve que todo está hecho de una +sola vez, que ha surgido del suelo en una sola pieza, falto de esas +capas de sucesiva formación que va secretando el paso de las +generaciones.</p> + +<p>El aspecto monumental de Munich—una vez desvanecida la primera +impresión de asombro por lo grandioso de la obra—causa igual efecto que +esas sinfonÃas cuyos motivos agrandan ó conmueven, al mismo tiempo que +la memoria se estremece con la sensación de haber oÃdo antes los mismos +sonidos.</p> + +<p>—Esto no es nuevo—se dice el viajero al contemplar la ciudad—. Todo +me parece haberlo visto en otras partes.</p> + +<p>Indudablemente los monumentos griegos nada<a name="page_069" id="page_069"></a> tienen de originales, y en +esto consiste su mérito. Son reconstrucciones ingeniosas, evocaciones +sabias de las obras que han llegado hasta nosotros, mutiladas é +indecisas. Pero ¿y los otros monumentos?</p> + +<p>à los pocos dÃas de estar en Munich, van surgiendo en la memoria +imágenes del pasado, recuerdos de viajes por otros paÃses. El aire de +familia se marca cada vez más en las cosas, como en esos rostros que nos +parecen extraños al primer instante y acaban por ser de antiguos amigos. +Unas iglesias recuerdan las de Florencia; tal vivienda real es el +palacio Pitti; tal otro un palacio de Roma; la Logia de los Mariscales +es una copia de la Logia de Orcagna en la capital toscana; los mástiles +enormes, ante la Residencia, son hijos de los mástiles de la República +en Venecia, y asà todo.</p> + +<p>Hasta los palomos que aletean en los frisos y descienden al pavimento, +animándolo con el reflejo de sus plumas metálicas, son palomos +«traducidos del italiano», que no pueden menos de saludar como +venerables abuelos á los que contemplan el Adriático desde los aleros de +mármol de la plaza de San Marcos ó saltan en la columnata florentina +junto al Arno.</p> + +<p>Munich no tiene de original más que dos cosas: la cerveza y la música.</p> + +<p>Las famosas <i>braserÃas</i> de estilo germánico, con sus frontones agudos, +rematados por complicadas<a name="page_070" id="page_070"></a> veletas, y sus fachadas de pesados balconajes +y torrecillas salientes, valen más que todos los templos griegos que +llenan las plazas de Munich.</p> + +<p>De la música ya hablaremos. La capital bávara está celebrando, en estos +momentos, el Festival Wágner. Por las tardes la muchedumbre se agolpa á +ambos lados de la enorme avenida del PrÃncipe Regente, para presenciar +el paso de los que van á escuchar <i>El anillo del Nibelungo</i>, lo mismo +que el vecindario de Madrid se congrega en la calle de Alcalá en un dÃa +de toros.</p> + +<p>Cuando el viajero se familiariza con Munich, su entusiasmo por las +glorias artÃsticas de la ciudad va restringiéndose hasta el punto de que +sólo queda erguida una sola admiración: Wágner y su obra.</p> + +<p>¡Pobre Atenas germánica! De sus monumentos nada malo puede decirse. Son +notables reproducciones del arte griego: la sabidurÃa artÃstica luce en +ellos, pero son frÃos y repelentes como cuerpos sin alma. Es Atenas sin +atenienses y sin el cielo de la Ãtica. En verano, el espacio se muestra +azul y brilla un hermoso sol. Pero el invierno germánico, duro y cruel +en Baviera, muerde con sus dientes negros estos monumentos que nacieron +en la tibia atmósfera del archipiélago, favorable á la desnudez.</p> + +<p>El mármol en el paÃs del sol se dora en el curso de los siglos, tomando +el majestuoso matiz anaranjado del oro viejo. AquÃ, en unos cuantos<a name="page_071" id="page_071"></a> +años, se ennegrece, con una opacidad antipática de ceniza de carbón.</p> + +<p>Los dioses olÃmpicos, los héroes coronados de laurel y ligeros de ropa, +parecen temblar en pleno verano, recordando los largos meses de frÃo. El +rojo griego del interior de las columnatas se destiñe con las lluvias. +Los frescos se esfuman y desaparecen. Todo se vuelve gris y opaco.</p> + +<p>SÃ; esta ciudad es una Atenas... Pero pasada por cerveza.<a name="page_072" id="page_072"></a></p> + +<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX<br /><br /> +El Festival Wágner</h3> + +<p>Un periódico satÃrico de Munich publicaba hace cuarenta años una +caricatura de Wágner, saliendo del hermoso palacete en que le tenÃa +alojado el rey Luis II de Baviera.</p> + +<p>—Voy al teatro—decÃa el gran maestro—y de paso entraré en palacio á +dar un golpe á la caja del amigo Luis.</p> + +<p>Nunca se ha conocido una protección tan generosa como la que el monarca +bávaro dispensó á Wágner. La prodigalidad de Luis II tomó el carácter de +una locura. Este <i>rey virgen</i>, que creaba en su palacio de la Residencia +una galerÃa de bellezas célebres, y sin embargo, prohibÃa que asistiesen +damas á las fiestas Ãntimas de su corte, fué un Nerón, pero Nerón +tranquilo, que construyó en vez de quemar, y semejante al déspota de +Roma, puso sus amores musicales y poéticos por encima del orgullo de su +majestad.<a name="page_073" id="page_073"></a></p> + +<p>Sus caprichos y aficiones costaron muy caros á Baviera, y sin embargo, +el pueblo le recuerda y le respeta. Fué un monarca que, en fuerza de +excentricidades, prestó un gran servicio al arte, logrando al mismo +tiempo que la atención del mundo entero se fijase en Baviera.</p> + +<p>Por él vienen todos los años aquÃ, en artÃstica peregrinación, los +intelectuales de remotos paÃses. Su retrato está en todas partes. +Baviera le compadece con maternal ternura y guarda su memoria. También +la tumba de Nerón, veinte años después del suicidio del imperial +cantante, aparecÃa muchas mañanas cubierta de rosas, ofrenda del popular +recuerdo.</p> + +<p>Famosa época la de la amistad de Luis II y Wágner. El monarca, llena la +mente de los dioses germánicos y de los héroes cuyas hazañas ponÃa su +amigo en rotundos versos, acompañándolos de prodigiosa orquestación, +apartábase cada vez más de la existencia real, viviendo como un +sonámbulo, en medio de legendarios ensueños. Odiaba el traje moderno y +hasta sus uniformes á la prusiana, por parecerle vulgares y +antiartÃsticos. Los cortesanos ocultaban su turbación al verse recibidos +por él, vestido como un gran señor del Renacimiento. Las verdes aguas +del lago Stanberg cruzábalas en barcas doradas, con ninfas y quimeras en +la proa, y grandes paños de escarlata arrastrando sobre la estela. +Durante las noches de invierno, corrÃa los campos de nieve, en veloces<a name="page_074" id="page_074"></a> +trineos con luces eléctricas, pasando entre resplandores como una +aparición fantástica. Una orquesta invisible sonaba en la famosa <i>Gruta +Azul</i> del castillo de Linderhof, mientras Luis, vestido de Lohengrin, +paseábase erguido sobre un esquife de nácar. Un dÃa acabó este ensueño, +ahogándose el simpático perturbado en una laguna del castillo de Bergi.</p> + +<p>El gran músico le habÃa precedido algunos años en su salida del +escenario mundanal; pero mucho antes de que Wágner muriese, ya habÃa +dado la generosidad de Luis todo lo necesario para la realización de los +ensueños del maestro.</p> + +<p>Wágner ansiaba un teatro suyo, con arreglo á su genio inventivo y +revolucionario, el cual no sólo realizó innovaciones en la música, sino +en la escenografÃa y en la construcción. El coliseo de Bayreuth fué su +obra. Luego Munich, siguiendo los mismos planos, ha elevado el teatro +del PrÃncipe Regente, dedicándolo á la representación de las obras de +Wágner. Hoy el <i>Prinz-Regenten-Theater</i>, de Munich, celebra todos los +años un Festival Wágner que atrae á una muchedumbre cosmopolita, y +triunfa sobre Bayreuth por el esmero con que presenta las obras. Su +maquinaria escenográfica es muy superior á la de los tiempos de Wágner, +que aun funciona en el primitivo teatro.</p> + +<p>Gentes de todos los paÃses de Europa y de mucha parte de América, se +encuentran en Munich, con motivo del Festival. Inútil describir lo que +es<a name="page_075" id="page_075"></a> este teatro con sus novedades y misterios, pues todo el mundo conoce +las innovaciones introducidas por Wágner en la representación de sus +obras. La orquesta es subterránea é invisible, lo que llamaba el maestro +«el abismo mÃstico» de donde surgen las melodÃas como si viniesen de +otro mundo, sin ver el espectador á los músicos, que sudan y gesticulan, +y al director, que se mueve como un loco. El teatro está completamente á +obscuras. Las puertas de los pasillos se cierran al empezar cada acto, +sin que exista poder terrenal capaz de abrirlas antes de que aquél +termine. La disciplina alemana reglamenta el curso del espectáculo; el +programa marca las horas y minutos que se invertirán, tanto en el +conjunto de la obra como acto por acto. Las trompetas, sustituyendo á +los toques de campana, hacen correr á los espectadores lo mismo que +reclutas que temen faltar á la lista.</p> + +<p>Las representaciones del Festival Wágner empiezan á las cuatro de la +tarde y acaban á las nueve y media de la noche. El último entreacto es +de media hora, para que el público pueda cenar en los grandes comedores +del teatro. Una admirable igualdad reina sobre el público. Todos los +asientos son iguales y cuestan lo mismo, veinte marcos (veinticinco +pesetas). El teatro, aparte de los seis palcos del fondo, destinados á +la familia real y á los potentados extranjeros, sólo se compone de +butacas que se alÃnean en peldaños, subiendo<a name="page_076" id="page_076"></a> desde la concha circular, +que cubre el foso de la orquesta, hasta lo más alto de la sala. Todos +ven el espectáculo de frente. Las dos paredes laterales son lisas, sin +otros adornos que las portadas de salida y unas hornacinas con vasos +griegos.</p> + +<p>¿à qué hablar de <i>El anillo del Nibelungo</i>?... Wotan, Brunilda, +Sigfrido, todos los dioses, los héroes, las beldades desventuradas, los +gigantes espantosos y los nibelungos enanos, que figuran en esta serie +de óperas, con su fantástica Historia Natural de dragones que cantan, +pájaros que aconsejan y serpientes y osos, son personajes conocidos del +público y no ofrecen ya novedad. La <i>Walkyria</i> y el <i>Sigfrido</i> los +cantan en Munich lo mismo que en el Real de Madrid, ó tal vez un poco +peor. Todos los artistas de lengua alemana tienen empeño en cantar en +este Festival, porque <i>da cartel</i>. Algunos proceden de Nueva York, y +creo que hasta después de trabajar gratuitamente, dan dinero encima.</p> + +<p>Además, en este teatro, donde no se admiten manifestaciones del público, +el artista puede atreverse á todo, sin ese miedo que inspiran los +espectadores exigentes de Italia y España, los cuales llevan á la ópera +algo del espÃritu de la gente que asiste á una corrida de toros. Total, +que al lado de buenos artistas, encanecidos en el culto wagneriano, +aparecen otros indignos de cantar en su compañÃa. Por fortuna, la +orquesta, las maravillas del decorado y la escrupulosidad y atención<a name="page_077" id="page_077"></a> en +el juego escénico, justifican el largo viaje que ha tenido que realizar +una gran parte de este público, hÃbrido en su aspecto exterior, y tan +interesante casi como las obras de Wágner.</p> + +<p>La uniformidad militar del teatro contrasta con la variedad infinita de +los espectadores. En lugar alguno de Europa puede encontrarse un público +tan heterogéneo. Una amable libertad impera en el vestido. Las damas +alemanas y algunas francesas se presentan en traje de ceremonia; los +oficiales marchan tiesos, en sus apretadas levitas de alto cuello, +arrastrando el sable; los <i>herr</i> germánicos llevan frac y se cubren la +cabeza con fieltros de anchas alas; pero revueltos con estas gentes +elegantes, pasan inglesas y americanas, vistiendo blancos trajecitos de +falda corta; viajeros con su terno gris á grandes cuadros, los gemelos +en bandolera y la gorrilla en la mano; gruesos y rubicundos sacerdotes +católicos, con levita y pechera negras, que, recordando lo que acaban de +oir, mueven los dedos como si estuviesen ya ante los órganos de sus +catedrales; vÃrgenes de lacias faldas, con el exangüe rostro asomado +entre dos caÃdos cortinajes de pelo; jóvenes melenudos, que estiran la +afeitada cara sobre las innumerables roscas de una corbata obscura; +muchachas enfurruñadas, que al llegar tarde y encontrar las puertas +cerradas, se tienden en las escalinatas de los pasillos, ansiando oir un +eco del lejano misterio por debajo de los pesados <i>portiers</i>, junto á +las<a name="page_078" id="page_078"></a> piernas de los impasibles acomodadores; mujeres con cierta +originalidad en su traje y sus maneras, que son grandes cantantes en +vacaciones ó famosas concertistas; viejos condecorados, de cabellera +gris y cara arrugada, que inspiran un vago recuerdo de retratos vistos +en ilustraciones extranjeras.</p> + +<p>Es un público de sorpresas. Todos presienten en el vecino que pueda ser +<i>alguien</i>. La mayorÃa está formada de artistas, de escritores, de gentes +que gozan celebridad en sus paÃses, pero que pasan inadvertidas en esta +reunión universal, que sólo dura algunos dÃas.</p> + +<p>Esta importancia del público que parece presentirse, como si flotase en +el ambiente, obliga á una extremada sencillez á los grandes de la +tierra.</p> + +<p>Yo me he codeado, del modo más irreverente, al pasear por las galerÃas, +con una señora joven, tan elegante como granujienta y fea. Un poco más +allá dos viejas damas, cargadas de brillantes, pusieron al verla una +rodilla en tierra, con esa sumisión germánica, al lado de la cual el +cortesanismo español resulta de costumbres democráticas.</p> + +<p>—¡Alteza! ¡Alteza!...</p> + +<p>Y le besaron la mano como si llevase en ella el SantÃsimo Sacramento. +Era una hija ó una nieta (no me enteré bien) del emperador de Austria. Y +de igual categorÃa que ésta, aunque más simpáticas por su modestia, +encontré en los pasillos<a name="page_079" id="page_079"></a> á otras altezas, cuyo nombre no necesité +preguntar por serme sus caras bien conocidas.</p> + +<p>Cuando termina el espectáculo, la gran mayorÃa del público sale en +silencio; pero algunos manifiestan su fervor á gritos.</p> + +<p>—¡Sublime! ¡Inmenso!</p> + +<p>Casi siempre son españoles, italianos ó franceses los que gritan +entusiasmados. Pero sus voces suenan á falso, y parece que gritando +intentan convencerse á sà mismos.</p> + +<p>Han oÃdo hablar del Festival Wágner como de algo extraordinariamente +misterioso; han venido atraÃdos por la curiosidad, creyendo en lo +sobrenatural del espectáculo, y salen de él dudando de la sensatez de su +viaje, sintiendo cierta sospecha de haber sido engañados, diciéndose +que, aparte de la sala á obscuras y de la orquesta subterránea, nada +nuevo han visto.<a name="page_080" id="page_080"></a></p> + +<h3><a name="X" id="X"></a>X<br /><br /> +El "Mozarteum"</h3> + +<p>Al ir de Munich á Viena, la primera población que se encuentra, pasada +la frontera austriaca, es Salzburgo, famosa desde hace siglos como uno +de los lugares más hermosos de la vieja Alemania.</p> + +<p>Es una ciudad episcopal que hasta principios del siglo XIX estuvo regida +por un prÃncipe-arzobispo, y sólo en 1816, después que el Congreso de +Viena, repartiéndose los despojos del vencido Napoleón, rehizo el mapa +de Europa, pasó á incorporarse á Austria. ConstruÃda en las dos orillas +del Salzach, que corre entre verdes montañas, la población extiéndese +por ambas laderas, rompiendo los densos bosques y asomando á trechos su +edificación roja y negruzca y sus altas torres sobre el verde follaje. +Una catedral gótica recuerda el gobierno de los prÃncipes mitrados; un +castillo, el Hoen, domina uno de los panoramas más hermosos del mundo.<a name="page_081" id="page_081"></a></p> + +<p>Pero Salzburgo no es famosa por su belleza y su antigüedad. à pesar de +las glorias históricas de sus arzobispos, de la hermosura de sus +paisajes y de haber habitado en ella el famoso médico Teofrasto +Paracelso, hoy dormitarÃa olvidada, como muchas poblaciones de la +antigua Alemania, sin que un viajero curioso descendiese en su estación +y sin otra vida que el trompeteo del regimiento acuartelado en el +castillo y el arrastre de sables de los oficiales bajo los tilos del +paseo. Un niño nacido en Salzburgo en 1756 ha bastado para dar una +celebridad universal é imperecedera á la pequeña población alemana.</p> + +<p>El prÃncipe-arzobispo de dicha época, amante de la música, como todos +los señores alemanes, tenÃa á su servicio un maestro de capilla, pagado +miserablemente y abrumado por un continuo trabajo.</p> + +<p>Este pobre músico ocupaba un cuarto piso en una calle estrecha de +Salzburgo; una casa de vecindad, con su escalera en forma de túnel y sus +galerÃas, dando acceso á innumerables puertas. Un dÃa el necesitado +maestro vió aumentarse sus apuros con el nacimiento de un nuevo hijo. Le +pusieron los nombres de Wolfgan Amadeo y el obscuro apellido de su +padre, llamado Leopoldo Mozart.</p> + +<p>Los vecinos del viejo caserón vivÃan en continuo concierto. Por las +tardes, cuando terminaban sus ocupaciones en la catedral ó en el palacio +del<a name="page_082" id="page_082"></a> arzobispo, los músicos de la capilla, tan pobres y entusiastas como +el maestro, reunÃanse en la casa de éste. No tenÃan dinero para ir á la +cervecerÃa, y se juntaban trayendo sus instrumentos, para deleitarse +mutuamente con interminables conciertos, en los que ejecutaban las obras +de su gusto, sin tener que seguir los caprichos del señor. Llegaban con +sus raÃdas casacas negras, de largos faldones, sus pelucas de un blanco +rojizo, las medias con puntos sueltos, los zapatos viejos, y se +agrupaban ávidos en torno del bondadoso Leopoldo, que les aguardaba con +un voluminoso cuaderno en la mano, última novedad musical enviada por el +<i>kapells-meister</i> de algún otro principillo alemán.</p> + +<p>Sentábase al piano el maestro, gemÃan los violines, roncaba el +contrabajo, extendÃa el violoncello la caricia aterciopelada de su +varonil suspiro, lanzaba la flauta sus trinos de alegrÃa pastoril, y la +vieja casa parecÃa rejuvenecerse con esta alma melódica que corrÃa por +las arterias de sus escalas y corredores. La mujer del maestro, la +hacendosa y dulce Ana MarÃa Pertlin, cosÃa con los ojos bajos y el oÃdo +atento; la hija mayor, Mariana, de pie junto á su padre, seguÃa con +admiración el desarrollo de la música; el pequeño Amadeo, á gatas por la +habitación, interrumpÃa con sus balbuceos el sonido de los instrumentos. +Cuando apenas sabÃa hablar se quejó amargamente viendo que llegaba un +amigo de sus padres con las manos vacÃas.<a name="page_083" id="page_083"></a></p> + +<p>—¡Hoy no traes tu violÃn de manteca!—exclamó con acento de decepción.</p> + +<p>La manteca era para el pequeño salzburgués lo más fino y más dulce del +mundo.</p> + +<p>No sabÃa aún modular palabras con su boca y hacÃa ya hablar al piano; +los signos del solfeo los aprendió antes que los caracteres del +alfabeto. Mariana dominaba la música lo mismo que él. En Salzburgo, +todos se hacÃan cruces del niño prodigioso, que á los seis años tocaba +el piano como un concertista. El mismo prÃncipe-arzobispo se dignó +llamarlo al palacio, admirando la habilidad del hijo de su maestro de +capilla, pero sin ocurrÃrsele aumentar el sueldo de éste en unas cuantas +<i>coronas</i>.</p> + +<p>Las necesidades de la vida impulsan de pronto á Leopoldo á una +resolución digna de nuestros tiempos. Despiértase en él una avidez de +empresario. Un dÃa, el pequeño Amadeo, ante los ojos llorosos de la +madre, que ve próxima una separación, contémplase en un espejo, ridÃcula +y graciosamente vestido como un gran señor, con casaca galoneada, blanca +peluca de corte y una espadita al costado. Va á correr el mundo con su +padre y su hermana, dando conciertos, y empieza sus peregrinaciones +penosas de corte en corte, durmiendo en malas posadas ó en palacios de +potentados <i>dilettanti</i>; teniendo que tocar unas veces ante reyes, y +otras ante muchedumbres que discuten con Leopoldo el precio de la +entrada. En la<a name="page_084" id="page_084"></a> corte de Viena, le tratan como un prÃncipe y juega con +la archiduquesa MarÃa Antonieta, futura reina de Francia. En Versalles +le besan y lo adormecen sobre sus grandes faldas las beldades amigas de +Luis XV. En Italia, la muchedumbre fanática de Nápoles, asombrada de su +precocidad, cree que el músico niño ha hecho pacto con el diablo y le +obliga á tocar quitándose una pequeña sortija que lleva, á la que +atribuye la superstición un poder mágico. En Milán compone una ópera á +los nueve años, dirige la orquesta la noche del estreno, y el público le +saca en hombros, gritando: <i>¡Eviva il maestrino!</i></p> + +<p>Muere el padre; la hermana, simple compañera de ejecución musical, +vuelve al lado de la madre; Mozart, hecho ya hombre, se ve sumido en la +obscuridad que llega de pronto para los artistas precoces, cuando +pierden el encanto de la infancia. Empieza entonces su vida en Viena de +luchas y miserias. Es un innovador, y la corte prefiere á los músicos +italianos que llenan la capital austriaca. El mismo emperador le +aconseja pedantescamente que imite al primer músico de la época, el hoy +olvidado Sallieri. Para vivir, escribe sus graciosos <i>minuettos</i>, por +unos cuantos florines, cada vez que un gran señor da un baile en su +palacio. Los rivales abusan de su carácter bondadoso y dulce, acosándolo +con insultos, dificultando su trabajo con toda clase de intrigas. Entre +la nube de músicos y poetas de todos los paÃses,<a name="page_085" id="page_085"></a> caÃda sobre Viena por +la atracción que ejerce una corte aficionada á las artes, encuentra +pocos amigos. Su dulce debilidad sólo halla apoyo y consuelo en el +español Vicente MartÃn, un músico procedente de Valencia, autor de +óperas olvidadas y que figura en la historia de la música como inventor +del vals. También son sus amigos el italiano Daponte, abate bohemio y +licencioso, que escribe los versos de sus <i>libretos</i> en plena +embriaguez, y un alemán feo, sombrÃo y malhumorado, incapaz de intrigas +y de numerosos afectos, llamado Luis Beethoven.</p> + +<p>Las óperas que escribe gustan á lo más selecto del público, pero no le +dan dinero. Cuando se casa con Constanza Wéber, sus amigos MartÃn y +Daponte van á visitarle en su pobre casita, al dÃa siguiente de la boda, +y le encuentran bailando con la mujer.</p> + +<p>—Hace tanto frÃo y la leña cuesta tan cara, que nos calentamos +as×dice el maestro sonriendo.</p> + +<p>Y continúa el baile, moviendo su cuerpo débil, elegante y gracioso, que +hacÃa de él uno de los más distinguidos danzarines de la época.</p> + +<p>En Praga, con el estreno de <i>Don Juan</i>, empieza para él la celebridad. +Tiene dos hijos, su mujer puede reunir algún dinero; los empresarios le +piden nuevas obras; la corte fija su atención en él y le encargan misas +ó contradanzas... y cuando el bienestar entra en la casa, se introduce +igualmente la muerte siguiendo sus pasos.<a name="page_086" id="page_086"></a></p> + +<p>Un dÃa, un señor vestido de negro y de aspecto siniestro llega á la +vivienda de Mozart, y entregándole como adelanto una bolsa llena de oro, +le encarga que escriba cuanto antes una misa de muertos.</p> + +<p>Es el testamentario de un gran señor fallecido en el campo, pero á +Mozart, roÃdo por la tisis y perturbado por las supersticiones que +acompañan á toda enfermedad, le parece que el hombre vestido de negro es +la misma Muerte que viene á anunciarle su próximo fin, y se lanza á +escribir la famosa <i>Misa de Requiem</i> convencido de que se estrenará en +sus propios funerales. ¡Las noches de cruel insomnio, con la certeza de +que toda nota trazada es un segundo menos de vida, de que avanza el +temido final con cada nueva hoja añadida á la partitura, amontonando +sobre el pentagrama lágrimas y melancolÃas!... Su vida iba +extinguiéndose asà como avanzaba su obra. Casi moribundo, quiso oirla, y +con un esfuerzo supremo cogió en sus manos el papel del tenor.</p> + +<p>Un discÃpulo se sentó al piano; otros se encargaron de las diversas +partes de la obra; Mozart, hundido en un sillón, con el papel ante los +ojos, cantaba con una voz trémula y dulce, como el cisne de las leyendas +antes de morir. Al llegar al <i>Lacrimosa</i>, su voz se cortó con un gemido.</p> + +<p>—¡No, no puedo más!</p> + +<p>Y echó la cabeza sobre el respaldo, para no levantarla nunca, entre las +lágrimas de amigos y<a name="page_087" id="page_087"></a> discÃpulos, y los alaridos de Constanza, que, al +fin, podÃa dar expansión á su dolor.</p> + +<p>Al dÃa siguiente fué el entierro, dÃa tempestuoso y gris que arrojaba +sobre Viena un verdadero diluvio.</p> + +<p>Gran concurrencia en la casa mortuoria: todos los músicos de Viena, +algunos grandes señores de la corte y delegaciones de la MasonerÃa, +agradecida á Mozart por su <i>Cantata de los fracmasones</i>, que aun se toca +en muchas logias.</p> + +<p>El fúnebre cortejo emprendió la marcha bajo la lluvia torrencial. El +agua saltaba furiosa sobre los rojos paraguas de ballena; los zapatos de +hebillas y las negras medias de los acompañantes hundÃanse en los +arroyos fangosos. Hay que conocer Viena, enorme ciudad, para darse +cuenta de lo penoso de una marcha hasta el cementerio, por calles +interminables. En una esquina se quedaba un grupo del cortejo, +diciéndose que ya habÃa acompañado bastante al difunto camarada en un +dÃa como aquel; más allá desertaban otros; las carrozas de los señores +habÃan desaparecido; los más valientes y más fieles llegaron hasta las +afueras. Total, que al anochecer, con los caballos chorreando y á un +paso vacilante, en la penumbra del crepúsculo, llegó al cementerio un +coche fúnebre... sin que lo siguiese nadie.</p> + +<p>Algunas semanas después, cuando la viuda quiso saber dónde estaba el +cuerpo de Mozart, nadie supo contestarle. Ninguno del cortejo habÃa<a name="page_088" id="page_088"></a> +presenciado el entierro. Los sepultureros no supieron explicarse, ni +pudieron nunca ponerse de acuerdo. ¡Se entierra tanta gente durante un +solo dÃa en una ciudad enorme!... La Nada tragó para siempre el cuerpo +del maestro, y la Duda le sirvió de lápida mortuoria. Se sabe de cierto +que sus restos están en el cementerio viejo de Viena, y esto es todo.</p> + +<p>La ciudad de Salzburgo ha convertido en museo la vieja casa del maestro +de capilla Leopoldo Mozart, donde nació el prodigioso compositor. El +<i>Mozarteum</i> contiene en sus pobres habitaciones, de techo bajo y +pavimento de vieja madera, todos los recuerdos de la vida del maestro: +instrumentos, retratos, vestidos y hasta cartas. En una vitrina figura +un cráneo... ¡El cráneo de Mozart! El catálogo no lo asegura, pero el +conserje lo afirma bajo su palabra, y los más de los visitantes admiran +la cúpula ósea bajo la cual nacieron tantas bellas melodÃas.</p> + +<p>Si el alma es inmortal y se entera de lo que ocurre en este mundo, tal +vez á estas horas algún antiguo mozo de cordel de Viena estará riendo en +el ParaÃso, al ver que atribuyen á su pobre calavera la paternidad del +<i>Don Juan</i>.<a name="page_089" id="page_089"></a></p> + +<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI<br /><br /> +Viena la elegante</h3> + +<p>Desde Munich á Viena los hombres del pueblo, y aun muchos burgueses, +bien sean bávaros ó austriacos, muestran todos tres aficiones comunes: +aman el canto, se agujerean las orejas para llevar pequeñas monedas á +guisa de pendientes, y no pueden usar un sombrero sin adornarlo con una +pluma ó un grupo de flores silvestres.</p> + +<p>Los pequeños chambergos de felpa verde ó acaramelada, con el ala caÃda +sobre el bigotudo rostro, están siempre rematados por enhiestas plumas +de gallo, que se cimbrean junto al cogote. El pueblo de la Baja Alemania +siente una gran simpatÃa por el Tirol y sus pintorescos montañeses, +únicos que en dÃas de desgracia para la patria supieron resistir á la +invasión napoleónica, imitando á los guerrilleros españoles.</p> + +<p>La <i>tirolesa</i>, canción robada al gorjeo de los pájaros, hace oir sus +trinos desde Munich á Viena,<a name="page_090" id="page_090"></a> en caminos y ferias, teatros y montañas. +En el <i>Theresien-Wiese</i>, de Munich, extensa explanada frente á la +estatua de Bavaria, se verifica á fines de verano la feria anual de los +tiroleses, y de la mañana á la noche trina el ruiseñor, canta el mirlo y +gorjea la alondra, no con notas vagas, sino intercalando en sus escalas +versos que hablan de amores y luchas en las montañas verdes, coronadas +de nieve.</p> + +<p>La música es una necesidad para los pueblos de la Baja Alemania. Cuando +se les ve de cerca se comprende que las estatuas de grandes +compositores, compatriotas suyos, llenen calles y plazas. No hay café +que no tenga orquesta, ni restaurant al aire libre sin banda militar. En +Munich, el público de las cervecerÃas canta á coro, acompañado por los +violines y chocando los bocks como los bebedores de Goethe en el +<i>Fausto</i>. En Viena, la patria de Strauss y de Suppé, el vals lánguido y +elegante ó la marcial retreta suenan en todos los establecimientos +públicos.</p> + +<p>El catolicismo austriaco es el más armonioso de la cristiandad papal. +Una simple misa rezada en la catedral de San Esteban, ó en cualquier +otro templo de Viena, es en los domingos un verdadero concierto. Suena +el órgano un ligero preludio, como para dar el tono; los fieles, +hombres, mujeres y niños, tiran del librito que les sirve de guÃa para +recordar los versos de los himnos, y la misa se desarrolla en medio de +un coro de centenares<a name="page_091" id="page_091"></a> y aun de miles de voces, sin que ni una sola +desentone, siguiendo todas instintivamente el ritmo, sin necesidad de +dirección, con un ajuste maravilloso. Las voces graves acompañan con +artÃsticas disonancias el canto femenino ó infantil, y este coro, de +música difÃcil, suena durante una hora como el del mejor teatro de +ópera.</p> + +<p>En Viena, la música es algo nacional, que constituye el orgullo del +pueblo. Las bandas de los regimientos austriacos son verdaderas +orquestas. Cuando Austria dominaba la Alta Italia, los patriotas +venecianos y milaneses ocultábanse en sus casas para no ver á los +abominables invasores; pero asà que sus bandas sonaban en las calles, +abrÃan instintivamente las ventanas, confesándose que los malditos +<i>tedescos</i> manejaban como ángeles sus instrumentos.</p> + +<p>Viena ha visto ella sola nacer más obras musicales de fama universal que +todo el resto del mundo. En modestas callejuelas vecinas al Palacio +Imperial y al teatro de la Ópera, vivieron Mozart, que escribÃa +<i>minuettos</i> originales para cada baile que se celebraba en Viena, y +Beethoven, que componÃa una cantata por cada victoria de los ejércitos +aliados, ó producÃa todas las semanas algo nuevo para los conciertos y +fiestas de los grandes plenipotenciarios, arregladores de Europa, en el +famoso Congreso de 1815.</p> + +<p>Viniendo de Alemania, se presenta Viena como una ciudad encantadora, +resumen de toda clase<a name="page_092" id="page_092"></a> de bellezas y elegancias. Las tiendas de modas +del imperio germánico, en su deseo de aislar á Francia creándola el +vacÃo, pretenden ignorar que existe un ParÃs, al que las mujeres de todo +el mundo piden el último tipo de elegancia. <i>Modelo de Viena</i>, dicen en +los escaparates alemanes las etiquetas de los sombreros y vestidos.</p> + +<p>Si fuera posible colocar juntos á ParÃs y Viena, para abarcarlos en una +sola ojeada, es seguro que la capital austriaca saldrÃa vencida de la +comparación. Pero Viena está muy lejos, y para llegar á ella hay que +atravesar las ciudades alemanas, con sus mujeres vestidas como +institutrices pobres, de malfachada gordura, y que para colmo de +desdicha, por un patriótico orgullo de su exuberante maternidad, +raramente usan corsé.</p> + +<p>Por eso la elegancia de Viena causa mayor impresión, desde el primer +momento, que la que se siente en ParÃs cuando se llega á éste procedente +de España ó de Italia.</p> + +<p>Hay que confesar también que las vienesas son fÃsicamente superiores á +las parisienses, y su fama universal de belleza no es usurpada. La +española hermosa es muy superior á la vienesa; pero en las calles de +Viena se encuentra mayor número de mujeres guapas que en las calles de +Madrid. Las nuestras las vencen por la calidad, pero ellas son +superiores por la variedad y el número.</p> + +<p>Austria es la verdadera frontera de la Europa<a name="page_093" id="page_093"></a> central... y <i>europea</i>. +Más allá, hacia el Oriente, están acampados pueblos que, aunque de +aspecto semejante al nuestro, son de origen asiático y han sido +depositados en el lugar que ocupan por el oleaje de las invasiones. Por +dos veces llegó la avalancha turca hasta el pie de los muros de Viena. +Los doscientos y pico de pueblos que constituyen hoy el imperio +austriaco, con su carnavalesca variedad de colores, lenguas, trajes y +costumbres, unos rubios, como los germanos más septentrionales, otros +obscuros ó amarillentos, cual las tribus del interior de Asia, han +producido con sus cruzamientos extraños tipos de belleza. En esta tierra +ha ocurrido el último choque de Oriente y Occidente. Hasta aquà llegó el +supremo empujón del Asia invasora, y como núcleo de un pueblo perdido en +las remotas lobregueces de la historia, viven en Austria los <i>tzÃganos</i> +ó bohemios, de los que son ramas sueltas los gitanos y <i>romanicheles</i> +que vagan por Europa.</p> + +<p>Conjunto de mil caracteres extraños á su raza, es la mujer vienesa. Su +color resulta incierto. Puede ser morena y de ojos de brasa como una +gitana, ó rubia y de mirada azul como si hubiese nacido en BerlÃn. Es +devota como una española, y al mismo tiempo alegre como una italiana, y +elegantemente desenvuelta cual la parisién. La blanca piel de las razas +del Norte no tiene en ella la frÃa pasividad germánica, pues parece +caldeada por la voluptuosa sangre de la odalisca.<a name="page_094" id="page_094"></a></p> + +<p>El amor no la enloquece, á juzgar por los conflictos de su vida, que se +reflejan en el teatro y la novela.</p> + +<p>El lujo, el deseo de parecer aun más hermosa la dominan tan +imperiosamente, que en su alma no queda espacio para otras pasiones.</p> + +<p>En Viena todos visten bien, hombres y mujeres. En ninguna capital de +Europa se ve á la gente mejor presentada. Los hombres parecen recién +salidos de la tienda del sastre. Las mujeres elegantes son incontables. +Todas, aun las más modestas, si son hermosas, parecen escapadas de las +láminas de un periódico de modas.</p> + +<p>Algunas son ricas; una gran parte sólo gozan de cierto bienestar; la +inmensa mayorÃa son pobres, como en los demás paÃses. ¡Y sin embargo, +Viena, por lo mismo que es una ciudad elegante, resulta muy cara y exige +grandes gastos para el sostenimiento de lo superfluo!...</p> + +<p>La emperatriz Elisabeth, asesinada en Ginebra, odiaba á Viena, donde +habÃa pasado la mayor parte de su vida. Para no verla, iba errante por +Europa, viviendo tan pronto en las islas griegas como en las montañas +suizas, hasta que la hirió el puñal anarquista en las riberas del Leman.</p> + +<p>—Viena...—decÃa con indignación—. ¡La ciudad bella y engañosa! ¡El +lugar más corrompido de la tierra!...</p> + +<p>Hoy la soberana de las tristezas errantes, la infatigable lectora de +Heine, poeta de las inmensas<a name="page_095" id="page_095"></a> amarguras, se pudre en el panteón +imperial, con todas sus decepciones y protestas.</p> + +<p>En calles y jardines siguen sonando las valses; las enaguas revolotean +en las aceras con rÃtmica marcha que deja tras los graciosos pies una +estela de perfumes; los lujosos carruajes, tirados por caballos +húngaros, corren por las avenidas del Prater; á la entrada del célebre +paseo, en el <i>Wurst el Prater</i> ó «Prater del Polichinela», el buen +pueblo, satisfecho de su emperador, baila y se emborracha con cerveza, +esperando la noche para fabricarle nuevos súbditos al soberano, y por +encima de los tejados de Viena suenan á todas horas las campanas de cien +iglesias y conventos, lo mismo que en una ciudad española.<a name="page_096" id="page_096"></a></p> + +<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII<br /><br /> +El subterráneo de los emperadores</h3> + +<p>El fraile capuchino, un arrogante mocetón de barba rubia, agita sus +brazos blancos y fuertes fuera de las mangas del hábito, al mismo tiempo +que me habla en alemán. La expresión negativa de su voz me hace +comprenderle. Es domingo, y hasta el dÃa siguiente no se abre el Panteón +Imperial. Estoy en la sacristÃa del <i>Capuzinekirche</i>, templo en cuya +cripta reposan los cadáveres de los emperadores de Austria.</p> + +<p>—El caso es que mañana no podré volver—digo yo por contestar algo al +fraile.</p> + +<p>—¿Es usted francés?—balbucea él en dicho idioma, al mismo tiempo que +sonrÃe, mirando á una de mis solapas, en la que llevo la roseta de la +Legión de Honor, como si tuviese cierta satisfacción en molestarme.</p> + +<p>—No señor; soy español.<a name="page_097" id="page_097"></a></p> + +<p>Su rostro parece iluminarse. El azul de sus ojos toma una ternura +acariciadora.</p> + +<p>—¡Ah, español!...</p> + +<p>Puede correrse Europa entera sin que la condición de español despierte +en hoteles y ferrocarriles otro interés que la vaga curiosidad que +inspira un paÃs novelesco y lejano. Pero allà donde se tropieza con un +fraile, bien sea italiano, francés, alemán ó austriaco, la nacionalidad +española atrae inmediatamente la más graciosa de las sonrisas, como si +España fuese el pueblo feliz elegido de Dios, algo asà como las doce +tribus depositarias del Arca Santa, que no tenÃan otro quehacer que +alabar al Señor y engullirse el maná caÃdo del cielo.</p> + +<p>—¡Español! ¡español!—repite en su francés balbuciente el hermoso +capuchino.</p> + +<p>Y después de descolgar una llave, me invita con bondadosa protección á +seguirle por los corredores que conducen al Panteón Imperial. Siendo +español, soy católico de primera clase y nada puede negárseme.</p> + +<p>De pronto se detiene para decirme con amigable confianza, como si +hubiese encontrado un nuevo parentesco entre los dos:</p> + +<p>—La reina de usted es de Viena. La conozco mucho... y á su madre, la +señora archiduquesa, también. Nos distinguen mucho á los capuchinos.</p> + +<p>Cruzamos otro pasadizo y vuelve á detenerse para comunicarme sus +impresiones.</p> + +<p><a name="page_098" id="page_098"></a>—Yo he estado en España; un dÃa nada más. Fui á Lourdes y pasé á San +Sebastián para ver á la reina. Me regaló un pequeño Cristo muy +milagroso: el Cristo de... de...</p> + +<p>Y se calla, con el pensamiento embrollado y la lengua torpe, no pudiendo +recordar el nombre de la famosa imagen y mirándome con ojos suplicantes +para que eche una mano á su memoria.</p> + +<p>—No sé—murmuro algo avergonzado de mi escandalosa ignorancia—. ¡Hay +tantos allá!... ¡Tantos!...</p> + +<p>El también adopta un tono vago, como si contemplase una bella y remota +visión.</p> + +<p>—¡España! Mucho gusto en volver á verla... ¡Pero tan lejos!</p> + +<p>Hace girar una llave de luz eléctrica y descendemos por una escalera, +recta y abovedada como un túnel, cubierta de azulejos blancos. Al final +de ella entramos en unas cuevas mal enjalbegadas, con un resplandor gris +de bodega que penetra por los tragaluces. Unas cuantas verjas oxidadas; +dos tumbas monumentales con estatuas yacentes, y en todas las cuevas del +imperial subterráneo cajones de cinc, muchos cajones, unos ciento +cuarenta, con breves rótulos en la tapa superior y esparcidos al azar, +lo mismo que los bultos depositados en un almacén. Un olor nauseabundo +de humedad de siglos y podredumbre encerrada, apesta el ambiente. Este +es el último asilo de los orgullosos emperadores de Austria, que han +reinado sobre media Europa y dado reinas á la otra media.<a name="page_099" id="page_099"></a></p> + +<p>El subterráneo de los Capuchinos era sólo para la tumba de MarÃa Teresa, +hembra gloriosa que vale en la historia por todos los emperadores de +Austria. Pero después de muerta ella, sus descendientes han venido á +sumirse en la nada cerca de su tumba, y faltos de espacio para tener +mausoleo propio, están encerrados en ataúdes de plomo y de cinc, +pudriéndose en su propia corrupción, sin el contacto de la madre tierra, +que limpia y consume al envolvernos en su caricia.</p> + +<p>La dinastÃa imperial de Austria, como si pretendiese vencer á la muerte, +se resiste á desaparecer en las entrañas del suelo, y está como de +cuerpo presente dentro de su panteón. Es algo semejante á su imperio, +que en la geografÃa polÃtica representa un cuerpo enorme que un dÃa +vivió, pero cumplida ya su misión, abruma á Europa con la pesadez de un +cuerpo muerto, en que se notan próximas descomposiciones, origen de +nuevas vidas.</p> + +<p>Este vulgar subterráneo, almacén sin grandeza de la muerte, con sus +cajas metálicas, feas y pesadas, tiene, sin embargo, un ambiente +trágico.</p> + +<p>Una implacable maldición parece gravitar sobre esta familia +todopoderosa, la más católica y la más venerable de todas las reinantes. +Por ella conserva el Vicario de Dios una enorme parte de Europa.</p> + +<p>La revolución protestante hubiese arrebatado á Roma sus mejores Estados +espirituales, á no<a name="page_100" id="page_100"></a> ser por la casa de Austria. Los reyes de España, +después de largas guerras, sólo pudieron conservar fiel al Papado la +católica Bélgica. Los emperadores de Austria, con la espada implacable +de Wallestein y los horrores de la guerra de los Treinta Años, +mantuvieron sumisos al PontÃfice enormes Estados.</p> + +<p>Este buen servicio á la causa de Dios ha sido pagado al pueblo austriaco +con toda clase de derrotas, hasta el punto de que sus ejércitos, con ser +muy valientes, parecen sin otra misión en la historia que la de ser +vencidos por franceses, alemanes é italianos. Sus monarcas han sido +objeto de toda clase de infortunios, como si el Todopoderoso les +distinguiese con especial antipatÃa.</p> + +<p>La cripta de los Capuchinos recuerda los subterráneos de las +terrorÃficas novelas de Ana Radcliffe, donde cada tumba encierra una +tragedia, vagando entre ellas espectros ensangrentados. En menos de un +siglo se han amontonado en este lugar los despojos de las más tristes +historias.</p> + +<p>Dos féretros de plomo, cubiertos de coronas, rasgan, con la brillantez +de los colores de sus cintas y el oro de sus franjas, la penumbra gris +del subterráneo. Uno de ellos guarda los restos de la emperatriz +Elisabeth, la esposa del emperador actual, asesinada en Ginebra. Vagaba +por el mundo de riguroso incógnito, como una viajera cualquiera. Nadie +la conocÃa; ella misma deseaba olvidar su rango de emperatriz; +transcurrÃan años sin que<a name="page_101" id="page_101"></a> volviese á sus dominios; pero sin embargo, la +fatalidad, que respeta á los monarcas ostentosos rodeados de la pompa de +su investidura, hizo que una mirada feroz se fijase en la modesta +viajera, vestida de negro.</p> + +<p>En la otra caja está su hijo Rodolfo, el heredero de uno de los más +grandes Estados de Europa, muerto misteriosamente en un drama de alcoba, +como un protagonista de «Crónica de sucesos», dejando, al abandonar el +mundo, la duda entre un suicidio voluntario, una monstruosa amputación ó +un asesinato bestial, perpetrado en la locura de la embriaguez.</p> + +<p>Unos ataúdes, sin adorno, oxidados por los años, encierran los dos +últimos pensamientos de Napoleón. En uno está MarÃa Luisa, graciosa y +casquivana archiduquesa, esposa del primero de los guerreros modernos, +entregada cobardemente por su padre á un sublime advenedizo, ansioso de +ennoblecerse históricamente tomando mujer de la casa austriaca, antiguo +y acreditado centro de exportación de reinas. Ser esposa amada de un +Napoleón, sentir en sus sienes la mayor de las coronas, y al llegar la +hora de las gloriosas desgracias y las tristezas ennoblecedoras, +abandonar al marido sin un recuerdo, ahogando su memoria con amorcillos +vulgares y muriendo en un ridÃculo principadillo italiano... ¡qué final +puede hallarse más triste!</p> + +<p>Junto á ella duerme el <i>rey de Roma</i>, el <i>Aiglon</i>,<a name="page_102" id="page_102"></a> el joven paliducho, +soñador y vacilante, que Napoleón dió al mundo, como esas ramas faltas +de savia que echan los árboles gigantescos cansados de producir. La +sangre de la madre atrajo sobre su cabeza el eterno infortunio de la +dinastÃa austriaca. Sus ojos, al abrirse á la luz, vieron en torno de +él, como servidores, á los hombres más poderosos de la época: brazos que +conquistaban reinos se emplearon en pasear su infancia; el imperio de +Europa figuraba en su canastilla al nacer; los primeros guerreros del +mundo sentÃan rodar lágrimas por los canos mostachos al contemplar su +retrato en los nevados campamentos de Rusia; y sin embargo, cuando le +sorprendió la muerte en las habitaciones de SchÅ“nbrunn (un palacio en +el que se instaló su padre como conquistador y que habitó él como nieto +pobre, portador de un apellido odioso), este engendro triste del genio y +la sangre rancia sólo dejó como recuerdo de su paso por el mundo un +melancólico vals. La última vez que le vió el pueblo de Viena fué +mandando un piquete en el entierro de un general obscuro. ¡El hijo de +Napoleón escoltando el cadáver de un militar sin nombre, que más de una +vez habrÃa corrido ante su padre!...</p> + +<p>Un ataúd aislado, junto á una pilastra, guarda otra tragedia. El nombre +de <i>Queratarus</i>, que figura en la inscripción latina de la tapa, hace +surgir el recuerdo de Méjico y la fantástica tentativa de un imperio +americano, derrumbada al<a name="page_103" id="page_103"></a> estampido de un fusilamiento. En esta caja +está Maximiliano I y último de Méjico, que llevó al otro lado de los +mares el destino fatÃdico de su familia.</p> + +<p>El pensamiento abandona el fúnebre subterráneo para esparcirse por el +mundo, y abarca á los innumerables archiduques errantes sobre la tierra, +como si quisieran huir de las glorias terrenales de su familia, que +equivalen á una maldición, y olvidar un apellido famoso, que parece +atraer la muerte ó la locura. El fantástico Juan Ort desaparece como un +héroe de novela en la punta más avanzada de la América meridional; otro +archiduque vive como un labriego en una isla del Mediterráneo; otro +reniega de su apellido para ser capitán mercante; otro más se casa con +una cómica, ansioso de aplebeyarse y que todos olviden su origen... La +desesperación ó la locura guÃan los pasos de estos descendientes de la +más católica y rÃgida de las monarquÃas.</p> + +<p>La familia se deshace. ¡Quién sabe la suerte de su vasto imperio, simple +expresión geográfica, sin cohesión de razas ni de espÃritu, que +lógicamente debe fraccionarse, dando vida á organismos más homogéneos!</p> + +<p>La densa humedad del subterráneo, su vulgar desnudez, cargada de hedores +de corrupción y moho, me hace ansiar la vuelta á la luz y al aire libre.</p> + +<p>Al llegar arriba, el capuchino mira su reloj, y<a name="page_104" id="page_104"></a> espontáneamente me +indica qué templo debo escoger para oir misa.</p> + +<p>—Cuando usted vuelva á España—añade con tono insinuante—, si ve usted +á la reina...</p> + +<p>—¡Gracias! No la conozco, no la trato...—digo modestamente, ante su +mirada de asombro.</p> + +<p>Y al irme, para agradecerle sus molestias y que no pierda el alto +concepto que tiene de los españoles (¡los primeros de los católicos!), +le alargo una peseta austriaca.<a name="page_105" id="page_105"></a></p> + +<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII<br /><br /> +¡Hermoso Danubio azul!...</h3> + +<p>De Viena á Budapest se va en cuatro horas por el tren y en trece horas +por el Danubio. Escoger entre ambos modos de locomoción no ofrece duda +para los más de los viajeros. Sin embargo, yo me embarqué á las siete de +la mañana en un vaporcito, frente al muelle del Prater, y dije adiós á +Viena, envuelta todavÃa en las neblinas del amanecer.</p> + +<p><i>¡Hermoso Danubio azul!</i>... como cantan en el famoso vals. Lo de azul es +una exageración patriótica del músico Strauss, pues yo no lo he visto de +tal color un solo instante, ni en los muelles de Viena, de reciente +construcción, ni en las revueltas de su curso, que forma más de cien +islas, ni en las inmediaciones de Budapest, donde muge al tropezar con +altivos y negros promontorios, que son como estribaciones avanzadas de +los montes Karpatos. Su color es un blanco gris y luminoso, semejante al +reflejo del acero pulido.<a name="page_106" id="page_106"></a></p> + +<p>Pero hermoso sà que lo es el célebre rÃo, de una belleza majestuosa, +imponente y algo salvaje, que bien merece los versos y los suspiros de +violÃn dedicados á su gloria.</p> + +<p>Cerca del puente del Brünn transbordamos á un vapor grande, y empieza la +navegación rÃo abajo, moviendo el buque las ruedas en una corriente +veloz que acelera su marcha.</p> + +<p>¡Famoso viaje! Sobre la cubierta agrúpase una multitud pintoresca y +abigarrada, que parece resumir el amontonamiento de pueblos del imperio +austriaco: gitanas bronceadas, envueltas en mantones y con un pañuelo +sombreando los ojos de brasa, lo mismo que las que se ven en Madrid +cerca del puente de Toledo; aldeanas con blancas camisetas de mangas de +farol y faldellÃn corto y hueco, como el de las bailarinas, que al menor +descuido deja ver la carne sonrosada y maciza más allá de las medias +atadas bajo las rodillas; campesinos húngaros de fiero bigote y +encintado sombrerillo, moviendo al andar los pantalones blancos de +campana y la blusa ceñida por una faja multicolor; soldados azules con +las piernas ajustadas en un <i>colant</i> que les da aspecto de gimnastas, y +mezclado con todo este mundo un revoltijo de fardos, cestos, cuerdas y +maletas, un oso y varios monos de una banda de bohemios y una cantidad +regular de perros enormes, que se espeluznan y enseñan los dientes cada +vez que llega hasta nosotros un ladrido de las lejanas orillas.<a name="page_107" id="page_107"></a></p> + +<p>El vapor danubiano es un arca de Noé por el amontonamiento de personas, +animales y lenguajes. Cada grupo habla diferente idioma, y sin embargo, +de la proa á la popa no hay quien entienda una palabra de francés, ni +menos de español. El capitán, lobo fluvial de rudas maneras, sabe que +existe en el mundo un pueblo italiano, y conoce vagamente de su lengua +hasta media docena de palabras: esto es todo. En el comedor del barco, +donde sólo entran los contados pasajeros de primera, los dos criados +puestos de frac sonrÃen estúpidamente, encogiendo los hombros, y hay que +emplear con ellos el más universal de los <i>esperantos</i>, el idioma de la +seña. En la cubierta, el pasaje, abigarrado y movedizo como un coro de +ópera, me habla con palabras extrañas, y yo contesto con la misma +sonrisa de los mozos del comedor.</p> + +<p>El Danubio, al alejarse de Viena, ensancha su superficie y toma un +aspecto más majestuoso, libre ya de las cadenas de piedra en que le +aprisiona la gran ciudad. En ambas orillas se extiende una ancha faja, +deshabitada, desnuda de cultivos y arboleda, sin otra vegetación que +espesos juncos, cañas y matorrales enmarañados. Es el terreno reservado +á las crecidas del gran rÃo, que éste invade durante el invierno. De vez +en cuando, agÃtase la silvestre vegetación y surgen de ella, como +espantados por los bramidos del buque, rebaños de toros blancos ó de +color de canela, con los<a name="page_108" id="page_108"></a> cuernos enormes, pero tÃmidos y mansos como +vacas.</p> + +<p>Más allá de este Danubio en seco, los bosquecillos, de árboles delgados, +pero de apretado follaje, dejan ver en sus claros campos, de intenso +cultivo, granjas en torno de las cuales agÃtanse hombres y mujeres +vestidos de blanco, aldeas de casitas rojas, agrupadas en torno de la +iglesia, como una pollada alrededor de la madre.</p> + +<p>El curso del rÃo, uniforme y grandioso, se bifurca y parece borrarse al +través de innumerables islas. Vamos por canales que tienen muchos +kilómetros de longitud. Las orillas están próximas; se oyen los gritos +de los labriegos en los campos, el ladrido de los canes, el canto de un +gallo, el tintineo de las campanas en las aldeas. Una de ellas se llama +Essling, otra se llama Wagram. Las dos no son más que dos puñados de +casitas, y sin embargo, sus nombres corren por el mundo, figuran +esculpidos en uno de los arcos de triunfo más grandes de la tierra, y +han servido para bautizar grandes bulevares de ParÃs.</p> + +<p>Hace próximamente un siglo, un hombrecillo de levitón plomizo y pequeño +tricornio, montado en una yegua blanca, encontró magnÃficos estos campos +para hacer pelear, en condiciones ventajosas, á los miles de hombres que +le seguÃan, contra otros miles de hombres que intentaban defender sus +familias y sus medios de vida, ó sea lo que se llama la patria. Aquà +ocurrieron las famosas<a name="page_109" id="page_109"></a> batallas que aseguraron á Napoleón su dominio +sobre Austria. Nada recuerda en las tranquilas aldeas estos sucesos +<i>gloriosos</i> que las hacen inmortales. Un perro de pastor ladra sobre una +altura que tal vez sirvió de pedestal durante unas horas al gran +conductor de pueblos. Un rebaño blanco rumia la hierba en el mismo suelo +que conmovieron hace noventa y ocho años, con pataleos de rabia ó de +agonÃa, numerosos rebaños de hombres. Brilla el acero de unas guadañas +en los campos, cortando algo que no puedo ver, pero que seguramente +sirve para el sustento de la vida y es producto de la corrupción de +quince ó veinte mil hombres que se mataron sin conocerse y sin odiarse.</p> + +<p>En las alturas inmediatas al rÃo, van apareciendo, fuera del dédalo de +islas, viejas iglesias góticas, ruinosos castillos, pueblos con antiguas +fortificaciones. Es el Austria venerable y heroica, que data de las +correrÃas de los turcos, y logró contener y esterilizar ante los muros +de Viena el empuje oriental, librando al centro de Europa de una +invasión que hubiese cambiado el curso de la Historia. Sobre una colina +elévase una pirámide de tierra, de 19 metros, llamada el <i>Hütelberg</i>, +que conmemora la expulsión definitiva de los otomanos. Su nombre +proviene de que la tierra la llevaron los habitantes de los alrededores +en sus sombreros (<i>hüte</i>).</p> + +<p>Al llegar á la desembocadura del Morava en<a name="page_110" id="page_110"></a> el Danubio, acaba el +territorio austriaco y empieza el de la autónoma HungrÃa, que tiene por +rey al emperador de Austria, pero se gobierna aparte, con toda la +altivez de un pueblo de vieja historia.</p> + +<p>Hasta Budapest, todas las poblaciones de la ribera del Danubio tienen un +nombre alemán y otro magyar.</p> + +<p>Presburgo, la segunda ciudad húngara, que un tiempo fué la capital, la +llaman los magyares Pozsony. Su catedral, donde antiguamente se +coronaban los reyes de HungrÃa, levanta por encima de los tejados una +aguja de piedra con calados que transparentan el azul del cielo.</p> + +<p>Gran movimiento de personas y fardos en el muelle de desembarque. Frente +al vapor suena una alegre música. Es una orquesta de zÃngaros, negros y +melenudos, que saludan á los pasajeros, haciendo sonar sus instrumentos, +al mismo tiempo que ruedan los ojos y sonrÃen con una expresión +inquietante, como si la música les inspirase proposiciones deshonestas. +Son los violinistas de los cafés de ParÃs, los famosos <i>tzÃganos</i> de +todos los restaurants elegantes del mundo, pero al natural, sin casacas +rojas ni peinado brillante de pomada, servidos en su propia salsa de +andrajos y suciedad. No llegan á diez y parecen una orquesta enorme por +el terreno que ocupan y la <i>autoridad</i> con que tocan.</p> + +<p>En primera fila están los pequeños, abiertos en extensa guerrilla y casi +ocultos tras el violÃn;<a name="page_111" id="page_111"></a> mucho más lejos, los padres, y todos tocando la +<i>cazarda</i>, de ritmo desigual, endiablado y loco, con el busto echado +atrás, el vientre saliente y la mirada perdida en lo alto, como si +fuesen á desmayarse á impulsos de desconocida voluptuosidad. Es la +actitud tradicional, el gesto de Rigo, que trastornó algo más que el +seso á la inflamable princesa de Caramán-Chimay.</p> + +<p>Al alejarnos de Presburgo ó de Pozsony, la navegación adquiere una +hermosura monótona; siempre ante la proa una extensión de rÃo enorme, +con el horizonte cerrado por una revuelta, que lo convierte +aparentemente en mansa laguna. En las riberas se ven colinas cubiertas +de cepas, que producen los vinos rojos de HungrÃa y el famoso <i>Tokay</i>, ó +enormes peñones, cuyas cimas coronan castillos arruinados.</p> + +<p>Empiezo á arrepentirme de la larga navegación. Cae la tarde. El sol no +es ya más que un charco de oro, que parece hervir en el horizonte entre +montones de nubes negras. Su agonÃa se refleja en el Danubio, poblando +de impalpables peces de fuego las aguas que rebullen en torno de las +paletas de las ruedas. La fatiga de una navegación entre orillas que +parecen siempre iguales, como si el rÃo se repitiese á cada revuelta, +empieza á apoderarse de mÃ. ¡Qué mala idea venir por el rÃo! Fatal +afición á lo raro, que hace preferir los viajes difÃciles siempre que +sean extraordinarios y no los hagan los demás.<a name="page_112" id="page_112"></a></p> + +<p>Una isla cierra el horizonte. Entramos en un canal entre ella y la +orilla. En la ribera opuesta, sobre una altura, empiezan á surgir +blancos grupos de caserÃo y torres puntiagudas.</p> + +<p>¡Budapest!... Nunca he experimentado sorpresa tan grande. La decepción +de poco antes se cambia en alegrÃa. Bendita idea la de venir por el +Danubio y llegar embarcado á la capital de los magyares. Budapest es +sencillamente la ciudad más hermosa de Europa al primer golpe de vista. +No lo digo yo: lo afirman todas las guÃas y todos los viajeros.</p> + +<p>à la derecha del rÃo, Buda, la ciudad antigua, extendiendo sobre una +cadena de alturas sus recuerdos históricos. En la ribera izquierda, +Pest, la población enorme, donde están los edificios recientes y las +industrias modernas. Enormes puentes colgantes unen una orilla á otra, +siendo como el guión que junta el nombre doble de la ciudad: Buda-Pest.</p> + +<p>Nos detenemos en la isla Margarita, que parte al rÃo en una regular +extensión antes de penetrar éste entre las dos ciudades.</p> + +<p>En una colina inmediata, rodeada de jardines, existe una pequeña +mezquita de forma octógona. Llama la atención este templo musulmán, +blanco y escrupulosamente cuidado, en el católico Budapest, que ostenta +junto al Danubio la iglesia de San MatÃas, semejante á un castillo.</p> + +<p>La mezquita guarda bajo su blanca cúpula la<a name="page_113" id="page_113"></a> tumba de Gül Baba, santón +turco, que sus compatriotas juzgaron sacrÃlego llevarse á Constantinopla +al evacuar á Budapest. La obligación de conservar en buen estado la +tumba del santo musulmán, figura en un artÃculo del Tratado de paz de +Carlowitz, entre Austria y TurquÃa, en el siglo XVII, y los austriacos +respetan el antiguo compromiso.</p> + +<p>Esta huella de la dominación turca me hace recordar que estoy ya en las +puertas del imperio de Oriente.<a name="page_114" id="page_114"></a></p> + +<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV<br /><br /> +La ciudad de los magyares</h3> + +<p>De noche parece Budapest una población de ensueño. La doble ciudad +refleja en el Danubio—que tiene cerca de medio kilómetro de +anchura—los fuegos de su espléndida iluminación. Desde los muelles de +Pest, que es la más grande por estar en el llano, se contempla enfrente +á Buda, enroscando sus rosarios de luces de gas por las sinuosidades de +las colinas y sembrando las rocas de faros eléctricos, que brillan como +lunas.</p> + +<p>Por las negras aguas pasan las linternas de los vaporcillos invisibles, +borrando momentáneamente, con el remolino de su marcha, los temblones +reflejos de las luces de los muelles.</p> + +<p>De los cafés, que brillan como bocas de horno en la orilla opuesta, +llegan á intervalos, con los soplos de la brisa, suspiros de violines ó +el rugido metálico de una banda militar. En los paseos, campesinas de la +Galitzia austriaca ó de Transilvania, con trajes pintorescos, que +recuerdan las invasiones turcas ó las guerras de MarÃa Teresa, van de +restaurant en restaurant, llevando sobre el<a name="page_115" id="page_115"></a> vientre grandes cestos de +frutas. La sandÃa, casi desconocida en los pueblos del centro de Europa, +se muestra aquà y parece sonreir amigablemente con su purpúrea y redonda +boca, anunciando que el Oriente está cerca. Los violines bohemios suenan +tras los verdes arbustos de las terrazas, y las canciones melancólicas +de Rumania sorprenden con sus palabras de origen latino, que hacen +recordar al glorioso español Trajano, fundador y civilizador de dicho +pueblo.</p> + +<p>De vez en cuando truena el suelo de los muelles y pasa un carruaje +tirado por caballos húngaros, incomparables animales que marchan siempre +al trote largo, como si éste fuese su paso natural, y unen el vigor y la +corpulencia á la esbelta ligereza del corcel árabe.</p> + +<p>Cuando los esplendores del sol disuelven el negro misterio, moteado de +luces, que envuelve á la doble ciudad, se muestra ésta monumental y +grandiosa. En el moderno Pest, los grandes hoteles, los edificios del +Estado, los templos de diversas religiones y los establecimientos de +enseñanza, asoman sus masas arquitectónicas por encima del caserÃo. En +el antiguo Buda, ciudad de alturas, hay una larga colina, que es como el +Capitolio del pueblo magyar, pues la extensa meseta soporta los +principales monumentos de su vida polÃtica. Sobre la ondulada cresta, +cubierta de profundas manchas de jardinerÃa, está el San MatÃas, templo +del siglo XV, fortificado como un castillo. à sus naves<a name="page_116" id="page_116"></a> tuvo que venir +á coronarse, como rey de HungrÃa, el actual emperador de Austria, entre +las corvas cimitarras de los señores magyares, vestidos con el dolmán +tradicional, haciendo sonar las espuelas de sus botas de cuero rojo, y +ondulando sobre su gorro de húsar el blanco penacho sujeto con un joyel.</p> + +<p>Al lado de San MatÃas extiende sus innumerables cuerpos arquitectónicos +el <i>Királyi palota</i>, palacio real, en el que no ha vivido ningún rey +desde hace más de un siglo, pero que no por esto respetan menos los +húngaros como un sÃmbolo de su relativa independencia. Ochocientas +sesenta habitaciones tiene este palacio, que comenzó á construir MarÃa +Teresa, todas lujosas, todas deshabitadas, y muchas de ellas con muebles +modernÃsimos que nadie ha usado. El palacio, con su ostentosa frialdad +de mansión vacÃa, tiene algo de tumba; pero los húngaros lo adoran, +viendo en él una prueba de que en nada dependen del grandioso alcázar +que se alza en el corazón de Viena.</p> + +<p>El palacio real, el Parlamento y la Academia, son los tres orgullos de +los ciudadanos de Budapest. Los rudos señores magyares, que en el campo +llevan aún una vida casi feudal, que no poseen otra ciencia que la +hÃpica, educando los caballos en los pantanos inmediatos al Danubio, y +cuando quieren obsequiar á un compatriota ilustre, pianista ó poeta, le +regalan... <i>un sable de honor</i>, hablan de la Academia de Budapest con el +respeto supersticioso que inspira lo desconocido. La Academia<a name="page_117" id="page_117"></a> húngara +es una institución particular, fundada hace años por el conde Szechenyi, +quien la instaló en lujoso palacio y la legó un excelente museo.</p> + +<p>Compuesta de trescientos miembros, se dedica, según los estatutos que +dictó su fundador, al estudio de la historia y la lengua húngaras, y al +de todas las ciencias, menos la TeologÃa. Su biblioteca la forman medio +millón de volúmenes; su museo de Pinturas tiene mil cuadros, de los +cuales unos cincuenta (los mejores) son de la escuela española, +figurando á la cabeza cinco de Murillo.</p> + +<p>Pero de todos los edificios públicos, el que más entusiasma á los +magyares es el Parlamento. Los hijos y nietos de aquellos húngaros +revolucionarios que en 1848 fundaron la República, presidida por Kosuth, +ya que no pueden lanzarse al campo sobre veloces caballos de batalla, +vestidos con su uniforme tradicional de húsar y blandiendo el corvo +sable contra los opresores austriacos, se han refugiado en el +Parlamento, el <i>Uj Orszaghaz</i>, como en un lugar de combate, donde dan +expansión á sus resentimientos históricos.</p> + +<p>El edificio, de construcción reciente, es digno de la importancia que +atribuyen los húngaros á la vida parlamentaria, última manifestación, +por el momento, de su antigua rebeldÃa.</p> + +<p>Visto este palacio por primera vez, asombra é intimida con su grandeza. +Examinado más despacio, parece un disparate arquitectónico, una +fanfarronada de piedra, con centenares de habitaciones<a name="page_118" id="page_118"></a> y alas enteras +que para nada sirven. El deseo de los húngaros fué poseer un Parlamento +más grande que el de Viena y todos los del mundo; algo que por su +inmensidad estuviera en relación con la importancia de sus aspiraciones +polÃticas, y construyeron como gigantes.</p> + +<p>El palacio ocupa una superficie de 15.000 metros cuadrados; su cúpula +central tiene 106 metros de altura; su coste ha sido de 36 millones de +coronas.</p> + +<p>El exterior, mezcla de gótico y bizantino, ofrece cierta semejanza con +San Marcos de Venecia, pero considerablemente amplificado. Su interior +tiene algo que recuerda las doradas filigranas del decorado árabe.</p> + +<p>—Esto se parece á la Alhambra—afirman con irresistible convicción los +húngaros entusiastas, que jamás han estado en España ni han visto del +palacio árabe más que alguna tarjeta postal.</p> + +<p>Nada tienen de la Alhambra sus salones; pero algunos recuerdan vagamente +las cámaras del Alcázar de Sevilla.</p> + +<p>Bajo la gran cúpula central, al término de una escalinata de mármol +construÃda para colosos, está la rotonda de oro y mármoles polÃcromos +titulada Salón del Trono. En ella, al abrirse el Parlamento, se reunen á +escuchar el discurso del invisible rey de HungrÃa, que vive en Viena, +los 450 individuos de la Cámara de Diputados y los 300 de la Cámara de +los Señores, todos vistiendo<a name="page_119" id="page_119"></a> el uniforme nacional, cargados de +cordones, con cinturón y collares de pedrerÃa, la pelliza flotante sobre +un hombro, el sable haciendo sonar las losas con el tintineo de su vaina +de bronce, prolijamente cincelada; la mayorÃa con ojos belicosos, +prontos á tirar del acero, como sus remotos abuelos se presentaron á la +abandonada emperatriz de Austria para gritar: <i>¡Moriamo pro regem +nostrum Maria Teresa!</i>; pero éstos si desean morir por alguien, es por +la independencia de HungrÃa.</p> + +<p>El partido llamado independiente cuenta con más de la mitad de los +individuos del Parlamento, acaudillados por el hijo de Kosuth, el héroe +magyar. Los amigos incondicionales de Austria no llegan á cincuenta. Los +misioneros viven gracias á la desdeñosa protección del partido de la +independencia, que aun no cree llegada la hora de moverse, por miedo á +la Alemania aliada del emperador austriaco. Cuando muera el anciano rey +de HungrÃa ó cuando surja un conflicto en Europa que distraiga las +fuerzas de la Triple Alianza, los húngaros harán indudablemente algo más +que asistir á las sesiones de su Parlamento.</p> + +<p>Mientras tanto, procuran dar á éstas la mayor amenidad posible, para +entretenimiento del pueblo magyar, y que no se pierda la tradicional +acometividad de la raza.</p> + +<p>Los húngaros no son hermosos, arrogantes y bigotudos, como los pintan +generalmente, con sus uniformes de fiesta. Los hay pequeños, con<a name="page_120" id="page_120"></a> una +amarillez asiática, pómulos salientes y mirada salvaje, que parecen +verdaderos kalmucos. Las tradiciones magyares hablan de Atila como de un +héroe del paÃs, y atribuyen á los hunos la fundación de Buda. En el +techo de uno de los salones del Parlamento aparece el temible guerrero +«Azote de Dios», en compañÃa de Wotan, Sigfrido y demás héroes +mitológicos.</p> + +<p>Cuando los diputados magyares se enfurecen contra el gobierno, tratan su +magnÃfico palacio como una ciudad tomada por asalto. Rompen bancos y +pupitres en el salón de sesiones y arrojan los pedazos á la cabeza del +presidente del Consejo y sus ministros, si éstos son tan inocentes que +aguardan á pie firme la contundente rociada.</p> + +<p>Después se restaura el mueblaje, se reparan las estatuas descabezadas, +se muestran más blandos y tolerantes los amigos de Austria, y... hasta +que llegue la hora en que las escenas interiores del Parlamento se +repitan fuera, á lo largo de las riberas del Danubio, donde piafan los +caballos salvajes, y los pastores, con capas de pieles, hablan de la +corona de San Esteban y de los héroes de su raza, desde el valeroso rey +MatÃas Corvino hasta el abogado Kosuth, convertido en general, que dijo +adiós á la patria y prefirió morir en suelo extranjero, tras larga y +obscura ancianidad, antes que verla gobernada por austriacos.<a name="page_121" id="page_121"></a></p> + +<h2><a name="EN_ORIENTE" id="EN_ORIENTE"></a>EN ORIENTE</h2> + +<p><a name="page_122" id="page_122"></a></p> + +<p><a name="page_123" id="page_123"></a></p> + +<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV<br /><br /> +Los Balkanes</h3> + +<p>El tren deja atrás Kiskörös, patria de Petofi, el famoso poeta húngaro, +y la ciudad de Carlowitz, célebre por su tratado de paz entre Austria y +TurquÃa y por ser cuna del poeta servio Branko Radichevié.</p> + +<p>En los corredores de los vagones suena un ruido de sables, y un capitán +del ejército servio, seguido de varios gendarmes, va pidiendo el +pasaporte á los viajeros. Salimos de la verdadera Europa. En adelante, +imposible viajar, ni aun moverse, sin exhibir á cada momento el +pasaporte, contestando á bulto las preguntas del policÃa, á quien no +entendéis y que no os entiende.</p> + +<p>Empieza el Oriente, al que sirven de avanzada los Balkanes, con sus +pequeños y revoltosos Estados. Pasamos el Save, amplio afluente del +Danubio, por un puente larguÃsimo, y la ciudad de Belgrado, capital de +la Servia, aparece sobre un<a name="page_124" id="page_124"></a> promontorio, dominando con su antigua +ciudadela turca la confluencia de los dos rÃos.</p> + +<p>Al apearme en la estación, gran extrañeza de los viajeros, todos los +cuales van directamente á Constantinopla, y de los mismos servios que +llenan el andén: gendarmes, policÃas de uniforme ó de paisano, simples +curiosos habituados á ver pasar los trenes de Oriente sin que á ningún +extranjero se le ocurra detenerse en su capital.</p> + +<p>Es de noche, hace frÃo y llueve. En la Aduana vuelven á examinar mi +pasaporte varios oficiales de gendarmerÃa y un comisario joven, de largo +gabán, con perfil de ave de presa, que hace adivinar bajo el sombrero un +cráneo puntiagudo y pelado. Es el sabio de la compañÃa. Después de +examinar largamente el papel, atina con la nacionalidad.</p> + +<p>—<i>¡Spaniske!</i>—exclama con cierto asombro.</p> + +<p>¡Un español en Belgrado!... Y la pregunta, que parece reflejarse en los +ojos de los oficiales servios, la formula el policÃa en una jerga mezcla +de italiano y servio. Les asombra mi propósito de entrar en Belgrado, y +aun se extrañan más al enterarse que es sólo un capricho, una curiosidad +de viajero.</p> + +<p>Me abstengo prudentemente de decir que mi detención no tiene otro objeto +que ver de cerca el Konak, el trágico palacio donde, hace cuatro años, +fueron asesinados en la cama el rey Alejandro y la reina Draga por los +oficiales sublevados.</p> + +<p>Los nuevos gobernantes de Servia viven en<a name="page_125" id="page_125"></a> perpetuo recelo. Bien se nota +en las precauciones de la policÃa y en su deseo manifiesto de aislar al +paÃs del resto de Europa. El nuevo rey, Pedro, cuenta con el ejército, +que le dió inesperadamente la corona cuando más desesperanzado vivÃa en +un tercer piso de la ciudad de Ginebra, sufriendo grandes estrecheces; +pero á pesar de este apoyo, no olvida que existe en Constantinopla un +hijo natural de Milano, hermano, por consiguiente, del asesinado +Alejandro, al cual educan para pretendiente, y que, cualquier noche, un +grupo de oficiales que se juzguen ofendidos pueden reunirse en el Casino +Militar, inmediato al Konak, y entrar en éste sable en mano, como +entraron hace cuatro años.</p> + +<p>Al fin, el bicho raro, el <i>spaniske</i>, puede penetrar en la ciudad, +dentro de un coche de alquiler que salta sobre el suelo mal empedrado y +pendiente de las calles empinadas. Las casas son bajitas; las calles, +obscuras. à grandes trechos farolas de electricidad, como para fingir +una civilización occidental; pero su luz turbia se pierde en las +tinieblas de Belgrado, haciendo aun más palpable la lobreguez. La +capital de Servia tiene por la noche cierto aspecto de ciudad española; +algo asà como un gobierno civil de quinta clase, ó una de esas +poblaciones episcopales, sin otra vida que la que le proporcionan el +palacio del prelado y el seminario. AquÃ, el obispo que da importancia á +la ciudad es un rey.<a name="page_126" id="page_126"></a></p> + +<p>Ni un transeunte en las calles. Son las diez de la noche y Belgrado está +muerta. Cada cien pasos, inmóvil bajo un cubertizo ó en el quicio de una +puerta, veo un gendarme. No existe en Europa ciudad mejor guardada. El +gendarme servio da una alta idea del paÃs, con su aire arrogante de +funcionario bien mantenido y su uniforme azul obscuro con vueltas +encarnadas, altas botas y gorra de plato. Son jóvenes, con una expresión +insolente de bravura en sus duros ojos. Ciertos objetos tienen una +fisonomÃa y un alma lo mismo que las personas, y el revólver que llevan +al cinto los gendarmes servios parece suelto y vivo dentro de su funda, +con deseos de saltar y hacer fuego por sà solo, sin mirar contra quién, +por un exceso de recelo y de fervor monárquico. Los que piensen +conspirar contra el anciano Pedro Karageorgewitch, tienen que pasarlas +muy duras.</p> + +<p>Encuentro abrigo en el «Hotel de los Balkanes», especie de posada, á +pesar de su pretencioso tÃtulo, en cuyo piso bajo, al través de una +espesa nube de tabaco, veo bebiendo cerveza á media docena de popes +griegos, sacerdotes morenos, melenudos y barbones, de expresión feroz, +con la aceitosa cabellera coronada por un gorro en forma de bellota. Más +allá llenan varias mesas como dos docenas de oficiales de diversos y +vistosÃsimos uniformes, blancos, rojos, grises ó azul celeste, +excelentes jóvenes con un perfil de ave de rapiña semejante al de su +rey, que mueven sables y hacen<a name="page_127" id="page_127"></a> sonar espuelas con cierta delectación, +como saboreando la omnipotencia de su fuerza, que les permite cambiar de +monarca al final de una cena. En las otras mesas, simples paisanos, +acompañados de sus mujeres é hijas, beben con cierto encogimiento +respetuoso y sonrÃen cuando logran cambiar alguna palabra con los +sacerdotes y los soldados.</p> + +<p>Son tenderos judÃos ó griegos, que saben venerar á estos firmes pilares +de la sociedad, y por esto el Señor bendice sus negocios y hace que +prosperan á costa de los pobres campesinos servios.</p> + +<p>Muchos de ellos se animan al conocer mi nacionalidad, y hablan un +castellano fantástico, mezcla de palabras anticuadas y de voces +orientales.</p> + +<p>—Yo espanyol... Los mayores, de allá... Espanya terra bunita.</p> + +<p>Abren los ojos desmesuradamente al decir esto; sonrÃen señalando al +vacÃo, como si viesen á los mayores en su éxodo doloroso al ser +expulsados de la <i>terra bunita</i>, y acaban por mirarme con la misma +expresión de humildad sonriente que á los popes y á los fierabrás +uniformados, cual si la vista de un español les abriese las carnes con +amenazas de hogueras y degollinas. Pero su atávico terror de raza +acobardada por luengos siglos de palos y despojos, no impide á estos +dulces <i>espanyoles</i> que al dÃa siguiente le suelten al<a name="page_128" id="page_128"></a> compatriota +moneda falsa en sus tiendas, ó le hagan pagar doble el paquete de +cigarros ó la tarjeta postal.</p> + +<p>En la plaza del mercado, poco después de la salida del sol, puede +apreciarse el carácter pintoresco que aun guarda el pueblo servio. +Llegan los campesinos de los alrededores de Belgrado, llevando al hombro +largos palos, de los que penden en balanza verduras, frutas ó volaterÃa. +Los hombres, de ojos salvajes y bigotes felinos, llevan el gorro +nacional, una tiara de felpa, y por debajo de su chaleco de colores caen +unas faldillas blancas que ocultan los bombachos y dejan al descubierto +unas polainas de piel de cordero, ceñidas por las correas de puntiagudas +abarcas. Las mujeres tapan sus trenzas con pañuelos puestos á la +oriental, encierran el busto en una chaqueta redonda de amplias mangas, +y sobre la ropa interior, de dudosa blancura, llevan arrollada, á guisa +de falda, una pieza de tela gruesa de anchas fajas de colores semejante +á un pedazo de alfombra. Son aún los campesinos de la dominación turca, +el pueblo formado con los sedimentos de innumerables invasiones +guerreras. En vano ofrece Belgrado cierto aspecto de civilización +occidental, con sus tranvÃas, su alumbrado, sus tiendas, sus periódicos +y su único teatro. El pueblo servio no es más que una tribu belicosa que +cultiva la tierra.</p> + +<p>La tragedia del Konak debió parecerle el suceso<a name="page_129" id="page_129"></a> más natural del mundo. +Matar á unos reyes para poner á otros en su sitio todavÃa caliente, es +un hecho vulgarÃsimo en Servia. Alejandro no fué el primer soberano +asesinado, ni será, ciertamente, el último.</p> + +<p>Los vecinos de Belgrado aprecian como un gran honor el ir por las calles +al lado de un oficial ó de un pope. Los sacerdotes son innumerables, y +en cuanto á militares, se ven, relativamente, más en Servia que en +Alemania. Hay sotanas negras, verdes y azules, popes con faja y sin +ella, con grandes pectorales ó con una simple cruz, y los uniformes +militares son tan incontables que, dada la pequeñez de Servia, hay que +creer que cada regimiento usa traje distinto. Pero todos los servios, +vistan como vistan, lo mismo los que imitan las modas occidentales con +la exageración propia de una ciudad de provincias, que los que siguen +fieles á los antiguos usos; asà los sacerdotes, los militares, los +estudiantes saturados de teologÃa ortodoxa y los altos empleados del +Estado, como las damas que copian las novedades de Viena y ParÃs, todos +tienen algo de inquietante, de rudo, de oriental y violento, +adivinándose que una ligera raspadura en su moderno exterior basta para +dejar al descubierto al bárbaro, al servio belicoso de otros tiempos, +que fué el más implacable de los guerreros.</p> + +<p>Mi curiosidad me lleva ante el Konak, un palacio no más grande que +cualquier hotel de la<a name="page_130" id="page_130"></a> Castellana. Esta monarquÃa, que sólo lleva +cuarenta años escasos de existencia y ha tenido que improvisar todos los +servicios de la vida moderna, manteniendo, además, por halagar el +sentimiento nacional, un gran ejército, no permite á sus soberanos +grandes lujos.</p> + +<p>Recuerdo que cuando fueron asesinados Alejandro y Draga, al hacerse el +inventario de la <i>aventurera</i>, de la <i>Mesalina</i> odiada por el pueblo, su +ajuar resultó más insignificante que el de una mediana <i>cocotte</i>. Creo +que, entre nuevos y usados, sus vestidos no pasaban de media docena. Su +dormitorio lo tenÃa adornado con esas baratijas que regalan en los +cotillones, lo mismo que una señorita pobre. Sobre la mesa de noche se +encontró abierta una novela de Anatole France, que estaba leyendo en el +instante que entraron los oficiales sable en mano para hacer pedazos á +ella y á su esposo, como una pareja de bestias dañinas. Seguramente que +este volumen era el único libro francés que existÃa en Belgrado.</p> + +<p>Paso un dÃa entero aburridÃsimo en la capital de Servia, aguardando la +noche para tomar otra vez el tren de Oriente. Amortiguada la primera +impresión de novedad, Belgrado me parece una odiosa población de +provincias. Militares por todas partes, con su aire de perdonavidas, de +bravos sin instrucción, que tienen metido en el puño á su paÃs; popes +que van de café en café empinando el codo con una sed insaciable; +señoritas<a name="page_131" id="page_131"></a> de ojos asiáticos y sombreros copiados de ParÃs, que pasean +por la calle principal seguidas de estudiantes y cadetes; una banda de +música que toca en el jardÃn de la Ciudadela, en una plazoleta rodeada +de bustos de servios ilustres...</p> + +<p>Salgo de la ciudad con el propósito de visitar, en una llanura lejana, +la famosa «Torre de los Cráneos». Los turcos, para intimidar á los +belicosos hijos del paÃs, que les molestaban con una incesante lucha de +guerrillas, elevaron la torre, cubriendo sus paredes con cráneos de +servios desde los cimientos á las almenas. Hoy los cráneos han sido +enterrados por la veneración patriótica, pero la torre sigue en pie, +mostrando en su argamasa los innumerables alvéolos que contenÃan las +calaveras.</p> + +<p>Al ir á la estación y ver por última vez las calles de Belgrado, paso +ante el pequeño teatro Real, que exhibe en su portada los anuncios de la +función del dÃa. Por ellos me entero con sorpresa de que estamos á 24 de +Agosto, cuando yo creÃa vivir en el 6 de Septiembre. El calendario de la +religión ortodoxa griega me regala trece dÃas más de vida al pasar por +el paÃs de los Balkanes.<a name="page_132" id="page_132"></a></p> + +<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI<br /><br /> +Los turcos</h3> + +<p>Un rÃo, el Maritza, el Hebro de los antiguos, padre ó abuelo por el +nombre de nuestro rÃo aragonés, y en cuyas orillas destrozaron las +Furias al dulce Orfeo, corre con grandes tortuosidades por el territorio +de Servia y Bulgaria, cruza la Rumelia y penetra en la TurquÃa europea. +Allà donde alcanza la benéfica influencia de sus aguas, el suelo +balkánico es fértil y bien poblado. Frondosos bosques orlan las orillas +de los torrentes, en cuyos cauces brama y se despeña una agua roja que +arrastra la envoltura de tierra de las montañas. En los extensos prados +pacen salvajes potradas ó rebaños de bueyes con las astas echadas atrás, +en compañÃa de corderos enormes, de cuernos retorcidos como caracoles, y +tan extraordinaria y majestuosamente voluminosos, que se comprende que +los artistas de la antigüedad los escogieran para el adorno decorativo +de palacios y altares.<a name="page_133" id="page_133"></a></p> + +<p>En los terrenos pantanosos de la Bulgaria y la Rumelia crece el arroz; +en los campos secos amarillea el maÃz; por las pendientes espárcense las +viñas que producen el vino de los Balkanes, único que beben los +cristianos y judÃos del imperio turco. Las aldeas apenas si sobresalen, +con débil relieve, sobre el fondo rojo de los montes, faltas de +campanarios ó de minaretes, con la llana monotonÃa de la religión +griega, que no siente el menor deseo de escalar el espacio y dirigir sus +plegarias á las nubes.</p> + +<p>SofÃa, la capital de Bulgaria, es otro Belgrado, aunque sus habitantes +parecen de carácter más dulce. Su gobierno, dirigido por un prÃncipe de +origen francés, que ha vivido largas temporadas en ParÃs, muestra gran +empeño en asimilarse los progresos de otros pueblos. Los dos mejores +edificios de SofÃa son la Escuela de Medicina y la Imprenta Nacional, de +donde salen importantes publicaciones. Esto, en un paÃs como el de los +Balkanes, significa algo notable.</p> + +<p>En Filopópolis, capital de la Rumelia oriental, todavÃa se ven los +uniformes búlgaros; sables pendientes del hombro, altas botas, bonetes +de astracán copiados de los rusos, grandes protectores del paÃs; pero +las mezquitas cortan el horizonte, incendiado por la puesta del sol, con +la lÃnea blanca y esbelta de sus alminares sutiles y puntiagudos como +agujas. La huella de la dominación turca no se borra fácilmente.<a name="page_134" id="page_134"></a></p> + +<p>Cambia de pronto el personal del tren: los empleados de amplia gorra á +la alemana son sustituÃdos por otros con fez rojo. Este gorro otomano, +de color uniformemente purpúreo, empieza á verse por todas partes, dando +á la muchedumbre vestida de obscuro el aspecto de una aglomeración de +botellas lacradas. Suben á los vagones los aduaneros, arrastrando el +corvo sable y llevándose para saludar una mano á la frente y otra al +corazón. Gran registro de maletas, para no tocar nada más que los libros +y los papeles. Luego se presenta la policÃa, graves señores de barba +negra, pálidos y tristes como ascetas, con algo de clerical en sus +levitas negras y sus gorros rojos é inmóviles.</p> + +<p>Examinan los pasaportes con cierto aire de cansancio, sin hablar apenas, +y se van lo mismo que han venido, después de copiar los nombres en +caracteres turcos, desfigurándolos al capricho de su pronunciación +gutural.</p> + +<p>Estamos en el imperio otomano, en la estación de Adrianópolis, segunda +capital de la TurquÃa europea, que sigue en importancia á +Constantinopla. Los andenes están llenos de militares, con sus sombrÃos +y elegantes uniformes europeos, semejantes á los de Alemania, pero +rematados invariablemente por el fez rojo.</p> + +<p>Adrianópolis es la gran población militar de TurquÃa. Un ejército de +80.000 hombres está acuartelado en la ciudad y sus alrededores. Los +rusos, la última guerra con TurquÃa, llegaron á Adrianópolis<a name="page_135" id="page_135"></a> y +acamparon en su recinto. ¡Quién sabe si tardarán mucho, los mismos +extranjeros ú otros, en vivaquear en esta ciudad de hermosas mezquitas y +enormes fortificaciones!...</p> + +<p>TurquÃa es el «gran enfermo» de Europa, según una frase mil veces +repetida, y los pueblos importantes que no osan asesinarlo, por cerrarse +el paso unos á otros, aguardan á que el enfermo se muera para repartirse +sus bienes, procurando cada uno asistirle traidoramente en su dolencia, +para familiarizarse con los secretos y costumbres de la casa y escoger +con más seguridad cuando llegue el momento de la rebatiña general.</p> + +<p>Yo soy de los que aman á TurquÃa y no se indignan, por un prejuicio de +raza ó religión, de que este pueblo bueno y sufrido viva todavÃa en +Europa. Todo su pecado es haber sido el último en invadirla y estar, por +tanto, más reciente el recuerdo de las violencias y barbaries que +acompañan á toda guerra. Si sólo debieran vivir en Europa los +descendientes directos de sus remotos pobladores, expulsando á las razas +invasoras que llegaron después procedentes de Asia ó Ãfrica, nuestro +continente quedarÃa desierto.</p> + +<p>Yo amo al turco, como lo han amado, con especial predilección, todos los +escritores y artistas que le vieron de cerca. Diez y nueve razas pueblan +el vasto imperio otomano. Mahometanos, judÃos y cristianos, divididos en +innumerables sectas, forman esta aglomeración de seres, distintos por +orÃgenes<a name="page_136" id="page_136"></a> y tradiciones, que lleva el nombre de TurquÃa, y sin embargo, +como dice Lamartine, «el turco es el primero y el más digno entre todos +los pueblos de su vasto imperio».</p> + +<p>Existe una concepción imaginaria del turco, que es la que acepta el +vulgo en toda Europa. Según ella, el turco es un bárbaro, sensual, capaz +de las mayores ferocidades, que pasa la vida entre cabezas cortadas ó +esclavas que danzan desplegando sus voluptuosidades de odalisca. Con +igual exactitud piensan sobre nosotros los viejos de Holanda ó los +PaÃses Bajos, los cuales no pueden oir hablar de España sin imaginarse +un paÃs de implacables inquisidores, capaces de quemar por una simple +errata en una oración, y donde todos los ciudadanos somos duros é +inexorables como el antiguo duque de Alba.</p> + +<p>Los turcos han sido crueles porque han guerreado mucho, y la guerra +jamás ha sido ni será escuela de bondades y de dulces costumbres. Otros +pueblos civilizados, que llevan en los labios el nombre de Cristo, han +tratado por medio de sus cañones y fusiles á los indÃgenas de Ãfrica y +Asia peor que los turcos á las poblaciones de los Balkanes.</p> + +<p>Todos los escritores que han viajado por TurquÃa, se irritan contra la +injusticia con que es apreciado este pueblo. El turco es bueno y franco. +Su dulzura se manifiesta por un gran respeto á los animales. Jamás se le +ve maltratarlos.<a name="page_137" id="page_137"></a></p> + +<p>La injusticia y la traición son los dos resortes que disparan su cólera. +Esto hace que aunque el turco oculte, bajo las formas de una exquisita +cortesÃa, su pèna por las injurias ó las humillaciones sufridas, +aproveche la primera ocasión para saciar su resentimiento.</p> + +<p>La hospitalidad es la más visible de sus virtudes. No hay aldea en +TurquÃa, especialmente en Asia, donde la falta de aglomeración de +europeos aun no les ha enseñado lo que somos, que no tenga en todas sus +casas la «habitación para viajeros», el <i>mussafir odassi</i>, donde todo +viandante encuentra abrigo por una noche, sin tener que pagar nada y sin +que el dueño muestre el más leve empeño en saber quién es y cuáles son +sus opiniones.</p> + +<p>El turco es el más religioso de los hombres. Su fe es inquebrantable: ni +la menor sombra de duda viene á turbar sus creencias. Está convencido de +que posee la verdad; pero no siente el afán de los occidentales por +imponer esta verdad á los otros, despreciando ó escarneciendo lo que el +vecino piensa. Podrá creerse superior á los demás por ser musulmán y +tener su religión como la única verdadera; pero no hace el menor +esfuerzo por imponerla á nadie. El fanatismo mahometano del moro de +Ãfrica no lo conoce el turco. En sus ciudades funcionan diversos cultos, +y sacerdotes y templos son respetados con el escrúpulo que inspira á los +otomanos todo lo que representa la fe en Dios.<a name="page_138" id="page_138"></a></p> + +<p>Su prudencia silenciosa y un tanto altiva da en Constantinopla grandes +muestras de tolerancia. Jamás entran los turcos en los templos +católicos, en las capillas protestantes, en las sinagogas ó las iglesias +griegas á turbar el culto de los fieles. En cambio, fervientes +mahometanos, tienen que irse á las mezquitas de los arrabales á hacer +sus plegarias, pues en las céntricas y famosas se ven molestados por las +bandas de europeos y europeas que entran con el <i>Baedecker</i> en la mano y +el guÃa al frente de la expedición, tocándolo todo, queriendo verlo +todo, riéndose de las ceremonias y de la cara en éxtasis de los fieles, +y apostrofándolos algunas veces porque siguen las creencias de sus +padres y no quieren conocer la verdad descubierta por los padres de los +otros.</p> + +<p>Las matanzas de <i>cristianos</i> que ocurren de vez en cuando en TurquÃa, no +tienen nada de religioso. à ningún turco se le ocurre matar porque la +plegaria ordenada por el Profeta sea mejor que la misa de los armenios. +En tal caso, dirigirÃa sus ataques contra los templos. Esas matanzas de +cristianos, que explotan en Europa el fanatismo religioso y el interés +polÃtico, desfigurando su carácter, son simples conflictos por el pan; +choques sociales semejantes á las sangrientas peleas que ocurren á veces +en Marsella entre trabajadores franceses é italianos, ó á los asesinatos +de chinos que perpetran los trabajadores de los Estados Unidos cuando +ven que, por la concurrencia terrible<a name="page_139" id="page_139"></a> de los asiáticos, pierde su +precio la mano de obra.</p> + +<p>El armenio, que es en TurquÃa el cristiano por excelencia, se atrae las +mismas cóleras populares que el judÃo de la Edad Media. El turco, señor +del paÃs, no puede moverse sin tropezar con el armenio, raza vencida que +aprieta el dogal á sus dominadores con un odio de siglos. Los armenios +son los comerciantes, los tenderos, los prestamistas, los ricos que poco +á poco se apoderan de todo, consumiendo con las artimañas de la usura la +vida entera del pobre osmanlÃ, que trabaja y trabaja sin verse libre +nunca de la esclavitud del dinero. De propietario pasa insensiblemente á +ser mÃsero arrendatario de la tierra que cultiva; si toma una industria, +el armenio le empobrece fingiendo protegerle; si, acosado por el hambre, +quiere hacerse <i>hamal</i> y cargar fardos en los puertos turcos, su +enemigo, más musculoso y listo que él, le quita el sitio, trabajando por +menos dinero.</p> + +<p>Caballeresco hasta en sus defectos, el turco gusta mucho de proteger á +los demás y es magnánimo en sus dádivas; pero por esto mismo resulta +ávido de dominación y la resistencia le vuelve cruel. Sus odios se +condensan, su orgullo de raza se subleva ante estos antiguos siervos que +se convierten astutamente en sus amos, y entonces apela á la espada, +suprema razón del Profeta.</p> + +<p>¡Pobre TurquÃa! Viéndola de cerca se la ama más, porque se aprecian +mejor sus cualidades y se<a name="page_140" id="page_140"></a> ven con mayor claridad los peligros que la +amenazan.</p> + +<p>Al llegar á ella, sorpréndese el ánimo viendo los enormes territorios +que ha perdido casi recientemente.</p> + +<p>En nuestros dÃas ha sido expulsada del Montenegro, de la Bosnia y la +Herzegovina, de Servia, Bulgaria y Rumania, y recientemente de la +Rumelia. Esos despojos de su antigua dominación forman reinos.</p> + +<p>La Europa Occidental sueña con arrojar á los turcos al otro lado del +Bósforo, arrebatándoles los territorios que poseen en el continente, +enormes todavÃa, pero insignificantes comparados con sus dominios del +pasado.</p> + +<p>Algunos ven en esto una gran victoria histórica, un desquite de la vieja +Europa, que devuelve el territorio asiático á los invasores que tanto +miedo la hicieron sufrir.</p> + +<p>Error: el turco ya no es asiático, como nosotros no somos latinos, á +pesar de que nos agrupamos bajo este nombre. Ningún pueblo del mundo +merece con justicia el origen que ostenta.</p> + +<p>Los turcos del Asia Central, que aun existen en el territorio de los +Mongoles, son hermanos de estos otros que les abandonaron para marchar +hacia Occidente como una ola devoradora. Los turcos asiáticos son de +raza amarilla. Los turcos del imperio otomano, los que todos conocemos, +son ya caucásicos como nosotros. Sus incesantes cruzamientos<a name="page_141" id="page_141"></a> con la +raza blanca y los azares de la guerra con sus alborotadas mezcolanzas, +han fundido y hecho desaparecer el primitivo elemento étnico.</p> + +<p>Ir por una calle de Constantinopla es casi lo mismo que por una calle de +Madrid. Cada cara recuerda un nombre. à veces se duda, al cruzar la +mirada con los ojos de un transeunte, y se lleva la mano al sombrero +para saludar. Se cree uno en Carnaval y dan ganas de decir:</p> + +<p>—Amigo López... ó amigo Fernández: ¡basta de broma! ¡QuÃtese el gorrito +rojo, que le he conocido!<a name="page_142" id="page_142"></a></p> + +<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII<br /><br /> +Constantinopla</h3> + +<p>Cuando Constantino hizo de Bizancio la capital del imperio y la llamó +<i>Nueva Roma</i>, estaba lejos de imaginarse que su propio nombre +prevalecerÃa como tÃtulo de la enorme ciudad.</p> + +<p>No hay población que pueda compararse, por su belleza topográfica, con +la famosa Constantinopla, compuesta de tres ciudades. Pera y Galata, +formando una sola agrupación urbana; Stambul, que ocupa el solar de la +antigua Bizancio, y Scutari, en la ribera asiática.</p> + +<p>Para dar una idea aproximada de la situación de esa triple ciudad, hay +que imaginarse una inmensa Y de forma irregular. El tronco de la Y es el +final del mar de Mármara y la entrada del Bósforo; la rama de la +izquierda, el famoso Cuerno de Oro, profundo brazo de mar que atraviesa +la ciudad y se pierde tierra adentro; la rama de la derecha, la +continuación del Bósforo, hasta dar con el Mar Negro.</p> + +<p>En el espacio comprendido entre el tronco de<a name="page_143" id="page_143"></a> la Y y el final de la rama +izquierda, está Stambul. En el espacio que existe entre las dos ramas, ó +sea en la penÃnsula limitada por el Cuerno de Oro y el Bósforo, se +hallan asentadas Galata y Pera. à lo largo del Bósforo, ó sea en todo el +lado derecho de la Y, desde la base de la letra á su remate superior, +están Scutari y demás poblados que pertenecen igualmente á +Constantinopla. El lado izquierdo de la Y y el espacio comprendido entre +las dos ramas, es Europa: todo el lado derecho de la letra, es Asia. Dos +piastras (que son unos 60 céntimos) bastan para que un vigoroso remero +turco, gran maestro en el arte de sortear las corrientes que van y +vienen por el enorme callejón acuático, entre el mar de Mármara y el mar +Negro, os lleve en unos cuantos minutos de un continente á otro.</p> + +<p>Las tres ciudades más importantes en la historia de la humanidad son +Atenas, Roma y Constantinopla.</p> + +<p>Grecia enseñó á los hombres el arte de pensar, el culto de la belleza, y +aun hoy vivimos de sus lecciones. Las leyes y usos de Roma regulan +todavÃa la vida moderna. Constantinopla fué la intermediaria +indispensable entre el mundo antiguo y el actual, hasta el punto de que +si ella no hubiese existido, el mundo verÃase privado de su más noble +herencia, ignorando lo que filósofos, poetas y artistas pensaron y +produjeron para nosotros hace tres mil años.<a name="page_144" id="page_144"></a></p> + +<p>Es de uso corriente despreciar á Bizancio y desconocer la importancia +histórica del imperio de Oriente.</p> + +<p>Es cierto que la existencia del llamado Bajo Imperio fué poco noble, por +su historia de miserias, crÃmenes y disensiones religiosas, que acababan +siempre en derramamientos de sangre. El populacho, capitaneado por +monjes bárbaros y falsos profetas, mataba ó morÃa defendiendo sutilezas +teológicas que no le era dado entender. Por si los templos cristianos +debÃan tener imágenes ó privarse de ellas, por si el Hijo era más ó +menos que el Padre y el EspÃritu Santo superior á los dos, el pueblo de +«las discusiones bizantinas», saturado de nimias sutilezas de la +decadencia griega, andaba á palos y cuchilladas en las callejuelas de +Bizancio. Además, el Hipódromo, con los mil incidentes de sus carreras +de carros, monopolizaba toda la vida nacional. El color de los dos +bandos de cocheros, el verde y el azul, dividÃa al pueblo bizantino en +dos grandes partidos, y <i>verdes</i> y <i>azules</i> ocupaban el poder á fuerza +de revoluciones, derrocando emperadores y convirtiendo el circo en campo +de batalla.</p> + +<p>à todas estas desgracias se unieron las grandes hambres, los incendios, +la peste y los continuos ataques de los búlgaros durante los mil años +que sobrevivió el decaÃdo Bajo Imperio.</p> + +<p>Pero á pesar de su larga agonÃa. Constantinopla, centro del imperio de +Oriente, tuvo su grandeza<a name="page_145" id="page_145"></a> y sirvió noblemente á la civilización. Ella +guardó las tradiciones del arte griego, la legislación romana, los +monumentos literarios, toda la antigüedad; y cuando en el siglo XI +surgió el primer intento de Renacimiento, y en el XV llegó á ser un +hecho el hermoso despertar de la Humanidad, de su seno salieron los +hombres y las ideas que realizaron en Italia el retroceso bendito hacia +la antigüedad clásica. Además, durante la Edad Media fué Constantinopla +la gran muralla que contuvo el empuje de las invasiones asiáticas. +Europa, defendida por este puesto avanzado, pudo constituirse lentamente +á su abrigo. La cristiandad se dió cuenta de la importancia de +Constantinopla cuando después de caer ésta en poder de los turcos, los +vió avanzar en unos cuantos años hasta el corazón de Europa, siendo +precisa una acción común para atajarlos junto á los muros de Viena y en +las aguas de Lepanto.</p> + +<p>Grecia, aunque mutilada por los siglos y los hombres, guarda grandezas +de su pasado en el Partenón y otros monumentos; Roma conserva el +esqueleto de su gloria en ruinas, casi enteras, de termas, templos y +circos; pero de la antigua Bizancio apenas quedan vestigios. El turco lo +arrasó todo, más que por barbarie, por afán de dominación, por celos del +pasado, por su deseo de que ninguna obra antigua pudiera rivalizar con +las del perÃodo de gran esplendor que vino tras la conquista. Si respetó +Santa SofÃa fué para convertirla<a name="page_146" id="page_146"></a> en una mezquita, borrando de ella todo +signo del cristianismo griego.</p> + +<p>Otros conquistadores no menos temibles que los turcos cayeron sobre la +ciudad. En 1204 los cruzados creyeron más cómodo y lucrativo conquistar +la gran metrópoli cristiana que pelear con los musulmanes de Asia, y su +asalto fué terrible. En la ciudad de Constantino y Justiniano no quedó +piedra sobre piedra. Los guerreros de la Cruz robaron templos y palacios +y los marinos genoveses y venecianos que conducÃan en sus galeras la +expedición, se cobraron el pasaje de la cruzada llevándose á sus +repúblicas lo mejor de Constantinopla. Los famosos caballos de Lissippo, +los cuatro corceles de bronce dorado que se encabritan en la fachada de +San Marcos de Venecia, son un recuerdo de este gran saqueo. Cuando, +expulsados al fin los cruzados, volvió á restablecerse el imperio +griego, la ciudad conservaba sus famosos monumentos, pero empobrecidos +por el despojo, y antes llegó la conquista de los turcos que el nuevo +florecimiento de Bizancio.</p> + +<p>Nada queda en Constantinopla del pasado; pero ¡cuán hermosa es con su +aspecto musulmán! No existe ciudad que pueda comparársela en grandeza. +Londres ó ParÃs son más enormes, pero el viajero se convence de esto +porque asà lo dicen los libros, no porque lo vean sus ojos. Es imposible +encontrar en ellas una calle ó una plaza que proporcione la sensación +exacta de la grandeza de la<a name="page_147" id="page_147"></a> ciudad. Constantinopla, en cambio, puede +abarcarse de un solo golpe de vista. Basta colocarse en mitad del Cuerno +de Oro sobre un caique, ligero y movedizo como una piragua, ó en el Gran +Puente, para admirar toda la importancia de la metrópoli musulmana. +Ninguna ciudad del mundo, al decir de viajeros famosos, tiene tal +aspecto de inmensidad. Su vecindario es de millón y medio de seres, pero +cualquiera puede atribuirle cuatro ó cinco millones.</p> + +<p>à lo largo del Cuerno de Oro, en ambas riberas, el caserÃo ondula +apretado sobre las colinas. En primer término se ven dos ciudades, +siguiendo las tortuosidades de las orillas, y sobre éstas aparecen +otras, en alturas que se alejan, y más allá continúa el caserÃo hasta +esfumarse en el horizonte, azuleando como las montañas remotas. Y cuando +la vista, cansada de esa inmensidad de edificios, se vuelve hacia la +extensión de agua azul, ve al través de un bosque de mástiles una ribera +que cierra el horizonte, la de Asia, y en ella nuevas agrupaciones +urbanas, que cubren llanuras, escalan montañas y son también +Constantinopla.</p> + +<p>La torre de Galata, pesada y enorme, mira desde lo alto de su penÃnsula +al viejo Stambul, erizado de minaretes, sutiles y blancos como la +plegaria del buen creyente, y en cuya cima tiembla la flecha como una +llama de oro. Las grandes mezquitas son amontonamientos de plomizas +cúpulas<a name="page_148" id="page_148"></a> que ascienden en torno de la cúpula central, rematada por una +media luna que arde bajo los rayos del sol.</p> + +<p>¡El atardecer de mi primer dÃa en Constantinopla!... VenÃa yo de +contemplar, á cierta distancia, la santa mezquita de Eyoub, donde jamás +ha puesto su pie ningún cristiano. Eyoub es un arrabal, en el fondo del +Cuerno de Oro, que se conserva como lo más turco y creyente de +Constantinopla. Su mezquita viene, en rango de santidad, detrás de la +Meca. Las viejas del barrio, envueltas en su manto negro, escupen á los +pies de todo cristiano que encuentran al anochecer en sus calles, y le +desean á gritos las mayores desgracias.</p> + +<p>La corriente del Cuerno de Oro empujaba el caique dulcemente, y el +remero sólo tenÃa que dar débiles paletadas para seguir el viaje. HabÃa +desaparecido el sol. Los minaretes de Constantinopla cortaban con su +blanca lÃnea un cielo suave, teñido de rosa y violeta. Una estrella +centelleaba en este intenso telón de seda, como un brillante perdido. En +lo alto del cielo brillaba un fragmento de luna en creciente, como la +que se muestra en el escudo otomano: la media luna de los turcos.</p> + +<p>La enorme ciudad aparecÃa partida en diversos términos, como los +bastidores de un teatro. Los barrios inmediatos á la ribera, negros y +levemente moteados de rojo por las luces de las ventanas iluminadas; los +de segundo término, ligeramente sonrosados por los reflejos del +atardecer; los remotos,<a name="page_149" id="page_149"></a> marcándose, azulados é indecisos, como +montañas, reflejando con fulgores de incendio los últimos rayos de un +sol invisible en los cristales de los miradores, y sobre esta +aglomeración, envuelta en el misterio del crepúsculo, los bosques de +marfil de los agudos minaretes, los enormes huevos blanquecinos de las +cúpulas de las mezquitas.</p> + +<p>Un silencio sagrado descendÃa del cielo, esparciéndose en compañÃa de la +sombra sobre la ciudad y las aguas. Pasábamos entre buques de guerra, +anclados en el puerto militar: acorazados grises de triple chimenea, +cruceros de una sola cofa, esbeltos avisos, yates imperiales que +aguardan la visita del sultán, el cual no los ha visto nunca.</p> + +<p>De pronto, la roja bandera con la media luna blanca comenzó á descender +de los mástiles. Sobre las cubiertas veÃanse agrupadas las +tripulaciones, con el fez, que iguala á oficiales y marineros. En el +cuartel del Almirantazgo, la infanterÃa de marina extendÃa sus pelotones +á lo largo del muelle, destacándose en la penumbra la lÃnea roja de sus +cabezas alineadas.</p> + +<p>à un mismo tiempo se conmovió la calma majestuosa del crepúsculo con +gritos que parecieron rasgar el espacio como disparos cruzados. En los +balconcillos circulares de los minaretes, hombres liliputienses, con +turbante blanco, agitaban los brazos, acompañando estos movimientos con +las<a name="page_150" id="page_150"></a> modulaciones de un chillido sobrehumano. Sobre los puentes de los +buques de guerra, un hombre entonaba un canto majestuoso y triste, +semejante á las saetas de la Semana Santa en AndalucÃa.</p> + +<p><i>¡La Ilah il Allah ve Mohammed resoul Allah!</i> cantaban con melancolÃa +religiosa, en el misterio del crepúsculo, los hombrecillos semejantes á +hormigas, sobre los puentes de los acorazados. Los centenares de gorros +alineados á lo largo de las bordas, entre las bocas de los enormes +cañones y las torres blindadas, rugÃan al contestar como un estampido: +<i>¡Allah! ¡Allah!</i> Y al ver esa fe de los desiertos asiáticos, este ardor +fervoroso de los jinetes errantes de otros tiempos, repetirse á bordo de +los buques acorazados, última expresión de los adelantos cientÃficos que +repelen y destruyen con sus bocas de acero las fantasmagorÃas del +pasado, tuve una visión exacta de lo que es la TurquÃa moderna: europea +exteriormente, pero cuando escucha la voz del Profeta, siente +despertarse en ella la misma alma de los que llegaron tras el caballo de +Mahomed II á la conquista de Constantinopla.<a name="page_151" id="page_151"></a></p> + +<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII<br /><br /> +El Gran Puente</h3> + +<p>Para el que desea conocer en conjunto la variadÃsima población de +Constantinopla, el mejor punto de observación es el Gran Puente, que va +de Galata á Stambul.</p> + +<p>Tiene medio kilómetro de extensión, y su piso de maderos desiguales, en +los que tropieza el transeunte, está asentado sobre pontones +insumergibles, pues la profundidad del Cuerno de Oro, que en algunos +lugares tiene cerca de cien metros, no permite sostenes más sólidos.</p> + +<p>à un lado descuella, sobre el caserÃo en pendiente, la maciza torre de +Galata, empavesada con los pabellones de las grandes potencias, que +parecen proteger los barrios europeos. En el extremo opuesto, como si +cerrase el paso por la parte de Stambul, alza la mezquita de la Sultana +Validé sus esbeltas torrecillas y sus cúpulas con medias lunas de oro, +cual una construcción de <i>Las mil y una noches</i>.<a name="page_152" id="page_152"></a></p> + +<p>Desde el centro del puente se abarca en todo su esplendor el espectáculo +del Cuerno de Oro, grandioso puerto que lleva tal nombre por su forma +curva, rematada en punta, y por las riquezas incalculables desembarcadas +en él.</p> + +<p>NavÃos de todos los paÃses forman una segunda ciudad flotante á ambos +lados del puente. En las primeras horas de la madrugada se abre una +parte de éste para dar paso hacia el Bósforo á los grandes navÃos de +guerra y los vapores comerciales que anclan en el fondo del Cuerno de +Oro. Los vaporcillos de viajeros para los pueblos del Bósforo; las islas +de los PrÃncipes ó Brussa, parten con gran frecuencia de los muelles del +Puente. Cada cuarto de hora sale uno agitando sus ruedas, con la doble +cubierta repleta de gorros rojos. Braman las sirenas, humean las +chimeneas, tiemblan los pontones con el encontronazo de los veloces +cascos, y sobre las aguas verdosas, agitadas naturalmente por las +corrientes y que el continuo paleteo de ruedas y hélices conmueve con +violento oleaje, pasan los caiques, ligeros como flechas, con una +inestabilidad que les hace danzar locamente, volcando á la menor +imprudencia del viajero, que debe conservarse en la popa inmóvil y medio +tendido.</p> + +<p>Los bergantines turcos, de arcaica forma, que recuerda á las galeras de +la piraterÃa, extienden sus velas amarillentas y salen cabeceando como +venerables mendigos entre las elegantes parejas<a name="page_153" id="page_153"></a> de yates y la revoltosa +é inquieta granujerÃa de vaporcitos <i>moscas</i> y botes automóviles, que +parecen burlarse de estos ancianos del mar, pasando y repasando ante sus +tardÃas proas. Las barcas griegas despliegan sus velas triangulares +hacia los puertos del Mármara: los buques del Occidente europeo van +hacia el Mar Negro en busca de trigo y de petróleo. Grandes bandas de +gaviotas, ebrias de sol y de azul, flotan inertes sobre las violentas +ondulaciones del agua, hasta que una proa las despierta con su revoltijo +de espumas cortadas, y todas ellas levantan el vuelo con ruidoso crujir +de plumas. Una niebla de humo de carbón flota sobre el Cuerno de Oro en +los dÃas de calma, y por encima de esta nube parda, á la que da el sol +doradas transparencias, aparecen las cúpulas y minaretes del viejo +Stambul, blanco y rojo, como una ciudad de ensueño flotando en el +espacio.</p> + +<p>Para ser capitán de buque ó simple remero de caique en el Cuerno de Oro +y el Bósforo, se necesita tanta habilidad como para ser cochero en +Constantinopla, donde las callejuelas se abrieron con el propósito de +que pasase por ellas cuando más un carruaje, y sin embargo, circulan dos +en distinta dirección.</p> + +<p>La primera vez que se navega por los citados callejones marÃtimos, el +alma parece subirse á la garganta. El caique, mÃsero cascarón que apenas +puede sostenerse, se pega con la mayor tranquilidad<a name="page_154" id="page_154"></a> á las ruedas ó las +hélices de los vapores, que le hacen danzar locamente. Otras veces pasan +los caiques ante la proa de un gran buque en movimiento con una precisa +exactitud para no ser alcanzados. Un instante más y desaparecerÃan. Los +vaporcillos se van sobre los barcos de vela, y cuando parece inevitable +el abordaje pasan por su lado rozándolos, pero sin choque alguno.</p> + +<p>Los buques, tanto de vela como de vapor, tienen que marchar en zig-zag, +sorteando un obstáculo á cada instante, navegando con la misma atención +que le es precisa al viajero al transitar por primera vez las calles de +Constantinopla. El capitán ve cerrado su derrotero por otros buques que +vienen hacia él ó que oblicuan su marcha cortándole el camino, y á esto +hay que añadir el enjambre de caiques que trasladan pasajeros de una +orilla á otra; de vaporcillos <i>moscas</i>, que llevan en su popa banderas +de todas las naciones; de largas góndolas blancas y doradas, con remeros +negros, en cuya popa se muestran damas misteriosas, cubiertas con +antifaces y capuchones que sólo dejan visibles los pintados ojos. Gritan +los barqueros en todas las lenguas; saltan de un barco á otro las malas +palabras de todos los idiomas; chillan los silbatos, rugen las sirenas; +arrastra el viento asfixiante vedijas de humo sobre el corto y violento +oleaje; álzanse unos remos contra otros con impulso homicida para vengar +un descuido, un choque insignificante; á cada momento<a name="page_155" id="page_155"></a> parece inevitable +una colisión, y sin embargo, nadie se ahoga ni ocurren naufragios más +que muy de tarde en tarde.</p> + +<p>à lo largo del Gran Puente han ido extendiéndose, como hongos adheridos +á él, un sinnúmero de casuchas flotantes, muelles y pequeños cafés, todo +miserable, de maderas carcomidas por la lluvia y el aire salino, pero +con esa alegrÃa dorada que el sol oriental comunica á las mayores +suciedades.</p> + +<p>Estos hijos del Puente cabecean con el continuo movimiento del agua +removida por los buques, y parecen temblar con las palpitaciones de la +extensa plataforma de medio kilómetro, por la que pasa toda +Constantinopla, tronando la madera bajo las ruedas de los carruajes. Los +cafetines flotantes tienen terrazas embreadas, á las que una lÃnea de +macetas de flores dan el aspecto de pensiles. Viejos turcos, sentados á +la oriental y con la barba descendiendo hasta el abdomen, fuman el +<i>narghilé</i> y pasan las cuentas de su rosario de ámbar, gozando al +permanecer impasibles é indiferentes en medio de este movimiento loco y +ensordecedor. El tropel de gorros rojos y de mujeres encapuchadas como +máscaras, se precipita en los muelles salientes que dan acceso á los +vapores de viajeros. El suelo, inseguro, es de tablones desiguales, por +entre los que puede pasar un pie, y además, están cubiertos de residuos +de frutas.</p> + +<p>à ambos lados de estos muelles amarrados al<a name="page_156" id="page_156"></a> Gran Puente, hay casuchas +que ocupan los vendedores de comidas y bebidas. JudÃos que hablan un +español extravagante, van de un lado á otro pregonando rosarios +musulmanes, sorbetes, rollos de pan espolvoreados de ajonjolÃ, y +bizcochos, á los que llaman en Constantinopla «pan de España». En las +puertas de los tenduchos se elevan pirámides de melones amarillos y +enormes sandÃas con su verdor cortado por blancas inscripciones en +árabe. En los cafetines se exhiben en primera fila las ventrudas +botellas de limonada ó naranja con un limón por tapadera, y más adentro +humean las pequeñÃsimas tazas de café turco, lÃquido pastoso digno de +los dioses. Los perros vagabundos, que son en Constantinopla algo asà +como una institución pública venerada y popular, pasan por entre las +piernas del gentÃo, mansos, corteses y silenciosos, buscando su comida.</p> + +<p>Los extranjeros se mueven desorientados en este torbellino de gente, y +si desean tomar un barco siempre llegan tarde.</p> + +<p>Hay dos problemas en Constantinopla que el viajero no resuelve nunca y +mira como un misterio: la hora y la moneda.</p> + +<p>En Constantinopla hay dos horas: la hora <i>á la franca</i>, que es la de los +relojes de la Europa occidental, y la hora <i>á la turca</i>, que es por la +que se rigen vapores, tranvÃas, etc.; todo lo que depende del municipio +y del gobierno.</p> + +<p>La jornada empieza para el turco al ponerse el<a name="page_157" id="page_157"></a> sol, y de aquà que todos +los dÃas los buenos otomanos tengan que arreglar su reloj, sin que ni +aun ellos mismos sepan ciertamente en ningún momento cuál es la hora +exacta. La medida del tiempo cambia por dÃa y por estación. Cuando +nuestro reloj <i>á la franca</i> marca el mediodÃa, el turco dice +tranquilamente que son las cinco ó las seis, asà como unos meses después +dirá que son las tres ó las cuatro.</p> + +<p>No hay en esto otro daño que el llegar tarde á todas partes, perdiendo +trenes y vapores, ó verse obligado á largas esperas: pero lo de la +moneda trae mayores perjuicios.</p> + +<p>En TurquÃa hay <i>buena moneda y mala moneda</i>, y según se recibe un pago +en una ó en otra, la cantidad vale más ó menos. Hay también moneda +borrosa, que nadie toma, pero que todos procuran dar al viajero; hay +papel emitido por el gobierno otomano, llamado <i>kaimé</i>, que carece de +valor, y otros misterios crematÃsticos que requieren un largo estudio. +Pero lo más original es el cambio. Exceptuando algunos cafés y +restaurants europeos, nadie cambia gratuitamente una moneda.</p> + +<p>En las calles importantes de Constantinopla, junto al Gran Puente, cerca +de los tranvÃas y muelles de embarque, en el Gran Bazar y en todos los +lugares de algún tránsito, existen numerosos puestos de cambiadores de +moneda, antiguos compatriotas nuestros, que siguen fieles á Abraham y +Moisés.<a name="page_158" id="page_158"></a></p> + +<p>En Constantinopla, el que no lleva á mano <i>moneda menuda</i>, aunque guarde +en su bolsillo oro y billetes á puñados, como si no llevase nada. El +cochero ó el conductor de tranvÃa le hace bajar para que vaya al +cambiador más inmediato, y el que despacha billetes en una taquilla ó +cobra peaje en el Puente, le enviará al judÃo más próximo, sin dejarle +pasar.</p> + +<p>Cambiáis una moneda de oro, y el cambiador os da el dinero en +<i>medjidiés</i> de plata, especie de duros turcos, quedándose por el cambio +con una piastra, que es aproximadamente lo que un real en España. +Después se os ofrece cambiar uno de los <i>medjidiés</i>, y el cambiador os +entrega <i>cuartos de medjidié</i>, que son como las pesetas turcas, y se +queda otra piastra. Luego cambiáis en otro sitio una de esas pesetas y +se quedan otra piastra... y asÃ, de cambio en cambio, de cada veinte +francos el cambiador se queda con uno ó más. El que conoce esta +costumbre cambia de golpe una pieza de oro en <i>pequeña moneda</i>, y tiene +que ir con los bolsillos repletos de piastras y <i>paras</i>, monedas más +pequeñas que botones de camisa.</p> + +<p>La moneda de oro tomada de un judÃo, es pérfida y peligrosa. No pasa por +sus manos que no la lime hábilmente para arrancarle un poco de polvo de +oro, y asÃ, de rascuñón en rascuñón, juntando limaduras, se gana doce ó +quince francos <i>extraordinarios</i>, según las piezas que toca durante el +dÃa. Después, en los Bancos y demás<a name="page_159" id="page_159"></a> establecimientos públicos donde +conocen la artimaña, someten las monedas al peso, y el incauto que las +ha tomado pierde dos ó tres francos.</p> + +<p>La discusión con el <i>compatriota</i> que intenta estafaros, es interesante +por la fogosidad con que se expresa y los ademanes dramáticos que +acompañan á su castellano especial.</p> + +<p>—Que por mis hixos que no te engaño, señoreto... Que toma la pieza, que +yo soy un buen trocador de dinero... Que la tomes como si fuese una +alahaxa... Que por mis viexos te lo juro, que antaño vinieron de allá, +como tú vienes agora; porque yo, señoreto, también soy espanyol.<a name="page_160" id="page_160"></a></p> + +<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX<br /><br /> +Los que pasan por el Gran Puente</h3> + +<p>Unos mocetones, con la gordura musculosa de los turcos, vistiendo largas +blusas blancas, semejantes á camisones de mujer, cortan el paso al +transeunte, extendiendo una mano. Son los cobradores del puente, que +exigen el peaje: diez <i>paras</i>.</p> + +<p>Toda Constantinopla pasa por el Gran Puente. Los turcos del viejo +Stambul necesitan ir á Galata y Pera, donde están los Bancos, los +consulados, las embajadas, los grandes almacenes, y los habitantes de +estos dos barrios europeos se ven obligados á pasar á la ciudad turca, +porque en ella se encuentran los centros administrativos del gobierno +otomano, la Sublime Puerta, con sus ministerios é innumerables +dependencias.</p> + +<p>No hay en las grandes calles de Londres ni en los bulevares de ParÃs +lugar alguno tan concurrido como el Gran Puente. La plataforma de madera +tiembla bajo el rodar de los carruajes y el paso<a name="page_161" id="page_161"></a> de millares de +transeuntes. Aturde y ensordece el vocear de este pueblo polÃglota, +donde el que menos habla cinco idiomas, y son mayorÃa los que poseen más +de doce. Asombra y deslumbra la carnavalesca variedad de los trajes.</p> + +<p>Al entrar en el puente, parece éste un campo interminable de rojos +geranios. Miles de gorros oscilan al marchar, sirviendo de remate lo +mismo á tocados puramente turcos que á trajes europeos. Los marinos +otomanos completan su uniforme, igual al de todas las marinas del mundo, +con el fez, que da una gracia exótica á su aspecto de navegantes +europeos. Los oficiales, con sus insignias á la inglesa, enguantados de +blanco, calzados de charol y el sable bajo el brazo, cubren también su +cabeza con el gorro turco, que es obligatorio para todo súbdito otomano +y para todo extranjero dependiente del gobierno.</p> + +<p>El ejército de tierra, uniformado á la alemana, guarda también el +cubrecabezas nacional, y el mismo fez escarlata sirve al último soldado +que al pachá, que se muestra en caballo brioso, con dorada silla, +saltando sobre sus hombros el oro de las pesadas charreteras al compás +del galope.</p> + +<p>Sobre la nota obscura y dorada de los uniformes militares, destácase la +muchedumbre variadÃsima de Constantinopla, formada de diez y nueve +pueblos distintos, que aun guardan sus usos y sus trajes tradicionales. +Pasan los árabes del lejano Yemen ó los moros africanos de la +Tripolitania<a name="page_162" id="page_162"></a> con sus chilabas pardas y la cuerda de pelo de camello +anudada á las sienes; los croatas, que sirven de porteros en las grandes +casas de Constantinopla, vestidos de rojo y azul, con gran profusión de +galones y bordados, un bonetillo redondo sobre la bigotuda cabeza y un +enorme revólver de Eibar atravesado en la faja; los albaneses y +macedonios, con faldillas blancas, planchadas y encañonadas, sobre el +traje oriental; los judÃos, con la túnica á rayas de los dÃas de fiesta, +y encima un gabán de pieles, aunque sea verano; los armenios, con un +pañuelo de hierbas anudado en torno del gorro; los griegos, vestidos á +la europea, pero con una palidez aceitunada y unos ojos como tizones, +que revelan su origen; el clero innumerable, de <i>imanes</i>, <i>soffas</i> y +derviches, unos con el turbante blanco, otros con el turbante verde, +recuerdo de su peregrinación á la Meca; algunos con gorros de grotesca +forma, y todos ellos con el rosario de ámbar en la mano, repitiendo á +cada cuenta la monótona alabanza á Alláh.</p> + +<p>La muchedumbre tiene que apartarse, abriendo sus filas á cada momento, +para dejar paso á los carruajes, que avanzan veloces, ó á las sillas de +mano, que todavÃa son aquà de uso corriente; aparatosas literas, dentro +de las cuales van las damas turcas á sus visitas en los estrechos +callejones.</p> + +<p>Un pelotón de jinetes, carabina en mano, escolta á un coche que todos +saludan. Es el Gran<a name="page_163" id="page_163"></a> Visir que va á la Sublime Puerta. Tras él pasan +varios cargadores armenios, no menos temibles que un vehÃculo, pues +marchan abrumados por pesos inauditos que no les permiten mirar ni +apartarse.</p> + +<p>En Constantinopla es donde se ve con asombro hasta dónde pueden llegar +las fuerzas del hombre. Por algo dice el proverbio «fuerte como un +turco». La estrechez de las calles y el respeto amoroso que siente el +otomano por los animales, son causa de que en Constantinopla se haga +todo á brazo: el comercio, las mudanzas, etc. Se ven venir por el Gran +Puente pilas de cajas que parecen marchar solas, pues apenas si se +distinguen entre ellas y el suelo unos pies entrapajados y un fez, tras +el cual suena un bufido de asfixia. Yo he visto á un cargador armenio +echarse un piano á la espalda, en una mudanza, y emprender la marcha +vacilante bajo el peso, pero sin detenerse un momento. Los hombres, +abrumados por este esfuerzo sobrehumano, caminan á ciegas, y el público +tiene que huir de sus fatales encontronazos.</p> + +<p>Por el centro del puente se abren paso de pronto, con las manos cruzadas +sobre el estómago, en una actitud frailuna de mansedumbre, varios +señores vestidos de negro. Llevan la elegante levita de corte, llamada +<i>stambulina</i>, sin solapas y cerrada como una sotana, que es aquà el +traje de ceremonia. Tras ellos marcha lentamente una carroza que todos +saludan, y en su interior se ven varias<a name="page_164" id="page_164"></a> damas envueltas en velos +blancos, ó un caballero de gorro rojo, con bigotes á lo <i>kaiser</i>. Son +señoras del harem imperial que vienen á comprar á la ciudad, con un +séquito de empleados palatinos, ó alguno de los innumerables hijos, +hermanos ó sobrinos del sultán.</p> + +<p>Con aire de superioridad, se abren paso á codazos unos negros +elegantemente vestidos del mismo color de su piel, con la <i>stambulina</i> +de ceremonia y el fez muy recto sobre las pasas de la crespa cabeza. +Tienen las piernas larguÃsimas; el cuello es enorme, y en su rostro +chato é insolente hay algo de infantil y meticuloso, que hace imaginar +una vida de chismorreos, intrigas y murmuraciones. Cuando abren la boca +sale de sus gruesos labios un chillido estridente, semejante al del pavo +real; algo extrahumano, falso y grotesco, que hace reir é irrita al +mismo tiempo. Son personajes que viven aparte, y á los que mira la gente +con cierto respeto; son eunucos del palacio imperial ó de los haremes de +los grandes pachás, que, habituados á su existencia entre beldades +misteriosas y grandes magnates, parecen tristes y descontentos cuando se +dejan ver en las calles de Constantinopla.</p> + +<p>Algunas veces van sentados en el pescante de un coche de lujo, en cuyo +interior rÃen y comen dulces cuatro beldades turcas, vestidas con trajes +parisienses de la <i>rue de la Paix</i>, y con el rostro cubierto por una +finÃsima nube de gasa, que realza<a name="page_165" id="page_165"></a> engañosamente sus facciones pintadas. +Estas mujeres de pachá, que van á las grandes tiendas de Pera, son +turcas modernas que hablan francés é inglés, tocan el piano, leen +novelas <i>psicológicas</i> con cubierta amarilla traÃdas de ParÃs y conocen +todas las seducciones de la vida europea... todas menos el adulterio, +que es aquà imposible, no por falta de ganas, sino por la vigilancia +brutal, continua é incorruptible, que nadie consigue vencer, por más que +digan é inventen poetas y novelistas.</p> + +<p>Las turcas más modestas, esposas de musulmanes pegados á la tradición +que viven en Stambul, ó las simples mujeres del pueblo, van á pie, +vistiendo amplios trajes semejantes á dominós de gruesa seda adamascada, +negra, roja, verde ó azul. Por las amplias mangas de esta envoltura +asoman los brazos de la blusa interior, encintada y vaporosa. Las manos +enguantadas sostienen la sombrilla y el bolso. La abertura del capuchón +que corresponde al rostro tiene un teloncillo de seda negra á modo de +máscara, que en unas es tupida é inaccesible á toda mirada, y en otras +diáfana y atrayente, como una invención de la coqueterÃa.</p> + +<p>La calidad de estas mascarillas permite apreciar el valor de lo que se +oculta detrás, aun antes de verlo. Regla general: todo velo espeso +esconde una vieja dama ó una fea desfigurada por las horribles +enfermedades de Oriente. Al través de los velos claros se encuentra +siempre alguna cara de<a name="page_166" id="page_166"></a> criadota española ó de monja fresca, con triple +barbilla, carrillos de luna arrebolados por el colorete y unos ojos +hermosos, de vaca tranquila, agrandados por tiznajos negros.</p> + +<p>La moral y la decencia son frágiles invenciones humanas, que cambian con +la mayor facilidad, según los tiempos y los pueblos. Estas damas turcas, +para las cuales es una indecencia levantarse el velo ante otro hombre +que su legÃtimo señor, y á las que vigila en todas partes la terrible +policÃa otomana para que no cambien una palabra con el extranjero, se +arremangan la faldamenta hasta más arriba de la rodilla, aunque no +llueva, y muestran con la mayor naturalidad sus pantorrillas enormes, +con medias á rayas, multicolores y chillonas, que, según dicen los +comerciantes de aquÃ, proceden de Cataluña.</p> + +<p>Estas máscaras, encapuchadas y misteriosas, bajo la luz del sol, que +caldea los maderos del Gran Puente, dan un atractivo novelesco á la +multitud. Las mujeres circulan entre el gentÃo con la mayor +tranquilidad, sabiendo que nadie osará mirarlas, que todo musulmán +bajará la vista para no verlas, como el que evita una acción vergonzosa, +y por esto, cuando se encuentran sus ojos con los ojos audaces del +europeo, unas, las más hermosas, sonrÃen con cierta turbación, y otras +crispan su cara, indignadas, encabritándose su fealdad bajo el acicate +religioso.</p> + +<p>De toda la multitud cosmopolita que diariamente<a name="page_167" id="page_167"></a> circula por el Gran +Puente, el más simpático y cortés es el turco. Yo no entiendo su lengua, +pero los ademanes constituyen un idioma inteligible y claro para el +extranjero que, privado del habla, observa con mayor atención. Además, +los que conocen el turco, elogian con entusiasmo la cortesÃa y mesura de +este pueblo, grave, un tanto triste, pero bueno y generoso. No hay +idioma, según ellos, que contenga iguales expresiones de afecto. La +madre turca habla siempre á sus pequeños dándoles el nombre de flores ó +graciosos animales; el hombre tributa al extranjero ó al amigo los más +extremados elogios, al par que le da hospitalidad y protección.</p> + +<p>La caridad cristiana de los pueblos occidentales, que tiene las calles +llenas de mendigos y deja morir de hambre á muchos infelices, es bien +poca cosa considerada desde Constantinopla. Aquà los pobres son +muchÃsimos miles, y sin embargo, sólo se encuentran pordioseros en el +Gran Puente ó en los alrededores de alguna mezquita, y éstos nunca son +turcos, sino griegos y judÃos. El pobre es sagrado para el turco, y no +se contenta con darle unos céntimos, abandonándolo después, satisfecha +la conciencia, sino que le abre su casa y le da cuanto necesita. En este +pueblo generoso, que tiene la noble manÃa de la protección, todos los +pobres están <i>colocados</i>; todos cuentan con una casa á la que se +adhieren como si fuese suya.</p> + +<p>De los actos exteriores del otomano, el que<a name="page_168" id="page_168"></a> más admiro, como suprema +expresión de nobleza, es el saludo. Los europeos no sabemos saludar. +Cogemos el sombrero, lo levantamos con más ó menos rudeza, sonreÃmos, y +ya está todo hecho. El turco es un verdadero artista de la cortesÃa. Su +gorro rojo es inconmovible. Se lo pone al levantarse y no se despoja de +él, ni un instante, hasta la noche. Descubrirse la cabeza es la mayor +descortesÃa y algo asà como una blasfemia religiosa. Quitarse el +cubrecabezas para saludar significarÃa lo mismo que si un europeo se +despojase de un zapato para dar la bienvenida á una señora. Esta +necesidad de mantener el fez recto é inmóvil sobre la cabeza, como si +estuviese metido á tornillo, ha confiado á la mano y á los ojos todo el +saludo.</p> + +<p>¡La noble dignidad oriental de los turcos al encontrarse!... La mano, +que parece hablar, desciende á la rodilla, y de allà se remonta al +corazón, pasando luego á la frente, al mismo tiempo que el cuerpo se +inclina con majestad y los ojos expresan el respeto y la alegrÃa del +encuentro, con un arte y una gracia que ningún europeo puede imitar.</p> + +<p>De vez en cuando, entre esta muchedumbre que transcurre por el Gran +Puente, se ven ojos negros de mirada inquietante, perfiles de aves de +presa, sonrisas melosas que hacen llevar las manos á los bolsillos, +gentes corteses que infunden pavor.</p> + +<p>Constantinopla es el gran vertedero del continente.<a name="page_169" id="page_169"></a> Aquà se ocultan y +se pierden los más temibles aventureros. TurquÃa es un pan blando, en el +que vienen á hincar el diente los lobos más temibles del mundo.</p> + +<p>Esos turcos de aspecto inquietante, que sólo son turcos por el fez que +llevan en la cabeza, inspiran miedo con sobrado motivo... Son europeos, +y el europeo es lo peor de TurquÃa.<a name="page_170" id="page_170"></a></p> + +<h3><a name="XX" id="XX"></a>XX<br /><br /> +El Gran Visir</h3> + +<p>Mi amigo Mizzi es un abogado inglés notabilÃsimo, que desde hace treinta +y cinco años vive en Constantinopla. Habla y escribe con la mayor +facilidad doce idiomas, y en un mismo dÃa perora ante el tribunal +consular de Inglaterra, hace una defensa en turco, escribe una demanda +en griego ó en ruso y acaba su jornada en el consulado español +expresándose en castellano.</p> + +<p>Desde Constantinopla ha ido á defender pleitos á Siberia. Otra vez fué á +Bagdad y á Bassora, paÃses de leyenda, para intervenir como abogado en +una herencia de prÃncipes árabes, que se disputaban sacos de diamantes, +de rubÃes y esmeraldas. Sólo en Oriente pueden encontrarse estos +litigios de cuento fantástico.</p> + +<p>Mizzi es inglés porque nació en Malta; pero su madre era española, y él +siente un gran afecto por España. Es consejero legista de casi todas las +embajadas y consulados; condecoraciones y tÃtulos<a name="page_171" id="page_171"></a> llueven sobre él de +las más importantes naciones de Europa, y sin embargo, lo que más +aprecia es su nombramiento de vicecónsul de España. <i>The Levant Herald</i>, +el diario más grande de Constantinopla, es propiedad suya, y en él +trabaja diariamente, dando al público una información del mundo entero. +Ir con Mizzi por las calles de Pera y Galata, es asistir á un desfile de +popularidad. Saludo á un turco en su lengua, conversación con un griego, +diálogo con un francés ó un italiano, sombrerazos, apretones de manos, +frases cariñosas; un curso completo de idiomas.</p> + +<p>Una mañana me lleva Mizzi á saludar al Gran Visir, antiguo amigo suyo de +la juventud.</p> + +<p>¡El Gran Visir!... Este nombre evoca visiones de inmenso poder; hace +recordar las lecturas de la niñez, los mágicos cuentos de <i>Las mil y una +noches</i>; presenta ante la imaginación un imponente personaje de luenga +barba y turbante blanco enorme como un globo, con una majestuosa cohorte +de esclavos, ejecutores, escribas y fanáticos santones.</p> + +<p>El Gran Visir de TurquÃa, que es más que nuestros jefes de Gobierno +(algo asà como el vicesultán), resulta uno de los personajes más +importantes del mundo. Gobernar naciones como, por ejemplo, España, +puede hacerlo cualquiera. Con tener una mayorÃa en las Cámaras, todo +está asegurado. Ningún peligro exterior amenaza al paÃs, y la vida +interior se desarrolla plácida y entretenida al través de chismes y +comadreos, á los que se<a name="page_172" id="page_172"></a> da el nombre de polÃtica, entendiéndose todos +al final, pues la estrechez de horizontes impone la vida en familia á +unos y á otros.</p> + +<p>Para llegar á Gran Visir hay que ser un hombre extraordinario. Sustentar +unidas y en paz las diez y nueve razas del imperio separadas por odios +históricos y radicales diferencias religiosas; gobernar desde +Constantinopla el lejano Yemen, poblado de fanáticos que se irritan al +ver que TurquÃa hace una vida europea, ó Bagdad, alejada de la capital +por un viaje de cincuenta y cuatro dÃas (casi tantos como se necesitan +para dar la vuelta al globo), y al mismo tiempo hacer frente con engaños +y energÃas al tropel de lobos de las grandes potencias europeas, que ya +han arrancado miembros enteros del cuerpo otomano, y cada vez aullan más +fuerte, pidiendo nueva carnaza, todo esto es empresa que requiere la +inteligencia y la firme voluntad de un hombre superior.</p> + +<p>Vamos á visitar al Gran Visir en su casa, antes de que se traslade á su +despacho de la Sublime Puerta, en las primeras horas de la mañana, pues +este personaje, sobre cuya inteligencia pesa todo un imperio, es un gran +madrugador.</p> + +<p>Llegamos al palacio, situado en las afueras de Pera, cerca de un gran +campo de maniobras, donde galopan, en traje de campaña, varios +escuadrones de caballerÃa. Un cuerpo de guardia, con numerosos +centinelas, se eleva frente á la vivienda del Gran Visir, precaución que +no es superflua<a name="page_173" id="page_173"></a> en este paÃs, donde han sido frecuentes los atentados +contra el sultán y sus ministros.</p> + +<p>El palacio no tiene nada de oriental. Es una gran casa, con amplias +escaleras de mármol. El fez de los empleados y servidores, que van de un +lado á otro, y la falta de alumbrado eléctrico, son los únicos detalles +que recuerdan á TurquÃa.</p> + +<p>Entramos en una pequeña antesala, saludamos á otros visitantes que +aguardan, y ellos nos contestan con la grave cortesÃa oriental, +inclinándose, llevando su diestra de las rodillas al corazón y á la +frente. Son turcos de correcto exterior, con el fez muy planchado y +erguido y la negra levita militarmente abrochada; <i>imanes</i> jóvenes, de +luenga barba, elegantes y limpios, que para entretener la espera pasan +entre sus dedos, con vertiginosa rapidez, las cuentas del rosario. Nos +distraemos fumando cigarrillos orientales, hasta que un oficial del Gran +Visir viene á advertirnos que Su Alteza nos espera, recibiéndonos antes +que á los demás visitantes. Estos aguardarán con su paciencia turca, que +ignora el valor del tiempo y del número.</p> + +<p>Mizzi me advierte que debo llamar Alteza al Gran Visir. En TurquÃa, +fuera de la familia del sultán, no hay más que dos altezas: el Gran +Visir... y el Gran Eunuco del harem imperial.</p> + +<p>Pasamos ante un salón de enormes proporciones, que parece un almacén de +muebles por la gran cantidad que contiene de sillerÃas, lámparas,<a name="page_174" id="page_174"></a> +cuadros, cojines y espejos, todo europeo. Son regalos de los gobiernos +extranjeros al primer ministro turco, y que éste amontona en el salón +destinado á las fiestas diplomáticas. Los objetos de Europa, con su +abigarrada y rica variedad, quedan en la pieza destinada á recibir á los +europeos. Más allá, está la vida Ãntima, la vida turca.</p> + +<p>Me veo de pronto en un pequeño gabinete. Tres hombres están de pie, con +levita negra, calado el fez, la mirada en el suelo y las manos cruzadas +sobre el abdomen, en actitud rÃgida y respetuosa. Otro hombre, también +de levita, avanza hacia nosotros, sonriendo, con una mano tendida. Creo +estar en una antesala, desde la cual van á anunciarnos al poderoso +personaje... Pero no: estoy en el gabinete del primer ministro de +TurquÃa, y el hombre que sonrÃe y nos tiende la mano es el propio Gran +Visir.</p> + +<p>Me siento desconcertado por esta sencillez. El gabinete es una pieza de +paredes blancas y desnudas, sin otro adorno que una fotografÃa del +Sultán. En un extremo, dos pequeñas librerÃas con cristales de colores. +Unos divanes bajos, de sedas obscuras, son los únicos muebles, y junto á +una ventana que encuadra un pedazo de cielo y de jardÃn, acaba de tomar +asiento el poderoso personaje.</p> + +<p>Nada hay en él que recuerde <i>Las mil y una noches</i>. Ni su aspecto ni su +habitación revelan el poder inmenso de que está investido. Parece un +señor europeo que, por exótico capricho, se ha calado el<a name="page_175" id="page_175"></a> fez como gorra +casera. Viste de negro, y por entre las solapas de su levita asoma un +rico chaleco de seda oriental. Al colocar una pierna sobre otra, la boca +del pantalón deja ver en el interior de éste una alta bota á la turca, +unico detalle que desentona en su aspecto europeo.</p> + +<p>Tomamos asiento junto á él y empieza á hablarme en francés, con acento +claro y sonoro, dando á sus palabras una majestad natural, á la que +acompañan los más nobles ademanes.</p> + +<p>Realmente, Ferid-Pachá, Gran Visir de TurquÃa desde hace nueve años, +perÃodo de gobierno que no alcanza ningún polÃtico de Europa, es un +hombre extraordinario. Me siento subyugado por la majestad de sus +maneras de gran señor, por la sonoridad poética de su voz de barÃtono, +por el fuego de su mirada, que quiere hacer amable, y sin embargo, es +imperiosa y firme: la mirada del Visir en los cuentos orientales.</p> + +<p>Es un hombre de gran estatura, fuerte y musculoso, sin dejar de ser +delgado, y con una hermosa barba negra que empieza á blanquear. Tendrá +poco más de cincuenta años, y en sus ojos brilla el fuego entusiasta de +la primera juventud. Sobre su rostro europeo se destaca la nariz, como +un signo de raza, una nariz de turco peleador, encorvada como pico de +combate, con les aletas anchas y palpitantes.</p> + +<p>Ferid-Pachá, con esa benevolencia protectora de los otomanos, me sonrÃe +y muestra interés por<a name="page_176" id="page_176"></a> conocer mis impresiones sobre Constantinopla y si +me es grata la estancia en ella.</p> + +<p>Mientras él habla, yo le contemplo y evoco rápidamente su historia. +Ferid-Pachá es un albanés, un turco que ha nacido cerca de Italia y de +Grecia. Su juventud en la Universidad de Janina fué brillantÃsima. El +futuro gobernante asombró á los profesores griegos con sus profundos +estudios sobre los poetas de la antigüedad. Luego vino á Constantinopla, +entrando en la administración pública, donde escaló con rapidez los +primeros puestos. Fué gobernador de lejanos pueblos de Asia (algo asà +como los antiguos virreyes americanos), hasta que su talento polÃtico +llamó la atención del Sultán, que le hizo su Gran Visir.</p> + +<p>Al mismo tiempo que le escucho, mis ojos vagan por la habitación, +admirando su sencillez. Sobre una librerÃa portátil, vecina al gran +personaje, hay un busto de mármol, el único que adorna el gabinete. Yo +conozco esta cara arrugada, de vieja maliciosa; pero me desorienta su +cráneo pelado. Yo la he visto en muchos sitios, y sin embargo, no puedo +recordar su nombre. ¿Quién es?... ¿Quién es?...</p> + +<p>La hermosa voz de Ferid-Pachá toma una expresión más grave, la temblona +majestad del <i>imán</i> que declama su plegaria, y dice asÃ:</p> + +<p>—De todos los pueblos con los que vive TurquÃa en excelentes relaciones +de amistad, España es uno de los que amamos más sinceramente. Ningún<a name="page_177" id="page_177"></a> +mal hemos recibido de ella; siempre la amistad y el cariño guiaron +nuestras relaciones; sus desgracias las sentimos como nuestras, pues +aunque vivimos alejados, existe algo inexplicable entre los dos pueblos +que los une con sincera amistad.</p> + +<p>Hasta aquà su expresión era de majestuosa cortesÃa; pero de pronto cerró +enérgicamente la mano derecha, y añadió con sincero entusiasmo:</p> + +<p>—¡Ah, España! ¡Qué tenacidad para vivir! ¡Qué fuerza para levantarse +cuando tropieza! Admiro á vuestra nación, más aún por su enérgica +voluntad en tiempos de paz que por su valor en la guerra. Todo un siglo +de calamidades ha pesado sobre su historia: guerras civiles, +revoluciones, pérdidas de territorios, y sin embargo, se ha levantado de +tantas caÃdas, y sigue su camino, y resucita cuando la creen muerta, y +desarrolla sus riquezas naturales. ¡Ah, España, noble pueblo de la firme +voluntad de vivir!...</p> + +<p>Y al hablar de territorios perdidos, de guerras desgraciadas y de la +voluntad de vivir, por encima de toda clase de infortunios, sus ojos +miraron en torno de él con cierta tristeza.</p> + +<p>En el fondo de la habitación seguÃan en fila y de pie los tres +subordinados, como testigos mudos, con las manos cruzadas sobre la +levita y las cabezas inclinadas hacia el suelo.</p> + +<p>El Gran Visir recobra su majestuosa frialdad y empieza á hacerme +preguntas, aprovechando la ocasión para enterarse de un lejano paÃs.<a name="page_178" id="page_178"></a></p> + +<p>—¿Vuestra flota la vais á rehacer ahora?</p> + +<p>—Eso dicen, Alteza.</p> + +<p>—Bien, muy bien. Una gran nación necesita barcos. Pero creo que á los +españoles les ocurre lo que á los turcos. Les gusta más pelear por +tierra que por mar... ¿Quién es ahora el generalÃsimo de vuestro +ejército?</p> + +<p>Yo le digo que en España no hay generalÃsimo, y que el ejército lo +dirige el ministro de la Guerra. Su Alteza frunce el ceño como para +recordar un nombre.</p> + +<p>—Y Weyler, ¿qué hace ahora?</p> + +<p>—Es un general como los otros.</p> + +<p>—MartÃnez Campos murió, ¿no es asÃ?... Aquel era un hombre.</p> + +<p>Y Ferid-Pachá sonrie y vuelve á cerrar el puño con expresión de energÃa.</p> + +<p>Me hace otras preguntas sobre España, y yo, mientras las contesto, sigo +mirando el busto. ¿Pero de quién será?...</p> + +<p>—¿Conocéis á <i>monsieur</i> Moret? Es abogado nuestro. Nos lo ha +recomendado el emperador de Alemania para que intervenga en un asunto de +TurquÃa.</p> + +<p>Y Ferid-Pachá, con una expresión triste, me cuenta en breves palabras el +asunto. Uno de tantos abusos de la rapacidad europea: grandes empresas +de Occidente que vienen á establecerse en TurquÃa con el pretexto de +civilizarla, y luego de enriquecerse engañando la sencillez otomana, +todavÃa se<a name="page_179" id="page_179"></a> fingen perjudicadas y exigen enormes indemnizaciones al +gobierno.</p> + +<p>Su Alteza sigue haciéndome preguntas sobre mi paÃs, y yo continúo +mirando el busto con excitada curiosidad.</p> + +<p>—¿Y vuestro rey?—pregunta sonriendo el Gran Visir.</p> + +<p>No sé qué contestar á esta breve interrogación, y el personaje añade con +dulce sonrisa:</p> + +<p>—¡Qué actividad! ¡Qué exuberancia de vida! ¡Oh, la juventud!... Vuestro +rey nos inspira grandes simpatÃas. Viaja, se entrega á los <i>sport</i>, le +gusta ser soldado, se divierte... Hace bien, hace bien.</p> + +<p>Luego añade con expresión sentenciosa:</p> + +<p>—Los monarcas deben divertirse. Para eso tienen servidores fieles que +se encargan de gobernar por ellos, sufriendo las amarguras del poder.</p> + +<p>Llega el momento de despedirnos con solemnes saludos orientales. Al +pasar junto al busto lo reconozco de pronto y me explico mi torpeza. +Estaba acostumbrado á ver con peluca esta cabeza de mono malicioso.</p> + +<p>Es Voltaire.<a name="page_180" id="page_180"></a></p> + +<h3><a name="XXI" id="XXI"></a>XXI<br /><br /> +El palacio de la Estrella</h3> + +<p>El marqués de Campo Sagrado, nuestro ministro en Constantinopla, es el +más conocido de los representantes diplomáticos. Hasta los turcos +modestos de Stambul conocen su nombre. Nueve años de permanencia en +TurquÃa y un carácter franco y bondadoso de gran señor, que para +inspirar respeto no necesita imitar á ciertos embajadores, altivos é +inabordables como reyes, han dado al marqués una gran popularidad en +Constantinopla.</p> + +<p>Cuando se citan los nombres de los representantes de Europa, el de +Constans, embajador de Francia, y el de Campo Sagrado, son los primeros +que acuden á la memoria de los turcos. Al pasar yo la frontera otomana, +apenas dije á los encargados de los pasaportes que iba recomendado al +embajador de España, todos, funcionarios y viajeros del paÃs, le +designaron por su nombre.</p> + +<p>—¡Su Excelencia el marqués de Campo Sagrado!...<a name="page_181" id="page_181"></a> Un gran señor muy +simpático. Lo conocemos: le vemos muchas veces en su carruaje por la +gran calle de Pera.</p> + +<p>Hasta las damas turcas que parecen vivir aisladas del mundo cristiano y +fingen ignorar la existencia de <i>infieles</i> en Constantinopla, conocen +todas al representante de España, y cuando le ven, sonrÃen amablemente +bajo sus velos.</p> + +<p>Es un excelente embajador para un paÃs como el nuestro, que tiene pocas +relaciones con TurquÃa. Ya que le faltan ocasiones para ejercitar su +acción diplomática, mantiene el prestigio de España á honrosa altura con +su generosidad y su cortesÃa, condiciones que alcanzan profundo respeto +en este pueblo oriental, amigo de imponentes exterioridades.</p> + +<p>Cuando llegué al palacio que tiene España en Buyuk-Deré, en la ribera +del Bósforo, cerca del Mar Negro, vi avanzar á Campo Sagrado, sonriente +y corpulento, con un aire animoso de segunda juventud, tendiéndome su +fuerte diestra de cazador asturiano. Este Nemrod infatigable, luego de +perseguir al oso en sus montañas natales, ha pasado muchos años en las +estepas rusas cazando con el zar y los grandes duques, y ahora acosa á +los venados turcos en compañÃa de los pachás más poderosos. Cuando el +sultán conversa con él, se entera con interés de sus hazañas venatorias.</p> + +<p>—Está usted en su casa—dice el marqués con graciosa amabilidad—. Esta +es la casa de España.<a name="page_182" id="page_182"></a></p> + +<p>Y nos da un almuerzo, en el que figura como plato de circunstancias un +buen arroz á la valenciana.</p> + +<p>El almuerzo es bueno; al final se brinda por la lejana patria... pero +más notable es aún el comedor. Por un lado, las ventanas dejan ver el +parque de la legación, que extiende su arboleda cuesta arriba por la +ribera europea. En el lado opuesto, las arcadas de una logia sirven de +marco al mágico espectáculo del Bósforo y á las verdes montañas de la +vecina costa de Asia. Por la extensión azul pasan caiques con remeros +vestidos de blanco, y sentadas en el fondo de estas ligeras +embarcaciones, damas turcas, que sólo dejan ver encima de la borda su +cabeza encapuchada, teniendo frente á ellas esclavas negras, libres de +velos. El sol del mediodÃa hace temblar las aguas con chisporroteos de +oro. Un viento frÃo, que viene del Mar Negro, aligera la ardorosa +temperatura estival.</p> + +<p>—Verá usted en Constantinopla muchas cosas interesantes—dice el +ministro de España—. Pero créame usted á mÃ, que llevo en esta tierra +algunos años; los dos espectáculos extraordinarios, lo que no puede +verse en ninguna otra parte, son el Bósforo y el Sélamlik.</p> + +<p>El Bósforo ya lo habÃa visto yo, en toda su extensión, al dirigirme á la +legación de España. Me quedaba por ver el Sélamlik, cosa difÃcil para la +gran mayorÃa de los extranjeros, pues se necesita<a name="page_183" id="page_183"></a> para ello la +recomendación de un embajador. Pero Campo Sagrado es incansable cuando +se trata de favorecer á un compatriota, y á pesar de encontrarse un +tanto enfermo, me acompañó en persona á la ceremonia palaciega.</p> + +<p>Todos los viernes, al mediodÃa, el sultán va con gran pompa á hacer su +plegaria á la mezquita Hamidié, vecina á su palacio. Es el único momento +en que se deja ver públicamente.</p> + +<p>Abdul-Hamid podÃa prescindir de esta ceremonia, especialmente desde hace +tres años, en que estuvo próximo á perecer, por la explosión de una +máquina infernal, á la salida de la mezquita. Pero el «Comendador de los +Creyentes» quiere cumplir sus deberes de supremo jefe religioso, y en +treinta y cinco años sólo dos viernes, por causa de enfermedad, ha +dejado de presentarse en el Sélamlik.</p> + +<p>Esta asistencia voluntaria á una fiesta en la que ha sido objeto de +atentados, demuestra que Abdul-Hamid no vive sometido á locos temores ni +le trastorna una manÃa persecutoria, como han hecho creer los armenios +que escriben desde ParÃs.</p> + +<p>El sultán vive más allá de los arrabales de Constantinopla, en Yildiz +Kiosk ó «Palacio de la Estrella», extensión amurallada, como diez ó doce +veces Madrid, en la que hay un lago donde pesca y navega á vapor, +caminos por los que corre en automóvil, bosques plagados de caza y unos +cincuenta palacios, que habita y abandona á su capricho, mudando su +residencia varias veces en una<a name="page_184" id="page_184"></a> misma semana. Con una instalación tan +completa se comprende que el majestuoso señor no sienta ningún deseo de +visitar Constantinopla. Sólo una vez por año entra en la gran ciudad; +pero es por mar, atravesando el Bósforo en dorado caique, para hacer una +visita religiosa al Viejo Serrallo, donde se guardan como milagrosas +reliquias el manto y el estandarte del Profeta.</p> + +<p>Todos sus caprichos y deseos puede cumplirlos sin salir del inmenso +jardÃn que le sirve de palacio. Entre esposas legÃtimas, odaliscas y +parientas, su harem guarda unas trescientas mujeres.</p> + +<p>No por esto hay que suponer al sultán entregado á pecaminosas +diversiones. Hombre de gran actividad para los negocios públicos, quiere +saber todo lo que ocurre en sus vastos dominios, y le falta el tiempo +para tantos estudios, consultas y audiencias. Su harem numerosÃsimo es +puro aparato; necesidad de seguir las tradiciones musulmanas, +Abdul-Hamid repite—según dicen—, con la certidumbre de la experiencia, +que el hombre sólo debe acordarse de tarde en tarde de las mujeres, para +no ser un esclavo.</p> + +<p>Cinco mil personas forman su servidumbre alta y baja. Las cocinas +imperiales dan de almorzar y de comer diariamente á cinco mil bocas, con +la generosidad propia de una vivienda imperial. ImagÃnese el lector los +carros de pan, los rebaños de ovejas y carneros, los cargamentos de +hortalizas, las tinajas de miel y otras vituallas que diariamente<a name="page_185" id="page_185"></a> +entran en las despensas del palacio. à los cinco mil servidores hay que +añadir los regimientos que acampan en el recinto de Yildiz Kiosk, lo que +forma un total de diez mil personas.</p> + +<p>El intendente del palacio es un importante personaje; pero el Gran +Eunuco es superior á él, y exhibe con orgullo su tÃtulo de Alteza. En +realidad, es el más poderoso de los funcionarios de una monarquÃa +absoluta, pues conoce de cerca las debilidades del señor, y esto crea +siempre cierta confianza.</p> + +<p>TenÃa grandes deseos de ver de cerca á este extraño personaje, y amigos +influyentes preparaban nuestra entrevista. Después he desistido. ¿Para +qué? El Gran Eunuco iba á recibirme en su casa, una casa á la europea, +con muebles seguramente traÃdos de Viena, que serán su orgullo. Además, +sólo habla turco. Para ver la colección de blondas artÃsticas que está +formando y que exhibe á los extranjeros, no vale la pena de molestarse y +llamar Alteza á este grotesco y triste personaje.</p> + +<p>No es fácil el acceso al «Palacio de la Estrella». El dÃa del Sélamlik +los embajadores, que son en TurquÃa los personajes más respetados +después del sultán, se quedan fuera del palacio en un elegante y +grandioso pabellón de dos pisos, entre el Yildiz Kiosk y la mezquita +Hamidié. AllÃ, en un palacio anexo, recibe el sultán á los embajadores, +después de la ceremonia religiosa, si es que tiene algo que preguntarles +ó comunicarles.<a name="page_186" id="page_186"></a></p> + +<p>Cuando por algún asunto urgente entran los representantes diplomáticos +en el interior del inmenso jardÃn, siempre los recibe Abdul Hamid en un +palacio ó kiosco distinto.</p> + +<p>Los banquetes en Yildiz Kiosk son algo semejante á las fiestas de <i>Las +mil y una noches</i>. El convidado se ve en un salón con gruesos +candelabros de oro de la altura de dos hombres. Los platos son de oro +trabajado á martillo; los cubiertos, de oro; de oro las botellas y hasta +las argollas de las servilletas.</p> + +<p>Casi siempre estos banquetes son de treinta ó cuarenta cubiertos; pero +hace poco se dió en palacio una comida á la oficialidad de la flota +inglesa (unas doscientas personas) y el servicio fué de oro, tan +completo como siempre, sin que se notase la menor falta por el excesivo +número de convidados. Este palacio de misteriosas riquezas es +inagotable. ComerÃan mil á la mesa del sultán, y es posible que á nadie +le faltase su pila de platos de oro y su áureo cubierto.</p> + +<p>En TurquÃa, la riqueza ostentosa resulta aplastante. El viajero se +marcha hastiado para siempre de las piedras preciosas, enormes hasta la +ridiculez, y tan exageradamente ricas, que se acaba por perderlas todo +respeto.</p> + +<p>Algo semejante ocurre con las condecoraciones. El sultán, al darlas, +regala las insignias en brillantes. Los <i>maîtres</i> que dirigen el +servicio en un banquete del sultán, llevan el pecho cruzado de<a name="page_187" id="page_187"></a> bandas y +constelado de estrellas de diamantes. El Gran Señor condecora también á +las damas turcas, hijas ó parientes de los pachás, y muchas de las +encapuchadas que pasan en carruaje por las calles de Stambul, yendo á +visitas y fiestas, llevan bajo el misterioso dominó bandas multicolores +y estrellas y medias lunas de brillantes.</p> + +<p class="cb">. . . . . +. . . . . +. . . . . +. . . . . +. . . . .</p> + +<p>Trotan los escuadrones de jinetes por las fangosas calles vecinas al +Bósforo, camino de Yildiz Kiosk; pasan en sus carruajes imponentes +pachás, bordados, galoneados y con pesadas charreteras de oro; desfilan +los batallones, precedidos de una música con alegres chinescos; +presentan las armas los cuatro centinelas de cada cuartel á los coches +de los diplomáticos, que llevan en el pescante al <i>cabás</i>, criado que +sirve de insignia á toda la legación, con su uniforme de oficial turco, +completado por el sable corvo y el revólver de funda dorada.</p> + +<p>La Constantinopla oficial y vistosa, el ejército, los pachás, la +diplomacia, los jefes árabes venidos de los lejanos <i>vilayetos</i> +asiáticos, todos marchan en la misma dirección.</p> + +<p>Vamos al Sélamlik.<a name="page_188" id="page_188"></a></p> + +<h3><a name="XXII" id="XXII"></a>XXII<br /><br /> +El Sélamlik</h3> + +<p>Desde el kiosco destinado al cuerpo diplomático, contemplo el más +asombroso de los panoramas que ofrece Constantinopla.</p> + +<p>En el horizonte, el mar de Mármara une su azul intenso con el azul del +cielo, blanqueado por el sol, y extiende la corriente del Bósforo entre +la ribera asiática, cubierta de bosques y palacios, y la ribera europea, +que desaparece como abrumada bajo el caserÃo de Constantinopla. El +oleaje de tejados rojos y negruzcos se pierde de vista, siguiendo las +ondulaciones de las colinas y los ángulos entrantes y salientes de la +costa.</p> + +<p>Los agudos minaretes, con balconcillos circulares, semejan los mástiles +con cofas de blancos navÃos encallados é invisibles en la inmensa masa +de la ciudad. En la azul extensión del mar, se destacan, cual dormidos +insectos, los buques de guerra, negros é inmóviles, con manchas de +vivos<a name="page_189" id="page_189"></a> colores temblando junto á sus colas. Sus banderas de las grandes +potencias que ondean en la popa de los buques <i>estacionarios</i>, ó el +pabellón otomano, rojo, con media luna y estrellas blancas, que se +exhibe en las vergas de varios yates imperiales que el sultán no ha +visto nunca, ó de modernos navÃos que envejecen sin levar sus anclas.</p> + +<p>De la ventana del kiosco diplomático se domina el mar, las colinas y la +ciudad. Desde las hondas orillas del Bósforo remóntanse, formando +distintas mesetas, las barriadas y los jardines, hasta las alturas en +que se halla situado el palacio de la Estrella. Un ancho camino pasa por +debajo de la ventana. Es el que conduce desde la puerta del palacio á la +mezquita Hamidié: un trayecto de unos cuatrocientos metros en suave +pendiente. En este espacio, que ocupa toda la cumbre de la colina de +Orta-Keni, se verifica todos los viernes la ceremonia del Sélamlik.</p> + +<p>Van llegando las tropas. No existe ejército de exterior más impotente +que el turco. Contra todas las precauciones que puede inspirar la +afición de los orientales á lo vistoso y abigarrado, las tropas turcas +ofrecen un aspecto sombrÃo y grave. Sus uniformes obscuros sólo están +animados por los vivos toques del rojo de las bocamangas y del fez. +Visto desde lo alto, este ejército no ofrece ninguna distinción de +categorÃas. El mismo gorro llevan los generales, y aun el mismo Sultán, +que el último soldado. El fez, cobertera uniforme de todos<a name="page_190" id="page_190"></a> los +otomanos, unifica las filas. No hay aquà la diversidad de penachos, +galones y cascos de los ejércitos occidentales, que clasifica á los +guerreros según el aspecto de las cabezas. Hay que mirar de cerca á los +militares turcos para reconocer en los dorados de sus hombreras las +diferencias de categorÃas.</p> + +<p>Desfilan al son de estrepitosas bandas de bárbara marcialidad los +regimientos de lÃnea, vestidos de obscuro azul, llevando al frente á sus +jefes, montados en pequeños caballos turcos, que aun parecen más +diminutos bajo la obesidad de sus jinetes. Los batallones árabes se +distinguen, en esta aglomeración de cabezas rojas, por sus turbantes +verdes, color religioso exaltado por el Profeta. Los albaneses, vestidos +de blanco, á la zuava, forman en la puerta del palacio como tropa de +preferencia, encargada de la guarda del sultán. Llegan los marinos de la +escuadra, con sus oficiales á caballo: unos marinos de altas botas, que +llevan al cinto por toda arma el ancho sable de abordaje. Al pie de la +colina de Orta-Keni, ondean las rojas banderolas de los lanceros. Los +regimientos de caballerÃa tienen bandas de música, y se ve á los +trombones, enroscados al cuerpo de los jinetes, como enormes serpientes +de metal, saltar bruscamente á impulsos de los botes de los caballos, +ocultos tras un pliegue del terreno.</p> + +<p>El aspecto imponente de estas tropas se debe á la edad de los soldados. +El ejército turco es un<a name="page_191" id="page_191"></a> ejército <i>duro</i>. No se ven en sus filas +muchachos barbilampiños y á medio formar, como en los ejércitos de +Europa. El soldado turco es hombre de veinticinco á treinta años, +fuerte, macizo, bigotudo, en todo el esplendor de su desarrollo. Unase á +esto la fe ciega del mahometano, ese fervor religioso que inspira +respeto por su ingenuidad aun á los más escépticos, y se comprenderá lo +que es una masa de siete ú ocho mil soldados otomanos. Después de +verlos, nada puede asombrar de cuanto se diga sobre su resistencia ante +el enemigo y su fiera conformidad ante la muerte. Se lo imagina uno mal +dirigido en los campos de batalla, y dejándose matar, sin retroceder un +paso. Pero volviendo la espalda, no hay quien se lo figure.</p> + +<p>Al detenerse y extender sus filas á lo largo del camino, descansan sus +fusiles en tierra con un golpe seco y uniforme, y quedan inmóviles, con +una inmovilidad que parece de ensueño.</p> + +<p>Nadie dirÃa que al pie de la ventana hay formados algunos miles de +hombres. Ni un susurro, ni una palabra, ni una tos. Hasta los caballos +permanecen inmóviles, sin el más ligero relincho. Parece una inmensa +exhibición de figuras de cera. La brisa mueve las borlas de los gorros, +el oro de las charreteras, las gualdrapas de los caballos; pero esto es +todo lo que se agita y parece tener vida en la enorme aglomeración de +hombres. Los cuerpos no se mueven; los ojos, vagos y como de<a name="page_192" id="page_192"></a> vidrio, +miran sin ver; las bocas, cerradas, no parecen respirar.</p> + +<p>Un silencio absurdo lo envuelve todo; un silencio de pesadilla, un +silencio más profundo que el de la noche, reproduciéndose bajo la luz +del sol.</p> + +<p>En el kiosco, los embajadores y las grandes damas del cuerpo diplomático +hablan con entera libertad; pero, sin embargo, sus voces suenan con +cierta sordina, como cohibidas instintivamente por el silencio exterior. +Campo Sagrado, con su hidalga cortesÃa española, cumplimenta á las +señoras; Constans, el famoso embajador de la República francesa, habla +en correcto español, recordando sus años juveniles de Madrid: todo un +mundo de oficiales extranjeros, puestos de gran uniforme, agregados +diplomáticos, secretarios, dragomanes y elegantes damas, rodea á los +embajadores europeos, que son en Constantinopla algo asà como +semidioses, con más poder que el mismo sultán, pues muchas veces amargan +sus dÃas con enérgicas reclamaciones y turban su sueño.</p> + +<p>Las palabras, las risas y los cuchicheos caen de las ventanas, como +involuntarias irreverencias, sobre la muchedumbre guerrera, silenciosa é +inmóvil. Ni una mirada se eleva; ni un rostro se contrae. No ven, no +oyen; están como muertos bajo la doble mortaja de la disciplina militar +y el fervor religioso. Esperan al <i>Padichá</i>, nombre que dan los turcos á +su emperador. El tÃtulo de <i>Sultán</i> sólo lo emplean los árabes.<a name="page_193" id="page_193"></a></p> + +<p>La conversación y la risa de los europeos tampoco conmueven á los +ayudantes de campo del emperador, cubiertos de oro, y á los empleados +palatinos, de negra <i>stambulina</i>, que permanecen erguidos é inmóviles en +las puertas y ventanas de los salones del kiosco. Imposible moverse sin +tropezar con ellos. Levantáis un cortinaje, y vuestra mano tropieza con +el pecho de un coronel, inmóvil como un adorno del salón, y que no +cambia de lugar ni os mira. Vais á una ventana, é inmediatamente +percibÃs la sensación de que alguien está detrás: un señor de levita y +gorro, con un rosario de ámbar en las manos, que jamás fija sus ojos en +los vuestros, como si ignorase vuestra presencia.</p> + +<p>El sultán recibe á sus huéspedes con la mayor cortesÃa, enviándoles +orientales saludos de amistad. Estáis como en vuestra casa; los esclavos +negros ofrecen cigarrillos; bajo tapices de seda, con flores doradas, +llegan las humeantes tacitas de café y los vasos de oro llenos de +confitura de rosas; pero no podéis dar un paso sin que unos ojos os +sigan; no podéis sentaros sin que alguien se siente cerca de vosotros; +no podéis hablar sin que un señor de uniforme ó de levita venga á +situarse á pocos pasos, volviéndoos la espalda, para mayor disimulo. Al +asomaros á una ventana, debéis arrojar antes el cigarro. Nadie puede +llevar nada en las manos. Las señoras deben abandonar sus sombrillas, +aunque las tueste el sol. Una maquinilla<a name="page_194" id="page_194"></a> fotográfica es un crimen que +se paga con la expulsión. El alto espionaje, que consume con enormes +sueldos una gran parte de la renta pública, vela por la existencia del +<i>Padichá</i> con una meticulosidad ridÃcula.</p> + +<p>Un crujido de arena, bajo la marcha acompasada de muchos pies, turba el +profundo silencio exterior.</p> + +<p>Me asomo á la ventana. Dos filas de pachás descienden la cuesta, camino +de la mezquita, con el sable en una mano enguantada de blanco, y +moviendo la otra al andar con una regularidad de simples soldados. Son +los generales que tienen empleo palatino ó están en los ministerios. +Salen del palacio y van á la mezquita, agrupándose en la puerta de ésta +para recibir al señor. Sobre sus levitas de obscuro azul, adornadas con +grandes charreteras de oro, brillan condecoraciones de un esplendor +fantástico; estrellas de brillantes, soles de rubÃes y esmeraldas, todas +las insignias que puede regalar un monarca oriental de fabulosa +generosidad.</p> + +<p>Estos pachás son la flor del imperio. Los hay viejos, tostados y secos, +con grandes barbas blancas y gafas de oro, antiguos generales que +pelearon con los rusos en las orillas del Danubio y resistieron en +Plewna con la tenacidad inconmovible del musulmán. Otros, jóvenes, +morenos y obesos, son altos oficiales por la voluntad del Gran Señor; +generales por nacimiento, que nunca han<a name="page_195" id="page_195"></a> mandado tropas; almirantes +hereditarios que jamás pisaron el puente de un acorazado.</p> + +<p>El silencio se agranda. En las muchedumbres occidentales, la emoción se +manifiesta con empujones de impaciencia y sordos rugidos. Los turcos, al +llegar el momento esperado, lo anuncian con una inmovilidad mayor, con +un silencio absoluto, absolutÃsimo; con la ausencia de todo signo de +vida.</p> + +<p>En el balconcillo del minarete de la mezquita Hamidié aparece un hermoso +<i>imán</i>, de barba negra y turbante blanco. Visto de lejos, parece un +muñequillo asomado á un balcón de encajes. Extiende, como alas de +murciélago, las grandes mangas negras de su sotana, y un canto plañidero +y dulce, semejante á una <i>saeta</i> andaluza, rasga el denso silencio, +descendiendo hasta nosotros, como si viniera del cielo.</p> + +<p>Empiezan á bajar carrozas por la enarenada cuesta, camino de la +mezquita. Son las sultanas y odaliscas del harem imperial; unas cuantas +nada más, pues de ir todas en el cortejo, durarÃa éste horas enteras.</p> + +<p>Los eunucos negros, con las manos cruzadas sobre el vientre, marchan +formando un cÃrculo en torno de cada coche. En unos van las hermanas é +hijas del <i>Padichá</i>; en otros, sus tÃas; en los que rompen la marcha, +las odaliscas preferidas. Entre los generales y almirantes que, sable en +mano, forman un grupo ante el kiosco, hay hijos y hermanos<a name="page_196" id="page_196"></a> del +emperador. Lo mismo pueden llegar un dÃa al trono, que morir desterrados +en una provincia de Asia, ó amanecer con las venas cortadas y unas +tijeras junto á la cama, para que todos crean en un suicidio.</p> + +<p>Al través de los vidrios de las carrozas se ven blancos velos, ojos +pintados de negro, joyas enormes, mantos bordados de oro con una +suntuosidad oriental... y vestidos parisienses, chillones y de mal +gusto, de esos que los costureros de ParÃs guardan, según ellos dicen, +para las damas turcas y las millonarias de América.</p> + +<p>Un rugido feroz corre al frente de las filas. Los soldados presentan las +armas. Un <i>landeau</i> sencillo, tirado por seis caballos de una belleza +inexplicable, como sólo puede poseerlos el soberano de la Arabia, avanza +lentamente. Delante de él y á los lados marchan, en revuelta confusión, +guardias albaneses con el fusil al hombro y la bayoneta calada; pachás +que se codean y pisotean con los simples soldados; palafreneros de +dalmática bordada, gruesa como coraza de oro; simples dignatarios de +palacio vestidos de negro; jefes árabes, de nÃtido albornoz, venidos del +Yemen para saludar al descendiente del Profeta. Los grupos de generales +y almirantes situados al paso se unen á este grupo que corre en torno +del carruaje, oprimiéndose contra sus ruedas y agrandándose por +momentos.</p> + +<p>Solo en el <i>landeau</i>, con la capota caÃda, se<a name="page_197" id="page_197"></a> muestra el emperador, el +hombre omnipotente, el <i>Padichá</i>, el Sultán, el Comendador de los +Creyentes, rey y pontÃfice á un mismo tiempo de muchos millones de +hombres.</p> + +<p>Al pasar ante el kiosco diplomático, levanta los ojos hacia las ventanas +y saluda levemente, con gravedad musulmana. Es un hermoso tipo +masculino; una figura de guerrero y de creyente. Sin duda va pintado +como las mujeres de su harem. à juzgar por los años que ocupa el trono y +su anterior juventud, debe estar en los setenta, y sin embargo, la +luenga barba es de un negro intenso y el rostro tiene un aspecto de +juventud. Este hombre, que es señor de una parte considerable de Asia y +de una de las primeras capitales de Europa, que posee tesoros como los +de <i>Las mil y una noches</i>, que es rey de Bassora, la de las perlas, y de +Bagdad, la de las fantásticas riquezas, se muestra simplemente vestido +de negro, sin un adorno, sin una alhaja, con algo de clerical y severo +en su indumentaria.</p> + +<p>Lo que se admira al momento en él es la tranquilidad, la resignación +valerosa del musulmán. Este hombre no tiene miedo ni puede tenerlo, á +pesar de cuanto han dicho los periodistas franceses. Es un fatalista. Si +está escrito que le maten, le matarán de todas maneras, por ser asà la +voluntad de Alláh. Y á pesar de que en el Sélamlik intentaron +asesinarle, valiéndose de un vehÃculo cargado de dinamita, va á él todos +los viernes, y pasa<a name="page_198" id="page_198"></a> bajo las ventanas del kiosco diplomático, desde las +cuales se le puede alcanzar fácilmente, y se exhibe más allá, ante una +muchedumbre que aguarda bajo el sol, contenida por las filas de la +tropa.</p> + +<p>Las bandas de música hacen sonar el himno imperial, una especie de +mazurca alegre; los gritos del <i>imán</i> llegan de lo alto durante las +breves pausas del himno; los soldados lanzan por tres veces una +aclamación feroz, un grito de guerra que es un viva.</p> + +<p>El sultán penetra en la mezquita. Fuera, en el gran patio, aguardan las +damas del harem, dentro de sus carrozas, con los caballos +desenganchados, por una precaución tradicional. Todas las tropas vuelven +el frente á la mezquita para no estar, ni aun á gran distancia, de +espaldas al emperador.</p> + +<p>Cuando media hora después, terminada la plegaria del Sélamlik, vuelve el +sultán al palacio, el regreso parece menos ceremonioso y más entusiasta. +El Comendador de los Creyentes, dejando partir las carrozas de las +mujeres, los caballos de respeto que llevan de la brida los dorados +palafreneros, toda la pompa de su corte, avanza en un ligero cochecillo +de dos ruedas, tirado por un tronco de hermosas bestias que él mismo +guÃa, acariciándolas con el látigo. Su hijo favorito, vestido de +almirante, se sienta al lado de él.</p> + +<p>El tumulto de generales, dignatarios y simples soldados de la guardia, +se hace mayor en torno<a name="page_199" id="page_199"></a> del ligero cochecillo. Corren jadeantes los +pachás y los oficiales, pisoteándose y aclamando al emperador. Suenan +otra vez las músicas; pero apenas se oyen, sofocadas por el griterÃo de +muchos miles de hombres.</p> + +<p>Los soldados, silenciosos antes como estatuas, rugen al presentar las +armas y ver de cerca á su emperador: «¡Larga vida al <i>Padichá</i>!»</p> + +<p>No son los frÃos vivas de ordenanza de otros paÃses. Las aclamaciones +del turco vienen de adentro, de lo más hondo.</p> + +<p>En este paÃs es inútil soñar con reformas y revoluciones.</p> + +<p>TurquÃa podrá desaparecer; pero cambiar... ¡nunca! Sólo puede ser como +es, y asà vivirá ó morirá.</p> + +<p>El buen musulmán jamás discute á su soberano. El <i>Padichá</i> es algo más +que un rey de la tierra: es representante de los poderes del cielo. +Cuanto él hace, bueno ó malo, lo hace Dios, y el turco es el más +religioso y resignado de los hombres.</p> + +<p>Aun en sus mayores desgracias, al verse en la miseria ó ante el cadáver +de un ser amado, nunca tiene una lágrima ni una palabra de protesta. Le +basta, para consolarse, suspirar melancólicamente:—¡Alláh lo ha +querido!<a name="page_200" id="page_200"></a></p> + +<h3><a name="XXIII" id="XXIII"></a>XXIII<br /><br /> +Los perros</h3> + +<p>Antes de conocer Constantinopla, cuando yo evocaba en la imaginación la +gran ciudad oriental, reconstruyéndola con arreglo á ciertas lecturas, +lo primero que veÃa eran los perros, los famosos perros de la metrópoli +turca.</p> + +<p>Muchas cosas que amaba por los libros, no las he encontrado al llegar +aquÃ. Unas han desaparecido bajo las huellas del tiempo; otras eran +mentiras poéticas, que jamás tuvieron realidad. Pero los perros, los +célebres perros, aquà están, como en otros siglos, llenando las calles, +obstruyendo las aceras, dificultando el paso de los vehÃculos, sin casa, +sin amo, sin otro medio de subsistencia que el respeto tradicional y la +ternura que siente el turco por todos los animales.</p> + +<p>¿Quién no ha oÃdo hablar de los perros de Constantinopla? Hasta hace +pocos años eran la única policÃa urbana de la gran ciudad; el cuerpo de +limpieza pública, encargado de que las calles<a name="page_201" id="page_201"></a> no quedasen totalmente +obstruÃdas por carroñas de animales y montones de estiércol. Ahora, la +influencia europea ha logrado que la triple ciudad de Constantinopla, ó +sea Stambul, Pera y Scutari, tengan tres municipios, compuestos +exclusivamente de ciudadanos turcos, que velan á su modo por la limpieza +de las calles. Hay barrenderos indolentes y carretillas de riego para +las principales vÃas; mas no por esto los perros han perdido sus +antiguos privilegios. Al anochecer, de todas las casas arrojan á la vÃa +pública el estiércol y los desperdicios; acuden los perros; la noche +entera pasa entre ladridos, mordiscos y estrépito de lucha en torno del +festÃn, y á la mañana siguiente, los barrenderos «quitan la mesa», +llevándose lo que no han podido devorar estos pupilos de Constantinopla.</p> + +<p>Venecia tiene sus palomas, que han vivido y procreado durante siglos á +expensas de la República, como una institución nacional.</p> + +<p>Constantinopla tiene sus perros, respetados por el turco con cierta +superstición, como si su suerte fuese unida á los destinos del pueblo +otomano en el suelo de Europa.</p> + +<p>Vinieron, según la tradición, desde el fondo del Asia, siguiendo al +ejército turco. Cuando éste tomó á Constantinopla, los perros se +aposentaron en las calles y en las ruinas, considerando á la enorme +ciudad como conquista propia. Eran perros vagabundos y guerreros, +acostumbrados á<a name="page_202" id="page_202"></a> toda clase de privaciones; perros de soldado, sin dueño +fijo, acariciados y mantenidos por todo un ejército; animales de +campamento hechos á la vida común, á buscarse el sustento por sà mismos. +Dentro de Constantinopla continuaron su vida de vivac. Su parte de +gloria en la gran hazaña turca, su muda colaboración en la marcha de +siglos, desde el centro de Asia á las bóvedas de Santa SofÃa, la cobran +estos animales con el respeto de todo un pueblo, con una consideración +popular que parece elevarlos casi al nivel del hombre.</p> + +<p>Yo me los imaginaba feos, hirsutos, flacos, amenazantes, con colmillos +babosos de rabia y ojos amarillentos de fiebre: una especie de leopardos +urbanos, que hacÃan peligroso el tránsito por las calles de +Constantinopla. Me sorprendà al verlos por primera vez, gordos, +lustrosos, de una belleza ruda y silvestre, con hocico y gestos de lobo, +pero de buen lobo, cortés y juguetón, con un pelo de color de miel, +lavado por las lluvias. Son de regular alzada; muestran unos colmillos +de espeluznante blancura; casi os derriban cuando se alzan sobre las +patas traseras para acariciaros, y sin embargo, á nadie inspiran miedo. +Peléanse entre ellos con encarnizamiento de fieras: todos llevan en su +cuerpo señales de mordiscos; un combate de dos perros es algo horrible +que pone en conmoción á toda una calle, y á pesar de esto, basta que un +niño les amenace con un palo, para que se retiren, basta que un turco +les largue una patada, para que huyan<a name="page_203" id="page_203"></a> sin revolverse, pasando del +rugido feroz al lamento lacrimoso. Saben que su subsistencia depende del +hombre, y lo respetan como á un dios que dispone de sus vidas. Rara vez +atacan á las personas; nunca se ha conocido la enfermedad de la rabia en +estos vagabundos, y cuando muerden, muy de tarde en tarde, á los +transeuntes, casi siempre son mujeres las vÃctimas de sus ataques.</p> + +<p>¿Cuántos perros vagabundos existen en las calles de Constantinopla? +Nadie lo sabe. Los más parcos en sus cálculos dicen que 80.000. Otros +los hacen ascender á centenares de miles. Un comerciante francés ofreció +al gobierno otomano una enorme cantidad para exterminar los perros y +aprovechar sus pieles. Un buen negocio industrial, según parece. El +vecindario turco se indignó. ¡Matar sus perros! ¡Exterminar á los fieles +camaradas de los conquistadores de Constantinopla!...</p> + +<p>Los extranjeros van por las calles con grandes pedazos de pan, para +obsequiar á estos pupilos de TurquÃa. Asà como en la plaza de San Marcos +las damas viajeras tienden sus manos llenas de trigo á los palomos +venecianos, desapareciendo envueltas en una nube de plumas palpitantes y +picos acariciadores, aquà se las ve, hundidas hasta las rodillas, entre +pelos rojizos, hocicos babeantes y rabos inquietos, partiendo un +mendrugo con los enguantados dedos y arrojando pellizcos de pan á las +fauces glotonamente abiertas.</p> + +<p>Causa admiración el orden de esta república<a name="page_204" id="page_204"></a> perruna, falta de +gobernantes y de leyes escritas, pero sometida, por el instinto de +vivir, á una disciplina social. Muchas veces, al abandonar yo el comedor +del hotel, recolecto en todas las mesas los pedazos de pan olvidados, +tarea en la que se me adelantan con frecuencia otros viajeros. Salgo á +la calle y me rodea un grupo de perros estacionados frente á la casa; la +familia ó tribu á la que corresponde por derecho tradicional este trozo +de vÃa. Ni ladridos ni empujones de impaciencia. El jefe de grupo, el +patriarca, el guerrero, alcanza en el aire el primer pedazo, y va á +situarse lejos de los suyos, vigilando la calle para evitar que ningún +intruso se ingiera en el banquete. Mientras tanto, la familia va +cogiendo al vuelo los otros pedazos, siguiendo un turno riguroso, sin +que á nadie se le ocurra adelantarse á otro y arrebatarle su parte. De +vez en cuando se aproximan otros perros, azuzados por el hambre, +queriendo introducirse en el grupo, y una ruidosa batalla pone en +conmoción á la calle entera.</p> + +<p>El guerrero, erguido sobre las patas traseras, hace frente á los +invasores, y pelea él solo, mientras la tribu come. Aullidos, mordiscos, +lucha á brazo partido; pues los perros de Constantinopla combaten +poniéndose de pie y agarrándose como hombres, al mismo tiempo que +dirigen á la cara del enemigo las acometidas de sus colmillos. Cuando el +peleador sale ensangrentado del encuentro, se tiende en el arroyo, y +toda la familia<a name="page_205" id="page_205"></a> le rodea, con aulladora gratitud, lamiendo horas y +horas sus heridas.</p> + +<p>Marcháis por una callejuela seguido de varios perros que os husmean las +manos y se empinan hasta vuestros bolsillos, con la esperanza del pan. +De pronto, os veis solo. Los perros quedan atrás, y no os seguirán por +más que intentéis atraerlos con silbidos y exclamaciones cariñosas. +Están en los lÃmites de «su jurisdicción»: han llegado al término del +trozo de calle que les pertenece, y no pasarán de allÃ. Otros perros os +salen al encuentro, os acarician, os siguen, hasta llegar al término de +su territorio, y allà os dejan rodeados por una nueva tropa canesca. +AsÃ, de escolta en escolta, podéis correr por la noche toda +Constantinopla. Cuando estalla una tempestad de ladridos, es que un +grupo ha osado introducirse en terreno enemigo. Cuando una riña feroz +conmueve el barrio, es que un perro vagabundo, sin familia y sin +domicilio, es atacado por los burgueses de la raza, gente de bien, amiga +del orden, que no puede tolerar tales faltas de disciplina social. El +bohemio canino que vaga por Constantinopla, acaba inevitablemente sus +dÃas asesinado y devorado por las familias honradas de su especie.</p> + +<p>Según es la calle, asà es el aspecto de los perros acampados en ella. En +las vÃas modernas más elegantes de Pera y Galata, donde están las +grandes tiendas de bisuterÃa, ropas, muebles y libros, los perros +ofrecen un aspecto lamentable; flacos, piojosos<a name="page_206" id="page_206"></a> y lanudos, mirando +melancólicamente á las enormes lunas de los escaparates, tras los cuales +se exhiben cosas hermosÃsimas, pero que no sirven para comer. En las +callejuelas turcas, llenas de inmundicias y de pequeños puestos de +comestibles alineados en el arroyo, el perro es alegre, juguetón y de +sano aspecto.</p> + +<p>Dice un antiguo refrán turco: «Si mirando se aprendiese un oficio, todos +los perros serÃan carniceros.»</p> + +<p>No hay carnicerÃa de Constantinopla que no tenga ante la puerta unos +veinte ó treinta perros, todos en fila, sentados sobre el cuarto +trasero, silenciosos, con una gravedad de gentes bien educadas, fijos +sus ojos en el dueño, con expresión de súplica, y abriendo la roja +garganta á impulsos de insinuantes bostezos. Aguardan lo que caiga, y lo +que cae las más de las veces es una mano de latigazos, pues el carnicero +turco acaba por enojarse con esta tertulia muda que obstruye la puerta +de la tienda y hace tropezar á los parroquianos.</p> + +<p>En medio de las bandas de perros que corretean por las calles á la caÃda +de la tarde y duermen enroscados en las aceras á la hora del sol, se ven +animales grotescos y repugnantes, tristes caricaturas de su especie. +Unos llevan los ojos saltados; otros el lomo partido por sanguinolentas +dentelladas ó el hocico medio devorado y con un morro pendiente. Son +recuerdos de sus batallas con los compañeros de raza. Otros caminan á +saltos,<a name="page_207" id="page_207"></a> con una pata rota vuelta hacia arriba, ó arrastran por el suelo +su inmóvil parte trasera, como si fuesen extraños lagartos. Las ruedas +de un vehÃculo les han dejado asÃ, á pesar del respetuoso cuidado con +que los turcos tratan á los animales. El cochero de Constantinopla antes +prefiere volcar que aplastar á los perros. Los carruajes se detienen á +cada instante ó dan bruscos rodeos para salvar sus vidas. Pero estos +animales, habituados á un respeto tradicional, abusan de él, durmiendo +tranquilamente en mitad de las calles de más tránsito.</p> + +<p>Cuando una perra lanza su prole en plena vÃa pública, el buen turco saca +un cajón, un tonel, un gran cesto lleno de paja, y lo coloca en mitad de +la acera para que sirva de cuna á los reciennacidos. La gente tiene que +dar un rodeo y bajarse de la acera desafiando el peligro de los coches; +la circulación se dificulta é interrumpe, pero nadie protesta ni mueve +el obstáculo. Sálvense los animales, aunque perezcan las personas.</p> + +<p>Las primeras noches de estancia en Constantinopla son horribles. Los +viajeros buscan en los hoteles las habitaciones interiores, lejos de la +calle. Ladridos toda la noche; batallas en torno de los montones de +estiércol; concierto de aullidos cada vez que pasa un trapero con un +farol, ó cuando un transeunte les parece sospechoso. Las noches de luna, +Constantinopla se estremece con ruidosas y feroces contorsiones. Hasta +las piedras parecen<a name="page_208" id="page_208"></a> ladrar al astro de la noche. Al fin, el viajero +adquiere oÃdos turcos, y se duerme arrullado por esta tempestad de +ladridos, como podrÃa dormir bajo el susurro de las olas ó la brisa +perfumada de un jardÃn lleno de ruiseñores.</p> + +<p>¡Las obscuras tragedias que se desarrollan en esta sociedad animal, +regida por el misterioso idioma de la mirada y el ladrido! ¡Las leyes +crueles é inexorables de esta república de los perros!...</p> + +<p>Una tarde fuà al santo barrio de Eyoub en un vaporcito, siguiendo el +Cuerno de Oro en toda su extensión. Un perro flaco, triste, de mirada +dulce, pasaba y repasaba durante el viaje, entre las piernas de los +viajeros. Al abordar al pontón de Eyoub, intentó deslizarse, oculto +entre el gentÃo, pero un estrépido horripilante estalló de pronto, +asustando á las buenas turcas encapuchadas que salÃan del vapor. Más de +una docena de perros se arrojaron sobre el recién llegado como bestias +feroces, mordiendo de veras, «tirándose á matar», buscando su cabeza con +los agudos colmillos. El pobre can, como si esto no le sorprendiese, +como si fuera algo esperado, corrió á refugiarse en el barco que volvÃa +á Constantinopla.</p> + +<p>Pasé la tarde en Eyoub. Al anochecer esperé en el pontón la llegada del +barco que iba á hacer su último viaje á la ciudad. Llegó el vapor, y +entre la avalancha de viajeros intentó pasar el mismo perro. Pero otra +vez salieron á su encuentro los enemigos, con terrible acometida de +aullidos y<a name="page_209" id="page_209"></a> mordiscos, y tuvo que refugiarse de nuevo en la cubierta.</p> + +<p>¡El triste regreso hacia Constantinopla! En vano di pan al mÃsero +animal. ComÃa con avidez de hambriento, pero sus ojos iban hacia Eyoub, +que se perdÃa en el fondo del Cuerno de Oro, con sus cristales +inflamados por la agonÃa del sol; hacia Eyoub, al que le atraÃa el +instinto, y en el que no podÃa desembarcar. Cuando llegamos, ya de +noche, al Gran Puente, el pobre perro se alejó á la luz de las +estrellas, para refugiarse entre dos tablones y esperar el primer vapor +de la mañana, emprendiendo de nuevo su viaje. Y al dÃa siguiente +comenzarÃa su triste peregrinación, sin otro resultado que mordiscos y +una fuga vergonzosa; y al otro y al otro lo mismo; y aun estoy seguro de +encontrarle si emprendo el viaje; y asà vivirá hasta que muera ó le +maten; empujado hacia la santa barriada de Eyoub por un buen recuerdo +del pasado, y detenido siempre por la ferocidad implacable de unos +enemigos que ladran y muerden, tal vez á impulsos de una antipatÃa de +raza, de una venganza de familia ó de un obscuro drama de animalidad +inferior... ¡Quién sabe!<a name="page_210" id="page_210"></a></p> + +<h3><a name="XXIV" id="XXIV"></a>XXIV<br /><br /> +Los Derviches Danzantes</h3> + +<p>El muro oriental de la mezquita de Bakarié, en las afueras de Eyoub, +está rasgado por grandes ventanales con celosÃas encristaladas, y á +través de ellas, mientras llega la hora de los oficios, veo cabrillear, +bajo la lluvia de oro del sol del mediodÃa, las aguas azules, densas y +como muertas del Cuerno de Oro, allà donde éste se confunde con las +llamadas Aguas Dulces de Europa.</p> + +<p>De vez en cuando, como una visión cinematográfica, pasa por la extensión +azul que tiembla más allá de los ventanales una lancha de vela con un +cargamento de mujeres, ó un caique blanco y dorado, con damas envueltas +en obscuro dominó, llevando como escolta de honor, junto á los remeros +sudorosos, una esclava negra.</p> + +<p>Adivino que desembarcan en el muelle de la mezquita, invisible para mÃ. +Después pasan otra vez estas mujeres misteriosas, ante los ventanales,<a name="page_211" id="page_211"></a> +pero á pie, siguiendo lo largo del muro, como actrices que cruzan el +fondo de una escena dejándose ver sólo por los huecos de la decoración.</p> + +<p>à cada entrada de éstas crece el zumbido de conversaciones y risas que +se escapa de todo un lado del piso superior de la mezquita, galerÃa +cerrada con espeso enrejado, tras el cual asisten á la fiesta las +mujeres turcas.</p> + +<p>Yo estoy en lo que pudiera llamarse el coro de la mezquita; una tribuna +de madera, sobre la puerta de entrada, frente á los ventanales que dan á +la rÃa azul, y al lado de la galerÃa enrejada, tras cuyas celosÃas se +adivinan vagamente los mismos bultos blancos y negros, é iguales +movimientos de curiosidad misteriosa que en una iglesia de monjas.</p> + +<p>Es miércoles y la respetable cofradÃa de los Derviches Danzantes va á +celebrar la fiesta en Bakarié, que es su templo más importante en +Constantinopla. Los viernes dan otra <i>representación</i> en pleno barrio de +Pera, en una mezquita perdida entre edificios europeos, rodeada de cafés +y tiendas modernas, interrumpida muchas veces la solemnidad del rito por +el pitar de los tranvÃas y los gritos de los vendedores de periódicos. +Es una fiesta para los extranjeros de paso; algo semejante á las +diversiones pintorescas que organiza la Agencia Cook para que los +viajeros se enteren de las costumbres tradicionales de un paÃs, á tanto +por ejecutante.<a name="page_212" id="page_212"></a></p> + +<p>En Bakarié la fiesta religiosa no tiene otro público que los devotos, y +asiste á ella el Cheik, sacerdote jefe de los Derviches Danzantes. +Bakarié sólo atrae á las gentes del paÃs. Es una mezquita perdida entre +risueños cementerios y jardines abandonados en las afueras de Eyoub, +barrio extremo de Constantinopla, donde no vive ningún europeo, donde +subsiste la santa mezquita cerrada é inabordable á todo infiel durante +siglos, donde es molesto á ciertas horas transitar por las tortuosas +callejuelas, pues las viejas fanáticas, encapuchadas de negro, escupen +con entusiasmo religioso á los pies del cristiano y le siguen con un +barboteo senil de palabras incomprensibles, en las que sólo se adivina +la palabra <i>perro</i> seguida de misteriosas maldiciones.</p> + +<p>En el coro de la mezquita de Bakarié no hay otro europeo que yo. Me +siento como avergonzado por las cien miradas de curiosidad desdeñosa que +adivino tras las espesas celosÃas y por el gesto impasible de los +músicos sentados junto á mÃ, que parecen no haberse enterado de mi +presencia. Ocupo una silla mugrienta, algo coja y con el asiento de paja +próximo á desfondarse, único mueble europeo que el sacristán, tras larga +rebusca, ha podido encontrar en la mezquita. Los músicos se sientan en +el suelo, con las piernas cruzadas sobre esteras de fresca y amarilla +limpieza, y todos ellos visten el traje de los derviches danzantes; +largas túnicas de pesado paño rojo,<a name="page_213" id="page_213"></a> verde, blanco ó azul, y sobre ellas +un manto negro. Sus caras barbudas, bronceadas, feroces, de cejas +hirsutas y ojos con manchas de color de tabaco, parecen empequeñecerse, +abrumadas bajo la enormidad del respetable gorro que sirve de distintivo +á la cofradÃa: un cono truncado de fieltro gris, sin alas y sin otro +saliente que un ligero reborde circular. Algo asà como una maceta de +flores, de barro cocido, puesta boca abajo. Unos tienen en sus manos la +flauta turca y soplan en ella ligeramente, haciendo sordas escalas para +convencerse de la bondad del instrumento; otros colocan junto á ellos +los <i>darboukas</i>, pequeños timbales que sirven de acompañamiento. Los +cantores abarcan entre sus rodillas unos catrecillos de madera que +sustentan el libro abierto, de amarillento papel, con caracteres negros +y rojos.</p> + +<p>Miro al fondo de la mezquita. Las columnas de madera que sostienen las +galerÃas superiores están unidas por una barandilla blanca y roja. Entre +esta barandilla y los muros se hallan las tumbas de los derviches de la +cofradÃa que murieron en olor de santidad, catafalcos de paño verde, +apolillado por el polvo de los siglos, y con enormes turbantes que +usaron en vida los varones bienaventurados. Entre las tumbas, sobre +frescas esteras de junco, se sientan en cuclillas ó se arrodillan +descansando el cuerpo en los talones todos los fieles que acuden á la +fiesta; gruesos tenderos de Eyoub, burgueses venidos en barca desde +Constantinopla,<a name="page_214" id="page_214"></a> jardineros de las cercanÃas, marinos de los acorazados +turcos eternamente inmóviles en el Cuerno de Oro, todos con los zapatos +en la mano y el fez erguido sobre la frente.</p> + +<p>Las barandillas de las cuatro columnatas cierran el centro de la +mezquita, formando á modo de un gran salón de baile con el pavimento de +madera, limpio, encerado y brillante. Allà están aguardando su hora los +sagrados ejecutantes de la fiesta, los derviches acurrucados en el +suelo, formando tres filas, frente al Cheik, que ocupa él solo la parte +de Oriente, sentado en una piel de cordero. Envueltos en sus mantos +negros, que forman en torno de ellos amplio embudo, é inclinando á +impulsos de la meditación el alto gorro que cubre su cabeza, parecen +extraños insectos que se repliegan para saltar de pronto sobre una presa +invisible.</p> + +<p>Un cantor se ha puesto de pie y avanza con el libro abierto hasta la +barandilla del coro. Su manto, al entreabrirse, deja descubierta una +gruesa túnica anaranjada, de pliegues rÃgidos: una prenda venerable, con +la respetabilidad de varias generaciones sacerdotales, y que parece +tejida al mismo tiempo de lana y de plegarias. Es un joven barbilampiño +y rubio. Su pescuezo blanco se hincha y colorea de sangre con los +esfuerzos de la voz de falsete. Una ruda protuberancia del cuello, la +nuez de la garganta, se agita convulsa, sube y baja, marcando las +modulaciones de la voz.<a name="page_215" id="page_215"></a></p> + +<p>La plegaria tiene el ritmo de un canto oriental, monótona, soñolienta, +de misteriosa lentitud, retardándose cada palabra con reflexivas pausas, +prolongándose con repeticiones é interminables gorjeos, como ciertas +canciones de AndalucÃa.</p> + +<p>Los derviches, abajo, con la frente en una mano y el codo en la rodilla, +parecen soñar replegándose cada vez más dentro de sus embudos negros, +empequeñeciéndose con el reconcentramiento de la meditación.</p> + +<p>¿Qué dice la plegaria?... Nada. Interminables alabanzas á Alláh +invisible, señor del universo, misterioso justiciero sin forma material +ni otra imagen que los dorados caracteres árabes de elegantes rabos que +lucen en la mezquita sobre el fondo verde de redondos escudos; nombres +de sultanes que, agrupados en lista cronológica, son como la historia +del pueblo turco. Y sin embargo, esta oración, cuyas palabras carecen de +mérito literario y sólo tiene el encanto de la música adormecedora, +causa en el auditorio un efecto de recogimiento sincero que rara vez se +encuentra en los ritos occidentales. La voz del cantor parece hipnotizar +á los oyentes. Los fieles, con la mirada perdida y el cuerpo rÃgido, +empiezan á moverse sobre su cintura, siguiendo con un vaivén cada vez +más enérgico las palabras del derviche. Los rostros se colorean como si +reflejasen las llamas de una combustión interior. Las narices se dilatan +y en los ojos brilla como chispa perdida un punto<a name="page_216" id="page_216"></a> de luz azulada y +misteriosa. De vez en cuando un rudo suspiro se escapa de estos pechos +contraÃdos por la emoción religiosa. El europeo, solo y aislado en esta +mezquita lejana, entre la vehemencia silenciosa de unas ceremonias que +parecen resucitar siglos lejanos, bárbaros y belicosos, se siente +invadido por la inquietud.</p> + +<p>Calla el cantor, cierra el libro, se retira remontando sobre sus hombros +anaranjados el negro aleteo de su capa, y una música tenue y dulce, un +suspiro pastoril se extiende en el silencio profundo de la mezquita, +donde los hombres parecen cuerpos sin alma.</p> + +<p>Es una flauta. La media hora de meditación que precede á la danza +sagrada la llena el gorjeo de este instrumento bucólico. El músico, +inmóvil entre sus compañeros en cuclillas, que parecen maniquÃes, hincha +sus carrillos, enrojece, suda con el continuo esfuerzo, pero al mismo +tiempo sus ojos mates, perdidos en éxtasis, delatan el fiero orgullo de +tener pendiente de su soplo el fervor de los fieles y de los santos +hermanos de cofradÃa.</p> + +<p>El tierno vagido del instrumento parece enardecer á los orientales, +creyentes de una religión, en la cual la ausencia de estatuas y pinturas +litúrgicas obliga al devoto á un continuo esfuerzo imaginativo para +representarse los poderes ultraterrenos. Los fieles de la mezquita de +Bakarié sueñan en pleno mediodÃa, bajo la luz de las ventanas<a name="page_217" id="page_217"></a> llenas de +azul y de sol, mecidos suavemente por los lentos trinos de la flauta.</p> + +<p>¿Qué ven en sus ensueños? Huéspedes nada más del continente civilizado, +europeos de paso, obligados á soportar una vida moderna extraña á sus +costumbres y su tradición, su pensamiento va al más viejo de los mundos, +á la venerable y misteriosa Asia, cuyas montañas casi pueden +contemplarse desde los ventanales de la mezquita. El pastoril +instrumento les hace ver los amarillentos rebaños escalando lentamente +las colinas tostadas de la Siria y ramoneando sus hierbas olorosas; el +fresco pozo del desierto al que llega el rudo jinete, mezcla de pastor y +de pirata de la llanura, saludando á la doncella envuelta en velos que +extrae el cubo con sus brazos redondos, en los que tintinean anillos de +bronce; los arenales del Yemen, obscuros á la caÃda de la tarde, por +cuyo horizonte pasan las filas de camellos, como cabeceantes y gibosos +monstruos, sobre el cielo inflamado de rojo; los grupos de palmeras que +ondean sus penachos de verdes plumas en los oasis que marcan el camino +solitario hacia la Santa Meca; las tumbas venerables de Medina, +cubiertas de polvo secular y ostentando entre andrajos de oro las +pesadas cimitarras de los guerreros de Dios: las plácidas callejuelas de +Damasco, de húmeda sombra y cerrados jardines; las rojizas y pedregosas +colinas de Jerusalén, sobre las cuales parece haber pasado el soplo de +hoguera del Gran Implacable;<a name="page_218" id="page_218"></a> Bagdad, con sus mezquitas de cúpulas +partidas y sus bazares como pueblos, adonde acuden las caravanas +portadoras de fantásticas riquezas; Bassora, cuyos marineros desnudos +pescan la perla: toda la gloria y todo el esplendor, latentes aún, de la +raza semita, despreciada ó perseguida por los hombres modernos, y que +sin embargo, un dÃa, siguiendo las palabras de paz de Jesuhá, el hijo +del carpintero, se hizo dueña de medio mundo y siglos después, +repitiendo los gritos de Mohamed, el hijo del camellero, se enseñoreó +del otro medio.</p> + +<p>Un nuevo espectador de la fiesta se sienta junto á mÃ. Es un oficial de +la escuadra turca, un joven teniente de navÃo, con su uniforme inglés +modificado únicamente por el gorro rojo que cubre su cabeza. Los galones +de oro de la bocamanga, rematados por un óvalo, brillan sobre el paño +azul obscuro de la levita. Entre el alto cuello de inmaculada blancura, +que refleja los objetos inmediatos como un espejo, y la nÃtida pechera +de su camisa, resalta la corbata anudada de seda negra, con una gruesa +perla. Lleva en la mano sus zapatos de charol y sus pies huellan la +alfombrilla de junco con sus calcetines de seda. Al pasar, parece +sonreirme con los ojos, como á una persona que no se conoce, pero que se +ha visto con frecuencia. Todas las noches le encuentro en el barrio +europeo de Pera, en el teatro de Petits-Champs, donde actúa una compañÃa +de opereta<a name="page_219" id="page_219"></a> francesa. Unas veces lleva su uniforme, otras viste de +<i>smoking</i>, y mientras se atusa los empinados bigotes á lo kaiser, mira +amorosamente, á través de sus lentes de oro, á las <i>cocottes</i> de +diversas nacionalidades que pululan en Constantinopla, y habla con ellas +en diversos idiomas. Se adivina que ha vivido en ParÃs y en Londres, que +es un marino de largos viajes... en tierra, un secretario de comisiones +internacionales, un agregado militar de embajadas. ¿Qué extraña +curiosidad le guiaba á la mezquita de Bakarié?...</p> + +<p>Se sentó en el suelo, cruzando sus piernas, oprimiéndolas con las manos +para aproximarlas más al tronco. Escuchó inmóvil la plegaria del cantor, +y poco á poco su cuerpo empezó á moverse con un balanceo creciente, lo +mismo que los otros fieles. Luego el susurro de la flauta le sumió, como +á los demás, en profunda meditación.</p> + +<p>Cuando volvà á mirarle, sus lentes habÃan caÃdo sobre el pecho. Un +arrebol de sangre coloraba su rostro, antes pálido. Su pelo, lustroso y +plano á los dos lados de la raya central, parecÃa alborotado por un +espeluznamiento de cólera. Su ancha nariz turca, nariz de caballo leal y +arrogante, ensanchábase palpitante como si oliese pólvora. Sus ojos +miopes, al encontrarse con los mÃos, reflejaron una extrañeza hostil y +salvaje. El azul uniforme, con sus insignias europeas, parecÃa despegado +de su cuerpo.</p> + +<p>Aquel marino era la personificación de la TurquÃa<a name="page_220" id="page_220"></a> europea que se +apropia los inventos modernos, copia la organización alemana, habla +todos los idiomas de los pueblos civilizados, y adopta las modas de +ParÃs... pero guardando bajo este exterior su alma asiática.</p> + +<p>Me imaginé al amigo de las <i>cocottes</i> de Petits-Champs, al marino casi +inglés, al elegante agregado de embajada, al que yo creÃa un escéptico y +alegre vividor, escuchando á un <i>imán</i> que proclamase la guerra santa; y +vi al asiático despojándose de golpe de su complicado disfraz de europeo +y agitando en una punta del sable una cabeza cortada, lo mismo que los +grandes capitanes de Mohamed blandÃan sus cimitarras tintas en sangre +para demostrar la unidad de Dios.</p> + +<p class="c">*<br />* *</p> + +<p>En el coro de la mezquita de Bakarié, el flautista sagrado sigue +improvisando trinos ó lanza agudas y gimientes notas, mientras abajo, +acurrucados sobre el lustroso pavimento, meditan los derviches +danzantes.</p> + +<p>De pronto suena un golpe sobre la madera. Es el Cheik, que ha salido de +su inmovilidad dejando caer las dos manos sobre el suelo, como si fuese +á desplomarse. Un sonoro redoble contesta á este movimiento. Todos los +derviches dejan caer igualmente sus manos á un mismo tiempo, quedando á +gatas, con el enorme gorro junto al suelo.<a name="page_221" id="page_221"></a></p> + +<p>Al gemido de la flauta se unen los <i>darboukas</i>, que baten una marcha +lenta, cortada por endiablados repiqueteos, y al compás de esta marcha, +los derviches se yerguen y emprenden un lento paseo á lo largo de las +barandillas. Al erguirse han dejado caer los mantos obscuros, y quedan +al descubierto sus trajes de ceremonia, cada uno de uniforme color, pero +abarcando en su variado conjunto todas las tintas del iris.</p> + +<p>¡Extraña vestimenta que harÃa reir en otro lugar, y á la que da cierto +respeto el gesto solemne de las barbudas cabezas, iluminadas por el +fuego hostil de unos ojos de fanático!... De cintura arriba son hombres, +con chaquetilla á la turca, alto chaleco y faja rayada. De cintura abajo +son mujeres, arrastrando una falda amplÃsima de rÃgidos pliegues, que +roza el entarimado con crujidos de pesadez.</p> + +<p>Avanzan descalzos, contoneándose ligeramente al compás de la marcha, con +los brazos cruzados sobre el pecho y las manos extendidas junto á los +hombros. El Cheik camina al frente de la hilera, marcando las ceremonias +del lento paseo. Al llegar junto al Mirab, gira sobre sus talones y +saluda profundamente al derviche que le sigue, con tan profunda +inclinación, que las dos caperuzas de fieltro se tocan. Los demás +repiten el mismo saludo. Al pasar ante la barandilla, tras la cual están +las tumbas de los santos varones de la orden, se reproduce igual +ceremonia.<a name="page_222" id="page_222"></a></p> + +<p>Tres veces da vuelta á la sala la procesión de los derviches, y este +desfile dura mucho tiempo, con la rÃgida lentitud que es para los +orientales el signo más imponente de la majestad. Los pies, descalzos, +se mueven incesantemente al compás de la música, pero sin adelantar +apenas. Por fin, el Cheik, al pasar por tercera vez ante el Mirab, queda +inmóvil en el centro del muro oriental, con los brazos en el pecho, +destacando su figura sobre los vidrios iluminados de una gran ventana.</p> + +<p>Los derviches, formados en larga fila, parecen bailarinas que se +preparan á lanzarse, haciendo piruetas, hasta el borde de un escenario. +Poco antes, al despojarse de los mantos sombrÃos y aparecer en todo el +esplendor de sus vestiduras deslumbradoras, recordaban á las danzarinas +de ciertas óperas que surgen de entre bastidores como negras brujas, y +de pronto, abandonando sus disfraces, muéstranse luminosas, envueltas en +gasas y colores rosados.</p> + +<p>Los instrumentos del coro adoptan un ritmo semejante al del vals, y al +repiqueteo de los tamborcillos y el dulce ganguear de las flautas, se +unen las voces de los cantores, que entonan una salmodia bailable, +monótona y chillona, sin otra variación que el cambio de tono al final +de cada estrofa.</p> + +<p>Avanza un derviche hacia el gran sacerdote, lo saluda con reverente +inclinación, como pidiendo su venia, el Cheik le contesta con ligero +gesto, y<a name="page_223" id="page_223"></a> el sagrado danzarÃn empieza á girar sobre sus talones, con una +velocidad cada vez mayor, añadiendo á este vertiginoso movimiento de +rotación otro ligerÃsimo de traslación, que le hace avanzar lentamente, +siguiendo el contorno de la sala. La falda pesadÃsima arremolina sus +pliegues en torno de las piernas, y poco á poco, con la velocidad, toma +aire y se hincha... se hincha, adquiriendo proporciones gigantescas. +Primero es un enorme paraguas á medio abrir, luego un globo, después un +paracaÃdas, y el paño pesadÃsimo se extiende casi horizontal, girando +con loco vértigo sobre las piernas desnudas, que dan vueltas y vueltas +como una peonza loca.</p> + +<p>Al comenzar su movimiento de rotación, el derviche lleva los brazos +cruzados sobre el pecho, en actitud sacerdotal. Poco á poco los despega, +los extiende sonriente, con gracioso desperezo de bailarina, hasta que +al fin los mantiene rÃgidos, en cruz, ayudándole esta tensión á la +rapidez de su volteo. Apenas se sume en esta embriaguez rotatoria, ya no +sonrÃe. Sus ojos quedan vidriosos y vagos, su rostro palidece y se +contrae con un gesto de estupidez extática, de voluptuosidad dolorosa.</p> + +<p>Tras el derviche vestido de blanco, empieza á girar otro verde; luego +otro azul; después otro rojo, y asà van saliendo en ruidosa ondulación +circular faldas rosadas, azules, vinosas, amarillas y naranja, con esa +intensidad profunda de color que es la gloria de los tintoreros +orientales.<a name="page_224" id="page_224"></a></p> + +<p>La mezquita se llena de peonzas vistosas que giran y giran, dando al +espectador el mareo del vértigo. En las raras pausas de la música se oye +el aleteo del pesado paño cortando el aire y el roce de los pies. El +espectáculo es original, obsesionante, con el extraño poder que ejerce +la mezcla de lo bello y lo ridÃculo. Son flores gigantescas que bailan, +rematadas por hombres feos y barbudos. Rosas fantásticas que giran +llevando hundidos en el centro de su corola unos gnomos de rostro feroz +coronados por un gorro de fieltro.</p> + +<p>Los cantores aceleran el ritmo, gritando cada vez más fuerte; los +<i>darboukas</i> repiquetean con redobles de trueno; las flautas saltan y +balan como cabras locas, y los danzantes giran y giran con tal rapidez, +que sus brazos y piernas son pálidas sombras, borrosas por la velocidad, +y las faldas cortan el aire como sierras horizontales... ¿Cuánto tiempo +dura la sagrada danza?... No lo sé. Siento, á pesar de mi inmovilidad, +los efectos del vértigo: mi vista se deslumbra y marea con este continuo +girar de colores. Creo estar rodando por una pendiente que no termina +nunca. La música infernal y el volteo de los derviches embriaga á los +fieles. Encogidos en el suelo, mueven sus cuerpos al compás de la +música, y la mezquita parece una enorme caja de juguetes donde +centenares de monigotes mecánicos, con gorro rojo y cara de palo, se +balancean impasibles á los sones de un cilindro de música.<a name="page_225" id="page_225"></a></p> + +<p>El Cheik hace un gesto; cesa el coro; los derviches contienen su +rotación; van descendiendo sus faldas con la falta de movimiento; se +deshinchan; dejan de ser un paraguas para convertirse en un embudo; +luego se achican más aún, surgen los pesados pliegues, que acaban por +rozar el suelo, y los sagrados bailarines vuelven á formarse en fila, á +un lado del templo. Sus rostros brillan con el gotear del sudor: los +ojos vidriosos tienen aún la locura del vértigo. AgÃtanse sus pechos +como fuelles con el jadear de la fatiga. Algunos, mareados por la +repentina inmovilidad, se tambalean como ebrios. Pero á pesar de esto +todos miran al Cheik, esperando un gesto suyo para pedir de nuevo la +venia y reanudar la loca danza.</p> + +<p>Los cantores entonan durante el descanso una especie de himno litúrgico, +lento y solemne, pero sus voces vuelven pronto á adoptar el ritmo del +sagrado baile, y otra vez las peonzas animadas tornan á girar en el +centro de la mezquita.</p> + +<p>Por tres veces bailan los derviches, y durante una hora larga giran y +giran, con un movimiento vertiginoso, que agotarÃa las fuerzas, la razón +y aun la existencia de cualquier occidental. Al fin cesan de voltear, y +vacilando sobre sus congestionados pies salen para despojarse de los +trajes de ceremonia en una casa ruinosa, inmediata á la mezquita, +atravesando el huerto de nopales y palmeras que rodea á ésta.</p> + +<p>El Cheik hace su oración ante el Mirab, se<a name="page_226" id="page_226"></a> prosterna varias veces sobre +la piel de cordero, extiende los brazos invocando el nombre de Alláh y +se retira también.</p> + +<p>La ceremonia ha terminado... ¡RidÃcula!... Los que la vieron desde +pequeños, cuando su razón comenzó á abrirse á las cosas del mundo +aceptándolas tal como las encontraron, asisten á ella con sincero fervor +y la consideran como el más noble y poético de los cultos... ¿Quién sabe +lo que un oriental, entusiasta de los derviches danzantes, pensará al +ver por vez primera las ceremonias litúrgicas de los occidentales? Todos +los pueblos del misterioso Oriente, tierra natalicia de dioses, han +danzado ante las potencias celestes, haciendo del baile una ceremonia +religiosa. La danza es seguramente un acto más elevado y menos material +en honor de la Divinidad que beber vino, aunque sea en copas de oro.</p> + +<p>De todas las cofradÃas musulmanas de Oriente, la de los derviches +danzantes es la más aristocrática. Sus afiliados gozan de general +respeto. El Sumo Sacerdote, al que pudiéramos llamar el Papa de los +derviches, reside en Konia, la gran ciudad turca de Asia, hogar de las +tradiciones otomanas, adonde no ha llegado aún la influencia europea que +atrofia y envilece á la vieja TurquÃa.</p> + +<p>Cuando muere el sultán y hay que consagrar un nuevo Comendador de los +creyentes, el jefe supremo de los derviches viene desde Konia á la Santa +Mezquita de Eyoub, donde se verifica la ceremonia<a name="page_227" id="page_227"></a> de investir al +emperador. Este no tiene corona. El signo visible de su majestad y su +poder es el sable del Profeta, que se guarda en la famosa mezquita de +Eyoub. El gran derviche ciñe la venerable cimitarra de Mohamed á la +cintura del nuevo soberano, y TurquÃa entera aclama á su <i>Padichá</i>.</p> + +<p>La Santa Mezquita de Eyoub es el único lugar que guarda el misterio y el +aislamiento religioso del pueblo turco. Ningún cristiano ha pisado ni +siquiera las losas de sus patios interiores. Los viajeros, al pasar ante +ella, procuran no mirar por las puertas y rejas de los muros que rodean +sus patios y jardines.</p> + +<p>Al salir yo de Bakarié, buscando la ribera del Cuerno de Oro para que +una embarcación me condujese á Constantinopla, me perdà en unas +callejuelas inmediatas á Eyoub, formadas por blancos panteones, kioscos +funerarios al través de cuyas rejas se ven túmulos de sultanes y santos, +coronados de turbantes y cubiertos de terciopelo y oro.</p> + +<p>Al final de un callejón vi una gran arcada con la verja abierta. Me +aproximé. Enfrente, un patio solitario y fresco; más allá una arcada; en +último término, una gran extensión inundada de sol y cerrada por +murallas, en cuyo centro, como un monstruo vegetal, alzábase la +enormÃsima pilastra de un plátano de quinientos años, con el ramaje +invisible. Cantaban las fuentes en la sombra de los claustros de +azulejos, desgranando sus surtidores<a name="page_228" id="page_228"></a> sobre tazas de verde mármol; +centenares de palomos obscuros aleteaban en los capiteles de las +columnas, cortando con sus arrullos el silencio animado por el gotear +del agua. En el último patio jugueteaban varios grupos de pilluelos casi +desnudos, y permanecÃan acurrucadas viejas horribles, esperando una +limosna.</p> + +<p>Eran los patios de la Santa Mezquita, del templo inabordable para el +cristiano, donde no pudo entrar ni el mismo emperador de Alemania en su +visita á Constantinopla. à un lado una fachada misteriosa, de azulejos +verdes y negros, con un fanal turco pendiente ante el arco de herradura.</p> + +<p>Apenas asomé mi cabeza, un <i>zapethie</i>, gendarme turco, vino hacia mÃ. +Los pilluelos inclinaron sus gorros al suelo como si buscaran piedras, +chillando y manoteando con belicosa alegrÃa: «¡<i>Giaour</i>! ¡<i>Giaour</i>!» +(¡Un cristiano!)</p> + +<p>Me alejé prudentemente, pero la rápida visión del patio solitario con +sus palomos y sus chorros de agua, y de la fachada verde y negra, de +feroz misterio, no se borrará fácilmente de mi memoria.</p> + +<p>¿Qué habrá en el interior de la Santa Mezquita de Eyoub?...<a name="page_229" id="page_229"></a></p> + +<h3><a name="XXV" id="XXV"></a>XXV<br /><br /> +El heredero de «Las mil y una noches»</h3> + +<p>La punta de Stambul, que avanza ante Galata formando de un lado la +entrada del Bósforo y del otro la embocadura del Cuerno de Oro, la ocupa +el palacio del Serrallo, enorme como una ciudad, y que hace muchos años +dejó de servir de residencia á los soberanos de Constantinopla.</p> + +<p>Los occidentales confunden con frecuencia el serrallo con el harem. +Serrallo es simplemente un palacio: sólo el harem (<i>lugar sagrado</i>) es +el departamento destinado á las mujeres.</p> + +<p>Este extremo de Stambul forma una altura desde la cual se abarca el más +asombroso de los panoramas. à un lado la azul extensión del mar de +Mármara, infinita á la vista, con las deliciosas islas de Prinkopo, que +parecen inmóviles bajeles, de casco sonrosado y velas verdes: enfrente +la ribera asiática de montañas rojas, con el Bósforo<a name="page_230" id="page_230"></a> que oculta en sus +revueltas los veleros de blancas lonas y los buques modernos de negro +penacho: al lado opuesto, Constantinopla, extendiendo en pendiente su +caserÃo por ambas riberas del Cuerno de Oro, que tiene sus aguas casi +invisibles bajo los cascos de toda una ciudad flotante.</p> + +<p>En esta colina, que avanza como un cabo, estuvo situada la acrópolis de +la antigua Bizancio. AquÃ, el maravilloso palacio de la emperatriz +Placidia, las mansiones de los personajes más importantes del imperio, +las termas de Arcadio, la iglesia de la Madre de Dios Hodégetria +(conductora de los ciegos) y el alcázar de los emperadores bizantinos, +monumento de monstruosa grandeza, mezcla de harem y de convento, donde +las vastas salas destinadas á la orgÃa y á la muerte estaban decoradas +con escenas bÃblicas sobre fondos de oro.</p> + +<p>Cuando Mohamed II conquistó Constantinopla, sus construcciones de gusto +oriental se elevaron sobre los escombros de los palacios del vencido, y +en esta colina vivieron los <i>Padichás</i> hasta los primeros años del siglo +XIX. Los motines de Constantinopla y las amenazas de la milicia de los +jenÃzaros, hicieron levantar el campo á Mahmoud II. El Serrallo era una +vivienda demasiado grande para que el Comendador de los creyentes +pudiese subsistir con entera seguridad. Enclavada en el corazón de +Stambul, dominadas sus murallas por edificios pegados á ellas, el pueblo +sublevado<a name="page_231" id="page_231"></a> ó los pretorianos descontentos podÃan invadirlo con gran +facilidad. El sultán abandonó el antiguo Serrallo en 1808, trasladándose +á la otra ribera del Cuerno de Oro, y desde entonces los emperadores +viven en plena campiña, apartados de su ciudad y rodeados de un pueblo +fiel de guardias y cortesanos que ellos mismos se forman.</p> + +<p>Sólo algunas sultanas viejas, con su corte olvidada y pobre de parientas +del emperador, viven como monjas en los abandonados palacios del antiguo +Serrallo.</p> + +<p>Éste se halla dividido en tres partes: los jardines, el Patio de los +JenÃzaros y los palacios ó kioscos esparcidos caprichosamente en la +meseta de la colina. Los jardines son viejos, con todo el encanto de la +vegetación secular abandonada á la libre expansión de sus fuerzas; +terrazas en escalones con enormes cipreses ó seculares plátanos; rosales +que crecen y se enmarañan como bravÃas malezas, y en medio de este +oleaje de verde sombrÃo, kioscos de simples lÃneas y amarillenta +blancura. Un cinturón de murallas rojas, con puntiagudas almenas y +gruesos torreones, cierra el recinto del Serrallo, como una ciudad +aparte dentro del antiguo Stambul.</p> + +<p>Lo más notable que encierra es el tesoro de los sultanes, la colección +de riquezas históricas de estos soberanos del fabuloso Oriente, que +conquistaron Bagdad y guerrearon con la opulenta Persia. Para visitarlo +se necesita una invitación<a name="page_232" id="page_232"></a> del sultán, y aun asà la visita no está al +alcance de todos. Yo mismo, después de recibir la invitación, tuve que +aguardar durante muchos dÃas la oportunidad de que otros viajeros +sintiesen el mismo deseo.</p> + +<p>Para visitar el Tesoro se moviliza en el antiguo palacio un verdadero +ejército de criados, funcionarios de corte, ayudantes del sultán, pachás +depositarios de las llaves, soldados de la guardia, en total unos +trescientos hombres, y como en TurquÃa es natural y corriente la +costumbre del <i>batchis</i> ó propina, y nadie cree envilecerse tomándola, +la tal visita cuesta unos setecientos francos, y los viajeros, para +realizarla, se reunen, poniéndose á escote.</p> + +<p>Dos personajes de Rumania venidos á Constantinopla para una conferencia +con el gobierno turco sobre las minas de petróleo, recibieron la +invitación de visitar el Tesoro al mismo tiempo que yo, y junto con +ellos y sus esposas, entré en este depósito de fabulosas riquezas, á las +tres de la tarde, precedido de una doble fila de eunucos negros y +personajes pálidos de espesa barba y ojos tristes, todos con levita +<i>stambulina</i> y gorro rojo, marchando con la frente baja y las manos +cruzadas sobre el vientre.</p> + +<p>Asà atravesamos el extenso Patio de los JenÃzaros, pasando bajo la +Puerta Augusta, un arco de mármol blanco y negro con columnas de jaspe +verde. à cada lado de la puerta hay un nicho que<a name="page_233" id="page_233"></a> aun conserva señales +de escarpias. De estas escarpias se colgaban para terrible ejemplo las +cabezas de pachás cortadas por orden del Gran Señor.</p> + +<p>Nuestros conductores nos entran en un kiosco blanco, cuyos grandes +ventanales dan sobre una terraza que domina la entrada del Bósforo. Una +alfombra sedosa de finos colores, ámbar y rosa, se hunde bajo nuestros +pies. Grandes espejos nos reflejan con toda nuestra escolta de empleados +palatinos y negros eunucos. Los muebles (¡oh anacronismo!) son de estilo +Luis XV, aunque enormes y en extremo dorados, como para satisfacer el +gusto oriental, amigo de exuberancias. Desde la terraza se admira el +agua azul y mansa que bate silenciosamente el pie de la colina del +Serrallo. La roca, casi cortada á pico, da al Bósforo en este lugar una +gran profundidad: cien metros, ¡Los misterios que guarda esta superficie +lÃmpida, débilmente rizada por la brisa que viene del mar de Mármara, y +en la que tiemblan como pedazos de espejo los suaves rayos del sol de la +tarde!... Aquà caÃan en el eterno misterio, con una piedra al cuello, +los hermanos de los sultanes, estrangulados para evitar á TurquÃa una +guerra civil; aquà desaparecÃan para siempre los pachás ambiciosos y en +desgracia; aquà acababan las perfumadas sultanas y las odaliscas de +voluptuosos ojos, sospechosas de infidelidad, cosidas dentro de un saco +de cuero, antes de rodar á las tenebrosas profundidades.<a name="page_234" id="page_234"></a></p> + +<p>Entran nuevos criados en el kiosco, portadores de grandes bandejas +cubiertas de tapices de seda con bordados de oro. Es el obsequio del +sultán á los extranjeros que visitan su antigua residencia.</p> + +<p>El maestro de ceremonias tira de las ricas envolturas. Dos eunucos +sostienen una bandeja de bronce cincelado, enorme como un escudo, y en +ella se yergue majestuosa una compotera de cristal y oro llena de +confituras de rosas y flanqueada de cucharillas del mismo metal. Es el +eterno presente de toda visita turca. Un criado circula una bandeja con +vasos de agua y tras él llega otro con un gran incensario dorado lleno +de brasas, en el que humea una cafetera. Las minúsculas tacitas de +porcelana persa se llenan de café espeso como pasta, y el perfume +intenso del negro y delicioso brebaje se une al olor de rosa que +impregna el ambiente. El maestro de ceremonias manda ofrecer los +cigarrillos de dorada boquilla, y todo el grupo de invitados, hombres y +mujeres, sentándonos en divanes de rayada seda, contemplamos durante un +cuarto de hora las espirales de humo en los cuadros de puro azul (azul +de cielo y azul de mar), á los que sirven de marco las ventanas del +kiosco.</p> + +<p>Otra vez en marcha, precedidos de la procesión de servidores de negra +levita y gorro rojo, que parece haber aumentado considerablemente. Son +ya más de cien.<a name="page_235" id="page_235"></a></p> + +<p>Atravesamos un patio extenso, ó más bien una llanura cerrada por un +sinnúmero de claustros, kioscos sueltos y palacios ruinosos, en los +cuales se abren los muros bajo el peso de los siglos, de los mantos de +hiedra y de las parras trepadoras.</p> + +<p>Junto á una puerta de arco, y bajo un porche de tejas viejÃsimas, +cubiertas de moho y desunidas por las raÃces de plantas parásitas, están +formados los soldados de una compañÃa de infanterÃa, en cuatro filas, +dos á cada lado del espacio por el que debemos pasar. Un oficial de +marina con cordones de ayudante avanza hacia nosotros, una mano en la +empuñadura del sable y la otra en el fez, saludando con una rigidez +alemana. Puesto que somos europeos é invitados del sultán, +indudablemente debemos ser grandes personajes en nuestro paÃs. Los +soldados, al pasar nosotros, lanzan el rugido de ordenanza, elevando sus +fusiles y presentándolos. Después vuelven á aullar con unidad atronadora +y los dejan caer al mismo tiempo, conmoviendo con las culatas las viejas +losas, en cuyos intersticios crece la hierba.</p> + +<p>Estamos en la entrada del <i>Hasné</i>, del famoso Tesoro, puerta venerable +de cedro, roÃda por los años, con clavos oxidados y cerraduras que +parecen olvidadas durante siglos y de imposible funcionamiento. Junto á +ella aparecen nuevos personajes como si surgiesen de la tierra. Son +viejos pachás de miembros trémulos y barbillas blancas, arrugados +personajes con el paño del dorso de la<a name="page_236" id="page_236"></a> levita tirante sobre la +curvatura de la espina dorsal. Cada uno saca su llave pesada y +brillante; se abre con estridente <i>cric-cric</i> un enorme candado, giran +con doloroso gemido los pernos de las cerraduras y se quejan los +cerrojos al ser arrancados de la inmovilidad de su sueño. Los +respetables gnomos del Serrallo van de un lado á otro trabajando en su +penosa obra, y al fin giran chirriantes las hojas de cedro en el +silencio conventual del Serrallo, y de la penumbra surge una bocanada de +aire húmedo y espeso, una respiración de lugar cerrado, de antigua +bodega.</p> + +<p>Todos los criados que nos preceden entran apresuradamente, mientras +nosotros, contenidos cortésmente por el ayudante y el maestro de +ceremonias, permanecemos en la puerta. Se oyen sus precipitadas carreras +en el interior, el roce de sus sordas babuchas, la rápida confusión del +grupo que penetra de golpe y se desgrana inmediatamente, encontrando +cada cual el sitio que tiene designado con anticipación.</p> + +<p>Cuando entramos, cada mesa, cada vitrina, ofrece como nuevo adorno una +pareja de hombres inmóviles, tan inmóviles como las estatuas y los +maniquÃes que contiene el Tesoro, las manos sobre el vientre y sin +respirar apenas, pero que os siguen con ojos fijos en todas vuestras +evoluciones. Imposible moverse sin tropezar con ellos. Se adosan á los +descansos de las escaleras, se introducen en el hueco entre armario y +armario, se empequeñecen<a name="page_237" id="page_237"></a> y disimulan para no ocultar con su cuerpo la +vista de ningún objeto, pero ni por un instante podéis encontraros más +allá del fuego cruzado de sus miradas.</p> + +<p>Todos los visitantes deben ser excelentes personas, ya que el Comendador +de los creyentes los honra con su invitación, pero los pachás +guardadores del Tesoro conocen el impulso tentador de Eblis y demás +potencias infernales, y desconfÃan de la codicia del hombre y de la +demencia de la mujer ante el oro que embriaga y la piedra preciosa que +enloquece.</p> + +<p>¡El Tesoro del sultán, dueño desde hace siglos de la prodigiosa Bagdad! +¡La colección de riquezas de este heredero de <i>Las mil y una noches</i>!...</p> + +<p>Al abarcar con la vista el amontonamiento de objetos preciosos, +experimenté una profunda decepción. Los objetos están guardados como en +un museo europeo, pero las vitrinas palidecen bajo el polvo, y los +vidrios se enturbian, dando á todo un aspecto de pobreza y falsedad. +Ocurre aquà como en los tesoros de las catedrales católicas, donde los +siglos y la inercia dan al oro un tono miserable de cobre, y convierten +los diamantes en vidrio y las perlas en gotas de cera.</p> + +<p>El Tesoro del sultán (que no ha visto nunca el sultán actual ni +visitaron jamás muchos de sus antecesores) parece una enorme tienda de +anticuario, abandonada. Hasta los vidrios de las ventanas están rotos en +parte, y las goteras del techo<a name="page_238" id="page_238"></a> hacen caer en grandes desconchados el +enlucido del cielorraso. Polvo, telarañas y vejez por todas partes.</p> + +<p>Este abandono y la enormidad absurda de las riquezas que contiene, hacen +dudar en el primer momento del valor del Tesoro.</p> + +<p>—¡Todo mentira!—murmuran en nuestro interior la malicia y la +desconfianza—. ¡Baratijas orientales para deslumbrar al pueblo de otros +siglos! Esto no es posible: es demasiado sobrehumano para que pueda ser +verdad.</p> + +<p>Y sin embargo, es verdad, por más que la razón se subleve ante lo enorme +de semejantes riquezas. Por algo los poetas de todos los tiempos, cuando +han querido cantar magnificencias fabulosas, han vuelto sus ojos á +Oriente.</p> + +<p>Un trono es el primer objeto que se encuentra al entrar en el Tesoro; un +trono para descansar en él con las piernas cruzadas, bajo y casi tan +grande como un lecho. Lo robaron los turcos á los persas en el siglo +XVI, durante la guerra del sultán Selim contra el sha Ismail. Es de oro +macizo, y sus cortas patas, al descansar en el suelo, dan una sensación +de ruda pesadez. El precioso metal sólo es visible en pequeñÃsimos +espacios. Un mosaico de fina labor, formado con riquÃsimos materiales, +cubre todas sus caras, hasta las que son poco visibles, como la parte +inferior del asiento. Son millares y millares de perlas, de esmeraldas, +de rubÃes, todos de igual tamaño, que<a name="page_239" id="page_239"></a> se repiten formando flores y +hojas. La razón, que parece rebelarse ante tanta magnificencia y duda de +su autenticidad, sólo se convence tras largo examen de la riqueza de +este mueble.</p> + +<p>En otra sala se encuentra el verdadero trono de los sultanes, semejante +á un púlpito de musulmán. Es á modo de una garita de ébano, dentro de la +cual se sentaba el <i>Padichá</i> con las piernas cruzadas. De cada ángulo +del asiento se levanta una columna sosteniendo el techo en forma de +cúpula, y en el centro de ésta se eleva un joyel de inverosÃmil +magnificencia, un ramillete de diamantes tan enormes, que parecen +simples pedazos de empañado cristal. Todo este pequeño edificio de ébano +y sándalo está incrustado de nácar, concha, plata y oro. Por todas sus +caras interiores y exteriores corre un dibujo de plantas fantásticas en +nácar, y el centro de cada flor está formado de grandes cabujones de +rubÃes, esmeraldas, zafiros y perlas. En su interior pende del techo una +cadena de oro que venÃa á caer sobre la cabeza del sultán. La cadena +sostiene un corazón también de oro y de éste cuelga una esmeralda de +forma irregular, pero de un tamaño inaudito, gruesa de cinco centÃmetros +y grande como una mano abierta.</p> + +<p>¡Las esmeraldas del sultán! Después de visitar el pabellón del Tesoro se +hace igual caso de esta piedra preciosa que de los guijarros de un +camino.<a name="page_240" id="page_240"></a></p> + +<p>Apenas se entra, el maestro de ceremonias os lleva ante una vitrina, +donde sobre el fondo de terciopelo polvoriento se ven tres pedruscos +planos de un verde obscuro, algo asà como tres adoquines de vidrio +opaco. ¡Son esmeraldas!... Las tres más grandes que existen en el mundo. +Una de ellas pesa cerca de tres kilos.</p> + +<p>Y á lo largo de las otras vitrinas empieza el aturdidor espectáculo de +las riquezas amontonadas por el heredero de <i>Las mil y una noches</i>: +armas que son verdaderas joyas; yataganes y grandes sables con la vaina +cubierta de perlas y rubÃes y la empuñadura formada de brillantes y +esmeraldas: armaduras antiguas de gruesas placas de oro, con dibujos de +brillantes y topacios; telas de seda de brocado y terciopelo, en cuyo +bordado se mezclan con los brillantes hilos centenares y miles de +piedras preciosas; vasos de cristal de roca, de jade, de onix; copas y +frascos de cincelado oro persa; joyas indias de sutil labor; cofrecillos +de menudas incrustaciones en maderas perfumadas ó ricos metales, que +reproducen escenas al borde del Eufrates, en las riberas del Ganges ó +sobre las mesetas del Isphan llenas de rosas, donde cantaron los poetas +Shadi y Ferdussi.</p> + +<p>Una gualdrapa de caballo (la del corcel favorito de los antiguos +sultanes) llena todo el fondo de una vitrina. Tiene dos metros y medio +de ancha y casi tanto de larga. Es de terciopelo carmesà y está bordada +con miles de perlas, todas exactamente<a name="page_241" id="page_241"></a> del mismo tamaño, que es el de +un garbanzo grueso. El color de la tela apenas se deja entrever como un +rojo arabesco entre el apretado mosaico de granos preciosos.</p> + +<p>La armadura que Mourad IV llevó á la toma de Bagdad en el siglo XVII, +deslumbra majestuosa frente á dos ventanas. Es una cota de mallas de oro +con placas damasquinadas, y á su lado está la cimitarra, con la guarda y +el puño cubiertos de brillantes en forma de tablero de ajedrez, todos de +la misma dimensión y de trece milÃmetros de grueso.</p> + +<p>En una galerÃa superior está lo más interesante del Tesoro: las +vestiduras de gala, los trajes de aparato de los antiguos sultanes, +desde Mohamed II, que conquistó Constantinopla, hasta Mahmoud, que murió +en 1839. Estas vestiduras están puestas sobre maniquÃes, sin cabeza, +coronadas por un turbante de aparato, enorme como un globo. Cada +turbante está rematado por un penacho sujeto con un joyel magnÃfico, y +en la faja de todo maniquà luce un puñal, que es obra maestra de +cincelado y un alarde de fantástica riqueza. Los hay que parecen +trabajados por Benvenuto Cellini. La empuñadura de una daga está formada +de una sola esmeralda. Otra se compone simplemente de cinco brillantes: +dos en cada cara del puño y el restante sirviendo de pomo.</p> + +<p>La profusión de pedrerÃas sobre las armas y en los penachos de los +turbantes, deslumbra y<a name="page_242" id="page_242"></a> confunde. Uno de los joyeles que retienen estos +ramilletes de plumas, está formado de dos esmeraldas y un rubÃ, que +tienen pulgada y media de gruesos. Las túnicas son de brocado magnÃfico, +tan cubierto de bordados y de oro, que pueden sostenerse derechas sin el +apoyo interior del maniquÃ. Las fajas de rica seda, sustentan los +puñales, y cada uno de ellos representa una enorme fortuna; maravillosos +sÃmbolos de la majestad de estos soberanos, para los cuales era la daga +lo que el cetro para los monarcas de Occidente.</p> + +<p>La larga fila de sultanes, inmóviles y sin cabeza, cubiertos de las +mayores magnificencias de la tierra, encierra la historia del pueblo +turco. Dentro de estas rÃgidas y deslumbrantes túnicas vivieron hombres +respetados como dioses, que se hacÃan obedecer desde las orillas del +golfo Pérsico hasta los muros de Viena y obligaban á temblar á toda la +cristiandad, en perpetuo escalofrÃo de miedo, turbando el santo reposo +del Vicario de Cristo.</p> + +<p>La imaginación, entre estas vestiduras pesadas y deslumbrantes como +corazas y los hinchados turbantes faltos de cabeza, evoca rostros +barbudos y morenos, de picuda y ancha nariz, de ojos sensuales é +imperiosos. Bastaba un gesto de estas caras entristecidas por el exceso +de poder y las harturas del harem, para que centenares de galeras +aparejasen en el Cuerno de Oro y miles y miles de arqueros negros y +jinetes turcos emprendiesen<a name="page_243" id="page_243"></a> la marcha por las riberas del Danubio, +queriendo llegar conquistadores hasta sus fuentes.</p> + +<p>«¡Que baja el turco!», gritaba pavorosamente la cristiandad desde Viena +á Lisboa, desde Cádiz á Londres, y la vida pacÃfica quedaba en suspenso, +y las naves mercantes de Venecia, Génova y España convertÃanse en barcos +guerreros, haciéndose á la vela para salir al encuentro del enemigo en +los mares de Grecia, y los monarcas de Europa alistaban ejércitos, y el +continente entero quedaba inmóvil, en angustiosa espera, sin saber +ciertamente si habÃa llegado su última hora ó si tendrÃa aún derecho á +seguir existiendo.</p> + +<p>Los hechos que en la historia parecen más lejanos y faltos de relación, +están unidos por el misterioso engranaje, generador del movimiento de +avance que desde hace siglos empuja á la humanidad. Sin los sultanes de +Constantinopla, fanáticos koranistas ansiosos de someter Europa entera á +la ley del Profeta, la Reforma religiosa iniciada por Lutero habrÃa +perecido, lo mismo que otros intentos anteriores, y tal vez el Norte +europeo seguirÃa á estas horas con la conciencia sometida al gran +sacerdote de Roma.</p> + +<p>Los reyes católicos de Europa (especialmente nuestro Carlos V), á +instigaciones del Papa, hubiesen acabado por entrar á sangre y fuego en +Alemania, sometiendo con mano férrea á los pequeños señores germánicos +partidarios de la nueva<a name="page_244" id="page_244"></a> doctrina, como siglos antes habÃan sido +vencidos los provenzales heréticos y los húngaros entusiastas de Huss. +Pero el miedo al turco no dejaba espacio para pensar en esto. El peligro +exterior no permitÃa al catolicismo ocuparse de los asuntos internos de +su casa. Como si los déspotas de Oriente estuviesen de acuerdo con los +partidarios de la Protesta religiosa, cada vez que los soberanos +europeos, á impulsos de una paz momentánea, volvÃan los ojos hacia el +hogar de la herejÃa, en Constantinopla se armaba una nueva expedición y +el grito pavoroso corrÃa por todo el continente: «¡Que baja el turco!»</p> + +<p>La cristiandad necesitaba combatientes, Alemania era un plantel +inagotable de soldados, y el Papa y los monarcas católicos, para salir +del peligro inmediato, procuraban no ver la rebelión espiritual del paÃs +que les ayudaba en la santa empresa militar de impedir los avances de +los infieles. Cuando el turco, escarmentado en Lepanto y en las llanuras +del centro de Europa, ya <i>no bajó</i> más, era tarde para el catolicismo +romano. La herejÃa, fácil de matar en la cuna, habÃa crecido +desmesuradamente. La necesidad de hacer frente al turco costó á Roma la +pérdida de media Europa.</p> + +<p class="c">*<br />* *</p> + +<p>Salgo del Tesoro con un deslumbramiento en los ojos, con el mareo de una +borrachera de riquezas.<a name="page_245" id="page_245"></a> Dentro del pabellón vetusto se pierde la noción +del valor de las cosas. La retina, habituada al brillo del oro y al +centelleo de las piedras, como si esto fuese un espectáculo ordinario, +experimenta una gran extrañeza al reflejar la desnuda miseria que existe +fuera del pabellón.</p> + +<p>Tardo un buen rato en volver á la realidad al salir del <i>Hasné</i>. En los +primeras momentos me extraña que los fusiles de los soldados formados +junto á la puerta no sean de oro; que sus tristes y viejos uniformes no +estén rÃgidos, bajo una capa de preciosos bordados, como las túnicas que +quedan allá dentro; que la hierba de las losas no esté formada de +esmeraldas, y que no sean brillantes las gotas de agua que cantan y +ruedan en un tazón al final del patio.</p> + +<p>Al fin logro serenarme, y me habitúo al nuevo ambiente, como el que pasa +de un salón iluminado con vivas luces á una callejuela lóbrega. ¡Adiós, +esplendores absurdos, riquezas turbadoras é inauditas de <i>Las mil y una +noches</i>, que quedáis invisibles, sumidas en el polvo y la penumbra, tras +la venerable puerta de cedro que vuelven á cerrar los gnomos de barbilla +blanca, con chirridos de herrumbre!... Sólo el recuerdo me llevo de +vosotros, pero juro que en adelante no habrá escaparate parisién de la +<i>rue de la Paix</i> que me haga detener el paso con asombro, y que sonreiré +como hombre que está en el secreto cuando en noches de gala vea en la +Grande Opera ó en el Real de<a name="page_246" id="page_246"></a> Madrid el desfile de la centelleante +pedrerÃa sobre los hombros desnudos.</p> + +<p>En el centro del patio del Tesoro vemos el <i>Kafess</i>, un kiosco enrejado, +una prisión que casi es una jaula, dedicada antiguamente á los hermanos +de todo sultán, prÃncipes infelices, esclavos de la razón de Estado, que +asà habÃan de vivir para no turbar el sueño del soberano con amenazas de +rivalidades. Esta prisión en pleno Serrallo casi resultaba para ellos +una felicidad. Peor era que un dÃa su augusto hermano, no satisfecho del +encarcelamiento, les hiciera cortar las arterias, colocando después unas +tijeras junto al lecho ensangrentado para hacer creer en un suicidio.</p> + +<p>Al otro lado del patio del Tesoro está la sala del Trono, el famoso +<i>Diván</i>. Aquà recibÃan los sultanes á los embajadores de la cristiandad, +bajo un techo, que aun subsiste, de dorados arabescos. En el fondo de la +sala está el trono, en forma de diván, lecho enorme con un toldo de +viejo terciopelo sostenido por columnas incrustadas de piedras +preciosas. Existe una ventana enrejada junto al <i>Diván</i>, y tras ella +escuchaba el <i>Padichá</i> á los embajadores, que ocupaban una pieza +inmediata. Merced á tal precaución, los sultanes, que vivÃan en continuo +miedo al asesinato, y las más de las veces no acababan sus dÃas en la +cama, creÃanse á cubierto de una agresión de parte de los enviados +extranjeros, á los que apenas conocÃan.<a name="page_247" id="page_247"></a></p> + +<p>Cerca de la ventana hay una fuente. El sultán, apenas comenzada la +entrevista, la hacÃa correr, y el murmullo del agua ensordecÃa y apagaba +la conversación para que no la oyesen los familiares de los dos +séquitos.</p> + +<p>¡Los caprichos de estos déspotas, ahÃtos de poder, y semejantes en sus +bromas terribles á los emperadores romanos de la decadencia!...</p> + +<p>Cierto dÃa un duque francés, embajador de Luis XIV, fué admitido como +gran honor en el mismo salón del Trono, manteniéndose de pie ante el +diván en el que estaba tendido el <i>Padichá</i>.</p> + +<p>—Mira lo que tienes al lado—dijo el déspota sonriendo, con una malicia +infantil en la mirada.</p> + +<p>El embajador miró á la derecha, miró á la izquierda, y sin la más leve +emoción, continuó el discurso, exagerando más aún su actitud rÃgida y +tranquila.</p> + +<p>Dos fieros leones estaban junto á él, frotando la melena alborotada +contra sus piernas, rugiendo de extrañeza, mirando al intruso y mirando +á su amo, como si sólo esperasen un ademán de éste para caer sobre él. +El sultán experimentó una gran decepción al no poder divertirse con el +miedo del extranjero. El embajador terminó su conferencia y salió +dejando aturdidos á todos con su serenidad.</p> + +<p>Un héroe el tal embajador: un diplomático que sabÃa sobreponerse á las +terribles emociones. Pero después, al llegar al palacio de la embajada,<a name="page_248" id="page_248"></a> +cuenta el duque modestamente en sus Memorias que se apresuró á +despojarse de la vistosa casaca cubierta de condecoraciones y bandas, +que se quitó los calzones de terciopelo... y llamó á la lavandera, para +entregarla su ropa interior.<a name="page_249" id="page_249"></a></p> + +<h3><a name="XXVI" id="XXVI"></a>XXVI<br /><br /> +Santa SofÃa</h3> + +<p>Estoy en el gran patio de la mezquita «Aya Sophia» (la famosa Santa +SofÃa de los bizantinos), sentado bajo las ramas de un plátano +venerable, ante una mesilla en la que humean dos tazas de café, y +aspirando el perfume de sándalo de un rosario musulmán que acabo de +comprar á un mercader sirio.</p> + +<p>à mi lado está Nazim-Bey, joven capitán de caballerÃa que ha viajado por +toda Europa, y ostenta sobre el pecho los cordones de oro de los +oficiales del cuarto militar del emperador.</p> + +<p>¡Lo que me costó entrar en Santa SofÃa!... Todos los viajeros que han +visitado Constantinopla hasta hace unos meses, han podido verla con +entera libertad. «Aya Sophia» estaba abierta á todo el mundo, como las +demás mezquitas. Pero una comisión de jefes del Yemen, árabes fanáticos, +habituados á la vida de los desiertos arenales,<a name="page_250" id="page_250"></a> que no entienden de +relaciones internacionales y desprecian á los infieles, vino á +Constantinopla á visitar al <i>Padichá</i>, y al entrar en la más famosa de +las mezquitas, todos ellos se indignaron viendo el poco respeto con que +la frecuentaban los cristianos, viajeros en su mayorÃa, que iban de un +lado á otro hablando fuerte y con el <i>Baedeker</i> en la mano.</p> + +<p>Pocos extranjeros entrarán ya en ella. El sultán, para dar gusto á los +revoltosos jefes del Yemen, ha prohibido el acceso á los infieles, y yo +tuve que invertir más de quince dÃas en ruegos, visitas y gestiones casi +diplomáticas para visitar la famosa mezquita. ¡Irse de Constantinopla +sin conocer Santa SofÃa!... Al fin, una tarde, á la hora en que escasean +los fieles en el templo, y acompañado de un ayudante del sultán, pude +entrar en la antigua basÃlica.</p> + +<p>Sentados en un cafetucho del patio, junto á las fuentes de abluciones, +que chorrean incesantemente, aguardamos á que un servidor del templo nos +avisase el momento más propicio para la visita, después de la salida de +ciertos devotos rezagados y antes que los <i>muezines</i> se asomaran á los +balconcillos de los cuatro alminares llamando á los fieles á la oración +de la tarde.</p> + +<p>Por fin, entramos... ¡Inolvidable impresión! No todos los dÃas puede +pisarse un pavimento fabricado por hombres que vivieron hace mil +cuatrocientos años; no se respira con frecuencia bajo<a name="page_251" id="page_251"></a> unas bóvedas que +cuentan catorce siglos de antigüedad.</p> + +<p>Inútil es describir Santa SofÃa. Su atrevida cúpula, agujereada por +estrechas é innumerables ventanas, sus nobles y grandiosas proporciones, +sus tribunas sostenidas por columnatas de jaspe verde, y desde las +cuales se ven como enormes insectos pender sobre el suelo las lámparas, +los huevos de avestruz y demás adornos de la religiosidad musulmana, son +conocidos en todo el mundo. El grabado antiguo, la fotografÃa y la +tarjeta postal han popularizado el interior de este monumento, que es el +más antiguo de la cristiandad europea, y puede ser llamado el Partenón +del arte bizantino.</p> + +<p>La luz que penetra por las ventanas de la cúpula toma una densidad +amarillenta de ámbar. La capa de pintura con que han cubierto los turcos +las imágenes de los muros, contribuye á colorar el ambiente de este tono +suave. La repugnancia religiosa de los musulmanes á toda representación +de la forma humana, ha borrado los deslumbrantes mosaicos bizantinos, en +los cuales santos y emperadores de rostro puntiagudo y miembros +alargados, destacábanse con rigidez hierática sobre un fondo de oro.</p> + +<p>Es el único vandalismo que se han permitido los otomanos. Las hermosas +columnas, los arcos de graciosa majestad, los huecos de las capillas, +las balaustradas de jaspe, todo se mantiene lo<a name="page_252" id="page_252"></a> mismo que en tiempo de +los emperadores de Bizancio. La costra de pintura amarilla se ha caÃdo +en algunas partes del muro, y el mosaico antiguo brilla con una luz mate +y discreta, como una venerable armadura de oro al través de los +desgarrones de una capa vieja. Unos cartelones verdes de diez metros de +diámetro, con inscripciones gigantescas en honor de Alláh, y cuatro +ángeles pintados en el arranque de la bóveda, son todos los adornos que +el arte turco ha osado añadir al templo erigido por Justiniano. Los +ángeles son convencionales. Cada uno de ellos está representado por +cuatro alas en forma de rueda. La pintura musulmana no puede ir más +allá.</p> + +<p>Un interminable susurro, un batir incesante de plumas, llena el ambiente +ambarino y crepuscular de la mezquita, uniéndose al crepitar de las +lámparas y á la cantinela monótona de los aprendices eclesiásticos, que, +encogidos sobre las rodillas, balancean el cuerpo cantando de memoria +<i>suras</i> enteras del Korán, mientras un efebo, con el libro entre las +piernas, sigue con la mirada el texto, para corregir el más leve olvido. +Centenares de palomos obscuros, con plumas de metálicos reflejos, +aletean en las bóvedas, descansan en capiteles y cornisas, ó descienden +hasta las cabezas de los fieles, inmóviles como estatuas en su oración, +posándose por unos instantes en sus brazos. Con frecuencia abandonan +desde lo alto sus superfluidades digestivas, y los servidores de la<a name="page_253" id="page_253"></a> +mezquita tienen que limpiar continuamente la fresca estera del +pavimento, sobre la cual marchan los fieles descalzos y con los pies +limpios, para que después el buen creyente, al prosternarse, pueda +besarla sin contagio alguno.</p> + +<p>Ocurre en este grandioso monumento, al contemplarlo por primera vez, lo +que en San Pedro, de Roma. La vista lo abarca todo sin extrañeza alguna. +Un templo poco más grande que los otros... y nada más. Sólo cuando se +avanza, y la perspectiva va prolongándose á cada paso, es cuando se da +cuenta el visitante de la enormidad de proporciones que van surgiendo de +esta armonÃa general. Lo que de lejos parecÃan esbeltas columnas, son +troncos enormÃsimos de piedra, junto á los cuales el hombre se iguala á +la hormiga: las distancias entre una arcada y otra se prolongan +mágicamente, como si el templo fuese creciendo y estirándose á cada paso +que se avanza.</p> + +<p>La antigua basÃlica es enorme, abrumadora, soberbia, y sin embargo, da +una impresión dulce, de suave ligereza.</p> + +<p>Su historia es tan accidentada como la de una nación.</p> + +<p>Santa SofÃa no fué elevada en honor de una santa de este nombre, como +muchos creen. <i>Sancta</i> <i>Sophia</i> es una invocación á la Santa SabidurÃa, +y en honor de la SabidurÃa divina elevó Constantino la primera basÃlica, +en el mismo lugar que ocupa la actual. Cien años después la quemó el +populacho,<a name="page_254" id="page_254"></a> creyente y revoltoso, excitado por el destierro de San Juan +Crisóstomo. Teodosio II la volvió á construir, y en 532 la incendió de +nuevo el pueblo de Bizancio, amotinado esta vez, no por un santo, sino +por una cuestión de Circo, el motÃn de los <i>Victoriatos</i>, en los +primeros tiempos de Justiniano.</p> + +<p>Fué este emperador legista, manso marido de la interesante Teodora, +mezcla de voluptuoso tirano oriental y austero teólogo, quien creó el +monumento que aun hoy subsiste, y que vivirá siglos y siglos.</p> + +<p>Quiso en sus ambiciones de gloria que el templo á la Santa SabidurÃa +fuese «la obra más magnÃfica que se hubiese visto después de la +creación», y en todas las partes del vasto imperio de Oriente hizo +recoger los materiales más preciosos: mármoles, columnas y esculturas. +Los monumentos de la antigüedad griega fueron saqueados. Éfeso le envió +las columnas de jaspe verde de su famoso templo de Diana; Roma, las que +habÃa robado del templo del Sol en Heliópolis, é igualmente fueron +puestos á contribución los santuarios de Atenas, Delos, Cizica é Isis y +Osiris, en Egipto. Dos arquitectos griegos, los mejores de la época, +Antemio de Tales é Isidoro de Mileto, se encargaron de la dirección de +los trabajos; pero la credulidad popular, ansiosa de lo maravilloso, +propaló que un ángel habÃa entregado á Justiniano los planos del +monumento con el dinero necesario para construirlo.<a name="page_255" id="page_255"></a></p> + +<p>Diez mil obreros, dirigidos por cien maestros alarifes, trabajaron á la +vez. Una capa de betún de veinte varas de espesor, que llegó á adquirir +la dureza del hierro, sirvió de base al edificio. Los alfareros de Rodas +hicieron los ladrillos para la bóveda de una tierra tan ligera, que doce +de ellos no llegaban á pesar lo que un ladrillo ordinario. Todos ellos +llevaban una inscripción: «Es Dios quien me ha fundado y Dios me +socorrerá.»</p> + +<p>La construcción fué una mezcla de esfuerzos arquitectónicos y ceremonias +religiosas. Los sacerdotes bendecÃan los materiales, acompañaban con +plegarias la erección de cada columna, y al elevarse los muros, los +albañiles introducÃan en la argamasa huesos de santos y otras reliquias.</p> + +<p>Sumas inmensas se consumieron en este alarde arquitectónico, y +Justiniano se vió en los mayores apuros, y recurrió á los medios más +criminales para conseguir dinero y terminar la casa de la Santa +SabidurÃa. Por fin, en 537 la obra quedó acabada. Después de una marcha +triunfal por el Hipódromo, con todo el esplendor de su corte bizantina, +y de pródigas distribuciones al populacho, hambriento de pan y ahÃto de +disputas teológicas, Justiniano inauguró el monumento.</p> + +<p>—¡Gloria á Dios, que me ha juzgado digno de terminar esta obra!—gritó +al entrar—. ¡He vencido á Salomón!</p> + +<p>Catorce dÃas duraron las plegarias, los festines públicos y las +distribuciones de dinero.<a name="page_256" id="page_256"></a></p> + +<p>La Santa Sapiencia vivió siglos en una relativa tranquilidad, sin otros +accidentes que los que sufren los monumentos gigantescos, eternos +enfermos necesitados de cuidados y reparaciones. Toda la vida del +imperio de Bizancio se reconcentró en ella. Bajo sus bóvedas se +consagraron aquellos emperadores que se asesinaban unos á otros, se +sacaban los ojos, ó degollaban en masa á sus súbditos, por si el Hijo +era igual al Padre, y otras sutilezas teológicas, que tomaron el +carácter de verdaderos programas polÃticos.</p> + +<p>El dÃa que los turcos sitiadores acabaron por penetrar en +Constantinopla, una muchedumbre de sacerdotes, mujeres y combatientes +fugitivos se amontonó en la santa basÃlica, que tenÃa ya cerca de mil +años de antigüedad. El caudillo victorioso entró á caballo hasta el +altar mayor, y gritó agitando su cimitarra: «No hay más Dios que Dios, y +Mohamed es su Profeta.»</p> + +<p>¡Se acabó la Santa Sapiencia! Las cruces rodaron por el suelo, los +sables se enrojecieron hundiéndose en la muchedumbre cristiana, y el +saqueo y la matanza dentro de la basÃlica duraron tres dÃas.</p> + +<p>En el momento de la entrada de los turcos, un sacerdote celebraba la +misa, y huyó del altar con el sagrado cáliz, desapareciendo por una +puertecilla practicada en una de las galerÃas. Inmediatamente la puerta +se cerró milagrosamente, con una pared de piedra que nadie pudo +distinguir del<a name="page_257" id="page_257"></a> resto del muro. El dÃa que Santa SofÃa sea devuelta al +culto cristiano y los turcos huyan expulsados de Constantinopla, volverá +á abrirse la puerta y el mismo sacerdote acabará su misa interrumpida.</p> + +<p>Esto lo sé por mi guÃa Stellio, un honrado griego, verÃdico y creyente, +que me acompaña á todas partes, discurriendo el medio más rápido y +seguro para extraer el dinero de mis bolsillos.</p> + +<p>Los historiadores de Santa SofÃa dicen que esto es una leyenda; pero +Stellio se rÃe de su ignorancia.</p> + +<p>Todas las viejas del barrio del Fanar, residencia de las antiguas +familias griegas, piden á Dios que no las llame á su seno sin haber +visto antes á ese pobre sacerdote, que aguarda entre paredes, durante +cuatro siglos y medio, el momento de terminar su misa.<a name="page_258" id="page_258"></a></p> + +<h3><a name="XXVII" id="XXVII"></a>XXVII<br /><br /> +El Papa griego</h3> + +<p>El barrio del Fanar es Bizancio que se sobrevive. Los griegos, antiguos +señores de la gran ciudad, se refugiaron en este barrio después de la +conquista turca, y allà continúan, en viejos palacios adosados á +murallas medio derruÃdas del tiempo de los Paleólogos.</p> + +<p>Los guerreros bizantinos se hicieron comerciantes después de la derrota, +ó mejor dicho, continuaron siéndolo, pues en tiempo de su imperio +siempre fueron mercaderes, dejando la defensa de su paÃs confiada á +bravos mercenarios comprados en Asia ó en Bulgaria.</p> + +<p>La fama de los comerciantes <i>fanariotas</i> ha sido universal. Durante +siglos, el oro de todo el mundo se amontonó en este barrio del Fanar. +Los turcos belicosos, ocupados en hacer la guerra á la cristiandad, +dejaron á los griegos, vencidos y astutos, el manejo de sus riquezas, y +el <i>fanariota</i> fué el intermediario entre Asia y Europa, el mercader<a name="page_259" id="page_259"></a> de +los objetos preciosos de Oriente, y al mismo tiempo el proveedor y +prestamista de sus señores otomanos. Este barrio del Fanar ha sido +durante siglos una Venecia, una Génova, de poderoso movimiento +comercial. Una gran flota mercante movÃase en los mares de Oriente y en +todo el Mediterráneo, siguiendo las inspiraciones de sus mercaderes. El +Cuerno de Oro, que lame con sus aguas las piedras verdosas de los +edificios del Fanar—palacios obscuros con balcones bajos, que casi se +tocan con la cabeza—, veÃase cortado incesantemente por las galeras que +llegaban de las escalas de Siria y el Mar Negro y partÃan hacia los +puertos de Nápoles y Marsella.</p> + +<p>Hoy el Fanar está solitario y tranquilo. Junto á sus muelles no se ven +más que viejas barcazas en reparación, y enfrente, al otro lado del +brazo de mar, los navÃos de guerra turcos, los buques antiguos que +sirven de pontones, y el palacio del Almirantazgo rodeado de las +innumerables construcciones del Arsenal. Mas los <i>fanariotas</i> aun viven +tan ricos y poderosos como en otros tiempos. Los nuevos puentes que +dificultan la navegación en el Cuerno de Oro, el gran calado de los +buques modernos y las exigencias del comercio, les han obligado á +trasladar sus oficinas á Galata, cerca del Bósforo, en medio de los +chorros de vapor, rugidos de sirena, chirriar de grúas y ensordecedora y +negra actividad de un puerto de nuestros dÃas.</p> + +<p>Pero las venerables casas del Fanar son, como<a name="page_260" id="page_260"></a> en otros siglos, á modo +de un tÃtulo de nobleza para los que las habitan, y en ellas siguen +viviendo las familias de estos griegos, más griegos que los que habitan +Atenas, y que hacen remontar sus orÃgenes en lÃnea recta á los tiempos +gloriosos del imperio bizantino.</p> + +<p>El pequeño reino actual de Grecia se nutre de la rica savia del Fanar. +Todos estos helenos de Constantinopla son grandes patriotas, con el +entusiasmo nacional excitado por largos siglos de servidumbre y +desgracia. Son riquÃsimos, pero no tienen una patria. Fingen sumisión al +turco, á quien explotan, pero su pensamiento va á todas horas á la +pequeña nacionalidad formada en torno de la acrópolis ateniense, viendo +en ella como un huevo del que resurgirá un pasado glorioso.</p> + +<p>¡Atenas! ¡Constantinopla!... Estos dos nombres de gran sonoridad excitan +á todas horas su entusiasmo. Todos conocen en el Fanar los misterios del +porvenir. Grecia volverá á ser lo que fué: se apoderará de la Macedonia, +se extenderá por las riberas de Asia, pasará un dÃa los Dardanelos, y la +antigua Bizancio será otra vez helena, brillando sobre la cúpula de +Santa SofÃa la cruz del Santo SÃnodo, en vez de la media luna de oro. Y +enardecidos por una fantasmagorÃa tan generosa, no hay sacrificio que no +hagan estos comerciantes avaros, capaces de los mayores crÃmenes en el +curso de los negocios, y que, sin embargo, desparraman el dinero á manos +llenas en empresas patrióticas.<a name="page_261" id="page_261"></a></p> + +<p>Los griegos del archipiélago vuelven sus ojos al Fanar cada vez que +intentan moverse. La sublevación de los isleños de CandÃa, las +guerrillas macedónicas, la misma guerra turcohelena de hace pocos años, +que tan grotesco y vergonzoso final tuvo para los nietos de TemÃstocles, +y la agitación presente, que convierte las fronteras griegas en perpetuo +campo de combate, todo es obra del dinero <i>fanariota</i>, que corre +pródigamente, como sangre vivificadora del patriotismo. El griego de +Constantinopla es un buen súbdito del sultán, incapaz de provocar ningún +disturbio. Procura separarse del armenio revoltoso, que intenta +revoluciones dentro del imperio, pero trabaja y sacrifica su fortuna por +crear á éste en el exterior toda clase de conflictos.</p> + +<p>No sólo piensa en su pequeña patria para lanzarla á la guerra contra el +paÃs en que vive. Sabe que los pueblos son grandes por algo más que las +armas y que la fama imperecedera de la antigua Grecia no se asienta en +los ruidosos triunfos sobre los persas, sino en las enseñanzas y las +inspiraciones de los filósofos, poetas y artistas, gloriosos abuelos de +la presente humanidad. La grandeza intelectual de su raza preocupa á los +<i>fanariotas</i> hasta el punto de que en Grecia es insignificante la +instrucción pública costeada por el gobierno, en comparación con la que +sostiene la iniciativa particular. No muere un griego rico de +Constantinopla que no deje fuertes legados para las escuelas<a name="page_262" id="page_262"></a> de su +paÃs. Muchos han dejado dos y tres millones de francos. Innumerables +escuelas del archipiélago, grandes universidades, valiosas bibliotecas +se sostienen con herencias de patriotas del Fanar, que pasaron su vida +explotando á turcos y cristianos y dando las más fieles muestras de +adhesión al sultán que aborrecen.</p> + +<p>Además, el Fanar es para todos los griegos del mundo el barrio santo, la +tierra sagrada donde tiene puesto un pie Dios: algo semejante á lo que +es para el católico el barrio de Roma inmediato al TÃber, donde alza la +basÃlica de San Pedro su enorme cúpula y se alÃnean perforando la piedra +las innumerables ventanas del Vaticano.</p> + +<p>En el Fanar está el palacio del Patriarcado, la residencia del Papa +griego, llamado vulgarmente Patriarca de Constantinopla.</p> + +<p>Este representante de Dios es un personaje poderosÃsimo, un sacro pastor +que extiende su cayado de oro sobre millones de mÃsticas ovejas. Si el +Papa de Roma no tuviese al otro lado del Atlántico la antigua América +española, su colega de Constantinopla serÃa tan poderoso como él. +Grecia, Bulgaria, Servia, Rumania, Montenegro, los cristianos ortodoxos +de la enorme TurquÃa, que son millones, y la inmensa Rusia, que aunque +autónoma religiosamente, respeta, sin embargo, al sumo sacerdote de +Constantinopla, forman el feudo espiritual de este pontÃfice que vive en +el barrio del Fanar y una vez al año bendice toneladas<a name="page_263" id="page_263"></a> y toneladas de +aceite, convirtiéndolo en óleo santo que envÃa á los metropolitanos y +popes de sus Estados.</p> + +<p>El patriarca actual es JoaquÃn II. Un amigo suyo, que á la vez lo es +mÃo, me invita á visitar al PontÃfice, ensalzando la llaneza de su trato +y costumbres. ¿Por qué no?... El amigo añade que ya ha hablado de mà á +Su Santidad, y una tarde á las dos, llegamos juntos al palacio del +Patriarcado.</p> + +<p>Es un enorme caserón sin adorno alguno, situado en la cumbre de una +colina vecina al Cuerno de Oro. Una tapia alta cierra los patios +exteriores, y ante la triple puerta de entrada hay un cuerpo de guardia.</p> + +<p>Su Santidad es después del Gran Imán el primer funcionario religioso del +Imperio. El sultán lo recibe con frecuencia y vive en las mejores +relaciones con él, temiendo la influencia que puede ejercer sobre varios +millones de almas que forman parte del pueblo otomano. Los soldados +turcos, fervorosos musulmanes, velan, bayoneta en el fusil, sobre la +existencia y el reposo de este sacerdote extraño á sus creencias, lo +mismo que en Jerusalén montan la guardia cerca del sepulcro de Cristo. +Además, Su Santidad recibe del sultán una paga enorme, uno de esos +sueldos inauditos que sólo puede concebir la prodigalidad de un soberano +oriental.</p> + +<p>JoaquÃn II es bueno y tan generoso al repartir como el sultán al dar. +Vive sin aparato, como en<a name="page_264" id="page_264"></a> los tiempos que era un pobre teólogo en una +universidad de Grecia, y su enorme asignación la devora el populacho del +Fanar, que descansa en sus tugurios como una nube de langosta en torno +del Patriarcado.</p> + +<p>Entramos en éste por una puerta lateral. El arco del centro está +cerrado, y sólo se abre, con largos intervalos de años, en las grandes +conmemoraciones religiosas.</p> + +<p>En el interior encontramos unos criados, bigotudos y morenos, semejantes +á los piratas antiguos del archipiélago, y popes jovencitos que deben +ser familiares de Su Santidad. Subimos una escalera de madera con +esterilla de junco. Las paredes están adornadas con pinturas de imágenes +bizantinas y retratos de patriarcas. Entramos en un salón de espera +igualmente modesto, con la misma esterilla é idénticos retratos de +patriarcas: cabezas venerables y barbudas, con la mitra cuadrada y +lóbrega envuelta en una gasa fúnebre que pende sobre los hombros y la +cruz de oro destacándose sobre el pecho negro.</p> + +<p>Se abre una puerta, y avanza unos pasos en la inmediata habitación un +pope de estatura enorme, un venerable gigante que mueve los brazos +invitándonos á entrar.</p> + +<p>Hermoso hombre. Yo, que no soy bajo de estatura, tengo que echar atrás +la cabeza para verle bien. Tiene blancas, con una nitidez de nieve, las +barbas luengas y ensortijadas; blancas igualmente,<a name="page_265" id="page_265"></a> las guedejas que se +escapan de su alto gorro, semejante á un sombrero de copa sin alas. Pero +el rostro es joven, y aunque algo demacrado, da una impresión de fuerza +y salud, por el lustre de la tez, de un moreno rojizo, y la solidez ósea +de la faz. La nariz, un tanto grande y demasiado aguileña, es sin +embargo hermosa por su pureza de lÃneas, sin la más leve desviación. Los +ojos, grandes é imperiosos, ojos de mando que se esfuerzan por ser +dulces, parecen gotas de densa tinta, brillando un pequeñÃsimo punto de +luz en su negra intensidad.</p> + +<p>Este gigante, blanco, fuerte y majestuoso como un Padre Eterno, se agita +al andar con enérgicos movimientos y encorva la espalda para ponerse al +nivel de los que llegan. Mi amigo se inclina al coger su diestra y besa +un gran anillo. Entonces reparo en la faja de seda que ciñe la sotana +del arrogante sacerdote y en la cruz que brilla sobre su pecho, con un +suave fulgor de oro antiguo. Es JoaquÃn II.</p> + +<p>Mi amigo le habla en griego brevemente, y yo adivino por las miradas que +hace mi presentación.</p> + +<p>—¡Ah, Blascos!—dice el Patriarca con una voz sonora de barÃtono, al +mismo tiempo que me coge una mano y tira de mà para que avance—. +¡Blascos Ibañides!...</p> + +<p>Cualquiera dirÃa que Su Santidad se habÃa pasado la existencia no oyendo +otro nombre que el mÃo. Es la amabilidad superior de los soberanos, de +los grandes personajes que fingen conocer á<a name="page_266" id="page_266"></a> todos los que llegan y +parecen recordar sus nombres, que les han dicho momentos antes. Y +repitiendo mi apellido desfigurado á la griega, con una expresión +satisfecha, como si no conociera otra cosa, me empuja con su volumen de +coloso, me hace sentar en un diván redondo en el centro de la pieza, y +él vuelve al sillón dorado y viejo que ocupaba momentos antes.</p> + +<p>La sala, larga y estrecha, es una galerÃa cerrada con cristales. Al +través de ellos, se ve abajo parte del caserÃo del Fanar, y más allá de +los tejados, una mitad del Cuerno de Oro, los navÃos de guerra, el +Arsenal, y los montes desnudos de la ribera de enfrente, con abandonados +cementerios turcos, en los cuales las blancas fichas de las tumbas dan +la sensación de lejanos corderos rumiando inmóviles en las laderas.</p> + +<p>El Patriarca está sentado de espaldas á los cristales, con el cuerpo en +la sombra y rodeado de un nimbo de luz que forma el sol de la tarde en +torno de su alba cabellera. Junto á él sonrÃe un joven pequeño, vestido +como un <i>gentleman</i>, el monóculo brillante sobre el rostro afeitado y el +pelo rubio y lustroso partido por una raya central en dos bandós que +caen sobre la frente cual lacios cortinajes. Es el secretario de la +legación de Grecia, que está en conferencia con el Patriarca y juntos +pasan el tiempo hablando de los asuntos del amado paÃs.</p> + +<p>JoaquÃn II habla en su idioma, de sonora armonÃa,<a name="page_267" id="page_267"></a> ininteligible para +mÃ, y al terminar mi amigo, que parece emocionado en presencia del +Patriarca y apenas osa levantar los ojos, me dice en francés:</p> + +<p>—Su Santidad está muy contento de verle, y dice que le es usted +simpático... Además le desea una estancia muy feliz en Constantinopla.</p> + +<p>—Su Santidad es muy amable. Dele usted las gracias.</p> + +<p>Quedamos los cuatro en profundo silencio, mirándonos, como es de buen +tono en toda visita oriental, donde la conversación animada no surge más +que tras larguÃsima pausa luego de haber tomado el café.</p> + +<p>El Patriarca ha dado sus órdenes con una voz de marino que ordena una +maniobra, y aparecen los criados trayendo el inevitable obsequio de toda +visita.</p> + +<p>El café no es gran cosa, los cigarrillos son comunes y el servicio de +porcelana de lo más vulgar. JoaquÃn II vuelvo á repetir que vive +pobremente, como un hombre de escasas necesidades. Nos ofrece las tazas +y los cigarrillos con ademanes de graciosa cortesÃa, pero él no bebe ni +fuma. Sólo la confitura es magnÃfica: un dulce de exquisitez monacal, +formado de diversos y misteriosos aromas: un regalo tal vez de lejano +convento, ó de algunas griegas devotas, enclaustradas voluntariamente en +algún ruinoso palacio del Fanar.</p> + +<p>El Patriarca, sin dejar de mirarme, habla al joven<a name="page_268" id="page_268"></a> que tiene al lado. +Este sacude su actitud indolente, se desenrolla en el interior de su +sillón, y avanza la cabeza, en la que parece pegado el monóculo, +sonriéndome con diplomática calma. Su Santidad sólo habla el griego y el +turco, pero desea conversar conmigo. Es la primera vez que ve á un +español. Él me traducirá en francés lo que diga Su Santidad y á +continuación le comunicará en griego lo que yo responda.</p> + +<p>—Puede preguntar Su Santidad lo que guste.</p> + +<p>Y JoaquÃn II se lanza á hablar apresuradamente, con un Ãmpetu de orador +tribunicio, rodando como truenos los párrafos sonoros, en los que +abundan las armoniosas onomatopeyas.</p> + +<p>Cuando el Papa se calla, el diplomático hace la traducción, +acompañándola de fina sonrisa.</p> + +<p>—Su Santidad dice que siente muchÃsimo las desgracias de España; que +durante la guerra con América, dedicó muchas veces sus oraciones á +vuestro pueblo, que le es muy simpático, y que comprende que en vuestro +paÃs aun estará vivo el dolor por tan grandes pérdidas.</p> + +<p>La lástima bondadosa de JoaquÃn II me irrita un poco.</p> + +<p>—DÃgale á Su Santidad que no hay para qué lamentarse de lo pasado; que +en mi paÃs ya nadie se acuerda de eso, y que habiendo perdido hace un +siglo casi toda la América, no habÃa razón para conservar unas cuantas +islas que eran en cierto modo un bagaje pesado.<a name="page_269" id="page_269"></a></p> + +<p>El Patriarca, de ojos imperiosos, es un intuitivo, de rápida +penetración. Mirándome fijamente parece adivinar mis palabras, mueve la +cabeza como si me entendiese, y cuando el secretario hace su traducción, +él se adelanta completando las ideas.</p> + +<p>Continúa el diálogo entre Su Santidad y yo, con la mediación del +elegante intérprete. JoaquÃn II se entera con gran interés de las +costumbres españolas, de las que tiene una vaga y fantástica idea, y me +pregunta especialmente por nuestra literatura nacional.</p> + +<p>Él, gran erudito en letras clásicas, comentador de Homero, como todo +griego ilustrado que se respeta un poco, no conoce nada de España. Hace +muchos años, cuando no era en Atenas más que un simple pope dedicado á +enseñanzas teológicas, vió un drama español traducido al griego, un +drama de un señor que se llamaba... se llamaba...</p> + +<p>Y el patriarca y el diplomático se consultan con la mirada, al mismo +tiempo que pugnan por pronunciar un hombre, sin llegar á completarlo en +sus dudas.</p> + +<p>—Echegaray—digo yo, adivinando sus balbuceos.</p> + +<p>Su Santidad sonrÃe moviendo la cabeza. Eso es, Echegaray. El Patriarca +guarda un hermoso recuerdo de la obra. Indudablemente fué la única vez +que asistió al teatro el austero sacerdote.</p> + +<p>—¿Vive aún <i>monsieur</i> Echegaray?—pregunta Su<a name="page_270" id="page_270"></a> Santidad con gran +interés por mediación del secretario.</p> + +<p>—Vive, y á pesar de sus años es animoso como un muchacho y no descansa.</p> + +<p>Su Santidad vuelve á sonreir, como si bendijese con el gesto al lejano +poeta que alegró con la magia del arte algunas horas de su existencia. Y +yo sonrÃo también, pensando en el ilustre don José, muy ajeno á +imaginarse que el Papa griego es uno de sus más sinceros admiradores, +con esa admiración del que sólo ha ido una vez al teatro y se acuerda +del magno suceso durante toda su vida.</p> + +<p>El Patriarca, después de esto, habla de la literatura griega +contemporánea. Hay en Atenas poca producción; escasos dramas y muy +contadas novelas. Los literatos, antes de dedicarse al trabajo, viven +enzarzados en interminable disputa sobre si deben escribir en griego +antiguo ó en el griego vulgar que hoy se habla en el archipiélago. Esta +disputa apasiona á la nación entera, dividida en dos partidos.</p> + +<p>—Su Santidad pregunta qué opina usted sobre esto—dice el secretario.</p> + +<p>—Pues dÃgale á Su Santidad que si novelas y dramas tienen por +protagonistas á personajes de ahora, lo natural es que hablen el griego +moderno, aunque no sea puro. Un mozo de cordel del Pireo no va á +expresarse como el Aquiles homérico.</p> + +<p>El Patriarca acoge mis palabras con un gesto<a name="page_271" id="page_271"></a> cortés, pero deja adivinar +en sus ojos que piensa todo lo contrario.</p> + +<p>La conversación languidece y yo me preparo á marcharme. Llevo más de +media hora con Su Santidad é indudablemente muchos fieles de importancia +aguardan en la antesala.</p> + +<p>El PontÃfice de Constantinopla es un Papa <i>constitucional</i>. Ni es +infalible por sà solo, ni puede tomar una resolución en materias de fe. +Dos veces por semana se reune bajo su presidencia el Santo SÃnodo, +compuesto de eclesiásticos y laicos influyentes, y esta asamblea es la +que legisla, dejando al Patriarca el poder ejecutivo.</p> + +<p>Voy á abandonar mi asiento, cuando JoaquÃn II emprende una larga arenga +dirigida al secretario, en la que percibo varias veces la palabra +<i>democraticón</i>. El Patriarca parece poner un gran interés en lo que +dice, y cuando al fin calla, el diplomático me habla gravemente.</p> + +<p>—Su Santidad pregunta si en España los sacerdotes son muy respetados, +si la religión tiene el mismo prestigio que en otros tiempos, si los +reyes son queridos, y sobre todo, si existen partidos democráticos como +en otras naciones desgraciadas, y si el pueblo, movido por malas +enseñanzas, intenta levantarse contra sus mayores.</p> + +<p>Quedo indeciso algunos momentos. ¿Qué contestar al buen Patriarca?... +Después de tan buena acogida, siento cierto escrúpulo de decirle la +verdad. ¿Para qué discutir con él? ¿Para qué desvanecer<a name="page_272" id="page_272"></a> la santa +ignorancia de este sacerdote, que ya no volverá á acordarse de España y +jamás podrá influir en nuestra suerte?...</p> + +<p>—DÃgale á Su Santidad que allá no hay partidos democráticos ni nada de +esas pestes modernas que como él dice hacen la infelicidad de los +pueblos. Los reyes velan por nuestra dicha; los sacerdotes son +veneradÃsimos; todos los españoles somos católicos...</p> + +<p>JoaquÃn II sonrÃe, adivinando otra vez mis palabras, y mueve sus melenas +blancas y su gorro negro, como diciendo: «Muy bien.»</p> + +<p>—Su Santidad—añade el diplomático al poco rato—dice que se alegra +muchÃsimo de las palabras de usted, que éstas son para él un inmenso +consuelo, y que España será siempre grande si no se aparta del buen +camino.</p> + +<p>Me levanto, despidiéndome del Papa con una solemne inclinación. Su +Santidad está alegre, parece encantado por mis afirmaciones, y me +acompaña hasta la puerta, repitiendo mi nombre con paternal sonrisa.</p> + +<p>—¡Blascos! ¡Ah, Blascos! ¡Blascos Ibañides!...</p> + +<p>No me entrega su mano á besar como á los otros. Respeta mis escrúpulos +de buen católico español, pero me acompaña, dándome cariñosos golpes en +un hombro con sus manos fuertes, y la más paternal de las sonrisas +contrae las ondas de nieve de su barba.</p> + +<p>Cuando llego á la puerta le parece poco esta<a name="page_273" id="page_273"></a> despedida, y eleva la +diestra con su gran sortija de oro... y me bendice.</p> + +<p>Salgo del Patriarcado admirando la espontánea solidaridad de todos los +que viven á la sombra de la cruz. ¡Extraña y poderosa fracmasonerÃa de +los hombres de sotana! Durante siglos y siglos, el Vicario de Dios en +Roma y el Vicario de Dios en Constantinopla se han insultado con baba +rabiosa, llamándose hijos del diablo, asquerosas vÃboras y demás +insultos inventados por el rencor eclesiástico, maldiciéndose con +acompañamiento de cirios llama abajo y cánticos de muerte. Ahora fingen +no conocerse, ignoran mutuamente su existencia, viven vueltos de +espalda, asumiendo cada uno la verdadera herencia de Cristo, y sin +embargo, por encima de tantos siglos de abominación y de odio, se entera +cada uno de la existencia del otro, y celebra que ésta sea próspera y +fuerte. Lo mismo hacen los comerciantes cuando preguntan con interés por +los negocios de los colegas, y se alegran de que marchen bien, aunque +nada les produzcan, viendo en ellos una prueba de que el mercado no se +debilita, de que sigue la demanda y de que mientras los clientes no se +llamen á engaño habrá ganancia para todos.</p> + +<hr style="width: 5%;" /> + +<p>Algunos dÃas después, al volver al centro de Europa, el tren que me +conducÃa chocó con otro de mercancÃas en las inmediaciones de Budapest.<a name="page_274" id="page_274"></a> +Cinco muertos y un número enorme de heridos. Yo salà ileso.</p> + +<p>Luego en ParÃs recibà una carta del amigo que me habÃa presentado al +Patriarca.</p> + +<p>Su Santidad, al leer la noticia en los diarios griegos de +Constantinopla, habÃa celebrado mucho la inspiración que tuvo al +bendecirme, y repetÃa sobre mi cabeza el gesto pontifical, +recomendándome de nuevo en sus oraciones.</p> + +<p>Leyendo esto me expliqué mi buena suerte.</p> + +<p>En adelante, siempre que vaya á un paÃs donde exista Papa, pienso no +salir de él sin la correspondiente bendición.<a name="page_275" id="page_275"></a></p> + +<h3><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a>XXVIII<br /><br /> +Turcas y eunucos</h3> + +<p>Cuando un occidental relata su viaje á TurquÃa, la curiosidad, excitada +por todo lo que es extraño y misterioso, le interrumpe siempre con las +mismas preguntas:</p> + +<p>—¿Y las turcas? ¿Y la vida del harem?... ¿Y los eunucos?</p> + +<p>¡Las turcas!... Se las ve en todas partes; pasean por los cementerios, +frondosos como jardines; entran tapadas á hacer sus compras en las +lujosas tiendas á la europea, van en la buena estación á solazarse en +las Aguas Dulces de Asia, lugar de moda á orillas del Bósforo; salen en +carruaje, ó transitan á pie por el Gran Puente; se visitan unas á otras; +gozan de más libertad que las europeas; salen á la calle tanto como +éstas, y sin embargo, no hay en Constantinopla nada tan misterioso é +inabordable como las mujeres.</p> + +<p>Viviendo aquÃ, se convence el europeo de la frescura con que han mentido +los novelistas y los<a name="page_276" id="page_276"></a> poetas al describir amores entre turcas y +cristianos. En otros tiempos, tal vez pudo ser esto. Durante el reinado +de Abdul-Aziz, loco generoso, Nerón oriental, que condecoraba á sus +gallos de pelea con las mismas bandas usadas por los generales, y se +divertÃa arrojando al populacho espuertas de monedas de oro, tal vez +podrÃan desarrollarse estos amores internacionales. Abdul-Aziz, +apasionado romántico de la emperatriz Eugenia, debió ser tolerante con +las pasiones de sus súbditas.</p> + +<p>El actual emperador Abdul-Hamid, austero creyente que se encierra en la +tradición y el aislamiento de raza para defenderse de la codicia +europea, muestra empeño en evitar que la mujer musulmana tenga contacto +alguno con el cristiano, y vela sobre ella con una minuciosidad de +déspota curioso y activo, que lo mismo ansÃa conocer el pensamiento del +emperador de Alemania que las intrigas del harem del último de sus +pachás.</p> + +<p>Las damas turcas marchan encubiertas por las calles de Pera, +contemplando al través del velo á los europeos, que las siguen con ojos +ávidos. Aburridas por la soledad del harem y la indiferencia de un señor +en el cual el exceso de cantidad embota y debilita todo afecto, ¡cuántas +veces su pequeño cerebro de niña, apenas educada, experimenta la +embriaguez del deseo, viendo en este barrio cristiano la gran abundancia +de hombres, venidos solos del otro extremo de Europa, y á los<a name="page_277" id="page_277"></a> que un +celibato forzoso da audacias y ademanes de lobo carnÃvoro!...</p> + +<p>Viven libres, sin ver al esposo más que de tarde en tarde; pueden entrar +y salir de su casa sin otra vigilancia que la del eunuco, fácil de +sobornar; disponen de su tiempo mejor que una europea, y sin embargo, la +intriga amorosa es dificilÃsima para ellas, por no decir imposible.</p> + +<p>Que levanten un poco el velo sobre su rostro para dejarlo visible al +hombre que pasa, y al momento, un otomano, que parece distraÃdo en medio +de la acera tomando el aire, seguirá sus pasos cautelosamente, para +saber en qué termina la inusitada audacia. Que se permita un gesto, una +mirada significativa ó volver la cabeza, y el polizonte avisará en el +mismo dÃa al marido ó al padre.</p> + +<p>La policÃa y la fuerza tradicional de las costumbres velan sobre la +mujer turca, la rodean á todas horas, dejándola en completa libertad +para todo... para todo, menos para lo que ella desearÃa.</p> + +<p>Una tercera parte del presupuesto del imperio se consume en servicio +policÃaco. Un importante personaje de la corte es el jefe de los espÃas, +y á su vez hay espÃas de los espÃas... y asà hasta lo infinito. Todas +las clases de TurquÃa figuran en el inmenso cuerpo de la delación. Los +policÃas se reclutan lo mismo entre los mozos de cordel de los muelles +que entre los grandes personajes. Algunos cobran un sueldo mucho mayor +que el de un ministro de Europa. Lo que cuesta al sultán<a name="page_278" id="page_278"></a> este servicio, +representa más que lo invertido por algunos Estados en ejército, marina, +administración y obras públicas. Muchos de los señoritos turcos que +pasean en caique, llenan los cafés y teatros de Pera y son clientes de +los sastres europeos, luciendo empinados bigotes á lo kaiser, bajo el +erguido fez, no tienen otro medio de existencia que lo que cobran por +repetir al ministro de PolicÃa cuanto ven y cuanto oyen.</p> + +<p>Además, para las mujeres, todo turco es un agente que vigila por las +buenas costumbres. El europeo no puede mirar mucho tiempo, y con marcada +atención, á las mujeres que pasan. Imposible seguir sus pasos, como +ocurre en las ciudades europeas. Si es en el barrio puramente turco de +Stambul, corre peligro de recibir como aviso una pedrada ó un palo. Si +es en las demarcaciones europeas de Pera y Galata, cualquier respetable +<i>effendi</i> que pasa junto á él le preguntará cortésmente si es forastero, +ya que le ve faltar tan abiertamente á las costumbres del paÃs.</p> + +<p>La mujer, sitiada por la vigilancia del policÃa y el fanatismo nacional +de todo compatriota, obligada á no hablar con otro hombre que el que +tiene en su casa, se venga de este aislamiento con un orgullo rencoroso, +que la hace antipática las más de las veces. En las aceras empuja al +hombre con soberano desprecio para que le ceda el paso. Cuando van en +carruaje se rÃen del transeúnte europeo con una insolencia de colegialas +en libertad.<a name="page_279" id="page_279"></a></p> + +<p>La mujer pobre ó de la clase media sigue fiel al dominó de pesado +damasco y á la cortinilla de gruesa seda que le sirve de antifaz. Asà se +la ve pasar, como máscara misteriosa, llevando en una mano la sombrilla +cerrada ó tirando de un turquito cabezudo, y sosteniendo con otra la +crujiente faldamenta, que deja ver las pantorrillas enormes, hinchadas, +elefantÃacas, por ir encerrados, dentro de las medias, los extremos de +los calzones interiores.</p> + +<p>Pero las grandes damas, las elegantes esposas de los pachás y los turcos +ricos, las moradoras de los haremes lujosos, hace tiempo que, valiéndose +de la moda, han acabado con los trajes tradicionales, que recluÃan á la +mujer en obscuro incógnito. Bajo el gabán oriental, semejante á una +<i>salida de teatro</i>, llevan trajes de ParÃs recargados de adornos y en +extremo vistosos. Se cubren el pelo y parte del rostro siguiendo las +exigencias de la costumbre religiosa, pero lo hacen con el <i>yachmaks</i>, +velo tenue y transparente como una nubecilla, suspiro de seda casi +impalpable, que sirve para dulcificar su rostro, pintado de rosa y +adornado con lunares artificiales, para dar mayor realce á sus ojos, +agrandados por una aureola negra de <i>kool</i>. Ocupando grandes carrozas +con ruedas doradas, y bajo la escolta de eunucos negros, á los que la +perturbación del sexo hace luchar con las señoras en chismes, odios é +histéricas rabietas, van á las tiendas ó visitan á las amigas de otro<a name="page_280" id="page_280"></a> +harem, situado á tres ó cuatro horas de distancia, al final del Bósforo.</p> + +<p>Algunas veces un harem se traslada á la orilla de Asia para ver á las +compañeras de un gran señor amigo del suyo. La visita dura tres ó cuatro +dÃas, y esposas y odaliscas, libres de velos y escrúpulos, en el +misterio de las habitaciones privadas, hacen en común sus comiditas de +muñecas, abundantes en dulce, duermen juntas, tocan y cantan, y sobre +todo, hablan... hablan mucho, con una verbosidad de prisioneras ó de +monjas, repitiendo los chismes del silencioso Stambul, donde las casas +parecen cárceles, con sus puertas siempre cerradas y sus ventanas de +celosÃa, tras las cuales espÃa á todas horas la curiosidad maligna, la +sospecha calumniosa, como en una muerta ciudad de provincias.</p> + +<p>Estas damas, mujeres opulentas á los diez y seis años, saben pintarse +las mejillas de carmÃn, los ojos de negro y las uñas de rojo, y en esto +invierten la mayor parte del dÃa. Además, las mejor educadas saben +fabricar agua de rosas, dulces de varias clases y á veces hasta bordan +gruesas flores de oro sobre telas de seda.</p> + +<p>Hablar, con una charla interminable de pájaro loco, embriagándose en sus +propias palabras, hablar bien de ellas y mal de sus amigas, es su mayor +placer. Se comprende que el buen turco, temiendo pasar el resto de su +vida frente á frente con una sola de estas hermosas muñecas, vacÃa<a name="page_281" id="page_281"></a> de +cráneo y expedita de lengua, multiplique su número para encontrar +alivio. Pero esta variedad, cuando todo el harem ha perdido el encanto +de lo nuevo, sólo sirve para aumentar el tormento.</p> + +<p>Los turcos modernos, que han viajado por Europa amoldándose á nuestras +costumbres, sólo tienen una mujer y sonrÃen cuando les hablan del harem. +Están enterados de lo que es la poligamia y compadecen á los turcos á +estilo antiguo, á los tradicionalistas, que por seguir la costumbre +tienen varias esposas.</p> + +<p>Sólo un pachá del viejo régimen poseedor de una paciencia inagotable ó +aficionado á murmuraciones y futilidades como una mujer, puede soportar +durante toda su vida el contacto con el rebaño femenino del harem.</p> + +<p>Es un error generalizado en Europa creer que la mujer turca, porque se +compra las más de las veces, es una esclava, un objeto, un ser sin +derechos y sin libertad, fuera de las leyes. La religión del Profeta +nunca habló con desprecio de la mujer, ni vió en ella un ser impuro, un +aborto del demonio, como los Padres de la Iglesia cristiana. El hombre +tiene sin disputa un alma superior, porque es el guerrero y pesan sobre +él los más rudos deberes de la vida, pero la mujer es igual á él en toda +clase de derechos. La ley musulmana sólo es implacable y feroz en caso +de infidelidad conyugal. Conoce la escasa solidez de estos seres +adorables y sin seso, y presiente que si abriese la<a name="page_282" id="page_282"></a> mano y no se +impusiera por el terror, ningún musulmán podrÃa llevar su turbante sobre +la frente con entera comodidad.</p> + +<p>En los antiguos haremes de TurquÃa figuraban sobre la puerta dos versos, +que poco más ó menos dicen asÃ:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i2">Nada iguala<br /></span> +<span class="i0">la astucia de la dama.<br /></span> +</div></div> + +<p>El encierro (que no es tal encierro, pues la turca sale á todas horas, y +ellas y los eunucos se entienden con la fraternal solidaridad del +interés común) y la prohibición de hablar con los hombres, son las dos +únicas tiranÃas que pesan sobre las mujeres de alta clase. Pero junto á +esto, ¡qué insoportables derechos, exagerados por la susceptibilidad +femenil, gravitan sobre el infeliz otomano, que entusiasta de las +glorias de la vieja TurquÃa, se empeña en mantener un harem, como alarde +de patriotismo!...</p> + +<p>Si hace un regalo á una de sus esposas, por costoso que éste sea, las +otras tienen derecho á otro igual, y pueden llevarlo á los tribunales +para exigÃrselo. Si una riñe con sus compañeras y declara que le es +imposible seguir viviendo en el harem, la ley turca obliga al marido á +que le construya una casa aparte; igual, absolutamente igual, hasta que +satisfaga los gustos de la esposa. Y se han visto pleitos que han durado +años y años, sin darse nunca por contenta la reclamante<a name="page_283" id="page_283"></a> al visitar la +nueva vivienda, exigiendo unas veces que tuviese igual número de +ventanas que la antigua, pretextando otras que las lámparas eran menores +en número, que los muebles no estaban tapizados con la misma seda, que +las alfombras no eran antiguas, y asà hasta lo infinito de una histeria +caprichosa, agravada por la rivalidad femenina.</p> + +<p>Y á más de esto, el amontonamiento de hijos que se forma en pocos años +en un harem rico, donde las esposas y odaliscas son un par de docenas y +el Señor, poderoso personaje falto de ocupaciones, se queda en casa los +frÃos dÃas de invierno, y únicamente sale los viernes para ver al sultán +en el Sélamlik.</p> + +<p>Yo he conocido á un viejo pachá, entusiasta de las tradiciones, que +tiene trescientos cuarenta y dos hijos. Es un hombre virtuoso, dado á +los estudios teológicos, poco amigo de pecados carnales, y que desprecia +á los europeos, como seres inferiores que á todas horas tienen el +pensamiento puesto en la mujer. à pesar de la extensa prole, yo no creo +en su concupiscencia. En la vida del harem no hay golpe perdido, y +aunque los olvidos de la virtud sean poco frecuentes, todos tienen +consecuencias por la variedad y el número de la colaboración, llegando +el respetable padre á no conocer á sus hijos ni saber sus nombres, á +pesar de que viven bajo el mismo techo.</p> + +<p>La poligamia es un lujo de personajes, y pocas<a name="page_284" id="page_284"></a> fortunas la soportan. +Los hijos son más costosos aún que las mujeres, pues hay que darles +colocación. Cada sultán se basta él solo para fabricar la mayor parte de +los gobernadores, generales y altos funcionarios de su imperio, y las +demás plazas las proveen, con su fuerza reproductora, los personajes que +viven junto á él.</p> + +<p>El harem imperial y el de los grandes pachás son incubadoras de altos +empleados que no dejan lugares libres á los turcos de más bajo origen. +Por algo se transmite el imperio de TurquÃa de hermano á hermano y no de +padre á hijo, como en las monarquÃas europeas. Si la sucesión imperial +fuese por este último sistema, TurquÃa vivirÃa en eterna guerra civil, +siendo centenares los pretendientes al trono que se combatirÃan, con una +saña de hermanos, cada uno de distinta madre.</p> + +<p>Los turcos modernos y jóvenes rÃen y rÃen del viejo harem. ¡La +poligamia! ¡Tonta inutilidad del pasado!... Ellos viven con sólo una +turca, ó con ninguna, admirando los grandes adelantos de la civilización +europea, la más perfecta de todas para la satisfacción de las +necesidades humanas, y cuando sienten el deseo de la variedad, pasan los +puentes y suben á Pera, y allà encuentran en las calles un harem suelto +y por horas, de rumanas, italianas, austriacas y judÃas.</p> + +<p class="c">*<br />* *</p> + +<p><a name="page_285" id="page_285"></a></p> + +<p>La afición de ciertos personajes á los progresos modernos, ha creado una +clase de turcas más infelices y dignas de compasión que la antigua dama +otomana, devota y contenta de su vida, satisfecha de sus visitas y sus +lujosos trajes, sin otro ideal que una joya nueva ó una banda con placa +de brillantes, regalo del sultán, sin otros horizontes que las montañas +de la ribera asiática, ni otros deberes que incubar nuevos turcos.</p> + +<p>Los grandes pachás que envÃan sus hijos á correr Europa, han traÃdo +institutrices ingleses y francesas para sus hijas. Muchas de las tapadas +que pasan en carruaje, delatando bajo sus orientales velos la frescura +esbelta de los pocos años, la delgadez de una mujer en formación, +desprecian las confituras, odian como perfume vulgar el aceite de rosas +y consideran el bordado como obra de esclavas, sonriendo ante las obras +de juventud que les enseñan con orgullo sus obesas madres. Tienen en una +pieza del harem donde nacieron un piano de cola, en el que tocan los +valses melancólicos de ChopÃn ó el último <i>couplet</i> de moda en ParÃs, y +cerca del sonoro Erard una biblioteca llena de novelas inglesas y +francesas. Algunas hasta han roto con la preocupación religiosa de la +raza, que prohibe la reproducción de las formas vivas, y pintan +acuarelas con palomos, flores ó barquitos.</p> + +<p>Conozco á una francesa vieja, que vive hace muchos años en +Constantinopla de dar lecciones<a name="page_286" id="page_286"></a> de su idioma y entra diariamente en +ricos haremes. ¡Las confidencias de estas pobres jóvenes, que han de +vivir como las mujeres del tiempo de Mohamed II, y por la imprudencia de +sus padres llevan bajo las vestiduras orientales la misma alma que una +muchacha de ParÃs ó Londres!...</p> + +<p>—Sabemos francés, sabemos inglés—dicen á la vieja confidente—. +Tocamos el piano, cantamos, pintamos. ¿Para qué todo esto?... La mujer +aprende para lucir sus conocimientos, para hacer vida de sociedad... +para hablar con los hombres.</p> + +<p>Y la pobre turca de moderno estilo sólo podrá hablar con uno, el que les +designe su padre como esposo. Un dÃa la adornarán de piedras preciosas y +se casará con un joven turco, al que sólo habrá visto de lejos, al +través de una celosÃa, y con el que cruzará la palabra por vez primera +en el momento de ser su esposa. La llevarán á una casa nueva, en la que +vivirá como única señora si su marido no ama las costumbres antiguas, ó +en la que se confundirá con otras, iguales á ella en derechos, distintas +á ella en alma, como si fuesen de otro planeta. Su madre se extrañará de +sus lágrimas y melancolÃas. Asà vivió ella, asà vivieron sus abuelas y +todas las honradas damas temerosas de Dios. Pero la madre era feliz, +abroquelada en su santa ignorancia: no la habÃan hecho morder el fruto +embriagador de la cultura occidental... Y la infeliz reclusa de las +tradiciones de su pueblo, asustada ante el porvenir, y mientras llega<a name="page_287" id="page_287"></a> +el momento del matrimonio, se consuela con la lectura, y devora las +novelas francesas que llenan los escaparates de las librerÃas de la gran +calle de Pera.</p> + +<p>Sus autores favoritos son los mismos de las damas europeas; novelistas +elegantes y discretos que creen en Dios y sólo describen personajes con +buenas rentas, faltos de ocupación y dedicados al amor. La pobre turca +admira á la duquesa rubia y <i>espiritual</i>, que en cada capÃtulo luce un +traje nuevo de Paquin ó de Doucet; se crispa con los dulces diálogos +entre ella y el conde ó el artista de moda; se conmueve ante las «crisis +de alma» que obligan á la noble señora á cambiar de amante todos los +años; la sigue palpitante de emoción cuando á la caÃda de la tarde va +cautelosa al estudio ó á la <i>garçonniére</i> de su nuevo Ãdolo, cubierta +con espeso velo (lo que llaman los grandes modistos <i>velo de +adulterio</i>); desfallece con la descripción de los sabios besos, en el +saloncito caldeado discretamente por la chimenea, sobre cuyo mármol hay +rosas, muchas rosas, como es de ritual en toda cita novelesca de +personas que se respetan... y la pobre turquita acaba por abandonar el +libro sobre sus rodillas, y queda con sus ojos de gacela pensativos y +lacrimosos.</p> + +<p>Esa es, indudablemente, la vida de las europeas: no puede ser otra, pues +todos los libros dicen lo mismo. Ella sabe inglés y francés; ella toca +en el piano cosas sentimentales; ella hablarÃa<a name="page_288" id="page_288"></a> tan bien como la duquesa +y la sentarÃa igual ó tal vez mejor el misterioso velo de la caÃda de la +tarde. ¡Y tiene que acabar su vida en un harem, murmurando con las +esclavas zafias y el eunuco negro, de risa infantil! ¡Y todos sus viajes +serán al Bósforo asiático, ó cuando más á Brussa, en el mar de Mármara! +¡Y el conde de sus ensueños, el artista de complicadas pasiones, será un +señor con el fez eternamente calado, que vivirá en una mitad de la misma +casa ocupada por ella, que entrará y saldrá por distinta puerta, que +tendrá diferente servidumbre, como si fuese un huésped, y sólo una ó dos +veces por semana vendrá á tomar con ella varias tazas minúsculas de +café, y fumará cigarrillo tras cigarrillo, pensando en el último gesto +del Gran Señor y en las intrigas del Yildiz Kiosk!...</p> + +<p>La virgen musulmana siente que un impulso de rebeldÃa rompe la costra de +su mansedumbre oriental, y tiende sus brazos con un crispamiento de +inmensa angustia, como si llamase en su auxilio el misterioso poder que +convierte en paraÃso la tierra maldita del Profeta, donde viven los +<i>giaoures</i>.</p> + +<p>—¡Oh Europa!... ¡ParÃs! ¡ParÃs!</p> + +<p>Algunas, más audaces ó afortunadas, llegan á consumar la rebeldÃa. Las +hay que han conseguido librarse por procedimientos novelescos de esta +tierra, donde para entrar y salir se necesita pasaporte. Viven en el +ParaÃso soñado, en ParÃs, y repiten<a name="page_289" id="page_289"></a> á la inversa la afición poligámica +de sus ascendientes. En Constantinopla nadie quiere hablar de esto, como +no sea para negarlo. El Gran Señor sufre enormes disgustos con estas +fugas.</p> + +<p>Hace poco tiempo, en un mitin feminista de Suiza, al que asistieron +mujeres de todas las naciones, subió á la tribuna una joven de ojos +orientales, que hablaba con facilidad varios idiomas, y se expresó con +reconcentrado odio contra la tiranÃa masculina.</p> + +<p>Era una parienta del sultán fugada del harem imperial.</p> + +<p class="c">*<br />* *</p> + +<p>En TurquÃa todavÃa existe la venta de esclavas.</p> + +<p>Yo quise cándidamente ver un mercado. No existe mercado. Desde que +Inglaterra y otras potencias intervinieron en la vida interna de +TurquÃa, se acabó la trata de esclavas. Los antiguos caravanserrallos, +enormes posadas de vastos claustros donde hace cincuenta años se +exhibÃan libres de velos los lotes de carne juvenil llegados de la +Circasia, sólo están ocupados hoy por mercaderes de Trebisonda y Bagdad, +que fuman su <i>narghilé</i> exhibiendo pacientemente los rollos de tapices y +los cofrecitos repletos de piedras preciosas.</p> + +<p>Las esclavas se guardan y se venden en las casas de los particulares. +Todo turco á la antigua tiene una irresistible tendencia á la mercaderÃa +de<a name="page_290" id="page_290"></a> carne femenil. Es una afición atávica heredada de sus ascendientes, +invasores de reinos y bandidos del mar. Cuando un personaje de Stambul +tiene un crédito por cobrar en las provincias de Asia, las más de las +veces le paga éste con una pareja de niñas flacas, mal comidas, pero de +espléndidos ojos, que á su vez ha adquirido de los padres, mÃseros +montañeses de la Georgia.</p> + +<p>Las pequeñas sirven de criadas de lujo en la casa de Stambul, hasta que +la pubertad empieza á hinchar sus formas y el señor propone la mercancÃa +á sus conocidos, verificándose la venta amigablemente, sin intervención +alguna de los representantes de la ley.</p> + +<p>Cuando se visita la morada de un turco á la antigua, salen á vuestro +paso, en el departamento de los hombres, pequeñas niñas sin velo, con +anchos calzones y la trenza colgando sobre la espalda, que os toman el +sombrero y el bastón, dándoos la bienvenida como si fuesen hijas del +dueño. Son las esclavas que esperan su hora para ser vendidas ó que +acaban por pasar al harem del señor convertidas en esposas.</p> + +<p>Las agentes de carne conocen las casas donde existen géneros, y todos +los dÃas hacen sus negocios. No sólo venden para los ciudadanos ricos de +Constantinopla y de todos los <i>vilayetos</i> de TurquÃa, sino que mantienen +negocios continuos con clientes de Egipto, Túnez y Marruecos. La +circasiana y la georgiana siguen siendo, como en otros<a name="page_291" id="page_291"></a> tiempos, el +adorno elegante de todo harem respetable, y el género, impulsado por una +continua demanda, parece multiplicarse con arreglo á las exigencias.</p> + +<p>Ningún miedo acerca del porvenir, ningún terror futuro se transparenta +en la lÃmpida mirada de estas hermosas bestiezuelas, delgados capullos +que esperan para esparcirse la tibia y cerrada atmósfera del harem. Son +esclavas porque han costado dinero á los dueños, pero su suerte es igual +á la de todas las mujeres turcas que nacieron libres. Siempre las compra +algún otomano viejo, para unirlas al batallón de sus antiguas esposas ó +para darlas á un hijo tan joven como ellas. Por poca influencia que +ejerzan sobre el dueño, éste las convierte en mujeres legÃtimas, deseoso +de establecer cierta igualdad entre sus hembras, medio seguro para +conseguir en la casa una paz relativa. Muchas sultanas comenzaron siendo +esclavas.</p> + +<p>Los precios de estos animalillos de lujo, que viven alegres con una +inconsciencia infantil hasta los dÃas de la vejez fumando rubios +cigarrillos en un diván, tragando confituras y haciendo danzar las +babuchas amarillas sobre los pulgares de sus pies sonrosados, varÃan +según los méritos del género.</p> + +<p>Una muchacha defectuosa y de miembros secos puede adquirirse por +quinientas pesetas. Las de buena dentadura, largo pelo, ojos grandes, y +que prometen ensancharse de formas, hasta llegar<a name="page_292" id="page_292"></a> á una gordura blanca, +firme y sedosa, valen dos mil ó dos mil quinientas.</p> + +<p>Un caballo turco, de escasa alzada, largas crines, cabezón y con +inquietos remos, cuesta mucho más.</p> + +<p class="c">*<br />* *</p> + +<p>Los eunucos son más caros.</p> + +<p>En realidad no sirven para nada. Son seres de lujo, signos de poder y de +riqueza para el amo. Equivalen á los lacayos que se exhiben majestuosos +en los pescantes de los coches de Europa. Estorban al cochero las más de +las veces, se pasean sin que los dueños necesiten casi nunca de sus +servicios, molestan con su presencia estirada y solemne, pero ninguna +persona rica puede pasarse sin ellos.</p> + +<p>En otros tiempos, el turco celoso confiaba en la vigilancia de su +eunuco, feroz guardador de las mujeres. Hoy es escéptico, sabe que estos +hombres-hembras, por un irresistible impulso de su naturaleza neutra, +aunque riñan con la mujer por celos femeniles acaban entendiéndose con +ella y prestándose á toda clase de tercerÃas. Sin embargo, el eunuco +negro sigue en favor, como una manifestación de poder y de riqueza. Es +algo asà como el blasón de armas de la casa, y los señores rivalizan en +tenerlos agasajados y bien vestidos. Un harem no puede salir á la calle +si no marcha<a name="page_293" id="page_293"></a> escoltado por un par de eunucos de señorial aspecto. +Cuando las mujeres van en carroza, los negros trotan junto á las +portezuelas, jinetes en los mejores caballos del amo. Si de noche sale +el rebaño femenil á hacer visita á otro harem, ellos marchan á la +cabeza, por las solitarias calles de Stambul, garrote en mano y con +grandes farolones que trazan en el camino una danza de pálidos +resplandores y gesticulantes sombras.</p> + +<p>El eunuco es el administrador que corre con los gastos de la casa; el +intermediario obligado entre las esposas y el marido. El da el dinero +para las compras, regatea con las mujeres, se muestra quisquilloso, +avaro y gruñón, como no lo es nunca el turco. El esclavo chilla á las +señoras, las empuja, es un gallo sin cresta que picotea continuamente á +las habitantes del gallinero, y éstas, que temen sus delaciones y su +malhumor, lo acarician como un niño grande, y acaban por reirse de él.</p> + +<p>Sólo el sultán y los grandes personajes de la corte tienen un numeroso +cortejo de eunucos. Los turcos de cierta posición se contentan con dos ó +con uno solo.</p> + +<p>Un eunuco cuesta casi una fortuna, pues escasean mucho.</p> + +<p>Antes se fabricaban con mayor facilidad, y la abundancia rebajaba los +precios.</p> + +<p>En esta monstruosa deformación del hombre, ha habido sus modas. El arte +de formar el eunuco<a name="page_294" id="page_294"></a> ha progresado, pero extremando su crueldad. El +refinamiento del turco en sus sospechas y sus celos, ha sido fatal para +estos infelices negros, lúgubres mamarrachos, enormes como colosos, de +rostro fiero, y con una vocecilla estridente y crispadora, semejante al +chasquido de una caña que se rompe.</p> + +<p>Antes les bastaba para cumplir su oficio con verse libres de las +preciosas superfluidades cuya ausencia motiva, según dicen, la angélica +voz de los cantores del Papa.</p> + +<p>Pero algo quedaba en ellos, después de la monda, que constituÃa un +motivo de perpetua alarma para los señores turcos. La mujer, ociosa y +triste en el encierro, discurre mil diabluras: la eterna presencia del +eunuco, único hombre compañero de clausura, la inspiraba según parece +los más refinados ardides. Y echando mano á lo que aun podÃan encontrar, +las malditas pasaban horas y horas recreándose en un entretenimiento sin +fin, tranquila la conciencia porque no aumentaban ilegÃtimamente la +prole del señor, pero faltando á la fidelidad descaradamente en el +sagrado del hogar.</p> + +<p>Los turcos, escamados por estos abusos, extreman actualmente la humana +poda. Sobre los pobres negros, guardianes del honor, se abate una furia +semejante á la de los leñadores de bosques vÃrgenes, que nada perdonan, +echando abajo ramas y tronco. Su obscura piel es campo roturado<a name="page_295" id="page_295"></a> y liso, +en la que no queda el más leve rastro de frutos humanos.</p> + +<p>La espeluznante operación la realizan los crueles fabricantes en negros +de pocos años, allá en los arenales de Africa. Los cuerpos los hunden en +el suelo hasta la cintura, y asà permanece el operado semanas y meses, +entre sus verdugos que le cuidan y le alimentan, hasta que la arena +cicatriza la cuchillada atroz ó se les va por ella la sangre y el alma.</p> + +<p>El noventa y cinco por ciento de los eunucos muere tras la cruenta +amputación.</p> + +<p>Por esto los que quedan son personajes poseÃdos de su importancia, +influyentes en la vida turca, caprichosos é irresistibles, lo mismo que +una tiple que se considera indispensable y precisa.<a name="page_296" id="page_296"></a></p> + +<h3><a name="XXIX" id="XXIX"></a>XXIX<br /><br /> +Los derviches aulladores</h3> + +<p>En la orilla asiática de Constantinopla, entre el barrio puramente turco +de Scutari, en el que no vive ningún europeo, y el cementerio que lleva +el mismo nombre, vasta extensión bordeada de kioscos funerarios y +sombreada por plátanos seculares, está la mezquita del Roufat, donde +todos los jueves, á las dos de la tarde, celebran su ceremonia religiosa +los derviches aulladores.</p> + +<p>Esta mezquita no es grande y luminosa como la de Eyoub, donde los +derviches danzantes voltean, como flores, sus pesadas faldas. La secta +de los aulladores es sombrÃa y feroz, y parece guardar en sus extraños +ritos el alma fanática é implacable del antiguo turco, terror de Europa. +Una sala baja y casi obscura, con el techo sostenido por columnas de +madera, y desnuda de todo adorno arquitectónico, es el lugar de la +ceremonia. En las paredes, algunos cartelones, con versÃculos del Korán, +y unos negruzcos panderos.<a name="page_297" id="page_297"></a> Sobre el tapiz que cubre el Mirab, una +panoplia de armas antiguas, turcas é indias: espadas onduladas, +cimitarras venerables, hachas de curva entrante y mazas erizadas de +clavos.</p> + +<p>Sobre la piel de cordero tendida en este sitio de honor, se sienta, con +las piernas cruzadas, el <i>imán</i>, el gran sacerdote de los derviches +aulladores, que ostenta en su turbante blanco la arrollada faja verde de +los que se tienen por descendientes del Profeta.</p> + +<p>Este <i>imán</i> es un árabe que goza de gran popularidad, aparte de su poder +de hacer milagros, por ser el hombre más hermoso de Constantinopla. No +he visto tipo más perfecto de la belleza semita. De regular estatura, +parece, sin embargo, muy alto, por la gallardÃa de su cuerpo enjuto y +ágil, en el cual el esqueleto sólo está revestido de los tejidos +indispensables para la vida. Las facciones son de un moreno brillante, +entre rojizo y verdoso; el mismo tono de los bronces florentinos. La +nariz, aguileña y fina, avanza sobre una barba clara y rizosa, de un +negro azulado, y los ojos, enormes y misteriosos, tienen una veladura de +color de tabaco en sus córneas, que hace resaltar el fuego de las +luminosas pupilas. Es un jinete de los desiertos arábigos, un pirata del +mar de arena, un caballero andante de las soledades asiáticas, +majestuoso y melancólico, que se ha dedicado á sacerdote y vive en la +civilizada Constantinopla, rozándose con los europeos.<a name="page_298" id="page_298"></a></p> + +<p>Las viajeras que ocupan las galerÃas de la mezquita contemplan con +admiración á este Apolo árabe; pero él permanece inmóvil en la piel de +cordero, envuelto en su sotana negra, por cuya abertura luce un rico +chaleco de seda, de rayas menudas y multicolores. No sé por qué +presiento que el jefe de los derviches aulladores, que forman la +cofradÃa más fanática de Constantinopla, es un hombre <i>enterado</i>, sin +ninguna fe en las ceremonias que preside. Tiene la expresión demasiado +inteligente para creer en tales cosas. Un dÃa, hablando de él con +Constans, el embajador de Francia, éste rompió á reir, con la +irreverencia de un viejo republicano:</p> + +<p>—Le conozco mucho. Un <i>blagueur</i>. Lo que ustedes llaman un guasón. Un +hombre inteligente que se amolda á las circunstancias.</p> + +<p>Pero aunque este árabe majestuoso engañe á los suyos, no teniendo fe en +los mismos ritos que ejecuta, hay en sus actos una gran nobleza. Es un +buen turco, que cree necesario para la vida de su pueblo el +mantenimiento de las tradiciones, y las sigue con solemne gravedad, sin +creer en ellas.</p> + +<p>Frente á él están los derviches, formados en fila, llevando sobre la +cabeza, como distintivo de la cofradÃa, un solideo de fieltro, semejante +á media corteza de coco. Unos son negros, medio desnudos, de lanuda +cabellera y ojos diabólicos; otros, blancos, que conservan el traje de +calle y parecen tenderos del inmediato barrio de Scutari.<a name="page_299" id="page_299"></a></p> + +<p>Todos ellos repiten á coro una especie de letanÃa monótona, y balancean +su cabeza adelante y atrás, como si estuviera muerta sobre los hombros, +doblando al mismo tiempo el cuerpo por la cintura. Este vaivén continuo, +acompañado de un canturreo semejante al de los niños en la escuela, +acaba por dar una especie de vértigo. El sudor rueda por el cuerpo de +los negros, cubriéndolos de una capa húmeda y goteante. Los blancos +pierden por momentos su correcto exterior de burgueses. Los cuellos de +camisa se arrugan y ennegrecen como trapos; las corbatas se esparcen +deshechas; las cadenas de reloj saltan locas sobre el vientre, como si +fuesen á romperse.</p> + +<p>«¡<i>La Ilah il Allah</i>!», cantan los derviches con un furor creciente, +extremando su loco vaivén de muñecos mecánicos, y el gran sacerdote los +contempla inmóvil, como un maestro que preside su escuela, y cuando el +movimiento parece debilitarse, hace una imperceptible señal á uno de sus +acólitos, encogido junto á él, y éste grita y palmotea para acelerar el +curso de la oración.</p> + +<p>Formando una larga cadena, y apoyado cada uno en el hombro del vecino, +los derviches se mueven, como un péndulo humano, á un lado y á otro, con +monótona regularidad. Este balanceo, y la repetición monótona de su +plegaria, parece embriagarles. Unos tienen los ojos casi salidos de las +órbitas, con una expresión feroz. Otros los cierran, como si estuviesen +dormidos, moviéndose<a name="page_300" id="page_300"></a> y cantando en pleno ensueño. Los derviches +empiezan á justificar su tÃtulo de aulladores. La letanÃa se corta con +gritos estridentes, verdaderos ladridos, que espeluznan de horror á los +espectadores europeos. La movible cofradÃa semeja una aglomeración de +fieras amaestradas. Sus voces no tienen ya nada de humano. Hay momentos +en que parece que van á saltar las barandillas para morder á los +occidentales curiosos, agrupados detrás de ellas.</p> + +<p>De pronto, un golpe ensordecedor sobre la madera del pavimento. Un +cuerpo que se desploma. El auditorio se estremece como ante la caÃda de +un cadáver. Es un negro grande y enjuto, cubierto de sagrados harapos, +que se revuelca en el suelo con los miembros torcidos, la boca espumosa +y los ojos en blanco por un estrabismo loco. Según cuentan, este negro, +que dentro de la mezquita parece un mendigo fanático, es capitán de +caballerÃa en el ejército del sultán. De su pecho oscilante sale un +rugido, que es al mismo tiempo una queja de dulce agonÃa. ¡<i>Allah +hou</i>!... Y en la crispación de su rostro lustroso, en su mirada +completamente blanca, hay algo de éxtasis, como si contemplase á su Dios +asomando entre esplendores de oro sobre las tiendas celestiales, en +cuyas aberturas aguardan las hurÃes de redondas formas y húmedos ojos á +los guerreros fieles del Profeta.</p> + +<p><a name="page_301" id="page_301"></a>Tras el negro cae otro derviche, y luego otro. Ruedan sobre el +entarimado los cuerpos, convulsos por la embriaguez hipnótica, lanzando +aullidos espeluznantes. Las viajeras occidentales huyen desfallecidas, +ocultando los ojos en el pañuelo, sintiendo que ellas también van á +desplomarse á impulsos del excitado histerismo de su sexo; y mientras +tanto, los derviches que aun se mantienen de pie se agitan cada vez con +mayor Ãmpetu y desfiguran sus voces hasta convertirlas en ladridos.</p> + +<p>Cerca de una hora dura esta pesadilla feroz, esta escena que parece de +otro mundo.</p> + +<p>Al fin, el gran sacerdote se mueve, hace un gesto y se rompe la fila de +los derviches. Los que aun se mantienen de pie salen de la sala con paso +vacilante, en pleno vértigo, para ir á secarse el sudor y tomar aliento +en una pieza vecina. Los que están inertes en el suelo, como si +durmiesen, son sacados á brazos.</p> + +<p>Un ayudante del gran sacerdote entra en la mezquita llevando de la mano +larga fila de niños y niñas. Todos se arrodillan ante el <i>imán</i>, +esperando el momento de la curación. Vienen de los barrios más apartados +de Constantinopla, han pasado el Bósforo, para llegar á la mezquita de +los derviches aulladores. El gran sacerdote, descendiente del Profeta, +venido de la misteriosa Arabia, donde reside toda sabidurÃa, cura con el +soplo de su aliento y el contacto de sus pies. Unos á otros se +transmiten, con el alto sacerdocio, este divino<a name="page_302" id="page_302"></a> poder. Esto lo saben +desde el sultán hasta el último <i>hamal</i> de los muelles del Cuerno de +Oro.</p> + +<p>Las criaturas se tienden boca abajo en el suelo de la mezquita. El +hermoso <i>imán</i> se yergue despojándose de las babuchas, y apoyado en uno +de sus ayudantes camina lentamente sobre los riñones de las criaturas. +Poco debe pesar el enjuto y esbelto árabe, pero aun asà parece imposible +que no revienten estos cuerpecillos, que forman un pavimento animado +bajo sus pies. ¡El noble y sereno gesto de resignación del hermoso +sacerdote! ¡Su triste gravedad al volver á repasar sobre los cuerpos de +los pequeños!...</p> + +<p>Éstos se levantan, se sacuden, salen riendo y empujándose, como +criaturas acostumbradas á venir todas las semanas, y para las cuales el +viaje es una verdadera fiesta. No presentan ninguna enfermedad exterior. +Parecen sanos y robustos. Sus padres quieren curarlos de embrujamientos +é inapetencias, males de los que triunfa casi siempre el santo <i>imán</i>... +con ayuda del tiempo. Después se prosternan ante él, implorando la +huella de sus pies, hombres de todas clases; viejos cargadores, soldados +y marineros.</p> + +<p>Cerca de mà está sentado un joven turco, elegantemente vestido á la +europea, con alto cuello, vistosa corbata y un gabán inglés á rayas. El +fez es lo único que delata su nacionalidad. Tiene cara de alegre +vividor, falto de escrúpulos; sus ojos son de frÃa insolencia; en su +rostro lleva marcas<a name="page_303" id="page_303"></a> recientes de enfermedades irrevelables. ¡Cómo reirá +este turco ultramoderno de la credulidad de sus compatriotas!...</p> + +<p>El <i>imán</i>, ocupado en marchar sobre los riñones de los fieles, lanza +rápidas miradas á unas celosÃas tras las cuales se adivina cierta +agitación, acompañada de sordo zumbido. Son las damas turcas que se +impacientan. El sacerdote debe subir para la curación de las enfermas en +una pieza aparte.</p> + +<p>Acurrucado en la piel de cordero, se prepara á hacer su oración ante el +Mirab antes de partir, cuando llega el último enfermo. Es el joven turco +vestido á la inglesa, el elegante del gabán rayado, que se arrodilla +compungido, brillantes de fe los audaces ojos.</p> + +<p>El <i>imán</i> escucha con un gesto de inmensa misericordia la corta +confesión de sus pecados y enfermedades. Le abraza, le sopla varias +veces en los ojos y en la boca, sin perder su noble gravedad, y luego +pasa varias veces sobre él, manteniéndose derecho en sus riñones con la +calma de un filósofo, convencido de que la humanidad cobarde quiere ser +engañada en sus dolores, y que la mentira es buena cuando puede servir +de consuelo.<a name="page_304" id="page_304"></a></p> + +<h3><a name="XXX" id="XXX"></a>XXX<br /><br /> +Libertad religiosa</h3> + +<p>En ninguna ciudad del mundo existe la libertad religiosa que en +Constantinopla.</p> + +<p>Los que confunden á todos los mahometanos en un concepto común, y creen +que el fanático y cruel marroquà es semejante al turco, se extrañarán de +esta afirmación; y sin embargo, nada más cierto. En Constantinopla viven +todos los cultos con entera libertad y todos sus ministros gozan de +igual respeto. El patriarca griego, el patriarca armenio, el gran +rabino, el arzobispo armenio católico y el arzobispo católico romano, +todos son funcionarios del imperio, iguales en respeto al gran <i>imán</i> y +retribuÃdos por el emperador con generosa largueza, según el número de +adeptos que cada religión cuenta en sus Estados.</p> + +<p>Es más: el Comendador de los creyentes, el heredero del Profeta, que +muchÃsimos occidentales se imaginan como un mahometano feroz é +intolerante, tiene en su Consejo de Estado y entre los<a name="page_305" id="page_305"></a> altos pachás que +le rodean hombres de todas las religiones para poder atender á los +diversos servicios sin lastimar las creencias de sus súditos.</p> + +<p>Si ha de nombrar el gobernador del LÃbano, elige siempre á un pachá +católico, por ser ésta la religión de los pobladores de dicha provincia; +si se trata de Samos ó cualquiera isla turca vecina al archipiélago, +designa á un pachá griego; y asà hace en los demás <i>vilayetos</i> de su +vasto imperio.</p> + +<p>Los turcos no sienten la fiebre del proselitismo. à sus imanes no se les +ocurre jamás catequizar á nadie. Es más: desprecian al <i>renegado</i>, y +miran con inquietud al hombre que cambia de religión, aunque sea para +abrazar la suya. Lo que ellos aman es el poder polÃtico, la dominación +conquistadora, y les basta con que los hombres se sometan á su autoridad +y sus leyes, sin importarles el secreto de su conciencia.</p> + +<p>Siempre hablan con respeto de las religiones ajenas.</p> + +<p>—Están equivocados—dice el viejo turco con superioridad bondadosa—. +No conocen la verdad; pero al fin creen en Dios, que es lo importante, y +le honran y glorifican á su manera, lo mismo que nosotros.</p> + +<p>Los turcos sólo tienen un odio religioso, irracional y feroz: el odio al +persa, musulmán que es para ellos un conjunto de todas las herejÃas y +abominaciones: lo que el protestante para un católico rancio.<a name="page_306" id="page_306"></a></p> + +<p>Los musulmanes de Persia, partidarios de la secta chiÃta, que creen en +el Profeta, pero le dan distintos descendientes, inspiran un odio +irreductible al buen turco.</p> + +<p>—¡Esos perros!—exclaman cuando ven un rostro de verde aceitunado, +cubierto con gorro de astracán—. Los <i>giaoures</i> (los cristianos) no son +culpables de sus errores. Siguen la religión que les enseñaron sus +padres. ¡Pero esos persas, que conocieron la verdad y se apartaron de +ella!...</p> + +<p>Un desprecio invencible separa al turco del persa. Los numerosos +súbditos del sha que viven en Constantinopla se ven rodeados de la +general animadversión. Las guerras con Persia han sido siempre +popularÃsimas en TurquÃa. Si no existiese la vigilancia de las grandes +potencias y el llamado «equilibrio de las naciones», hace tiempo que el +ejército del <i>Padichá</i> habrÃa entrado vencedor en los palacios de +Teherán.</p> + +<p>Pero á pesar de este odio, que resulta implacable por lo mismo que se +desarrolla entre próximos parientes, el persa goza en Constantinopla de +una libertad absoluta. Cuando llega su cuaresma—cuaresma asiática, +sanguinaria y salvaje—, los fieles se reunen públicamente para +entregarse á crueles fiestas. Se azotan con látigos de hierro; se +atraviesan las carnes con puñales; se hieren, al compás de los himnos, +con agudos sables, hundiendo siempre las hojas entre los labios de la +misma herida; danzan haciendo ondular sus blancas<a name="page_307" id="page_307"></a> túnicas manchadas de +sangre, aullan como poseÃdos, y el turco les contempla impasible, sin +intervenir jamás en su delirio, alabando á Alláh omnipotente, que +castiga á los enemigos con tales errores y locuras.</p> + +<p>En los paÃses que monopolizan el tÃtulo de civilizados, en las naciones +de mayor tolerancia religiosa, Inglaterra y los Estados Unidos, por +ejemplo, los diversos cultos gozan de libertad, pero ven limitados sus +derechos cuando intentan salir á la vÃa pública.</p> + +<p>En Constantinopla la libertad es más completa, pues ni siquiera existe +dicha limitación. La Gran Calle de Pera podrÃa titularse la calle de las +religiones. En la misma acera, y casi tocándose, existen una mezquita de +derviches danzantes, la iglesia de San Antonio de los frailes franceses, +el pequeño convento de franciscanos españoles de Jerusalén, dos +sinagogas, un templo armenio, una capilla evangélica alemana y otra +inglesa. El paseante ve al través de las grandes rejas de un ventanal +túmulos venerables de viejo terciopelo, coronados de enormes turbantes y +alumbrados por tenues lámparas; más allá un patio con claustros y una +cruz en medio, á la sombra de árboles seculares: y al mismo tiempo que +suena la campana del templo católico, se escapa por ciertas ventanas el +coral luterano, lento y solemne, de los que cantan la gloria de Jesús +libre de las corrupciones de Roma, y llega hasta la calle el ruido<a name="page_308" id="page_308"></a> +monótono de flautas y tamboriles que acompaña el baile de los derviches.</p> + +<p>El turco, tolerante con todas las creencias, se detiene á la puerta de +los templos, y por poco que insista el celo catequizador del sacristán ó +el empleado que está á la entrada, penetra en ellos con una gravedad +respetuosa. No se quita el fez, porque esto serÃa en él señal de +menosprecio, y cubierto, asiste á las ceremonias de un culto que no es +el suyo, con una rigidez respetuosa, sin parpadear, sin darse cuenta de +la curiosidad que despierta entre los fieles.</p> + +<p>Hay que oir hablar á un turco de sus visitas á los templos extraños, +para darse cuenta de la gravedad con que trata la fe ajena. Allà no está +Mohamed, el amado Profeta, pero hay algo de Alláh, poderoso señor cuyo +poder reverencian los infieles, aunque indirectamente.</p> + +<p>No hay miedo de que el contacto con las otras religiones perturbe la +conciencia del turco, convirtiéndole. Si él no se preocupa de catequizar +á los infieles, considerándolo tarea inútil, es porque los juzga con +arreglo á su fe, inconmovible y á prueba de seducciones. Si á un turco +llegan á convencerle de lo irracional de sus creencias, vivirá en +completo escepticismo, será ateo, pero jamás se le ocurrirá reemplazar +con una nueva religión las doctrinas muertas. La apostasÃa tiene para él +una importancia más que religiosa: es renegar de la raza, de los padres +y del nacimiento; una descalificación<a name="page_309" id="page_309"></a> por toda la vida; una abyección +incompatible con el honor.</p> + +<p>Jamás mezcla el turco la religión del enemigo en los odios que le +impulsan contra éste. Le combate y le extermina porque cree que desea +apoderarse de su territorio, porque amenaza con quitarle el pan, porque +es valeroso y arrogante como él y no pueden subsistir juntos; pero nunca +porque adore á un Dios distinto del suyo. Tiene en poco aprecio al +judÃo, porque es rapaz y de mala fe en sus tratos, á pesar de lo cual +los hijos de Israel gozan aquà de una ciudadanÃa que les negaron en el +resto del mundo. Ha degollado recientemente al armenio en las calles de +Constantinopla, porque éste, más malicioso y activo, le arrebataba la +hacienda y además soñaba con trastornar la sedentaria vida turca +arrojando bombas de dinamita en mezquitas y calles. Le exterminó por +rivalidad económica y por librarse de las angustias del terrorismo; no +porque fuese cristiano. Mira con desconfianza al griego porque la +religión cismática es la del ruso, eterno peligro de su patria, y porque +tras sus melosas cortesÃas oculta el deseo de una sublevación general en +los paÃses de la antigua Grecia. Pero á pesar de todos estos odios, más +ó menos justificados, jamás el populacho de Constantinopla, en sus +terribles motines, ha penetrado en las sinagogas ni en los templos +griegos y armenios. Mata al enemigo en las calles y se detiene +respetuoso ante los umbrales de las<a name="page_310" id="page_310"></a> iglesias, convencido de que allÃ, +como en todos los lugares donde se reverencie á Dios, vive Alláh con +distinto nombre.</p> + +<p>Su fe religiosa, sincera, profunda, inconmovible, únicamente se permite +cierta ironÃa despectiva ante la fe de los judÃos y cristianos. Su +pensamiento, un tanto primitivo, discurre en salvaje lÃnea recta, sin +desorientarse entre esas concesiones que enmarañan y retuercen nuestros +razonamientos de civilizados.</p> + +<p>Ellos tienen sus lugares santos en la Meca y Medina, y las dos ciudades +venerables son suyas. Jamás un lugar donde puso sus pies el Profeta +caerá en poder de los <i>giaoures</i>: antes morirán todos los creyentes. +Europa se burla de la pobre TurquÃa, la explota, la escarnece, pero +TurquÃa guarda su herencia de Dios. En cambio los pueblos civilizados +hablan á todas horas de Cristo. Sus religiones, sus costumbres, sus +leyes, todo está moldeado en el nombre y conforme al espÃritu de un +judÃo que hace muchos siglos vivió en Jerusalén... ¡Y Jerusalén, Belén y +todos los lugares por donde paseó el hombre-dios, señor ahora de los +pueblos más poderosos del planeta, siguen en poder del Comendador de los +creyentes, del soberano de Constantinopla! ¿Para qué los grandes barcos +que escupen fuego y muerte, los enormes ejércitos, las máquinas de +mágico poder, las inmensas riquezas de los banqueros judÃos, si la tumba +del Dios de los unos y la ciudad santa de<a name="page_311" id="page_311"></a> los otros continúa bajo el +dominio del sucesor del Profeta?... El buen turco, pensando esto, +sonrÃe, y cree firmemente en la grandeza de su religión y de su raza, ya +que conserva en cautividad de siglos la cuna religiosa de los pueblos +más fuertes de la tierra.</p> + +<p>Su tolerancia, producto del carácter más que de la imposición de las +leyes, es una manifestación de la bondad orgullosa con que el turco +protege siempre al que considera débil. Nada le importa que las +religiones extrañas se establezcan junto á las mezquitas y que salgan en +sus ritos á las calles de Constantinopla. Las considera con la benévola +sonrisa del guerrero que durante su descanso contempla un juego de +niños; y las religiones se aprovechan de esta benevolencia, gozando de +una libertad que no tienen en ninguna parte.</p> + +<p>Desde la ventana de un hotel del barrio de Pera, he asistido al desfile +de todas las religiones de Europa. Suenan graves cantos litúrgicos, +acompañados de una calma repentina en los ruÃdos de la calle. Me asomo. +Los carruajes de alquiler se han detenido junto á la acera: los turcos á +caballo tiran de las riendas á sus cabalgaduras y se alÃnean á lo largo +de la calle: los <i>hamal</i>, encorvados bajo sus cargas, y los simples +transeuntes se agolpan junto á las paredes, formando dos masas de gorros +rojos. Es un entierro. Al frente avanza la cruz, entre candelabros +sostenidos por monaguillos,<a name="page_312" id="page_312"></a> lo mismo que en los pueblos católicos. +Detrás vienen en dos filas barbudos frailes, cantando el oficio de +difuntos. Luego se agolpan, con grandes blandones encendidos ó +disputándose el honor de llevar en hombros el féretro, un sinnúmero de +súbditos otomanos, todos con el fez en la cabeza. Unos son católicos, +otros no lo son, pero todos acompañan con fraternal piedad al amigo +muerto, y se unen á los sacerdotes y los sÃmbolos de la que fué su +religión. Al pasar la cruz, los turcos parecen saludarla con sus ojos +graves. Algunos se llevan una mano á la frente, acogiéndola con el +solemne saludo oriental.</p> + +<p>Tras el entierro católico, pasa una boda griega, con su charanga al +frente, y el pope barbudo sentado junto á los novios; y el cortejo +fúnebre de un niño de la misma religión, en el que marchan los parientes +con sacos de bombones para obsequiar á los amigos cuando termine el +sepelio; y un casamiento armenio, en el cual llevan los contrayentes +enormes cirios labrados, verdaderos monumentos de cera, con rizadas +volutas y prolijos capiteles. Y todas estas manifestaciones de los +diversos cultos, con sus sacerdotes y sus ritos, sólo producen en la vÃa +pública un movimiento de curiosidad, acompañado de cortés benevolencia.</p> + +<p>La fiesta semanal de cada religión se observa con entera libertad. Los +turcos, señores del paÃs, son los que menos ocupan la atención de los +otros: los que menos molestan á sus conciudadanos. El<a name="page_313" id="page_313"></a> viernes (que es +su domingo) pasarÃa inadvertido, á no ser por el movimiento de tropas y +funcionarios que acompañan al <i>Padichá</i> en la fiesta del Sélamlik. El +sábado, fiesta de los judÃos, se cierran las principales tiendas de +Constantinopla, más de la mitad de los puestos del Gran Bazar, y queda +en suspenso una buena parte de la vida comercial. El domingo repican las +campañas de los numerosos templos católicos de Galata y Pera, suena el +armónium en las capillas evangélicas, ciérranse bancos y tiendas, y las +gentes, endomingadas, van á misa ó á los oficios, lo mismo que en +Europa, ante la mirada benévola del turco, que supeditado al poderoso +occidental, se ve obligado á observar un nuevo dÃa de fiesta.</p> + +<p>De todas las religiones que existen en el imperio, la cristiana es la +que parece más allegada á la simpatÃa del turco. Este habla de Jesuhá +como de un profeta algo inferior al suyo, pero igualmente venerable: una +especie de segundón de Mahoma. Es más: como el turco sabe poco de +historia y su pensamiento espeso no tiene una noción clara de los años y +la distancia, cree de buena fe que los dos vivieron á un mismo tiempo, +que fueron grandes amigos y trabajaron juntos en la obra de Dios, aunque +al final cada uno tomó distinta dirección.</p> + +<p>En Constantinopla es popular la anécdota de un soldado turco, que entró +en un templo católico durante la Semana Santa.</p> + +<p>El soldado turco es lo más leal, lo más noblote,<a name="page_314" id="page_314"></a> y al mismo tiempo lo +más salvaje y duro de mollera que existe en el imperio. El servicio de +las armas pesa únicamente sobre los otomanos musulmanes, y como á +TurquÃa le quedan pocos territorios en Europa, comparados con los que +poseÃa hace medio siglo, su ejército se nutre de reclutas extraÃdos de +las entrañas del Asia, de las lejanas y bárbaras provincias. Son +mocetones semisalvajes, silenciosos, de facciones rÃgidas y ojos +inmóviles, como si estuviesen abstraÃdos continuamente en una laboriosa +reflexión para comprender lo que les hablan. La ruda disciplina á la +alemana y la severidad de unos oficiales que no se andan en +contemplaciones, mantienen á estos soldados semibárbaros en una +subordinación automática. Sólo asÃ, bajo las amenazas del castigo, +pueden vivir en una gran ciudad estos asiáticos, en cuyo interior +dormita el alma de los hombres primitivos. En los tiempos en que se +amotinaba el ejército turco, la soldadesca al correr libre por las +calles de Constantinopla, violaba á las mujeres con una lubricidad +feroz, excitados por la privación en el seno de una sociedad que +mantiene recluÃdas á las hembras, y hacÃa sufrir á los hombres odiosos +ultrajes, más que por vicio por menosprecio de raza. Hoy, que viven +acuartelados y obedientes, sin el más leve intento de rebeldÃa, aun se +permiten tÃmidos desmanes á impulsos de su ardorosa naturaleza oriental +y del hambre del celibato. La mujer que es de su raza<a name="page_315" id="page_315"></a> les inspira +respeto y miedo, pero en las calles de Constantinopla se aprovechan de +la confusión y el tránsito para tentar con bárbara galanterÃa el dorso +de todas las señoras vestidas á la europea.</p> + +<p>Junto con este salvajismo, tienen una noble franqueza para confesar sus +delitos. Jamás ha habido que castigar en masa á un regimiento. Cuando +los oficiales, enterados del crimen de un soldado, preguntan á su gente +quién es el autor y la amenazan con penas generales, el delincuente sale +de las filas para marchar tal vez al cuadro de fusilamiento, resignado á +morir antes de que sufran por su culpa los compañeros inocentes.</p> + +<p>Este salvaje, disciplinado y uniformado á la alemana, es de una +credulidad y de una ignorancia que hacen reir á las gentes. Deslumbrado +por las maravillas de Constantinopla al llegar de su lejana aldea de +Asia, todo lo cree posible, y escucha sin pestañear las más estupendas +mentiras, limitándose á un mugido de asombro. Sobre su puro cerebro, +surgen como débiles eflorescencias muy contadas ideas. Sólo indiscutible +considera que Mohamed es el Profeta de la verdad, el <i>Padichá</i> el +monarca más poderoso de la tierra, y los turcos los hombres más +valerosos del mundo. Fuera de estas creencias, inconmovibles, lo demás +lo acepta sin discusión, con la indiferencia de un pensamiento que no +quiere darse el trabajo de funcionar.</p> + +<p>Un Viernes Santo, cierto soldado turco, falto<a name="page_316" id="page_316"></a> de distracción, sintióse +atraÃdo por una gran puerta del barrio de Pera. Entraba y salÃa el +gentÃo europeo al través de ella, y en el fondo brillaban luces, como +estrellas rojas en un cielo negro. Era un templo católico. El soldado +entró, erguido el fez sobre la frente, llevándose á él una mano con +expresión de respeto y examinando impasible los altares enlutados y el +traje sombrÃo de los fieles.</p> + +<p>Un europeo, de carácter alegre, conocedor del idioma turco, se unió á él +para gozarse en su estupefacción y su ignorancia.</p> + +<p>—¿Quién es ese?—preguntó el soldado señalando un cadáver tendido en +rico lecho, cerca del altar mayor.</p> + +<p>—Ese es Jesús que ha muerto. ¿Tú conoces á Jesús?... Jesuhá, el amigo +de Mohamed, el hijo de MarÃa.</p> + +<p>El mocetón, tras larga pausa reflexiva, movió la cabeza.</p> + +<p>—¡Ah!... Jesuhá... hijo de Miryam... amigo de Mohamed... Conozco—dijo +al fin, con la concisión del idioma turco.</p> + +<p>Se acercó para contemplar de más cerca el sagrado cuerpo, y asà +permaneció mucho tiempo en rÃgida actitud de respeto, como si estuviese +en presencia de su coronel. Sus ojos parecieron conmovidos al fijarse en +las heridas sangrientas.</p> + +<p>—¿Lo han matado?—preguntó.</p> + +<p>—SÃ; lo han matado.<a name="page_317" id="page_317"></a></p> + +<p>—¿Quiénes?...</p> + +<p>—Los judÃos.</p> + +<p>El buen osmanlà hizo un gesto como si no le sorprendiese la noticia. +¡Los judÃos! ¡Las gentes malditas que viven allá en el barrio de Galata! +¿Quiénes otros podÃan ser?...</p> + +<p>—¡Pobre Jesuhá!... ¿Y cómo fué?</p> + +<p>El europeo, animado por la grave credulidad del turco, creyó del caso +aumentar aun más su estupefacción.</p> + +<p>—Iban juntos de camino, Mohamed y Jesuhá, predicando la gloria de Dios. +Salieron los judÃos á su encuentro. Mohamed pudo huir, pero el pobre +Jesuhá, como era más débil, fué asesinado, y ahà le tienes.</p> + +<p>Quedó en silencio el soldado.</p> + +<p>—¿Y los judÃos querÃan matar á Mohamed?...</p> + +<p>El europeo lo afirmó varias veces, gozándose en las exclamaciones de +asombro del crédulo mocetón.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Mohamed! ¡Querer matarle!</p> + +<p>Cansado de contemplar el cadáver de Jesuhá y las gentes que se +arrodillaban para besarle los pies, el soldado salió á la calle.</p> + +<p>Los turcos tienen un sentido especial para reconocer al judÃo, aunque se +vista á la europea. Lo olfatean, lo adivinan al través de toda clase de +disfraces. à los pocos pasos tropezó con un israelita. Impávido, con su +flema de oriental, levantó el puño, y rodó el judÃo por el suelo con el +rostro<a name="page_318" id="page_318"></a> lleno de sangre. Un puñetazo de osmanlà es terrible. «Fuerte +como un turco», dice el proverbio.</p> + +<p>Se arremolinó la gente, surgieron en un instante numerosos +correligionarios del caÃdo, pues los israelitas están en todas partes +para ayudarse, y la policÃa militar se apoderó del agresor, llevándolo +al cuartel entre las vociferaciones y lamentos de la muchedumbre judÃa.</p> + +<p>En el cuarto de banderas, los oficiales se asombraron del suceso. ¡Un +buen soldado, que nunca habÃa dado motivo de queja! «¿Por qué has hecho +eso?»</p> + +<p>El mozo, intimidado en presencia de sus superiores, balbuceó como el que +repite una lección:</p> + +<p>—Mohamed y Jesuhá iban juntos... Salieron judÃos y mataron á Jesuhá... +Mohamed huyó porque es fuerte y tiene buenas piernas. ¡Pero si llegan á +alcanzarlo!...</p> + +<p>Y como los oficiales rompieran á reir, asombrados de tanta simplicidad, +el soldado añadió con la fe del buen creyente:</p> + +<p>—Yo lo sé... Yo lo he visto.<a name="page_319" id="page_319"></a></p> + +<h3><a name="XXXI" id="XXXI"></a>XXXI<br /><br /> +Restos de Bizancio</h3> + +<p>La <i>At Meidan</i>, ó «Plaza de los Caballos», es el antiguo Hipódromo de +Bizancio. Antes que el sultán Mahmoud reformase la vida turca á +principios del siglo XIX, aquà venÃan los <i>itchoglans</i> ó pajes del +Serrallo á ejercitarse en el manejo de la jabalina. Aquà también, en +esta plaza, teatro tantas veces de las revueltas de los jenÃzaros, acabó +el enérgico sultán con la terrible milicia que después de haber salvado +á TurquÃa hacÃa imposible su existencia. Fué en 1826. Mahmoud dió á los +jenÃzaros un gigantesco banquete en la Plaza de los Caballos, y á los +postres cerráronse todas las bocacalles con regimientos fieles y +numerosas baterÃas. Los cañones vomitaron metralla sobre la plaza, y en +unos cuantos minutos perecieron aquellos guerreros feroces que habÃan +hecho temible en Europa el nombre de TurquÃa.</p> + +<p>La plaza es un rectángulo prolongado, que comunica por uno de sus +extremos con otra plaza más pequeña, donde está Santa SofÃa.<a name="page_320" id="page_320"></a></p> + +<p><i>At-Meidan</i> es el Agora del viejo Stambul. En los cafetuchos y pequeños +puestos de la plaza se reunen á charlar tomando café ó pasando las +cuentas del rosario los turcos más turcos de la ciudad; los +tradicionalistas de grueso turbante y caftán multicolor, los derviches +silenciosos de capa parda y gorro de fieltro, los imanes jóvenes, de +rostro ascético, vestidos de negro, que permanecen con la mirada fija en +el espacio, como si contemplasen la gloria de Alláh.</p> + +<p>Todo un lado de la gran plaza lo ocupan un gran cuartel y el palacio de +Justicia, flanqueado de sombrÃas prisiones. En el lado opuesto está la +mezquita del sultán Ahmed, la más grande de Constantinopla por el +terreno que ocupa, rodeada de muros con rejas que dejan ver los patios y +jardines interiores, y coronada por seis minaretes blancos, altÃsimos y +sutiles, con remates de oro.</p> + +<p>En el centro de la plaza, siguiendo una lÃnea que marca la divisoria de +las antiguas arenas del Hipódromo, mantiénense en pie tres monumentos +interesantes de la antigüedad: el Obelisco de Teodosio, la Columna +Serpentina y la Pirámide Murada.</p> + +<p>El Obelisco de Teodosio es padre venerable del de la plaza de la +Concordia de ParÃs y de todas las agujas egipcias que adornan jardines +en Inglaterra y los Estados Unidos. Fué el monarca bizantino el primero +á quien se le ocurrió aprovechar para su propia gloria los monumentos +con<a name="page_321" id="page_321"></a> obscuros jeroglÃficos extraÃdos del misterioso Egipto. Este +Obelisco, enorme aguja de granito rosa, fué traÃdo de Heliópolis y +erigido en el centro del Hipódromo, sobre una base esculpida en honor de +Teodosio. La base aun subsiste con sus altos relieves, que apenas han +sufrido desgaste después de una existencia de diez y seis siglos. Las +lluvias y el aire, más que la irreverencia de los hombres, han roÃdo los +salientes de las figuras, achatando sus rostros. Las escenas de la vida +pública de Bizancio hace mil seiscientos años reviven en este monumento. +En una de sus caras, Teodosio, con su esposa y sus hijos Arcadio y +Honorio, muéstrase rodeado de toda la pompa oriental. Los cortesanos se +prosternan á sus pies, y en el fondo, como espeso bosque, agrúpanse las +lanzas de los pretorianos. En otra cara aparece erguido en el palco +imperial, presidiendo los juegos del Circo. En otra recibe el homenaje +de los enviados extranjeros. Y junto á estas escenas de la vida +bizantina, vense esculpidas las máquinas, las grúas, los primitivos é +ingeniosos artefactos que sirvieron en aquella época para erigir la +pesada mole.</p> + +<p>Algunos metros más allá álzase la Pirámide Murada, triste ruina que hace +sonreir cuando se piensa en su pretencioso origen. El emperador +Constantino Porfirogente, al erigirla, la llamó el Coloso, afirmando que +era digno rival del de Rodas; pero hoy del pobre Coloso sólo queda un +obelisco de piedra vulgar, sin adorno alguno. En otros<a name="page_322" id="page_322"></a> tiempos estaba +revestida, desde la base hasta el vértice, de gruesas láminas de bronce, +que ciertamente le darÃan un aspecto deslumbrador. Pero llegaron los +guerreros de la cuarta Cruzada, soldados de Dios que hicieron más daño á +Constantinopla que los turcos, y tomando el bronce por oro, despojaron á +la pirámide de su envoltura, dejándola en su desnudez actual.</p> + +<p>De los tres monumentos del Hipódromo, el más antiguo é importante es la +llamada Columna Serpentina. Maltratada por los hombres y los siglos; +reducida á una tercera parte de su altura, rota y casi informe como un +andrajo del pasado, da sin embargo la impresión de esos monumentos +venerables en los que se admira más lo que no se ve que lo todavÃa +visible. El suelo del Hipódromo, con las ruinas de la ciudad, el paso de +los siglos y los temblores de tierra, se ha elevado más de tres metros, +y la columna famosa, lo mismo que los otros monumentos del Hipódromo, +está á cierta profundidad, en el fondo de un hoyo rodeado de barandilla.</p> + +<p>Esta columna es el monumento más auténtico é importante que poseemos de +la antigüedad griega. Fué fundida en Atenas para conmemorar la victoria +de Platea sobre los persas, y la colocaron en el templo de Delfos, +frente al gran altar. Representaba tres serpientes de bronce enlazadas +tan estrechamente, que formaban á modo de un solo reptil, con tres +cuerpos y tres cabezas. Los nombres<a name="page_323" id="page_323"></a> de todas las ciudades griegas que +tomaron parte en los gloriosos combates de Salamina y Platea, figuraban +grabados en ella. Un trÃpode de oro consagrado á Apolo reposaba sobre +las cabezas de las tres serpientes. Este trÃpode fué robado por los +focios, pero la columna mantúvose intacta en Delfos hasta los tiempos de +Constantino, en que éste la arrancó de la tierra sagrada de Grecia para +embellecer su nueva ciudad del Bósforo.</p> + +<p>Las mutilaciones de la Columna Serpentina datan de muchos siglos. El +fanatismo cristiano de los bizantinos se ensañó en el monumento, viendo +en las tres serpientes una obra del demonio. Varias veces el populacho +la atacó con palos y piedras. En tiempos del emperador Teófilo, el +patriarca de Constantinopla vino cauteloso una noche, y á martillazos +rompió las cabezas de los reptiles. Solamente pudo destruir dos. Siglos +después la superstición musulmana reemplazó al fanatismo cristiano.</p> + +<p>Al entrar Mohamed II vencedor en Constantinopla, sobre su caballo +ensangrentado, ebrio de cólera y de matanza, llegó á la plaza del +Hipódromo, deteniéndose ante la triple serpiente, á la que tomó por un +Ãdolo de los vencidos. ¡Pueblo execrable de infieles, adoradores del +demonio!... Y lanzó su maza de guerra con tal fuerza contra la bestia, +que partió la única cabeza que aun se mantenÃa intacta. Después de este +acto—según cuenta la tradición turca—, una invasión de serpientes<a name="page_324" id="page_324"></a> +vivas se esparció por Constantinopla, y el pueblo, poseÃdo de +supersticioso terror, respetó y reparó el monumento. Pero los ladrones +acabaron la obra destructora de la superstición. La columna tentó su +codicia, se dedicaron á robar fragmentos de ella, y fué vendido como +vulgar metal el bronce contemporáneo de TemÃstocles, que aun conservaba +legibles los nombres de las treinta ciudades griegas que tomaron parte +en la guerra contra los persas, las mismas que menciona Plutarco.</p> + +<p>Para encontrar otros vestigios de la dominación bizantina en esta +Constantinopla modificada por los turcos, hay que salir de ella y seguir +el extenso recinto de sus murallas.</p> + +<p>Más de ocho kilómetros de longitud tienen las antiguas fortificaciones +de Bizancio. Se sale de Stambul en ferrocarril, y el tren atraviesa +extensas campiñas con pueblos que no son más que barrios apartados de +Constantinopla. Desde la ventanilla del vagón se ven tierras desoladas, +pedazos de desierto, cementerios que se pierden de vista con sus +pequeñas tumbas blancas y apretadas, como un rebaño inmóvil que en vano +busca un hierbajo en la tierra árida. ¡Y todo este suelo muerto, hollado +muy de tarde en tarde por los pies del hombre, fué la antigua +Bizancio!...</p> + +<p>El tren, después de detenerse en varias estaciones, llega al lugar de +donde arrancan las murallas, á orillas del Mármara, para extenderse +hasta las riberas del Cuerno de Oro, formando una lÃnea<a name="page_325" id="page_325"></a> de ocho +kilómetros en la parte más ancha de la penÃnsula triangular.</p> + +<p>Al descender del vagón el viajero cae en una soledad de cementerio. +MÃseros bancales mal cultivados vegetan á la sombra de las murallas, que +son enormes, rojizas, con profundos socavones, más semejantes á restos +de un cataclismo geológico que á obra de los hombres. Los torreones que +antiguamente la flanqueaban son informes montÃculos por los que trepan +las plantas parásitas huyendo del matorral que rodea sus bases como una +inundación sombrÃa y pinchosa. Sobre sus plataformas, semejantes á bocas +viejas, en las que sólo queda el diente aislado de algunas almenas, +crecen higueras salvajes, árboles silvestres que tienen siglos, parias +de la vegetación que hunden sus raÃces en sillares y argamasa y viven de +chupar el jugo de la piedra; parasoles verdes y frondosos que agitan su +cúpula bajo el viento de la estepa, en esta soledad, libres del hombre.</p> + +<p>La llamada Torre de Mármol descuella en la confusión de escombros rojos +y obscura hojarasca, con el brillo de su nÃtida blancura. Está en la +orilla del mar, ó más bien dicho, en el mismo mar. La emanación +salitrosa del agua azul, el paso de los siglos, las inclemencias del +cielo no han conseguido empañar ni modificar su blancura. La torre +parece sonreir al reflejarse invertida en la glauca entraña del Mármara +que riza sus blancos contornos. Los sillares son de pilastras de remotos +templos,<a name="page_326" id="page_326"></a> de columnas griegas, de lápidas sagradas. Vista de lejos +parece de una sola pieza. De cerca revela el origen de sus materiales, +en las inscripciones, los capiteles y las estrÃas arquitectónicas que +aun se marcan en sus diversos sillares. Parece el fantasma gracioso de +Bizancio surgiendo entre la destrucción, obra de siglos, y el +aniquilamiento, obra del invasor. Su cúspide está limpia de melenas +vegetales. Las semillas silvestres no han encontrado jugo vital en el +pulido mármol. Abajo los blancos cimientos se hunden en las aguas +profundas y las algas agarradas al mármol forman una cabellera verde y +ondulante. <i>¡Chap!... ¡chap!</i> susurran las olas del Mármara, con lento +compás, al batir esta torre desde hace más de mil años; y los largos +filamentos verdes se rizan estremecidos á cada vaivén de las aguas, y +arriba responden las cigarras y los abejorros rozando sus chirriantes +élitros en la rumorosa soledad. Y asà vivirá aún, siglos y siglos, la +Torre de Mármol, blanca como un panteón, olvidada de los tiempos en que +lucÃan á sus pies las lanzas de los guerreros bizantinos, entraban en +sus cámaras las damas del Bajo Imperio arrastrando túnicas bordadas, con +escenas bÃblicas. Apenas si presume ya este venerable monumento que +existe el hombre. La vida humana sólo va á su encuentro de tarde en +tarde, en forma de algún pelotón de viajeros que la fotografÃa de lejos. +Ninguna nave atraca junto á sus muros, que aun guardan vestigios de +anillas de<a name="page_327" id="page_327"></a> bronce. Los barcos modernos son para ella leves manchas de +humo que resbalan por el lomo remoto del mar solitario.</p> + +<p>¿Cómo describir la gigantesca y aplastante monotonÃa de las murallas que +partiendo de aquà van á buscar las aguas azules al otro lado de +Stambul?... Media jornada se invierte en el viaje á lo largo de este +recinto que un dÃa fué la más imponente de las fortificaciones de la +tierra, y hoy, visto de lejos, da la sensación de una barda de corral +arruinada. Se marcha durante horas y horas viendo siempre á la derecha +el murallón rojizo, flanqueado de torres. à trechos, la obra está entera +y ofrece un aspecto majestuoso: más allá cae en ruinas, y por las +brechas se ven terrenos yermos ó blancos cementerios. Las puertas +antiguas que aun abren paso entre los dos desiertos, á un lado y á otro +de la muralla, parecen gargantas del vacÃo. La soledad y la muerte por +todas partes. à la izquierda, la tierra es una inmensa necrópolis. Los +turcos ricos buscan su tumba en la santa colina de Eyoub, en los +cementerios próximos al Bósforo ó en el inmenso de Scutari. Aquà vienen +á pudrirse los pobres, los esclavos, los griegos, los armenios, todos +los que no tienen fortuna ó una familia que vele por ellos.</p> + +<p>Inmenso el cementerio, sin tapias que lo limiten ni escaseces de terreno +que obligan á amontonar un cadáver sobre otro, cada muerto goza como +dueño absoluto su pedazo de tierra; cada ficha funeraria<a name="page_328" id="page_328"></a> marca sólo un +cuerpo, y la necrópolis se extiende hasta perderse de vista, +confundiendo sus mojoncillos de piedra con la lÃnea del horizonte. +Parece que un ejército incalculable, superior á toda imaginación, +millones y millones de muertos, envuelven en apretado bloqueo á la +ciudad antes de asaltar sus muros.</p> + +<p>¡Los cementerios turcos!... En el corazón de Constantinopla, en el mismo +barrio europeo de Pera, existen aún, sin que el transeunte se sienta +impresionado al pasar junto á ellos. La muerte no tiene en TurquÃa el +aspecto horripilante que en los paÃses occidentales. Los que sobreviven +recuerdan al difunto amado á todas horas, le lloran, pero nunca se les +ocurre visitar la tumba que guarda sus despojos y cubrirla de adornos +repugnantes. Este pueblo sabe que el ser perdido no está ya en la +tierra, que su verdadera esencia no es lo que se pudre en el suelo, y +olvida la tumba, no imitando á las gentes cristianas, extraños +espiritualistas, falsos charlatanes de la inmortalidad del alma, que +rinden á la materia en descomposición y al pelado esqueleto un culto +casi igual al que los egipcios tributaban á sus momias.</p> + +<p>Este olvido de los cuerpos da á los cementerios turcos el majestuoso +encanto de la verdadera soledad. Los de Constantinopla y Stambul se ven +frecuentados, porque sus arboledas y kioscos los convierten en lugares +de recreo; pero los cementerios de los grandes muros son el verdadero +campo de<a name="page_329" id="page_329"></a> la muerte, el desierto de la nada. Se caminan leguas sin +encontrar un ser viviente. Hasta los pájaros huyen espantados por la +falta de vegetación: hasta los lagartos emigran de esta tierra seca, +donde apenas crecen hierbas. Sobre el suelo no se ven más que tumbas y +tumbas, todas semejantes, todas pequeñas, con una sobriedad serena y +tranquila que despoja á la muerte de su aparato terrorÃfico. Son simples +láminas de mármol, anchas y semicirculares por arriba, y estrechas +abajo, clavadas en el suelo: una especie de corazones muy prolongados. +El remate de cada uno de estos mojones indica el sexo y la calidad del +cadáver. Las tumbas de las mujeres tienen esculpido en lo alto un grupo +de flores; las de los sacerdotes un turbante; las de los simples +ciudadanos un fez. Cuando la tumba es reciente, las flores están +pintadas de oro y los gorros de rojo: las inscripciones de plácida +resignación brillan doradas sobre un fondo verde, pero esto dura poco. +Las lluvias y el viento devoran los colores, nadie viene á repararlos, y +todos, pobres y ricos, santos y pecadores, hombres y mujeres, toman la +amarillez uniforme del mármol en el gran abandono de la muerte.</p> + +<p>Nadie transita en este bosque bajo, de pétreos matorrales, que se pierde +de vista. De tarde en tarde se columbra, en lo más remoto del horizonte, +el negro hormigueo de un grupo humano. Es un entierro. Bajarán el +cadáver á la fosa, plantarán el mojón fúnebre y volverán las espaldas +para no<a name="page_330" id="page_330"></a> acordarse más del lugar donde dejaron los restos del muerto +querido, cuya memoria llevan siempre en el pensamiento.</p> + +<p>La soledad por todas partes: una soledad absoluta, sin huellas humanas, +sin cantos de pájaros, sin estremecimientos de hierba, sin roce de +insectos; un silencio de esterilidad y de muerte, como no se encuentra +jamás en un paisaje europeo.</p> + +<p>Este vacÃo fúnebre hace que la visita á las grandes murallas sea la +única excursión de Constantinopla en la que se recomienda al viajero la +necesidad de llevar armas. Cuando se tropieza con seres vivientes, el +encuentro es más inquietante que la soledad. En un torreón acampan +familias de zÃngaros, de aspecto salvaje: diez ó doce torres más allá, +unos cÃclopes han instalado su fragua bajo un trozo de cúpula bizantina, +pero sus ojos inquietantes de bandido revelan que viven de algo más que +de batir el hierro. En las ruinas de los que fueron palacios de +Paleólogos y Comennos, pululan los más inquietantes ejemplares de la +mendicidad oriental; gentes roÃdas por la miseria y desfiguradas por las +más atroces enfermedades; leprosos con media cara devorada por la +putrefacción; ciegos que muestran sus órbitas sin globos, rojizas, +piltrafosas, rodeadas de zumbantes moscardones; mujeres esqueléticas, +comidas de piojos, que enseñan entre los harapos el flácido pellejo de +sus pechos.<a name="page_331" id="page_331"></a></p> + +<p>De hora en hora se ve en las murallas el túnel de una gran puerta. En +otros siglos fueron espléndidos arcos de triunfo. Uno de ellos se llamó +la <i>Puerta Dorada</i>. Aun quedan en el muro vestigios de águilas +imperiales. Hoy nadie entra ni sale por ellas, y su profundo arco, +ennegrecido por las hogueras, sirve de refugio á los vagabundos de las +más extrañas nacionalidades.</p> + +<p>Tristes restos que nada guardan de su pasado, son también las famosas +<i>Siete Torres</i>, el <i>Heptapyrgión</i> de los emperadores griegos. Cuando +llegaron los turcos era ya una ruina, y Mohamed el Conquistador lo +reedificó, haciendo de él algo semejante á lo que fué la Bastilla para +los reyes de Francia. Este castillo, en cuyos restos acampan hoy, como +fieras ahuyentadas del trato humano, los mendigos y los vagabundos, era +una de las fortalezas más famosas de Europa. Aquà encerraban los +sultanes á los embajadores de Europa cuando entraban en guerra con sus +naciones. Aquà permanecieron años y años los enviados de Venecia y +Génova. Los jenÃzaros, omnipotentes pretorianos de la vieja TurquÃa, +encerraban aquà á los sultanes destronados, ó los degollaban en el gran +patio. Siete sultanes murieron en las <i>Siete Torres</i>, y es incontable el +número de grandes visires y pachás cuyas cabezas se pudrieron +enganchadas á las escarpias de las almenas. En uno de los patios del +antiguo castillo, que es hoy una extensión de malezas limitada por +ruinas, está el llamado <i>Pozo de la sangre</i>, donde<a name="page_332" id="page_332"></a> se sumÃan los +cuerpos de los decapitados. Otro patio se titulaba la <i>Plaza de las +cabezas</i>, y los cráneos iban apilándose en él, después de las +ejecuciones, hasta que el lúgubre montón llegaba á la altura de las +almenas.</p> + +<p>Nos alejamos de las <i>Siete Torres</i> siguiendo el monótono camino, á lo +largo de las murallas, siempre entre ruinas y cementerios. Llevamos +muchas horas de marcha. El recinto fortificado se extiende como una +cinta roja sin fin, subiendo y bajando con las ondulaciones del terreno. +Una puerta abandonada recuerda la muerte de Constantino Dragecés, el +último emperador de Bizancio, valeroso é infortunado combatiente, que +cayó de los muros y siguió luchando con su hacha de armas hasta +desaparecer bajo un montón de cadáveres. Otro lugar evoca la muerte de +Eyoub, el santo portaestandarte del Profeta, el compañero de Mohamed el +Conquistador, que pereció en el sitio de la ciudad y dió su nombre al +barrio del Cuerno de Oro.</p> + +<p>Vamos aproximándonos al término de nuestro viaje. Aparecen en la +desolada extensión grupos de habitaciones humanas, y entramos á +descansar en el pequeño monasterio de Balouki. En sus criptas surge la +fuente milagrosa de Zootocos, cuyas aguas obran prodigios, según los +griegos. Es una cisterna, bajo cúpula sombrÃa, en cuyo lÃquido nadan +muchos peces rojos.</p> + +<p>El monje griego que nos la enseña, relata la<a name="page_333" id="page_333"></a> historia de la prodigiosa +fuente; el famoso «milagro de los peces».</p> + +<p>En el mismo instante que los turcos entraban por asalto en +Constantinopla, un monje de este convento estaba friendo unos pescados. +Otro monje, consternado por el suceso, se presentó en la puerta dándole +la terrible noticia.</p> + +<p>—¡Bah!—repuso el primero no admitiendo que Bizancio pudiera ser +tomada—. Creeré en eso cuando vea á mis pescados saltar de la sartén.</p> + +<p>Y los pescados saltaron, medio rojos y medio negros, pues sólo estaban +fritos por un lado, y fueron á refugiarse en el agua de la cisterna, +donde nadan aún.</p> + +<p>El barbudo monje de ahora nos cuenta esta leyenda, simple hasta la +estupidez, con grandes aspavientos dramáticos para demostrar su fe: pero +indudablemente cree en ella lo mismo que nosotros.</p> + +<p>Después, siguiendo la costumbre, nos hisopea con el agua prodigiosa, á +guisa de bendición, y... tiende la mano.</p> + +<p>He aquà el verdadero milagro de los peces. Este sà que es indiscutible.</p> + +<p>Convertir en monedas las gotas de agua de la santa cisterna.<a name="page_334" id="page_334"></a></p> + +<h3><a name="XXXII" id="XXXII"></a>XXXII<br /><br /> +La Noche de la Fuerza</h3> + +<p>Va á comenzar el Ramadán, el mes sagrado de los musulmanes, la extraña +Cuaresma que es, mientras luce el sol, ayuno y angustias, y asà que +cierra la noche, una orgÃa sin término.</p> + +<p>Constantinopla brilla en la sombra, coronada de luces. La piedad +musulmana cubre con guirnaldas de fuego los balconcillos de los +minaretes y los arcos de las mezquitas, al mismo tiempo que la fidelidad +al <i>Padichá</i> y á las tradiciones ilumina los palacios, los puentes, +todos los edificios oficiales y las viviendas de los personajes.</p> + +<p>En tiempos normales, Constantinopla es una ciudad discreta y recatada +que se entrega al descanso apenas se oculta el sol. El turco se acuesta +pronto para levantarse antes del alba, y fuera de los barrios europeos, +donde teatros y cafés prolongan la vida hasta pasada media noche, la +gran metrópoli tiene sus calles obscuras, sin otra luz que el pálido +resplandor de las lámparas transparentando<a name="page_335" id="page_335"></a> por los ventanales de +mezquitas y kioscos funerarios, ni otros transeuntes que los perros +vagabundos y el sereno que marca las horas con fuertes garrotazos en el +suelo.</p> + +<p>Al llegar el Ramadán, Pera y Galata continúan su vida nocturna de +siempre, pero el viejo Stambul, Scutari y todos los distritos turcos, +sobrepujan durante la noche en luz y movimiento á los barrios europeos. +Apenas suena el cañonazo de la puesta del sol, el musulmán, que ha +pasado el dÃa sin comer, sin fumar y hasta privado del agua, se abalanza +como bestia famélica á los bodegones y cafés, asaltándolos. Es la orgÃa +de toda una ciudad. No comen, tragan: no beben, sino cuelan; y este +devorar feroz, va acompañado de risas, aullidos, danzas y peleas. El +turco no prueba el vino, pero la comida parece embriagarle, y ciertos +lÃquidos fermentados acaban por dar á su borrachera una alegrÃa bestial +y peligrosa.</p> + +<p>Mientras abajo, en las tortuosas calles donde brillan como bocas de +infierno las puertas de bodegones y cafés, aulla el populacho turco, +arriba lucen las coronas de fuego de las mezquitas, y la luna, sÃmbolo +del pueblo musulmán, rueda por el cielo de suave azul, presenciando con +cara bonachona la ruidosa orgÃa de sus amigos.</p> + +<p>¡Las iluminaciones de Constantinopla!... Esta ciudad europea, que aun +vive privada de la electricidad, por orden del emperador, y no conoce +otro gas que el de los macilentos faroles de las calles,<a name="page_336" id="page_336"></a> muestra un +gran talento artÃstico, una rara habilidad, al iluminar sus fiestas. El +farolillo de aceite ó la linterna con bujÃa, le bastan para realizar las +más asombrosas combinaciones de su imaginación oriental. El dÃa que el +foco incandescente y los rosarios interminables de bombillas eléctricas +aparezcan en Constantinopla, ésta habrá perdido una de sus mayores +originalidades; el encanto de sus fantásticas iluminaciones. No tienen +el estallido deslumbrante y brutal de las luces modernas; son reflejos +dulces, velados, discretos; una iluminación de ensueño, un esplendor +vagoroso y poético, semejante al de las fiestas de <i>Las mil y una +noches</i>.</p> + +<p>Vistas de cerca, las iluminaciones en palacios y templos son miles y +miles de vulgares linternas colgadas en clavos, en andamios de madera. +Contempladas de lejos, se convierten en maravillosas luces de color de +oro, que forman las más extraordinarias visiones: flores fantásticas, +lunas, estrellas, soles, arcadas aéreas, un mundo de encantamiento, que +parece flotar impalpable, ligero y sin realidad, en la negrura del +ensueño, para disolverse apenas despertemos.</p> + +<p>La luna rompe sus reflejos en las inquietas aguas del Bósforo, trazando +un extenso triángulo de luz, y junto á los peces de plata que rebullen +en su enorme estela, nadan enjambres de peces de oro, al reproducirse +invertidos los palacios iluminados de ambas riberas.<a name="page_337" id="page_337"></a></p> + +<p>Una noche alquilo un caique de un solo remero para recorrer el Bósforo á +la luz de la luna. Es noche de fiesta extraordinaria dentro del Ramadán: +la llamada «Noche de la Fuerza». Necesito llevar conmigo una +autorización de la policÃa, pues al ocultarse el sol está prohibido +circular sin permiso de una á otra orilla, y la vigilancia es tan grande +sobre el agua como en tierra.</p> + +<p>¡La inolvidable excursión por el mar encajonado y silencioso! Al seguir +el Bósforo contra la corriente, la barca queda envuelta de pronto en un +nimbo de luz, viéndose como una figura de oro viejo el remero casi +desnudo, que jadeante mueve sus brazos junto á la proa. Es el resplandor +de un palacio de la orilla. El agua tiembla luminosa en torno de la +embarcación con ondulaciones doradas, como si transparentase una fiesta +de ondinas en las profundas entrañas del Bósforo. Después la barca +vuelve á sumirse en la sombra; las aguas son negras, casi invisibles, +adivinándose por los violentos vaivenes que imprimen á la ligera +embarcación y por el sordo chirriar de su corriente chocando con la +quilla y los remos. Y asÃ, pasando de la sombra á la luz y del +resplandor á la obscuridad, vamos Bósforo arriba, bogando en lo +desconocido con cierta emoción al pensar en la profundidad de las aguas, +agrandada por el misterio, y en la fragilidad del esquife, balanceados +como una pluma por el sombrÃo elemento que se abre siempre ante nosotros +en la pavorosa lobreguez.<a name="page_338" id="page_338"></a> En las lejanas orillas brillan luces, suenan +músicas y se adivina la presencia del gentÃo, como si las ráfagas +rumorosas de la brisa nos trajesen su respiración. En lo alto brilla la +luna, pálida y anémica al contrastar con las guirnaldas de oro de los +edificios.</p> + +<p>De tarde en tarde, entre los palacios del Bósforo con sus estrellas y +sus lunas de colores, se adivina un edificio vagoroso que hunde en el +misterio azul sus tentáculos blancos. Es una mezquita. La discreta luz +de la lámpara del Mirab tiembla como una lágrima amarilla en las opacas +vidrieras, que parecen de un panteón.</p> + +<p>La embarcación salta y gime en ciertos parajes, chapoteando su proa en +las aguas invisibles. Son las rudas corrientes del Bósforo que rugen en +los recodos y los estrechos. El remero sigue adelante con la confianza +del que ejerce su oficio. De pronto un ojo deslumbrante surge de la +obscuridad. Un haz de vivos resplandores viene de él, paseándose sobre +las aguas, á las que da una blancura funeraria. Es el reflector +eléctrico de un buque que marcha al Mar Negro. Pasa el monstruo obscuro +á corta distancia, con ojos deslumbrantes en las antenas, y otros ojos +rojizos y más tenues formando doble lÃnea en sus flancos negros, donde +están los camarotes. El agua que desplaza su gigantesco vientre +arremolÃnase en este callejón marÃtimo, formando unas cuantas olas, +seguidas, cortas y violentas, que crecen y se prolongan<a name="page_339" id="page_339"></a> hasta las +orillas, para morir en ruidoso asalto.</p> + +<p>El caique, que parece de papel, salta y se acuesta en este remolino +negro, amenazando zozobrar. ¡Ya hay bastante! Ser tragado por el +Bósforo, á la vista de palacios iluminados, oyendo músicas y el ruido de +una muchedumbre que no puede enterarse de lo que ocurre en las aguas +obscuras, á cincuenta metros de distancia, es un final inaceptable. +Todas las semanas se traga vÃctimas este Bósforo de enorme profundidad y +orillas cortadas como á pico. De dÃa, gentes que caen en los +desembarcaderos, aturdidas por el empuje de las muchedumbres que asaltan +los vaporcillos ó tranvÃas acuáticos; de noche caiques que zozobran. Y +estos turcos, familiarizados con el brazo de mar, que es la primera de +sus calles, no prestan atención á tales sucesos, y los periódicos apenas +si le dedican dos lÃneas... ¡Atrás!</p> + +<p>Vamos ahora Bósforo abajo, siguiendo el impulso de la corriente. El +remero descansa, dando sólo de vez en cuando alguna paletada para no +abordar á la orilla. Otra vez saltamos de la luz á la sombra y de la +sombra á la luz, pasando ante los palacios de los parientes del sultán, +de los grandes pachás y de los buques de guerra otomanos, con sus +guirnaldas de luces que marcan todos sus contornos, bordas, palos y +chimeneas.</p> + +<p>Nos aproximamos al palacio del ministro de Marina. La muchedumbre llena +el muelle. Grupos<a name="page_340" id="page_340"></a> de mujeres con cerrado manto que van como colegialas +en ruta, haremes enteros, pasean entre el gentÃo, en esta noche de +libertad y de fiesta. Los vendedores de bebidas gritan pregonando sus +mercancÃas. La banda de música de un crucero toca bajo las ventanas de +Su Excelencia, y el público parece entusiasmado. No baila como en las +fiestas de Europa, pero su alegrÃa infantil se desborda á impulsos de la +música amada, de la música popular, <i>La Mascota</i>, y sobre todo <i>La Gran +VÃa</i>, de la cual el «coro de los marineritos» es insustituÃble para el +populacho de Constantinopla.</p> + +<p>Nos alejamos Bósforo abajo. Va amortiguándose el movimiento en las +orillas; las iluminaciones lucen solitarias en los muelles abandonados. +Una hora después desembarco, siguiendo á pie las calles pendientes que +conducen á las alturas de Bechik-Tach, donde están los palacios de los +principales personajes de TurquÃa.</p> + +<p>Soledad completa. Todos los edificios están iluminados, las calles +envueltas en un resplandor rojizo que expulsa la sombra hasta de los +últimos rincones. En ambas aceras se elevan andamios con miles y miles +de linternas, formando dibujos inabarcables de cerca. ¡Luces y luces, +hasta donde alcanza la vista!... Y nadie: ni un hombre, ni un perro. Las +bestias vagabundas, acostumbradas á la lobreguez, han huido de la luz y +de la momentánea limpieza, buscando los callejones y solares donde se +amontona el estiércol.<a name="page_341" id="page_341"></a></p> + +<p>Los pasos despiertan en las losas una sonoridad fúnebre. Se marcha como +en un ensueño. Pueden surgir facinerosos en esta soledad luminosa, y ser +uno asesinado, sin que de los palacios esplendorosos y mudos salga el +menor auxilio. Parece que los turcos, después de cubrir la ciudad de +luces, la han abandonado para siempre.</p> + +<p>Todo buen musulmán se ha encerrado en su casa, aislándose del mundo. Es +la gran noche, la más dulce de las noches. ¡La Noche de la Fuerza!</p> + +<p>El sabio Mohamed pensó en todo al legislar para su pueblo. Predicó la +guerra como elemento indispensable para sostener la vida; prohibió +manjares y lÃquidos incompatibles con la salud en un clima oriental; +elevó la limpieza y el agua á la categorÃa de dogmas, conociendo el amor +ancestral de la bestia humana á la suciedad y el abandono; y para que +sus pueblos no decreciesen, como les ocurre á ciertas naciones modernas, +decretó en nombre de Alláh la Noche de la Fuerza.</p> + +<p>En esta noche, todo musulmán que tiene su compañera no debe dormir, sino +velar mientras le queden alientos. El buen creyente, con el pensamiento +puesto en Alláh y en la reproducción de su raza, debe gustar todos los +frutos que guarda su harem... mientras tenga dientes para ello. La +prescripción religiosa es severa é ineludible. El amor por orden del +Profeta: el supremo escalofrÃo como grata oración á Dios. Nadie se +escapa á este supremo mandato. El viejo trémulo, exprimido y<a name="page_342" id="page_342"></a> seco por +largos años de poligamia, debe probar á cumplirlo (con probar nada se +pierde); el adolescente recibe la iniciación del misterio de la vida, +por obra de alguna esclava de la casa, y entusiasmado con la dulce +novedad de la ceremonia repite sus oraciones hasta que cae extenuado; el +hombre en plena virilidad hace un llamamiento á sus fuerzas y ora toda +la noche en diversos altares, con la convicción de que será grato á Dios +si el sol le sorprende ocupado todavÃa en tales ritos.</p> + +<p>La piedad musulmana se exalta y sobrepasa en esta noche, queriendo cada +cual ir lo más lejos posible, para satisfacción de Alláh y orgullo de +las propias fuerzas. Y todos corren y corren por el camino del santo +deber, sin más pausa que la de los relevos, cambiando de montura para +enardecer su energÃa con el incentivo de la novedad, y llegando en el +sacro deporte á lÃmites donde sólo pueden alcanzar el entusiasmo +religioso y el apasionamiento oriental.</p> + +<p>Esta Noche de la Fuerza es la de la «Ceremonia del Pañuelo» en el Yildiz +Kiosk. Es vulgar la creencia de que los sultanes, desde hace muchos +siglos, cada vez que desean hablar aparte con una de sus innumerables +mujeres, la avisan arrojándola un pañuelo. Nada hay de esto. La +ceremonia del pañuelo existe, pero es sólo una vez por año: la Noche de +la Fuerza. Las tradiciones ordenan que en esta noche el Comendador de +los Creyentes, para cumplir el deber religioso como<a name="page_343" id="page_343"></a> todas sus súbditos +musulmanes, sacrifique una doncella.</p> + +<p>En un salón del harem imperial se alÃnea, bajo la mirada del Gran Eunuco +y sus tropas de negros, un centenar de vÃrgenes. Unas son esclavas de la +Circasia enviadas como regalo por los gobernadores de los <i>vilayetos</i> +asiáticos; otras, hijas de pachás, entusiastas del emperador, que +aprovechan esta ocasión para introducir la influencia de su familia en +los departamentos secretos del Yildiz Kiosk. Todas, esclavas y señoras, +confundidas en la igualdad femenil de las costumbres turcas, que no +reconocen más que dos rangos, la belleza y la fealdad, aguardan trémulas +la presencia del Gran Señor, sabiendo que en breves instantes puede +decidirse su suerte.</p> + +<p>Aparece el <i>Padichá</i>. Con ojos impasibles examina la fila, el Gran +Eunuco secretea en su oÃdo, y al fin arroja con indiferencia el +pañuelo... ¡Cualquiera! Su tranquilidad es igual á la del católico que +todos los domingos va á misa, sabiendo que es un espectáculo santo, pero +sin emoción alguna. La ha oÃdo tantas veces, que no encuentra en ella el +encanto de la novedad.</p> + +<p>¡Pobre Abdul-Hamid! ¡Augusto Comendador de los Creyentes, con sus +sesenta años bien contados!... Me lo imagino en esta noche, á puerta +cerrada con la virgen, hermoso potro, bello y salvaje, con el fuego de +los pocos años y el deseo de agradar, excediéndose en toda clase de +iniciativas.<a name="page_344" id="page_344"></a> El majestuoso <i>Padichá</i>, que tal vez lleva ocupado el +pensamiento por alguna nueva reclamación de los embajadores de las +potencias, tiene que pasar una noche, por deber religioso, junto á esta +primavera ardiente, que vela junto á él, excitada y nerviosa. Sus +preocupaciones de gobernante, sus pensamientos de Felipe II, papelista +enterado minuciosamente de todo lo que ocurre en su vasto imperio, le +preparan mal indudablemente para estas encerronas, ordenadas por el +Profeta. La soberana de una noche sonrÃe invitadora con sus labios +coloreados de carmÃn, levanta la mirada de sus ojos agrandados por la +pintura negra, saca incitante las curvas de su cuerpo en celo... pero al +tender sus manos encuentra ¡ay! el ánimo del Gran Señor flácido y +desmayado, como el pañuelo simbólico.</p> + +<p>Pensando en estos desastres y tormentos, impuestos por el deber +religioso, que no tiene en cuenta edades ni circunstancias, sigo las +calles iluminadas y silenciosas, acompañado únicamente del eco de mis +pasos. ¡Nadie! ¡Siempre ante mà la soledad, roja y brillante! Pueden +robarme, pueden matarme sin que al sonar mis gritos se abra una ventana +ó una puerta de estos palacios luminosos. Sus habitantes están demasiado +ocupados para fijarse en lo que ocurre en la calle.</p> + +<p>El palo del sereno chocando contra las baldosas no altera esta noche el +silencio profundo del barrio señorial. También para él, musulmán +fervoroso,<a name="page_345" id="page_345"></a> es esta noche la de la Fuerza. Los ladrones, los vagabundos +deben igualmente estar dedicados á la santa ceremonia. Allá lejos, en la +depresión del terreno por donde corren las aguas del Cuerno de Oro, el +cielo tiene resplandores de incendio y se eleva un zumbido de colmena +gigantesca. El populacho sigue divirtiéndose en Stambul y Galata.</p> + +<p>Voy hacia allá, por las calles abandonadas, muertas y luminosas, como si +marchase por una ciudad fantástica, mirando con despecho las puertas +cerradas, pensando con cierta amargura en la frÃa cama del hotel que me +espera, lamentando mi condición de mÃsero <i>giaour</i>, de despreciable +cristiano, que me hace vagar triste é inútil en esta noche de la +abundancia hasta el desfallecimiento: la santa Noche de la Fuerza.<a name="page_346" id="page_346"></a></p> + +<h3><a name="XXXIII" id="XXXIII"></a>XXXIII<br /><br /> +La entrada en Europa</h3> + +<p>¡Adiós, Constantinopla!</p> + +<p>En plena noche atravieso por última vez el Gran Puente, sintiendo como +caricias amistosas de despedida los estremecimientos y saltos que +imprimen al carruaje los tablones de la plataforma. El Cuerno de Oro es +una zanja profunda y brumosa, en la que brillan los ojos inflamados de +las embarcaciones. Enfrente, el venerable Stambul recorta su silueta +negra de cúpulas y minaretes, sobre un cielo esfumado, en el que brilla +pálida la luna menguante. Las luces del Ramadán parecen flotar en el +espacio como constelaciones perdidas.</p> + +<p>¡Adiós!</p> + +<p>Hace más de un mes que vivo en estos lugares á los que nada me une, ni +el nacimiento, ni la raza, ni la historia, y sin embargo, la partida es +melancólica y penosa.<a name="page_347" id="page_347"></a></p> + +<p>Cuando se viaja se abandonan las ciudades, por gratas que sean, con un +sentimiento de alegrÃa. Es la curiosidad que se despierta de nuevo, el +instinto ancestral de cambio y movimiento, que llevamos en nosotros como +herencia de nuestros remotÃsimos abuelos, nómadas incansables del mundo +prehistórico. ¿Qué habrá más allá? ¿Qué nos espera en la próxima +etapa?...</p> + +<p>Pero al partir de Constantinopla, este sentimiento alegre y curioso se +amortigua y desvanece. Por interesante que sea lo futuro, no llegará á +serlo tanto como el presente. La Europa occidental, con sus ciudades +cómodas y uniformes, seguramente que no puede borrar el recuerdo de esta +aglomeración de razas, lenguas, colores, libertades inauditas y +despotismos irresistibles, que ofrece la metrópoli del Bósforo.</p> + +<p>¡Adiós!... Y á la melancólica despedida se une la incertidumbre del +porvenir, la sospecha de que no volveré á contemplar estos lugares +amados, de que las circunstancias de mi vida harán que ésta se extinga +antes de poder cumplir mi deseo.</p> + +<p>Al recuerdo de Constantinopla va unido el del mar de Mármara con sus +aguas tranquilas y verdes, por cuyas transparentes entrañas pasan +flotando las medusas como un desfile de paraguas de nácar. Recuerdo +también las poblaciones del Asia Menor, que acabo de visitar, Mudania y +Brussa, ciudades puramente turcas, donde vive el musulmán sin nada de +europeo que desfigure y envilezca<a name="page_348" id="page_348"></a> su existencia. Algún dÃa hablaré de +Brussa, la de la Mezquita Verde, edificada por alarifes de la AndalucÃa +musulmana: Brussa, la de las sedas brillantes como oro, la Granada +turca, dormitando al pie del Olimpo de Bitinia, frente á una vega +situada á muchos centenares de metros sobre el nivel del mar y +eternamente frondosa, lo que hace que los otomanos la llamen con orgullo +<i>Brussa la Verde</i>. Y también hablaré, en una novela, del barrio de +Galata en Constantinopla, «el barrio de los españoles», como lo titula +la topografÃa popular, donde veintiocho mil judÃos que se apellidan +Salcedo, Cobo, Hernández, Camondo, etc., emplean en el seno de la +familia un castellano arcaico que es la lengua sagrada, el medio de +comunicación para librarse de la vigilancia de los enemigos.</p> + +<p>—¡Ah, Espania! ¡La bella Sión de Occidente! Los mÃos, los viexos, +baxaron de allá.</p> + +<p>Los cuentos que entretienen á la familia en las noches de sábado, +leyendas de enormes tesoros enterrados, tienen siempre por escenario la +lejana España, paÃs fantástico del que hablan los patriarcas á los niños +con grave misterio, como hablamos nosotros de Bagdad, la de <i>Las mil y +una noches</i>. Y en las fiestas israelitas, las viejas descuelgan los +panderos y entonan con sus bocas desdentadas villancicos del siglo XV, +aprendidos por sus abuelas en Toledo, que fué como el ParÃs del mundo +judÃo.</p> + +<p>Abandono Constantinopla después de pasar<a name="page_349" id="page_349"></a> por las innumerables +ceremonias del pasaporte, que son aquà tan precisas para salir del paÃs +como para entrar. Rueda el tren durante la noche por las desoladas +llanuras de la Tracia. Al amanecer estamos en Rumelia y después en +Bulgaria. Se acabaron los gorros rojos. Los soldados que ocupan los +andenes de las estaciones ó acampan en tiendas grises al pie de alguna +loma, van vestidos á la rusa. Los campesinos, con una tiara negra de +piel de oveja y rudas abarcas, marchan por los caminos amarillentos, +ante los tardos bueyes que arrastran unas carretas chirriantes de ruedas +macizas. Al cerrar la noche atravesamos Servia, y al lucir de nuevo el +sol estamos en tierra húngara.</p> + +<p>Nos aproximamos á Budapest, á las verdaderas puertas de la Europa +europea.</p> + +<p>Es la hora del almuerzo. En el vagón restaurant, que va á la cola del +tren, nos juntamos los viajeros del exprés de Constantinopla, gentes de +diversas nacionalidades. Ocupo una mesa con dos viajeros desconocidos y +una señora rubia y elegante, sentada frente á mÃ. Silencio absoluto ó +lacónicos ofrecimientos de platos, con esa reserva cortés y frÃa de los +que van por el mundo y no saben quién pueda ser su compañero de mesa. El +almuerzo toca á su fin. Tomamos el café. Por el cristal de la ventanilla +veo pasar barriadas de casas blancas con grandes anuncios. Se adivina la +proximidad de una enorme población. Debemos estar en las afueras de +Budapest. Veo un cartel de<a name="page_350" id="page_350"></a> teatro, impreso en magyar, del cual sólo es +inteligible para mà el tÃtulo de la obra, <i>Carmen</i>.</p> + +<p>De pronto un choque, un tropezón gigantesco contra un obstáculo. Luego, +la milésima de un segundo, que nos parece un siglo, y durante este +espacio nos contemplamos todos con los ojos desmesuradamente abiertos, y +en ellos una expresión loca de espanto. à continuación el rudo +movimiento de retroceso que lo desordena todo, que lo rompe todo, que +nos hace saltar y rodar en medio de una lluvia y un estrépito mortales. +Es mediodÃa; luce el sol; el cielo es azul, sin una nube, y sin embargo, +nos sentimos ciegos, como si hubiésemos caÃdo en plena noche.</p> + +<p>La mesa en que estamos rompe con la violencia del retroceso los goznes +de bronce que la unen á la pared del vagón. Rueda sobre mà con sus +platos, tazas y cafeteras y me arroja al suelo. Siento sobre el pecho su +doloroso filo, á más del peso de la señora de enfrente y otros cuerpos +que se agitan con el pasmo del terror.</p> + +<p>Pasan unos instantes brevÃsimos, pero la imaginación los llena +vertiginosamente, poblándolos de miedos y esperanzas como si fuesen +años. ¿Estaré herido? ¿Qué se habrá roto en mi organismo? ¿Iré á morir +pasado el primer aturdimiento? ¿Qué encontraré en mà cuando llegue á +incorporarme?...</p> + +<p>Me levanto. Un pie se me hunde en una cosa blanda y elástica, envuelta +en paño azul con botones de oro. Es el vientre del camarero que nos<a name="page_351" id="page_351"></a> +servÃa momentos antes. Está de espaldas, con los brazos en cruz, los +ojos agrandados por el espanto, y no se mueve del suelo á pesar de mi +pisotón.</p> + +<p>Frente á mà se incorpora la señora, que parece haber envejecido en unos +instantes; pálida, con amarillez de cirio; los rubios cabellos en +desorden, el sombrero aplastado, las facciones afiladas y trémulas por +la emoción.</p> + +<p>—No somos más que una porquerÃa—dice en francés.</p> + +<p>Tal vez fué la influencia del momento, pero juro que jamás he oÃdo una +frase tan <i>profunda</i> y tan justa.</p> + +<p>Al mirar en torno no conozco el comedor. Todo roto, todo demolido, como +si un proyectil de cañón hubiese pasado por él. Cuerpos en el suelo, +mesas caÃdas, manteles rasgados, lÃquidos que chorrean, no sabiéndose +ciertamente lo que es café, lo que es licor y lo que es sangre; platos +hechos trizas y todos los cristales del vagón, los gruesos cristales, +partidos en láminas agudas, esparcidos como transparentes hojas de +espada.</p> + +<p>Instintivamente arranco de la espalda de la señora una especie de puñal +de vidrio clavado en su corsé. Es un fragmento de la luna que estaba +detrás de ella. Un poco más arriba, y queda degollada en el sitio.</p> + +<p>Sin saber cómo, me veo pisando tierra, corriendo á lo largo de la vÃa, +junto á un talud altÃsimo. Otros viajeros corren también, tropezando<a name="page_352" id="page_352"></a> en +los guijarros. Un hervor gigantesco llena el espacio de humo, viéndose +entre sus vedijas el caserÃo blanco de Pest en una montaña. El vapor se +escapa con un chirrido de sartén enorme. Llegamos á la cabeza del tren, +que parece haberse desdoblado, y vemos dos locomotoras caÃdas y +mugiendo, como dos toros que acaban de embestirse, desplomándose +moribundos. A un lado nuestro tren; al otro lado un largo rosario de +vagones de mercancÃas. El encuentro ha sido en lo más hondo de un +desmonte, bajo un puente de madera que desaparece entre la humareda de +las dos máquinas heridas de muerte. Unas vagonetas cargadas de +materiales de construcción se han roto, esparciendo á ambos lados de la +vÃa, entre las ruedas sueltas y retorcidas, una cascada de yeso y de +ladrillos.</p> + +<p>Los dos primeros vagones de nuestro tren ya no existen. Son á modo de +acordeones cerrados por el choque, con pliegues trágicos que dan un +escalofrÃo de terror. Como ocurre casi siempre... de tercera clase. El +furgón de los equipajes es un amasijo de maderos y hierros, que á cada +estremecimiento del tren moribundo vomita maletas y cofres. Hombres +sangrientos que aun no se han dado cuenta de sus heridas, corren +excitados por la emoción y gritan en magyar, en alemán, en servio, en +turco. Los empleados se mueven, queriendo servir de algo, pero sin saber +ciertamente por dónde empezar. Siguiendo el impulso de los<a name="page_353" id="page_353"></a> demás, +intento subir á los vagones demolidos. Al poner el pie en la rota +plataforma chapoteo en algo negro, que es lÃquido y sólido á un tiempo. +Una mosca revolotea ansiosa sobre este banquete de sangre y piltrafas, +anunciando la llegada de sus compañeras. ¿Para qué añadir el horror á la +emoción sufrida?...</p> + +<p>Recojo mis dos maletas y subo el talud, para salir cuanto antes de esta +zanja maldita. Al verme arriba me asombro de la fuerza nerviosa que da +la emoción, de la ligereza con que he subido cargado por la ruda +pendiente.</p> + +<p>Me siento al borde del declive sobre mi equipaje y quedo en una +insensibilidad estúpida, aturdido, sin saber qué hacer, contemplando los +restos de la catástrofe, viendo cómo el humo rojizo de las locomotoras +empieza á incendiar el puente de madera.</p> + +<p>Por todos los caminos de la campiña llegan corriendo grupos de húngaros +melenudos. De las casas inmediatas salen mujeres. Abajo aumenta el +número de los que se agitan junto á los dos trenes y penetran en los +vagones demolidos.</p> + +<p>Una catástrofe estúpida. En la estación de Budapest han dejado salir un +tren de mercancÃas á la hora en que diariamente llega el tren de +Constantinopla. Esto pasa en la Europa central, la de los grandes +ferrocarriles organizados militarmente, y nadie parece indignado... ¡Y +después hablamos de las «cosas de España»!...<a name="page_354" id="page_354"></a></p> + +<p>Veo de pronto sombras que se interponen ocultándome la luz del sol. Son +mujeres húngaras, con sus chiquillos: buenas mozas, gordas, morenotas y +ventrudas, que visten batas de percal y llevan el pañuelo de seda +formando visera sobre los ojos, lo mismo que las chulas de Madrid.</p> + +<p>Sienten la curiosidad de los grandes sucesos, la necesidad de rozarse +con alguien que ha visto el peligro de cerca, y me hablan en su idioma +ininteligible, mirándome con simpática compasión. Adivino que me +preguntan si estoy asustado; se asombran al verme entero, sin un +rasguño, sin una gota de sangre. Una joven se empeña en hacerme beber un +vaso de agua. Una vieja, arrugada y negra como una gitana, me pasa las +manos por el rostro con sonrisa de bruja bondadosa.</p> + +<p>El puente es una gran llama que esparce intenso hedor de madera vieja. +La muchedumbre se agita con vaivenes de audacia y de miedo. Estupendas +noticias la conmueven, haciéndola huir talud arriba en espantoso +desorden. ¡Que las locomotoras van á estallar!... ¡Que el tren contiene +dinamita!... Se esparcen con pánico de rebaño, pero transcurridos +algunos minutos, la curiosidad tira de ellos otra vez, y descienden la +cuesta para mezclarse con los empleados y trabajadores, dificultando las +operaciones de salvamento.</p> + +<p>Ha transcurrido cerca de una hora. Por un camino se ve avanzar al galope +un escuadrón de caballerÃa. Por otros se presentan compañÃas de<a name="page_355" id="page_355"></a> +infanterÃa y escuadras de polizontes. Llegan carruajes cerrados, con el +escudo de la Cruz Roja. Empiezan á descender camillas por la cuesta del +desmonte.</p> + +<p>De los fúnebres acordeones de abajo salen grupos de hombres arrastrando +bultos inánimes. Uno... dos... tres... cuatro... cinco. ¡Cuándo acabará +esa extracción horripilante! Junto á mà pasan hombres y mujeres +sostenidos en brazos y con la cabeza entrapajada. Unos la dejan pender +sobre los hombros vecinos con mortal desmayo; otros gimen con palabras +extrañas que no puedo entender.</p> + +<p>La caballerÃa da una carga á la muchedumbre curiosa, para limpiar los +alrededores. Los infantes austrÃacos entran á la bayoneta, con furiosos +gritos de los oficiales y victorioso tremolar de sables.</p> + +<p>Las mujeres se apelotonan en torno mÃo, como si mi calidad de vÃctima +las sirviese de amparo para permanecer en su sitio... ¿Por qué sigo +aquÃ? ¿De qué sirve mi presencia?</p> + +<p>Me restriego el pecho, contusionado por el choque de la mesa y el peso +de mis vecinos. El costillaje me duele cada vez más, al desvanecerse el +primer aturdimiento de la emoción. Escupo sin cesar, pensando medroso en +el color púrpura... No; no hay nada roto.</p> + +<p>Empleando el idioma universal de la mirada y la seña, coloco una de las +maletas en la cabeza de<a name="page_356" id="page_356"></a> un muchacho, me defiendo galantemente de las +mujeres que quieren encargarse de la otra, y escoltado por estas amigas, +que hablan y hablan sin descorazonarse ante mi silencio, emprendo la +marcha, al través de campos recién labrados y movedizos, hacia un camino +por el que veo pasar un tranvÃa eléctrico.</p> + +<p>¿Para qué permanecer aquÃ, donde á nadie conozco y nadie me entiende? +Voy á Budapest á tomar otra vez el tren, que me inspira un pánico +invencible.</p> + +<p>Y asà entro en la verdadera Europa, á pie, al través de los campos, +llevando mi hato al hombro, lo mismo que un invasor oriental de hace +siglos, atraÃdo por los esplendores de Occidente.</p> + +<p> </p> +<p> </p> + +<p class="c">FIN</p> + +<p> </p> +<p> </p> + +<p>Agosto-Noviembre 1907.</p> + +<h3><a name="INDICE" id="INDICE"></a>INDICE</h3> + +<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary=""> +<tr><td align="right" colspan="3"><span class="un">Págs.</span></td></tr> + +<tr><td align="left" colspan="3"><a href="#CAMINO_DE_ORIENTE"><span class="smcap">Camino de Oriente</span></a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#I">I.</a></td><td>—La peregrinación cosmopolita. </td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_009">9</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#II">II.</a></td><td>—Aguas y música.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_016">16</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#III">III.</a></td><td>—Las mesas verdes.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_023">23</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#IV">IV.</a></td><td>—La ciudad del refugio.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_031">31</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#V">V.</a></td><td>—El lago azul.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_039">39</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#VI">VI.</a></td><td>—Los osos de Berna.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_046">46</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#VII">VII.</a></td><td>—El lago y el Concilio.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_054">54</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#VIII">VIII.</a></td><td>—La Atenas germánica.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_064">64</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#IX">IX.</a></td><td>—El Festival Wágner.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_072">72</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#X">X.</a></td><td>—El <i>Mozarteum</i>.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_080">80</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XI">XI.</a></td><td>—Viena la elegante.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_089">89</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XII">XII.</a></td><td>—El subterráneo de los emperadores.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_096">96</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XIII">XIII.</a></td><td>—¡Hermoso Danubio azul!.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_105">105</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XIV">XIV.</a></td><td>—La ciudad de los magyares.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_114">114</a></td></tr> + +<tr><td align="left" colspan="3"><a href="#EN_ORIENTE"><span class="smcap">En Oriente</span></a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XV">XV.</a></td><td>—Los Balkanes.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_123">123</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XVI">XVI.</a></td><td>—Los turcos.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_132">132</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XVII">XVII.</a></td><td>—Constantinopla.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_142">142</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XVIII">XVIII.</a></td><td>—El Gran Puente.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_151">151</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XIX">XIX.</a></td><td>—Los que pasan por el Gran Puente.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_160">160</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XX">XX.</a></td><td>—El Gran Visir.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_170">170</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXI">XXI.</a></td><td>—El palacio de la Estrella.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_180">180</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXII">XXII.</a></td><td>—El Sélamlik.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_188">188</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXIII">XXIII.</a></td><td>—Los perros.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_200">200</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXIV">XXIV.</a></td><td>—Los Derviches Danzantes</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_210">210</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXV">XXV.</a></td><td>—El heredero de <i>Las mil y una noches</i></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_229">229</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXVI">XXVI.</a></td><td>—Santa SofÃa</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_249">249</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXVII">XXVII.</a></td><td>—El Papa griego</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_258">258</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXVIII">XXVIII.</a></td><td>—Turcas y eunucos</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_275">275</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXIX">XXIX.</a></td><td>—Los derviches aulladores</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_296">296</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXX">XXX.</a></td><td>—Libertad religiosa</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_304">304</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXXI">XXXI.</a></td><td>—Restos de Bizancio</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_319">319</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXXII">XXXII.</a></td><td>—La Noche de la Fuerza</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_334">334</a></td></tr> + +<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXXIII">XXXIII.</a></td><td>—La entrada en Europa</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_346">346</a></td></tr> +</table> + +<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="" +style="border:3px double gray;padding:2%;"> +<tr><th align="center">Estas correcciones hizo el transcriptor del texto electronico:</th></tr> +<tr><td align="center">cisnes negros de pico de <span class="errata">escarleta</span>=>cisnes negros de pico de escarlata</td></tr> +<tr><td align="center">al que acuden todos los <span class="errata">extranjeroe</span>=>al que acuden todos los extranjeros</td></tr> +<tr><td align="center">cabeza <span class="errata">rodeaba</span> de un nimbo=>cabeza rodeada de un nimbo</td></tr> +<tr><td align="center">para que <span class="errata">á á</span> la salida le suelten medio franco=>para que á la salida le suelten medio franco</td></tr> +<tr><td align="center">pasando entre resplandores como una aparición <span class="errata">fantásticas</span>=>pasando entre resplandores como una aparición fantástica</td></tr> +<tr><td align="center">sus <span class="errata">acupaciones</span> en la catedral=>sus ocupaciones en la catedral</td></tr> +<tr><td align="center">trina el ruiseñor, canta <span class="errata">si</span> mirlo=>trina el ruiseñor, canta el mirlo</td></tr> +<tr><td align="center">clase de <span class="errata">iufortunios</span>=>clase de infortunios</td></tr> +<tr><td align="center">todas lujosas, todas <span class="errata">deshabitatas</span>=>todas lujosas, todas deshabitadas</td></tr> +<tr><td align="center">Podrá creerse superior <span class="errata">ó</span> los demás=>Podrá creerse superior á los demás</td></tr> +<tr><td align="center">arrendatario de la tierra que <span class="errata">cultima</span>=>arrendatario de la tierra que cultiva</td></tr> +<tr><td align="center"><span class="errata">poserlos</span> el soberano=>poseerlos el soberano</td></tr> +<tr><td align="center">todas las mesas <span class="errata">las</span> pedazos de pan olvidados=>todas las mesas los pedazos de pan olvidados</td></tr> +<tr><td align="center">Eran los patios de la Santa Mezquita, del <span class="errata">temblo</span>=>Eran los patios de la Santa Mezquita, del templo</td></tr> +<tr><td align="center">volvÃan los ojos hacia <span class="errata">al</span> hogar=>volvÃan los ojos hacia el hogar</td></tr> +<tr><td align="center">para hacer creer en <span class="errata">una</span> suicidio=>para hacer creer en un suicidio</td></tr> +<tr><td align="center">el <span class="errata">mansjo</span> de sus riquezas=>el manejo de sus riquezas</td></tr> +<tr><td align="center">enclaustradas <span class="errata">voluntamente</span>=>enclaustradas voluntariamente</td></tr> +<tr><td align="center">el gesto pontifical, <span class="errata">recomendánme</span>=>el gesto pontifical, recomendándome</td></tr> +<tr><td align="center">institutrices ingleses y franceses=>institutrices ingleses y francesas</td></tr> +<tr><td align="center">envuelto en su sotana <span class="errata">uegra</span>=>envuelto en su sotana negra</td></tr> +<tr><td align="center">creencias de sus <span class="errata">súdditos</span>=>creencias de sus súditos</td></tr> +<tr><td align="center">abrazar al suya=>abrazar la suya</td></tr> +<tr><td align="center">láminas de bronce, <span class="errata">qne</span> ciertamente=>láminas de bronce, que ciertamente</td></tr> +</table> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Oriente, by Vicente Blasco Ibáñez + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ORIENTE *** + +***** This file should be named 40182-h.htm or 40182-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/4/0/1/8/40182/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was +produced from images available at The Internet Archive) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/40182-h/images/colofon.png b/40182-h/images/colofon.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..00307d2 --- /dev/null +++ b/40182-h/images/colofon.png diff --git a/40182-h/images/cover.jpg b/40182-h/images/cover.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..5abef09 --- /dev/null +++ b/40182-h/images/cover.jpg |
