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+The Project Gutenberg EBook of Oriente, by Vicente Blasco Ibáñez
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
+
+
+Title: Oriente
+
+Author: Vicente Blasco Ibáñez
+
+Release Date: July 9, 2012 [EBook #40182]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ORIENTE ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
+produced from images available at The Internet Archive)
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+
+Nota del transcriptor: En esta edición se han mantenido las convenciones
+ortográficas del original, incluyendo las variadas normas de acentuación
+presentes en el texto.
+
+
+
+
+ORIENTE
+
+
+OBRAS DEL MISMO AUTOR
+
+=En el país del arte= (viajes).
+
+=Cuentos valencianos.=
+
+=La condenada= (cuentos).
+
+=Arroz y tartana= (novela).
+
+=Flor de Mayo= (novela).
+
+=La barraca= (novela).
+
+=Entre naranjos= (novela).
+
+=Sónnica la cortesana= (novela).
+
+=Cañas y barro= (novela).
+
+=La Catedral= (novela).
+
+=El Intruso= (novela).
+
+=La Bodega= (novela).
+
+=La Horda= (novela).
+
+=La maja desnuda= (novela).
+
+=Sangre y arena= (novela).
+
+=Los muertos mandan= (novela).
+
+=Luna Benamor= (novela).
+
+=ARGENTINA Y SUS GRANDEZAS=
+
+OBRAS TRADUCIDAS DEL AUTOR
+
+TERRES MAUDITES (Traducción de G. Hérelle), París.
+
+FLEUR DE MAI (Traducción de G. Hérelle), París.
+
+BOUE ET ROSEAUX (Traducción de Maurice Bixio), París.
+
+CONTES ESPAGNOLS (Traducción de G. Menetrier), París.
+
+DANS L'OMBRE DE LA CATHÉDRALE (Traducción de G. Hérelle), París.
+
+TERRAS MALDITAS (Traducción de Napoleão Toscano), Lisboa.
+
+A CATHEDRAL (Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa), Lisboa.
+
+DIE KATHEDRALE (Traducción de Josy Priems), Zurich.
+
+FLOR DE MAYO (Traducción de Josy Priems), Zurich.
+
+ERDFLUCH (Traducción de Wilhelm Thal), Berlín.
+
+SCHILF UND SCHLAMM (Traducción de Wilhelm Thal), Berlín.
+
+DER EINDRINGLING (Traducción de J. Broutá), Berlín.
+
+DE VLOEK (Traducción del doctor A. A. Fokker), Haarlem.
+
+WAAR ORANJEBOOMEN BLOEIEN (Traducción del Dr. A. A. Fokker), Amsterdán.
+
+CHALUPA (Traducción de A. Pikhart), Praga.
+
+MARNÁ CHLOUBA (Traducción de A. Pikhart), Praga.
+
+AH, IL PANE!... (Traducción de F. Gelormini), Palermo.
+
+HVAD EN MAND HAR AT GOVE (Traducción de Johanne Allen), Copenhague.
+
+VINNYI SKLAD (Traducción de M. Watson), Petersburgo.
+
+BODEGA (Traducción de K. G.), Petersburgo.
+
+PROKLIATAC POLE (Traducción de M. Watson), Petersburgo.
+
+SOBOR (Traducción de M. Watson), Petersburgo.
+
+DUOYÑOY VISTREL (Traducción de M. Watson), Petersburgo.
+
+GELEZNODOROGNOY ZAIAZ (Traducción de M. Watson), Petersburgo.
+
+NALOGUIZA OBNAGENNAIA (Traducción de M. Watson), Petersburgo.
+
+ARÉNES SANGLANTES (Traducción de G. Hérelle), París.
+
+LA HORDE (Traducción de G. Hérelle), París.
+
+A CORTEZAN DE SAGUNTO (Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa),
+Lisboa.
+
+O INTRUSO (Traducción de Carvalho), Lisboa.
+
+
+
+
+Vicente Blasco Ibáñez
+
+ORIENTE
+
+28.000
+
+F. SEMPERE Y COMPAÑÍA, EDITORES
+
+Calle de las Germanías, F S
+
+Sucursal: Mesonero Romanos, 42
+
+VALENCIA MADRID
+
+_Esta Casa Editorial obtuvo Diploma de Honor y Medalla de Oro en la
+Exposición Regional de Valencia de 1909 y Gran Premio de Honor en la
+Internacional de Buenos Aires de 1910._
+
+_Derechos de traducción reservados en todos los países, incluso Suecia y
+Noruega._
+
+Imp. de la Casa Editorial F. Sempere y Comp.ª--VALENCIA
+
+ * * * * *
+
+_Este libro--algunos de cuyos capítulos aparecieron antes en_ EL LIBERAL
+_de Madrid_, LA NACIÓN _de Buenos Aires y_ EL IMPARCIAL _de México--va
+dedicado al ilustre periodista_
+
+ =Miguel Moya=
+
+_claro talento, voluntad enérgica, poderoso reformador de la prensa
+española._
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+CAMINO DE ORIENTE
+
+
+
+
+I
+
+La peregrinación cosmopolita
+
+
+Recuerdo que en cierta ocasión tuve en mis manos un ejemplar de la
+_Gaceta Imperial_ de Pekín, y al revolver sus finas hojas de papel de
+arroz, entre las apretadas columnas de misteriosos caracteres, sólo
+encontré dos anuncios comprensibles por sus grabados: el que llaman
+vulgarmente _tío del bacalao_, ó sea el marinero que lleva á sus
+espaldas un enorme pez, pregonando las excelencias de la Emulsión Scott,
+y una botella de largo cuello con la etiqueta «Vichy-État».
+
+Pocas empresas en el mundo habrán hecho la propaganda que la Compañía
+Arrendataria de las aguas de Vichy.
+
+Circulan por las calles de la pequeña y elegante ciudad francesa los
+pesados carromatos cargados de cajones, camino de la estación del
+ferrocarril. Marchan las botellas alineadas en apretadas filas al salir
+de Vichy, para luego esparcirse como una esperanza de salud. ¿Adonde
+van?... La fama de su nombre les asegura el dominio del mundo entero.
+Una botella irá á morir, derramando el líquido gaseoso de sus entrañas,
+en una aldea obscura de las montañas españolas, y la que cabecea junto á
+ella no se detendrá hasta llegar á alguna población sueca, cubierta de
+nieve, vecina al Polo; y la otra irá á Australia; y la de más allá
+arrojará su burbujeante contenido, bajo el sol del África, en un
+campamento de europeos, de estómago quebrantado por las escaseces de la
+colonización.
+
+Y así como el agua de Vichy se esparce por el mundo, para llevar á
+remotos países sus virtudes curativas, los médicos de toda la tierra por
+un lado, y la moda por otro, empujan hacia aquí á las gentes más
+diversas de aspecto y de lengua.
+
+París, con ser la más cosmopolita de las ciudades, por la atracción que
+ejercen sus placeres y sus elegancias, no ofrece el aspecto mundial que
+el pequeño Vichy, con sus miles de extranjeros. En las primeras horas de
+la mañana, la muchedumbre que llena el Parque y se agolpa en torno de
+las fuentes, hace recordar los muelles de Gibraltar ó ciertos puertos de
+Asia, que son como encrucijadas marítimas, en los que se tropiezan y
+confunden todos los pueblos y todas las lenguas.
+
+La gente europea, igual y monótona al primer golpe de vista, muestra su
+infinita variedad de trajes, gestos y actitudes bajo los paseos
+cubiertos del Parque. Desfilan los ingleses con la cara impasible bajo
+su pequeña gorra, moviendo al andar sus anchos calzones cortos sobre las
+pantorrillas enfundadas en medias escocesas; pasan los alemanes con
+sombrerillos tiroleses rematados por enhiesta pluma; los españoles y
+americanos, de corbatas vistosas y conversación á gritos; los italianos,
+que copian con exagerado servilismo las modas británicas; los franceses,
+todos con una roseta ó una cinta en la solapa. Las mujeres se exhiben
+envueltas en velos como odaliscas, con el rostro sombreado por el panamá
+ó el sombrero enorme, de alas caídas y cargado de flores, copiado de los
+retratos de los pintores ingleses. Las blusas de encajes transparentan
+en su trama sutil rosadas desnudeces; las faldas, cortas y blancas,
+dejan en su revoloteo una estela de perfumes. Confundidos en esta
+avalancha de tonos uniformes, pasan los egipcios y turcos, de levita
+clara y elevado fez; los chinos, de túnica azul y bonete negro con rojo
+botón sobre el trenzado pelo de rata; los malayos, de blancos calzones,
+con femeniles trenzas arrolladas en torno de su rostro amarillo y
+simiesco; los persas, vestidos á la europea, pero coronando su bigotuda
+cara con un gorro de astrakán; dos ó tres _rajahs_ indios, de albas
+vestiduras, graves, hermosos y perfumados, como sacerdotes de una
+religión poética que tuviese por deidades á las flores; judíos sórdidos,
+cubiertos de sedas tan brillantes como sucias, y moros ricos de Argel y
+Túnez, _jeiques_ de tribu, que ostentan sobre el nítido albornoz la
+mancha roja de la Legión de Honor y unen á su arrogancia tradicional la
+satisfacción de hallarse en su propia casa, como súbditos de la
+República francesa. Y juntos con estas gentes extrañas se muestran los
+franceses exóticos, los militares venidos de lejanas Francias, los
+oficiales del ejército colonial, que llegan á reponerse de las fiebres
+de los pantanos tonkineses, del sol que devora á los hombres en las
+casas de tierra de Tombouctu, en los puestos avanzados del Sahara ó en
+las factorías del Senegal y del Congo; spahis y cazadores de África, de
+teatrales uniformes; marinos y coloniales con traje blanco y casco
+ligero de lienzo y corcho.
+
+El agua turbia y burbujeante que salta en las fuentes, bajo una gran
+cúpula de cristal, es la que realiza el milagro de reunir gentes tan
+diversas y de origen tan lejano en esta pequeña ciudad del centro de
+Francia, que hace menos de tres siglos dió á conocer la pluma de Mad.
+Sévigné.
+
+Nada hay nuevo en el mundo. Lo mismo que la gente viene ahora á las
+estaciones termales de las que es reina Vichy, iba hace tres mil años,
+con un fin religioso y de curación al mismo tiempo, á pequeñas ciudades
+de Grecia, famosas por sus aguas y sus profetisas, buscando á la vez la
+salud del cuerpo y la certeza del porvenir.
+
+No hay aquí ninguna Pitonisa que, montada en un trípode sobre la fuente
+de la _Grand Grille_ ó de los _Celestinos_, profetice nuestra vida
+futura; pero diarios y prospectos anuncian la presencia en Vichy de
+acreditadas profesoras de cartomancia y magia, venidas de París para
+rasgar los sombríos misterios de lo futuro, á razón de veinte francos
+por consulta.
+
+No se encuentra una Friné que se muestre desnuda en medio del Parque,
+como la irresistible cortesana griega, despojándose de sus velos ante
+los peregrinos enfermos de Delfos para alegrar su miseria con la regia
+limosna de la exhibición de sus gracias; pero las Frinés vestidas son
+legión; se cuentan á centenares: unas hablan francés, otras español,
+otras ruso; son ortodoxas, heterodoxas, hebreas ó simplemente impías;
+las hay rubias, morenas, amarillas y hasta negras, y repitiendo á puerta
+cerrada la suerte de la bella ateniense, ahorran para la campaña de
+invierno en París ó Marsella, Argel ó Madrid.
+
+Los graves sacerdotes, majestuosos y sibilinos, de este moderno
+santuario de la salud universal, son los médicos. Ochenta y cuatro he
+contado en la lista que figura por todos lados, en las esquinas, en los
+programas de los conciertos, en las cartas de cafés y restaurants, y
+hasta en las paredes de los mingitorios, para recordar á todas horas al
+olvidadizo viajero que estos imponentes personajes son los verdaderos
+soberanos de Vichy, y no debe nadie beber una gota de agua sin previa
+consulta.
+
+Siendo á modo de grandes sacerdotes, inútil es decir que ocupan las
+mejores casas de la ciudad, lujosos hoteles, sonrientes _villas_
+rodeadas de flores, cuyos salones de espera están siempre llenos de
+clientes.
+
+Con las aguas de Vichy no se puede jugar. Los graves hombres de la
+ciencia hablan de ellas como si fuesen terribles venenos. Cada vez que
+hay que aumentar la dosis en un sorbo, conviene consultarles
+previamente, con un luis de oro en la mano. Causa admiración la
+sabiduría, el tino con que estos respetables arúspices de la ciencia
+combinan la toma de las aguas de las diversas fuentes, armonizando unas
+con otras.
+
+--Un vaso de la _Grand Grille_ á tal hora; luego uno de _Celestinos_ á
+tal otra. Más adelante variaremos y serán _Chomet_ y _Hôpital_. Sobre
+todo, nada de prisas. La curación debe seguir su marcha.
+
+¡Nada de prisas!... Lo mismo que los graves doctores piensan los
+hoteleros de Vichy, los dueños de cafés, los empresarios de teatros,
+hasta las Frinés del Parque, y esta unanimidad de pareceres convence al
+viajero, que no sabe cómo agradecer el interés que todos muestran por
+retenerle á su lado.
+
+En torno de las fuentes, los bebedores de agua, apurando lentamente sus
+vasos, se preguntan á veces por sus dolencias. Uno tiene enfermo el
+hígado, otro la garganta, el de más allá sufre diabetes; una señora
+calla y enrojece, pensando en la tristeza de los árboles, que mueven
+sus copas sin llegar nunca á dar fruto... ¡Y todos beben lo mismo!
+
+La humanidad, que desprecia la salud mientras la posee, guarda su fe más
+ciega para los que la consuelan y entretienen en la gran cobardía de la
+dolencia.
+
+
+
+
+II
+
+Aguas y música
+
+
+El sol de las primeras horas de la tarde, filtrándose al través del
+follaje del Parque de Vichy, extiende un manto temblón de harapos de
+sombra y retazos de luz sobre la muchedumbre sentada en sillas de
+hierro, en torno del kiosco de la música. La orquesta, acompañada de
+lejos por las bocinas de los automóviles que pasan veloces, por el
+vocerío de los vendedores de periódicos que pregonan las últimas hojas
+llegadas de París, y por los gritos de los cocheros que invitan á
+pintorescas excursiones por las riberas del Allier, puebla el espacio
+con los lamentos de las ondinas del Rhin, llorando el mágico tesoro
+arrebatado por el maligno Nibelungo, con el melancólico adiós de
+Lohengrin al alejarse de Elsa, ó con la romántica _Canción de la
+Estrella_ que entona Wolfram, el grave trovador, contemplando el astro
+del atardecer.
+
+Vichy es la ciudad de la música. Los viajeros que ocupan los hoteles
+inmediatos al Parque, despiertan, apenas comenzada la mañana, arrullados
+por el primer concierto del día. El _Sigur_, de Reyer, lanza sus bélicos
+apóstrofes, ó la _Thais_, de Massenet, se entrega á su mística
+meditación, arrepintiéndose de sus desórdenes de cortesana, mientras el
+viajero se viste y se lava y va á beber el primer vaso del día en la
+fuente de la _Grand Grille_. Luego, á las once, empieza otro concierto
+en el café de la Restauración, con aditamento de cantantes, y á éste
+sigue el grande de la tarde, en pleno Parque, que dura hasta las cinco,
+sin que entre las piezas existan otros intermedios que brevísimos
+instantes de descanso, como si la orquesta se avergonzase de su inacción
+y Vichy no pudiese vivir sin una melodía interminable vibrando en su
+ambiente. Y á las siete, después de la comida, empiezan á la vez, para
+durar hasta media noche, tres grandes conciertos en los tres casinos
+importantes, á más de una representación de ópera en el Gran Teatro y
+los innumerables concertistas que _actúan_ en los cafés y _music-halls_.
+
+Parece como que todos los instrumentistas de Francia vengan á Vichy,
+durante la temporada termal, para entretener el ocio del público
+cosmopolita, que digiere las famosas aguas al arrullo de las orquestas.
+Toda la música del mundo es devorada por el enorme consumo melódico de
+esta población, que llaman orgullosamente los franceses la _Reine des
+Villes d'Eaux_. Desde el _Fuego encantado_, de Wágner, hasta la _Jota
+Aragonesa_ y la _Marcha Real_, la música de todos los tiempos y de todos
+los países halaga los oídos de la muchedumbre extranjera, tropel de aves
+de paso que llena Vichy durante algunas semanas; y tan pronto suenan las
+graves notas de una composición de Bach, como se desarrollan picarescos
+y juguetones los cantos del _género chico_ español, y se contonea
+chulescamente el diabólico tango, haciendo murmurar á los graves señores
+condecorados: _Ollé, ollé!_ y moverse los pies de las señoras, que
+exclaman: _Comme c'est joli!_
+
+Música y aguas á todo pasto. ¿Y los enfermos?... Los enfermos no se ven
+en ninguna parte. Á Vichy se viene á descansar. Además, la mayor parte
+de las enfermedades que curan estas aguas son de «larga espera»: males
+de estómago, diabetes, etc., y los dolientes no se diferencian, en su
+aspecto exterior ni en su gesto, de los sanos. De vez en cuando se ve un
+señor que, escuchando el concierto, deposita un pie hinchado, enorme,
+elefantíaco, sobre la silla que tiene delante; pero las bandas de
+franela y la pantufla son lo único que revela su enfermedad al
+contrastar con el otro pie calzado de charol. Pasan algunas señoras
+sentadas en sillones de ruedas, de los que tiran mozos de cordel; pero
+van pintadas y compuestas como las demás mujeres, con tal estiramiento
+elegante en su enfermedad y tal respeto de sí mismas, que hacen pensar
+si en Vichy morirá la gente vistiendo traje de _soirée_ al arrullo del
+último vals de moda.
+
+En los bailes del Gran Casino se ven jóvenes con muletas, ó muchachas
+que cojean ligeramente, esforzándose por ocultar la flojedad de sus
+huesos, triste herencia de las diversiones de sus progenitores; pero el
+frac de los unos y las _toilettes_ escotadas de las otras, parecen
+borrar la gravedad de sus dolencias, y todos sonríen, con un deseo
+vehemente de divertirse. Cuando suena la orquesta, el que puede bailar,
+baila, y el que se ve imposibilitado de hacer esto, se mete en la sala
+de juego.
+
+Vichy se divierte: los enfermos malhumorados, que alborotan en sus casas
+y llevan á mal traer á los suyos, sonríen aquí, y á las seis de la tarde
+visten su traje de ceremonia. Venir á tomar estas aguas sin traer un
+_smoking_ en la maleta equivale á un sacrilegio.
+
+Hay que descansar, y aunque una gran parte de los que llegan á Vichy son
+favoritos de la fortuna, que no conocen la rudeza del trabajo, descansan
+y descansan, bebiendo dos vasos de agua por día y charlando durante el
+curso de tres ó cuatro conciertos diarios.
+
+Las buenas relaciones entre Francia y España, su acción común en
+Marruecos, han influído para dar mayor boga á nuestra música. Los mismos
+compositores de segundo orden, que hace algunos años escribían danzas
+rusas y melodías moscovitas en honor de la Doble Alianza, producen ahora
+la _Marche des gitanos_, la _Marche des Aficionados_ y otras obras de no
+menos color, con fragmentos de la _Marcha Real_ en sordina, repiqueteo
+de castañuelas, tintineo de triángulo y golpes de pandero.
+
+La música del género chico, tangos dislocantes, pasacalles alegres, dúos
+de ligera pasión y jotas alborozadas, al alternar con las obras de los
+maestros más famosos, alcanza un éxito que no consiguen éstos muchas
+veces.
+
+Yo respeto y admiro el llamado _género chico_. De sus libretos, dramas
+comprimidos ó sainetes coloristas, apenas si me acuerdo una semana
+después de haberlos visto. Pero la música de esas obras es una de las
+manifestaciones artísticas más respetables y más grandes de la España
+actual. Se ha hablado mucho de la necesidad de una ópera española. ¿Para
+qué? España ya tiene su música, que no puede ser más suya. Á los pueblos
+no hay que forzarlos para que produzcan artísticamente en determinada
+dirección, sino aceptar lo que den espontáneamente y celebrarlo, siempre
+que tenga una individualidad marcada.
+
+El ilustre maestro Bretón se ha pasado gran parte de su vida batallando
+y penando por crear y afirmar la ópera española. Yo he viajado por
+varios países de Europa sin oir en ninguna parte fragmentos de sus
+óperas, que pudiéramos llamar solemnes ó grandes, y en cambio, he
+escuchado y he visto aplaudir en Francia y en Italia _La verbena de la
+Paloma_, y la he oído canturrear á gentes de los Estados Unidos.
+
+En Nápoles (país de los concursos de romanzas, que cada año da al mundo
+una canción de moda) los músicos callejeros y las orquestas de los cafés
+no tienen otra música amada que la de Caballero, Chapí, Chueca y otros
+españoles.
+
+En Venecia, la de las serenatas románticas, he visto las góndolas
+cargadas de cantores y orladas de luces, navegar por el Gran Canal, bajo
+las ventanas de los hoteles, poblando el silencio de la noche con la
+«Marcha de los marineritos» de _La Gran Vía_.
+
+Cada país debe alegrarse por lo que tiene, sin detenerse á desentrañar y
+aquilatar su mérito, pues peor es no poseer nada y no despertar la
+atención más allá de las fronteras.
+
+La fama de hermosura y gracia de la mujer española la sostienen hoy,
+desde París á San Petersburgo, todas esas muchachas que, con apodos más
+ó menos extraños, bailan ó cantan «cosas de la tierra». Sólo cuando
+aparece en la escena un mantón con flecos y un pavero ladeado sobre un
+moño con claveles se acuerda el gran público de que existe España.
+Cuando las orquestas acarician los nervios de la muchedumbre con la
+música fácil, alegre y bizarra del llamado _género chico_, se enteran en
+Europa de que existe un arte español y de que en la Península nos
+dedicamos á algo más que á matar toros.
+
+Á muchos les parecerá un sacrilegio lo que voy á decir, pero no por esto
+es menos cierto. La música de _La Gran Vía_ la tocan más en el mundo y
+es más conocida que la de _El anillo del Nibelungo_. Ya sabemos que
+Chueca no es Wágner. Pero la inmensa mayoría de los que escuchan
+conciertos en el extranjero, aunque fingen por _snobismo_ una admiración
+de personas correctas hacia las obras consagradas, prefieren en su
+interior el «Caballero de Gracia» á todos los caballeros del Santo
+Graal.
+
+
+
+
+III
+
+Las mesas verdes
+
+
+El Casino de Vichy es una construcción enorme y blanca, con adornos
+serpenteantes de «arte nuevo». Contiene un teatro espléndido, en el que
+todas las noches se cantan óperas ó actúan las «estrellas» de la Comedia
+Francesa y del Odeón, que hacen su _tournée_ anual: sala de conciertos,
+grandes salones de baile, gabinete de lectura, una rotonda con espejos
+colosales, y el oro chorreando por todas las tallas y adornos de los
+muros... Es, en fin, á modo de una catedral moderna, dedicada á toda
+clase de diversiones.
+
+De día se forman elegantes grupos de claros colores, bajo las
+marquesinas de sus terrazas ó á la sombra de los plátanos de sus
+jardines; de noche brilla como un palacio de leyenda, marcando con
+innumerables bombillas eléctricas, sobre la lobreguez del espacio, las
+líneas de sus cornisas, la esbeltez de sus columnas y las armónicas
+curvas de su cúpula central.
+
+En este santuario de las diversiones, al que acude todo Vichy, existe
+como capilla predilecta un salón blanco, enorme y de alto techo, que
+tiene sus fieles inconmovibles y fijos desde las primeras horas de la
+tarde hasta las últimas de la madrugada, y en el que se entra con cierto
+recogimiento, bajando el tono de la voz y aminorando el ruido de los
+pasos. Imponentes criados de empaque principesco indican al abrir la
+cancela de cristales que hay que despojarse del sombrero, y el visitante
+avanza respetuosamente después de esta advertencia, pisando muchas veces
+las colas de los vestidos femeniles y pidiendo perdón á todas las
+espaldas que empuja á su paso.
+
+Aglomérase la gente en torno de una docena de mesas verdes. Junto á
+ellas están sentados los jugadores de importancia, graves, mudos, con
+caras de palo y ojos inexpresivos, moviendo las manos cargadas de
+billetes y fichas sobre los cuadros marcados en la bayeta verde, ó
+llevándoselas al pelo con lentos rascuñones que delatan la emoción.
+Contra sus dorsos se empuja y se aplasta la turba de los mirones, que
+_apunta_ de tarde en tarde y sigue con interés anhelante las peripecias
+del juego; señoras maduras y pintarrajeadas, cubiertas de joyas de
+empañado brillo; _cocottes_ de perfil hebraico; correctos señores
+condecorados con un _tic_ de maniáticos en sus hoscas facciones. Todos
+se empujan con una vehemencia febril. Brilla en las miradas un fuego
+malsano. Los ojos, que siguen el vaivén de los azules billetes, entre
+la paletada del banquero y las manos de los jugadores, son ojos que se
+ven en los juicios orales ó en la primera plana de los periódicos cuando
+relatan un crimen sensacional. Pero el aspecto de esta gente no puede
+ser más correcto y honorable. Ellas, aventureras de incierta
+nacionalidad y edad misteriosa, descotadas y con grandes sombreros;
+ellos, elegantes, ostentando en la solapa del _smoking_ condecoraciones
+de raros colores, son hombres de una gallardía profesional que hace
+recordar á las mundanas retiradas del pecado, y todavía caprichosas, que
+aparecen una mañana degolladas en su lecho, con la caja de las alhajas
+vacía.
+
+En Vichy son muchos los que confiesan su llegada sin motivo alguno de
+enfermedad. Vienen _pour s'amuser_, según declaran con maliciosa
+sonrisa. Unos, sencillos en sus gustos, encuentran diversión sobrada en
+el gran rebaño femenino que atrae la fama de Vichy. Otros, más
+complicados en sus pasiones y temibles en sus apetitos, se encierran
+tarde y noche en la sala de juego del Casino. Los exóticos, los venidos
+de muy lejos, son los que con más asiduidad se sientan junto á la bayeta
+verde.
+
+Todas las noches contemplo en un extremo de la mesa donde se juega más
+fuerte á un fantasma blanco é inmóvil. Es un jeique de Argel. Pálido,
+con una palidez de hostia, entre la blancura de sus tocas y la orla
+nevada de su barba, el viejo jeique parece una figura de cera. Sus ojos
+brillan, inmóviles, como si fuesen de vidrio, fijos en las manos del
+banquero. Esa frialdad musulmana, desdeñosa y altiva, que permite á los
+árabes contemplar impasibles las mayores grandezas de nuestra
+civilización, mantiene al venerable moro inmóvil y sin pestañear.
+Pierde, pierde siempre, y su vida parece concentrarse en sus manos, que
+se ocultan bajo las blancas vestiduras, escarabajean en el sitio donde
+la Legión de Honor se marca como una gota de sangre sobre el nítido
+albornoz, y vuelven á crujir, estrujando azules papelillos que arrojan
+ante ellas.
+
+¡Pobre jeique!... Veo praderas abrasadas por el sol junto á un riachuelo
+africano casi seco. Los grupos de palmeras se destacan en negro sobre el
+horizonte rojo y oro de la tarde. Los perros flacos y lanudos ladran y
+corretean en torno de las tiendas; las mujeres, con el rostro cubierto
+por un trapo blanco, van y vienen, llevando sobre su cabeza un cántaro
+derecho, ó hunden sus brazos gordos y tostados en la harina amasada,
+preparando el pan para el día siguiente y haciendo sonar á cada
+movimiento los pesados brazaletes de cobre. Los pequeñuelos, panzudos,
+de color de ladrillo, con la cabeza rapada y un pincel de pelos en el
+cogote, corren persiguiendo á los saltamontes. El jefe está ausente; el
+amo se fué, y una tristeza de orfandad pesa sobre la tribu. El médico
+del inmediato puesto militar le recomendó unas aguas milagrosas de la
+lejana Francia, país de maravillas, y allá vive el gran jefe, mientras
+el campamento parece más solo, más triste. ¡Están lejos los días en que
+los hombres de la tribu hacían galopar sus caballos y disparaban sus
+fusiles en alborazada _fantasía_, para recibir al personaje de kepis
+rojo, que en nombre del gobernador general de Argel colocó sobre el
+pecho del jefe la cinta encarnada con la estrella de cinco puntas,
+motivo de envidia y respeto para las demás tribus del contorno!...
+
+Comienza á morir el sol en el rápido crepúsculo africano; álzase en el
+horizonte la nube de polvo de los rebaños; óyese el trote de los
+caballos; ladran los mastines, y los jinetes pastores, al echar pie á
+tierra ante las tiendas, luego de encerrar sus lanudos tesoros, formulan
+todos la misma pregunta, sin despojarse del fusil ni haber hecho la
+oración de la tarde: «¿Nada de Francia?...» ¡Nada! Y cuando cierra la
+noche, los hijos, los yernos, los sobrinos y nietos del ausente, todos
+los hombres de la tribu, se duermen envueltos en su albornoz pensando en
+el jefe, interpretando su silencio como una señal de grandezas, que les
+llenarán luego de orgullo al ser relatadas junto á las hogueras del
+invierno. Creen en su sencillez que el jeique condecorado alcanza en el
+lejano país de las maravillas los honores que corresponden al venerado
+jefe de un centenar de arrogantes centauros. Y á la misma hora, las
+manos finas y pálidas, manos de cera, dejan sobre la mesa verde, de
+minuto en minuto, con la regularidad de un reloj que suena la desgracia,
+la fortuna y el bienestar de los que sueñan en el lejano campamento
+africano, bajo la luz difusa de las estrellas, entre el pataleo de las
+bestias, el ladrido de los perros y el monótono canto de los grillos. Un
+puñado de papeles azules representa una parte de los corderos que se
+aprietan durante su sueño, como si presintiesen en el obscuro horizonte
+la bestia carnicera que ronda; otro, un caballo de larga crin, narices
+de fuego y patas finas, orgullo de la tribu. Todo lo que el jeique deja
+en el montón del banquero significa la esperanza perdida de aplacar á
+Nathán ó á Samuel, el prestamista hebreo, cuando, al llegar el invierno,
+se presenta en la tienda del jefe á hablar de negocios.
+
+Salgo de la sala de juego, y en la rotonda central, entre brillantes
+_toilettes_, veo dormitando en un diván á una mujer obesa y morena. Es
+una judía, relativamente joven, pero con su belleza ahogada bajo una
+marea ascendente de grasa. El vientre, libre de corsé, se marca como una
+cúpula bajo la falda de seda de anchas y vistosas rayas; el rostro,
+moreno y abultado, con los ojos perdidos en bullones de carne y unas
+cejas gruesas y unidas como una barra de tinta, asoma en el marco de un
+rebozo de seda y oro, tan majestuoso como sucio. Contempla impasible las
+miradas de curiosidad de las mujeres, y vuelve á adormecerse, ansiando
+que llegue el instante de regresar al hotel. Su marido está en la sala
+de juego, y la buena Rebeca ó Miryam, sumida en su coraza adiposa,
+aguarda horas y horas, viendo en sus cortos ensueños, como ángeles de
+luz, algunos nuevos billetes y luises de oro que vengan á unirse al
+capital que amasan los dos con una avidez de raza.
+
+En todas partes, los usureros, los prestamistas, los adoradores de la
+fortuna, son los fieles más fervientes del juego. Parece una
+incongruencia, pero cuanto más se ama el dinero, llegando en esta
+adoración hasta la manía, más dispuesto se está á arriesgarlo á un azar,
+con la locura de la ganancia rápida. En España, los principales
+consumidores de billetes de la Lotería Nacional son avaros que apenas
+comen. En las timbas y casinos, los _puntos_ más asiduos son
+prestamistas y usureros, capaces de cometer una mala acción por una
+peseta y que pierden mil sin desesperarse, bajo la ilusión de una
+próxima ganancia.
+
+Los artistas, los escritores, hombres poco prácticos, faltos de
+habilidad para conservar el dinero, y que parecen despreciarlo por la
+prisa que se dan en separarse de él, apenas se sienten tentados por el
+juego, y eso que no pretenden pasar por ejemplos de virtud. Son muchas
+veces alcohólicos; el eterno femenino complica y desordena los días y
+las horas de los más; hasta los hay que en sus pasiones y gustos
+desobedecen las órdenes de la Naturaleza... pero jugadores tenaces y
+convencidos yo no conozco ninguno.
+
+Todo jugador es un avaro que desea el dinero de los demás y siente la
+fiebre de quitárselo sin arrostrar persecuciones de la justicia. En
+fuerza de adorar al dinero, el jugador acaba por no saber para lo que
+sirve, y sólo lo admira como una divinidad majestuosa de la que no puede
+sacarse provecho alguno.
+
+Yo he conocido un viejo famélico y haraposo, que dormía durante la
+mañana en los bancos del Retiro y pasaba la tarde y las noches en las
+casas de juego. Comía las sobras de los otros jugadores, asistía con
+preferencia á los círculos donde le obsequiaban con algún café, como
+_punto fuerte_, y cuando perdía, que era las más de las veces,
+ocultábase por unos instantes en el lugar más nauseabundo de la casa, y
+extraía billetes de Banco de sus zapatos rotos, del sudador del
+grasiento sombrero, de las ropas haraposas, esparciendo sobre el tapete
+verde una parte de sus pegajosos habitantes.
+
+--El dinero se ha hecho para jugar--decía sentenciosamente--. Y lo que
+quede, si queda algo... para comer.
+
+
+
+
+IV
+
+La ciudad del refugio
+
+
+Bandas de cisnes, unos blancos, otros negros, cortan, con majestuosa
+natación, las atropelladas aguas de un río ancho y azul; casas enormes,
+de puntiagudos techos, asoman por encima de la arboleda de los muelles;
+más allá, las verdes colinas se abren, mostrando por el ancho desgarrón
+una superficie glauca y ligeramente ondulada, como un pedazo de mar; más
+allá aún, cierra el horizonte una muralla de montañas, esfumadas por la
+distancia, y entre dos de sus cumbres se ve algo así como un
+amontonamiento de nubes que á ciertas horas, bajo la luz anaranjada del
+sol, toma las formas de un bloque inmenso de cristal, con agudas
+aristas. El río en que nadan los cisnes es el Ródano, que acaba de
+nacer; la ciudad es Ginebra; el pedazo de mar, el azul lago de Leman, y
+el cristalino amontonamiento que parece flotar en el espacio, más allá
+de las montañas, el famoso Mont-Blanch.
+
+En Ginebra la realidad no responde á las ilusiones y simpatías que trae
+el viajero como producto de sus lecturas. ¿Quién no ha amado á la
+tranquila ciudad suiza, la _Roma protestante_, que durante dos siglos
+fué el refugio de todos los rebeldes de Europa, en guerra con los papas
+y los reyes? El respeto á la libertad humana fué y es aún un dogma
+religioso del pueblo ginebrino. Teniendo que luchar siglos y siglos
+contra los duques de Saboya y contra sus propios arzobispos soberanos
+para conseguir la independencia, los ginebrinos, conocedores de lo que
+cuesta la libertad, la respetaron siempre en la persona del extranjero.
+Aquí se refugiaron los réprobos perseguidos por la Inquisición española
+ó por los reyes de Francia; aquí encontraron un asilo, en la República
+cristiana, gobernada por el ascético Consistorio, todos los que por
+desear una conciencia libre no encontraban en Europa tierra donde
+colocar sus pies y una piedra en la que descansar la cabeza; todos menos
+nuestro compatriota Miguel Servet, víctima de los rencores de Calvino.
+Aquí vinieron los fugitivos de Francia luego de la revocación del edicto
+de Nantes, y en los modernos tiempos Ginebra dió asilo á los románticos
+defensores de la moribunda Polonia, á los revolucionarios italianos, á
+los revolucionarios españoles, á los apóstoles de _La Internacional_ y á
+los nihilistas y anarquistas, acosados y arrojados de otras tierras como
+perros rabiosos.
+
+Esta ciudad liberal y clemente, que abre sus puertas en el centro de
+Europa, como los antiguos templos poseedores del derecho de asilo,
+ofrece el más rudo contraste entre sus habitantes y su historia. Parece
+que debiera ser una ciudad de pensadores y de artistas, una república de
+hombres de estudio, llegados á la suprema tolerancia por la elevación de
+su pensamiento, y es una población burguesa, llana y monótona, en la que
+no creo exista una mediana imaginación: un Estado de relojeros
+pacienzudos y vendedores de peletería, que come bien, fabrica excelentes
+cronómetros, despacha tabaco barato y da gracias á Dios, cantando lo más
+desafinadamente que puede, al son de un mal órgano, en el interior de
+los desnudos templos calvinistas ó en grandes mítines religiosos al aire
+libre.
+
+En varios siglos de libertad y horizontes sin límites para el
+pensamiento, Ginebra no ha producido un gran artista ni un escritor
+célebre. Toda su gloria intelectual se concentra en Rousseau, ginebrino
+de ocasión, bohemio inquieto, complicado y enfermizo, que se honró con
+el título de ciudadano de Ginebra, siendo lo más contrario del pacífico
+y tranquilo burgués de la ciudad del Leman.
+
+Á Ginebra le basta para su esplendor intelectual con la gloria de las
+ilustres personalidades que se refugiaron en ella buscando reposo: desde
+el batallador español Servet que, huyendo del brasero inquisitorial
+encendido en nombre de Cristo, cayó aquí en la hoguera, iluminada en
+honor de la Biblia, hasta Voltaire, Rousseau, madame Stael y los
+modernos revolucionarios, como Bakounine, Mazzini, etc.
+
+El recuerdo de Rousseau llena la ciudad de Ginebra, y el de Voltaire
+sale en los alrededores al encuentro del viajero.
+
+Los cisnes blancos, que mueven su cuello sobre las aguas como serpientes
+de marfil, y los cisnes negros de pico de escarlata, se refugian tras
+una isleta que marca el límite donde el lago Leman se convierte en el
+impetuoso Ródano. Es la isla de Rousseau. Hoy está convertida en pulcro
+paseo, con una estatua del pensador, y ocupa el verdadero corazón de la
+ciudad. Hace siglo y medio era un apacible retiro, algo agreste, donde
+el artista meditaba sentado en la hierba, bajo la sombra de los grandes
+álamos, con los ojos fijos en el azul horizonte del lago.
+
+En este paisaje sonriente y dulce, que parece exhalar un intenso amor á
+la Naturaleza, inspirando nuevos entusiasmos por la vida, se comprende
+la originalidad artística de Rousseau y su poderosa influencia
+literaria, que aun dura y durará por los siglos de los siglos. Rousseau
+introdujo la Naturaleza en la literatura; fué el padrino que tuvo en sus
+brazos al arte moderno en el instante de su nacimiento.
+
+Antes de él, sólo aparecía el hombre como único protagonista en novelas
+y poemas. Rousseau infundió vida á cosas hasta entonces inanimadas, y
+gracias á su poder de evocación, los pájaros, las flores, las montañas,
+el cielo, entraron como nuevos personajes en el escenario de la
+literatura.
+
+Al relatar su infancia introdujo por primera vez como elemento artístico
+el revoloteo y el canto de una alondra, y «este canto--como dice
+Sainte-Beuve--saludó el nacimiento de la literatura moderna, con sus
+descripciones que hacen de la Naturaleza el primer protagonista». Sus
+hijos fueron primeramente Chateaubriand, y luego Víctor Hugo con toda la
+escuela romántica, que infundió el alma de los hombres á las cosas,
+haciendo hablar á las viejas catedrales. Sus nietos son los modernos
+naturalistas, y su posteridad acabará cuando perezcan la vida y el arte.
+
+Ginebra y su lago infundieron á Rousseau este amor á la Naturaleza. El
+gran artista sentimental soñaba rodeado de obesos comerciantes y
+tranquilos relojeros, incapaces de sentir otros anhelos que los de una
+buena mesa y una familia sana.
+
+Sus _Confesiones_ hablan con ternura de la paz de Ginebra, de la belleza
+del lago, de su tranquilo refugio en Vevey, en la posada de «La Llave».
+Su _Nueva Eloísa_ tiene á Clarens por escenario, con la superficie azul
+del lago, y enfrente las verdes y sombrías cumbres de los montes
+saboyanos.
+
+Cuando los azares de su existencia errante le arrancaron de Ginebra,
+otro huésped ilustre, pero más rico y ostentoso, vino á ocupar su sitio.
+Era un artista, un bohemio como él, pero en esferas más altas, con un
+egoísmo sonriente que le permitió extraer de la vida sus mejores
+dulzuras. Rodaba de palacio en palacio, así como el otro iba de hostería
+en hostería. Sus acreedores eran reyes y duques; sus amantes, damas de
+la corte, mientras las de Rousseau eran infelices criadas ó burguesas. Á
+su puerta llegaban con exótica curiosidad lores y boyardos, deseando
+conocer al árbitro de los elegantes cinismos y de la gracia francesa.
+Era Voltaire.
+
+Su vejez quebrantada buscó refugio en los alrededores de Ginebra,
+estableciéndose en la pequeña aldea de Ferney, donde adquirió la
+majestad de un patriarca sonriente. El contacto con la Naturaleza hizo
+tierno, sentimental y bondadoso al terrible burlón de los salones de
+Versalles, é infundió una religiosidad deísta á su escepticismo.
+
+Los últimos años de su vida, en medio del campo, á la vista de las
+inmensas montañas, fueron de bondad y filantropía. Educó á los
+campesinos, pleiteó y escribió por librarles de las gabelas feudales,
+estableció riegos y escuelas y expuso su tranquilidad por defender á los
+Dreyfus de su tiempo. Vivía como un príncipe en Ferney. Habitaba un
+gracioso palacio en el fondo de un parque, y allí escribía á sus buenos
+amigos Federico de Prusia y Catalina de Rusia, ó recibía las visitas de
+todos los grandes señores que pasaban por Suiza.
+
+El palacio de Ferney es hoy una de las peregrinaciones obligatorias de
+los viajeros que visitan Ginebra. Los salones se conservan como en
+tiempos de su ilustre dueño, con muebles de estilo rococo y cuadros que
+recuerdan á los soberanos y las beldades que distinguieron con su
+amistad al poeta.
+
+En un extremo del parque se eleva una pequeña iglesia de aldea,
+construída por el impío autor del _Diccionario filosófico_ en sus
+últimos años.
+
+«_Dea erexit Voltaire_», dice una dedicatoria grabada en la fachada.
+Esto, que parece una blasfemia, fué una de tantas humoradas del anciano
+de Ferney.
+
+--Esta iglesia que he construído--decía Voltaire--es la única de todo el
+universo elevada en honor á Dios. Inglaterra tiene iglesias construídas
+para San Pablo; Roma, para San Pedro; Francia, para Santa Genoveva;
+España, para innumerables vírgenes; pero en todos esos países no hay un
+solo templo dedicado á Dios.
+
+En el salón principal del palacio, sobre una enorme chimenea, se ve un
+pequeño mausoleo que guardó el corazón del poeta poco después de su
+muerte.
+
+«Su corazón está aquí, pero su espíritu está en todas partes», dice una
+inscripción.
+
+Esto es verdad, pero no por completo. El espíritu que está en todas
+partes no es el de Voltaire, sino el de su siglo. Voltaire fué como esas
+estrellas solitarias que anuncian con su fría luz un amanecer ardoroso.
+
+Sus burlas destructoras no bastaban para preparar una revolución. El
+plebeyo y dolorido Rousseau, si resucitase, encontraría su espíritu
+difundido en la sociedad moderna, mucho más que el aristocrático
+patriarca de Ferney.
+
+
+
+
+V
+
+El lago azul
+
+
+Desciende el viento de las montañas sobre la inmensa copa del lago. Las
+aguas, de un azul celeste, se obscurecen al rizarse, con una opacidad
+semejante á la del mar, y blancos vellones ruedan sobre las ondas, como
+rebaños dispersos por el pánico trotando hacia las lejanas riberas. Las
+barcas destacan su doble vela latina sobre las colinas verdes, moteadas
+de rojo por las techumbres de los _chalets_ y coronadas por la diadema
+negra de los bosques. Los grandes vapores de pasajeros ensucian por un
+instante el puro azul del cielo con su penacho de humo. La soberbia
+cadena del Jura alza en la orilla francesa sus colosales moles, y en la
+ribera de enfrente, las montañas suizas alinean sus declives cubiertos
+de viñedos, de bosquecillos y de casitas que parecen extraídas de una
+caja de juguetes, lo mismo que las vacas que pastan en sus prados y los
+aldeanos vestidos como los coros de una ópera cómica. En el último
+término de la azul extensión, las montañas se aproximan, las riberas se
+estrechan hasta desaparecer, las cumbres descienden casi verticalmente
+sobre las aguas, entenebreciéndolas con su densa sombra, y todo adquiere
+un carácter áspero y bravío.
+
+Es el Leman, el lago azul, el más famoso de los pequeños mares
+interiores de Europa, el amado de los poetas é idealizado mil veces por
+el pincel de los artistas. En sus riberas puso Rousseau las aventuras
+sentimentales de sus mejores novelas: aquí imaginó madama Stael las
+desventuras amorosas de su «Corina», que fué una _superhembra_ de su
+época; por estas aguas vagó la barca de lord Byron, y en nuestros
+tiempos han visto pasar sus orillas las merovingias melenas y la fina
+sonrisa de Alfonso Daudet, preocupado en el arreglo de las aventuras
+alpinas de su Tartarín, ó han presenciado la lenta agonía de un anciano
+de áspera barba, robusto y rudo, que llevaba en su entrecejo la
+desesperada obstinación de todo un pueblo moribundo, y se llamaba Pablo
+Krüger.
+
+Las aguas azules, rizadas y espumeantes, parecen las de una inmensa
+bahía. La imaginación, olvidando las alturas del macizo país suizo,
+forja, al través de las montañas, invisibles y lejanos estrechos que
+ponen al Leman en comunicación con el Mediterráneo, del cual tiene el
+color de las aguas. Pequeños puertos frente á cada población del lago
+revelan en sus escolleras de peñascos la irritación de que es
+susceptible este poético lago cuando llega el invierno y las ráfagas
+que descienden de los montes mueven en espumoso revoltijo este mar
+encajonado, batiendo las riberas con el martilleo de su ola corta é
+incesante. En estos puertos, el cisne majestuoso que parece haber
+presenciado las más remotas leyendas, y la barca de dobles velas igual á
+la de los tiempos de la independencia helvética, se rozan y mezclan con
+el yate de vapor de los millonarios y las canoas automóviles que
+revuelven las aguas con un hervor de tempestad.
+
+La orilla francesa y la suiza, Thonon y Evian á un lado, y enfrente
+Lausana, Vevey y Montreux, son iguales en su aspecto exterior: risueños
+bosques, hoteles enormes como ciudades, todas las alturas coronadas por
+palacios destinados al hospedaje y orquestas malas á las puertas de los
+cafés, bajo las arboledas de los muelles y sobre las cubiertas de los
+buques.
+
+Las diferencias entre ambos países, con ser de poca monta, resultan de
+gran interés.
+
+En la orilla francesa se ven mujeres hermosas y elegantes, rodeadas de
+hombres que las siguen y las envuelven en las más respetuosas
+atenciones, como sagradas vestales. Son _cocottes_ que poseen el chic,
+ese espíritu indefinible y misterioso que nadie sabe en qué consiste,
+santo _tabou_ que hace caer de rodillas á los salvajes de la imbecilidad
+elegante.
+
+En la orilla suiza se ven mujeres solas, de ademanes sueltos y aire
+decidido, que van de un lado á otro con la más tranquila audacia. Son
+señoras decentes, que pueden moverse con entera libertad, sin miedo á
+verse confundidas con una clase que no existe, ó caso de existir,
+excepcionalmente, se ve repelida por la hostilidad del ambiente
+protestante.
+
+Á un lado del lago campea el anuncio francés, gracioso y ligero; damas
+escotadas, con grandes sombreros y las piernas al aire, que pregonan las
+excelencias de un chocolate ó unos baños. En la ribera suiza, el cartel
+de macizos colores representa siempre una niña ordeñando una vaca, una
+osa dando el biberón á un osezno, ó un _chalet_ á cuya puerta bebe
+glotonamente la tranquila familia el licor de sus rebaños. La leche y el
+oso (animal amado de los suizos y símbolo de su país) son los dos
+principales elementos artísticos de este pueblo, que es siempre pesado y
+sólido cuando se propone _hacer_ imaginación.
+
+El lago Leman tiene en un extremo más cerrado y abrupto una joya
+histórica, un lugar de peregrinación, al que acuden todos los
+extranjeros.
+
+El castillo de Chillón vale tanto para los suizos como el recuerdo de
+Guillermo Tell. Hasta tiene sobre éste la ventaja de que, siendo muchos
+los que dudan de la existencia del héroe suizo, nadie puede dudar de la
+del castillo, pues ahí está, cuidadosamente conservado y restaurado,
+hundiendo sus cimientos en las aguas profundísimas del Leman y
+destacando sobre el verde de las montañas las caperuzas rojas de sus
+torres.
+
+Cada país ama lo que no tiene y se lo apropia inventándolo. El plácido
+montañés suizo, que vive en plena libertad, en el tranquilo equilibrio
+de una buena digestión, sin conocer brujas ni temer ánimas en pena, en
+medio de un paisaje sonriente y gracioso, necesita salpimentar su
+existencia con algo terrorífico y espeluznante.
+
+Así como España se esfuerza en demostrar que la Inquisición y las
+expulsiones de judíos y moriscos no fueron tan terribles como se ha
+dicho, y Francia arregla á su modo lo de San Bartolomé y las Dragonadas,
+y todos los países se sacuden como pueden las ferocidades del pasado, el
+buen suizo amontona horrores sobre horrores en el castillo de Chillón,
+especie de Bastilla helvética, con vistas al lago y las montañas, lo
+mismo que cualquier hotel de los alrededores, en los que se paga con
+generosidad principesca el honor de vivir alojado. La prisión de
+Bonivard, un patriota ginebrino, mártir igual ó inferior á los miles de
+miles de mártires que suman todas las patrias de este planeta, ha
+servido de punto de partida á los suizos para cargar al pobre y
+sonriente Chillón con toda clase de crímenes.
+
+Entráis en el castillo, confundidos en un rebaño de viajeros ingleses, y
+la guardiana, una suiza peliblanca, seca y de ojos claros, que da
+vueltas á una enorme llave introducida en uno de sus índices, os señala
+un hecho espeluznante á cada paso, con una voz monjil, como si estuviera
+cantando el domingo en la capilla de lo que llaman «religión nacional».
+
+Ve una viga y os dice al momento: «De aquí colgaban los duques de Saboya
+á sus enemigos.» Ante un montón de piedras: «Aquí dormían los condenados
+á muerte su último sueño.» En un cuartucho, sin otros muebles que unos
+cofres viejos: «Esta era la cámara de tormento donde despedazaban á los
+hombres.» Frente á una poterna que se abre sobre el lago: «Por aquí
+arrojaban los cadáveres de los condenados. Cien metros de fondo, señores
+míos.» En la cocina del castillo, su indignación patriótica, no sabiendo
+qué inventar, señala la chimenea, afirmando que en ella se asaban bueyes
+enteros, para que el buen auditorio se diga escandalizado: «¡Pero qué
+tíos tan brutos eran los duques de Saboya!...»
+
+Y mientras se suceden las horripilantes explicaciones, en los llamados
+subterráneos, que tienen grandes ventanas por las que penetra á raudales
+la luz, ó en las altas cámaras, con miradores por los que se ve el
+mágico espectáculo del lago, el castillo sonríe, hundidos sus pies en el
+azul y su cabeza rodeada de un nimbo. Y la hiedra que escala los góticos
+ventanales, moviéndose al soplo de la brisa, como con un ademán
+negativo, las ondas que susurran al morir dulcemente contra los fuertes
+bastiones, el sol que colora con un tono naranja las vetustas piedras,
+dándolas palpitaciones de vida, todo parece decir á gritos: «No la
+creáis; ¡mentira! ¡todo es mentira! Su oficio es dar una sensación
+emocionante á los viajeros, para que á la salida le suelten medio
+franco.»
+
+Lord Byron fué quien inmortalizó este castillo con sus versos «El
+prisionero de Chillón». El pobre Bonivard le debe la inmortalidad.
+
+Pero ¡ay! el ridículo mata las mayores sublimidades, y después que el
+poeta inglés grabó su nombre en una columna del _subterráneo_ de
+Chillón, otro artista ha pasado por él, «mezcla de bayadera y de
+pilluelo parisién», como dijo Zola, y poseedor de esa gracia grotesca
+que los hijos del Mediodía franceses comunican á cuanto tocan.
+
+Desde que á Alfonso Daudet se le ocurrió encerrar al desventurado y
+heroico Tartarín en el castillo de Chillón, se acabó su romántico
+encantamiento. ¡Adiós, pobre Bonivard! Es inútil que la guardiana
+salmodie con su voz de beata calvinista:
+
+--En esta columna estuvo atado seis años Bonivard, héroe de la libertad
+de Ginebra.
+
+Por encima del organismo escuálido y haraposo, y de la cabeza de Cristo
+del patriota cantado por Byron, aparece el cuerpo rechoncho y la fiera
+cabezota morena y barbuda del intrépido hijo de Tarascón, nieto
+ilegítimo de Don Quijote é incansable cazador de leones... y de gorras.
+
+
+
+
+VI
+
+Los osos de Berna
+
+
+Cuando llegan los extranjeros á la capital de la Confederación
+Helvética, su primer deseo es siempre el mismo.
+
+--Lléveme usted á ver los osos--dicen al cochero ó al guía del hotel.
+
+Y al extremo de un puente, en el fondo de un foso circular, semejante á
+una pequeña plaza de toros cuidadosamente enlosada, encuentran á los
+hijos favoritos de Berna, á los famosos osos, que figuran en el escudo
+nacional, sirven de adorno á los monumentos y se exhiben como motivo
+decorativo en las fachadas y salones de los edificios públicos.
+
+Numeroso gentío ocupa siempre la balaustrada del gran redondel, hablando
+de lejos á los pesados animales, excitándolos con gritos cariñosos,
+enviándoles una nube de mendrugos y frescas zanahorias. En torno del
+foso hay una pequeña feria, con puestos en los que se venden vituallas
+para la bestia amada y tarjetas con los retratos de estos personajes
+populares. De vez en cuando uno de ellos se encarama por las ramas
+transversales de un viejo tronco plantado en el centro del redondel, y
+el gentío se entusiasma ante la gracia y la agilidad del pesado animal.
+
+Los osos de Berna son ricos. Han heredado un sinnúmero de veces, pues
+ciertas solteronas patrióticas les legan al morir una parte de su
+fortuna. Viven en opulenta abundancia, soberbiamente alimentados, como
+el pueblo suizo, del cual son á modo de un símbolo; y como si no les
+bastase la manutención que les da el municipio bernés, administrador de
+sus bienes, la admiración popular los acosa y abruma bajo un espeso
+aguacero de regalos.
+
+Ahora son seis nada más. Sentados sobre las patas traseras, ventrudos,
+enormes, con lanas cuidadosamente lavadas, miran á lo alto, contestando
+con sonrientes colmillos al griterío de la fila circular de admiradores.
+Ahítos hasta la inmóvil pesadez, cogen al vuelo la zanahoria ó el pan
+untado con miel, que les viene directamente á la boca; pero si el
+donativo resbala ante sus colmillos y cae á sus pies, no hacen el menor
+esfuerzo por recogerlo. Nuevos regalos llueven en torno de ellos, y
+dejan lo que cae para sus compañeros de foso, para los parásitos que les
+acompañan en su agradable cautiverio, centenares y tal vez miles de
+pájaros del inmediato parque, que saltan sobre las losas buscando
+migajas en los intersticios, ó picotean en el vientre y las patas de los
+enormes camaradas, animando su lanudo volumen con inquietos aleteos.
+
+Cada pueblo, en los albores de su vida, cuando aun balbucea el infantil
+lenguaje de la tradición, simboliza su carácter y su existencia en un
+animal. La Roma antigua, ávida y feroz, escogió á la loba; Francia tiene
+al gallo fanfarrón, arrogante y belicoso; los Estados del Norte ostentan
+águilas de pico rapaz y estómago insaciable; España es el león solemne
+hasta en su decadencia, cuando los piojos invaden sus flácidas melenas y
+la consunción de la vejez amenaza romper el pellejo con las aristas del
+esqueleto; Suiza es el oso.
+
+El fundador de Berna, que según la tradición se dejó guiar por uno de
+estos animales, escogió, tal vez sin saberlo, la más exacta
+representación del carácter de sus conciudadanos.
+
+Es inútil repetir una vez más las glorias pacíficas de la República
+Helvética. Todo el mundo las conoce. En cada ciudad, y hasta en la más
+pequeña aldea, los dos mejores edificios son siempre la escuela y la
+casa de correos. La gente come bien y tiene un aspecto saludable; sólo
+se ven soldados en tiempo de grandes maniobras, cuando el gobierno
+federal convoca á las reservas; en campos y caminos apenas se encuentran
+gendarmes; la policía es escasa en las calles; la suprema graduación en
+el ejército es la de coronel, y el que más sabe entre todos ellos toma
+el mando supremo; la gran mayoría de los suizos no conoce el nombre del
+presidente de la República, que sólo ejerce el cargo un año, y este
+presidente, que cobra poco más que uno de nuestros subsecretarios, sale
+en las mañanas de verano del magnífico palacio del Gobierno en Berna y
+va á tomar un vaso de cerveza en el café Federal, alegre tabernilla que
+está enfrente. En los _cabarets_ berneses se sienta uno al lado de un
+señor vestido descuidadamente, con sombrero de paja viejo, el chaleco
+abierto, la panza en libertad, mientras lee un periódico de apretados
+caracteres alemanes, y resulta luego que es un ministro federal ó un
+presidente de cantón venido á Berna para hablar mano á mano con los
+gobernantes centrales. Cada uno hace lo que quiere y vive como quiere,
+con la tranquilidad de que le avisarán apenas estorbe ó perjudique á los
+otros, y de que su carácter pacífico, simple y disciplinado, le
+aconsejará obedecer, sin el más leve intento de protesta.
+
+¡Un país dichoso la Confederación Helvética! ¡La mejor de las
+repúblicas!... Realmente, la nacionalidad más apetecible del mundo es
+ser ciudadano de Suiza... pero habiendo nacido suizo.
+
+Yo creo firmemente que esta paz del país helvético, esta tranquilidad,
+este orden, es una condición de raza. Así como en la vida individual los
+seres más felices y satisfechos son los que piensan menos y sólo se
+inquietan de lo que toca directa é inmediatamente á sus apetitos y
+necesidades, en la vida de los pueblos los que alcanzan existencia más
+tranquila y ordenada son los que carecen de imaginación.
+
+El suizo sólo contempla lo presente. Su pensamiento, tardo, pesado y un
+tanto espeso, pero de paso seguro (las mismas condiciones del animal
+favorito), no va más allá de lo que le rodea. La vida pública se
+concentra para él en el municipio, ó cuando más en el cantón. Ni
+siquiera llega á preocuparse de lo que ocurre en Berna. Encuentra
+aceptable lo que le rodea, y esto basta para que no sienta deseos de
+novedad.
+
+Si de la noche á la mañana los suizos se convirtiesen en franceses, una
+parte de la población fijaría su entusiasmo en el coronel Tal ó Cual,
+viendo en su rostro los rasgos de un Bonaparte; se enardecería con el
+redoble de los tambores, creyendo que el ejército helvético estaba
+llamado á grandes glorias, y en odio á la variedad y el fraccionamiento,
+borraría cantones, unificando la nación como bajo un rasero, y
+convirtiendo á Berna en un París, depositario de toda la vida suiza.
+
+Que los suizos se convirtiesen en españoles, y antes de un mes los
+católicos de Friburgo, cantón que tiene más conventos y más frailes de
+todos colores que cualquiera ciudad nuestra, declararían deshonroso para
+su cuerpo y peligroso para su alma el hacer vida común con los cantones
+que son protestantes, y las plácidas montañas verdes se llenarían de
+partidas capitaneadas por curas, y la causa del Dios verdadero
+intentaría convencer á tiros á los herejes para que no persistiesen en
+el error.
+
+Que fuesen italianos todos los habitantes de la libre Helvecia, y sin
+perjuicio de atraer y desvalijar en sus hoteles á los extranjeros, los
+insultarían con su desprecio de pueblo escogido, llamándolos _barbari_.
+
+Pero los habitantes de Suiza son suizos, «están bien donde se
+encuentran», reconocen como muy aceptable su vida presente, y no piensan
+nada nuevo ni se sienten agitados por originales aspiraciones.
+
+Viendo de cerca á Suiza, hay que decir: «¡Benditos los pueblos que
+carecen de imaginación! ¡De ellos serán la tranquilidad y las virtudes
+vulgares!» La falta de individualidad permite mantener á los hombres en
+el goce de sus completas libertades, sin miedo á que abusen de ellas
+saliéndose del nivel común. La carencia de imaginación evita el peligro
+de que los más inquietos y audaces tiren impacientes de las riendas de
+la ley, turbando la marcha lenta, ordenada y mecánica de este pueblo,
+que por su carácter monótono ha hecho de la relojería un arte nacional.
+
+Todas sus aspiraciones hacia lo desconocido, lo inesperado y novelesco,
+se cifran en la servidumbre. En otro tiempo se vendían como soldados á
+los reyes de Europa, y los hijos de la libre Helvecia formaban los
+regimientos suizos, favoritos de las cortes, que se encargaban de
+acuchillar á los pueblos para que se mantuviesen por el miedo sometidos
+á los déspotas. Verdaderos mercenarios, pasaban del servicio de unos
+Estados á otros, y esto hacía que en los combates se batiesen sin
+entusiasmo, con ciertos miramientos, convencidos de que en las filas
+enemigas figuraban hermanos suyos igualmente á sueldo.
+
+Ahora se dedican á fondistas y cafeteros, y corren el mundo para servir
+platos ó bocks, lo mismo en California que en Australia ó el Cabo, pero
+siempre con el pensamiento fijo en las verdes montañas y los azules
+lagos, imágenes que les siguen en su peregrinación, sin que logren
+borrarlas nuevos espectáculos.
+
+Yo creo que ningún suizo sueña cuando duerme. Su obligación al cerrar
+los ojos es dormir: un ensueño sería un desorden inútil de la «loca de
+la casa», que no tiene aquí amigos ni adeptos.
+
+En Ginebra he comido todos los días en un modesto restaurant, donde
+entré casualmente al llegar á la ciudad. Una irresistible simpatía me
+atrajo á este establecimiento.
+
+El reloj, una soberbia pieza con la hora de París, la hora de la Europa
+Central y todas las horas del mundo, estaba siempre parado.
+
+¡Un reloj parado en Ginebra, la Salamanca del muelle real, la Sorbona de
+la rueda catalina!... ¡Un suizo á quien no importa saber qué hora es,
+ni se preocupa del buen orden de su vida!
+
+Me he ido de Ginebra sin conocer al dueño del restaurant, pero estoy
+convencido de que es un poeta que se pierde Suiza.
+
+
+
+
+VII
+
+El lago y el Concilio
+
+
+Escribo junto á una ventana, por cuyo amplio rectángulo se ve, en primer
+término, el follaje de los árboles y la saliente redondez de un pequeño
+torreón; más allá una superficie azul, tranquila y tersa, que se pierde
+hasta juntarse con el cielo, y en esta línea indecisa del horizonte, una
+bruma que no consiguen disipar los rayos del sol de la mañana, y en la
+que se dibujan vagamente obscuras siluetas, que tan pronto parecen nubes
+rastreras como altivos montes.
+
+La ventana es del _Insel Hôtel_, antiguo y famoso convento de dominicos,
+situado en una isla, entre soberbios jardines, y convertido por los
+artistas alemanes en uno de los más hermosos hoteles del mundo; la
+torrecilla es la prisión en la que vivió Juan Huss antes de ser
+conducido á la hoguera; la inmensa extensión azul, el tranquilo lago de
+Constanza, límite entre Suiza y Alemania, y los obscuros perfiles
+esfumados por la niebla, los lejanos Alpes del Tirol.
+
+Hace unas horas he abandonado la tranquila, burguesa y antipática
+Zurich, convertida, por las maniobras militares de verano, en una ciudad
+belicosa, con las calles llenas de suizos uniformados, arrastrando el
+sable; me he detenido en Schaffhouse para ver el _Rheinfall_, la
+prodigiosa caída del Rhin, dividiéndose en dos soberbias cascadas al
+chocar con una isleta saliente, que parece imposible pueda resistir el
+ímpetu de las espumas hirvientes y ruidosas, y después, saliéndome del
+camino que habitualmente siguen los viajeros, he venido á la tranquila
+ciudad de Constanza, penetrando en los dominios del gran duque de Baden.
+
+Suiza acaba en la misma estación de Constanza. Para seguir el viaje á
+Munich hay que volver al territorio helvético, embarcarse en Romanzhon y
+atravesar el lago hasta Lindan, entrando de nuevo en Alemania. Cuatro
+aduanas, con otros tantos registros de equipaje en el transcurso de unas
+cuantas horas.
+
+Constanza, antigua ciudad episcopal, venerable y plácida, fué libre
+durante muchos siglos. Los españoles la atacaron en el siglo XVI. Los
+austriacos la hicieron suya, matando la república protestante que se
+había organizado dentro de sus muros, y perteneció á los emperadores de
+Viena hasta 1806, en que entró á formar parte del gran ducado de Baden.
+Hoy es un resto de aquella Alemania anterior á los triunfos militares,
+pacífica, alegre y poética, con sus costumbres patriarcales y su
+tranquila libertad. Se ven pocos soldados en su recinto. Las calles
+venerables, con edificios de puntiagudos techos y puertas blasonadas,
+resuenan de tarde en tarde bajo los pasos de los transeuntes. En los
+muelles, limpios y sombreados por los tilos, pasean las muchachas de
+trenzas rubias, brazos sonrosados y ojos de un azul clarísimo. Á las
+puertas de las cervecerías, bajo la frondosa parra, apuran lentamente
+los ciudadanos el jarro de barro blanco chorreante de espuma.
+
+Es una ciudad vieja, en la que la vida se desliza sin sentir, falta de
+intensas alegrías, pero limpia de grandes dolores. Los ciudadanos de
+Constanza hacen recordar la plácida existencia de _El amigo Fritz_, y es
+indudable que cuando sueñan bajo la parra, con el estómago lleno de
+cerveza, canta en sus cerebros la satisfacción de vivir, con una
+lentitud majestuosa, semejante á la del _Himno á la alegría_, de
+Beethoven. Es una de esas ciudades en las que se entra como en un lugar
+amigo que no se ha visto nunca, pero que evoca confusamente simpatías y
+familiaridades de una misteriosa existencia anterior. El viajero parte
+con pena, prometiéndose volver, y piensa en la felicidad de pasar en
+ella el resto de sus días, apartado del mundo, si las exigencias de la
+vida no le obligasen al movimiento, tirando de él hacia otro país.
+
+Sin embargo, esta ciudad de vida placentera debe su celebridad á un gran
+crimen. Este paisaje sonriente, este lago tranquilo y casi desierto, con
+gaviotas que rizan bajo el contacto de sus plumas las tranquilas aguas,
+y bandas de gorriones que caen sobre las barcas solitarias, han
+presenciado uno de los conflictos que trajo más revuelta á la humanidad
+y fué motivo de guerra y otros males.
+
+El _Múnster_, la gran Catedral gótica de Constanza, el _Kaufhaus_,
+caserón de los Museos históricos de la ciudad, las casas venerables de
+sus calles, y hasta el antiguo convento de dominicos, cuyas ruinas se
+han utilizado para el hotel en que vivo, todo recuerda la gran gloria y
+la gran vergüenza de la tranquila ciudad: el famoso Concilio que lleva
+su nombre y el suplicio de Juan Huss con su compañero Jerónimo de Praga.
+
+Cuatro años duró el tal Concilio. Nunca atravesó el cristianismo una
+crisis tan ruidosa y aguda. Tres papas tenía á un tiempo la Iglesia:
+uno, vagabundo por Cataluña, Aragón y Valencia, el testarudo español
+Luna; otro, en Italia; otro, en Alemania, y de continuar la anómala
+situación, los sumos pontífices iban á multiplicarse hasta el punto de
+que el Espíritu Santo, con toda su divina sapiencia, no podría bastarse
+para atender á la tarea de tan numerosas inspiraciones.
+
+De 1414 á 1418 duró la gran reunión de autoridades eclesiásticas y
+laicas, convocada en Constanza para poner remedio á tales males. El
+emperador Segismundo, primer soberano de la tierra en aquellos tiempos,
+y gran _métomentodo_ de la época (algo semejante al kaiser actual),
+presidía el Concilio, rodeado de toda la pompa de su majestad: guerreros
+bigotudos de Bohemia, rubios barones alemanes, feudatarios cubiertos de
+hierro, de la Europa Central. Frente á su trono, guardado por los cuatro
+grandes dignatarios, uno con la corona en un almohadón, otro con el
+cetro, el de más allá con la espada y el último con el globo de oro,
+símbolo de universal grandeza, alineábanse los cardenales, vestidos de
+rojo, con su perfil de pájaro sombreado por el ancho sombrero escarlata
+de pendiente borlaje; los prelados venidos de todas las naciones
+cristianas y los frailes multicolores, que leían horas y horas
+interminables rollos de pergamino ó peroraban en latín, con una facundia
+pesada, para sostener las pretensiones de sus respectivos partidos. Cada
+personaje llevaba detrás un séquito interminable. El emperador traía con
+él un verdadero ejército y todo cardenal arrastraba tras su cola roja un
+pequeño pueblo de familiares, pajes, cocineros y reposteros, caballos y
+acémilas. Los príncipes de la Iglesia, rivalizando en lujo, habían
+acudido á la cita seguidos de interminable mesnada, y la pequeña
+Constanza no sabía cómo contener y guardar todas las grandezas
+terrenales, llegadas á su seno para examinar y fallar el gran pleito
+surgido en el arreglo de la herencia de Cristo.
+
+Un vasto campamento rodeaba la ciudad. Miles de caballos agitaban por
+las mañanas las riberas del lago al bañarse en sus aguas; las barcas,
+cargadas de víveres y forraje, iban en interminable rosario de una
+orilla á otra; en las calles, repletas de gentío, sonaban todos los
+idiomas de Europa, y cada semana se veían llegar nuevas gentes de países
+lejanos: frailes de España, venidos á pie de convento en convento, para
+sostener las pretensiones de su pontífice; sacerdotes procedentes del
+fondo de la Bohemia ó de las lejanas riberas del Báltico, que parecían
+traer con ellos un olor de herejía y eran los precursores de la Reforma,
+á la que sólo le faltaba un siglo para nacer.
+
+Transcurría el tiempo, y el concilio no adelantaba en sus decisiones.
+Todo acuerdo exigía una información en lejanos países ó provocaba
+protestas, y mientras tanto, el pequeño mundo aglomerado en Constanza se
+aburría, sumiéndose en los mayores pecados por culpa del tedio. Los
+mercenarios del emperador correteaban á las muchachas en los
+bosquecillos inmediatos al lago; la cerveza y el vino del Rhin rodaban á
+torrentes; los santos cardenales cerraban bajo llave á los pajecillos
+italianos, para librarles de incurrir en pecado con gentes que no fuesen
+eclesiásticas, y para general distracción y derrota del diablo tentador,
+se organizaban procesiones ostentosas, amenizadas con la quema de algún
+que otro miserable judío.
+
+He visitado el _Kaufhaus_, enorme edificio, vecino al puertecillo
+actual, en el que se celebraron las sesiones del Concilio. Es un caserón
+de piedra, con las puertas negruzcas, de ojiva chata, rematadas por
+groseros relieves góticos. El último piso, de madera carcomida, está
+rematado por un techo de barraca, de ruda pendiente, igual al usado en
+todos los países donde abunda la nieve.
+
+Un día, el Concilio, reunido en el salón que ocupa todo el piso
+superior, vió comparecer á un sacerdote de gran barba rubia y ojos
+azules, vestido de raída sotana y cubriendo con un cuadrado bonete sus
+cabellos ensortijados. Era Juan Huss.
+
+Traía revuelta á Hungría con sus predicaciones. La muchedumbre marchaba
+tras sus pasos, y el sacerdote deteníase en los caminos, predicando al
+pie de los árboles sus nuevas doctrinas. La gran masa, ansiosa de
+rebelión, adoraba al profeta. El emperador Segismundo le había invitado
+á venir al Concilio, para explicar sus creencias, dándole un
+salvoconducto y empeñando su palabra imperial para convencerle de que su
+vida no corría peligro. La espada del Imperio velaba sobre él. Su
+existencia era sagrada.
+
+Al verle aparecer y escuchar su voz, corrió un estremecimiento por la
+santa asamblea, semejante al que agita á la jauría cuando huele la caza.
+
+Los hábitos negros y blancos de los dominicos palpitaron de emoción;
+las cabezas severas y duras de los frailes alemanes, intolerantes y
+rudos, y de los frailes españoles, sus discípulos y herederos,
+agitáronse con aullidos de muerte.
+
+El sacerdote bohemio se explicó tan claramente, que, á los pocos días,
+estaba preso, y para mayor seguridad, en el convento de los dominicos,
+en este torreón que puedo tocar con sólo extender el brazo fuera de mi
+ventana. El emperador se olvidó de él y de la palabra dada, ejemplo de
+villanía repugnante que no siguió Carlos V cuando un siglo después
+compareció Lutero ante la Dieta de Worms.
+
+La muchedumbre reunida en Constanza gozó al fin de una gran fiesta. Los
+padres del Concilio, que llevaban tanto tiempo sin hacer nada y se veían
+desobedecidos en sus acuerdos, pensaron satisfechos en que iban á hacer
+algo sonado.
+
+Una mañana, el prisionero del convento de la Isla fué sacado del
+torreoncillo, por cuyas estrechas ventanas contemplaba la extensión azul
+del lago buscando las montañas de su lejano país. Cruces en alto;
+blandones encendidos; largas filas de monjes encapuchados; un canto
+lúgubre, que contrasta con el piído de los pájaros y el susurro del lago
+al morir en la orilla. Como representantes del brazo secular, los
+barbudos _lansquenetes_, oliendo á cerveza, empujan al sacerdote, lo
+amarran, lo visten con una mitra y una túnica pintadas de diablos y
+serpientes y la procesión de muerte emprende el camino hacia el arrabal
+de Brülh, donde hoy se alza una roca cubierta de inscripciones en honor
+del mártir. Otra procesión igual surge en el camino conduciendo á
+Jerónimo de Praga, el fiel compañero y discípulo.
+
+La gloria de la cristiandad, lo más selecto é ilustre de la época, ocupa
+la llanura de Brülh. El emperador no ha osado contemplar su obra, pero
+allí están, junto al montón de leña seca, rematada por dos postes, los
+cardenales á caballo, con sus séquitos de príncipes; los nobles
+guerreros y las hermosas damas alemanas, rubias, blancas y pechonas,
+montadas en vistosas hacaneas y avanzando todo cuanto pueden para no
+perder nada del interesante espectáculo.
+
+¡Prodigios de la fe! El inmenso montón de leña ha sido traído
+voluntariamente pieza á pieza, por la piedad de los fieles, por el buen
+populacho, que desea la quema de estos dos hombres, á los que no conoce,
+pero cuya maldad le parece indudable.
+
+Empiezan á crepitar las llamas, asomando sus lenguas rojas entre los
+leños. Surge el humo de las ropas carnavalescas que cubren á los
+condenados como un último insulto.
+
+De pronto se abren las filas de soldados sonrientes, y sonríen también
+las hermosas damas, los príncipes eclesiásticos y los jinetes de
+luciente coraza.
+
+Una vieja, arrugada y casi ciega, miserable andrajo humano, avanza,
+encorvada bajo un pequeño haz de sarmientos. Viene de muy lejos, y teme
+haber llegado tarde para depositar su ofrenda, perdiendo la ocasión de
+hacerse grata á Dios. Al arrojar su haz en la hoguera, suspira
+satisfecha, como si librase su alma de un gran peso.
+
+Juan Huss también sonríe. Sus ojos azules, de dulce profeta,
+lagrimeantes por el humo, miran al cielo. Su barba rubia, que empieza á
+chamuscarse, muévese á impulsos de una admiración lastimera.
+
+--_¡Oh sancta simplicitas!_--gime.
+
+Las últimas palabras del mártir fueron para la santa y eterna
+imbecilidad de los simples, que creen lo que les enseñan, odian lo que
+les señalan, y con la sencillez de la inconsciencia, matan ó persiguen,
+creyendo realizar una gran hazaña, á los que se preocuparon de su
+suerte, trabajando y sufriendo por ellos.
+
+
+
+
+VIII
+
+La Atenas germánica
+
+
+Munich es una de las capitales de Europa de fundación más moderna, y sin
+embargo, muy pocas le igualan en el aspecto, majestuosamente venerable.
+
+En el siglo XII, cuando eran viejas ya las grandes ciudades europeas,
+Munich se componía de un puente sobre el Isar, con algún caserío y un
+fuerte convento. _Forum ad Monachos_ la llamaban entonces, y de aquí su
+nombre actual, München (Monje), y el fraile que figura en su escudo de
+armas, y los pequeños y graciosos encapuchados que se ven en todas
+partes como símbolos de la ciudad, en los escaparates de juguetes, en
+los adornos de las esquinas, en los toneles de cerveza y en las jarras
+de las _braserías_.
+
+Munich, por sus edificios, por sus escuelas, por el respeto oficial de
+que rodea á las artes, es la Atenas germánica. No significa esto que sus
+habitantes, morenos, católicos, habladores y ruidosos, que hacen de la
+Baviera una especie de Andalucía alemana, formen una democracia
+intelectual y refinada como la ateniense. Aquí los verdaderos artistas
+han sido los príncipes--simpáticos desequilibrados que se entregaron al
+culto de la Belleza con un fervor rayano en la manía--, y el buen
+pueblo, obedeciéndoles con ciega disciplina germánica, les siguió en sus
+deseos.
+
+La pintura, la poesía y la música han sido las grandes manifestaciones
+de la vida de Munich, y sus habitantes admiran, como dioses tutelares, á
+los célebres artistas protegidos por los reyes. Wágner figura en todos
+los escaparates: su perfil de bruja pensativa adorna hasta las muestras
+de las tiendas. Goethe y Schiller, coronados de laurel y semidesnudos
+como griegos, yerguen sus cuerpos de bronce en grandes plazas,
+acompañando á monarcas y príncipes de la casa bávara, cuyos hechos
+fueron superiores á los de Mecenas. El lujoso estudio del pintor Lenbach
+se visita como un templo, y un culto igual recibe la memoria de
+Cornelius, Kieuze y todos los demás pintores y escultores que desde los
+tiempos de Luis I á los del infortunado Luis II (el Lohengrin coronado),
+contribuyeron en menos de un siglo al embellecimiento de la ciudad.
+
+Los palacios ostentosos, los museos, los arcos de triunfo, los teatros
+monumentales, ocupan casi una mitad de Munich. Los reyes de Baviera
+trabajaron sin descanso. Su manía de embellecimiento no les dejaba
+dormir. El demonio de la construcción turbaba sus días con nuevas
+sugestiones. La caja del Estado estaba abierta para todo el que se
+presentaba con una idea nueva. Los favoritos de la corte fueron artistas
+alemanes, que no habían nacido en Baviera, y sin embargo, llegaron hasta
+á intervenir en la vida política y aconsejar á los soberanos. Un músico
+silbado en París, de costumbres bizarras y humor intratable, llegaba á
+ser á modo de un virrey, derrochando la fortuna pública en la erección
+de extraños teatros y organizando misteriosas representaciones que sólo
+presenciaba el monarca. Éste era casi un actor, bajo las órdenes de su
+amigo Wágner, imperioso artista contra el cual gruñía el pueblo, próximo
+á sublevarse como años antes se alzó contra Lola Montes. El entusiasmo
+dilapilador del abuelo por la bailarina española, reina bávara de la
+_mano izquierda_, lo sintió el nieto por el autor de _El anillo del
+Nibelungo_. No existe más diferencia entre ambas pasiones que el amor
+físico regaló joyas y dejó como única huella un gran escándalo
+histórico, mientras el amor intelectual creó teatros y monumentos,
+haciendo nacer las mayores obras musicales de nuestra época.
+
+Cuando Wágner, olvidado momentáneamente de la música, se dedicó á
+filosofar, é hizo una confesión de creencias, dijo que sus dos dioses
+eran Cristo y Apolo, inventando para la humanidad del porvenir una
+religión, mezcla de cristianismo y helenismo, en la que se unen y
+confunden la humilde piedad hacia el semejante con la adoración de la
+soberbia belleza.
+
+Cristo y Apolo fueron también los dioses de los soberanos bávaros, y
+todavía imperan juntos, partiéndose equitativamente el dominio de este
+pueblo.
+
+Munich, capital de la Alemania católica, tiene unos veinte templos que
+son como catedrales, y cuyo interior ostentoso recuerda el de las
+iglesias españolas, así como el exterior es puramente italiano. Al lado
+de estos monumentos de Cristo, álzanse majestuosos, con la autoridad de
+un origen más antiguo, las innumerables obras de los monarcas bávaros á
+la gloria de nuestra madre Grecia: los museos de la Pinacotheca antigua
+y la Pinacotheca nueva; la Glyptotheca; los Propyleos; el Templo de la
+Gloria con su estatua colosal de la Bavaria, predecesora de «La Libertad
+iluminando al mundo», de Nueva York; el palacio de la Residencia; los
+varios teatros griegos con sus frontones, en los que danzan las Musas al
+son de la lira de Apolo; las vastas salas en las que brilla
+discretamente el mármol ambarino de las estatuas clásicas, y se exhiben
+fragmentos de templos traídos de Egina y otros lugares helénicos. La
+columnata dórica alínea su bosque de piedra en las fachadas de los
+palacios ó encierra en su armónico cuadrilátero jardines, grandes como
+bosques. El rojo de los vasos griegos, con sus pequeños cuadros de
+figuras negras ó polícromas, cubre muros interminables, cortado á
+trechos por las manchas blancas de bustos y cariátides.
+
+Asombra el trabajo realizado por los reyes de Baviera en menos de un
+siglo. Sus buenos súbditos de la ciudad de Munich han debido de vivir
+años y años entre andamios, tragando yeso y oyendo á todas horas el
+choque del martillo sobre la piedra. La manía constructora de los reyes
+debió constituir su gloria y su suplicio.
+
+El arte se muestra en amontonamiento, como creado de real orden, en
+pocos años, ejecución admirable, pero sin la originalidad y la noble
+armonía que es producto de los siglos. Se ve que todo está hecho de una
+sola vez, que ha surgido del suelo en una sola pieza, falto de esas
+capas de sucesiva formación que va secretando el paso de las
+generaciones.
+
+El aspecto monumental de Munich--una vez desvanecida la primera
+impresión de asombro por lo grandioso de la obra--causa igual efecto que
+esas sinfonías cuyos motivos agrandan ó conmueven, al mismo tiempo que
+la memoria se estremece con la sensación de haber oído antes los mismos
+sonidos.
+
+--Esto no es nuevo--se dice el viajero al contemplar la ciudad--. Todo
+me parece haberlo visto en otras partes.
+
+Indudablemente los monumentos griegos nada tienen de originales, y en
+esto consiste su mérito. Son reconstrucciones ingeniosas, evocaciones
+sabias de las obras que han llegado hasta nosotros, mutiladas é
+indecisas. Pero ¿y los otros monumentos?
+
+Á los pocos días de estar en Munich, van surgiendo en la memoria
+imágenes del pasado, recuerdos de viajes por otros países. El aire de
+familia se marca cada vez más en las cosas, como en esos rostros que nos
+parecen extraños al primer instante y acaban por ser de antiguos amigos.
+Unas iglesias recuerdan las de Florencia; tal vivienda real es el
+palacio Pitti; tal otro un palacio de Roma; la Logia de los Mariscales
+es una copia de la Logia de Orcagna en la capital toscana; los mástiles
+enormes, ante la Residencia, son hijos de los mástiles de la República
+en Venecia, y así todo.
+
+Hasta los palomos que aletean en los frisos y descienden al pavimento,
+animándolo con el reflejo de sus plumas metálicas, son palomos
+«traducidos del italiano», que no pueden menos de saludar como
+venerables abuelos á los que contemplan el Adriático desde los aleros de
+mármol de la plaza de San Marcos ó saltan en la columnata florentina
+junto al Arno.
+
+Munich no tiene de original más que dos cosas: la cerveza y la música.
+
+Las famosas _braserías_ de estilo germánico, con sus frontones agudos,
+rematados por complicadas veletas, y sus fachadas de pesados balconajes
+y torrecillas salientes, valen más que todos los templos griegos que
+llenan las plazas de Munich.
+
+De la música ya hablaremos. La capital bávara está celebrando, en estos
+momentos, el Festival Wágner. Por las tardes la muchedumbre se agolpa á
+ambos lados de la enorme avenida del Príncipe Regente, para presenciar
+el paso de los que van á escuchar _El anillo del Nibelungo_, lo mismo
+que el vecindario de Madrid se congrega en la calle de Alcalá en un día
+de toros.
+
+Cuando el viajero se familiariza con Munich, su entusiasmo por las
+glorias artísticas de la ciudad va restringiéndose hasta el punto de que
+sólo queda erguida una sola admiración: Wágner y su obra.
+
+¡Pobre Atenas germánica! De sus monumentos nada malo puede decirse. Son
+notables reproducciones del arte griego: la sabiduría artística luce en
+ellos, pero son fríos y repelentes como cuerpos sin alma. Es Atenas sin
+atenienses y sin el cielo de la Ática. En verano, el espacio se muestra
+azul y brilla un hermoso sol. Pero el invierno germánico, duro y cruel
+en Baviera, muerde con sus dientes negros estos monumentos que nacieron
+en la tibia atmósfera del archipiélago, favorable á la desnudez.
+
+El mármol en el país del sol se dora en el curso de los siglos, tomando
+el majestuoso matiz anaranjado del oro viejo. Aquí, en unos cuantos
+años, se ennegrece, con una opacidad antipática de ceniza de carbón.
+
+Los dioses olímpicos, los héroes coronados de laurel y ligeros de ropa,
+parecen temblar en pleno verano, recordando los largos meses de frío. El
+rojo griego del interior de las columnatas se destiñe con las lluvias.
+Los frescos se esfuman y desaparecen. Todo se vuelve gris y opaco.
+
+Sí; esta ciudad es una Atenas... Pero pasada por cerveza.
+
+
+
+
+IX
+
+El Festival Wágner
+
+
+Un periódico satírico de Munich publicaba hace cuarenta años una
+caricatura de Wágner, saliendo del hermoso palacete en que le tenía
+alojado el rey Luis II de Baviera.
+
+--Voy al teatro--decía el gran maestro--y de paso entraré en palacio á
+dar un golpe á la caja del amigo Luis.
+
+Nunca se ha conocido una protección tan generosa como la que el monarca
+bávaro dispensó á Wágner. La prodigalidad de Luis II tomó el carácter de
+una locura. Este _rey virgen_, que creaba en su palacio de la Residencia
+una galería de bellezas célebres, y sin embargo, prohibía que asistiesen
+damas á las fiestas íntimas de su corte, fué un Nerón, pero Nerón
+tranquilo, que construyó en vez de quemar, y semejante al déspota de
+Roma, puso sus amores musicales y poéticos por encima del orgullo de su
+majestad.
+
+Sus caprichos y aficiones costaron muy caros á Baviera, y sin embargo,
+el pueblo le recuerda y le respeta. Fué un monarca que, en fuerza de
+excentricidades, prestó un gran servicio al arte, logrando al mismo
+tiempo que la atención del mundo entero se fijase en Baviera.
+
+Por él vienen todos los años aquí, en artística peregrinación, los
+intelectuales de remotos países. Su retrato está en todas partes.
+Baviera le compadece con maternal ternura y guarda su memoria. También
+la tumba de Nerón, veinte años después del suicidio del imperial
+cantante, aparecía muchas mañanas cubierta de rosas, ofrenda del popular
+recuerdo.
+
+Famosa época la de la amistad de Luis II y Wágner. El monarca, llena la
+mente de los dioses germánicos y de los héroes cuyas hazañas ponía su
+amigo en rotundos versos, acompañándolos de prodigiosa orquestación,
+apartábase cada vez más de la existencia real, viviendo como un
+sonámbulo, en medio de legendarios ensueños. Odiaba el traje moderno y
+hasta sus uniformes á la prusiana, por parecerle vulgares y
+antiartísticos. Los cortesanos ocultaban su turbación al verse recibidos
+por él, vestido como un gran señor del Renacimiento. Las verdes aguas
+del lago Stanberg cruzábalas en barcas doradas, con ninfas y quimeras en
+la proa, y grandes paños de escarlata arrastrando sobre la estela.
+Durante las noches de invierno, corría los campos de nieve, en veloces
+trineos con luces eléctricas, pasando entre resplandores como una
+aparición fantástica. Una orquesta invisible sonaba en la famosa _Gruta
+Azul_ del castillo de Linderhof, mientras Luis, vestido de Lohengrin,
+paseábase erguido sobre un esquife de nácar. Un día acabó este ensueño,
+ahogándose el simpático perturbado en una laguna del castillo de Bergi.
+
+El gran músico le había precedido algunos años en su salida del
+escenario mundanal; pero mucho antes de que Wágner muriese, ya había
+dado la generosidad de Luis todo lo necesario para la realización de los
+ensueños del maestro.
+
+Wágner ansiaba un teatro suyo, con arreglo á su genio inventivo y
+revolucionario, el cual no sólo realizó innovaciones en la música, sino
+en la escenografía y en la construcción. El coliseo de Bayreuth fué su
+obra. Luego Munich, siguiendo los mismos planos, ha elevado el teatro
+del Príncipe Regente, dedicándolo á la representación de las obras de
+Wágner. Hoy el _Prinz-Regenten-Theater_, de Munich, celebra todos los
+años un Festival Wágner que atrae á una muchedumbre cosmopolita, y
+triunfa sobre Bayreuth por el esmero con que presenta las obras. Su
+maquinaria escenográfica es muy superior á la de los tiempos de Wágner,
+que aun funciona en el primitivo teatro.
+
+Gentes de todos los países de Europa y de mucha parte de América, se
+encuentran en Munich, con motivo del Festival. Inútil describir lo que
+es este teatro con sus novedades y misterios, pues todo el mundo conoce
+las innovaciones introducidas por Wágner en la representación de sus
+obras. La orquesta es subterránea é invisible, lo que llamaba el maestro
+«el abismo místico» de donde surgen las melodías como si viniesen de
+otro mundo, sin ver el espectador á los músicos, que sudan y gesticulan,
+y al director, que se mueve como un loco. El teatro está completamente á
+obscuras. Las puertas de los pasillos se cierran al empezar cada acto,
+sin que exista poder terrenal capaz de abrirlas antes de que aquél
+termine. La disciplina alemana reglamenta el curso del espectáculo; el
+programa marca las horas y minutos que se invertirán, tanto en el
+conjunto de la obra como acto por acto. Las trompetas, sustituyendo á
+los toques de campana, hacen correr á los espectadores lo mismo que
+reclutas que temen faltar á la lista.
+
+Las representaciones del Festival Wágner empiezan á las cuatro de la
+tarde y acaban á las nueve y media de la noche. El último entreacto es
+de media hora, para que el público pueda cenar en los grandes comedores
+del teatro. Una admirable igualdad reina sobre el público. Todos los
+asientos son iguales y cuestan lo mismo, veinte marcos (veinticinco
+pesetas). El teatro, aparte de los seis palcos del fondo, destinados á
+la familia real y á los potentados extranjeros, sólo se compone de
+butacas que se alínean en peldaños, subiendo desde la concha circular,
+que cubre el foso de la orquesta, hasta lo más alto de la sala. Todos
+ven el espectáculo de frente. Las dos paredes laterales son lisas, sin
+otros adornos que las portadas de salida y unas hornacinas con vasos
+griegos.
+
+¿Á qué hablar de _El anillo del Nibelungo_?... Wotan, Brunilda,
+Sigfrido, todos los dioses, los héroes, las beldades desventuradas, los
+gigantes espantosos y los nibelungos enanos, que figuran en esta serie
+de óperas, con su fantástica Historia Natural de dragones que cantan,
+pájaros que aconsejan y serpientes y osos, son personajes conocidos del
+público y no ofrecen ya novedad. La _Walkyria_ y el _Sigfrido_ los
+cantan en Munich lo mismo que en el Real de Madrid, ó tal vez un poco
+peor. Todos los artistas de lengua alemana tienen empeño en cantar en
+este Festival, porque _da cartel_. Algunos proceden de Nueva York, y
+creo que hasta después de trabajar gratuitamente, dan dinero encima.
+
+Además, en este teatro, donde no se admiten manifestaciones del público,
+el artista puede atreverse á todo, sin ese miedo que inspiran los
+espectadores exigentes de Italia y España, los cuales llevan á la ópera
+algo del espíritu de la gente que asiste á una corrida de toros. Total,
+que al lado de buenos artistas, encanecidos en el culto wagneriano,
+aparecen otros indignos de cantar en su compañía. Por fortuna, la
+orquesta, las maravillas del decorado y la escrupulosidad y atención en
+el juego escénico, justifican el largo viaje que ha tenido que realizar
+una gran parte de este público, híbrido en su aspecto exterior, y tan
+interesante casi como las obras de Wágner.
+
+La uniformidad militar del teatro contrasta con la variedad infinita de
+los espectadores. En lugar alguno de Europa puede encontrarse un público
+tan heterogéneo. Una amable libertad impera en el vestido. Las damas
+alemanas y algunas francesas se presentan en traje de ceremonia; los
+oficiales marchan tiesos, en sus apretadas levitas de alto cuello,
+arrastrando el sable; los _herr_ germánicos llevan frac y se cubren la
+cabeza con fieltros de anchas alas; pero revueltos con estas gentes
+elegantes, pasan inglesas y americanas, vistiendo blancos trajecitos de
+falda corta; viajeros con su terno gris á grandes cuadros, los gemelos
+en bandolera y la gorrilla en la mano; gruesos y rubicundos sacerdotes
+católicos, con levita y pechera negras, que, recordando lo que acaban de
+oir, mueven los dedos como si estuviesen ya ante los órganos de sus
+catedrales; vírgenes de lacias faldas, con el exangüe rostro asomado
+entre dos caídos cortinajes de pelo; jóvenes melenudos, que estiran la
+afeitada cara sobre las innumerables roscas de una corbata obscura;
+muchachas enfurruñadas, que al llegar tarde y encontrar las puertas
+cerradas, se tienden en las escalinatas de los pasillos, ansiando oir un
+eco del lejano misterio por debajo de los pesados _portiers_, junto á
+las piernas de los impasibles acomodadores; mujeres con cierta
+originalidad en su traje y sus maneras, que son grandes cantantes en
+vacaciones ó famosas concertistas; viejos condecorados, de cabellera
+gris y cara arrugada, que inspiran un vago recuerdo de retratos vistos
+en ilustraciones extranjeras.
+
+Es un público de sorpresas. Todos presienten en el vecino que pueda ser
+_alguien_. La mayoría está formada de artistas, de escritores, de gentes
+que gozan celebridad en sus países, pero que pasan inadvertidas en esta
+reunión universal, que sólo dura algunos días.
+
+Esta importancia del público que parece presentirse, como si flotase en
+el ambiente, obliga á una extremada sencillez á los grandes de la
+tierra.
+
+Yo me he codeado, del modo más irreverente, al pasear por las galerías,
+con una señora joven, tan elegante como granujienta y fea. Un poco más
+allá dos viejas damas, cargadas de brillantes, pusieron al verla una
+rodilla en tierra, con esa sumisión germánica, al lado de la cual el
+cortesanismo español resulta de costumbres democráticas.
+
+--¡Alteza! ¡Alteza!...
+
+Y le besaron la mano como si llevase en ella el Santísimo Sacramento.
+Era una hija ó una nieta (no me enteré bien) del emperador de Austria. Y
+de igual categoría que ésta, aunque más simpáticas por su modestia,
+encontré en los pasillos á otras altezas, cuyo nombre no necesité
+preguntar por serme sus caras bien conocidas.
+
+Cuando termina el espectáculo, la gran mayoría del público sale en
+silencio; pero algunos manifiestan su fervor á gritos.
+
+--¡Sublime! ¡Inmenso!
+
+Casi siempre son españoles, italianos ó franceses los que gritan
+entusiasmados. Pero sus voces suenan á falso, y parece que gritando
+intentan convencerse á sí mismos.
+
+Han oído hablar del Festival Wágner como de algo extraordinariamente
+misterioso; han venido atraídos por la curiosidad, creyendo en lo
+sobrenatural del espectáculo, y salen de él dudando de la sensatez de su
+viaje, sintiendo cierta sospecha de haber sido engañados, diciéndose
+que, aparte de la sala á obscuras y de la orquesta subterránea, nada
+nuevo han visto.
+
+
+
+
+X
+
+El "Mozarteum"
+
+
+Al ir de Munich á Viena, la primera población que se encuentra, pasada
+la frontera austriaca, es Salzburgo, famosa desde hace siglos como uno
+de los lugares más hermosos de la vieja Alemania.
+
+Es una ciudad episcopal que hasta principios del siglo XIX estuvo regida
+por un príncipe-arzobispo, y sólo en 1816, después que el Congreso de
+Viena, repartiéndose los despojos del vencido Napoleón, rehizo el mapa
+de Europa, pasó á incorporarse á Austria. Construída en las dos orillas
+del Salzach, que corre entre verdes montañas, la población extiéndese
+por ambas laderas, rompiendo los densos bosques y asomando á trechos su
+edificación roja y negruzca y sus altas torres sobre el verde follaje.
+Una catedral gótica recuerda el gobierno de los príncipes mitrados; un
+castillo, el Hoen, domina uno de los panoramas más hermosos del mundo.
+
+Pero Salzburgo no es famosa por su belleza y su antigüedad. Á pesar de
+las glorias históricas de sus arzobispos, de la hermosura de sus
+paisajes y de haber habitado en ella el famoso médico Teofrasto
+Paracelso, hoy dormitaría olvidada, como muchas poblaciones de la
+antigua Alemania, sin que un viajero curioso descendiese en su estación
+y sin otra vida que el trompeteo del regimiento acuartelado en el
+castillo y el arrastre de sables de los oficiales bajo los tilos del
+paseo. Un niño nacido en Salzburgo en 1756 ha bastado para dar una
+celebridad universal é imperecedera á la pequeña población alemana.
+
+El príncipe-arzobispo de dicha época, amante de la música, como todos
+los señores alemanes, tenía á su servicio un maestro de capilla, pagado
+miserablemente y abrumado por un continuo trabajo.
+
+Este pobre músico ocupaba un cuarto piso en una calle estrecha de
+Salzburgo; una casa de vecindad, con su escalera en forma de túnel y sus
+galerías, dando acceso á innumerables puertas. Un día el necesitado
+maestro vió aumentarse sus apuros con el nacimiento de un nuevo hijo. Le
+pusieron los nombres de Wolfgan Amadeo y el obscuro apellido de su
+padre, llamado Leopoldo Mozart.
+
+Los vecinos del viejo caserón vivían en continuo concierto. Por las
+tardes, cuando terminaban sus ocupaciones en la catedral ó en el palacio
+del arzobispo, los músicos de la capilla, tan pobres y entusiastas como
+el maestro, reuníanse en la casa de éste. No tenían dinero para ir á la
+cervecería, y se juntaban trayendo sus instrumentos, para deleitarse
+mutuamente con interminables conciertos, en los que ejecutaban las obras
+de su gusto, sin tener que seguir los caprichos del señor. Llegaban con
+sus raídas casacas negras, de largos faldones, sus pelucas de un blanco
+rojizo, las medias con puntos sueltos, los zapatos viejos, y se
+agrupaban ávidos en torno del bondadoso Leopoldo, que les aguardaba con
+un voluminoso cuaderno en la mano, última novedad musical enviada por el
+_kapells-meister_ de algún otro principillo alemán.
+
+Sentábase al piano el maestro, gemían los violines, roncaba el
+contrabajo, extendía el violoncello la caricia aterciopelada de su
+varonil suspiro, lanzaba la flauta sus trinos de alegría pastoril, y la
+vieja casa parecía rejuvenecerse con esta alma melódica que corría por
+las arterias de sus escalas y corredores. La mujer del maestro, la
+hacendosa y dulce Ana María Pertlin, cosía con los ojos bajos y el oído
+atento; la hija mayor, Mariana, de pie junto á su padre, seguía con
+admiración el desarrollo de la música; el pequeño Amadeo, á gatas por la
+habitación, interrumpía con sus balbuceos el sonido de los instrumentos.
+Cuando apenas sabía hablar se quejó amargamente viendo que llegaba un
+amigo de sus padres con las manos vacías.
+
+--¡Hoy no traes tu violín de manteca!--exclamó con acento de decepción.
+
+La manteca era para el pequeño salzburgués lo más fino y más dulce del
+mundo.
+
+No sabía aún modular palabras con su boca y hacía ya hablar al piano;
+los signos del solfeo los aprendió antes que los caracteres del
+alfabeto. Mariana dominaba la música lo mismo que él. En Salzburgo,
+todos se hacían cruces del niño prodigioso, que á los seis años tocaba
+el piano como un concertista. El mismo príncipe-arzobispo se dignó
+llamarlo al palacio, admirando la habilidad del hijo de su maestro de
+capilla, pero sin ocurrírsele aumentar el sueldo de éste en unas cuantas
+_coronas_.
+
+Las necesidades de la vida impulsan de pronto á Leopoldo á una
+resolución digna de nuestros tiempos. Despiértase en él una avidez de
+empresario. Un día, el pequeño Amadeo, ante los ojos llorosos de la
+madre, que ve próxima una separación, contémplase en un espejo, ridícula
+y graciosamente vestido como un gran señor, con casaca galoneada, blanca
+peluca de corte y una espadita al costado. Va á correr el mundo con su
+padre y su hermana, dando conciertos, y empieza sus peregrinaciones
+penosas de corte en corte, durmiendo en malas posadas ó en palacios de
+potentados _dilettanti_; teniendo que tocar unas veces ante reyes, y
+otras ante muchedumbres que discuten con Leopoldo el precio de la
+entrada. En la corte de Viena, le tratan como un príncipe y juega con
+la archiduquesa María Antonieta, futura reina de Francia. En Versalles
+le besan y lo adormecen sobre sus grandes faldas las beldades amigas de
+Luis XV. En Italia, la muchedumbre fanática de Nápoles, asombrada de su
+precocidad, cree que el músico niño ha hecho pacto con el diablo y le
+obliga á tocar quitándose una pequeña sortija que lleva, á la que
+atribuye la superstición un poder mágico. En Milán compone una ópera á
+los nueve años, dirige la orquesta la noche del estreno, y el público le
+saca en hombros, gritando: _¡Eviva il maestrino!_
+
+Muere el padre; la hermana, simple compañera de ejecución musical,
+vuelve al lado de la madre; Mozart, hecho ya hombre, se ve sumido en la
+obscuridad que llega de pronto para los artistas precoces, cuando
+pierden el encanto de la infancia. Empieza entonces su vida en Viena de
+luchas y miserias. Es un innovador, y la corte prefiere á los músicos
+italianos que llenan la capital austriaca. El mismo emperador le
+aconseja pedantescamente que imite al primer músico de la época, el hoy
+olvidado Sallieri. Para vivir, escribe sus graciosos _minuettos_, por
+unos cuantos florines, cada vez que un gran señor da un baile en su
+palacio. Los rivales abusan de su carácter bondadoso y dulce, acosándolo
+con insultos, dificultando su trabajo con toda clase de intrigas. Entre
+la nube de músicos y poetas de todos los países, caída sobre Viena por
+la atracción que ejerce una corte aficionada á las artes, encuentra
+pocos amigos. Su dulce debilidad sólo halla apoyo y consuelo en el
+español Vicente Martín, un músico procedente de Valencia, autor de
+óperas olvidadas y que figura en la historia de la música como inventor
+del vals. También son sus amigos el italiano Daponte, abate bohemio y
+licencioso, que escribe los versos de sus _libretos_ en plena
+embriaguez, y un alemán feo, sombrío y malhumorado, incapaz de intrigas
+y de numerosos afectos, llamado Luis Beethoven.
+
+Las óperas que escribe gustan á lo más selecto del público, pero no le
+dan dinero. Cuando se casa con Constanza Wéber, sus amigos Martín y
+Daponte van á visitarle en su pobre casita, al día siguiente de la boda,
+y le encuentran bailando con la mujer.
+
+--Hace tanto frío y la leña cuesta tan cara, que nos calentamos
+así--dice el maestro sonriendo.
+
+Y continúa el baile, moviendo su cuerpo débil, elegante y gracioso, que
+hacía de él uno de los más distinguidos danzarines de la época.
+
+En Praga, con el estreno de _Don Juan_, empieza para él la celebridad.
+Tiene dos hijos, su mujer puede reunir algún dinero; los empresarios le
+piden nuevas obras; la corte fija su atención en él y le encargan misas
+ó contradanzas... y cuando el bienestar entra en la casa, se introduce
+igualmente la muerte siguiendo sus pasos.
+
+Un día, un señor vestido de negro y de aspecto siniestro llega á la
+vivienda de Mozart, y entregándole como adelanto una bolsa llena de oro,
+le encarga que escriba cuanto antes una misa de muertos.
+
+Es el testamentario de un gran señor fallecido en el campo, pero á
+Mozart, roído por la tisis y perturbado por las supersticiones que
+acompañan á toda enfermedad, le parece que el hombre vestido de negro es
+la misma Muerte que viene á anunciarle su próximo fin, y se lanza á
+escribir la famosa _Misa de Requiem_ convencido de que se estrenará en
+sus propios funerales. ¡Las noches de cruel insomnio, con la certeza de
+que toda nota trazada es un segundo menos de vida, de que avanza el
+temido final con cada nueva hoja añadida á la partitura, amontonando
+sobre el pentagrama lágrimas y melancolías!... Su vida iba
+extinguiéndose así como avanzaba su obra. Casi moribundo, quiso oirla, y
+con un esfuerzo supremo cogió en sus manos el papel del tenor.
+
+Un discípulo se sentó al piano; otros se encargaron de las diversas
+partes de la obra; Mozart, hundido en un sillón, con el papel ante los
+ojos, cantaba con una voz trémula y dulce, como el cisne de las leyendas
+antes de morir. Al llegar al _Lacrimosa_, su voz se cortó con un gemido.
+
+--¡No, no puedo más!
+
+Y echó la cabeza sobre el respaldo, para no levantarla nunca, entre las
+lágrimas de amigos y discípulos, y los alaridos de Constanza, que, al
+fin, podía dar expansión á su dolor.
+
+Al día siguiente fué el entierro, día tempestuoso y gris que arrojaba
+sobre Viena un verdadero diluvio.
+
+Gran concurrencia en la casa mortuoria: todos los músicos de Viena,
+algunos grandes señores de la corte y delegaciones de la Masonería,
+agradecida á Mozart por su _Cantata de los fracmasones_, que aun se toca
+en muchas logias.
+
+El fúnebre cortejo emprendió la marcha bajo la lluvia torrencial. El
+agua saltaba furiosa sobre los rojos paraguas de ballena; los zapatos de
+hebillas y las negras medias de los acompañantes hundíanse en los
+arroyos fangosos. Hay que conocer Viena, enorme ciudad, para darse
+cuenta de lo penoso de una marcha hasta el cementerio, por calles
+interminables. En una esquina se quedaba un grupo del cortejo,
+diciéndose que ya había acompañado bastante al difunto camarada en un
+día como aquel; más allá desertaban otros; las carrozas de los señores
+habían desaparecido; los más valientes y más fieles llegaron hasta las
+afueras. Total, que al anochecer, con los caballos chorreando y á un
+paso vacilante, en la penumbra del crepúsculo, llegó al cementerio un
+coche fúnebre... sin que lo siguiese nadie.
+
+Algunas semanas después, cuando la viuda quiso saber dónde estaba el
+cuerpo de Mozart, nadie supo contestarle. Ninguno del cortejo había
+presenciado el entierro. Los sepultureros no supieron explicarse, ni
+pudieron nunca ponerse de acuerdo. ¡Se entierra tanta gente durante un
+solo día en una ciudad enorme!... La Nada tragó para siempre el cuerpo
+del maestro, y la Duda le sirvió de lápida mortuoria. Se sabe de cierto
+que sus restos están en el cementerio viejo de Viena, y esto es todo.
+
+La ciudad de Salzburgo ha convertido en museo la vieja casa del maestro
+de capilla Leopoldo Mozart, donde nació el prodigioso compositor. El
+_Mozarteum_ contiene en sus pobres habitaciones, de techo bajo y
+pavimento de vieja madera, todos los recuerdos de la vida del maestro:
+instrumentos, retratos, vestidos y hasta cartas. En una vitrina figura
+un cráneo... ¡El cráneo de Mozart! El catálogo no lo asegura, pero el
+conserje lo afirma bajo su palabra, y los más de los visitantes admiran
+la cúpula ósea bajo la cual nacieron tantas bellas melodías.
+
+Si el alma es inmortal y se entera de lo que ocurre en este mundo, tal
+vez á estas horas algún antiguo mozo de cordel de Viena estará riendo en
+el Paraíso, al ver que atribuyen á su pobre calavera la paternidad del
+_Don Juan_.
+
+
+
+
+XI
+
+Viena la elegante
+
+
+Desde Munich á Viena los hombres del pueblo, y aun muchos burgueses,
+bien sean bávaros ó austriacos, muestran todos tres aficiones comunes:
+aman el canto, se agujerean las orejas para llevar pequeñas monedas á
+guisa de pendientes, y no pueden usar un sombrero sin adornarlo con una
+pluma ó un grupo de flores silvestres.
+
+Los pequeños chambergos de felpa verde ó acaramelada, con el ala caída
+sobre el bigotudo rostro, están siempre rematados por enhiestas plumas
+de gallo, que se cimbrean junto al cogote. El pueblo de la Baja Alemania
+siente una gran simpatía por el Tirol y sus pintorescos montañeses,
+únicos que en días de desgracia para la patria supieron resistir á la
+invasión napoleónica, imitando á los guerrilleros españoles.
+
+La _tirolesa_, canción robada al gorjeo de los pájaros, hace oir sus
+trinos desde Munich á Viena, en caminos y ferias, teatros y montañas.
+En el _Theresien-Wiese_, de Munich, extensa explanada frente á la
+estatua de Bavaria, se verifica á fines de verano la feria anual de los
+tiroleses, y de la mañana á la noche trina el ruiseñor, canta el mirlo y
+gorjea la alondra, no con notas vagas, sino intercalando en sus escalas
+versos que hablan de amores y luchas en las montañas verdes, coronadas
+de nieve.
+
+La música es una necesidad para los pueblos de la Baja Alemania. Cuando
+se les ve de cerca se comprende que las estatuas de grandes
+compositores, compatriotas suyos, llenen calles y plazas. No hay café
+que no tenga orquesta, ni restaurant al aire libre sin banda militar. En
+Munich, el público de las cervecerías canta á coro, acompañado por los
+violines y chocando los bocks como los bebedores de Goethe en el
+_Fausto_. En Viena, la patria de Strauss y de Suppé, el vals lánguido y
+elegante ó la marcial retreta suenan en todos los establecimientos
+públicos.
+
+El catolicismo austriaco es el más armonioso de la cristiandad papal.
+Una simple misa rezada en la catedral de San Esteban, ó en cualquier
+otro templo de Viena, es en los domingos un verdadero concierto. Suena
+el órgano un ligero preludio, como para dar el tono; los fieles,
+hombres, mujeres y niños, tiran del librito que les sirve de guía para
+recordar los versos de los himnos, y la misa se desarrolla en medio de
+un coro de centenares y aun de miles de voces, sin que ni una sola
+desentone, siguiendo todas instintivamente el ritmo, sin necesidad de
+dirección, con un ajuste maravilloso. Las voces graves acompañan con
+artísticas disonancias el canto femenino ó infantil, y este coro, de
+música difícil, suena durante una hora como el del mejor teatro de
+ópera.
+
+En Viena, la música es algo nacional, que constituye el orgullo del
+pueblo. Las bandas de los regimientos austriacos son verdaderas
+orquestas. Cuando Austria dominaba la Alta Italia, los patriotas
+venecianos y milaneses ocultábanse en sus casas para no ver á los
+abominables invasores; pero así que sus bandas sonaban en las calles,
+abrían instintivamente las ventanas, confesándose que los malditos
+_tedescos_ manejaban como ángeles sus instrumentos.
+
+Viena ha visto ella sola nacer más obras musicales de fama universal que
+todo el resto del mundo. En modestas callejuelas vecinas al Palacio
+Imperial y al teatro de la Ópera, vivieron Mozart, que escribía
+_minuettos_ originales para cada baile que se celebraba en Viena, y
+Beethoven, que componía una cantata por cada victoria de los ejércitos
+aliados, ó producía todas las semanas algo nuevo para los conciertos y
+fiestas de los grandes plenipotenciarios, arregladores de Europa, en el
+famoso Congreso de 1815.
+
+Viniendo de Alemania, se presenta Viena como una ciudad encantadora,
+resumen de toda clase de bellezas y elegancias. Las tiendas de modas
+del imperio germánico, en su deseo de aislar á Francia creándola el
+vacío, pretenden ignorar que existe un París, al que las mujeres de todo
+el mundo piden el último tipo de elegancia. _Modelo de Viena_, dicen en
+los escaparates alemanes las etiquetas de los sombreros y vestidos.
+
+Si fuera posible colocar juntos á París y Viena, para abarcarlos en una
+sola ojeada, es seguro que la capital austriaca saldría vencida de la
+comparación. Pero Viena está muy lejos, y para llegar á ella hay que
+atravesar las ciudades alemanas, con sus mujeres vestidas como
+institutrices pobres, de malfachada gordura, y que para colmo de
+desdicha, por un patriótico orgullo de su exuberante maternidad,
+raramente usan corsé.
+
+Por eso la elegancia de Viena causa mayor impresión, desde el primer
+momento, que la que se siente en París cuando se llega á éste procedente
+de España ó de Italia.
+
+Hay que confesar también que las vienesas son físicamente superiores á
+las parisienses, y su fama universal de belleza no es usurpada. La
+española hermosa es muy superior á la vienesa; pero en las calles de
+Viena se encuentra mayor número de mujeres guapas que en las calles de
+Madrid. Las nuestras las vencen por la calidad, pero ellas son
+superiores por la variedad y el número.
+
+Austria es la verdadera frontera de la Europa central... y _europea_.
+Más allá, hacia el Oriente, están acampados pueblos que, aunque de
+aspecto semejante al nuestro, son de origen asiático y han sido
+depositados en el lugar que ocupan por el oleaje de las invasiones. Por
+dos veces llegó la avalancha turca hasta el pie de los muros de Viena.
+Los doscientos y pico de pueblos que constituyen hoy el imperio
+austriaco, con su carnavalesca variedad de colores, lenguas, trajes y
+costumbres, unos rubios, como los germanos más septentrionales, otros
+obscuros ó amarillentos, cual las tribus del interior de Asia, han
+producido con sus cruzamientos extraños tipos de belleza. En esta tierra
+ha ocurrido el último choque de Oriente y Occidente. Hasta aquí llegó el
+supremo empujón del Asia invasora, y como núcleo de un pueblo perdido en
+las remotas lobregueces de la historia, viven en Austria los _tzíganos_
+ó bohemios, de los que son ramas sueltas los gitanos y _romanicheles_
+que vagan por Europa.
+
+Conjunto de mil caracteres extraños á su raza, es la mujer vienesa. Su
+color resulta incierto. Puede ser morena y de ojos de brasa como una
+gitana, ó rubia y de mirada azul como si hubiese nacido en Berlín. Es
+devota como una española, y al mismo tiempo alegre como una italiana, y
+elegantemente desenvuelta cual la parisién. La blanca piel de las razas
+del Norte no tiene en ella la fría pasividad germánica, pues parece
+caldeada por la voluptuosa sangre de la odalisca.
+
+El amor no la enloquece, á juzgar por los conflictos de su vida, que se
+reflejan en el teatro y la novela.
+
+El lujo, el deseo de parecer aun más hermosa la dominan tan
+imperiosamente, que en su alma no queda espacio para otras pasiones.
+
+En Viena todos visten bien, hombres y mujeres. En ninguna capital de
+Europa se ve á la gente mejor presentada. Los hombres parecen recién
+salidos de la tienda del sastre. Las mujeres elegantes son incontables.
+Todas, aun las más modestas, si son hermosas, parecen escapadas de las
+láminas de un periódico de modas.
+
+Algunas son ricas; una gran parte sólo gozan de cierto bienestar; la
+inmensa mayoría son pobres, como en los demás países. ¡Y sin embargo,
+Viena, por lo mismo que es una ciudad elegante, resulta muy cara y exige
+grandes gastos para el sostenimiento de lo superfluo!...
+
+La emperatriz Elisabeth, asesinada en Ginebra, odiaba á Viena, donde
+había pasado la mayor parte de su vida. Para no verla, iba errante por
+Europa, viviendo tan pronto en las islas griegas como en las montañas
+suizas, hasta que la hirió el puñal anarquista en las riberas del Leman.
+
+--Viena...--decía con indignación--. ¡La ciudad bella y engañosa! ¡El
+lugar más corrompido de la tierra!...
+
+Hoy la soberana de las tristezas errantes, la infatigable lectora de
+Heine, poeta de las inmensas amarguras, se pudre en el panteón
+imperial, con todas sus decepciones y protestas.
+
+En calles y jardines siguen sonando las valses; las enaguas revolotean
+en las aceras con rítmica marcha que deja tras los graciosos pies una
+estela de perfumes; los lujosos carruajes, tirados por caballos
+húngaros, corren por las avenidas del Prater; á la entrada del célebre
+paseo, en el _Wurst el Prater_ ó «Prater del Polichinela», el buen
+pueblo, satisfecho de su emperador, baila y se emborracha con cerveza,
+esperando la noche para fabricarle nuevos súbditos al soberano, y por
+encima de los tejados de Viena suenan á todas horas las campanas de cien
+iglesias y conventos, lo mismo que en una ciudad española.
+
+
+
+
+XII
+
+El subterráneo de los emperadores
+
+
+El fraile capuchino, un arrogante mocetón de barba rubia, agita sus
+brazos blancos y fuertes fuera de las mangas del hábito, al mismo tiempo
+que me habla en alemán. La expresión negativa de su voz me hace
+comprenderle. Es domingo, y hasta el día siguiente no se abre el Panteón
+Imperial. Estoy en la sacristía del _Capuzinekirche_, templo en cuya
+cripta reposan los cadáveres de los emperadores de Austria.
+
+--El caso es que mañana no podré volver--digo yo por contestar algo al
+fraile.
+
+--¿Es usted francés?--balbucea él en dicho idioma, al mismo tiempo que
+sonríe, mirando á una de mis solapas, en la que llevo la roseta de la
+Legión de Honor, como si tuviese cierta satisfacción en molestarme.
+
+--No señor; soy español.
+
+Su rostro parece iluminarse. El azul de sus ojos toma una ternura
+acariciadora.
+
+--¡Ah, español!...
+
+Puede correrse Europa entera sin que la condición de español despierte
+en hoteles y ferrocarriles otro interés que la vaga curiosidad que
+inspira un país novelesco y lejano. Pero allí donde se tropieza con un
+fraile, bien sea italiano, francés, alemán ó austriaco, la nacionalidad
+española atrae inmediatamente la más graciosa de las sonrisas, como si
+España fuese el pueblo feliz elegido de Dios, algo así como las doce
+tribus depositarias del Arca Santa, que no tenían otro quehacer que
+alabar al Señor y engullirse el maná caído del cielo.
+
+--¡Español! ¡español!--repite en su francés balbuciente el hermoso
+capuchino.
+
+Y después de descolgar una llave, me invita con bondadosa protección á
+seguirle por los corredores que conducen al Panteón Imperial. Siendo
+español, soy católico de primera clase y nada puede negárseme.
+
+De pronto se detiene para decirme con amigable confianza, como si
+hubiese encontrado un nuevo parentesco entre los dos:
+
+--La reina de usted es de Viena. La conozco mucho... y á su madre, la
+señora archiduquesa, también. Nos distinguen mucho á los capuchinos.
+
+Cruzamos otro pasadizo y vuelve á detenerse para comunicarme sus
+impresiones.
+
+--Yo he estado en España; un día nada más. Fui á Lourdes y pasé á San
+Sebastián para ver á la reina. Me regaló un pequeño Cristo muy
+milagroso: el Cristo de... de...
+
+Y se calla, con el pensamiento embrollado y la lengua torpe, no pudiendo
+recordar el nombre de la famosa imagen y mirándome con ojos suplicantes
+para que eche una mano á su memoria.
+
+--No sé--murmuro algo avergonzado de mi escandalosa ignorancia--. ¡Hay
+tantos allá!... ¡Tantos!...
+
+El también adopta un tono vago, como si contemplase una bella y remota
+visión.
+
+--¡España! Mucho gusto en volver á verla... ¡Pero tan lejos!
+
+Hace girar una llave de luz eléctrica y descendemos por una escalera,
+recta y abovedada como un túnel, cubierta de azulejos blancos. Al final
+de ella entramos en unas cuevas mal enjalbegadas, con un resplandor gris
+de bodega que penetra por los tragaluces. Unas cuantas verjas oxidadas;
+dos tumbas monumentales con estatuas yacentes, y en todas las cuevas del
+imperial subterráneo cajones de cinc, muchos cajones, unos ciento
+cuarenta, con breves rótulos en la tapa superior y esparcidos al azar,
+lo mismo que los bultos depositados en un almacén. Un olor nauseabundo
+de humedad de siglos y podredumbre encerrada, apesta el ambiente. Este
+es el último asilo de los orgullosos emperadores de Austria, que han
+reinado sobre media Europa y dado reinas á la otra media.
+
+El subterráneo de los Capuchinos era sólo para la tumba de María Teresa,
+hembra gloriosa que vale en la historia por todos los emperadores de
+Austria. Pero después de muerta ella, sus descendientes han venido á
+sumirse en la nada cerca de su tumba, y faltos de espacio para tener
+mausoleo propio, están encerrados en ataúdes de plomo y de cinc,
+pudriéndose en su propia corrupción, sin el contacto de la madre tierra,
+que limpia y consume al envolvernos en su caricia.
+
+La dinastía imperial de Austria, como si pretendiese vencer á la muerte,
+se resiste á desaparecer en las entrañas del suelo, y está como de
+cuerpo presente dentro de su panteón. Es algo semejante á su imperio,
+que en la geografía política representa un cuerpo enorme que un día
+vivió, pero cumplida ya su misión, abruma á Europa con la pesadez de un
+cuerpo muerto, en que se notan próximas descomposiciones, origen de
+nuevas vidas.
+
+Este vulgar subterráneo, almacén sin grandeza de la muerte, con sus
+cajas metálicas, feas y pesadas, tiene, sin embargo, un ambiente
+trágico.
+
+Una implacable maldición parece gravitar sobre esta familia
+todopoderosa, la más católica y la más venerable de todas las reinantes.
+Por ella conserva el Vicario de Dios una enorme parte de Europa.
+
+La revolución protestante hubiese arrebatado á Roma sus mejores Estados
+espirituales, á no ser por la casa de Austria. Los reyes de España,
+después de largas guerras, sólo pudieron conservar fiel al Papado la
+católica Bélgica. Los emperadores de Austria, con la espada implacable
+de Wallestein y los horrores de la guerra de los Treinta Años,
+mantuvieron sumisos al Pontífice enormes Estados.
+
+Este buen servicio á la causa de Dios ha sido pagado al pueblo austriaco
+con toda clase de derrotas, hasta el punto de que sus ejércitos, con ser
+muy valientes, parecen sin otra misión en la historia que la de ser
+vencidos por franceses, alemanes é italianos. Sus monarcas han sido
+objeto de toda clase de infortunios, como si el Todopoderoso les
+distinguiese con especial antipatía.
+
+La cripta de los Capuchinos recuerda los subterráneos de las
+terroríficas novelas de Ana Radcliffe, donde cada tumba encierra una
+tragedia, vagando entre ellas espectros ensangrentados. En menos de un
+siglo se han amontonado en este lugar los despojos de las más tristes
+historias.
+
+Dos féretros de plomo, cubiertos de coronas, rasgan, con la brillantez
+de los colores de sus cintas y el oro de sus franjas, la penumbra gris
+del subterráneo. Uno de ellos guarda los restos de la emperatriz
+Elisabeth, la esposa del emperador actual, asesinada en Ginebra. Vagaba
+por el mundo de riguroso incógnito, como una viajera cualquiera. Nadie
+la conocía; ella misma deseaba olvidar su rango de emperatriz;
+transcurrían años sin que volviese á sus dominios; pero sin embargo, la
+fatalidad, que respeta á los monarcas ostentosos rodeados de la pompa de
+su investidura, hizo que una mirada feroz se fijase en la modesta
+viajera, vestida de negro.
+
+En la otra caja está su hijo Rodolfo, el heredero de uno de los más
+grandes Estados de Europa, muerto misteriosamente en un drama de alcoba,
+como un protagonista de «Crónica de sucesos», dejando, al abandonar el
+mundo, la duda entre un suicidio voluntario, una monstruosa amputación ó
+un asesinato bestial, perpetrado en la locura de la embriaguez.
+
+Unos ataúdes, sin adorno, oxidados por los años, encierran los dos
+últimos pensamientos de Napoleón. En uno está María Luisa, graciosa y
+casquivana archiduquesa, esposa del primero de los guerreros modernos,
+entregada cobardemente por su padre á un sublime advenedizo, ansioso de
+ennoblecerse históricamente tomando mujer de la casa austriaca, antiguo
+y acreditado centro de exportación de reinas. Ser esposa amada de un
+Napoleón, sentir en sus sienes la mayor de las coronas, y al llegar la
+hora de las gloriosas desgracias y las tristezas ennoblecedoras,
+abandonar al marido sin un recuerdo, ahogando su memoria con amorcillos
+vulgares y muriendo en un ridículo principadillo italiano... ¡qué final
+puede hallarse más triste!
+
+Junto á ella duerme el _rey de Roma_, el _Aiglon_, el joven paliducho,
+soñador y vacilante, que Napoleón dió al mundo, como esas ramas faltas
+de savia que echan los árboles gigantescos cansados de producir. La
+sangre de la madre atrajo sobre su cabeza el eterno infortunio de la
+dinastía austriaca. Sus ojos, al abrirse á la luz, vieron en torno de
+él, como servidores, á los hombres más poderosos de la época: brazos que
+conquistaban reinos se emplearon en pasear su infancia; el imperio de
+Europa figuraba en su canastilla al nacer; los primeros guerreros del
+mundo sentían rodar lágrimas por los canos mostachos al contemplar su
+retrato en los nevados campamentos de Rusia; y sin embargo, cuando le
+sorprendió la muerte en las habitaciones de Schoenbrunn (un palacio en
+el que se instaló su padre como conquistador y que habitó él como nieto
+pobre, portador de un apellido odioso), este engendro triste del genio y
+la sangre rancia sólo dejó como recuerdo de su paso por el mundo un
+melancólico vals. La última vez que le vió el pueblo de Viena fué
+mandando un piquete en el entierro de un general obscuro. ¡El hijo de
+Napoleón escoltando el cadáver de un militar sin nombre, que más de una
+vez habría corrido ante su padre!...
+
+Un ataúd aislado, junto á una pilastra, guarda otra tragedia. El nombre
+de _Queratarus_, que figura en la inscripción latina de la tapa, hace
+surgir el recuerdo de Méjico y la fantástica tentativa de un imperio
+americano, derrumbada al estampido de un fusilamiento. En esta caja
+está Maximiliano I y último de Méjico, que llevó al otro lado de los
+mares el destino fatídico de su familia.
+
+El pensamiento abandona el fúnebre subterráneo para esparcirse por el
+mundo, y abarca á los innumerables archiduques errantes sobre la tierra,
+como si quisieran huir de las glorias terrenales de su familia, que
+equivalen á una maldición, y olvidar un apellido famoso, que parece
+atraer la muerte ó la locura. El fantástico Juan Ort desaparece como un
+héroe de novela en la punta más avanzada de la América meridional; otro
+archiduque vive como un labriego en una isla del Mediterráneo; otro
+reniega de su apellido para ser capitán mercante; otro más se casa con
+una cómica, ansioso de aplebeyarse y que todos olviden su origen... La
+desesperación ó la locura guían los pasos de estos descendientes de la
+más católica y rígida de las monarquías.
+
+La familia se deshace. ¡Quién sabe la suerte de su vasto imperio, simple
+expresión geográfica, sin cohesión de razas ni de espíritu, que
+lógicamente debe fraccionarse, dando vida á organismos más homogéneos!
+
+La densa humedad del subterráneo, su vulgar desnudez, cargada de hedores
+de corrupción y moho, me hace ansiar la vuelta á la luz y al aire libre.
+
+Al llegar arriba, el capuchino mira su reloj, y espontáneamente me
+indica qué templo debo escoger para oir misa.
+
+--Cuando usted vuelva á España--añade con tono insinuante--, si ve usted
+á la reina...
+
+--¡Gracias! No la conozco, no la trato...--digo modestamente, ante su
+mirada de asombro.
+
+Y al irme, para agradecerle sus molestias y que no pierda el alto
+concepto que tiene de los españoles (¡los primeros de los católicos!),
+le alargo una peseta austriaca.
+
+
+
+
+XIII
+
+¡Hermoso Danubio azul!...
+
+
+De Viena á Budapest se va en cuatro horas por el tren y en trece horas
+por el Danubio. Escoger entre ambos modos de locomoción no ofrece duda
+para los más de los viajeros. Sin embargo, yo me embarqué á las siete de
+la mañana en un vaporcito, frente al muelle del Prater, y dije adiós á
+Viena, envuelta todavía en las neblinas del amanecer.
+
+_¡Hermoso Danubio azul!_... como cantan en el famoso vals. Lo de azul es
+una exageración patriótica del músico Strauss, pues yo no lo he visto de
+tal color un solo instante, ni en los muelles de Viena, de reciente
+construcción, ni en las revueltas de su curso, que forma más de cien
+islas, ni en las inmediaciones de Budapest, donde muge al tropezar con
+altivos y negros promontorios, que son como estribaciones avanzadas de
+los montes Karpatos. Su color es un blanco gris y luminoso, semejante al
+reflejo del acero pulido.
+
+Pero hermoso sí que lo es el célebre río, de una belleza majestuosa,
+imponente y algo salvaje, que bien merece los versos y los suspiros de
+violín dedicados á su gloria.
+
+Cerca del puente del Brünn transbordamos á un vapor grande, y empieza la
+navegación río abajo, moviendo el buque las ruedas en una corriente
+veloz que acelera su marcha.
+
+¡Famoso viaje! Sobre la cubierta agrúpase una multitud pintoresca y
+abigarrada, que parece resumir el amontonamiento de pueblos del imperio
+austriaco: gitanas bronceadas, envueltas en mantones y con un pañuelo
+sombreando los ojos de brasa, lo mismo que las que se ven en Madrid
+cerca del puente de Toledo; aldeanas con blancas camisetas de mangas de
+farol y faldellín corto y hueco, como el de las bailarinas, que al menor
+descuido deja ver la carne sonrosada y maciza más allá de las medias
+atadas bajo las rodillas; campesinos húngaros de fiero bigote y
+encintado sombrerillo, moviendo al andar los pantalones blancos de
+campana y la blusa ceñida por una faja multicolor; soldados azules con
+las piernas ajustadas en un _colant_ que les da aspecto de gimnastas, y
+mezclado con todo este mundo un revoltijo de fardos, cestos, cuerdas y
+maletas, un oso y varios monos de una banda de bohemios y una cantidad
+regular de perros enormes, que se espeluznan y enseñan los dientes cada
+vez que llega hasta nosotros un ladrido de las lejanas orillas.
+
+El vapor danubiano es un arca de Noé por el amontonamiento de personas,
+animales y lenguajes. Cada grupo habla diferente idioma, y sin embargo,
+de la proa á la popa no hay quien entienda una palabra de francés, ni
+menos de español. El capitán, lobo fluvial de rudas maneras, sabe que
+existe en el mundo un pueblo italiano, y conoce vagamente de su lengua
+hasta media docena de palabras: esto es todo. En el comedor del barco,
+donde sólo entran los contados pasajeros de primera, los dos criados
+puestos de frac sonríen estúpidamente, encogiendo los hombros, y hay que
+emplear con ellos el más universal de los _esperantos_, el idioma de la
+seña. En la cubierta, el pasaje, abigarrado y movedizo como un coro de
+ópera, me habla con palabras extrañas, y yo contesto con la misma
+sonrisa de los mozos del comedor.
+
+El Danubio, al alejarse de Viena, ensancha su superficie y toma un
+aspecto más majestuoso, libre ya de las cadenas de piedra en que le
+aprisiona la gran ciudad. En ambas orillas se extiende una ancha faja,
+deshabitada, desnuda de cultivos y arboleda, sin otra vegetación que
+espesos juncos, cañas y matorrales enmarañados. Es el terreno reservado
+á las crecidas del gran río, que éste invade durante el invierno. De vez
+en cuando, agítase la silvestre vegetación y surgen de ella, como
+espantados por los bramidos del buque, rebaños de toros blancos ó de
+color de canela, con los cuernos enormes, pero tímidos y mansos como
+vacas.
+
+Más allá de este Danubio en seco, los bosquecillos, de árboles delgados,
+pero de apretado follaje, dejan ver en sus claros campos, de intenso
+cultivo, granjas en torno de las cuales agítanse hombres y mujeres
+vestidos de blanco, aldeas de casitas rojas, agrupadas en torno de la
+iglesia, como una pollada alrededor de la madre.
+
+El curso del río, uniforme y grandioso, se bifurca y parece borrarse al
+través de innumerables islas. Vamos por canales que tienen muchos
+kilómetros de longitud. Las orillas están próximas; se oyen los gritos
+de los labriegos en los campos, el ladrido de los canes, el canto de un
+gallo, el tintineo de las campanas en las aldeas. Una de ellas se llama
+Essling, otra se llama Wagram. Las dos no son más que dos puñados de
+casitas, y sin embargo, sus nombres corren por el mundo, figuran
+esculpidos en uno de los arcos de triunfo más grandes de la tierra, y
+han servido para bautizar grandes bulevares de París.
+
+Hace próximamente un siglo, un hombrecillo de levitón plomizo y pequeño
+tricornio, montado en una yegua blanca, encontró magníficos estos campos
+para hacer pelear, en condiciones ventajosas, á los miles de hombres que
+le seguían, contra otros miles de hombres que intentaban defender sus
+familias y sus medios de vida, ó sea lo que se llama la patria. Aquí
+ocurrieron las famosas batallas que aseguraron á Napoleón su dominio
+sobre Austria. Nada recuerda en las tranquilas aldeas estos sucesos
+_gloriosos_ que las hacen inmortales. Un perro de pastor ladra sobre una
+altura que tal vez sirvió de pedestal durante unas horas al gran
+conductor de pueblos. Un rebaño blanco rumia la hierba en el mismo suelo
+que conmovieron hace noventa y ocho años, con pataleos de rabia ó de
+agonía, numerosos rebaños de hombres. Brilla el acero de unas guadañas
+en los campos, cortando algo que no puedo ver, pero que seguramente
+sirve para el sustento de la vida y es producto de la corrupción de
+quince ó veinte mil hombres que se mataron sin conocerse y sin odiarse.
+
+En las alturas inmediatas al río, van apareciendo, fuera del dédalo de
+islas, viejas iglesias góticas, ruinosos castillos, pueblos con antiguas
+fortificaciones. Es el Austria venerable y heroica, que data de las
+correrías de los turcos, y logró contener y esterilizar ante los muros
+de Viena el empuje oriental, librando al centro de Europa de una
+invasión que hubiese cambiado el curso de la Historia. Sobre una colina
+elévase una pirámide de tierra, de 19 metros, llamada el _Hütelberg_,
+que conmemora la expulsión definitiva de los otomanos. Su nombre
+proviene de que la tierra la llevaron los habitantes de los alrededores
+en sus sombreros (_hüte_).
+
+Al llegar á la desembocadura del Morava en el Danubio, acaba el
+territorio austriaco y empieza el de la autónoma Hungría, que tiene por
+rey al emperador de Austria, pero se gobierna aparte, con toda la
+altivez de un pueblo de vieja historia.
+
+Hasta Budapest, todas las poblaciones de la ribera del Danubio tienen un
+nombre alemán y otro magyar.
+
+Presburgo, la segunda ciudad húngara, que un tiempo fué la capital, la
+llaman los magyares Pozsony. Su catedral, donde antiguamente se
+coronaban los reyes de Hungría, levanta por encima de los tejados una
+aguja de piedra con calados que transparentan el azul del cielo.
+
+Gran movimiento de personas y fardos en el muelle de desembarque. Frente
+al vapor suena una alegre música. Es una orquesta de zíngaros, negros y
+melenudos, que saludan á los pasajeros, haciendo sonar sus instrumentos,
+al mismo tiempo que ruedan los ojos y sonríen con una expresión
+inquietante, como si la música les inspirase proposiciones deshonestas.
+Son los violinistas de los cafés de París, los famosos _tzíganos_ de
+todos los restaurants elegantes del mundo, pero al natural, sin casacas
+rojas ni peinado brillante de pomada, servidos en su propia salsa de
+andrajos y suciedad. No llegan á diez y parecen una orquesta enorme por
+el terreno que ocupan y la _autoridad_ con que tocan.
+
+En primera fila están los pequeños, abiertos en extensa guerrilla y casi
+ocultos tras el violín; mucho más lejos, los padres, y todos tocando la
+_cazarda_, de ritmo desigual, endiablado y loco, con el busto echado
+atrás, el vientre saliente y la mirada perdida en lo alto, como si
+fuesen á desmayarse á impulsos de desconocida voluptuosidad. Es la
+actitud tradicional, el gesto de Rigo, que trastornó algo más que el
+seso á la inflamable princesa de Caramán-Chimay.
+
+Al alejarnos de Presburgo ó de Pozsony, la navegación adquiere una
+hermosura monótona; siempre ante la proa una extensión de río enorme,
+con el horizonte cerrado por una revuelta, que lo convierte
+aparentemente en mansa laguna. En las riberas se ven colinas cubiertas
+de cepas, que producen los vinos rojos de Hungría y el famoso _Tokay_, ó
+enormes peñones, cuyas cimas coronan castillos arruinados.
+
+Empiezo á arrepentirme de la larga navegación. Cae la tarde. El sol no
+es ya más que un charco de oro, que parece hervir en el horizonte entre
+montones de nubes negras. Su agonía se refleja en el Danubio, poblando
+de impalpables peces de fuego las aguas que rebullen en torno de las
+paletas de las ruedas. La fatiga de una navegación entre orillas que
+parecen siempre iguales, como si el río se repitiese á cada revuelta,
+empieza á apoderarse de mí. ¡Qué mala idea venir por el río! Fatal
+afición á lo raro, que hace preferir los viajes difíciles siempre que
+sean extraordinarios y no los hagan los demás.
+
+Una isla cierra el horizonte. Entramos en un canal entre ella y la
+orilla. En la ribera opuesta, sobre una altura, empiezan á surgir
+blancos grupos de caserío y torres puntiagudas.
+
+¡Budapest!... Nunca he experimentado sorpresa tan grande. La decepción
+de poco antes se cambia en alegría. Bendita idea la de venir por el
+Danubio y llegar embarcado á la capital de los magyares. Budapest es
+sencillamente la ciudad más hermosa de Europa al primer golpe de vista.
+No lo digo yo: lo afirman todas las guías y todos los viajeros.
+
+Á la derecha del río, Buda, la ciudad antigua, extendiendo sobre una
+cadena de alturas sus recuerdos históricos. En la ribera izquierda,
+Pest, la población enorme, donde están los edificios recientes y las
+industrias modernas. Enormes puentes colgantes unen una orilla á otra,
+siendo como el guión que junta el nombre doble de la ciudad: Buda-Pest.
+
+Nos detenemos en la isla Margarita, que parte al río en una regular
+extensión antes de penetrar éste entre las dos ciudades.
+
+En una colina inmediata, rodeada de jardines, existe una pequeña
+mezquita de forma octógona. Llama la atención este templo musulmán,
+blanco y escrupulosamente cuidado, en el católico Budapest, que ostenta
+junto al Danubio la iglesia de San Matías, semejante á un castillo.
+
+La mezquita guarda bajo su blanca cúpula la tumba de Gül Baba, santón
+turco, que sus compatriotas juzgaron sacrílego llevarse á Constantinopla
+al evacuar á Budapest. La obligación de conservar en buen estado la
+tumba del santo musulmán, figura en un artículo del Tratado de paz de
+Carlowitz, entre Austria y Turquía, en el siglo XVII, y los austriacos
+respetan el antiguo compromiso.
+
+Esta huella de la dominación turca me hace recordar que estoy ya en las
+puertas del imperio de Oriente.
+
+
+
+
+XIV
+
+La ciudad de los magyares
+
+
+De noche parece Budapest una población de ensueño. La doble ciudad
+refleja en el Danubio--que tiene cerca de medio kilómetro de
+anchura--los fuegos de su espléndida iluminación. Desde los muelles de
+Pest, que es la más grande por estar en el llano, se contempla enfrente
+á Buda, enroscando sus rosarios de luces de gas por las sinuosidades de
+las colinas y sembrando las rocas de faros eléctricos, que brillan como
+lunas.
+
+Por las negras aguas pasan las linternas de los vaporcillos invisibles,
+borrando momentáneamente, con el remolino de su marcha, los temblones
+reflejos de las luces de los muelles.
+
+De los cafés, que brillan como bocas de horno en la orilla opuesta,
+llegan á intervalos, con los soplos de la brisa, suspiros de violines ó
+el rugido metálico de una banda militar. En los paseos, campesinas de la
+Galitzia austriaca ó de Transilvania, con trajes pintorescos, que
+recuerdan las invasiones turcas ó las guerras de María Teresa, van de
+restaurant en restaurant, llevando sobre el vientre grandes cestos de
+frutas. La sandía, casi desconocida en los pueblos del centro de Europa,
+se muestra aquí y parece sonreir amigablemente con su purpúrea y redonda
+boca, anunciando que el Oriente está cerca. Los violines bohemios suenan
+tras los verdes arbustos de las terrazas, y las canciones melancólicas
+de Rumania sorprenden con sus palabras de origen latino, que hacen
+recordar al glorioso español Trajano, fundador y civilizador de dicho
+pueblo.
+
+De vez en cuando truena el suelo de los muelles y pasa un carruaje
+tirado por caballos húngaros, incomparables animales que marchan siempre
+al trote largo, como si éste fuese su paso natural, y unen el vigor y la
+corpulencia á la esbelta ligereza del corcel árabe.
+
+Cuando los esplendores del sol disuelven el negro misterio, moteado de
+luces, que envuelve á la doble ciudad, se muestra ésta monumental y
+grandiosa. En el moderno Pest, los grandes hoteles, los edificios del
+Estado, los templos de diversas religiones y los establecimientos de
+enseñanza, asoman sus masas arquitectónicas por encima del caserío. En
+el antiguo Buda, ciudad de alturas, hay una larga colina, que es como el
+Capitolio del pueblo magyar, pues la extensa meseta soporta los
+principales monumentos de su vida política. Sobre la ondulada cresta,
+cubierta de profundas manchas de jardinería, está el San Matías, templo
+del siglo XV, fortificado como un castillo. Á sus naves tuvo que venir
+á coronarse, como rey de Hungría, el actual emperador de Austria, entre
+las corvas cimitarras de los señores magyares, vestidos con el dolmán
+tradicional, haciendo sonar las espuelas de sus botas de cuero rojo, y
+ondulando sobre su gorro de húsar el blanco penacho sujeto con un joyel.
+
+Al lado de San Matías extiende sus innumerables cuerpos arquitectónicos
+el _Királyi palota_, palacio real, en el que no ha vivido ningún rey
+desde hace más de un siglo, pero que no por esto respetan menos los
+húngaros como un símbolo de su relativa independencia. Ochocientas
+sesenta habitaciones tiene este palacio, que comenzó á construir María
+Teresa, todas lujosas, todas deshabitadas, y muchas de ellas con muebles
+modernísimos que nadie ha usado. El palacio, con su ostentosa frialdad
+de mansión vacía, tiene algo de tumba; pero los húngaros lo adoran,
+viendo en él una prueba de que en nada dependen del grandioso alcázar
+que se alza en el corazón de Viena.
+
+El palacio real, el Parlamento y la Academia, son los tres orgullos de
+los ciudadanos de Budapest. Los rudos señores magyares, que en el campo
+llevan aún una vida casi feudal, que no poseen otra ciencia que la
+hípica, educando los caballos en los pantanos inmediatos al Danubio, y
+cuando quieren obsequiar á un compatriota ilustre, pianista ó poeta, le
+regalan... _un sable de honor_, hablan de la Academia de Budapest con el
+respeto supersticioso que inspira lo desconocido. La Academia húngara
+es una institución particular, fundada hace años por el conde Szechenyi,
+quien la instaló en lujoso palacio y la legó un excelente museo.
+
+Compuesta de trescientos miembros, se dedica, según los estatutos que
+dictó su fundador, al estudio de la historia y la lengua húngaras, y al
+de todas las ciencias, menos la Teología. Su biblioteca la forman medio
+millón de volúmenes; su museo de Pinturas tiene mil cuadros, de los
+cuales unos cincuenta (los mejores) son de la escuela española,
+figurando á la cabeza cinco de Murillo.
+
+Pero de todos los edificios públicos, el que más entusiasma á los
+magyares es el Parlamento. Los hijos y nietos de aquellos húngaros
+revolucionarios que en 1848 fundaron la República, presidida por Kosuth,
+ya que no pueden lanzarse al campo sobre veloces caballos de batalla,
+vestidos con su uniforme tradicional de húsar y blandiendo el corvo
+sable contra los opresores austriacos, se han refugiado en el
+Parlamento, el _Uj Orszaghaz_, como en un lugar de combate, donde dan
+expansión á sus resentimientos históricos.
+
+El edificio, de construcción reciente, es digno de la importancia que
+atribuyen los húngaros á la vida parlamentaria, última manifestación,
+por el momento, de su antigua rebeldía.
+
+Visto este palacio por primera vez, asombra é intimida con su grandeza.
+Examinado más despacio, parece un disparate arquitectónico, una
+fanfarronada de piedra, con centenares de habitaciones y alas enteras
+que para nada sirven. El deseo de los húngaros fué poseer un Parlamento
+más grande que el de Viena y todos los del mundo; algo que por su
+inmensidad estuviera en relación con la importancia de sus aspiraciones
+políticas, y construyeron como gigantes.
+
+El palacio ocupa una superficie de 15.000 metros cuadrados; su cúpula
+central tiene 106 metros de altura; su coste ha sido de 36 millones de
+coronas.
+
+El exterior, mezcla de gótico y bizantino, ofrece cierta semejanza con
+San Marcos de Venecia, pero considerablemente amplificado. Su interior
+tiene algo que recuerda las doradas filigranas del decorado árabe.
+
+--Esto se parece á la Alhambra--afirman con irresistible convicción los
+húngaros entusiastas, que jamás han estado en España ni han visto del
+palacio árabe más que alguna tarjeta postal.
+
+Nada tienen de la Alhambra sus salones; pero algunos recuerdan vagamente
+las cámaras del Alcázar de Sevilla.
+
+Bajo la gran cúpula central, al término de una escalinata de mármol
+construída para colosos, está la rotonda de oro y mármoles polícromos
+titulada Salón del Trono. En ella, al abrirse el Parlamento, se reunen á
+escuchar el discurso del invisible rey de Hungría, que vive en Viena,
+los 450 individuos de la Cámara de Diputados y los 300 de la Cámara de
+los Señores, todos vistiendo el uniforme nacional, cargados de
+cordones, con cinturón y collares de pedrería, la pelliza flotante sobre
+un hombro, el sable haciendo sonar las losas con el tintineo de su vaina
+de bronce, prolijamente cincelada; la mayoría con ojos belicosos,
+prontos á tirar del acero, como sus remotos abuelos se presentaron á la
+abandonada emperatriz de Austria para gritar: _¡Moriamo pro regem
+nostrum Maria Teresa!_; pero éstos si desean morir por alguien, es por
+la independencia de Hungría.
+
+El partido llamado independiente cuenta con más de la mitad de los
+individuos del Parlamento, acaudillados por el hijo de Kosuth, el héroe
+magyar. Los amigos incondicionales de Austria no llegan á cincuenta. Los
+misioneros viven gracias á la desdeñosa protección del partido de la
+independencia, que aun no cree llegada la hora de moverse, por miedo á
+la Alemania aliada del emperador austriaco. Cuando muera el anciano rey
+de Hungría ó cuando surja un conflicto en Europa que distraiga las
+fuerzas de la Triple Alianza, los húngaros harán indudablemente algo más
+que asistir á las sesiones de su Parlamento.
+
+Mientras tanto, procuran dar á éstas la mayor amenidad posible, para
+entretenimiento del pueblo magyar, y que no se pierda la tradicional
+acometividad de la raza.
+
+Los húngaros no son hermosos, arrogantes y bigotudos, como los pintan
+generalmente, con sus uniformes de fiesta. Los hay pequeños, con una
+amarillez asiática, pómulos salientes y mirada salvaje, que parecen
+verdaderos kalmucos. Las tradiciones magyares hablan de Atila como de un
+héroe del país, y atribuyen á los hunos la fundación de Buda. En el
+techo de uno de los salones del Parlamento aparece el temible guerrero
+«Azote de Dios», en compañía de Wotan, Sigfrido y demás héroes
+mitológicos.
+
+Cuando los diputados magyares se enfurecen contra el gobierno, tratan su
+magnífico palacio como una ciudad tomada por asalto. Rompen bancos y
+pupitres en el salón de sesiones y arrojan los pedazos á la cabeza del
+presidente del Consejo y sus ministros, si éstos son tan inocentes que
+aguardan á pie firme la contundente rociada.
+
+Después se restaura el mueblaje, se reparan las estatuas descabezadas,
+se muestran más blandos y tolerantes los amigos de Austria, y... hasta
+que llegue la hora en que las escenas interiores del Parlamento se
+repitan fuera, á lo largo de las riberas del Danubio, donde piafan los
+caballos salvajes, y los pastores, con capas de pieles, hablan de la
+corona de San Esteban y de los héroes de su raza, desde el valeroso rey
+Matías Corvino hasta el abogado Kosuth, convertido en general, que dijo
+adiós á la patria y prefirió morir en suelo extranjero, tras larga y
+obscura ancianidad, antes que verla gobernada por austriacos.
+
+
+
+
+EN ORIENTE
+
+
+
+
+XV
+
+Los Balkanes
+
+
+El tren deja atrás Kiskörös, patria de Petofi, el famoso poeta húngaro,
+y la ciudad de Carlowitz, célebre por su tratado de paz entre Austria y
+Turquía y por ser cuna del poeta servio Branko Radichevié.
+
+En los corredores de los vagones suena un ruido de sables, y un capitán
+del ejército servio, seguido de varios gendarmes, va pidiendo el
+pasaporte á los viajeros. Salimos de la verdadera Europa. En adelante,
+imposible viajar, ni aun moverse, sin exhibir á cada momento el
+pasaporte, contestando á bulto las preguntas del policía, á quien no
+entendéis y que no os entiende.
+
+Empieza el Oriente, al que sirven de avanzada los Balkanes, con sus
+pequeños y revoltosos Estados. Pasamos el Save, amplio afluente del
+Danubio, por un puente larguísimo, y la ciudad de Belgrado, capital de
+la Servia, aparece sobre un promontorio, dominando con su antigua
+ciudadela turca la confluencia de los dos ríos.
+
+Al apearme en la estación, gran extrañeza de los viajeros, todos los
+cuales van directamente á Constantinopla, y de los mismos servios que
+llenan el andén: gendarmes, policías de uniforme ó de paisano, simples
+curiosos habituados á ver pasar los trenes de Oriente sin que á ningún
+extranjero se le ocurra detenerse en su capital.
+
+Es de noche, hace frío y llueve. En la Aduana vuelven á examinar mi
+pasaporte varios oficiales de gendarmería y un comisario joven, de largo
+gabán, con perfil de ave de presa, que hace adivinar bajo el sombrero un
+cráneo puntiagudo y pelado. Es el sabio de la compañía. Después de
+examinar largamente el papel, atina con la nacionalidad.
+
+--_¡Spaniske!_--exclama con cierto asombro.
+
+¡Un español en Belgrado!... Y la pregunta, que parece reflejarse en los
+ojos de los oficiales servios, la formula el policía en una jerga mezcla
+de italiano y servio. Les asombra mi propósito de entrar en Belgrado, y
+aun se extrañan más al enterarse que es sólo un capricho, una curiosidad
+de viajero.
+
+Me abstengo prudentemente de decir que mi detención no tiene otro objeto
+que ver de cerca el Konak, el trágico palacio donde, hace cuatro años,
+fueron asesinados en la cama el rey Alejandro y la reina Draga por los
+oficiales sublevados.
+
+Los nuevos gobernantes de Servia viven en perpetuo recelo. Bien se nota
+en las precauciones de la policía y en su deseo manifiesto de aislar al
+país del resto de Europa. El nuevo rey, Pedro, cuenta con el ejército,
+que le dió inesperadamente la corona cuando más desesperanzado vivía en
+un tercer piso de la ciudad de Ginebra, sufriendo grandes estrecheces;
+pero á pesar de este apoyo, no olvida que existe en Constantinopla un
+hijo natural de Milano, hermano, por consiguiente, del asesinado
+Alejandro, al cual educan para pretendiente, y que, cualquier noche, un
+grupo de oficiales que se juzguen ofendidos pueden reunirse en el Casino
+Militar, inmediato al Konak, y entrar en éste sable en mano, como
+entraron hace cuatro años.
+
+Al fin, el bicho raro, el _spaniske_, puede penetrar en la ciudad,
+dentro de un coche de alquiler que salta sobre el suelo mal empedrado y
+pendiente de las calles empinadas. Las casas son bajitas; las calles,
+obscuras. Á grandes trechos farolas de electricidad, como para fingir
+una civilización occidental; pero su luz turbia se pierde en las
+tinieblas de Belgrado, haciendo aun más palpable la lobreguez. La
+capital de Servia tiene por la noche cierto aspecto de ciudad española;
+algo así como un gobierno civil de quinta clase, ó una de esas
+poblaciones episcopales, sin otra vida que la que le proporcionan el
+palacio del prelado y el seminario. Aquí, el obispo que da importancia á
+la ciudad es un rey.
+
+Ni un transeunte en las calles. Son las diez de la noche y Belgrado está
+muerta. Cada cien pasos, inmóvil bajo un cubertizo ó en el quicio de una
+puerta, veo un gendarme. No existe en Europa ciudad mejor guardada. El
+gendarme servio da una alta idea del país, con su aire arrogante de
+funcionario bien mantenido y su uniforme azul obscuro con vueltas
+encarnadas, altas botas y gorra de plato. Son jóvenes, con una expresión
+insolente de bravura en sus duros ojos. Ciertos objetos tienen una
+fisonomía y un alma lo mismo que las personas, y el revólver que llevan
+al cinto los gendarmes servios parece suelto y vivo dentro de su funda,
+con deseos de saltar y hacer fuego por sí solo, sin mirar contra quién,
+por un exceso de recelo y de fervor monárquico. Los que piensen
+conspirar contra el anciano Pedro Karageorgewitch, tienen que pasarlas
+muy duras.
+
+Encuentro abrigo en el «Hotel de los Balkanes», especie de posada, á
+pesar de su pretencioso título, en cuyo piso bajo, al través de una
+espesa nube de tabaco, veo bebiendo cerveza á media docena de popes
+griegos, sacerdotes morenos, melenudos y barbones, de expresión feroz,
+con la aceitosa cabellera coronada por un gorro en forma de bellota. Más
+allá llenan varias mesas como dos docenas de oficiales de diversos y
+vistosísimos uniformes, blancos, rojos, grises ó azul celeste,
+excelentes jóvenes con un perfil de ave de rapiña semejante al de su
+rey, que mueven sables y hacen sonar espuelas con cierta delectación,
+como saboreando la omnipotencia de su fuerza, que les permite cambiar de
+monarca al final de una cena. En las otras mesas, simples paisanos,
+acompañados de sus mujeres é hijas, beben con cierto encogimiento
+respetuoso y sonríen cuando logran cambiar alguna palabra con los
+sacerdotes y los soldados.
+
+Son tenderos judíos ó griegos, que saben venerar á estos firmes pilares
+de la sociedad, y por esto el Señor bendice sus negocios y hace que
+prosperan á costa de los pobres campesinos servios.
+
+Muchos de ellos se animan al conocer mi nacionalidad, y hablan un
+castellano fantástico, mezcla de palabras anticuadas y de voces
+orientales.
+
+--Yo espanyol... Los mayores, de allá... Espanya terra bunita.
+
+Abren los ojos desmesuradamente al decir esto; sonríen señalando al
+vacío, como si viesen á los mayores en su éxodo doloroso al ser
+expulsados de la _terra bunita_, y acaban por mirarme con la misma
+expresión de humildad sonriente que á los popes y á los fierabrás
+uniformados, cual si la vista de un español les abriese las carnes con
+amenazas de hogueras y degollinas. Pero su atávico terror de raza
+acobardada por luengos siglos de palos y despojos, no impide á estos
+dulces _espanyoles_ que al día siguiente le suelten al compatriota
+moneda falsa en sus tiendas, ó le hagan pagar doble el paquete de
+cigarros ó la tarjeta postal.
+
+En la plaza del mercado, poco después de la salida del sol, puede
+apreciarse el carácter pintoresco que aun guarda el pueblo servio.
+Llegan los campesinos de los alrededores de Belgrado, llevando al hombro
+largos palos, de los que penden en balanza verduras, frutas ó volatería.
+Los hombres, de ojos salvajes y bigotes felinos, llevan el gorro
+nacional, una tiara de felpa, y por debajo de su chaleco de colores caen
+unas faldillas blancas que ocultan los bombachos y dejan al descubierto
+unas polainas de piel de cordero, ceñidas por las correas de puntiagudas
+abarcas. Las mujeres tapan sus trenzas con pañuelos puestos á la
+oriental, encierran el busto en una chaqueta redonda de amplias mangas,
+y sobre la ropa interior, de dudosa blancura, llevan arrollada, á guisa
+de falda, una pieza de tela gruesa de anchas fajas de colores semejante
+á un pedazo de alfombra. Son aún los campesinos de la dominación turca,
+el pueblo formado con los sedimentos de innumerables invasiones
+guerreras. En vano ofrece Belgrado cierto aspecto de civilización
+occidental, con sus tranvías, su alumbrado, sus tiendas, sus periódicos
+y su único teatro. El pueblo servio no es más que una tribu belicosa que
+cultiva la tierra.
+
+La tragedia del Konak debió parecerle el suceso más natural del mundo.
+Matar á unos reyes para poner á otros en su sitio todavía caliente, es
+un hecho vulgarísimo en Servia. Alejandro no fué el primer soberano
+asesinado, ni será, ciertamente, el último.
+
+Los vecinos de Belgrado aprecian como un gran honor el ir por las calles
+al lado de un oficial ó de un pope. Los sacerdotes son innumerables, y
+en cuanto á militares, se ven, relativamente, más en Servia que en
+Alemania. Hay sotanas negras, verdes y azules, popes con faja y sin
+ella, con grandes pectorales ó con una simple cruz, y los uniformes
+militares son tan incontables que, dada la pequeñez de Servia, hay que
+creer que cada regimiento usa traje distinto. Pero todos los servios,
+vistan como vistan, lo mismo los que imitan las modas occidentales con
+la exageración propia de una ciudad de provincias, que los que siguen
+fieles á los antiguos usos; así los sacerdotes, los militares, los
+estudiantes saturados de teología ortodoxa y los altos empleados del
+Estado, como las damas que copian las novedades de Viena y París, todos
+tienen algo de inquietante, de rudo, de oriental y violento,
+adivinándose que una ligera raspadura en su moderno exterior basta para
+dejar al descubierto al bárbaro, al servio belicoso de otros tiempos,
+que fué el más implacable de los guerreros.
+
+Mi curiosidad me lleva ante el Konak, un palacio no más grande que
+cualquier hotel de la Castellana. Esta monarquía, que sólo lleva
+cuarenta años escasos de existencia y ha tenido que improvisar todos los
+servicios de la vida moderna, manteniendo, además, por halagar el
+sentimiento nacional, un gran ejército, no permite á sus soberanos
+grandes lujos.
+
+Recuerdo que cuando fueron asesinados Alejandro y Draga, al hacerse el
+inventario de la _aventurera_, de la _Mesalina_ odiada por el pueblo, su
+ajuar resultó más insignificante que el de una mediana _cocotte_. Creo
+que, entre nuevos y usados, sus vestidos no pasaban de media docena. Su
+dormitorio lo tenía adornado con esas baratijas que regalan en los
+cotillones, lo mismo que una señorita pobre. Sobre la mesa de noche se
+encontró abierta una novela de Anatole France, que estaba leyendo en el
+instante que entraron los oficiales sable en mano para hacer pedazos á
+ella y á su esposo, como una pareja de bestias dañinas. Seguramente que
+este volumen era el único libro francés que existía en Belgrado.
+
+Paso un día entero aburridísimo en la capital de Servia, aguardando la
+noche para tomar otra vez el tren de Oriente. Amortiguada la primera
+impresión de novedad, Belgrado me parece una odiosa población de
+provincias. Militares por todas partes, con su aire de perdonavidas, de
+bravos sin instrucción, que tienen metido en el puño á su país; popes
+que van de café en café empinando el codo con una sed insaciable;
+señoritas de ojos asiáticos y sombreros copiados de París, que pasean
+por la calle principal seguidas de estudiantes y cadetes; una banda de
+música que toca en el jardín de la Ciudadela, en una plazoleta rodeada
+de bustos de servios ilustres...
+
+Salgo de la ciudad con el propósito de visitar, en una llanura lejana,
+la famosa «Torre de los Cráneos». Los turcos, para intimidar á los
+belicosos hijos del país, que les molestaban con una incesante lucha de
+guerrillas, elevaron la torre, cubriendo sus paredes con cráneos de
+servios desde los cimientos á las almenas. Hoy los cráneos han sido
+enterrados por la veneración patriótica, pero la torre sigue en pie,
+mostrando en su argamasa los innumerables alvéolos que contenían las
+calaveras.
+
+Al ir á la estación y ver por última vez las calles de Belgrado, paso
+ante el pequeño teatro Real, que exhibe en su portada los anuncios de la
+función del día. Por ellos me entero con sorpresa de que estamos á 24 de
+Agosto, cuando yo creía vivir en el 6 de Septiembre. El calendario de la
+religión ortodoxa griega me regala trece días más de vida al pasar por
+el país de los Balkanes.
+
+
+
+
+XVI
+
+Los turcos
+
+
+Un río, el Maritza, el Hebro de los antiguos, padre ó abuelo por el
+nombre de nuestro río aragonés, y en cuyas orillas destrozaron las
+Furias al dulce Orfeo, corre con grandes tortuosidades por el territorio
+de Servia y Bulgaria, cruza la Rumelia y penetra en la Turquía europea.
+Allí donde alcanza la benéfica influencia de sus aguas, el suelo
+balkánico es fértil y bien poblado. Frondosos bosques orlan las orillas
+de los torrentes, en cuyos cauces brama y se despeña una agua roja que
+arrastra la envoltura de tierra de las montañas. En los extensos prados
+pacen salvajes potradas ó rebaños de bueyes con las astas echadas atrás,
+en compañía de corderos enormes, de cuernos retorcidos como caracoles, y
+tan extraordinaria y majestuosamente voluminosos, que se comprende que
+los artistas de la antigüedad los escogieran para el adorno decorativo
+de palacios y altares.
+
+En los terrenos pantanosos de la Bulgaria y la Rumelia crece el arroz;
+en los campos secos amarillea el maíz; por las pendientes espárcense las
+viñas que producen el vino de los Balkanes, único que beben los
+cristianos y judíos del imperio turco. Las aldeas apenas si sobresalen,
+con débil relieve, sobre el fondo rojo de los montes, faltas de
+campanarios ó de minaretes, con la llana monotonía de la religión
+griega, que no siente el menor deseo de escalar el espacio y dirigir sus
+plegarias á las nubes.
+
+Sofía, la capital de Bulgaria, es otro Belgrado, aunque sus habitantes
+parecen de carácter más dulce. Su gobierno, dirigido por un príncipe de
+origen francés, que ha vivido largas temporadas en París, muestra gran
+empeño en asimilarse los progresos de otros pueblos. Los dos mejores
+edificios de Sofía son la Escuela de Medicina y la Imprenta Nacional, de
+donde salen importantes publicaciones. Esto, en un país como el de los
+Balkanes, significa algo notable.
+
+En Filopópolis, capital de la Rumelia oriental, todavía se ven los
+uniformes búlgaros; sables pendientes del hombro, altas botas, bonetes
+de astracán copiados de los rusos, grandes protectores del país; pero
+las mezquitas cortan el horizonte, incendiado por la puesta del sol, con
+la línea blanca y esbelta de sus alminares sutiles y puntiagudos como
+agujas. La huella de la dominación turca no se borra fácilmente.
+
+Cambia de pronto el personal del tren: los empleados de amplia gorra á
+la alemana son sustituídos por otros con fez rojo. Este gorro otomano,
+de color uniformemente purpúreo, empieza á verse por todas partes, dando
+á la muchedumbre vestida de obscuro el aspecto de una aglomeración de
+botellas lacradas. Suben á los vagones los aduaneros, arrastrando el
+corvo sable y llevándose para saludar una mano á la frente y otra al
+corazón. Gran registro de maletas, para no tocar nada más que los libros
+y los papeles. Luego se presenta la policía, graves señores de barba
+negra, pálidos y tristes como ascetas, con algo de clerical en sus
+levitas negras y sus gorros rojos é inmóviles.
+
+Examinan los pasaportes con cierto aire de cansancio, sin hablar apenas,
+y se van lo mismo que han venido, después de copiar los nombres en
+caracteres turcos, desfigurándolos al capricho de su pronunciación
+gutural.
+
+Estamos en el imperio otomano, en la estación de Adrianópolis, segunda
+capital de la Turquía europea, que sigue en importancia á
+Constantinopla. Los andenes están llenos de militares, con sus sombríos
+y elegantes uniformes europeos, semejantes á los de Alemania, pero
+rematados invariablemente por el fez rojo.
+
+Adrianópolis es la gran población militar de Turquía. Un ejército de
+80.000 hombres está acuartelado en la ciudad y sus alrededores. Los
+rusos, la última guerra con Turquía, llegaron á Adrianópolis y
+acamparon en su recinto. ¡Quién sabe si tardarán mucho, los mismos
+extranjeros ú otros, en vivaquear en esta ciudad de hermosas mezquitas y
+enormes fortificaciones!...
+
+Turquía es el «gran enfermo» de Europa, según una frase mil veces
+repetida, y los pueblos importantes que no osan asesinarlo, por cerrarse
+el paso unos á otros, aguardan á que el enfermo se muera para repartirse
+sus bienes, procurando cada uno asistirle traidoramente en su dolencia,
+para familiarizarse con los secretos y costumbres de la casa y escoger
+con más seguridad cuando llegue el momento de la rebatiña general.
+
+Yo soy de los que aman á Turquía y no se indignan, por un prejuicio de
+raza ó religión, de que este pueblo bueno y sufrido viva todavía en
+Europa. Todo su pecado es haber sido el último en invadirla y estar, por
+tanto, más reciente el recuerdo de las violencias y barbaries que
+acompañan á toda guerra. Si sólo debieran vivir en Europa los
+descendientes directos de sus remotos pobladores, expulsando á las razas
+invasoras que llegaron después procedentes de Asia ó África, nuestro
+continente quedaría desierto.
+
+Yo amo al turco, como lo han amado, con especial predilección, todos los
+escritores y artistas que le vieron de cerca. Diez y nueve razas pueblan
+el vasto imperio otomano. Mahometanos, judíos y cristianos, divididos en
+innumerables sectas, forman esta aglomeración de seres, distintos por
+orígenes y tradiciones, que lleva el nombre de Turquía, y sin embargo,
+como dice Lamartine, «el turco es el primero y el más digno entre todos
+los pueblos de su vasto imperio».
+
+Existe una concepción imaginaria del turco, que es la que acepta el
+vulgo en toda Europa. Según ella, el turco es un bárbaro, sensual, capaz
+de las mayores ferocidades, que pasa la vida entre cabezas cortadas ó
+esclavas que danzan desplegando sus voluptuosidades de odalisca. Con
+igual exactitud piensan sobre nosotros los viejos de Holanda ó los
+Países Bajos, los cuales no pueden oir hablar de España sin imaginarse
+un país de implacables inquisidores, capaces de quemar por una simple
+errata en una oración, y donde todos los ciudadanos somos duros é
+inexorables como el antiguo duque de Alba.
+
+Los turcos han sido crueles porque han guerreado mucho, y la guerra
+jamás ha sido ni será escuela de bondades y de dulces costumbres. Otros
+pueblos civilizados, que llevan en los labios el nombre de Cristo, han
+tratado por medio de sus cañones y fusiles á los indígenas de África y
+Asia peor que los turcos á las poblaciones de los Balkanes.
+
+Todos los escritores que han viajado por Turquía, se irritan contra la
+injusticia con que es apreciado este pueblo. El turco es bueno y franco.
+Su dulzura se manifiesta por un gran respeto á los animales. Jamás se le
+ve maltratarlos.
+
+La injusticia y la traición son los dos resortes que disparan su cólera.
+Esto hace que aunque el turco oculte, bajo las formas de una exquisita
+cortesía, su pèna por las injurias ó las humillaciones sufridas,
+aproveche la primera ocasión para saciar su resentimiento.
+
+La hospitalidad es la más visible de sus virtudes. No hay aldea en
+Turquía, especialmente en Asia, donde la falta de aglomeración de
+europeos aun no les ha enseñado lo que somos, que no tenga en todas sus
+casas la «habitación para viajeros», el _mussafir odassi_, donde todo
+viandante encuentra abrigo por una noche, sin tener que pagar nada y sin
+que el dueño muestre el más leve empeño en saber quién es y cuáles son
+sus opiniones.
+
+El turco es el más religioso de los hombres. Su fe es inquebrantable: ni
+la menor sombra de duda viene á turbar sus creencias. Está convencido de
+que posee la verdad; pero no siente el afán de los occidentales por
+imponer esta verdad á los otros, despreciando ó escarneciendo lo que el
+vecino piensa. Podrá creerse superior á los demás por ser musulmán y
+tener su religión como la única verdadera; pero no hace el menor
+esfuerzo por imponerla á nadie. El fanatismo mahometano del moro de
+África no lo conoce el turco. En sus ciudades funcionan diversos cultos,
+y sacerdotes y templos son respetados con el escrúpulo que inspira á los
+otomanos todo lo que representa la fe en Dios.
+
+Su prudencia silenciosa y un tanto altiva da en Constantinopla grandes
+muestras de tolerancia. Jamás entran los turcos en los templos
+católicos, en las capillas protestantes, en las sinagogas ó las iglesias
+griegas á turbar el culto de los fieles. En cambio, fervientes
+mahometanos, tienen que irse á las mezquitas de los arrabales á hacer
+sus plegarias, pues en las céntricas y famosas se ven molestados por las
+bandas de europeos y europeas que entran con el _Baedecker_ en la mano y
+el guía al frente de la expedición, tocándolo todo, queriendo verlo
+todo, riéndose de las ceremonias y de la cara en éxtasis de los fieles,
+y apostrofándolos algunas veces porque siguen las creencias de sus
+padres y no quieren conocer la verdad descubierta por los padres de los
+otros.
+
+Las matanzas de _cristianos_ que ocurren de vez en cuando en Turquía, no
+tienen nada de religioso. Á ningún turco se le ocurre matar porque la
+plegaria ordenada por el Profeta sea mejor que la misa de los armenios.
+En tal caso, dirigiría sus ataques contra los templos. Esas matanzas de
+cristianos, que explotan en Europa el fanatismo religioso y el interés
+político, desfigurando su carácter, son simples conflictos por el pan;
+choques sociales semejantes á las sangrientas peleas que ocurren á veces
+en Marsella entre trabajadores franceses é italianos, ó á los asesinatos
+de chinos que perpetran los trabajadores de los Estados Unidos cuando
+ven que, por la concurrencia terrible de los asiáticos, pierde su
+precio la mano de obra.
+
+El armenio, que es en Turquía el cristiano por excelencia, se atrae las
+mismas cóleras populares que el judío de la Edad Media. El turco, señor
+del país, no puede moverse sin tropezar con el armenio, raza vencida que
+aprieta el dogal á sus dominadores con un odio de siglos. Los armenios
+son los comerciantes, los tenderos, los prestamistas, los ricos que poco
+á poco se apoderan de todo, consumiendo con las artimañas de la usura la
+vida entera del pobre osmanlí, que trabaja y trabaja sin verse libre
+nunca de la esclavitud del dinero. De propietario pasa insensiblemente á
+ser mísero arrendatario de la tierra que cultiva; si toma una industria,
+el armenio le empobrece fingiendo protegerle; si, acosado por el hambre,
+quiere hacerse _hamal_ y cargar fardos en los puertos turcos, su
+enemigo, más musculoso y listo que él, le quita el sitio, trabajando por
+menos dinero.
+
+Caballeresco hasta en sus defectos, el turco gusta mucho de proteger á
+los demás y es magnánimo en sus dádivas; pero por esto mismo resulta
+ávido de dominación y la resistencia le vuelve cruel. Sus odios se
+condensan, su orgullo de raza se subleva ante estos antiguos siervos que
+se convierten astutamente en sus amos, y entonces apela á la espada,
+suprema razón del Profeta.
+
+¡Pobre Turquía! Viéndola de cerca se la ama más, porque se aprecian
+mejor sus cualidades y se ven con mayor claridad los peligros que la
+amenazan.
+
+Al llegar á ella, sorpréndese el ánimo viendo los enormes territorios
+que ha perdido casi recientemente.
+
+En nuestros días ha sido expulsada del Montenegro, de la Bosnia y la
+Herzegovina, de Servia, Bulgaria y Rumania, y recientemente de la
+Rumelia. Esos despojos de su antigua dominación forman reinos.
+
+La Europa Occidental sueña con arrojar á los turcos al otro lado del
+Bósforo, arrebatándoles los territorios que poseen en el continente,
+enormes todavía, pero insignificantes comparados con sus dominios del
+pasado.
+
+Algunos ven en esto una gran victoria histórica, un desquite de la vieja
+Europa, que devuelve el territorio asiático á los invasores que tanto
+miedo la hicieron sufrir.
+
+Error: el turco ya no es asiático, como nosotros no somos latinos, á
+pesar de que nos agrupamos bajo este nombre. Ningún pueblo del mundo
+merece con justicia el origen que ostenta.
+
+Los turcos del Asia Central, que aun existen en el territorio de los
+Mongoles, son hermanos de estos otros que les abandonaron para marchar
+hacia Occidente como una ola devoradora. Los turcos asiáticos son de
+raza amarilla. Los turcos del imperio otomano, los que todos conocemos,
+son ya caucásicos como nosotros. Sus incesantes cruzamientos con la
+raza blanca y los azares de la guerra con sus alborotadas mezcolanzas,
+han fundido y hecho desaparecer el primitivo elemento étnico.
+
+Ir por una calle de Constantinopla es casi lo mismo que por una calle de
+Madrid. Cada cara recuerda un nombre. Á veces se duda, al cruzar la
+mirada con los ojos de un transeunte, y se lleva la mano al sombrero
+para saludar. Se cree uno en Carnaval y dan ganas de decir:
+
+--Amigo López... ó amigo Fernández: ¡basta de broma! ¡Quítese el gorrito
+rojo, que le he conocido!
+
+
+
+
+XVII
+
+Constantinopla
+
+
+Cuando Constantino hizo de Bizancio la capital del imperio y la llamó
+_Nueva Roma_, estaba lejos de imaginarse que su propio nombre
+prevalecería como título de la enorme ciudad.
+
+No hay población que pueda compararse, por su belleza topográfica, con
+la famosa Constantinopla, compuesta de tres ciudades. Pera y Galata,
+formando una sola agrupación urbana; Stambul, que ocupa el solar de la
+antigua Bizancio, y Scutari, en la ribera asiática.
+
+Para dar una idea aproximada de la situación de esa triple ciudad, hay
+que imaginarse una inmensa Y de forma irregular. El tronco de la Y es el
+final del mar de Mármara y la entrada del Bósforo; la rama de la
+izquierda, el famoso Cuerno de Oro, profundo brazo de mar que atraviesa
+la ciudad y se pierde tierra adentro; la rama de la derecha, la
+continuación del Bósforo, hasta dar con el Mar Negro.
+
+En el espacio comprendido entre el tronco de la Y y el final de la rama
+izquierda, está Stambul. En el espacio que existe entre las dos ramas, ó
+sea en la península limitada por el Cuerno de Oro y el Bósforo, se
+hallan asentadas Galata y Pera. Á lo largo del Bósforo, ó sea en todo el
+lado derecho de la Y, desde la base de la letra á su remate superior,
+están Scutari y demás poblados que pertenecen igualmente á
+Constantinopla. El lado izquierdo de la Y y el espacio comprendido entre
+las dos ramas, es Europa: todo el lado derecho de la letra, es Asia. Dos
+piastras (que son unos 60 céntimos) bastan para que un vigoroso remero
+turco, gran maestro en el arte de sortear las corrientes que van y
+vienen por el enorme callejón acuático, entre el mar de Mármara y el mar
+Negro, os lleve en unos cuantos minutos de un continente á otro.
+
+Las tres ciudades más importantes en la historia de la humanidad son
+Atenas, Roma y Constantinopla.
+
+Grecia enseñó á los hombres el arte de pensar, el culto de la belleza, y
+aun hoy vivimos de sus lecciones. Las leyes y usos de Roma regulan
+todavía la vida moderna. Constantinopla fué la intermediaria
+indispensable entre el mundo antiguo y el actual, hasta el punto de que
+si ella no hubiese existido, el mundo veríase privado de su más noble
+herencia, ignorando lo que filósofos, poetas y artistas pensaron y
+produjeron para nosotros hace tres mil años.
+
+Es de uso corriente despreciar á Bizancio y desconocer la importancia
+histórica del imperio de Oriente.
+
+Es cierto que la existencia del llamado Bajo Imperio fué poco noble, por
+su historia de miserias, crímenes y disensiones religiosas, que acababan
+siempre en derramamientos de sangre. El populacho, capitaneado por
+monjes bárbaros y falsos profetas, mataba ó moría defendiendo sutilezas
+teológicas que no le era dado entender. Por si los templos cristianos
+debían tener imágenes ó privarse de ellas, por si el Hijo era más ó
+menos que el Padre y el Espíritu Santo superior á los dos, el pueblo de
+«las discusiones bizantinas», saturado de nimias sutilezas de la
+decadencia griega, andaba á palos y cuchilladas en las callejuelas de
+Bizancio. Además, el Hipódromo, con los mil incidentes de sus carreras
+de carros, monopolizaba toda la vida nacional. El color de los dos
+bandos de cocheros, el verde y el azul, dividía al pueblo bizantino en
+dos grandes partidos, y _verdes_ y _azules_ ocupaban el poder á fuerza
+de revoluciones, derrocando emperadores y convirtiendo el circo en campo
+de batalla.
+
+Á todas estas desgracias se unieron las grandes hambres, los incendios,
+la peste y los continuos ataques de los búlgaros durante los mil años
+que sobrevivió el decaído Bajo Imperio.
+
+Pero á pesar de su larga agonía. Constantinopla, centro del imperio de
+Oriente, tuvo su grandeza y sirvió noblemente á la civilización. Ella
+guardó las tradiciones del arte griego, la legislación romana, los
+monumentos literarios, toda la antigüedad; y cuando en el siglo XI
+surgió el primer intento de Renacimiento, y en el XV llegó á ser un
+hecho el hermoso despertar de la Humanidad, de su seno salieron los
+hombres y las ideas que realizaron en Italia el retroceso bendito hacia
+la antigüedad clásica. Además, durante la Edad Media fué Constantinopla
+la gran muralla que contuvo el empuje de las invasiones asiáticas.
+Europa, defendida por este puesto avanzado, pudo constituirse lentamente
+á su abrigo. La cristiandad se dió cuenta de la importancia de
+Constantinopla cuando después de caer ésta en poder de los turcos, los
+vió avanzar en unos cuantos años hasta el corazón de Europa, siendo
+precisa una acción común para atajarlos junto á los muros de Viena y en
+las aguas de Lepanto.
+
+Grecia, aunque mutilada por los siglos y los hombres, guarda grandezas
+de su pasado en el Partenón y otros monumentos; Roma conserva el
+esqueleto de su gloria en ruinas, casi enteras, de termas, templos y
+circos; pero de la antigua Bizancio apenas quedan vestigios. El turco lo
+arrasó todo, más que por barbarie, por afán de dominación, por celos del
+pasado, por su deseo de que ninguna obra antigua pudiera rivalizar con
+las del período de gran esplendor que vino tras la conquista. Si respetó
+Santa Sofía fué para convertirla en una mezquita, borrando de ella todo
+signo del cristianismo griego.
+
+Otros conquistadores no menos temibles que los turcos cayeron sobre la
+ciudad. En 1204 los cruzados creyeron más cómodo y lucrativo conquistar
+la gran metrópoli cristiana que pelear con los musulmanes de Asia, y su
+asalto fué terrible. En la ciudad de Constantino y Justiniano no quedó
+piedra sobre piedra. Los guerreros de la Cruz robaron templos y palacios
+y los marinos genoveses y venecianos que conducían en sus galeras la
+expedición, se cobraron el pasaje de la cruzada llevándose á sus
+repúblicas lo mejor de Constantinopla. Los famosos caballos de Lissippo,
+los cuatro corceles de bronce dorado que se encabritan en la fachada de
+San Marcos de Venecia, son un recuerdo de este gran saqueo. Cuando,
+expulsados al fin los cruzados, volvió á restablecerse el imperio
+griego, la ciudad conservaba sus famosos monumentos, pero empobrecidos
+por el despojo, y antes llegó la conquista de los turcos que el nuevo
+florecimiento de Bizancio.
+
+Nada queda en Constantinopla del pasado; pero ¡cuán hermosa es con su
+aspecto musulmán! No existe ciudad que pueda comparársela en grandeza.
+Londres ó París son más enormes, pero el viajero se convence de esto
+porque así lo dicen los libros, no porque lo vean sus ojos. Es imposible
+encontrar en ellas una calle ó una plaza que proporcione la sensación
+exacta de la grandeza de la ciudad. Constantinopla, en cambio, puede
+abarcarse de un solo golpe de vista. Basta colocarse en mitad del Cuerno
+de Oro sobre un caique, ligero y movedizo como una piragua, ó en el Gran
+Puente, para admirar toda la importancia de la metrópoli musulmana.
+Ninguna ciudad del mundo, al decir de viajeros famosos, tiene tal
+aspecto de inmensidad. Su vecindario es de millón y medio de seres, pero
+cualquiera puede atribuirle cuatro ó cinco millones.
+
+Á lo largo del Cuerno de Oro, en ambas riberas, el caserío ondula
+apretado sobre las colinas. En primer término se ven dos ciudades,
+siguiendo las tortuosidades de las orillas, y sobre éstas aparecen
+otras, en alturas que se alejan, y más allá continúa el caserío hasta
+esfumarse en el horizonte, azuleando como las montañas remotas. Y cuando
+la vista, cansada de esa inmensidad de edificios, se vuelve hacia la
+extensión de agua azul, ve al través de un bosque de mástiles una ribera
+que cierra el horizonte, la de Asia, y en ella nuevas agrupaciones
+urbanas, que cubren llanuras, escalan montañas y son también
+Constantinopla.
+
+La torre de Galata, pesada y enorme, mira desde lo alto de su península
+al viejo Stambul, erizado de minaretes, sutiles y blancos como la
+plegaria del buen creyente, y en cuya cima tiembla la flecha como una
+llama de oro. Las grandes mezquitas son amontonamientos de plomizas
+cúpulas que ascienden en torno de la cúpula central, rematada por una
+media luna que arde bajo los rayos del sol.
+
+¡El atardecer de mi primer día en Constantinopla!... Venía yo de
+contemplar, á cierta distancia, la santa mezquita de Eyoub, donde jamás
+ha puesto su pie ningún cristiano. Eyoub es un arrabal, en el fondo del
+Cuerno de Oro, que se conserva como lo más turco y creyente de
+Constantinopla. Su mezquita viene, en rango de santidad, detrás de la
+Meca. Las viejas del barrio, envueltas en su manto negro, escupen á los
+pies de todo cristiano que encuentran al anochecer en sus calles, y le
+desean á gritos las mayores desgracias.
+
+La corriente del Cuerno de Oro empujaba el caique dulcemente, y el
+remero sólo tenía que dar débiles paletadas para seguir el viaje. Había
+desaparecido el sol. Los minaretes de Constantinopla cortaban con su
+blanca línea un cielo suave, teñido de rosa y violeta. Una estrella
+centelleaba en este intenso telón de seda, como un brillante perdido. En
+lo alto del cielo brillaba un fragmento de luna en creciente, como la
+que se muestra en el escudo otomano: la media luna de los turcos.
+
+La enorme ciudad aparecía partida en diversos términos, como los
+bastidores de un teatro. Los barrios inmediatos á la ribera, negros y
+levemente moteados de rojo por las luces de las ventanas iluminadas; los
+de segundo término, ligeramente sonrosados por los reflejos del
+atardecer; los remotos, marcándose, azulados é indecisos, como
+montañas, reflejando con fulgores de incendio los últimos rayos de un
+sol invisible en los cristales de los miradores, y sobre esta
+aglomeración, envuelta en el misterio del crepúsculo, los bosques de
+marfil de los agudos minaretes, los enormes huevos blanquecinos de las
+cúpulas de las mezquitas.
+
+Un silencio sagrado descendía del cielo, esparciéndose en compañía de la
+sombra sobre la ciudad y las aguas. Pasábamos entre buques de guerra,
+anclados en el puerto militar: acorazados grises de triple chimenea,
+cruceros de una sola cofa, esbeltos avisos, yates imperiales que
+aguardan la visita del sultán, el cual no los ha visto nunca.
+
+De pronto, la roja bandera con la media luna blanca comenzó á descender
+de los mástiles. Sobre las cubiertas veíanse agrupadas las
+tripulaciones, con el fez, que iguala á oficiales y marineros. En el
+cuartel del Almirantazgo, la infantería de marina extendía sus pelotones
+á lo largo del muelle, destacándose en la penumbra la línea roja de sus
+cabezas alineadas.
+
+Á un mismo tiempo se conmovió la calma majestuosa del crepúsculo con
+gritos que parecieron rasgar el espacio como disparos cruzados. En los
+balconcillos circulares de los minaretes, hombres liliputienses, con
+turbante blanco, agitaban los brazos, acompañando estos movimientos con
+las modulaciones de un chillido sobrehumano. Sobre los puentes de los
+buques de guerra, un hombre entonaba un canto majestuoso y triste,
+semejante á las saetas de la Semana Santa en Andalucía.
+
+_¡La Ilah il Allah ve Mohammed resoul Allah!_ cantaban con melancolía
+religiosa, en el misterio del crepúsculo, los hombrecillos semejantes á
+hormigas, sobre los puentes de los acorazados. Los centenares de gorros
+alineados á lo largo de las bordas, entre las bocas de los enormes
+cañones y las torres blindadas, rugían al contestar como un estampido:
+_¡Allah! ¡Allah!_ Y al ver esa fe de los desiertos asiáticos, este ardor
+fervoroso de los jinetes errantes de otros tiempos, repetirse á bordo de
+los buques acorazados, última expresión de los adelantos científicos que
+repelen y destruyen con sus bocas de acero las fantasmagorías del
+pasado, tuve una visión exacta de lo que es la Turquía moderna: europea
+exteriormente, pero cuando escucha la voz del Profeta, siente
+despertarse en ella la misma alma de los que llegaron tras el caballo de
+Mahomed II á la conquista de Constantinopla.
+
+
+
+
+XVIII
+
+El Gran Puente
+
+
+Para el que desea conocer en conjunto la variadísima población de
+Constantinopla, el mejor punto de observación es el Gran Puente, que va
+de Galata á Stambul.
+
+Tiene medio kilómetro de extensión, y su piso de maderos desiguales, en
+los que tropieza el transeunte, está asentado sobre pontones
+insumergibles, pues la profundidad del Cuerno de Oro, que en algunos
+lugares tiene cerca de cien metros, no permite sostenes más sólidos.
+
+Á un lado descuella, sobre el caserío en pendiente, la maciza torre de
+Galata, empavesada con los pabellones de las grandes potencias, que
+parecen proteger los barrios europeos. En el extremo opuesto, como si
+cerrase el paso por la parte de Stambul, alza la mezquita de la Sultana
+Validé sus esbeltas torrecillas y sus cúpulas con medias lunas de oro,
+cual una construcción de _Las mil y una noches_.
+
+Desde el centro del puente se abarca en todo su esplendor el espectáculo
+del Cuerno de Oro, grandioso puerto que lleva tal nombre por su forma
+curva, rematada en punta, y por las riquezas incalculables desembarcadas
+en él.
+
+Navíos de todos los países forman una segunda ciudad flotante á ambos
+lados del puente. En las primeras horas de la madrugada se abre una
+parte de éste para dar paso hacia el Bósforo á los grandes navíos de
+guerra y los vapores comerciales que anclan en el fondo del Cuerno de
+Oro. Los vaporcillos de viajeros para los pueblos del Bósforo; las islas
+de los Príncipes ó Brussa, parten con gran frecuencia de los muelles del
+Puente. Cada cuarto de hora sale uno agitando sus ruedas, con la doble
+cubierta repleta de gorros rojos. Braman las sirenas, humean las
+chimeneas, tiemblan los pontones con el encontronazo de los veloces
+cascos, y sobre las aguas verdosas, agitadas naturalmente por las
+corrientes y que el continuo paleteo de ruedas y hélices conmueve con
+violento oleaje, pasan los caiques, ligeros como flechas, con una
+inestabilidad que les hace danzar locamente, volcando á la menor
+imprudencia del viajero, que debe conservarse en la popa inmóvil y medio
+tendido.
+
+Los bergantines turcos, de arcaica forma, que recuerda á las galeras de
+la piratería, extienden sus velas amarillentas y salen cabeceando como
+venerables mendigos entre las elegantes parejas de yates y la revoltosa
+é inquieta granujería de vaporcitos _moscas_ y botes automóviles, que
+parecen burlarse de estos ancianos del mar, pasando y repasando ante sus
+tardías proas. Las barcas griegas despliegan sus velas triangulares
+hacia los puertos del Mármara: los buques del Occidente europeo van
+hacia el Mar Negro en busca de trigo y de petróleo. Grandes bandas de
+gaviotas, ebrias de sol y de azul, flotan inertes sobre las violentas
+ondulaciones del agua, hasta que una proa las despierta con su revoltijo
+de espumas cortadas, y todas ellas levantan el vuelo con ruidoso crujir
+de plumas. Una niebla de humo de carbón flota sobre el Cuerno de Oro en
+los días de calma, y por encima de esta nube parda, á la que da el sol
+doradas transparencias, aparecen las cúpulas y minaretes del viejo
+Stambul, blanco y rojo, como una ciudad de ensueño flotando en el
+espacio.
+
+Para ser capitán de buque ó simple remero de caique en el Cuerno de Oro
+y el Bósforo, se necesita tanta habilidad como para ser cochero en
+Constantinopla, donde las callejuelas se abrieron con el propósito de
+que pasase por ellas cuando más un carruaje, y sin embargo, circulan dos
+en distinta dirección.
+
+La primera vez que se navega por los citados callejones marítimos, el
+alma parece subirse á la garganta. El caique, mísero cascarón que apenas
+puede sostenerse, se pega con la mayor tranquilidad á las ruedas ó las
+hélices de los vapores, que le hacen danzar locamente. Otras veces pasan
+los caiques ante la proa de un gran buque en movimiento con una precisa
+exactitud para no ser alcanzados. Un instante más y desaparecerían. Los
+vaporcillos se van sobre los barcos de vela, y cuando parece inevitable
+el abordaje pasan por su lado rozándolos, pero sin choque alguno.
+
+Los buques, tanto de vela como de vapor, tienen que marchar en zig-zag,
+sorteando un obstáculo á cada instante, navegando con la misma atención
+que le es precisa al viajero al transitar por primera vez las calles de
+Constantinopla. El capitán ve cerrado su derrotero por otros buques que
+vienen hacia él ó que oblicuan su marcha cortándole el camino, y á esto
+hay que añadir el enjambre de caiques que trasladan pasajeros de una
+orilla á otra; de vaporcillos _moscas_, que llevan en su popa banderas
+de todas las naciones; de largas góndolas blancas y doradas, con remeros
+negros, en cuya popa se muestran damas misteriosas, cubiertas con
+antifaces y capuchones que sólo dejan visibles los pintados ojos. Gritan
+los barqueros en todas las lenguas; saltan de un barco á otro las malas
+palabras de todos los idiomas; chillan los silbatos, rugen las sirenas;
+arrastra el viento asfixiante vedijas de humo sobre el corto y violento
+oleaje; álzanse unos remos contra otros con impulso homicida para vengar
+un descuido, un choque insignificante; á cada momento parece inevitable
+una colisión, y sin embargo, nadie se ahoga ni ocurren naufragios más
+que muy de tarde en tarde.
+
+Á lo largo del Gran Puente han ido extendiéndose, como hongos adheridos
+á él, un sinnúmero de casuchas flotantes, muelles y pequeños cafés, todo
+miserable, de maderas carcomidas por la lluvia y el aire salino, pero
+con esa alegría dorada que el sol oriental comunica á las mayores
+suciedades.
+
+Estos hijos del Puente cabecean con el continuo movimiento del agua
+removida por los buques, y parecen temblar con las palpitaciones de la
+extensa plataforma de medio kilómetro, por la que pasa toda
+Constantinopla, tronando la madera bajo las ruedas de los carruajes. Los
+cafetines flotantes tienen terrazas embreadas, á las que una línea de
+macetas de flores dan el aspecto de pensiles. Viejos turcos, sentados á
+la oriental y con la barba descendiendo hasta el abdomen, fuman el
+_narghilé_ y pasan las cuentas de su rosario de ámbar, gozando al
+permanecer impasibles é indiferentes en medio de este movimiento loco y
+ensordecedor. El tropel de gorros rojos y de mujeres encapuchadas como
+máscaras, se precipita en los muelles salientes que dan acceso á los
+vapores de viajeros. El suelo, inseguro, es de tablones desiguales, por
+entre los que puede pasar un pie, y además, están cubiertos de residuos
+de frutas.
+
+Á ambos lados de estos muelles amarrados al Gran Puente, hay casuchas
+que ocupan los vendedores de comidas y bebidas. Judíos que hablan un
+español extravagante, van de un lado á otro pregonando rosarios
+musulmanes, sorbetes, rollos de pan espolvoreados de ajonjolí, y
+bizcochos, á los que llaman en Constantinopla «pan de España». En las
+puertas de los tenduchos se elevan pirámides de melones amarillos y
+enormes sandías con su verdor cortado por blancas inscripciones en
+árabe. En los cafetines se exhiben en primera fila las ventrudas
+botellas de limonada ó naranja con un limón por tapadera, y más adentro
+humean las pequeñísimas tazas de café turco, líquido pastoso digno de
+los dioses. Los perros vagabundos, que son en Constantinopla algo así
+como una institución pública venerada y popular, pasan por entre las
+piernas del gentío, mansos, corteses y silenciosos, buscando su comida.
+
+Los extranjeros se mueven desorientados en este torbellino de gente, y
+si desean tomar un barco siempre llegan tarde.
+
+Hay dos problemas en Constantinopla que el viajero no resuelve nunca y
+mira como un misterio: la hora y la moneda.
+
+En Constantinopla hay dos horas: la hora _á la franca_, que es la de los
+relojes de la Europa occidental, y la hora _á la turca_, que es por la
+que se rigen vapores, tranvías, etc.; todo lo que depende del municipio
+y del gobierno.
+
+La jornada empieza para el turco al ponerse el sol, y de aquí que todos
+los días los buenos otomanos tengan que arreglar su reloj, sin que ni
+aun ellos mismos sepan ciertamente en ningún momento cuál es la hora
+exacta. La medida del tiempo cambia por día y por estación. Cuando
+nuestro reloj _á la franca_ marca el mediodía, el turco dice
+tranquilamente que son las cinco ó las seis, así como unos meses después
+dirá que son las tres ó las cuatro.
+
+No hay en esto otro daño que el llegar tarde á todas partes, perdiendo
+trenes y vapores, ó verse obligado á largas esperas: pero lo de la
+moneda trae mayores perjuicios.
+
+En Turquía hay _buena moneda y mala moneda_, y según se recibe un pago
+en una ó en otra, la cantidad vale más ó menos. Hay también moneda
+borrosa, que nadie toma, pero que todos procuran dar al viajero; hay
+papel emitido por el gobierno otomano, llamado _kaimé_, que carece de
+valor, y otros misterios crematísticos que requieren un largo estudio.
+Pero lo más original es el cambio. Exceptuando algunos cafés y
+restaurants europeos, nadie cambia gratuitamente una moneda.
+
+En las calles importantes de Constantinopla, junto al Gran Puente, cerca
+de los tranvías y muelles de embarque, en el Gran Bazar y en todos los
+lugares de algún tránsito, existen numerosos puestos de cambiadores de
+moneda, antiguos compatriotas nuestros, que siguen fieles á Abraham y
+Moisés.
+
+En Constantinopla, el que no lleva á mano _moneda menuda_, aunque guarde
+en su bolsillo oro y billetes á puñados, como si no llevase nada. El
+cochero ó el conductor de tranvía le hace bajar para que vaya al
+cambiador más inmediato, y el que despacha billetes en una taquilla ó
+cobra peaje en el Puente, le enviará al judío más próximo, sin dejarle
+pasar.
+
+Cambiáis una moneda de oro, y el cambiador os da el dinero en
+_medjidiés_ de plata, especie de duros turcos, quedándose por el cambio
+con una piastra, que es aproximadamente lo que un real en España.
+Después se os ofrece cambiar uno de los _medjidiés_, y el cambiador os
+entrega _cuartos de medjidié_, que son como las pesetas turcas, y se
+queda otra piastra. Luego cambiáis en otro sitio una de esas pesetas y
+se quedan otra piastra... y así, de cambio en cambio, de cada veinte
+francos el cambiador se queda con uno ó más. El que conoce esta
+costumbre cambia de golpe una pieza de oro en _pequeña moneda_, y tiene
+que ir con los bolsillos repletos de piastras y _paras_, monedas más
+pequeñas que botones de camisa.
+
+La moneda de oro tomada de un judío, es pérfida y peligrosa. No pasa por
+sus manos que no la lime hábilmente para arrancarle un poco de polvo de
+oro, y así, de rascuñón en rascuñón, juntando limaduras, se gana doce ó
+quince francos _extraordinarios_, según las piezas que toca durante el
+día. Después, en los Bancos y demás establecimientos públicos donde
+conocen la artimaña, someten las monedas al peso, y el incauto que las
+ha tomado pierde dos ó tres francos.
+
+La discusión con el _compatriota_ que intenta estafaros, es interesante
+por la fogosidad con que se expresa y los ademanes dramáticos que
+acompañan á su castellano especial.
+
+--Que por mis hixos que no te engaño, señoreto... Que toma la pieza, que
+yo soy un buen trocador de dinero... Que la tomes como si fuese una
+alahaxa... Que por mis viexos te lo juro, que antaño vinieron de allá,
+como tú vienes agora; porque yo, señoreto, también soy espanyol.
+
+
+
+
+XIX
+
+Los que pasan por el Gran Puente
+
+
+Unos mocetones, con la gordura musculosa de los turcos, vistiendo largas
+blusas blancas, semejantes á camisones de mujer, cortan el paso al
+transeunte, extendiendo una mano. Son los cobradores del puente, que
+exigen el peaje: diez _paras_.
+
+Toda Constantinopla pasa por el Gran Puente. Los turcos del viejo
+Stambul necesitan ir á Galata y Pera, donde están los Bancos, los
+consulados, las embajadas, los grandes almacenes, y los habitantes de
+estos dos barrios europeos se ven obligados á pasar á la ciudad turca,
+porque en ella se encuentran los centros administrativos del gobierno
+otomano, la Sublime Puerta, con sus ministerios é innumerables
+dependencias.
+
+No hay en las grandes calles de Londres ni en los bulevares de París
+lugar alguno tan concurrido como el Gran Puente. La plataforma de madera
+tiembla bajo el rodar de los carruajes y el paso de millares de
+transeuntes. Aturde y ensordece el vocear de este pueblo políglota,
+donde el que menos habla cinco idiomas, y son mayoría los que poseen más
+de doce. Asombra y deslumbra la carnavalesca variedad de los trajes.
+
+Al entrar en el puente, parece éste un campo interminable de rojos
+geranios. Miles de gorros oscilan al marchar, sirviendo de remate lo
+mismo á tocados puramente turcos que á trajes europeos. Los marinos
+otomanos completan su uniforme, igual al de todas las marinas del mundo,
+con el fez, que da una gracia exótica á su aspecto de navegantes
+europeos. Los oficiales, con sus insignias á la inglesa, enguantados de
+blanco, calzados de charol y el sable bajo el brazo, cubren también su
+cabeza con el gorro turco, que es obligatorio para todo súbdito otomano
+y para todo extranjero dependiente del gobierno.
+
+El ejército de tierra, uniformado á la alemana, guarda también el
+cubrecabezas nacional, y el mismo fez escarlata sirve al último soldado
+que al pachá, que se muestra en caballo brioso, con dorada silla,
+saltando sobre sus hombros el oro de las pesadas charreteras al compás
+del galope.
+
+Sobre la nota obscura y dorada de los uniformes militares, destácase la
+muchedumbre variadísima de Constantinopla, formada de diez y nueve
+pueblos distintos, que aun guardan sus usos y sus trajes tradicionales.
+Pasan los árabes del lejano Yemen ó los moros africanos de la
+Tripolitania con sus chilabas pardas y la cuerda de pelo de camello
+anudada á las sienes; los croatas, que sirven de porteros en las grandes
+casas de Constantinopla, vestidos de rojo y azul, con gran profusión de
+galones y bordados, un bonetillo redondo sobre la bigotuda cabeza y un
+enorme revólver de Eibar atravesado en la faja; los albaneses y
+macedonios, con faldillas blancas, planchadas y encañonadas, sobre el
+traje oriental; los judíos, con la túnica á rayas de los días de fiesta,
+y encima un gabán de pieles, aunque sea verano; los armenios, con un
+pañuelo de hierbas anudado en torno del gorro; los griegos, vestidos á
+la europea, pero con una palidez aceitunada y unos ojos como tizones,
+que revelan su origen; el clero innumerable, de _imanes_, _soffas_ y
+derviches, unos con el turbante blanco, otros con el turbante verde,
+recuerdo de su peregrinación á la Meca; algunos con gorros de grotesca
+forma, y todos ellos con el rosario de ámbar en la mano, repitiendo á
+cada cuenta la monótona alabanza á Alláh.
+
+La muchedumbre tiene que apartarse, abriendo sus filas á cada momento,
+para dejar paso á los carruajes, que avanzan veloces, ó á las sillas de
+mano, que todavía son aquí de uso corriente; aparatosas literas, dentro
+de las cuales van las damas turcas á sus visitas en los estrechos
+callejones.
+
+Un pelotón de jinetes, carabina en mano, escolta á un coche que todos
+saludan. Es el Gran Visir que va á la Sublime Puerta. Tras él pasan
+varios cargadores armenios, no menos temibles que un vehículo, pues
+marchan abrumados por pesos inauditos que no les permiten mirar ni
+apartarse.
+
+En Constantinopla es donde se ve con asombro hasta dónde pueden llegar
+las fuerzas del hombre. Por algo dice el proverbio «fuerte como un
+turco». La estrechez de las calles y el respeto amoroso que siente el
+otomano por los animales, son causa de que en Constantinopla se haga
+todo á brazo: el comercio, las mudanzas, etc. Se ven venir por el Gran
+Puente pilas de cajas que parecen marchar solas, pues apenas si se
+distinguen entre ellas y el suelo unos pies entrapajados y un fez, tras
+el cual suena un bufido de asfixia. Yo he visto á un cargador armenio
+echarse un piano á la espalda, en una mudanza, y emprender la marcha
+vacilante bajo el peso, pero sin detenerse un momento. Los hombres,
+abrumados por este esfuerzo sobrehumano, caminan á ciegas, y el público
+tiene que huir de sus fatales encontronazos.
+
+Por el centro del puente se abren paso de pronto, con las manos cruzadas
+sobre el estómago, en una actitud frailuna de mansedumbre, varios
+señores vestidos de negro. Llevan la elegante levita de corte, llamada
+_stambulina_, sin solapas y cerrada como una sotana, que es aquí el
+traje de ceremonia. Tras ellos marcha lentamente una carroza que todos
+saludan, y en su interior se ven varias damas envueltas en velos
+blancos, ó un caballero de gorro rojo, con bigotes á lo _kaiser_. Son
+señoras del harem imperial que vienen á comprar á la ciudad, con un
+séquito de empleados palatinos, ó alguno de los innumerables hijos,
+hermanos ó sobrinos del sultán.
+
+Con aire de superioridad, se abren paso á codazos unos negros
+elegantemente vestidos del mismo color de su piel, con la _stambulina_
+de ceremonia y el fez muy recto sobre las pasas de la crespa cabeza.
+Tienen las piernas larguísimas; el cuello es enorme, y en su rostro
+chato é insolente hay algo de infantil y meticuloso, que hace imaginar
+una vida de chismorreos, intrigas y murmuraciones. Cuando abren la boca
+sale de sus gruesos labios un chillido estridente, semejante al del pavo
+real; algo extrahumano, falso y grotesco, que hace reir é irrita al
+mismo tiempo. Son personajes que viven aparte, y á los que mira la gente
+con cierto respeto; son eunucos del palacio imperial ó de los haremes de
+los grandes pachás, que, habituados á su existencia entre beldades
+misteriosas y grandes magnates, parecen tristes y descontentos cuando se
+dejan ver en las calles de Constantinopla.
+
+Algunas veces van sentados en el pescante de un coche de lujo, en cuyo
+interior ríen y comen dulces cuatro beldades turcas, vestidas con trajes
+parisienses de la _rue de la Paix_, y con el rostro cubierto por una
+finísima nube de gasa, que realza engañosamente sus facciones pintadas.
+Estas mujeres de pachá, que van á las grandes tiendas de Pera, son
+turcas modernas que hablan francés é inglés, tocan el piano, leen
+novelas _psicológicas_ con cubierta amarilla traídas de París y conocen
+todas las seducciones de la vida europea... todas menos el adulterio,
+que es aquí imposible, no por falta de ganas, sino por la vigilancia
+brutal, continua é incorruptible, que nadie consigue vencer, por más que
+digan é inventen poetas y novelistas.
+
+Las turcas más modestas, esposas de musulmanes pegados á la tradición
+que viven en Stambul, ó las simples mujeres del pueblo, van á pie,
+vistiendo amplios trajes semejantes á dominós de gruesa seda adamascada,
+negra, roja, verde ó azul. Por las amplias mangas de esta envoltura
+asoman los brazos de la blusa interior, encintada y vaporosa. Las manos
+enguantadas sostienen la sombrilla y el bolso. La abertura del capuchón
+que corresponde al rostro tiene un teloncillo de seda negra á modo de
+máscara, que en unas es tupida é inaccesible á toda mirada, y en otras
+diáfana y atrayente, como una invención de la coquetería.
+
+La calidad de estas mascarillas permite apreciar el valor de lo que se
+oculta detrás, aun antes de verlo. Regla general: todo velo espeso
+esconde una vieja dama ó una fea desfigurada por las horribles
+enfermedades de Oriente. Al través de los velos claros se encuentra
+siempre alguna cara de criadota española ó de monja fresca, con triple
+barbilla, carrillos de luna arrebolados por el colorete y unos ojos
+hermosos, de vaca tranquila, agrandados por tiznajos negros.
+
+La moral y la decencia son frágiles invenciones humanas, que cambian con
+la mayor facilidad, según los tiempos y los pueblos. Estas damas turcas,
+para las cuales es una indecencia levantarse el velo ante otro hombre
+que su legítimo señor, y á las que vigila en todas partes la terrible
+policía otomana para que no cambien una palabra con el extranjero, se
+arremangan la faldamenta hasta más arriba de la rodilla, aunque no
+llueva, y muestran con la mayor naturalidad sus pantorrillas enormes,
+con medias á rayas, multicolores y chillonas, que, según dicen los
+comerciantes de aquí, proceden de Cataluña.
+
+Estas máscaras, encapuchadas y misteriosas, bajo la luz del sol, que
+caldea los maderos del Gran Puente, dan un atractivo novelesco á la
+multitud. Las mujeres circulan entre el gentío con la mayor
+tranquilidad, sabiendo que nadie osará mirarlas, que todo musulmán
+bajará la vista para no verlas, como el que evita una acción vergonzosa,
+y por esto, cuando se encuentran sus ojos con los ojos audaces del
+europeo, unas, las más hermosas, sonríen con cierta turbación, y otras
+crispan su cara, indignadas, encabritándose su fealdad bajo el acicate
+religioso.
+
+De toda la multitud cosmopolita que diariamente circula por el Gran
+Puente, el más simpático y cortés es el turco. Yo no entiendo su lengua,
+pero los ademanes constituyen un idioma inteligible y claro para el
+extranjero que, privado del habla, observa con mayor atención. Además,
+los que conocen el turco, elogian con entusiasmo la cortesía y mesura de
+este pueblo, grave, un tanto triste, pero bueno y generoso. No hay
+idioma, según ellos, que contenga iguales expresiones de afecto. La
+madre turca habla siempre á sus pequeños dándoles el nombre de flores ó
+graciosos animales; el hombre tributa al extranjero ó al amigo los más
+extremados elogios, al par que le da hospitalidad y protección.
+
+La caridad cristiana de los pueblos occidentales, que tiene las calles
+llenas de mendigos y deja morir de hambre á muchos infelices, es bien
+poca cosa considerada desde Constantinopla. Aquí los pobres son
+muchísimos miles, y sin embargo, sólo se encuentran pordioseros en el
+Gran Puente ó en los alrededores de alguna mezquita, y éstos nunca son
+turcos, sino griegos y judíos. El pobre es sagrado para el turco, y no
+se contenta con darle unos céntimos, abandonándolo después, satisfecha
+la conciencia, sino que le abre su casa y le da cuanto necesita. En este
+pueblo generoso, que tiene la noble manía de la protección, todos los
+pobres están _colocados_; todos cuentan con una casa á la que se
+adhieren como si fuese suya.
+
+De los actos exteriores del otomano, el que más admiro, como suprema
+expresión de nobleza, es el saludo. Los europeos no sabemos saludar.
+Cogemos el sombrero, lo levantamos con más ó menos rudeza, sonreímos, y
+ya está todo hecho. El turco es un verdadero artista de la cortesía. Su
+gorro rojo es inconmovible. Se lo pone al levantarse y no se despoja de
+él, ni un instante, hasta la noche. Descubrirse la cabeza es la mayor
+descortesía y algo así como una blasfemia religiosa. Quitarse el
+cubrecabezas para saludar significaría lo mismo que si un europeo se
+despojase de un zapato para dar la bienvenida á una señora. Esta
+necesidad de mantener el fez recto é inmóvil sobre la cabeza, como si
+estuviese metido á tornillo, ha confiado á la mano y á los ojos todo el
+saludo.
+
+¡La noble dignidad oriental de los turcos al encontrarse!... La mano,
+que parece hablar, desciende á la rodilla, y de allí se remonta al
+corazón, pasando luego á la frente, al mismo tiempo que el cuerpo se
+inclina con majestad y los ojos expresan el respeto y la alegría del
+encuentro, con un arte y una gracia que ningún europeo puede imitar.
+
+De vez en cuando, entre esta muchedumbre que transcurre por el Gran
+Puente, se ven ojos negros de mirada inquietante, perfiles de aves de
+presa, sonrisas melosas que hacen llevar las manos á los bolsillos,
+gentes corteses que infunden pavor.
+
+Constantinopla es el gran vertedero del continente. Aquí se ocultan y
+se pierden los más temibles aventureros. Turquía es un pan blando, en el
+que vienen á hincar el diente los lobos más temibles del mundo.
+
+Esos turcos de aspecto inquietante, que sólo son turcos por el fez que
+llevan en la cabeza, inspiran miedo con sobrado motivo... Son europeos,
+y el europeo es lo peor de Turquía.
+
+
+
+
+XX
+
+El Gran Visir
+
+
+Mi amigo Mizzi es un abogado inglés notabilísimo, que desde hace treinta
+y cinco años vive en Constantinopla. Habla y escribe con la mayor
+facilidad doce idiomas, y en un mismo día perora ante el tribunal
+consular de Inglaterra, hace una defensa en turco, escribe una demanda
+en griego ó en ruso y acaba su jornada en el consulado español
+expresándose en castellano.
+
+Desde Constantinopla ha ido á defender pleitos á Siberia. Otra vez fué á
+Bagdad y á Bassora, países de leyenda, para intervenir como abogado en
+una herencia de príncipes árabes, que se disputaban sacos de diamantes,
+de rubíes y esmeraldas. Sólo en Oriente pueden encontrarse estos
+litigios de cuento fantástico.
+
+Mizzi es inglés porque nació en Malta; pero su madre era española, y él
+siente un gran afecto por España. Es consejero legista de casi todas las
+embajadas y consulados; condecoraciones y títulos llueven sobre él de
+las más importantes naciones de Europa, y sin embargo, lo que más
+aprecia es su nombramiento de vicecónsul de España. _The Levant Herald_,
+el diario más grande de Constantinopla, es propiedad suya, y en él
+trabaja diariamente, dando al público una información del mundo entero.
+Ir con Mizzi por las calles de Pera y Galata, es asistir á un desfile de
+popularidad. Saludo á un turco en su lengua, conversación con un griego,
+diálogo con un francés ó un italiano, sombrerazos, apretones de manos,
+frases cariñosas; un curso completo de idiomas.
+
+Una mañana me lleva Mizzi á saludar al Gran Visir, antiguo amigo suyo de
+la juventud.
+
+¡El Gran Visir!... Este nombre evoca visiones de inmenso poder; hace
+recordar las lecturas de la niñez, los mágicos cuentos de _Las mil y una
+noches_; presenta ante la imaginación un imponente personaje de luenga
+barba y turbante blanco enorme como un globo, con una majestuosa cohorte
+de esclavos, ejecutores, escribas y fanáticos santones.
+
+El Gran Visir de Turquía, que es más que nuestros jefes de Gobierno
+(algo así como el vicesultán), resulta uno de los personajes más
+importantes del mundo. Gobernar naciones como, por ejemplo, España,
+puede hacerlo cualquiera. Con tener una mayoría en las Cámaras, todo
+está asegurado. Ningún peligro exterior amenaza al país, y la vida
+interior se desarrolla plácida y entretenida al través de chismes y
+comadreos, á los que se da el nombre de política, entendiéndose todos
+al final, pues la estrechez de horizontes impone la vida en familia á
+unos y á otros.
+
+Para llegar á Gran Visir hay que ser un hombre extraordinario. Sustentar
+unidas y en paz las diez y nueve razas del imperio separadas por odios
+históricos y radicales diferencias religiosas; gobernar desde
+Constantinopla el lejano Yemen, poblado de fanáticos que se irritan al
+ver que Turquía hace una vida europea, ó Bagdad, alejada de la capital
+por un viaje de cincuenta y cuatro días (casi tantos como se necesitan
+para dar la vuelta al globo), y al mismo tiempo hacer frente con engaños
+y energías al tropel de lobos de las grandes potencias europeas, que ya
+han arrancado miembros enteros del cuerpo otomano, y cada vez aullan más
+fuerte, pidiendo nueva carnaza, todo esto es empresa que requiere la
+inteligencia y la firme voluntad de un hombre superior.
+
+Vamos á visitar al Gran Visir en su casa, antes de que se traslade á su
+despacho de la Sublime Puerta, en las primeras horas de la mañana, pues
+este personaje, sobre cuya inteligencia pesa todo un imperio, es un gran
+madrugador.
+
+Llegamos al palacio, situado en las afueras de Pera, cerca de un gran
+campo de maniobras, donde galopan, en traje de campaña, varios
+escuadrones de caballería. Un cuerpo de guardia, con numerosos
+centinelas, se eleva frente á la vivienda del Gran Visir, precaución que
+no es superflua en este país, donde han sido frecuentes los atentados
+contra el sultán y sus ministros.
+
+El palacio no tiene nada de oriental. Es una gran casa, con amplias
+escaleras de mármol. El fez de los empleados y servidores, que van de un
+lado á otro, y la falta de alumbrado eléctrico, son los únicos detalles
+que recuerdan á Turquía.
+
+Entramos en una pequeña antesala, saludamos á otros visitantes que
+aguardan, y ellos nos contestan con la grave cortesía oriental,
+inclinándose, llevando su diestra de las rodillas al corazón y á la
+frente. Son turcos de correcto exterior, con el fez muy planchado y
+erguido y la negra levita militarmente abrochada; _imanes_ jóvenes, de
+luenga barba, elegantes y limpios, que para entretener la espera pasan
+entre sus dedos, con vertiginosa rapidez, las cuentas del rosario. Nos
+distraemos fumando cigarrillos orientales, hasta que un oficial del Gran
+Visir viene á advertirnos que Su Alteza nos espera, recibiéndonos antes
+que á los demás visitantes. Estos aguardarán con su paciencia turca, que
+ignora el valor del tiempo y del número.
+
+Mizzi me advierte que debo llamar Alteza al Gran Visir. En Turquía,
+fuera de la familia del sultán, no hay más que dos altezas: el Gran
+Visir... y el Gran Eunuco del harem imperial.
+
+Pasamos ante un salón de enormes proporciones, que parece un almacén de
+muebles por la gran cantidad que contiene de sillerías, lámparas,
+cuadros, cojines y espejos, todo europeo. Son regalos de los gobiernos
+extranjeros al primer ministro turco, y que éste amontona en el salón
+destinado á las fiestas diplomáticas. Los objetos de Europa, con su
+abigarrada y rica variedad, quedan en la pieza destinada á recibir á los
+europeos. Más allá, está la vida íntima, la vida turca.
+
+Me veo de pronto en un pequeño gabinete. Tres hombres están de pie, con
+levita negra, calado el fez, la mirada en el suelo y las manos cruzadas
+sobre el abdomen, en actitud rígida y respetuosa. Otro hombre, también
+de levita, avanza hacia nosotros, sonriendo, con una mano tendida. Creo
+estar en una antesala, desde la cual van á anunciarnos al poderoso
+personaje... Pero no: estoy en el gabinete del primer ministro de
+Turquía, y el hombre que sonríe y nos tiende la mano es el propio Gran
+Visir.
+
+Me siento desconcertado por esta sencillez. El gabinete es una pieza de
+paredes blancas y desnudas, sin otro adorno que una fotografía del
+Sultán. En un extremo, dos pequeñas librerías con cristales de colores.
+Unos divanes bajos, de sedas obscuras, son los únicos muebles, y junto á
+una ventana que encuadra un pedazo de cielo y de jardín, acaba de tomar
+asiento el poderoso personaje.
+
+Nada hay en él que recuerde _Las mil y una noches_. Ni su aspecto ni su
+habitación revelan el poder inmenso de que está investido. Parece un
+señor europeo que, por exótico capricho, se ha calado el fez como gorra
+casera. Viste de negro, y por entre las solapas de su levita asoma un
+rico chaleco de seda oriental. Al colocar una pierna sobre otra, la boca
+del pantalón deja ver en el interior de éste una alta bota á la turca,
+unico detalle que desentona en su aspecto europeo.
+
+Tomamos asiento junto á él y empieza á hablarme en francés, con acento
+claro y sonoro, dando á sus palabras una majestad natural, á la que
+acompañan los más nobles ademanes.
+
+Realmente, Ferid-Pachá, Gran Visir de Turquía desde hace nueve años,
+período de gobierno que no alcanza ningún político de Europa, es un
+hombre extraordinario. Me siento subyugado por la majestad de sus
+maneras de gran señor, por la sonoridad poética de su voz de barítono,
+por el fuego de su mirada, que quiere hacer amable, y sin embargo, es
+imperiosa y firme: la mirada del Visir en los cuentos orientales.
+
+Es un hombre de gran estatura, fuerte y musculoso, sin dejar de ser
+delgado, y con una hermosa barba negra que empieza á blanquear. Tendrá
+poco más de cincuenta años, y en sus ojos brilla el fuego entusiasta de
+la primera juventud. Sobre su rostro europeo se destaca la nariz, como
+un signo de raza, una nariz de turco peleador, encorvada como pico de
+combate, con les aletas anchas y palpitantes.
+
+Ferid-Pachá, con esa benevolencia protectora de los otomanos, me sonríe
+y muestra interés por conocer mis impresiones sobre Constantinopla y si
+me es grata la estancia en ella.
+
+Mientras él habla, yo le contemplo y evoco rápidamente su historia.
+Ferid-Pachá es un albanés, un turco que ha nacido cerca de Italia y de
+Grecia. Su juventud en la Universidad de Janina fué brillantísima. El
+futuro gobernante asombró á los profesores griegos con sus profundos
+estudios sobre los poetas de la antigüedad. Luego vino á Constantinopla,
+entrando en la administración pública, donde escaló con rapidez los
+primeros puestos. Fué gobernador de lejanos pueblos de Asia (algo así
+como los antiguos virreyes americanos), hasta que su talento político
+llamó la atención del Sultán, que le hizo su Gran Visir.
+
+Al mismo tiempo que le escucho, mis ojos vagan por la habitación,
+admirando su sencillez. Sobre una librería portátil, vecina al gran
+personaje, hay un busto de mármol, el único que adorna el gabinete. Yo
+conozco esta cara arrugada, de vieja maliciosa; pero me desorienta su
+cráneo pelado. Yo la he visto en muchos sitios, y sin embargo, no puedo
+recordar su nombre. ¿Quién es?... ¿Quién es?...
+
+La hermosa voz de Ferid-Pachá toma una expresión más grave, la temblona
+majestad del _imán_ que declama su plegaria, y dice así:
+
+--De todos los pueblos con los que vive Turquía en excelentes relaciones
+de amistad, España es uno de los que amamos más sinceramente. Ningún
+mal hemos recibido de ella; siempre la amistad y el cariño guiaron
+nuestras relaciones; sus desgracias las sentimos como nuestras, pues
+aunque vivimos alejados, existe algo inexplicable entre los dos pueblos
+que los une con sincera amistad.
+
+Hasta aquí su expresión era de majestuosa cortesía; pero de pronto cerró
+enérgicamente la mano derecha, y añadió con sincero entusiasmo:
+
+--¡Ah, España! ¡Qué tenacidad para vivir! ¡Qué fuerza para levantarse
+cuando tropieza! Admiro á vuestra nación, más aún por su enérgica
+voluntad en tiempos de paz que por su valor en la guerra. Todo un siglo
+de calamidades ha pesado sobre su historia: guerras civiles,
+revoluciones, pérdidas de territorios, y sin embargo, se ha levantado de
+tantas caídas, y sigue su camino, y resucita cuando la creen muerta, y
+desarrolla sus riquezas naturales. ¡Ah, España, noble pueblo de la firme
+voluntad de vivir!...
+
+Y al hablar de territorios perdidos, de guerras desgraciadas y de la
+voluntad de vivir, por encima de toda clase de infortunios, sus ojos
+miraron en torno de él con cierta tristeza.
+
+En el fondo de la habitación seguían en fila y de pie los tres
+subordinados, como testigos mudos, con las manos cruzadas sobre la
+levita y las cabezas inclinadas hacia el suelo.
+
+El Gran Visir recobra su majestuosa frialdad y empieza á hacerme
+preguntas, aprovechando la ocasión para enterarse de un lejano país.
+
+--¿Vuestra flota la vais á rehacer ahora?
+
+--Eso dicen, Alteza.
+
+--Bien, muy bien. Una gran nación necesita barcos. Pero creo que á los
+españoles les ocurre lo que á los turcos. Les gusta más pelear por
+tierra que por mar... ¿Quién es ahora el generalísimo de vuestro
+ejército?
+
+Yo le digo que en España no hay generalísimo, y que el ejército lo
+dirige el ministro de la Guerra. Su Alteza frunce el ceño como para
+recordar un nombre.
+
+--Y Weyler, ¿qué hace ahora?
+
+--Es un general como los otros.
+
+--Martínez Campos murió, ¿no es así?... Aquel era un hombre.
+
+Y Ferid-Pachá sonrie y vuelve á cerrar el puño con expresión de energía.
+
+Me hace otras preguntas sobre España, y yo, mientras las contesto, sigo
+mirando el busto. ¿Pero de quién será?...
+
+--¿Conocéis á _monsieur_ Moret? Es abogado nuestro. Nos lo ha
+recomendado el emperador de Alemania para que intervenga en un asunto de
+Turquía.
+
+Y Ferid-Pachá, con una expresión triste, me cuenta en breves palabras el
+asunto. Uno de tantos abusos de la rapacidad europea: grandes empresas
+de Occidente que vienen á establecerse en Turquía con el pretexto de
+civilizarla, y luego de enriquecerse engañando la sencillez otomana,
+todavía se fingen perjudicadas y exigen enormes indemnizaciones al
+gobierno.
+
+Su Alteza sigue haciéndome preguntas sobre mi país, y yo continúo
+mirando el busto con excitada curiosidad.
+
+--¿Y vuestro rey?--pregunta sonriendo el Gran Visir.
+
+No sé qué contestar á esta breve interrogación, y el personaje añade con
+dulce sonrisa:
+
+--¡Qué actividad! ¡Qué exuberancia de vida! ¡Oh, la juventud!... Vuestro
+rey nos inspira grandes simpatías. Viaja, se entrega á los _sport_, le
+gusta ser soldado, se divierte... Hace bien, hace bien.
+
+Luego añade con expresión sentenciosa:
+
+--Los monarcas deben divertirse. Para eso tienen servidores fieles que
+se encargan de gobernar por ellos, sufriendo las amarguras del poder.
+
+Llega el momento de despedirnos con solemnes saludos orientales. Al
+pasar junto al busto lo reconozco de pronto y me explico mi torpeza.
+Estaba acostumbrado á ver con peluca esta cabeza de mono malicioso.
+
+Es Voltaire.
+
+
+
+
+XXI
+
+El palacio de la Estrella
+
+
+El marqués de Campo Sagrado, nuestro ministro en Constantinopla, es el
+más conocido de los representantes diplomáticos. Hasta los turcos
+modestos de Stambul conocen su nombre. Nueve años de permanencia en
+Turquía y un carácter franco y bondadoso de gran señor, que para
+inspirar respeto no necesita imitar á ciertos embajadores, altivos é
+inabordables como reyes, han dado al marqués una gran popularidad en
+Constantinopla.
+
+Cuando se citan los nombres de los representantes de Europa, el de
+Constans, embajador de Francia, y el de Campo Sagrado, son los primeros
+que acuden á la memoria de los turcos. Al pasar yo la frontera otomana,
+apenas dije á los encargados de los pasaportes que iba recomendado al
+embajador de España, todos, funcionarios y viajeros del país, le
+designaron por su nombre.
+
+--¡Su Excelencia el marqués de Campo Sagrado!... Un gran señor muy
+simpático. Lo conocemos: le vemos muchas veces en su carruaje por la
+gran calle de Pera.
+
+Hasta las damas turcas que parecen vivir aisladas del mundo cristiano y
+fingen ignorar la existencia de _infieles_ en Constantinopla, conocen
+todas al representante de España, y cuando le ven, sonríen amablemente
+bajo sus velos.
+
+Es un excelente embajador para un país como el nuestro, que tiene pocas
+relaciones con Turquía. Ya que le faltan ocasiones para ejercitar su
+acción diplomática, mantiene el prestigio de España á honrosa altura con
+su generosidad y su cortesía, condiciones que alcanzan profundo respeto
+en este pueblo oriental, amigo de imponentes exterioridades.
+
+Cuando llegué al palacio que tiene España en Buyuk-Deré, en la ribera
+del Bósforo, cerca del Mar Negro, vi avanzar á Campo Sagrado, sonriente
+y corpulento, con un aire animoso de segunda juventud, tendiéndome su
+fuerte diestra de cazador asturiano. Este Nemrod infatigable, luego de
+perseguir al oso en sus montañas natales, ha pasado muchos años en las
+estepas rusas cazando con el zar y los grandes duques, y ahora acosa á
+los venados turcos en compañía de los pachás más poderosos. Cuando el
+sultán conversa con él, se entera con interés de sus hazañas venatorias.
+
+--Está usted en su casa--dice el marqués con graciosa amabilidad--. Esta
+es la casa de España.
+
+Y nos da un almuerzo, en el que figura como plato de circunstancias un
+buen arroz á la valenciana.
+
+El almuerzo es bueno; al final se brinda por la lejana patria... pero
+más notable es aún el comedor. Por un lado, las ventanas dejan ver el
+parque de la legación, que extiende su arboleda cuesta arriba por la
+ribera europea. En el lado opuesto, las arcadas de una logia sirven de
+marco al mágico espectáculo del Bósforo y á las verdes montañas de la
+vecina costa de Asia. Por la extensión azul pasan caiques con remeros
+vestidos de blanco, y sentadas en el fondo de estas ligeras
+embarcaciones, damas turcas, que sólo dejan ver encima de la borda su
+cabeza encapuchada, teniendo frente á ellas esclavas negras, libres de
+velos. El sol del mediodía hace temblar las aguas con chisporroteos de
+oro. Un viento frío, que viene del Mar Negro, aligera la ardorosa
+temperatura estival.
+
+--Verá usted en Constantinopla muchas cosas interesantes--dice el
+ministro de España--. Pero créame usted á mí, que llevo en esta tierra
+algunos años; los dos espectáculos extraordinarios, lo que no puede
+verse en ninguna otra parte, son el Bósforo y el Sélamlik.
+
+El Bósforo ya lo había visto yo, en toda su extensión, al dirigirme á la
+legación de España. Me quedaba por ver el Sélamlik, cosa difícil para la
+gran mayoría de los extranjeros, pues se necesita para ello la
+recomendación de un embajador. Pero Campo Sagrado es incansable cuando
+se trata de favorecer á un compatriota, y á pesar de encontrarse un
+tanto enfermo, me acompañó en persona á la ceremonia palaciega.
+
+Todos los viernes, al mediodía, el sultán va con gran pompa á hacer su
+plegaria á la mezquita Hamidié, vecina á su palacio. Es el único momento
+en que se deja ver públicamente.
+
+Abdul-Hamid podía prescindir de esta ceremonia, especialmente desde hace
+tres años, en que estuvo próximo á perecer, por la explosión de una
+máquina infernal, á la salida de la mezquita. Pero el «Comendador de los
+Creyentes» quiere cumplir sus deberes de supremo jefe religioso, y en
+treinta y cinco años sólo dos viernes, por causa de enfermedad, ha
+dejado de presentarse en el Sélamlik.
+
+Esta asistencia voluntaria á una fiesta en la que ha sido objeto de
+atentados, demuestra que Abdul-Hamid no vive sometido á locos temores ni
+le trastorna una manía persecutoria, como han hecho creer los armenios
+que escriben desde París.
+
+El sultán vive más allá de los arrabales de Constantinopla, en Yildiz
+Kiosk ó «Palacio de la Estrella», extensión amurallada, como diez ó doce
+veces Madrid, en la que hay un lago donde pesca y navega á vapor,
+caminos por los que corre en automóvil, bosques plagados de caza y unos
+cincuenta palacios, que habita y abandona á su capricho, mudando su
+residencia varias veces en una misma semana. Con una instalación tan
+completa se comprende que el majestuoso señor no sienta ningún deseo de
+visitar Constantinopla. Sólo una vez por año entra en la gran ciudad;
+pero es por mar, atravesando el Bósforo en dorado caique, para hacer una
+visita religiosa al Viejo Serrallo, donde se guardan como milagrosas
+reliquias el manto y el estandarte del Profeta.
+
+Todos sus caprichos y deseos puede cumplirlos sin salir del inmenso
+jardín que le sirve de palacio. Entre esposas legítimas, odaliscas y
+parientas, su harem guarda unas trescientas mujeres.
+
+No por esto hay que suponer al sultán entregado á pecaminosas
+diversiones. Hombre de gran actividad para los negocios públicos, quiere
+saber todo lo que ocurre en sus vastos dominios, y le falta el tiempo
+para tantos estudios, consultas y audiencias. Su harem numerosísimo es
+puro aparato; necesidad de seguir las tradiciones musulmanas,
+Abdul-Hamid repite--según dicen--, con la certidumbre de la experiencia,
+que el hombre sólo debe acordarse de tarde en tarde de las mujeres, para
+no ser un esclavo.
+
+Cinco mil personas forman su servidumbre alta y baja. Las cocinas
+imperiales dan de almorzar y de comer diariamente á cinco mil bocas, con
+la generosidad propia de una vivienda imperial. Imagínese el lector los
+carros de pan, los rebaños de ovejas y carneros, los cargamentos de
+hortalizas, las tinajas de miel y otras vituallas que diariamente
+entran en las despensas del palacio. Á los cinco mil servidores hay que
+añadir los regimientos que acampan en el recinto de Yildiz Kiosk, lo que
+forma un total de diez mil personas.
+
+El intendente del palacio es un importante personaje; pero el Gran
+Eunuco es superior á él, y exhibe con orgullo su título de Alteza. En
+realidad, es el más poderoso de los funcionarios de una monarquía
+absoluta, pues conoce de cerca las debilidades del señor, y esto crea
+siempre cierta confianza.
+
+Tenía grandes deseos de ver de cerca á este extraño personaje, y amigos
+influyentes preparaban nuestra entrevista. Después he desistido. ¿Para
+qué? El Gran Eunuco iba á recibirme en su casa, una casa á la europea,
+con muebles seguramente traídos de Viena, que serán su orgullo. Además,
+sólo habla turco. Para ver la colección de blondas artísticas que está
+formando y que exhibe á los extranjeros, no vale la pena de molestarse y
+llamar Alteza á este grotesco y triste personaje.
+
+No es fácil el acceso al «Palacio de la Estrella». El día del Sélamlik
+los embajadores, que son en Turquía los personajes más respetados
+después del sultán, se quedan fuera del palacio en un elegante y
+grandioso pabellón de dos pisos, entre el Yildiz Kiosk y la mezquita
+Hamidié. Allí, en un palacio anexo, recibe el sultán á los embajadores,
+después de la ceremonia religiosa, si es que tiene algo que preguntarles
+ó comunicarles.
+
+Cuando por algún asunto urgente entran los representantes diplomáticos
+en el interior del inmenso jardín, siempre los recibe Abdul Hamid en un
+palacio ó kiosco distinto.
+
+Los banquetes en Yildiz Kiosk son algo semejante á las fiestas de _Las
+mil y una noches_. El convidado se ve en un salón con gruesos
+candelabros de oro de la altura de dos hombres. Los platos son de oro
+trabajado á martillo; los cubiertos, de oro; de oro las botellas y hasta
+las argollas de las servilletas.
+
+Casi siempre estos banquetes son de treinta ó cuarenta cubiertos; pero
+hace poco se dió en palacio una comida á la oficialidad de la flota
+inglesa (unas doscientas personas) y el servicio fué de oro, tan
+completo como siempre, sin que se notase la menor falta por el excesivo
+número de convidados. Este palacio de misteriosas riquezas es
+inagotable. Comerían mil á la mesa del sultán, y es posible que á nadie
+le faltase su pila de platos de oro y su áureo cubierto.
+
+En Turquía, la riqueza ostentosa resulta aplastante. El viajero se
+marcha hastiado para siempre de las piedras preciosas, enormes hasta la
+ridiculez, y tan exageradamente ricas, que se acaba por perderlas todo
+respeto.
+
+Algo semejante ocurre con las condecoraciones. El sultán, al darlas,
+regala las insignias en brillantes. Los _maîtres_ que dirigen el
+servicio en un banquete del sultán, llevan el pecho cruzado de bandas y
+constelado de estrellas de diamantes. El Gran Señor condecora también á
+las damas turcas, hijas ó parientes de los pachás, y muchas de las
+encapuchadas que pasan en carruaje por las calles de Stambul, yendo á
+visitas y fiestas, llevan bajo el misterioso dominó bandas multicolores
+y estrellas y medias lunas de brillantes.
+
+ * * * * *
+
+Trotan los escuadrones de jinetes por las fangosas calles vecinas al
+Bósforo, camino de Yildiz Kiosk; pasan en sus carruajes imponentes
+pachás, bordados, galoneados y con pesadas charreteras de oro; desfilan
+los batallones, precedidos de una música con alegres chinescos;
+presentan las armas los cuatro centinelas de cada cuartel á los coches
+de los diplomáticos, que llevan en el pescante al _cabás_, criado que
+sirve de insignia á toda la legación, con su uniforme de oficial turco,
+completado por el sable corvo y el revólver de funda dorada.
+
+La Constantinopla oficial y vistosa, el ejército, los pachás, la
+diplomacia, los jefes árabes venidos de los lejanos _vilayetos_
+asiáticos, todos marchan en la misma dirección.
+
+Vamos al Sélamlik.
+
+
+
+
+XXII
+
+El Sélamlik
+
+
+Desde el kiosco destinado al cuerpo diplomático, contemplo el más
+asombroso de los panoramas que ofrece Constantinopla.
+
+En el horizonte, el mar de Mármara une su azul intenso con el azul del
+cielo, blanqueado por el sol, y extiende la corriente del Bósforo entre
+la ribera asiática, cubierta de bosques y palacios, y la ribera europea,
+que desaparece como abrumada bajo el caserío de Constantinopla. El
+oleaje de tejados rojos y negruzcos se pierde de vista, siguiendo las
+ondulaciones de las colinas y los ángulos entrantes y salientes de la
+costa.
+
+Los agudos minaretes, con balconcillos circulares, semejan los mástiles
+con cofas de blancos navíos encallados é invisibles en la inmensa masa
+de la ciudad. En la azul extensión del mar, se destacan, cual dormidos
+insectos, los buques de guerra, negros é inmóviles, con manchas de
+vivos colores temblando junto á sus colas. Sus banderas de las grandes
+potencias que ondean en la popa de los buques _estacionarios_, ó el
+pabellón otomano, rojo, con media luna y estrellas blancas, que se
+exhibe en las vergas de varios yates imperiales que el sultán no ha
+visto nunca, ó de modernos navíos que envejecen sin levar sus anclas.
+
+De la ventana del kiosco diplomático se domina el mar, las colinas y la
+ciudad. Desde las hondas orillas del Bósforo remóntanse, formando
+distintas mesetas, las barriadas y los jardines, hasta las alturas en
+que se halla situado el palacio de la Estrella. Un ancho camino pasa por
+debajo de la ventana. Es el que conduce desde la puerta del palacio á la
+mezquita Hamidié: un trayecto de unos cuatrocientos metros en suave
+pendiente. En este espacio, que ocupa toda la cumbre de la colina de
+Orta-Keni, se verifica todos los viernes la ceremonia del Sélamlik.
+
+Van llegando las tropas. No existe ejército de exterior más impotente
+que el turco. Contra todas las precauciones que puede inspirar la
+afición de los orientales á lo vistoso y abigarrado, las tropas turcas
+ofrecen un aspecto sombrío y grave. Sus uniformes obscuros sólo están
+animados por los vivos toques del rojo de las bocamangas y del fez.
+Visto desde lo alto, este ejército no ofrece ninguna distinción de
+categorías. El mismo gorro llevan los generales, y aun el mismo Sultán,
+que el último soldado. El fez, cobertera uniforme de todos los
+otomanos, unifica las filas. No hay aquí la diversidad de penachos,
+galones y cascos de los ejércitos occidentales, que clasifica á los
+guerreros según el aspecto de las cabezas. Hay que mirar de cerca á los
+militares turcos para reconocer en los dorados de sus hombreras las
+diferencias de categorías.
+
+Desfilan al son de estrepitosas bandas de bárbara marcialidad los
+regimientos de línea, vestidos de obscuro azul, llevando al frente á sus
+jefes, montados en pequeños caballos turcos, que aun parecen más
+diminutos bajo la obesidad de sus jinetes. Los batallones árabes se
+distinguen, en esta aglomeración de cabezas rojas, por sus turbantes
+verdes, color religioso exaltado por el Profeta. Los albaneses, vestidos
+de blanco, á la zuava, forman en la puerta del palacio como tropa de
+preferencia, encargada de la guarda del sultán. Llegan los marinos de la
+escuadra, con sus oficiales á caballo: unos marinos de altas botas, que
+llevan al cinto por toda arma el ancho sable de abordaje. Al pie de la
+colina de Orta-Keni, ondean las rojas banderolas de los lanceros. Los
+regimientos de caballería tienen bandas de música, y se ve á los
+trombones, enroscados al cuerpo de los jinetes, como enormes serpientes
+de metal, saltar bruscamente á impulsos de los botes de los caballos,
+ocultos tras un pliegue del terreno.
+
+El aspecto imponente de estas tropas se debe á la edad de los soldados.
+El ejército turco es un ejército _duro_. No se ven en sus filas
+muchachos barbilampiños y á medio formar, como en los ejércitos de
+Europa. El soldado turco es hombre de veinticinco á treinta años,
+fuerte, macizo, bigotudo, en todo el esplendor de su desarrollo. Unase á
+esto la fe ciega del mahometano, ese fervor religioso que inspira
+respeto por su ingenuidad aun á los más escépticos, y se comprenderá lo
+que es una masa de siete ú ocho mil soldados otomanos. Después de
+verlos, nada puede asombrar de cuanto se diga sobre su resistencia ante
+el enemigo y su fiera conformidad ante la muerte. Se lo imagina uno mal
+dirigido en los campos de batalla, y dejándose matar, sin retroceder un
+paso. Pero volviendo la espalda, no hay quien se lo figure.
+
+Al detenerse y extender sus filas á lo largo del camino, descansan sus
+fusiles en tierra con un golpe seco y uniforme, y quedan inmóviles, con
+una inmovilidad que parece de ensueño.
+
+Nadie diría que al pie de la ventana hay formados algunos miles de
+hombres. Ni un susurro, ni una palabra, ni una tos. Hasta los caballos
+permanecen inmóviles, sin el más ligero relincho. Parece una inmensa
+exhibición de figuras de cera. La brisa mueve las borlas de los gorros,
+el oro de las charreteras, las gualdrapas de los caballos; pero esto es
+todo lo que se agita y parece tener vida en la enorme aglomeración de
+hombres. Los cuerpos no se mueven; los ojos, vagos y como de vidrio,
+miran sin ver; las bocas, cerradas, no parecen respirar.
+
+Un silencio absurdo lo envuelve todo; un silencio de pesadilla, un
+silencio más profundo que el de la noche, reproduciéndose bajo la luz
+del sol.
+
+En el kiosco, los embajadores y las grandes damas del cuerpo diplomático
+hablan con entera libertad; pero, sin embargo, sus voces suenan con
+cierta sordina, como cohibidas instintivamente por el silencio exterior.
+Campo Sagrado, con su hidalga cortesía española, cumplimenta á las
+señoras; Constans, el famoso embajador de la República francesa, habla
+en correcto español, recordando sus años juveniles de Madrid: todo un
+mundo de oficiales extranjeros, puestos de gran uniforme, agregados
+diplomáticos, secretarios, dragomanes y elegantes damas, rodea á los
+embajadores europeos, que son en Constantinopla algo así como
+semidioses, con más poder que el mismo sultán, pues muchas veces amargan
+sus días con enérgicas reclamaciones y turban su sueño.
+
+Las palabras, las risas y los cuchicheos caen de las ventanas, como
+involuntarias irreverencias, sobre la muchedumbre guerrera, silenciosa é
+inmóvil. Ni una mirada se eleva; ni un rostro se contrae. No ven, no
+oyen; están como muertos bajo la doble mortaja de la disciplina militar
+y el fervor religioso. Esperan al _Padichá_, nombre que dan los turcos á
+su emperador. El título de _Sultán_ sólo lo emplean los árabes.
+
+La conversación y la risa de los europeos tampoco conmueven á los
+ayudantes de campo del emperador, cubiertos de oro, y á los empleados
+palatinos, de negra _stambulina_, que permanecen erguidos é inmóviles en
+las puertas y ventanas de los salones del kiosco. Imposible moverse sin
+tropezar con ellos. Levantáis un cortinaje, y vuestra mano tropieza con
+el pecho de un coronel, inmóvil como un adorno del salón, y que no
+cambia de lugar ni os mira. Vais á una ventana, é inmediatamente
+percibís la sensación de que alguien está detrás: un señor de levita y
+gorro, con un rosario de ámbar en las manos, que jamás fija sus ojos en
+los vuestros, como si ignorase vuestra presencia.
+
+El sultán recibe á sus huéspedes con la mayor cortesía, enviándoles
+orientales saludos de amistad. Estáis como en vuestra casa; los esclavos
+negros ofrecen cigarrillos; bajo tapices de seda, con flores doradas,
+llegan las humeantes tacitas de café y los vasos de oro llenos de
+confitura de rosas; pero no podéis dar un paso sin que unos ojos os
+sigan; no podéis sentaros sin que alguien se siente cerca de vosotros;
+no podéis hablar sin que un señor de uniforme ó de levita venga á
+situarse á pocos pasos, volviéndoos la espalda, para mayor disimulo. Al
+asomaros á una ventana, debéis arrojar antes el cigarro. Nadie puede
+llevar nada en las manos. Las señoras deben abandonar sus sombrillas,
+aunque las tueste el sol. Una maquinilla fotográfica es un crimen que
+se paga con la expulsión. El alto espionaje, que consume con enormes
+sueldos una gran parte de la renta pública, vela por la existencia del
+_Padichá_ con una meticulosidad ridícula.
+
+Un crujido de arena, bajo la marcha acompasada de muchos pies, turba el
+profundo silencio exterior.
+
+Me asomo á la ventana. Dos filas de pachás descienden la cuesta, camino
+de la mezquita, con el sable en una mano enguantada de blanco, y
+moviendo la otra al andar con una regularidad de simples soldados. Son
+los generales que tienen empleo palatino ó están en los ministerios.
+Salen del palacio y van á la mezquita, agrupándose en la puerta de ésta
+para recibir al señor. Sobre sus levitas de obscuro azul, adornadas con
+grandes charreteras de oro, brillan condecoraciones de un esplendor
+fantástico; estrellas de brillantes, soles de rubíes y esmeraldas, todas
+las insignias que puede regalar un monarca oriental de fabulosa
+generosidad.
+
+Estos pachás son la flor del imperio. Los hay viejos, tostados y secos,
+con grandes barbas blancas y gafas de oro, antiguos generales que
+pelearon con los rusos en las orillas del Danubio y resistieron en
+Plewna con la tenacidad inconmovible del musulmán. Otros, jóvenes,
+morenos y obesos, son altos oficiales por la voluntad del Gran Señor;
+generales por nacimiento, que nunca han mandado tropas; almirantes
+hereditarios que jamás pisaron el puente de un acorazado.
+
+El silencio se agranda. En las muchedumbres occidentales, la emoción se
+manifiesta con empujones de impaciencia y sordos rugidos. Los turcos, al
+llegar el momento esperado, lo anuncian con una inmovilidad mayor, con
+un silencio absoluto, absolutísimo; con la ausencia de todo signo de
+vida.
+
+En el balconcillo del minarete de la mezquita Hamidié aparece un hermoso
+_imán_, de barba negra y turbante blanco. Visto de lejos, parece un
+muñequillo asomado á un balcón de encajes. Extiende, como alas de
+murciélago, las grandes mangas negras de su sotana, y un canto plañidero
+y dulce, semejante á una _saeta_ andaluza, rasga el denso silencio,
+descendiendo hasta nosotros, como si viniera del cielo.
+
+Empiezan á bajar carrozas por la enarenada cuesta, camino de la
+mezquita. Son las sultanas y odaliscas del harem imperial; unas cuantas
+nada más, pues de ir todas en el cortejo, duraría éste horas enteras.
+
+Los eunucos negros, con las manos cruzadas sobre el vientre, marchan
+formando un círculo en torno de cada coche. En unos van las hermanas é
+hijas del _Padichá_; en otros, sus tías; en los que rompen la marcha,
+las odaliscas preferidas. Entre los generales y almirantes que, sable en
+mano, forman un grupo ante el kiosco, hay hijos y hermanos del
+emperador. Lo mismo pueden llegar un día al trono, que morir desterrados
+en una provincia de Asia, ó amanecer con las venas cortadas y unas
+tijeras junto á la cama, para que todos crean en un suicidio.
+
+Al través de los vidrios de las carrozas se ven blancos velos, ojos
+pintados de negro, joyas enormes, mantos bordados de oro con una
+suntuosidad oriental... y vestidos parisienses, chillones y de mal
+gusto, de esos que los costureros de París guardan, según ellos dicen,
+para las damas turcas y las millonarias de América.
+
+Un rugido feroz corre al frente de las filas. Los soldados presentan las
+armas. Un _landeau_ sencillo, tirado por seis caballos de una belleza
+inexplicable, como sólo puede poseerlos el soberano de la Arabia, avanza
+lentamente. Delante de él y á los lados marchan, en revuelta confusión,
+guardias albaneses con el fusil al hombro y la bayoneta calada; pachás
+que se codean y pisotean con los simples soldados; palafreneros de
+dalmática bordada, gruesa como coraza de oro; simples dignatarios de
+palacio vestidos de negro; jefes árabes, de nítido albornoz, venidos del
+Yemen para saludar al descendiente del Profeta. Los grupos de generales
+y almirantes situados al paso se unen á este grupo que corre en torno
+del carruaje, oprimiéndose contra sus ruedas y agrandándose por
+momentos.
+
+Solo en el _landeau_, con la capota caída, se muestra el emperador, el
+hombre omnipotente, el _Padichá_, el Sultán, el Comendador de los
+Creyentes, rey y pontífice á un mismo tiempo de muchos millones de
+hombres.
+
+Al pasar ante el kiosco diplomático, levanta los ojos hacia las ventanas
+y saluda levemente, con gravedad musulmana. Es un hermoso tipo
+masculino; una figura de guerrero y de creyente. Sin duda va pintado
+como las mujeres de su harem. Á juzgar por los años que ocupa el trono y
+su anterior juventud, debe estar en los setenta, y sin embargo, la
+luenga barba es de un negro intenso y el rostro tiene un aspecto de
+juventud. Este hombre, que es señor de una parte considerable de Asia y
+de una de las primeras capitales de Europa, que posee tesoros como los
+de _Las mil y una noches_, que es rey de Bassora, la de las perlas, y de
+Bagdad, la de las fantásticas riquezas, se muestra simplemente vestido
+de negro, sin un adorno, sin una alhaja, con algo de clerical y severo
+en su indumentaria.
+
+Lo que se admira al momento en él es la tranquilidad, la resignación
+valerosa del musulmán. Este hombre no tiene miedo ni puede tenerlo, á
+pesar de cuanto han dicho los periodistas franceses. Es un fatalista. Si
+está escrito que le maten, le matarán de todas maneras, por ser así la
+voluntad de Alláh. Y á pesar de que en el Sélamlik intentaron
+asesinarle, valiéndose de un vehículo cargado de dinamita, va á él todos
+los viernes, y pasa bajo las ventanas del kiosco diplomático, desde las
+cuales se le puede alcanzar fácilmente, y se exhibe más allá, ante una
+muchedumbre que aguarda bajo el sol, contenida por las filas de la
+tropa.
+
+Las bandas de música hacen sonar el himno imperial, una especie de
+mazurca alegre; los gritos del _imán_ llegan de lo alto durante las
+breves pausas del himno; los soldados lanzan por tres veces una
+aclamación feroz, un grito de guerra que es un viva.
+
+El sultán penetra en la mezquita. Fuera, en el gran patio, aguardan las
+damas del harem, dentro de sus carrozas, con los caballos
+desenganchados, por una precaución tradicional. Todas las tropas vuelven
+el frente á la mezquita para no estar, ni aun á gran distancia, de
+espaldas al emperador.
+
+Cuando media hora después, terminada la plegaria del Sélamlik, vuelve el
+sultán al palacio, el regreso parece menos ceremonioso y más entusiasta.
+El Comendador de los Creyentes, dejando partir las carrozas de las
+mujeres, los caballos de respeto que llevan de la brida los dorados
+palafreneros, toda la pompa de su corte, avanza en un ligero cochecillo
+de dos ruedas, tirado por un tronco de hermosas bestias que él mismo
+guía, acariciándolas con el látigo. Su hijo favorito, vestido de
+almirante, se sienta al lado de él.
+
+El tumulto de generales, dignatarios y simples soldados de la guardia,
+se hace mayor en torno del ligero cochecillo. Corren jadeantes los
+pachás y los oficiales, pisoteándose y aclamando al emperador. Suenan
+otra vez las músicas; pero apenas se oyen, sofocadas por el griterío de
+muchos miles de hombres.
+
+Los soldados, silenciosos antes como estatuas, rugen al presentar las
+armas y ver de cerca á su emperador: «¡Larga vida al _Padichá_!»
+
+No son los fríos vivas de ordenanza de otros países. Las aclamaciones
+del turco vienen de adentro, de lo más hondo.
+
+En este país es inútil soñar con reformas y revoluciones.
+
+Turquía podrá desaparecer; pero cambiar... ¡nunca! Sólo puede ser como
+es, y así vivirá ó morirá.
+
+El buen musulmán jamás discute á su soberano. El _Padichá_ es algo más
+que un rey de la tierra: es representante de los poderes del cielo.
+Cuanto él hace, bueno ó malo, lo hace Dios, y el turco es el más
+religioso y resignado de los hombres.
+
+Aun en sus mayores desgracias, al verse en la miseria ó ante el cadáver
+de un ser amado, nunca tiene una lágrima ni una palabra de protesta. Le
+basta, para consolarse, suspirar melancólicamente:--¡Alláh lo ha
+querido!
+
+
+
+
+XXIII
+
+Los perros
+
+
+Antes de conocer Constantinopla, cuando yo evocaba en la imaginación la
+gran ciudad oriental, reconstruyéndola con arreglo á ciertas lecturas,
+lo primero que veía eran los perros, los famosos perros de la metrópoli
+turca.
+
+Muchas cosas que amaba por los libros, no las he encontrado al llegar
+aquí. Unas han desaparecido bajo las huellas del tiempo; otras eran
+mentiras poéticas, que jamás tuvieron realidad. Pero los perros, los
+célebres perros, aquí están, como en otros siglos, llenando las calles,
+obstruyendo las aceras, dificultando el paso de los vehículos, sin casa,
+sin amo, sin otro medio de subsistencia que el respeto tradicional y la
+ternura que siente el turco por todos los animales.
+
+¿Quién no ha oído hablar de los perros de Constantinopla? Hasta hace
+pocos años eran la única policía urbana de la gran ciudad; el cuerpo de
+limpieza pública, encargado de que las calles no quedasen totalmente
+obstruídas por carroñas de animales y montones de estiércol. Ahora, la
+influencia europea ha logrado que la triple ciudad de Constantinopla, ó
+sea Stambul, Pera y Scutari, tengan tres municipios, compuestos
+exclusivamente de ciudadanos turcos, que velan á su modo por la limpieza
+de las calles. Hay barrenderos indolentes y carretillas de riego para
+las principales vías; mas no por esto los perros han perdido sus
+antiguos privilegios. Al anochecer, de todas las casas arrojan á la vía
+pública el estiércol y los desperdicios; acuden los perros; la noche
+entera pasa entre ladridos, mordiscos y estrépito de lucha en torno del
+festín, y á la mañana siguiente, los barrenderos «quitan la mesa»,
+llevándose lo que no han podido devorar estos pupilos de Constantinopla.
+
+Venecia tiene sus palomas, que han vivido y procreado durante siglos á
+expensas de la República, como una institución nacional.
+
+Constantinopla tiene sus perros, respetados por el turco con cierta
+superstición, como si su suerte fuese unida á los destinos del pueblo
+otomano en el suelo de Europa.
+
+Vinieron, según la tradición, desde el fondo del Asia, siguiendo al
+ejército turco. Cuando éste tomó á Constantinopla, los perros se
+aposentaron en las calles y en las ruinas, considerando á la enorme
+ciudad como conquista propia. Eran perros vagabundos y guerreros,
+acostumbrados á toda clase de privaciones; perros de soldado, sin dueño
+fijo, acariciados y mantenidos por todo un ejército; animales de
+campamento hechos á la vida común, á buscarse el sustento por sí mismos.
+Dentro de Constantinopla continuaron su vida de vivac. Su parte de
+gloria en la gran hazaña turca, su muda colaboración en la marcha de
+siglos, desde el centro de Asia á las bóvedas de Santa Sofía, la cobran
+estos animales con el respeto de todo un pueblo, con una consideración
+popular que parece elevarlos casi al nivel del hombre.
+
+Yo me los imaginaba feos, hirsutos, flacos, amenazantes, con colmillos
+babosos de rabia y ojos amarillentos de fiebre: una especie de leopardos
+urbanos, que hacían peligroso el tránsito por las calles de
+Constantinopla. Me sorprendí al verlos por primera vez, gordos,
+lustrosos, de una belleza ruda y silvestre, con hocico y gestos de lobo,
+pero de buen lobo, cortés y juguetón, con un pelo de color de miel,
+lavado por las lluvias. Son de regular alzada; muestran unos colmillos
+de espeluznante blancura; casi os derriban cuando se alzan sobre las
+patas traseras para acariciaros, y sin embargo, á nadie inspiran miedo.
+Peléanse entre ellos con encarnizamiento de fieras: todos llevan en su
+cuerpo señales de mordiscos; un combate de dos perros es algo horrible
+que pone en conmoción á toda una calle, y á pesar de esto, basta que un
+niño les amenace con un palo, para que se retiren, basta que un turco
+les largue una patada, para que huyan sin revolverse, pasando del
+rugido feroz al lamento lacrimoso. Saben que su subsistencia depende del
+hombre, y lo respetan como á un dios que dispone de sus vidas. Rara vez
+atacan á las personas; nunca se ha conocido la enfermedad de la rabia en
+estos vagabundos, y cuando muerden, muy de tarde en tarde, á los
+transeuntes, casi siempre son mujeres las víctimas de sus ataques.
+
+¿Cuántos perros vagabundos existen en las calles de Constantinopla?
+Nadie lo sabe. Los más parcos en sus cálculos dicen que 80.000. Otros
+los hacen ascender á centenares de miles. Un comerciante francés ofreció
+al gobierno otomano una enorme cantidad para exterminar los perros y
+aprovechar sus pieles. Un buen negocio industrial, según parece. El
+vecindario turco se indignó. ¡Matar sus perros! ¡Exterminar á los fieles
+camaradas de los conquistadores de Constantinopla!...
+
+Los extranjeros van por las calles con grandes pedazos de pan, para
+obsequiar á estos pupilos de Turquía. Así como en la plaza de San Marcos
+las damas viajeras tienden sus manos llenas de trigo á los palomos
+venecianos, desapareciendo envueltas en una nube de plumas palpitantes y
+picos acariciadores, aquí se las ve, hundidas hasta las rodillas, entre
+pelos rojizos, hocicos babeantes y rabos inquietos, partiendo un
+mendrugo con los enguantados dedos y arrojando pellizcos de pan á las
+fauces glotonamente abiertas.
+
+Causa admiración el orden de esta república perruna, falta de
+gobernantes y de leyes escritas, pero sometida, por el instinto de
+vivir, á una disciplina social. Muchas veces, al abandonar yo el comedor
+del hotel, recolecto en todas las mesas los pedazos de pan olvidados,
+tarea en la que se me adelantan con frecuencia otros viajeros. Salgo á
+la calle y me rodea un grupo de perros estacionados frente á la casa; la
+familia ó tribu á la que corresponde por derecho tradicional este trozo
+de vía. Ni ladridos ni empujones de impaciencia. El jefe de grupo, el
+patriarca, el guerrero, alcanza en el aire el primer pedazo, y va á
+situarse lejos de los suyos, vigilando la calle para evitar que ningún
+intruso se ingiera en el banquete. Mientras tanto, la familia va
+cogiendo al vuelo los otros pedazos, siguiendo un turno riguroso, sin
+que á nadie se le ocurra adelantarse á otro y arrebatarle su parte. De
+vez en cuando se aproximan otros perros, azuzados por el hambre,
+queriendo introducirse en el grupo, y una ruidosa batalla pone en
+conmoción á la calle entera.
+
+El guerrero, erguido sobre las patas traseras, hace frente á los
+invasores, y pelea él solo, mientras la tribu come. Aullidos, mordiscos,
+lucha á brazo partido; pues los perros de Constantinopla combaten
+poniéndose de pie y agarrándose como hombres, al mismo tiempo que
+dirigen á la cara del enemigo las acometidas de sus colmillos. Cuando el
+peleador sale ensangrentado del encuentro, se tiende en el arroyo, y
+toda la familia le rodea, con aulladora gratitud, lamiendo horas y
+horas sus heridas.
+
+Marcháis por una callejuela seguido de varios perros que os husmean las
+manos y se empinan hasta vuestros bolsillos, con la esperanza del pan.
+De pronto, os veis solo. Los perros quedan atrás, y no os seguirán por
+más que intentéis atraerlos con silbidos y exclamaciones cariñosas.
+Están en los límites de «su jurisdicción»: han llegado al término del
+trozo de calle que les pertenece, y no pasarán de allí. Otros perros os
+salen al encuentro, os acarician, os siguen, hasta llegar al término de
+su territorio, y allí os dejan rodeados por una nueva tropa canesca.
+Así, de escolta en escolta, podéis correr por la noche toda
+Constantinopla. Cuando estalla una tempestad de ladridos, es que un
+grupo ha osado introducirse en terreno enemigo. Cuando una riña feroz
+conmueve el barrio, es que un perro vagabundo, sin familia y sin
+domicilio, es atacado por los burgueses de la raza, gente de bien, amiga
+del orden, que no puede tolerar tales faltas de disciplina social. El
+bohemio canino que vaga por Constantinopla, acaba inevitablemente sus
+días asesinado y devorado por las familias honradas de su especie.
+
+Según es la calle, así es el aspecto de los perros acampados en ella. En
+las vías modernas más elegantes de Pera y Galata, donde están las
+grandes tiendas de bisutería, ropas, muebles y libros, los perros
+ofrecen un aspecto lamentable; flacos, piojosos y lanudos, mirando
+melancólicamente á las enormes lunas de los escaparates, tras los cuales
+se exhiben cosas hermosísimas, pero que no sirven para comer. En las
+callejuelas turcas, llenas de inmundicias y de pequeños puestos de
+comestibles alineados en el arroyo, el perro es alegre, juguetón y de
+sano aspecto.
+
+Dice un antiguo refrán turco: «Si mirando se aprendiese un oficio, todos
+los perros serían carniceros.»
+
+No hay carnicería de Constantinopla que no tenga ante la puerta unos
+veinte ó treinta perros, todos en fila, sentados sobre el cuarto
+trasero, silenciosos, con una gravedad de gentes bien educadas, fijos
+sus ojos en el dueño, con expresión de súplica, y abriendo la roja
+garganta á impulsos de insinuantes bostezos. Aguardan lo que caiga, y lo
+que cae las más de las veces es una mano de latigazos, pues el carnicero
+turco acaba por enojarse con esta tertulia muda que obstruye la puerta
+de la tienda y hace tropezar á los parroquianos.
+
+En medio de las bandas de perros que corretean por las calles á la caída
+de la tarde y duermen enroscados en las aceras á la hora del sol, se ven
+animales grotescos y repugnantes, tristes caricaturas de su especie.
+Unos llevan los ojos saltados; otros el lomo partido por sanguinolentas
+dentelladas ó el hocico medio devorado y con un morro pendiente. Son
+recuerdos de sus batallas con los compañeros de raza. Otros caminan á
+saltos, con una pata rota vuelta hacia arriba, ó arrastran por el suelo
+su inmóvil parte trasera, como si fuesen extraños lagartos. Las ruedas
+de un vehículo les han dejado así, á pesar del respetuoso cuidado con
+que los turcos tratan á los animales. El cochero de Constantinopla antes
+prefiere volcar que aplastar á los perros. Los carruajes se detienen á
+cada instante ó dan bruscos rodeos para salvar sus vidas. Pero estos
+animales, habituados á un respeto tradicional, abusan de él, durmiendo
+tranquilamente en mitad de las calles de más tránsito.
+
+Cuando una perra lanza su prole en plena vía pública, el buen turco saca
+un cajón, un tonel, un gran cesto lleno de paja, y lo coloca en mitad de
+la acera para que sirva de cuna á los reciennacidos. La gente tiene que
+dar un rodeo y bajarse de la acera desafiando el peligro de los coches;
+la circulación se dificulta é interrumpe, pero nadie protesta ni mueve
+el obstáculo. Sálvense los animales, aunque perezcan las personas.
+
+Las primeras noches de estancia en Constantinopla son horribles. Los
+viajeros buscan en los hoteles las habitaciones interiores, lejos de la
+calle. Ladridos toda la noche; batallas en torno de los montones de
+estiércol; concierto de aullidos cada vez que pasa un trapero con un
+farol, ó cuando un transeunte les parece sospechoso. Las noches de luna,
+Constantinopla se estremece con ruidosas y feroces contorsiones. Hasta
+las piedras parecen ladrar al astro de la noche. Al fin, el viajero
+adquiere oídos turcos, y se duerme arrullado por esta tempestad de
+ladridos, como podría dormir bajo el susurro de las olas ó la brisa
+perfumada de un jardín lleno de ruiseñores.
+
+¡Las obscuras tragedias que se desarrollan en esta sociedad animal,
+regida por el misterioso idioma de la mirada y el ladrido! ¡Las leyes
+crueles é inexorables de esta república de los perros!...
+
+Una tarde fuí al santo barrio de Eyoub en un vaporcito, siguiendo el
+Cuerno de Oro en toda su extensión. Un perro flaco, triste, de mirada
+dulce, pasaba y repasaba durante el viaje, entre las piernas de los
+viajeros. Al abordar al pontón de Eyoub, intentó deslizarse, oculto
+entre el gentío, pero un estrépido horripilante estalló de pronto,
+asustando á las buenas turcas encapuchadas que salían del vapor. Más de
+una docena de perros se arrojaron sobre el recién llegado como bestias
+feroces, mordiendo de veras, «tirándose á matar», buscando su cabeza con
+los agudos colmillos. El pobre can, como si esto no le sorprendiese,
+como si fuera algo esperado, corrió á refugiarse en el barco que volvía
+á Constantinopla.
+
+Pasé la tarde en Eyoub. Al anochecer esperé en el pontón la llegada del
+barco que iba á hacer su último viaje á la ciudad. Llegó el vapor, y
+entre la avalancha de viajeros intentó pasar el mismo perro. Pero otra
+vez salieron á su encuentro los enemigos, con terrible acometida de
+aullidos y mordiscos, y tuvo que refugiarse de nuevo en la cubierta.
+
+¡El triste regreso hacia Constantinopla! En vano di pan al mísero
+animal. Comía con avidez de hambriento, pero sus ojos iban hacia Eyoub,
+que se perdía en el fondo del Cuerno de Oro, con sus cristales
+inflamados por la agonía del sol; hacia Eyoub, al que le atraía el
+instinto, y en el que no podía desembarcar. Cuando llegamos, ya de
+noche, al Gran Puente, el pobre perro se alejó á la luz de las
+estrellas, para refugiarse entre dos tablones y esperar el primer vapor
+de la mañana, emprendiendo de nuevo su viaje. Y al día siguiente
+comenzaría su triste peregrinación, sin otro resultado que mordiscos y
+una fuga vergonzosa; y al otro y al otro lo mismo; y aun estoy seguro de
+encontrarle si emprendo el viaje; y así vivirá hasta que muera ó le
+maten; empujado hacia la santa barriada de Eyoub por un buen recuerdo
+del pasado, y detenido siempre por la ferocidad implacable de unos
+enemigos que ladran y muerden, tal vez á impulsos de una antipatía de
+raza, de una venganza de familia ó de un obscuro drama de animalidad
+inferior... ¡Quién sabe!
+
+
+
+
+XXIV
+
+Los Derviches Danzantes
+
+
+El muro oriental de la mezquita de Bakarié, en las afueras de Eyoub,
+está rasgado por grandes ventanales con celosías encristaladas, y á
+través de ellas, mientras llega la hora de los oficios, veo cabrillear,
+bajo la lluvia de oro del sol del mediodía, las aguas azules, densas y
+como muertas del Cuerno de Oro, allí donde éste se confunde con las
+llamadas Aguas Dulces de Europa.
+
+De vez en cuando, como una visión cinematográfica, pasa por la extensión
+azul que tiembla más allá de los ventanales una lancha de vela con un
+cargamento de mujeres, ó un caique blanco y dorado, con damas envueltas
+en obscuro dominó, llevando como escolta de honor, junto á los remeros
+sudorosos, una esclava negra.
+
+Adivino que desembarcan en el muelle de la mezquita, invisible para mí.
+Después pasan otra vez estas mujeres misteriosas, ante los ventanales,
+pero á pie, siguiendo lo largo del muro, como actrices que cruzan el
+fondo de una escena dejándose ver sólo por los huecos de la decoración.
+
+Á cada entrada de éstas crece el zumbido de conversaciones y risas que
+se escapa de todo un lado del piso superior de la mezquita, galería
+cerrada con espeso enrejado, tras el cual asisten á la fiesta las
+mujeres turcas.
+
+Yo estoy en lo que pudiera llamarse el coro de la mezquita; una tribuna
+de madera, sobre la puerta de entrada, frente á los ventanales que dan á
+la ría azul, y al lado de la galería enrejada, tras cuyas celosías se
+adivinan vagamente los mismos bultos blancos y negros, é iguales
+movimientos de curiosidad misteriosa que en una iglesia de monjas.
+
+Es miércoles y la respetable cofradía de los Derviches Danzantes va á
+celebrar la fiesta en Bakarié, que es su templo más importante en
+Constantinopla. Los viernes dan otra _representación_ en pleno barrio de
+Pera, en una mezquita perdida entre edificios europeos, rodeada de cafés
+y tiendas modernas, interrumpida muchas veces la solemnidad del rito por
+el pitar de los tranvías y los gritos de los vendedores de periódicos.
+Es una fiesta para los extranjeros de paso; algo semejante á las
+diversiones pintorescas que organiza la Agencia Cook para que los
+viajeros se enteren de las costumbres tradicionales de un país, á tanto
+por ejecutante.
+
+En Bakarié la fiesta religiosa no tiene otro público que los devotos, y
+asiste á ella el Cheik, sacerdote jefe de los Derviches Danzantes.
+Bakarié sólo atrae á las gentes del país. Es una mezquita perdida entre
+risueños cementerios y jardines abandonados en las afueras de Eyoub,
+barrio extremo de Constantinopla, donde no vive ningún europeo, donde
+subsiste la santa mezquita cerrada é inabordable á todo infiel durante
+siglos, donde es molesto á ciertas horas transitar por las tortuosas
+callejuelas, pues las viejas fanáticas, encapuchadas de negro, escupen
+con entusiasmo religioso á los pies del cristiano y le siguen con un
+barboteo senil de palabras incomprensibles, en las que sólo se adivina
+la palabra _perro_ seguida de misteriosas maldiciones.
+
+En el coro de la mezquita de Bakarié no hay otro europeo que yo. Me
+siento como avergonzado por las cien miradas de curiosidad desdeñosa que
+adivino tras las espesas celosías y por el gesto impasible de los
+músicos sentados junto á mí, que parecen no haberse enterado de mi
+presencia. Ocupo una silla mugrienta, algo coja y con el asiento de paja
+próximo á desfondarse, único mueble europeo que el sacristán, tras larga
+rebusca, ha podido encontrar en la mezquita. Los músicos se sientan en
+el suelo, con las piernas cruzadas sobre esteras de fresca y amarilla
+limpieza, y todos ellos visten el traje de los derviches danzantes;
+largas túnicas de pesado paño rojo, verde, blanco ó azul, y sobre ellas
+un manto negro. Sus caras barbudas, bronceadas, feroces, de cejas
+hirsutas y ojos con manchas de color de tabaco, parecen empequeñecerse,
+abrumadas bajo la enormidad del respetable gorro que sirve de distintivo
+á la cofradía: un cono truncado de fieltro gris, sin alas y sin otro
+saliente que un ligero reborde circular. Algo así como una maceta de
+flores, de barro cocido, puesta boca abajo. Unos tienen en sus manos la
+flauta turca y soplan en ella ligeramente, haciendo sordas escalas para
+convencerse de la bondad del instrumento; otros colocan junto á ellos
+los _darboukas_, pequeños timbales que sirven de acompañamiento. Los
+cantores abarcan entre sus rodillas unos catrecillos de madera que
+sustentan el libro abierto, de amarillento papel, con caracteres negros
+y rojos.
+
+Miro al fondo de la mezquita. Las columnas de madera que sostienen las
+galerías superiores están unidas por una barandilla blanca y roja. Entre
+esta barandilla y los muros se hallan las tumbas de los derviches de la
+cofradía que murieron en olor de santidad, catafalcos de paño verde,
+apolillado por el polvo de los siglos, y con enormes turbantes que
+usaron en vida los varones bienaventurados. Entre las tumbas, sobre
+frescas esteras de junco, se sientan en cuclillas ó se arrodillan
+descansando el cuerpo en los talones todos los fieles que acuden á la
+fiesta; gruesos tenderos de Eyoub, burgueses venidos en barca desde
+Constantinopla, jardineros de las cercanías, marinos de los acorazados
+turcos eternamente inmóviles en el Cuerno de Oro, todos con los zapatos
+en la mano y el fez erguido sobre la frente.
+
+Las barandillas de las cuatro columnatas cierran el centro de la
+mezquita, formando á modo de un gran salón de baile con el pavimento de
+madera, limpio, encerado y brillante. Allí están aguardando su hora los
+sagrados ejecutantes de la fiesta, los derviches acurrucados en el
+suelo, formando tres filas, frente al Cheik, que ocupa él solo la parte
+de Oriente, sentado en una piel de cordero. Envueltos en sus mantos
+negros, que forman en torno de ellos amplio embudo, é inclinando á
+impulsos de la meditación el alto gorro que cubre su cabeza, parecen
+extraños insectos que se repliegan para saltar de pronto sobre una presa
+invisible.
+
+Un cantor se ha puesto de pie y avanza con el libro abierto hasta la
+barandilla del coro. Su manto, al entreabrirse, deja descubierta una
+gruesa túnica anaranjada, de pliegues rígidos: una prenda venerable, con
+la respetabilidad de varias generaciones sacerdotales, y que parece
+tejida al mismo tiempo de lana y de plegarias. Es un joven barbilampiño
+y rubio. Su pescuezo blanco se hincha y colorea de sangre con los
+esfuerzos de la voz de falsete. Una ruda protuberancia del cuello, la
+nuez de la garganta, se agita convulsa, sube y baja, marcando las
+modulaciones de la voz.
+
+La plegaria tiene el ritmo de un canto oriental, monótona, soñolienta,
+de misteriosa lentitud, retardándose cada palabra con reflexivas pausas,
+prolongándose con repeticiones é interminables gorjeos, como ciertas
+canciones de Andalucía.
+
+Los derviches, abajo, con la frente en una mano y el codo en la rodilla,
+parecen soñar replegándose cada vez más dentro de sus embudos negros,
+empequeñeciéndose con el reconcentramiento de la meditación.
+
+¿Qué dice la plegaria?... Nada. Interminables alabanzas á Alláh
+invisible, señor del universo, misterioso justiciero sin forma material
+ni otra imagen que los dorados caracteres árabes de elegantes rabos que
+lucen en la mezquita sobre el fondo verde de redondos escudos; nombres
+de sultanes que, agrupados en lista cronológica, son como la historia
+del pueblo turco. Y sin embargo, esta oración, cuyas palabras carecen de
+mérito literario y sólo tiene el encanto de la música adormecedora,
+causa en el auditorio un efecto de recogimiento sincero que rara vez se
+encuentra en los ritos occidentales. La voz del cantor parece hipnotizar
+á los oyentes. Los fieles, con la mirada perdida y el cuerpo rígido,
+empiezan á moverse sobre su cintura, siguiendo con un vaivén cada vez
+más enérgico las palabras del derviche. Los rostros se colorean como si
+reflejasen las llamas de una combustión interior. Las narices se dilatan
+y en los ojos brilla como chispa perdida un punto de luz azulada y
+misteriosa. De vez en cuando un rudo suspiro se escapa de estos pechos
+contraídos por la emoción religiosa. El europeo, solo y aislado en esta
+mezquita lejana, entre la vehemencia silenciosa de unas ceremonias que
+parecen resucitar siglos lejanos, bárbaros y belicosos, se siente
+invadido por la inquietud.
+
+Calla el cantor, cierra el libro, se retira remontando sobre sus hombros
+anaranjados el negro aleteo de su capa, y una música tenue y dulce, un
+suspiro pastoril se extiende en el silencio profundo de la mezquita,
+donde los hombres parecen cuerpos sin alma.
+
+Es una flauta. La media hora de meditación que precede á la danza
+sagrada la llena el gorjeo de este instrumento bucólico. El músico,
+inmóvil entre sus compañeros en cuclillas, que parecen maniquíes, hincha
+sus carrillos, enrojece, suda con el continuo esfuerzo, pero al mismo
+tiempo sus ojos mates, perdidos en éxtasis, delatan el fiero orgullo de
+tener pendiente de su soplo el fervor de los fieles y de los santos
+hermanos de cofradía.
+
+El tierno vagido del instrumento parece enardecer á los orientales,
+creyentes de una religión, en la cual la ausencia de estatuas y pinturas
+litúrgicas obliga al devoto á un continuo esfuerzo imaginativo para
+representarse los poderes ultraterrenos. Los fieles de la mezquita de
+Bakarié sueñan en pleno mediodía, bajo la luz de las ventanas llenas de
+azul y de sol, mecidos suavemente por los lentos trinos de la flauta.
+
+¿Qué ven en sus ensueños? Huéspedes nada más del continente civilizado,
+europeos de paso, obligados á soportar una vida moderna extraña á sus
+costumbres y su tradición, su pensamiento va al más viejo de los mundos,
+á la venerable y misteriosa Asia, cuyas montañas casi pueden
+contemplarse desde los ventanales de la mezquita. El pastoril
+instrumento les hace ver los amarillentos rebaños escalando lentamente
+las colinas tostadas de la Siria y ramoneando sus hierbas olorosas; el
+fresco pozo del desierto al que llega el rudo jinete, mezcla de pastor y
+de pirata de la llanura, saludando á la doncella envuelta en velos que
+extrae el cubo con sus brazos redondos, en los que tintinean anillos de
+bronce; los arenales del Yemen, obscuros á la caída de la tarde, por
+cuyo horizonte pasan las filas de camellos, como cabeceantes y gibosos
+monstruos, sobre el cielo inflamado de rojo; los grupos de palmeras que
+ondean sus penachos de verdes plumas en los oasis que marcan el camino
+solitario hacia la Santa Meca; las tumbas venerables de Medina,
+cubiertas de polvo secular y ostentando entre andrajos de oro las
+pesadas cimitarras de los guerreros de Dios: las plácidas callejuelas de
+Damasco, de húmeda sombra y cerrados jardines; las rojizas y pedregosas
+colinas de Jerusalén, sobre las cuales parece haber pasado el soplo de
+hoguera del Gran Implacable; Bagdad, con sus mezquitas de cúpulas
+partidas y sus bazares como pueblos, adonde acuden las caravanas
+portadoras de fantásticas riquezas; Bassora, cuyos marineros desnudos
+pescan la perla: toda la gloria y todo el esplendor, latentes aún, de la
+raza semita, despreciada ó perseguida por los hombres modernos, y que
+sin embargo, un día, siguiendo las palabras de paz de Jesuhá, el hijo
+del carpintero, se hizo dueña de medio mundo y siglos después,
+repitiendo los gritos de Mohamed, el hijo del camellero, se enseñoreó
+del otro medio.
+
+Un nuevo espectador de la fiesta se sienta junto á mí. Es un oficial de
+la escuadra turca, un joven teniente de navío, con su uniforme inglés
+modificado únicamente por el gorro rojo que cubre su cabeza. Los galones
+de oro de la bocamanga, rematados por un óvalo, brillan sobre el paño
+azul obscuro de la levita. Entre el alto cuello de inmaculada blancura,
+que refleja los objetos inmediatos como un espejo, y la nítida pechera
+de su camisa, resalta la corbata anudada de seda negra, con una gruesa
+perla. Lleva en la mano sus zapatos de charol y sus pies huellan la
+alfombrilla de junco con sus calcetines de seda. Al pasar, parece
+sonreirme con los ojos, como á una persona que no se conoce, pero que se
+ha visto con frecuencia. Todas las noches le encuentro en el barrio
+europeo de Pera, en el teatro de Petits-Champs, donde actúa una compañía
+de opereta francesa. Unas veces lleva su uniforme, otras viste de
+_smoking_, y mientras se atusa los empinados bigotes á lo kaiser, mira
+amorosamente, á través de sus lentes de oro, á las _cocottes_ de
+diversas nacionalidades que pululan en Constantinopla, y habla con ellas
+en diversos idiomas. Se adivina que ha vivido en París y en Londres, que
+es un marino de largos viajes... en tierra, un secretario de comisiones
+internacionales, un agregado militar de embajadas. ¿Qué extraña
+curiosidad le guiaba á la mezquita de Bakarié?...
+
+Se sentó en el suelo, cruzando sus piernas, oprimiéndolas con las manos
+para aproximarlas más al tronco. Escuchó inmóvil la plegaria del cantor,
+y poco á poco su cuerpo empezó á moverse con un balanceo creciente, lo
+mismo que los otros fieles. Luego el susurro de la flauta le sumió, como
+á los demás, en profunda meditación.
+
+Cuando volví á mirarle, sus lentes habían caído sobre el pecho. Un
+arrebol de sangre coloraba su rostro, antes pálido. Su pelo, lustroso y
+plano á los dos lados de la raya central, parecía alborotado por un
+espeluznamiento de cólera. Su ancha nariz turca, nariz de caballo leal y
+arrogante, ensanchábase palpitante como si oliese pólvora. Sus ojos
+miopes, al encontrarse con los míos, reflejaron una extrañeza hostil y
+salvaje. El azul uniforme, con sus insignias europeas, parecía despegado
+de su cuerpo.
+
+Aquel marino era la personificación de la Turquía europea que se
+apropia los inventos modernos, copia la organización alemana, habla
+todos los idiomas de los pueblos civilizados, y adopta las modas de
+París... pero guardando bajo este exterior su alma asiática.
+
+Me imaginé al amigo de las _cocottes_ de Petits-Champs, al marino casi
+inglés, al elegante agregado de embajada, al que yo creía un escéptico y
+alegre vividor, escuchando á un _imán_ que proclamase la guerra santa; y
+vi al asiático despojándose de golpe de su complicado disfraz de europeo
+y agitando en una punta del sable una cabeza cortada, lo mismo que los
+grandes capitanes de Mohamed blandían sus cimitarras tintas en sangre
+para demostrar la unidad de Dios.
+
+ * * * * *
+
+En el coro de la mezquita de Bakarié, el flautista sagrado sigue
+improvisando trinos ó lanza agudas y gimientes notas, mientras abajo,
+acurrucados sobre el lustroso pavimento, meditan los derviches
+danzantes.
+
+De pronto suena un golpe sobre la madera. Es el Cheik, que ha salido de
+su inmovilidad dejando caer las dos manos sobre el suelo, como si fuese
+á desplomarse. Un sonoro redoble contesta á este movimiento. Todos los
+derviches dejan caer igualmente sus manos á un mismo tiempo, quedando á
+gatas, con el enorme gorro junto al suelo.
+
+Al gemido de la flauta se unen los _darboukas_, que baten una marcha
+lenta, cortada por endiablados repiqueteos, y al compás de esta marcha,
+los derviches se yerguen y emprenden un lento paseo á lo largo de las
+barandillas. Al erguirse han dejado caer los mantos obscuros, y quedan
+al descubierto sus trajes de ceremonia, cada uno de uniforme color, pero
+abarcando en su variado conjunto todas las tintas del iris.
+
+¡Extraña vestimenta que haría reir en otro lugar, y á la que da cierto
+respeto el gesto solemne de las barbudas cabezas, iluminadas por el
+fuego hostil de unos ojos de fanático!... De cintura arriba son hombres,
+con chaquetilla á la turca, alto chaleco y faja rayada. De cintura abajo
+son mujeres, arrastrando una falda amplísima de rígidos pliegues, que
+roza el entarimado con crujidos de pesadez.
+
+Avanzan descalzos, contoneándose ligeramente al compás de la marcha, con
+los brazos cruzados sobre el pecho y las manos extendidas junto á los
+hombros. El Cheik camina al frente de la hilera, marcando las ceremonias
+del lento paseo. Al llegar junto al Mirab, gira sobre sus talones y
+saluda profundamente al derviche que le sigue, con tan profunda
+inclinación, que las dos caperuzas de fieltro se tocan. Los demás
+repiten el mismo saludo. Al pasar ante la barandilla, tras la cual están
+las tumbas de los santos varones de la orden, se reproduce igual
+ceremonia.
+
+Tres veces da vuelta á la sala la procesión de los derviches, y este
+desfile dura mucho tiempo, con la rígida lentitud que es para los
+orientales el signo más imponente de la majestad. Los pies, descalzos,
+se mueven incesantemente al compás de la música, pero sin adelantar
+apenas. Por fin, el Cheik, al pasar por tercera vez ante el Mirab, queda
+inmóvil en el centro del muro oriental, con los brazos en el pecho,
+destacando su figura sobre los vidrios iluminados de una gran ventana.
+
+Los derviches, formados en larga fila, parecen bailarinas que se
+preparan á lanzarse, haciendo piruetas, hasta el borde de un escenario.
+Poco antes, al despojarse de los mantos sombríos y aparecer en todo el
+esplendor de sus vestiduras deslumbradoras, recordaban á las danzarinas
+de ciertas óperas que surgen de entre bastidores como negras brujas, y
+de pronto, abandonando sus disfraces, muéstranse luminosas, envueltas en
+gasas y colores rosados.
+
+Los instrumentos del coro adoptan un ritmo semejante al del vals, y al
+repiqueteo de los tamborcillos y el dulce ganguear de las flautas, se
+unen las voces de los cantores, que entonan una salmodia bailable,
+monótona y chillona, sin otra variación que el cambio de tono al final
+de cada estrofa.
+
+Avanza un derviche hacia el gran sacerdote, lo saluda con reverente
+inclinación, como pidiendo su venia, el Cheik le contesta con ligero
+gesto, y el sagrado danzarín empieza á girar sobre sus talones, con una
+velocidad cada vez mayor, añadiendo á este vertiginoso movimiento de
+rotación otro ligerísimo de traslación, que le hace avanzar lentamente,
+siguiendo el contorno de la sala. La falda pesadísima arremolina sus
+pliegues en torno de las piernas, y poco á poco, con la velocidad, toma
+aire y se hincha... se hincha, adquiriendo proporciones gigantescas.
+Primero es un enorme paraguas á medio abrir, luego un globo, después un
+paracaídas, y el paño pesadísimo se extiende casi horizontal, girando
+con loco vértigo sobre las piernas desnudas, que dan vueltas y vueltas
+como una peonza loca.
+
+Al comenzar su movimiento de rotación, el derviche lleva los brazos
+cruzados sobre el pecho, en actitud sacerdotal. Poco á poco los despega,
+los extiende sonriente, con gracioso desperezo de bailarina, hasta que
+al fin los mantiene rígidos, en cruz, ayudándole esta tensión á la
+rapidez de su volteo. Apenas se sume en esta embriaguez rotatoria, ya no
+sonríe. Sus ojos quedan vidriosos y vagos, su rostro palidece y se
+contrae con un gesto de estupidez extática, de voluptuosidad dolorosa.
+
+Tras el derviche vestido de blanco, empieza á girar otro verde; luego
+otro azul; después otro rojo, y así van saliendo en ruidosa ondulación
+circular faldas rosadas, azules, vinosas, amarillas y naranja, con esa
+intensidad profunda de color que es la gloria de los tintoreros
+orientales.
+
+La mezquita se llena de peonzas vistosas que giran y giran, dando al
+espectador el mareo del vértigo. En las raras pausas de la música se oye
+el aleteo del pesado paño cortando el aire y el roce de los pies. El
+espectáculo es original, obsesionante, con el extraño poder que ejerce
+la mezcla de lo bello y lo ridículo. Son flores gigantescas que bailan,
+rematadas por hombres feos y barbudos. Rosas fantásticas que giran
+llevando hundidos en el centro de su corola unos gnomos de rostro feroz
+coronados por un gorro de fieltro.
+
+Los cantores aceleran el ritmo, gritando cada vez más fuerte; los
+_darboukas_ repiquetean con redobles de trueno; las flautas saltan y
+balan como cabras locas, y los danzantes giran y giran con tal rapidez,
+que sus brazos y piernas son pálidas sombras, borrosas por la velocidad,
+y las faldas cortan el aire como sierras horizontales... ¿Cuánto tiempo
+dura la sagrada danza?... No lo sé. Siento, á pesar de mi inmovilidad,
+los efectos del vértigo: mi vista se deslumbra y marea con este continuo
+girar de colores. Creo estar rodando por una pendiente que no termina
+nunca. La música infernal y el volteo de los derviches embriaga á los
+fieles. Encogidos en el suelo, mueven sus cuerpos al compás de la
+música, y la mezquita parece una enorme caja de juguetes donde
+centenares de monigotes mecánicos, con gorro rojo y cara de palo, se
+balancean impasibles á los sones de un cilindro de música.
+
+El Cheik hace un gesto; cesa el coro; los derviches contienen su
+rotación; van descendiendo sus faldas con la falta de movimiento; se
+deshinchan; dejan de ser un paraguas para convertirse en un embudo;
+luego se achican más aún, surgen los pesados pliegues, que acaban por
+rozar el suelo, y los sagrados bailarines vuelven á formarse en fila, á
+un lado del templo. Sus rostros brillan con el gotear del sudor: los
+ojos vidriosos tienen aún la locura del vértigo. Agítanse sus pechos
+como fuelles con el jadear de la fatiga. Algunos, mareados por la
+repentina inmovilidad, se tambalean como ebrios. Pero á pesar de esto
+todos miran al Cheik, esperando un gesto suyo para pedir de nuevo la
+venia y reanudar la loca danza.
+
+Los cantores entonan durante el descanso una especie de himno litúrgico,
+lento y solemne, pero sus voces vuelven pronto á adoptar el ritmo del
+sagrado baile, y otra vez las peonzas animadas tornan á girar en el
+centro de la mezquita.
+
+Por tres veces bailan los derviches, y durante una hora larga giran y
+giran, con un movimiento vertiginoso, que agotaría las fuerzas, la razón
+y aun la existencia de cualquier occidental. Al fin cesan de voltear, y
+vacilando sobre sus congestionados pies salen para despojarse de los
+trajes de ceremonia en una casa ruinosa, inmediata á la mezquita,
+atravesando el huerto de nopales y palmeras que rodea á ésta.
+
+El Cheik hace su oración ante el Mirab, se prosterna varias veces sobre
+la piel de cordero, extiende los brazos invocando el nombre de Alláh y
+se retira también.
+
+La ceremonia ha terminado... ¡Ridícula!... Los que la vieron desde
+pequeños, cuando su razón comenzó á abrirse á las cosas del mundo
+aceptándolas tal como las encontraron, asisten á ella con sincero fervor
+y la consideran como el más noble y poético de los cultos... ¿Quién sabe
+lo que un oriental, entusiasta de los derviches danzantes, pensará al
+ver por vez primera las ceremonias litúrgicas de los occidentales? Todos
+los pueblos del misterioso Oriente, tierra natalicia de dioses, han
+danzado ante las potencias celestes, haciendo del baile una ceremonia
+religiosa. La danza es seguramente un acto más elevado y menos material
+en honor de la Divinidad que beber vino, aunque sea en copas de oro.
+
+De todas las cofradías musulmanas de Oriente, la de los derviches
+danzantes es la más aristocrática. Sus afiliados gozan de general
+respeto. El Sumo Sacerdote, al que pudiéramos llamar el Papa de los
+derviches, reside en Konia, la gran ciudad turca de Asia, hogar de las
+tradiciones otomanas, adonde no ha llegado aún la influencia europea que
+atrofia y envilece á la vieja Turquía.
+
+Cuando muere el sultán y hay que consagrar un nuevo Comendador de los
+creyentes, el jefe supremo de los derviches viene desde Konia á la Santa
+Mezquita de Eyoub, donde se verifica la ceremonia de investir al
+emperador. Este no tiene corona. El signo visible de su majestad y su
+poder es el sable del Profeta, que se guarda en la famosa mezquita de
+Eyoub. El gran derviche ciñe la venerable cimitarra de Mohamed á la
+cintura del nuevo soberano, y Turquía entera aclama á su _Padichá_.
+
+La Santa Mezquita de Eyoub es el único lugar que guarda el misterio y el
+aislamiento religioso del pueblo turco. Ningún cristiano ha pisado ni
+siquiera las losas de sus patios interiores. Los viajeros, al pasar ante
+ella, procuran no mirar por las puertas y rejas de los muros que rodean
+sus patios y jardines.
+
+Al salir yo de Bakarié, buscando la ribera del Cuerno de Oro para que
+una embarcación me condujese á Constantinopla, me perdí en unas
+callejuelas inmediatas á Eyoub, formadas por blancos panteones, kioscos
+funerarios al través de cuyas rejas se ven túmulos de sultanes y santos,
+coronados de turbantes y cubiertos de terciopelo y oro.
+
+Al final de un callejón vi una gran arcada con la verja abierta. Me
+aproximé. Enfrente, un patio solitario y fresco; más allá una arcada; en
+último término, una gran extensión inundada de sol y cerrada por
+murallas, en cuyo centro, como un monstruo vegetal, alzábase la
+enormísima pilastra de un plátano de quinientos años, con el ramaje
+invisible. Cantaban las fuentes en la sombra de los claustros de
+azulejos, desgranando sus surtidores sobre tazas de verde mármol;
+centenares de palomos obscuros aleteaban en los capiteles de las
+columnas, cortando con sus arrullos el silencio animado por el gotear
+del agua. En el último patio jugueteaban varios grupos de pilluelos casi
+desnudos, y permanecían acurrucadas viejas horribles, esperando una
+limosna.
+
+Eran los patios de la Santa Mezquita, del templo inabordable para el
+cristiano, donde no pudo entrar ni el mismo emperador de Alemania en su
+visita á Constantinopla. Á un lado una fachada misteriosa, de azulejos
+verdes y negros, con un fanal turco pendiente ante el arco de herradura.
+
+Apenas asomé mi cabeza, un _zapethie_, gendarme turco, vino hacia mí.
+Los pilluelos inclinaron sus gorros al suelo como si buscaran piedras,
+chillando y manoteando con belicosa alegría: «¡_Giaour_! ¡_Giaour_!»
+(¡Un cristiano!)
+
+Me alejé prudentemente, pero la rápida visión del patio solitario con
+sus palomos y sus chorros de agua, y de la fachada verde y negra, de
+feroz misterio, no se borrará fácilmente de mi memoria.
+
+¿Qué habrá en el interior de la Santa Mezquita de Eyoub?...
+
+
+
+
+XXV
+
+El heredero de «Las mil y una noches»
+
+
+La punta de Stambul, que avanza ante Galata formando de un lado la
+entrada del Bósforo y del otro la embocadura del Cuerno de Oro, la ocupa
+el palacio del Serrallo, enorme como una ciudad, y que hace muchos años
+dejó de servir de residencia á los soberanos de Constantinopla.
+
+Los occidentales confunden con frecuencia el serrallo con el harem.
+Serrallo es simplemente un palacio: sólo el harem (_lugar sagrado_) es
+el departamento destinado á las mujeres.
+
+Este extremo de Stambul forma una altura desde la cual se abarca el más
+asombroso de los panoramas. Á un lado la azul extensión del mar de
+Mármara, infinita á la vista, con las deliciosas islas de Prinkopo, que
+parecen inmóviles bajeles, de casco sonrosado y velas verdes: enfrente
+la ribera asiática de montañas rojas, con el Bósforo que oculta en sus
+revueltas los veleros de blancas lonas y los buques modernos de negro
+penacho: al lado opuesto, Constantinopla, extendiendo en pendiente su
+caserío por ambas riberas del Cuerno de Oro, que tiene sus aguas casi
+invisibles bajo los cascos de toda una ciudad flotante.
+
+En esta colina, que avanza como un cabo, estuvo situada la acrópolis de
+la antigua Bizancio. Aquí, el maravilloso palacio de la emperatriz
+Placidia, las mansiones de los personajes más importantes del imperio,
+las termas de Arcadio, la iglesia de la Madre de Dios Hodégetria
+(conductora de los ciegos) y el alcázar de los emperadores bizantinos,
+monumento de monstruosa grandeza, mezcla de harem y de convento, donde
+las vastas salas destinadas á la orgía y á la muerte estaban decoradas
+con escenas bíblicas sobre fondos de oro.
+
+Cuando Mohamed II conquistó Constantinopla, sus construcciones de gusto
+oriental se elevaron sobre los escombros de los palacios del vencido, y
+en esta colina vivieron los _Padichás_ hasta los primeros años del siglo
+XIX. Los motines de Constantinopla y las amenazas de la milicia de los
+jenízaros, hicieron levantar el campo á Mahmoud II. El Serrallo era una
+vivienda demasiado grande para que el Comendador de los creyentes
+pudiese subsistir con entera seguridad. Enclavada en el corazón de
+Stambul, dominadas sus murallas por edificios pegados á ellas, el pueblo
+sublevado ó los pretorianos descontentos podían invadirlo con gran
+facilidad. El sultán abandonó el antiguo Serrallo en 1808, trasladándose
+á la otra ribera del Cuerno de Oro, y desde entonces los emperadores
+viven en plena campiña, apartados de su ciudad y rodeados de un pueblo
+fiel de guardias y cortesanos que ellos mismos se forman.
+
+Sólo algunas sultanas viejas, con su corte olvidada y pobre de parientas
+del emperador, viven como monjas en los abandonados palacios del antiguo
+Serrallo.
+
+Éste se halla dividido en tres partes: los jardines, el Patio de los
+Jenízaros y los palacios ó kioscos esparcidos caprichosamente en la
+meseta de la colina. Los jardines son viejos, con todo el encanto de la
+vegetación secular abandonada á la libre expansión de sus fuerzas;
+terrazas en escalones con enormes cipreses ó seculares plátanos; rosales
+que crecen y se enmarañan como bravías malezas, y en medio de este
+oleaje de verde sombrío, kioscos de simples líneas y amarillenta
+blancura. Un cinturón de murallas rojas, con puntiagudas almenas y
+gruesos torreones, cierra el recinto del Serrallo, como una ciudad
+aparte dentro del antiguo Stambul.
+
+Lo más notable que encierra es el tesoro de los sultanes, la colección
+de riquezas históricas de estos soberanos del fabuloso Oriente, que
+conquistaron Bagdad y guerrearon con la opulenta Persia. Para visitarlo
+se necesita una invitación del sultán, y aun así la visita no está al
+alcance de todos. Yo mismo, después de recibir la invitación, tuve que
+aguardar durante muchos días la oportunidad de que otros viajeros
+sintiesen el mismo deseo.
+
+Para visitar el Tesoro se moviliza en el antiguo palacio un verdadero
+ejército de criados, funcionarios de corte, ayudantes del sultán, pachás
+depositarios de las llaves, soldados de la guardia, en total unos
+trescientos hombres, y como en Turquía es natural y corriente la
+costumbre del _batchis_ ó propina, y nadie cree envilecerse tomándola,
+la tal visita cuesta unos setecientos francos, y los viajeros, para
+realizarla, se reunen, poniéndose á escote.
+
+Dos personajes de Rumania venidos á Constantinopla para una conferencia
+con el gobierno turco sobre las minas de petróleo, recibieron la
+invitación de visitar el Tesoro al mismo tiempo que yo, y junto con
+ellos y sus esposas, entré en este depósito de fabulosas riquezas, á las
+tres de la tarde, precedido de una doble fila de eunucos negros y
+personajes pálidos de espesa barba y ojos tristes, todos con levita
+_stambulina_ y gorro rojo, marchando con la frente baja y las manos
+cruzadas sobre el vientre.
+
+Así atravesamos el extenso Patio de los Jenízaros, pasando bajo la
+Puerta Augusta, un arco de mármol blanco y negro con columnas de jaspe
+verde. Á cada lado de la puerta hay un nicho que aun conserva señales
+de escarpias. De estas escarpias se colgaban para terrible ejemplo las
+cabezas de pachás cortadas por orden del Gran Señor.
+
+Nuestros conductores nos entran en un kiosco blanco, cuyos grandes
+ventanales dan sobre una terraza que domina la entrada del Bósforo. Una
+alfombra sedosa de finos colores, ámbar y rosa, se hunde bajo nuestros
+pies. Grandes espejos nos reflejan con toda nuestra escolta de empleados
+palatinos y negros eunucos. Los muebles (¡oh anacronismo!) son de estilo
+Luis XV, aunque enormes y en extremo dorados, como para satisfacer el
+gusto oriental, amigo de exuberancias. Desde la terraza se admira el
+agua azul y mansa que bate silenciosamente el pie de la colina del
+Serrallo. La roca, casi cortada á pico, da al Bósforo en este lugar una
+gran profundidad: cien metros, ¡Los misterios que guarda esta superficie
+límpida, débilmente rizada por la brisa que viene del mar de Mármara, y
+en la que tiemblan como pedazos de espejo los suaves rayos del sol de la
+tarde!... Aquí caían en el eterno misterio, con una piedra al cuello,
+los hermanos de los sultanes, estrangulados para evitar á Turquía una
+guerra civil; aquí desaparecían para siempre los pachás ambiciosos y en
+desgracia; aquí acababan las perfumadas sultanas y las odaliscas de
+voluptuosos ojos, sospechosas de infidelidad, cosidas dentro de un saco
+de cuero, antes de rodar á las tenebrosas profundidades.
+
+Entran nuevos criados en el kiosco, portadores de grandes bandejas
+cubiertas de tapices de seda con bordados de oro. Es el obsequio del
+sultán á los extranjeros que visitan su antigua residencia.
+
+El maestro de ceremonias tira de las ricas envolturas. Dos eunucos
+sostienen una bandeja de bronce cincelado, enorme como un escudo, y en
+ella se yergue majestuosa una compotera de cristal y oro llena de
+confituras de rosas y flanqueada de cucharillas del mismo metal. Es el
+eterno presente de toda visita turca. Un criado circula una bandeja con
+vasos de agua y tras él llega otro con un gran incensario dorado lleno
+de brasas, en el que humea una cafetera. Las minúsculas tacitas de
+porcelana persa se llenan de café espeso como pasta, y el perfume
+intenso del negro y delicioso brebaje se une al olor de rosa que
+impregna el ambiente. El maestro de ceremonias manda ofrecer los
+cigarrillos de dorada boquilla, y todo el grupo de invitados, hombres y
+mujeres, sentándonos en divanes de rayada seda, contemplamos durante un
+cuarto de hora las espirales de humo en los cuadros de puro azul (azul
+de cielo y azul de mar), á los que sirven de marco las ventanas del
+kiosco.
+
+Otra vez en marcha, precedidos de la procesión de servidores de negra
+levita y gorro rojo, que parece haber aumentado considerablemente. Son
+ya más de cien.
+
+Atravesamos un patio extenso, ó más bien una llanura cerrada por un
+sinnúmero de claustros, kioscos sueltos y palacios ruinosos, en los
+cuales se abren los muros bajo el peso de los siglos, de los mantos de
+hiedra y de las parras trepadoras.
+
+Junto á una puerta de arco, y bajo un porche de tejas viejísimas,
+cubiertas de moho y desunidas por las raíces de plantas parásitas, están
+formados los soldados de una compañía de infantería, en cuatro filas,
+dos á cada lado del espacio por el que debemos pasar. Un oficial de
+marina con cordones de ayudante avanza hacia nosotros, una mano en la
+empuñadura del sable y la otra en el fez, saludando con una rigidez
+alemana. Puesto que somos europeos é invitados del sultán,
+indudablemente debemos ser grandes personajes en nuestro país. Los
+soldados, al pasar nosotros, lanzan el rugido de ordenanza, elevando sus
+fusiles y presentándolos. Después vuelven á aullar con unidad atronadora
+y los dejan caer al mismo tiempo, conmoviendo con las culatas las viejas
+losas, en cuyos intersticios crece la hierba.
+
+Estamos en la entrada del _Hasné_, del famoso Tesoro, puerta venerable
+de cedro, roída por los años, con clavos oxidados y cerraduras que
+parecen olvidadas durante siglos y de imposible funcionamiento. Junto á
+ella aparecen nuevos personajes como si surgiesen de la tierra. Son
+viejos pachás de miembros trémulos y barbillas blancas, arrugados
+personajes con el paño del dorso de la levita tirante sobre la
+curvatura de la espina dorsal. Cada uno saca su llave pesada y
+brillante; se abre con estridente _cric-cric_ un enorme candado, giran
+con doloroso gemido los pernos de las cerraduras y se quejan los
+cerrojos al ser arrancados de la inmovilidad de su sueño. Los
+respetables gnomos del Serrallo van de un lado á otro trabajando en su
+penosa obra, y al fin giran chirriantes las hojas de cedro en el
+silencio conventual del Serrallo, y de la penumbra surge una bocanada de
+aire húmedo y espeso, una respiración de lugar cerrado, de antigua
+bodega.
+
+Todos los criados que nos preceden entran apresuradamente, mientras
+nosotros, contenidos cortésmente por el ayudante y el maestro de
+ceremonias, permanecemos en la puerta. Se oyen sus precipitadas carreras
+en el interior, el roce de sus sordas babuchas, la rápida confusión del
+grupo que penetra de golpe y se desgrana inmediatamente, encontrando
+cada cual el sitio que tiene designado con anticipación.
+
+Cuando entramos, cada mesa, cada vitrina, ofrece como nuevo adorno una
+pareja de hombres inmóviles, tan inmóviles como las estatuas y los
+maniquíes que contiene el Tesoro, las manos sobre el vientre y sin
+respirar apenas, pero que os siguen con ojos fijos en todas vuestras
+evoluciones. Imposible moverse sin tropezar con ellos. Se adosan á los
+descansos de las escaleras, se introducen en el hueco entre armario y
+armario, se empequeñecen y disimulan para no ocultar con su cuerpo la
+vista de ningún objeto, pero ni por un instante podéis encontraros más
+allá del fuego cruzado de sus miradas.
+
+Todos los visitantes deben ser excelentes personas, ya que el Comendador
+de los creyentes los honra con su invitación, pero los pachás
+guardadores del Tesoro conocen el impulso tentador de Eblis y demás
+potencias infernales, y desconfían de la codicia del hombre y de la
+demencia de la mujer ante el oro que embriaga y la piedra preciosa que
+enloquece.
+
+¡El Tesoro del sultán, dueño desde hace siglos de la prodigiosa Bagdad!
+¡La colección de riquezas de este heredero de _Las mil y una noches_!...
+
+Al abarcar con la vista el amontonamiento de objetos preciosos,
+experimenté una profunda decepción. Los objetos están guardados como en
+un museo europeo, pero las vitrinas palidecen bajo el polvo, y los
+vidrios se enturbian, dando á todo un aspecto de pobreza y falsedad.
+Ocurre aquí como en los tesoros de las catedrales católicas, donde los
+siglos y la inercia dan al oro un tono miserable de cobre, y convierten
+los diamantes en vidrio y las perlas en gotas de cera.
+
+El Tesoro del sultán (que no ha visto nunca el sultán actual ni
+visitaron jamás muchos de sus antecesores) parece una enorme tienda de
+anticuario, abandonada. Hasta los vidrios de las ventanas están rotos en
+parte, y las goteras del techo hacen caer en grandes desconchados el
+enlucido del cielorraso. Polvo, telarañas y vejez por todas partes.
+
+Este abandono y la enormidad absurda de las riquezas que contiene, hacen
+dudar en el primer momento del valor del Tesoro.
+
+--¡Todo mentira!--murmuran en nuestro interior la malicia y la
+desconfianza--. ¡Baratijas orientales para deslumbrar al pueblo de otros
+siglos! Esto no es posible: es demasiado sobrehumano para que pueda ser
+verdad.
+
+Y sin embargo, es verdad, por más que la razón se subleve ante lo enorme
+de semejantes riquezas. Por algo los poetas de todos los tiempos, cuando
+han querido cantar magnificencias fabulosas, han vuelto sus ojos á
+Oriente.
+
+Un trono es el primer objeto que se encuentra al entrar en el Tesoro; un
+trono para descansar en él con las piernas cruzadas, bajo y casi tan
+grande como un lecho. Lo robaron los turcos á los persas en el siglo
+XVI, durante la guerra del sultán Selim contra el sha Ismail. Es de oro
+macizo, y sus cortas patas, al descansar en el suelo, dan una sensación
+de ruda pesadez. El precioso metal sólo es visible en pequeñísimos
+espacios. Un mosaico de fina labor, formado con riquísimos materiales,
+cubre todas sus caras, hasta las que son poco visibles, como la parte
+inferior del asiento. Son millares y millares de perlas, de esmeraldas,
+de rubíes, todos de igual tamaño, que se repiten formando flores y
+hojas. La razón, que parece rebelarse ante tanta magnificencia y duda de
+su autenticidad, sólo se convence tras largo examen de la riqueza de
+este mueble.
+
+En otra sala se encuentra el verdadero trono de los sultanes, semejante
+á un púlpito de musulmán. Es á modo de una garita de ébano, dentro de la
+cual se sentaba el _Padichá_ con las piernas cruzadas. De cada ángulo
+del asiento se levanta una columna sosteniendo el techo en forma de
+cúpula, y en el centro de ésta se eleva un joyel de inverosímil
+magnificencia, un ramillete de diamantes tan enormes, que parecen
+simples pedazos de empañado cristal. Todo este pequeño edificio de ébano
+y sándalo está incrustado de nácar, concha, plata y oro. Por todas sus
+caras interiores y exteriores corre un dibujo de plantas fantásticas en
+nácar, y el centro de cada flor está formado de grandes cabujones de
+rubíes, esmeraldas, zafiros y perlas. En su interior pende del techo una
+cadena de oro que venía á caer sobre la cabeza del sultán. La cadena
+sostiene un corazón también de oro y de éste cuelga una esmeralda de
+forma irregular, pero de un tamaño inaudito, gruesa de cinco centímetros
+y grande como una mano abierta.
+
+¡Las esmeraldas del sultán! Después de visitar el pabellón del Tesoro se
+hace igual caso de esta piedra preciosa que de los guijarros de un
+camino.
+
+Apenas se entra, el maestro de ceremonias os lleva ante una vitrina,
+donde sobre el fondo de terciopelo polvoriento se ven tres pedruscos
+planos de un verde obscuro, algo así como tres adoquines de vidrio
+opaco. ¡Son esmeraldas!... Las tres más grandes que existen en el mundo.
+Una de ellas pesa cerca de tres kilos.
+
+Y á lo largo de las otras vitrinas empieza el aturdidor espectáculo de
+las riquezas amontonadas por el heredero de _Las mil y una noches_:
+armas que son verdaderas joyas; yataganes y grandes sables con la vaina
+cubierta de perlas y rubíes y la empuñadura formada de brillantes y
+esmeraldas: armaduras antiguas de gruesas placas de oro, con dibujos de
+brillantes y topacios; telas de seda de brocado y terciopelo, en cuyo
+bordado se mezclan con los brillantes hilos centenares y miles de
+piedras preciosas; vasos de cristal de roca, de jade, de onix; copas y
+frascos de cincelado oro persa; joyas indias de sutil labor; cofrecillos
+de menudas incrustaciones en maderas perfumadas ó ricos metales, que
+reproducen escenas al borde del Eufrates, en las riberas del Ganges ó
+sobre las mesetas del Isphan llenas de rosas, donde cantaron los poetas
+Shadi y Ferdussi.
+
+Una gualdrapa de caballo (la del corcel favorito de los antiguos
+sultanes) llena todo el fondo de una vitrina. Tiene dos metros y medio
+de ancha y casi tanto de larga. Es de terciopelo carmesí y está bordada
+con miles de perlas, todas exactamente del mismo tamaño, que es el de
+un garbanzo grueso. El color de la tela apenas se deja entrever como un
+rojo arabesco entre el apretado mosaico de granos preciosos.
+
+La armadura que Mourad IV llevó á la toma de Bagdad en el siglo XVII,
+deslumbra majestuosa frente á dos ventanas. Es una cota de mallas de oro
+con placas damasquinadas, y á su lado está la cimitarra, con la guarda y
+el puño cubiertos de brillantes en forma de tablero de ajedrez, todos de
+la misma dimensión y de trece milímetros de grueso.
+
+En una galería superior está lo más interesante del Tesoro: las
+vestiduras de gala, los trajes de aparato de los antiguos sultanes,
+desde Mohamed II, que conquistó Constantinopla, hasta Mahmoud, que murió
+en 1839. Estas vestiduras están puestas sobre maniquíes, sin cabeza,
+coronadas por un turbante de aparato, enorme como un globo. Cada
+turbante está rematado por un penacho sujeto con un joyel magnífico, y
+en la faja de todo maniquí luce un puñal, que es obra maestra de
+cincelado y un alarde de fantástica riqueza. Los hay que parecen
+trabajados por Benvenuto Cellini. La empuñadura de una daga está formada
+de una sola esmeralda. Otra se compone simplemente de cinco brillantes:
+dos en cada cara del puño y el restante sirviendo de pomo.
+
+La profusión de pedrerías sobre las armas y en los penachos de los
+turbantes, deslumbra y confunde. Uno de los joyeles que retienen estos
+ramilletes de plumas, está formado de dos esmeraldas y un rubí, que
+tienen pulgada y media de gruesos. Las túnicas son de brocado magnífico,
+tan cubierto de bordados y de oro, que pueden sostenerse derechas sin el
+apoyo interior del maniquí. Las fajas de rica seda, sustentan los
+puñales, y cada uno de ellos representa una enorme fortuna; maravillosos
+símbolos de la majestad de estos soberanos, para los cuales era la daga
+lo que el cetro para los monarcas de Occidente.
+
+La larga fila de sultanes, inmóviles y sin cabeza, cubiertos de las
+mayores magnificencias de la tierra, encierra la historia del pueblo
+turco. Dentro de estas rígidas y deslumbrantes túnicas vivieron hombres
+respetados como dioses, que se hacían obedecer desde las orillas del
+golfo Pérsico hasta los muros de Viena y obligaban á temblar á toda la
+cristiandad, en perpetuo escalofrío de miedo, turbando el santo reposo
+del Vicario de Cristo.
+
+La imaginación, entre estas vestiduras pesadas y deslumbrantes como
+corazas y los hinchados turbantes faltos de cabeza, evoca rostros
+barbudos y morenos, de picuda y ancha nariz, de ojos sensuales é
+imperiosos. Bastaba un gesto de estas caras entristecidas por el exceso
+de poder y las harturas del harem, para que centenares de galeras
+aparejasen en el Cuerno de Oro y miles y miles de arqueros negros y
+jinetes turcos emprendiesen la marcha por las riberas del Danubio,
+queriendo llegar conquistadores hasta sus fuentes.
+
+«¡Que baja el turco!», gritaba pavorosamente la cristiandad desde Viena
+á Lisboa, desde Cádiz á Londres, y la vida pacífica quedaba en suspenso,
+y las naves mercantes de Venecia, Génova y España convertíanse en barcos
+guerreros, haciéndose á la vela para salir al encuentro del enemigo en
+los mares de Grecia, y los monarcas de Europa alistaban ejércitos, y el
+continente entero quedaba inmóvil, en angustiosa espera, sin saber
+ciertamente si había llegado su última hora ó si tendría aún derecho á
+seguir existiendo.
+
+Los hechos que en la historia parecen más lejanos y faltos de relación,
+están unidos por el misterioso engranaje, generador del movimiento de
+avance que desde hace siglos empuja á la humanidad. Sin los sultanes de
+Constantinopla, fanáticos koranistas ansiosos de someter Europa entera á
+la ley del Profeta, la Reforma religiosa iniciada por Lutero habría
+perecido, lo mismo que otros intentos anteriores, y tal vez el Norte
+europeo seguiría á estas horas con la conciencia sometida al gran
+sacerdote de Roma.
+
+Los reyes católicos de Europa (especialmente nuestro Carlos V), á
+instigaciones del Papa, hubiesen acabado por entrar á sangre y fuego en
+Alemania, sometiendo con mano férrea á los pequeños señores germánicos
+partidarios de la nueva doctrina, como siglos antes habían sido
+vencidos los provenzales heréticos y los húngaros entusiastas de Huss.
+Pero el miedo al turco no dejaba espacio para pensar en esto. El peligro
+exterior no permitía al catolicismo ocuparse de los asuntos internos de
+su casa. Como si los déspotas de Oriente estuviesen de acuerdo con los
+partidarios de la Protesta religiosa, cada vez que los soberanos
+europeos, á impulsos de una paz momentánea, volvían los ojos hacia el
+hogar de la herejía, en Constantinopla se armaba una nueva expedición y
+el grito pavoroso corría por todo el continente: «¡Que baja el turco!»
+
+La cristiandad necesitaba combatientes, Alemania era un plantel
+inagotable de soldados, y el Papa y los monarcas católicos, para salir
+del peligro inmediato, procuraban no ver la rebelión espiritual del país
+que les ayudaba en la santa empresa militar de impedir los avances de
+los infieles. Cuando el turco, escarmentado en Lepanto y en las llanuras
+del centro de Europa, ya _no bajó_ más, era tarde para el catolicismo
+romano. La herejía, fácil de matar en la cuna, había crecido
+desmesuradamente. La necesidad de hacer frente al turco costó á Roma la
+pérdida de media Europa.
+
+ * * * * *
+
+Salgo del Tesoro con un deslumbramiento en los ojos, con el mareo de una
+borrachera de riquezas. Dentro del pabellón vetusto se pierde la noción
+del valor de las cosas. La retina, habituada al brillo del oro y al
+centelleo de las piedras, como si esto fuese un espectáculo ordinario,
+experimenta una gran extrañeza al reflejar la desnuda miseria que existe
+fuera del pabellón.
+
+Tardo un buen rato en volver á la realidad al salir del _Hasné_. En los
+primeras momentos me extraña que los fusiles de los soldados formados
+junto á la puerta no sean de oro; que sus tristes y viejos uniformes no
+estén rígidos, bajo una capa de preciosos bordados, como las túnicas que
+quedan allá dentro; que la hierba de las losas no esté formada de
+esmeraldas, y que no sean brillantes las gotas de agua que cantan y
+ruedan en un tazón al final del patio.
+
+Al fin logro serenarme, y me habitúo al nuevo ambiente, como el que pasa
+de un salón iluminado con vivas luces á una callejuela lóbrega. ¡Adiós,
+esplendores absurdos, riquezas turbadoras é inauditas de _Las mil y una
+noches_, que quedáis invisibles, sumidas en el polvo y la penumbra, tras
+la venerable puerta de cedro que vuelven á cerrar los gnomos de barbilla
+blanca, con chirridos de herrumbre!... Sólo el recuerdo me llevo de
+vosotros, pero juro que en adelante no habrá escaparate parisién de la
+_rue de la Paix_ que me haga detener el paso con asombro, y que sonreiré
+como hombre que está en el secreto cuando en noches de gala vea en la
+Grande Opera ó en el Real de Madrid el desfile de la centelleante
+pedrería sobre los hombros desnudos.
+
+En el centro del patio del Tesoro vemos el _Kafess_, un kiosco enrejado,
+una prisión que casi es una jaula, dedicada antiguamente á los hermanos
+de todo sultán, príncipes infelices, esclavos de la razón de Estado, que
+así habían de vivir para no turbar el sueño del soberano con amenazas de
+rivalidades. Esta prisión en pleno Serrallo casi resultaba para ellos
+una felicidad. Peor era que un día su augusto hermano, no satisfecho del
+encarcelamiento, les hiciera cortar las arterias, colocando después unas
+tijeras junto al lecho ensangrentado para hacer creer en un suicidio.
+
+Al otro lado del patio del Tesoro está la sala del Trono, el famoso
+_Diván_. Aquí recibían los sultanes á los embajadores de la cristiandad,
+bajo un techo, que aun subsiste, de dorados arabescos. En el fondo de la
+sala está el trono, en forma de diván, lecho enorme con un toldo de
+viejo terciopelo sostenido por columnas incrustadas de piedras
+preciosas. Existe una ventana enrejada junto al _Diván_, y tras ella
+escuchaba el _Padichá_ á los embajadores, que ocupaban una pieza
+inmediata. Merced á tal precaución, los sultanes, que vivían en continuo
+miedo al asesinato, y las más de las veces no acababan sus días en la
+cama, creíanse á cubierto de una agresión de parte de los enviados
+extranjeros, á los que apenas conocían.
+
+Cerca de la ventana hay una fuente. El sultán, apenas comenzada la
+entrevista, la hacía correr, y el murmullo del agua ensordecía y apagaba
+la conversación para que no la oyesen los familiares de los dos
+séquitos.
+
+¡Los caprichos de estos déspotas, ahítos de poder, y semejantes en sus
+bromas terribles á los emperadores romanos de la decadencia!...
+
+Cierto día un duque francés, embajador de Luis XIV, fué admitido como
+gran honor en el mismo salón del Trono, manteniéndose de pie ante el
+diván en el que estaba tendido el _Padichá_.
+
+--Mira lo que tienes al lado--dijo el déspota sonriendo, con una malicia
+infantil en la mirada.
+
+El embajador miró á la derecha, miró á la izquierda, y sin la más leve
+emoción, continuó el discurso, exagerando más aún su actitud rígida y
+tranquila.
+
+Dos fieros leones estaban junto á él, frotando la melena alborotada
+contra sus piernas, rugiendo de extrañeza, mirando al intruso y mirando
+á su amo, como si sólo esperasen un ademán de éste para caer sobre él.
+El sultán experimentó una gran decepción al no poder divertirse con el
+miedo del extranjero. El embajador terminó su conferencia y salió
+dejando aturdidos á todos con su serenidad.
+
+Un héroe el tal embajador: un diplomático que sabía sobreponerse á las
+terribles emociones. Pero después, al llegar al palacio de la embajada,
+cuenta el duque modestamente en sus Memorias que se apresuró á
+despojarse de la vistosa casaca cubierta de condecoraciones y bandas,
+que se quitó los calzones de terciopelo... y llamó á la lavandera, para
+entregarla su ropa interior.
+
+
+
+
+XXVI
+
+Santa Sofía
+
+
+Estoy en el gran patio de la mezquita «Aya Sophia» (la famosa Santa
+Sofía de los bizantinos), sentado bajo las ramas de un plátano
+venerable, ante una mesilla en la que humean dos tazas de café, y
+aspirando el perfume de sándalo de un rosario musulmán que acabo de
+comprar á un mercader sirio.
+
+Á mi lado está Nazim-Bey, joven capitán de caballería que ha viajado por
+toda Europa, y ostenta sobre el pecho los cordones de oro de los
+oficiales del cuarto militar del emperador.
+
+¡Lo que me costó entrar en Santa Sofía!... Todos los viajeros que han
+visitado Constantinopla hasta hace unos meses, han podido verla con
+entera libertad. «Aya Sophia» estaba abierta á todo el mundo, como las
+demás mezquitas. Pero una comisión de jefes del Yemen, árabes fanáticos,
+habituados á la vida de los desiertos arenales, que no entienden de
+relaciones internacionales y desprecian á los infieles, vino á
+Constantinopla á visitar al _Padichá_, y al entrar en la más famosa de
+las mezquitas, todos ellos se indignaron viendo el poco respeto con que
+la frecuentaban los cristianos, viajeros en su mayoría, que iban de un
+lado á otro hablando fuerte y con el _Baedeker_ en la mano.
+
+Pocos extranjeros entrarán ya en ella. El sultán, para dar gusto á los
+revoltosos jefes del Yemen, ha prohibido el acceso á los infieles, y yo
+tuve que invertir más de quince días en ruegos, visitas y gestiones casi
+diplomáticas para visitar la famosa mezquita. ¡Irse de Constantinopla
+sin conocer Santa Sofía!... Al fin, una tarde, á la hora en que escasean
+los fieles en el templo, y acompañado de un ayudante del sultán, pude
+entrar en la antigua basílica.
+
+Sentados en un cafetucho del patio, junto á las fuentes de abluciones,
+que chorrean incesantemente, aguardamos á que un servidor del templo nos
+avisase el momento más propicio para la visita, después de la salida de
+ciertos devotos rezagados y antes que los _muezines_ se asomaran á los
+balconcillos de los cuatro alminares llamando á los fieles á la oración
+de la tarde.
+
+Por fin, entramos... ¡Inolvidable impresión! No todos los días puede
+pisarse un pavimento fabricado por hombres que vivieron hace mil
+cuatrocientos años; no se respira con frecuencia bajo unas bóvedas que
+cuentan catorce siglos de antigüedad.
+
+Inútil es describir Santa Sofía. Su atrevida cúpula, agujereada por
+estrechas é innumerables ventanas, sus nobles y grandiosas proporciones,
+sus tribunas sostenidas por columnatas de jaspe verde, y desde las
+cuales se ven como enormes insectos pender sobre el suelo las lámparas,
+los huevos de avestruz y demás adornos de la religiosidad musulmana, son
+conocidos en todo el mundo. El grabado antiguo, la fotografía y la
+tarjeta postal han popularizado el interior de este monumento, que es el
+más antiguo de la cristiandad europea, y puede ser llamado el Partenón
+del arte bizantino.
+
+La luz que penetra por las ventanas de la cúpula toma una densidad
+amarillenta de ámbar. La capa de pintura con que han cubierto los turcos
+las imágenes de los muros, contribuye á colorar el ambiente de este tono
+suave. La repugnancia religiosa de los musulmanes á toda representación
+de la forma humana, ha borrado los deslumbrantes mosaicos bizantinos, en
+los cuales santos y emperadores de rostro puntiagudo y miembros
+alargados, destacábanse con rigidez hierática sobre un fondo de oro.
+
+Es el único vandalismo que se han permitido los otomanos. Las hermosas
+columnas, los arcos de graciosa majestad, los huecos de las capillas,
+las balaustradas de jaspe, todo se mantiene lo mismo que en tiempo de
+los emperadores de Bizancio. La costra de pintura amarilla se ha caído
+en algunas partes del muro, y el mosaico antiguo brilla con una luz mate
+y discreta, como una venerable armadura de oro al través de los
+desgarrones de una capa vieja. Unos cartelones verdes de diez metros de
+diámetro, con inscripciones gigantescas en honor de Alláh, y cuatro
+ángeles pintados en el arranque de la bóveda, son todos los adornos que
+el arte turco ha osado añadir al templo erigido por Justiniano. Los
+ángeles son convencionales. Cada uno de ellos está representado por
+cuatro alas en forma de rueda. La pintura musulmana no puede ir más
+allá.
+
+Un interminable susurro, un batir incesante de plumas, llena el ambiente
+ambarino y crepuscular de la mezquita, uniéndose al crepitar de las
+lámparas y á la cantinela monótona de los aprendices eclesiásticos, que,
+encogidos sobre las rodillas, balancean el cuerpo cantando de memoria
+_suras_ enteras del Korán, mientras un efebo, con el libro entre las
+piernas, sigue con la mirada el texto, para corregir el más leve olvido.
+Centenares de palomos obscuros, con plumas de metálicos reflejos,
+aletean en las bóvedas, descansan en capiteles y cornisas, ó descienden
+hasta las cabezas de los fieles, inmóviles como estatuas en su oración,
+posándose por unos instantes en sus brazos. Con frecuencia abandonan
+desde lo alto sus superfluidades digestivas, y los servidores de la
+mezquita tienen que limpiar continuamente la fresca estera del
+pavimento, sobre la cual marchan los fieles descalzos y con los pies
+limpios, para que después el buen creyente, al prosternarse, pueda
+besarla sin contagio alguno.
+
+Ocurre en este grandioso monumento, al contemplarlo por primera vez, lo
+que en San Pedro, de Roma. La vista lo abarca todo sin extrañeza alguna.
+Un templo poco más grande que los otros... y nada más. Sólo cuando se
+avanza, y la perspectiva va prolongándose á cada paso, es cuando se da
+cuenta el visitante de la enormidad de proporciones que van surgiendo de
+esta armonía general. Lo que de lejos parecían esbeltas columnas, son
+troncos enormísimos de piedra, junto á los cuales el hombre se iguala á
+la hormiga: las distancias entre una arcada y otra se prolongan
+mágicamente, como si el templo fuese creciendo y estirándose á cada paso
+que se avanza.
+
+La antigua basílica es enorme, abrumadora, soberbia, y sin embargo, da
+una impresión dulce, de suave ligereza.
+
+Su historia es tan accidentada como la de una nación.
+
+Santa Sofía no fué elevada en honor de una santa de este nombre, como
+muchos creen. _Sancta_ _Sophia_ es una invocación á la Santa Sabiduría,
+y en honor de la Sabiduría divina elevó Constantino la primera basílica,
+en el mismo lugar que ocupa la actual. Cien años después la quemó el
+populacho, creyente y revoltoso, excitado por el destierro de San Juan
+Crisóstomo. Teodosio II la volvió á construir, y en 532 la incendió de
+nuevo el pueblo de Bizancio, amotinado esta vez, no por un santo, sino
+por una cuestión de Circo, el motín de los _Victoriatos_, en los
+primeros tiempos de Justiniano.
+
+Fué este emperador legista, manso marido de la interesante Teodora,
+mezcla de voluptuoso tirano oriental y austero teólogo, quien creó el
+monumento que aun hoy subsiste, y que vivirá siglos y siglos.
+
+Quiso en sus ambiciones de gloria que el templo á la Santa Sabiduría
+fuese «la obra más magnífica que se hubiese visto después de la
+creación», y en todas las partes del vasto imperio de Oriente hizo
+recoger los materiales más preciosos: mármoles, columnas y esculturas.
+Los monumentos de la antigüedad griega fueron saqueados. Éfeso le envió
+las columnas de jaspe verde de su famoso templo de Diana; Roma, las que
+había robado del templo del Sol en Heliópolis, é igualmente fueron
+puestos á contribución los santuarios de Atenas, Delos, Cizica é Isis y
+Osiris, en Egipto. Dos arquitectos griegos, los mejores de la época,
+Antemio de Tales é Isidoro de Mileto, se encargaron de la dirección de
+los trabajos; pero la credulidad popular, ansiosa de lo maravilloso,
+propaló que un ángel había entregado á Justiniano los planos del
+monumento con el dinero necesario para construirlo.
+
+Diez mil obreros, dirigidos por cien maestros alarifes, trabajaron á la
+vez. Una capa de betún de veinte varas de espesor, que llegó á adquirir
+la dureza del hierro, sirvió de base al edificio. Los alfareros de Rodas
+hicieron los ladrillos para la bóveda de una tierra tan ligera, que doce
+de ellos no llegaban á pesar lo que un ladrillo ordinario. Todos ellos
+llevaban una inscripción: «Es Dios quien me ha fundado y Dios me
+socorrerá.»
+
+La construcción fué una mezcla de esfuerzos arquitectónicos y ceremonias
+religiosas. Los sacerdotes bendecían los materiales, acompañaban con
+plegarias la erección de cada columna, y al elevarse los muros, los
+albañiles introducían en la argamasa huesos de santos y otras reliquias.
+
+Sumas inmensas se consumieron en este alarde arquitectónico, y
+Justiniano se vió en los mayores apuros, y recurrió á los medios más
+criminales para conseguir dinero y terminar la casa de la Santa
+Sabiduría. Por fin, en 537 la obra quedó acabada. Después de una marcha
+triunfal por el Hipódromo, con todo el esplendor de su corte bizantina,
+y de pródigas distribuciones al populacho, hambriento de pan y ahíto de
+disputas teológicas, Justiniano inauguró el monumento.
+
+--¡Gloria á Dios, que me ha juzgado digno de terminar esta obra!--gritó
+al entrar--. ¡He vencido á Salomón!
+
+Catorce días duraron las plegarias, los festines públicos y las
+distribuciones de dinero.
+
+La Santa Sapiencia vivió siglos en una relativa tranquilidad, sin otros
+accidentes que los que sufren los monumentos gigantescos, eternos
+enfermos necesitados de cuidados y reparaciones. Toda la vida del
+imperio de Bizancio se reconcentró en ella. Bajo sus bóvedas se
+consagraron aquellos emperadores que se asesinaban unos á otros, se
+sacaban los ojos, ó degollaban en masa á sus súbditos, por si el Hijo
+era igual al Padre, y otras sutilezas teológicas, que tomaron el
+carácter de verdaderos programas políticos.
+
+El día que los turcos sitiadores acabaron por penetrar en
+Constantinopla, una muchedumbre de sacerdotes, mujeres y combatientes
+fugitivos se amontonó en la santa basílica, que tenía ya cerca de mil
+años de antigüedad. El caudillo victorioso entró á caballo hasta el
+altar mayor, y gritó agitando su cimitarra: «No hay más Dios que Dios, y
+Mohamed es su Profeta.»
+
+¡Se acabó la Santa Sapiencia! Las cruces rodaron por el suelo, los
+sables se enrojecieron hundiéndose en la muchedumbre cristiana, y el
+saqueo y la matanza dentro de la basílica duraron tres días.
+
+En el momento de la entrada de los turcos, un sacerdote celebraba la
+misa, y huyó del altar con el sagrado cáliz, desapareciendo por una
+puertecilla practicada en una de las galerías. Inmediatamente la puerta
+se cerró milagrosamente, con una pared de piedra que nadie pudo
+distinguir del resto del muro. El día que Santa Sofía sea devuelta al
+culto cristiano y los turcos huyan expulsados de Constantinopla, volverá
+á abrirse la puerta y el mismo sacerdote acabará su misa interrumpida.
+
+Esto lo sé por mi guía Stellio, un honrado griego, verídico y creyente,
+que me acompaña á todas partes, discurriendo el medio más rápido y
+seguro para extraer el dinero de mis bolsillos.
+
+Los historiadores de Santa Sofía dicen que esto es una leyenda; pero
+Stellio se ríe de su ignorancia.
+
+Todas las viejas del barrio del Fanar, residencia de las antiguas
+familias griegas, piden á Dios que no las llame á su seno sin haber
+visto antes á ese pobre sacerdote, que aguarda entre paredes, durante
+cuatro siglos y medio, el momento de terminar su misa.
+
+
+
+
+XXVII
+
+El Papa griego
+
+
+El barrio del Fanar es Bizancio que se sobrevive. Los griegos, antiguos
+señores de la gran ciudad, se refugiaron en este barrio después de la
+conquista turca, y allí continúan, en viejos palacios adosados á
+murallas medio derruídas del tiempo de los Paleólogos.
+
+Los guerreros bizantinos se hicieron comerciantes después de la derrota,
+ó mejor dicho, continuaron siéndolo, pues en tiempo de su imperio
+siempre fueron mercaderes, dejando la defensa de su país confiada á
+bravos mercenarios comprados en Asia ó en Bulgaria.
+
+La fama de los comerciantes _fanariotas_ ha sido universal. Durante
+siglos, el oro de todo el mundo se amontonó en este barrio del Fanar.
+Los turcos belicosos, ocupados en hacer la guerra á la cristiandad,
+dejaron á los griegos, vencidos y astutos, el manejo de sus riquezas, y
+el _fanariota_ fué el intermediario entre Asia y Europa, el mercader de
+los objetos preciosos de Oriente, y al mismo tiempo el proveedor y
+prestamista de sus señores otomanos. Este barrio del Fanar ha sido
+durante siglos una Venecia, una Génova, de poderoso movimiento
+comercial. Una gran flota mercante movíase en los mares de Oriente y en
+todo el Mediterráneo, siguiendo las inspiraciones de sus mercaderes. El
+Cuerno de Oro, que lame con sus aguas las piedras verdosas de los
+edificios del Fanar--palacios obscuros con balcones bajos, que casi se
+tocan con la cabeza--, veíase cortado incesantemente por las galeras que
+llegaban de las escalas de Siria y el Mar Negro y partían hacia los
+puertos de Nápoles y Marsella.
+
+Hoy el Fanar está solitario y tranquilo. Junto á sus muelles no se ven
+más que viejas barcazas en reparación, y enfrente, al otro lado del
+brazo de mar, los navíos de guerra turcos, los buques antiguos que
+sirven de pontones, y el palacio del Almirantazgo rodeado de las
+innumerables construcciones del Arsenal. Mas los _fanariotas_ aun viven
+tan ricos y poderosos como en otros tiempos. Los nuevos puentes que
+dificultan la navegación en el Cuerno de Oro, el gran calado de los
+buques modernos y las exigencias del comercio, les han obligado á
+trasladar sus oficinas á Galata, cerca del Bósforo, en medio de los
+chorros de vapor, rugidos de sirena, chirriar de grúas y ensordecedora y
+negra actividad de un puerto de nuestros días.
+
+Pero las venerables casas del Fanar son, como en otros siglos, á modo
+de un título de nobleza para los que las habitan, y en ellas siguen
+viviendo las familias de estos griegos, más griegos que los que habitan
+Atenas, y que hacen remontar sus orígenes en línea recta á los tiempos
+gloriosos del imperio bizantino.
+
+El pequeño reino actual de Grecia se nutre de la rica savia del Fanar.
+Todos estos helenos de Constantinopla son grandes patriotas, con el
+entusiasmo nacional excitado por largos siglos de servidumbre y
+desgracia. Son riquísimos, pero no tienen una patria. Fingen sumisión al
+turco, á quien explotan, pero su pensamiento va á todas horas á la
+pequeña nacionalidad formada en torno de la acrópolis ateniense, viendo
+en ella como un huevo del que resurgirá un pasado glorioso.
+
+¡Atenas! ¡Constantinopla!... Estos dos nombres de gran sonoridad excitan
+á todas horas su entusiasmo. Todos conocen en el Fanar los misterios del
+porvenir. Grecia volverá á ser lo que fué: se apoderará de la Macedonia,
+se extenderá por las riberas de Asia, pasará un día los Dardanelos, y la
+antigua Bizancio será otra vez helena, brillando sobre la cúpula de
+Santa Sofía la cruz del Santo Sínodo, en vez de la media luna de oro. Y
+enardecidos por una fantasmagoría tan generosa, no hay sacrificio que no
+hagan estos comerciantes avaros, capaces de los mayores crímenes en el
+curso de los negocios, y que, sin embargo, desparraman el dinero á manos
+llenas en empresas patrióticas.
+
+Los griegos del archipiélago vuelven sus ojos al Fanar cada vez que
+intentan moverse. La sublevación de los isleños de Candía, las
+guerrillas macedónicas, la misma guerra turcohelena de hace pocos años,
+que tan grotesco y vergonzoso final tuvo para los nietos de Temístocles,
+y la agitación presente, que convierte las fronteras griegas en perpetuo
+campo de combate, todo es obra del dinero _fanariota_, que corre
+pródigamente, como sangre vivificadora del patriotismo. El griego de
+Constantinopla es un buen súbdito del sultán, incapaz de provocar ningún
+disturbio. Procura separarse del armenio revoltoso, que intenta
+revoluciones dentro del imperio, pero trabaja y sacrifica su fortuna por
+crear á éste en el exterior toda clase de conflictos.
+
+No sólo piensa en su pequeña patria para lanzarla á la guerra contra el
+país en que vive. Sabe que los pueblos son grandes por algo más que las
+armas y que la fama imperecedera de la antigua Grecia no se asienta en
+los ruidosos triunfos sobre los persas, sino en las enseñanzas y las
+inspiraciones de los filósofos, poetas y artistas, gloriosos abuelos de
+la presente humanidad. La grandeza intelectual de su raza preocupa á los
+_fanariotas_ hasta el punto de que en Grecia es insignificante la
+instrucción pública costeada por el gobierno, en comparación con la que
+sostiene la iniciativa particular. No muere un griego rico de
+Constantinopla que no deje fuertes legados para las escuelas de su
+país. Muchos han dejado dos y tres millones de francos. Innumerables
+escuelas del archipiélago, grandes universidades, valiosas bibliotecas
+se sostienen con herencias de patriotas del Fanar, que pasaron su vida
+explotando á turcos y cristianos y dando las más fieles muestras de
+adhesión al sultán que aborrecen.
+
+Además, el Fanar es para todos los griegos del mundo el barrio santo, la
+tierra sagrada donde tiene puesto un pie Dios: algo semejante á lo que
+es para el católico el barrio de Roma inmediato al Tíber, donde alza la
+basílica de San Pedro su enorme cúpula y se alínean perforando la piedra
+las innumerables ventanas del Vaticano.
+
+En el Fanar está el palacio del Patriarcado, la residencia del Papa
+griego, llamado vulgarmente Patriarca de Constantinopla.
+
+Este representante de Dios es un personaje poderosísimo, un sacro pastor
+que extiende su cayado de oro sobre millones de místicas ovejas. Si el
+Papa de Roma no tuviese al otro lado del Atlántico la antigua América
+española, su colega de Constantinopla sería tan poderoso como él.
+Grecia, Bulgaria, Servia, Rumania, Montenegro, los cristianos ortodoxos
+de la enorme Turquía, que son millones, y la inmensa Rusia, que aunque
+autónoma religiosamente, respeta, sin embargo, al sumo sacerdote de
+Constantinopla, forman el feudo espiritual de este pontífice que vive en
+el barrio del Fanar y una vez al año bendice toneladas y toneladas de
+aceite, convirtiéndolo en óleo santo que envía á los metropolitanos y
+popes de sus Estados.
+
+El patriarca actual es Joaquín II. Un amigo suyo, que á la vez lo es
+mío, me invita á visitar al Pontífice, ensalzando la llaneza de su trato
+y costumbres. ¿Por qué no?... El amigo añade que ya ha hablado de mí á
+Su Santidad, y una tarde á las dos, llegamos juntos al palacio del
+Patriarcado.
+
+Es un enorme caserón sin adorno alguno, situado en la cumbre de una
+colina vecina al Cuerno de Oro. Una tapia alta cierra los patios
+exteriores, y ante la triple puerta de entrada hay un cuerpo de guardia.
+
+Su Santidad es después del Gran Imán el primer funcionario religioso del
+Imperio. El sultán lo recibe con frecuencia y vive en las mejores
+relaciones con él, temiendo la influencia que puede ejercer sobre varios
+millones de almas que forman parte del pueblo otomano. Los soldados
+turcos, fervorosos musulmanes, velan, bayoneta en el fusil, sobre la
+existencia y el reposo de este sacerdote extraño á sus creencias, lo
+mismo que en Jerusalén montan la guardia cerca del sepulcro de Cristo.
+Además, Su Santidad recibe del sultán una paga enorme, uno de esos
+sueldos inauditos que sólo puede concebir la prodigalidad de un soberano
+oriental.
+
+Joaquín II es bueno y tan generoso al repartir como el sultán al dar.
+Vive sin aparato, como en los tiempos que era un pobre teólogo en una
+universidad de Grecia, y su enorme asignación la devora el populacho del
+Fanar, que descansa en sus tugurios como una nube de langosta en torno
+del Patriarcado.
+
+Entramos en éste por una puerta lateral. El arco del centro está
+cerrado, y sólo se abre, con largos intervalos de años, en las grandes
+conmemoraciones religiosas.
+
+En el interior encontramos unos criados, bigotudos y morenos, semejantes
+á los piratas antiguos del archipiélago, y popes jovencitos que deben
+ser familiares de Su Santidad. Subimos una escalera de madera con
+esterilla de junco. Las paredes están adornadas con pinturas de imágenes
+bizantinas y retratos de patriarcas. Entramos en un salón de espera
+igualmente modesto, con la misma esterilla é idénticos retratos de
+patriarcas: cabezas venerables y barbudas, con la mitra cuadrada y
+lóbrega envuelta en una gasa fúnebre que pende sobre los hombros y la
+cruz de oro destacándose sobre el pecho negro.
+
+Se abre una puerta, y avanza unos pasos en la inmediata habitación un
+pope de estatura enorme, un venerable gigante que mueve los brazos
+invitándonos á entrar.
+
+Hermoso hombre. Yo, que no soy bajo de estatura, tengo que echar atrás
+la cabeza para verle bien. Tiene blancas, con una nitidez de nieve, las
+barbas luengas y ensortijadas; blancas igualmente, las guedejas que se
+escapan de su alto gorro, semejante á un sombrero de copa sin alas. Pero
+el rostro es joven, y aunque algo demacrado, da una impresión de fuerza
+y salud, por el lustre de la tez, de un moreno rojizo, y la solidez ósea
+de la faz. La nariz, un tanto grande y demasiado aguileña, es sin
+embargo hermosa por su pureza de líneas, sin la más leve desviación. Los
+ojos, grandes é imperiosos, ojos de mando que se esfuerzan por ser
+dulces, parecen gotas de densa tinta, brillando un pequeñísimo punto de
+luz en su negra intensidad.
+
+Este gigante, blanco, fuerte y majestuoso como un Padre Eterno, se agita
+al andar con enérgicos movimientos y encorva la espalda para ponerse al
+nivel de los que llegan. Mi amigo se inclina al coger su diestra y besa
+un gran anillo. Entonces reparo en la faja de seda que ciñe la sotana
+del arrogante sacerdote y en la cruz que brilla sobre su pecho, con un
+suave fulgor de oro antiguo. Es Joaquín II.
+
+Mi amigo le habla en griego brevemente, y yo adivino por las miradas que
+hace mi presentación.
+
+--¡Ah, Blascos!--dice el Patriarca con una voz sonora de barítono, al
+mismo tiempo que me coge una mano y tira de mí para que avance--.
+¡Blascos Ibañides!...
+
+Cualquiera diría que Su Santidad se había pasado la existencia no oyendo
+otro nombre que el mío. Es la amabilidad superior de los soberanos, de
+los grandes personajes que fingen conocer á todos los que llegan y
+parecen recordar sus nombres, que les han dicho momentos antes. Y
+repitiendo mi apellido desfigurado á la griega, con una expresión
+satisfecha, como si no conociera otra cosa, me empuja con su volumen de
+coloso, me hace sentar en un diván redondo en el centro de la pieza, y
+él vuelve al sillón dorado y viejo que ocupaba momentos antes.
+
+La sala, larga y estrecha, es una galería cerrada con cristales. Al
+través de ellos, se ve abajo parte del caserío del Fanar, y más allá de
+los tejados, una mitad del Cuerno de Oro, los navíos de guerra, el
+Arsenal, y los montes desnudos de la ribera de enfrente, con abandonados
+cementerios turcos, en los cuales las blancas fichas de las tumbas dan
+la sensación de lejanos corderos rumiando inmóviles en las laderas.
+
+El Patriarca está sentado de espaldas á los cristales, con el cuerpo en
+la sombra y rodeado de un nimbo de luz que forma el sol de la tarde en
+torno de su alba cabellera. Junto á él sonríe un joven pequeño, vestido
+como un _gentleman_, el monóculo brillante sobre el rostro afeitado y el
+pelo rubio y lustroso partido por una raya central en dos bandós que
+caen sobre la frente cual lacios cortinajes. Es el secretario de la
+legación de Grecia, que está en conferencia con el Patriarca y juntos
+pasan el tiempo hablando de los asuntos del amado país.
+
+Joaquín II habla en su idioma, de sonora armonía, ininteligible para
+mí, y al terminar mi amigo, que parece emocionado en presencia del
+Patriarca y apenas osa levantar los ojos, me dice en francés:
+
+--Su Santidad está muy contento de verle, y dice que le es usted
+simpático... Además le desea una estancia muy feliz en Constantinopla.
+
+--Su Santidad es muy amable. Dele usted las gracias.
+
+Quedamos los cuatro en profundo silencio, mirándonos, como es de buen
+tono en toda visita oriental, donde la conversación animada no surge más
+que tras larguísima pausa luego de haber tomado el café.
+
+El Patriarca ha dado sus órdenes con una voz de marino que ordena una
+maniobra, y aparecen los criados trayendo el inevitable obsequio de toda
+visita.
+
+El café no es gran cosa, los cigarrillos son comunes y el servicio de
+porcelana de lo más vulgar. Joaquín II vuelvo á repetir que vive
+pobremente, como un hombre de escasas necesidades. Nos ofrece las tazas
+y los cigarrillos con ademanes de graciosa cortesía, pero él no bebe ni
+fuma. Sólo la confitura es magnífica: un dulce de exquisitez monacal,
+formado de diversos y misteriosos aromas: un regalo tal vez de lejano
+convento, ó de algunas griegas devotas, enclaustradas voluntariamente en
+algún ruinoso palacio del Fanar.
+
+El Patriarca, sin dejar de mirarme, habla al joven que tiene al lado.
+Este sacude su actitud indolente, se desenrolla en el interior de su
+sillón, y avanza la cabeza, en la que parece pegado el monóculo,
+sonriéndome con diplomática calma. Su Santidad sólo habla el griego y el
+turco, pero desea conversar conmigo. Es la primera vez que ve á un
+español. Él me traducirá en francés lo que diga Su Santidad y á
+continuación le comunicará en griego lo que yo responda.
+
+--Puede preguntar Su Santidad lo que guste.
+
+Y Joaquín II se lanza á hablar apresuradamente, con un ímpetu de orador
+tribunicio, rodando como truenos los párrafos sonoros, en los que
+abundan las armoniosas onomatopeyas.
+
+Cuando el Papa se calla, el diplomático hace la traducción,
+acompañándola de fina sonrisa.
+
+--Su Santidad dice que siente muchísimo las desgracias de España; que
+durante la guerra con América, dedicó muchas veces sus oraciones á
+vuestro pueblo, que le es muy simpático, y que comprende que en vuestro
+país aun estará vivo el dolor por tan grandes pérdidas.
+
+La lástima bondadosa de Joaquín II me irrita un poco.
+
+--Dígale á Su Santidad que no hay para qué lamentarse de lo pasado; que
+en mi país ya nadie se acuerda de eso, y que habiendo perdido hace un
+siglo casi toda la América, no había razón para conservar unas cuantas
+islas que eran en cierto modo un bagaje pesado.
+
+El Patriarca, de ojos imperiosos, es un intuitivo, de rápida
+penetración. Mirándome fijamente parece adivinar mis palabras, mueve la
+cabeza como si me entendiese, y cuando el secretario hace su traducción,
+él se adelanta completando las ideas.
+
+Continúa el diálogo entre Su Santidad y yo, con la mediación del
+elegante intérprete. Joaquín II se entera con gran interés de las
+costumbres españolas, de las que tiene una vaga y fantástica idea, y me
+pregunta especialmente por nuestra literatura nacional.
+
+Él, gran erudito en letras clásicas, comentador de Homero, como todo
+griego ilustrado que se respeta un poco, no conoce nada de España. Hace
+muchos años, cuando no era en Atenas más que un simple pope dedicado á
+enseñanzas teológicas, vió un drama español traducido al griego, un
+drama de un señor que se llamaba... se llamaba...
+
+Y el patriarca y el diplomático se consultan con la mirada, al mismo
+tiempo que pugnan por pronunciar un hombre, sin llegar á completarlo en
+sus dudas.
+
+--Echegaray--digo yo, adivinando sus balbuceos.
+
+Su Santidad sonríe moviendo la cabeza. Eso es, Echegaray. El Patriarca
+guarda un hermoso recuerdo de la obra. Indudablemente fué la única vez
+que asistió al teatro el austero sacerdote.
+
+--¿Vive aún _monsieur_ Echegaray?--pregunta Su Santidad con gran
+interés por mediación del secretario.
+
+--Vive, y á pesar de sus años es animoso como un muchacho y no descansa.
+
+Su Santidad vuelve á sonreir, como si bendijese con el gesto al lejano
+poeta que alegró con la magia del arte algunas horas de su existencia. Y
+yo sonrío también, pensando en el ilustre don José, muy ajeno á
+imaginarse que el Papa griego es uno de sus más sinceros admiradores,
+con esa admiración del que sólo ha ido una vez al teatro y se acuerda
+del magno suceso durante toda su vida.
+
+El Patriarca, después de esto, habla de la literatura griega
+contemporánea. Hay en Atenas poca producción; escasos dramas y muy
+contadas novelas. Los literatos, antes de dedicarse al trabajo, viven
+enzarzados en interminable disputa sobre si deben escribir en griego
+antiguo ó en el griego vulgar que hoy se habla en el archipiélago. Esta
+disputa apasiona á la nación entera, dividida en dos partidos.
+
+--Su Santidad pregunta qué opina usted sobre esto--dice el secretario.
+
+--Pues dígale á Su Santidad que si novelas y dramas tienen por
+protagonistas á personajes de ahora, lo natural es que hablen el griego
+moderno, aunque no sea puro. Un mozo de cordel del Pireo no va á
+expresarse como el Aquiles homérico.
+
+El Patriarca acoge mis palabras con un gesto cortés, pero deja adivinar
+en sus ojos que piensa todo lo contrario.
+
+La conversación languidece y yo me preparo á marcharme. Llevo más de
+media hora con Su Santidad é indudablemente muchos fieles de importancia
+aguardan en la antesala.
+
+El Pontífice de Constantinopla es un Papa _constitucional_. Ni es
+infalible por sí solo, ni puede tomar una resolución en materias de fe.
+Dos veces por semana se reune bajo su presidencia el Santo Sínodo,
+compuesto de eclesiásticos y laicos influyentes, y esta asamblea es la
+que legisla, dejando al Patriarca el poder ejecutivo.
+
+Voy á abandonar mi asiento, cuando Joaquín II emprende una larga arenga
+dirigida al secretario, en la que percibo varias veces la palabra
+_democraticón_. El Patriarca parece poner un gran interés en lo que
+dice, y cuando al fin calla, el diplomático me habla gravemente.
+
+--Su Santidad pregunta si en España los sacerdotes son muy respetados,
+si la religión tiene el mismo prestigio que en otros tiempos, si los
+reyes son queridos, y sobre todo, si existen partidos democráticos como
+en otras naciones desgraciadas, y si el pueblo, movido por malas
+enseñanzas, intenta levantarse contra sus mayores.
+
+Quedo indeciso algunos momentos. ¿Qué contestar al buen Patriarca?...
+Después de tan buena acogida, siento cierto escrúpulo de decirle la
+verdad. ¿Para qué discutir con él? ¿Para qué desvanecer la santa
+ignorancia de este sacerdote, que ya no volverá á acordarse de España y
+jamás podrá influir en nuestra suerte?...
+
+--Dígale á Su Santidad que allá no hay partidos democráticos ni nada de
+esas pestes modernas que como él dice hacen la infelicidad de los
+pueblos. Los reyes velan por nuestra dicha; los sacerdotes son
+veneradísimos; todos los españoles somos católicos...
+
+Joaquín II sonríe, adivinando otra vez mis palabras, y mueve sus melenas
+blancas y su gorro negro, como diciendo: «Muy bien.»
+
+--Su Santidad--añade el diplomático al poco rato--dice que se alegra
+muchísimo de las palabras de usted, que éstas son para él un inmenso
+consuelo, y que España será siempre grande si no se aparta del buen
+camino.
+
+Me levanto, despidiéndome del Papa con una solemne inclinación. Su
+Santidad está alegre, parece encantado por mis afirmaciones, y me
+acompaña hasta la puerta, repitiendo mi nombre con paternal sonrisa.
+
+--¡Blascos! ¡Ah, Blascos! ¡Blascos Ibañides!...
+
+No me entrega su mano á besar como á los otros. Respeta mis escrúpulos
+de buen católico español, pero me acompaña, dándome cariñosos golpes en
+un hombro con sus manos fuertes, y la más paternal de las sonrisas
+contrae las ondas de nieve de su barba.
+
+Cuando llego á la puerta le parece poco esta despedida, y eleva la
+diestra con su gran sortija de oro... y me bendice.
+
+Salgo del Patriarcado admirando la espontánea solidaridad de todos los
+que viven á la sombra de la cruz. ¡Extraña y poderosa fracmasonería de
+los hombres de sotana! Durante siglos y siglos, el Vicario de Dios en
+Roma y el Vicario de Dios en Constantinopla se han insultado con baba
+rabiosa, llamándose hijos del diablo, asquerosas víboras y demás
+insultos inventados por el rencor eclesiástico, maldiciéndose con
+acompañamiento de cirios llama abajo y cánticos de muerte. Ahora fingen
+no conocerse, ignoran mutuamente su existencia, viven vueltos de
+espalda, asumiendo cada uno la verdadera herencia de Cristo, y sin
+embargo, por encima de tantos siglos de abominación y de odio, se entera
+cada uno de la existencia del otro, y celebra que ésta sea próspera y
+fuerte. Lo mismo hacen los comerciantes cuando preguntan con interés por
+los negocios de los colegas, y se alegran de que marchen bien, aunque
+nada les produzcan, viendo en ellos una prueba de que el mercado no se
+debilita, de que sigue la demanda y de que mientras los clientes no se
+llamen á engaño habrá ganancia para todos.
+
+ * * * * *
+
+Algunos días después, al volver al centro de Europa, el tren que me
+conducía chocó con otro de mercancías en las inmediaciones de Budapest.
+Cinco muertos y un número enorme de heridos. Yo salí ileso.
+
+Luego en París recibí una carta del amigo que me había presentado al
+Patriarca.
+
+Su Santidad, al leer la noticia en los diarios griegos de
+Constantinopla, había celebrado mucho la inspiración que tuvo al
+bendecirme, y repetía sobre mi cabeza el gesto pontifical,
+recomendándome de nuevo en sus oraciones.
+
+Leyendo esto me expliqué mi buena suerte.
+
+En adelante, siempre que vaya á un país donde exista Papa, pienso no
+salir de él sin la correspondiente bendición.
+
+
+
+
+XXVIII
+
+Turcas y eunucos
+
+
+Cuando un occidental relata su viaje á Turquía, la curiosidad, excitada
+por todo lo que es extraño y misterioso, le interrumpe siempre con las
+mismas preguntas:
+
+--¿Y las turcas? ¿Y la vida del harem?... ¿Y los eunucos?
+
+¡Las turcas!... Se las ve en todas partes; pasean por los cementerios,
+frondosos como jardines; entran tapadas á hacer sus compras en las
+lujosas tiendas á la europea, van en la buena estación á solazarse en
+las Aguas Dulces de Asia, lugar de moda á orillas del Bósforo; salen en
+carruaje, ó transitan á pie por el Gran Puente; se visitan unas á otras;
+gozan de más libertad que las europeas; salen á la calle tanto como
+éstas, y sin embargo, no hay en Constantinopla nada tan misterioso é
+inabordable como las mujeres.
+
+Viviendo aquí, se convence el europeo de la frescura con que han mentido
+los novelistas y los poetas al describir amores entre turcas y
+cristianos. En otros tiempos, tal vez pudo ser esto. Durante el reinado
+de Abdul-Aziz, loco generoso, Nerón oriental, que condecoraba á sus
+gallos de pelea con las mismas bandas usadas por los generales, y se
+divertía arrojando al populacho espuertas de monedas de oro, tal vez
+podrían desarrollarse estos amores internacionales. Abdul-Aziz,
+apasionado romántico de la emperatriz Eugenia, debió ser tolerante con
+las pasiones de sus súbditas.
+
+El actual emperador Abdul-Hamid, austero creyente que se encierra en la
+tradición y el aislamiento de raza para defenderse de la codicia
+europea, muestra empeño en evitar que la mujer musulmana tenga contacto
+alguno con el cristiano, y vela sobre ella con una minuciosidad de
+déspota curioso y activo, que lo mismo ansía conocer el pensamiento del
+emperador de Alemania que las intrigas del harem del último de sus
+pachás.
+
+Las damas turcas marchan encubiertas por las calles de Pera,
+contemplando al través del velo á los europeos, que las siguen con ojos
+ávidos. Aburridas por la soledad del harem y la indiferencia de un señor
+en el cual el exceso de cantidad embota y debilita todo afecto, ¡cuántas
+veces su pequeño cerebro de niña, apenas educada, experimenta la
+embriaguez del deseo, viendo en este barrio cristiano la gran abundancia
+de hombres, venidos solos del otro extremo de Europa, y á los que un
+celibato forzoso da audacias y ademanes de lobo carnívoro!...
+
+Viven libres, sin ver al esposo más que de tarde en tarde; pueden entrar
+y salir de su casa sin otra vigilancia que la del eunuco, fácil de
+sobornar; disponen de su tiempo mejor que una europea, y sin embargo, la
+intriga amorosa es dificilísima para ellas, por no decir imposible.
+
+Que levanten un poco el velo sobre su rostro para dejarlo visible al
+hombre que pasa, y al momento, un otomano, que parece distraído en medio
+de la acera tomando el aire, seguirá sus pasos cautelosamente, para
+saber en qué termina la inusitada audacia. Que se permita un gesto, una
+mirada significativa ó volver la cabeza, y el polizonte avisará en el
+mismo día al marido ó al padre.
+
+La policía y la fuerza tradicional de las costumbres velan sobre la
+mujer turca, la rodean á todas horas, dejándola en completa libertad
+para todo... para todo, menos para lo que ella desearía.
+
+Una tercera parte del presupuesto del imperio se consume en servicio
+policíaco. Un importante personaje de la corte es el jefe de los espías,
+y á su vez hay espías de los espías... y así hasta lo infinito. Todas
+las clases de Turquía figuran en el inmenso cuerpo de la delación. Los
+policías se reclutan lo mismo entre los mozos de cordel de los muelles
+que entre los grandes personajes. Algunos cobran un sueldo mucho mayor
+que el de un ministro de Europa. Lo que cuesta al sultán este servicio,
+representa más que lo invertido por algunos Estados en ejército, marina,
+administración y obras públicas. Muchos de los señoritos turcos que
+pasean en caique, llenan los cafés y teatros de Pera y son clientes de
+los sastres europeos, luciendo empinados bigotes á lo kaiser, bajo el
+erguido fez, no tienen otro medio de existencia que lo que cobran por
+repetir al ministro de Policía cuanto ven y cuanto oyen.
+
+Además, para las mujeres, todo turco es un agente que vigila por las
+buenas costumbres. El europeo no puede mirar mucho tiempo, y con marcada
+atención, á las mujeres que pasan. Imposible seguir sus pasos, como
+ocurre en las ciudades europeas. Si es en el barrio puramente turco de
+Stambul, corre peligro de recibir como aviso una pedrada ó un palo. Si
+es en las demarcaciones europeas de Pera y Galata, cualquier respetable
+_effendi_ que pasa junto á él le preguntará cortésmente si es forastero,
+ya que le ve faltar tan abiertamente á las costumbres del país.
+
+La mujer, sitiada por la vigilancia del policía y el fanatismo nacional
+de todo compatriota, obligada á no hablar con otro hombre que el que
+tiene en su casa, se venga de este aislamiento con un orgullo rencoroso,
+que la hace antipática las más de las veces. En las aceras empuja al
+hombre con soberano desprecio para que le ceda el paso. Cuando van en
+carruaje se ríen del transeúnte europeo con una insolencia de colegialas
+en libertad.
+
+La mujer pobre ó de la clase media sigue fiel al dominó de pesado
+damasco y á la cortinilla de gruesa seda que le sirve de antifaz. Así se
+la ve pasar, como máscara misteriosa, llevando en una mano la sombrilla
+cerrada ó tirando de un turquito cabezudo, y sosteniendo con otra la
+crujiente faldamenta, que deja ver las pantorrillas enormes, hinchadas,
+elefantíacas, por ir encerrados, dentro de las medias, los extremos de
+los calzones interiores.
+
+Pero las grandes damas, las elegantes esposas de los pachás y los turcos
+ricos, las moradoras de los haremes lujosos, hace tiempo que, valiéndose
+de la moda, han acabado con los trajes tradicionales, que recluían á la
+mujer en obscuro incógnito. Bajo el gabán oriental, semejante á una
+_salida de teatro_, llevan trajes de París recargados de adornos y en
+extremo vistosos. Se cubren el pelo y parte del rostro siguiendo las
+exigencias de la costumbre religiosa, pero lo hacen con el _yachmaks_,
+velo tenue y transparente como una nubecilla, suspiro de seda casi
+impalpable, que sirve para dulcificar su rostro, pintado de rosa y
+adornado con lunares artificiales, para dar mayor realce á sus ojos,
+agrandados por una aureola negra de _kool_. Ocupando grandes carrozas
+con ruedas doradas, y bajo la escolta de eunucos negros, á los que la
+perturbación del sexo hace luchar con las señoras en chismes, odios é
+histéricas rabietas, van á las tiendas ó visitan á las amigas de otro
+harem, situado á tres ó cuatro horas de distancia, al final del Bósforo.
+
+Algunas veces un harem se traslada á la orilla de Asia para ver á las
+compañeras de un gran señor amigo del suyo. La visita dura tres ó cuatro
+días, y esposas y odaliscas, libres de velos y escrúpulos, en el
+misterio de las habitaciones privadas, hacen en común sus comiditas de
+muñecas, abundantes en dulce, duermen juntas, tocan y cantan, y sobre
+todo, hablan... hablan mucho, con una verbosidad de prisioneras ó de
+monjas, repitiendo los chismes del silencioso Stambul, donde las casas
+parecen cárceles, con sus puertas siempre cerradas y sus ventanas de
+celosía, tras las cuales espía á todas horas la curiosidad maligna, la
+sospecha calumniosa, como en una muerta ciudad de provincias.
+
+Estas damas, mujeres opulentas á los diez y seis años, saben pintarse
+las mejillas de carmín, los ojos de negro y las uñas de rojo, y en esto
+invierten la mayor parte del día. Además, las mejor educadas saben
+fabricar agua de rosas, dulces de varias clases y á veces hasta bordan
+gruesas flores de oro sobre telas de seda.
+
+Hablar, con una charla interminable de pájaro loco, embriagándose en sus
+propias palabras, hablar bien de ellas y mal de sus amigas, es su mayor
+placer. Se comprende que el buen turco, temiendo pasar el resto de su
+vida frente á frente con una sola de estas hermosas muñecas, vacía de
+cráneo y expedita de lengua, multiplique su número para encontrar
+alivio. Pero esta variedad, cuando todo el harem ha perdido el encanto
+de lo nuevo, sólo sirve para aumentar el tormento.
+
+Los turcos modernos, que han viajado por Europa amoldándose á nuestras
+costumbres, sólo tienen una mujer y sonríen cuando les hablan del harem.
+Están enterados de lo que es la poligamia y compadecen á los turcos á
+estilo antiguo, á los tradicionalistas, que por seguir la costumbre
+tienen varias esposas.
+
+Sólo un pachá del viejo régimen poseedor de una paciencia inagotable ó
+aficionado á murmuraciones y futilidades como una mujer, puede soportar
+durante toda su vida el contacto con el rebaño femenino del harem.
+
+Es un error generalizado en Europa creer que la mujer turca, porque se
+compra las más de las veces, es una esclava, un objeto, un ser sin
+derechos y sin libertad, fuera de las leyes. La religión del Profeta
+nunca habló con desprecio de la mujer, ni vió en ella un ser impuro, un
+aborto del demonio, como los Padres de la Iglesia cristiana. El hombre
+tiene sin disputa un alma superior, porque es el guerrero y pesan sobre
+él los más rudos deberes de la vida, pero la mujer es igual á él en toda
+clase de derechos. La ley musulmana sólo es implacable y feroz en caso
+de infidelidad conyugal. Conoce la escasa solidez de estos seres
+adorables y sin seso, y presiente que si abriese la mano y no se
+impusiera por el terror, ningún musulmán podría llevar su turbante sobre
+la frente con entera comodidad.
+
+En los antiguos haremes de Turquía figuraban sobre la puerta dos versos,
+que poco más ó menos dicen así:
+
+ Nada iguala
+ la astucia de la dama.
+
+El encierro (que no es tal encierro, pues la turca sale á todas horas, y
+ellas y los eunucos se entienden con la fraternal solidaridad del
+interés común) y la prohibición de hablar con los hombres, son las dos
+únicas tiranías que pesan sobre las mujeres de alta clase. Pero junto á
+esto, ¡qué insoportables derechos, exagerados por la susceptibilidad
+femenil, gravitan sobre el infeliz otomano, que entusiasta de las
+glorias de la vieja Turquía, se empeña en mantener un harem, como alarde
+de patriotismo!...
+
+Si hace un regalo á una de sus esposas, por costoso que éste sea, las
+otras tienen derecho á otro igual, y pueden llevarlo á los tribunales
+para exigírselo. Si una riñe con sus compañeras y declara que le es
+imposible seguir viviendo en el harem, la ley turca obliga al marido á
+que le construya una casa aparte; igual, absolutamente igual, hasta que
+satisfaga los gustos de la esposa. Y se han visto pleitos que han durado
+años y años, sin darse nunca por contenta la reclamante al visitar la
+nueva vivienda, exigiendo unas veces que tuviese igual número de
+ventanas que la antigua, pretextando otras que las lámparas eran menores
+en número, que los muebles no estaban tapizados con la misma seda, que
+las alfombras no eran antiguas, y así hasta lo infinito de una histeria
+caprichosa, agravada por la rivalidad femenina.
+
+Y á más de esto, el amontonamiento de hijos que se forma en pocos años
+en un harem rico, donde las esposas y odaliscas son un par de docenas y
+el Señor, poderoso personaje falto de ocupaciones, se queda en casa los
+fríos días de invierno, y únicamente sale los viernes para ver al sultán
+en el Sélamlik.
+
+Yo he conocido á un viejo pachá, entusiasta de las tradiciones, que
+tiene trescientos cuarenta y dos hijos. Es un hombre virtuoso, dado á
+los estudios teológicos, poco amigo de pecados carnales, y que desprecia
+á los europeos, como seres inferiores que á todas horas tienen el
+pensamiento puesto en la mujer. Á pesar de la extensa prole, yo no creo
+en su concupiscencia. En la vida del harem no hay golpe perdido, y
+aunque los olvidos de la virtud sean poco frecuentes, todos tienen
+consecuencias por la variedad y el número de la colaboración, llegando
+el respetable padre á no conocer á sus hijos ni saber sus nombres, á
+pesar de que viven bajo el mismo techo.
+
+La poligamia es un lujo de personajes, y pocas fortunas la soportan.
+Los hijos son más costosos aún que las mujeres, pues hay que darles
+colocación. Cada sultán se basta él solo para fabricar la mayor parte de
+los gobernadores, generales y altos funcionarios de su imperio, y las
+demás plazas las proveen, con su fuerza reproductora, los personajes que
+viven junto á él.
+
+El harem imperial y el de los grandes pachás son incubadoras de altos
+empleados que no dejan lugares libres á los turcos de más bajo origen.
+Por algo se transmite el imperio de Turquía de hermano á hermano y no de
+padre á hijo, como en las monarquías europeas. Si la sucesión imperial
+fuese por este último sistema, Turquía viviría en eterna guerra civil,
+siendo centenares los pretendientes al trono que se combatirían, con una
+saña de hermanos, cada uno de distinta madre.
+
+Los turcos modernos y jóvenes ríen y ríen del viejo harem. ¡La
+poligamia! ¡Tonta inutilidad del pasado!... Ellos viven con sólo una
+turca, ó con ninguna, admirando los grandes adelantos de la civilización
+europea, la más perfecta de todas para la satisfacción de las
+necesidades humanas, y cuando sienten el deseo de la variedad, pasan los
+puentes y suben á Pera, y allí encuentran en las calles un harem suelto
+y por horas, de rumanas, italianas, austriacas y judías.
+
+ * * * * *
+
+La afición de ciertos personajes á los progresos modernos, ha creado una
+clase de turcas más infelices y dignas de compasión que la antigua dama
+otomana, devota y contenta de su vida, satisfecha de sus visitas y sus
+lujosos trajes, sin otro ideal que una joya nueva ó una banda con placa
+de brillantes, regalo del sultán, sin otros horizontes que las montañas
+de la ribera asiática, ni otros deberes que incubar nuevos turcos.
+
+Los grandes pachás que envían sus hijos á correr Europa, han traído
+institutrices ingleses y francesas para sus hijas. Muchas de las tapadas
+que pasan en carruaje, delatando bajo sus orientales velos la frescura
+esbelta de los pocos años, la delgadez de una mujer en formación,
+desprecian las confituras, odian como perfume vulgar el aceite de rosas
+y consideran el bordado como obra de esclavas, sonriendo ante las obras
+de juventud que les enseñan con orgullo sus obesas madres. Tienen en una
+pieza del harem donde nacieron un piano de cola, en el que tocan los
+valses melancólicos de Chopín ó el último _couplet_ de moda en París, y
+cerca del sonoro Erard una biblioteca llena de novelas inglesas y
+francesas. Algunas hasta han roto con la preocupación religiosa de la
+raza, que prohibe la reproducción de las formas vivas, y pintan
+acuarelas con palomos, flores ó barquitos.
+
+Conozco á una francesa vieja, que vive hace muchos años en
+Constantinopla de dar lecciones de su idioma y entra diariamente en
+ricos haremes. ¡Las confidencias de estas pobres jóvenes, que han de
+vivir como las mujeres del tiempo de Mohamed II, y por la imprudencia de
+sus padres llevan bajo las vestiduras orientales la misma alma que una
+muchacha de París ó Londres!...
+
+--Sabemos francés, sabemos inglés--dicen á la vieja confidente--.
+Tocamos el piano, cantamos, pintamos. ¿Para qué todo esto?... La mujer
+aprende para lucir sus conocimientos, para hacer vida de sociedad...
+para hablar con los hombres.
+
+Y la pobre turca de moderno estilo sólo podrá hablar con uno, el que les
+designe su padre como esposo. Un día la adornarán de piedras preciosas y
+se casará con un joven turco, al que sólo habrá visto de lejos, al
+través de una celosía, y con el que cruzará la palabra por vez primera
+en el momento de ser su esposa. La llevarán á una casa nueva, en la que
+vivirá como única señora si su marido no ama las costumbres antiguas, ó
+en la que se confundirá con otras, iguales á ella en derechos, distintas
+á ella en alma, como si fuesen de otro planeta. Su madre se extrañará de
+sus lágrimas y melancolías. Así vivió ella, así vivieron sus abuelas y
+todas las honradas damas temerosas de Dios. Pero la madre era feliz,
+abroquelada en su santa ignorancia: no la habían hecho morder el fruto
+embriagador de la cultura occidental... Y la infeliz reclusa de las
+tradiciones de su pueblo, asustada ante el porvenir, y mientras llega
+el momento del matrimonio, se consuela con la lectura, y devora las
+novelas francesas que llenan los escaparates de las librerías de la gran
+calle de Pera.
+
+Sus autores favoritos son los mismos de las damas europeas; novelistas
+elegantes y discretos que creen en Dios y sólo describen personajes con
+buenas rentas, faltos de ocupación y dedicados al amor. La pobre turca
+admira á la duquesa rubia y _espiritual_, que en cada capítulo luce un
+traje nuevo de Paquin ó de Doucet; se crispa con los dulces diálogos
+entre ella y el conde ó el artista de moda; se conmueve ante las «crisis
+de alma» que obligan á la noble señora á cambiar de amante todos los
+años; la sigue palpitante de emoción cuando á la caída de la tarde va
+cautelosa al estudio ó á la _garçonniére_ de su nuevo ídolo, cubierta
+con espeso velo (lo que llaman los grandes modistos _velo de
+adulterio_); desfallece con la descripción de los sabios besos, en el
+saloncito caldeado discretamente por la chimenea, sobre cuyo mármol hay
+rosas, muchas rosas, como es de ritual en toda cita novelesca de
+personas que se respetan... y la pobre turquita acaba por abandonar el
+libro sobre sus rodillas, y queda con sus ojos de gacela pensativos y
+lacrimosos.
+
+Esa es, indudablemente, la vida de las europeas: no puede ser otra, pues
+todos los libros dicen lo mismo. Ella sabe inglés y francés; ella toca
+en el piano cosas sentimentales; ella hablaría tan bien como la duquesa
+y la sentaría igual ó tal vez mejor el misterioso velo de la caída de la
+tarde. ¡Y tiene que acabar su vida en un harem, murmurando con las
+esclavas zafias y el eunuco negro, de risa infantil! ¡Y todos sus viajes
+serán al Bósforo asiático, ó cuando más á Brussa, en el mar de Mármara!
+¡Y el conde de sus ensueños, el artista de complicadas pasiones, será un
+señor con el fez eternamente calado, que vivirá en una mitad de la misma
+casa ocupada por ella, que entrará y saldrá por distinta puerta, que
+tendrá diferente servidumbre, como si fuese un huésped, y sólo una ó dos
+veces por semana vendrá á tomar con ella varias tazas minúsculas de
+café, y fumará cigarrillo tras cigarrillo, pensando en el último gesto
+del Gran Señor y en las intrigas del Yildiz Kiosk!...
+
+La virgen musulmana siente que un impulso de rebeldía rompe la costra de
+su mansedumbre oriental, y tiende sus brazos con un crispamiento de
+inmensa angustia, como si llamase en su auxilio el misterioso poder que
+convierte en paraíso la tierra maldita del Profeta, donde viven los
+_giaoures_.
+
+--¡Oh Europa!... ¡París! ¡París!
+
+Algunas, más audaces ó afortunadas, llegan á consumar la rebeldía. Las
+hay que han conseguido librarse por procedimientos novelescos de esta
+tierra, donde para entrar y salir se necesita pasaporte. Viven en el
+Paraíso soñado, en París, y repiten á la inversa la afición poligámica
+de sus ascendientes. En Constantinopla nadie quiere hablar de esto, como
+no sea para negarlo. El Gran Señor sufre enormes disgustos con estas
+fugas.
+
+Hace poco tiempo, en un mitin feminista de Suiza, al que asistieron
+mujeres de todas las naciones, subió á la tribuna una joven de ojos
+orientales, que hablaba con facilidad varios idiomas, y se expresó con
+reconcentrado odio contra la tiranía masculina.
+
+Era una parienta del sultán fugada del harem imperial.
+
+ * * * * *
+
+En Turquía todavía existe la venta de esclavas.
+
+Yo quise cándidamente ver un mercado. No existe mercado. Desde que
+Inglaterra y otras potencias intervinieron en la vida interna de
+Turquía, se acabó la trata de esclavas. Los antiguos caravanserrallos,
+enormes posadas de vastos claustros donde hace cincuenta años se
+exhibían libres de velos los lotes de carne juvenil llegados de la
+Circasia, sólo están ocupados hoy por mercaderes de Trebisonda y Bagdad,
+que fuman su _narghilé_ exhibiendo pacientemente los rollos de tapices y
+los cofrecitos repletos de piedras preciosas.
+
+Las esclavas se guardan y se venden en las casas de los particulares.
+Todo turco á la antigua tiene una irresistible tendencia á la mercadería
+de carne femenil. Es una afición atávica heredada de sus ascendientes,
+invasores de reinos y bandidos del mar. Cuando un personaje de Stambul
+tiene un crédito por cobrar en las provincias de Asia, las más de las
+veces le paga éste con una pareja de niñas flacas, mal comidas, pero de
+espléndidos ojos, que á su vez ha adquirido de los padres, míseros
+montañeses de la Georgia.
+
+Las pequeñas sirven de criadas de lujo en la casa de Stambul, hasta que
+la pubertad empieza á hinchar sus formas y el señor propone la mercancía
+á sus conocidos, verificándose la venta amigablemente, sin intervención
+alguna de los representantes de la ley.
+
+Cuando se visita la morada de un turco á la antigua, salen á vuestro
+paso, en el departamento de los hombres, pequeñas niñas sin velo, con
+anchos calzones y la trenza colgando sobre la espalda, que os toman el
+sombrero y el bastón, dándoos la bienvenida como si fuesen hijas del
+dueño. Son las esclavas que esperan su hora para ser vendidas ó que
+acaban por pasar al harem del señor convertidas en esposas.
+
+Las agentes de carne conocen las casas donde existen géneros, y todos
+los días hacen sus negocios. No sólo venden para los ciudadanos ricos de
+Constantinopla y de todos los _vilayetos_ de Turquía, sino que mantienen
+negocios continuos con clientes de Egipto, Túnez y Marruecos. La
+circasiana y la georgiana siguen siendo, como en otros tiempos, el
+adorno elegante de todo harem respetable, y el género, impulsado por una
+continua demanda, parece multiplicarse con arreglo á las exigencias.
+
+Ningún miedo acerca del porvenir, ningún terror futuro se transparenta
+en la límpida mirada de estas hermosas bestiezuelas, delgados capullos
+que esperan para esparcirse la tibia y cerrada atmósfera del harem. Son
+esclavas porque han costado dinero á los dueños, pero su suerte es igual
+á la de todas las mujeres turcas que nacieron libres. Siempre las compra
+algún otomano viejo, para unirlas al batallón de sus antiguas esposas ó
+para darlas á un hijo tan joven como ellas. Por poca influencia que
+ejerzan sobre el dueño, éste las convierte en mujeres legítimas, deseoso
+de establecer cierta igualdad entre sus hembras, medio seguro para
+conseguir en la casa una paz relativa. Muchas sultanas comenzaron siendo
+esclavas.
+
+Los precios de estos animalillos de lujo, que viven alegres con una
+inconsciencia infantil hasta los días de la vejez fumando rubios
+cigarrillos en un diván, tragando confituras y haciendo danzar las
+babuchas amarillas sobre los pulgares de sus pies sonrosados, varían
+según los méritos del género.
+
+Una muchacha defectuosa y de miembros secos puede adquirirse por
+quinientas pesetas. Las de buena dentadura, largo pelo, ojos grandes, y
+que prometen ensancharse de formas, hasta llegar á una gordura blanca,
+firme y sedosa, valen dos mil ó dos mil quinientas.
+
+Un caballo turco, de escasa alzada, largas crines, cabezón y con
+inquietos remos, cuesta mucho más.
+
+ * * * * *
+
+Los eunucos son más caros.
+
+En realidad no sirven para nada. Son seres de lujo, signos de poder y de
+riqueza para el amo. Equivalen á los lacayos que se exhiben majestuosos
+en los pescantes de los coches de Europa. Estorban al cochero las más de
+las veces, se pasean sin que los dueños necesiten casi nunca de sus
+servicios, molestan con su presencia estirada y solemne, pero ninguna
+persona rica puede pasarse sin ellos.
+
+En otros tiempos, el turco celoso confiaba en la vigilancia de su
+eunuco, feroz guardador de las mujeres. Hoy es escéptico, sabe que estos
+hombres-hembras, por un irresistible impulso de su naturaleza neutra,
+aunque riñan con la mujer por celos femeniles acaban entendiéndose con
+ella y prestándose á toda clase de tercerías. Sin embargo, el eunuco
+negro sigue en favor, como una manifestación de poder y de riqueza. Es
+algo así como el blasón de armas de la casa, y los señores rivalizan en
+tenerlos agasajados y bien vestidos. Un harem no puede salir á la calle
+si no marcha escoltado por un par de eunucos de señorial aspecto.
+Cuando las mujeres van en carroza, los negros trotan junto á las
+portezuelas, jinetes en los mejores caballos del amo. Si de noche sale
+el rebaño femenil á hacer visita á otro harem, ellos marchan á la
+cabeza, por las solitarias calles de Stambul, garrote en mano y con
+grandes farolones que trazan en el camino una danza de pálidos
+resplandores y gesticulantes sombras.
+
+El eunuco es el administrador que corre con los gastos de la casa; el
+intermediario obligado entre las esposas y el marido. El da el dinero
+para las compras, regatea con las mujeres, se muestra quisquilloso,
+avaro y gruñón, como no lo es nunca el turco. El esclavo chilla á las
+señoras, las empuja, es un gallo sin cresta que picotea continuamente á
+las habitantes del gallinero, y éstas, que temen sus delaciones y su
+malhumor, lo acarician como un niño grande, y acaban por reirse de él.
+
+Sólo el sultán y los grandes personajes de la corte tienen un numeroso
+cortejo de eunucos. Los turcos de cierta posición se contentan con dos ó
+con uno solo.
+
+Un eunuco cuesta casi una fortuna, pues escasean mucho.
+
+Antes se fabricaban con mayor facilidad, y la abundancia rebajaba los
+precios.
+
+En esta monstruosa deformación del hombre, ha habido sus modas. El arte
+de formar el eunuco ha progresado, pero extremando su crueldad. El
+refinamiento del turco en sus sospechas y sus celos, ha sido fatal para
+estos infelices negros, lúgubres mamarrachos, enormes como colosos, de
+rostro fiero, y con una vocecilla estridente y crispadora, semejante al
+chasquido de una caña que se rompe.
+
+Antes les bastaba para cumplir su oficio con verse libres de las
+preciosas superfluidades cuya ausencia motiva, según dicen, la angélica
+voz de los cantores del Papa.
+
+Pero algo quedaba en ellos, después de la monda, que constituía un
+motivo de perpetua alarma para los señores turcos. La mujer, ociosa y
+triste en el encierro, discurre mil diabluras: la eterna presencia del
+eunuco, único hombre compañero de clausura, la inspiraba según parece
+los más refinados ardides. Y echando mano á lo que aun podían encontrar,
+las malditas pasaban horas y horas recreándose en un entretenimiento sin
+fin, tranquila la conciencia porque no aumentaban ilegítimamente la
+prole del señor, pero faltando á la fidelidad descaradamente en el
+sagrado del hogar.
+
+Los turcos, escamados por estos abusos, extreman actualmente la humana
+poda. Sobre los pobres negros, guardianes del honor, se abate una furia
+semejante á la de los leñadores de bosques vírgenes, que nada perdonan,
+echando abajo ramas y tronco. Su obscura piel es campo roturado y liso,
+en la que no queda el más leve rastro de frutos humanos.
+
+La espeluznante operación la realizan los crueles fabricantes en negros
+de pocos años, allá en los arenales de Africa. Los cuerpos los hunden en
+el suelo hasta la cintura, y así permanece el operado semanas y meses,
+entre sus verdugos que le cuidan y le alimentan, hasta que la arena
+cicatriza la cuchillada atroz ó se les va por ella la sangre y el alma.
+
+El noventa y cinco por ciento de los eunucos muere tras la cruenta
+amputación.
+
+Por esto los que quedan son personajes poseídos de su importancia,
+influyentes en la vida turca, caprichosos é irresistibles, lo mismo que
+una tiple que se considera indispensable y precisa.
+
+
+
+
+XXIX
+
+Los derviches aulladores
+
+
+En la orilla asiática de Constantinopla, entre el barrio puramente turco
+de Scutari, en el que no vive ningún europeo, y el cementerio que lleva
+el mismo nombre, vasta extensión bordeada de kioscos funerarios y
+sombreada por plátanos seculares, está la mezquita del Roufat, donde
+todos los jueves, á las dos de la tarde, celebran su ceremonia religiosa
+los derviches aulladores.
+
+Esta mezquita no es grande y luminosa como la de Eyoub, donde los
+derviches danzantes voltean, como flores, sus pesadas faldas. La secta
+de los aulladores es sombría y feroz, y parece guardar en sus extraños
+ritos el alma fanática é implacable del antiguo turco, terror de Europa.
+Una sala baja y casi obscura, con el techo sostenido por columnas de
+madera, y desnuda de todo adorno arquitectónico, es el lugar de la
+ceremonia. En las paredes, algunos cartelones, con versículos del Korán,
+y unos negruzcos panderos. Sobre el tapiz que cubre el Mirab, una
+panoplia de armas antiguas, turcas é indias: espadas onduladas,
+cimitarras venerables, hachas de curva entrante y mazas erizadas de
+clavos.
+
+Sobre la piel de cordero tendida en este sitio de honor, se sienta, con
+las piernas cruzadas, el _imán_, el gran sacerdote de los derviches
+aulladores, que ostenta en su turbante blanco la arrollada faja verde de
+los que se tienen por descendientes del Profeta.
+
+Este _imán_ es un árabe que goza de gran popularidad, aparte de su poder
+de hacer milagros, por ser el hombre más hermoso de Constantinopla. No
+he visto tipo más perfecto de la belleza semita. De regular estatura,
+parece, sin embargo, muy alto, por la gallardía de su cuerpo enjuto y
+ágil, en el cual el esqueleto sólo está revestido de los tejidos
+indispensables para la vida. Las facciones son de un moreno brillante,
+entre rojizo y verdoso; el mismo tono de los bronces florentinos. La
+nariz, aguileña y fina, avanza sobre una barba clara y rizosa, de un
+negro azulado, y los ojos, enormes y misteriosos, tienen una veladura de
+color de tabaco en sus córneas, que hace resaltar el fuego de las
+luminosas pupilas. Es un jinete de los desiertos arábigos, un pirata del
+mar de arena, un caballero andante de las soledades asiáticas,
+majestuoso y melancólico, que se ha dedicado á sacerdote y vive en la
+civilizada Constantinopla, rozándose con los europeos.
+
+Las viajeras que ocupan las galerías de la mezquita contemplan con
+admiración á este Apolo árabe; pero él permanece inmóvil en la piel de
+cordero, envuelto en su sotana negra, por cuya abertura luce un rico
+chaleco de seda, de rayas menudas y multicolores. No sé por qué
+presiento que el jefe de los derviches aulladores, que forman la
+cofradía más fanática de Constantinopla, es un hombre _enterado_, sin
+ninguna fe en las ceremonias que preside. Tiene la expresión demasiado
+inteligente para creer en tales cosas. Un día, hablando de él con
+Constans, el embajador de Francia, éste rompió á reir, con la
+irreverencia de un viejo republicano:
+
+--Le conozco mucho. Un _blagueur_. Lo que ustedes llaman un guasón. Un
+hombre inteligente que se amolda á las circunstancias.
+
+Pero aunque este árabe majestuoso engañe á los suyos, no teniendo fe en
+los mismos ritos que ejecuta, hay en sus actos una gran nobleza. Es un
+buen turco, que cree necesario para la vida de su pueblo el
+mantenimiento de las tradiciones, y las sigue con solemne gravedad, sin
+creer en ellas.
+
+Frente á él están los derviches, formados en fila, llevando sobre la
+cabeza, como distintivo de la cofradía, un solideo de fieltro, semejante
+á media corteza de coco. Unos son negros, medio desnudos, de lanuda
+cabellera y ojos diabólicos; otros, blancos, que conservan el traje de
+calle y parecen tenderos del inmediato barrio de Scutari.
+
+Todos ellos repiten á coro una especie de letanía monótona, y balancean
+su cabeza adelante y atrás, como si estuviera muerta sobre los hombros,
+doblando al mismo tiempo el cuerpo por la cintura. Este vaivén continuo,
+acompañado de un canturreo semejante al de los niños en la escuela,
+acaba por dar una especie de vértigo. El sudor rueda por el cuerpo de
+los negros, cubriéndolos de una capa húmeda y goteante. Los blancos
+pierden por momentos su correcto exterior de burgueses. Los cuellos de
+camisa se arrugan y ennegrecen como trapos; las corbatas se esparcen
+deshechas; las cadenas de reloj saltan locas sobre el vientre, como si
+fuesen á romperse.
+
+«¡_La Ilah il Allah_!», cantan los derviches con un furor creciente,
+extremando su loco vaivén de muñecos mecánicos, y el gran sacerdote los
+contempla inmóvil, como un maestro que preside su escuela, y cuando el
+movimiento parece debilitarse, hace una imperceptible señal á uno de sus
+acólitos, encogido junto á él, y éste grita y palmotea para acelerar el
+curso de la oración.
+
+Formando una larga cadena, y apoyado cada uno en el hombro del vecino,
+los derviches se mueven, como un péndulo humano, á un lado y á otro, con
+monótona regularidad. Este balanceo, y la repetición monótona de su
+plegaria, parece embriagarles. Unos tienen los ojos casi salidos de las
+órbitas, con una expresión feroz. Otros los cierran, como si estuviesen
+dormidos, moviéndose y cantando en pleno ensueño. Los derviches
+empiezan á justificar su título de aulladores. La letanía se corta con
+gritos estridentes, verdaderos ladridos, que espeluznan de horror á los
+espectadores europeos. La movible cofradía semeja una aglomeración de
+fieras amaestradas. Sus voces no tienen ya nada de humano. Hay momentos
+en que parece que van á saltar las barandillas para morder á los
+occidentales curiosos, agrupados detrás de ellas.
+
+De pronto, un golpe ensordecedor sobre la madera del pavimento. Un
+cuerpo que se desploma. El auditorio se estremece como ante la caída de
+un cadáver. Es un negro grande y enjuto, cubierto de sagrados harapos,
+que se revuelca en el suelo con los miembros torcidos, la boca espumosa
+y los ojos en blanco por un estrabismo loco. Según cuentan, este negro,
+que dentro de la mezquita parece un mendigo fanático, es capitán de
+caballería en el ejército del sultán. De su pecho oscilante sale un
+rugido, que es al mismo tiempo una queja de dulce agonía. ¡_Allah
+hou_!... Y en la crispación de su rostro lustroso, en su mirada
+completamente blanca, hay algo de éxtasis, como si contemplase á su Dios
+asomando entre esplendores de oro sobre las tiendas celestiales, en
+cuyas aberturas aguardan las huríes de redondas formas y húmedos ojos á
+los guerreros fieles del Profeta.
+
+Tras el negro cae otro derviche, y luego otro. Ruedan sobre el
+entarimado los cuerpos, convulsos por la embriaguez hipnótica, lanzando
+aullidos espeluznantes. Las viajeras occidentales huyen desfallecidas,
+ocultando los ojos en el pañuelo, sintiendo que ellas también van á
+desplomarse á impulsos del excitado histerismo de su sexo; y mientras
+tanto, los derviches que aun se mantienen de pie se agitan cada vez con
+mayor ímpetu y desfiguran sus voces hasta convertirlas en ladridos.
+
+Cerca de una hora dura esta pesadilla feroz, esta escena que parece de
+otro mundo.
+
+Al fin, el gran sacerdote se mueve, hace un gesto y se rompe la fila de
+los derviches. Los que aun se mantienen de pie salen de la sala con paso
+vacilante, en pleno vértigo, para ir á secarse el sudor y tomar aliento
+en una pieza vecina. Los que están inertes en el suelo, como si
+durmiesen, son sacados á brazos.
+
+Un ayudante del gran sacerdote entra en la mezquita llevando de la mano
+larga fila de niños y niñas. Todos se arrodillan ante el _imán_,
+esperando el momento de la curación. Vienen de los barrios más apartados
+de Constantinopla, han pasado el Bósforo, para llegar á la mezquita de
+los derviches aulladores. El gran sacerdote, descendiente del Profeta,
+venido de la misteriosa Arabia, donde reside toda sabiduría, cura con el
+soplo de su aliento y el contacto de sus pies. Unos á otros se
+transmiten, con el alto sacerdocio, este divino poder. Esto lo saben
+desde el sultán hasta el último _hamal_ de los muelles del Cuerno de
+Oro.
+
+Las criaturas se tienden boca abajo en el suelo de la mezquita. El
+hermoso _imán_ se yergue despojándose de las babuchas, y apoyado en uno
+de sus ayudantes camina lentamente sobre los riñones de las criaturas.
+Poco debe pesar el enjuto y esbelto árabe, pero aun así parece imposible
+que no revienten estos cuerpecillos, que forman un pavimento animado
+bajo sus pies. ¡El noble y sereno gesto de resignación del hermoso
+sacerdote! ¡Su triste gravedad al volver á repasar sobre los cuerpos de
+los pequeños!...
+
+Éstos se levantan, se sacuden, salen riendo y empujándose, como
+criaturas acostumbradas á venir todas las semanas, y para las cuales el
+viaje es una verdadera fiesta. No presentan ninguna enfermedad exterior.
+Parecen sanos y robustos. Sus padres quieren curarlos de embrujamientos
+é inapetencias, males de los que triunfa casi siempre el santo _imán_...
+con ayuda del tiempo. Después se prosternan ante él, implorando la
+huella de sus pies, hombres de todas clases; viejos cargadores, soldados
+y marineros.
+
+Cerca de mí está sentado un joven turco, elegantemente vestido á la
+europea, con alto cuello, vistosa corbata y un gabán inglés á rayas. El
+fez es lo único que delata su nacionalidad. Tiene cara de alegre
+vividor, falto de escrúpulos; sus ojos son de fría insolencia; en su
+rostro lleva marcas recientes de enfermedades irrevelables. ¡Cómo reirá
+este turco ultramoderno de la credulidad de sus compatriotas!...
+
+El _imán_, ocupado en marchar sobre los riñones de los fieles, lanza
+rápidas miradas á unas celosías tras las cuales se adivina cierta
+agitación, acompañada de sordo zumbido. Son las damas turcas que se
+impacientan. El sacerdote debe subir para la curación de las enfermas en
+una pieza aparte.
+
+Acurrucado en la piel de cordero, se prepara á hacer su oración ante el
+Mirab antes de partir, cuando llega el último enfermo. Es el joven turco
+vestido á la inglesa, el elegante del gabán rayado, que se arrodilla
+compungido, brillantes de fe los audaces ojos.
+
+El _imán_ escucha con un gesto de inmensa misericordia la corta
+confesión de sus pecados y enfermedades. Le abraza, le sopla varias
+veces en los ojos y en la boca, sin perder su noble gravedad, y luego
+pasa varias veces sobre él, manteniéndose derecho en sus riñones con la
+calma de un filósofo, convencido de que la humanidad cobarde quiere ser
+engañada en sus dolores, y que la mentira es buena cuando puede servir
+de consuelo.
+
+
+
+
+XXX
+
+Libertad religiosa
+
+
+En ninguna ciudad del mundo existe la libertad religiosa que en
+Constantinopla.
+
+Los que confunden á todos los mahometanos en un concepto común, y creen
+que el fanático y cruel marroquí es semejante al turco, se extrañarán de
+esta afirmación; y sin embargo, nada más cierto. En Constantinopla viven
+todos los cultos con entera libertad y todos sus ministros gozan de
+igual respeto. El patriarca griego, el patriarca armenio, el gran
+rabino, el arzobispo armenio católico y el arzobispo católico romano,
+todos son funcionarios del imperio, iguales en respeto al gran _imán_ y
+retribuídos por el emperador con generosa largueza, según el número de
+adeptos que cada religión cuenta en sus Estados.
+
+Es más: el Comendador de los creyentes, el heredero del Profeta, que
+muchísimos occidentales se imaginan como un mahometano feroz é
+intolerante, tiene en su Consejo de Estado y entre los altos pachás que
+le rodean hombres de todas las religiones para poder atender á los
+diversos servicios sin lastimar las creencias de sus súditos.
+
+Si ha de nombrar el gobernador del Líbano, elige siempre á un pachá
+católico, por ser ésta la religión de los pobladores de dicha provincia;
+si se trata de Samos ó cualquiera isla turca vecina al archipiélago,
+designa á un pachá griego; y así hace en los demás _vilayetos_ de su
+vasto imperio.
+
+Los turcos no sienten la fiebre del proselitismo. Á sus imanes no se les
+ocurre jamás catequizar á nadie. Es más: desprecian al _renegado_, y
+miran con inquietud al hombre que cambia de religión, aunque sea para
+abrazar la suya. Lo que ellos aman es el poder político, la dominación
+conquistadora, y les basta con que los hombres se sometan á su autoridad
+y sus leyes, sin importarles el secreto de su conciencia.
+
+Siempre hablan con respeto de las religiones ajenas.
+
+--Están equivocados--dice el viejo turco con superioridad bondadosa--.
+No conocen la verdad; pero al fin creen en Dios, que es lo importante, y
+le honran y glorifican á su manera, lo mismo que nosotros.
+
+Los turcos sólo tienen un odio religioso, irracional y feroz: el odio al
+persa, musulmán que es para ellos un conjunto de todas las herejías y
+abominaciones: lo que el protestante para un católico rancio.
+
+Los musulmanes de Persia, partidarios de la secta chiíta, que creen en
+el Profeta, pero le dan distintos descendientes, inspiran un odio
+irreductible al buen turco.
+
+--¡Esos perros!--exclaman cuando ven un rostro de verde aceitunado,
+cubierto con gorro de astracán--. Los _giaoures_ (los cristianos) no son
+culpables de sus errores. Siguen la religión que les enseñaron sus
+padres. ¡Pero esos persas, que conocieron la verdad y se apartaron de
+ella!...
+
+Un desprecio invencible separa al turco del persa. Los numerosos
+súbditos del sha que viven en Constantinopla se ven rodeados de la
+general animadversión. Las guerras con Persia han sido siempre
+popularísimas en Turquía. Si no existiese la vigilancia de las grandes
+potencias y el llamado «equilibrio de las naciones», hace tiempo que el
+ejército del _Padichá_ habría entrado vencedor en los palacios de
+Teherán.
+
+Pero á pesar de este odio, que resulta implacable por lo mismo que se
+desarrolla entre próximos parientes, el persa goza en Constantinopla de
+una libertad absoluta. Cuando llega su cuaresma--cuaresma asiática,
+sanguinaria y salvaje--, los fieles se reunen públicamente para
+entregarse á crueles fiestas. Se azotan con látigos de hierro; se
+atraviesan las carnes con puñales; se hieren, al compás de los himnos,
+con agudos sables, hundiendo siempre las hojas entre los labios de la
+misma herida; danzan haciendo ondular sus blancas túnicas manchadas de
+sangre, aullan como poseídos, y el turco les contempla impasible, sin
+intervenir jamás en su delirio, alabando á Alláh omnipotente, que
+castiga á los enemigos con tales errores y locuras.
+
+En los países que monopolizan el título de civilizados, en las naciones
+de mayor tolerancia religiosa, Inglaterra y los Estados Unidos, por
+ejemplo, los diversos cultos gozan de libertad, pero ven limitados sus
+derechos cuando intentan salir á la vía pública.
+
+En Constantinopla la libertad es más completa, pues ni siquiera existe
+dicha limitación. La Gran Calle de Pera podría titularse la calle de las
+religiones. En la misma acera, y casi tocándose, existen una mezquita de
+derviches danzantes, la iglesia de San Antonio de los frailes franceses,
+el pequeño convento de franciscanos españoles de Jerusalén, dos
+sinagogas, un templo armenio, una capilla evangélica alemana y otra
+inglesa. El paseante ve al través de las grandes rejas de un ventanal
+túmulos venerables de viejo terciopelo, coronados de enormes turbantes y
+alumbrados por tenues lámparas; más allá un patio con claustros y una
+cruz en medio, á la sombra de árboles seculares: y al mismo tiempo que
+suena la campana del templo católico, se escapa por ciertas ventanas el
+coral luterano, lento y solemne, de los que cantan la gloria de Jesús
+libre de las corrupciones de Roma, y llega hasta la calle el ruido
+monótono de flautas y tamboriles que acompaña el baile de los derviches.
+
+El turco, tolerante con todas las creencias, se detiene á la puerta de
+los templos, y por poco que insista el celo catequizador del sacristán ó
+el empleado que está á la entrada, penetra en ellos con una gravedad
+respetuosa. No se quita el fez, porque esto sería en él señal de
+menosprecio, y cubierto, asiste á las ceremonias de un culto que no es
+el suyo, con una rigidez respetuosa, sin parpadear, sin darse cuenta de
+la curiosidad que despierta entre los fieles.
+
+Hay que oir hablar á un turco de sus visitas á los templos extraños,
+para darse cuenta de la gravedad con que trata la fe ajena. Allí no está
+Mohamed, el amado Profeta, pero hay algo de Alláh, poderoso señor cuyo
+poder reverencian los infieles, aunque indirectamente.
+
+No hay miedo de que el contacto con las otras religiones perturbe la
+conciencia del turco, convirtiéndole. Si él no se preocupa de catequizar
+á los infieles, considerándolo tarea inútil, es porque los juzga con
+arreglo á su fe, inconmovible y á prueba de seducciones. Si á un turco
+llegan á convencerle de lo irracional de sus creencias, vivirá en
+completo escepticismo, será ateo, pero jamás se le ocurrirá reemplazar
+con una nueva religión las doctrinas muertas. La apostasía tiene para él
+una importancia más que religiosa: es renegar de la raza, de los padres
+y del nacimiento; una descalificación por toda la vida; una abyección
+incompatible con el honor.
+
+Jamás mezcla el turco la religión del enemigo en los odios que le
+impulsan contra éste. Le combate y le extermina porque cree que desea
+apoderarse de su territorio, porque amenaza con quitarle el pan, porque
+es valeroso y arrogante como él y no pueden subsistir juntos; pero nunca
+porque adore á un Dios distinto del suyo. Tiene en poco aprecio al
+judío, porque es rapaz y de mala fe en sus tratos, á pesar de lo cual
+los hijos de Israel gozan aquí de una ciudadanía que les negaron en el
+resto del mundo. Ha degollado recientemente al armenio en las calles de
+Constantinopla, porque éste, más malicioso y activo, le arrebataba la
+hacienda y además soñaba con trastornar la sedentaria vida turca
+arrojando bombas de dinamita en mezquitas y calles. Le exterminó por
+rivalidad económica y por librarse de las angustias del terrorismo; no
+porque fuese cristiano. Mira con desconfianza al griego porque la
+religión cismática es la del ruso, eterno peligro de su patria, y porque
+tras sus melosas cortesías oculta el deseo de una sublevación general en
+los países de la antigua Grecia. Pero á pesar de todos estos odios, más
+ó menos justificados, jamás el populacho de Constantinopla, en sus
+terribles motines, ha penetrado en las sinagogas ni en los templos
+griegos y armenios. Mata al enemigo en las calles y se detiene
+respetuoso ante los umbrales de las iglesias, convencido de que allí,
+como en todos los lugares donde se reverencie á Dios, vive Alláh con
+distinto nombre.
+
+Su fe religiosa, sincera, profunda, inconmovible, únicamente se permite
+cierta ironía despectiva ante la fe de los judíos y cristianos. Su
+pensamiento, un tanto primitivo, discurre en salvaje línea recta, sin
+desorientarse entre esas concesiones que enmarañan y retuercen nuestros
+razonamientos de civilizados.
+
+Ellos tienen sus lugares santos en la Meca y Medina, y las dos ciudades
+venerables son suyas. Jamás un lugar donde puso sus pies el Profeta
+caerá en poder de los _giaoures_: antes morirán todos los creyentes.
+Europa se burla de la pobre Turquía, la explota, la escarnece, pero
+Turquía guarda su herencia de Dios. En cambio los pueblos civilizados
+hablan á todas horas de Cristo. Sus religiones, sus costumbres, sus
+leyes, todo está moldeado en el nombre y conforme al espíritu de un
+judío que hace muchos siglos vivió en Jerusalén... ¡Y Jerusalén, Belén y
+todos los lugares por donde paseó el hombre-dios, señor ahora de los
+pueblos más poderosos del planeta, siguen en poder del Comendador de los
+creyentes, del soberano de Constantinopla! ¿Para qué los grandes barcos
+que escupen fuego y muerte, los enormes ejércitos, las máquinas de
+mágico poder, las inmensas riquezas de los banqueros judíos, si la tumba
+del Dios de los unos y la ciudad santa de los otros continúa bajo el
+dominio del sucesor del Profeta?... El buen turco, pensando esto,
+sonríe, y cree firmemente en la grandeza de su religión y de su raza, ya
+que conserva en cautividad de siglos la cuna religiosa de los pueblos
+más fuertes de la tierra.
+
+Su tolerancia, producto del carácter más que de la imposición de las
+leyes, es una manifestación de la bondad orgullosa con que el turco
+protege siempre al que considera débil. Nada le importa que las
+religiones extrañas se establezcan junto á las mezquitas y que salgan en
+sus ritos á las calles de Constantinopla. Las considera con la benévola
+sonrisa del guerrero que durante su descanso contempla un juego de
+niños; y las religiones se aprovechan de esta benevolencia, gozando de
+una libertad que no tienen en ninguna parte.
+
+Desde la ventana de un hotel del barrio de Pera, he asistido al desfile
+de todas las religiones de Europa. Suenan graves cantos litúrgicos,
+acompañados de una calma repentina en los ruídos de la calle. Me asomo.
+Los carruajes de alquiler se han detenido junto á la acera: los turcos á
+caballo tiran de las riendas á sus cabalgaduras y se alínean á lo largo
+de la calle: los _hamal_, encorvados bajo sus cargas, y los simples
+transeuntes se agolpan junto á las paredes, formando dos masas de gorros
+rojos. Es un entierro. Al frente avanza la cruz, entre candelabros
+sostenidos por monaguillos, lo mismo que en los pueblos católicos.
+Detrás vienen en dos filas barbudos frailes, cantando el oficio de
+difuntos. Luego se agolpan, con grandes blandones encendidos ó
+disputándose el honor de llevar en hombros el féretro, un sinnúmero de
+súbditos otomanos, todos con el fez en la cabeza. Unos son católicos,
+otros no lo son, pero todos acompañan con fraternal piedad al amigo
+muerto, y se unen á los sacerdotes y los símbolos de la que fué su
+religión. Al pasar la cruz, los turcos parecen saludarla con sus ojos
+graves. Algunos se llevan una mano á la frente, acogiéndola con el
+solemne saludo oriental.
+
+Tras el entierro católico, pasa una boda griega, con su charanga al
+frente, y el pope barbudo sentado junto á los novios; y el cortejo
+fúnebre de un niño de la misma religión, en el que marchan los parientes
+con sacos de bombones para obsequiar á los amigos cuando termine el
+sepelio; y un casamiento armenio, en el cual llevan los contrayentes
+enormes cirios labrados, verdaderos monumentos de cera, con rizadas
+volutas y prolijos capiteles. Y todas estas manifestaciones de los
+diversos cultos, con sus sacerdotes y sus ritos, sólo producen en la vía
+pública un movimiento de curiosidad, acompañado de cortés benevolencia.
+
+La fiesta semanal de cada religión se observa con entera libertad. Los
+turcos, señores del país, son los que menos ocupan la atención de los
+otros: los que menos molestan á sus conciudadanos. El viernes (que es
+su domingo) pasaría inadvertido, á no ser por el movimiento de tropas y
+funcionarios que acompañan al _Padichá_ en la fiesta del Sélamlik. El
+sábado, fiesta de los judíos, se cierran las principales tiendas de
+Constantinopla, más de la mitad de los puestos del Gran Bazar, y queda
+en suspenso una buena parte de la vida comercial. El domingo repican las
+campañas de los numerosos templos católicos de Galata y Pera, suena el
+armónium en las capillas evangélicas, ciérranse bancos y tiendas, y las
+gentes, endomingadas, van á misa ó á los oficios, lo mismo que en
+Europa, ante la mirada benévola del turco, que supeditado al poderoso
+occidental, se ve obligado á observar un nuevo día de fiesta.
+
+De todas las religiones que existen en el imperio, la cristiana es la
+que parece más allegada á la simpatía del turco. Este habla de Jesuhá
+como de un profeta algo inferior al suyo, pero igualmente venerable: una
+especie de segundón de Mahoma. Es más: como el turco sabe poco de
+historia y su pensamiento espeso no tiene una noción clara de los años y
+la distancia, cree de buena fe que los dos vivieron á un mismo tiempo,
+que fueron grandes amigos y trabajaron juntos en la obra de Dios, aunque
+al final cada uno tomó distinta dirección.
+
+En Constantinopla es popular la anécdota de un soldado turco, que entró
+en un templo católico durante la Semana Santa.
+
+El soldado turco es lo más leal, lo más noblote, y al mismo tiempo lo
+más salvaje y duro de mollera que existe en el imperio. El servicio de
+las armas pesa únicamente sobre los otomanos musulmanes, y como á
+Turquía le quedan pocos territorios en Europa, comparados con los que
+poseía hace medio siglo, su ejército se nutre de reclutas extraídos de
+las entrañas del Asia, de las lejanas y bárbaras provincias. Son
+mocetones semisalvajes, silenciosos, de facciones rígidas y ojos
+inmóviles, como si estuviesen abstraídos continuamente en una laboriosa
+reflexión para comprender lo que les hablan. La ruda disciplina á la
+alemana y la severidad de unos oficiales que no se andan en
+contemplaciones, mantienen á estos soldados semibárbaros en una
+subordinación automática. Sólo así, bajo las amenazas del castigo,
+pueden vivir en una gran ciudad estos asiáticos, en cuyo interior
+dormita el alma de los hombres primitivos. En los tiempos en que se
+amotinaba el ejército turco, la soldadesca al correr libre por las
+calles de Constantinopla, violaba á las mujeres con una lubricidad
+feroz, excitados por la privación en el seno de una sociedad que
+mantiene recluídas á las hembras, y hacía sufrir á los hombres odiosos
+ultrajes, más que por vicio por menosprecio de raza. Hoy, que viven
+acuartelados y obedientes, sin el más leve intento de rebeldía, aun se
+permiten tímidos desmanes á impulsos de su ardorosa naturaleza oriental
+y del hambre del celibato. La mujer que es de su raza les inspira
+respeto y miedo, pero en las calles de Constantinopla se aprovechan de
+la confusión y el tránsito para tentar con bárbara galantería el dorso
+de todas las señoras vestidas á la europea.
+
+Junto con este salvajismo, tienen una noble franqueza para confesar sus
+delitos. Jamás ha habido que castigar en masa á un regimiento. Cuando
+los oficiales, enterados del crimen de un soldado, preguntan á su gente
+quién es el autor y la amenazan con penas generales, el delincuente sale
+de las filas para marchar tal vez al cuadro de fusilamiento, resignado á
+morir antes de que sufran por su culpa los compañeros inocentes.
+
+Este salvaje, disciplinado y uniformado á la alemana, es de una
+credulidad y de una ignorancia que hacen reir á las gentes. Deslumbrado
+por las maravillas de Constantinopla al llegar de su lejana aldea de
+Asia, todo lo cree posible, y escucha sin pestañear las más estupendas
+mentiras, limitándose á un mugido de asombro. Sobre su puro cerebro,
+surgen como débiles eflorescencias muy contadas ideas. Sólo indiscutible
+considera que Mohamed es el Profeta de la verdad, el _Padichá_ el
+monarca más poderoso de la tierra, y los turcos los hombres más
+valerosos del mundo. Fuera de estas creencias, inconmovibles, lo demás
+lo acepta sin discusión, con la indiferencia de un pensamiento que no
+quiere darse el trabajo de funcionar.
+
+Un Viernes Santo, cierto soldado turco, falto de distracción, sintióse
+atraído por una gran puerta del barrio de Pera. Entraba y salía el
+gentío europeo al través de ella, y en el fondo brillaban luces, como
+estrellas rojas en un cielo negro. Era un templo católico. El soldado
+entró, erguido el fez sobre la frente, llevándose á él una mano con
+expresión de respeto y examinando impasible los altares enlutados y el
+traje sombrío de los fieles.
+
+Un europeo, de carácter alegre, conocedor del idioma turco, se unió á él
+para gozarse en su estupefacción y su ignorancia.
+
+--¿Quién es ese?--preguntó el soldado señalando un cadáver tendido en
+rico lecho, cerca del altar mayor.
+
+--Ese es Jesús que ha muerto. ¿Tú conoces á Jesús?... Jesuhá, el amigo
+de Mohamed, el hijo de María.
+
+El mocetón, tras larga pausa reflexiva, movió la cabeza.
+
+--¡Ah!... Jesuhá... hijo de Miryam... amigo de Mohamed... Conozco--dijo
+al fin, con la concisión del idioma turco.
+
+Se acercó para contemplar de más cerca el sagrado cuerpo, y así
+permaneció mucho tiempo en rígida actitud de respeto, como si estuviese
+en presencia de su coronel. Sus ojos parecieron conmovidos al fijarse en
+las heridas sangrientas.
+
+--¿Lo han matado?--preguntó.
+
+--Sí; lo han matado.
+
+--¿Quiénes?...
+
+--Los judíos.
+
+El buen osmanlí hizo un gesto como si no le sorprendiese la noticia.
+¡Los judíos! ¡Las gentes malditas que viven allá en el barrio de Galata!
+¿Quiénes otros podían ser?...
+
+--¡Pobre Jesuhá!... ¿Y cómo fué?
+
+El europeo, animado por la grave credulidad del turco, creyó del caso
+aumentar aun más su estupefacción.
+
+--Iban juntos de camino, Mohamed y Jesuhá, predicando la gloria de Dios.
+Salieron los judíos á su encuentro. Mohamed pudo huir, pero el pobre
+Jesuhá, como era más débil, fué asesinado, y ahí le tienes.
+
+Quedó en silencio el soldado.
+
+--¿Y los judíos querían matar á Mohamed?...
+
+El europeo lo afirmó varias veces, gozándose en las exclamaciones de
+asombro del crédulo mocetón.
+
+--¡Ah! ¡Mohamed! ¡Querer matarle!
+
+Cansado de contemplar el cadáver de Jesuhá y las gentes que se
+arrodillaban para besarle los pies, el soldado salió á la calle.
+
+Los turcos tienen un sentido especial para reconocer al judío, aunque se
+vista á la europea. Lo olfatean, lo adivinan al través de toda clase de
+disfraces. Á los pocos pasos tropezó con un israelita. Impávido, con su
+flema de oriental, levantó el puño, y rodó el judío por el suelo con el
+rostro lleno de sangre. Un puñetazo de osmanlí es terrible. «Fuerte
+como un turco», dice el proverbio.
+
+Se arremolinó la gente, surgieron en un instante numerosos
+correligionarios del caído, pues los israelitas están en todas partes
+para ayudarse, y la policía militar se apoderó del agresor, llevándolo
+al cuartel entre las vociferaciones y lamentos de la muchedumbre judía.
+
+En el cuarto de banderas, los oficiales se asombraron del suceso. ¡Un
+buen soldado, que nunca había dado motivo de queja! «¿Por qué has hecho
+eso?»
+
+El mozo, intimidado en presencia de sus superiores, balbuceó como el que
+repite una lección:
+
+--Mohamed y Jesuhá iban juntos... Salieron judíos y mataron á Jesuhá...
+Mohamed huyó porque es fuerte y tiene buenas piernas. ¡Pero si llegan á
+alcanzarlo!...
+
+Y como los oficiales rompieran á reir, asombrados de tanta simplicidad,
+el soldado añadió con la fe del buen creyente:
+
+--Yo lo sé... Yo lo he visto.
+
+
+
+
+XXXI
+
+Restos de Bizancio
+
+
+La _At Meidan_, ó «Plaza de los Caballos», es el antiguo Hipódromo de
+Bizancio. Antes que el sultán Mahmoud reformase la vida turca á
+principios del siglo XIX, aquí venían los _itchoglans_ ó pajes del
+Serrallo á ejercitarse en el manejo de la jabalina. Aquí también, en
+esta plaza, teatro tantas veces de las revueltas de los jenízaros, acabó
+el enérgico sultán con la terrible milicia que después de haber salvado
+á Turquía hacía imposible su existencia. Fué en 1826. Mahmoud dió á los
+jenízaros un gigantesco banquete en la Plaza de los Caballos, y á los
+postres cerráronse todas las bocacalles con regimientos fieles y
+numerosas baterías. Los cañones vomitaron metralla sobre la plaza, y en
+unos cuantos minutos perecieron aquellos guerreros feroces que habían
+hecho temible en Europa el nombre de Turquía.
+
+La plaza es un rectángulo prolongado, que comunica por uno de sus
+extremos con otra plaza más pequeña, donde está Santa Sofía.
+
+_At-Meidan_ es el Agora del viejo Stambul. En los cafetuchos y pequeños
+puestos de la plaza se reunen á charlar tomando café ó pasando las
+cuentas del rosario los turcos más turcos de la ciudad; los
+tradicionalistas de grueso turbante y caftán multicolor, los derviches
+silenciosos de capa parda y gorro de fieltro, los imanes jóvenes, de
+rostro ascético, vestidos de negro, que permanecen con la mirada fija en
+el espacio, como si contemplasen la gloria de Alláh.
+
+Todo un lado de la gran plaza lo ocupan un gran cuartel y el palacio de
+Justicia, flanqueado de sombrías prisiones. En el lado opuesto está la
+mezquita del sultán Ahmed, la más grande de Constantinopla por el
+terreno que ocupa, rodeada de muros con rejas que dejan ver los patios y
+jardines interiores, y coronada por seis minaretes blancos, altísimos y
+sutiles, con remates de oro.
+
+En el centro de la plaza, siguiendo una línea que marca la divisoria de
+las antiguas arenas del Hipódromo, mantiénense en pie tres monumentos
+interesantes de la antigüedad: el Obelisco de Teodosio, la Columna
+Serpentina y la Pirámide Murada.
+
+El Obelisco de Teodosio es padre venerable del de la plaza de la
+Concordia de París y de todas las agujas egipcias que adornan jardines
+en Inglaterra y los Estados Unidos. Fué el monarca bizantino el primero
+á quien se le ocurrió aprovechar para su propia gloria los monumentos
+con obscuros jeroglíficos extraídos del misterioso Egipto. Este
+Obelisco, enorme aguja de granito rosa, fué traído de Heliópolis y
+erigido en el centro del Hipódromo, sobre una base esculpida en honor de
+Teodosio. La base aun subsiste con sus altos relieves, que apenas han
+sufrido desgaste después de una existencia de diez y seis siglos. Las
+lluvias y el aire, más que la irreverencia de los hombres, han roído los
+salientes de las figuras, achatando sus rostros. Las escenas de la vida
+pública de Bizancio hace mil seiscientos años reviven en este monumento.
+En una de sus caras, Teodosio, con su esposa y sus hijos Arcadio y
+Honorio, muéstrase rodeado de toda la pompa oriental. Los cortesanos se
+prosternan á sus pies, y en el fondo, como espeso bosque, agrúpanse las
+lanzas de los pretorianos. En otra cara aparece erguido en el palco
+imperial, presidiendo los juegos del Circo. En otra recibe el homenaje
+de los enviados extranjeros. Y junto á estas escenas de la vida
+bizantina, vense esculpidas las máquinas, las grúas, los primitivos é
+ingeniosos artefactos que sirvieron en aquella época para erigir la
+pesada mole.
+
+Algunos metros más allá álzase la Pirámide Murada, triste ruina que hace
+sonreir cuando se piensa en su pretencioso origen. El emperador
+Constantino Porfirogente, al erigirla, la llamó el Coloso, afirmando que
+era digno rival del de Rodas; pero hoy del pobre Coloso sólo queda un
+obelisco de piedra vulgar, sin adorno alguno. En otros tiempos estaba
+revestida, desde la base hasta el vértice, de gruesas láminas de bronce,
+que ciertamente le darían un aspecto deslumbrador. Pero llegaron los
+guerreros de la cuarta Cruzada, soldados de Dios que hicieron más daño á
+Constantinopla que los turcos, y tomando el bronce por oro, despojaron á
+la pirámide de su envoltura, dejándola en su desnudez actual.
+
+De los tres monumentos del Hipódromo, el más antiguo é importante es la
+llamada Columna Serpentina. Maltratada por los hombres y los siglos;
+reducida á una tercera parte de su altura, rota y casi informe como un
+andrajo del pasado, da sin embargo la impresión de esos monumentos
+venerables en los que se admira más lo que no se ve que lo todavía
+visible. El suelo del Hipódromo, con las ruinas de la ciudad, el paso de
+los siglos y los temblores de tierra, se ha elevado más de tres metros,
+y la columna famosa, lo mismo que los otros monumentos del Hipódromo,
+está á cierta profundidad, en el fondo de un hoyo rodeado de barandilla.
+
+Esta columna es el monumento más auténtico é importante que poseemos de
+la antigüedad griega. Fué fundida en Atenas para conmemorar la victoria
+de Platea sobre los persas, y la colocaron en el templo de Delfos,
+frente al gran altar. Representaba tres serpientes de bronce enlazadas
+tan estrechamente, que formaban á modo de un solo reptil, con tres
+cuerpos y tres cabezas. Los nombres de todas las ciudades griegas que
+tomaron parte en los gloriosos combates de Salamina y Platea, figuraban
+grabados en ella. Un trípode de oro consagrado á Apolo reposaba sobre
+las cabezas de las tres serpientes. Este trípode fué robado por los
+focios, pero la columna mantúvose intacta en Delfos hasta los tiempos de
+Constantino, en que éste la arrancó de la tierra sagrada de Grecia para
+embellecer su nueva ciudad del Bósforo.
+
+Las mutilaciones de la Columna Serpentina datan de muchos siglos. El
+fanatismo cristiano de los bizantinos se ensañó en el monumento, viendo
+en las tres serpientes una obra del demonio. Varias veces el populacho
+la atacó con palos y piedras. En tiempos del emperador Teófilo, el
+patriarca de Constantinopla vino cauteloso una noche, y á martillazos
+rompió las cabezas de los reptiles. Solamente pudo destruir dos. Siglos
+después la superstición musulmana reemplazó al fanatismo cristiano.
+
+Al entrar Mohamed II vencedor en Constantinopla, sobre su caballo
+ensangrentado, ebrio de cólera y de matanza, llegó á la plaza del
+Hipódromo, deteniéndose ante la triple serpiente, á la que tomó por un
+ídolo de los vencidos. ¡Pueblo execrable de infieles, adoradores del
+demonio!... Y lanzó su maza de guerra con tal fuerza contra la bestia,
+que partió la única cabeza que aun se mantenía intacta. Después de este
+acto--según cuenta la tradición turca--, una invasión de serpientes
+vivas se esparció por Constantinopla, y el pueblo, poseído de
+supersticioso terror, respetó y reparó el monumento. Pero los ladrones
+acabaron la obra destructora de la superstición. La columna tentó su
+codicia, se dedicaron á robar fragmentos de ella, y fué vendido como
+vulgar metal el bronce contemporáneo de Temístocles, que aun conservaba
+legibles los nombres de las treinta ciudades griegas que tomaron parte
+en la guerra contra los persas, las mismas que menciona Plutarco.
+
+Para encontrar otros vestigios de la dominación bizantina en esta
+Constantinopla modificada por los turcos, hay que salir de ella y seguir
+el extenso recinto de sus murallas.
+
+Más de ocho kilómetros de longitud tienen las antiguas fortificaciones
+de Bizancio. Se sale de Stambul en ferrocarril, y el tren atraviesa
+extensas campiñas con pueblos que no son más que barrios apartados de
+Constantinopla. Desde la ventanilla del vagón se ven tierras desoladas,
+pedazos de desierto, cementerios que se pierden de vista con sus
+pequeñas tumbas blancas y apretadas, como un rebaño inmóvil que en vano
+busca un hierbajo en la tierra árida. ¡Y todo este suelo muerto, hollado
+muy de tarde en tarde por los pies del hombre, fué la antigua
+Bizancio!...
+
+El tren, después de detenerse en varias estaciones, llega al lugar de
+donde arrancan las murallas, á orillas del Mármara, para extenderse
+hasta las riberas del Cuerno de Oro, formando una línea de ocho
+kilómetros en la parte más ancha de la península triangular.
+
+Al descender del vagón el viajero cae en una soledad de cementerio.
+Míseros bancales mal cultivados vegetan á la sombra de las murallas, que
+son enormes, rojizas, con profundos socavones, más semejantes á restos
+de un cataclismo geológico que á obra de los hombres. Los torreones que
+antiguamente la flanqueaban son informes montículos por los que trepan
+las plantas parásitas huyendo del matorral que rodea sus bases como una
+inundación sombría y pinchosa. Sobre sus plataformas, semejantes á bocas
+viejas, en las que sólo queda el diente aislado de algunas almenas,
+crecen higueras salvajes, árboles silvestres que tienen siglos, parias
+de la vegetación que hunden sus raíces en sillares y argamasa y viven de
+chupar el jugo de la piedra; parasoles verdes y frondosos que agitan su
+cúpula bajo el viento de la estepa, en esta soledad, libres del hombre.
+
+La llamada Torre de Mármol descuella en la confusión de escombros rojos
+y obscura hojarasca, con el brillo de su nítida blancura. Está en la
+orilla del mar, ó más bien dicho, en el mismo mar. La emanación
+salitrosa del agua azul, el paso de los siglos, las inclemencias del
+cielo no han conseguido empañar ni modificar su blancura. La torre
+parece sonreir al reflejarse invertida en la glauca entraña del Mármara
+que riza sus blancos contornos. Los sillares son de pilastras de remotos
+templos, de columnas griegas, de lápidas sagradas. Vista de lejos
+parece de una sola pieza. De cerca revela el origen de sus materiales,
+en las inscripciones, los capiteles y las estrías arquitectónicas que
+aun se marcan en sus diversos sillares. Parece el fantasma gracioso de
+Bizancio surgiendo entre la destrucción, obra de siglos, y el
+aniquilamiento, obra del invasor. Su cúspide está limpia de melenas
+vegetales. Las semillas silvestres no han encontrado jugo vital en el
+pulido mármol. Abajo los blancos cimientos se hunden en las aguas
+profundas y las algas agarradas al mármol forman una cabellera verde y
+ondulante. _¡Chap!... ¡chap!_ susurran las olas del Mármara, con lento
+compás, al batir esta torre desde hace más de mil años; y los largos
+filamentos verdes se rizan estremecidos á cada vaivén de las aguas, y
+arriba responden las cigarras y los abejorros rozando sus chirriantes
+élitros en la rumorosa soledad. Y así vivirá aún, siglos y siglos, la
+Torre de Mármol, blanca como un panteón, olvidada de los tiempos en que
+lucían á sus pies las lanzas de los guerreros bizantinos, entraban en
+sus cámaras las damas del Bajo Imperio arrastrando túnicas bordadas, con
+escenas bíblicas. Apenas si presume ya este venerable monumento que
+existe el hombre. La vida humana sólo va á su encuentro de tarde en
+tarde, en forma de algún pelotón de viajeros que la fotografía de lejos.
+Ninguna nave atraca junto á sus muros, que aun guardan vestigios de
+anillas de bronce. Los barcos modernos son para ella leves manchas de
+humo que resbalan por el lomo remoto del mar solitario.
+
+¿Cómo describir la gigantesca y aplastante monotonía de las murallas que
+partiendo de aquí van á buscar las aguas azules al otro lado de
+Stambul?... Media jornada se invierte en el viaje á lo largo de este
+recinto que un día fué la más imponente de las fortificaciones de la
+tierra, y hoy, visto de lejos, da la sensación de una barda de corral
+arruinada. Se marcha durante horas y horas viendo siempre á la derecha
+el murallón rojizo, flanqueado de torres. Á trechos, la obra está entera
+y ofrece un aspecto majestuoso: más allá cae en ruinas, y por las
+brechas se ven terrenos yermos ó blancos cementerios. Las puertas
+antiguas que aun abren paso entre los dos desiertos, á un lado y á otro
+de la muralla, parecen gargantas del vacío. La soledad y la muerte por
+todas partes. Á la izquierda, la tierra es una inmensa necrópolis. Los
+turcos ricos buscan su tumba en la santa colina de Eyoub, en los
+cementerios próximos al Bósforo ó en el inmenso de Scutari. Aquí vienen
+á pudrirse los pobres, los esclavos, los griegos, los armenios, todos
+los que no tienen fortuna ó una familia que vele por ellos.
+
+Inmenso el cementerio, sin tapias que lo limiten ni escaseces de terreno
+que obligan á amontonar un cadáver sobre otro, cada muerto goza como
+dueño absoluto su pedazo de tierra; cada ficha funeraria marca sólo un
+cuerpo, y la necrópolis se extiende hasta perderse de vista,
+confundiendo sus mojoncillos de piedra con la línea del horizonte.
+Parece que un ejército incalculable, superior á toda imaginación,
+millones y millones de muertos, envuelven en apretado bloqueo á la
+ciudad antes de asaltar sus muros.
+
+¡Los cementerios turcos!... En el corazón de Constantinopla, en el mismo
+barrio europeo de Pera, existen aún, sin que el transeunte se sienta
+impresionado al pasar junto á ellos. La muerte no tiene en Turquía el
+aspecto horripilante que en los países occidentales. Los que sobreviven
+recuerdan al difunto amado á todas horas, le lloran, pero nunca se les
+ocurre visitar la tumba que guarda sus despojos y cubrirla de adornos
+repugnantes. Este pueblo sabe que el ser perdido no está ya en la
+tierra, que su verdadera esencia no es lo que se pudre en el suelo, y
+olvida la tumba, no imitando á las gentes cristianas, extraños
+espiritualistas, falsos charlatanes de la inmortalidad del alma, que
+rinden á la materia en descomposición y al pelado esqueleto un culto
+casi igual al que los egipcios tributaban á sus momias.
+
+Este olvido de los cuerpos da á los cementerios turcos el majestuoso
+encanto de la verdadera soledad. Los de Constantinopla y Stambul se ven
+frecuentados, porque sus arboledas y kioscos los convierten en lugares
+de recreo; pero los cementerios de los grandes muros son el verdadero
+campo de la muerte, el desierto de la nada. Se caminan leguas sin
+encontrar un ser viviente. Hasta los pájaros huyen espantados por la
+falta de vegetación: hasta los lagartos emigran de esta tierra seca,
+donde apenas crecen hierbas. Sobre el suelo no se ven más que tumbas y
+tumbas, todas semejantes, todas pequeñas, con una sobriedad serena y
+tranquila que despoja á la muerte de su aparato terrorífico. Son simples
+láminas de mármol, anchas y semicirculares por arriba, y estrechas
+abajo, clavadas en el suelo: una especie de corazones muy prolongados.
+El remate de cada uno de estos mojones indica el sexo y la calidad del
+cadáver. Las tumbas de las mujeres tienen esculpido en lo alto un grupo
+de flores; las de los sacerdotes un turbante; las de los simples
+ciudadanos un fez. Cuando la tumba es reciente, las flores están
+pintadas de oro y los gorros de rojo: las inscripciones de plácida
+resignación brillan doradas sobre un fondo verde, pero esto dura poco.
+Las lluvias y el viento devoran los colores, nadie viene á repararlos, y
+todos, pobres y ricos, santos y pecadores, hombres y mujeres, toman la
+amarillez uniforme del mármol en el gran abandono de la muerte.
+
+Nadie transita en este bosque bajo, de pétreos matorrales, que se pierde
+de vista. De tarde en tarde se columbra, en lo más remoto del horizonte,
+el negro hormigueo de un grupo humano. Es un entierro. Bajarán el
+cadáver á la fosa, plantarán el mojón fúnebre y volverán las espaldas
+para no acordarse más del lugar donde dejaron los restos del muerto
+querido, cuya memoria llevan siempre en el pensamiento.
+
+La soledad por todas partes: una soledad absoluta, sin huellas humanas,
+sin cantos de pájaros, sin estremecimientos de hierba, sin roce de
+insectos; un silencio de esterilidad y de muerte, como no se encuentra
+jamás en un paisaje europeo.
+
+Este vacío fúnebre hace que la visita á las grandes murallas sea la
+única excursión de Constantinopla en la que se recomienda al viajero la
+necesidad de llevar armas. Cuando se tropieza con seres vivientes, el
+encuentro es más inquietante que la soledad. En un torreón acampan
+familias de zíngaros, de aspecto salvaje: diez ó doce torres más allá,
+unos cíclopes han instalado su fragua bajo un trozo de cúpula bizantina,
+pero sus ojos inquietantes de bandido revelan que viven de algo más que
+de batir el hierro. En las ruinas de los que fueron palacios de
+Paleólogos y Comennos, pululan los más inquietantes ejemplares de la
+mendicidad oriental; gentes roídas por la miseria y desfiguradas por las
+más atroces enfermedades; leprosos con media cara devorada por la
+putrefacción; ciegos que muestran sus órbitas sin globos, rojizas,
+piltrafosas, rodeadas de zumbantes moscardones; mujeres esqueléticas,
+comidas de piojos, que enseñan entre los harapos el flácido pellejo de
+sus pechos.
+
+De hora en hora se ve en las murallas el túnel de una gran puerta. En
+otros siglos fueron espléndidos arcos de triunfo. Uno de ellos se llamó
+la _Puerta Dorada_. Aun quedan en el muro vestigios de águilas
+imperiales. Hoy nadie entra ni sale por ellas, y su profundo arco,
+ennegrecido por las hogueras, sirve de refugio á los vagabundos de las
+más extrañas nacionalidades.
+
+Tristes restos que nada guardan de su pasado, son también las famosas
+_Siete Torres_, el _Heptapyrgión_ de los emperadores griegos. Cuando
+llegaron los turcos era ya una ruina, y Mohamed el Conquistador lo
+reedificó, haciendo de él algo semejante á lo que fué la Bastilla para
+los reyes de Francia. Este castillo, en cuyos restos acampan hoy, como
+fieras ahuyentadas del trato humano, los mendigos y los vagabundos, era
+una de las fortalezas más famosas de Europa. Aquí encerraban los
+sultanes á los embajadores de Europa cuando entraban en guerra con sus
+naciones. Aquí permanecieron años y años los enviados de Venecia y
+Génova. Los jenízaros, omnipotentes pretorianos de la vieja Turquía,
+encerraban aquí á los sultanes destronados, ó los degollaban en el gran
+patio. Siete sultanes murieron en las _Siete Torres_, y es incontable el
+número de grandes visires y pachás cuyas cabezas se pudrieron
+enganchadas á las escarpias de las almenas. En uno de los patios del
+antiguo castillo, que es hoy una extensión de malezas limitada por
+ruinas, está el llamado _Pozo de la sangre_, donde se sumían los
+cuerpos de los decapitados. Otro patio se titulaba la _Plaza de las
+cabezas_, y los cráneos iban apilándose en él, después de las
+ejecuciones, hasta que el lúgubre montón llegaba á la altura de las
+almenas.
+
+Nos alejamos de las _Siete Torres_ siguiendo el monótono camino, á lo
+largo de las murallas, siempre entre ruinas y cementerios. Llevamos
+muchas horas de marcha. El recinto fortificado se extiende como una
+cinta roja sin fin, subiendo y bajando con las ondulaciones del terreno.
+Una puerta abandonada recuerda la muerte de Constantino Dragecés, el
+último emperador de Bizancio, valeroso é infortunado combatiente, que
+cayó de los muros y siguió luchando con su hacha de armas hasta
+desaparecer bajo un montón de cadáveres. Otro lugar evoca la muerte de
+Eyoub, el santo portaestandarte del Profeta, el compañero de Mohamed el
+Conquistador, que pereció en el sitio de la ciudad y dió su nombre al
+barrio del Cuerno de Oro.
+
+Vamos aproximándonos al término de nuestro viaje. Aparecen en la
+desolada extensión grupos de habitaciones humanas, y entramos á
+descansar en el pequeño monasterio de Balouki. En sus criptas surge la
+fuente milagrosa de Zootocos, cuyas aguas obran prodigios, según los
+griegos. Es una cisterna, bajo cúpula sombría, en cuyo líquido nadan
+muchos peces rojos.
+
+El monje griego que nos la enseña, relata la historia de la prodigiosa
+fuente; el famoso «milagro de los peces».
+
+En el mismo instante que los turcos entraban por asalto en
+Constantinopla, un monje de este convento estaba friendo unos pescados.
+Otro monje, consternado por el suceso, se presentó en la puerta dándole
+la terrible noticia.
+
+--¡Bah!--repuso el primero no admitiendo que Bizancio pudiera ser
+tomada--. Creeré en eso cuando vea á mis pescados saltar de la sartén.
+
+Y los pescados saltaron, medio rojos y medio negros, pues sólo estaban
+fritos por un lado, y fueron á refugiarse en el agua de la cisterna,
+donde nadan aún.
+
+El barbudo monje de ahora nos cuenta esta leyenda, simple hasta la
+estupidez, con grandes aspavientos dramáticos para demostrar su fe: pero
+indudablemente cree en ella lo mismo que nosotros.
+
+Después, siguiendo la costumbre, nos hisopea con el agua prodigiosa, á
+guisa de bendición, y... tiende la mano.
+
+He aquí el verdadero milagro de los peces. Este sí que es indiscutible.
+
+Convertir en monedas las gotas de agua de la santa cisterna.
+
+
+
+
+XXXII
+
+La Noche de la Fuerza
+
+
+Va á comenzar el Ramadán, el mes sagrado de los musulmanes, la extraña
+Cuaresma que es, mientras luce el sol, ayuno y angustias, y así que
+cierra la noche, una orgía sin término.
+
+Constantinopla brilla en la sombra, coronada de luces. La piedad
+musulmana cubre con guirnaldas de fuego los balconcillos de los
+minaretes y los arcos de las mezquitas, al mismo tiempo que la fidelidad
+al _Padichá_ y á las tradiciones ilumina los palacios, los puentes,
+todos los edificios oficiales y las viviendas de los personajes.
+
+En tiempos normales, Constantinopla es una ciudad discreta y recatada
+que se entrega al descanso apenas se oculta el sol. El turco se acuesta
+pronto para levantarse antes del alba, y fuera de los barrios europeos,
+donde teatros y cafés prolongan la vida hasta pasada media noche, la
+gran metrópoli tiene sus calles obscuras, sin otra luz que el pálido
+resplandor de las lámparas transparentando por los ventanales de
+mezquitas y kioscos funerarios, ni otros transeuntes que los perros
+vagabundos y el sereno que marca las horas con fuertes garrotazos en el
+suelo.
+
+Al llegar el Ramadán, Pera y Galata continúan su vida nocturna de
+siempre, pero el viejo Stambul, Scutari y todos los distritos turcos,
+sobrepujan durante la noche en luz y movimiento á los barrios europeos.
+Apenas suena el cañonazo de la puesta del sol, el musulmán, que ha
+pasado el día sin comer, sin fumar y hasta privado del agua, se abalanza
+como bestia famélica á los bodegones y cafés, asaltándolos. Es la orgía
+de toda una ciudad. No comen, tragan: no beben, sino cuelan; y este
+devorar feroz, va acompañado de risas, aullidos, danzas y peleas. El
+turco no prueba el vino, pero la comida parece embriagarle, y ciertos
+líquidos fermentados acaban por dar á su borrachera una alegría bestial
+y peligrosa.
+
+Mientras abajo, en las tortuosas calles donde brillan como bocas de
+infierno las puertas de bodegones y cafés, aulla el populacho turco,
+arriba lucen las coronas de fuego de las mezquitas, y la luna, símbolo
+del pueblo musulmán, rueda por el cielo de suave azul, presenciando con
+cara bonachona la ruidosa orgía de sus amigos.
+
+¡Las iluminaciones de Constantinopla!... Esta ciudad europea, que aun
+vive privada de la electricidad, por orden del emperador, y no conoce
+otro gas que el de los macilentos faroles de las calles, muestra un
+gran talento artístico, una rara habilidad, al iluminar sus fiestas. El
+farolillo de aceite ó la linterna con bujía, le bastan para realizar las
+más asombrosas combinaciones de su imaginación oriental. El día que el
+foco incandescente y los rosarios interminables de bombillas eléctricas
+aparezcan en Constantinopla, ésta habrá perdido una de sus mayores
+originalidades; el encanto de sus fantásticas iluminaciones. No tienen
+el estallido deslumbrante y brutal de las luces modernas; son reflejos
+dulces, velados, discretos; una iluminación de ensueño, un esplendor
+vagoroso y poético, semejante al de las fiestas de _Las mil y una
+noches_.
+
+Vistas de cerca, las iluminaciones en palacios y templos son miles y
+miles de vulgares linternas colgadas en clavos, en andamios de madera.
+Contempladas de lejos, se convierten en maravillosas luces de color de
+oro, que forman las más extraordinarias visiones: flores fantásticas,
+lunas, estrellas, soles, arcadas aéreas, un mundo de encantamiento, que
+parece flotar impalpable, ligero y sin realidad, en la negrura del
+ensueño, para disolverse apenas despertemos.
+
+La luna rompe sus reflejos en las inquietas aguas del Bósforo, trazando
+un extenso triángulo de luz, y junto á los peces de plata que rebullen
+en su enorme estela, nadan enjambres de peces de oro, al reproducirse
+invertidos los palacios iluminados de ambas riberas.
+
+Una noche alquilo un caique de un solo remero para recorrer el Bósforo á
+la luz de la luna. Es noche de fiesta extraordinaria dentro del Ramadán:
+la llamada «Noche de la Fuerza». Necesito llevar conmigo una
+autorización de la policía, pues al ocultarse el sol está prohibido
+circular sin permiso de una á otra orilla, y la vigilancia es tan grande
+sobre el agua como en tierra.
+
+¡La inolvidable excursión por el mar encajonado y silencioso! Al seguir
+el Bósforo contra la corriente, la barca queda envuelta de pronto en un
+nimbo de luz, viéndose como una figura de oro viejo el remero casi
+desnudo, que jadeante mueve sus brazos junto á la proa. Es el resplandor
+de un palacio de la orilla. El agua tiembla luminosa en torno de la
+embarcación con ondulaciones doradas, como si transparentase una fiesta
+de ondinas en las profundas entrañas del Bósforo. Después la barca
+vuelve á sumirse en la sombra; las aguas son negras, casi invisibles,
+adivinándose por los violentos vaivenes que imprimen á la ligera
+embarcación y por el sordo chirriar de su corriente chocando con la
+quilla y los remos. Y así, pasando de la sombra á la luz y del
+resplandor á la obscuridad, vamos Bósforo arriba, bogando en lo
+desconocido con cierta emoción al pensar en la profundidad de las aguas,
+agrandada por el misterio, y en la fragilidad del esquife, balanceados
+como una pluma por el sombrío elemento que se abre siempre ante nosotros
+en la pavorosa lobreguez. En las lejanas orillas brillan luces, suenan
+músicas y se adivina la presencia del gentío, como si las ráfagas
+rumorosas de la brisa nos trajesen su respiración. En lo alto brilla la
+luna, pálida y anémica al contrastar con las guirnaldas de oro de los
+edificios.
+
+De tarde en tarde, entre los palacios del Bósforo con sus estrellas y
+sus lunas de colores, se adivina un edificio vagoroso que hunde en el
+misterio azul sus tentáculos blancos. Es una mezquita. La discreta luz
+de la lámpara del Mirab tiembla como una lágrima amarilla en las opacas
+vidrieras, que parecen de un panteón.
+
+La embarcación salta y gime en ciertos parajes, chapoteando su proa en
+las aguas invisibles. Son las rudas corrientes del Bósforo que rugen en
+los recodos y los estrechos. El remero sigue adelante con la confianza
+del que ejerce su oficio. De pronto un ojo deslumbrante surge de la
+obscuridad. Un haz de vivos resplandores viene de él, paseándose sobre
+las aguas, á las que da una blancura funeraria. Es el reflector
+eléctrico de un buque que marcha al Mar Negro. Pasa el monstruo obscuro
+á corta distancia, con ojos deslumbrantes en las antenas, y otros ojos
+rojizos y más tenues formando doble línea en sus flancos negros, donde
+están los camarotes. El agua que desplaza su gigantesco vientre
+arremolínase en este callejón marítimo, formando unas cuantas olas,
+seguidas, cortas y violentas, que crecen y se prolongan hasta las
+orillas, para morir en ruidoso asalto.
+
+El caique, que parece de papel, salta y se acuesta en este remolino
+negro, amenazando zozobrar. ¡Ya hay bastante! Ser tragado por el
+Bósforo, á la vista de palacios iluminados, oyendo músicas y el ruido de
+una muchedumbre que no puede enterarse de lo que ocurre en las aguas
+obscuras, á cincuenta metros de distancia, es un final inaceptable.
+Todas las semanas se traga víctimas este Bósforo de enorme profundidad y
+orillas cortadas como á pico. De día, gentes que caen en los
+desembarcaderos, aturdidas por el empuje de las muchedumbres que asaltan
+los vaporcillos ó tranvías acuáticos; de noche caiques que zozobran. Y
+estos turcos, familiarizados con el brazo de mar, que es la primera de
+sus calles, no prestan atención á tales sucesos, y los periódicos apenas
+si le dedican dos líneas... ¡Atrás!
+
+Vamos ahora Bósforo abajo, siguiendo el impulso de la corriente. El
+remero descansa, dando sólo de vez en cuando alguna paletada para no
+abordar á la orilla. Otra vez saltamos de la luz á la sombra y de la
+sombra á la luz, pasando ante los palacios de los parientes del sultán,
+de los grandes pachás y de los buques de guerra otomanos, con sus
+guirnaldas de luces que marcan todos sus contornos, bordas, palos y
+chimeneas.
+
+Nos aproximamos al palacio del ministro de Marina. La muchedumbre llena
+el muelle. Grupos de mujeres con cerrado manto que van como colegialas
+en ruta, haremes enteros, pasean entre el gentío, en esta noche de
+libertad y de fiesta. Los vendedores de bebidas gritan pregonando sus
+mercancías. La banda de música de un crucero toca bajo las ventanas de
+Su Excelencia, y el público parece entusiasmado. No baila como en las
+fiestas de Europa, pero su alegría infantil se desborda á impulsos de la
+música amada, de la música popular, _La Mascota_, y sobre todo _La Gran
+Vía_, de la cual el «coro de los marineritos» es insustituíble para el
+populacho de Constantinopla.
+
+Nos alejamos Bósforo abajo. Va amortiguándose el movimiento en las
+orillas; las iluminaciones lucen solitarias en los muelles abandonados.
+Una hora después desembarco, siguiendo á pie las calles pendientes que
+conducen á las alturas de Bechik-Tach, donde están los palacios de los
+principales personajes de Turquía.
+
+Soledad completa. Todos los edificios están iluminados, las calles
+envueltas en un resplandor rojizo que expulsa la sombra hasta de los
+últimos rincones. En ambas aceras se elevan andamios con miles y miles
+de linternas, formando dibujos inabarcables de cerca. ¡Luces y luces,
+hasta donde alcanza la vista!... Y nadie: ni un hombre, ni un perro. Las
+bestias vagabundas, acostumbradas á la lobreguez, han huido de la luz y
+de la momentánea limpieza, buscando los callejones y solares donde se
+amontona el estiércol.
+
+Los pasos despiertan en las losas una sonoridad fúnebre. Se marcha como
+en un ensueño. Pueden surgir facinerosos en esta soledad luminosa, y ser
+uno asesinado, sin que de los palacios esplendorosos y mudos salga el
+menor auxilio. Parece que los turcos, después de cubrir la ciudad de
+luces, la han abandonado para siempre.
+
+Todo buen musulmán se ha encerrado en su casa, aislándose del mundo. Es
+la gran noche, la más dulce de las noches. ¡La Noche de la Fuerza!
+
+El sabio Mohamed pensó en todo al legislar para su pueblo. Predicó la
+guerra como elemento indispensable para sostener la vida; prohibió
+manjares y líquidos incompatibles con la salud en un clima oriental;
+elevó la limpieza y el agua á la categoría de dogmas, conociendo el amor
+ancestral de la bestia humana á la suciedad y el abandono; y para que
+sus pueblos no decreciesen, como les ocurre á ciertas naciones modernas,
+decretó en nombre de Alláh la Noche de la Fuerza.
+
+En esta noche, todo musulmán que tiene su compañera no debe dormir, sino
+velar mientras le queden alientos. El buen creyente, con el pensamiento
+puesto en Alláh y en la reproducción de su raza, debe gustar todos los
+frutos que guarda su harem... mientras tenga dientes para ello. La
+prescripción religiosa es severa é ineludible. El amor por orden del
+Profeta: el supremo escalofrío como grata oración á Dios. Nadie se
+escapa á este supremo mandato. El viejo trémulo, exprimido y seco por
+largos años de poligamia, debe probar á cumplirlo (con probar nada se
+pierde); el adolescente recibe la iniciación del misterio de la vida,
+por obra de alguna esclava de la casa, y entusiasmado con la dulce
+novedad de la ceremonia repite sus oraciones hasta que cae extenuado; el
+hombre en plena virilidad hace un llamamiento á sus fuerzas y ora toda
+la noche en diversos altares, con la convicción de que será grato á Dios
+si el sol le sorprende ocupado todavía en tales ritos.
+
+La piedad musulmana se exalta y sobrepasa en esta noche, queriendo cada
+cual ir lo más lejos posible, para satisfacción de Alláh y orgullo de
+las propias fuerzas. Y todos corren y corren por el camino del santo
+deber, sin más pausa que la de los relevos, cambiando de montura para
+enardecer su energía con el incentivo de la novedad, y llegando en el
+sacro deporte á límites donde sólo pueden alcanzar el entusiasmo
+religioso y el apasionamiento oriental.
+
+Esta Noche de la Fuerza es la de la «Ceremonia del Pañuelo» en el Yildiz
+Kiosk. Es vulgar la creencia de que los sultanes, desde hace muchos
+siglos, cada vez que desean hablar aparte con una de sus innumerables
+mujeres, la avisan arrojándola un pañuelo. Nada hay de esto. La
+ceremonia del pañuelo existe, pero es sólo una vez por año: la Noche de
+la Fuerza. Las tradiciones ordenan que en esta noche el Comendador de
+los Creyentes, para cumplir el deber religioso como todas sus súbditos
+musulmanes, sacrifique una doncella.
+
+En un salón del harem imperial se alínea, bajo la mirada del Gran Eunuco
+y sus tropas de negros, un centenar de vírgenes. Unas son esclavas de la
+Circasia enviadas como regalo por los gobernadores de los _vilayetos_
+asiáticos; otras, hijas de pachás, entusiastas del emperador, que
+aprovechan esta ocasión para introducir la influencia de su familia en
+los departamentos secretos del Yildiz Kiosk. Todas, esclavas y señoras,
+confundidas en la igualdad femenil de las costumbres turcas, que no
+reconocen más que dos rangos, la belleza y la fealdad, aguardan trémulas
+la presencia del Gran Señor, sabiendo que en breves instantes puede
+decidirse su suerte.
+
+Aparece el _Padichá_. Con ojos impasibles examina la fila, el Gran
+Eunuco secretea en su oído, y al fin arroja con indiferencia el
+pañuelo... ¡Cualquiera! Su tranquilidad es igual á la del católico que
+todos los domingos va á misa, sabiendo que es un espectáculo santo, pero
+sin emoción alguna. La ha oído tantas veces, que no encuentra en ella el
+encanto de la novedad.
+
+¡Pobre Abdul-Hamid! ¡Augusto Comendador de los Creyentes, con sus
+sesenta años bien contados!... Me lo imagino en esta noche, á puerta
+cerrada con la virgen, hermoso potro, bello y salvaje, con el fuego de
+los pocos años y el deseo de agradar, excediéndose en toda clase de
+iniciativas. El majestuoso _Padichá_, que tal vez lleva ocupado el
+pensamiento por alguna nueva reclamación de los embajadores de las
+potencias, tiene que pasar una noche, por deber religioso, junto á esta
+primavera ardiente, que vela junto á él, excitada y nerviosa. Sus
+preocupaciones de gobernante, sus pensamientos de Felipe II, papelista
+enterado minuciosamente de todo lo que ocurre en su vasto imperio, le
+preparan mal indudablemente para estas encerronas, ordenadas por el
+Profeta. La soberana de una noche sonríe invitadora con sus labios
+coloreados de carmín, levanta la mirada de sus ojos agrandados por la
+pintura negra, saca incitante las curvas de su cuerpo en celo... pero al
+tender sus manos encuentra ¡ay! el ánimo del Gran Señor flácido y
+desmayado, como el pañuelo simbólico.
+
+Pensando en estos desastres y tormentos, impuestos por el deber
+religioso, que no tiene en cuenta edades ni circunstancias, sigo las
+calles iluminadas y silenciosas, acompañado únicamente del eco de mis
+pasos. ¡Nadie! ¡Siempre ante mí la soledad, roja y brillante! Pueden
+robarme, pueden matarme sin que al sonar mis gritos se abra una ventana
+ó una puerta de estos palacios luminosos. Sus habitantes están demasiado
+ocupados para fijarse en lo que ocurre en la calle.
+
+El palo del sereno chocando contra las baldosas no altera esta noche el
+silencio profundo del barrio señorial. También para él, musulmán
+fervoroso, es esta noche la de la Fuerza. Los ladrones, los vagabundos
+deben igualmente estar dedicados á la santa ceremonia. Allá lejos, en la
+depresión del terreno por donde corren las aguas del Cuerno de Oro, el
+cielo tiene resplandores de incendio y se eleva un zumbido de colmena
+gigantesca. El populacho sigue divirtiéndose en Stambul y Galata.
+
+Voy hacia allá, por las calles abandonadas, muertas y luminosas, como si
+marchase por una ciudad fantástica, mirando con despecho las puertas
+cerradas, pensando con cierta amargura en la fría cama del hotel que me
+espera, lamentando mi condición de mísero _giaour_, de despreciable
+cristiano, que me hace vagar triste é inútil en esta noche de la
+abundancia hasta el desfallecimiento: la santa Noche de la Fuerza.
+
+
+
+
+XXXIII
+
+La entrada en Europa
+
+
+¡Adiós, Constantinopla!
+
+En plena noche atravieso por última vez el Gran Puente, sintiendo como
+caricias amistosas de despedida los estremecimientos y saltos que
+imprimen al carruaje los tablones de la plataforma. El Cuerno de Oro es
+una zanja profunda y brumosa, en la que brillan los ojos inflamados de
+las embarcaciones. Enfrente, el venerable Stambul recorta su silueta
+negra de cúpulas y minaretes, sobre un cielo esfumado, en el que brilla
+pálida la luna menguante. Las luces del Ramadán parecen flotar en el
+espacio como constelaciones perdidas.
+
+¡Adiós!
+
+Hace más de un mes que vivo en estos lugares á los que nada me une, ni
+el nacimiento, ni la raza, ni la historia, y sin embargo, la partida es
+melancólica y penosa.
+
+Cuando se viaja se abandonan las ciudades, por gratas que sean, con un
+sentimiento de alegría. Es la curiosidad que se despierta de nuevo, el
+instinto ancestral de cambio y movimiento, que llevamos en nosotros como
+herencia de nuestros remotísimos abuelos, nómadas incansables del mundo
+prehistórico. ¿Qué habrá más allá? ¿Qué nos espera en la próxima
+etapa?...
+
+Pero al partir de Constantinopla, este sentimiento alegre y curioso se
+amortigua y desvanece. Por interesante que sea lo futuro, no llegará á
+serlo tanto como el presente. La Europa occidental, con sus ciudades
+cómodas y uniformes, seguramente que no puede borrar el recuerdo de esta
+aglomeración de razas, lenguas, colores, libertades inauditas y
+despotismos irresistibles, que ofrece la metrópoli del Bósforo.
+
+¡Adiós!... Y á la melancólica despedida se une la incertidumbre del
+porvenir, la sospecha de que no volveré á contemplar estos lugares
+amados, de que las circunstancias de mi vida harán que ésta se extinga
+antes de poder cumplir mi deseo.
+
+Al recuerdo de Constantinopla va unido el del mar de Mármara con sus
+aguas tranquilas y verdes, por cuyas transparentes entrañas pasan
+flotando las medusas como un desfile de paraguas de nácar. Recuerdo
+también las poblaciones del Asia Menor, que acabo de visitar, Mudania y
+Brussa, ciudades puramente turcas, donde vive el musulmán sin nada de
+europeo que desfigure y envilezca su existencia. Algún día hablaré de
+Brussa, la de la Mezquita Verde, edificada por alarifes de la Andalucía
+musulmana: Brussa, la de las sedas brillantes como oro, la Granada
+turca, dormitando al pie del Olimpo de Bitinia, frente á una vega
+situada á muchos centenares de metros sobre el nivel del mar y
+eternamente frondosa, lo que hace que los otomanos la llamen con orgullo
+_Brussa la Verde_. Y también hablaré, en una novela, del barrio de
+Galata en Constantinopla, «el barrio de los españoles», como lo titula
+la topografía popular, donde veintiocho mil judíos que se apellidan
+Salcedo, Cobo, Hernández, Camondo, etc., emplean en el seno de la
+familia un castellano arcaico que es la lengua sagrada, el medio de
+comunicación para librarse de la vigilancia de los enemigos.
+
+--¡Ah, Espania! ¡La bella Sión de Occidente! Los míos, los viexos,
+baxaron de allá.
+
+Los cuentos que entretienen á la familia en las noches de sábado,
+leyendas de enormes tesoros enterrados, tienen siempre por escenario la
+lejana España, país fantástico del que hablan los patriarcas á los niños
+con grave misterio, como hablamos nosotros de Bagdad, la de _Las mil y
+una noches_. Y en las fiestas israelitas, las viejas descuelgan los
+panderos y entonan con sus bocas desdentadas villancicos del siglo XV,
+aprendidos por sus abuelas en Toledo, que fué como el París del mundo
+judío.
+
+Abandono Constantinopla después de pasar por las innumerables
+ceremonias del pasaporte, que son aquí tan precisas para salir del país
+como para entrar. Rueda el tren durante la noche por las desoladas
+llanuras de la Tracia. Al amanecer estamos en Rumelia y después en
+Bulgaria. Se acabaron los gorros rojos. Los soldados que ocupan los
+andenes de las estaciones ó acampan en tiendas grises al pie de alguna
+loma, van vestidos á la rusa. Los campesinos, con una tiara negra de
+piel de oveja y rudas abarcas, marchan por los caminos amarillentos,
+ante los tardos bueyes que arrastran unas carretas chirriantes de ruedas
+macizas. Al cerrar la noche atravesamos Servia, y al lucir de nuevo el
+sol estamos en tierra húngara.
+
+Nos aproximamos á Budapest, á las verdaderas puertas de la Europa
+europea.
+
+Es la hora del almuerzo. En el vagón restaurant, que va á la cola del
+tren, nos juntamos los viajeros del exprés de Constantinopla, gentes de
+diversas nacionalidades. Ocupo una mesa con dos viajeros desconocidos y
+una señora rubia y elegante, sentada frente á mí. Silencio absoluto ó
+lacónicos ofrecimientos de platos, con esa reserva cortés y fría de los
+que van por el mundo y no saben quién pueda ser su compañero de mesa. El
+almuerzo toca á su fin. Tomamos el café. Por el cristal de la ventanilla
+veo pasar barriadas de casas blancas con grandes anuncios. Se adivina la
+proximidad de una enorme población. Debemos estar en las afueras de
+Budapest. Veo un cartel de teatro, impreso en magyar, del cual sólo es
+inteligible para mí el título de la obra, _Carmen_.
+
+De pronto un choque, un tropezón gigantesco contra un obstáculo. Luego,
+la milésima de un segundo, que nos parece un siglo, y durante este
+espacio nos contemplamos todos con los ojos desmesuradamente abiertos, y
+en ellos una expresión loca de espanto. Á continuación el rudo
+movimiento de retroceso que lo desordena todo, que lo rompe todo, que
+nos hace saltar y rodar en medio de una lluvia y un estrépito mortales.
+Es mediodía; luce el sol; el cielo es azul, sin una nube, y sin embargo,
+nos sentimos ciegos, como si hubiésemos caído en plena noche.
+
+La mesa en que estamos rompe con la violencia del retroceso los goznes
+de bronce que la unen á la pared del vagón. Rueda sobre mí con sus
+platos, tazas y cafeteras y me arroja al suelo. Siento sobre el pecho su
+doloroso filo, á más del peso de la señora de enfrente y otros cuerpos
+que se agitan con el pasmo del terror.
+
+Pasan unos instantes brevísimos, pero la imaginación los llena
+vertiginosamente, poblándolos de miedos y esperanzas como si fuesen
+años. ¿Estaré herido? ¿Qué se habrá roto en mi organismo? ¿Iré á morir
+pasado el primer aturdimiento? ¿Qué encontraré en mí cuando llegue á
+incorporarme?...
+
+Me levanto. Un pie se me hunde en una cosa blanda y elástica, envuelta
+en paño azul con botones de oro. Es el vientre del camarero que nos
+servía momentos antes. Está de espaldas, con los brazos en cruz, los
+ojos agrandados por el espanto, y no se mueve del suelo á pesar de mi
+pisotón.
+
+Frente á mí se incorpora la señora, que parece haber envejecido en unos
+instantes; pálida, con amarillez de cirio; los rubios cabellos en
+desorden, el sombrero aplastado, las facciones afiladas y trémulas por
+la emoción.
+
+--No somos más que una porquería--dice en francés.
+
+Tal vez fué la influencia del momento, pero juro que jamás he oído una
+frase tan _profunda_ y tan justa.
+
+Al mirar en torno no conozco el comedor. Todo roto, todo demolido, como
+si un proyectil de cañón hubiese pasado por él. Cuerpos en el suelo,
+mesas caídas, manteles rasgados, líquidos que chorrean, no sabiéndose
+ciertamente lo que es café, lo que es licor y lo que es sangre; platos
+hechos trizas y todos los cristales del vagón, los gruesos cristales,
+partidos en láminas agudas, esparcidos como transparentes hojas de
+espada.
+
+Instintivamente arranco de la espalda de la señora una especie de puñal
+de vidrio clavado en su corsé. Es un fragmento de la luna que estaba
+detrás de ella. Un poco más arriba, y queda degollada en el sitio.
+
+Sin saber cómo, me veo pisando tierra, corriendo á lo largo de la vía,
+junto á un talud altísimo. Otros viajeros corren también, tropezando en
+los guijarros. Un hervor gigantesco llena el espacio de humo, viéndose
+entre sus vedijas el caserío blanco de Pest en una montaña. El vapor se
+escapa con un chirrido de sartén enorme. Llegamos á la cabeza del tren,
+que parece haberse desdoblado, y vemos dos locomotoras caídas y
+mugiendo, como dos toros que acaban de embestirse, desplomándose
+moribundos. A un lado nuestro tren; al otro lado un largo rosario de
+vagones de mercancías. El encuentro ha sido en lo más hondo de un
+desmonte, bajo un puente de madera que desaparece entre la humareda de
+las dos máquinas heridas de muerte. Unas vagonetas cargadas de
+materiales de construcción se han roto, esparciendo á ambos lados de la
+vía, entre las ruedas sueltas y retorcidas, una cascada de yeso y de
+ladrillos.
+
+Los dos primeros vagones de nuestro tren ya no existen. Son á modo de
+acordeones cerrados por el choque, con pliegues trágicos que dan un
+escalofrío de terror. Como ocurre casi siempre... de tercera clase. El
+furgón de los equipajes es un amasijo de maderos y hierros, que á cada
+estremecimiento del tren moribundo vomita maletas y cofres. Hombres
+sangrientos que aun no se han dado cuenta de sus heridas, corren
+excitados por la emoción y gritan en magyar, en alemán, en servio, en
+turco. Los empleados se mueven, queriendo servir de algo, pero sin saber
+ciertamente por dónde empezar. Siguiendo el impulso de los demás,
+intento subir á los vagones demolidos. Al poner el pie en la rota
+plataforma chapoteo en algo negro, que es líquido y sólido á un tiempo.
+Una mosca revolotea ansiosa sobre este banquete de sangre y piltrafas,
+anunciando la llegada de sus compañeras. ¿Para qué añadir el horror á la
+emoción sufrida?...
+
+Recojo mis dos maletas y subo el talud, para salir cuanto antes de esta
+zanja maldita. Al verme arriba me asombro de la fuerza nerviosa que da
+la emoción, de la ligereza con que he subido cargado por la ruda
+pendiente.
+
+Me siento al borde del declive sobre mi equipaje y quedo en una
+insensibilidad estúpida, aturdido, sin saber qué hacer, contemplando los
+restos de la catástrofe, viendo cómo el humo rojizo de las locomotoras
+empieza á incendiar el puente de madera.
+
+Por todos los caminos de la campiña llegan corriendo grupos de húngaros
+melenudos. De las casas inmediatas salen mujeres. Abajo aumenta el
+número de los que se agitan junto á los dos trenes y penetran en los
+vagones demolidos.
+
+Una catástrofe estúpida. En la estación de Budapest han dejado salir un
+tren de mercancías á la hora en que diariamente llega el tren de
+Constantinopla. Esto pasa en la Europa central, la de los grandes
+ferrocarriles organizados militarmente, y nadie parece indignado... ¡Y
+después hablamos de las «cosas de España»!...
+
+Veo de pronto sombras que se interponen ocultándome la luz del sol. Son
+mujeres húngaras, con sus chiquillos: buenas mozas, gordas, morenotas y
+ventrudas, que visten batas de percal y llevan el pañuelo de seda
+formando visera sobre los ojos, lo mismo que las chulas de Madrid.
+
+Sienten la curiosidad de los grandes sucesos, la necesidad de rozarse
+con alguien que ha visto el peligro de cerca, y me hablan en su idioma
+ininteligible, mirándome con simpática compasión. Adivino que me
+preguntan si estoy asustado; se asombran al verme entero, sin un
+rasguño, sin una gota de sangre. Una joven se empeña en hacerme beber un
+vaso de agua. Una vieja, arrugada y negra como una gitana, me pasa las
+manos por el rostro con sonrisa de bruja bondadosa.
+
+El puente es una gran llama que esparce intenso hedor de madera vieja.
+La muchedumbre se agita con vaivenes de audacia y de miedo. Estupendas
+noticias la conmueven, haciéndola huir talud arriba en espantoso
+desorden. ¡Que las locomotoras van á estallar!... ¡Que el tren contiene
+dinamita!... Se esparcen con pánico de rebaño, pero transcurridos
+algunos minutos, la curiosidad tira de ellos otra vez, y descienden la
+cuesta para mezclarse con los empleados y trabajadores, dificultando las
+operaciones de salvamento.
+
+Ha transcurrido cerca de una hora. Por un camino se ve avanzar al galope
+un escuadrón de caballería. Por otros se presentan compañías de
+infantería y escuadras de polizontes. Llegan carruajes cerrados, con el
+escudo de la Cruz Roja. Empiezan á descender camillas por la cuesta del
+desmonte.
+
+De los fúnebres acordeones de abajo salen grupos de hombres arrastrando
+bultos inánimes. Uno... dos... tres... cuatro... cinco. ¡Cuándo acabará
+esa extracción horripilante! Junto á mí pasan hombres y mujeres
+sostenidos en brazos y con la cabeza entrapajada. Unos la dejan pender
+sobre los hombros vecinos con mortal desmayo; otros gimen con palabras
+extrañas que no puedo entender.
+
+La caballería da una carga á la muchedumbre curiosa, para limpiar los
+alrededores. Los infantes austríacos entran á la bayoneta, con furiosos
+gritos de los oficiales y victorioso tremolar de sables.
+
+Las mujeres se apelotonan en torno mío, como si mi calidad de víctima
+las sirviese de amparo para permanecer en su sitio... ¿Por qué sigo
+aquí? ¿De qué sirve mi presencia?
+
+Me restriego el pecho, contusionado por el choque de la mesa y el peso
+de mis vecinos. El costillaje me duele cada vez más, al desvanecerse el
+primer aturdimiento de la emoción. Escupo sin cesar, pensando medroso en
+el color púrpura... No; no hay nada roto.
+
+Empleando el idioma universal de la mirada y la seña, coloco una de las
+maletas en la cabeza de un muchacho, me defiendo galantemente de las
+mujeres que quieren encargarse de la otra, y escoltado por estas amigas,
+que hablan y hablan sin descorazonarse ante mi silencio, emprendo la
+marcha, al través de campos recién labrados y movedizos, hacia un camino
+por el que veo pasar un tranvía eléctrico.
+
+¿Para qué permanecer aquí, donde á nadie conozco y nadie me entiende?
+Voy á Budapest á tomar otra vez el tren, que me inspira un pánico
+invencible.
+
+Y así entro en la verdadera Europa, á pie, al través de los campos,
+llevando mi hato al hombro, lo mismo que un invasor oriental de hace
+siglos, atraído por los esplendores de Occidente.
+
+FIN
+
+Agosto-Noviembre 1907.
+
+
+
+
+INDICE
+
+ Págs.
+
+CAMINO DE ORIENTE
+
+I.--La peregrinación cosmopolita. 9
+
+II.--Aguas y música. 16
+
+III.--Las mesas verdes. 23
+
+IV.--La ciudad del refugio. 31
+
+V.--El lago azul. 39
+
+VI.--Los osos de Berna. 46
+
+VII--El lago y el Concilio. 54
+
+VIII.--La Atenas germánica. 64
+
+IX.--El Festival Wágner. 72
+
+X.--El _Mozarteum_. 80
+
+XI.--Viena la elegante. 89
+
+XII.--El subterráneo de los emperadores. 96
+
+XIII.--¡Hermoso Danubio azul!. 105
+
+XIV.--La ciudad de los magyares. 114
+
+EN ORIENTE
+
+XV.--Los Balkanes. 123
+
+XVI.--Los turcos. 132
+
+XVII.--Constantinopla. 142
+
+XVIII.--El Gran Puente. 151
+
+XIX.--Los que pasan por el Gran Puente. 160
+
+XX.--El Gran Visir. 170
+
+XXI--El palacio de la Estrella. 180
+
+XXII.--El Sélamlik. 188
+
+XXIII.--Los perros. 200
+
+XXIV.--Los Derviches Danzantes 210
+
+XXV.--El heredero de _Las mil y una noches_ 229
+
+XXVI.--Santa Sofía 249
+
+XXVII--El Papa griego 258
+
+XXVIII.--Turcas y eunucos 275
+
+XXIX.--Los derviches aulladores 296
+
+XXX.--Libertad religiosa 304
+
+XXXI.--Restos de Bizancio 319
+
+XXXII.--La Noche de la Fuerza 334
+
+XXXIII.--La entrada en Europa 346
+
+ * * * * *
+
+Estas correcciones hizo el transcriptor del texto electronico:
+
+cisnes negros de pico de escarleta=>cisnes negros de pico de escarlata
+
+al que acuden todos los extranjeroe=>al que acuden todos los extranjeros
+
+cabeza rodeaba de un nimbo=>cabeza rodeada de un nimbo
+
+para que á á la salida le suelten medio franco=>para que á la salida le
+suelten medio franco
+
+pasando entre resplandores como una aparición fantásticas=>pasando entre
+resplandores como una aparición fantástica
+
+sus acupaciones en la catedral=>sus ocupaciones en la catedral
+
+trina el ruiseñor, canta si mirlo=>trina el ruiseñor, canta el mirlo
+
+clase de iufortunios=>clase de infortunios
+
+todas lujosas, todas deshabitatas=>todas lujosas, todas deshabitadas
+
+Podrá creerse superior ó los demás=>Podrá creerse superior á los demás
+
+arrendatario de la tierra que cultima=>arrendatario de la tierra que
+cultiva
+
+poserlos el soberano=>poseerlos el soberano
+
+todas las mesas las pedazos de pan olvidados=>todas las mesas los
+pedazos de pan olvidados
+
+Eran los patios de la Santa Mezquita, del temblo?>Eran los patios de la
+Santa Mezquita, del templo
+
+volvían los ojos hacia al hogar=>volvían los ojos hacia el hogar
+
+para hacer creer en una suicidio=>para hacer creer en un suicidio
+
+el mansjo de sus riquezas=>el manejo de sus riquezas
+
+enclaustradas voluntamente=>enclaustradas voluntariamente
+
+el gesto pontifical, recomendánme=>el gesto pontifical, recomendándome
+
+institutrices ingleses y franceses=>institutrices ingleses y francesas
+
+envuelto en su sotana uegra=>envuelto en su sotana negra
+
+creencias de sus súdditos=>creencias de sus súditos
+
+abrazar al suya=>abrazar la suya
+
+láminas de bronce, qne ciertamente=>láminas de bronce, que ciertamente
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Oriente, by Vicente Blasco Ibáñez
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ORIENTE ***
+
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
+produced from images available at The Internet Archive)
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
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+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
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+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
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+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
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+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
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+Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
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+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
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+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
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+to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
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+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
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+prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
+active links or immediate access to the full terms of the Project
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+compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
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+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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+unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
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+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
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+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
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+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
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+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
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+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
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+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
+- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+ of receipt of the work.
+
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+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
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+electronic work or group of works on different terms than are set
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+ The Project Gutenberg eBook of Oriente, por Vicente Blasco Ibáñez.
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+The Project Gutenberg EBook of Oriente, by Vicente Blasco Ibáñez
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
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+
+Title: Oriente
+
+Author: Vicente Blasco Ibáñez
+
+Release Date: July 9, 2012 [EBook #40182]
+
+Language: Spanish
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+Character set encoding: UTF-8
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ORIENTE ***
+
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
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+<table summary="note" border="4" cellpadding="10" style="background-color: #ffffff;
+margin-right:auto;margin-left:auto;max-width:60%;">
+ <tr>
+ <td valign="top">Nota del transcriptor: En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
+original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
+texto.</td>
+ </tr>
+</table>
+
+<p class="figcenter">
+<img src="images/cover.jpg" width="351" height="550" alt="" title="" />
+</p>
+
+<table border="4" cellpadding="4" cellspacing="0" summary="">
+<tr><td align="center"><a href="#INDICE"><b>Al ÃNDICE</b></a></td></tr>
+</table>
+
+<h1><a name="page_001" id="page_001"></a></h1>
+
+<p class="sans">ORIENTE</p>
+
+<p><a name="page_002" id="page_002"></a></p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="">
+<tr valign="top"><th align="center" colspan="2">OBRAS DEL MISMO AUTOR</th></tr>
+<tr><td align="center" colspan="2">&mdash;&mdash;</td></tr>
+<tr valign="top"><td><b>En el país del arte</b> (viajes).<br />
+<b>Cuentos valencianos.</b><br />
+<b>La condenada</b> (cuentos).<br />
+<b>Arroz y tartana</b> (novela).<br />
+<b>Flor de Mayo</b> (novela).<br />
+<b>La barraca</b> (novela).<br />
+<b>Entre naranjos</b> (novela).<br />
+<b>Sónnica la cortesana</b> (novela).<br />
+<b>Cañas y barro</b> (novela).</td>
+<td><b>La Catedral</b> (novela).<br />
+<b>El Intruso</b> (novela).<br />
+<b>La Bodega</b> (novela).<br />
+<b>La Horda</b> (novela).<br />
+<b>La maja desnuda</b> (novela).<br />
+<b>Sangre y arena</b> (novela).<br />
+<b>Los muertos mandan</b> (novela).<br />
+<b>Luna Benamor</b> (novela).</td></tr>
+<tr valign="top"><td align="center" colspan="2"><b>ARGENTINA Y SUS GRANDEZAS</b></td></tr>
+</table>
+
+<hr />
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary=""
+style="font-size:85%;">
+<tr><td align="center" colspan="2">OBRAS TRADUCIDAS DEL AUTOR</td></tr>
+<tr><td align="center" colspan="2">&mdash;&mdash;</td></tr>
+<tr valign="top"><td><span class="smcap">Terres maudites</span> (Traducción de G. Hérelle), París.<br />
+<span class="smcap">Fleur de Mai</span> (Traducción de G. Hérelle), París.<br />
+<span class="smcap">Boue et Roseaux</span> (Traducción de Maurice Bixio), París.<br />
+<span class="smcap">Contes Espagnols</span> (Traducción de G. Menetrier), París.<br />
+<span class="smcap">Dans l'ombre de la cathédrale</span> (Traducción de G. Hérelle), París.<br />
+<span class="smcap">Terras malditas</span> (Traducción de Napoleão Toscano), Lisboa.<br />
+<span class="smcap">A Cathedral</span> (Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa), Lisboa.<br />
+<span class="smcap">Die Kathedrale</span> (Traducción de Josy Priems), Zurich.<br />
+<span class="smcap">Flor de Mayo</span> (Traducción de Josy Priems), Zurich.<br />
+<span class="smcap">Erdfluch</span> (Traducción de Wilhelm Thal), Berlín.<br />
+<span class="smcap">Schilf und Schlamm</span> (Traducción de Wilhelm Thal), Berlín.<br />
+<span class="smcap">Der Eindringling</span> (Traducción de J. Broutá), Berlín.<br />
+<span class="smcap">De Vloek</span> (Traducción del doctor A. A. Fokker), Haarlem.<br />
+<span class="smcap">Waar Oranjeboomen Bloeien</span> (Traducción del Dr. A. A. Fokker), Amsterdán.<br />
+<span class="smcap">Chalupa</span> (Traducción de A. Pikhart), Praga.</td>
+<td><span class="smcap">Marná Chlouba</span> (Traducción de A. Pikhart), Praga.<br />
+<span class="smcap">Ah, il pane!...</span> (Traducción de F. Gelormini), Palermo.<br />
+<span class="smcap">Hvad en Mand har at gove</span> (Traducción de Johanne Allen), Copenhague.<br />
+<span class="smcap">Vinnyi Sklad</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br />
+<span class="smcap">Bodega</span> (Traducción de K. G.), Petersburgo.<br />
+<span class="smcap">Prokliatac Pole</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br />
+<span class="smcap">Sobor</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br />
+<span class="smcap">Duoyñoy vistrel</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br />
+<span class="smcap">Geleznodorognoy Zaiaz</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br />
+<span class="smcap">Naloguiza obnagennaia</span> (Traducción de M. Watson), Petersburgo.<br />
+<span class="smcap">Arénes sanglantes</span> (Traducción de G. Hérelle), París.<br />
+<span class="smcap">La Horde</span> (Traducción de G. Hérelle), París.<br />
+<span class="smcap">A cortezan de Sagunto</span> (Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa), Lisboa.<br />
+<span class="smcap">O Intruso</span> (Traducción de Carvalho), Lisboa.</td></tr>
+</table>
+
+<p><a name="page_003" id="page_003"></a></p>
+
+<hr />
+
+<p class="cb">Vicente Blasco Ibáñez</p>
+
+<h1>ORIENTE</h1>
+
+<p class="c">28.000<br /><br /><br />
+<img src="images/colofon.png"
+width="120" height="56" alt="colofon" title="" /></p>
+
+<table border="0" cellpadding="4" cellspacing="5" summary="">
+<tr><td align="center" colspan="2"><span class="smcap">F. Sempere y Compañía, Editores</span></td></tr>
+
+<tr align="center">
+<td style="border-right:1px solid black;"><small>Calle de las Germanías, F S</small><br />
+VALENCIA</td> <td style="border-left:1px solid black;"><small>Sucursal: Mesonero Romanos, 42</small><br />
+MADRID</td></tr>
+</table>
+
+<p><a name="page_004" id="page_004"></a></p>
+
+<p class="r"><i>Esta Casa Editorial obtuvo Diploma<br />
+de Honor y Medalla de Oro en la
+Exposición<br />
+Regional de Valencia de 1909 y<br />
+Gran Premio de Honor en la
+Internacional<br />
+de Buenos Aires de 1910.</i></p>
+
+<p class="c"><i>Derechos de traducción reservados en todos los países,<br />
+incluso Suecia y Noruega.</i></p>
+
+<p class="cov">&nbsp; &nbsp; &nbsp;
+Imp. de la Casa Editorial F. Sempere y Comp.ª&mdash;<span class="smcap">Valencia&nbsp; &nbsp; &nbsp; </span></p>
+
+<p><a name="page_005" id="page_005"></a></p>
+
+<div class="dedic">
+<p><i>Este libro&mdash;algunos de cuyos capítulos aparecieron antes en</i> <span class="smcap">El Liberal</span>
+<i>de Madrid</i>, <span class="smcap">La Nación</span> <i>de Buenos Aires y</i> <span class="smcap">El Imparcial</span> <i>de México&mdash;va
+dedicado al ilustre periodista</i></p>
+
+<p class="cb"><big>Miguel Moya</big></p>
+
+<p class="nind"><i>claro talento, voluntad enérgica, poderoso reformador de la prensa
+española.</i></p>
+</div>
+
+<p><a name="page_006" id="page_006"></a></p>
+
+<p><a name="page_007" id="page_007"></a></p>
+
+<h2><a name="CAMINO_DE_ORIENTE" id="CAMINO_DE_ORIENTE"></a>CAMINO DE ORIENTE</h2>
+
+<p><a name="page_008" id="page_008"></a></p>
+
+<p><a name="page_009" id="page_009"></a></p>
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I<br /><br />
+La peregrinación cosmopolita</h3>
+
+<p>Recuerdo que en cierta ocasión tuve en mis manos un ejemplar de la
+<i>Gaceta Imperial</i> de Pekín, y al revolver sus finas hojas de papel de
+arroz, entre las apretadas columnas de misteriosos caracteres, sólo
+encontré dos anuncios comprensibles por sus grabados: el que llaman
+vulgarmente <i>tío del bacalao</i>, ó sea el marinero que lleva á sus
+espaldas un enorme pez, pregonando las excelencias de la Emulsión Scott,
+y una botella de largo cuello con la etiqueta «Vichy-État».</p>
+
+<p>Pocas empresas en el mundo habrán hecho la propaganda que la Compañía
+Arrendataria de las aguas de Vichy.</p>
+
+<p>Circulan por las calles de la pequeña y elegante ciudad francesa los
+pesados carromatos cargados de cajones, camino de la estación del
+ferrocarril. Marchan las botellas alineadas en apretadas filas al salir
+de Vichy, para luego esparcirse como una<a name="page_010" id="page_010"></a> esperanza de salud. ¿Adonde
+van?... La fama de su nombre les asegura el dominio del mundo entero.
+Una botella irá á morir, derramando el líquido gaseoso de sus entrañas,
+en una aldea obscura de las montañas españolas, y la que cabecea junto á
+ella no se detendrá hasta llegar á alguna población sueca, cubierta de
+nieve, vecina al Polo; y la otra irá á Australia; y la de más allá
+arrojará su burbujeante contenido, bajo el sol del Ãfrica, en un
+campamento de europeos, de estómago quebrantado por las escaseces de la
+colonización.</p>
+
+<p>Y así como el agua de Vichy se esparce por el mundo, para llevar á
+remotos países sus virtudes curativas, los médicos de toda la tierra por
+un lado, y la moda por otro, empujan hacia aquí á las gentes más
+diversas de aspecto y de lengua.</p>
+
+<p>París, con ser la más cosmopolita de las ciudades, por la atracción que
+ejercen sus placeres y sus elegancias, no ofrece el aspecto mundial que
+el pequeño Vichy, con sus miles de extranjeros. En las primeras horas de
+la mañana, la muchedumbre que llena el Parque y se agolpa en torno de
+las fuentes, hace recordar los muelles de Gibraltar ó ciertos puertos de
+Asia, que son como encrucijadas marítimas, en los que se tropiezan y
+confunden todos los pueblos y todas las lenguas.</p>
+
+<p>La gente europea, igual y monótona al primer golpe de vista, muestra su
+infinita variedad de trajes, gestos y actitudes bajo los paseos
+cubiertos<a name="page_011" id="page_011"></a> del Parque. Desfilan los ingleses con la cara impasible bajo
+su pequeña gorra, moviendo al andar sus anchos calzones cortos sobre las
+pantorrillas enfundadas en medias escocesas; pasan los alemanes con
+sombrerillos tiroleses rematados por enhiesta pluma; los españoles y
+americanos, de corbatas vistosas y conversación á gritos; los italianos,
+que copian con exagerado servilismo las modas británicas; los franceses,
+todos con una roseta ó una cinta en la solapa. Las mujeres se exhiben
+envueltas en velos como odaliscas, con el rostro sombreado por el panamá
+ó el sombrero enorme, de alas caídas y cargado de flores, copiado de los
+retratos de los pintores ingleses. Las blusas de encajes transparentan
+en su trama sutil rosadas desnudeces; las faldas, cortas y blancas,
+dejan en su revoloteo una estela de perfumes. Confundidos en esta
+avalancha de tonos uniformes, pasan los egipcios y turcos, de levita
+clara y elevado fez; los chinos, de túnica azul y bonete negro con rojo
+botón sobre el trenzado pelo de rata; los malayos, de blancos calzones,
+con femeniles trenzas arrolladas en torno de su rostro amarillo y
+simiesco; los persas, vestidos á la europea, pero coronando su bigotuda
+cara con un gorro de astrakán; dos ó tres <i>rajahs</i> indios, de albas
+vestiduras, graves, hermosos y perfumados, como sacerdotes de una
+religión poética que tuviese por deidades á las flores; judíos sórdidos,
+cubiertos de sedas tan brillantes como sucias, y<a name="page_012" id="page_012"></a> moros ricos de Argel y
+Túnez, <i>jeiques</i> de tribu, que ostentan sobre el nítido albornoz la
+mancha roja de la Legión de Honor y unen á su arrogancia tradicional la
+satisfacción de hallarse en su propia casa, como súbditos de la
+República francesa. Y juntos con estas gentes extrañas se muestran los
+franceses exóticos, los militares venidos de lejanas Francias, los
+oficiales del ejército colonial, que llegan á reponerse de las fiebres
+de los pantanos tonkineses, del sol que devora á los hombres en las
+casas de tierra de Tombouctu, en los puestos avanzados del Sahara ó en
+las factorías del Senegal y del Congo; spahis y cazadores de Ãfrica, de
+teatrales uniformes; marinos y coloniales con traje blanco y casco
+ligero de lienzo y corcho.</p>
+
+<p>El agua turbia y burbujeante que salta en las fuentes, bajo una gran
+cúpula de cristal, es la que realiza el milagro de reunir gentes tan
+diversas y de origen tan lejano en esta pequeña ciudad del centro de
+Francia, que hace menos de tres siglos dió á conocer la pluma de Mad.
+Sévigné.</p>
+
+<p>Nada hay nuevo en el mundo. Lo mismo que la gente viene ahora á las
+estaciones termales de las que es reina Vichy, iba hace tres mil años,
+con un fin religioso y de curación al mismo tiempo, á pequeñas ciudades
+de Grecia, famosas por sus aguas y sus profetisas, buscando á la vez la
+salud del cuerpo y la certeza del porvenir.</p>
+
+<p>No hay aquí ninguna Pitonisa que, montada en un trípode sobre la fuente
+de la <i>Grand Grille</i> ó<a name="page_013" id="page_013"></a> de los <i>Celestinos</i>, profetice nuestra vida
+futura; pero diarios y prospectos anuncian la presencia en Vichy de
+acreditadas profesoras de cartomancia y magia, venidas de París para
+rasgar los sombríos misterios de lo futuro, á razón de veinte francos
+por consulta.</p>
+
+<p>No se encuentra una Friné que se muestre desnuda en medio del Parque,
+como la irresistible cortesana griega, despojándose de sus velos ante
+los peregrinos enfermos de Delfos para alegrar su miseria con la regia
+limosna de la exhibición de sus gracias; pero las Frinés vestidas son
+legión; se cuentan á centenares: unas hablan francés, otras español,
+otras ruso; son ortodoxas, heterodoxas, hebreas ó simplemente impías;
+las hay rubias, morenas, amarillas y hasta negras, y repitiendo á puerta
+cerrada la suerte de la bella ateniense, ahorran para la campaña de
+invierno en París ó Marsella, Argel ó Madrid.</p>
+
+<p>Los graves sacerdotes, majestuosos y sibilinos, de este moderno
+santuario de la salud universal, son los médicos. Ochenta y cuatro he
+contado en la lista que figura por todos lados, en las esquinas, en los
+programas de los conciertos, en las cartas de cafés y restaurants, y
+hasta en las paredes de los mingitorios, para recordar á todas horas al
+olvidadizo viajero que estos imponentes personajes son los verdaderos
+soberanos de Vichy, y no debe nadie beber una gota de agua sin previa
+consulta.<a name="page_014" id="page_014"></a></p>
+
+<p>Siendo á modo de grandes sacerdotes, inútil es decir que ocupan las
+mejores casas de la ciudad, lujosos hoteles, sonrientes <i>villas</i>
+rodeadas de flores, cuyos salones de espera están siempre llenos de
+clientes.</p>
+
+<p>Con las aguas de Vichy no se puede jugar. Los graves hombres de la
+ciencia hablan de ellas como si fuesen terribles venenos. Cada vez que
+hay que aumentar la dosis en un sorbo, conviene consultarles
+previamente, con un luis de oro en la mano. Causa admiración la
+sabiduría, el tino con que estos respetables arúspices de la ciencia
+combinan la toma de las aguas de las diversas fuentes, armonizando unas
+con otras.</p>
+
+<p>&mdash;Un vaso de la <i>Grand Grille</i> á tal hora; luego uno de <i>Celestinos</i> á
+tal otra. Más adelante variaremos y serán <i>Chomet</i> y <i>Hôpital</i>. Sobre
+todo, nada de prisas. La curación debe seguir su marcha.</p>
+
+<p>¡Nada de prisas!... Lo mismo que los graves doctores piensan los
+hoteleros de Vichy, los dueños de cafés, los empresarios de teatros,
+hasta las Frinés del Parque, y esta unanimidad de pareceres convence al
+viajero, que no sabe cómo agradecer el interés que todos muestran por
+retenerle á su lado.</p>
+
+<p>En torno de las fuentes, los bebedores de agua, apurando lentamente sus
+vasos, se preguntan á veces por sus dolencias. Uno tiene enfermo el
+hígado, otro la garganta, el de más allá sufre diabetes; una señora
+calla y enrojece, pensando en<a name="page_015" id="page_015"></a> la tristeza de los árboles, que mueven
+sus copas sin llegar nunca á dar fruto... ¡Y todos beben lo mismo!</p>
+
+<p>La humanidad, que desprecia la salud mientras la posee, guarda su fe más
+ciega para los que la consuelan y entretienen en la gran cobardía de la
+dolencia.</p>
+
+<p><a name="page_016" id="page_016"></a></p>
+
+<h3><a name="II" id="II"></a>II<br /><br />
+Aguas y música</h3>
+
+<p>El sol de las primeras horas de la tarde, filtrándose al través del
+follaje del Parque de Vichy, extiende un manto temblón de harapos de
+sombra y retazos de luz sobre la muchedumbre sentada en sillas de
+hierro, en torno del kiosco de la música. La orquesta, acompañada de
+lejos por las bocinas de los automóviles que pasan veloces, por el
+vocerío de los vendedores de periódicos que pregonan las últimas hojas
+llegadas de París, y por los gritos de los cocheros que invitan á
+pintorescas excursiones por las riberas del Allier, puebla el espacio
+con los lamentos de las ondinas del Rhin, llorando el mágico tesoro
+arrebatado por el maligno Nibelungo, con el melancólico adiós de
+Lohengrin al alejarse de Elsa, ó con la romántica <i>Canción de la
+Estrella</i> que entona Wolfram, el grave trovador, contemplando el astro
+del atardecer.<a name="page_017" id="page_017"></a></p>
+
+<p>Vichy es la ciudad de la música. Los viajeros que ocupan los hoteles
+inmediatos al Parque, despiertan, apenas comenzada la mañana, arrullados
+por el primer concierto del día. El <i>Sigur</i>, de Reyer, lanza sus bélicos
+apóstrofes, ó la <i>Thais</i>, de Massenet, se entrega á su mística
+meditación, arrepintiéndose de sus desórdenes de cortesana, mientras el
+viajero se viste y se lava y va á beber el primer vaso del día en la
+fuente de la <i>Grand Grille</i>. Luego, á las once, empieza otro concierto
+en el café de la Restauración, con aditamento de cantantes, y á éste
+sigue el grande de la tarde, en pleno Parque, que dura hasta las cinco,
+sin que entre las piezas existan otros intermedios que brevísimos
+instantes de descanso, como si la orquesta se avergonzase de su inacción
+y Vichy no pudiese vivir sin una melodía interminable vibrando en su
+ambiente. Y á las siete, después de la comida, empiezan á la vez, para
+durar hasta media noche, tres grandes conciertos en los tres casinos
+importantes, á más de una representación de ópera en el Gran Teatro y
+los innumerables concertistas que <i>actúan</i> en los cafés y <i>music-halls</i>.</p>
+
+<p>Parece como que todos los instrumentistas de Francia vengan á Vichy,
+durante la temporada termal, para entretener el ocio del público
+cosmopolita, que digiere las famosas aguas al arrullo de las orquestas.
+Toda la música del mundo es devorada por el enorme consumo melódico de
+esta población, que llaman orgullosamente los franceses<a name="page_018" id="page_018"></a> la <i>Reine des
+Villes d'Eaux</i>. Desde el <i>Fuego encantado</i>, de Wágner, hasta la <i>Jota
+Aragonesa</i> y la <i>Marcha Real</i>, la música de todos los tiempos y de todos
+los países halaga los oídos de la muchedumbre extranjera, tropel de aves
+de paso que llena Vichy durante algunas semanas; y tan pronto suenan las
+graves notas de una composición de Bach, como se desarrollan picarescos
+y juguetones los cantos del <i>género chico</i> español, y se contonea
+chulescamente el diabólico tango, haciendo murmurar á los graves señores
+condecorados: <i>Ollé, ollé!</i> y moverse los pies de las señoras, que
+exclaman: <i>Comme c'est joli!</i></p>
+
+<p>Música y aguas á todo pasto. ¿Y los enfermos?... Los enfermos no se ven
+en ninguna parte. à Vichy se viene á descansar. Además, la mayor parte
+de las enfermedades que curan estas aguas son de «larga espera»: males
+de estómago, diabetes, etc., y los dolientes no se diferencian, en su
+aspecto exterior ni en su gesto, de los sanos. De vez en cuando se ve un
+señor que, escuchando el concierto, deposita un pie hinchado, enorme,
+elefantíaco, sobre la silla que tiene delante; pero las bandas de
+franela y la pantufla son lo único que revela su enfermedad al
+contrastar con el otro pie calzado de charol. Pasan algunas señoras
+sentadas en sillones de ruedas, de los que tiran mozos de cordel; pero
+van pintadas y compuestas como las demás mujeres, con tal estiramiento
+elegante en su enfermedad y tal respeto de sí<a name="page_019" id="page_019"></a> mismas, que hacen pensar
+si en Vichy morirá la gente vistiendo traje de <i>soirée</i> al arrullo del
+último vals de moda.</p>
+
+<p>En los bailes del Gran Casino se ven jóvenes con muletas, ó muchachas
+que cojean ligeramente, esforzándose por ocultar la flojedad de sus
+huesos, triste herencia de las diversiones de sus progenitores; pero el
+frac de los unos y las <i>toilettes</i> escotadas de las otras, parecen
+borrar la gravedad de sus dolencias, y todos sonríen, con un deseo
+vehemente de divertirse. Cuando suena la orquesta, el que puede bailar,
+baila, y el que se ve imposibilitado de hacer esto, se mete en la sala
+de juego.</p>
+
+<p>Vichy se divierte: los enfermos malhumorados, que alborotan en sus casas
+y llevan á mal traer á los suyos, sonríen aquí, y á las seis de la tarde
+visten su traje de ceremonia. Venir á tomar estas aguas sin traer un
+<i>smoking</i> en la maleta equivale á un sacrilegio.</p>
+
+<p>Hay que descansar, y aunque una gran parte de los que llegan á Vichy son
+favoritos de la fortuna, que no conocen la rudeza del trabajo, descansan
+y descansan, bebiendo dos vasos de agua por día y charlando durante el
+curso de tres ó cuatro conciertos diarios.</p>
+
+<p>Las buenas relaciones entre Francia y España, su acción común en
+Marruecos, han influído para dar mayor boga á nuestra música. Los mismos
+compositores de segundo orden, que hace algunos<a name="page_020" id="page_020"></a> años escribían danzas
+rusas y melodías moscovitas en honor de la Doble Alianza, producen ahora
+la <i>Marche des gitanos</i>, la <i>Marche des Aficionados</i> y otras obras de no
+menos color, con fragmentos de la <i>Marcha Real</i> en sordina, repiqueteo
+de castañuelas, tintineo de triángulo y golpes de pandero.</p>
+
+<p>La música del género chico, tangos dislocantes, pasacalles alegres, dúos
+de ligera pasión y jotas alborozadas, al alternar con las obras de los
+maestros más famosos, alcanza un éxito que no consiguen éstos muchas
+veces.</p>
+
+<p>Yo respeto y admiro el llamado <i>género chico</i>. De sus libretos, dramas
+comprimidos ó sainetes coloristas, apenas si me acuerdo una semana
+después de haberlos visto. Pero la música de esas obras es una de las
+manifestaciones artísticas más respetables y más grandes de la España
+actual. Se ha hablado mucho de la necesidad de una ópera española. ¿Para
+qué? España ya tiene su música, que no puede ser más suya. à los pueblos
+no hay que forzarlos para que produzcan artísticamente en determinada
+dirección, sino aceptar lo que den espontáneamente y celebrarlo, siempre
+que tenga una individualidad marcada.</p>
+
+<p>El ilustre maestro Bretón se ha pasado gran parte de su vida batallando
+y penando por crear y afirmar la ópera española. Yo he viajado por
+varios países de Europa sin oir en ninguna parte fragmentos de sus
+óperas, que pudiéramos llamar<a name="page_021" id="page_021"></a> solemnes ó grandes, y en cambio, he
+escuchado y he visto aplaudir en Francia y en Italia <i>La verbena de la
+Paloma</i>, y la he oído canturrear á gentes de los Estados Unidos.</p>
+
+<p>En Nápoles (país de los concursos de romanzas, que cada año da al mundo
+una canción de moda) los músicos callejeros y las orquestas de los cafés
+no tienen otra música amada que la de Caballero, Chapí, Chueca y otros
+españoles.</p>
+
+<p>En Venecia, la de las serenatas románticas, he visto las góndolas
+cargadas de cantores y orladas de luces, navegar por el Gran Canal, bajo
+las ventanas de los hoteles, poblando el silencio de la noche con la
+«Marcha de los marineritos» de <i>La Gran Vía</i>.</p>
+
+<p>Cada país debe alegrarse por lo que tiene, sin detenerse á desentrañar y
+aquilatar su mérito, pues peor es no poseer nada y no despertar la
+atención más allá de las fronteras.</p>
+
+<p>La fama de hermosura y gracia de la mujer española la sostienen hoy,
+desde París á San Petersburgo, todas esas muchachas que, con apodos más
+ó menos extraños, bailan ó cantan «cosas de la tierra». Sólo cuando
+aparece en la escena un mantón con flecos y un pavero ladeado sobre un
+moño con claveles se acuerda el gran público de que existe España.
+Cuando las orquestas acarician los nervios de la muchedumbre con la
+música fácil, alegre y bizarra del llamado <i>género chico</i>, se enteran en
+Europa de que existe un arte<a name="page_022" id="page_022"></a> español y de que en la Península nos
+dedicamos á algo más que á matar toros.</p>
+
+<p>à muchos les parecerá un sacrilegio lo que voy á decir, pero no por esto
+es menos cierto. La música de <i>La Gran Vía</i> la tocan más en el mundo y
+es más conocida que la de <i>El anillo del Nibelungo</i>. Ya sabemos que
+Chueca no es Wágner. Pero la inmensa mayoría de los que escuchan
+conciertos en el extranjero, aunque fingen por <i>snobismo</i> una admiración
+de personas correctas hacia las obras consagradas, prefieren en su
+interior el «Caballero de Gracia» á todos los caballeros del Santo
+Graal.<a name="page_023" id="page_023"></a></p>
+
+<h3><a name="III" id="III"></a>III<br /><br />
+Las mesas verdes</h3>
+
+<p>El Casino de Vichy es una construcción enorme y blanca, con adornos
+serpenteantes de «arte nuevo». Contiene un teatro espléndido, en el que
+todas las noches se cantan óperas ó actúan las «estrellas» de la Comedia
+Francesa y del Odeón, que hacen su <i>tournée</i> anual: sala de conciertos,
+grandes salones de baile, gabinete de lectura, una rotonda con espejos
+colosales, y el oro chorreando por todas las tallas y adornos de los
+muros... Es, en fin, á modo de una catedral moderna, dedicada á toda
+clase de diversiones.</p>
+
+<p>De día se forman elegantes grupos de claros colores, bajo las
+marquesinas de sus terrazas ó á la sombra de los plátanos de sus
+jardines; de noche brilla como un palacio de leyenda, marcando con
+innumerables bombillas eléctricas, sobre la lobreguez del espacio, las
+líneas de sus cornisas, la esbeltez de sus columnas y las armónicas
+curvas de su cúpula central.<a name="page_024" id="page_024"></a></p>
+
+<p>En este santuario de las diversiones, al que acude todo Vichy, existe
+como capilla predilecta un salón blanco, enorme y de alto techo, que
+tiene sus fieles inconmovibles y fijos desde las primeras horas de la
+tarde hasta las últimas de la madrugada, y en el que se entra con cierto
+recogimiento, bajando el tono de la voz y aminorando el ruido de los
+pasos. Imponentes criados de empaque principesco indican al abrir la
+cancela de cristales que hay que despojarse del sombrero, y el visitante
+avanza respetuosamente después de esta advertencia, pisando muchas veces
+las colas de los vestidos femeniles y pidiendo perdón á todas las
+espaldas que empuja á su paso.</p>
+
+<p>Aglomérase la gente en torno de una docena de mesas verdes. Junto á
+ellas están sentados los jugadores de importancia, graves, mudos, con
+caras de palo y ojos inexpresivos, moviendo las manos cargadas de
+billetes y fichas sobre los cuadros marcados en la bayeta verde, ó
+llevándoselas al pelo con lentos rascuñones que delatan la emoción.
+Contra sus dorsos se empuja y se aplasta la turba de los mirones, que
+<i>apunta</i> de tarde en tarde y sigue con interés anhelante las peripecias
+del juego; señoras maduras y pintarrajeadas, cubiertas de joyas de
+empañado brillo; <i>cocottes</i> de perfil hebraico; correctos señores
+condecorados con un <i>tic</i> de maniáticos en sus hoscas facciones. Todos
+se empujan con una vehemencia febril. Brilla en las miradas un fuego
+malsano. Los ojos, que siguen<a name="page_025" id="page_025"></a> el vaivén de los azules billetes, entre
+la paletada del banquero y las manos de los jugadores, son ojos que se
+ven en los juicios orales ó en la primera plana de los periódicos cuando
+relatan un crimen sensacional. Pero el aspecto de esta gente no puede
+ser más correcto y honorable. Ellas, aventureras de incierta
+nacionalidad y edad misteriosa, descotadas y con grandes sombreros;
+ellos, elegantes, ostentando en la solapa del <i>smoking</i> condecoraciones
+de raros colores, son hombres de una gallardía profesional que hace
+recordar á las mundanas retiradas del pecado, y todavía caprichosas, que
+aparecen una mañana degolladas en su lecho, con la caja de las alhajas
+vacía.</p>
+
+<p>En Vichy son muchos los que confiesan su llegada sin motivo alguno de
+enfermedad. Vienen <i>pour s'amuser</i>, según declaran con maliciosa
+sonrisa. Unos, sencillos en sus gustos, encuentran diversión sobrada en
+el gran rebaño femenino que atrae la fama de Vichy. Otros, más
+complicados en sus pasiones y temibles en sus apetitos, se encierran
+tarde y noche en la sala de juego del Casino. Los exóticos, los venidos
+de muy lejos, son los que con más asiduidad se sientan junto á la bayeta
+verde.</p>
+
+<p>Todas las noches contemplo en un extremo de la mesa donde se juega más
+fuerte á un fantasma blanco é inmóvil. Es un jeique de Argel. Pálido,
+con una palidez de hostia, entre la blancura<a name="page_026" id="page_026"></a> de sus tocas y la orla
+nevada de su barba, el viejo jeique parece una figura de cera. Sus ojos
+brillan, inmóviles, como si fuesen de vidrio, fijos en las manos del
+banquero. Esa frialdad musulmana, desdeñosa y altiva, que permite á los
+árabes contemplar impasibles las mayores grandezas de nuestra
+civilización, mantiene al venerable moro inmóvil y sin pestañear.
+Pierde, pierde siempre, y su vida parece concentrarse en sus manos, que
+se ocultan bajo las blancas vestiduras, escarabajean en el sitio donde
+la Legión de Honor se marca como una gota de sangre sobre el nítido
+albornoz, y vuelven á crujir, estrujando azules papelillos que arrojan
+ante ellas.</p>
+
+<p>¡Pobre jeique!... Veo praderas abrasadas por el sol junto á un riachuelo
+africano casi seco. Los grupos de palmeras se destacan en negro sobre el
+horizonte rojo y oro de la tarde. Los perros flacos y lanudos ladran y
+corretean en torno de las tiendas; las mujeres, con el rostro cubierto
+por un trapo blanco, van y vienen, llevando sobre su cabeza un cántaro
+derecho, ó hunden sus brazos gordos y tostados en la harina amasada,
+preparando el pan para el día siguiente y haciendo sonar á cada
+movimiento los pesados brazaletes de cobre. Los pequeñuelos, panzudos,
+de color de ladrillo, con la cabeza rapada y un pincel de pelos en el
+cogote, corren persiguiendo á los saltamontes. El jefe está ausente; el
+amo se fué, y una tristeza de orfandad pesa sobre la tribu. El<a name="page_027" id="page_027"></a> médico
+del inmediato puesto militar le recomendó unas aguas milagrosas de la
+lejana Francia, país de maravillas, y allá vive el gran jefe, mientras
+el campamento parece más solo, más triste. ¡Están lejos los días en que
+los hombres de la tribu hacían galopar sus caballos y disparaban sus
+fusiles en alborazada <i>fantasía</i>, para recibir al personaje de kepis
+rojo, que en nombre del gobernador general de Argel colocó sobre el
+pecho del jefe la cinta encarnada con la estrella de cinco puntas,
+motivo de envidia y respeto para las demás tribus del contorno!...</p>
+
+<p>Comienza á morir el sol en el rápido crepúsculo africano; álzase en el
+horizonte la nube de polvo de los rebaños; óyese el trote de los
+caballos; ladran los mastines, y los jinetes pastores, al echar pie á
+tierra ante las tiendas, luego de encerrar sus lanudos tesoros, formulan
+todos la misma pregunta, sin despojarse del fusil ni haber hecho la
+oración de la tarde: «¿Nada de Francia?...» ¡Nada! Y cuando cierra la
+noche, los hijos, los yernos, los sobrinos y nietos del ausente, todos
+los hombres de la tribu, se duermen envueltos en su albornoz pensando en
+el jefe, interpretando su silencio como una señal de grandezas, que les
+llenarán luego de orgullo al ser relatadas junto á las hogueras del
+invierno. Creen en su sencillez que el jeique condecorado alcanza en el
+lejano país de las maravillas los honores que corresponden al venerado
+jefe de un centenar de arrogantes centauros.<a name="page_028" id="page_028"></a> Y á la misma hora, las
+manos finas y pálidas, manos de cera, dejan sobre la mesa verde, de
+minuto en minuto, con la regularidad de un reloj que suena la desgracia,
+la fortuna y el bienestar de los que sueñan en el lejano campamento
+africano, bajo la luz difusa de las estrellas, entre el pataleo de las
+bestias, el ladrido de los perros y el monótono canto de los grillos. Un
+puñado de papeles azules representa una parte de los corderos que se
+aprietan durante su sueño, como si presintiesen en el obscuro horizonte
+la bestia carnicera que ronda; otro, un caballo de larga crin, narices
+de fuego y patas finas, orgullo de la tribu. Todo lo que el jeique deja
+en el montón del banquero significa la esperanza perdida de aplacar á
+Nathán ó á Samuel, el prestamista hebreo, cuando, al llegar el invierno,
+se presenta en la tienda del jefe á hablar de negocios.</p>
+
+<p>Salgo de la sala de juego, y en la rotonda central, entre brillantes
+<i>toilettes</i>, veo dormitando en un diván á una mujer obesa y morena. Es
+una judía, relativamente joven, pero con su belleza ahogada bajo una
+marea ascendente de grasa. El vientre, libre de corsé, se marca como una
+cúpula bajo la falda de seda de anchas y vistosas rayas; el rostro,
+moreno y abultado, con los ojos perdidos en bullones de carne y unas
+cejas gruesas y unidas como una barra de tinta, asoma en el marco de un
+rebozo de seda y oro, tan majestuoso como sucio. Contempla impasible las
+miradas<a name="page_029" id="page_029"></a> de curiosidad de las mujeres, y vuelve á adormecerse, ansiando
+que llegue el instante de regresar al hotel. Su marido está en la sala
+de juego, y la buena Rebeca ó Miryam, sumida en su coraza adiposa,
+aguarda horas y horas, viendo en sus cortos ensueños, como ángeles de
+luz, algunos nuevos billetes y luises de oro que vengan á unirse al
+capital que amasan los dos con una avidez de raza.</p>
+
+<p>En todas partes, los usureros, los prestamistas, los adoradores de la
+fortuna, son los fieles más fervientes del juego. Parece una
+incongruencia, pero cuanto más se ama el dinero, llegando en esta
+adoración hasta la manía, más dispuesto se está á arriesgarlo á un azar,
+con la locura de la ganancia rápida. En España, los principales
+consumidores de billetes de la Lotería Nacional son avaros que apenas
+comen. En las timbas y casinos, los <i>puntos</i> más asiduos son
+prestamistas y usureros, capaces de cometer una mala acción por una
+peseta y que pierden mil sin desesperarse, bajo la ilusión de una
+próxima ganancia.</p>
+
+<p>Los artistas, los escritores, hombres poco prácticos, faltos de
+habilidad para conservar el dinero, y que parecen despreciarlo por la
+prisa que se dan en separarse de él, apenas se sienten tentados por el
+juego, y eso que no pretenden pasar por ejemplos de virtud. Son muchas
+veces alcohólicos; el eterno femenino complica y desordena los días y
+las horas de los más; hasta los hay que<a name="page_030" id="page_030"></a> en sus pasiones y gustos
+desobedecen las órdenes de la Naturaleza... pero jugadores tenaces y
+convencidos yo no conozco ninguno.</p>
+
+<p>Todo jugador es un avaro que desea el dinero de los demás y siente la
+fiebre de quitárselo sin arrostrar persecuciones de la justicia. En
+fuerza de adorar al dinero, el jugador acaba por no saber para lo que
+sirve, y sólo lo admira como una divinidad majestuosa de la que no puede
+sacarse provecho alguno.</p>
+
+<p>Yo he conocido un viejo famélico y haraposo, que dormía durante la
+mañana en los bancos del Retiro y pasaba la tarde y las noches en las
+casas de juego. Comía las sobras de los otros jugadores, asistía con
+preferencia á los círculos donde le obsequiaban con algún café, como
+<i>punto fuerte</i>, y cuando perdía, que era las más de las veces,
+ocultábase por unos instantes en el lugar más nauseabundo de la casa, y
+extraía billetes de Banco de sus zapatos rotos, del sudador del
+grasiento sombrero, de las ropas haraposas, esparciendo sobre el tapete
+verde una parte de sus pegajosos habitantes.</p>
+
+<p>&mdash;El dinero se ha hecho para jugar&mdash;decía sentenciosamente&mdash;. Y lo que
+quede, si queda algo... para comer.<a name="page_031" id="page_031"></a></p>
+
+<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV<br /><br />
+La ciudad del refugio</h3>
+
+<p>Bandas de cisnes, unos blancos, otros negros, cortan, con majestuosa
+natación, las atropelladas aguas de un río ancho y azul; casas enormes,
+de puntiagudos techos, asoman por encima de la arboleda de los muelles;
+más allá, las verdes colinas se abren, mostrando por el ancho desgarrón
+una superficie glauca y ligeramente ondulada, como un pedazo de mar; más
+allá aún, cierra el horizonte una muralla de montañas, esfumadas por la
+distancia, y entre dos de sus cumbres se ve algo así como un
+amontonamiento de nubes que á ciertas horas, bajo la luz anaranjada del
+sol, toma las formas de un bloque inmenso de cristal, con agudas
+aristas. El río en que nadan los cisnes es el Ródano, que acaba de
+nacer; la ciudad es Ginebra; el pedazo de mar, el azul lago de Leman, y
+el cristalino amontonamiento que parece flotar en el espacio, más allá
+de las montañas, el famoso Mont-Blanch.<a name="page_032" id="page_032"></a></p>
+
+<p>En Ginebra la realidad no responde á las ilusiones y simpatías que trae
+el viajero como producto de sus lecturas. ¿Quién no ha amado á la
+tranquila ciudad suiza, la <i>Roma protestante</i>, que durante dos siglos
+fué el refugio de todos los rebeldes de Europa, en guerra con los papas
+y los reyes? El respeto á la libertad humana fué y es aún un dogma
+religioso del pueblo ginebrino. Teniendo que luchar siglos y siglos
+contra los duques de Saboya y contra sus propios arzobispos soberanos
+para conseguir la independencia, los ginebrinos, conocedores de lo que
+cuesta la libertad, la respetaron siempre en la persona del extranjero.
+Aquí se refugiaron los réprobos perseguidos por la Inquisición española
+ó por los reyes de Francia; aquí encontraron un asilo, en la República
+cristiana, gobernada por el ascético Consistorio, todos los que por
+desear una conciencia libre no encontraban en Europa tierra donde
+colocar sus pies y una piedra en la que descansar la cabeza; todos menos
+nuestro compatriota Miguel Servet, víctima de los rencores de Calvino.
+Aquí vinieron los fugitivos de Francia luego de la revocación del edicto
+de Nantes, y en los modernos tiempos Ginebra dió asilo á los románticos
+defensores de la moribunda Polonia, á los revolucionarios italianos, á
+los revolucionarios españoles, á los apóstoles de <i>La Internacional</i> y á
+los nihilistas y anarquistas, acosados y arrojados de otras tierras como
+perros rabiosos.<a name="page_033" id="page_033"></a></p>
+
+<p>Esta ciudad liberal y clemente, que abre sus puertas en el centro de
+Europa, como los antiguos templos poseedores del derecho de asilo,
+ofrece el más rudo contraste entre sus habitantes y su historia. Parece
+que debiera ser una ciudad de pensadores y de artistas, una república de
+hombres de estudio, llegados á la suprema tolerancia por la elevación de
+su pensamiento, y es una población burguesa, llana y monótona, en la que
+no creo exista una mediana imaginación: un Estado de relojeros
+pacienzudos y vendedores de peletería, que come bien, fabrica excelentes
+cronómetros, despacha tabaco barato y da gracias á Dios, cantando lo más
+desafinadamente que puede, al son de un mal órgano, en el interior de
+los desnudos templos calvinistas ó en grandes mítines religiosos al aire
+libre.</p>
+
+<p>En varios siglos de libertad y horizontes sin límites para el
+pensamiento, Ginebra no ha producido un gran artista ni un escritor
+célebre. Toda su gloria intelectual se concentra en Rousseau, ginebrino
+de ocasión, bohemio inquieto, complicado y enfermizo, que se honró con
+el título de ciudadano de Ginebra, siendo lo más contrario del pacífico
+y tranquilo burgués de la ciudad del Leman.</p>
+
+<p>Ã Ginebra le basta para su esplendor intelectual con la gloria de las
+ilustres personalidades que se refugiaron en ella buscando reposo: desde
+el batallador español Servet que, huyendo del<a name="page_034" id="page_034"></a> brasero inquisitorial
+encendido en nombre de Cristo, cayó aquí en la hoguera, iluminada en
+honor de la Biblia, hasta Voltaire, Rousseau, madame Stael y los
+modernos revolucionarios, como Bakounine, Mazzini, etc.</p>
+
+<p>El recuerdo de Rousseau llena la ciudad de Ginebra, y el de Voltaire
+sale en los alrededores al encuentro del viajero.</p>
+
+<p>Los cisnes blancos, que mueven su cuello sobre las aguas como serpientes
+de marfil, y los cisnes negros de pico de escarlata, se refugian tras
+una isleta que marca el límite donde el lago Leman se convierte en el
+impetuoso Ródano. Es la isla de Rousseau. Hoy está convertida en pulcro
+paseo, con una estatua del pensador, y ocupa el verdadero corazón de la
+ciudad. Hace siglo y medio era un apacible retiro, algo agreste, donde
+el artista meditaba sentado en la hierba, bajo la sombra de los grandes
+álamos, con los ojos fijos en el azul horizonte del lago.</p>
+
+<p>En este paisaje sonriente y dulce, que parece exhalar un intenso amor á
+la Naturaleza, inspirando nuevos entusiasmos por la vida, se comprende
+la originalidad artística de Rousseau y su poderosa influencia
+literaria, que aun dura y durará por los siglos de los siglos. Rousseau
+introdujo la Naturaleza en la literatura; fué el padrino que tuvo en sus
+brazos al arte moderno en el instante de su nacimiento.</p>
+
+<p>Antes de él, sólo aparecía el hombre como<a name="page_035" id="page_035"></a> único protagonista en novelas
+y poemas. Rousseau infundió vida á cosas hasta entonces inanimadas, y
+gracias á su poder de evocación, los pájaros, las flores, las montañas,
+el cielo, entraron como nuevos personajes en el escenario de la
+literatura.</p>
+
+<p>Al relatar su infancia introdujo por primera vez como elemento artístico
+el revoloteo y el canto de una alondra, y «este canto&mdash;como dice
+Sainte-Beuve&mdash;saludó el nacimiento de la literatura moderna, con sus
+descripciones que hacen de la Naturaleza el primer protagonista». Sus
+hijos fueron primeramente Chateaubriand, y luego Víctor Hugo con toda la
+escuela romántica, que infundió el alma de los hombres á las cosas,
+haciendo hablar á las viejas catedrales. Sus nietos son los modernos
+naturalistas, y su posteridad acabará cuando perezcan la vida y el arte.</p>
+
+<p>Ginebra y su lago infundieron á Rousseau este amor á la Naturaleza. El
+gran artista sentimental soñaba rodeado de obesos comerciantes y
+tranquilos relojeros, incapaces de sentir otros anhelos que los de una
+buena mesa y una familia sana.</p>
+
+<p>Sus <i>Confesiones</i> hablan con ternura de la paz de Ginebra, de la belleza
+del lago, de su tranquilo refugio en Vevey, en la posada de «La Llave».
+Su <i>Nueva Eloísa</i> tiene á Clarens por escenario, con la superficie azul
+del lago, y enfrente las verdes y sombrías cumbres de los montes
+saboyanos.<a name="page_036" id="page_036"></a></p>
+
+<p>Cuando los azares de su existencia errante le arrancaron de Ginebra,
+otro huésped ilustre, pero más rico y ostentoso, vino á ocupar su sitio.
+Era un artista, un bohemio como él, pero en esferas más altas, con un
+egoísmo sonriente que le permitió extraer de la vida sus mejores
+dulzuras. Rodaba de palacio en palacio, así como el otro iba de hostería
+en hostería. Sus acreedores eran reyes y duques; sus amantes, damas de
+la corte, mientras las de Rousseau eran infelices criadas ó burguesas. Ã
+su puerta llegaban con exótica curiosidad lores y boyardos, deseando
+conocer al árbitro de los elegantes cinismos y de la gracia francesa.
+Era Voltaire.</p>
+
+<p>Su vejez quebrantada buscó refugio en los alrededores de Ginebra,
+estableciéndose en la pequeña aldea de Ferney, donde adquirió la
+majestad de un patriarca sonriente. El contacto con la Naturaleza hizo
+tierno, sentimental y bondadoso al terrible burlón de los salones de
+Versalles, é infundió una religiosidad deísta á su escepticismo.</p>
+
+<p>Los últimos años de su vida, en medio del campo, á la vista de las
+inmensas montañas, fueron de bondad y filantropía. Educó á los
+campesinos, pleiteó y escribió por librarles de las gabelas feudales,
+estableció riegos y escuelas y expuso su tranquilidad por defender á los
+Dreyfus de su tiempo. Vivía como un príncipe en Ferney. Habitaba un
+gracioso palacio en el fondo de un parque, y allí escribía á sus buenos
+amigos Federico de<a name="page_037" id="page_037"></a> Prusia y Catalina de Rusia, ó recibía las visitas de
+todos los grandes señores que pasaban por Suiza.</p>
+
+<p>El palacio de Ferney es hoy una de las peregrinaciones obligatorias de
+los viajeros que visitan Ginebra. Los salones se conservan como en
+tiempos de su ilustre dueño, con muebles de estilo rococo y cuadros que
+recuerdan á los soberanos y las beldades que distinguieron con su
+amistad al poeta.</p>
+
+<p>En un extremo del parque se eleva una pequeña iglesia de aldea,
+construída por el impío autor del <i>Diccionario filosófico</i> en sus
+últimos años.</p>
+
+<p>«<i>Dea erexit Voltaire</i>», dice una dedicatoria grabada en la fachada.
+Esto, que parece una blasfemia, fué una de tantas humoradas del anciano
+de Ferney.</p>
+
+<p>&mdash;Esta iglesia que he construído&mdash;decía Voltaire&mdash;es la única de todo el
+universo elevada en honor á Dios. Inglaterra tiene iglesias construídas
+para San Pablo; Roma, para San Pedro; Francia, para Santa Genoveva;
+España, para innumerables vírgenes; pero en todos esos países no hay un
+solo templo dedicado á Dios.</p>
+
+<p>En el salón principal del palacio, sobre una enorme chimenea, se ve un
+pequeño mausoleo que guardó el corazón del poeta poco después de su
+muerte.</p>
+
+<p>«Su corazón está aquí, pero su espíritu está en todas partes», dice una
+inscripción.<a name="page_038" id="page_038"></a></p>
+
+<p>Esto es verdad, pero no por completo. El espíritu que está en todas
+partes no es el de Voltaire, sino el de su siglo. Voltaire fué como esas
+estrellas solitarias que anuncian con su fría luz un amanecer ardoroso.</p>
+
+<p>Sus burlas destructoras no bastaban para preparar una revolución. El
+plebeyo y dolorido Rousseau, si resucitase, encontraría su espíritu
+difundido en la sociedad moderna, mucho más que el aristocrático
+patriarca de Ferney.<a name="page_039" id="page_039"></a></p>
+
+<h3><a name="V" id="V"></a>V<br /><br />
+El lago azul</h3>
+
+<p>Desciende el viento de las montañas sobre la inmensa copa del lago. Las
+aguas, de un azul celeste, se obscurecen al rizarse, con una opacidad
+semejante á la del mar, y blancos vellones ruedan sobre las ondas, como
+rebaños dispersos por el pánico trotando hacia las lejanas riberas. Las
+barcas destacan su doble vela latina sobre las colinas verdes, moteadas
+de rojo por las techumbres de los <i>chalets</i> y coronadas por la diadema
+negra de los bosques. Los grandes vapores de pasajeros ensucian por un
+instante el puro azul del cielo con su penacho de humo. La soberbia
+cadena del Jura alza en la orilla francesa sus colosales moles, y en la
+ribera de enfrente, las montañas suizas alinean sus declives cubiertos
+de viñedos, de bosquecillos y de casitas que parecen extraídas de una
+caja de juguetes, lo mismo que las vacas que pastan en sus prados y los
+aldeanos vestidos como los coros de una ópera cómica. En el último
+término de la<a name="page_040" id="page_040"></a> azul extensión, las montañas se aproximan, las riberas se
+estrechan hasta desaparecer, las cumbres descienden casi verticalmente
+sobre las aguas, entenebreciéndolas con su densa sombra, y todo adquiere
+un carácter áspero y bravío.</p>
+
+<p>Es el Leman, el lago azul, el más famoso de los pequeños mares
+interiores de Europa, el amado de los poetas é idealizado mil veces por
+el pincel de los artistas. En sus riberas puso Rousseau las aventuras
+sentimentales de sus mejores novelas: aquí imaginó madama Stael las
+desventuras amorosas de su «Corina», que fué una <i>superhembra</i> de su
+época; por estas aguas vagó la barca de lord Byron, y en nuestros
+tiempos han visto pasar sus orillas las merovingias melenas y la fina
+sonrisa de Alfonso Daudet, preocupado en el arreglo de las aventuras
+alpinas de su Tartarín, ó han presenciado la lenta agonía de un anciano
+de áspera barba, robusto y rudo, que llevaba en su entrecejo la
+desesperada obstinación de todo un pueblo moribundo, y se llamaba Pablo
+Krüger.</p>
+
+<p>Las aguas azules, rizadas y espumeantes, parecen las de una inmensa
+bahía. La imaginación, olvidando las alturas del macizo país suizo,
+forja, al través de las montañas, invisibles y lejanos estrechos que
+ponen al Leman en comunicación con el Mediterráneo, del cual tiene el
+color de las aguas. Pequeños puertos frente á cada población del lago
+revelan en sus escolleras de peñascos la irritación de que es
+susceptible este poético lago cuando llega<a name="page_041" id="page_041"></a> el invierno y las ráfagas
+que descienden de los montes mueven en espumoso revoltijo este mar
+encajonado, batiendo las riberas con el martilleo de su ola corta é
+incesante. En estos puertos, el cisne majestuoso que parece haber
+presenciado las más remotas leyendas, y la barca de dobles velas igual á
+la de los tiempos de la independencia helvética, se rozan y mezclan con
+el yate de vapor de los millonarios y las canoas automóviles que
+revuelven las aguas con un hervor de tempestad.</p>
+
+<p>La orilla francesa y la suiza, Thonon y Evian á un lado, y enfrente
+Lausana, Vevey y Montreux, son iguales en su aspecto exterior: risueños
+bosques, hoteles enormes como ciudades, todas las alturas coronadas por
+palacios destinados al hospedaje y orquestas malas á las puertas de los
+cafés, bajo las arboledas de los muelles y sobre las cubiertas de los
+buques.</p>
+
+<p>Las diferencias entre ambos países, con ser de poca monta, resultan de
+gran interés.</p>
+
+<p>En la orilla francesa se ven mujeres hermosas y elegantes, rodeadas de
+hombres que las siguen y las envuelven en las más respetuosas
+atenciones, como sagradas vestales. Son <i>cocottes</i> que poseen el chic,
+ese espíritu indefinible y misterioso que nadie sabe en qué consiste,
+santo <i>tabou</i> que hace caer de rodillas á los salvajes de la imbecilidad
+elegante.</p>
+
+<p>En la orilla suiza se ven mujeres solas, de ademanes sueltos y aire
+decidido, que van de un lado á otro con la más tranquila audacia. Son
+señoras<a name="page_042" id="page_042"></a> decentes, que pueden moverse con entera libertad, sin miedo á
+verse confundidas con una clase que no existe, ó caso de existir,
+excepcionalmente, se ve repelida por la hostilidad del ambiente
+protestante.</p>
+
+<p>à un lado del lago campea el anuncio francés, gracioso y ligero; damas
+escotadas, con grandes sombreros y las piernas al aire, que pregonan las
+excelencias de un chocolate ó unos baños. En la ribera suiza, el cartel
+de macizos colores representa siempre una niña ordeñando una vaca, una
+osa dando el biberón á un osezno, ó un <i>chalet</i> á cuya puerta bebe
+glotonamente la tranquila familia el licor de sus rebaños. La leche y el
+oso (animal amado de los suizos y símbolo de su país) son los dos
+principales elementos artísticos de este pueblo, que es siempre pesado y
+sólido cuando se propone <i>hacer</i> imaginación.</p>
+
+<p>El lago Leman tiene en un extremo más cerrado y abrupto una joya
+histórica, un lugar de peregrinación, al que acuden todos los
+extranjeros.</p>
+
+<p>El castillo de Chillón vale tanto para los suizos como el recuerdo de
+Guillermo Tell. Hasta tiene sobre éste la ventaja de que, siendo muchos
+los que dudan de la existencia del héroe suizo, nadie puede dudar de la
+del castillo, pues ahí está, cuidadosamente conservado y restaurado,
+hundiendo sus cimientos en las aguas profundísimas del Leman y
+destacando sobre el verde de las montañas las caperuzas rojas de sus
+torres.<a name="page_043" id="page_043"></a></p>
+
+<p>Cada país ama lo que no tiene y se lo apropia inventándolo. El plácido
+montañés suizo, que vive en plena libertad, en el tranquilo equilibrio
+de una buena digestión, sin conocer brujas ni temer ánimas en pena, en
+medio de un paisaje sonriente y gracioso, necesita salpimentar su
+existencia con algo terrorífico y espeluznante.</p>
+
+<p>Así como España se esfuerza en demostrar que la Inquisición y las
+expulsiones de judíos y moriscos no fueron tan terribles como se ha
+dicho, y Francia arregla á su modo lo de San Bartolomé y las Dragonadas,
+y todos los países se sacuden como pueden las ferocidades del pasado, el
+buen suizo amontona horrores sobre horrores en el castillo de Chillón,
+especie de Bastilla helvética, con vistas al lago y las montañas, lo
+mismo que cualquier hotel de los alrededores, en los que se paga con
+generosidad principesca el honor de vivir alojado. La prisión de
+Bonivard, un patriota ginebrino, mártir igual ó inferior á los miles de
+miles de mártires que suman todas las patrias de este planeta, ha
+servido de punto de partida á los suizos para cargar al pobre y
+sonriente Chillón con toda clase de crímenes.</p>
+
+<p>Entráis en el castillo, confundidos en un rebaño de viajeros ingleses, y
+la guardiana, una suiza peliblanca, seca y de ojos claros, que da
+vueltas á una enorme llave introducida en uno de sus índices, os señala
+un hecho espeluznante á cada paso, con una voz monjil, como si estuviera
+cantando el<a name="page_044" id="page_044"></a> domingo en la capilla de lo que llaman «religión nacional».</p>
+
+<p>Ve una viga y os dice al momento: «De aquí colgaban los duques de Saboya
+á sus enemigos.» Ante un montón de piedras: «Aquí dormían los condenados
+á muerte su último sueño.» En un cuartucho, sin otros muebles que unos
+cofres viejos: «Esta era la cámara de tormento donde despedazaban á los
+hombres.» Frente á una poterna que se abre sobre el lago: «Por aquí
+arrojaban los cadáveres de los condenados. Cien metros de fondo, señores
+míos.» En la cocina del castillo, su indignación patriótica, no sabiendo
+qué inventar, señala la chimenea, afirmando que en ella se asaban bueyes
+enteros, para que el buen auditorio se diga escandalizado: «¡Pero qué
+tíos tan brutos eran los duques de Saboya!...»</p>
+
+<p>Y mientras se suceden las horripilantes explicaciones, en los llamados
+subterráneos, que tienen grandes ventanas por las que penetra á raudales
+la luz, ó en las altas cámaras, con miradores por los que se ve el
+mágico espectáculo del lago, el castillo sonríe, hundidos sus pies en el
+azul y su cabeza rodeada de un nimbo. Y la hiedra que escala los góticos
+ventanales, moviéndose al soplo de la brisa, como con un ademán
+negativo, las ondas que susurran al morir dulcemente contra los fuertes
+bastiones, el sol que colora con un tono naranja las vetustas piedras,
+dándolas palpitaciones de vida, todo parece decir á gritos: «No la
+creáis;<a name="page_045" id="page_045"></a> ¡mentira! ¡todo es mentira! Su oficio es dar una sensación
+emocionante á los viajeros, para que á la salida le suelten medio
+franco.»</p>
+
+<p>Lord Byron fué quien inmortalizó este castillo con sus versos «El
+prisionero de Chillón». El pobre Bonivard le debe la inmortalidad.</p>
+
+<p>Pero ¡ay! el ridículo mata las mayores sublimidades, y después que el
+poeta inglés grabó su nombre en una columna del <i>subterráneo</i> de
+Chillón, otro artista ha pasado por él, «mezcla de bayadera y de
+pilluelo parisién», como dijo Zola, y poseedor de esa gracia grotesca
+que los hijos del Mediodía franceses comunican á cuanto tocan.</p>
+
+<p>Desde que á Alfonso Daudet se le ocurrió encerrar al desventurado y
+heroico Tartarín en el castillo de Chillón, se acabó su romántico
+encantamiento. ¡Adiós, pobre Bonivard! Es inútil que la guardiana
+salmodie con su voz de beata calvinista:</p>
+
+<p>&mdash;En esta columna estuvo atado seis años Bonivard, héroe de la libertad
+de Ginebra.</p>
+
+<p>Por encima del organismo escuálido y haraposo, y de la cabeza de Cristo
+del patriota cantado por Byron, aparece el cuerpo rechoncho y la fiera
+cabezota morena y barbuda del intrépido hijo de Tarascón, nieto
+ilegítimo de Don Quijote é incansable cazador de leones... y de gorras.<a name="page_046" id="page_046"></a></p>
+
+<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI<br /><br />
+Los osos de Berna</h3>
+
+<p>Cuando llegan los extranjeros á la capital de la Confederación
+Helvética, su primer deseo es siempre el mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Lléveme usted á ver los osos&mdash;dicen al cochero ó al guía del hotel.</p>
+
+<p>Y al extremo de un puente, en el fondo de un foso circular, semejante á
+una pequeña plaza de toros cuidadosamente enlosada, encuentran á los
+hijos favoritos de Berna, á los famosos osos, que figuran en el escudo
+nacional, sirven de adorno á los monumentos y se exhiben como motivo
+decorativo en las fachadas y salones de los edificios públicos.</p>
+
+<p>Numeroso gentío ocupa siempre la balaustrada del gran redondel, hablando
+de lejos á los pesados animales, excitándolos con gritos cariñosos,
+enviándoles una nube de mendrugos y frescas zanahorias. En torno del
+foso hay una pequeña feria, con puestos en los que se venden vituallas
+para la<a name="page_047" id="page_047"></a> bestia amada y tarjetas con los retratos de estos personajes
+populares. De vez en cuando uno de ellos se encarama por las ramas
+transversales de un viejo tronco plantado en el centro del redondel, y
+el gentío se entusiasma ante la gracia y la agilidad del pesado animal.</p>
+
+<p>Los osos de Berna son ricos. Han heredado un sinnúmero de veces, pues
+ciertas solteronas patrióticas les legan al morir una parte de su
+fortuna. Viven en opulenta abundancia, soberbiamente alimentados, como
+el pueblo suizo, del cual son á modo de un símbolo; y como si no les
+bastase la manutención que les da el municipio bernés, administrador de
+sus bienes, la admiración popular los acosa y abruma bajo un espeso
+aguacero de regalos.</p>
+
+<p>Ahora son seis nada más. Sentados sobre las patas traseras, ventrudos,
+enormes, con lanas cuidadosamente lavadas, miran á lo alto, contestando
+con sonrientes colmillos al griterío de la fila circular de admiradores.
+Ahítos hasta la inmóvil pesadez, cogen al vuelo la zanahoria ó el pan
+untado con miel, que les viene directamente á la boca; pero si el
+donativo resbala ante sus colmillos y cae á sus pies, no hacen el menor
+esfuerzo por recogerlo. Nuevos regalos llueven en torno de ellos, y
+dejan lo que cae para sus compañeros de foso, para los parásitos que les
+acompañan en su agradable cautiverio, centenares y tal vez miles de
+pájaros del inmediato parque, que saltan sobre<a name="page_048" id="page_048"></a> las losas buscando
+migajas en los intersticios, ó picotean en el vientre y las patas de los
+enormes camaradas, animando su lanudo volumen con inquietos aleteos.</p>
+
+<p>Cada pueblo, en los albores de su vida, cuando aun balbucea el infantil
+lenguaje de la tradición, simboliza su carácter y su existencia en un
+animal. La Roma antigua, ávida y feroz, escogió á la loba; Francia tiene
+al gallo fanfarrón, arrogante y belicoso; los Estados del Norte ostentan
+águilas de pico rapaz y estómago insaciable; España es el león solemne
+hasta en su decadencia, cuando los piojos invaden sus flácidas melenas y
+la consunción de la vejez amenaza romper el pellejo con las aristas del
+esqueleto; Suiza es el oso.</p>
+
+<p>El fundador de Berna, que según la tradición se dejó guiar por uno de
+estos animales, escogió, tal vez sin saberlo, la más exacta
+representación del carácter de sus conciudadanos.</p>
+
+<p>Es inútil repetir una vez más las glorias pacíficas de la República
+Helvética. Todo el mundo las conoce. En cada ciudad, y hasta en la más
+pequeña aldea, los dos mejores edificios son siempre la escuela y la
+casa de correos. La gente come bien y tiene un aspecto saludable; sólo
+se ven soldados en tiempo de grandes maniobras, cuando el gobierno
+federal convoca á las reservas; en campos y caminos apenas se encuentran
+gendarmes; la policía es escasa en las calles; la suprema graduación en
+el ejército es la de coronel, y el que más<a name="page_049" id="page_049"></a> sabe entre todos ellos toma
+el mando supremo; la gran mayoría de los suizos no conoce el nombre del
+presidente de la República, que sólo ejerce el cargo un año, y este
+presidente, que cobra poco más que uno de nuestros subsecretarios, sale
+en las mañanas de verano del magnífico palacio del Gobierno en Berna y
+va á tomar un vaso de cerveza en el café Federal, alegre tabernilla que
+está enfrente. En los <i>cabarets</i> berneses se sienta uno al lado de un
+señor vestido descuidadamente, con sombrero de paja viejo, el chaleco
+abierto, la panza en libertad, mientras lee un periódico de apretados
+caracteres alemanes, y resulta luego que es un ministro federal ó un
+presidente de cantón venido á Berna para hablar mano á mano con los
+gobernantes centrales. Cada uno hace lo que quiere y vive como quiere,
+con la tranquilidad de que le avisarán apenas estorbe ó perjudique á los
+otros, y de que su carácter pacífico, simple y disciplinado, le
+aconsejará obedecer, sin el más leve intento de protesta.</p>
+
+<p>¡Un país dichoso la Confederación Helvética! ¡La mejor de las
+repúblicas!... Realmente, la nacionalidad más apetecible del mundo es
+ser ciudadano de Suiza... pero habiendo nacido suizo.</p>
+
+<p>Yo creo firmemente que esta paz del país helvético, esta tranquilidad,
+este orden, es una condición de raza. Así como en la vida individual los
+seres más felices y satisfechos son los que piensan menos y sólo se
+inquietan de lo que toca directa<a name="page_050" id="page_050"></a> é inmediatamente á sus apetitos y
+necesidades, en la vida de los pueblos los que alcanzan existencia más
+tranquila y ordenada son los que carecen de imaginación.</p>
+
+<p>El suizo sólo contempla lo presente. Su pensamiento, tardo, pesado y un
+tanto espeso, pero de paso seguro (las mismas condiciones del animal
+favorito), no va más allá de lo que le rodea. La vida pública se
+concentra para él en el municipio, ó cuando más en el cantón. Ni
+siquiera llega á preocuparse de lo que ocurre en Berna. Encuentra
+aceptable lo que le rodea, y esto basta para que no sienta deseos de
+novedad.</p>
+
+<p>Si de la noche á la mañana los suizos se convirtiesen en franceses, una
+parte de la población fijaría su entusiasmo en el coronel Tal ó Cual,
+viendo en su rostro los rasgos de un Bonaparte; se enardecería con el
+redoble de los tambores, creyendo que el ejército helvético estaba
+llamado á grandes glorias, y en odio á la variedad y el fraccionamiento,
+borraría cantones, unificando la nación como bajo un rasero, y
+convirtiendo á Berna en un París, depositario de toda la vida suiza.</p>
+
+<p>Que los suizos se convirtiesen en españoles, y antes de un mes los
+católicos de Friburgo, cantón que tiene más conventos y más frailes de
+todos colores que cualquiera ciudad nuestra, declararían deshonroso para
+su cuerpo y peligroso para su alma el hacer vida común con los cantones
+que<a name="page_051" id="page_051"></a> son protestantes, y las plácidas montañas verdes se llenarían de
+partidas capitaneadas por curas, y la causa del Dios verdadero
+intentaría convencer á tiros á los herejes para que no persistiesen en
+el error.</p>
+
+<p>Que fuesen italianos todos los habitantes de la libre Helvecia, y sin
+perjuicio de atraer y desvalijar en sus hoteles á los extranjeros, los
+insultarían con su desprecio de pueblo escogido, llamándolos <i>barbari</i>.</p>
+
+<p>Pero los habitantes de Suiza son suizos, «están bien donde se
+encuentran», reconocen como muy aceptable su vida presente, y no piensan
+nada nuevo ni se sienten agitados por originales aspiraciones.</p>
+
+<p>Viendo de cerca á Suiza, hay que decir: «¡Benditos los pueblos que
+carecen de imaginación! ¡De ellos serán la tranquilidad y las virtudes
+vulgares!» La falta de individualidad permite mantener á los hombres en
+el goce de sus completas libertades, sin miedo á que abusen de ellas
+saliéndose del nivel común. La carencia de imaginación evita el peligro
+de que los más inquietos y audaces tiren impacientes de las riendas de
+la ley, turbando la marcha lenta, ordenada y mecánica de este pueblo,
+que por su carácter monótono ha hecho de la relojería un arte nacional.</p>
+
+<p>Todas sus aspiraciones hacia lo desconocido, lo inesperado y novelesco,
+se cifran en la servidumbre. En otro tiempo se vendían como soldados<a name="page_052" id="page_052"></a> á
+los reyes de Europa, y los hijos de la libre Helvecia formaban los
+regimientos suizos, favoritos de las cortes, que se encargaban de
+acuchillar á los pueblos para que se mantuviesen por el miedo sometidos
+á los déspotas. Verdaderos mercenarios, pasaban del servicio de unos
+Estados á otros, y esto hacía que en los combates se batiesen sin
+entusiasmo, con ciertos miramientos, convencidos de que en las filas
+enemigas figuraban hermanos suyos igualmente á sueldo.</p>
+
+<p>Ahora se dedican á fondistas y cafeteros, y corren el mundo para servir
+platos ó bocks, lo mismo en California que en Australia ó el Cabo, pero
+siempre con el pensamiento fijo en las verdes montañas y los azules
+lagos, imágenes que les siguen en su peregrinación, sin que logren
+borrarlas nuevos espectáculos.</p>
+
+<p>Yo creo que ningún suizo sueña cuando duerme. Su obligación al cerrar
+los ojos es dormir: un ensueño sería un desorden inútil de la «loca de
+la casa», que no tiene aquí amigos ni adeptos.</p>
+
+<p>En Ginebra he comido todos los días en un modesto restaurant, donde
+entré casualmente al llegar á la ciudad. Una irresistible simpatía me
+atrajo á este establecimiento.</p>
+
+<p>El reloj, una soberbia pieza con la hora de París, la hora de la Europa
+Central y todas las horas del mundo, estaba siempre parado.</p>
+
+<p>¡Un reloj parado en Ginebra, la Salamanca del muelle real, la Sorbona de
+la rueda catalina!...<a name="page_053" id="page_053"></a> ¡Un suizo á quien no importa saber qué hora es,
+ni se preocupa del buen orden de su vida!</p>
+
+<p>Me he ido de Ginebra sin conocer al dueño del restaurant, pero estoy
+convencido de que es un poeta que se pierde Suiza.<a name="page_054" id="page_054"></a></p>
+
+<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII<br /><br />
+El lago y el Concilio</h3>
+
+<p>Escribo junto á una ventana, por cuyo amplio rectángulo se ve, en primer
+término, el follaje de los árboles y la saliente redondez de un pequeño
+torreón; más allá una superficie azul, tranquila y tersa, que se pierde
+hasta juntarse con el cielo, y en esta línea indecisa del horizonte, una
+bruma que no consiguen disipar los rayos del sol de la mañana, y en la
+que se dibujan vagamente obscuras siluetas, que tan pronto parecen nubes
+rastreras como altivos montes.</p>
+
+<p>La ventana es del <i>Insel Hôtel</i>, antiguo y famoso convento de dominicos,
+situado en una isla, entre soberbios jardines, y convertido por los
+artistas alemanes en uno de los más hermosos hoteles del mundo; la
+torrecilla es la prisión en la que vivió Juan Huss antes de ser
+conducido á la hoguera; la inmensa extensión azul, el tranquilo lago de
+Constanza, límite entre Suiza y Alemania,<a name="page_055" id="page_055"></a> y los obscuros perfiles
+esfumados por la niebla, los lejanos Alpes del Tirol.</p>
+
+<p>Hace unas horas he abandonado la tranquila, burguesa y antipática
+Zurich, convertida, por las maniobras militares de verano, en una ciudad
+belicosa, con las calles llenas de suizos uniformados, arrastrando el
+sable; me he detenido en Schaffhouse para ver el <i>Rheinfall</i>, la
+prodigiosa caída del Rhin, dividiéndose en dos soberbias cascadas al
+chocar con una isleta saliente, que parece imposible pueda resistir el
+ímpetu de las espumas hirvientes y ruidosas, y después, saliéndome del
+camino que habitualmente siguen los viajeros, he venido á la tranquila
+ciudad de Constanza, penetrando en los dominios del gran duque de Baden.</p>
+
+<p>Suiza acaba en la misma estación de Constanza. Para seguir el viaje á
+Munich hay que volver al territorio helvético, embarcarse en Romanzhon y
+atravesar el lago hasta Lindan, entrando de nuevo en Alemania. Cuatro
+aduanas, con otros tantos registros de equipaje en el transcurso de unas
+cuantas horas.</p>
+
+<p>Constanza, antigua ciudad episcopal, venerable y plácida, fué libre
+durante muchos siglos. Los españoles la atacaron en el siglo XVI. Los
+austriacos la hicieron suya, matando la república protestante que se
+había organizado dentro de sus muros, y perteneció á los emperadores de
+Viena hasta 1806, en que entró á formar parte del gran<a name="page_056" id="page_056"></a> ducado de Baden.
+Hoy es un resto de aquella Alemania anterior á los triunfos militares,
+pacífica, alegre y poética, con sus costumbres patriarcales y su
+tranquila libertad. Se ven pocos soldados en su recinto. Las calles
+venerables, con edificios de puntiagudos techos y puertas blasonadas,
+resuenan de tarde en tarde bajo los pasos de los transeuntes. En los
+muelles, limpios y sombreados por los tilos, pasean las muchachas de
+trenzas rubias, brazos sonrosados y ojos de un azul clarísimo. à las
+puertas de las cervecerías, bajo la frondosa parra, apuran lentamente
+los ciudadanos el jarro de barro blanco chorreante de espuma.</p>
+
+<p>Es una ciudad vieja, en la que la vida se desliza sin sentir, falta de
+intensas alegrías, pero limpia de grandes dolores. Los ciudadanos de
+Constanza hacen recordar la plácida existencia de <i>El amigo Fritz</i>, y es
+indudable que cuando sueñan bajo la parra, con el estómago lleno de
+cerveza, canta en sus cerebros la satisfacción de vivir, con una
+lentitud majestuosa, semejante á la del <i>Himno á la alegría</i>, de
+Beethoven. Es una de esas ciudades en las que se entra como en un lugar
+amigo que no se ha visto nunca, pero que evoca confusamente simpatías y
+familiaridades de una misteriosa existencia anterior. El viajero parte
+con pena, prometiéndose volver, y piensa en la felicidad de pasar en
+ella el resto de sus días, apartado del mundo, si las exigencias de la
+vida<a name="page_057" id="page_057"></a> no le obligasen al movimiento, tirando de él hacia otro país.</p>
+
+<p>Sin embargo, esta ciudad de vida placentera debe su celebridad á un gran
+crimen. Este paisaje sonriente, este lago tranquilo y casi desierto, con
+gaviotas que rizan bajo el contacto de sus plumas las tranquilas aguas,
+y bandas de gorriones que caen sobre las barcas solitarias, han
+presenciado uno de los conflictos que trajo más revuelta á la humanidad
+y fué motivo de guerra y otros males.</p>
+
+<p>El <i>Múnster</i>, la gran Catedral gótica de Constanza, el <i>Kaufhaus</i>,
+caserón de los Museos históricos de la ciudad, las casas venerables de
+sus calles, y hasta el antiguo convento de dominicos, cuyas ruinas se
+han utilizado para el hotel en que vivo, todo recuerda la gran gloria y
+la gran vergüenza de la tranquila ciudad: el famoso Concilio que lleva
+su nombre y el suplicio de Juan Huss con su compañero Jerónimo de Praga.</p>
+
+<p>Cuatro años duró el tal Concilio. Nunca atravesó el cristianismo una
+crisis tan ruidosa y aguda. Tres papas tenía á un tiempo la Iglesia:
+uno, vagabundo por Cataluña, Aragón y Valencia, el testarudo español
+Luna; otro, en Italia; otro, en Alemania, y de continuar la anómala
+situación, los sumos pontífices iban á multiplicarse hasta el punto de
+que el Espíritu Santo, con toda su divina sapiencia, no podría bastarse
+para atender á la tarea de tan numerosas inspiraciones.</p>
+
+<p>De 1414 á 1418 duró la gran reunión de autoridades<a name="page_058" id="page_058"></a> eclesiásticas y
+laicas, convocada en Constanza para poner remedio á tales males. El
+emperador Segismundo, primer soberano de la tierra en aquellos tiempos,
+y gran <i>métomentodo</i> de la época (algo semejante al kaiser actual),
+presidía el Concilio, rodeado de toda la pompa de su majestad: guerreros
+bigotudos de Bohemia, rubios barones alemanes, feudatarios cubiertos de
+hierro, de la Europa Central. Frente á su trono, guardado por los cuatro
+grandes dignatarios, uno con la corona en un almohadón, otro con el
+cetro, el de más allá con la espada y el último con el globo de oro,
+símbolo de universal grandeza, alineábanse los cardenales, vestidos de
+rojo, con su perfil de pájaro sombreado por el ancho sombrero escarlata
+de pendiente borlaje; los prelados venidos de todas las naciones
+cristianas y los frailes multicolores, que leían horas y horas
+interminables rollos de pergamino ó peroraban en latín, con una facundia
+pesada, para sostener las pretensiones de sus respectivos partidos. Cada
+personaje llevaba detrás un séquito interminable. El emperador traía con
+él un verdadero ejército y todo cardenal arrastraba tras su cola roja un
+pequeño pueblo de familiares, pajes, cocineros y reposteros, caballos y
+acémilas. Los príncipes de la Iglesia, rivalizando en lujo, habían
+acudido á la cita seguidos de interminable mesnada, y la pequeña
+Constanza no sabía cómo contener y guardar todas las grandezas
+terrenales, llegadas á su seno para examinar<a name="page_059" id="page_059"></a> y fallar el gran pleito
+surgido en el arreglo de la herencia de Cristo.</p>
+
+<p>Un vasto campamento rodeaba la ciudad. Miles de caballos agitaban por
+las mañanas las riberas del lago al bañarse en sus aguas; las barcas,
+cargadas de víveres y forraje, iban en interminable rosario de una
+orilla á otra; en las calles, repletas de gentío, sonaban todos los
+idiomas de Europa, y cada semana se veían llegar nuevas gentes de países
+lejanos: frailes de España, venidos á pie de convento en convento, para
+sostener las pretensiones de su pontífice; sacerdotes procedentes del
+fondo de la Bohemia ó de las lejanas riberas del Báltico, que parecían
+traer con ellos un olor de herejía y eran los precursores de la Reforma,
+á la que sólo le faltaba un siglo para nacer.</p>
+
+<p>Transcurría el tiempo, y el concilio no adelantaba en sus decisiones.
+Todo acuerdo exigía una información en lejanos países ó provocaba
+protestas, y mientras tanto, el pequeño mundo aglomerado en Constanza se
+aburría, sumiéndose en los mayores pecados por culpa del tedio. Los
+mercenarios del emperador correteaban á las muchachas en los
+bosquecillos inmediatos al lago; la cerveza y el vino del Rhin rodaban á
+torrentes; los santos cardenales cerraban bajo llave á los pajecillos
+italianos, para librarles de incurrir en pecado con gentes que no fuesen
+eclesiásticas, y para general distracción y derrota del diablo tentador,
+se organizaban procesiones ostentosas,<a name="page_060" id="page_060"></a> amenizadas con la quema de algún
+que otro miserable judío.</p>
+
+<p>He visitado el <i>Kaufhaus</i>, enorme edificio, vecino al puertecillo
+actual, en el que se celebraron las sesiones del Concilio. Es un caserón
+de piedra, con las puertas negruzcas, de ojiva chata, rematadas por
+groseros relieves góticos. El último piso, de madera carcomida, está
+rematado por un techo de barraca, de ruda pendiente, igual al usado en
+todos los países donde abunda la nieve.</p>
+
+<p>Un día, el Concilio, reunido en el salón que ocupa todo el piso
+superior, vió comparecer á un sacerdote de gran barba rubia y ojos
+azules, vestido de raída sotana y cubriendo con un cuadrado bonete sus
+cabellos ensortijados. Era Juan Huss.</p>
+
+<p>Traía revuelta á Hungría con sus predicaciones. La muchedumbre marchaba
+tras sus pasos, y el sacerdote deteníase en los caminos, predicando al
+pie de los árboles sus nuevas doctrinas. La gran masa, ansiosa de
+rebelión, adoraba al profeta. El emperador Segismundo le había invitado
+á venir al Concilio, para explicar sus creencias, dándole un
+salvoconducto y empeñando su palabra imperial para convencerle de que su
+vida no corría peligro. La espada del Imperio velaba sobre él. Su
+existencia era sagrada.</p>
+
+<p>Al verle aparecer y escuchar su voz, corrió un estremecimiento por la
+santa asamblea, semejante al que agita á la jauría cuando huele la caza.</p>
+
+<p>Los hábitos negros y blancos de los dominicos<a name="page_061" id="page_061"></a> palpitaron de emoción;
+las cabezas severas y duras de los frailes alemanes, intolerantes y
+rudos, y de los frailes españoles, sus discípulos y herederos,
+agitáronse con aullidos de muerte.</p>
+
+<p>El sacerdote bohemio se explicó tan claramente, que, á los pocos días,
+estaba preso, y para mayor seguridad, en el convento de los dominicos,
+en este torreón que puedo tocar con sólo extender el brazo fuera de mi
+ventana. El emperador se olvidó de él y de la palabra dada, ejemplo de
+villanía repugnante que no siguió Carlos V cuando un siglo después
+compareció Lutero ante la Dieta de Worms.</p>
+
+<p>La muchedumbre reunida en Constanza gozó al fin de una gran fiesta. Los
+padres del Concilio, que llevaban tanto tiempo sin hacer nada y se veían
+desobedecidos en sus acuerdos, pensaron satisfechos en que iban á hacer
+algo sonado.</p>
+
+<p>Una mañana, el prisionero del convento de la Isla fué sacado del
+torreoncillo, por cuyas estrechas ventanas contemplaba la extensión azul
+del lago buscando las montañas de su lejano país. Cruces en alto;
+blandones encendidos; largas filas de monjes encapuchados; un canto
+lúgubre, que contrasta con el piído de los pájaros y el susurro del lago
+al morir en la orilla. Como representantes del brazo secular, los
+barbudos <i>lansquenetes</i>, oliendo á cerveza, empujan al sacerdote, lo
+amarran, lo visten con una mitra y una túnica pintadas de diablos y
+serpientes y la procesión de muerte emprende<a name="page_062" id="page_062"></a> el camino hacia el arrabal
+de Brülh, donde hoy se alza una roca cubierta de inscripciones en honor
+del mártir. Otra procesión igual surge en el camino conduciendo á
+Jerónimo de Praga, el fiel compañero y discípulo.</p>
+
+<p>La gloria de la cristiandad, lo más selecto é ilustre de la época, ocupa
+la llanura de Brülh. El emperador no ha osado contemplar su obra, pero
+allí están, junto al montón de leña seca, rematada por dos postes, los
+cardenales á caballo, con sus séquitos de príncipes; los nobles
+guerreros y las hermosas damas alemanas, rubias, blancas y pechonas,
+montadas en vistosas hacaneas y avanzando todo cuanto pueden para no
+perder nada del interesante espectáculo.</p>
+
+<p>¡Prodigios de la fe! El inmenso montón de leña ha sido traído
+voluntariamente pieza á pieza, por la piedad de los fieles, por el buen
+populacho, que desea la quema de estos dos hombres, á los que no conoce,
+pero cuya maldad le parece indudable.</p>
+
+<p>Empiezan á crepitar las llamas, asomando sus lenguas rojas entre los
+leños. Surge el humo de las ropas carnavalescas que cubren á los
+condenados como un último insulto.</p>
+
+<p>De pronto se abren las filas de soldados sonrientes, y sonríen también
+las hermosas damas, los príncipes eclesiásticos y los jinetes de
+luciente coraza.</p>
+
+<p>Una vieja, arrugada y casi ciega, miserable<a name="page_063" id="page_063"></a> andrajo humano, avanza,
+encorvada bajo un pequeño haz de sarmientos. Viene de muy lejos, y teme
+haber llegado tarde para depositar su ofrenda, perdiendo la ocasión de
+hacerse grata á Dios. Al arrojar su haz en la hoguera, suspira
+satisfecha, como si librase su alma de un gran peso.</p>
+
+<p>Juan Huss también sonríe. Sus ojos azules, de dulce profeta,
+lagrimeantes por el humo, miran al cielo. Su barba rubia, que empieza á
+chamuscarse, muévese á impulsos de una admiración lastimera.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Oh sancta simplicitas!</i>&mdash;gime.</p>
+
+<p>Las últimas palabras del mártir fueron para la santa y eterna
+imbecilidad de los simples, que creen lo que les enseñan, odian lo que
+les señalan, y con la sencillez de la inconsciencia, matan ó persiguen,
+creyendo realizar una gran hazaña, á los que se preocuparon de su
+suerte, trabajando y sufriendo por ellos.<a name="page_064" id="page_064"></a></p>
+
+<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII<br /><br />
+La Atenas germánica</h3>
+
+<p>Munich es una de las capitales de Europa de fundación más moderna, y sin
+embargo, muy pocas le igualan en el aspecto, majestuosamente venerable.</p>
+
+<p>En el siglo XII, cuando eran viejas ya las grandes ciudades europeas,
+Munich se componía de un puente sobre el Isar, con algún caserío y un
+fuerte convento. <i>Forum ad Monachos</i> la llamaban entonces, y de aquí su
+nombre actual, München (Monje), y el fraile que figura en su escudo de
+armas, y los pequeños y graciosos encapuchados que se ven en todas
+partes como símbolos de la ciudad, en los escaparates de juguetes, en
+los adornos de las esquinas, en los toneles de cerveza y en las jarras
+de las <i>braserías</i>.</p>
+
+<p>Munich, por sus edificios, por sus escuelas, por el respeto oficial de
+que rodea á las artes, es la Atenas germánica. No significa esto que sus
+habitantes,<a name="page_065" id="page_065"></a> morenos, católicos, habladores y ruidosos, que hacen de la
+Baviera una especie de Andalucía alemana, formen una democracia
+intelectual y refinada como la ateniense. Aquí los verdaderos artistas
+han sido los príncipes&mdash;simpáticos desequilibrados que se entregaron al
+culto de la Belleza con un fervor rayano en la manía&mdash;, y el buen
+pueblo, obedeciéndoles con ciega disciplina germánica, les siguió en sus
+deseos.</p>
+
+<p>La pintura, la poesía y la música han sido las grandes manifestaciones
+de la vida de Munich, y sus habitantes admiran, como dioses tutelares, á
+los célebres artistas protegidos por los reyes. Wágner figura en todos
+los escaparates: su perfil de bruja pensativa adorna hasta las muestras
+de las tiendas. Goethe y Schiller, coronados de laurel y semidesnudos
+como griegos, yerguen sus cuerpos de bronce en grandes plazas,
+acompañando á monarcas y príncipes de la casa bávara, cuyos hechos
+fueron superiores á los de Mecenas. El lujoso estudio del pintor Lenbach
+se visita como un templo, y un culto igual recibe la memoria de
+Cornelius, Kieuze y todos los demás pintores y escultores que desde los
+tiempos de Luis I á los del infortunado Luis II (el Lohengrin coronado),
+contribuyeron en menos de un siglo al embellecimiento de la ciudad.</p>
+
+<p>Los palacios ostentosos, los museos, los arcos de triunfo, los teatros
+monumentales, ocupan casi una mitad de Munich. Los reyes de Baviera
+trabajaron<a name="page_066" id="page_066"></a> sin descanso. Su manía de embellecimiento no les dejaba
+dormir. El demonio de la construcción turbaba sus días con nuevas
+sugestiones. La caja del Estado estaba abierta para todo el que se
+presentaba con una idea nueva. Los favoritos de la corte fueron artistas
+alemanes, que no habían nacido en Baviera, y sin embargo, llegaron hasta
+á intervenir en la vida política y aconsejar á los soberanos. Un músico
+silbado en París, de costumbres bizarras y humor intratable, llegaba á
+ser á modo de un virrey, derrochando la fortuna pública en la erección
+de extraños teatros y organizando misteriosas representaciones que sólo
+presenciaba el monarca. Éste era casi un actor, bajo las órdenes de su
+amigo Wágner, imperioso artista contra el cual gruñía el pueblo, próximo
+á sublevarse como años antes se alzó contra Lola Montes. El entusiasmo
+dilapilador del abuelo por la bailarina española, reina bávara de la
+<i>mano izquierda</i>, lo sintió el nieto por el autor de <i>El anillo del
+Nibelungo</i>. No existe más diferencia entre ambas pasiones que el amor
+físico regaló joyas y dejó como única huella un gran escándalo
+histórico, mientras el amor intelectual creó teatros y monumentos,
+haciendo nacer las mayores obras musicales de nuestra época.</p>
+
+<p>Cuando Wágner, olvidado momentáneamente de la música, se dedicó á
+filosofar, é hizo una confesión de creencias, dijo que sus dos dioses
+eran Cristo y Apolo, inventando para la humanidad del<a name="page_067" id="page_067"></a> porvenir una
+religión, mezcla de cristianismo y helenismo, en la que se unen y
+confunden la humilde piedad hacia el semejante con la adoración de la
+soberbia belleza.</p>
+
+<p>Cristo y Apolo fueron también los dioses de los soberanos bávaros, y
+todavía imperan juntos, partiéndose equitativamente el dominio de este
+pueblo.</p>
+
+<p>Munich, capital de la Alemania católica, tiene unos veinte templos que
+son como catedrales, y cuyo interior ostentoso recuerda el de las
+iglesias españolas, así como el exterior es puramente italiano. Al lado
+de estos monumentos de Cristo, álzanse majestuosos, con la autoridad de
+un origen más antiguo, las innumerables obras de los monarcas bávaros á
+la gloria de nuestra madre Grecia: los museos de la Pinacotheca antigua
+y la Pinacotheca nueva; la Glyptotheca; los Propyleos; el Templo de la
+Gloria con su estatua colosal de la Bavaria, predecesora de «La Libertad
+iluminando al mundo», de Nueva York; el palacio de la Residencia; los
+varios teatros griegos con sus frontones, en los que danzan las Musas al
+son de la lira de Apolo; las vastas salas en las que brilla
+discretamente el mármol ambarino de las estatuas clásicas, y se exhiben
+fragmentos de templos traídos de Egina y otros lugares helénicos. La
+columnata dórica alínea su bosque de piedra en las fachadas de los
+palacios ó encierra en su armónico cuadrilátero jardines, grandes como
+bosques. El rojo de<a name="page_068" id="page_068"></a> los vasos griegos, con sus pequeños cuadros de
+figuras negras ó polícromas, cubre muros interminables, cortado á
+trechos por las manchas blancas de bustos y cariátides.</p>
+
+<p>Asombra el trabajo realizado por los reyes de Baviera en menos de un
+siglo. Sus buenos súbditos de la ciudad de Munich han debido de vivir
+años y años entre andamios, tragando yeso y oyendo á todas horas el
+choque del martillo sobre la piedra. La manía constructora de los reyes
+debió constituir su gloria y su suplicio.</p>
+
+<p>El arte se muestra en amontonamiento, como creado de real orden, en
+pocos años, ejecución admirable, pero sin la originalidad y la noble
+armonía que es producto de los siglos. Se ve que todo está hecho de una
+sola vez, que ha surgido del suelo en una sola pieza, falto de esas
+capas de sucesiva formación que va secretando el paso de las
+generaciones.</p>
+
+<p>El aspecto monumental de Munich&mdash;una vez desvanecida la primera
+impresión de asombro por lo grandioso de la obra&mdash;causa igual efecto que
+esas sinfonías cuyos motivos agrandan ó conmueven, al mismo tiempo que
+la memoria se estremece con la sensación de haber oído antes los mismos
+sonidos.</p>
+
+<p>&mdash;Esto no es nuevo&mdash;se dice el viajero al contemplar la ciudad&mdash;. Todo
+me parece haberlo visto en otras partes.</p>
+
+<p>Indudablemente los monumentos griegos nada<a name="page_069" id="page_069"></a> tienen de originales, y en
+esto consiste su mérito. Son reconstrucciones ingeniosas, evocaciones
+sabias de las obras que han llegado hasta nosotros, mutiladas é
+indecisas. Pero ¿y los otros monumentos?</p>
+
+<p>à los pocos días de estar en Munich, van surgiendo en la memoria
+imágenes del pasado, recuerdos de viajes por otros países. El aire de
+familia se marca cada vez más en las cosas, como en esos rostros que nos
+parecen extraños al primer instante y acaban por ser de antiguos amigos.
+Unas iglesias recuerdan las de Florencia; tal vivienda real es el
+palacio Pitti; tal otro un palacio de Roma; la Logia de los Mariscales
+es una copia de la Logia de Orcagna en la capital toscana; los mástiles
+enormes, ante la Residencia, son hijos de los mástiles de la República
+en Venecia, y así todo.</p>
+
+<p>Hasta los palomos que aletean en los frisos y descienden al pavimento,
+animándolo con el reflejo de sus plumas metálicas, son palomos
+«traducidos del italiano», que no pueden menos de saludar como
+venerables abuelos á los que contemplan el Adriático desde los aleros de
+mármol de la plaza de San Marcos ó saltan en la columnata florentina
+junto al Arno.</p>
+
+<p>Munich no tiene de original más que dos cosas: la cerveza y la música.</p>
+
+<p>Las famosas <i>braserías</i> de estilo germánico, con sus frontones agudos,
+rematados por complicadas<a name="page_070" id="page_070"></a> veletas, y sus fachadas de pesados balconajes
+y torrecillas salientes, valen más que todos los templos griegos que
+llenan las plazas de Munich.</p>
+
+<p>De la música ya hablaremos. La capital bávara está celebrando, en estos
+momentos, el Festival Wágner. Por las tardes la muchedumbre se agolpa á
+ambos lados de la enorme avenida del Príncipe Regente, para presenciar
+el paso de los que van á escuchar <i>El anillo del Nibelungo</i>, lo mismo
+que el vecindario de Madrid se congrega en la calle de Alcalá en un día
+de toros.</p>
+
+<p>Cuando el viajero se familiariza con Munich, su entusiasmo por las
+glorias artísticas de la ciudad va restringiéndose hasta el punto de que
+sólo queda erguida una sola admiración: Wágner y su obra.</p>
+
+<p>¡Pobre Atenas germánica! De sus monumentos nada malo puede decirse. Son
+notables reproducciones del arte griego: la sabiduría artística luce en
+ellos, pero son fríos y repelentes como cuerpos sin alma. Es Atenas sin
+atenienses y sin el cielo de la Ãtica. En verano, el espacio se muestra
+azul y brilla un hermoso sol. Pero el invierno germánico, duro y cruel
+en Baviera, muerde con sus dientes negros estos monumentos que nacieron
+en la tibia atmósfera del archipiélago, favorable á la desnudez.</p>
+
+<p>El mármol en el país del sol se dora en el curso de los siglos, tomando
+el majestuoso matiz anaranjado del oro viejo. Aquí, en unos cuantos<a name="page_071" id="page_071"></a>
+años, se ennegrece, con una opacidad antipática de ceniza de carbón.</p>
+
+<p>Los dioses olímpicos, los héroes coronados de laurel y ligeros de ropa,
+parecen temblar en pleno verano, recordando los largos meses de frío. El
+rojo griego del interior de las columnatas se destiñe con las lluvias.
+Los frescos se esfuman y desaparecen. Todo se vuelve gris y opaco.</p>
+
+<p>Sí; esta ciudad es una Atenas... Pero pasada por cerveza.<a name="page_072" id="page_072"></a></p>
+
+<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX<br /><br />
+El Festival Wágner</h3>
+
+<p>Un periódico satírico de Munich publicaba hace cuarenta años una
+caricatura de Wágner, saliendo del hermoso palacete en que le tenía
+alojado el rey Luis II de Baviera.</p>
+
+<p>&mdash;Voy al teatro&mdash;decía el gran maestro&mdash;y de paso entraré en palacio á
+dar un golpe á la caja del amigo Luis.</p>
+
+<p>Nunca se ha conocido una protección tan generosa como la que el monarca
+bávaro dispensó á Wágner. La prodigalidad de Luis II tomó el carácter de
+una locura. Este <i>rey virgen</i>, que creaba en su palacio de la Residencia
+una galería de bellezas célebres, y sin embargo, prohibía que asistiesen
+damas á las fiestas íntimas de su corte, fué un Nerón, pero Nerón
+tranquilo, que construyó en vez de quemar, y semejante al déspota de
+Roma, puso sus amores musicales y poéticos por encima del orgullo de su
+majestad.<a name="page_073" id="page_073"></a></p>
+
+<p>Sus caprichos y aficiones costaron muy caros á Baviera, y sin embargo,
+el pueblo le recuerda y le respeta. Fué un monarca que, en fuerza de
+excentricidades, prestó un gran servicio al arte, logrando al mismo
+tiempo que la atención del mundo entero se fijase en Baviera.</p>
+
+<p>Por él vienen todos los años aquí, en artística peregrinación, los
+intelectuales de remotos países. Su retrato está en todas partes.
+Baviera le compadece con maternal ternura y guarda su memoria. También
+la tumba de Nerón, veinte años después del suicidio del imperial
+cantante, aparecía muchas mañanas cubierta de rosas, ofrenda del popular
+recuerdo.</p>
+
+<p>Famosa época la de la amistad de Luis II y Wágner. El monarca, llena la
+mente de los dioses germánicos y de los héroes cuyas hazañas ponía su
+amigo en rotundos versos, acompañándolos de prodigiosa orquestación,
+apartábase cada vez más de la existencia real, viviendo como un
+sonámbulo, en medio de legendarios ensueños. Odiaba el traje moderno y
+hasta sus uniformes á la prusiana, por parecerle vulgares y
+antiartísticos. Los cortesanos ocultaban su turbación al verse recibidos
+por él, vestido como un gran señor del Renacimiento. Las verdes aguas
+del lago Stanberg cruzábalas en barcas doradas, con ninfas y quimeras en
+la proa, y grandes paños de escarlata arrastrando sobre la estela.
+Durante las noches de invierno, corría los campos de nieve, en veloces<a name="page_074" id="page_074"></a>
+trineos con luces eléctricas, pasando entre resplandores como una
+aparición fantástica. Una orquesta invisible sonaba en la famosa <i>Gruta
+Azul</i> del castillo de Linderhof, mientras Luis, vestido de Lohengrin,
+paseábase erguido sobre un esquife de nácar. Un día acabó este ensueño,
+ahogándose el simpático perturbado en una laguna del castillo de Bergi.</p>
+
+<p>El gran músico le había precedido algunos años en su salida del
+escenario mundanal; pero mucho antes de que Wágner muriese, ya había
+dado la generosidad de Luis todo lo necesario para la realización de los
+ensueños del maestro.</p>
+
+<p>Wágner ansiaba un teatro suyo, con arreglo á su genio inventivo y
+revolucionario, el cual no sólo realizó innovaciones en la música, sino
+en la escenografía y en la construcción. El coliseo de Bayreuth fué su
+obra. Luego Munich, siguiendo los mismos planos, ha elevado el teatro
+del Príncipe Regente, dedicándolo á la representación de las obras de
+Wágner. Hoy el <i>Prinz-Regenten-Theater</i>, de Munich, celebra todos los
+años un Festival Wágner que atrae á una muchedumbre cosmopolita, y
+triunfa sobre Bayreuth por el esmero con que presenta las obras. Su
+maquinaria escenográfica es muy superior á la de los tiempos de Wágner,
+que aun funciona en el primitivo teatro.</p>
+
+<p>Gentes de todos los países de Europa y de mucha parte de América, se
+encuentran en Munich, con motivo del Festival. Inútil describir lo que
+es<a name="page_075" id="page_075"></a> este teatro con sus novedades y misterios, pues todo el mundo conoce
+las innovaciones introducidas por Wágner en la representación de sus
+obras. La orquesta es subterránea é invisible, lo que llamaba el maestro
+«el abismo místico» de donde surgen las melodías como si viniesen de
+otro mundo, sin ver el espectador á los músicos, que sudan y gesticulan,
+y al director, que se mueve como un loco. El teatro está completamente á
+obscuras. Las puertas de los pasillos se cierran al empezar cada acto,
+sin que exista poder terrenal capaz de abrirlas antes de que aquél
+termine. La disciplina alemana reglamenta el curso del espectáculo; el
+programa marca las horas y minutos que se invertirán, tanto en el
+conjunto de la obra como acto por acto. Las trompetas, sustituyendo á
+los toques de campana, hacen correr á los espectadores lo mismo que
+reclutas que temen faltar á la lista.</p>
+
+<p>Las representaciones del Festival Wágner empiezan á las cuatro de la
+tarde y acaban á las nueve y media de la noche. El último entreacto es
+de media hora, para que el público pueda cenar en los grandes comedores
+del teatro. Una admirable igualdad reina sobre el público. Todos los
+asientos son iguales y cuestan lo mismo, veinte marcos (veinticinco
+pesetas). El teatro, aparte de los seis palcos del fondo, destinados á
+la familia real y á los potentados extranjeros, sólo se compone de
+butacas que se alínean en peldaños, subiendo<a name="page_076" id="page_076"></a> desde la concha circular,
+que cubre el foso de la orquesta, hasta lo más alto de la sala. Todos
+ven el espectáculo de frente. Las dos paredes laterales son lisas, sin
+otros adornos que las portadas de salida y unas hornacinas con vasos
+griegos.</p>
+
+<p>¿à qué hablar de <i>El anillo del Nibelungo</i>?... Wotan, Brunilda,
+Sigfrido, todos los dioses, los héroes, las beldades desventuradas, los
+gigantes espantosos y los nibelungos enanos, que figuran en esta serie
+de óperas, con su fantástica Historia Natural de dragones que cantan,
+pájaros que aconsejan y serpientes y osos, son personajes conocidos del
+público y no ofrecen ya novedad. La <i>Walkyria</i> y el <i>Sigfrido</i> los
+cantan en Munich lo mismo que en el Real de Madrid, ó tal vez un poco
+peor. Todos los artistas de lengua alemana tienen empeño en cantar en
+este Festival, porque <i>da cartel</i>. Algunos proceden de Nueva York, y
+creo que hasta después de trabajar gratuitamente, dan dinero encima.</p>
+
+<p>Además, en este teatro, donde no se admiten manifestaciones del público,
+el artista puede atreverse á todo, sin ese miedo que inspiran los
+espectadores exigentes de Italia y España, los cuales llevan á la ópera
+algo del espíritu de la gente que asiste á una corrida de toros. Total,
+que al lado de buenos artistas, encanecidos en el culto wagneriano,
+aparecen otros indignos de cantar en su compañía. Por fortuna, la
+orquesta, las maravillas del decorado y la escrupulosidad y atención<a name="page_077" id="page_077"></a> en
+el juego escénico, justifican el largo viaje que ha tenido que realizar
+una gran parte de este público, híbrido en su aspecto exterior, y tan
+interesante casi como las obras de Wágner.</p>
+
+<p>La uniformidad militar del teatro contrasta con la variedad infinita de
+los espectadores. En lugar alguno de Europa puede encontrarse un público
+tan heterogéneo. Una amable libertad impera en el vestido. Las damas
+alemanas y algunas francesas se presentan en traje de ceremonia; los
+oficiales marchan tiesos, en sus apretadas levitas de alto cuello,
+arrastrando el sable; los <i>herr</i> germánicos llevan frac y se cubren la
+cabeza con fieltros de anchas alas; pero revueltos con estas gentes
+elegantes, pasan inglesas y americanas, vistiendo blancos trajecitos de
+falda corta; viajeros con su terno gris á grandes cuadros, los gemelos
+en bandolera y la gorrilla en la mano; gruesos y rubicundos sacerdotes
+católicos, con levita y pechera negras, que, recordando lo que acaban de
+oir, mueven los dedos como si estuviesen ya ante los órganos de sus
+catedrales; vírgenes de lacias faldas, con el exangüe rostro asomado
+entre dos caídos cortinajes de pelo; jóvenes melenudos, que estiran la
+afeitada cara sobre las innumerables roscas de una corbata obscura;
+muchachas enfurruñadas, que al llegar tarde y encontrar las puertas
+cerradas, se tienden en las escalinatas de los pasillos, ansiando oir un
+eco del lejano misterio por debajo de los pesados <i>portiers</i>, junto á
+las<a name="page_078" id="page_078"></a> piernas de los impasibles acomodadores; mujeres con cierta
+originalidad en su traje y sus maneras, que son grandes cantantes en
+vacaciones ó famosas concertistas; viejos condecorados, de cabellera
+gris y cara arrugada, que inspiran un vago recuerdo de retratos vistos
+en ilustraciones extranjeras.</p>
+
+<p>Es un público de sorpresas. Todos presienten en el vecino que pueda ser
+<i>alguien</i>. La mayoría está formada de artistas, de escritores, de gentes
+que gozan celebridad en sus países, pero que pasan inadvertidas en esta
+reunión universal, que sólo dura algunos días.</p>
+
+<p>Esta importancia del público que parece presentirse, como si flotase en
+el ambiente, obliga á una extremada sencillez á los grandes de la
+tierra.</p>
+
+<p>Yo me he codeado, del modo más irreverente, al pasear por las galerías,
+con una señora joven, tan elegante como granujienta y fea. Un poco más
+allá dos viejas damas, cargadas de brillantes, pusieron al verla una
+rodilla en tierra, con esa sumisión germánica, al lado de la cual el
+cortesanismo español resulta de costumbres democráticas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Alteza! ¡Alteza!...</p>
+
+<p>Y le besaron la mano como si llevase en ella el Santísimo Sacramento.
+Era una hija ó una nieta (no me enteré bien) del emperador de Austria. Y
+de igual categoría que ésta, aunque más simpáticas por su modestia,
+encontré en los pasillos<a name="page_079" id="page_079"></a> á otras altezas, cuyo nombre no necesité
+preguntar por serme sus caras bien conocidas.</p>
+
+<p>Cuando termina el espectáculo, la gran mayoría del público sale en
+silencio; pero algunos manifiestan su fervor á gritos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sublime! ¡Inmenso!</p>
+
+<p>Casi siempre son españoles, italianos ó franceses los que gritan
+entusiasmados. Pero sus voces suenan á falso, y parece que gritando
+intentan convencerse á sí mismos.</p>
+
+<p>Han oído hablar del Festival Wágner como de algo extraordinariamente
+misterioso; han venido atraídos por la curiosidad, creyendo en lo
+sobrenatural del espectáculo, y salen de él dudando de la sensatez de su
+viaje, sintiendo cierta sospecha de haber sido engañados, diciéndose
+que, aparte de la sala á obscuras y de la orquesta subterránea, nada
+nuevo han visto.<a name="page_080" id="page_080"></a></p>
+
+<h3><a name="X" id="X"></a>X<br /><br />
+El "Mozarteum"</h3>
+
+<p>Al ir de Munich á Viena, la primera población que se encuentra, pasada
+la frontera austriaca, es Salzburgo, famosa desde hace siglos como uno
+de los lugares más hermosos de la vieja Alemania.</p>
+
+<p>Es una ciudad episcopal que hasta principios del siglo XIX estuvo regida
+por un príncipe-arzobispo, y sólo en 1816, después que el Congreso de
+Viena, repartiéndose los despojos del vencido Napoleón, rehizo el mapa
+de Europa, pasó á incorporarse á Austria. Construída en las dos orillas
+del Salzach, que corre entre verdes montañas, la población extiéndese
+por ambas laderas, rompiendo los densos bosques y asomando á trechos su
+edificación roja y negruzca y sus altas torres sobre el verde follaje.
+Una catedral gótica recuerda el gobierno de los príncipes mitrados; un
+castillo, el Hoen, domina uno de los panoramas más hermosos del mundo.<a name="page_081" id="page_081"></a></p>
+
+<p>Pero Salzburgo no es famosa por su belleza y su antigüedad. à pesar de
+las glorias históricas de sus arzobispos, de la hermosura de sus
+paisajes y de haber habitado en ella el famoso médico Teofrasto
+Paracelso, hoy dormitaría olvidada, como muchas poblaciones de la
+antigua Alemania, sin que un viajero curioso descendiese en su estación
+y sin otra vida que el trompeteo del regimiento acuartelado en el
+castillo y el arrastre de sables de los oficiales bajo los tilos del
+paseo. Un niño nacido en Salzburgo en 1756 ha bastado para dar una
+celebridad universal é imperecedera á la pequeña población alemana.</p>
+
+<p>El príncipe-arzobispo de dicha época, amante de la música, como todos
+los señores alemanes, tenía á su servicio un maestro de capilla, pagado
+miserablemente y abrumado por un continuo trabajo.</p>
+
+<p>Este pobre músico ocupaba un cuarto piso en una calle estrecha de
+Salzburgo; una casa de vecindad, con su escalera en forma de túnel y sus
+galerías, dando acceso á innumerables puertas. Un día el necesitado
+maestro vió aumentarse sus apuros con el nacimiento de un nuevo hijo. Le
+pusieron los nombres de Wolfgan Amadeo y el obscuro apellido de su
+padre, llamado Leopoldo Mozart.</p>
+
+<p>Los vecinos del viejo caserón vivían en continuo concierto. Por las
+tardes, cuando terminaban sus ocupaciones en la catedral ó en el palacio
+del<a name="page_082" id="page_082"></a> arzobispo, los músicos de la capilla, tan pobres y entusiastas como
+el maestro, reuníanse en la casa de éste. No tenían dinero para ir á la
+cervecería, y se juntaban trayendo sus instrumentos, para deleitarse
+mutuamente con interminables conciertos, en los que ejecutaban las obras
+de su gusto, sin tener que seguir los caprichos del señor. Llegaban con
+sus raídas casacas negras, de largos faldones, sus pelucas de un blanco
+rojizo, las medias con puntos sueltos, los zapatos viejos, y se
+agrupaban ávidos en torno del bondadoso Leopoldo, que les aguardaba con
+un voluminoso cuaderno en la mano, última novedad musical enviada por el
+<i>kapells-meister</i> de algún otro principillo alemán.</p>
+
+<p>Sentábase al piano el maestro, gemían los violines, roncaba el
+contrabajo, extendía el violoncello la caricia aterciopelada de su
+varonil suspiro, lanzaba la flauta sus trinos de alegría pastoril, y la
+vieja casa parecía rejuvenecerse con esta alma melódica que corría por
+las arterias de sus escalas y corredores. La mujer del maestro, la
+hacendosa y dulce Ana María Pertlin, cosía con los ojos bajos y el oído
+atento; la hija mayor, Mariana, de pie junto á su padre, seguía con
+admiración el desarrollo de la música; el pequeño Amadeo, á gatas por la
+habitación, interrumpía con sus balbuceos el sonido de los instrumentos.
+Cuando apenas sabía hablar se quejó amargamente viendo que llegaba un
+amigo de sus padres con las manos vacías.<a name="page_083" id="page_083"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Hoy no traes tu violín de manteca!&mdash;exclamó con acento de decepción.</p>
+
+<p>La manteca era para el pequeño salzburgués lo más fino y más dulce del
+mundo.</p>
+
+<p>No sabía aún modular palabras con su boca y hacía ya hablar al piano;
+los signos del solfeo los aprendió antes que los caracteres del
+alfabeto. Mariana dominaba la música lo mismo que él. En Salzburgo,
+todos se hacían cruces del niño prodigioso, que á los seis años tocaba
+el piano como un concertista. El mismo príncipe-arzobispo se dignó
+llamarlo al palacio, admirando la habilidad del hijo de su maestro de
+capilla, pero sin ocurrírsele aumentar el sueldo de éste en unas cuantas
+<i>coronas</i>.</p>
+
+<p>Las necesidades de la vida impulsan de pronto á Leopoldo á una
+resolución digna de nuestros tiempos. Despiértase en él una avidez de
+empresario. Un día, el pequeño Amadeo, ante los ojos llorosos de la
+madre, que ve próxima una separación, contémplase en un espejo, ridícula
+y graciosamente vestido como un gran señor, con casaca galoneada, blanca
+peluca de corte y una espadita al costado. Va á correr el mundo con su
+padre y su hermana, dando conciertos, y empieza sus peregrinaciones
+penosas de corte en corte, durmiendo en malas posadas ó en palacios de
+potentados <i>dilettanti</i>; teniendo que tocar unas veces ante reyes, y
+otras ante muchedumbres que discuten con Leopoldo el precio de la
+entrada. En la<a name="page_084" id="page_084"></a> corte de Viena, le tratan como un príncipe y juega con
+la archiduquesa María Antonieta, futura reina de Francia. En Versalles
+le besan y lo adormecen sobre sus grandes faldas las beldades amigas de
+Luis XV. En Italia, la muchedumbre fanática de Nápoles, asombrada de su
+precocidad, cree que el músico niño ha hecho pacto con el diablo y le
+obliga á tocar quitándose una pequeña sortija que lleva, á la que
+atribuye la superstición un poder mágico. En Milán compone una ópera á
+los nueve años, dirige la orquesta la noche del estreno, y el público le
+saca en hombros, gritando: <i>¡Eviva il maestrino!</i></p>
+
+<p>Muere el padre; la hermana, simple compañera de ejecución musical,
+vuelve al lado de la madre; Mozart, hecho ya hombre, se ve sumido en la
+obscuridad que llega de pronto para los artistas precoces, cuando
+pierden el encanto de la infancia. Empieza entonces su vida en Viena de
+luchas y miserias. Es un innovador, y la corte prefiere á los músicos
+italianos que llenan la capital austriaca. El mismo emperador le
+aconseja pedantescamente que imite al primer músico de la época, el hoy
+olvidado Sallieri. Para vivir, escribe sus graciosos <i>minuettos</i>, por
+unos cuantos florines, cada vez que un gran señor da un baile en su
+palacio. Los rivales abusan de su carácter bondadoso y dulce, acosándolo
+con insultos, dificultando su trabajo con toda clase de intrigas. Entre
+la nube de músicos y poetas de todos los países,<a name="page_085" id="page_085"></a> caída sobre Viena por
+la atracción que ejerce una corte aficionada á las artes, encuentra
+pocos amigos. Su dulce debilidad sólo halla apoyo y consuelo en el
+español Vicente Martín, un músico procedente de Valencia, autor de
+óperas olvidadas y que figura en la historia de la música como inventor
+del vals. También son sus amigos el italiano Daponte, abate bohemio y
+licencioso, que escribe los versos de sus <i>libretos</i> en plena
+embriaguez, y un alemán feo, sombrío y malhumorado, incapaz de intrigas
+y de numerosos afectos, llamado Luis Beethoven.</p>
+
+<p>Las óperas que escribe gustan á lo más selecto del público, pero no le
+dan dinero. Cuando se casa con Constanza Wéber, sus amigos Martín y
+Daponte van á visitarle en su pobre casita, al día siguiente de la boda,
+y le encuentran bailando con la mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Hace tanto frío y la leña cuesta tan cara, que nos calentamos
+así&mdash;dice el maestro sonriendo.</p>
+
+<p>Y continúa el baile, moviendo su cuerpo débil, elegante y gracioso, que
+hacía de él uno de los más distinguidos danzarines de la época.</p>
+
+<p>En Praga, con el estreno de <i>Don Juan</i>, empieza para él la celebridad.
+Tiene dos hijos, su mujer puede reunir algún dinero; los empresarios le
+piden nuevas obras; la corte fija su atención en él y le encargan misas
+ó contradanzas... y cuando el bienestar entra en la casa, se introduce
+igualmente la muerte siguiendo sus pasos.<a name="page_086" id="page_086"></a></p>
+
+<p>Un día, un señor vestido de negro y de aspecto siniestro llega á la
+vivienda de Mozart, y entregándole como adelanto una bolsa llena de oro,
+le encarga que escriba cuanto antes una misa de muertos.</p>
+
+<p>Es el testamentario de un gran señor fallecido en el campo, pero á
+Mozart, roído por la tisis y perturbado por las supersticiones que
+acompañan á toda enfermedad, le parece que el hombre vestido de negro es
+la misma Muerte que viene á anunciarle su próximo fin, y se lanza á
+escribir la famosa <i>Misa de Requiem</i> convencido de que se estrenará en
+sus propios funerales. ¡Las noches de cruel insomnio, con la certeza de
+que toda nota trazada es un segundo menos de vida, de que avanza el
+temido final con cada nueva hoja añadida á la partitura, amontonando
+sobre el pentagrama lágrimas y melancolías!... Su vida iba
+extinguiéndose así como avanzaba su obra. Casi moribundo, quiso oirla, y
+con un esfuerzo supremo cogió en sus manos el papel del tenor.</p>
+
+<p>Un discípulo se sentó al piano; otros se encargaron de las diversas
+partes de la obra; Mozart, hundido en un sillón, con el papel ante los
+ojos, cantaba con una voz trémula y dulce, como el cisne de las leyendas
+antes de morir. Al llegar al <i>Lacrimosa</i>, su voz se cortó con un gemido.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no puedo más!</p>
+
+<p>Y echó la cabeza sobre el respaldo, para no levantarla nunca, entre las
+lágrimas de amigos y<a name="page_087" id="page_087"></a> discípulos, y los alaridos de Constanza, que, al
+fin, podía dar expansión á su dolor.</p>
+
+<p>Al día siguiente fué el entierro, día tempestuoso y gris que arrojaba
+sobre Viena un verdadero diluvio.</p>
+
+<p>Gran concurrencia en la casa mortuoria: todos los músicos de Viena,
+algunos grandes señores de la corte y delegaciones de la Masonería,
+agradecida á Mozart por su <i>Cantata de los fracmasones</i>, que aun se toca
+en muchas logias.</p>
+
+<p>El fúnebre cortejo emprendió la marcha bajo la lluvia torrencial. El
+agua saltaba furiosa sobre los rojos paraguas de ballena; los zapatos de
+hebillas y las negras medias de los acompañantes hundíanse en los
+arroyos fangosos. Hay que conocer Viena, enorme ciudad, para darse
+cuenta de lo penoso de una marcha hasta el cementerio, por calles
+interminables. En una esquina se quedaba un grupo del cortejo,
+diciéndose que ya había acompañado bastante al difunto camarada en un
+día como aquel; más allá desertaban otros; las carrozas de los señores
+habían desaparecido; los más valientes y más fieles llegaron hasta las
+afueras. Total, que al anochecer, con los caballos chorreando y á un
+paso vacilante, en la penumbra del crepúsculo, llegó al cementerio un
+coche fúnebre... sin que lo siguiese nadie.</p>
+
+<p>Algunas semanas después, cuando la viuda quiso saber dónde estaba el
+cuerpo de Mozart, nadie supo contestarle. Ninguno del cortejo había<a name="page_088" id="page_088"></a>
+presenciado el entierro. Los sepultureros no supieron explicarse, ni
+pudieron nunca ponerse de acuerdo. ¡Se entierra tanta gente durante un
+solo día en una ciudad enorme!... La Nada tragó para siempre el cuerpo
+del maestro, y la Duda le sirvió de lápida mortuoria. Se sabe de cierto
+que sus restos están en el cementerio viejo de Viena, y esto es todo.</p>
+
+<p>La ciudad de Salzburgo ha convertido en museo la vieja casa del maestro
+de capilla Leopoldo Mozart, donde nació el prodigioso compositor. El
+<i>Mozarteum</i> contiene en sus pobres habitaciones, de techo bajo y
+pavimento de vieja madera, todos los recuerdos de la vida del maestro:
+instrumentos, retratos, vestidos y hasta cartas. En una vitrina figura
+un cráneo... ¡El cráneo de Mozart! El catálogo no lo asegura, pero el
+conserje lo afirma bajo su palabra, y los más de los visitantes admiran
+la cúpula ósea bajo la cual nacieron tantas bellas melodías.</p>
+
+<p>Si el alma es inmortal y se entera de lo que ocurre en este mundo, tal
+vez á estas horas algún antiguo mozo de cordel de Viena estará riendo en
+el Paraíso, al ver que atribuyen á su pobre calavera la paternidad del
+<i>Don Juan</i>.<a name="page_089" id="page_089"></a></p>
+
+<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI<br /><br />
+Viena la elegante</h3>
+
+<p>Desde Munich á Viena los hombres del pueblo, y aun muchos burgueses,
+bien sean bávaros ó austriacos, muestran todos tres aficiones comunes:
+aman el canto, se agujerean las orejas para llevar pequeñas monedas á
+guisa de pendientes, y no pueden usar un sombrero sin adornarlo con una
+pluma ó un grupo de flores silvestres.</p>
+
+<p>Los pequeños chambergos de felpa verde ó acaramelada, con el ala caída
+sobre el bigotudo rostro, están siempre rematados por enhiestas plumas
+de gallo, que se cimbrean junto al cogote. El pueblo de la Baja Alemania
+siente una gran simpatía por el Tirol y sus pintorescos montañeses,
+únicos que en días de desgracia para la patria supieron resistir á la
+invasión napoleónica, imitando á los guerrilleros españoles.</p>
+
+<p>La <i>tirolesa</i>, canción robada al gorjeo de los pájaros, hace oir sus
+trinos desde Munich á Viena,<a name="page_090" id="page_090"></a> en caminos y ferias, teatros y montañas.
+En el <i>Theresien-Wiese</i>, de Munich, extensa explanada frente á la
+estatua de Bavaria, se verifica á fines de verano la feria anual de los
+tiroleses, y de la mañana á la noche trina el ruiseñor, canta el mirlo y
+gorjea la alondra, no con notas vagas, sino intercalando en sus escalas
+versos que hablan de amores y luchas en las montañas verdes, coronadas
+de nieve.</p>
+
+<p>La música es una necesidad para los pueblos de la Baja Alemania. Cuando
+se les ve de cerca se comprende que las estatuas de grandes
+compositores, compatriotas suyos, llenen calles y plazas. No hay café
+que no tenga orquesta, ni restaurant al aire libre sin banda militar. En
+Munich, el público de las cervecerías canta á coro, acompañado por los
+violines y chocando los bocks como los bebedores de Goethe en el
+<i>Fausto</i>. En Viena, la patria de Strauss y de Suppé, el vals lánguido y
+elegante ó la marcial retreta suenan en todos los establecimientos
+públicos.</p>
+
+<p>El catolicismo austriaco es el más armonioso de la cristiandad papal.
+Una simple misa rezada en la catedral de San Esteban, ó en cualquier
+otro templo de Viena, es en los domingos un verdadero concierto. Suena
+el órgano un ligero preludio, como para dar el tono; los fieles,
+hombres, mujeres y niños, tiran del librito que les sirve de guía para
+recordar los versos de los himnos, y la misa se desarrolla en medio de
+un coro de centenares<a name="page_091" id="page_091"></a> y aun de miles de voces, sin que ni una sola
+desentone, siguiendo todas instintivamente el ritmo, sin necesidad de
+dirección, con un ajuste maravilloso. Las voces graves acompañan con
+artísticas disonancias el canto femenino ó infantil, y este coro, de
+música difícil, suena durante una hora como el del mejor teatro de
+ópera.</p>
+
+<p>En Viena, la música es algo nacional, que constituye el orgullo del
+pueblo. Las bandas de los regimientos austriacos son verdaderas
+orquestas. Cuando Austria dominaba la Alta Italia, los patriotas
+venecianos y milaneses ocultábanse en sus casas para no ver á los
+abominables invasores; pero así que sus bandas sonaban en las calles,
+abrían instintivamente las ventanas, confesándose que los malditos
+<i>tedescos</i> manejaban como ángeles sus instrumentos.</p>
+
+<p>Viena ha visto ella sola nacer más obras musicales de fama universal que
+todo el resto del mundo. En modestas callejuelas vecinas al Palacio
+Imperial y al teatro de la Ópera, vivieron Mozart, que escribía
+<i>minuettos</i> originales para cada baile que se celebraba en Viena, y
+Beethoven, que componía una cantata por cada victoria de los ejércitos
+aliados, ó producía todas las semanas algo nuevo para los conciertos y
+fiestas de los grandes plenipotenciarios, arregladores de Europa, en el
+famoso Congreso de 1815.</p>
+
+<p>Viniendo de Alemania, se presenta Viena como una ciudad encantadora,
+resumen de toda clase<a name="page_092" id="page_092"></a> de bellezas y elegancias. Las tiendas de modas
+del imperio germánico, en su deseo de aislar á Francia creándola el
+vacío, pretenden ignorar que existe un París, al que las mujeres de todo
+el mundo piden el último tipo de elegancia. <i>Modelo de Viena</i>, dicen en
+los escaparates alemanes las etiquetas de los sombreros y vestidos.</p>
+
+<p>Si fuera posible colocar juntos á París y Viena, para abarcarlos en una
+sola ojeada, es seguro que la capital austriaca saldría vencida de la
+comparación. Pero Viena está muy lejos, y para llegar á ella hay que
+atravesar las ciudades alemanas, con sus mujeres vestidas como
+institutrices pobres, de malfachada gordura, y que para colmo de
+desdicha, por un patriótico orgullo de su exuberante maternidad,
+raramente usan corsé.</p>
+
+<p>Por eso la elegancia de Viena causa mayor impresión, desde el primer
+momento, que la que se siente en París cuando se llega á éste procedente
+de España ó de Italia.</p>
+
+<p>Hay que confesar también que las vienesas son físicamente superiores á
+las parisienses, y su fama universal de belleza no es usurpada. La
+española hermosa es muy superior á la vienesa; pero en las calles de
+Viena se encuentra mayor número de mujeres guapas que en las calles de
+Madrid. Las nuestras las vencen por la calidad, pero ellas son
+superiores por la variedad y el número.</p>
+
+<p>Austria es la verdadera frontera de la Europa<a name="page_093" id="page_093"></a> central... y <i>europea</i>.
+Más allá, hacia el Oriente, están acampados pueblos que, aunque de
+aspecto semejante al nuestro, son de origen asiático y han sido
+depositados en el lugar que ocupan por el oleaje de las invasiones. Por
+dos veces llegó la avalancha turca hasta el pie de los muros de Viena.
+Los doscientos y pico de pueblos que constituyen hoy el imperio
+austriaco, con su carnavalesca variedad de colores, lenguas, trajes y
+costumbres, unos rubios, como los germanos más septentrionales, otros
+obscuros ó amarillentos, cual las tribus del interior de Asia, han
+producido con sus cruzamientos extraños tipos de belleza. En esta tierra
+ha ocurrido el último choque de Oriente y Occidente. Hasta aquí llegó el
+supremo empujón del Asia invasora, y como núcleo de un pueblo perdido en
+las remotas lobregueces de la historia, viven en Austria los <i>tzíganos</i>
+ó bohemios, de los que son ramas sueltas los gitanos y <i>romanicheles</i>
+que vagan por Europa.</p>
+
+<p>Conjunto de mil caracteres extraños á su raza, es la mujer vienesa. Su
+color resulta incierto. Puede ser morena y de ojos de brasa como una
+gitana, ó rubia y de mirada azul como si hubiese nacido en Berlín. Es
+devota como una española, y al mismo tiempo alegre como una italiana, y
+elegantemente desenvuelta cual la parisién. La blanca piel de las razas
+del Norte no tiene en ella la fría pasividad germánica, pues parece
+caldeada por la voluptuosa sangre de la odalisca.<a name="page_094" id="page_094"></a></p>
+
+<p>El amor no la enloquece, á juzgar por los conflictos de su vida, que se
+reflejan en el teatro y la novela.</p>
+
+<p>El lujo, el deseo de parecer aun más hermosa la dominan tan
+imperiosamente, que en su alma no queda espacio para otras pasiones.</p>
+
+<p>En Viena todos visten bien, hombres y mujeres. En ninguna capital de
+Europa se ve á la gente mejor presentada. Los hombres parecen recién
+salidos de la tienda del sastre. Las mujeres elegantes son incontables.
+Todas, aun las más modestas, si son hermosas, parecen escapadas de las
+láminas de un periódico de modas.</p>
+
+<p>Algunas son ricas; una gran parte sólo gozan de cierto bienestar; la
+inmensa mayoría son pobres, como en los demás países. ¡Y sin embargo,
+Viena, por lo mismo que es una ciudad elegante, resulta muy cara y exige
+grandes gastos para el sostenimiento de lo superfluo!...</p>
+
+<p>La emperatriz Elisabeth, asesinada en Ginebra, odiaba á Viena, donde
+había pasado la mayor parte de su vida. Para no verla, iba errante por
+Europa, viviendo tan pronto en las islas griegas como en las montañas
+suizas, hasta que la hirió el puñal anarquista en las riberas del Leman.</p>
+
+<p>&mdash;Viena...&mdash;decía con indignación&mdash;. ¡La ciudad bella y engañosa! ¡El
+lugar más corrompido de la tierra!...</p>
+
+<p>Hoy la soberana de las tristezas errantes, la infatigable lectora de
+Heine, poeta de las inmensas<a name="page_095" id="page_095"></a> amarguras, se pudre en el panteón
+imperial, con todas sus decepciones y protestas.</p>
+
+<p>En calles y jardines siguen sonando las valses; las enaguas revolotean
+en las aceras con rítmica marcha que deja tras los graciosos pies una
+estela de perfumes; los lujosos carruajes, tirados por caballos
+húngaros, corren por las avenidas del Prater; á la entrada del célebre
+paseo, en el <i>Wurst el Prater</i> ó «Prater del Polichinela», el buen
+pueblo, satisfecho de su emperador, baila y se emborracha con cerveza,
+esperando la noche para fabricarle nuevos súbditos al soberano, y por
+encima de los tejados de Viena suenan á todas horas las campanas de cien
+iglesias y conventos, lo mismo que en una ciudad española.<a name="page_096" id="page_096"></a></p>
+
+<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII<br /><br />
+El subterráneo de los emperadores</h3>
+
+<p>El fraile capuchino, un arrogante mocetón de barba rubia, agita sus
+brazos blancos y fuertes fuera de las mangas del hábito, al mismo tiempo
+que me habla en alemán. La expresión negativa de su voz me hace
+comprenderle. Es domingo, y hasta el día siguiente no se abre el Panteón
+Imperial. Estoy en la sacristía del <i>Capuzinekirche</i>, templo en cuya
+cripta reposan los cadáveres de los emperadores de Austria.</p>
+
+<p>&mdash;El caso es que mañana no podré volver&mdash;digo yo por contestar algo al
+fraile.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es usted francés?&mdash;balbucea él en dicho idioma, al mismo tiempo que
+sonríe, mirando á una de mis solapas, en la que llevo la roseta de la
+Legión de Honor, como si tuviese cierta satisfacción en molestarme.</p>
+
+<p>&mdash;No señor; soy español.<a name="page_097" id="page_097"></a></p>
+
+<p>Su rostro parece iluminarse. El azul de sus ojos toma una ternura
+acariciadora.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, español!...</p>
+
+<p>Puede correrse Europa entera sin que la condición de español despierte
+en hoteles y ferrocarriles otro interés que la vaga curiosidad que
+inspira un país novelesco y lejano. Pero allí donde se tropieza con un
+fraile, bien sea italiano, francés, alemán ó austriaco, la nacionalidad
+española atrae inmediatamente la más graciosa de las sonrisas, como si
+España fuese el pueblo feliz elegido de Dios, algo así como las doce
+tribus depositarias del Arca Santa, que no tenían otro quehacer que
+alabar al Señor y engullirse el maná caído del cielo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Español! ¡español!&mdash;repite en su francés balbuciente el hermoso
+capuchino.</p>
+
+<p>Y después de descolgar una llave, me invita con bondadosa protección á
+seguirle por los corredores que conducen al Panteón Imperial. Siendo
+español, soy católico de primera clase y nada puede negárseme.</p>
+
+<p>De pronto se detiene para decirme con amigable confianza, como si
+hubiese encontrado un nuevo parentesco entre los dos:</p>
+
+<p>&mdash;La reina de usted es de Viena. La conozco mucho... y á su madre, la
+señora archiduquesa, también. Nos distinguen mucho á los capuchinos.</p>
+
+<p>Cruzamos otro pasadizo y vuelve á detenerse para comunicarme sus
+impresiones.</p>
+
+<p><a name="page_098" id="page_098"></a>&mdash;Yo he estado en España; un día nada más. Fui á Lourdes y pasé á San
+Sebastián para ver á la reina. Me regaló un pequeño Cristo muy
+milagroso: el Cristo de... de...</p>
+
+<p>Y se calla, con el pensamiento embrollado y la lengua torpe, no pudiendo
+recordar el nombre de la famosa imagen y mirándome con ojos suplicantes
+para que eche una mano á su memoria.</p>
+
+<p>&mdash;No sé&mdash;murmuro algo avergonzado de mi escandalosa ignorancia&mdash;. ¡Hay
+tantos allá!... ¡Tantos!...</p>
+
+<p>El también adopta un tono vago, como si contemplase una bella y remota
+visión.</p>
+
+<p>&mdash;¡España! Mucho gusto en volver á verla... ¡Pero tan lejos!</p>
+
+<p>Hace girar una llave de luz eléctrica y descendemos por una escalera,
+recta y abovedada como un túnel, cubierta de azulejos blancos. Al final
+de ella entramos en unas cuevas mal enjalbegadas, con un resplandor gris
+de bodega que penetra por los tragaluces. Unas cuantas verjas oxidadas;
+dos tumbas monumentales con estatuas yacentes, y en todas las cuevas del
+imperial subterráneo cajones de cinc, muchos cajones, unos ciento
+cuarenta, con breves rótulos en la tapa superior y esparcidos al azar,
+lo mismo que los bultos depositados en un almacén. Un olor nauseabundo
+de humedad de siglos y podredumbre encerrada, apesta el ambiente. Este
+es el último asilo de los orgullosos emperadores de Austria, que han
+reinado sobre media Europa y dado reinas á la otra media.<a name="page_099" id="page_099"></a></p>
+
+<p>El subterráneo de los Capuchinos era sólo para la tumba de María Teresa,
+hembra gloriosa que vale en la historia por todos los emperadores de
+Austria. Pero después de muerta ella, sus descendientes han venido á
+sumirse en la nada cerca de su tumba, y faltos de espacio para tener
+mausoleo propio, están encerrados en ataúdes de plomo y de cinc,
+pudriéndose en su propia corrupción, sin el contacto de la madre tierra,
+que limpia y consume al envolvernos en su caricia.</p>
+
+<p>La dinastía imperial de Austria, como si pretendiese vencer á la muerte,
+se resiste á desaparecer en las entrañas del suelo, y está como de
+cuerpo presente dentro de su panteón. Es algo semejante á su imperio,
+que en la geografía política representa un cuerpo enorme que un día
+vivió, pero cumplida ya su misión, abruma á Europa con la pesadez de un
+cuerpo muerto, en que se notan próximas descomposiciones, origen de
+nuevas vidas.</p>
+
+<p>Este vulgar subterráneo, almacén sin grandeza de la muerte, con sus
+cajas metálicas, feas y pesadas, tiene, sin embargo, un ambiente
+trágico.</p>
+
+<p>Una implacable maldición parece gravitar sobre esta familia
+todopoderosa, la más católica y la más venerable de todas las reinantes.
+Por ella conserva el Vicario de Dios una enorme parte de Europa.</p>
+
+<p>La revolución protestante hubiese arrebatado á Roma sus mejores Estados
+espirituales, á no<a name="page_100" id="page_100"></a> ser por la casa de Austria. Los reyes de España,
+después de largas guerras, sólo pudieron conservar fiel al Papado la
+católica Bélgica. Los emperadores de Austria, con la espada implacable
+de Wallestein y los horrores de la guerra de los Treinta Años,
+mantuvieron sumisos al Pontífice enormes Estados.</p>
+
+<p>Este buen servicio á la causa de Dios ha sido pagado al pueblo austriaco
+con toda clase de derrotas, hasta el punto de que sus ejércitos, con ser
+muy valientes, parecen sin otra misión en la historia que la de ser
+vencidos por franceses, alemanes é italianos. Sus monarcas han sido
+objeto de toda clase de infortunios, como si el Todopoderoso les
+distinguiese con especial antipatía.</p>
+
+<p>La cripta de los Capuchinos recuerda los subterráneos de las
+terroríficas novelas de Ana Radcliffe, donde cada tumba encierra una
+tragedia, vagando entre ellas espectros ensangrentados. En menos de un
+siglo se han amontonado en este lugar los despojos de las más tristes
+historias.</p>
+
+<p>Dos féretros de plomo, cubiertos de coronas, rasgan, con la brillantez
+de los colores de sus cintas y el oro de sus franjas, la penumbra gris
+del subterráneo. Uno de ellos guarda los restos de la emperatriz
+Elisabeth, la esposa del emperador actual, asesinada en Ginebra. Vagaba
+por el mundo de riguroso incógnito, como una viajera cualquiera. Nadie
+la conocía; ella misma deseaba olvidar su rango de emperatriz;
+transcurrían años sin que<a name="page_101" id="page_101"></a> volviese á sus dominios; pero sin embargo, la
+fatalidad, que respeta á los monarcas ostentosos rodeados de la pompa de
+su investidura, hizo que una mirada feroz se fijase en la modesta
+viajera, vestida de negro.</p>
+
+<p>En la otra caja está su hijo Rodolfo, el heredero de uno de los más
+grandes Estados de Europa, muerto misteriosamente en un drama de alcoba,
+como un protagonista de «Crónica de sucesos», dejando, al abandonar el
+mundo, la duda entre un suicidio voluntario, una monstruosa amputación ó
+un asesinato bestial, perpetrado en la locura de la embriaguez.</p>
+
+<p>Unos ataúdes, sin adorno, oxidados por los años, encierran los dos
+últimos pensamientos de Napoleón. En uno está María Luisa, graciosa y
+casquivana archiduquesa, esposa del primero de los guerreros modernos,
+entregada cobardemente por su padre á un sublime advenedizo, ansioso de
+ennoblecerse históricamente tomando mujer de la casa austriaca, antiguo
+y acreditado centro de exportación de reinas. Ser esposa amada de un
+Napoleón, sentir en sus sienes la mayor de las coronas, y al llegar la
+hora de las gloriosas desgracias y las tristezas ennoblecedoras,
+abandonar al marido sin un recuerdo, ahogando su memoria con amorcillos
+vulgares y muriendo en un ridículo principadillo italiano... ¡qué final
+puede hallarse más triste!</p>
+
+<p>Junto á ella duerme el <i>rey de Roma</i>, el <i>Aiglon</i>,<a name="page_102" id="page_102"></a> el joven paliducho,
+soñador y vacilante, que Napoleón dió al mundo, como esas ramas faltas
+de savia que echan los árboles gigantescos cansados de producir. La
+sangre de la madre atrajo sobre su cabeza el eterno infortunio de la
+dinastía austriaca. Sus ojos, al abrirse á la luz, vieron en torno de
+él, como servidores, á los hombres más poderosos de la época: brazos que
+conquistaban reinos se emplearon en pasear su infancia; el imperio de
+Europa figuraba en su canastilla al nacer; los primeros guerreros del
+mundo sentían rodar lágrimas por los canos mostachos al contemplar su
+retrato en los nevados campamentos de Rusia; y sin embargo, cuando le
+sorprendió la muerte en las habitaciones de Schœnbrunn (un palacio en
+el que se instaló su padre como conquistador y que habitó él como nieto
+pobre, portador de un apellido odioso), este engendro triste del genio y
+la sangre rancia sólo dejó como recuerdo de su paso por el mundo un
+melancólico vals. La última vez que le vió el pueblo de Viena fué
+mandando un piquete en el entierro de un general obscuro. ¡El hijo de
+Napoleón escoltando el cadáver de un militar sin nombre, que más de una
+vez habría corrido ante su padre!...</p>
+
+<p>Un ataúd aislado, junto á una pilastra, guarda otra tragedia. El nombre
+de <i>Queratarus</i>, que figura en la inscripción latina de la tapa, hace
+surgir el recuerdo de Méjico y la fantástica tentativa de un imperio
+americano, derrumbada al<a name="page_103" id="page_103"></a> estampido de un fusilamiento. En esta caja
+está Maximiliano I y último de Méjico, que llevó al otro lado de los
+mares el destino fatídico de su familia.</p>
+
+<p>El pensamiento abandona el fúnebre subterráneo para esparcirse por el
+mundo, y abarca á los innumerables archiduques errantes sobre la tierra,
+como si quisieran huir de las glorias terrenales de su familia, que
+equivalen á una maldición, y olvidar un apellido famoso, que parece
+atraer la muerte ó la locura. El fantástico Juan Ort desaparece como un
+héroe de novela en la punta más avanzada de la América meridional; otro
+archiduque vive como un labriego en una isla del Mediterráneo; otro
+reniega de su apellido para ser capitán mercante; otro más se casa con
+una cómica, ansioso de aplebeyarse y que todos olviden su origen... La
+desesperación ó la locura guían los pasos de estos descendientes de la
+más católica y rígida de las monarquías.</p>
+
+<p>La familia se deshace. ¡Quién sabe la suerte de su vasto imperio, simple
+expresión geográfica, sin cohesión de razas ni de espíritu, que
+lógicamente debe fraccionarse, dando vida á organismos más homogéneos!</p>
+
+<p>La densa humedad del subterráneo, su vulgar desnudez, cargada de hedores
+de corrupción y moho, me hace ansiar la vuelta á la luz y al aire libre.</p>
+
+<p>Al llegar arriba, el capuchino mira su reloj, y<a name="page_104" id="page_104"></a> espontáneamente me
+indica qué templo debo escoger para oir misa.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando usted vuelva á España&mdash;añade con tono insinuante&mdash;, si ve usted
+á la reina...</p>
+
+<p>&mdash;¡Gracias! No la conozco, no la trato...&mdash;digo modestamente, ante su
+mirada de asombro.</p>
+
+<p>Y al irme, para agradecerle sus molestias y que no pierda el alto
+concepto que tiene de los españoles (¡los primeros de los católicos!),
+le alargo una peseta austriaca.<a name="page_105" id="page_105"></a></p>
+
+<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII<br /><br />
+¡Hermoso Danubio azul!...</h3>
+
+<p>De Viena á Budapest se va en cuatro horas por el tren y en trece horas
+por el Danubio. Escoger entre ambos modos de locomoción no ofrece duda
+para los más de los viajeros. Sin embargo, yo me embarqué á las siete de
+la mañana en un vaporcito, frente al muelle del Prater, y dije adiós á
+Viena, envuelta todavía en las neblinas del amanecer.</p>
+
+<p><i>¡Hermoso Danubio azul!</i>... como cantan en el famoso vals. Lo de azul es
+una exageración patriótica del músico Strauss, pues yo no lo he visto de
+tal color un solo instante, ni en los muelles de Viena, de reciente
+construcción, ni en las revueltas de su curso, que forma más de cien
+islas, ni en las inmediaciones de Budapest, donde muge al tropezar con
+altivos y negros promontorios, que son como estribaciones avanzadas de
+los montes Karpatos. Su color es un blanco gris y luminoso, semejante al
+reflejo del acero pulido.<a name="page_106" id="page_106"></a></p>
+
+<p>Pero hermoso sí que lo es el célebre río, de una belleza majestuosa,
+imponente y algo salvaje, que bien merece los versos y los suspiros de
+violín dedicados á su gloria.</p>
+
+<p>Cerca del puente del Brünn transbordamos á un vapor grande, y empieza la
+navegación río abajo, moviendo el buque las ruedas en una corriente
+veloz que acelera su marcha.</p>
+
+<p>¡Famoso viaje! Sobre la cubierta agrúpase una multitud pintoresca y
+abigarrada, que parece resumir el amontonamiento de pueblos del imperio
+austriaco: gitanas bronceadas, envueltas en mantones y con un pañuelo
+sombreando los ojos de brasa, lo mismo que las que se ven en Madrid
+cerca del puente de Toledo; aldeanas con blancas camisetas de mangas de
+farol y faldellín corto y hueco, como el de las bailarinas, que al menor
+descuido deja ver la carne sonrosada y maciza más allá de las medias
+atadas bajo las rodillas; campesinos húngaros de fiero bigote y
+encintado sombrerillo, moviendo al andar los pantalones blancos de
+campana y la blusa ceñida por una faja multicolor; soldados azules con
+las piernas ajustadas en un <i>colant</i> que les da aspecto de gimnastas, y
+mezclado con todo este mundo un revoltijo de fardos, cestos, cuerdas y
+maletas, un oso y varios monos de una banda de bohemios y una cantidad
+regular de perros enormes, que se espeluznan y enseñan los dientes cada
+vez que llega hasta nosotros un ladrido de las lejanas orillas.<a name="page_107" id="page_107"></a></p>
+
+<p>El vapor danubiano es un arca de Noé por el amontonamiento de personas,
+animales y lenguajes. Cada grupo habla diferente idioma, y sin embargo,
+de la proa á la popa no hay quien entienda una palabra de francés, ni
+menos de español. El capitán, lobo fluvial de rudas maneras, sabe que
+existe en el mundo un pueblo italiano, y conoce vagamente de su lengua
+hasta media docena de palabras: esto es todo. En el comedor del barco,
+donde sólo entran los contados pasajeros de primera, los dos criados
+puestos de frac sonríen estúpidamente, encogiendo los hombros, y hay que
+emplear con ellos el más universal de los <i>esperantos</i>, el idioma de la
+seña. En la cubierta, el pasaje, abigarrado y movedizo como un coro de
+ópera, me habla con palabras extrañas, y yo contesto con la misma
+sonrisa de los mozos del comedor.</p>
+
+<p>El Danubio, al alejarse de Viena, ensancha su superficie y toma un
+aspecto más majestuoso, libre ya de las cadenas de piedra en que le
+aprisiona la gran ciudad. En ambas orillas se extiende una ancha faja,
+deshabitada, desnuda de cultivos y arboleda, sin otra vegetación que
+espesos juncos, cañas y matorrales enmarañados. Es el terreno reservado
+á las crecidas del gran río, que éste invade durante el invierno. De vez
+en cuando, agítase la silvestre vegetación y surgen de ella, como
+espantados por los bramidos del buque, rebaños de toros blancos ó de
+color de canela, con los<a name="page_108" id="page_108"></a> cuernos enormes, pero tímidos y mansos como
+vacas.</p>
+
+<p>Más allá de este Danubio en seco, los bosquecillos, de árboles delgados,
+pero de apretado follaje, dejan ver en sus claros campos, de intenso
+cultivo, granjas en torno de las cuales agítanse hombres y mujeres
+vestidos de blanco, aldeas de casitas rojas, agrupadas en torno de la
+iglesia, como una pollada alrededor de la madre.</p>
+
+<p>El curso del río, uniforme y grandioso, se bifurca y parece borrarse al
+través de innumerables islas. Vamos por canales que tienen muchos
+kilómetros de longitud. Las orillas están próximas; se oyen los gritos
+de los labriegos en los campos, el ladrido de los canes, el canto de un
+gallo, el tintineo de las campanas en las aldeas. Una de ellas se llama
+Essling, otra se llama Wagram. Las dos no son más que dos puñados de
+casitas, y sin embargo, sus nombres corren por el mundo, figuran
+esculpidos en uno de los arcos de triunfo más grandes de la tierra, y
+han servido para bautizar grandes bulevares de París.</p>
+
+<p>Hace próximamente un siglo, un hombrecillo de levitón plomizo y pequeño
+tricornio, montado en una yegua blanca, encontró magníficos estos campos
+para hacer pelear, en condiciones ventajosas, á los miles de hombres que
+le seguían, contra otros miles de hombres que intentaban defender sus
+familias y sus medios de vida, ó sea lo que se llama la patria. Aquí
+ocurrieron las famosas<a name="page_109" id="page_109"></a> batallas que aseguraron á Napoleón su dominio
+sobre Austria. Nada recuerda en las tranquilas aldeas estos sucesos
+<i>gloriosos</i> que las hacen inmortales. Un perro de pastor ladra sobre una
+altura que tal vez sirvió de pedestal durante unas horas al gran
+conductor de pueblos. Un rebaño blanco rumia la hierba en el mismo suelo
+que conmovieron hace noventa y ocho años, con pataleos de rabia ó de
+agonía, numerosos rebaños de hombres. Brilla el acero de unas guadañas
+en los campos, cortando algo que no puedo ver, pero que seguramente
+sirve para el sustento de la vida y es producto de la corrupción de
+quince ó veinte mil hombres que se mataron sin conocerse y sin odiarse.</p>
+
+<p>En las alturas inmediatas al río, van apareciendo, fuera del dédalo de
+islas, viejas iglesias góticas, ruinosos castillos, pueblos con antiguas
+fortificaciones. Es el Austria venerable y heroica, que data de las
+correrías de los turcos, y logró contener y esterilizar ante los muros
+de Viena el empuje oriental, librando al centro de Europa de una
+invasión que hubiese cambiado el curso de la Historia. Sobre una colina
+elévase una pirámide de tierra, de 19 metros, llamada el <i>Hütelberg</i>,
+que conmemora la expulsión definitiva de los otomanos. Su nombre
+proviene de que la tierra la llevaron los habitantes de los alrededores
+en sus sombreros (<i>hüte</i>).</p>
+
+<p>Al llegar á la desembocadura del Morava en<a name="page_110" id="page_110"></a> el Danubio, acaba el
+territorio austriaco y empieza el de la autónoma Hungría, que tiene por
+rey al emperador de Austria, pero se gobierna aparte, con toda la
+altivez de un pueblo de vieja historia.</p>
+
+<p>Hasta Budapest, todas las poblaciones de la ribera del Danubio tienen un
+nombre alemán y otro magyar.</p>
+
+<p>Presburgo, la segunda ciudad húngara, que un tiempo fué la capital, la
+llaman los magyares Pozsony. Su catedral, donde antiguamente se
+coronaban los reyes de Hungría, levanta por encima de los tejados una
+aguja de piedra con calados que transparentan el azul del cielo.</p>
+
+<p>Gran movimiento de personas y fardos en el muelle de desembarque. Frente
+al vapor suena una alegre música. Es una orquesta de zíngaros, negros y
+melenudos, que saludan á los pasajeros, haciendo sonar sus instrumentos,
+al mismo tiempo que ruedan los ojos y sonríen con una expresión
+inquietante, como si la música les inspirase proposiciones deshonestas.
+Son los violinistas de los cafés de París, los famosos <i>tzíganos</i> de
+todos los restaurants elegantes del mundo, pero al natural, sin casacas
+rojas ni peinado brillante de pomada, servidos en su propia salsa de
+andrajos y suciedad. No llegan á diez y parecen una orquesta enorme por
+el terreno que ocupan y la <i>autoridad</i> con que tocan.</p>
+
+<p>En primera fila están los pequeños, abiertos en extensa guerrilla y casi
+ocultos tras el violín;<a name="page_111" id="page_111"></a> mucho más lejos, los padres, y todos tocando la
+<i>cazarda</i>, de ritmo desigual, endiablado y loco, con el busto echado
+atrás, el vientre saliente y la mirada perdida en lo alto, como si
+fuesen á desmayarse á impulsos de desconocida voluptuosidad. Es la
+actitud tradicional, el gesto de Rigo, que trastornó algo más que el
+seso á la inflamable princesa de Caramán-Chimay.</p>
+
+<p>Al alejarnos de Presburgo ó de Pozsony, la navegación adquiere una
+hermosura monótona; siempre ante la proa una extensión de río enorme,
+con el horizonte cerrado por una revuelta, que lo convierte
+aparentemente en mansa laguna. En las riberas se ven colinas cubiertas
+de cepas, que producen los vinos rojos de Hungría y el famoso <i>Tokay</i>, ó
+enormes peñones, cuyas cimas coronan castillos arruinados.</p>
+
+<p>Empiezo á arrepentirme de la larga navegación. Cae la tarde. El sol no
+es ya más que un charco de oro, que parece hervir en el horizonte entre
+montones de nubes negras. Su agonía se refleja en el Danubio, poblando
+de impalpables peces de fuego las aguas que rebullen en torno de las
+paletas de las ruedas. La fatiga de una navegación entre orillas que
+parecen siempre iguales, como si el río se repitiese á cada revuelta,
+empieza á apoderarse de mí. ¡Qué mala idea venir por el río! Fatal
+afición á lo raro, que hace preferir los viajes difíciles siempre que
+sean extraordinarios y no los hagan los demás.<a name="page_112" id="page_112"></a></p>
+
+<p>Una isla cierra el horizonte. Entramos en un canal entre ella y la
+orilla. En la ribera opuesta, sobre una altura, empiezan á surgir
+blancos grupos de caserío y torres puntiagudas.</p>
+
+<p>¡Budapest!... Nunca he experimentado sorpresa tan grande. La decepción
+de poco antes se cambia en alegría. Bendita idea la de venir por el
+Danubio y llegar embarcado á la capital de los magyares. Budapest es
+sencillamente la ciudad más hermosa de Europa al primer golpe de vista.
+No lo digo yo: lo afirman todas las guías y todos los viajeros.</p>
+
+<p>à la derecha del río, Buda, la ciudad antigua, extendiendo sobre una
+cadena de alturas sus recuerdos históricos. En la ribera izquierda,
+Pest, la población enorme, donde están los edificios recientes y las
+industrias modernas. Enormes puentes colgantes unen una orilla á otra,
+siendo como el guión que junta el nombre doble de la ciudad: Buda-Pest.</p>
+
+<p>Nos detenemos en la isla Margarita, que parte al río en una regular
+extensión antes de penetrar éste entre las dos ciudades.</p>
+
+<p>En una colina inmediata, rodeada de jardines, existe una pequeña
+mezquita de forma octógona. Llama la atención este templo musulmán,
+blanco y escrupulosamente cuidado, en el católico Budapest, que ostenta
+junto al Danubio la iglesia de San Matías, semejante á un castillo.</p>
+
+<p>La mezquita guarda bajo su blanca cúpula la<a name="page_113" id="page_113"></a> tumba de Gül Baba, santón
+turco, que sus compatriotas juzgaron sacrílego llevarse á Constantinopla
+al evacuar á Budapest. La obligación de conservar en buen estado la
+tumba del santo musulmán, figura en un artículo del Tratado de paz de
+Carlowitz, entre Austria y Turquía, en el siglo XVII, y los austriacos
+respetan el antiguo compromiso.</p>
+
+<p>Esta huella de la dominación turca me hace recordar que estoy ya en las
+puertas del imperio de Oriente.<a name="page_114" id="page_114"></a></p>
+
+<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV<br /><br />
+La ciudad de los magyares</h3>
+
+<p>De noche parece Budapest una población de ensueño. La doble ciudad
+refleja en el Danubio&mdash;que tiene cerca de medio kilómetro de
+anchura&mdash;los fuegos de su espléndida iluminación. Desde los muelles de
+Pest, que es la más grande por estar en el llano, se contempla enfrente
+á Buda, enroscando sus rosarios de luces de gas por las sinuosidades de
+las colinas y sembrando las rocas de faros eléctricos, que brillan como
+lunas.</p>
+
+<p>Por las negras aguas pasan las linternas de los vaporcillos invisibles,
+borrando momentáneamente, con el remolino de su marcha, los temblones
+reflejos de las luces de los muelles.</p>
+
+<p>De los cafés, que brillan como bocas de horno en la orilla opuesta,
+llegan á intervalos, con los soplos de la brisa, suspiros de violines ó
+el rugido metálico de una banda militar. En los paseos, campesinas de la
+Galitzia austriaca ó de Transilvania, con trajes pintorescos, que
+recuerdan las invasiones turcas ó las guerras de María Teresa, van de
+restaurant en restaurant, llevando sobre el<a name="page_115" id="page_115"></a> vientre grandes cestos de
+frutas. La sandía, casi desconocida en los pueblos del centro de Europa,
+se muestra aquí y parece sonreir amigablemente con su purpúrea y redonda
+boca, anunciando que el Oriente está cerca. Los violines bohemios suenan
+tras los verdes arbustos de las terrazas, y las canciones melancólicas
+de Rumania sorprenden con sus palabras de origen latino, que hacen
+recordar al glorioso español Trajano, fundador y civilizador de dicho
+pueblo.</p>
+
+<p>De vez en cuando truena el suelo de los muelles y pasa un carruaje
+tirado por caballos húngaros, incomparables animales que marchan siempre
+al trote largo, como si éste fuese su paso natural, y unen el vigor y la
+corpulencia á la esbelta ligereza del corcel árabe.</p>
+
+<p>Cuando los esplendores del sol disuelven el negro misterio, moteado de
+luces, que envuelve á la doble ciudad, se muestra ésta monumental y
+grandiosa. En el moderno Pest, los grandes hoteles, los edificios del
+Estado, los templos de diversas religiones y los establecimientos de
+enseñanza, asoman sus masas arquitectónicas por encima del caserío. En
+el antiguo Buda, ciudad de alturas, hay una larga colina, que es como el
+Capitolio del pueblo magyar, pues la extensa meseta soporta los
+principales monumentos de su vida política. Sobre la ondulada cresta,
+cubierta de profundas manchas de jardinería, está el San Matías, templo
+del siglo XV, fortificado como un castillo. Ã sus naves<a name="page_116" id="page_116"></a> tuvo que venir
+á coronarse, como rey de Hungría, el actual emperador de Austria, entre
+las corvas cimitarras de los señores magyares, vestidos con el dolmán
+tradicional, haciendo sonar las espuelas de sus botas de cuero rojo, y
+ondulando sobre su gorro de húsar el blanco penacho sujeto con un joyel.</p>
+
+<p>Al lado de San Matías extiende sus innumerables cuerpos arquitectónicos
+el <i>Királyi palota</i>, palacio real, en el que no ha vivido ningún rey
+desde hace más de un siglo, pero que no por esto respetan menos los
+húngaros como un símbolo de su relativa independencia. Ochocientas
+sesenta habitaciones tiene este palacio, que comenzó á construir María
+Teresa, todas lujosas, todas deshabitadas, y muchas de ellas con muebles
+modernísimos que nadie ha usado. El palacio, con su ostentosa frialdad
+de mansión vacía, tiene algo de tumba; pero los húngaros lo adoran,
+viendo en él una prueba de que en nada dependen del grandioso alcázar
+que se alza en el corazón de Viena.</p>
+
+<p>El palacio real, el Parlamento y la Academia, son los tres orgullos de
+los ciudadanos de Budapest. Los rudos señores magyares, que en el campo
+llevan aún una vida casi feudal, que no poseen otra ciencia que la
+hípica, educando los caballos en los pantanos inmediatos al Danubio, y
+cuando quieren obsequiar á un compatriota ilustre, pianista ó poeta, le
+regalan... <i>un sable de honor</i>, hablan de la Academia de Budapest con el
+respeto supersticioso que inspira lo desconocido. La Academia<a name="page_117" id="page_117"></a> húngara
+es una institución particular, fundada hace años por el conde Szechenyi,
+quien la instaló en lujoso palacio y la legó un excelente museo.</p>
+
+<p>Compuesta de trescientos miembros, se dedica, según los estatutos que
+dictó su fundador, al estudio de la historia y la lengua húngaras, y al
+de todas las ciencias, menos la Teología. Su biblioteca la forman medio
+millón de volúmenes; su museo de Pinturas tiene mil cuadros, de los
+cuales unos cincuenta (los mejores) son de la escuela española,
+figurando á la cabeza cinco de Murillo.</p>
+
+<p>Pero de todos los edificios públicos, el que más entusiasma á los
+magyares es el Parlamento. Los hijos y nietos de aquellos húngaros
+revolucionarios que en 1848 fundaron la República, presidida por Kosuth,
+ya que no pueden lanzarse al campo sobre veloces caballos de batalla,
+vestidos con su uniforme tradicional de húsar y blandiendo el corvo
+sable contra los opresores austriacos, se han refugiado en el
+Parlamento, el <i>Uj Orszaghaz</i>, como en un lugar de combate, donde dan
+expansión á sus resentimientos históricos.</p>
+
+<p>El edificio, de construcción reciente, es digno de la importancia que
+atribuyen los húngaros á la vida parlamentaria, última manifestación,
+por el momento, de su antigua rebeldía.</p>
+
+<p>Visto este palacio por primera vez, asombra é intimida con su grandeza.
+Examinado más despacio, parece un disparate arquitectónico, una
+fanfarronada de piedra, con centenares de habitaciones<a name="page_118" id="page_118"></a> y alas enteras
+que para nada sirven. El deseo de los húngaros fué poseer un Parlamento
+más grande que el de Viena y todos los del mundo; algo que por su
+inmensidad estuviera en relación con la importancia de sus aspiraciones
+políticas, y construyeron como gigantes.</p>
+
+<p>El palacio ocupa una superficie de 15.000 metros cuadrados; su cúpula
+central tiene 106 metros de altura; su coste ha sido de 36 millones de
+coronas.</p>
+
+<p>El exterior, mezcla de gótico y bizantino, ofrece cierta semejanza con
+San Marcos de Venecia, pero considerablemente amplificado. Su interior
+tiene algo que recuerda las doradas filigranas del decorado árabe.</p>
+
+<p>&mdash;Esto se parece á la Alhambra&mdash;afirman con irresistible convicción los
+húngaros entusiastas, que jamás han estado en España ni han visto del
+palacio árabe más que alguna tarjeta postal.</p>
+
+<p>Nada tienen de la Alhambra sus salones; pero algunos recuerdan vagamente
+las cámaras del Alcázar de Sevilla.</p>
+
+<p>Bajo la gran cúpula central, al término de una escalinata de mármol
+construída para colosos, está la rotonda de oro y mármoles polícromos
+titulada Salón del Trono. En ella, al abrirse el Parlamento, se reunen á
+escuchar el discurso del invisible rey de Hungría, que vive en Viena,
+los 450 individuos de la Cámara de Diputados y los 300 de la Cámara de
+los Señores, todos vistiendo<a name="page_119" id="page_119"></a> el uniforme nacional, cargados de
+cordones, con cinturón y collares de pedrería, la pelliza flotante sobre
+un hombro, el sable haciendo sonar las losas con el tintineo de su vaina
+de bronce, prolijamente cincelada; la mayoría con ojos belicosos,
+prontos á tirar del acero, como sus remotos abuelos se presentaron á la
+abandonada emperatriz de Austria para gritar: <i>¡Moriamo pro regem
+nostrum Maria Teresa!</i>; pero éstos si desean morir por alguien, es por
+la independencia de Hungría.</p>
+
+<p>El partido llamado independiente cuenta con más de la mitad de los
+individuos del Parlamento, acaudillados por el hijo de Kosuth, el héroe
+magyar. Los amigos incondicionales de Austria no llegan á cincuenta. Los
+misioneros viven gracias á la desdeñosa protección del partido de la
+independencia, que aun no cree llegada la hora de moverse, por miedo á
+la Alemania aliada del emperador austriaco. Cuando muera el anciano rey
+de Hungría ó cuando surja un conflicto en Europa que distraiga las
+fuerzas de la Triple Alianza, los húngaros harán indudablemente algo más
+que asistir á las sesiones de su Parlamento.</p>
+
+<p>Mientras tanto, procuran dar á éstas la mayor amenidad posible, para
+entretenimiento del pueblo magyar, y que no se pierda la tradicional
+acometividad de la raza.</p>
+
+<p>Los húngaros no son hermosos, arrogantes y bigotudos, como los pintan
+generalmente, con sus uniformes de fiesta. Los hay pequeños, con<a name="page_120" id="page_120"></a> una
+amarillez asiática, pómulos salientes y mirada salvaje, que parecen
+verdaderos kalmucos. Las tradiciones magyares hablan de Atila como de un
+héroe del país, y atribuyen á los hunos la fundación de Buda. En el
+techo de uno de los salones del Parlamento aparece el temible guerrero
+«Azote de Dios», en compañía de Wotan, Sigfrido y demás héroes
+mitológicos.</p>
+
+<p>Cuando los diputados magyares se enfurecen contra el gobierno, tratan su
+magnífico palacio como una ciudad tomada por asalto. Rompen bancos y
+pupitres en el salón de sesiones y arrojan los pedazos á la cabeza del
+presidente del Consejo y sus ministros, si éstos son tan inocentes que
+aguardan á pie firme la contundente rociada.</p>
+
+<p>Después se restaura el mueblaje, se reparan las estatuas descabezadas,
+se muestran más blandos y tolerantes los amigos de Austria, y... hasta
+que llegue la hora en que las escenas interiores del Parlamento se
+repitan fuera, á lo largo de las riberas del Danubio, donde piafan los
+caballos salvajes, y los pastores, con capas de pieles, hablan de la
+corona de San Esteban y de los héroes de su raza, desde el valeroso rey
+Matías Corvino hasta el abogado Kosuth, convertido en general, que dijo
+adiós á la patria y prefirió morir en suelo extranjero, tras larga y
+obscura ancianidad, antes que verla gobernada por austriacos.<a name="page_121" id="page_121"></a></p>
+
+<h2><a name="EN_ORIENTE" id="EN_ORIENTE"></a>EN ORIENTE</h2>
+
+<p><a name="page_122" id="page_122"></a></p>
+
+<p><a name="page_123" id="page_123"></a></p>
+
+<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV<br /><br />
+Los Balkanes</h3>
+
+<p>El tren deja atrás Kiskörös, patria de Petofi, el famoso poeta húngaro,
+y la ciudad de Carlowitz, célebre por su tratado de paz entre Austria y
+Turquía y por ser cuna del poeta servio Branko Radichevié.</p>
+
+<p>En los corredores de los vagones suena un ruido de sables, y un capitán
+del ejército servio, seguido de varios gendarmes, va pidiendo el
+pasaporte á los viajeros. Salimos de la verdadera Europa. En adelante,
+imposible viajar, ni aun moverse, sin exhibir á cada momento el
+pasaporte, contestando á bulto las preguntas del policía, á quien no
+entendéis y que no os entiende.</p>
+
+<p>Empieza el Oriente, al que sirven de avanzada los Balkanes, con sus
+pequeños y revoltosos Estados. Pasamos el Save, amplio afluente del
+Danubio, por un puente larguísimo, y la ciudad de Belgrado, capital de
+la Servia, aparece sobre un<a name="page_124" id="page_124"></a> promontorio, dominando con su antigua
+ciudadela turca la confluencia de los dos ríos.</p>
+
+<p>Al apearme en la estación, gran extrañeza de los viajeros, todos los
+cuales van directamente á Constantinopla, y de los mismos servios que
+llenan el andén: gendarmes, policías de uniforme ó de paisano, simples
+curiosos habituados á ver pasar los trenes de Oriente sin que á ningún
+extranjero se le ocurra detenerse en su capital.</p>
+
+<p>Es de noche, hace frío y llueve. En la Aduana vuelven á examinar mi
+pasaporte varios oficiales de gendarmería y un comisario joven, de largo
+gabán, con perfil de ave de presa, que hace adivinar bajo el sombrero un
+cráneo puntiagudo y pelado. Es el sabio de la compañía. Después de
+examinar largamente el papel, atina con la nacionalidad.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Spaniske!</i>&mdash;exclama con cierto asombro.</p>
+
+<p>¡Un español en Belgrado!... Y la pregunta, que parece reflejarse en los
+ojos de los oficiales servios, la formula el policía en una jerga mezcla
+de italiano y servio. Les asombra mi propósito de entrar en Belgrado, y
+aun se extrañan más al enterarse que es sólo un capricho, una curiosidad
+de viajero.</p>
+
+<p>Me abstengo prudentemente de decir que mi detención no tiene otro objeto
+que ver de cerca el Konak, el trágico palacio donde, hace cuatro años,
+fueron asesinados en la cama el rey Alejandro y la reina Draga por los
+oficiales sublevados.</p>
+
+<p>Los nuevos gobernantes de Servia viven en<a name="page_125" id="page_125"></a> perpetuo recelo. Bien se nota
+en las precauciones de la policía y en su deseo manifiesto de aislar al
+país del resto de Europa. El nuevo rey, Pedro, cuenta con el ejército,
+que le dió inesperadamente la corona cuando más desesperanzado vivía en
+un tercer piso de la ciudad de Ginebra, sufriendo grandes estrecheces;
+pero á pesar de este apoyo, no olvida que existe en Constantinopla un
+hijo natural de Milano, hermano, por consiguiente, del asesinado
+Alejandro, al cual educan para pretendiente, y que, cualquier noche, un
+grupo de oficiales que se juzguen ofendidos pueden reunirse en el Casino
+Militar, inmediato al Konak, y entrar en éste sable en mano, como
+entraron hace cuatro años.</p>
+
+<p>Al fin, el bicho raro, el <i>spaniske</i>, puede penetrar en la ciudad,
+dentro de un coche de alquiler que salta sobre el suelo mal empedrado y
+pendiente de las calles empinadas. Las casas son bajitas; las calles,
+obscuras. Ã grandes trechos farolas de electricidad, como para fingir
+una civilización occidental; pero su luz turbia se pierde en las
+tinieblas de Belgrado, haciendo aun más palpable la lobreguez. La
+capital de Servia tiene por la noche cierto aspecto de ciudad española;
+algo así como un gobierno civil de quinta clase, ó una de esas
+poblaciones episcopales, sin otra vida que la que le proporcionan el
+palacio del prelado y el seminario. Aquí, el obispo que da importancia á
+la ciudad es un rey.<a name="page_126" id="page_126"></a></p>
+
+<p>Ni un transeunte en las calles. Son las diez de la noche y Belgrado está
+muerta. Cada cien pasos, inmóvil bajo un cubertizo ó en el quicio de una
+puerta, veo un gendarme. No existe en Europa ciudad mejor guardada. El
+gendarme servio da una alta idea del país, con su aire arrogante de
+funcionario bien mantenido y su uniforme azul obscuro con vueltas
+encarnadas, altas botas y gorra de plato. Son jóvenes, con una expresión
+insolente de bravura en sus duros ojos. Ciertos objetos tienen una
+fisonomía y un alma lo mismo que las personas, y el revólver que llevan
+al cinto los gendarmes servios parece suelto y vivo dentro de su funda,
+con deseos de saltar y hacer fuego por sí solo, sin mirar contra quién,
+por un exceso de recelo y de fervor monárquico. Los que piensen
+conspirar contra el anciano Pedro Karageorgewitch, tienen que pasarlas
+muy duras.</p>
+
+<p>Encuentro abrigo en el «Hotel de los Balkanes», especie de posada, á
+pesar de su pretencioso título, en cuyo piso bajo, al través de una
+espesa nube de tabaco, veo bebiendo cerveza á media docena de popes
+griegos, sacerdotes morenos, melenudos y barbones, de expresión feroz,
+con la aceitosa cabellera coronada por un gorro en forma de bellota. Más
+allá llenan varias mesas como dos docenas de oficiales de diversos y
+vistosísimos uniformes, blancos, rojos, grises ó azul celeste,
+excelentes jóvenes con un perfil de ave de rapiña semejante al de su
+rey, que mueven sables y hacen<a name="page_127" id="page_127"></a> sonar espuelas con cierta delectación,
+como saboreando la omnipotencia de su fuerza, que les permite cambiar de
+monarca al final de una cena. En las otras mesas, simples paisanos,
+acompañados de sus mujeres é hijas, beben con cierto encogimiento
+respetuoso y sonríen cuando logran cambiar alguna palabra con los
+sacerdotes y los soldados.</p>
+
+<p>Son tenderos judíos ó griegos, que saben venerar á estos firmes pilares
+de la sociedad, y por esto el Señor bendice sus negocios y hace que
+prosperan á costa de los pobres campesinos servios.</p>
+
+<p>Muchos de ellos se animan al conocer mi nacionalidad, y hablan un
+castellano fantástico, mezcla de palabras anticuadas y de voces
+orientales.</p>
+
+<p>&mdash;Yo espanyol... Los mayores, de allá... Espanya terra bunita.</p>
+
+<p>Abren los ojos desmesuradamente al decir esto; sonríen señalando al
+vacío, como si viesen á los mayores en su éxodo doloroso al ser
+expulsados de la <i>terra bunita</i>, y acaban por mirarme con la misma
+expresión de humildad sonriente que á los popes y á los fierabrás
+uniformados, cual si la vista de un español les abriese las carnes con
+amenazas de hogueras y degollinas. Pero su atávico terror de raza
+acobardada por luengos siglos de palos y despojos, no impide á estos
+dulces <i>espanyoles</i> que al día siguiente le suelten al<a name="page_128" id="page_128"></a> compatriota
+moneda falsa en sus tiendas, ó le hagan pagar doble el paquete de
+cigarros ó la tarjeta postal.</p>
+
+<p>En la plaza del mercado, poco después de la salida del sol, puede
+apreciarse el carácter pintoresco que aun guarda el pueblo servio.
+Llegan los campesinos de los alrededores de Belgrado, llevando al hombro
+largos palos, de los que penden en balanza verduras, frutas ó volatería.
+Los hombres, de ojos salvajes y bigotes felinos, llevan el gorro
+nacional, una tiara de felpa, y por debajo de su chaleco de colores caen
+unas faldillas blancas que ocultan los bombachos y dejan al descubierto
+unas polainas de piel de cordero, ceñidas por las correas de puntiagudas
+abarcas. Las mujeres tapan sus trenzas con pañuelos puestos á la
+oriental, encierran el busto en una chaqueta redonda de amplias mangas,
+y sobre la ropa interior, de dudosa blancura, llevan arrollada, á guisa
+de falda, una pieza de tela gruesa de anchas fajas de colores semejante
+á un pedazo de alfombra. Son aún los campesinos de la dominación turca,
+el pueblo formado con los sedimentos de innumerables invasiones
+guerreras. En vano ofrece Belgrado cierto aspecto de civilización
+occidental, con sus tranvías, su alumbrado, sus tiendas, sus periódicos
+y su único teatro. El pueblo servio no es más que una tribu belicosa que
+cultiva la tierra.</p>
+
+<p>La tragedia del Konak debió parecerle el suceso<a name="page_129" id="page_129"></a> más natural del mundo.
+Matar á unos reyes para poner á otros en su sitio todavía caliente, es
+un hecho vulgarísimo en Servia. Alejandro no fué el primer soberano
+asesinado, ni será, ciertamente, el último.</p>
+
+<p>Los vecinos de Belgrado aprecian como un gran honor el ir por las calles
+al lado de un oficial ó de un pope. Los sacerdotes son innumerables, y
+en cuanto á militares, se ven, relativamente, más en Servia que en
+Alemania. Hay sotanas negras, verdes y azules, popes con faja y sin
+ella, con grandes pectorales ó con una simple cruz, y los uniformes
+militares son tan incontables que, dada la pequeñez de Servia, hay que
+creer que cada regimiento usa traje distinto. Pero todos los servios,
+vistan como vistan, lo mismo los que imitan las modas occidentales con
+la exageración propia de una ciudad de provincias, que los que siguen
+fieles á los antiguos usos; así los sacerdotes, los militares, los
+estudiantes saturados de teología ortodoxa y los altos empleados del
+Estado, como las damas que copian las novedades de Viena y París, todos
+tienen algo de inquietante, de rudo, de oriental y violento,
+adivinándose que una ligera raspadura en su moderno exterior basta para
+dejar al descubierto al bárbaro, al servio belicoso de otros tiempos,
+que fué el más implacable de los guerreros.</p>
+
+<p>Mi curiosidad me lleva ante el Konak, un palacio no más grande que
+cualquier hotel de la<a name="page_130" id="page_130"></a> Castellana. Esta monarquía, que sólo lleva
+cuarenta años escasos de existencia y ha tenido que improvisar todos los
+servicios de la vida moderna, manteniendo, además, por halagar el
+sentimiento nacional, un gran ejército, no permite á sus soberanos
+grandes lujos.</p>
+
+<p>Recuerdo que cuando fueron asesinados Alejandro y Draga, al hacerse el
+inventario de la <i>aventurera</i>, de la <i>Mesalina</i> odiada por el pueblo, su
+ajuar resultó más insignificante que el de una mediana <i>cocotte</i>. Creo
+que, entre nuevos y usados, sus vestidos no pasaban de media docena. Su
+dormitorio lo tenía adornado con esas baratijas que regalan en los
+cotillones, lo mismo que una señorita pobre. Sobre la mesa de noche se
+encontró abierta una novela de Anatole France, que estaba leyendo en el
+instante que entraron los oficiales sable en mano para hacer pedazos á
+ella y á su esposo, como una pareja de bestias dañinas. Seguramente que
+este volumen era el único libro francés que existía en Belgrado.</p>
+
+<p>Paso un día entero aburridísimo en la capital de Servia, aguardando la
+noche para tomar otra vez el tren de Oriente. Amortiguada la primera
+impresión de novedad, Belgrado me parece una odiosa población de
+provincias. Militares por todas partes, con su aire de perdonavidas, de
+bravos sin instrucción, que tienen metido en el puño á su país; popes
+que van de café en café empinando el codo con una sed insaciable;
+señoritas<a name="page_131" id="page_131"></a> de ojos asiáticos y sombreros copiados de París, que pasean
+por la calle principal seguidas de estudiantes y cadetes; una banda de
+música que toca en el jardín de la Ciudadela, en una plazoleta rodeada
+de bustos de servios ilustres...</p>
+
+<p>Salgo de la ciudad con el propósito de visitar, en una llanura lejana,
+la famosa «Torre de los Cráneos». Los turcos, para intimidar á los
+belicosos hijos del país, que les molestaban con una incesante lucha de
+guerrillas, elevaron la torre, cubriendo sus paredes con cráneos de
+servios desde los cimientos á las almenas. Hoy los cráneos han sido
+enterrados por la veneración patriótica, pero la torre sigue en pie,
+mostrando en su argamasa los innumerables alvéolos que contenían las
+calaveras.</p>
+
+<p>Al ir á la estación y ver por última vez las calles de Belgrado, paso
+ante el pequeño teatro Real, que exhibe en su portada los anuncios de la
+función del día. Por ellos me entero con sorpresa de que estamos á 24 de
+Agosto, cuando yo creía vivir en el 6 de Septiembre. El calendario de la
+religión ortodoxa griega me regala trece días más de vida al pasar por
+el país de los Balkanes.<a name="page_132" id="page_132"></a></p>
+
+<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI<br /><br />
+Los turcos</h3>
+
+<p>Un río, el Maritza, el Hebro de los antiguos, padre ó abuelo por el
+nombre de nuestro río aragonés, y en cuyas orillas destrozaron las
+Furias al dulce Orfeo, corre con grandes tortuosidades por el territorio
+de Servia y Bulgaria, cruza la Rumelia y penetra en la Turquía europea.
+Allí donde alcanza la benéfica influencia de sus aguas, el suelo
+balkánico es fértil y bien poblado. Frondosos bosques orlan las orillas
+de los torrentes, en cuyos cauces brama y se despeña una agua roja que
+arrastra la envoltura de tierra de las montañas. En los extensos prados
+pacen salvajes potradas ó rebaños de bueyes con las astas echadas atrás,
+en compañía de corderos enormes, de cuernos retorcidos como caracoles, y
+tan extraordinaria y majestuosamente voluminosos, que se comprende que
+los artistas de la antigüedad los escogieran para el adorno decorativo
+de palacios y altares.<a name="page_133" id="page_133"></a></p>
+
+<p>En los terrenos pantanosos de la Bulgaria y la Rumelia crece el arroz;
+en los campos secos amarillea el maíz; por las pendientes espárcense las
+viñas que producen el vino de los Balkanes, único que beben los
+cristianos y judíos del imperio turco. Las aldeas apenas si sobresalen,
+con débil relieve, sobre el fondo rojo de los montes, faltas de
+campanarios ó de minaretes, con la llana monotonía de la religión
+griega, que no siente el menor deseo de escalar el espacio y dirigir sus
+plegarias á las nubes.</p>
+
+<p>Sofía, la capital de Bulgaria, es otro Belgrado, aunque sus habitantes
+parecen de carácter más dulce. Su gobierno, dirigido por un príncipe de
+origen francés, que ha vivido largas temporadas en París, muestra gran
+empeño en asimilarse los progresos de otros pueblos. Los dos mejores
+edificios de Sofía son la Escuela de Medicina y la Imprenta Nacional, de
+donde salen importantes publicaciones. Esto, en un país como el de los
+Balkanes, significa algo notable.</p>
+
+<p>En Filopópolis, capital de la Rumelia oriental, todavía se ven los
+uniformes búlgaros; sables pendientes del hombro, altas botas, bonetes
+de astracán copiados de los rusos, grandes protectores del país; pero
+las mezquitas cortan el horizonte, incendiado por la puesta del sol, con
+la línea blanca y esbelta de sus alminares sutiles y puntiagudos como
+agujas. La huella de la dominación turca no se borra fácilmente.<a name="page_134" id="page_134"></a></p>
+
+<p>Cambia de pronto el personal del tren: los empleados de amplia gorra á
+la alemana son sustituídos por otros con fez rojo. Este gorro otomano,
+de color uniformemente purpúreo, empieza á verse por todas partes, dando
+á la muchedumbre vestida de obscuro el aspecto de una aglomeración de
+botellas lacradas. Suben á los vagones los aduaneros, arrastrando el
+corvo sable y llevándose para saludar una mano á la frente y otra al
+corazón. Gran registro de maletas, para no tocar nada más que los libros
+y los papeles. Luego se presenta la policía, graves señores de barba
+negra, pálidos y tristes como ascetas, con algo de clerical en sus
+levitas negras y sus gorros rojos é inmóviles.</p>
+
+<p>Examinan los pasaportes con cierto aire de cansancio, sin hablar apenas,
+y se van lo mismo que han venido, después de copiar los nombres en
+caracteres turcos, desfigurándolos al capricho de su pronunciación
+gutural.</p>
+
+<p>Estamos en el imperio otomano, en la estación de Adrianópolis, segunda
+capital de la Turquía europea, que sigue en importancia á
+Constantinopla. Los andenes están llenos de militares, con sus sombríos
+y elegantes uniformes europeos, semejantes á los de Alemania, pero
+rematados invariablemente por el fez rojo.</p>
+
+<p>Adrianópolis es la gran población militar de Turquía. Un ejército de
+80.000 hombres está acuartelado en la ciudad y sus alrededores. Los
+rusos, la última guerra con Turquía, llegaron á Adrianópolis<a name="page_135" id="page_135"></a> y
+acamparon en su recinto. ¡Quién sabe si tardarán mucho, los mismos
+extranjeros ú otros, en vivaquear en esta ciudad de hermosas mezquitas y
+enormes fortificaciones!...</p>
+
+<p>Turquía es el «gran enfermo» de Europa, según una frase mil veces
+repetida, y los pueblos importantes que no osan asesinarlo, por cerrarse
+el paso unos á otros, aguardan á que el enfermo se muera para repartirse
+sus bienes, procurando cada uno asistirle traidoramente en su dolencia,
+para familiarizarse con los secretos y costumbres de la casa y escoger
+con más seguridad cuando llegue el momento de la rebatiña general.</p>
+
+<p>Yo soy de los que aman á Turquía y no se indignan, por un prejuicio de
+raza ó religión, de que este pueblo bueno y sufrido viva todavía en
+Europa. Todo su pecado es haber sido el último en invadirla y estar, por
+tanto, más reciente el recuerdo de las violencias y barbaries que
+acompañan á toda guerra. Si sólo debieran vivir en Europa los
+descendientes directos de sus remotos pobladores, expulsando á las razas
+invasoras que llegaron después procedentes de Asia ó Ãfrica, nuestro
+continente quedaría desierto.</p>
+
+<p>Yo amo al turco, como lo han amado, con especial predilección, todos los
+escritores y artistas que le vieron de cerca. Diez y nueve razas pueblan
+el vasto imperio otomano. Mahometanos, judíos y cristianos, divididos en
+innumerables sectas, forman esta aglomeración de seres, distintos por
+orígenes<a name="page_136" id="page_136"></a> y tradiciones, que lleva el nombre de Turquía, y sin embargo,
+como dice Lamartine, «el turco es el primero y el más digno entre todos
+los pueblos de su vasto imperio».</p>
+
+<p>Existe una concepción imaginaria del turco, que es la que acepta el
+vulgo en toda Europa. Según ella, el turco es un bárbaro, sensual, capaz
+de las mayores ferocidades, que pasa la vida entre cabezas cortadas ó
+esclavas que danzan desplegando sus voluptuosidades de odalisca. Con
+igual exactitud piensan sobre nosotros los viejos de Holanda ó los
+Países Bajos, los cuales no pueden oir hablar de España sin imaginarse
+un país de implacables inquisidores, capaces de quemar por una simple
+errata en una oración, y donde todos los ciudadanos somos duros é
+inexorables como el antiguo duque de Alba.</p>
+
+<p>Los turcos han sido crueles porque han guerreado mucho, y la guerra
+jamás ha sido ni será escuela de bondades y de dulces costumbres. Otros
+pueblos civilizados, que llevan en los labios el nombre de Cristo, han
+tratado por medio de sus cañones y fusiles á los indígenas de Ãfrica y
+Asia peor que los turcos á las poblaciones de los Balkanes.</p>
+
+<p>Todos los escritores que han viajado por Turquía, se irritan contra la
+injusticia con que es apreciado este pueblo. El turco es bueno y franco.
+Su dulzura se manifiesta por un gran respeto á los animales. Jamás se le
+ve maltratarlos.<a name="page_137" id="page_137"></a></p>
+
+<p>La injusticia y la traición son los dos resortes que disparan su cólera.
+Esto hace que aunque el turco oculte, bajo las formas de una exquisita
+cortesía, su pèna por las injurias ó las humillaciones sufridas,
+aproveche la primera ocasión para saciar su resentimiento.</p>
+
+<p>La hospitalidad es la más visible de sus virtudes. No hay aldea en
+Turquía, especialmente en Asia, donde la falta de aglomeración de
+europeos aun no les ha enseñado lo que somos, que no tenga en todas sus
+casas la «habitación para viajeros», el <i>mussafir odassi</i>, donde todo
+viandante encuentra abrigo por una noche, sin tener que pagar nada y sin
+que el dueño muestre el más leve empeño en saber quién es y cuáles son
+sus opiniones.</p>
+
+<p>El turco es el más religioso de los hombres. Su fe es inquebrantable: ni
+la menor sombra de duda viene á turbar sus creencias. Está convencido de
+que posee la verdad; pero no siente el afán de los occidentales por
+imponer esta verdad á los otros, despreciando ó escarneciendo lo que el
+vecino piensa. Podrá creerse superior á los demás por ser musulmán y
+tener su religión como la única verdadera; pero no hace el menor
+esfuerzo por imponerla á nadie. El fanatismo mahometano del moro de
+Ãfrica no lo conoce el turco. En sus ciudades funcionan diversos cultos,
+y sacerdotes y templos son respetados con el escrúpulo que inspira á los
+otomanos todo lo que representa la fe en Dios.<a name="page_138" id="page_138"></a></p>
+
+<p>Su prudencia silenciosa y un tanto altiva da en Constantinopla grandes
+muestras de tolerancia. Jamás entran los turcos en los templos
+católicos, en las capillas protestantes, en las sinagogas ó las iglesias
+griegas á turbar el culto de los fieles. En cambio, fervientes
+mahometanos, tienen que irse á las mezquitas de los arrabales á hacer
+sus plegarias, pues en las céntricas y famosas se ven molestados por las
+bandas de europeos y europeas que entran con el <i>Baedecker</i> en la mano y
+el guía al frente de la expedición, tocándolo todo, queriendo verlo
+todo, riéndose de las ceremonias y de la cara en éxtasis de los fieles,
+y apostrofándolos algunas veces porque siguen las creencias de sus
+padres y no quieren conocer la verdad descubierta por los padres de los
+otros.</p>
+
+<p>Las matanzas de <i>cristianos</i> que ocurren de vez en cuando en Turquía, no
+tienen nada de religioso. à ningún turco se le ocurre matar porque la
+plegaria ordenada por el Profeta sea mejor que la misa de los armenios.
+En tal caso, dirigiría sus ataques contra los templos. Esas matanzas de
+cristianos, que explotan en Europa el fanatismo religioso y el interés
+político, desfigurando su carácter, son simples conflictos por el pan;
+choques sociales semejantes á las sangrientas peleas que ocurren á veces
+en Marsella entre trabajadores franceses é italianos, ó á los asesinatos
+de chinos que perpetran los trabajadores de los Estados Unidos cuando
+ven que, por la concurrencia terrible<a name="page_139" id="page_139"></a> de los asiáticos, pierde su
+precio la mano de obra.</p>
+
+<p>El armenio, que es en Turquía el cristiano por excelencia, se atrae las
+mismas cóleras populares que el judío de la Edad Media. El turco, señor
+del país, no puede moverse sin tropezar con el armenio, raza vencida que
+aprieta el dogal á sus dominadores con un odio de siglos. Los armenios
+son los comerciantes, los tenderos, los prestamistas, los ricos que poco
+á poco se apoderan de todo, consumiendo con las artimañas de la usura la
+vida entera del pobre osmanlí, que trabaja y trabaja sin verse libre
+nunca de la esclavitud del dinero. De propietario pasa insensiblemente á
+ser mísero arrendatario de la tierra que cultiva; si toma una industria,
+el armenio le empobrece fingiendo protegerle; si, acosado por el hambre,
+quiere hacerse <i>hamal</i> y cargar fardos en los puertos turcos, su
+enemigo, más musculoso y listo que él, le quita el sitio, trabajando por
+menos dinero.</p>
+
+<p>Caballeresco hasta en sus defectos, el turco gusta mucho de proteger á
+los demás y es magnánimo en sus dádivas; pero por esto mismo resulta
+ávido de dominación y la resistencia le vuelve cruel. Sus odios se
+condensan, su orgullo de raza se subleva ante estos antiguos siervos que
+se convierten astutamente en sus amos, y entonces apela á la espada,
+suprema razón del Profeta.</p>
+
+<p>¡Pobre Turquía! Viéndola de cerca se la ama más, porque se aprecian
+mejor sus cualidades y se<a name="page_140" id="page_140"></a> ven con mayor claridad los peligros que la
+amenazan.</p>
+
+<p>Al llegar á ella, sorpréndese el ánimo viendo los enormes territorios
+que ha perdido casi recientemente.</p>
+
+<p>En nuestros días ha sido expulsada del Montenegro, de la Bosnia y la
+Herzegovina, de Servia, Bulgaria y Rumania, y recientemente de la
+Rumelia. Esos despojos de su antigua dominación forman reinos.</p>
+
+<p>La Europa Occidental sueña con arrojar á los turcos al otro lado del
+Bósforo, arrebatándoles los territorios que poseen en el continente,
+enormes todavía, pero insignificantes comparados con sus dominios del
+pasado.</p>
+
+<p>Algunos ven en esto una gran victoria histórica, un desquite de la vieja
+Europa, que devuelve el territorio asiático á los invasores que tanto
+miedo la hicieron sufrir.</p>
+
+<p>Error: el turco ya no es asiático, como nosotros no somos latinos, á
+pesar de que nos agrupamos bajo este nombre. Ningún pueblo del mundo
+merece con justicia el origen que ostenta.</p>
+
+<p>Los turcos del Asia Central, que aun existen en el territorio de los
+Mongoles, son hermanos de estos otros que les abandonaron para marchar
+hacia Occidente como una ola devoradora. Los turcos asiáticos son de
+raza amarilla. Los turcos del imperio otomano, los que todos conocemos,
+son ya caucásicos como nosotros. Sus incesantes cruzamientos<a name="page_141" id="page_141"></a> con la
+raza blanca y los azares de la guerra con sus alborotadas mezcolanzas,
+han fundido y hecho desaparecer el primitivo elemento étnico.</p>
+
+<p>Ir por una calle de Constantinopla es casi lo mismo que por una calle de
+Madrid. Cada cara recuerda un nombre. Ã veces se duda, al cruzar la
+mirada con los ojos de un transeunte, y se lleva la mano al sombrero
+para saludar. Se cree uno en Carnaval y dan ganas de decir:</p>
+
+<p>&mdash;Amigo López... ó amigo Fernández: ¡basta de broma! ¡Quítese el gorrito
+rojo, que le he conocido!<a name="page_142" id="page_142"></a></p>
+
+<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII<br /><br />
+Constantinopla</h3>
+
+<p>Cuando Constantino hizo de Bizancio la capital del imperio y la llamó
+<i>Nueva Roma</i>, estaba lejos de imaginarse que su propio nombre
+prevalecería como título de la enorme ciudad.</p>
+
+<p>No hay población que pueda compararse, por su belleza topográfica, con
+la famosa Constantinopla, compuesta de tres ciudades. Pera y Galata,
+formando una sola agrupación urbana; Stambul, que ocupa el solar de la
+antigua Bizancio, y Scutari, en la ribera asiática.</p>
+
+<p>Para dar una idea aproximada de la situación de esa triple ciudad, hay
+que imaginarse una inmensa Y de forma irregular. El tronco de la Y es el
+final del mar de Mármara y la entrada del Bósforo; la rama de la
+izquierda, el famoso Cuerno de Oro, profundo brazo de mar que atraviesa
+la ciudad y se pierde tierra adentro; la rama de la derecha, la
+continuación del Bósforo, hasta dar con el Mar Negro.</p>
+
+<p>En el espacio comprendido entre el tronco de<a name="page_143" id="page_143"></a> la Y y el final de la rama
+izquierda, está Stambul. En el espacio que existe entre las dos ramas, ó
+sea en la península limitada por el Cuerno de Oro y el Bósforo, se
+hallan asentadas Galata y Pera. à lo largo del Bósforo, ó sea en todo el
+lado derecho de la Y, desde la base de la letra á su remate superior,
+están Scutari y demás poblados que pertenecen igualmente á
+Constantinopla. El lado izquierdo de la Y y el espacio comprendido entre
+las dos ramas, es Europa: todo el lado derecho de la letra, es Asia. Dos
+piastras (que son unos 60 céntimos) bastan para que un vigoroso remero
+turco, gran maestro en el arte de sortear las corrientes que van y
+vienen por el enorme callejón acuático, entre el mar de Mármara y el mar
+Negro, os lleve en unos cuantos minutos de un continente á otro.</p>
+
+<p>Las tres ciudades más importantes en la historia de la humanidad son
+Atenas, Roma y Constantinopla.</p>
+
+<p>Grecia enseñó á los hombres el arte de pensar, el culto de la belleza, y
+aun hoy vivimos de sus lecciones. Las leyes y usos de Roma regulan
+todavía la vida moderna. Constantinopla fué la intermediaria
+indispensable entre el mundo antiguo y el actual, hasta el punto de que
+si ella no hubiese existido, el mundo veríase privado de su más noble
+herencia, ignorando lo que filósofos, poetas y artistas pensaron y
+produjeron para nosotros hace tres mil años.<a name="page_144" id="page_144"></a></p>
+
+<p>Es de uso corriente despreciar á Bizancio y desconocer la importancia
+histórica del imperio de Oriente.</p>
+
+<p>Es cierto que la existencia del llamado Bajo Imperio fué poco noble, por
+su historia de miserias, crímenes y disensiones religiosas, que acababan
+siempre en derramamientos de sangre. El populacho, capitaneado por
+monjes bárbaros y falsos profetas, mataba ó moría defendiendo sutilezas
+teológicas que no le era dado entender. Por si los templos cristianos
+debían tener imágenes ó privarse de ellas, por si el Hijo era más ó
+menos que el Padre y el Espíritu Santo superior á los dos, el pueblo de
+«las discusiones bizantinas», saturado de nimias sutilezas de la
+decadencia griega, andaba á palos y cuchilladas en las callejuelas de
+Bizancio. Además, el Hipódromo, con los mil incidentes de sus carreras
+de carros, monopolizaba toda la vida nacional. El color de los dos
+bandos de cocheros, el verde y el azul, dividía al pueblo bizantino en
+dos grandes partidos, y <i>verdes</i> y <i>azules</i> ocupaban el poder á fuerza
+de revoluciones, derrocando emperadores y convirtiendo el circo en campo
+de batalla.</p>
+
+<p>Ã todas estas desgracias se unieron las grandes hambres, los incendios,
+la peste y los continuos ataques de los búlgaros durante los mil años
+que sobrevivió el decaído Bajo Imperio.</p>
+
+<p>Pero á pesar de su larga agonía. Constantinopla, centro del imperio de
+Oriente, tuvo su grandeza<a name="page_145" id="page_145"></a> y sirvió noblemente á la civilización. Ella
+guardó las tradiciones del arte griego, la legislación romana, los
+monumentos literarios, toda la antigüedad; y cuando en el siglo XI
+surgió el primer intento de Renacimiento, y en el XV llegó á ser un
+hecho el hermoso despertar de la Humanidad, de su seno salieron los
+hombres y las ideas que realizaron en Italia el retroceso bendito hacia
+la antigüedad clásica. Además, durante la Edad Media fué Constantinopla
+la gran muralla que contuvo el empuje de las invasiones asiáticas.
+Europa, defendida por este puesto avanzado, pudo constituirse lentamente
+á su abrigo. La cristiandad se dió cuenta de la importancia de
+Constantinopla cuando después de caer ésta en poder de los turcos, los
+vió avanzar en unos cuantos años hasta el corazón de Europa, siendo
+precisa una acción común para atajarlos junto á los muros de Viena y en
+las aguas de Lepanto.</p>
+
+<p>Grecia, aunque mutilada por los siglos y los hombres, guarda grandezas
+de su pasado en el Partenón y otros monumentos; Roma conserva el
+esqueleto de su gloria en ruinas, casi enteras, de termas, templos y
+circos; pero de la antigua Bizancio apenas quedan vestigios. El turco lo
+arrasó todo, más que por barbarie, por afán de dominación, por celos del
+pasado, por su deseo de que ninguna obra antigua pudiera rivalizar con
+las del período de gran esplendor que vino tras la conquista. Si respetó
+Santa Sofía fué para convertirla<a name="page_146" id="page_146"></a> en una mezquita, borrando de ella todo
+signo del cristianismo griego.</p>
+
+<p>Otros conquistadores no menos temibles que los turcos cayeron sobre la
+ciudad. En 1204 los cruzados creyeron más cómodo y lucrativo conquistar
+la gran metrópoli cristiana que pelear con los musulmanes de Asia, y su
+asalto fué terrible. En la ciudad de Constantino y Justiniano no quedó
+piedra sobre piedra. Los guerreros de la Cruz robaron templos y palacios
+y los marinos genoveses y venecianos que conducían en sus galeras la
+expedición, se cobraron el pasaje de la cruzada llevándose á sus
+repúblicas lo mejor de Constantinopla. Los famosos caballos de Lissippo,
+los cuatro corceles de bronce dorado que se encabritan en la fachada de
+San Marcos de Venecia, son un recuerdo de este gran saqueo. Cuando,
+expulsados al fin los cruzados, volvió á restablecerse el imperio
+griego, la ciudad conservaba sus famosos monumentos, pero empobrecidos
+por el despojo, y antes llegó la conquista de los turcos que el nuevo
+florecimiento de Bizancio.</p>
+
+<p>Nada queda en Constantinopla del pasado; pero ¡cuán hermosa es con su
+aspecto musulmán! No existe ciudad que pueda comparársela en grandeza.
+Londres ó París son más enormes, pero el viajero se convence de esto
+porque así lo dicen los libros, no porque lo vean sus ojos. Es imposible
+encontrar en ellas una calle ó una plaza que proporcione la sensación
+exacta de la grandeza de la<a name="page_147" id="page_147"></a> ciudad. Constantinopla, en cambio, puede
+abarcarse de un solo golpe de vista. Basta colocarse en mitad del Cuerno
+de Oro sobre un caique, ligero y movedizo como una piragua, ó en el Gran
+Puente, para admirar toda la importancia de la metrópoli musulmana.
+Ninguna ciudad del mundo, al decir de viajeros famosos, tiene tal
+aspecto de inmensidad. Su vecindario es de millón y medio de seres, pero
+cualquiera puede atribuirle cuatro ó cinco millones.</p>
+
+<p>à lo largo del Cuerno de Oro, en ambas riberas, el caserío ondula
+apretado sobre las colinas. En primer término se ven dos ciudades,
+siguiendo las tortuosidades de las orillas, y sobre éstas aparecen
+otras, en alturas que se alejan, y más allá continúa el caserío hasta
+esfumarse en el horizonte, azuleando como las montañas remotas. Y cuando
+la vista, cansada de esa inmensidad de edificios, se vuelve hacia la
+extensión de agua azul, ve al través de un bosque de mástiles una ribera
+que cierra el horizonte, la de Asia, y en ella nuevas agrupaciones
+urbanas, que cubren llanuras, escalan montañas y son también
+Constantinopla.</p>
+
+<p>La torre de Galata, pesada y enorme, mira desde lo alto de su península
+al viejo Stambul, erizado de minaretes, sutiles y blancos como la
+plegaria del buen creyente, y en cuya cima tiembla la flecha como una
+llama de oro. Las grandes mezquitas son amontonamientos de plomizas
+cúpulas<a name="page_148" id="page_148"></a> que ascienden en torno de la cúpula central, rematada por una
+media luna que arde bajo los rayos del sol.</p>
+
+<p>¡El atardecer de mi primer día en Constantinopla!... Venía yo de
+contemplar, á cierta distancia, la santa mezquita de Eyoub, donde jamás
+ha puesto su pie ningún cristiano. Eyoub es un arrabal, en el fondo del
+Cuerno de Oro, que se conserva como lo más turco y creyente de
+Constantinopla. Su mezquita viene, en rango de santidad, detrás de la
+Meca. Las viejas del barrio, envueltas en su manto negro, escupen á los
+pies de todo cristiano que encuentran al anochecer en sus calles, y le
+desean á gritos las mayores desgracias.</p>
+
+<p>La corriente del Cuerno de Oro empujaba el caique dulcemente, y el
+remero sólo tenía que dar débiles paletadas para seguir el viaje. Había
+desaparecido el sol. Los minaretes de Constantinopla cortaban con su
+blanca línea un cielo suave, teñido de rosa y violeta. Una estrella
+centelleaba en este intenso telón de seda, como un brillante perdido. En
+lo alto del cielo brillaba un fragmento de luna en creciente, como la
+que se muestra en el escudo otomano: la media luna de los turcos.</p>
+
+<p>La enorme ciudad aparecía partida en diversos términos, como los
+bastidores de un teatro. Los barrios inmediatos á la ribera, negros y
+levemente moteados de rojo por las luces de las ventanas iluminadas; los
+de segundo término, ligeramente sonrosados por los reflejos del
+atardecer; los remotos,<a name="page_149" id="page_149"></a> marcándose, azulados é indecisos, como
+montañas, reflejando con fulgores de incendio los últimos rayos de un
+sol invisible en los cristales de los miradores, y sobre esta
+aglomeración, envuelta en el misterio del crepúsculo, los bosques de
+marfil de los agudos minaretes, los enormes huevos blanquecinos de las
+cúpulas de las mezquitas.</p>
+
+<p>Un silencio sagrado descendía del cielo, esparciéndose en compañía de la
+sombra sobre la ciudad y las aguas. Pasábamos entre buques de guerra,
+anclados en el puerto militar: acorazados grises de triple chimenea,
+cruceros de una sola cofa, esbeltos avisos, yates imperiales que
+aguardan la visita del sultán, el cual no los ha visto nunca.</p>
+
+<p>De pronto, la roja bandera con la media luna blanca comenzó á descender
+de los mástiles. Sobre las cubiertas veíanse agrupadas las
+tripulaciones, con el fez, que iguala á oficiales y marineros. En el
+cuartel del Almirantazgo, la infantería de marina extendía sus pelotones
+á lo largo del muelle, destacándose en la penumbra la línea roja de sus
+cabezas alineadas.</p>
+
+<p>à un mismo tiempo se conmovió la calma majestuosa del crepúsculo con
+gritos que parecieron rasgar el espacio como disparos cruzados. En los
+balconcillos circulares de los minaretes, hombres liliputienses, con
+turbante blanco, agitaban los brazos, acompañando estos movimientos con
+las<a name="page_150" id="page_150"></a> modulaciones de un chillido sobrehumano. Sobre los puentes de los
+buques de guerra, un hombre entonaba un canto majestuoso y triste,
+semejante á las saetas de la Semana Santa en Andalucía.</p>
+
+<p><i>¡La Ilah il Allah ve Mohammed resoul Allah!</i> cantaban con melancolía
+religiosa, en el misterio del crepúsculo, los hombrecillos semejantes á
+hormigas, sobre los puentes de los acorazados. Los centenares de gorros
+alineados á lo largo de las bordas, entre las bocas de los enormes
+cañones y las torres blindadas, rugían al contestar como un estampido:
+<i>¡Allah! ¡Allah!</i> Y al ver esa fe de los desiertos asiáticos, este ardor
+fervoroso de los jinetes errantes de otros tiempos, repetirse á bordo de
+los buques acorazados, última expresión de los adelantos científicos que
+repelen y destruyen con sus bocas de acero las fantasmagorías del
+pasado, tuve una visión exacta de lo que es la Turquía moderna: europea
+exteriormente, pero cuando escucha la voz del Profeta, siente
+despertarse en ella la misma alma de los que llegaron tras el caballo de
+Mahomed II á la conquista de Constantinopla.<a name="page_151" id="page_151"></a></p>
+
+<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII<br /><br />
+El Gran Puente</h3>
+
+<p>Para el que desea conocer en conjunto la variadísima población de
+Constantinopla, el mejor punto de observación es el Gran Puente, que va
+de Galata á Stambul.</p>
+
+<p>Tiene medio kilómetro de extensión, y su piso de maderos desiguales, en
+los que tropieza el transeunte, está asentado sobre pontones
+insumergibles, pues la profundidad del Cuerno de Oro, que en algunos
+lugares tiene cerca de cien metros, no permite sostenes más sólidos.</p>
+
+<p>à un lado descuella, sobre el caserío en pendiente, la maciza torre de
+Galata, empavesada con los pabellones de las grandes potencias, que
+parecen proteger los barrios europeos. En el extremo opuesto, como si
+cerrase el paso por la parte de Stambul, alza la mezquita de la Sultana
+Validé sus esbeltas torrecillas y sus cúpulas con medias lunas de oro,
+cual una construcción de <i>Las mil y una noches</i>.<a name="page_152" id="page_152"></a></p>
+
+<p>Desde el centro del puente se abarca en todo su esplendor el espectáculo
+del Cuerno de Oro, grandioso puerto que lleva tal nombre por su forma
+curva, rematada en punta, y por las riquezas incalculables desembarcadas
+en él.</p>
+
+<p>Navíos de todos los países forman una segunda ciudad flotante á ambos
+lados del puente. En las primeras horas de la madrugada se abre una
+parte de éste para dar paso hacia el Bósforo á los grandes navíos de
+guerra y los vapores comerciales que anclan en el fondo del Cuerno de
+Oro. Los vaporcillos de viajeros para los pueblos del Bósforo; las islas
+de los Príncipes ó Brussa, parten con gran frecuencia de los muelles del
+Puente. Cada cuarto de hora sale uno agitando sus ruedas, con la doble
+cubierta repleta de gorros rojos. Braman las sirenas, humean las
+chimeneas, tiemblan los pontones con el encontronazo de los veloces
+cascos, y sobre las aguas verdosas, agitadas naturalmente por las
+corrientes y que el continuo paleteo de ruedas y hélices conmueve con
+violento oleaje, pasan los caiques, ligeros como flechas, con una
+inestabilidad que les hace danzar locamente, volcando á la menor
+imprudencia del viajero, que debe conservarse en la popa inmóvil y medio
+tendido.</p>
+
+<p>Los bergantines turcos, de arcaica forma, que recuerda á las galeras de
+la piratería, extienden sus velas amarillentas y salen cabeceando como
+venerables mendigos entre las elegantes parejas<a name="page_153" id="page_153"></a> de yates y la revoltosa
+é inquieta granujería de vaporcitos <i>moscas</i> y botes automóviles, que
+parecen burlarse de estos ancianos del mar, pasando y repasando ante sus
+tardías proas. Las barcas griegas despliegan sus velas triangulares
+hacia los puertos del Mármara: los buques del Occidente europeo van
+hacia el Mar Negro en busca de trigo y de petróleo. Grandes bandas de
+gaviotas, ebrias de sol y de azul, flotan inertes sobre las violentas
+ondulaciones del agua, hasta que una proa las despierta con su revoltijo
+de espumas cortadas, y todas ellas levantan el vuelo con ruidoso crujir
+de plumas. Una niebla de humo de carbón flota sobre el Cuerno de Oro en
+los días de calma, y por encima de esta nube parda, á la que da el sol
+doradas transparencias, aparecen las cúpulas y minaretes del viejo
+Stambul, blanco y rojo, como una ciudad de ensueño flotando en el
+espacio.</p>
+
+<p>Para ser capitán de buque ó simple remero de caique en el Cuerno de Oro
+y el Bósforo, se necesita tanta habilidad como para ser cochero en
+Constantinopla, donde las callejuelas se abrieron con el propósito de
+que pasase por ellas cuando más un carruaje, y sin embargo, circulan dos
+en distinta dirección.</p>
+
+<p>La primera vez que se navega por los citados callejones marítimos, el
+alma parece subirse á la garganta. El caique, mísero cascarón que apenas
+puede sostenerse, se pega con la mayor tranquilidad<a name="page_154" id="page_154"></a> á las ruedas ó las
+hélices de los vapores, que le hacen danzar locamente. Otras veces pasan
+los caiques ante la proa de un gran buque en movimiento con una precisa
+exactitud para no ser alcanzados. Un instante más y desaparecerían. Los
+vaporcillos se van sobre los barcos de vela, y cuando parece inevitable
+el abordaje pasan por su lado rozándolos, pero sin choque alguno.</p>
+
+<p>Los buques, tanto de vela como de vapor, tienen que marchar en zig-zag,
+sorteando un obstáculo á cada instante, navegando con la misma atención
+que le es precisa al viajero al transitar por primera vez las calles de
+Constantinopla. El capitán ve cerrado su derrotero por otros buques que
+vienen hacia él ó que oblicuan su marcha cortándole el camino, y á esto
+hay que añadir el enjambre de caiques que trasladan pasajeros de una
+orilla á otra; de vaporcillos <i>moscas</i>, que llevan en su popa banderas
+de todas las naciones; de largas góndolas blancas y doradas, con remeros
+negros, en cuya popa se muestran damas misteriosas, cubiertas con
+antifaces y capuchones que sólo dejan visibles los pintados ojos. Gritan
+los barqueros en todas las lenguas; saltan de un barco á otro las malas
+palabras de todos los idiomas; chillan los silbatos, rugen las sirenas;
+arrastra el viento asfixiante vedijas de humo sobre el corto y violento
+oleaje; álzanse unos remos contra otros con impulso homicida para vengar
+un descuido, un choque insignificante; á cada momento<a name="page_155" id="page_155"></a> parece inevitable
+una colisión, y sin embargo, nadie se ahoga ni ocurren naufragios más
+que muy de tarde en tarde.</p>
+
+<p>à lo largo del Gran Puente han ido extendiéndose, como hongos adheridos
+á él, un sinnúmero de casuchas flotantes, muelles y pequeños cafés, todo
+miserable, de maderas carcomidas por la lluvia y el aire salino, pero
+con esa alegría dorada que el sol oriental comunica á las mayores
+suciedades.</p>
+
+<p>Estos hijos del Puente cabecean con el continuo movimiento del agua
+removida por los buques, y parecen temblar con las palpitaciones de la
+extensa plataforma de medio kilómetro, por la que pasa toda
+Constantinopla, tronando la madera bajo las ruedas de los carruajes. Los
+cafetines flotantes tienen terrazas embreadas, á las que una línea de
+macetas de flores dan el aspecto de pensiles. Viejos turcos, sentados á
+la oriental y con la barba descendiendo hasta el abdomen, fuman el
+<i>narghilé</i> y pasan las cuentas de su rosario de ámbar, gozando al
+permanecer impasibles é indiferentes en medio de este movimiento loco y
+ensordecedor. El tropel de gorros rojos y de mujeres encapuchadas como
+máscaras, se precipita en los muelles salientes que dan acceso á los
+vapores de viajeros. El suelo, inseguro, es de tablones desiguales, por
+entre los que puede pasar un pie, y además, están cubiertos de residuos
+de frutas.</p>
+
+<p>Ã ambos lados de estos muelles amarrados al<a name="page_156" id="page_156"></a> Gran Puente, hay casuchas
+que ocupan los vendedores de comidas y bebidas. Judíos que hablan un
+español extravagante, van de un lado á otro pregonando rosarios
+musulmanes, sorbetes, rollos de pan espolvoreados de ajonjolí, y
+bizcochos, á los que llaman en Constantinopla «pan de España». En las
+puertas de los tenduchos se elevan pirámides de melones amarillos y
+enormes sandías con su verdor cortado por blancas inscripciones en
+árabe. En los cafetines se exhiben en primera fila las ventrudas
+botellas de limonada ó naranja con un limón por tapadera, y más adentro
+humean las pequeñísimas tazas de café turco, líquido pastoso digno de
+los dioses. Los perros vagabundos, que son en Constantinopla algo así
+como una institución pública venerada y popular, pasan por entre las
+piernas del gentío, mansos, corteses y silenciosos, buscando su comida.</p>
+
+<p>Los extranjeros se mueven desorientados en este torbellino de gente, y
+si desean tomar un barco siempre llegan tarde.</p>
+
+<p>Hay dos problemas en Constantinopla que el viajero no resuelve nunca y
+mira como un misterio: la hora y la moneda.</p>
+
+<p>En Constantinopla hay dos horas: la hora <i>á la franca</i>, que es la de los
+relojes de la Europa occidental, y la hora <i>á la turca</i>, que es por la
+que se rigen vapores, tranvías, etc.; todo lo que depende del municipio
+y del gobierno.</p>
+
+<p>La jornada empieza para el turco al ponerse el<a name="page_157" id="page_157"></a> sol, y de aquí que todos
+los días los buenos otomanos tengan que arreglar su reloj, sin que ni
+aun ellos mismos sepan ciertamente en ningún momento cuál es la hora
+exacta. La medida del tiempo cambia por día y por estación. Cuando
+nuestro reloj <i>á la franca</i> marca el mediodía, el turco dice
+tranquilamente que son las cinco ó las seis, así como unos meses después
+dirá que son las tres ó las cuatro.</p>
+
+<p>No hay en esto otro daño que el llegar tarde á todas partes, perdiendo
+trenes y vapores, ó verse obligado á largas esperas: pero lo de la
+moneda trae mayores perjuicios.</p>
+
+<p>En Turquía hay <i>buena moneda y mala moneda</i>, y según se recibe un pago
+en una ó en otra, la cantidad vale más ó menos. Hay también moneda
+borrosa, que nadie toma, pero que todos procuran dar al viajero; hay
+papel emitido por el gobierno otomano, llamado <i>kaimé</i>, que carece de
+valor, y otros misterios crematísticos que requieren un largo estudio.
+Pero lo más original es el cambio. Exceptuando algunos cafés y
+restaurants europeos, nadie cambia gratuitamente una moneda.</p>
+
+<p>En las calles importantes de Constantinopla, junto al Gran Puente, cerca
+de los tranvías y muelles de embarque, en el Gran Bazar y en todos los
+lugares de algún tránsito, existen numerosos puestos de cambiadores de
+moneda, antiguos compatriotas nuestros, que siguen fieles á Abraham y
+Moisés.<a name="page_158" id="page_158"></a></p>
+
+<p>En Constantinopla, el que no lleva á mano <i>moneda menuda</i>, aunque guarde
+en su bolsillo oro y billetes á puñados, como si no llevase nada. El
+cochero ó el conductor de tranvía le hace bajar para que vaya al
+cambiador más inmediato, y el que despacha billetes en una taquilla ó
+cobra peaje en el Puente, le enviará al judío más próximo, sin dejarle
+pasar.</p>
+
+<p>Cambiáis una moneda de oro, y el cambiador os da el dinero en
+<i>medjidiés</i> de plata, especie de duros turcos, quedándose por el cambio
+con una piastra, que es aproximadamente lo que un real en España.
+Después se os ofrece cambiar uno de los <i>medjidiés</i>, y el cambiador os
+entrega <i>cuartos de medjidié</i>, que son como las pesetas turcas, y se
+queda otra piastra. Luego cambiáis en otro sitio una de esas pesetas y
+se quedan otra piastra... y así, de cambio en cambio, de cada veinte
+francos el cambiador se queda con uno ó más. El que conoce esta
+costumbre cambia de golpe una pieza de oro en <i>pequeña moneda</i>, y tiene
+que ir con los bolsillos repletos de piastras y <i>paras</i>, monedas más
+pequeñas que botones de camisa.</p>
+
+<p>La moneda de oro tomada de un judío, es pérfida y peligrosa. No pasa por
+sus manos que no la lime hábilmente para arrancarle un poco de polvo de
+oro, y así, de rascuñón en rascuñón, juntando limaduras, se gana doce ó
+quince francos <i>extraordinarios</i>, según las piezas que toca durante el
+día. Después, en los Bancos y demás<a name="page_159" id="page_159"></a> establecimientos públicos donde
+conocen la artimaña, someten las monedas al peso, y el incauto que las
+ha tomado pierde dos ó tres francos.</p>
+
+<p>La discusión con el <i>compatriota</i> que intenta estafaros, es interesante
+por la fogosidad con que se expresa y los ademanes dramáticos que
+acompañan á su castellano especial.</p>
+
+<p>&mdash;Que por mis hixos que no te engaño, señoreto... Que toma la pieza, que
+yo soy un buen trocador de dinero... Que la tomes como si fuese una
+alahaxa... Que por mis viexos te lo juro, que antaño vinieron de allá,
+como tú vienes agora; porque yo, señoreto, también soy espanyol.<a name="page_160" id="page_160"></a></p>
+
+<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX<br /><br />
+Los que pasan por el Gran Puente</h3>
+
+<p>Unos mocetones, con la gordura musculosa de los turcos, vistiendo largas
+blusas blancas, semejantes á camisones de mujer, cortan el paso al
+transeunte, extendiendo una mano. Son los cobradores del puente, que
+exigen el peaje: diez <i>paras</i>.</p>
+
+<p>Toda Constantinopla pasa por el Gran Puente. Los turcos del viejo
+Stambul necesitan ir á Galata y Pera, donde están los Bancos, los
+consulados, las embajadas, los grandes almacenes, y los habitantes de
+estos dos barrios europeos se ven obligados á pasar á la ciudad turca,
+porque en ella se encuentran los centros administrativos del gobierno
+otomano, la Sublime Puerta, con sus ministerios é innumerables
+dependencias.</p>
+
+<p>No hay en las grandes calles de Londres ni en los bulevares de París
+lugar alguno tan concurrido como el Gran Puente. La plataforma de madera
+tiembla bajo el rodar de los carruajes y el paso<a name="page_161" id="page_161"></a> de millares de
+transeuntes. Aturde y ensordece el vocear de este pueblo políglota,
+donde el que menos habla cinco idiomas, y son mayoría los que poseen más
+de doce. Asombra y deslumbra la carnavalesca variedad de los trajes.</p>
+
+<p>Al entrar en el puente, parece éste un campo interminable de rojos
+geranios. Miles de gorros oscilan al marchar, sirviendo de remate lo
+mismo á tocados puramente turcos que á trajes europeos. Los marinos
+otomanos completan su uniforme, igual al de todas las marinas del mundo,
+con el fez, que da una gracia exótica á su aspecto de navegantes
+europeos. Los oficiales, con sus insignias á la inglesa, enguantados de
+blanco, calzados de charol y el sable bajo el brazo, cubren también su
+cabeza con el gorro turco, que es obligatorio para todo súbdito otomano
+y para todo extranjero dependiente del gobierno.</p>
+
+<p>El ejército de tierra, uniformado á la alemana, guarda también el
+cubrecabezas nacional, y el mismo fez escarlata sirve al último soldado
+que al pachá, que se muestra en caballo brioso, con dorada silla,
+saltando sobre sus hombros el oro de las pesadas charreteras al compás
+del galope.</p>
+
+<p>Sobre la nota obscura y dorada de los uniformes militares, destácase la
+muchedumbre variadísima de Constantinopla, formada de diez y nueve
+pueblos distintos, que aun guardan sus usos y sus trajes tradicionales.
+Pasan los árabes del lejano Yemen ó los moros africanos de la
+Tripolitania<a name="page_162" id="page_162"></a> con sus chilabas pardas y la cuerda de pelo de camello
+anudada á las sienes; los croatas, que sirven de porteros en las grandes
+casas de Constantinopla, vestidos de rojo y azul, con gran profusión de
+galones y bordados, un bonetillo redondo sobre la bigotuda cabeza y un
+enorme revólver de Eibar atravesado en la faja; los albaneses y
+macedonios, con faldillas blancas, planchadas y encañonadas, sobre el
+traje oriental; los judíos, con la túnica á rayas de los días de fiesta,
+y encima un gabán de pieles, aunque sea verano; los armenios, con un
+pañuelo de hierbas anudado en torno del gorro; los griegos, vestidos á
+la europea, pero con una palidez aceitunada y unos ojos como tizones,
+que revelan su origen; el clero innumerable, de <i>imanes</i>, <i>soffas</i> y
+derviches, unos con el turbante blanco, otros con el turbante verde,
+recuerdo de su peregrinación á la Meca; algunos con gorros de grotesca
+forma, y todos ellos con el rosario de ámbar en la mano, repitiendo á
+cada cuenta la monótona alabanza á Alláh.</p>
+
+<p>La muchedumbre tiene que apartarse, abriendo sus filas á cada momento,
+para dejar paso á los carruajes, que avanzan veloces, ó á las sillas de
+mano, que todavía son aquí de uso corriente; aparatosas literas, dentro
+de las cuales van las damas turcas á sus visitas en los estrechos
+callejones.</p>
+
+<p>Un pelotón de jinetes, carabina en mano, escolta á un coche que todos
+saludan. Es el Gran<a name="page_163" id="page_163"></a> Visir que va á la Sublime Puerta. Tras él pasan
+varios cargadores armenios, no menos temibles que un vehículo, pues
+marchan abrumados por pesos inauditos que no les permiten mirar ni
+apartarse.</p>
+
+<p>En Constantinopla es donde se ve con asombro hasta dónde pueden llegar
+las fuerzas del hombre. Por algo dice el proverbio «fuerte como un
+turco». La estrechez de las calles y el respeto amoroso que siente el
+otomano por los animales, son causa de que en Constantinopla se haga
+todo á brazo: el comercio, las mudanzas, etc. Se ven venir por el Gran
+Puente pilas de cajas que parecen marchar solas, pues apenas si se
+distinguen entre ellas y el suelo unos pies entrapajados y un fez, tras
+el cual suena un bufido de asfixia. Yo he visto á un cargador armenio
+echarse un piano á la espalda, en una mudanza, y emprender la marcha
+vacilante bajo el peso, pero sin detenerse un momento. Los hombres,
+abrumados por este esfuerzo sobrehumano, caminan á ciegas, y el público
+tiene que huir de sus fatales encontronazos.</p>
+
+<p>Por el centro del puente se abren paso de pronto, con las manos cruzadas
+sobre el estómago, en una actitud frailuna de mansedumbre, varios
+señores vestidos de negro. Llevan la elegante levita de corte, llamada
+<i>stambulina</i>, sin solapas y cerrada como una sotana, que es aquí el
+traje de ceremonia. Tras ellos marcha lentamente una carroza que todos
+saludan, y en su interior se ven varias<a name="page_164" id="page_164"></a> damas envueltas en velos
+blancos, ó un caballero de gorro rojo, con bigotes á lo <i>kaiser</i>. Son
+señoras del harem imperial que vienen á comprar á la ciudad, con un
+séquito de empleados palatinos, ó alguno de los innumerables hijos,
+hermanos ó sobrinos del sultán.</p>
+
+<p>Con aire de superioridad, se abren paso á codazos unos negros
+elegantemente vestidos del mismo color de su piel, con la <i>stambulina</i>
+de ceremonia y el fez muy recto sobre las pasas de la crespa cabeza.
+Tienen las piernas larguísimas; el cuello es enorme, y en su rostro
+chato é insolente hay algo de infantil y meticuloso, que hace imaginar
+una vida de chismorreos, intrigas y murmuraciones. Cuando abren la boca
+sale de sus gruesos labios un chillido estridente, semejante al del pavo
+real; algo extrahumano, falso y grotesco, que hace reir é irrita al
+mismo tiempo. Son personajes que viven aparte, y á los que mira la gente
+con cierto respeto; son eunucos del palacio imperial ó de los haremes de
+los grandes pachás, que, habituados á su existencia entre beldades
+misteriosas y grandes magnates, parecen tristes y descontentos cuando se
+dejan ver en las calles de Constantinopla.</p>
+
+<p>Algunas veces van sentados en el pescante de un coche de lujo, en cuyo
+interior ríen y comen dulces cuatro beldades turcas, vestidas con trajes
+parisienses de la <i>rue de la Paix</i>, y con el rostro cubierto por una
+finísima nube de gasa, que realza<a name="page_165" id="page_165"></a> engañosamente sus facciones pintadas.
+Estas mujeres de pachá, que van á las grandes tiendas de Pera, son
+turcas modernas que hablan francés é inglés, tocan el piano, leen
+novelas <i>psicológicas</i> con cubierta amarilla traídas de París y conocen
+todas las seducciones de la vida europea... todas menos el adulterio,
+que es aquí imposible, no por falta de ganas, sino por la vigilancia
+brutal, continua é incorruptible, que nadie consigue vencer, por más que
+digan é inventen poetas y novelistas.</p>
+
+<p>Las turcas más modestas, esposas de musulmanes pegados á la tradición
+que viven en Stambul, ó las simples mujeres del pueblo, van á pie,
+vistiendo amplios trajes semejantes á dominós de gruesa seda adamascada,
+negra, roja, verde ó azul. Por las amplias mangas de esta envoltura
+asoman los brazos de la blusa interior, encintada y vaporosa. Las manos
+enguantadas sostienen la sombrilla y el bolso. La abertura del capuchón
+que corresponde al rostro tiene un teloncillo de seda negra á modo de
+máscara, que en unas es tupida é inaccesible á toda mirada, y en otras
+diáfana y atrayente, como una invención de la coquetería.</p>
+
+<p>La calidad de estas mascarillas permite apreciar el valor de lo que se
+oculta detrás, aun antes de verlo. Regla general: todo velo espeso
+esconde una vieja dama ó una fea desfigurada por las horribles
+enfermedades de Oriente. Al través de los velos claros se encuentra
+siempre alguna cara de<a name="page_166" id="page_166"></a> criadota española ó de monja fresca, con triple
+barbilla, carrillos de luna arrebolados por el colorete y unos ojos
+hermosos, de vaca tranquila, agrandados por tiznajos negros.</p>
+
+<p>La moral y la decencia son frágiles invenciones humanas, que cambian con
+la mayor facilidad, según los tiempos y los pueblos. Estas damas turcas,
+para las cuales es una indecencia levantarse el velo ante otro hombre
+que su legítimo señor, y á las que vigila en todas partes la terrible
+policía otomana para que no cambien una palabra con el extranjero, se
+arremangan la faldamenta hasta más arriba de la rodilla, aunque no
+llueva, y muestran con la mayor naturalidad sus pantorrillas enormes,
+con medias á rayas, multicolores y chillonas, que, según dicen los
+comerciantes de aquí, proceden de Cataluña.</p>
+
+<p>Estas máscaras, encapuchadas y misteriosas, bajo la luz del sol, que
+caldea los maderos del Gran Puente, dan un atractivo novelesco á la
+multitud. Las mujeres circulan entre el gentío con la mayor
+tranquilidad, sabiendo que nadie osará mirarlas, que todo musulmán
+bajará la vista para no verlas, como el que evita una acción vergonzosa,
+y por esto, cuando se encuentran sus ojos con los ojos audaces del
+europeo, unas, las más hermosas, sonríen con cierta turbación, y otras
+crispan su cara, indignadas, encabritándose su fealdad bajo el acicate
+religioso.</p>
+
+<p>De toda la multitud cosmopolita que diariamente<a name="page_167" id="page_167"></a> circula por el Gran
+Puente, el más simpático y cortés es el turco. Yo no entiendo su lengua,
+pero los ademanes constituyen un idioma inteligible y claro para el
+extranjero que, privado del habla, observa con mayor atención. Además,
+los que conocen el turco, elogian con entusiasmo la cortesía y mesura de
+este pueblo, grave, un tanto triste, pero bueno y generoso. No hay
+idioma, según ellos, que contenga iguales expresiones de afecto. La
+madre turca habla siempre á sus pequeños dándoles el nombre de flores ó
+graciosos animales; el hombre tributa al extranjero ó al amigo los más
+extremados elogios, al par que le da hospitalidad y protección.</p>
+
+<p>La caridad cristiana de los pueblos occidentales, que tiene las calles
+llenas de mendigos y deja morir de hambre á muchos infelices, es bien
+poca cosa considerada desde Constantinopla. Aquí los pobres son
+muchísimos miles, y sin embargo, sólo se encuentran pordioseros en el
+Gran Puente ó en los alrededores de alguna mezquita, y éstos nunca son
+turcos, sino griegos y judíos. El pobre es sagrado para el turco, y no
+se contenta con darle unos céntimos, abandonándolo después, satisfecha
+la conciencia, sino que le abre su casa y le da cuanto necesita. En este
+pueblo generoso, que tiene la noble manía de la protección, todos los
+pobres están <i>colocados</i>; todos cuentan con una casa á la que se
+adhieren como si fuese suya.</p>
+
+<p>De los actos exteriores del otomano, el que<a name="page_168" id="page_168"></a> más admiro, como suprema
+expresión de nobleza, es el saludo. Los europeos no sabemos saludar.
+Cogemos el sombrero, lo levantamos con más ó menos rudeza, sonreímos, y
+ya está todo hecho. El turco es un verdadero artista de la cortesía. Su
+gorro rojo es inconmovible. Se lo pone al levantarse y no se despoja de
+él, ni un instante, hasta la noche. Descubrirse la cabeza es la mayor
+descortesía y algo así como una blasfemia religiosa. Quitarse el
+cubrecabezas para saludar significaría lo mismo que si un europeo se
+despojase de un zapato para dar la bienvenida á una señora. Esta
+necesidad de mantener el fez recto é inmóvil sobre la cabeza, como si
+estuviese metido á tornillo, ha confiado á la mano y á los ojos todo el
+saludo.</p>
+
+<p>¡La noble dignidad oriental de los turcos al encontrarse!... La mano,
+que parece hablar, desciende á la rodilla, y de allí se remonta al
+corazón, pasando luego á la frente, al mismo tiempo que el cuerpo se
+inclina con majestad y los ojos expresan el respeto y la alegría del
+encuentro, con un arte y una gracia que ningún europeo puede imitar.</p>
+
+<p>De vez en cuando, entre esta muchedumbre que transcurre por el Gran
+Puente, se ven ojos negros de mirada inquietante, perfiles de aves de
+presa, sonrisas melosas que hacen llevar las manos á los bolsillos,
+gentes corteses que infunden pavor.</p>
+
+<p>Constantinopla es el gran vertedero del continente.<a name="page_169" id="page_169"></a> Aquí se ocultan y
+se pierden los más temibles aventureros. Turquía es un pan blando, en el
+que vienen á hincar el diente los lobos más temibles del mundo.</p>
+
+<p>Esos turcos de aspecto inquietante, que sólo son turcos por el fez que
+llevan en la cabeza, inspiran miedo con sobrado motivo... Son europeos,
+y el europeo es lo peor de Turquía.<a name="page_170" id="page_170"></a></p>
+
+<h3><a name="XX" id="XX"></a>XX<br /><br />
+El Gran Visir</h3>
+
+<p>Mi amigo Mizzi es un abogado inglés notabilísimo, que desde hace treinta
+y cinco años vive en Constantinopla. Habla y escribe con la mayor
+facilidad doce idiomas, y en un mismo día perora ante el tribunal
+consular de Inglaterra, hace una defensa en turco, escribe una demanda
+en griego ó en ruso y acaba su jornada en el consulado español
+expresándose en castellano.</p>
+
+<p>Desde Constantinopla ha ido á defender pleitos á Siberia. Otra vez fué á
+Bagdad y á Bassora, países de leyenda, para intervenir como abogado en
+una herencia de príncipes árabes, que se disputaban sacos de diamantes,
+de rubíes y esmeraldas. Sólo en Oriente pueden encontrarse estos
+litigios de cuento fantástico.</p>
+
+<p>Mizzi es inglés porque nació en Malta; pero su madre era española, y él
+siente un gran afecto por España. Es consejero legista de casi todas las
+embajadas y consulados; condecoraciones y títulos<a name="page_171" id="page_171"></a> llueven sobre él de
+las más importantes naciones de Europa, y sin embargo, lo que más
+aprecia es su nombramiento de vicecónsul de España. <i>The Levant Herald</i>,
+el diario más grande de Constantinopla, es propiedad suya, y en él
+trabaja diariamente, dando al público una información del mundo entero.
+Ir con Mizzi por las calles de Pera y Galata, es asistir á un desfile de
+popularidad. Saludo á un turco en su lengua, conversación con un griego,
+diálogo con un francés ó un italiano, sombrerazos, apretones de manos,
+frases cariñosas; un curso completo de idiomas.</p>
+
+<p>Una mañana me lleva Mizzi á saludar al Gran Visir, antiguo amigo suyo de
+la juventud.</p>
+
+<p>¡El Gran Visir!... Este nombre evoca visiones de inmenso poder; hace
+recordar las lecturas de la niñez, los mágicos cuentos de <i>Las mil y una
+noches</i>; presenta ante la imaginación un imponente personaje de luenga
+barba y turbante blanco enorme como un globo, con una majestuosa cohorte
+de esclavos, ejecutores, escribas y fanáticos santones.</p>
+
+<p>El Gran Visir de Turquía, que es más que nuestros jefes de Gobierno
+(algo así como el vicesultán), resulta uno de los personajes más
+importantes del mundo. Gobernar naciones como, por ejemplo, España,
+puede hacerlo cualquiera. Con tener una mayoría en las Cámaras, todo
+está asegurado. Ningún peligro exterior amenaza al país, y la vida
+interior se desarrolla plácida y entretenida al través de chismes y
+comadreos, á los que se<a name="page_172" id="page_172"></a> da el nombre de política, entendiéndose todos
+al final, pues la estrechez de horizontes impone la vida en familia á
+unos y á otros.</p>
+
+<p>Para llegar á Gran Visir hay que ser un hombre extraordinario. Sustentar
+unidas y en paz las diez y nueve razas del imperio separadas por odios
+históricos y radicales diferencias religiosas; gobernar desde
+Constantinopla el lejano Yemen, poblado de fanáticos que se irritan al
+ver que Turquía hace una vida europea, ó Bagdad, alejada de la capital
+por un viaje de cincuenta y cuatro días (casi tantos como se necesitan
+para dar la vuelta al globo), y al mismo tiempo hacer frente con engaños
+y energías al tropel de lobos de las grandes potencias europeas, que ya
+han arrancado miembros enteros del cuerpo otomano, y cada vez aullan más
+fuerte, pidiendo nueva carnaza, todo esto es empresa que requiere la
+inteligencia y la firme voluntad de un hombre superior.</p>
+
+<p>Vamos á visitar al Gran Visir en su casa, antes de que se traslade á su
+despacho de la Sublime Puerta, en las primeras horas de la mañana, pues
+este personaje, sobre cuya inteligencia pesa todo un imperio, es un gran
+madrugador.</p>
+
+<p>Llegamos al palacio, situado en las afueras de Pera, cerca de un gran
+campo de maniobras, donde galopan, en traje de campaña, varios
+escuadrones de caballería. Un cuerpo de guardia, con numerosos
+centinelas, se eleva frente á la vivienda del Gran Visir, precaución que
+no es superflua<a name="page_173" id="page_173"></a> en este país, donde han sido frecuentes los atentados
+contra el sultán y sus ministros.</p>
+
+<p>El palacio no tiene nada de oriental. Es una gran casa, con amplias
+escaleras de mármol. El fez de los empleados y servidores, que van de un
+lado á otro, y la falta de alumbrado eléctrico, son los únicos detalles
+que recuerdan á Turquía.</p>
+
+<p>Entramos en una pequeña antesala, saludamos á otros visitantes que
+aguardan, y ellos nos contestan con la grave cortesía oriental,
+inclinándose, llevando su diestra de las rodillas al corazón y á la
+frente. Son turcos de correcto exterior, con el fez muy planchado y
+erguido y la negra levita militarmente abrochada; <i>imanes</i> jóvenes, de
+luenga barba, elegantes y limpios, que para entretener la espera pasan
+entre sus dedos, con vertiginosa rapidez, las cuentas del rosario. Nos
+distraemos fumando cigarrillos orientales, hasta que un oficial del Gran
+Visir viene á advertirnos que Su Alteza nos espera, recibiéndonos antes
+que á los demás visitantes. Estos aguardarán con su paciencia turca, que
+ignora el valor del tiempo y del número.</p>
+
+<p>Mizzi me advierte que debo llamar Alteza al Gran Visir. En Turquía,
+fuera de la familia del sultán, no hay más que dos altezas: el Gran
+Visir... y el Gran Eunuco del harem imperial.</p>
+
+<p>Pasamos ante un salón de enormes proporciones, que parece un almacén de
+muebles por la gran cantidad que contiene de sillerías, lámparas,<a name="page_174" id="page_174"></a>
+cuadros, cojines y espejos, todo europeo. Son regalos de los gobiernos
+extranjeros al primer ministro turco, y que éste amontona en el salón
+destinado á las fiestas diplomáticas. Los objetos de Europa, con su
+abigarrada y rica variedad, quedan en la pieza destinada á recibir á los
+europeos. Más allá, está la vida íntima, la vida turca.</p>
+
+<p>Me veo de pronto en un pequeño gabinete. Tres hombres están de pie, con
+levita negra, calado el fez, la mirada en el suelo y las manos cruzadas
+sobre el abdomen, en actitud rígida y respetuosa. Otro hombre, también
+de levita, avanza hacia nosotros, sonriendo, con una mano tendida. Creo
+estar en una antesala, desde la cual van á anunciarnos al poderoso
+personaje... Pero no: estoy en el gabinete del primer ministro de
+Turquía, y el hombre que sonríe y nos tiende la mano es el propio Gran
+Visir.</p>
+
+<p>Me siento desconcertado por esta sencillez. El gabinete es una pieza de
+paredes blancas y desnudas, sin otro adorno que una fotografía del
+Sultán. En un extremo, dos pequeñas librerías con cristales de colores.
+Unos divanes bajos, de sedas obscuras, son los únicos muebles, y junto á
+una ventana que encuadra un pedazo de cielo y de jardín, acaba de tomar
+asiento el poderoso personaje.</p>
+
+<p>Nada hay en él que recuerde <i>Las mil y una noches</i>. Ni su aspecto ni su
+habitación revelan el poder inmenso de que está investido. Parece un
+señor europeo que, por exótico capricho, se ha calado el<a name="page_175" id="page_175"></a> fez como gorra
+casera. Viste de negro, y por entre las solapas de su levita asoma un
+rico chaleco de seda oriental. Al colocar una pierna sobre otra, la boca
+del pantalón deja ver en el interior de éste una alta bota á la turca,
+unico detalle que desentona en su aspecto europeo.</p>
+
+<p>Tomamos asiento junto á él y empieza á hablarme en francés, con acento
+claro y sonoro, dando á sus palabras una majestad natural, á la que
+acompañan los más nobles ademanes.</p>
+
+<p>Realmente, Ferid-Pachá, Gran Visir de Turquía desde hace nueve años,
+período de gobierno que no alcanza ningún político de Europa, es un
+hombre extraordinario. Me siento subyugado por la majestad de sus
+maneras de gran señor, por la sonoridad poética de su voz de barítono,
+por el fuego de su mirada, que quiere hacer amable, y sin embargo, es
+imperiosa y firme: la mirada del Visir en los cuentos orientales.</p>
+
+<p>Es un hombre de gran estatura, fuerte y musculoso, sin dejar de ser
+delgado, y con una hermosa barba negra que empieza á blanquear. Tendrá
+poco más de cincuenta años, y en sus ojos brilla el fuego entusiasta de
+la primera juventud. Sobre su rostro europeo se destaca la nariz, como
+un signo de raza, una nariz de turco peleador, encorvada como pico de
+combate, con les aletas anchas y palpitantes.</p>
+
+<p>Ferid-Pachá, con esa benevolencia protectora de los otomanos, me sonríe
+y muestra interés por<a name="page_176" id="page_176"></a> conocer mis impresiones sobre Constantinopla y si
+me es grata la estancia en ella.</p>
+
+<p>Mientras él habla, yo le contemplo y evoco rápidamente su historia.
+Ferid-Pachá es un albanés, un turco que ha nacido cerca de Italia y de
+Grecia. Su juventud en la Universidad de Janina fué brillantísima. El
+futuro gobernante asombró á los profesores griegos con sus profundos
+estudios sobre los poetas de la antigüedad. Luego vino á Constantinopla,
+entrando en la administración pública, donde escaló con rapidez los
+primeros puestos. Fué gobernador de lejanos pueblos de Asia (algo así
+como los antiguos virreyes americanos), hasta que su talento político
+llamó la atención del Sultán, que le hizo su Gran Visir.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo que le escucho, mis ojos vagan por la habitación,
+admirando su sencillez. Sobre una librería portátil, vecina al gran
+personaje, hay un busto de mármol, el único que adorna el gabinete. Yo
+conozco esta cara arrugada, de vieja maliciosa; pero me desorienta su
+cráneo pelado. Yo la he visto en muchos sitios, y sin embargo, no puedo
+recordar su nombre. ¿Quién es?... ¿Quién es?...</p>
+
+<p>La hermosa voz de Ferid-Pachá toma una expresión más grave, la temblona
+majestad del <i>imán</i> que declama su plegaria, y dice así:</p>
+
+<p>&mdash;De todos los pueblos con los que vive Turquía en excelentes relaciones
+de amistad, España es uno de los que amamos más sinceramente. Ningún<a name="page_177" id="page_177"></a>
+mal hemos recibido de ella; siempre la amistad y el cariño guiaron
+nuestras relaciones; sus desgracias las sentimos como nuestras, pues
+aunque vivimos alejados, existe algo inexplicable entre los dos pueblos
+que los une con sincera amistad.</p>
+
+<p>Hasta aquí su expresión era de majestuosa cortesía; pero de pronto cerró
+enérgicamente la mano derecha, y añadió con sincero entusiasmo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, España! ¡Qué tenacidad para vivir! ¡Qué fuerza para levantarse
+cuando tropieza! Admiro á vuestra nación, más aún por su enérgica
+voluntad en tiempos de paz que por su valor en la guerra. Todo un siglo
+de calamidades ha pesado sobre su historia: guerras civiles,
+revoluciones, pérdidas de territorios, y sin embargo, se ha levantado de
+tantas caídas, y sigue su camino, y resucita cuando la creen muerta, y
+desarrolla sus riquezas naturales. ¡Ah, España, noble pueblo de la firme
+voluntad de vivir!...</p>
+
+<p>Y al hablar de territorios perdidos, de guerras desgraciadas y de la
+voluntad de vivir, por encima de toda clase de infortunios, sus ojos
+miraron en torno de él con cierta tristeza.</p>
+
+<p>En el fondo de la habitación seguían en fila y de pie los tres
+subordinados, como testigos mudos, con las manos cruzadas sobre la
+levita y las cabezas inclinadas hacia el suelo.</p>
+
+<p>El Gran Visir recobra su majestuosa frialdad y empieza á hacerme
+preguntas, aprovechando la ocasión para enterarse de un lejano país.<a name="page_178" id="page_178"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Vuestra flota la vais á rehacer ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Eso dicen, Alteza.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, muy bien. Una gran nación necesita barcos. Pero creo que á los
+españoles les ocurre lo que á los turcos. Les gusta más pelear por
+tierra que por mar... ¿Quién es ahora el generalísimo de vuestro
+ejército?</p>
+
+<p>Yo le digo que en España no hay generalísimo, y que el ejército lo
+dirige el ministro de la Guerra. Su Alteza frunce el ceño como para
+recordar un nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Y Weyler, ¿qué hace ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Es un general como los otros.</p>
+
+<p>&mdash;Martínez Campos murió, ¿no es así?... Aquel era un hombre.</p>
+
+<p>Y Ferid-Pachá sonrie y vuelve á cerrar el puño con expresión de energía.</p>
+
+<p>Me hace otras preguntas sobre España, y yo, mientras las contesto, sigo
+mirando el busto. ¿Pero de quién será?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Conocéis á <i>monsieur</i> Moret? Es abogado nuestro. Nos lo ha
+recomendado el emperador de Alemania para que intervenga en un asunto de
+Turquía.</p>
+
+<p>Y Ferid-Pachá, con una expresión triste, me cuenta en breves palabras el
+asunto. Uno de tantos abusos de la rapacidad europea: grandes empresas
+de Occidente que vienen á establecerse en Turquía con el pretexto de
+civilizarla, y luego de enriquecerse engañando la sencillez otomana,
+todavía se<a name="page_179" id="page_179"></a> fingen perjudicadas y exigen enormes indemnizaciones al
+gobierno.</p>
+
+<p>Su Alteza sigue haciéndome preguntas sobre mi país, y yo continúo
+mirando el busto con excitada curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y vuestro rey?&mdash;pregunta sonriendo el Gran Visir.</p>
+
+<p>No sé qué contestar á esta breve interrogación, y el personaje añade con
+dulce sonrisa:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué actividad! ¡Qué exuberancia de vida! ¡Oh, la juventud!... Vuestro
+rey nos inspira grandes simpatías. Viaja, se entrega á los <i>sport</i>, le
+gusta ser soldado, se divierte... Hace bien, hace bien.</p>
+
+<p>Luego añade con expresión sentenciosa:</p>
+
+<p>&mdash;Los monarcas deben divertirse. Para eso tienen servidores fieles que
+se encargan de gobernar por ellos, sufriendo las amarguras del poder.</p>
+
+<p>Llega el momento de despedirnos con solemnes saludos orientales. Al
+pasar junto al busto lo reconozco de pronto y me explico mi torpeza.
+Estaba acostumbrado á ver con peluca esta cabeza de mono malicioso.</p>
+
+<p>Es Voltaire.<a name="page_180" id="page_180"></a></p>
+
+<h3><a name="XXI" id="XXI"></a>XXI<br /><br />
+El palacio de la Estrella</h3>
+
+<p>El marqués de Campo Sagrado, nuestro ministro en Constantinopla, es el
+más conocido de los representantes diplomáticos. Hasta los turcos
+modestos de Stambul conocen su nombre. Nueve años de permanencia en
+Turquía y un carácter franco y bondadoso de gran señor, que para
+inspirar respeto no necesita imitar á ciertos embajadores, altivos é
+inabordables como reyes, han dado al marqués una gran popularidad en
+Constantinopla.</p>
+
+<p>Cuando se citan los nombres de los representantes de Europa, el de
+Constans, embajador de Francia, y el de Campo Sagrado, son los primeros
+que acuden á la memoria de los turcos. Al pasar yo la frontera otomana,
+apenas dije á los encargados de los pasaportes que iba recomendado al
+embajador de España, todos, funcionarios y viajeros del país, le
+designaron por su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Su Excelencia el marqués de Campo Sagrado!...<a name="page_181" id="page_181"></a> Un gran señor muy
+simpático. Lo conocemos: le vemos muchas veces en su carruaje por la
+gran calle de Pera.</p>
+
+<p>Hasta las damas turcas que parecen vivir aisladas del mundo cristiano y
+fingen ignorar la existencia de <i>infieles</i> en Constantinopla, conocen
+todas al representante de España, y cuando le ven, sonríen amablemente
+bajo sus velos.</p>
+
+<p>Es un excelente embajador para un país como el nuestro, que tiene pocas
+relaciones con Turquía. Ya que le faltan ocasiones para ejercitar su
+acción diplomática, mantiene el prestigio de España á honrosa altura con
+su generosidad y su cortesía, condiciones que alcanzan profundo respeto
+en este pueblo oriental, amigo de imponentes exterioridades.</p>
+
+<p>Cuando llegué al palacio que tiene España en Buyuk-Deré, en la ribera
+del Bósforo, cerca del Mar Negro, vi avanzar á Campo Sagrado, sonriente
+y corpulento, con un aire animoso de segunda juventud, tendiéndome su
+fuerte diestra de cazador asturiano. Este Nemrod infatigable, luego de
+perseguir al oso en sus montañas natales, ha pasado muchos años en las
+estepas rusas cazando con el zar y los grandes duques, y ahora acosa á
+los venados turcos en compañía de los pachás más poderosos. Cuando el
+sultán conversa con él, se entera con interés de sus hazañas venatorias.</p>
+
+<p>&mdash;Está usted en su casa&mdash;dice el marqués con graciosa amabilidad&mdash;. Esta
+es la casa de España.<a name="page_182" id="page_182"></a></p>
+
+<p>Y nos da un almuerzo, en el que figura como plato de circunstancias un
+buen arroz á la valenciana.</p>
+
+<p>El almuerzo es bueno; al final se brinda por la lejana patria... pero
+más notable es aún el comedor. Por un lado, las ventanas dejan ver el
+parque de la legación, que extiende su arboleda cuesta arriba por la
+ribera europea. En el lado opuesto, las arcadas de una logia sirven de
+marco al mágico espectáculo del Bósforo y á las verdes montañas de la
+vecina costa de Asia. Por la extensión azul pasan caiques con remeros
+vestidos de blanco, y sentadas en el fondo de estas ligeras
+embarcaciones, damas turcas, que sólo dejan ver encima de la borda su
+cabeza encapuchada, teniendo frente á ellas esclavas negras, libres de
+velos. El sol del mediodía hace temblar las aguas con chisporroteos de
+oro. Un viento frío, que viene del Mar Negro, aligera la ardorosa
+temperatura estival.</p>
+
+<p>&mdash;Verá usted en Constantinopla muchas cosas interesantes&mdash;dice el
+ministro de España&mdash;. Pero créame usted á mí, que llevo en esta tierra
+algunos años; los dos espectáculos extraordinarios, lo que no puede
+verse en ninguna otra parte, son el Bósforo y el Sélamlik.</p>
+
+<p>El Bósforo ya lo había visto yo, en toda su extensión, al dirigirme á la
+legación de España. Me quedaba por ver el Sélamlik, cosa difícil para la
+gran mayoría de los extranjeros, pues se necesita<a name="page_183" id="page_183"></a> para ello la
+recomendación de un embajador. Pero Campo Sagrado es incansable cuando
+se trata de favorecer á un compatriota, y á pesar de encontrarse un
+tanto enfermo, me acompañó en persona á la ceremonia palaciega.</p>
+
+<p>Todos los viernes, al mediodía, el sultán va con gran pompa á hacer su
+plegaria á la mezquita Hamidié, vecina á su palacio. Es el único momento
+en que se deja ver públicamente.</p>
+
+<p>Abdul-Hamid podía prescindir de esta ceremonia, especialmente desde hace
+tres años, en que estuvo próximo á perecer, por la explosión de una
+máquina infernal, á la salida de la mezquita. Pero el «Comendador de los
+Creyentes» quiere cumplir sus deberes de supremo jefe religioso, y en
+treinta y cinco años sólo dos viernes, por causa de enfermedad, ha
+dejado de presentarse en el Sélamlik.</p>
+
+<p>Esta asistencia voluntaria á una fiesta en la que ha sido objeto de
+atentados, demuestra que Abdul-Hamid no vive sometido á locos temores ni
+le trastorna una manía persecutoria, como han hecho creer los armenios
+que escriben desde París.</p>
+
+<p>El sultán vive más allá de los arrabales de Constantinopla, en Yildiz
+Kiosk ó «Palacio de la Estrella», extensión amurallada, como diez ó doce
+veces Madrid, en la que hay un lago donde pesca y navega á vapor,
+caminos por los que corre en automóvil, bosques plagados de caza y unos
+cincuenta palacios, que habita y abandona á su capricho, mudando su
+residencia varias veces en una<a name="page_184" id="page_184"></a> misma semana. Con una instalación tan
+completa se comprende que el majestuoso señor no sienta ningún deseo de
+visitar Constantinopla. Sólo una vez por año entra en la gran ciudad;
+pero es por mar, atravesando el Bósforo en dorado caique, para hacer una
+visita religiosa al Viejo Serrallo, donde se guardan como milagrosas
+reliquias el manto y el estandarte del Profeta.</p>
+
+<p>Todos sus caprichos y deseos puede cumplirlos sin salir del inmenso
+jardín que le sirve de palacio. Entre esposas legítimas, odaliscas y
+parientas, su harem guarda unas trescientas mujeres.</p>
+
+<p>No por esto hay que suponer al sultán entregado á pecaminosas
+diversiones. Hombre de gran actividad para los negocios públicos, quiere
+saber todo lo que ocurre en sus vastos dominios, y le falta el tiempo
+para tantos estudios, consultas y audiencias. Su harem numerosísimo es
+puro aparato; necesidad de seguir las tradiciones musulmanas,
+Abdul-Hamid repite&mdash;según dicen&mdash;, con la certidumbre de la experiencia,
+que el hombre sólo debe acordarse de tarde en tarde de las mujeres, para
+no ser un esclavo.</p>
+
+<p>Cinco mil personas forman su servidumbre alta y baja. Las cocinas
+imperiales dan de almorzar y de comer diariamente á cinco mil bocas, con
+la generosidad propia de una vivienda imperial. Imagínese el lector los
+carros de pan, los rebaños de ovejas y carneros, los cargamentos de
+hortalizas, las tinajas de miel y otras vituallas que diariamente<a name="page_185" id="page_185"></a>
+entran en las despensas del palacio. Ã los cinco mil servidores hay que
+añadir los regimientos que acampan en el recinto de Yildiz Kiosk, lo que
+forma un total de diez mil personas.</p>
+
+<p>El intendente del palacio es un importante personaje; pero el Gran
+Eunuco es superior á él, y exhibe con orgullo su título de Alteza. En
+realidad, es el más poderoso de los funcionarios de una monarquía
+absoluta, pues conoce de cerca las debilidades del señor, y esto crea
+siempre cierta confianza.</p>
+
+<p>Tenía grandes deseos de ver de cerca á este extraño personaje, y amigos
+influyentes preparaban nuestra entrevista. Después he desistido. ¿Para
+qué? El Gran Eunuco iba á recibirme en su casa, una casa á la europea,
+con muebles seguramente traídos de Viena, que serán su orgullo. Además,
+sólo habla turco. Para ver la colección de blondas artísticas que está
+formando y que exhibe á los extranjeros, no vale la pena de molestarse y
+llamar Alteza á este grotesco y triste personaje.</p>
+
+<p>No es fácil el acceso al «Palacio de la Estrella». El día del Sélamlik
+los embajadores, que son en Turquía los personajes más respetados
+después del sultán, se quedan fuera del palacio en un elegante y
+grandioso pabellón de dos pisos, entre el Yildiz Kiosk y la mezquita
+Hamidié. Allí, en un palacio anexo, recibe el sultán á los embajadores,
+después de la ceremonia religiosa, si es que tiene algo que preguntarles
+ó comunicarles.<a name="page_186" id="page_186"></a></p>
+
+<p>Cuando por algún asunto urgente entran los representantes diplomáticos
+en el interior del inmenso jardín, siempre los recibe Abdul Hamid en un
+palacio ó kiosco distinto.</p>
+
+<p>Los banquetes en Yildiz Kiosk son algo semejante á las fiestas de <i>Las
+mil y una noches</i>. El convidado se ve en un salón con gruesos
+candelabros de oro de la altura de dos hombres. Los platos son de oro
+trabajado á martillo; los cubiertos, de oro; de oro las botellas y hasta
+las argollas de las servilletas.</p>
+
+<p>Casi siempre estos banquetes son de treinta ó cuarenta cubiertos; pero
+hace poco se dió en palacio una comida á la oficialidad de la flota
+inglesa (unas doscientas personas) y el servicio fué de oro, tan
+completo como siempre, sin que se notase la menor falta por el excesivo
+número de convidados. Este palacio de misteriosas riquezas es
+inagotable. Comerían mil á la mesa del sultán, y es posible que á nadie
+le faltase su pila de platos de oro y su áureo cubierto.</p>
+
+<p>En Turquía, la riqueza ostentosa resulta aplastante. El viajero se
+marcha hastiado para siempre de las piedras preciosas, enormes hasta la
+ridiculez, y tan exageradamente ricas, que se acaba por perderlas todo
+respeto.</p>
+
+<p>Algo semejante ocurre con las condecoraciones. El sultán, al darlas,
+regala las insignias en brillantes. Los <i>maîtres</i> que dirigen el
+servicio en un banquete del sultán, llevan el pecho cruzado de<a name="page_187" id="page_187"></a> bandas y
+constelado de estrellas de diamantes. El Gran Señor condecora también á
+las damas turcas, hijas ó parientes de los pachás, y muchas de las
+encapuchadas que pasan en carruaje por las calles de Stambul, yendo á
+visitas y fiestas, llevan bajo el misterioso dominó bandas multicolores
+y estrellas y medias lunas de brillantes.</p>
+
+<p class="cb">. . . . .
+. . . . .
+. . . . .
+. . . . .
+. . . . .</p>
+
+<p>Trotan los escuadrones de jinetes por las fangosas calles vecinas al
+Bósforo, camino de Yildiz Kiosk; pasan en sus carruajes imponentes
+pachás, bordados, galoneados y con pesadas charreteras de oro; desfilan
+los batallones, precedidos de una música con alegres chinescos;
+presentan las armas los cuatro centinelas de cada cuartel á los coches
+de los diplomáticos, que llevan en el pescante al <i>cabás</i>, criado que
+sirve de insignia á toda la legación, con su uniforme de oficial turco,
+completado por el sable corvo y el revólver de funda dorada.</p>
+
+<p>La Constantinopla oficial y vistosa, el ejército, los pachás, la
+diplomacia, los jefes árabes venidos de los lejanos <i>vilayetos</i>
+asiáticos, todos marchan en la misma dirección.</p>
+
+<p>Vamos al Sélamlik.<a name="page_188" id="page_188"></a></p>
+
+<h3><a name="XXII" id="XXII"></a>XXII<br /><br />
+El Sélamlik</h3>
+
+<p>Desde el kiosco destinado al cuerpo diplomático, contemplo el más
+asombroso de los panoramas que ofrece Constantinopla.</p>
+
+<p>En el horizonte, el mar de Mármara une su azul intenso con el azul del
+cielo, blanqueado por el sol, y extiende la corriente del Bósforo entre
+la ribera asiática, cubierta de bosques y palacios, y la ribera europea,
+que desaparece como abrumada bajo el caserío de Constantinopla. El
+oleaje de tejados rojos y negruzcos se pierde de vista, siguiendo las
+ondulaciones de las colinas y los ángulos entrantes y salientes de la
+costa.</p>
+
+<p>Los agudos minaretes, con balconcillos circulares, semejan los mástiles
+con cofas de blancos navíos encallados é invisibles en la inmensa masa
+de la ciudad. En la azul extensión del mar, se destacan, cual dormidos
+insectos, los buques de guerra, negros é inmóviles, con manchas de
+vivos<a name="page_189" id="page_189"></a> colores temblando junto á sus colas. Sus banderas de las grandes
+potencias que ondean en la popa de los buques <i>estacionarios</i>, ó el
+pabellón otomano, rojo, con media luna y estrellas blancas, que se
+exhibe en las vergas de varios yates imperiales que el sultán no ha
+visto nunca, ó de modernos navíos que envejecen sin levar sus anclas.</p>
+
+<p>De la ventana del kiosco diplomático se domina el mar, las colinas y la
+ciudad. Desde las hondas orillas del Bósforo remóntanse, formando
+distintas mesetas, las barriadas y los jardines, hasta las alturas en
+que se halla situado el palacio de la Estrella. Un ancho camino pasa por
+debajo de la ventana. Es el que conduce desde la puerta del palacio á la
+mezquita Hamidié: un trayecto de unos cuatrocientos metros en suave
+pendiente. En este espacio, que ocupa toda la cumbre de la colina de
+Orta-Keni, se verifica todos los viernes la ceremonia del Sélamlik.</p>
+
+<p>Van llegando las tropas. No existe ejército de exterior más impotente
+que el turco. Contra todas las precauciones que puede inspirar la
+afición de los orientales á lo vistoso y abigarrado, las tropas turcas
+ofrecen un aspecto sombrío y grave. Sus uniformes obscuros sólo están
+animados por los vivos toques del rojo de las bocamangas y del fez.
+Visto desde lo alto, este ejército no ofrece ninguna distinción de
+categorías. El mismo gorro llevan los generales, y aun el mismo Sultán,
+que el último soldado. El fez, cobertera uniforme de todos<a name="page_190" id="page_190"></a> los
+otomanos, unifica las filas. No hay aquí la diversidad de penachos,
+galones y cascos de los ejércitos occidentales, que clasifica á los
+guerreros según el aspecto de las cabezas. Hay que mirar de cerca á los
+militares turcos para reconocer en los dorados de sus hombreras las
+diferencias de categorías.</p>
+
+<p>Desfilan al son de estrepitosas bandas de bárbara marcialidad los
+regimientos de línea, vestidos de obscuro azul, llevando al frente á sus
+jefes, montados en pequeños caballos turcos, que aun parecen más
+diminutos bajo la obesidad de sus jinetes. Los batallones árabes se
+distinguen, en esta aglomeración de cabezas rojas, por sus turbantes
+verdes, color religioso exaltado por el Profeta. Los albaneses, vestidos
+de blanco, á la zuava, forman en la puerta del palacio como tropa de
+preferencia, encargada de la guarda del sultán. Llegan los marinos de la
+escuadra, con sus oficiales á caballo: unos marinos de altas botas, que
+llevan al cinto por toda arma el ancho sable de abordaje. Al pie de la
+colina de Orta-Keni, ondean las rojas banderolas de los lanceros. Los
+regimientos de caballería tienen bandas de música, y se ve á los
+trombones, enroscados al cuerpo de los jinetes, como enormes serpientes
+de metal, saltar bruscamente á impulsos de los botes de los caballos,
+ocultos tras un pliegue del terreno.</p>
+
+<p>El aspecto imponente de estas tropas se debe á la edad de los soldados.
+El ejército turco es un<a name="page_191" id="page_191"></a> ejército <i>duro</i>. No se ven en sus filas
+muchachos barbilampiños y á medio formar, como en los ejércitos de
+Europa. El soldado turco es hombre de veinticinco á treinta años,
+fuerte, macizo, bigotudo, en todo el esplendor de su desarrollo. Unase á
+esto la fe ciega del mahometano, ese fervor religioso que inspira
+respeto por su ingenuidad aun á los más escépticos, y se comprenderá lo
+que es una masa de siete ú ocho mil soldados otomanos. Después de
+verlos, nada puede asombrar de cuanto se diga sobre su resistencia ante
+el enemigo y su fiera conformidad ante la muerte. Se lo imagina uno mal
+dirigido en los campos de batalla, y dejándose matar, sin retroceder un
+paso. Pero volviendo la espalda, no hay quien se lo figure.</p>
+
+<p>Al detenerse y extender sus filas á lo largo del camino, descansan sus
+fusiles en tierra con un golpe seco y uniforme, y quedan inmóviles, con
+una inmovilidad que parece de ensueño.</p>
+
+<p>Nadie diría que al pie de la ventana hay formados algunos miles de
+hombres. Ni un susurro, ni una palabra, ni una tos. Hasta los caballos
+permanecen inmóviles, sin el más ligero relincho. Parece una inmensa
+exhibición de figuras de cera. La brisa mueve las borlas de los gorros,
+el oro de las charreteras, las gualdrapas de los caballos; pero esto es
+todo lo que se agita y parece tener vida en la enorme aglomeración de
+hombres. Los cuerpos no se mueven; los ojos, vagos y como de<a name="page_192" id="page_192"></a> vidrio,
+miran sin ver; las bocas, cerradas, no parecen respirar.</p>
+
+<p>Un silencio absurdo lo envuelve todo; un silencio de pesadilla, un
+silencio más profundo que el de la noche, reproduciéndose bajo la luz
+del sol.</p>
+
+<p>En el kiosco, los embajadores y las grandes damas del cuerpo diplomático
+hablan con entera libertad; pero, sin embargo, sus voces suenan con
+cierta sordina, como cohibidas instintivamente por el silencio exterior.
+Campo Sagrado, con su hidalga cortesía española, cumplimenta á las
+señoras; Constans, el famoso embajador de la República francesa, habla
+en correcto español, recordando sus años juveniles de Madrid: todo un
+mundo de oficiales extranjeros, puestos de gran uniforme, agregados
+diplomáticos, secretarios, dragomanes y elegantes damas, rodea á los
+embajadores europeos, que son en Constantinopla algo así como
+semidioses, con más poder que el mismo sultán, pues muchas veces amargan
+sus días con enérgicas reclamaciones y turban su sueño.</p>
+
+<p>Las palabras, las risas y los cuchicheos caen de las ventanas, como
+involuntarias irreverencias, sobre la muchedumbre guerrera, silenciosa é
+inmóvil. Ni una mirada se eleva; ni un rostro se contrae. No ven, no
+oyen; están como muertos bajo la doble mortaja de la disciplina militar
+y el fervor religioso. Esperan al <i>Padichá</i>, nombre que dan los turcos á
+su emperador. El título de <i>Sultán</i> sólo lo emplean los árabes.<a name="page_193" id="page_193"></a></p>
+
+<p>La conversación y la risa de los europeos tampoco conmueven á los
+ayudantes de campo del emperador, cubiertos de oro, y á los empleados
+palatinos, de negra <i>stambulina</i>, que permanecen erguidos é inmóviles en
+las puertas y ventanas de los salones del kiosco. Imposible moverse sin
+tropezar con ellos. Levantáis un cortinaje, y vuestra mano tropieza con
+el pecho de un coronel, inmóvil como un adorno del salón, y que no
+cambia de lugar ni os mira. Vais á una ventana, é inmediatamente
+percibís la sensación de que alguien está detrás: un señor de levita y
+gorro, con un rosario de ámbar en las manos, que jamás fija sus ojos en
+los vuestros, como si ignorase vuestra presencia.</p>
+
+<p>El sultán recibe á sus huéspedes con la mayor cortesía, enviándoles
+orientales saludos de amistad. Estáis como en vuestra casa; los esclavos
+negros ofrecen cigarrillos; bajo tapices de seda, con flores doradas,
+llegan las humeantes tacitas de café y los vasos de oro llenos de
+confitura de rosas; pero no podéis dar un paso sin que unos ojos os
+sigan; no podéis sentaros sin que alguien se siente cerca de vosotros;
+no podéis hablar sin que un señor de uniforme ó de levita venga á
+situarse á pocos pasos, volviéndoos la espalda, para mayor disimulo. Al
+asomaros á una ventana, debéis arrojar antes el cigarro. Nadie puede
+llevar nada en las manos. Las señoras deben abandonar sus sombrillas,
+aunque las tueste el sol. Una maquinilla<a name="page_194" id="page_194"></a> fotográfica es un crimen que
+se paga con la expulsión. El alto espionaje, que consume con enormes
+sueldos una gran parte de la renta pública, vela por la existencia del
+<i>Padichá</i> con una meticulosidad ridícula.</p>
+
+<p>Un crujido de arena, bajo la marcha acompasada de muchos pies, turba el
+profundo silencio exterior.</p>
+
+<p>Me asomo á la ventana. Dos filas de pachás descienden la cuesta, camino
+de la mezquita, con el sable en una mano enguantada de blanco, y
+moviendo la otra al andar con una regularidad de simples soldados. Son
+los generales que tienen empleo palatino ó están en los ministerios.
+Salen del palacio y van á la mezquita, agrupándose en la puerta de ésta
+para recibir al señor. Sobre sus levitas de obscuro azul, adornadas con
+grandes charreteras de oro, brillan condecoraciones de un esplendor
+fantástico; estrellas de brillantes, soles de rubíes y esmeraldas, todas
+las insignias que puede regalar un monarca oriental de fabulosa
+generosidad.</p>
+
+<p>Estos pachás son la flor del imperio. Los hay viejos, tostados y secos,
+con grandes barbas blancas y gafas de oro, antiguos generales que
+pelearon con los rusos en las orillas del Danubio y resistieron en
+Plewna con la tenacidad inconmovible del musulmán. Otros, jóvenes,
+morenos y obesos, son altos oficiales por la voluntad del Gran Señor;
+generales por nacimiento, que nunca han<a name="page_195" id="page_195"></a> mandado tropas; almirantes
+hereditarios que jamás pisaron el puente de un acorazado.</p>
+
+<p>El silencio se agranda. En las muchedumbres occidentales, la emoción se
+manifiesta con empujones de impaciencia y sordos rugidos. Los turcos, al
+llegar el momento esperado, lo anuncian con una inmovilidad mayor, con
+un silencio absoluto, absolutísimo; con la ausencia de todo signo de
+vida.</p>
+
+<p>En el balconcillo del minarete de la mezquita Hamidié aparece un hermoso
+<i>imán</i>, de barba negra y turbante blanco. Visto de lejos, parece un
+muñequillo asomado á un balcón de encajes. Extiende, como alas de
+murciélago, las grandes mangas negras de su sotana, y un canto plañidero
+y dulce, semejante á una <i>saeta</i> andaluza, rasga el denso silencio,
+descendiendo hasta nosotros, como si viniera del cielo.</p>
+
+<p>Empiezan á bajar carrozas por la enarenada cuesta, camino de la
+mezquita. Son las sultanas y odaliscas del harem imperial; unas cuantas
+nada más, pues de ir todas en el cortejo, duraría éste horas enteras.</p>
+
+<p>Los eunucos negros, con las manos cruzadas sobre el vientre, marchan
+formando un círculo en torno de cada coche. En unos van las hermanas é
+hijas del <i>Padichá</i>; en otros, sus tías; en los que rompen la marcha,
+las odaliscas preferidas. Entre los generales y almirantes que, sable en
+mano, forman un grupo ante el kiosco, hay hijos y hermanos<a name="page_196" id="page_196"></a> del
+emperador. Lo mismo pueden llegar un día al trono, que morir desterrados
+en una provincia de Asia, ó amanecer con las venas cortadas y unas
+tijeras junto á la cama, para que todos crean en un suicidio.</p>
+
+<p>Al través de los vidrios de las carrozas se ven blancos velos, ojos
+pintados de negro, joyas enormes, mantos bordados de oro con una
+suntuosidad oriental... y vestidos parisienses, chillones y de mal
+gusto, de esos que los costureros de París guardan, según ellos dicen,
+para las damas turcas y las millonarias de América.</p>
+
+<p>Un rugido feroz corre al frente de las filas. Los soldados presentan las
+armas. Un <i>landeau</i> sencillo, tirado por seis caballos de una belleza
+inexplicable, como sólo puede poseerlos el soberano de la Arabia, avanza
+lentamente. Delante de él y á los lados marchan, en revuelta confusión,
+guardias albaneses con el fusil al hombro y la bayoneta calada; pachás
+que se codean y pisotean con los simples soldados; palafreneros de
+dalmática bordada, gruesa como coraza de oro; simples dignatarios de
+palacio vestidos de negro; jefes árabes, de nítido albornoz, venidos del
+Yemen para saludar al descendiente del Profeta. Los grupos de generales
+y almirantes situados al paso se unen á este grupo que corre en torno
+del carruaje, oprimiéndose contra sus ruedas y agrandándose por
+momentos.</p>
+
+<p>Solo en el <i>landeau</i>, con la capota caída, se<a name="page_197" id="page_197"></a> muestra el emperador, el
+hombre omnipotente, el <i>Padichá</i>, el Sultán, el Comendador de los
+Creyentes, rey y pontífice á un mismo tiempo de muchos millones de
+hombres.</p>
+
+<p>Al pasar ante el kiosco diplomático, levanta los ojos hacia las ventanas
+y saluda levemente, con gravedad musulmana. Es un hermoso tipo
+masculino; una figura de guerrero y de creyente. Sin duda va pintado
+como las mujeres de su harem. à juzgar por los años que ocupa el trono y
+su anterior juventud, debe estar en los setenta, y sin embargo, la
+luenga barba es de un negro intenso y el rostro tiene un aspecto de
+juventud. Este hombre, que es señor de una parte considerable de Asia y
+de una de las primeras capitales de Europa, que posee tesoros como los
+de <i>Las mil y una noches</i>, que es rey de Bassora, la de las perlas, y de
+Bagdad, la de las fantásticas riquezas, se muestra simplemente vestido
+de negro, sin un adorno, sin una alhaja, con algo de clerical y severo
+en su indumentaria.</p>
+
+<p>Lo que se admira al momento en él es la tranquilidad, la resignación
+valerosa del musulmán. Este hombre no tiene miedo ni puede tenerlo, á
+pesar de cuanto han dicho los periodistas franceses. Es un fatalista. Si
+está escrito que le maten, le matarán de todas maneras, por ser así la
+voluntad de Alláh. Y á pesar de que en el Sélamlik intentaron
+asesinarle, valiéndose de un vehículo cargado de dinamita, va á él todos
+los viernes, y pasa<a name="page_198" id="page_198"></a> bajo las ventanas del kiosco diplomático, desde las
+cuales se le puede alcanzar fácilmente, y se exhibe más allá, ante una
+muchedumbre que aguarda bajo el sol, contenida por las filas de la
+tropa.</p>
+
+<p>Las bandas de música hacen sonar el himno imperial, una especie de
+mazurca alegre; los gritos del <i>imán</i> llegan de lo alto durante las
+breves pausas del himno; los soldados lanzan por tres veces una
+aclamación feroz, un grito de guerra que es un viva.</p>
+
+<p>El sultán penetra en la mezquita. Fuera, en el gran patio, aguardan las
+damas del harem, dentro de sus carrozas, con los caballos
+desenganchados, por una precaución tradicional. Todas las tropas vuelven
+el frente á la mezquita para no estar, ni aun á gran distancia, de
+espaldas al emperador.</p>
+
+<p>Cuando media hora después, terminada la plegaria del Sélamlik, vuelve el
+sultán al palacio, el regreso parece menos ceremonioso y más entusiasta.
+El Comendador de los Creyentes, dejando partir las carrozas de las
+mujeres, los caballos de respeto que llevan de la brida los dorados
+palafreneros, toda la pompa de su corte, avanza en un ligero cochecillo
+de dos ruedas, tirado por un tronco de hermosas bestias que él mismo
+guía, acariciándolas con el látigo. Su hijo favorito, vestido de
+almirante, se sienta al lado de él.</p>
+
+<p>El tumulto de generales, dignatarios y simples soldados de la guardia,
+se hace mayor en torno<a name="page_199" id="page_199"></a> del ligero cochecillo. Corren jadeantes los
+pachás y los oficiales, pisoteándose y aclamando al emperador. Suenan
+otra vez las músicas; pero apenas se oyen, sofocadas por el griterío de
+muchos miles de hombres.</p>
+
+<p>Los soldados, silenciosos antes como estatuas, rugen al presentar las
+armas y ver de cerca á su emperador: «¡Larga vida al <i>Padichá</i>!»</p>
+
+<p>No son los fríos vivas de ordenanza de otros países. Las aclamaciones
+del turco vienen de adentro, de lo más hondo.</p>
+
+<p>En este país es inútil soñar con reformas y revoluciones.</p>
+
+<p>Turquía podrá desaparecer; pero cambiar... ¡nunca! Sólo puede ser como
+es, y así vivirá ó morirá.</p>
+
+<p>El buen musulmán jamás discute á su soberano. El <i>Padichá</i> es algo más
+que un rey de la tierra: es representante de los poderes del cielo.
+Cuanto él hace, bueno ó malo, lo hace Dios, y el turco es el más
+religioso y resignado de los hombres.</p>
+
+<p>Aun en sus mayores desgracias, al verse en la miseria ó ante el cadáver
+de un ser amado, nunca tiene una lágrima ni una palabra de protesta. Le
+basta, para consolarse, suspirar melancólicamente:&mdash;¡Alláh lo ha
+querido!<a name="page_200" id="page_200"></a></p>
+
+<h3><a name="XXIII" id="XXIII"></a>XXIII<br /><br />
+Los perros</h3>
+
+<p>Antes de conocer Constantinopla, cuando yo evocaba en la imaginación la
+gran ciudad oriental, reconstruyéndola con arreglo á ciertas lecturas,
+lo primero que veía eran los perros, los famosos perros de la metrópoli
+turca.</p>
+
+<p>Muchas cosas que amaba por los libros, no las he encontrado al llegar
+aquí. Unas han desaparecido bajo las huellas del tiempo; otras eran
+mentiras poéticas, que jamás tuvieron realidad. Pero los perros, los
+célebres perros, aquí están, como en otros siglos, llenando las calles,
+obstruyendo las aceras, dificultando el paso de los vehículos, sin casa,
+sin amo, sin otro medio de subsistencia que el respeto tradicional y la
+ternura que siente el turco por todos los animales.</p>
+
+<p>¿Quién no ha oído hablar de los perros de Constantinopla? Hasta hace
+pocos años eran la única policía urbana de la gran ciudad; el cuerpo de
+limpieza pública, encargado de que las calles<a name="page_201" id="page_201"></a> no quedasen totalmente
+obstruídas por carroñas de animales y montones de estiércol. Ahora, la
+influencia europea ha logrado que la triple ciudad de Constantinopla, ó
+sea Stambul, Pera y Scutari, tengan tres municipios, compuestos
+exclusivamente de ciudadanos turcos, que velan á su modo por la limpieza
+de las calles. Hay barrenderos indolentes y carretillas de riego para
+las principales vías; mas no por esto los perros han perdido sus
+antiguos privilegios. Al anochecer, de todas las casas arrojan á la vía
+pública el estiércol y los desperdicios; acuden los perros; la noche
+entera pasa entre ladridos, mordiscos y estrépito de lucha en torno del
+festín, y á la mañana siguiente, los barrenderos «quitan la mesa»,
+llevándose lo que no han podido devorar estos pupilos de Constantinopla.</p>
+
+<p>Venecia tiene sus palomas, que han vivido y procreado durante siglos á
+expensas de la República, como una institución nacional.</p>
+
+<p>Constantinopla tiene sus perros, respetados por el turco con cierta
+superstición, como si su suerte fuese unida á los destinos del pueblo
+otomano en el suelo de Europa.</p>
+
+<p>Vinieron, según la tradición, desde el fondo del Asia, siguiendo al
+ejército turco. Cuando éste tomó á Constantinopla, los perros se
+aposentaron en las calles y en las ruinas, considerando á la enorme
+ciudad como conquista propia. Eran perros vagabundos y guerreros,
+acostumbrados á<a name="page_202" id="page_202"></a> toda clase de privaciones; perros de soldado, sin dueño
+fijo, acariciados y mantenidos por todo un ejército; animales de
+campamento hechos á la vida común, á buscarse el sustento por sí mismos.
+Dentro de Constantinopla continuaron su vida de vivac. Su parte de
+gloria en la gran hazaña turca, su muda colaboración en la marcha de
+siglos, desde el centro de Asia á las bóvedas de Santa Sofía, la cobran
+estos animales con el respeto de todo un pueblo, con una consideración
+popular que parece elevarlos casi al nivel del hombre.</p>
+
+<p>Yo me los imaginaba feos, hirsutos, flacos, amenazantes, con colmillos
+babosos de rabia y ojos amarillentos de fiebre: una especie de leopardos
+urbanos, que hacían peligroso el tránsito por las calles de
+Constantinopla. Me sorprendí al verlos por primera vez, gordos,
+lustrosos, de una belleza ruda y silvestre, con hocico y gestos de lobo,
+pero de buen lobo, cortés y juguetón, con un pelo de color de miel,
+lavado por las lluvias. Son de regular alzada; muestran unos colmillos
+de espeluznante blancura; casi os derriban cuando se alzan sobre las
+patas traseras para acariciaros, y sin embargo, á nadie inspiran miedo.
+Peléanse entre ellos con encarnizamiento de fieras: todos llevan en su
+cuerpo señales de mordiscos; un combate de dos perros es algo horrible
+que pone en conmoción á toda una calle, y á pesar de esto, basta que un
+niño les amenace con un palo, para que se retiren, basta que un turco
+les largue una patada, para que huyan<a name="page_203" id="page_203"></a> sin revolverse, pasando del
+rugido feroz al lamento lacrimoso. Saben que su subsistencia depende del
+hombre, y lo respetan como á un dios que dispone de sus vidas. Rara vez
+atacan á las personas; nunca se ha conocido la enfermedad de la rabia en
+estos vagabundos, y cuando muerden, muy de tarde en tarde, á los
+transeuntes, casi siempre son mujeres las víctimas de sus ataques.</p>
+
+<p>¿Cuántos perros vagabundos existen en las calles de Constantinopla?
+Nadie lo sabe. Los más parcos en sus cálculos dicen que 80.000. Otros
+los hacen ascender á centenares de miles. Un comerciante francés ofreció
+al gobierno otomano una enorme cantidad para exterminar los perros y
+aprovechar sus pieles. Un buen negocio industrial, según parece. El
+vecindario turco se indignó. ¡Matar sus perros! ¡Exterminar á los fieles
+camaradas de los conquistadores de Constantinopla!...</p>
+
+<p>Los extranjeros van por las calles con grandes pedazos de pan, para
+obsequiar á estos pupilos de Turquía. Así como en la plaza de San Marcos
+las damas viajeras tienden sus manos llenas de trigo á los palomos
+venecianos, desapareciendo envueltas en una nube de plumas palpitantes y
+picos acariciadores, aquí se las ve, hundidas hasta las rodillas, entre
+pelos rojizos, hocicos babeantes y rabos inquietos, partiendo un
+mendrugo con los enguantados dedos y arrojando pellizcos de pan á las
+fauces glotonamente abiertas.</p>
+
+<p>Causa admiración el orden de esta república<a name="page_204" id="page_204"></a> perruna, falta de
+gobernantes y de leyes escritas, pero sometida, por el instinto de
+vivir, á una disciplina social. Muchas veces, al abandonar yo el comedor
+del hotel, recolecto en todas las mesas los pedazos de pan olvidados,
+tarea en la que se me adelantan con frecuencia otros viajeros. Salgo á
+la calle y me rodea un grupo de perros estacionados frente á la casa; la
+familia ó tribu á la que corresponde por derecho tradicional este trozo
+de vía. Ni ladridos ni empujones de impaciencia. El jefe de grupo, el
+patriarca, el guerrero, alcanza en el aire el primer pedazo, y va á
+situarse lejos de los suyos, vigilando la calle para evitar que ningún
+intruso se ingiera en el banquete. Mientras tanto, la familia va
+cogiendo al vuelo los otros pedazos, siguiendo un turno riguroso, sin
+que á nadie se le ocurra adelantarse á otro y arrebatarle su parte. De
+vez en cuando se aproximan otros perros, azuzados por el hambre,
+queriendo introducirse en el grupo, y una ruidosa batalla pone en
+conmoción á la calle entera.</p>
+
+<p>El guerrero, erguido sobre las patas traseras, hace frente á los
+invasores, y pelea él solo, mientras la tribu come. Aullidos, mordiscos,
+lucha á brazo partido; pues los perros de Constantinopla combaten
+poniéndose de pie y agarrándose como hombres, al mismo tiempo que
+dirigen á la cara del enemigo las acometidas de sus colmillos. Cuando el
+peleador sale ensangrentado del encuentro, se tiende en el arroyo, y
+toda la familia<a name="page_205" id="page_205"></a> le rodea, con aulladora gratitud, lamiendo horas y
+horas sus heridas.</p>
+
+<p>Marcháis por una callejuela seguido de varios perros que os husmean las
+manos y se empinan hasta vuestros bolsillos, con la esperanza del pan.
+De pronto, os veis solo. Los perros quedan atrás, y no os seguirán por
+más que intentéis atraerlos con silbidos y exclamaciones cariñosas.
+Están en los límites de «su jurisdicción»: han llegado al término del
+trozo de calle que les pertenece, y no pasarán de allí. Otros perros os
+salen al encuentro, os acarician, os siguen, hasta llegar al término de
+su territorio, y allí os dejan rodeados por una nueva tropa canesca.
+Así, de escolta en escolta, podéis correr por la noche toda
+Constantinopla. Cuando estalla una tempestad de ladridos, es que un
+grupo ha osado introducirse en terreno enemigo. Cuando una riña feroz
+conmueve el barrio, es que un perro vagabundo, sin familia y sin
+domicilio, es atacado por los burgueses de la raza, gente de bien, amiga
+del orden, que no puede tolerar tales faltas de disciplina social. El
+bohemio canino que vaga por Constantinopla, acaba inevitablemente sus
+días asesinado y devorado por las familias honradas de su especie.</p>
+
+<p>Según es la calle, así es el aspecto de los perros acampados en ella. En
+las vías modernas más elegantes de Pera y Galata, donde están las
+grandes tiendas de bisutería, ropas, muebles y libros, los perros
+ofrecen un aspecto lamentable; flacos, piojosos<a name="page_206" id="page_206"></a> y lanudos, mirando
+melancólicamente á las enormes lunas de los escaparates, tras los cuales
+se exhiben cosas hermosísimas, pero que no sirven para comer. En las
+callejuelas turcas, llenas de inmundicias y de pequeños puestos de
+comestibles alineados en el arroyo, el perro es alegre, juguetón y de
+sano aspecto.</p>
+
+<p>Dice un antiguo refrán turco: «Si mirando se aprendiese un oficio, todos
+los perros serían carniceros.»</p>
+
+<p>No hay carnicería de Constantinopla que no tenga ante la puerta unos
+veinte ó treinta perros, todos en fila, sentados sobre el cuarto
+trasero, silenciosos, con una gravedad de gentes bien educadas, fijos
+sus ojos en el dueño, con expresión de súplica, y abriendo la roja
+garganta á impulsos de insinuantes bostezos. Aguardan lo que caiga, y lo
+que cae las más de las veces es una mano de latigazos, pues el carnicero
+turco acaba por enojarse con esta tertulia muda que obstruye la puerta
+de la tienda y hace tropezar á los parroquianos.</p>
+
+<p>En medio de las bandas de perros que corretean por las calles á la caída
+de la tarde y duermen enroscados en las aceras á la hora del sol, se ven
+animales grotescos y repugnantes, tristes caricaturas de su especie.
+Unos llevan los ojos saltados; otros el lomo partido por sanguinolentas
+dentelladas ó el hocico medio devorado y con un morro pendiente. Son
+recuerdos de sus batallas con los compañeros de raza. Otros caminan á
+saltos,<a name="page_207" id="page_207"></a> con una pata rota vuelta hacia arriba, ó arrastran por el suelo
+su inmóvil parte trasera, como si fuesen extraños lagartos. Las ruedas
+de un vehículo les han dejado así, á pesar del respetuoso cuidado con
+que los turcos tratan á los animales. El cochero de Constantinopla antes
+prefiere volcar que aplastar á los perros. Los carruajes se detienen á
+cada instante ó dan bruscos rodeos para salvar sus vidas. Pero estos
+animales, habituados á un respeto tradicional, abusan de él, durmiendo
+tranquilamente en mitad de las calles de más tránsito.</p>
+
+<p>Cuando una perra lanza su prole en plena vía pública, el buen turco saca
+un cajón, un tonel, un gran cesto lleno de paja, y lo coloca en mitad de
+la acera para que sirva de cuna á los reciennacidos. La gente tiene que
+dar un rodeo y bajarse de la acera desafiando el peligro de los coches;
+la circulación se dificulta é interrumpe, pero nadie protesta ni mueve
+el obstáculo. Sálvense los animales, aunque perezcan las personas.</p>
+
+<p>Las primeras noches de estancia en Constantinopla son horribles. Los
+viajeros buscan en los hoteles las habitaciones interiores, lejos de la
+calle. Ladridos toda la noche; batallas en torno de los montones de
+estiércol; concierto de aullidos cada vez que pasa un trapero con un
+farol, ó cuando un transeunte les parece sospechoso. Las noches de luna,
+Constantinopla se estremece con ruidosas y feroces contorsiones. Hasta
+las piedras parecen<a name="page_208" id="page_208"></a> ladrar al astro de la noche. Al fin, el viajero
+adquiere oídos turcos, y se duerme arrullado por esta tempestad de
+ladridos, como podría dormir bajo el susurro de las olas ó la brisa
+perfumada de un jardín lleno de ruiseñores.</p>
+
+<p>¡Las obscuras tragedias que se desarrollan en esta sociedad animal,
+regida por el misterioso idioma de la mirada y el ladrido! ¡Las leyes
+crueles é inexorables de esta república de los perros!...</p>
+
+<p>Una tarde fuí al santo barrio de Eyoub en un vaporcito, siguiendo el
+Cuerno de Oro en toda su extensión. Un perro flaco, triste, de mirada
+dulce, pasaba y repasaba durante el viaje, entre las piernas de los
+viajeros. Al abordar al pontón de Eyoub, intentó deslizarse, oculto
+entre el gentío, pero un estrépido horripilante estalló de pronto,
+asustando á las buenas turcas encapuchadas que salían del vapor. Más de
+una docena de perros se arrojaron sobre el recién llegado como bestias
+feroces, mordiendo de veras, «tirándose á matar», buscando su cabeza con
+los agudos colmillos. El pobre can, como si esto no le sorprendiese,
+como si fuera algo esperado, corrió á refugiarse en el barco que volvía
+á Constantinopla.</p>
+
+<p>Pasé la tarde en Eyoub. Al anochecer esperé en el pontón la llegada del
+barco que iba á hacer su último viaje á la ciudad. Llegó el vapor, y
+entre la avalancha de viajeros intentó pasar el mismo perro. Pero otra
+vez salieron á su encuentro los enemigos, con terrible acometida de
+aullidos y<a name="page_209" id="page_209"></a> mordiscos, y tuvo que refugiarse de nuevo en la cubierta.</p>
+
+<p>¡El triste regreso hacia Constantinopla! En vano di pan al mísero
+animal. Comía con avidez de hambriento, pero sus ojos iban hacia Eyoub,
+que se perdía en el fondo del Cuerno de Oro, con sus cristales
+inflamados por la agonía del sol; hacia Eyoub, al que le atraía el
+instinto, y en el que no podía desembarcar. Cuando llegamos, ya de
+noche, al Gran Puente, el pobre perro se alejó á la luz de las
+estrellas, para refugiarse entre dos tablones y esperar el primer vapor
+de la mañana, emprendiendo de nuevo su viaje. Y al día siguiente
+comenzaría su triste peregrinación, sin otro resultado que mordiscos y
+una fuga vergonzosa; y al otro y al otro lo mismo; y aun estoy seguro de
+encontrarle si emprendo el viaje; y así vivirá hasta que muera ó le
+maten; empujado hacia la santa barriada de Eyoub por un buen recuerdo
+del pasado, y detenido siempre por la ferocidad implacable de unos
+enemigos que ladran y muerden, tal vez á impulsos de una antipatía de
+raza, de una venganza de familia ó de un obscuro drama de animalidad
+inferior... ¡Quién sabe!<a name="page_210" id="page_210"></a></p>
+
+<h3><a name="XXIV" id="XXIV"></a>XXIV<br /><br />
+Los Derviches Danzantes</h3>
+
+<p>El muro oriental de la mezquita de Bakarié, en las afueras de Eyoub,
+está rasgado por grandes ventanales con celosías encristaladas, y á
+través de ellas, mientras llega la hora de los oficios, veo cabrillear,
+bajo la lluvia de oro del sol del mediodía, las aguas azules, densas y
+como muertas del Cuerno de Oro, allí donde éste se confunde con las
+llamadas Aguas Dulces de Europa.</p>
+
+<p>De vez en cuando, como una visión cinematográfica, pasa por la extensión
+azul que tiembla más allá de los ventanales una lancha de vela con un
+cargamento de mujeres, ó un caique blanco y dorado, con damas envueltas
+en obscuro dominó, llevando como escolta de honor, junto á los remeros
+sudorosos, una esclava negra.</p>
+
+<p>Adivino que desembarcan en el muelle de la mezquita, invisible para mí.
+Después pasan otra vez estas mujeres misteriosas, ante los ventanales,<a name="page_211" id="page_211"></a>
+pero á pie, siguiendo lo largo del muro, como actrices que cruzan el
+fondo de una escena dejándose ver sólo por los huecos de la decoración.</p>
+
+<p>à cada entrada de éstas crece el zumbido de conversaciones y risas que
+se escapa de todo un lado del piso superior de la mezquita, galería
+cerrada con espeso enrejado, tras el cual asisten á la fiesta las
+mujeres turcas.</p>
+
+<p>Yo estoy en lo que pudiera llamarse el coro de la mezquita; una tribuna
+de madera, sobre la puerta de entrada, frente á los ventanales que dan á
+la ría azul, y al lado de la galería enrejada, tras cuyas celosías se
+adivinan vagamente los mismos bultos blancos y negros, é iguales
+movimientos de curiosidad misteriosa que en una iglesia de monjas.</p>
+
+<p>Es miércoles y la respetable cofradía de los Derviches Danzantes va á
+celebrar la fiesta en Bakarié, que es su templo más importante en
+Constantinopla. Los viernes dan otra <i>representación</i> en pleno barrio de
+Pera, en una mezquita perdida entre edificios europeos, rodeada de cafés
+y tiendas modernas, interrumpida muchas veces la solemnidad del rito por
+el pitar de los tranvías y los gritos de los vendedores de periódicos.
+Es una fiesta para los extranjeros de paso; algo semejante á las
+diversiones pintorescas que organiza la Agencia Cook para que los
+viajeros se enteren de las costumbres tradicionales de un país, á tanto
+por ejecutante.<a name="page_212" id="page_212"></a></p>
+
+<p>En Bakarié la fiesta religiosa no tiene otro público que los devotos, y
+asiste á ella el Cheik, sacerdote jefe de los Derviches Danzantes.
+Bakarié sólo atrae á las gentes del país. Es una mezquita perdida entre
+risueños cementerios y jardines abandonados en las afueras de Eyoub,
+barrio extremo de Constantinopla, donde no vive ningún europeo, donde
+subsiste la santa mezquita cerrada é inabordable á todo infiel durante
+siglos, donde es molesto á ciertas horas transitar por las tortuosas
+callejuelas, pues las viejas fanáticas, encapuchadas de negro, escupen
+con entusiasmo religioso á los pies del cristiano y le siguen con un
+barboteo senil de palabras incomprensibles, en las que sólo se adivina
+la palabra <i>perro</i> seguida de misteriosas maldiciones.</p>
+
+<p>En el coro de la mezquita de Bakarié no hay otro europeo que yo. Me
+siento como avergonzado por las cien miradas de curiosidad desdeñosa que
+adivino tras las espesas celosías y por el gesto impasible de los
+músicos sentados junto á mí, que parecen no haberse enterado de mi
+presencia. Ocupo una silla mugrienta, algo coja y con el asiento de paja
+próximo á desfondarse, único mueble europeo que el sacristán, tras larga
+rebusca, ha podido encontrar en la mezquita. Los músicos se sientan en
+el suelo, con las piernas cruzadas sobre esteras de fresca y amarilla
+limpieza, y todos ellos visten el traje de los derviches danzantes;
+largas túnicas de pesado paño rojo,<a name="page_213" id="page_213"></a> verde, blanco ó azul, y sobre ellas
+un manto negro. Sus caras barbudas, bronceadas, feroces, de cejas
+hirsutas y ojos con manchas de color de tabaco, parecen empequeñecerse,
+abrumadas bajo la enormidad del respetable gorro que sirve de distintivo
+á la cofradía: un cono truncado de fieltro gris, sin alas y sin otro
+saliente que un ligero reborde circular. Algo así como una maceta de
+flores, de barro cocido, puesta boca abajo. Unos tienen en sus manos la
+flauta turca y soplan en ella ligeramente, haciendo sordas escalas para
+convencerse de la bondad del instrumento; otros colocan junto á ellos
+los <i>darboukas</i>, pequeños timbales que sirven de acompañamiento. Los
+cantores abarcan entre sus rodillas unos catrecillos de madera que
+sustentan el libro abierto, de amarillento papel, con caracteres negros
+y rojos.</p>
+
+<p>Miro al fondo de la mezquita. Las columnas de madera que sostienen las
+galerías superiores están unidas por una barandilla blanca y roja. Entre
+esta barandilla y los muros se hallan las tumbas de los derviches de la
+cofradía que murieron en olor de santidad, catafalcos de paño verde,
+apolillado por el polvo de los siglos, y con enormes turbantes que
+usaron en vida los varones bienaventurados. Entre las tumbas, sobre
+frescas esteras de junco, se sientan en cuclillas ó se arrodillan
+descansando el cuerpo en los talones todos los fieles que acuden á la
+fiesta; gruesos tenderos de Eyoub, burgueses venidos en barca desde
+Constantinopla,<a name="page_214" id="page_214"></a> jardineros de las cercanías, marinos de los acorazados
+turcos eternamente inmóviles en el Cuerno de Oro, todos con los zapatos
+en la mano y el fez erguido sobre la frente.</p>
+
+<p>Las barandillas de las cuatro columnatas cierran el centro de la
+mezquita, formando á modo de un gran salón de baile con el pavimento de
+madera, limpio, encerado y brillante. Allí están aguardando su hora los
+sagrados ejecutantes de la fiesta, los derviches acurrucados en el
+suelo, formando tres filas, frente al Cheik, que ocupa él solo la parte
+de Oriente, sentado en una piel de cordero. Envueltos en sus mantos
+negros, que forman en torno de ellos amplio embudo, é inclinando á
+impulsos de la meditación el alto gorro que cubre su cabeza, parecen
+extraños insectos que se repliegan para saltar de pronto sobre una presa
+invisible.</p>
+
+<p>Un cantor se ha puesto de pie y avanza con el libro abierto hasta la
+barandilla del coro. Su manto, al entreabrirse, deja descubierta una
+gruesa túnica anaranjada, de pliegues rígidos: una prenda venerable, con
+la respetabilidad de varias generaciones sacerdotales, y que parece
+tejida al mismo tiempo de lana y de plegarias. Es un joven barbilampiño
+y rubio. Su pescuezo blanco se hincha y colorea de sangre con los
+esfuerzos de la voz de falsete. Una ruda protuberancia del cuello, la
+nuez de la garganta, se agita convulsa, sube y baja, marcando las
+modulaciones de la voz.<a name="page_215" id="page_215"></a></p>
+
+<p>La plegaria tiene el ritmo de un canto oriental, monótona, soñolienta,
+de misteriosa lentitud, retardándose cada palabra con reflexivas pausas,
+prolongándose con repeticiones é interminables gorjeos, como ciertas
+canciones de Andalucía.</p>
+
+<p>Los derviches, abajo, con la frente en una mano y el codo en la rodilla,
+parecen soñar replegándose cada vez más dentro de sus embudos negros,
+empequeñeciéndose con el reconcentramiento de la meditación.</p>
+
+<p>¿Qué dice la plegaria?... Nada. Interminables alabanzas á Alláh
+invisible, señor del universo, misterioso justiciero sin forma material
+ni otra imagen que los dorados caracteres árabes de elegantes rabos que
+lucen en la mezquita sobre el fondo verde de redondos escudos; nombres
+de sultanes que, agrupados en lista cronológica, son como la historia
+del pueblo turco. Y sin embargo, esta oración, cuyas palabras carecen de
+mérito literario y sólo tiene el encanto de la música adormecedora,
+causa en el auditorio un efecto de recogimiento sincero que rara vez se
+encuentra en los ritos occidentales. La voz del cantor parece hipnotizar
+á los oyentes. Los fieles, con la mirada perdida y el cuerpo rígido,
+empiezan á moverse sobre su cintura, siguiendo con un vaivén cada vez
+más enérgico las palabras del derviche. Los rostros se colorean como si
+reflejasen las llamas de una combustión interior. Las narices se dilatan
+y en los ojos brilla como chispa perdida un punto<a name="page_216" id="page_216"></a> de luz azulada y
+misteriosa. De vez en cuando un rudo suspiro se escapa de estos pechos
+contraídos por la emoción religiosa. El europeo, solo y aislado en esta
+mezquita lejana, entre la vehemencia silenciosa de unas ceremonias que
+parecen resucitar siglos lejanos, bárbaros y belicosos, se siente
+invadido por la inquietud.</p>
+
+<p>Calla el cantor, cierra el libro, se retira remontando sobre sus hombros
+anaranjados el negro aleteo de su capa, y una música tenue y dulce, un
+suspiro pastoril se extiende en el silencio profundo de la mezquita,
+donde los hombres parecen cuerpos sin alma.</p>
+
+<p>Es una flauta. La media hora de meditación que precede á la danza
+sagrada la llena el gorjeo de este instrumento bucólico. El músico,
+inmóvil entre sus compañeros en cuclillas, que parecen maniquíes, hincha
+sus carrillos, enrojece, suda con el continuo esfuerzo, pero al mismo
+tiempo sus ojos mates, perdidos en éxtasis, delatan el fiero orgullo de
+tener pendiente de su soplo el fervor de los fieles y de los santos
+hermanos de cofradía.</p>
+
+<p>El tierno vagido del instrumento parece enardecer á los orientales,
+creyentes de una religión, en la cual la ausencia de estatuas y pinturas
+litúrgicas obliga al devoto á un continuo esfuerzo imaginativo para
+representarse los poderes ultraterrenos. Los fieles de la mezquita de
+Bakarié sueñan en pleno mediodía, bajo la luz de las ventanas<a name="page_217" id="page_217"></a> llenas de
+azul y de sol, mecidos suavemente por los lentos trinos de la flauta.</p>
+
+<p>¿Qué ven en sus ensueños? Huéspedes nada más del continente civilizado,
+europeos de paso, obligados á soportar una vida moderna extraña á sus
+costumbres y su tradición, su pensamiento va al más viejo de los mundos,
+á la venerable y misteriosa Asia, cuyas montañas casi pueden
+contemplarse desde los ventanales de la mezquita. El pastoril
+instrumento les hace ver los amarillentos rebaños escalando lentamente
+las colinas tostadas de la Siria y ramoneando sus hierbas olorosas; el
+fresco pozo del desierto al que llega el rudo jinete, mezcla de pastor y
+de pirata de la llanura, saludando á la doncella envuelta en velos que
+extrae el cubo con sus brazos redondos, en los que tintinean anillos de
+bronce; los arenales del Yemen, obscuros á la caída de la tarde, por
+cuyo horizonte pasan las filas de camellos, como cabeceantes y gibosos
+monstruos, sobre el cielo inflamado de rojo; los grupos de palmeras que
+ondean sus penachos de verdes plumas en los oasis que marcan el camino
+solitario hacia la Santa Meca; las tumbas venerables de Medina,
+cubiertas de polvo secular y ostentando entre andrajos de oro las
+pesadas cimitarras de los guerreros de Dios: las plácidas callejuelas de
+Damasco, de húmeda sombra y cerrados jardines; las rojizas y pedregosas
+colinas de Jerusalén, sobre las cuales parece haber pasado el soplo de
+hoguera del Gran Implacable;<a name="page_218" id="page_218"></a> Bagdad, con sus mezquitas de cúpulas
+partidas y sus bazares como pueblos, adonde acuden las caravanas
+portadoras de fantásticas riquezas; Bassora, cuyos marineros desnudos
+pescan la perla: toda la gloria y todo el esplendor, latentes aún, de la
+raza semita, despreciada ó perseguida por los hombres modernos, y que
+sin embargo, un día, siguiendo las palabras de paz de Jesuhá, el hijo
+del carpintero, se hizo dueña de medio mundo y siglos después,
+repitiendo los gritos de Mohamed, el hijo del camellero, se enseñoreó
+del otro medio.</p>
+
+<p>Un nuevo espectador de la fiesta se sienta junto á mí. Es un oficial de
+la escuadra turca, un joven teniente de navío, con su uniforme inglés
+modificado únicamente por el gorro rojo que cubre su cabeza. Los galones
+de oro de la bocamanga, rematados por un óvalo, brillan sobre el paño
+azul obscuro de la levita. Entre el alto cuello de inmaculada blancura,
+que refleja los objetos inmediatos como un espejo, y la nítida pechera
+de su camisa, resalta la corbata anudada de seda negra, con una gruesa
+perla. Lleva en la mano sus zapatos de charol y sus pies huellan la
+alfombrilla de junco con sus calcetines de seda. Al pasar, parece
+sonreirme con los ojos, como á una persona que no se conoce, pero que se
+ha visto con frecuencia. Todas las noches le encuentro en el barrio
+europeo de Pera, en el teatro de Petits-Champs, donde actúa una compañía
+de opereta<a name="page_219" id="page_219"></a> francesa. Unas veces lleva su uniforme, otras viste de
+<i>smoking</i>, y mientras se atusa los empinados bigotes á lo kaiser, mira
+amorosamente, á través de sus lentes de oro, á las <i>cocottes</i> de
+diversas nacionalidades que pululan en Constantinopla, y habla con ellas
+en diversos idiomas. Se adivina que ha vivido en París y en Londres, que
+es un marino de largos viajes... en tierra, un secretario de comisiones
+internacionales, un agregado militar de embajadas. ¿Qué extraña
+curiosidad le guiaba á la mezquita de Bakarié?...</p>
+
+<p>Se sentó en el suelo, cruzando sus piernas, oprimiéndolas con las manos
+para aproximarlas más al tronco. Escuchó inmóvil la plegaria del cantor,
+y poco á poco su cuerpo empezó á moverse con un balanceo creciente, lo
+mismo que los otros fieles. Luego el susurro de la flauta le sumió, como
+á los demás, en profunda meditación.</p>
+
+<p>Cuando volví á mirarle, sus lentes habían caído sobre el pecho. Un
+arrebol de sangre coloraba su rostro, antes pálido. Su pelo, lustroso y
+plano á los dos lados de la raya central, parecía alborotado por un
+espeluznamiento de cólera. Su ancha nariz turca, nariz de caballo leal y
+arrogante, ensanchábase palpitante como si oliese pólvora. Sus ojos
+miopes, al encontrarse con los míos, reflejaron una extrañeza hostil y
+salvaje. El azul uniforme, con sus insignias europeas, parecía despegado
+de su cuerpo.</p>
+
+<p>Aquel marino era la personificación de la Turquía<a name="page_220" id="page_220"></a> europea que se
+apropia los inventos modernos, copia la organización alemana, habla
+todos los idiomas de los pueblos civilizados, y adopta las modas de
+París... pero guardando bajo este exterior su alma asiática.</p>
+
+<p>Me imaginé al amigo de las <i>cocottes</i> de Petits-Champs, al marino casi
+inglés, al elegante agregado de embajada, al que yo creía un escéptico y
+alegre vividor, escuchando á un <i>imán</i> que proclamase la guerra santa; y
+vi al asiático despojándose de golpe de su complicado disfraz de europeo
+y agitando en una punta del sable una cabeza cortada, lo mismo que los
+grandes capitanes de Mohamed blandían sus cimitarras tintas en sangre
+para demostrar la unidad de Dios.</p>
+
+<p class="c">*<br />* *</p>
+
+<p>En el coro de la mezquita de Bakarié, el flautista sagrado sigue
+improvisando trinos ó lanza agudas y gimientes notas, mientras abajo,
+acurrucados sobre el lustroso pavimento, meditan los derviches
+danzantes.</p>
+
+<p>De pronto suena un golpe sobre la madera. Es el Cheik, que ha salido de
+su inmovilidad dejando caer las dos manos sobre el suelo, como si fuese
+á desplomarse. Un sonoro redoble contesta á este movimiento. Todos los
+derviches dejan caer igualmente sus manos á un mismo tiempo, quedando á
+gatas, con el enorme gorro junto al suelo.<a name="page_221" id="page_221"></a></p>
+
+<p>Al gemido de la flauta se unen los <i>darboukas</i>, que baten una marcha
+lenta, cortada por endiablados repiqueteos, y al compás de esta marcha,
+los derviches se yerguen y emprenden un lento paseo á lo largo de las
+barandillas. Al erguirse han dejado caer los mantos obscuros, y quedan
+al descubierto sus trajes de ceremonia, cada uno de uniforme color, pero
+abarcando en su variado conjunto todas las tintas del iris.</p>
+
+<p>¡Extraña vestimenta que haría reir en otro lugar, y á la que da cierto
+respeto el gesto solemne de las barbudas cabezas, iluminadas por el
+fuego hostil de unos ojos de fanático!... De cintura arriba son hombres,
+con chaquetilla á la turca, alto chaleco y faja rayada. De cintura abajo
+son mujeres, arrastrando una falda amplísima de rígidos pliegues, que
+roza el entarimado con crujidos de pesadez.</p>
+
+<p>Avanzan descalzos, contoneándose ligeramente al compás de la marcha, con
+los brazos cruzados sobre el pecho y las manos extendidas junto á los
+hombros. El Cheik camina al frente de la hilera, marcando las ceremonias
+del lento paseo. Al llegar junto al Mirab, gira sobre sus talones y
+saluda profundamente al derviche que le sigue, con tan profunda
+inclinación, que las dos caperuzas de fieltro se tocan. Los demás
+repiten el mismo saludo. Al pasar ante la barandilla, tras la cual están
+las tumbas de los santos varones de la orden, se reproduce igual
+ceremonia.<a name="page_222" id="page_222"></a></p>
+
+<p>Tres veces da vuelta á la sala la procesión de los derviches, y este
+desfile dura mucho tiempo, con la rígida lentitud que es para los
+orientales el signo más imponente de la majestad. Los pies, descalzos,
+se mueven incesantemente al compás de la música, pero sin adelantar
+apenas. Por fin, el Cheik, al pasar por tercera vez ante el Mirab, queda
+inmóvil en el centro del muro oriental, con los brazos en el pecho,
+destacando su figura sobre los vidrios iluminados de una gran ventana.</p>
+
+<p>Los derviches, formados en larga fila, parecen bailarinas que se
+preparan á lanzarse, haciendo piruetas, hasta el borde de un escenario.
+Poco antes, al despojarse de los mantos sombríos y aparecer en todo el
+esplendor de sus vestiduras deslumbradoras, recordaban á las danzarinas
+de ciertas óperas que surgen de entre bastidores como negras brujas, y
+de pronto, abandonando sus disfraces, muéstranse luminosas, envueltas en
+gasas y colores rosados.</p>
+
+<p>Los instrumentos del coro adoptan un ritmo semejante al del vals, y al
+repiqueteo de los tamborcillos y el dulce ganguear de las flautas, se
+unen las voces de los cantores, que entonan una salmodia bailable,
+monótona y chillona, sin otra variación que el cambio de tono al final
+de cada estrofa.</p>
+
+<p>Avanza un derviche hacia el gran sacerdote, lo saluda con reverente
+inclinación, como pidiendo su venia, el Cheik le contesta con ligero
+gesto, y<a name="page_223" id="page_223"></a> el sagrado danzarín empieza á girar sobre sus talones, con una
+velocidad cada vez mayor, añadiendo á este vertiginoso movimiento de
+rotación otro ligerísimo de traslación, que le hace avanzar lentamente,
+siguiendo el contorno de la sala. La falda pesadísima arremolina sus
+pliegues en torno de las piernas, y poco á poco, con la velocidad, toma
+aire y se hincha... se hincha, adquiriendo proporciones gigantescas.
+Primero es un enorme paraguas á medio abrir, luego un globo, después un
+paracaídas, y el paño pesadísimo se extiende casi horizontal, girando
+con loco vértigo sobre las piernas desnudas, que dan vueltas y vueltas
+como una peonza loca.</p>
+
+<p>Al comenzar su movimiento de rotación, el derviche lleva los brazos
+cruzados sobre el pecho, en actitud sacerdotal. Poco á poco los despega,
+los extiende sonriente, con gracioso desperezo de bailarina, hasta que
+al fin los mantiene rígidos, en cruz, ayudándole esta tensión á la
+rapidez de su volteo. Apenas se sume en esta embriaguez rotatoria, ya no
+sonríe. Sus ojos quedan vidriosos y vagos, su rostro palidece y se
+contrae con un gesto de estupidez extática, de voluptuosidad dolorosa.</p>
+
+<p>Tras el derviche vestido de blanco, empieza á girar otro verde; luego
+otro azul; después otro rojo, y así van saliendo en ruidosa ondulación
+circular faldas rosadas, azules, vinosas, amarillas y naranja, con esa
+intensidad profunda de color que es la gloria de los tintoreros
+orientales.<a name="page_224" id="page_224"></a></p>
+
+<p>La mezquita se llena de peonzas vistosas que giran y giran, dando al
+espectador el mareo del vértigo. En las raras pausas de la música se oye
+el aleteo del pesado paño cortando el aire y el roce de los pies. El
+espectáculo es original, obsesionante, con el extraño poder que ejerce
+la mezcla de lo bello y lo ridículo. Son flores gigantescas que bailan,
+rematadas por hombres feos y barbudos. Rosas fantásticas que giran
+llevando hundidos en el centro de su corola unos gnomos de rostro feroz
+coronados por un gorro de fieltro.</p>
+
+<p>Los cantores aceleran el ritmo, gritando cada vez más fuerte; los
+<i>darboukas</i> repiquetean con redobles de trueno; las flautas saltan y
+balan como cabras locas, y los danzantes giran y giran con tal rapidez,
+que sus brazos y piernas son pálidas sombras, borrosas por la velocidad,
+y las faldas cortan el aire como sierras horizontales... ¿Cuánto tiempo
+dura la sagrada danza?... No lo sé. Siento, á pesar de mi inmovilidad,
+los efectos del vértigo: mi vista se deslumbra y marea con este continuo
+girar de colores. Creo estar rodando por una pendiente que no termina
+nunca. La música infernal y el volteo de los derviches embriaga á los
+fieles. Encogidos en el suelo, mueven sus cuerpos al compás de la
+música, y la mezquita parece una enorme caja de juguetes donde
+centenares de monigotes mecánicos, con gorro rojo y cara de palo, se
+balancean impasibles á los sones de un cilindro de música.<a name="page_225" id="page_225"></a></p>
+
+<p>El Cheik hace un gesto; cesa el coro; los derviches contienen su
+rotación; van descendiendo sus faldas con la falta de movimiento; se
+deshinchan; dejan de ser un paraguas para convertirse en un embudo;
+luego se achican más aún, surgen los pesados pliegues, que acaban por
+rozar el suelo, y los sagrados bailarines vuelven á formarse en fila, á
+un lado del templo. Sus rostros brillan con el gotear del sudor: los
+ojos vidriosos tienen aún la locura del vértigo. Agítanse sus pechos
+como fuelles con el jadear de la fatiga. Algunos, mareados por la
+repentina inmovilidad, se tambalean como ebrios. Pero á pesar de esto
+todos miran al Cheik, esperando un gesto suyo para pedir de nuevo la
+venia y reanudar la loca danza.</p>
+
+<p>Los cantores entonan durante el descanso una especie de himno litúrgico,
+lento y solemne, pero sus voces vuelven pronto á adoptar el ritmo del
+sagrado baile, y otra vez las peonzas animadas tornan á girar en el
+centro de la mezquita.</p>
+
+<p>Por tres veces bailan los derviches, y durante una hora larga giran y
+giran, con un movimiento vertiginoso, que agotaría las fuerzas, la razón
+y aun la existencia de cualquier occidental. Al fin cesan de voltear, y
+vacilando sobre sus congestionados pies salen para despojarse de los
+trajes de ceremonia en una casa ruinosa, inmediata á la mezquita,
+atravesando el huerto de nopales y palmeras que rodea á ésta.</p>
+
+<p>El Cheik hace su oración ante el Mirab, se<a name="page_226" id="page_226"></a> prosterna varias veces sobre
+la piel de cordero, extiende los brazos invocando el nombre de Alláh y
+se retira también.</p>
+
+<p>La ceremonia ha terminado... ¡Ridícula!... Los que la vieron desde
+pequeños, cuando su razón comenzó á abrirse á las cosas del mundo
+aceptándolas tal como las encontraron, asisten á ella con sincero fervor
+y la consideran como el más noble y poético de los cultos... ¿Quién sabe
+lo que un oriental, entusiasta de los derviches danzantes, pensará al
+ver por vez primera las ceremonias litúrgicas de los occidentales? Todos
+los pueblos del misterioso Oriente, tierra natalicia de dioses, han
+danzado ante las potencias celestes, haciendo del baile una ceremonia
+religiosa. La danza es seguramente un acto más elevado y menos material
+en honor de la Divinidad que beber vino, aunque sea en copas de oro.</p>
+
+<p>De todas las cofradías musulmanas de Oriente, la de los derviches
+danzantes es la más aristocrática. Sus afiliados gozan de general
+respeto. El Sumo Sacerdote, al que pudiéramos llamar el Papa de los
+derviches, reside en Konia, la gran ciudad turca de Asia, hogar de las
+tradiciones otomanas, adonde no ha llegado aún la influencia europea que
+atrofia y envilece á la vieja Turquía.</p>
+
+<p>Cuando muere el sultán y hay que consagrar un nuevo Comendador de los
+creyentes, el jefe supremo de los derviches viene desde Konia á la Santa
+Mezquita de Eyoub, donde se verifica la ceremonia<a name="page_227" id="page_227"></a> de investir al
+emperador. Este no tiene corona. El signo visible de su majestad y su
+poder es el sable del Profeta, que se guarda en la famosa mezquita de
+Eyoub. El gran derviche ciñe la venerable cimitarra de Mohamed á la
+cintura del nuevo soberano, y Turquía entera aclama á su <i>Padichá</i>.</p>
+
+<p>La Santa Mezquita de Eyoub es el único lugar que guarda el misterio y el
+aislamiento religioso del pueblo turco. Ningún cristiano ha pisado ni
+siquiera las losas de sus patios interiores. Los viajeros, al pasar ante
+ella, procuran no mirar por las puertas y rejas de los muros que rodean
+sus patios y jardines.</p>
+
+<p>Al salir yo de Bakarié, buscando la ribera del Cuerno de Oro para que
+una embarcación me condujese á Constantinopla, me perdí en unas
+callejuelas inmediatas á Eyoub, formadas por blancos panteones, kioscos
+funerarios al través de cuyas rejas se ven túmulos de sultanes y santos,
+coronados de turbantes y cubiertos de terciopelo y oro.</p>
+
+<p>Al final de un callejón vi una gran arcada con la verja abierta. Me
+aproximé. Enfrente, un patio solitario y fresco; más allá una arcada; en
+último término, una gran extensión inundada de sol y cerrada por
+murallas, en cuyo centro, como un monstruo vegetal, alzábase la
+enormísima pilastra de un plátano de quinientos años, con el ramaje
+invisible. Cantaban las fuentes en la sombra de los claustros de
+azulejos, desgranando sus surtidores<a name="page_228" id="page_228"></a> sobre tazas de verde mármol;
+centenares de palomos obscuros aleteaban en los capiteles de las
+columnas, cortando con sus arrullos el silencio animado por el gotear
+del agua. En el último patio jugueteaban varios grupos de pilluelos casi
+desnudos, y permanecían acurrucadas viejas horribles, esperando una
+limosna.</p>
+
+<p>Eran los patios de la Santa Mezquita, del templo inabordable para el
+cristiano, donde no pudo entrar ni el mismo emperador de Alemania en su
+visita á Constantinopla. à un lado una fachada misteriosa, de azulejos
+verdes y negros, con un fanal turco pendiente ante el arco de herradura.</p>
+
+<p>Apenas asomé mi cabeza, un <i>zapethie</i>, gendarme turco, vino hacia mí.
+Los pilluelos inclinaron sus gorros al suelo como si buscaran piedras,
+chillando y manoteando con belicosa alegría: «¡<i>Giaour</i>! ¡<i>Giaour</i>!»
+(¡Un cristiano!)</p>
+
+<p>Me alejé prudentemente, pero la rápida visión del patio solitario con
+sus palomos y sus chorros de agua, y de la fachada verde y negra, de
+feroz misterio, no se borrará fácilmente de mi memoria.</p>
+
+<p>¿Qué habrá en el interior de la Santa Mezquita de Eyoub?...<a name="page_229" id="page_229"></a></p>
+
+<h3><a name="XXV" id="XXV"></a>XXV<br /><br />
+El heredero de «Las mil y una noches»</h3>
+
+<p>La punta de Stambul, que avanza ante Galata formando de un lado la
+entrada del Bósforo y del otro la embocadura del Cuerno de Oro, la ocupa
+el palacio del Serrallo, enorme como una ciudad, y que hace muchos años
+dejó de servir de residencia á los soberanos de Constantinopla.</p>
+
+<p>Los occidentales confunden con frecuencia el serrallo con el harem.
+Serrallo es simplemente un palacio: sólo el harem (<i>lugar sagrado</i>) es
+el departamento destinado á las mujeres.</p>
+
+<p>Este extremo de Stambul forma una altura desde la cual se abarca el más
+asombroso de los panoramas. à un lado la azul extensión del mar de
+Mármara, infinita á la vista, con las deliciosas islas de Prinkopo, que
+parecen inmóviles bajeles, de casco sonrosado y velas verdes: enfrente
+la ribera asiática de montañas rojas, con el Bósforo<a name="page_230" id="page_230"></a> que oculta en sus
+revueltas los veleros de blancas lonas y los buques modernos de negro
+penacho: al lado opuesto, Constantinopla, extendiendo en pendiente su
+caserío por ambas riberas del Cuerno de Oro, que tiene sus aguas casi
+invisibles bajo los cascos de toda una ciudad flotante.</p>
+
+<p>En esta colina, que avanza como un cabo, estuvo situada la acrópolis de
+la antigua Bizancio. Aquí, el maravilloso palacio de la emperatriz
+Placidia, las mansiones de los personajes más importantes del imperio,
+las termas de Arcadio, la iglesia de la Madre de Dios Hodégetria
+(conductora de los ciegos) y el alcázar de los emperadores bizantinos,
+monumento de monstruosa grandeza, mezcla de harem y de convento, donde
+las vastas salas destinadas á la orgía y á la muerte estaban decoradas
+con escenas bíblicas sobre fondos de oro.</p>
+
+<p>Cuando Mohamed II conquistó Constantinopla, sus construcciones de gusto
+oriental se elevaron sobre los escombros de los palacios del vencido, y
+en esta colina vivieron los <i>Padichás</i> hasta los primeros años del siglo
+XIX. Los motines de Constantinopla y las amenazas de la milicia de los
+jenízaros, hicieron levantar el campo á Mahmoud II. El Serrallo era una
+vivienda demasiado grande para que el Comendador de los creyentes
+pudiese subsistir con entera seguridad. Enclavada en el corazón de
+Stambul, dominadas sus murallas por edificios pegados á ellas, el pueblo
+sublevado<a name="page_231" id="page_231"></a> ó los pretorianos descontentos podían invadirlo con gran
+facilidad. El sultán abandonó el antiguo Serrallo en 1808, trasladándose
+á la otra ribera del Cuerno de Oro, y desde entonces los emperadores
+viven en plena campiña, apartados de su ciudad y rodeados de un pueblo
+fiel de guardias y cortesanos que ellos mismos se forman.</p>
+
+<p>Sólo algunas sultanas viejas, con su corte olvidada y pobre de parientas
+del emperador, viven como monjas en los abandonados palacios del antiguo
+Serrallo.</p>
+
+<p>Éste se halla dividido en tres partes: los jardines, el Patio de los
+Jenízaros y los palacios ó kioscos esparcidos caprichosamente en la
+meseta de la colina. Los jardines son viejos, con todo el encanto de la
+vegetación secular abandonada á la libre expansión de sus fuerzas;
+terrazas en escalones con enormes cipreses ó seculares plátanos; rosales
+que crecen y se enmarañan como bravías malezas, y en medio de este
+oleaje de verde sombrío, kioscos de simples líneas y amarillenta
+blancura. Un cinturón de murallas rojas, con puntiagudas almenas y
+gruesos torreones, cierra el recinto del Serrallo, como una ciudad
+aparte dentro del antiguo Stambul.</p>
+
+<p>Lo más notable que encierra es el tesoro de los sultanes, la colección
+de riquezas históricas de estos soberanos del fabuloso Oriente, que
+conquistaron Bagdad y guerrearon con la opulenta Persia. Para visitarlo
+se necesita una invitación<a name="page_232" id="page_232"></a> del sultán, y aun así la visita no está al
+alcance de todos. Yo mismo, después de recibir la invitación, tuve que
+aguardar durante muchos días la oportunidad de que otros viajeros
+sintiesen el mismo deseo.</p>
+
+<p>Para visitar el Tesoro se moviliza en el antiguo palacio un verdadero
+ejército de criados, funcionarios de corte, ayudantes del sultán, pachás
+depositarios de las llaves, soldados de la guardia, en total unos
+trescientos hombres, y como en Turquía es natural y corriente la
+costumbre del <i>batchis</i> ó propina, y nadie cree envilecerse tomándola,
+la tal visita cuesta unos setecientos francos, y los viajeros, para
+realizarla, se reunen, poniéndose á escote.</p>
+
+<p>Dos personajes de Rumania venidos á Constantinopla para una conferencia
+con el gobierno turco sobre las minas de petróleo, recibieron la
+invitación de visitar el Tesoro al mismo tiempo que yo, y junto con
+ellos y sus esposas, entré en este depósito de fabulosas riquezas, á las
+tres de la tarde, precedido de una doble fila de eunucos negros y
+personajes pálidos de espesa barba y ojos tristes, todos con levita
+<i>stambulina</i> y gorro rojo, marchando con la frente baja y las manos
+cruzadas sobre el vientre.</p>
+
+<p>Así atravesamos el extenso Patio de los Jenízaros, pasando bajo la
+Puerta Augusta, un arco de mármol blanco y negro con columnas de jaspe
+verde. à cada lado de la puerta hay un nicho que<a name="page_233" id="page_233"></a> aun conserva señales
+de escarpias. De estas escarpias se colgaban para terrible ejemplo las
+cabezas de pachás cortadas por orden del Gran Señor.</p>
+
+<p>Nuestros conductores nos entran en un kiosco blanco, cuyos grandes
+ventanales dan sobre una terraza que domina la entrada del Bósforo. Una
+alfombra sedosa de finos colores, ámbar y rosa, se hunde bajo nuestros
+pies. Grandes espejos nos reflejan con toda nuestra escolta de empleados
+palatinos y negros eunucos. Los muebles (¡oh anacronismo!) son de estilo
+Luis XV, aunque enormes y en extremo dorados, como para satisfacer el
+gusto oriental, amigo de exuberancias. Desde la terraza se admira el
+agua azul y mansa que bate silenciosamente el pie de la colina del
+Serrallo. La roca, casi cortada á pico, da al Bósforo en este lugar una
+gran profundidad: cien metros, ¡Los misterios que guarda esta superficie
+límpida, débilmente rizada por la brisa que viene del mar de Mármara, y
+en la que tiemblan como pedazos de espejo los suaves rayos del sol de la
+tarde!... Aquí caían en el eterno misterio, con una piedra al cuello,
+los hermanos de los sultanes, estrangulados para evitar á Turquía una
+guerra civil; aquí desaparecían para siempre los pachás ambiciosos y en
+desgracia; aquí acababan las perfumadas sultanas y las odaliscas de
+voluptuosos ojos, sospechosas de infidelidad, cosidas dentro de un saco
+de cuero, antes de rodar á las tenebrosas profundidades.<a name="page_234" id="page_234"></a></p>
+
+<p>Entran nuevos criados en el kiosco, portadores de grandes bandejas
+cubiertas de tapices de seda con bordados de oro. Es el obsequio del
+sultán á los extranjeros que visitan su antigua residencia.</p>
+
+<p>El maestro de ceremonias tira de las ricas envolturas. Dos eunucos
+sostienen una bandeja de bronce cincelado, enorme como un escudo, y en
+ella se yergue majestuosa una compotera de cristal y oro llena de
+confituras de rosas y flanqueada de cucharillas del mismo metal. Es el
+eterno presente de toda visita turca. Un criado circula una bandeja con
+vasos de agua y tras él llega otro con un gran incensario dorado lleno
+de brasas, en el que humea una cafetera. Las minúsculas tacitas de
+porcelana persa se llenan de café espeso como pasta, y el perfume
+intenso del negro y delicioso brebaje se une al olor de rosa que
+impregna el ambiente. El maestro de ceremonias manda ofrecer los
+cigarrillos de dorada boquilla, y todo el grupo de invitados, hombres y
+mujeres, sentándonos en divanes de rayada seda, contemplamos durante un
+cuarto de hora las espirales de humo en los cuadros de puro azul (azul
+de cielo y azul de mar), á los que sirven de marco las ventanas del
+kiosco.</p>
+
+<p>Otra vez en marcha, precedidos de la procesión de servidores de negra
+levita y gorro rojo, que parece haber aumentado considerablemente. Son
+ya más de cien.<a name="page_235" id="page_235"></a></p>
+
+<p>Atravesamos un patio extenso, ó más bien una llanura cerrada por un
+sinnúmero de claustros, kioscos sueltos y palacios ruinosos, en los
+cuales se abren los muros bajo el peso de los siglos, de los mantos de
+hiedra y de las parras trepadoras.</p>
+
+<p>Junto á una puerta de arco, y bajo un porche de tejas viejísimas,
+cubiertas de moho y desunidas por las raíces de plantas parásitas, están
+formados los soldados de una compañía de infantería, en cuatro filas,
+dos á cada lado del espacio por el que debemos pasar. Un oficial de
+marina con cordones de ayudante avanza hacia nosotros, una mano en la
+empuñadura del sable y la otra en el fez, saludando con una rigidez
+alemana. Puesto que somos europeos é invitados del sultán,
+indudablemente debemos ser grandes personajes en nuestro país. Los
+soldados, al pasar nosotros, lanzan el rugido de ordenanza, elevando sus
+fusiles y presentándolos. Después vuelven á aullar con unidad atronadora
+y los dejan caer al mismo tiempo, conmoviendo con las culatas las viejas
+losas, en cuyos intersticios crece la hierba.</p>
+
+<p>Estamos en la entrada del <i>Hasné</i>, del famoso Tesoro, puerta venerable
+de cedro, roída por los años, con clavos oxidados y cerraduras que
+parecen olvidadas durante siglos y de imposible funcionamiento. Junto á
+ella aparecen nuevos personajes como si surgiesen de la tierra. Son
+viejos pachás de miembros trémulos y barbillas blancas, arrugados
+personajes con el paño del dorso de la<a name="page_236" id="page_236"></a> levita tirante sobre la
+curvatura de la espina dorsal. Cada uno saca su llave pesada y
+brillante; se abre con estridente <i>cric-cric</i> un enorme candado, giran
+con doloroso gemido los pernos de las cerraduras y se quejan los
+cerrojos al ser arrancados de la inmovilidad de su sueño. Los
+respetables gnomos del Serrallo van de un lado á otro trabajando en su
+penosa obra, y al fin giran chirriantes las hojas de cedro en el
+silencio conventual del Serrallo, y de la penumbra surge una bocanada de
+aire húmedo y espeso, una respiración de lugar cerrado, de antigua
+bodega.</p>
+
+<p>Todos los criados que nos preceden entran apresuradamente, mientras
+nosotros, contenidos cortésmente por el ayudante y el maestro de
+ceremonias, permanecemos en la puerta. Se oyen sus precipitadas carreras
+en el interior, el roce de sus sordas babuchas, la rápida confusión del
+grupo que penetra de golpe y se desgrana inmediatamente, encontrando
+cada cual el sitio que tiene designado con anticipación.</p>
+
+<p>Cuando entramos, cada mesa, cada vitrina, ofrece como nuevo adorno una
+pareja de hombres inmóviles, tan inmóviles como las estatuas y los
+maniquíes que contiene el Tesoro, las manos sobre el vientre y sin
+respirar apenas, pero que os siguen con ojos fijos en todas vuestras
+evoluciones. Imposible moverse sin tropezar con ellos. Se adosan á los
+descansos de las escaleras, se introducen en el hueco entre armario y
+armario, se empequeñecen<a name="page_237" id="page_237"></a> y disimulan para no ocultar con su cuerpo la
+vista de ningún objeto, pero ni por un instante podéis encontraros más
+allá del fuego cruzado de sus miradas.</p>
+
+<p>Todos los visitantes deben ser excelentes personas, ya que el Comendador
+de los creyentes los honra con su invitación, pero los pachás
+guardadores del Tesoro conocen el impulso tentador de Eblis y demás
+potencias infernales, y desconfían de la codicia del hombre y de la
+demencia de la mujer ante el oro que embriaga y la piedra preciosa que
+enloquece.</p>
+
+<p>¡El Tesoro del sultán, dueño desde hace siglos de la prodigiosa Bagdad!
+¡La colección de riquezas de este heredero de <i>Las mil y una noches</i>!...</p>
+
+<p>Al abarcar con la vista el amontonamiento de objetos preciosos,
+experimenté una profunda decepción. Los objetos están guardados como en
+un museo europeo, pero las vitrinas palidecen bajo el polvo, y los
+vidrios se enturbian, dando á todo un aspecto de pobreza y falsedad.
+Ocurre aquí como en los tesoros de las catedrales católicas, donde los
+siglos y la inercia dan al oro un tono miserable de cobre, y convierten
+los diamantes en vidrio y las perlas en gotas de cera.</p>
+
+<p>El Tesoro del sultán (que no ha visto nunca el sultán actual ni
+visitaron jamás muchos de sus antecesores) parece una enorme tienda de
+anticuario, abandonada. Hasta los vidrios de las ventanas están rotos en
+parte, y las goteras del techo<a name="page_238" id="page_238"></a> hacen caer en grandes desconchados el
+enlucido del cielorraso. Polvo, telarañas y vejez por todas partes.</p>
+
+<p>Este abandono y la enormidad absurda de las riquezas que contiene, hacen
+dudar en el primer momento del valor del Tesoro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Todo mentira!&mdash;murmuran en nuestro interior la malicia y la
+desconfianza&mdash;. ¡Baratijas orientales para deslumbrar al pueblo de otros
+siglos! Esto no es posible: es demasiado sobrehumano para que pueda ser
+verdad.</p>
+
+<p>Y sin embargo, es verdad, por más que la razón se subleve ante lo enorme
+de semejantes riquezas. Por algo los poetas de todos los tiempos, cuando
+han querido cantar magnificencias fabulosas, han vuelto sus ojos á
+Oriente.</p>
+
+<p>Un trono es el primer objeto que se encuentra al entrar en el Tesoro; un
+trono para descansar en él con las piernas cruzadas, bajo y casi tan
+grande como un lecho. Lo robaron los turcos á los persas en el siglo
+XVI, durante la guerra del sultán Selim contra el sha Ismail. Es de oro
+macizo, y sus cortas patas, al descansar en el suelo, dan una sensación
+de ruda pesadez. El precioso metal sólo es visible en pequeñísimos
+espacios. Un mosaico de fina labor, formado con riquísimos materiales,
+cubre todas sus caras, hasta las que son poco visibles, como la parte
+inferior del asiento. Son millares y millares de perlas, de esmeraldas,
+de rubíes, todos de igual tamaño, que<a name="page_239" id="page_239"></a> se repiten formando flores y
+hojas. La razón, que parece rebelarse ante tanta magnificencia y duda de
+su autenticidad, sólo se convence tras largo examen de la riqueza de
+este mueble.</p>
+
+<p>En otra sala se encuentra el verdadero trono de los sultanes, semejante
+á un púlpito de musulmán. Es á modo de una garita de ébano, dentro de la
+cual se sentaba el <i>Padichá</i> con las piernas cruzadas. De cada ángulo
+del asiento se levanta una columna sosteniendo el techo en forma de
+cúpula, y en el centro de ésta se eleva un joyel de inverosímil
+magnificencia, un ramillete de diamantes tan enormes, que parecen
+simples pedazos de empañado cristal. Todo este pequeño edificio de ébano
+y sándalo está incrustado de nácar, concha, plata y oro. Por todas sus
+caras interiores y exteriores corre un dibujo de plantas fantásticas en
+nácar, y el centro de cada flor está formado de grandes cabujones de
+rubíes, esmeraldas, zafiros y perlas. En su interior pende del techo una
+cadena de oro que venía á caer sobre la cabeza del sultán. La cadena
+sostiene un corazón también de oro y de éste cuelga una esmeralda de
+forma irregular, pero de un tamaño inaudito, gruesa de cinco centímetros
+y grande como una mano abierta.</p>
+
+<p>¡Las esmeraldas del sultán! Después de visitar el pabellón del Tesoro se
+hace igual caso de esta piedra preciosa que de los guijarros de un
+camino.<a name="page_240" id="page_240"></a></p>
+
+<p>Apenas se entra, el maestro de ceremonias os lleva ante una vitrina,
+donde sobre el fondo de terciopelo polvoriento se ven tres pedruscos
+planos de un verde obscuro, algo así como tres adoquines de vidrio
+opaco. ¡Son esmeraldas!... Las tres más grandes que existen en el mundo.
+Una de ellas pesa cerca de tres kilos.</p>
+
+<p>Y á lo largo de las otras vitrinas empieza el aturdidor espectáculo de
+las riquezas amontonadas por el heredero de <i>Las mil y una noches</i>:
+armas que son verdaderas joyas; yataganes y grandes sables con la vaina
+cubierta de perlas y rubíes y la empuñadura formada de brillantes y
+esmeraldas: armaduras antiguas de gruesas placas de oro, con dibujos de
+brillantes y topacios; telas de seda de brocado y terciopelo, en cuyo
+bordado se mezclan con los brillantes hilos centenares y miles de
+piedras preciosas; vasos de cristal de roca, de jade, de onix; copas y
+frascos de cincelado oro persa; joyas indias de sutil labor; cofrecillos
+de menudas incrustaciones en maderas perfumadas ó ricos metales, que
+reproducen escenas al borde del Eufrates, en las riberas del Ganges ó
+sobre las mesetas del Isphan llenas de rosas, donde cantaron los poetas
+Shadi y Ferdussi.</p>
+
+<p>Una gualdrapa de caballo (la del corcel favorito de los antiguos
+sultanes) llena todo el fondo de una vitrina. Tiene dos metros y medio
+de ancha y casi tanto de larga. Es de terciopelo carmesí y está bordada
+con miles de perlas, todas exactamente<a name="page_241" id="page_241"></a> del mismo tamaño, que es el de
+un garbanzo grueso. El color de la tela apenas se deja entrever como un
+rojo arabesco entre el apretado mosaico de granos preciosos.</p>
+
+<p>La armadura que Mourad IV llevó á la toma de Bagdad en el siglo XVII,
+deslumbra majestuosa frente á dos ventanas. Es una cota de mallas de oro
+con placas damasquinadas, y á su lado está la cimitarra, con la guarda y
+el puño cubiertos de brillantes en forma de tablero de ajedrez, todos de
+la misma dimensión y de trece milímetros de grueso.</p>
+
+<p>En una galería superior está lo más interesante del Tesoro: las
+vestiduras de gala, los trajes de aparato de los antiguos sultanes,
+desde Mohamed II, que conquistó Constantinopla, hasta Mahmoud, que murió
+en 1839. Estas vestiduras están puestas sobre maniquíes, sin cabeza,
+coronadas por un turbante de aparato, enorme como un globo. Cada
+turbante está rematado por un penacho sujeto con un joyel magnífico, y
+en la faja de todo maniquí luce un puñal, que es obra maestra de
+cincelado y un alarde de fantástica riqueza. Los hay que parecen
+trabajados por Benvenuto Cellini. La empuñadura de una daga está formada
+de una sola esmeralda. Otra se compone simplemente de cinco brillantes:
+dos en cada cara del puño y el restante sirviendo de pomo.</p>
+
+<p>La profusión de pedrerías sobre las armas y en los penachos de los
+turbantes, deslumbra y<a name="page_242" id="page_242"></a> confunde. Uno de los joyeles que retienen estos
+ramilletes de plumas, está formado de dos esmeraldas y un rubí, que
+tienen pulgada y media de gruesos. Las túnicas son de brocado magnífico,
+tan cubierto de bordados y de oro, que pueden sostenerse derechas sin el
+apoyo interior del maniquí. Las fajas de rica seda, sustentan los
+puñales, y cada uno de ellos representa una enorme fortuna; maravillosos
+símbolos de la majestad de estos soberanos, para los cuales era la daga
+lo que el cetro para los monarcas de Occidente.</p>
+
+<p>La larga fila de sultanes, inmóviles y sin cabeza, cubiertos de las
+mayores magnificencias de la tierra, encierra la historia del pueblo
+turco. Dentro de estas rígidas y deslumbrantes túnicas vivieron hombres
+respetados como dioses, que se hacían obedecer desde las orillas del
+golfo Pérsico hasta los muros de Viena y obligaban á temblar á toda la
+cristiandad, en perpetuo escalofrío de miedo, turbando el santo reposo
+del Vicario de Cristo.</p>
+
+<p>La imaginación, entre estas vestiduras pesadas y deslumbrantes como
+corazas y los hinchados turbantes faltos de cabeza, evoca rostros
+barbudos y morenos, de picuda y ancha nariz, de ojos sensuales é
+imperiosos. Bastaba un gesto de estas caras entristecidas por el exceso
+de poder y las harturas del harem, para que centenares de galeras
+aparejasen en el Cuerno de Oro y miles y miles de arqueros negros y
+jinetes turcos emprendiesen<a name="page_243" id="page_243"></a> la marcha por las riberas del Danubio,
+queriendo llegar conquistadores hasta sus fuentes.</p>
+
+<p>«¡Que baja el turco!», gritaba pavorosamente la cristiandad desde Viena
+á Lisboa, desde Cádiz á Londres, y la vida pacífica quedaba en suspenso,
+y las naves mercantes de Venecia, Génova y España convertíanse en barcos
+guerreros, haciéndose á la vela para salir al encuentro del enemigo en
+los mares de Grecia, y los monarcas de Europa alistaban ejércitos, y el
+continente entero quedaba inmóvil, en angustiosa espera, sin saber
+ciertamente si había llegado su última hora ó si tendría aún derecho á
+seguir existiendo.</p>
+
+<p>Los hechos que en la historia parecen más lejanos y faltos de relación,
+están unidos por el misterioso engranaje, generador del movimiento de
+avance que desde hace siglos empuja á la humanidad. Sin los sultanes de
+Constantinopla, fanáticos koranistas ansiosos de someter Europa entera á
+la ley del Profeta, la Reforma religiosa iniciada por Lutero habría
+perecido, lo mismo que otros intentos anteriores, y tal vez el Norte
+europeo seguiría á estas horas con la conciencia sometida al gran
+sacerdote de Roma.</p>
+
+<p>Los reyes católicos de Europa (especialmente nuestro Carlos V), á
+instigaciones del Papa, hubiesen acabado por entrar á sangre y fuego en
+Alemania, sometiendo con mano férrea á los pequeños señores germánicos
+partidarios de la nueva<a name="page_244" id="page_244"></a> doctrina, como siglos antes habían sido
+vencidos los provenzales heréticos y los húngaros entusiastas de Huss.
+Pero el miedo al turco no dejaba espacio para pensar en esto. El peligro
+exterior no permitía al catolicismo ocuparse de los asuntos internos de
+su casa. Como si los déspotas de Oriente estuviesen de acuerdo con los
+partidarios de la Protesta religiosa, cada vez que los soberanos
+europeos, á impulsos de una paz momentánea, volvían los ojos hacia el
+hogar de la herejía, en Constantinopla se armaba una nueva expedición y
+el grito pavoroso corría por todo el continente: «¡Que baja el turco!»</p>
+
+<p>La cristiandad necesitaba combatientes, Alemania era un plantel
+inagotable de soldados, y el Papa y los monarcas católicos, para salir
+del peligro inmediato, procuraban no ver la rebelión espiritual del país
+que les ayudaba en la santa empresa militar de impedir los avances de
+los infieles. Cuando el turco, escarmentado en Lepanto y en las llanuras
+del centro de Europa, ya <i>no bajó</i> más, era tarde para el catolicismo
+romano. La herejía, fácil de matar en la cuna, había crecido
+desmesuradamente. La necesidad de hacer frente al turco costó á Roma la
+pérdida de media Europa.</p>
+
+<p class="c">*<br />* *</p>
+
+<p>Salgo del Tesoro con un deslumbramiento en los ojos, con el mareo de una
+borrachera de riquezas.<a name="page_245" id="page_245"></a> Dentro del pabellón vetusto se pierde la noción
+del valor de las cosas. La retina, habituada al brillo del oro y al
+centelleo de las piedras, como si esto fuese un espectáculo ordinario,
+experimenta una gran extrañeza al reflejar la desnuda miseria que existe
+fuera del pabellón.</p>
+
+<p>Tardo un buen rato en volver á la realidad al salir del <i>Hasné</i>. En los
+primeras momentos me extraña que los fusiles de los soldados formados
+junto á la puerta no sean de oro; que sus tristes y viejos uniformes no
+estén rígidos, bajo una capa de preciosos bordados, como las túnicas que
+quedan allá dentro; que la hierba de las losas no esté formada de
+esmeraldas, y que no sean brillantes las gotas de agua que cantan y
+ruedan en un tazón al final del patio.</p>
+
+<p>Al fin logro serenarme, y me habitúo al nuevo ambiente, como el que pasa
+de un salón iluminado con vivas luces á una callejuela lóbrega. ¡Adiós,
+esplendores absurdos, riquezas turbadoras é inauditas de <i>Las mil y una
+noches</i>, que quedáis invisibles, sumidas en el polvo y la penumbra, tras
+la venerable puerta de cedro que vuelven á cerrar los gnomos de barbilla
+blanca, con chirridos de herrumbre!... Sólo el recuerdo me llevo de
+vosotros, pero juro que en adelante no habrá escaparate parisién de la
+<i>rue de la Paix</i> que me haga detener el paso con asombro, y que sonreiré
+como hombre que está en el secreto cuando en noches de gala vea en la
+Grande Opera ó en el Real de<a name="page_246" id="page_246"></a> Madrid el desfile de la centelleante
+pedrería sobre los hombros desnudos.</p>
+
+<p>En el centro del patio del Tesoro vemos el <i>Kafess</i>, un kiosco enrejado,
+una prisión que casi es una jaula, dedicada antiguamente á los hermanos
+de todo sultán, príncipes infelices, esclavos de la razón de Estado, que
+así habían de vivir para no turbar el sueño del soberano con amenazas de
+rivalidades. Esta prisión en pleno Serrallo casi resultaba para ellos
+una felicidad. Peor era que un día su augusto hermano, no satisfecho del
+encarcelamiento, les hiciera cortar las arterias, colocando después unas
+tijeras junto al lecho ensangrentado para hacer creer en un suicidio.</p>
+
+<p>Al otro lado del patio del Tesoro está la sala del Trono, el famoso
+<i>Diván</i>. Aquí recibían los sultanes á los embajadores de la cristiandad,
+bajo un techo, que aun subsiste, de dorados arabescos. En el fondo de la
+sala está el trono, en forma de diván, lecho enorme con un toldo de
+viejo terciopelo sostenido por columnas incrustadas de piedras
+preciosas. Existe una ventana enrejada junto al <i>Diván</i>, y tras ella
+escuchaba el <i>Padichá</i> á los embajadores, que ocupaban una pieza
+inmediata. Merced á tal precaución, los sultanes, que vivían en continuo
+miedo al asesinato, y las más de las veces no acababan sus días en la
+cama, creíanse á cubierto de una agresión de parte de los enviados
+extranjeros, á los que apenas conocían.<a name="page_247" id="page_247"></a></p>
+
+<p>Cerca de la ventana hay una fuente. El sultán, apenas comenzada la
+entrevista, la hacía correr, y el murmullo del agua ensordecía y apagaba
+la conversación para que no la oyesen los familiares de los dos
+séquitos.</p>
+
+<p>¡Los caprichos de estos déspotas, ahítos de poder, y semejantes en sus
+bromas terribles á los emperadores romanos de la decadencia!...</p>
+
+<p>Cierto día un duque francés, embajador de Luis XIV, fué admitido como
+gran honor en el mismo salón del Trono, manteniéndose de pie ante el
+diván en el que estaba tendido el <i>Padichá</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Mira lo que tienes al lado&mdash;dijo el déspota sonriendo, con una malicia
+infantil en la mirada.</p>
+
+<p>El embajador miró á la derecha, miró á la izquierda, y sin la más leve
+emoción, continuó el discurso, exagerando más aún su actitud rígida y
+tranquila.</p>
+
+<p>Dos fieros leones estaban junto á él, frotando la melena alborotada
+contra sus piernas, rugiendo de extrañeza, mirando al intruso y mirando
+á su amo, como si sólo esperasen un ademán de éste para caer sobre él.
+El sultán experimentó una gran decepción al no poder divertirse con el
+miedo del extranjero. El embajador terminó su conferencia y salió
+dejando aturdidos á todos con su serenidad.</p>
+
+<p>Un héroe el tal embajador: un diplomático que sabía sobreponerse á las
+terribles emociones. Pero después, al llegar al palacio de la embajada,<a name="page_248" id="page_248"></a>
+cuenta el duque modestamente en sus Memorias que se apresuró á
+despojarse de la vistosa casaca cubierta de condecoraciones y bandas,
+que se quitó los calzones de terciopelo... y llamó á la lavandera, para
+entregarla su ropa interior.<a name="page_249" id="page_249"></a></p>
+
+<h3><a name="XXVI" id="XXVI"></a>XXVI<br /><br />
+Santa Sofía</h3>
+
+<p>Estoy en el gran patio de la mezquita «Aya Sophia» (la famosa Santa
+Sofía de los bizantinos), sentado bajo las ramas de un plátano
+venerable, ante una mesilla en la que humean dos tazas de café, y
+aspirando el perfume de sándalo de un rosario musulmán que acabo de
+comprar á un mercader sirio.</p>
+
+<p>à mi lado está Nazim-Bey, joven capitán de caballería que ha viajado por
+toda Europa, y ostenta sobre el pecho los cordones de oro de los
+oficiales del cuarto militar del emperador.</p>
+
+<p>¡Lo que me costó entrar en Santa Sofía!... Todos los viajeros que han
+visitado Constantinopla hasta hace unos meses, han podido verla con
+entera libertad. «Aya Sophia» estaba abierta á todo el mundo, como las
+demás mezquitas. Pero una comisión de jefes del Yemen, árabes fanáticos,
+habituados á la vida de los desiertos arenales,<a name="page_250" id="page_250"></a> que no entienden de
+relaciones internacionales y desprecian á los infieles, vino á
+Constantinopla á visitar al <i>Padichá</i>, y al entrar en la más famosa de
+las mezquitas, todos ellos se indignaron viendo el poco respeto con que
+la frecuentaban los cristianos, viajeros en su mayoría, que iban de un
+lado á otro hablando fuerte y con el <i>Baedeker</i> en la mano.</p>
+
+<p>Pocos extranjeros entrarán ya en ella. El sultán, para dar gusto á los
+revoltosos jefes del Yemen, ha prohibido el acceso á los infieles, y yo
+tuve que invertir más de quince días en ruegos, visitas y gestiones casi
+diplomáticas para visitar la famosa mezquita. ¡Irse de Constantinopla
+sin conocer Santa Sofía!... Al fin, una tarde, á la hora en que escasean
+los fieles en el templo, y acompañado de un ayudante del sultán, pude
+entrar en la antigua basílica.</p>
+
+<p>Sentados en un cafetucho del patio, junto á las fuentes de abluciones,
+que chorrean incesantemente, aguardamos á que un servidor del templo nos
+avisase el momento más propicio para la visita, después de la salida de
+ciertos devotos rezagados y antes que los <i>muezines</i> se asomaran á los
+balconcillos de los cuatro alminares llamando á los fieles á la oración
+de la tarde.</p>
+
+<p>Por fin, entramos... ¡Inolvidable impresión! No todos los días puede
+pisarse un pavimento fabricado por hombres que vivieron hace mil
+cuatrocientos años; no se respira con frecuencia bajo<a name="page_251" id="page_251"></a> unas bóvedas que
+cuentan catorce siglos de antigüedad.</p>
+
+<p>Inútil es describir Santa Sofía. Su atrevida cúpula, agujereada por
+estrechas é innumerables ventanas, sus nobles y grandiosas proporciones,
+sus tribunas sostenidas por columnatas de jaspe verde, y desde las
+cuales se ven como enormes insectos pender sobre el suelo las lámparas,
+los huevos de avestruz y demás adornos de la religiosidad musulmana, son
+conocidos en todo el mundo. El grabado antiguo, la fotografía y la
+tarjeta postal han popularizado el interior de este monumento, que es el
+más antiguo de la cristiandad europea, y puede ser llamado el Partenón
+del arte bizantino.</p>
+
+<p>La luz que penetra por las ventanas de la cúpula toma una densidad
+amarillenta de ámbar. La capa de pintura con que han cubierto los turcos
+las imágenes de los muros, contribuye á colorar el ambiente de este tono
+suave. La repugnancia religiosa de los musulmanes á toda representación
+de la forma humana, ha borrado los deslumbrantes mosaicos bizantinos, en
+los cuales santos y emperadores de rostro puntiagudo y miembros
+alargados, destacábanse con rigidez hierática sobre un fondo de oro.</p>
+
+<p>Es el único vandalismo que se han permitido los otomanos. Las hermosas
+columnas, los arcos de graciosa majestad, los huecos de las capillas,
+las balaustradas de jaspe, todo se mantiene lo<a name="page_252" id="page_252"></a> mismo que en tiempo de
+los emperadores de Bizancio. La costra de pintura amarilla se ha caído
+en algunas partes del muro, y el mosaico antiguo brilla con una luz mate
+y discreta, como una venerable armadura de oro al través de los
+desgarrones de una capa vieja. Unos cartelones verdes de diez metros de
+diámetro, con inscripciones gigantescas en honor de Alláh, y cuatro
+ángeles pintados en el arranque de la bóveda, son todos los adornos que
+el arte turco ha osado añadir al templo erigido por Justiniano. Los
+ángeles son convencionales. Cada uno de ellos está representado por
+cuatro alas en forma de rueda. La pintura musulmana no puede ir más
+allá.</p>
+
+<p>Un interminable susurro, un batir incesante de plumas, llena el ambiente
+ambarino y crepuscular de la mezquita, uniéndose al crepitar de las
+lámparas y á la cantinela monótona de los aprendices eclesiásticos, que,
+encogidos sobre las rodillas, balancean el cuerpo cantando de memoria
+<i>suras</i> enteras del Korán, mientras un efebo, con el libro entre las
+piernas, sigue con la mirada el texto, para corregir el más leve olvido.
+Centenares de palomos obscuros, con plumas de metálicos reflejos,
+aletean en las bóvedas, descansan en capiteles y cornisas, ó descienden
+hasta las cabezas de los fieles, inmóviles como estatuas en su oración,
+posándose por unos instantes en sus brazos. Con frecuencia abandonan
+desde lo alto sus superfluidades digestivas, y los servidores de la<a name="page_253" id="page_253"></a>
+mezquita tienen que limpiar continuamente la fresca estera del
+pavimento, sobre la cual marchan los fieles descalzos y con los pies
+limpios, para que después el buen creyente, al prosternarse, pueda
+besarla sin contagio alguno.</p>
+
+<p>Ocurre en este grandioso monumento, al contemplarlo por primera vez, lo
+que en San Pedro, de Roma. La vista lo abarca todo sin extrañeza alguna.
+Un templo poco más grande que los otros... y nada más. Sólo cuando se
+avanza, y la perspectiva va prolongándose á cada paso, es cuando se da
+cuenta el visitante de la enormidad de proporciones que van surgiendo de
+esta armonía general. Lo que de lejos parecían esbeltas columnas, son
+troncos enormísimos de piedra, junto á los cuales el hombre se iguala á
+la hormiga: las distancias entre una arcada y otra se prolongan
+mágicamente, como si el templo fuese creciendo y estirándose á cada paso
+que se avanza.</p>
+
+<p>La antigua basílica es enorme, abrumadora, soberbia, y sin embargo, da
+una impresión dulce, de suave ligereza.</p>
+
+<p>Su historia es tan accidentada como la de una nación.</p>
+
+<p>Santa Sofía no fué elevada en honor de una santa de este nombre, como
+muchos creen. <i>Sancta</i> <i>Sophia</i> es una invocación á la Santa Sabiduría,
+y en honor de la Sabiduría divina elevó Constantino la primera basílica,
+en el mismo lugar que ocupa la actual. Cien años después la quemó el
+populacho,<a name="page_254" id="page_254"></a> creyente y revoltoso, excitado por el destierro de San Juan
+Crisóstomo. Teodosio II la volvió á construir, y en 532 la incendió de
+nuevo el pueblo de Bizancio, amotinado esta vez, no por un santo, sino
+por una cuestión de Circo, el motín de los <i>Victoriatos</i>, en los
+primeros tiempos de Justiniano.</p>
+
+<p>Fué este emperador legista, manso marido de la interesante Teodora,
+mezcla de voluptuoso tirano oriental y austero teólogo, quien creó el
+monumento que aun hoy subsiste, y que vivirá siglos y siglos.</p>
+
+<p>Quiso en sus ambiciones de gloria que el templo á la Santa Sabiduría
+fuese «la obra más magnífica que se hubiese visto después de la
+creación», y en todas las partes del vasto imperio de Oriente hizo
+recoger los materiales más preciosos: mármoles, columnas y esculturas.
+Los monumentos de la antigüedad griega fueron saqueados. Éfeso le envió
+las columnas de jaspe verde de su famoso templo de Diana; Roma, las que
+había robado del templo del Sol en Heliópolis, é igualmente fueron
+puestos á contribución los santuarios de Atenas, Delos, Cizica é Isis y
+Osiris, en Egipto. Dos arquitectos griegos, los mejores de la época,
+Antemio de Tales é Isidoro de Mileto, se encargaron de la dirección de
+los trabajos; pero la credulidad popular, ansiosa de lo maravilloso,
+propaló que un ángel había entregado á Justiniano los planos del
+monumento con el dinero necesario para construirlo.<a name="page_255" id="page_255"></a></p>
+
+<p>Diez mil obreros, dirigidos por cien maestros alarifes, trabajaron á la
+vez. Una capa de betún de veinte varas de espesor, que llegó á adquirir
+la dureza del hierro, sirvió de base al edificio. Los alfareros de Rodas
+hicieron los ladrillos para la bóveda de una tierra tan ligera, que doce
+de ellos no llegaban á pesar lo que un ladrillo ordinario. Todos ellos
+llevaban una inscripción: «Es Dios quien me ha fundado y Dios me
+socorrerá.»</p>
+
+<p>La construcción fué una mezcla de esfuerzos arquitectónicos y ceremonias
+religiosas. Los sacerdotes bendecían los materiales, acompañaban con
+plegarias la erección de cada columna, y al elevarse los muros, los
+albañiles introducían en la argamasa huesos de santos y otras reliquias.</p>
+
+<p>Sumas inmensas se consumieron en este alarde arquitectónico, y
+Justiniano se vió en los mayores apuros, y recurrió á los medios más
+criminales para conseguir dinero y terminar la casa de la Santa
+Sabiduría. Por fin, en 537 la obra quedó acabada. Después de una marcha
+triunfal por el Hipódromo, con todo el esplendor de su corte bizantina,
+y de pródigas distribuciones al populacho, hambriento de pan y ahíto de
+disputas teológicas, Justiniano inauguró el monumento.</p>
+
+<p>&mdash;¡Gloria á Dios, que me ha juzgado digno de terminar esta obra!&mdash;gritó
+al entrar&mdash;. ¡He vencido á Salomón!</p>
+
+<p>Catorce días duraron las plegarias, los festines públicos y las
+distribuciones de dinero.<a name="page_256" id="page_256"></a></p>
+
+<p>La Santa Sapiencia vivió siglos en una relativa tranquilidad, sin otros
+accidentes que los que sufren los monumentos gigantescos, eternos
+enfermos necesitados de cuidados y reparaciones. Toda la vida del
+imperio de Bizancio se reconcentró en ella. Bajo sus bóvedas se
+consagraron aquellos emperadores que se asesinaban unos á otros, se
+sacaban los ojos, ó degollaban en masa á sus súbditos, por si el Hijo
+era igual al Padre, y otras sutilezas teológicas, que tomaron el
+carácter de verdaderos programas políticos.</p>
+
+<p>El día que los turcos sitiadores acabaron por penetrar en
+Constantinopla, una muchedumbre de sacerdotes, mujeres y combatientes
+fugitivos se amontonó en la santa basílica, que tenía ya cerca de mil
+años de antigüedad. El caudillo victorioso entró á caballo hasta el
+altar mayor, y gritó agitando su cimitarra: «No hay más Dios que Dios, y
+Mohamed es su Profeta.»</p>
+
+<p>¡Se acabó la Santa Sapiencia! Las cruces rodaron por el suelo, los
+sables se enrojecieron hundiéndose en la muchedumbre cristiana, y el
+saqueo y la matanza dentro de la basílica duraron tres días.</p>
+
+<p>En el momento de la entrada de los turcos, un sacerdote celebraba la
+misa, y huyó del altar con el sagrado cáliz, desapareciendo por una
+puertecilla practicada en una de las galerías. Inmediatamente la puerta
+se cerró milagrosamente, con una pared de piedra que nadie pudo
+distinguir del<a name="page_257" id="page_257"></a> resto del muro. El día que Santa Sofía sea devuelta al
+culto cristiano y los turcos huyan expulsados de Constantinopla, volverá
+á abrirse la puerta y el mismo sacerdote acabará su misa interrumpida.</p>
+
+<p>Esto lo sé por mi guía Stellio, un honrado griego, verídico y creyente,
+que me acompaña á todas partes, discurriendo el medio más rápido y
+seguro para extraer el dinero de mis bolsillos.</p>
+
+<p>Los historiadores de Santa Sofía dicen que esto es una leyenda; pero
+Stellio se ríe de su ignorancia.</p>
+
+<p>Todas las viejas del barrio del Fanar, residencia de las antiguas
+familias griegas, piden á Dios que no las llame á su seno sin haber
+visto antes á ese pobre sacerdote, que aguarda entre paredes, durante
+cuatro siglos y medio, el momento de terminar su misa.<a name="page_258" id="page_258"></a></p>
+
+<h3><a name="XXVII" id="XXVII"></a>XXVII<br /><br />
+El Papa griego</h3>
+
+<p>El barrio del Fanar es Bizancio que se sobrevive. Los griegos, antiguos
+señores de la gran ciudad, se refugiaron en este barrio después de la
+conquista turca, y allí continúan, en viejos palacios adosados á
+murallas medio derruídas del tiempo de los Paleólogos.</p>
+
+<p>Los guerreros bizantinos se hicieron comerciantes después de la derrota,
+ó mejor dicho, continuaron siéndolo, pues en tiempo de su imperio
+siempre fueron mercaderes, dejando la defensa de su país confiada á
+bravos mercenarios comprados en Asia ó en Bulgaria.</p>
+
+<p>La fama de los comerciantes <i>fanariotas</i> ha sido universal. Durante
+siglos, el oro de todo el mundo se amontonó en este barrio del Fanar.
+Los turcos belicosos, ocupados en hacer la guerra á la cristiandad,
+dejaron á los griegos, vencidos y astutos, el manejo de sus riquezas, y
+el <i>fanariota</i> fué el intermediario entre Asia y Europa, el mercader<a name="page_259" id="page_259"></a> de
+los objetos preciosos de Oriente, y al mismo tiempo el proveedor y
+prestamista de sus señores otomanos. Este barrio del Fanar ha sido
+durante siglos una Venecia, una Génova, de poderoso movimiento
+comercial. Una gran flota mercante movíase en los mares de Oriente y en
+todo el Mediterráneo, siguiendo las inspiraciones de sus mercaderes. El
+Cuerno de Oro, que lame con sus aguas las piedras verdosas de los
+edificios del Fanar&mdash;palacios obscuros con balcones bajos, que casi se
+tocan con la cabeza&mdash;, veíase cortado incesantemente por las galeras que
+llegaban de las escalas de Siria y el Mar Negro y partían hacia los
+puertos de Nápoles y Marsella.</p>
+
+<p>Hoy el Fanar está solitario y tranquilo. Junto á sus muelles no se ven
+más que viejas barcazas en reparación, y enfrente, al otro lado del
+brazo de mar, los navíos de guerra turcos, los buques antiguos que
+sirven de pontones, y el palacio del Almirantazgo rodeado de las
+innumerables construcciones del Arsenal. Mas los <i>fanariotas</i> aun viven
+tan ricos y poderosos como en otros tiempos. Los nuevos puentes que
+dificultan la navegación en el Cuerno de Oro, el gran calado de los
+buques modernos y las exigencias del comercio, les han obligado á
+trasladar sus oficinas á Galata, cerca del Bósforo, en medio de los
+chorros de vapor, rugidos de sirena, chirriar de grúas y ensordecedora y
+negra actividad de un puerto de nuestros días.</p>
+
+<p>Pero las venerables casas del Fanar son, como<a name="page_260" id="page_260"></a> en otros siglos, á modo
+de un título de nobleza para los que las habitan, y en ellas siguen
+viviendo las familias de estos griegos, más griegos que los que habitan
+Atenas, y que hacen remontar sus orígenes en línea recta á los tiempos
+gloriosos del imperio bizantino.</p>
+
+<p>El pequeño reino actual de Grecia se nutre de la rica savia del Fanar.
+Todos estos helenos de Constantinopla son grandes patriotas, con el
+entusiasmo nacional excitado por largos siglos de servidumbre y
+desgracia. Son riquísimos, pero no tienen una patria. Fingen sumisión al
+turco, á quien explotan, pero su pensamiento va á todas horas á la
+pequeña nacionalidad formada en torno de la acrópolis ateniense, viendo
+en ella como un huevo del que resurgirá un pasado glorioso.</p>
+
+<p>¡Atenas! ¡Constantinopla!... Estos dos nombres de gran sonoridad excitan
+á todas horas su entusiasmo. Todos conocen en el Fanar los misterios del
+porvenir. Grecia volverá á ser lo que fué: se apoderará de la Macedonia,
+se extenderá por las riberas de Asia, pasará un día los Dardanelos, y la
+antigua Bizancio será otra vez helena, brillando sobre la cúpula de
+Santa Sofía la cruz del Santo Sínodo, en vez de la media luna de oro. Y
+enardecidos por una fantasmagoría tan generosa, no hay sacrificio que no
+hagan estos comerciantes avaros, capaces de los mayores crímenes en el
+curso de los negocios, y que, sin embargo, desparraman el dinero á manos
+llenas en empresas patrióticas.<a name="page_261" id="page_261"></a></p>
+
+<p>Los griegos del archipiélago vuelven sus ojos al Fanar cada vez que
+intentan moverse. La sublevación de los isleños de Candía, las
+guerrillas macedónicas, la misma guerra turcohelena de hace pocos años,
+que tan grotesco y vergonzoso final tuvo para los nietos de Temístocles,
+y la agitación presente, que convierte las fronteras griegas en perpetuo
+campo de combate, todo es obra del dinero <i>fanariota</i>, que corre
+pródigamente, como sangre vivificadora del patriotismo. El griego de
+Constantinopla es un buen súbdito del sultán, incapaz de provocar ningún
+disturbio. Procura separarse del armenio revoltoso, que intenta
+revoluciones dentro del imperio, pero trabaja y sacrifica su fortuna por
+crear á éste en el exterior toda clase de conflictos.</p>
+
+<p>No sólo piensa en su pequeña patria para lanzarla á la guerra contra el
+país en que vive. Sabe que los pueblos son grandes por algo más que las
+armas y que la fama imperecedera de la antigua Grecia no se asienta en
+los ruidosos triunfos sobre los persas, sino en las enseñanzas y las
+inspiraciones de los filósofos, poetas y artistas, gloriosos abuelos de
+la presente humanidad. La grandeza intelectual de su raza preocupa á los
+<i>fanariotas</i> hasta el punto de que en Grecia es insignificante la
+instrucción pública costeada por el gobierno, en comparación con la que
+sostiene la iniciativa particular. No muere un griego rico de
+Constantinopla que no deje fuertes legados para las escuelas<a name="page_262" id="page_262"></a> de su
+país. Muchos han dejado dos y tres millones de francos. Innumerables
+escuelas del archipiélago, grandes universidades, valiosas bibliotecas
+se sostienen con herencias de patriotas del Fanar, que pasaron su vida
+explotando á turcos y cristianos y dando las más fieles muestras de
+adhesión al sultán que aborrecen.</p>
+
+<p>Además, el Fanar es para todos los griegos del mundo el barrio santo, la
+tierra sagrada donde tiene puesto un pie Dios: algo semejante á lo que
+es para el católico el barrio de Roma inmediato al Tíber, donde alza la
+basílica de San Pedro su enorme cúpula y se alínean perforando la piedra
+las innumerables ventanas del Vaticano.</p>
+
+<p>En el Fanar está el palacio del Patriarcado, la residencia del Papa
+griego, llamado vulgarmente Patriarca de Constantinopla.</p>
+
+<p>Este representante de Dios es un personaje poderosísimo, un sacro pastor
+que extiende su cayado de oro sobre millones de místicas ovejas. Si el
+Papa de Roma no tuviese al otro lado del Atlántico la antigua América
+española, su colega de Constantinopla sería tan poderoso como él.
+Grecia, Bulgaria, Servia, Rumania, Montenegro, los cristianos ortodoxos
+de la enorme Turquía, que son millones, y la inmensa Rusia, que aunque
+autónoma religiosamente, respeta, sin embargo, al sumo sacerdote de
+Constantinopla, forman el feudo espiritual de este pontífice que vive en
+el barrio del Fanar y una vez al año bendice toneladas<a name="page_263" id="page_263"></a> y toneladas de
+aceite, convirtiéndolo en óleo santo que envía á los metropolitanos y
+popes de sus Estados.</p>
+
+<p>El patriarca actual es Joaquín II. Un amigo suyo, que á la vez lo es
+mío, me invita á visitar al Pontífice, ensalzando la llaneza de su trato
+y costumbres. ¿Por qué no?... El amigo añade que ya ha hablado de mí á
+Su Santidad, y una tarde á las dos, llegamos juntos al palacio del
+Patriarcado.</p>
+
+<p>Es un enorme caserón sin adorno alguno, situado en la cumbre de una
+colina vecina al Cuerno de Oro. Una tapia alta cierra los patios
+exteriores, y ante la triple puerta de entrada hay un cuerpo de guardia.</p>
+
+<p>Su Santidad es después del Gran Imán el primer funcionario religioso del
+Imperio. El sultán lo recibe con frecuencia y vive en las mejores
+relaciones con él, temiendo la influencia que puede ejercer sobre varios
+millones de almas que forman parte del pueblo otomano. Los soldados
+turcos, fervorosos musulmanes, velan, bayoneta en el fusil, sobre la
+existencia y el reposo de este sacerdote extraño á sus creencias, lo
+mismo que en Jerusalén montan la guardia cerca del sepulcro de Cristo.
+Además, Su Santidad recibe del sultán una paga enorme, uno de esos
+sueldos inauditos que sólo puede concebir la prodigalidad de un soberano
+oriental.</p>
+
+<p>Joaquín II es bueno y tan generoso al repartir como el sultán al dar.
+Vive sin aparato, como en<a name="page_264" id="page_264"></a> los tiempos que era un pobre teólogo en una
+universidad de Grecia, y su enorme asignación la devora el populacho del
+Fanar, que descansa en sus tugurios como una nube de langosta en torno
+del Patriarcado.</p>
+
+<p>Entramos en éste por una puerta lateral. El arco del centro está
+cerrado, y sólo se abre, con largos intervalos de años, en las grandes
+conmemoraciones religiosas.</p>
+
+<p>En el interior encontramos unos criados, bigotudos y morenos, semejantes
+á los piratas antiguos del archipiélago, y popes jovencitos que deben
+ser familiares de Su Santidad. Subimos una escalera de madera con
+esterilla de junco. Las paredes están adornadas con pinturas de imágenes
+bizantinas y retratos de patriarcas. Entramos en un salón de espera
+igualmente modesto, con la misma esterilla é idénticos retratos de
+patriarcas: cabezas venerables y barbudas, con la mitra cuadrada y
+lóbrega envuelta en una gasa fúnebre que pende sobre los hombros y la
+cruz de oro destacándose sobre el pecho negro.</p>
+
+<p>Se abre una puerta, y avanza unos pasos en la inmediata habitación un
+pope de estatura enorme, un venerable gigante que mueve los brazos
+invitándonos á entrar.</p>
+
+<p>Hermoso hombre. Yo, que no soy bajo de estatura, tengo que echar atrás
+la cabeza para verle bien. Tiene blancas, con una nitidez de nieve, las
+barbas luengas y ensortijadas; blancas igualmente,<a name="page_265" id="page_265"></a> las guedejas que se
+escapan de su alto gorro, semejante á un sombrero de copa sin alas. Pero
+el rostro es joven, y aunque algo demacrado, da una impresión de fuerza
+y salud, por el lustre de la tez, de un moreno rojizo, y la solidez ósea
+de la faz. La nariz, un tanto grande y demasiado aguileña, es sin
+embargo hermosa por su pureza de líneas, sin la más leve desviación. Los
+ojos, grandes é imperiosos, ojos de mando que se esfuerzan por ser
+dulces, parecen gotas de densa tinta, brillando un pequeñísimo punto de
+luz en su negra intensidad.</p>
+
+<p>Este gigante, blanco, fuerte y majestuoso como un Padre Eterno, se agita
+al andar con enérgicos movimientos y encorva la espalda para ponerse al
+nivel de los que llegan. Mi amigo se inclina al coger su diestra y besa
+un gran anillo. Entonces reparo en la faja de seda que ciñe la sotana
+del arrogante sacerdote y en la cruz que brilla sobre su pecho, con un
+suave fulgor de oro antiguo. Es Joaquín II.</p>
+
+<p>Mi amigo le habla en griego brevemente, y yo adivino por las miradas que
+hace mi presentación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, Blascos!&mdash;dice el Patriarca con una voz sonora de barítono, al
+mismo tiempo que me coge una mano y tira de mí para que avance&mdash;.
+¡Blascos Ibañides!...</p>
+
+<p>Cualquiera diría que Su Santidad se había pasado la existencia no oyendo
+otro nombre que el mío. Es la amabilidad superior de los soberanos, de
+los grandes personajes que fingen conocer á<a name="page_266" id="page_266"></a> todos los que llegan y
+parecen recordar sus nombres, que les han dicho momentos antes. Y
+repitiendo mi apellido desfigurado á la griega, con una expresión
+satisfecha, como si no conociera otra cosa, me empuja con su volumen de
+coloso, me hace sentar en un diván redondo en el centro de la pieza, y
+él vuelve al sillón dorado y viejo que ocupaba momentos antes.</p>
+
+<p>La sala, larga y estrecha, es una galería cerrada con cristales. Al
+través de ellos, se ve abajo parte del caserío del Fanar, y más allá de
+los tejados, una mitad del Cuerno de Oro, los navíos de guerra, el
+Arsenal, y los montes desnudos de la ribera de enfrente, con abandonados
+cementerios turcos, en los cuales las blancas fichas de las tumbas dan
+la sensación de lejanos corderos rumiando inmóviles en las laderas.</p>
+
+<p>El Patriarca está sentado de espaldas á los cristales, con el cuerpo en
+la sombra y rodeado de un nimbo de luz que forma el sol de la tarde en
+torno de su alba cabellera. Junto á él sonríe un joven pequeño, vestido
+como un <i>gentleman</i>, el monóculo brillante sobre el rostro afeitado y el
+pelo rubio y lustroso partido por una raya central en dos bandós que
+caen sobre la frente cual lacios cortinajes. Es el secretario de la
+legación de Grecia, que está en conferencia con el Patriarca y juntos
+pasan el tiempo hablando de los asuntos del amado país.</p>
+
+<p>Joaquín II habla en su idioma, de sonora armonía,<a name="page_267" id="page_267"></a> ininteligible para
+mí, y al terminar mi amigo, que parece emocionado en presencia del
+Patriarca y apenas osa levantar los ojos, me dice en francés:</p>
+
+<p>&mdash;Su Santidad está muy contento de verle, y dice que le es usted
+simpático... Además le desea una estancia muy feliz en Constantinopla.</p>
+
+<p>&mdash;Su Santidad es muy amable. Dele usted las gracias.</p>
+
+<p>Quedamos los cuatro en profundo silencio, mirándonos, como es de buen
+tono en toda visita oriental, donde la conversación animada no surge más
+que tras larguísima pausa luego de haber tomado el café.</p>
+
+<p>El Patriarca ha dado sus órdenes con una voz de marino que ordena una
+maniobra, y aparecen los criados trayendo el inevitable obsequio de toda
+visita.</p>
+
+<p>El café no es gran cosa, los cigarrillos son comunes y el servicio de
+porcelana de lo más vulgar. Joaquín II vuelvo á repetir que vive
+pobremente, como un hombre de escasas necesidades. Nos ofrece las tazas
+y los cigarrillos con ademanes de graciosa cortesía, pero él no bebe ni
+fuma. Sólo la confitura es magnífica: un dulce de exquisitez monacal,
+formado de diversos y misteriosos aromas: un regalo tal vez de lejano
+convento, ó de algunas griegas devotas, enclaustradas voluntariamente en
+algún ruinoso palacio del Fanar.</p>
+
+<p>El Patriarca, sin dejar de mirarme, habla al joven<a name="page_268" id="page_268"></a> que tiene al lado.
+Este sacude su actitud indolente, se desenrolla en el interior de su
+sillón, y avanza la cabeza, en la que parece pegado el monóculo,
+sonriéndome con diplomática calma. Su Santidad sólo habla el griego y el
+turco, pero desea conversar conmigo. Es la primera vez que ve á un
+español. Él me traducirá en francés lo que diga Su Santidad y á
+continuación le comunicará en griego lo que yo responda.</p>
+
+<p>&mdash;Puede preguntar Su Santidad lo que guste.</p>
+
+<p>Y Joaquín II se lanza á hablar apresuradamente, con un ímpetu de orador
+tribunicio, rodando como truenos los párrafos sonoros, en los que
+abundan las armoniosas onomatopeyas.</p>
+
+<p>Cuando el Papa se calla, el diplomático hace la traducción,
+acompañándola de fina sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Su Santidad dice que siente muchísimo las desgracias de España; que
+durante la guerra con América, dedicó muchas veces sus oraciones á
+vuestro pueblo, que le es muy simpático, y que comprende que en vuestro
+país aun estará vivo el dolor por tan grandes pérdidas.</p>
+
+<p>La lástima bondadosa de Joaquín II me irrita un poco.</p>
+
+<p>&mdash;Dígale á Su Santidad que no hay para qué lamentarse de lo pasado; que
+en mi país ya nadie se acuerda de eso, y que habiendo perdido hace un
+siglo casi toda la América, no había razón para conservar unas cuantas
+islas que eran en cierto modo un bagaje pesado.<a name="page_269" id="page_269"></a></p>
+
+<p>El Patriarca, de ojos imperiosos, es un intuitivo, de rápida
+penetración. Mirándome fijamente parece adivinar mis palabras, mueve la
+cabeza como si me entendiese, y cuando el secretario hace su traducción,
+él se adelanta completando las ideas.</p>
+
+<p>Continúa el diálogo entre Su Santidad y yo, con la mediación del
+elegante intérprete. Joaquín II se entera con gran interés de las
+costumbres españolas, de las que tiene una vaga y fantástica idea, y me
+pregunta especialmente por nuestra literatura nacional.</p>
+
+<p>Él, gran erudito en letras clásicas, comentador de Homero, como todo
+griego ilustrado que se respeta un poco, no conoce nada de España. Hace
+muchos años, cuando no era en Atenas más que un simple pope dedicado á
+enseñanzas teológicas, vió un drama español traducido al griego, un
+drama de un señor que se llamaba... se llamaba...</p>
+
+<p>Y el patriarca y el diplomático se consultan con la mirada, al mismo
+tiempo que pugnan por pronunciar un hombre, sin llegar á completarlo en
+sus dudas.</p>
+
+<p>&mdash;Echegaray&mdash;digo yo, adivinando sus balbuceos.</p>
+
+<p>Su Santidad sonríe moviendo la cabeza. Eso es, Echegaray. El Patriarca
+guarda un hermoso recuerdo de la obra. Indudablemente fué la única vez
+que asistió al teatro el austero sacerdote.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vive aún <i>monsieur</i> Echegaray?&mdash;pregunta Su<a name="page_270" id="page_270"></a> Santidad con gran
+interés por mediación del secretario.</p>
+
+<p>&mdash;Vive, y á pesar de sus años es animoso como un muchacho y no descansa.</p>
+
+<p>Su Santidad vuelve á sonreir, como si bendijese con el gesto al lejano
+poeta que alegró con la magia del arte algunas horas de su existencia. Y
+yo sonrío también, pensando en el ilustre don José, muy ajeno á
+imaginarse que el Papa griego es uno de sus más sinceros admiradores,
+con esa admiración del que sólo ha ido una vez al teatro y se acuerda
+del magno suceso durante toda su vida.</p>
+
+<p>El Patriarca, después de esto, habla de la literatura griega
+contemporánea. Hay en Atenas poca producción; escasos dramas y muy
+contadas novelas. Los literatos, antes de dedicarse al trabajo, viven
+enzarzados en interminable disputa sobre si deben escribir en griego
+antiguo ó en el griego vulgar que hoy se habla en el archipiélago. Esta
+disputa apasiona á la nación entera, dividida en dos partidos.</p>
+
+<p>&mdash;Su Santidad pregunta qué opina usted sobre esto&mdash;dice el secretario.</p>
+
+<p>&mdash;Pues dígale á Su Santidad que si novelas y dramas tienen por
+protagonistas á personajes de ahora, lo natural es que hablen el griego
+moderno, aunque no sea puro. Un mozo de cordel del Pireo no va á
+expresarse como el Aquiles homérico.</p>
+
+<p>El Patriarca acoge mis palabras con un gesto<a name="page_271" id="page_271"></a> cortés, pero deja adivinar
+en sus ojos que piensa todo lo contrario.</p>
+
+<p>La conversación languidece y yo me preparo á marcharme. Llevo más de
+media hora con Su Santidad é indudablemente muchos fieles de importancia
+aguardan en la antesala.</p>
+
+<p>El Pontífice de Constantinopla es un Papa <i>constitucional</i>. Ni es
+infalible por sí solo, ni puede tomar una resolución en materias de fe.
+Dos veces por semana se reune bajo su presidencia el Santo Sínodo,
+compuesto de eclesiásticos y laicos influyentes, y esta asamblea es la
+que legisla, dejando al Patriarca el poder ejecutivo.</p>
+
+<p>Voy á abandonar mi asiento, cuando Joaquín II emprende una larga arenga
+dirigida al secretario, en la que percibo varias veces la palabra
+<i>democraticón</i>. El Patriarca parece poner un gran interés en lo que
+dice, y cuando al fin calla, el diplomático me habla gravemente.</p>
+
+<p>&mdash;Su Santidad pregunta si en España los sacerdotes son muy respetados,
+si la religión tiene el mismo prestigio que en otros tiempos, si los
+reyes son queridos, y sobre todo, si existen partidos democráticos como
+en otras naciones desgraciadas, y si el pueblo, movido por malas
+enseñanzas, intenta levantarse contra sus mayores.</p>
+
+<p>Quedo indeciso algunos momentos. ¿Qué contestar al buen Patriarca?...
+Después de tan buena acogida, siento cierto escrúpulo de decirle la
+verdad. ¿Para qué discutir con él? ¿Para qué desvanecer<a name="page_272" id="page_272"></a> la santa
+ignorancia de este sacerdote, que ya no volverá á acordarse de España y
+jamás podrá influir en nuestra suerte?...</p>
+
+<p>&mdash;Dígale á Su Santidad que allá no hay partidos democráticos ni nada de
+esas pestes modernas que como él dice hacen la infelicidad de los
+pueblos. Los reyes velan por nuestra dicha; los sacerdotes son
+veneradísimos; todos los españoles somos católicos...</p>
+
+<p>Joaquín II sonríe, adivinando otra vez mis palabras, y mueve sus melenas
+blancas y su gorro negro, como diciendo: «Muy bien.»</p>
+
+<p>&mdash;Su Santidad&mdash;añade el diplomático al poco rato&mdash;dice que se alegra
+muchísimo de las palabras de usted, que éstas son para él un inmenso
+consuelo, y que España será siempre grande si no se aparta del buen
+camino.</p>
+
+<p>Me levanto, despidiéndome del Papa con una solemne inclinación. Su
+Santidad está alegre, parece encantado por mis afirmaciones, y me
+acompaña hasta la puerta, repitiendo mi nombre con paternal sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Blascos! ¡Ah, Blascos! ¡Blascos Ibañides!...</p>
+
+<p>No me entrega su mano á besar como á los otros. Respeta mis escrúpulos
+de buen católico español, pero me acompaña, dándome cariñosos golpes en
+un hombro con sus manos fuertes, y la más paternal de las sonrisas
+contrae las ondas de nieve de su barba.</p>
+
+<p>Cuando llego á la puerta le parece poco esta<a name="page_273" id="page_273"></a> despedida, y eleva la
+diestra con su gran sortija de oro... y me bendice.</p>
+
+<p>Salgo del Patriarcado admirando la espontánea solidaridad de todos los
+que viven á la sombra de la cruz. ¡Extraña y poderosa fracmasonería de
+los hombres de sotana! Durante siglos y siglos, el Vicario de Dios en
+Roma y el Vicario de Dios en Constantinopla se han insultado con baba
+rabiosa, llamándose hijos del diablo, asquerosas víboras y demás
+insultos inventados por el rencor eclesiástico, maldiciéndose con
+acompañamiento de cirios llama abajo y cánticos de muerte. Ahora fingen
+no conocerse, ignoran mutuamente su existencia, viven vueltos de
+espalda, asumiendo cada uno la verdadera herencia de Cristo, y sin
+embargo, por encima de tantos siglos de abominación y de odio, se entera
+cada uno de la existencia del otro, y celebra que ésta sea próspera y
+fuerte. Lo mismo hacen los comerciantes cuando preguntan con interés por
+los negocios de los colegas, y se alegran de que marchen bien, aunque
+nada les produzcan, viendo en ellos una prueba de que el mercado no se
+debilita, de que sigue la demanda y de que mientras los clientes no se
+llamen á engaño habrá ganancia para todos.</p>
+
+<hr style="width: 5%;" />
+
+<p>Algunos días después, al volver al centro de Europa, el tren que me
+conducía chocó con otro de mercancías en las inmediaciones de Budapest.<a name="page_274" id="page_274"></a>
+Cinco muertos y un número enorme de heridos. Yo salí ileso.</p>
+
+<p>Luego en París recibí una carta del amigo que me había presentado al
+Patriarca.</p>
+
+<p>Su Santidad, al leer la noticia en los diarios griegos de
+Constantinopla, había celebrado mucho la inspiración que tuvo al
+bendecirme, y repetía sobre mi cabeza el gesto pontifical,
+recomendándome de nuevo en sus oraciones.</p>
+
+<p>Leyendo esto me expliqué mi buena suerte.</p>
+
+<p>En adelante, siempre que vaya á un país donde exista Papa, pienso no
+salir de él sin la correspondiente bendición.<a name="page_275" id="page_275"></a></p>
+
+<h3><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a>XXVIII<br /><br />
+Turcas y eunucos</h3>
+
+<p>Cuando un occidental relata su viaje á Turquía, la curiosidad, excitada
+por todo lo que es extraño y misterioso, le interrumpe siempre con las
+mismas preguntas:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y las turcas? ¿Y la vida del harem?... ¿Y los eunucos?</p>
+
+<p>¡Las turcas!... Se las ve en todas partes; pasean por los cementerios,
+frondosos como jardines; entran tapadas á hacer sus compras en las
+lujosas tiendas á la europea, van en la buena estación á solazarse en
+las Aguas Dulces de Asia, lugar de moda á orillas del Bósforo; salen en
+carruaje, ó transitan á pie por el Gran Puente; se visitan unas á otras;
+gozan de más libertad que las europeas; salen á la calle tanto como
+éstas, y sin embargo, no hay en Constantinopla nada tan misterioso é
+inabordable como las mujeres.</p>
+
+<p>Viviendo aquí, se convence el europeo de la frescura con que han mentido
+los novelistas y los<a name="page_276" id="page_276"></a> poetas al describir amores entre turcas y
+cristianos. En otros tiempos, tal vez pudo ser esto. Durante el reinado
+de Abdul-Aziz, loco generoso, Nerón oriental, que condecoraba á sus
+gallos de pelea con las mismas bandas usadas por los generales, y se
+divertía arrojando al populacho espuertas de monedas de oro, tal vez
+podrían desarrollarse estos amores internacionales. Abdul-Aziz,
+apasionado romántico de la emperatriz Eugenia, debió ser tolerante con
+las pasiones de sus súbditas.</p>
+
+<p>El actual emperador Abdul-Hamid, austero creyente que se encierra en la
+tradición y el aislamiento de raza para defenderse de la codicia
+europea, muestra empeño en evitar que la mujer musulmana tenga contacto
+alguno con el cristiano, y vela sobre ella con una minuciosidad de
+déspota curioso y activo, que lo mismo ansía conocer el pensamiento del
+emperador de Alemania que las intrigas del harem del último de sus
+pachás.</p>
+
+<p>Las damas turcas marchan encubiertas por las calles de Pera,
+contemplando al través del velo á los europeos, que las siguen con ojos
+ávidos. Aburridas por la soledad del harem y la indiferencia de un señor
+en el cual el exceso de cantidad embota y debilita todo afecto, ¡cuántas
+veces su pequeño cerebro de niña, apenas educada, experimenta la
+embriaguez del deseo, viendo en este barrio cristiano la gran abundancia
+de hombres, venidos solos del otro extremo de Europa, y á los<a name="page_277" id="page_277"></a> que un
+celibato forzoso da audacias y ademanes de lobo carnívoro!...</p>
+
+<p>Viven libres, sin ver al esposo más que de tarde en tarde; pueden entrar
+y salir de su casa sin otra vigilancia que la del eunuco, fácil de
+sobornar; disponen de su tiempo mejor que una europea, y sin embargo, la
+intriga amorosa es dificilísima para ellas, por no decir imposible.</p>
+
+<p>Que levanten un poco el velo sobre su rostro para dejarlo visible al
+hombre que pasa, y al momento, un otomano, que parece distraído en medio
+de la acera tomando el aire, seguirá sus pasos cautelosamente, para
+saber en qué termina la inusitada audacia. Que se permita un gesto, una
+mirada significativa ó volver la cabeza, y el polizonte avisará en el
+mismo día al marido ó al padre.</p>
+
+<p>La policía y la fuerza tradicional de las costumbres velan sobre la
+mujer turca, la rodean á todas horas, dejándola en completa libertad
+para todo... para todo, menos para lo que ella desearía.</p>
+
+<p>Una tercera parte del presupuesto del imperio se consume en servicio
+policíaco. Un importante personaje de la corte es el jefe de los espías,
+y á su vez hay espías de los espías... y así hasta lo infinito. Todas
+las clases de Turquía figuran en el inmenso cuerpo de la delación. Los
+policías se reclutan lo mismo entre los mozos de cordel de los muelles
+que entre los grandes personajes. Algunos cobran un sueldo mucho mayor
+que el de un ministro de Europa. Lo que cuesta al sultán<a name="page_278" id="page_278"></a> este servicio,
+representa más que lo invertido por algunos Estados en ejército, marina,
+administración y obras públicas. Muchos de los señoritos turcos que
+pasean en caique, llenan los cafés y teatros de Pera y son clientes de
+los sastres europeos, luciendo empinados bigotes á lo kaiser, bajo el
+erguido fez, no tienen otro medio de existencia que lo que cobran por
+repetir al ministro de Policía cuanto ven y cuanto oyen.</p>
+
+<p>Además, para las mujeres, todo turco es un agente que vigila por las
+buenas costumbres. El europeo no puede mirar mucho tiempo, y con marcada
+atención, á las mujeres que pasan. Imposible seguir sus pasos, como
+ocurre en las ciudades europeas. Si es en el barrio puramente turco de
+Stambul, corre peligro de recibir como aviso una pedrada ó un palo. Si
+es en las demarcaciones europeas de Pera y Galata, cualquier respetable
+<i>effendi</i> que pasa junto á él le preguntará cortésmente si es forastero,
+ya que le ve faltar tan abiertamente á las costumbres del país.</p>
+
+<p>La mujer, sitiada por la vigilancia del policía y el fanatismo nacional
+de todo compatriota, obligada á no hablar con otro hombre que el que
+tiene en su casa, se venga de este aislamiento con un orgullo rencoroso,
+que la hace antipática las más de las veces. En las aceras empuja al
+hombre con soberano desprecio para que le ceda el paso. Cuando van en
+carruaje se ríen del transeúnte europeo con una insolencia de colegialas
+en libertad.<a name="page_279" id="page_279"></a></p>
+
+<p>La mujer pobre ó de la clase media sigue fiel al dominó de pesado
+damasco y á la cortinilla de gruesa seda que le sirve de antifaz. Así se
+la ve pasar, como máscara misteriosa, llevando en una mano la sombrilla
+cerrada ó tirando de un turquito cabezudo, y sosteniendo con otra la
+crujiente faldamenta, que deja ver las pantorrillas enormes, hinchadas,
+elefantíacas, por ir encerrados, dentro de las medias, los extremos de
+los calzones interiores.</p>
+
+<p>Pero las grandes damas, las elegantes esposas de los pachás y los turcos
+ricos, las moradoras de los haremes lujosos, hace tiempo que, valiéndose
+de la moda, han acabado con los trajes tradicionales, que recluían á la
+mujer en obscuro incógnito. Bajo el gabán oriental, semejante á una
+<i>salida de teatro</i>, llevan trajes de París recargados de adornos y en
+extremo vistosos. Se cubren el pelo y parte del rostro siguiendo las
+exigencias de la costumbre religiosa, pero lo hacen con el <i>yachmaks</i>,
+velo tenue y transparente como una nubecilla, suspiro de seda casi
+impalpable, que sirve para dulcificar su rostro, pintado de rosa y
+adornado con lunares artificiales, para dar mayor realce á sus ojos,
+agrandados por una aureola negra de <i>kool</i>. Ocupando grandes carrozas
+con ruedas doradas, y bajo la escolta de eunucos negros, á los que la
+perturbación del sexo hace luchar con las señoras en chismes, odios é
+histéricas rabietas, van á las tiendas ó visitan á las amigas de otro<a name="page_280" id="page_280"></a>
+harem, situado á tres ó cuatro horas de distancia, al final del Bósforo.</p>
+
+<p>Algunas veces un harem se traslada á la orilla de Asia para ver á las
+compañeras de un gran señor amigo del suyo. La visita dura tres ó cuatro
+días, y esposas y odaliscas, libres de velos y escrúpulos, en el
+misterio de las habitaciones privadas, hacen en común sus comiditas de
+muñecas, abundantes en dulce, duermen juntas, tocan y cantan, y sobre
+todo, hablan... hablan mucho, con una verbosidad de prisioneras ó de
+monjas, repitiendo los chismes del silencioso Stambul, donde las casas
+parecen cárceles, con sus puertas siempre cerradas y sus ventanas de
+celosía, tras las cuales espía á todas horas la curiosidad maligna, la
+sospecha calumniosa, como en una muerta ciudad de provincias.</p>
+
+<p>Estas damas, mujeres opulentas á los diez y seis años, saben pintarse
+las mejillas de carmín, los ojos de negro y las uñas de rojo, y en esto
+invierten la mayor parte del día. Además, las mejor educadas saben
+fabricar agua de rosas, dulces de varias clases y á veces hasta bordan
+gruesas flores de oro sobre telas de seda.</p>
+
+<p>Hablar, con una charla interminable de pájaro loco, embriagándose en sus
+propias palabras, hablar bien de ellas y mal de sus amigas, es su mayor
+placer. Se comprende que el buen turco, temiendo pasar el resto de su
+vida frente á frente con una sola de estas hermosas muñecas, vacía<a name="page_281" id="page_281"></a> de
+cráneo y expedita de lengua, multiplique su número para encontrar
+alivio. Pero esta variedad, cuando todo el harem ha perdido el encanto
+de lo nuevo, sólo sirve para aumentar el tormento.</p>
+
+<p>Los turcos modernos, que han viajado por Europa amoldándose á nuestras
+costumbres, sólo tienen una mujer y sonríen cuando les hablan del harem.
+Están enterados de lo que es la poligamia y compadecen á los turcos á
+estilo antiguo, á los tradicionalistas, que por seguir la costumbre
+tienen varias esposas.</p>
+
+<p>Sólo un pachá del viejo régimen poseedor de una paciencia inagotable ó
+aficionado á murmuraciones y futilidades como una mujer, puede soportar
+durante toda su vida el contacto con el rebaño femenino del harem.</p>
+
+<p>Es un error generalizado en Europa creer que la mujer turca, porque se
+compra las más de las veces, es una esclava, un objeto, un ser sin
+derechos y sin libertad, fuera de las leyes. La religión del Profeta
+nunca habló con desprecio de la mujer, ni vió en ella un ser impuro, un
+aborto del demonio, como los Padres de la Iglesia cristiana. El hombre
+tiene sin disputa un alma superior, porque es el guerrero y pesan sobre
+él los más rudos deberes de la vida, pero la mujer es igual á él en toda
+clase de derechos. La ley musulmana sólo es implacable y feroz en caso
+de infidelidad conyugal. Conoce la escasa solidez de estos seres
+adorables y sin seso, y presiente que si abriese la<a name="page_282" id="page_282"></a> mano y no se
+impusiera por el terror, ningún musulmán podría llevar su turbante sobre
+la frente con entera comodidad.</p>
+
+<p>En los antiguos haremes de Turquía figuraban sobre la puerta dos versos,
+que poco más ó menos dicen así:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i2">Nada iguala<br /></span>
+<span class="i0">la astucia de la dama.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>El encierro (que no es tal encierro, pues la turca sale á todas horas, y
+ellas y los eunucos se entienden con la fraternal solidaridad del
+interés común) y la prohibición de hablar con los hombres, son las dos
+únicas tiranías que pesan sobre las mujeres de alta clase. Pero junto á
+esto, ¡qué insoportables derechos, exagerados por la susceptibilidad
+femenil, gravitan sobre el infeliz otomano, que entusiasta de las
+glorias de la vieja Turquía, se empeña en mantener un harem, como alarde
+de patriotismo!...</p>
+
+<p>Si hace un regalo á una de sus esposas, por costoso que éste sea, las
+otras tienen derecho á otro igual, y pueden llevarlo á los tribunales
+para exigírselo. Si una riñe con sus compañeras y declara que le es
+imposible seguir viviendo en el harem, la ley turca obliga al marido á
+que le construya una casa aparte; igual, absolutamente igual, hasta que
+satisfaga los gustos de la esposa. Y se han visto pleitos que han durado
+años y años, sin darse nunca por contenta la reclamante<a name="page_283" id="page_283"></a> al visitar la
+nueva vivienda, exigiendo unas veces que tuviese igual número de
+ventanas que la antigua, pretextando otras que las lámparas eran menores
+en número, que los muebles no estaban tapizados con la misma seda, que
+las alfombras no eran antiguas, y así hasta lo infinito de una histeria
+caprichosa, agravada por la rivalidad femenina.</p>
+
+<p>Y á más de esto, el amontonamiento de hijos que se forma en pocos años
+en un harem rico, donde las esposas y odaliscas son un par de docenas y
+el Señor, poderoso personaje falto de ocupaciones, se queda en casa los
+fríos días de invierno, y únicamente sale los viernes para ver al sultán
+en el Sélamlik.</p>
+
+<p>Yo he conocido á un viejo pachá, entusiasta de las tradiciones, que
+tiene trescientos cuarenta y dos hijos. Es un hombre virtuoso, dado á
+los estudios teológicos, poco amigo de pecados carnales, y que desprecia
+á los europeos, como seres inferiores que á todas horas tienen el
+pensamiento puesto en la mujer. Ã pesar de la extensa prole, yo no creo
+en su concupiscencia. En la vida del harem no hay golpe perdido, y
+aunque los olvidos de la virtud sean poco frecuentes, todos tienen
+consecuencias por la variedad y el número de la colaboración, llegando
+el respetable padre á no conocer á sus hijos ni saber sus nombres, á
+pesar de que viven bajo el mismo techo.</p>
+
+<p>La poligamia es un lujo de personajes, y pocas<a name="page_284" id="page_284"></a> fortunas la soportan.
+Los hijos son más costosos aún que las mujeres, pues hay que darles
+colocación. Cada sultán se basta él solo para fabricar la mayor parte de
+los gobernadores, generales y altos funcionarios de su imperio, y las
+demás plazas las proveen, con su fuerza reproductora, los personajes que
+viven junto á él.</p>
+
+<p>El harem imperial y el de los grandes pachás son incubadoras de altos
+empleados que no dejan lugares libres á los turcos de más bajo origen.
+Por algo se transmite el imperio de Turquía de hermano á hermano y no de
+padre á hijo, como en las monarquías europeas. Si la sucesión imperial
+fuese por este último sistema, Turquía viviría en eterna guerra civil,
+siendo centenares los pretendientes al trono que se combatirían, con una
+saña de hermanos, cada uno de distinta madre.</p>
+
+<p>Los turcos modernos y jóvenes ríen y ríen del viejo harem. ¡La
+poligamia! ¡Tonta inutilidad del pasado!... Ellos viven con sólo una
+turca, ó con ninguna, admirando los grandes adelantos de la civilización
+europea, la más perfecta de todas para la satisfacción de las
+necesidades humanas, y cuando sienten el deseo de la variedad, pasan los
+puentes y suben á Pera, y allí encuentran en las calles un harem suelto
+y por horas, de rumanas, italianas, austriacas y judías.</p>
+
+<p class="c">*<br />* *</p>
+
+<p><a name="page_285" id="page_285"></a></p>
+
+<p>La afición de ciertos personajes á los progresos modernos, ha creado una
+clase de turcas más infelices y dignas de compasión que la antigua dama
+otomana, devota y contenta de su vida, satisfecha de sus visitas y sus
+lujosos trajes, sin otro ideal que una joya nueva ó una banda con placa
+de brillantes, regalo del sultán, sin otros horizontes que las montañas
+de la ribera asiática, ni otros deberes que incubar nuevos turcos.</p>
+
+<p>Los grandes pachás que envían sus hijos á correr Europa, han traído
+institutrices ingleses y francesas para sus hijas. Muchas de las tapadas
+que pasan en carruaje, delatando bajo sus orientales velos la frescura
+esbelta de los pocos años, la delgadez de una mujer en formación,
+desprecian las confituras, odian como perfume vulgar el aceite de rosas
+y consideran el bordado como obra de esclavas, sonriendo ante las obras
+de juventud que les enseñan con orgullo sus obesas madres. Tienen en una
+pieza del harem donde nacieron un piano de cola, en el que tocan los
+valses melancólicos de Chopín ó el último <i>couplet</i> de moda en París, y
+cerca del sonoro Erard una biblioteca llena de novelas inglesas y
+francesas. Algunas hasta han roto con la preocupación religiosa de la
+raza, que prohibe la reproducción de las formas vivas, y pintan
+acuarelas con palomos, flores ó barquitos.</p>
+
+<p>Conozco á una francesa vieja, que vive hace muchos años en
+Constantinopla de dar lecciones<a name="page_286" id="page_286"></a> de su idioma y entra diariamente en
+ricos haremes. ¡Las confidencias de estas pobres jóvenes, que han de
+vivir como las mujeres del tiempo de Mohamed II, y por la imprudencia de
+sus padres llevan bajo las vestiduras orientales la misma alma que una
+muchacha de París ó Londres!...</p>
+
+<p>&mdash;Sabemos francés, sabemos inglés&mdash;dicen á la vieja confidente&mdash;.
+Tocamos el piano, cantamos, pintamos. ¿Para qué todo esto?... La mujer
+aprende para lucir sus conocimientos, para hacer vida de sociedad...
+para hablar con los hombres.</p>
+
+<p>Y la pobre turca de moderno estilo sólo podrá hablar con uno, el que les
+designe su padre como esposo. Un día la adornarán de piedras preciosas y
+se casará con un joven turco, al que sólo habrá visto de lejos, al
+través de una celosía, y con el que cruzará la palabra por vez primera
+en el momento de ser su esposa. La llevarán á una casa nueva, en la que
+vivirá como única señora si su marido no ama las costumbres antiguas, ó
+en la que se confundirá con otras, iguales á ella en derechos, distintas
+á ella en alma, como si fuesen de otro planeta. Su madre se extrañará de
+sus lágrimas y melancolías. Así vivió ella, así vivieron sus abuelas y
+todas las honradas damas temerosas de Dios. Pero la madre era feliz,
+abroquelada en su santa ignorancia: no la habían hecho morder el fruto
+embriagador de la cultura occidental... Y la infeliz reclusa de las
+tradiciones de su pueblo, asustada ante el porvenir, y mientras llega<a name="page_287" id="page_287"></a>
+el momento del matrimonio, se consuela con la lectura, y devora las
+novelas francesas que llenan los escaparates de las librerías de la gran
+calle de Pera.</p>
+
+<p>Sus autores favoritos son los mismos de las damas europeas; novelistas
+elegantes y discretos que creen en Dios y sólo describen personajes con
+buenas rentas, faltos de ocupación y dedicados al amor. La pobre turca
+admira á la duquesa rubia y <i>espiritual</i>, que en cada capítulo luce un
+traje nuevo de Paquin ó de Doucet; se crispa con los dulces diálogos
+entre ella y el conde ó el artista de moda; se conmueve ante las «crisis
+de alma» que obligan á la noble señora á cambiar de amante todos los
+años; la sigue palpitante de emoción cuando á la caída de la tarde va
+cautelosa al estudio ó á la <i>garçonniére</i> de su nuevo ídolo, cubierta
+con espeso velo (lo que llaman los grandes modistos <i>velo de
+adulterio</i>); desfallece con la descripción de los sabios besos, en el
+saloncito caldeado discretamente por la chimenea, sobre cuyo mármol hay
+rosas, muchas rosas, como es de ritual en toda cita novelesca de
+personas que se respetan... y la pobre turquita acaba por abandonar el
+libro sobre sus rodillas, y queda con sus ojos de gacela pensativos y
+lacrimosos.</p>
+
+<p>Esa es, indudablemente, la vida de las europeas: no puede ser otra, pues
+todos los libros dicen lo mismo. Ella sabe inglés y francés; ella toca
+en el piano cosas sentimentales; ella hablaría<a name="page_288" id="page_288"></a> tan bien como la duquesa
+y la sentaría igual ó tal vez mejor el misterioso velo de la caída de la
+tarde. ¡Y tiene que acabar su vida en un harem, murmurando con las
+esclavas zafias y el eunuco negro, de risa infantil! ¡Y todos sus viajes
+serán al Bósforo asiático, ó cuando más á Brussa, en el mar de Mármara!
+¡Y el conde de sus ensueños, el artista de complicadas pasiones, será un
+señor con el fez eternamente calado, que vivirá en una mitad de la misma
+casa ocupada por ella, que entrará y saldrá por distinta puerta, que
+tendrá diferente servidumbre, como si fuese un huésped, y sólo una ó dos
+veces por semana vendrá á tomar con ella varias tazas minúsculas de
+café, y fumará cigarrillo tras cigarrillo, pensando en el último gesto
+del Gran Señor y en las intrigas del Yildiz Kiosk!...</p>
+
+<p>La virgen musulmana siente que un impulso de rebeldía rompe la costra de
+su mansedumbre oriental, y tiende sus brazos con un crispamiento de
+inmensa angustia, como si llamase en su auxilio el misterioso poder que
+convierte en paraíso la tierra maldita del Profeta, donde viven los
+<i>giaoures</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh Europa!... ¡París! ¡París!</p>
+
+<p>Algunas, más audaces ó afortunadas, llegan á consumar la rebeldía. Las
+hay que han conseguido librarse por procedimientos novelescos de esta
+tierra, donde para entrar y salir se necesita pasaporte. Viven en el
+Paraíso soñado, en París, y repiten<a name="page_289" id="page_289"></a> á la inversa la afición poligámica
+de sus ascendientes. En Constantinopla nadie quiere hablar de esto, como
+no sea para negarlo. El Gran Señor sufre enormes disgustos con estas
+fugas.</p>
+
+<p>Hace poco tiempo, en un mitin feminista de Suiza, al que asistieron
+mujeres de todas las naciones, subió á la tribuna una joven de ojos
+orientales, que hablaba con facilidad varios idiomas, y se expresó con
+reconcentrado odio contra la tiranía masculina.</p>
+
+<p>Era una parienta del sultán fugada del harem imperial.</p>
+
+<p class="c">*<br />* *</p>
+
+<p>En Turquía todavía existe la venta de esclavas.</p>
+
+<p>Yo quise cándidamente ver un mercado. No existe mercado. Desde que
+Inglaterra y otras potencias intervinieron en la vida interna de
+Turquía, se acabó la trata de esclavas. Los antiguos caravanserrallos,
+enormes posadas de vastos claustros donde hace cincuenta años se
+exhibían libres de velos los lotes de carne juvenil llegados de la
+Circasia, sólo están ocupados hoy por mercaderes de Trebisonda y Bagdad,
+que fuman su <i>narghilé</i> exhibiendo pacientemente los rollos de tapices y
+los cofrecitos repletos de piedras preciosas.</p>
+
+<p>Las esclavas se guardan y se venden en las casas de los particulares.
+Todo turco á la antigua tiene una irresistible tendencia á la mercadería
+de<a name="page_290" id="page_290"></a> carne femenil. Es una afición atávica heredada de sus ascendientes,
+invasores de reinos y bandidos del mar. Cuando un personaje de Stambul
+tiene un crédito por cobrar en las provincias de Asia, las más de las
+veces le paga éste con una pareja de niñas flacas, mal comidas, pero de
+espléndidos ojos, que á su vez ha adquirido de los padres, míseros
+montañeses de la Georgia.</p>
+
+<p>Las pequeñas sirven de criadas de lujo en la casa de Stambul, hasta que
+la pubertad empieza á hinchar sus formas y el señor propone la mercancía
+á sus conocidos, verificándose la venta amigablemente, sin intervención
+alguna de los representantes de la ley.</p>
+
+<p>Cuando se visita la morada de un turco á la antigua, salen á vuestro
+paso, en el departamento de los hombres, pequeñas niñas sin velo, con
+anchos calzones y la trenza colgando sobre la espalda, que os toman el
+sombrero y el bastón, dándoos la bienvenida como si fuesen hijas del
+dueño. Son las esclavas que esperan su hora para ser vendidas ó que
+acaban por pasar al harem del señor convertidas en esposas.</p>
+
+<p>Las agentes de carne conocen las casas donde existen géneros, y todos
+los días hacen sus negocios. No sólo venden para los ciudadanos ricos de
+Constantinopla y de todos los <i>vilayetos</i> de Turquía, sino que mantienen
+negocios continuos con clientes de Egipto, Túnez y Marruecos. La
+circasiana y la georgiana siguen siendo, como en otros<a name="page_291" id="page_291"></a> tiempos, el
+adorno elegante de todo harem respetable, y el género, impulsado por una
+continua demanda, parece multiplicarse con arreglo á las exigencias.</p>
+
+<p>Ningún miedo acerca del porvenir, ningún terror futuro se transparenta
+en la límpida mirada de estas hermosas bestiezuelas, delgados capullos
+que esperan para esparcirse la tibia y cerrada atmósfera del harem. Son
+esclavas porque han costado dinero á los dueños, pero su suerte es igual
+á la de todas las mujeres turcas que nacieron libres. Siempre las compra
+algún otomano viejo, para unirlas al batallón de sus antiguas esposas ó
+para darlas á un hijo tan joven como ellas. Por poca influencia que
+ejerzan sobre el dueño, éste las convierte en mujeres legítimas, deseoso
+de establecer cierta igualdad entre sus hembras, medio seguro para
+conseguir en la casa una paz relativa. Muchas sultanas comenzaron siendo
+esclavas.</p>
+
+<p>Los precios de estos animalillos de lujo, que viven alegres con una
+inconsciencia infantil hasta los días de la vejez fumando rubios
+cigarrillos en un diván, tragando confituras y haciendo danzar las
+babuchas amarillas sobre los pulgares de sus pies sonrosados, varían
+según los méritos del género.</p>
+
+<p>Una muchacha defectuosa y de miembros secos puede adquirirse por
+quinientas pesetas. Las de buena dentadura, largo pelo, ojos grandes, y
+que prometen ensancharse de formas, hasta llegar<a name="page_292" id="page_292"></a> á una gordura blanca,
+firme y sedosa, valen dos mil ó dos mil quinientas.</p>
+
+<p>Un caballo turco, de escasa alzada, largas crines, cabezón y con
+inquietos remos, cuesta mucho más.</p>
+
+<p class="c">*<br />* *</p>
+
+<p>Los eunucos son más caros.</p>
+
+<p>En realidad no sirven para nada. Son seres de lujo, signos de poder y de
+riqueza para el amo. Equivalen á los lacayos que se exhiben majestuosos
+en los pescantes de los coches de Europa. Estorban al cochero las más de
+las veces, se pasean sin que los dueños necesiten casi nunca de sus
+servicios, molestan con su presencia estirada y solemne, pero ninguna
+persona rica puede pasarse sin ellos.</p>
+
+<p>En otros tiempos, el turco celoso confiaba en la vigilancia de su
+eunuco, feroz guardador de las mujeres. Hoy es escéptico, sabe que estos
+hombres-hembras, por un irresistible impulso de su naturaleza neutra,
+aunque riñan con la mujer por celos femeniles acaban entendiéndose con
+ella y prestándose á toda clase de tercerías. Sin embargo, el eunuco
+negro sigue en favor, como una manifestación de poder y de riqueza. Es
+algo así como el blasón de armas de la casa, y los señores rivalizan en
+tenerlos agasajados y bien vestidos. Un harem no puede salir á la calle
+si no marcha<a name="page_293" id="page_293"></a> escoltado por un par de eunucos de señorial aspecto.
+Cuando las mujeres van en carroza, los negros trotan junto á las
+portezuelas, jinetes en los mejores caballos del amo. Si de noche sale
+el rebaño femenil á hacer visita á otro harem, ellos marchan á la
+cabeza, por las solitarias calles de Stambul, garrote en mano y con
+grandes farolones que trazan en el camino una danza de pálidos
+resplandores y gesticulantes sombras.</p>
+
+<p>El eunuco es el administrador que corre con los gastos de la casa; el
+intermediario obligado entre las esposas y el marido. El da el dinero
+para las compras, regatea con las mujeres, se muestra quisquilloso,
+avaro y gruñón, como no lo es nunca el turco. El esclavo chilla á las
+señoras, las empuja, es un gallo sin cresta que picotea continuamente á
+las habitantes del gallinero, y éstas, que temen sus delaciones y su
+malhumor, lo acarician como un niño grande, y acaban por reirse de él.</p>
+
+<p>Sólo el sultán y los grandes personajes de la corte tienen un numeroso
+cortejo de eunucos. Los turcos de cierta posición se contentan con dos ó
+con uno solo.</p>
+
+<p>Un eunuco cuesta casi una fortuna, pues escasean mucho.</p>
+
+<p>Antes se fabricaban con mayor facilidad, y la abundancia rebajaba los
+precios.</p>
+
+<p>En esta monstruosa deformación del hombre, ha habido sus modas. El arte
+de formar el eunuco<a name="page_294" id="page_294"></a> ha progresado, pero extremando su crueldad. El
+refinamiento del turco en sus sospechas y sus celos, ha sido fatal para
+estos infelices negros, lúgubres mamarrachos, enormes como colosos, de
+rostro fiero, y con una vocecilla estridente y crispadora, semejante al
+chasquido de una caña que se rompe.</p>
+
+<p>Antes les bastaba para cumplir su oficio con verse libres de las
+preciosas superfluidades cuya ausencia motiva, según dicen, la angélica
+voz de los cantores del Papa.</p>
+
+<p>Pero algo quedaba en ellos, después de la monda, que constituía un
+motivo de perpetua alarma para los señores turcos. La mujer, ociosa y
+triste en el encierro, discurre mil diabluras: la eterna presencia del
+eunuco, único hombre compañero de clausura, la inspiraba según parece
+los más refinados ardides. Y echando mano á lo que aun podían encontrar,
+las malditas pasaban horas y horas recreándose en un entretenimiento sin
+fin, tranquila la conciencia porque no aumentaban ilegítimamente la
+prole del señor, pero faltando á la fidelidad descaradamente en el
+sagrado del hogar.</p>
+
+<p>Los turcos, escamados por estos abusos, extreman actualmente la humana
+poda. Sobre los pobres negros, guardianes del honor, se abate una furia
+semejante á la de los leñadores de bosques vírgenes, que nada perdonan,
+echando abajo ramas y tronco. Su obscura piel es campo roturado<a name="page_295" id="page_295"></a> y liso,
+en la que no queda el más leve rastro de frutos humanos.</p>
+
+<p>La espeluznante operación la realizan los crueles fabricantes en negros
+de pocos años, allá en los arenales de Africa. Los cuerpos los hunden en
+el suelo hasta la cintura, y así permanece el operado semanas y meses,
+entre sus verdugos que le cuidan y le alimentan, hasta que la arena
+cicatriza la cuchillada atroz ó se les va por ella la sangre y el alma.</p>
+
+<p>El noventa y cinco por ciento de los eunucos muere tras la cruenta
+amputación.</p>
+
+<p>Por esto los que quedan son personajes poseídos de su importancia,
+influyentes en la vida turca, caprichosos é irresistibles, lo mismo que
+una tiple que se considera indispensable y precisa.<a name="page_296" id="page_296"></a></p>
+
+<h3><a name="XXIX" id="XXIX"></a>XXIX<br /><br />
+Los derviches aulladores</h3>
+
+<p>En la orilla asiática de Constantinopla, entre el barrio puramente turco
+de Scutari, en el que no vive ningún europeo, y el cementerio que lleva
+el mismo nombre, vasta extensión bordeada de kioscos funerarios y
+sombreada por plátanos seculares, está la mezquita del Roufat, donde
+todos los jueves, á las dos de la tarde, celebran su ceremonia religiosa
+los derviches aulladores.</p>
+
+<p>Esta mezquita no es grande y luminosa como la de Eyoub, donde los
+derviches danzantes voltean, como flores, sus pesadas faldas. La secta
+de los aulladores es sombría y feroz, y parece guardar en sus extraños
+ritos el alma fanática é implacable del antiguo turco, terror de Europa.
+Una sala baja y casi obscura, con el techo sostenido por columnas de
+madera, y desnuda de todo adorno arquitectónico, es el lugar de la
+ceremonia. En las paredes, algunos cartelones, con versículos del Korán,
+y unos negruzcos panderos.<a name="page_297" id="page_297"></a> Sobre el tapiz que cubre el Mirab, una
+panoplia de armas antiguas, turcas é indias: espadas onduladas,
+cimitarras venerables, hachas de curva entrante y mazas erizadas de
+clavos.</p>
+
+<p>Sobre la piel de cordero tendida en este sitio de honor, se sienta, con
+las piernas cruzadas, el <i>imán</i>, el gran sacerdote de los derviches
+aulladores, que ostenta en su turbante blanco la arrollada faja verde de
+los que se tienen por descendientes del Profeta.</p>
+
+<p>Este <i>imán</i> es un árabe que goza de gran popularidad, aparte de su poder
+de hacer milagros, por ser el hombre más hermoso de Constantinopla. No
+he visto tipo más perfecto de la belleza semita. De regular estatura,
+parece, sin embargo, muy alto, por la gallardía de su cuerpo enjuto y
+ágil, en el cual el esqueleto sólo está revestido de los tejidos
+indispensables para la vida. Las facciones son de un moreno brillante,
+entre rojizo y verdoso; el mismo tono de los bronces florentinos. La
+nariz, aguileña y fina, avanza sobre una barba clara y rizosa, de un
+negro azulado, y los ojos, enormes y misteriosos, tienen una veladura de
+color de tabaco en sus córneas, que hace resaltar el fuego de las
+luminosas pupilas. Es un jinete de los desiertos arábigos, un pirata del
+mar de arena, un caballero andante de las soledades asiáticas,
+majestuoso y melancólico, que se ha dedicado á sacerdote y vive en la
+civilizada Constantinopla, rozándose con los europeos.<a name="page_298" id="page_298"></a></p>
+
+<p>Las viajeras que ocupan las galerías de la mezquita contemplan con
+admiración á este Apolo árabe; pero él permanece inmóvil en la piel de
+cordero, envuelto en su sotana negra, por cuya abertura luce un rico
+chaleco de seda, de rayas menudas y multicolores. No sé por qué
+presiento que el jefe de los derviches aulladores, que forman la
+cofradía más fanática de Constantinopla, es un hombre <i>enterado</i>, sin
+ninguna fe en las ceremonias que preside. Tiene la expresión demasiado
+inteligente para creer en tales cosas. Un día, hablando de él con
+Constans, el embajador de Francia, éste rompió á reir, con la
+irreverencia de un viejo republicano:</p>
+
+<p>&mdash;Le conozco mucho. Un <i>blagueur</i>. Lo que ustedes llaman un guasón. Un
+hombre inteligente que se amolda á las circunstancias.</p>
+
+<p>Pero aunque este árabe majestuoso engañe á los suyos, no teniendo fe en
+los mismos ritos que ejecuta, hay en sus actos una gran nobleza. Es un
+buen turco, que cree necesario para la vida de su pueblo el
+mantenimiento de las tradiciones, y las sigue con solemne gravedad, sin
+creer en ellas.</p>
+
+<p>Frente á él están los derviches, formados en fila, llevando sobre la
+cabeza, como distintivo de la cofradía, un solideo de fieltro, semejante
+á media corteza de coco. Unos son negros, medio desnudos, de lanuda
+cabellera y ojos diabólicos; otros, blancos, que conservan el traje de
+calle y parecen tenderos del inmediato barrio de Scutari.<a name="page_299" id="page_299"></a></p>
+
+<p>Todos ellos repiten á coro una especie de letanía monótona, y balancean
+su cabeza adelante y atrás, como si estuviera muerta sobre los hombros,
+doblando al mismo tiempo el cuerpo por la cintura. Este vaivén continuo,
+acompañado de un canturreo semejante al de los niños en la escuela,
+acaba por dar una especie de vértigo. El sudor rueda por el cuerpo de
+los negros, cubriéndolos de una capa húmeda y goteante. Los blancos
+pierden por momentos su correcto exterior de burgueses. Los cuellos de
+camisa se arrugan y ennegrecen como trapos; las corbatas se esparcen
+deshechas; las cadenas de reloj saltan locas sobre el vientre, como si
+fuesen á romperse.</p>
+
+<p>«¡<i>La Ilah il Allah</i>!», cantan los derviches con un furor creciente,
+extremando su loco vaivén de muñecos mecánicos, y el gran sacerdote los
+contempla inmóvil, como un maestro que preside su escuela, y cuando el
+movimiento parece debilitarse, hace una imperceptible señal á uno de sus
+acólitos, encogido junto á él, y éste grita y palmotea para acelerar el
+curso de la oración.</p>
+
+<p>Formando una larga cadena, y apoyado cada uno en el hombro del vecino,
+los derviches se mueven, como un péndulo humano, á un lado y á otro, con
+monótona regularidad. Este balanceo, y la repetición monótona de su
+plegaria, parece embriagarles. Unos tienen los ojos casi salidos de las
+órbitas, con una expresión feroz. Otros los cierran, como si estuviesen
+dormidos, moviéndose<a name="page_300" id="page_300"></a> y cantando en pleno ensueño. Los derviches
+empiezan á justificar su título de aulladores. La letanía se corta con
+gritos estridentes, verdaderos ladridos, que espeluznan de horror á los
+espectadores europeos. La movible cofradía semeja una aglomeración de
+fieras amaestradas. Sus voces no tienen ya nada de humano. Hay momentos
+en que parece que van á saltar las barandillas para morder á los
+occidentales curiosos, agrupados detrás de ellas.</p>
+
+<p>De pronto, un golpe ensordecedor sobre la madera del pavimento. Un
+cuerpo que se desploma. El auditorio se estremece como ante la caída de
+un cadáver. Es un negro grande y enjuto, cubierto de sagrados harapos,
+que se revuelca en el suelo con los miembros torcidos, la boca espumosa
+y los ojos en blanco por un estrabismo loco. Según cuentan, este negro,
+que dentro de la mezquita parece un mendigo fanático, es capitán de
+caballería en el ejército del sultán. De su pecho oscilante sale un
+rugido, que es al mismo tiempo una queja de dulce agonía. ¡<i>Allah
+hou</i>!... Y en la crispación de su rostro lustroso, en su mirada
+completamente blanca, hay algo de éxtasis, como si contemplase á su Dios
+asomando entre esplendores de oro sobre las tiendas celestiales, en
+cuyas aberturas aguardan las huríes de redondas formas y húmedos ojos á
+los guerreros fieles del Profeta.</p>
+
+<p><a name="page_301" id="page_301"></a>Tras el negro cae otro derviche, y luego otro. Ruedan sobre el
+entarimado los cuerpos, convulsos por la embriaguez hipnótica, lanzando
+aullidos espeluznantes. Las viajeras occidentales huyen desfallecidas,
+ocultando los ojos en el pañuelo, sintiendo que ellas también van á
+desplomarse á impulsos del excitado histerismo de su sexo; y mientras
+tanto, los derviches que aun se mantienen de pie se agitan cada vez con
+mayor ímpetu y desfiguran sus voces hasta convertirlas en ladridos.</p>
+
+<p>Cerca de una hora dura esta pesadilla feroz, esta escena que parece de
+otro mundo.</p>
+
+<p>Al fin, el gran sacerdote se mueve, hace un gesto y se rompe la fila de
+los derviches. Los que aun se mantienen de pie salen de la sala con paso
+vacilante, en pleno vértigo, para ir á secarse el sudor y tomar aliento
+en una pieza vecina. Los que están inertes en el suelo, como si
+durmiesen, son sacados á brazos.</p>
+
+<p>Un ayudante del gran sacerdote entra en la mezquita llevando de la mano
+larga fila de niños y niñas. Todos se arrodillan ante el <i>imán</i>,
+esperando el momento de la curación. Vienen de los barrios más apartados
+de Constantinopla, han pasado el Bósforo, para llegar á la mezquita de
+los derviches aulladores. El gran sacerdote, descendiente del Profeta,
+venido de la misteriosa Arabia, donde reside toda sabiduría, cura con el
+soplo de su aliento y el contacto de sus pies. Unos á otros se
+transmiten, con el alto sacerdocio, este divino<a name="page_302" id="page_302"></a> poder. Esto lo saben
+desde el sultán hasta el último <i>hamal</i> de los muelles del Cuerno de
+Oro.</p>
+
+<p>Las criaturas se tienden boca abajo en el suelo de la mezquita. El
+hermoso <i>imán</i> se yergue despojándose de las babuchas, y apoyado en uno
+de sus ayudantes camina lentamente sobre los riñones de las criaturas.
+Poco debe pesar el enjuto y esbelto árabe, pero aun así parece imposible
+que no revienten estos cuerpecillos, que forman un pavimento animado
+bajo sus pies. ¡El noble y sereno gesto de resignación del hermoso
+sacerdote! ¡Su triste gravedad al volver á repasar sobre los cuerpos de
+los pequeños!...</p>
+
+<p>Éstos se levantan, se sacuden, salen riendo y empujándose, como
+criaturas acostumbradas á venir todas las semanas, y para las cuales el
+viaje es una verdadera fiesta. No presentan ninguna enfermedad exterior.
+Parecen sanos y robustos. Sus padres quieren curarlos de embrujamientos
+é inapetencias, males de los que triunfa casi siempre el santo <i>imán</i>...
+con ayuda del tiempo. Después se prosternan ante él, implorando la
+huella de sus pies, hombres de todas clases; viejos cargadores, soldados
+y marineros.</p>
+
+<p>Cerca de mí está sentado un joven turco, elegantemente vestido á la
+europea, con alto cuello, vistosa corbata y un gabán inglés á rayas. El
+fez es lo único que delata su nacionalidad. Tiene cara de alegre
+vividor, falto de escrúpulos; sus ojos son de fría insolencia; en su
+rostro lleva marcas<a name="page_303" id="page_303"></a> recientes de enfermedades irrevelables. ¡Cómo reirá
+este turco ultramoderno de la credulidad de sus compatriotas!...</p>
+
+<p>El <i>imán</i>, ocupado en marchar sobre los riñones de los fieles, lanza
+rápidas miradas á unas celosías tras las cuales se adivina cierta
+agitación, acompañada de sordo zumbido. Son las damas turcas que se
+impacientan. El sacerdote debe subir para la curación de las enfermas en
+una pieza aparte.</p>
+
+<p>Acurrucado en la piel de cordero, se prepara á hacer su oración ante el
+Mirab antes de partir, cuando llega el último enfermo. Es el joven turco
+vestido á la inglesa, el elegante del gabán rayado, que se arrodilla
+compungido, brillantes de fe los audaces ojos.</p>
+
+<p>El <i>imán</i> escucha con un gesto de inmensa misericordia la corta
+confesión de sus pecados y enfermedades. Le abraza, le sopla varias
+veces en los ojos y en la boca, sin perder su noble gravedad, y luego
+pasa varias veces sobre él, manteniéndose derecho en sus riñones con la
+calma de un filósofo, convencido de que la humanidad cobarde quiere ser
+engañada en sus dolores, y que la mentira es buena cuando puede servir
+de consuelo.<a name="page_304" id="page_304"></a></p>
+
+<h3><a name="XXX" id="XXX"></a>XXX<br /><br />
+Libertad religiosa</h3>
+
+<p>En ninguna ciudad del mundo existe la libertad religiosa que en
+Constantinopla.</p>
+
+<p>Los que confunden á todos los mahometanos en un concepto común, y creen
+que el fanático y cruel marroquí es semejante al turco, se extrañarán de
+esta afirmación; y sin embargo, nada más cierto. En Constantinopla viven
+todos los cultos con entera libertad y todos sus ministros gozan de
+igual respeto. El patriarca griego, el patriarca armenio, el gran
+rabino, el arzobispo armenio católico y el arzobispo católico romano,
+todos son funcionarios del imperio, iguales en respeto al gran <i>imán</i> y
+retribuídos por el emperador con generosa largueza, según el número de
+adeptos que cada religión cuenta en sus Estados.</p>
+
+<p>Es más: el Comendador de los creyentes, el heredero del Profeta, que
+muchísimos occidentales se imaginan como un mahometano feroz é
+intolerante, tiene en su Consejo de Estado y entre los<a name="page_305" id="page_305"></a> altos pachás que
+le rodean hombres de todas las religiones para poder atender á los
+diversos servicios sin lastimar las creencias de sus súditos.</p>
+
+<p>Si ha de nombrar el gobernador del Líbano, elige siempre á un pachá
+católico, por ser ésta la religión de los pobladores de dicha provincia;
+si se trata de Samos ó cualquiera isla turca vecina al archipiélago,
+designa á un pachá griego; y así hace en los demás <i>vilayetos</i> de su
+vasto imperio.</p>
+
+<p>Los turcos no sienten la fiebre del proselitismo. Ã sus imanes no se les
+ocurre jamás catequizar á nadie. Es más: desprecian al <i>renegado</i>, y
+miran con inquietud al hombre que cambia de religión, aunque sea para
+abrazar la suya. Lo que ellos aman es el poder político, la dominación
+conquistadora, y les basta con que los hombres se sometan á su autoridad
+y sus leyes, sin importarles el secreto de su conciencia.</p>
+
+<p>Siempre hablan con respeto de las religiones ajenas.</p>
+
+<p>&mdash;Están equivocados&mdash;dice el viejo turco con superioridad bondadosa&mdash;.
+No conocen la verdad; pero al fin creen en Dios, que es lo importante, y
+le honran y glorifican á su manera, lo mismo que nosotros.</p>
+
+<p>Los turcos sólo tienen un odio religioso, irracional y feroz: el odio al
+persa, musulmán que es para ellos un conjunto de todas las herejías y
+abominaciones: lo que el protestante para un católico rancio.<a name="page_306" id="page_306"></a></p>
+
+<p>Los musulmanes de Persia, partidarios de la secta chiíta, que creen en
+el Profeta, pero le dan distintos descendientes, inspiran un odio
+irreductible al buen turco.</p>
+
+<p>&mdash;¡Esos perros!&mdash;exclaman cuando ven un rostro de verde aceitunado,
+cubierto con gorro de astracán&mdash;. Los <i>giaoures</i> (los cristianos) no son
+culpables de sus errores. Siguen la religión que les enseñaron sus
+padres. ¡Pero esos persas, que conocieron la verdad y se apartaron de
+ella!...</p>
+
+<p>Un desprecio invencible separa al turco del persa. Los numerosos
+súbditos del sha que viven en Constantinopla se ven rodeados de la
+general animadversión. Las guerras con Persia han sido siempre
+popularísimas en Turquía. Si no existiese la vigilancia de las grandes
+potencias y el llamado «equilibrio de las naciones», hace tiempo que el
+ejército del <i>Padichá</i> habría entrado vencedor en los palacios de
+Teherán.</p>
+
+<p>Pero á pesar de este odio, que resulta implacable por lo mismo que se
+desarrolla entre próximos parientes, el persa goza en Constantinopla de
+una libertad absoluta. Cuando llega su cuaresma&mdash;cuaresma asiática,
+sanguinaria y salvaje&mdash;, los fieles se reunen públicamente para
+entregarse á crueles fiestas. Se azotan con látigos de hierro; se
+atraviesan las carnes con puñales; se hieren, al compás de los himnos,
+con agudos sables, hundiendo siempre las hojas entre los labios de la
+misma herida; danzan haciendo ondular sus blancas<a name="page_307" id="page_307"></a> túnicas manchadas de
+sangre, aullan como poseídos, y el turco les contempla impasible, sin
+intervenir jamás en su delirio, alabando á Alláh omnipotente, que
+castiga á los enemigos con tales errores y locuras.</p>
+
+<p>En los países que monopolizan el título de civilizados, en las naciones
+de mayor tolerancia religiosa, Inglaterra y los Estados Unidos, por
+ejemplo, los diversos cultos gozan de libertad, pero ven limitados sus
+derechos cuando intentan salir á la vía pública.</p>
+
+<p>En Constantinopla la libertad es más completa, pues ni siquiera existe
+dicha limitación. La Gran Calle de Pera podría titularse la calle de las
+religiones. En la misma acera, y casi tocándose, existen una mezquita de
+derviches danzantes, la iglesia de San Antonio de los frailes franceses,
+el pequeño convento de franciscanos españoles de Jerusalén, dos
+sinagogas, un templo armenio, una capilla evangélica alemana y otra
+inglesa. El paseante ve al través de las grandes rejas de un ventanal
+túmulos venerables de viejo terciopelo, coronados de enormes turbantes y
+alumbrados por tenues lámparas; más allá un patio con claustros y una
+cruz en medio, á la sombra de árboles seculares: y al mismo tiempo que
+suena la campana del templo católico, se escapa por ciertas ventanas el
+coral luterano, lento y solemne, de los que cantan la gloria de Jesús
+libre de las corrupciones de Roma, y llega hasta la calle el ruido<a name="page_308" id="page_308"></a>
+monótono de flautas y tamboriles que acompaña el baile de los derviches.</p>
+
+<p>El turco, tolerante con todas las creencias, se detiene á la puerta de
+los templos, y por poco que insista el celo catequizador del sacristán ó
+el empleado que está á la entrada, penetra en ellos con una gravedad
+respetuosa. No se quita el fez, porque esto sería en él señal de
+menosprecio, y cubierto, asiste á las ceremonias de un culto que no es
+el suyo, con una rigidez respetuosa, sin parpadear, sin darse cuenta de
+la curiosidad que despierta entre los fieles.</p>
+
+<p>Hay que oir hablar á un turco de sus visitas á los templos extraños,
+para darse cuenta de la gravedad con que trata la fe ajena. Allí no está
+Mohamed, el amado Profeta, pero hay algo de Alláh, poderoso señor cuyo
+poder reverencian los infieles, aunque indirectamente.</p>
+
+<p>No hay miedo de que el contacto con las otras religiones perturbe la
+conciencia del turco, convirtiéndole. Si él no se preocupa de catequizar
+á los infieles, considerándolo tarea inútil, es porque los juzga con
+arreglo á su fe, inconmovible y á prueba de seducciones. Si á un turco
+llegan á convencerle de lo irracional de sus creencias, vivirá en
+completo escepticismo, será ateo, pero jamás se le ocurrirá reemplazar
+con una nueva religión las doctrinas muertas. La apostasía tiene para él
+una importancia más que religiosa: es renegar de la raza, de los padres
+y del nacimiento; una descalificación<a name="page_309" id="page_309"></a> por toda la vida; una abyección
+incompatible con el honor.</p>
+
+<p>Jamás mezcla el turco la religión del enemigo en los odios que le
+impulsan contra éste. Le combate y le extermina porque cree que desea
+apoderarse de su territorio, porque amenaza con quitarle el pan, porque
+es valeroso y arrogante como él y no pueden subsistir juntos; pero nunca
+porque adore á un Dios distinto del suyo. Tiene en poco aprecio al
+judío, porque es rapaz y de mala fe en sus tratos, á pesar de lo cual
+los hijos de Israel gozan aquí de una ciudadanía que les negaron en el
+resto del mundo. Ha degollado recientemente al armenio en las calles de
+Constantinopla, porque éste, más malicioso y activo, le arrebataba la
+hacienda y además soñaba con trastornar la sedentaria vida turca
+arrojando bombas de dinamita en mezquitas y calles. Le exterminó por
+rivalidad económica y por librarse de las angustias del terrorismo; no
+porque fuese cristiano. Mira con desconfianza al griego porque la
+religión cismática es la del ruso, eterno peligro de su patria, y porque
+tras sus melosas cortesías oculta el deseo de una sublevación general en
+los países de la antigua Grecia. Pero á pesar de todos estos odios, más
+ó menos justificados, jamás el populacho de Constantinopla, en sus
+terribles motines, ha penetrado en las sinagogas ni en los templos
+griegos y armenios. Mata al enemigo en las calles y se detiene
+respetuoso ante los umbrales de las<a name="page_310" id="page_310"></a> iglesias, convencido de que allí,
+como en todos los lugares donde se reverencie á Dios, vive Alláh con
+distinto nombre.</p>
+
+<p>Su fe religiosa, sincera, profunda, inconmovible, únicamente se permite
+cierta ironía despectiva ante la fe de los judíos y cristianos. Su
+pensamiento, un tanto primitivo, discurre en salvaje línea recta, sin
+desorientarse entre esas concesiones que enmarañan y retuercen nuestros
+razonamientos de civilizados.</p>
+
+<p>Ellos tienen sus lugares santos en la Meca y Medina, y las dos ciudades
+venerables son suyas. Jamás un lugar donde puso sus pies el Profeta
+caerá en poder de los <i>giaoures</i>: antes morirán todos los creyentes.
+Europa se burla de la pobre Turquía, la explota, la escarnece, pero
+Turquía guarda su herencia de Dios. En cambio los pueblos civilizados
+hablan á todas horas de Cristo. Sus religiones, sus costumbres, sus
+leyes, todo está moldeado en el nombre y conforme al espíritu de un
+judío que hace muchos siglos vivió en Jerusalén... ¡Y Jerusalén, Belén y
+todos los lugares por donde paseó el hombre-dios, señor ahora de los
+pueblos más poderosos del planeta, siguen en poder del Comendador de los
+creyentes, del soberano de Constantinopla! ¿Para qué los grandes barcos
+que escupen fuego y muerte, los enormes ejércitos, las máquinas de
+mágico poder, las inmensas riquezas de los banqueros judíos, si la tumba
+del Dios de los unos y la ciudad santa de<a name="page_311" id="page_311"></a> los otros continúa bajo el
+dominio del sucesor del Profeta?... El buen turco, pensando esto,
+sonríe, y cree firmemente en la grandeza de su religión y de su raza, ya
+que conserva en cautividad de siglos la cuna religiosa de los pueblos
+más fuertes de la tierra.</p>
+
+<p>Su tolerancia, producto del carácter más que de la imposición de las
+leyes, es una manifestación de la bondad orgullosa con que el turco
+protege siempre al que considera débil. Nada le importa que las
+religiones extrañas se establezcan junto á las mezquitas y que salgan en
+sus ritos á las calles de Constantinopla. Las considera con la benévola
+sonrisa del guerrero que durante su descanso contempla un juego de
+niños; y las religiones se aprovechan de esta benevolencia, gozando de
+una libertad que no tienen en ninguna parte.</p>
+
+<p>Desde la ventana de un hotel del barrio de Pera, he asistido al desfile
+de todas las religiones de Europa. Suenan graves cantos litúrgicos,
+acompañados de una calma repentina en los ruídos de la calle. Me asomo.
+Los carruajes de alquiler se han detenido junto á la acera: los turcos á
+caballo tiran de las riendas á sus cabalgaduras y se alínean á lo largo
+de la calle: los <i>hamal</i>, encorvados bajo sus cargas, y los simples
+transeuntes se agolpan junto á las paredes, formando dos masas de gorros
+rojos. Es un entierro. Al frente avanza la cruz, entre candelabros
+sostenidos por monaguillos,<a name="page_312" id="page_312"></a> lo mismo que en los pueblos católicos.
+Detrás vienen en dos filas barbudos frailes, cantando el oficio de
+difuntos. Luego se agolpan, con grandes blandones encendidos ó
+disputándose el honor de llevar en hombros el féretro, un sinnúmero de
+súbditos otomanos, todos con el fez en la cabeza. Unos son católicos,
+otros no lo son, pero todos acompañan con fraternal piedad al amigo
+muerto, y se unen á los sacerdotes y los símbolos de la que fué su
+religión. Al pasar la cruz, los turcos parecen saludarla con sus ojos
+graves. Algunos se llevan una mano á la frente, acogiéndola con el
+solemne saludo oriental.</p>
+
+<p>Tras el entierro católico, pasa una boda griega, con su charanga al
+frente, y el pope barbudo sentado junto á los novios; y el cortejo
+fúnebre de un niño de la misma religión, en el que marchan los parientes
+con sacos de bombones para obsequiar á los amigos cuando termine el
+sepelio; y un casamiento armenio, en el cual llevan los contrayentes
+enormes cirios labrados, verdaderos monumentos de cera, con rizadas
+volutas y prolijos capiteles. Y todas estas manifestaciones de los
+diversos cultos, con sus sacerdotes y sus ritos, sólo producen en la vía
+pública un movimiento de curiosidad, acompañado de cortés benevolencia.</p>
+
+<p>La fiesta semanal de cada religión se observa con entera libertad. Los
+turcos, señores del país, son los que menos ocupan la atención de los
+otros: los que menos molestan á sus conciudadanos. El<a name="page_313" id="page_313"></a> viernes (que es
+su domingo) pasaría inadvertido, á no ser por el movimiento de tropas y
+funcionarios que acompañan al <i>Padichá</i> en la fiesta del Sélamlik. El
+sábado, fiesta de los judíos, se cierran las principales tiendas de
+Constantinopla, más de la mitad de los puestos del Gran Bazar, y queda
+en suspenso una buena parte de la vida comercial. El domingo repican las
+campañas de los numerosos templos católicos de Galata y Pera, suena el
+armónium en las capillas evangélicas, ciérranse bancos y tiendas, y las
+gentes, endomingadas, van á misa ó á los oficios, lo mismo que en
+Europa, ante la mirada benévola del turco, que supeditado al poderoso
+occidental, se ve obligado á observar un nuevo día de fiesta.</p>
+
+<p>De todas las religiones que existen en el imperio, la cristiana es la
+que parece más allegada á la simpatía del turco. Este habla de Jesuhá
+como de un profeta algo inferior al suyo, pero igualmente venerable: una
+especie de segundón de Mahoma. Es más: como el turco sabe poco de
+historia y su pensamiento espeso no tiene una noción clara de los años y
+la distancia, cree de buena fe que los dos vivieron á un mismo tiempo,
+que fueron grandes amigos y trabajaron juntos en la obra de Dios, aunque
+al final cada uno tomó distinta dirección.</p>
+
+<p>En Constantinopla es popular la anécdota de un soldado turco, que entró
+en un templo católico durante la Semana Santa.</p>
+
+<p>El soldado turco es lo más leal, lo más noblote,<a name="page_314" id="page_314"></a> y al mismo tiempo lo
+más salvaje y duro de mollera que existe en el imperio. El servicio de
+las armas pesa únicamente sobre los otomanos musulmanes, y como á
+Turquía le quedan pocos territorios en Europa, comparados con los que
+poseía hace medio siglo, su ejército se nutre de reclutas extraídos de
+las entrañas del Asia, de las lejanas y bárbaras provincias. Son
+mocetones semisalvajes, silenciosos, de facciones rígidas y ojos
+inmóviles, como si estuviesen abstraídos continuamente en una laboriosa
+reflexión para comprender lo que les hablan. La ruda disciplina á la
+alemana y la severidad de unos oficiales que no se andan en
+contemplaciones, mantienen á estos soldados semibárbaros en una
+subordinación automática. Sólo así, bajo las amenazas del castigo,
+pueden vivir en una gran ciudad estos asiáticos, en cuyo interior
+dormita el alma de los hombres primitivos. En los tiempos en que se
+amotinaba el ejército turco, la soldadesca al correr libre por las
+calles de Constantinopla, violaba á las mujeres con una lubricidad
+feroz, excitados por la privación en el seno de una sociedad que
+mantiene recluídas á las hembras, y hacía sufrir á los hombres odiosos
+ultrajes, más que por vicio por menosprecio de raza. Hoy, que viven
+acuartelados y obedientes, sin el más leve intento de rebeldía, aun se
+permiten tímidos desmanes á impulsos de su ardorosa naturaleza oriental
+y del hambre del celibato. La mujer que es de su raza<a name="page_315" id="page_315"></a> les inspira
+respeto y miedo, pero en las calles de Constantinopla se aprovechan de
+la confusión y el tránsito para tentar con bárbara galantería el dorso
+de todas las señoras vestidas á la europea.</p>
+
+<p>Junto con este salvajismo, tienen una noble franqueza para confesar sus
+delitos. Jamás ha habido que castigar en masa á un regimiento. Cuando
+los oficiales, enterados del crimen de un soldado, preguntan á su gente
+quién es el autor y la amenazan con penas generales, el delincuente sale
+de las filas para marchar tal vez al cuadro de fusilamiento, resignado á
+morir antes de que sufran por su culpa los compañeros inocentes.</p>
+
+<p>Este salvaje, disciplinado y uniformado á la alemana, es de una
+credulidad y de una ignorancia que hacen reir á las gentes. Deslumbrado
+por las maravillas de Constantinopla al llegar de su lejana aldea de
+Asia, todo lo cree posible, y escucha sin pestañear las más estupendas
+mentiras, limitándose á un mugido de asombro. Sobre su puro cerebro,
+surgen como débiles eflorescencias muy contadas ideas. Sólo indiscutible
+considera que Mohamed es el Profeta de la verdad, el <i>Padichá</i> el
+monarca más poderoso de la tierra, y los turcos los hombres más
+valerosos del mundo. Fuera de estas creencias, inconmovibles, lo demás
+lo acepta sin discusión, con la indiferencia de un pensamiento que no
+quiere darse el trabajo de funcionar.</p>
+
+<p>Un Viernes Santo, cierto soldado turco, falto<a name="page_316" id="page_316"></a> de distracción, sintióse
+atraído por una gran puerta del barrio de Pera. Entraba y salía el
+gentío europeo al través de ella, y en el fondo brillaban luces, como
+estrellas rojas en un cielo negro. Era un templo católico. El soldado
+entró, erguido el fez sobre la frente, llevándose á él una mano con
+expresión de respeto y examinando impasible los altares enlutados y el
+traje sombrío de los fieles.</p>
+
+<p>Un europeo, de carácter alegre, conocedor del idioma turco, se unió á él
+para gozarse en su estupefacción y su ignorancia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es ese?&mdash;preguntó el soldado señalando un cadáver tendido en
+rico lecho, cerca del altar mayor.</p>
+
+<p>&mdash;Ese es Jesús que ha muerto. ¿Tú conoces á Jesús?... Jesuhá, el amigo
+de Mohamed, el hijo de María.</p>
+
+<p>El mocetón, tras larga pausa reflexiva, movió la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!... Jesuhá... hijo de Miryam... amigo de Mohamed... Conozco&mdash;dijo
+al fin, con la concisión del idioma turco.</p>
+
+<p>Se acercó para contemplar de más cerca el sagrado cuerpo, y así
+permaneció mucho tiempo en rígida actitud de respeto, como si estuviese
+en presencia de su coronel. Sus ojos parecieron conmovidos al fijarse en
+las heridas sangrientas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo han matado?&mdash;preguntó.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; lo han matado.<a name="page_317" id="page_317"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Quiénes?...</p>
+
+<p>&mdash;Los judíos.</p>
+
+<p>El buen osmanlí hizo un gesto como si no le sorprendiese la noticia.
+¡Los judíos! ¡Las gentes malditas que viven allá en el barrio de Galata!
+¿Quiénes otros podían ser?...</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre Jesuhá!... ¿Y cómo fué?</p>
+
+<p>El europeo, animado por la grave credulidad del turco, creyó del caso
+aumentar aun más su estupefacción.</p>
+
+<p>&mdash;Iban juntos de camino, Mohamed y Jesuhá, predicando la gloria de Dios.
+Salieron los judíos á su encuentro. Mohamed pudo huir, pero el pobre
+Jesuhá, como era más débil, fué asesinado, y ahí le tienes.</p>
+
+<p>Quedó en silencio el soldado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y los judíos querían matar á Mohamed?...</p>
+
+<p>El europeo lo afirmó varias veces, gozándose en las exclamaciones de
+asombro del crédulo mocetón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡Mohamed! ¡Querer matarle!</p>
+
+<p>Cansado de contemplar el cadáver de Jesuhá y las gentes que se
+arrodillaban para besarle los pies, el soldado salió á la calle.</p>
+
+<p>Los turcos tienen un sentido especial para reconocer al judío, aunque se
+vista á la europea. Lo olfatean, lo adivinan al través de toda clase de
+disfraces. à los pocos pasos tropezó con un israelita. Impávido, con su
+flema de oriental, levantó el puño, y rodó el judío por el suelo con el
+rostro<a name="page_318" id="page_318"></a> lleno de sangre. Un puñetazo de osmanlí es terrible. «Fuerte
+como un turco», dice el proverbio.</p>
+
+<p>Se arremolinó la gente, surgieron en un instante numerosos
+correligionarios del caído, pues los israelitas están en todas partes
+para ayudarse, y la policía militar se apoderó del agresor, llevándolo
+al cuartel entre las vociferaciones y lamentos de la muchedumbre judía.</p>
+
+<p>En el cuarto de banderas, los oficiales se asombraron del suceso. ¡Un
+buen soldado, que nunca había dado motivo de queja! «¿Por qué has hecho
+eso?»</p>
+
+<p>El mozo, intimidado en presencia de sus superiores, balbuceó como el que
+repite una lección:</p>
+
+<p>&mdash;Mohamed y Jesuhá iban juntos... Salieron judíos y mataron á Jesuhá...
+Mohamed huyó porque es fuerte y tiene buenas piernas. ¡Pero si llegan á
+alcanzarlo!...</p>
+
+<p>Y como los oficiales rompieran á reir, asombrados de tanta simplicidad,
+el soldado añadió con la fe del buen creyente:</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo sé... Yo lo he visto.<a name="page_319" id="page_319"></a></p>
+
+<h3><a name="XXXI" id="XXXI"></a>XXXI<br /><br />
+Restos de Bizancio</h3>
+
+<p>La <i>At Meidan</i>, ó «Plaza de los Caballos», es el antiguo Hipódromo de
+Bizancio. Antes que el sultán Mahmoud reformase la vida turca á
+principios del siglo XIX, aquí venían los <i>itchoglans</i> ó pajes del
+Serrallo á ejercitarse en el manejo de la jabalina. Aquí también, en
+esta plaza, teatro tantas veces de las revueltas de los jenízaros, acabó
+el enérgico sultán con la terrible milicia que después de haber salvado
+á Turquía hacía imposible su existencia. Fué en 1826. Mahmoud dió á los
+jenízaros un gigantesco banquete en la Plaza de los Caballos, y á los
+postres cerráronse todas las bocacalles con regimientos fieles y
+numerosas baterías. Los cañones vomitaron metralla sobre la plaza, y en
+unos cuantos minutos perecieron aquellos guerreros feroces que habían
+hecho temible en Europa el nombre de Turquía.</p>
+
+<p>La plaza es un rectángulo prolongado, que comunica por uno de sus
+extremos con otra plaza más pequeña, donde está Santa Sofía.<a name="page_320" id="page_320"></a></p>
+
+<p><i>At-Meidan</i> es el Agora del viejo Stambul. En los cafetuchos y pequeños
+puestos de la plaza se reunen á charlar tomando café ó pasando las
+cuentas del rosario los turcos más turcos de la ciudad; los
+tradicionalistas de grueso turbante y caftán multicolor, los derviches
+silenciosos de capa parda y gorro de fieltro, los imanes jóvenes, de
+rostro ascético, vestidos de negro, que permanecen con la mirada fija en
+el espacio, como si contemplasen la gloria de Alláh.</p>
+
+<p>Todo un lado de la gran plaza lo ocupan un gran cuartel y el palacio de
+Justicia, flanqueado de sombrías prisiones. En el lado opuesto está la
+mezquita del sultán Ahmed, la más grande de Constantinopla por el
+terreno que ocupa, rodeada de muros con rejas que dejan ver los patios y
+jardines interiores, y coronada por seis minaretes blancos, altísimos y
+sutiles, con remates de oro.</p>
+
+<p>En el centro de la plaza, siguiendo una línea que marca la divisoria de
+las antiguas arenas del Hipódromo, mantiénense en pie tres monumentos
+interesantes de la antigüedad: el Obelisco de Teodosio, la Columna
+Serpentina y la Pirámide Murada.</p>
+
+<p>El Obelisco de Teodosio es padre venerable del de la plaza de la
+Concordia de París y de todas las agujas egipcias que adornan jardines
+en Inglaterra y los Estados Unidos. Fué el monarca bizantino el primero
+á quien se le ocurrió aprovechar para su propia gloria los monumentos
+con<a name="page_321" id="page_321"></a> obscuros jeroglíficos extraídos del misterioso Egipto. Este
+Obelisco, enorme aguja de granito rosa, fué traído de Heliópolis y
+erigido en el centro del Hipódromo, sobre una base esculpida en honor de
+Teodosio. La base aun subsiste con sus altos relieves, que apenas han
+sufrido desgaste después de una existencia de diez y seis siglos. Las
+lluvias y el aire, más que la irreverencia de los hombres, han roído los
+salientes de las figuras, achatando sus rostros. Las escenas de la vida
+pública de Bizancio hace mil seiscientos años reviven en este monumento.
+En una de sus caras, Teodosio, con su esposa y sus hijos Arcadio y
+Honorio, muéstrase rodeado de toda la pompa oriental. Los cortesanos se
+prosternan á sus pies, y en el fondo, como espeso bosque, agrúpanse las
+lanzas de los pretorianos. En otra cara aparece erguido en el palco
+imperial, presidiendo los juegos del Circo. En otra recibe el homenaje
+de los enviados extranjeros. Y junto á estas escenas de la vida
+bizantina, vense esculpidas las máquinas, las grúas, los primitivos é
+ingeniosos artefactos que sirvieron en aquella época para erigir la
+pesada mole.</p>
+
+<p>Algunos metros más allá álzase la Pirámide Murada, triste ruina que hace
+sonreir cuando se piensa en su pretencioso origen. El emperador
+Constantino Porfirogente, al erigirla, la llamó el Coloso, afirmando que
+era digno rival del de Rodas; pero hoy del pobre Coloso sólo queda un
+obelisco de piedra vulgar, sin adorno alguno. En otros<a name="page_322" id="page_322"></a> tiempos estaba
+revestida, desde la base hasta el vértice, de gruesas láminas de bronce,
+que ciertamente le darían un aspecto deslumbrador. Pero llegaron los
+guerreros de la cuarta Cruzada, soldados de Dios que hicieron más daño á
+Constantinopla que los turcos, y tomando el bronce por oro, despojaron á
+la pirámide de su envoltura, dejándola en su desnudez actual.</p>
+
+<p>De los tres monumentos del Hipódromo, el más antiguo é importante es la
+llamada Columna Serpentina. Maltratada por los hombres y los siglos;
+reducida á una tercera parte de su altura, rota y casi informe como un
+andrajo del pasado, da sin embargo la impresión de esos monumentos
+venerables en los que se admira más lo que no se ve que lo todavía
+visible. El suelo del Hipódromo, con las ruinas de la ciudad, el paso de
+los siglos y los temblores de tierra, se ha elevado más de tres metros,
+y la columna famosa, lo mismo que los otros monumentos del Hipódromo,
+está á cierta profundidad, en el fondo de un hoyo rodeado de barandilla.</p>
+
+<p>Esta columna es el monumento más auténtico é importante que poseemos de
+la antigüedad griega. Fué fundida en Atenas para conmemorar la victoria
+de Platea sobre los persas, y la colocaron en el templo de Delfos,
+frente al gran altar. Representaba tres serpientes de bronce enlazadas
+tan estrechamente, que formaban á modo de un solo reptil, con tres
+cuerpos y tres cabezas. Los nombres<a name="page_323" id="page_323"></a> de todas las ciudades griegas que
+tomaron parte en los gloriosos combates de Salamina y Platea, figuraban
+grabados en ella. Un trípode de oro consagrado á Apolo reposaba sobre
+las cabezas de las tres serpientes. Este trípode fué robado por los
+focios, pero la columna mantúvose intacta en Delfos hasta los tiempos de
+Constantino, en que éste la arrancó de la tierra sagrada de Grecia para
+embellecer su nueva ciudad del Bósforo.</p>
+
+<p>Las mutilaciones de la Columna Serpentina datan de muchos siglos. El
+fanatismo cristiano de los bizantinos se ensañó en el monumento, viendo
+en las tres serpientes una obra del demonio. Varias veces el populacho
+la atacó con palos y piedras. En tiempos del emperador Teófilo, el
+patriarca de Constantinopla vino cauteloso una noche, y á martillazos
+rompió las cabezas de los reptiles. Solamente pudo destruir dos. Siglos
+después la superstición musulmana reemplazó al fanatismo cristiano.</p>
+
+<p>Al entrar Mohamed II vencedor en Constantinopla, sobre su caballo
+ensangrentado, ebrio de cólera y de matanza, llegó á la plaza del
+Hipódromo, deteniéndose ante la triple serpiente, á la que tomó por un
+ídolo de los vencidos. ¡Pueblo execrable de infieles, adoradores del
+demonio!... Y lanzó su maza de guerra con tal fuerza contra la bestia,
+que partió la única cabeza que aun se mantenía intacta. Después de este
+acto&mdash;según cuenta la tradición turca&mdash;, una invasión de serpientes<a name="page_324" id="page_324"></a>
+vivas se esparció por Constantinopla, y el pueblo, poseído de
+supersticioso terror, respetó y reparó el monumento. Pero los ladrones
+acabaron la obra destructora de la superstición. La columna tentó su
+codicia, se dedicaron á robar fragmentos de ella, y fué vendido como
+vulgar metal el bronce contemporáneo de Temístocles, que aun conservaba
+legibles los nombres de las treinta ciudades griegas que tomaron parte
+en la guerra contra los persas, las mismas que menciona Plutarco.</p>
+
+<p>Para encontrar otros vestigios de la dominación bizantina en esta
+Constantinopla modificada por los turcos, hay que salir de ella y seguir
+el extenso recinto de sus murallas.</p>
+
+<p>Más de ocho kilómetros de longitud tienen las antiguas fortificaciones
+de Bizancio. Se sale de Stambul en ferrocarril, y el tren atraviesa
+extensas campiñas con pueblos que no son más que barrios apartados de
+Constantinopla. Desde la ventanilla del vagón se ven tierras desoladas,
+pedazos de desierto, cementerios que se pierden de vista con sus
+pequeñas tumbas blancas y apretadas, como un rebaño inmóvil que en vano
+busca un hierbajo en la tierra árida. ¡Y todo este suelo muerto, hollado
+muy de tarde en tarde por los pies del hombre, fué la antigua
+Bizancio!...</p>
+
+<p>El tren, después de detenerse en varias estaciones, llega al lugar de
+donde arrancan las murallas, á orillas del Mármara, para extenderse
+hasta las riberas del Cuerno de Oro, formando una línea<a name="page_325" id="page_325"></a> de ocho
+kilómetros en la parte más ancha de la península triangular.</p>
+
+<p>Al descender del vagón el viajero cae en una soledad de cementerio.
+Míseros bancales mal cultivados vegetan á la sombra de las murallas, que
+son enormes, rojizas, con profundos socavones, más semejantes á restos
+de un cataclismo geológico que á obra de los hombres. Los torreones que
+antiguamente la flanqueaban son informes montículos por los que trepan
+las plantas parásitas huyendo del matorral que rodea sus bases como una
+inundación sombría y pinchosa. Sobre sus plataformas, semejantes á bocas
+viejas, en las que sólo queda el diente aislado de algunas almenas,
+crecen higueras salvajes, árboles silvestres que tienen siglos, parias
+de la vegetación que hunden sus raíces en sillares y argamasa y viven de
+chupar el jugo de la piedra; parasoles verdes y frondosos que agitan su
+cúpula bajo el viento de la estepa, en esta soledad, libres del hombre.</p>
+
+<p>La llamada Torre de Mármol descuella en la confusión de escombros rojos
+y obscura hojarasca, con el brillo de su nítida blancura. Está en la
+orilla del mar, ó más bien dicho, en el mismo mar. La emanación
+salitrosa del agua azul, el paso de los siglos, las inclemencias del
+cielo no han conseguido empañar ni modificar su blancura. La torre
+parece sonreir al reflejarse invertida en la glauca entraña del Mármara
+que riza sus blancos contornos. Los sillares son de pilastras de remotos
+templos,<a name="page_326" id="page_326"></a> de columnas griegas, de lápidas sagradas. Vista de lejos
+parece de una sola pieza. De cerca revela el origen de sus materiales,
+en las inscripciones, los capiteles y las estrías arquitectónicas que
+aun se marcan en sus diversos sillares. Parece el fantasma gracioso de
+Bizancio surgiendo entre la destrucción, obra de siglos, y el
+aniquilamiento, obra del invasor. Su cúspide está limpia de melenas
+vegetales. Las semillas silvestres no han encontrado jugo vital en el
+pulido mármol. Abajo los blancos cimientos se hunden en las aguas
+profundas y las algas agarradas al mármol forman una cabellera verde y
+ondulante. <i>¡Chap!... ¡chap!</i> susurran las olas del Mármara, con lento
+compás, al batir esta torre desde hace más de mil años; y los largos
+filamentos verdes se rizan estremecidos á cada vaivén de las aguas, y
+arriba responden las cigarras y los abejorros rozando sus chirriantes
+élitros en la rumorosa soledad. Y así vivirá aún, siglos y siglos, la
+Torre de Mármol, blanca como un panteón, olvidada de los tiempos en que
+lucían á sus pies las lanzas de los guerreros bizantinos, entraban en
+sus cámaras las damas del Bajo Imperio arrastrando túnicas bordadas, con
+escenas bíblicas. Apenas si presume ya este venerable monumento que
+existe el hombre. La vida humana sólo va á su encuentro de tarde en
+tarde, en forma de algún pelotón de viajeros que la fotografía de lejos.
+Ninguna nave atraca junto á sus muros, que aun guardan vestigios de
+anillas de<a name="page_327" id="page_327"></a> bronce. Los barcos modernos son para ella leves manchas de
+humo que resbalan por el lomo remoto del mar solitario.</p>
+
+<p>¿Cómo describir la gigantesca y aplastante monotonía de las murallas que
+partiendo de aquí van á buscar las aguas azules al otro lado de
+Stambul?... Media jornada se invierte en el viaje á lo largo de este
+recinto que un día fué la más imponente de las fortificaciones de la
+tierra, y hoy, visto de lejos, da la sensación de una barda de corral
+arruinada. Se marcha durante horas y horas viendo siempre á la derecha
+el murallón rojizo, flanqueado de torres. à trechos, la obra está entera
+y ofrece un aspecto majestuoso: más allá cae en ruinas, y por las
+brechas se ven terrenos yermos ó blancos cementerios. Las puertas
+antiguas que aun abren paso entre los dos desiertos, á un lado y á otro
+de la muralla, parecen gargantas del vacío. La soledad y la muerte por
+todas partes. à la izquierda, la tierra es una inmensa necrópolis. Los
+turcos ricos buscan su tumba en la santa colina de Eyoub, en los
+cementerios próximos al Bósforo ó en el inmenso de Scutari. Aquí vienen
+á pudrirse los pobres, los esclavos, los griegos, los armenios, todos
+los que no tienen fortuna ó una familia que vele por ellos.</p>
+
+<p>Inmenso el cementerio, sin tapias que lo limiten ni escaseces de terreno
+que obligan á amontonar un cadáver sobre otro, cada muerto goza como
+dueño absoluto su pedazo de tierra; cada ficha funeraria<a name="page_328" id="page_328"></a> marca sólo un
+cuerpo, y la necrópolis se extiende hasta perderse de vista,
+confundiendo sus mojoncillos de piedra con la línea del horizonte.
+Parece que un ejército incalculable, superior á toda imaginación,
+millones y millones de muertos, envuelven en apretado bloqueo á la
+ciudad antes de asaltar sus muros.</p>
+
+<p>¡Los cementerios turcos!... En el corazón de Constantinopla, en el mismo
+barrio europeo de Pera, existen aún, sin que el transeunte se sienta
+impresionado al pasar junto á ellos. La muerte no tiene en Turquía el
+aspecto horripilante que en los países occidentales. Los que sobreviven
+recuerdan al difunto amado á todas horas, le lloran, pero nunca se les
+ocurre visitar la tumba que guarda sus despojos y cubrirla de adornos
+repugnantes. Este pueblo sabe que el ser perdido no está ya en la
+tierra, que su verdadera esencia no es lo que se pudre en el suelo, y
+olvida la tumba, no imitando á las gentes cristianas, extraños
+espiritualistas, falsos charlatanes de la inmortalidad del alma, que
+rinden á la materia en descomposición y al pelado esqueleto un culto
+casi igual al que los egipcios tributaban á sus momias.</p>
+
+<p>Este olvido de los cuerpos da á los cementerios turcos el majestuoso
+encanto de la verdadera soledad. Los de Constantinopla y Stambul se ven
+frecuentados, porque sus arboledas y kioscos los convierten en lugares
+de recreo; pero los cementerios de los grandes muros son el verdadero
+campo de<a name="page_329" id="page_329"></a> la muerte, el desierto de la nada. Se caminan leguas sin
+encontrar un ser viviente. Hasta los pájaros huyen espantados por la
+falta de vegetación: hasta los lagartos emigran de esta tierra seca,
+donde apenas crecen hierbas. Sobre el suelo no se ven más que tumbas y
+tumbas, todas semejantes, todas pequeñas, con una sobriedad serena y
+tranquila que despoja á la muerte de su aparato terrorífico. Son simples
+láminas de mármol, anchas y semicirculares por arriba, y estrechas
+abajo, clavadas en el suelo: una especie de corazones muy prolongados.
+El remate de cada uno de estos mojones indica el sexo y la calidad del
+cadáver. Las tumbas de las mujeres tienen esculpido en lo alto un grupo
+de flores; las de los sacerdotes un turbante; las de los simples
+ciudadanos un fez. Cuando la tumba es reciente, las flores están
+pintadas de oro y los gorros de rojo: las inscripciones de plácida
+resignación brillan doradas sobre un fondo verde, pero esto dura poco.
+Las lluvias y el viento devoran los colores, nadie viene á repararlos, y
+todos, pobres y ricos, santos y pecadores, hombres y mujeres, toman la
+amarillez uniforme del mármol en el gran abandono de la muerte.</p>
+
+<p>Nadie transita en este bosque bajo, de pétreos matorrales, que se pierde
+de vista. De tarde en tarde se columbra, en lo más remoto del horizonte,
+el negro hormigueo de un grupo humano. Es un entierro. Bajarán el
+cadáver á la fosa, plantarán el mojón fúnebre y volverán las espaldas
+para no<a name="page_330" id="page_330"></a> acordarse más del lugar donde dejaron los restos del muerto
+querido, cuya memoria llevan siempre en el pensamiento.</p>
+
+<p>La soledad por todas partes: una soledad absoluta, sin huellas humanas,
+sin cantos de pájaros, sin estremecimientos de hierba, sin roce de
+insectos; un silencio de esterilidad y de muerte, como no se encuentra
+jamás en un paisaje europeo.</p>
+
+<p>Este vacío fúnebre hace que la visita á las grandes murallas sea la
+única excursión de Constantinopla en la que se recomienda al viajero la
+necesidad de llevar armas. Cuando se tropieza con seres vivientes, el
+encuentro es más inquietante que la soledad. En un torreón acampan
+familias de zíngaros, de aspecto salvaje: diez ó doce torres más allá,
+unos cíclopes han instalado su fragua bajo un trozo de cúpula bizantina,
+pero sus ojos inquietantes de bandido revelan que viven de algo más que
+de batir el hierro. En las ruinas de los que fueron palacios de
+Paleólogos y Comennos, pululan los más inquietantes ejemplares de la
+mendicidad oriental; gentes roídas por la miseria y desfiguradas por las
+más atroces enfermedades; leprosos con media cara devorada por la
+putrefacción; ciegos que muestran sus órbitas sin globos, rojizas,
+piltrafosas, rodeadas de zumbantes moscardones; mujeres esqueléticas,
+comidas de piojos, que enseñan entre los harapos el flácido pellejo de
+sus pechos.<a name="page_331" id="page_331"></a></p>
+
+<p>De hora en hora se ve en las murallas el túnel de una gran puerta. En
+otros siglos fueron espléndidos arcos de triunfo. Uno de ellos se llamó
+la <i>Puerta Dorada</i>. Aun quedan en el muro vestigios de águilas
+imperiales. Hoy nadie entra ni sale por ellas, y su profundo arco,
+ennegrecido por las hogueras, sirve de refugio á los vagabundos de las
+más extrañas nacionalidades.</p>
+
+<p>Tristes restos que nada guardan de su pasado, son también las famosas
+<i>Siete Torres</i>, el <i>Heptapyrgión</i> de los emperadores griegos. Cuando
+llegaron los turcos era ya una ruina, y Mohamed el Conquistador lo
+reedificó, haciendo de él algo semejante á lo que fué la Bastilla para
+los reyes de Francia. Este castillo, en cuyos restos acampan hoy, como
+fieras ahuyentadas del trato humano, los mendigos y los vagabundos, era
+una de las fortalezas más famosas de Europa. Aquí encerraban los
+sultanes á los embajadores de Europa cuando entraban en guerra con sus
+naciones. Aquí permanecieron años y años los enviados de Venecia y
+Génova. Los jenízaros, omnipotentes pretorianos de la vieja Turquía,
+encerraban aquí á los sultanes destronados, ó los degollaban en el gran
+patio. Siete sultanes murieron en las <i>Siete Torres</i>, y es incontable el
+número de grandes visires y pachás cuyas cabezas se pudrieron
+enganchadas á las escarpias de las almenas. En uno de los patios del
+antiguo castillo, que es hoy una extensión de malezas limitada por
+ruinas, está el llamado <i>Pozo de la sangre</i>, donde<a name="page_332" id="page_332"></a> se sumían los
+cuerpos de los decapitados. Otro patio se titulaba la <i>Plaza de las
+cabezas</i>, y los cráneos iban apilándose en él, después de las
+ejecuciones, hasta que el lúgubre montón llegaba á la altura de las
+almenas.</p>
+
+<p>Nos alejamos de las <i>Siete Torres</i> siguiendo el monótono camino, á lo
+largo de las murallas, siempre entre ruinas y cementerios. Llevamos
+muchas horas de marcha. El recinto fortificado se extiende como una
+cinta roja sin fin, subiendo y bajando con las ondulaciones del terreno.
+Una puerta abandonada recuerda la muerte de Constantino Dragecés, el
+último emperador de Bizancio, valeroso é infortunado combatiente, que
+cayó de los muros y siguió luchando con su hacha de armas hasta
+desaparecer bajo un montón de cadáveres. Otro lugar evoca la muerte de
+Eyoub, el santo portaestandarte del Profeta, el compañero de Mohamed el
+Conquistador, que pereció en el sitio de la ciudad y dió su nombre al
+barrio del Cuerno de Oro.</p>
+
+<p>Vamos aproximándonos al término de nuestro viaje. Aparecen en la
+desolada extensión grupos de habitaciones humanas, y entramos á
+descansar en el pequeño monasterio de Balouki. En sus criptas surge la
+fuente milagrosa de Zootocos, cuyas aguas obran prodigios, según los
+griegos. Es una cisterna, bajo cúpula sombría, en cuyo líquido nadan
+muchos peces rojos.</p>
+
+<p>El monje griego que nos la enseña, relata la<a name="page_333" id="page_333"></a> historia de la prodigiosa
+fuente; el famoso «milagro de los peces».</p>
+
+<p>En el mismo instante que los turcos entraban por asalto en
+Constantinopla, un monje de este convento estaba friendo unos pescados.
+Otro monje, consternado por el suceso, se presentó en la puerta dándole
+la terrible noticia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;repuso el primero no admitiendo que Bizancio pudiera ser
+tomada&mdash;. Creeré en eso cuando vea á mis pescados saltar de la sartén.</p>
+
+<p>Y los pescados saltaron, medio rojos y medio negros, pues sólo estaban
+fritos por un lado, y fueron á refugiarse en el agua de la cisterna,
+donde nadan aún.</p>
+
+<p>El barbudo monje de ahora nos cuenta esta leyenda, simple hasta la
+estupidez, con grandes aspavientos dramáticos para demostrar su fe: pero
+indudablemente cree en ella lo mismo que nosotros.</p>
+
+<p>Después, siguiendo la costumbre, nos hisopea con el agua prodigiosa, á
+guisa de bendición, y... tiende la mano.</p>
+
+<p>He aquí el verdadero milagro de los peces. Este sí que es indiscutible.</p>
+
+<p>Convertir en monedas las gotas de agua de la santa cisterna.<a name="page_334" id="page_334"></a></p>
+
+<h3><a name="XXXII" id="XXXII"></a>XXXII<br /><br />
+La Noche de la Fuerza</h3>
+
+<p>Va á comenzar el Ramadán, el mes sagrado de los musulmanes, la extraña
+Cuaresma que es, mientras luce el sol, ayuno y angustias, y así que
+cierra la noche, una orgía sin término.</p>
+
+<p>Constantinopla brilla en la sombra, coronada de luces. La piedad
+musulmana cubre con guirnaldas de fuego los balconcillos de los
+minaretes y los arcos de las mezquitas, al mismo tiempo que la fidelidad
+al <i>Padichá</i> y á las tradiciones ilumina los palacios, los puentes,
+todos los edificios oficiales y las viviendas de los personajes.</p>
+
+<p>En tiempos normales, Constantinopla es una ciudad discreta y recatada
+que se entrega al descanso apenas se oculta el sol. El turco se acuesta
+pronto para levantarse antes del alba, y fuera de los barrios europeos,
+donde teatros y cafés prolongan la vida hasta pasada media noche, la
+gran metrópoli tiene sus calles obscuras, sin otra luz que el pálido
+resplandor de las lámparas transparentando<a name="page_335" id="page_335"></a> por los ventanales de
+mezquitas y kioscos funerarios, ni otros transeuntes que los perros
+vagabundos y el sereno que marca las horas con fuertes garrotazos en el
+suelo.</p>
+
+<p>Al llegar el Ramadán, Pera y Galata continúan su vida nocturna de
+siempre, pero el viejo Stambul, Scutari y todos los distritos turcos,
+sobrepujan durante la noche en luz y movimiento á los barrios europeos.
+Apenas suena el cañonazo de la puesta del sol, el musulmán, que ha
+pasado el día sin comer, sin fumar y hasta privado del agua, se abalanza
+como bestia famélica á los bodegones y cafés, asaltándolos. Es la orgía
+de toda una ciudad. No comen, tragan: no beben, sino cuelan; y este
+devorar feroz, va acompañado de risas, aullidos, danzas y peleas. El
+turco no prueba el vino, pero la comida parece embriagarle, y ciertos
+líquidos fermentados acaban por dar á su borrachera una alegría bestial
+y peligrosa.</p>
+
+<p>Mientras abajo, en las tortuosas calles donde brillan como bocas de
+infierno las puertas de bodegones y cafés, aulla el populacho turco,
+arriba lucen las coronas de fuego de las mezquitas, y la luna, símbolo
+del pueblo musulmán, rueda por el cielo de suave azul, presenciando con
+cara bonachona la ruidosa orgía de sus amigos.</p>
+
+<p>¡Las iluminaciones de Constantinopla!... Esta ciudad europea, que aun
+vive privada de la electricidad, por orden del emperador, y no conoce
+otro gas que el de los macilentos faroles de las calles,<a name="page_336" id="page_336"></a> muestra un
+gran talento artístico, una rara habilidad, al iluminar sus fiestas. El
+farolillo de aceite ó la linterna con bujía, le bastan para realizar las
+más asombrosas combinaciones de su imaginación oriental. El día que el
+foco incandescente y los rosarios interminables de bombillas eléctricas
+aparezcan en Constantinopla, ésta habrá perdido una de sus mayores
+originalidades; el encanto de sus fantásticas iluminaciones. No tienen
+el estallido deslumbrante y brutal de las luces modernas; son reflejos
+dulces, velados, discretos; una iluminación de ensueño, un esplendor
+vagoroso y poético, semejante al de las fiestas de <i>Las mil y una
+noches</i>.</p>
+
+<p>Vistas de cerca, las iluminaciones en palacios y templos son miles y
+miles de vulgares linternas colgadas en clavos, en andamios de madera.
+Contempladas de lejos, se convierten en maravillosas luces de color de
+oro, que forman las más extraordinarias visiones: flores fantásticas,
+lunas, estrellas, soles, arcadas aéreas, un mundo de encantamiento, que
+parece flotar impalpable, ligero y sin realidad, en la negrura del
+ensueño, para disolverse apenas despertemos.</p>
+
+<p>La luna rompe sus reflejos en las inquietas aguas del Bósforo, trazando
+un extenso triángulo de luz, y junto á los peces de plata que rebullen
+en su enorme estela, nadan enjambres de peces de oro, al reproducirse
+invertidos los palacios iluminados de ambas riberas.<a name="page_337" id="page_337"></a></p>
+
+<p>Una noche alquilo un caique de un solo remero para recorrer el Bósforo á
+la luz de la luna. Es noche de fiesta extraordinaria dentro del Ramadán:
+la llamada «Noche de la Fuerza». Necesito llevar conmigo una
+autorización de la policía, pues al ocultarse el sol está prohibido
+circular sin permiso de una á otra orilla, y la vigilancia es tan grande
+sobre el agua como en tierra.</p>
+
+<p>¡La inolvidable excursión por el mar encajonado y silencioso! Al seguir
+el Bósforo contra la corriente, la barca queda envuelta de pronto en un
+nimbo de luz, viéndose como una figura de oro viejo el remero casi
+desnudo, que jadeante mueve sus brazos junto á la proa. Es el resplandor
+de un palacio de la orilla. El agua tiembla luminosa en torno de la
+embarcación con ondulaciones doradas, como si transparentase una fiesta
+de ondinas en las profundas entrañas del Bósforo. Después la barca
+vuelve á sumirse en la sombra; las aguas son negras, casi invisibles,
+adivinándose por los violentos vaivenes que imprimen á la ligera
+embarcación y por el sordo chirriar de su corriente chocando con la
+quilla y los remos. Y así, pasando de la sombra á la luz y del
+resplandor á la obscuridad, vamos Bósforo arriba, bogando en lo
+desconocido con cierta emoción al pensar en la profundidad de las aguas,
+agrandada por el misterio, y en la fragilidad del esquife, balanceados
+como una pluma por el sombrío elemento que se abre siempre ante nosotros
+en la pavorosa lobreguez.<a name="page_338" id="page_338"></a> En las lejanas orillas brillan luces, suenan
+músicas y se adivina la presencia del gentío, como si las ráfagas
+rumorosas de la brisa nos trajesen su respiración. En lo alto brilla la
+luna, pálida y anémica al contrastar con las guirnaldas de oro de los
+edificios.</p>
+
+<p>De tarde en tarde, entre los palacios del Bósforo con sus estrellas y
+sus lunas de colores, se adivina un edificio vagoroso que hunde en el
+misterio azul sus tentáculos blancos. Es una mezquita. La discreta luz
+de la lámpara del Mirab tiembla como una lágrima amarilla en las opacas
+vidrieras, que parecen de un panteón.</p>
+
+<p>La embarcación salta y gime en ciertos parajes, chapoteando su proa en
+las aguas invisibles. Son las rudas corrientes del Bósforo que rugen en
+los recodos y los estrechos. El remero sigue adelante con la confianza
+del que ejerce su oficio. De pronto un ojo deslumbrante surge de la
+obscuridad. Un haz de vivos resplandores viene de él, paseándose sobre
+las aguas, á las que da una blancura funeraria. Es el reflector
+eléctrico de un buque que marcha al Mar Negro. Pasa el monstruo obscuro
+á corta distancia, con ojos deslumbrantes en las antenas, y otros ojos
+rojizos y más tenues formando doble línea en sus flancos negros, donde
+están los camarotes. El agua que desplaza su gigantesco vientre
+arremolínase en este callejón marítimo, formando unas cuantas olas,
+seguidas, cortas y violentas, que crecen y se prolongan<a name="page_339" id="page_339"></a> hasta las
+orillas, para morir en ruidoso asalto.</p>
+
+<p>El caique, que parece de papel, salta y se acuesta en este remolino
+negro, amenazando zozobrar. ¡Ya hay bastante! Ser tragado por el
+Bósforo, á la vista de palacios iluminados, oyendo músicas y el ruido de
+una muchedumbre que no puede enterarse de lo que ocurre en las aguas
+obscuras, á cincuenta metros de distancia, es un final inaceptable.
+Todas las semanas se traga víctimas este Bósforo de enorme profundidad y
+orillas cortadas como á pico. De día, gentes que caen en los
+desembarcaderos, aturdidas por el empuje de las muchedumbres que asaltan
+los vaporcillos ó tranvías acuáticos; de noche caiques que zozobran. Y
+estos turcos, familiarizados con el brazo de mar, que es la primera de
+sus calles, no prestan atención á tales sucesos, y los periódicos apenas
+si le dedican dos líneas... ¡Atrás!</p>
+
+<p>Vamos ahora Bósforo abajo, siguiendo el impulso de la corriente. El
+remero descansa, dando sólo de vez en cuando alguna paletada para no
+abordar á la orilla. Otra vez saltamos de la luz á la sombra y de la
+sombra á la luz, pasando ante los palacios de los parientes del sultán,
+de los grandes pachás y de los buques de guerra otomanos, con sus
+guirnaldas de luces que marcan todos sus contornos, bordas, palos y
+chimeneas.</p>
+
+<p>Nos aproximamos al palacio del ministro de Marina. La muchedumbre llena
+el muelle. Grupos<a name="page_340" id="page_340"></a> de mujeres con cerrado manto que van como colegialas
+en ruta, haremes enteros, pasean entre el gentío, en esta noche de
+libertad y de fiesta. Los vendedores de bebidas gritan pregonando sus
+mercancías. La banda de música de un crucero toca bajo las ventanas de
+Su Excelencia, y el público parece entusiasmado. No baila como en las
+fiestas de Europa, pero su alegría infantil se desborda á impulsos de la
+música amada, de la música popular, <i>La Mascota</i>, y sobre todo <i>La Gran
+Vía</i>, de la cual el «coro de los marineritos» es insustituíble para el
+populacho de Constantinopla.</p>
+
+<p>Nos alejamos Bósforo abajo. Va amortiguándose el movimiento en las
+orillas; las iluminaciones lucen solitarias en los muelles abandonados.
+Una hora después desembarco, siguiendo á pie las calles pendientes que
+conducen á las alturas de Bechik-Tach, donde están los palacios de los
+principales personajes de Turquía.</p>
+
+<p>Soledad completa. Todos los edificios están iluminados, las calles
+envueltas en un resplandor rojizo que expulsa la sombra hasta de los
+últimos rincones. En ambas aceras se elevan andamios con miles y miles
+de linternas, formando dibujos inabarcables de cerca. ¡Luces y luces,
+hasta donde alcanza la vista!... Y nadie: ni un hombre, ni un perro. Las
+bestias vagabundas, acostumbradas á la lobreguez, han huido de la luz y
+de la momentánea limpieza, buscando los callejones y solares donde se
+amontona el estiércol.<a name="page_341" id="page_341"></a></p>
+
+<p>Los pasos despiertan en las losas una sonoridad fúnebre. Se marcha como
+en un ensueño. Pueden surgir facinerosos en esta soledad luminosa, y ser
+uno asesinado, sin que de los palacios esplendorosos y mudos salga el
+menor auxilio. Parece que los turcos, después de cubrir la ciudad de
+luces, la han abandonado para siempre.</p>
+
+<p>Todo buen musulmán se ha encerrado en su casa, aislándose del mundo. Es
+la gran noche, la más dulce de las noches. ¡La Noche de la Fuerza!</p>
+
+<p>El sabio Mohamed pensó en todo al legislar para su pueblo. Predicó la
+guerra como elemento indispensable para sostener la vida; prohibió
+manjares y líquidos incompatibles con la salud en un clima oriental;
+elevó la limpieza y el agua á la categoría de dogmas, conociendo el amor
+ancestral de la bestia humana á la suciedad y el abandono; y para que
+sus pueblos no decreciesen, como les ocurre á ciertas naciones modernas,
+decretó en nombre de Alláh la Noche de la Fuerza.</p>
+
+<p>En esta noche, todo musulmán que tiene su compañera no debe dormir, sino
+velar mientras le queden alientos. El buen creyente, con el pensamiento
+puesto en Alláh y en la reproducción de su raza, debe gustar todos los
+frutos que guarda su harem... mientras tenga dientes para ello. La
+prescripción religiosa es severa é ineludible. El amor por orden del
+Profeta: el supremo escalofrío como grata oración á Dios. Nadie se
+escapa á este supremo mandato. El viejo trémulo, exprimido y<a name="page_342" id="page_342"></a> seco por
+largos años de poligamia, debe probar á cumplirlo (con probar nada se
+pierde); el adolescente recibe la iniciación del misterio de la vida,
+por obra de alguna esclava de la casa, y entusiasmado con la dulce
+novedad de la ceremonia repite sus oraciones hasta que cae extenuado; el
+hombre en plena virilidad hace un llamamiento á sus fuerzas y ora toda
+la noche en diversos altares, con la convicción de que será grato á Dios
+si el sol le sorprende ocupado todavía en tales ritos.</p>
+
+<p>La piedad musulmana se exalta y sobrepasa en esta noche, queriendo cada
+cual ir lo más lejos posible, para satisfacción de Alláh y orgullo de
+las propias fuerzas. Y todos corren y corren por el camino del santo
+deber, sin más pausa que la de los relevos, cambiando de montura para
+enardecer su energía con el incentivo de la novedad, y llegando en el
+sacro deporte á límites donde sólo pueden alcanzar el entusiasmo
+religioso y el apasionamiento oriental.</p>
+
+<p>Esta Noche de la Fuerza es la de la «Ceremonia del Pañuelo» en el Yildiz
+Kiosk. Es vulgar la creencia de que los sultanes, desde hace muchos
+siglos, cada vez que desean hablar aparte con una de sus innumerables
+mujeres, la avisan arrojándola un pañuelo. Nada hay de esto. La
+ceremonia del pañuelo existe, pero es sólo una vez por año: la Noche de
+la Fuerza. Las tradiciones ordenan que en esta noche el Comendador de
+los Creyentes, para cumplir el deber religioso como<a name="page_343" id="page_343"></a> todas sus súbditos
+musulmanes, sacrifique una doncella.</p>
+
+<p>En un salón del harem imperial se alínea, bajo la mirada del Gran Eunuco
+y sus tropas de negros, un centenar de vírgenes. Unas son esclavas de la
+Circasia enviadas como regalo por los gobernadores de los <i>vilayetos</i>
+asiáticos; otras, hijas de pachás, entusiastas del emperador, que
+aprovechan esta ocasión para introducir la influencia de su familia en
+los departamentos secretos del Yildiz Kiosk. Todas, esclavas y señoras,
+confundidas en la igualdad femenil de las costumbres turcas, que no
+reconocen más que dos rangos, la belleza y la fealdad, aguardan trémulas
+la presencia del Gran Señor, sabiendo que en breves instantes puede
+decidirse su suerte.</p>
+
+<p>Aparece el <i>Padichá</i>. Con ojos impasibles examina la fila, el Gran
+Eunuco secretea en su oído, y al fin arroja con indiferencia el
+pañuelo... ¡Cualquiera! Su tranquilidad es igual á la del católico que
+todos los domingos va á misa, sabiendo que es un espectáculo santo, pero
+sin emoción alguna. La ha oído tantas veces, que no encuentra en ella el
+encanto de la novedad.</p>
+
+<p>¡Pobre Abdul-Hamid! ¡Augusto Comendador de los Creyentes, con sus
+sesenta años bien contados!... Me lo imagino en esta noche, á puerta
+cerrada con la virgen, hermoso potro, bello y salvaje, con el fuego de
+los pocos años y el deseo de agradar, excediéndose en toda clase de
+iniciativas.<a name="page_344" id="page_344"></a> El majestuoso <i>Padichá</i>, que tal vez lleva ocupado el
+pensamiento por alguna nueva reclamación de los embajadores de las
+potencias, tiene que pasar una noche, por deber religioso, junto á esta
+primavera ardiente, que vela junto á él, excitada y nerviosa. Sus
+preocupaciones de gobernante, sus pensamientos de Felipe II, papelista
+enterado minuciosamente de todo lo que ocurre en su vasto imperio, le
+preparan mal indudablemente para estas encerronas, ordenadas por el
+Profeta. La soberana de una noche sonríe invitadora con sus labios
+coloreados de carmín, levanta la mirada de sus ojos agrandados por la
+pintura negra, saca incitante las curvas de su cuerpo en celo... pero al
+tender sus manos encuentra ¡ay! el ánimo del Gran Señor flácido y
+desmayado, como el pañuelo simbólico.</p>
+
+<p>Pensando en estos desastres y tormentos, impuestos por el deber
+religioso, que no tiene en cuenta edades ni circunstancias, sigo las
+calles iluminadas y silenciosas, acompañado únicamente del eco de mis
+pasos. ¡Nadie! ¡Siempre ante mí la soledad, roja y brillante! Pueden
+robarme, pueden matarme sin que al sonar mis gritos se abra una ventana
+ó una puerta de estos palacios luminosos. Sus habitantes están demasiado
+ocupados para fijarse en lo que ocurre en la calle.</p>
+
+<p>El palo del sereno chocando contra las baldosas no altera esta noche el
+silencio profundo del barrio señorial. También para él, musulmán
+fervoroso,<a name="page_345" id="page_345"></a> es esta noche la de la Fuerza. Los ladrones, los vagabundos
+deben igualmente estar dedicados á la santa ceremonia. Allá lejos, en la
+depresión del terreno por donde corren las aguas del Cuerno de Oro, el
+cielo tiene resplandores de incendio y se eleva un zumbido de colmena
+gigantesca. El populacho sigue divirtiéndose en Stambul y Galata.</p>
+
+<p>Voy hacia allá, por las calles abandonadas, muertas y luminosas, como si
+marchase por una ciudad fantástica, mirando con despecho las puertas
+cerradas, pensando con cierta amargura en la fría cama del hotel que me
+espera, lamentando mi condición de mísero <i>giaour</i>, de despreciable
+cristiano, que me hace vagar triste é inútil en esta noche de la
+abundancia hasta el desfallecimiento: la santa Noche de la Fuerza.<a name="page_346" id="page_346"></a></p>
+
+<h3><a name="XXXIII" id="XXXIII"></a>XXXIII<br /><br />
+La entrada en Europa</h3>
+
+<p>¡Adiós, Constantinopla!</p>
+
+<p>En plena noche atravieso por última vez el Gran Puente, sintiendo como
+caricias amistosas de despedida los estremecimientos y saltos que
+imprimen al carruaje los tablones de la plataforma. El Cuerno de Oro es
+una zanja profunda y brumosa, en la que brillan los ojos inflamados de
+las embarcaciones. Enfrente, el venerable Stambul recorta su silueta
+negra de cúpulas y minaretes, sobre un cielo esfumado, en el que brilla
+pálida la luna menguante. Las luces del Ramadán parecen flotar en el
+espacio como constelaciones perdidas.</p>
+
+<p>¡Adiós!</p>
+
+<p>Hace más de un mes que vivo en estos lugares á los que nada me une, ni
+el nacimiento, ni la raza, ni la historia, y sin embargo, la partida es
+melancólica y penosa.<a name="page_347" id="page_347"></a></p>
+
+<p>Cuando se viaja se abandonan las ciudades, por gratas que sean, con un
+sentimiento de alegría. Es la curiosidad que se despierta de nuevo, el
+instinto ancestral de cambio y movimiento, que llevamos en nosotros como
+herencia de nuestros remotísimos abuelos, nómadas incansables del mundo
+prehistórico. ¿Qué habrá más allá? ¿Qué nos espera en la próxima
+etapa?...</p>
+
+<p>Pero al partir de Constantinopla, este sentimiento alegre y curioso se
+amortigua y desvanece. Por interesante que sea lo futuro, no llegará á
+serlo tanto como el presente. La Europa occidental, con sus ciudades
+cómodas y uniformes, seguramente que no puede borrar el recuerdo de esta
+aglomeración de razas, lenguas, colores, libertades inauditas y
+despotismos irresistibles, que ofrece la metrópoli del Bósforo.</p>
+
+<p>¡Adiós!... Y á la melancólica despedida se une la incertidumbre del
+porvenir, la sospecha de que no volveré á contemplar estos lugares
+amados, de que las circunstancias de mi vida harán que ésta se extinga
+antes de poder cumplir mi deseo.</p>
+
+<p>Al recuerdo de Constantinopla va unido el del mar de Mármara con sus
+aguas tranquilas y verdes, por cuyas transparentes entrañas pasan
+flotando las medusas como un desfile de paraguas de nácar. Recuerdo
+también las poblaciones del Asia Menor, que acabo de visitar, Mudania y
+Brussa, ciudades puramente turcas, donde vive el musulmán sin nada de
+europeo que desfigure y envilezca<a name="page_348" id="page_348"></a> su existencia. Algún día hablaré de
+Brussa, la de la Mezquita Verde, edificada por alarifes de la Andalucía
+musulmana: Brussa, la de las sedas brillantes como oro, la Granada
+turca, dormitando al pie del Olimpo de Bitinia, frente á una vega
+situada á muchos centenares de metros sobre el nivel del mar y
+eternamente frondosa, lo que hace que los otomanos la llamen con orgullo
+<i>Brussa la Verde</i>. Y también hablaré, en una novela, del barrio de
+Galata en Constantinopla, «el barrio de los españoles», como lo titula
+la topografía popular, donde veintiocho mil judíos que se apellidan
+Salcedo, Cobo, Hernández, Camondo, etc., emplean en el seno de la
+familia un castellano arcaico que es la lengua sagrada, el medio de
+comunicación para librarse de la vigilancia de los enemigos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, Espania! ¡La bella Sión de Occidente! Los míos, los viexos,
+baxaron de allá.</p>
+
+<p>Los cuentos que entretienen á la familia en las noches de sábado,
+leyendas de enormes tesoros enterrados, tienen siempre por escenario la
+lejana España, país fantástico del que hablan los patriarcas á los niños
+con grave misterio, como hablamos nosotros de Bagdad, la de <i>Las mil y
+una noches</i>. Y en las fiestas israelitas, las viejas descuelgan los
+panderos y entonan con sus bocas desdentadas villancicos del siglo XV,
+aprendidos por sus abuelas en Toledo, que fué como el París del mundo
+judío.</p>
+
+<p>Abandono Constantinopla después de pasar<a name="page_349" id="page_349"></a> por las innumerables
+ceremonias del pasaporte, que son aquí tan precisas para salir del país
+como para entrar. Rueda el tren durante la noche por las desoladas
+llanuras de la Tracia. Al amanecer estamos en Rumelia y después en
+Bulgaria. Se acabaron los gorros rojos. Los soldados que ocupan los
+andenes de las estaciones ó acampan en tiendas grises al pie de alguna
+loma, van vestidos á la rusa. Los campesinos, con una tiara negra de
+piel de oveja y rudas abarcas, marchan por los caminos amarillentos,
+ante los tardos bueyes que arrastran unas carretas chirriantes de ruedas
+macizas. Al cerrar la noche atravesamos Servia, y al lucir de nuevo el
+sol estamos en tierra húngara.</p>
+
+<p>Nos aproximamos á Budapest, á las verdaderas puertas de la Europa
+europea.</p>
+
+<p>Es la hora del almuerzo. En el vagón restaurant, que va á la cola del
+tren, nos juntamos los viajeros del exprés de Constantinopla, gentes de
+diversas nacionalidades. Ocupo una mesa con dos viajeros desconocidos y
+una señora rubia y elegante, sentada frente á mí. Silencio absoluto ó
+lacónicos ofrecimientos de platos, con esa reserva cortés y fría de los
+que van por el mundo y no saben quién pueda ser su compañero de mesa. El
+almuerzo toca á su fin. Tomamos el café. Por el cristal de la ventanilla
+veo pasar barriadas de casas blancas con grandes anuncios. Se adivina la
+proximidad de una enorme población. Debemos estar en las afueras de
+Budapest. Veo un cartel de<a name="page_350" id="page_350"></a> teatro, impreso en magyar, del cual sólo es
+inteligible para mí el título de la obra, <i>Carmen</i>.</p>
+
+<p>De pronto un choque, un tropezón gigantesco contra un obstáculo. Luego,
+la milésima de un segundo, que nos parece un siglo, y durante este
+espacio nos contemplamos todos con los ojos desmesuradamente abiertos, y
+en ellos una expresión loca de espanto. à continuación el rudo
+movimiento de retroceso que lo desordena todo, que lo rompe todo, que
+nos hace saltar y rodar en medio de una lluvia y un estrépito mortales.
+Es mediodía; luce el sol; el cielo es azul, sin una nube, y sin embargo,
+nos sentimos ciegos, como si hubiésemos caído en plena noche.</p>
+
+<p>La mesa en que estamos rompe con la violencia del retroceso los goznes
+de bronce que la unen á la pared del vagón. Rueda sobre mí con sus
+platos, tazas y cafeteras y me arroja al suelo. Siento sobre el pecho su
+doloroso filo, á más del peso de la señora de enfrente y otros cuerpos
+que se agitan con el pasmo del terror.</p>
+
+<p>Pasan unos instantes brevísimos, pero la imaginación los llena
+vertiginosamente, poblándolos de miedos y esperanzas como si fuesen
+años. ¿Estaré herido? ¿Qué se habrá roto en mi organismo? ¿Iré á morir
+pasado el primer aturdimiento? ¿Qué encontraré en mí cuando llegue á
+incorporarme?...</p>
+
+<p>Me levanto. Un pie se me hunde en una cosa blanda y elástica, envuelta
+en paño azul con botones de oro. Es el vientre del camarero que nos<a name="page_351" id="page_351"></a>
+servía momentos antes. Está de espaldas, con los brazos en cruz, los
+ojos agrandados por el espanto, y no se mueve del suelo á pesar de mi
+pisotón.</p>
+
+<p>Frente á mí se incorpora la señora, que parece haber envejecido en unos
+instantes; pálida, con amarillez de cirio; los rubios cabellos en
+desorden, el sombrero aplastado, las facciones afiladas y trémulas por
+la emoción.</p>
+
+<p>&mdash;No somos más que una porquería&mdash;dice en francés.</p>
+
+<p>Tal vez fué la influencia del momento, pero juro que jamás he oído una
+frase tan <i>profunda</i> y tan justa.</p>
+
+<p>Al mirar en torno no conozco el comedor. Todo roto, todo demolido, como
+si un proyectil de cañón hubiese pasado por él. Cuerpos en el suelo,
+mesas caídas, manteles rasgados, líquidos que chorrean, no sabiéndose
+ciertamente lo que es café, lo que es licor y lo que es sangre; platos
+hechos trizas y todos los cristales del vagón, los gruesos cristales,
+partidos en láminas agudas, esparcidos como transparentes hojas de
+espada.</p>
+
+<p>Instintivamente arranco de la espalda de la señora una especie de puñal
+de vidrio clavado en su corsé. Es un fragmento de la luna que estaba
+detrás de ella. Un poco más arriba, y queda degollada en el sitio.</p>
+
+<p>Sin saber cómo, me veo pisando tierra, corriendo á lo largo de la vía,
+junto á un talud altísimo. Otros viajeros corren también, tropezando<a name="page_352" id="page_352"></a> en
+los guijarros. Un hervor gigantesco llena el espacio de humo, viéndose
+entre sus vedijas el caserío blanco de Pest en una montaña. El vapor se
+escapa con un chirrido de sartén enorme. Llegamos á la cabeza del tren,
+que parece haberse desdoblado, y vemos dos locomotoras caídas y
+mugiendo, como dos toros que acaban de embestirse, desplomándose
+moribundos. A un lado nuestro tren; al otro lado un largo rosario de
+vagones de mercancías. El encuentro ha sido en lo más hondo de un
+desmonte, bajo un puente de madera que desaparece entre la humareda de
+las dos máquinas heridas de muerte. Unas vagonetas cargadas de
+materiales de construcción se han roto, esparciendo á ambos lados de la
+vía, entre las ruedas sueltas y retorcidas, una cascada de yeso y de
+ladrillos.</p>
+
+<p>Los dos primeros vagones de nuestro tren ya no existen. Son á modo de
+acordeones cerrados por el choque, con pliegues trágicos que dan un
+escalofrío de terror. Como ocurre casi siempre... de tercera clase. El
+furgón de los equipajes es un amasijo de maderos y hierros, que á cada
+estremecimiento del tren moribundo vomita maletas y cofres. Hombres
+sangrientos que aun no se han dado cuenta de sus heridas, corren
+excitados por la emoción y gritan en magyar, en alemán, en servio, en
+turco. Los empleados se mueven, queriendo servir de algo, pero sin saber
+ciertamente por dónde empezar. Siguiendo el impulso de los<a name="page_353" id="page_353"></a> demás,
+intento subir á los vagones demolidos. Al poner el pie en la rota
+plataforma chapoteo en algo negro, que es líquido y sólido á un tiempo.
+Una mosca revolotea ansiosa sobre este banquete de sangre y piltrafas,
+anunciando la llegada de sus compañeras. ¿Para qué añadir el horror á la
+emoción sufrida?...</p>
+
+<p>Recojo mis dos maletas y subo el talud, para salir cuanto antes de esta
+zanja maldita. Al verme arriba me asombro de la fuerza nerviosa que da
+la emoción, de la ligereza con que he subido cargado por la ruda
+pendiente.</p>
+
+<p>Me siento al borde del declive sobre mi equipaje y quedo en una
+insensibilidad estúpida, aturdido, sin saber qué hacer, contemplando los
+restos de la catástrofe, viendo cómo el humo rojizo de las locomotoras
+empieza á incendiar el puente de madera.</p>
+
+<p>Por todos los caminos de la campiña llegan corriendo grupos de húngaros
+melenudos. De las casas inmediatas salen mujeres. Abajo aumenta el
+número de los que se agitan junto á los dos trenes y penetran en los
+vagones demolidos.</p>
+
+<p>Una catástrofe estúpida. En la estación de Budapest han dejado salir un
+tren de mercancías á la hora en que diariamente llega el tren de
+Constantinopla. Esto pasa en la Europa central, la de los grandes
+ferrocarriles organizados militarmente, y nadie parece indignado... ¡Y
+después hablamos de las «cosas de España»!...<a name="page_354" id="page_354"></a></p>
+
+<p>Veo de pronto sombras que se interponen ocultándome la luz del sol. Son
+mujeres húngaras, con sus chiquillos: buenas mozas, gordas, morenotas y
+ventrudas, que visten batas de percal y llevan el pañuelo de seda
+formando visera sobre los ojos, lo mismo que las chulas de Madrid.</p>
+
+<p>Sienten la curiosidad de los grandes sucesos, la necesidad de rozarse
+con alguien que ha visto el peligro de cerca, y me hablan en su idioma
+ininteligible, mirándome con simpática compasión. Adivino que me
+preguntan si estoy asustado; se asombran al verme entero, sin un
+rasguño, sin una gota de sangre. Una joven se empeña en hacerme beber un
+vaso de agua. Una vieja, arrugada y negra como una gitana, me pasa las
+manos por el rostro con sonrisa de bruja bondadosa.</p>
+
+<p>El puente es una gran llama que esparce intenso hedor de madera vieja.
+La muchedumbre se agita con vaivenes de audacia y de miedo. Estupendas
+noticias la conmueven, haciéndola huir talud arriba en espantoso
+desorden. ¡Que las locomotoras van á estallar!... ¡Que el tren contiene
+dinamita!... Se esparcen con pánico de rebaño, pero transcurridos
+algunos minutos, la curiosidad tira de ellos otra vez, y descienden la
+cuesta para mezclarse con los empleados y trabajadores, dificultando las
+operaciones de salvamento.</p>
+
+<p>Ha transcurrido cerca de una hora. Por un camino se ve avanzar al galope
+un escuadrón de caballería. Por otros se presentan compañías de<a name="page_355" id="page_355"></a>
+infantería y escuadras de polizontes. Llegan carruajes cerrados, con el
+escudo de la Cruz Roja. Empiezan á descender camillas por la cuesta del
+desmonte.</p>
+
+<p>De los fúnebres acordeones de abajo salen grupos de hombres arrastrando
+bultos inánimes. Uno... dos... tres... cuatro... cinco. ¡Cuándo acabará
+esa extracción horripilante! Junto á mí pasan hombres y mujeres
+sostenidos en brazos y con la cabeza entrapajada. Unos la dejan pender
+sobre los hombros vecinos con mortal desmayo; otros gimen con palabras
+extrañas que no puedo entender.</p>
+
+<p>La caballería da una carga á la muchedumbre curiosa, para limpiar los
+alrededores. Los infantes austríacos entran á la bayoneta, con furiosos
+gritos de los oficiales y victorioso tremolar de sables.</p>
+
+<p>Las mujeres se apelotonan en torno mío, como si mi calidad de víctima
+las sirviese de amparo para permanecer en su sitio... ¿Por qué sigo
+aquí? ¿De qué sirve mi presencia?</p>
+
+<p>Me restriego el pecho, contusionado por el choque de la mesa y el peso
+de mis vecinos. El costillaje me duele cada vez más, al desvanecerse el
+primer aturdimiento de la emoción. Escupo sin cesar, pensando medroso en
+el color púrpura... No; no hay nada roto.</p>
+
+<p>Empleando el idioma universal de la mirada y la seña, coloco una de las
+maletas en la cabeza de<a name="page_356" id="page_356"></a> un muchacho, me defiendo galantemente de las
+mujeres que quieren encargarse de la otra, y escoltado por estas amigas,
+que hablan y hablan sin descorazonarse ante mi silencio, emprendo la
+marcha, al través de campos recién labrados y movedizos, hacia un camino
+por el que veo pasar un tranvía eléctrico.</p>
+
+<p>¿Para qué permanecer aquí, donde á nadie conozco y nadie me entiende?
+Voy á Budapest á tomar otra vez el tren, que me inspira un pánico
+invencible.</p>
+
+<p>Y así entro en la verdadera Europa, á pie, al través de los campos,
+llevando mi hato al hombro, lo mismo que un invasor oriental de hace
+siglos, atraído por los esplendores de Occidente.</p>
+
+<p>&nbsp;</p>
+<p>&nbsp;</p>
+
+<p class="c">FIN</p>
+
+<p>&nbsp;</p>
+<p>&nbsp;</p>
+
+<p>Agosto-Noviembre 1907.</p>
+
+<h3><a name="INDICE" id="INDICE"></a>INDICE</h3>
+
+<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary="">
+<tr><td align="right" colspan="3"><span class="un">Págs.</span></td></tr>
+
+<tr><td align="left" colspan="3"><a href="#CAMINO_DE_ORIENTE"><span class="smcap">Camino de Oriente</span></a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#I">I.</a></td><td>&mdash;La peregrinación cosmopolita. </td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_009">9</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#II">II.</a></td><td>&mdash;Aguas y música.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_016">16</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#III">III.</a></td><td>&mdash;Las mesas verdes.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_023">23</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#IV">IV.</a></td><td>&mdash;La ciudad del refugio.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_031">31</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#V">V.</a></td><td>&mdash;El lago azul.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_039">39</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#VI">VI.</a></td><td>&mdash;Los osos de Berna.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_046">46</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#VII">VII.</a></td><td>&mdash;El lago y el Concilio.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_054">54</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#VIII">VIII.</a></td><td>&mdash;La Atenas germánica.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_064">64</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#IX">IX.</a></td><td>&mdash;El Festival Wágner.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_072">72</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#X">X.</a></td><td>&mdash;El <i>Mozarteum</i>.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_080">80</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XI">XI.</a></td><td>&mdash;Viena la elegante.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_089">89</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XII">XII.</a></td><td>&mdash;El subterráneo de los emperadores.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_096">96</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XIII">XIII.</a></td><td>&mdash;¡Hermoso Danubio azul!.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_105">105</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XIV">XIV.</a></td><td>&mdash;La ciudad de los magyares.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_114">114</a></td></tr>
+
+<tr><td align="left" colspan="3"><a href="#EN_ORIENTE"><span class="smcap">En Oriente</span></a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XV">XV.</a></td><td>&mdash;Los Balkanes.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_123">123</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XVI">XVI.</a></td><td>&mdash;Los turcos.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_132">132</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XVII">XVII.</a></td><td>&mdash;Constantinopla.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_142">142</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XVIII">XVIII.</a></td><td>&mdash;El Gran Puente.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_151">151</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XIX">XIX.</a></td><td>&mdash;Los que pasan por el Gran Puente.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_160">160</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XX">XX.</a></td><td>&mdash;El Gran Visir.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_170">170</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXI">XXI.</a></td><td>&mdash;El palacio de la Estrella.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_180">180</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXII">XXII.</a></td><td>&mdash;El Sélamlik.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_188">188</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXIII">XXIII.</a></td><td>&mdash;Los perros.</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_200">200</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXIV">XXIV.</a></td><td>&mdash;Los Derviches Danzantes</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_210">210</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXV">XXV.</a></td><td>&mdash;El heredero de <i>Las mil y una noches</i></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_229">229</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXVI">XXVI.</a></td><td>&mdash;Santa Sofía</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_249">249</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXVII">XXVII.</a></td><td>&mdash;El Papa griego</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_258">258</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXVIII">XXVIII.</a></td><td>&mdash;Turcas y eunucos</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_275">275</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXIX">XXIX.</a></td><td>&mdash;Los derviches aulladores</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_296">296</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXX">XXX.</a></td><td>&mdash;Libertad religiosa</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_304">304</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXXI">XXXI.</a></td><td>&mdash;Restos de Bizancio</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_319">319</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXXII">XXXII.</a></td><td>&mdash;La Noche de la Fuerza</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_334">334</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right" valign="top"><a href="#XXXIII">XXXIII.</a></td><td>&mdash;La entrada en Europa</td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_346">346</a></td></tr>
+</table>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary=""
+style="border:3px double gray;padding:2%;">
+<tr><th align="center">Estas correcciones hizo el transcriptor del texto electronico:</th></tr>
+<tr><td align="center">cisnes negros de pico de <span class="errata">escarleta</span>=>cisnes negros de pico de escarlata</td></tr>
+<tr><td align="center">al que acuden todos los <span class="errata">extranjeroe</span>=>al que acuden todos los extranjeros</td></tr>
+<tr><td align="center">cabeza <span class="errata">rodeaba</span> de un nimbo=>cabeza rodeada de un nimbo</td></tr>
+<tr><td align="center">para que <span class="errata">á á</span> la salida le suelten medio franco=>para que á la salida le suelten medio franco</td></tr>
+<tr><td align="center">pasando entre resplandores como una aparición <span class="errata">fantásticas</span>=>pasando entre resplandores como una aparición fantástica</td></tr>
+<tr><td align="center">sus <span class="errata">acupaciones</span> en la catedral=>sus ocupaciones en la catedral</td></tr>
+<tr><td align="center">trina el ruiseñor, canta <span class="errata">si</span> mirlo=>trina el ruiseñor, canta el mirlo</td></tr>
+<tr><td align="center">clase de <span class="errata">iufortunios</span>=>clase de infortunios</td></tr>
+<tr><td align="center">todas lujosas, todas <span class="errata">deshabitatas</span>=>todas lujosas, todas deshabitadas</td></tr>
+<tr><td align="center">Podrá creerse superior <span class="errata">ó</span> los demás=>Podrá creerse superior á los demás</td></tr>
+<tr><td align="center">arrendatario de la tierra que <span class="errata">cultima</span>=>arrendatario de la tierra que cultiva</td></tr>
+<tr><td align="center"><span class="errata">poserlos</span> el soberano=>poseerlos el soberano</td></tr>
+<tr><td align="center">todas las mesas <span class="errata">las</span> pedazos de pan olvidados=>todas las mesas los pedazos de pan olvidados</td></tr>
+<tr><td align="center">Eran los patios de la Santa Mezquita, del <span class="errata">temblo</span>=>Eran los patios de la Santa Mezquita, del templo</td></tr>
+<tr><td align="center">volvían los ojos hacia <span class="errata">al</span> hogar=>volvían los ojos hacia el hogar</td></tr>
+<tr><td align="center">para hacer creer en <span class="errata">una</span> suicidio=>para hacer creer en un suicidio</td></tr>
+<tr><td align="center">el <span class="errata">mansjo</span> de sus riquezas=>el manejo de sus riquezas</td></tr>
+<tr><td align="center">enclaustradas <span class="errata">voluntamente</span>=>enclaustradas voluntariamente</td></tr>
+<tr><td align="center">el gesto pontifical, <span class="errata">recomendánme</span>=>el gesto pontifical, recomendándome</td></tr>
+<tr><td align="center">institutrices ingleses y franceses=>institutrices ingleses y francesas</td></tr>
+<tr><td align="center">envuelto en su sotana <span class="errata">uegra</span>=>envuelto en su sotana negra</td></tr>
+<tr><td align="center">creencias de sus <span class="errata">súdditos</span>=>creencias de sus súditos</td></tr>
+<tr><td align="center">abrazar al suya=>abrazar la suya</td></tr>
+<tr><td align="center">láminas de bronce, <span class="errata">qne</span> ciertamente=>láminas de bronce, que ciertamente</td></tr>
+</table>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Oriente, by Vicente Blasco Ibáñez
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ORIENTE ***
+
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+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
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+works. See paragraph 1.E below.
+
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+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
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+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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Binary files differ