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diff --git a/31724-8.txt b/31724-8.txt new file mode 100644 index 0000000..5b294fd --- /dev/null +++ b/31724-8.txt @@ -0,0 +1,6472 @@ +The Project Gutenberg EBook of La gran aldea, by Lucio V. López + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La gran aldea + costumbres bonaerenses + +Author: Lucio V. López + +Release Date: March 21, 2010 [EBook #31724] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GRAN ALDEA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + + + + +BIBLIOTECA DE «LA NACION» + +LUCIO V. LÓPEZ + +LA GRAN ALDEA + +COSTUMBRES BONAERENSES + +BUENOS AIRES +1908 + + + + +LA GRAN ALDEA + + +La obra que va a leerse, fue escrita allá por el año 1882 por el +malogrado doctor Lucio V. López, uno de los espíritus más selectos que +hayan brillado en nuestro pequeño mundo literario, en nuestro foro, en +nuestra política, en épocas en que eran muchos y muy esclarecidos los +hombres que se disputaban el primer puesto ante la pública +consideración, todos ellos con títulos más o menos bien conquistados y +sostenidos. + +No es de este momento ni de este sitio hacer la biografía de Lucio +Vicente López, que--para ser exacta,--tendría que abarcar de paso todo +un periodo de nuestra historia política, a la que su actuación lo ligó +estrechamente. Tenemos que limitarnos a decir que, abogado distinguido y +escritor agudo y sarcástico, las luchas democráticas lo llevaron à las +filas del periodismo, en el que militó, y que nuestros diarios guardan +en sus colecciones, numerosos artículos brotados de su pluma, y que se +hacen notar--como él se hacía notar en la conversación privada,--por su +humorismo, sus epigramas, sus sarcasmos, a veces sangrientos, pero +siempre revestidos de cultísimo y elegante estilo. + +De gustos refinados, Lucio Vicente López cultivaba las bellas letras, +más como catador que como autor, fuera de su papel de polemista +político, que con tanto brillo desempeñó; su ilustración literaria era +muy vasta, como lo era su preparación jurídica, y seguía con algo más +que simple curiosidad y no por mero pasatiempo, la evolución de la +literatura contemporánea, sirviéndole para este estudio sus +conocimientos clásicos, su innato buen gusto y su talento reconocido, +que brillaba en cuanto atraía, siquiera momentáneamente, su atención y +provocaba su acción. + +Pero un día tenía que sentir la necesidad de hacer mover y fructificar +sus capitales literarios, no en ligeros esquicios, como lo había hecho +hasta entonces, sino en obra de ciertas proporciones y de algún aliento. +Esa necesidad de aprovechar lo adquirido, de no dejarlo enmohecer en el +cerebro, como bienes de avaro, le hizo producir _La Gran Aldea_, libro +de observación y de crítica, lleno de vida y de agudeza, en el que +abundan las pinceladas de mano maestra, aunque la novela fuese un +ensayo, el primer paso en un camino nuevo si no desconocido, y por el +que el autor no emprendió viaje otra vez, traído y llevado enseguida por +las luchas ardientes, por los trabajos del foro, por las altas +posiciones que fue llamado a ocupar en el Congreso y en el Gobierno +mismo del país. + +_La Gran Aldea_ nos presenta un boceto lleno de gracia y de «exactitud +caricaturesca», si así puede decirse, de lo que era el Buenos Aires +romántico, el Buenos Aires que apenas han conocido en sus postrimerías +los hombres que hoy cuentan cuarenta años, pero cuyos últimos resabios +suelen aparecer todavía aquí y allá, como fuegos fatuos producidos por +cosas pasadas y muertas hace mucho... el Buenos Aires social, +desaparecido bajo el aluvión extranjero que, sin darle un nuevo carácter +definido todavía, le ha quitado su antigua y peculiar característica, +mezcla de criollismo inveterado y de ingenua imitación europea. + +El título mismo de la obra está diciendo lo que es: el retrato de un +pueblo en marcha rápida y progresiva, pero que todavía no ha dejado los +andadores de la aldea, del villorrio, para andar con el paso seguro de +la ciudad, cuyo aspecto ofrece ya en el exterior, sin que su intimidad +responda a la apariencia. + +La obra es brillante, como todo lo que brotaba de aquella pluma y de +aquel cerebro; tiene defectos, pero, como decía Goldsmith, quién sabe si +esos mismos defectos no constituyen un atractivo más, y si la percepción +no desluciría el libro, quitándole individualidad. + +_La Gran Aldea_ apareció por primera vez en los folletines del _Sud +América_, que acababa de fundarse entonces. En seguida se hizo de ella +una edición de corto número de ejemplares. La gran masa de lectores con +que ahora cuenta nuestro país, no puede conocerla, por lo tanto. Hubiera +sido lástima que el silencio siguiese rodeando a esta novela, leída sólo +por escasos aficionados y cultores de las letras, cuando tiene, por su +humorismo, por su crítica, por la fiel pintura de otros tiempos, otras +costumbres y otros hombres, derecho a convertirse en un libro popular, y +a perpetuar la memoria de su autor, como perpetúa el recuerdo de su +inesperada e injusta muerte, sobrevenida en la plenitud de sus fuerzas, +la vibrante figura de la Protesta, levantada sobre su tumba por el gran +escultor francés... + + + + + _A MIGUEL CANÉ_ + + _mi amigo y camarada_, + + _L. V. L._ + + + + + Qu'on ait trouvé des personnalités dans cette comédie, je n'en suis + surpris: on trouve toujours des personnalités dans les comédies de + caractère comme on se découvre toujours des maladies dans les + livres de médecine. + + La vérité est que je n'ai pas plus visé un individu qu'un salon; + j'ai pris dans les salons et chez les individus les traits dont + j'ai fait mes types, mais, où voulait-on que je les prisse? + + EDOUARD PAILLERON. + + (_Le Monde où l'on s'ennuie_). + + + + +LA GRAN ALDEA + + + + +I + + +Dos años hacía que mi tío vivía en mi compañía cuando, de pronto, una +mañana, al sentarnos a almorzar, me dijo: + +--Sobrino, me caso... + +Cualquiera creería que me dio la noticia con acento enérgico. ¡Muy lejos +de eso! Su voz fue, como siempre, suave e insinuante como un arrullo, +pues mi tío, aunque tenía el carácter del zorro, afectaba siempre la +mansedumbre del cordero. + +¿Y qué tenía de particular que mi tío se casara? ¡Vaya si lo tenía! +Había cumplido los cincuenta y ocho años y apenas hacía dos que mi tía +había muerto. ¡Mi tía! ¡Ah, el corazón se me parte de pena al +recordarla!... Una señora feroz, hija de un mayor de caballería que +había servido con Rauch, que había heredado el carácter militar del +padre, su fealdad proverbial, un gesto de tigra, y una voz que, cuando +resonaba en el histórico comedor de su casa, hacía estremecer a mi tío, +y el temblor de la víctima transmitía el fluido pavoroso a los platos y +a las copas que se estremecían a su turno dentro de los aparadores al +recibir en sus cuerpos frágiles y acústicos el choque de la descarga de +terror conyugal. + +Así pasaban las cosas cuando mi tía Medea purificaba sobre la tierra a +su marido. El espanto dominaba toda la casa: los antiguos retratos al +óleo de sus antepasados, y hasta el del feroz mayor de caballería, +tiritaban entre los marcos dorados, y perdían la tiesura lineal y +angulosa del pincel primitivo que había inmortalizado aquellos absurdos +artísticos; los muebles tomaban un aspecto solemne, y parecían, por su +alineación severa, la serie de los bancos de los acusados; los relojes +se paraban, los sirvientes ganaban los confines de la casa; mi tío, que +comenzaba por esbozar una súplica en su rostro de marido hostigado +durante veinticinco años, concluía por doblar el cuello y hundir su +barba en el pecho, ni más ni menos que una perdiz a la que un cazador +brutal descarga a boca de jarro los dos cañones de la escopeta. Las +imprecaciones y los gritos estentóreos de mi tía Medea se prolongaban +hasta altas horas de la noche; tenía unos pulmones dignos de alimentar +el órgano monstruo de Albert Hall; y sus iras inclementes y casi +mitológicas, brotaban de sus labios como un torrente de lava hablada, en +medio de gesticulaciones y de ademanes dignos de una sibila que evacua +sus furores tremendos. + +Una mujer como mi tía, tenía que ser, como fue, de una esterilidad a +toda prueba. Hasta los quince años yo tuve vehementes dudas sobre su +sexo; aquel retoño de los Atridas no dio fruto a pesar de mi tío. + +Mi tío estaba lejos de ser un apóstol, pero era un santo. + +El lado débil de mi tío era el amor, y esto explicará por qué es que a +los dos años de viudez acaba de declararme que se casa. Mi tío era un +alfeñique delante de una mujer bonita. Decir que se derretía sería poco, +se revenía, se volvía una celda de miel. Al oír una voz juvenil brotando +de una garganta esbelta y alabastrina, al ver un cuerpo elástico y +nervioso modelado por los contornos de la carne viva y suave a la +presión, mi tío, que era flaco y alto como un junco de las islas, gemía +involuntariamente como una arpa eólica, y, no contento con saborear la +estatua con los ojos, cedía, sin querer, el brazo a los movimientos +irrespetuosos de la electricidad animal y gustaba de tocar el buen +señor. + +Convengamos en que el defecto era humano y no grave. Pero ved aquí cómo +dos pasiones contrarias, la cólera crónica de mi tía y la ternura +amorosa de mi tío, habían llegado poco a poco a constituir en él una +segunda persona, en la que se habían transformado todos los rasgos +primitivos de su carácter. El buen viejo había conservado toda su +bondad, toda su mansedumbre; pero, perseguido, acosado, estirado, como +un hilo elástico, por su mujer, se había enflaquecido más de lo que +había sido y había adquirido un tipo físico lógico, con su nuevo +carácter moral: una especie de Tartufo, pero no un Tartufo odioso y +antipático, sino por el contrario, y aunque esto parezca una paradoja, +un Tartufo ingenuo y cándido, a quien Orgon descubría en cada aventura +por la falta de las grandes cualidades jesuíticas que constituyen el +carácter del más alto representante del molierismo... + +Así, mi tío, que turbaba de cuando en cuando la paz del servicio, sufría +siempre la desgracia que nadie sufre en este mundo; lo que no pasa +jamás: que los sirvientes lo delatasen a la señora. El regreso del +paseíto después de comer casi siempre lo colocaba en una situación +crítica y zurda: o la manga de la levita blanqueada por el contacto de +las paredes humanas, o el perfume de un ramo de jazmines, o lo +inmoderado de un nudo de corbata poco defendido, o cualquiera otra +causa, lo entregaban a las garras de la leona, y los celos de Norma +estallaban: + +--¡Viejo libertino y sin vergüenza, inmoral, corrompido, sucio!... + +--¡Pero, Medea!... + +--¡Silencio! ¡hombre sin pudor!... ¡habráse visto canalla igual!... +¡corriendo las calles de noche, echando cuchufletas a las sirvientas en +las puertas de calle! + +¡Vea usted! ¡Esa manga denuncia al canalla! A ver, aunque no quieras, te +he de registrar el pecho... ¡Eh! ¿Qué se me importa que se te arrugue la +camisa? ¡Qué, no veo acaso al viejo calavera degradado en ese moño +indecoroso de la corbata!... ¡Un ramo de jazmines!... ¿Quién te ha dado +ese ramo? Di, hombre infame y malvado. ¿Quién te ha dado esa inmundicia? +¡Puf!... ¡huele a patchoulí! Debe ser alguna guaranga, degradada como +tú... ¡Esta me la has de pagar! ¡Ha de arder Troya! Usted ha manchado mi +familia y mi nombre, arrastrándolo por las últimas capas sociales. ¡El +nombre de los Berrotarán! Si mi padre viviera, ya te habría molido las +costillas; treinta años fue militar, y mi madre no tuvo jamás una queja. +Véalo usted allí, levante los ojos y pida usted perdón al autor de mis +días... ¡marido depravado y perverso! + +Y Pollion caía fulminado por los anatemas. + +Así habían pasado los días del primer matrimonio de mi tío. El hacía _in +petto_ grandes programas de enmienda: se creía un culpable, un malvado, +pero no podía con sus extravíos de ternura, y a fe que tenía razón: mi +tía era refractaria por índole y por naturaleza a todo afecto íntimo, y +sus caricias debían ser, si alguna vez las hizo a alguien, como las +manotadas de una pantera. + +Las impresiones que aquel hogar lleno de movimiento producían sobre mi +espíritu, eran múltiples y variadas. Mi tía Medea nunca dejaba de +echarme en cara que al morir mis padres me había recogido por favor y +como un acto mil veces más caritativo y recomendable que el de la hija +de Faraón, salvando a Moisés de la corriente del Nilo. Mi padre, hermano +menor de mi tío, había muerto joven, y mi madre al darme a luz. Ante la +ley natural, a Dios gracias, mi tía no podía exigirme parentesco. + +En aquel hogar rancio y ridículo yo me había formado sin grandes +afecciones; había crecido lentamente como una planta exótica al lado de +mi pobre tío, que sin duda me quería, y que, no sabiéndose defender a +sí mismo de su terrible compañera, se guardaba por su parte muy bien de +protegerme cuando la brava señora la emprendía conmigo. + + + + +II + + +Me acuerdo, sin embargo, con una memoria vivísima, de los primeros años +de mi niñez. Miraba la vida como pudieran mirarla los hijos del Príncipe +de Gales o los de un Rothschild. Todo lo que me rodeaba, mientras vivió +mi padre, era pobre y de una mediocridad bastante marcada; pero yo lo +encontraba de una belleza, de una abundancia y de un gusto +excepcionales. Nadie me había inspirado estas pretensiones pueriles; por +el contrario, mi padre, cuando me di cuenta de su valor moral, era de +una modestia pristina en su vida. ¡Pero yo encontraba tan hermosa la +vieja casa alquilada! Tan lujosa la sala en que dominaba un gran retrato +de mi madre querida, que tenía, si la expresión se me permite, esa +lástima egoísta que siente uno por los demás niños cuando es niño +también. + +¿Qué hombre, qué mujer, por variada y llena de contrastes que haya sido +su vida, no tiene allá, en el fondo del recuerdo, la fotografía vaga +pero indeleble de las primeras impresiones del mundo? Es una fiesta, un +día de escuela, un encuentro, un juguete, un cariño recibido y devuelto, +el protagonista de ese inolvidable poema de la memoria; la palabra no lo +anima jamás, no se comunica a nadie, porque es tal vez trivial cuando +adquiere formas externas; se acaricia la reminiscencia a solas, +íntimamente, y ella vuelve y retorna siempre a la mente, porque es como +el cimiento de las memorias, el sedimento que han dejado las primeras +impresiones de la vida en el espíritu del hombre. + +La fisonomía de aquel hogar, trunco por la muerte de mi madre, no se +borrará jamás de mi mente. Dormíamos con mi padre en la misma +habitación. Veo todavía aquel teatro célebre de cuentos y juegos +inolvidables; los seis antiguos grabados ingleses de sus paredes, +colgados con poco esmero; seis escenas de los romances de Waverley, +amarillentos y mareados entre sus maltratados marcos, casi siempre +torcidos, pendientes de sus clavos desiguales. + +¡Cuántas veces al adormecerme bajo la media luz de la habitación, +parecíame ver moverse la figura misántropa de Guy Mannering, y de +espanto al verla salir del marco, encogíame todo en el lecho, tapábame +hasta la cabeza y cerraba los ojos para no ver la escena fantástica que +fraguaba contra mí mismo la imaginación calenturienta del niño. Oigo el +tic-tac del antiguo reloj de familia, y el golpe grave de su timbre +resuena en mi oído aún. Recuerdo el miedo que me causaba al despertar en +medio del sueño ese monótono murmullo del silencio nocturno, reagravado +por el bulto humano, horroroso, amenazante, que parecían formar las +ropas de mi padre puestas al acaso sobre una silla, y en cuya ingeniosa +y casual combinación creía ver el cuerpo de un ladrón o de un bandido. +¡Oh! ¡Qué alegría, qué desahogo, cuando la mirada, después de un examen +ansioso, descubría el fatal engaño y los objetos tomaban su forma +natural disipándose el terrible fantasma! + + + + +III + + +Tenía diez años cuando murió mi padre. La última vez que me acercaron al +borde de su cama, me abrazó y me llenó de besos; tendría entonces +cuarenta años, pero representaba sesenta; ¡tanto lo había quebrantado la +terrible enfermedad que lo consumía! + +Espíritu débil, la muerte de su compañera lo había abatido, había hecho +inútil su existencia. Pobre, sin porvenir, esclavo de un empleo +subalterno que servía desde 20 años atrás, carecía de la iniciativa +vigorosa de otros hombres que buscan en los trabajos variados de la vida +el consuelo de los grandes dolores humanos. La monotonía de sus deberes +cuotidianos, ese horrible destino de hacer la misma cosa hoy, mañana y +siempre; el sueldo periódico que jamás se aumenta ni reproduce; la falta +del ideal, de la esperanza, de ese horizonte dorado que persigue toda +criatura en el mundo, abatieron las fuerzas de aquel noble pero +desgraciado corazón, cuyo fin fue como el de una máquina que estalla y +se inutiliza antes de tiempo. + +Mi tío, dominado por su absurda mujer, nos veía poco. Pobre también, se +había casado con ella que tenía una fortuna considerable, y en su casa, +como era natural, dominaba el carácter militar de mi tía, duplicado por +la influencia de su fortuna. + +Sin embargo, el buen tío Ramón, con sus debilidades, pero excelente en +el fondo, al saber la gravedad extrema de mi padre, vino a vernos. + +Los dos hermanos se abrazaron. La palidez de mi padre se confundía con +la blancura de las almohadas de su cama. + +Aunque niño, y sin poderme dar cuenta profunda de aquel solemne momento +de mi vida, lloré amargamente abrazado de su cuello; sentí su último +calor vital con un íntimo estremecimiento de dolor, estreché sus manos +descarnadas, me miré en sus ojos apagados y permanecí mucho, mucho +tiempo a su lado, sollozando y enjugando mis lágrimas. + +Mi padre había abierto un pequeño libro con láminas ordinarias para +distraerme, y yo, sin separarme de su lado, hojeaba casi maquinalmente +sus páginas, y me detenía contemplando los grabados, siempre estrechado +por él. + +--Bien, hijito--me dijo al fin,--vete a recoger, que es tarde ya y yo +tengo que hablar con tu tío. + +Y como yo hiciera un movimiento de cariñosa resistencia para separarme +de su lado, él insistió dulcemente, me volvió a abrazar y a besar muchas +veces y mi tío Ramón me condujo a un cuarto inmediato donde me había +instalado desde que mi padre se agravó. + +Al separármele, quedó en mis manos el libro que habíamos estado +hojeando. Me desnudaron y me acostaron. + +Un instinto, qué sé yo, uno de esos profundos movimientos del alma de +los niños, que son como el germen de todos los variados y tiernos +sentimientos que brotan después en la adolescencia, me hizo no separarme +de aquel libro. Apagose la luz de la habitación, y yo estaba abrazado de +mi precioso recuerdo. Quería protegerlo y ser protegido por él mismo; +era como una prenda de mi padre, que me lo recordaba y me lo reproducía; +lloré mucho sobre él y debí humedecerlo tanto con mis lágrimas, que mis +manos llevaron muchas veces a los labios el sabor amargo del llanto; y +fue así, abrazado de mi libro, defendido el pecho por sus páginas, que +me dormí aquella noche, la última de mi vida en que debía ver al autor +de mis días. Aquella noche murió mi padre, mientras yo dormía oprimiendo +el tesoro conquistado. + +¡Pobre libro mío! A los diez años muy lejos estaba de amarlo por el +valor moral de sus páginas; era el _Ivanhoe_, el primer romance que +debía deslumbrar más tarde mi imaginación virgen de impresiones. Lo +amaba, porque había sido de mi padre: todo era en él precioso para mí, +sus grabados en madera, sus tapas comunes, bastante estropeadas, sus +ángulos doblados por los golpes que sufría, sus páginas descoloridas, en +las que mis ojos inquietos se solían detener de paso. + +El entierro de mi padre fue muy modesto por cierto; murió por la +madrugada, y durante todo el día me tuvieron encerrado en el cuarto en +que me habían puesto, sin dejarme salir de él. En un momento yo +conseguí, sin embargo, escaparme, llevado por esa curiosidad inquieta de +los niños, me interné en las habitaciones que conducían a la sala, y por +la hoja entreabierta logré ver dos largos y gruesos cirios llenos de las +congelaciones de la cera que chorreaba sobre ellos, colocados sobre +enormes candelabros de platina, semejantes a los que había visto en las +iglesias; los candelabros reposaban sobre un tapiz de pana negra raída, +con guardas de oro bastante estropeadas; el olor acre de la cera de los +cirios me hizo un malísimo efecto, y sin darme cuenta de lo que veía, +retrocedí a mi cuarto sin atreverme a seguir adelante. + +Nunca después en la vida he dejado de recordar aquel momento, al aspirar +el ambiente peculiar que forman las velas amarillosas de cera que queman +alrededor del féretro de los que acaban de morir, y aquella impresión de +niño, es otra de las muchas que no se borrarán jamás de mi memoria. + +Mis parientes se dieron mucha prisa en enterrar a mi padre; a eso de las +cinco de la tarde comencé a sentir el murmullo de voces y pasos de +gentes que entraban. Me asomé por la puerta que daba al patio y vi +muchos hombres vestidos rigurosamente de negro que se congregaban en +pequeños grupos, saludándose reverenciosamente los unos con los otros; +todos parecían estar muy tristes y pensativos, a juzgar por la gravedad +de sus rostros. + +Una sirvienta me arrancó de la puerta desde donde yo observaba la +concurrencia lleno de estrañeza, al ver un número tan considerable de +gente en mi casa, donde tan pocas y raras personas nos visitaban. Un +rato después me pareció que el ruido de los pasos aumentaba, como si un +tropel de gente se pusiese en movimiento y poco a poco fui notando que +se alejaba. En la calle se oyeron rodar carruajes, pero el ruido de los +coches también se extinguió y todo quedó en silencio. Entonces me asomé +otra vez por la puerta del patio: había quedado completamente solo, la +puerta de la calle estaba entornada, cerradas las de las habitaciones; +la tarde avanzaba y la humedad de un día lluvioso daba a aquella escena +un aspecto tristísimo. + +Me dio miedo y entré en mi cuarto. + +Mi tía Medea conversaba en las habitaciones inmediatas con cuatro o +cinco señoras viejas y de edades incalculables. Yo me presenté +francamente entre ellas: una me acarició; las otras, incluso mi tía, me +miraron con cierta indiferencia, y yo no debí preocuparme mucho tampoco +de ellas, porque preferí meterme debajo de la mesa del comedor donde +permanecí largo tiempo recorriendo las estampas de mi libro inseparable. + +Las señoras tomaron algunas copas de vino y mi tía tomó dos, diciéndoles +que estaba muy débil, que durante el día no había probado bocado, lo que +probablemente le sirvió de pretexto para comer un plato entero de +bizcochos que habían presentado junto con el vino. + +Aquellas señoras se levantaron al fin, y mi tía con ellas, diciendo a +la sirvienta que me cuidaba, que me tuviera listo para el día siguiente +en que ella vendría a buscarme temprano. + +En efecto, al día siguiente del entierro de mi padre volvió mi tía Medea +a buscarme. Lo primero de que me apoderé para decir adiós a aquel hogar +semejante a un nido abandonado, fue de mi buen libro; nada más deseaba +llevar. + +Quise, sin embargo, recorrer toda la casa antes de partir. + +Se aspiraba en todos los cuartos ese ambiente de tristeza que tienen los +sitios que se abandonan. + +Entré en el cuarto en que mi padre había muerto; todo estaba en +desorden: la cama en el medio, sin colchones, como un esqueleto de +hierro; los armarios vacíos. + +Mi tía Medea había hecho acto de generosidad con los pobres, repartiendo +las ropas de mi padre; la vieja alfombra había desaparecido; las +baldosas contribuían a aumentar lo triste de la escena con su frialdad +glacial; mis buenos grabados ingleses ya no estaban tampoco; algunos +fragmentos de mis juguetes habían sido relegados a un rincón de la +habitación; entré en la sala y vi con júbilo que el retrato de mi madre +estaba allí y que mi tío había dispuesto que lo condujesen a su casa. En +un ángulo de la sala estaban agrupados los cuatro candelabros con sus +cirios apagados, las mechas duras y achatadas sobre la cera, que había +formado al derretirse una masa de coagulaciones semejantes a las labores +góticas de una abadía; a un lado de ellos estaba la manta de pana negra, +raída, con sus guardas galonadas. + +Entraban y salían peones con muebles:--¡Desalojaban! ¡Oh! ¡qué triste es +una mudanza, y cuánto más triste cuando tiene lugar porque han muerto +los que habitaban la casa! ¡Qué triste es ese desorden! ¡Las voces de +las gentes de todas menas que entran y salen; la desnudez en que quedan +los pisos y las paredes; el abandono, el silencio, que van invadiendo +poco a poco! El último trasto que se saca, casi siempre una silla, cuyos +pies desiguales le dan cierto aire de grotesca melancolía, ante el cual +sólo el pincel de Dickens es capaz de levantar el poema que surge de la +observación sentimental de los objetos. ¡Qué momento ese, en que el +último, después de dejar desiertas las habitaciones, cierra la puerta de +la calle tras de sí! ¡El eco cavernoso responde entre los ángulos de los +cuartos abandonados, el eco solo, voz solemne de lo vacío, de la +soledad, de las tumbas! + + + + +IV + + +El cambio de domicilio fue un acontecimiento para mí; la espléndida casa +de mi tío Ramón, mi ropa flamante de luto, la nueva faz de mi vida, +ejercieron en mi espíritu toda la influencia de la novedad. + +Había alguna diferencia, por cierto, entre la pobre morada de mi padre y +la espléndida mansión de mi tío, o más bien dicho, de mi tía, pues todo +lo que había en ella, hasta el último alfiler, como ella decía, era suyo +propio y lo había heredado del famoso mayor Berrotarán, terror de los +indios y loor del ejército. Mi tío Ramón era un pobrete que sólo había +aportado al matrimonio su decencia con lo encapillado, como rezaba la +antigua fórmula testamentaria. + +Se trató de mi educación; mi tío, que se interesaba por mí, quiso +tomarme maestros de idiomas y proporcionarme una enseñanza esmerada, +pero todo fue en vano. + +Mi tía Medea sostuvo con argumentos sin réplica y resoluciones +inapelables, que demasiado había hecho ella consintiendo en cargar con +hijos de otro. + +--¡Si no tiene usted familia, usted solo tiene la culpa! ¡Mi padre tuvo +diecisiete hijos y sólo fue casado dos veces! + +--¡Bien, Medea, tienes razón, yo tengo la culpa! + +--¡Y es usted tan cínico que lo confiesa! + +--¡Pero si es por complacerte!... + +--¡Por complacerme! ¿Y ese es el modo de complacerme? ¡Traerme los hijos +de otros, echar esa carga a su mujer! ¿Por qué no lo ha puesto usted en +un taller, para que aprenda un oficio y se haga hombre? ¿Por qué no lo +ha destinado usted a un cuerpo de línea, para que siguiese la noble +carrera militar? + +--Mira, Medea: es el hijo de mi pobre hermano, lleva mi apellido como +tú, no tenemos hijos... ¿Qué cosa más natural que lo hagamos nuestro +hijo, que lo eduquemos conforme a nuestros medios? + +--¡Ca! No me muelas la paciencia, Ramón, no me impacientes--contestaba +mi tía Medea furiosa.--¡Yo no necesito de tu nombre para nada! +¡Guárdatelo, que para nada me sirve! Yo me llamo Berrotarán y usted es +un pobre diablo, hijo de un lomillero. ¡Sí, señor, de un lomillero! Su +padre de usted era lomillero en tiempo de Rozas. ¡Haga usted lomillero a +su sobrino! + +Mi tío se ponía rojo de vergüenza ante estas contestaciones, y yo, que +no podía darme cuenta de cómo mi tía, tan llena de orgullo y de +pretensiones, había podido casarse con el hijo de un lomillero, decía +para mis adentros que debían haberla casado por fuerza con mi tío Ramón, +porque, de otro modo, no podría explicarse tanta desigualdad de +condiciones. Indudablemente mi tío Ramón había abusado de mi tía, +permitiéndole que lo aceptara por esposo. + +Escenas conyugales como la que acabo de narrar eran muy comunes en +aquella casa. Mi tío estaba completamente sometido; en lo único en que +era incorregible era, como ya lo he dicho, en materias de amor, y por +esta causa se daban los más famosos combates íntimos que tenían lugar. +¿Combates?... digo mal; mi tío no combatía nunca; se entregaba por +completo, rendido a discreción, y mi tía emprendía la terrible ejecución +del marido infiel. + +Mi tía Medea era muy dada a la política; ella pretendía tomar parte en +el Gobierno, y era, por consiguiente, amiga de la situación. + +La época en que yo me criaba era muy agitada. Hacía poco tiempo que se +había dado la batalla de Pavón. Quería mi tía llevarlo todo a sangre y +fuego, y su divisa era «o por la ley o por la fuerza». + +Mi tío Ramón había tenido que inscribirse en uno de los centros +electorales en que la opinión estaba dividida, y aunque con su carácter +muy indiferente por la cosa pública, el buen ciudadano figuraba +pomposamente en la comisión directiva, debido sin duda a la iniciativa +de su mujer, que no admitía excusas, y a sus medios pecuniarios, y no a +su entusiasmo por la lucha o a sus aspiraciones políticas. + +El candidato de mi tía ejercía sobre ella la influencia de un profeta: +no concebía que delante de su figura inspirada y magnífica pudieran +levantarse adversarios; mi tía, como he dicho, era de una virtud agria e +indomable, pero, cuando se hablaba de su orador y de su poeta, una +especie de delirio alarmante la invadía, y si hubiera sido joven y bella +y su ídolo le hubiera dado una cita a media noche, habría ido, loca de +amor, a rendirse a sus caricias omnipotentes, porque perderse con él no +habría sido para ella una falta sino el cumplimiento de un deber +inexcusable. + +Así era por aquellos días el fanatismo político entre las mujeres. El +ídolo político de mi tía, hombre formal, estudioso, lleno de buena fe, +como el profeta de Münster, tenía una especie de virtud inconsciente e +involuntaria para revolver las cabezas femeninas, y a pesar de toda su +gravedad, de todo su juicio, contábase como cierto por los adversarios, +que más de una vez, la crema de la high-life del tiempo, las señoras más +encopetadas de Buenos Aires, le habían hecho manifestaciones públicas de +simpatía en las ventanas de su casa, poniéndolo, en una edad que no era +la de Apolo, en el caso de presidir la asamblea de las mujeres, perorar +ante ellas y echarles las más metafóricas, las más eufónicas, las más +pintadas frases de su cosecha oratoria. + +Por supuesto que mi tío dejaba hacer y jamás demostró celos por aquellos +actos de su mujer; tenerlos habría sido tan temerario como si los +griegos los hubiesen tenido de Júpiter, cuando el rey del Olimpo hacía +sus parrandas nocturnas por sus hogares. + +En el partido de mi tía, es necesario decirlo para ser justo, y sobre +todo para ser exacto, figuraba la mayor parte de la burguesía porteña; +las familias decentes y pudientes; los apellidos tradicionales, esa +especie de nobleza bonaerense pasablemente beótica, sana, iletrada, +muda, orgullosa, aburrida, localista, honorable, rica y gorda: ese +partido tenía una razón social y política de existencia; nacido a la +vida al caer Rozas, dominado y sujeto a su solio durante veinte años, +había, sin quererlo, absorbido los vicios de la época, y con las grandes +y entusiastas ideas de libertad, había roto las cadenas sin romper sus +tradiciones hereditarias. No transformó la fisonomía moral de sus hijos; +los hizo estancieros y tenderos en 1850. Miró a la Universidad con +huraña desconfianza, y al talento aventurero de los hombres nuevos +pobres, como un peligro de su existencia; creyó y formó sus familias en +un hogar lujoso con todas las pretensiones inconscientes a la gran vida, +a la elegancia, y al tono; pero sin quererlo, sin poderlo evitar, sin +sentirlo, conservó su fisonomía histórica, que era honorable y virtuosa, +pero rutinaria y opaca. Necesitó su hombre y lo encontró: le inspiró sus +defectos y lo dotó con sus méritos. + +En vida de mi tía, su casa era uno de los centros más concurridos por +todas las grandes personalidades, y en ella se adoptaban las +resoluciones trascendentales de sus directores. Los grandes planes que +debían imponerse al comité, para que éste los impusiese al público, +salían de allí, y en su elaboración tomaban parte las cabezas supremas, +que deliberaban como una especie de estado mayor, sin que los jefes +subalternos tomasen parte en las discusiones. Lo más curioso era que +aquella gran cofradía creía, o estaba empeñada en hacer creer, que era +el partido quien concebía los profundos programas electorales, y la +verdad era que el gran partido solía convertirse en un ser tan pasivo +como los ídolos asirios, que aterraban o entusiasmaban a las +muchedumbres según el humor del gran sacerdote que gobernaba los +resortes ocultos de la deidad. + +Tenían aquellas reuniones un colorido particular, y más de una vez fui +espectador de las escenas que se producían entre sus altos y profundos +augures. Mi tía no estaba quieta un solo instante; salía y entraba a la +sala en que se congregaban sus correligionarios, atendía a una que otra +visita íntima del barrio en las habitaciones interiores, y volvía de +nuevo por un instante a seguir el hilo de los debates y peroraciones que +tenían lugar. + +Una noche próxima al día de una elección, según creo, se reunieron en +casa de mis tíos aquellos hombres que yo consideraba providenciales. +Desde temprano se habían encendido todas las arañas y candelabros del +salón, y yo, ardiendo de curiosidad, hice todo lo posible por ser +espectador lejano, desde la antesala, de aquella notable asamblea. + +Eran las ocho de la noche y entraban los primeros concurrentes. + +--No me hable usted de la juventud, señor don Ramón, la juventud del día +no sirve para nada--decía a mi tío un caballero flaco, de cuarenta años +largos, con una fisonomía garabateada por la barba y las arrugas del +cutis. + +--Tiene razón, doctor, los jóvenes no sirven para nada.--No te metas, +Ramón, en lo que no sabes--contestaba mi tía furibunda. + +--Vean ustedes, señores: llevar hombres jóvenes a las cámaras sería +nuestra perdición. La juventud del día no tiene talentos prácticos; +¿cómo quieren ustedes que los tenga? ¡Le da por la historia y por +estudiar el derecho constitucional y la economía política en libros! +Forman bibliotecas enormes y se indigestan la inteligencia con una +erudición inútil, que mata en ellos toda la espontaneidad del talento y +de la inventiva. ¡Sí, señores, los libros no sirven para nada! Ustedes +me ven a mí... Yo no he necesitado jamás libros para saber lo que sé. +¡Pero no quieren seguir mis consejos, señor! Los libros no sirven para +nada en los pueblos nuevos como el nuestro. Para derrocar a Rozas no +fueron necesarios los libros; para hacer la Constitución de 1853, +tampoco fueron necesarios, y es la mejor constitución del mundo. Yo soy +abogado y me ha bastado Darnasca para aprender mi profesión. La noción +del derecho se pierde cuanto más a fondo se quieren conocer los textos. +¡Lo mismo es la política! Nosotros no estamos preparados para gobernar +con Hamilton, Madison y Story. ¡El buen sentido, eso basta! ¡Sí, +señores, el buen sentido basta! Yo por ejemplo, no leo sino los diarios, +y el periodismo, señores, es como el pelícano, alimenta a sus hijos con +su propia sangre. ¿Usted ha estado en mi estudio, señor don Ramón, no es +verdad? ¿Ha estado usted? ¡Pues bien! ¿Qué libros ha visto usted? +Colecciones de los diarios en que he escrito, eso sí: la colección de +_La Colmena_, _La Espada de Damocles_, _La Regeneración Porteña_, _El +Gorro de la Libertad_, etc., todos los diarios de que he sido redactor. +¿Pues bien, eh?... he necesitado alguna vez informarme sobre la pesca de +los pengüines en la costa patagónica, cuando he sido ministro, ¿qué he +hecho?... a _La Espada de Damocles_... registro la colección y en 1853 o +54, encuentro el artículo que escribí sobre la pesca de esos moluscos... + +--Pero, doctor, ¿los pengüines no son aves?--observó mi tío. + +--Pero no vuelan, señor don Ramón, y son esencialmente marítimos, y se +pescan en vez de cazarse; por eso es que los clasifico entre los +moluscos, y así los designo en mi artículo de _La Espada de Damocles_. Y +lo mismo que digo de la pesca de los pengüines, digo del gobierno +parlamentario; nos están hablando de las bondades del sistema +bicamarista... Vean ustedes el resultado que nos ha dado en la nación y +en la provincia... Hemos retrocedido, señores, hemos retrocedido veinte +años; nuestro primer acto de gobierno debe ser volver a la cámara única +y poco numerosa. Yo lo he sostenido en un artículo que escribí en 1853 +en _El Gorro de la Libertad_; ahí están los argumentos irrefutables de +mi tesis. La cámara única, señores, no hay nada mejor; ¡basta el buen +sentido para comprender que dos cámaras es el absurdo, señor! Una está +en contra de la otra siempre, y ¿cómo gobernar cuando dos fuerzas +iguales, se chocan? El axioma físico es que dos fuerzas iguales se +destruyen... y la física tiene leyes análogas a la política! ¡No hay +gobierno posible así! ¡La cámara única es lo más sencillo, lo más +expeditivo y lo más cómodo!... + +--Pero los ingleses, señor doctor, tienen dos cámaras--observó uno de +los circunstantes. + +--Permítame, señor; la Inglaterra es un país extravagante, de clima +diferente al nuestro, y se explica el error allí. Pero nosotros tenemos +un clima ardiente y es un peligro grave prodigar las fuerzas y el +número de las asambleas parlamentarias en la República Argentina. Eso es +lo que nos lleva siempre a las oposiciones tenaces. Nuestro partido +perderá el gobierno por eso, señores; por extender el número de las +asambleas. Con una cámara única de veinticinco amigos no seremos +vencidos. Yo se lo he dicho siempre al general:--No le haga caso a don +Benjamín Boston; mire que don Benjamín es de origen norteamericano, +mientras que nosotros debemos seguir la escuela política de Rivadavia. +Don Benjamín es orador muy elocuente, pero no tiene una cabeza política +ni previsora: tiene demasiados libros para ser buen gobernante y jamás +ha escrito en un diario. ¡Pero no se me hizo caso, señor, y ya verán +ustedes los resultados! + +--¡Cuánto me alegro, doctor Trevexo, de que Ramón oiga lo que usted +dice! ¡Cuánta razón tiene usted! Figúrese usted que mi marido se +empeñaba en llenarle la cabeza de librajos a su sobrino y enseñarle +idiomas, y que sé yo qué otras cosas... ¿Para qué?... + +--Todo eso no sirve para nada, señora. Enséñele usted a leer y a +escribir y deje usted al talento que se revele solo. Repito a usted que +en este país los hombres no necesitan estudiar nada para llegar a los +altos puestos. + +¿No me ve usted a mí? + +Acostumbre usted al niño a que lea los diarios y a que guarde recortes +de los artículos que le interesen. A los veinte años sabrá más que toda +su generación. + +--Pero ya ve usted, doctor Trevexo, que el general no debe ser de su +opinión; pocos hombres tienen más libros y papeles que él; un día que +tuve el alto honor de verlo en su casa, salí pasmado de la copiosidad de +su biblioteca. + +--A eso iba, ¡eh! eso iba a contestarle: es que usted ha conocido al +general en su mala época; desde que ha empezado a estudiar ha empezado a +degenerar, ha perdido el brillo de su palabra y la espontaneidad de su +espíritu y se ha envejecido. + +--¿Es posible? ¿Qué es lo que me dice usted, doctor?--interrumpió mi tía +llena de sobresalto. + +--Lo que usted oye: don Buenaventura se ha hecho un indiferente criminal +desde que se le ha ocurrido instruirse. ¿Quién me lo negará? Todo su +talento improvisador se le ha apagado. ¡Qué diferencia del general de +hoy al de otros tiempos; qué improvisaciones las de entonces, qué +discursos, qué proclamas, qué artículos! + +--¡Y qué versos!--agregó mi tío Ramón lleno de buena fe, con el ánimo de +cooperar al elogio. + +--¡No! los versos no han sido nunca gran cosa--contestó el doctor con +impaciencia. + +--¡Oh! perdone, doctor, y ¿_El Matrero_ y _el Mendigo_?--agregó mi tía. + +--¡Pschet! así, así... ¡No! los versos no son su fuerte. Pero los +discursos, las proclamas; aquel discurso contra los ministros de +Urquiza... + +--¡Ah, sí! cuando les ofrecía echar las puertas de los ministerios a +cañonazos a aquellos bandidos--rompió mi tía electrizada. + +--Eso es, eso es, y aquella proclama al pueblo de Buenos Aires: «Os +devuelvo intactas...» + +--No, intactas no; la proclama decía «casi intactas». + +--Bueno, es lo mismo. ¡Qué bellas frases, qué verdades de a puño! ¡Ah, +qué tiempos, doctor! Esos eran tiempos de entusiasmo. Sí, cada vez que +me acuerdo de lo que era Buenos Aires el año pasado no más, me convenzo +de que las porteñas ya no somos lo que éramos; ¡qué unión! ¿Quién se +atrevía a hablar en contra nuestra? No había sino un hombre, un solo +hombre y ese hombre era él. + +--¿Y se acuerda usted de la discusión del acuerdo, doctor? + +--¡Cómo no, misia Medea! + +--Entonces, sí, había decisión popular; las injurias y denuestos que +vomitaron los enemigos de Buenos Aires; ¡aquellos bandidos! las pagaron +caras. ¡Qué barra, qué barra lucida y resuelta; cómo silbaba a los +traidores y cómo aplaudía a aquellos patriotas! + +--Yo tengo presente ese día--observó uno de los personajes que allí +estaban. + +--Es cierto, señor don Pancho, que usted estaba allí--contestó el doctor +Trevexo. + +--¡Cómo no! Yo capitaneaba el grupo principal. + +--¿El de los tenderos patriotas, no? + +--Precisamente; nos habíamos reunido la noche antes en mi tienda toda la +crema de la calle del Perú; Tobías Labao, Narciso Bringas, Policarpo +Amador, Hermenegildo Palenque: la flor del mostrador, que durante la +tiranía de Rozas había estado metida en un zapato, y nos fuimos a la +barra. Cuando hablaba don Buenaventura, lo saludábamos con una lluvia de +aplausos, y cuando los urquizistas pedían la palabra, se armaba la +gorda. + +--¿Pero hubo algunos muy insolentes, no? + +--¡Cómo no! y nos insultaron; pero Buenos Aires triunfó y nos libramos +de Urquiza. + +--Y de los provincianos para siempre. Porque allí se salvó Buenos Aires, +y si no hubiéramos triunfado allí, hoy estaríamos conquistados y +perdidos, señor don Pancho--dijo mi tía exaltadísima, devolviendo el +mate a la mulatilla después de hacerlo roncar con una chupada postrimera +llena de vigor, que aplicó a la bombilla. + +La conversación había llegado a esta altura, cuando los sirvientes +anunciaron a varios caballeros que acababan de llegar. Los recientemente +llegados eran siete u ocho personas. + +Cambiados los saludos de orden y algunas palabras de etiqueta sobre la +salud de las familias respectivas, los circunstantes ocuparon sus +asientos alrededor del salón. + +El doctor Trevexo se sentó en el sofá, al lado de dos caballeros, uno +muy flaco y el otro sumamente grueso. + +El flaco era un hombre alto, con una cabeza diminuta. Entre las cejas y +el pelo tenía una faja blanca que le servía de frente; la boca era +hundida como la de un cráneo, la nariz de un atrevimiento procaz, no por +la enormidad del tamaño, sino por su afligente exigüidad, y, sobre todo, +por la insolencia con que la Naturaleza la había respingado para +presentar al espectador sus dos ventanas, como el hocico de un _crack_ +que olfatea al aire. El gesto peculiar de aquel hombre me sugería la +idea de un ser que vive aspirando un mal olor constante a su alrededor. +Su rostro era una mueca perpetua contra los miasmas, que se exageraba de +una manera alarmante cuando él tenía la pretensión de sonreírse. Los +brazos eran tan largos como las piernas, el pecho era hundido, la +espalda escasa, las orejas parecían dos conchas de ostras y el pescuezo, +sumamente corto para su altura, desaparecía entre la cabeza y el cuerpo, +dándole el aspecto de esas garzas que, para dormitar al sol sobre las +aguas estancadas y verdinegras de nuestras lagunas, enroscan sus +pescuezos longitudinales, tomando la actitud más formal y venerable que +es capaz de tomar un pájaro. + +El otro caballero era lo que se llama un hombre de peso. Si su vecino +del sofá pecaba por su figura angulosa y rigurosamente lineal, éste +pecaba por la prodigalidad chacotona con que la Naturaleza había +empleado las líneas curvas para diseñarlo. La cabeza grande, y aunque +vulgar por la vertiginosa rapidez con que descendía hasta la frente, +exhibía un rostro lleno de majestad y de satisfecha suficiencia. + +El abdomen, ampliamente pronunciado, lo era bastante para poner en +conflicto la resistencia pertinaz de las abotonaduras del chaleco y del +pantalón, a las que estaba confiada la solemne misión de contener sus +formas. La fisonomía tenía grandes pretensiones a la formalidad; pero +yo no sé qué diablos había en aquella cara de luna llena, que me hacía +verla en menguante, a pesar de su redondez. Las piernas eran diminutas, +pero morrudas, el pie pequeño pero ancho; la cara completamente afeitada +y una nariz invasora que hacía contraste con el recogimiento desdeñoso +de la del señor flaco que se sentaba a su lado. + +--Señores--dijo el doctor Trevexo,--ya estamos en _quorum_ y es menester +que comencemos. ¿Quiere usted presidir, señor don Ramón? + +Mi tío, que permanecía de espectador pasivo, salió de su letargo, y, +algo cortado, puso una cara de signo interrogante que descubría toda su +indecisión para desempeñar el alto y difícil cargo que se le proponía. +Mi tía le tiraba de la levita y le decía en voz baja pero resuelta: + +--No, Ramón, guárdate bien de meterte en lo que no sabes. + +Mi tío tragaba saliva y guardaba silencio como un hombre que no sabe qué +partido tomar. Por último rompió... + +--Doctor, si yo no tengo el hábito de estas cosas... No me es posible... + +--Presida usted, entonces, doctor Trevexo--dijo el señor gordo. + +--¿No le parece a usted, señor don Juan?--agregó dirigiéndose al +caballero flaco y ñato que había entrado con él. + +Este hizo una solemne inclinación de cabeza que significaba un signo de +aprobación, y volvió a levantar su cara chata a tanta altura, que pude +verle las cavernas de la nariz en toda su siniestra lobreguez. + +--Bien, que presida el doctor Trevexo,--agregaron varios concurrentes. + +El protagonista de aquella reunión política no se hizo de rogar más. El +asiento central del sofá del salón fue desalojado para el presidente. +Este se sentó, sacó del bolsillo interior de su levita unos papeles, los +desdobló y los puso sobre sus rodillas; se sonó en seguida +estruendosamente la nariz por dos o tres veces, dobló su pañuelo con una +sola mano alrededor del puño y lo depositó en su bolsillo, como un +hombre habituado a todas esas añagazas y posturas preliminares de los +discursos. + +--Señores--dijo,--estamos empeñados en una lucha homérica; de esta lucha +resultará el _ser o no ser_ para nuestro partido. Aquí no estamos todos, +pero no convendría que lo estuviéramos. Una cosa son las reuniones +populares de los teatros y de las calles, otra cosa deben ser los actos +de la dirección y de la marcha de nuestro partido: una cosa son las +batallas en las guerrillas, en las cargas y en los entreveros, y otra +cosa son las batallas en el cuartel general. El elector, el club +parroquial, pueden ir valientemente al atrio a votar, porque no tienen +responsabilidades; el soldado muere en el asalto, en la lucha cuerpo a +cuerpo; la metralla lo quema y lo despedaza, pero muere sin +responsabilidad. La responsabilidad de las grandes luchas electorales, +como de las grandes acciones de guerra, está en los generales: el +soldado no muere sino materialmente, de un bayonetazo, de un tiro de +fusil, de una bala de cañón, de hambre y de sed; pero el descalabro de +una campaña política o militar es la muerte moral de los jefes y la +muerte moral de las cabezas es la muerte del espíritu dentro del cuerpo +vivo: una especie de embalsamamiento inconsciente. + +Tratamos, señores, de formar una lista de diputados. Nada más prudente +que confiar su elaboración a las corrientes encontradas del +pueblo--continuaba el doctor Trevexo sin escupir.--«El Estado soy yo,» +decía Luis XIV. La forma democrática se inspira en el derecho natural. +En la tribu los más fuertes, los más hábiles, asumen la dirección de +agrupaciones humanas: el derecho positivo codifica la sanción de las +legislaciones inéditas del derecho natural y nosotros exclamamos; «¡el +pueblo somos nosotros!» + +--¡Muy bien, muy bien, perfectísimamente! continúe usted, doctor,--le +interrumpió el señor gordo sin poder contener la ola de entusiasmo. + +--Se critica el sufragio universal, pero no se da la razón de su +crítica; el error de los que lo combaten acerbamente, consiste en creer +que el sufragio universal es el derecho que todos tienen de elegir. +¡Error! ¡Grave error, señores! Si las leyes del Universo están confiadas +a una sola voluntad, no se comprende cómo la universal puede estar +confiado a todas las voluntades. El sufragio universal, como todo lo que +responde a la _unidad_, como la _Universidad_, bajo el gobierno +_unipersonal_ de un rector. ¡Unipersonal, fíjense ustedes bien! es el +voto de uno solo reproducido por todos. En el sufragio universal la +ardua misión, el sacrificio, está impuesto a los que lo dirigen, como en +la armonía celeste, el sol está encargado de producir la luz y los +planetas de rodar y girar alrededor del sol, apareciendo y +desapareciendo como cuerpos automáticos sin voz ni voto en las leyes que +rigen la armonía de los espacios. Y declaro, señores, que esto último no +es mío sino del Divino Maestro. + +--¡Pero es admirable!--exclamó el señor gordo. + +--¿Entiende usted, misia Medea?--agregó dirigiéndose en voz baja a mi +tía. + +--No, señor don Higinio, pero yo también lo encuentro admirable como +usted. + +--¿Qué sería de nosotros, señores, el primer partido de la República, el +partido que derrocó a Rozas, que abatió a Urquiza, el partido de Cepeda, +esa platea argentina, en que el Xerjes entrerriano fue vencido por los +Alcibíades y los Temístocles porteños, si entregáramos a las +muchedumbres el voto popular? Nosotros somos la clase patricia de este +pueblo, nosotros representamos el buen sentido, la experiencia, la +fortuna, la gente decente en una palabra. Fuera de nosotros, es la +canalla, la plebe, quien impera. Seamos nosotros la cabeza; que el +pueblo sea nuestro brazo. Podemos formar la lista con toda libertad y en +seguida lanzarla. Todo el partido la acatará; nuestra divisa es +_Obediencia_: cúmplase nuestra divisa. + +--Yo me he permitido formar un proyecto de lista que someto a la +consideración de ustedes--dijo uno de los presentes, joven de hermoso +aspecto, de simpática figura, que hasta entonces había guardado +silencio. + +--A ver, lea usted--dijo el doctor Trevexo. + +El joven leyó su lista en medio del silencio dignísimo de la +concurrencia; dos o tres la aprobaron después de leída, pero los demás, +suspensos de la fisonomía del doctor Trevexo, que demostraba visible +descontento, no articularon una sola palabra de aprobación. + +--¿Qué le parece a usted de esa lista, señor don Ramón?--dijo don +Narciso acercándose al oído de mi tío. + +--Muy buena, muy buena--contestó mi tío. + +--¡Pues a mí me parece muy mala! + +--Y a mí también--agregó don Juan, haciendo el gesto de asco que le era +peculiar. + +--Cosas de muchachos ambiciosos, de mozalbetes: ¡Miren ustedes, qué +atrevimiento! Sólo a la juventud del día puede ocurrírsele tener +pretensiones de figurar en las listas de diputados--murmuraba _sotto +voce_ don Pancho el tendero,--asociándose al grupo de los descontentos. + +--Señores--dijo en voz alta y varonil el joven que había propuesto la +lista,--es necesario llevar fuerzas nuevas a la Cámara, y las fuerzas +nuevas están en la juventud que ha salido ayer de los claustros +universitarios. Yo no tengo las ideas del doctor Trevexo sobre el +sufragio universal; somos un partido oligárquico con tendencias +aristocráticas, exclusivistas aun dentro de su propio seno, a quien se +acusa, y con razón, señores, de gobernar o de querer gobernar siempre +con los mismos hombres, y que repudia toda renovación, toda tentativa +para recibir hombres nuevos en el grupo de sus directores. Pido que se +tome en consideración la lista que he presentado. + +El doctor Trevexo, hombre viejo y resabiado en materia de debates +agrios, contaba con un rebaño muy dócil para perder tiempo en polémicas +apasionadas: había aleccionado a sus adeptos de antemano, y a una seña +suya don Juan, con su voz gangosa, dijo: + +--Quej sje vooote la lijta. + +--Señor, no se puede votar todavía, ni hay para qué votar la lista. Se +votarán los nombres de los propuestos, uno por uno. + +El doctor Trevexo renovó la seña. + +--Quej sje voote la lijta--repitió don Juan. + +--Señores, si se procede de ese modo, nos retiraremos--replicó el joven +con acento resuelto. + +--Retíjrese--contestó a su turno don Juan. + +El joven y el grupo que lo acompañaba, se retiraron. Los hombres de +juicio y de experiencia quedaron dueños del campo. Mi tía supo con +indignación que mi tío Ramón había sido el culpable de que aquella +juventud atrevida hubiese venido a turbar el orden y la paz octaviana de +la reunión. ¡Mi tío Ramón los había invitado! Don Pancho el tendero +echaba sapos y culebras contra aquellos osados, y suplicaba al doctor +Trevexo que los denunciara al jefe del partido al día siguiente. Don +Higinio, como buen estanciero, vecino de campo y de ciudad, renegaba +contra la juventud del día y la Universidad, madre engendradora de +doctores inútiles y de muchachos pillos y botarates. Don Benjamín era +felicitado por la manera severa y eficaz con que había enseñado la +puerta de la calle a los revoltosos. + +Los señores Palenque, don Policarpo Amador, don Narciso Bringas y don +Pancho Fernández, rodearon al doctor Trevexo y la sesión continuó como +si nada hubiese sucedido. + +--¡Pero qué atrevimiento, qué osadía! ¡En mi casa, en mi casa, venir a +promover semejante escándalo! ¡Y pensar, doctor, que es mi marido quien +tiene la culpa de todo!--exclamaba mi tía mirando furibundamente a mi +pobre tío, que durante toda la escena anterior se había conducido tan +obtusamente, que no supo qué partido tomar con los que se marchaban y +con los que se quedaban. + +--He aquí, señores, he aquí, mis amigos, lo que les decía a ustedes hace +un instante sobre la juventud del día!--respondía el doctor +Trevexo.--¡Qué falta de resignación política, qué carencia de sumisión y +de respeto demuestran a los designios superiores de la experiencia! ¡Un +partido! Un partido es una colectividad cuya primer condición de vida es +la obediencia. Y no hay nada más hermoso, nada más eficaz, nada más +eficiente, que ver esa gran máquina humana movida por una sola voluntad +que hace el sacrificio de su raciocinio en nombre de sus grandes ideas +políticas. Ayer no más lo hemos visto; 30.000, 40.000 almas, cuarenta +mil seres racionales, ocupando diez cuadras de la calle Florida, +aplaudiendo a una voz, vivando un nombre, obedeciendo una orden; padres, +madres, hijos e hijas, jóvenes y viejos, lanzados al mar de las pasiones +electorales por una sola voz, riendo a una seña, llorando a otra de +entusiasmo, marchando en procesión y vivando simultáneamente el adorable +nombre de su divino jefe. ¡Eso es partido! + +--¡Viva el doctor Trevexo!--exclamó don Juan. + +--¡Viva!--exclamaron los demás circunstantes, incluso mi tía Medea que +transpiraba de entusiasmo. + +--¿Por quién vota usted, señor don Pancho, para primer candidato de la +lista? + +--Por mi venerado jefe, don Buenaventura. + +--¡Y yo también!--dijo don Policarpo Amador, antes de que le tocara el +turno para votar. + +--¡Y yo!--exclamó don Tobías Labao con la misma anticipación. + +--¡Por el mismo!--gritó, sin esperar que le preguntasen nada, don +Pancho. + +--Por don Buenaventura--agregó don Narciso Bringas. + +--Ramón también vota por él, doctor Trevexo--dijo mi tía;--apunte, +doctor, el voto de Ramón; y si ustedes me permiten votar a mí, yo... + +--Vote usted, señora, vote usted mil veces; la más poderosa válvula +política de nuestro partido es la mujer. Los hombres y las mujeres +coexistimos en la plaza pública. Vote usted, señora, imite usted a las +matronas espartanas que se arremangaban las túnicas y declamaban en la +ágora. + +--¡Mil votos por mi general! + +--Señores, ¿quieren ustedes designar el siguiente candidato?--preguntó +el doctor. + +--Por el doctor Trevexo, señores. Espero que todos me acompañarán a +votar por él--vociferó don Pancho. + +Por el doctor Trevexo, por el primer diplomático argentino. + +El doctor Trevexo era en este momento objeto de toda mi admiración. ¡Con +qué modestia aquel grande hombre, aquel espíritu lógico y concienzudo, +que acababa de exponer tanta doctrina luminosa, recibía las +aclamaciones unánimes de la distinguida sociedad que sabía aquilatar su +talento superior! + +El doctor Trevexo fue aclamado unánimemente, y con la misma unanimidad, +sin que se suscitara divergencia alguna, en una perfecta armonía, fueron +proclamados candidatos don Benjamín, don Pancho, don Tobías Labao, don +Narciso Bringas, don Policarpo Amador y don Hermenegildo Palenque, es +decir, todos los concurrentes menos mi tío Ramón. + +El doctor Trevexo volvió a guardar los papeles en la levita y se +levantó. + +--Señora--dijo a mi tía,--pocas veces nos ha costado más trabajo que en +esta ocasión formar una lista. Pero estoy contento. El jefe la +proclamará mañana, y el partido la recibirá de sus manos consagrada como +una bandera de lucha. + +--¿Confía usted en la victoria? + +--Señora, cuando se dispone, como disponemos nosotros, de las +imaginaciones populares, los hombres desaparecen, surgen las +muchedumbres: la muchedumbre es como el mar, el viento la agita, la +calma la atempera. + +Mañana nuestros nombres serán aclamados por este pueblo, que es un gran +pueblo, porque sabe marchar sin preguntar nunca adonde lo llevan. ¡La +victoria será nuestra! + + + + +V + + +¡Oh, mi niñez! Mi niñez fue triste y árida como esos arenales africanos +que desde a bordo contemplan por largas horas los viajeros al +aproximarse a las costas del Senegal. Tenía doce años y pasaba con razón +por un muchacho imbécil: no sabía leer sino silabeando torpemente; las +letras, formadas en línea, nublaban mis ojos, y al querer mover la +lengua para pronunciar las palabras, la sentía amarrada por ligaduras +crueles, que me hacían tartamudear y sentir delante de los extraños la +herida profunda y venenosa del ridículo. Escribía torpemente y con una +ortografía de la más espontánea barbarie. ¡Oh, mis planas! ¡Cuánto me +costaba hacerlas y qué mal me salían! + +Mi tía Medea no se había preocupado de hacerme enseñar nada. ¿Para qué +necesitaba aprender? El doctor Trevexo ya se lo había dicho: «para +ocupar altas posiciones en este país, no se necesita aprender nada.» Y +tenía razón. Yo me preparaba para las altas posiciones, siguiendo el +consejo al pie de la letra. + +Mi tío Ramón no se conformaba, sin embargo, con aquel sistema de +educación espontánea, y el pobre hombre, en medio de sus devaneos +amorosos, solía dedicarme algunos momentos; él me había enseñado a +deletrear en los títulos de los diarios y bajo su dirección había +aprendido a hacer mis primeros garabatos. + +Vivía en el interior de la casa, entre los criados y criadas: su +sociedad me encantaba, y sería un ingrato si no recordara con afecto a +aquella buena gente con quien pasé los primeros años de mi vida. + +Después de la reunión que acabo de describir, la guerra había estallado +entre Buenos Aires y la Confederación, y aunque mi propósito no es +consagrar muchas páginas a la política, necesito contar la parte que yo +tomé en el entusiasmo guerrero de aquellos días. + +Ya he dicho hasta qué punto llegaba la exaltación de mi tía, partidaria +resuelta de la guerra con toda la buena fe de su alma, creyéndose una +matrona griega, hija de la invicta Buenos Aires, de la Atenas del Plata +y de quién sé yo qué más. + +La batalla de Pavón había tenido lugar el 17 de septiembre de 1861, y la +victoria produjo en Buenos Aires un entusiasmo indescriptible. + +Desde antes que ella tuviera lugar, mi imaginación estaba convulsionada +por los cuentos de los sirvientes de mi casa y por las conversaciones +animadas de sobremesa que sostenía mi tía con sus relaciones. Yo no +pensaba sino en soldados y batallas; tenía cierta disposición genial al +dibujo y pasaba las noches dibujando el ejército y la escuadra de Buenos +Aires en marcha contra Urquiza; y entre las filas de soldados, sobre un +caballo trazado con el más respetuoso cuidado, diseñaba la figura de mi +general, ídolo de mis sueños infantiles, especie de Cid fraguado por mi +fantasía de niño, caricaturado involuntariamente por mi lápiz torpe, y +destinado por la Providencia a aplastar a Urquiza, a quien yo me lo +representaba vestido de indio, con plumas en la cabeza, con flechas y un +gran facón en la cintura, rodeado por una tribu salvaje que constituía +su ejército. + +La noche en que se tuvo la noticia de la batalla, mi tía me sacó a +caminar, para tomar lenguas, como ella decía. + +Las calles estaban cuajadas de gente. Corrían ya los rumores precursores +de la gran noticia. Algunos dispersos habían llegado al Pergamino y +unos proclamaban resueltamente la victoria, otros dudaban del éxito, y +los más tranquilos manifestaban la vacilación que se experimenta en esos +trances. + +No era entonces Buenos Aires lo que es ahora. La fisonomía de la calle +Perú y la de la Victoria, han cambiado mucho en los veintidós años +transcurridos: el _centro_ comenzaba en la calle de la Piedad y +terminaba en la de Potosí, donde la vanguardia sur de las tiendas estaba +representada por el establecimiento del señor Bolar, local de esquina, +mostrador democrático al alba, cuando cocineras y patronas madrugadoras +acudían al mercado, y burgués, si no aristocrático, entre las siete de +la noche y el toque de ánimas. El barrio de las tiendas de tono se +prolongaba por la calle de la Victoria hasta la de Esmeralda, y aquellas +cinco cuadras constituían en esa época el _bulevar_ de la _façon_ de la +gran capital. + +Las tiendas europeas de hoy, híbridas y raquíticas, sin carácter local, +han desterrado la tienda porteña de aquella época, de mostrador corrido +y gato blanco formal sentado sobre él a guisa de esfinge. ¡Oh, qué +tiendas aquellas! Me parece que veo sus puertas sin vidrieras, tapizadas +con los últimos percales recibidos, cuyas piezas avanzaban dos o tres +metros al exterior sobre la pared de la calle; y entre las piezas de +percal, la pieza de pekín lustroso de medio ancho, clavada también en el +muro, inflándose con el viento y lista para que la mano de la marchanta +conocedora apreciase la calidad del género entre el índice y el pulgar, +sin obligación de penetrar a la tienda. + +Aquella era buena fe comercial y no la de hoy, en que la enorme vidriera +engolosina los ojos sin satisfacer las exigencias del tacto que +reclamaban nuestras madres con un derecho indiscutible. + +¡Y qué mozos! ¡Qué vendedores los de las tiendas de entonces! Cuán lejos +están los tenderos franceses y españoles de hoy de tener la alcurnia y +los méritos sociales de aquella juventud dorada, hija de la tierra, +último vástago del aristocrático comercio al menudeo de la colonia. No +pasaba una señora ni un niña por la calle sin tributar los más +afectuosos saludos a la rueda de contertulianos, sentados cómodamente en +sillas colocadas en la calle y presididos por el dueño del +establecimiento. Y cuando las lindas transeúntes penetraban a la tienda, +el dueño dejaba a sus amigos, saludaba a sus clientes con un efusivo +apretón de manos, preguntaba a la mamá _por ese caballero_, echaba +algunos requiebros de buen tono a las señoritas, tomaba el mate de +manos del _cadete_ y lo ofrecía a las señoras con la más exquisita +amabilidad; y sólo después de haber cumplido con todas las reglas de +este prefacio de la galantería, entraban clientes y tenderos a tratar de +la ardua cuestión de los negocios. + +Había siempre en las tiendas de antaño un olor inextinguible a tripe, +porque nunca faltaban cuatro o seis grandes cilindros de tripe inglés +formados a la entrada de la casa que, a su calidad de mercadería de +fondo, reunían la ventaja accesoria de servir de poyos para sentarse, a +los tertulianos habituales del establecimiento. Y después, los +mostradores estaban alfombrados con tripes representando todo un jardín +zoológico de fieras estampadas, tigres, panteras, gatos monteses y +leones rubicundos, reposados majestuosamente sobre paisajes historiados +de selvas de lana con que las fábricas de Manchester reemplazaban en +nuestras mansiones aristocráticas de entonces la carencia de Aubuisson y +de gobelinos. + +¡Qué agilidad aquella con la que el patrón, apoyándose sobre la mano +izquierda, saltaba el mostrador! Qué gracia con la que desplegaba ante +los ojos de los clientes, de un golpe, y como un prestidigitador, la +pieza de percal, de muselina o de _barège_ envuelta alrededor de la +tablilla que quedaba desnuda de su preciosa mercancía, abandonada +indiferentemente sobre el mostrador. Qué elasticidad de movimientos, qué +vertiginosa rapidez, la que el tendero de aquel tiempo desplegaba para +medir sobre la vara, el lote vendido, dejándolo amontonarse +ampulosamente sobre el mostrador con elegante negligencia, acariciando +el género con los dedos, llevándolo a los ojos de la compradora, +poniéndoselo en la mano, refregándolo para justificar la falta absoluta +de goma y otras añagazas de fábrica, y hasta trayendo el único vaso de +la trastienda lleno de agua para ensopar en él el extremo de la pieza de +muselina y justificar la tinta indeleble de la tela. + +No había marchanta que resistiera a las gracias, al donaire y a la +fuerza de las evoluciones de aquellos hechiceros. + +Pero éstos eran los tenderos _dandys_; había además los tenderos +sirenas, llamados así porque su cuerpo estaba dividido por la línea del +mostrador como el de la encantadora deidad de los mares está dividido +por la línea del agua. + +El tendero sirena era ser humano desde la cabeza hasta el estómago y +pescado desde el estómago hasta los pies. De busto correcto, su medio +cuerpo no dejaba nada que desear desde el punto de vista de la +elegancia; desde la parte exterior del mostrador el parroquiano no +tenía nada que observar, pero la sirena no podía salir del mostrador sin +peligro, porque, como ese era su elemento, si lo abandonaba, mostraba +por fuerza la cola indecorosa: el tendero sirena usaba levita de faldón +largo para economizarse el uso de los pantalones, y zapatillas para +ahorrarse las incomodidades del calzado; de modo que el mostrador servía +para cubrir la parte menos bella, pero no por eso menos interesante de +la estatua. + +Entre los príncipes del mostrador porteño, el más célebre sin disputa +era don Narciso Bringas: gran tendero, gran patriota, nacido en el +barrio de San Telmo, pero adoptado por la calle del Perú como el rey del +mostrador. No había mostrador como el de aquel porteño: todo el barrio +junto no era capaz de desdoblar una pieza de madapolán y de volverla a +doblar como don Narciso; y si la pirámide misma le hubiera querido +disputar su amor a Buenos Aires, a la pirámide misma le habría disputado +ese derecho. + +Lo tengo tan presente, que si fuera pintor podría hacer su retrato de +memoria y con los ojos cerrados: petizón, piernas cortas, movible como +una ardilla, muy cabezón, largos cabellos ensortijados y una frente +ancha y espaciosa que revelaba todos sus talentos. Sus manos parecían +alas, sus ojos luciérnagas; su voz meliflua e insinuante atraía +simpáticamente y tenía un vocabulario propio, que el mismo Molière +habría envidiado para dotar con él a las mujeres sabias. + +Gran patriota, había tomado parte en la revolución de septiembre y en +Cepeda, cuyos episodios narraba noche a noche explicando las causas más +remotas del desastre con razones convincentes. Pero, si en medio de la +narración alguna dama del gran mundo, y sobre todo de la gran política, +penetraba en la tienda, don Narciso abandonaba la tertulia, saltaba el +mostrador, mandaba alinearse a los dependientes desde el principal hasta +el cadete, y comenzaba la batalla de los trapos con una serie de +operaciones estratégicas que lo conducían indefectiblemente a la +victoria por una combinación de procedimientos tan lógica como la que +empleara Napoleón en sus campañas. + +Cuando logré conocerlo a fondo, me convencí de lo mucho que valía. Tenía +entre sus variadísimos talentos el de afinarse a las condiciones del +marchante, ni más ni menos que como se afina un violín a la nota que da +el director de orquesta. Don Narciso subía o bajaba el tono según la +jerarquía de la parroquiana: dominaba toda la escala; poseía toda la +preciosidad del lenguaje culto de la época y daba el _do_ de pecho con +una dama para dar el _si_ con una cocinera. + +Los tratamientos variaban para él según las horas y las personas. Por la +mañana se permitía tutear sin pudor a la parda o china criolla que +volvía del mercado y entraba en su tienda. Si la cliente era hija del +país, la trataba llanamente de hija; hija por arriba e hija por abajo. +Si él distinguía que era vasca, francesa, italiana, extranjera, en fin, +iniciaba la rebaja, el último precio, el se lo doy por lo que me cuesta, +por el tratamiento de madamita. ¡Oh! ese madamita lanzado entre 7 y 8 de +la mañana, con algunas cuantas palabras de imitación de francés que él +sabía balbucir, era irresistible. + +Durante el día, los tratamientos variaban entre hija e hijita, entre tú +y usted, entre madamita y madama, según la edad de la gringa, como él la +llamaba cuando la compradora no caía en sus redes. + +A esas horas del día la _toilette_ de don Narciso era negligente; pero +daban las cuatro, y, no bien había entrado el gallego cuotidiano con las +viandas, don Narciso se engolfaba en los antros profundos de la +trastienda, sacaba del interior del mostrador un pan de jabón de España, +se lavaba con él, en un lavatorio cojo de hierro con pies de sátiro, y +a la luz de un cabo de vela, se acariciaba el cuello y la pechera de la +camisa para quitarles el aspecto marchito que la labor del día les había +impreso; tomaba el peine desdentado de su uso y se peinaba sin agregar +otra pomada a sus ensortijados cabellos que un poco de goma de membrillo +elaborada por él mismo para su uso particular. + +Aderezado de esa manera, ahorcábase en sus cuellos a la _degollée_, muy +en moda entonces, y con una corbata con los colores de la patria; comía +en un verbo, hacía comer a los muchachos, y en cinco minutos ocupaba +majestuosamente su trono en el primer extremo del mostrador, campo de +sus hazañas, donde, apoyado con toda la elegancia de que era capaz, +pasaba la hora estéril del crepúsculo hasta que la noche llegaba y la +_high-life_ de aquella época entraba a disputarse las novedades de lo de +Bringas. + +Mi tía Medea era gran parroquiana de lo de don Narciso y tenía esa +inclinación garrulera, común en ciertas señoras, de departir con el +tendero todas las novedades de la crónica del día. + +Aquella noche no se hablaba sino de política, y solamente los que hemos +vivido bajo la atmósfera caliente del Buenos Aires de entonces, podemos +apreciar la importancia que tenían las pláticas de los mostradores de la +calle del Perú y de la calle de la Victoria, y la concordancia de miras +sociales y politiqueras que existía entre don Narciso Bringas y mi tía +doña Medea Berrotarán. + +Era natural, pues, que aquella noche mi tía se dirigiera a lo de +Bringas. + +--¡Viva la patria!--exclamó don Narciso al vernos entrar. + +--¡Viva!--repitió mi tía;--supongo que usted me anuncia el triunfo, don +Narciso. + +--El triunfo más completo, señora: Urquiza ha sido completamente +derrotado, y todo su ejército muerto o prisionero; la guardia nacional +de Buenos Aires se ha batido de guante blanco, Jouvín legítimo. Yo solo +he vendido doscientos pares de tirita. + +--Una ballenera que ha llegado de Zárate, ha traído la noticia de que +Urquiza ha sido hecho prisionero--agregó uno de los que estaban en la +tienda. + +--¿Será posible?--exclamó mi tía. + +--Sí ha de ser, señora, no le quepa duda; si la mozada que iba en el +ejército, era de mi flor. + +En ese momento se oyeron las detonaciones de algunos cohetes que +estallaban a no muy larga distancia. + +--¡Cohetes!--exclamó don Narciso,--boletín, ese es boletín! Vaya, +Caparrosa--agregó dirigiéndose al muchacho cadete de la tienda,--vaya y +compre el boletín de un salto, y véngase volando. + +El cadete, que estaba detrás del mostrador, dio un brinco como un gamo, +salvó la valla y tomó la calle por suya en dirección a la imprenta en +donde reventaban los cohetes sin cesar. + +Al mismo tiempo, un tropel de gente se dirigía a la calle Victoria, +donde se aglomeraba la muchedumbre que esperaba la noticia. + +Mi tía tomó asiento en lo de Bringas con el fin de esperar el anhelado +boletín, y como el cadete que había ido en su busca tardase demasiado, +don Narciso despachó otro dependiente más, y detrás de él salieron tres +o cuatro parroquianos, cuya impaciencia por conocer las nuevas no les +permitía esperar. Mi tía, que no era mujer de esperar, se puso también +en marcha hasta la bocacalle y me arrastró consigo. + +En una vieja casa de la vereda norte de la cuadra de Victoria entre +Bolívar y Perú se agolpaba la muchedumbre, y de cuando en cuando un +cohete volador que partía desde el interior de la casa, atronaba los +aires. + +Mi tía pujaba por abrirse paso, haciendo esfuerzos inauditos para +conservar la manteleta sobre los hombros. En la puerta de la imprenta un +joven de veintidós años, más o menos, parado sobre una mesa que +interceptaba completamente el zaguán de entrada, repartía con dos o tres +hombres el boletín de noticias que acababa de imprimirse, y contestaba +vivamente a las diferentes preguntas que le hacían los parroquianos con +una vocecita tiple y chillona, que en vano se esforzaba por hacer +varonil. + +Los compradores que conseguían obtener su boletín, salían corriendo +después de haber luchado por romper la verdadera muralla humana que +cerraba la calle. + +Mi tía se engolfaba cada vez más en el pelotón de gente aglomerada. +Caparrosa, el cadete de Bringas, un galleguito ladino y vivaracho, había +conseguido treparse en una reja, y enfilando casi por una tangente al +joven que vendía los boletines en la entrada, le gritaba: + +--A mí, don Jacinto, a mí; me manda don Narciso. ¡Eh, don Jacinto, eh! +don Jacinto, don Jacinto, soy el cadete de lo de Bringas. Uno para mí, +aquí tiene el peso--y mostraba el billete hecho pelotón entre los dedos. + +El interpelado, después de mucho rato, y aturdido probablemente por los +gritos de Caparrosa, lo vio al fin trepado en la ventana y metiendo +apenas la cabeza en dirección al zaguán y arrugando el boletín para +tirárselo, le gritó: + +--¡Largá el peso! + +--Ahí va, don Jacinto, ahí va, agárrelo, ahí va--y Caparrosa tiró su +peso con tal maestría, que don Jacinto lo cazó en el aire, ni más ni +menos que un gato caza una mosca al vuelo. + +Caparrosa tomó el boletín y trató de descolgarse de la ventana; pero mi +tía, que ya había conseguido abrirse una brecha y tomar posiciones, le +gritaba: + +--No te bajes, muchacho, no te bajes, cómprame a mí otro, espera--y +diciendo y haciendo, forcejeaba su ridículo que se obstinaba en no +abrirse, hasta que, después de mucho forcejear, pescó un peso, y +estirando todo cuanto le fue posible el brazo derecho, lo alcanzó a +Caparrosa que continuaba trepado en la ventana. + +--Otro, don Jacinto, otro boletín para la señora de Berrotarán: ¡Pshit, +pshit, don Jacinto! ¡Otro boletín!--seguía gritando y accionando +Caparrosa con la única mano libre que le quedaba en su envidiable +posición de la reja. + +--Largá el peso--volvió a contestar don Jacinto. + +--Ahí va, ahí va el peso, barájelo--y Caparrosa tiró el peso, y don +Jacinto lo volvió a cazar en el aire. + +Caparrosa se descolgó por fin de la reja con sus boletines, y junto con +él, mi tía y yo comenzamos a forcejear para abrirnos paso a través de +la multitud. + +Al cabo de unos minutos salía mi tía bañada en sudor de aquel combate; y +acomodándose la gorra sobre los _bandeau_, entraba triunfante en lo de +Bringas con un boletín en la mano. + +--¡Triunfo completo; aquí está, véalo, léalo usted! + +Don Narciso tomó el boletín, mi tía se sentó en una silla y los demás +circunstantes rodearon al lector. Don Narciso leyó con voz conmovida. La +victoria era completa. A la lectura de cada nombre de guerrero, las +exclamaciones de júbilo de los oyentes interrumpían al lector. + +De repente, la frente de don Narciso se nubla, mira a mi tía, mira a los +demás circunstantes, levanta al cielo sus ojos, y, con la voz más +quejumbrosa y desgarrante, exclama: + +--¡El Conde romano, muerto! + +--¿El Conde romano? ¿Qué ha leído usted? ¡No puede ser! ¡Debe usted +haber leído mal!--exclamaba mi tía sumamente afligida. + +--Sí, señora, sí, lea usted, vea: «tenemos que lamentar por nuestra +parte la muerte del joven Conde romano...» + +--¡Ah, qué lástima de joven! ¡qué pena, qué dolor! Más de una muchacha +se va a morir de tristeza: Joaquinita por ejemplo, la de Alegre, está +perdidamente enamorada de él; en cuanto lo veía pasar a caballo, +envuelto en su capa gris, aquella muchacha no se podía dominar y salía a +la puerta de calle para verlo. ¡Pobre joven! + +--Y la de Vargas, Victorita, lo mismo; aquí lo encontró una noche y no +le quitaba los ojos--dijo don Narciso. + +--¿Y qué será del ejército enemigo?--preguntó uno de los parroquianos. + +--Se lo ha llevado el diablo, pues; eso no se pregunta. + +--Deme mi boletín, don Narciso; me voy a casa a darle la noticia a mi +marido, que estoy segura de que no sabe nada de lo que ha sucedido. + +--Muy buenas noches, misia Medea. Ya sabe que tengo rica cinta celeste y +blanca, y coco con los colores de la patria para que usted se sirva +cuando regrese el ejército de campaña. Como usted ha de adornar su +frente... + +--¡De seguro! con usted y con toda su tienda cuento... ¡Ah! la muerte +del Conde romano no me permite gozar de la noticia por completo. + +--Vamos, vamos, Julio, y mi tía me indicó el camino para salir. + +--¿Y este niño es de usted?--preguntó uno de los visitantes. + +--No, señor, yo no he tenido nunca hijos; este muchacho es un sobrino de +mi marido, hijo de Tomás, que murió hace tiempo. + +--¿Qué Tomás?--preguntó a media voz el interpelante a don Narciso, sin +que mi tía pudiese oírlo. + +--Don Tomás Rolaz, hermano de don Ramón, aquel empleado de la +contaduría... ¿no se acuerda usted, hombre? + +--¡Ah! sí, ¿uno muy urquizista? + +--El mismo. + +--¡Ah! Adiós, amiguito--me dijo el señor curioso, que tanto se +interesaba por saber de mí, tomándome del brazo y deteniéndome mientras +mi tía ya pisaba la calle;--adiós... cuatro balas merecía éste como el +padre--agregó en el mismo umbral de la puerta, frunciendo el gesto. + +Yo me escurrí y me prendí del brazo de mi tía, llevando impresa la +fisonomía de aquel señor, en quien había tenido la desgracia de levantar +tanto odio y tanta pasión de venganza. + + + + +VI + + +Cuando llegamos a casa, mi tío, contra todos los cálculos de mi tía +Medea, ya sabía la noticia de la batalla. + +La casa estaba llena de gente, como de costumbre. Se repetían los +comentarios que habíamos oído en lo de Bringas; la muerte del Conde +romano producía entre las visitas extensas lamentaciones y tremendas +protestas contra los cobardes enemigos. + +Mi tía contó cómo había conseguido comprar uno de los primeros +boletines. + +A cada momento entraban sirvientes trayendo recados para ella: el doctor +Trevexo la había mandado felicitar; los ministros habían hecho otro +tanto; el señor Amador y el señor Palenque habían venido a hacerlo en +persona. Mi tía rebosaba de orgullo y de entusiasmo. + +Yo me retiré poco a poco de la sala y me fui en busca de los sirvientes +que departían el mismo tema en las habitaciones interiores de la casa; +las mulatas y negras de la servidumbre cotorreaban a destajo sobre +política. + +Solamente mi buen compañero Alejandro, un mulato que había estado al +servicio de mi padre, guardaba silencio y mostrábase taciturno ante el +alborozo de los demás. + +Yo adoraba a Alejandro; tenía por él una profunda admiración; era el +único en la casa que le hacía frente a la tigra, como él llamaba a mi +tía. Era Alejandro un pardo alto, delgadito, enhiesto y flexible como un +álamo: tenía la cabeza admirablemente puesta sobre sus hombros; entre +los sirvientes tenía vara alta, como se dice; todos le llamaban don, y +más de una le hacía ojos tiernos, porque Alejandro era _as_ entre la +gente de color. Era cochero de mi tía, y cuando Alejandro empuñaba las +riendas de la calesa de la señora de Berrotarán, los tordillos negros de +mi tía, al tomar el trote largo, eran la pareja más famosa que por +aquellos tiempos trotaba en la calle de la Florida y en el camino de +Palermo. + +Alejandro, del cual yo hacía lo que se me antojaba, no parecía muy +satisfecho con las noticias que corrían por la ciudad aquella noche. Yo +estaba desvelado con la excitación natural producida por los sucesos, y +mi cabeza no pensaba sino en batallas y soldados. + +Conseguí fácilmente que Alejandro me acompañara a mi cuarto: mi tío me +había regalado varias cajas de solados de plomo, entre los cuales +figuraba un regimiento de caballería en cuyo jefe yo creía entrever la +figura invencible y milagrosa de don Buenaventura, el general y +candidato de mi tía. Los detalles del boletín leído en lo de Bringas, me +quemaban los sesos. La primera vocación de un muchacho es la guerra: +tener un sable, un fusil, un cañón, aunque sean de juguete, generalmente +por ahí terminan los hombres entre nosotros. Tener una o varias cajas de +soldados, formarlos, hacerme la ilusión de que aquello es un ejército, +ese era mi ideal en aquellos días. + +Alejandro, que me comprendió, se echó al suelo largo a largo en mi +cuarto, encendimos dos velas, las pusimos sobre la alfombra y comenzamos +a formar las dos hileras de guerreros de estaño, una frente de la otra. +Por demás está decir que en el ejército de Alejandro figuraba la broza +de mis cajas de soldados; el enemigo no merecía otra cosa, mientras que +en el mío, las filas estaban compuestas por infanterías y caballerías +recién salidas de la plomería. Frente a mi línea de batalla, cabalgando +en un corcel blanco en actitud de galopar, con elástico y pluma, sable +desenvainado, yo había colocado a mi general. A su turno, Alejandro, +sirviéndose de un soldadito roto, había puesto el suyo al frente de su +línea y para provocarme me decía: + +--¡Este es don Justo, mi patrón! + +--¡Muera don Justo!--le grité yo, y, sirviéndome del proyectil +recíproco, que era una pelota de goma, envié la primera descarga al +campo enemigo, consiguiendo derrumbar toda una hilera de la tropa de +Alejandro. + +--¡Allá va!--me contestó Alejandro;--y la pelota entró por mi campo, +llevándose el primero por delante a mi invicto general. + +Lancé una mirada furibunda a Alejandro por aquella falta de respeto y +con toda la energía de mis dedos volví a parar a mi capitán sobre el +campo de acción; pero Alejandro, con una pasión pueril y tenacísima, +volvió a sembrar la muerte y la desolación en mi campo por medio de un +nuevo pelotazo que dirigió contra mi ejército. + +--¡Basta! no quiero jugar más--le dije con mal humor;--mira, Alejandro. +¿Conoces la tienda de Bringas? ¿Sabes dónde es? + +--Sí, niño ¡cómo no! ¿Por qué me lo preguntas? + +--Porque esta noche hemos estado allí, y un señor alto preguntó quién +era yo, y al salir, me dijo que yo merecía cuatro balas, como las +hubiera merecido papá... ¿Por qué me ha dicho eso ese señor? + +--Porque su papá no era como usted, partidario de ese general de estaño +que usted quiere tanto. + +--¿Y cómo lo es mi tío Ramón? + +--¡Bah! su tío Ramón es un zonzo; ni tiene opinión ni sabe dónde tiene +la nariz; le tiembla a la tigra, y a usted le ha dicho eso algún tendero +adulón de los de por acá que conoció a su papá. + +--Pero ¡qué! ¿papá hizo algún mal a ese señor? + +--Ya lo creo, no tenía la misma opinión de él. + +--Pues ¿y mi tía? + +--Su tía es la que da la voz y el voto aquí, menos a mí, que, al fin y +al cabo, uno de estos días le voy a dar un susto haciendo desbocar los +caballos y echándola a una zanja por exaltada. + +--¿Entonces yo debo pelear contra don Buenaventura? + +--¡Pues ya lo creo, y ahí va un pelotazo más!--Y Alejandro acabó de +derribar todos los soldados de mi ejército, mientras yo, pensativo, +vacilante en la bondad de mi causa, dejaba hacer, sin atreverme a tomar +la ofensiva. + +Aquella noche me costó dormirme; era día entrado ya, cuando me desperté +en medio del sobresalto de un sueño en que me veía amarrado a un árbol, +y en momentos de ser fusilado por el señor de la tienda. + + + + +VII + + +Una tarde del mes de enero entró mi tío Ramón a casa con la noticia de +que al día siguiente desembarcaría indefectiblemente el ejército +vencedor por el muelle de pasajeros. Hacía días que se venía anunciando +el regreso de las tropas, y mi tía, cuya casa estaba situada en una de +las principales cuadras de la calle de la Victoria, aceptando la oferta +de su gran amigo correligionario don Narciso, tenía ocupadas a todas las +sirvientas de la casa en coser piezas y piezas de coco blanco y azul +para adornar los balcones con ellas y con una gran cantidad de banderas +y gallardetes de toda clase que le había prestado, según ella contaba, +un comisario de policía, gran amigo suyo. + +Mis tíos habían invitado a todas sus relaciones para ver pasar las +tropas desde los balcones, y Alejandro, bastante mal humorado por +cierto, pasó toda esa tarde y parte de la noche en invitar por recado a +todas las amistades de la familia. + +Al día siguiente reinaba en la ciudad un inmenso entusiasmo; hombres y +mujeres hervían en el puchero porteño, como diría el autor del _Diablo +Cojuelo_. Todas las elegancias, todo el caudal de las modas habían sido +reservadas para aquel día. Muchas matronas de peso, que hoy han trepado +la cima de los cincuenta, eran criaturas adorables entonces y esperaban +con las manos llenas de flores y coronas el desfile de sus guerreros +predilectos, hoy maridos vichocos o solterones embalsamados, que purgan +el delito de su inconstancia en el Club del Progreso reflexionando sobre +una mesa de dominó. + +Me habían vestido de nuevo aquel día, y mi tía, que participaba de la +alegría general y gozaba por consiguiente de un buen humor excepcional, +me había trazado un programa deslumbrador, cuya primera parte consistía +en que yo no ocupara un sitio en los balcones, porque no había lugar, en +cambio de ir al Bajo a ver las tropas con Alejandro y por la noche al +teatro con mi tío. Yo bailaba de júbilo. Ir a la fiesta solo, con +Alejandro, era una dicha; el mulato reacio y voluntarioso, se había +obstinado en no salir y, encerrado en su cuarto, se negaba a +complacerme; pero fueron tantas mis súplicas y mis empeños, que al cabo +cedió, y muy de mañana nos pusimos en marcha para el muelle. La ciudad +estaba completamente embanderada; yo seguía absorto de la mano de +Alejandro, que, caminando con desdeñosa indiferencia, procuraba quitarle +la vereda a todo aquel en quien él creía encontrar un transeúnte alegre. +Entramos a la plaza Victoria; frente a la Policía se levantaba un arco +adornado con banderas patrias y grandes palmas de sauce llorón. Yo quise +ver el arco, como era natural, a pesar de la resistencia de Alejandro. + +--¡Vamos, vamos, llévame--le decía. + +--¡Bonita cosa quiere ver! no pierda el tiempo en ver mamarrachos; +vámonos. + +Pero tanto hice, que el mulato tuvo que ceder, y llegamos al arco que a +mí me pareció colosal. + +--Vamos, pues, niño; vamos. + +--Aguárdate, vamos a leer lo que dice allí--y yo, que no era muy fuerte +para leer de corrido, me puse a deletrear los motes de los +bastidores:--«_Men-gua y bal-dón a los cobar-des que aban-do-na-ron a +sus herma-nos en la ho-ra del pe-li-gro_». + +--¡Mengua para ellos!--me contestaba Alejandro, taimado. + +--Demos vuelta, vamos a ver lo que dice del otro lado del arco. + +--Si no debe decir nada--me replicaba Alejandro... + +--Sí, sí, vamos--y obligándolo a dar vuelta, me encontré con otro +letrero.--No ves, porfiado,--le dije,--como aquí también han +escrito.--¿A ver lo que dice?--Y después de mucho esfuerzo, +deletreé:--«_Se-pul-cro del úl-timo de los ti-ranos.--Des-truc-ción de +los úl-ti-mos res-tos de la maz-horca_». + +--¡Ah, perros! ¿Eso han puesto? + +--Eso, sí, ¿y qué tiene de malo? ¿Por qué te enojas? + +--Porque todo eso es mentira, niño; es puro papel pintado, como todo lo +que manda hacer el doctor Trevexo. + +--Pues estás equivocado; ese letrero no lo ha puesto el doctor Trevexo, +sino mi tía Medea: ella lo escribió el otro día y yo le oí decir que era +para que se pusiera en uno de los arcos de la plaza. + +--¡Ah, tigra! Sólo ella es capaz de tanta rabia--dijo Alejandro +contemplando con ira el arco y levantando el puño en señal de amenaza. + +Atravesamos la plaza y descendimos al Bajo por la calle de Rivadavia. +Una inmensa turba, compuesta de gente de todas menas, llenaba la vereda +y la calle, y se agolpaba contra la baranda de hierro de la muralla que +da sobre el río. + +Todos miraban el horizonte. El río estaba en bajante, y mucha gente +curiosa ocupaba la playa, donde un enjambre de pilluelos saltaba y +retozaba por las toscas. No faltaban personas graves que, armadas de +anteojos de teatro, escudriñasen el río y consultasen con sus vecinos +los puntos más remotos que se dibujaban en el límite del agua con el +cielo. + +--¿No le parece, señor, que han de venir por allí?--decía un hombre a +otro que, valido de un pequeño anteojo de larga vista, interrogaba el +horizonte con majestad. + +El interpelado no contestaba nada, y parecía resuelto a emplear la más +estudiada reserva con su interlocutor, que se mostraba sumamente +interesado en trabar relación con él. + +--¿Es telescopio ese?--insistió el oficioso. + +El dueño del anteojo no contestó nada. Semiavergonzado el preguntón, +mironos a todos los que rodeábamos al señor del anteojo, con cara de +cretino como un individuo que se confiesa en una posición falsa. + +Pero nuestro hombre no era individuo de ceder a dos tirones y reincidió. + +--¿Me quiere dejar mirar un momento? + +El dueño del anteojo tampoco contestó esta vez. + +--¡Eh, señor!--repitió tocándole tímidamente sobre el brazo--¿me quiere +dejar mirar? + +El del anteojo sacó los ojos del vidrio, dio vuelta para ver quién le +hablaba y contestó secamente: + +--¡No! + +El desairado trató de forjar una sonrisa para disimular. + +Entretanto, había ganado posiciones junto a la reja del murallón donde +estábamos, una señora gorda, con un peinado de bananas sobre el cual +colgaba una mantilla española de chapa, metiendo codo a todos los +obstáculos que había encontrado a su paso; la cara, iluminada por una +capa de colorete recientemente aplicada, distribuía una sonrisa perenne +por todas partes; y metida dentro de un vestido de moirée verde, inflado +por un miriñaque movedizo y oscilante, parecía un montgolfier en el +momento de elevarse. + +Un lunar con pelo en la parte inferior de la cara daba a nuestra recién +llegada un aire picaresco de coqueta retirada. + +Acompañábanla dos muchachas de aspecto poco distinguido, pero llenas de +arrumacos y perendengues, con unos cuerpos bien trazados, y unos bustos +en los cuales la Naturaleza o el arte habían abusado con cierta +insolencia de una inclinación marcada a la exuberancia. Las dos +muchachas, oriundas del barrio de Monserrat seguramente, rayaban en los +20 o 22 años y penetraron en nuestro grupo, que ya se iba estrechando, +metiendo una algarabía inusitada de gritos y risotadas cuyas causas no +me podía explicar. + +--Mira, mamá--dijo la mayor,--este caballero es tan amable, que te va a +dejar mirar por el anteojo. + +--¡Por Dios, Raquel! no molestes a ese señor... ¡qué va a decir de +nosotras!--contestaba con un tono de aparente reproche la señora. + +--¡Señor, señor! ¿quiere dejarnos ver por ahí?--insinuó la otra joven. + +--¡Ah, no, por Dios, no se incomode usted!... Judit, por Dios, +cállate--repetía la madre con un contoneo de cabeza continuo. + +El del anteojo continuaba impasible como una estatua, como si nadie le +hablase. + +--Allá se ve un humo, allá vienen--gritó uno por allí cerca. La ola +humana se agitó y se hizo un remolino; la gente se agrupó en la baranda; +todos querían ver. Yo, prendido de Alejandro, trepado sobre sus hombros, +dominaba la altura. + +--¡Ay, que me arrugan!--- gritaba la madre de Raquel y de Judit, sin que +el miriñaque la ayudara a subir.--¡Ay, mi vestido, que me lo estropean +todo! ¡No veo a Judit! ¡Judit, Judit, Judiiit! + +Judit, que estaba allí cerca, y a quien la madre no podía encontrar, +conversaba con un joven de sombrero gacho, levita negra de lustrina y +pantalón blanco almidonado, sin guardar distancias, es decir, unida a él +por una proximidad inusitada. + +--¡Ay, mi hija, mi hija! ¿dónde está mi hija? ¡Se me ha perdido mi hija! +¡Judit, Judiiit!--exclamaba la señora prolongando el grito. + +--Aquí estoy, mamá, no alborote, aquí estoy--contestó por último Judit, +haciendo lo posible por soltar la mano de su galán, que retenía con +fuerza para que no se marchara. + +--No te muevas de acá, bribona; no te me separes. Ven tú también, +Raquel. ¡Ay, Jesús! ¡bien me decía tu padre! No té metas mucho entre la +gente con las muchachas, Donata; mira que no faltan atrevidos que las +manoseen en los entreveros y que a ti también te han de manosear: ¡Qué +gente, por Dios; qué gente! ¡qué falta de respeto con las señoras! +¡Cuánto mejor no hubiera sido ir a los altos de Colón!... + +Pero la muchedumbre en movimiento lo arrastraba todo. Cargado por +Alejandro, que con el brazo libre que le quedaba, se abría paso como un +Hércules, avanzábamos a tomar otra posición. + +Yo, desde los hombros elevados de mi conductor, veía a la pobre misia +Donata y a sus dos bíblicas criaturas, víctimas del pronóstico de su +marido y manoseadas por aquella turba indisciplinada, entre la cual +había mocitos que le pirateaban las hijas y groseros que le deshacían +las bananas y le arrancaban su espléndido vestido color cotorra, +admiración suprema del barrio de Monserrat en la misa de una. + +--¡Ya han fondeado, ya han fondeado los buques!--gritaban a nuestra +alrededor.--Vea, señor,--le decía un negro a un caballero petizón, que +en vano se empinaba para poder ver;--vea, allí, allí--y apuntaba con el +dedo índice. + +--¿Adonde? ¿adonde?--interrogaba el otro impaciente, parado sobre la +punta de los pies. + +--Allí están; ahí ha fondeado el Salto, allí el Pampero, más atrás el +Hércules; aquel que viene andando todavía es el Pintos, y los otros dos +barcos de la izquierda son de vela, el San Juan Bautista y el Río Bamba. + +--¡Ché! y vos cómo sabés los buques--le dijo Alejandro. + +--¡Oh! no ve que soy del Bajo, amigo--contestó el +negro.--Mire--agregó,--allá van las falúas a buscar la oficialidad, y +las balleneras para desembarcar la tropa. ¡Bomba! ¡Pas! Ese es el +Córdoba que hace salvas. + +Y, en efecto, una repentina nube blanca envolvió los costados del barco +y el eco del cañonazo se dilató retumbando sordamente por los espacios. + +Eran las tres de la tarde de aquel día sofocante; las iglesias echaban a +vuelo sus campanas, los cohetes y las bombas estallaban en el aire sin +interrupción. A medida que la tropa desembarcaba, los batallones iban +formando en el muelle la columna. Mientras esta operación tenía lugar, +Alejandro y yo contemplábamos desde lejos, recostados sobre la reja, +porque no nos habían dejado pasar de los quioscos, de la entrada para +adelante. + +En la playa, y al pie mismo del murallón donde nosotros estábamos, +varios carreros del Bajo, en traje de fiesta, se habían congregado para +oír a dos de ellos que, armado el uno con una guitarra profusamente +encintada de blanco y celeste, y el otro con un acordeón, cantaban +coplas patrioteras en una de esas tonadas características del compadrito +de Buenos Aires. + +--¡Que cante el virola!--gritaba uno de los oyentes. + +--¡Tu madrina!--contestole el guitarrero, que en efecto tenía los ojos +más torcidos que una encrucijada. + +--Cantá ché lo que has arreglao pa la Guardia Nacional. + +El de la guitarra con el del acordeón atacaron un aire vulgar, pero +cadencioso, antepasado en línea recta de la milonga del día, y detrás +del aire, el virola dijo con voz nasal y chocante la siguiente copla: + + Nuestra Guardia Nacional + en Cepeda y en Pavón, + con bravura sin igual, + se lanzó sobre el cañón + del cobarde federal. + +--¡Lindo, don Polibio! Si a carrero y a verseador naide le gana. Hasta a +los gringos de las balleneras se les cae la baba cuando canta usted. + +Los resuellos chillones del acordeón habrían seguido, junto con los +gemidos de la guitarra, si las músicas militares no hubiesen anunciado +que la columna, formada ya, se ponía en marcha a lo largo del muelle. + +Fue entonces cuando la muchedumbre que obstruía la entrada, arrebatada +por una fila de vigilantes armados, encargados de abrir calle, remolineó +y retrocedió de espaldas, compacta, hasta apretarse contra las paredes +de las casas inmediatas; un tropel de jinetes que venía de la ciudad, +ocupó el espacio abandonado. Me deslumbraron el oro de los galones, las +plumas blancas y azules de los elásticos agitadas por el viento, los +colores llamativos de los uniformes. Alejandro me alzó en alto para que +pudiera ver bien, pero apenas tuve tiempo de columbrar un elástico +cubriendo una larga y abundante melena de guedejas indolentes que caían +sobre una frente espaciosa y unos ojos color plomo; todo esto sostenido +sobre un cuerpo que Doré no habría desdeñado para bosquejar un Lafayette +en lontananza. Quise ver más, pero los jinetes hicieron caracolear sus +caballos; las primeras hileras de la columna aparecieron, y apenas llegó +a mi oído el eco de una proclama de acentos olímpicos pero simpáticos +que se extinguía en el estruendo unísono de un aplauso tributado por +veinte mil manos. Yo aplaudía también y batía palmas. + +--¿Por qué aplaude--me dijo Alejandro, de mal humor,--si no oye nada? + +--¡Oh!--le contesté--¿acaso es necesario entender? ¿Cómo aplauden +también todos los demás sin entender? + + + + +VIII + + +Por la noche, mis tíos, como me lo habían prometido, me llevaron al +teatro de la Victoria. La compañía de García Delgado cantaba el himno +nacional y representaba la _Flor de un día_, de Camprodón. ¡Oh, _Flor de +un día_! ¡Oh, Pavón del teatro dramático español! ¿Por qué mi fantasía +excéntrica te ve desaparecer en el pasado, en la misma tumba que tragó +los miriñaques y el peinado de bananas? ¿No era Lola la más encantadora +y la más romántica de las mujeres? ¿No tenía Diego el contorno poético +del amante y el Marqués de Montero la estampa grave de un barítono de +zarzuela triste? + +¿Por qué has de ser un disparate, oh hija legítima de don Francisco +Camprodón, adoptada por todos los teatros de la América Latina? ¡Tú que +has hecho lagrimar un continente entero desde Veracruz hasta Buenos +Aires! + +¡Tú has muerto con el batón blanco; porque, así como el guante de piel +de Suecia, largo y arrugado, sobre el brazo flaco y nervioso de Sarah +Bernhardt ha dado su pincelada a Frou-Frou, así el batón blanco, con +cinturón celeste, te hizo a ti, hizo a Lola el prototipo de todas las +mujeres de tu tiempo! ¡Qué diablo! ¡tú has tenido también tu lugar en el +siglo de Hernani!... ¡Presidentes y ministros, generales y grandes +abogados de la República Argentina, han creído en ti, como la República +ha creído en ellos! Tus octosílabos rumorosos agitaron más de una noche +el pecho de la virgen y no fue sólo el teatro tu dominio! Fue también la +familia, el hogar; porque todo lo invadiste, desde el salón de mi tía +Medea hasta la academia de negros y mulatos en que era halcón mi pardo +Alejandro. Todavía recuerdo con escándalo el gesto irreverente y +volteriano con que el doctor Vélez se burlaba de ti una noche, dando la +nota discordante en toda tu generación literaria. Yo sostengo y +sostendré siempre que tú has hecho a muchos de nuestros poetas: y +bastaría reflexionar un poco para notar que todas las manifestaciones +sociales se parecían a ti en aquellos días. + +Tus versos llegaron a ser clásicos. Se citaban con gravedad en el +editorial por los periodistas contemporáneos y en la Cámara de +Diputados por los oradores noveles, con el mismo respeto con que en la +restauración se citaban los dísticos de Boileau. ¡El día de la patria te +pertenecía; te pertenecía el día de toda fiesta nacional! ¡Hasta drama +patriótico te había hecho el autor de tus días sin sospecharlo! + +Algunas de tus frases, como: «¿tiene vuestra espada punta?» se +consagraron como el _Di quella pira_ y el _la donna e mobile_ de Verdi. +No había entonces realismo; mister Pickwick no había atravesado el +Atlántico; estaba en Bath presidiendo su club; _Nana_ era un microbio; +Artagnan era catedrático de historia; los Girondinos enseñaban la +política. Era la época de las cavatinas, cuarteadas con acompañamientos +rudimentarios; Lohengrin bebía mosela en los vidrios blasonados de +Baviera; el Trovador era la ópera con Mirati y Tamberlick; tú eras el +drama con la Rodríguez y la Bigones, con Enamorado y Vilardebó. ¡El +teatro de la Victoria era tu campo de batalla! + +¡Oh, mis buenos y bravos cómicos, aquella noche estaban todos! Mi +imaginación los evoca; desfilan como los fantasmas del sueño del pasado +y penetran al obscuro y olvidado panteón de las glorias del arte +argentino; allí yo les levanto un monumento con los restos del +guardarropa de Dagnino, en que había de todo; forma la base el casco de +Gonzalo de Córdoba, cubierto por el manto lanar moteado, arminio de +Isabel la Católica; Don Juan Tenorio vola sobre el Terremoto de la +Martinica, mientras que la Campana de la Almudaina toca a rebato en la +horca de los Escalones del Cadalso. + +Pero sobre esta pirámide funeraria, levantada a los Talma y a los Keen +de la gran aldea, tres figuras se levantan: Lola, Diego y el Marqués, +cantando el himno nacional antes de contar su candoroso poema de celos y +de amor a una sala llena, en donde brillan las más lindas mujeres de +aquellos días. ¡Pasad, oh sombras! + + * * * * * + +Habíamos ocupado un palco-balcón de la derecha, inmediato a aquella +antigua viga blanqueada que sostenía el techo y que por su espesor +desafiaba las fuerzas de Sansón mismo. + +Mi tía se había hecho acompañar por la señorita Fernanda, que yo estaba +acostumbrado a ver con frecuencia en casa. Fernanda tenía dieciocho +años; pálida, de ojos claros y grandes, fríos y como azorados entre las +densas ojeras que los sombreaban; en sus labios gruesos que dibujaban +una boca que podía llamarse grande sin injusticia, trazábase no sé qué +vaga sonrisa, en la que un observador sagaz habría encontrado el amor y +el desdén reunidos en un consorcio inexplicable; la cabeza era noble y +altiva, sin embargo. En aquella época, en que los peinados eran una +epopeya de rulos y rellenos, Fernanda llevaba el suyo de una simpleza +tal, que rayaba en la suma elegancia: sus cabellos, de un rubio mate, +recogidos y sujetos por dos cintas de moirée celeste, iban a rematar en +la más linda nuca de mujer. Su seno escaso, tenía, sin embargo, no sé +qué atrayente seducción, dilatada por la morbidez de todo su busto: +irradiaba su semblante esa gracia apática e indolente que el pincel del +Veronese imprimía en el rostro de sus patricias venecianas. Era, en fin, +aquella mujer un conjunto de frialdad y de elocuencia, de belleza y de +defectos, que atraía irresistiblemente, y en la que la originalidad del +gesto y del mirar despertaban en mí una profunda y codiciosa curiosidad. + +Fernanda, recostada sobre la balaustrada, oyó de pie el himno, y, cuando +éste terminó, se dejó caer negligentemente sobre su silla y abrió su +enorme abanico de plumas blancas, con un ademán lleno de innata +voluptuosidad. ¡Qué contraste formaba aquella delicada criatura con mi +tía Medea! Una era la distinción personificada; la envolvía, la +perfumaba un vapor de elegancia y de buen tono. La otra era un fauno +obeso; su voz gruesa, su pescuezo corto, su pecho invasor, un bozo +recio, que ya era bigote casi, hacían de ella un ser híbrido, en el que +los dos sexos se confundían. Estaba esa noche verdaderamente constelada +de diamantes, desde la cabeza hasta los dedos, y como los tenía, y muy +buenos, uno de sus orgullos era colgárselos para exhibirlos. + +Inquieta y parlanchina, mantenía un verdadero telégrafo de saludos con +todo el teatro; con los palcos, con la cazuela, con la platea; a todos +conocía, a todos saludaba francachonamente con el abanico. + +De repente, un murmullo de simpatía cundió por la sala entera, y todas +las miradas convergieron al palco central de la ochava: muchos +personajes, vestidos con la más rigurosa etiqueta, tomaban asiento. + +Mi tía empezó a nombrarlos a todos. + +--Saluda, Ramón, saluda--le decía a mi tío. + +--Si no ven para acá, Medea... + +--Sí que ven, saluda te digo--y mi tía, al propio tiempo que le ordenaba +a mi tío que saludase, hacía repetidos movimientos de cabeza en +dirección al palco central, sin que fuesen notados por sus ocupantes. + +--¿Quiénes son, señora?--preguntaba Fernanda. + +Pero mi tía no contestaba; empeñada en colocar su saludo en la cara de +sus ídolos y en que su marido también lo colocase, lo cazó materialmente +del brazo y le mandó que esperara la ocasión propicia para mover el +pescuezo. De pronto pareciole que la miraban. + +--¡Ahí mira don Buenaventura! ¡ahí te mira el doctor +Trevexo...--dijo;--¡ahora!... saluda, Ramón. + +Y ambos movieron la cabeza con urgencia; hicieron con ella un balance +para cazar la visual del adversario, pero ¡oh, contratiempo! Una mirada +vaga e indecisa, de la cual tenía yo una vaga idea, recorría la fila de +los palcos sin detenerse en los brillantes de mi tía, y el saludo fue un +saludo en el vacío. + +Mi tío tosió para disimular el contratiempo. Mi tía le echó la culpa, +sosteniendo que se le había puesto por delante; mi tío quiso rectificar, +pero se le ordenó que guardase silencio, y obedeció. Yo miraba el suelo, +compartiendo la vergüenza de mis tíos; y Fernanda, fría, sin curiosidad, +con sus ojos claros desmesuradamente abiertos, abanicándose con toda +calma, miraba abstraída hacia arriba, como si entre el techo y nuestro +palco pasase una visión a través de la sala. + +--Mira, niño--me decía mi tía Medea sin dejarme respirar,--aquél es don +Buenaventura; aprende, mira qué traje tan sencillo lleva. Ese que habla +con el ministro español, es el doctor Trevexo: aquel que sale, es el +coronel Valdelirio. + +Y yo miraba extasiado aquel grupo y me decía a mí mismo:--¡Ah, si algún +día llegase yo a saber lo que sabe el doctor Trevexo! ¡Si llegase a ser +un guerrero como Valdelirio! ¡Y después, aterrado de mi petulancia +íntima, transigía con una fórmula más modesta: ¡Si llegase a ser +ministro español! + +Las lágrimas consagraban el éxito del drama y de los actores en el +tercer acto. Montero recitaba sus famosos endecasílabos. La _Flor de un +día_ terminaba en medio de calurosos aplausos; la concurrencia evacuaba +aquel antro que se llamaba teatro y en la puerta estallaban los vivas +entusiastas y patrióticos del pueblo. + +Mi tía se ensilló con su pesada salida de teatro, y Fernanda envolvió su +linda cabeza en un pañuelo de fular color caña, dentro del cual parecía +un estudio inconcluso de artista. + +--Vamos, mal criado--me dijo mi tía,--acompañe usted a esa señorita, +ofrézcale el brazo. + +Obedecí, y Fernanda me entregó el brazo sonriendo con plácida +generosidad. Yo lo cerré contra el mío, y, aunque era un muchacho, no sé +qué vagas nociones de ternura, qué entusiasmos indefinibles experimentó +mi ser al sentir el frío desnudo de la carne, y al aspirar el perfume +nunca aspirado de aquella singular criatura. + + + + +IX + + +Han pasado algunos años. + +Estoy lejos de Buenos Aires; en una ciudad cuyo nombre no interesa al +lector. + +Don Pío Amado y don Josef Garat, mis maestros, eran dos personajes +singulares; singular era su escuela, singular la enseñanza, singular +todo lo que los rodeaba. Don Pío era la bondad, la benevolencia +personificadas; don Josef era la intransigencia, el mal humor, y la ira +misma. Reunidos, don Pío era la nota cómica del colegio, don Josef era +la nota épica. Amábamos a don Pío y lo amábamos con toda el alma; +temblábamos ante don Josef y lo respetábamos a fuerza de malquererlo. + +Don Pío era todo gracia, dulzura y amabilidad; una cara sin pelo de +barba, daba a su fisonomía una jovialidad perpetua y atrayente. De +dulces maneras, lleno de cariño por los muchachos, nadie le temía, pero +todos lo contemplaban. En medio de la extrema y plácida mansedumbre de +don Pío, reinaba en él cierta tendencia innata a la excentricidad, en la +que solía marcar rasgos positivos de talento, de observación y de +estudio. Su rostro movible; su cuerpecillo inquieto; sus ademanes de +artista cómico, solían provocar entre los alumnos ciertas sonrisas de +buen carácter, porque no era posible ver y oír a don Pío, sin +encontrarse dominado por la idea de que aquel hombre, sincero hasta el +fondo de su alma, representaba sin embargo una comedia. + +Don Pío no podía hablar de nadie sin extraerle toda su genealogía, sin +hacer su retrato físico y su retrato moral, sin marcar el rasgo cómico o +serio que podía tener, sin determinar el traje que usaba habitualmente, +sin remontar en fin hasta la biblia, para presentarlo a propios y +extraños. + +En la enseñanza era lo mismo: aquel hombre de vida austera, correcta y +arreglada, carecía de la noción del método como maestro. Cuando don Pío +hacía la exposición, no terminaba nunca; comenzaba en Sesostris y pasaba +más allá del año corriente; y en ella iba todo, una recopilación de +hechos y de datos, una enciclopedia de citas y de descripciones +accionadas, cada una con su mímica y sus gestos particulares. + +Nunca entraba sereno al aula, con las reservas y la gravedad propias del +maestro, sino a saltitos acompasados, refregándose las manos, si hacía +frío, o abanicándose con una pantalla de paja, si hacía calor. Así, con +ese paso, llegaba a la puerta de la clase, se paraba en su umbral, +tomaba una posición de contradanza, miraba al centro, apuntando en el +rostro una franca sonrisa; en seguida, como un muñeco de cuerda, movía +el pescuezo, y con el cuerpo hacia la izquierda, distribuía su sonrisa +en esa dirección para repetir después la misma operación y derramar su +tercer sonrisa sobre la derecha. Hubiérase dicho que no era el maestro +el que entraba en la clase, sino Fígaro mismo, al cual sólo le faltaba +la navaja y el platillo del barbero. + +Don Josef, en cambio, era un Orestes. Alto, vigoroso, la cara roja como +un pimiento, la nariz chica y encorvada, la cabeza mezquina pero bien +puesta sobre los hombros. Don Josef pasaba la vida clamando contra todo +lo que lo rodeaba: contra el país, contra sus hombres, contra las +mujeres, contra los muchachos y contra don Pío, a quien tenía en poca +cuenta en las situaciones normales. + +Don Josef era oriundo de Cataluña y se vanagloriaba de haber nacido en +el castillo Monjuich; de haber salvado la vida a varias personas, de +haber presenciado un naufragio y de haber sido casi víctima del hambre +de una tigra mansa; preciábase de haber conocido a la Reina de España, +doña Cristina, de haberla visto comer una olla podrida en un día de +toros. Hacía sacrificio de confesarse descendiente de don Gonzalo de +Córdoba, pero no se prestaba a pregonar mucho el parentesco, y lo +repudiaba con majestad, porque no quería que nadie sospechase, que él +aprobaba las rendiciones de cuentas de su poco escrupuloso antepasado. +Vivía crónicamente colérico, sin que esto importe decir que no supiera +interrumpir sus accesos para hablar con fruición de los tesoros de +Potosí y de fortunas colosales como las de los cuentos de hadas, porque +el buen viejo tenía altamente desarrollada la nota de la codicia. + +Pero, cuando él levantaba la voz en la clase, o fuera de la clase, o con +los tertulianos nocturnos que lo visitaban en el colegio, entonces +temblaba la casa; buscaba la invectiva, la lanzaba al rostro del +adversario y la sazonaba con vocablos de estofado, acabando por dominar +el debate con sus gritos estentóreos. Dentro de ese cuerpo vigoroso de +rica musculatura de atleta, en el fondo de ese carácter atrabiliario, +disputador y pendenciero que amenazaba tragarse la tierra, se escondía +un ser enteramente pusilánime. Don Josef era una liebre. + +El colegio era un vasto edificio bajo, de muros espesos y coloniales, de +grandes patios y espaciosa huerta, en la que no faltaban las clásicas +higueras de antaño. Aquel edificio era un convento por sus dimensiones e +invitaba a la melancolía. Yo acababa de llegar solo, casi abandonado a +mi suerte. Durante el viaje había hecho el inventario de mi pasado; +había recordado la muerte de mi padre, mi orfandad; no tenía más +compañeros ni más amigos que dos retratos mudos que llevaba siempre +conmigo; el de mi padre y el de mi madre. + +¿Quién era yo en el mundo? ¿Qué necesidad tenía de aprender nada? ¿Acaso +no tenía razón el doctor Trevexo cuando fulminaba a toda una generación +con su anatema contra los sabios? Nadie me amaba a excepción de +Alejandro que era el único que había sentido mi partida de Buenos Aires. +Todo lo que me rodeaba era nuevo y desconocido para mí: mi capital se +componía de poco; mis ropas, mi catre y mis libros; todos mis compañeros +tenían padres que velaban por ellos, que les escribían, que los +regalaban. Sólo yo acostumbraba de tarde en tarde a recibir dos letras +de mi tío Ramón, en las que me anunciaba el envío de lo indispensable. + +No importa, yo tenía voluntad, tenía ánimo y entereza, valor y +constancia. Yo sabía que había de arribar: que habían de pasar para mí +los días de vergüenza en que mis condiscípulos menores me adelantaban. + +Era un muchacho de quince años cuando entré en el colegio y apenas sabía +leer y escribir, pero trabajé con tesón y me abrí paso. Don Pío me amaba +y don Josef, que había empezado por expresarme el más profundo +desprecio, había pasado del indiferentismo al entusiasmo con una +facilidad extraordinaria. Yo comenzaba a ser su ídolo. De cuando en +cuando, pensaba que, siendo yo como era un pobre diablo, sin padre, sin +fortuna, era demasiada generosidad de su parte interesarse por mí como +se interesaba y me lo echaba en cara; pero cuando lo sorprendía con un +progreso inesperado para él, o con un buen rasgo de conducta, entonces +el buen viejo se exaltaba y pasaba los límites del entusiasmo en sus +elogios. + +El fuerte de don Pío era la astronomía. Daba en el colegio un curso +práctico de esa ciencia con un colorido de gestos y de movimientos +rápidos y nerviosos, con los que él creía poner en evolución todo el +sistema planetario. + +La clase era para él su materia cósmica. + +Entraba y distribuía sus astros en el lugar oportuno. Cada muchacho era +un planeta, y trataba siempre de representar con él, no sólo la +situación de cada cuerpo celeste en el espacio, sino también su volumen, +eligiendo los alumnos según las proporciones de cada uno y de cada +estrella que debía figurar en el sistema. + +Un muchacho entrerriano, grande como un patagón, cuyo desarrollo físico +no guardaba armonía con su desarrollo moral, tenía invariablemente a su +cargo el papel modesto de sol; le hacía abrir los brazos, y tomándolo +por la cintura, _mal gré_, _bon gré_, lo colocaba en el centro de la +clase. Buscaba en seguida al alumno más chico y lo ponía en un extremo +del aro celeste discerniéndole el papel de luna. Era éste un +bolivianito, diablo y travieso, que nunca se resignaba a hacer +tranquilamente su papel de astro nocturno. + +En seguida ocupaban su sitio los planetas mayores y después los menores. +Júpiter con sus lunas, Urano en la última línea del círculo, Saturno +circundado por su anillo luminoso. En esta disposición comenzaba a +funcionar la máquina astronómica de don Pío; formado su ejército +sideral, se paraba al lado del sol y exclamaba: «Yo soy la tierra», y el +buen maestro comenzaba a circular de lado alrededor del entrerriano +que, inmóvil y mudo en el centro del círculo, desempeñaba +automáticamente el papel del padre del día. + +A una voz de don Pío y terminadas las evoluciones, los planetas se +dispersaban y volvían a ocupar sus bancas terminándose la lección de +astronomía práctica. + +Pero donde don Pío era famoso, era en la descripción de las batallas del +curso de historia. El entusiasmo bélico se apoderaba de él: no podía +limitarse a citar fechas, nombres y hechos: era necesario hacer +funcionar la caballería, la infantería y la artillería. + +Abandonaba su cátedra, se ponía en medio de la clase, señalaba el +enemigo al frente, e inflando la boca, hacía tronar los cañones sobre la +línea imaginaria del ejército contrario. + +--¡Boum! ¡Boum!--exclamaba, y con el rostro excitado por la refriega y +el puño cerrado por la ira militar, caían los enemigos deshechos por las +metrallas y por las bombas, y don Pío, como un Murat, se levantaba +jadeante, triunfante, sublime en el campo de la acción. + +Había en el colegio un chicuelo que se llamaba Martín Roll, que era la +piel del diablo. Lo que no se le ocurría a Martín no se le ocurría a +nadie. Era holgazán como una cigarra, pero vivo como un rayo. Don Pío +lo reprendía con suavidad en vano. Don Josef lo anatematizaba y lo tenía +concienzudamente clasificado de cretino y de imbécil. El título más +bondadoso que Martín solía obtener de él, era el muy moderado de animal, +que se lo daba con conciencia. + +Pero, si Martín no abría los libros, abría y registraba las conciencias; +conocía a sus maestros a fondo, y a don Josef como a su faltriquera. +Había descubierto que la condición predominante del carácter de don +Josef, era la avaricia, y ponía en juego todos aquellos medios que +pudiesen darle por resultado la explotación de este defecto. + +En cambio, don Josef se quedaba aterrado con la prodigalidad escandalosa +de Martín, quien, cada vez que volvía de su casa después de las +vacaciones, traía tal surtido de regalos para toda la escuela, que el +viejo avaro, mortificado sin duda por aquel mal ejemplo y por el garbo +con que Martín desparramaba sus presentes, acudía a sus pergaminos, +recordaba a Gonzalo de Córdoba, su antepasado, para repudiarlo por mal +administrador y por derrochador, y terminaba por sacárselo de ejemplo a +Martín, para que reaccionase contra la prodigalidad y la dilapidación de +la fortuna. + +A pesar de tener caracteres opuestos, habíamos congeniado con Martín. +Sus padres vivían con holgura, y yo solía pasar en su casa una parte de +las vacaciones. Pero, si la alegría del colegio era Martín, la alegría +de su casa era Valentina, su hermana, una preciosa muchacha de dieciséis +años que yo no podía tratar quince días, sin volverme al colegio con la +cabeza llena de sueños y el alma llena de tristezas. + +No voy a perder mucho tiempo en contar idilios de juventud, porque tengo +la mano torpe y el corazón duro ya para narrar la historia vieja de los +primeros afectos. Pero es que Valentina era muy linda cuando tenía +dieciséis años, y debe serlo todavía a pesar de los treinta que ha de +haber cumplido. Mi maestro Josef odiaba a los enamorados, a pesar de las +libertades que se tomaba él con las sirvientas del colegio, a quienes +manoteaba demasiado con Martín, que le hacía la competencia con un éxito +que el buen viejo no conseguía. + +Pero Valentina, ¡oh! Valentina me había hecho olvidar aquella malsana +aparición de Fernanda, porque era dulce como un rayo de luna y alegre +como una aurora. + +A los diecisiete años, qué diablo, me enamoré de Valentina y fui menos +práctico que Martín; lo confieso. Los libros de estudio no me atraían +mucho; leía a Lord Byron y a Musset; las _Horas de Ocio y la Confesión +d'un enfant du Siècle_ me montaron la cabeza y me enfermaron el corazón. +Le hice versos a Valentina y asistía a oír la lección de matemáticas +como quien asiste a un entierro. + +El romanticismo es la adolescencia del arte; la malicia, esa diosa +madura que observa el mundo con una mueca perpetua, se ríe de los poetas +gemebundos y enamorados; pero la juventud sueña y delira, y creo que no +hay hombre, por áspero y frío que sea su carácter, que no tenga en la +memoria, así como un lejano paisaje, la escena en que han despertado sus +primeros sentimientos. + +¿Cómo no recordar, pues, todos aquellos libros de los primeros años: Las +_Escenas de la Vida de Bohemia y de Juventud_, de Murger; los primeros +versos de Gautier, las poéticas novelas de Vigny? Al calor de esas +páginas que sólo se escriben y se leen en una edad, yo había visto +aparecer a Valentina como Mussette o como Francine, llena de poesía, con +su carita jovial, sus ojos negros, su cabello castaño ondeado, +sencillamente ataviada de cintas color rosa; la boca roja y fresca como +las guindas; toda esta cabecita deliciosa, sostenida por una figura +llena de distinción. Ella había salido al encuentro de mi camino, en el +que sólo había encontrado hasta entonces seres indiferentes. + +Yo no sé cómo amé a Valentina; pero cuando la veía, cuando ella me +hablaba, la sangre no corría por mis venas, enmudecía y me abstraía en +la muda contemplación de aquella criatura. Entonces pensaba en mi mala +suerte; pobre, sin padres, ni amigos, ni protectores, ¿qué esperanza, +qué risueño horizonte podía iluminar mi porvenir? El estudio me +entristecía; no tenía la cabeza robusta de mis compañeros que mordían y +digerían el Vallejo como un manjar exquisito. + +En mi cuarto, por la noche, leía furtivamente las novelas de Dumas, ese +gran amigo de la adolescencia, ese encantador de los primeros años; y me +adormecía entreviendo la poética figura de Ascanio u oyendo el ruido de +las espuelas de D'Artagnan. + +Una noche, durante la época de las vacaciones, Valentina se acercó a mi +lado, y con un acento lleno de gracia, me dijo: + +--¿Va a comer mañana en casa? + +--Si usted me invita... + +--No, no lo invito, pero quiero que venga--me repuso con firmeza. + +--¿Usted lo manda?...--avancé yo extendiéndole la mano. + +Valentina miró en derredor; nadie nos observaba; tomome la mano y +oprimiéndomela con la suya: + +--Lo exijo--me dijo a media voz. + +--¡Valentina!... + +--¡Adiós!--me contestó; y antes de poder dirigirle la palabra, diome la +espalda y corrió cantando hacia adentro como una locuela; me asomé a la +sala y vi desaparecer su vestido blanco en las últimas habitaciones de +la casa. + +No sé cómo me encontré en la calle. + +La noche era espléndida; sobre un cielo sereno se extendía el vapor +majestuoso de la vía láctea, semejante a una gran veta de ópalo sobre +una bóveda de zafiro. La luna, ya en sus últimos días, atravesaba el +espacio como una galera antigua; la fresca y tibia brisa del mar llevaba +en sus ráfagas unas cuantas nubes blancas. El alma del mundo inundaba el +espacio. Alcé los ojos al cielo, y absorto en el espectáculo de la +noche, me pareció ver pasar a Valentina como una visión por el éter, +huyendo de mí como huían aquellas nubes. + +¡Nunca la había visto tan linda! + +Sentía en mi mano el calor de la suya y en mi oído sonaba todavía el +acento misterioso de su palabra. Vagué aquella noche por la ciudad, y +cuando el silencio invadió la población, yo no sé cómo, me encontraba +aún delante de los tres balcones de la casa de Valentina en muda +contemplación, levantando castillos de España sobre esos andamios +gigantescos que sólo los diecisiete años tienen privilegios para apoyar +en el aire. + +No dormí aquella noche, y vestido, echado sobre el lecho, esperé el +nuevo día. A las nueve de la mañana entraba Martín en mi cuarto. + +--Qué temprano te has levantado hoy--me dijo. + +--En efecto, he madrugado--le repuse. + +--¡Vaya un placer! ¿Vas a comer a casa? + +--Sí, voy. + +--¡Hola! ¿ya estabas prevenido?--me preguntó. + +--Sí, Valentina me invitó anoche. + +--¡No ha podido resistir esa muchacha!... ¿Sabes por qué te ha invitado? + +--¿Por qué?--le pregunté sin disimular mi curiosidad. + +--No te pongas pálido... ¡No te va a envenenar, hombre!--me dijo +Martín;--te ha invitado porque hoy es su santo. + +--¿El santo de Valentina?... Pues no te puedes figurar cómo le agradezco +que se haya acordado de mí... + +--Y con razón debes agradecérselo, porque a mi padre no le gustan +hombres en casa; figúrate que los únicos invitados sois tú y don Camilo +como novio presunto... + +--¿Qué dices?--le pregunté dominando mi turbación con un esfuerzo +supremo. + +--Sí, pues; mi padre y mi madre creen que don Camilo es el modelo de los +novios. + +--¿Y Valentina?... + +--Valentina no toma nada con seriedad; cada vez que la embroma, se ríe a +carcajadas, y al pobre don Camilo le hacen tal efecto las risas que se +queda como un muerto, de triste, siempre que mi hermana se ríe de él. + +Sentí toda la rabia ponzoñosa de los celos... ¿Valentina de otro?... +¡Pero eso no era, no sería posible! Yo vencería, arrasaría todos los +obstáculos, me haría amar por ella y ningún hombre me arrancaría la +soñada felicidad. + +Llegó la tarde; me vestí, y con Martín, que había venido a buscarme, nos +fuimos a su casa. Mi bolsa era algo más que escasa y tuve que emplearla +toda en un ramo de jazmines, blancos como el papel en que escribo y +perfumados como el naciente y casto amor que embriagaba mi alma. + +Eran las cinco cuando entrábamos en lo de Valentina; ella nos esperaba +en la puerta de calle con un vestido de gasilla, blanco, cerrado por un +cuellecito plegado, sobre el cual se destacaba su cabecita adorable y +llena de inocente coquetería. Desde lejos nos divisó, y, al vernos, +desapareció de la puerta, apareciendo unos segundos después, como si +hubiese entrado para dar cuenta a sus padres de nuestra llegada. Martín +y yo aceleramos el paso y llegamos a la puerta de calle en la que sólo +ella estaba esperándonos. Martín le dio un beso en la frente y penetró +precipitadamente sin darnos tiempo para seguirlo. Yo quise entregarle mi +ramo calculando propicia la ocasión, pero ella no me dio tiempo. + +--¡Qué olor a jazmines! ¿usted los tiene? ¡Ah, qué lindo, qué lindo +ramo! ¿Es para mí? + +--Sí, Valentina...--le contesté. + +--¡Gracias, muchas gracias! ¿Sabe que no creía que usted viniese?--me +dijo. + +--¿Por qué? + +--Por nada, porque pensaba que no habría hecho caso a la broma de +anoche. + +--Sin embargo, usted me exigió que viniera... + +--¡Ah! ¿lo tomó usted como sacrificio? + +--¡Valentina!... ¡Si yo pudiera decirle todo lo feliz que usted me ha +hecho! + +--Entremos, Julio--me repuso, poniéndose seria; y en ese momento la +familia salía a recibirnos, y Valentina, abrazando a su madre, le +decía: + +--Mira, qué flores, mamá, ¿no es verdad que son divinas? + +Valentina se había puesto el ramo en la cintura con una coquetería +innata, y alborotaba toda la casa mostrando mis flores como una +maravilla. + +--¿Qué te ha regalado don Camilo?--le preguntó Martín. + +--Un álbum con su retrato. ¡Si vieras qué _cache_ está el pobre! + +--Niña, no digas eso--le decía la madre. + +--Sí, mamá, ¿por qué no lo he de decir? En vez de haberme dado alguna +cosa útil, me sale ese zonzo dándome un álbum con su retrato, como si +fuera tan buen mozo y tan joven. + +--Venga, Julio, venga a la sala--agregó,--se lo voy a mostrar;--y +llevándome casi de la mano, me condujo adentro y abriendo la primera +hoja del álbum, me dijo: + +--Vea, dígamelo con franqueza ¿se puede dar un hombre más _cache_?...--y +prorrumpió en una carcajada... + +En ese momento mismo Martín entraba en el salón. + +--Mira que ahí está don Camilo, Valentina, no te rías; acaba de entrar. + +--¿Sí? pues lo voy a ver para darle las gracias--y, dejándonos en la +sala, atravesó el patio, donde don Camilo era recibido por los padres de +Martín. + +En efecto, don Camilo podía ser excelente, pero no era el ideal de los +novios; tenía sus bravos cuarenta años, una figura poco airosa y vestía +con una ropa provinciana de dudosa elegancia. Pero, en cambio, don +Camilo era rico; tenía estancias y vacas, y prometía como yerno bajo el +punto de vista de lo positivo. En la casa lo amaban y lo codiciaban; el +padre de Martín y la señora no sabían qué hacerse con él. + +Emparentado con familias de alta posición política, don Camilo era por +aquellas épocas un programa luminoso para una muchacha de dieciséis años +como Valentina, y el buen señor, persuadido de su valimiento, no se daba +mucha pena en ofrecerse, porque sabía que la ley de la demanda regía en +su favor y que él podía elegir como en peras entre las más lindas +muchachas de la época. + +Pasemos por alto la comida; don Camilo se sentó al lado de la señora y +Valentina me dio la silla inmediata a la suya. + +Yo estuve hecho un necio durante toda la mesa; la alegría bulliciosa de +Valentina me llenaba de tristeza; aun me parecía que se burlaba de mí, +cuando su boca, no muy correcta por cierto, pero llena de gracia, +dibujaba en su rostro aquella sonrisa que le era tan peculiar. + +La cara inerte de don Camilo me despertaba un rencor profundo que se +agravaba cada vez que la familia simulaba oír con asombro todas las +insulseces que aquel tonto contaba. + +Acabamos de comer y fuimos a pasar la tarde al jardín. Don Camilo, en un +grupo, conversaba con los padres de Valentina; Martín, que se había +separado de ellos, porque era gran fumador, echaba, escondido entre los +árboles, grandes bocanadas de humo. Valentina y yo mirábamos la noche +que empezaba a caer, desde una glorieta formada por madreselvas y +jazmines que quedaba a un extremo del jardín. + +--¿Ha estudiado astronomía usted, Julio?--me decía. + +--No, Valentina... + +--¡Qué ignorante!...--me repuso. + +--Pero Martín dice que don Pío les hace a ustedes un curso de astronomía +práctica muy curiosa. + +--¡Oh! broma de Martín; usted ya sabe lo que es don Pío y lo que es +Martín. + +--¿Pero sabe, Julio, que debe ser muy curiosa esa explicación?--agregaba +sonriendo Valentina. + +Yo callaba entretanto; toda la sangre me subía a la cabeza. + +--Vea--me dijo--dicen que aquella estrella es la estrella del +amor...--agregó señalando a Venus que titilaba como un diamante +suspendido en el cielo. + +--¿Quién se lo ha dicho a usted? ¿don Camilo?...--le pregunté. + +--¡Ja, ja! con qué tono me lo pregunta usted... ¿Cree usted que don +Camilo tiene tiempo para fijarse en el cielo?... + +--¡Cómo no! ¿No se ha fijado en usted? + +--¡Ay! que antiguo está usted, Julio, por Dios; eso es un requiebro... +Retírelo, por Dios...--Y prorrumpió en una larga carcajada que me +penetró en el pecho como un puñal. + +--Valentina; ¿es cierto que usted se casará con don Camilo?--le pregunté +en voz baja, pero resuelta. + +--Eh, todo puede ser, pero lo que es por ahora no lo pienso. + +--_Puede ser_, ¿dice usted?... + +--¿Y por qué no? Si no se presenta otro... me casaré con él... + +--¿Sería usted capaz de casarse con un hombre a quien no quisiese?... + +--Si él fuera capaz de casarse conmigo, ¿por qué no? + +En ese momento la madre de Valentina se acercaba a nosotros; detrás +caminaban su padre y don Camilo. + +--Vamos a la sala--nos dijo.--Está muy fresca la noche... + +--¡Tan pronto, mamá!... + +--Sí, ven, tócanos algo... + +Un momento después Valentina dejaba caer sus manos sobre las teclas y +tocaba el _Clair de Lune_, esa profunda melodía de Beethoven en que cada +nota parece el suspiro melancólico de un coloso. + +Yo, de pie al lado de ella, miraba flotar sus manos sobre el teclado y +buscaba la expresión de su rostro graciosamente inclinado, y de sus +ojos, en los cuales se reflejaba instintivamente el sentimiento de +aquellas frases sabias y poéticas a la vez que se elevan como los ecos +de una plegaria... Por fin se extinguió la última nota y Valentina +levantó la cabeza... + +--¿Le gusta, don Camilo?--preguntó dirigiéndose a su presunto novio. + +--No... yo no entiendo mucho de eso, a mí me gusta mucho la zarzuela. + +--¿Has visto un imbécil igual?--me dijo al oído Martín. + +--Cállate--repuso Valentina,--te puede oír. + +Valentina se levantó del piano y se sentó a nuestro lado. Don Camilo, +hombre de orden, se retiró temprano.... + +Mientras se despedía, yo había salido al balcón y allí me encontró +Valentina que regresaba de saludarlo. + +--Sabe, Julio--me dijo,--que lo noto muy triste y reservado conmigo hoy, +¿qué tiene? + +--En efecto--le contesté, como tomando una actitud resuelta.--Estoy +triste y reservado.... + +--¿Puedo yo saber la causa de su tristeza y el objeto de la reserva?.... + +Iba a decirle todo lo que sentía; llegaron las palabras a mis labios, y +debió traicionarme mi fisonomía, porque ella hizo un gesto en el que yo +adiviné toda su recelosa curiosidad y la alarma con que miraban sus +grandes y húmedos ojos negros, pero en aquel instante, pensé en mi +pasado, contemplé con la rapidez del relámpago mi presente, y el honor, +ese frío guardián de las pasiones, selló mis labios. + +--No--repuse con firmeza. + +--¿No?...--me preguntó con una inflexión de voz llena de ternura y de +resentimiento,--¿no? ¡Ah!--agregó--quiera Dios que su reserva lo haga +feliz. + +Reaccioné, e iba en aquel mismo momento a revelarle todo lo que sentía +por ella, cuando entraron Martín y sus padres, y el desenlace, que se +había presentado tantas veces en aquel día, quedó de nuevo trunco. + +Era necesario partir; saludé a todos y tendí la mano a Valentina con +efusión, pero ella dejó caer la suya con indiferencia entre las mías, +mientras que con la otra desprendía de su cintura el ramo de jazmines ya +marchito dejándolo caer sobre el piano. + +Yo sentí oprimírseme el corazón, y cuando llegué a la calle, dos +lágrimas, que me parecieron de sangre, brotaron de mis ojos y me +corrieron por el rostro. + + + + +X + + +Pocos meses después abandonaba el colegio donde había pasado años tan +tristes. Martín, que ya había salido también, estaba con su familia en +el campo y no pude por consiguiente despedirme de Valentina. + +Mi tío me esperaba en Buenos Aires con una colocación en una casa de +comercio; llegué a Buenos Aires y encontré a mi tía tan mala como de +costumbre; siempre dominada por la política, siempre tomando parte en +todos los acontecimientos notables que tenían lugar. + +Hacía seis años que no me veía, y, sin embargo, no me hizo el más mínimo +cumplimiento ni el más pequeño agasajo a mi llegada. + +Había engordado mucho y su temperamento sanguíneo se había desarrollado +notablemente. Mi tío era el mismo. El único que no estaba en la casa era +Alejandro: el pícaro pardo había cumplido su promesa; un día de un +altercado tremendo con mi tía, desbocó los caballos al descender la +violenta pendiente de la barranca de la Recoleta y volcó el _landeau_ en +una zanja, lo hizo pedazos y magulló a mi tía que fue izada por la +ventanilla con la gorra en la nuca y los vestidos en un desorden +inconveniente. + +¡Cómo habían cambiado en veinte años las cosas en Buenos Aires! ¡El +doctor Trevexo, el hombre de más talento de su tiempo, el orador, el +diplomático, el abogado y el periodista más hábil de la República, había +desaparecido de la escena pública, y sólo habían transcurrido veinte +años! Los tenderos de aquella época habían muerto o habían cerrado sus +tiendas; ya no gobernaban la opinión pública. Mi tía Medea había tomado +parte en dos revoluciones _chingadas_ y pertenecía a la oposición. + +El único puesto público que conservaba, era el de la Sociedad +Filantrópica, donde la fila de sus contemporáneas se había raleado +notablemente. Una nueva generación política y literaria había invadido +la tribuna, la prensa y los cargos públicos. + +Don Buenaventura pontificaba desde lejos, en el diario más grande de la +América. La escuela literaria de la _Flor de un día_ había hecho su +época; hombres y libros nuevos dirigían el pensamiento argentino. El +autor del _Facundo_ revolcaba su temible maza desde las columnas del +viejo _Nacional_; los salones se habían transformado; el gusto, el arte, +la moda, habían provocado una serie de exigencias sin las cuales la vida +social era imposible. Los cómicos españoles de antaño ya no entretenían +como veinte años atrás; la aldea de 1862 tenía muchos detalles de +ciudad; se iba mucho a Europa; las mujeres cultivaban las letras. Las +golosinas de Gustavo Droz, de Halévy y aun de Maupassant, andaban en +todas las manos femeninas, impresas en una forma adecuada para lectores +sibaritas, e ilustradas con todas las voluptuosidades artísticas del +taller de Goupil. + +La vieja moda, aquella que envolvía a las mujeres en verdaderas bolsas +de tela, había desaparecido; ni los filósofos podían pasear de cuatro a +cinco de la tarde en el invierno por la calle de la Florida, sin +conmoverse ante los cuerpos de las mujeres del día, dibujados _d'aprés +nature_ por Mesdames Carreau y Vigneau, con _damas_ de Génova y +terciopelos de Venecia; Kitty Bell y Flora Campbell hacían los +figurines; Sarah Bernhardt, los guantes. Worth firmaba los tapados como +un pintor sus cuadros; en los colores mismos se había operado una +revolución; nada de celeste y blanco como antes, nada de color rosa: +una mujer del gran mundo no estaba bien vestida sin llevar un medio +color indeterminado en los siete de la paleta; oro y plata viejos, +óxido, y marfil antiguo. + +Los troncos de los carruajes particulares eran arrastrados por yeguas y +caballos de raza, de pelo satinado y reluciente, con cocheros más +correctos que los del tiempo de Alejandro. No era _chic_ hablar español +en el gran mundo; era necesario salpicar la conversación con algunas +palabras inglesas, y muchas francesas, tratando de pronunciarlas con el +mayor cuidado, para acreditar raza de gentilhombre. + +En fin, yo, que había conocido aquel Buenos Aires de 1862, patriota, +sencillo, semitendero, semicurial y semialdea, me encontraba con un +pueblo con grandes pretensiones europeas que perdía su tiempo en +_flanear_ en las calles, y en el cual ya no reinaban generales +predestinados, ni la familia de los Trevexo, ni la de los Berrotarán. + +Estas reflexiones me hacía yo todas las tardes al salir del escritorio +de comercio de don Eleazar de la Cueva, el hombre de negocios más vastos +y complicados de la República Argentina, que tenía vara alta con los +gobiernos, con los bancos, con la Bolsa, con todo el mundo. Hombre manso +y cristiano ante todo, muy devoto y muy creyente, dulce de maneras por +lo general, y bastante bravo por lo particular cuando el caso lo +permitía, don Eleazar de la Cueva era una especie de astrólogo para sus +negocios, porque todos ellos participaban de ciertas formas +nigrománticas, llenas de misterio, y se preparaban por procedimientos +análogos a los que en lo antiguo se empleaban para buscar la piedra +filosofal. Don Eleazar, sin ser hombre de mundo, sin ser hombre +político, tenía cierta influencia política; sin ser hombre de partido, +tenía cierta intervención y participación en todos los partidos. En fin, +en el mar humano, don Eleazar era corriente de fondo y no de superficie: +arrastraba sin ser visto ni sentido. + +Tenía don Eleazar un cuerpo de oso y una cabeza de leona mansa; su cutis +fino y terso, a pesar de sus setenta años largos, daba a su rostro +cierta capa de venerable distinción y de majestuosa ancianidad que +imponían a primera vista. Los dependientes le temblábamos, sin embargo, +porque era áspero y cruel con nosotros, y cuando sentíamos sus pisadas +en el escritorio, no sólo guardábamos un profundo silencio, sino que +volcábamos la cara sobre nuestras mesas y hacíamos lo posible por +aparecer abstraídos en nuestra tarea. + +Nada más curioso y original que el escritorio de don Eleazar; un +edificio bajo y antiguo con un vasto y desierto patio a la entrada, +enlosado con grandes piedras color pizarra, perpetuamente húmedas y +empañadas por una eterna capa de verdín. Frente a la puerta de la calle, +tres cuartos, cada uno con tres puertas al patio. Desde la calle, +aquella casa hacía el efecto de estar inhabitada; tal era el abandono de +sus paredes y el estado de sus puertas despintadas, casi carcomidas, y +tan antiguas, que algunos de sus tableros exteriores debían haber sido +pintados en tiempo de Rozas, porque, aunque sumamente descoloridos, se +notaba que un día habían sido colorados. El único adorno de los cuatro +muros que formaban el cuadrado del patio, era una guarda grecorromana de +relieve, en la que la intemperie había hecho sus estragos sin que el +dueño de la casa se hubiese preocupado de hacer restauraciones. + +Por dentro, el escritorio del señor de la Cueva representaba exactamente +su apellido; todo era en él vetusto: las mesas y las sillas; los +estantes, llenos de rollos de papeles, denunciaban un completo abandono. + +Aquellas habitaciones habían sido empapeladas un día, pero el papel se +había caído; algunos jirones que quedaban, colgaban todavía de las +paredes, esperando la hora de caer por sí solos, sin que la mano del +hombre los arrancara, porque don Eleazar, que en materia de negocios y +especulaciones demostraba una actividad y un espíritu innovador a toda +prueba, trataba a su escritorio por el procedimiento contrario. Aquel +piso jamás había conocido alfombra ni escoba, y si alguno de sus +dependientes hubiese tenido la ocurrencia de arrojar en él algunos +granos de alpiste, la simiente habría florecido de un día para otro, ni +más ni menos que con el riego cuotidiano que el sirviente gallego hacía +para aplacar el polvo de la habitación. + +Nada más caliente y sofocante que el escritorio de don Eleazar en el +verano: nada más frío también en el invierno, en que teníamos que pasar +la noche y el día escribiendo, de pie sobre las baldosas desnudas y +húmedas del piso. + +Mi tía Medea le había puesto ciertos inconvenientes a mi tío para que yo +habitara en su casa, de modo que me fue necesario ocupar un cuarto en la +casa particular de un antiguo amigo de mi padre, que era un excelente +viejo alegre y solterón que me había cobrado un franco cariño. De modo +que, cuando regresaba de lo de don Eleazar, encontraba en don Benito +Cristal un verdadero amigo, con quien me desahogaba contra mi mala +suerte y lamentaba el tiempo que mis tíos me habían hecho perder. + +Don Benito era un carácter. En la arrogancia de su porte se reflejaba +toda la entereza de su alma. Amaba con delirio la verdad y podía decir +con orgullo que no había nunca mentido en su vida. Era impetuoso, +resuelto, intransigente en la defensa de todas las reglas de la +gentilhombría. La honradez acrisolada de su palabra no cedía en nada a +la honradez de sus acciones, y llevaba su culto por la virtud hasta la +delicadeza de practicarlo en silencio sin proclamarla como el fariseo. + +Sin embargo, don Benito tenía las debilidades mundanas de los galanteos +y había luchado en vano por muchos años sin poder reaccionar contra +ellas. Soltero, sin familia, no pensaba sino en sus buenas fortunas por +el momento y en su inocente partidita nocturna; pero con todo, desde el +día que supo que yo estaba empleado en lo de don Eleazar, se preocupó +por mi suerte, y día a día, al verme salir para mi empleo, me decía +meneando la cabeza: + +--¡Amigo, amigo, busque otro destino, mire que esa casa de don Eleazar +es peligrosa! Vale más correr el peligro de perder la camisa, como yo, +que exponerme a perder allí la honra. + +Pero no era fácil salir de lo de don Eleazar, y además, el sueldo era +bueno y el pago exacto. Se trabajaba; eso sí, se trabajaba noche y día, +sin fin, sin tregua, pero ningún dependiente sabía lo que el otro +dependiente hacía. Don Eleazar, que vigilaba constantemente el trabajo, +estaba allí para evitarlo. Sus negocios eran múltiples y +complicadísimos: prestaba y tomaba prestado a tipos usurarios, según las +circunstancias; su influencia en la Bolsa era tremenda y misteriosa a la +vez; la mitad creía que estaba a la baja, la otra mitad aseguraba que +jugaba a la alza; don Eleazar vivía en el escritorio y recibía allí a +las gentes de todas clases, siempre con su aparente humildad, instalando +ante todo su probidad, su desinterés y su honor comercial ante el +interlocutor que, por más prevenido que estuviese contra él, terminaba +por escucharlo y someterse. + +Don Eleazar era ante todo un especulador; en su casa de comercio no se +compraba ni se vendía sino papeles de Bolsa. De cuando en cuando, para +variar, solía comprar algún gran pleito, y con la paciencia y la +tenacidad de un israelita perseguía su gestión por todas las instancias, +hasta liquidar y desenredar la madeja litigiosa a fuerza de dinero y de +procuradores traviesos y experimentados. + +Cautísimo hasta el extremo, don Eleazar jamás escribía una carta de su +puño y letra, limitándose a firmar lo que él dictaba, no sin tener la +precaución de leer siempre antes de firmar el manuscrito que le +presentábamos. + +En el comercio, don Eleazar estaba considerado como un corsario. Atacaba +y pillaba al enemigo, pero cuando no encontraba adversarios a quienes +acometer, o cuando él quería asegurar el éxito de una operación +peligrosa, no tenía ningún género de inconvenientes en consumar actos de +verdadera piratería, sin perder el aspecto venerable y majestuoso de su +fisonomía, y aun llorando y cubriendo sus gavilanadas con palabras de +humildad que parecían salir del fondo de su alma. + +Así sucedía no pocas veces en épocas de agitaciones bursátiles, que +detrás del corredor que partía a venderle sus títulos, salía por otra +puerta un segundo con encargo de hacer el alza; y por la tarde, cuando +uno y otro regresaban a dar cuenta de sus operaciones, don Eleazar +tomaba la palabra y hablaba en el lenguaje y el acento de un varón santo +y convencido: + +--Así es, señor don Tomás, así es; ya que ellos lo han querido, bien +empleado les esté. ¡Ya usted sabe, señor, que a mí no me gusta hacer mal +a nadie! Pero ¿qué puede hacer un hombre honrado en estos tiempos de tan +mala fe? ¡Es menester resguardarnos! Vea usted, señor; yo he hecho +muchas obras de caridad en este país, cuando tenía cómo hacerlas; no hay +uno de esos que me quieren arruinar, que no me deba todo lo que tiene. +¡Yo he sido siempre el mismo con ellos; dos fortunas he perdido por +ayudarlos! Dos fortunas, señor, y sólo por necesidad me veo obligado a +defenderme. + +Y cuando don Eleazar llegaba al fin de su discurso, abría su caja de +rapé, invitaba a su interlocutor, y en seguida sacaba de sus profundas +faltriqueras un largo pañuelo de la India con el cual se sonaba las +narices y se cubría el rostro, para hacer más expresivas sus +lamentaciones. + +En el orden interno del escritorio, don Eleazar era de una severidad que +rayaba en crueldad; jamás una licencia, un respiro, un descanso para sus +dependientes. Se trabajaba allí de día y de noche sin reposo, bajo la +dirección inmediata de don Anselmo, el _alter ego_ de don Eleazar; un +mozo español, de cuarenta años, sagaz, alerta y ladino para los negocios +como un capeador para burlar el toro, y sin el cual rara vez don Eleazar +celebraba conferencias sobre negocios delicados e importantes. + +Don Eleazar jamás se presentaba en teatros, bailes y paseos. Venía por +la mañana de su quinta en su clásico cupé tirado por dos caballos +gateados, mansos y tranquilos, que volvían a conducirlo por la tarde o +por la noche, si las exigencias del trabajo reclamaban su presencia en +el escritorio después de comer. Pero, si don Eleazar no andaba en +sociedad, su nombre y su influencia se dejaban sentir en mil formas +distintas: en las elecciones formaba siempre parte en los dos bandos sin +dar su nombre, y concurría eficazmente al triunfo de ambos partidos con +sumas gruesas de dinero. + +El sabía bien que a los que saben negociar en política, esta buena madre +les devuelve el préstamo con capital e intereses compuestos; y como para +él lo mismo eran los nacionalistas y los autonomistas, los porteños y +los provincianos, los federales y los unitarios, con todos promiscuaba, +porque en la viña del Señor tanto valía para él ser judío como +cristiano. + +Una noche, al retirarme tarde del escritorio, don Benito me esperaba en +la puerta de la calle con evidentes manifestaciones de sobresalto. + +--Y...--me dijo al verme,--¿qué ha sucedido hoy en lo de don Eleazar? + +--Nada--le contesté,--el día ha sido como el de ayer, sin novedad. + +--¿Sin novedad? ¿Pero usted embroma o es tonto?--me replicó mirándome +fijamente al rostro. + +--Mi costumbre de no bromear nunca, me obliga a confesar que soy tonto. +No sé lo que sucede... + +--Pero, amigo, ¿qué; no sabe usted que su patrón ha quebrado?--me +preguntó. + +--¿Quebrado? ¡No puede ser, imposible! ¿Quién se lo ha dicho? + +--¡Pero si es voz pública!--me replicó don Benito,--no se habla de otra +cosa en la ciudad. + +--¡Pues, señor, yo no he notado lo más mínimo en el escritorio, y hoy ha +sido sábado, se ha pagado a todo el mundo! + +--¡Hombre! ¿Está usted seguro?--me repitió don Benito con asombro. + +--Como que estamos hablando en este momento. + +--Pues, sepa usted, mocito, lo que no sabe--me dijo;--y tomándome +confidencialmente del brazo, me llevó a su cuarto, me hizo sentar y me +refirió lo siguiente, después de haber encendido un cigarro habano: + +--Don Eleazar de la Cueva, como usted sabe, trae revuelta la Bolsa desde +hace tres meses. Lo mismo que un general que con un ejército numeroso +invade un país dilatado, él ha puesto en juego allí dos o tres millones +de duros. Comenzó por comprar acciones de ***, monopolizó el mercado, +se hizo dueño de todos los papeles, y conseguido esto, manteniendo +siempre la demanda, trataba de vender a precios exorbitantes lo que +había comprado a precio vil. + +Pero don Eleazar ha encontrado la horma de su zapato; mientras sus +agentes, divididos en dos bandos que operaban en sentido contrario, +preparaban su golpe, él no contaba con que en esta tierra del +papel-moneda, una nueva emisión es asunto de poca monta, y la cuerda +tirante con que él tenía presos a sus deudores, se ha aflojado; la nueva +emisión se ha hecho y he aquí que la baja más espantosa se ha operado. + +En esta situación, don Eleazar ha resuelto no reconocer sus operaciones. +El tiene razón hasta cierto punto; exige _fair play_, como los +luchadores ingleses. En la casa de la Bolsa, todo es permitido como en +la guerra; jugar públicamente al alza y clandestinamente a la baja; +lanzar un _gato_, dar una noticia de sensación, asegurar que la guerra +con Chile es un hecho, que nuestra escuadra está en un estado atroz, que +nuestro ejército será derrotado en caso de una batalla; en una palabra, +sembrar el terror sin consideración de ningún género por el patriotismo; +pero jugar con armas de doble carga, no. ¡Eso no, eso nunca!... Don +Eleazar en estas materias es correctísimo, y, sobre todo, cuando en vez +de ser él quien apunta, acontece que es contra él contra quien se +vuelven las bocas de los cañones. Pero lo peor de todo, mi amigo, no es +eso. Lo peor es que don Eleazar, aprovechando su desgracia, porque es +capaz de aprovechar todo y sacar de todo ventaja, ha resuelto no pagar a +nadie. A él lo sitian por hambre, pero él les cercena el agua y el pan, +y con la misma cuerda con que lo ahorcan, él procura ahorcar a sus +adversarios. + +--Quiere decir que yo me encuentro en la calle--le dije al oírle +terminar su relación. + +--¡Oh, no! ¿cree usted que don Eleazar es hombre de despedirlo por cosas +de tan poca monta?... No. Su quiebra es una quiebra que no lo arruina ni +lo lleva al tribunal; todo se resuelve para él en no pagar; las deudas +de Bolsa no son deudas, y en el caso de don Eleazar ha pasado ni más ni +menos lo que sucede en una casa mala de juego cuando se apagan las +luces: cada jugador defiende con el puño lo que puede, y le aseguro que +su patrón sabrá defender lo suyo. No se alarme: no perderá el puesto. + +--No me alarmo, don Benito, por tan poca cosa--le repuse riéndome a +carcajadas.--¡Soy yo quien resuelvo no volver al escritorio de don +Eleazar! No me cuadran ni el hombre ni el empleo. + +--Hace usted bien, amigo: eso lo honra. + +--No, don Benito; ni me honra ni me deshonra; no hago una quijotada, ni +tendría derecho para hacerla. Don Eleazar se ha portado bien conmigo; me +ha pagado religiosamente mis sueldos y ha tenido el buen gusto de no +imponerme de sus negocios. + +--¿Y qué va usted a hacer? + +--No lo sé, pero mañana lo sabré. Desde luego disponga usted de mi +cuarto: ¡tenemos que separarnos! + +--¿Separarnos? ¡Jamás!--me contestó el buen viejo irguiendo su noble +cabeza y acompañando sus palabras con un gesto enérgico que denotaba el +profundo sentimiento que le había ocasionado mi +resolución.--¿Separarnos? ¡Nunca!--me repitió:--mire, Julio... Mira, +hijo mío--agregó,--déjame que te tutee, mis canas me dan derecho para +ello, ¿es cierto? + +Y como yo le hiciera un signo afirmativo, prosiguió conmovido: + +--Yo he respetado hasta hoy la resolución de tu tío, pero debo +confesarte que he sufrido al verte en casa de don Eleazar. Ese empleo no +te corresponde, y lo que no me explico es cómo Ramón te ha colocado +allí... + +--Mi tía, usted sabe... + +--Sí, que lo gobierna como a un trompo; pero esa no es una razón para +que te descuide. Mira--me dijo,--desde hoy yo me encargo de ti. ¡Qué +diablos! Soy viejo, pero tengo el alma joven todavía: seré tu padre y tu +hermano al mismo tiempo. Tengo mala fama en el mundo: las mujeres como +misia Medea me aborrecen, porque no creo en deidades políticas; y los +hombres como don Eleazar tampoco me pueden pasar, porque no sé hacer +negocios de los que ellos hacen. Viviremos juntos; de cuando en cuando +oirás en mi cuarto alguna voz de mujer... ¡qué quieres!... Soy hombre... +súfreme estos extravíos. Las mujeres me enloquecen, por eso he tenido el +tino de no volverme loco por una sola: me he enloquecido por todas y no +me he casado con ninguna; espero no caer en la tentación de hacerlo en +los años que tengo. Soy risueño, despreocupado y franco: vivo sin +misterios y tomo la vida tal como es. Allá en mis mocedades he leído +mucho; pero una sola lectura me ha aprovechado de todas las que he +hecho: ahí está junto a la cabecera de la cama: _Rabelais_. + +Cuando tengas mi edad y hayas corrido el mundo, verás que tenía razón: +es el único libro que ayuda a bien morir, por eso lo abominan los +jesuitas. No tengo hijos, o más bien dicho, no sé si los tengo, porque, +si lo supiera a ciencia cierta, no los negaría como padre; pero en la +duda, tú bien sabes que es mejor abstenerse, porque esto de tomar como +propias las obras de otros, es un poco grave. Y yo huyo del ridículo +sobre todo. No tengo ningún amigo de mi edad: mis amigos son los jóvenes +de la tuya, vivo con ellos, enamoro con ellos y escandalizo también con +ellos este salón porteño en que hay muchas mujeres lindas y tanto tonto +que se las lleva. + +Y, al terminar, don Benito me estrechó fuertemente en sus brazos y +contra su pecho, y yo no pude contener las lágrimas que me saltaron a +los ojos. + +Al día siguiente me presenté en lo de don Eleazar, de mañana. El patio +estaba lleno de gente que cuchicheaba y accionaba con animación: las +puertas del escritorio cerradas. Me acerqué y golpeé los cristales: al +abrirme don Anselmo, que me reconoció, dos o tres de las personas del +patio se arrojaron sobre la puerta del escritorio con la pretensión de +entrar. + +--Perdonen ustedes, no pueden ustedes entrar...--les dijo don Anselmo, y +les dio casi con la puerta en las narices. + +Y pude ver que uno de ellos levantaba el puño de la mano en actitud +amenazante. + +En dos palabras di cuenta a don Anselmo de mi resolución de abandonar la +casa. + +--Vaya, vaya, ¿a usted también lo ha picado la tarántula? + +--A mí no me ha picado ninguna tarántula; ni quiero, ni tengo nada que +ver con los que protesten afuera ni contra los que se encierran adentro, +vengo a agradecer a don Eleazar el honor que me ha hecho y a comunicarle +mi resolución. ¿Me quiere usted anunciar? + +--No se si podrá recibirlo a usted...--me dijo don Anselmo moviendo la +cabeza. + +--Vea usted si puede... quiero cumplir lo que yo considero un deber. + +Don Anselmo pasó a la habitación contigua, que era la de don Eleazar, y +después de un rato regresó. + +--Dice don Eleazar que puede pasar--me dijo. + +Yo entré resueltamente. No olvidaré nunca el cuadro que se presentó a mi +vista. Casi en el medio de la habitación, junto a un escritorio +elevadísimo, donde don Anselmo acostumbraba a escribir bajo el dictado +de don Eleazar, sentado sobre un esqueleto de silla, estaba éste, +desayunándose, delante de una mesita muy poco más grande que el plato en +que comía. Un sirviente gallego le servía sin pausas, plato tras plato, +y don Eleazar comía con la gravedad de un oso que devora su ración. En +un rincón de la pieza, de pie, tres hombres presenciaban esta colación +matutina en completo silencio. + +--Entre usted, señor don Julio, ¿también nos abandona usted en los días +de prueba?... + +Yo expliqué las causas de mi renuncia, procurando convencerlo de que +ella era completamente extraña al reciente desastre comercial; pero don +Eleazar, conmovido, a pesar del apetito con que devoraba sus viandas, se +daba maña para lamentarse con palabras que partían el corazón. + +--Bien, joven, puesto que usted lo ha resuelto, separémonos; pero usted +me hará justicia algún día... ¡Vea usted la situación a que me veo +reducido! ¡Todo lo he perdido! Desde hoy vivo de la caridad de mis +parientes; sí, señor, de la caridad de la familia... Aquí me tiene usted +preso; ¡yo preso en este país que he colmado de beneficios! ¡No ve +usted, señor, que hasta la autoridad se complota en mi contra! ¡Vea +usted, señor, todos esos hombres que se acercan a los vidrios y que me +amenazan, me son completamente desconocidos! ¡Yo nunca he tenido trato +con ellos! ¡No los conozco! ¡Y me persiguen, señor, me persiguen a +muerte! ¡Vean ustedes a lo que estoy reducido! ¡A no poder comer estos +bocados en mi casa, porque son hasta capaces de envenenarme! ¡Y si no +fuera por mi fiel Juan (exclamaba mirando expresivamente al gallego que +le servía el almuerzo), si no fuera por él, quién sabe lo que habría +sido de mí! + +Pero yo te recompensaré algún día... tú sabes que todo lo he perdido, +que no tengo nada, que me es imposible por consiguiente satisfacer mis +compromisos! ¡Dilo, Juan, a todos; es posible que a ti te crean!... +¡Dígalo usted, joven, asegúrelo, usted sabe mis negocios, todos son +claros, tan públicos, tan legítimos!... ¡Ustedes lo saben, señores... yo +he sido víctima de gente (agregaba encarándose con don Anselmo que le +contestaba con un signo afirmativo) sin ley ni principios!... ¡Usted lo +sabe, don Anselmo, usted sabe todos mis negocios, conoce mi casa!... ¡No +me es posible cumplir, y no lo siento tanto por mí, sino por tanta +persona excelente a quien tendré que perjudicar, contra todos mis +sentimientos!... ¡Vean ustedes, vean ustedes cómo amenazan esos hombres! +¡Se creería que yo me he quedado con algo de ellos!... ¡Gracias, Juan, +gracias, hijo mío, sírveme el té, no tengo apetito!... ¡pruébalo tú +primero, mira si tiene mal gusto!... ¡Ah, señores, yo tengo la +conciencia tranquila!... + +Y mientras don Eleazar se lamentaba, todos lo oíamos en silencio, como +consternados por la horrible desgracia de ese hombre providencial que +engullía como un tiburón, en medio de la catástrofe de su fortuna. Fueme +necesario cortar de un golpe aquella eterna elegía y despedirme para +siempre de ese antro en que había estado ocho meses. + +¡Lo que es el mundo de malo! Al salir, los acreedores del patio, que +echaban espuma por la boca, decían que don Eleazar había realizado +quinientos mil duros de ganancia y que ellos se quedaban en la calle. +¿Quién podía creerlo? + + + + +XI + + +Rigurosamente encorbatado de blanco, con un frac de Poole y un par de +_pumps_ de Thomas, don Benito penetraba una noche en mi cuarto, elegante +y joven como un muchacho de veinticinco años. + +Yo me vestía lentamente; aquella noche hacía mi estreno en el club. ¡El +club!... No es necesario decir que es el Club del Progreso de que hablo, +y que el baile en perspectiva es un baile de julio: la gran _attraction_ +de la _season_ porteña. + +--¿Todavía en ese estado?...--me dijo al verme complicado en los +preparativos de la camisa;--¡es la una casi!... + +--¡Ah! ¿qué cree usted? Es cosa seria preparar una camisa... recuerde +usted que me estreno. + +--¡Ca! un hombre elegante no se fabrica; nace... Mírame--me +dijo--cuadrándose en el medio del cuarto. + +--Bueno, tenga paciencia, yo no soy usted... yo no soy elegante... + +--Sí, pero te cuadra Blanquita, ¿no?... Y no supongo que te prenderás +como un tendero para enamorarla, mira que es mujer tan suelta y ligera +como la madre... y quiero que la conozcas. + +--No embrome con Blanquita, ya sabe que Blanca no me cuadra y que yo +tengo una novia en... + +--Está bien, cásate con aquélla, pero enamora a ésta... no seas tonto... + +--¿Y si no me hace caso? + +--¡Qué no! La madre te adora y la madre es la protectora de esa +criatura. + +--¡Oh! Fernanda me conoce desde muchacho: tenía veinticuatro años cuando +yo tenía diez o doce, pero la hija... + +--La hija es igual a la madre; ambas son mujeres de coraje y de avería, +lindas como unas tórtolas y peligrosas como dos lobas. + +--Esta noche estarán radiantes, serán las reinas del baile, el señor +Montifiori hará brillar su legación vacante. + +--¡Montifiori!... ¿Qué clase de hombre es Montifiori?... + +--Te lo diré después... vamos, átate la corbata pronto. + +--¿Va bien así? Muy grande el moño, ¿no?... + +--No; está bien, las mujeres no se fijan en eso; el pescuezo de los +hombres les es indiferente. Bueno, ponte el frac; ¡excelente! Estás +hecho un lord. ¡Si yo tuviera tu cuerpo y tus años y tú mi +experiencia!... + +--¡Siempre el viejo proverbio, don Benito!... ¡Ah! no hay nada completo +en el mundo. + +Di una vuelta por mi cuarto, tomé mis guantes, puse el gas a media luz y +salimos yo y mi viejo compañero. Hacía un frío de todos los diablos, +pero el cupé de don Benito estaba a la puerta; nos encerramos en él y +empezamos a deslizarnos sobre los rieles del tranvía a todo trote. En +cinco minutos estábamos en la cuadra del Club del Progreso: tuvimos que +esperar algunos minutos más para que le llegara a nuestro carruaje el +turno de acercarse, y por fin bajamos en la puerta entre un grupo de +hombres y mujeres que subían apresuradamente la escalera muellemente +tapizada y adornada con flores y guirnaldas verdes. + +¿Quién no conoce el Club en una noche de baile? La entrada no es por +cierto la entrada del palacio del Elíseo y la escalera no es una +maravilla de arquitectura. + +Sin embargo, para el viejo porteño que no ha salido nunca de Buenos +Aires, o para el joven provinciano que recién llega de su provincia, el +Club es, o era en otro tiempo, algo como una mansión soñada cuya crónica +está llena de prestigiosos romances y en el cual no es dado penetrar a +todos los mortales. + +Don Benito conocía la casa desde su fundación y gozaba en ella de una +influencia única. Al entrar, jóvenes y viejos lo saludaron con cariño +como un antiguo amigo. + +El buen viejo, poniéndome el brazo izquierdo sobre la espalda, me +condujo al quiosco de cristales donde nos sacamos los paletós y nos +consultamos un momento la figura sobre los espejos. + +En aquel momento la orquesta tocaba la última parte de las cuadrillas de +_Carmen_... + + Toreador, toreador en garde... + +y la música de Bizet, saturada, por decirlo así, en la sangre misma de +Merimée, distribuía al cuerpo de las mujeres que formaban los cuadros, +los tonos calientes con que el joven maestro ha rimado ese extraño poema +de amores plebeyos y bajas venganzas. + +El salón, híbrido, y en el cual el gusto refinado de un _clubman_ de +raza tendría mucho que rayar, desaparecería ante la masa compacta de +hombres y mujeres que lo llenaban. + +Mi viejo amigo me dio el brazo y entramos juntos a ocupar nuestro lugar +en aquel _bouquet_ porteño que julio forma todos los años con la +exactitud con que se celebra un aniversario. + +Es en un baile del Club del Progreso donde pueden estudiarse por etapas +treinta años de la vida social de Buenos Aires: allí han hecho sus +primeras armas los que hoy son abuelos. La dorada juventud del año 52 +fundó ese centro del buen tono, esencialmente _criollo_, que no ha +tenido nunca ni la distinción aristocrática de un club inglés ni el +_chic_ de uno de los clubs de París. Sin embargo, ser del Club del +Progreso, aun allá por el año 70, era _chic_, como era _cursi_ ser del +Club del Plata, con perdón previo de sus socios. + +La entrada era cosa ardua: no entraba cualquiera: era necesario ser +crema batida de la mejor burguesía social y política para hollar las +mullidas alfombras del gran salón o sentarse a jugar un partido de +_whist_ en el clásico salón de los retratos que ocupa el frente de la +calle Victoria. + +En esta última sala, larga y fría como un zaguán, que ha sido empapelada +cien veces por lo menos de verde o celeste claro y que ha consumido +cincuenta distintas partidas de tripe de lo de Iturriaga, ha nacido una +generación de la cual van quedando muy escasos representantes. Allí ha +mordido la maledicencia urbana a los jugadores trasnochadores, a los +maridos calaveras, a la juventud disoluta y disipada, y cada mordisco de +mamá indignada ha hecho los estragos de la viruela en el retrato moral +de las víctimas. La maledicencia de la gran aldea es como la calumnia +del _Barbero de Sevilla_: del _venticello_ pasa al huracán y ¡ay de +aquel que se encuentre envuelto en la ráfaga! + +El Club del Progreso ha sido la pepinera de muchos hombres públicos que +han estudiado en sus salones el derecho constitucional; literatura fácil +que se aprende sin libros, trasnochando sobre una mesa de ajedrez; ¡y a +mí, no sé por qué, se me ocurre que algunos de los retratos de los +hombres de Mayo que presencian aquel grupo de pensadores, hacen una +mueca cada vez que un pollo acompaña un discurso sobre la libertad del +sufragio con un golpe que asienta sobre el damero una reina jaqueada por +la chusma de los peones sobrevivientes! + +¡Falta allí el retrato del padre Castañeda! ¡Y sobre todo, falta el +espíritu! ¡También veinte, treinta años, de hacer lo mismo! + +Hasta hace muy poco, la biblioteca no era muy copiosa que digamos. +Mucha _Memoria_, mucho _Registro Oficial_, pero a condición de no +encontrarse nunca cuando se pedían; y en la mesa de lectura, todos los +diarios porteños, vacíos y estériles como sábanas de monja, luciendo el +artículo editorial al frente, extenso riel de plomo en que, para valerme +de una figura bíblica, se fatigan los caballos de la imaginación. En la +mesa de lectura el _Illustrated London New_ y la _Revue_ (casi sería +inútil agregar _des Deux Mondes_, si no habláramos en el club); la +_Revue_ en que M. de Mazade produce el artículo burgués que en un tiempo +firmaron Forcade y Lanfrey y algunos diarios franceses que casi siempre +sirven de adorno, como esos ramos secos que se pudren en las salas por +olvido de los sirvientes. A pesar de esto, cualquiera creería que allí +se lee... ¡nada de eso! Allí se conversa: en el grupo de muchachos +alegres y espirituales, que entra a las 12 de la noche repitiendo la +última nota de Tamagno, no falta un ejemplar de denso burgués +pantagruélico, gastrónomo noctámbulo, engordado y enriquecido por el +vientre libre de sus vacas, que se hace servir allí mismo un chorizo por +noche, mientras que, con el profundo desdén del bruto feliz, descuidado +el traje, pelado a la _mal-content_, mira todo lo que le rodea con +satisfecha apatía, llevando la mano al renegrido cabello y dragándose +la caspa de aquella mollera inerte con la uña afilada del índice. + +No falta tampoco el idiota de la aldea, magín descompuesto, candidato de +pillos, víctima de las bromas aldeanas, enloquecido con ideas sobre +filantropía, abriendo la boca de admiración y pestañeando con un ojo que +sufre de perlesía intermitente, mientras la pupila del otro se le sale +como el carozo de un durazno prisco. + +Ni el Tenorio de suburbio que no se modifica; que se viste hoy como +ayer, con abalorios de altar mayor y prendas de precio fijo; sano, +insulso, inofensivo, olvidado por los buenos y mortificado por los que +todavía creen que es de buen tono zaherir o burlarse de los inocentes. + +Y entre esta sociedad híbrida e incolora como la Memoria de un ministro, +mi amigo don Benito, cuya acrisolada y noble honradez se confunde por el +positivismo contemporáneo con el sueño de un iluso, solía de repente +estallar con noble sarcasmo, sintiendo probablemente cuán estériles han +sido las desgracias del pasado y cuán injustamente ha repartido el +destino sus favores en el presente. + +Pero el club es el club, y aquella noche, los violines, riendo bajo la +cuerda de los arcos, transmitían la alegría y el entusiasmo singular de +la música a todos los semblantes. + +De pie, delante de la puerta que da paso a la gran escalera del comedor, +yo seguía el vuelo espiralado de las parejas impelidas por el soplo +caliente de un vals de Metra. No sé por qué, esos valses fascinadores, +de cumplidas y ondulantes frases, que parecen dibujadas en el éter por +la batuta mágica del maestro, me produjeron una profunda melancolía, +trayéndome al recuerdo unos versos en que Hugo contempla, a través de +los cristales empañados por el frío de la noche, el cuerpo de su amada +enlazado por el brazo de un rival feliz. + +¡Pero qué variado espectáculo! + +¡Cuánta mujer ideal y atrayente bajo la trama cariñosa de esas telas +modernas, cómplices de la carne y del contorno que este siglo +materialista teje con las alas de pájaro o pétalos de flores exóticas! +¡Cuánto ser grotesco de fealdad repugnante, de doloroso raquitismo, +brincando sin gracia, marcando la nota chillona del ridículo! + +¡Cuánto contraste! + +¡Cuánta cara foránea, ahorcada por cuellos anticuados, encorbatada de +raso tórtola, bizantinamente enfracada, con pantalón en forma de caño y +botines de brasileño guarango! + +¡Cuánto gallo viejo sin púas, forcejeando contra el tiempo en vano, con +las armas débiles de los untos! ¡Cuánto ser insípido, abriendo la boca +satisfecha y marchitando con su trato insoportable a tanta mujer linda y +atolondrada que busca su ideal sin encontrarlo! + +¡Cuánta mamá achatada por la gente que pasa, sirviendo de mojón en los +sofás de lampás crema! + +¡Cuánto marido tolerante que entrega su mujer a la garra de los halcones +y que se sitúa en el buffet con el sentido práctico de un convencido! + +¡Cuánto viejo fatuo, teñido de pies a cabeza, prendido como un paje, que +apesta a menta desde lejos y que instala sus pretensiones intolerables +ante cualquier mujer bonita, para que el mundo le cuaje el sabroso +renombre de afortunado! ¡Cuánto muchacho alegre y filósofo, pollos de la +aldea, que conocen la aldea y que toman la partida con el buen humor de +los descreídos! + +El baile estaba en su apogeo, cuando sentí en torno un murmullo. Dos +mujeres del gran mundo entraban en el salón y las parejas se abrían para +darles paso. Don Benito acompañaba a una de ellas, y la otra, contra la +más estricta regla de nuestros salones, caminaba sola al lado. Don +Benito vino derecho adonde yo conversaba con un grupo de amigos. + +--¡Julio!--me dijo con la más perfecta y aristocrática +urbanidad:--¡Fernanda!--Y dándose vuelta y señalando a la más joven, +repitió, como toda presentación:--¡Blanca! + +Me incliné reverenciosamente y al levantar los ojos, vi la imagen doble +de mi compañera de teatro ¡dieciocho años ha!... + +--Me parece que nosotros somos viejos amigos--me dijo Fernanda.--Y como +queriéndome dar confianza, agregó:--¡Pero usted es un hombre! + +--¡Señora... señorita!.... + +Y a una finísima mirada de don Benito, imperceptible casi, yo extendí mi +brazo y Blanca se colgó de él con franco y dulce abandono. + +No podía darse un retrato más semejante a Fernanda. Para mí, Blanca era +una verdadera resurrección del pasado; la misma aparente frialdad de la +madre, la misma palidez casi mate; los grandes y sombreados ojos de +Fernanda, y un busto, que dejaba ver un escote en el que los nervios +preponderaban sobre la carne. Por último, un brazo que podía ser un +tanto largo, pero que, bajo fino y suelto guante de piel de Suecia, +tenía yo no sé qué encanto voluptuoso, mil veces más ático y más puro +que el que revela un pie bien calzado cubierto por una media de seda +obscura. + +El vestido de Blanca era una antítesis con su serena palidez: una +pollera corta de tul de seda color fuego, estrecha, determinaba como un +calco las líneas misteriosas del cuerpo, dejando ver bajo el ruedo un +zapato de raso del mismo color, sumamente escotado, en el que aparecía +el más bello y atractivo pie de mujer. + +Una bata de terciopelo fuego encerraba apenas el misterio de su pecho, +dejando adivinar las líneas audaces de sus senos altos y erguidos como +los de la Venus de Milo. En la cabeza dos peinetas de oro de una +sencillez irreprochable sostenían su cabello rubio mate, y fuera de las +numerosas cadenas de pulseras que rodeaban sus brazos, ni una sola +alhaja, ni una sola flor, ni un solo adorno, lucían en aquella mujer. + +--¡Qué espléndido vals!--me dijo,--bailemos, yo no resisto... + +La enlacé estrechamente y la imaginación debió traerme, como una brisa +en aquel momento, el suave perfume de Fernanda. Blanca reclinó su +mejilla sobre mi hombro, el muelle contacto de sus senos estremeció mi +pecho, tomele la mano con fuerza y rodeando su talle flexible y +admirable, la danza lasciva nos arrebató en su torbellino. Blanca +bailaba como una inglesa de la vieja estirpe; sin reservas, pero +también sin el grosero materialismo de una mundana; de vez en cuando, +los vaivenes ondulantes del vals en que los cuerpos se deslizan con la +música, nos unían involuntariamente, y yo sentía ese estremecimiento +inexplicable que produce la lucha de la timidez con la audacia, cuando +el cuerpo de una mujer joven y linda toca y calcina esta miserable +arcilla humana de que están hechos todos los seres desde Satanás hasta +San Antonio. + +El vals tocaba a su término; mi compañera se me había entregado +completamente. En el mareo embriagador de sus últimos giros, columbré el +rostro de don Benito, que del brazo de Fernanda nos miraba con una +sonrisa mefistofélica, en el momento en que el eco de los violines se +apagaba, y Blanca caía fatigada voluptuosamente sobre un sofá que la +sostuvo y balanceó un instante en sus muelles y flexibles elásticos. + +--Pero usted valsa como nadie... Yo no podría valsar con otro después de +haber valsado con usted. + +--Y bien, señorita, la cuenta es muy sencilla, bailemos todos los +valses... + +--¡Oh! ¿Y los compromisos?...--me dijo con cierta petulancia altiva. + +--Es muy sencillo: los viola usted--le repliqué con igual tono. + +--¡Me cuadra! Está hecho el trato. + +En ese instante nos detenía un joven grueso, de lentes, rosado, rubio y +lindo como un retrato al pastel, con un ambiente de insignificancia que +se aspiraba de lejos. + +--Muy buenas noches, señorita. ¿Quiere usted darme el próximo vals? + +--No me es posible, doctor Bello, estoy comprometida--contestole Blanca +con indiferencia. + +--¿La cuadrilla?... + +--Me fatiga bailar cuadrillas--replicole en el mismo tono. + +--¿Entonces, los lanceros?... + +--Menos, doctor... + +--¿Entonces que quiere usted darme?--preguntó aquel desgraciado e +incómodo pretendiente. + +--Nada--se apresuró a contestar don Benito que en ese mismo instante +llegaba a nuestro grupo. + +El joven doctor tragó saliva lastimosamente, pero Blanca, reaccionando +con generosidad en su favor, le dijo: + +--Pasearemos esta mazurka, y señaló la pieza perdida en el epílogo del +programa que comenzaba. + +Seguimos con Blanca; paseamos la pausa y atravesamos el gran salón, en +dirección al salón punzó de la calle Victoria. Al entrar en él, un grupo +de hombres, entre los que estaba mi tío Ramón, saludó a mi compañera con +lisonjas y elogios. Blanca se detuvo. + +--¡Ah! papá ¿qué haces?...--y dirigiéndose a los demás, les estrechó +francamente la mano, mientras yo hacía una reverencia. + +Era en efecto el doctor Montifiori, el marido de Fernanda; un +ex-diplomático de un país híbrido como la Herzegovina o el Montenegro: +no importa. Mientras nos detuvimos, yo lo observaba. + +El doctor Montifiori era un personaje de edad reservada, pero con aire +de _garçon_. Sabía llevar con cierta elegancia negligente la ropa que +vestía y se conocía que el gusano había vivido siempre dentro de seda. +Corríase que al casarse con Fernanda, veinte años atrás, el doctor +Montifiori había enajenado su interesante personalidad en cambio de la +belleza de su esposa y ocupado una legación en no sé dónde. + +Corríase también que aquel _lion_, a pesar de su edad, había sido el +_enfant gaté_ y el _bon papá_ de esas famosas golondrinas que vuelan en +invierno a mediodía en sus carretelas por el _Bois_, custodiadas por un +lacayo impertinente y acompañadas por perros microscópicos de esas +razas artificiales con que el sibaritismo parisiense falsifica las +nobles obras del Creador. + +El doctor Montifiori se movía por el salón como una góndola con proa de +ánade: tenía un abdomen formado sin duda por las golosinas de los +banquetes de embajada, a los que concurría invariablemente a pesar de su +retiro. Sus rubicundos cabellos y sus patillas inglesas, incluso su +bigote recortado como el de los banqueros de Lombard Street, debían el +brillo de su lustro a las caricias de un pan de cosmético en constante +ejercicio sobre la mesa de _toilette_. No hay duda, el doctor Montifiori +vivía teñido desde los pies hasta la cabeza. Como todos los viejos +_dandys_, después de tragar sus píldoras de salud, entregaba su figura a +los afeites milagrosos de Guerlain, y como si se sumergiera en la fuente +de Juvencio, se bañaba con precauciones en agua tibia y perfumada, +dormía como los donceles de César en lecho de plumas y su medio siglo +largo, necesitaba después de sus encantadas _soirées_, que el edredón de +los sibaritas cubriera y protegiera sus miembros fatigados como los de +Júpiter, después de sus transformaciones. + +Montifiori era un epicúreo, y por eso, el salón de Fernanda era +renombrado por el gusto y por el eximio buen tono que perfumaba todos +sus detalles. Acostumbrado a sentarse diariamente en una mesa +verdaderamente ática como manifestación culinaria, Montifiori pasaba con +razón por un _gourmet_ de estirpe, por un paladar maestro para catar una +becasa _au madère_, servida sobre un plato de Saxe.--Y así, aquel gran +vividor, acostumbrado a mirar los zafiros y rubíes de sus anillos de oro +mate al través del diáfano cristal, lleno con los topacios líquidos del +Sauterne, y a saborear la nube perfumada del tabaco de Cuba, debía +sufrir mucho, cuando mi tía Medea, a quien frecuentaba, lo sentaba a su +mesa a comer aquellos platos dignos sólo de su robusta pepsina de +_ñandú_. + +Montifiori, como todo hombre del gran mundo, con marcada tendencia al +europeísmo, hablaba con bastante afectación el francés y murmuraba el +inglés con una increíble adivinación del acento peculiar de este idioma. +Estaba en todos los golpes de _petits mots_, sabía sacar partido de esas +deducciones híbridas de las palabras, que los parisienses consiguen +hacer con los dientes superiores y la nariz, indicando apenas las +expresiones hasta casi llegar a formar una charla de monosílabos breves, +rápidos, fugaces y casi eléctricos, que hacen la desesperación de todos +los que han aprendido el francés por el Ollendorf. + +Al lado de Montifiori contemplaban el baile dos caballeros más, el viejo +Ministro de Estado doctor don Bonifacio de las Vueltas, político ducho, +orador brillantísimo y eficaz, gran brujuleador de cámara y antecámara, +fina inteligencia, blanca erudición, débil y bondadoso, embrollón como +una modista de alto tono, pero de una intachable honradez privada. Se +balanceaba a su lado con movimientos de odalisca otro personaje +diminuto, que a una fisonomía árabe despejada, de ojo poético y +penetrante, reunía ciertas antítesis morales y físicas que revelan un +prisma de nuestra raza sudamericana. Su palabra elocuente, un tanto +enfática y voluptuosa, se apretaba, al salir, entre los dientes y los +labios, al mismo tiempo que llevaba ambas manos al vientre y se +contoneaba delante de las señoras como un palomo que corteja a la paloma +dando vueltas en el borde del mechinal. Era sin duda aquél uno de los +finos artistas de la palabra y de la frase, según se decía; había caído +de las más altas posiciones, y mi tía lo abominaba como todo el partido +de la gran política que no le conocía sino por el apodo que se le daba y +que no es del caso mencionar. + +--Señorita Blanca, presento a usted mis más sumisas manifestaciones de +respeto y admiración--dijo el doctor de las Vueltas, entreabriendo su +boca como un pimpollo. + +--¡Oh, doctor! tantas gracias--contestó Blanca. + +--Es usted la reina del baile. Lleva usted mis parabienes, +Blanca...¡aaah!...¡está usted espléndida... aaah!--decíale el compañero +de don Bonifacio, arrullando alrededor de Blanca. + +--¡Oh! déjeme, doctor, que lo felicite por su folletín de _El Nacional_; +¡qué linda, qué linda página! + +--¿La ha leído usted? ¡Linda era en efecto!... ¡qué lástima que mis +ex-ministros no sean capaces de juzgarla; son todos unos civilistas... +aaah!--dijo el doctor, mirando al señor de las Vueltas con marcada +intención. + +Montifiori a su turno conversaba con el doctor de las Vueltas a +propósito de un caballero de las provincias que había pasado atufado y +sin saludar al grupo. + +--Pero algo debe tener con usted, querido Montifiori, porque conmigo +cultiva la más cordial amistad. + +--En efecto--decía un gallo viejo de _monocle_ que formaba parte del +grupo,--_Il a l'air bien farouche_. + +--Ja, ja, mis buenos amigos; es el doctor Escañote, de Corrientes, un +incorruptible, me detesta, ¿y saben ustedes por qué? Una noche en París +este señor, que se había instalado con toda su prole en un mal hotel de +cuarto orden, hacía la cola en la boletería de _Variétés_ donde se daba +la _Femme à papá_, una mononería de cosas _cochonas_ en que Judie hace +caer la baba. El buen señor, sin conocer las reglas de la cola, +pretendió saltar su turno y pasar para romper la muchedumbre el muy +_sot_; ¡claro! se armó un alboroto. Ese pobre señor tenía la desgracia +de no hablar una palabra en francés, e interpelado por los _agents de +ville_, contestaba con el acento peculiar de su provincia: + +«¡No me lleven así!... ¡soy forastero, correntino, de la República +Argentina!...» y qué sé yo qué otras cosas. + +De repente, _malheur_ me divisa, me conoce entre la ola de la +muchedumbre y me grita:--«¡Señor Montifiori, paisano, compatriota, venga +a salvarme, me quieren llevar a la comisaría!» Figúrese usted, doctor, +yo iba en aquel momento nada menos que del brazo de ese espléndido +_Prince de Trois Lunes, un homme charmant, comme cicerone_! Salíamos de +Bignon, era imposible codearme con aquel _rastaquère_ guaraní! El +Príncipe notó sin embargo mis señas y me decía:--_Comment! c'est un de +vos compatriotes qui vous appelle, n'est-ce pas_?--¿Qué podía yo +contestarle?...--_Bah! non pas, mon cher prince, c'est un parvenu, je ne +le connais pas._ + +--¿Y cómo concluyó el incidente?--preguntó el señor del _monocle_. + +--Pero muy sencillamente: cenando nosotros en el _Café Anglais_ y mi +correntino durmiendo en la comisaría. + +--¡Ja! ¡ja!--y todos a una reían de la espiritual aventura de +Montifiori. + +--¿Y qué es de tu mamá, Blanca? no la veo--le preguntó a su hija. + +--Ahí anda, con don Benito...--contestole su hija haciendo un gracioso +movimiento de cabeza. + +--¡Joven y linda como la hija! _Mater pullchra, filia +pullchrior!_--exclamó el doctor, esbozando en su rostro moreno una +sonrisa afectada y contoneándose siempre con las manos sobre el vientre. + +--Bien, jóvenes--díjoles Blanca,--yo tengo sed, quiero tomar un helado; +señor don Ramón,--agregó dirigiéndose a mi tío,--lléveme usted a tomar +un helado. ¿Me permite usted, que lo abandone por su tío? + +--Con tal que el próximo vals sea mío...--le contesté. + +--¡Oh, bien claro! tenemos un compromiso formal--me contestó, y +soltándome el brazo, lo entregó coquetamente a mi tío Ramón y ambos se +retiraron del grupo. + +--¿No es cierto que mi hija es _charmante_?--dijo el doctor Montifiori +al verla retirarse. + +--Es una señorita, mi querido doctor, llena de atractivos, y usted me +permitirá que le reitere mis más entusiastas felicitaciones y plácemes +sinceros--contestole el doctor de las Vueltas, empleando el tono más +melifluo de su voz. + +--Es una nereida, una verdadera hurí, tiene la hermosura de Dido y el +paso de una diosa...--exclamó el otro doctor entusiasmado. + +--Nosotros no tenemos papel que desempeñar en este baile... Mucha mamá +_demodada_; y no es posible _glisarles_ nada a las jóvenes sin que se +ofendan. Por eso, mi querido de las Vueltas, es que yo amo a la mujer +fácil... _¡Variedades!_... Anoche _Fleur d'Eglantier_ estuvo +apetitosísima en la _chansonette_... _¡Quelle chatte!_... + +--¿Sí, y qué cantaba? + +--_Oh, mon cher_! cantaba _Mon Oscar_!... estábamos en el _avant-scène_, +con los _attachés_ de la legación turca, y la muy ricotona me cantaba a +mí solo todos los _couplets_... la sala ardía de envidia!... Yo estaba +irreprochable... mis zapatos barnizados, mis guantes amarillos, un +sobretodo de cuellos de _silkskin_... en fin, ¡espléndido! Subimos en mi +cupé clarence y cenamos en el café de París soberbiamente... unas +armoricains y un _homard_, que sólo ese Sempé es capaz de proporcionar +en esta tierra imposible! ¡Qué mujer tan _flirtante_!... ¡Me llamaba +_Mon petit Pichonot_! + +En este instante mi tío Ramón regresaba con Blanca del _buffet_. + +--Comienza nuestro vals, señorita, y yo lo reclamo. Tío, usted se queda +con sus amigos y me devuelve la compañera, ¿no es así?--le dije a mi tío +Ramón. + +--Te la entrego, siempre que ella lo consienta--me contestó, y como +Blanca se desprendiera sonriendo de su brazo, mi tío la dejó hacer y nos +alejamos de nuevo de aquel grupo, que formaba uno de los más +interesantes cuadros del salón. + +El vals recomenzaba; entramos en el gran salón y nos perdimos en el mar +de danzantes. Blanca había pasado de su interesante palidez a un +encarnado suave, que revelaba la excitación involuntaria que provocan en +la mujer la música y el baile. + +El último vals lo había bailado con un ímpetu y un ardor de veinte años. +Sus ojos claros, melancólicos y un tanto extáticos por lo general, se +habían alumbrado con un fuego intenso; su boca entreabierta delataba esa +seductora molicie que invade todo el organismo delicado de la mujer en +las horas fugaces de la fiesta. + +Nos sentamos en un sofá al concluir la pieza que habíamos bailado, y +como yo tratara de guardar cierta distancia respetuosa, dejándose caer +sobre el respaldo del asiento, e inclinando la cabeza graciosamente, me +dijo: + +--¿Por qué tan lejos? Acérquese usted más... tome mi abanico, deme aire, +me sofoco... + +Obedecí maquinalmente, y al acercarme rocé con suavidad su rodilla, que +se adivinaba a través de la veste y sentí su contacto tibio y carnal. + +--Más cerca, abaníqueme usted... así... ¡oh, ahora se respira!...--y +suspiró con toda el alma, y, al suspirar, las curvas de su seno se +desprendieron un instante del tul que las cubría y volvieron a dibujar +su sobrio pero voluptuoso busto. + +Yo me había acercado a mi compañera todo lo que el buen gusto permite. + +Felizmente en aquel momento se organizaba una cuadrilla, y la fila +compacta de las parejas nos cubría de las miradas de todo el mundo. Hay +veces que un baile es más solo que un desierto. La música rompía en +seguida y Blanca y yo, en nuestro sofá, gozábamos de la ventaja de que +nadie se preocupara de nosotros. + +--¿Y su padre? ¿hace mucho que murió?...--me preguntó con un acento +lleno de ternura. + +--Veintidós años, cuando yo era un niño...--le contesté. + +--Es triste sin padre y sin madre, tan joven... + +--Muy triste, Blanca. + +--Y tanto más, cuanto que usted no tiene fortuna y la fortuna es hoy +indispensable en Buenos Aires. Sin fortuna la vida debe ser abominable. +Al menos, yo no la concibo. + +--¿No cree usted en el amor?... + +--¿Solo?--me observó vivamente. + +--Sí--le dije mirándola con fijeza. + +--¡No!--me contestó ella con indiferencia...--¿quiere ser mi amigo? +¿Quiere guardarme una confianza?... Yo soy una mujer rara, extraña. Yo +no he amado nunca y no sé si lo que he sentido alguna vez, puede +llamarse amor; pero jamás, aun amando mucho, me casaría nunca con un +hombre pobre. Tengo horror, miedo, por la pobreza... + +--Es triste--le repliqué;--ser de un hombre a quien no se ama, debe ser +algo terrible en la vida... + +--No lo creo. Se puede amar al marido, amarlo como a un amigo... al fin +el marido no es otra cosa a la vuelta de diez años. ¿Cómo concibe que +don Ramón, su tío, esté enamorado de misia Medea? ¡Imposible! + +--¡No, Blanca! Pero, si usted se casa con un hombre a quien no ama, +¿cómo puede cerrar su alma para siempre, usted flor del mundo al fin?... + +--¡Pero, no cerrándola, amigo mío!... Yo no sé si algún día me +enamoraré, pero si tal cosa sucediera, soltera o casada, yo seguiría el +imperio de mis pasiones... + +--¿Casada, también?...--le pregunté, aproximándome todo lo más posible. + +--¡Casada, también!--me contestó, y su aliento me embriagó el rostro. +Aquella mujer estaba enloquecedora en aquel momento. + +La noche, aunque de julio, era tibia, y los balcones que dan a la calle +del Perú, estaban entreabiertos: nosotros estábamos sentados cerca del +tercer balcón. Una pareja de esas que se forman con una mamá aburrida y +un acompañante de compromiso, vino a sentarse a nuestro lado y nos +consagró una mirada de indiscreta curiosidad. Yo aproveché la ocasión +para invitar a Blanca a que abandonásemos el campo al enemigo y ella +aceptó. Al pasar junto a la puerta del balcón, exclamó: + +--¡Qué espléndida noche!--y se detuvo un instante sobre el marco de la +puerta;--¡hace un calor tan insoportable en la sala! + +--En efecto, la noche es soberbia--le dije;--¿salgamos al +balcón?--agregué acompañando mi palabra con una ligera presión en el +brazo que tenía enlazado con el mío. + +--Nos criticarán...--me repuso.--Este mundo no ve tan bien estas +cosas... pero a mí no me importa nada de él, salgamos;--agregó +resueltamente, y tomando ella misma la hoja de la puerta, la abrió y +juntos entramos en el balcón. + +Eran las tres de la mañana, la luna en menguante ya, iluminaba los +techos de la ciudad dormida, la calle estaba solitaria, los faroles de +gas, con su luz roja, titilaban, formando desde la esquina del club +hasta el Retiro una senda que parecía alumbrada por candilejas. + +Al entrar en el balcón, alguna pareja nos había entrecerrado de nuevo +las puertas y desde afuera, donde imperaba la sombra, hacía un contraste +raro aquella sala profusamente iluminada en la que las diferentes tintas +de los trajes, la música y el bullicio, producían un movimiento variado +y constante. + +--Nos han encerrado--me dijo Blanca...--¡es original!... + +--¿Tiene usted miedo de estar sola conmigo?...--le pregunté. + +--¡Miedo yo! jamás lo he tenido... ¿qué podría temer de usted?... + +--¿De mí?... nada, sino que la admiración que usted me inspira me +hiciera aprovechar este momento para cometer una locura. + +--¿Qué locura?--me dijo, echándose para atrás con una sonrisa llena de +voluptuosidad. + +--Esta...--le contesté, y avanzando sobre el espacio del balcón hasta el +rincón en que termina la reja, la impulsé suavemente, le saqué en un +segundo uno de sus guantes, le tomé la mano, la llevé a mi boca, la +rodeé con mis brazos el cuello y la cubrí de besos mudos e intensos que +ella rehuía apenas, riendo entrecortadamente con cierta frialdad +irritante. + +El reloj del Cabildo golpeó en aquel momento las tres de la madrugada, y +el eco de la campana se extinguió en el silencio de la noche. + +--Sabe que tengo un hambre devoradora y que siento frío--me +dijo,--entremos--y su rostro, al pronunciar estas palabras, no reflejaba +la más mínima impresión por lo que acababa de suceder. + +--Blanca--le dije,--¿me ama usted?... + +--No lo sé--me repuso.--¿Para qué quiere saberlo? ¡Aunque lo amara, no +me casaría con usted!... + +--¿Por qué? + +--Porque usted no tiene nada. Yo soy una mujer que amo mucho el mundo y +el lujo... Necesito un marido que sea capaz de proporcionarme todos mis +gustos... Deje que se presente, y, entretanto, ámeme, siga amándome, le +daré todo mi corazón--añadió riendo a carcajadas. Y cambiando de tono y +como adoptando una resolución, añadió:--tengo hambre, ¿lo oye usted? +¡lléveme a cenar! + +Salimos del balcón y entramos de nuevo en la sala. Yo tenía la sangre en +la cabeza, pero aquella mujer estaba fría como una lápida. En la +escalera del comedor encontramos a don Benito que paseaba a Fernanda +todavía. + +--¿Qué tal, hijita mía--le dijo Fernanda pasándole la mano por la +cara,--te diviertes? + +--Ah, mucho, mucho, mamá--replicole Blanca. + +--¿Y usted, señor don Benito?... Sabe que tengo que darle las gracias +por el compañero. Es un maestro; baila el vals admirablemente... + +--¿Nada más que el vals?--preguntó con sorna don Benito. + +--¡Oh, nada más! Ninguna mujer chic baila otra cosa... ¿No es verdad, +mamá? + +--¿Por qué no?... Las cuadrillas son de regla en un baile. + +--¡Para nosotros no! Nosotros hemos pasado las últimas en el balcón... + +--¿Que dices, Blanca?--preguntó Fernanda con un acento de sorpresa. + +--¡Sí, mamá, en el balcón! + +Don Benito me miraba con una sonrisa llena de picardía, y yo hacía un +esfuerzo supremo para contener mi emoción. Pero Blanca, con una +resolución repentina, me arrastró fuertemente del brazo que me tenía +asido y me sacó del descanso de la escalera en que nos habíamos +detenido. + +--Vaya, ¿qué tiene de particular?--preguntó Blanca retirándose y mirando +a la madre...--¿Tiene algo de malo lo que hemos hecho?--y encogiéndose +de hombros con un movimiento brusco, agregó con una carcajada: + +--¡Vamos a cenar! + +Entramos en el comedor que todos conocemos: un gran salón al cual le +falta mucho para estar bien puesto. Aquella noche, Canale, como de +costumbre, había formado la gran mesa en herradura con mesas centrales, +y sobre ella, había levantado los mismos catafalcos de cartón y pastas +de azúcar de todos los años. Se cena execrablemente en el Club del +Progreso, y el adorno de la mesa tiene mucho de los adornos de iglesia: +los jamones en estantes de jalea, los pavos y las galantinas cubiertas +por todas las banderas del mundo. En fin, allí se sienta uno con la +indiferencia con que Raúl y Nevers se sientan en el banquete de papel +pintado del primer acto de los _Hugonotes_. + +El mozo se nos acercó y nos dio la _carta_. Blanca pidió _bisque_ y nos +hizo servir champagne. Era hija del padre; las delicadezas de la mesa la +seducían más que otras cosas. Devoró el primer plato y agotó la copa con +ansia. Nos habíamos sentado en un extremo de la mesa; las flores y los +adornos centrales nos cubrían de los vecinos del frente. Yo me había +aproximado a Blanca lo suficiente para atenderla, pero ella, no sé si +con intención o sin ella, cerró la distancia aproximando lo más posible +su asiento al mío. + +--Usted no bebe nada--me dijo,--¿tiene miedo de perder la cabeza? + +--No... si usted la perdiera, me gustaría perderla con usted--le repuse. + +--¡Yo!... sería inútil; tengo la cabeza muy fuerte para el champagne... +Bebamos otra vez... ¡bebamos por nuestra amistad! + +--Yo levanté la copa junto con ella, y juntos apuramos su contenido. + +--Usted es una mujer de hielo--le dije. + +--¿Yo? ¡qué disparate! usted no me conoce, yo lo que soy es una mujer +caprichosa... ¿Cree usted que con una mujer de hielo habría usted hecho +lo que ha hecho esta noche? No... el día que yo llegue a amar, amaré +como ninguna. + +--¿A mí? + +--No lo sé, a cualquiera; a usted, si es capaz de hacerme feliz, a otro, +si usted no lo es... + +En aquel momento comenzaba a amanecer; el primer albor del día +dibujábase tras de las torres de San Francisco y el horizonte empezaba a +teñirse débilmente de tintas rojas. Nos levantamos de la mesa y nos +acercamos a los cristales a admirar aquel cuadro sublime ante el cual +empalidecían las luces del baile. Blanca estaba apoyada en mi brazo y +dejaba caer su cuerpo débilmente sobre el mío. + +--Es linda la madrugada--le dije, oprimiéndola con pasión... + +--¡No!--me repuso,--la noche me gusta más... vámonos, tiemblo de que el +sol me sorprenda en la calle--y arrastrándome con fuerza, bajamos la +escalera y me obligó a conducirla al toilette. + +--Adiós...--le dije estrechándole la mano. + +--Adiós--me replicó apretándome la mía en que quedaron impresos sus +dedos finos y nerviosos. + +Al dar vuelta, me encontré con don Benito que acababa de abandonar a su +compañera. + +--Y... ¿qué tal, Blanca? + +--Fría como un mármol--le dije. + +--¡Ah, hijo mío!--me contestó,--la hija es como la madre, una estatua +que uno puede estrechar, besar y robar; pero una estatua, no se mueve +nunca sin música... + +--¿Qué música?--le pregunté. + +--¡Inocente! la libra esterlina; una partitura que no admite rivalidades +de escuela--y poniéndome el sobretodo en el brazo, y armando el claque, +sacome fuera y metiome en el cupé que comenzó a rodar apenas sonó el +golpe de la portezuela. + +La fatiga me rindió aquella noche, pero no pude descansar. La imagen de +Blanca me atraía involuntariamente: veíala andar y detenerse +burlonamente en mi camino como dándome tiempo para alcanzarla, y cuando +creía tenerla cerca, la visión desaparecía dejando en mi sueño el surco +luminoso de su vestido rojo que parecía disolverse en el aire en +deslumbrantes e impalpables copos de fuego. + + + + +XII + + +Al día siguiente comía en casa de mi tía Medea con don Benito y mi tío +Ramón. Hacíamos la crónica del baile antes de sentarnos a comer, pero, +al ocupar nuestros asientos, la conversación varió de tema. Mi tía había +tenido aquel día una furibunda reyerta en su Sociedad Filantrópica a +propósito de no sé qué bazar en que sus colegas se habían permitido +prescindir absolutamente de ella. Al oírnos hablar del baile, nos obligó +a callar; dirigió dos o tres frases hirientes a mi tío, por haberse +permitido asistir al club y comenzó a contarnos su jornada. Parece que +aquello había sido un campo de Agramante: que la emoción de mi tía había +sido puesta tres veces a votación y que tres veces había sido rechazada. +Furiosa, como ella sólo sabía ponerse cuando le picaba la rabia, había +salido de la Sociedad con la gorra toda torcida, bramando como una +leona, con la pollera arremangada, y a pie, con paso corto y rápido, +había llegado a su casa sin interrumpir la serie de colosales blasfemias +con que se había despedido de sus odiadas compañeras. + +Mi tía se había sentado a la mesa sin apetito, excitada como nunca por +el fuerte altercado que acabo de narrar sin detalles. + +Sus ojos, más congestionados que de costumbre, brillaban de una manera +siniestra. Mi tío Ramón había pasado de un buen humor apacible a un +anonadamiento completo, fulminado bajo el fuego de aquellas pupilas +felinas. + +La ancha cara de mi tía revelaba la reflección alarmante de sus venas +ahogadas por las ondas perezosas de una sangre espesa e inmóvil. Al +sentarse a la mesa le habían asaltado mil incomodidades desconocidas +para ella: acaloramientos súbitos que le enrojecían momentáneamente sus +carrillos laxos, golpes de fuego a la vista, dolores punzantes a la +nuca, relampagueos, obscurecimientos, latidos, y qué sé yo qué vagos +presentimientos de un ataque repentino cruzaban pinchándole su +imaginación y haciéndole exclamar de cuando en cuando con cierta +desesperante agitación: + +--¡Jesús, por Dios! ¿qué tengo yo? + +Don Benito trataba de tranquilizarla; mi tío Ramón, sumiso siempre, la +miraba guardando un respetuoso silencio; la idea de una apoplegía le +había cruzado la mente; pero, ya fuera por temor, ya por moderación, se +guardaba bien de aconsejar a su mujer la moderación, el reposo y sobre +todo, los purgantes que el desconocido doctor Brown le había instituido +como tratamiento hacía ya muchos años. Para él, la moderación del +carácter feroz de su consorte era cuestión de algunas libras de sal de +Inglaterra, medicamento que, dada la fe que tenía en sus efectos, le +hubiera evitado mil disgustos, restableciendo por un instante la +tranquilidad del hogar. + +Momentos después del altercado, mi tía Medea se había visto atacada +súbitamente de una abundante evacuación de sangre por las narices; pero +en el paroxismo de su cólera, temblando nerviosamente de ira, se había +contentado con sorber en abundancia y ruidosamente grandes cantidades de +agua salada, atarse fuertemente el brazo derecho o ponerse en los +lujuriosos rodetes de su nuca adiposa la llave consabida que aconseja la +terapéutica popular. + +De cuando en cuando se pasaba las manos por los ojos, en los cuales +decía sentir un peso enorme; se comprimía las sienes, donde latían con +fuerza sus arterias o se mojaba con el agua del vaso aquella frente +pecosa y chata, bajo la cual ardía un volcán de odios y de futuros +proyectos de venganzas. Estaba irrascible, irritable, convulsa como una +fiera herida; la silla tiritaba bajo el peso de sus muslos pletóricos y +su marido volvía a agitarse acariciando tímidamente el recuerdo favorito +del tratamiento del doctor Brown. + +--No valen todas ellas el disgusto que me han dado, ¡perras viejas +_caches_!--exclamaba con una voz tosida y un poco gangosa. + +Mi tío don Benito y yo continuábamos inmutables nuestro programa de +abstención activa, callados y reverentes, comiendo con esa moderación +respetuosa que se confunde con el hambre modestamente disfrazada de un +apetito discreto. No se oía sino el rabioso crujir de las mandíbulas +tiburonianas de mi tía Medea, que con cierta complacencia maléfica, +aunque llena de voluptuosidad, imaginaba aplastar el cráneo de alguna de +sus rivales en el inocente coscorrón de pan que roían sus molares y el +tímido y casi silencioso masticar de los que temíamos herir los oídos +susceptibles de la señora. + +Don Benito procuraba, sin embargo, inútilmente, abrir temas de +conversación, pero todo era en vano, la tentativa no prendía. Mi tía +Medea volvía a sus imprecaciones, lanzaba un reto furibundo a sus +rivales, las apostrofaba en mil formas y levantando el puño cerrado, les +juraba venganza como una pitonisa poseída por la cólera divina. + +Terminábamos la comida e iban a servir el café. Mi tía tomó posiciones +para levantarse; pero, al ponerse de pie, sintió algo extraño, algo +terrible pasar por su cabeza; quiso dar un paso y cayó desplomada sobre +el pavimento. + +--¡Jesús te ampare!--exclamó mi tío Ramón, abriendo tamaños ojos al +verla caer;--ya tenemos encima la terrible _perlesía_; y corrió a +socorrer a su consorte que había caído sin sentido a los pies de la +mesa, haciendo un ruido extraño con la boca llena de espuma. + +Don Benito y yo habíamos corrido al mismo tiempo a socorrer a mi tía. + +Su aspecto era verdaderamente aterrador; había caído fulminada por un +violento golpe de sangre; estaba sin conocimiento, insensible, relajada +y en una inmovilidad absoluta. + +Era una masa inerte, en la cual sólo la persistencia de la respiración y +los latidos del corazón que llegamos a percibir, atestiguaban que la +vida aún no se había extinguido. + +Mi tío pedía a gritos un médico, el vinagre y los sinapismos; y mientras +éstos se aplicaban abundantemente en las piernas ciclópeas de la +señora, don Benito y yo corríamos en busca de todos los médicos del +barrio. Las señoras de la vecindad, algunas de las cuales eran de la +relación de la familia, concurrieron inmediatamente al conocer la +desesperación de mi tío. + +Todas ellas continuaron las aplicaciones de sinapismos en las +pantorrillas, en la nuca, en la planta de los pies, en los muslos y en +los brazos; le desprendieron la ropa y la colocaron en su cama. + +Al bajar con don Benito la escalera para ir a buscar médico, nos +chocamos con el pardo Alejandro en la misma puerta de la calle. + +--¿Qué hay, niño; qué sucede? toda la vecindad está alborotada... ¿se +prende fuego la casa?...--nos preguntó. + +--Al contrario, creo que se apaga el fuego... tu patrona parece que +acaba de reventar--contestó don Benito con la más perfecta calma. + +--¿Quién? ¿la tigra?... ¡al fin!...--replicó el pardo con el acento de +un hombre que se desahoga. + +Volvimos en seguida; habíamos recorrido dos o tres cuadras y sólo +habíamos encontrado cinco médicos que se prestaron con suma complacencia +a nuestro llamamiento. + +Mi tía seguía agravándose por momentos. Su respiración era estertorosa y +penosísima; a cada respiración, los carrillos, privados de resistencia, +se dejaban destender pasivamente, después volvían a quedar laxos y +flojos. + +--_Fuma la pipa_--dijo uno de los médicos en voz baja;--esto es muy +característico. + +Mi tío oyó la observación y creyó sin duda que el facultativo preguntaba +si la señora tenía la costumbre de fumar, pues respondió con grande +asombro al ver el atrevimiento de aquel hombre: + +--No, señor, no, ¿cómo se imagina usted que una señora de esta clase?... +ni en pipa ni en nada--agregó permitiéndose ciertos movimientos de una +inopinada energía. + +Los médicos sonrieron ligeramente y continuaron examinando a la enferma. +Uno de ellos le introdujo una pluma en la garganta. Mi tía, insensible, +no dio señales de sentirla. El médico hizo un gesto de desagrado. + +--Es preciso mudarle la cama--agregó... + +--¡Ah! sí--replicó mi tío haciendo una mueca forzada para disimular un +profundo pesar;--¡pobrecita, se conoce lo grave que está! + +Otro de los médicos se acercó al oído de mi tío y le hizo una pregunta. + +--¡Pfs!... hace muchos años, señor, desde soltero--dijo éste dejando +errar por sus labios una melancólica sonrisa--si nunca hemos tenido +hijos, y usted sabe que... el doctor Brown me decía que sin embargo era +posible y que... + +--¡Ah, sí!--concluyó el médico que sin duda se vio amagado por una +historia patológica de la familia de mi tío;--sí, el doctor Brown era un +gran práctico. + +En este momento se acercaban los otros colegas. Habían terminado su +examen e iban a celebrar consulta. Poco tendrían que decir de la +enferma; tal era su estado de gravedad. Según opinión unánime, era una +_hemorragia cerebral_ en su más terrible forma. La respiración +continuaba siempre laboriosa, las pupilas dilatadísimas e insensibles a +la acción de la luz, y los líquidos que apenas tomaba, se quedaban en la +garganta produciendo esos estertores penosos que impresionan tanto. Este +último síntoma era de augurio fatal. Mi tío estaba consternado: su mujer +iba desapareciendo lentamente sin hacer mención de reconocerlo cuando se +acercaba a su lecho. + +--¿Tiene mucha fiebre?--se atrevió a preguntar a uno de los médicos que +salió el primero de la consulta. + +--No, señor, no, al contrario, su temperatura es más bien muy baja. Sin +embargo, es probable que ahora comience a subir mucho, si, como +desgraciadamente lo tememos, esto termina mal. Está en un _coma_ +profundo--agregó, queriendo confundir a mi tío con un tecnicismo +confuso:--es una hemorragia cerebral de forma apoplética paralítica. + +--¡Jesús me ampare y me favorezca! ¡cuatro enfermedades a la vez! ¡Quién +resiste a tanto! + +Y el pobre hombre, haciendo un esfuerzo supremo para manifestar la más +suprema emoción, se llevaba la mano a los ojos y se tiraba nerviosamente +del pelo. + +Don Benito, que estaba al lado del lecho, miraba extinguirse aquel +coloso con una frialdad perfecta. + +Mi tío no se atrevía a acercarse al borde de la cama: los médicos se +habían separado, seguros ya del desenlace. + +--Acérquese, señor--dijo a mi tío uno de ellos... + +Mi tío se acercó temblando, remiso y casi arrastrado por el deber... al +aproximarse retrocedió: la moribunda presentaba un aspecto terrible: la +fisonomía estaba amoratada; la respiración era difícil y cavernosa. + +--¡El sacerdote!--exclamaron algunos de los circunstantes mientras los +médicos abandonaban la habitación. + +Se acercó al lecho un fraile obeso, vestido de colores llamativos, +impasible como una foca, gordo como un cerdo: el rostro achatado por el +estigma de la gula y de los apetitos carnales, la boca gruesa como la de +un sátiro, el ojo estúpido, la oreja de murciélago, los pómulos +colorados como los de un _clown_. Abrió entre sus manos grasas y +carnudas un libro cuyas páginas alumbraba un monigote con un cirio, y +eruptó sobre el cadáver en latín bárbaro y gangoso algunos rezos con la +pasmosa inconsciencia de un loro. + +Al terminar, se retiró algunos pasos del lecho; hizo un ademán a mi tío +para que se acercara; y en aquel momento mismo, mi tía Medea clavó sus +ojos inmóviles en su marido, abrió la boca, esputó un cuajarón de sangre +y acabó... + +Mientras comenzaban las mujeres a hacer los preparativos para vestirla, +don Benito y yo sacamos a mi tío de la habitación. Era de observarse en +aquel momento la cara de mi viejo camarada;--la cómica solemnidad que se +esforzaba por mantener le daba un aire mefistofélico. + +Mi tío lo miraba sin comprenderlo, pero era bastante suspicaz para +explicarse que don Benito no estaba tan desolado como lo exigían las +circunstancias. + +Yo estaba esperando la palabra burlona del viejo solterón y no se hizo +esperar. Nos encerramos en el cuarto de mi tío, aseguramos las puertas +y don Benito, con una cara de pascuas, abriendo los brazos exclamó: + +--Don Ramón... ¡apriete, amigo!--y buscó a mi tío para abrazarlo. + +--¡Oh! don Benito... ¡qué desgracia! + +--¿Desgracia? ¿Me representa usted el hipócrita? Celebre usted, amigo, +el más grande de los aniversarios de su vida... + +Y mi tío no pudo contenerse; se deshizo de don Benito y corriendo a la +cama, se echó en ella y depositó sobre la blanda almohada de plumas en +que hundió el rostro, una sonrisa de íntima, de voluptuosa alegría, que +ya no podía contener dentro de sí mismo. + +En ese instante golpearon la puerta; la abrí; el perfil risueño de +Alejandro asomaba por la rendija. + +--¿Qué quieres?--le dije en voz baja y con el tono más serio del mundo. + +--¡Oh!--me contestó muy despacio...--¿usted es de los tristes +también?--y aquel negro ponía una cara satánica cuando me decía esas +palabras. + +--Vete--le dije...--vete. + +--Sí, me voy... ¡a buscar el cajón! + +A las doce de la noche, mi tía estaba depositada en el ataúd de +jacarandá que Alejandro había traído. Le habían cerrado los ojos y la +boca, pero su rostro conservaba siempre el gesto de amenaza que le era +característico, y con el Santo Cristo, que oprimía maquinalmente entre +las manos lívidas y como enceradas parecía en la actitud de un centinela +que dormita armado para el caso de una sorpresa. El _mulaterío_ femenino +de la casa y de la vecindad, había invadido la sala: no faltaban +alrededor del féretro dos o tres mulatillas arrodilladas que se turnaban +sucesivamente. Claro es que la sala había sido cubierta en un instante +de crespón y de merino negros en homenaje a su ilustre dueña. + +La noticia de su muerte había cundido por la ciudad, y como su influjo +en los grandes centros sociales, a pesar de los desastres políticos del +partido de la finada, era de vieja data, la casa se vio llena toda la +noche de las eminencias del pasado, destronadas por el presente. + +El primero con quien me encontré en la sala, fue con el doctor Trevexo. +¡Cómo había envejecido y enflaquecido! Sus piernas y sus brazos +desgonzados, no se palpaban al través de la ropa, pero siempre era el +mismo; el gran charlador, difuso y narrador de insulseces; gran +expositor de lugares comunes, de doctrinas tomadas al instinto, de +principios incompletos; siempre enemigo de los libros; desolado por el +prodigioso aumento de las librerías y de las ediciones: furioso contra +la exagerada difusión de las obras científicas; partidario constante, +invariable, inconmovible del periodismo: siempre citando su colección +del _Gorro de la Libertad_ y de _La Espada de Damocles_, los diarios que +había escrito después de la caída de Rozas. + +¡Pobre doctor Trevexo! ¡Cómo aquel hombre que había sido el primero +veinte años antes, era hoy el último! ¡Cómo se había detenido en su +apogeo sin marchar! Me hacía el efecto de una de esas fotografías +antiguas de un álbum de familia, ante las que uno tiene que reír +involuntariamente. Mientras que el mundo político había progresado entre +nosotros, con lecturas serias y sazonadas: en el siglo de Disraeli y de +Gladstone, de Bismark y Gambetta, en el siglo de Taine y Lanfrey, el +doctor Trevexo vivía con sus recortes de diarios criollos, con toda su +fama del pasado por capital y toda su estéril informalidad por presente +y porvenir. ¡Sin embargo, lo que es la virtud y la consecuencia de los +partidarios! Su partido creía en él todavía: era siempre el gran orador, +el gran diplomático, el gran periodista, el gran abogado, del más grande +de los partidos argentinos. + +La muerte de mi tía Medea lo había consternado. Su grande amiga, la +mujer resuelta de todas las épocas; vencida en dos revoluciones, pronta +a hacer una nueva a una sola indicación suya, había muerto; el partido +entero la lloraba, era una pérdida irreparable, tan irreparable, que el +más grande de los diarios de la América del Sur, le dedicó un sentido +artículo necrológico, largo como un sermón de agonía, con muchas frases +escogidas, que comenzaba recordando con mucho detalle a las antiguas +madres griegas y romanas, las hacía atravesar la trayectoria de la +historia en las múltiples combinaciones de los pueblos, y terminaba con +un elogio de las virtudes de la difunta y una laudatoria especial a la +mansedumbre de su carácter. + +A este llamamiento, todo el _faubourg Saint Germain_ de Buenos Aires, se +presentó al día siguiente. ¡Cómo se elogiaban los méritos de la señora +doña Medea Berrotarán! ¡Cómo se condolían de la triste situación de mi +tío! ¡qué dolorosa pérdida había experimentado! ¡Hasta don Buenaventura +había dejado sus múltiples ocupaciones literarias para asistir al +entierro! ¡Cómo no premiar treinta años de vasallaje, mudo, entusiasta, +admirador de todas sus hazañas y desgracias! + +Un entierro de fuste en Buenos Aires no necesita describirse: el +empresario fúnebre conoce los gustos de la gran capital, en los que +prepondera la gran aldea: el convoy tiene que hacer corso en la calle +de la Florida: no hay otra calle para ir a la Recoleta, y si a alguien +se le ocurriera la idea de cambiar el itinerario, no sería difícil que +el muerto o la muerta, siendo de la aristocracia, o sobre todo de la +gran política, resucitara protestando contra la variación de la ruta. + +Mi tía había sido muy religiosa; aunque víctima en los últimos tiempos +de un padre escolapio, que le había eliminado graciosamente algunos +miles de pesos, su fervor por los frailes y monigotes corría parejas con +sus entusiasmos políticos: de modo que a su entierro asistían todos los +clérigos de las parroquias principales, correctos la mayor parte, y una +delegación de cada cofradía: franciscanos, dominicos, etc., incorrectos +bajo el punto de vista de la higiene personal. Entre esta turba de +cuervos negros y pardos, no faltaba algún tribuno ultramontano, pedante +atorado de suficiencia, orador sibilino y hueco, gran momia literaria, +rellena de Blair y Hermosilla, _specimen_ del gongorismo español, que, +sentado en el carruaje de duelo, como si lo hubiesen clavado en una +estaca, mantenía su gravedad solemne como para aparentar la profunda +desolación que le causaba la muerte de aquella vieja cuyas virtudes +corrían al fin parejas con la sinceridad de sus convicciones +religiosas. Encabezando el grupo, iba la misma dignidad que ya hemos +visto al lado del lecho mortuorio, con su uniforme carnavalesco de +colorinches y su impasible cara de foca. + +Mientras depositaban el cajón en la bóveda de la familia, yo me perdí en +las calles del cementerio. + +¡Cuánta vana pompa! + +Cómo podía medirse allí, junto con los mamarrachos de la marmolería +criolla, la imbecilidad y la soberbia humanas. Allí la tumba pomposa de +un estanciero... muchas leguas de campo, muchas vacas; los cueros y las +lanas han levantado ese mausoleo que no es ni el de Moreno, ni el de +García, ni el de los guerreros, ni el de los grandes hombres de letras. + +Allí la regia sepultura de un avaro, más allá la de un imbécil... la +pompa siguiéndolos en la muerte. Entre una encrucijada de nichos y +sepulcros, me topé de manos a boca con mi ex-patrón, don Eleazar de la +Cueva, que también había ido al entierro de mi tía. + +--¡Señor don Eleazar! ¿Usted por aquí? + +--¡Ah, señor! esperando mi hora, como todos--contestó,--hoy le ha tocado +el lote a mi señora doña Medea... ¡Ah! ella es la feliz--agregó +levantando las manos al cielo:--En este mundo no hacemos sino sufrir +desengaños, joven... Vea usted, yo, por ejemplo, que he hecho tantos +servicios y tantos sacrificios por la humanidad, aquí me tiene usted a +mí... ¿de qué valgo, señor? + +--Pero, señor, su posición, su fortuna... + +--Señor, yo estoy en la calle, en la última miseria; me han arruinado, +señor, usted lo sabe bien--al decirme esto, el rostro de don Eleazar se +descomponía de tal manera que infundía la más profunda lástima. + +Alineado a la salida de la Recoleta, soporté con todos los parientes de +la muerta, los apretones de los concurrentes, que le dan la mano a uno +como diciéndole: «¡eh! míreme usted, he asistido, no lo olvide,» y +cuando terminó esta dura prueba de resistencia, di vuelta y vi a don +Benito que me esperaba. + +--¿Piensas ir con la parentela?--me dijo. + +--¿Qué hacer? + +--Ya todo ha concluido, ahora te vienes conmigo y mañana fuera el luto. + +Y subimos al cupé, que rompió la marcha por entre los numerosos +carruajes apostados en las extensas avenidas del cementerio. Eran las 4 +de la tarde; el tiempo era espléndido; el cielo, azul y sin nubes, se +reflejaba en el pedazo de río que se alcanza a ver desde la barranca de +la Recoleta. + +Las caras de los que volvían del entierro, demostraban bien claramente +que no se habían conmovido mucho con la ceremonia. + +Don Benito me propuso ir a comer al Café de París, después de mudarnos +el traje negro, y yo acepté. Salíamos de la plaza de la Recoleta para +entrar en la calle larga, cuando nuestro carruaje se cruzó con una +victoria elegantísima, tirada por una fogosa pareja de alazanes y +dirigida por un cochero de una corrección irreprochable. Repantigadas +cómodamente en el amplio asiento, iban dos mujeres distinguidísimas, +cuyo saludo apenas tuvimos tiempo de contestar. + +Eran Fernanda y su hija: al verlas, ambos sacamos la cabeza por las +portezuelas del cupé, en el momento en que ellas también daban vuelta. + +--Van espléndidas--me dijo don Benito.--Diablo de vieja tu tía, hasta +muerta nos persigue; si no hubiera sido por el tal entierro, ¡qué golpe +habríamos dado yendo a Palermo!... + +--Pero todavía hay tiempo--le repliqué,--retrocedamos. + +--¿Te atreves?... + +--Y qué... + +--¡Alejandro!--gritó don Benito al cochero,--a Palermo por el Bajo... + +El carruaje dio vuelta, y los caballos tomaron el trote largo a un +simple chasquido del látigo de Alejandro. En diez minutos llegamos a la +verja de hierro que da entrada al parque; doblamos sobre la gran calle +de palmas que estaba solitaria: sólo en el fondo, del lado del bosque, +se veía un punto negro: era la victoria de Fernanda: nuestro cupé se +deslizó por el pedregullo de la avenida, salvó la vía del tren del +Norte, y vino a detenerse al mismo lado de la victoria. El carruaje +estaba vacío: preguntamos al cochero dónde estaban las señoras, y nos +contestó con una seña, indicando el fondo de la calle. Nos bajamos y +caminamos en esa dirección. Al fin de la calle, en un rincón del camino, +las encontramos. Al vernos, se sorprendieron. + +--¿Ustedes por aquí?--nos dijo Fernanda,--¡vaya una manera de hacer el +duelo! + +--Señora--contestó don Benito,--el duelo ha concluido y la vida comienza +de nuevo. + +--Pero usted--dijo Blanca, con ironía,--sobrino carnal, y en Palermo, el +mismo día del entierro; ¡qué escándalo! + +--Sobrino carnal, no; político, sí... no hay inconveniente. + +--Y ese pobre tío, ese señor don Ramón, ¿cómo estará de triste y +desolado?--inquirió Fernanda. + +--¡Oh! aplastado; ¡figúreselo usted libre de un monstruo y con setenta +millones de pesos! + +--¡Setenta millones!--exclamó Blanca,--bonito dote, mamá ¿eh? + +Fernanda hizo un signo de aprobación y su fisonomía se alumbró como si +concibiese una vaga esperanza. + +--Pero don Ramón ha sido feliz con su tía... un viejo pisaverde, alegre, +muy _sirvientero_... ¿no es verdad?--preguntó riendo. + +--Tal cual; pero víctima de su mujer; figúrense ustedes, que el día +domingo, doña Medea metía en la cama a su marido para que no saliera a +la calle. + +--¿De veras? + +--Garanto--y don Benito reía a carcajadas. + +Yo me había acercado a Blanca y le había dado el brazo. Don Benito se +había quedado con Fernanda en el mismo sitio en que las habíamos +encontrado. Caminábamos con Blanca en dirección a los árboles: estaba +pálida como de costumbre, vestida con un traje de pana color bronce, +sumamente ceñido al cuerpo; su talle se dibujaba admirablemente. +Guardábamos silencio y ni ella ni yo parecíamos resueltos a romperlo. +De pronto se detuvo suspirando, y como saliendo de una profunda +cavilación, exclamó abstraída: + +--¡Setenta millones! + +--¿Le parece mucho?--le pregunté. + +--¡Ah!--me contestó, como despertando;--pensaba que ese tío es un +horizonte: ¿Es muy viejo? + +--Sesenta y cuatro años, no es mucho; más joven que su fortuna, sería +mejor menos millones que años... ¿no? + +--¡Oh! no, de ninguna manera; diez años más o menos no es nada para un +hombre, diez millones de menos es mucho... + +La tomé fuertemente del brazo con un movimiento de cólera y de +impaciencia; la sombra del bosque nos protegía: le estreché las manos, +la besé en el rostro, en los ojos, en la boca, entre los labios +entreabiertos. + +--Blanca--le dije--¡yo... no puedo resistir!... + +--Hay tiempo--me replicó,--- ¡más tarde! + +Y aquella mujer parecía una estatua de hielo, en medio de la +involuntaria voluptuosidad que emanaba de todo su conjunto. + +Volvimos a tomar la gran Avenida. Fernanda y don Benito habían +desaparecido. Alejandro, desde el pescante de nuestro coche, me hizo +una seña que significaba que la pareja estaba allí. + +Y, en efecto, nos acercamos y Fernanda y don Benito estaban en el cupé. + +El viejo camarada había perdido la corrección habitual de sus cuellos y +de su corbata; dos chapas rojas alegraban su semblante. Fernanda se +hallaba perezosamente reclinada en el muelle respaldo de raso del cupé; +a pesar de sus 38 a 40 años estaba bellísima. Al vernos se incorporó, +consultó la hora y bajó ágilmente del carruaje, subiendo a su victoria +de un salto. A su lado se sentó Blanca; yo le eché la cariñosa manta de +nutrias sobre los pies y a un signo del cochero, las dos yeguas del +tronco partieron a escape. + +Trepamos a nuestro cupé. Don Benito estaba radiante de alegría, pero se +esforzaba por aparentar una profunda severidad. + +--¿Y qué tal?--le dije con sorna. + +--¡Pscht, mucho calor! + +Era en julio y hacía un frío de todos los diablos. + + + + +XIII + + +El doctor Montifiori era un católico recomendable, desde todos puntos de +vista; miembro de dos o tres hermandades religiosas, él sabía conciliar, +como nadie, la misa de la una del día con la cena alegre de la una de la +noche, la hostia sacrosanta del altar con los mariscos perfumados del +Café de París. + +En su casa se sabía dar el aristocrático barniz clerical de alto tono +del siglo XVIII. Bastaba echar una rápida mirada sobre su pequeña +librería de _amateur_, para conocer los finos gustos del hombre. Entre +las trufas literarias de Brantôme, de Casanova y de otros del género, +Bossuet y Massillon, conservaban la gravedad de las hileras: en las +letras, De Laharpe, M. de Bonald, Fontanes y Chateaubriand, daban la +nota grave del imperio, mientras que al lado, en ediciones monísimas, +brillaban todas las perfumadas indecencias pornográficas del día. + +La muerte de mi inolvidable tía doña Medea había lanzado al mundo un +viudo conservado, rico y con grandes cualidades exteriores: mi tío. Dos +meses después de su viudez, vivíamos juntos: yo había abandonado a mi +viejo camarada, don Benito. Muy pronto la casa de mi tío Ramón se +transformó en una habitación completamente diferente de lo que había +sido. Se hizo allí una reunión de solteros alegres y de casados +emancipados de todas edades; había dinero de sobra, y por consiguiente +abundaban las comidas joviales, los vinos, las diversiones de todo +género y el elemento amable: las mujeres. + +En un día, don Benito, el _lanzador_ de mi tío, le hizo despedir o +colocar caritativamente por ahí a todo el mulaterío antiguo de la +finada. Sólo Alejandro fue tolerado, cedido por don Benito, a cuyo +servicio estaba desde su célebre colisión con mi tía. La casa fue +transformada: todo el menaje de los tiempos prehistóricos de Pavón fue +modificado por un mobiliario moderno del más correcto gusto +contemporáneo. Los viejos retratos de la familia fueron a cubrir las +paredes de los últimos cuartos, incluso el de mi tía, que había reinado +veinte años en la pared principal del salón. + +Mi tío Ramón echó muy luego el luto y se dio al mundo, enteramente al +mundo; pero siempre débil a las tentaciones de la carne, sus setenta +millones de pesos vinieron a quedar muy luego en las condiciones de un +real en la puerta de una escuela. El doctor Montifiori fue el primero en +advertir que mi tío era un partido; pero ¿cómo, por qué medio iniciar la +campaña diplomática para conseguir sus fines? + +El insigne gomoso pensó, caviló mucho, hasta que un día se dio un golpe +en la frente con la mano, como el hombre que ha encontrado la solución +de un problema. Montifiori había pensado en que él no podía ser católico +al cohete, sin servirse de sus creencias religiosas. + +El hombre de más influencia en la alta sociedad bonaerense era el señor +Penseroso: un abate griego, de Atenas, un hombre distinguidísimo, suave +como una alondra, agudo y penetrante como una aguja: con su rostro de +mártir, y un ojo apagado que no revelaba por cierto toda la agilidad y +la hondura de que aquel sacerdote estaba dotado. Dignísimo en su trato, +su influencia se sentía en los salones, pero era la influencia de una +sombra; jamás se impuso por presión o actos públicos; su pasaje era +como subterráneo, latente, pero eficacísimo. + +Lanzado mi tío, después de la muerte de su mujer, en una vida de +desorden para sus años y para su seriedad, recogiéndose tarde, picado +por la tarántula de las artistas de teatro y de las bailarinas de Colón, +el buen viejo le había echado _la capa al toro_, como vulgarmente se +dice. Montifiori comprendió desde el primer momento que mi tío tenía un +lado débil que explotar y como medio empleó al señor Penseroso. + +El salón de Fernanda estaba abierto para nosotros todas las noches. Don +Benito reinaba allí como un tirano. Algunas noches solía concurrir el +señor Penseroso, por quien mi tío había cobrado una viva simpatía. ¡Tan +dulce, tan suave era aquel santísimo y virtuosísimo padre! + +Blanca le hacía toda clase de fiestas y cariños al insinuante abate: al +sentársele al lado, aquella criatura, fría e impávida, se volvía una +gata mimosa con el clérigo: le besaba respetuosamente el dedo ceñido por +el anillo de regla: le tomaba el capelo, le traía ella misma la taza de +té y le ponía en la boca alguna rica golosina de Roverano, con una +gracia indescriptible. El sacerdote se revenía y se entregaba rendido a +la encantadora. + +Blanca pertenecía a las _Hermanas de los Santos_, sociedad de niñas, de +la que era presidenta y en la que ejercía una grandísima influencia. + +En esta sociedad andaba la mano de los jesuitas; ellos les habían +confeccionado sus reglamentos disciplinarios, en los cuales preponderaba +un espíritu de inquisición completa: un librito reservado, de pocas +hojas, en el que abundaban las transaciones del pudor con las +conveniencias sociales y las exigencias religiosas; los casos en que las +socias podían inquietar la virtud de los hombres con sus prendas físicas +y morales; las ocasiones en que era lícito escotarse, y creo que hasta +la línea del busto de la que el escote no podía pasar. + +Blanca se ganó al señor Penseroso en cuerpo y alma, y el señor +Penseroso, por una parte, y Montifiori y Blanca por la otra, sitiaron y +rindieron a mi tío. + +Muy pronto don Benito y yo advertimos las consecuencias. + +Ya era tarde: mi tío Ramón babeaba por la linda hija de su amigo y la +sociedad comenzaba a anunciar su casamiento con ella. + +Un día, sin embargo, nos resolvimos con don Benito a hacer el último +esfuerzo. Comíamos juntos en su casa: mi tío se había sentado a la mesa +de punta en blanco, como un pollo de veinticuatro años. Concluida la +mesa, haría su visita a lo de Montifiori. + +--Diablo, que está usted elegante, para viudo tan fresco--le dijo don +Benito. + +--¡Eh!--contestó mi tío...--voy a la ópera esta noche... + +--Nosotros también vamos, qué diablo, pero no se nos ha ocurrido +vestirnos como usted... + +--Es que yo no voy solo--contestó mi tío. + +--¡Cómo! ¿persigue alguna aventura entre telones?--preguntó don Benito +con sorna. + +--No... déjense de bromas, acompaño a la familia de Montifiori, a +Blanca... + +--¿Usted?--inquirió don Benito, apuntándole con el dedo. + +--Sí, yo, ¿qué tiene de extraño? + +--Don Ramón, usted enamorando a Blanca Montifiori, ¿tiene valor? + +--¿Y por qué no?... si les dijera a ustedes que soy aceptado... + +--Pero, tío--le dije,--esa es una unión imposible, absurda. Blanca es +una mujer joven, usted casi le triplica la edad. + +--Julio--me dijo,--toda reflexión es inútil: Blanca me ama. + +--Ama a su dinero, amigo--dijo don Benito dando un golpe sobre la mesa. + +--¡Don Benito!...--exclamó mi tío, con un gesto de impaciencia. + +--¡Eh! Sí, señor... su dinero... ¡y es una vergüenza ese casamiento, una +gran vergüenza! Usted va a ser el hazme reír del mundo. Usted, que ha +salido de las garras de una mujer absurda, va a caer en las manos de... + +--¡Don Benito!...--interrumpió mi tío Ramón. + +--Tío--le dije,--piense usted lo que hace, a usted no le cuadra una +mujer tan joven... espere... reflexione. + +--Cualquiera te tornaría a ti por un celoso--me contestó recalcando la +frase. La sangre me subió al rostro y no pude disimular mi turbación. + +--¿Y cuándo serán las bodas?--preguntó don Benito, sonriéndose. + +--¡Eh! vaya usted al diablo--contestó mi tío Ramón;--no estoy para ser +objeto de sus bromas, y se levantó violentamente de la mesa. + +Se daba _Semiramis_ aquella noche, y Colón estaba de gala; los palcos, +ocupados por las más lindas y conocidas mujeres de la gran sociedad, +presentaban un aspecto deslumbrador. Se había cantado el primer acto; la +Borghi y la Scalchi electrizaban al público y en la sala no se +escuchaba sino el eco del entusiasmo y de los elogios. + +Una noche clásica de ópera en Colón reúne todo lo más selecto que tiene +Buenos Aires en hombres y mujeres. Basta echar una visual al semicírculo +de la sala: presidente, ministros, capitalistas, abogados y leones, +todos están allí; aquello es la feria de las vanidades, en la cual no +faltan sus incongruencias de aldea: el vigilante de quepis encasquetado +en medio de la sala, la empresa, en _en menage_, instalada en uno de los +mejores palcos del teatro, el humo de los cigarros obscureciendo la sala +entera. + +No había concluido el primer acto, cuando en un palco de la izquierda +aparecieron Fernanda y Blanca Montifiori con el doctor Montifiori y mi +tío. Las dos mujeres estaban radiantes de belleza y de lujo. Parecían +dos hermanas. Todas las miradas se concentraron en el palco, todos los +anteojos se clavaron en Blanca y Fernanda. Don Benito, que estaba a mi +lado, me tocó el brazo. El teatro entero hacía un solo comentario. + +A nuestro lado, teníamos dos jóvenes impertinentes que conversaban, sin +conocernos, con toda desfachatez. + +--El viejo, aquél, el que ahora se le acerca;--le decía uno de ellos al +otro... + +--No puede ser...--contestaba éste. + +--Te digo que sí; ese es el novio... que _toupet_ de mujer. + +--¿Pero estás seguro? + +--Ciertísimo... si conozco mucho al viejo, cuando yo estaba de +practicante en lo del doctor Trevexo, iba todos los días al estudio. + +--¿Y a ella la conoces? + +--¡Bah, bah, de la escuela... era la piel del diablo cuando chica... un +potro!... + +Don Benito, mudo, pero dejando vagar una leve sonrisa por los labios, +seguía tocándome el brazo a cada palabra de los indiscretos. + +--¿Pero será posible que se casen?... + +--Vaya, ciertísimo. + +--¿Y el padre es capaz de autorizar semejante casamiento? + +--El padre tiene las agallas de un dorado... ¡Tres millones de duros +valen la pena, qué diablos! + +Los comentarios que hacían a nuestro lado aquellos dos mozalbetes, +recorrían sin duda los palcos y la cazuela. + +Bastaba observar ciertas caras, con un poco de atención, para conocer +las impresiones que producía en el teatro la presencia de mi tío en el +palco de Blanca. En la cazuela se sentía el tajear de las lenguas, lo +mismo que se siente la hoz que siega un pastizal. + +La cara de la parroquiana de la cazuela se alumbra con el espectáculo +que presenta un palco con una mujer lujosa y mundana--la cazuelera +comunica su impresión inmediatamente a su vecina;--ésta le hace un gesto +correspondiente al asunto de que se trata, en seguida se hablan, +cuchichean, ríen, se ponen graves, miran de nuevo al objeto del +comentario y la escena se prolonga hasta que se levanta el telón. + +En la cazuela no queda títere con cabeza: albergue de solteronas y de +doncellas, a las que el lujo y la riqueza no sonríen ni popularizan, se +convierte en Criterion: allí se pasan por cedazo todas las reputaciones, +ya sean de hombres o de mujeres. Allí se publican los deslices de la más +linda mujer casada, que brilla en un palco, aunque sea más virtuosa que +Lucrecia. Allí se cuentan sus amores, se apunta al amante con el dedo, +se ridiculiza al marido, se narra la última aventura con verdadera e +íntima fruición; las lenguas, como otras tantas navajas de barba, no se +contentan con afeitar; degüellan, ultiman, descarnando la honra como se +descarna un cadáver en la sala de autopsias. Allí se cuentan, con nombre +y apellido, las queridas de los hombres de moda; se saca la cuenta de +sus hijos naturales; se explica por qué se deshizo el casamiento con +fulana, cuánto perdió en el club zutano, por qué se fue a Europa, por +qué se vino, a qué mujer enamora actualmente, cómo le hace caso, dónde +se ven y hasta en qué casa tienen lugar las citas. + +Madres de familia, las que creéis que el cielo está arriba, no llevéis +jamás a vuestras hijas a la cazuela. + +Rogad a Dios que las lleve Satanás al infierno antes; en el infierno +estará más protegido su pudor, que en aquella galera donde vuela el +chisme, enreda la intriga, muerde la calumnia y se ensaña la envidia. + +Los que tenéis autoridad, abolid la cazuela: meted en ella el elemento +masculino: la mujer sola se vuelve culebra en aquel antro aéreo. + + * * * * * + +Aquella noche la cazuela dio cuenta de la reputación de mi tío y de la +de Blanca. El doctor Montifiori, en medio de la íntima satisfacción que +revelaba su rostro por el triunfo de sus planes, no alcanzaba a +calcular, a pesar de su gran malicia, todo el veneno que había destilado +la cazuela sobre él, sobre su mujer, su hija y sobre la inmaculada +cabeza de mi tío Ramón, su futuro yerno. + + + + +XIV + + +Seis meses después, la boda de mi tío Ramón con Blanca, era cosa +arreglada. Ningún casamiento ha agitado más que aquél los círculos +sociales de Buenos Aires. En el teatro, en Palermo, en los bailes, en +los clubs, en las iglesias no se hablaba de otra cosa. Mi tío había +hecho demoler y reedificar gran parte de su casa de la calle Victoria. +Yo había hecho la resolución de abandonarlo, de volver a vivir con don +Benito, pero él no me lo había permitido, había comenzado por pedirme +que no lo hiciese y concluyó por suplicármelo de tal manera, que muy a +pesar mío tuve que renunciar a mis proyectos. El antiguo palacio burgués +de los Berrotarán había sido completamente transformado bajo la +artística dirección del señor Montifiori. Mi tío había decorado su casa +con todo el confort y el aticismo modernos. Era aquél el nido más +hermoso en que una mujer de mundo podía soñar; y cosa singular, hasta el +novio se había rejuvenecido, y había tomado todos los contornos de un +hombre de mundo. + +El 20 de junio de 1883, a las nueve de la noche, una larga serie de +carruajes particulares se apostaba en la parte más central de la calle +San Martín y las personas que de ellos descendían, entraban por un +espacioso zaguán en una casa que ocupaba un extensísimo frente. La +puerta de calle, cubierta por una inmensa cortina grana, daba entrada a +una amplia galería tapizada de paño rojo y profusamente alumbrada y +decorada por guirnaldas y flores. Dos lacayos de librea guardaban sus +puertas de cada lado de la entrada. Se sentía allí un ambiente tibio y +agradable. Todo Buenos Aires aristocrático desfilaba por aquella +galería: los grandes hombres de estado, el alto comercio, la banca, el +ejército, la magistratura, el foro, las letras, la prensa. Las mujeres, +cubiertas por pieles y felpas variadas, ganaban la escalera friolentas y +apuradas, prendidas del brazo de sus acompañantes. + +Aquella casa era el palacio del doctor Montifiori, donde debía tener +lugar aquella noche el casamiento de mi tío Ramón con la señorita +Blanca de Montifiori, hija única del famoso hombre de mundo que ya +conocemos. + +La casa del doctor Montifiori bien merece una página. El trópico había +brindado sus más ricas y voluptuosas galas para adornar el espacioso +vestíbulo cubierto por mosaicos bizantinos. Esa flora artificial de la +moda que prepara cuidadosamente la tierra, y le exige los frutos raros +de la fantasía de los artistas de la botánica, rivalizaba aquella noche +con los ejemplares más curiosos del Jardín de Plantas. El jardín de la +Tijuca había contribuido en sus más bellas muestras. Desde el vestíbulo +bajo hasta el alto, incluso la gran escalera de encina tallada, las +hojas perezosas caían sobre sus tallos en grandes vasos de alfarería o +de madera; los helechos, la parietaria, el lotus y los nenúphares +extendían sus hojas, cautivas de la moda despótica, bajo cuyo imperio +parecen sentir la nostalgia de las linfas de los arroyos en que fueron +sorprendidas. + +La mansión de Montifiori revelaba bien claramente que el dueño de casa +rendía un culto íntimo al siglo de la tapicería y del _bibelotaje_, del +que los hermanos Goncourt se pretenden principales representantes: todos +los lujos murales del Renacimiento iluminaban las paredes del vestíbulo: +estatuas de bronce y mármol en sus columnas y en sus nichos; hojas +exóticas en vasos japoneses y de Saxe; enlozados pagódicos y lozas +germánicas: todos los anacronismos del decorado moderno; en fin, +Montifiori, bien juzgado, era un poco burgués a lo monsieur Jourdain al +fin. Había progresado mucho, es cierto; sus largos viajes por Europa, su +malicia y su instinto, le habían complementado sus deficiencias, y en +materia de _chic_ era _as_ en la aristocracia bonaerense, que no es tan +fina conocedora de arte, como se pretende, a pesar de su innata +insuficiencia. Verdad es que el siglo tapicero necesita de dos elementos +para brillar: del judío cambalachista e importador, del _brocateur_, +como le llaman los franceses, y del burgués fatuo que compra y +colecciona y que se da por fino y sagaz conocedor de lo viejo, de ese +inestimable _vieux_, que todos se disputan, aun a riesgo de que resulte +apócrifo. + +Montifiori rendía su culto a lo antiguo; además del gran salón Luis XV, +con sus muebles tallados y dorados, vestidos de terciopelo de Génova +color oro, y en el cual dos lienzos de la pared estaban ocupados por dos +tapicerías flamencas, las demás habitaciones ofrecían el desorden más +artístico que es posible imaginar. En los muros, tapizados con ricos +papeles imitando brocatos y cordobanes, una serie de cuadros grandes y +pequeños absorbía la atención de los curiosos. Cuadros eran esos en los +que Montifiori cifraba todo su orgullo. Allí había un boceto de ninfa +sobre un fondo ocre sombrío, iluminado por dos o tres pinceladas audaces +que denunciaban las formas de una mujer desnuda, de carnes bermejas y +senos copiosos, y que Montifiori mostraba como un Rubens en el caballete +de felpa cerezo que lo exhibía; más allá, cuadros firmados por Laucret, +por Largilliere, por Mignard, por Trinquez, por Madrazzo, por Rico, por +Egusquiza, por Arcos. De éstos, sólo dos de los últimos eran auténticos. + +Entre las telas, algunos bajo-relieves en bronce; y sobre los muebles, +pies de todas clases, bronces antiguos y modernos; terracotas de +Carpeaux, Chapu, y bustos de Cordier de Monteverde y de Dupré; un +sinnúmero de reducciones de Bardedienne; vasos, ánforas y objetos +menores sobre tapices orientales, entre los cuales se veían variedades +de bibelots en esmalte, en Saxe, en Sévres, en carey, en marfil viejo. + +Como se ve, la casa del suegro de mi tío pagaba su tributo a la moda; un +galgo aristocrático de raza, habría encontrado mucha incongruencia allí; +mucho apócrifo, mucha fruslería; pero el hecho era que Montifiori +también entendía de japonismo, de gobelinos, de tapicerías flamencas, +de vidrios de Venecia, de lozas y bronces viejos, de lacas y de telas de +Persia y Smirna. + +Allí andaban todos los siglos, todas las épocas, todas las costumbres, +con un dudoso sincronismo si se quiere, pero con un brillo deslumbrador +de primer efecto, ante el cual el más preparado tenía que cerrar los +ojos y declararse convencido de que el doctor Montifiori era en todo un +hombre de mundo. + +En aquel salón, único en Buenos Aires, Fernanda jugaba su _baccarat_ con +don Benito y dos o tres amigos más, las noches vacantes de teatros y +bailes; el señor Penseroso hacía su propaganda evangélica, y Blanca en +un rincón de la sala enloquecía a mi tío, contándole la gran pasión que +había sabido inspirarle entre cien hombres de mérito a quienes había +desairado por él. + +El casamiento de Blanca Montifiori había reunido en su casa a las +mujeres más lindas del día. El reportaje ya había hecho el inventario de +los regalos. ¡Qué maravillas! Una novia como Blanca, fuera de los mil +ramos que son de orden, no podía recibir sino diamantes, perlas y +zafiros. Su padre, hombre de grande influencia en los círculos; su +novio, uno de los hombres más ricos; Fernanda, la mujer en boga; Blanca, +la criatura más distinguida del salón porteño, ponían aquella noche en +conflicto la bolsa de cada uno de los concurrentes. + +¡Tiene tal sello inconfundible el regalo oficial en una noche de bodas! + +Porque es necesario convenir, ¡qué diablo! aun cuando se trate de mi tío +Ramón y de su linda novia, en que Buenos Aires regala un poco por el qué +dirán, compra lo más barato que puede, pero nunca sin transigir con el +punto de honor, con el amor propio del que regala, porque todos quieren +ser los primeros en la feria de las exhibiciones, gastando lo menos +posible. Así, pues, los más ricos regalos de una boda no los hacen +generalmente los más ricos capitalistas, sino los más necesitados. +Aquella noche, por ejemplo, el doctor don Bonifacio de las Vueltas, +amigo personal del doctor Montifiori, bella fortuna, bella posición +política, en situación de servir y no de ser servido, había regalado qué +sé yo qué par de estatuas imposibles, imitación bronce de pacotilla, +mientras que mi ex-patrón, don Eleazar de la Cueva, un hombre quebrado, +en una situación desesperante de fortuna, había arrojado sobre la cabeza +y el cuello de la linda novia una cascada de perlas y de diamantes. + +--Pero ese don Eleazar es famoso--exclamaba Montifiori, admirando los +espléndidos aderezos del viejo judío...--¡Es un artista _homme de +monde_! ¡Qué diferencia de ese imposible y tacaño ministro, que manda +esos mamarrachos de lata a mi hija! + +La curiosidad no dejaba quietas a las mujeres aquella noche. + +Ellas conocían al dedillo todos los regalos de la novia: los diamantes, +las perlas, los zafiros, los rubíes, las cadenas de pulseras y anillos y +la serie de diademas, de aros y flores de piedras preciosas, que la +vanidad humana había depositado a los pies de aquella criatura que +vendía su cuerpo a los tres millones de un viejo de más de sesenta años. +Pero en lo que las mujeres sobresalían, era en la crónica de los trapos: +se habían aprendido el _trousseau_ de memoria como el librito secreto de +la _Sociedad Hermanas de los Santos_. + +--Doce vestidos de calle--decía una personita impertinente, de +veinticinco años largos, sacando la punta de su zapato de raso por el +ruedo del vestido. + +--¿Doce?--le preguntaba la vecina,--quince... ¡ya los he visto todos! + +--¿Es posible?... + +--Ya lo creo...--replicaba con suficiencia la que parecía más informada. + +--Dicen que hay uno de baile espléndido, color _bleu d'eau_ y otro de +terciopelo estampado color marfil, guarnecido con ramos de rosas té. ¡Y +los _matinées_ son espléndidos! Pero a mí lo que me gusta más, es uno +color turquesa muerto. ¡Qué monada! + +Y el pudor y el buen gusto no me permiten continuar; aquellas niñas +comenzaron por los vestidos, siguieron por las medias y acabaron por +inventariar con el desparpajo de un cirujano que hace una operación, +hasta las piezas de ropa del más íntimo uso de la novia. + +Eran las nueve y media ya, y el salón estaba lleno de hombres y de +mujeres, cuando aparecieron Fernanda del brazo de mi tío, y Blanca del +brazo de su padre. El señor Penseroso vino a encontrarlos. Las amigas de +la novia, vestidas todas de blanco, la rodearon mientras que el +sacerdote tomaba suavemente la mano a mi tío y le indicaba que se la +diese a Blanca. La rueda de curiosos estrechó el círculo; las mujeres se +ponían en puntas de pies; todos querían presenciar la ceremonia. La +fisonomía de Blanca no manifestaba turbación alguna: parecía la estatua +de la satisfacción. Yo nunca la había visto más linda; nunca el oro mate +de sus cabellos había dado más realce a su fisonomía que aquella noche. +Su vestido de novia era un poema en el que el telar y la aguja habían +hecho las más espléndidas estrofas a su belleza. Entre aquella cascada +de flores y de diamantes, de encajes, brocatos y felpas primorosas que +invadía el salón de Montifiori, la novia se presentaba con una elegancia +llena de distinción, con su traje blanco con aplicaciones de terciopelo +cincelado, y por único adorno, una onda desbordada de encajes de +Inglaterra, que naciendo en el cuello, iba a perderse en su gran cola, +después de haber perfumado el contorno con su mística y vaporosa +blancura. Dos gruesas perlas, hermanas de los azahares, servíanle de +pendientes, y su seno, aquel seno escaso que tanto mal sueño me había +producido, cerrado completamente por la bata, daba a su busto una +corrección de líneas inimitable. + +¡Era feliz mi tío! + +El señor Penseroso con una dulzura exquisita y un laconismo de la más +urbana discreción dijo la ceremonia. Era de ver aquel viejo de cascos +ligeros, tonto y baboso, que había vivido dominado por una vieja +perversa casi toda su vida, al lado de una criatura, llena de vida, de +juventud y de belleza, creyéndose capaz, el pobre, de haberle inspirado +una pasión. Era de ver también la flema con que Montifiori presenciaba +el enlace de su hija; y por último pasmaba la apatía con que Blanca se +entregaba a un marido que carecía, como era natural, de todos los +encantos que un hombre puede ofrecer a una mujer joven y bella. + +Cuando el sacerdote terminó la ceremonia, mi tío se echó en brazos de +Fernanda y Montifiori en brazos de su hija: los amigos hicieron iguales +demostraciones con los novios; no hubo sollozos ni lágrimas, y apenas +hubieron terminado las felicitaciones, cuando la orquesta inició el +baile, con aquel mismo vals de Metra que yo había bailado con Blanca un +año antes, en el Club del Progreso. Se organizaron las parejas y el +bullicio y el movimiento invadieron de nuevo el espacioso salón de +Montifiori. + +Allí encontramos a todos nuestros conocidos del club y a muchos hombres +en boga. Montifiori ha convidado a todo el mundo: la casa es pequeña +para contener la concurrencia; no faltan ni los desconocidos +recientemente llegados; porque en Buenos Aires somos tan amables, que es +más fácil abrir la puerta de un salón del gran mundo a un extranjero que +acaba de llegar, sea quien sea, que a un hijo del país que nunca ha +salido de su patria;--¡costumbres sudamericanas! + +Siempre se cree que es de mal tono no invitar al brillante desconocido, +que ha aparecido una noche en la platea del Colón, o un domingo en el +bosque de Palermo. + +Me acerqué a Blanca; la cumplimenté; me tendió la mano sonriendo, y me +dijo: + +--Seremos grandes amigos... Soy su tía...--agregó con una sonrisa. + +--Lo seremos--le contesté con afecto. + +Mi tío me abrazó, pero al sentir su pecho sobre el mío, yo hubiera +deseado que no lo hubiera hecho. Sentía vergüenza de mí mismo; deseos de +desprenderme de él, de no verlo, de no haberlo conocido. ¿Amaba a +Blanca? No: ¡qué diablo! no la amaba, no la había amado nunca, no habría +podido amarla y menos desde aquel día. Ese casamiento era una +explotación, y yo le había cobrado una innata repugnancia; porque, al +fin, aquella mujer era una mujer de mármol, una mujer sin alma, sin +sentimiento, sin poesía siquiera. + +Casada con un truhán, con un libertino, pero joven y con el prestigio +propio de un hombre, yo la habría comprendido; pero venderse a un viejo +valetudinario, a un hombre sin talento, sin espíritu, sin fuerzas... +¡cómo justificarla! ¡cómo creerla digna de ser sentida y amada! + +En el bullicio del baile, los novios desaparecieron; bajaron +precipitadamente la grande escalera, ganaron el cupé que los esperaba en +la puerta de calle y muy pronto estuvieron en la morada que mi tío había +preparado para que Blanca pasara su luna de miel con sus sesenta y +tantos años. + +Aquella noche, cuando los pesados y ricos cortinados de la cámara +nupcial cayeron sobre los misterios de himeneo, el Dios del amor debió +cerrar sus pliegues con vergüenza, como si se sintiese deshonrado de +servir de guardián a los desposorios del Tiempo con la diosa más joven +del Olimpo. + +Mi amigo don Benito, correctamente vestido, charlaba aquella noche en un +rincón del gran comedor de la casa de Montifiori con varios muchachos +alegres que comentaban el enlace de Blanca. + +--Lo único que le hace falta al novio, es que Montifiori le consiga un +pedacito de cinta para el ojal, como la que él usa--decía riendo uno de +los jóvenes de la rueda. + +--¡Eh! no es tan fácil eso...--decía otro. + +--¡Qué no! mire usted aquel tipo que está allí, aquel narigón. Ha sido +vendedor de trapos toda su vida; se dio importancia, se hizo amigo de +algunos diplomáticos, y al poco tiempo la mujer le puso un moño en la +_boutonniére_ y ahí lo tienen ustedes. ¡Vean con qué garbo muestra su +escarapela! + +--Y cómo goza Montifiori con esas cosas... ¿eh? + +--En fin, esperemos que don Ramón vaya a Europa mañana, compre un +título, y que Blanca sea Baronesa de algo...--dijo don Benito después de +haber apurado una copa de champagne. + +--¡Diablo con Montifiori! qué vino nos hace beber! ¿Pero quién lo +surte?...--agregaba don Benito;--este champagne es abominable... ¿si nos +creerá tontos este gran pieza de Montifiori? + +--El cristal de las copas es de primer orden, pero los vinos de +Montifiori están a la altura de la mayor parte de sus invitados. Hombre +práctico al fin, él sabe que a su casa viene de toda clase de gente. Es +absurdo, pues, dar buen vino a todo el mundo. ¿Para qué? quién lo sabría +apreciar. + +Yo me mantenía retirado de aquel grupo de maldicientes. Me faltaba mi +compañera de vals, pasaba por mi memoria el recuerdo de lo que me había +sucedido el año anterior. Iba a vivir en la misma casa... ¿qué importa? +Yo estaba seguro de mí mismo, ¿qué podía temer? En estas reflexiones +estaba abstraído, cuando don Benito vino a golpearme en el hombro. + +--Julio--me dijo,--¿vamos a cenar al club? + +--Vamos--le respondí maquinalmente, después de haber saludado a +Montifiori y a Fernanda y tomamos nuestro carruaje. + +--Sabes--me dijo, ya en el coche don Benito,--que Fernanda me ha ganado +5000 duros... ayer. + +--¡Fernanda! ¡qué! ¿juega Fernanda? + +--¡Bah!... + +--Y... + +--Y... se los he tenido que pagar...--agregó riendo,--vale la pena de +perderlos con ella--añadió.--Si tu honor te lo permitiera, yo te +aconsejaría que te los dejaras ganar por Blanca. + +--Vamos--le dije, poniéndome serio,--don Benito, eso no es correcto... +Blanca es la mujer de mi tío... respétemonos, respetémosla. + +--Vaya, niño... no se incomode; respetemos a la señora de su tío de +usted... pero tenga cuidado con ella para poderla respetar. + +En aquel momento mismo llegábamos al club. + +Cenamos y nos dieron las tres de la mañana. En todo el club no se +hablaba de otra cosa que de la boda, y, como era natural, la crítica se +recreaba en morder el argumento por todas sus faces. + +--¿Vienes a casa?--me dijo don Benito;--tu cuarto está pronto. + +Acepté. A las cuatro de la mañana entrábamos en la casa de mi viejo +amigo. Charlamos largo rato y en medio de la charla de don Benito, me +adormecí. Entonces, un sueño espantoso pasó por mis ojos. Me vi +trasladado a los tiempos del colegio. En la puerta de calle vi a +Valentina que parecía esperarme. Era el día de su santo. Llegué a su +casa, le di el ramo de jazmines que llevaba para ella: me inquietó la +presencia de don Camilo en la mesa. Por la noche, Valentina se acercó a +mi lado en el jardín, juntos miramos al cielo; veía su cara risueña y +espiritual, sonriendo, llena de luz, de vida y de sentimiento; oí en el +piano las notas graves de Beethoven, me despedí de ella... La volví a +ver otro día por la última vez... no pude, no supe decirle que la +quería... Mi sueño se fue complicando poco a poco... apareció primero +entre sus imágenes, la figura escuálida de un clérigo, después mi tío... +a su lado, una mujer joven le estrechaba la mano... ¡esa mujer era +Valentina!... Sentí una terrible opresión en el pecho; quise correr para +separarlos, no pude: tenía ligados los pies; quise gritar para que me +oyesen, tampoco pude, la emoción cerraba mis labios. Las fuerzas me +faltaban; entonces vi caer la mano del clérigo sobre la pareja que +recibía su bendición y caí desmayado. Todo había concluido para mí!... +¡Valentina no me pertenecía ya... la había perdido! + +¡Ah! pero entonces el terrible sueño que me oprimía como una piedra, se +deshizo como un vapor sutil y desperté... ¡Oh! ¡qué íntima, qué inmensa +alegría inundó mi ser, cuando pensé que Valentina era libre! + + + + +XV + + +Mi vida no cambió mucho por cierto con el casamiento de mi tío Ramón. + +Blanca, con un tren de lujo extraordinario, vivía en el mundo, en los +teatros, en los bailes, en todas las fiestas y paseos más concurridos. +Dominado su marido desde el primer momento, el pobre viejo iba siempre a +remolque de su mujer, sin oposición, sin protesta de ningún género. Yo +los acompañaba poco; vivía aislado en un departamento independiente de +la casa, porque me mortificaba el trato de aquella mujer fría y ligera +que no podía vivir sino en una atmósfera de lujo y de pompa. El círculo +de los amigos solteros de mi tío Ramón, se había extendido +considerablemente, con motivo de su casamiento. Montifiori le había +traído a todos sus camaradas del gran mundo; dos o tres diplomáticos, +aves de paso, chismosos y murmuradores, como todas las mediocridades +del género; uno o dos banqueros; no faltaba nunca algún personaje +político de más o menos importancia, ni un grupo de muchachos alegres y +calaveras, que solían comer allí y alegrar la tertulia de Blanca, en la +que Fernanda gozaba de una influencia suprema. Por la noche se tocaba, +se cantaba, se saboreaban los escándalos sociales, se criticaba, se +mordía en grande y se jugaba... se jugaba grueso. Era la única mala +pasión del gentil don Benito; superior en él a todas las otras, lo +dominaba y lo consumía. + +Caballero a carta cabal, un gentilhombre a toda prueba, solo, sin hijos +ni parientes, había tomado la vida con una suprema frialdad y se le +importaba muy poco del mundo en todo aquello que no fuera para él +materia de honra. El sabía y conocía su situación; encontraba alegre la +vida en el salón de Fernanda y de Blanca, hacía en él sus campañas +amorosas y perdía como todo hombre feliz en amores, sus buenos billetes +de banco. En el punto de honor, era un caballero antiguo, abierto, +desprendido, pródigo hasta el exceso con las mujeres; calavera sin +escrúpulos en materias parvas; burlón de los avaros y de los necios, +lengua libre y corazón de oro en medio de los terribles defectos +mundanos que le atribuían ciertas mamás consternadas por su mala fama. + +Una tarde que don Benito y otros amigos comían en lo de Blanca +alegremente, como de costumbre, mi linda tía se sintió indispuesta. Mi +tío se alarmó profundamente; todo el círculo de invitados procuró +manifestar igual alarma. Se llamó al doctor de la familia, un médico +joven y sagaz, fino conocedor de aquel centro social y mundano. Vio a +Blanca, la sometió a todas las añagazas y a todo el procedimiento +aparatoso del arte, y en medio de la aflicción sincera de mi tío y de +los invitados, sacó al marido aparte y le dijo sonriendo: + +--Bien, amigo don Ramón... le felicito... + +--Doctor, no entiendo... perdone usted...--le contestó mi tío. + +--Pues dígale a Blanca que se lo explique... ¿no le ha dicho nada? + +--¡Ah!--exclamó mi tío golpeándose en la frente.--¡Pobrecita! ¿Quién lo +hubiera creído?... ¿Será posible? ¡Ya me lo había sospechado! + +--¿Y por qué no? Cualquiera, conociéndolo a usted... ¿o pensaba usted... +que, casándose con una muchacha como esa, no?... + +--¡Oh! no, no--contestó mi tío con cierto orgullo reconcentrado, como +un hombre que está persuadido de haber cumplido con su deber. + +La novedad se contó en voz baja a los contertulianos. Blanca, echada +negligentemente en un canapé, la oía comentar y circular por el salón, y +pasada la primera crisis y bebida la fórmula anodina que había recetado +el médico, dejaba caer sus miradas frías y distraídas sobre las páginas +de un periódico ilustrado que apenas podía sostener en sus manos. Mi tío +Ramón hacía pucheros de alegría y de íntima satisfacción. ¡El, sin +sospecharlo, él, a sus sesenta y tantos años, había producido aquel +verdadero atentado contra la regularidad del equilibrio lunar! Blanca, +pálida como de costumbre, lo llamaba a ratos a su lado, le pasaba la +mano por la cara, le daba en ella cariñosas palmaditas con una fisonomía +fingidamente huraña y resentida, ante la cual el viejo comenzaba por +aflojar las rodillas, y por estirar los labios, y concluía por caer +rendido como un criminal arrepentido, sobre un muelle y riquísimo _puf_ +que la enferma había hecho acercar a su lado. El cuadro era digno del +satírico pincel de Hogarth; los mimos de mi tío con su joven esposa, +llena de caprichosos antojos, de manías y veleidades, tenían ese sello +característico de los devaneos seniles, que rebajan la energía del +hombre y deprimen tanto la dignidad de los ancianos. + +Pero aquella criatura de alma viciosa sabía representar su papel como +una gran artista, y hasta el mismo don Benito, que no comulgaba +fácilmente con ruedas de molino, estaba rendido aquella noche ante ella, +al verla desfallecida sobre un sofá, con la pollera de su riquísimo +vestido de surah ligeramente recogida, dejando ver su pie, +admirablemente calzado, y la garganta de su pierna cubierta por una +media de seda bordada. + +--Tengo un antojo--le decía a mi tío, tirándole de la pera,--y me voy a +morir sino me lo satisfaces, sabes... ¡un gran antojo! + +Mi tío ponía cara de bandido sorprendido infraganti. + +--Un antojo... pero que nadie sepa lo qué es... ni lo digas tú a +nadie... Ven, acércate, yo te lo diré al oído... + +Y el viejo, con movimiento de palomo, acercaba el oído a sus gruesos y +provocativos labios. + +--Valen muy poco, mira, y son espléndidas... quiero lucirlas en el +primer baile... con el vestido de _velours frappé_ que espero... + +Prométeme traérmelas mañana... Te adoraré; te perdonaré todo lo que +sufro. + +Y, al día siguiente, el pobre viejo satisfacía los antojos de aquella +insaciable criatura, trayéndole el collar de perlas que se exhibía en +una de las joyerías más famosas de la calle de Florida, y ella, mimosa +como una gata, se arrellanaba en su victoria, se cubría de pieles y se +hacía arrastrar a Palermo para deslumbrar y humillar con su hermosura y +su lujo a todas las mujeres de mundo que encontraba en su camino. + + + + +XVI + + +Un día, tarde ya, casi a la hora de comer, encontré a Blanca, sola, en +la salita donde acostumbraba a pasar el día, cuando no salía. Al verme +entrar por la pieza inmediata, dio un grito de sobresalto, se puso +pálida y dejó caer el libro que leía. + +La saludé y me incliné para recogerlo; al dárselo, abrió los brazos. +Comprendí el movimiento y le dejé caer el libro suavemente sobre las +faldas. + +--¡Qué susto me ha dado!--me dijo,--estoy tan nerviosa, que todo me da +miedo... + +--¿Y su marido?--le pregunté, aparentando no interesarme por su +sobresalto. + +--No sé--respondió.--¿Conoce este libro?--agregó, indicando con un +simple gesto el libro que mantenía sobre sus faldas. + +--No; ¿qué libro es? + +--Lea su título... + +--No puedo leerlo...--y en efecto, no era posible leerlo, porque el +libro había caído dado vuelta. + +--Pero dele vuelta--me respondió, siempre con los brazos levantados... + +Me levanté, y con la punta de los dedos, volví el libro para leer el +título. + +--Lea--me dijo. + +--Leí; _Monsieur, Madame et Bebé_. + +--¿Conoce?--me preguntó, con una muequita llena de coquetería. + +--¡Oh! sí, es un poco antiguo ya--le dije. Blanca se mordió los labios; +pero, dominándose y con un semblante lleno de aparente placidez, tomó al +fin el libro y lo puso sobre una pequeña mesa de felpa que tenía al +lado. + +--Sabe que usted es el más orgulloso de mis amigos--me dijo, con un tono +resuelto. + +--Yo, ¿por qué? + +--¡Ah! sí--continuó;--usted no es el mismo que antes para mí, y mire, +todos los hombres que vienen a esta casa, me contemplan, me adulan y me +cortejan; pero usted es un indiferente en casa. + +--Señora--le contesté, riendo,--usted está bajo la influencia de la +lectura de Droz. + +--No se ría. ¿Se acuerda usted ahora dos años? Yo soy la misma mujer de +entonces. ¿Cree usted que me he casado con el hombre que es mi marido, +queriéndolo?... + +--No... yo sé que usted no lo ha querido nunca--le repuse resueltamente. + +--Y bien...--me contestó,--yo sé que usted me ha amado un día... ¿se +acuerda usted?... Yo he llegado a un momento supremo de la vida, en que +necesito amar y ser amada por un hombre digno de mí. ¡Soy una +desgraciada!... ¿qué pasión puede inspirarme ese hombre que es mi +marido? + +--Julio--agregó, levantándose de improviso y corriendo como una loba +hacia la puerta abierta de la habitación inmediata, que cerró con +precipitación;--Julio--me repitió,--yo he desairado a todos los hombres +que vienen a esta casa, todos me son odiosos... Yo necesito un hombre +joven, que me quiera, que me dé su alma, su corazón, en cambio de todo, +de todo mi amor. + +Yo permanecía frío e imperturbable en mi asiento. + +--Señora--le dije,--¿qué diría el mundo, si oyera sus palabras? + +--¿El mundo? ¿qué me importa del mundo? No me impone ni lo temo. Yo he +sido su víctima. Yo quiero vengarme de él. Pero necesito de usted. Al +fin, ¿qué he sido yo hasta ahora como mujer? Una máquina para ese +anciano débil y enfermo a quien arrastro por los salones, por las calles +y por el mundo entre las burlas y las sonrisas de todos los que nos +miran y nos encuentran. + +--¡Blanca! + +--¡Ah! Julio--prosiguió arrastrando junto a mi el pequeño sillón que +rodó suavemente al impulso de su cuerpo.--¡Yo le amo, le amo con locura! +¡Yo se lo había dicho a usted; mi corazón no lo daría sino a un hombre, +aun cuando tuviera que vender mi cuerpo a otro, como ha sucedido! + +Y tomándome las manos, aquella singular criatura, me clavaba las uñas +como una pantera, y me irritaba con sus palabras ardientes y resueltas. +El momento era crítico; la Naturaleza rugió con toda su indómita +fiereza; sentía el calor de su rostro sobre el mío, su cuerpo tibio +sobre mi pecho; sus lágrimas de fuego caían sobre mis labios, su piel +candente me quemaba, perdí la razón por un momento, abrí los brazos, se +me nublaron los ojos y en un segundo de locura, bramando de cólera y de +pasión, me iba a arrojar sobre aquella mujer como en un precipicio, +cuando un relámpago de la razón iluminó mi frente y pude detenerme en el +borde del abismo a que me había arrastrado un instante la fuerza +estúpida de la carne. + + + + +XVII + + +Los pronósticos del médico se cumplieron. + +Pocos meses después mi tío era padre. + +La suerte había sido prodigiosa. Difícilmente podría existir una +criatura más encantadora que la hijita de Blanca. El mundo, según don +Benito, había puesto sus puntos interrogantes; pero el mundo es malo y +es necio. Nada más hermoso que aquella niñita que, según todos los que +la conocieron, era un trasunto de su padre. Blanca, sin embargo, después +de los primeros meses, parecía hastiada ya de los cuidados maternos. +Hacía tres meses que no iba a bailes y que no hacía su partida de +_whist_ con los amigos de su padre. + +¡Era triste la vida así! Esa vida de familia, el _bebé_ que llora de +noche, que pide inconsideradamente el sacrificio de las mejores horas de +sueño: ¡Oh, qué vida tan insoportable! + +Era necesario una nodriza. Por falta de una, Blanca había perdido un +baile del club y otro baile particular y hacía semanas que se limitaba a +sus excursiones íntimas con la madre. + +Estaba desolada y con un humor irascible. El pobre tío pagaba aquellas +intemperancias que le eran tan propias. No era capaz aquella mujer de +comprender el amor de madre en toda su sublime expresión. Mi tío poníase +achacoso... los catarros comenzaban a minar su naturaleza; y Blanca, una +vez aliviada de sus incomodidades maternales, quería indemnizarse de su +ausencia de la sociedad y exigía que su pobre marido expusiese sus +constipados a las corrientes de aire de los teatros y a las salidas de +los bailes. + +Era necesario obedecer; aquella mujer no daba tregua. No le era bastante +el tren insensato de lujo que arrastraba: las rentas de mi tía Medea, +incólumes hasta el segundo matrimonio de mi tío, ya era materia más que +dudosa: los inmuebles de la ilustre descendiente de los Berrotarán +soportaban ya algunas hipotecas en cambio de los diamantes que +iluminaban la cabeza y el busto de Blanca y de las telas que arrastraba +en las alfombras de los salones del gran mundo. + +Sobrevino el primer período crítico de este enlace. Blanca comenzó por +ir sola con la madre una noche al teatro. Su marido, que hasta entonces +había hecho todos los esfuerzos supremos para acompañarla y mantener +alto el pabellón, se resignó por último. Los reumatismos tienen al fin +la razón sobre la voluntad; y como era, según ese espléndido Montifiori, +una verdadera crueldad, privar por un dolor insignificante de cintura de +su yerno, a la pobrecita Blanca, de una noche de ópera, el buen viejo +don Ramón, convencido al fin de toda la impertinencia de su enfermedad y +de las excelentes razones de su magnífico suegro, se quedaba en su casa +con _bebé_ mientras su linda mujercita resistía en Colón la carga de los +más peligrosos anteojos de la temporada. + +¡Pobre viejo! En las noches de soledad para él hacía traer a su lado la +cuna de su hijita y junto a ella, cubierto de franelas y algodones, +materialmente embutido en el hogar de la chimenea, pasaba las horas +contemplando el rostro de aquel ángel que le brindaba sus primeras +sonrisas y balbuceos. ¡Cuánta semejanza entre los niños y los viejos! En +orillas opuestas ven tranquilamente precipitarse en medio de la +corriente de la vida, en la que unos se han agitado y en la que los +otros no sueñan en agitarse mañana. Un niño que sonríe en una cuna, que +agita inconscientemente sus manecitas, que ríe o llora maquinalmente, +es la manifestación más íntima, más pura de la ternura humana. + +No se concibe que esa cuna esté sola: que la madre la abandone por un +momento; el sueño de ese ser debe ser velado por ella, porque, si ella +falta un instante, creeríase que esa vida embrionaria se extinguiría, +falta del calor materno, de sus besos y de sus caricias. + +¿Hay algo más bello que un niño que duerme? Ese sueño que parece +alimentado por las alas de un ángel invisible, que se agitan en el +misterio de la noche, ese sueño no se duerme sino en una edad. La +expresión de un niño dormido atrae irresistiblemente. ¿Qué sueña esa +alma inocente? ¿Qué idea, qué pensamiento agita ese cerebro?... ¿Por qué +late suave, pausadamente, sin agitaciones ese tierno corazón de ángel? + +Estas reflexiones debía hacerse el pobre viejo delante de aquella cuna +que en cuatro meses había hastiado a la madre, ebria por los placeres +del mundo, sedienta de lujo y de amantes. Al ver a su hijita dormida, el +buen viejo debía meditar con tristeza en su porvenir. ¡El no la +alcanzaría mujer tal vez! Y, entonces, pensando en su pasado ingrato, en +sus años de despotismo conyugal, debía sin duda, compararlos con el +presente en que, enfermo y valetudinario casi, no tenía fuego en el +alma, ni sangre en las venas para correr al lado de su linda mujer la +carrera vertiginosa del mundo, en la cual caía como un rezagado, +mientras ella, al frente de la alegre caravana, volaba cantando los +aires calientes de la fuerza y de la juventud. + +¡Oh! ¡Es triste la vejez! + +Algunas noches, el viejo solía adormecerse ligeramente en medio de la +muda contemplación de su hija. El reloj daba las doce, sin que Blanca +hubiese regresado a aquel hogar trunco por la oposición de su vejez a su +juventud. De repente, una puerta se abría, un ruido de sedas cuyo +_frou-frou_ creeríase el paso de un duende, dejábase oír en la +habitación, y a través de la media luz azulada del velador, el pobre +viejo, enfermo y postrado, veía atravesar como un fantasma la sombra +fascinante de Blanca, arrastrando ondas de rasos y encajes y dejando a +su paso el perfume capitoso de juventud que embalsamaba la visión de +Fausto. + +Entonces el martirio debía duplicarse: aquella aparición deslumbrante de +todas las noches, que pasaba indiferente por su lado y el de su hija, +sin detenerse, que no rendía culto ni a la ley del esposo ni al cariño +de la madre, que volvía llena y tibia aun con los vapores del mundo en +que vivía, después de librar la batalla del lujo en la feria de las +vanidades; aquella aparición enloquecedora desaparecía, y ante los ojos +fatigados del anciano se alzaba el espectro aterrador de doña Medea, +riendo con una carcajada satánica, estridente y vengativa, y lanzando +una blasfemia terrible contra aquel desgraciado del destino, víctima +inocente de la suerte, que temblaba de espanto y de impotencia ante el +recuerdo del pasado y el cuadro del presente. + +Una tarde de primavera, mi tío, que ya había comenzado a sentir el peso +profundo de la tristeza, me invitó a que lo acompañara en carruaje hasta +Belgrano. + +Mi aceptación llenó de gusto al pobre viejo. La tarde era bella y tibia; +el río estaba claro y sereno como un cristal, y cuando los caballos +comenzaron a trotar por el camino de Palermo, mi compañero comenzó a +reanimarse con el aire puro del campo y la tranquilidad de la tarde. + +El camino de la costa tiene cierto encanto poético de reminiscencias que +los viejos no olvidan fácilmente. En el camino de los Olivos al Tigre +están enterradas sus primaveras. Aquellas caravanas ecuestres de otros +tiempos que comenzaban por la madrugada en el Retiro y que terminaban en +San Isidro o San Fernando a mediodía, y con bailes y pascanas a media +noche, tienen una larga historia en la vida galante de otra edad. Mi +tío comenzó a recordarlas con cierta melancolía. + +--¡Cuántos han muerto ya!--me dijo.--Tú no te puedes imaginar lo que era +la costa entonces, en el mes de octubre, con los árboles en flor. + +El perfume de las aromas, de la retama y de los azahares embalsamaban el +camino. Salíamos quince o veinte amigos, muchachos alegres todos, y de +un galope llegábamos a las chacras de los Olivos y de otro a las +barrancas de San Isidro. ¡Cómo hemos cambiado, Julio! ¡Qué fácil y qué +llana era entonces la vida, qué gratos recuerdos me traen ese río +azulado y tranquilo y esas barrancas siempre verdes y risueñas! Allá, +cerca de San Isidro, yo tenía una novia; se llamaba Luciana, una linda +muchacha de dieciocho años, que cantaba con una gracia exquisita las +canciones de nuestro tiempo. Yo era pobre y muy joven: la casaron con un +viejo rico. ¡Ah, no te rías, así le ha pasado a Blanca conmigo, +cualquiera diría que yo he querido vengarme de las mujeres! Pero ¡qué +épocas aquellas! Toda la costa nos pertenecía, en todas partes +bailábamos, pasábamos el domingo entero en fiestas y por la noche, o el +lunes de madrugada, nos poníamos en viaje para la ciudad. + +El pobre viejo se animaba con sus recuerdos, y después, como despertado +de su sueño por el presente, proseguía: + +--¡Qué disparate he hecho en casarme, Julio, con una mujer tan joven! Yo +lo siento, yo lo sé; no puedo hacerla feliz. + +--¿Pero y su hijita?--le dije... + +--¡Es lo único que me da ánimo y fuerza para vivir--me repuso;--si no +fuera por ella, ¡qué solo estaría en el mundo! ¡Qué horrible sería mi +desesperación! ¿No es verdad, que es una criatura encantadora? Y aquí, +para entre nosotros dos, ¡qué poco la atiende la madre! ¡Verdad es, una +criatura como Blanca que casi no ha tenido juventud! Yo no puedo +exigirle el sacrificio de su alegría; es una niña todavía; una noche de +teatro, un baile, una fiesta cualquiera la fascina. + +¡Yo lo encuentro natural, pero si al menos su hija le produjese el mismo +entusiasmo! + +¡Ah, no te cases viejo!... Cada vez que yo pienso que no podré ya ver +mujer a mi hija, me desespero. Me parece que el Cielo me ha hecho +concebir una esperanza para quitármela en seguida. + +Tú sabes cuan desgraciado he sido en mi vida pasada. ¡Qué mujer aquella +que me deparó el Cielo!... Cásate joven y con una mujer dulce y +sencilla. Yo debo decirte que no sé qué ha sido peor para mí, si mi +vida pasada de casado, o mi vida presente. Mi primera mujer, tú la +conociste; no era posible ser feliz con ella: tenía un carácter agrio y +duro, y mi segunda mujer, te lo aseguro, Julio, me obliga a hacer una +vida tan artificial, que no sé cuando he sufrido más, si en la guerra +viva de la primera época o en la fiesta perpetua en que vive todo lo que +rodea a mi suegro, el doctor Montifiori. + +Ante aquella íntima confidencia, que era un verdadero desahogo, yo creía +conveniente guardar silencio. No tenía palabras para consolar a mi tío +con razones completamente contrarias a mis sentimientos y prefería +callar, aun corriendo el riesgo de acatar todo aquel amargo y tardío +arrepentimiento. + +Habíamos llegado casi a la entrada de Belgrano, cuando mi tío dio orden +al cochero que se detuviese junto a un pequeño rancho, en que +jugueteaban tres o cuatro niños. Al detenernos, los niños se acercaron +al carruaje y en la puerta del rancho aparecieron una mujer y un hombre, +jóvenes ambos, que saludaron amistosamente a Alejandro que manejaba el +coche, como si ya lo conociesen de antemano. + +--¿Debe ser aquí--dijo mi tío,--no, Alejandro? + +--Sí, señor, aquí es--repuso Alejandro. + +Mi tío, a quien ya se habían acercado el hombre y la mujer, seguidos de +los niños, que nos miraban curiosamente, les hacía no sé qué encargo +doméstico que Blanca le había encomendado para ellos, y la mujer parecía +oírlo con cierta duda y extrañeza. + +--¿Pero usted es el marido de doña Blanca?--le dijo al fin, como +expresando cierta vacilación. + +--Vamos a ver, ¿cuál de los dos será?...--le contestó mi tío señalándome +y señalándose. + +--Será ese mozo--replicó la mujer,--y como yo le dijera que no, +permaneció sonriendo, con la desconfianza propia de una persona a quien +la quieren hacer víctima de una broma. + +El hombre, callado, parecía participar de la desconfianza de su mujer. + +--Pero, vamos a ver--recomenzó mi tío,--¿les parece que soy muy viejo +para mi mujer, no es verdad? + +--¡Ah! no es eso solamente--dijo el paisano, con cierta inocencia;--es +que aquí ha venido la señora con otro señor, y nosotros hemos creído que +ese era su marido. + +Una sombra instantánea obscureció la fisonomía del viejo y una palidez +mortal invadió su semblante. A mí me pasó algo análogo; la voz se me +ahogó en la garganta, y viendo que se prolongaba aquella situación, de +la que las gentes del rancho no se daban cuenta, les dirigí dos o tres +palabras triviales, como para salir del paso y le di orden a Alejandro +de dar vuelta. Este no se la dejó repetir, porque, listo y alerta como +era, se debió dar cuenta en un segundo de la situación por que +atravesábamos, y puso los caballos en movimiento. + +Mi tío dejó hacer, y se hundió en un profundo silencio, pero al llegar a +la barranca de la Recoleta, donde nos detuvimos--exclamó +suspirando--¡dichosos los que han muerto! + +Y como yo pretendiera objetarle, me interrumpió, diciéndome en voz baja +y acongojada. + +--Mi hija, sólo mi hija me atrae a la vida... + +Llegábamos a casa en el momento mismo que entraban Fernanda y Blanca +después de una batida por las mejores tiendas de lujo. Madre e hija +estaban lindísimas como de costumbre y vestidas con una suprema +elegancia. Fernanda me estrechó la mano y Blanca acometió a su marido +con los mimos y las zalamerías con que acostumbraba a hacerlo siempre +delante de los extraños. Mi tío subía la escalera envuelto en una +reserva absoluta mientras que su mujer no cesaba de contarle todo lo que +había visto y comprado en el día, en trapos y alhajas, colgándosele del +brazo y representándole toda una comedia de cariños digna de una nieta +que pretende engañar al abuelo. Subimos y entramos en el salón. Fernanda +se me quejaba de la indiferencia de su yerno y yo procuraba imitar a mi +tío tratando de no dejarme entusiasmar por la cháchara de aquellas dos +señoras. Mi tío entró en los cuartos interiores, preguntando por su +hija, y Blanca, notando que la indiferencia de su marido aumentaba, lo +abandonó, y, furiosa, iracunda como ella solía ponerse cuando alguien le +contrariaba sus gustos y sus caprichos, se volvió al salón donde yo me +había quedado con la madre, y clavándome sus ojos claros y penetrantes, +con una mirada llena de desdén, me dijo, señalando las habitaciones +interiores donde su marido había desaparecido. + +--¡Eso, eso se lo debo a usted... le doy las gracias! + +--Blanca--le contesté,--no entiendo lo que usted me dice, no sé si es un +cargo... + +--Yo no necesito explicaciones--me repuso con un mal modo +marcadísimo.--Lo mejor sería no vernos nunca... + +--Eso no--le repuse,--no la complaceré... + +--¡Qué! usted me reta--exclamó atropellándome con los puños crispados. + +En ese momento Fernanda, excitada también, se ponía de pie, pronta para +entrar en la escena que se preparaba. + +--No--dije a Blanca en voz baja,--siempre que usted no me amenace. + +--Julio--dijo Fernanda,--por Dios, déjenos... + +--Señora--le contesté,--no tengo inconveniente en complacerla, puesto +que usted me lo pide, pero antes de retirarme quiero asegurar a su hija +que no soy de aquellos que rechazan un afecto, con el fin innoble de +pagarlo con una traición. + +Y al retirarme, clavé los ojos en Blanca fijamente, mientras ella me +lanzaba una mirada en la que procuraba medirme desde lo alto de su +orgullo. + + + + +XVIII + + +Era la última noche de carnaval y el mulato Alejandro estaba de baile. +Su comparsa, los «Tenorios de Plata», con su brillante uniforme blanco y +celeste y sus botas imitadas en hule, invadía el teatro de la Alegría, +campo de las batallas galantes de la clase, en los tres días clásicos +del año. Pero el corazón de Alejandro no estaba aquella noche en el +salón de baile, sino en los dormitorios de Blanca. Graciana, una linda y +traviesa francesita, en quien Blanca depositaba todos sus secretos, +había cautivado el alma del mulato, sin que los antagonismos de raza +fueran una razón de timidez por parte del cochero o de repugnancia por +parte de la sirvienta. La cuestión grave era saber cómo haría Graciana +para ir al baile con Alejandro, y eso era algo difícil. La señora con su +mamá iban al baile de máscaras del club. El viejo don Ramón permanecía +en casa a causa de su reumatismo. Graciana debía velar aquella noche por +el _bebé_; la noche anterior había estado de pascana con su _Otelo_; +porque es necesario saber que Graciana estaba fuertemente apasionada del +mulato. Alejandro se daba un tono insoportable para con los de su clase, +con motivo de sus nuevos amores; y la francesita, aunque estaba lejos de +ser una doméstica como las de Zola, no tenía el más mínimo embarazo en +desempeñar todos los servicios de su ama y en adorar a Alejandro, sin la +más mínima limitación. Pero aquella noche, Blanca al salir enmascarada +para el club, había recomendado a Graciana, de la manera más severa, que +velara al marido a quien se le podía antojar vestirse e irla a buscar y +sobre todo al _bebé_, a quien don Ramón no podía atender a pesar del +entrañable cariño que sentía por su hijita. Graciana había jurado +fidelidad, pero Alejandro, así que las señoras y el señor de Montifiori +desaparecieron, comenzó a excitar poco a poco la imaginación de Graciana +contándole las maravillas que aquella noche iban a hacer los «Tenorios» +en el tablado de la Alegría. + +La mujer es un ser débil en todas las clases sociales. Graciana comenzó +por resistir y Alejandro terminó por vencer. Verdad es que el pardo +tenía, según el, un ascendiente poderoso sobre el bello sexo. Los dos +amantes, una vez de acuerdo en bailar esa noche en la Alegría sin que +los patrones lo notaran, pusieron en juego su plan. Alejandro vistió su +uniforme de «Tenorio», color blanco y celeste, con gorra de oficial de +marina, espléndido _specimen_ de mojiganga criolla; se echó al bolsillo +el triángulo, su instrumento oficial en la comparsa de los «Tenorios» y +esperó a Graciana acurrucado debajo de la escalera, completamente a +obscuras en el acto de la evasión de los dos danzantes fugitivos. +Graciana, por su parte, recorrió las habitaciones; vio que mi tío no +daba señales de vida, que el _bebé_ dormía e hizo ruido en el cuarto de +la niña, como para dar a entender que ganaba la cama. Después de media +hora de silencio, notando que la tranquilidad de la casa era completa, +saltó de la cama, descalza, para no hacer ruido; tomó la bujía encendida +que alumbraba apenas la habitación y acercándose con ella a la cuna de +la niña, notó que ésta dormía tranquilamente; dejó la luz como tenía de +costumbre, y abriendo suavemente la puerta del aposento que daba sobre +el corredor, y cuya cerradura había tenido cuidado de enaceitar para que +no hiciese ruido, salió en puntas de pie llevando en una mano un par de +botines de raso y suspendiendo en la otra nada menos que el dominó con +que Blanca había asistido disfrazada la primer noche de carnaval al +baile del Club del Progreso. La interesante mascarita cerró +cuidadosamente la puerta, y ayudada por su amante, sin muchas exigencias +de recato por su parte, se disfrazó en un instante; se calzó sus botines +blancos, se colocó la máscara de raso, y ambos bajaron resueltamente la +escalera principal, abrieron la puerta de calle con la llave que poseía +Alejandro y se encontraron muy pronto en la calle, libres como _Romeo y +Julieta_, si _Romeo y Julieta_ hubiesen sido sirvientes y se hubiesen +escapado juntos alguna vez. + +Cuando llegaron a la puerta de la Alegría, el baile estaba en todo su +esplendor. Los «Tenorios» hacían una mella terrible en aquellas Ineses +de media tinta y de color entero. + +Las cuadrillas se bailaban, con una seriedad rígida, casi británica; el +vals no dejaba nada que desear por su corrección: la mazurka era de un +remeneo de ancas de dudosa moderación, y por último la habanera algo +alarmante como chacota de articulaciones. + +En medio de estos variados modos de bailar, se notaba en aquel salón, +donde había una absoluta proscripción del perfil griego, una suma +tendencia al tono y a la elegancia. Los «Tenorios» se llaman como sus +amos; se dan su nombre y apellido; usan su papel timbrado, se ponen sus +fracs, sus guantes, sus corbatas y sus camisas; la única nota +discordante es el pie, el pie de un Tenorio es algo de melancólico: un +pedícuro con cierto talento dramático podría escribir una tragedia más +terrible que Fedra, con sólo estudiar el pasaje de su instrumento a +través del pie de un joven _high-life_ de color. He ahí la causa por qué +los negros, después de tres días de carnaval, por más elegantes y +presuntuosos que sean, tienen que vivir otros tres días prendidos de una +reja; los pies necesitan suspender su misión terrena por ese espacio de +tiempo para volver a su estado primitivo. + +En fin, a pesar de estos inconvenientes, los galanes bailaban aquella +noche en la Alegría con tanto garbo, y tal vez con más suerte, que sus +patrones del Club del Progreso. Un Tenorio con su uniforme blanco y +celeste debe ser algo ideal para su compañera de baile y de color; +porque, al fin, convengamos en que, vestirse para enamorar con los +purísimos colores del cielo, es mucho más lógico que hacerlo de negro +como los amos. + +Hay algo de fantástico en ese traje, en esa chaquetilla de merino azul +con galones de plata, en ese pantalón de cotín blanco, en esas polainas +de precio modesto pero de soberbio brillo, que se empeñan en +confabularse con el botín chueco de elástico, para fingirse botas +granaderas. + +Alejandro entró en el baile, del brazo de su compañera, cuyo espléndido +dominó levantó el cotarro de todas las princesas negras que vieron pasar +a su lado aquella vasca plebeya, pero blanca. ¡Alejandro, rendido a una +«extranjera de Europa!» ¡Qué decepción! ¡El, el más aristocrático +_swell_ de la _clase_, la flor y nata de las academias de baile, +entregado a una gringa! + +Las señoritas y las matronas no se lo perdonaban, pero el lindo mulato, +sin importársele mucho de las críticas que le hacían por todos los +centros del salón, tomó de la cintura a su linda compañera y acometió un +_scottish_ de paso doble que en aquel momento comenzaban a rascarlo +cuatro violines de la orquesta y un figle solitario y pifión que se +quejaba entre los labios de un viejo músico panzón y dormido, +representante de la música de viento. + +Es de ver la galantería del negro porteño. Prescindiendo, si es posible +prescindir, del ambiente del salón, que es algo pesado, la cortesía y la +urbanidad entre ellos son incomparables: el lenguaje incorrecto, pero +elevadísimo. Se conversa con las mismas pretensiones con que se conversa +en el gran mundo; se enamora con la misma gracia, con la misma +compostura y con el mismo _chic_. Las niñas no dejan nada que desear +desde el punto de vista de la educación: es cierto que los labios son un +poco gruesos y las narices algo chatas, pero de una autenticidad +indiscutible; allí no hay _veloutine_, ni crema de perlas que formen +cutis apócrifos. Los mozos son de la más alta estirpe administrativa: +entre ellos está representada la secretaría del presidente de la +República, por un empleado, que aunque sirve el té y el agua con panal, +no se apea de su categoría de empleado público, la guerra y la hacienda +forman parte de los «Tenorios de Plata», que bailan en la Alegría las +tres noches de carnaval. Las mamás o las tías y madrinas viejas, que se +le acomodan desde su asiento a una masa sopada en vino Priorato, ven +pasar con envidia a toda esa juventud oficial que desempeña cargos +modestos, pero honrosos en la política argentina. Y, generalmente, esos +_snobs_ de medio pelo son codiciados por el prestigio social que rodea +su nombre; pero, si suelen ser eximios como amantes, son intolerables +como maridos; todos concluyen enamorando vascas, como Alejandro, o +perdiendo a las negritas mimadas de casas decentes. Aquella sociedad +tiene sus escándalos como todas las sociedades: raptos, seducciones, +adulterios, suicidios y hasta duelos. Hablan de las guerras y de las +batallas pasadas con un profundo conocimiento de lo sucedido, porque el +negro y el pardo porteño saben batirse con la bizarría del mejor de los +soldados y caer sobre el campo de la acción como caen los héroes. + +Las dos de la madrugada habían dado ya, y Graciana apuraba a Alejandro +para volver a casa. La sirvienta pensaba con razón, que el señor podía +haber notado su ausencia, que la niñita podía haber llorado, que Blanca +podía haber regresado del club; pero el negro, rumboso al fin, como +todos los de su clase, quería concluir la noche con una cena en un café +de la vecindad y porfiaba por retener a su mascarita. + +Tanto hizo Alejandro, que Graciana, después de bailar con él la última +galopa con un ímpetu y un entusiasmo indescriptibles, consintió en ir a +cenar, no por cierto unas ostras con Sauterne, sino unas suculentas +costillas de chancho, apoyadas por una copiosa taza de café con leche, +con pan y manteca, que sirvieron para corregir la vacuidad incómoda, que +todos los estómagos, ya sean plebeyos o aristocráticos, sienten a las +tres de la mañana después de una noche de baile. + +Concluida la cena, la pareja se puso en marcha. Salían conjuntamente del +teatro, con los Tenorios, extenuados por la fatiga de la noche, +demostrando en el rostro esa melancolía peculiar que demuestra el último +comparsa que se retira en la madrugada de la tercera noche de carnaval. + +Por entre ellos atravesó orgullosamente Alejandro con su compañera del +brazo, y doblando por la calle de Victoria, la condujo hasta la puerta +de la casa de sus patrones. + +Pero la sorpresa de la pareja fue grande, cuando llegaron a la casa de +mi tío Ramón; la puerta estaba abierta; la luz encendida en el vestíbulo +bajo y en el vestíbulo alto. Algo de extraordinario debía de haber +pasado durante su ausencia, y la fuga de Graciana había sido notada. La +sirviente tuvo un acceso de nervios muy común entre las francesas y no +se atrevió a entrar: colgada del brazo de Alejandro, tiritaba de miedo. + +El pardo vacilaba también, y caballeresco como era, no se atrevía a +comprometer ni a abandonar a Graciana en la puerta. La alarma aumentaba +con el ruido de los carruajes que comenzaban a remolinear en la esquina +del Club del Progreso, lo que les indicaba que el baile allí tocaba a su +término, que de un momento a otro, Blanca llegaría a su casa y +encontraría a Graciana disfrazada con su dominó. Los dos amantes +optaron por lo más práctico en aquellos instantes críticos y huyeron +calle de Victoria arriba, prefiriendo la fuga a pasar por la vergüenza +de ser descubiertos. Alejandro, el audaz seductor de aquella honesta +Margarita, fue a golpear la puerta de una posada de la plaza de Lorca, +donde se instaló con su compañera, resuelto a darle su nombre para +cubrir su falta y purificar su honra manchada. + + + + +XIX + + +El buen tío Ramón se había recogido temprano aquella noche; el primer +día de mascarada lo había rendido por todo el carnaval. Fernanda y +Blanca, con Montifiori y sus amigos, habían pasado los tres días en una +jarana completa: en el corso, en los bailes, en las tertulias +particulares, Fernanda y Blanca habían sido conocidas en todas partes; +pero eso era lo que ellas buscaban en medio de la turba de corsarios de +gran tono, que les daban caza a través de aquellas noches de locura. El +último día, al regresar del corso, habían encontrado tumbado al viejo +marido, presa de sus reumatismos. Blanca tuvo una pasajera contrariedad; +se acercó a su esposo, le hizo algunos cariños de fórmula, lo puso en el +caso de que le suplicase a ella misma que no dejase de ir al baile de +máscaras, y simulando hallarse bajo el imperio de una orden, comenzó a +preparar su traje que ya estaba pronto desde muchos días atrás. Con la +cabeza montada por la bulla carnavalesca y por la perspectiva del baile, +se hizo vestir rápidamente por Graciana, esperó impacientemente a la +madre que tardaba ya algo en venir, se acercó al lecho de su marido, se +despidió de él con urgencia y salió precipitadamente sin siquiera +acordarse de su hijita a quien dejaba en poder de una sirvienta. El +baile la atraía irresistiblemente. + +El buen viejo, después de haber besado a su hija, se retiró a su +habitación que estaba inmediata a la en que Graciana debía cuidar a la +niñita. A la una de la noche, mi tío, que dormitaba, se despertó +súbitamente por una luz repentina que lo deslumbró como un relámpago, +creyendo haber oído en sueños algo como un grito estridente y +penetrante. El viejo abandonó su lecho dificultosamente, y creyendo que +en efecto era un relámpago, abrió los postigos del balcón y miró hacia +afuera: pero el cielo estaba sereno y estrellado, y la luz nocturna +iluminaba las aceras. + +Creyó en una pesadilla y trató de detener y comprimir las ideas confusas +que habían pasado por su cerebro mientras dormía. Quiso volver a su +cama, pero había perdido el rumbo, la disposición de la habitación se +había trastornado completamente para él. Se detuvo un segundo en el +centro del cuarto, procurando orientarse en vano; tocó una puerta, +encontrola abierta y al pasar el umbral, sintió un olor característico a +lienzos quemados. El pobre viejo se sintió presa de un violento golpe de +fiebre: quiso recapacitar y no pudo; los más horribles pensamientos +cruzaron por su imaginación; perdido siempre en la habitación, volteó +dos o tres muebles, tuvo miedo, se le aflojaron las piernas y cayó +desfallecido sobre el piso. Un silencio sepulcral reinaba en las +habitaciones, tan profundo, como en la obscuridad que lo rodeaba. Una +idea fija embargaba la razón del desgraciado anciano. Se incorporó +débilmente sobre el piso y gritó a Graciana, con voz ahogada y +angustiosa, pero nadie le respondió. Volvió a gritar con un acento de +desesperación, que desgarraba el alma, pero todo fue en vano, nadie le +contestó tampoco; se incorporó de nuevo y arrastrándose con trabajo +tanteó las paredes, buscando el botón de la campanilla eléctrica: +después de unos minutos lo encontró y lo hundió con desesperación: el +silencio era tan profundo que oyó el martilleo peculiar del timbre en el +fondo de la casa; esperó, pero nadie vino: llamó de nuevo y siguió +llamando incesantemente; la casa estaba sola, nadie le respondía. +Entonces volvió a gritar desesperadamente a Graciana y, creyéndose +orientado por un momento, atropelló en la dirección en que él creía que +estaba el cuarto de la niña; pero, no bien había dado tres pasos, cuando +recibió un terrible golpe en la frente que le hizo retroceder; había +dado contra la puerta opuesta. + +El viejo cayó desfallecido de nuevo y el silencio inmenso e imponente de +la noche volvió a reinar con su paz profunda y aterradora. En aquella +situación, el reloj del Cabildo dio las tres de la mañana y el eco sordo +de la campana se difundió por la ciudad dormida. El viejo pensaba que +Blanca no podía tardar: se oían las voces y las algazaras de las últimas +máscaras que se retiraban, y una orquesta lejana, tal vez la del club, +tocaba las últimas galopas. Todos aquellos detalles aumentaban la cruel +situación del anciano afligido, casi inmóvil, presa de una fiebre +terrible. En ese estado se arrastró por el suelo tanteando siempre los +muebles: por último, puso la mano sobre un sofá, que ocupaba el espacio +comprendido entre el balcón y la puerta que llevaba al cuarto de su hija +y con una alegría íntima se incorporó, impulsó la puerta que Graciana +al partir había dejado entornada y penetró a la habitación, loco, +convulso, desatentado. Pero el cuarto estaba lleno de humo, allí se +había quemado algo: recordó su sueño, aquella súbita luz que había +herido sus pupilas y aquel grito penetrante que aun le parecía oír y +cayó de nuevo en una desesperación terrible. El humo de la habitación +comenzaba a asfixiarlo y un terror frío e indescriptible cerró sus +labios y paralizó sus movimientos; un temor instintivo no le permitía +moverse; prefería la duda, la inmovilidad, antes de acelerar el +desenlace espantoso de aquella noche de abandono y de insomnio. En esa +situación volvió a llamar tímida, cariñosamente, a Graciana, pero, como +antes, nadie le respondió. + +Postrado en el suelo, en un rincón del cuarto, rodeado siempre por la +más completa obscuridad, pudo oír que un carruaje acababa de detenerse +bajo de los balcones, y al rato, que se abría y cerraba con gran cuidado +la puerta de calle: sintió en seguida pasos en la gran escalera: quiso +llamar para apurar a los que venían, pero la palabra se ahogó en su +garganta y tuvo que esperar: oyó los pasos en el vestíbulo y unos +segundos después el ruido de una llave en la cerradura de la puerta de +la habitación en que se hallaba: la puerta se abrió y dio paso a +alguien: el _frou-frou_ de la seda le indicó que era Blanca que +regresaba. De pronto ardió un fósforo y acto continuo la luz violenta +del gas iluminó toda la habitación. + +Entonces el cuadro que se presentó a la vista de los que allí se +encontraron, fue terrible: en un extremo de la estancia, la cuna de la +niña cubierta de hollín: las cortinas se habían encendido, el fuego +había invadido las ropas; la desgraciada criatura había muerto quemada, +por un descuido de Graciana, que, atolondrada por la fuga, había dejado +la bujía a poca distancia de la cuna. El rostro de la niñita era una +llaga viva: tenía los dientes apretados por la última convulsión; con la +mano izquierda asada por el fuego, se asía desesperadamente de una de +las varillas de bronce de la camita, y la derecha, dura, rígida en +ademán amenazante; la actitud del cadáver revelaba los esfuerzos que la +víctima había hecho para escapar del fuego, en vano. Blanca era la que +había encendido el gas; al hacerlo, dio vuelta y vio a su marido +postrado en tierra y a su hija quemada viva en la cuna: retrocedió y dio +un grito terrible: el pobre viejo se levantaba al mismo tiempo, y en la +puerta que daba al vestíbulo exterior por donde Blanca había penetrado, +sorprendía con la vista un hombre joven que había entrado con ella: fue +lo primero que vio, quiso lanzarse sobre él, pero el grito de horror de +Blanca lo detuvo, y entonces volvió los ojos sobre la cuna de su hija. +Toda esta escena fue la obra simultánea de un instante; las más breves +palabras no alcanzarían nunca a traducir su trágica rapidez. El pobre +padre, al ver el horrible espectáculo que presentaba el cadáver de su +hija, abrasada por las llamas, se detuvo horrorizado ante él, quiso +hablar, pero no pudo, fue a lanzarse iracundo sobre el amante, que en +actitud vacilante no sabía qué partido tomar, pero apenas dio dos pasos +cayó al suelo, fulminado por una parálisis repentina, la lengua trabada, +el rostro descompuesto, el cuerpo laxo y sin fuerzas. Al caer dio con la +frente en el suelo y su rostro se bañó en sangre. + +--Huyamos, Blanca--gritó el desconocido, cubriéndola con el tapado que +ella le había abandonado al entrar. + +Aquella miserable criatura abarcó la escena con una sola mirada, pero el +brazo amenazante de la niñita la intimidó y dio vuelta al rostro. El +cuerpo de su marido obstruía el paso por la única puerta de salida; se +detuvo un instante, y como tomando una resolución repentina, con los +ojos iluminados por una luz satánica, se volvió al hombre que la +esperaba con actitud indecisa, y saltando ambos por sobre el cuerpo que +yacía en tierra, le gritó: + +--¡Huyamos! + + + + +XX + + +Yo no me había olvidado de Valentina, mi dulce Valentina de otros días. +Mi tío, en un hospicio, idiota, sin habla y sin razón. Don Benito casado +al fin, con una señora rica y de edad proporcionada a la suya. ¡Qué +diablo! + +A mí también me dio por casarme y me acordé de mi idilio de veinte años. +Vivía solo y aislado, y lo peor de todo era, que probablemente, por no +haber seguido el consejo del doctor Trevexo, de estudiar en los diarios, +me encontraba sin recurso alguno para aspirar a las altas posiciones +políticas con que allá en el año 62 me pronosticaba él un porvenir +brillante. + +Pero en lo íntimo de mi corazón, yo había guardado el recuerdo de +Valentina: la única criatura que había dejado en mi alma una memoria +dulce y tranquila. Por largo tiempo nos habíamos escrito, pero después +de la muerte de su hermano, nada sabía de ella. Valentina era para mí un +horizonte lejano, pero límpido, y en la soledad de mi vida, la primera +edad reaparecía, los días de colegio volvían: pensaba en don Pío y en +don Josef, el célebre descendiente de Gonzalo de Córdoba y veía la +imagen de mi novia, sonriéndome en los únicos años de felicidad que han +iluminado la vida. + +Veíala aparecer en uno de los balcones de la antigua casa en que vivía o +asomado el rostro risueño y sonrosado detrás de los cristales; linda +como nunca, llena de juventud, perfumada de gracia y de castidad. + +Algunas veces el recuerdo inquietante de Blanca, había turbado mi sueño; +el mundo con sus pasiones y sus encuentros, habíame suspendido un +momento en su vorágine, pero poco a poco la purísima imagen de Valentina +volvía a levantarse delante de mis ojos como una cariñosa sombra que me +llamaba, allá, al pasado, al dulce pasado de la adolescencia. + +Valentina me esperaba y busqué a Valentina en el pueblo del colegio. +Llevaba el espíritu enfermo y agitado bajo la influencia de los +tormentos por que había atravesado y la realidad de un sueño de juventud +iba a darme la eterna felicidad. Llegué y busqué la casa de Valentina. +Ya no habitaba su familia en ella. + +Averigüé y la encontré al fin. La poética criatura se había casado con +don Camilo, pocos meses antes y era feliz, muy feliz. + +Don Camilo tenía una renta considerable, era hombre público y hasta +hombre distinguido. ¡Sentí la desesperación, la horrible desesperación +que se siente ante lo imposible, ante la muerte, ante lo irremediable, y +pensé si el alma podría arrancarse del cuerpo y arrojarse como inútil +estorbo de la vida! + + + + +XXI + + +Pero alguien, con la exigencia inexorable de todos los que leen, querrá +saber de Blanca. Blanca, la linda porteña, corre la vida fácil y +elegante, pero duerme con los ojos abiertos, porque cuando los cierra, +la cara de un viejo idiota y paralítico la observa con una sonrisa +inmóvil y el brazo rígido de su hija muerta se levanta sobre ella como +una eterna amenaza. + + +FIN + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La gran aldea, by Lucio V. López + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GRAN ALDEA *** + +***** This file should be named 31724-8.txt or 31724-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/1/7/2/31724/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. Special rules, +set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to +copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to +protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. 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